Obras de Félix Varela y Morales

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Material Information

Title:
Obras de Félix Varela y Morales
Series Title:
Biblioteca de autores cubanos
Physical Description:
... dl. : ; 21 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Varela y Morales, Félix, 1788-1853
Publisher:
Editorial de la Universidad de La Habana
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Genre:
non-fiction   ( marcgt )

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 65922602
ocm65922602
System ID:
AA00008690:00002


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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOSCASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANAEsta obra se publica con el coauspicio del Ministerio de Enseanza Superior de la Repblica de Cuba RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTOR ARTSTICODeguis Fernndez Tejeda ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva Untitled-11 28/08/01, 13:08 2

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Responsable de la edicin: Alina Feijo Valds Diseo interior: Roberto SnchezTodos los derechos reservados Editorial Cultura Popular, 1997 Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2001; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 2 ISBN 959-7078-37-6 obra completa Ediciones IC ISBN 959-7047-16-0 obra completa Editorial CP ISBN 959-7078-39-2 Ediciones IC, vol. II ISBN 959-7047-18-7 Editorial CP, vol. II Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo cubierta: Earles de la O Torres Realizacin y emplane: Beatriz Prez RodrguezEsta primera reimpresin est tomada de la primera edicin con el ttulo Flix Varela. Obras. El que nos ense primero en pensar 3 tomos, Editorial Cultura Popular y Ediciones Imagen Contempornea, La Habana, 1997. Untitled-11 28/08/01, 13:08 4

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VINTRODUCCI"NUno de los perodos ms intensos, y por ello de mayor creatividad intelectual, en la vida de Flix Varela se corresponde con los aos 20 de 1800. En 1820 un movimiento poltico desarrollado en la Pennsula Ibrica impone el rgimen constitucional para todo el imperio espaol. En Cuba la apertura del rgimen constitucional traer como consecuencia la entrada en el panorama poltico de tendencias y grupos polticos que aspiran a imponer sus concepciones. La divisin entre criollos y peninsulares, entre liberales y conservadores, entre liberales radicales y liberales moderados, entre independentistas, integristas e, incluso anexionistas, convierten la lucha poltica en el enfrentamiento de tendencias que no siempre tienen un programa alternativo a las estructuras del poder colonial y, con l, a las de la sociedad colonial. Preocupados por los enfrentamientos sin una orientacin poltica que se convierten en luchas de posiciones y no de ideas, un da, en los patios del Seminario de San Carlos, el Obispo Espada, esa personalidad crisol del pensamiento de la poca que proyect las ms vivas ideas por la transformacin de la sociedad cubana, le propuso a Varela que asumiese la Ctedra de Constitucin que proyectaba crear en el Seminario de San Carlos. Este puso sus objeciones, pero el Obispo le sugiri, le suplic, que la asumiera porque no exista otra persona capaz de impartir un conjunto terico como el que avalaba el texto constitucional y lo colocaba como el primer paso en la historia espaola hacia un rgimen no absoluto. Varela, efectivamente, ya haba incluido en sus estudios de filosofa los problemas sociales, polticos e ideolgicos que le permitan no solo dar el texto constitucional sino tambin sus bases tericas y, lo que era ms importante an, un enfoque personalsimo que una el tradicional derecho de gentes espaol y los aportes de la Ilustracin y la Revolucin al proyecto de un rgimen sociopoltico nuevo. Hacer ciudadanos y no vasallos fue el objetivo de aquellas clases. De ah surgi su libro sobre la constitucin poltica de la monarqua espaola.

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VIEl texto de Varela sobre la constitucin espaola es un precioso trabajo terico que une sus concepciones filosficas y su accin poltica. El filsofo, aqu, trnase en el terico de la poltica. Pero no bien haba iniciado sus clases, cuando retorn el Obispo al Seminario; ahora con otra propuesta no menos importante y delicada. Solicit a Varela que aceptase ser Diputado por la ciudad de La Habana a las Cortes espaolas. Varela le objet que l no era la persona adecuada para tal empeo. Saba el Obispo que l estaba en contra de la esclavitud, del retraso de la enseanza en Cuba, de los privilegios de ciertas rdenes religiosas y de ciertos sectores sociales y que promovera un rgimen poltico lo ms descentralizado posible para la isla de Cuba. Era un conjunto teortico, que segn Varela, levantara contra l los intereses privilegiados tanto en Espaa como en Cuba. No obstante, el Obispo insisti, y el presbtero acept. En este tomo tambin recogemos, por primera vez editado en nuestro pas, las intervenciones de Varela en las Cortes, as como los proyectos y memorias relacionados con su actividad como Diputado cubano en las Cortes espaolas. En 1823 cae el rgimen poltico constitucional bajo las botas de las tropas francesas enviadas por la Santa Alianza, los Cien Mil Hijos de San Luis comandados por el duque de Angulema. Varela se refugia en Estados Unidos y desde all comienza a publicar su peridico independentista El Habanero. El filsofo, que haba formulado su teora poltica y que haba intentado implementarlo bajo el rgimen constitucional, adelanta, ahora su pensado y maduro proyecto para la independencia de Cuba. Cree que ya estn dadas las condiciones no tanto porque la sociedad cubana haya cambiado como l quera, sino porque no poda admitirse el salto hacia atrs. De un modo u otro, cada pgina de El Habanero constituye un alegato no solo por la independencia de Cuba, sino tambin por la emancipacin plena del hombre, por la transformacin de la sociedad colonial y esclavista, que sera, sin lugar a duda, el sueo utpico, el pensamiento onrico, de su tiempo en tanto bsqueda del deber ser de su sociedad; realidad tangible de la cubanidad naciente que se verter con fuerza creadora en 1868, en el movimiento de liberacin nacional. Semilla que fructifica en aquella mente que continu, profundiz y dio dimensiones impredecibles al sueo de lo posible, de la sociedad cubana ms justa y libre, Jos Mart. Este tomo rene un importante grupo de documentos, artculos y cartas de Flix Varela entre los finales de la dcada de los aos 20 y los comienzos de la de los 30 de 1800. Esta documentacin es profundamente reveladora de las ideas ms ntimas de Varela, as como de los avatares de la poltica y de las circunstancias ante las cuales tuvo que tomar decisiones no pocas veces desgarrantes.Eduardo Torres-Cuevas

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PRIMERA PARTECtedra de Constitucin Escritos y discursos

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3 Varela, Flix. 7 enero/1821. Toma de posesin de la ctedra de Constitucin por Flix Varela. Habiendo nombrado el Escmo. a Ilmo. Sr. Obispo diocesano, segn el acuerdo tenido con La Sociedad Patriotica acerca de la provisin de la Ctedra, por catedrtico propietario de la de Constitucin, al Presb. Ido. Dr. Flix Varela y por sustituto, en caso de impedimento al Dr. Dn. Nicols Escovedo, se da al pblico que el dia nueve del corriente se empezarn a dar las lecciones en el colegio seminario, conforme al reglamento del asunto aprobado por la misma sociedad.Francisco Marn Castaeda.[Tomado de: Diario del Gob. Constitucional de la Habana. Domingo 7 de enero de 1821, B.N. pg. 3. B.N.]Varela, Flix. 14 de mayo/1821. Varela como integrante de la comisin para el anlisis de los elementos de la lengua castellana. Flix Varela y Justo Velez fueron nombrados por la Seccin de Educacin para examinar la obra de D. Mariano Vazquez sobre “Los elementos de la lengua castellana” y llegaron a la conclusin de que era excelente y que slo algunos defectos ligeros que no eran de importancia por ello la aprueban para que pueda aplicarse a la enseanza por considerar que simplificaba el estudio de nuestro idioma.[Tomado de: “Diario del Gob. Constitucional de la Hab.” 14 de mayo de 1821, pg. 3. B.N.]COMUNICACIONES EN LA PRENSA ACERCA DE FLIX VARELA

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4 Si al empezar mis lecciones en esta nueva ctedra de Constitucin pretendiera manifestar la dignidad del objeto, exigiendo vuestros esfuerzos y empeos en su estudio, hara sin duda un agravio a las luces, y una injuria al patriotismo; pues, hablando a espaoles en el siglo XIX, debe suponerse que no slo aman su patria, su libertad y sus derechos, sino que por un instinto, fruto de los tiempos, saben distinguir estos bienes, y que un cdigo poltico que los representa con tanta armona y fijeza merecer siempre su consideracin y aprecio. Fcil me sera prodigar justos elogios a este nuevo establecimiento debido al patriotismo de una corporacin ilustrada, y al celo de un Prelado, a quien distinguen ms que los honores, las virtudes: y yo llamara a esta ctedra, la ctedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantas nacionales, de la regeneracin de la ilustre Espaa, la fuente de las virtudes cvicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad, la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las leyes con la Filosofa, que es decir, las ha hecho leyes; la que contiene al fantico y dspota, estableciendo y conservando la Religin Santa y el sabio Gobierno; la que se opone a los atentados de las naciones extranjeras, presentando al pueblo espaol no como una tribu de salvajes con visos de civilizacin, sino como es en s, generoso, magnnimo, justo e ilustrado. Mas stos y otros muchos elogios me alejaran demasiado de mi objeto que es dar una corta idea del plan que me propongo seguir en la explicacin de nuestras leyes fundamentales, para manifestar el armonioso sistema poltico que contiene una constitucin, que, para valerme de las expresiones del heroico y sensato Agar, si no es la obra ms perfecta del entendimiento humano, al menos es la mejor que conocemos en su clase, y el fruto ms sazonado que poda prometerse la Espaa, en las angustiadasDISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESBTERO DON FLIX VARELA, EN LA APERTURA DE LA CLASE DE CONSTITUCI"N, DE QUE ES CATEDRTICO (1820)

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5 circunstancias del ao de 1812. El mundo entero vi con asombro salir casi de entre las filas un cdigo en que se proclamaba y estableca casi de un modo permanente la libertad del ms noble pero ms desgraciado de los pueblos. Sus opresores temblaron ante este nuevo esfuerzo de la antigua madre de los hroes. Vironla, vironla, s, conmoverse a la tremenda voz de libertad lanzada por el patriotismo, y temieron pisar su suelo que de cada punto brotaba miles de Alfonsos y Pelayos, que la hacan no menos insigne y admirable en la poltica, que gloriosa y formidable en las batallas. El teatro de la guerra fu el centro de las luces; y la virtud pens tranquila, discurri sensata, mientras la perfidia cometa turbada, proyectaba vacilante. La patria dictaba leyes justas, mientras el dspota maquinaba inicuas opresiones. La patria haca felices, mientras el tirano inmolaba vctimas. Los inmortales de nuestra sabia Constitucin clasificaron con tanto acierto las materias, que ahorran todo trabajo en su enseanza; y juiciosamente se ha establecido en el Reglamento de esta Ctedra que se expliquen los artculos por su orden, pues ellos mismos van conduciendo por pasos analticos exactsimos al conocimiento de todo el sistema poltico que forma la base de toda la monarqua espaola, sistema que consiste en un conjunto de normas sencillas, bien enlazadas, y deducidas, no de vanas teoras y delirios polticos, sino de la experiencia y observacin exacta sobre la naturaleza y relaciones de Espaa, sobre sus leyes, religin y costumbres, sobre el estado actual de las potencias de Europa, y ltimamente sobre el progreso de los conocimientos humanos y el distinto aspecto que el tiempo ha dado a la poltica como a todas las cosas. Sin embargo, un cdigo jams puede ser una obra elemental, pues los legisladores establecen reglas sin exponer razones y sin explicar las doctrinas en que estriba, y que deben ser como los preliminares el estudio de las mismas leyes. Para explicar, pues, con alguna propiedad la constitucin poltica de la monarqua espaola, creo que debo empezar fijando algunas ideas, y el sentido de algunos trminos, que suelen tener diversa acepcin aun entre los sabios, y de otros que vulgarmente se confunden, produciendo el mayor trastorno en el plan de los conocimientos. Expondremos con exactitud lo que se entiende por Constitucin poltica, y su diferencia del Cdigo civil y de la Poltica general, sus fundamentos, lo que propiamente le pertenece, y lo que es extrao a su naturaleza, el origen y constitutivo de la soberana, sus diversas formas en el pacto social, la divisin y el equilibrio de los poderes, la naturaleza del gobierno representativo, y los diversos sistemas de elecciones, la iniciativa y sancin de las leyes, la diferencia entre el veto absoluto y temporal, y los efectos de ambos, la verdadera naturaleza de la libertad nacional e individual, y cuales son

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6 los lmites de cada una de ellas, la distincin entre derechos y garantas, as como entre derechos polticos y civiles, la armona entre la fuerza fsica protectora de la ley, y la fuerza moral. Con estos preliminares, fcilmente se podrn entender y aplicar los artculos de nuestra Constitucin poltica, que no son ms que un extracto de las mejores ideas adquiridas sobre dichas materias, que expondr verbalmente, segn lo exijan los artculos que deben explicarse, y dentro de poco tiempo espero presentar a Uds. una obra pequea en que procurar tratarlas con toda la brevedad y claridad que me sea posible. Respondo de mis esfuerzos, no de mi acierto. Pero sea cual fuere el resultado, yo tendr una gran complacencia en dar un ligero testimonio de mi deseo de contribuir a facilitar el estudio de las leyes fundamentales de la nacin espaola a una juventud que acaso un da ser su ms firme apoyo. Anticipo una promesa que parecer intempestiva, y que algunos graduarn de imprudente; mas la prctica en la enseanza me ha hecho conocer lo que desalienta, a todo el que empieza, la carencia de algn texto para dirigirse en el estudio privado, y verse en la necesidad de conservar en la memoria lo que se explica en las lecciones pblicas, mayormente cuando stas no son diarias. He querido, pues, ocurrir a un inconveniente que hara vano todo mi empeo, manifestando que en lo sucesivo no ser la memoria, que es la ms dbil de las operaciones del alma, sino los sentidos con repetidas impresiones, el rgano de nuestra inteligencia. He manifestado mi mtodo que espero produzca los mejores efectos, pues tiene por base la razn, y por auxilio el entusiasmo patritico de una juventud cuyas luces me son tan conocidas. La clase se compone de 193 individuos, y de ellos slo 41 han sido mis discpulos en Filosofa. Concluyo, pues, esta leccin preliminar, congratulndome con las lisonjeras esperanzas de los abundantes frutos que conseguir la nacin del establecimiento de esta nueva ctedra, que ser la gloria de la sabia e ilustrada Sociedad Patritica que la ha dotado, el elogio de su digno fundador, el Excmo. e Illmo. Obispo diocesano Don Juan Jos Daz de Espada y Landa, no menos conocido por su acendrado patriotismo, ilustracin y virtudes, que por su alta dignidad, y el ornamento del Seminario de San Carlos de la Habana.[“Discurso pronunciado por el Presbtero Don Flix Varela, en la apertura de la clase de Constitucin, de que era catedrtico”. El Observador Habanero, No. 11, Tomo I, pp. 1-6]

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Observaciones sobre la constitucin poltica de la monarqua espaola por Flix VarelaImprenta D. Pedro Nolasco Palmen e Hijo Habana, 1821

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La Constitucin, si bien no podr llamarse la obra ms perfecta del humano ingenio, como exageradamente dijo Adams de la inglesa, es al menos una mejora visible del caos confuso que cubra la de varios de los antiguos reinos que forman hoy la Espaa.AGAR, Proclama a los habitantes de Galicia, de 3 de marzo de 1820.

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11 El objeto de estas observaciones no es formar un comentario de la Constitucin poltica de la Monarqua Espaola, sino presentar sus bases. La soberana y libertad son los principios de que emana toda constitucin, y de sta la divisin de poderes y sus atribuciones. He aqu todo el sistema constitucional. Como para la formacin de las leyes en un gobierno representativo es necesario el nombramiento de diputados que compongan una gran junta o congreso, he tratado estos puntos manifestando que las cmaras y estamentos no son aplicables a las circunstancias de la Espaa. Presentado ya el plan de nuestro cdigo poltico, me he detenido en observaciones sobre algunos de sus artculos ms interesantes, y concluyo por la resolucin de varias dudas que pueden ofrecerse en la prctica. No he seguido el orden de los captulos de la Constitucin, por separar la parte reglamentaria que impide el percibir a un golpe de vista el plan constitucional.Observacin Primera SoberanaSi atendemos al origen del poder que ejercen los monarcas sobre los pueblos, o del que tiene cualquier especie de corporacin, advertiremos que, o la fuerza les hizo dueos de lo que la justicia no les haba concedido o su autoridad no proviene sino de la renuncia voluntaria que han hecho los individuos de una parte de su libertad, en favor suyo y de sus conciudadanos. Efectivamente, por la naturaleza todos los hombres tienen iguales derechos y libertad, pero reunidos en grandes sociedades, diversificados por sus intereses y pasiones, necesitan una direccin, y lo que es ms, una autoridadINTRODUCCI"N

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12 que los conserve en sus mutuos derechos, no permitiendo que la sociedad se disuelva, ni que se perjudiquen mutuamente sus miembros. Esta autoridad no poda ejercerse por todos los individuos; pero s estaba en todos, pues estaba en la sociedad, supuesto que no se haban constituido personas que la tuvieran. Se constituyeron stas, y por consecuencia no recibieron ms poder que el que voluntariamente quiso darlas la misma sociedad, que jams pretendi ser esclava de su gobierno, ni renunciar los derechos a su adelantamiento y perfeccin: renunci s cada individuo una parte de su libertad, pues muchas acciones, que antes hubiera ejercido sin temor de castigo, posteriormente le son prohibidas, y sufre por ellas una pena. Esta prdida de libertad le es favorable, proporcionndole todos los bienes sociales, y evitando otros males a que estara expuesto por el desenfreno de algunos de sus semejantes. Al presentar estas ideas, no hemos querido suponer, como el orador de Roma, un tiempo quimrico en que existan los hombres en las selvas a manera de las bestias, y que despus se hayan reunido por medio de la palabra. Sabemos bien cul es el origen del gnero humano, y que desde los primeros tiempos las sociedades, aunque cortas, fueron perfectas, y que en ellas el padre de familias ejerca una autoridad, fundada en los vnculos de la misma naturaleza. Sin embargo, es claro que cuando se reunieron en grandes pueblos estas familias, que ya desconocan su origen, sabiendo slo que provenan del primer hombre —y cuyas relaciones haban variado tanto, que muchos individuos podran denominarse con igual derecho padre de la gran familia, o para hablar con ms exactitud, ninguno tena semejante derecho—, debi resultar necesariamente que los primeros gobernantes fueron constitudos por eleccin o por consentimiento de la sociedad, y que ninguno de ellos tena un derecho a serlo por naturaleza. Se infiere, pues, de lo dicho que toda soberana est esencialmente en la sociedad, porque ella produce con el objeto de su engrandecimiento, incompatible con su esclavitud, y jams renuncia el derecho de procurar su bien y su libertad, cuando se viere defraudada de tan apreciables dones. En estos slidos fundamentos estriba el artculo de la Constitucin en que se dice que la soberana reside esencialmente en la nacin, y por lo mismo pertenece a sta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales. Nada ms razonable y justo; pues si el pueblo es quien ha de renunciar una parte de su libertad voluntariamente, y no por violencias tirnicas, contrarias a toda justicia y razn, a l toca exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales, que incluyen estos derechos renunciados, esta parte de libertad que pierde cada individuo en favor de la sociedad, y en l reside esencialmente la soberana, que no es otra cosa sino el primer poder y el origen de los dems.

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13 Qu libertad tendr una nacin que no posea en s misma el poder? Y qu nacin podr merecer este nombre si no es libre? Cuando todas las cosas se hayan trastornado, y los hombres por un cmulo de relaciones, el ms embarazoso e inevitable, hayan llegado a perder sus derechos imprescriptibles, sin poder reclamarlos sino a costa de su existencia; cuando un corto nmero, olvidando el origen de su poder, se haya hecho rbitro de la suerte de los dems, diremos que ste es un pueblo feliz, o un conjunto de esclavos en que la desgracia ha fijado su mansin? Hasta ahora hemos demostrado las slidas razones en que se apoya la soberana nacional; falta que observemos su naturaleza y orden de ejercerla. Cada ciudadano espaol es parte de la nacin, y puede decirse parte de la soberana; pero sta es indivisible, y slo existe reunida la representacin nacional, de la cual emanan despus todos los poderes. Si cada individuo se creyera con facultad de ejercer por s la soberana, slo porque es parte de ella, nadie duda que todo sera un desorden y confusin, y que donde quiera que se juntara un nmero mayor o menor de ciudadanos, se creeran autorizados para tomar determinaciones, y el orden social se trastornara, debilitndose la autoridad del gobierno y comprometindose la tranquilidad pblica. No pocos de los ciudadanos espaoles, no acostumbrados hasta ahora a este orden de cosas, opinan que es lo mismo reunir ciudadanos que reunir soberana y ejercicio de ella. Los ciudadanos que se renen para los actos constitucionales, estn autorizados para ello por la misma nacin y ejercen una parte de su libertad, que la ley les ha conservado en la eleccin de sus representantes, pero jams debe creerse que la soberana est dividida; en trminos que formndose facciones, el choque de estas sea un choque ridculo de la soberana. No podemos terminar esta observacin acerca de la soberana popular, sin ocurrir a desvanecer algunas ideas que errneamente se han atribudo a la ciencia teolgica, y que slo prueban una ignorancia de ella en los que as piensan. Se dice con frecuencia que la soberana reside en los Reyes, que la han recibido de Dios. Fundan esta opinin en varios textos de la Sagrada Escritura, y principalmente en los del Apstol que nos manda obedecer a la autoridad, no slo por temor sino por conciencia, dicindonos asimismo que el que resiste a la potestad resiste a la orden de Dios, y que el rey es un ministro de Dios para nuestro bien si cumplimos la ley. Estas doctrinas celestiales de que tanto se ha abusado, nada tienen que ver con la residencia de la soberana en los reyes, segn manifestaremos brevemente. Todo bien nos proviene de Dios, y la justicia, que es una de las principales virtudes, no puede tener otro origen: el que la quebranta ofende a Dios, y en vano se justificar ante los hombres, eludiendo las penas impuestas

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14 por la ley; pues est obligado no solo por temor temporal, sino tambin por conciencia o responsabilidad ante Dios. La sociedad, como un cuerpo moral, tiene sus derechos que ninguno puede atacar sin quebrantar la justicia: hay un pacto mutuo entre los pueblos y la autoridad suprema, cuyo cumplimiento es acto de la misma virtud: y he aqu el sentido en que habla el Apstol, y que es aplicable a toda clase de gobierno, y no precisamente al monrquico, pues las divinas letras no se arreglan por las instituciones de los hombres, sino por la justicia esencial de Dios. Le llama al rey ministro del Seor, y lo es como todo el que ejerce la justicia, pero no es un tirano a quien Dios haya puesto para que abuse de su poder infringiendo esta misma virtud. Distingamos la autoridad real, y la persona real, o los individuos que gobiernan en una repblica; pues la primera debe decirse que es dada por Dios, de quien proviene todo poder, aunque se valga de la eleccin hecha por los mismos hombres; mas la persona del rey depende enteramente de esta eleccin, y no se dir que se falta a lo que Dios manda porque reine uno con tales o con cules facultades, o que reine otro, o porque el pueblo, como sucede en algunas naciones, est constituido en repblica y no en monarqua. Suele decirse que los reyes son puestos por Dios, porque lo fueron los primeros que tuvo el pueblo escogido; consecuencia la ms descabellada que puede darse, pues de ese modo tambin podramos decir que las leyes de todas las monarquas son dadas por Dios, porque lo fueron las del pueblo del Seor. En una nacin establecida en la verdadera creencia, pero llena de tinieblas por los hbitos contrados con los dems pueblos, fue necesario y quiso Dios dirigirla por los expresos mandatos a sus profetas, y aun en el establecimiento del primer rey, manifest el Seor que acceda a los votos del pueblo que clamaba por ello; pero en las monarquas posteriores, dnde est esa misin divina? No han sido las armas unas veces, y otras el voto general quien ha constituido los reyes? Se dir que esto es a impulsos divinos, y lo confieso, pues ni la hoja del rbol se mueve sin la voluntad eficaz del Seor; mas repito que hallo una inexactitud ideolgica en las consecuencias que han querido deducir de estas verdades; pues entonces diramos igualmente que un congreso republicano es puesto por Dios, sin cuyo permiso e impulso jams se hubiera formado, y que una nacin republicana no est autorizada para dejar esta clase de gobierno y establecer el monrquico. Donde quiera que se hallen las virtudes, son hijas de Dios, y stas no estn vinculadas ni en las repblicas, ni en las monarquas, sino en la sociedad de los hombres, que puede tener diversas formas. Demos, pues, al Csar lo que es del Csar, que se reduce a una potestad temporal conferida por los pueblos, y que ningn individuo debe desobedecer. Demos a Dios lo que es de Dios, observando su santa ley y los

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15 deberes esenciales de justicia en cualquiera forma de sociedad; pero jams se diga que un Dios justo y piadoso ha querido privar a los hombres de los derechos, que l mismo les di por naturaleza, y que erigiendo un tirano, los ha hecho esclavos. El lenguaje de la adulacin ser muy distinto; pero ste es el de la verdadera religin. Por ltimo, no puedo privarme del placer de transcribir las enrgicas palabras del Demstenes americano, del sublime e incomparable Meja, tratando este punto. “Jams, dice, ha llovido reyes el cielo, y es propio slo de los obscuros y aborrecidos tiranos, de esas negras y ensangrentadas aves de rapia, el volar a esconderse entre las pardas nubes, buscando sacrlegamente en el trono del Altsimo los rayos desoladores del despotismo, en que transformaron su precaria y ceidsima autoridad, toda destinada, en su establecimiento y fin, a la felicidad general. Bien persuadidos de esto los espaoles desde la fundacin de la monarqua, han regulado la instalacin y sucesin de sus reyes por el solo santo principio de ser la suprema, la nica inviolable ley la salud del estado. As es que en Aragn se les deca al colocarlos sobre el trono: nosotros, que cada uno de por s, somos iguales a vos, y todos juntos muy superiores a vos, etc.; y que la corona de Castilla no dej la augusta frente de los infantes de la Cerda para ceir la del prncipe D. Sancho, su to; ni el Conde de Trastamara fue preferido al legtimo sucesor D. Pedro el Cruel (de cuyos troncos descienden y por cuya sucesin reinan los Borbones en Espaa), sino por la utilidad y exigencia pblica, manifestada la decisiva voluntad de las Cortes, aunque dbil representacin entonces de la soberana del pueblo.”1Observacin Segunda Libertad. IgualdadLos pueblos pierden su libertad, o por la opresin de un tirano, o por la malicia y ambicin de algunos individuos, que se valen del mismo pueblo para esclavizarlo, al paso que le proclaman su soberana. El primer medio es bien conocido, y aun los ms ignorantes reclaman contra las injusticias de un tirano: el segundo es menos perceptible, y suele escaparse aun a los polticos ms versados. Si el ejercicio de la soberana del pueblo no conoce lmites, sus representantes, que se consideran con toda ella, podrn erigirse en unos dspotas, y a veces el inters rastrero de un partido formara la desgracia de la nacin. Nada le importa a un ciudadano oprimido que su calamidad le provenga de una persona o de un congreso.1 Diario de Cortes, sesin del 29 de diciembre de 1810.

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16 Es preciso, pues, aclarar las ideas de libertad nacional y de limitacin del primer poder y de la soberana; pues el hombre tiene derechos imprescriptibles de que no puede privarle la nacin, sin ser tan inicua como el tirano ms horrible. Mas cul es esta libertad? El clebre Benjamn Constant nos presenta una definicin exacta de ella, diciendo que consiste en practicar lo que la sociedad no tiene derecho de impedir. Montesquieu la haba definido: el derecho de hacer lo que las leyes permiten; pero como observa el citado Constant, en esta definicin se expresa lo que no puede hacer el ciudadano, pero no lo que no pueden mandar las leyes; y si stas, por el influjo de los gobernantes, llegan a multiplicarse y atacar los derechos de los ciudadanos, queda destruida la libertad nacional e individual de un modo el ms sensible; pues se obliga al pueblo, como soberano, a que ejerza su tirana sobre el mismo, como esclavos sin recursos para evitar este mal, pues sus representantes se garantizan con la misma soberana, y el pueblo no se atreve a contrariar unas leyes que l mismo ha autorizado. Cul es, pues, el lmite que debe ponerse a la soberana popular? El que el cuerpo representativo y todas las ramificaciones del gobierno tengan, entendido que los ciudadanos no han renunciado otra parte de la libertad ni otros derechos que los que fueron necesarios para la conservacin del cuerpo social, distribuyendo estas cargas con justicia e igualdad: que las propiedades individuales, la libertad personal, los intereses domsticos, cuando no perturben el orden de la sociedad, no estn bajo el imperio de la nacin; y que atacar estos objetos no es ejercer soberana sino oprimir los pueblos. Jams lo que es injusto ser justo, porque muchos lo quieran. Un inocente no puede ser castigado, ni un culpable, si no se le califica su delito. Sea cual fuere la autoridad que comete estos atentados, es inicua, y no tiene otro derecho que la fuerza. El gobierno, de cualquiera especie que sea, no tiene derecho de vida y muerte, en el sentido absoluto que hasta ahora se ha dado a estas expresiones, ni es seor de vidas y haciendas, como se ha dicho con agravio de los pueblos. Tampoco tiene el derecho de imponer penas arbitrarias sin guardar proporcin con los delitos; pues sera un cdigo criminal injusto; y el pueblo jams ha facultado al gobierno para que haga injusticias. Consideradas en abstracto las limitaciones que debe tener toda soberana, observemos el modo con que las ha prescripto nuestra constitucin poltica. En ella se detallan las facultades de las Cortes, limitndolas a objetos generales, que conspiran al bien de la sociedad; pero de ninguna manera se las faculta para infringir los derechos particulares de los ciudadanos, ni se les da un dominio tan absoluto sobre el pueblo, que pueda extenderse a ms de los artculos que all se expresan. Se prohbe al rey entre otras cosas la enajenacin de cualquier parte de la monarqua; el tomar la propiedad de ningn particular o corporacin,

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17 sino en caso de conocida utilidad comn, y no lo podr hacer sin que al mismo tiempo sea indemnizado el particular; se le prohbe asimismo el privar de la libertad a ningn individuo, ni imponerle por s pena alguna, y slo cuando lo exija el bien del Estado, podr poner en arresto a un ciudadano, pero con la condicin de que dentro de cuarenta y ocho horas deber ser entregado al tribunal competente. No puede ser allanada la casa de ningn espaol, sino en casos extraordinarios determinados por la ley para la seguridad del Estado; y se prohbe aprisionarle sin que preceda la informacin sumaria del hecho; no se le permite el embargo de bienes, sino cuando se procede por delitos que lleven consigo responsabilidad pecuniaria, y en proporcin a la cantidad a que esta pueda extenderse; se manda que no sea encarcelado el que d fiador en los casos que la ley no lo prohbe; que se ponga en libertad el reo en cualquier estado de la causa en que aparezca que no puede imponrsele pena corporal, admitindosele fianza; las crceles, se previene, que slo sirvan para asegurar los presos, y no para molestarlos, y as se prohbe el que se coloque en calabozos subterrneos y malsanos; se concede al reo una plena defensa, leyndole ntegramente todos los documentos y declaraciones de los testigos, con los nombres de stos; se prohben los tormentos, los apremios y la confiscacin de bienes, disponiendo con igual sabidura que las penas impuestas a un individuo no sean trascendentales ni deshonren su familia. La simple relacin de estos artculos manifiesta claramente que se han dejado ilesos los derechos del hombre como individuo privado al formar la constitucin poltica de la Monarqua Espaola. Es preciso no perder de vista que una cosa es soberana y otra gobierno; aqulla resulta de la voluntad general que forma el primer poder inseparable de la nacin; mas el gobierno es un mero ejecutor de la voluntad general, y slo consiste en una o muchas personas que merecen la confianza pblica y estn autorizadas para juzgar segn las leyes y dictar otras nuevas cuando la necesidad lo exija, pero siempre conformndose a la justicia. El gobierno ejerce funciones de soberana; no las posee, ni puede decirse dueo de ellas. El hombre libre que vive en una sociedad justa, no obedece sino a la ley; mandarle invocando otro nombre, es valerse de uno de los muchos prestigios de la tirana, que slo producen su efecto en almas dbiles. El hombre no manda a otro hombre; la ley los manda a todos. Uno de los resultados de la verdadera libertad es el derecho de igualdad, que quiere decir “el derecho de que se aprecien sus perfecciones y mritos del mismo modo que otros iguales que se hallen en cualquier individuo”, de manera que una accin no pierde por la persona que la ejecuta. Hay tres especies de igualdad: la natural, que consiste en la identidad de especie

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18 en la naturaleza, pues todos los hombres tienen los mismos principios y les convienen o repugnan generalmente unas mismas cosas. La social, que consiste en la igual participacin de los bienes sociales, debidos al influjo igual de todos los individuos; y la legal, que consiste en la atribucin de los derechos e imposicin de premios y penas, sin excepcin de personas. La igualdad natural y social van acompaadas necesariamente de una desigualdad, pues los hombres en la naturaleza, sin embargo de que constan de unos mismos principios y tienen iguales derechos de la especie, se diferencian en las perfecciones individuales: ya en lo corpreo, ya en lo intelectual; en la sociedad, del mismo modo, es preciso que haya diferencia, pues el sabio jams ser igual al ignorante, el rico al pobre, el fuerte al dbil, pues estas cosas dependen o de la fuerza de la opinin, mereciendo siempre mayor atencin el hombre de quien se espera mayores bienes o de quien se temen mayores males. La igualdad legal se halla en la distribucin de derechos, y es la nica que no va acompaada de desigualdad en las operaciones, pues lo mismo debe decidirse el derecho de un pobre que el de un rico, el de un sabio que el de un ignorante, supuesto que no dependen de la opinin que se tiene de las personas, ni de lo que stas puedan prometer, sino de la naturaleza de los hechos sobre que se juzga. Una sociedad en que los derechos individuales son respetados, es una sociedad de hombres libres, y sta, de quin podr ser esclava, teniendo en s una fuerza moral irresistible, por la unidad de opinin, y una fuerza fsica, no menos formidable, por el denuedo con que cada uno de sus miembros le presta a la defensa de la patria? Podr temerse que sufran las cadenas de la tirana? La independencia y libertad nacional son hijas de la libertad individual, y consisten en que una nacin no se reconozca sbdita de otra alguna, que pueda darse a s misma sus leyes, sin dar influencia a un poder extranjero, y que en todos sus actos slo consulte a su voluntad, arreglndola nicamente a los principios de justicia, para no infringir derechos ajenos.Observacin Tercera Qu es una constitucin poltica y cul es el objeto de la espaola?Un gran pueblo libre y soberano se halla en aptitud para darse una forma o carcter pblico, depositando la autoridad en un individuo, concedindola a ciertas clases privilegiadas, o conservndolas en los representantes del mismo pueblo, y a estas formas se les ha dado los nombres de monarqua, aristocracia y democracia; pero en todas ellas se han conservado ciertas relaciones entre los gobernantes y los gobernados, imponindose

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19 mutuos deberes, cuyo estudio form la ciencia de la poltica o derecho pblico, que defini muy bien el Barn de Bielfeld, diciendo que es la ciencia que comprende los derechos recprocos de los que gobiernan y de los que son gobernados. Constitudas las sociedades con una forma pblica, y establecida la ciencia de su gobierno, extendi sta sus lmites procurando la prosperidad de una nacin, no slo en sus relaciones interiores, sino tambin en las que tiene con las otras, para impedir su exterminio y proporcionarse medios adecuados a su aumento y prosperidad. He aqu una nueva acepcin, y la ms frecuente, de la palabra poltica, tomada por la ciencia que contempla las relaciones de los pueblos, para proporcionar su felicidad por medio de gobiernos justos. Todas las naciones han formado leyes, que conspiran a su organizacin interior, pero no todas han sabido fijar los lmites de los poderes en los que mandan y de las libertades del pueblo, formando como un cuadro cuya vista recuerde estos monumentos de su tranquilidad y buen orden. En unas, la autoridad de los gobernantes se extendi hasta el extremo de esclavizar los pueblos de quienes la haban recibido; en otras, la muchedumbre, reducida a sus posiciones hizo nulo el gobierno, falt a sus pactos, y trastorn todo el orden social. Una experiencia tan lamentable hizo conocer a algunos pueblos que era absolutamente necesario formar un conjunto de normas sabias que presenten de un modo constante los deberes sociales, recordando siempre el pacto solemne que ha hecho la sociedad con su gobierno, y he aqu lo que llamamos su constitucin poltica. Se dice constitucin porque incluye la forma o establecimiento de la sociedad; poltica, porque slo expresa las relaciones generales de ella. Se distingue de la Constitucin o cdigo civil, en que ste contiene leyes, que aunque generales y obligatorias a toda nacin, tienen sin embargo un objeto particular, y puede variarse sin que se vare la naturaleza de la sociedad. As es que dos monarquas absolutas, sin alterar su naturaleza, pueden tener distinta Constitucin o cdigo civil; pero si una de ellas tiene Constitucin poltica diversa de la otra, seguramente deja de ser absoluta y altera su naturaleza. El derecho poltico tiene por objeto la organizacin general de la sociedad; el derecho civil, la aplicacin de la justicia conmutativa y distributiva entre los ciudadanos. De estos antecedentes podemos inferir que la Constitucin poltica de la monarqua espaola, no es otra cosa que un cdigo, que presenta la verdadera forma o carcter pblico de la nacin espaola y que detalla, breve y claramente, las libertades nacionales imprescriptibles, los deberes del rey para con el pueblo y los de este para aqul.

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20 Conocida la naturaleza de nuestra Constitucin poltica, no es difcil percibir su objeto. En ella slo se ha intentado libertar a la nacin de los infinitos males que hasta ahora le han afligido por la perfidia e intereses rastreros de algunos individuos, que han abusado de las facultades ilimitadas que con el tiempo fueron arrogndose sus reyes, y de las que carecieron los primeros monarcas espaoles. Se han restaurado los congresos nacionales que siempre fueron el baluarte de la libertad del pueblo y el verdadero apoyo del trono, que en tiempos posteriores ha vacilado tanto ms cuando ms absolutos se creyeron sus reyes. Dos males amenazaron la nacin, ambos terribles: la tirana y la anarqua, pues, o los favoritos hubieran llegado a formar de los reyes unos tiranos, o los pueblos cansados de sufrir hubieran roto impetuosamente todas las cadenas, y entregados al furor, hubieran destrudo lo ms til y sagrado, sin que jams acertaran a consolidar su gobierno, y quizs por mucho tiempo presentara la ilustre Espaa el triste cuadro de la Francia, que con tantas constituciones formadas en tiempos en que los males eran ya inevitables, jams consigui la tranquilidad del pueblo, cuya sangre se verta a torrentes, a veces por mero capricho. En la invasin del territorio espaol, los representantes de este pueblo magnnimo, previendo unos males tan considerables, formaron para evitarlo una Constitucin que aunque nueva en su aspecto y en varios de sus artculos, por exigirlo as los progresos de las luces, es sin embargo muy anloga al carcter, intereses nacionales, leyes e instituciones antiguas del pueblo espaol, y que por estas razones no poda menos de producir felices resultados, pues tena por apoyo la opinin general.Observacin Cuarta De la divisin de poderesLa soberana es sin duda indivisible en su naturaleza, mas en sus operaciones exige una divisin de poderes, no siendo conveniente que todos ellos se renan en un individuo o en una corporacin, pues el cmulo del poder propende al despotismo, y las pasiones protegidas por la fuerza sin contraste, dan lugar al error y al crimen. Es preciso que en toda sociedad se formen leyes que la gobiernen, y stas deben provenir de la misma soberana. Conviene, adems, que dichas leyes sean establecidas en la nacin por otro poder, que de algn modo modere la animosidad a que propende un congreso soberano; ltimamente, las leyes deben ser aplicadas a los casos particulares por un poder distinto de los dos primeros, para que juzgue desapasionadamente sobre los intereses y causas de los ciudadanos; y he aqu la divisin de poderes en representativo, ejecutivo y judicial.

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21 La Comisin nombrada para formar la Constitucin poltica no intent decidir las cuestiones que se han suscitado acerca de la divisin y lmites de los poderes; sino consultar al espritu de la nacin espaola y de sus leyes fundamentales, investigando, no lo que es ms til en abstracto, sino lo ms conveniente contrayndose al pueblo espaol. As lo insinu en su discurso preliminar a la Constitucin, presentado a las Cortes. Diremos, pues, que en Espaa el poder representativo est en el supremo congreso, que representa la nacin y dicta sus leyes, porque se le ha concedido el ejercicio de la soberana. El poder ejecutivo se halla en el rey, que es quien sanciona las leyes y las establece en la monarqua. Y el poder judicial est en los tribunales, que aplican las leyes, juzgando sobre los derechos de los ciudadanos administrando justicia. El poder ejecutivo se halla de algn modo dividido entre el rey y los ministros, pues a stos se les impone responsabilidad, y se les concede que ninguna orden valga en el reino sin su aprobacin, lo cual es darle un poder. De aqu se infiere, que atendido el espritu de la Constitucin, hay un poder ejecutivo real y otro ejecutivo ministerial, distintos en sus funciones, pero no en su naturaleza, pues ambos conspiran a establecer las leyes y gobierno de la monarqua. Esta divisin del poder ejecutivo es muy conveniente, porque la dignidad real exige que est exenta de toda responsabilidad, y como sera un abuso conceder un poder sin ella, se ha tratado de conciliar estas cosas, haciendo el homenaje al rey de que no tenga responsabilidad, y evitando los funestos efectos de un poder semejante por medio del ministerio, que es como un contrapeso para conservar en equilibrio la balanza poltica. El poder ejecutivo ministerial se halla igualmente contenido por el representativo, que puede hacer efectiva su responsabilidad, y por el real, pues el ministro nada pueda mandar sin orden del rey. Del mismo modo el poder representativo, en que tienen gran lugar el acaloramiento de las pasiones y el espritu del partido, se contiene por el veto real o por la facultad que se concede al rey de no sancionar una ley, exponiendo a las Cortes las razones en que se funda para ello, y slo cuando sea presentada por tercera vez, que es decir por distintos individuos, y pasado un tiempo notable, estar obligado a sancionarla; porque entonces debe creerse que aquel es el voto de la nacin, un dictamen de prudencia, y no el fruto de un acaloramiento o de un inters privado. Los excesos del poder judicial, no slo son contenidos por el legislativo, a quien pertenece hacer efectiva la responsabilidad del supremo tribunal de justicia, e indirectamente de los dems tribunales, sino tambin por el poder real, a quien concede la Constitucin que intervenga en la observancia de las leyes y administracin de justicia.

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22 De lo dicho se infiere que el rey tiene un poder intermediario entre el representativo, ministerial y judicial, y que los modera a todos sin dominar a ninguno, pues no puede impedir las funciones de las Cortes, violentar el ministerio ni los tribunales. Se ha concedido ste al rey, para que se halle en la persona ms desinteresada respecto de los dems poderes; pues el verdadero inters personal del rey, consiste en la permanencia y prosperidad de la nacin; y sta depende de la armona entre los tres poderes representativo, ejecutivo y judicial. No le interesa al rey que ninguno de ellos predomine o exceda los lmites prescriptos por la Constitucin; pero s interesara a las personas poseedoras de cualquiera de estos poderes extenderlo al infinito. El rey tiene un inters general, identificado con el suyo, y el ministro, por ejemplo, puede tener un inters personal muy contrario al comn. Estas ideas, desenvueltas admirablemente por Benjamn Constant, se hallan aplicadas en la constitucin poltica de la monarqua espaola. Es cierto que no se establecen, como quiere este sabio, cuatro poderes: real, ministerial, representativo y judicial; pero hallndose dividido el ejecutivo (que es el que llama ministerial) entre el rey y el ministro, resultan los cuatro poderes, o mejor dicho, los efectos de ellos, aunque en realidad son tres. Por otra parte, advertimos que Constant define los poderes por las personas que los poseen, diciendo ministerial y real, y no por su naturaleza, pues atendida sta, se conoce que tan ejecutivo es el poder del rey como el del ministro, y que deben llamarse divisiones de un solo poder, mas no dos distintos. Es muy fcil creer que se han hallado dos cosas cuando se han establecido dos nombres. Debemos por ltimo advertir que aunque todos los poderes ejecutan algo, slo se le da el nombre de ejecutivo al que sanciona la ley y la establece en la sociedad, que es decir al poder real y ministerial, de modo que podra distinguirse un ejecutivo poltico, que opera en toda la sociedad de un modo constante, y un ejecutivo civil, que opera en casos particulares y entre intereses privados de los ciudadanos. Hemos hecho esta advertencia, porque sin duda que a primera vista no se percibe la razn por que el ministerial, ejecutando tantas cosas, no se llama ejecutivo, y s el ministerial. No olvidemos que estas denominaciones se refieren a la Constitucin poltica, esto es, a la forma general de la sociedad, y no a los actos particulares. Pasemos a considerar las ventajas de la organizacin de poderes en una monarqua constitucional donde el rey, aunque sujeto a la voluntad de la nacin, tiene sin embargo el poder de nombrar los ministros y el de privarlos de sus empleos, pero sin imponerles por s pena ni castigo alguno. La privacin del poder ejecutivo ministerial es sin duda uno de los asuntos ms interesantes y ms delicados en la prctica, pues un exceso aca-

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23 rreara enormes males. Si la autoridad real se extendiera a imponer castigo a los ministros, adems de su remocin, el poder de stos hara cuantos esfuerzos estuvieran a su alcance para sobrepujar, aunque fuera a costa del bien pblico; lo que no sucede cuando los ministros, privados de un encargo que tal vez les era gravoso, quedan en el seno de sus conciudadanos y en el goce de sus derechos. La autoridad que reprime el poder ejecutivo debe ser constante, para que no opere segn los intereses del momento, como suele suceder en las repblicas, donde a veces se traspasan los lmites de la justicia y razn, no contentndose un congreso exaltado con remover los obstculos de la prosperidad pblica, sino con destruir las personas poseedoras del poder, sean o no verdaderamente culpables. Las pasiones se encienden y las personas que ejercen un poder, suelen hallarse en la necesidad de conservarlo o de perecer, segn advierte juiciosamente Benjamn Constant. Estos males se remedian en una monarqua moderada, donde el poder que reprime el ejecutivo ministerial no es creado por la necesidad del momento, sino constante, y as no hiere en lo esencial de los derechos individuales, sino que remueve los males comunes de la sociedad. El veto real o la facultad que tiene el rey de suspender la sancin de las leyes, puede ser absoluto o temporal; el primero, cuando sin fijar poca rehsa la sancin de la ley; el segundo, cuando rehsa sancionarla hasta cierto tiempo. Comnmente, se opina que en nuestra Constitucin el veto es temporal porque el rey slo puede negar la sancin de una ley dos veces, y a la tercera debe sancionarla. Mas esto slo prueba que no se le concede siempre el veto absoluto. A la verdad, cuando el rey niega la sancin, su nimo no es que vuelvan a proponerle la ley, ni dice la niego por tanto o por cunto tiempo, sino absolutamente; y as creo que hablando con rigor, debe decirse que en nuestra Constitucin el veto es absoluto, lo cual es conforme a las ms exactas doctrinas de poltica; un veto temporal sanciona ya para tal o cual poca una ley contraria al bien del Estado en todo tiempo y que slo pudo dictarse por unos intereses del momento y por unas pasiones exaltadas. Adems, sucede con frecuencia que se descarra la opinin pblica, haciendo que el pueblo fije su nimo en la poca, y no en la naturaleza de la ley, que ya se supone justa y conveniente, slo porque tiene la sancin real, aunque diferida hasta cierta poca. Se da una traduccin siniestra a las expresiones, y se dice al pueblo: tal ley es justa, pero el rey no quiere que se observe hasta tal tiempo, lo cual conmueve los nimos, creyendo un despotismo en el monarca, y no una conviccin racional. Las ventajas de un veto temporal consisten nicamente en impedir que el rey haga nulas las discusiones del congreso y que slo las detenga para

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24 dar tiempo a que se calmen los nimos; pero obsrvese que stos, seguros ya de su victoria, se alarman cada vez ms, y no pueden sufrir la tardanza. Por otra parte, previnindose en la Constitucin espaola que sea sancionada una ley luego que se haya presentado en tres cortes consecutivas, se evita el obstculo de que el rey haga nulas las discusiones del poder representativo, y el veto absoluto viene a producir los efectos del veto temporal, pero sin su riesgo. Examinemos detenidamente las razones en que se funda el veto absoluto, que a primera vista parece contrario a la libertad nacional y a la dignidad del congreso representativo. Cuando los que establecen una ley no son los que la han de poner en prctica, ni han aprendido por una larga experiencia los inconvenientes que se encuentran en ejecutar alguna cosa que en la especulativa y en abstracto parecen utilsimas, es muy fcil que se tomen determinaciones arriesgadas o imposibles de practicar, que slo sirven para hacer ridculo el gobierno. Un congreso representativo y soberano propende a dictar leyes sobre todos los asuntos, y la multiplicidad de stas es el vicio de las repblicas; as como la carencia de ellas el de la monarqua absoluta, en que la voluntad del hombre llena los vacos que deban ocupar las leyes. El veto real impide la multitud de leyes y su poca conformidad con las circunstancias de la nacin; pero al mismo tiempo, nada se deja a la voluntad del rey por s sola en lo esencial del gobierno. Si el poder ejecutivo real no interviene en la formacin de las leyes, no puede impedirlas, suceder con frecuencia que se hallen contrariados los dos poderes, y que el poder ejecutivo no se crea responsable de los funestos efectos de una ley, que se form sin su anuencia y que le han mandado a practicar teniendo una especie de placer en los malos resultados, que son otros tantos triunfos de su opinin. Cmo puede esperarse una buena administracin de gobierno cuando ste sea enteramente violentado y cuando los sbditos reclamen en su favor la opinin que los mismos gobernantes tienen acerca de la ley? Cmo habr confianza y seguridad en una clase de gobierno en que el rey y sus ministros sean unos ciegos ejecutores contra sus sentimientos?No deber temerse que dividida la opinin entre los dos poderes, se divida tambin en el pueblo, trastornando el orden social por inmensos partidos con riesgo del Estado? Un rey a quien se le priva de toda influencia en las leyes y se le deja como un mero ejecutor, no se creer enteramente degradado, y procurar por todos los medios rehacerse de los derechos que l crea tener, y que juzga le han quitado injustamente? Le faltarn personas que le favorezcan y aun naciones enteras que le protejan en sus proyectos? Esta reflexin del seor

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25 Gutirrez de la Huerta me parece de gran peso, porque a la verdad, es tremendo el trnsito del poder absoluto a la nulidad del poder, y aun cuando sea moderado, concedindole al rey lo que parece no deba negrsele, la experiencia ha demostrado cuntas dificultades presenta un trastorno semejante. Qu se deba esperar si nuestros legisladores hubieran excludo totalmente al rey de toda intervencin? Ahora el rey, si se quiere, podr ser enemigo del congreso, pero no de la ley, porque l la sanciona, y en el sistema opuesto odiara la ley, a sus autores y a la nacin entera que as lo haba querido. Bien s que cuando el rey niegue la sancin, se pase el tiempo prescrito y sea presentada la ley tres veces, tendr que sancionarla, y se establecer en este tiempo una rivalidad entre el rey y el congreso; pero stos son casos particulares que no pueden producir los funestos efectos de una exclusin general. No es aqu la Constitucin quien degrada la persona real; es s un capricho o pertinancia en no acceder a una ley justa despus de advertido que merece la aprobacin general. En una palabra, el rey, si se le excluye, dir: se duda de m; se me cree injusto; la Constitucin me degrada. Bajo qu aspecto se vera entre las naciones extranjeras, y an en la misma nacin espaola, un rey tan excludo, y por decirlo as, arrinconado? No sera de temer que le siguiera el desprecio, y decayera enteramente su autoridad, o por el contrario, la nacin, acostumbrada a que por sus leyes siempre los monarcas han tenido parte en el poder legislativo, tratara de restablecerlo? Supongamos que al rey no se le concede el veto: quin contiene al congreso? Dice el seor conde de Toreno que para esto basta que se establezca algn tiempo entre la discusin y la sancin de la ley, pues calmadas las pasiones se vota tranquilamente. Mas yo creo que un congreso exaltado no pensara ya en examinar nuevas razones, sino en que llegara el trmino para planificar sus ideas, y si el proyecto de ley era fruto inicuo de un partido, aunque pasara un siglo era segura la pluralidad en votacin, como permanecieran los mismos intereses. Adems, el rey no siempre negar la sancin; antes es probable que esto suceda rara vez; luego las leyes tiles se establecern prontamente, y en el sistema opuesto nunca se estableceran hasta un cierto tiempo, y entre tanto, la nacin carecera de las ventajas de la ley, en trminos que el veto puede daar; pero el establecimiento de una poca entre la discusin y la sancin, siempre daa. Reflexionemos asimismo que o este tiempo prefijado es corto, y entonces no es de esperar que hayan calmado las pasiones, o es algo ms considerable para que pueda examinarse el punto en distintas diputaciones; y en ese caso, ya tenemos sobre poco ms o menos la misma demora que podra producir el veto real. Por otra parte, cuando el rey niega la sancin, debe alegar algunas razones,

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26 y esto mismo prueba que el punto no est decidido y que la prudencia pide dar ms tiempo para ventilarlo; puede el rey temerariamente no hacer caso del dictamen del consejo de estado ni del informe del ministerio para negar la sancin, procediendo por sus propias luces; pero esto no es lo regular, y lo que sucede con ms frecuencia es que la sancin se niega por dictamen del consejo y por informe del ministerio en cuyo caso, repito que el punto no est decidido y que es imprudencia establecer una ley. El rey no es rey por dos aos, sino por toda su vida; si antes de concluirla, concluye su reinado, porque la Nacin se ha sumergido en la miseria, experimenta una muerte civil la ms tremenda; su fortuna est identificada con la del pueblo; si ste es grande, l es rey de un pueblo grande; si abatido, l es rey de un pueblo abatido. Deduzcamos de aqu que aun cuando se equivoque en los medios, la prudencia exige que se crea que las intenciones del rey se dirigen a la prosperidad nacional, y que fuera del reino, no puede encontrar una cosa que atraiga su corazn, pues dejar de ser rey, es morir. Mas los individuos del congreso ejercen sus funciones por dos aos, y despus quedan en el nmero de sus conciudadanos, sin ms que el honor de haber servido a la patria, que es bastante para las almas grandes, pero que no debe suponerse suficiente contrapeso en todos los espritus contra los atractivos de la riqueza, de los honores, etc. Supongamos, pues, lo que no es muy difcil, que por facciones populares o por intrigas de los gabinetes extranjeros vayan al congreso hombres indignos de ocupar sus asientos, consiguen pluralidad de votos y empiezan a dictar leyes contra la Nacin: qu recurso le queda a sta? Ningn otro que el de una desobediencia a las leyes de un congreso que ella misma haba elegido, en una palabra, los horrores de una revolucin. ltimamente, me parecen muy juiciosas las reflexiones de Don P.F.S. en su espaol constitucional nmero 24. “Hablando dice, poltica y filosficamente, qu efecto debe de producir el veto real aplicado a una ley adoptada por el cuerpo legislativo? Ningn otro sino el de informar a la Nacin que hay discordia entre la opinin del prncipe y la opinin de la representacin nacional, sobre cierta materia de utilidad pblica. Esta discordia, generalmente conocida, dar motivo a discusiones en las cuales, teniendo la prensa su debida libertad, podrn conocerse las razones en que se funda cada opinin. El pblico imparcial juzgar, y la opinin universal, derivada de los juicios y exmenes particulares, tendr lugar de formarse. Pasado el tiempo necesario para formularla, entonces suceder una de tres cosas: o el cuerpo legislativo ver contra s la opinin de los ciudadanos (y en este caso cesar de contrarrestar la opinin del rey apoyada sobre la voz pblica), o el rey, si ve contra s el voto general, desistir de su veto, o ltimamente,

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27 continuar en oponerse al cuerpo representativo, aun cuando vea a toda la Nacin apoyando y deseando la ley, y en este caso su veto debe ser de ningn momento. Todos estos casos diferentes, estn comprendidos en la siguiente mxima: El veto real tendr su efecto contra una ley decretada por el cuerpo legislativo durante dos legislaturas consecutivas; pero si la tercera insiste en la promulgacin de la ley, el monarca estar obligado a hacerla, y su veto slo servir para anunciar a la Nacin que dicha ley no es de la aprobacin del poder ejecutivo. As se evitan dos males que aunque opuestos, son igualmente funestos: uno, que el rey logre destruir la fuerza legislativa de la Nacin, ejerciendo a cada paso el veto; otro, que la representacin nacional abrume la prerrogativa real por medio de frecuentes leyes que le sean contrarias.” El sabio Martnez Marina, oponindose al veto real, juzga que deban establecerse en las provincias juntas electorales permanentes para consultarlas cuando hubiera disensin en el Congreso. Pero reflexionemos que o a estas juntas se consultara siempre, o en algunos casos: si siempre, ¡qu atraso en las leyes!, ¡qu inutilidad del Congreso! Si en algunos casos, quin decide esto? No ser el mismo Congreso? La pluralidad que bast a formar la ley, no bastar para decidir que no ha lugar a consultar? Y cuando todo el Congreso, no por malicia, sino por falta de datos, se extrave, se sospechar siquiera que debe consultarse? Adems, ¡qu inconvenientes no presenta este gran nmero de pequeas Cortes, si podemos llamarlas as, en las provincias! ¡Qu rivalidades de provincialismo! ¡Cuntos recursos en las manos hbiles y perversas para detenerlo todo y trastornar el Estado! Por otra parte, no se demorara ms la sancin de una ley justa, que esperando el tiempo en que expira el veto real? Primero que se consultaban a las provincias ms remotas de la Amrica, que se les daba tiempo suficiente para una seria y prolija discusin; en una palabra, primero que legalmente pudiera decirse que constaba de opinin de las provincias, yo creo que pasara mucho ms tiempo que el que se concede al rey para negar la sancin. El cuerpo representativo se creera entonces mucho ms desairado cuando sus mismos poderdantes desaprobaban su conducta, porque al fin, de un rey podan ellos esperar sentimientos contrarios, pero de la Nacin ni siquiera lo sospechaban, y sera lo ms humillante para un diputado el ver que su misma provincia graduara su voto de imprudente y mandara a reformarlo. En las provincias, por lo contrario, qu empeo no podra haber para llevar adelante el dictamen de sus representantes? Adems, para qu esta consulta? Debe suponerse que los diputados llevan instrucciones de sus provincias y que conservan relaciones con ellas para informarse de su opinin; por otra parte, se supone que la ley es de una utilidad general ya bien manifesta-

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28 da en toda la Nacin; repito, para qu la consulta? Si la utilidad no es tan manifiesta, no puede decirse que se priva de ella a la Nacin por el veto real, y este slo servir de un medio prudente para dar tiempo a la decisin del punto. Todas estas razones me persuaden que el proyecto del seor Marina de ninguna manera hubiera convenido a la Espaa. Por lo que hace a las objeciones que presenta el citado autor, no puedo menos que confesar que me parecen infundadas, y que tal vez no debieran esperarse de uno de los primeros sabios de la Nacin. Dice en primer lugar: “La soberana reside esencialmente en la Nacin, y por lo mismo pertenece a sta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales, y por qu no las leyes polticas y civiles, econmicas y gubernativas, sin las cuales sera vano e infructuoso el establecimiento de las primeras?” Todas las leyes las establece la Nacin, pues no hay poder alguno que no sea nacional y que no provenga de la soberana; mas la Nacin puede considerarse como constituyente o como constituda; en el primer caso, trata de formar sus leyes fundamentales y darse una forma pblica; en el segundo, slo trata de ejercer los poderes que ella misma ha constitudo, y as no deben confundirse las Cortes ordinarias con la Nacin, ni aun las extraordinarias, si no son constituyentes, sin embargo de que ejercen uno de los poderes nacionales; de modo que cuando opera el rey, opera la Nacin, cuando operan los tribunales, opera la Nacin, y no debe llamarse exclusivamente poder nacional el que ejercen las Cortes; luego, nunca podra decirse que se priva a la Nacin del derecho de establecer sus leyes civiles. Adems, en el artculo se habla de las Cortes y nacin constitudas, y stas no pueden establecer leyes fundamentales como supone el seor Marina para formar su argumento, diciendo que si pueden en las fundamentales, mucho ms en las civiles. Es una inexactitud confundir la Nacin con las Cortes. Quiere igualmente el citado autor, fundado en el vago principio de que el que puede lo ms, puede lo menos, en caso de tener facultad para las leyes fundamentales, se infiera necesariamente que deban tenerlas para civiles, sin advertir que aun las mismas Cortes constituyentes no se entienden con los reglamentos y leyes particulares ni se dice que pertenecen a su atribucin, aunque se las conceda el ejercicio pleno de la soberana, pues hay gran diferencia entre un poder y ejercerlo de un modo conveniente. Pretende el mismo autor que hay una contradiccin en negar a las Cortes la plena libertad de formar las leyes sin dependencia del poder ejecutivo, y establecer leyes sabias y justas de la libertad civil, la propiedad, etc., pues dice que mal podrn llenar estos encargos si dependen de otros. Permtaseme que diga que la consecuencia no es muy buena, pues no hay

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29 cosa ms frecuente que conspirar muchos a un mismo fin y establecerse como obligacin cada uno de ellos el hacer cuanto estuviere de su parte para conseguirlo. Las Cortes tienen la iniciativa de las leyes o la facultad de proyectarlas, tienen la discusin y aun su decreto, y si en todo esto procedieren con acierto, habrn llenado su encargo segn la Constitucin, y no se las exige ms, de manera que no s en qu est la implicancia. Por otra parte, advierto que vuelve a confundir la Nacin con las Cortes, y siendo esto totalmente inexacto, lo es el argumento. Otra objecin presenta el mismo seor Marina, concebida en estos trminos:“si el poder legislativo no tiene ni debe tener influencia ni mezclarse en asuntos del poder ejecutivo, por qu el depositario de este poder ha de tener parte en los del cuerpo legislativo?” Porque este carece necesariamente de algunos datos y conocimientos sobre las relaciones nacionales que posee el ejecutivo; porque el Congreso es, por decirlo as, una fuerza momentnea y muy poderosa que necesita ser moderada por un poder constante y ms tranquilo en sus operaciones; porque para ejecutar lo sancionado, no se necesitan las Cortes, y para formar las leyes s conviene que tenga alguna intervencin el poder ejecutivo, y a cada poder se le da en poltica el influjo que es necesario, y nada ms. El seor conde de Toreno, que tambin se opone al veto real concedido por la Constitucin, presenta, sobre poco ms o menos, las mismas objeciones que acabamos de examinar; pero agrega una especie que alucina a primera vista, pues dice que jams la voluntad de todos, ni el entendimiento de uno tiene ms probabilidad de acertar que el de muchos reunidos, y tal es el caso entre el rey y el congreso. Aqu se habla de una voluntad ligada con un inters que se identifica con el nacional, y de un entendimiento que no procede por s solo, sino por consulta de un consejo de estado y de un ministerio, que juzgan en calma y con mayor nmero de datos y relaciones, agregndose que tiene a la vista todas las razones alegadas por las Cortes. De cualquier modo que sea, es menester confesarlo, la proposicin que sirve de base al seor Toreno: una voluntad no debe contrarrestar a muchas, ni un entendimiento a muchos, es totalmente falsa, o a lo menos, tiene tantas excepciones que no puede establecerse como fundamento en que estriben los discursos acerca de un punto interesante. Rechazadas las objeciones que se presentan contra el veto, no puedo menos que ocurrir a una excesiva ampliacin que, opina Benjamn Constant, debe concederse a la autoridad real, y es la de disolver el poder legislativo cuando considere que va extraviado. En este caso, qu poder es el que tiene el congreso?, no estara reducido a una mera junta consultiva cuya existencia dependera totalmente de la voluntad real?

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30 Quin podra poner freno al poder ejecutivo si ste puede disolver el congreso cuando advierta que quiere limitar sus facultades o, mejor dicho, contener sus excesos? Qu podra esperarse de un cuerpo legislativo, que no lo sera sino en el nombre, lleno de temores y sin libertad alguna? A la verdad que no comprendo las razones que pudieron mover a un poltico del crdito de Benjamn Constant, para juzgar conveniente que se conceda al poder ejecutivo la tirnica facultad de disolver el legislativo. En nuestra Constitucin las cosas estn mejor equilibradas: el rey nada puede sobre el congreso, pero s sobre tal o cual ley que juzgue perjudicial; disuelto el cuerpo legislativo, se evitarn si se quiere los males, pero no se conseguirn bienes positivos. Concediendo slo el veto al rey, y no la facultad de disolver el congreso, se evitarn los males que pudieran producir algunas leyes poco premeditadas, y no se priva la nacin de los abundantes bienes que puede proporcionarle un congreso que contina en sus tiles trabajos. En vista de todo lo expuesto, debemos concluir que en la Constitucin poltica de la monarqua espaola, concediendo al rey la sancin de las leyes y el veto, lejos de haberse tomado una medida contraria a la libertad nacional, debe decirse que se le ha puesto un firme apoyo, pues sirve de contrapeso al poder del cuerpo representativo, concilia los intereses nacionales, y establece un equilibrio en todas las funciones del cuerpo social, que tal vez se destruira porque en el ejercicio de grandes potencias suelen producirse grandes estragos si se abandonan a ellas mismas.Observacin quinta Por qu no se han establecido en Espaa dos cmaras como en Inglaterra, ni se han formado las Cortes por estamentos?Los polticos extranjeros no cesan de exagerar la necesidad de dos juntas o cmaras que balanceen sus poderes, impidiendo la una los excesos de la otra, para que la sociedad no se vea envuelta en una horrible anarqua. Todos acusan a la Constitucin espaola en esta parte, y creen que es un defecto el ms notable. Examinemos la materia desapasionadamente observando las circunstancias de la Espaa. En el discurso preliminar a la Constitucin, se exponen razones solidsimas que deben recordarse. Si se forman dos cmaras, constituida una de ellas por la nobleza y otra por los representantes que elige el pueblo, es de marcar una raya de divisin hacer de la nobleza como una parte distinta del pueblo, excitar el odio de ste contra aqulla, poner en movimiento las pasiones ms rastreras y hacer que cada una de estas cmaras piense ms

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31 en rivalizar la contraria que en el bien de la Nacin. Se trata de reunir a los espaoles como hermanos, en una poca en que resentidos los nimos por agravios anteriores, la menor divisin causara estragos muy horrendos. Adems, la nobleza de Inglaterra est reducida a la clase de los Lores; pero en Espaa se halla dividida en tantas clases y esparcida con tanta desigualdad en las provincias, que es casi imposible determinar el orden y nmero en que deban concurrir a la formacin de la cmara. En Amrica, donde es mucho menor el nmero de ttulos de nobleza, cmo se podra guardar la exacta igualdad en la concurrencia a Cortes con las provincias de Europa, a menos que en stas no se excluyeran infinitos nobles del derecho de representar? Si los prelados entraban igualmente en la formacin de la cmara, tendramos un nuevo choque de intereses y rivalidades entre los eclesisticos y los seglares. Por otra parte, no sera conveniente que los Obispos se separaran por tanto tiempo de sus dicesis, mayormente los de Amrica, que deberan estar muchos aos fuera de ella, y el autorizarlos para que sustituyeran en otra persona, sobre traer grandes inconvenientes, no obtendra jams la aprobacin de los pueblos que, por ms que se quiera, no siempre ven en los delegados las circunstancias que merecen su aprecio en los delegantes. ltimamente, debemos reflexionar que el verdadero inters de la Nacin consiste en que ningn individuo tenga derecho a representarla ni a influir en la formacin de sus leyes, para que haya una completa libertad de elegir las personas ms capaces y que merezcan mayor confianza del pueblo, sean de la clase o condicin que fueren, lo que no sucede cuando algn estado o clase de persona tiene un derecho particular para intervenir con referencia en las determinaciones del gobierno. Crece la probabilidad de hallar un buen representante segn crece el nmero de las personas que pueden ser elegidas, y as la totalidad de las Cortes ser mejor cuando cada uno de sus miembros se haya escogido de entre todo un pueblo. El veto real produce en Espaa los efectos de la cmara alta de Inglaterra, pues contiene y balancea los esfuerzos del poder representativo, que es todo lo que se desea, y no creo fundados los temores de los polticos extranjeros, que no han consultado la naturaleza y circunstancia de nuestra nacin, y slo se gobiernan por ideas generales. El ejemplo de Inglaterra no puede aplicarse a la Espaa, pues si en aquella nacin son tiles las dos cmaras, es porque se establecieron desde el principio y en circunstancias ms favorables; pues aquella monarqua puede decirse que naci con tales establecimientos, y pasados tantos aos, las costumbres del pueblo se han amoldado a ellos y no pueden experimentar los males que necesariamente resultan de una rivalidad tan conocida. No sera, sin embargo, muy difcil

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32 manifestar que la nacin inglesa sufre algunos males que traen origen de la divisin de sus cmaras; mas ste no es nuestro asunto. Las mismas dificultades se encuentran en la formacin de las Cortes por estamentos, pues siempre resultara que un nmero determinado de individuos tendra derecho a la representacin, y esto difcilmente podra conciliarse con la libertad nacional y con las luces que deben desearse en el congreso representativo; pues los talentos y los conocimientos exactos no estn vinculados en una clase de persona. Si en tiempos anteriores, en que existan derechos seoriales, en un sistema casi feudal, fue conveniente que asistieran y tomaran parte en las determinaciones del gobierno los magnates y seores, no tanto para representar los pueblos, de quienes no reciban nombramiento, como para sostener sus fueros y prerrogativas: en esta poca venturosa de la Espaa, en que ha cado todo aquel edificio seorial, no puede de manera alguna convenir la formacin de Cortes por semejantes estamentos, que siempre recordaran el antiguo sistema, con peligro de renovarlo, si no en los derechos, a lo menos en los hechos. Repetiremos, una y mil veces, que todo lo que se dirige a conceder preferencia a una clase de individuos sobre las otras, inspira desunin, y es medida contraria al estado actual de la Espaa y al progreso que han hecho las luces en ella y en todas las naciones. Por lo dems, nuestras antiguas Cortes representaban libremente los derechos del pueblo, sin sujetarse a la voluntad del rey antes bien, ste se hallaba obligado a la formacin de Cortes y a no decidir cosa alguna contra lo determinado por ellas, de modo que en la constitucin poltica de la monarqua espaola no se ha hecho ms que reducir la autoridad real a lo que fue en su origen y en los tiempos felices de la Espaa, y slo se ha limitado en lo que posea sin derecho alguno. Una de las razones principales que suelen alegarse en favor de la formacin de Cortes por estamentos, es que en el sistema actual se produce un monstruo poltico, reuniendo la democracia con la monarqua, que son dos formas de gobierno tan distintas, y dos poderes tan rivales, que estn expuestos a destruirse mutuamente si no hay unas clases intermedias que moderen sus acciones, lo cual se consigue con los estamentos del clero y la nobleza, cuyos derechos e intereses los obligan a conservar el equilibrio de las fuerzas polticas. Si efectivamente quisieran conciliarse dos soberanas, una real y otra popular, no hay duda que el Estado sera un monstruo poltico que prometera poca duracin; mas cuando no se establecen dos poderes soberanos, sino uno que est esencialmente en la Nacin, y cuando el rey no se consi-

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33 dera sino como un poder ejecutivo de la voluntad general y no de la suya, no encuentro la implicancia que pueda haber en semejante orden de cosas, ni la destruccin que amenaza no habiendo tal choque de poderes soberanos. Si valieran semejantes razones deberamos concluir que todo sistema poltico que no fuera una monarqua absoluta, sera monstruoso, pues en todos ellos se puede suponer un choque entre el poder representativo y el ejecutivo. Los estamentos se dice que serviran de poder intermedio. No hay duda que algunas veces podra suceder esto, pero con ms frecuencia se inclinaran a extender los lmites del poder que ms les favoreciera, estableciendo una aristocracia insufrible para minorar la autoridad real y oprimir el pueblo, como ha sucedido no pocas veces en nuestra misma Espaa. Siempre que los intereses de los nobles y eclesisticos se hallaran identificados, los veramos reunidos y en contraposicin a los representantes del pueblo; mas cuando fueran contrarios, se dividiran, resultando tres partidos, todos ellos fuertemente apasionados. Y se dir que estos cuerpos podran ser el principio de la armona y tranquilidad. Hablando as de las cmaras como de los estamentos que quieren establecer como unos principios de equilibrio para evitar acaloramiento y precipitacin en las leyes, reflexionemos que es mucho ms posible que un proyecto de ley justo y sabio sea rechazado por la otra cmara que o no se penetra de las razones alegadas o tiene un inters en oscurecerlas. En este caso, qu partido queda? Si se concede al rey la facultad de decidir, es exponerse a que apoyada en el dictamen de la cmara de nobles y eclesisticos, se erija en un dspota; si se concede este poder, se forma una aristocracia en la cmara alta, y hacen cuanto quieren; si la opinin de esta cmara no impide que se establezca la ley proyectada por los representantes del pueblo, para qu sirve dicha oposicin sino para demorar los negocios y perturbar la paz? Continuamente se exageran los males que podran resultar de ser arrastrado un congreso por la elocuencia de un famoso orador. No ser ms fcil esto en una cmara, donde es menor el nmero de individuos y tienen mayor predisposicin para oponerse a la otra cmara, a quien siempre mira como un rival? No sern nulos todos los efectos en este caso? Varias veces he reflexionado sobre la facilidad con que se dice que un orador puede arrastrar un congreso numeroso y sabio, como deben ser nuestras Cortes, segn la Constitucin, y he deducido que en semejante caso arrastrar es ilustrar, proposicin que ha parecido extraa a muchos; pero que est fundada en la misma naturaleza de las cosas. Ser moralmente posible que sin unos raciocinios exactos y unas pruebas convincentes, pueda un orador traer a su partido un nmero considerable de sabios, que estn perfectamente impuestos en todos los giros de la oratoria y poseen un sano juicio para desnudar

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34 los pensamientos del atavo de palabras vanas y verlo a luz de una recta lgica? Yo no lo creo. Se ha querido manifestar que nuestras Cortes no son formadas segn el espritu de nuestras antiguas leyes fundamentales, pues en stas se dice que necesariamente deban concurrir los estamentos, o los tres ramos, a saber: de la nobleza, del clero y del pueblo. A la profunda erudicin del seor Marina debemos en esta materia cuanto puede desearse para demostrar que jams en Espaa se ha tenido por esencial la concurrencia de estamentos a las Cortes; que nuestro gobierno siempre ha sido representativo popular, y que en la nueva Constitucin poltica no se ha hecho ms que reglamentarlo y corregirlo, segn el progreso de las luces y segn las circunstancias y necesidades de la Espaa. Yo me limitar a formar como un extracto de sus ideas presentadas en la obra que titul Teora de las Cortes: Las primeras juntas o Cortes fueron los concilios nacionales de Toledo, etc. A ellos concurriran los eclesisticos, y en los tres primeros das trataban de los asuntos pertenecientes a la iglesia, con la asistencia de las personas comisionadas por los reyes para enterarse de lo determinado con relacin al orden civil, y despus, por el canon 1o del Concilio Toledano 17, celebrado en el ao 694, se prohibi en estos primeros das la concurrencia de dichas personas seglares. Pasados estos das, empezaban a tratar sobre objetos de utilidad pblica que llamaban causas del pueblo, y entonces el concilio tomaba el aspecto de junta general de la Nacin, y entraban en l los personajes que por costumbre deban asistir, valindose los prncipes de las luces del Concilio, no por una necesidad de ocurrir a l, sino por una costumbre y una utilidad de los mismos pueblos que as lo deseaban, porque al fin deban de esperar mayor acierto de una reunin de sabios y personas virtuosas; pero nunca crey el pueblo que esas personas tenan derecho a decidir, sino que eran unos meros consultores del gobierno. As es que, en los casos graves, no decidan estas juntas generales sino despus de obtener el consentimiento del pueblo, como se practic en el 4o Concilio de Toledo para el decreto contra los delitos de infidelidad a la patria, repitindose por tres veces la sentencia y pidiendo expresamente la aprobacin segn estas palabras. “Por tanto, si esta sentencia repetida por tres veces os agrada a todos los que estis presentes, confirmadla con un consentimiento dado por vuestra propia voz. Todo el clero y el pueblo dijo que fuera excomulgado el que intentare contra esta definicin nuestra”. En el mismo Concilio, para aprobar la eleccin de Sisenando y excomulgar a su predecesor Suintila, se usa de estas palabras: “Hemos decretado con la consulta del pueblo”. ltimamente, en el 16o Concilio de Toledo, se fulmin una sentencia contra los delitos de infidelidad al rey Egica, y para este

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35 decreto se exigi el placet de todos los concurrentes: “si os agrada a todos los presentes esta sentencia repetida tres veces, confirmadla con el consentimiento de vuestra propia voz”. Todos los sacerdotes de Dios, los ms ancianos de palacio, el clero y todo el pueblo dijeron: “Sea excomulgado el que atentare contra esta definicin nuestra”. De todo lo dicho se infiere que estas primeras juntas generales, aunque autorizadas por un consentimiento tcito de los pueblos, no ejercan un verdadero poder legislativo, como separado de la voluntad popular; ni tenan un verdadero derecho las personas que concurran a ellas, sino el que quera darles la misma Nacin por costumbre o por aprobacin de sus dictmenes, que es decir claramente que eran unos meros consultores cuyo voto no tena fuerza coactiva, dirigindose solo a ilustrar las materias y a manifestar los derechos de los pueblos. Estas juntas generales no eran compuestas de personas convocadas de todos los pueblos o ciudades principales de la monarqua, sino a veces se formaban convocando a ellas ciertas ciudades determinadas que se decan de voto en Cortes. Asistan a estas juntas generales “el rey o la reina propietaria, y en su ausencia o minoridad del monarca, el tutor o tutores gobernadores de los reinos: los infantes y personas reales: la corte y grandes oficiales de palacio: consejo del rey y su cancillera: los grandes, nobles y fijos dalgos: los prelados y maestres de las rdenes militares: los personeros o procuradores de los comunes, concejos y ayuntamientos de las ciudades y villas del reino que representaban el pueblo: en fin deban asistir algunos magistrados, en calidad de jurisconsultos, y los secretarios del rey y de las Cortes”.1Estas personas no asistan a las Cortes por eleccin popular, ni por derecho a formarlas, sino que debindose congregar concilios en determinadas pocas segn los cnones, se aprovechaban los prncipes de estas circunstancias para agregar las personas que juzgaban convenientes y tratar los asuntos de grande importancia. El pueblo no asista con representacin, pues no nombraba diputados, y slo se le peda alguna vez su consentimiento, como hemos dicho anteriormente. De aqu infiere el seor Martnez Marina, que en los siete primeros siglos no hubo tal representacin nacional por estamentos del clero, nobleza y pueblo, pues ste poco o nada, influa, y aqullos no asistieron por voto de la Nacin, ni por derecho personal, sino por voluntad de los prncipes, y que la Comisin de Cortes nombraba para formar la Constitucin, seguramente buscaba lo que no saba, y se equivoc cuando dijo: “es indudable que en Espaa, antes de la irrupcin sarracena y1 Martnez Marina, Teora de las Cortes, tomo I, pg. 47.

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36 despus de la restauracin, los Congresos de la Nacin se componan ya de tres, ya de cuatro y aun de dos brazos en que se divida la universalidad de los espaoles”. Y despus aade: “las reglas, los principios que se observaban para la clasificacin y mtodo de la eleccin de diputados es lo que conviene averiguar”. Hasta fines del siglo 12 no empezaron los pueblos a tener verdadera representacin, nombrando sus procuradores para asistir a las Cortes, y desde este tiempo se conoce claramente el modo y carcter con que asistieron el clero, la nobleza y los procuradores de los pueblos, pues sin stos no haba Cortes, y sin aqullos las hubo varias veces. En las Cortes celebradas en Madrigal el ao 1476, para jurar a la infanta Doa Isabel, hija de los Reyes Catlicos, y en las de Toledo, en 1480, para jurar a su hermano el infante Don Juan, en las del Toro, de 1505, para reconocer a la princesa Doa Juana por reina propietaria de Castilla, no se hace mencin del clero, ni de la nobleza, y slo se componan de los representantes del pueblo. En las de Valladolid, del ao de 1295, fueron excludos expresamente el clero y la nobleza, a peticin de los representantes del pueblo, y sin embargo se tuvieron por verdaderas Cortes y por legtimas las decisiones dadas en el tiempo en que fueron excludos los dos estamentos, que es decir, los nobles y eclesisticos. El citado Marina demuestra igualmente que la comisin de Cortes en el discurso preliminar a la Constitucin se equivoca, diciendo que los brazos o estamentos traen su origen en el sistema feudal, pues ste empez a existir despus de la destruccin del imperio gtico, y es sabido que mucho antes de esta poca concurran a las Cortes los que se llaman estamentos. Por lo que hace al origen de la representacin popular en las Cortes, debe referirse al siglo 12, como hemos dicho antes pues consta que asistieron los procuradores de los pueblos a las Cortes de Len de 1188 a 1189. Antes de esta poca, no se tiene noticia de que hubieran concurrido. La causa de esta innovacin en el modo de formar las Cortes, fue la preponderancia de la nobleza, que abus de tal modo de sus honores y prerrogativas que lleg al extremo de debilitar la autoridad real, trastornando el orden pblico, como sucedi en tiempo de Alonso VII con los condes Bertrando y Pedro de Lara, Gonzlez Girn y Gonzalo Pelez, llegando este ltimo al extremo de ser preciso que el mismo rey personalmente fuese a atraerle con ddivas y honores para que desistiera de la revolucin que tena suscitada, pues era tanto su ascendiente popular que no crey el monarca que sera prudencia valerse de otros medios. Los reyes que advirtieron esta prdida progresiva de su autoridad, buscaron un apoyo en los mismos pueblos, que se prestaron gustosos porque reprobaban la conducta de la nobleza y porque se re-

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37 sentan de las opresiones que diariamente estaban experimentando. Pidieron, pues, los monarcas que los ayuntamientos de las ciudades mandasen sus procuradores a Cortes para representar sus derechos, consultar al rey sobre los puntos arduos y reprimir los atentados de la nobleza. Desde el siglo XI se conocieron ya estos ayuntamientos, pero no su representacin en Cortes, como queda dicho. Al principio fueron formados por las vecindades o cabeza de familia que representaban la poblacin de un distrito llamado entonces Alfoz, el cual comprenda varios lugares. Se reunan anualmente para la eleccin de alcaldes y dems ministros en lo econmico, poltico y militar. Por entonces tuvieron el nombre de comunes, porque representaban a la comunidad. En el siglo XIII, se redujo esta representacin de comunes a cierto nmero de personas con el nombre de regidores, jurados, veinticuatros. Esta alteracin fue hecha por D. Alonso undcimo, de acuerdo con los mismos ayuntamientos, para evitar las grandes disensiones que se originaban de la multitud de los votantes, y con el mismo fin estableci que los oficios fuesen perpetuos y que no pudiesen sustituirse o delegarse. La eleccin de estos regidores, en caso de vacante, era hecha por el mismo pueblo, y se prohibi toda influencia de gobierno en estos casos, como asimismo el que se nombrase a ningn extranjero, a no ser que tuviese diez aos de vecindad. De lo expuesto se infiere que los ayuntamientos eran verdaderos baluartes de la libertad nacional. Este apoyo de los pueblos en sus legtimos representantes empez a debilitarse en el siglo XV en los reinados de D. Juan segundo y D. Enrique cuarto, entregados enteramente a sus validos, que procuraron por todos medios destruir las barreras de su despotismo, y con este intento hicieron que slo ciertas ciudades tuvieran voto en Cortes, para que siendo menos el nmero de los representantes, fuera ms fcil ganarles, mayormente cuando podan temer que se les excluyese de la representacin en lo futuro. Al mismo tiempo, era tal el estado de miseria a que fueron reducidas las ciudades por las continuas exacciones que bajo distintos pretextos se les hacan para sostener el lujo de la corte, que ya era imposible costeasen sus procuradores, y por esta causa dejaron de enviarlos. Otro de los medios de que se vali el ministerio para oprimir los pueblos coartando las facultades de los cabildos, fue el de nombrar el rey por s mismo las personas que queran fuesen procuradores de tal o cul ciudad, bajo pretexto de la gran confianza que tena en sus virtudes y conocimientos; pedirles a los cabildos que otorgasen poderes generales a los procuradores para todos los asuntos que el rey quisiese tratar con ellos, y

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38 an lleg este abuso a tanto extremo que el Ministerio mandaba hasta la frmula de los poderes. Para conseguir su intento se procur ganar los ayuntamientos con ddivas, honores y empleos vitalicios, permitiendo asimismo la situacin de los cargos y empleos concejiles, para poder colocar distintas personas y remover otros; en una palabra, no se omiti medio alguno para que los ayuntamientos se convirtieran en verdaderos ministros del despotismo. De aqu empez el abuso de elegir para procuradores de los pueblos muchas personas que tenan empleo por el gobierno y grandes relaciones con el Ministerio, y aun algunas veces fueron nombrados los mismos individuos de la casa real. Pero no bastaba todo esto. La tirana extendi su dominio y exigi de los procuradores un juramento de no traer ms instrucciones de su provincia que las que expresaba su poder con que venan autorizados; que no intentaran nada que fuese contrario a los mandatos del rey, aun cuando fuese conforme a la voluntad de sus pueblos, y ltimamente se les prohibi que consultasen a la ciudad que representaban y recibiesen nuevas instrucciones de ella, en caso que se las mandase, y que as se lo manifestaran al rey, de modo que era convertirlos en unos acusadores de la ciudad que representaban. Claramente consta este juramento en la frmula de que se us en los aos 1632 y 1638, bajo la cual fueron recibidos los procuradores de las Cortes, en los trminos siguientes: “Juran a Dios y a Santa Cruz y a las palabras de los santos cuatro evangelios; y hacen pleito homenaje de que su ciudad no les ha dado instrumento, instruccin ni otro despacho que restrinja, limite el poder que tiene presentado, ni orden pblica o secreta que le contravenga, y que si durante las Cortes les dieron alguna que se oponga a la libertad del poder, lo revelarn y harn notorio al presidente de Castilla que fuere y asistentes de las Cortes, para que provean lo que ms sea del servicio de S.M. Asimismo, juran que no traen hecho pleito homenaje en contrario de lo que suena y dispone el poder”. Estos han sido los pasos que ha dado el despotismo hasta extinguir totalmente la representacin nacional, pues poco a poco dej de haber Cortes, y hasta su nombre se haba borrado de la memoria de los espaoles de los ltimos tiempos. De todo lo dicho se infiere que al formar nuestra Constitucin poltica, convino excluir las cmaras, estamentos, y todo lo que pudiera parecer privilegio, acepcin de persona, divisin de intereses, en una palabra, todo lo que no conspire a reunir la opinin por una justa igualdad, y en vano se alega en favor de los estamentos nuestras antiguas instituciones, pues queda demostrado cul fue el verdadero espritu de todas ellas.

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39Observacin sexta DiputadosLa Constitucin poltica de la monarqua espaola, exige en los diputados no slo la cualidad de ciudadano en el ejercicio de sus derechos y la mayor edad de 25 aos, sino la precisa circunstancia de que haya nacido en la provincia o est avecindado en ella con residencia a lo menos de siete aos, excluyendo sin embargo a los secretarios del despacho y a todos los que tengan empleo pblico en la provincia con nombramiento del gobierno, y a los extranjeros, aunque hayan obtenido de las Cortes carta de ciudadana. Las razones en que se funda esta exclusin de las personas nombradas son muy fciles de percibir, pues la divisin de poderes exige que las personas en quienes existe el ejecutivo o las ramificaciones de l no pasen a obtener el legislativo, pues siempre sera de sospechar que el ministerio intrigase en su favor, como hemos dicho que sucedi en otra poca de nuestra historia, con ruina total de los pueblos que fueron esclavizados. La experiencia demuestra el gran influjo que tienen en su provincia los empleados por el gobierno, y las estrechas relaciones que conservan por depender unos de otros y cubrirse a veces mutuamente sus defectos, de modo que un diputado con tales vnculos debe sospecharse que no tenga la energa, desinters y constancia necesarios para desempear su cargo, pues concludo ste vuelve a su antiguo puesto y pierde tal vez toda su fortuna por haber servido a la patria. Adems, el pueblo casi nunca est acorde con los ministros del gobierno, pues siempre recela que propenden al despotismo, y si alguno de ellos adquiere popularidad, basta la ms ligera circunstancia para que las pierda, pues siempre est prevenida la muchedumbre a creer cuanto se dice contra un funcionario pblico y a desconfiar de todas sus operaciones. De aqu puede inferirse que sera muy fcil perder un diputado la confianza pblica, y con ella perderlo todo. Conviene aclarar la idea de empleado pblico nombrado por el gobierno, pues estas palabras mal entendidas, pueden dar origen a graves disputas. Hay empleos que provienen de una eleccin hecha por el rey entre los individuos que presenta el consejo de estado, como son los empleos eclesisticos; otros se dan por las mismas Cortes, cuales son los oficiales y ministros de su secretara, y todos stos seguramente no estn comprendidos en la exclusin, la cual slo se limita a aquellos empleos que da el rey sin necesidad de consulta del consejo, como son todos los que pertenecen al poder ejecutivo, v. g. consulado, embajadas, intendencias, gobiernos, y tambin aquellos que aunque de algn modo son a propuesta de l, sin embargo deben exclurse porque ejercen el poder judicial, como sucede en

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40 los jueces de letras, pues sera muy fcil que ya por temor, ya por la esperanza de algunos bienes, consiguieran el nmero de votos necesarios para el nombramiento de diputado. De manera que todos estos empleos se dicen propiamente nombrados por el rey, mas los eclesisticos son de presentacin, y as es que mientras estas voces se conserven en el sentido que siempre se las ha dado, no habr duda alguna en su inteligencia. Los jueces de letras, aunque elegidos a propuesta del consejo, no son presentados por el rey para que reciban de otro el nombramiento, sino que se dan dichas judicaturas por provisin real, y as es que se dice en el artculo 237: “pertenecer a este consejo hacer al rey la propuesta por ternas para la presentacin de todos los beneficios eclesisticos y para la provisin de las plazas de judicatura”. De aqu se infiere la gran diferencia que hay entre las dos elecciones, pues la de los obispos se pasa al Sumo Pontfice, para que ste d las bulas; y por lo que hace a curato y otros beneficios, se forma por terna presentada por los obispos a los vicepatronos en Amrica, y al rey en la Pennsula. Es cierto que todos estos empleos, hablando con rigor, dependen del rey, porque puede elegir cualquiera de las personas contenidas en la terna, y sin esta eleccin, seguramente, no tiene efecto cuanto se haya practicado para promover la plaza. Pero siempre hay una gran diferencia entre unos puestos que se ocupan por concurso de oposiciones, como sucede en los curatos, o a propuesta del consejo, como en las canonjas y obispados, los que se conceden al pleno arbitrio del poder ejecutivo. Adems, las relaciones de estos empleos con el ministerio, nunca son tan estrechas y necesarias que formen con l un verdadero sistema, lo cual sucede en los otros cargos pblicos. Los extranjeros son excludos, aun cuando obtengan la carta de ciudadanos, porque sera de temer algn abuso en esta materia, y aun cuando no lo hubiera, sera muy posible que las relaciones en su antigua patria, hicieran revivir en su espritu los afectos que el tiempo haba apagado, pero no extinguido. El pueblo siempre tendra una justa desconfianza en tales representantes, lo cual producira unos daos muy considerables. Para asegurar la libertad de los diputados y que expongan su dictamen con franqueza, se ha determinado que sean inviolables por sus opiniones, y que en ningn tiempo ni caso, ni por ninguna autoridad puedan ser reconvenidos por ellas; pero esto no quiere decir que los diputados sean unos hombres no comprendidos en la esfera de las leyes, ni con plena facultad para infringirla. Como observ muy bien el seor Argelles, no debe confundirse la inviolabilidad con la impunidad, pues si un diputado delinque, debe ser responsable de su delito ante la ley. Yo creo que las mismas expresiones aclaran la materia, pues inviolabilidad parece que

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41 equivale a seguridad de derechos personales, y seguramente ninguno tiene derecho a ser criminal, ni hay ley que pueda concederlo; mas la impunidad supone coexistente con el delito un derecho quimrico a excluir la pena; he dicho un derecho quimrico, pues no creo que bien meditadas las cosas, haya un entendimiento que crea til o, mejor dicho, posible concederlo. Sin embargo los diputados no podrn ser juzgados sino por el tribunal de Cortes, para evitar los recursos de que podra valerse el poder ejecutivo y el judicial, con el objeto de hacer nulo el poder legislativo o de remover las personas que fueran contrarias a sus miras. El artculo 128 en que se concede esta inviolabilidad a los diputados, habla expresamente de opiniones, pero no de excesos como observ muy bien el seor Llerena. “Creo, dice, que es diferente la opinin del exceso. En cuanto a sus opiniones, ser inviolable un diputado; en cuanto a sus excesos no puede ser impune”. Y el seor Muoz Torreno dijo con mucho juicio, que si un diputado impugnare algn artculo de fe o votase contra l, por el mismo hecho, sera criminal y debera ser juzgado por el tribunal de Cortes, proposicin que fue repetida e ilustrada por el seor Villanueva, haciendo ver que la inviolabilidad es por sus opiniones y no por sus errores, y en toda la discusin parece que no fue otra la mente del Congreso, pues ni una palabra se lee que contrare estas ideas. La cuestin que puede presentarse de algn inters en esta materia, se reduce a decidir cundo lo propuesto por un diputado se debe tener por mera opinin y cundo por crimen. Si nos extraviamos en investigaciones abstractas sobre poltica y moral, seguramente ser muy difcil prefijar estos lmites que se desean; pero es muy fcil si nos ceimos a la Constitucin y si se traducen algunos trminos. Diputado quiere decir lo mismo que enviado por una provincia, con facultades para representar derechos y proponer mejoras, de manera que es un verdadero apoderado de la Provincia, pero que al mismo tiempo lo es de toda la Nacin en virtud de sus leyes fundamentales; luego, para decidir lo que pueden o no pueden representar los diputados, no hay ms que observar los trminos del poder que llevan y la naturaleza del cuerpo que forman. Los poderes tienen por clusula expresa “que como representante de la nacin espaola, puedan acordar y resolver cuanto entendieren conducente al bien general de ella, en uso de las facultades que la Constitucin determina y dentro de los lmites que la misma prescribe, sin poder derogar, alterar o variar en manera alguna ninguno de sus artculos bajo ningn pretexto”; luego, cuando un diputado proponga o pida contra alguno de los artculos de la Constitucin directamente y con plena advertencia de que no est facultado para ello, es criminal. Un diputado, en tanto es diputado, en cuanto se extiende su po-

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42 der, cuando opera fuera de sus lmites, no es diputado, y menos es inviolable, sino que debe responder de sus opiniones como otro cualquiera. El juramento que prestan los diputados est concebido en los trminos siguientes: “Juris defender y conservar la religin catlica apostlica romana, sin admitir otra alguna en el reino? —S, juro. —Juris guardar y hacer guardar religiosamente la Constitucin poltica de la monarqua espaola, sancionada por las Cortes generales y extraordinarias de la Nacin en el ao de 1812? —S, juro”. Si el que acaba de hacer un juramento semejante, y despus abiertamente pide contra esta misma Constitucin, no es criminal, yo ignoro lo que es crimen. Supongamos que un diputado impugna uno de los artculos de nuestra fe, entonces, adems de la ley del juramento que acaba de prestar, no es claro que manifiesta su depravada intencin la misma naturaleza del cuerpo moral a quien pertenece? Las Cortes son un cuerpo poltico instituido exclusivamente para materias de poltica civiles y econmicas, pero no para decidir puntos que pertenecen al fuero interno. Cuando la Constitucin dice que la religin catlica es la nica verdadera, no la declara tal, sino que la supone ya declarada y admitida en todo el reino, y que es la voluntad nacional que se conserve perpetuamente, pues la declaracin de puntos dogmticos no pertenece sino a la Iglesia. Luego, cuando un diputado estableciere una discusin semejante, habra traspasado los lmites que prefija la misma naturaleza de las Cortes, y est ya clara la perversidad de su intencin. Si se entendiera una verdadera impunidad cuando se dice que los diputados son inviolables por sus opiniones, tendramos que bastara a un diputado escudarse con decir sta es mi opinin, para en seguida difundir las doctrinas ms perversas en moral y en poltica con la ms clara intencin de daar, y que podra constituirse un verdadero demagogo protegido por la misma cualidad de miembro del Congreso. ¡Qu absurdo establecer un asilo de la perversidad en el mismo santuario de las leyes! Si un diputado dijera: es mi opinin que el ministerio es infame y que la mayor parte de los individuos de este Congreso estn de acuerdo con los ministros para arruinar la patria y que el pueblo ya no tiene otro recurso sino vengarse por s mismo, para lo cual le creo autorizado, y que el primer paso en su nueva planificacin debe ser el de destruir todo el sistema constitucional, se le dejara impune? Supongamos que el pueblo ignorante conducido por los facciosos, acometa a los ministros y aun al mismo Congreso, todo el impulso que recibi de la que se llamaba opinin del Sr. diputado; repito, se le dejara impune? Yo creo muy bien que si en el calor de una discusin se escapa una u otra doctrina que a primera vista no perciba su autor la contradiccin que tiene con la sana moral, recta poltica y sistema constitucional, no debe ser

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43 juzgado por ella, pues el crimen no se constituye sino por la intencin, y sta depende de la advertencia; mas cuando se ve claramente y an el mismo diputado confiesa que su intencin es atacar el sistema constitucional, faltando a su juramento y excediendo totalmente las facultades de su poder, no creo que puede haber duda en que la que l llama opinin manifestada, no es en realidad sino un crimen intentado y ejecutado. “El que los diputados, deca el seor Aner, son inviolables en sus opiniones, mientras ejerzan su cargo, es claro...; pero ha de ser en aquellas opiniones que no supongan delito, pues entonces ya no le fueran, sino que seran agravios. Supongamos que yo dijera que el general A no haba procedido con la inteligencia correspondiente en una accin: por qu no haba de poder decir esto dentro y fuera del Congreso, sin que nadie pudiese acriminarme, si sta era mi opinin? Pero si dijese que el general A era un traidor a la patria, ste tendra un derecho para exigir que yo probase el delito que le imputaba”. Nada me parece ms racional, pues de otra suerte los diputados podran a su salvo injuriar a todo el mundo, satisfacer sus pasiones y arruinar a los hombres de bien, hacindoles perder su crdito pblico. La inviolabilidad se concede a los diputados, como las armas y su libre ejercicio a los guerreros defensores de la patria, que se entienden facultados para destruir a los enemigos, pero no para herir a sus hermanos, y si se les convence de que maliciosamente han hecho de ellas este uso perverso, sern castigados con la mayor severidad. Para convencernos ms de que la inviolabilidad de los diputados no es el desenfreno de opiniones, mejor dicho, de operaciones polticas puestas bajo el sagrado nombre de opinin inviolable, reflexionemos que la libertad que se concede a los diputados no es tanto en favor de ellos como en favor de la patria; y sta, qu puede esperar de un perverso o un frentico que, lejos de sostener los fundamentos en que estriba la felicidad pblica, trate de destruirlos para formar su partido? Podr creerse que sea ste el espritu de la Constitucin, cuando concede la inviolabilidad a los diputados? Seguramente no lo entenderan as sus mismos autores, como aparece a la simple lectura de la discusin del artculo. Basta para la tranquilidad de los diputados saber que pueden hablar libremente sobre todos los puntos que estuvieren en la esfera del poder que llevan de sus provincias, y que en caso de imputarles algn crimen, sea el que fuere, no sern juzgados sino por el tribunal de Cortes, y an contrayndose a los delitos contra la religin, se cortar el abuso de forjarlos al capricho para arruinar a los hombres benemritos; y as dijo muy bien el seor Villanueva, despus de haber apoyado el dictamen del seor Muoz Torrero, que haca responsables a los diputados que impugnaran algn

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44 artculo de nuestra santa fe: “no tratndose, pues, de errores sino de opiniones en las cuales sin perjuicio de la religin, puede uno decir que si o que no; y habindose visto por experiencia que an contra los que as han opinado, se han suscitado persecuciones, tengo por prudente la precaucin de este artculo y por conforme al espritu y a la prctica de la religin, la cual no consiente que ningn catlico sea incomodado por opiniones que ni directa ni indirectamente, se oponen a la verdad de sus dogmas”. Se conoce, pues, que los legisladores no pretendieron (ni era justo que hubieran pretendido) autorizar a los diputados para que faltaran a todos sus deberes y cometieran mil crmenes en poltica, cohonestndolos con la palabra opinin, de modo que slo por un asesinato, por un robo u otra cosa semejante pudieran ser juzgados; sino que la nica intencin fue ponerlos a cubierto de los ataques de la perversidad, mas no sustraerlos del justo imperio de las leyes y autorizar sus excesos. Esta inviolabilidad de los diputados se extiende an a las opiniones que manifiesten fuera del Congreso, en las diversas comisiones que puedan drseles, y an en el trato particular, pues de lo contrario vendra a ser nula o ridcula, porque seguramente un diputado, fuera del Congreso, y an fuera de toda comisin, no ha de impugnar las ideas que l mismo ha manifestado en las Cortes, a menos que se exponga a ser ridiculizado y a merecer la execracin pblica, lo cual de nadie puede exigirse; mas repito que esto debe entenderse de las opiniones que pudo manifestar en el Congreso, pero no de los errores y mximas perversas que pretenda difundir en el pueblo, las cuales tal vez no se atrevi ni aun a insinuar en las Cortes, pues entonces tendramos que un diputado sera el hombre ms perjudicial a la patria, en vez de serle uno de los ms tiles. En cuanto a lo establecido en el mismo artculo 128, sobre el tribunal de Cortes que debe juzgar a los diputados, manifest el seor Dueas que era odioso hasta el nombre de tribunal en las Cortes; que los jueces nombrados se adquiriran mil enemigos; que cuando no por faccin al menos por una generosidad que inspiraba la identidad de funciones, propenderan los jueces nombrados a libertad de toda pena y delito a unos compaeros suyos; que las causas sufriran mil demoras por las graves ocupaciones de los mismos diputados, y ltimamente, que esto poco a poco ira conduciendo a la impunidad, y an llegara el caso de extenderse hasta la familia de los diputados. Estas razones no son tan slidas que puedan preponderar a las que apoyan lo determinado en el artculo, pues slo indican que puede haber indulgencia y privilegio. La primera no es de esperarse que se extienda hasta el trmino de ser injusticia, cuando los que juzgan son personas de toda probidad y luces, y escogidas de entre los miembros de un Congreso tan numeroso, y cuando la

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45 causa de un diputado tendr siempre la publicidad que servir de barrera a todas las maquinaciones poco decorosas, y por lo que hace a los privilegios de familia, no expresndolos la Constitucin, no debe esperarse que se trate de infringir la Ley, y entonces el mal no ser producido por ella, sino por su infraccin. Mucho ms temor deber haber de que los tribunales civiles ejerzan o sumo rigor o suma indulgencia con un diputado criminal, pues, o se propondrn satisfacer agravios y tomar venganzas rastreras, o para captarse la voluntad de todos los amigos del diputado en el Congreso y evitar de este modo el que se les juzgue con la severidad competente por algunos hechos a que sean responsables, cedern dbilmente, y entonces s que establecera una verdadera impunidad, o una verdadera persecucin y atropellamiento, pues lo ms fcil es forjar una causa criminal cuando hay muchos criminales que se presten a ser los instrumentos de tal iniquidad por eludir ellos mismos el castigo que merecen por sus crmenes. ¡Qu poco durara en las Cortes un diputado de probidad, energa y luces, si se concediera a los tribunales civiles este poder para sacarlos del Congreso por un medio tan obvio como el de forjarles una causa! Para evitar los excesos de los diputados en el ejercicio de sus funciones, ha removido la Constitucin dos grandes obstculos, que podan oponerse a su rectitud de ideas y probidad de sentimientos, cuales son la avaricia y la ambicin, prohibiendo que durante el tiempo de su diputacin puedan admitir para s, ni solicitar para otro, empleo alguno de provisin del rey, ni ascenso, como no sea de escala en su respectiva carrera (artculo 129), e igualmente se prohibe, artculo 130, que durante el tiempo de su diputacin y un ao despus del ltimo acto de sus funciones, puedan obtener para s, ni solicitar para otro, pensin ni condecoracin alguna que sea tambin de provisin del rey. En ambos artculos se ponen las expresiones de provisin del rey, porque hay algunos empleos como los de secretara de Cortes y todos los eclesisticos que no son dados por el rey, pues en los primeros nada influye, y en los segundos slo tiene el derecho de presentacin, segn hemos manifestado anteriormente. Respecto de las pensiones y condecoraciones, debe decirse lo mismo, porque muchas de ellas son concedidas por las Cortes para premiar los talentos y las virtudes. El seor Copmany pretendi que estos artculos deban reducirse a uno solo por su identidad de objeto, que es impedir la corrupcin de los diputados, la cual puede conseguirse lo mismo ofreciendo empleos, que concediendo pensiones. Adems aleg que no haba una razn para extender el tiempo a un ao despus del ltimo acto de las funciones del diputado respecto de las pensiones de los empleos, de manera que al da siguiente de concluir su diputacin puede el diputado solicitar un empleo, pero no una

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46 pensin. La razn de diferencia fue expuesta con mucho tino por el seor Gallego, diciendo que los empleos se proveen no tanto en favor de los individuos cuanto en utilidad de la nacin, y que esta no debe privarse del derecho de colocar las personas que le sean convenientes; ms las pensiones y condecoraciones son cosas personalsimas que pueden tener el aspecto de un verdadero soborno, y que se conceden con ms facilidad porque no hay tanto nmero de personas interesadas en impedirlo. Muchos de los seores diputados pretendieron que estas prohibiciones fueran extensivas an a los parientes, pero se demostr que adems de ser injusta esta determinacin respecto de una multitud de personas que ningn delito haban cometido por tener un pariente diputado en Cortes, resultara la nacin privada de las luces y dems ventajas que pudieran hallarse en tales individuos. La diputacin llegara a ser una carga tan grave y odiosa, que como dijo el seor Gallego, “tal vez llegara tiempo en que fuese menester ordenar una leva para tener diputados de Cortes”. No debe aspirarse a impedir todos los medios de que pueda valerse la malicia para corromper el corazn humano; basta haber tomado las medidas prudentes para remover los obstculos ms poderosos, cules son los intereses personales, pues extender las miras hasta las ms remotas relaciones de los hombres es un delirio en poltica y un agravio que se hace a la honradez de los diputados, pues seguramente se piensa muy mal de un hombre cuando se cree que por la ms remota relacin de utilidad, podr vender la patria. “Demos por hecho, deca el citado seor Gallego, que la prohibicin de obtener empleos y pensiones se extienda a todos los parientes dentro de cierto grado. Se habrn cegado todos los canales de la seduccin que es tan ingeniosa y fecunda? Ni los medios propuestos, ni cuantos invente la previsin humana, impedirn el ms obvio, el ms sencillo, el ms halageo camino del soborno, es decir el dinero, los regalos. No es menester insistir sobre la eficacia que inducen una talega y otra y otra, para dejar a todos convencidos de que siendo imposible precaver este arbitrio funesto, todo lo dems es de absoluta insuficiencia.” En el artculo 91 se ampla la eleccin de diputados para que pueda recaer no slo en los naturales de una provincia, sino tambin en los que se hallaren avecindados en ella, con residencia a lo menos de siete aos, sin embargo de lo que expusieron en contra algunos individuos del Congreso, pretendiendo restringir esta eleccin precisamente a los naturales, pues en ellos se supone mayor amor a la provincia y conocimientos prcticos ms extensos, supuestos que por lo regular recaera la eleccin en naturales que hubieran pasado su niez y juventud en la misma provincia, y que por decirlo as con la leche hubieran mamado el amor a ella, circunstancia que no proporcionar fcilmente un vecindario de siete aos. Sin embargo, uno de los seo-

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47 res del Congreso, apoyando lo determinado por el artculo, recalcitr en que los diputados lo eran de la Nacin y no exclusivamente de tal o cul provincia, y que si se entiende por amor a la patria el amor a la provincia, esto es, aquel amor exclusivo que ha producido tan funestas consecuencias, deseara se borrase esta palabra del diccionario de la lengua; a lo cual contest el seor Morales Surez, con la energa y tino que le caracteriza: “He odo con extraeza que entiendo por patria el lugar del nacimiento; deba borrarse esta palabra del diccionario de la lengua castellana, pues slo debe contraerse a la Metrpoli o a la mayor parte de la Nacin. Los hombres nos diferenciamos ms en las opiniones que en los rostros, pues la ma en este punto es que, entendida la patria en el primer sentido, la obligacin de amarla haba de estamparse en cada hoja de todos los diccionarios, porque as la reconozco como un deber natural y divino, inspirado por la naturaleza, recomendado por el mismo Dios, y universalmente reconocido por superior a los intereses individuales y an a la misma naturaleza, vindose por tanto el padre gozoso inmolando a sus caros hijos en beneficio de su pas. Qu deber esperar la patria poltica de quien no ama su patria natural? Mal podr respetar y amar a sus padres polticos quien no ha tenido los mismos sentimientos con sus padres naturales. Hablando, pues, de esta calidad tan esencial en nuestro propsito no es posible equiparar en ella al natural con el extrao.” Las razones en que se apoyaba el artculo son de bastante peso, y sin embargo del mrito que puedan tener las contrarias, siempre manifestarn que las Cortes, al sancionar esta parte del artculo, seguramente no procedieron con ligereza. Manifest el seor Espiga que si se limitaba la eleccin a los naturales, sera excluida una multitud de personas benemritas que se hallan avecindadas en otras provincias, y que acaso no conservan la ms ligera relacin con la suya, careciendo de este modo la Nacin, y an la misma provincia en que se hallan estos sujetos avecindados, de las utilidades que pudieran proporcionar sus talentos y virtudes. Adems la representacin se da no slo por las personas, sino tambin por los intereses y an de estos depende en gran parte el amor a la provincia, pues mucho ms inters tendr uno en conservar las ventajas de un suelo en que se hallan todos sus bienes, que no en favor de la provincia en que naci, y en la que acaso no conserva relaciones algunas. “Si el inters de la representacin, dice el seor Espiga, consiste en que las leyes sean justas y sabias, y si el objeto de stas no puede ser otro que la persona y bienes de los ciudadanos, se puede dudar que all est el verdadero inters del ciudadano en donde est su persona y bienes? Cmo negar el derecho de ser elegido para la representacin nacional en donde la ley que han de dictar las Cortes, le ha de obligar a pagar impuestos, contribuir a la fuerza armada y a sufrir todos sus efectos?”

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48 Esta razn es muy dbil, y tanto, que se halla destruda por el mismo seor Espiga, cuando para excluir a las castas del derecho de representacin y responder a unas objeciones semejantes que se hacan en su favor, expuso que no haba ninguna necesidad de conceder los derechos polticos slo porque se tuvieran bienes races, se pagasen contribuciones y se hiciesen otros servicios semejantes a la patria, pues stos, deca, slo exigen la proteccin de las leyes o la concesin de los derechos civiles; y no juzg preciso que en la formacin de estas leyes influyeran de modo alguno las castas, sin embargo de quedar obligadas a pagar impuestos, contribuir a la fuerza armada y a sufrir todos sus efectos. An se conoce ms inexactitud e incoherencia de dictmenes, cuando se advierte que en este caso no se exclua a los no naturales de todos los derechos polticos en la provincia, pues les quedaba la voz activa, y de ningunos en la Nacin, pues podan ser elegidos por la provincia de su nacimiento como otro cualquiera por la suya; mas las castas de modo ninguno entran. Deca el seor Espiga que quedaran privados del derecho de ser elegidos muchos europeos residentes en Amrica; yo creo que nadie tiene derecho a ser elegido, sino una aptitud para que lo elijan; pero s hay un derecho a elegir, de modo que yo encuentro una gran diferencia entre la voz activa y pasiva, pues no es lo mismo tener derecho a ser representado, que tenerlo a representar, y as juzgo que a pesar de las grandes luces del seor Espiga, procedi con bastante inexactitud cuando dijo, hablando de los europeos residentes en Amrica: tienen un derecho de justicia a la representacin de aquellas provincias y a tener parte en el establecimiento de las leyes que han de servir de regla para el ejercicio de todas sus funciones. No es esta la defensa de las castas que sin embargo estn excludas hasta de la voz activa por los esfuerzos del mismo seor Espiga? Cmo se conoce que eran otras las circunstancias. Los extranjeros, aunque sean ciudadanos, estn excludos de la diputacin en Cortes; y no tienen bienes, pagan contribuciones y sufren todos los efectos de las leyes? Vase, pues, qu dbil es el fundamento, pues si razones polticas muy polticas muy poderosas hicieron justa la determinacin en orden a los extranjeros con respecto a toda la Nacin, iguales o semejantes razones la haran justas en una provincia respecto a los extranjeros de ella. No por esto se crea que opino que el artculo es injusto, pero s que da margen a que sucedan casos semejantes a los que reclamaron los diputados de Amrica, manifestando que hallndose casi todos los empleos en manos de los europeos, el influjo de stos podra ser muy poderoso, y como dijo el seor Alcoser, debe recordarse el dicho del poeta: est rogitare ducum species quaedam invendi, y podra muy bien suceder que la representacin

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49 de Amrica fuera un patrimonio de los europeos avecindados en ella. Record muy bien el seor Morales Duarez que la ley de Castilla, que es la 8 en el ttulo de procuradores de Cortes, califica de un desorden imperdonable el uso de la diputacin por un extrao de provincia, y esto prueba que an cuando las cosas no estaban tan divididas por la misma situacin de los lugares, no se crey conveniente confiar estos cargos sino a los naturales de las mismas provincias. “Figurmonos el caso, deca el citado Morales Duarez, de hallar ste (el diputado) en las Cortes una decidida contrariedad de intereses entre su patria natural y la otra provincia que le comisiona; pregunt: cul sera entonces la suerte de la comisin o del comisionado? He odo aqu algunas veces calificar por imaginario este caso, avanzando una proposicin que por prudencia he querido bautizar con el nombre de ingeniosidad, pero que realmente estimo como una paradoja improbable. Se dice que siendo todos hermanos, no debe reinar ms que la unin, ni nunca puede haber ni entenderse diferencia de intereses. La proposicin confunde al derecho con el hecho, a la potencia con el acto, y a las prcticas reales y universales del mundo con los bellos deseos de una pura imaginacin”. Para hablar en esta materia con imparcialidad, de confesarse que cuando por una residencia de muchos aos y por intereses y relaciones contradas en una provincia, llega un individuo a connaturalizarse tanto en ella que sentira la mayor violencia en abandonarla, entonces ya en los efectos debe reputarse como un natural de ella, y acaso la amar ms que los que realmente lo son, de modo que toda rivalidad respecto de estas personas es infundada; pero todo esto no es probable que tenga lugar cuando slo hay relaciones de un vecindario de siete aos, y cuando no estn prefijados los bienes que debe poseer el diputado de Cortes, dejndose esto para lo futuro; y an cuando lleguen a prefijarse, nunca sern tan cuantiosos que hagan difcil la eleccin de diputados, y por consiguiente, podrn serlo casi todos los que slo tengan siete aos de vecindario, tiempo muy corto para destruir todos los recelos en esta materia. Deduzcamos, pues, que el artculo es justo y por consiguiente muy conforme a las miras filantrpicas que inspira una sana filosofa, y ms que nada la moral evanglica, pues los hombres somos uno, y todos los que forman la sociedad particular de las provincias deben reputarse iguales, ora hayan nacido o no en su suelo: y que es inmejorable aplicado a la nacin espaola como debera ser, mas no como por desgracia es. El tiempo y las luces conformando las ideas, conformarn los sentimientos; cesarn los temores entre hermanos, y esta ley constitucional que los une en representacin, formar el vnculo de paz ms sagrado y duradero, pues no agravar a ningn ciudadano, porque a ninguno excluye, ya sea natural,

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50 ya vecino, y har sentir a todos los benficos efectos de la unidad de intenciones.Observacin Sptima Atribuciones de los poderesTodas las atribuciones que hace la Constitucin a las Cortes, me parecen tan claras y arregladas que no necesitan ms explicacin que su simple lectura, si exceptuamos la cuarta, que ofrece algunos inconvenientes, pues dar al poder legislativo la facultad de elegir la regencia o regente del reino, y sealar las limitaciones con que han de ejercer la autoridad real, sin que se exprese hasta qu punto pueden llegar estas limitaciones, sino dejndolo a la libre voluntad de las Cortes, faculta a stas para que hagan nulo el poder ejecutivo, o a lo menos lo entorpezcan de modo que todo el orden constitucional sufra graves atrasos. En vano se alegaran otros artculos de la misma Constitucin, pues las Cortes, apoyadas en ste, siempre se creeran con derecho a alterarlo todo, y nadie podra exigir de ellas los fundamentos de tales o cules limitaciones. Esto se confirma con lo que dice el artculo 195: “La regencia ejercer la autoridad del rey en los trminos que estimen las Cortes”. Supongamos, pues, que las Cortes, fundada o infundadamente, quisieran privar a la regencia de la sancin de las leyes, que es una de las principales prerrogativas del rey y un verdadero acto de autoridad que le concede la Constitucin; tendramos trastornado el sistema constitucional y el equilibrio de poderes. Aun cuando nos contrajramos a las otras facultades indicadas en la misma Constitucin, siempre sera de temer, como dije al principio, que el poder legislativo entorpeciera al ejecutivo con limitaciones odiosas y acaso temerarias. Mas en la gran dificultad de sealar hasta donde puedan extenderse las Cortes en estas limitaciones que dependen precisamente de los tiempos y circunstancias, se determin con bastante prudencia que corriese el artculo como est. Entre las atribuciones del poder ejecutivo, se halla la de declarar la guerra y hacer la paz, punto que se discuti en las Cortes con la mayor extensin y sabidura, alegndose cuantas razones pueden ocurrir en favor y en contra; y as me parece conveniente formar un extracto de las discusiones sobre esta materia, para que cada cual pueda percibir, como suele decirse, a un golpe de vista, los fundamentos de una y otra opinin y graduar sus mritos, desnudndolos de los adornos y ampliaciones oratorias con que fueron presentados.

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51Razones para no conceder al rey la facultad de declarar la guerra1 No hay secreto, pues en el momento en que los embajadores noten la menor novedad, informarn a sus respectivas potencias, y mil personas con infinitas relaciones con el ministerio sern otros tantos poros por donde transpire lo proyectado. Juntas las Cortes, para decretar los subsidios, el secreto est enteramente revelado, y sin dichos subsidios la guerra es imprudente. An cuando otras potencias no presintieran la declaracin de guerra, la que haba dado margen a ella lo conocer fcilmente. 2 El rey tiene en su mano la distribucin de la fuerza armada, y as puede tomar todas las medidas prontas que se necesiten para la seguridad del reino, y cuando se renuncia a la ambicin de conquistar, no son necesarios otros medios, y tenemos toda la celeridad necesaria en las operaciones. 3 Los monarcas tienen en esta facultad un medio para extender sus prerrogativas indirectamente, comprometiendo a la Nacin con una guerra injusta. 4 En caso de dar motivo al rey en la declaracin de guerra y de ocupar los enemigos alguna parte de nuestro territorio, qu recurso le queda ya sino subsidiar o perecer? 5 Los ministros, no podrn influir en la declaracin de guerra para quedar a cubierto, porque una derrota todo lo compone, y para dar empleos que entonces se multiplican considerablemente? 6No podrn eludir la responsabilidad de mil maneras, suprimiendo documentos bajo el pretexto de consideraciones diplomticas a las naciones extranjeras? Y an cuando muera el ministro, que habr ganado la Nacin? Ni se diga que la responsabilidad podr retraerlos, pues la esperanza de salir bien anima a todos. 7 Si el rey puede entrar en guerra con slo la fuerza que tiene en tiempo de paz, no ocurrir a las Cortes, y ya es independiente, y si ha de estar obligado a convocar Cortes, para pedir subsidios, ya falta el secreto. He aqu demostrado que el argumento del secreto es un verdadero sofisma. Asimismo, es ilusoria la facultad de las Cortes para conceder subsidios. No debe confundirse el secreto militar con el diplomtico; aqul es ms fcil de guardar que ste. 8 Si se quiere celeridad en la declaracin de guerra, concdasele al rey la facultad de poner contribuciones y proporcionar subsidios, pues de lo contrario siempre estar entorpecido. 9 Ms fcil es seducir al ministerio que a las Cortes.

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52 10 Las Cortes, declarndose en sesin permanente, podran tener toda la prontitud necesaria sobre guerra o paz, mayormente cuando se supone que tienen razones justas. 11 El ministerio se retraer de hacer propuesta de una guerra injusta, sabiendo que antes han de examinarla las Cortes. 12 La Constitucin no suministra medio a las Cortes para evitar la ruina de la patria. 13 Ms probabilidad hay de acertar en las Cortes, reunidas con el rey, que en ste solo. 14 La Constitucin concede a las Cortes la facultad de hacer las leyes, porque percibe la justicia con ms facilidad, y por qu no la conveniencia de la guerra? A las Cortes pertenecen las contribuciones, los auxilios, la admisin de tropas extranjeras y los tratados de alianza ofensiva, y por qu no la declaracin de guerra, que puede dar motivo a todas estas cosas? 15 Aunque se dice que el rey oiga al consejo de estado, no se le manda que lo siga, y as el negocio ms interesante de la Nacin queda sujeto a la voluntad de un hombre. 16 La dignidad real no exige tal prerrogativa, pues en ese caso sera preciso constituir al rey de Espaa un dspota, para que estuviera al nivel del gran Turco. 17 No hay libertad nacional si el rey puede conducir los espaoles, deca el seor Alcocer, “como una manada de carneros a quienes el pastor lleva a su arbitrio al monte o a la selva, al pasto o al matadero”. 18 Siendo las Cortes cada nueve meses, no es probable que se ofrezcan demoras en la declaracin de guerra, que rara vez ser tan imprevista. 19 La anuencia de las Cortes a dar los subsidios es libre o es necesaria; si lo primero, podr negarlos, y queda desairada la autoridad real a vista de todas las naciones, y los enemigos se prevaldrn de esta falta de recursos para aumentar sus esfuerzos y conseguir victoria: si lo segundo, para qu son las Cortes? “Dgase en un artculo separado —expuso el Sr. Terrero—: las Cortes concedern lo que el rey pidiere, y ni ms ni menos. No engaemos a la Nacin diciendo que se pone un contrapeso al poder ejecutivo, en atencin a que la administracin de los subsidios queda nicamente al arbitrio de las Cortes. No hay tal cosa. Si necesariamente se han de conceder, cundo, cmo, de qu manera o en qu circunstancias cohben el desarreglo que pueda sobrevenir?”

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53Razones para conceder al poder ejecutivo la facultad de declarar la guerra y hacer la paz1 La declaracin de guerra exige una prontitud y un secreto incompatible con la convocacin de Cortes y las discusiones de stas. Siempre podrn traslucirse las intenciones de declarar la guerra, aun cuando se cometa la facultad de hacerlo al poder ejecutivo; pero nunca sern tan plenamente como si se avisara, por decirlo as, al pblico la declaratoria, convocando las Cortes, y despus se diera cuenta de las razones que hay para hacer la guerra y de los recursos y medios proyectados para sostenerla; todo lo cual se verificar en las sesiones de Cortes, por ms que secretas que fueran. Es innegable que, al discutir las Cortes para conceder los subsidios, siempre se divulgarn muchas cosas que convendra estuviesen reservadas, pero no es lo mismo publicar un secreto despus de haber conseguido un primer golpe oportuno en la declaratoria de una guerra, que publicarlo antes de ella en trminos que impida los felices resultados que prometen las circunstancias. 2 Las circunstancias polticas de la Europa y los progresos que se han hecho en el arte de la guerra, exigen que la Espaa, para nivelarse a las dems naciones, siga su orden de proceder en estas materias, que es decir, conceda al poder ejecutivo la facultad de que tratamos, para que pueda manejarse tan expeditamente y con la misma reserva y presteza que lo hacen las naciones limtrofes; pues de otra suerte ser sorprendido a cada paso el gobierno, prevalecindose el enemigo de esta misma debilidad, observada en su Constitucin, pues slo le facultara para hacer una defensa inevitable, como podra hacerla un gobernador cualquiera de las provincias. 3 Dependiendo la continuacin de la guerra de los subsidios decretados por las Cortes, y siendo responsables los ministros, no es dable que ni stos ni el rey se comprometan en una guerra injusta que acarreara sobre ellos graves daos. Extendiendo nuestros pensamientos en la vasta esfera de lo posible, no hay duda que pueda acaecer el extraordinario hecho de que el rey quiera despojarse de sus verdaderas prerrogativas e intereses, que estn identificados con la prosperidad de la Nacin, y los ministros renuncien hasta su misma existencia por hacer un mal; estas depravaciones del corazn humano, seguramente no estn al alcance de las leyes, y el empeo en impedir todos los males es el medio ms seguro de causarlos. Mucho ms frecuentes son los casos en que la Nacin estar comprometida si no se concede al poder ejecutivo esta facultad, que no aquellos en que podr ser arruinada por la ms horrenda perfidia de su ministerio. En la poltica no hay demostraciones, o a lo menos, son muy raras; por lo regular se procede

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54 por mera probabilidad, y sta crece segn la relacin de los casos favorables a los posibles; luego, si es mayor el nmero de los casos en que favorece la concesin de esta facultad al rey que el de los adversos o en que puede daar, es claro que la prudencia pide que se le conceda como est establecido en el artculo. 4 En la Constitucin se ponen los medios para impedir el abuso de la autoridad real en esta materia, oponindose a las miras ambiciosas de los monarcas. Las guerras son gratas a los reyes, o por el deseo de conquistar o por intereses de familia; el primer caso es opuesto a las circunstancias de la Espaa, que abunda en territorios y carece de poblacin, de modo que el rey nunca obtendra subsidios, y por tanto no debe esperase que intente semejante guerra; el segundo est previsto con la autoridad que se concede a las Cortes respecto de las personas que deben ocupar el trono y de toda la dinasta real, de modo que el rey vera frustradas sus esperanzas, y as no es fcil que las conciba. En orden a la paz, no pueden tenerse grandes temores cuando no se concede al rey la facultad de enajenar territorio, ni disponer de las propiedades o gravar los pueblos con contribuciones. 5 Si se concede a las Cortes la facultad de declarar la guerra, es muy fcil que bajo el pretexto de proyectarla y de permitir que se haga bajo de tales o cuales condiciones que se estimen favorables, llegue el poder legislativo a gobernar los ejrcitos, que es decir, a arrogarse facultades del poder ejecutivo. 6 Conservando siempre el rey la facultad de mandar los ejrcitos, si se le supone de mala fe, tiene en su mano el comprometer la Nacin a una paz forzada, con slo proporcionar que se pierda una accin de guerra; y del mismo modo, manejando las relaciones diplomticas, puede poner las cosas en trminos que sea preciso declarar la guerra sin que las Cortes puedan evitarlo. Se infiere, pues, que concediendo a las Cortes dicha facultad, no se evitaran los males que se supone podra producir el rey con ella. 7 Bajo mil pretextos y reservas diplomticas, podr el ministerio retardar la manifestacin de las circunstancias que exigen se declare la guerra de modo que cuando llegue a deliberarse, todo est ya perdido, de lo cual se infiere que siempre quedarn los ministros con la misma facultad de hacer mal, y que nada se gana con que se prive al rey del derecho de declarar la guerra. Expuestas ya las razones en que se fundan los que quieren se conceda al rey la facultad de declarar la guerra y hacer la paz, y las de los que desearan se atribuyese a las Cortes, concluyamos con lo que dijo el Sr. Prez de Castro: “Por mi parte, me atrevo a asegurar que si esta cuestin se

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55 hubiese de discutir acadmicamente en un liceo o a la manera que lo hacen los libros, habra tanto que decir en pro y en contra, que aunque reconozco mi insuficiencia, no tendra reparo en defender uno u otro extremo sacados a la suerte; pero tratndose el punto para establecer reglas que sirvan en la prctica, creo firmemente que los que sostienen lo contrario al artculo, se veran embarazados desde el primer paso que hubiesen de dar en un caso prctico”. La dcima quinta facultad del rey o del poder ejecutivo, est concebida en estos trminos: “conceder el pase o retener los decretos conciliares y bulas pontificias con el conocimiento de las Cortes si contienen disposiciones generales; oyendo al consejo de estado, si versan sobre negocios particulares o gubernativos; y si contienen puntos contenciosos, pasando su conocimiento y decisin al supremo tribunal de justicia, para que resuelva con arreglo a las leyes”. Algunos de los seores diputados se opusieron a esta divisin, opinando que el pase de todas las bulas deba depender nicamente del poder ejecutivo, no slo en el efecto como actualmente sucede (pues siempre el rey es quien da el pase), sino tambin en el examen. Fundaban su opinin en que el poder ejecutivo es el que tiene el encargo de vigilar sobre la observancia de las leyes y el que puede percibir si una bula se opone o no a los intereses nacionales y a la organizacin del gobierno. Sin embargo, el seor Espiga manifest con la mayor claridad la distinta naturaleza de los casos que pueden presentarse respecto de las bulas pontificias, exigiendo a cada una de ellas el examen de uno de los poderes exclusivamente, para que la Constitucin guarde el orden y armona que tanto se necesita. Puede haber algunas bulas que se opongan a nuestras leyes, y por consiguiente, para su observancia sera preciso derogar o al menos interpretar las mismas leyes; y a quin pertenece esto por la Constitucin sino a las Cortes? Si el poder ejecutivo pudiera dar pase a semejantes bulas, podra tambin derogar las leyes, y se hara legislativo. Otras bulas pueden entorpecer las disposiciones del gobierno, sin que por esta sean contrarias a la ley, y en este caso, claro est que el poder ejecutivo es el nico que debe entender en ello; puede por ltimo una bula oponerse a las prerrogativas o derechos particulares, y por consecuencia envuelve un punto puramente contencioso, en que hay derechos que deducir, lo cual no puede pertenecer a otro que al poder judicial y por eso se le concede su examen al supremo tribunal de justicia. Siempre pertenece al rey conceder el pase, y por eso se ha puesto entre sus atribuciones, pero depende, segn los diversos casos, ya de las Cortes, ya del consejo, ya del supremo tribunal de justicia, con la diferencia que si ste o las Cortes, lo niegan, no puede el rey concederlo; mas respecto del consejo de estado, slo se manda que lo oiga,

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56 porque en este caso el punto es gubernativo, y no es el consejo de estado quien tiene estas facultades, sino el rey, en quien reside el poder ejecutivo, siendo responsables los ministros. Por lo que hace a las atribuciones del poder judicial, son tan claras, ora se consideren respecto del supremo tribunal de justicia, ora en orden de las audiencias y tribunales inferiores, que basta la simple lectura de los artculos para percibir su exactitud y utilidad. Todo se reduce a dos puntos: evitar el abuso de los tribunales que se erigan en legisladores, bajo el pretexto de preveer lo conveniente para la pronta administracin de justicia, y del poder ejecutivo erigindose en tribunal. Por eso se dice en el artculo 243: “ni las Cortes ni el rey podrn en ningn caso ejercer las funciones judiciales”, y en el 45: “los tribunales no podrn ejercer otras funciones que las de juzgar y hacer que se ejecute lo juzgado”. Para el cumplimiento de la ltima parte de este artculo, puede llegar el caso en que el poder judicial necesite, por decirlo as, la fuerza fsica, e implore el auxilio del poder ejecutivo, mas nunca se dir que es otra cosa, sino una fuerza protectora, perteneciendo sin embargo la ejecucin de lo juzgado al tribunal que lo determine. Recordemos que la palabra poder ejecutivo slo se refiere al establecimiento y proteccin de las leyes, mas no a su aplicacin y ejecucin jurdica. Con el mismo fin de cortar abusos de los tribunales, se dice en el artculo 246: “tampoco podrn suspender la ejecucin de las leyes, ni hacer reglamento para la administracin de justicia”. La experiencia ha hecho conocer que los tribunales formados por mera comisin, se creen como en la necesidad de hacer algo, esto es, de imponer alguna pena, y buscan delito donde no le hay, o por el extremo opuesto, propenden a una indulgencia hija de las circunstancias, y si se quiere, del crimen, pues un tribunal momentneo todo lo allana o todo lo trastorna, para aprovechar, por decirlo as, el corto tiempo de su existencia. Se ven aparecer los criminales a proporcin que se aumentan las comisiones para juzgarlos. Adems, la falta de instruccin y de prctica es una fuente de mil errores en los tribunales formados por meras comisiones. ltimamente, en la eleccin de jueces comisionados, suele haber tal intriga y perfidia que se forma un tribunal aparente, pues en realidad no es ms que un protector del crimen o un opresor de la virtud. Estos son los fundamentos del artculo 247, que dice: “ningn espaol podr ser juzgado en causas civiles ni criminales por ninguna comisin, sino por el tribunal competente establecido con anterioridad por la ley”. Otro de los obstculos de la pronta administracin de justicia consista en las atribuciones particulares de tribunales, por los fueros de las personas, y para ocurrir a ello determina la Constitucin que “en los negocios comunes,

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57 civiles y criminales, no habr ms que un solo fuero para toda clase de personas”, esto es, que en todos aquellos negocios que comnmente suceden, y que por su naturaleza no pertenecen a un orden particular y exigen distinto orden de proceder, como sucede en los consulados, no habr fueros particulares. Exceptanse los militares y eclesisticos que, aun en estos mismos casos comunes, v. g. una demanda por deuda, continan gozando su fuero y no pueden ser juzgados sino por el tribunal militar o eclesistico. De modo que segn el artculo 32, captulo 2, de la ley de 9 de octubre de 1812: “no debiendo haber, segn lo dispuesto por la Constitucin, ms fueros privilegiados que el eclesistico y militar, cesarn en el ejercicio de su jurisdiccin todos los jueces privativos de cualquier clase; y cuantos negocios civiles y criminales ocurran en cada partido se tratarn ante el Juez letrado del mismo y los alcaldes de los pueblos, como se previene en esa ley. Exceptase, sin embargo, los juzgados de hacienda pblica, los consulados y tribunales de minera que subsistirn por ahora segn se hallan, hasta nueva resolucin de las Cortes”. Para hacer la excepcin, estn autorizadas las Cortes por el artculo 278, que dice: “las leyes decidirn si ha de haber tribunales especiales para conocer de determinados negocios”. Se infiere, pues, que en estos casos no es un fuero de personas, sino una exigencia de la naturaleza de los negocios quien determina el tribunal que debe conocer en una causa.1El artculo 185, as como otros muchos de la Constitucin, verdaderamente no contiene atribuciones de los poderes, sino reglas o normas en su aplicacin, lo cual ha tenido muchos por un defecto; pero es una de las perfecciones de ella, pues demuestra que al formarla no se procur tanto la exactitud en divisiones abstractas y en rigor poltico, cuanto la conformidad con las circunstancias de la nacin y el impedir muchos absurdos que slo por una ley constitucional de difcil variacin podran evitarse. Dice, pues, el artculo citado: “En todo negocio, sea cual fuere su cuanta, habr a lo ms tres instancias definitivas pronunciadas en ellas. Cuando la tercera instancia se interponga de dos sentencias conformes, el nmero de jueces que haya de decidirla, deber ser mayor que el que asisti a la vista de la segunda, en la forma que lo disponga la ley. A esta toca tambin determinar, atendida la entidad de los negocios y la naturaleza y calidad de los diferentes juicios, qu sentencia ha de ser la que en cada una deba causar ejecutoria”. El seor Gallego pretendi que dos sentencias conformes deben formar ejecutoria, fundndose no slo en la mayor brevedad de los juicios, sino tambin en la mayor probabilidad del acierto, pues cuando dos sentencias conformes son revocadas por una tercera, resulta que la probabilidad es de1 Por decreto posterior pierden los eclesisticos este fuero en causas criminales.

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58 uno a tres respecto de la tercera sentencia, y de dos a tres respecto de las dos primeras. Para manifestar su opinin present las siguientes tablas de probabilidad.1SEGN EL ARTCULO Primer casoINSTANCIAS SENTENCIASPrimera ................................... Pro Segunda ................................. Contra Tercera ................................... Pro Segundo caso Primera ................................... Pro Segunda ................................. Contra Tercera ................................... Contra “En estos dos casos, hay dos sentencias conformes contra una, de que resulta una probabilidad de justicia, en razn de dos a uno, y que en mi juicio debe tenerse por suficiente. Y respecto a ellos, no hay diferencia ninguna del artculo a mi proposicin”. SEGN EL ARTCULO Tercer casoINSTANCIAS SENTENCIASPrimera .................... Pro Segunda .................. Pro Tercera .................... Contra “En este caso, quiere el artculo que cause ejecutoria la tercera sentencia, cuya presuncin de error est en la misma razn que lo estaba de acierto los dos casos anteriores. Cosa ms que repugnante”. Segn el artculo, admitida cuarta instancia. Cuarto casoINSTANCIAS SENTENCIASPrimera ....................... Pro Segunda ..................... Pro Tercera ....................... Contra Cuarta ........................ Contra1 Diario de Cortes, sesin del 6 de diciembre de 1811.

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59 “En este caso, despus de la enorme dilacin de cuatro instancias, no resulta mayor presuncin de acierto que de error, pues siendo dos fallos favorables y dos contrarios, no hay ms razn para sostener los unos que los otros, y nos hallamos en la misma incertidumbre que al tiempo de empezar el juicio”. Toda esta demostracin del seor Gallego, que a primera vista parece tan exacta, no lo es si recordamos el fundamento principal de toda probabilidad. Tratando esta materia en mis lecciones filosficas,1 he manifestado, segn las doctrinas de Laplace, que cuando los casos son igualmente posibles, la probabilidad est en razn directa del nmero de los casos favorables al nmero total de los posibles, de modo que la igualdad en la posibilidad de cada caso es condicin necesaria para el cmputo de las probabilidades. Si el seor Gallego hubiera demostrado que en cada una de las dos sentencias de que habla su proposicin, o en cada una de las tres de que trata el artculo, hay igual posibilidad de acierto, la demostracin sera concluyente, mas es preciso advertir que en la primera sentencia no hay tanta posibilidad de acertar como en la segunda, ni en esta hay tanta como en la tercera, pues sucesivamente van presentndose nuevas pruebas, oyndose nuevas razones y aumentndose el nmero de los jueces, de modo que todo esto influye en dar a la tercera sentencia una posibilidad del acierto mucho mayor que las anteriores, aunque se hallen conformes; y el clculo de probabilidad no debe establecer aqu por el nmero de las sentencias, sino por el de jueces y el de las pruebas, graduando stas no tanto por su nmero, cuanto por su valor jurdico. Por esta razn, se determina en el artculo que cuando la tercera instancia se interponga de dos sentencias conformes, el nmero de jueces que haya de decidirla deber ser mayor que el que asisti a la vista de la segunda, para balancear, por decirlo as, con la pluralidad de jueces la conformidad de las sentencias anteriores; pues aunque, segn se demostr en la misma discusin, los tribunales colegiados no tienen ms probabilidades del acierto que los otros; pues aunque es mayor el nmero de los que juzgan, es menor el conocimiento de los asuntos, decidindose las ms veces sobre la marcha, no hacindose ms que or rpidamente la relacin del proceso; sin embargo, esto slo prueba un abuso, y no una necesidad, en tales tribunales, cuyo instituto no les prohbe el detenido examen de las materias, prolongndolo a todo el trmino que racionalmente est concedido por la ley. A sta toca tambin determinar, atendida la entidad de los negocios y la naturaleza y variedad de los diferentes juicios, qu sentencia ha de ser la que en cada uno ha de causar ejecutoria y efectivamente se ha determinado por la ley de 9 de Octubre de 1812, que en las causas criminales, la segunda sentencia conforme se d por ejecutoriada.1 Tomo I, pgina 79.

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60 Los artculos 287 y 296 presentan a primera vista alguna contradiccin, pues en el primero se dice: “ningn espaol podr ser preso sin que preceda informacin sumaria del hecho por el que merezca segn la ley ser castigado con pena temporal, etc”., de modo que bajo ningn pretexto debe estar en prisin el que no merece pena corporal; y en el otro artculo se dice: “en cualquier estado de la causa en que aparezca que no puede imponerse al preso pena corporal, se le pondr en libertad dando fianza”. Estas ltimas palabras dando fianza, dijeron algunos de los diputados que estaban en abierta contradiccin con el otro artculo, pues si aparece que no merece pena corporal, aunque no d fianza no puede retenrsele en prisin, supuesto que tampoco pudo ser preso; adems, se opone a la justicia que slo por carecer de fianza se imponga una pena como es la de prisin a un reo que por el proceso resulta no merecerla. Para conciliar estos artculos, observemos que basta una informacin sumaria de que resulte una probabilidad de crimen, para poner a uno en prisin, y no debe salir de ella hasta no estar plenamente destruidos los fundamentos por que se impuso. Supongamos, pues, que en el discurso de una causa se presentan las cosas en trminos que hacen creer probablemente que el reo no merece pena corporal; en este caso, aun no puede decirse que estn destruidos los primeros fundamentos o mejor dicho, aun no sabemos si verdaderamente merece el reo pena corporal, pues en lo que resta de la actuacin, tal vez aparecer convencido del crimen; luego, debera retenrsele en prisin. Sin embargo, la ley para proteger en cuanto sea posible la libertad individual, quiere concederle al reo el derecho de dar una fianza para salir de la prisin. Se exige la fianza porque de otra suerte en caso de resultar criminal en la continuacin de la causa, no podra aprenderse el reo, que tal vez habra profugado. Son, pues, dos cosas las que deben atenderse: la libertad individual y el efecto de las leyes, pues tan malo sera atacar a aqulla como debilitar sta, y as para acudir a ambas cosas, se ha tomado un partido prudente, concediendo al reo lo ms que puede concedrsele y conservndole a la ley lo que ella no debe perder.Observacin octava Sobre ayuntamientos y juntas provincialesLos ayuntamientos y diputaciones provinciales, bajo ninguna relacin debe decirse que ejercen ninguno de los poderes, sino que son unas corporaciones establecidas para vigilar sobre lo econmico de los pueblos y provincias, para promover su adelantamiento, ya removiendo obstculos, ya

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61 proyectando nuevos medios, y ltimamente, para auxiliar al poder ejecutivo con sus luces y con todos los recursos pecuniarios o de cualquier gnero, siempre que no excedan los lmites prescritos en la Constitucin, en la cual se previene que cuando no basten los fondos de propios y sea preciso recurrir a nuevos arbitrios o imposiciones, no se haga sin la aprobacin de las Cortes. No puede decirse que los regidores son representantes del pueblo, si por esta palabra se entiende que son parte del poder legislativo, y slo debe admitirse la expresin (que mejor sera no usarla jams) cuando se entienda que son unos sujetos que merecen la confianza del pblico, que les ha encargado sus intereses puramente econmicos, y que para promoverlos, tienen autoridad para formar ordenanzas municipales y tomar todas las medidas econmicas que no exigen aprobacin del gobierno. Deca muy bien el seor conde de Toreno: “es un principio a mi ver equivocado cuando se ha manifestado que los ayuntamientos eran representantes de aquellos pueblos por quienes eran nombrados. Este es un error; en la nacin no hay ms representacin que la del Congreso nacional. Si fuera segn se ha dicho, tendramos que los ayuntamientos, siendo una representacin, y existiendo consiguientemente como cuerpos separados, formaran una nacin federada, en vez de constituir una sola e indivisible nacin. Los ayuntamientos no son ms que unos agentes del poder ejecutivo para el gobierno econmico de los pueblos; pero como el mejor modo de plantear esta parte tan esencial para la felicidad de las provincias debe reposar sobre el inters que sus mismos vecinos tienen en su propiedad, evitando todos los gravmenes posibles y fomentando todas las fuentes de aqullas, se prefiere que estos agentes sean escogidos por sus propios convecinos, en la persuasin de que desempearn mejor su cargo y correspondern a la confianza que los ha distinguido...; los ayuntamientos son esencialmente subalternos del poder ejecutivo, de manera que slo son un instrumento de ste, elegidos de un modo particular”.1Estas mismas ideas present el seor Argelles, aplicndolas no slo a los ayuntamientos, sino a las diputaciones provinciales: “es igualmente necesario insistir en desvanecer cualquiera idea de representacin que se pueda suponer en las diputaciones de provincia. Tal vez las opiniones de algunos seores nacen de este principio equivocado. Las diputaciones son elegidas por los pueblos para combinar la confianza y amovilidad de sus individuos con la subordinacin al gobierno, de quien este se vale para la ejecucin de sus rdenes. La representacin nacional no puede ser ms que una; y sta est refundida solamente en las Cortes. Es la que nicamente1 Diario de Cortes, tomo II, pgina 211.

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62 puede expresar la voluntad de los pueblos; y as las diputaciones provinciales no tienen, ni por su naturaleza pueden tener, ningn carcter representativo, as como los ayuntamientos jams fueron considerados como cuerpos representativos, sino en la parte econmica, y con sujecin absoluta a la autoridad suprema. Cada diputado es como un ayuntamiento cntrico para reunir en un punto todos los de la provincia y conservar la unin, haciendo en esto las mismas funciones que antes los acuerdos de las audiencias. El freno del gobierno no ha de estar en cuerpo tan subalternos y subdivididos. Existe con menos artificio y complicacin en la reunin anual de Cortes. Estas son las salvaguardias de la libertad. El seor conde de Toreno ha dicho bien que las diputaciones son unos agentes del gobierno. Slo bajo este aspecto se podr conciliar con la naturaleza de una monarqua la organizacin del gobierno municipal subdividido en ayuntamientos y diputaciones. Y an para la tranquilidad y buen orden de la nacin, es necesario fijar bien la naturaleza de ambas corporaciones, desvaneciendo el menor vestigio de la equivocada idea que considera las diputaciones como cuerpos representativos”.1Es muy de notar la diferencia que hay entre ejercer el poder ejecutivo y ser agente de l, pues en el primer caso reside una verdadera autoridad o poder gubernativo en la persona que ejerce las funciones; mas en el segundo, slo debe decirse que facilita y coadyuva al ejercicio del poder que reside en otro. Sin embargo, algunos publicistas usan de la palabra poder municipal como distinto del legislativo y ejecutivo, lo cual slo puede admitirse en cuanto a lo econmico, que por ninguna relacin envuelva algn punto contencioso, y mucho menos establezca ley, o derogue o interprete las establecidas, pues estas funciones son totalmente ajenas de los ayuntamientos y diputaciones provinciales. Toca a los ayuntamientos entre otras cosas cuidar de las escuelas de primeras y los dems establecimientos de educacin que se paguen de los fondos del comn; pero no de los que son propiedad de un particular o de alguna corporacin. An en cuanto a los primeros, debe decirse que slo toca a los ayuntamientos el velar sobre la buena administracin de los fondos y sobre que se cumplan sus estatutos, pues el formar stos y el dirigir la enseanza no es de su institucin perteneciendo a las Cortes, que son las nicas que pueden establecer el plan de enseanza. En general, debe decirse que ni los ayuntamientos ni el gobierno, conviene que tengan ms inspeccin sobre la enseanza pblica, por lo menos en cuanto a las escuelas particulares, que lo necesario para impedir que se enseen doctrinas opuestas a la buena moral y a nuestras le yes. Yo siempre mirar como un rasgo el1 Diario de Cortes, tomo II, pgina 245.

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63 ms brillante del talento y tino del seor Argelles, lo que dijo cuando la discusin de esta materia: “O se cree que el gobierno es el que solamente puede dirigir estos establecimientos, o no. Si lo primero, todos convendremos en que tenga la inspeccin; pero si se dice que no, como yo creo debe hacerse, y que todo espaol est autorizado para contribuir por su parte al fin de la enseanza, no debe mezclarse el gobierno en ello, porque ste puede ser un ramo de industria, y si se quiere de especulacin, y se debe permitir como hasta aqu que cualquiera pueda ensear a leer y escribir latinidad, matemticas, lenguas vivas o muertas, en fin, lo que se llama educacin; y qu necesidad hay de que el gobierno inspeccione esto? Creo que cuanta ms inspeccin se trata de poner sobre estos establecimientos, tanto ms presto viene abajo la libertad de los espaoles. Por qu yo, que quisiera poner una ctedra de matemticas u otra cualquiera, he de estar sujeto a que el gobierno me diga la hora en que he de empezar, porque autor he de ensear y de qu modo he de explicar? Lo que dice el seor Aner es una verdad; porque el gobierno est encargado de velar para que en nada se contravenga a las leyes, cmo es posible que ningn ayuntamiento deje continuar una escuela, si ve que en ella se corrompe la moral de los jvenes, si se falta a la religin, etc.?; no puede ser; durar veinte y cuatro horas; pero al instante se descubrir el abuso, y aqu entra el gobierno. Pasar de esto, es atacar la libertad de los espaoles.”1La relacin que tienen estas ideas con el artculo 368, en que tratando de la educacin pblica, se dice que el plan general de enseanza ser uniforme en todo el reino, me obliga a manifestar con franqueza lo que pienso, sea cual fuere la opinin que prevalezca en esta materia. Si la generalidad del plan es generalidad de doctrinas, no hay mayor absurdo, pues o se supone que todos los espaoles coinciden en unas mismas ideas y que no pueden variarlas, lo cual es ridculo, o se supone que slo se ensee lo que quiere el gobierno, quitando la libertad de pensar aun en las materias que nada ofenden ni a la moral ni a la poltica, lo cual no puede convenir a un pueblo libre. Si la uniformidad del plan es en el mtodo, ste debe acomodarse a las circunstancias, y la prudencia de los profesores, cimentada en conocimientos prcticos, es quien nicamente puede conducirle, y jams habr un mtodo que sea acomodable para todas las circunstancias. El mtodo y el orden de colocar las materias, es uno de los puntos ms difciles en la enseanza, y en que se desean mayores progresos; y as conviene que se deje en libertad a los profesores para ensayar y discurrir en esta materia cuanto fuere posible. Si se establece un mtodo por el gobierno, ya no se1 Diario de Cortes, tomo Il, pgina 232.

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64 pensar ms que en cumplir lo bueno o malo; ni se me diga que siempre queda el derecho de representar, pues muy pocos querrn meterse en eso, y solo se har ya sean insufribles los atrasos que produzca el plan establecido. Se dir que la Nacin debe estar uniforme en esto, por qu? Yo no alcanzo el fundamento, pues distinguindose los hombres en sus ideas ms que en sus rostros, la variedad de pensamientos no puede desdecir, antes adorna una nacin que aspira a distinguirse por las luces. Se manda una uniformidad de vestidos? Pues esta sera ms llevadera que la uniformidad de ideas. Bien s que se trata de la enseanza, y no de la libertad de pensar que genricamente tienen los espaoles; pero siendo las primeras ideas como las bases de todas las futuras, yo creo que es como darle a uno libertad para caminar, despus de haberle roto los pies, o por lo menos, despus de habituarle a torcerlos. Se dice que podra haber profesores temerarios o alucinados que en favor de sus caprichos y doctrinas absurdas, sacrificaran la utilidad de la juventud. Muy pronto se quedaran solos; el pblico es un juez que castiga sobre la marcha y sin apelacin. Tales profesores tendran que buscar otro oficio, y si eran puestos por el gobierno, ste debera removerlos, pues en todo cabe la prudencia, y la libertad de pensar no es libertad de ser loco. Convengamos en que una reunin de los primeros sabios de Espaa no contiene, sin embargo, las luces de todo el reino; y por qu se quiere que estos hombres obliguen a todos los dems a seguir sus ideas, an cuando slo nos limitemos al mtodo? Las luces van en progresin, y si el plan de enseanza no se va conformando a estos progresos, se queda atrasado, y resulta que lo que debera ser el centro de la ilustracin nacional ser lo ms ignorante de la Espaa. Por lo que hace a la intervencin de los ayuntamientos en los hospitales, hospicios, casas de expsitos, etc., est determinado por el artculo 6o, captulo 1o, de la instruccin para el gobierno econmico poltico de las provincias, dado en 23 de junio de 1813, que “para desempear lo que previene el prrafo 6 del artculo 221 de la Constitucin, cuidar el ayuntamiento de los hospitales y casas de expsitos o de beneficencia que se mantengan de los fondos del comn del pueblo, bajo las reglas que para ello estuvieren dadas o se dieren por el gobierno; pero en los establecimientos de esta clase, que fueren de fundacin particular de alguna persona, familia o corporacin, o que estuvieren encargados por el gobierno a personas o cuerpos particulares, con sujecin a reglamento, slo tocar al ayuntamiento, si observare abusos, dar parte de ello al jefe poltico, para el conveniente remedio; pero sin perturbar de modo alguno en el ejercicio de sus respectivas funciones a los directores, administradores y dems empleados en ellos”.

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65Observacin Nona Sobre algunos artculos en particularEl artculo 4o no expresa otra cosa que la obligacin que tiene toda sociedad de proteger a sus individuos, cosa que nadie ignora, ni era preciso determinarla. El artculo 13o es del mismo orden, pues slo dice que el objeto del gobierno es la felicidad de la Nacin. En los artculos 6o y 7o se establece el amor de la patria, la justicia y la beneficencia, la fidelidad a la Constitucin, la obediencia a las leyes y el respeto a las autoridades como unos deberes de los espaoles. Pero podr castigarse a uno porque no sea benfico, o porque no ame a la patria, siempre que cumpla las leyes? Y por lo que hace ser fiel a la Constitucin, etc., necesitaba esto un artculo constitucional? Por estas razones, quisieron algunos diputados que se oprimieran semejantes artculos; pero se manifest que aunque contienen verdades obvias y en mucha parte unos meros consejos que no pueden ser el objeto de una ley, sin embargo las circunstancias de la Nacin, agobiada por la perfidia de sus mismos hijos, y la utilidad de estas mximas saludables exigan se recordase a los espaoles en su mismo cdigo constitucional el origen de sus males y la fuente de su prosperidad futura, es decir, el verdadero patriotismo. En el artculo 24, se dice que se suspende el ejercicio de los derechos de ciudadano por el estado de deudor quebrado, lo cual parece muy genrico y que ofende a muchos individuos benemritos que por desgracia sufren una quiebra; pero sin embargo, la ley no ofende a nadie, pues se promulga para todos los que pueden hallarse en tal o cul caso; y mayormente en la concesin de ejercicios de derechos polticos, la sociedad puede establecer sus restricciones. Adems, las leyes se establecen por lo que generalmente sucede, y nadie negar que son muy raras las quiebras legtimas; y que pierde la opinin pblica el deudor quebrado, sea como fuere, porque siempre se sospecha de la legitimidad de la quiebra, y no pareca conforme a razn que un hombre desacreditado influyera en la formacin de las leyes. Tambin se ha establecido que la circunstancia de deudor a los caudales pblicos suspende los derechos de ciudadanos; mas sobre este punto acaba de resolver el rey provisionalmente, a consulta del consejo de estado, que solo se entienda con los deudores morosos, en un sentido jurdico, que es decir, despus de habrseles reconvenido por la autoridad competente. Tambin se suspenden estos derechos por el estado de sirviente domstico, que quiere decir, por estar dedicado al servicio material de alguna

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66 persona y no al manejo de sus intereses, y as un ayuda de cmara, un lacayo, etc., son los excluidos; pero no un mayordomo, aunque reciba un salario y entienda en el gobierno domstico, un dependiente de comercio, etc., pues estos individuos, aunque sirven a los intereses de una casa, y tal vez viven en ella y reciben un sueldo, no pueden llamarse sirvientes domsticos, pues sus funciones son de orden muy distinto, y no pueden suponer en ellos la escasez de ideas, la debilidad de sentimientos, y la deferencia absoluta a un dueo que pueden sospecharse en un sirviente verdaderamente domstico. Suele preguntarse a qu edad se empieza a gozar de los derechos de ciudadano. La Constitucin nada determina, y aunque es ms probable que esto se verifique a los diez y ocho aos, en cuyo tiempo, si estuviere casado, se le computa capaz de manejar sus bienes, que es decir, se juzga que tiene ya una edad competente para contarle en el nmero de los vecinos que por s tienen persona; sin embargo, a los catorce aos puede nombrar curador, que es decir, se le considera con el tino suficiente para la eleccin de un sujeto que le represente, y por esta causa muchos opinan que de dicha edad empiece el goce de los derechos de ciudadano, y as lo vemos practicar algunas veces. Me parece que podra hacerse una reflexin para manifestar la diferencia de uno y otro caso, reducida a considerar que al menor, nombrando curador, no va a influir en la formacin de las leyes, ni va a dar representacin a otros individuos, sino a s mismo, y esto en los derechos puramente civiles, de modo que espera la proteccin propiamente de las leyes; y as hasta que haya elegido una persona cuya probidad le conste, lo que no es muy difcil; pero cuando da su voto para influir en la eleccin de un diputado, necesita mayores conocimientos de las personas que elige; y por otra parte, va a perjudicar con su poco tino a los ciudadanos aumentando la votacin de un individuo que tal vez no la merece. No puede haber un gran inters para seducir a un joven de catorce aos y hacerle que nombre tal o cul curador, pues ste siempre ser responsable de cuanto hiciere, y el nombramiento puede revocarse; mas en las elecciones constitucionales, ¡cuntos hay interesados en engaar, por decirlo as, a un muchacho y hacerle dar un voto ilegtimo! Pasada la eleccin, ya todo est conseguido y no hay responsabilidad, o es tan remota que puede despreciarse. En el artculo 168, se declara inviolable la persona del rey y en el 172, se dice que pierde la corona si se ausentase del reino o se casase sin el consentimiento de las Cortes; y del mismo modo, en el artculo 183, se determina que cuando “la corona haya de recaer inmediatamente, o haya recado en hembra, no podr sta elegir marido sin consentimiento de las

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67 Cortes, y si lo contrario hiciere, se entiende que abdica la corona”. Esto parece un verdadero castigo opuesto a la inviolabilidad sancionada; pero advirtamos que se usa de la expresin se entiende que abdica la corona, que es decir, hay un pacto entre el rey y la Nacin, sancionado por un artculo constitucional, en que se obliga al monarca a no ausentarse del reino, ni a contraer matrimonio sin consentimiento de las Cortes, y a dar una expresin voluntaria de haber abdicado la Corona al practicar cualquiera de las cosas sobredichas. La abdicacin es libre en el monarca, y se entiende que la ha hecho por estos medios, que tambin son libres. Ninguno se dice castigado cuando voluntariamente se despoja de algunas prerrogativas, queriendo rescindir un contrato que la otra parte cumple religiosamente. En el artculo 371 se concede la libertad poltica de la imprenta, cuya utilidad sera superfluo recomendar cuando no hay nacin que no est convencida de ella. Sus restricciones estn bien demostradas en las palabras ideas polticas, de que usa el artculo; pero an en estas mismas concede a las leyes civiles que se formaren el disponer lo conveniente. Por lo que hace a los abusos y daos que causa, baste un smil de Benjamn Constant: si hubiera un gran pueblo privado del don de la palabra, y que al pronto se le concediera, todos tal vez reclamaran contra los daos causados por este medio fcil y pronto de comunicar las ideas, y aunque conocieran sus ventajas, no faltaran hombres temerarios que quisieran destruirla bajo el pretexto que no se difundieran ideas perniciosas. Sera conveniente que este afortunado pueblo volviera a su antigua mudez? Lo mismo puede decirse de la libertad poltica de la imprenta, sin la cual el pueblo es mudo. Muchos han impugnado el artculo en que se prohbe hacer propuesta de reforma de la Constitucin hasta pasados ocho aos, creyendo que esto es contrario a la libertad nacional, y que puede causar muchos males impidiendo la reforma de un artculo perjudicial; pero advirtamos que esta prohibicin no se entiende sino en los ocho primeros aos, que es decir en el tiempo en que haba ms peligro, por no estar bien concedido el sistema, ni experimentadas sus ventajas, pero pasado este tiempo, cada diputado puede proponer las reformas que estimare conveniente. Ni se diga que la Nacin deja de ser soberana, pues en nada demuestra ms su soberana que en obligarse voluntariamente a esperar tanto o cunto tiempo para que conste la voluntad general, que es la que constituye la soberana, y no la voluntad de uno u otro partido, y para proceder con acierto despus que la experiencia ensea si debe alterarse o no. En materia tan delicada, es fcil equivocarse, y ninguna precaucin es superflua.

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68Observacin dcima Sobre algunas dudas en la parte reglamentariaQu se entiende por vecino cuando se forma el cmputo para asignar por cada doscientos un elector parroquial? En la prctica, se ha resuelto dividiendo por cinco la totalidad de la poblacin de la parroquia, contando slo las personas que segn el artculo 29 no forman la base de la poblacin, por suponerse que cada vecino es un padre de familia, y que esta, por un trmino medio, conste de cinco individuos. No es difcil conocer que este mtodo es muy inexacto, y que con alguna mayor prolijidad en la formacin de padrones, podra formarse el cmputo no precisamente por el que tiene familia, sino por todo el que est avecindado y no se le halle bajo de patria potestad, o tiene persona civil; porque precisamente en Amrica, donde hay una multitud de europeos cimentados y que, sin embargo, no tienen familia, sino que sirven en alguna casa de comercio, o se dedican a la agricultura, a las artes, etc., se rebaja considerablemente el cmputo en la divisin por cinco, y a la parroquia que poda tener seis electores, por ejemplo, le tocan slo dos. Por otra parte, la Constitucin nada dice, y as la palabra vecino debe tomarse en su sentido genrico, y no haciendo una restriccin odiosa. Si uno quisiera votar por menor nmero de personas que el de los compromisarios que debe elegir su parroquial, se le podr permitir o debe obligrsele a que nombre un nmero igual como dice el artculo? El poder nombrar es un derecho, y cada cual renuncia sus derechos en el todo o en parte, segn le parece. Si no quiere concurrir un ciudadano a la junta, no podra ser obligado, y renunciara todos sus derechos, lo cual prueba que est en su arbitrio. Adems, no se puede obligar a nadie a que precisamente halle un gran nmero de personas que merezcan su confianza, y que slo por no encontrar este nmero, pierda el derecho de nombrar a muchos hombres de mrito, y stos pierdan el voto de un ciudadano juicioso, que si no elige a muchos, es porque medita su eleccin, y no procede al acaso. El empate de que habla el artculo 74 sobre electores del partido, y que despus se repite en el artculo 89, hablando de diputados de Cortes, para que decida la suerte, debe entenderse en la primera y segunda votacin, o slo en sta, que es decir en el escrutinio? Yo opino que en todas, porque en ambos artculos encuentro que precede a la clusula en caso de empate decidir la suerte, un punto final que constituye a esta clusula como desprendida y genrica para poderse aplicar a todas las partes del artculo, que es decir, siempre que se verifique

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69 empate, decidir la suerte, sea en la primera votacin, sea en la segunda, que es la que se hace para el escrutinio. Este es el medio ms expedito, pues siguiendo la opinin contraria, yo no s qu es resolver en ciertos casos; v. g., son veinte los electores, y en la primera votacin, se dividen de cinco en cinco, y resultan cuatro individuos empatados en votacin. Segn el artculo, se han de elegir dos nada ms, para votar acerca de ellos en la segunda votacin, que es la que ha de servir para el escrutinio. Pregunto: cules son los dos que se eligen? Con qu derecho se rechazan tales o cules individuos? se dir que se forme nueva votacin, para ver si no hay nuevo empate. El artculo no nos autoriza para eso, pues la segunda votacin ha de ser precisamente sobre los individuos que entren en el escrutinio. Estas y otras razones semejantes han hecho que el rey, a consulta del consejo de estado, resuelva con calidad de por ahora en los trminos siguientes. “Sobre cmo se han de decidir los empates que ocurran en las elecciones o nombramientos de los electores de parroquia, bien en el caso de salir con igualdad de votos mayor nmero de sujetos del que se necesita, o bien en el de estar empatados los que falten para completarle”. “Resolucin.En todos estos casos, debe decidir la suerte, porque ste es el mtodo que establece la Constitucin para casos iguales y el ms sencillo y exento de dificultades y dudas.1Esta resolucin se contrae a las juntas parroquiales para ayuntamientos; pero claramente se refiere a los artculos de la Constitucin que tratan de electores de partido y diputados de Cortes. Sin embargo, yo no opinara que siendo veinte los electores como en el caso propuesto, y dividindose de cinco en cinco, la suerte decida cul de los individuos ha de quedar nombrado elector de partido o diputado de Cortes, sino cules han de entrar en el escrutinio; pues me parece un poco violento que con cinco votos se nombre un elector, siendo veinte los votantes, o con dos votos, si diera la gran casualidad de dividirse de dos en dos. Es tambin contrario al espritu del artculo que pide pluralidad absoluta, que es decir la mitad y uno ms; y slo en el escrutinio donde el empate es precisamente con la mitad de los votos, puede la suerte determinar racionalmente el elector o diputado, pues un voto menos de la pluralidad absoluta, no es cosa de mucha importancia, o a lo menos no es tanto como cuando faltan seis u ocho votos para dicha pluralidad absoluta, como sucedera muchas veces si, desde el primer empate, la suerte determinara el elector o diputado.1 Gaceta del Gobierno de 18 de noviembre de 1820.

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SEGUNDA PARTEEl Diputado Documentacin, intervenciones y proposiciones

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73 El amor de la patria es una de las principales obligaciones de los espaoles (art. 6 de la Constitucin poltica). Mi corazn jur este artculo antes que mis labios, escrito estaba en el gran libro de la naturaleza, y el gnero humano me lo haba enseado desde el momento en que puesto entre el nmero de los seres, o sus voces. No hay sacrificios: honor, placer, es todo cuanto se renuncia en obsequio de la Patria. Hijo de la ilustre Habana, educado en ella, degenerara de los sentimientos del ms constante y ms generoso de los pueblos, si el temor a los peligros pudiera arrebatarme. Ya sea que el rbitro de los destinos, separndome de los mortales, me prepara una mansin funesta en las inmensas olas, ya los tiranos para oprimir la Espaa ejerzan todo su poder contra el augusto Congreso en que os habis dignado colocarme, nada importa: un hijo de la libertad, un alma americana, desconoce el miedo. Mis conciudadanos, hacindome el mayor de los honores, me habis impuesto la ms grave de las obligaciones. Yo no ser feliz si no la desempeo. Entre tanto recibid mis votos.. (f) Flix Varela[Diario del Gobierno Constitucional de la Habana, mircoles 18 de abril de 1821.]EL CIUDADANO D. FLIX VARELA, A LOS HABITANTES DE LA HABANA DESPIDINDOSE PARA IR A EJERCER EL CARGO DE DIPUTADO EN LAS CORTES DE 1822-1823

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74 Altura del Pueblo de la Salud. Con fecha de 2 de Abril ltimo me hace presente desde Madrid el Presbtero D. Flix Varela, electo Diputado a Cortes por esta Provincia qe. las copias del acta de su nombramiento y demas Seores se perdieron en el naufragio que sufri el Buque Correo donde se dirigan y qe. por falta de este preciso requisito no han sido admitidos en el Congreso nacional pidindome con tal motivo las remita de nuevo en su consequencia pues he dispuesto se saque copia de la referida acta de como se ha verificado por. el Secrt.o qe fue de Las Juntas electorales de Provincia D. Lucas Ariza y a fin de qe. esta no quede sin representacin en la propia legislatura para qe. vayan arregladas dichas copias de la Constitucin adjuntas las acompao a usted para qe. las subscriba, como escrutador qe. fue entonces, esperando me las devuelva inmediatamente con el mismo Portador. Es copia de las actas relecciones de Diputados a Cortes por esta Prov a. pa. los aos de 1822 y 1823 la que firmamos en virtud de lo dispuesto por el Exmo. Sor Gefe Supr. Poltica con motivo de haber recibido un oficio del Sor. Diputado Dn. Flix Varela en qe. con fecha de 2 de Abril ltimo 11 dic. de Madrid le dice no haber llegado la referida copia. Habana 28 de Junio de 1822.[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Asuntos polticos, legajo 303, nmero 199.]COMUNICACIONES DIRIGIDAS AL CURA DEL PUEBLO DE LA SALUD, AL SR. JEFE SUPERIOR POLTICO DE ESTA PROVINCIA [HABANA] Y A D. TOMS GENER, (1822)11 Que se relacionan con el envo al Congreso o a la Diputacin permanente, de copia de las actas de eleccin de los diputados a Cortes D. Flix Varela y D. Tomas Gener, ya que las primeras copias se perdieron en el naufragio del buque correo que las conducan.

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75 He recibido un oficio con fha 14 de Dice de 1821 que no he podido dudar sea de V.E. aunqe pr equivocacin ha venido sin firma y en el se me anuncia que esa Prova me ha hecho el honor de reelegirme diputado pa las actuales Cortes de 822 y 823 y q deba recibir mis poderes por el Ministerio de Ultramar. Efectivamente se me remitieron con fecha 30 de marzo y los he presentado a las Cortes y esperaba que hoy se diese cuenta cuando se me dice en secretara que falta el testimonio del acta de elecciones; ocurro inmediatamente al Ministerio de Ultramar y se me asegura que no existe en l y que no ha venido; pues se remitieron a la secretara de Cortes todos los documentos que V.E. ha enviado. He querido hacer esta sencilla relacin para que V.E. se imponga de todos los pasos y resultados de este desgraciado negocio. Dios que a V.E. S a Madrid y Ab1 2 de 1822. Exmo Seor Felix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Asuntos polticos, legajo 303, signatura o nmero 196.]CARTA DIRIGIDA EL 2 DE ABRIL DE 1822, A D. NICOLS MAHY

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76 Breve exposicin del estado actual de los estudios de la Habana. Presentada a la Direccin general de este ramo por D. Flix Varela. Diputado por dicha provincia, con el objeto de facilitar el establecimiento de la Universidad de segunda y tercera enseanza mandada fundar por decreto de 29 de julio de 1821. En la Habana existen elementos para la formacin de la Universidad de segunda y tercera enseanza mandada fundar por decreto de 29 de julio de 1821, y slo necesitan reunirse. Para demostrarlo slo hacer una sencilla narracin de aquellos estudios. La actual Universidad puede decirse que no tiene ctedra alguna, pues todas se sirven sin sueldo, y por solo el honor de la borla que se concede gratis a los catedrticos, aunque no por esto evitan muchos gastos indispensables al recibirla. En virtud de esta gracia se obligan a servir seis aos la ctedra, no creyndose jams que los derechos de una borla pueden ser paga correspondiente al trabajo. No es difcil inferir los resultados, y en esta parte no debo detenerme. Dicha Universidad se halla en el Convento de Predicadores, que hasta ahora han tenido el privilegio (y aun creo que lo tienen) de obtener exclusivamente los empleos de Rectores, Vicerrectores, Secretarios, y las ctedras de Latinidad, Filosofa y Teologa, gradundose estas como de la Universidad, sin embargo de ser del Convento. Asimismo han tenido el privilegio de hacer oposiciones sin ser bachilleres, y otras exenciones de igual naturaleza. Por esta causa ha estado siempre sujeta la Universidad al influjo de los frailes, acomodndose a los reglamentos de su orden, sin aspirar a reforma alguna, porque haban de ponerla los mismos que tenan que un inters en lo contrario. La Cerda o Nebrija, Coudin, Santo Toms, Melchor Cano, Murillo, Vinnio, Riberio, he aqu los autores que hasta ahora se han seguido. Yo dejo a la“BREVE EXPOSICI"N DEL ESTADO ACTUAL DE LOS ESTUDIOS DE LA HABANA”. PRESENTADA POR FLIX VARELA, MADRID, MAYO 14 DE 1822

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77 sabidura de la Direccin formar juicio sobre el mrito de estos autores para poder servir de texto en las ctedras. En el Colegio de San Carlos existen dotadas nueve ctedras; dos de idioma latino, dividiendo la enseanza en mayores y menores, a esta ltima est ajena la de Retrica; una de Filosofa, y dos de Teologa. La Sociedad Econmica ha fundado en el mismo Colegio otras dos ctedras y son la de Economa y la de Constitucin. En las Ctedras de Latinidad se ensea por Nebrija; y la Retrica por un compendio que forma el catedrtico; las Matemticas por Bailes sin embargo de que el catedrtico forma unos cuadernos agregando de otros autores lo que estima conveniente y laconizando el texto. En orden a Filosofa, nada debo decir pues he tenido el honor de presentar a la Direccin la obra por donde he enseado, y que actualmente se sigue en aquel Colegio. Dicha ctedra tiene un gabinete de Fsica que se debe casi todo a la generosidad del seor Obispo de aquella Dicesis, pero slo se halla surtido en los ramos de neumtica, electricidad, galvanismo y astronoma, bien que en este ltimo aun le falta mucho de lo absolutamente necesario. Los instrumentos son todos de los ms modernos y de las mejores fbricas inglesas pues la mayor parte son de la acreditadsima de Adams. Los de electricidad y galvanismo son idnticos a los que se presentan en las lminas de mis lecciones de Filosofa, que la Direccin me hizo el honor de admitir. El Derecho patrio se ensea por Salas; la Teologa por Melchor Cano y el Lugdunense; la Economa poltica por Say, y en la ctedra de Constitucin que igualmente tengo el honor de servir, se explican los artculos conforme a las discusiones y Decretos de las Cortes. La Sociedad patritica, a quien se concedi un tres por ciento de los fondos municipales con el objeto de atender a la enseanza pblica y a otros objetos de su instituto, no slo fund la mencionada ctedra de Economa en el Colegio de San Carlos, sino tambin otra de Qumica en el Hospital de San Ambrosio y otra de Botnica que slo esperaba para abrirse que estuviese fomentado el jardn en que lleva consumida sumas considerables. La totalidad del Hospital, de San Ambrosio, extraviado para toda clase de personas que no sean del corto nmero de los practicantes haca molesta la concurrencia a la ctedra de Qumica, y adems la nica pieza que pudo destinarse al objeto era muy incmoda y reducida. Actualmente est sin proveerse dicha ctedra. Tiene un gabinete aunque dista mucho de estar completo, puede bastar para lo ms sustancial de la enseanza. Tal es el verdadero estado de los estudios de la Habana, y en consecuencia me parece que si se reconcentraran, pasando la Universidad al Colegio de San Carlos y trayendo igualmente a ste las ctedras de Qumica y Botnica podra adquirir gran estmulo y fomento la instruccin, pues de los

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78 fondos de la Universidad se podran ir dotando otras ctedras, y por ahora se surtiran las de Qumica, de Fsica y de Matemticas. Como individuo de la Sociedad Patritica de la Habana, debo manifestar a la Direccin que en este y todos los proyectos que propendan al progreso de las luces puede contar con el celo de aquella corporacin; y los constantes esfuerzos del seor Obispo de La Habana en favor de las ciencias dan motivo a esperar que acaso nadie se le anticipar en acoger este proyecto. Madrid, 14 de mayo de 1822 (es copia) Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 602, nmero 49.]

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79 El Sr. VARELA: Convengo en que el exmen ad curam animarum que sufren los capellanes de ejrcito, supone, como ha dicho el Sr. Infante, que deben ser propsito parte el desempeo de su encargo; pero este exmen no da suficiente garanta de la ciencia que deben tener los prrocos. En cunto las personas cuyo cargo deba estar el examinar los candidatos, yo tengo por mucho mejor que sean eclesisticos, pues en el rden eclesistico, adems de la virtud y talento que deben tener sus indivduos, y principalmente los que desempean el grave y delicado encargo de la cura de almas, se necesitan otras muchas cosas que solo ellos mismos hasta cierto punto pueden graduar, y es muy necesario entrar en la calificacin de estas circunstancias, calificacin que no podr hacer la junta de inspectores: sta en todo caso deber proceder en virtud de propuesta de una corporacin eclesistica.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin del 25 de octubre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: Segn las razones que acaba de dar la comisin, parece que se funda todo en que los eclesisticos trasladados sean desafectos al sistema constitucional, aun cuando por no gozar rentas del Estado no pasen de la clase de simples ciudadanos. En este caso facltese al Gobierno para que todo ciudadano desafecto a la Constitucin le traslade donde le parezca, y no se le faculta para todos los ciudadanos, tampoco debe facultrsele para un eclesistico que no pende del Estado ni es parte de l ms que como un particular.INTERVENCIONES DE FLIX VARELA EN LAS SESIONES A CORTES DEL PERODO LEGISLATIVO 1822-1823Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la Sesin de 11 de octubre de 1822 de la legislatura de Cortes

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80 Segunda Intervencin El Sr. VARELA: Yo no he hablado de los eclesisticos que se mantienen de capellanas, de curatos beneficios, sino de los que se mantienen de patrimonio propio. Los bienes que se dicen espiritualizados no son de la Iglesia, son del ordenado, tanto como de sus hermanos familia que despus los heredan sin que ste tenga otra influencia que el que le sirva de garanta para su decente manutencin.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin del 4 de noviembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: Nada es ms cierto, Seor, que el que los hombres que se destinan los presidios de Ultramar son hombres perdidos para la Patria. Aquellos presidios estn reducidos al arsenal de la Habana, Puerto Rico y San Juan de Ula en Veracruz. Los que van al arsenal de la Habana, seguramente son por todos aspectos hombres perdidos, porque no habiendo all ningunos trabajos en que ocuparlos, no sirven de nada a la Nacin, viven en la holganza y se comunican unos otros los vicios. Por otra parte, una provincia que casi es la nica que se conserva fiel la Metrpoli, y que se trata de conservar por todos los medios, no parece lo ms poltico llenarla de facciosos y de hombres descontentos con el sistema que han de proteger. Podra sin embargo, sacarse de ellos algn partido, haciendo que fuesen tiles desde luego la Nacin, y en lo sucesivo podra redundar utilidad los mismos, aunque no por ahora. Esto se conseguira envindolos disposicin de los jefes de la provincia para que stos los destinasen varios puntos desiertos, que es conveniente poblarlos. Con estas providencias ellos podran reportar algn da un beneficio, y la Patria le lograba desde luego mayor que envindolos al presidio. Por otra parte, estos hombres son criminales de opinin; y si entre ellos hubiese algunos que tuviesen otros delitos, enhorabuena que se les imponga el castigo ms fuerte y duro; pero a los miserables ilusos que han sido llevados a la faccin por la seduccin de otros, debe tenrseles alguna consideracin.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin de 16 de noviembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: S porque hemos de entrar en una discusin prolija sobre cada uno de los artculos del decreto, hemos de dejar las faculta-

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81 des de las Cortes confundidas con las del Trono, me parece que ser por ganar tiempo cometer errores. Todas las razones que acaba de exponer el Sr. Falc no parece se dirigen otro objeto. Si esta fuera una proposicin hecha contra la mente de los Diputados, desde luego podran hacerse contra ella las objeciones que se han propuesto; pero no es as: se ha manifestado en el Congreso que muchos Diputados votaban con sentimiento porque estaban en conflicto. Habr algunos que querrn que todo pase; pero yo me atrevo asegurar al Congreso que muchos seores que no convienen en este mismo voto, es porque juzgan que algunas cosas son propias de las Cortes, y otras exigen sancin. Es preciso que por los reglamentos, frmulas y costumbres no nos liguemos las manos: es necesario que tengan los Diputados toda la libertad debida para procurar el bien de la nacin del modo que fuere. Se dice que se destruye por estos medios lo dicho por las Cortes. No seor; se rectifica, se mejora, y se conduce la Patria al feliz trmino que todos deseamos. Muy lejos estn los seores que hacen la proposicin, de abarcar sentimientos contrarios a la prosperidad de la Patria, al bien nacional y particular de todos los espaoles; pero hemos creido que no deban ir reunidas todas las cosas que contiene el decreto. Si los mismos seores de la Comisin conocen que algunas materias podan ir la sancin, stas se separan. Por qu ha de recaer una sancin general sobre todo este decreto? Qu resultar? Sancin Real sobre facultades de las Cortes de que no pueden desentenderse. Si no hubiera tenido sancin, qu resultara? Cosas del Trono que no tenan sancin. En esta ansiedad, en este choque de ideas, admitimos la proposicin muchos, pero a nuestro pesar y con la intencin de pedir al Congreso aclarara estas dificultades. Tal ha sido nuestro nimo: si no hemos acertado, el Congreso lo juzgar.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin de 19 de noviembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: expuso que no estaba conforme con el artculo, porque si en tiempo de guerra deban ser prohibidos libremente los matrimonios, la misma razn haba para que lo fuesen en tiempo de paz, para evitar que cuando llegase una guerra se hallasen todos casados. Aadi que no deban estar tampoco estas licencias al arbitrio de los jefes, para evitar la arbitrariedad.

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82Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin de 27 de noviembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: En la discusin de ayer se suprimi la ltima parte del artculo anterior, en que se deca “tenindose por hecho el abono si no se hubiese aprovechado de las disposiciones que se prescriben en el artculo siguiente”. Por tanto, queda en pi la dificultad del Sr. Gmez Becerra. Resulta entonces una paga entera, la mitad que se le abona al oficial por el artculo anterior, y la otra su esposa, o sus hijos por el presente. Si se hubiera dejado el artculo anterior como estaba, desde luego no habria dificultad, pero habindose suprimido esa parte, parece que este oficial se le va dar todo el sueldo. Adems, no se han contestado las objeciones del Sr. Oliver. A nadie se le puede obligar desprenderse de lo suyo, y habr casos en que la madre de un militar prisionero tendr con qu mantenerse, y se la obligue que reciba lo que pertenece un pobre que est prisionero y cautivo por el bien de la Patria y por defender el honor nacional. Bien s que hay una obligacin de mantener los hijos, los padres y las madres pobres; pero esto estar bien respecto de aquel hijo que tenga ms que sus padres. As, pues, me parece que no se han disuelto las dificultades, y no debe correr el artculo como est.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin de 30 de noviembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: Aunque carezco de los conocimientos militares necesarios para graduar la influencia que pueden tener en la prdida de una plaza las disposiciones de los artculos anteriores, s comprendo que no todas son igualmente necesarias. Puede suceder el caso de que no se haya observado alguno de estos artculos, y su inobservancia no haya influido en la capitulacin que se haya hecho mucho tiempo despus, y por distintas razones; caso en que creo que el gobernador no sera digno de la pena de muerte: y esto es menester mirarlo con algun cuidado, porque se trata nada menos que de la vida y del honor de los hombres.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin de 8 de diciembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: La misma prctica que hoy se observa sobre el particular que aluden nuestra adicin y el dictamen de la comisin, parece que

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83 hace necesaria la aclaracin que se solicita; porque si efectivamente las leyes estuviesen claras no hubieran ocurrido las dificultades que se han visto en los que las han de poner en ejecucin. As, las Cortes deben admitir esta adicin, bien declarar que los individuos de que habla no estn incluidos en el sorteo para el reemplazo del ejrcito. Las razones en que el seor Cuevas y yo fundamos la adicin, son muy claras. Sin duda alguna la contribucin de sangre es como la de dinero; y as como ningn pueblo responde en la contribucin pecuniaria por otro pueblo, as tampoco debe responder en la contribucin de sangre; porque si no, el decir de Madrid, por ejemplo, responda con su cupo de contribuciones por Lima, es lo mismo que decir que se paguen con los capitales de Lima las contribuciones correspondientes a Madrid. As yo pido a las Cortes que digan claramente si estos pasajeros que no tiene domicilio en los pueblos, estn excluidos del sorteo no; porque aunque es verdad que el reglamento a que se refiere <%-2>el artculo, que es la ordenanza de reemplazos de 800, empieza diciendo que la base para las quintas es el vecindario, tambin he visto por los hechos posteriores que en la prctica se ha hecho lo contrario, lo cual da lugar creer que estas leyes no estn vigentes que no estn bastante claras.Segunda intervencinEl Sr. VARELA: Por lo que acaba de exponer el seor Infante, conozco que la mente de la comisin est en favor de estos individuos: sin embargo, su seora ha dicho que yo no me refera ley alguna determinada, creyendo que la adicin se fundaba en la exposicin que ha citado su seora, y no es as. El seor Cuevas y yo, creyendo que la ley de reemplazos estaba oscura, hicimos la adicin, que recaa, no sobre el dictmen, sino sobre aquella ordenanza de reemplazos. Verdad es que no decimos tal cual artculo, pero la ordenanza del ao 800 tiene por base la vecindad, y sin embargo hemos visto que en Crdova se incluy en la quinta un individuo que se hallaba de trnsito Cdiz para embarcarse. Si la comisin dice que debe entenderse el dictamen en el sentido de que se requiere la vecindad, entonces no tengo inconveniente en que la adicin no se admita”.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin de 14 de diciembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: Las Cortes, al aprobar el artculo anteriormente presentado, no hicieron ms que poner la base sobre la que deba fundarse sus

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84 determinaciones posteriores. Bajo este concepto hizo su adicin el Sr. Surez, y as por haberla admitido las Cortes, como por la razn que acabo de expresar, el Congreso est en el da en toda la libertad para deliberar lo que mejor le pareciere sobre esta materia. As las reflexiones que ha hecho el Sr. Romero para aprobar que ya las Cortes parece que estn ligadas en virtud de lo aprobado, no tiene fundamento alguno. Insistiendo en los mismos principios del seor preopinante, saber, que al militar se la dan por dicho artculo los mismos derechos todo lo favorable como los dems ciudadanos, dir que cabalmente esto no se consigue si no se aprueba lo que propone el Sr. Surez, pues es favorable que tenga el militar todas las garantas que tienen los dems ciudadanos para que se obedezca su ltima voluntad. Aqu se trata, no solo de un militar, sino de su familia, que puede quedar reducida la mayor miseria por la perversidad de uno dos testigos. Creo, pues, que el Congreso debe aprobar la adicion, pues de lo contrario conceder un privilegio odioso, que ninguna clase de la sociedad debe tener. Todo cuanto se concede los militares no es por un privilegio, sino por necesidad, y por esta se les dispensa de testar en ciertos casos apurados con las formalidades que estn sujetos los dems ciudadanos, pero no deben quedar dispensados de estas formalidades cuando puedan sujetarse ellas, como suceder, por ejemplo, cuando un militar est en Madrid en otra parte en que pueda testar como los dems ciudadanos. Este repito, sera un privilegio odioso que se le quiere conceder, y que lejos de favorecerle, le perjudica, igualmente la sociedad, que est interesada como el militar en que su ltima voluntad no quede contrariada, y en que sus bienes no puedan usurparse.Segunda intervencinEl Sr. VARELA: Las Cortes, admitiendo la adicin del Sr. Santos Surez, ha dado entender que el artculo aprobado necesita de alguna modificacin.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin de 27 de diciembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: “Los mismos presidentes, secretarios y escrutadores, dice el artculo, sern responsables si no se extendieren las actas con la formalidad que corresponde.” Yo no s qu especie de responsabilidad pueden tener unos individuos que admiten un cargo que se les da por una

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85 votacin popular, si no tienen la instruccin necesaria y si no desempean este cargo con la propiedad que las circunstancias requieren. Si estos encargos se pretendieran, fuera libre el renunciarlos, yo convendra; pero al que se le obliga, solo puede castigrsele por la malicia en el desempeo. Los hombres responden de sus crmenes; pero no de sus errores, menos que no estn obligados la instruccin que los evite. Adems de que una responsabilidad que no tiene penas sealadas por la ley, no s qu atribuirla.Intervencin del Presbtero, Flix Varela en la sesin de 30 de diciembre de 1822 de la legislatura extraordinaria de CortesEl Sr. VARELA: No dudara aprobar la ltima parte del artculo, en que se dice que el jefe poltico competente para conceder a los menores la licencia para casarse es el de la provincia donde tenga su vecindad, domicilio residencia ordinaria el padre, madre persona cuyo consentimiento se haya de suplir, si al mismo tiempo no se mandara observar la pragmtica de 10 de Abril de 1803, en que expresamente se prohbe que se exija de los padres la causa por que niegan su permiso. Esta determinacin tan sabia en el sentido general en que habla la pragmtica, ser absurda en el que expresa el artculo, pues la contrae precisamente al jefe poltico que menos puede entender en la materia. Se dan mil casos en que el jefe poltico de la provincia en que reside el padre de un joven no tiene la ms ligera idea de ste, porque nunca ha existido en dicha provincia, y mucho menos puede calificar la conveniencia de un matrimonio que se pretende contraer tan larga distancia y con persona que le es igualmente desconocida. Resulta pues, que proceder a ciegas, porque no puede examinar los hechos y las circunstancias de las personas, y por otra parte, tampoco puede exigir de los padres las causas de su negativa, que le serviran de ilustracin. Esto no va a producir ms que trastornos, costos y otros inconvenientes gravsimos, que se evitaran si se concediese esta facultad al jefe poltico de la provincia donde existan los contrayentes, exigiendo que estos califiquen haberles negado la licencia su padre o persona que debiera drsela, y las justas causas que tuvieron para pedirla. Adems, el contrato de matrimonio es como todos los contratos civiles, y yo creo que es un absurdo determinar que el jefe poltico de Granada, v. gr., autorice un contrato que se celebre en Toledo, donde no tiene jurisdiccin alguna. Por estas razones, no puedo aprobar la ltima parte del artculo.

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86Proposicin de los diputados Varela y Santos Surez en la sesin del 10 de mayo de 1823A la comisin primera de Hacienda se mand pasar una adicin de los Sres. Surez y Varela al artculo 1o del dictamen de la misma comisin, relativo la venta de fincas urbanas en la Habana.Proposicin de los diputados Varela y Santos Surez en la sesin del 11 de mayo de 1823La Comisin primera de Hacienda, en vista de la adicin de los Sres. Santos Surez y Varela, para que en el artculo 1o del decreto sobre las fincas urbanas de algunos monasterios suprimidos de la Habana, se aada que algunos de estos sirvan de establecimientos de instruccin pblica, satisfacindose los gastos de los predios rsticos, era de opinin que deba ser aprobada.Proposicin de los diputados Varela, Santos Surez y Gener en la sesin del 14 de mayo de 1823La comisin primera de Hacienda opinaba que deba aprobarse la siguiente proposicin de los Sres. Gener, Santos Surez y Varela: Habiendo decretado las Cortes que del producto de las fincas rurales de algunos conventos suprimidos de la Habana, cuya enajenacin no se haba decretado, se abonasen los gastos de las escuelas, y habindose despus aprobado el dictamen de la comisin de Hacienda, en que propona la venta de estas fincas, pedimos las Cortes se sirvan admitir la siguiente adicin al dictamen citado, para que no quede ilusoria la primera resolucin, destinndose para atender los gastos de la enseanza pblica el producto de todos los censos imposiciones que haya en favor de aquellas fincas que se sujetan la venta, sin que por consiguiente pueda intervenir en su administracin otra autoridad que la Diputacin provincial respectiva, debiendo ser satisfecha de las dems cargas y pensiones de la justicia que poseen sobre estos bienes. Aprobado.Proposicin aprobada de los diputados cubanos en la sesin del 23 de mayo de 1823La misma comisin, en vista de la proposicin de los Sres. Seoane, Varela, Alfonso y otros, para que se declare que todos los profesores apro-

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87 bados, de cualquier profesin que fueren, puedan ejercerla en todos los puntos de la Monarqua solo con presentar sus ttulos la autoridad local, opinaba deba aprobarse as. Se mand quedase sobre la mesa.Proposicin de los diputados Varela, Gener y Santos Surez aprobada en la sesin del 28 de mayo de 1823A la misma comisin se mand pasar una adicin de los Sres. Gener, Varela y Surez al dictamen de la comisin de Hacienda sobre la venta de las alhajas existentes en el convento suprimido de betlemitas de la Habana, para que se aadiese l: “sin perjuicio de lo prevenido en la ley de 25 de Octubre sobre reforma de regulares”.Proposicin de los diputados Varela, Gener y Santos Surez presentada en la Sesin del 4 de junio de 1823La Comisin primera de Hacienda, informando sobre la adicin de los Sres. Gener, Surez y Varela al dictamen de la misma comisin, para que se autorice al gobierno para la enajenacin de las alhajas de los conventos suprimidos de la Habana, para que al final de l se aada “sin perjuicio de lo provenido en la ley de 9 de Octubre de 1820”, opinaba que las Cortes podan aprobarla. Aprobado.Proposicin del diputado Varela en la sesin del 7 de junio de 1823Se mand pasar la comisin de Instruccin pblica una proposicin del Sr. Varela, relativa que en atencin la escasez de fondos que hay en la Habana para la enseanza pblica, se establezca la universidad que corresponda aquella capital en el colegio de San Carlos, hasta que la universidad tenga fondos suficientes.[Diario de sesiones de Cortes. Legislatura extraordinaria (1822-1823); Imprenta de J. A. Garca, tomo I, Madrid 1872 y tomo II, Madrid, 1875.]

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88Proyecto/ de instruccin/ para/ el gobierno econmico/ poltico/ de las provincias de Ultramar/ impreso de orden de las Cortes/ Madrid/ imprenta de D. Toms Alban y compaa/ 1823 y siguientes.Formar un proyecto de instruccin para el gobierno poltico de las provincias de Ultramar, cuya localidad, clima, poblacin, estado econmico, relaciones, costumbres e ideas distan tanto de las peninsulares, es sin duda un empeo superior a las luces de los individuos a quienes el congreso ha honrado con tan difcil como importante encargo. Muy lejos est la comisin de creer que presentan a las Cortes una obra perfecta, tratando de un asunto tan vario e implicado por su naturaleza, y en que se ofrecen dificultades de tanta consideracin para formar un plan general. Se complace sin embargo en haber hecho todos los esfuerzos para establecer las bases de la propiedad de aquellos pases dndoles un sistema fijo de gobierno, y en haber procurado la gloria de la magnnima nacin a que pertenecen poniendo fin a las arbitrariedades, corrigiendo los vicios de la administracin, abriendo las fuentes de felicidad que la naturaleza puso en aquel suelo delicioso, proveyendo a sus moradores de todos los recursos que, sin interrumpir las relaciones generales y el sistema poltico de la nacin, pueden hallar entre s mismos, estrechando los lazos de amistad que deben unir a los espaoles de ambos hemisferios, y alejando de este modo las quejas tan antiguas como desagradables y funestas. La comisin ha tenido por base de su proyecto reprimir la arbitrariedad en aquellos pases, y minorar cuanto sea posible los casos en que sus habitantes se lamenten de vivir a tanta distancia del gobierno y de la representacin nacional. Intil sera detenerse en probar la solidez de esta base,PROYECTO PARA EL GOBIERNO DE LAS PROVINCIAS DE ULTRAMARPrembulo de la Instruccin para el gobierno de Ultramar

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89 y la magnificencia de la grande obra que sobre ella puede formarse, erigiendo un coloso estribado en dos mundos, y cuyas partes perfectamente asimiladas no pueden separarse ni por los esfuerzos de la malicia ni por el imperio de los tiempos. Imposible sera a la comisin acercarse siquiera a un objeto tan grandioso sin proponer a las Cortes algunos medios que, aunque reclamados imperiosamente por la razn, la justicia y la poltica, tienen sin embargo el carcter de novedad, y es preciso manifestar su fundamento para justificarlos. La poblacin de Amrica se halla reconcentrada en ciertos puntos, formando pueblos y ciudades acaso ms populosas de lo que exige la conveniencia pblica y lo que demuestra la economa poltica. De aqu resulta que slo hay inmensos terrenos despoblados, sino que mucha parte de las poblaciones distantes de las ciudades ms bien son unos caseros diseminados a grandes distancias de unos verdaderos pueblos. En consecuencia el rgimen poltico se hace sobremanera dificultoso, pues no es posible constituir ayuntamiento que pueda reunirse con la frecuencia necesaria, y proveer a las necesidades y fomento de la comarca; y los jueces pedneos que hasta ahora se conocen con los nombres de capitanes de partidos no son constitucionales y s unos delegados del gobierno, puestos por la necesidad, sin haber merecido la confianza de los pueblos, aunque por otra parte sean muy acreedores a ella. Estas consideraciones han movido a la comisin a proponer a las Cortes que slo se establezca ayuntamiento en los pueblos que renan a lo menos veinte y cinco casas, y que las poblaciones dispersas se agreguen al ayuntamiento inmediato, nombrndose en l un alcalde que deba residir en el casero agregado para atender inmediatamente a la conservacin del orden y a las dems necesidades pblicas. Otro objeto, y sin duda el ms importante, ha ocupado a la comisin, persuadida de que en l estriba todo el edificio del rgimen poltico de las provincias de Ultramar; tal es la conveniente organizacin y las facultades de las diputaciones en aquellos pases. Sabido es por las grandes distancias a que se hallan unas de otras las poblaciones de Amrica, por la naturaleza de los terrenos y otra multitud de causas, que todas ellas contribuyen a dificultar la comunicacin, es incalculable el trabajo de las diputaciones provinciales, y se hace necesario en ellas un cmulo de conocimientos topogrficos que no se pueden adquirir sino recorriendo los partidos y si se quiere hasta los lugares. El estado naciente de las poblaciones, los inmensos terrenos despoblados y que exigen la mayor eficacia en promover la colonizacin, el estado

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90 decadente de las artes, y el fenmeno de la agricultura y comercio amenazados por mil rivales que conspiran a su ruina, forman un conjunto de dificultades y de trabajos difciles de vencer, sindolo igualmente que renan los conocimientos locales necesarios al intento. Adems se hace preciso que a tan inmensas distancias sea la diputacin un cuerpo consultivo en los casos de urgencia, casos que siempre son de la mayor gravedad, y para los cuales conviene reunir el mayor nmero de luces y de autoridad, lo que no puede conseguirse sin exponerse a mil abusos, sino haciendo que haya en la diputacin un individuo por cada partido y exigiendo que el que se nombre por un partido tenga todos los conocimientos locales, por haber nacido en l, por un largo tiempo de vecindad, o por tener algn arraigo que le haya obligado a su observacin. Es indispensable ampliar las facultades de las diputaciones en Amrica, presentndolas como una barrera a la arbitrariedad; la comisin cree que sobre este punto no cabe duda, y se persuade igualmente que sera impoltico confiar a un corto nmero de individuos un encargo de tanta trascendencia. Estos motivos la han obligado a proponer a las Cortes que en uso de las facultades que les concede la constitucin, extiendan el nmero de los diputados provinciales en trminos que siempre haya uno por cada partido con los conocimientos de el que sean necesarios, y que jams bajen de siete aunque sea menor el nmero de partidos. Las leyes desgraciadamente se humedecen, debilitan y aun se borran atravesando el inmenso ocano, y a ellas se sustituye la voluntad del hombre, tanto ms temible cuanto ms se complace en los primeros ensayos de su poder arbitrario, o en su antigua y consolidada impunidad. En vano el superior gobierno se esfuerza en contener estas demasas; en vano busca los medios de sujetar a su accin las ruedas de aquella mquina cuyos movimientos ha confiado a sus agentes subalternos: muy poco o nada consigue, pues parece que la accin poltica no menos que la fsica est en razn inversa de los cuadrados de las distancias, y siendo stas inmensas, aqulla es nula. Es innegable que la naturaleza, separando en tanto grado ambos hemisferios, hace muy desventajosa la suerte de aquellos moradores, y presenta obstculos a su unin poltica que slo pueden removerse confiando a los que tienen su felicidad identificada con la de aquel suelo, ya por naturaleza, ya por adopcin, la vigilancia sobre cumplimiento de las leyes. No es el nimo de la comisin, como lleva expuesto, enervar de modo alguno a los agentes del poder ejecutivo en aquellos pases; antes por el contrario las Cortes vern en el plan que tiene el honor de presentarles cuanto ha propendido, no slo a conservar ilesas las funciones de los diversos empleados, sino a robustecer por los medios la autoridad de los que mandan

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91 en Amrica; mas ha querido que al mismo tiempo sepa el gobierno los desaciertos que a su sombra se cometen, y que no sea sorprendido, como por desgracia lo ha sido en todos tiempos, depositando de buena fe su confianza en individuos que, presentndose bajo el aspecto ms favorable, provisto de informes ventajosos, y aparentando una rectitud hipcrita, dejan en las costas de la pennsula las pieles de ovejas con que se haban cubierto, y se presentan en Amrica en su verdadera naturaleza de lobos. Es preciso desengaarnos: mientras los empleos de Amrica slo sean un objeto de especulacin; mientras los moradores de aquellos pases slo vean en los agentes del gobierno unos aventureros que van a hacer su fortuna en corto tiempo sin cuidar mucho de los medios que emplean ni de la opinin de un pueblo a quien piensan dar adis eterno, y cuyos clamores nada temen, pues llegan debilitados a los odos del gobierno y se confunden por la inmensa turba de protectores que siempre encuentran por desgracia todos los perversos; mientras estos gravsimos males no tengan otro remedio que el triste sufrimiento, conducirn a la desesperacin, ser imposible afianzar la tranquilidad, remover las quejas y estrechar los vnculos amistosos entre unos y otros pases. La comisin ha credo que sta es la verdadera manzana de la discordia arrojada por la avaricia de algunos con perjuicio de todos, y con mengua de la dignidad de una nacin que bajo un sistema liberal y por consiguiente justo est muy lejos de autorizar estos desrdenes; y en consecuencia propone a las Cortes varios artculos que no repite en esta introduccin por no hacerla difusa y que somete a las superiores luces del congreso. No puede menos sin embargo, de hacer presente que despus de meditar el punto con todo el detenimiento que exige por su gravedad e importancia, se halla ntimamente persuadida de que el remedio de los males se ha de proponer por los pueblos que los sufren, y de otra suerte la responsabilidad de los funcionarios pblicos de Amrica ser como hasta aqu un fantasma de quien ni los nios temen porque han llegado a palparle. La gratitud empero y la justicia exigen que despus de haber indicado los excesos de muchos de los agentes del poder ejecutivo en aquellas lejanas regiones, tributemos un merecido elogio a un gran nmero de funcionarios dignos del justificado gobierno que los enva y de los generosos pueblos que los reciben. Prendas tan recomendables, mritos tan distinguidos, virtudes tan probadas, preciso es no se pierdan de vista, y la comisin as lo ha procurado por medio del informe de las diputaciones, que si es un rayo destructor para los perversos, lo es tambin de la luz benfica para hacer notar a los que por la senda del honor se dirigen majestuosamente hacia el templo de la inmortalidad.

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92 Por ltimo, deseosa la comisin de uniformar en cuanto sea posible el gobierno poltico en ambos hemisferios, ha copiado a la letra innumerables artculos de la instruccin que con tanta sabidura han decretado las Cortes para Pennsula, y slo propone aquellas alteraciones que juzga enteramente necesarias para la prosperidad de aquellos pueblos, y el esplendor y ventajas de la monarqua. El congreso con superiores luces rectificar los trabajos que la comisin tiene el honor de presentar ms bien como un bosquejo que como una obra terminada, y desconfiando siempre de su acierto en tan dificultosa materia. Madrid, 16 de febrero de 1823. Pablo Santaf, Flix Varela, Leonardo Santos Surez, Jos Melndez, Manuel Vismanos, Ramn Luis Escovedo, Jos Mara Quiones.[Archivo General de Indias. Indiferente general, legajo 1523.]

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93La actuacin de Flix Varela como diputado en las Cortes de Cdiz tuvo su punto culminante en el dictamen sobre el reconocimiento de la Independencia de Amrica que present a las Cortes en agosto de 1823. El dictamen fue muy discutido por los diputados tanto para su defensa como para su impugnacin. Uno de los impugnadores y ms acalorado opositor del proyecto fue Toms Gener, diputado cubano a las Cortes, el cual expres que los all presentes carecan de poderes para autorizar la emancipacin de la Amrica, como no lo tenan para alterar ni modificar la Constitucin de la monarqua y que de aprobarse dicho proyecto se alteraran ms de treinta artculos de la ley fundamental. Estas discusiones llevaron a declarar suficientemente debatido el dictamen y se declar que no haba lugar a someterlo a votacin pues segn el presidente de la sesin era evidente que el mismo no haba sido bien acogido. Varela no pudo defender el dictamen en las Cortes pues esta decisin se aprob antes que l tuviera ocasin de hablar; por este motivo escribe rpidamente sus opiniones y lo publica con estilo de Discurso en el Suplemento a El Espectador, de Cdiz, el 8 de agosto de 1823; este discurso fue a su vez reproducido por El Indicador Constitucional, de La Habana, el da 15 de septiembre de 1823 y por La Gaceta de la Habana, el Domingo 21 de septiembre de 1823. Hasta el momento, este discurso en defensa de la independencia no haba sido editado en ninguna compilacin anterior, pues sus bigrafos y compiladores no haban encontrado en prensa dicho trabajo. Conocamos que Toms Gener haba contestado al escrito de Varela con otro discurso en el propio El Espectador y mediante el estudio de la figura de Gener, encontramos el discurso de Varela en una obra manuscrita e inconclusa de Vidal Morales y Morales a la cual l puso el nombre tentativo de Don Toms Gener y Bohger, fragmentos de un estudio biogrfico.Vidal Morales reproduce el discurso que copi de La Gaceta de la Habana y aclara que lo hace por considerar que fue un momento importante de la actuacin de Varela y de Gener en las Cortes. Este revelador discurso sobre la independencia de Amrica es un eslabn ms para el estudio de su pensamiento.Mercedes Garca Rodrguez

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94 Presidencia del Sr. Zulueta Sesin del da 2 de Agosto La Comisin de Ultramar, en vista de la memoria del seor Secretario del mismo ramo, opinaban que deban aprobar las Cortes los artculos siguientes: Artculo primero: Se invitar a los gobiernos de hecho de las provincias disidentes a enviar comisionados con plenos poderes a un punto neutral de Europa que designar el gobierno de S.M. siempre que no prefieran venir a la Pennsula, establecindose desde luego un armisticio con los que se avengan a enviar dichos comisionados. Artculo segundo: El gobierno de S.M. nombrar por su parte uno o ms plenipotenciarios que en el punto designado estipulen toda clase de tratados sobre las bases que se consideren ms a propsito, sin excluir las de independencia en caso necesario. Artculo tercero: Estos tratados no tendrn efecto ni valor alguno hasta que obtengan la aprobacin de las Cortes. Las proposiciones contenidas en estos artculos se mandaron quedar sobre la mesa. Sesin ordinaria del da 3 de Agosto. Se procedi a la discusin del dictamen de la comisin de Ultramar relativo a la memoria del seor Secretario de este despacho. El seor Secretario del despacho de Marina interino de la gobernacin de Ultramar, present un resumen de las noticias ltimas recibidas de Amrica, el cual ley el seor Secretario de Hacienda. Enseguida el mismo seor Secretario de Hacienda expuso que en nombre del gobierno no poda menos de hacer algunas observaciones sobre elPOLMICA EN CORTES SOBRE LA INDEPENDENCIA DE AMRICAFlix Varela y la independencia de Sur Amrica. Cortes espaolas

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95 dictamen de la comisin, pretextando que guardara silencio si en las actuales circunstancias se tratase de mantener aquel espritu de dominacin que se haba mantenido en otros tiempos respecto de las provincias de Ultramar. Las Cortes en la anterior legislatura continu el orador dispusieron que para fijar la suerte de Amrica no solo con respecto a la Espaa, sino a las dems potencias de Europa, se enviasen comisionados a aquellos pases; el gobierno consiguiente a los decretos de las Cortes envi dichos comisionados, y procur prevenir los sucesos que indudablemente se agitaran con respecto a la Europa en general. Di facultades tan altas a estos comisionados, que no excluy que se tratase de la independencia si pues el gobierno en virtud de la autorizacin de las Cortes que ha dado este paso, parece haber prevenido la mayor parte de lo que la comisin propone; si pues el gobierno ha dado a los comisionados la facultad que ha expresado y estos se hallan ya, a lo menos la mayor parte, en el continente de Amrica, es claro que es extemporneo ahora y prematuro el dictamen de la comisin. Dice sta que podrn reunirse los comisionados de una y otra parte en un pas neutral; esto que a primera vista parece tan sencillo no lo es, porque donde est ese pas neutral? Nos veramos embarazados para designarlo, o a lo menos es fcil demostrar con hechos que este pas no existe; por otra parte est bien prevenido que los gobiernos de hecho de Amrica pueden enviar sus comisionados a la Pennsula, es decir, que est prevenido el deseo de la comisin, de forma que solo se encuentre entre el dictamen de la comisin y lo prevenido por el gobierno lo que dice aqul sobre el sealamiento de un punto neutral, y yo llamo la atencin de las Cortes sobre el resultado que podran tener las conferencias de que se trata en un pas extranjero, la ms de que hasta ahora las disensiones de Amrica no han tenido otro carcter de disensiones de familia, son puramente disensiones sobre intereses recprocos, y aprobndose el dictamen de la comisin se les da otro carcter que el que en s tienen. Estas son las observaciones que el gobierno tiene el honor de hacer a las Cortes. El seor VARELA dijo que deseaba que el gobierno dijese francamente si los comisionados que han ido a Amrica tienen facultades para tratar de la independencia, porque la comisin cuando propuso ese dictamen, tuvo presente el decreto de las Cortes sobre el nombramiento de comisionados, y vi que no se les autorizaba para tanto. El seor SECRETARIO DE HACIENDA: Los comisionados van autorizados para or todo gnero de reclamaciones sin excluir la de la independencia; por lo dems es bien sabido que estos comisionados deben dar cuenta al gobierno, y ste a las Cortes.

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96 El seor SANTOS SUREZ: Despus de manifestar la situacin desventajosa en que se hallaba, y de protestar que aunque neutral y representante de una de las provincias de Amrica solo le movan el bien y la prosperidad de Espaa, dijo que examinara el asunto bajo tres puntos de vista: Primero: Si accediendo las Cortes al dictamen de la Comisin hay alguna contrariedad respecto a lo que acordaron las Cortes en la legislatura anterior; segundo: Si conviene o no esta guerra devastadora; y tercero: Si se puede presentar un medio ms decoroso, si ms til si ms eficaz que el que presenta la comisin, contestando de paso a las observaciones hechas por el seor Secretario de Hacienda en nombre del gobierno. Por lo que ha dicho su seora, continu, resulta que los comisionados no pueden entrar en clase alguna de tratados, y el dictamen de la comisin facilita medio para entrar en negociaciones de un modo muy decoroso y til, a la nacin espaola; el dictamen no puede por otra parte combatirse con el especioso pretexto de que es contrario a la Constitucin, porque yo no veo que en las Cortes anteriores se aprob la cesin de las Floridas sin embargo de ser esto mucho ms duro, porque aqu solo se trata de acomodarse a la imperiosa ley de la necesidad, a lo que estn obligados las Cortes. Examinemos ahora si convendr o no convendr que contine en Amrica la guerra desoladora que existe all. He odo con no poca extraeza la esperanza lisongera que se tiene de que se pueda esperar aun un medio de pacificacin; pero fundndose este en la divergencia de opiniones, que se dice existe en aquellos pases, yo digo que esto es un error, pues aunque en cuanto al sistema de gobierno que debe adoptarse haya divergencia de opiniones, en cuanto a no reconocer la dependencia de Espaa hay una perfecta unidad, y esto es de notoriedad. La Amrica se pone cada vez en peor situacin con respecto a la esperanza de que pueda someterse a Espaa, y cuando llegue a los uno quiz entonces no habr lugar las negociaciones; y por lo mismo un celo excesivo, y en cierta manera indiscreto, lejos de ser favorable a la causa de Espaa, no hara ms que destruir la esperanza de hacer una negociacin honrosa para Espaa, y adems nos expondremos a perder lo que todava conservamos, como sucedi con la Holanda, con la cual perdimos hasta el comercio. Mucho se ha dicho de las victorias recientemente conseguidas por las armas espaolas en Amrica; pero estas deben considerarse efmeras; pues si ellas proporcionasen la sumisin de aquellos pases ya no habra pueblo en Amrica que no estuviese sujeto a la Espaa, lo que a la verdad no se verifica. En este dictamen se dice adems con mucha oportunidad que S. M. queda facultado para sealar un punto neutral de Europa donde puedan

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97 establecerse las negociaciones, y existe la Inglaterra, existe la Holanda y otros puntos donde hacerlo; y aunque se ha querido decir que no es posible entablarlas por la divergencia de opiniones de aquella provincia yo creo que no puede haber inconveniente en que se renan todas a la vez para hacer todos los tratados, siendo un medio decoroso para la nacin espaola el que aquellas provincias fuesen las que nombrasen los comisionados. Creo pues que las Cortes deben aprobar el dictamen como lo ms conveniente. El seor ARGELLES: en un largo discurso dijo entre otras cosas: Entro en una discusin en que precisamente tengo que repetir ideas manifestadas por espacio de tres aos; pero la har sin animosidad ni prevencin con respecto a mis hermanos de Amrica, pues que he dado pruebas de que deseo que la libertad la disfruten todos los hombres, pero del modo que deben disfrutarla. Decir que los pueblos deben ser independientes y libres es un cnon, una mxima en que todos los hombres de bien o ilustrados convienen; pero decir que la libertad debe ser para todos los tiempos, lejos de ser una mxima, est combatida en todas pocas y en todos los pases por los mismos que profesan los principios de libertad. Yo no puedo menos de mirar el dictamen sino como redundante, como intil y como perjudicial. El gobierno ha manifestado que se ignora el resultado de la misin que llevaron los comisionados que se enviaron a Amrica, y por lo mismo no creo yo que las Cortes se resuelvan a aprobar este dictamen mientras el gobierno no les informe del resultado de aquella misin, en la cual iban autorizados para or hasta la propuesta formal de la independencia, y por lo mismo es intil este dictamen; y adems lo que en l se propone sera un obstculo para el cumplimiento de los tratados. Yo deseo que disfruten aquellos pases de su independencia; pero no de un modo contrario a la pennsula, y contrario a los mismos pases de Amrica, adems en el estado en que nos hallamos no podemos hacer esta declaracin, porque la Europa entera dara por nula esta declaracin. Sera tambin prematura, y condenaramos acaso con ella a aquellas desgraciadas provincias a la esclavitud horrorosa de una nacin extrangera, como la suerte que sufre en el da Montevideo. Por otra parte esta declaracin sola podra encender una guerra terrible en la Europa; y a quin se trata de conceder la independencia? No quiero insultarlos, pues que son mis hermanos, pero es a unos pases que no estn en la madurez ni aun en la virilidad, sino en un estado inferior, y nadie podr asegurar que puedan resistir a una invasin extrangera; pero no se crea por estas reflexiones que yo abogo por la continuacin de la guerra.

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98 Adems cualquiera que fuera el resultado de las negociaciones que se entablasen, no hay ninguna garanta para que cumplan los gobiernos de Amrica con los tratados. Ha dicho el seor Santos Surez que era un medio decoroso para la nacin el que el gobierno sealase un punto neutral para los negocios; pero yo creo al contrario que esto sera reconocer explctamente una desconfianza de los americanos respecto de la nacin espaola, cuando la Espaa constitucional no falta a sus palabras. Se dice que no faltan pases en Europa donde llevar a efecto estas negociaciones; pero dnde estn? pues que, porque Napolen haya muerto abandonado en la isla de Santa Elena, est la Europa menos subyugada por una faccin que antes? Yo no veo ese pas en ninguna parte de Europa. Adems en los asuntos de Amrica hay intereses particulares que no se pueden abandonar. El argumento de comparacin que ha hecho el seor preopinante sobre la guerra de la independencia de los Estados Unidos no tiene lugar en este caso, porque tenan tanta ilustracin como su metrpoli, y no tenan los elementos que existen en la Amrica espaola de frailes, cofradas, inquisicin, etc. etc. y adems hicieron todas las provincias de aquel estado una alianza compacta bajo un gobierno slido, al paso que en Buenos Aires hay una repblica; en Mxico apenas naci un imperio cuando se desmoron; en Chile no se sabe lo que hay; en Costa Firme un jefe dictador, y as de otras provincias de Amrica. Impugno pues el dictamen, lo primero porque no sera legal llevar a efecto lo que l se propone, y lo segundo porque necesitbamos de los diversos pases de Amrica una garanta que no tenemos. A peticin del seor Istriz se leyeron los artculos 20, 30 y 40 del decreto de 9 de enero de 1823. El seor GALIANO: en un largo discurso dijo entre otras cosas: A pesar de que mis opiniones sobre esta cuestin han sido constantemente rebatidas, y a pesar en fin de que las Cortes y el gobierno han estado continuamente combatiendo mis mximas sobre este punto, todava no puedo menos de repetirlas inducido por las continuas lamentaciones de lo que han escrito sobre esta cuestin hombres ilustrados y amantes de la justicia; y en fin, porque el estado de la Amrica me ha confirmado ms y ms en mis opiniones. He notado que tanto el seor preopinante como el seor Secretario del despacho han tratado de eludir un punto capital en la cuestin que nos ocupa, a saber: si en medio de esas acciones brillantes que han dado nuestras armas en Amrica, hay esperanzas de que por cualquier acontecimiento las

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99 provincias de Amrica puedan ser reducidas a la clase de partes integrantes de la nacin espaola. Yo creo que no hay persona sensata que no est persuadida de la imposibilidad de reducir a la obediencia a las provincias de Amrica y por lo mismo excuso el extenderme sobre este punto. Dice su Sra. que la declaracin de la independencia producira una guerra en la Europa, y cabalmente en esta razn me fundo yo para apoyar el dictamen. Tambin ha hecho su Sra. una pintura pattica de la poca estabilidad de los gobiernos de Amrica; pero ha olvidado el seor Argelles que en medio de esas vicisitudes y de esos trastornos de gobierno que aflijen a la Amrica no se ha visto uno de ellos que haya hecho proposiciones de sujetarse al yugo espaol? Nuestros ejrcitos es verdad que se estn cubriendo de laureles en aquellos pases, tanto ms inaccesibles cuanto mayores son los obstculos que tiene que vencer; pero tienen por ventura una esperanza de conservar lo que han reconquistado, ni un resultado feliz en la campaa? Yo apelo a la experiencia y a todos los hombres desapasionados para que digan si cada vez no se ha ido haciendo ms imposible la reduccin de las provincias ultramarinas. Apelo a una nota del gabinete ingls, en que se reconoce ya de hecho la independencia de Amrica; apelo a la experiencia que da otra nacin respetable en el da, los Estados Unidos, que ha reconocido tambin la independencia de la Amrica; apelo a la invasin que de hecho la pone en el caso de considerarse emancipada, y apelo en fin a lo que sucede en el congreso de Aquisgrn. No hay pues una esperanza ni aun remota de que se pueda unir ya la Amrica al imperio espaol. Encuentra el seor Argelles indecoroso el que la nacin espaola sea la que proponga la independencia; pero yo creo que toda negociacin es intil mientras que la potencia que siempre ha proclamado el principio de tener bajo su dominio a la Amrica, no muestre su intencin de abandonar esta mxima. Sin recurrir a ejemplos antiguos tenemos uno moderno en la independencia de los Estados Unidos. Aquel estado siempre dijo: entraremos en negociaciones si se reconoce por base de ellas la independencia, sine qua non; dijeron aquellos estados que habiendo declarado su independencia consideraran como capciosa toda propuesta que no girase sobre esta base, y qu hizo el parlamento britnico sino reconocer esta base? y qu respuesta han dado los gobiernos de Amrica a las misiones de los comisionados? Ahora bien, si la independencia de Amrica es ya una cosa de hecho, la ley de la necesidad exige se reconozca, y para que se consiga es menester que nosotros busquemos el camino sin grave perjuicio de Espaa, qu inconveniente se encuentra en que nosotros reconozcamos la base?

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100 Se dice que ahora no estamos en la situacin de ocuparnos de este negocio; pero cundo lo estaremos, seores? No estaremos ahora en situacin cuando podemos formar una alianza que nos proporcione ventajas? y adems, que bienes trae a la nacin la prosecucin de la guerra de Amrica? Es verdad que nosotros no gastamos en mantener los ejrcitos que hacen la guerra en aquellos pases; pero el incalculable mal de hallarse paralizado nuestro comercio y perseguido por los corsarios americanos que han estado infestando estos mares, no ha de tenerse en cuenta? Cuando la Europa entera espera que las Cortes espaolas den el paso deseado del reconocimiento de la independencia de la Amrica, han de insistir en la idea de tener a esta sometida? Dcese que este paso es precipitado e imprudente; lo primero podr serlo, pero lo segundo en manera alguna; al contrario, seores no nos engaemos; con mucha extraeza se ha estado mirando por el mundo entero la conducta que hemos observado con respecto a la Amrica, adems de que la comisin de ninguna manera ha propuesto se reconozca la independencia, porque esto se hara segn los tratados que se ajustasen, y segn la conducta que observasen los gobiernos de Amrica durante el curso de las negociaciones. Por todas estas razones soy de opinin de que debe aprobarse el dictamen. El Presidente suspendi esta discusin para continuarla esta noche en sesin extraordinaria, que anunci se tendra a las ocho y media y se levant la ordinaria de este da.[Sesiones efectuadas en las Cortes Espaolas los das 2 y 3 de Agosto de 1823. GACETA DE CDIZ DEL 3 y 4 DE AGOSTO.]Sesin extraordinaria del da 3 de agosto. Se continu la discusin pendiente del informe de la comisin de Ultramar. El seor GENER: Me levanto a impugnar el dictamen, porque no tengo poderes para autorizar la emancipacin de la Amrica pues que no los tengo para alterar ni modificar la Constitucin de la monarqua en ninguna de sus partes; y es evidente que si se aprobase la independencia de la Amrica se alteraran lo menos treinta artculos de la ley fundamental. Los artculos 10 y 174 de esta dicen: “los ley”, y yo pregunto, cumpliramos con estos artculos separando del territorio de Espaa a las provincias ultramarinas? Del mismo modo digo, por no molestar la atencin de las Cortes que se alteraran veintiocho artculos ms.

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101 Adems, seores, yo supe en Madrid por agentes de gabinetes extrangeros trataban de persuadir con mucho empeo que el gran inters del Estado era que las Cortes declarasen la independencia de Amrica; y con qu fin fu esto sino con el de que las Cortes infringiesen por este medio varios artculos de la Constitucin? Por tanto, pues que la Amrica espaola es parte integrante de la monarqua, —creo que las Cortes deben desaprobar el dictamen. El seor GALIANO: Prescindo hacer ninguna observacin sobre las arterias de que supone el seor preopinante haberse valido los gabinetes extrangeros; pero pido se lean los artculos 10 y 18 de la Constitucin, y despus de ledos y de protestar yo que jams me ha pasado por la imaginacin el provocar a las Cortes a que sean infieles a sus juramentos, pregunto dnde estn las dos Floridas y la parte espaola de la Isla de Santo Domingo? El seor MURFI: Se anticipa en este asunto una cuestin que absolutamente no es del da, a saber, la de la independencia de la Amrica espaola. La de la comisin de ninguna manera propone que las Cortes accedan a la emancipacin de las provincias de Ultramar; a su tiempo se presentar al Congreso esta cuestin, y entonces estarn en su lugar los argumentos que se han hecho; qu es pues lo que la comisin propone? Nada ms sino que se d a los comisionados la base de la independencia, para que puedan tratar con los gobiernos de Amrica. Varios de los seores preopinantes han reconocido la posibilidad y aun la conveniencia de que bajo ciertas y determinadas condiciones pueda reconocerse la independencia; y por consiguiente bajo esta hiptesis no puede combatirse el dictamen de la manera que se ha hecho, cuando en l no se hace ms que aadir un grado de facultad ms a la autoridad que est conferida al gobierno. Se me dir que esto no podr comprometer a las Cortes al reconocimiento de la independencia; pero no se dice que cualquiera cosa que se trata con los comisionados sobre esta materia venga a la aprobacin de las Cortes? Adems qu inconveniente hay en que se vare el sistema que hemos seguido hasta aqu: que se tome un camino nuevo con el objeto de zanjar las diferencias que tenemos con las provincias de Ultramar, y de poner fin a una guerra tan desastrada por medio de tratados decorosos para la Espaa? No se reserva a las Cortes y al gobierno la facultad de aprobar o desaprobar lo que aquellos hagan? No quiero que se crea de ningn modo que yo estoy por la independencia de Amrica. Yo accedera o no a ella segn que las condiciones que se propusieren por los gobiernos de aquel pas fuesen o no ventajosas a la Espaa. El primer artculo creern algunos seores que podr privarnos de las ventajas que hayan conseguido nuestros ejrcitos en aquel pas; pero este

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102 inconveniente podr salvarse por el gobierno no entrando en negociaciones con los gobiernos de Amrica que crea conveniente; y por tanto me parece no debe haber dificultad ninguna en aprobar el dictamen. A peticin del seor DOTOS se ley el decreto de 23 de mayo de 1821. El seor DON JOAQUN FERRER; Me es tanto ms sensible entrar en esta discusin cuanto que me ligan con la Amrica muchas relaciones; pero debo sacrificar todos mis afectos particulares, y votar como representante de la nacin espaola, combatiendo el dictamen de la comisin no por que en m sea una idea nueva la emancipacin de las Amricas, sino porque lo que desea la comisin ya lo han aprobado las anteriores Cortes, autorizando al gobierno, para que pueda negociar con los gobiernos de Amrica; as que me parece que esto es intil, impoltico y aun perjudicial. Adems en este dictamen se dice que se autoriza al gobierno para estipular; y yo pregunto, cmo las Cortes haban de rechazar un tratado hecho por el gobierno con los de Amrica? Autorizar al gobierno para tratar bajo la base de la independencia, es lo mismo que aprobarla ahora las Cortes. He dicho que es perjudicial porque habra que tratar una previa suspensin de armas, y cul sera la suerte de nuestros ejrcitos de Amrica si los enemigos pudieran rehacerse mientras se trataba en Espaa del punto de la independencia? La revolucin de Amrica empez desde el momento en que los extrangeros pusieron al pie en ella, y se puede asegurar que no hay nacin que no haya hecho algo para sublevar aquellos pases, y tal vez estarn esperando que las Cortes reconozcan la independencia para oprimir la misma Amrica. En cuanto al ejemplo que se ha citado de la desmembracin de las Floridas, ha sido un hecho que tuvo su origen no en tiempo del gobierno constitucional, sino en el anterior, y no se ignoran las circunstancias que mediaron en este negocio. Enseguida expuso el orador con bastante extensin el estado de cada una de las grandes provincias de Amrica, deduciendo de todas sus observaciones que no estn tan reunidas como se les supone, y que muchas aun reconocen al gobierno constitucional de Espaa; y concluy manifestando que en adelante acaso sera l el primero en dar sus sufragios para la independencia de la Amrica, cuando esto fuese conveniente; pero de ninguna manera en las circunstancias actuales. Despus de haberse hecho algunas aclaraciones por varios diputados, y peddose la lectura de varios artculos de la constitucin y decretos de las Cortes, se declar el punto suficientemente discutido. A peticin de varios seores diputados se pregunt si la votacin sera nominal y se acord la negativa por cincuenta y tres votos contra cuarenta y tres.

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103 Se declar despus no haber lugar a votar sobre el dictamen. NOTA:—Desechado como se ve el dictamen de la comisin de Ultramar, public despus el seor diputado DON FLIX VARELA por suplemento al Expectador del 8 de agosto, el discurso que dice tena preparado apoyando el referido dictamen, y que no pudo pronunciarlo por haberse cerrado la discusin antes de que le tocase hablar. Se ha copiado aqu este discurso en el Indicador del 15 del corriente, por lo tanto excusamos repetirlo; y concluiremos este asunto con la respuesta del seor diputado Don Toms Gener, que se public por el mismo Expectador del dia 9 de agosto y a la letra es como sigue: ARTCULO DE DON TOMS GENER Seores editores del Expectador: Porque creo que alude a mi opinin la que combate el seor Don Flix Varela, en el suplemento que se ha repartido con el nmero de hoy, ruego a ustedes se sirvan insertar en el de maana el breve discurso que tuvo la honra de pronunciar en la sesin extraordinaria de las Cortes del 3 del corriente mes, sobre independencia de la Amrica Espaola, y les quedar agradecido su atento servidor Q.B.S.M.-Toms Gener. En la sesin extraordinaria del 3 de agosto dije: si despus del slido discurso del seor Argelles contra el dictamen que se discute, me levanto yo tambin para impugnarlo, no es porque yo dude que la separacin de ambas Espaas, en cierta hiptesis en que ni una ni otra estn ahora, podra ser recproca utilidad, sino porque no tengo poderes para autorizarla. Que no tengo poderes para autorizar la emancipacin de la Amrica se deduce claramente de no tenerlos para alterar en lo ms mnimo la Constitucin de la monarqua, y como se alteraran 30 de sus artculos, a lo menos: el 1o, el 5o, el 10, el 18, el 20, 21, 22, 28, el 30, 33, 37, el 61; el 80, el 102, el 157, 158 el 173, 174, 175, 179, el 202, 203, 204, 205, 217, 232, 261, 268, el 334 y 335, si se otorgase la referida emancipacin, es claro que no puedo ni debo aprobarla. Por ejemplo, el 1o dice, que la nacin espaola es la reunin de todos los espaoles de ambos hemisferios: y cumpliramos con este artculo separando polticamente estos hemisferios entre s? El 174 dice, que el reino de las Espaas, es indivisible; y cumpliramos con nuestros juramentos dividindolo? El 179 dice, que el rey de las Espaas es Don Fernando VII de Borbn: y podemos nosotros destronarle de una de esas Espaas fuera de los casos prevenidos por la Constitucin? Las mismas reconvenciones me sugeriran 27 artculos ms, que se alteraran si tuviese efecto la emancipacin de que se trata; pero por no abusar de la bondad del Congreso me limitare a aadir sobre este particular, que yo supe en Madrid por conducto muy fidedigno, que los agentes del

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104 gabinete extranjero que ha manejado con ms destreza el arma alevosa de las supuestas modificaciones para desunirnos y perdernos, trataban de persuadir con mucho empeo que el grande inters del estado exiga imperiosamente que las Cortes declarasen la independencia de la Amrica Espaola: y con qu fin? Con el de probar con este solo acto que destruira una multitud de artculos constitucionales, que no eran nuestros juramentos lo que nos hacan resistir las supuestas modificaciones, sino nuestro orgullo y terquedad. Seguramente se dir que el continente americano ya est separado de hecho; pero adems que eso esta en pleito todava, segn lo que pasa en Costa Firme y en el Per, no entre europeos y americanos, sino entre americanos leales y americanos disidentes, tambin se han separado de hecho de la causa constitucional una multitud de pueblos de la Pennsula, y sin embargo no nos ha ocurrido todava que podamos emanciparlos de la comunin nacional. Mas claro. Si Galicia, Catalua o las provincias Vascongadas pretendiesen ahora como lo han intentado otras veces en formarse en estado aparte, tenemos facultades nosotros para concedrselo? Y no tenindolas, como seguramente no las tenemos por la Constitucin podramos negrselo decentemente despus de habrselo concedido a la Amrica? Por tanto, pues que la Amrica espaola ya no es colonia sino parte integrante de la monarqua, en virtud de un pacto que no puede alterarse legalmente, sino del modo y en el tiempo sealado por los diez artculos de la Constitucin, ruego a las Cortes que no obstante la sana intencin y el buen deseo con que la comisin de Ultramar ha presentado su dictamen, se sirvan desaprobarlo en su totalidad.[Archivo Nacional de Cuba: Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 603, nmero 33.]Dictamen de la Comisin de las Cortes espaolas sobre el reconocimiento de la independencia de Las Amricas(Julio de 1823) La comisin ha examinado la memoria del secretario del despacho de Ultramar, y su contenido ha debido darla el triste convencimiento de la posicin asla en que el gobierno se encuentra de hecho respecto aquel dilatado hemisferio, ya por el atraso de noticias que contiene, y ya tambin por la contrariedad que ellas presentan muchos acontecimientos posteriores que

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105 muestran bien el espritu de aquellos pueblos. Su conclusin indica que el secretario del despacho, penetrado de esta misma idea, se preparaba presentar la liberacin de las Cortes datos fijos y definitivos, que imprimiesen a aquellas provincias un estado de paz y de utilidad mutua para ambos continentes, y la comisin que se lisonjeaba de ser as ayudada para conseguir tan grandes objetos, v con dolor frustradas sus esperanzas por causas que no ha estado, ni est en su alcance el evitar. En tales circunstancias la comisin no puede menos de manifestar al congreso que el sistema de espectativa de fortuna que hasta ahora se ha observado, necesariamente nos conducir la prdida hasta de la esperanza de cualquiera clase de ventajas en nuestras relaciones con aquellos pases, y que los comisionados ad referendum sin autorizacin alguna, probablemente no harn ms que perder el tiempo, sufrir desprecios, y volver diciendo simplemente lo que todos sabemos: que los americanos quieren ser independientes, y cuando ms, (aunque la comisin lo duda) agregarn que han odo algunas proposiciones tan enteramente contrarias los intereses de la pennsula, que desde luego sern inadmisibles, pues siendo ellos los promotores, es casi cierto que no la harn de otro modo. Tendremos pues la negociacin paralizada y perdido el tiempo. Entretanto que nosotros dormimos, las naciones extranjeras estn muy en vela, y el congreso debe recordar que en todas las comunicaciones del ministro francs con el embajador ingls en Pars sobre los asuntos de Espaa, siempre jug el negocio de Amrica de un modo principal, que parece no se les olvidaba un momento, y que acaso influye poderosamente en nuestra situacin actual. No olviden las Cortes, que en la nota del gabinete de las Tulleras que precedi a la invasin, se ofreca expresamente el auxilio de la Francia con sus ejrcitos para la reconquista de Amrica, y tampoco debe olvidarse que, como manifest un Sr. diputado en la clebre discusin de once de febrero, son muy antiguas las pretensiones de la Francia, que se renovaron hace poco para coronar un prncipe de su casa en Buenos Aires. Verdad es que esta pretensin es ya ridcula, pero marca la tendencia de aquel gabinete, y mucho ms cuando la tal nota, y las insinuaciones sobre Amrica acompaaban las de sus aliados, y todos pedan, nada menos que nuestra esclavitud, como si dijeran: sed vosotros y los americanos esclavos, que es lo que conviene a los dspotas. La opinin pblica va descorriendo ya este velo demasiado, y ya vemos en papeles de Londres, que la santa alianza haba sealado a la Rusia su departamento en el oriente mientras que Luis se ocupa en sojuzgar la Espaa y la Amrica meridional. No perdamos de vista el sistema de neutralidad que observa Inglaterra en nuestra lucha, que es decir, en la lucha de la libertad contra los tiranos;

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106 lucha en que toma parte abiertamente la opinin pblica del pueblo ingls; lucha en que se interesan todas las almas libres y generosas: lucha, en fin, que en otras circunstancias hubiera sido evitada por un gobierno esencialmente libre, y el ms poderoso de la tierra. Existe pues un grande inters de por medio, y es mxima de los gabinetes medir la justicia por la utilidad, y esta no por el verdadero bien de los pueblos sino por el mayor influjo y engrandecimiento de los gobiernos. Es innegable, que por muchos aos debe renunciar la Espaa toda tentativa hostil contra las provincias insurreccionadas de Amrica, pues concluda nuestra actual lucha cuya duracin no sabemos, ser preciso, si se quiere afianzar la libertad, no dividir nuestra fuerza, que nunca ser mucha, por el estado de decadencia en que se halla y debe quedar la nacin. Es preciso desengaarnos; prescindiendo de la absoluta inutilidad de una agresin, que solo dara ventajas efmeras, despus de enormes gastos que no sera posible sostener por mucho tiempo, debemos confesar que no podemos practicarla, y que los americanos tienen bien poco que temer si nos consideran como opresores, y mucho que esperar si nos miran como amigos y aliados, mejor dicho, como hermanos suyos. La Amrica insurreccionada ya no se pacifica; ser preciso subyugarla, y para esto se necesitara un grande ejrcito que no se separase ni un momento de all, pues en el mismo instante las pasiones ms encendidas por la misma opresin producirian su efecto, y el resultado puede inferirse. La experiencia ya lo ha acreditado, pues repetidas veces ha sucedido que los pueblos que ya se crean pacficos no han tardado ms tiempo en insurreccionarse, que lo qu tardaban en perder de vista las tropas que los dominaron. Los hombres irreflexivos que acaso han credo que los extranjeros serviran para reconquistar la Amrica, y que tal vez se han dejado alucinar con estas promesas creen que podran realizarlas, y que en todo caso lo haran para utilidad de la Espaa, y no para apoderarse de lo que hubieran conseguido, para dejar Espaa los costos y el nombre de poderosa siendo de ellos toda la utilidad? Por ms encarnizada que sea la guerra y el odio entre aquellos habitantes y los peninsulares, es preciso no equivocarse, no durar ms tiempo que el que tardemos en transigir con ellos. En el da mismo tenemos una prueba en la indignacin que sabemos han causado en aquellos pases las notas con que nos insultaron los gabinetes extranjeros. Los americanos conocen que su inters est unido al de la Espaa constitucional y nunca tendr partido entre ellos el sistema desptico, cuya tendencia sera reducirlos al miserable estado de colonias, bien que sus esfuerzos fuesen impotentes. La propensin casi innata de los americanos la independencia no procede

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107 nicamente de resentimientos, sino del natural deseo que tienen los hombres cuando se renen en grandes masas, de gobernarse por s solos, cuando acertada equivocadamente se consideran capaces de ello; y mucho ms, cuando una enorme distancia de sus actuales gobernantes los priva de muchas ventajas, y los provoca la separacin. Rotos sin embargo los vnculos de los gobiernos jams lo estarn los de unos pueblos enlazados estrechamente por la naturaleza, la religin, el idioma y las costumbres. Estas reflexiones conducen la comisin inferir, que si no entramos directamente tratar este asunto, no solo perder la Espaa cuanto pudiera conseguir, sino que la sobrevendrn gravsimos males, pues el trmino ha de ser consolidar la Amrica su independencia y desatender toda proposicin de Espaa, caer en manos de alguna algunas de las potencias extranjeras, ya sea por verdadera ocupacin, ya por una tutela que equivalga lo mismo; y en este caso, aumentada la fuerza en las dems potencias, y disminuda en Espaa, vendr ser sta insignificante en la balanza poltica, y robusteciendo el poder de los dspotas, perecer la libertad aqu y en Amrica, mejor dicho, en el mundo entero. Desengamonos; sea cual fuere la transaccin que se haga con los americanos, solo perder la Espaa lo que ya no puede conservar, que es el gobierno y administracin de algunos de aquellos pases, pero no las dems ventajas del enlace de dos pueblos, no como quiera amigos, sino identificados; y si dejamos, como hasta aqu, que el tiempo decida, es hacer la causa de los extranjeros, quitar nuestro comercio hasta la esperanza de alguna ventaja, privarnos de toda cooperacin con todos los pases de Amrica, que si ahora son impotentes, no lo sern en breve tiempo, pues la naturaleza en su juventud se repone muy pronto de las prdidas que le causan las enfermedades, y un pas que vale mucho siempre puede algo. No por esto se crea que es el nimo de la comisin que se proceda, declarar la independencia de Amrica, ni establecer desde este momento sus bases: quiere s que se empiecen los tratados de un modo positivo y eficaz, ya sea para pacificar aquellos pases volviendo al seno de la madre patria por convenios mtuos, ya sea para que, en caso de no haber otros recursos, se haga la emancipacin del modo ms ventajoso para ambas partes, y no rompamos de una vez los vnculos que la misma naturaleza nos inspira conservar. La comisin opina que el decoro nacional y la prontitud en este negocio, exigen que los tratados se hagan, bien en la pennsula, bien en un punto de una potencia europea y amiga que elija nuestro gobierno, y que esto debe preceder un armisticio con aquellos pases que actualmente se hallen en guerra, siempre que quieran enviar sus comisionados, continuando la guerra en los que se nieguen entrar en este convenio. Son

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108 muy bvias las razones que ha tenido la comisin para este dictamen, pues no hay duda que la menor dificultad que se ofrezca nuestros comisionados en Amrica (aunque ahora se les facultase para lo que no lo estn), las vicisitudes de la guerra y otros infinitos acontecimientos dilataran sobremanera una negociacin, que hacindose en la pennsula, bien en un punto de Europa perteneciente una potencia amiga, se facilitara enteramente por la rapidez de las comunicaciones; que estn igualmente fciles para los pases de Amrica que para nosotros. Las Cortes con su alta penetracin inferirn otras razones de poltica para adoptar este partido, que acaso es el que nos queda: razones que la comisin no cree desenvolver ms extensamente, pero que son de gran momento para el que las medita. En virtud de lo expuesto, la comisin, aunque llena de la mayor desconfianza del acierto en materia tan grave, pasa exponer su dictamen las Cortes en los artculos siguientes. Primero: se invitar los gobiernos de hecho de las provincias disidentes enviar comisionados con plenos poderes un punto neutral de Europa, que designar el gobierno de S. M. siempre que no prefiriesen venir la pennsula, establecindose desde luego un armisticio con los que se avengan enviar dichos comisionados. Segundo: el gobierno de S. M. nombrar por su parte uno ms plenipotenciarios, que en el punto designado, estipulen toda clase de tratados sobre las bases que se consideren ms propsito, sin excluir las de independencia, en caso necesario. Tercero: estos tratados no tendrn efecto ni valor alguno hasta que obtenga la aprobacin de las Cortes. Las Cortes determinarn lo mas acertado.-Cdiz el de Julio de 1823.-Firmado.-Istriz.Flres Caldern.Vismanos.Santos Surez.Melndes.-Varela.[Peridico La Semana, La Habana, 25 de junio de 1888.]Discurso de Flix Varela que no lleg a pronunciar, sobre la independencia de Las Amricas.1Cuando se discuti en las Cortes el dictamen acerca de las Provincias disidentes de Amrica, ped la palabra como individuo de la comisin, mas no llegu a usar de ella por haberse declarado el punto suficientemente discutido antes de llegar mi vez. Me v en la necesidad de dar mi voto sin expresar las1 Este discurso de Flix Varela, que aclara su verdadera posicin sobre el problema de la independencia americana teniendo en cuenta el contexto en el que pensaba pronunciarlo, fue publicado en la prensa espaola de la poca. En Cuba se encuentra el original manuscrito en: Biblioteca Nacional “Jos Mart”, Coleccin manuscritos, Vidal Morales, t. 32. (Nota de los compiladores.)

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109 razones en que lo fundaba a ms de las que contena el mismo dictamen. Yo guardara este silencio si no se hubiera hablado tanto de infracciones de la Constitucin, hasta asegurarse que par aprobar el dictamen era preciso echar por tierra treinta y seis de los artculos constitucionales. Yo respeto la resolucin de las Cortes, y creo que estriba en otras razones de poltica muy distintas; mas si por desgracia se persuadieran los americanos de que las Cortes habian desechado el dictamen de la Comisin, porque se creyesen sin facultades para tratar de independencia en caso necesario; ya no tendramos la ms ligera esperanza de ninguna clase de composicin con aquellos pases. Los americanos inferiran muy pronto: luego es perdido al tiempo que se emplea en negociaciones, pues no admitiendo nosotros ninguna que no tenga por base la independencia y diciendo las Cortes que no estn facultadas para concederla. Qu esperamos? El gobierno espaol nos ha venido a engaar facultando a sus comisionados para que oigan proposiciones de independencia, pues este modo de or parece que se reduce a que si no por sordos y les hablamos, se impongan de lo que decimos, pero sin esperanza de efecto alguno, as con el gobierno Espaol s con las Cortes, ¡cuntos males podran sobrevenir a uno y otro hemisferio de esta funesta persuasin! Los seores Diputados que juzgan que sera destruir la Constitucin conceder la independencia de Amrica, por qu no pidieron inmediatamente la responsabilidad al gobierno por haber facultado sus comisionados para que oigan proposiciones de independencia? Si en el dia nos dijese el gobierno que haba mandado comisionados a Pars para or proposiciones sobre reformas de la Constitucin no diramos que era traidor a la Patria? Pues si para conceder la independencia de Amrica seria preciso alterar la Constitucin (como juzgan estos seores, y yo no creo) el caso es enteramente el mismo. Por otra parte no sera degradarse un gobierno el haber autorizado para or intilmente, para or lo que todos estamos cansados de or, para or, afectando un poder que no tiene? Es preciso no olvidar la gran diferencia entre presentarse con facultades expresas para or proposiciones, y orlas porque tuvieron a bien manifestrselas. En el primer caso ya est comprometido el decoro del Gobierno, si excede sus facultades, y el segundo es tan insignificante que se compromete el decoro del mismo gobierno y el de las Crtes en hacer mrito de semejante cosa, como se hizo en la sesin de 3 del corriente. Yo creo por tanto que cuando en ella dijo el gobierno que habia facultado a sus comisionados hasta para or proposiciones de independencia, habl en el primer sentido, que es el nico que corresponde a su decoro y al de las Cortes.

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110 La cesin de la Florida ha sido un argumento al que nunca han contestado los seores de opinin contraria, ni en estas ni en las anteriores Cortes, porque fue una verdadera venta, pues a tanto equivale autorizar las Cortes al gobierno de S.M. para que indemnizase pagase a los E. Unidos cedindoles las Floridas. Un Sr. diputado respondi que este negocio haba tenido su origen antes del restablecimiento del sistema, y que ya no hubo otro recurso que aprobarlo. Mas yo pregunto se hubiera verificado sin la aprobacin de las Cortes? Claro es que no: luego las Cortes hicieron que se desmembrase esta parte de la monarqua. Pero se dir que el gobierno estaba comprometido, y acaso esto basta para destruir, no como quiera si no treinta y seis artculos de la Constitucin, segn el dictamen de otro Sr. Diputado? No debi buscarse otro medio de indemnizar, dando por causa justsima que el Estado tena en la actualidad una constitucin incompatible con el anterior convenio? Lo cierto es que las Floridas seran de Espaa si las Cortes no las hubieran cedido libre y espontneamente; y si para esto es preciso destruir la constitucin, como quieren nuestros impugnadores, faltaron a ello las Cortes pasadas en haber autorizado la cesin, y las actuales en no haberla declarado nula. Yo creo todo lo contrario, que las Cortes pasadas hicieron todo lo que podan y que las futuras (pues este negocio jams ser de las actuales) si obligadas por la necesidad autorizasen la emancipacin de algunas provincias de Amrica, no harn ms que usar de legtimas facultades; pero con una enorme diferencia, pues entonces cedieron las Cortes un pas tranquilo y donde estaba en ejercicio nuestro gobierno, un pas que no inspiraba la menor sospecha de insurreccin, sino que al contrario daba pruebas de su amor a la madre patria y lo cedieron hacindolo servir de precio de indemnizacin a una potencia extrangera. Si llegase el caso de emancipar algunas provincias de Amrica, sera no libre y espontneamente, si no por una imperiosa necesidad no para pagar a nadie ni para separar del seno de la patria unas provincias, queriendo ellas permanecer unidas, si no para permitir que formen distinta familia libre e independiente los que ya no quieren pertenecer a la nuestra, y no tenemos medios de obligarlos a otra cosa. Examinemos la cuestin ms directamente, y veamos si las Cortes pueden tratar de esta materia. Qu artculo de la Constitucin lo prohbe? Ninguno, antes al contrario; yo advierto que poniendo esta restriccin a las facultades del Rey, y no habiendo querido ponerla a las Cortes, se infiere que estas se hallan autorizadas, pues debemos convenir en que ni el Rey ni las Cortes tienen ms restricciones que las expresadas en la Constitucin. Pero se dir que en los poderes se previene que no pueden hacerse alteraciones en la Constitucin, y que est entre las provincias de Espaa las que quieren

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111 emanciparse. Yo pregunto si por conveniencia de alguna nacin extrangera quisiesen agregarse a nosotros algunas provincias las admitiramos? En el momento, y sin embargo se alterara el artculo haciendo espaolas unas provincias que no lo son. Y si se dice que en este caso debera suponerse el consentimiento de la nacin por ser un bien palpable, yo dir que igualmente debe suponerse para evitar un mal no menos palpable, como sera no slo perder lo que ya no se pudiera conservar, sino toda especie de relacin ventajosa. Los seores que opinan que emancipar la Amrica por una inevitable necesidad despus de hechos todos los esfuerzos para impedirlo, es destruir la constitucin, proceden de buena f, pero sin advertir que cooperan a lo mismo de que huyen, pues privar a la nacin de recoger aun lo poco que le queda, y su conducta para m es semejante a la de uno que encargado de conservar cierto nmero de casas sin facultades para destrurlas las viese arder sin remedio y que otro se aprovechara, mas l no se atreviese a dar un solo golpe para destruir lo que deba reducirse a cenizas inevitablemente, y creyese cumplir las rdenes del dueo privndole hasta de los escombros. Una cosa es la ley fundamental de un estado y otra la extensin del territorio y personas a quienes se aplica. Aunque la Espaa perdiese un gran nmero de provincias, no se haba alterado en nada su Constitucin, pues esta consiste en ciertas bases fundamentales, desenvueltas y aplicadas en cierto nmero de artculos, y tiene adems otros reglamentarios y no esenciales, pero que sin embargo influyen en el rgimen poltico que ha adoptado la nacin para poner en ejercicio sus derechos contenidos en las bases constitucionales, y las Cortes no pueden alterar tampoco estos artculos porque la nacin ha querido darse tiempo para que la experiencia indique si son tiles o perjudiciales; mas el que sean tantas o cuantas las provincias gobernadas por un sistema poltico, jams se ha dicho que pertenece esencial ni accidentalmente dicho sistema. Por ltimo no olviden los seores que han tenido sus escrpulos en esta materia, que aqu no se trata de emancipar, si no de poder resistir la emancipacin. Debo, sin embargo, advertir que en el dictamen que desecharon las Cortes no se propona la independencia de Amrica, si no que se facultase al gobierno para que si despus de apurados todos los recursos no hallase otro que el de tratar sobre bases de independencia pudiese hacerlo, quedando todo sujeto a la aprobacin de las Cortes; y si el gobierno hubiera tenido la franqueza de manifestar a la comisin, como lo hizo despus el Congreso, que ya por s haba tomado una medida casi semejante, tal vez el dictamen se hubiera reducido a ciertas modificaciones de lo hecho por el mismo go-

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112 bierno. Mas habindose pedido expresamente al Sr. ministro de Ultramar que manifestase, si era posible las instrucciones que haban llevado los comisionados a Amrica, se recibi al cabo de unos das en oficio en que el gobierno manifestaba secamente que no tena datos que presentar a las Cortes, y la comisin crey que no era prudencia no infortunarlo ms. Por desgracia las noticias que acabamos de recibir de Nueva Espaa acreditan lo que expuso la Comisin en su dictamen, y es que mientras la Espaa duerme vigilan las potencias extrangeras, y ojal no despertemos tan tarde que todo est perdido. Aunque la verdad no agrade a muchos, tendr el consuelo de haberla dicho.

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113 La irresistible voz de la naturaleza clama que la isla de Cuba debe ser feliz. Su ventajosa situacin, sus espaciosos y seguros puertos, sus frtiles terrenos serpenteados por caudalosos y frecuentes ros, todo indica su alto destino a figurar de un modo interesante en el globo que habitamos. Cubrala en los primeros tiempos un pacfico y sencillo pueblo que, sin conocer la poltica de los hombres, gozaban de los justos placeres de la frugalidad, cuando la mano de un conquistador condujo la muerte por todas partes, y form un desierto que sus guerreros no bastaban a ocupar. Desapareci como el humo de la antigua raza de los indios conservada en el continente a favor de las inmensas regiones donde se internaban. Slo se vieron habitadas las cercanas de varios puertos, donde el horror de su misma victoria condujo a los vencedores rodeados de una pequea parte de sus vctimas, y las cumbres de lejanos montes, donde hallaron un espacioso asilo algunos miserables que contemplaban tristemente sus albergues arruinados, y las hermosas llanuras en que poco antes tenan sus delicias. No recordara unas ideas tan desagradables como ciertas si su memoria no fuera absolutamente necesaria para comprender la situacin poltica de la isla de Cuba. Aquellos atentados fueron los primeros eslabones de una gran cadena que, oprimiendo a millares de hombres, les hace gemir bajo una dura esclavitud sobre un suelo donde otros recibieron la muerte, cadena infausta que conserva en una isla, que parece destinada por la Naturaleza a los placeres, la triste imagen de la humanidad degradada.PROYECTO Y MEMORIA PARA LA EXTINCI"N DE LA ESCLAVITUD EN LA ISLA DE CUBAMemoria1 que demuestra la necesidad de extinguir la esclavitud de los negros en la isla de Cuba, atendiendo a los intereses de sus propietarios21 Don Jos Antonio Saco: Historia de la Esclavitud de la Raza Africana en el Nuevo Mundo y en especial en los pases Amrico-Hispanos. (Editada por Fernando Ortiz, Cultural, Habana, 1938.)2 Por el presbtero don Flix Varela, diputado a Cortes.

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114 Era imposible que el canal de comunicacin de dos mundos no recibiera el torrente de luces del civilizado y los inmensos tesoros que posea el inculto, y aun era ms imposible que con tales elementos no hubiera bastado un solo siglo para formar una nueva Atlntida. Sin embargo, la tenebrosa poltica de aquellos tiempos (si es que entonces tena alguna la Espaa), despus de haber dejado la isla casi desierta, procur impedir la concurrencia no slo de los extranjeros, sino aun de los mismos nacionales, escaseando los medios de una inmigracin que hubiera consolidado los intereses de los nuevos poseedores. Se declar en seguida una tremenda guerra a la prosperidad de aquellos pases, creyndolos destinados por la Providencia para enriquecer a stos, ignorando las verdaderas fuentes del engrandecimiento de unos y otros, fuentes obstrudas por la avaricia de algunos con perjuicios de todos. Esta conducta del Gobierno produjo un atraso en la poblacin de aquella hermosa isla, y anim a una potencia, cuyas luces la han inclinado siempre a diversos y seguros caminos para hallar sus intereses, anim digo, a la Inglaterra en la empresa de brindarnos brazos africanos que cultivasen nuestros campos. La Inglaterra, esa misma Inglaterra que ahora ostenta una filantropa tan hija de su inters como lo fueron sus pasadas crueldades, y yo no s si diga como lo son sus actuales, pero disfrazadas opresiones, esa misma Inglaterra, cuyo rigor con sus esclavos no ha tenido ejemplo, esa misma introdujo en nuestro suelo el principio de tantos males. Ella fue la primera que con escndalo y abominacin de todos los virtuosos no dud inmolar la humanidad a su avaricia, y si ha cesado en estos brbaros sacrificios es porque han cesado aquellas conocidas ventajas. Pero ¡qu digo han cesado! ...El Brasil... yo no quiero tocar este punto. La Inglaterra nos acusa de inhumanos, semejante a un guerrero que despus de inmolar mil vctimas a su furor, se eleva sobre un grupo de cadveres, y predica lenidad con la espada humeante en la mano y los vestidos ensangrentados. Ingleses, en vuestros labios pierde su valor la palabra filantropa, excusadla, sis malos apstoles de la humanidad. Una funesta imprevisin de nuestro Gobierno en aquellos tiempos fue una causa de que no slo aprobase el trfico de negros, sino que, tenindolos como un especial beneficio, asign un premio de cuatro pesos fuertes por cada esclavo que se introdujese en la Isla de Cuba, adems de permitir venderlos al precio que queran sus dueos, como si los hombres fueran uno de tantos gneros de comercio. De este modo se crey que poda suplirse sin peligro la falta de brazos, ¡sin peligro, con hombres esclavos! El acaecimiento de Santo Domingo advirti muy pronto al Gobierno el error que haba cometido; empero sigui la introduccin de negros...

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115 Sin embargo, me sirve de mucha complacencia poder manifestar a las Cortes, que los habitantes de la Isla de Cuba miraron con horror esa misma esclavitud de los africanos que se ven precisados a fomentar, no hallando otro recurso, pues adems de la falta de brazos para la agricultura, el nmero de sirvientes libres se reduce al de algunos libertos, digo algunos, porque es sabido que aun esta clase no quiere alternar con los esclavos, y slo cuando no hayan otra colocacin se dedican al servicio domstico. Mucho menos se encuentran criados blancos, pues aun los que van de Europa, en el momento que llegan a La Habana no quieren estar en la clase de sirvientes. De aqu resulta que los salarios son exhorbitantes, pues el precio corriente es de catorce a veinte duros mensuales, y siendo una cocinera u otro criado de algn mrito, jams baja de veinticinco duros. Suplico al Congreso me dispense que haya molestado su atencin, refiriendo pormenores caseros, pues su noticia ilustra mucho para la inteligencia del extraordinario fenmeno de que un pueblo ilustrado y amable como el de la Habana, compre esclavos y ms esclavos. El Gobierno, lo repetir mil veces, el Gobierno es quien puede evitar esto, proporcionando el aumento de libertos que por necesidad tendrn que ocuparse en el servicio domstico, bajando el precio de los salarios que con el tiempo ser muy moderado cuando se destierre la esclavitud, y algunos blancos no tengan a menos dedicarse a igual servicio. Me atrevo a asegurar que la voluntad general del pueblo de la Isla de Cuba es que no haya esclavos, y slo desea encontrar otro medio de suplir sus necesidades. Aunque es cierto que la costumbre de dominar una parte de la especie humana inspira en algunos cierta insensibilidad a la desgracia de estos miserables, otros muchos procuran aliviarla, y ms que amos son padres de sus esclavos. Yo estoy seguro de que pidiendo la libertad de los africanos conciliada con el inters de los propietarios y la seguridad del orden pblico por medidas prudentes, slo pido lo que quiere el pueblo de Cuba. Mas yo no quiero anticipar el plan de mis ideas, y suplico a las Cortes me permitan continuar la narracin de los hechos que sirven de base a las proposiciones que debo hacer sobre esta materia. La introduccin de africanos en la Isla de Cuba dio origen a la clase de mulatos, de los cuales muchos han recibido la libertad por sus mismos padres, mas otros sufren la esclavitud. Esta clase, aunque menos ultrajada, experimentan los efectos consiguientes a su nacimiento. No es tan numerosa, pues no ha recibido los esfuerzos que la de negros en los repetidos cargamentos de esta mercanca humana, que han llegado de frica; pero como son menos destrudos, se multiplican considerablemente. Ambas clases reunidas forman la de originarios de frica, que segn los cmputos

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116 mas exactos a principios de 1821, exceda a la poblacin blanca como tres a uno. Los esclavos se emplean en la agricultura y en el servicio domstico, ms los libres estn casi todos dedicados a las artes, as mecnicas como liberales, pudindose decir que para un artista blanco hay veinte de color. Estos tienen una instruccin, que acaso no poda esperarse, pues la mayor parte de ellos saben leer, escribir y contar y adems su oficio que algunos poseen con bastante perfeccin, aunque no son capaces de igualar a los artistas extranjeros, por no haber tenido ms medio de instruirse que su propio ingenio. Muchos de ellos estn iniciados en otras clases de conocimientos, y acaso no envidian a la generalidad de los blancos. La necesidad, maestra de los hombres, hizo que de su infortunio sacaran los originarios de frica estas ventajas, pues hallndose sin bienes y sin estimacin han procurado suplir esas faltas en cuanto les ha sido posible por medio de trabajo, que no slo les proporciona una cmoda subsistencia sino algn mayor parecido de los blancos; al paso que estos han sufrido un golpe mortal por la misma civilizacin de los africanos. Efectivamente, desde que las artes se hallaron en manos de negros y mulatos se envilecieron para los blancos, que sin degradarse podan alternar con aquellos infelices. La preocupacin siempre tiene gran poder, y a pesar de todos los dictmenes de la filosofa, los hombres no se resignan a la ignorancia cuando un pueblo justa o injustamente desprecia tales o cules condiciones. De aqu se infiere cun infundada es la inculpacin que muchos han hecho a los naturales de la Habana, por su poco empeo en dedicarse a las artes, y no falta quien asegura que el mismo clima inspira la ociosidad. El gobierno es quien la ha inspirado, y aun dir ms, quien la ha exigido en todas pocas. Yo slo pido que se observe que esos mismos artistas oriundos de frica no son otra cosa que habaneros, pues apenas habr uno u otro que no sea de los criollos del pas. Las leyes son las nicas que pueden ir curando insensiblemente unos males tan graves, mas stas por desgracia los han incrementado, autorizando el principio de que provienen. El africano tiene por la naturaleza un signo de ignominia, y sus naturales no hubieran sido despreciados en nuestro suelo si las leyes no hubieran hecho que lo fueran. La rusticidad inspira compasin a las almas justas, y no desprecio; pero las leyes, las tirnicas leyes, procuran perpetuar la desgracia de aquellos miserables, sin advertir que el tiempo, espectador tranquilo de la constante lucha contra la tirana, siempre ha visto los despojos de sta sirviendo los trofeos en los gloriosos tiempos de aquella augusta madre universal de los mortales. Resulta, pues, que la agricultura, y las dems artes de la Isla de Cuba, dependen absolutamente de los originarios de frica, y que si esta clase quisiera arruinarnos le bastara suspender sus trabajos y hacer una nueva

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117 resistencia. Su preponderancia puede animar a estos desdichados a solicitar por fuerza lo que por justicia se les niega, que es la libertad y el derecho de ser felices. Hasta ahora se ha credo que su misma rusticidad les hace imposible tal empresa; pero ya vemos que no es tanta, y que, aun cuando lo fuera, servira ella misma para hacerlos libres, pues el mejor soldado es el ms brbaro cuando tiene quien le dirija. Pero faltarn directores? Lo hubo en la isla de Santo Domingo, y nuestros oficiales aseguraban haber visto en las filas de los negros los uniformes de una potencia enemiga, cuyos ingenieros dirigan perfectamente todo el plan de hostilidades. Pero, a qu recurrir a la poca pasada? Los pases independientes no pueden dar esta direccin y suministrar otros medios para completar la obra? En el estado actual de Hait, con un ejrcito numeroso, aguerrido, bien disciplinado, y lo que es ms, con grandes capitales, no podra emprender nuestra ruina que sera su mayor prosperidad? Ya la ha emprendido, pues se sabe que dirigieron a nuestras costas dos fragatas con tropas para formar la base del ejrcito, que muy pronto se hubiera aumentado extraordinariamente, mas el naufragio de dichos buques libert a la isla de Cuba de esta gran calamidad. Se advierte una frecuente comunicacin entre ambas islas, cuando antes apenas se reciban dos o tres correspondencias al ao. En el estado de independencia en que se halla la de Santo Domingo, ya sea que los negros acometan a los blancos, y se apoderen de toda la isla, ya sea que se unan por tratados pacficos, no han de ser unos y otros tan estpidos que no conozcan el mal que pueden recibir de la isla de Cuba, y las ventajas que experimentaran insurreccionado. Es, pues, casi demostrado que hay una guerra entre las dos islas, y que la de Santo Domingo no perder la ventaja que le presta el gran nmero de nuestros esclavos, que slo espera un genio tutelar que los redima. Por lo que hace Bolvar, se saba en la Habana que haba dicho que con dos mil hombres y el estandarte de la libertad, tomara la isla de Cuba, luego que esto entrase en sus planes. Otro tanto debe esperarse de los mejicanos, y si por nuestra desgracia, llegamos a tener una guerra con los ingleses, yo no s qu dificultad podrn tener en arruinar la isla de Cuba cuando son amos del mar y les sobra talento y libras esterlinas (por ms pobres que estn) para introducirnos millares de emisarios. Es preciso no perder de vista que la poblacin blanca de la isla de Cuba se halla casi toda en las ciudades y pueblos principales, mas los campos puede decirse que son de los negros, pues el nmero de mayorales, y otras personas blancas que cuidan de ellos es tan corto, que puede computarse por nada. Tambin debe advertirse que saliendo veinte leguas

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118 de La Habana, se encuentran dilatados terrenos enteramente desiertos, y as est la mayor parte de la isla. Todo esto manifiesta la facilidad con que se puede desembarcar un ejrcito, organizado, y emprender su marcha sin que se tenga noticias de ellos hasta que no est encima de alguno de los puntos principales, y que cualquier enemigo puede apoderarse de nuestros campos que le entregarn gustosos sus moradores, y destruir de un golpe nuestra agricultura, que es decir nuestra existencia. Se aumentan nuestros temores con la rpida ilustracin que adquieren diariamente los libertos en el sistema representativo, pues la imprenta los instruye, aunque no se quiera, de sus derechos, que no son otros que los de hombre, tan repetidos por todas partes, y les hace concebir deseos muy justos de ser tan felices como aquellos a quienes la Naturaleza slo diferenci en el color. La imagen de sus semejantes esclavos los atormenta mucho, porque recuerda el oprobio con que se mira su origen, y es muy natural que estos hombres procuren de todos modos quitar este obstculo de su felicidad libertando a sus iguales. Adems su inferioridad a los blancos nunca ha sido tan notable para ellos ni tan sensible como en el da, que por la Constitucin estn privados de los derechos polticos, que slo se les franquea una puerta casi cerrada por su naturaleza, y an se les excluye de formar la base de la poblacin representada, de modo que son espaoles, y no son representados. Ellos no tanto desean serlo, como sienten el desprecio de la exclusin, porque al fin un artista, un hombre til a la sociedad en que ha nacido se ofende mucho de ver que se le trate como a un extranjero, y tal vez como a un bruto. Cuando se habla de libertad entre esclavos, es natural que stos hagan unos terribles esfuerzos para romper sus cadenas, y si no lo consiguen, la envidia los devora, y la injusticia se les hace ms sensible. Los blancos de la Isla de Cuba no cesan de congratularse por haber derrocado el antiguo despotismo, recuperando los sagrados derechos de hombres libres. Y quieren que los originarios de frica sean espectadores tranquilos de estas emociones? La rabia y la desesperacin los obligar a ponerse en la alternativa de la libertad o la muerte. Debo advertir a las Cortes que en los oriundos de frica se nota un conocido desafecto a la Constitucin, pues jams han dado el menor signo de contento, cuando es sabido que en todas las fiestas y regocijos pblicos ellos son los primeros en alborotar por todas partes. Los sensatos observaron en la Habana que cuando lleg la noticia del restablecimiento del sistema pareci que la tierra se haba tragado los negros y mulatos, pues se podan contar los que haba en las calles, sin embargo de la alegra general, y por

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119 algn tiempo guardaron un aire sombro e imponente. No se crea que esto lo hacen por ignorancia, por adhesin al antiguo sistema, pues ya sabemos que por dos veces han procurado derrocarlo, declarndose libres, y estoy seguro de que el primero que d el grito de independencia tiene a su favor a casi todos los originarios de frica. Desengamonos: Constitucin, libertad, igualdad, son sinnimos; y a estos trminos repugnan los de esclavitud y desigualdad de derechos. En vano pretendemos conciliar estos contrarios. Pero supongamos que tenemos todos los medios para una gloriosa resistencia, y que salimos vencedores: claro est que ya habrn cesado todas nuestras relaciones mercantiles, destruyndose enteramente la agricultura, y una gran parte de la poblacin as blanca como negra. En muchos aos, nuestro pas no podrn prestar seguridad al comerciante para sus empresas, y este estado de decadencia animar al mismo u otro enemigo a un nuevo asalto que consume la obra. La isla de Cuba, cuyo comercio merece una consideracin en todo el orbe, quedar recudida un depsito de pobres pescadores hasta que se apodere de ella otra potencia que sacar las ventajas que ha despreciado la Espaa. No nos alucionaremos, la isla de Cuba es un coloso, pero est sobre arena; si permanece erigido es por la constante calma de la atmsfera que le rodea; pero ya tenemos probabilidad de que le agiten fuertes huracanes, y su cada sera tan rpida y espantosa como inevitable, si con anticipacin no consolidamos sus cimientos. En tales circunstancias no queda otro recurso que remover la causa de estos males procurando no producir otros que puedan comprometer la tranquilidad de aquella isla, quiero decir, dar la libertad a los esclavos de un modo que ni sus dueos pierdan los capitales que emplearon en su compra, ni el pueblo de La Habana sufra nuevos gravmenes, ni los libertos en las primeras emociones que debe causarles su inesperada dicha, quieran extenderse a ms de lo que debe concedrseles, y por ltimo auxiliando a la agricultura en cuanto sea posible para que no sufra, o sufra menos atrasos por la carencia de esclavos. Nos faltan medios para tan ardua empresa y el siguiente proyecto de decreto presenta algunos de cuya utilidad juzgarn las Cortes con su acostumbrada prudencia.

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120 Se declara libre todo esclavo que hubiere servido quince aos continuados al amo a quien actualmente pertenece. Cuando el esclavo fuere criollo, o se hubiere comprado muy pequeo, se empezar a contar su servicio desde los diez aos de edad, y como esto no puede saberse a punto fijo (respecto a los conducidos de frica), se graduar por aproximacin. En lo sucesivo se contarn los quince aos de servicio, aunque hayan sido diversos amos, y as tendr entendido todo el que compre un esclavo despus de la publicacin de este decreto, que solo durar su dominio sobre dicho esclavo el tiempo que a ste le falte para cumplir los quince aos de servicio. Cuando un esclavo quiera libertarse, contar como parte de precio el tiempo que hubiere servido a su amo actual, y slo le pagar lo que falte, que se deducir dividiendo el precio en que le compr dicho amo por los 15 aos que debi servirle.Libres por nacimientoSon libres los criollos que nacieren despus de la publicacin de este decreto. Los amos de sus madres estarn obligados a mantenerlos y curarlos hasta la edad de diez aos, y en recompensa continuarn sirvindose de ellos hasta los veinte aos sin pagarles salario y sin ms obligacin que la de mantenerlos y curarlos. Si un criollo a los diez aos de edad quisiera indultarse de la obligacin de servir hasta los veinte al amo de su madre, le abonar doscientos cincuenta pesos fuertes para indemnizacin del costo de su crianza.PROYECTO DE DECRETO SOBRE LA ABOLICI"N DE LA ESCLAVITUD EN LA ISLA DE CUBA Y SOBRE LOS MEDIOS DE EVITAR LOS DAOS QUE PUEDEN OCASIONARSE A LA POBLACI"N BLANCA Y A LA AGRICULTURALibres por aos de servicio

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121 Cuando un criollo pero menor de diez aos, de veinte,1 quiera indemnizar al amo de su madre contar el tiempo de servicio despus de los diez aos de su edad, como precio ya entregado, y rebajar lo que corresponda a los doscientos cincuenta pesos de indemnizacin, segn lo dispuesto en el orden de los esclavos. Si un criollo mayor de diez aos no quisiera continuar en el servicio del amo de su madre sino pasar al de otro, slo se har un traspaso de deuda con derecho a exigir servicio, hasta que cumpla los veinte aos de edad, a menos que no satisfaga, y en dicha deuda se har la rebaja que corresponda al tiempo que hubiera servido el criollo despus de los diez aos de edad, segn lo dispuesto en el artculo anterior.Libres a costa de los fondos pblicos y de las contribuciones voluntariasJUNTA FILANTR"PICASe establecer en la capital de cada provincia de la isla de Cuba una junta principal con el ttulo de Filantrpica compuesta del jefe poltico que ser el Presidente, el Obispo o el superior eclesistico, el Intendente, dos individuos de la Junta Provincial, y otros dos del Ayuntamiento, que sacarn por suerte en una y otra corporacin. Habr otras juntas subalternas y dependientes de la anterior con el mismo ttulo en todas las cabezas de partido. Dichas juntas se compondrn del Jefe Poltico subalterno donde lo hubiera, y en su defecto del Alcalde de primera eleccin, dos regidores sacados por suerte y el cura prroco. Las juntas principales nombrarn un Secretario asignndole cincuenta pesos fuertes mensuales, que se pagarn de los fondos pblicos, y quedar a su arbitrio removerlo y sustituirlo por otro sin dar cuenta, pues ste no se reputa empleo dado por el gobierno.Encargos comunes as a las juntas principales como subalternasLlevar una cuenta exacta del nmero de esclavos que existen en su distrito, que es el mismo que el del partido, indicando el sexo, edad, precio y dueo de cada uno. En cuanto a los africanos, cuya edad se ignora, se pondr sta aproximadamente. Con este fin exigirn de los amos una noticia exacta, que darn en el trmino de tres meses, pasados los cuales no se les admitir dndose por1 As aparece en los Documentos de donde copiamos. (Nota de los compiladores.)

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122 concluido el censo, y para que los amos puedan hacer constar que dieron noticias de sus esclavos en tiempo oportuno, se les entregar una lista de ellos firmada por todos los individuos de la junta a que se hubieran presentado, y conservarn esta lista como documento. Hacer que los nuevos libertos se dediquen a la agricultura, a las artes, al servicio domstico, o alguna ocupacin til; pero dejndoles plena libertad para elegir la clase de esas ocupaciones que ms les agrade. El liberto que a los dos meses no se empleare en alguna de dichas ocupaciones ser compelido por la junta en cuyo distrito se hallase, destinndole a tal o cual ejercicio, que slo podrn dejar cuando se aplique a otro libremente. Lo mismo deber hacer la junta siempre que conste que un liberto est dos meses sin ejercicio. Exigir que los libertos hagan constar cada dos meses por alguna persona que merezca la confianza de la Junta, o por otros medios de igual valor, que se hallan dedicados y continan en las ocupaciones de que habla el artculo anterior. Si contravinieren a este mandato, dar cuenta al poder judicial para que les imponga tres das de crcel por la primera vez, y nueve por la segunda, repitindose esta pena si continuaren faltando. Estas funciones de la Junta, de ningn modo impedirn las que en iguales casos ejercen los ayuntamientos y las autoridades locales.Encargos de las juntas principalesRecibir los fondos destinados a la libertad de los esclavos. Dichos fondos se compondrn: 1.-Del 3% de los derechos de aduana y administracin de toda Provincia. 2.-El 2% de las rentas municipales de todos los ayuntamientos. 3.-El 1% de la renta del clero en toda la Provincia. 4.-El 1% de las rentas de capellanas y obras pas. 5.-El producto de las bulas de la cruzada de toda la provincia. 7.-Las lanzas y medias annatas de los ttulos de Castilla existentes en la provincia. 8.-Los bienes de los conventos suprimidos, o que se suprimieren en la provincia. 9.-Las donaciones que hagan los amantes de la humanidad. Con este fin se abrir una suscripcin por la Junta para colectar por meses, o de una vez las cantidades que se quieran dar, y adems se establecer en todas las iglesias de la provincia, sean o no parroquias, unas cajas donde sin rubor pueda cada uno echar la cantidad ms corta con que quiera contribuir.

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123 Estas cajas debern tener tres llaves de diversa construccin, de las cuales conservar una el prroco o superior de la iglesia, si no fuere parroquia, y las dos restantes dos regidores sacados por suerte; y donde no hubiere ayuntamiento, dos vecinos nombrados por la Junta del Partido. Cada semana concurrirn los llaveros para abrir las cajas y contada la cantidad certificarn los tres. Todos estos fondos se depositarn en la Tesorera nacional, exigiendo del Tesorero el documento competente para instruir la cuenta de entrada que debe llevar la Junta. Dichos fondos sern tan sagrados que perder el empleo toda persona que les diere otra inversin, aunque sea momentneamente y bajo cualquier pretexto. Adems del libro de asiento en que consta el nmero de esclavos que se hallen en el distrito del partido de la capital con expresin de las circunstancias ya indicadas, llevarn otro libro con el ttulo de asiento general en que estn apuntados todos los esclavos de la Provincia, indicando las mismas circunstancias. En este libro se colocarn los nombres de los esclavos, segn los aos de servicio que tuvieren, dividindose en tres clases: la primera desde uno hasta cinco aos; la segunda, desde cinco a diez, y la tercera, desde diez hasta quince, bien que este nmero nunca puede estar cumplido, pues en tal caso ya es libre el esclavo. Al fin de cada mes publicar una lista de las cantidades que se hubiesen recibido en el anterior, indicando su origen, y con especialidad los donativos, con expresin de los nombres de los contribuyentes, y asimismo las cantidades colectadas en la caja de cada iglesia en toda la Provincia; y si de alguna de ellas an no se supiere, por hallarse muy distante, se expresar as, lo cual debe observarse respecto de todo ingreso que no se haya realizado, para que de este modo quede el pblico satisfecho. Cada dos meses se har pblicamente un sorteo en que entrarn tantos nmeros cuantos fueren los esclavos de toda la Provincia. Luego que salta un nmero por suerte, se buscar en el margen del libro de asiento general, y a continuacin se ver el nombre del esclavo, su precio y dueo, todo lo cual se apuntar inmediatamente por el secretario. De este modo se continuar la extraccin de nmeros hasta que la suma de los valores de los esclavos que hayan salido en suerte, sean iguales al fondo disponible que tiene la Junta. Si fueren tantas las bolas que no basta un globo para contenerlas, sin que sea muy incmodo, se repartirn en varios, poniendo en cada uno igual nmero de bolas, y si hubiere nmeros impares, se agregarn por suerte al globo que correspondan, para lo cual tendrn por fuera los globos las indica-

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124 ciones del primero, segundo, etc. En ese caso, cada suerte se sacar de un globo, empezando por el que tiene la denominacin del primero, y jams se sacarn dos bolas seguidas de un mismo globo. Si comparada la suma de los valores de los esclavos que hayan salido en suerte con el fondo disponible, se viere que sobra una cantidad que no baje de trescientos fuertes, se proceder a sacar otros nmeros y si el precio del esclavo que saliere en suerte excediere a dicha cantidad, esperar el amo un mes para recibir todo el precio; y hasta entonces no se le dar dinero alguno, ni se declarar libre ningn esclavo; mas si el dueo no compareciere en el trmino del mes a recibir el precio de dicho esclavo, le abonar en lo sucesivo un salario como libre si lo conservare en su servicio. Dicho salario ser graduado por la Junta segn el mrito del esclavo. Como los esclavos pueden desmerecer de su precio por enfermedades y otras muchas causas, luego que salieren en suerte se reconocern por un mdico y un cirujano nombrados por la Junta, despus sern tasados por dos individuos, uno de ellos nombrado por la Junta, y otro por el amo, teniendo los tasadores en consideracin el dictamen que hubieren dado los facultativos de medicina y ciruga. Si no convinieren en la tasacin, se partir la diferencia de ambos precios. Del mismo modo, si el amo no se conformase con el dictamen de estos facultativos, se nombrarn otros dos, uno en medicina y otro en ciruga, a cuya decisin deber estarse sin ms altercados. Cuando los esclavos fueren tasados en mayor precio del que costaron, slo se pagar ste; pero si fueren tasados en menos, se pagar el precio de tasacin. Sin embargo, cuando el esclavo valga menos, no por enfermedad, sino por haber sido comprado en tiempo en que era mayor el precio corriente de los esclavos, se abonar todo su importe. En la Tesorera nacional se har la entrega del precio de los esclavos, en moneda efectiva, por orden de la Junta, que pasar al intento una lista de todos los esclavos que deben libertarse por haber salido en suerte, indicando sus precios y dueos. Hecho el pago, se dar inmediatamente a los libertos, si concurrieren, o a sus antiguos amos, o apoderados de estos, una papeleta firmada por el Tesorero en que se diga: Queda libre por el precio de ... N., que pertenece a F. y ser obligacin de los antiguos amos presentar esta papeleta con el nuevo liberto, si existiere en el distrito, ante el Secretario de la Junta filantrpica para que, conservando dicha papeleta como comprobante de inversin, ponga el nombre del liberto en un libro que tendr para este objeto, con el ttulo de asiento de libertos por la Junta filantrpica, e inmediatamente entregar a dicho liberto un documento concebido en estos trminos: F. que era esclavo de S., es libre por el precio de .... entregado en Tesorera de orden de la Junta filantrpica en (aqu la fecha) y queda su

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125 nombre en el censo de los libertos. Firmarn el Presidente y el Secretario, y no se extender otra escritura; pues a este se da todo el valor necesario sin que intervenga escribano alguno. As, estos documentos como las papeletas de Tesorera, se imprimirn dejando los claros necesarios para poner nombres y fechas. La impresin de unos y otros, ser pagada de los fondos de la Junta con el visto bueno del Presidente y firma del Secretario. No se admitir reclamacin de ninguna especie, y en ningn tiempo, contra la libertad concedida a los esclavos por la Junta. Con el objeto de fomentar la agricultura, se prohbe que concurran a la capital los libertos que salieren en suerte y pertenecieran a otro distrito. Si contravinieren, sern obligados a regresar inmediatamente; pues slo se les permitir venir a la capital o a su distrito a los cuatro aos de obtenida su libertad, a menos que la Junta se lo conceda o el gobierno los llame. Concluido el sorteo, se remitir con la mayor brevedad a cada Junta subalterna la lista de los esclavos que hayan salido en suerte y correspondan a su distrito. La Junta principal har imprimir y publicar una lista de todos los esclavos que hayan salido en suerte, dividindolos segn los distritos a que pertenezcan, con expresin de sus amos, para que ocurran a recibir el precio de dichos esclavos en el trmino de un mes, y presenten a stos si existieren, en el distrito de la Junta principal, en el trmino de ocho das, para que se proceda a su tasacin por los trmites indicados. Si el amo que se indica en la lista hubiere ya vendido el esclavo, se presentar, sin embargo, dentro del mismo trmino por s o por otra persona, a dar razn del nuevo amo, y ste tambin deber presentarse, aunque el primero lo haga; pues ambos deben concurrir. El amo que contraviniere a cualquiera de las disposiciones de este artculo, pagar diez pesos de multa en favor del fondo.Encargos de las juntas subalternasLlevar un libro de censos de esclavos, con la especificacin de las circunstancias que se han indicado, otro de libertos y otro de cargo y dato de las cantidades que recibieron y de las que enven a la Junta principal. Remitir a la Junta principal una copia del censo de esclavos inmediatamente que se concluyere, que ser a la mayor brevedad, y despus, cada dos meses una nota de los que hubieren muerto, o se hubieren libertado, exigiendo para este fin que todo amo d noticias de la libertad o muerte de los esclavos. Igualmente remitir todos los meses a la Junta principal las cantidades que hubiere colectado.

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126 Avisar a los amos de los esclavos que han salido en suerte, que en el preciso trmino de un mes, si no se hallan a ms de cuarenta leguas de la capital, y de dos meses, si estuvieren a mayor distancia se presenten por s, por apoderado en la Tesorera general de la provincia a recibir el precio de dichos esclavos. Si existieran los amos en otro distrito, a menos que no sea el de la capital, oficiar la Junta de dicho distrito, para que les intime lo mandado, y esta Junta contestar el oficio cuando haya concludo su encargo, que ser a la mayor brevedad, indicando la fecha en que hizo su intimacin. En el preciso trmino de tres das, despus de recibir las listas, avisar a los amos, para que en el de ocho presenten llos esclavos que han salido en suerte, y se tasen por dos individuos nombrados por la misma Junta, y otros dos por el amo, reconocindose antes por dos mdicos o cirujanos que nombrar la Junta, o por un solo facultativo, ya sea en Medicina o en Ciruga, si no hubiere otro en el pueblo. Si el amo no existiere en el distrito y no hubiere dado personas que tasen por su parte, la Junta las nombrar para que no se entorpezca el acto. En esta tasacin se proceder segn lo prevenido a las Juntas principales. Cuando los amos no se conformaren con el dictamen de los mdicos nombrados por la Junta, conducirn sus esclavos a la capital para que sean reconocidos por los facultativos que tiene nombrados la Junta principal; mas el esclavo siempre quedar libre, cuando expire el trmino que seala el artculo y del modo que expresa el siguiente: Concludo el trmino que se ha prefijado a un amo para recibir el precio de su esclavo, aunque no conste haberse realizado la entrega, declara la Junta por libre a dicho esclavo, dndole una papeleta concebida en estos trminos: Queda libre N., esclavo de F. (firmarn el presidente y Secretario) y valdr este documento hasta que se le entregue el que remitir la Junta principal. Luego que se reciban las cartas de libertad remitidas por la Junta principal, se entregarn a los libertos, sentando sus nombres en el censo a que correspondan, y dando cuenta a dicha Junta de haberlo ejecutado.De la introduccin de esclavos y del pase de estos, de unas provincias a otrasSe permite que vuelvan a cada provincia, los que se compraron en ella, debiendo sus amos presentarlos a la Junta principal y especificar haberlos comprado en la provincia. Dicha junta mandar apuntar el nombre de este esclavo en el asiento general y agregar al globo a que tocare por suerte el nmero que corresponda.

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127 No se permite vender un esclavo fuera de la provincia; y aunque salga de ella para acompaar a su amo u otra causa, siempre entrar en suerte en dicha provincia a que corresponde, y no donde se halle. Se prohbe extraer de la isla esclavos, aunque sea bajo el pretexto de acompaar a sus propios amos. El que contraviniere, pagar $800 de multa, y si presentare el esclavo que haba extrado, slo pagar 100 pesos.Trmino de la esclavitudLuego que se hayan sacado todos los nmeros har la Junta filantrpica principal, una declaracin solemne de quedar libre todo esclavo que se halle en la provincia, pues los que no constan en el censo se han introducido clandestinamente, o se han ocultado de un modo culpable y quedan libres en pena del delito de sus amos. Si posteriormente fueren presentados algunos de los que habla el artculo, supuesto que sern muy pocos, se abonar su importe segn las reglas prefijadas, y esto se entender hasta un ao despus de haberse hecho la declaratoria que expresa el artculo anterior. Si los esclavos, por culpa de sus amos, no fueren presentados en el trmino de dos meses despus de haber entrado en el territorio de la provincia, quedarn libres y se juzgarn comprendidos en la declaratoria general.Funciones de las juntas filantrpicas despus de extinguida la esclavitudNo habiendo ya esclavos, quedarn reducidas las funciones de las Juntas, as principales como subalternas, respecto de los libertos, a vigilar sobre que se ejerciten tilmente y al mismo tiempo que no sea ilusoria la libertad que han adquirido, y que ni sus antiguos amos ni otro alguno se prevalga de su debilidad e ignorancia para un fin tan depravado. Este encargo se supone que las Juntas le habrn ejercido respecto de cada liberto, desde el momento en que adquiere su libertad, y en el caso de que habla este artculo, no harn mas que continuar en tan laudables funciones.[Jos Antonio Saco: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los pases Amrico-Hispanos, Cultural S. A., Habana, t. IV, 1938.]

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128 La defeccin del Conde de Abisval, y la de otros muchos militares, que aunque ms disimulada, no era menos criminal, proporcion al ejrcito francs un paso franco hasta la ciudad de Sevilla, donde se hallaban el Gobierno y las Cortes, que si bien estaban persuadidas de la superioridad de las fuerzas enemigas, no pudieron menos de ver con indignacin que sin disparar un solo tiro, se hallasen los enemigos a muy corta distancia, en trminos que, sin gran esfuerzo, podan en cuarentiocho horas apoderarse de la Real Persona, y disolver el Congreso. Todo el mundo sabe que Sevilla no es plaza de defensa, y mucho menos cuando casi no haba en ella tropa alguna organizada, a pesar de haberse proporcionado recursos suficientes para el intento. Era, pues, absolutamente inevitable la destruccin del Gobierno y de las Cortes, y mucho ms cuando se encontraban en medio de un pueblo fantico que crea que no poda ser religioso, si no era esclavo. En tan apuradas circunstancias se propuso al Rey su pronta traslacin a Cdiz, y habindose negado S. M. abiertamente, sin embargo de las encarecidas splicas y reflexiones que se le hicieron, el Congreso crey que deba salvar las libertades patrias y el decoro nacional por un medio extraordinario. Prescindiendo de la opinin privada de cada diputado sobre los sentimientos del Rey (que seguramente ninguno se ha engaado) es innegable que el Congreso, como cuerpo legislativo, no poda considerar al Seor Don Fernando VII, sino como Rey constitucional, y juzgar de sus sentimientos por la exposicin pblica y solemne que haba hecho de ellos, desde el da en que jur la Constitucin. Viendo, pues, una conducta tan contraria en momentos tan difciles, crey que su Real nimo padeca una gran perturbacin, causada tal vez por la naturaleza misma del caso, y por el temor de la epidemia a que podra exponerse pasando a Cdiz. En tal estado no tena S. M. la aptitud moral absolutamente necesaria para gobernar que exiga la Constitucin.RELATO DE FLIX VARELA SOBRE LA CADA DEL RGIMEN CONSTITUCIONAL EN ESPAABreve exposicin de los acontecimientos polticos de Espaa, desde el 11 de junio hasta el 30 de octubre de 1823, en que de hecho se disolvieron las Cortes

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129 No habiendo, pues, otro recurso, procedieron las Cortes, con el mayor sentimiento que puede ponderarse, a nombrar una Regencia que se hiciese cargo del Gobierno, durante su traslacin a la isla gaditana, y nada ms, guardando a S.M. y Real familia todo el decoro debido a su dignidad, y proporcionndole todas las comodidades posibles. El nombramiento de la Regencia se hizo a las once de la noche del 11 de Junio, teniendo ya el Congreso doce horas de sesin, y continu en ella hasta las ocho de la noche del da siguiente. En este tiempo estuvo en gran peligro la vida de los diputados, pues quiso realizarse una conspiracin, que estaba proyectada con anterioridad, y cuyo objeto era pasarlos a cuchillo, a ellos, y a los principales patriotas, y apoderarse de la Real persona. Los conspiradores tenan sus juntas en palacio, donde fueron sorprendidos afortunadamente por dos o tres patriotas, a tiempo que estaban dando ya las rdenes para su proyecto sanguinario. A la cabeza de esta conspiracin estaba el General Downe, ingls al servicio de Espaa, a quien el Rey le haba dado el mando del Alczar de Sevilla: le acompaaban otros muchos militares; y todos estaban con sus uniformes e insignias, como para entrar en accin. Todos fueron presos, y conducidos a Cdiz, a los dos o tres das. El Congreso esper imperturbable el xito de las cosas hasta que lleg a su noticia que se haba efectuado la salida de S.M. y Real familia. Suspendi sus sesiones despus de treintitrs horas, debiendo embarcarse aquella noche de los diputados en el nico buque de vapor que hay en el Guadalquivir, y esperar la marea del da siguiente para emprender su viaje. Efectivamente lo verificaron en sta y otros buques casi todos los diputados, a excepcin de tres, que voluntariamente se quedaron, dando una prueba clara del concepto que siempre se tuvo de ellos. Uno solo de los que permanecieron merece excepcin de esta regla, y no expresamos su nombre por no perjudicarlo, si est preso. Apenas haban salido el Gobierno y las Cortes de Sevilla, cuando aquel pueblo se entreg a los mayores excesos, rob los equipajes, destruy todo lo que perteneca al Congreso, maltrat las personas de los patriotas, y entre otras prdidas caus la de casi todos los papeles de la Secretara del Congreso, y de manuscritos preciossimos de algunos particulares que contenan trabajos cientficos de muchos aos. En el momento en que lleg S.M. a la isla gaditana, ces la Regencia en sus funciones, expresndole en el modo ms respetuoso su sumisin, pues no haba ejercido las funciones gubernamentivas, sino en cuanto lo exiga imperiosamente la causa de la libertad. El Rey fu recibido en Cdiz con el mayor respeto.

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130 Desgraciadamente, a pesar de todos los esfuerzos de las Cortes en proporcionar medios al Gobierno, estos no se realizaron, y la plaza de Cdiz, lejos de hallarse en estado de defensa, apenas tena uno u otro can montado, estando en igual abandono toda la isla. No lhaba tampoco fuerzas martimas, y slo se contaba con un pequeo nmero de lanchas, pues el navo Asia, y algn otro buque de cruz, no siendo capaces de hacer frente a mayores fuerzas francesas, ni a propsito para aproximarse a las costas, slo servan para hacer que guardaban el puerto. Se encontr el Gobierno teniendo que proporcionarlo todo, y absolutamente sin medios, porque no podan cobrarse las contribuciones en las provincias invadidas, que ya lo eran casi todas, y por otra parte el manejo de los enemigos le haba privado de recursos fuera del reino. Se haba hecho un contrato con la casa de Bernales, de Londres, con unas condiciones enteramente ventajosas para la casa, y que slo se hubieran admitido en extrema necesidad. Sin embargo, la casa falt al pago de las letras, y dej al Gobierno no slo sin recursos, sino comprometido en su decoro. Del mismo modo, habiendo dispuesto de unos fondos que existan en Francia, pertenecientes a particulares por indemnizaciones, obligndose a ellas el Gobierno, tuvo su Comisionado al intento bastante arresto para negarse al pago, desobedeciendo las rdenes. Se deja a la prudencia de los lectores deducir las causas de uno y otro procedimiento. En consecuencia era preciso que todos los gastos de la Real Casa, del ejrcito, del Congreso y de todas las dependencias del Gobierno, saliesen del heroico vecindario de la isla gaditana, y con especialidad del comercio de Cdiz. Es casi increble cmo pudo sostenerse por tres meses y medio una erogacin tan grande, y mucho ms si se atiende a que el estado de sitio reduca la isla a una caresta considerable. A los tres das de haber llegado las Cortes a Cdiz se presentaron los franceses en el Puerto de Santa Mara, mandados por el General Baudessoult, y empezaron a emplear ms que los medios de guerra los de seduccin, bajo el especioso pretexto de que no venan a destruir la libertad de Espaa, sino a rectificarla: que inmediatamente sera dada una nueva Constitucin que estuviese en armona con las dems de Europa, y que conservaran intactos los principios fundamentales. En una palabra se inculc de todos modos la doctrina de las modificaciones, que fu el arma empleada desde el principio, mucho antes de la invasin, y que ha sido tan perjudicial a la libertad de Espaa, pues caus una divisin entre los liberales. Debilitados stos fueron vencidos fcilmente por los serviles, que se haban enmascarado, dndose un aspecto seductor, pero que distaba mucho de convenir a sus verdaderas intenciones. Los hombres juiciosos percibieron esta trama, pero desgraciadamente fu grande el nmero de los incautos.

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131 Mientras la opinin se divida en estos trminos, deseando el General en jefe del ejrcito de la isla hacer una prueba de la pericia de sus tropas, y del sentido en que estaban, orden una salida el 16 de julio sobre la lnea francesa, y habindose empeado una accin fu admirable el valor y bizarra con que se batieron las tropas espaolas y la milicia local, especialmente la de Madrid, que podr servir de modelo a todas las milicias en los tiempos futuros, pues sera preciso ocupar todo este artculo en hablar de ella, si quisiramos dar alguna idea de sus virtudes cvicas y de su valor militar. Estos valientes eran unos espartanos del siglo XIX, que unan a una impasibilidad heroica el valor y tctica de los ms ilustres guerreros. Satisfecho el General en jefe del ejrcito de la isla del buen sentido y valor de las tropas, esperaba que el General Ballesteros atacase por la espalda a los enemigos, para ordenar otra salida, y por un movimiento combinado destruirlos, o compelerlos a levantar el sitio; mas ya no era el patriota, sino el prfido, o por lo menos, el alucinado Ballesteros, con quien se contaba. El General francs Lallemand, a quien las Cortes haban habilitado para el mando de tropas espaolas, y que estaba a las rdenes de Ballesteros, le demostr hasta la evidencia que poda levantar el sitio de Cdiz, pues se saba el corto nmero de las tropas francesas que la sitiaban en aquella poca, y ocupando Ballesteros el centro del arco entre Cdiz y Madrid tena tres ataques ventajosos, uno sobre Cdiz donde la fuerza enemiga era inferior, otro sobre Crdova para interceptarlos, y otro sobre Madrid donde no haba fuerza alguna, y era fcil desorganizar el nuevo Gobierno, y obligar a que subiesen las tropas de Andaluca; pero toda reflexin fu intil porque Ballesteros ya era otro. El da 16 de Agosto lleg el Duque de Angulema al Puerto de Santa Mara, y al da siguiente envi una carta autgrafa al Rey, proponiendo tratar con S.M. solo y libre, y haciendo responsable a los que lo impidieran. En dicha carta deca que luego que S.M. estuviese libre, le suplicara que diese, o prometiese dar a sus pueblos unas instituciones acomodadas a sus necesidades, e insinuaba que se convocaran las antiguas Cortes de Espaa. El gobierno constitucional, que no poda ver en este procedimiento otra cosa que un desprecio, pues ni siquiera se quera tratar con l, ni con las Cortes, consult a S.M. de acuerdo con el Consejo de Estado, que respondiese de un modo enrgico, pero decoroso, y de ningn modo exasperante, insinuando de paso que habiendo habido en Espaa tan diversas clases de convocaciones de Cortes, y no siendo ninguna de ellas aplicable a la nacin en general, y mucho menos en su estado presente, equivala la propuesta de Angulema a si se propusiera en Francia la convocacin de los Estados Generales. Con esta contestacin quedaron suspensas las comunicaciones.

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132 El 30 de Agosto, a las tres de la madrugada, se perdi el Trocadero del modo ms sensible, a pesar del patriotismo del jefe que mandaba aquel puesto. Fu tomado por sorpresa, a la baja mar, que era precisamente el tiempo en que deba esperarse el ataque, pues en marea llena era imposible que pasasen los enemigos. Hubo sospechas y muy fundadas de que se hizo todo de acuerdo con parte de la tropa, y algunos de los oficiales que se hallaban en el lugar por donde se ejecut la sorpresa. Lo cierto es que dos compaas de milicianos de Madrid fueron batidas por la espalda, cuando esperaban a los enemigos de frente, pues todo consisti en el descuido o en la traicin de unos pocos. Se escaparon en buques menores como mil doscientos hombres, favoreciendo el embarque la milicia de Madrid, que sostuvo el fuego hasta el ltimo momento. Unos 600 hombres fueron hechos prisioneros. Esta prdida aunque sensible no era de tanta importancia, como procuraron darle los que deseaban la decantada composicin con los enemigos, pero lograron difundir la desconfianza y desalentar a gran parte de los hombres sencillos, al paso que otros por pura malicia demostraban un desaliento que no tenan. En vista de este acontecimiento pas S.M. una carta autgrafa al Duque de Angulema, conducida por el General Alava, hacindole cargo de la sangre que se derramaba, por quererse arrogar la Francia un derecho de intervencin no reconocido entre las naciones, o mejor dicho por no haber querido la Francia entrar en explicacin alguna; pero que ya que S.A. quera tratar con S.M. solo y libre, explicase en qu consista su prisin, y cundo la considerara libre. El Duque de Angulema contest en otra carta autgrafa, que slo considerara al Rey en libertad, cuando estuviese con su Real familia fuera de la isla gaditana y bajo la proteccin del ejrcito francs. De palabra que se le asegur al general Alava que no tuviese cuidado alguno, que a las cuarentiocho horas de estar el Rey en el Puerto de Santa Mara era seguro que dara una constitucin liberal a la Espaa; pero el Duque de Angulema jams quiso poner cosa alguna por escrito que pudiese indicar que la Francia sala garante de que el Rey conservara las libertades patrias, dejando todo a la voluntad de S.M. Preguntando el General Alava qu hara S.A. el Duque de Angulema, si el Rey no quera dar tal constitucin, sino mandar despticamente, se le contest que lo abandonara retirndose a Francia con sus ejrcitos ¡Buen modo de salir garantes! Deseando el Gobierno constitucional dar todos los pasos que sin degradarle pudiera conducirle a una composicin, se propuso por medio de otra carta autgrafa de S.M. que siguiendo los ejemplos que presenta la historia se eligiese un punto igualmente distante de ambas lneas, o bien un buque

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133 neutral en medio de la baha de Cdiz, donde concurriesen el Rey y el Duque de Angulema, con iguales guardias de honor, o sin ellas. Esta proposicin fu igualmente desechada, y se cortaron nuevamente las comunicaciones. Sigui el plan de seduccin y se vi con dolor pervertido el Regimiento de San Marcial, uno de los ms constitucionales, pues era el mismo que con la denominacin de “Regimiento de Aragn”, en compaa del “de Asturias”, haba dado el primer grito de libertad bajo las rdenes de Riego. A pocas guardias que hicieron en Palacio quedaron pervertidos, y en Cdiz se saba privadamente hasta las personas que efectuaban esta seduccin, que poco a poco lleg a contaminar casi todo el ejrcito. Slo se poda contar con la milicia local de Madrid, y parte de la de Sevilla, que abandonando a esta ciudad, se haban reunido en la isla gaditana. La milicia activa estaba tan pervertida como el ejrcito permanente, llegando el caso de ser preciso disolver algunos batallones de dicha milicia. No bast para impedir este contagio el gran nmero de sacrificios que se hacan para que al soldado nada le faltase, y efectivamente jams dejaron de tener buen rancho, ropa y paga corriente, cuando el estado de sitio encareca los comestibles, y cuando no haba ningn empleado, a no ser militar, a quien se le pagasen sus sueldos por entero, y a todos se les deban muchos atrasados. El gabinete ingls antes de la traslacin de las Cortes y del Gobierno a Cdiz haba ofrecido su mediacin. El Gobierno espaol contest que estaba pronto, pues slo deseaba la tranquilidad; pero que una medicacin supona una guerra, o por lo menos una queja o desavenencia entre dos gobiernos, y que absolutamente se saba cul era la queja de la Francia, y as que empezase por explicarse. En consecuencia el Gobierno francs manifest que absolutamente tena queja alguna de la Espaa; pero que las doctrinas establecidas en esta nacin podan ser perjudiciales a la Francia. Las Cortes y el Gobierno jams hubieran procedido a alterar la Constitucin, porque no tenan facultades pero a lo menos, si el Gabinete francs hubiera procedido con franqueza, hubiera sealado los artculos que deseaba se alterasen, y no hubiera hablado genricamente. Mas no se quera sino la total destruccin de la libertad espaola, y el Gabinete ingls permaneca pasivo observador de este grande atentado. El Gobierno constitucional que por stos y otros antecedentes, estaba ntimamente persuadido, de que el verdadero origen de los males de Espaa era el Gabinete ingls, quiso hacer evidente esa verdad, y dar una prueba de que no omita medio alguno de composicin. Propuso, pues, al Gobierno Britnico que mediase en el asunto, y la respuesta fu, que para esto era preciso que la Francia admitiese la mediacin, y que lo comunicara al Duque de Angulema. Este respondi que de ningn modo la admita, y la Ingla-

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134 terra, afect no percibir la gran diferencia que hay entre ser rbitro, y ser mediadora, una nacin, pues, para lo primero, es indispensable que ambas partes convengan en constituirla rbitro, mas para la segunda, basta el carcter de amigo respetable que desea conciliar los nimos, adems de que, trataba de un inters comn, cual era el no reconocer el derecho de intervencin que ejerca la Francia contra todos los pactos de las naciones, y ha permitido que de cierto modo se sancione para lo futuro, que los pueblos no pueden arreglar sus cosas interiores, sino que han de estar a la merced del ms fuerte. Habiendo capitulado indecorosamente el general Ballesteros, despus de la defeccin de Abisval, de Morillo, y de otros muchos, teniendo los enemigos ganadas las tropas, y no habiendo ya de donde sacar dinero alguno, se vea reducido el Gobierno Constitucional a la ms triste situacin. Esta fu mucho ms crtica, cuando se hizo pblico el abandono, en que le dejaba la Inglaterra, cuya proteccin siempre esperada por los incautos, haba sido entonces un prestigio para el Gobierno Constitucional. Acaeci la entrega del castillo de Sancti-Petri por una sublevacin de la tropa contra su comandante, y aunque los franceses hicieron la apariencia de un ataque martimo, solo consisti ste, en que un navo disparase algunas descargas a tanta distancia del castillo, que ni siquiera una bala di en sus murallas. Esta desgracia estrech un poco el sitio de Cdiz, pues ya no era fcil la introduccin de vveres por el ro cuya entrada dominaba aquel castillo. Sin embargo, ese apremio no produjo el efecto que esperaban los enemigos, y emprendieron otro abiertamente contrario al decantado respeto que decan tener al Rey y su familia, cual fu el haber aproximado sus lanchas caoneras y botes a la muralla del Norte de la ciudad, que era cabalmente la situacin del Real Palacio, y haber arrojado en el espacio de tres horas y media, cerca de trescientas entre bombas y granadas, de las cuales muchas cayeron cerca de aquel edificio. Sin duda creyeron los franceses que el pueblo de Cdiz obligara al Gobierno a capitular; pero sucedi todo lo contrario, porque jams ha tenido tanta serenidad y slo se apoder de una justa indignacin hacia los que as le trataban. Conociendo, pues, los enemigos que no podan contar con el pueblo para su intento, doblaron sus empeos con las tropas. Al da siguiente, el Regimiento de San Marcial (¡quin lo creyera!) proclam al Rey absoluto, y una parte de l iba a entregar por traicin una de las bateras de la isla. El general hizo fusilar inmediatamente a siete de los conspiradores, haciendo pasar a los dems por sobre los cadveres; pero nada bast. Al da siguiente, el mismo general manifest al Gobierno que absolutamente tena confianza en su tropa; y por ltimo, llegaron los soldados a tal grado de insolen-

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135 cia, que abiertamente dijeron, que si el general o al Gobierno no capitulaban con el enemigo, ellos lo haran. No en balde con mucha anticipacin predecan todos los sucesos los franceses, y el da del bombardeo contaban con ese Regimiento de San Marcial, y con un batalln de la milicia activa, que ambos estaban dentro de la plaza; pero afortunadamente se haban hecho salir el da antes, sea por casualidad, o por datos que ya se tuvieran. En consecuencia de estos hechos y de los partes del General en Jefe del Ejrcito form el Gobierno una junta compuesta de todos los generales que haba en la isla, y todos unnimemente convinieron en que era imposible hacer la defensa de la plaza en el estado en que se hallaba la tropa, y que al menor ataque de los enemigos, no habra medios para evitar que el heroico vecindario de Cdiz fuese vctima de la barbarie de una soldadesca as espaola, como francesa. Visto que ya absolutamente no haba recurso, pues los defensores se convirtieron en los ms temibles enemigos, las Cortes contestaron al Gobierno, que cuando la necesidad llegase al extremo, procurase sacar del enemigo todo el partido posible en favor de las libertades patrias, protestando las Cortes contra la fuerza que induca esa necesidad, y dejando a salvo los derechos de la nacin para que los reclamase luego que pudiese. El Gobierno, esto es, el Ministerio, no lleg a hacer uso de este acuerdo de las Cortes, antes bien, los Ministros fueron de opinin que se deban dar algunos pasos, y tomar algunos recursos, antes de que S.M. pasase al Puerto de Santa Mara, lo cual slo deba hacerse en el ltimo extremo; mas el Rey determin por s mismo el hacerlo, a pesar de que los Ministros renunciaron sus destinos. Fu admitida su renuncia; pero se les dijo que estuviesen al lado de S.M. hasta su salida, como lo efectuaron. Para preparar un golpe como ste se di el manifiesto de 30 de Septiembre, que S.M. se hizo leer con mucha detencin antes de firmarlo, y por su orden se borraron expresiones y aun renglones enteros, de modo que todo indicaba que su nimo era no comprometerse a ms de lo que quera cumplir, como as lo manifest claramente de palabra. Pocos das antes haba dicho S.M. que en caso de que las cosas se alterasen, pensaba muy mal y le injuriaba en que creyese que en su Real nimo poda caber la idea de persecucin, pues slo deseaba que las cosas se compusiesen de modo que todos estuviesen satisfechos, y hubiera paz entre los espaoles. A los dos das de estar S.M. entre los franceses, expidi una orden en que deca, que hallndose restablecido en la plenitud de sus derechos, y deseando que gozasen de la misma libertad todos sus fieles vasallos, dispona que fuese puesto en libertad el general Downe, y dems presos de la conspiracin de Sevilla, pues su delito no era otro que haber sido fieles al

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136 Rey. Este lenguaje ya no dejaba duda de las intenciones del Monarca. Sin embargo, las Cortes permanecieron tranquilas hasta que el da 3 de Octubre a las cinco de la tarde, se recibi otra orden para entregar al da siguiente la plaza a las tropas francesas, y en esa orden dirigida al general Valds, no se le daba tratamiento alguno, indicando todo que ya se le haba condenado como traidor. Los diputados y dems patriotas comprometidos empezaron precipitadamente a buscar medios de escapar, y efectivamente salieron, cuando ya iban entrando las topas francesas. Los ms se refugiaron en Gibraltar, y otros en Tnger. Tal es en resumen, la desgraciada historia de los ltimos sucesos polticos de Espaa.[Jos Ignacio Rodrguez: Vida del Presbtero Don Flix Varela. Segunda edicin, Arellano y Ca, editores, La Habana, 1944.]

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TERCERA PARTEEl Habanero Papel poltico, cientfico y literario(1824-1829)

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139El Habanero, peridico escrito y editado por Flix Varela desde el exilio, entre 1824-1826, fue considerado subversivo por las autoridades espaolas que prohibieron su entrada y circulacin en la isla. No obstante, El Habanero, logr circular de forma clandestina entre los grupos ms progresistas de la sociedad, fundamentalmente entre la intelectualidad criolla vinculada al maestro. Por la importancia de sus escritos poltico-filosficos, El Habanero es una fuente de primera mano para conocer el pensamiento de Varela y en sentido general poder obtener una visin de la poca y de la problemtica que debi enfrentar. Ya desde el perodo de la seudo-repblica los historiadores de tendencia nacionalista se dieron a la tarea de rescatar y editar las obras de nuestro ilustre pensador; en este sentido, se produjo en 1945 la primera edicin de El Habanero por la editorial de la Universidad de La Habana, con una introduccin de Enrique Gay Calb. Esta edicin de 1945 solo comprende la publicacin de seis nmeros, pues como aclara el propio Gay Calb, en su introduccin, no le haba sido posible completar los 7 nmeros de El Habanero a pesar de su bsqueda en las bibliotecas de Filadelfia, New York, Washington, Madrid, Pars, Mxico, La Habana y en el Vaticano. En 1977, vuelve a editarse El Habanero, pero insertado en la compilacin Escritos polticos de Flix Varela, seleccin de Joaqun G. Santana, donde se reproducen los seis nmeros editados en 1945. Tenemos la satisfaccin de poder publicar por vez primera, el tomo II, N1 de El Habanero, al que muchos autores han denominado nmero siete. Esto ha sido posible gracias a la donacin que en noviembre de 1979 hiciera a la Biblioteca Nacional, el norteamericano Lee Williams, Responsable del Archivo de la Coleccin Latinoamericana de la Universidad de Gale.

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140El propio Lee Williams expone en la carta que envi junto a su donacin: ...“Qu lstima que el Sr. Gay no recurri ... a New Haven, Connecticut. La biblioteca de Gale tiene la coleccin completa de El Habanero y la copia del nmero que adjunto es el que hace falta a la edicin de 1945”... La publicacin completa de El Habanero permitir conocer a los lectores el cuadro que Varela logr conformar de nuestra realidad colonial, despus de profundos anlisis y reflexiones. Esta edicin se efecta sobre la base de los nmeros originales.M. G. R.

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EL HABANEROPapel poltico, cientfico y literario Redactado por Flix Varela Tomo I No. 1Filadelfia En la Imprenta de Stabely y Bringhurst, No. 70, Calle tercera del sud. 1824

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...Die natura al nascimento umano, Verso il caro paese ov’ altri e nato, Un non so che di non inteso affeto, Che sempre vive e non invecchina mai. Come la calamita, ancor che lunge Il sagace nocchier la porti errando Or dove nasce or dove more il Sole, Queli’ occulta virtute ond’ ella mira La tramontana sua nom perde mai: Cosi chi va lontan dalla sua patria Bench molto s’aggiri, e espesse volte In peregrina terra anco s’ annidi Quel naturale amor sempre ritiene Che pur I’ enchina alle natie contrade. PASTOR FIDO11 Este exordio apareca en todos los nmeros de El Habanero. (Nota de las Editoras.)

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145 Es tan frecuente entre los hombres encubrir cada uno sus verdaderas intenciones y carcter, que la persuasin general de que esto sucede, parece que deba ser un preservativo para evitar muchos engaos en el trato humano; pero desgraciadamente hay ciertos medios que sin embargo de ser bien conocidos, producen siempre su efecto, cuando se saben emplear, y la juventud, que por ser generosa siempre es incauta, cae con frecuencia en los lazos de la mas negra perfida. Yo llamo a estos medios mscaras polticas por que efectivamente encubren al hombre en la sociedad, y le presentan con un semblante poltico muy distinto del que realmente tendria si se manifestase abiertamente. Son muchas estas mscaras, pero yo me contraer a considerar las principales que son el patriotismo, y la religin; objetos respetables, que profanados, sirven de velo para encubrir las intensiones ms bajas, y aun los crmenes mas vergonzosos. Los que ya otra vez he llamado traficantes de patriotismo tienen tanta prctica en expender su mercancia, que por mas defectuosa que sea, consiguen su venta con gran ganancia, porque siempre hay compradores incautos. La venta se hace siempre por empleos o por dinero, quiero decir, por cosa que lo valga; pues nadie es tan simple que pida una cantidad por ser patriota. Es cierto que algunas veces slo se aspira a la opinin mas es por lo que ella puede producir; pues tal especie de gente no aprecia sino lo que da autoridad o dinero. Hay muchos signos para conocer estos traficantes. Se observa un hombre que siempre habla de patriotismo, y para quien nadie es patriota, o solamente lo son los de cierta clase, o cierto partido. Recelemos de l, pues nadie afecta mas fidelidad, ni habla ms contra los robos que los ladrones. Si promete sin venir al caso derramar su sangre por la patria, es ms queMSCARAS POLTICAS

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146 probable que en ofrecindose no sacrificar ni un cabello. Si recorre varias sociedades secretas (como los que en Espaa fueron sucesivamente masones, comuneros, etc.) enmascarado tenemos y mucho ms si el cambio es por influjo, que adquiere la sociedad donde pasa,a bien que jams deserta uno de estos de la sociedad preponderante, a menos que en la otra no encuentre algunas utilidades individuales, que acaso son contrarias al bien general, mas no importa. Sin embargo debe tenerse alguna indulgencia respecto de ciertos pretendientes, que siendo buenos patriotas, tienen la debilidad de arder en el deseo de un empleo, y entran en la sociedad que cree tener ms influjo, y sucesivamente las recorren todas (como me consta por experiencia) para ver donde consiguen. He dicho que debe tenerse alguna indulgencia, porque a pesar de que su conducta no es laudable; suelen tener un verdadero amor patrio, y ni por el empleo que solicitan ni por otra utilidad alguna serian infieles a su patria. Pero estos no son muy comunes, y su principal defecto consiste en confundirse con los enmascarados circulantes; pues al fin un ambicioso es mas sufrible que un infame hipcrita poltico. Aun en algunos casos no podr graduarse de ambicin el esfuerzo imprudente de algunos por colocarse en la sociedad, y a veces por huir de la miseria. Otro de los signos para conocer estos especuladores es que siempre estn quejosos, porque saben que el sistema de conseguir es llorar, pero ellos lo hacen con una dignidad afectada, que da a entender que el honor de la patria se interesa en su premio, ms que su inters particular. Suele orseles referir las ventajas que hubieran sacado no siendo fieles a su patria, las tentativas que han hecho los enemigos para ganrselos, la legalidad con que han servido sus empleos; cosas que tambin hacen, y deben hacer los verdaderos patriotas, pero cuando la necesidad y el honor lo exigen, y con cierta modestia tan distante de la hipocresa como del descaro y atrevimiento. La patria a nadie debe, todos sus hijos la deben sus servicios; cuando se presentan mritos patriticos es para hacer ver que han cumplido unas obligaciones. Esta debe ser la mxima de un patriota. Un especulador viene por su paga; pdala en efectivo como un mercenario, dsele, y vaya en paz. ¡Cuntas veces se les oye decir que estn arrepentidos de haber hecho servicios a la patria, y que si hubieran consultado mejor sus intereses hubieran sido sus enemigos! Estos viles confunden siempre la patria con el gobierno y si este no les premia (merezcan o no el premio) aquella nada vale. Para conseguir su venta con ms ventaja suelen hacer algunos sacrificios, y distinguirse por algunas acciones verdaderamente patriticas pero muy pronto van por la paga, y procuran que sta sea cuantiosa, y valga mas

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147 que el bien que han hecho a la patria. Ellos emprenden una especulacion poltica lo mismo que una especulacin mercantil; arriesgan cierta cantidad para sacar toda la ganancia posible. Nada hay en ellos de verdadero patriotismo; si el enemigo de la patria les paga mejor, le servirn gustosos, y si pueden recibirn de ambas partes. Sobre todo el medio ms seguro para conocer estos enmascarados es observar su conducta. Yo jams he credo en el patriotismo de ningn pcaro. Por ms que se diga que la vida pblica es una cosa y la privada es otra: prueba la experiencia que estas son teoras, y vanas reflexiones sobre lo que pueden ser los hombres, y no sobre lo que son. Hay sus fenmenos en esta materia, quiero decir, hay uno u otro hombre inmoral en su conducta privada y de excelente conducta como hombre pblico o cuando se trata de el bien de la patria, aunque hablando con toda franqueza yo no he conocido ningun hombre de esta especie, y creo que sera muy difcil demostrar uno. He odo hablar mucho sobre esta materia, pero nunca se han pasado de raciocinios. Sobre todo, los casos estraordinarios no forman regla en ninguna materia. Debe tenerse presente que los pcaros son los que ms pretenden pasar por patriotas, pues convencidos de su poca entrada en la sociedad, y aun del desprecio que merecen en la vida privada, procuran por todos los medios conseguir algo que les haga apreciables, y aun necesarios. Ellos siempre son temibles, y es desgraciada toda sociedad grande o pequea donde tienen influjo y aprecio hombres inmorales. Muchos aspiran a este ttulo de patriotas entre la gente incauta, e ignorante, para hacerse temer aun de los que los conocen, y saben lo que valen. Hablan, escriben, intrigan, arrostran a todo el mundo, todo lo agitan, no paran un momento, arde en su pecho el sagrado fuego del amor patrio, se difunde esta opinin, y est conseguido el intento. Si se les persigue, est en ellos perseguido el patriotismo, si se les castiga, son vctimas del amor patrio, en una palabra, consiguen ser temidos. Piden entonces premio por no hacer dao, y como siempre hay hombres dbiles, ellos logran su proyectada ganancia. Tambin deben contarse entre estos enmascarados cierta clase de tranquilizadores, que tienen la particular gracia de producir los males y curarlos. Todo lo componen y tranquilizan, porque no hacen ms que dejar de descomponer y atizar, y las cosas por su misma naturaleza vuelven al estado que tenan. ¡Cuntas disenciones, y trastornos populares se han producido sin otro objeto que el de componerlos despus, y ameritarse sus autores! Si no consiguen remedar el mal, por lo menos hacen ver sus esfuerzos para impedirlo y esto les adquiere el ttulo de buenos pariotas. Sacrifican mil vctimas, pero eso no importa si hacen su ganancia.

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148 Hay aun otra clase de tranquilizadores ms hbiles, que son los que saben fingir males que no existan, y abultar los verdaderos en trminos, que la multitud se persuada que esta es gran peligro y despus mire como a sus libertadores a los que han sido sus verdugos. Todo fingen que se debe a su celo, actividad, y prudencia; si no hubiese sido por ellos, el pueblo hubiera sufrido horribles males. Hacen como algunos mdicos ignorantes que para ameritarse ponderan la gravedad del enfermo, aunque sea poco ms de nada lo que tenga. ¡Qu partido saca de la sencillez de muchos la sagacidad de algunos! Otra de las mscaras que mejor encubren a los pcaros es la religin. Estos enmascarados agregan a su perfida el ms execrable sacrilegio. Se constituyen defensores natos de una religin que no observan, y que a veces detestan. La suponen siempre perseguida y abatida. Se dan el aire de confesores y a veces el de mrtires de la f (¡bien merecen ser mrtires del dablo!) atribuyendo a las personas ms honradas, y aun a las ms piadosas las ideas e intenciones ms impas y abominables. En una palabra ellos conocen el influjo de las ideas religiosas, y saben manejarlas en su favor. Mas esta especie de mscara ya casi no merece el nombre de tal, pues solo producen un efecto entre personas muy ignorantes. Hay otro medio de cubrirse con la religin, mejor dicho con el fanatismo, aun ms especioso y consiste en presentar los males que efectivamente produce ese monstruo, y causar otros tantos y acaso ms, que includos en el mismo nmero, se les atribuye el mismo origen, y que dan sus autores jugando a dos caras. No hay cosa mejor para el que tiene que dar cuentas que la quema de un archivo, porque luego se dice que todos los papeles estaban en l; as en el orden poltico suelen atizar el fanatismo los que quieren que produzca estragos, para declamar contra l, y atriburle todos los males. Hay otros menos perversos que no fomentan ni incitan directamente el fanatismo, pero s se aprovechan de la ocasin que el les ofrece. Suelen tambin constituirse entonces en sus perseguidores, pero es o para inflamarlo, o para sacar algn partido ventajoso en otro respecto. En todos estos manejos infernales aparece la religin como objeto principal, cuando slo est sacrlegamente convertida en una verdadera mscara. Siempre abundan estos enmascarados, porque siempre hay hombres infames para quienes las voces patria y virtud nada significan, pero en los cambios polticos es cuando ms se presentan, porque entonces hay ms proporcin para sus especulaciones. Nada hay ms fcil que conocerlos si se tiene alguna prctica en observar a los hombres. Esta es la que yo recomiendo a la juventud para quien principalmente escribo.

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149 En todas las mutaciones polticas se observa que los hombres mudan de conducta porque mudan de intereses, pero sin embargo hay una gran diferencia entre los que cediendo a la imperiosa ley de la necesidad se conforman con obedecer y aun aspiran a merecer por su buena conducta en el nuevo orden de cosas, y los que van mudando de opinin segn advierten que se mudan las cosas, y procuran ostentar que nunca pensaron como todo el mundo sabe que han pensado o que por lo menos nunca se sabe que piensan, pues no consta cuando finjen. La prudencia aconseja no arrostrar temerariamente, y ser vctima de un deseo inasequible, pero esta misma prudencia, y el honor exijen que los hombres no se degraden y se pongan en rdiculo, ostentando diversos sentimientos, y diverso plan de ideas segn el viento que sopla. En la cada de la Constitucin espaola se han observado muchos de estos cambia-colores que a semejanza de los lagartos iban mudndose poco a poco, y tomando diversas apariencias hasta tener la que conservan de serviles, y que dejaran muy pronto si las cosas se mudasen. Era una diversin, y una rabia, ver algunos de estos lagartos en la plaza de San Antonio de Cdiz. Segn se iban estrechando las distancias, variaban el lenguaje, y hombres que antes eran exaltados furiosos, iban apareciendo ms que moderados, al da siguiente, un si es no es serviles, hasta que en los ltimos momentos ya eran como los lacayos de palacio. Muchos de los empleados empezaron por decir: al fin parece que conservarn los empleos... puede ser que el rey cumpla.... algo es algo.... qu hemos de hacer -Al poco tiempo ya decanEs claro que el sistema constitucional por bueno que sea nos ha perdido, y ltimamente ya preguntaban cundo se capitula con los franceses? cundo se acaba esto? En el da estarn en Espaa pasando porCAMBIA-COLORES

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150 fieles vasallos del rey los que ms de una vez acusaban a las Cortes de dbiles porque no proporcionaban un medio de matarle. Ahora estos mismos delatarn hasta a su padre por liberal, as como antes delataban a toda clase de personas ante la opinin pblica como serviles, y delataban slo ante la opinin, porque en el tiempo constitucional no poda procederse contra nadie por su modo de pensar, sino por sus opiniones, o verdaderos delitos. Estos mismos dicen ahora con frecuencia en el tiempo de las llamadas Cortes, en el llamado sistema constitucional, en el desgraciado tiempo de anarqua &c. &c. y antes decan en el tiempo del despotismo, en la cruel poca de la esclavitud y tirana. Aunque los cambia-colores son bichos que abundan en todos los pases, yo no he podido menos de hablar de los de Espaa, porque verdaderamente han sido los ms particulares y descarados. La sucesin que ha habido de gobiernos ya absoluto ya constitucional los ha puesto en el caso de darse a conocer, y a la verdad que ha habido hombres bien ridculos. Su conviccin ha sido siempre instantnea, en el momento en que ha cado una clase de gobierno se han convencido de sus vicios, y de las perfecciones de que le ha reemplazado. La desgracia de estos cambia-colores ha hecho que vuelva el gobierno anterior, y ellos en el momento se han convencido de que no tiene aquellos vicios que pensaban, y que es el mejor del mundo. Lo ms particular es que se empean en persuadir (y persuaden a algunos) de que jams han variado de opinin, sino que por prudencia —por evitar una persecucin— por no sacrificarse intilmente -Como si no fuese tan fcil distinguir las operaciones dictadas por la prudencia, de las que no tienen otro origen que la ambicin, y rastrero inters. Estos indecentes en el tiempo constitucional no haba dao que no atribuyesen al tiempo del absolutismo. Nada haba hecho el rey que no fuese un absurdo; aun aquellas cosas de una utilidad conocida eran perjudicialsimas, y ahora por el contrario de todo tienen la culpa la Constitucin, y los constitucionales. Si no se hubiera interrumpido el gobierno absoluto bajo el mejor de los reyes (que antes era el mayor de los tiranos); ¡qu bienes no hubiera conseguido la nacin! Infames el hombre que no puede hablar lo que piensa, calla si tiene honor. Es cierto que en todo cambio de sistema poltico puede haber sus convertidos, y efectivamente la gran fortuna de un nuevo gobierno es formarse proslitos entre los que antes eran sus enemigos; pero la ficcin del convencimiento es lo ms degradante y ridculo que puede imaginarse. Esta es muy fcil de conocer, y slo creen que est oculta los mismos que la hacen. El nuevo gobierno si no es muy estpido desprecia estos entes como debe, o a lo menos toma sus precauciones antes de poner en

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151 ellos su confianza (que jams les conceder si conoce sus intereses) y respecto del pueblo quedan siempre marcados, y se les desprecia como a unos hombres bajos, que no tienen otro fin que la especulacin. Los hombres de honor cuando mudan de opinin es por un convencimiento, y presentan las razones que les han obligado a hacerlo; pero jams niegan su antiguo modo de pensar, porque como su conciencia nada les acusa, y siempre han tenido por objeto el bien de su patria, no creen que deben encubrirse. Estos inspiran confianza y mucho ms si la observacin que se ha hecho de ellos manifiesta que siempre han tenido igual conducta: estos son una verdadera ganancia para un nuevo gobierno; pero estos son muy raros, as porque no es fcil encontrar hombres de tales sentimientos, como porque es muy difcil convencer en materias polticas. Quin convence a un verdadero liberal de que es bueno el gobierno absoluto? Ad. calendas graecas. Nada hay ms respetable que la firmeza de carcter en los hombres, y la ingenuidad. Algunos serviles aunque pocos dieron gran ejemplo de estas virtudes en tiempo de la constitucin; jams negaron que sus ideas haban sido y eran contrarias, y que slo un convencimiento a la experiencia de los bienes que produjese el nuevo sistema podra hacerles variar de ideas. Estos hombres lejos de ser molestados inspiraban cierto respeto y los liberales les miraban con bastante consideracin. Es reconocido en ellos un alma firme y pundonorosa, y se esperaba que desengaados produciran muchas ventajas. Por el contrario muchos que haban sido los ms encarnizados perseguidores de los liberales, quisieron dar prontamente pruebas no de liberalismo, sino de desenfreno, mas tuvieron la desgracia de que a muy pocos engaaron. El desprecio sigue siempre a los cambia-colores.

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152 Por muy poco que se reflexione sobre el estado actual de la isla de Cuba se conocer claramente que su riqueza debe ir decayendo rpidamente hasta desaparecer y con ella toda la felicidad de sus habitantes, para quienes el no tener una vida cmoda es estar en extrema miseria, y esta ser mas sensible que en ningn otro pas, porque sin duda quedarn en el pie todas las preocupaciones, y costumbres hija de la abundancia sin existir los medios de llevarlas adelante. Al sufrimiento de la escasez se agrega el de la vergenza en la mayor parte de las familias, y su estado ser verdaderamente lamentable. No es este un vaticinio (¡pudiera yo vaticinar a mi patria das muy felices!) es una deduccin bien clara de los hechos que estn a la vista de todo el mundo. La isla de Cuba ha sido rica por su situacin geogrfica, sus excelentes puertos, sus frtiles terrenos, la naturaleza de sus frutos, que por muchos aos casi no han sido rivalizados, o por lo menos no lo han sido en trminos de impedir su venta con ventajas considerables. Agregbase a estas causas una bastante poderosa, y es que gracias a ciertos jefes cuya memoria ser eterna entre los que amen aquel suelo, a pesar de los ataques del gobierno superior, supieron usar de un obedezco sin dar cumplimiento que ha proporcionado a la isla no slo el libre comercio, sino una consecuencia necesaria en el estado de las dems provincias de Amrica, que fu constituirla como la proveedora de casi todas ellas, pasando los gneros estrangeros bajo bandera espaola, del puerto de la Habana a los dems de Amrica, donde por causas que no es de este momento manifestar, no se tena igual franquicia, y sus habitantes ms tmidos o menos maosos no supieron proporcionrselas. Desde que empez la insurreccin de Costa firme han sido enormes las erogaciones de la isla, y los perjuicios causados por los corsarios deCONSIDERACIONES SOBRE EL ESTADO ACTUAL DE LA ISLA DE CUBA

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153 Colombia, pero aun quedaba alguna indemnizacin por las ventajas considerables de las expediciones a otros puertos; mas en el da todo falta, y cada vez faltar ms. Ya muchas de las casas de seguro se niegan a asegurar ninguna clase de propiedad que salga de los puertos de la isla para los dems de Amrica, y la que accede es con un premio considerable; no hace muchos das que en esta ciudad se ha asegurado a 17 por 100 despus de haberse negado al seguro la mayor parte de las casas, bajo toda especie de condicin. Los colombianos aumentan cada da su fuerza naval, y entre poco tiempo se pondrn en aptitud de que no se les escape ni un buque. Si a esto se agrega el saqueo de los piratas cuyo nmero se aumentar diariamente, es fcil conocer cul ser la situacin de la isla. De la marina espaola no hay que esperar sino que gaste un milln de pesos todos los aos (y en algunos mucho ms de un milln) y que jams tenga un buque corriente. Al mismo tiempo inundan de azcar y caf los mercados de Europa otros muchos pases donde son infinitamente menores los gastos de produccin y no hallndose expuestos a otros riesgos que los del mar; rivalizan, y aun puede decirse que excluyen la concurrencia de los frutos cubanos. Es pues evidente que la riqueza de la isla debe retrogradar a pasos gigantescos y que, con la santa apata la muerte sera por consuncin, si no hubiera quien la abreviase. Es preciso no perder de vista que en la isla de Cuba no hay opinin poltica, no hay otra opinin que la mercantil. En los muelles y almacenes se resuelven todas las cuestiones. Cul es el precio de los frutos? Qu derecho colectan las aduanas? Alcanzan para pagar las tropas y empleados? He aqu las bases; los dems queda para entretener las tertulias (cuando se poda hablar) pero no produce ni producir un verdadero efecto poltico. Las sociedades secretas de que tanto se teme han sido bien insignificantes en este punto, la mayor parte de los asociados despus de haber hablado en ellas con acaloramiento llegan a sus casas, y ya todo par, nada queda sino el deseo de que continen los goces. Solo el ataque, de las bolsas puede alterar el orden poltico de la isla, y como este no dista mucho, pues que ya empieza a sentirse, es claro que el actual gobierno tiene mucho que temer. Llamo ataque de bolsa a los efectos de una guerra en que todas son prdidas y no hay ni una ganancia, llamo ataque de bolsas el que obligara a cerrarse muchas casas de comercio, y a arruinarse muchos hacendados, sin necesidad de que haya un movimiento popular ni pisen los enemigos el territorio. Mas esto me conduce a una consideracin algo ms seria y en que es preciso, hablar con toda claridad. Ya hasta los nios de escuela saben que concluirse la guerra del Per y efectuarse la invasin de la isla por las tropas colombianas es casi todo

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154 uno. Si son ciertas las ltimas noticias dicha guerra est casi terminada, pero aun cuando as no sea, creo que toda la probabilidad est en favor de los patriotas. Pongmonos pues en el caso de la invasin, que es inevitable, y reflexionemos que no basta que un pueblo quiera estar quieto si otros ms fuertes se empean en que no lo est. La invasin producir indudablemente infinitos males, pero no estamos ya en el caso de discurrir sobre ellos, pues no es punto en que se nos permite elegir, la necesidad y utilidad de Colombia sern las causas impulsivas y stas no se remueven estndose quietos. Es evidente que si los invasores guardan alguna moderacin, si en vez de darse el aire de conquistadores toman el de protectores, si respetan las propiedades, y sobre todo si no hacen la guerra a otra clase de personas, que a los que tomen las armas contra ellos, su partido ser numerossimo, pues se les unirn muchos que seguramente tomaran las armas contra ellos si observasen otra conducta, y en este nmero cuento no solo a los naturales sino tambin a los europeos. La persecucin que a unos y otros se ha hecho y est haciendo por opiniones polticas, y si se quiere por operaciones contra el actual gobierno, los ha predispuesto a adoptar cualquier partido, y ponindolos en contacto por la identidad de desgracia, har que se renan los que no ha mucho que casi queran degollarse mutuamente. Es un error calcular sobre el odio que se ha procurado difundir entre naturales y europeos, este ni es como se supone, ni durar ms tiempo que el que dure en generalizarse algo ms la identidad de peligro. El horizonte poltico no promete otra cosa, y es menester no olvidar que prescindiendo de rencillas particulares cuyo efecto se contrae a cierto nmero de personas, los odios de partidos cesan luego que variando el inters, nico mvil del mundo vara la opinin, y es de temer, que los que antes eran ms anti-independientes sean los ms acalorados protectores de la independencia de la isla, si consideran que solo de ese modo estn seguros. Muchos de los comprometidos ya por constitucionales ya por independientes (que en el estado actual es lo mismo) aun cuando no pensasen unirse a los invasores tendrn que hacerlo, pues atraern sobre s tal sospecha, y se vern en tanto peligro de ser presos o asesinados, que no les quedar otro partido, pues no todos tienen proporcin ni nimo para andar peregrinando por pases estrangeros. Es preciso no equivocarse, en la isla de Cuba no hay amor a Espaa, ni a Colombia ni a Mejico, ni a nadie ms que a las cajas de azcar y a los sacos de caf. Los naturales y los europeos radicados reducen su mundo a su isla y los que slo van por algn tiempo para buscar dinero no quieren perderlo. Las dems provincias de Amrica les han dado lecciones muy amargas, y ninguno ha venido a la isla de Cuba a trabajar por largo tiempo, para perderlo todo en una revolucin. En el da es sabido que han sacado del

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155 pas, y no para llevarlo a Espaa, gran parte de sus capitales, y en el momento en que las cosas se estrechen ser inmensa la salida de propiedades, para estar sus dueos en disposicin de emigrar en caso apurado. El que tenga un peso tendr tambin muy buen cuidado de sepultarlo, y no quedarn ms bienes visibles que las fincas (las que no se arruinaren) improductivas por s solas, y de ningn valor en tales circunstancias. Faltando los capitales y los brazos puede inferirse el resultado. Qu deber pues, hacerse? He aqu lo que nadie ignora y todos preguntan. Para la ignorancia afectada la mejor respuesta es el silencio.

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156 Dos conspiraciones ha habido en la isla de Cuba o mejor dicho dos jaranas para alterar su estado o forma poltica, ambas con el mismo fin aunque con distinto nombre, quiero decir ambas para la independencia de la isla, pero tomando la segundo el viso de restauradora de la Constitucin espaola. Esta es una prueba de que por ms que se diga empiezan ya a ponerse en relacin naturales y europeos, y aunque es cierto que ha sido corto el nmero y que como he dicho merece mas el nombre de una jarana que de una revolucin, sin embargo no puede ocultarse que aun este pequeo paso indica que la opinin empieza a girar, y como volteada una parte de los europeos es temible que el cambio sea ms general, puso en cuidado al gobierno este pequeo movimiento no por lo que era sino por lo que poda ser. La primera conspiracin llamada de los Soles fue formada esclusivamente por naturales, y esta ha sido la gran dicha del gobierno pues se le facilit presentarla a los ojos de los europeos como destructora de sus fortunas y aun de sus vidas. Algunas imprudencias de parte de los naturales haban predispuesto los nimos para esta persuacin, que en consecuencia no fue muy difcil. Esta decantada conspiracin, que tanto ruido ha hecho, en realidad no consista ms que en unos esfuerzos intiles por innecesarios para generalizar entre los naturales la opinin de independencia y tenerlos dispuestos para cuando llegase el caso. Casi todos los llamados conspiradores, que despus de serlo no agregaron nada a lo que haban sido desde que supieran andar, no tienen otro delito para el actual gobierno. Un corto nmero entr no en planes sino en conversaciones perjudiciales al mismo objeto, que se propona y otro aun mucho ms corto y puede decirse nulo sin conocimiento de todo el resto form proyectos menos acertados, que hubieran sido disueltos por todos generalmente.CONSPIRACIONES EN LA ISLA DE CUBA

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157 Se han hecho y acaso continan hacindose innumerables prisiones, y como el delito de los presos es casi general; tambin lo es la inseguridad y el sobresalto. La mayor parte de los delatadores se anticipan a serlo por ponerse a cubierta, pero son cmplices de los delatados, y yo no s si el gobierno ignora que los presos, a lo menos la mayor parte de ellos no son los que sirvieron de base, y los que valan ms en la conspiracin, y que si las cosas se llevasen con rigor sera menester convertir las ciudades en crceles. Ya en el sistema infame de las delaciones encontraron algunos el medio de hacer mal, pero otros ms diestros hiriendo por los mismos filos, parece que van hallando el de impedirlo. Se hacen ya delaciones bien capciosas, y se multiplican en trminos, que agitan los nimos y en cierto modo ponen en ridculo el gobierno fingindole gigantes para que arremeta. Quiera Dios que esa arma que se ha puesto en manos de la perversidad no produzca un efecto muy contrario del que se propone al gobierno; quiera Dios que el disgusto general no conduzca a una revolucin sangrienta, por ser fruto de la desesperacin. Apenas hay una familia que por parentesco o por amistad no est relacionada con alguno de los que estn presos, o de los que temen estarlo por hallarse en el mismo caso, y tal vez ms implicados. Aun los que no han dado paso alguno que les comprometa temen una venganza que cuando menos les har pasar un mal rato, como ya ha sucedido con una familia respetable -la confianza que haba en aquel pas para hablar cada uno con libertad lo que quera en su casa o en la de sus amigos falta enteramente, y el gobierno debe temer mucho que un pueblo privado por un espionaje de la libertad de hecho de que siempre ha gozado, y que ha sido el mayor vnculo de su unin a la pennsula, busque en s misma (que es donde nicamente existe) su felicidad o por lo menos la remocin de un tormento. En mi concepto las llamadas conspiraciones si han hecho algo en favor de la independencia ha sido proporcionar que haya muchos presos y otros que teman estarlo. Cada prisin vale por mil proclamas; lejos de extinguir el fuego de la insurreccin lo que hace es excitarlo pues el amor despierta en unos el deseo de la venganza y otros a quienes poco interesan las personas se alegran de la oportunidad. Es un aviso de que un partido va teniendo fuerza el que se hagan planes que motiven prisiones, y los que estaban predispuestos saben que hay gente de arresto con que contar y que slo necesita reforzarse. Una conspiracin sorprendida, es un ejrcito dispersado que slo necesita reunirse y aumentarse para volver a la Batalla. El gobierno verdaderamente no ha podido menos de tomar algun partido para contener a los conspiradores, sea cual fuere la importancia de la conspiracin, pero la experiencia me autoriza para decir que se ha equivocado en los

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158 medios, y que ahora es cuando existe la verdadera conspiracin, que es el disgusto de innumerables familias. Mientras el gobierno no pueda dar garantas al comercio de la isla, y a los capitales existentes en ella, no necesita ms conspiracin, y mucho menos ser necesaria si a esto se agrega, el furor que inspiran las persecuciones en un pas donde nunca las ha habido.

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159 Las conspiraciones perseguidas hasta ahora son obra de sociedades secretas, y stas son el ms firme apoyo del gobierno y el da que sepa que estn verdaderamente extinguidas es cuando ms debe temer. Parecer sta una paradoja, pero es una verdad muy obvia, pues aun cuando no se quiere discurrir sobre su fundamento, bastaran los hechos para demostrarla. En primer lugar las dichosas sociedades secretas entre los espaoles y entre todos los que hablan este idioma son de secreto a voces, todo el mundo sabe su objeto y operaciones, y solo se ignoran algunas puerilidades, y algunos manejos bien subalternos e insignificantes cuando se tiene conocimiento de lo principal. Por otra parte el gobierno hace entrar en ellas sus espas, y nada se le escapa, y por consiguiente pone los medios de dividir la opinin y evitar todos los golpes; mientras mayor sea el nmero de las sociedades secretas tanto mayor es la probabilidad, o mejor dicho la certeza de que jams harn nada. Las sociedades de la isla de Cuba lo mismo que las de Espaa no son ms que la reunin en secreto de un partido, que ni adquiere ni pierde por semejante reunin, y lo que hace es perturbarlo todo aparentando misterio donde no hay ms que mentecatadas en unos picarda en otros, y poca previsin en muchas que de buena f creen que todos los asociados operaban siempre como hablan, y que tienen la misma honradez que ellos. Estos hombres se hacen entrar en tales sociedades para darlas valor y prestigio. Por lo regular en semejantes sociedades solo la juventud entra de buena f pues en los primeros aos de la vida del hombre cuando aun no ha adquirido el hbito de fingir, ni los dobleces de la sociedad, y tiene todo el vigor de la naturaleza parte siempre por derecho, y se arroja abiertamente hacia el crimen o hacia la virtud. La voz patria siempre electriza el alma de un joven y todo lo arrostra por ella, pero en mayor edad se oyen siempre al mismo tiempo las voces ambicin, riqueza.SOCIEDADES SECRETAS EN LA ISLA DE CUBA

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160 Yo no apruebo semejantes sociedades en ningn pas que si aseguro que hay una gran diferencia entre las que existen en pueblos donde reinan las virtudes cvicas por un hbito que han contrado insensiblemente los hombres, de promover el bien pblico, y las que se forman en pueblos donde las instituciones no han inspirado este carcter. Estoy muy distante de impugnar estas sociedades por motivos religiosos, bajo este aspecto slo encuentro en ellas una infraccin de las leyes civiles donde estn prohibidas, y de las leyes eclesisticas entre los catlicos, fundadas no tanto en la conviccin de que semejantes sociedades tengan por objeto atacar la religin, cuando en la posibilidad de que esto suceda, en el escndalo que producen, y en los males que pueden causar a la sociedad, pues desde que se dice que un nmero de personas se renen en secreto haya derecho para sospechar, pues nadie est obligado a creer que son virtuosas por que ellas lo dicen, y al fin el que se esconde tiene que ocultar. Sin embargo yo jams afirmar que estas sociedades tienen por objeto atacar la religin, y en tal caso tampoco creo que se gana mucho con perseguirlas. Si las sociedades son verdaderamente secretas, cmo se sabe que su objeto es impugnar la religin? y si no son tan secretas que deje de traslucirse su objeto, por qu se les da una publicidad y un valor que no tienen? por qu se aumenta el nmero de sus proslitos persiguindolas? Por qu no se consideran como una reunin de impos, que no lo son porque estn reunidos sino que estn reunidos porque lo son? Dejarn de serlo por que no se renan? Dejarn de reunirse porque se les prohba? Al contrario es darles una importancia que acaso no tienen y excitar el espritu de venganzas y hacer que se les renan muchas personas cuyo carcter es la novedad, la singularidad, y la contienda, pues sin duda hay muchos hombres que gustan de estar siempre en campaas polticas y religiosas, sin ms razn sino que su espritu se cansa de un modo de pensar, y de un proceder montono y quiere agitarse. Por hacerse raro hay hombre que se hace libertino, y si todos fueran libertinos se hara devoto. Una gran parte de los que entran en tales sociedades no tienen otro objeto sino decir que estn en ellas, hablar con misterio, hacer cuatro morisquetas, y suponer que son hombres de importancia con quienes se cuenta para grandes negocios aunque sean unos trompos que bailen lo mismo de pa que de cabeza. Los hombres que en pblico carecen de virtudes y talento, sin duda no adquieren estos dones porque se junten en privado, antes al contrario dan rienda con menos temor a sus pasiones. En un pueblo donde la moral pblica aun no est cimentada no en las leyes sino en la opinin y carcter de los hombres no debe esperarse que las reuniones secretas sean de otra naturaleza. Todas estas asociaciones aspiran a engrandecerse as por el

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161 nmero de asociados, como por el valimiento que pueda tener cada uno de ellos, y de aqu resulta que la admisin es muy poco escrupulosa, y sin saber como los hombres de bien e instruidos se ven asociados con pcaros y tontos. Cuando estas sociedades secretas no tienen ms que objeto poltico, o mejor dicho objeto de especulacin, el primer paso que dan es declarar una intolerancia poltica, aun ms cruel que la religiosa; la patria solo es para los individuos de la sociedad; todos los que no le pertenecen, no son patriotas ni pueden aspirar a obtener ventaja alguna, los empleos (y este es todo el negocio) son el patrimonio de la sociedad, y el gobierno sea el que fuere no ha de seguir otro dictamen, ni tener otro impulso, sino el que ella le comunique; en una palabra se forma una aristocracia de un nuevo orden que no consiste en ttulos de grandeza, pero produce los mismos efectos bajo un aspecto democrtico, pues tiende a constituir en rbitros de la suerte del pueblo a cierto nmero de individuos. Haciendo lo mismo cada una de las sociedades result la guerra sorda y espantosa que tanto estrago ha causado en la infeliz Espaa. Otro de los males que producen en los pueblos nacientes o no constituidos las sociedades secretas es la desconfianza general porque en tales casos se sabe que se desplegan todas las pasiones y miras ambiciosas de que es susceptible el corazn humano, y todo mundo teme que el objeto de los asociados sea oprimir a los dems para gozar ellos. Supongamos que una sociedad secreta est formada de las personas ms virtuosas, que sus miras son las ms justas, y podr persuadir no digo a todos pero siquiera a la generalidad? No ser de temer que degenere, y que si al principio es santa acabe por ser infernal? Sus enemigos (porque los tiene toda sociedad) no esparcirn mil voces alarmantes contra ella, y no ser esto origen de infinitos males, y continuos sobresaltos? No provocar la formacin de otras sociedades antagnicas, produciendo daos mayores que los bienes que acaso puede producir. As es como toda la sociedad se divide en facciones, y en facciones que con cierta puerilidad ridcula proceden como por apuesta a quien vence prescindiendo de las ventajas de la victoria, y de los sacrificios hechos para conseguirla. No es menor el inconveniente que resulta de lo mucho que se exageran, y se hacen sonar estos negocios de sociedades secretas en un pueblo poco experto. Cualquiera junta secreta se supone desde luego que tiene gran nmero de partidarios que estiende su influjo por todas partes, y que sus proyectos son diablicos. De aqu el disgusto universal, y aun el terror de las personas poco reflexivas, al mismo tiempo que los especuladores polticos aparentan que slo viven por la patria que a sus desvelos debe sta

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162 el ver contenida una multitud de gente perversa que en las tinieblas meditaba destruirla &c. Cualquiera que medite sobre esta materia conocer que no me he equivocado o por lo menos que no carezco de fundamento cuando afirmo que en los pases como la isla de Cuba estas sociedades son indirectamente el apoyo del gobierno, ya sea que hablemos de las que se forman con este objeto, ya de sus contrarias. Mientras los nimos estn divididos el gobierno est seguro, o a lo menos tiene ms consistencia, pues en un pas donde por desgracia hay una especie de poblacin tan eterognea como en la isla de Cuba se necesita una unin mucho mayor que en otros pueblos para cualquier empresa poltica y la experiencia acaba de demostrarlo... Todo el mundo sabe que los comuneros y los masones del rito de Espaa, eran todos europeos y antiindependientes, y que en contraposicin estaban los masones del rito de York, la sociedad de la cadena, y la de los soles, compuestas todas de naturales. De este modo se marc mucho ms la separacin de naturales y europeos y se encendi el odio mutuo hasta el extremo de causar inquietudes a los hombres pacficos y sensatos. Pero qu hacan estas sociedades? Predicar a convertidos como suele decirse los europeos reunan europeos, y los naturales hacan lo mismo; ¡como si unos y otros no estuviesen naturalmente cada cual en su partido! En la isla de Cuba nadie duda que para conservar su estado poltico sea el que fuere, es necesaria la unin, y nada la interrumpe ms que esas asociaciones. Si son formadas por naturales suponen los europeos que son contra ellos, y al contrario. Es un error pensar que en un pueblo que se halla en la situacin crtica en que est la isla de Cuba, se puede hacer nada bueno sin unin, y aun es mayor error creer que se conseguir esta cordalidad reunindose cada partido en secreto. Las sociedades secretas de la isla de Cuba como dije anteriormente no son ms que la reunin de los partidos, y por eso se dieron muy pronto masones de Espaa y masones del rito de York, que quiere decir reunin de los naturales, que sin atender ms que a su pas prescindan enteramente de Espaa, y reunin de espaoles europeos que a todo trance estaban resueltos a promover los intereses de su pas natal. Estos mismos se dividieron como en Espaa en masones y comuneros, enemigos capitales, pero que sin embargo en la isla de Cuba convenan en hacer frente a los naturales siempre que se tratase de separar la isla de la madre patria. Cualquiera conocer que la formacin de una sociedad de europeos da origen a otra de naturales, y al contrario, las cuales sin aumentar como he dicho el nmero de los que quieren la independencia, ni el de los que la contraran solo sirven para encender ms el odio y preparar al pas das ms funestos. Mientras la diferencia slo consista en haber nacido unos ac, y otros

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163 all, y suponer por consiguiente los europeos que a los naturales les interesa muy poco la Espaa, y estos que los europeos solo atienden al inters peninsular; la divisin no era tan sensible, pero desde el momento en que cada uno de los partidos (llamarelos as ya que por desgracia han querido que sean) se figura que su contrario trabaja en secreto para destruirlo, se exaltan las pasiones, calla la razn, y slo se atiende a buscar medios de venganza. Aun los que no entran en las sociedades secretas toman inters por una y otra parte, pues es idntica la causa; no hay europeos sea o no sea masn, o comunero, que no est con unos y otros si se figura que los naturales forman reuniones para tramar su ruina, y por el contrario no hay natural que no est dispuesto a auxiliar a las sociedades secretas de los suyos, si conoce que los europeos se renen para querer dar el tono como suele decirse y oponerse a la felicidad del pas. Yo repetir una y mil veces que mientras haya sociedades secretas habr un odio infernal entre naturales y europeos y que a la verdad el gobierno acaso podr sacar partido, pero tambin puede suceder que estalle la revolucin en trminos muy desastrosos. Debe tenerse muy presente una observacin que har muy distinta la suerte de la isla de Cuba respecto a las dems partes de Amrica, y es que se procede sobre datos conocidos. Se saben ya los efectos de ciertas tentativas, se conoce la fuerza con que se puede contar, y cul es la naturaleza de los recursos, y lo que ms casi toda la poblacin es pensadora. No puede encontrarse una gran masa a quien alucinar, pues el ms rstico de nuestros campestres, tiene buena o mala su opinin sobre lo que conviene a la isla y es familia a quien se necesita convencer. Es muy corto el nmero de los que pueden ser conducidos maquinalmente, y aun estos solo podrn moverse en un sentido que es el que les halaga. Sera de desear que los naturales y los europeos en vez de formar asociaciones que agrava el mal lejos de curarle meditaran sobre el estado de la isla se acercaran unos a otros empezasen a conocerse no por hablillas y tonteras, sino por la confrontacin de intereses, que es como se saca la verdadera opinin en un pueblo donde como he dicho anteriormente discurre la mayor parte, pues nadie duda que los hombres piensan como utilizan. Por qu no ha habido hasta ahora revolucin en la isla? No es por otra causa sino porque hay muchos que piensen, pero las circunstancias podrn llegar a ponerse en trminos que los mismos pensadores crean que lo mismo se arriesga de un modo que de otro, y estos momentos sern muy peligrosos. Los desgraciados acaecimientos de otros pases han inspirado no hay duda gran desconfianza en la isla de Cuba entre naturales y europeos mas es porque no se ha querido meditar. En los dems pases el choque de

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164 naturales y europeos, ha amenazado calamidad pero no ruina y en algunos ni aun gran prdida, pero sucede as en la isla de Cuba? Yo prescindo de un acaecimiento que no pocos temen, y acaso no sin razn, y limitndose precisamente a los efectos inmediatos de un choque entre europeos y naturales en la isla de Cuba, creo demostrar que ni unos ni otros estn por ahora en nimo de chocar y que solo una desgracia a que podr dar lugar en lo sucesivo la imprudencia de una y otra parte los har venir a las manos. Los europeos el da que desgraciadamente empezasen la guerra con los naturales, si escapan con la vida pierden por lo menos toda su fortuna. Su suerte ser desgraciadsima, pues si van a Espaa ser a perecer, si pretenden pasarse a otros pases de Amrica donde ya son bien recibidos todos los que vienen de la pennsula, porque ha cesado el odio que solo inspiraban las circunstancias; no tendrn tampoco muy buena acogida, por que al fin no inspiraban confianza unos hombres que salen de un pas por choques con los americanos, si pretenden irse a otros pases extrangeros el distinto idioma, usos, clima y lo que es ms el distinto carcter del manejo de negocios, donde un aprendizaje suele costar muy caro, es un obstculo casi insuperable. Por otra parte los capitales no reditan, o no producen lo que en la isla de Cuba al paso que los gastos son pocos o menores, y en algunos pases casi los mismos. Adems una gran parte de los europeos estn casados en el pas, tienen sus familias aquienes a pesar de las opiniones polticas no pueden dejar de querer, y aun el mismo pas despus de haber vivido en el muchos aos y hecho su fortuna inspira amor. Yo no me puedo persuadir que los europeos de quienes hablo miren la isla de Cuba con la indiferencia que la de Crcega o la de Sicilia. De estas consideraciones deduzco que el inters y la voluntad de los europeos radicados en la isla de Cuba es guardar harmona con los naturales. Consideremos ahora cmo piensan stos. Sea cual fuere el xito del choque con los europeos nuestra prdida es segura, no solo por el temor comn a unos y otros, sino porque nuestras fincas y todos nuestros capitales han de sufrir un menoscabo, nuestra riqueza est toda sobre los campos, y un solo ao de prdida en las cosechas nos causa gravsimos males, que sern incalculables, si como es de temer se arruinan las fincas. Nuestro comercio cesa en el momento que los capitales extrangeros se crea que no tienen seguridad en la isla a causa de una revolucin. Es preciso cubrir de luto muchas familias, ocasionar la desgracia de muchos amigos, y esto en una poblacin corta jams deja de ser muy temible. Muy pocos podrn matar un europeo sin dar muerte al padre de una esposa, al marido de una hermana, al pariente o al padre de un amigo, &c. &c. Esto es cruelsimo, es repugnante el carcter amable de los hijos de

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165 aquel suelo; y aun lo es ms a su ilustracin y principios. En ningn pas de Amrica estn enlazadas las familias y los intereses, y stos en ninguna parte son ms conocidos. Deduzco pues igualmente que no hay en los naturales tal determinacin de matar europeos, ni de cometer todos esos robos y dems crmenes que algunos mal intencionados han sabido ponderar, y persuadir, con descrdito e infamia de un pas que por tantos ttulos deba merecerles otra consideracin. Lo que conviene es que todos trabajen por remediar los males, que seguramente ha producido la desunin, y que no perdiendo de vista las circunstancias en que se halla la isla pongan los medios de conciliar los intereses de todos, pues aunque de las consideraciones que acabo de hacer se deduce que la armona entre naturales y europeos tiene vnculos muy fuertes en aquel pas, los giros de la opinin, y las circunstancias pueden ser tales que por algunos momentos solo se atienda a la venganza o la remocin de un mal presente, bien que sea seguida por una prdida futura que se atender muy poco. El pueblo ms sensato, el que ms medita sobre sus intereses tiene momentos desgraciados en que todo se olvida y parece que la sociedad retrograda al estado de barbarie. Ejemplos funestsimos nos han dado de esta verdad las naciones ms cultas y no debemos presumir que poseamos ms cordura que todas ellas. Los movimientos de un pueblo ilustrado y pacfico son siempre una consecuencia de largos sufrimientos o de repetidas tentativas para exasperarlo, y siempre van acompaados de la desesperacin que es la fuente de todos los desastres. Vivamos en la isla de Cuba con la mayor armona naturales y espaoles europeos, cada cual tena sus opiniones, pero esto no interrumpa de modo alguno no solo las relaciones comunes, pero ni aun las de estrecha amistad, jams se oa una espresin que pudiese ofender a unos ni a otros, pues si algo se hablaba era con tanta reserva, que ella misma indicaba la consideracin mutua que se tenan ambos partidos. La imprudencia de algunos empez mucho aun antes de caer el sistema constitucional a faltar a este miramiento que podramos llamar una especie de convenio tcito, y todo el mundo vi los funestos efectos que produjo y se estn viendo sus consecuencias. Con unas denominaciones ridculas que parecen entrenamientos de nios que solo se proponen entretenerse burlando, y no expresiones de hombres sensatos, se empez a dividir ms la opinin o mejor dicho a sustituirse a ella el resentimiento, y empezaron a temerse mutuamente aun los que ms se haban apreciado. ¡Qu diferencia tan notable en la sociedad! Los hombres de juicio que meditaban sobre sus resultados no podan dejar de lamentarse, mas por fortuna el desengao de muchos individuos de una y otra parte ha minorado y aun puede decirse que impedido los males. Yo deseara que mis compatriotas,

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166 (y doy este nombre no solo a los naturales de mi pas, sino a los que le han elegido por patria) tuviesen siempre por norma que en la isla solo deben distinguirse dos clases: los amigos de su prosperidad con preferencia a todos los pases de la tierra, y los egostas que solo tratan de hacer su negocio aunque se arruine la isla; en una palabra patriotas y especuladores, y que el nacimiento no constituye a nadie ni en una ni en otra clase. No puedo concluir este artculo sin llamar la atencin de mis compatriotas sobre las astucias de los gabinetes extrangeros. La isla de Cuba es punto muy interesante y puede tener mucha influencia en las miras polticas de los que por bajo cuerda estn moviendo la mquina, y es preciso quitarles un medio de tomar parte abiertamente... No creo oportuno extenderme en estas consideraciones que no he hecho ms que insinuar, porque no s si al desenvolverlas tendria toda la prudencia necesaria en un asunto tan delicado.

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EL HABANEROPapel poltico, cientfico y literario Redactado por Flix Varela Tomo I No. 2Filadelfia En la Imprenta de Stabely y Bringhurst, No. 70, Calle tercera del sud. 1824

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169 No basta que un pueblo quiera estarse quieto, dije en el nmero anterior, si otros ms fuertes se empean en que no lo est. Y quin duda que sta es la situacin de la isla de Cuba? Yo prescindo de cul sea la verdadera voluntad de aquel pueblo, pero no puedo prescindir de la de los que le rodean y de los medios que tienen para conseguir su cumplimiento. No recalcitrara sobre estas ideas que pueden ocurrir a cualquiera que medite sobre la situacin de aquel pas, si las circunstancias no se estrechasen por momentos, y la indolencia no creciese desgraciadamente a la par que se aumenta el peligro. Debo a mi patria la manifestacin de estas verdades, y acaso no es el menor sacrificio que puedo hacer por ella el hablar cuando todos callan, unos por temor, y otros porque creen que el silencio puede, si no curar los males, por lo menos disminuirlos; y quieren recrearse con la apariencia de un bienestar de que ellos mismos no aciertan a persuadirse. No es tiempo ya de tratar de derechos. Lo es solo de observar los hechos y prever sus resultados, si es que puede llamarse previsin la de un futuro que casi tenemos ya en las manos. El continente americano despus de innumerables sacrificios se halla libre e independiente, pero le es indispensable alejar hasta la idea de que Espaa tiene posesiones en Amrica. En esto convienen todos los pases, y acaso ms que ninguno los Estados Unidos, porque su prctica de negocios polticos los pone ms al alcance de todas las consecuencias del influjo europeo, por medio de una nacin dbil como la Espaa. No es, pues, una suposicin, sino un hecho constante, que todos renen sus esfuerzos para separar de Espaa la isla de Cuba, que es el punto ms interesante y por lo mismo el ms perjudicial a los intereses americanos, si se conserva bajo el dominio de una potencia europea. Consideramos ahora los medios que tienen para conseguir su intento.TRANQUILIDAD DE LA ISLA DE CUBA

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170 Por lo que hace a este pas, es claro que los tiene todos, pero no los emplea abiertamente por la armona que hasta cierto punto debe guardar con los gabinetes en Europa, mientras no medie una guerra; mas todo el mundo sabe que hay mil modos de salir de este embarazo, y de operar tan eficazmente como los dems pueblos de Amrica, porque es una misma la causa, y uno mismo el inters. Adems, yo no puedo menos de hacer una observacin, que indica ya el medio de que sin duda se valdrn estos Estados, para intervenir en los negocios de la isla de Cuba. Esta se halla inundada de piratas en tales trminos, y con tanta crueldad, que con dolor oigo (pues jams puedo olvidar que es mi patria) que se llama el Argel de Amrica, puesto que los mismos que cometen estos atentados se han querido dar el nombre de musulmanes. El gobierno de la Isla, dbil o indolente, pues no me atrevo a llamarle cmplice como algunos sospechan, no pone remedio a este mal que se aumenta cada da, en trminos que los piratas parecen que forman ya una nacin temida, si no reconocida por aquel gobierno. Es bien notorio que los piratas no son nicamente los que salen al mar, sino los compradores de los efectos, que animan esas empresas con su codiciosa y criminal conducta. Todo el mundo sabe quines son estos compradores, menos el Gobierno, que slo se ocupa en saber quin niega que es esclavo, para hacerle entender que tiene un amo. Como los que ms sufren en estas pirateras son los Estados Unidos, contra los cuales no parece sino que la Espaa ha declarado de hecho una guerra —y una guerra sin leyes de naciones, puesto que sus sbditos, y los ajenos que se guarecen en su territorio, no cesan de saquear buques americanos y matar sus tripulaciones, llegando hasta a tener la crueldad de dar fuego, a aqullos con la gente dentro—, es claro que esta nacin tiene un derecho para remediar por si el mal que otros o consienten o no pueden evitar, y que exigir, no una satisfaccin de papeles, sino de hechos, y ya pueden inferirse los resultados. Hasta ahora slo los detiene la consideracin de Inglaterra, pero con una causa tan justa no es muy dificil un convenio entre las dos naciones. Las repblicas de Colombia y Mxico, que se presentan abiertamente hostiles, tendrn muy pronto todos los medios necesarios para arruinar la Isla, pues a la marina que cuenta la primera, agregar la segunda seis fragatas y otros buques que acaban de contratarse, y de los cuales se asegura que algunos estn ya en el mar dirigindose a los puertos mexicanos, adonde acaso habrn llegado a esta fecha. Como el castillo de San Juan de Ula, donde debe tomarse es en la boca de los puertos de la Habana y Matanzas, no puede quedar mucha duda sobre el destino de dichas fuerzas martimas.

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171 En el puerto de Campeche se asegura que hay reunidos de cuatro a seis mil hombres, y que continuaban reunindose. Nadie puede figurarse que estas tropas tengan otro objeto que el de una invasin, pues seguramente no estn esperando a los peninsulares, que lo que menos pueden, aunque no lo que menos piensan, es venir a conquistar la Amrica. Y al mismo tiempo (como casi es sabido) hacen los colombianos un desembarco por su parte, la empresa no es muy dificil. Yo estoy muy lejos de creer que un corto nmero de soldados, sea cual fuere su valor y decisin, basta para dominar la Isla, si hubiese una completa defensa; mas ya he hecho ver el nmero anterior, que no es este el caso que debe esperarse. Pero supongamos que la temeridad, tomando el nombre de herosmo, sostiene denodadamente la guerra, no ya contra los invasores, sino contra la gran parte de la poblacin que se les unir, cul debe ser el resultado? La ruina del pas y la victoria de sus verdaderos enemigos... Los que hasta ahora han sacrificado todo a la tranquilidad de la Isla por un principio de especulacin, y no por amor a Espaa ni fidelidad al rey, yo aseguro que al ver que todo lo pierden, abogarn por la cesacin de la guerra, y slo un corto nmero de fanticos polticos se determinar a perder su fortuna y la de todo el pas, para sucumbir al fin con una gloria infructuosa, que perteneciendo a todos a nadie afecta, y cuya idea va siempre asociada con la de la barbarie, pues sus efectos son la miseria y desolacin. Entre tanto la Espaa, ocupada por un ejrcito extranjero que la inspira justos temores, adems de chuparle el poco jugo que le queda; dividida en partidos que se hacen una guerra a muerte, y que jams podrn conciliarse; sin recursos de ninguna clase, y con infinitas causas que destruyan los pocos que acaso puedan proporcionarse; amenazadas por los colosos europeos de correr la suerte de los Estados dbiles cuando sirven de obstculo, o puede convenir a las miras de los poderosos; sin contar con nadie porque de nadie debe fiarse; arruinado el comercio, atrasada la agricultura, paralizada las pocas artes que posea; en una palabra, sin ms que el nombre de nacin que acaso perder muy pronto; esta Espaa; digo, es el nico apoyo de la isla de Cuba. Yo prescindo de las causas; el hecho es (y el hecho inevitable) que la Isla est abandonada a s misma, despus de haberla comprometido hasta el ltimo extremo respecto de los dems pases de Amrica, por haber sido la verdadera Espaa que ha hecho la guerra a todos ellos, pues de la pennsula jams ha venido ni un real para este objeto, y sin los recursos proporcionados por Cuba, hace tiempo que a los espaoles se les hubiera olvidado que tuvieron colonias, y que ahora para continuar unida a Espaa, se vera la Isla en la absoluta necesidad de entrar en una guerra sangrienta, de la cual no puede resultar sino una ruina.

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172 Es cierto que en la Habana se esperan tropas de la pennsula, pero esta esperanza es de aquellas que suelen inspirarse astutamente a los pueblos para entretenerlos o atemorizarlos, segn conviene. Se dice por cartas particulares, que estn dadas las rdenes para que se embarque en la Corua el regimiento de la Unin, y pase a la Habana; pero como para este negocio se necesitan mas pesetas que rdenes, y la Espaa est exhausta, es ms que probable que los pobres soldados no tendrn que atravesar el mar. Por otra parte, es sabido que los argelinos han empezado a hostilizar a los espaoles, y esto exigir poner en el Mediterrneo alguna fuerza naval, y como en lnea de buques (como en casi todas) se halla la nacin en estado de nulidad, yo no s si habr algunos que mandar con dicha expedicin, la cual, si no viene con una fuerza naval respetable, se expone a ser batida y apresada. Pero supongamos que sale la tal expedicin y que llega felizmente a su destino, suposicin que apenas puede hacerse, qu se habr adelantado? Obligar a los invasores a que empleen mayor nmero de tropa, mas no a que desistan de su empresa, ni que dejen de conseguirla. Soldados se vencen con soldados, y seguramente Espaa no puede aumentar ni reemplazar los suyos en la Isla, como harn sus enemigos. Se aumentarn los gastos, sufrir el pueblo, y se precipitar la revolucin lejos de impedirse. Yo prescindo de los que morirn del vmito cuando empiece el verano, y de los que vindose en el caso de cebarse en la sangre de un pueblo que nada les ha hecho y que les ofrece mucho, se negarn a ser sus verdugos, y preferirn ser sus compaeros. Los ms ilustrados se avergonzarn de ser los opresores de un pueblo, los enemigos de la libertad, y los ministros de un gobierno que ellos mismos detestan. Es pues enteramente infundada toda esperanza que pueda tenerse de sostener la Isla, por que venga de Espaa uno u otro regimiento, pero aun es ms infundado esperar que venga. Por otra parte, quin ignora que la isla de Cuba se toma en el mar? Mientras mayor sea el ejrcito que tenga dentro, mayor es el gasto, mayor la miseria, y ms segura la reaccin del pueblo, si se le obstruyen todos los canales de su comercio, y por consiguiente se arruina su agricultura. Es preciso no equivocarse: la remisin de un corto nmero de tropas a la isla de Cuba, es como aquellos remedios que suelen aplicar los mdicos a los enfermos moribundos, ms por cumplir con el arte, que por sanar al paciente. Yo deseo llamar la atencin ahora sobre la naturaleza de todo pacto social, y con especialidad del que liga a las colonias con su madre patria, maternidad inventada por especulacin poltica, pero que sin embargo conviene no impugnar al presente, sino que deduzcamos las consecuencias que se desprenden de ella misma, procediendo segn los principios adoptados por sus defensores.

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173 Todo pacto social no es mas que la renuncia de una parte de la libertad individual para sacar mayores ventajas de la proteccin del cuerpo social, y el gobierno es un medio de conseguirlas. Ningn gobierno tiene derechos. Los tiene s el pueblo, para variarlo cuando l se convierta en medio de ruina, en vez de serlo de prosperidad. Aun siguiendo las doctrinas de los legitimistas, sera imposible demostrar que un pueblo est obligado a sacrificarse por ser fiel a su legtimo seor, cuando ste le abandona, o no puede ofrecerle, y cuando ni l ni su amo (si es que los pueblos tienen amos), sacan ninguna ventaja de semejante sacrificio, sino el placer de que diga un rey: se sacrific todo un pueblo porque yo fuese su amo; ya no existe para m, pero tampoco existe para otros ni para s mismo. De sus moradores, unos perecieron en la guerra, otros han buscado su seguridad en la fuga, y el resto llora sobre los sepulcros de los que amaba, suspira por los que se han alejado, contempla las ruinas de toda su fortuna, pero al fin est cubierto de la gloria de la fidelidad, y transmite a las generaciones futuras la memoria de su valor y decisin. Distara mucho este herosmo de la brutalidad? Pasaria, s, a los siglos venideros la oprobiosa memoria de un pueblo que crey que slo exista para un hombre a quien se ofreci en intil y brbaro sacrificio para decir: te fui fiel. Los pueblos que por su debilidad se hallan en el triste estado de colonias, esto es, en el producir para los goces de otro ms fuerte, solo pueden soportar esta desigualdad social, en virtud de una recompensa que encuentran en la proteccin y garanta que se les presta; pero en el momento en que voluntariamente o por necesidad son abandonados; y lo que es ms: expuestos por su protector nominal a una ruina inevitable, bajo qu pretexto puede exigirse este sacrificio? Es preciso estar muy alucinado para sostener semejante absurdo. Mas por qu me alejo de la cuestin principal, o mejor dicho: por qu entro en cuestiones cuando todas son intiles? Quiera o no quiera Fernando, sea cual fuere la opinin de sus vasayos en la isla de Cuba, la revolucin de aquel pas es inevitable. La diferencia slo estar en el tiempo y en el modo, y desde este punto de vista es como quisiera yo que se considerase el asunto. En vano se cansan los tranquilistas, en ponderan las ventajas de su estado actual y todos los horrores de la revolucin (horrores que ellos mismos producen y lamentan), pintando como monstruos a los que no piensan como ellos, en vano se pregonan los beneficios recibidos de Espaa y las bondades del Rey. Todo eso no viene al caso. Hablando de beneficios habra mucho que decir.... pero... tampoco viene al caso. La isla de Cuba sigue la ley de la necesidad, y as como por ella se conserva dependiente, por ella misma puede verse precisada a tomar otro partido.

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174 Para este caso, que quizs no dista mucho, deben prepararse los nimos. Sea cual fuere la opinin poltica de cada individuo, deben todos reconocer el gran principio de la necesidad, y hacer todo lo posible para que su aplicacin no produzca males. Una lucha imprudente es una ruina probable y a veces cierta. Es preciso reunir todos los esfuerzos para sacar ventajas de la misma necesidad. Lo que ms debe desearse en la isla de Cuba sea cual fuere su situacin, es que los hombres de provecho, los verdaderos patriotas se persuadan que ahora ms que nunca estn en la estrecha obligacin de ser tiles a su patria, obligacin en cuyo cumplimiento va envuelta su utilidad personal; que depongan una timidez cohonestada con el nombre de modestia, que tomen parte en todos los negocios pblicos con el desinters de un hombre honrado, pero con toda la energa y firmeza de un patriota. No abandonen el campo para que se seoreen en l cuatro especuladores y alguna chusma de hombres degradados, que sin duda, se animarn a tomar la direccin del pueblo si encuentran una garanta de su audacia en la inoportuna moderacin de los hombres de bien. El crimen no es osado sino mientras la virtud se muestra dbil, y aunque es cierto que segn la expresin de un sabio, el patriotismo es el ultimo recurso de los perversos, y en circunstancias difciles sobran siempre por desgracia hombres que afectando un inters pblico, jams se mueven sino por los degradantes estmulos de la avaricia o la ambicin, tambin es cierto que es muy fcil correrles esta mscara y hacerlos aparecer con su verdadero semblante. Tales hombres slo pueden contar con una masa de infames o de alucinados, y como jams la generalidad de un pueblo es de perversos, ni tampoco puede ser alucinados, sino por algunos momentos, los triunfos de esta clase de especuladores son muy efmeros, y jams se consiguen cuando los buenos patriotas se presentan en la lid. Hasta ahora el pecado poltico casi universal en aquella isla, ha sido el de la indiferencia: todos han credo que con pensar en sus intereses y familias han hecho cuanto deben, sin acordarse de que estos mismos objetos de su aprecio siguen la suerte de la Patria, que ser lamentable si no toman parte en ella los hombres que pueden mejorarla, y an hacerla feliz. No quiera Dios que a la desgracia se agregue la ignominia, y que muchos ni siguiera se atrevan a tributar el ltimo homenaje a su malhadada patria, derramando algunas lgrimas sobre sus ruinas, por no aumentar el remordimiento, recordando que pudieron salvarla; quiera Dios que la ignorancia que se afecta no conduzca a una destruccin que slo puede lamentarse. Pero qu?, dirn algunos, es la revolucin de la isla de Cuba lo que intenta persuadir un hijo de este suelo? ¡La revolucin, que equivale a la

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175 ruina del pas; la revolucin, cuyos horrores apenas puede contemplar sin estremecerse toda alma sensible! Es la sangre de sus compatriotas la que quiere que riegue unos campos donde ahora, tranquilos y felices, recogen los frutos con que la naturaleza premia su trabajo, y los regalan abundantemente? ¡Ah! Este ser el lenguaje con que el inters momentneo procurar callar la voz imperiosa de la razn que manifiesta su inconstancia. Mas, qu importa? La verdad siempre ha tenido enemigos, y jams la calumnia ha dejado de atacar a sus defensores. Sin embargo, yo tengo el noble orgullo de persuadirme de que no habr uno solo tan olvidado de si mismo que conocindome, y entre los que me conozcan, tenga la impudencia de llamarme sanguinario. ¡Ah! esa sangre es la que yo quiero impedir que se derrame; esos bienes son los que yo quiero ver afianzados, esa paz es la que yo anhelo porque se cimente. Deseando que se anticipe la revolucin, solo intento contribuir a evitar sus males. Si se deja al tiempo ser formada, y no muy tarde, por el terrible imperio de las circunstancias; un hado poltico la decreta, ella ser formada por el mismo gobierno espaol, que desconociendo sus intereses, y alimentndose con ficciones que ya sobre ser temerarias tocan en ridculas, no dar paso alguno para conservar lo poco que le queda, y teniendo como siempre ha tenido por sus enemigos a todos los que le han dicho la verdad y le han aconsejado aproveche siquiera los escombros de su arruinado edificio, dar lugar a la destruccin de un pueblo al que no da otra defensa que llamarle siempre fiel (¡malhadada fidelidad!) pero entonces ¡con cuntas desventajas! Aun los ms obstinados en la adhesin a Espaa, creo que si no han perdido el sentido comn, confesarn que una gran parte de la poblacin de la Isla (para m es casi toda) est por su independencia, y otra solo est por su inters particular y se agregar a los que puedan garantizarlo; que es ms que probable la invasin de la Isla, y que con tales elementos es casi evidente su toma. Y cul ser en este caso probabilisimo, cual ser, digo, su desgraciada suerte? Se habr economizado la sangre? Sentir mucho verterla un ejrcito extranjero (Porque a mi nadie me alucina con parentescos de pueblos) pisando un pas donde slo encuentra objetos de venganza? Quedarn en aquellos campos los frutos que forman su riqueza? Qu propiedad o qu vida estar garantizada? ¡Ah! Es preciso confesar que hay apatas mas crueles que las mismas furias. Una revolucin inevitable, prevista y no preparada, es a la vez la ruina y la ignominia de un pueblo. Jams he dado a nadie el trabajo de adivinar mis opiniones; siempre he hablado con franqueza, y mucho mas debo usarla cuando se interesa el bien de mi patria. Yo opino que la revolucin, o mejor dicho: el cambio poltico de la isla de Cuba es inevitable. Bajo este supuesto, para sacar todas las ven-

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176 tajas posibles y minorar los males, debe anticiparse y hacerse por los mismos habitantes, callando por un momento la voz de las pasiones, no oyendo sino la de la razn y sometindose todos a la imperiosa ley de la necesidad. Sea cual fuere la opinin poltica de cada uno, todos deben convenir en un hecho, y es que si la revolucin no se forma por los de la casa, se formar inevitablemente por los de fuera, y que el primer caso es mucho ms ventajoso. En consecuencia, la operacin debe ser uniforme. Pensar como se quiera; operar como se necesita. Si por desgracia, se diere lugar a la invasin de tropas colombianas o mexicanas, es menester unirse a ellas; no tomar la defensa de un gobierno que slo pide sacrificios intiles; cambiar el orden de cosas, y despedir prontamente los huspedes con las indemnizaciones que fueren justas y con las pruebas de la ms sincera amistad y gratitud. Cualquier otro partido que se tome, es intil, es absurdo, y es destructor del pas. Por qu se peleara entonces? Por la tranquilidad? Sera el medio de perderla para siempre. Por la riqueza? Sera el medio de aniquilarla. Por el comercio? ¡Ah! Este desaparecera en el momento. Por un amo? NO puedo hacer a mi pas la injuria de suponerlo. No; no presentar la historia al mismo tiempo en el otro hemisferio a la inmortal Ipsara haciendo prodigios de valor por ser libre en medio de los esclavos, y en ste, a la interesante Cuba luchando entre los libres por ser esclava. Compatriotas: salvad una patria cuya suerte est en vuestras manos. ¡Ah! y perecer en ellas? Echad una sola mirada sobre un futuro, que ya tocamos: no permitis que vuestro nombre pase con execracin a las generaciones venideras. Al que fuere tan dbil que an tema cuando la patria peligra, cuyo temor es ignominia, concdaseles la vida en castigo de su crimen; arrastre, s, una existencia marcada en todos momentos con abominacin y oprobio. Sfranse estos tmidos, pero reprmanse los que no lo fueren para asesinar la patria sindolo solo para libertarla. Son nuestros todos los que piensen o por lo menos operen como nosotros, sean de la parte del mundo que fueren. Unin y sincera amistad con ellos. Son enemigos todos los que por cualquier respecto lo fueren de la Patria. Firmeza y decisin para castigarlos. Olvido sobre lo pasado. La generosidad en cada partido, no es ya slo una virtud moral; es un deber poltico, cuya infraccin convierte al patriota en asesino de su patria. Unin y valor he aqu las bases de vuestra felicidad. Preveo todo lo que maquinar contra mi el espritu de adulacin, que el bajo el cruel mientras est en pie su dolo, e ingrato y variable luego que perece. Nada me aterra; no ha puesto la pluma en mis manos la invectiva ni el elogio; condcela el bien de mi patria, y nada me afectan las voces de sus enemigos. Mi posicin autoriza a cualquiera para calumniarme si ponindo-

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177 me miras particulares; lo conozco, y confieso con la franqueza que me es propia, que esa consideracin me ha detenido hasta ahora, esperando que otros a quienes la desgracia no ha herido como a m, sacasen en favor de la Patria todas las ventajas que les da su feliz posicin. Mas ya que todo el mundo calla, yo no s callar cuando mi patria peligra, y habindola sacrificado todos los objetos de mi aprecio, yo no la negar ese ltimo sacrificio, su imagen jams se separa de mi vista, su bien es el norte de mis operaciones, yo la consagrar hasta el ltimo suspiro de mi vida. Es cierto que yo no puedo encontrar donde quiera mi Habana, como pretendi Horacio se encontrase su decantada Ulubre; es cierto que desde el momento en que la desgracia de mi patria envolvi la ma, slo me he consolado repitiendo con frecuencia las memorables palabras que el orador de Roma puso en boca de Tito Anio Miln: si mibi frui patria bona nom licet at carebo mala; y he suspirado constantemente por verla en un estado digno de ella misma; pero no me conoce el que no se persuada de que vivira gustoso aun en las heladas regiones del polo, si esto lo exigiese el bien de mi patria. Yo vivo tranquilo y superior a mi suerte. La imagen de Washington, presentada por todas partes en las calles y casas de un pueblo racionalmente libre y slidamente feliz, al paso que me inspira una envidia perdonable, me convence de que no es ficticio el bien que deseo para mi patria. El testimonio de mi conciencia, he aqu un bien inadmisible, de que no podr privarme toda la saa de mis enemigos ni el poder de los tiranos. Yo he dado un adis eterno a los restos de una familia desgraciada, y en medio de un pueblo libre mi existencia sin placeres, pero sin remordimientos, espera tranquila su trmino. Acsese cuanto se quiera mi intencin, pero respndase, si es que se puede, a mis razones. Dbiles: calumniadme; se es el nico recurso que os queda.

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178 Sin una injusticia manifiesta no se atrever a negar nadie que el estado eclesistico en la isla de Cuba, solo tiene el nombre de estado, porque al fin son muchos hombres que llevan un mismo gnero de vida, y ejercen unas mismas funciones como ministros de la nica religin admitida en el pas, mas no porque formen un cuerpo con intereses contrarios a la generalidad, ni se mezclen jams en los negocios polticos, sino como individuos particulares los que han querido hacerlo (que son muy raros), pero nunca reclamando derechos de corporacin, ni con pretensiones que indiquen no un inters de los individuos aisladamente, sino el del cuerpo como por desgracia sucede en otros pases. Es innegable que dondequiera que hay hombres reunidos bajo cualquier orden o principios, hay cierto espritu de corporacin, tan natural e inevitable, que es la mayor locura pretender destruirlo, pues la oposicin slo sirve para aumentarlo. La sociedad, aun prescindiendo de las divisiones jerrquicas, tiene otras muchas producidas por la distinta profesin y contacto de los intereses de los hombres, y el gran tino poltico consiste en saberlas dirigir con prudencia y sacar de ellas todo el partido posible en favor de todo el cuerpo social. El cimiento de esta gran obra slo puede ser un bien general y ste no puede ser otro que la conservacin del cuerpo que sostiene todas estas clases, como el tronco las diversas ramas. Las pretensiones exorbitantes llevan consigo mismas el carcter de infundadas y efmeras, y aunque halagan a los que las abrigan, jams les convencen de su perpetuidad, y la experiencia no menos que la razn demuestra que en circunstancias crticas hay muy pocos hombres que se aventuren a perder un bien constante y fcil de conservar, por hacer tentativas para adquirir un bien improbable en su existencia y en su duracin.ESTADO ECLESISTICO EN LA ISLA DE CUBA

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179 El clero de la isla de Cuba vale ms como propietario que como corporacin, y la generalidad no debe sus propiedades a su Estado, sino a su familia y pas. Las congruas no son ms que un requisito para la ordenacin, pero habr muy pocos (si es que hay algunos) que funden en ellas su subsistencia. Tienen tanto motivo de inters civil como todos los dems del pueblo, de quienes no se distinguen sino por el ropaje. Si el azcar y el caf valen, y si las casas rinden un buen alquiler, seguramente no se interesan menos los eclesisticos que los seglares en esas ventajas que no trocaran por ninguna especie de privilegio de consideracin social. No hay, no, en la isla de Cuba la multitud de eclesisticos miserables que en otros pases donde el hambre pone a prueba la virtud. El nmero de eclesisticos en aquella Isla, lejos de ser excesivo, en algunas partes es insuficiente, y donde estn acaso ms aglomerados de lo que convendra, no por eso gravan el pueblo, pues como he dicho, viven de caudales propios y no se distinguen de los dems ciudadanos sino en su ministerio. Solo se sostienen de fondos pblicos los prrocos, y aquellas personas absolutamente necesarias al culto, las cuales, sea cual fuere la situacin de la Isla, han de permanecer en sus destinos. Las rentas que disfrutan son bastante moderadas, y en algunos parajes bastante escasas. De modo que en ningn cambio pueden temer su disminucin, y muchos seguramente deben esperar su aumento. Es, pues, evidente que aun cuando se quisiese hacer al clero de aquella Isla el gran ultraje de sospechar que en algn caso tendra miras contrarias al bien general del pas, semejante calumnia se desvanecera prontamente a la vista de cualquier hombre imparcial que meditase en la materia, no fundndose en observaciones generales y ejemplos aplicados, sino en los datos particulares y circunstancias del estado eclesistico en aquel pas. Los frailes, he aqu la cantinela. Los frailes son en muy corto nmero; no tienen seoros, ni las prerrogativas de que suelen disfrutar en otros pases. Lejos de querer conservar los conventos, los ms de ellos desean que les permitan marcharse para sus casas, creyendo como deben creer que acaso de ese modo son ms tiles a la Iglesia; otros que son de distinta opinin, o que convierten el escrpulo en santidad, se hallan penetrados del verdadero espritu de su regla, y jams sern capaces de convertirla en base de especulacin, y el cortsimo nmero de los que no pertenecen a estas clases, nada significa. Yo tengo dadas algunas pruebas de no ser parcial de estas corporaciones, que prescindiendo de lo que fueron se sabe lo que son y lo que sern, pero tambin he procurado darlas de aprecio al mrito individual y de respeto a las mismas corporaciones, mientras ellas estn autorizadas por la sociedad. Yo deseara que no hubiese ni un fraile, pero mientras

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180 los haya, deseo verlos respetados, como deben estarlo todas las clases en una sociedad bien organizada. Su extincin debe dejarse al tiempo, y a ellos mismos que acabarn muy pronto la obra; precipitarla es hacer una cosa muy fcil, pero no conveniente, sino perjudicial. Estas ideas tienen toda clase de opositores. Los ilusos gradundolas de impas, los acalorados tenindolas por muy tmidas. Yo aseguro a los primeros que compadezco el estado de su espritu y que no me ofenden; y a los segundos, que si se tranquilizan por un momento, conocern que tengo motivos para creer que esta que llamarn irresolucin, es una verdadera justicia respecto de las personas y un dictamen de prudencia social. Por otra parte, es innegable que si en aquel clero no abundan los hombres sobresalientes, sin embargo no faltan, y la generalidad tienen la instruccin que basta para desempear con decoro su ministerio y para merecer aprecio en la sociedad. Se halla despojado de ciertas preocupaciones, o mejor dicho de ciertas manas que son fruto del aislamiento social de otros pases, y que son incompatibles con la naturaleza de un pueblo mercantil, puesto en contacto con casi todos los del universo. Bien s que muchos dirn que escribo apasionadamente, porque al fin yo fui individuo de aquel clero, y no habiendo chocado jams con ninguno de mis compaeros, debo conservarles, y les conservo, grande afecto; mas yo suplico que no se atienda a quien escribe, sino lo que escribe, y en qu lo funda. Sobre todo, yo he puesto mi nombre al frente de este papel, para que cada cual forme las ideas que quiera sobre las intenciones de su autor y saque todo el partido que pueda ofrecerle este conocimiento. No, no ha sido mi nimo formar la apologa del clero de la isla de Cuba, sino prevenir un golpe que acaso se trama contra la felicidad del pas. Pueden algunos equivocadamente creer que aseguran su tranquilidad y que contraran los planes de los conspiradores introduciendo, o mejor dicho fingiendo que han introducido, el estado eclesistico en el asunto poltico. En el momento en que se inspire desconfianza entre el pueblo y el clero, formando de ste un cuerpo separado de aqul; en el momento en que se haga religiosa una cuestin puramente poltica, todo se pierde, y para todos. La ilustracin de aquel pueblo no permitir los excesos que lamentamos en otros, pero cualquier herida es muy grave en punto a unin entre aquellos habitantes, y sta no sera una de las menores. No es muy difcil conocer cmo piensa la generalidad del clero de la Isla, pero tampoco es difcil inferir cmo pensar, si la imprudencia da lugar al resentimiento. Nada de clrigos y frailes, y sobre todo nada de alucinamiento. Conviene estar sobre aviso, pues no debe dudarse que si las circunstancias se estrechan, habr gente pagada que grite contra los eclesisticos para ganrselos. Digo ms: habr

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181 hasta impos de especulacin que por todas partes difundirn la alarma entre las personas virtuosas y sencillas, que no conozcan la trama, y adviertan que la impiedad y el fanatismo son cualidades que afectan a las personas, pero que sirven de instrumento a la poltica. La mitad de los que se presentan como impos se presentaran como devotos si conviniera a los que les mandan representar el papel y les pagan su dinero. Por ilustrado que sea un pueblo, siempre tienen su influjo en los negocios civiles las ideas religiosas, y en una sociedad pequea es el arma ms funesta que puede emplearse el agitar los nimos con cuestiones, o mejor dicho, con sarcasmos y ataques de esta naturaleza. El camino del cielo est bien claro, y cada cual puede seguirlo o separarse de l como mejor le parezca, pero convengamos todos en conservar la tierra, y en conocer las tramas de los que quieran privarnos pronto de ella. Por una fatal desgracia ha logrado en la infeliz Espaa la ignorancia lamentable de algunos y la infame hipocresa de muchos presentar a la vista del pueblo sencillo como incompatibles, o por lo menos, poco conformes las ideas de libertad y religin, haciendo que sta se tenga como una de las bases del poder arbitrario y si se quiere de la tirana; conducta inicua que al paso que oprime a los pueblos y protege toda suerte de crmenes, dndoles el sacrlego viso de santidad, es uno de los ataques ms fuertes que pueden darse a la misma religin. ¡Ah! Sin duda la ignora, o no la profesan los que piensan, o persuaden que este don del cielo, en vez de ser (como lo es) la fuente nica e inagotable de la felicidad humana, ha sido dado por Dios sin otro fin que el de hacer desgraciadas a sus criaturas. La libertad y la religin tienen un mismo origen, y jams se contraran porque no puede haber contrariedad en su autor. La opresin de un pueblo no se distingue de la injusticia, y la injusticia no puede ser obra de Dios. Solo es verdaderamente libre el pueblo que es verdaderamente religioso, y yo aseguro que para hacerle esclavo es preciso empezar por hacerle fantico. ¡Tan lejos est la verdadera religin de ser base de la tirana! Yo repito con la ms grata emocin que el pueblo de la isla de Cuba se halla en muy diferente estado que la generalidad de los pueblos peninsulares en cuanto a esta materia; mas no por eso debemos descuidarnos y despreciar los ataques que puedan preparar los enemigos de la libertad. Defensores del trono y del altar: quitaos la mscara. Vosotros podreis servir de apoyo al primero, mas la sagrada vctima que se sacrifica en el segundo abomina vuestra hipocresa, y detesta vuestra impiedad. Ya que sois dspotas, no seis sacrlegos. La fuerza es el apoyo de la tirana, y la religin no puede servirla de pretexto, sino empezando por experimentar ella misma el mayor de los ultrajes. Es un espectro de religin el que os sirve de mscara, vues-

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182 tra conciencia os lo dice, los sensatos lo conocen, los simples lo sufren, y Dios a quien ofendis quiera perdonaros. Mas para qu me detengo en reflexiones que en vano persuaden la razn si no promueven el inters privado, nico mvil de los seres prostitudos al perder? Yo confo en el clero de la isla de Cuba porque le conozco, y espero que si una poltica infernal intentase (como lo consigui en Espaa) tomar a la religin por pretexto para sus inicuos planes, no slo no encontrar cabida entre tan benemritos eclesisticos, sino que cada uno de ellos en el desempeo de su sagrado ministerio trabajar por correr este velo y evitar a nuestra sagrada religin un ultraje tan manifiesto. Si, yo no dudo que sta ser su conducta y que el pueblo de la isla de Cuba, lejos de ser jams oprimido por el influjo de su clero, encontrar en l un firme apoyo, del cual en vano se tratar de privarlo. No hay que seguir ejemplos de otros pueblos. El caso es totalmente distinto, y se tratar de hacerlo idntico. Muchos hablan de clrigos y frailes por moda como quien tira palos de ciego sin distinguir de pueblos y de personas. Estos imprudentes, si aman su pas, deben moderarse, y los perversos que lo hagan por una paga, deben ser reprimidos, pues nada es ms fcil. Afortunadamente en la isla de Cuba no han llegado las cosas a este miserable estado, pero vale ms prevenir los males que curarlos. Nadie ignora las crticas circunstancias en que se puede hallar la Isla, y ningn aviso en esta materia ser inoportuno. El modo ms eficaz de hacer entrar una corporacin en un partido es decir que ha entrado; y el separarla, sostener que est separada, porque entonces se granjea el odio del partido contrario, y en vano pretende sincerarse cuando solo se da odo al resentimiento. Pierden entonces todos sus individuos, no slo la esperanza de medrar, pero aun la de ser bien vistos y aun la de existir, y unos por despecho, y otros por clculo, se van de veras al partido donde se deca que estaban, y mucho ms si ste sabe ofrecerles y halagarles, pues son pocos los hombres que tienen la firmeza de carcter necesaria en situacin tan terrible. ¡Ojal que estas ligeras reflexiones puedan contribuir al desengao de muchos que acaso con la mejor intencin serviran sin saberlo de instrumento a los perversos!

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183 El miedo ha sido siempre el principio ms fecundo de ficciones, y como en la Habana no falta, han adquirido gran feracidad los mentideros (por el cuidado y operacin de muchos que no concurren a ellos), y sus cultivadores aventuran sin reparo, porque el estado de los nimos es propio para recibirlas gordas. Ya se aferran, ya se animan, ora solcitos, ora indiferentes, pero siempre equivocados, y tanto ms cuanto menos creen estarlo. Un da brotan conspiraciones por cada punto de la Isla, y todas con proyectos sanguinarios; los nimos estn exasperados, la divisin es inevitable, el odio es mortal, y todo amenaza convertir a la hermosa Cuba en un campo de desolacin y de espanto. Al da siguiente todo se ha concludo. Las conspiraciones se han cortado de raz; los buenos (que slo pueden serlo los antiindependientes), todos sostienen al Gobierno; un corto nmero de locos y de perversos es el nico que intenta algo; mas sus esfuerzos son ridculos. Llega por desgracia de los tranquilistas alguna noticia de Espaa poco favorable, o se dice que los patriotas consiguen victorias en el Per: empieza en el momento la agitacin, aunque se disimula, y como este mal puede ser muy grave, se pone en accin la fbrica de bombas, y apenas se forman, cuando se disparan en todas direcciones. Prontamente hay cartas que digan que ha sido tal el regocijo con que se ha recibido en casi toda la Amrica la cada del sistema constitucional y el restablecimiento del poder absoluto que debe esperarse que muy pronto estarn todas las provincias pacificadas (esto es, subyugada mil veces ms que antes), sin ms que ofrecer el perdn por un acto de clemencia de S. M. a los que han dado en la majadera de ser libres, y de no querer aguantar su gobierno injusto y disparatado. Otras veces la cosa va ms seria: viene por ah una expedicin formidable, de rusos, franceses, espaoles, italianos y de todo bicho viviente, cuya solaBOMBAS HABANERAS

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184 vista aterrar a los pcaros insurgentes y toda la Amrica quedar bien compuesta, es decir: bien esclavizada, no ya por los espaoles, que en tal caso seran bien insignificantes sino por los extranjeros. Como esta noticia era muy gorda, se rebaj un poco, y ya se redujo a una expedicin de espaoles; pero se vio prontamente que en este supuesto deba de ser muy corta y para darle algn valor se tuvo la feliz ocurrencia de suponer que venan con ella el infante don Francisco de Paula. Alguno podra sospechar que el tal infante tendra el buen despacho de Iturbide; si coga de mal humor a los mexicanos como hace tiempo que estn; pero no, aquel pueblo respeta mucho cuanto tiene relacin con su rey; siempre ha deseado (cuando no poda otra cosa) la venida de un prncipe de la Casa, y apenas le vern, cuando todos, todos, saltarn de contento. Bolvar en el Per est casi derrotado y buscando donde refugiarse. Canterac y La Serna tienen un ejrcito formidable y gozan de una popularidad inmensa; al paso que los independientes son el objeto de la execracin de aquellos pacficos habitantes. Todo, todo est en favor de la Espaa y mucho ms desde que ha llegado a aquellas dilatadas regiones la plausible noticia de que su amo est en perfecta libertad, despus de su horrible cautiverio, y debe esperarse que en breve desaparezca el ejrcito colombiano, se dispersen sus partidarios y goce el pueblo de la suspirada tranquilidad. Vienen cartas y papeles pblicos de todas partes anunciando lo contrario, y presentando la verdadera opinin de los pueblos de Amrica; pero no importa: en La Habana se sabe que todo es falso, y aunque viesen entrar a La Serna y Canterac como a Morillo y Morales, diran que estaban victoriosos en el Per. ¡Qu ceguedad! Y creern los que difunden y sostienen tales patraas que trabajan en favor de la isla de Cuba? No conocen que la ficcin de un bien es el mayor de los males? No advierten que la idea de una seguridad infundada es el principio de la ruina de un pueblo? Pero ¡Ah! No es el pueblo el objeto de los que propagan estas ideas; son sus utilidades personales las que quieren prolongar cuanto les sea posible es un amo a quien pretenden complacer para conseguir sus favores. Todo lo que no es depender de Espaa, es arruinarse; y unidos a la madre patria aun la misma ruina es prosperidad. Ven llegar el momento en que las cosas deben variarse y que lo ms prudente sera preparar al pueblo para un cambio poltico inevitable; pero ste es un crimen y la virtud consiste en engaar o fingir que se engaa a aquellos habitantes, conducirlos por pasos a su desgracia, exasperar los nimos hasta el ltimo grado y proporcionar que corran los arroyos de sangre con que hace tiempo que estn aterrorizando a los irreflexivos. Empiecen por demostrar que continuando las cosas en el estado actual no llegar el caso de tales desastres; y yo soy el

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185 primero que abogo por la llamada tranquilidad de la Isla, pero etiopem accipis dealbandum. Lo ms particular es el delirio en que estn casi todos en aquella Isla sobre los planes de los refugiados en estos pases. No hay carta de la Habana en que no se diga algo sobre esto; unos toman el tono de lamentacin, otros el de consejo, alguno el de burla, y casi todos el de credulidad. Tienen manifiesto el enemigo, cuyos planes son palpables pues todo se reduce a invadir la Isla y tomarla de grado o por fuerza contando con la predisposicin evidente de la mayor parte de sus habitantes; sin embargo, en los Estados Unidos es donde se forman todos los planes, como si se necesitasen muchos para el caso, y se comunican todas las noticias, como si stas no se tuviesen en la misma boca del Morro. Se suministran los medios (a tanto delirio se llega en algunas cartas) para arruinar la Isla. Pero quin los suministra? Cuatro miserables refugiados? Esto no merece respuesta. El gobierno de estos Estados? Si hubiese llegado ese caso, ya estara concluda la empresa. Es intil que el gobierno espaol, o mejor dicho el de la isla de Cuba, sostenga aqu sus espas a quienes o paga o agradece sin otra ventaja que la de saber lo que nadie ignora, y es que los que han salido huyendo de la Isla no tienen motivos para estar contentos y que se alegraran que llegase el feliz instante de volver a sus casas. ¡Pero figurarse otra cosa! Vaya que es tener mucho miedo. Las armas de la calumnia, que tanto se han manejado contra los patriotas en todas las pocas y pases, y que en la isla de Cuba han sido la principal defensa de los que no han podido encontrarla en la razn y la justicia; estas armas que envilecen al que las usa y honran al que recibe sus golpes; estas armas tan propias de la causa del despotismo como de sus defensores; estas dbiles armas se hallan muy embotadas, y son poco temibles sus tajos. Por mi parte yo no tendr la debilidad de temerlas, y jams impedirn que yo proceda segn creo que conviene a la felicidad de mi patria. No es tiempo, no, de entretenernos en acusaciones particulares ni en lamentos intiles. Lo es slo de operar con energa para ser libres.

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186 Por un error funesto o por una malicia execrable suele suponerse que el amor a la independencia en los americanos proviene de su odio a los europeos, y no que este odio se excita por el mismo amor a la independencia y por los esfuerzos que suelen hacer los europeos para que no se consiga. Los americanos tienen por enemigos a los anti independientes, sean de la parte del mundo que fueren, y aprecian a todos los que propenden a su libertad aunque fuesen hijos del mismo Hernn Corts. Qu influye el origen de los hombres, ni qu tenemos que recordar ahora la conducta de unos seres que envueltos en los siglos, ya slo existen en las pginas de la historia? La conducta actual de muchos de los europeos es la verdadera causa del odio lamentable que se ha excitado entre los de uno y otro hemisferio, Fijen su suerte con la del pas donde habitan y que acaso los ha hecho felices, no trabajen por verlo subyugado a un pueblo lejano de quien solo puede recibir mandarines y rdenes de pago o de remisin de caudales, observen una conducta franca, y todo est concludo, porque el odio no es a las personas sino a la causa que sostienen. Los americanos nacen con el amor a la independencia. He aqu una verdad evidente. Aun los que por intereses personales se envilecen con una baja adulacin al poder, en un momento de descuido abren el pecho y se lee: INDEPENDENCIA. Y a qu hombres no le inspira la naturaleza este sentimiento? Quin desea ver a su pas dominado y sirviendo slo para las utilidades de otro pueblo? A nadie se oculta todo lo que puede ser la Amrica, y lo poco que sera mientras la dominase una potencia europea, y principalmente la Espaa. Los intereses se contrarian, y es un imposible que un gobierno europeo promueva el engrandecimiento de estos pases cuando ste sera elAMOR DE LOS AMERICANOS A LA INDEPENDENCIA

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187 medio de que sacudiesen el yugo. La ilustracin en ellos inspirar siempre temores a su amo, y an el progreso de su riqueza si bien le halaga por estar a su disposicin, no deja de inquietarle por lo que puede perder. Unas regiones inmensas, ricas, ilustradas, y fuertes por sola su situacin geogrfica, dependientes de un pas europeo que en su comparacin es un palmo de tierra, pobre, ignorante, al contacto de naciones fuertes, sin el dominio de los mares ni esperanza de tenerlo; esta dependencia, digo, sera un fenmeno poltico el ms extraordinario, y que sin duda no deba esperarse. En consecuencia se han puesto, y se han debido poner segn la poltica europea, aunque no segn la razn justicia y humanidad, todos los medios para que los pases de Amrica no sean ms que lo que conviene a su amo que sean; que la ilustracin no vaya sino hasta donde baste para sacar a los pueblos del estado de salvajes, en el cual no seran tiles, ni halagara el orgullo de sus dominadores, pero no basta un grado en que conozcan todo lo que valen, pues en tal caso se haran valer. Para conseguir este intento inhumano, se les ha procurado separar del contacto de las naciones extranjeras, bajo pretextos ridculos por mal forjados. Mas la ilustracin, que siempre empieza por una pequea llama, y concluye por un incendio que arrasa el soberbio edificio de la tirana, ha conducido ya a los pueblos de Amrica a un estado en que seguramente no quisieron verlo sus opresores. Tienen mucho que aprender, pero saben lo bastante para conocer lo que pueden prometerse a s mismos y lo que puede prometerles un amo. Queriendo ocultar su crueldad con el viso de conmiseracin, han ocurrido siempre, y ocurren muchos (an de los que quieren pasar por corifeos de libertad) al degradante efugio de sacar partido de los mismos vicios del gobierno espaol en Amrica y fingen con hipocresa que se compadecen de la suerte que le cabr, si se abandona a s misma. Ellos pretenden protegerla, pero dominndola; enriquecerla, pero chupndola cuanto produzca, ilustrarla, pero privndola de todos los medios del saber. No est, dicen, en estado de ser libre. ¡Ah! ni lo estara, crueles, mientras fuese vuestra; ella lo es, y esto creo que basta para que creis que puede serlo; dejad de agitarla, y la veris tranquila. Vuestras maquinaciones y ataques, si bastan para tenerla en vigilancia, nada disminuyen su decisin ni pueden impedir su gloriosa empresa. ¡Ah! deponed esa cruel piedad que os separa del rango de hombres libres a que queris pertenecer y al que yo confieso que pertenecis por otros ttulos. Un gobierno a millares de leguas, sin conocimiento algunos de estos pases y sin amor a ellos, sino en cuanto le utilizan, rodeado de un enjambre de pretendientes, que slo aspiran a conseguir un permiso para robar y oprimir, permiso que consiguen sin ms que el favor de una cortesana o el

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188 soborno de un palaciego; un gobierno dbil para la defensa, y slo fuerte para la opresin de estos pases que mira slo como una hacienda donde trabajan sus esclavos para proporcionar los medios de sostener sus hijos, que son los peninsulares; un gobierno que premia la sumisin con la injusticia y hace de la generosidad un ttulo de envilecimiento; un gobierno que por ignorancia o por una poltica maquiavlica, lejos de promover la industria en estos pases, propende a que haya en ellos un ocio inevitable, contentndose con que algunos trabajen para sacar plata con qu sostener un diluvio de holgazanes peninsulares con el ttulo de empleados;1 este gobierno, digo, cmo no ha de ser detestado por todo el que no se olvide que es americano? No lo detestan los mismos peninsulares? No lo abominan los espaoles residentes en Amrica? Cul de ellos habla siquiera una vez de gobiernos, sin hacer mil increpaciones contra el espaol? Cmo quieren, pues, que los americanos se avengan a vivir bajo un gobierno que ellos mismos abominan y pintan del modo ms ridculo? Es preciso que los hombres no tratemos de engaarnos mutuamente, cuando el engao es imposible y su pretensin es peligrosa. No son, no, tan brutos los americanos que crean que les hace un beneficio la mano que les da palos; los europeos residentes en Amrica pueden resignarse a aguantarlos por el amor que conservan a su pas, en cuyo obsequio creen que deben sacrificarse; pero los americanos nada tienen que les interese en Espaa, y para el caso les es tan indiferente Madrid como Constantinopla. Si fuera posible cambiar las cosas, esto es, hacer de la Amrica la metrpoli, y de Espaa una colonia, es indudable que tendran los peninsulares los mismos sentimientos que ahora tienen los americanos y que seran los primeros insurgentes, expresin que solo significa: hombre amante de su patria y enemigo de sus opresores. Metan la mano en su pecho, como suele decirse, y hablen despus los europeos. Quin podr, pues, dudar de que la opinin general de los americanos est por su independencia? En qu puede fundarse la descabellada, o ms bien ridcula suposicin, de que slo un corto nmero como dicen de criollos est por la independencia, y que el pueblo americano quiere ser esclavo? ¡Ah! Se funda en que como he dicho anteriormente, los ilustrados peninsulares creen, o fingen creer, que los americanos se hallan en el estado de salvajes; se fundan, s, en una ignorancia que suponen, porque han puesto todos los medios para que exista, pero que por desgracia de ellos y fortuna1 Por esta razn han opinado algunos que la Espaa ha perdido con la adquisicin de las Amricas. Yo no admitir esta opinin, ni creo que la admita la generalidad de los espaoles, pero ella prueba hasta qu punto se ha abusado de la plata americana cuyo valor ha desaparecido para unos y otros.

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189 nuestra ha desaparecido de la parte del pueblo influyente y va desapareciendo de la gran masa, condenada por sus opresores a vivir siempre esclava y conducida por sus hermanos a vivir libre y feliz. La decisin universal y constante de los pueblos de Amrica es una prueba autntica de su voluntad de separarse del gobierno espaol y la sangre derramada en mil batallas o en patbulos que slo deshonran a los dspotas que los erigieron, ha encendido cada vez ms el fuego del amor patrio, y el odio a la tirana. Desgraciadamente han tenido sus desavenencias sobre el modo de ser libres, o mejor dicho sobre las personas a quienes se poda encargar el sagrado depsito de la libertad; pero en medio de estos disturbios, se ha notado un solo momento en que los americanos quisiesen volver al yugo de Espaa? A pesar de haber ganado el gobierno espaol (como es fcil en todos los pases) algn corto nmero de personas, y de suponer que tena un gran partido, para ver si de este modo poda formrselo; qu ha logrado? Dar una prueba la ms evidente de que ha gobernado, y pretende gobernar, contra la voluntad de los pueblos. Y el gobernar un pueblo contra su voluntad, qu otro nombre tiene que el de tirana? y la mitad del Nuevo Mundo, deber sufrir la tirana de una manchita europea? Las hojas del proceso criminal de Espaa estn tendidas por las inmensas regiones de ese hemisferio, y tienen por juez al gnero humano. Ved, dicen los americanos al resto de los hombres, ved cul existen en los ms hermosos pases del globo, despus de una dominacin de ms de trescientos aos; ved la opulencia de nuestros vecinos obtenida con menores medios y en menor tiempo, por la influencia de un gobierno libre; ved la obstinacin de Espaa en su errnea y cruel conducta, y no preguntis su crimen, ni los motivos de nuestra separacin. El americano oye constantemente la imperiosa voz de la naturaleza que le dice: yo te he puesto en un suelo que te hostiga con sus riquezas y te asalta con sus frutos; un inmenso ocano te separa de esa Europa, donde la tirana ultrajndome, holla mis dones y aflige a los pueblos; no la temas: Sus esfuerzos son impotentes, recupera la libertad de que t mismo te has despojado por una sumisin hija ms de la timidez que de la necesidad; vive libre e independiente; y prepara un asilo a los libres de todos los pases; ellos son tus hermanos. S, no hay que dudarlo, sta es la voz de la naturaleza, porque es la de la razn y la justicia. Hombres generosos que prefers la libertad de los pueblos al brbaro placer de dominarlos, abandonad esa msera y horrenda mansin del despotismo donde sus satlites como tigres os devoran; dejad un suelo donde la virtud es un crimen y el talento una desgracia; venid, s, venid cuanto antes a reuniros a vuestros hermanos de Amrica; ellos slo estn armados contra sus opresores, que son los vuestros.

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190 Pero cunta es la temeridad de los que conociendo esta opinin americana y sus slidos fundamentos, an se atreven, no como quiera a contrariarla, sino a hacer intiles esfuerzos para que contine la desgracia de estos pases? No es su imprudencia la causa de sus males? Podan esperar otra cosa? Qu haran ellos con los americanos, si fuesen a su pas a ayudar a esclavizarlos? Se ponderan las desgracias que han sufrido los europeos en las revoluciones de Amrica, pero se ha callado siempre con estudio su verdadera causa. No se ha dicho que han producido tales desastres los mismos que los lamentan y que la tctica del gobierno espaol, aunque bien torpe en todo, no ha dejado de tener alguna delicadeza en poner en movimiento el resorte de la desconfianza entre naturales y europeos, para que stos cometan toda clase de imprudencia y aqullos se entreguen a toda clase de venganza, que es el modo mas seguro de detener una revolucin, cuando no de impedirla, y el sacrificio de los hombres nada importa a la poltica si consigue su intento. La prueba ms clara de que el odio de los americanos no es a los europeos, sino a su conducta, es que Buenos Aires, de donde fueron echados casi todos al principio de la revolucin, en el da es para ellos, no como quiera un asilo, sino una verdadera patria. Se desengaaron acerca del carcter e intenciones de los americanos; conocieron el lazo que les haba tendido el mismo gobierno espaol; mudaron de conducta y viven como hermanos. Es cierto que en Colombia se ha visto el Congreso obligado a prohibir la entrada a los espaoles, mas esta providencia ha sido arrancada por la temeridad con que algunos an se atrevan a inquietar el pas, y acaso ms bien ha sido una medida prudente, para no tener que perseguir, que una real persecucin. Al gobierno espaol ya no le quedan otras armas que las de la intriga, y es constante que las ha puesto en accin en Colombia ms que en ningn otro de los pases independientes. La fuerza vale all poco, porque sobra con qu repelerla, y slo queda la intriga. La revolucin de Mxico ha sido mucho ms afortunada, porque ha sido la ltima, y es claro que segn se avanza en tiempo, se disminuye en desgracias, porque se convencen los que la causan de la inutilidad de tales sacrificios. Muchos europeos hicieron al principio sus escaramuzas, ms por rutina que por conviccin, pero al fin ellos mismos protegen el actual gobierno (a excepcin de algunos ilusos) y goza de aprecio en el pas y se glorian de contribuir a su felicidad. Convengamos, pues, en que el amor a la independencia es inextinguible en los americanos; que no procede de su odio a los europeos, sino que este odio es el resultado de una oposicin al bien que se desea; que las desgracias son totalmente voluntarias en los que las sufren; que ellas seran

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191 nulas cuando lo fuese el temerario empeo de arrostrar contra la opinin general justa y comprobada; que las intrigas del gobierno espaol estn bien conocidas, y que se aproxima el tiempo en que los europeos residentes en Amrica conozcan que los americanos no son, como creen, sus enemigos, sino sus hermanos, y que an los mismos ilusos que tienen la ingratitud de trabajar por la esclavitud del pas que los ha enriquecido, se convencern de que el odio que se les tiene, no es a sus personas, sino a su conducta.

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192 Las dudas que usted me propone sobre la conveniencia de las doctrinas ideolgicas establecidas en la primera de mis Lecciones de filosofa, con la proposicin la idea que no puede definirse es la ms exacta, que se halla en mis Apuntes filosficos, y cuyos fundamentos expuse en la Miscelnea, creo que pueden resolverse con una mera ampliacin de las mismas doctrinas. Para eso convendr recordar ligeramente las bases de otra proposicin, y ver si concuerdan o no con lo que posteriormente he escrito. Una idea no puede definirse, cuando su objeto es tan simple que no encontramos otros en qu resolverlo y por consiguiente no hay trminos para definirlo; o cuando siendo implicado, conocemos tantas propiedades de l, que no podemos reducirlo al corto crculo de una definicin. En el primer caso, la idea no puede ser ms clara ni ms exacta, puesto que representa cuanto tiene el objeto, o por lo menos cuanto percibimos en el segundo, tampoco puede aproximarse ms a la exactitud, pues la dificultad de definir proviene de la abundancia de conocimiento, y mientras ms se aumenta ste, que es decir mientras ms conforme es la idea con el objeto, ms crece aquella. Resulta pues, que la imposibilidad de la definicin supone o la totalidad o la mayor extensin de conocimientos, y por consiguiente, la idea, etc. Mas esta misma doctrina cree usted que no est muy conforme con la expuesta en mi primera leccin. Esto es, que no existen ideas sino trminos generales. Porque en tal caso, dice usted, aquellas abstracciones en que se llega a una extrema sencillez, como por ejemplo el ser, no son ideas sino trminos generales. De donde sacamos en claro que no se da el caso de un objeto muy simple, pues todos son unos grupos de propiedades, y las ideasCARTA A UN AMIGO RESPONDIENDO A ALGUNAS DUDAS IDEOL"GICAS

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193 que los representan han de ser compuestas. Luego, hablando con exactitud, deba decirse: yo no puedo definir el trmino general ser, y no la idea. Efectivamente, dice usted muy bien. Todas las ideas que tenemos de los objetos de la naturaleza, son compuestas, pues no hay uno que no lo sea, y la idea no es ms que su imagen. Esta es la doctrina expuesta en la primera de mis Lecciones, mas de ella no se infiere que no tengamos idea del ser y de todas las propiedades en abstracto perteneciendo a ellas un objeto real. Quiero decir: una parte real de un objeto existente. Jams est el ser despojado de propiedades, y jams se halla una propiedad aislada, pero sin embargo, su conocimiento, aunque no es la imagen completa de un individuo de la naturaleza, no puede decirse que no tiene objeto. Trmino sin objeto sera trmino sin significacin, lo cual es un absurdo, pero de aqu no se infiere que siendo el trmino general, tambin debe serlo su objeto, como parece a primera vista, y como dedujeron muchos antiguos. Para convencernos, basta reflexionar que cuando nuestra mente atiende al ser o a una propiedad sola, siempre se contrae a un individuo, y por ms esfuerzos que haga, no puede figurarse un ser general idntico, en la piedra, el rbol, el hombre, etc., ni un verde o una redondez general, sino siempre contradas estas cosas a un individuo que se ve o se finge; y as el trmino que llamamos general no tiene en la naturaleza un objeto general. Cmo, pues, le conviene la denominacin? Porque se aplica a muchos donde no se encuentra un mismo ser, pero s unos semejantes, y entonces la universalidad es una propiedad del trmino que slo expresa su aplicacin universal, pero no su objeto universal, porque no hay ninguno de esta clase ni puede fingirse. Se da, pues, el caso de un objeto simple, aunque ste no exista aislado en la naturaleza, y sea preciso encontrarle siempre formando parte de un conjunto, en cuyo sentido puede decirse que no es un objeto de la naturaleza, as como una piedra no es una casa de una ciudad, ni el que tuviera conocimiento de las piedras separadamente lo tendra de las casas, mas no por eso dejan de estar en las casas, ni de ser unos verdaderos objetos. Yo supongo que usted no se figurar que yo pretendo que las propiedades sean cosas separables de los objetos, y que el smil que he puesto (como todos los smiles) no debe entenderse sino en cuanto puede aclarar la materia, conservando la idea de la naturaleza de cada cosa. Luego que se convenga en la aplicacin de la palabra idea creo que se resuelve toda la duda. Idea es imagen, y si lo es de un individuo de la naturaleza, todas nuestras ideas son compuestas; pero si esta palabra quiere aplicarse, como no puede menos de hacerse, a todo lo que tiene una realidad, aunque no forme por s solo un objeto de la naturaleza, tendremos

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194 ideas simples. Para nosotros tiene realidad todo lo que nos produce una sensacin real, prescindiendo de lo que verdaderamente fuere en la naturaleza; y la diversidad de sensaciones nos sugiere la idea de diversidad de operaciones reales, provenga o no de un mismo principio. Creo, pues, que convendremos en que se da el caso de un objeto simple cuya idea ser igualmente simple, y no podr definirse, siendo la ms exacta por esta misma razn, y que nuestras abstracciones no suponen la nulidad de objeto sino la ficcin del modo de existir. Pero en la suposicin de un objeto compuesto, dice usted que tambin ofrece alguna duda la proposicin que nos ocupa. Cuntas veces suceder que el tener un objeto muchas propiedades, facilite su definicin? Si el imn no tuviese la propiedad de dirigirse a los polos, que quiere decir, si fuera menos compuesto, yo no podra definirlo. Convengo, amigo mo, pero de ah solo puedo inferir que para la definicin de un objeto compuesto no basta conocer las propiedades en que conviene con todos si no se encuentra alguna en que se distinga, mas no que la multitud de propiedades conocidas que quiere decir la mayor exactitud de una idea, no sea un obstculo para la definicin, cuando se quiere que sta vaya como debe ir a la par de nuestros conocimientos. Si adems de esa propiedad del imn conocisemos en l un centenar de ellas, que en todas se distinguiese absolutamente de los dems cuerpos,cmo las reuniramos todas en una definicin sin que sta se convirtiese en un tratado? Si an conociendo esta sola propiedad diferente, conocisemos tal nmero de las esenciales y comunes que su enumeracin fuese dilatada, cmo se definira el objeto cuando ni aun la memoria pudiese conservar sus propiedades? No basta para definir bien un objeto decir en que se diferencia de los dems, sino qu es en s mismo. Yo creo, pues, que en algunos casos la composicin de un objeto nos facilita el definirlo, pero que en estos mismos casos y en todos los dems llegara a ser imposible la definicin, cuando llegase a ser muy exacto nuestro conocimiento. Cada objeto de la naturaleza es un mar inagotable de donde sacamos pequeas porciones que al principio contenemos en estrechos recipientes, pero que al fin nos inundan y obligan a abandonar la empresa. Definimos mientras sabemos poco; se aumenta la ciencia, y desaparece la definicin. Estas se repiten como un recurso para dar alguna sea del objeto, pero est algo atrasado el que crea que ha explicado su naturaleza. Es cuanto puedo contestar a usted en orden a las dudas que se sirve proponerme. Es de Ud. etc.

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EL HABANEROPapel poltico, cientfico y literario Redactado por Flix Varela Tomo I No. 3Filadelfia En la Imprenta de Stabely y Bringhurst, No. 70, Calle tercera del sud. 1824

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197 Desgraciadamente, aun entre los mismos que desean la independencia de la isla de Cuba, se ha esparcido hasta cierto punto la infundada opinin de que slo puede efectuarse, o que por lo menos se efectuar con menores males, esperando la invasin de tropas extranjeras. Persuadido de la inexactitud evidente de este modo de pensar, no quise detenerme mucho en refutarlo, contentndome con insinuar en el nmero anterior que la prdida de capitales y la efusin de sangre debe ser mucho mayor en el caso de una invasin que en el de un movimiento propio de aquel pueblo, por ms que quiera exagerarse sus horrores; pero como no hay error que no tenga sus defensores, y mucho ms en materia poltica, no carece de ellos el que acabo de referir. Yo no hablar de los que sostienen estas ideas como un medio de demorar lo que ellos de ningn modo quieren que suceda, y que abrigando la infundada esperanza de que al fin no habr nada, slo pretenden entretener por ahora los nimos y mantener a toda costa esa tranquilidad funesta, que no puede tener otro trmino que la desolacin. No hablar, no, a los que slo desean dar tiempo a una proteccin que en su delirio se han figurado que puede dar Espaa, y que quisieran ver realizada, aunque fuese arruinando el pas; hablar slo a los que de buena f quieren esperar de los extranjeros lo que slo deben esperar de s mismos. Yo formar un paralelo de ambas revoluciones y sus consecuencias, para contribuir por mi parte en cuanto pueda a disipar un error, que en mi concepto es funestsimo.Revolucin interviniendo una fuerza extranjeraLos enormes gastos y lo que es ms, el sacrificio de hombres que necesariamente ha de hacer la nacin invasora, necesitan una recompen-PARALELO ENTRE LA REVOLUCI"N QUE PUEDE FORMARSE EN LA ISLA DE CUBA POR SUS MISMOS HABITANTES, Y LA QUE SE FORMARA POR LA INVASI"N DE TROPAS EXTRANJERAS

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198 sa, y una recompensa que la necesidad y la gratitud llevarn mucho ms all de los lmites de la obligacin. El paso de un ejrcito extranjero por el territorio es una red barredora de su riqueza, por ms generosidad que quieran usar los invasores y por ms empeo que pongan sus jefes en evitar estos males, pues son absolutamente necesarios. Desde el punto en que se verifica la invasin, empezarn a emigrar capitalistas, llevndose cuanto puedan y quemando por decirlo as cuanto les quede, porque lo creern perdido. Tenemos, pues, que el primer paso de la revolucin es una enorme prdida de capitales y de habitantes, y el reconocimiento de una deuda cuantiossima, que por ms esfuerzos que se hiciesen, no podra pagarse sino en muchos aos. La permanencia del ejrcito extranjero deber ser costeada enteramente por el pas, como asimismo la de los buques que se pongan en su proteccin, y por muy bajos que se quieran hacer los clculos, es fcil percibir que estos gastos en que nada se economizar, deben de ser enormes. Pero qu tiempo ser el de esta permanencia? He aqu un asunto en que es menester hablar con franqueza, y que yo considerar bajo su aspecto poltico, habindole considerado hasta ahora slo en su parte econmica. Dije en el nmero anterior que en caso de verificarse la invasin, lo que conviene es unirse a los invasores, mudar el orden de cosas y despedir los huspedes con las indemnizaciones que fueren justas, y con las pruebas de la ms sincera gratitud. Efectivamente, esto es lo que conviene, y a lo que deben dirigirse los esfuerzos de todo el que ame aquel pas, mas no es preciso confesar que la permanencia de las tropas colombianas debe ser algo ms dilatada de lo que se desea. Una revolucin formada por auxilio de extranjeros aunque sean hermanos, no tiene todo el carcter de espontaneidad que es necesario para inspirar confianza, pues aunque nadie ignora que en la isla de Cuba hay el mismo amor a la independencia que en el resto de la Amrica, siempre ser un motivo, o por lo menos un pretexto, para dudar de su permanencia, la misma necesidad que se afectar que ha habido de una fuerza extranjera. No hay que dudar que el gobierno espaol sacar partido de esta circunstancia. Una multitud de perversos repetirn incesantemente que la revolucin es el resultado de la necesidad, y que hay un gran partido contra ella a favor de Espaa, una multitud de irreflexivos llegar a persuadrselo, y otros, sin estar persuadidos, pero temiendo que muchos lo estn, abogarn por la pretendida necesidad de tropas auxiliares en la isla de Cuba. Estas tropas en consecuencia sern necesarias, no por la naturaleza de las cosas, sino por la ignorancia de los hombres. La perversidad sacar de este principio todas las ventajas que se propone; se tendr como un

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199 medio de volver a unir a Espaa la isla de Cuba al suponer constante su deseo de esta unin, al ver que dura la que llamar ocupacin extranjera. Se harn paralelos odiosos entre la de los franceses en la pennsula, y la de los colombianos en la Isla, se procurar presentar a stos bajo el carcter ms odioso, y en una palabra las intrigas polticas suplirn la fuerza y la razn de que carece Espaa. Si por desgracia de mi patria, estas armas son manejadas con suceso por sus enemigos, qudeme por lo menos el consuelo de no haber hecho el ridculo papel de engaado y de coadyuvar a que no lo estn algunos incautos. Si, no hay que dudarlo: no es otra la razn que tienen muchos para afectar la necesidad de los colombianos para hacer la revolucin, aunque quisieran ver sumergida a Colombia y a todo pas independiente; estos mal intencionados ven algo lejos, y preparan desde ahora el segundo golpe que ellos creen decisivo. Resulta, pues, que la permanencia de las tropas colombianas ser inevitablemente prolongada por un conjunto de circunstancias polticas, que sin ocultarse a nadie, obligarn a todos a lo que acaso estn muy distantes de pensar. Por otra parte, los colombianos no podrn dejar expuesto a una prdida el fruto de sus sacrificios, y mientras no tengan una garanta de que no volver a flamear el pabelln espaol en la isla de Cuba, permanecern en ella para proteger el partido independiente, cuando se suponga que no lo es la generalidad de la poblacin. Nada es mas justo, pero nada ser ms favorable a las miras de los enemigos de la patria. El pueblo de la isla de Cuba, en caso de ser independiente, debe constituirse. Y lo har mientras pise el territorio un corto nmero de soldados a quienes se la dar el nombre de ejrcito extranjero? La Constitucin se dir que es hija de la fuerza, que est formada bajo el influjo extranjero. Perder todo el prestigio que debe tener una Ley Fundamental, y mucho ms deber perderlo si por desgracia se resiente algo en el contacto de una nacin que si en general conviene en intereses con la isla de Cuba, tiene otros muy diferentes y marcados en que no podemos convenir. Se esperar a la salida de las tropas colombianas? Yo aseguro que los enemigos de la Isla y de Colombia pondrn en accin todos los resortes para que no se pueda verificar dicha salida, pues de este modo dilata el pueblo su Constitucin, se halla sin bases, se le agita en todas direcciones, se hace preciso un gobierno militar, ste produce el descontento, se pondera entonces la tranquilidad perdida, y yo no quiero pensar lo que puede suceder. Quiera Dios que todos mis compatriotas vean este asunto como es en s, y no como querrn presentarlo algunos mal intencionados. No hay que andar con rodeos. La verdad clara y sencilla es que los colombianos, si invaden la isla, no es para conquistarla, sino para dar un auxilio a la genera-

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200 lidad de sus habitantes que quieren la independencia, auxilio innecesario, pero que al fin se ha dado en la obstinacin de creerlo indispensable. Colombia deseara la agregacin de la Isla de Cuba por razones evidentes que sera intil exponer; mas sin duda debe estar muy distante de pretender conseguirlo por la fuerza, pues ni tiene la necesaria para el caso ni puede ignorar que la isla de Cuba aun cuando en s no tuviera todos los medios necesarios para frustrar cualquiera tentativa de opresin, tendra auxilios, muy respetables. No hay que alucinarse. Yo soy el primero que estoy contra la unin de la Isla a ningn gobierno, y deseara verla tan Isla en poltica como lo es en la naturaleza; pero no puedo persuadirme de que si llegase a efectuarse la unin a Colombia, no fuese por la voluntad del pueblo, sino por una conquista. En Amrica no hay conquistadores, y si algn pueblo intenta serlo, deber esperar la reaccin de todo el Continente, pues todo l ver atacado el principio americano, esto es: que la libre voluntad de los pueblos es el nico origen y derecho de los gobiernos, en contraposicin al lamentable principio de la legitimidad europea. No hay que temer. El temor es ridculo, y puede servir de arma a los enemigos de la libertad. Lo que conviene es conocer sus intrigas, unirse todos, conservar la tranquilidad, la verdadera tranquilidad y no la de las mazmorras, y acelerar el momento en que no siendo necesarias las tropas extranjeras, que a mi juicio nunca han sido, se las despida, y se trate de pagar lo ms pronto que fuere posible.Revolucin formada sin auxilio extranjeroEsta empresa, por no deber nada a nadie ni poltica ni econmicamente, tiene todo el prestigio de la espontaneidad. Se halla libre de todo influjo extranjero. Puede dirigirse enteramente conforme a los intereses del pas, y por personas que tengan identificada su suerte con la de la Isla; presenta a las naciones un cuadro ms noble e interesante, y granjea mucho mayor crdito mercantil; evita mucho ms la extraccin de capitales, pues si en un primer momento hay algunos capitalistas tmidos que emigren, muy pronto renacer en ellos la confianza, y volvern a vivir tranquilos donde han vivido tanto tiempo y con tanto aprecio. Faltarn, o a lo menos se disminuirn los pretextos para esparcir la desconfianza y alarma; ser ms fcil la conviccin de los que no miran a los independientes sino como unos ladrones y asesinos; se aumentar la poblacin considerablemente por la emigracin europea, que acaso tengo yo ms datos que la generalidad de mis paisanos para saber que ser cuantiosa, y no de hambrientos como creen algunos necios, sino de personas que pueden traer mucha utilidad al pas. Los mis-

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201 mos desrdenes que es indispensable que haya, sern contenidos y remediados con mucha ms facilidad y empeo, cuando la revolucin sea hecha enteramente por personas a quienes perjudiquen dichos desrdenes an ms que a los individuos contra quienes se dirijan. En una palabra: todas las ventajas econmicas y polticas estn en favor de la revolucin hecha exclusivamente por los de casa, y hacen que deba preferirse a la que pueda practicarse por el auxilio extranjero.Poltica francesa con relacin a AmricaA los que como yo hayan observado de cerca la conducta de la Santa Alianza por medio de su nacin ejecutora, que es la Francia, no podr coger de nuevo todo cuanto se diga sobre intrigas y proyectos liberticidas, ni podrn dudar un momento que los gabinetes europeos trabajan cuanto pueden, sin reparar en la naturaleza de los medios, para que el Nuevo Mundo sea esclavo del antiguo; mas sin embargo, como hay muchas personas que aun no han formado la idea que deben de la infernal poltica de esos santos, me parece conveniente insertar la instruccin dada por el gabinete francs al personaje que destinaba para la revolucin de Amrica, y ponerla algunas notas para llamar la atencin de los americanos. Dicha instruccin, habida como se consiguen todas estas cosas, cuando se sabe intrigar (que tambin los americanos entienden un poquito) y no se ahorran pesetas, se imprimi en el Morning Cronicle de Londres, y ha sido traducida y reimpresa en El Colombiano de 24 de noviembre del ao pasado.

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202 Conforme a la exposicin que usted ha dado a sus Excelencias el Conde Villele y visconde Chateaubriand, se ha resuelto confiar a usted la direccin de este delicado negocio, de cuyos pormenores se halla Ud. tan bien instruido, como igualmente de su conjunto. La favorable acogida que Ud. ha tenido de parte de S. M. Fernando VII, y la confianza que se ha dignado depositar en Ud. son nuevos motivos que nos determinan a poner en sus manos los intereses de Francia y Espaa1. Ud. debe marchar inmediatamente a Madrid a obtener definitivamente en la fuente las noticias que necesita2, a recibir las ltimas instrucciones del gabinete espaol, de que deber enviarnos copia, y preparar con la brevedad posible su viaje a Amrica. Los conocimientos que tiene Ud. del pas, deben proporcionarle al llegar a Mxico la mayor facilidad de formar conexiones con las personas que ms extensamente se la sealarn en Madrid3, y que siempre han continuado en conservar relaciones polticas con la madre patria. Ya no se halla Ud. sin conexiones, segn anunci en su segundo memorial a S. E. el visconde de Chateaubriand, y de estos dos mtodos unidos y combinados, es preciso que nazcan los ms favorables y prontos resultados. Ahora hay pendiente otra negociacin que puede remover muchos obstculos, y llevar el asunto a una conclusin ms pronta4, pero como an no se ha terminado, nos reservamos hablarle a usted de esto ms en detalle. Esta negociacin ser el objeto de unas instrucciones particulares que se le enviarn despus5. Entre tanto, el rumbo que Ud ha de seguir es el siguiente: con sujecin a las circunstancias, propagando la divisin entre los partidos6, particularmente entre los militares, que por su disposicin a la obediencia pasiva y a la subordinacin jerrquica se han hecho ms propios para recibir un impulso independiente de su propia voluntad7. La especie de estado secundario en que el poder civil ha pretendidoINSTRUCCIONES SECRETAS DADAS POR EL DUQUE DE RAUZAN AL CORONEL GALABERT EN PARS

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203 mantener el ejrcito despus de la cada de Iturbide, es una palanca que astutamente empleada puede producir los resultados ms ventajosos8. Esta secreta contienda entre los ciudadanos y los militares, es una circunstancia sobre la cual debe Ud. establecer uno de los ms eficaces medios de lograr un buen suceso9. La guerra civil que desuela a Mxico ha irritado los habitantes espaoles10; y las exacciones a que son inclinados los cuerpos armados pertenecientes a ambos partidos conducirn naturalmente a los habitantes a declararse en favor de aquel gobierno en que vean bastante fuerza para asegurarles el reposo y tranquilidad11. La corte de Espaa, que posee noticias ciertas sobre este pas, nos comunic al principio de nuestra negociacin la certidumbre de que, a causa de la decidida parcialidad de los oficiales mexicanos por el servicio europeo, tiene de poder separar muchos de ellos con el auxilio de promesas de esta especie, que lleva intenciones de cumplir, y an de exceder. Ud. puede ponerse de acuerdo sobre este punto con el gabinete de Madrid, y formar de esta disposicin de los nimos de los mexicanos una de las bases ms firmes de su misin. En cuanto a los mapas que Ud. ha hecho en el pas, y que acompaan sus diversos memoriales, se enviarn los originales a Madrid con la mayor prontitud, luego que se saquen todas las copias. La del Golfo de Mxico est perfecta, como igualmente la que indica los puntos militares de las Floridas12. Un punto importante, sobre el cual nunca ha informado Ud. sino muy ligeramente, es la disposicin del clero mexicano. Compuesto de rdenes diferentes y de diversas supremacas eclesisticas, debe haber entre ellos rivalidades y disensiones, que sera muy importante saber muy bien. Sin duda, que segn dice Ud. en su segundo memorial, “la ms ciega supersticin reina en medio de la ms horrorosa licencia: el pueblo sufre todos los efectos de un yugo religioso, y el clero es bastante poderoso para formar con el una revolucin”, pero siempre ser necesario conocer los miembros del alto clero de influjo y el aspecto con que los curas y los frailes consideran la revolucin y la separacin de Espaa13. En Madrid debe haber apreciables apuntamientos sobre este asunto, y no es de menos importancia para Ud. que ventajoso a su comisin, adquirir todos los documentos relativos al clero, igualmente que los concernientes a los oficiales del ejrcito mexicano. Otras instrucciones que recibir Ud. de Espaa antes de su partida, le impondrn de cuanto se ha decidido sobre aquel negocio de que slo hemos dado a usted una mera noticia. Por dispuestos que estuvisemos a dudar de la autenticidad de tales documentos, dice el editor de El Colombiano, o a fomentar la esperanza de que la actual poltica de la Francia es ms liberal que antes, no podemos

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204 resolvernos a ello, al observar l’Etoile, papel ministerial de Pars, que lejos de negarla, la presenta con regocijo como una prueba triunfante de la firme adhesin de los ministros a la Espaa, y en refutacin del cargo de vacilacin formado contra ellos por el ex ministro Chateaubriand. Si el gobierno francs ha renunciado sinceramente a los principios de la Santa Alianza sobre este punto, como podra inferirse de las protestas de sus agentes, de la presencia de nuestro Ministro en Pars por invitacin especial, y an de las seguridades dadas ltimamente al gabinete ingls; por qu vemos siempre enlazados y justificados estos principios por los peridicos ministeriales de Pars? Sera intil dar un colorido honesto a tales contradicciones, cuando conservamos todava en la memoria la llegada de Mr.Chas. seran a nuestro pas con estas instrucciones de su Corte en una faltriquera y las cartas amistosas del Gobernador de Martinica en la otra. Hemos publicado una de estas cartas dirigida al General Pez, en el nmero 60 de este peridico. Entre otros muchos cumplimientos asegura que “esta tiene por principal objeto desvanecer los rumores que se han esparcido, hace algn tiempo, por ciertos diarios extranjeros, sobre las intenciones que se suponen a Francia de prestar socorros a la Espaa para la guerra que mantiene con los nuevos gobiernos disidentes de sus posesiones de la Amrica del Sur”, aadiendo: “Estos rumores que quizs no los alimenta sino el espritu de malevolencia, estn desnudos de toda especie de fundamento”, y adems “quedo persuadido repulsar las insinuaciones que an se dirijan a poner en duda las intenciones de Francia”. Este lenguaje, comunicado en tales momentos, y por tal mensajero, no necesita comentario.1 Los intereses de Francia en auxiliar a Fernando VII en la reconquista de Amrica no pueden ser otros que tomar parte de ellas en recompensa, y no puede ser otro el espritu de esta clusula en que se identifican los intereses de ambas naciones.2 La dichosa fuente est bien seca, y tan seca que los papeles de Madrid donde no se pone sino lo que quiere el Gobierno, hablan de ventajas de las armas realistas sobre los constitucionales de Amrica,lo cual adems de ser falso, es contrario a los intereses del gobierno espaol, pues supone la existencia de un partido constitucional en Amrica; que no se contenta con pensar libremente, y desear el cambio de cosas, sino que toma las armas para conseguirlo. Las cartas de Madrid impresas en algunos papeles franceses dicen con bastante claridad que todos los hombres de juicio estn convencidos de la ignorancia del gobierno en cuanto a los negocios de Amrica. Este informe sin duda no se pide por la Francia sino para guardar consecuencia y cubrir el expediente.3 Estas personas sern de las muchas que en todos tiempos han tratado de ameritarse, engaando al gobierno espaol, y hacindole creer que slo un corto nmero de criollos quiere la independencia. Es ridcula la ceguedad que ha habido siempre en Espaa sobre esta materia, y la imprudente confianza que se ha tenido, sin otro fundamento que esta clase de informes. Aun en la poca constitucional en que el gobierno se pona ms en contacto con personas que pudiesen ilustrarle, se hallaba con la misma preocupacin, y me acuerdo haberlo odo decir a uno de los muchos ministros que tuvimos (gracias al deseo de S. M. de trastornarlo todo), que con cuatro o seis batallones fieles se reconquistaba Mxico. Yo no s si contuve la risa o la clera. Acaso ambas cosas. Sin duda agreg la palabra fieles, porque estara en la persuasin (en que se hallan muchos en

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205Espaa, de que las tropas que vienen a Amrica se unen como dicen ellos a los rebeldes, y no hay quien los convenza de que los pobres soldados tienen que pelear contra pueblos enteros y contra tropas disciplinadas, aguerridas y superiores en nmero.4 Esta negociacin no es ms que un contrato de compra y venta, la cual si se consiguiese llevara el asunto a una conclusin bien pronta, pero sera quedndose el vendedor y el comprador como suele decirse, mirando para el camino, porque se uniformara ms la opinin de independencia, se excitara el odio general contra ambas partes contratantes, y por mucha que fuese la fuerza con que pudiesen contar los tiranos, llevaran una leccin de lo que pueden los pueblos. Que negociacin puede tener Francia con Espaa que termine pronto el negocio de Amrica? El de incendiarla con sus infernales intrigas? Eso ya est negociado, si es que puede llamarse negociacin. La de prestar dinero para la reconquista? Este contrato ha de tener por garanta alguna especie de hipoteca y todo bien traducido quiere decir una posesin. Aunque quisiese decirse que Francia slo aspira a ventajas mercantiles, nadie ignora que estas ventajas seran absolutamente efmeras, no estando la Amrica ocupada por un gran ejrcito, y ste sin duda sera el francs, como est sucediendo en la Pennsula.5 Advirtase que la negociacin, segn el perodo anterior, deba terminarse en Madrid, y por consiguiente no ser objeto de las nuevas instrucciones que se ofrecen al coronel Galabert, sino en cuanto al modo de llevarla a efecto, que quiere decir: preparar los nimos y formar partido en favor de un orden de cosas sobre que nadie piensa por ahora.6 He aqu las armas de la infame poltica europea; he aqu los protectores de la humanidad, los que se conduelen de las conmociones de Amrica, los que lamentan sus desastres; he aqu de acuerdo con la madre patria, tratando de que sus hijos se devoren, con tal de que la toquen algunos pedazos para acabar de consumirlos. ¡Bendita maternidad!7 Qu confesin tan paladina de que slo con un impulso contra su voluntad pueden los hombres servir a la tirana? El ejrcito americano ha dado pruebas tan constantes de no ser capaz de recibir impulsos contra su voluntad, que sin duda perder su trabajo, si no es que pierde algo ms, el caritativo emisario.8 El ejrcito que est en estado no como quiera secundario, si no es el ms abyecto, es el francs, que sirve de instrumento ciego no slo a su amo, sino a todo el que lo quiere mandar el ejrcito mexicano como todos los de Amrica est en un estado primario y bien primario, pues cada soldado es un ciudadano y como tal tiene los mismos derechos que el presidente de la Repblica.9 Quiere decir: baar en sangre aquel pas, y desolarlo.10 A quienes nuestras intrigas, han logrado poner en guerra con los que por carcter y por intereses, slo trataran de vivir con ellos hermanablemente.11 Y ser este gobierno el espaol, que ni en la misma Pennsula puede sostenerse sino por las bayonetas francesas? Lo entiendo, seor Duque; la alusin es bien clara.12 Este mapa sin duda ser necesario para el caritativo objeto de mandar un regalo de bayonetas a los mexicanos; mas estos, que se precian de atentos, se preparan para corresponder al obsequio y no les faltarn auxiliadores para tan laudable objeto.13 ¡Qu hipcrita e infame poltica! He aqu los defensores de la religin, he aqu un piadoso consejo dado a nombre del Rey cristiansimo y en favor de S. M. C! Se quiere encender las rivalidades y los odios hasta en el santuario; se quiere fomentar el fanatismo y ultrajar la religin, convirtindola en instrumento de la poltica. Se dice que la ms ciega supersticin reina en medio de la ms horrorosa licencia, y sobre estas bases, s, sobre stas, porque no puede tener otras, se pretende reedificar el ominoso edificio de la tirana. No, sacrlegos, no conseguiris vuestros perversos designios; esa supersticin y esa licencia que no existen como las suponis, pero que si de algn modo existen, se deben a vuestra inicua conducta y son resquicios de los males causados por la tirana; esa supersticin y esa licencia horrorosa, desaparecern del todo, y muy pronto veris presentarse en el continente americano la religin catlica sin esos agregados con que la habis hecho odiosa, y separado de su seno tantos hijos. Veris, s, la religin de Jesucristo sustituda a la vuestra, que es la de las pesetas; veris la libertad cimentada en la religin, as como vuestro despotismo lo est en la ambicin y la soberbia. Esta es la misma conducta que observaron los franceses en Espaa para derribar la Constitucin. Afectaban una religiosidad extrema, cuando puede asegurarse sin temor de errar que la mayor parte de ellos tenan la

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206misma religin que un burro, y procuraban por todos los medios encender el fanatismo. Una persona de carcter e ilustracin que pudo escaparse de Sevilla y pasar a Cdiz cuando estaban en esta ciudad las Cortes, me inform que haba visto a los principales jefes y oficiales franceses muy devotos y compungidos en la procesin de penitencia que hicieron los sevillanos para que Dios pusiese en libertad al Rey, que como ellos decan, lo tenamos preso los constitucionales, y lo entregase en manos de los franceses, donde permanece en perfecta libertad de hacer lo que le manden. ¡Vaya un absolutismo!

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207 ANTI INDEPENDIENTE .Con que Ud. amigo mo, est por los revolucionarios? INDEPENDIENTE.Estoy contra ellos, porque tengo por tales a todos los que conociendo las necesidades de un pueblo, sus peligros, los medios de evitarlos, las ventajas de la aplicacin oportuna de estos medios y la voluntad general de que se apliquen cuanto antes, se obstinan sin embargo en contrariarla, buscan todos los recursos para indisponer los nimos y radicar la opresin, y por intereses personalsimos mal entendidos sacrifican los de todo un pueblo. Esta es la verdadera revolucin, o trastorno de principios, a que se pueden aplicar todos esos eptetos con que suelen regalarnos. S, yo estoy estrechamente unido a los naturales del pas, y esta sola circunstancia bastara para que si Ud. medita algo la materia, conozca que no son revolucionarios, a no ser que Ud. d a esta palabra la acepcin que le dan los dspotas, en cuyo idioma es revolucionario todo el que propende al bien de los pueblos y resiste a su opresin. Cuando una sociedad es bastante numerosa para constituir un cuerpo poltico, y las circunstancias exigen que lo constituya, tiene un derecho a hacerlo, y mucho ms si la naturaleza favorece este designio por la misma situacin y proporciones del pas. En tales circunstancias, un pueblo entero jams es revolucionario. Lo son sus opresores. Mas si Ud. llama revolucionarios a todo el que trabaja por alterar un orden de cosas contrario al bien de un pueblo, yo me glorio de contarme entre esos revolucionarios, y si he rechazado la expresin, es porque s el sentido en que se aplica. ANTI INDEP.-Con que Ud. se declara contra su patria? INDEP.-Yo slo declaro en favor de la razn y la justicia. Si yo he de servir a mi patria de instrumento para la opresin, y an para el exterminio de un pueblo generoso de quien he recibido innumerables obsequios y conside-DILOGO QUE HAN TENIDO EN ESTA CIUDAD UN ESPAOL PARTIDARIO DE LA INDEPENDENCIA DE LA ISLA DE CUBA Y UN PAISANO SUYO ANTI INDEPENDIENTE

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208 raciones, y que ahora justamente desea precaver su ruina, esa que Ud. llama mi patria deja desde el momento de serlo, pues yo no pertenecer jams a una sociedad injusta y cruel. La ingratitud no se ha hecho para razn. ANTI INDEP.Ah... la gratitud deba mover a Ud. en favor de su patria. INDEP.Cuando no exija de m un crimen como es el impedir la felicidad de un pueblo, a quien ella ha abandonado. Pero hablemos claro, pues yo hasta ahora he respondido, siguiendo la equivocacin de ideas causada por la voz patria. Si Ud. entiende por mi patria el pueblo en que nac, sera bien delirio creerme en obligacin de trabajar por someter a l la isla de Cuba; y si Ud. entiende por mi patria a Espaa, las provincias de Amrica que han constitudo la mayor parte y la ms rica de la Espaa, han determinado tomar distinta forma de gobierno, libertarse del desptico que reina en la pennsula, y dividirse voluntariamente, en distintas sociedades para que sean mejor gobernados, pero bajo unos mismos principios. La Espaa no es el territorio, son los espaoles; y los espaoles de Amrica han determinado separarse de los de Europa, y yo estoy muy conforme con la separacin que asegura la libertad de los pueblos. S, mi amigo, las repblicas del continente americano son la Espaa libre, que para serlo ha sacudido el yugo de un amo, y ha jurado no sufrirlo jams. Esta es mi patria, y aun cuando no lo fuera, yo la adoptara, renunciando la que es y ser siempre la mansin del despotismo. Toda esa farndula de la maternidad de la pennsula respecto de Amrica, o quiere decir que estos pueblos son propiedad de aquel, en cuyo caso yo renuncio hasta el nombre de espaol, porque ni por un momento quiero sufrir el de tirano; o da a entender lo que suena, que de all vinieron los conquistadores (cuya justicia o injusticia, no es del caso averiguar), y despus infinitos pobladores, que unidos a los naturales que ya eran tambin espaoles, han dado origen a los que llamamos criollos, y que por consiguiente tienen todos los derechos que sus padres. Quin le ha dicho a Ud. que han de ser amos de este suelo los espaoles que se quedaron all, y no los que vinieron a poblarlo y cultivarlo? Los hijos de stos tienen en realidad todos los derechos de los espaoles que fingen tener los espaoles europeos, y adems, los nicos legtimos que son los de naturaleza en un pas, y propiedades radicadas en l, derechos de que slo puede despojarlos la tirana. Los paisanos nuestros que por un fanatismo poltico contraran esos derechos se hacen un dao enorme a s mismos, pues establecen que un europeo en el mero hecho de ser un hombre activo y de exponerse a los peligros del mar para venir a buscar su fortuna unindose a la mayor parte de la nacin y la ms rica que est en este hemisferio; en este mero hecho, digo ya es esclavo de los peninsulares. Toda su fortuna est en disposicin

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209 de stos, y deja a su familia la preciosa herencia de la esclavitud. ¡Habr majaderos! No se canse, Ud. amigo mo: Todo proviene de que los peninsulares dicen: Nuestras Amricas, como podran decir: Nuestra hacienda, donde otros trabajan para que vayan all sus productos. Por mi parte, yo digo mi Amrica, como mi patria donde trabajo y disfruto, y los americanos mis compatriotas que conmigo trabajan y disfrutan. ANTI INDEP.Pues descudese Ud. y ver si esos compatriotas lo dejan en la calle. INDEP.Si yo fuese su enemigo, podra temerlo, pero siendo su hermano, estoy bien seguro. Ese es el espantajo con que quieren atemorizarnos como a nios. Los estragos que ha habido en algunos parajes de Amrica con los europeos, ha sido porque stos han querido hacer el papel de quijotes desfacedores de entuertos, porque han contrariado la opinin del pas, porque no han cesado de tramar revoluciones, porque estando ac y disfrutando ac, son agentes de all. Amigo mo: O herrar o quitar el banco. Vivir con las opiniones e intereses de un pueblo o abandonarlo. De lo contrario, prepararse a hacer mal y a que se lo hagan, y no quejarse porque ellos se tienen la culpa. Eso es lo mismo que el que ataca un ejrcito y despus se queja de haber sido herido. Pues qu quieren? Que les celebren la gracia? Desengese, amigo mo: Los americanos estaran con los europeos en perfecta armona si no hubiera entre nuestros paisanos algunos necios y otros perversos que encienden el fuego de la discordia bajo pretexto de sostener all derechos ridculos. ANTI INDEP.Yo lo que s es que quiero asegurar mis bienes. INDEP.Pues no hay duda que estarn mejor asegurados, excitando el odio de los que Ud. dice que quieren quitrselos, y que en lo que menos piensan es en ellos. Paisano y amigo mo, dejmonos de rodeos; Ud. si medita un momento sobre el carcter del pueblo de la isla de Cuba a que uno y otro nos referimos, no puede abrigar esos temores, pero acaso tanto darn en que el perro rabie hasta que lo hagan rabiar. Si nuestros paisanos, cuando cay la libertad en Espaa, la hubieran querido sostener en la Habana, hubiera habido choques con los naturales? Ahora mismo, si se avinieran a cooperar a la felicidad de aquel pueblo, no mereceran el aprecio y an el cario de sus naturales? No sera la isla de Cuba el asilo de todos los libres? No se aumentara extraordinariamente su riqueza y poblacin? ¡Ah! Permtame Ud que le diga que los europeos que fomentan ideas contrarias, hacen un papel ridculo y cruel; ridculo porque demuestran que son liberales de Espaa y nada ms, y que sus principios son tan opresores como los que siempre han reinado en la Pennsula; cruel, porque asesinan un pueblo, y lejos de evitarle una revolucin sangrienta, y proporcionarle todas las venta-

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210 jas de la armona, van a precipitarlo a su entera ruina. No se danse Ud: Nuestros paisanos hacen el papel de opresores, y sin poderlo negar, pues ellos mismos confiesan que es absurdo el gobierno peninsular, y quisieran destruirlo. ¡Y qu papel tan triste! ANTI INDEP.Mi amigo: esas ideas me afectan. Ofrezco con meditarlas. Adis.Reflexiones sobre la situacin de EspaaLa Francia, como instrumento de la Santa, o sea la diablica Alianza, cree que ha llegado el tiempo de dar el golpe mortal a la Espaa; esto es, de retirar su ejrcito de ocupacin. Las bayonetas que en manos de los hijos de San Luis entraron en la Pennsula para cimentar en ella el trono y el altar, se creen ya intiles, o por lo menos se determina que no continen prestando su proteccin. ¡Ah! El rey que para mandar despticamente trae en su auxilio una fuerza extranjera, y oprimir a los que por otra parte llama sus hijos, acaba por ser ms esclavo que los mismos a quienes pretende esclavizar. S, no es otra la suerte de Fernando VII, l gobierna una nacin de esclavos, siendo el primero de ellos; y el que no quiso sufrir las respetuosas insinuaciones de sus sbditos, tiene que cumplir los mandatos de sus amos. Nada vales, le dicen, sin nosotros; t sabes que no es, como se dice, una faccin, sino casi toda la parte ilustrada de tu pueblo la que se resiste a ser gobernada despticamente; a la vista tienen los constantes esfuerzos que hacen por todas las provincias para sacudir el yugo; t has convertido tu reino en un cadalso, y la sangre de tantas vctimas excita por todas partes el furor y la venganza; la miseria (que es el verdadero enemigo de Espaa) se extiende ms cada da; los recursos todos se agotan, infiere, pues, los resultados. Sin embargo, nos despedimos abandonndote a tu suerte, a menos que te sometas a nuestra voluntad, y si quisieras mandar, empieza por obedecer. Nada poda ser mas plausible para los espaoles que la salida de un ejrcito invasor, que siendo impotente para conseguir su empresa por las armas, slo ha podido conseguirla por la intriga cimentada en la ignorancia de una plebe, y en la perversidad de muchos que no pertenecen a ella; pero a la verdad, nada puede ser ms inoportuno. Yo estoy muy lejos de opinar que convenga una larga permanencia del ejrcito francs en Espaa, y creo positivamente que mirado el asunto bajo otras consideraciones, puede decirse que debe efectuarse ahora la salida, pues ms adelante producira mayores males; pero s dir una y mil veces que si los franceses y los que los han enviado a Espaa, no tuvieran una intencin decidida de arruinar a aquella desgraciada nacin, prepararan esta salida, apagando en cuanto fuese po-

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211 sible el incendio que ellos mismos han formado; s: el incendio que ellos mismos han formado con su conducta hipcrita y perversa. Quin puede dudar que de haber querido los franceses, no se hubiera sacrificado tantas vctimas en los cadalsos, no se hubiera saciado una plebe insolente en la sangre de sus hermanos, no estaran sepultadas en la desgracia tantas y tantas benemritas familias; en una palabra, no se hubiera introducido el activo e indestructible veneno del odio domstico, que no excepta al padre para el hijo, ni al hijo para el padre? Ahora es cuando fingen compadecerse de esas desgracias; pero se retiran, confesando tcitamente en este hecho que ellos las han causado, y dejando al mismo tiempo el campo libre para que se aumente, pues as conviene a su cruel poltica. La conducta del general Bourmont en Cdiz, indica claramente lo que pudieron hacer los franceses, si todos hubieran tenido los sentimientos de humanidad, que tuvo siquiera momentneamente, aquel caudillo de los liberticidas. Quien ignora que este general se neg a dar entrada en Cdiz al regimiento de Gras (los hroes del clebre 10 de marzo), enviado por su amo para fines piadosos, y que los oblig a pasar la noche en el muelle y a retirarse como suele decirse con cajas destempladas? Quin ignora que el bendito Dunoi,1 comisionado por el gobierno para poner en seguridad nada menos que ochocientas personas de Cdiz, en lugar de los cuatrocientos soldados franceses que pidi para este caritativo objeto, lo que obtuvo fue una orden de salir de la ciudad en el trmino de dos horas y un edecn con su escolta para hacrsela cumplir? Quin no sabe que a las once de la noche se abrieron las puertas de Cdiz slo para que saliese como perro con vejigas el citado caballero? Y qu result? Llevar este bofetn el seor D. Fernando VII, y hacer que no lo senta, porque el quejarse hubiera sido provocar a que le regalaran con otros ms fuertes, y aun algo ms a las claras. A fe que en Cdiz no ha habido excesos, ni se han ejecutado las prisiones que en otros pueblos, donde sin duda no hay tanto liberalismo. Qu indica esto? Que no se cometen excesos donde los franceses no los permiten; que el actual gobierno slo es cruel donde los franceses dejan que lo sea. Las condiciones que se dicen propuestas por el gobierno francs son: 1, que el rey establezca un sistema representativo. 2, que conceda una amnista general con pocas excepciones, y stas nominales, 3, que cumpla las capitulaciones hechas por los generales franceses con los generales espaoles, que en un tiempo fingieron ser constitucionales, y que al fin fueron... lo que siempre haban sido. ¡Qu apuro para el gabinete espaol! La1 Este caballero natural de Nueva Orleans, es uno de aquellos americanos como suelen serlo los que degeneran de este nombre.

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212 primera de esas condiciones es el trgala ms terrible que puede imaginarse; es una piedra de molino que no hay garganta que la pase. La voluntad expresa del rey es mandar despticamente, y que ni siquiera se oiga el nombre de representacin nacional, aunque sea de farsa, y esta voluntad expresa es la que le mandan sus amos que mude o que contrare. Vaya un trgala, pero como es por mano extranjera, no es contra la dignidad real, ni se opone a los derechos legtimos del amo de los espaoles. ¡Pero, qu! : Ser cierto que el gobierno francs desea que haya un sistema representativo en Espaa? Como lo desea el Gran Turco. Esta ha sido la trama de que siempre ha usado la Santa Alianza por medio del gabinete francs; ste ha sido el funesto lazo que ha aprisionado a tantos incautos. Desde la memorable poca en que el cordn de sanidad, puesto para impedir que la fiebre amarilla atraviese los Pirineos, se convirti en ejrcito de observacin, se empez a manejar esta arma con la mayor destreza; ella hizo prodigios en manos de los afrancesados, que llevaron su ingratitud hasta donde yo esperaba y algunos no crean, y ella en fin di heridas mortales a la desdichada Espaa y prepar su ruina. Cuando ms uso se hizo de esta arma alevosa fue en los ltimos das, cuando la libertad refugiada en su ltimo asilo, esperaba que pasados los primeros momentos de un engao, en que tuvo ms parte la sorpresa que el convencimiento, fuesen conocidos sus verdaderos enemigos, y que los espaoles volviendo en s, percibiran el abismo en que iban a sumergirse, provean lo que ya estn tocando, y que al fin un esfuerzo propio de su carcter los sacara del peligro, escarmentando a sus disfrazados opresores. Bien temieron stos que llegase tal momento, que hubiera sido el de exterminio, y para evitarlo se fingieron amigos de la libertad que todos ambamos, y enemigos nicamente del desorden. Se pretendi que era imposible que dejase de haberlo mientras existiese la Constitucin espaola, y se prometi otra que estando ms en consonancia con el resto de Europa, evitase a la Espaa todas las consecuencias de una rivalidad general y conciliase las opiniones e intereses de los espaoles entre s, restituyndoles la suspirada tranquilidad. Persona hubo en Cdiz que aseguraba haber visto la nueva Constitucin galo hispana y que daba razn exacta de sus bases y principales artculos. Agregndose esto a la promesa verbal (y jams por escrito) que hacan los generales franceses, de que el rey no estara cuarenta y ocho horas entre ellos sin haber firmado la nueva Constitucin, alucinaron a algunos incautos. El duque de Angulema se haba contentado con manifestar por escrito que luego que S. M. estuviese libre, esto es entre las filas francesas, le suplicara rendidamente que diese o prometiese dar a sus pueblos un gobierno conforme a su carcter, necesidades, y circunstancias polticas

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213 ¡Suplicara! Qu splica podra hacer quien slo daba rdenes apoyadas en las bayonetas, y aun mucho ms en las mismas circunstancias que ponan a Fernando en el estrecho caso de obedecer o verse abandonado en manos de los que acababa no de engaar sino de hacer desgraciados? Cundo se hizo la tal splica? Y si se hubiera hecho, es creble que hubiera sido desatendida? Pero demos que as haya sucedido. —Por qu no se tom entonces el partido que ahora se toma, o por lo menos se afecta tomar? No se hubieran evitado innumerables males y esos enormes gastos que ahora pondera el gabinete francs? Poda caber duda en el resultado de un orden de cosas como el que existe? La simple promesa de la ridcula por mal fingida splica, no estaba indicando que se prevean? Pero las intenciones eran muy distintas, y convena dejar crecer los males, no para ostentar el mrito de la cura, sino para hacerlos ms incurables. Convena, s, tener un motivo para prolongar la ocupacin, que entre otras utilidades polticas de ms importancia proporcionaba una ventaja econmica en favor de los franceses, que sin duda no era de despreciar. Esta consiste en el escandaloso contrabando que empez a practicarse desde la entrada del ejrcito, y que contina y continuar, mientras dure la ocupacin de la pennsula, o por lo menos de las plazas fronterizas y de la costa. Declarados libres de derechos los efectos introducidos para el consumo del ejrcito francs, no ha habido clase de fruto ni de manufactura de Francia, que no se haya introducido en nmero capaz de abastecer a media Espaa. Me consta que hasta pianos se han introducido libres de derechos por destinarse al ejrcito francs. No hay duda que son armas excelentes para decidir una batalla y que los tales soldados son comme il faut. Todo ha sido una trama desde el principio, y acaso ahora no hace ms que continuarse aunque bajo distinto aspecto. Puede ser muy bien que como se piensa generalmente, no sea este paso de los franceses otra cosa que un amago a Fernando VII, para que no olvide su miserable situacin, y se d prisa, no slo en acceder a las pretensiones de sus verdaderos enemigos, sino a proponerles ventajas en que acaso ellos mismos no haban pensado; porque a la verdad qu no har un rey que despus de haberse entregado a la venganza y de haberse adquirido el odio de la mayor parte de su nacin, se v amenazado de quedar a discrecin de los mismos que l ha perseguido y arruinado? Este temor puede fomentarse por los franceses para sacar partido y no es improbable que el ltimo golpe de la Espaa sea ocasionado por el temor de su rey, que sin duda empezar por disponer de los ms distantes, esto es: de sus dominios imaginarios de Amrica, y acabar por descender del trono, o por permanecer en l como un rey de farsa. Sin embargo, yo me inclino a creer que todo se ha hecho de concierto, y que no se

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214 pretende otra cosa que distraer los nimos, tenindolos en la expectativa de la cacareada Constitucin galo hispana, conseguir que los liberales desistan de sus empresas, ya que van siendo algo ms serias, o por lo menos no puedan contar con una multitud de patriotas incautos, a quienes alucinen estas promesas; alejar un poco la odiosidad que merecen los franceses por haber sido unos crueles liberticidas, tanto ms odiosos cuanto ms hipcritas. Puede s, ser este un ardid para evitar que al fin encuentren su sepulcro en aquel desgraciado pas los que en todos tiempos no han pensado ms que en destruirlos, los que en el ao de ocho le atacaron alevosamente, y los que en el de veintitrs han repetido, aunque con ms disimulo, la misma alevosa. Bien conocen sus intereses los llamados hijos de San Luis; ellos fingen que quieren salir de Espaa, pero es preparndose para entrar en mayor nmero y oprimirla. Por qu conservan las plazas fuertes? por qu se apoderan de los principales puertos? Si han conseguido su intento, por qu no se van todos, y dejan enteramente libre el pas que dicen que han venido a favorecer? Y si no lo han conseguido por qu se retiran? ser para abandonar la empresa? Slo podr creerlo el que ignore o se haya olvidado de todo lo acaecido. Los franceses dijeron siempre que ellos no venan a combatir contra liberales por otra causa que por el reconocimiento del dogma poltico de la soberana de los reyes y no que los pueblos, y que por consiguiente no haba alteraciones que hacer en la Constitucin espaola, sino que toda ella era ilegtima, por no ser dada libremente por el prncipe a quien nica y exclusivamente perteneca dar leyes, as fundamentales como civiles. Oficialmente, ni an esto decan, por ms que se exigi de ellos que manifestasen los motivos que les impulsaban a tan escandalosa invasin. Contestaron siempre que no contestaban, porque ellos no pedan entenderse sino con el rey en libertad, y que no lo consideraban en este estado sino cuando se hallase entre el ejrcito francs. Ahora bien, este dogma por cuyo reconocimiento han hecho tantos sacrificios, si es que puede llamarse reconocimiento un silencio impuesto a punta de bayonetas; este dogma, repito, quedara en pie en Espaa si los franceses o mejor dicho la diablica Alianza abandona la empresa? Es claro que no. Luego tambin es claro que la empresa no se abandona, sino que por lo contrario, se sigue cada vez con ms empeo. A qu viene, pues, esta especie de amenaza hecha a Fernando VII de abandonarlo si no establece un sistema representativo? Ignoran ellos que la respuesta es: no quiero? ¡Ah! sa es la que ellos esperan para conseguir sus miras, aunque por ahora finjan que la sufrirn. Bien conocen que en el momento se encender la guerra civil ms sangrienta, y que los liberales no sern como hasta

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215 ahora meramente pasivos y vctimas de sus asesinos, bien prevn ellos la absoluta necesidad que habr de su vuelta a Espaa, y bien esperan que Fernando tenga la suerte de todo rey que se entrega en manos de extranjeros. Ahora ms que nunca viene bien aquellos versos: Vironse estos traidores fingirse amigos para ser seores. Aun los mismos peridicos franceses (no hablo de los ministeriales) reconocen estas verdades, y anuncian los males que pueden sobrevenir a la misma Francia por la conducta de su gobierno respecto a Espaa. Yo no puedo menos de insertar lo que dice el Diario de Comercio de Pars de 22 de noviembre, porque a la verdad est escrito con toda la franqueza que exige el asunto, aunque se resiente algo de ser pluma francesa, y yo aprovechar esta ocasin para decir lo que l calla, y que acaso no quisiera ser estampado. “Se asegura (dice el citado peridico) que el Consejo se ocupa de la gran cuestin de la evacuacin de la Pennsula, y en efecto, no poda presentrsele un problema ms complicado. La poltica, en que tiene siempre parte Espaa, es tan radicalmente mala, que para salir del estado en que nos ha puesto, no tendremos que elegir sino males. Es lo ms triste ver hasta qu punto se ha procurado justificar las siniestras predicciones con que hace dos aos resonaba el Parlamento britnico, y cunta razn tenan M.M. Canning y Liverpool cuando calculaban con gran complacencia la extensin de los gastos y de los inconvenientes que deban resultarnos de nuestra invasin en la Pennsula. Pero qu hay que hacer ahora? Si evacuamos la Espaa en el estado de confusin y de anarqua en que est sepultada, no seremos responsables de los excesos y furores del partido que hemos hecho triunfar? No es a nuestros esfuerzos y sucesos a quienes se debe el poder de que se usa para llenar los calabozos y prostbulos? No debe preverse el caso posible de la reaccin de un partido oprimido, que cansndose de ser diezmado por un populacho abyecto, podra al fin sacudir sus cadenas? Por su fuerza moral, y por la energa que le da su desesperacin, no podra triunfar de una faccin que no puede sostenerse sino con la ayuda de bayonetas extranjeras? No habra menores inconvenientes en prolongar una ocupacin que no tiene otro resultado que enormes gastos sin alguna recompensa, y nuestras valientes tropas no sabran salir fcilmente de la difcil posicin que ocupan entre el partido dominante, cuyos furores no pueden reprimir, y sus vctimas, a quienes deben imponer sumisin y silencio. Los soldados franceses no se

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216 han hecho para servir de carcelero y gendarmes al partido de la fe. Desearamos que se nos demostrarse sin declamaciones y charlataneras el partido que se ha de tomar para abrir el estrecho desfiladero en que se ven comprometidos. Se presenta en este momento un hecho bien notable: mientras retrograda nuestro ejrcito hacia los Pirineos, los austriacos evacuan tambin parcialmente el reino de Npoles. Pero ¡qu diferencia! Austria evacua la Italia meridional porque ha conseguido completamente el fin de su invasin, y nosotros dejamos la Espaa porque no hemos podido llegar al nuestro, que es la pacificacin del pas. El Austria se hace recompensar largamente de sus gastos, y de la ocupacin ha sacado la ventaja de mantener treinta o cuarenta mil hombres sin que la costasen nada: la Francia ha sacrificado trescientos millones en pura prdida, y todos los gastos de la ocupacin han quedado a su cargo. La expedicin de Npoles ha aumentado la influencia del Austria en Italia, sin que esta empresa la haya debilitado respecto a las dems potencias de Europa: la Francia, despus de haber restablecido la dignidad real en Espaa, no ha conseguido el valimiento necesario para hacer que se atiendan sus consejos y que se cumplan las capitulaciones acordadas por el prncipe generalsimo, y a nadie se oculta que si sobreviene una guerra en Europa, suceso para el cual siempre debe estar prevenida una gran potencia, la Francia embarazada con los lazos que la unen a la Espaa, como un ser viviente a un cadver, no tendr en sus movimientos toda la libertad necesaria, y acaso estas onerosas relaciones la distraern en trminos muy favorables a sus enemigos. Podr suceder que los sucesos del Oriente justifiquen muy pronto esta observacin”. A pesar de que el autor de los prrafos que acabo de insertar habla en un tono poco agradable al gobierno francs, no deja sin embargo de dar a conocer, como dije anteriormente que en el fondo tiene sentimientos bien anlogos a los del mismo gobierno que censura. Siente el xito de la empresa y no la empresa misma; se duele de los millones gastados, y no del infame uso que se ha hecho de ellos; se lamenta de que Francia no haya conseguido su intento como Austria el suyo, que es haberse saciado en la sangre de los infelices napolitanos y haber reducido aquel pas a tan terrible esclavitud que ni siquiera tienen el consuelo sus malhamados habitantes de dar un suspiro en medio de sus penas, porque ste sera un nuevo delito. ¡Francia no tiene bastante influjo para hacer que se atiendan sus consejos! ¡Ah! Francia finge no tenerlo, porque as conviene a sus intereses. Espaa est como un cadver unido a un ser viviente, s no hay duda, y como la vctima del ms cruel asesinato. Y quien fue el asesino? ¡Ah! Ese mismo ser viviente a quien ahora pesa tan funesta carga, ms por el oprobio

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217 que le resulta en llevarla, que por piedad hacia tan tristes despojos. Esos millones se han gastado en encender la guerra civil, en fomentar el fanatismo, en esparcir el terror y la muerte, en cimentar el coloso de la tirana; en una palabra: en las funciones propias de una de las dos naciones ejecutoras de la Santa Alianza. Para llevar adelante su engao, los Santos Aliados, hacen que la Francia vuelva a suscitar la fingida indicacin de una amnista, exigindola como base de sus futuros convenios con el Gabinete de Madrid. Los miserables que fueron tan tontos que se figuraron estar seguros por el primer decreto de exterminio que sali con el nombre de amnista, muy pronto recibieron un tristsimo desengao vindose en crceles, y acaso algunos en los patbulos, por intrigas muy fciles de formar cuando un gobierno recibe como ofrendas las vctimas que son entregadas a su furor. Este desengao ha hecho que sea algo difcil encontrar tontos que caigan de nuevo en el lazo, y para conseguir nuevas presas ha sido preciso encubrirlo algo ms. Se dice, pues que la amnista no ser ya en trminos vagos, ni por clases que con una siniestra ampliacin comprendan los individuos que designarle el odio y la venganza, sino que la nueva amnista deber ser con pocas excepciones y stas nominales. Conforme a esta nueva trama nos salen ahora los papeles pblicos con la interesante noticia de que se han citado para comparecer personalmente (como que son mentecatos) a los seores Valds, Siscar y Bigodet, regentes nombrados por las Cortes en Sevilla, y que de no comparecer, sern juzgados en rebelda. No tiene otro objeto esta importuna por tardsima medida, sino aparentar que se toma para que sean estas personas las primeras excepcionadas, nominalmente, y se d crdito a la proyectada amnista, que se estar cacareando como la anterior cuatro o seis meses, y al fin ser otro parto de los montes aun ms ridculos; y entre tanto est todo el mundo quieto, y se logra remachar ms las cadenas. El mismo hecho de exigirse excepciones nominales, da margen a la decorosa o por lo menos la disimulada demora del negocio, pues cada una de ellas debe ser, aunque no ser, el resultado de un juicio seguido con todos sus trmites, y del cual resulte perfectamente probado el delito de una persona determinada. Yo supongo que tambin convocarn a los diputados que votamos por el nombramiento de la regencia, pues no es natural que llamando a los encargados del poder, no llamen a los que la pusieron en sus manos. Este nuevo llamamiento ser un poco ms difcil, porque como la votacin no fue nominal, y por el reglamento del Congreso votbamos sin ms que ponernos en pie para probar, y quedarnos sentados para negar el voto, nadie puede, ni an los mismos diputados, decir nominalmente todos los que votaron. Casi

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218 todos nos pusimos de pie, y as la aprobacin fue tan clara, que al golpe no dej ningn gnero de dudas, ni fue preciso contar los votos; de modo que el acto de la aprobacin del dictamen fue asunto de menos de un minuto. Bajo estos datos considrese si es posible que se convoque nominalmente a los diputados que votaron por la regencia. Por mi parte tengo el gusto de ahorrarles el trabajo si llega a tiempo este papel, y aprovecho esta ocasin para manifestar pblicamente que lejos de arrepentirme de haber votado por la regencia, protesto que si mil veces me vienes en las mismas circunstancias, mil veces votara del mismo modo. Si el tribunal que debe juzgar a los diputados juzgase tambin a los reyes, y fuese juez la parte ilustrada de los pueblos, yo me embarcara en el momento para la Pennsula, y sin duda encontrara all a mis benemritos compaeros. Ved lo que est sucediendo: ved un rey entregado a sus verdaderos enemigos, a los que ya otra vez le llevaron preso, y ahora le aprisionan en su mismo reino, aunque ms disimuladamente; ved un pueblo envilecido hasta el extremo, ved la sangre de tantas vctimas regando un suelo ingrato; ved la discordia y el furor sembrados por todas partes; ved la guerra civil que estalla, y que acaso en breve reventar con la fuerza de un volcn reprimido cuyos estragos sern tan funestos como irremediables; ved la libertad encadenada bajo el pretexto de contener la licencia; sentid, s, sentid el peso de esas cadenas, que ya hasta a vosotros mismos os abruman, y no preguntis, crueles consultores de ese malhadado prncipe, por qu se nombr una regencia en Sevilla, ni por qu los regentes admitieron el encargo. Pero dejemos al tiempo que concluya el desengao que ha empezado, y volvamos a nuestras consideraciones sobre el estado de Espaa. La deduccin acertada que puede hacerse de todo lo que observamos en la Pennsula, es que su enfermedad hace crisis, y que por consiguiente debemos esperar muy pronto un cambio en su estado poltico, o su ruina total. Su situacin es monstruosa, y es un nuevo monstruo, un monstruo duradero. La poltica de Europa tiene ya bien preparada la vctima para inmolarla y acaso la destina a una suerte muy semejante a la que en 1772 y 1792 tuvo la desgraciada Polonia, y no sera extrao que Fernando VII muriese en Pars (no preso, sino sin poder salir ni abandonar la compaa de sus amigos), as como muri en San Petersburgo el desgraciado Estanislao III; y que los que ahora tratan como infame y llenan de baldones al ilustre patriota que puso en sus manos la joya inestimable de la libertad que han perdido, lloren sobre las ruinas de su pas, como los miserables polacos lloraron sobre el suyo los malogrados triunfos de un Kosciusko. A este mismo tiempo la porcin ilustrada del pueblo espaol, que contempla ya como cierta la ruina de su patria, hace todos los esfuerzos para evitarla: el pueblo

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219 ignorante, acaso la est percibiendo ya, y si no es as, muy pronto la percibir; y no hay que dudarlo: el choque de la libertad contra el despotismo va a empearse de un modo terrible. Pero cul ser el xito? He aqu un punto muy delicado y en que no puede establecerse una opinin fija. El mar poltico est en tremenda borrasca y sus estragos son tan variados y caprichosos como sus enfurecidas olas. Yo dejo a cada cual decudir las consecuencias que guste, que todas ellas tendrn sin duda antecedentes de donde deducirse legtimamente. Slo creo que puede asegurarse que la Espaa, o perece, o si su valor la liberta del exterminio, quedar exnime, pues vemos que ya casi lo est. ¡Qu escarmiento para los que fiaron su suerte en manos de los extranjeros, y creen que afirman el trono de un rey, hacindole flotar en la sangre de sus sbditos! La poca va a ser de desengaos. Los que creen que un sistema poltico no puede establecerse sino precedido de la desolacin y la muerte, y que una de las armas con que atacan la revolucin de Espaa, era predecir su poca duracin, por no haber sido ensangrentada, tendrn ahora una oportunidad para conocer hasta qu punto son exactos sus principios. Bastante sangre corre actualmente en Espaa. No hay da que no se seale inmolando alguna vctima al dolo ofendido y a quien se pretende desagraviar. En todas las provincias, mejor dicho: en todas las ciudades, estn en accin continua los tribunales militares, y a fe que no son escrupulosos en mandar fusilar. El error est bien difundido, pero con l se difunde tambin la desesperacin y el deseo de la venganza, y jams ha estado el despotismo tan vacilante como ahora que se entrega libremente a todos sus furores. Desaparecen, s, los objetos que excitaban el odio y la venganza, pero de sus cenizas brotan millares de otros semejantes, y cada da se aumenta ms y ms el nmero de los enemigos de un gobierno sanguinario. Pensaron los dspotas que con matar o mejor dicho: asesinar constitucionales, se extinguira esta que llaman raza perversa: mas la experiencia va demostrndoles que donde se matan diez se forman ciento, y que las ms enrgicas contrarrevoluciones siguen siempre a los ms numerosos y crueles asesinatos. La severidad acompaada de la justicia es necesaria; la crueldad unida a la injusticia es lo ms funesto a toda clase de gobierno. El editor del Diario del Comercio de Pars dice que la Francia debe estar prevenida para una guerra que acaso puede sobrevenir en Europa. No hay duda: el poder colosal de la Rusia, que como un gran gigante pretende extender un brazo sobre el Oriente, teniendo ya otro en el norte de Europa, amenaza a las naciones de un orden inferior, y no sera muchos que experimentasen, no ya una inundacin de brbaros como antiguamente, sino una inundacin de bayonetas rusas, que para el caso es un poco peor. El equili-

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220 brio europeo cuya conservacin es el principal objeto de las naciones, est destrudo, y ste es el indicante ms seguro de una guerra. Los ingleses, que ven atacada no su seguridad, porque sta lo est en la naturaleza, y en un mundo flotante de que puede disponer su gobierno, sino las ventajas de su comercio de la India, si la Rusia apoderndose de la Turqua consigue el gran punto de Constantinopla, y an extiende sus conquistas hasta el Egipto, esperan que las naciones occidentales le declaren la guerra, o mejor dicho: incitan a que se la declaren para unirse a ella. Los ingleses hacen el papel de indiferentes con todo el mundo, y lo revuelven todo. Saben que son necesarios y estn para or proposiciones, o mandar que se las hagan, aunque siempre con el aire de indiferencia, desinters y an generosidad. Pongmonos ahora en el caso de un rompimiento entre los santos, y que los ms dbiles se reuniesen contra el Santn de Rusia. Cmo se componan con Espaa? Si la abandonan, retoa y fructifica el rbol de la libertad; si la ocupan, es preciso que sostengan no como quiera una ocupacin pasiva, sino una guerra constante, porque entonces el desavenimiento de los opresores animar a los oprimidos, y esa misma Rusia que ha sido la principal de las naciones continentales en derribar la Constitucin de Espaa, proteger momentneamente y por lo bajo a los constitucionales, y yo aseguro que tiene razn el periodista francs para temer que su nacin se vea un poco apurada. Si las cosas tienen este desenlace, podr ser feliz la Espaa? Dos aos antes lo hubiera sido, cuando un sistema liberal, si no perfecto, por lo menos con las bases para serlo, recibiendo a su tiempo y libremente las correcciones necesarias, se hubiera visto sin enemigos, por lo menos sin los poderosos que poda tener. Ms ¡ahora! Respondan otros que as lo han querido. Haciendo aplicacin de estas observaciones al negocio de Amrica, que es lo que ms nos interesa, es menester estar muy ciego para no ver que Espaa, sea cual fuere el resultado de la crisis en que la vemos, est fuera de combate, y que los americanos ya slo tienen que habrselas con emisarios, y no con bayonetas espaolas. En el estado actual de la Espaa, creo que no cabe duda, y si alguno se obstinase en dudarlo, bastara para convencerlo la simple consideracin de que al gobierno espaol le sobran deseos de enviar tropas, le ha sobrado tiempo desde la cada de la Constitucin (pues dicen los serviles que antes no se mandaban porque los constitucionales eran unos pcaros), est perdiendo tiempo y dndoselo a los americanos para que se consoliden y preparen la defensa, y sin embargo no manda ni un soldado. Luego, es porque no puede, y esta impotencia crece de un modo incalculable. Si el sistema poltico vuelve a tener otra alteracin en Espaa, este cambio no dar dinero, que es lo que se necesita para el negocio de expediciones; antes

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221 por el contrario, se gastar mucho para conseguir el mismo cambio poltico y para conservar el nuevo orden de cosas, no sea que por meterse a conquistadores, sean conquistados. La nacin espaola, como he dicho anteriormente, debe quedar exnime, y adems con todas las cargas de las inmensas deudas que est contrayendo y que ser preciso reconocer, o exponerse a mayores males; en trminos que aunque rompa las cadenas, ha de pagar a los que se las pusieron. En consecuencia, puede asegurarse que ni ahora ni despus hay que temer expediciones de Espaa y que la Amrica est tan libre de ejrcitos espaoles como el cielo de ratones. A estas circunstancias se deber el trmino de la lucha entre las llamadas colonias y su llamada madre. Trmino que priva a Espaa de infinitas ventajas que pudiera sacar, renunciando a la maternidad; pero que es el nico que puede tener este negocio, pues ya todos estn bien convencidos, y yo por mi parte tengo mas datos que otros muchos para estarlo, de que jams se conseguir de los espaoles que dejen de creer que son amos de la mitad del Nuevo Mundo, aunque manden en l tanto como en la una.Preguntas sueltas, respuestas francasQu se han hecho los dos mil hombres de tropa que deban pasar de la Corua a La Habana? Dicen que se dispersaron. Se dispersaron o los dispersaron? De todo puede haber. Volvern a reunirlos? Raya en lo imposible. Y si los renen, podrn conservarlos hasta que se embarquen? Seguramente, siempre que tengan bastantes cepos en qu ponerlos o buenas cuerdas para atarlos. Y en La Habana, los esperan? Quin lo duda? Hasta el da del juicio por la tarde, porque por la maana es muy temprano.

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222 El Morning Chronicle de 1o de septiembre y despus El Colombiano de 22 de noviembre del ao pasado, han publicado algunos prrafos de las instrucciones dadas a Mr. Chasserian, de que habl anteriormente, y que hubiera insertado a continuacin de las del coronel Galabert, enviado a Mxico, si no hubiese llegado a mis manos el nmero citado de El Colombiano, despus de impresos los artculos anteriores. Sin embargo, he credo oportuno insertar este documento, para que cada cual forme por s mismo el cotejo entre una y otra instruccin, y perciba su identidad, pues slo se diferencian en las palabras, bien que al Sr. Chasserian se hacen algunas advertencias omitidas respecto del coronel Galabert, de las cuales consta el nimo del Gobierno francs de guardar una apariencia de rectitud y de constancia de principios, que consiste en ser constante y cruel enemigo de toda nacin libre. Yo omito anotar estas instrucciones, porque las convienen exactamente las mismas notas puestas a las del coronel Galabert. “Conforme a la instruccin nmero 2 que se puso en manos de Ud. en 3 de junio por el coronel Galabert, y con arreglo a las prevenciones contenidas en su memorial, queda determinado que la misma base de operaciones le servir a Ud. de gua en ambas, caso que tenga necesidad de nuevas instrucciones. El punto ms importante de ellas es lograr informes positivos con respecto al estado actual de las fuerzas militares y navales de Colombia, y principalmente saber perfectamente las opiniones (morales) de los oficiales de ms influjo en el ejrcito como en la marina. Del ltimo despacho del coronel Galabert se evidencia que los nimos estn en Mxico bien dispuestos en favor de un movimiento realista, y es de desear que el caso sea el mismo en Colombia. El coronel Galabert nos asegura que el pueblo est en todas partes muy exasperado contra los insurgentes, y que el clero se halla animado de lasINSTRUCCIONES DADAS POR EL GABINETE FRANCS A MR. CHASSERIAN, ENVIADO A COLOMBIA

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223 mejores disposiciones. Observe usted exactamente el sentido de las cosas por su parte, y busque los medios de obtener por s mismo algn influjo, que le ayudar a establecer sin peligro su carcter diplomtico semi oficial. No tema usted prometer demasiado o avanzar hasta muy lejos. Es esencial tocarlo todo a un mismo tiempo, sin lo cual ser necesario abandonar la idea de volver a someter la Amrica bajo el cetro de aquellos sanos principios que otra vez han salvado la sociedad en Europa. Cuide usted particularmente en todas las relaciones que establezca, dar importancia a los eclesisticos: ningn esfuerzo empleado en adherirlos fuertemente estar de ms, porque el influjo que ejercen sobre los americanos espaoles no es menor que el que han conservado sobre sus paisanos en Europa. Se ha determinado absolutamente que en ningunas circunstancias procure o proponga usted la emancipacin o reconocimiento como Estado independiente. Esta concesin preliminar siempre denota debilidad, y al mismo tiempo tiene el serio inconveniente de dar a la poltica un aire de mala fe. Antes de todo, es mejor tener muchas dificultades que oponer, para despus avanzar ms rectamente en el camino que nos habamos propuesto. La distancia es otra razn para ahorrar tiempo. y no dar pasos falsos. Parezca usted ms bien algo indiscreto por lo tocante a opiniones realistas que permitir se suponga ni por un momento que la Francia se allane a hacer alguna concesin al espritu revolucionario. Sobre este punto, el gobierno de S. M. concuerda estrictamente con el Gabinete de Madrid: todos los medios de persuasin, de intereses y de conviccin deben emplearse para atraer otra vez las colonias al antiguo orden de cosas; pero si todos los otros esfuerzos y procedimientos no producen un favorable resultado, queda slo por ltimo recurso obtener por la fuerza de las armas lo que no se ha conseguido por medio de las negociaciones que se estn practicando. No desprecie, pues, usted nada para lograr el objeto por los medios que tiene en su poder. Presentando al pueblo continuamente el xito que han tenido en Europa las revoluciones de Npoles, Piamonte, Portugal y Espaa, haga usted perceptible cuanto haya de vicioso en el sistema que se dirige a separar la Amrica de la Europa y a destruir en consecuencia las relaciones comerciales, que solas pueden dar vida y movimiento a los cuerpos polticos, que por decirlo as han sido creados no ms que ayer. El genio de los espaoles no es hecho para estas teoras abstractas, por cuyo auxilio este hermoso y rico pas ha estado catorce aos inundado de sangre. Es tiempo de poner en dique esta devastacin, que arruina las naciones pervirtiendo sus nimos, y refrenar en medio de su curso estos torrentes desoladores, que tienden a refluir desde el nuevo mundo al antiguo. Luego que usted haya formado algunas respetables conexiones en el pas, ser de la mayor importancia poner estos auxiliares en estado de obrar

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224 eficazmente. Cuantos ms de los naturales del pas atraiga usted al inters de nuestra poltica, tanto ms fcilmente obrar usted con fuerza y rapidez. Sobre todo, no se olvide de los oficiales generales del ejrcito. El objeto de la ms urgente solicitud de usted debe ser el conocimiento exacto de los buques de guerra, su nmero, su fuerza, el nmero de caones de que estn armados y el nmero exacto de sus tripulaciones. Tampoco debe olvidarse la clase de los buques. Luego que obtenga usted estas noticias las enviar al capitn P... de la Marina que sobre este asunto ha recibido rdenes del Ministro de Marina y que recibir los despachos de usted por el paquete de Brasil. La casa de Gerard, de Filadelfia, y sus corresponsales en Buenos Aires tiene orden de proveer a usted de las sumas que quiera librar sobre ellos a la vista. No puede haber ninguna demora en cumplir las solicitudes de usted, pues todo ha sido previsto, y sobre todo, est ya providenciado. En el mismo paquete hallar usted las instrucciones del Gabinete de Madrid, para el abad Doraldo. Se recomienda al cuidado de usted, quien debe considerarlas como la de mayor importancia. Un duplicado de la ltima relacin de usted se ha enviado al coronel Galabert, con quien conviene que usted contine manteniendo comunicacin cuantas veces lo exija la ocasin.

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225 Las ltimas noticias de Europa y Amrica todas conspiran a poner en evidencia la exactitud de las ideas manifestadas en este nmero y los anteriores. He dicho que la independencia de la Isla de Cuba no es un objeto de eleccin sino de necesidad, pues un hecho poltico la decreta, y que los que la presentan obstculos no hacen ms que privarla de los bienes de que podra estar acompaada; y los hechos van comprobando a pasos gigantescos mis previsiones. El simple extracto de dichas noticias bastar para convencer a todo el que no quisiere cerrar los ojos. Yo siento que la brevedad del tiempo no me permita extenderme en reflexiones, pero a la verdad que son poco necesarias. Derrotado enteramente el ejrcito espaol en el Per, est libre toda la Amrica. En la capitulacin hecha entre los generales entra la entrega del Callaco, y slo se permite salir en navo “Asia” el bergantn “Aquiles” y dems buques de guerra o del comercio, como as mismo la oficialidad e individuos del ejrcito que no quieren quedarse en el pas, estipulando no tocar en ningn punto de Amrica en que flamee la bandera espaola, ni poderse emplear en guerra contra los pases independientes. Queda pues el ejrcito colombiano en disposicin de invadir la Isla y en necesidad absoluta de hacerlo. El gobierno de Estados Unidos ha emprendido al mismo tiempo la brevsima construccin de varios navos, fragatas, corbetas y buques menores. Los ingleses han procedido al reconocimiento de Colombia y Mxico y han enviado un comisionado a Lisboa para persuadir que reconozcan al Brasil, y en caso de no hacerlo intime al gobierno portugus que queda reconocido por Inglaterra y contine su viaje al Brasil para negociar sobre esta base. El mismo Gabinete ingls de una proteccin decidida a los griegos para oponerse a las miras de Rusia. Holanda ha seguido ya el ejemplo deSUPLEMENTO AL No. 3 DE “EL HABANERO”

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226 Inglaterra en el reconocimiento de Amrica. En una palabra: todo indica un rompimiento con la Santa Alianza (que se presenta muy ofendida) y la causa son las antiguas posesiones espaolas. Luego esta nacin ser parte principal en el negocio, y la fidelsima isla de Cuba ver quin la defiende contra los esfuerzos no slo de la Amrica, sino del coloso ingls. Mientras los negocios polticos toman este aspecto, en la Habana solo se trata de perseguir a mi pobre Habanero, y de mandar asesinar a su autor. Acabo de recibir la noticia de que en consecuencia de los efectos producidos por el segundo nmero se ha hecho una suscripcin para pagar asesinos que ya han encontrado y que deben venir de la Isla de Cuba a este pas sin otro objeto que este asesinato. La noticia es dada por personas de quienes no puede dudarse, y adems tiene otros antecedentes que la confirman. ¡Miserables! Creis destruir la verdad asesinando al que la dice? ¡Ah! Ella es superior a todos los esfuerzos humanos, y un recurso como el que habis tomado slo sirve para empeorar vuestra causa. Nada prueba ms la solidez de lo que he dicho que la clase de impugnacin que habis adoptado. Yo podr morir a manos de un asesino, pero aseguro que no ganaris mucho, y no s si me atreva a pronunciaros que perder algo vuestra causa. Por lo que hace a las personas caritativas, podra designarlas, mas no lo har porque no tengan muy pronto la misma suerte que ellos me preparan. Yo no s hacer la guerra de asesinos, ni he hecho otra que la de razones, francamente, sin ocultar mi nombre y de un modo decoroso. Es el medio de salvar la Patria pagar malvados que quiten la vida al que ha cometido el crimen de decir la verdad, a tiempo en que las cosas pueden tener mejor y ms pacfica composicin? ¡Ah ingratos! Queris derramar la sangre del que solo ha trabajado y trabaja por que no se derrame la vuestra. Desgraciados, pues slo puede serlo el criminal: yo os entrego al tiempo, y a vuestros remordimientos. Entre tanto una verdad quiero recordaros, y es que vuestro nmero es limitadsimo, y debe su preponderancia a una condescendencia momentnea. Ya no es tiempo de sorprender a nadie con los espantajos de criollos y europeos, habiendo entre stos acaso tantos desengaados y tantos independientes como entre aquellos. Yo no he hecho ms que procurar que los hombres se conozcan mutuamente y conozcan su situacin, para que en un caso que por su naturaleza es inevitable, se calmen las pasiones, se impidan los desastres, y saque el pas inmensas ventajas, que hagan felices a sus actuales habitantes, y a sus futuras generaciones. Si este es un crimen, he aqu un crimen protector de la humanidad y arreglado a la justicia, he aqu un criminal que se gloria de serlo.FLIX VARELA.

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EL HABANEROPapel poltico, cientfico y literario Redactado por Flix Varela Tomo I No. 4Nueva York En la Imprenta francesa, espaola italiana No. 44 Maiden Lane.

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229 Todas las cartas que se reciben de aquella isla convienen en que mi pobre Habanero sufre la ms cruel persecucin. ¡Pero qu cosa tan particular! Persguese a El Habanero al mismo tiempo que todos confiesan que dice la verdad, y cuando el mismo gobierno da pruebas irrefragables de estar plenamente convencido. An los ms encarnizados enemigos de la independencia escriben que es inevitable si los colombianos hacen un desembarco, y que este desembarco es aun ms inevitable; confiesan que la suerte de la Isla ser infinitamente menos ventajosa si debe su libertad a un ejrcito extranjero, que si la obtiene por solos sus esfuerzos; y sin embargo, el autor de El Habanero es un hombre perverso, enemigo de su pas, porque ha tenido valor para decir pblicamente lo que nadie niega en privado, sin que el silencio sirva para otra cosa que para dar tiempo a que el mal no tenga cura. El gobierno de aquella isla en el mismo momento en que acaba de recibir tropas de Espaa, y cuando pensaba darse ms aire de seguridad, toma el partido de mandar un comisionado a la Corte para que llore y clame cuanto pueda representando la miserable situacin de la Isla. Y este paso es de quien est seguro? No prueba a la evidencia que ya no saben con la que pierden? Efectivamente, no puede darse una manifestacin ms clara de la impotencia de aquel gobierno, del peligro de la Isla y de la exactitud de las observaciones del perseguido Habanero. Pero a qu va el comisionado a Espaa? Unos dicen que a manifestar que se pierde la Isla si el rey no reconoce la independencia de Colombia y Mxico, otros que a pedir ms tropas, y un navo para la defensa. Lo primero es improbable, pues el que conozca el Gabinete espaol, y las ideas reinantes en la Pennsula no dudar, que no slo es intil semejante pretensin sino que se exponen mucho los que la hagan. Lo segundo es ms cierto,PERSECUCI"N DE ESTE PAPEL EN LA ISLA DE CUBA

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230 pero no menos intil, y errneo. Es decir a los colombianos y mexicanos: estamos en incapacidad de resistir; daos prisa en acometer, pues si os tardis puede venir algn auxilio; es avisar a los independientes de la Isla que aprovechen la oportunidad que se les presenta, y no les quede duda (si es que la tenan) de que a poca costa sacuden el yugo. Siempre pens que se hara una peticin de tropas, pero cre que sera con el mayor secreto y slo por comunicaciones oficiales; mas ya que ha sido con tanta solemnidad y aparato que ha llamado la atencin de todo el mundo, no puedo menos de dar gracias a los seores que han manejado este negocio porque su resolucin hace ms a mis fines que mil nmeros de El Habanero, pues ahora aun los que se alimentaban con ficciones de su imaginacin acerca del estado de la Isla no podrn menos de desengaarse al ver la prueba autntica de inseguridad que les da su gobierno. Supongamos que el comisionado vaya con el arriesgadsimo encargo de pedir la emancipacin del resto de la Amrica espaola como nico medio de conservar las islas de Cuba y Puerto Rico. En este caso es mucho ms evidente el apuro del gobierno y la exactitud de mis observaciones acerca de su impotencia para garantizar a esos tranquilistas que creen salvar la Patria adulando a un amo y persiguiendo a todo el que menos cobarde que ellos se atreve a dar un paso para libertarla de la opresin que sufre y del peligro que la amenaza. Cuando un gobierno que sabe la oposicin del rey a reconocer la independencia, an despus del reconocimiento hecho por el Gabinete ingls, se atreve a proponerla, es preciso creer que est muy apurado, y que para hacer una proposicin de tal naturaleza ha procurado cubrir bien el expediente acreditando ese apuro hasta la evidencia, pues de otra suerte se expondran a ser tratados como traidores todos los que intervienen en semejante medida, mucho ms cuando se toma en el momento mismo de acabar de recibir tropas y buques de guerra. Y si esto es as, por qu se persigue a El Habanero? Qu ms papel subversivo, ni que ms voz de alarma que las operaciones del Gobierno y de sus satlites? El tiempo: he aqu el juez a quien apelo, y cuya sentencia no tardar mucho. Algunas veces me ha ocurrido que en este negocio no hay ms que una trama poltica, quiero decir: un engaa bobos, procurando el Gobierno entretener los nimos con la esperanza de que Fernando reconocer la independencia de Colombia y Mxico por no exponerse a perderlo todo. Esto, decame yo a m mismo, habrn credo neciamente que es un medio de demorar las operaciones de Colombia con la esperanza de que sean innecesarias, al paso que servir para animar a los tranquilistas y hacer desmayar algn tanto a los independientes; pero confieso que prontamente hice justicia a mis enemigos, y no los cre tan necios, a que se figurasen que otros

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231 que no han dado pruebas de tontos lo son hasta el grado de no percibir una trama tan grosera y de dar tiempos a que se remachen las cadenas o por lo menos se refuercen. Al expediente no le falta ms que una pieza, y es un oficio muy atento y amistoso a los presidentes de Colombia y Mxico, participndoles la determinacin tomada, y aplicndoles que esperan la respuesta, que deber traer el comisionado que debe salir para Espaa. Mientras Victoria y Bolvar, que son nios de teta, esperan tranquilos la resolucin del rey, se aparecer el seor comisionado en el navo Asia, o en el viejo y carcomido San Pablo, que compondrn de cualquier modo; vendrn algunos transportes, y se reforzar la guarnicin de la Isla con dos o tres batallones y las fuerzas navales con el navo y algn otro buque. Personas hay que cuentan ya con este porvenir, y creen que todo saldr a pedir de boca. Lo malo es que como la tienen abierta puede secrseles mucho antes de que llegue el bocado. En cuanto a la peticin del navo, no es mera sospecha, pues me consta que as lo ha propuesto cierto jefe y que el dictamen ha sido adoptado. No es mal recurso, pero es insuficiente, remoto e improbable, mas al fin los que tuvieron paciencia para esperar ms de un ao la decantada expedicin de la Corua y generosidad para pagar sus costos,1 no ser mucho que esperen y costeen otra semejante, aunque llegue el remedio cuando el enfermo haya muerto, o por lo menos cuando sea intil y empiecen nuevos clamores, como ha sucedido con la llegada de esta expedicin. Yo no extrao que el gobierno procure por todos medios sostener su dominio en la Isla aunque sea arruinndola, pero s extrao que aun haya personas tan alucinadas que se figuran que semejantes sacrificios pueden ser de alguna utilidad al pas, cuando no hacen ms que empobrecerlo y preparar su ruina. Despus de haber gastado tanto en la conduccin de las tropas, qu han conseguido? Aumentar la guarnicin lo suficiente para que no haya con qu pagarla, sin que a la pretendida seguridad de la Isla se agregue ni un pice. En diciembre del ao pasado estuvieron bien afligidos para poder pagar la corta guarnicin que tenan; conque ahora, aumentados mucho ms los gastos y disminudas, o por lo menos, no aumentadas las entradas, es regular que no estn muy sobranceros y dentro de poco les1 En El Colombiano de 19 de enero, se insertan varias cartas que se encontraron en la fragata Uranie que iba de Burdeos a La Habana, y fue detenida por dos corsarios de la repblica, por conducir propiedades espaolas. Entre dichas cartas se encuentra una del agente del gobierno de la Isla, y de sus adictos, en que encargaba que el comercio y dems pudientes se esforzasen para pagar los gastos del transporte de las tropas, por ser sta la precisa condicin con que se obtuvo la orden de envo. Yo haba dicho que era imposible esperar de Espaa auxilio alguno, y la experiencia lo ha demostrado, pues se estuvo esperando ms de un ao y no vino hasta que no se rascaron la bolsa los que le pedan.

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232 pesar, si no es que ya les est pesando el haberse metido en costear expediciones. Entre varias cartas que se han recibido de La Habana, hay una muy graciosa por el tono en que est concebida. Es una mezcla de himno y de plegaria, y seguramente el nimo del que la escribi se hallaba momentnea y alternativamente agitado de encontrados efectos de tristeza y alegra. Ya estamos seguros.... pero si vienen los colombianos.... los tmidos que nos rodean se han reanimado al ver en la nueva tropa los libertadores de sus propiedades.... pero esto no basta en las actuales circunstancias. Tales son, sobre poco ms o menos, las expresiones de dicha carta. No llamaran mi atencin si no observara en ellas la cantilena ordinaria del cuento de las propiedades. De quin van a libertarse? De los asaltos de cuatro ladrones? Basta para ello la gran masa de un pueblo noble y generoso incapaz de permitir tales atentados. Quieren libertarla de este mismo pueblo si poniendo un trmino a su sufrimiento, se arroja enfurecido sobre sus opresores? En tal caso no bastan esos soldados para contenerlo, y s para aumentar su furor y dar margen a mayores estragos. El modo de asegurar las propiedades es emplearlas mejor, o por lo menos no darlas tan mal empleo, como es el convertirlas en instrumento de la opresin y ruina del pueblo donde se han adquirido. All se las partan; ellos habrn formado su clculo, pero yo creo que no es muy acertado. Continen persiguiendo a El Habanero, porque dice estas verdades. Repitan como hasta ahora que su autor es un hombre perjudicial, que slo trabaja por arruinar el pas; en una palabra; digan cuanto su furor pueda inspirarles; mas yo les aseguro que si por un solo momento consideran a sangre fra y con imparcialidad mis razones, conocern que no tienen mejor amigo que el autor de El Habanero, aunque ni pretende ni desdea su amistad, pues para satisfacerse a s mismo le basta considerarlos con el aprecio general que tiene a todos los hombres y con la compasin que le inspira el error en que los v envueltos.

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233 Los que crean que todo el campo era organo, ya ven que hay quien les ponga las peras a cuarto. Hablen ahora con libertad, seores constitucionales, criollitos independientes, atrvanse a negar que tienen amo y vern por donde les da el agua. Junta militar, con autoridad plena. ¡Qu sustazo! Si alguno tiene El Habanero, a esconderlo prontamente, o a quemarlo, porque si no... fusilan... No hay nada de eso. Yo me entiendo, y ellos me entienden..... aunque si a algunos tienen ganas de fusilar es a m; mas por ahora no hay caso. Hagamos algunas reflexiones sobre la eleccin de personas que se ha hecho para constituir la junta. Yo estoy muy lejos de pretender hablar acerca de las circunstancias personales de los seores que la componen, pues no los conozco y hasta ahora ni siquiera haba odo sus nombres. De uno que otro ha habido aqu quien informe, y en particular del seor presidente se dice que inspira bastante confianza al partido que lo ha nombrado, pero que es un hombre de honor incapaz de una bajeza y que hasta ahora no ha dado pruebas de abrigar los sentimientos de crueldad o mejor dicho de barbarie, que son favoritos a los que componen semejantes juntas en la Pennsula. Yo supongo que los dems seores tienen la misma honradez y humanidad, pues no tengo datos para juzgar de otro modo, y mi mxima es pensar bien de los hombres, mientras no me consta que son malos, y precaverme siempre de ellos como si lo fuesen. No son, pues, los individuos el objeto de mis observaciones; lo es slo la circunstancia particular de haberse elegido gente nueva desconocida en el pas, sin intereses algunos en l, y sin ms empeo que conservar sus grados militares y ver si se hacen dignos de que su amo les premie con algunos otros. Por qu no se han elegido los jefes antiguos en el pas, que le conocen mejor que los seores nombrados? EsoCOMISI"N MILITAR EN LA HABANA

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234 sera, dirn algunos, exponerlos a mil compromisos, por sus mismas relaciones, y poner en prueba su honradez, que acaso no podra resistir a la amistad, y aun a los cariosos efectos de familia; eso sera, digo yo, poner en ejercicio su prudencia, sacar partido de esas mismas relaciones que tanto se temen, inspirar ms aprecio, as a la Junta como al Gobierno que la nombra, y no exponerse a que por dar palos de ciego, y no conocer los peligros, ni advertir cundo la poltica exige dar ms lugar a la clemencia que a la justicia; en una palabra: por operar como hombres que slo han visto en el pas las bayonetas de que estn rodeados, se exaspere el pueblo, a pesar de su natural mansedumbre, y rompa las cadenas con tal fuerza que sus esclabones despedidos hieran y exterminen a sus opresores. Entre los jefes nombrados por vocales de la Junta, slo se cuenta un hijo del pas y persona conocida, que es Don Rafael Arango. Este nombramiento se ha hecho para que no sea tan notable el estudio con que se han separado de la Junta todos los naturales,1 estudio tan impoltico que slo sirve para encender ms el fuego que pretenden apagar, pues los ignorantes todo lo confunden, y un error que acaso tiene otro origen, lo atribuyen precisa y exclusivamente a la rivalidad que por desgracia se ha procurado establecer entre naturales y espaoles europeos. De los fiscales, hay slo tres hijos del pas, a quienes conozco perfectamente, y siento infinito verlos en esa danza, pues los han puesto con estudio para cargar sobre ellos la odiosidad, porque o la representacin fiscal es favorable a los reos o contraria. En el primer caso, son criollos insurgentes, etc.; en el segundo atraen sobre s el odio de todos sus compatriotas. Son muy pocos los hombres que hacen justicia a los sentimientos de otros cuando su decisin les es contraria. El dictamen fiscal se aprueba o se desecha, y aunque algo influye en otras circunstancias, en las de partidos nada vale, sino para comprometer al que lo da; los votos son libres, y ellos forman la decisin. Yo quisiera ver paisanos mos u hombres interesados en el pas, como vocales de la Junta; aunque se comprometiesen infinitamente, pero que el fiscal sea Juan o Pedro en una junta militar desptica, poco o nada puede interesarnos. Yo s muy bien que el principal objeto que se ha tenido a la vista en la eleccin de dichas personas, ha sido inspirar temor con slo su nombramiento, pues la idea de que a los jueces interesa muy poco la suerte de los acusados y de que pertenecen a la clase de los opresores decididos, que pueden obtener premios sacrificando vctimas al dolo de la adulacin, y que1 Dcense que tambin es hijo de la isla Don Antonio Mara de la Paz. No lo conozco, ni s si es cierto lo que afirman, pero en todo caso son dos vocales entre siete.

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235 la clemencia, y aun dir ms: la justicia, puede comprometerles a perder lo que ellos quieren conservar a toda costa, y s muy bien, repito, que estas circunstancias por s solas bastan para aterrar a los tmidos. Pero la medalla tiene un reverso que no se ha observado, y en l se ven la prevencin de parcialidad contra los acusados, el despecho, y el furor contra tales jueces, la necesidad de arriesgarlo todo y no andarse por las armas para separar de un pueblo pacfico un gobierno puramente militar, porque no est reducido a otra cosa el de la isla de Cuba; y un gobierno militar puesto en manos de unos hombres a quienes nada les interesa el bien del pas, sino sus empleos y la mayor o menor exactitud con que se paguen sus sueldos, y que en volviendo a Espaa con honor, esto es: habiendo correspondido a las intenciones de su amo, todo lo tienen ganado, aunque se arruine la Isla. En el nombramiento de la Junta ha regido el principio que hace tiempo no cesan de inculcar los militares, y que ha sido el delirio del gobierno de La Habana. Quiero decir que conviene formar una lnea divisoria entre el pueblo y la tropa, que sta y sus jefes pierden su energa cuando adquieran relaciones en el pueblo, y mucho ms si adquieren propiedades, y si se enlazan con las familias naturales o radicadas en el pas. Jefe ha habido que ha llevado la quijotada hasta el extremo de vivir casi aislado en La Habana, slo, como deca l, por conservar su prestigio y que su tropa y oficiales lo conservasen imitando su conducta. El pobre tuvo a bien variar de conducta, porque observ que sobre no encontrar quin le temiese, encontraba muchos que le despreciasen. Hallndome de diputado por la provincia de La Habana en las Cortes espaolas llegaron al gobierno superior insinuaciones del de la isla de Cuba sobre mudar la guarnicin, porque muchos oficiales y sargentos se haban casado en el pas, algunos haban adquirido su dinerito, muchos soldados se haban dedicado a varios oficios que les utilizaban ms que el fusil, y esto decan era contrario a la disciplina militar. Yo vi el asunto bajo un aspecto totalmente contrario, pues creo que no puede hacerse mayor recomendacin a una tropa, que presentarla como entretenida en sus ocios militares en trabajos tiles, relacionada y estimada en el pas en que vive, interesada en su prosperidad por estos bienes que se dice que ha adquirido, en una palabra: sea lo que fuese de la disciplina militar de derecha, izquierda, pngase as, vulvase del otro lado, etc., etc., convena conservar una fuerza armada cuyo defecto decan que era tener intereses homogneos con los del pueblo y ser honrada e industriosa. Por mi parte confieso que lejos de dar algn paso para semejante pretensin, habl siempre contra ella, y aunque no puedo gloriarme de que fuese impedida por mi influjo, tengo el placer de que no se llev a efecto, por lo que se abandonan todas las empresas en Espaa, que es por falta de pesetas, pues los pu-

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236 dientes de La Habana no quisieron hacer la gracia de costear llevadas y tradas de tropas slo por mudar de casaca y proteger la disciplina militar. Las cosas tienen ahora otro aspecto muy diferente. Casi toda la tropa y oficialidad es nueva, y por haber, hasta hay una Junta nueva, compuesta casi en su totalidad de personas nuevas. Pero cunto tiempo tardar en ser vieja toda esta gente? Es muy largo plazo cuatro meses. La Isla tiene ciertos encantos para ciertas cosas, y mis hombres dentro de poco se encontrarn siendo lo que nunca pensaron. Para que el gobierno espaol conserve este sistema de novedad en sus militares es preciso que los mude mensualmente. La seora Junta, a pesar suyo, tendr que envejecerse, y si no, se encontrar tan aisladita como una calabaza en medio del Golfo.

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237 En esta ciudad de New York, sin duda hay algn duende que de cuando en cuando esparce ciertas noticias que yo no s como las brjulas all por La Habana, pero que rara vez faltan. El maldito ha esparcido un run run de que en La Habana tratan de mandar toda la fuerza naval que tienen, y alguna ms que puedan aprestar, sobre las costas de Colombia, para atacar a las fuerzas navales colombianas, y ver si las destruyen e impiden de este modo todo proyecto de expedicin. Para esta empresa se piensa abrir una suscripcin o mejor dicho, contribucin a la cual se da el nombre de voluntaria, pero que formada a la vista de una comisin militar pronta a buscar motivo para pretexto de perseguir desafectos, S. M. puede inferirse que est tan forzada como si pusieran una pistola al pecho a todos los pudientes. Con este golpe van a ahogar en su cuna todos los proyectos de los independientes. ¡Qu guapos! Cuando pensbamos que no saban cmo resistir determinaban atacar. As se hace, y lo dems es conducta de gente de poco ms o menos. Lo malo es que los malditos colombianos, adems de la fuerza naval que tienen, la cual reunida no teme a la escuadrilla de La Habana, preparan dos fragatas de 64, que se estn construyendo una aqu y otra en Filadelfia, y que estarn listas en muy poco tiempo, y si llegan los buques que dicen tienen contratados los mexicanos, el negocio deja menos dudas y es muy probable que la expedicin habanera entre en algn puerto de Colombia con distinto pabelln. Pero supongamos lo que es ms probable. Quiero decir que despus de inmensos gastos para habilitar la famosa expedicin, salen los buques a dar unas cuantas vueltas por las costas de Colombia, o ms bien por las del sur de la Isla, que si los buques colombianos no tienen la fuerza suficiente se acogen a sus puertos y permanecen en ellos dos o tres semanas, y queRUN RUN

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238 pasado este tiempo se ofrece sin duda a la gran escuadra espaola urgente motivo para volver a puerto. El negocio est concluido gloriosamente, el dinero gastado, y la isla en seguridad. Entre tanto se entretienen con toda tranquilidad los corsarios colombianos o los que saldrn a su nombre, en aliviar de sus cargas a todos los buques espaoles o que conducen propiedades espaolas a los puertos de La Habana y Matanzas, y quedarn frescos los armadores de la expedicin. No importa: todo debe sufrirse, y no hay gasto sensible cuando se trata de conservar la tranquilidad. Ello puede llegar el caso que sea la de los sepulcros, pero al fin estarn tranquilos, y no vivirn en medio de los alborotos y desrdenes consiguientes a la independencia.

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239 Dice Ud., amigo mo, que El Habanero ha encontrado buena acogida entre los independientes, y muy mala entre los partidarios del actual gobierno. Todo esto es natural, pero lo que llama mi atencin es que algunos hombres de buen sentido e imparciales, dice usted que aprueban las ideas, confiesan que son exactas, pero no creen que ha sido prudente su manifestacin. ¡Que frtil en recursos es el miedo! Confiesen esos seores que no tienen valor para decir la verdad o que las circunstancias en que se hallan no les permite decirla, y no tomen por efugio la inoportunidad de la manifestacin. Cuando la patria peligra y la indolencia sensible de unos, y la execrable perfidia de otros hace que el pueblo duerma, y vaya aproximndose a pasos gigantescos a un precipicio, es imprudencia levantar la voz, y advertir el peligro? Esa podr ser la prudencia de los dbiles. Mi corazn la desconoce. Quiero descender al sepulcro sin que la memoria de mi vida me presente un solo instante en que yo haya tenido esa prudencia parricida. Los que ahora la echan de menos, quiera Dios que algn da lloren sus efectos funestsimos. Si la casa de un amigo empezase a arder, cuando l reposa tranquilo, sera prudencia y amistad, no excitarle del sueo, no advertirle del peligro, bajo pretexto de no asustarle, de no causar un trastorno en su familia, de no exponerle a las prdidas inevitables que ocasiona una pronta salida? Pues he aqu el caso, y la conducta de esos prudentes tranquilistas; he aqu la brbara domiseracin que tienen a un pueblo que sienten ver conmovido, aunque tienen casi por cierto que le vern arruinado. Por lo menos, amigo mo, si esos seores tienen el buen sentido y la imparcialidad que usted me asegura y meditan este asunto, yo espero que conocern que mi conducta no es tan imprudente como se han figurado, y acaso la contraria les merecer este epteto.CARTA DEL EDITOR DE ESTE PAPEL A UN AMIGO

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240 ¡Qu! Mis papeles forman la revolucin? No tengo tanto amor propio que as lo crea. Ella es inevitable. Est formada por la misma naturaleza de las combinaciones polticas del orbe, y sobre este principio he insistido desde el primer nmero de mi papel, que no hubiera escrito a no haber credo que poda contribuir algn tanto a rectificar la opinin, o por lo menos si mi buen deseo no me hubiese impulsado a dar este paso, que muchos crean necesario, pero al que nadie se atreva, porque el miedo es mucha cosa, y es mucho ms fcil charlar que operar. Todos los que hablan en privado sobre independencia (porque en pblico nadie se atreve) ponen su mayor empeo en alegar todas las razones de queja contra el partido opuesto y en persuadir la imposibilidad de un avenimiento. Algunos tienen la imprudencia de divertirse inventando sarcasmos y eptetos ridculos para vejar a sus contrarios, e insensiblemente van encendiendo un fuego que por todos medios conviene extinguir. Yo he credo y creo que una conducta semejante es temeraria en ciertas personas y criminalsima en otras que tienen la ms depravada intencin. En tales circunstancias, me ha parecido que hago un servicio a los habitantes de la isla en contribuir por mi parte a disipar tan funestas ideas y a unir los nimos advirtindoles la comunidad del peligro, presentndoles las ventajas de la armona, recordndoles los deberes que exige la patria, en una palabra: pidindoles a nombre de esta misma patria que no la conduzcan al precipicio, y que por dar pbulo a pasiones momentneas no se hagan infelices y envuelvan en su desgracia a sus descendientes. Verdad es que sosteniendo la causa de un pueblo, he atacado la de un gobierno. Pero es sta la imprudencia de que me acusan? Honrosa acusacin como sera degradante no merecerla. ¡Conceda Dios a mis prudentes acusadores que en los momentos de la revolucin reinen los principios que ha procurado establecer El Habanero, pues as lo exige el bien de esos tmidos, lo que es ms: mi cara patria! Dice Ud. que otros muchos conceden que se debe formar la revolucin, pero quin le pone, dicen el cascabel al gato? Seguramente no se lo pondran los que hacen tal pregunta, mas yo har otra: es preciso ponerle cascabel al gato? Frmese la opinin, y basta; perciba todo el mundo que los nimos estn de acuerdo, y entonces ya que van de refranes, yo responder que gato escaldado, del agua fra buye. Nadie ignora la irresistible fuerza de la opinin, y cuando sta se consiga, yo aseguro a esos amedrentados que no faltar quien opere, y sin violencias ni estragos como se imaginan muchos. Una gran parte de los que ahora figuran en la escena como agentes del gobierno espaol (empezando por el primer jefe), estn perfectamente convencidos de que es imposible mantener el sistema actual, y slo sostie-

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241 nen el socavado edificio en desempeo de sus empleos, y por temor de que la divergencia de opiniones o mejor dicho de sentimientos, d origen a grandes trastornos. Conciliados ms los nimos, y uniformada la opinin, tranquilamente dejaran los mandones sus puestos, quedndose en la Isla, o saliendo de ella, como mejor les pareciese. En este negocio no debe haber nada personal: los que mandan ahora, no son ms que unos ministros del gobierno reconocido. Si ste se variase, las personas mudaran de carcter poltico, pero nada deben sufrir, y aun debe hacerse justicia a su mrito y circunstancias, a menos que su conducta posterior sea contraria al bien de la patria. Dedica Ud. un prrafo de su carta a ponderarme los peligros de una revolucin. ¡Pues qu! Cree usted que los ignoro? Acaso ha nacido uno en Turqua, o hace tanto tiempo que sal de mi patria que haya olvidado la circunstancia del pas, el giro de las ideas favoritas y los motivos particulares que hacen temible una revolucin en esta isla? Todo lo conozco. El mal es gravsimo, y el remedio es arriesgado. Pero es de aquellos que no pueden dejar de aplicarse, y que son tanto ms ineficaces, y an ms arriesgados cuanto ms tarde se haga su aplicacin. Esto me recuerda un caso particular que sin embargo de ser de distinta naturaleza puede servir de smil en nuestro asunto. Salieron de Boston para Francia el ao pasado varios buques, y sobre aquellas costas les revent un furioso temporal que sucesivamente iba estrellando contra las rocas los primeros a la vista de los posteriores. Soplaba el viento en tal direccin y con tal fuerza que era absolutamente imposible evitar el lance. El piloto de uno de los buques, en medio de la consternacin que reinaba entre marineros y pasajeros, dijo con voz firme y tranquila: “Seores: el nico medio de salvarnos es sabernos perder. Si nos entregamos al tiempo, dentro de pocos instantes nos har sufrir la suerte que vis sufrir a nuestros compaeros. La operacin es arriesgada, pero es inevitable”. De comn acuerdo dirigi el buque al paraje ms oportuno de la costa, y manej su prdida con tanta felicidad que fueron los nicos que escaparon de la muerte.1No podramos hacer una aplicacin poltica? Yo soy franco, y usted mismo me acusa de serlo algo ms de lo que a veces dice usted que conviene; pero es gana esperar de m otra cosa, y as puede usted creer que no trato de alucinar a nadie ocultando el peligro, o disfrazando los hechos. Bien s que, como usted reflexiona, cuando llegue el caso de la revolucin, cuantos males sucedan, se les atribuirn en parte1 En este buque iban el obispo catlico de Boston y un militar de los Estados mexicanos, enviado por su gobierno para ciertos negocios en Italia. Dicho seor, que me honra con su amistad, me inform del caso referido.

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242 (y algunas personas en el todo) a aquel papel revolucionario de Varela: pero qu importa? Eso quiere decir que yo seguir la suerte de los mdicos, que hacen cuanto pueden y a veces con bastante acierto para sanar un enfermo; este se muere, o porque la enfermedad es incurable, o porque las familias, y es lo ms frecuente, contraran todos los planes; pero el resultado fijo es que el mdico mat al enfermo, o por lo menos contribuy eficazmente a que se agravase. Tambin convengo con Ud. en que ninguno har mencin de los bienes, que casi todos exagerarn cuanto puedan los males, y que muchos clamarn por las ollas de Egipto; pero si as son los hombres, qu hemos de hacerles? Sufrirlos y procurar manejar del mejor modo posible. Al terminar su carta, vuelve usted a hablarme de los asesinos que algunos bien intencionados quieren mandar para libertarse de m, y asegura usted que estn prontos a sacrificar treinta mil pesos. Yo estoy pronto a decir treinta mil verdades para conservar a esos alucinados esos treinta mil pesos y otros muchos que perdern si no es que pierden la vida, continuando en su errnea conducta. En el suplemento al tercer nmero de El Habanero he dicho algo sobre esta materia, pero las noticias, acaecimientos posteriores me ponen en actitud de formar un juicio ms aproximado. Efectivamente, parece cierto que en los primeros momentos de recibirse el segundo nmero de mi Habanero, doli tanto en ciertas personas el garrotazo, que formaron o fingieron haber formado ese proyecto, o porque realmente intentasen librarse de m asesinndome o porque quisiesen espantarme con la noticia. Yo creo que pasado el acaloramiento, habrn conocido que el primer caso no es muy fcil, y s muy contrario a sus miras como lo he manifestado en el citado suplemento, y en cuanto al segundo caso, se equivocan medio a medio, pues (para valerme de la expresin de un amigo mo) yo estoy perfectamente curado del mal de espanto. Pensaba decir a usted algo sobre la triste suerte de los liberales en la Isla, que ellos creyeron que sera su asilo, mas ste es asunto que exige alguna extensin y ya es muy larga esta carta. En otra satisfar los deseos de usted y los mos, aunque con la pena de tratar sobre una materia sumamente desagradable para ambos. Es de usted, etc.

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EL HABANEROPapel poltico, cientfico y literario Redactado por Flix Varela Tomo I No. 5Nueva York En la Imprenta de Gray Bunce 1825

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245 Dije en el tercer nmero, y repito ahora, que deseara ver a Cuba tan isla en lo poltico como lo es en naturaleza. Condceme a este modo de pensar, no un vano deseo de ver a la que siempre llamar mi patria en un rango superior a sus recursos, sino el pleno convencimiento de las grandes ventajas que conseguira constituyndose por s sola, y de la posibilidad de efectuarlo. Algunos han tenido y otros han afectado tener esta opinin por tan absurda, que apenas hablan del caso de separarse la isla del gobierno espaol sin suponerse como incuestionable que debe unirse a alguno, del continente americano. Contra la mala fe no hay argumentos, sino precauciones, mas la inconsideracin es susceptible de reforma, si se halla acompaada de la sinceridad. A sta apelo; sta exijo de los hombres de bien de todos los partidos, y espero que desatendiendo la prevencin favorable o contraria que pueda inspirarles el autor de este escrito, se designen examinar sus fundamentos. Las naciones del continente americano, provistas de primeras materias y con infinitos brazos que necesitan un ejercicio (sin embargo de estar muy lejos de poseer la poblacin de que es susceptible el territorio) se hallan en la necesidad de ser manufactureras, si no exclusivamente, por lo menos, en cuanto pueda conciliarse con sus intereses mercantiles. Los clculos polticos convienen en este punto con los econmicos, pues la independencia de los gobiernos recibe su complemento en la independencia de las necesidades, o cuando stas pueden satisfacerse, aunque menos cmodamente, sin ocurrir al extranjero. Persuadido de esta verdad el Congreso mexicano ha decretado la prohibicin de infinitas manufacturas y producciones extranjeras, y sin duda con ms o menos rigor deber seguir constantemente la misma marcha.1NECESITA LA ISLA DE CUBA UNIRSE A ALGUNO DE LOS GOBIERNOS DEL CONTINENTE AMERICANO PARA EMANCIPARSE DE ESPAA?1 Prescindo de mi opinin, que es totalmente contraria en este punto, y hablo conforme a la que parece estar ms generalizada.

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246 Los Estados Americanos nada prohben, pero s gravan de un modo que suele equivaler a una prohibicin. Ahora bien: la isla de Cuba tiene un inters abiertamente contrario: lejos de sobrarla, fltanla brazos que emplear en la explotacin de la inagotable mina de su agricultura; hllase casi desierta en mucha parte de su territorio; carece de primeras materias, o por lo menos no son ellas su principal riqueza; si bien no debe desatender las artes, dista mucho, y acaso no se percibe el perodo en que stas deban ser objeto a que pueda sacrificarse el menor inters de su opulencia agrcola y mercantil. Producir en abundancia y cambiar sus frutos por las producciones de todo el mundo sin excepcin alguna, y con el menor gravamen posible, he aqu el principio vital de la Isla de Cuba. No es dable que la isla de Cuba, por lo menos en muchos aos, aspire a bastarse a s misma; pero en esto nada influye el estado de dependencia o independencia, sino que todo se debe a la naturaleza y a la corta poblacin. En caso de una guerra, cmo puede favorecerla Espaa? de qu puede proveerla? Dicha guerra sera para la isla lo mismo en estado de dependencia que de independencia. Tendra que tomar por s sola todas las medidas para ocurrir a sus necesidades y sufrir las que no pudiese evitar. No puede llegarse a la perfeccin en un da; mas se infiere de aqu que no debe darse el primer paso? Formando parte de cualquiera de las naciones continentales deber la isla de Cuba contribuir, segn las leyes del Estado, a las cargas generales y sin duda sern mucho ms cuantiosas, aun en la parte que pueda tocarla, que las que tendra constituyndose por s sola; mejor dicho, pagar stas y a ms, parte de aqullas. Los productos de aduana debern ser reputados como caudales de la nacin, y por consiguiente el sobrante, despus de cubrir los gastos que prescriba el gobierno general, deber ponerse a disposicin de ste. Es fcil percibir que bajo el influjo de un gobierno libre, tardarn muy poco los hermosos puertos de la Isla en ser mulos de La Habana, Cuba y Matanzas, y en este caso yo dejo a la consideracin de los hombres imparciales calcular a cunto ascender la verdadera contribucin de la isla de Cuba en favor del gobierno a quien se una. Estos inmensos caudales (porque sin duda sern inmensos), no deberan emplearse mejor en el fomento de la misma isla, ya construyendo los caminos y canales que tanto necesita, ya sosteniendo una marina cual exige por su naturaleza, ya fomentando los establecimientos pblicos, ya propagando la instruccin gratuita, en una palabra: empleando en casa lo que se produce en casa? A nadie se ocultan otras muchas razones, que no creo oportuno exponer, bastndome por ahora haber indicado algunas de las principales.

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247 En cuanto a la posibilidad de efectuar la emancipacin y sostenerla, basta reflexionar que en el da nadie sabe qu fuerza conserva la isla de Cuba unida a Espaa; que un fatal alucinamiento tiene a los hombres vacilantes y que slo falta que ste se disipe un poco para que vean claro, conozcan sus inrtereses y operen de concierto. Si una vez operasen, quin podra obligarles a retroceder? Espaa? Esa Espaa que no ha podido mandar otros socorros que los comprados (porque as debe decirse) por los habitantes de la misma isla? Esa Espaa, donde a la par del hambre crece la impotencia, donde un gobierno sin recursos y embestido por mil y mil necesidades, delira, se aturde, y casi se derroca? Esa Espaa, donde un partido, ya considerable, aclamando a Carlos V, prepara una nueva guerra civil, cuyos funestos estragos an no pueden calcularse? Yo supongo, por otra parte, completamente disipada la ilusin de los que hasta ahora han esperado de la Santa Alianza toda la garanta y defensa, contra las naciones del continente americano. Supongo tambin que ya no cabr duda en que la Inglaterra, sea cual fuere la opinin y deseo de los santos aliados, no permitir que tomen parte en reconquista alguna del territorio americano, y que por consiguiente importa poco o nada que haya uno o mil congresos en que los monarcas de Europa declaren que son amos de la Amrica. Debe suponerse tambin que aun el bajo recurso de favorecer indirectamente la reconquista, proporcionando sumas al gobierno espaol, no tendr cabida sino en tanto que quieran los ingleses, y stos a la verdad calculan de otro modo. Qu es, pues, lo que se teme? Nadie lo sabe, pero todos hablan de temores. Ponindonos en el caso de que por consentimiento de la Inglaterra, hostilizare a la isla de Cuba alguna de las Potencias europeas, ya directamente, ya auxiliando a la Espaa, es claro que este ataque no podra considerarse sino como trascendental a todos los pases independientes de Amrica y que stos, por utilidad propia, ms que por consideracin a la isla de Cuba, debern prestarla toda clase de defensa, aun cuando dicha isla fuese del todo independiente. Tenemos, pues, que la unin a un gobierno continental nada proporcionara que no se hubiera de obtener sin ella, y los que creen esta unin necesaria para la defensa de la isla, no han meditado sobre la naturaleza de la que debemos llamar causa americana. Para saber lo que harn los pueblos, basta saber lo que les interesa, siempre que el inters sea percibido por la generalidad. Y cul de los habitantes de cualquiera de las repblicas continentales no percibira que la reconquista de la isla de Cuba sera el primer paso para la de su pas. Desengense, pues, los cubanos y cuenten siempre con los esfuerzos de todo el continente americano para sostenerlos en su independencia si una vez la forman, as como deben contar con ellos para hacrsele formar, de grado o por la fuerza.

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248 Mucho ms lamentable es la ilusin de los que esperan que Espaa reconozca la independencia de las nuevas repblicas, slo por conservar las islas de Cuba y Puerto Rico. Es posible que no se conozca al gobierno espaol? Jams renunciar a la reconquista de Amrica, o por lo menos, esperar siempre que el tiempo proporcione ventajas que ahora ni se atreve a imaginar. Por otra parte, cmo puede ocultarse que el reconocimiento de las nuevas repblicas, si bien las prohbe operan abiertamente, no las har desistir de sus esfuerzos, como suele decirse, por lo bajo, y que el ejemplo de la felicidad conseguida en aquellos pueblos, har salir al de Cuba de su decantada apata? Acaso lejos de asegurar la Isla para la Pennsula el reconocimiento de dichos Estados, sera este el medio ms pronto de perderla. Reconocida la independencia del resto de Amrica, se ve Espaa en la precisin de conservar siempre un cuerpo de tropas respetable en la isla de Cuba; tropa que sera sostenida por el pas gravndolo de un modo considerable, pues no se trata de un sacrificio momentneo, sino de un estado constante, y de una erogacin a la que no se le ve trmino. El mismo da que se minorase esta fuerza opresora, manifestara el pueblo que haba sido oprimido. Es preciso confesar que Espaa todo lo ha perdido en Amrica y que slo podra conservar algo en virtud de la fuerza. Y cul es el habitante de la isla de Cuba que crea que es feliz un pas donde reina la fuerza? Es sta la tranquilidad que se desea? ¡Benditos tranquilistas! Sin embargo de todo lo dicho, si la generalidad viese las cosas de un modo distinto, y se decide la agregacin de la isla a algn gobierno del continente americano, sera desear que se tuviesen presentes estas y otras muchas observaciones que pueden ocurrir a todo el que medite la materia. Si la unin a otro gobierno se creyese necesaria, por lo menos establzcanse bases que salven en cuanto fuere posible los intereses del pas. Por mi parte, no percibo las ventajas de semejante unin, y s veo sus inconvenientes. En todo caso es preciso que la Isla, cuando no se d la libertad, por lo menos contribuya eficazmente a conseguirla, tomando una actitud decorosa que la presente con dignidad al mismo gobierno al cual pretende unirse. La unin preparada de este modo tendra el gran prestigio de la espontaneidad, y alejara mil ideas ominosas que sin duda procurarn esparcir los enemigos de la independencia americana.

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249 En mi opinin no, en la de muchos s; y como en casos semejantes conviene operar con la opinin ms generalizada, si sta lo fuese, yo contra la ma me conformo a ella.. Yo no veo una necesaria conexin entre admitir los auxilios de una repblica continental, y unirse a ella en sistema poltico; y esta verdad es la que deseara se tuviese siempre presente, y la que hasta creo no desconocen los mismos gobiernos que pueden proyectar la invasin. Habiendo, pues, manifestado mi opinin contraria a la unin de la Isla a ninguno de los gobiernos del Continente, no tengo sin embargo dificultad en conformarme con los que esperan auxilios extranjeros para un cambio poltico. Si la generalidad lo cree necesario, esto basta para que lo sea.ES NECESARIO, PARA UN CAMBIO POLTICO EN LA ISLA DE CUBA, ESPERAR LAS TROPAS DE COLOMBIA O MXICO?

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250 No darla el carcter de tal. Quiero decir: no compararla con las invasiones que suelen hacerse para extender el podero de los gobiernos, oprimiendo los pueblos, si no considerarla como es en s; considerarla como un esfuerzo de los hijos de la libertad para remover sus obstculos y hacer que la disfruten otros pueblos, que si bien lo desean, no pueden o creen que no pueden drsela por s mismos. Todo lo que sea establecer una guerra en el pas, equivale a arruinarlo y a arruinarlo para siempre. Al fin, es preciso desengaarse, el campo queda por los invasores, que en caso de resistencia se convertirn y deben convertirse, en unos verdaderos enemigos. No debe perderse de vista que la mayor parte de la poblacin est siempre dispuesta a unirse a ellos, y que una resistencia imprudente expone el resto a ser sacrificado; al paso que podr dar origen a acaecimientos ms serios, que a nadie se le ocultan y que yo no debo detallar. La isla de Cuba se halla en circunstancias particulares, y la guerra civil que en todos los pases es destructora, en ella adquiere un carcter mucho ms espantoso. Los irreflexivos hablan de defensa. Por qu no dicen de exterminio de la Isla? Ambas expresiones son idnticas. Creen acaso (como ya ha habido quien tenga la ligereza de decirlo) que las tropas invasoras sern batidas y tendrn que reembarcarse si pueden? Quines saldrn a batirlas? Estos pocos soldados con que ahora cuentan? Quizs ms de un tercio de ellos aumentarn las filas del enemigo, y el resto no s que har, mas sospecho que no est muy en nimo de dar pruebas de un herosmo intil y temerario. Dado caso que la tropa estuviese tan decidida a sostenerse como desean algunos de los que las mandan, podrn separarse siquiera cuatro leguas de las ciudades, sin que en ellas se rompiese el baile? Qu partido tomaran?QU DEBER HACERSE EN CASO DE UNA INVASI"N?

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251 S muy bien que esperan nuevas tropas de la Pennsula, y aunque ignoro su nmero y probabilidad que haya de que vengan, quiero suponerlas ya en la Isla y que aumentan la guarnicin segn desean los partidarios del gobierno espaol; pero sern estas tropas suficientes para contener la gran masa insurreccionada, y con el apoyo de un ejrcito auxiliar? Las nuevas tropas, inspirarn por otra parte gran confianza as por su realismo como por su pericia militar? Formadas al pronto de jvenes que acaso acaban de soltar el arado, y de otros que habiendo tenido una vida ms cmoda, se ven compelidos no slo a sufrir las penalidades anejas al servicio de soldado, sino a abandonar su patria y familia y hacer la guerra contra un pueblo que trata de ser libre, qu debe esperarse de ellas? Ignor alguno que una gran parte debe estar necesariamente compuesta de liberales desgraciados que por ms vencimiento que quieran hacerse debe costarles mucho pelear contra la libertad? Sea, pues, cual fuere el deseo de algunos mandarines, y la terquedad de algunos ilusos, los hombres imparciales debern confesar que el inters de la isla de Cuba no puede hallarse en una defensa temeraria, cuyo xito debe ser precisamente la ruina del pas. Al fin vendr a hacerse inevitablemente, despus de tantos sacrificios, lo que al principio podra hacerse con la tranquilidad y ventajas de que es susceptible una revolucin. Los males son inevitables, pero se disminuirn, tanto ms cuanto mayor fuera el empeo de los hombres sensatos de uno y otro partido en reunir los nimos por el vnculo de la necesidad y del comn peligro. Todas las declamaciones son intiles; todas las invectivas son perjudiciales. Pensar como se quiera y operar como se necesita, es la mxima que debe servir de vnculo, y que ya otra vez he procurado persuadir.

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252 Nadie ignora que Colombia y Mxico estn reforzando su marina de un modo considerable, y con la mayor precipitacin. No es de este papel enumerar los buques con que cuentan en el da una y otra repblica, pero ya habrn tenido buen cuidado los espas del gobierno espaol en este pas de dar cuenta exacta sobre el particular, y aseguro que no habr agradado mucho, ni a los que la dan, ni a los que la reciben. No hay fuerza naval en la Isla, ni puede mandarla Espaa, que contrarreste a la que dentro de pocos meses presentarn ambas repblicas, y en este caso, la marina espaola permanecer anclada en la baha de La Habana, y sin duda desde ella impedir muy bien una invasin. Todos los gastos que ocasione y ocasionar, cada vez ms, estarn recompensados, y al fin la tal marina slo servir para aumentar el nmero de los consumidores en caso de un sitio. Teniendo, pues, Colombia y Mxico marina, tropas, dinero, deseos y lo que es ms: necesidad de hacer la invasin, ser sta probable? Yo creo que s, mas los autores de las reflexiones imparciales, de la pgina para la historia, y otros papeles semejantes, creen que no. Veremos quin acierta.ES PROBABLE LA INVASI"N?

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253 Ms de la que quisieran los enemigos de la Independencia, pero no tanta, a la verdad, cuanta deseamos. Debo hablar con la franqueza de que siempre he usado, y desenmascarar a muchos que se han constitudo los Herclitos de la isla de Cuba, al paso que ellos mismos son, y quieren ser la causa de sus lloros. No hay unin, reptese mil veces y se exagera y se propaga, y se procura radicar esta idea entre los mismos que deberan unirse. Una u otra ancdota, una u otra imprudencia, una u otra interpretacin maliciosa, he aqu las bases sobre que quiere fundarse una desunin necesaria. Yo no niego que la haya; jams ceso de lamentarla, pero conozco al mismo tiempo el gran recurso que sacan de ella los enemigos de la libertad. Si, esos mismos hombres que validos de su influjo, procuran por todos medios separar de la opinin comn el crculo ms o menos extenso que manejan; esos mismos hombres para quienes la unin, como no fuese en sufrir las cadenas de un gobierno desptico, sera el mayor de los males, que tratan de evitar por todos los medios; esos mismos estn continuamente deplorando la desgraciada desunin de los partidos. Si el mal es inevitable (ya que ellos quieren llamarle mal), si contrarrestndole se aumenta, si aumentndose debe terminar muy pronto por la destruccin del cuerpo social, ¡qu ceguedad es la de esos hombres que si se olvidan de s mismos y de un pueblo en cuyo seno nacieron unos, hicironse felices otros? Correr dicen la sangre. ¡Ah! Dios no lo quiera, pero correr por ellos y en sus manos estar impedirlo. Es tiempo de remediar unos males que no han empezado; es tiempo de conocer las arteras de los especuladores; es tiempo de disipar los delirios de una opinin, hija de la imprudencia, sostenida por el capricho y propagada por el atolondramiento. Es uno el peligro, uno el inters, una la esperanza, y no es una la opinin? No puedo pensar as de la generalidad deHAY UNI"N EN LA ISLA DE CUBA?

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254 un pueblo, sea cual fuere la irreflexiva conducta de un grupo de hombres a quienes ya la malicia, ya la ignorancia, obliga a presentar un fenmeno poltico bien extrao sin duda en pocas semejantes. La terrible arma de la desunin, manejada por los mismos que la quieren, es la que ha causado y causa ms estrago en la isla de Cuba, pues ya se consiga, ya se finja, ya se exagere, siempre ¡ah! siempre sus golpes son mortales. Quiera Dios que un desengao oportuno embote sus filos.

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255 El autor de El Habanero, que por primera diligencia ha puesto su nombre al frente de su papel, no ha tenido el gusto de que sus impugnadores lo hayan imitado; pero s el de conocerlos como a sus manos. Indulgente con las opiniones de todos los hombres, lo es mucho ms con la de los tmidos, pero no puede menos que hacerles unas cortas reflexiones sobre el cerrado plan que han seguido en su ataque. Cuando los males son evidentes, la pretensin de ocultarlos slo sirve para manifestar que son incurables, y que se quiere distraer la atencin del que los padece. Estar todo el mundo palpando, por decirlo, as, la necesidad absoluta en que estn las repblicas del continente americano de efectuar una invasin en la isla de Cuba; ver por todas partes los recursos que toman y los medios que preparan para ello; ser la opinin general de todos los pases que el negocio se lleva a efecto dentro de poco tiempo, y querer sostener sin embargo uno que otro escritor en la isla de Cuba que nada hay que temer, sin duda es lo mas extrao que puede presentarse. Hacindoles mucha justicia debo creerles alucinados. En sentido diametralmente contrario dir yo que nada hay que temer, siempre que se procure preparar los nimos, no para una defensa quimrica, sino para un cambio pacfico, que ponga al pueblo en disposicin de darse la ley a s mismo, y no recibirla de nadie. Los impugnadores de El Habanero, despus de darse todo el aire de seguridad posible, concluyen siempre exhortando al pueblo a que haga sacrificios para preparar su defensa. Pero de quin? No dicen esos seores que nadie vendr a inquietarlos de fuera? No aseguran que la gran masa del pueblo cubano quiere ser espaol y que slo cuatro locos hablan de independencia? Para qu, pues, este preparativo de defensa? Para qu, pues,DOS PALABRAS A LOS ENEMIGOS DE “EL HABANERO”

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256 esos sacrificios a que no est acostumbrado aquel pueblo, y que afortunadamente no quiere hacer, por ms enrgicas que hayan sido las exhortaciones con que se ha procurado moverlo? la contradiccin es un resultado casi necesario en la defensa de una mala causa. Los que se creen en la necesidad de ser o de fingirse enemigos de El Habanero, deben advertir que han errado el camino, pues el papel slo contiene lo que todo el mundo est palpando, y es muy difcil persuadir que no se palpa; y por lo que hace a la persona del editor, nada puede interesarles. Al fin es muy raro ocuparse de un hombre, y de un hombre que ellos llaman desgraciado, cuando se trata de un pueblo y de un pueblo que contemplan en peligro.

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EL HABANEROPapel poltico, cientfico y literario Redactado por Flix Varela Tomo I No. 6Nueva York En la Imprenta de Gray y Bunce 1825

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259 “Exmo. Sr. Ha llegado a noticia del Rey Ntro. Seor que el presbtero Don Flix Varela, ex-diputado de las llamadas Cortes, y refugiado actualmente en los Estados Unidos de Amrica, est publicando en aquel pas un folleto titulado El Habanero, en que no contento con excitar a los fieles vasallos de S. M. a la rebelin, lleva la osada al punto de querer vulnerar el sagrado carcter de su legtimo Soberano. “En consecuencia, se ha servido S. M. resolver lo comunique a V. E., para que tomando el Consejo las oportunas medidas, cuide con la mayor eficacia de impedir la introduccin en la Pennsula e islas adyacentes del indicado folleto, etc. De real orden, etc.”REAL ORDEN DE FERNANDO VII PROHIBIENDO “EL HABANERO”

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260 El que ha extendido esta real orden, o no haba ledo El Habanero, o lo haba ledo queriendo ver en l lo que convena a sus intenciones. El autor de El Habanero no ha vulnerado ni espera vulnerar el carcter de nadie, y aunque est muy lejos de mirar a Fernando VII como su legtimo soberano, lo est mucho ms de ocuparse de sus cualidades personales, y de una animosidad, que sobre ser ajena de los principios que siempre le han dirigido, jams podra aparecer sino como una rastrera venganza no menos intil que reprensible. Si este papel no fuese perseguido, y pudiesen todos consultar los nmeros que hasta ahora se han impreso, yo omitira esas reflexiones, dejando que cada cual formase el juicio que le sugiriese su lectura; pero desgraciadamente hay muchos que slo consiguen leer uno u otro nmero, y aunque esto bastara para formar idea del carcter y lenguaje del autor, puede entrar la duda de si otros artculos han podido ameritar la ofensiva expresin de osado que se lee en la citada real orden. Yo suplico a los que la hubieren ledo suspendan su juicio hasta leer igualmente los nmeros de El Habanero sobre que recae, pues a la verdad nada sentira tanto (porque nada he abominado tanto) como que alguno me tuviese por autor de un libelo famoso, sea cual fuere su objeto. La rebelin a que yo he incitado a los vasallos de Fernando VII en la isla de Cuba, no ha sido otra cosa que un refugio necesario en peligro inevitable. En este punto he insistido desde el primer nmero de El Habanero, y por ms que algunos han querido presentar mis observaciones como el resultado, no del convencimiento de los males que amenazan a la Isla si permanece en su malhadada apata, sino del deseo de mejorar mi suerte personal, ya creo que es tiempo de que siquiera por no ponerse en ridculo, empiecen a hacerme justicia, pues que ya casi tocan los males que con tanta anticipacin les prenunciaba. Por opinin, todo el mundo sabe que soy inde-REFLEXIONES SOBRE LA REAL ORDEN ANTERIOR

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261 pendiente, mas con todo cuidado he dirigido siempre mis reflexiones a un punto en que convenimos los de uno y otro partido, esto es: en la necesidad de salvar la Isla, y con ella las fortunas y aun las vidas de sus actuales habitantes. Y es rebelin un recurso inspirado por la naturaleza, y sostenido por las sagradas leyes de la conservacin? Hablo, s, hablo an a los defensores de esos ilimitados derechos de los reyes, y pdole me digan si quieren llevar sus doctrinas hasta el extremo de sostener que un pueblo a quien su prncipe o abandona o no puede favorecer, debe sacrificarse con evidencia de que su sacrificio es inevitable, y que, sobre causar su ruina nada producir en favor de ese dolo a quien se inmola. Pues no es otro el caso de la isla de Cuba. Ella no puede ser ya de Fernando; pretenderlo es sacrificarse sin conseguirlo; ceder en tiempo, o mejor dicho evitar la necesidad de ceder, no priva al prncipe de nada que no tenga perdido o no deba perder inevitablemente, y salva a un pueblo digno de mejor suerte. Creo, pues, que aun siguiendo los principios de los que quieren extender el derecho de la legitimidad hasta el de la tirana, no puede llamarse rebelin el cambio poltico de la isla de Cuba. Lo repito: El Habanero no est fundado en doctrinas particulares de su autor, sino en las admitidas por todo hombre que tenga sentido comn, por los mismos que la impugnan, por ese mismo que ha extendido la real orden a que aludo, y en el secreto del corazn an por el mismo a cuyo nombre se ha dado. El rey debe ser el padre de su pueblo, y qu padre, sin perder todos los derechos que pueden darle la naturaleza y la ley, pretendera el intil y brbaro sacrificio de sus hijos? Sera rebelin en stos salvar la vida sin inferir a su padre otro dao que el de la separacin? Defensores de los reyes: acordaos por un momento de los pueblos. No puedo menos de notar que en la citada real orden se prohbe la introduccin de El Habanero en la Pennsula e islas adyacentes, sin hablar una palabra de Amrica. De modo que, segn esto, no est prohibido introducirlo en la isla de Cuba, o por lo menos no fue ste el objeto de dicha real orden. Y qu dao podra causarles en la Pennsula El Habanero? Hay all muchos partidarios de la independencia de Amrica, y mucho menos de la isla de Cuba? A la verdad que no he cometido la simpleza de hacer remesas de mi papel a la Pennsula, y no lo hubieran ledo si de la Habana no lo hubiesen mandado. Asegranme que con los primeros nmeros se instruy un proceso contra m, y se remiti a la Corte. Para qu sera esta prdida de tiempo? Al fin, ellos saben por qu lo han hecho. No s si se imprimira en La Habana la citada real orden (pues en un diario de aquella ciudad es donde la he ledo), creyendo que esto servira para contener la circulacin del papel o para mortificar a su autor. Si as ha sido, el clculo es muy equivocado. El Habanero contina sin diferencia

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262 alguna, y su autor no es tan dbil que se afecte por tan poco cosa, y si algn efecto pudiera causarle sera el del placer de haber merecido un ataque tan directo de los enemigos de su patria. Todas las reales rdenes del mundo no podrn oscurecer las verdades palpables que ha dicho El Habanero y que continuar diciendo. Pese a quien pesare.

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263 Desde el momento en que cay la Constitucin espaola tom un nuevo giro en la isla de Cuba el espritu de especulacin, y ya en general, ya en particular, formronse clculos, proyectronse empresas, y en una palabra, construyronse los que suelen llamar esos mismos verdugos de la libertad espaola, Castillos en Espaa. El lenguaje de la adulacin reemplaz al de la franqueza, y los que antes llevaron la libertad hasta el exceso, se humillaron hasta el envilecimiento. No es, no, el pueblo de la Isla el que ha presentado ese degradante fenmeno. Obra es de un nmero reducido de personas favorecidas por las circunstancias polticas, y por el aturdimiento de un pueblo sorprendido por el tremendo rayo que acababa de destruir sus libertades. Como si la dbil Espaa hubiese adquirido fuerzas y recursos infinitos sin ms que haber trocado un gobierno libre por uno desptico, fijronse todas las esperanzas en el trono de Fernando. Nada se pens en Amrica; Colombia y Mxico parece que eran pases tan distantes y de intereses tan diversos como la China, y slo se trat de continuar la costumbre espaola del dame dame con peticiones ms o menos humilladas. Uno de los principales proyectos que se llevaron a cabo fue enviar a Espaa una persona que a nombre, tomado y no concedido, de los habitantes de la Isla, felicitase a S. M. por hallarse en la plenitud de sus derechos, o en la facultad ilimitada de hacer lo que mejor le parezca. Deba al mismo tiempo el enviado hacer presente las circunstancias de la Isla e implorar en su favor la piedad de su amo. No era todo gracia lo que se peda; tambin se compraba, pues no es otra cosa comprometerse a pagar unos auxilios que el gobierno tena obligacin de proporcionar si quera que continuase la isla de Cuba bajo su dominio, y que deberan pagarse de los fondos generales de laESPERANZAS FRUSTRADAS

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264 nacin espaola, a quien interesa la unin de la Isla, y no a sta, que ganara mucho con la separacin. Al fin, despus de haber hecho el encargado de suplicar ante el trono cuantos esfuerzos le han sido posible por complacer a sus comitentes, ha conseguido mandar alguna tropa a expensas de los que la pidieron, y ha vuelto con algo ms de lo que llev, pues trajo o debi traer el desengao de la impotencia espaola, y del poder creciente de sus enemigos. Los que esperaban la llegada de su comisionado, no dudando que fuese no slo portador de nuevas interesantsimas, sino de recursos extraordinarios, que ellos mismos no se atrevan a imaginar, pero que queran que otro los encontrase, habrn llevado un desengao ms, que sin embargo no ser el ltimo a que los exponga su obstinada credulidad. Encuntrase con ms fuerza, pero que siendo infinitamente inferior a la de sus enemigos, lejos de proporcionar la seguridad deseada precipita la ruina acrecentando los males. Cada vez escasean ms los recursos, se aumenta el intil sufrimiento, y acaso no dista mucho el tiempo en que sea insoportable, y los mismos cuya imprudencia lo prepara sern los primeros en lamentarlo. Podrn esperarse de Espaa, como dijo uno de mis impugnadores, condecoraciones y ttulos con prestigio y en abundancia; mas esperar otra cosa es mucho alucinarse, y a la verdad que no es muy buena defensa la que proporcionan esas armas. Uno de los principales delirios (porque as debo llamarle) en que han incurrido o afectado incurrir los partidarios del mortfero quietismo cubano, ha sido la vana esperanza de que los Santos Aliados, tomando como asunto exclusivo de sus santos esfuerzos el inters de la isla de Cuba, haran frente de todas maneras a sus necesidades, extendindola una mano protectora, y que pesando terriblemente en la balanza poltica obligaran a los dueos de los mares a contribuir a la empresa de conservar algunos esclavos en medio de tantos americanos libres. El tiempo, que es el mejor maestro, ha dado ya suficientes lecciones sobre este particular, y ha hecho conocer, a menos que no queramos cegarnos, que Inglaterra se ocupa muy poco de los intereses de Espaa, sabe precaverse de los ataques de los Santos Aliados, quiere conservar contra ellos un gran recurso en la libertad americana, y en la Grecia (aunque esto ltimo no tan claro); en una palabra: que Inglaterra quiere libres o sbditos ingleses en el Nuevo Mundo. Dgase si no, qu fruto han producido los lloros y plegarias del gabinete espaol ni las misteriosas operaciones de los Santos Aliados? Mientras unos lloran y otros rabian, Inglaterra los contempla con su fra y acostumbrada fiereza, no por amor a los americanos, pues esa palabra no significa nada en poltica inglesa, sino por inters propio, que es la nica regla de los gabinetes. No es menos lamentable el error, que ya otra vez he combatido, pero que jams perder de vista, pues lo considero funestsimo, y consiste en

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265 figurarse que al fin Espaa reconocer la independencia del continente por conservar las islas. Creo que el seor comisionado puede haber hecho ver que toda esperanza es vana en este punto, y los que conocen el gobierno espaol no debieron esperar informe alguno para no creer en tal reconocimiento. La opinin de Espaa es que en Amrica cuatro alborotadores, prevalidos de la debilidad momentnea de la nacin, han sorprendido al pueblo, contra sus leales y generosos sentimientos, pues quiere siempre ser espaol. Agregan que la ignorancia de la gran masa (que ellos extienden mucho) la imposibilita de formar opinin, y que ni suea en independencia. En una palabra: yo jams olvido que (como ya he dicho otra vez) aun en el tiempo constitucional en que los hombres tenan ms medios de desengaarse, una persona altamente caracterizada deca que con cuatro o seis batallones fieles se conclua todo el negocio de Mxico. Risum teneatis, amici? Por consiguiente, la esperanza espaola es y ser, que variadas las circunstancias podrn mandarse algunos ejrcitos a Amrica, y en un abrir y cerrar de ojos volver a flamear el pabelln nacional en todas las antiguas colonias, y volver el tiempo de la abundancia, aquel siglo de oro por los raudales de este metal que para Espaa produca la Amrica. Nadie piensa en las prdidas actuales. La verdadera prdida, dicen, es perder el derecho por una renuncia. Conservmosle en el silencio, y le haremos valer en la prosperidad. No es prdida la que debe indemnizarse con usuras, y tiempo vendr en que los rebeldes americanos paguen por junto y con rditos los tributos que ahora nos niegan. Algunos toman un giro diferente y afectan una conmiseracin como un disfraz de su inters, pretendiendo que el bien de la Amrica exige que no se le abandone a las sugestiones de cuatro ambiciosos y a la rapacidad extranjera, que el perjuicio es mutuo, y que al fin debe esperarse que los americanos, conocindolo, varen de conducta, e imploren la proteccin de los mismos a quienes ahora denominan sus tiranos. No son, no, vanas conjeturas mas; son expresiones que se repiten con frecuencia y que yo mismo he odo, costndome bastante trabajo guardar un silencio prudente por excusar una cuestin intil. Y siendo esta la opinin de Espaa, puede esperarse el reconocimiento de la independencia? Segn las ltimas noticias, parece cierto que ha salido de La Corua para La Habana la famosa expedicin de 3,000 hombres (segn se dice) de los cuales habrn quedado de 500 a 800 en Puerto Rico, y es probable que el resto se halle en La Habana, sin embargo de que hasta ahora no tenemos noticia alguna. Esta expedicin es el gran fruto de los esfuerzos de los anti independientes de la isla de Cuba, y del gobierno peninsular que sin duda habr credo salvar todos sus intereses en Amrica con la remisin de esos cuatro soldados. Ahora menos que nunca debe pensarse en que el gobierno

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266 espaol vare de conducta. Antes por el contrario, abrigar la esperanza de poder remitir a expensas de los fieles vasallos, de la isla de Cuba otra expedicin semejante, otra y otra, porque los cubanos son muy ricos, generosos y fieles. Habr simple en Espaa, de los que no pasan por tales, que ver ya en su imaginacin reconquistados los pases de Mxico y Colombia, y a Bolvar, Victoria, Bravo y todos los infames cabecillas de una y otra de las llamadas Repblicas sufriendo en una horca como el desgraciado Riego el castigo de su atentado. Entre tanto, el tiempo va continuando sus lecciones, y el desengao se avanza a pesar de los esfuerzos de los que quieren disimularlo. La marina de Colombia, a ms de los buques de que ya he hablado, se asegura que ha recibido otros de primer fuerza y diariamente aumenta los medios de visitar a la isla de Cuba, pesando las tropas que vuelven ya victoriosas del Per, pero no saciadas de su gloria, ni tan cansadas como quiso suponerlas uno de los impugnadores de El Habanero. Mxico avanza igualmente en sus proyectos, y las dos Repblicas se encuentran como suele decirse a cul primero, mientras que los tranquilistas de la isla de Cuba a nadie esperan. Ya he dicho otra vez que soldados se vencen con soldados, y pensar en que con 4 6,000 hombres que (concediendo ms de lo que esperan los anti independientes) puedan venir de la Pennsula para aumentar la escasa guarnicin de la Isla, impedirn los proyectos de los nuevos gobiernos, es quererse alucinar con la ignorancia ms crasa. El refuerzo de tropas en Cuba es un recuerdo a las nuevas Repblicas de la absoluta necesidad en que se hallan de hacer toda clase de sacrificios para invadir la Isla, pues ya no se trata como quiera de remover un obstculo, sino de evitar un peligro que aunque insignificante en realidad, puede no serlo en apariencia, y tener un influjo poltico muy perjudicial a la consolidacin de sus gobiernos. Nunca es, pues, ms probable la invasin de la Isla, que cuando se reciben nuevas tropas de la Pennsula, y nunca es ms peligrosa a los intereses del pas, que cuando aumentada una resistencia intil debe aumentarse una hostilidad necesaria. Saben muy bien los nuevos gobiernos que el espaol ha querido valerse de una estratagema mal urdida en la remisin de la nota diplomtica de que he hablado anteriormente, pues ofreciendo suspender toda hostilidad contra las nuevas repblicas si stas suspendan todos sus proyectos contra las islas de Cuba y Puerto Rico, no haca ms que pedir una tregua para reforzarse mandando cmodamente sus tropas a La Habana, bajo pretexto de conservar la Isla en caso de que los nuevos gobiernos faltasen a sus tratados, y al fin cuando mejor le pareciese encontrara razones para revocarlos todos, empezando por pasar sus tropas al continente americano. La tal peticin hecha por conducto del gabinete francs al ingls ha sido pasada por

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267 ste a los nuevos gobiernos, sin mas recomendacin ni esfuerzo (y creo saberlo por conducto bien seguro) que un all va eso que me piden que remita, pues en sustancia no dice ms la nota inglesa. No debe dudarse que los gobiernos de Colombia y Mxico habrn visto semejante propuesta, como la que podra hacer un general en el momento de la derrota de su ejrcito, para que su enemigo, suspendiendo las hostilidades, no completase su victoria, sin ms razn, sino permtaseme reforzarme para resistir, y aun para atacar. No es otra cosa lo que ha dicho Espaa, y a la verdad con poco disimulo. Puede sostener la Isla? Para qu pide treguas? No puede sostenerla? Para qu las pide? Para hacer una burla a los nuevos gobiernos, si stos fuesen tan simples que se dejasen engaar, y no reconociesen en la mera propuesta la debilidad y la mal sostenida astucia de su enemigo. El medio ms sencillo que tendra Espaa para evitar las hostilidades de los nuevos gobiernos sera reconocerlos, y si rehsa esto valindose de medios indirectos para evitar sus ataques, no cabe duda de su proyecto de reconquista, y en consecuencia nadie debe dudar de los esfuerzos americanos excitados con tan poderoso estmulo, para impedir que se renueven los tiempos de Corts, resultando de todo que la isla de Cuba, o el Cuartel General espaol, debe atacarse por todos los pases que ha sacudido el yugo peninsular, y por los interesados en la emancipacin americana. Hay un error funestsimo difundido entre muchas personas de la Habana, que no puedo pasar en silencio al terminar este artculo. Aspiran o fingen aspirar a una conformidad absoluta en la opinin, como indispensable para un cambio poltico. Esto equivale a un no quiero disimulado con una conviccin. En qu pas, en qu ciudad, en qu familia puede hallarse esa absoluta conformidad de ideas, cuando se trata de objetos de infinitas relaciones y que excitan infinitos intereses? Qu cambio poltico, o qu negocio de alguna importancia se habra decidido en pueblo alguno si prevaleciesen tales principios? Concedmoslos por un momento, mas en consecuencia confiesen sus defensores que la ruina es inevitable. Habr unin absoluta verificada la invasin de la Isla? Estoy muy lejos de creerlo. Ni todos resisten ni todos ceden, aunque el nmero de los temerarios en la defensa ser bien corto. Puede por tanto resultar el mismo dao que ahora se teme, y yo no s si aumentado, por los temores que inspirar en muchos la misma invasin que se cree puede tranquilizarlos. Mas al fin yo debo repetir lo que dije en el nmero anterior: si la opinin est desgraciadamente decidida a renunciar todas las ventajas econmicas y polticas de un cambio propio y espontneo, y se quiere llevar el temor y la apata hasta el extremo de querer que vayan los de fuera a hacerlo todo y ahuyentar una sombra de poder que como a nios tiene amedrentados a mis pasanos, esprese enhorabuena.

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268 La malicia ha encontrado en la timidez un agente eficacsimo para adormecer al pueblo cubano promoviendo los intereses del actual gobierno, cuyo trmino quiere alejarse todo lo posible, aunque pocos dudan de su proximidad. Dcese al pueblo que es inexperto, aptico e indeciso, que se halla enteramente dividido y que a la ms ligera mudanza brotar este germen de divisin produciendo efectos funestsimos. Inclcase mil veces la necesidad absoluta de una paz octaviana para evitar una ruina desastrosa. Hcense algunas insinuaciones, y aun ms que insinuaciones sobre la causa principal de estos temores, y con sacrificio de la prudencia consguese herir la imaginacin sin convencer el entendimiento. Algunos ms precavidos no se atreven a arrostrar la opinin contraria (si es que puede llamarse opinin la evidencia de los hechos que a nadie se ocultan), y confesando claramente que el cambio es necesario, preguntan cmo se hace. No falta ms sino que pregunten cmo se abre la boca para recibir un bocado, cmo se mueven las quijadas para mascar, y cmo se traga. Cmo se hace? Hablando menos y operando ms. Contribuyan con sus luces unos, otros con su influjo y otros con su dinero a salvar la Patria, y con ella los intereses individuales, y este corto sacrificio remover ese grande obstculo que tanto se pondera. Reptase de mil modos que es imposible efectuar la independencia sin auxilio extranjero, y yo pregunto: qu se ha hecho para conseguirla? sobre qu pruebas descansa la asercin de su imposibilidad? Verdad es que un nmero de patriotas hizo esfuerzos poco felices para romper unas cadenas que se han remachado; verdad es que prfugos unos, presos otros, y todos desgraciados recuerdan constantemente el lamentable, y no s si me atreva a llamar criminal abandono con que han sido mirados por muchos que aspiran al ttulo de patriotas. Dejronlos, s, dejronlos comoREFLEXIONES SOBRE LOS MOTIVOS QUE SUELEN ALEGARSE PARA NO INTENTAR UN CAMBIO POLTICO EN LA ISLA DE CUBA

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269 suele decirse en las astas del toro bajo pretexto de la inmadurez del plan y de la inexperiencia, o si se quiere ligereza de las personas. Yo convengo en mucha parte de estas ideas aunque no puedo llevarlas hasta el trmino que las extienden los enemigos de la independencia. Buenos son los planes, mas en las resoluciones lo que importa es la generalidad del sentimiento, y si sta se promova por los desgraciados patriotas que ahora persiguen, debi fomentarse el proyecto lejos de combatirse de un modo que sera ofensivo si no fuese ridculo. No ha habido intencin depravada que no se haya atribudo a los que se atrevieron a decir: seamos libres. Faltaban luces? Hubiranlas dado los que las tienen. Faltaba prestigio? Hubiranse acordado muchos que lo tienen, que lo deben a la Patria. Faltaba dinero? Bastante gastan intil, y aun dir inicuamente, muchos que se llaman patriotas. Por otra parte, gastar una corta cantidad por asegurar una gran fortuna, es hacer una buena especulacin, y as, aun prescindiendo de todo sentimiento generoso, el inters pecuniario, nico mvil de ciertas personas, debi moverlas a contribuir al intento. Estos Herclitos de la isla de Cuba, como dej dicho en el nmero anterior, son la causa de sus lloros. Convengamos en que nada se ha hecho en favor de la independencia como obra de los habitantes de la Isla, y que por consiguiente no hay fundamento para afirmar que es imposible. Suele decirse igualmente que sin embargo de ser inevitable el cambio que algunos miran como un mal, ya en s, ya en sus consecuencias, conviene demorarlo todo lo posible como se hace con la vida de un enfermo de cuya prxima muerte nadie duda. Yo no convendr en el smil pero an admitindolo podremos decir que en tales casos es cuando la prudencia justifica tentativas que reprobara en otras circunstancias. Pero contraigmonos a la cuestin y dejmonos de salidas vagas. Cules son las causas de los males que se temen? Segn los tranquilistas con la falta de unin, y la heterogeneidad de los elementos sociales. Pregunto: Y la apata destruye alguna de estas causas? Antes las aumenta, como crece el mal que no se cura en tiempo. Se espera que ellas por s se remuevan? Nadie es tan tonto que lo crea. Qu se consigue pues? Arruinarse, dicen, ms tarde. Y no ser mejor tratar de impedir la ruina, aunque sea por un medio si se quiere arriesgado? Supongamos que los facultativos opinan absolutamente necesaria una amputacin para salvar la vida, y que aun por este medio no le aseguran la cura; pero s la creen muy probable, sera o no prudente efectuar la amputacin? Yo he querido discurrir segn las ideas de los enemigos de la dependencia, pero a la verdad el smil no es conforme a las mas. No hay un peligro tan grande que slo haga probable el buen xito de la empresa. Para m es casi infalible, a menos que de propsito no quieran todos

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270 (pues aunque quieran muchos nada importa) trabajar por que se pierda. La desunin se impide procurando cada cual por su parte, si no conciliar, por lo menos no indisponer los nimos, y conseguida la unin ste es el antdoto para el veneno cuyos estragos tanto se temen, mas no por eso deja de tomarse diariamente.

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271 Al fin despus de enormes sacrificios pecuniarios, de la prdida de muchas vidas, ocasionada en distintas pocas por infinitos sufrimientos, se rindi el Castillo de San Juan de Ula, y su comandante con alguna tropa ha entrado en el puerto de La Habana, como ya antes lo haban hecho Morillo y Morales y lo hubieran hecho La Serna y Canterac. Se acab el nico apoyo del gobierno espaol en el continente americano1, y ste slo tiene que ocuparse de perseguir al enemigo en su ltimo asilo, de quitarle todos los medios de ofender, y de alejar su influencia confinndolo en el otro hemisferio. La necesidad de hacerlo es absoluta. La ocasin es oportuna, y los medios ya son mucho ms que suficientes. Dirn an los enemigos de El Habanero que no es probable la invasin? Salo en hora buena, dicen: nos defenderemos. Por qu no dicen: nos destruimos, y al fin nos rendiremos, despus de haber perdido inmensos caudales y muchas vidas, despus de haber reconcentrado el odio y alimentado una guerra civil; despus de haber dado origen a nuevos partidos no menos funestos que los que existen; despus de haber empobrecido si no arrasado los campos, ahuyentado el comercio, causado una gran emigracin; en una palabra: despus que Cuba haya perdido cuanto la da valor en el mundo culto, y se reduzca a sus ventajas naturales? Entonces saldrn para Espaa los jefes principales, y qu les quedar a los heroicos defensores? La necesidad absoluta de sostener por mucho tiempo un ejrcito de ocupacin y de un gobierno militar que contenga la gangrena amputando y quemando. Y despus de todo esto, qu dirn en La Habana? Como si lo oyera. Unos, que el negocio est apurado, pero que no se sabe qu hacer; otros,CONSECUENCIAS DE LA RENDICI"N DEL CASTILLO DE SAN JUAN DE ULA RESPECTO A LA ISLA DE CUBA1 El Callao acaso est ya rendido y aun cuando no lo est significa muy poco por la distancia a que se halla, y por la situacin de Espaa.

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272 que por ah vendrn miles y miles de soldados de Espaa contribuyendo los Santos Aliados; otros que ojal lleguen cuanto antes los invasores, sin hacer ms reflexin sino que se es el medio de sacudir el yugo, y sin prepararse a hacer otra cosa que charlar muchsimo. En estas y las otras tendrn en casa la visita, y un desengao triste ser el tormento de muchos que no lo esperan.

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EL HABANEROPapel poltico, cientfico y literario Redactado por Flix Varela Tomo II No. 1Nueva York En la Imprenta de Gray y Ca 1826

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275 Diario de La Habana, sbado 8 de abril de 1826. Seor redactor. Importando mucho el dar publicidad todas las noticias extrangeras que tengan relacin con los intereses de esta isla, suplico V. se sirva insertar en su Diario la siguiente traduccin que nos remiti un amigo de Nueva-York, sacada del mensaje del presidente de los Estados Unidos de Amrica al Congreso, en la parte que concierne al estado poltico de la isla de Cuba y Puerto Rico:1 y con este motivo, tambin haremos algunas observaciones que nos parece muy a propsito en esta materia. Queda de V.S.S.S. Un Subscriptor. “El estado actual de las islas de Cuba y Puerto Rico, es de la mayor importancia y tiene un inmediato enlace con los intereses y futuros proyectos2 de nuestra Unin.” “La adjunta correspondencia manifiesta que la atencin del gobierno se ha fijado sobre este asunto. La anunciada invasin de las dos citadas islas por las fuerzas combinadas de Mejico y Colombia, es sin duda uno de los objetos que deben determinarse por los Estados beligerantes, en Panam. Las convulsiones a que seran expuestas,3 caso de verificarse tal invasin, y el riesgo de que por la misma causa cayesen finalmente en manos de alguna potencia europea, que no fuese la Espaa, no permite el que desentendamos estas consecuencias que podran mirarse con indiferencia4 en el Congreso de Panam. Es innecesario detenernos sobre este particular ni decir ms, sino que todos nuestros esfuerzos con referencia este inters, se dirigirn conservar el actual estado de cosas,5la tranquilidad de aquellas islas, y la paz y seguridad de sus habitantes.” Este trozo de dicho mensaje y los sentimientos que el poder ejecutivo manifiesta con respecto al peculiar inters de aquel gabinete, no hay dudaCARTA AL REDACTOR DEL DIARIO DE LA HABANA

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276 se extiende a la futura conservacin y felicidad de estas islas: y debemos lisongearnos el que coincidan sus miras polticas con las fundadas esperanzas en que siempre hemos descansado, de que estas dos ricas posesiones deban pesar mucho en la balanza de los intereses, no solo de nuestra Espaa, sino de otras naciones amigas6 que hoy disfrutan, por la generocidad y franqueza de S.M.C., del comercio libre y proteccin que encuentran en este venturoso pas. Muchos miles de sbditos de S.M. Cristiansima, de S. M. B., de los Estados Unidos de Amrica y de otras naciones, avecindados en este pas y empleados, unos en el mismo comercio, y otros en la agricultura,7 con estimaciones, y consideraciones pblicas que merecen del trato dulce de estos moradores,8 es la mayor garanta de la delicada conducta de este gobierno, y unido a esta digna consideracin el doble inters de las relaciones mercantiles establecidas recprocamente entre estas naciones9 tenemos razn para pensar, que esos grandes proyectos que se forman sobre el papel, no pueden ser otra cosa que teoras soadas por Abates10 que sugieren los deseos en imaginaciones exaltadas. Por fortuna sabemos el valor que hoy tienen semejantes teoras, y esa bella expresin de fuerzas combinadas de Colombia y Mejico, faltando precisamente lo mas esencial de la frase que es la combinacin;11 y sin embargo, podemos asegurar a los individuos de estas dos pretendidas repblicas, que hemos hecho el honor debido a sus teoras, preparndonos prcticamente por si acaso pudiesen pasar de sueos sus proyectos: y pues que ya tenemos quien nos acompae12 vigilar sobre la integridad de nuestra quietud y seguridad,13 nosotros corresponde el dar poco que hacer nuestros aliados amigos, previnindonos con fuerzas respetables de mar y tierra combinadas con nuestro firme carcter en conservar nuestras riquezas14 y la dulce tranquilidad que disfrutamos; puesto que las naciones nos confiesan ya y nos apoyan nuestra conducta, nuestro proceder y la justa y equitativa poltica con que nos hemos conducido en estos ltimos aos, tan borrascosos y desgraciados para nuestra Espaa.15 Cada da nos empearemos ms y no habr sacrificio que repugnemos para garantir este sistema honroso, no slo por el bien individual que disfrutamos, sino porque sirva de adorno a la historia de los grandes acontecimientos, que dos islas, que apenas se distinguen en el mapa del mundo,16 circundadas de convulsiones polticas, y amenazadas de grandes huracanes, han permanecido intactas,17 conservando sus derechos, sus costumbres, y religin18 y consagrando a la posteridad su fidelidad, amor y adhesin su rey y a su madre patria.19Si volvemos la vista al cisma y cbala que pudieran introducir en nuestro orden domstico los enemigos de nuestro reposo, valindose de aquellas

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277 armas bajas y rastreras que el engao y la traicin20 suplen la falta de otros recursos, estamos bien persuadidos que una serie peridica de pequeos hechos en estos ltimos quince aos y desvanecidos como el humo, servirn de ejemplo y desengao a las cabezas incurables de semejantes proyectos. La suma impenetrable de opinin pblica, no slo en la importancia de intereses individuales, sino en el nmero de personas aun de aquellas que pudieran ser ms acequibles la seduccin por ofertas y lisonjeros porvenires21 ha sido la roca de Scila contra quien se han estrellado esas intentonas miserables. Cuarenta mil hombres22 organizados, prontos sostener nuestro estado poltico;23 una escuadra respetable imponente24 aumentndose cada da ms, bordejeando sobre nuestras costas, y finalmente la vigilancia y caracter firme y pundonoroso de los dignos gefes que nos mandan, es propiamente lo que debe servir de preliminar la apertura de ese gran Congreso de Panam,25 si acaso no llega desmoronarse este edificio por otros clculos que la esperiencia, el tiempo y las circunstancias deben prevenir en otras miras politicas y ms convenientes que en su oportunidad se irn desarrollando y que han dado principio nuestros vecinos los angloamericanos. Todo esto prueba que si bien al principio el influjo de estas oscilaciones han perjudicado en gran manera los intereses de esta isla, porque no encontraba el clculo un camino seguro para sus sucesivas operaciones, hoy podemos con mucha seguridad abrir nuestra confianza todas las naciones cultas y al mismo tiempo decirles, que pregunten cada uno de los individuos respectivos de cada nacin que en nmero de ms de 10,000 viven tranquilos en medio de nosotros, unos con propiedades afincadas y otros dedicados todo genero de industria, si la isla de Cuba presenta el estado ms lisonjero de seguridad para todos los que quieran buscar su fortuna, y establecer relaciones de intereses con este dichoso pas.26A propsito de estas prudentes reflexiones transcribamos aqu la siguiente carta recibida por un comerciante respetable de esta ciudad “Nueva York, Marzo 22 de 1826.Amigo, con la mayor satisfaccin y alegra tomo la pluma para anunciarte, que el presidente de esta repblica ha informado al Congreso que es de un inters vital para este pas, que la situacin poltica de esa isla se mantenga como hasta ahora, y que se debe usar de toda energa y fuerza para impedir los Colombianos y Mejicanos en el atentado que piensan de invadirla;27 ahora puede V. contar con seguridad que la tranquilidad de esta isla est ya afianzada firmemente, de lo que doy V. la enhorabuena, y me apresuro a comunicarle por lo mucho que debe interesarle -N.Tambin se lee en otra carta al mismo sujeto fecha 8 de Marzo de los

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278 Estados Unidos que dice: —La primera fragata nueva que se construy aqu de los colombianos, entr en Puerto-Cabello, y en Febrero no tenan gente para tripularla y estaban echando mano de los peones del campo.28 En Cartagena igual penuria de marineros ofrecindoles hasta quince pesos, pero sin arbitrios para pagarlos: todos los buques estn media tripulacin menos la Ceres que est al completo. La nueva segunda fragata29 estar alistada para Abril; hay escasez de numerario; pero han dado fianzas y saldr con 100 hombres de maniobra para Puerto Cabello. Incluyo a V. la traduccin del mensage del presidente al Congreso relativo esta30 isla. La salida de las cinco fragatas de guerra de ese puerto es la mejor operacin de la marina, ella asegurar la opinin interior y desengaar a los tontos de fuera alucinados por los editores: se establecer la confianza en el comercio y sentir los buenos efectos con la concurrencia.1 Supongo que el bueno del corresponsal habr traducido con igual prontitud, y enviado a su amigo los prrafos en que los papeles pblicos comunican la noticia de la rendicin del Callao, la de Chilo, la vuelta victoriosa del ejrcito de Bolvar, y la venida de esta para emprender segn voz pblica lo ltimo que falta al complemento de su gloria. Estas noticias no interesan poco la isla de Cuba.2 El original dice: future prospects y no proyectos, pues la verdad esta palabra indica plan, empresa o tentativa, y sera bien impoltico que el presidente de los Estados Unidos empezare por anunciar sus futuras tentativas sobre las islas de Cuba y Puerto Rico. El futuro prospecto, o aspecto poltico y econmico de este pas es el que su presidente ha querido expresar en el mensaje, sin avanzar otra idea que sera prematura. Aunque el plural prospects se tradujese miras debera advertirse que miras no son proyectos, sino intenciones, aunque todo proyecto supone miras. Project (proyecto) no se halla como sinnimo de prospect en ningn diccionario. Yo convengo con el traductor en que hablando francamente no se hubiera empleado con inesactitud la palabra proyectos, mas no se emple por una delicadeza que conviene respetemos, pero que agrega mucho al espediente sobre la inalterabilidad futura del estado poltico de aquellas islas.3 El traductor ha omitido una clusula entera que presenta el verdadero sentido del prrafo. Dice pues el original.The convulsions to which from the peculiar composition of their population, they would be liable in the eveni of such an invasion, &c. esto es: Las convulsiones a que estaran expuestas por los particulares elementos de su poblacin, &c. Se ve claramente que el objeto de este gobierno es prevenir en tiempo las convulsiones que pudiesen resultar mas no oponerse a la invasin, siempre que esta se haga en trminos que les convenga. No ha dictado este perodo el deseo de conservar el actual estado poltico de la Isla de Cuba, sino el de conservar las utilidades mercantiles y alejar los temores polticos de este pas, por cuya causa se indica en el mismo periodo que los Estados Unidos no podrn ver con indiferencia que pase la isla a otras manos europeas distintas de las espaolas. Ser por amor o por consideracin a Espaa? Porque Espaa nada significa, y en sus manos puede conservarse la isla para futuros proyectos, y aqu viene la palabra proyectos como de cajn.4 El original dice: The danger therefrom resulting, of their falling ultimately into the hands of soje european power, other than Spain will not admit of our looking at the consequences, to which, the Congress at Panama may lead, with indifference. La coma que se halla despus del verbo lead, indica claramente que las siguientes palabras,with indifference, se refieren a la parte superior de la clusula y que para darla una colocacin espaola sera preciso decir, will not admit of our looking with indifference, at the consequences, to which may lead the Congress at Panama. Esto es: no permitir que miremos con indiferencia las consecuencias que puede tener el Congreso de Panam. No dice el presidente de los Estados Unidos, ni poda decir sin grande imprudencia, y aun sin grosera que estas consecuencias podran mirarse con indiferencia en el Congreso de Panam. Un Congreso cuyo principal objeto es preveer esas consecuencias, un Congreso formado por todas las naciones americanas, (sin excepcin del Brasil,) un Congreso que aun prescindiendo de otras consideraciones, hasta que aun no hubiese empezado sus trabajos para que sin imprudencia y sin injusticia no pudiese atribuirsele una inconsideracin tan grosera; no poda ser tratado de un modo tan indecoroso por el presidente

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279de los Estados Unidos. El traductor quiso presentar bajo un aspecto ridculo a las naciones constituyentes de aquel Congreso, sin advertir que con su equivocada traduccin no haca ms que ridiculizar a este gobierno, cuyo apoyo crey haber encontrado, pero ms adelante veremos que ha sido el sueo del gato. No debemos omitir que los Estados Unidos acaban de nombrar sus representantes para aquel Congreso, aunque por conservar el aspecto de neutralidad, se dice que no tomarn parte en los negocios privativos de las naciones beligerantes.5 No hay duda: Si este gobierno prevee que la isla ha de caer en manos de otro poder europeo distinto del espaol, si en ella se producen trastornos, cuyas consecuencias perjudiquen al bien de este pas: todos sus esfuerzos se dirigirn a conservar el estado actual de cosas; pero si estos temores se alejasen por el modo con que se verifique la invasin, nada tendr que oponer. Con qu derecho lo hara? Esta intervencin injusta y necia, es muy agena de un gobierno, a quien todos conceden la primaca en la carrera de la libertad.6 Bastante pesan, y tanto, que no es mucho vaya arriba la ligera Espaa pasando las islas al platillo contrario de la balanza.7 Todos estos se marchan en el momento en que la isla sea independiente. Ni un estrangero hay en Mejico ni en Colombia ni en ninguno de los estados independientes. La razn es muy clara, los estrangeros vienen a Amrica por el dulce placer de ser sbditos del gobierno espaol.8 Todos estos se vuelven feroces cuanto sean independientes.9 Igualmente sern todas estas relaciones por que el azcar y el caf de la isla de Cuba no valdrn nada cuando sean producidos por un suelo independiente, y aunque no se ponga prohibicin alguna a los estrangeros para que vayan a sacar estos frutos en cambio de los suyos, no hay miedo que ninguno vaya a la malhadada isla de Cuba.10 Sali ya el Abate, y con letra distinta para que no quede duda de la alusin Por qu no puso el autor francamente el Presbtero Don Flix Varela, y despus su nombre sin reserva para que se supiese quin escribe y contra quin? Pero exijo mucho: los defensores de la causa espaola tienen mucha modestia. Siga encubierto mi propugnador, pero sepa que esas teoras soadas por el Abate autor del Habanero, lo han sido tambin por los polticos de todas las naciones: han sido presentadas por todos los periodistas sin contradiccin, han sido comunicadas por los mismos de la Habana, y de otros puntos de la isla en todas sus cartas, y no solo por los independientes sino por los principales del partido contrario, y que ms por las mismas corporaciones de la Habana, por el mismo gobierno de la isla, que no ha cesado de hablar de sus peligros y temores. Vea V. Seor escritor cuntos abates soadores, y acaso es V. y ha sido uno de ellos.11 Mjico y Colombia tienen un inters comn, que es quitar a su enemigo el ltimo apoyo que le queda. En esto no vacilan y sin duda no dejar la isla de ser invadida por falta de combinacin.12 Pero es la compaa del ahorcado.13 quin lo duda! Pero..... para...14 Cuanto estas se vean amenazadas de los estragos inevitables de una guerra, y sin esperanza de suceso, yo aseguro al escritor que ese firme carcter servir para frustrar todas sus esperanzas.15 Deseara que el escritor manifestase esa confesin de las naciones. ¡Con cunta facilidad se ve lo que se quiere!16 ¡Qu pequeasl Sin embargo cuando conviene son inmensos pases riqusimos, fertilsimos, &c. &c.17 Por que nadie las ha movido siendo todo amenazas; pero al primer soplo real, quin sabe....18 Hacen bien porque en siendo independientes Dios costumbres, Dios derechos, Dios religin.19 ¡Vaya un amor filial! Pero si supiera el escritor que la nia no es tan cariosa como se ha figurado!20 Ninguna conducta ms franca que la de los independientes. Queremos ser libres, han dicho desde el principio, porque no creemos que Dios nos ha criado para servir a otro pueblo y mucho menos a un pueblo sin gobierno, sin orden, ni concierto, ms infeliz por sus errores que por su miseria, incapaz de cura sino por un milagro manifiesto de la omnipotencia divina. Tenemos derecho por la naturaleza y lo exige el orden eterno de la justicia, s, tenemos derecho para mejorar nuestro estado fsico, poltico, y moral, queremos que nuestro pas sea todo lo que puede ser, y no lo que quieren que sea unos amos tiranos que no pueden conservarlo sino mientras puedan oprimirlo; queremos dar a las luces toda la extensin y exactitud de que son capaces en talentos quienes la naturaleza ha prodigado sus dones, por confesin de nuestros mismos enemigos; que-

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280remos que unas leyes justas y un sistema poltico en que la libertad se concilie con esta misma justicia, nos conduzca a la perfeccin de las costumbres, y radique cada vez ms el sagrado amor a la patria, sustituyndolo ese amor un hombre, a ese amor un rey, ese amor a un amo, cuyos dones siempre se tienen por clemencia, jams por justicia; queremos que las generaciones futuras hereden de nosotros la dignidad de hombres, y recuerden lo que cueste recuperarla para que teman perderla. Esta es la conducta de los independientes, esta es la que en el fondo del corazn aplaude todo el gnero humano, esta es la que no puede cimentarse en la vil lisonja, en la rastrera intriga de una corte, en el capricho de un prncipe, en la venalidad de un ministro, ni en ningn otro de los apoyos ordinarios en el sistema desptico. Traicin ¡ah! s, no hay duda, traicin es en el lenguaje de los dspotas toda medida racional, todo paso favorable al gnero humano. Traidores son a la patria, traidores la humanidad, traidores las luces, traidores la justicia, traidores su misma conciencia los ausiliadores de los dspotas y opresores de los pueblos. Sern traidores todos los pueblos del hemisferio americano desde uno a otro polo, pues que todos han sacudido el yugo europeo? Es preciso no saber lo que es traicin para decirlo. Una nacin entera jams es rebelde, como escribi muy bien el ilustrado Martnez de la Rosa, y mucho menos puede serlo todo un mundo. La traicin supone una falta de derecho, una fidelidad injustamente quebrantada. Y habr quien se atreva sin pasar por ridculo a sostener que la Amrica no tiene derecho ser independiente, sacudiendo la tirana europea, y que est obligada una fidelidad que hasta ahora no ha sido otra cosa que la aquiescencia a una fuerza tirnica. A una fuerza, si que experimente al mismo que ha escrito este papel, y por eso habla de lagenerosidad y franqueza de su amo, para no disgustar por lo menos al que su nombre, y con todas sus facultades tiene el garrote en la mano constitudo un reyezuelo en la isla de Cuba. La necesidad de impugnar el papel me ha conducido decir algo sobre la naturaleza del gobierno que rije en aquella isla, prescindiendo de la persona que lo obtiene como siempre he prescindido de todas en cuanto he escrito. Yo quiero suponer un ngel al gefe de aquella isla, pero puede si quiere ser impunemente un demonio? Nadie lo duda. Pues basta. No se necesita mas impugnacin al papel que decanta la felicidad de la isla de Cuba. Cuando el hombre no depende de la ley, sino de la libre voluntad o del capricho del que le gobierna, es esclavo por ms dulce que se finja su esclavitud.21 Entiendo, y uno de los sacrificios mayores que puedo hacer es guardar un silencio terrible para mi corazn, pero necesario a los intereses de mi patria.22 Cunto!!!23 Lo veremos si estn pronto sostenerlo derribarlo. Por lo menos de una gran parte puede asegurarse que vuelven armas.24 Tan imponente que ya es una locura pensar en contrarrestarla. Sin embargo los temerarios de los independientes han dado en no creerlo.25 Quin lo duda! Para proporcionar los medios de desbaratar cuanto antes esa ltima trinchera del gobierno espaol.26 Mas la respuesta deberan darla donde no pudieran echarles mano, sumergirlos en un calabozo, o por lo menos atraer sobre s una funesta sospecha. La mayor parte conserva sus propiedades en la isla, porque no puede sacarlas sin grandes sacrificios.27 Qu chasco! Lo que es meterse escribir abultando!28 De manera que los pobres se vern un poco enredados con tanta cuerda y oyendo tanto trmino estrao. Pero qu malditos! en un instante han aprendido el ingls, y se han olvidado hasta de sus nombres en espaol. Lo que es pasar de un estado otro! La marina espaola es muy diferente. En cada leva se cogen marineros y artilleros peritsimos, y en un abrir de ojos se tripula un buque con gente dispuesta batirse, que derramarn por su rey hasta la ltima gota de su sangre.29 Me haba propuesto no hacer observacin alguna sobre lenguaje, aunque ms bien he adivinado que entiendo muchos de los prrafos del papel, pero esta nueva segunda fragata me sugiere cierta sospecha.... Adelante.30 No tengo a la vista el papel. Si no me he equivocado en copiar esta por esa; sospecho mucho que todo es de cuo habanero.

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281 Mr. Clay Secretario de Estado de este gobierno Mr. Middleton su Ministro en Rusia. Departamento de Estado Washington 26 de Diciembre de 1825. Seor. Las notas de V. nmero 48 y 49, han sido recibidas a debido tiempo y presentadas al presidente. Ha visto con mucha satisfaccin que el haber ocurrido por medio de V. al emperador de Rusia para que emple sus oficios amistosos empendose en establecer la paz entre Espaa y las nuevas repblicas americanas, no ha dejado de tener efecto favorable. Considerando las relaciones ntimas y amistosas que existen entre el emperador y sus aliados, no deba esperarse que antes de consultarles se usase un lenguage ms explcito que el de la nota del conde de Nesselrode. Con todo, bien considerada nos autoriza creer que la influencia preponderante de la Rusia se ha arrojado en la balanza para inclinarla hacia la paz. A pesar de las predicciones de un resultado contrario hechas confiadamente por el seor secretario Canning, esta decisin del emperador corresponde las ideas anticipadas que constantemente se han sostenido aqu desde que el presidente resolvi invocar su intervencin. Esto da una gran prueba as de su humanidad como de su ilustrado juicio. Todos los hechos fuera de Espaa parece que ahora conspiran la paz y la cada del castillo de San Juan de Ula que capitul el 18 del mes pasado, no puede dejar de producir un efecto poderoso en aquel reino. Se nos ha dicho que cuando lleg la noticia la Habana produjo una grande y generosa sensacin y que el gobierno local despach inmediatamente un buque velero para Cdiz comunicando la noticia, y suplicando al Rey que pusiese cuanto antes un trmino la guerra1 y reconociese las nuevas repblicas como el nico medio que restaba de conservar Cuba para la monarqua.COMUNICACI"N OFICIAL

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282 Considerando las medidas anteriores que puede adoptar este gobierno para coadyuvar los esfuerzos de pacificacin, que sin duda est empleando el emperador, ha credo el presidente que la suspensin de toda expedicin militar que ambas o cualquiera de las repblicas de Colombia y Mejico estn preparando contra Cuba y Puerto Rico, tendra una influencia favorable. Dicha suspensin parece ciertamente que se debe los amistosos fines del emperador. Conforme esto he dirijido notas oficiales a los ministros de dichas repblicas recibidos aqui recomendandolo sus gobiernos incluyo el estracto de una de ellas siendo la otra idntica en sustancia. Observar V. intimado en estas notas que otros gobiernos se hallarn precisados por sus mismos intereses y deberes a intervenir en caso de una invasin de las islas de las contingencias que pueden acompaarla seguirla. Sobre esta materia conviene que seamos bien entendidos por Rusia. En cuanto nosotros, no deseamos cambio alguno en la posicin de Cuba como hemos dicho anteriormente. No podemos permitir2 que la isla pase a ningn poder europeo. Pero si la Espaa rehusara3 hacer la paz y resolviere obstinadamente continuar la guerra, aunque no deseamos que ni Colombia ni Mejico adquieran la isla de Cuba4 el presidente no encuentra fundamento alguno justificable para intervenir violentamente. En la hiptesis de una prolongacin innecesaria de la guerra imputable a Espaa, es evidente que Cuba ser su nico punto de apoyo en este hemisferio. En esta suposicin cmo podemos proceder contra la parte que tiene claramente el derecho en su favor interponernos para contener o frustrar una operacin legal de guerra? Si la guerra contra las islas fueran conducidas por estas repblicas de un modo desolador; si contra toda expectacin pusiesen las armas en manos de una clase de los habitantes para destruir las vidas de los otros, en una palabra, si favoreciesen estimulasen excesos y ejemplos cuyo contagio por nuestra vecindad fuera daoso a nuestra quietud y seguridad; el gobierno de los Estados Unidos se creera llamado interponer su poder. Mas no debe temerse que suceda ninguna de estas contingencias, y por consiguiente es ms probable que los Estados Unidos si continuara la guerra permanecern en lo sucesivo como han estado hasta ahora siendo observadores neutrales del progreso de sus acaecimientos.5Se servir V. comunicar el contenido de esta nota al gobierno de Rusia. Como por la naturaleza misma de este negocio que ha inducido al presidente recomendar los gobiernos de Colombia y Mejico6 la suspensin de sus espediciones contra las islas espaolas, no se puede indicar el tiempo definitivo que dure esta suspencin; si se accede ella debe concederse por todos que no se dilatar innecesariamente, por tanto representar V. al go-

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283 bierno de Rusia la exigencia de conseguir tan pronto como fuere posible la decisin de Espaa, en cuanto sus disposiciones de hacer la paz. Soy de V. H. CLAY1 Y no haba nada de esto, porque la tal guerra y los tales temores solo eran ficciones de Abates de imaginacin acalorada y armas rastreras que emplea la traicion.2 Advirtase que usa de las palabras no permitir que equivalen resistir de todos modos cuando se trate de pasar la isla a otro poder europeo, mas no a un gobierno americano.3 Como rehusar siempre.4 Ya lo creo....5 Que tal! Es la invasin la que que se quiere impedir? Mandaran los Estados Unidos alguna escuadra algn ejrcito en favor de Espaa?6 Recomendar como medida que (muy equivocadamente) crey este gobierno que poda contribuir al reconocimiento de dichas repblicas; mas no amenazndolas como han credo los realistas de la Habana con ninguna clase de coaccin.

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284 Un navo viejo bien o mal compuesto y dos fragatas con algunos otros buques que han llegado de Espaa, he aqu el gran fundamento de la confianza que aparentan los enemigos de la libertad americana. Lisonjanse con la abultada idea del atraso pecuniario de Colombia; consulanse con que Bolvar y su ejrcito podrn tener en qu entretenerse en el Brasil; calculan que en ese tiempo la miserable Espaa haciendo fuerzas de flaquezas les remitir nuevos socorros, y entretanto entrganse al descanso como si nada tuviesen que temer. La suerte de los pueblos no depende de cuatro seis buques ni de circunstancias momentneas que solo halagan para hacer ms sensible la prdida. El horizonte poltico amenaza ahora ms que nunca con una terrible tempestad sobre la isla de Cuba, y para convencerse de ello basta que reflexionemos sobre el estado del continente. Libre ya del dominio europeo, siente sin embargo la necesidad de quitar al enemigo su ltimo apoyo, necesidad urgentsima por razones polticas y econmicas. Aunque poco pueda temer de la posesin de la isla de Cuba por los espaoles, es claro que en un futuro que acaso no dista mucho podr ser algo ms perjudicial pasando otras manos. La misma Espaa aunque impotente no cesar de ostentar capacidad para grandes empresas, animando por este medio a algunos alucinados que aunque de un modo ineficaz y temerario puedan perturbar el orden obligando el gobierno a medidas cuya necesaria publicidad ser un pretexto para difundir la idea de la falta de consolidacin, idea que es la ms perjudicial que puede tenerse en poltica. Si efectivamente los negocios del Brasil tuvieren por trmino una guerra, que se hiciese general a los nuevos estados americanos, es evidenteREFLEXIONES SOBRE LOS FUNDAMENTOS DE LA CONFIANZA QUE SE TIENE APARENTA TENER EN LA HABANA SOBRE LA PERMANENCIA DEL ESTADO POLTICO DE LA ISLA

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285 que el paso ms acertado y aun necesario es quitar con anticipacin el obstculo de las islas cuya permanencia enervara la fuerza colombiana obligando a permanecer una parte considerable de ellas para impedir un atentado en estas costas. La misma consideracin debe hacerse respecto de la marina, y la consecuencia que debe deducirse es, que Mjico y Colombia se hallan en la necesidad ms urgente de invadir la isla. Si entramos en consideraciones econmicas quin no observa los enormes gastos a que se vern siempre obligadas las repblicas de Colombia y Mjico mientras la isla de Cuba sea de Espaa? Podrn prescindir de la conservacin de un ejrcito y una armada de que no necesitaran alejando al enemigo? Y por muy poco tiempo que duren estos gastos, no excedern con mucho a lo que puede costar una expedicion que de un golpe las saque de cuidados, y para hablar con ms claridad no debe hacerse cualquier sacrificio por anticipar una suma que ser pagada con buen premio por los invadidos? Pero dirn que a pesar de todos los deseos de Colombia y Mjico nada hay que temer porque carecen de medios. No ha sido ciertamente la falta de medios lo que ha demorado la invasin, sino la esperanza de un porvenir infundado que le hiciese innecesaria, porvenir con que se alucinaron as los libres como sus enemigos, y otras causas que no es de este momento detallar. Pero supongamos esa gran falta de medios durar siempre? Ser tan difcil proporcionarlos? No se harn los ltimos esfuerzos si fuese preciso para conseguirlo? Se cree de buena f que un gran continente que ha adquirido su libertad a precio de tantos sacrificios, omitir los ltimos que son tan cortos y que deben ser tan recompensados, los ltimos, s, y los indispensables para que no quede imperfecta la grande obra y para evitar concecuencias perjudicialsimas? Se cree de buena f que es empresa de romanos la toma de la isla? Es buen alucinarse. Mientras mayores sean los recursos de que puedan jactarse los defensores de la dependencia de la isla, mientras mayor sea el poder que se ostente, tanto mayor ser el empeo de los libres en remover tan perjudicial obstculo. El ms funesto dao que puede sobrevenir la isla de Cuba, es la ostentacin de una fuerza de que en realidad carece, pues no viene ser otra cosa que un aviso las nuevas repblicas de la necesidad en que se hallan de no demorar la invasin, no porque deban temer en caso de alguna empresa quijotesca intentada desde la isla, sino porque la seguridad que se afecta en ella aleja la esperanza (¡que error es haberla tenido!) de que Espaa d paso alguno al reconocimiento. Los estados americanos deben por todos medios redondear el expediente, no dejando a Espaa un solo palmo de tierra que pueda llamarse americano, y entonces que reconozca o no reconozca la independencia,

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286 nada importa, ni debera hablarse de esto una palabra. Trtese por todos los medios de fomentar unos pases que tanto prometen, consoldense las instituciones libres, esprzanse las luces, cimntese la moral y djese al gobierno Espaol en su delirio de que mandar en Amrica.FUERZA NAVAL DE LOS ESTADOS INDEPENDIENTES QUE SE HALLAN EN EL PACFICO Y ACASO EST YA EN CAMINO PARA EL ATLNTICO Caones De MjicoCongreso Mejicano (el Asia)70 Bergantn Constante18 Del PerProtectora (la Prueba)50 Ayacucho42 De ChilePresidente (Mara Ysabel)56 Lautaro60 Valdiosa (la Esmeralda)40 De Colombia Chimboraso40Estado econmico de la isla de CubaHllanse ocupados los principales gefes de aquella isla en la difcil y no s si me atreva decir arriesgada empresa de establecer una contribucin directa, que afecte y no poco a toda clase de propiedad. Conociendo que el negocio puede tener malos resultados (a pesar) del carcter sufridor de aquel pueblo: se ha establecido entre tanto un derecho sobre extraccin y consumos, cargando un peso a cada caja de azcar, cuatro reales al saco de caf y lo mismo a la arroba de cera, veinte reales sobre el consumo de cada res vacuna: ocho por las de cerda lanares y veinte por cada fanega de sal. No se toman estas medidas porque falte dinero, pues el ser miserable se queda para los colombianos, sino por va de precaucin, por la misma que se habl de abrir un clebre emprstito en Inglaterra sobre la Habana (y quin responda de la Habana? Su amo. Y de su amo? Yo no s) despus de haberlo proyectado con poco fruto en la misma Habana, sin embargo de haber ofrecido el ventajoso inters de un doce por ciento. Aumentadas la marina y la guarnicin, deben haber crecido enormemente los gastos irn en progresin luego que empiecen los pedidos para reparar los buques, &c. &c. Con todo, en la Habana se piensa en que vengan ms tropas y ms buques de Espaa, pues sobra el dinero y no saben en qu gastarlo.

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CUARTA PARTEEscritos, documentos y cartas(1824-1834)

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289 Exmo Sor. A poco de haber llegado esta Ciudad procedente de Nueva York Dn Flix Bans natural de Catalua, supe que haba conducido varios ejemplares del papel titulado El Habanero; y habindome cerciorado de esta verdad por uno de dichos papeles que lleg a mis manos, le hice venir mi casa y preguntndole si los estaba vendiendo quin y con qu motivo se los haba dado, si los haba comprado por va de negocio en el Norte, me contest que el Presbo D, Flix Varela estando hablando con D. Francisco Garca, prfugo como veo en la Causa de Soles de Bolvar le haba entregado veinte y quatro ejemplares para que de ellos sacara aqu lo que pudiera a su beneficio, y que aunque resista recibirlos le inst Garca para ello agregndole que le dara algunos ejemplares ms si esperaba por ellos que nos los tena a la mano: tambin les brindaba con cien ejemplares de lasYlustres Americanas, pero se neg recibir estos libros porque haba odo decir qe no eran buenos: agrega tambin el dicho Bans que en una Goleta qe sali para la Habana del veinte al veinte y cuatro del pasado, y en otro buque qe se alistaba para Puerto Prncipe se embarcaron muchos papeles del Habanero y que [ilegible]. 22 de Dice de 1824 Al gobernador de Matanzas Me ha parecido muy oportuno el celo de V.S. en a el asunto de la introduccin de papeles sediciosos, y el procedimiento seguido contra D. Flix Bans, que aunque imbcil, servir para que conozcan los mal intencionados que de ningn modo podrn burlar la vigilancia de las autoridades, siempre prontas a sofocar sus planes revolucionarios, parecindome muyDOCUMENTOS OFICIALES CONTRA ACTIVIDADES Y PUBLICACIONES POLTICAS DE FLIX VARELA EN EL EXILIOComunicacin dirigida al Capitn General de la Ysla, fecha Matanzas 13 diciembre 1824 referente a la llegada a dicha ciudad procedente de Nueva York del cataln Flix Bans que conduca ejemplares del peridico El Habanero del pbro Flix Varela y otros papeles sediciosos

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290 conveniente que U.S. me remita las diligencias para dar cuenta a S.M.: con lo qe contesto a su oficio del asunto de 13 del actual. El Gobn de Matanzas: dir a V.E. que poco de haber llegado a aquella ciudad D. Flix Gmez procedente de New York supo que haba conducido varios ejemplares del papel titulado El Habanero pr lo que hacindole comparecer le pregunto si los estaba vendiendo a lo que contest que el presboD. Flix Varela estando con D. Francisco Garca prfugo de la causa de conspiracin le haba entregado 24 ejemplares pa que sacara de su venta lo que pudiera a su beneficio prometiendo tambin entregarle 100 ejemplares de los Ilustres Americanos, que cediendo a sus vivas instancias recibi los 24 ejemplares del Habanero pr que haba odo decir que eran buenos, que en una Goleta que sali pa esta ciudad vendran muchos nmeros de este peridico, asegurando que no los haba ledo [palabra ilegible] Otro gefe (dice) que Bans es un imbcil infeliz y tan negado de quien se han aprovechado los mal intencionados y que en este concepto solo lo estrech a que recojiese los ejemplares vendidos, de los cuales se h entregado ya 15 y un aporte de los que aseguran haber quemado ya los suyos, continundose en estas diligs y acompaa un ejemplar de aquellos aguardando la resolucin de V.E. Contstese Me ha parecido muy oportuno el celo de V.S. en el asunto de la introduccin de papeles sediciosos y el procedimiento seguido contra Bans que aunque imbcil servir para que conozcan los mal intencionados que de ningn modo podrn burlar las vigilancias de las autoridades siempre prontas a sofocar sus planes revolucionarios parecindome muy conveniente que V.S. me remita las diligencias para dar cuenta a S.M.[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Asuntos Polticos, legajo No. 29, signatura 14.]Real orden, fecha Aranjuez 19 de abril 1825, acusando recibo del peridico EL HABANERO publicado por el pbtro Flix Varela en los Estados Unidos y aprobando las providencias tomadas para evitar la introduccin de este y otros papeles revolucionarios Exmo. Sor. He puesto en noticia de S.M. cuanto V.E. manifiesta en su carta 133 de 26 de Enero ltimo, en remite los nmeros 1o y 2o del peridico titulado el

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291 Habanero, su autor el Presbtero Dn. Flix Varela, Diputado que fu de las llamadas Cortes, residente en los Estados Unidos de Amrica, en donde se imprime otro folleto; y habiendo quedado enterado S.M. de las providencias tomadas por V.E. para evitar la introduccin de este y otros papeles revolucionarios, y de los sugetos qe espresa, lo participo a V.E. de M. Orden, pa. su conocimiento. Dios que a V.E. m. a. Aranjuez 19 de Abril de 1829.[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Asuntos Polticos, legajo No. 29, signatura 43.]Cartas cruzadas entre las autoridades espaolas y el Ministro Espaol en los Estados Unidos sobre las actividades polticas de Flix VarelaH. de Rivas y Salmn. Al Exmo. Sor. Primer Secretario de Estado &&. Philadelphia 7 de Enero de 1825 Remite a S. E. un Peridico interesante que redacta en Nueva York el Ex diputado de Cortes Dn. Flix Varela, con el objeto de revolucionar la Isla de Cuba. Legacin de S. M. Excmo Seor Muy seor mo ———— Habiendo tenido noticias de que el Presbtero Dn. F. Varela, Ex-Diputado de Cortes, redactaba en Nueva York, un Peridico, con el nico objeto de excitar a los habitantes de la isla de Cuba, a la Independencia, escrib al Cnsul de S. M. lo que podr ver V. E. en la copia adjunta, y a continuacin la contestacin que me dio. Si yo puedo procurarme algunos ejemplares, se los remitir a V. E. Este Ex-Diputado de Cortes, creo que es, uno de los proscritos por haber votado en Sevilla la deposicin de S. M. y nombramientos de una Regencia interina. Era Catedrtico de Filosofa en la Habana, y muy estimado all particularmente de la juventud de las principales familias, a quien educaba.Nota del Ministro de S. M. en los Estados Unidos sobre las actividades de Varela en esa Repblica. (Archivo de Indias, Papeles de Estado legajo 19) Los discpulos suyos de aquella Ciudad, le remitieron un socorro de 4,000 duros, luego que supieron su llegada a este pas.

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292 Dios guarde a V. E. ms. as.Philda, 7 de Enero de 1825. P. D. Enero 10.Es evidente que este Cnsul de S. M. ha supuesto dificultades nicamente para excusar su descuido en no haberme dicho nada de este Peridico; pues yo no he encontrado dificultad en obtener tres ejemplares de cada nmero, valindome de otra persona en Nueva York. No los he recibido todava, porque aguardan ocasin particular de remitrmelos, en vez de enviarlos por el Correo. Si los recibo antes de cerrar el Pliego, se los incluir a V. E. Entre tanto acompao un ejemplar del No. 2, que me ha dado aqu un amigo. Me parece bastante interesante, aunque no muy bien escrito. Me ha sorprendido ver confirmado a la letra, en este folleto, cuanto tengo avisado al Capitn General de la isla de Cuba, manifestado a V. E. en mis nmeros 200-102-92 y otros. Advierto que el seor Varela, habla de armamentos que se hacen en este pas para los insurgentes, ms considerables de los que yo tengo noticias. Exmo. Sor. B. L.M. de V. E. Hilario de Rivas y Salmn, (Rubricado) Excmo. Sor. Primer Secretario de Estado y del Despo Universal. A. Dn. Toms Stoughton S de cierto que el Dr. Varela Ex-Diputado de Cortes, da a luz en esa un peridico, excitando a los habitantes de la isla de Cuba a la Independencia, del cual han salido ya dos o tres nmeros. He extraado bastante que usted no me haya escrito nada sobre esto, cuando S. M. tiene encargada la mayor vigilancia a sus cnsules en todo lo que hace relacin a las Amricas. Srvase usted procurar y remitirme tres ejemplares de cada nmero. Dios &(Firmado) Hilario de Rivas y Salmn. Filadelfia, 2 de Enero 1825. A Dn. Hilario de Rivas y Salmn. En contestacin al oficio de V. S. de 3 del corriente sobre los peridicos del doctor Varela, tengo la honra de decir a V. S. que a principios de Noviembre ltimo, me informaron que dicho individuo acababa de llegar a sta, de Filadelfia, donde haba estado tres meses, ocupado con la impresin de dos obras, la una sobre Filosofa, y la otra sobre Poltica; que en esta ltima recomendaba al pueblo de Cuba a declararse independiente. En consecuencia trat de ver dichos escritos, muy pronto pude conseguir que me prestasen el tomo sobre Filosofa, mas el otro nadie lo haba visto ni poda dar razn de l, pero despus de haber practicado muchas diligencias, por ltimo logr que un espaol llamado Picard, me prestase por un cuarto

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293 de hora antes de embarcarse para la Habana, el nico ejemplar, que se deca haba en Nueva York, era un folleto de como cuarenta pginas, en octavo, sealado con el nmero 1, e intitulado “papel poltico y literario, por el Presbtero Dn. Flix Varela, impreso en Philadel-phia, ao de 1824”1 Solamente tuve lugar para leerlo por encima. Se reduca su contenido a manifestar la impoltica de los cubanos en mantener bajo el dominio de Espaa y trata de hacer ver la imposibilidad de sta, de sostener su autoridad en la isla de Cuba contra el poder de Bolvar; quien habiendo as concludo la guerra del Per, se ocupara en seguida con la conquista de aquella isla, que ser cosa fcil e indudable y advierte a sus habitantes que si tratan de salvar sus bienes, que no deben oponrsele. Ninguna de las personas que yo conozco en sta, ha podido conseguir ejemplar ninguno, de dicho escrito, ni tampoco los seores Draice y Layseca, dos individuos de los principales de la Habana, a pesar de que se han empeado en ello. Hace quince das me han dicho que haba salido de Filadelfia el segundo nmero, que es por el mismo estilo que el primero, pero no me ha sido posible ni siquiera ver un ejemplar de l. Dios &Firmado Toms Stoughton. Nueva York 5 de Enero de 1825.Comunicacin de Don Francisco Tacn. Ministro de Espaa en los Estados Unidos, al Ministro de Estado de S. M. (Archivo de Indias, Papeles de Estado, legajo 19.) Exmo. seor Muy seor mo: el Eclesistico emigrado Varela, residente en Nueva York, y del cual trat a V. E. en los despachos nms. 698 y 860, est intrigando actualmente en fraguar una pomposa justificacin de su celo Apostlico para mandarla a Roma, acompaada de la ms eficaz recomendacin firmada por muchas personas de aquel pueblo que profesan nuestra Santa Religin, a fin de obtener de S. Sd. le nombre Obispo de Nueva York en caso de conseguir el Ilmo. Dubois que se halla en Europa, su traslacin a una de las Iglesias de Francia, o de resultar vacante otra Silla Episcopal en estos Estados; y como la eleccin de tan malvado Espaol a la dignidad que pretende, podra ser muy perjudicial a los intereses del Rey N. S. por los mayores medios que se proporcionaran de sostener sus inicuos y acreditados deseos de alterar la tranquilidad de la Isla de Cuba, me apresuro a comunicarlo a V. E. para el debido conocimiento de S. M. Varela ha conseguido la amistad y proteccin del Obispo Dubois, hasta el grado de haberle nombrado Vicario General asociado con el Eclesistico1 Se trata de El Habanero. (No. de Chacn y Calvo.)

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294 Mr. Power, cuyo ttulo se dan ambos, y aunque ste aparece el ostensible, se halla obligado a consultar a Varela, por las preferentes facultades que el expresado Obispo le ha dejado. Las Iglesias Catlicas en este pas se han construdo y se construyen por las contribuciones voluntarias de los fieles, emanando sus rentas del mismo conducto y de los abonos anuales por las tribunas o bancos. Los asuntos temporales de la Iglesia estn bajo la direccin de Administradores nombrados anualmente a votacin de los propietarios de las tribunas, o contribuyentes, y los espirituales dependen absolutamente de la Corte de Roma, como si estas Iglesias estuviesen dentro de aquella capital, y as resulta, que la Santa Sede elige los Obispos a su voluntad y resuelve en ltimo recurso los frecuentes altercados que ocurren entre el Cuerpo Eclesistico, o entre ste y los Administradores. Por la naturaleza del Gobierno de esta Unin, no existen ni pueden hacerse Concordatos con la Santa Sede y de consiguiente el establecimiento Catlico en este pas, son Misiones dimanadas directamente de la Corte de Roma. El primer Obispo de Nueva York se nombr hace veinte aos y recay en el difunto O’Conelly por recomendacin de S. M. la Reina de Etruria (q.e.p.d.) y el actual Obispo Dubois, se nombr por la del Gobierno Francs, aunque haba otros candidatos recomendados por los Administradores. Me tomo la libertad de citar a V. E. estos ejemplares de la ilimitada autoridad de S. Sd. en la eleccin de Obispos para estas Iglesias y de recordar a la memoria de V. E. el establecimiento y gobierno particular de ellas, para fundar la posibilidad de que Varela consiga la alta dignidad a que aspira, si lograse sorprender la acrisolada rectitud del Sto. Padre con la justificacin que est preparando y la eficaz recomendacin de los Administradores y contribuyentes con que ir acompaada. Tambin creo de mi deber asegurar a V. E. que adems de no carecer de fondos dicho mal Espaol, le protegen para el logro de una Mitra diferentes Comerciantes ricos de Nueva York. En otro pas slo el incendiario peridico1 que public en los aos de 1824 y 25 que remiti a V. E. mi antecesor Dn. Hilario de Rivas y Salmn con los nmeros 214, 231 y 302 de su correspondencia, invitando a la rebelin a los fieles habitantes de las Islas de Cuba y Puerto Rico, hubiera bastado para quedar privado o suspenso a lo menos, de ejercer las funciones eclesisticas; pero en esta Repblica le ha producido amigos y popularidad.1 El Habanero.

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295 Deseo que S. M. se digne apreciar esta comunicacin y que V. E. me favorezca con las rdenes de su superior agrado. Dios gue a V. E. ms. as. Filadelfia 14 de Marzo de 1830. Exmo. Seor B.L.M. de V.E. su ms atento Servidor Francisco Tacn (Rubricado) Excmo. Sr. Dn. Manuel Gonzlez Salmn.Nota del Ministro de Estado espaol al Embajador de Espaa en Roma (Archivo de Indias, Papeles de Estado, legajo 19). Madrid 5 de Junio de 1830. Al Embajador de S. M. en Roma. Exmo Seor Entre los revolucionarios espaoles que refugiados en los Estados Unidos, y posedos de ambicin, y agitados del funesto espritu de turbulencia que los devora, no cesan de maquinar proyectos subversivos contra el suelo que los vi nacer para su desgracia, se halla el presbtero Dn. Flix Varela, residente en la actualidad en Nueva York. Este mal espaol, y peor eclesistico, ha mantenido relaciones ntimas y criminales con varios de los ms principales agitadores de los trastornos y desrdenes que afligen los dominios de S. M. en Amrica y como si no bastasen los que promovi en Espaa con su carcter de diputado, y los que hoy llora la Amrica Espaola, tan feliz en otro tiempo, y envidiase la tranquilidad que gozan los pases que han permanecido fieles al Rey N. S., ha excitado con sus escritos a los habitantes de la Isla de Cuba y de Puerto Rico a separarse del dominio de S. M. Su hipocresa, y sus arteras le han captado la amistad y proteccin del obispo catlico de Nueva York Mr. Dubois en trminos de haberle nombrado su vicario general asociado don Mr. Power, y como parece que se espera que Mr. Dubois sea trasladado a una de las iglesias de Francia, y aqul aspira a remplazarle en aquella silla u ocupar otra en los mismos Estados Unidos, anda muy solcito amaando una pomposa justificacin de su celo apostlico valindose para ello de las muchas relaciones que tiene con los catlicos de aquel pas, a fin de que enviada a Roma con grande recomendacin de su persona recaiga en l la eleccin de Su Santidad si por desgracia fuese sorprendida su religiosa conciencia, hasta este punto: la expresada artificiosa justificacin, y las recomendaciones amaadas que las acompa-

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296 aran podran ser tanto ms peligrosas cuanto las iglesias catlicas de los Estados Unidos por la organizacin de aquel pas dependen exclusiva directa e inmediatamente del Sto. Padre, y podrn ser los nicos antecedentes que sobre este mal eco lleguen a su conocimiento; y S. M. tan celoso del bien de la Iglesia, como atento a la tranquilidad de sus pueblos se ha servido mandarme ponga en conocimiento de V. E. todo lo referido a fin de que haciendo de estas noticias el uso prudente y delicado que ellas exigen y que su juicio le dictar, impida que este revolucionario logre sus ambiciosos designios sorprendiendo el nimo de Su Santidad en dao de la Iglesia y de las vecinas colonias espaolas. De real orden lo digo a V. E. para su inteligencia y gobierno. Dios, etc.Nota del Embajador de Espaa en Roma dando cuenta de sus gestiones cerca del Sr. Cardenal Secretario de Estado, y relativas a las posibilidades episcopales del P. Varela. (Archivo de Indias, Papeles de Estado,legajo 19.) Embajada del Rey en Roma. Exmo. Seor Muy Seor Mo: El Cardenal Secretario de Estado ha respondido a la Confidencial que le pas en 22 de Julio ltimo acerca del Presbtero D. Flix Varela, asegurndome que el Ministerio Pontificio tendr presentes las noticias que le di en ella, en el caso poco probable de que sea el referido Presbtero propuesto a S. P. para algn Obispado. Me dice tambin que estando poco de acuerdo al Presbtero Varela con otro vicario del Obispo de Nueva York, trata de dejar aquella Dicesis para irse a otra parte. De todo se enterar V. E. mejor por la copia que le incluyo de la Nota confidencial que me ha pasado el Cardenal Secretario de Estado en respuesta a la ma de 22 de Julio, de la cual envi copia a V. E. en 26 del mismo mes con mi Oficio nmero 470. Dios gue a V. E. ms. as. Roma 26 de Agosto de 1830 Exmo Seor. B.L.M. de V.E. su ms atento servidor Pedro Gmez Labrador (Rubricado) Sr. 1er, Secretario interino de Estado

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297 New York, 27 de Eno de 1825. Muy seor mo: En este momento acabo de recibir la apreciable de V. fha. 20 del corriente incluida en otra del Seor Salazar fha. 24. Esta circunstancia manifestar V. que de mi parte no ha habido demora en contestar a un asunto tan interesante y siento infinito no poder hacerlo en las pocas horas que faltan para la salida del correo, con la extensin que deseara hacerlo. V. sienta un principio de eterna verdad. Los piratas no se extinguen mientras no haya en la misma isla un principio interior enrgico que auxilie los esfuerzos del gobierno de estos Estados; y no habr ni puede haber tal principio mientras aquella isla pertenezca Espaa, pues su auxilio es nulo, y sus funcionarios en ella no cuentan con la gran masa que solo desea ser libre. El nuevo gobierno que se estableciere tendra su disposicin infinitos medios, pues estoy bien seguro que sern muy contados los individuos que espontneamente no ofrezcan sus personas y capitales al servicio de la patria y para consolidar el nuevo orden de cosas. Tampoco es de dudar que siendo motivo de descrdito y si se quiere de degradacin para aquella isla la existencia de la piratera, pondr el nuevo gobierno todo su empeo en removerla y acreditarse, y creo que no es infundada la esperanza de que lo consiga. Los piratas principales no ignora V. que son los mismos compradores que todo el mundo conoce y parece que solo ignora el actual gobierno. Hablemos claro, los conoce, pero teme arrostrarles porque son los nicos que tiene su devocin y teme que los buenos hagan lo que deben. Espaa, amigo mo, es un cadver, y no puede dar de s ms que corrupcin y principios de muerte. Nada hay que esperar. Por el contrario, un Estado nuevo (¡ah! ¡si le viramos en la isla de Cuba!) tiene todo el calor deTRES CARTAS POLTICAS DE FLIX VARELA (1825)Cartas a D. Joel R. Poinsett

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298 la naturaleza en su juventud; desplega los grmenes del honor y la virtud; y por un impulso irresistible camino al bien y destruye toda planta nociva. Yo no puedo extenderme ms porque no hay tiempo, pues ya por instantes debo cerrar esta carta. Slo me resta asegurar V. el respeto y consideracin de su mas affo. amigo y seguro servor. Q.S.M.B. (f) Flix Varela. Sr. D. Joel R. Poinsett.1New York, 28 de Eno. de 1825. Muy seor mo: En la carta que con la mayor precipitacin tube (sic) el honor de dirigir V. ayer me fue imposible hacer aun las indicaciones ms substanciales sobre el delicado asunto de la extincin de piratas independencia de la isla de Cuba. Yo quiero suplir de algn modo los vacios de la anterior, si no con toda la extensin de que es susceptible el negocio; por lo menos con la que permiten las graves ocupaciones de V., cuya indulgencia no dudo obtener cuando me tomo la confianza de repetir mis cartas, y con ella la interrupcin de los interesantes trabajos que V. se dedica. Si este gobierno intenta por medios puramente externos contener la piratera, es perder absolutamente el tiempo, y exponerse al ridculo, ps. las armas de una nacin respetable sern siempre burladas por una porcin de pcaros, sostenidos por otros iguales pero ms codiciosos; y tolerados por un gobierno a quien slo queda el nombre. Si se emplean medios violentos (prescindiendo de una declaratoria de guerra), este paso como V. dice es injusto, y adems lleva consigo el ultraje. Yo conozco mis paisanos, y si por desgracia yacen en una lamentable apata, no por esto carecen de un carcter firme y pundonoroso, y acaso la idea de ser vejados es la que ms puede moverlos una resistencia, y ser preciso concluir por una guerra que desde el principio puede hacerse (si se quiere) con ms decoro y ms ventaja; porque en el pas no hay ahora disposicin ni voluntad de sostenerla. Yo deseo considerar todo este asunto con relacin la independencia. El partido ms fuerte que existe entre los independientes de la isla est porque ella se constituya por s sola, que en caso de agregarse alguna nacin, sea estos Ests. no formando propiamente uno de ellos, sino mirndolos como nacin protectora y estableciendo pactos polticos y mercantiles ventajosos ambas partes. Ahora bien; si por un paso violento se logra indisponer la plebe, que es en estos casos la que no1 MSS. en The Historical Society of Pennsylvania, Filadelfia, Penna.

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299 reflexiona, servir de grande obstculo para los procedimientos futuros, que son indispensables. Amigo mo V. ha pensado muy bien, las cosas deben hacerse de un modo noble y decoroso, ir al tronco y no andarse por las ramas. Una sentencia cruel en la causa de conspiracin acaba de separar para siempre de la isla 34 personas, y entre ellas capitalistas de consideracin. Otros muchos han perdido cas todos sus bienes para salir mejor librados, cada da se aumenta el descontento y aun la desesperacin. Sea el gobierno de los Ests. Uns. el gobierno libre por excelencia, el ngel tutelar de un pueblo, que sin ser menos amante de la libertad no es tan feliz en poseerla. Agregue V. amigo mo sus fructuosos trabajos en favor de la libertad americana, este ltimo golpe, que dar nuevo lustre su carrera poltica y le dar un nuevo ttulo al aprecio de los pueblos americanos. Es de V. con la mayor consideracin su ato. Q.S.M.B. (f) Flix Varela. Sor. D. Joel R. Poinsett.1[Herminio Portell Vil: “Sobre el ideario poltico del Padre Varela”. Revista Cubana Vol. I, Enero de 1935.]Carta al S.D.P.I. de A.Contestando a la que se sirvi dirijirle impresa en el Correo poltico de Trinidad de 5 del pasado. Nueva-York, 7 de julio de 1825 S.D.P.I. de A.Muy seor mo: la impugnacin a mi Habanero hecha por uno que se finje mi discpulo dice V. que le indujo a creer que yo soy el autor de dicho papel, lo cual nunca hubiera sospechado por no parecerle conforme a mis ideas. Perdono a V. el mal concepto que haba formado de m, y le agradezco su rectificacin. Tomando el giro que acostumbran los que se creen en la necesidad de ser mis enemigos dice V. que cuando yo ocupaba la ctedra de Filosofa en el Colegio de S. Carlos de la Habana mi espritu estaba Virgen, mi voluntad y mis acciones pero que ya alteradas mis facultades es preciso lo d a conocer por actos de un arrepentimiento sin recurso, y quetiro patadas de ahorcado, porque no puedo tener mi Ctedra y me veo precisado redactar el Habanero. Cuando yo ocupaba la Ctedra de Filosofa del Colegio de S. Carlos de la Habana pensaba como americano; cuando mi patria se sirvi hacerme el1 MSS. en The Historical Society of Pennsylvania, Filadelfia. Penna.

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300 honroso encargo de representarla en Cortes, pens como americano; en los momentos difciles en que acaso estaban en lucha mis intereses particulares con los de mi patria pens como americano; cuando el desenlace poltico de los negocios de Espaa me oblig a buscar un aslo en un pas extrangero por no ser vctima en una patria, cuyos mandatos haba procurado cumplir hasta el ltimo momento, pens como americano, y yo espero descender al sepulcro pensando como americano. Si esto es el carcter que V. abomina, si esta es la depravacin que V. lamenta, ah! hnreme V. abominndome y no me injurie compadecindome. El Habanero no se escribe para mantener su autor, este por el contrario hace sacrificios pecuniarios para su redaccin gravossimos en las circunstancias en que se halla. Por ms esfuerzos que V. haga no creo que conseguir persuadir a nadie que el autor del Habanero no piensa como escribe, y que solo escribe para comer. No me hara justicia a m mismo, ni la hara a mis compatriotas si me creyera obligado a desvanecer tan degradante idea. Toda la impugnacin que V. hace al Habanero se reduce a comparar mi conducta poltica con la de un mdico imprudente, mejor dicho, rastrero interesado que se empease en aconsejar un hombre sano robusto y sin temor de dolencia alguna que entrase en una cura costosa y arriesgada, sin otro objeto sin duda, que el de proporcionar algunas pezetas su consultor. Pues, seor Galeno de barrabs, busque V. quien est tan apurado como V. para que halle en la desesperacin un remedio que anhelan los ambiciosos no contento con lo bastante y que ansan por lo superfluo. Con estas notables palabras concluye FV. su smil, y aunque ellas dan marjen reflexiones muy serias, yo me contentar con insinuar V. que no me hallo en ese estado de desesperacin que V. supone, que en lo que menos pienso es en que mi patria me proporcione pezetas, que podr ganarlas fuera de ella sea cual fuere su suerte futura. Pero contrayndonos al smil puede compararse la isla de Cuba a ese hombre sano y robusto, que ni siquiera teme una enfermedad? Si. V. lo cree no hay con qu convencerle, su espritu est trastornado. Casi todos los habitantes de la isla de Cuba dice V. que son propietarios, y que no deben ni siquiera alterar el orden actual de cosas. Enhorabuena, quietecitos estarn cuando por un efecto necesario en toda guerra vean volar esas propiedades que tanto acarician. La cuestin debe ya dejarse al tiempo; yo he sostenido que el inters de la isla de Cuba exije un cambio poltico, y que este sera ms ventajoso anticipndose toda invasn, pero que verificada esta no es del inters del pueblo resistirla, aunque lo sea del gobierno. V. y todos los de su partido sostienen que no debe hacerse alteracin alguna, sino prepararse una defensa heroica hasta que, como suele decirse, no quede piedra sobre piedra. Deje-

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301 mos al pueblo que decida cul partido le conviene ms, y al tiempo que nos presente los resultados. Aunque es materia bien extraa de la cuestin, yo no puedo menos de advertir V. que se ha equivocado grandemente cuando asegura que yo he enseado con Buffon que el alma no reside en la cabeza sino en el diafragma, y en consequencia dice V. Varela y Buffon no saludaron la filosofa y por lo tanto cometieron ese pecado metafsico. A la verdad que me sera honroso ser tan ignorante en fisiologa como Buffon, a menos que por fisiologa no se entienda la jerga de Lzaro Riverio, pero el caso es seor mo, que yo en mi vida he averiguado el lugar en que est el alma, antes siempre he credo que es contrario su naturaleza espiritual el confirmarla en tal cual parte del cuerpo.Tampoco creo que Buffon tuvo jams el delirio de investigar este punto; slo dijo que el centro de la sensibilidad, mejor dicho el centro de la reaccin sensible est en el diafragma y los msculos del pecho y no en el cerebro. No admita este clebre fsico propagaciones al diafragma, como tampoco al cerebro, slo dijo que en las sensaciones fuertes y en los grandes trastornos del sistema nervioso, se produca una reaccin en su centro sea el centro del hombre, para restablecerlo en sus funciones. Esta es la doctrina de Buffon que yo he seguido y enseado, doctrina que sin duda necesita explicaciones ms prolijas, que no son del objeto de esta carta. Sin embargo, lo dicho creo que basta para manifestar que ni Buffon ni yo hemos cometido el pecado metafisico de que V. nos acusa, bien que hablando con franqueza para esto de pecados metafsicos tengo la conciencia un poco ancha. He observado, mejor dicho me han hecho observar que algunos periodos de la carta de V. que ms hacen relacin mi persona terminan por.: Dcenme que estos puntitos son unas de las simplezas masnicas, y que acaso los ha puesto V. para indicar que yo pertenezco a esa sociedad. Pues sepa V. Seor mo, que jams he pertenecido, ni pertenezco, ni pertenecer esa ni a ninguna de las sociedades secretas, y V. poda haberlo conocido leyendo el primer nmero del Habanero; con lo cual se hubiera abstenido de una calumnia tan poco ameritada. Contine V. sus buenos servicios al gobierno espaol, mientras yo no olvidar los que debo a mi patria, estando siempre a las rdenes de V. su at. Q.S.M.B. Flix Varela[Biblioteca Nacional “Jos Mart”. Sala Cubana, donativo.] Este documento se encuentra adjunto al Tomo I, No. 1 de El Habanero en fotocopia.

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302 Qu le escribir a V. amigo mo? A esta pregunta me obliga mi situacin. Inteligenti Pauca. Si ha habido exmenes venga el elenco Vuestro amigo Saco enfrascado en su Qumica, yo ocupado en mi ministerio (aunque no tengo ninguna colocacin como han corrido por all) y ocupando algunos ratos en proporcionar material para las tertulias de la Habana. Es de V. Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 604, signatura o nmero 41.]Carta a Jos de la Luz y CaballeroNew York 6 de Enero de 1827 S.D. Jos de la Luz Mi estimado amigo: Carta con peticin ¡Qu mala carta! Estoy en el proyecto de comprar o fabricar una iglesia, por ser absolutamente necesaria, y pido a V. una limosnita, y con agregado que es el de hablar al S.D. Thomas de Herrera suplicndole me dispense no le escriba directamente. Si hiciera V. lo mismo con otros y me buscara mucho mucho mucho dinero ¡Qu bueno! Pero yo soy conformadizo; venga aun sea un peso.FLIX VARELA. CORRESPONDENCIA CON JOS DE LA LUZ Y CABALLERO (1825-1829)Carta a Jos de la Luz y Caballero, 29/diciembre/1825

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303 Esta carta necesita mil dispensas, mas yo las espero de la amistad de V. atendida la santidad del objeto. Es de V. su afmo. Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones legajo 604, nmero 41.]Carta manuscrita firmada por Flix Varela a Jos de la Luz y CaballeroNew York 17 de Octe de 1829 S. Dr de la Luz y Caballero. Mi estimado amigoLa Seorita D Enriqueta Purroy que entregar esta carta pertenece a una familia de mi amistad apreciabilsima, y digna de todo respeto -Intenta establecer una Academia para Seoritas, si las circunstancias son favorables, en cuyo caso pasarn sus hermanas a reunirse con ella.Nadie mejor que V. puede informarle y aconsejarla sobre este asunto, y le suplico que lo haga quedando agradecido su afmo y s.m.b Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones legajo 604, signatura o nmero 41.]

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304 Las ideas presentadas por los escritores son unas ofrendas hechas al pblico para que las admita deseche libremente, y nadie ofenden cuando no son efecto de la animosidad. No la hay de nuestra parte, ni tememos se nos atribuya; y as no dudamos manifestar con franqueza nuestra opinin bien que contraria la generalmente recibida. Es un error creer que la instruccin pblica est adelantada, cuando lo estn las ciencias. Hllanse esas en muy pocos individuos, y sus progresos dependen del nmero de las verdades conocidas, aunque lo fuesen por un solo entendimiento. Sin embargo de que las ciencias se enseen pblicamente, no pueden menos de pertenecer la instruccin privada, pues solo estn al alcance de unos pocos quienes ha cabido la fortuna de tener medios para sufragar gastos cuantiosos, aun cuando no sean otros que los indispensables para sostenerse durante la dilatada carrera del aprendizage. El derecho que tiene el pueblo ellas, es nulo en sus efectos, y slo sirve para evitar el agravio de la exclusin. Las ciencias son como los grandes edificios que se ponen en venta pblica, pero ya se entiende que estn excludos del concurso nueve dcimos de la sociedad. Si fuese dable formar un pueblo de sabios, lo sera de felices; pero siendo imposible lo primero para aproximarse lo segundo, debe esparcirse la instruccin por todas las clases, llevndola no al grado que constituye ciencia, sino al que basta para que el hombre tenga medios de conocer sus deberes religiosos y sociales, los particulares de su estado, y los modos sencillos de emplear la naturaleza para satisfacer las necesidades y proporcionar sus goces. La riqueza cientfica es como la material, que si no se esparce, presenta el cuadro lastimoso de un pas rico habitado por un pueblo pobre. Los sabios confundidos en una masa brbara son como las perlas en el cieno, que no solo son intiles sino que estn en peligro de ser sumerjidas. EnESCRITOS VARIOS 1826-1830Instruccin Pblica

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305 tales casos el talento es una desgracia, la aplicacin un crimen y la ciencia un tormento; y los hombres que rara vez tienen firmeza en el sufrir sin la esperanza de merecer, abandonan los trabajos literarios, o bien hacen treguas con la ignorancia halagan la malicia para conseguir favores. De aqu la degradacin de las ciencias, de aqu esa multitud de farsas cientficas calculadas para sorprender y alucinar una multitud idiota, pero vana y con pretensiones de civilizada; de aqu la infamia de hacer servir las mismas ciencias de instrumento para destruir todos los bienes sociales. Creemos, pues, que es equivocada la marcha que generalmente se sigue para promover la instruccin pblica, y que en vez de empezar por el cultivo de las ciencias para que ellas produzcan la ilustracin del pueblo, debe empezarse por esta, para que aquellas puedan existir, por lo menos de un modo ventajoso. En todas las cosas humanas entra como elemento la vanidad y las pervierte. La mayor parte de los caudales empleados para promover las ciencias se gastan desperdician en edificios suntuosos y ornatos enteramente inconducentes al progreso de los conocimientos; al paso que la masa popular yace en la ignorancia. No podra sin menoscabo de las ciencias, drselas unas habitaciones ms modestas, y emplear estas sumas en promover la primera educacin que es la que debe servirlas de apoyo? Sentiramos que se creyese equivocadamente que hacemos guerra los grandes y costosos institutos literarios, cuando solo nos oponemos lo mucho que hay de superfluo en ellos, y que por fomentarlos se abandone la primera y ms interesante enseanza. Confesamos que no slo son tiles sino necesarios, mas esta necesidad no es tan urgente como la de proporcionar la primera educacin, y un pueblo puede ser ilustrado sin grandes institutos, y muy brbaro tenindolos. Por una desgracia de la sociedad aspiran todas las naciones no solo figurar como cientficas sino como creadoras de las ciencias; pero muy pocas tienen el noble orgullo de manifestarse como verdaderamente ilustradas, haciendo ver que en su territorio no hay tinieblas sino ms menos iluminacin segn las circunstancias. Inglaterra tan clebre por sus conocimientos es un astro muy manchado. Qu es Francia sino un bosque oscuro penetrado ac y all por los rayos del sol? Sin que se crea que influye en nuestro juicio la hospitalidad recibida en el pas que habitamos, podemos asegurar que es el nico verdaderamente ilustrado. Los americanos del norte estn muy lejos de rivalizar las primeras naciones europeas en punto ciencias, pero exceden todas ellas en punto ilustracin. Una multitud de ingleses no sabe leer, y en Francia y Alemania el idiotismo es bien abundante: mas entre los hijos de la Amrica del Norte es un fenmeno extraordinario el que haya uno que no puede leer la gaceta. No es de nuestro objeto deducir las consecuencias que naturalmente se desprende de estos datos, que solo

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306 hemos presentado para demostrar que el estado de las ciencias no es el exponente de la ilustracin de un pueblo. La educacin cientfica es distinta de la pblica. De la primera recibe la sociedad los adelantamientos en las partes que no estn sujetos a un mero mecanismo, las mejoras de su legislacin, los medios de conservar la salud pblica, en una palabra su parte directiva; de la segunda su parte operante. Si esta es bruta, aquella es intil, por lo menos encuentra muchos obstculos, y ve frustradas sus direcciones. Forma la primera clase el esplendor del pueblo, la segunda produce su sensatez. Cuando todos los miembros de la sociedad tienen la instruccin suficiente para conocer sus deberes y sus utilidades, solo se necesita un pequeo estmulo para ponerlos en accin y casi puede decirse que continan por s mismos con cierta regularidad y tino que es lo que entendemos por sensatez popular; y los sabios se animan sugerir ideas correctas y planes ventajosos porque estn seguros de la buena acojida, y de que su trabajo ser fructuoso: mas cuando la masa popular es bruta, aun cuando abunden los sabios, el pueblo no ser sensato, y siempre ser preciso tratarle como un conjunto de nios de locos: siempre ser el juguete de todo el que quiera engaarle, y siempre ser una vctima sacrificada la ambicin y la avaricia. En las naciones as como en los individuos la sensatez se distingue de la ciencia, echndose menos en muchos sabios el sano juicio que admiramos en hombres de muy poca instruccin. La prctica de pensar es la que facilita el acierto, y cuando un pueblo no tiene, por decirlo as, medios para pensar, no puede esperarse que adquiera dicha prctica. Antes al contrario, se familiariza con la idea de su incapacidad, deja otros el cuidado de discurrir, y se constituye una masa inerte. Cuando sale de esta inercia es para entregarse una furia brutal un jbilo insensato, ni ms ni menos que un demente. Manifestada la idea que formamos de la instruccin pblica, y demostrada su necesidad, examinemos quien toca promoverla. Comnmente se deja esto a cargo del gobierno, y el pueblo se reserva el derecho de criticar con mas menos libertad segn las circunstancias. No negamos que es un deber del gobierno pero lo es aun mucho ms del mismo pueblo que nunca debe perder de vista su necesidad de mejorarse y de preparar das aun ms felices las generaciones futuras. Jams el gobierno debe servir de disculpa al pueblo, sino cuando por actos positivos le impide sus adelantamientos; mas la ignorancia la apata del gobierno es solo un pretexto para los que son tan apticos, y acaso ms incapaces que los mismos gobernantes. Es una verdad inconcusa en moral, en lejislacin y en poltica que nadie puede justificar sus negligencias con las de otro, y que solo cuando se han hecho todos los esfuerzos para llenar un deber, puede obtenerse una justa aproba-

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307 cin aunque desgraciadamente no se haya conseguido el efecto deseado. Ahora bien qu hacen nuestros pueblos respecto la instruccin pblica? Estarse quieto y esperar que el gobierno lo haga todo, quejarse cuando nada hace, y execrarle cuando se equivoca. En este artculo prescindimos enteramente de la forma de gobierno que tenga el pueblo y sostenemos que el fomento de la instruccin pblica es en todas ellas una obligacin que puede llamarse popular. Si el gobierno es tan perverso que se opone abiertamente ella, el pueblo debe tambin por su parte sostener abiertamente la oposicin, aun cuando sepa que es sin fruto, solo por no degradarse, presentando una insensibilidad tan funesta. Si el gobierno hace una guerra oculta, el pueblo debe proceder como si nada supiese, y presentarle lances para que se quite la mscara, y todo el mundo le conozca, destruyendo de este modo cierta hipocresa poltica tan funesta en su lnea como la religiosa. Si el gobierno por falta de luces, de actividad, de tiempo no atiende la instruccin pblica, el caso es ms sencillo, pues claro est que el pueblo no encontrar obstculo de parte de la autoridad. Este ltimo caso es el ms comn, pues en los pueblos que podemos llamar nacientes por el estado de su educacin, los gobernantes suelen no ser muy aventajados, y aunque lo sean, tienen tanto que hacer, y tan poca prctica para hacer mucho en poco tiempo, que no es extrao se note un descuido, por otra parte tan reprensible. Desearamos que los dems pueblos de Amrica imitasen este, que como hemos dicho es el clsico entre todos as americanos como europeos en punto instruccin pblica. El gobierno hace aqu mucho, pero el pueblo fa su instruccin sus propios esfuerzos, y mira los de los gobernantes como una cosa accesoria bien que de gran influencia. Puede decirse que apenas consta una poblacin de veinte casas, cuando ya una de ellas es escuela, y en siendo algo notable, ya tiene imprenta y gaceta que es leda aun por los nios ms pobres. Uno de los editores de este papel presenci un hecho que le caus placer, y al mismo tiempo aviv su deseo de ver la educacin del resto de Amrica como la de este pas normal. Iba por la calle una nia como de siete ocho aos algo sucia, descalza, y con una canastita en la cabeza; todo indicaba la suma pobreza y en cierto modo abandono de sus padres en un pas de tanto aseo. Vio en el suelo un pedazo de una gaceta, le tom prontamente y sigui su camino leyndole. A tal edad y en tanta pobreza, tanta capacidad, y tanto gusto por la lectura, no pudieron menos que sugerir muchas reflexiones sobre las ventajas de la instruccin pblica. Dcese de algunos gobiernos, que tratan de apagar las luces, mas si el pueblo se empea en encenderlas, sern los esfuerzos de la autoridad unos dbiles soplos, que lejos de extinguirlas, servirn para aumentarlas. Hablemos claro, ningn pueblo es ignorante sino cuando no hace esfuerzos

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308 para instruirse, y uno de los principales obstculos de la instruccin pblica es creerla imposible slo por que se sea ms menos dificultosa, y hacerla depender enteramente del gobierno, creyndose el pueblo exento de la obligacin de contribuir por su parte, y olvidndose de que la vida social es la instruccin, y que la vida solo en caso desesperado se pone en manos agenas. Pasemos a considerar los deberes del gobierno respecto de la instruccin pblica, no olvidando que la hemos distinguido de la cientfica. Por muy poco que se reflexione, se conocer, que la instruccin pblica general consiste meramente en proporcionar los medios de saber, y que despus cada individuo en su maestro, haciendo uso de ellos para adquirir los conocimientos propios de su clase, no siendo posible ensear todo un pueblo. Redcese pues, que sepan leer y escribir; que tengan alguna nocin del globo en general, y algo ms extensa del pas propio, que conozcan su idioma cuanto baste para no hablarle mal, y que sepan aquella parte de la Aritmtica indispensable en el trato humano. Con estos medios puede ya el hombre instruirse por s mismo recibir las instruccines de un maestro, y pasar de los lmites de la instruccin pblica general los de la cientfica. No puede por tanto la instruccin pblica alterar el orden social ni la naturaleza del gobierno, y este no debe temerle menos que no se declare enemigo de todo saber. El gobierno tiene derecho para impedir que se difundan ciertas ideas; mas la instruccin pblica no difunde algunas, sino solamente los medios de saber, y toca luego los encargados del orden social el vigilar sobre el uso que se hace de estos medios. Resulta pues, que sea cual fuere la forma del gobierno, debe protejer la instruccin pblica, y de no hacerlo, dar una prueba evidente de su perversidad. Pero en qu consiste esta proteccin? He aqu un punto en que con las mejores intenciones pueden causarse muchos y graves males. Suele el gobierno funjirse un bello ideal de instruccin pblica, que prescindiendo de que solo es tal su vista, tiene el gran inconveniente de no ser practicable, y aun en caso de serlo, no produce frutos tan abundantes como producira la enseanza libre. En el momento en que el gobierno ejerce un poder sobre la instruccin pblica, queda esta entorpecida y casi paralizada. Como ella no puede producir males segn hemos demostrado, y s producir bienes sea cual fuere el mtodo que se emplee para conseguirla; es claro que ni en s mismo ni en ninguno de sus mtodos puede ser objeto de las prohibiciones del gobierno que solo deben recaer sobre las causas de los males de la sociedad. El gobierno puede dar la preferencia un mtodo y establecerse en las escuelas que paga, por que entonces se considera como un individuo autorizado para invertir los fondos pblicos, y es claro que cada uno procede

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309 segn sus ideas; pero cuando pasa prohibir directa indirectamente la introduccin de otro mtodo en las escuelas particulares; ejerce una accin gubernativa sobre un punto puramente literario, y causa un grave dao. Si el mtodo establecido por el gobierno en sus escuelas es el mejor, muy pronto ser adoptado por todas las dems, y adoptado con placer y de buena fe; lo cual tiene un gran influjo en la enseanza, y el mismo gobierno quedar mucho ms satisfecho de su acierto, viendo que los efectos corresponden, y que su opinin ha sido generalmente admitida. Si el mtodo que establece no es el mejor, tendr oportunidad para desengaarse, cotejndolo con otros innumerables que aparecern si no se prohben. Cmo podr saber el gobierno que su plan es el mejor si no se compara con ningn otro? Cuando ms, podr decir que es bueno; y aun en esto puede equivocarse. Supongamos que efectivamente es el mejor, y que por una ignorancia por una obstinacin inconcebible no es seguido por los maestros en las escuelas particulares; aun en este caso tan extraordinario que muy bien podramos llamar imposible, no recibira perjuicio la instruccin pblica. Los que aprendiesen leer y escribir, sea por el mtodo que fuese, al fin estaran tan en aptitud para continuar su instruccin como los que hubiesen aprendido por el sistema de enseanza ms perfecto. Sepan todos leer y escribir y nada importa el mtodo con que fueron enseados. Debemos de perder de vista que la libertad en el que ensea, es lo que ms perfecciona la enseanza. El hombre a quien le obligan ensear de un modo contrario sus ideas, no puede menos que estar en perpetua lucha consigo mismo, y si su disgusto se percibe por los discpulos, se concluyeron todos los buenos efectos del mejor plan del mundo. Esta consideracin parecer algunos de poca importancia, por que al fin se espera que el tiempo produzca el convencimiento, por lo menos la conformidad. Acaso lo conseguir el tiempo, pero debe ser muy largo; y entre tanto es considerable el atraso de la enseanza. Y si como es probable nunca llega conseguirlo? Una de las causas de los planes generales es la suspirada uniformidad de la enseanza. Por nuestra parte confesamos que no nos inquietaramos por ella, pues un mismo fin puede conseguirse por distintos medios igualmente buenos, y el dar la preferencia uno con exclusin de los dems es muy arriesgado, y acaso muy absurdo. Adems, dicha uniformidad cuando fuese conveniente, se conseguira sin que interviniese el gobierno, y de un modo ms propio cual es el convencimiento producido por la experiencia y prueba de la oposicin que es el crisol en las materias. Otra de las equivocaciones en punto instruccin pblica, es creer que vale ms tener pocas escuelas y buenas, que muchas y malas. Nada parece ms racional primera vista, pero nos convenceremos de su inexac-

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310 titud si examinamos la cuestin sin alucinarnos con el dicho comn ms vale poco y bueno que mucho y malo, que ha llegado ser como un principio, y producir los mismos errores que todos los principios mal aplicados. Bueno en materias de escuelas quiere decir ms ordenada, en trminos que se ensee en menos tiempo y con ms perfeccin. Malo no quiere decir que no se consigue el mismo efecto de ensear leer y escribir, sino que acaso no se consigue con tanta perfeccin, y se tarda ms tiempo. Muchas veces buena y mala equivalen costosa y pobre. Nadie puede negar que en muchas escuelas de las que llaman malas, se ensean muchos ms individuos que en pocas y buenas, y por tanto es claro que la ilustracin pblica gana ms con la multitud de escuelas que con la perfeccin de unas pocas. Quin puede negar que es ms ilustrado un pueblo en que todos saben leer y escribir medianamente, que otro donde un corto nmero lo hace con toda perfeccin pero la gran masa est en tinieblas? El que quiera saber si poco y bueno vale ms que mucho y malo, d poco pan y muy rico un gran pueblo, y provea otro de pan malo pero abundante. El resultado es que el principio se convierte en este otro: ms vale malo que nada, el cual tampoco es siempre exacto, pero s lo es en el caso propuesto. Se dir que extendindose las buenas escuelas, ya se conseguir el fin deseado que es la instruccin sea general y perf ecta. La suposicin de que las escuelas, establecidas por lo menos reglamentadas por el gobierno, lleguen difundirse cuanto es necesario para la instruccin pblica; nos parece gratuita, y mucho ms en pases que podemos llamar nacientes, donde el gobierno duras penas tiene fondos que destinar al intento. Muchos aos deben pasarse antes de conseguir tal resultado, y entretanto crece la niez actual en tinieblas, llega la juventud y a la inmoralidad y ya la importa muy poco que se establezcan esas magnficas escuelas. La necesidad de instruir un pueblo es como la de darle de comer, que no admite demora. Si se omite, produce la muerte civil retrogradando la sociedad al estado salvaje. Por lo mismo que no es obra de pocos aos, si su natural demora agrega otra la equivocacin la indolencia; se pasar en muchos pueblos la presente generacin sin esperanza de gozar de beneficios. Nada puede haber ms triste; enhorabuena que se siembren semillas para que recoja los frutos la posteridad, pero si podemos recojerlos nosotros aunque sea medio madurar, no los dejemos en el rbol. Esta doctrina tendr acaso muchos impugnadores de boca pero ninguno de corazn. Pocos hombres hablan o por lo menos escriben como piensan, y por eso hay tantas simplezas autorizadas. El que viene atrs que arre. As es como piensan y sienten los hombres, y como hablan cuando dicen la verdad. Concluyamos pues, que el mejor medio de promover la instruccin pblica es dejarla en perfecta libertad, dirigirla por medio de la prensa, pre-

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311 sentarla buenos modelos en los establecimientos costeados de los fondos pblicos, y ofrecerla premios. Una sola dificultad puede ofrecerse y es que ensendose los dogmas de la religin en las escuelas, no parece conveniente permitirlo toda clase de personas. Prohbase enhorabuena, y solo enseen la doctrina cristiana los maestros aprobados, mas no se niegue la facultad de ensear leer y escribir porque no se tenga la de explicar el catecismo. En ese punto nuestra opinin es ms rigurosa, pues no solo creemos que no se debe permitir todos los maestros de primeras letras ensear la doctrina cristiana, sino que no deba permitrsele ninguno, pues la verdad muy pocos son capaces de desempear tan arduo encargo. Se necesita un gran tino, instruccin, y prudencia para ensear un nio las primeras ideas religiosas. El fanatismo y la impiedad son dos clases de ignorancia muy contrarias, pero que suelen tener un mismo origen. Los errores comunicados en la infancia por la incapacidad de los maestros, el descuido, en resolver las dudas que asaltar a la niez, la imprudencia en el modo de hacerlo, el mtodo de ensear la religin como una historia sin exponer su fundamento, el presentarlos de un modo inadecuado la comprensin de la tierna edad; en una palabra los defectos de la primera educacin religiosa son la causa de que muchos en mayor edad impugnen lo que jams entendieron defiendan acaloradamente lo que entendieron su modo, y de aqu la impiedad y el fanatismo. Creemos que los curas los eclesisticos que ellos nombraren, son los nicos que deben ensear la doctrina los nios que con este objeto deberan concurrir la iglesia uno dos das en la semana, y que sus padres deben ser los ms empeados en cuidar de su asistencia. La santidad del hogar, el respeto la persona que ensea, la propiedad de la enseanza, todo contribuira llamar la atencin de los nios, y imprimir en su alma de un modo slido las verdades religiosas. Acaso hemos escrito con ms claridad de la que algunos quisieran, acaso nuestra franqueza se tendra por imprudencia; pero srvanos de excusa el no haber querido medir nuestras fuerzas con las de la verdad, que es un ser imperioso y mal contestadizo, que ni da paz al que la calla, ni se satisface con presentarse medias. Insta, hostiga, impele, derriba cuanto quiere ocultarla, y al fin rasgando con violencia todo velo, se burla de los esfuerzos del disimulo y del poder humano, como hija del Omnipotente franca y bella naturaleza. ¡Puedan todos decirlas![El Mensajero Semanal, Tomo I, Nueva York, sbado 13 de junio de 1829.]

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312Artculo sobre el presidente de portugal supuestamente escrito por Flix Varela1“Por un buque que acaba de llegar de los Azores, se sabe que la expedicin enviada por Don Miguel fue rechazada cuando atent un desembarco en la Isla Tercera. Hace tiempo que se esperaba este ataque; salieron de San Miguel el 28 de Julio, un navo de 74, tres fragatas, cuatro transportes y otros barcos menores, formando todos 17 velas, pero no llegaron a la Tercera hasta el 9 de agosto. Bombardearon la ciudad por algunas horas, y al fin intentaron el desembarco de 1800 hombres en tres divisiones; ms apenas pusieron pie en tierra las dos primeras, cuando fueron vigorosamente atacadas y aun se dice que completamente destrudas, sin haber escapado ms que un hombre y este nado. Dirijieron entonces las bateras contra los buques y botes con tanto efecto que mataron de 200 a 400 hombres. Retirronse inmediatamente los buques y abandonaron la Isla. Este es el primer golpe serio que lleva Don Miguel, y puede ser el presagio de alguna alteracin en sus negocios. Tambin se sabe que la Goleta Americana Glinar fu sacada de Angro por unos botes de la escuadra de Don Miguel y conducida a San Miguel donde fue descargada y despus remitida a Lisboa para que se sentenciase el caso. Los soldados robaron toda la ropa de la tripulacin, la cual ha venido en el Bergantn Secilia habindose quedado el capitn y algunos otros para entender en el negocio. Otros varios buques americanos han sido abordados por los de la escuadra de Don Miguel, y entre otros casos sabemos el de la Galatea, que en 4 de Julio fue abordada por un bergantn, y despus conducida por una fragata al punto de San Miguel, donde fue descargada y fueron puestos en prisin once de los individuos que la tripulaban. El capitn y su segundo, acompaados de un capitn Ingls, trataron de ir abordo de la Galatea con sus papeles para continuar su viage, pero fueron rechazados por alguna tropa que se haba puesto a bordo la cual hizo fuego e hiri al capitn Ingls y a otro individuo. El 27 fue entregado el buque a un capitn portugus, y el 29 sali para Lisboa, quedando presos muchos de la tripulacin. El cnsul americano los ha reclamado mas los agentes de Don Miguel no han querido entregarlos, diciendo que deben remitirlos a Lisboa. Este gobierno acaba de reconocer a D. Miguel como legtimo soberano de Portugal, medida que prueba a la evidencia que el gobierno es una cosa y1 Segn Jos Ignacio Rodrguez, bigrafo del Pbtro Flix Varela, este artculo titulado “Portugal”, pblicado en el Mensaje Semanal de New York, con fecha 10 de octubre de 1829, fue escrito por Varela durante su exilio poltico. Dicho artculo no aparece firmado. Esto fue norma de los que publicaron en dicho peridico. (Nota de los compiladores.)>

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313 el pueblo es otra, y que la poltica no conoce otras reglas que las del intres, valuado a juicio de los gobernantes. Para nosotros es tambin esta una prueba (si es que necesitbamos alguna) de que Inglaterra es una dictadura poltica, aun sobre los pases que podan estar sujetos a ella; dictadura que no aparece tal por la maestra del ms astuto de los gabinetes. El seor Figaniere, cnsul portugus de esta ciudad, en consecuencia de este procedimiento del gobierno ha remitido su exequatun al ministro de Estado protestando que por su parte no reconocer jams otro soberano de Portugal que el que le nombr cnsul, y que as cesaba enteramente en sus funciones, puesto que no poda ejercerlas en favor de su legtimo soberano. Al mismo tiempo que ha publicado su dimisin, o mejor dicho la suspensin de su ejercicio, ha protestado que siempre se considera como el nico cnsul de Portugal para el Estado de New York. No podemos menos de elogiar al seor Figaniere por la firmeza de su carcter y la honradez de sus procedimientos, pues ha sabido sacrificar sus intereses polticos y pecuniarios oyendo slo la voz de la razn y del honor. ¡Qu raros son estos hombres firmes en tiempo de tantos cambia colores![El Mensajero Semanal, Tomo II, Nueva York, 1ro de octubre de 1829.]Consejo a los casados1Querido primo, con que tiene tu T. ¡Vlganos Dios con el hombre casado! No quiero preguntarle si haces todas aquella locuras que en Madrid, porque voy hablarte seriamente. Yo me complazco en tu matrimonio, y te deseo mil felicidades en l, con cuyo objeto quiero darte algunos consejos, pues siendo t para mi como un hijo, creera faltar mi obligacin si no le hiciera. 1o Evita por todos medios el primer disgusto con tu esposa, porque al primero se siguen ciento: el hombre prudente y de honor jams sufre nada que pueda degradarle, pero disimula, y aun afecta que no percibe todas las que se llaman impertinencias caprichos. El que quiera que lo sufran, es menester que sufra, y creme que cuando dos personas se resignan sufrirse mutuamente son felices: la vida humana es una serie de sufrimientos ms mnos contrapesada por otra de placeres; pensar lo contrario es una locura, y muchos por evitar el sufrimiento sufren espantosamente.1 Estos consejos fueron dados a conocer a travs de una carta remitida a los redactores de la Revista La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo, por el primo a quien Varela le enva la carta con motivo de su matrimonio. Considerando los redactores que dichos consejos pudieran ser tiles a todos, deciden pblicarlos en su revista con este sugerente ttulo de “Consejo a los casados”.(Nota de los compiladores.)

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314 2o Jams tengas celos porque eso es de mentecatos; el que no lo es sabe cuando le ofenden, y manda pasear doscientas mugeres sin ms formalidades, pleito ni diligencias que un no quiero; pero no se espanta de sombras, ni se ridiculiza con puerilidades. Mira que no hay cosa ms ridcula que un hombre celoso, porque prueba que es tan tonto que no puede descubrir un negocio tan fcil de percibirse, que es tan dbil que no se atreve tomar un partido, tan temerario y bruto que sin datos ni fundamentos mortifica no solo su muger, sino todos los que la tratan, pues no hay quien no est sobre ascuas en la casa de un hombre celoso. Por otra parte, el modo de infamar una muger es que su marido tenga celos de ella aunque sea una santa; y si no lo es los celos la precipitan, y hacen comprender otras personas que es accesible, de modo que por una temeridad viene producirse lo mismo que se quiere evitar. 3o Nunca permitas que tu muger te ponga prohibicin de ninguna especie; pero averigua t con el mayor empeo todo lo que ella quiere que hagas que omitas, y procura ser un fiel observador de sus voluntades siendo justas. 4o Tambin procura, no con palabras sino con obras, persuadir tu muger de que para t nada hay en el mundo primero que ella, y que todo lo que le pertenece es para t un objeto de predileccin. Te aseguro que aunque fuera una vvora te amara. La gratitud entra siempre en el amor, y el arte de ser amado es amar. 5o Jams contrares ni en pblico ni en privado ninguna determinacin tomada por tu muger sin tu consentimiento menos que no perjudique tu honra. Al contrario, sostenla aunque hagas un sacrificio, pues ella lo percibir, y te recompensar con su amor que influye ms que todo en la felicidad domstica. Aun de cosas de grande entidad has de observar la misma conducta: todo eso de que las mugeres no tienen persona, son teoras de los jurisconsultos, que si se quieren valdrn algo en el orden legal, pero que las desconoce el corazn humano. Lo cierto es que en el tribunal del amor de la felicidad tienen persona y persona muy principal. Si sonrojas una sola vez tu muger, preprate hacerlo un milln de veces sin necesidad de jueces ni tribunales. En esta especie de guerra artimaa todos los hombres son nios de teta en comparacion de las mugeres. En fin, Dios te colme de bienes y me conceda el gusto de saber que vives con felicidad. (El Pbro. Flix Varela)[Revista La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo Tomo I, ao 1829-1830.]

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315 New York, 28 de Febrero de 1832. Seores Redactores de la Revista Cubana: Remito a Ustedes, mis amigos, el ratn hijo de los montes: quiero decir, mi pobre artculo sobre la Gramtica de Salv, que no corresponde al mrito de la obra, ni al trabajo que supone tanta demora. Bien quisiera yo ser til; pero mi espritu, agitado por diversos y desagradables pensamientos, no es susceptible del placer que requiere la literatura, y slo me encuentro algo dispuesto para las serias investigaciones filosficas, porque al fin como fu zapatero de antao algo me acuerdo de hacer zapatos. Siento, s, siento a veces, renacer mi antiguo amor a las ciencias naturales, que me recuerda lo que de otro muy diverso dijo aquel adulador mantuano, agnosco vestigia flamma; pero estas rfagas pasan pronto, y vuelvo a mi fastidiosa indiferencia. Por otra parte, mi deber me obliga a hablar con un gran nmero de personas; y los silbos ingleses, cual moscas impertinentes me inquietan con frecuencia, y destruyen toda mi ilusin, escribiendo en el hermoso idioma castellano. De aqu mi disgusto, y en consecuencia mi abandono. Mas, gracias a la Revista y a sus editores, se me proporciona ahora una ocasin muy honorfica para salir de esta ominosa apata, y consagrar a mi patria los frutos de algunos momentos, que en su obsequio robar al descanso. S, amigos mos; yo velo cuando todos duermen y trabajo cuando todos reposan. Yo gozo de la vida cuando todos dejan de gozarla, y slo me veo libre cuando la sociedad importuna yace encadenada. Todo est tranqui-1 Los redactores de la Revista Bimestre Cubana eran Jos Antonio Saco y Jos de la Luz y Caballero, fundamentalmente. (Nota de los compiladores.)EPISTOLARIO POLTICO, FILOS"FICO (1832-1834)Carta a los redactores de la Revista Bimestre Cubana1

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316 lo, y puedo ya escribir; pero mi nimo nada encuentra que lo excite. En estos silenciosos momentos (pues son las doce de la noche) al travs de las tinieblas que cubren la helada naturaleza, mi activa imaginacin slo me presenta esqueletos vegetales, aguas empedernidas, animales casi yertos, montes de nieve y llanuras desoladas... Pero ya un grato recuerdo me saca de esta regin de inercia, y me trasborda al vergel de las Antillas, donde todo est animado. Veo aquellos rboles frondosos, aquellos inquietos arroyuelos, aquellos copados montes, y aquellas floridas llanuras, que tantas veces recorra, y tan pocas contemplaba. ¡Cun cierto es que la belleza debe ser esquiva, y que la sal de los placeres es su caresta! Estas delicias de mi imaginacin se aumentan por el contraste que con ellas forma la vista del pequeo aposento donde escribo, a beneficio de una buena chimenea, que no dista de m una vara, y aun estoy ms prximo al lecho, cubierto con mantas pesadsimas. Pero yo estoy entre Vds., a todos veo, a todos hablo; vamos, pues, a ocuparnos de la Revista. Atcanse en ella varios dolos de una tribu envanecida, que arrogndose la ciencia y la virtud, no cree encontrarlos fuera de s misma, y grada de insulto y desacato cualquiera oposicin a sus principios. Deseo que los editores de la Revista no tiren chinitas a esa fiera. No se halla la tierna planta en tiempo de sufrir los fuertes huracanes, ni jams la dbil navecilla se arroj al agitado golfo, si ya no el que la condujo a su ruina la imprudencia de su piloto. En vano alegarn Uds. sus puras intenciones: en vano reclamarn contra la maliciosa interpretacin de sus palabras: todo, todo ser intil, si tienen la desgracia de tocar el limbo del gran torbellino; pues arrebatados en funestos giros, slo habr tiempo para perecer. No permita el cielo que yo vea en tanta desgracia los esfuerzos generosos de una apreciable juventud que en el letargo de la patria, levanta la voz en el alczar de las ciencias, convocando los genios que dispersados por varios temores, yacen unos en los brazos de la indolencia, mientras otros dirigen miradas inciertas, deseosos de encontrar una mansin de refugio para el saber y de consuelo para la virtud. Cautela, mis amigos; s cautela. Es preciso contar con la miseria humana, que dandose a s misma todo lo trastorna; y viene a ser la inocencia el juguete de la perversidad, como la instruccin lo es de la autorizada ignorancia, y a falta de razones suple la calumnia. No hay que echarlas de fuertes contra la adversidad, antes debemos echarlas de prudentes para precaverla; y en nada, se necesita ms juicio que en aspirar al herosmo. Tienen las ciencias, como la santa Religin, que es la primera de ellas, el gran poder de calmar los nimos, aproximndolos a la Divinidad; y los hombres de todos los partidos se dan un sculo de paz en el templo de la

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317 sabidura, cuyos frutos siguen al espritu, cuando el sepulcro guarda para eterno olvido las mseras pasones que tanto lo agitaban. Sea la Revista como este augusto templo: nanse en ella los nimos para hacer el bien; y no se conteste a los que intentan perturbarla. No: no se conteste. Pdolo encarecidamente. Pdolo en nombre de las ciencias y de la amistad. No se conteste. Si alguna pluma guiada por el amor de la verdad notase con moderacin y franqueza los defectos de la Revista, contstese con signos de gratitud y aprecio; mas cuando el enemigo est emboscado, pasemos a lo lejos dejndolo en el bosque donde rabie a sus solas, en pena de su artificio. Avsame ya el sueo que debo acabar esta carta; y es tan petulante que no me da treguas. Adis, mis amigos. Con invariable afecto, Flix Varela[Jos Ignacio Rodrguez: Vida del Presbtero Don Flix Varela, Segunda Edicin, Arellano y Ca, La Habana, 1944.]Carta a Jos de la Luz y CaballeroNueva York, Marzo 7 de 1832. Mi estimado Luz: Espero que haga Vd. todo esfuerzo para impedir que se conteste en la Revista al artculo que contra ella ha salido en un peridico de esta ciudad. Sospecho que es remitido por alguno, o algunos, de los afrancesados; pero sea lo que fuere, yo le considero como un buscapi para sacar de trinchera a los redactores, y destruir el papel con armas bien conocidas. Los afrancesados son por esencia orgullosos, y jams perdonan ataques contra su decantada sabidura. Hay excepciones, y yo las hago muy gustoso, pero me precavo contra todos ellos nmine excepto. Puede decirse que se han apoderado de la Hacienda y Polica de Espaa, y esto aumenta su orgullo y su poder. Los liberales, principalmente los del ao de 1812, se habrn alegrado infinito de la paliza que llev Hermosilla en la Revista; y crea Vd. que el nmero que trata esta materia habr sido y ser ledo por todas partes. Los serviles, aunque parecen estar con los afrancesados, no hay tales carneros: los sufren, porque son enemigos de los liberales, y nada ms. Resulta pues, que en punto a bajarles el orgullo, y contener a los afrancesados, estn de acuerdo con todos los del ao doce; y as la Revista, en este

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318 punto, ser tambin aplaudida por el partido servil. Pero estos elogios son su enfermedad que puede terminar en muerte. Me atrevo a asegurar que los afrancesados creen que el golpe les viene por carambola, y esto los pone como unas furias. Tienen talento, y lo emplearn en destruir este panten, o mejor dicho, teatro, en que esperan se saquen como suele decirse los trapitos al aire. Creo que no he dado pruebas de temerlos; pero quiero darlas de que no soy su enemigo, aunque jams he podido pensar bien de ellos. Si el negocio fuese solo para desfogar pasones, y decir verdades duras, yo suplicara que se les atacase, para tener yo mi partecita en el ataque. Yo poseo datos y elementos para destrozarlos, y ponerlos en ridculo; pero lo que necesitamos es hacer bien a la isla, y all se las partan los afrancesados. Ser una lstima que los editores contesten, porque en tal caso auguro mal de la Revista. Tiene sta un gran pecado, y sus enemigos llamarn la atencin del Gobierno sobre l para castigarlo. Consiste mi amigo, en que es el mejor papel de toda la monarqua; y no conviene que... por Amrica... De modo que los serviles despus de alegrarse de la guerra de los afrancesados, no sern sordos a sus insinuaciones sobre la conveniencia de quitar ese escndalo. Yo no temo que se mande suprimir la Revista: tampoco temo un ataque abierto; pero s una orden de muerte lenta con solo indicar que no merece la aprobacin del Gobierno. Medite Vd. sobre esos puntos; y creo que convendremos. Es de Vd. su afectsimo. Flix Varela[Jos Ignacio Rodrguez: Vida del Presbtero Don Flix Varela. Imprenta O Novo Mundo, New York, 1878.]Carta a Jos de la Luz y CaballeroNew York 1 de Junio de 1832 Mi estimado Luz me alegro que convengamos en ideas acerca de la Revista, y que los dems amigos convengan con nosotros. Han dado V. un paso acertadsimo en confiar la redaccin a Saco, yo estoy saltando de contento. Ahora s me prometo bienes reales para la isla, porque veo que la Revista no ser un peridico de existencia efmera que como los que no llegan a crecer, mueren sin dar fruto y habiendo dado trabajo.Yo tengo muchas ocupaciones mas a pesar de todas ellas voy seriamente a dedicar media hora diaria (y no puedo ms) para escribir algunos articulitos, y espero

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319 mandar uno para cada nmero. Tengo ya entre manos el anisis de las obras de La Mencas, pero este es trabajo dilatado aunque no sea ms que por necesidad de leer y extractar 6 tomos muy regulares. Por esta razn escribir otros artculos ms ligeros mientras la voy dando casi despacio y si puedo con tino algunos golpes a la cantera inagotable que presenta dicha obra. Dgame V. algo sobre el Sr Obispo ¡cunto temo que lo perdamos! Vamos a otra cosa. Es menester que con el influjo y cario de sobrino le caiga V. el Dr Caballero para hacer una edicin de sus sermones y sus trabajos manuscritos que sobre V. rellenan aquel pergamino de un libro en folio que siempre tiene guardado en su alcoba y que ojal pudiera yo robrselo, que lo hara sin escrpulos. Hace tiempo que deseo ver impresas sus obras por su gran mrito y porque no creo que tiene el Dr Caballero es discpulo y compaero que lo quiera ms que yo [roto] la obra con eficacia. Mi regla es ir a la cama a las doce, y ya son las doce y media conque I must just an end to my letter. de V. su afmo. Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 604, nmero 41.]Carta a Jos del CastilloNew York 13 de Septe. 1832 S. Dr. Jos del Castillo Muy Seor Mo: El nio que V. ha tenido la bondad de poner a mi cuidado es de carcter bellsimo y me prometo formarle en trminos que corresponda a los deseos de V. y a mi esperanza. No habla una palabra de espaol ni tampoco lo entiende, y as mi principal empeo por ahora es que lo recupere o mejor dicho lo adquiera para que no baya a su patria como un extranjero. Contina sus estudios en ingls con mucha aplicacin y para hacrsele ms llevaderos voy a que empiece el dibujo y la msica. Entre seis meses podr decir a V. como brota la semilla que ahora siembro. Es de V. cos., la mayor consideracin su afto. amigo Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones caja 421, signatura o nmero 15.]

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320Carta a un amigo mencionando que una obra suya ha sido desechada por no considerarse til1New York 16 de Nov. 1832 Ven en hora buena Seor Director a quien encargo haga el mismo cumplimto de mi parte a su compaero de oficio que no contesta ninguna de mis cartas o ninguna recibe. No puedo juzgar de la marcha de la revista2pues por ac no hemos visto el ltimo los ltimos nmeros. Gener que acaba de estar verme me encarga diga lo mismo de su parte. Estoy persuadido que se pierden muchas cartas y papeles, pues yo se que ni V. ni Saco se descuidan. Vaya un dato a la prdida. No me ha contestado Saco a una carta en que le transcrib un prrafo del informe de Velez sobre estudios en el cual deca que se pensaba desechar mi obra por no ser til bajo ninguna consideracin y substituir por un autor de la escuela escocesa. Yo se que Saco no hubiera dejado de contestarme y mayormte cuando le supliqu se viera con V. para que ... ... ...3 su opinin sobre escribir describiendo los errores de la tal escuela. He aqu amigo mo por qu no han ido los tomos de mi obra que ya estn impresos.4 Cmo quiere V. que me arriesgue a encuadernar si no s si he de vender o si tendr que pagar mis notas cuyo trmino ya va expirando sin recibir nada por la obra? La distancia es una enemiga cruel e invencible. De. V. la enhora buena a Ruiz pues no tengo tiempo de escribirle aunque esta maana de una recomendacin para l y creo no ser infructuosa. Reciba de V. Su afmoFlix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 603, signatura o nmero 5.]1 Por el contenido de la carta suponemos que se trata de Jos de la Luz y Caballero. (N. de los compiladores.)2 Se trata de la Revista Bimestre Cubana que estaba ya bajo la direccin de Jos Antonio Saco y en la que actuaba como uno de sus redactores principales Jos de la Luz y Caballero. (dem.)3 FLos puntos suspensivos se han colocado por estar rota esa parte escrita. (dem.)4 La obra a la que hace referencia Varela es sus Lecciones de Filosofa. (dem.)

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321Carta a Jos del CastilloNew York 19 de Marzo 1833 Sr. D. Jos del Castillo. Muy Seor mo: No s a qu tribuir la prdida de mis cartas, y de las de Panchito. l ha escrito ms que yo y el pobrecillo se disgusta cada vez que V. escribe reconvinindole por una falta que no ha cometido. Mis cuentas respecto de este nio pienso se reduzcan a $60 ps. trimestre incluyendo todo gasto. Por lo que hace a ropa el Sr Dr. Carlos del Castillo me entreg los ps. los cuales bastan para comprar cuanto necesite en todo el tiempo que estuviere conmigo. El muchacho se ha grangeado el cario de todos, y el mo le tiene sin lmites. No me acuerdo haber manejado un muchacho ms dcil. Va progresando en conocimientos pero aun ms en virtud. Su maestro me hizo notar una gran perfeccin en este nio y es que jams dice una mentira. Espero que esta veracidad habitual vendr a ser un verdadero principio de honradez. Sobre Religin he conseguido los resultados que esperaba. Vino cargado de libros protestantes y de su Biblia calvinista. Yo nada le dije y l mismo los regal sin decrmelo a una mujer protestante. Empez con empeo a aprender el catecismo catlico, cuya leccin da conmigo, y he odo decir a sus compaeros que dice que se va a confesar y aun no s si ya ha ido, porque sobre esto yo no le pregunto. De este modo estoy seguro que har una buena confesin, y si yo se lo insinuara dudara mucho. En fin mi amigo espero que nuestro hombre ser til a su patria como ambos deseamos. Es de V. su afmo. Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos, caja 364, signatura o nmero 19.]Carta a Jos de la Luz y Caballero, 16 de agosto de 1833Mi estimado Luz. Pedro me ha escrito francamte que desista de imprimir el 4 tomo de mi obra pues no hay la ms lijera esperanza de venta hasta septiembre de 1834.Yo agradezco la generosa oferta de V. y el inters que toma por m, pero la prudencia que yo no comprometa a mis amigos causndoles prdidas en todos sentido infructuosas.

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322 Deseo infinito ver la obra de V. sobre enseanza, y aun ms deseo que mis paisanos hagan uso de ella pues antes de leerla anticipo mi opinin sobre su utilidad.Dn Justo me ha dado idea del plan, y sobre el desempeo no hablemos.Tiene V. un solo enemigo y es la seora Candileta, a quien conoce V. por reputacin, y en todo caso nuestro amigo D. Ricardo dar noticias de ella. Recuerde V al Dr Caballero la promesa que hizo a V de ordenar deshalojo a la familia que ocupa la gran bolsa de pergamino o sea cubierta de un inmenso libro. Velez anda corrindola y perfectamente bueno segn creo, pues lo estaba cuando sali de aqu, y ya V sabe que en su paseo con Layseca con todas comodidades y precauciones no hay mucho riesgo de enfermar. Pselo V. bien y escriba y ordene a Su afmoFlix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 604, signatura o nmero 41.]Carta a Jos de la Luz y Caballero, 20 de agosto de 1833Mi estimado Luz: Acabo de visitar al S. Anto de Casas, digno del lugar que ocupa, y del compaero, que tiene. Como artista retirado que encuentra con otro en vigor y unin, empec muy pronto muy pronto a hablar de herramientas como siaun pudiese manejarlas, y el que conoci mi pasin, tuvo la bondad de darle pbulo con las observaciones ms juiciosas.Entr Vele y puede V inferir que fue completo el rato.De nuestra primera entrevista ha resultado una promesa que quiero cumplir cuanto antes, y es la de escribir a V esta carta suplicndole a nombre de las ciencias y de la patria que modere sus tareas. El acusador es testigo de vista, y no hay que negar el crimen de aniquilarse con un trabajo desde las seis de la maana hasta las doce de la noche.He ledo el primer libro de la obra de V que apruebo y aplaudo.Sin embargo debo decir con franqueza que no percibo la utilidad de las cinco tablas alfabticas con que empieza, y temo que produzcan confusin en los nios.En la pgina 52 hace V un clculo que no s yo si podrn hacer los nios de corta edad; y por lo menos creo que no entendern ni aun sabrn leer 1000$, 1600$ 3240$ pues aun nada saben de nmeros ni se les ha dado alguna idea de ellos. Yo no s si podrn obedecer cuando V les dice, Multiplicar 5.840 por 5. Tal vez esta enseanza estar combinada con otra, y de aqu provendr mi equivoca-

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323 cin, pero considerando que hace poco que se han dado al nio las primeras ideas del alfabeto, no creo que pueda estar en disposicin de multiplicar. Segn la doctrina del Dilogo primero no hay vida vejetal, y el nio reprender a todo el que diga en su presencia esa planta est viva, ms aquella est ya muerta y es preciso arrancarla, y ya U ve que este es un lenguaje recibido.I make too free with you, pero U es mi amigo y me dispensar. Es de U Su afmo Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 604, signatura o nmero 41.]Carta a Jos de la Luz y Caballero, 24 de agosto de 1833Mi estimado Luz: Tercera carta.Tal ha sido la demora de la barca Navarino. He ledo el artculo impreso en el diario de esa ciudad sobre el Establecimto que U dirije, y advierto con gusto que ha elejido U a Sulpicio Severo para la traduccin en la primera clase de Latinidad.Ha fijado U la atencin sobre el parrafito con que empieza la Historia de Saul? Si U lo traduce y lo imprime en castellano se acab la jarana del Colegio. Mi ejemplar es del ao 1693 y est durito en este pasaje. No s si las ediciones modernas se hallarn suavizadas El lapo a Ripalda es muy fuerte, y yo deseara que la sustitucin se hubiese hecho sin mencionarla, sino diciendo simplemte que se ensea por Henry. Yo me entiendo..... y creo que U me entiende... A la verdad que no me ha gustado el que U publique que los muchachos estn acompaados hasta para sus necesidades corporales. The expresion is rather condelicate Pregunto y a los guardas quien los guarda? Y si los maestros son los guardas, no ser extrao que sufran una atroz calumnia. Esta no es teora, U sabe que ha haba casos en la Habana, y tambin aqu....Por otra parte mi amigo una extrema presuncin supone una experiencia lamentable, y aunque s que la hay, no quisiera verla publicada. Su compaero de U y Velez han salido para Saratoga: Es de U F. Varela[Archivo Nacional de Cuba Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 604, nmero 41.]

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324 Carta a D. Jos del Castillo New York Dice 28 1833 S. D. jos del Castillo Muy Seor mo: no s cmo se pierden mis cartas y las de Panchito, pero al fin se pierden. Acaso esta ser mas afortunada. Mi ida a la Habana est muy remota y as no debe V. inquietarse en cuanto este nio que estar siempre a mi cargo. Yo no me [ilegible] con decretos como el de la Reina aun cuando me incluyere. I Knows better.Deseara tener tiempo para escribir ms largo pero lo har en primera ocasin. Es de V Su afmoFlix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, caja 421, signatura o nmero 15.]Carta a D. Jos del CastilloNew York, abril de 1834 S.D. Jos del Castillo: Mi estimado amigo: La pintura que V. me hace del estado de inmoralidad de la Habana corresponde perfectamente con los informes que ya haba recibido por diversos conductos, mas V. ha puesto el dedo en la llaga con ms tiro que nadie en cuanto a las causas y conveniencias enteramente. Confieso que la carta de V. aunque triste me ha llenado de consuelo porque al fin ha venido a mis manos algo de la Habana en que se hable del inters vital que es la religin. Yo aseguro a V. que no se ha equivocado en decir a Pedro de Hara que mi vida en la Habana sera un continuo martirio y adems infructuoso. En un artculo que se imprimi en la Revista con el ttulo deEspritu Pblico1 y que supongo sabe V. que es mo propuse la formacin de una sociedad de moral como hay muchas en este pas, creyendo un primer impulso pondra a otros en movimientos, pero nada ha habido. Yo verdaderamente no s qu partido tomar.1 Este artculo apareci impreso en la Revista Bimestre Cubana. Aparece en el presente tomo. (Nota de los compiladores.)

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325 Hace dos y acaso cuatro aos que tengo una obra en proyecto, quiero decir todo el plan de ella y las principales ideas para formar cada captulo, de modo que slo falta vestir de carne este esqueleto o armadura. Dicha obra deba tener por ttulo La impiedad la supersticin y el fanatismo en sus relaciones con la poltica.1 Hasta ahora se han atacado estos monstruos en sus relaciones religiosas, y por consiguiente el ataque no produce efecto para los que no tienen religin; mas todos los hombres tienen un inters social y me haba ocurrido que esta especie de ataque sera ms fructuoso. Bien puede V. inferir que para que la obra corresponda a su ttulo es preciso decir verdades de calibre, y dar palos a un lado y a otro sin misericordia. Yo estaba pronto a darlos, pero Gener a quien nicamente comuniqu mi plan me hizo soltar la pluma con una sola reflexin —“Escribir V. me dijo — mas no se vender la obra, y habr V. aumentado sus apuros pecuniarios sin conseguir su intento”. Resulta pues que no hay medio a lo menos en mi poder —si propongo operaciones no se ejecutan, si escribo no se leen y aun se desprecian las obras. Los amigos me acusan de poco afecto a mi patria slo porque no he ido para all en el momento en que la tempestad habra en claro.Cada cual habla de feria como le va en ella y a m por desgracia me va muy mal. Quieren que vaya mas no dicen a qu, y a la verdad que es difcil decirlo. En fin amigo mo no creo que debo cansar ms a V. con un asunto personal. Slo suplico a V. que no me escasee las cartas del mrito de la ltima que me ha escrito pues me hace con ellas un gran favor. Panchito contina bien y escribir a V. por el buque en que pienso vaya esta carta. Es de V. su afectsimo Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, caja 421, nmero 5.]Carta a Jos del Castillo, 18 de abril de 1834. New York J.D. Jos del Castillo Mi estimado amigo: Panchito no ha sido tan indolente en escribir como usted cree, ni tan activo como yo deseo; todo proviene de una niada, y es1 La obra a la que Varela hace referencia es Cartas a Elpidio Llamamos la atencin del lector sobre el ttulo que tena en mente Varela antes de que la obra apareciera publicada. (Nota de los compiladores).

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326 que tiene vergenza de escribir a V. porque dice que slo podr escribir simplezas. Deseo que V. le escriba animndolo. Hace das que lo he examinado para ver cmo va en la escuela y creo que va bien. Necesito sin embargo que V. me ayude encargndole que aprenda los idiomas principalmente el espaol, pues es una continua batalla la que tengo con l sobre este asunto. No pienso ir a la Habana por ahora y as no es preciso buscar quien se haga cargo de Panchito, pero seguramte no sera el S. de Stedman a quien yo le entregara este ni otro joven alguno. Tiene la imprudencia de catequizar para su religin a los jvenes que se le recomiendan, y esto debe bastar para que no tenga recomendados.Entre l y otros del pueblo inmediato a su establecimto han pervertido a un joven espaol que ya es presbiteriano y est estudiando para ser ministro. El muchacho Manuelito Crucet sufri insultos directos por la religin, y fu llevado de por fuerza a la Iglesia Presbiteriana de donde sali luego que el ministro empez a hablar contra la religin catlica; causando bastante incomodidad al Sr Stedman con su salida. Las cosas llegaron a tal grado que Manuelito se vi en la precisin de faltarle al Sr Stedman dicindole que por [ilegible] en la religin catlica no se entra con sombrero puesto en la Iglesia, ni se lleva en el bolsillo comida para comrsela en la Iglesia. En fin se dijeron cosas muy lindas. Es de V. su afmo amigo Flix VarelaCarta de Flix Varela y Toms Gener sobre la trata y la esclavitud (Nueva York, septiembre 12 de 1834)1 Nueva York Setiembre 12 de 1834 Amigos nuestros: Es muy sensible no complacer la amistad, po. lo sera mucho ms el comprometerla; y en esta terrible alternativa, creemos de nuestro deber abrazar el primer miembro. No estamos pues, por la impresin de la obra de N2traducida al Castellano por unos individuos cuya amistad nos honra, cuyo1 Esta carta fue escrita por Flix Varela aunque tambin la firma Toms Gener. En el propioCentn Epistolario, Tomo II, pp. 96-97 aparece una carta de Gener a Domingo del Monte fechada en New York el 13 de septiembre de 1834, al da siguiente de la presente, en la que coloca una postdata que dice as: “Ayer firm la carta que nuestro Don Flix escribi al Dr. Gonzlez del Valle acerca de la consabida traduccin”. (Nota de los compiladores.)2 Tratado de Legislacin por Carlos Comte.

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327 celo aplaudimos, y cuyos talentos prometen tanto nuestra patria.1 Confiados en su indulgencia, pasamos exponer las razones de nuestro dictamen. Ustedes se proponen 1o ilustrar la opinin. -2o impedir el trfico de esclavos -3o preparar el camino la futura emancipacin de los negros. Es un error creer que la opinion se halla extraviada. No hay chico ni grande en la isla que no conozca que el trfico es infame y sus consecuencias funestas. Podrn algunos no ver estos males en toda su extencin, y respecto de este corto nmero podra la opinin ser no rectificada pues lo que ven es recto, sino adelantada, si podemos valernos de esta expresin.Confesamos que este adelantamiento sera un bien, pero de tan corta influencia, que no contrapesara los males contrarios, ni inducira operaciones generales, que es lo que necesitamos, por ser muy corto el nmero de los que se hallan en ese caso segn hemos observado. Creemos que el crimen es de pura malicia, y que en muy pocos influye la ignorancia. Los traficantes de negros son como los borrachos que conocen los efectos de la embriaguez; pero beben siempre que se proporciona. Los introductores quieren dinero, y los hacendados quieren azcar y caf, y para ellos no valen reflexiones. La consecuencia es que el trfico no se impide con escritos, y as quedan frustradas las miras de vds en este segundo punto. Si en cada casa huviera un ejemplar de la obra, y fuese leda por todos, y cada uno de los habitantes, entrara con todo el mismo nmero de negros, y el amo de Hacienda cerrara el libro para ir al barracn comprar nuevos esclavos. No impidindose el trfico, es claro que lejos de preparse el camino la emancipacin de los esclavos, cada da se dificultar mas, por aumentarse el nmero de ellos. Quedan pues, frustrados los tres objetos que vos se proponen. Si el nico peligro fuese el no conseguirse el intento no se eventurara mucho en la impresin de la obra; pero creemos que adems puede producir efectos totalmente contrarios las intenciones de sus traductores 1o Todo cuanto se dice de la esclavitud escudndose con el ejemplo de los ms clebres de los pueblos. 2o Los detalles que se hacen del tratamiento de los negros en otros pases formaria el elogio de nuestros hacendados que los tratan mejor, y esto les servira de disculpa. -Por el contrario varios pasages en que se refiere qe por efecto de la legislacin de algunos pases que limita el castigo de los esclavos se han desmandado estos, servirn de prueba de la necesi-1 D.r Man.l G.z del Valle, D.r Vic.te Oses, y Domo del Monte.

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328 dad en que estn los amos de ser crueles, repitiendo la mxima escandalosa que habrn vos odo tantas veces: que es preciso tiranizar correr el riesgo de ser tiranizados 3o En muchos lugares se dice abiertamente que es una injusticia reclamar libertad para los blancos y negarlas los negros. Aun se v tan adelante en una de las notas, que casi se dice claramente, que los negros deberan tener tambin su Washington y su Lafayette, quiere decir que deberan levantarse y ser libres matar los blancos. Esta doctrina no necesita comentos. 4o Se inculca repetidas veces, una verdad bien sabida pero que conviene callar, esto es, que la esclavitud de los negros es la causa de la esclavitud de los blancos. Demasiado lo sabe el pueblo, y demasiado lo sabe el gobierno.... mas este puede con gran hipocresa darse por agraviado.... con gran descaro tratar de reforzar este ejrcito formidable -Acurdense vds de la conducta de Vives.... Esta declaracin en una obra traducida por vds podr adems servir de disculpa los serviles que aspiran que la isla nunca salga del estado Colonial, fundndose en que cada tentativa de dar franquicias los blancos, es un incentivo al levantamiento de los negros, y con este argumento han querido persuadir que aunque el mal es lamentable, es ya necesario.Todava produce semejante declaracin otro resultado aun ms funesto, y es el del tildar como revolucionarios todos los que propendan directa indirectamente la emancipacin de los negros, y clasificar de patriotas benemritos los traficantes de negros que alejan esa temida independencia. 5o Si la obra no tiene una gran circulacin, no produce efecto, y si la tiene, cae en manos de los libertos resabidos de que abunda la isla, y en la de muchos blancos tunantes que no dudarn incitarlos valindose de la terrible arma de la confesin de sus tiranos. -En el momento que vean que la Espaa no apresta como la Inglaterra un capital suficiente para indemnizar los propietarios, como vern claramente que todo se vuelven palabras, y que no tienen otro medio que la revolucin para libertarse de unos tiranos que se confiesan tales. Por otra parte, nunca conviene que sepan que los tememos. 6o Dos terceras partes de nuestros paisanos tienen la debilidad de creer que ningn pas igual al nuestro en ilustracin, finas maneras y generosidad de sentimientos. Por consiguiente la idea que tanto se inculca en la obra de que la educacin de los blancos siempre ser viciosa, mientras se creen entre esclavos, puede producir muy mal efecto considerndose como un insulto no merecido. Es muy arriesgado decir un pueblo aqu no hay educacin. En nada debe haber ms prudencia que en la manifestacin de la verdad. -Bien dice el autor de la obra, que el que se atreviera

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329 manifestar estas y otras ideas de que abunda, en medio de uno de los pueblos de las Antillas, atraera sobre s un odio general, y se expondra ser despedazado. 7o No juzguemos segn nuestros deseos, sino conforme fundadas esperanzas -Supongamos que ya est la obra impresa -Debe ir la censura y esta seguramente prohbe su introduccin. Asunto concluido. Si se introduce sin licencia, queda desacreditada, entrando como un asesino que necesita disfrazarse, pues as ser representada por los verdaderos asesinos. Ninguno de los traductores tiene ingenio ni es probable que sea circulada por ninguno que lo tenga, y he aqu la contestacin de los Hacendados, respuesta que adornarn con mil lindezas. Pero supongamos que la obra corre, y aun concdase que sea aprobada por el gobierno. -Preguntamos, ser leda? Se hallar el libro por donde quiera, pero sern muy pocos sus lectores, porque la obra es un poco larga, y la materia no es agradable -De los pocos que la lean, la mayor parte la tomar en las manos saludndola con maldiciones y con resolucin de oponerse ella aunque contenga el evangelio -Ser pues la obra una cosa mala de que todos hablarn sin haber visto, y este modo de juzgar producir un efecto funestsimo, empeorndose las cosas en vez de mejorarse. 8o Los interesados en afectar lealtad escribirn mil cartas, y acaso representaciones Espaa, manifestando los perjuicios que resultan la isla de la circulacin de semejante obra & & &, y cuando se quiera hacer una justa peticin por la parte sensata del pueblo, encontrar acaso muchos obstculos que superar porque la prevencin har vacilar al gobierno aunque est posedo de las mejores intenciones. Este sera un mal gravsimo. 9o Los acaecimientos que ha habido en este pas acerca de los negros, hacen peligrosa toda publicacin sobre la materia en la isla de Cuba mucho ms cuando la Inglaterra ha declarado la libertad de sus esclavos. Una gavilla de pcaros que efectivamente quieren levantar los negros para sacar partido con ellos para ameritarse luego con el gobierno diciendo que los contuvieron, hicieron por contenerlos; puede inspirar los libertos el temor de ser expelidos atacados, y de aqu la necesidad de defenderse, y de buscar defensores libertando sus hermanos. Por consiguiente, una obra en que no slo se ataca la esclavitud, sino que se presentan los derechos del hombre en toda su extencin, y se hacer ver que corresponden la raza de color no menos que la blanca, es un bota fuego en tales circunstancias. Esto es en cuanto la obra, vamos considerar lo que dice relacin sus traductores. -Estos no van chocar con una clase sola de la socie-

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330 dad cubana, sino contra todas, pues la familia ms pobre posee uno dos esclavos. Se esparcir la voz de que se ha publicado una obra para levantar los negros, y sin leerla, empezarn maldecir sus autores. Pueden los amos aqu no ser muy prudentes, y las maldiciones pueden ser odas por los esclavos, que equivocadamente creern que el negocio es cierto, y colmarn de bendiciones los que creern hroes de su libertad. He aqu el peligro. Al primer movimiento de los negros en un ingenio para evitar la crueldad de un mayoral, se le dar carcter poltico, y se dir tienen la culpa los autores de esa obra infernal -Si el gobierno quiere deshacerse de alguno de ellos, la obra presta mrito para una medida gubernativa, por lo menos ya quedan marcados, y puede decirse inutilizadosY no es este un mal terrible? Estamos muy lejos de aconsejar un temor hijo de la cobarda, pero es nuestro deber aconsejar una precaucin hija de la prudencia. Un sacrificio intil en la vida social es un triunfo para los sacrificadores, que no honra a la vctima. Y qu diremos cuando el sacrificio puede dar origen otros muchos igualmente intiles? Nuestra opinin es que el mal debe curarse en su origen, debe ocurrirse al gobierno Supremo con una representacin enrgica para conseguir que declaren piratas los diablicos traficantes, y se impongan otras penas y no flojas los compradores de los negros. -No se debe hablar ni una palabra de libertad porque se alarman y no conceden nada. Debe tratarse solo de aumentar la poblacin blanca, y concluir el trfico de negros. Estas dos medidas preparan el campo, y abrevian el trmino de la esclavitud de los negros, que de otra suerte no tendr fin a menos que no sea con la destruccin de los blancos. Esto es lo que debe pedirse casi con seguridad de conseguirse del gobierno y sin comprometerse nadie; y as aconsejamos que esto sea lo que se pida: medios y franquicias para aumentar la poblacin blanca y destruir el trfico de negros. Bien conocemos que esto no es todo lo que debe ser, pero es todo lo que puede conseguirse. Al gobierno toca tomar otras medidas como declarar libres los que nacieren en adelante, y otras de plazo ms corto. Deseamos que nuestras observaciones no disgusten unos amigos que por tantos ttulos aprecian. Flix Varela y Thomas Gener.[Domingo del Monte:Centn epistolario, Tomo II, Imprenta El Siglo XX, Habana, 1924, pp. 92-96.]

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331Carta a Jos de la Luz y Caballero, 10 de diciembre de 1834S.D. Jos de la Luz Mi estimado amigo: Sabiendo lo que aprecia a los hombres de mrito tengo el honor de recomendar a U al portador de esta D. Juan Camberes msico enminente, a quien adems puede U introducir como caballero en las mejores sociedades. Es de U su afmo Flix Varela[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 604, signatura o nmero 41.]

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332 Nada ms comn que una gramtica, y nada ms raro que una buena. El Sr. Salv nos ha proporcionado esta prenda inestimable, y cbenos la honra de darla conocer. Sin parcialidad por el autor, aunque digno del mayor aprecio, ni por la obra, aunque nueva y acabada en su gnero, podemos asegurar que ha pasado felizmente entre Scila y Caribdis; pues que ha evitado la rutina fastidiosa de la mayor parte de las Gramticas, y el afectado filosofismo de otras, cuyos autores, consultando una naturaleza ideal, parece que cerraron los ojos, para no observar la obra del Eterno, cuyas lecciones los hubieran conducido resultados ms sencillos y planes ms luminosos. Confesamos con placer, que la simple lectura de algunas de las mximas difundidas en el prlogo de la obra nos previno en su favor, pues desde luego anticipamos que el juicio ms que la imaginacin, la experiencia ms que la teora, y la utilidad ms que la brillantez, haban dictado unas pginas consagradas la ms noble y hermosa de las lenguas por uno de los ms constantes y felices de sus cultivadores. Nada parece ms sencillo algunos, dice el autor, que hacer de un golpe todas las mejoras imaginables de la Gramtica y escribirla de una manera verdaderamente filosfica. As debera ser sin disputa, si mientras el sabio examina en pocas horas los diversos sistemas de una ciencia, y aun crea nuevas hiptesis, no costase muchos aos la mayor parte de los hombres el adelantar un solo paso. El anlisis del lenguaje, de que tantas ventajas reporta la Metafsica, puede ser veces perjudicial, aplicado los elementos para ensear la Gramtica de una lengua. Los que pretenden que los jvenes pueden recibir toda doctrina de cualquier modo, y en cualquiera dosis que se les suministre, se olvidan de las muchas vigilias que les ha costado desenmaraar y poner el claro la de los autores que han ledo.TRABAJOS VARELIANOS PARA LA REVISTA BIMESTRE CUBANA (1832-1834)Resea del libro Gramtica de la lengua castellana segn ahora se habla de D. Vicente Salv (Revista Bimestre Cubana; marzo-abril de 1832)

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333 No olvidemos que hay unos lmites prefijados nuestro entendimiento, como los tiene la ligereza de los ciervos y la fuerza de los leones. Quizs por este motivo, la tal cual perfeccin de las cosas humanas precede tan de cerca su decadencia. El idelogo toma una especie de este idioma, y otra de aquel, y analizando el rumbo y progresos del discurso humano, describe las lenguas como cree que se han formado debieron formarse. Pero al escritor de la Gramtica de una lengua, no le es permitido alterarla en lo ms mnimo: su encargo se limita presentar bajo un sistema ordenado todas sus facciones, esto es, su ndole y giro; y la Gramtica que rena ms idiotismo, y en mejor orden, debe ser la preferida. Estas solas mximas son sin duda el fruto de continuas y acertadas reflexiones sobre el poder creador que alucina, y la mesurada observacin que instruye. Nada se sabe, si nada se practica, y por ms que quiera engalanarse la ignorancia con nombres vanos de una afectada exactitud, deja siempre traslucir su triste origen en la misma inutilidad de sus aplicaciones. La piedra de toque es la experiencia, y el medio de aplicarla es la observacin. Esta doctrina, que hace tanto tiempo forma la base del mtodo en las ciencias, llamadas naturales, ha sido muy poco observada por los fillogos. Entregados al placer de superar dificultades, no advirtieron que las producan, y mientras tomaban por experiencia el sentido ntimo, su parecer de un sano juicio, cuando solo era de una desatinada imaginacin, se erigieron en atormentadores de la juventud, autorizados por los aos, y detestados por la ciencia. Mas el tiempo, que halaga al error permitindole que usurpe y goce los honores de la verdad, al fin le destruye, para escarmiento de la soberbia humana, y ventaja de la filosofa. Si sabemos, es veces porque otros han errado, y los vestigios del error destrudo vienen ser, como los restos flotantes de la nave deshecha, que indican el funesto escollo, para que lo eviten otros. ¡Qu triste cuadro presenta nuestra vista la serie de aos malgastados en almacenar sin orden y con sumo fastidio un frrago de reglas gramaticales, que basta saberlas para no saber Gramtica! Divisiones minuciosas, trminos mal aplicados, preceptos numerosos, excepciones infinitas, contra-excepciones, y contra-contra-excepciones... todo, todo forma en la Gramtica un bosque espeso y tenebroso, que slo penetra la juventud, fuerza de la autoridad de los maestros, el temor de los castigos, y la irreflexin de los primeros aos. Los reformadores de estos abusos han cado en otros no menos lamentables, aunque paliados con el interesante nombre de investigaciones filosficas, cuyo objeto son las lenguas, como se cree que se han formado, que debieron formarse, segn observa con sumo juicio el autor de la Gra-

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334 mtica que revisamos. No solamente los antiguos dmines, sino tambin los idelogos modernos, han estropeado la verdadera Gramtica llenndola aquellos de giros y escondrijos caprichosos y estos de vanas abstracciones, que de simples pasan tontas: y acaso el clebre maestro del duque de Parma no se presenta al observador filsofo de una manera ms favorable, que aquel antiguo Orvilio, bajo cuya frula se form el taimado y penetrante Horacio. Efectivamente, desde que Condillac estableci su carpintera filosfica, en que su sabor, divide, rene, angosta, rebaja, contornea, pule y acaba, ora ideas, ora juicios, ora discursos, cual pudieran formarse bancos, mesas, estantes y otros muebles, llevando al extremo su sistema de sensaciones: desde que el fcil y claro, pero locuaz y minucioso Desttut Tracy dio cierto aire de misterio las ms frvolas observaciones, parece que la Gramtica se ha convertido para muchos en el conocimiento de la lengua de un pueblo ideal, sin que pueda corresponderla el juicioso ttulo de “Gramtica de la lengua castellana, segn ahora se habla” que tanto recomienda la obra de que nos ocupamos. Dijo muy bien aquel Sneca juicioso, que la ignorancia de ciertas cosas forma gran parte de la sabidura; pues parece que los hombres dedicados crear las ciencias, y aprenderlas, yacen en el profundo sueo del error al silbo funesto de la sirena del orgullo; y mientras unas generaciones acusan otras de inertes y poco apercibidas, la naturaleza se burla de todas, ya ocultando el verdadero principio de las cosas, ya probando la inutilidad de conocerlo. ¡Cunto se ha escrito sobre el origen del lenguage! ¡Con cunta prolijidad se han seguido los pasos de la infancia, y el desarrollo de la juventud para indicar el origen de las ideas, los fundamentos de la Gramtica general y sus aplicaciones la particular de cada idioma! Pero, son exactas las observaciones? Lo son las inferencias? Y puesto que todo sea exacto podr su conocimiento conducir al de la lengua de un pueblo determinado? ¡Ah! Las lenguas son hijas del capricho, ms que de la reflexin, y de la casualidad ms que del clculo. Lejos de nosotros la vana pretensin de la singularidad: no se crea que con un ridculo y osado pirronismo, desconocemos el mrito de las investigaciones, y pretendemos marchitar los laureles recogidos en el campo de las ciencias por genios que su tiempo admir y la posteridad venera; pero sanos permitido aplicar el ne quid nimis respecto una aparente sencillez, principio a veces de grandes confusiones. Creemos que el autor lo ha aplicado con acierto, y que el anlisis de la obra aprobar nuestra opinin. Comprende la Etimologa, Sintaxis, Ortografa y Prosodia, tratadas sin un laconismo que produzca oscuridad, y sin una difusin que cause fastidio.

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335 Tuvo sin duda el autor, muy presente la observacin de Horacio: Brevis esse laboro, obscurus fio. Sectantem Lenia, nervi dificiunt, animique. Professus grandia turget.... y parece que todo su empeo ha sido conducir al lector por el camino que siempre ha trillado, hacindole observar aqu y all los defectos y belleza con sumo tino y sagacidad. Lese esta Gramtica sin parecer que se aprende; pues no se atormenta la memoria con voces raras, ni el entendimiento con reglas abstractas. Excusado es decir que no pudo reducirse un volumen muy pequeo, si bien no es tan extensa que arredre los lectores. Ha evitado el autor un gran defecto de otras Gramticas que se reducen un conjunto de reglas aisladas que bastan para recordar al que ya sabe, mas no para instruir al principiante. Empieza por unas juiciosas observaciones sobre la lectura, notando la naturaleza y uso de los acentos, pero con suma prudencia para no avanzar reglas que seran poco perceptibles sin otros conocimientos. Observamos que ha erigido en regla con bastante razn lo que el uso tiene recibido con generalidad en Castilla, y casi en toda Espaa; esto es, que la d no suena, apenas suena entre a y o al fin de diccin: v.g. quemado, pronuncindose quemao. Sin embargo, creemos que esta regla no puede extenderse censurar como defectuosa la pronunciacin contraria; pues que ha sido en otro tiempo la legtima espaola, y es en el da la de todas las partes de Amrica, donde se habla nuestra lengua. Sin duda, un defecto al principio de la pronunciacin del vulgo se ha llegado extender la parte culta de la sociedad, y formar el que puede llamarse uso, quem penes arbitrium est et just et norma loquendi; mas no es tan universal que baste destruir el uso contrario, conversando por muchos millones de individuos. A la verdad que en algunos casos suena muy mal, por lo menos nuestros odos, la pronunciacin de los actuales castellanos. Quin sufre amao esposo, en lugar de amado esposo? Parcenos una portuguesada completa. Convenimos en que pronunciando la d resulta el sonido menos suave, pero es ms distinto, y se asemeja menos a la pronunciacin de un balbuciente. Evtese adems una imperfeccin en el idioma, cual es escribirse de un modo y pronunciarse de otro, como ya nos sucede respecto de la h que bien podra desterrarse del alfabeto espaol con solo alterar la Ortografa. Merece, no obstante, nuestra aprobacin la regla introducida por el autor, que no hemos ledo en otro alguno, puesto que se propone darnos la Gramtica de la lengua, cual ahora se habla. Todos los castellanos dicen tratao, y tratao ha de ser, que no tratado, aunque mil autores escriban lo contrario. Dcenos con una suma prudencia, que la d no se pronuncia, apenas se pronuncia entrea y o al fin de diccin, como para indicarnos que debiera pronunciarse, aun-

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336 que no tan fuerte como en otros casos; pero l sabe mejor que nosotros, que apenas se encontrar un castellano que deje percibir la d, pronunciandoquemado otra palabra semejante. A estas nociones sigue un artculo sobre las partes de la oracin, en que ha procurado el autor no complicar las reglas, interpolando excepciones, que slo se encuentran manera de notas. Nos ha parecido muy conveniente este mtodo, que ya hubiera observado Heinecio; pues la lectura no interrumpida sirve para fijar las ideas, y percibir el plan de la obra. Nos parece muy exacta la definicin del nombre, diciendo que es la voz que significa un ser cualidad, y que es susceptible de nmero y gnero; mas quisiramos que hubiese terminado en la palabra cualidad, por razones que alegarmos cuando indiquemos los descuidos que hemos notado en esta obra. Lo mismo decimos de la definicin del verbo, que, segn el autor, es la parte de la oracin, que, expresando la accin, estado o existencia de las personas de las cosas, se conjuga por modos, tiempos y personas. Desearamos que la definicin terminase en la palabra personas, poniendo expresa, en lugar de expresando. Presenta el autor con bastante claridad la conjugacin de los verbos y sus irregularidades. Sobre este asunto es muy importante una pequea nota (pgina 76) en que observa el autor que tanto en las lenguas antiguas, como en las modernas, son casi unos mismos los verbos irregulares, proviniendo de su frecuente uso, el cual los gasta, ni ms ni mnos que las cosas materiales. Por eso los verbos haber y ser son siempre los ms irregulares. Efectivamente, si consideramos que la irregularidad proviene del capricho, es fcil inferir que este ha sido mayor en los verbos que se han usado ms, dicindose lo mismo de los nombres; pues como observa el autor, los ms comunes, como Jos, Francisco, han recibido ms transformaciones, v. g. Pepe, Pancho. Debe, sin embargo, notarse que las alteraciones en los nombres no han destrudo el primitivo, antes se tienen nombres como de confianza, de los cuales jams se usan, hablando de los nombres de personas de respeto, en discursos serios; ms las alteraciones en los verbos pasan ser reglas, destruyendo la conjugacin ordinaria. Siguen despus algunos verbos de su conjugacin particular, v.g. adquirir, andar, y esta parte nos ha parecido muy til, pues solo familiarizndonos con toda la conjugacin de dichos verbos, podrn evitar errores de lenguaje, en que vemos caer aun muchos que creen saber nuestro idioma. Sguese una utilsima lista de los verbos, que tienen dos participios de pretrito, igualmente recibidos, y termina el tratado de la Etimologa por un captulo sobre las partculas indeclinables, sin omitir nada interesante.

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337 Dice el autor en una nota, que imitacin de algunos extranjeros que han escrito gramtica espaola en sus lenguas, l ha dado el nombre de futuro condicional de indicativo al tiempo acabado en ra, como amara, que hasta ahora se ha tenido por pretrito imperfecto de subjuntivo. Nota que trae su origen del infinitivo y el auxiliar haber, pues los antiguos decan,cantar haba o ha y, y nosotros cantara: observa igualmente que dicho tiempo puede resolverse por el habia de del infinitivo, v.g. que se anunci que cantara,” esto es, “que haba de cantar”. Advierte, por ltimo, que tiene las mismas anomalas que el futuro de indicativo, y as parece que es de la misma naturaleza. Poco interesa que el tiempo acabado en ia se llame de indicativo subjuntivo, si en ambos casos sugiere una misma idea, y exige un mismo regmen gramatical, y as no impugnamos esta innovacin, ni la sostenemos. El condicional siempre es futuro, y siempre es subjuntivo, esto es, siempre va unido otro, del cual depende. Cuando se presenta por s solo, nos deja en suspenso, deseando saber la condicin de que depende: si decimos, v.g. “tendramos mucho dinero”, el que oye espera que digamos en que caso bajo qu condicin le tendramos, y as este tiempo depende de otro, aunque tcito. Recordando el origen latino de la palabra subjuntivo, que casi no est alterada, conoceremos que la cuestin es de nombre. Viene de subjungere, compuesto de sub y jungere, esto es, debajo y unir; de modo subjungere es unir debajo. Por tanto, siempre que un tiempo se halle precisamente unido otro, que debe precederle, no puede menos de ser subjuntivo; y tambin futuro, pues dicho antecedente aun no existe. Ambas circunstancias concurren en el tiempo acabado, en ia, segn hemos observado, y as creemos que es un verdadero futuro de subjuntivo. Nada obsta que atraiga su origen del infinitivo con el auxiliar haber, pes este le da el carcter de futuro y de subjuntivo; pues cuando se dice cantar conviene todos tiempos o es infinitivo; mas diciendo cantar haba, se indica un futuro, que igualmente es subjuntivo, porque supone otro verbo, que forme una oracin precedente, v.g. “me dijo que cantar haba”. Este ejemplo acaso prueba que el futuro cantarano es condicional, pues se resuelve en cantar haba, que no expresa, ni supone condicin, antes parece indicar una promesa absoluta. Convenimos en que todo condicional es futuro, mas no al contrario, y dudamos que siempre lo sea el acabado en a, pues veces aun excluye toda condicin; y v.g. “le dije ayer que vendra”, esto es, “que le dije ayer, vendr;” pues el que habla se supone en el da en que habl, esto es, ayer, y su exposicin no es ms que un recuerdo de la absoluta, de que us entonces.

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338 Acaso pareca extrao que algunos gramticos hayan considerado este tiempo como pretrito, y otros como futuro; mas todo se aclara, si consideramos las circunstancias y tiempos que se imaginan. Si decimos v.g. “el aire entrara, si rompiesen los cristales de la ventana”. Unos gramticos se suponen existiendo en el momento en que habiendo sido rotos los cristales, empieza a entrar el aire, y as consideran el tiempo entrara, como posterior otro que acaba de pasar, esto es, como pretrito perfecto. Otros se figuran que estn presentes cuando se profiere la proposicin anterior, y entonces ciertamente es futura la entrada del aire. Todos dicen bien, y as nada decidiremos en cuanto la exactitud de la doctrina; pero si nos inclinamos caminar por la senda trillada, aplaudimos la imparcialidad, con que el autor se expresa en otra de sus notas. (N. 52.) Si quisiramos indicar todo lo que merece nuestra aprobacin en la segunda parte, que trata de la Sintaxis, incurriramos en una prolijidad fastidiosa, y acaso para evitarla, no atinaramos en dar la preferencia lo que dijsemos, sobre lo que dejsemos de decir. Bstenos asegurar que en ella se hacen notables la exactitud, la claridad y el mtodo, con una abundancia de ejemplos, juiciosamente escogidos, y observaciones imparciales que demuestra veces los descuidos de los autores ms clebres, sin rebajar su mrito, ni desconocer sus servicios. Como la ignorancia siempre es atrevida, y la soberbia siempre es baja, pusieron ambas en ejercicio varias plumas, ciertamente malhadadas, cuyas horribles composiciones procuraron elevarse a la dignidad clsica, por medios muy rastreros, que solo sirven de oprobio los que tuvieron la imprudencia de emplearlos. No son estos monstruos los escollos de la juventud, pues el vicio manifiesto lleva la correccin consigo mismo: y as el autor de esta nueva Gramtica no ha hecho caso alguno de ellos, dirigindose nicamente objetos dignos de consideracin por su indudable mrito y fama bien fundada. Merece la pena el borrar ligeras manchas en rostros muy hermosos; pero se malgasta el tiempo en mejorar los feos, que siempre lo sern, y vale ms conservarles su derecho al ridculo. Lo que ms recomienda la Gramtica del Sr. Salv es la noble franqueza y loable osada con que se notan en ella los defectos cometidos por los que podemos llamar genios de la lengua espaola. Conviene mucho evitar que la veneracin sirva de velo al error, y que unos defectos, cuyo origen es acaso una distraccin, lleguen arraigarse en el hermoso campo de las ciencias, por timidez del cultivador, que no se atrevi tocarlos. Lejos de complacer los verdaderos liberatos este disimulo de unos defectos que no los degrada, lo consideran como una prueba de la idea mezquina como se ha formado de su generosidad. Mira el sabio sus descuidos

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339 como el sueo, que le obliga la naturaleza, y en que suele divertir sus compaeros, que al fin lo despiertan, ren todos, y reina la armona, como el polvo que cay sobre diamantes, y fue disipado al sueo benfico de la amistad, para que aquellos aumentasen su brillo y ostentasen su riqueza. Tal es el gran servicio que ha hecho la juventud la Gramtica de Salv. Los italianismos del dulce y encantador Garcilaso, no menos que las violentas colocaciones del grandioso Jovellanos y del ameno Quintana, sirven los jvenes de alarma, para que viendo cados a los grandes maestros, atiendan cuidadosamente percibir los obstculos, y no desprecien los consejos de la experiencia, en la peligrosa carrera de la literatura espaola. Es nuestra hermosa lengua como aquellos rganos delicados que form la naturaleza para manifestar su poder y variada sensibilidad, pero que se resientan de la menor injuria. Un polvo imperceptible ofende la vista: una lijera disonancia atormenta el odo; mientras que el duro cutis de las manos recibe sin pena impresiones ms fuertes. A esta manera otros idiomas conceden a sus escritores muchas libertades, que la rigurosa madre espaola condena en los suyos, imponindoles, un prudente silencio, un castigo merecido. Todo es difcil escribiendo en castellano: aqu las vocales no hermanan y disgustan; all dos consonantes como que tropiezan y rien; ora parecen violentos los incisos, ora el perodo pierde su armona. Ocurrimos cuidadosos a enumerarlos... vense las marcas de la lima, y se manifiesta el arte. Invertimos la colocacin, y como que volvemos las palabras para ocultarle... querllase el pensamiento, porque le presentamos dbil. Substitumos otras voces... resintase la presicin del estilo. Buscamos otras... mas no tienen el sello de la antigedad, y tememos la frula de una purista... Deslzase la pluma de la mano, fastidimonos del perodo, y le dejamos para momentos de ms feliz inspiracin... Volvemos a emprenderlo, dejamoslo otra vez; y slo al cabo de repetidas alteraciones y de ensayos numerosos, quedamos, no satisfechos, sino menos disgustados. No debe sin embargo arredrarse la juventud vista de tantas dificultades, pues la mediana es un grande honor, en materias en que la perfeccin es muy rara. Tiene adems el trabajo la gran virtud de premiar a sus amantes con ddivas oportunas, que siempre los recrean, pero jams los alucinan; pues son muy bisoos en la carrera del saber, los que los creen limitndose en algunos de sus ramos. Por la invencin del juicioso y modesto nombre de Pitgoras, que lo contrariaba tras un velo, que cubra ms su malicia, que su persona, comunicse por medio de sus favoritos, el degradante magister dixit una turba de discpulos fascinados, que crey dirigirse al templo de la sabidura por el camino de la insensatez. ¡Puedan nuestros jvenes ms apercibidos merecer aquel ilustre nombre en el interesante estudio de su

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340 lengua, cultivada en otro tiempo con el mayor esmero, y ahora abandonada la merced del pueblo irreflexivo! Mas volvamos a la Gramtica de Salv. Son muy exactas las observaciones sobre los artculos, principalmente en cuanto al uso de la y lo; pues, como dice el autor, no hay duda que debe ponerse la con el acusativo, v.g. castigarla; pero no con el dativo, esto es, cuando hay otro nombre, sobre que recae la accin, v.g. as que vi nuestra prima, le di esta buena noticia. “Con todo, dice es muy frecuente en el lenguaje familiar el uso del la y las particularmente en Castilla la Vieja y la provincia de Madrid”. Conviene advertir a los principiantes que hay muchos verbos, que piden este pronombre femenino, ya en acusativo, ya en donativo, segn es no el trmino de la accin del verbo. Diremos: la aconsej que se arrojase, y le aconsej tal cosa, porque estas oraciones, vueltas por pasiva, dirn: ella fue aconsejada por m, que se arrojase, y tal cosa fue aconsejada por m a ella”. “Algo ms dudoso est el uso de los doctos respecto del pronombre masculino; y si bien hay quien dice siempre lo para el acusativo, sin la menor distincin, y le para el dativo: lo general es obrar con incertidumbre; pues los autores ms correctos, que dicen adorarle, refirindose a Dios, solo dirn publicarlo, hablando de un libro. Pudiera conciliarse esta especie de contradiccin establecindose por regla invariable usar del le para el acusativo, si se refiere a individuo del gnero animal, y de lo cuando se trata de cosas, que carecen de sexo, y de las que pertenecen a los reinos mineral y vegetal. Quisiramos que el autor solo hubiera dicho las que pertenecen al reino vegetal; que las del mineral estn includas en las que carecen de sexo, y es una redundancia. “Debemos de usar tambin delle y no del lo, si est delante de la reduplicacin se en las frases de sentido pasivo v. g. en el reino de Valencia se coge mucho esparto y se le emplea para sogas. Los parece el acusativo ms propio del plural, v.g., los aniquilaron, locucin que es indispensable, aunque no sera ni una...” Creemos que la regla precedente no es tan universal, como lo establece el autor, pues hay infinitos casos en que no se pone les, aunque preceda se, v.g. tena muchos doblones, y se los robaron todos; no podamos decir, se les rob. Tom varios anillos y se los puso todos; no diramos se les puso todos. El mismo ejemplo de Quintana sera muy propio si se refiriese otro objeto; v.g. el ladrn percibe que hay peligros en la empresa; mas por grandes que se los suponga, no le arredra su idea, porque le ciega el inters. Inferimos pues, que la regla debe limitarse a los nombres masculinos femeninos por significar individuos de algn sexo, usando de los las despus de se. Acaso en este sentido del autor, aunque expresado de manera que indica que es universal la regla, y que sirven como ejemplos de ella los casos, en que se emplean los pronombres masculinos femeninos, por significar individuos

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341 de algn sexo. En tal caso podra hacerse una lijera inversin del modo siguiente: Locucin que es indispensable retener, cuando precede se al verbo, refirindose personas del gnero masculino femenino, que solo est bien dicho, se les acus y se las acus”.Es igualmente acertada la observacin sobre la impropiedad en usar del pronombre ese, en lugar de aquel. Llama el autor andalucismo este defecto, y lo nota en la Potica de Martnez de la Rosa (p. 369), cuando dice: “Son como esas plantas, que nacen al arrimo de otras...” y en la p. 370: “Este pegadizo importuno... es el defecto de ese drama”. Ese es cabalmente, dice Salv, el pronombre que menos debe ocurrir en los escritos y el que menos dificultad ofrece en su uso; pues nunca lo empleamos, sino en el dilogo, cuando el autor lo forma en cierto modo con el que lee, y personificndole, casi le dirige la palabra, respondemos, “eso ya lo saba”. No permiten los estrechos lmites de un artculo presentar todos los pasajes, en que se hace notable el autor por sus sensatas observaciones sobre la sintaxis; pero no omitiremos un justo elogio los tres ltimos captulos, que contienen doctrina sobre el estilo castellano actual, y los arcasmos. Nada ms necesario, ni ms bien desempeado; pues ha conseguido presentar con suma sencillez “dos vicios que deben huirse igualmente en toda lengua viva: incurren en el uno, los que estn aferrados los escritores clsicos, que nos han precedido, que no creen pura y castiza ninguna voz, si no est autorizado por ellos; y el otro, que es el ms frecuente, como que se hermana ms con la ignorancia, consiste en adoptar sin discrecin nuevos giros y nuevas voces, dando a las cosas que ya conocieron, y llamaron por su nombre nuestros antepasados, aquel con que nuestros vecinos les parece designarlas ahora”. Evitados estos dos vicios se vera libre la literatura espaola de una multitud de puristas impertinentes, que sin acordarse de que el lenguaje es obra de los hombres, y debe ceder a la voluntad general, nos atormentan con observaciones fundadas en el descubrimiento de voces de antao; que pasaron con la generacin que las invent, y ningn derecho tiene que reclamar contra la presente. Tambin nos liberaramos de los caprichos, ms bien de la ridiculez de la Francia espaola si se quiere la Espaa francesa, que tanto lleg dominar no ha muchos aos, ms por fortuna va decayendo y pronostica muy corta duracin, como sucede los monstruos. No creemos que hay mucha semejanza entre nuestra lengua y la francesa; pero al fin algo se parecen, y esto basta para que una ridcula admiracin haya encontrado fundamento para introducir palabras, frases y construcciones totalmente francesas quitando toda su hermosura el noble lenguaje castellano.

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342 El autor indica muchas frases del siglo XVI que ha consideran anticuadas, y sera absurda pretensin de revivirlas. Opnese al Diccionario de la Academia, que considera como tales muchas voces, solo porque son de poco uso, no tienen ya un equivalente. Nota muy bien que varias voces de que usaron nuestros clsicos, seran hoy miradas como galicismo, v.g. afamado por hambriento, defender por prohibir, etc. A este modo hace otras indicaciones utilsimas que prueban lo mucho que se ha penetrado del genio del idioma antiguo y moderno, ahorrando a la juventud el gran trabajo de una dilatada lectura, y penosa comparacin de innumerables autores. Una de las principales causas de la corrupcin de nuestra lengua es la multitud de traducciones que ella se hacen de obras escritas en idiomas de un carcter sumamente opuesto. La gran dificultad del negocio y la falta de instruccin en los traductores han introducido insensiblemente, no slo voces, sino frases y aun giros en los perodos, que veces nos hacen desconocer la lengua de los Cervantes y Saavedra. Para ocurrir a este gran mal, traduce el autor, como por ensayo, la introduccin al “Sicle de Louis XIV,” ajustndose al giro francs sin faltar a la propiedad castellana. Presntanos despus una traduccin del mismo texto, segn el estilo, que podemos llamar del da, para que se note la diferencia, y se eviten los defectos, siendo uno de los mayores el montono clausulado que tan mal se amalgama con la pompa y majestad de la lengua castellana. Tradcenos tambin un pasaje de la vida de Alfieri para que evitemos los italianismos, en que es tan fcil caer por la mayor semejanza de las dos lenguas: y ltimamente traduce un rasgo de Nume, para hacer notar hasta qu punto puede aspirarse la exactitud en las traducciones del ingls al espaol. Confesamos, sin embargo, que ha escogido un autor, y un pasaje de los ms parecidos en su estilo al de nuestra lengua. Sigue un hermoso paralelo entre el estilo de Cervantes y el que debe observarse actualmente; pues sera muy ridculo el autor, que escribiese imitando al Quijote, y solo conseguira el desprecio por los mismos medios, que grangearon a Cervantes tanta gloria. Quiere el tiempo que obedezcamos sus rdenes irrevocables, y castiga severamente a los que intentan detenerle su carrera. Bstenos decir sobre el captulo de los arcasmos que se presentan con brevedad sencillez y exactitud en slo cuatro pginas, que bien valen un volmen. Dice muy bien el autor que “no ha sido casualidad, ni inadvertencia de los autores que han escrito gramtica el no haber tratado ninguno de ellos esta materia sin cuidadoso estudio, nacido del conocimiento de su delicadeza y de sus espinas. Porque las tiene, en efecto, el sealar las pequeas y casi imperceptibles particularidades, que varan la diccin de un mismo idio-

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343 ma en distintas pocas”. Debemos sin embargo, felicitarle por haber manejado con tanto tino este difcil negocio, sin punzarse con tantas espinas. El tratado sobre la Ortografa, aunque muy recomendable en su totalidad ofrece pocos puntos, que llamen la atencin, no ser las observaciones sobre el uso actual de la b y de la v; pues esa ha perdido mucho, mientras aquella ha ganado: sobre la utilidad de conservar la x en los nombres propios como Xenofonte, reprobando el uso de escribir Jenofonte; y sobre las siguientes reformas, a que el autor propone: “1.aUsar, para la conjuncin y, igualmente que para todos los diptongos en que entra la i, de esta vocal y nunca de la y, cuyo oficio no debe ser, sino el que corresponde una consonante. 2.aComo la r es siempre doble al principio de diccin, y parece por tanto que no puede empezarse slaba por ella, tal vez convendra, cuando es suave, seguir la prctica de los que dividen las slabas, unindola con la vocal que precede, v. g. car-o, dur-o. 3.aLa rr, como que es una sola letra, nunca deba partirse al fin del rengln por la misma causa, que no separamos la ch, ni la ll, y ya que dividimos as a tacha, ca-ba-llo, tambin debiramos silabear a-rrebol, ca-rro.4.aLa acentuacin quedara mucho mas simplificada, no acentuando ms monoslabos que los pocos que requieren para distinguirse de otros de distinto significado, por constar slo de un diptongo, y pronunciarse el acento en la segunda de las dos vocales. No es menos interesante la Prosodia, en que se explican con la mayor claridad todas las reglas, sin darles aquel orden mecnico que suele observarse en otras obras. Es muy juiciosa la observacin del autor sobre la Poesa antigua, y su diferencia de la moderna. “Se tiene generalmente la idea de que los antiguos medan sus versos por pies, cuyas slabas deban ser de una cantidad determinada, y que en los versos que admitan variedad en sus pis, poda resultar mayor nmero de slabas en uno que en otro; mientras que los modernos estn por el contrario, atenidos al nmero estricto de slabas, sin cuidarse nunca de la mayor menor pausa en su pronunciacin. Pero poco examen se necesita para conocer que la mayor parte de los versos de los antiguos, aunque en distinto nmero de slabas, tena uno mismo de tiempo si por cuanto el exmetro, por ejemplo, no pudiendo constar sino de seis pis, dctiles, espondeos, precisamente ha de resultar de veinte y cuatro tiempos, siendo de cuatro as el espondeo como el dctilo. Lo propio sucede entre nosotros, pues el verso octoslabo, y lo mismo puede decirse de cualquiera otra especie de metro, puede estar cabal con siete slabas, si es aguda la ltima: con ocho, cuando se halle el acento en la penltima: con nueve, si concluye por esdrjulo; y con diez tambin en mi opinin, si el acento est en la cuarta slaba ntes del fin”. As se expresa el autor, y le creemos bien fundado.

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344 Manifestadas las bellezas, que tanto nos deleitan en la obra que hemos analizado, permtasenos indicar algunos ligeros lunares, que minoran su gracia, y que no dudamos corregir el autor, en cuanto creyere fundadas nuestras observaciones. Empieza presentando el alfabeto espaol, y al canto la pronunciacin de cada letra por medio de una slaba, v.g. B-b...be. Hh...ache, J-j... jota. Si el principiante no sabe pronunciar b.c.h,j. menos sabr pronunciar be, ce, ache, jota, en que entran dichas letras, y en vez de ensearle la pronunciacin vista de estas combinaciones de letras, que le confunden, vale ms presentarle limpiamente a,b,c. Podra el autor omitir toda la tabla alfabtica, sin que perdiese cosa alguna su Gramtica. Desearamos se hubiese omitido en la pgina 7 el prrafo en que dice el autor que no tratar de la letra gtica semi-gtica; pues quisiramos que los jvenes encontrasen en la Gramtica lo que deben aprender, y no lo que no se quiere ensearles. Estos y otros descuidos semejantes provienen del deseo de evitar la crtica de los profesores, a quienes convendra olvidar teniendo solo presente los discpulos. Con dificultad pueden conservarse en la memoria los innumerables diptongos que se expresan en la pgina 8, y valdra ms indicarlos en trminos generales. En varios pasajes supone conocida la significacin de voces que no se han explicado, y que acaso no se explican en la obra, como en la pgina 9 en que se dice que el acento est en la penltima si es la persona de algn verbo terminado en n; y aun no se ha dicho qu son verbos, ni qu son personas. En la pgina 14 se comete el mismo defecto, diciendo que carecen de plural los infinitivos de los verbos, sin saberse aun lo que es infinitivo. En la pgina 49: “pero si la reduplicacin est en dativo, por hallarse adems un acusativo en la oracin, etc.” sin haber dicho lo que es dativo en parte alguna, aunque s lo que es acusativo en una nota que se halla en la pgina 13. En la pgina 12 reduce las partes de la oracin, indica sin necesidad las suprimidas, cuyos nombres nada interesan por entonces al discpulo, y bien fatigan su memoria, excitan una curiosidad que no queda satisfecha. Valdra ms poner como nota la extensa lista de nombres que solo tienen plural, que se halla en la pgina 15, dndole un aspecto aterrador para los principiantes, que ms bien sufren estos catlogos cansadsimos y fastitiodsimos, aunque tiles, cuando se presentan como cosa accesoria. En la pgina 27 se dice que en castellano se necesita para la formacin del comparativo de un rodeo que excusaban la lengua griega y latina, y que excusan hoy da algunas lenguas de Europa. En la pgina 419 se entra en la averiguacin de la causa que tienen los italianos para no fijar la semi-rima, y se hace una ligera observacin sobre la naturaleza de los verbos ingleses, empleando casi dos prrafos. Todo esto es intil; pues los discpulos no estn aprendiendo ni griego, ni latn, ni ninguna

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345 de las lenguas extranjeras. En nada debe ponerse ms cuidado que en no avanzar nociones innecesarias, cuando nos proponemos ensear. Notamos una especie de redundancia en el lenguaje de la regla siguiente: pgina 27. Podra decirse que el superlativo se forma aadiendo al positivo la terminacin simo: pero quitndole la vocal, si acaba por ella. Tenemos igualmente algunos reparos contra varias definiciones del autor. En la pgina 12 dice: los gramticos reputan por nombres las voces, que significan un ser calidad, y que son susceptibles de nmero y gnero. Esta ltima clusula es redundante, aunque usada por todos los gramticos, pues la naturaleza del nombre queda suficientemente explicada sin ella, y la brevedad es lo principal en una definicin. El ser susceptible de nmeros y gneros es una propiedad y aun podremos decir una consecuencia del objeto, que se refiere el nombre y si pretendisemos indicar todas sus propiedades, escribiramos un tratado difuso para explicar o definir cada nombre. Parcenos adems que en el pasaje en que se halla la definicin, poda haberse omitido la ltima clusula por no haberse aun dado idea de nmeros y de gneros. Decimos lo mismo sobre la siguiente definicin del verbo: es aquella parte de la oracin que expresando la accin, estado existencia de las personas las cosas se conjuga por modos, tiempos y personas: debi omitir desde “se conjuga”. Para que no se crea que es un exceso de rigor de nuestra parte, una afectacin de exactitud filosfica suplicamos a nuestros lectores que se figuren que han perdido todos los conocimientos que poseen, y que se hallan en el estado de un joven que empieza, y que por no saber ni aun sabe la Gramtica de su lengua. En este estado puede el entendimiento percibir de golpe, por lo menos con una cortsima explicacin, lo que quieren decir las voces: calidad, accin, existencia, pero no percibir tan fcilmente el significado de las palabras: nmeros, gneros, modos, tiempos y personas; que aunque son tan claras como los precedentes, su mera colocacin en las definiciones indican que estn tomadas en un sentido que aun no se comprende; por lo menos se duda si se ha comprendido. La niez y la juventud en sus primeros aos necesitan muy poco para fastidiarse, y nada produce este efecto con ms prontitud que la complicacin de voces. Mientras menos se hable enseando, tanto ms progresa el discpulo ni afortunadamente atina el maestro no omitir nada necesario. Nuestro autor ha tenido esta fortuna en la mayor parte, y aun casi diremos en la totalidad de su obra; y l mejor que nosotros, podr limarla y ofrecer la juventud la segunda edicin, mucho ms perfecta. Es imposible que una obra salga luz por primera vez sin algunos ligeros descuidos, mucho ms cuando el autor la presenta solo como un primer ensayo, de que el mismo desconfa, convidando con suma modestia y generosidad todos los amantes de la literatura, que le indi-

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346 quen los defectos que notasen. Por nuestra parte creemos que en justicia debemos explicar esta apreciable obra los juiciosos versos de Horacio: Non ego paucis Offendar maculis, quas aut incuria tulit Aut humana parum cavit natura.

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347Teologa natural o demostracin de la existencia de los atributos de la divinidad, fundada en los fenmenos de la naturaleza. Por W. Paley, Doctor en Teologa, traducida a la lengua espaola por el Dr. Don Jos Lorenzo Villanueva de la Academia Espaola y de la Historia. Un tomo en cuarto. Londres 1825.El Presbtero Dr. Don Jos Lorenzo Villanueva que tantos ttulos tiene al aprecio nacional, no menos por sus esclarecidas virtudes que por sus distinguidos talentos y asidua laboriosidad ha hecho el ms eminente servicio a la moral, a la religin y a nuestra literatura, traduciendo al espaol la presente obra, con tal pureza, correccin y elegancia de estilo y lenguaje, que no dudamos considerarla acreedora a que se la coloque entre nuestros ms distinguidos clsicos; casi dndole adems al Seor Villanueva el relevante mrito de haber vencido los gravsimos inconvenientes con que ha tenido que luchar en posicin tan desventajosa, por lo profundo y delicado que es el asunto de suyo, y porque jams se ha tratado bajo forma tan nueva y original en nuestra lengua. ¡Cunto no ganara sta y la civilizacin si en lugar de esta caterva de traductores que no menos estragan en el gusto que corrompen las costumbres con sus bastardos escritos a destajo, hubiese muchos Villanuevas que la enriqueciesen e ilustrasen cada da con sus producciones cientficas y literarias! La impiedad por lo comn medra a la sombra de la ignorancia y del falso saber: por eso fu que viendo el Doctor Paley el progreso que haca aquel monstruo, quien con su pernicioso aliento infestaba la clarsima fuente de las costumbres, atacando en sus bases los principios de moral y religinTRABAJO INDITO DE FLIX VARELA EN EL QUE SE ANALIZA LA OBRA DE W. PALEY TITULADA “TEOLOGA NATURAL O DEMOSTRACI"N DE LA EXISTENCIA DE LOS ATRIBUTOS DE LA DIVINIDAD, FUNDADA EN LOS FEN"MENOS DE LA NATURALEZA” PUBLICADO EN 182511 Trabajo indito del Pbro. Felix Varela y Morales, cuyos originales obran en nuestro Archivo Nacional preparado seguramente para ser enviado a la Revista Bimestre Cubana el 17 de julio de 1832.

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348 con que amenazaba destruir el orden social, osa acometerle en su propio terreno y batirle con las armas que le suministra una sana filosofa. No se presenta en la arena con lanza en ristre cual un campen que amenaza con la muerte al que se oponga al smbolo de su esencia: otros son los principios de nuestro autor. A fuer de ilustrado y amante de la humanidad, no quiere violentar, sino convencer al entendimiento. Se constituye en abogado del Ser Supremo y defensor de su divina existencia, no para que nos amedrentemos cual viles esclavos ante su augusta presencia, sino para que conociendo sus atributos, admiremos su supremo poder, sabidura y bondad infinitas y le tributemos el homenaje debido por la beneficencia con que incesantemente nos atiende. Bien penetrado de la difcil tarea en que se empeaba, pues comprendi muy bien el espritu de su siglo, quiso prepararse antes de acometerla con vastos y profundos estudios que le proporcionasen gran copia de conocimientos en varios ramos de las Ciencias Naturales, para demostrar por el simple anlisis de cualquiera de los objetos a que se refieren “el designio de la obra y por consiguiente la existencia de su autor”. No la trat cual los ascticos en un lenguaje mstico que slo expresa los xtasis y puras emociones del corazn, tiles acaso para quien se sienta inspirado de ellas, mas perdidas para el resto de los hombres; tampoco se empe en demostraciones metafsicas que considerando la existencia de Dios y cuanto tratan por meras abstracciones, confunden ms bien que aclaran nuestras ideas, sin que adelantemos un pice despus de haber agotado nuestro cerebro en el conocimiento de la esencia divina, ni naturaleza de los objetos a que se contrae. As es que, al nivel de la poca, quiso que sus investigaciones fuesen sobre objetos positivos abarcando para esto la naturaleza entera, cuyo rgimen y sistema comprendi perfectamente, segn lo indica el anlisis que nos hace de todas y cada una de sus partes. No slo conoci, cual experto anatmico y profundo fisilogo, la estructura y funciones del cuerpo humano y de otros varios animales, sino que internndose, por as decirlo, en las miras del Ser Supremo descubre los motivos o causas finales de haber adoptado en la conformacin de nuestro cuerpo por ejemplo tales medios, ms bien que otros. De suerte que esta parte de su obra puede considerarse como un curso de Anatoma Comparada y Racional en la que expone con suma perspicuidad el plan tan vasto como sencillo de las leyes que rigen el mundo viviente. No menos profundo le encontramos en la Botnica cuanto trata de las plantas, investigando con exquisita sagacidad las ms delicadas relaciones que tienen entre s y con el resto de los seres que pueblan el mundo; de cuyo anlisis deriva el designio del Autor Supremo en la conservacin de seres

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349 tan varios y bellos como forman el reino vegetal, proveyndolos con suma previsin de medios que resistiesen los ataques a su conservacin lo que prueba no slo la existencia del Supremo Autor sino su benevolencia infinita. Tan modesto como sabio confiesa al tratar de los elementos nuestra ignorancia sobre su organizacin, pero consolndonos al mismo tiempo porque considera que no nos es necesario el conocimiento de su constitucin, sino bastan el de algunas de sus propiedades aplicables a las necesidades de nuestra vida; sobre lo cual presenta las ms profundas ideas en las Ciencias Fsicas manifestndolas no inferiores en las Matemticas sublimes y trascendentales, cuando enseguida trata de la Astronoma sin perder nunca de vista el objeto primordial a que se contrae su obra y presentando con tal sencillez y claridad los clculos ms sublimes, que basta para comprenderlos un sano juicio y una inteligencia comn. El estudio de la naturaleza y sus leyes le hizo percibir la ntima relacin que existe entre todos los seres, sin que jams llegue a interrumpirse la trabazn que constituye la gran cadena, y apoyado en tan slidas bases osa remontarse hasta el excelso trono de la divinidad, de quien nos descubre gran parte de su esencia, revelndonos, con slo el auxilio de la Filosofa, sus misteriosos atributos. Sentimos no alcanzar toda la profundidad del autor en los varios ramos que comprende el vasto y bien combinado plan de su obra, ni poseer la vigorosa didctica con que discurre sobre ellos para bosquejar, con pincel diestro y seguro, un dbil trasunto, que dejando entrever al menos toda la extensin y profundidad de sus miras, despertase el deseo de conocer su obra. Pero ya que no nos es dada tanta ventura, supliremos en cuanto podamos este vaco permitindosenos transcribir algunos de los infinitos pasajes que muy particularmente han llamado nuestra atencin. Haciendo consideraciones sobre la organizacin del ojo para probar el designio en las obras de la naturaleza, dice: “El ojo tena necesidad de dos propiedades de que no necesita en igual grado el anteojo. Desde luego era necesario que pudiese prestarse este rgano a los varios grados y modificaciones de la luz y adems que estuviese en igual aptitud para desempear su operacin, cualquiera que sea la distancia del objeto, desde tres o cuatro pulgadas hasta muchas leguas: dificultades que no se presentan al fabricante de anteojos o telescopios, el cual necesita de toda la luz que pueda acopiar y el instrumento no se construye para mirar de cerca. Para que provea el ojo a ambas cosas, se emple en su estructura un admirable mecanismo. La pupila o el agujero por donde penetra la luz en el ojo, est de tal suerte construda que puede contraerse cuando hay demasiada luz y extenderse cuando es escasa. Lo interior del ojo es una cmara oscura, cuya ventana se abre ms o menos para templar los rayos de luz que entran en ella: hcese esto sin

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350 violencia, con prontitud y en el momento oportuno por el solo efecto de este curioso mecanismo. Obsrvese de paso, contina, que la pupila del ojo humano, cualesquiera que sean sus dimensiones, conserva siempre exactamente su forma circular. Es sobremanera maravillosa su estructura: el artista que hiciese ensayos para imitarla vera que slo de un modo pudiera ordenar los cordones o los hilos para que quede resuelto el problema; es decir, para que la pupila pueda formar un exacto crculo, cuyo dimetro vare sin cesar, pues as cabalmente han sido ordenados los cordones o fibras de la pupila. Hay ciertas leyes hijas de efectos calculados que determinan el modo como debe transmitirse la luz. Necesario era que el ojo fuese capaz de cierta modificacin para poder unir siempre en un punto de la retina (membrana extendida donde se reciben las imgenes) los rayos que le llegan de diversas distancias bajo diversos ngulos. Los rayos que salen de objetos menos prximos al ojo, y que por lo mismo entran en l con gran divergencia, no pueden ser unidos por un simple instrumento ptico para que formen una clara imagen, en el mismo punto donde se unen rayos entre s casi paralelos, esto es, que salen de un objeto muy distante. Para esta unin se necesitan lentes ms o menos convexos segn las distancias. Cada lente tiene su foco, esto es, el punto de unin de los rayos que llegan a su superficie, y que est a una distancia fija e invariable. Mas, para que se vea claro el objeto, es necesario que el foco del lente del ojo est precisamente en la retina. A pesar de esto, por las propiedades inmutables de la luz, dista ms el foco del lente cuando el objeto est cerca que cuando est lejos. En los instrumentos pticos se mudan los vidrios oculares o se acercan o se alejan unos de otros para lograr el deseado efecto, que es ver la imagen con claridad. Mas, cmo podr lograrse esto por medio del ojo? Cuestin es sta que ha ocupado mucho a los anatmicos y a los fsicos. Tan sutil es la modificacin que debe llenar este objeto, que en mucho tiempo no han podido dar con ella los observadores, hasta que por ltimo triunf de estas dificultades un preciso y constante examen del rgano del ojo. Descubrise que cuando se dirige la vista a un objeto muy cercano, se hacen a la vez tres mudanzas en la disposicin de estas partes del ojo; hcese ms convexa la crnea que envuelve exteriormente el globo del ojo; va hacia adelante el humor cristalino, y se aumenta la hondura del ojo. Estas tres mudanzas hacen variar la accin del rgano para recibir los rayos de la luz en el punto donde debe verse el objeto, esto es, para que se pinte claramente en la retina la imagen del objeto cercano. Por el contrario, para mirar un objeto apartado, se hace menos convexa la crnea, se aleja el humor cristalino y se acorta el eje de la visin. Por donde a medida que recorre el ojo objetos ms o menos distantes, se hacen sbitamente estas mudanzas, sin violen-

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351 cia ninguna, con la rapidez del pensamiento, resultando de ellas el que se pinten claridad en la retina los objetos que estamos mirando. Quin podr decir que en esto no hay designio? Evidentemente conoca las ms recnditas leyes de la ptica quien tan maravillosamente adopt la estructura de las partes del ojo a las leyes de la transmisin de la luz. “Nunca acabaramos si hubisemos de transcurrir todo cuanto dice con relacin al rgano de la vista no slo del hombre, sino de otros varios animales as acuticos como voltiles, haciendo ver las distintas modificaciones y costumbres que ella experimenta segn los diversos medios por donde atraviesa la luz para llegar a su retina; pero a fin de hacer menos incompleta la descripcin exacta que nos hace de la estructura de este rgano tan precioso como delicado del cuerpo humano, continuaremos nuestro trasunto. “La interior estructura del ojo —dice— demuestra la inteligencia que le invent; mas no exalta menos nuestra admiracin todo cuanto rodea este rgano y concurre o a dar seguridad a sus operaciones o a protegerle como parte preciosa y dbil. El ojo est colocado en una slida y profunda rbita compuesta de la reunin de siete huesos almenados en su contorno. Esta rbita est henchida de gordura singularmente acomodada, no menos al descanso que al movimiento del rgano. Las cejas que estn delante, como inclinadas, son como un parapeto que defiende al ojo, as contra la excesiva luz como del sudor de la frente. Protgenle los prpados con tal facilidad, con tal prontitud y con tan buen efecto, que excede toda admiracin. Parceme imposible que entre las obras de arte se halle un solo ejemplar de un mecanismo cuyo objeto sea ms admirable o en que aparezca ms claramente la utilidad de los medios empleados para el fin de su construccin. Para hacer el ojo su oficio necesita conservarse siempre hmedo y claro y he ah derramada una especial secrecin para proveerle de un humor que le humedezca y facilite los movimientos del globo en su rbita. Lo superfluo de este humor filtra por los ngulos lacrimales al conducto de la nariz a cuya membrana interna se extiende luego, donde segn va llegando se evapora la corriente del aire clido que sin cesar va y vuelve. Puede darse invencin ms propiamente mecnica que la de este desahogo continuo que por el canal de su hueso agujereado recibe el ojo, tomando de s el exceso de un licor necesario? Hasta aqu del ojo, oigamos ahora cmo se explica sobre el sentido del odo del cual habla con no menos exactitud y profundidad, siendo digno de todo elogio la franqueza con que manifiesta la menor extensin de sus conocimientos sobre rgano tan precioso. Hemos escogido el odo, dice, como prueba adecuada del asunto de este captulo. Convena presentar un ejemplo y el ojo ofreca la ventaja de poder ser comparado exactamente con un instrumento ptico. Probable es

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352 que no sea menos maravilloso el artificio de la oreja ni menos apto este rgano para desempear sus funciones, mas no conocemos tan bien la accin del mismo ni la mutua dependencia de sus diversas partes interiores. Sin embargo, su forma general externa e interna denota ser un instrumento para recibir el sonido. Sobre el conocimiento que tenemos de que el sonido se propaga por las repetidas vibraciones del aire, observamos que est construda la oreja de manera de poder recibir esta especie de impulso y comunicarla al cerebro. Porque, de qu consta esa estructura? De una voluta externa dispuesta a recibir las vibraciones de que hemos hablado: voluta que en los grandes cuadrpedos se vuelve hacia la parte de donde viene el sonido, por medio de una contraccin y de un movimiento que les facilita este uso; de un tubo que pasa de esta concavidad exterior al interior de la cabeza, cuyos dobleces y senos conducen a este punto las impresiones del aire; de una membrana delgada extendida en este conducto sobre un borde osudo, como la piel de un tambor; de un conjunto de huesecillos movibles y exquisitamente trabajados que forman una comunicacin, la misma que se observa entre aquella membrana y los senos recnditos del cerebro; de unas cavidades semejantes a los instrumentos de viento, en forma de espiral o de porcin de crculo, de la Trompa de Eustaquio que da entrada y salida al aire contenido en la cavidad, del tmpano con proporcin a las vibraciones de la membrana o a las mudanzas de la atmsfera, haciendo cabalmente el mismo oficio que los agujeros en el tambor, y todo este laberinto entallado en la masa slida del hueso ms duro del cuerpo humano. Esta reunin de partes constituye un aparato evidentemente relativo a la transmisin del sonido o del impulso que el sonido comunica, y lo doloroso es que no lo conocemos ms profundamente. Sigue haciendo consideraciones sobre el adecuado destino de cada una de esas partes a su objeto y el delicado mecanismo en sus procedimientos, cuyos pasajes sentimos que la naturaleza de este peridico no nos permita transcribir. Y as pasemos a manifestar como muestra de su vigorosa dialctica, varios de sus razonamientos refutando a los ateos. Procrese combatir tambin la consecuencia que hemos sacado de la inteligencia y de la invencin que se echa de ver en la estructura de los cuerpos, diciendo que las partes de estas maquinarias animadas no han sido hechas para determinado uso, sino que el uso result de la existencia de las partes. Esta distincin es bien comprensible. Frota un ebanista la madera con la piel del perro marino; mas no sera justo decir que la piel del perro marino haba sido hecha por la naturaleza y con el objetivo de atezar el nogal o el bano o la caoba. Este raciocinio de los ateos equivale a decir que un menestral se vale de sus herramientas porque el acaso ha hecho que el hacha,

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353 el cepillo, el cincel, sean cabalmente los instrumentos que l necesita para dar lustre a las maderas y que habindose hallado fabricados estos instrumentos sin designio ninguno, se convenci de la utilidad de aplicarlos a sus manufacturas. Aun se hara ms y ms palpable lo absurdo de este raciocinio, si pretendisemos aplicarlo a los rganos del animal cuyo juego no pende de su voluntad en manera ninguna. Sostendr nadie seriamente que el ojo fu hecho sin intencin ninguna relativa a la vista, sino que habiendo descubierto el animal que poda servirse de l para ver le dedic a este uso? Otro tanto puede decirse de la oreja y de los otros rganos sensorios. No hay sentido ninguno que dependa de la eleccin del animal y por lo mismo ni de su sagacidad ni de su experiencia. Su uso la constituye la impresin que recibe de los objetos exteriores. Para el animal es indiferente la aceptacin de la voz que designa cualquiera de sus sentidos. No es satisfactoria esta solucin en cuanto al empleo de las partes del cuerpo sobre que ejerce mayor imperio la voluntad del animal. Estn destinados los dientes a masticar, las manos a coger, las piernas a andar, o el hombre es quien ha empleado estos instrumentos o estas diversas cosas por haberlas hallado a propsito para ellos? Voy a mostrar ahora la parte de este sistema que tiene algo de razonable. La organizacin del animal determina al parecer las acciones a que se habita y la eleccin de su tenor de vida. Mas reflexinese un poco y se echar de ver que los hbitos asi determinados son siempre favorables a la misma organizacin, lo cual no sucediera si las varias organizaciones de los animales no hubiesen sido inventadas y dispuestas para tener relacin con la substancia que rodea al animal. Dirse que nada el nade porque tiene palmeados los pies; mas de qu les sirviera esta membrana que une sus dedos si no hubiese agua donde pudiese nadar? Dirse tambin que el ave de rapia con el pico fuerte y retorcido, con sus pies armados de agudas garras, es naturalmente conducida a alimentarse de los pjaros que caza, pues las otras aves tienen un pico endeble y pies a propsito para araar la tierra, y se ven precisadas a alimentarse del grano y de los insectos que descubren en el suelo. Mas de qu serviran las garras del halcn y el pico de los pjaros granvoros si no hubiese animales que despedazar ni grano que comer? El hormiguero, de lengua redonda y prolongada, procura andar en busca de insectos tras la corteza podrida de los rboles y de extender la lengua como cebo para cazar las hormigas, mas si no hubiese hormigas ni insectos, intil le fuera esta particular organizacin. Tiene la abeja una trompa que le facilita chupar la miel del cliz de las flores; mas si no tuviesen las flores miel que extraer, por dems estuviera la trompa. En una palabra, si a los animales se les hubiesen repartido sus facultades por casualidad y sin

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354 relacin con los objetos a que se dirigen, no les fueran estas facultades de provecho ninguno. Mas como estas relaciones existen por ellas, se convence que hay aqu un plan, una combinacin, una intencin, Por s mismo cae en fin este raciocinio de los ateos si se aplica a las plantas. Las diversas partes de los vegetales desempean sus operaciones y su destino, sin que haya en ellas voluntad ni eleccin. Como una muestra de sus conocimientos anatmicos y fisiolgicos y profunda instruccin del mecanismo del cuerpo humano, se nos permitir dar la descripcin que hace de la columna dorsal. “El espinazo o hueso de la espalda —dice— es un encadenamiento de articulaciones de muy asombrosa constitucin. Varios difciles y en cierto modo contradictorios oficios se ejecutan por un mismo instrumento. Debe ser firme y al mismo tiempo flexible (no se conoce ninguna otra cadena, obra del arte que tenga a un mismo tiempo ambas propiedades; por que por firmeza entiendo no slo fuerza sino estabilidad). Firme para sostener el cuerpo verticalmente, y flexible para prestarse a cuantos movimientos tenga que hacer el tronco en todos grados de curvatura. Tambin tena que ser (lo que es un nuevo y distinto objeto) un tubo o conducto para el seguro trnsito desde el cerebro del fludo ms importante de la estructura animal, que es la mdula espinal de que dependen todos los movimientos voluntarios, substancia no slo de la primera necesidad para las funciones vitales, mas tambin de una naturaleza tan tierna y delicada que la menor obstruccin u opresin en su carrera, causa la paralizacin o la muerte. Ni slo estaba destinada la espina dorsal a ser el principal tronco para el trnsito de la substancia medular desde el cerebro: era necesario adems que en toda su longitud facilitara dicha substancia el paso a los pequeos conductos laterales para que, subdivididos despus indefinidamente con el nombre de nervios, distribuyesen este exquisito blsamo a todas las partes del cuerpo. Deba tambin servir el espinazo para otro uso no menos esencial que el precedente, esto es, establecer un apoyo, seguridad o base (o con ms propiedad una serie de todo esto) para la insercin de los msculos esparcidos sobre el tronco del cuerpo; en cuyo tronco no hay como en los miembros huesos cilndricos a que pueden asirse; y del mismo modo (que es otro uso semejante) para servir de base a la colocacin de las costillas”. Para comprobar la estudiada precaucin del Autor Supremo, si se nos permite esta frase, en la colocacin y organismo de las diferentes partes, no slo del cuerpo humano, sino de los dems animales, a fin de que correspondan a su objeto, elige la liebre y el carnero cuyas estructuras nos son muy fciles, examinar comprobando con estos y otros ejemplos lo versado que se halla en la Anatoma Comparada. Toma por ejemplo, dice, en sus manos un hueso limpio de la espalda de una liebre que se compone de tres vrtebras.

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355 Hallar el hueso del medio de estos tres tan unidos por causa de sus proyecciones y procesos con los otros dos huesos de sus lados que, por ms que les opriman no podrn hacerle salir de su lugar, ni por delante ni por detrs, ni por sus lados. En cualquiera direccin que quiera estrecharle, percibir en la forma o juntura o en el roce de los huesos un impedimento a su violencia, un estorbo y una repulsa contra esta dislocacin. En una parte del espinazo hallar adems otro expediente de mayor fortaleza en el modo con que las costillas estn adheridas a l. Cada costilla descansa sobre dos vrtebras. Esto es digno de observarse y cualquiera lo podr hacer partiendo un cuello de carnero. El modo es ste: el extremo de la costilla est dividido por un caballete que corre desde el medio en dos caras que se juntan con los cuerpos de dos vrtebras contiguas y el caballete llega hasta la ternilla interpuesta”. De aqu pasa a considerar las tiles aplicaciones que de esta invencin se han hecho ya a las artes, describiendo con este motivo el famoso puente de hierro de Bishop Vermont sobre el Tmesis en Inglaterra, y volviendo a la columna vertebral concluye as la descripcin: “Sobre todo y como una gua a los que quieran proceder ms adelante en la investigacin de esta materia, el espinazo debe ser considerado bajo tres aspectos y en todos tres no puede menos de excitar nuestra admiracin. Estos aspectos son sus articulaciones, sus ligamentos y su taladro y las consiguientes ventajas que el cuerpo saca de ellas para la accin, para la fortaleza y para lo que es esencial a todos los miembros que es la segura comunicacin con el cerebro”. Despus de haber descrito todas y cada una de las partes que constituyen el mecanismo del cuerpo humano comparado con el de otros animales y las leyes que siguen en sus movimientos, se expresa as hablando del sistema muscular: “¡Cuntas y cun varias cosas deben concurrir simultneamente para que nos conservemos una hora entera en sana salud! ¡Cuntas ms y cun maravillosamente combinados para que se mantengan en perfecto vigor todas nuestras facultades y se ponga en ejercicio nuestra actividad! A pesar de esto, la mayor parte de los hombres gozan del pleno uso de sus facultades y el desconcierto de un solo rgano o sentido basta para hacer miserable la vida. Yo he visto con gran lstima, y al mismo tiempo con afecto de gratitud hacia el conservador de la naturaleza, a un hombre perfectamente sano, pero que tena debilidad en los msculos erectores del prpado. Vise obligado, mientras le dur esta incomodidad, a valerse de las manos para levantar los prpados. Regularmente los que disfrutan el libre uso de todos sus rganos, no paran mientes en la complicacin de los medios que continuamente se emplean para mantener intacto el ejercicio de sus facultades. Perciben el resultado, mas reflexionan poco sobre la multitud de circunstancias y rectificaciones que concurren a producirle”.

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356 Permtasenos para prueba de la particular atencin con que haba estudiado el organismo y funciones de algunos msculos en particular, copiar aqu lo que dice sobre la lengua, rgano tan precioso y que contribuye entre otras funciones a dar vida y existencia al pensamiento, mediante la palabra. Merece ser observado, por ejemplo, el modo cmo ejecuta la lengua los distintos movimientos a que est destinada. Cada slaba que articulamos exige una especial posicin de la lengua, de las mejillas, de los labios y de la garganta. Aun de la vista, cuando se repara, es perceptible la postura de la boca para la articulacin de cada determinada letra o palabra. Saben que los sordos llegan a entender lo que se les dice, slo con ver hablar. Respecto de una misma persona, cuando ha aprendido a articular correctamente una sola posicin de la lengua y de las partes que la rodean, puede producir en su habla un determinado sonido. Incomprensible es la rapidez con que hablando se suceden unas a otras las varias posturas de la lengua y de los dems rganos de la boca, y que cuanta es la variedad, tanta sea la seguridad en estas mudanzas tan rpidas. Aun en esto no es lo ms admirable la facultad imitativa o la facultad de un trueque de posturas arbitrario y rpido, sino el que esta infinita variedad est sujeta a una regla fija encaminada a un efecto cierto y con respecto a los objetos para que fu calculada. La anatoma de la lengua da idea de la suma actividad de este rgano. A pesar de ser tantos sus msculos y de estar de tal manera enlazados entre s, que no pueden ser trazados por la ms prolija diseccin; ni la multitud de ellos ni su enlace embaraza en modo alguno la exactitud de las varias operaciones de este rgano; antes bien (lo que prueba su gran perfeccin) ni su nmero ni su complicacin ni lo que puede parecer una madeja de su fibra, de ninguna suerte impide su movimiento o hace incierta la determinacin o el xito de sus esfuerzos. Contina describiendo fisiolgicamente todos y cada uno de los rganos de los sentidos y prosigue con la boca, con las ms delicadas consideraciones sobre su destino, y concluye as: “En ningn aparato hecho por arte o para objeto del arte, se conoce tal multiplicidad de usos tan altamente combinados como en la organizacin natural de la boca del hombre, cuya estructura comparada con su uso es tan sencilla. La boca con todos los oficios que desempea, es una simple cavidad: es una mquina. Sus partes no se amontonan ni confunden, ni se embarazan: cada una de ellas puede cumplir su destino con el grado suficiente de libertad”. Exponiendo el sistema vascular y manifestando las relaciones tan precisas que hay en todas sus partes y la sabidura con que supo preveer el Supremo Autor los ms pequeos inconvenientes que resultan de su delicado mecanismo, se expresa as refirindose a Hamburghen. En nada se ve con ms

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357 gloria la sabidura del Creador que en el corazn. ¡Cun bien ejecuta su oficio! Un anatmico que examina la estructura del corazn podr de antemano decir que debe moverse esta mquina: mas al considerar la complicacin de su mecanismo y la delicadeza de algunas de sus partes, creo que se llenar de sobresalto, vindola contnuamente expuesta a un desconcierto o a una repentina destruccin. ¡Cmo puede tan maravillosa mquina estarse moviendo noche y da por espacio de los aos, dando cien mil latidos en cada veinticuatro horas, teniendo que vencer en cada golpe una gran resistencia y continuar esta accin por tan largo tiempo sin desordenarse ni debilitarse! Veamos cmo nos traslada de las profundas investigaciones sobre el hombre al ameno campo de las bellas letras, discurriendo con su acostumbrada seguridad. Para prueba de la extensin y seguridad con que discurre sobre cuantos objetos somete a su anlisis, trata de la belleza cuando trata de la estructura animal en su totalidad: “Objetan tambin que la hermosura en s misma, as se explica, es una palabra vana de sentido: y que es hermoso lo que estamos acostumbrados a tener por agradable en su figura y en sus colores cualesquiera que sean. La idea que tenemos de la belleza es susceptible de tantas modificaciones por el hbito, por la moda o por la experiencia de las ventajas o del placer a que van unidas ciertas impresiones, que en efecto ha podido dudarse si existe la nocin de la hermosura independientemente del influjo de todas estas causas. Mas a mi juicio, es abusar del raciocinio, negar la existencia de este principio (es decir, de una nativa capacidad de recibir la percepcin de la hermosura). Antes bien, podemos discurrir de esta manera. La cuestin rueda sobre los objetos del sentido de la vista. Mas, cmo es que todos los dems sentidos hacen la misma distincin entre lo agradable y desagradable. Algunas cosas repugnan al paladar y otras le agradan; esta distincin del gusto de los alimentos es ms fuerte y ms regular en los brutos y en los insectos que en el hombre. El caballo, el buey, el carnero, el cerdo, cuando tienen libertad de elegir, esto es, cuando no les obliga la fuerza de un hbito, apetecen y desechan ciertas plantas invariablemente. Hay insectos que no comen sino determinados vegetales; y se dejan morir antes que mudar de alimentos. Vase en todo esto como una determinacin y preferencia en el mismo sentido respecto de ciertas sustancias, y no menos sealada aversin a otras. Asimismo observamos que al olfato agradan ciertos olores y le repugnan otros. Al odo son deleitables ciertos sonidos, simples o compuestos, y otros le atormentan. Mucho puede sin duda el hbito para modificar todo esto, y para nosotros es ste un gran bien, porque muchas veces tenemos que acomodarnos a la necesidad; mas acaso ser por ello ilusoria y dejar de estar fundada en el mismo sentido la distincin entre lo agradable y lo desagrada-

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358 ble? Lo que he dicho de los dems sentidos es rigurosamente cierto respecto de la vista (la analoga es irresistible), a saber, que a este sentido pertenece una natural constitucin y aptitud para que les sean gratas ciertas impresiones y otras incmodas”. Despus de hacer las observaciones ms oportunas sobre la piel de los animales y la sabidura del Supremo Autor en su invencin cubriendo con ella todas las (roto) y dems partes delicadas del mecanismo de los cuerpos, se explica as con respecto a la facultad de tenerse en pie. “En los cuerpos de los animales considerados como masas se halla otra propiedad ms curiosa de, lo que generalmente se piensa, que es la de poderse tener de pie. Esta facultad es ms notable en los bpedos que en los cuadrpedos, y ms que en todos en el hombre, por su mayor talla y por la pequeez de su base. En esta materia hay mucho ms de lo que comnmente creemos. La estatua de un hombre suelta sobre un pedestal, apenas podr guardar el equilibrio por media hora. Es preciso fijarla por el pie a la piedra con tuercas y tornillos; de lo contrario, a la primera vibracin, al primer soplo de viento vendr abajo, aun cuando estn expresadas en ella todas las proporciones mecnicas de un modelo vivo. No basta pues la sola figura, ni la colocacin del centro de gravedad dentro de la base. O la ley de gravitacin se suspende en favor de la substancia viviente o alguna cosa ms se ha hecho en favor suyo para que pueda sostenerse en esta postura. Ningn motivo hay para dudar que las partes de que se compone gravitan del mismo modo que las de toda materia inanimada. La facultad que a mi parecer se les ha concedido, consiste en poder mudar continuamente el centro de gravedad por un juego de oscuras pero velozmente balanceadas acciones que mantengan la lnea de direccin, que es una lnea tirada desde el centro de gravedad al suelo dentro de sus prescritos lmites”. Tratando de la Anatoma Comparada, slo queremos detenernos en lo que dice respecto a la boca de los animales. “Comparando entre s las diferentes especies de animales, no vemos parte alguna de su estructura que presente mayor diversidad, y en esta diversidad una ms delicada adaptacin a su respectiva conveniencia que la que se observa en las diferentes formas de sus bocas. Ora su configuracin sea slo para recibir el alimento o para asir la presa, o picar las semillas o cortar la hierba o extraer los jugos o chupar los lquidos o romper y moler el alimento o saborearlo junto con la respiracin del aire y a un mismo tiempo el uso de la voz; todos estos varios oficios ejecuta esta sola parte y en cada especie se halla provista su estructura segn la necesidad de su diferente constitucin. En la especie humana, como est provista de las manos para llevar a la boca el alimento, la boca es plana y como tal slo apta para la succin; al paso que las mandbulas prolongadas, la

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359 ancha abertura, y los dientes puntiagudos de un perro y de las especies que se le asimilan, los habilitan para morder y apoderarse de los objetos que desean. Los gruesos labios, la lengua spera, el paladar con arrugas cartilaginosas, los dientes anchos y cortantes del buey, del venado, del caballo y de la oveja, habilitan a estas familias de animales para pacer en el campo, o en la accin de coger grandes bocados de una vez cuando la hierba est crecida, que es el caso particular del buey, o tomndolos poco a poco cuando est baja, como lo hacen el caballo y la oveja en un grado que nadie podra esperar. La corta mandbula inferior del cerdo obra en la tierra, despus que el prolongado hocico superior acta como un azadn o un arado que abre el paso a las races con que se alimenta. Una formacin tan feliz no podra ser don del acaso”. Ya que hemos extractado en otro lugar algunos trozos relativos al rgano de la vista, no queremos pasar en silencio lo que con respecto al mismo sentido nos dice al tratar de las invenciones que suponen previsin. “El ojo no es de ningn uso —dice— en el tiempo en que ha sido formado. Es un instrumento ptico hecho en un calabozo construdo para la refraccin de la luz en un foco, perfecto para su objeto antes que un rayo de luz tenga acceso a l, geomtricamente adaptado a las propiedades y a la accin de un elemento con el cual no tiene comunicacin ninguna. Ciertamente est prximo a entrar en esta comunicacin, y esto precisamente es lo que hace la intencin evidente. Esto es un prever lo futuro en el ms estricto sentido que pueda darse a esta palabra, porque se prev en l un futuro cambio, no en cuanto a la subsistente condicin del animal, no en cuanto a algn progreso o avance gradual en esta misma condicin, sino en cuanto a un nuevo estado, consiguiente a una grande y repentina alteracin que se obra en el animal cuando nace. Ser creble que haya sido formado el ojo, o, lo que es lo mismo, que sea fija la serie de causas por las cuales es formado el ojo sin la mira de este cambio, sin prever esta condicin, en que su fbrica, de ningn uso al presente, est prximo a tenerlo muy grande sin consideracin a las cualidades del elemento de que hasta entonces se halla separado, pero con el cual va muy luego a tener una ntima relacin? Un joven hace para s un par de anteojos antes de que llegue a viejo: estos anteojos ni le hacen falta ni los usa en el tiempo en que se fabrican. Puede esto hacerse sin conocer o considerar el defecto de la vista a que est expuesta la edad avanzada? La precisa correspondencia del instrumento con su objeto de remediar el defecto del aplanamiento del globo del ojo, dejara de afianzar la certeza de la conclusin, a saber, que el caso antes de que se verificase haba sido previsto, y se haban adoptado medidas para proveer a su remedio? Todas stas son exclusivamente artes de un inteligente raciocinio. El ojo formado en un estado, para usar de el solo en un

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360 estado muy deseoso, presenta una aprueba lo menos clara de que su destino es para un objeto futuro; y una prueba a proporcin ms fuerte por ser el mecanismo ms complicado y ms exacta su adopcin”. Entre los muchos lugares que podramos transcribir para muestra de los vastos conocimientos del autor, queremos presentar el que trae sobre las funciones del estmago y su mecanismo en la formacin y distribucin del quilo, cuando trata de las relaciones o correspondencia de las causas a producir el efecto. “La primera relacin —dice— que de un modo o de otro es comn a todos los animales, es la de las partes o facultades que obran sucesivamente sobre su alimento. Comprase esta accin con el proceso de una manufactura. En el hombre y los cuadrpedos el alimento es primero desmenuzado y machucado por los instrumentos mecnicos de la mastificacin, a saber, por clavos puntiagudos y duros martillos que golpean y frotan unos con otros: una vez molido y desmenuzados, es llevado por un tubo al estmago, donde le espera la grande accin qumica que llamamos digestin: verificada sta, es conducido al primer intestino por un orificio que se abre y se cierra a su tiempo. En este vaso, despus de mezclarse con ciertos ingredientes que se introducen en l por una abertura lateral, todava sufre una nueva disolucin: en este estado la leche, el quilo, o la parte que se necesita y se adapta a la nutricin animal, es extrada por las bocas de tubos sumamente pequeos que se abren en la cavidad de los intestinos. Separadas las partes ms gruesas y de esta manera filtrando este fludo es conducido por una larga y tortuosa, pero perceptible carrera, a la principal corriente de la antigua circulacin, por la cual es comunicada en su curso a todas las partes del cuerpo. Comprase a todo esto, vuelvo a decir, con el proceso de una manufactura: por ejemplo con una fbrica de cidra, con el aplastamiento de las manzanas en el molino, con el exprimirlas en la prensa despus de aplastadas, con la fermentacin en la tina, con su colocacin en barriles del licor ya fermentado, con el embotellamiento y echarlo en el vaso para beber. Mustrame quien quiera una diferencia entre estos dos casos en lnea de invencin”. Continuando sobre el propio asunto, trata de la relacin general existente entre los rganos externos del animal que le sirven para procurarse el alimento y su poderosa facultad interna para digerirlo. “Las aves de rapia, dice, con sus garras y pies pueden hacer presa y devorar muchas especies, as de otras aves como de cuadrpedos. La constitucin del estmago cuadra exactamente con la forma de los miembros. El jugo gstrico de una ave de rapia, de una lechuza, de un halcn, de un milano, obra solamente sobre las fibras del animal y de ningn modo sobre las semillas y la grasa. Por otro lado, la conformacin de la boca de la oveja y del buey es adecuada para

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361 pacer la hierba. Nada hay en ella apropiado para masticar presas vivas. Con esto van acordes los experimentos que se han hecho no hace muchos aos por medio de balas agujereadas, demostrando que el jugo gstrico de los animales rumiantes, como la oveja y el buey, disuelve prontamente los vegetales; mas en las substancias animales no hace impresin alguna. Hay tambin otra particularidad ms en este acuerdo. El jugo gstrico, aun en las aves granvoras, no obra sobre el grano estando entero. Haciendo en un vaso el experimento de la digestin con los jugos gstricos, debe ser machacado y desmenuzado el grano, antes de ponerle a la accin del monstruo, que es lo mismo que decir que debe suplir el arte fuera del cuerpo la accin preparatoria que dentro de l ejecuta la molleja, o no tiene lugar la digestin. Tan ajustada es en este caso la relacin entre los oficios asignados al rgano digestivo, entre la operacin mecnica y el proceso qumico”. Luego probando la relacin que existe entre cosas diversas, dice: “No falta en las obras de la divinidad esta muy clara especie de relacin. Los dos sexos manifiestamente se han hecho uno para otro. Ellos forman la grande relacin de la naturaleza animada, universal, orgnica, mecnica, subsistente a semejanza de las ms claras relaciones del arte, en diversos individuos, incapaz de equivocarse y de explicarse sin el designio. Esto es en tal grado evidente, que si hubiera en la naturaleza alguna prueba dudosa u obscura de la invencin, sta slo sera suficiente. El ejemplo es completo. Nada le falta al raciocinio. No hay medio alguno para no ceder a este convencimiento. La naturaleza, que con suma previsin ha sabido ocurrir a nuestras necesidades, supli ciertos defectos que se advierten en algunos rganos de los animales con la estructura de otra parte o de otro rgano, de cuya propiedad ha formado el autor un captulo bajo el ttulo de Compensacin. Hablando de la trompa del elefante, dice: “Si alguno se persuade que esta proboscis o trompa ha podido ser producida en el discurso de muchas generaciones por el constante esfuerzo del elefante para alargar su nariz (que es la general hiptesis con que en estos ltimos tiempos se ha intentado explicar las formas de la naturaleza animada) yo preguntara: Y cmo pudo entre tanto subsistir el animal, durante el proceso, hasta que se perfeccion la prolongacin del hocico? Qu hubiera sido del individuo mientras la especie se estaba perfeccionando? Para manifestarnos en seguida las relaciones de los animales con la naturaleza inanimada, dice. “Tmese la tierra como es en s; y considrese la correspondencia de las facultades de sus habitantes con las propiedades y condicin del suelo que pisan. Tmense los habitantes como ellos son, y considrense las substancias que produce la tierra para su uso. Ellos pueden araar su superficie y la superficie les rinde cuanto les hace falta. Esta

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362 es la extensin de sus facultades, y tal es la constitucin del globo y la suya propia, que sta basta para todo cuanto les pueda ocurrir”. Hablando despus de la relacin del da y la noche se expresa as: “Si la relacin del da con la noche, es real, no podemos reflexionar sin asombro acerca de la extensin a que nos conduce. El da y la noche son cosas para nosotros ntimamente unidas. El cambio de uno y otra llega inmediatamente a nuestras sensaciones. De todos los fenmenos de la naturaleza ste es el ms obvio y ms familiar a nuestra experiencia; mas, en cuanto a las causas que lo producen, tiene relacin con los grandes movimientos que se ejecutan en los cielos. Mientras que la tierra hace su movimiento en torno de su eje, provee a las sucesivas necesidades de los animales que habitan en su superficie y al mismo tiempo obedece al influjo de aquellas atracciones que regulan el orden de muchos miles de mundos. La relacin, pues, del sueo con la noche es la relacin de los habitantes de la tierra con la rotacin de su globo. Probablemente aun es ms: es una relacin con el sistema de que este globo es una parte, y, aun ms, con el conjunto de sistemas, uno de los cuales es el suyo. Siendo esto as esta relacin abraza hasta el ms nfimo individuo con el mismo universo, a un polluelo que est durmiendo sobre su rama con las esferas que ruedan en el firmamento. Desvirtuaramos la sublimidad de ideas y sentimientos que en s comprende este trozo del autor, si tratramos de comentarlo. Considera a los instintos como una especie de relacin, y por eso trata de ellos inmediatamente despus de las relaciones. “El instinto es una propensin —dice— que precede a la experiencia y es independiente de la instruccin. Doy por asentado que por instinto se buscan uno a otro los sexos de los animales; por instinto los animales cran su prole; por instinto el tierno cuadrpedo se dirige a la teta de su madre; por instinto las aves fabrican sus nidos y con grande paciencia empollan sus huevos; por instinto los insectos no encuevan los suyos, mas los depositan en aquellos sitios particulares en que las tiernas cras al salir de las cascarillas puedan hallar su alimento; el instinto es el que lleva al salmn y a algunas otras especies de peces desde el mar a los ros a desovar en agua fresca y dulce. Para probar que este y otros hechos, como el de la incubacin, no pueden explicarse por otras hiptesis que por la de un instinto impreso en la constitucin del animal, dice: “Supongamos, que el huevo sea producido en el espacio de un da, cmo pueden conocer las aves que sus huevos contienen sus polluelos? Nada hay en la forma exterior ni en la composicin interior de un huevo que pueda conducir a la ms atrevida imaginacin a conjeturar que dentro de su cscara va a salir en poco tiempo una avecilla viva y perfecta. La forma del huevo no tiene rastro de semejanza con el ave. Inspeccionando su

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363 contenido, hallamos aun que no hay razn para poder preveer lo que de l va a resultar dentro de poco. Si quisisemos venir hasta el punto de conjeturar, por la apariencia de orden y distincin que se halla en la disposicin de las substancias lquidas, que conocemos en el huevo, que su objeto es servir de domicilio y sustento a un animal (hiptesis por cierto bien atrevida) entonces deberamos esperar una rana atollada en una materia viscosa, ms bien que una enjuta, alada y plumosa criatura. Un compuesto de partes y de propiedades imposibles de usarse en el estado del encierro dentro del huevo, y que ninguna concebible relacin tiene, ni en la cualidad, ni en la materia, con nada de lo que hay en l. Pudiera ver alguien en el blanco del huevo el plumaje de un pavo real? O esperar que de un simple y uniforme muclago, saliese la ms complicada de todas las mquinas, la ms diversificada de todas las colecciones y substancias? La serie del incubamiento, por algn tiempo a lo menos, no podra conducirnos a sospechar el xito”. Quin al ver las rayas coloradas que se extienden por la delicada membrana que separa el blanco de la yema, haba de dar por supuesto que stas se hallaban a punto de transformarse en huesos y miembros? Quin, al inspeccionar los dos puntos casi imperceptibles que empiezan a aparecer en la cicatriz, tendra aliento para pronosticar que estos puntos se haban de transformar en el corazn y la cabeza de un ave? Difcil es que llamen la atencin las cosas que nos hace ver una continua experiencia. Difcil es que habituados y familiarizados con ellas nos causen sorpresa y exciten nuestros amortiguados sentidos. Mas si pudiramos olvidar todo lo que sabemos y que nunca conocieron nuestros gorriones, acerca de la generacin de los ovparos, si pudiramos dejar a un lado todo informe y no tener ms fundamento que el raciocinio sobre las apariencias y cualidades descubiertas en los objetos que tenemos delante, estoy convencido de que el arlequn que sale de un huevo en el teatro, no causa ms sorpresa a un muchacho, que la que causara o debera causar a un filsofo la de un polluelo”. Pasando del reino animal al vegetal, oigamos sus profundas consideraciones sobre las plantas. “El nico y grande propsito de la naturaleza en la estructura de las plantas —dice— parece ser el de perfeccionar las semillas, y, lo que es parte del mismo propsito, el de preservarlas hasta que hayan llegado a su perfeccin. Este propsito se manifiesta por s mismo, ante todas las cosas, en el cuidado que al parecer se toma en proteger y madurar, aprovechando cuantas ventajas pueda proporcionar la situacin de la planta, aquellas partes que muy inmediatamente contribuyen a la fructificacin, es a saber: las antenas, los estambres y los estigmas, hllanse comnmente colocadas estas partes en el centro, en el secreto o en el laberinto de la flor. Durante su estado tierno e inmaduro permanecen encerrados en el tallo, o

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364 estn guarecidos en el cliz o campanilla. Tan pronto como han adquirido la firmeza o textura suficiente para poderse manifestar y se hallan en aptitud de desempaar las importantes funciones a que estn destinadas, se descubren a la luz y al aire, o abrindose el tallo o extendindose los ptalos; despus de lo cual tienen en muchos casos, por la misma forma de la flor durante su expansin, un reverbero de luz y de color procedente del lado cncavo del cliz. Lo que tambin se llama sueo de las plantas, es el disponerse las mismas hojas o ptalos de suerte que queden guarecidos los tiernos tallos, los clices y el fruto. Vuelven hacia lo alto o miran hacia abajo, segn que el objeto que desempean requiere que se cambie su posicin”. Y hablando de la variedad de medios con que la naturaleza ha ocurrido a sus fines, dice: “Lo que en esta enumeracin se descubre es, primero, la unidad del objeto en medio de tan varios expedientes. Nada ms singular que el designio; ni ms diversificado que los medios. Pelculas, botones, pulpas, vainas, cscaras, hollejos, costras con espinas, todo esto se emplea para llevar a efecto una misma intencin. Segundo, tambin podemos observar que en todos estos casos se llena el objeto dentro de un justo y limitado grado. Podemos percibir que si las semillas de las plantas estuviesen ms firmemente guardadas de lo que estn, esta mayor seguridad podra impedir otros usos. Muchas especies de animales padeceran, y aun algunos pereceran. Las plantas cubriran la tierra, o las semillas se extinguiran por falta de sitio donde reproducirse. Algunas veces es tan necesario destruir algunas especies particulares de plantas como en otras fomentar su aumento. En muchos casos deben ponerse en una balanza los usos opuestos. Las precauciones para la conservacin de la semilla, al parecer se dirigen principalmente contra la inconstancia de los elementos y el rigor, interperie e inclemencia de las estaciones. La depredacin de los animales y los daos de una violencia accidental en nada disminuyen su multiplificacin. El resultado de todo es que de tantos millares de plantas como cubren la haz de la tierra, ni una sola por ventura ha desaparecido desde la creacin”. No son menos delicadas sus observaciones cuando se contraen a los elementos1. Veamos solamente lo que dice respecto del agua, pues nos alargaramos demasiado si hubisemos de mencionar tambin lo que hay digno de atencin respecto del aire y del fuego. “Por la evaporacin es elevada el agua en el aire y por obra inversa de la evaporacin, desciende sobre la tierra. Mas, cmo cae no convirtindose las nubes de golpe en agua y1 Aqu nuestro autor, por acomodarse a la inteligencia comn, quiso usar de la antigua y vulgar nomenclatura llamando elementos al aire, agua, fuego y tierra, sin embargo de no ser cuerpos simples.

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365 como una sbana; no precipitndose en columnas o arroyos, sino destilando en gotas pequeas como por una coladera? Nuestras regaderas se han hecho imitando la lluvia. Sin embargo a priori (por la causa) me hubiera ocurrido que cualquiera de los dos primeros mtodos debera tener lugar ms verosmilmente que el ltimo. Remontndose despus a las regiones celestes, veamos cmo se detiene a pagar el justo tributo de admiracin y respecto que debemos al hombre por haber llegado, con slo la fuerza de su ingenio y asidua investigacin, a comprender el sistema planetario. “Sobre todo, as discurre, lo que realmente debe causar admiracin es que hayamos adelantado tanto en la ciencia anatmica. Que un animal confinado en la superficie de uno de los planetas, a proporcin menor con respecto a l que el ms pequeo insecto microscpico, respecto del rbol en que vive; que esta pequea, activa, indagadora criatura, por el uso de los sentidos que se le han dado para sus necesidades propias y domsticas y por medio de los auxilios de estos sentidos que ha procurado y ha tenido arte para adquirir, se haya puesto en disposicin de observar el sistema general de los mundos a que pertenece el planeta en que habita; las mudanzas de lugar de estos inmensos globos que le componen; y esto con tal exactitud que muy de antemano se prefija la situacin o punto del cielo en que se han de hallar en cierto y determinado tiempo; y que estos cuerpos despus de navegar por un inmenso espacio vaco y no trillado, han de llegar al punto donde se les espera no slo dentro de un determinado minuto, sino hasta de los pocos segundos del minuto sealado y prefijado. Todo esto es asombroso, ora se considere la constancia de los mismos movimientos de los cuerpos celestes, ora la perspicacia y precisin con que el gnero humano ha llegado a adquirir este conocimiento. Ni esto es todo, ni aun la parte principal de lo que ensea la Astronoma. El astrnomo tomando por fundamentos de sus raciocinios a la observacin (raciocinios agudsimos fundados en las ms exactas observaciones) ha llegado al punto de que adems de la misteriosa comparsa y de la confusin (si tal es) con que los movimientos de los cuerpos celestes se presentan al ojo de un mero observador de la regin etrea, pueda deducir su orden y seguirlos por toda su carrera. Despus de exponernos los varios sistemas que se han inventado para explicar el movimiento de los astros y sus leyes, contina as: “Por ltimo, lo grande y lo importante en la Astronoma es que se eleve la imaginacin a la altura de su objeto, y esto muchas veces desechando y oponindonos a la impresin que causa en los sentidos, por ejemplo, la ilusin que, sin advertirlo, causa en nosotros la distancia desde la cual miramos los cuerpos celestes, esto es, la aparente lentitud de sus movimientos. La luna gastar algunas horas en andar media yarda desde una estrella con la cual ha estado

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366 en contacto. Un movimiento tan tardo nos podr parecer que se ejecuta fcilmente. Mas, cul es el hecho? El hecho es que la luna en todo este tiempo se mueve por las alturas a razn de mucho ms de dos mil millas por hora, movimiento mucho ms que el doble del que lleva una bala cuando sale disparada por la boca de un can. Sin embargo, est tan sujeta a reglas esta prodigiosa velocidad, como si el planeta caminase constantemente despacio, o fuese conducido en su cuerpo pulgada a pulgada. Tambin es difcil llevar la imaginacin a concebir (lo cual sin embargo es necesario concebir para juzgar razonablemente de la materia) cun sueltos, si as nos es permitido expresarnos, o abandonados a s mismos, se nos presentan los cuerpos celestes. Enormes globos que en nada se apoyan y nada los confina, giran por un libre e inmenso espacio siguiendo cada uno su carrera en virtud de un principio invisible: principio nico, comn, igual en todos y establecido para precaver a estos cuerpos de que se pierdan, de que se abalancen y se amontonen, de que unos a otros se embaracen e impidan sus respectivos movimientos en un grado incompatible con todo orden continuo, esto es, para obligarlos a formar los sistemas planetarios, sistemas que formados pueden sostenerse y ms especialmente acomodados a las naturalezas organizadas y sensitivas que sostienen las plantas y que conocemos ser el caso, donde slo podemos conocerlo, sobre nuestra tierra. Todo esto requiere la intervencin de una inteligencia. Porque puede demostrarse con respecto a este grande objeto que se requiere en l un ajustamiento de fuerza, distancia, direccin y velocidad, que de ningn modo pudiera producir el acaso; un ajustamiento que con respecto a su utilidad, es semejante al que tienen innumerables objetos de la naturaleza que estn ms prximos a nosotros; mas en el poder y en la extensin del espacio en que se ejerce este poder, es portentoso”. Apoyado en los conocimientos de las obras del Ser Supremo, se alienta a investigar su propia naturaleza, sometindole a un riguroso anlisis. Veamos cmo discurre sobre la personalidad de la divinidad, esto es, sobre una mente inteligente e inventora. “Establecida la invencin, dice, se prueba entre otras cosas la personalidad de la divinidad, como distinta de lo que unas veces se llama naturaleza y otras se llama causa o principio, cuyos trminos en boca de los que hablan filosficamente parece que quieren denotar y expresar una eficacia como la negativa y exclusiva de un agente personal. Mas aquello que puede inventar y que puede formar un designio, debe ser una persona. Estas facultades constituyen personalidad, porque suponen ntimo conocimiento y pensamiento: requieren una cosa que pueda percibir un fin y un objeto, como tambin que tenga facultad de disponer los medios y de dirigirlos a su fin.

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367 Requieren un centro en que se unan las percepciones y del cual procedan las determinaciones, que es el entendimiento. Las artes del entendimiento prueban la existencia de un entendimiento, y cualquier cosa en que reside un entendimiento, es una persona. El asiento de la inteligencia es una persona. Nada puede autorizarnos para limitar las propiedades del entendimiento a alguna particular forma corporal o a alguna particular circunscripcin de espacio. Estas propiedades subsisten en la naturaleza creada bajo una gran variedad de formas sensibles. Todo ente animado tiene tambin su sensorio; que es una cierta porcin de espacio dentro del cual se ejercen las percepciones y los actos de la voluntad. Esta esfera puede tener una extensin indefinida, puede comprender al Universo; y esta idea con que se nos presenta a nuestra imaginacin un ente, puede contribuir a que formemos tan buena nocin, como somos capaces de formar de la inmensidad de la naturaleza divina, esto es, de un Ser infinito, tanto en su esencia, como en su poder y que no obstante rene la personalidad. “Ningn hombre ha visto a Dios jams”. Esto, a mi parecer, produce gran dificultad. Mas esta dificultad nace principalmente de que no consideramos como es debido el estado de nuestras facultades. Ciertamente la Divinidad no es objeto de ninguno de nuestros sentidos; mas reflexinese cun limitadas son las facultades de los sentidos animales. Muchos animales parece que slo tienen un sentido, o tal vez dos: a lo ms el tacto y el gusto. Podr semejante animal inferir algo contra la existencia de los olores, de los ruidos o de los colores? A otras especies se les ha dado el sentido del olfato, ya es sta una ventaja en el conocimiento de las virtudes y propiedades de la naturaleza; mas si este favorecido animal quisiese inferir de la superioridad sobre los de la anterior clase, que perciba todas las cosas que son perceptibles en la naturaleza, para nosotros sera notorio, aunque quizs ni aun sospecharlo podra el mismo animal que su presuncin naca de un falso y orgulloso concepto de la extensin de sus facultades. A otro se le aade el sentido del odo, el cual le presta una clase de sensaciones enteramente inconcebibles al animal de que antes hemos hablado. No slo diversas, sino remotas de todo cuanto jams l ha podido experimentar, y en gran manera superiores a las suyas. Todava este ltimo animal no tiene ms fundamento para creer que sus sentidos comprenden todas las cosas y todas las propiedades de las cosas que existen, que el que pudieran tener las familias de los animales inferiores a l. Porque nos es conocido que todava puede poseerse otro sentido, que es el de la vista, el cual abrira, al que lo tuviese, un nuevo mundo. Este quinto sentido hace el animal humano; mas inferir que la posibilidad ya no pasa de aqu, que este quinto sentido es el ltimo sentido, o que el quinto comprende toda la existencia, es cabalmente una conclusin tan falsa como

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368 la que se pudiera hacer por alguna de las diferentes especies que poseen menos sentidos, y aun por la que, (si la hay) slo posee uno. La conclusin que saca el animal que slo posee un sentido y la conclusin del que tiene todos los cinco, se funda en igual autoridad. Puede haber ms sentidos y otros que los que tenemos. Puede haber sentidos acomodados para la percepcin de las facultades, propiedades y sustancia de los espritus. Estos pueden ser pertenecientes a clases ms elevadas de agentes racionales: porque aqu no hay razn ninguna, ni aun la ms leve, para suponer que nosotros seamos la clase ms alta o que la escala de la creacin se detiene en nosotros. La grande energa de la naturaleza nos es solamente conocida por sus efectos. Las sustancias que la producen son tan ocultas a nuestros sentidos como la misma Divina Esencia”. Veamos ahora cmo se expresa contra aquellos que rechazan muchas pruebas en favor de la personalidad divina por obvias, cuya doctrina puede aplicarse a cuantos casos ocurran. “Por estas razones los talentos que andan habitualmente a caza de la invencin y de la originalidad, sienten una irresistible inclinacin a entregarse a otras soluciones y explicaciones. La verdad es que muchos talentos no estn tan mal con cualquier cosa que se les ofrezca como lo estn con la mengua de contentarse con razones comunes; y lo que es ms digno de lstima, talentos de superior orden han sido los que ms han incurrido en esta aversin”. Y discurriendo sobre la eternidad de Dios, al hablar de sus atributos, dice: “La Eternidad es una idea negativa revestida de un nombre positivo”. En aquello a que se aplica supone una existencia presente y es una negacin de un principio y de un fin de tal existencia. Aplicada a la divinidad jams ha sido puesta en duda por ninguno de los que reconocen absolutamente la divinidad. Seguramente no pudo haber tiempo en que nada existiese, porque este estado debi continuar as. Esta nada universal debi haber permanecido siempre. Nada puede ser producido por la nada: nada pudo existir de aquel principio: nada existira al presente. Sin embargo, hablando con exactitud, nada tenemos que ver nosotros con la duracin anterior a la del mundo visible. Sobre este artculo, pues, de la Teologa basta conocer que necesariamente debi existir el inventor antes de la invencin. He aqu la pintura que nos hace del hombre justo el Dr. Percival de Manchester, copiada del captulo sobre los atributos divinos. “Al hombre entendido y virtuoso presente la vejez una escena de tranquilos placeres, de apetito obediente, de afectos bien regulados, de maduro conocimiento y de una calmada preparacin para la inmortalidad. En este estado plcido y lleno de dignidad, colocado como est en la frontera de los dos mundos, semeja el hombre de bien en su mente lo pasado con el placer de la aprobacin de su con-

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369 ciencia, y pone su vista en lo porvenir con humilde confianza en la misericordia de Dios y con devotos afectos hacia su eterno y siempre creciente favor”. Es tan consoladora esta doctrina que la desvirtuaramos si pretendisemos comentarla. As se explica en el tratado sobre la bondad de la divinidad, sobre los objetos que constituyen nuestra verdadera felicidad. “Una de las grandes causas de nuestra insensibilidad hacia la bondad del Creador, dice: es la misma extensin de su liberalidad. Apreciamos muy poco lo que participamos en comn con los dems o con la generalidad de nuestra especie. Cuando omos hablar de felicidades, al instante nos fijamos en la idea de buen xito en los negocios, de prspera fortuna, de honores, riquezas, empleos, esto es, de aquellas ventajas y superioridad sobre los dems que buscamos y codiciamos. Los bienes que son comunes a nuestra naturaleza, no nos merecen atencin, a pesar de que son los de mayor importancia y constituyen los que ms propiamente deben contarse entre los bienes de la Providencia, los que slo, si podemos explicarnos as, son dignos de su solicitud. El sueo y descanso de la noche, el pan diario, el uso ordinario de nuestros miembros, sentidos y conocimientos, son bienes incomparablemente superiores a los otros. Mas como vemos que los poseen casi todos los hombres no hacemos caso de ellos, no excitan nuestro sentimiento ni mueven nuestra gratitud. Hllase en esto pervertido nuestro juicio por nuestro amor propio. Un bien deba ser a la verdad ms satisfactorio, y a lo menos la bondad del que lo concede debiera mirarse como ms evidente, cuanto se difunde ms, cuanto ms se comunica y ms abundantemente se concede: por haber tocado en suerte y hacer la felicidad de todo el gran cmulo y cuerpo de nuestra especie, as como nos hace felices a cada uno de nosotros mismos. Y aun cuando no poseysemos este bien, no por eso dejara de ser un motivo de dar gracias el tenerlo los dems hombres. Mas nosotros seguimos otro camino para manifestar nuestro agradecimiento: queremos ser distinguidos. Lo peor no es esto: sino que nada vemos o apreciamos sino lo que consigo lleva una distincin que lo recomiende. Con esto reducimos a un estrecho crculo nuestras miras en orden a la beneficencia del Creador, pero con mucha injusticia. En estas cosas que son tan comunes y que se conceden sin distincin alguna, es en donde se ve la gran extensin de la divina benignidad”. Hablando en el mismo tratado de las mejoras sociales mediante el progreso siempre creciente de la civilizacin dice: “Cuando se habla de lmites en general, debe entenderse que se habla nicamente de las provisiones para las necesidades animales. Hay fuentes y medios y auxiliares y aumentos de la humana felicidad que se comunican sin restriccin del

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370 nmero: tan capaces de ser posedas por mil personas como por una cola. Tales son las que se derivan de un suave gobierno en contraposicin de otro tirnico, civil o domstico; las que provienen de la religin; las que engendran la persuasin de la seguridad personal; las que vienen de los hbitos de virtud, sobriedad, moderacin, orden, y ltimamente las que se hallan en la posesin de los gustos y deseos bien dirigidos, comparada con el dominio de las pasiones atormentadoras, perniciosas, contradictorias, insaciables y voraces. Las distinciones de la vida civil son bastante aptas para ser miradas como males por los que ocupan lugar inferior, mas a mi parecer con muy poca razn. En primer lugar las ventajas que dan, segn se supone, las elevadas posiciones de la vida, no tienen comparacin con las ventajas que nos proporciona la naturaleza. Los dones de la naturaleza son superiores siempre a los bienes de la fortuna. ¡Cunto mejores, por ejemplo, la actividad que la direccin del trabajo, la belleza que el apetito, la digestin y la tranquilidad del estmago que todo el estudio del arte de cocina o que el ms costoso amontonamiento de regalos atrados de lejos!”. Deriva gran parte de los males que recprocamente se hacen los hombres en sociedad del don de la libertad cuya facultad, dice, comprende en su misma esencia la propensin a abusar de ella: mas si al hombre se le privase de esta facultad, se destruira su naturaleza. De l puede obtenerse orden y regularidad, lo mismo que de las mareas y de los vientos generales; mas quitndole la libertad se aniquilara su carcter moral, su virtud, su mrito, su responsabilidad y hasta el uso mismo de su razn. Haciendo en el mismo tratado sus consideraciones sobre la situacin del hombre, dice que es un estado de prueba calculado para la produccin, ejercicio y mejora de las cualidades morales con la mira de una suerte futura. Entre las muchas variedades, contina, que presenta la vasta escala de la humana condicin, apenas quiz habr una que no debe comprenderse en el designio que aqu hemos indicado. La virtud es infinitamente variada. No hay situacin en que un ser racional se halle colocado, desde el cristiano mejor instrudo hasta el ms rudo brbaro, que no d lugar a la urgencia moral por la adquisicin, ejercicio y manifestacin de cualidades voluntarias buenas o malas. La salud y la enfermedad, el placer y el disgusto, la riqueza y la pobreza, el saber y la ignorancia, el poder y la sujecin, la libertad y la esclavitud, la civilizacin y la barbarie, todos tienen sus cometidos, todos contribuyen a la formacin del carcter; porque cuando hablamos de un estado de prueba, debe recordarse que los caracteres no slo son juzgados o probados o puestos de manifiesto, sino que tambin se engendran y se forman por las circunstancias. Las mejores disposiciones pueden ha-

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371 llarse entre las criaturas humanas ms abatidas y lamentables. De dos agentes que son indiferentes al gobernador moral del Universo, el un podr ser ejercitado y probado por medio de las riquezas, el otro por la pobreza. El trato que se da a estos dos parece ser muy opuesto, mas en verdad, es igual; porque aunque por muchos respectos hay una gran disparidad entre ambas condiciones, ambas son igualmente pruebas: ambas tienen sus obligaciones y tentaciones, no menos arduas, no menos peligrosas en un caso que en otro. Las virtudes pasivas, contina, las ms severas y sublimes de todas, y quizs las ms aceptables a la Divinidad, deberan ser excludas de una constitucin en que la felicidad y la desventura fuesen regular consecuencia de la virtud y del vicio. La paciencia y la conformidad en la calamidad, afliccin y dolor; la firme confianza en Dios y en su bondad final, en el tiempo en que todas las cosas nos son adversas y nos desalientan; y (lo que no es menos difcil) un deseo cordial de la felicidad de los dems, aun cuando nosotros mismos carezcamos de ella: estas disposiciones que por ventura constituyen la perfeccin de nuestra naturaleza moral, no hallarn su propio oficio y objeto en un estado de declarada retribucin y en que por consecuencia el sufrimiento del mal debiera ser slo someterle a un castigo. Nunca terminaramos este artculo si hubisemos de transcribir todos los prrafos y lugares de la obra en que a manera del que acaba de leerse, se nota la doctrina ms pura llena de la uncin ms consoladora; pero no podemos menos de copiar algunos prrafos del eplogo donde a la par de la buena doctrina, campea la ms fina dialctica. “En todos los casos en que el entendimiento se halla en peligro, dice, de que le embarace y confunda la variedad, procura asegurarse fijndose en unos pocos puntos demostrados o quiz cindose a un solo ejemplo. Entre la multitud de pruebas, que se han presentado, una hay que puede citarse con especialidad. Si observamos que en cualquier materia apenas hay dos hombres que se fijan en un mismo ejemplo, la misma diversidad en la eleccin manifiesta la fuerza del raciocinio, pues manifiesta el nmero y la competencia de los ejemplos. No hay materia en que sea tan comn la tendencia a detenerse en tpicos selectos o singulares, porque no hay materia que en toda su extensin tenga tan grande latitud como la de la Historia Natural aplicada a probar la existencia de un creador inteligente. Por mi parte, me cio a la anatoma humana; y los ejemplos de mecanismos que pueden citarse de entre el copioso catlogo que en ella hay, son el gozne sobre el cual la cabeza hace su movimiento rotatorio, el ligamento dentro del cuenco de la articulacin de la cadera, la polea o msculo troilear del ojo, la epiglo-

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372 tis, los vendajes que sujetan los tendones en el taln y la mueca, la hendidura y perforacin de los msculos en las manos y los pies, la envoltura de los intestinos en el mesentreo, el curso del quilo dentro de la sangre y la constitucin de los sexos entendida por toda la creacin animal. El lector har memoria de estos ejemplos de que hemos hablado separadamente en su respectivo lugar: no hay uno solo de ellos que a mi parecer no sea decisivo, que no son exactamente mecnicos, ni he ledo ni odo que se presente solucin alguna respectiva a estas apariencias o fenmenos que en la ms mnima parte se oponga a la conclusin que fundamos en ellos. Recomendando la utilidad de este estudio, se explica as: “El hacer de esto una regla, un habitual sentimiento en nuestra mente, es echar el cimiento de todo lo que es religioso. El mundo desde entonces queda convertido en un templo y la misma vida en un continuo acto de adoracin. La mudanza no es nada menos, que cuando anteriormente apenas pensbamos en Dios y ahora apenas podemos mirar cosa alguna sin distinguir la relacin que tiene con l. Las obras de la naturaleza no necesitan ms que el ser contempladas. Contemplndolas, se ve que cada cosa que hay en ellas espanta por su grandeza, porque en la vasta escala de operaciones hacia las cuales nos conducen nuestros descubrimientos, en un extremo vemos un poder inteligente arreglando los sistemas planetarios, fijando por ejemplo la rbita de Saturno, o construyendo un anillo de doscientas mil millas de dimetro para que rodee su cuerpo, y est colgado como un arco magnfico sobre la cabeza de sus habitantes: y al otro extremo fabricando como garabaticos, concertando y apropiando un mecanismo para que puedan aflojarse y apretarse los filamentos de las alas de la ms pequea avecilla. Bajo este ser admirable vivimos. En sus manos est nuestra felicidad y nuestra existencia. De l debe venir lo que esperamos. No debemos tener por poco segura nuestra situacin. En toda naturaleza y en cada porcin de la naturaleza sobre la que podemos escribir, hallamos una esmerada atencin aun sobre las ms pequeas partes. Los goznes de las alas de una mosca y las coyunturas de sus antenas o cuernecillos estn tan perfectamente elaboradas como si el Creador no hubiese tenido que ocuparse ms que en concluir esta obra. No vemos que haya seal alguna de que este cuidadoso esmero se disminuya por la multitud de los objetos o que por la variedad se distraiga su atencin. No hay pues motivo alguno para que temamos ser olvidados o descuidados o abandonados”. Ojal que este libro donde se contienen sentimientos tan puros y sublimes de moral y religin inspirados por la contemplacin de la naturaleza, sea el texto por donde nuestra tierna juventud aprenda la doctrina santa que

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373 algn da haya de servirle de consuelo en su vejez despus de haberle guiado en la primavera de sus das, cortejada de las virtudes, el templo de la mortalidad. Aprobado por la Comisin de Literatura de la Real Sociedad Patritica de La Habana, y Julio 14 de 1832. Domingo del Monte. Sec. Excmo. Sor. Esta debe sujetarse a la censura teolgica. Habana y Julio 17 de 1832. Jos De—————————————.[Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, legajo 603, signatura o nmero 37.]

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374 Dos hombres extravagantes llamaron la atencin de la antigedad, y comprando la gloria expensas del capricho, han trasmitido sus nombres con el epteto de filsofos, ms como prueba de su miseria que como signo de su sabidura. Hablamos de aquel llorn Herclito y del risueo Demcrito. Son las risas y los lloros efectos de la debilidad y sensibilidad humana, mas no correctivos del error; y si nuestros Herclitos y Demcritos modernos enjugasen sus lgrimas intiles, omitiesen sus insultantes burlas, y se aplicasen con valor y prudencia destruir el crimen y protejer la virtud; haran servicios sus semejantes quienes ahora miran con inerte compasin, con atrevido desprecio. ¡Qu frtil en recursos es la vanidad, cuando se une la pereza! Uno se queja de que el pueblo nada aprecia, otro le ultraja, llamndole ignorantes; estotro le supone incorregible, y mientras que nada hacen para ilustrarle y moralizarle, creen hallar en su misma injusticia un velo que cubra su vana indolencia. Llammosla vana, porque si bien se reflexiona, no tiene otro origen sino el deseo de la singularidad que se pretende obtener, y que por desgracia se obtiene a poca costa; y esto nada importara, si solo pasasen por entes raros, y no por filsofos profundos. Tiempo es ya de pasar de las ficciones a las realidades y de excitar el espritu pblico por medios conducentes al laudable objeto de la rectifi-ESPRITU PBLICO1 (1834)1 En el original aparece la siguiente nota: “New York, 16 de febrero de 1833. Saco mo: Don Flix me haba ofrecido un artculo ideolgico para la Revista, y la hora anunciada me enva en su lugar el adjunto sobre Espritu Pblico; pero no hay cuidado, que aqu quedo yo para hacerle cumplir lo prometido. Toms Gener.” La lectura de este trabajo hace evidente que s es el artculo ideolgico prometido por Varela. De igual forma, se puede comprobar el nexo estrecho entre el mismo y las Cartas a Elpidio que aparecieron al ao siguiente de la publicacin de Espritu Pblico segn sugiere Varela en la carta a Jos del Castillo de abril de 1834, ya incertada en la presente edicin. (Nota de los compiladores )

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375 cacion social, disipando vanos temores que provienen de la inconsideracin la malicia. El pueblo no es tan ignorante como le suponen sus acusadores. Verdad es, que carece de aquel sistema de conocimientos que forman las ciencias, pero no de las bases del saber social; esto es, de las ideas, y sentimientos que se pueden hallar en la gran masa, y que propiamente forman la ilustracin pblica. Esta se propaga y aumenta, consiguindose mayor grado de ilustracin general y mayor nmero de ilustrados. No hay pueblo constitudo, que no sea capaz de este aumento, y en que no sea fcil conseguirlo, si la prudencia dirige las operaciones. Qu debe pues practicarse? La respuesta ocupara muchos volmenes, y argira en nosotros la misma vanidad que reprendemos. Encargumosla pues los sabios, contentndonos por nuestra parte con indicar las causas que animan, desalientan el espritu pblico. Los medios de promover el bien social se distinguen del deseo de promoverles: aquellos forman las ciencias polticas y ecnomo-polticas; este constituye lo que llamamos espritu pblico, y el mejor medio de crearlo, es suponer que existe. Hay ciertas anomalas en la sociedad, que es intil sujetar investigaciones; pero muy conveniente reducir prctica, valerse de ellas como de medios para conseguir un fin social. Contra todos los principios cientficos prueba la experiencia, que inventar un nombre, es producir un objeto. Dado aquel, est formado un partido; pues la ficcin de un hecho general le da existencia. Nada es ms poderoso que el ejemplo, y cuando un individuo llega persuadirse de que todos la mayor parte de sus conciudadanos se hallan animados del deseo ardiente de promover el bien social, y que estn dotados de energa para conseguirlo, no puede mnos de sentirse igualmente animado, y su animacin real, fruto acaso de otra ideal, produce efectos admirables. Cuando el pueblo opera en masa, no puede averiguar hechos: no sabe por qu opera; mas al fin opera. Llnase de un entusiasmo laudable, congratlase de la universalidad del sentimiento pblico, y llnase de orgullo al creerse miembro de una sociedad ilustrada y activa, a que al cabo llega serlo. De este gran bien le privaran nuestros mustios Herclitos, y ridculos Demcritos. ¡Pero qu! Aconsejamos que se engae al pueblo? Pretendemos que se le adormezca y adule? Lejos de nosotros tan inicuas ideas, de nosotros que tantas veces las hemos deplorado. Queremos s, que no se le desaliente por medio de vagas declamaciones, que siempre exageran el mal, aunque jams le curan. Creemos que es un deber de los amantes del pueblo, hacerle justicia, confesando que desea emplear los medios que puedan conducirle la prosperidad y rectitud; y que en todos los escritos y en

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376 todas las conversaciones de personas de influencia debe suponerse la existencia del espritu pblico; pues cuando acerca de su grado y extensin se guarda un juicioso silencio, no se comete ningn engao. No es una crueldad, por no decir una infamia, desanimar los buenos, hacindoles creer que sus esfuerzos sern vanos por no tener compaeros? Y dejarn de tenerlos en una sociedad constituda, sea la que fuere? Acaso es el crimen y no la virtud el vnculo social? No nos alucinemos; un pueblo de perversos es un ente tan imaginario, como un pueblo de insensibles. Aun entre los brbaros, si es que se hallan reunidos, observamos rasgos de virtud que deben su unin. El inters social no es un impulso de la sensibilidad, sino de la razn; y algunas teoras, llamadas filosficas para deshonra de la Filosofa, no son sino delirios que sirven de castigo los mismos delirantes. Existe s, existe el espritu pblico, y mucho ms en los pueblos, cuyas circunstancias proporcionan pbulo esta llama que destruye el crimen, y acrisola la virtud. Otro de los medios de fomentar el espritu pblico es la vigilancia en atacar sin demora, pero con suma prudencia sus ms ligeros extravos. La desgracia de haber errado, desanima los pueblos no menos que los individuos, pues confundiendo la timidez irresolucin con la prudencia, se pretenden evitar nuevos errores, cometiendo el gravsimo del abandono. De aqu la necesidad de corregir el mal en su principio, pues si vanagloriado el pueblo por largo tiempo con la rectitud de sus operaciones, se encuentra al fin desengaado, cae de golpe en una profunda tristeza y aun en la desesperacin. Pero qu tino no es necesario para que al ocurrir este inconveniente, no se produzca a otro igualmente funesto? Las continuas insinuaciones de los escritores llegan a fastidiar a la muchedumbre, que empezando por desatenderlas, acaba por despreciarlas. Es preciso pues, un estudio de las circunstancias y carcter del pueblo, sin lo cual sern vanos todos los esfuerzos. Contrayndonos nuestro pas, que ser siempre el objeto de nuestros escritos, con cunta injusticia suelen acusarle algunos imprudentes de falta de espritu pblico? Existe, s, existe entre nosotros el acendrado amor de la patria, el deseo de contribuir al bien social que caracteriza los pueblos mas cultos; queremos promover ese bien pblico que ha sido siempre el objeto de las leyes, el mvil de las almas grandes, las delicias de los sabios, la recompensa de los virtuosos y el terror de los criminales. La naturaleza que de todos modos nos llama la prosperidad, no ha olvidado inspirarnos el amor ella, y ha concedido con profusin los medios intelectuales para conseguirla. A juzgar de los pueblos como de los hombres (y de qu otra manera debe juzgarse?) no nos equivocaramos en decir, que estando las pasiones en razn directa de la capacidad para sus objetos; y que encon-

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377 trndose en nuestro suelo una capacidad extraordinaria, debe tambin existir esta pasin en un grado muy elevado. No falta pues, otra cosa, sino aplicar los medios. Mas cuales son estos? Cules las misteriosas fuentes del bien pblico? La ilustracin y la moralidad. He aqu los dos grandes objetos de la reunin de los amantes de la patria. No faltan planes; faltan solo recursos: mas estos no se adquieren con arengas, sino con trabajos. La indolencia es el cncer de la prosperidad. Enhorabuena que los pueblos pobres, se contenten con la mediana: el de la Habana puede y debe aspirar a la perfeccin. Pero he aqu un punto sobre el cual desgraciadamente se tienen ideas muy equivocadas. Los grandes, pero efmeros esfuerzos producen efectos semejantes a sus causas; y el espritu pblico que se manifiesta de este modo, es ms bien un volcn que abrasa, que no un sol que ilumina. La reunin de los medios debe ser permanente, para que lo sea su aplicacin, y por consiguiente sus resultados. La brillantez halaga la vanidad, pero no consolida la virtud. De aqu es, que el gran edificio se desploma, y sus ruinas desalientan nuevos fabricantes. Guiados por estas ideas, aconsejaramos como medio principal de fomentar la ilustracin, que es la primera fuente del espritu pblico, que se formase una suscripcin general; y para que realmente lo fuese, debera de fijarse una cantidad mensual muy corta, procurando que las personas ms ricas fuesen las primeras en suscribirse por ella y no ms. De este modo, sus nombres serviran de estmulo sus compatriotas de mediana fortuna, que dispuestos contribuir, no lo hacen muchas veces, porque temen que se les exijan cantidades que no pueden donar. De este modo nadie sufrira, y todos, todos seran beneficiados. De este modo se conseguira que el pueblo adquiriese el hbito, y se persuadiese del deber de fomentar la ilustracin. De ese modo cada uno se congratulara al observar los buenos frutos, considerndolos debidos sus esfuerzos, lo mismo que los del hombre ms acaudalado. De este modo, en fin, veramos establecidas escuelas gratuitas en todos los pueblos; veramos brotar como por una especie de magia los medios de la ilustracin; y veramos el pas que hasta aqu ha sido de la abundancia, ser tambin el de los conocimientos, y recuperar por ellos el rango que va perdiendo. Si cierto nmero de personas caracterizadas instruidas quisiesen dar el primer impulso, quin duda que su voz de salud sera repetida por millones de ecos? Si quisiesen... pero quin duda que quieren. Parcenos ya ver estos astros protectores en el horizonte cubano, y la juventud fijando en ellos la vista con risueo rostro para recibir su benfico influjo. Existen, s, existen entre nosotros estos seres dignos del aprecio pblico, y quienes elogiamos con tanta ms pureza, cuanto nuestros elogios no se dirigen ninguno en particular. No temis, hijos benemri-

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378 tos de la patria, no temis que la envidia atribuya vanidad las pequeas ofrendas que hicireis en obsequio de la ilustracin. Pagad una deuda sagrada contrada por vuestras virtudes, y aumentada diariamente por los homenages que ellas arrancan. Temis la envidia? Dudis del xito? Os arredra el trabajo? Os detiene la modestia? Sacrificaris estos sentimientos el bien de la patria? No. Vuestras virtudes nos dan otra esperanza, y ya nos preparamos recoger los frutos de vuestros esfuerzos. La ilustracin conducir la moralidad; mas esta requiere otros auxilios. Cualquiera que haya reflexionado sobre los fenmenos del corazn humano, conocer, que no es tanto la falta de ideas, cuanto la de hbitos, la que forma los perversos. Conocemos el mal, pero habituados practicarle y verle practicar, desatendemos los dictmenes de la razn, y hacemos mal uso del don precioso de la libertad. El espritu habituado lo recto, siente una repugnancia, y encuentra gran dificultad en acomodarse al crimen; y de aqu el dicho antiguo: nadie es perverso de repente. Dedcese pues, la necesidad de inspirar rectos hbitos populares, si queremos conseguir la moral pblica. Mas como se inspiran? Con la prudente vigilancia y el ejemplo. Los pueblos no se corrigen con arengas sino con prcticas virtuosas. Renanse los buenos, nadie ataquen, nadie mortifiquen, nadie corrijan, y los corregirn a todos. Prediquen con el ejemplo, y cada palabra ser un precepto. Muy bien, se nos dir, pero dnde estn esos predicadores? ¡Dnde! ¡Ah! donde quiera que se halle un patriota; y si ya la patria no tiene hijos denodados que la ilustren, sino tmidos que la abandonen, lloremos su desolacin, funesto presagio de su ruina. Esparza la ignorancia sus tinieblas; siembre la inmoralidad sus semillas ominosas; cbrase de luto la virtud abatida, y de prpura el vicio entronizado; gima la santa religin ante los terribles monstruos de la impiedad y el fanatismo; huyan las ciencias y escndanse las artes; interrmpase el comercio; aniqulese la riqueza, y en esta escena de aficcin y espanto, vanse los hijos de una patria malhadada tranquilos observadores del infortunio de tan augusta madre. No, no son estos, meros arrebatos de una imaginacion acalorada; son s los ms puros sentimientos de un alma convencida de la realidad de los hechos, y penetrada de dolor al considerar sus funestas consecuencias. La riqueza real en unos, y el deseo de aparentarla en otros, sirven de incentivo la vanidad, y de obstculo la virtud, que jams se aviene con la inaccin, con la inaccin que errneamente se cree ser la prerrogativa de los ricos. Para destruir tan fatal preocupacin, es preciso que la parte ilustrada de estos demuestre con su ejemplo, que la riqueza no es ms que el medio de hacer bien, y que el rico que sabe serlo, vale ms por su virtud prueba de la abundancia, que por los mismos bienes que posee, pues la vanidad

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379 que se funda en ellos, es una pasin muy rastrera para las almas grandes que conocen su mrito. ¡Cunto sufre la moralidad entre nosotros, por sostener la vana ficcin de la riqueza! Este es el enemigo que debe combatirse, este el mal funesto que debe curarse. Mientras se crea entre nosotros, que la industria envilece, y que el trabajo, ora intelectual, ora mecnico, solo es necesario los que carecen de medios de subsistencia; no esperemos ms que inaccin y orgullo, hasta cierto punto disculpables, porque llega ser una necesidad social. Para ocurrir tantos males, y evitar tantos peligros, seramos de opinin, que se formase una sociedad de moral pblica, cuyo objeto fuese, no la ostentacin de juntas y reglamentos, de arengas y poesas, sino de operaciones solo trascendentales por mero ejemplo. Debe procurarse que la juventud entre en esta sociedad; mas ella no debe formarla, y menos dirigirla. El empleo de todos debe ser el de aumentar el nmero de los asociados, los cuales convengan a en dar buen ejemplo, y nada ms. Por este medio poderoso se destruye el vicio, sin exasperar al vicioso; ntes al contrario, se le halaga con la idea, de que no debe su reforma ningun gnero de compulsin. Verse entonces una muchedumbre de jvenes brillantes, que guiados por personas de alto mrito, desertarn de las banderas de la disipacin, y tan noble espectculo acaso bastar para derribarlas. Sostnganse las leyes, y resptese la religion, protjase el mrito por una multitud asociada, y muy pronto se aumentar tanto su nmero, que los malos se aterren, los dbiles se alienten, los alucinados se ilustren, y todos se mejoren. Para una sociedad de esta clase no es preciso ser sabio, basta ser virtuoso; no es preciso ser elocuente, basta ser ingenuo. El principal objeto debe ser la religin. Materia es esta de suma importancia, y sobre la cual deseamos ser bien entendidos, protestando desde ahora contra toda siniestra interpretacion calumnia. La predicacin del evangelio toca sus ministros, y aunque todos los catlicos incumbe su defensa, pide la razn que se deje aquellos, que por deber de su estado han adquirido los conocimientos competentes. No es pues una sociedad para defender la religin ni para predicarla, sino para demostrar con el ejemplo, que debe ser respetada. La prctica de la religin, su creencia, y su respeto son cosas muy distintas. Muchos practican sin creer, otros creen mas no practican, y otros por ltimo ni creen ni practican, pero respetan la religin. Sera de desear, que todos creyesen y practicasen; mas este es un don de Dios, y sus ministros toca preparar los nimos para recibirle. En el rden social puede y debe exigirse el respeto la religin aun de los que no la creen, ni practican; y ninguno que la ataca, tiene derecho llamarse patriota. Afortunadamente, todos convenimos, en que la religin bien observada con-

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380 serva la sociedad, y produce en ella infinitos bienes; y que solo su abuso acarrea los males que injustamente se le atribuyen. Por consiguiente, como miembros de la sociedad ninguno tiene derecho atacar la religin, sino solo sus abusos. Enhorabuena que el hombre en cuanto su creencia personal disponga de su conciencia; pero en el orden social no debe atacar un principio que la sociedad respeta, y de donde deriva infinitos beneficios, cuando estos no producen al incrdulo ningn dao personal. En estas bases nos fundamos para creer, que la sociedad de moral pblica, inculcando por medios prudentes y ejemplos saludables el respeto la religin, sin entrar en discusiones ni censurar nadie; no saldria de la lnea de una sociedad puramente civil, y hara un gran servicio la religin, sin exasperar sus enemigos. El respeto religioso conduce naturalmente al orden civil, resultando de la combinacin de ambos, la buena moral del pueblo que es el fin deseado. Debe ponerse todo empeo en distraer el espritu pblico de las cuestiones religiosas, pues la Historia nos demuestra, que siempre han causado graves daos las partes contendentes. Estas disputas son en otras sociedades un mal inevitable; mas en la nuestra seran una calamidad buscada. Los libros que la fomentan deben considerarse como perjudiciales en alto grado. La unidad es el origen de la paz y del poder, y ninguna unidad ms sagrada que la religiosa. Perturbarla, es perturbar la paz, y socavar el cimiento del edificio social. ¡Ridculo empeo de la ignorancia por ms que se quiera atribuir la sabidura! Lejos de nosotros la infame hipocresa, pero tambin muy lejos de nuestra alma la debilidad con que muchos se presentan impos, solo por presentarse raros. No pretendemos escudarnos con las leyes civiles ni cannicas de nuestra sociedad; escribimos este artculo segn los principios filosfico-sociales que deben gobernar todo hombre de reflexin, sea cual fuere la sociedad que pertenezca. Todo gobierno, sea de la especie que fuere, todo padre de familia sea cual fuere su condicin, todo poltico cualquiera que sea su sistema, desea ver la religin respetada por los suyos, y siente el ms leve desacato cometido contra ella. No es este un sentimiento momentneo, ni tampoco ha sido el de una otra poca. El gnero humano que en todo se presenta inconstante, ha guardado siempre una uniformidad y constancia admirable sobre este punto, si bien se ha equivocado veces en elegir objetos religiosos, dignos de tan profunda veneracin. Atacar pues, el respeto debido la religin, es atacar presuntuosamente todo el gnero humano. Con qu derecho, se dir, ataca la religin la infidelidad, si esta no le tiene para defenderla? Si la respuesta tan trivial cuanto capciosa pregun-

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381 ta debiera darse, en consecuencia del examen de la naturaleza de las cosas, diramos, que con el derecho que tiene la verdad para destruir el error, sin permitirle que esparza su veneno; con el derecho que tiene la luz para disipar las tinieblas sin permitirlas; defensa con el derecho que tiene el sabio mdico para aplicar su medicina, sin permitir que se administre practique lo que puede aumentar el mal impedir el buen efecto. Pero esto sera entrar en una cuestin teolgica sobre los fundamentos de la religin en general, y sobre los del sistema de sus enemigos. Nuestro objeto es muy distinto, y as tambin debe serlo nuestra respuesta. Recibiremos los principios de ambas partes, y no los discutiremos. Nuestra operacin se reducir a deducir de ellos y de los que gobiernan toda sociedad, una regla de conducta, que sirva para justificar reprender los procedimientos. Creen las almas religiosas, que su salud eterna y la de sus semejantes depende de la religin; advierten que esta favorece igualmente a la sociedad en general que las familias en particular; por consiguiente, la propagan, y su procedimiento es justo. Los incrdulos no se persuaden, que su salud eterna y la de sus semejantes depende de la incredulidad, pues esta empieza por negar la vida eterna; convienen en que la religin bien observada es til a la sociedad; no tienen experiencia que alegar de un pueblo incrdulo y feliz, ntes pesar suyo la tienen de los estragos de la infidelidad, pues el siglo pasado les conserva siempre la vista la imagen de un pueblo reducido un estado brutal, solo por pretender la destruccin de todo principio religioso; humillado despus hasta el extremo de confesar su error, mandando inscribir sobre los muros de los templos arruinados: “la Repblica Francesa reconoce la existencia de Dios y la inmortalidad del alma”; y por ltimo, este mismo pueblo se le presenta vuelto la vida, cuando volvi la religin. Aparece pues, que la incredulidad por sus mismos principios, y por la experiencia social que est contra ella, no tiene derecho su propagacin. Enhorabuena que cada hombre tenga sus ideas: nosotros no entramos, ni queremos entrar, ni entraremos jams en esta cuestin que no nos pertenece. Slo decimos, que no puede jactarse de patriota el que quiere sujetar la sociedad experimentos innecesarios; pues sin ellos se consigue el fin por medio cierto; y mucho menos experimentos fatales, que siempre que se han ensayado, han producido la desolacin. Desearamos pues que la reunin de los buenos se empease en conservar el respeto religioso como en antdoto del veneno que con tanta sagacidad propinas los alucinados enemigos de la moral, aunque pretenden serlo solamente de la religin. Los jvenes, que por nada ms que por sentimiento suelen hablar contra los principios religiosos, dejarn de hacerlo, y volarn unirse una sociedad que los honra, y les presenta objetos dignos de sus

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382 talentos. La juventud ama lo recto, y solo es necesario sabrselo presentar. El principal sujeto sera, no dar esta sociedad un carcter religioso bajo otro sentido que el de una sociedad de buenos. Sabemos lo que puede el sarcasmo, y lo fcil que es encontrarlo y emplearlo. Un epteto ridculo, una indirecta ignorante, una frase que suene bien, aunque nada diga, un rasgo copiado de un bajo pero elocuente declamador; bastaran para detener la carrera de la reforma de las costumbres. ¡Ah! Luego que el rbol se radique, bien pronto extender sus ramas, y su sombra reposar la virtud. Bien pronto el placer de ser bueno atraer a los malos, y la fuerza del ejemplo destruir la de una preocupacin tan perniciosa. Otra de las relaciones del espritu pblico, es la que podemos llamar espritu de empresa, y en este somos tan frtiles, que ojal lo furamos tambin en el de constancia! Apenas habr un proyecto europeo americano, que no haya tenido imitacin en nuestro pas, y de que no se encuentren planes en alguna de las secretaras. Todo lo imitamos, pero todo en miniatura y por el momento, bien que lo anunciamos, como si hubiese de tener un volumen colosal y una larga duracin. Esperamos que nuestra ingenuidad no ser desaprobada, pues solo tiene por objeto excitar nuestros compatriotas para que no dejen dormir en el polvo los proyectos comenzados, y que en la empresa de otros nuevos sean ms circunspectos para ser ms felices. Pero de qu proviene este mal? Muchos que no quieren tener el trabajo de pensar, responden muy pronto, de que no hay espritu pblico, de que todos son haraganes. ¡Cunta injusticia! Mas para qu demostrarla? La razn es otra, injustos acusadores. El mal proviene de una funesta preocupacin fortificada por el tiempo, y protegida por el hbito; de una preocupacin contra la cual todos claman, y de la que casi todos son vctimas; de una preocupacin que consiste en persuadirse que solo el gobierno es quien debe procurar la prosperidad pblica; que los habitantes, solo por un efecto de generosidad, y no por obligacin contrada con la patria, se empean en hacer bien al pas; que todas sus funciones se reducen al cuidado de sus negocios domsticos; y que finalmente no tienen ningn derecho mezclarse en las cosas pblicas, pues el gobierno se opone ello. El gobierno se opone ello? Y en qu puede fundarse esta asercin? Nosotros no adulamos al gobierno, as como tampoco adulamos nadie; pero s respondemos en su favor, que no ha dado motivo semejante sospecha. Un gobierno, menos que no est compuesto de locos y entonces ya no es gobierno, jams puede oponerse lo que le acredita y consolida. No debe esperarse que l permita, que cada cual haga lo que le parezca respecto a las obras pblicas del pas, porque no siendo este de ninguno en particular, y s de todos en general, al gobierno toca desempear estas atribuciones: pero figurarse, que

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383 el gobierno de la isla de Cuba ponga obstculo ningn proyecto racional, es buscar una disculpa que sirva de velo causas no muy decorosas. La vanidad de creer, que un pas as como una familia debe sacrificarlo todo al renombre y la brillantez, ha inducido siempre los nuestros erogar grandes sumas, solo para dar gran tono las empresas aun antes de comenzarlas. De este vano sentimiento debilidad de los patriotas se aprovechan los codiciosos y los bajos para promover su inters privado expensas del pblico; y ellos mismos, al paso que elogian ridculamente las empresas, presentan indirectamente mil obstculos para que duren, y con ellas su ganancia. Al fin, todo se abandona, inventndose nueva empresa, se adquiere nueva ganancia. Esta es la verdad limpia y sin rodeos; esta, la oposicin del gobierno; esta, la falta de espritu pblico; esta, la indolencia que se acusa; y esta en una palabra, la causa principal del mal que lamentamos. ¡Pueda este artculo removerla, por lo menos darla conocer; y quiera el Cielo, que nuestros compatriotas ms apercibidos trabajen de concierto en promover la ilustracin, la moral, y la industria, excitando el espritu pblico para que consagre sus desvelos estos objetos interesantsimos.[Revista Bimestre Cubana, No. 9, La Habana, 1ro de enero de 1834.]

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Introduccin / V Primera parte. Ctedra de Constitucin. Escritos y discursos / 1Comunicaciones en la prensa acerca de Flix Varela / 3Discurso pronunciado por el presbtero Don Flix Varela, en la apertura de la clase de Constitucin, de que es catedrtico (1820) / 4Observaciones sobre la Constitucin poltica de la monarqua espaola / 7Introduccin / 11 Segunda parte. El diputado. Documentacin, intervenciones y proposiciones / 71El ciudadano D. Flix Varela, a los habitantes de La Habana despidindose para ir a ejercer el cargo de Diputado en las Cortes de 1822--1823 / 73Comunicaciones dirigidas al cura del pueblo de la Salud, al Sr. Jefe Superior Poltico de esta provincia [Habana] y a D. Toms Gener (1822) / 74Carta dirigida el 2 de abril de 1822, a D. Nicols Mahy / 75“Breve exposicin del estado actual de los estudios de La Habana”. Presentada por Flix Varela, Madrid, mayo 14 de 1822 / 76Intervenciones de Flix Varela en las sesiones a Cortes del perodo Legislativo 1822-1823 / 79Proyecto para el gobierno de las provincias de Ultramar / 88Polmica en Cortes sobre la independencia de Amrica / 94NDICE

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Proyecto y memoria para la extincin de la esclavitud en la isla de Cuba / 113Proyecto de decreto sobre la abolicin de la esclavitud en la isla de Cuba y sobre los medios de evitar lso daos que pueden ocasionarse a la poblacin blanca y a la agricultura / 120Relato de Flix Varela sobre la cada del rgimen constitucional en Espaa / 128 Tercera parte. El Habanero. Papel poltico, cientfico y literario (1824-1829) / 137El Habanero. Tomo I, no. 1 / 141 Mscaras polticas / 145 Cambia-colores / 149 Consideraciones sobre el estado actual de la isla de Cuba / 152 Conspiraciones en la isla de Cuba / 156 Sociedades secretas en la isla de Cuba / 156El Habanero. Tomo I, no. 2 / 167 Tranquilidad de la isla de Cuba / 169 Estado eclesistico en la isla de Cuba / 178 Bombas habaneras / 183 Amor de los americanos a la independencia / 186 Carta a un amigo respondiendo a algunas dudas ideolgicas / 192El Habanero. Tomo i, no. 3 / 195 Paralelo entre ka revolucin que puede formarse en la isla de Cuba por sus mismos habitantes; y la que se formar por la invasin de tropas extranjeras / 197 Instrucciones secretas dadas por el duque de Rauzan al coronel Galabert en Pars / 202 Dilogo que han tenido en esta ciudad un espaol partidario de la independencia de la isla de Cuba y un paisano suyo anti independencia / 207 Instrucciones dadas por el gabinete francs a Mr. Chasserian, enviado a Colombia / 222 Suplemento al No. 3 de “El Habanero” / 225El Habanero. Tomo I, no. 4 / 227

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Persecucin de este papel en la isla de Cuba / 229 Comisin militar en La Habana / 233 Run Run / 237 Carta del editor de este papel a un amigo / 239El Habanero. Tomo I, no. 5 / 243 Necesita la isla de Cuba unierse a alguno de los gobiernos del Continente Americano para emanciparse de Espaa? / 245 Es necesario, para un cambio poltico en la isla de Cuba, esperar las tropas de Colombia o Mxico? / 249 Qu deber hacerse en caso de una invasin? / 250 Es probable una invasin? / 252 Hay unin en la isla de Cuba? / 253 Dos palabras a los enemigos de “El Habanero” / 255El Habanero. Tomo I, no. 6 / 257 Real Orden de Fernando VII prohibiendo “El Habanero” / 259 Reflexiones sobre la Real Orden anterior / 260 Esperanzas frustradas / 263 Reflexiones sobre los motivos que suelen alegarse para no intentar un cambio politico en la isla de Cuba / 268 Consecuencias de la rendicin del castillo de San Juan de lua respecto a la isla de Cuba / 271El Habanero. Tomo II, no. 1 / 273 Carta al redactor del Diario de La Habana / 275 Comunicacin oficial / 281 Reflexiones sobre los fundamentos de la confianza que se tiene o aparenta tener en La Habana sobre la permanencia del estado poltico de la isla / 284 Cuarta parte. EEscritos, documentos y cartas (1824-1834) / 287Documentos oficiales contra actividades y publicaciones polticas de Flix Varela en el exilio / 289Tres cartas polticas de Flix Varela (1825) / 297Flix Varela. Correspondencia con Jos de la Luz y Caballero (1825-1829) / 302Escritos varios (1826-1830) / 304Epistolario poltico, filosfico (1832-1834) / 315

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Trabajos varelianos para la Revista Bimestre Cubana (1832-1834) / 332Trabajo indito de Flix Varela en el que se analiza la obra de W. Paley titulada “Teologa natural o demostracin de la existencia de los atributos de la divinidad, fundada en los fenmenos de la naturaleza” publicado en 1825 / 347Espritu pblico (1834) / 374