La Polémica filosófica cubana

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Material Information

Title:
La Polémica filosófica cubana
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Uniform Title:
UCB José Martí National Library of Cuba Cooperative Project
Physical Description:
<1-> : ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Conde Rodríguez, Alicia
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Philosophy   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references.
Statement of Responsibility:
ensayo introductorio, compilación y notas, Alicia Conde Rodríguez.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 47936350
lccn - 2001388342
isbn - 959707818X
ocm47936350
Classification:
lcc - B92 .P65 2000
ddc - 199/.7291
System ID:
AA00008688:00001


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Full Text

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portadillaBIBLIOTECADECLASICOSCUBANOS 1838-1839(VolumenI) POLEMICALACUBANAFICAFILOSO

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B IBLIOTECA DE C LSICOS C UBANOS C ASA DE A L TOS E STUDIOS D ON F ERNANDO O R TIZ U NIVERSIDAD DE L A H ABANA R ECTOR DE LA U NIVERSIDAD DE L A H ABANA Y P RESIDENTE Juan Vela V alds D IRECTOR Eduardo Torres-Cuevas S UBDIRECTOR Luis M. de las Traviesas Moreno E DITORA PRINCIP AL Gladys Alonso Gonzlez D IRECTOR AR TSTICO Earles de la O Torres A DMINISTRADORA EDITORIAL Esther Lobaina Oliva

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BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOSEnsayointroductorio,LAHABANA,2000compilacinynotasAliciaCondeRodrguez portada1838-1839(VolumenI) POLEMICALACUBANAFICAFILOSO

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Responsable de la edicin: Zaida Gonzlez Amador Realizacin y emplane: Beatriz Prez Rodrguez Todos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2000 ; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, no. 10 ISBN 959-7078-18-X ISBN 959-7078-19-8 Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, V edado, Ciudad de La Habana, Cuba Diseo grfico: Earles de la O Torres Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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NOT A A LA PRESENTE EDICIN La nueva edicin de la Polmica Filosfica (1838-1840) que se presenta a los lectores aparece estructurada, esta vez, cronolgicamente, de manera que no se pierda la intensidad del debate que en muchas ocasiones suceda de forma simultnea. Por el contrario, la estructura de la obra por temas, realizada por Roberto Agramonte, no permita advertir la dimensin de la dinmica real de la contienda terica, y como todo esquema anulaba una parte importante del espritu que la fecundaba. A la vez, la divisin realizada por aos nos sugiri la necesidad de indicar en el texto los temas que se abordaban en la polmica, de manera que el lector se mantuviera orientado en sus contenidos. Debe agregarse que se respetaron las notas elaboradas por Roberto Agramonte, Alfredo Zayas y el propio Jos de la Luz y Caballero, aunque algunas fueron debidamente rectificadas y aclaradas conceptualmente por su significacin en la comprensin de la historia de las ideas en Cuba. De este modo es, la presente, edicin homenaje al bicentenario del nacimiento de Jos de la Luz y Caballero. Hace algunos aos este empeo pareca imposible. Gracias al esfuerzo reunido y resumido en el proyecto de Biblioteca de Clsicos Cubanos de la Casa de Altos Estudios don Fernando Ortiz, un viejo sueo es una realidad nueva. Mi debida consideracin a Eduardo Torres-Cuevas por la escuela que significa trabajar a su lado, a Armando Hart Dvalos, que impuls y alent desde un inicio la urgencia de esta publicacin, a Zayda Gonzlez Amador que siempre hizo ms y a Ramn Tambara Becerra, cuya labor paciente y prolija es, sin dudas, de las ms necesarias. Muchos fueron los amigos que animaron esta empresa y confiaron en su realizacin. Todos forman parte de ella. A LICIA C ONDE

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l, el padre; l, el silencioso fundador; l, que a solas arda y centelleaba, y se sofoc el corazn con mano heroica, para dar tiempo a que se le criase de l la juventud con quien se habra de ganar la libertad que slo brillara sobre sus huesos; l, que antepuso la obra real a la ostentosa y a la gloria de su persona, culpable para hombre que se ve mayor empleo, prefiri ponerse calladamente, sin que le sospechasen el mrito ojos nimios, de cimiento de la gloria patria; l, que es uno en nuestras almas, y de su sepultura ha cundido por toda nuestra tierra, y la inunda an con el fuego de su rebelda y la salud de su caridad; l, que se resign para que Cuba fuese a parecerle, en su tiempo y despus, menos de lo que era (...) l, que de la piedad que reg en vida, ha creado desde su sepulcro, entre los hijos ms puros de Cuba, una religin natural y bella, que en sus formas se acomoda a la razn nueva del hombre, y en el blsamo de su espritu a la llaga y soberbia de la sociedad cubana; l, el padre, es desconocido sin razn por los que no tienen ojos con qu verlo, y negado a veces por sus propios hijos. J OS M ART

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I Los ecos de una polmica La cultura cubana est signada en su proceso histrico por un acontecimiento que acusaba el mayor enfrentamiento de ideas que jams se haya conocido en la historia intelectual de la Isla. Se trata de la polmica terica desatada desde los principales peridicos de La Habana, Matanzas, Trinidad y Camagey Diario de La Habana, Noticioso y Lucero, La Aurora de Matanzas, Gaceta de Puerto Prncipe, Correo de Trinidad entre los aos de 1838 a l840. El punto de partida de tan amplio enfrentamiento fue la reforma que sobre la enseanza haba sugerido Jos de la Luz y Caballero en la Advertencia-Proemio al Elenco de 1834, luego publicada en la Gaceta de Puerto Prncipe el 12 de mayo de 1838. Si bien el Elenco no provoc ninguna reaccin en su momento, no ocurri as cuando se reedit en la publicacin principea. El contexto intelectual, social y poltico se haba modificado sustancialmente. En consecuencia, qued colocada sobre la mesa de discusiones la esencia misma del cmo pensar y del cmo conocer las problemticas ms candentes de la sociedad cubana de entonces; ms an, las perspectivas del conocimiento y de la formacin cubanas. Mtodos, concepciones, conceptualizaciones y teoras que abarcaban todas las ramas del conocimiento y de sus interpretaciones ocuparon el centro del debate que era y es, el punto de partida de cualquier intento de conocer y explicar una realidad. Aunque ha sido nombrada histricamente como La Polmica Filosfica en virtud de su dimensin cultural y poltica, de sus consecuencias para Ensayo Introductorio Ensayo Introductorio PARA UNA TEORA CRTIC A DE LA EMANCIP A CIN CUBANA Alicia Conde Rodrguez

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4 \ 4 \ ENSAYO INTRODUCTORIO las ciencias y para la formacin de una conciencia nacional, en la presente edicin decidimos ttularla La polmica filosfica cubana Otra razn nos obligaba a esto. En ella se defenda, por parte de los seguidores de la concepcin liberadora de Flix V arela, la idea esencial de crear una sophia cubana que fuera tan sophia y tan cubana como lo fue la griega para los griegos. 1 Por otra parte, en la repercusin que tuvieron las contiendas suscitadas en diversos lugares de Amrica Latina, bien se hace notar que estaba en juego el destino intelectual y la cosmovisin interna de naciones en brotacin. La trascendencia de este suceso marc tendencias en ms de un aspecto en pases como Colombia, Chile, Venezuela, Argentina, Puerto Rico, entre otros. El debate continu entre dos lneas de pensamiento por imponer concepciones tericas materializadas en textos y mtodos de enseanza y de investigacin, y en la literatura; la una, implicaba la construccin metafsica de la realidad para mantener el orden presente de la sociedad que no era ms que el orden preceden t e con cambio de ropaje en el contenido conceptual; y la otra, aspiraba al conocimiento de esa realidad a partir del descubrimiento de sus componentes internos y de la lgica real no slo conceptual, basndose en la observacin y la experimentacin y en la experiencia, para, entonces, remodificar la sociedad. El hecho poltico latinoamericano requera, en primera instancia, de un corpus de ideas en el cual reconocerse a s mismo y a la vez, crearse a s mismo. Una simple mirada a la discusin terica en algunos de estos pases nos demuestra su alcance. En V enezuela haba prevalecido la enseanza de las doctrinas de Condillac en los colegios y en la Universidad de Caracas. Manuel Ancza r, 2 no muy atendido por la tradicin filosfica de este pas, presenci la polmica de La Habana y asumi los criterios de los partidarios de Cousin en Cuba. Prosigui, de regreso a la tierra caraquea, la contienda desatada a propsito de las cuestiones sealadas entre Fermn Toro y Rafael Acevedo, con quien discrepara por no sostener los postulados de la nueva filosofa de la Francia del siglo XIX : el eclecticismo espiritualista. El fondo del problema no era otro que legitimar el ejercicio del poder de las elites en formacin de las nacientes sociedades republicanas. La figura de mayor relieve en la educacin y en la medicina en V enezuela lo era, por entonces, Jos M. V argas, quien bas todas sus investigaciones en el mtodo experimental. Su referente ms cercano, Juan Ams Comencio, fue considerado el Bacon de la pedagoga en su pas. 1. Jos de la Luz y Caballero: Elencos y discursos acadmicos, Editorial de la Universidad de La Habana, La Habana, 1950, v. II, p. XX 2. Ver Manuel Anczar y sus Lecciones de psicologa y moral, de Gilberto Loaliza Cano, en Revista Historia Crtica no. 13, julio-diciembre de 1996, Universidad de los Andes.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 5 / 5 La tendencia de asumir acrticamente a Vctor Cousin tuvo en Andrs Bello una de sus expresiones ms conocidas. Lastarria dira: El seor Bello abandonaba en sus artculos el fatalismo histrico y no haca mencin siquiera de su antigua adhesin a la doctrina de Herde r Pero tampoco revelaba una idea fija sobre la filosofa de la historia, porque ahora tomaba para dirigirse un gua peor y ms engaoso que aquel eminente telogo, a V Cousin, [quien, libaba] como el picaflor por eclectizar .... 3 En Argentina, un profesor francs discpulo de Cousin, Amadeo Jacques, 4 trat de implementar sus ideas sobre educacin, las cuales comparta con Domingo F austino Sarmiento, ocupando desde entonces un lugar en la historia de la tradicin filosfica de ese pas. Se distanciara de su maestro y desde el Colegio Nacional de Buenos Aires propondra incesantemente nuevos planes de educacin. De este modo concretaba su idea esencial de llevar la civilizacin a las jvenes repblicas americanas donde todo quedaba por hace r En Francia, en cambio, se haban perdido todas las libertades pblicas desde el golpe de Estado de 1852. Con este hecho haba desaparecido toda posibilidad de difundir y poner en prctica sus ideas sobre educacin. En carta a Sarmiento de 17 de agosto de 1862, revelara: ... considero la enseanza seria de estas ciencias [se refiere a las ciencias naturales y fsicas] como el gran desideratum de la instruccin pblica en estos pases, que no pueden convertirse sino a travs de ella en lo que deben tender con todas sus fuerzas a ser un da. Quiero decir: en una gran nacin agrcola e industrial. 5 Seguidores o no de Cousin, lo cierto es que el pensador francs no dejaba de ser un referente importante para la intelectualidad de Amrica Latina acostumbrada a pensar desde Europa. Oligarquas nacionales que contaban desde entonces con un ncleo terico que les daba organicidad como elite hegemnica y les colocaba en las manos una frmula ideal que, justificando la pirmide social, fuese tambin el ideal de convergencia. Es legtimo aclarar que las influencias de las concepciones de Vctor Cousin, en particula r y del debate generado en La Habana a mediados del siglo XIX son un fenmeno que habr que seguir profundizando en prximos estudios debido a los escasos materiales con que aun hoy contamos. La bsqueda apenas se inicia con voluntades de amigos colegas. Lo cierto es que no partimos de generalizaciones a priori para adecuarlas a los diferentes pases, sino que lo efectuamos desde el estudio de las realidades 3. Recuerdos literarios segunda ed., Santiago de Chile, 1885. 4. Patrice Vermeren: Amadeo Jacques. El sueo democrtico de la filosofa, Edic. Colihue S. R. L., Buenos Aires, Argentina, 1998. 5. Carta indita de Amadeo Jacques a Domingo Faustino Sarmiento, Patrice V ermeren, ob. cit., p. 160.

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6 \ 6 \ ENSAYO INTRODUCTORIO nacionales p ara derivar conclusiones ms generales que por ser histricas, permiten comprender a Amrica Latina. Jos de la Luz y Caballero, desde Cuba, con un conocimiento medular de las obras de Vctor Cousin, fue el nico filsofo latinoamericano y quizs del mundo, que no slo acometi, sino que logr el desmontaje terico de las propuestas del pensador francs. Demostr las trampas tericas de la concepcin eclctico-espiritualista y el peligro de anulacin de todo proyecto emancipatorio para la sociedad cubana que ella encerraba; como contraparte, sala a reluci r en toda su coherencia creadora, la concepcin liberadora del hombre, de la sociedad y de la nacin que estaba en el interior del pensamiento lucista. El amplio grupo de intelectuales cubanos que intervinieron en la polmica se dividi esencialmente en dos tendencias. Por un lado, quienes sostenan la concepcin patritica de Flix V arela con todo lo que implicaba en la preparacin de un pensar para la formacin de una cultura propia; por otro, quienes rompan con esta tradicin del pensamiento propio. Tradicin, y no tradicionalismo, en tanto el objetivo vareliano-lucista era transformar para slo conservar lo autntico; formar a los ciudadanos y patriotas ni sbditos ni colonizados, a los hombres libres de conciencia que ejecutaran la obra de crear la nacin libre, republicana, laica, democrtica y de justicia social. Entre los nombres y seudnimos algunos de los cuales an hoy no se sabe a quienes corresponden de quienes se declararon abiertamente partidarios de Cousin, se encuentran Manuel Aguirre Alentado (El Adicto), Manuel Castellanos Mojarrieta (Rumilio), Miguel Storch (Dmine), Domingo Len y Mora, Nicols Pardo y Pimentel, Isidoro Araujo de Hita, Manuel Gonzlez del V alle y Jos Zacaras Gonzlez del V alle. As, tambin podemos mencionar a aquellos que se identificaban con el ideario vareliano: Jos T de la Victoria, Manuel Costales, Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareo), Francisco Funes, F rancisco Ruiz, Vicente Antonio de Castro, Antonio Bachiller y Morales y en el lugar cimero, Jos de la Luz y Caballero, quien firm, entre otros seudnimos, con el de Filolezes (amante de la verdad). Presumimos la identidad de algunos seudnimos como son los casos del F renlogo y del Ontlogo, pero de cualquier manera no existe la certeza y preferimos mantenerlos en el anonimato. Lo importante, a fin de cuentas, es la posicin terica que se sostendra por parte de unos y de otros. Habra que destaca r con especial nfasis, que la Polmica Filosfica Cubana no es un hecho puntual dentro de nuestra historia ideolgica, sino que se advierte inserta en el proceso de formacin cultural de la sociedad cubana, cuyos antecedentes la explican y cuyas consecuencias marcaran rumbos en los destinos tericos del pas. Desentenderla de este rigor histrico sera mutilar y mitigar la significacin de tan compleja confronta-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 7 / 7 cin de ideas. El para y el por qu del debate en Cuba quedarn expuestos en este texto que aspira a honrar la memoria de nuestro Filolezes a doscientos aos de su nacimiento. Si hoy podemos analizar los textos de la polmica del siglo XIX y la obra toda de Luz y Caballero, es gracias a la encomiable labor realizada por algunos estudiosos cubanos que supieron comprender a tiempo su altsimo significado. Lo cierto es que las investigaciones e interpretaciones sobre la vida y obra de Luz pueden precisarse en cuatro perodos diferentes de la historia cubana: a finales del siglo XIX ; en los inicios del XX ; en el transcurso de las dcadas de los treinta y cuarenta (reestructuracin republicana); y despus del triunfo de la Revolucin en 1959. Cada perodo contribuy a la divulgacin de un pensamiento que, si bien no era comprendido en toda su profundidad, s se le presentaba como esencial en el estudio de la formacin de las ciencias y de la conciencia nacionales. Contribuyeron as a una labor de rescate y bsqueda seria que an hoy contina. El 26 de octubre de 1879, Antonio Mestre propuso a la Academia de Ciencias la publicacin de las obras ms importantes de Jos de la Luz y Caballero, y el 22 de octubre de 1880, Jos Mara Zayas, quien era depositario de la papelera del maestro, quiso acometer rpidamente labor tan patritica. Sin embargo, este empeo no fue posible hasta diez aos despus cuando el ilustre cubano Alfredo Zayas, quien haba heredado toda la documentacin que guardaba con celo su padre, logr que viera la luz el primer tomo de las Obras en 1890. Quizs, este hecho guarde cierta relacin con la publicacin, en 1874, de la primera biografa sobre Luz. Escrita por Jos Ignacio Rodrguez, es sabido que muchos de los alumnos del maestro discrepaban de las tesis tendenciosas del auto r entre ellos, los Zayas y los Mestre. ste es el origen de la otra biografa de Luz, publicada, tambin, en 1890, por el ms destacado de sus alumnos, Manuel Sanguil y Si la de Rodrguez es amplia en informacin, la de Sanguily se destaca por la interpretacin y la crtica aguda, aunque slo prefiere mencionar los problemas de la polmica, sin entrar en los anlisis tericos y reproducir algunos artculos del Diario de la Habana escritos por su maestro en 1840. Por su contenido, es evidente que Sanguily trata de descalificar las tergiversaciones que Jos Ignacio Rodrguez hiciera sobre la vida y el pensamiento de Luz en el ao de 1885; a sabe r que el maestro propugnaba la armona en la sociedad; que era un cerebro petrificado en el catolicismo, manipulando su confesin al morir y la idea de la autoridad de Dios ante el mundo; que era Luz un soador de lo imposible y otros tantos criterios que se verifican a travs de su texto. En realidad, la controversia girara en torno al problema definitorio de esa poca, el de si Cuba podra o no si estaba preparada o no acceder a la independencia y el gobierno propio.

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8 \ 8 \ ENSAYO INTRODUCTORIO El anexionismo de Rodrguez quebranta en muchos aspectos las orientaciones fundamentales del pensamiento de Luz en un momento del proceso histrico cubano plena Revolucin del 68 y perodo de preparacin de la del 95 en el cual era vital mantener viva la imagen de un Luz muy cerca del revolucionario y no la de un conciliador de conflictos sociales como lo quiere presentar este auto r Zayas y Sanguily salen a la palestra para evitar la tergiversacin. No obstante, de todas maneras el dao est hecho. Tal como ocurri con el V arela de este autor anexionista, su libro sobre Luz es el ms difundido; y confunde a amigos y enemigos. Muchos, en el campo de la independencia, reciben al Luz manipulado, desdibujado, desfigurado. Resulta interesante que se haya utilizado, con una descontextualizacin total, la carta de Antonio Maceo en la que ofrece una imagen de Luz que slo es explicable porque no lo conoci ni conoci su obra, y simplemente, recibi la imagen fabricada por Jos Ignacio. Otra cosa muy diferente es la visin de Mart, que suea con escribir la biografa del maestro, de su maestro, y que conoce la polmica sostenida por Sanguil y Y con esa letra que pretende atrapar el espritu nos afirma que por la muerte de dos hombres llor sin haberlos conocidos. Fueron, sin dudas, Abraham Lincoln y Jos de la Luz. Jos Ignacio haba olvidado que en 1846, Luz haba escrito: en un pas en guerra, aunque se quiera no se puede ser neutral. Manuel Sanguil y desde una posicin ntidamente independentista, recupera para la historia del pensamiento cubano esta idea esencial. La Historia de los heterodoxos espaoles de Marcelino Menndez y Pelayo fue objeto de controversia, en la dcada del 90, entre Manuel Sanguily y Jos Silverio Jorrn, quien comparta en grado sumo las posiciones del primer bigrafo de Luz. Los juicios del escritor espaol acerca del educador cubano lo reconocan como el mayor filsofo latinoamericano del siglo, no tanto por valorar a fondo el contenido de las ideas del maestro de El Salvado r sino porque con ello trataba de justificar la existencia de una cultura en Cuba, ms que todo, gracias a la permanencia de Espaa en la Isla en contraposicin con una Amrica Latina independiente, incapaz y rebajada segn su mirada parcial. En los inicios del siglo XX con el nacimiento de la repblica, los estudios sobre Luz quiebran sustancialmente. De esta etapa es la biografa de Enrique Pieyro, 1903; excelente texto que no alcanza, sin embargo, la hondura del de Sanguil y Tambin se debe tener en cuenta el trabajo Estudio sobre Jos de la Luz y Caballero de Alfonso E. Pez, 1914, no tanto por su rigor como por su aliento de revitalizacin de la figura de Luz en un perodo de triste olvido. Y a desde mediados de la dcada del treinta se reinicia el estudio de Luz, ahora, bajo nuevas condiciones socio-polticas y nuevas influencias tericas. La autoconciencia de su importancia se reafirma en escritos como los

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 9 / 9 de Francisco Gonzlez del V alle, 6 Filosofa y Pedagoga del ao 1935, en el cual advierte la importancia de los Elencos de 1835, 1839 y 1840, en efecto, como los ms significativos dictados por Luz y reintegra totalmente el ltimo, dedicado a la filosofa, y los aforismos que centran la problemtica poltica y educativa. Un descendiente de los Gonzlez del V alle, los ms severos contrincantes de Luz en la Polmica resultaba uno de los ms esclarecidos en el rescate del pensamiento del maestro, expresndose as a 95 aos de concluida aquella: No hubiera sido bastante su saber para llevar a trmino la labor ingente que acometi como educado r Era necesario haber visto y sentido los dolores de la patria como l los vio y sinti: haber tenido el fuego y entusiasmo de apstol que tuvo, y haber amado la libertad, la justicia y la verdad cual l las am. 7 Cmo podra imaginar siquiera nuestro Filolezes tan justa y cercana reivindicacin. De aquellos aos es tambin la conferencia leda el 24 de marzo de 1937 en el Palacio Municipal, y publicada en la serie Habaneros Ilustres de los Cuadernos de Historia Habanera nmero 15, de Carlos Rafael Rodrguez titulada Jos Manuel Mestre La Filosofa en La Habana A travs del estudio del discpulo caracteriza, de modo naturalmente breve, el quehacer del maestro. De cualquier manera es un texto revelador de aproximaciones, tanteos, relectura del pensamiento de la poca sobre el ideario de Luz. Las ideas en Cuba texto publicado en 1938, de Medardo Vitie r apenas contiene una referencia sobre Luz en el artculo que incluye de Fernando Ortiz, quien se interroga sobre la existencia de realismo en el educador cubano. Diez aos despus, 1948, en su nueva obra La Filosofa en Cuba Vitie r al indagar y reflexionar acerca del ideario lucista el autor autodefinir su trabajo de articulacin histrica y caracterizacin de figuras, logra tantear el pensamiento filosfico de Luz, que posee, sobre todo, segn Vitie r el mrito de la orientacin, como es el caso de su obra en plenitud. Nunca ser exagerada nuestra gratitud a esta labor inicial, pero slo como punto de partida y con el sentido crtico que el propio Vitier recomendara a los nuevos estudiosos para poder asumir una de las herencias ms fuertes del pensamiento del siglo XIX cubano. Recurdense aqu 6. Ilustre historiador cubano, descendiente de los Gonzlez del V alle, quienes participaron en la Polmica Filosfica. Junto a Arturo Montori, Julio Villolda, Enrique Gay Galb, Ramiro Guerra, Mario Guiral Moreno, Carlos de Velasco y Ricardo Sanabasa, entre otros, colabor en la cruzada educativa y cultural desplegada a partir de la constitucin de la Fundacin Luz Caballero en el ao 1914. Public numerosos trabajos sobre educacin y sobre temas histricos y religiosos. A l debemos la recuperacin de la coleccin completa de los aforismos de Jos de la Luz y Caballero. 7. Francisco Gonzlez del Valle: Jos de la Luz y Caballero. Filosofa y Pedagoga Direccin de Cultura, La Habana, 1935, p. 5.

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10 \ 10 \ ENSAYO INTRODUCTORIO los apuntes finales de Notas para una formacin humana de 1948: las dos finalidades que me propongo son la bondad genuina en el individuo y el pensamiento crtico frente a hechos y doctrinas. 8 Quizs el punto de mayor debilidad del enfoque de Medardo Vitie r, como de sus contemporneos, en el estudio de la historia de las ideas en Cuba, sea la precipitada hiperbolizacin de las influencias externas en el pensamiento de la Isla. De los escritos fundamentales del autor de La Filosofa en Cuba se infiere con permanencia reveladora la escasa creatividad de las ideas filosficas en el pas; el aliento de proximidad inalcanzable en que se debatieron los pensadores cubanos no llegaba nunca a realizar una formulacin original, a lo sumo propuestas que nacan de una realidad pensada con los cnones elaborados y establecidos en Europa, ya sea Occidental, Central o Estados Unidos. No obstante, Vitier era hijo de su propia formacin. En realidad, mientras el siglo XIX so y actu en el plano del pensamiento con la creacin de una sabidura cubana, fruto intelectual de la cultura universal, pero colocada en trminos relativos para generar la comprensin de su singularidad, los tiempos de Vitie r sin que l mismo fuese consciente, fueron ms dependientes de lo forneo, concibiendo una recepcin acrtica que se impuso no slo en el anlisis del pensamiento anterio r sino tambin, en la propia comprensin de su poca y de su espacio insula r Hecho que tiene su explicacin tanto gnoseolgica como sociolgica, pero, sobre todo, poltica. Significativamente, historiadores y maestros se mantenan ms cercanos a una realidad que retorca los cnones forneos para exigir el ejercicio activo, crtico y creador del pensar con cabeza propia. El hecho puede explicarse, en parte, porque estos sectores haban mantenido una tradicin cercana a lo real, a partir de un compromiso patritico-cultural estrechamente vinculado al ideario martiano que contena, sin que muchos lo percibieran, los elementos esenciales del pensamiento vareliano-lucista, del cual el propio Mart se sinti siempre heredero y promoto r Vitie r paradjicamente, en su pedagoga, es una de las ms altas expresiones de este movimiento. Sera absurdo negar el referente europeo y norteamericano en el pensamiento del siglo XIX cubano. La cuestin radica en cmo funcion ese referente en Cuba. Si fue una recepcin acrtica y sin seleccin aplicacin que se impona a la realidad de la sociedad cubana, pero que contribua a sentar ciertas pautas que en el terreno terico constituan un pensamiento, si no autntico, al menos acorde con la produccin intelectual de la civilizacin occidental o si lo que prim, al asumir toda propuesta terica, fue la problemtica raigal cubana y el principio de eleccin que asimilara las ideas universales para remodificarlas de acuerdo con la compleji8. Medardo Vitier: Notas para una formacin humana, Revista Cubana enero-diciembre, 1948, v. XXIII, p. 132.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 11 / 11 dad propia de una realidad que tiene el componente de lo distinto. En esta segunda concepcin, se trata de recepcionar un instrumental para pensar; se trata del ejercicio mismo del estudio para comprender y desde esa base, entender para crea r Nuestro pensamiento naci, brot de las desgarraduras de la sociedad cubana, de su bsqueda constante de las bases tericas propias que le dieran coherencia, la explicaran y la transformaran. La historia de las ideas en Cuba confirman esta confrontacin. Y si de extraordinaria trascendencia calificamos a la polmica filosfica cubana de la primera mitad del siglo XIX es por el sostenimiento de la capacidad creadora del pensamiento cubano, deudor del pensamiento universal, pero dueo del suyo; pensamiento comprometido con la evolucin interna de su produccin, su tradicin, y colocado en el ncleo de su cosmovisin latinoamericana, universalmente singula r De otro modo no hubiera tenido sentido en Cuba tal desencuentro y encuentro de ideas. De acuerdo con esta concepcin, no ser posible el pensamiento sin entender el principio que lo fund: el electivismo que sobre todo es una actitud ante el conocimiento. Acaso no lo asumi as toda produccin intelectual que se precia de inteligente? O es que lo original de una teora se mide por la no herencia de ningn conjunto de ideas que, aunque quizs de modo primario, le antecedi? Seguramente convendramos aqu que ni la metafsica misma, o sea, los diferentes sistemas metafsicos surgidos en el transcurso de la historia humana han dejado de tene r todos, un trasfondo comn, que algunos sintetizan en la frase la tradicin judeo-cristiana Pero, significativamente, en la formacin cubana hay ms de un componente que no pertenece a sta, en particula r la multietnia africana y su weltanschauung Luz alertaba as sobre el electivismo: El verdadero eclecticismo no debe consistir en conciliarlo todo, sino en explicarlo todo, y para explicarlo todo es menester estudiarlo todo. 9 Cuntos errores no se hubiera evitado el pensamiento social si hubiese asumido el espritu que estas palabras encierran. Otro aspecto importante para entender este pensamiento es evitar los calificativos creados por la produccin intelectual de pocas que lo intentan explicar a posteriori. As se ha hecho coincidir a Luz con el pragmatismo de John Dewey; el tratamiento de los fenmenos de la conciencia de Dilthey; el mtodo de la filosofa de Brentano; la lgica y al espritu positivista de Stuart Mill. Tambin se le ha juzgado contrario a la tesis de Rickert sobre la distincin entre ciencias naturales y ciencias del espritu. Estas extrapolaciones slo consiguen enrarecer la relacin entre la poca, la sociedad y el hombre que produce ideas. El sentido de lo interno se pierde, el de su propia formacin, para dar lugar a interpretaciones donde lo sub9. Jos de la Luz y Caballero: La polmica filosfica Edit. Universidad de La Habana, 1947, t. I, p. 352.

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12 \ 12 \ ENSAYO INTRODUCTORIO jetivo prevalece. Sucede entonces, que al tratar al pensador no se advierte la lgica, la coherencia y las rupturas dentro de un movimiento intelectual que lo antecedi, que lo gener y que particip de los momentos de mayor intensidad en la elaboracin terica. Fue en estos aos de los treinta a los cincuenta del ya concluido siglo XX en que, por primera vez, fueron editadas, por la Universidad de La Habana, las obras de Luz y Caballero. No slo se contara con el cuadro de notas orientadoras de Medardo Vitie r sino con los textos originales del filsofo cubano. Plausible, agotadora e inteligente labor del profesor Roberto Agramonte, cuya recopilacin cuidadosa de los artculos periodsticos de la poca en que sucede la polmica nos permite hoy su estudio. Con fondos particulares y de instituciones nacionales, complet y ampli lo ya realizado por Alfredo Zayas. Y lo hizo consciente de su enorme utilidad no slo para aquel momento de incesante bsqueda de un reencuentro republicano con las races de un pensamiento de reafirmacin nacional, sino para toda reflexin futura sobre lo que consider el suceso ms original en la historia del pensamiento latinoamericano. Su trabajo detallado sobre La polmica filosfica y su captacin de la filosofa como ciencia de la realidad en Luz, contra las propuestas de construcciones a priori suprarreales, lo colocan, sin duda, en un lugar muy meritorio en la historia de las ideas en Cuba. Cont, adems, la publicacin de las obras de Luz por la Biblioteca de Autores Cubanos de la Universidad de La Habana de la cual la Biblioteca de Clsicos Cubanos de la Casa de Altos Estudios Don F ernando Ortiz, de esta Universidad, se siente heredera en su espritu intelectualmente cubano con los prlogos, estudios introductorios, transcripciones y traducciones de un verdadero ncleo de intelectuales de alto calibre: Rafael Garca Brcena, Raimundo Lazo, Elas Entralgo, Genaro Art i les, Enrique Gay Calv y los ya mencionados Medardo Vitier y Roberto Agramonte. Tambin colaboraron, de modo significativo, Salvador Vilaseca y el entonces rector de la Universidad, Clemente Incln y Costa. La diversidad de criterios de prologuistas, antlogos y ensayistas, sin dudas legtima, deja abierto un amplio campo especulativo, ms de la poca de los estudiosos que de la del estudiado, por lo que apenas penetra en condicionantes humanas, sociales e intelectuales de Luz, en sus motivaciones y perspectivas, con lo cual se logra raramente una mnima coherencia. Lo ms importante es que desde entonces contamos con las obras de Luz lo ms completas posibles. Las interpretaciones constituyen tambin un precioso legado por lo que nos ofrecen de un tiempo histrico que, sin dudas polemizaba consigo mismo y con su pasado en busca de un futuro que tena que ser pensado. Merece nuestra atencin al observar la re-versin del pensamiento del maestro de El Salvado r desde los aos de la reestructuracin republicana, la recepcin de su concepcin pedaggica en el ideario educacional de

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 13 / 13 entonces. Aquella declaracin medular suya sobre la urgencia de crear escuelas de virtudes, de pensamientos y acciones, no de expectantes ni eruditos, sino de activos y pensadores fue asumida por destacados educadores y pedagogos de la poca, que en rigor formaron la escuela cubana. La lista de sus creadores, bajo la impronta V arela-Luz-Mart, sera en realidad extensa, por lo que slo nombramos al azar una representacin de ellos: Ramiro Guerra, Diego Gonzlez, Arturo Montori, Carlos de la Torre, Herminio Almendros, Ana Echegoyen, Medardo Vitie r entre otros. Es preciso puntualizar aqu que el ideario pedaggico de la Repblica se present de modo muy diverso y dira, adems, de manera particularmente individual. Los colegios privados laicos de la poca, al frente de los cuales permanecan diferentes personalidades quienes creaban sistemas y mtodos particulares de enseanza, expresaban no slo la renovacin de los estudios pedaggicos en el mundo, sino, en su mdula, la tradicin cubana y su contenido patrio. La escuela pblica, apenas atendida por el Estado, result un fuerte refugio de lo mejor del magisterio cubano que se sostuvo, ante el abandono oficial, con el aliento de la obra cotidiana en la idea vareliana-lucista-martiana de crear hombres para crear patria. Manifestacin de este rescate de lo mejor de la enseanza cubana lo fue tambin el movimiento cvico que se pronunciaba por la Escuela Cubana en Cuba Libre iniciado en la Gran Logia de la Isla de Cuba, el 31 de mayo de 1941. El estudio de las ideas educacionales en la Isla hasta la dcada del cuarenta asevera que estas concepciones constituyeron un precedente importante, llevado a cabo por lo mejor de la intelectualidad de la poca a favor de una escuela cubana. Si entre otros, no hubiera estado presente el factor bsico de la pedagoga cubana, no sera explicable la maduracin de la conciencia nacional la cual acelerara el proceso histrico cubano que, a su vez, alcanzaba una nueva calidad en la realizacin de la Revolucin triunfante en 1959. Una seal importante del quehacer intelectual de este perodo histrico se descubre en la encuesta internacional organizada por la UNESCO en 1951 sobre la enseanza de la filosofa, 10 y en la que el pas present el informe La enseanza de la filosofa en Cuba, 11 redactado por Humberto 10. Participaron en la encuesta diversos pases: Argentina, Austria, Blgica, Brasil, Ceyln, Cuba, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Alemania, India, Inglaterra, Iraq, Italia, Japn, Lbano, Mxico, Turqua, Unin de Sudfrica y Yugoslavia. Redactaron la encuesta los profesores Donald MacKinnon (Universidad de Aberdeen, Escocia), Senador Ibrahim Madkour (Academia Fond de la lengua rabe, Egipto) y Richard P Mac Keon (Universidad de Chicago). 11. En este informe Humberto Piera Llera establece que la enseanza de la filosofa en Cuba comprende dos etapas, diferentes por su contenido y su especfica finalidad, a saber: a) lo que corresponde al perodo colonial y corre desde 1647 (fecha en la cual se inicia la enseanza de la filosofa) hasta 1900. Durante esos 253 aos la filosofa es

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14 \ 14 \ ENSAYO INTRODUCTORIO Piera Llera. Este autor llam la atencin sobre el renovado vigor de la filosofa a partir de los aos cuarenta. Nacieron entonces la Sociedad Cubana de Filosofa, el Instituto de Filosofa y la Revista Cubana de Filosofa La intencin era desplazar lo meramente imaginativo (poesa, teatro, novela) y lo concreto (historia, geografa) por las abstracciones del saber principal. De nuevo se intentaba restablecer un lugar cimero para la filosofa, sin advertir siquiera que este sabe r por s solo, no poda ni puede alcanzar el conocimiento de la sociedad real y del hombre real. Ya desde el siglo XIX haba madurado la idea de reunir los diversos saberes para penetrar las realidades. La nica clave estaba en las ciencias que, desde sus diversos observatorios, podran acercar al hombre a una comprensin de la totalidad, pero sta entendida como naturaleza ya sea humana, social o fsica. Es la tradicin V arela-Luz. Ciertas tendencias reanimaron el espritu especulativo de las construcciones metafsicas. En la demostracin de su esterilidad se centra gran parte de La polmica filosfica cubana que hoy ve la luz en una nueva edicin corregida y aumentada, y colocada, ahora, en la encrucijada entre dos siglos, acaso en la de dos pocas. De cualquier modo, no son estos aos reinvindicadores de la propuesta terica que Luz y Caballero encierra en su filosofa crtica. En particula r, porque la produccin filosfica nacional no lograba imbricarse con el movimiento social e intelectual, en su conjunto, con la fuerza necesaria para colocar el anlisis terico en otro nivel de conocimiento. Sabemos que, por entonces, la peculiaridad que tuvo en Cuba y sobre todo, estuvo en el pensamiento creado r siempre como sostn de las cuestiones urgentes del pas, no provena del saber filosfico por s mismo. Esta ausencia relacional ha tenido fatales consecuencias. Sin embargo, Humberto Piera Llera dej constancia, en el informe sobre la enseanza de la filosofa en Cuba, que s exista un inters por la utilizacin de los textos cubanos en la enseanza. En su enumeracin aparecen Philosophia Electiva del presbtero Jos Agustn Caballero, Instituciones de filosofa eclctica Lecciones de Filosofa y Miscelnea filosfica del presbtero Flix Varela, La polmica filosfica de Jos de la Luz y Caballero y las Conferencias de Psicologa, Lgica y Moral de materia docente en la Universidad a partir de su fundacin en 1728, en seminarios como el de San Basilio el Magno (en Santiago de Cuba) y en el de San Carlos y San Ambrosio (fundado en 1793), en conventos como el de San Francisco y el de San Juan de Letrn (los dos en La Habana); b) desde 1900, al finalizar el rgimen colonial, la enseanza de la filosofa queda restringida a la Universidad de La Habana. Dentro del plan de reformas propuesto y realizado por Enrique Jos Varona, el curriculum filosfico (desposedo de disciplinas como Metafsica, Ontologa, Filosofa de la Historia), se reduce a Psicologa, Lgica, Filosofa Moral y Sociologa. Como puede observarse esta periodizacin es muy discutible, pues no tiene en cuenta la variedad de contenido y problemas. Es, ms bien, una periodizacin poltica.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 15 / 15 Enrique Jos V arona. Este hecho no contradice lo expuesto con anterioridad. No hay que olvidar que una es la proposicin, y otra es la concepcin cuando no marchan juntas. Si nos situamos en los ltimos cuarenta aos, no hay dudas que la impronta revolucionaria coloc en los primeros planos el estudio y la relectura de toda la historia nacional, y el reajuste de las tradiciones anteriores. Ello, ms que todo, abri nuevas interrogantes que generaron genuinas polmicas en torno a ciertos ncleos temticos del proceso de formacin nacional y de los movimientos sociales y polticos. No obstante, el estudio de las concepciones tericas y de la evolucin de las ideas en Cuba ha carecido de sistematizacin -incluso ha padecido de subestimacin, al existir la tendencia de juzgar a los pensadores desde el exterior de su interioridad creadora, no pocas veces anatematizando al creador con frases cortas o con categoras ajenas a l. Por otra parte, se fragmenta su pensamiento, con lo cual se pierde la coherencia de ste. Al trabajo de algunos estudiosos se debe la existencia de resultados que fueron, necesariamente, los que exigan tiempos de cambios los cuales deban ser pensados; y para pensarlos, haba que estudiar las estructuras mismas del pensamiento y la tradicin que conform la cosmovisin cubana. En este contexto, la figura de Luz y Caballero alcanz nuevas dimensiones, pero stas han sido en esencia en lo referente al educado r desafortunadamente, no lo suficientemente explorado y explotado en su legado pedaggico. Hemos carecido, en las reflexiones, de las proyecciones polticas y filosficas que, contenidas en toda su obra, atraviesan su concepcin pedaggica y mucho pueden contribuir a la comprensin del proceso ideocultural y a la construccin de un pensamiento que, nutrido de lo ms avanzado del pensamiento social actual, se defina y proyecte a partir de la realidad nacional. El hecho revolucionario ms importante de la historia cubana -la Revolucin que triunfa en 1959, implic tambin la bsqueda de respuestas a problemas inmediatos de la sociedad. Esto no puede perderse de vista, pues la propia dinmica del proceso histrico obligaba a vivirlo ms que a escribirlo. As no es posible hablar de un abandono, en estos primeros aos, del estudio de las ideas en Cuba. Debe considerarse adems, la desfavorable consecuencia que para la enseanza y las investigaciones cientficas tuvo que haber tenido, con los inicios de la dcada del sesenta, la prdida de una parte importante de la intelectualidad anterio r Aun as, en el transcurso de los aos sesenta Cuba particip de una efervescencia de teoras sociales a nivel mundial que cubri, en ese momento, el vaco terico de una nueva intelectualidad, que nacida con la Revolucin, trataba de hallar caminos para profundizarla y hacerla mejo r Se impuso la necesidad de estudiar el marxismo a

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16 \ 16 \ ENSAYO INTRODUCTORIO fondo en una poca marcada, indudablemente, por la propuesta terica e ideolgica de Marx, pero derivada en diferentes interpretaciones y escuelas que permitieron contribuciones en unos casos, sobre todo en la historiografa, y lamentables desaciertos, paradgicamente, en la filosofa. Se cont, desde entonces, con la Ideologa alemana los Grundisse y El capital para completar un conocimiento imprescindible. Los estudios sociohistricos y tericos sobre el pensamiento cubano son deudores del mtodo que genera todos los mtodos posibles en la comprensin de los procesos sociales. II La polmica filosfica cubana y la crisis de una poca La Polmica Filosfica desatada a partir de 1838 era el resultado lgico de una de las ms profundas crisis de la sociedad cubana; a esa crisis se una una intensa lucha en los reajustes del poder la cual implicaba un rediseo de toda la sociedad colonial, en particula r de los mecanismos ideolgicos y tericos, tanto de los elaborados por la metrpoli, como de los generados en la colonia. La crisis provoc, en primer luga r lo que el profesor TorresCuevas denomina la dispora intelectual cubana no slo debido a la dispersin de los intelectuales por diversos pases sino, tambin y sobre todo, por la diseminacin de ideas y los desencuentros de lo que, hasta entonces, se haba manifestado como un movimiento consensual y creativo. 12 Los ejemplos individuales de mayor significacin y a la vez, smbolos de la integridad intelectual y del compromiso de fondo con Cuba y su destino lo eran los desterrados Flix V arela y Jos Antonio Saco. La otra cumbre del pensamiento, Jos de la Luz y Caballero, asumira la extraordinaria labor de, aqu en Cuba, librar la cruenta batalla de ideas justamente en un medio social, poltico e intelectual tan hostil que haba logrado expulsar de su seno a todo pensamiento discrepante del poder y de la sociedad colonial y esclavista. Sin embargo, este movimiento histrico, de trascendencia suma, no ha sido comprendido en su totalidad y por tanto, se presentan inconexas sus consecuencias polticas, econmicas, sociales, culturales y tericas; as, ha pasado sin lustre uno de los momentos decisivos de la historia cubana, explicativo de las grandes tendencias de la segunda mitad de siglo XIX Aunque la crisis cubana se manifestaba dentro de la estructura colonial, coincidi con la que en Amrica Latina se produca despus de los primeros lustros de independencia como consecuencia del florecimiento de los conflictos que haban quedado latentes, y del agotamiento de los 12. Eduardo Torres-Cuevas: Flix Varela. Los orgenes de la ciencia y con-ciencia cubanas Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997, p. 375.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 17 / 17 primeros ensayos de autogobierno. Un clima de pesimismo, nihilismo y falta de fe en s mismos abra el camino al pensamiento del rebajamiento y de la dependencia, a una cierta conviccin de incapacidad propia. ste es el terreno propicio para el surgimiento de caudillos que se asumen como la personificacin del Estado, y de la consolidacin de las dos nicas instituciones que tienen un alcance nacional, el Ejrcito y la Iglesia. El conflicto cubano presenta otras aristas que tienen en el fortalecimiento del anexionismo a Estados Unidos o en un cierto integrismo hispano mal concebido, sus mejores y ms coherentes manifestaciones. La crisis abierta en Cuba a finales de los aos treinta tena, en primer luga r un origen sistmico. Desde mediados del siglo XVIII se haba desarrollado un intenso proceso productivo que se sostena en una doble estructura agraria, complementaria en s misma: el sistema de plantaciones esclavista, productor de los principales renglones de exportacin; y el desarrollo de un campesinado, en la mayora de los casos censatario, dedicado, en pequeas parcelas, a la produccin para el mercado interno y ciertos productos de exportacin. Esa estructura agraria era el resultado de un activo movimiento de revalorizacin de las tierras. La oligarqua cubana de la poca, heredera o nueva propietaria de las grandes haciendas ganaderas -hatos y corrales, en ese momento bajo la impronta de la creciente demanda de productos tropicales en el naciente mercado mundial, subdivida sus haciendas, desarrollando, en una parte, las plantaciones esclavistas y en otras, las pequeas parcelas repartidas a campesinos libres. La relacin establecida entre la produccin para la exportacin y la de consumo interno creaba una dinmica social compleja. En todos los casos, la existencia de grandes extensiones de tierras vrgenes y de una escasa poblacin obligaba, para lograr los objetivos econmicos, a desarrollar una amplia inmigracin justificada por la necesidad de fuerza de trabajo. sta tuvo un doble carcter: por un lado, la inmigracin europea libre, fundamentalmente espaola, para incrementar un campesinado dependiente de la oligarqua; y por otro, la inmigracin africana forzada para aumentar el nmero de esclavos en las plantaciones. Si las consecuencias econmicas se materializaron en la conversin de Cuba como el primer productor mundial de azcar y de otros derivados de la caa, en uno de los primeros del caf, y en el exportador del mejor tabaco, las consecuencias sociales consistieron en la ruptura de la estructura de la sociedad criolla anterio r y la complejizacin del proceso de integracin social, fragmentando al pas en un conjunto de estamentos estancos. Si en 1757 Cuba contaba con 149 170 habitantes, en 1846 la poblacin se haba elevado a 898 754 individuos. Durante ese perodo se introdujeron ms de 636 465 esclavos, lo cual, por s slo, cuadriplicaba la poblacin del ao base citado. El censo de 1846 arrojaba una poblacin esclava de 323 759

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18 \ 18 \ ENSAYO INTRODUCTORIO personas, gran parte de ellas bozales que haban sido arrancados de sus lugares natales y por tanto, desarraigados en la Isla. Paralelamente, la inmigracin europea libre excedi de las 350 000 personas, en especial canarios, gallegos, andaluces y extremeos; tambin el pas fue receptor de otras inmigraciones como la francesa, que sobrepas, segn algunos clculos, las 30 000 personas. A una conclusin se puede arribar en un primer acercamiento: en unos 90 aos, la sociedad criolla haba recibido el profundo impacto de una inmigracin heterognea y numerosa que la enriqueca y a la vez, retardaba su integracin. Otra conclusin, la tendencia demogrfica demostraba, que pese al incremento de la poblacin blanca, el porcentaje de la negra y mestiza era mayor en el conjunto social. Si en l775 el 56% de la poblacin se catalogaba como blanca y slo el 26% como esclava, en 1846 esa proporcin se haba invertido, el 47% se anotaba como blanca, mientras que la llamada de color resultaba entonces mayoritaria al constituir el 53%. Aunque el crecimiento demogrfico se present en todos los componentes de la poblacin, lo cierto fue y lo que ms preocupaba a algunos sectores, que mientras la tasa de crecimiento de la poblacin esclava alcanzaba un 3,8%, la de la blanca slo llegaba al 2,7%. Este problema se convirti en el ms agudo de entonces. Saco afirmara que era ms peligroso ser abolicionista, que independentista. Y tena razn. Contra el abolicionismo no slo estaba el poder colonial, sino, adems, la sociedad colonial. 13 Esta sociedad presentaba caractersticas peculiares respecto al resto del Caribe y de Latinoamrica. No era una sociedad de plantaciones esclavistas ni la clsica sociedad criolla precedente. Era una sociedad esclavista en la cual se imbricaban la esclavitud con todos sus componentes sociales y a la vez, un amplio sector de campesinos y gentes de la ciudad, libres. Por otra parte, si bien la demanda de esclavos se justificaba por las necesidades productivas y de infraestructura, lo cierto es que la mayora de stos no se encontraban en las plantaciones de azcar y de caf. Slo el 22,9% se situaba en las plantaciones azucareras, mientras que el 45% se ubicaba en los pueblos y ciudades; el resto se reparta para realizar otras labores agrcolas. 14 El estudio de la composicin de los habitantes de algunas ciudades demuestra que una gran parte de la poblacin blanca tena esclavos, e incluso, personas con niveles sociales por debajo de una clase media, entre ellos, negros libres, los posean. Lo que diferenciaba el nivel social era el nmero de esclavos que se tena y la calidad de stos. Otro dato resulta imprescindible en el anlisis. En el campo, el campesino libre era numricamente mayor que los esclavos. 13. Instituto de Historia de Cuba: La colonia Edit. Poltica, La Habana, 1994, pp. 192-200 y 267-270. 14. Ibidem p. 403.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 19 / 19 La red econmico-social que enlazaba las zonas productivas con los puertos permiti el desarrollo de una cadena de pueblos, villas y ciudadespuertos con intensa actividad comercial, con un activo artesanado y trabajadores que creaban un hbitat especial al contacto e interinfluencias entre los distintos componentes sociales. En sus barrios se desarrollara un modo de vida, que en su nuevo espritu, fue dando forma a una nueva calidad cultural. Negros y mulatos libres ejecutaran una amplia gama de actividades artsticas-artesanales, desde ebanistas hasta msicos. El fenmeno de la vagancia, flagelo de todos los tiempos en Cuba, sera particularmente notable entre la poblacin blanca que menospreciaba el trabajo manual, en especial, los criollos de clase media. En este medio social, de economa fuertemente emergente y de poblacin dividida en compartimentos estancos, el proceso de formacin nacional, si bien se enriqueca, a la vez se retardaba y complejizaba a travs de elementos hostiles entre s. Ms que todo, no era la formacin nacional de la cual participaban todos, y no necesariamente coincidentes ni convergentes, sino el proceso de integracin nacional el gran obstculo para una realizacin consensual de un nuevo pueblo y de una nueva nacin. 15 En este perodo de auge de la sociedad esclavista y de desarrollo de sus paradojas y contradicciones, brotaron los primeros movimientos intelectuales del pas. Su primera manifestacin ya fue visible en las primeras dcadas de la segunda mitad del siglo XVIII y significativamente, se concentra en la historia de Cuba. El obispo Pedro Agustn Morell de Santa Cruz elabor la primera historia detallada y con fuentes criollas, a lo cual se aadira un detenido estudio de la Isla, resultado de su visita pastoral; desde otra perspectiva, en esencia oligrquica, el regidor habanero, Jos Martn Flix de Arrate, escribira la suya; lo mismo sucedera con el santiaguero Nicols Joseph de Ribera. A partir de entonces, la nueva generacin de pensadores pudo contar no slo con los relatos de los cronistas de Indias, observadores desde Europa de procesos conquistadores, sino, adems, con la visin de sus antepasados, hombres de esta tierra como ellos. F ueron stas las primeras piezas de una cultura entendida como raz sembrada en tierra propia. En la ltima dcada del Siglo de las Luces, emergera una generacin de pensadores que, en su consenso coherente, expresaban un proyecto, el cual pretenda convertir a Cuba en la Albin de Amrica. sta tendra dos fuentes nutricias por excelencia: las obras de los primeros historiadores, que les hacan conciencia de su propia identificacin como pueblo, y el producto intelectual del siglo: la Ilustracin. Una institucin aglutinadora, la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas, y otra difusora, el Papel Peridico de la Habana se constituiran en centros de estudios y de crea15. Ibidem, p. 290.

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20 \ 20 \ ENSAYO INTRODUCTORIO cin intelectual de las ms variadas ramas del conocimiento: desde la fsica y la qumica, la botnica, los mtodos de enseanza, hasta las concepciones tericas, sociales, jurdicas, polticas y culturales. Este movimiento, la Ilustracin Reformista Cubana, por su concepcin, se defina elitista con pretensiones tericas de modernidad. Su modelo poltico lo constitua el Despotismo Ilustrado, el cual descansaba en producir los cambios desde arriba, es deci r desde el lobby que posean en la corte espaola; su mtodo de cambio, como de toda Ilustracin, se expresaba en el reformismo sin violencia poltica, pero con una incentivacin de los mecanismos sociales de coercin. Su sociedad soada: la naciente sociedad industrial. Su va de desarrollo: la esclavitud directa; y uno de sus pilares de enriquecimiento primario: la trata de africanos. Esclavitud y comercio de esclavos entendidos como mal necesario y necesariamente temporal. Entre los nombres ms notables de esa generacin, el del poltico y economista, Francisco de Arango y Parreo; el del filsofo y educado r, Jos Agustn Caballero; el del cientfico, Toms Romay; el del poeta, Manuel Tibursio de Zequeira y Arango. Acaso sean stos algunos nombres, pues la lista resultara de hecho mucho ms extensa. Una de sus figuras ms notables en el lobby cubano en Madrid, Gonzalo OFarril, llegara a ser Ministro de la Guerra de Espaa. La Ilustracin Reformista Cubana era, en s, la que avalaba el proyecto esclavista, pero, a su vez, la que intentaba expresarse, por primera vez, desde el interior no slo de la Isla, sino, ms a fondo, de un pensamiento autnomo y como pensamiento, pretensiosamente independiente. En cierto sentido, la idea de crear una filosofa propia insertada en la cultura universal fue expresada por el padre Agustn Caballero, to de Jos de la Luz, al proponer una nueva con el nombre de electiva No obstante, su propia formacin y los lmites de su tiempo, le impidieron ir ms all de una idea original Sobre este tema volveremos en otra parte de este ensayo. La Ilustracin Reformista Cubana maduraba cuando en el mundo se producan cambios sustanciales que, en cuestiones bsicas, quebraran parte de sus propuestas. La Revolucin Francesa, la Revolucin Haitiana, la crisis del Antiguo Rgimen en Espaa, el movimiento constitucionalista, la independencia de Latinoamrica, la definicin de la poltica norteamericana hacia Cuba, abrieron un amplio espacio a nuevas ideas. En particula r, surgieron las contraposiciones revolucin vs reforma; la inversin del Despotismo Ilustrado por la idea de los cambios desde abajo; la dualidad enfrentada de conservadurismo vs liberalismo; y en particula r el rediseo del colonialismo, ahora, bajo la impronta nacionalista de las grandes potencias en su conversin en sociedades industriales. Ilustracin y Revolucin dejaron abierto un amplio espacio que slo poda llenar la utopa. Desde 1802, en Cuba va tomando cuerpo una nueva tendencia sociocultural y terica que tiene sus centros en el Seminario de San Carlos y

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 21 / 21 San Ambrosio, en el Obispado de La Habana y en la renovada Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas. El promotor y cabeza de las tres instituciones fue el obispo Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa. De este hombre extraordinario dira precisamente Luz: Tena cuanto necesitaba de animoso para emprende r y de prudencia que lo templaba para no emprender sino lo practicable (...) Marcaba el camino para la civilizacin, sin preguntar y aun sin saber qu rumbos seguiran otros. Eso tambin lo caracterizaba en sus grandes ejemplos de firmeza. Aqu es verdaderamente extraordinario y aun fue realmente nico 16 Y conclua definindolo como cabeza nacida para todo. Alrededor del prelado se reuni una brillante plyade de hombres de ciencias, letras, artes y pensamiento. Espada apoya, sugiere, acta en toda empresa de mejoramiento social o de creacin cultural. Los primeros cementerios, la casa de beneficencia, la de dementes, la vacuna antivarilica, son, entre otras muchas, empresas en las cuales se encuentra su mano. De ms largo alcance son sus obras culturales. Su accin para el mejoramiento de las escuelas, y la superacin de los maestros; la introduccin en Cuba de los mtodos pedaggicos pestalociano y lancasteriano; la creacin de la primera escuela normal para maestros, y de la primera de pintura y dibujo de San Alejandro son sus huellas en los inicios de una tradicin cubana educacional y artstica. Pero, donde Espada deja su nombre grabado en lo ms firme de la cubanidad, es en el pensamiento. Y el centro renovador que utiliza como un esgrimista insuperable, es el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Espada haba sido profesor de Filosofa y un lector infatigable de los ms variados textos de ciencias, artes o pensamiento. Sus ideas las expresa con cuidado, pero con agudeza. Es antiesclavista, antitratista, enemigo del latifundio, crtico del mal reparto de las riquezas, partidario de un nuevo arte y de las ciencias modernas e impulsor de una verdadera revolucin filosfica en Cuba. Para ello, se basa en la juventud estudiosa. Realiza un verdadero cambio de profesores en el Seminario, base de una reforma de los estudios con claras intenciones de modernidad desde el aletargado espacio cubano. Lo mejor de la generacin anterio r y lo ms brillante de la que nace a la vida intelectual y pblica conforman la legin espadista: Jos Agustn Caballero, Juan Bernardo OGavan, Justo Vlez, y sobre todo, el Ulises que debe tomar y demoler la Troya escolstica, Flix V arela y Morales. 17 Este movimiento intelectual se nutra del amplio conflicto que mundialmente estaba modificando estructuras sociales y de pensamiento. Pero 16. Jos de la Luz y Caballero: Apuntes para la nota necrolgica del S r Obispo Espada, Escritos literarios, p. 267 17. Eduardo Torres-Cuevas: Obispo Espada. Ilustracin reforma y antiesclavismo Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.

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22 \ 22 \ ENSAYO INTRODUCTORIO sobre todo, de un amplio universo de ideas. Es V arela quien realiza la obra creadora y transformadora. Derriba, paso a paso, el andamiaje gtico de la mala escolstica medieval, desvitalizada en los ltimos siglos; libera el pensamiento para crear un pensamiento de la liberacin; une ciencia y conciencia en la aspiracin y creacin de una sociedad y de una nacin nuevas; introduce la fsica experimental; redefine el concepto de patria y lo coloca como esencia misma del quehacer intelectual cubano. Luz y Caballero expresara esta idea: El filsofo como es tolerante ser cosmopolita, pero ante todo debe ser patriota. 18 Como Espada, es antiesclavista y antitratista pero, adems, independentista. V arela es quien conquista las bases de un saber filosfico propio y a la vez, sus derivaciones cientficas, culturales, sociales y polticas. Luz lo definira como el que nos ense primero en pensar. 19 El mtodo del pensamiento electivo desarrollado por V arela y que haba sido propuesto por su maestro, y to de Luz, Jos Agustn Caballero, dio cuerpo terico al pensar con cabeza propia en las ciencias y en la cultura. La crisis del Antiguo Rgimen en Espaa, la ocupacin francesa, la guerra de independencia y la elaboracin en 1812 de la primera constitucin en la historia del mundo hispano, abrieron nuevos cauces tanto en lo poltico como en las proyecciones econmicas y sociales. Algunos aspectos resultan relevantes. En primer luga r el surgimiento de los principios constitucionalistas que colocaban la soberana en el pueblo, no en el re y, otorgaban las libertades pblicas y privadas, exceptuando la de religin, y convertan al vasallo en ciudadano, dividi en dos grandes bloques las opciones polticas. Uno, lo conformaban los conservadores, partidarios del rgimen absoluto, del derecho divino, de los valores de la tradicin (Iglesia, familia, linaje, herencia); el otro, los liberales, defensores del constitucionalismo, del derecho natural, del contrato social, de la soberana del pueblo y de la reforma estructural de la economa. En consecuencia, los liberales eran partidarios del cambio de la estructura agraria y de la libertad del mercado. Pero si, a grandes rasgos, stas eran las tendencia, la crisis se agudizaba debido a que en el interior de cada una existan divisiones que, una vez alcanzado el triunfo, se manifestaban incompatibles entre s. En especial fue el liberalismo el que present ms marcado este rasgo divisionista. En cuanto a Cuba todo ello tuvo sus consecuencias. La primera y ms notable fue la ruptura abrupta de la concepcin en que se basaba la alianza metrpoli-colonia, es deci r la alianza entre el poder colonial y la oligarqua interna. Mientras la concepcin del Antiguo 18. Jos de la Luz y Caballero: Elenco de 1835, Elencos y discursos acadmicos Edit. de la Universidad de La Habana, La Habana, 1950, p. 72. 19. Jos de la Luz y Caballero: Rectificacin, La polmica filosfica Edit. Universidad de La Habana, La Habana, 1946, v III, p. 387.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 23 / 23 Rgimen era rentista, la liberal, con su inseparable componente nacionalista, descansaba en la idea de convertir a la colonia en abastecedora de materias primas para una casi inexistente industria metropolitana, y en el control comercial de su produccin. Desde los primeros momentos, en 1808, se produce un enfrentamiento entre la oligarqua de la Isla y sus asociados en Espaa, y la oleada liberal peninsula r La lectura de las propuestas de este ltimo sector en las Cortes espaolas da fe de las intenciones para reducir al grupo dominante cubano. El asunto se complicaba an ms. No hay dudas que entre gran parte de la llamada clase media, el campesinado y la juventud, han prendido las nuevas ideas. Para el propio Luz y Caballero se ha producido un proceso en el cual, al no haberse realizado el ideal de la Ilustracin Reformista Cubana, ellos se constituyen en herederos de una Ilustracin con el slo apellido de Cubana, pero, y siempre los pero, sta quedaba, ahora, integrada en el nuevo universo liberal, bajo sus concepciones. La poltica de los liberales espaoles generaba diversas reacciones. Los ms dbiles apelaban al anexionismo a Estados Unidos, los ms fuertes econmicamente a sus influencias en Espaa, y muchos, de las ms diversas extracciones sociales a la idea de la independencia, tras el derrotero abierto por el resto de Amrica Latina, o a reformas que permitieran modificar las obsoletas estructuras econmicas, polticas y sociales. Los liberales haban suscrito un nuevo concepto, el de nacin espaola, el cual servira de base a la creacin del sentimiento nacionalista peninsula r Ello permiti a los partidarios de su dominio en la Isla enarbolar la idea de la integridad nacional no slo contra el independentismo, sino tambin, contra otras tendencias internas como el autonomismo y cierto tipo de reformismo. Pero las mismas ideas que haban sostenido el liberalismo y el nacionalismo en Espaa eran las que le daban vida al liberalismo y al nacionalismo cubano. Debe destacarse aqu que el liberalismo, tal y como surgi en el mundo hispano, creador del concepto, designaba, entonces, a los partidarios de las libertades. Dentro de l existan tendencias moderadas y radicales, algunas de estas ltimas derivadas, dcadas despus, al socialismo. Por otra parte, el sentido del nacionalismo tena, por esencia, dos intencionalidades diferentes. El espaol aspiraba a lograr convertir a Espaa en una potencia capitalista de la misma magnitud que sus modelos y ejemplos, no siempre reconocidos, ingls y francs. El cubano, ms modesto, slo pretenda realizar el ideal de una nacin culta, prspera e independiente. Los dos deseos se hicieron incompatibles. Espaa necesitaba del dominio de la riqueza cubana para sus pretensiones; a Cuba se le cortaba el margen de desarrollo al extraerle, por diversas vas, los resultados de una capitalizacin embrionaria. Cuando en 1823 los Cien Mil Hijos de San Luis comandados por el duque de Angulema, derrotaban al movimiento constitucionalista-liberal,

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24 \ 24 \ ENSAYO INTRODUCTORIO se implantaba una de las dcadas ms triste de la historia espaola, en la cual la represin no tuvo lmites. En Cuba, pese a las habilidades del gobernador Vives, se sintieron sus efectos. Para la oligarqua cubana lleg una poca de retorno a la tranquilidad de los viejos tiempos. Pese a estar concertado el acuerdo de supresin de la trata de africanos con Gran Bretaa, ste se permiti y se increment, como nunca antes; se apoy el libre comercio de mercancas con diversos pases, lo cual ampli nuevos y viejos mercados; y se reprimi violentamente toda manifestacin de separatismo, de insurreccin o de conflicto social. Entre las vctimas de esta poltica, que restauraba la alianza poder colonial-oligarqua interna, estuvieron los partidarios de las reformas y de las libertades en Cuba. El obispo Espada fue mandado a detener y a enviar detenido a Espaa. Slo el temor del general Vives a las consecuencias de semejante acto, impidi que se llevara a cabo. V arela, condenado a muerte, tuvo que expatriarse en Estados Unidos. Saco, hostigado, debi abandonar el pas. Pero ellos, como la legin de jvenes en que haba prendido la llama patritica, laboraban con intensidad en la continuidad de la obra emprendida. Un ejemplo de estas luchas lo protagoniz el propio Luz. La ctedra de filosofa del Seminario de San Carlos haba sido el centro promotor y transformador de las ideas en Cuba. F ue obra de Flix V arela y en ella se haban formado los jvenes que ahora pujaban por un nuevo y distinto espacio. Al marchar V arela de Cuba haba dejado en su lugar a Jos Antonio Saco. Pero al producirse la expatriacin del primero se declar la ctedra vacante, obligndose as a Saco a abandonarla para ser entregada a Manuel Gonzlez del V alle, uno de los futuros polemistas contra las tesis lucistas. Ante esas circunstancias, Luz se present a oposicin y gan la ctedra. En el primer da de clases declar a V arela su director perpetuo. Las fuerzas conservadoras libraron un intenso combate contra el joven catedrtico. A la sazn, en Estados Unidos, V arela y Saco no slo publicaban peridicos que tenan como destino a la Isla, sino que se dedicaban a preparar un grupo de libros de diversas materias para ser enviados a Cuba y que sirvieran de base a los estudiantes en el Seminario y en otros establecimientos. As, V arela reeditara sus obras Lecciones de Filosofa y Miscelnea filosfica. La primera, segn reconoci Luz, fue el texto que siempre us en sus clases. Lo mismo ocurra con el otro notable profesor de filosofa, Francisco Ruiz, vareliano convencido. Pero tambin V arela traduce, por primera vez al espaol, el recin publicado Manual de prctica parlamentaria de Toms Jefferson y un manual de agricultura. A su vez, Saco traduce la obra de derecho de Heinecio. F ue tal la presin que se ejerci sobre Luz, que enferm y se vio obligado a renuncia r Gonzlez del V alle intentara recuperar la ctedra para cambiarle la orientacin vareliana, pero fracasa de nuevo al presentarse y obtener la plaza por oposicin F rancisco Ruiz. La labor de Luz y Ruiz en esta ctedra permiti

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 25 / 25 la presencia de las concepciones varelianas en la formacin de la juventud hasta la nefasta reforma de estudios de 1842. La polmica filosfica desatada en 1838 era el preludio de la ms violenta ofensiva contra un pensamiento independiente y creador y por el sostenimiento de un nuevo ncleo terico que conformaba una elite integrada a los mecanismos de dominacin coloniales y a la vez, segregadora del resto de la poblacin de la Isla. 20 Las condiciones variaron de nuevo en 1832, cuando al morir Fernando VII, su viuda Mara Cristina se vio obligada a asociarse con el ala moderada de los liberales peninsulares. Si bien el temor se adue de los sectores ms conservadores en Cuba, a los liberales de la Isla les pareci que se abran nuevas esperanzas para el logro de sus ideas. Las ilusiones se desvanecieron casi desde el principio. Se suprimi el rgimen de la F acultades Omnmodas en la Pennsula, pero se acord mantenerlo en Cuba. Primer acto de diferenciacin y accin de la nueva concepcin colonialista. El intento de crear la Academia Cubana de Literatura, la cual independizara a los Jvenes Ilustrados de los viejos conservadores, aun con autorizacin de la Reina, no es permitido. A los primeros disparos antitratistas de Saco es desterrado de La Habana. As el conflicto se agravara an ms. Los liberales en el poder escogeran a un general liberal no slo para gobernar a Cuba, sino tambin para llevar a cabo la poltica de reduccin de la oligarqua local. El enfrentamiento entre el cubano intendente de Hacienda conde de Villanueva y el general Miguel Tacn ocurrira en estos aos. Pero las definiciones llegaran pronto. En 1837 se produce la convocatoria para la nueva asamblea constituyente. Entre los delegados cubanos se encontraba el autoexpatriado Jos Antonio Saco, electo gracias a la activa campaa en su favor realizada por el habanero Jos de la Luz y Caballero y por el santiaguero Juan Bautista Sagarra. Pero de un slo plumazo mueren las esperanzas. A los delegados de Cuba, Filipinas y Puerto Rico no se les permiti tomar asiento. Por primera vez en la historia constitucional de Espaa los delegados de estas regiones fueron privados de un derecho que a partir de entonces, slo le asistira a los peninsulares. De este modo quedaba claro que ya no exista la vieja concepcin de espaoles de ultramar y que las, hasta entonces provincias de ultramar, haban pasado a se r segn Saco, colonias esclavizadas sin voz ni voto sobre sus destinos. Pero ello tena una rpida lectura. Los liberales espaoles no los consideraban parte integrante de la nacin. Saco advertira que era Espaa y no Cuba quien haba dado los primeros pasos en el proceso de desasimilacin, no slo poltica, sino tambin cultural y econmica. El asunto tuvo mayores alcances. Al elaborarse la constitucin espaola se decidi que sta, y con ella, las libertades limitadas que otorgaba, no 20. Para una ampliacin de este conflicto ver Eduardo Torres-Cuevas: Flix Varela Los orgenes de la ciencia y con-ciencia cubanas ed. cit.

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26 \ 26 \ ENSAYO INTRODUCTORIO regiran en Cuba. Para la Isla se dictara un conjunto de leyes especiales que nunca fueron hechas. Se dej a la Isla bajo el rgimen de las Facultades Omnmodas de los capitanes generales, lo cual significaba su poder absoluto bajo las condiciones de plaza sitiada. De este modo el movimiento liberal reformista, encabezado por Saco y Luz, perdera toda posibilidad no ya de xito, sino, simplemente de instrumentacin, dadas las condiciones creadas. Pero si esta invalidacin poltica era ya suficiente, apenas resultaba una de las partes del reordenamiento que el poder colonial llevaba a cabo. En su conjunto esto motivara la crisis contentiva de la Polmica que se desatara, y no casualmente, un ao despus. Otra de sus manifestaciones result el conflicto que alcanzaba sensiblemente a la esclavitud y por tanto, a todo el futuro del sistema. Durante esa dcada los ingleses implementaron la abolicin de la esclavitud en sus colonias antillanas. Justamente en ese ao de 1838 culminaba ese proceso en Jamaica. La debilidad del gobierno espaol, envuelto en guerras civiles, y lleno de deudas con los bancos ingleses, permiti a los britnicos hacer presiones ms efectivas para la abolicin de la trata de esclavos. Ello se concret en un nuevo tratado de prohibicin del comercio de africanos, y de medidas punitivas contra quienes lo efectuaban. La cuestin lleg an ms lejos. Agentes ingleses, algunos infiltrados desde Jamaica, o desde el propio Consulado en La Habana, actuaban como activos promotores de la abolicin de la esclavitud y ms an, como agitadores entre esclavos, negros y mulatos libres. La agitacin en estos aos sera notable y tendra su momento de mayor intensidad durante la Conspiracin de la Escalera. A Luz lo acusaron tambin de estar involucrado en esa conspiracin. Como resultado de estas agitaciones, conspiraciones y represiones, el temo r e incluso, el terro r se ocultaba en los interiores de cada casa. Pero habr ms razones para la crisis. La propia seguridad con que se haba logrado el crecimiento azucarero tornbase, entonces, en incertidumbre. La aparicin del azcar de remolacha producida por la industria de muchos de los principales compradores del dulce a Cuba, y protegida por sus estados; la inestabilidad de los precios del producto, la inseguridad en el mantenimiento de la trata, el alza de los precios de los esclavos, el encarecimiento de la tecnologa azucarera, que colocaba cada vez en menos manos la capacidad competitiva en la fabricacin, hacan prever una cercana crisis para esta industria bsica y muy en especial para los dueos de ingenios pequeos y medianos. En otro sentido, la poltica de los liberales espaoles tuvo consecuencias ms graves y extraamente, no estudiadas. Entre 1838 y 1842 se produjo la secularizacin de los bienes de las rdenes religiosas, y la conversin del Seminario de San Carlos en una institucin slo para la formacin de futuros sacerdotes, con lo cual dej de ser la institucin preferida para la formacin de la juventud. F rancisco Ruiz ces como profesor de la insti-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 27 / 27 tucin y las Lecciones de Filosofa de V arela quedaron desterradas. Se cort de raz la formacin de un clero cubano, hecho que traera amargas consecuencias para la Iglesia Catlica. Se fue ms all. Si en algo la prctica liberal de entonces tena una concepcin clara, sta consista en que en la batalla por la educacin descansaba gran parte del futuro de la Isla. Ese fue el objetivo del Plan de Estudios para la Isla de Cuba de 1842, el cual comenz tambin a implementarse desde 1838. La concepcin del nuevo Plan de Estudios ha sido presentada como liberal secularizadora; mas, su objetivo central fue desterrar las enseanzas formadoras de una conciencia nacional. Fue un plan ajustado a la defensa de la integridad hispana. La secularizacin de la Real y Pontificia Universidad de San Gernimo de la Habana, fue una medida anhelada por todos en Cuba, pero el problema no fue la secularizacin en s, sino la orientacin dada a la institucin. Cuando en 1842 fue transformada en Real y Literaria Universidad, la rectora recaera por fuerza, en un espaol, el oidor de la Real Audiencia, Jos Mara Sierra. Adems de los cursos de Historia Sagrada se imparta el de Historia de Espaa. Pero la estocada mayor se reserv a la enseanza de la Filosofa. Y es, nada menos que el contrincante de Luz, Manuel Gonzlez del V alle, su flamante catedrtico. En consecuencia, implantara el espiritualismo cousiniano como mtodo y en toda la amplitud de sus consecuencias culturales, polticas y sociales. Comentando el nuevo Programa Oficial Varela escriba: Confieso que el ttulo me ha llamado la atencin. Acaso lo habr dado o aprobado la Facultad y por eso ser oficial pero de todos modos no me agrada el tal ttulo y mucho menos cuando examinando el cuaderno encuentro un tratado de lengua griega, otro de bellas letras y otros varios que sin duda no pertenecen a la facultad de Filosofa a no ser que sta quiera extender su dominio a todos los conocimientos (...) En cuanto a doctrinas, bien poco puede decirse, porque bien poco dice el programa (...) Repare V que es un ndice de materia y no de doctrinas, pues nada se afirma o se niega, y as son pocas las doctrinas aunque son muchas las materias que se tocan (...) Advierto que han conseguido entrar y en su antigua posesin las reglas silogsticas y las seoras categoras que yo haba desterrado. Entren enhorabuena, pues yo estoy fuera de casa (...) Tampoco me agrada que Manin, o sea el doctor V alle, Decano de la F acultad, nos diga que Descartes en su aparente entinema traha la afirmacin de que no hay atributo sin sustancia. 21 En medio de todas las circunstancias que convergan en los finales de la dcada de 1830, brotara con una fuerza inusitada, la Polmica Filosfica. Una nueva propuesta terica, avalada slo por lo novedoso, llegaba de la Francia del rey burgus, Luis Felipe. Inmersos en el escepticismo, muchos encontraban en esta propuesta el punto de partida y de conciliacin 21. Ibidem pp. 383-384.

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28 \ 28 \ ENSAYO INTRODUCTORIO para la estabilidad de una sociedad colonial y rebajada, y para la consolidacin de una elite socio-cultural asentada en la cspide de la pirmide social. Contra esta concepcin, enarbolaba Luz las ideas fundadoras. Las cuestiones en discusin abarcaban desde el concepto de patria hasta los fundamentos epistemolgicos de la prctica intelectual cubana. Desde el punto de vista poltico, el camino hacia la anexin a Estados Unidos resultaba reforzado, ahora, adems, por negacin. El reflujo del movimiento revolucionario en el mundo tambin contribua a un cierto conformismo aptico. El vigor con que Luz acometi la polmica demostr la fuerza interna de un ideario que estaba an por realiza r Refirindose a su actitud intelectual y a su razn de se r afirmara: Todo es en m fue, en mi patria ser. 22 III U na filosofa crtica para una cultura del pensar La tradicin de la ruptura con la tradicin Si un rasgo importante tuvo la Polmica Filosfica Cubana fue, sin dudas, la universalidad de sus referentes tericos, gestores de ideas y base para la creacin de un pensamiento propio capaz de penetrar la complejidad de la naturaleza fsica y social del pas. Pudiramos remontarnos a lo que signific la primera recepcin del pensamiento europeo en la Isla, es deci r a la Escolstica que, en la riqueza terica de los telogos espaoles del siglo XVI Melchor Cano y Francisco de Vitoria, entre otros, debatieron en su interior cuestiones vitales para la comprensin del derecho de gente, de la racionalidad del indio, de lo trascendente e inmanente, del ser y los entes y otros muchos campos an sin despliegue, sin independencia de la filosofa, como la fsica o los elementos que conformarn los primeros pasos de la psicologa. El Siglo de las Luces penetra en Cuba no menos que la escolstica anterio r Result un hervidero de propuestas. Desde los aportes de las especialidades, que andando el tiempo seran ciencias particulares como la fsica, la qumica, la biologa, la psicologa y la fisiologa, hasta los pensadores europeos que animaron la aguda crtica de quienes en suelo cubano pensaban en los problemas, necesidades y tradiciones nacionales, en una poca en que la Razn y la Experimentacin sentaban plaza en la inauguracin de la modernidad. Pero una poca que en la particularidad cubana se enlazaba con la ruptura de la tradicin criolla, el auge de la esclavitud y los pasos para llegar a la modernidad por una va nada europea, y que por esa 22. Jos de la Luz y Caballero: Aforismos y apuntaciones Edit. de la Universidad de La Habana, La Habana, 1962, p. 6.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 29 / 29 misma pretensin, deba pensarse desde un nuevo observatorio. Junto a los aportes a la lgica de la escuela Port Royal, el Novum Organum de Francis Bacon, el Discurso del mtodo... de Renato Descartes, el Ensayo sobre el entendimiento humano de John Locke y las obras de Etienne Bonnot de Condillac, se encontraban los que abran caminos especficos en otros terrenos como el pedaggico: el Emilio, de Rousseau, la Historia Natural, de Buffon o los trabajos sobre economa de los espaoles Miguel Antonio de la Gndara, Enrique Ramos y Nicols de Arriquiba r y del islands Bernardo Ward. Especial importancia tuvo en nuestro siglo XVIII la obra monumental de Benito Gernimo Feijo, Teatro crtico universal No menos significativa sera la relacin de los ilustrados espaoles que con Aranda, Floridablanca, Campomanes y Jovellanos confirieron sus dimensiones hispanas al iluminismo que se reciba de Inglaterra y Francia. Todo ello, entre otras obras, form parte de las lecturas bsicas para la fundamentacin de un mtodo de conocimiento y para la elaboracin de un pensamiento derivado del conocimiento nuevo. Este camino fue esbozado por el padre Agustn Caballero, quien propondra ya la idea de una Filosofa Electiva. Los pasos iniciales dados por Caballero adquiriran su dimensin mayor en los hallazgos tericos y en la propuesta metodolgica de Flix V arela. El Padre Fundador cont con una amplia base terica que ya no fue slo la riqueza del siglo XVIII sino la particular produccin intelectual de la encrucijada de dos centurias, signadas por la Revolucin F rancesa, la crisis espaola de principios de siglo y el camino independiente emprendido por Latinoamrica. A la lectura de los autores mencionados se incorporara la filosofa postkantiana, la ideologa de Destutt de Tracy y Cabanis, entre otros. De este momento de la historia de las ideas en Cuba surgira, por primera vez, una propuesta coherente, que enlazaba la emancipacin del pensamiento de la escolstica anterior con el pensamiento emancipador del hombre y de la sociedad. Surgi all, tambin de la mente del padre V arela, la definicin de la filosofa como natural y su liberacin de la metafsica, la ontologa y la especulacin. Filosofa como ciencia de la naturaleza, ya sea fsica o humana, interna y externa, y que rebasando la definicin abstracta de esencia permitiera, desde la observacin y la experimentacin, la racionalidad de un pensamiento con lastre, es deci r de un pensamiento racional con lmites tangibles y alcanzables, fundamentador de un conocimiento de lo verdadero en tanto posibilidad natural de lo racional. Aqu, la idea filosfica se ataba al avance de las ciencias; pero las ciencias, por la naturaleza del observador y de lo observado, del pensador y de lo pensado, tendran como terreno de lo alcanzable, el campo potencialmente gnoseolgico de su realidad inmediata. Filosofa, ciencias, sociedad, constituan los objetos patriticos para conocer y hace r De aqu que el patriotismo al cual V arela le dedicara su leccin nica y final fuera com-

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30 \ 30 \ ENSAYO INTRODUCTORIO promiso tico y cientfico, condicin sine qua non del filsofo, punto de partida y de llegada del pensamiento y de la obra. Patriotismo y no patrioterismo, pues se trataba del desprendimiento del que sabe, y no de la especulacin ventajosa que explota el sentimiento en beneficio personal. La derivacin de la idea patritica de V arela que encontrara en Luz su defensor terico, pedaggico y humano, alcanzara en Mart su definicin ms acabada: si patria es humanidad es porque ella es la parte de la humanidad en que nacemos y a la que estamos ms obligados, porque con nuestra contribucin a la patria contribuimos al universo humano. Bastara mencionar tres momentos importantes en la vida de Luz y Caballero para comprender hasta qu punto fue permanente y perdurable su identificacin con su maestro Flix V arela. Identificacin no exenta de las divergencias del creado r pero identificacin en las cuestiones medulares del pensamiento, del mtodo y de la idea patritica tal y como la comprendan ambos. Destquense aqu tres declaraciones pblicas de Luz: a) En 1823 la ctedra de filosofa del Seminario de San Carlos, en la cual Flix V arela haba impartido sus lecciones de Filosofa y de Constitucin, bases de su revolucin filosfica, como la defini Jos A. Saco, fue declarada vacante por la ausencia de su propietario, perseguido por las fuerzas reaccionarias de Fernando VII en Espaa, donde haba actuado como diputado a Cortes por La Habana. Manuel Gonzlez del V alle ocupara la ctedra por imposicin del Directo r del Seminario, en aquel entonces, Juan Bernardo OGavan. ste se vio obligado a sacar la plaza a oposicin, Luz se present y venci al interino. Era sabido que tanto Gonzlez del V alle como OGavan mantenan posiciones conservadoras y pretendan desterrar las lecciones de Filosofa de V arela. Al asumir la ctedra el 14 de septiembre de 1824, Luz declaraba a V arela su Director Perpetuo, y expresara: Considerad, caros amigos, qu sentimientos se habrn apoderado de mi espritu, desde el momento en que me impuse el deber de venir a ocupar el mismo puesto que llen mi ilustre y siempre apreciable maestro y predeceso r hombre que sin duda alguna lo destin la naturaleza para ser el rgano por donde haba de comunicar a la juventud sus leyes inmutables y sus profundos arcanos, dirigindola por el sendero de las ciencias, y ensendole las mximas de filosofa, no como quiera por lecciones orales, sino siendo el primero en practicarlas. S, varn virtuoso, recibe benigno este justo desahogo de mi admiracin y agradecimiento, mientras que despus te tribute otro que te ser ms aceptable; penetrado ntimamente de mi insuficiencia yo seguir el camino que me has trazado, yo har cuanto est de mi parte para mostrarme a ti digno discpulo, y con este objeto no te separar un instante de mi memoria ora tras faenas, ora estudiando tus obras, ora inspirando a mis discpulos aquel amor por las ciencias y la virtud que t sabas infundir slo con tu presencia; y he aqu el homenaje

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 31 / 31 ms aceptable a tu modestia, que mi amor y mi gratitud y mi admiracin pudieran rendirte. 23 b) Diecisis aos despus, y enfrascado en la Polmica Filosfica generada por la utilizacin de la filosofa de Vctor Cousin contra el pensamiento filosfico del siglo XVIII y contra la Ilustracin Cubana centrada en Flix V arela, Luz escribira un artculo titulado Rectificacin, el cual significaba en realidad una declaracin de principios sobre su adherencia al pensamiento de su maestro. Publicado en la Gaceta de Puerto Prncipe el 2 de mayo de 1840, este texto tuvo su origen en la necesidad que sinti de contestar las falsas aseveraciones sostenidas por quien firmaba con el seudnimo Ciudadano del Mundo acerca de supuestos desacuerdos con V arela sobre el mtodo y la doctrina: Y vea U. ahora brevemente, seor Ciudadano del Mundo, como soy discpulo de V arela bajo muchos aspectos (...) y sepa el ciudadano, y sepa el mundo, que al rendir el modesto Lugareo aquel testimonio de su celo al esclarecido V arela, no hizo ms que ceder a un sentimiento profundo de gratitud, de justicia, de amor a su suelo; pues mientras se piense en la tierra de Cuba, se pensar en quien nos ense primero en pensar. 24 c) El 16 de diciembre de 1861, meses antes de mori r en un discurso ledo por uno de sus alumnos cuando la enfermedad ya le impeda habla r, dejara testimonio a la posteridad de esa relacin creadora que sostuvo con su maestro: ... Porque ya yo, seores, me voy acercando al trmino que Dios concede a la vida en estos climas, como deca ese ilustre Padre V arela, cuya memoria vive conmigo y me acompaa por do quiera; ya veo formada la infausta nube de la ancianidad y diviso a lo lejos los lgubres confines del imperio de la muerte; como l tambin, llegar yo al borde del sepulcro haciendo en el ltimo suspiro, un voto fervoroso por la prosperidad de mi patria. 25 Casi veinte aos separan unas palabras de otras. Desde su primera juventud a la plenitud de su madurez intelectual y de sta, a la ancianidad, comparti y profundiz las bases tericas de la concepcin vareliana. Cmo podra sta sobrevivir frente a la oleada enrgica de un espiritualismo-eclectizante que forcejeaba por imponerse en el universo intelectual cubano? Caracteriza a la poca de la Polmica Filosfica el reflujo de los movimientos revolucionarios, patriticos, republicanos y liberales. Un pensa23. Jos de la Luz y Caballero: Discurso pronunciado en el Seminario de San Carlos en la apertura del curso de Filosofa el 14 de septiembre de 1824, Elencos y discursos acadmicos Edit. Universidad de La Habana, La Habana, 1950, p. 2. 24. Loc. cit no. 19, p, 381 y 387. 25. Discurso ledo en los exmenes del Colegio El Salvador el 16 de diciembre de 1861 Elencos y discursos acadmicos, Edit. Universidad de La Habana, La Habana, 1950, pp. 571-572.

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32 \ 32 \ ENSAYO INTRODUCTORIO miento conservado r y en el mejor de los casos conciliador entre lo viejo y lo nuevo, aunque presentado de novedoso modo, pretendi barrer no ya con las consecuencias tericas del ciclo de las revoluciones, sino ms atrs, con todo el pensamiento ilustrado al que se acusaba de haberlas generado. El debate fue quizs uno de los ms intensos de la historia humana. El pensamiento postkantiano y las propuestas de Hegel, Schelling y Fichte fueron el intento de alcanzar un sistema universal, el cual solucionara las grandes interrogantes que al pensamiento moderno le haban situado la Ilustracin y la Revolucin. El hervidero de ideas, los retornos circulares y las tradas superadoras; el redescubrimiento de las mnadas o el retorno a Santo Toms de Aquino crearon un ambiente intelectual que intentaba explicar lo que no comprendan. La premura de los tiempos, la inconsistencia de las sociedades hasta entonces histricamente inconmovibles, y el ascenso y cada de sistemas que se pretendan eternos, llev a los hombres de la postrevolucin a confundir la coyuntura con la estructura; a no discernir entre lo permanente y lo circunstancial; a concebir como eterno su pensamiento el cual apenas atisbaba pequeas luces en las sombras de una poca, y a atacar con odio desmedido y argumentos sin sustancia a los grandes creadores del pensamiento moderno. La matrona, la poca de la restauracin de la Santa Alianza europea pari, como hija ilegtima y deformada, lo que se llam con toda pretensin por Cousin y sus partidarios la nueva filosofa del siglo XIX ; Stendhal la denominara la nueva filosofa de Pars y Luz, la nueva filosofa francesa. Cuando en 1837 se iniciaba la crisis poltica, social y terica de la sociedad cubana con el fracaso del movimiento reformista, la crisis de la esclavitud y la inseguridad azucarera, el reajuste del poder colonial entonces en manos de liberales y muy en particular la ruptura del consenso intelectual, se present a la nueva filosofa francesa como la idnea para desmontar las bases tericas del pensamiento cubano anterior en su dimensin vareliana. La amplitud de las reflexiones de entonces obliga a referirlas. No slo los autores ya citados, sino que se entremezclaban Leibnitz, Spinoza y Hobbes con V oltaire, Condorcet, Turgot y Montesquieu. Incluso, lo ms actual de la produccin mundial se debata en La Habana: la escuela escocesa del sentido comn, el movimiento tradicionalista (Joseph de Maistre, Lois de Bonald, Benjamin Constant, Lamanais), la psicologa (Maine de Biran), el utilitarismo ingls (Dugald Steward, William Hamilton, J. Benthan), el positivismo (A. Comte), el idealismo alemn (Hegel, Schelling y Fichte) y la frenologa ( F J. Gall). El eje central de la Polmica desatada en La Habana lo constituy el espiritualismo eclctico francs expresado en la obra de su ms importante formulado r Vctor Cousin. No fueron casuales el momento y la circunstancia que convertiran al espiritualismo eclctico en una propuesta acrtica de la sociedad cubana. En 1838 el sistema educacional cubano pasaba por

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 33 / 33 un profundo reajuste. En 1842 se pondra en prctica el nuevo plan de estudios, sostenido por la reforma implantada por el poder colonial. La secularizacin de la Universidad de La Habana, la conversin del Seminario de San Carlos en centro para la formacin de sacerdotes solamente fueron era la expresin de algo ms profundo que una simple reestructuracin del sistema educacional. Al asumir la filosofa de Cousin se pretenda eliminar toda la enseanza anterio r basada en los principios varelianos y el pensamiento de la modernidad creadora y del creador espritu del pensamiento cubano. Manuel Gonzlez del V alle, rival de los valerianos desde los inicios de la dcada anterio r al preparar la nueva ctedra de filosofa de la Universidad de La Habana en 1838, impuso este nuevo espiritualismo eclctico cuyos derivados tericos implicaran la subordinacin intelectual, la formacin de las elites, la expresin terica de una cultura rebajada intelectualmente, la reafirmacin del colonialismo y en lo esencial, la liquidacin del pensamiento de la emancipacin surgido de la creatividad del pensamiento vareliano. No es casual que la ltima reedicin de las Lecciones de Filosofa de Flix V arela, hecha por su autor en Estados Unidos, se realizara un ao antes de la reforma educacional. Jos de la Luz y Caballero, Francisco Ruiz y otros recibieron esta obra y segn la confesin de ambos, la utilizaban como texto de sus cursos en el Colegio de Carraguao y el Seminario de San Carlos. Luz comentaba: Sabido es que la obra de mi ilustre paisano [ V arela] sirve de texto a mis lecciones en todos los das de la semana, excepto el sbado y a veces otro ms que consagro exclusivamente a la impugnacin de las doctrinas de la escuela eclctica francesa. 26 El hecho de revitalizar el predominio de las autoridades filosficas, de las especulaciones metafsicas, de la preponderancia del estudio de la conciencia individual en la interpretacin de la sociedad, y la renuncia de las contribuciones ms importantes del pensamiento ilustrado se centraba en el empeo por desterrar las ideas de Flix V arela de la enseanza. As lo hizo saber el Padre Fundador a Luz y Caballero, en carta fechada el 1 de mayo de 1840 desde New Y ork y justo cuando la Polmica en La Habana se senta con mayor intensidad: Mi estimado amigo, an no he tenido tiempo para leer los impresos en que se contiene la discusin de U. con V alle. ste nunca me ha escrito sobre la materia, y mal pudiera U. creer que desease mi intervencin cuando su empeo es desterrar mis lecciones de filosofa .... 27 Lo cierto es que Vctor Cousin, centro del pensamiento de los contrincantes de Luz en la Polmica, generaba la tesis de la armona social en sociedades quebradas por la desigualdad y la explotacin, cuya derivacin 26. Loc. cit no. 19, p. 381. 27. Flix Varela: Obras Edic. Imagen Contempornea, La Habana, 1997, t. III, p. 231.

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34 \ 34 \ ENSAYO INTRODUCTORIO esencial en Cuba lo fuera el conservadurismo poltico. Aqu, eje central de una polmica donde se discutan los mtodos para conocer la sociedad cubana o para obviarla en la inmensidad de la especulacin abstracta: metafsica o ciencia de la realidad, teora de la emancipacin o teora de la sujecin. Esa fue la cuestin. Cultura, filosofa, pedagoga, ciencia, religin, moral, tradicin, psicologa, antropologa, ontologa e ideologa, fueron conceptos reanalizados y debatidos por tendencias divergentes que sostenan caminos diferentes sobre los modos de pensar la organicidad de la sociedad cubana. La Polmica, toda, estuvo atravesada por la teora del espiritualismo eclctico. No se trataba de una discusin fragmentada de las bases gnoseolgicas, sociales y polticas de la sociedad y del conoce r sino de concepciones tericas antagnicas para la comprensin del presente y el futuro de la sociedad cubana, cuya coherencia estaba dada por la concepcin que se asuma del eclecticismo y del espiritualismo en el pas. Desde el mtodo hasta la ideologa, desde las ciencias hasta la teora. La asuncin por parte de unos, exiga la reconceptualizacin por parte de otros. El problema era trascendente, porque en l se contenan dos objetivos esenciales: la formacin de las elites o la formacin de la conciencia nacional y el mantenimiento o la remodificacin del statu quo de la sociedad colonial a travs de la educacin y la cultura. El pensamiento del siglo XVIII con sus pretensiones de fundamentar una modernidad que se caracterizara no slo por una sociedad nueva, sino por un pensamiento nuevo, que tena en las ciencias naturales, sociales y humanas sus referentes, haba servido como aliado extranjero al nacimiento de una ciencia y conciencia cubanas. El ncleo del espiritualismo eclctico resida en borrar esa naciente tradicin cientfica y de pensamiento activo y crtico, al inculparlo de romper la tradicin desde un materialismo que se les antojaba desespiritualizado. Pero en la ruptura con la tradicin que sujetaba el pensamiento a las autoridades y a la determinacin divina, haba nacido el pensamiento crtico y creador de las ciencias y la conciencia cubanas. As avanz Felipe Poey en el estudio de la naturaleza fsica cubana; Jos A. Saco en la naturaleza social y Domingo Del Monte en la recreacin literaria de la esttica de la naturaleza cubana. La Santa Alianza y una doctrina para la alianza En efecto, la accin de los eclcticos espiritualistas en Francia haba estado dirigida a relegar toda la herencia filosfica del siglo XVIII y a proclamarse, desde 1830, como la filosofa de la Universidad F rancesa y a la vez, como la ms universal, la nica verdadera, y la ms slida de las filosofas. Fue presentada como la sntesis superadora y abarcadora de todo el pensamiento anterio r y as se autodenomin como la ms moderna de

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 35 / 35 todas las propuestas hechas hasta entonces. Avalada por su origen francs, fue concebida como el nico sistema capaz de explicarlo y armonizarlo todo, como la base para la formacin de la juventud cubana. Con tales cartas de presentacin arrib a La Habana, no por la aduana de nuestro entendimiento, sino como un producto de bella factura, introducido por las naves colonizadoras de los contrabandistas de inteligencias. Hombres con la agudeza intelectual de Manuel Gonzlez del V alle, enemigo temprano de las tesis de V arela-Luz, que hasta entonces no haban contado con un aparato conceptual coherente, comprendieron el valor que para implantar sus concepciones tena la propuesta eclctico-espiritualista. Si era la filosofa de la Universidad de F rancia por qu no convertirla en la filosofa de la Universidad de Cuba. Se hace necesario puntualizar el origen de Vctor Cousin y de la llamada escuela eclctica moderna para desentraa r tal como lo hizo Luz, las causas y condicionantes de un pensamiento que alcanz en extensin lo que le falt en profundidad. La escuela de Cousin se present como la escuela oficial, que colocaba al pensamiento como un puente entre el siglo XVII y la nueva metafsica idealista nacida a comienzos del XIX El espiritualismo surgido de las entraas de un nuevo y extrao eclecticismo en Francia era explicable por las propias circunstancias histricas postrevolucionarias. En 1815 rodaron por tierra los estandartes de la Revolucin Francesa, y sobre ellos se levant la ms poderosa asociacin conservadora de la historia europea: la Santa Alianza. Con el destierro de Napolen Bonaparte se inici la restauracin borbnica personificada en Luis XVIII La Santa Alianza concert un acuerdo que implic la reconstruccin de los grandes imperios bajo los principios del derecho divino, la legitimidad de las monarquas, el reparto de Europa y el acuerdo entre el Za r el Kiser y los reyes de F rancia, Espaa e Inglaterra, para socorrerse entre s contra los movimientos republicanos, liberales, nacionalistas u otros que de cualquier forma intentaran revitalizar las ideas revolucionarias o reformistas. Francia vivi, entonces, uno de los procesos ms complejos de su historia. Su siglo XVIII la haba situado como una de las regiones del mundo con ms intensa actividad intelectual y cientfica. Fue en ella donde surgieron los filsofos que se autodenominaron as para distinguirse de los telogos. Amantes de la sabidura, no slo pondran a la Razn como la diosa suprema de todo conocimiento, sino tambin como la gua de la ciencia y la inteligencia. Su crtica aguda y mordaz contra toda escolstica abri el campo a las ciencias particulares, a la remodelacin del aparato jurdico y a la produccin de doctrinas sociales que se planteaban, de un modo u otro, alterar el orden poltico y social existente. La Ilustracin, nombre con el cual se conoci este movimiento, no se propuso hacer revoluciones, sino slo producir la reforma y modernizacin

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36 \ 36 \ ENSAYO INTRODUCTORIO del Estado, la sociedad y el hombre desde la propia estructura de la monarqua, por lo que, su propuesta poltica fue el Despotismo Ilustrado. Los ilustrados resultaron ser los primeros sorprendidos al estallar la Revolucin Francesa, aunque para entonces muchos haban muerto y otros tendran como destino la guillotina. La contradiccin entre el movimiento revolucionario y los autodenominados filsofos qued expresada ntidamente por Robespierre cuando deca que stos se mostraban osados en sus escritos y rastreros en las antecmaras de los reyes. Pero, no hay dudas, que la diosa Razn lo era tambin de los revolucionarios. El problema, sin embargo, era ms agudo. Kant definira as al movimiento intelectual del siglo XVIII : La ilustracin es la liberacin del hombre de su inculpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la gua de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia, sino de decisin y valor para servirse por s mismo de ella (...) Sapere aude Ten el valor de servirte de tu propia razn. 28 y sera el propio Kant, quien consciente de los lmites de la razn y de los excesos cometidos en su nombre, decidiera llevarla al tribunal de la razn misma en su Crtica de la razn pura. Es aqu donde nace el criticismo que le dar a la postilustracin el sentido del pensamiento crtico. Y sta fue el arma que en Cuba utilizaron V arela y Luz. Pero un pensamiento crtico, que estribaba ante todo en una actitud intelectual, no poda ejercerse sin un referente metodolgico constatable. Quizs, por ello, sera el sensualismo de Condillac el ms generalizado como gnesis para un desarrollo de las ciencias y el pensamiento. F ue en plena Revolucin F rancesa, y como codificacin filosfica de sta, cuando surgi la Ideologa o ciencia que estudia la produccin de las ideas. Los autotitulados idelogos intentaron, bajo el fundamento del sensualismo de Condillac, desarrollar el estudio, no slo de las ideas, sino de la conciencia como resultado de la relacin entre el pensar y una realidad material tanto interna como externa al hombre. De ah que la conciencia, en esta concepcin, sea un resultado colectivo, objetivo, subjetivo, pero nunca individual. Los avatares de los idelogos resultaron tambin polticos, porque trabajaban en lo que llamaron el plan ideolgico, es deci r la creacin de conciencias, a partir de una tica basada en el movimiento real de lo social. De aqu que la educacin fuese elemento sustancial en el cambio del hombre y de su medio social. No fue casual que el discurso de Flix V arela al hacer su entrada en la Sociedad Econmica Amigos del Pas, en 1817, tuviese como temtica la ideologa y la educacin de los nios. 28. Nicols Abbagnano: Diccionario de Filosofa Edicin Revolucionaria, La Habana, 1966, pp. 648-649.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 37 / 37 La creacin del Imperio por Napolen Bonaparte decret el fin de la Revolucin Francesa, pero en una concepcin que intent heredar lo que la burguesa haba obtenido en la Revolucin, lo que de rescatable tena el aristocratismo y lo que la estructura poltica de un imperio de nuevo tipo poda sostene r El cdigo napolenico intent avalar esa conciliacin nombrada bonapartismo. Los idelogos ya no tuvieron cabida; y es en esas circunstancias en que se puede explicar el pensamiento de V Cousin. ste afirm haber tenido tres grandes maestros: Larromiguire, Royer-Collard y Maine de Biran. Los tres, pero sobre todo el ltimo, haban fundamentado las bases del espiritualismo eclctico. El centro originario de este movimiento fue la Escuela Normal, que defini la psicologa como la ciencia que estudia las facultades del alma, o sea, los mecanismos internos del entendimiento. Desde este enfoque la constitucin de la ciencia de la conciencia siempre tendra un carcter individual, introspectivo y subjetivo. La contraposicin central entre los idelogos y los psiclogos resida en que los primeros, en la bsqueda objetiva del modo en que se producen las ideas, se basaban en el estudio de las ciencias naturales y en la fisiologa humana para, con el conocimiento completo del hombre, sin desdear los factores psicolgicos, crear la conciencia colectiva; los segundos, a su vez exclusivos y excluyentes, identificaban la razn del hombre con la razn divina y reducan la conciencia del hombre, todo, a la conciencia individual. La Escuela Normal sera la primera en desterrar de sus predios a la filosofa del Siglo de las Luces. De todo el genio filosfico de este movimiento: Rousseau, Diderot, Montesquieu, V oltaire, Condorcet, Holbach, Helvecio, DAlambert, Condillac, slo este ltimo fue reconocido. Se privilegiaron los estudios literarios, las lenguas y las materias filosficas por s mismas, desligadas de la vida social y poltica. Era lo que necesitaba el Imperio. Constituy el recurso mayor de Napolen: fragmentar a los hombres para volverlos instrumentos suyos; y ah tiraban todas sus instituciones .... 29 La frmula ya implcita del naciente eclecticismo resultaba receta ideal para el mantenimiento y la justificacin de aquel gobierno despus de la Revolucin F rancesa: tmese cierta dosis de monarqua, partes iguales de aristocracia, y su punto de democracia, y tendris la restauracin, o el justo medio, o el eclecticismo secundum artem 30 La cada del Imperio napolenico ocasion una violenta conmocin en lo ms profundo de Francia. El bonapartismo que tanto haba penetrado en las elites, y el cual hizo de Napolen un arquetipo a imita r no dej de formar parte, si bien de un modo particula r de las concepciones de Cousin. El Emperador haba superado la Revolucin y creado la unidad, pero se29. Jos de la Luz y Caballero: La polmica filosfica, Edit. de la Universidad de La Habana, La Habana, 1947, t. I V p. 284. 30. Ibidem p. 307.

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38 \ 38 \ ENSAYO INTRODUCTORIO gn Cousin, de manera ficticia, porque haba suprimido las iniciativas individuales. De ah su rpida adhesin a: la carta de Luis XVIII como la ltima palabra de la ciencia. La restauracin monrquica borbnica que pretendi unir el pasado con una resultante del ascenso de la burguesa, pero no del pueblo, constituy para Cousin un acercamiento ms a sus concepciones eclcticas espiritualistas. Pero una nueva sacudida conmovera a F rancia en 1825. El ascenso de Luis F elipe, el rey burgus, en 1830, cre un nuevo statu La Carta Magna surgida de ese movimiento, la instauracin de una monarqua constitucional, fue la revelacin para Cousin de que sta era la verdadera frmula de la unidad francesa. Y en qu consista el logro del movimiento de 1830? Superaba a la Revolucin, al Imperio y a la Restauracin. Y esta superacin estaba en la consagracin de la sociedad burguesa que deba consolidarse en el siglo XIX Cousin admiraba en ella la plasmacin de las diferencias, pero las subordinaba a la justicia; esta justicia, segn l, no haca ms que colocar la diversidad en una jerarqua que catalogaba de sabia y benfica porque consagraba a la elite, y exclua a la masa amorfa de gente inculta que ni siquiera tena el derecho de ser incluida en el concepto de pueblo. La restauracin de 1815 haba adolecido del defecto de sustituir la jerarqua de los derechos por la renovacin de los privilegios; dicho de otro modo, la jerarqua necesaria para la elite burguesa, fundamentada en los llamados derechos consagrados por el cdigo jurdico que ellos deseaban y que Napolen les reconoci, haba sido sustituida por la renovacin de los privilegios de la nobleza. Por su parte, la Revolucin de 1825, y ste es otro indicio claro del camino de Cousin, tuvo el defecto de ser una revolucin, cuando, en su criterio, debi haber sido una evolucin. Haba que conservar la rama maestra de la sociedad imponindole, adems, el yugo saludable de la justicia. La carta de 1830 supera a la Restauracin y a la Revolucin, porque logra la igualdad en la diversidad de manera ms eficiente. De qu modo? El deber de los buenos ciudadanos y de los filsofos consista en adherirse a un tipo de gobierno que, gracias al orden, garantizaba la libertad de forma libre y estable que era, a su vez, la forma en que se hacan definitivas las conquistas de la Razn. As, la igualdad quedaba consagrada por la desigualdad de la jerarqua, y la libertad contaba con un orden social implacable que permita la desigualdad de la libertad; es deci r la igualdad entre desiguales y la libertad de los desiguales garantizaba la hegemona de la elite que era, a su vez, elite, al poseer la hegemona econmica, poltica, social y cultural. Una ltima cuestin se debe referir sobre la Francia de Cousin, y sta atae al fenmeno religioso. Despus de la poca gloriosa de la Revolucin cuando el desmo, el atesmo y el pantesmo alcanzaron difusin ms all de la elite intelectual, se generaliz un escepticismo en todo el pas. El indiferentismo sobre el tema estaba muy extendido entre la burguesa y el

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 39 / 39 ejrcito. Hacer de la burguesa y del ejrcito buenos creyentes no poda ser slo obra del discurso poltico, ms an cuando era evidente que el problema afectaba a la juventud. Era sta, ms que los hombres maduros, la que se senta agitada y necesitada de cree r despus de los descalabros de la Revolucin y del Imperio. La Universidad Imperial, en virtud de su constitucin tomaba como base de su enseanza la doctrina catlica. Todos los que haban nacido con el siglo aprendan esta doctrina en la escuela y el colegio, pero cuando volvan a sus casas, encontraban casi invariablemente a padres que profesaban el atesmo o el indiferentismo en materia religiosa. De ah la inquietud que se observa en los jvenes de esa poca. Pero, el asunto se complicaba cuando en ciertos niveles de reflexin se pensaba que ser espiritualista, sin ser cristiano, era ya pasar a la contrarrevolucin. Esta idea se centraba en los descontentos y en los antiguos revolucionarios. Entre 1815 y 1830 se puso de moda en los salones y tertulias iniciar largas discusiones con la siguiente pregunta: qu piensa usted de Dios? La gente se consideraba en el derecho de opinar sobre sta y otras interrogantes como hubo Dios antes de la creacin y hubo Dios despus; un Dios distinto de s mismo?; el Dios perfecto quiso a las criaturas imperfectas?; las quiso criminales, enfermas y dbiles? En cierta medida estas preguntas no eran ms que una reflexin necesaria ante el evidente fin de la Revolucin, y la incomprensin de una sociedad que no se encontraba a s misma. Cousin represent en este medio la nueva solucin espiritualista eclctica que se presentaba como superadora de la crisis espiritual y moral. El Dios omnipresente est en todas sus obras, lo mismo que las referencias a la creacin y la providencia. Crea haberlo definido todo cuando afirmaba que el mundo es tan necesario a Dios, como Dios es necesario al mundo. 31 Fueron stas las condiciones en que surgieron la doctrina y el mtodo de Vctor Cousin. Ellas tambin explican las inconsecuencias de un hombre, y aunque la obra se juzga por s misma, estas condicionantes adelantan en el contexto los juicios sostenidos en su texto. Cuestiones de mtodo: el debate en torno al eclecticismo En la interioridad de la discusin sobre los mtodos para conocer la realidad, el punto neurlgico de la polmica que se desat en La Habana radic en la definicin, contenido y conceptualizacin del trmino eclctico. La propuesta de Vctor Cousin se presentaba como la ms importante base terica y analtica, un concepto de eclecticismo que se proclamaba como la filosofa del siglo XIX y muy en especial, como la cumbre 31. Eduardo Torres-Cuevas: Vctor Cousin: la propuesta terica de la formacin de las elites y de su cultura para el ejercicio del poder (indito).

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40 \ 40 \ ENSAYO INTRODUCTORIO epistemolgica que trascenda al siglo XVIII Su pretendida novedad, la cual encandil los ojos de una juventud estudiosa por el doble subterfugio del pensador francs y de su impulsor habanero, era engaosa, pues aos atrs, incluso antes que Cousin pensara siquiera apropiarse de ese concepto, ya en La Habana se haba llegado a una elaboracin tal de ste, que precisamente se haba convertido en un elemento clave en la concepcin no slo del mtodo de conocimiento, sino tambin de la elaboracin cultural, de la interpretacin poltico-jurdico-social y de la creacin de un mtodo para el estudio de las ciencias naturales. Desde la Filosofa electiva del padre Agustn Caballero, y de la elaboracin terica que hiciera Flix V arela del eclecticismo electivo como la libertad de elegir para llegar a la verdad, se haba desarrollado toda una tendencia del conocimiento que, desprendindose de la metafsica y de la ontologa, intentaba fundamentar una escuela cubana del conocimiento. No se podra entender la intensidad con que Luz acometera la Polmica hasta el desgaste fsico y mental, si no se entendieran las consecuencias tericas y prcticas del cousinismo en Cuba. Consista en una doctrina y en un mtodo de desmontaje terico de todo el aporte del pensamiento y de las ciencias del siglo XVIII y en consecuencia, representaba en nuestra tierra el desmontaje terico de las bases mismas de la ciencia y la conciencia cubanas. Si en F rancia la doctrina de Cousin pretenda bajar la Filosofa de las Luces a la tumba, en Cuba, junto a aquella, aspiraba a hacer descender al sepulcro el pensamiento de Agustn Caballero y el de Flix V arela. Al alboroto creado por la propaganda del pensamiento del francs, entre una juventud a la cual se le presentaba como lo ms novedoso, profundo y actual del pensamiento, se opuso Luz y Caballero con toda la sabidura cubana que requera un encuentro, no con los imitadores de Cousin, sino con el propio Cousin porque no siempre lo ms novedoso es lo ms acertado. Modas hay que con el tiempo develan todo el ridculo de su contenido. Para la juventud cubana de todas las pocas trabaj este grande del magisterio cubano, porque el problema no residi en la letra del cousinismo, sino en salvar el espritu de las ciencias y la libertad de las conciencias: Ya tiene la juventud su Curso completo de sofistera, pero tampoco le faltar, aunque no tan acabado, el suficiente de esgrima nacional, para descubrir y desbaratar las redes con que pretenden envolverla los que en son de amistad, resultan ser los mayores enemigos de sus almas. 32 En 1840 se expresaba de esta forma: Pobres eclcticos habaneros, que tocis la flauta de Cousin y hablis por boca de ganso. Palabras aplicadas por nuestro insigne V arela a los filsofos escolsticos in illo tempore Los eclcticos de ahora quieren oh Cartesio cubano! desbaratar la obra de 32. Jos de la Luz y Caballero: La polmica filosfica, ed. cit., t. V p. 113.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 41 / 41 tus manos; pero se rompern los dientes los que se empeen en roer la estatua de bronce: la verdad. 33 Como se constatar en este ensayo, la esencia de la confrontacin de Luz con el cousinismo radicaba en la contraposicin de dos principios irreconciliables. El suyo, esencia del varelianismo, se basaba en el ejercicio del pensa r mientras que el de sus rivales implicaba el no pensa r Lo oculto, lo que muchos no perciban, consista en que, detrs de la definicin del eclecticismo, por unos o por otros, subyaca la idea de que con ese trmino o se defina la libertad de pensar y la capacidad del hombre para ello, o, por el contrario, la verdad estaba ya dada en las autoridades y en el reencuentro introspectivo con Dios, anulando as todo ejercicio activo y creador en la reflexin. Otro factor no podra soslayarse. La Europa de la Santa Alianza, la F rancia de la Restauracin monrquica absolutista y la que intentaba consolidarse a partir de la conciliacin de intereses hegemnicos, resultaban sustancialmente diferentes a la Cuba colonial en el conocimiento y reconocimiento del concepto eclctico. Slo el desconocimiento, aun entre los jvenes cubanos, de la ya para entonces tradicin de pensamiento antitradicional y de la diferencia entre lo que son y lo que no son, podra generar una confusin, muy bien manejada, en la tambin diferencia de los contenidos del trmino eclctico. No percatarse de ello ser un error imperdonable de mtodo; ms an, es el punto de partida de todo mtodo. Incluso el propio V arela, alejado del debate cubano en relacin con Cousin en 1840, no lleg evidentemente a comprender las interioridades de la contienda terica. As se revelaba en la carta a un discpulo el 22 de octubre de 1840. 34 Es evidente que conoca al Cousin anterior a la dcada de 1830 por medio de sus traducciones de textos de clsicos de la historia de la filosofa, en los cuales el trmino eclctico no se haba desfigurado del sentido original que le dieran los antiguos. No se anunciaba todava el aliento de conciliacin premeditada de lo inconciliable. El distanciamiento de V arela de la problemtica interior cubana de los aos treinta, sobre todo del agudo debate de 1838-1840, a causa del exilio a donde poco le llegaba para hacerse de un juicio ms preciso sobre la recepcin de la doctrina del pensador francs en Cuba, no le permitan calibrar la magnitud y la complejidad de aquel suceso intelectual en el cual Luz y Caballero levantara la voz desde las races de una cubanidad que comenzaba a conformarse con las desgarraduras propias de la naturaleza de su complejidad. No se trataba, pues, de juego de voces, como con benvolencia quera inferir V arela de las proposiciones cousinianas de Manuel Gonzlez del V alle, en el manejo 33. Ibidem t. I V p. 113. 34. Flix Varela : Obras, ed. cit, t. III, p. 234.

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42 \ 42 \ ENSAYO INTRODUCTORIO de los conceptos autoridad filosfica y eclecticismo, sino justamente la propuesta de una Filosofa estacionaria, resultado no de la libre eleccin, sino de la contradictoria admisin de autoridades que se afirman en el conocimiento de una realidad que no pertenece a su espacio y tiempo histrico, por lo que su utilidad para la comprensin de la sociedad presente es poco verificable. La advertencia de Luz se sintetizaba as: ... Efectivamente, seores, habr nombre ms bello, ms sonoro, ms eufrico, ms electrizado r sobre todo, para los odos de la generosa juventud, que el rotundsimo de eclecticismo, que vale tanto como eleccin, justicia, imparcialidad, concordia, fraternidad, siglo de oro? Pero proceden estos hombres y sealadamente su caudillo, con arreglo al venerable nombre con que se han ellos mismos bautizado? Ellos son sus primeros profanadores renunciantes: son unos verdaderos simuladores, o mejor dicho, embaucados los alumnos y embaucadores los maestros; de suerte que si por la letra, por el nombre escapan, los mata el espritu que es el mismo que a nosotros nos vivifica. Luego por los frutos reconoceris a los rboles. Y si para conseguir el cielo y ser mejores en la tierra, predicis ahora (despus de la friega) el desprecio de los bienes terrenales, aqu tenis a uno que antes y despus los ha desdeado prctica y efectivamente. F uera, pues, ficciones y simulacros! Exemplim erim dedi vobis ut quenmadmodum ego feci, ita et vas facistis 35 Conviene sealar aqu el caso particular de uno de esos jvenes a quien se refiere Luz. Se trata de Jos Zacaras Gonzlez del V alle, quien se pronuncia en defensa del eclecticismo de Cousin. En aras de alcanzar mayor claridad en la comprensin de los modos en que se recibi este concepto en Cuba, veamos sus argumentos. Si se desconoce que no siempre hubo una intencin premeditada al asumir el eclecticismo de Cousin, sino que se sostuvo una identidad entre ste y la acepcin electiva que en el pensamiento cubano le imprimiera Flix V arela al destruir las bases de la escolstica en la Isla -labor que haba iniciado en las fronteras del pensamiento moderno el padre Agustn Caballero, sin captar la diferencia esencial entre uno y otro, no podran entenderse las diversas posiciones que surgieron entonces. Tulio seudnimo de Jos Zacaras Gonzlez del V alle en el Diario de la Habana del 14 de octubre de 1839 precisaba su punto de vista: ... al par que condenamos los errores, reunimos las verdades; y ensendonos la historia, segn Ud. mismo [se refiere a Luz] que no hay sistema enteramente falso, ni enteramente verdadero, aprovecha r cual solcita abeja, la flo r la parte buena de cada una, es no ya crear un sistema posible, sino santo y verdadero sobre el corazn; que ya no comprendo de otra suerte el eclecticismo, que as lo sigo por conviccin propia, que no creo 35 Loc cit no. 33, p. 289.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 43 / 43 estar extraviado, y que mi entusiasmo de joven descansa en la mejor fe del mundo. El seor V arela, el venerable y querido apstol de la razn en nuestra tierra, el que nos emancip de la escolstica reinante en su tiempo, dio a la luz su primer tratado de filosofa, escrito en latn, bajo el epteto de eclctico; y en un captulo cuyo lema dice La mejor de las filosofas es la eclctica, expone algunas razones de las que acabamos de explora r inculcando que el eclecticismo no junta cosas repugnantes y contradictorias: diversorum, etc., contrarios sequitur opiniones, nego; diversorum, sed conformes, concedo. Bacon es eminentemente eclctico, cuando al hablar del mtodo se expresa en estos trminos, que traducir de su elegante latn a mi descolorido romance: Que el mtodo racional y el emprico se junten para siempre en un himeneo verdadero y legtimo, a sabe r la anticipacin de la mente con la interpretacin de la naturaleza. 36 Lo anterior despeja cualquier duda acerca de una cierta uniformidad en los criterios sobre los ecos de la nueva filosofa en La Habana. Las lneas directivas de la doctrina de Cousin no fueron, en todos los casos, comprendidas del mismo modo. La confusin terica caracteriz a algunos de los jvenes profesores, ilustrados liberales que profesaban hasta entonces las enseanzas de V arela. El por qu se haba propuesto Vctor Cousin estructurar una filosofa con el nombre de eclecticismo es descubierto por Jos de la Luz y Caballero. El problema radicaba en desentraar el verdadero sentido del concepto y hacia quines estaba dirigida esta nueva filosofa, proclamada como sistema de la poca. Filolezes, en una de las cuatro respuestas-refutaciones a Tulio, enfatizaba: Es eclctico el venerable seor V arela, el verdadero Descartes de nuestro suelo, que lo es en el legtimo sentido de la palabra, y lo era antes que el seor Cousin soara en dar a luz su famoso sistema, o sea, proyecto de sistema. Eclctico se llama el que escoge lo bueno y desecha lo malo de donde quiera que se presente. Y aada: En este sentido, y con razn, se jactaban de tales todos los filsofos modernos, y tanto que como lleg a ser distintivo general, ya se subentenda, aun cuando nadie lo expresase, y as se explica cmo el seor V arela, eclctico siempre, no se apellid tal sino en un principio, cuando vena al caso, para ponerse en contraste con los que todava en nuestro suelo juraban en las palabras de un maestro. En otros trminos, proclamarse entonces eclctico, fue proclamar la ruina del principio de autoridad. Viene ahora al mundo un Cousin, diciendo que bajo el estandarte del eclecticismo trata de conciliar las opiniones antiguas con las nuevas. A esta promulgacin protestaron todos aquellos que se haban distinguido con el mismo nombre, declarando que no los tuvieran por eclcticos en el nuevo sentido dado 36. Jos de la Luz y Caballero: La polmica filosfica ed. cit, t. III, pp. 37-38.

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44 \ 44 \ ENSAYO INTRODUCTORIO a esta palabra, que no era ms que un medio encubierto para atacar ciertas doctrinas de suyo inexpugnable. (...) Es tambin eclctico, en el sentido de escogedo r el inmortal Bacon de V erulamio, pero no lo es en el sentido de Vctor Cousin; ese Bacon, tan calumniado por toda su escuela. V erulamio no quiere destruir la razn humana, como tan neciamente se le acumula; lo que quiere es ponerle lastre, cortarle los vuelos, para que no se extrave y caiga, no para dejar de remontarse y asegurar el acierto .... 37 Vctor Cousin acuaba con un viejo concepto, una idea nueva y engaosa. Se apropi del trmino a partir de la traduccin de la obra de Proclo, de la escuela de Alejandra, y proclam la idea de refundir los sistemas filosficos y constituir con ellos otro ms comprensivo que a todos abrazase. 38 Sus derivaciones al encontrarse con la escuela metafsica alemana, que sugera sobre todo el estatismo social, significaron una franca usurpacin del verdadero contenido del concepto eclctico. La historia de la filosofa verifica la antigedad del concepto: refundir en una filosofa universal todas las filosofas existentes: sabesmo de Zoroastro, creencias de Pitgoras y de Platn, paganismo griego y romano, politesmo oriental, ndico o egipcio, judasmo y cristianismo. Desde Ammonio en el Oriente, Hermes entre los egipcios y Platn entre los griegos, hasta Plotino, Porfirio, Y amblico, Mximo, Proclo, Juliano, hicieron del eclecticismo la doctrina de las doctrinas, la religin de las religiones, una especie de sincretismo que se consum durante siete siglos. De modo que toda esta tradicin universal subyaca cuando se reelaboraba en circunstancias histricas diferentes, el concepto que tantas implicaciones tendra no slo en el plano del conocimiento, sino en el plano de la cultura y de la poltica. El nuevo sentido que Cousin imprimi al trmino signific la conciliacin de opiniones antiguas con las nuevas. Pero cul era el verdadero criterio de Cousin para discernir entre unas y otras opiniones? Con seguridad no consista en el criterio de la ciencia como bsqueda de la verdad por medio del mtodo experimental. Era la construccin de un sistema a partir de lo que intencionadamente negaba -las proposiciones fundamentales de la filosofa del siglo XVIII -, y lo que del mismo modo afirmaba: la psicologa como sostn de toda filosofa para la construccin metafsica de las bases tericas de la sociedad. Los avatares del concepto en pugna explican el contenido ideolgico que cada parte le introduca. En particula r pensamos que es importante describir aqu los diversos modos en que fue recepcionado el concepto. Resultaba natural que todos quienes pretendieran ser eclcticos se remitieran a la escuela helenstica que acu este nombre. Pero el punto de 37. Ibidem pp. 101-102. 38. Loc. cit. no. 33, p. 306.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 45 / 45 conflicto radic en los modos diferentes en que el siglo XVIII por una parte, y el XIX en la visin de Cousin por otra, lo interpretaron. Flix V arela, hijo intelectual del primero de esos siglos, lo asume y refunde para Cuba porque l contiene la esencia de un proceso de constitucin de un mtodo para las ciencias. En contraste con la definicin de Proclo tomada por el francs, el cubano asume Potamn Alejandrino: En el siglo IV de la Iglesia, Potamn Alejandrino estableci un gnero de filosofa ms libre que en cada uno buscaba la verdad sin jurar en la palabra de ningn maestro y estos filsofos se llamaron eclcticos porque elegan libremente lo que juzgaban ms cierto. 39 En 1812 ya defina: lo que la filosofa eclctica pretende es que tengas por norma la razn y la experiencia y que aprendas de todos, pero no te adhieras con pertinacia a nadie. 40 A poco que se busque se podr encontrar el origen de la concepcin vareliana en el Siglo de las Luces. John Locke y Voltaire, el uno con el Ensayo sobre el entendimiento humano y el otro con el Diccionario filosfico apndice de la Enciclopedia francesa de DAlambert y Diderot, definieron el eclecticismo del siglo XVIII el de la Ilustracin, a partir de tres conceptos bsicos: libertad, eleccin, verdad. A partir de ellos, y como uno de los aportes singulares de esa centuria, el eclecticismo se interpret como la libertad de elegir en la bsqueda de la verdad. En la concepcin de V oltaire sera as: El eclctico es un filsofo que, haciendo tabla rasa del prejuicio, la tradicin, la antigedad, el consentimiento universal, la autoridad, en una palabra, de cuanto subyace a la multitud de los espritus, ese pensar por s mismo, remontase a los ms claros principios generales, examinarlos, discutirlos y no admite ms que bajo el testimonio de su experiencia y de su razn y de todas las filosofas que ha analizado sin prejuicio ni parcialidad, hacerse una particular y domstica que le pertenece. 41 Por su parte, Locke afirmara que 39. Flix Varela: Lecciones de Filosofa Imprenta de Don Juan de la Granja, New Y ork (1841), p. 5 Resulta de suma importancia para entender la diferencia entre Varela y Cousin, sus puntos de partida para valorar y asumir el eclecticismo. Mientras el cubano toma la definicin de Potamn de Alejandra, realmente, segn Digenes Laercio, introductor de una escuela eclctica, que no es otra que la originada en la etapa helenstica de la filosofa; el francs se acoge a Proclo, un neoplatnico de la etapa inicial de la escolstica. Si Potamn declaraba la libertad de eleccin, Proclo ha pasado a la historia como el mayor escolstico del neoplatonismo (tomado de: Josep-Mara Terricabras: Diccionario de Filosofa Editorial Ariel S. A., t. III, Barcelona, 1994, pp. 2862 y 2920 ) 40. Flix Varela: V arias proposiciones para el ejercicio de los bisoos, Obras edit. cit., p. 3. 41. Paul Feulqui: Diccionario del lenguaje filosfico Editorial Labor S. A. Madrid, 1967, p. 290.

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46 \ 46 \ ENSAYO INTRODUCTORIO la libertad consiste en que seamos capaces de actuar o no actuar a consecuencia de nuestra eleccin. 42 Esta ruptura con las autoridades, con la tradicin escolstica, esta liberacin del pensamiento y del hombre se convirtieron en la base del mtodo para elaborar un pensamiento del conocimiento que tambin fuese emancipador de la sumisin de la sociedad y del pas en la medida que enc o ntrase el conocimiento de s mismo. En este camino, y para precisar an ms este punto de partida de todo mtodo de conocimiento, y con el objetivo de diferenciarse de otros contenidos que se daban al trmino, algunos autores utilizaron el concepto de electivo, pues la esencia se resuma en la libertad de elegir y no en el rebajamiento bajo el peso de la autoridad de normas y figuras. Es la libertad de pensa r el eclecticismo electivo, o con mayor propiedad o precisin conceptual, el electivismo coherente, consecuente con el reto que impone la naturaleza y con la libertad humana de ejercer su propia inteligencia en el desafo de lo desconocido. Por ello, el electivismo sent sus bases en la no aceptacin del principio de autoridad, negacin que liberaba la capacidad racional del hombre, obligndolo hasta el agotamiento al ejercicio de la observacin y de la experimentacin de la naturaleza fsica y humana. Quizs, el mayor mrito del padre Agustn Caballero radic en escoger el concepto electivo para sustituir el de eclctico, evitando as la confusin que generaba el debate en el interior de un concepto tan amplio como ambiguo, pretensioso y pretendido, que intenta contenerlo todo, por lo que no define nada. As, Flix V arela asumi el contenido efectivo del eclecticismo proveniente del siglo XVIII reconceptualizado por Agustn Caballero, y lo convirti en el arma ms preciosa y precisa para construir un pensamiento nuestro, que por lgico, es tambin el pensar desde Nuestra Amrica. Como ya se ha visto, Luz aclara por qu hubo un primer momento en la utilizacin del concepto eclctico por V arela, pero enfatiza la diferencia esencial de contenido con la elaboracin cousiniana. Lo que muchos no percibieron en su entusiasmo juvenil, lo comprendi Luz y Caballero desde las primeras propuestas de Cousin. Enemigo del pensamiento del siglo XVIII al cual culpaba de todos los males, en especial de la Revolucin, el pensador francs encontr en el concepto una frmula con la cual no slo alter el contenido que le haban adjudicado las Luces, sino que propona una modificacin de toda la actividad intelectiva del hombre. Si el eclecticismo tuvo un centro terico que le dara base a la doctrina espiritualista, ste fue la psicologa. Desde comienzos del siglo XIX se producira un enfrentamiento entre la ideologa o ciencia de la produccin de las ideas y la psicologa o ciencia de las facultades del alma, segn se 42. John Locke: Ensayo sobre el entendimiento humano Fondo de Cultura Econmica, Mxico, 1956, p. 234.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 47 / 47 entendan en la poca las dos doctrinas. La limitacin ms importante que tenan los contendientes estaba entonces en el propio desarrollo de las ciencias. Las que se denominaban ideologa, psicologa, fisiologa, frenologa, todas tomadas con la misma importancia, pero ponderadas o criticadas segn tendencias, apenas tenan propuestas incipientes para un desarrollo ulterior de la epistemologa y de las ciencias particulares. Incluso en algunos casos, como el de la psicologa, sus derroteros ms importantes pertenecern al siglo XX Pavlo v Freud, Joung y Lacan, por slo citar algunos de los ms relevantes. Debe destacarse que la psicologa estaba en funcin de otros contenidos meta o parasicolgicos. Por ello constituy una de las armas fundamentales del espiritualismo eclctico. En el caso de la ideologa, arma que desde 1818 V arela asume para la creacin de su mtodo y de su doctrina, slo adquirir en Europa una nueva dimensin muchos aos despus cuando Carlos Marx y Federico Engels la asumieron. A partir de entonces, tuvo una importancia extraordinaria llena de aventuras y desventuras que ocultaron el verdadero valor que represent para los fundadores del marxismo. La ideologa, la ciencia que estudia la produccin de las ideas, permiti a Marx y Engels entender las limitantes de su pensamiento anterior y romper las cadenas del idealismo o del materialismo que les precedieron; someter a una crtica de fondo a la que definieron como la ideologa alemana. En manos de Marx y Engels la ideologa adquiri una fundamentacin mucho ms profunda, y se convirti en una propuesta ms elaborada, rica y realista, no de la forma en que algunos la interpretaran con posterioridad, al simplificarla como ideologa poltica. En Marx, la ideologa consista en los mecanismos que desde una totalidad social engendraban la totalidad de la conciencia, los mecanismos de la produccin de las ideas, que desde la realidad social y el mundo de las ciencias, permiten elaborar el pensamiento, producir ideas, ejercitar y ejecutar el pensa r. De ah su crtica al idealismo alemn en el binomio Ser-Conciencia y su modo de trascenderla al definir ese Ser y esa Conciencia como sociales: La produccin de las ideas y representaciones, de la conciencia, aparecen al principio directamente entrelazados con la actividad material y el comercio material de los hombres, como el lenguaje de la vida real. Las representaciones, los pensamientos, el comercio espiritual de los hombres se representa todava aqu como emanacin directa de su comportamiento material y lo mismo ocurre con la produccin espiritual, tal como se manifiesta en el lenguaje de la poltica, de las leyes, de la moral, de la religin, de la metafsica, etctera, etctera; de un pueblo. Los hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etctera; pero los hombres son reales y actuantes tal y como se hayan condicionados por un determinado desarrollo de las fuerzas productivas y por el intercambio que a l corresponda hasta llegar a sus formulaciones ms amplias. La

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48 \ 48 \ ENSAYO INTRODUCTORIO conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real y si en toda ideologa los hombres y sus relaciones aparecen invertidos como en una cmara oscura, ese fenmeno responde a su proceso histrico de vida, como una inversin de los objetos al proyectarse sobre la retina responde a su proceso de vida directamente fsico. 43 Resultaba innecesario hablar de la certeza de la psicologa, pues de lo que el hombre no podra tener nunca dudas era de la existencia de su mundo interno, que slo l podra conoce r pero cuya complejidad necesitaba de una ciencia, la psicolgica, con un grado de madurez tal que le permitiera la explicacin de ese mundo interio r Con el desarrollo alcanzado por la psicologa en esa poca, esto no era posible, y Luz propondra, ante la polmica con Cousin, que el problema de la produccin de las ideas se analizara a travs de la ideologa, la cual se centraba en el origen de las ideas y no en los mecanismos del entendimiento que las producen. Esto ltimo sera la construccin de la ciencia de la conciencia que resultara, de hecho, como conciencia individual, la negacin del estudio de la naturaleza e incluso del conocimiento del hombre. Pero Luz no buscaba la construccin de una ciencia de la conciencia, sino de una ciencia toda del hombre, para lo cual se vale de los descubrimientos de todas aquellas especialidades que contribuirn a ella y muy en particular de la fisiologa y la frenologa. Su finalidad se resuma en la formacin, s, de una conciencia general, crtica y formadora, nica va que conducira a la constitucin de la verdadera ciencia. Habra que sealar que, a pesar de tener las ciencias de la poca un desarrollo emergente todava, Luz no perda lo esencial del camino de la ciencia para fundamentar un conocimiento y una sociedad nuevos: As esta misma guerra prueba que la ciencia de la conciencia no se puede levantar slo sobre la conciencia propia individual .... 44 En Vctor Cousin. Esta s es la verdad, Luz develara los tres fines esenciales del eclecticismo cousiniano: el epistemolgico, el social y el poltico: Careciendo por s mismos de una filosofa y habituados a considerar la del siglo dieciocho como materialismo, cabalmente porque no la haban comprendido sino como psiclogos, pretendieron intervenir generosamente entre el sensualismo y la teologa: hicironse pues espiritualistas, pero espiritualistas racionalistas y a esto llamaron eclecticismo. V eanse colocados entre el Antiguo Rgimen y la Revolucin, y no se decidieron por uno ni por otro; pero trataron de arreglarse con ambos; y llamaron a esto eclecticismo. 43. Carlos Marx y Federico Engels: La ideologa alemana Edic. Revolucionaria, La Habana, 1966, p. 25. 44. Loc cit no. 33, p. 106.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 49 / 49 Encontrbanse entre la Monarqua y la Repblica y forjaron una teora de estos dos gobiernos ayuntados; y llamaron a esto eclecticismo. Y viendo que tenan una palabra que se amoldaba portentosamente a su situacin en todas materias, se les pasa en la cabeza, que esa palabra omni-cuadrante era por s y ante s toda una filosofa. 45 La crtica de Cousin fue en Luz, la defensa del mtodo electivo coherente experimental racionalista. ste no era posible aplicarlo a partir del Yo individual: Tan cierto es que en la investigacin del origen y causa de las cosas se cifra el verdadero, nico medio de constituir la ciencia como tal, que aun cuando por l mismo no llegramos jams al suspirado origen, precisamente hemos de adelantar en el conocimiento del objeto, siendo as que no podemos remontarnos a la causa de un solo vuelo, sino por los escalones de los efectos .... 46 F ue as como Luz percibi lo ms constructivo del pensamiento moderno y enarbol el principio de la investigacin por encima de la erudicin, de la especulacin, para constituir la verdadera ciencia. En 1833, cuando propona en la Sociedad Patritica el mtodo-proyecto que contena la reforma en la enseanza de hacer preceder no preferi r, que es otra la interpretacin, los estudios de fsica a los estudios de lgica en los cursos de filosofa, estaba convencido de que la nica va para formar profundos pensadores consista en iniciarlos por el conocimiento de la naturaleza, de ms fcil entendimiento, y entrenarlos, al mismo tiempo, en la asimilacin de una lgica que de modo natural pudiera brotar de ese estudio. Una vez robustecido el intelecto estara el alumno apto para el estudio de las ciencias intelectuales. Los argumentos bsicos de su tesis fueron: primero es observar que deducir; primero es recibir impresiones que reflejarlas; primero es ser nio que hombre; primero es crecer que madurar; primero es andar que explicar la marcha .... 47 De importancia capital result la discusin suscitada en la polmica alrededor de los mtodos que deban seguirse en la construccin de las ciencias y de la enseanza. El camino quedaba despejado, para quienes lo entendieran, de una ciencia en construccin, siempre en construccin; de un mtodo para crear un mtodo, obligadamente en desarrollo; del proceso de entendimiento del hombre todo, objeto y sujeto del conocimiento, genrico y especfico a la vez; y en ese todo, no divino como el de Cousin, sino humano, sin ser demasiado humano, el descubrir los destellantes fulgores de una sociedad en brotacin volcnica. En sntesis, la idea cuba45. Ibidem, p. 290 46. Ibidem, p. 111 47. Jos de la Luz y Caballero: La polmica filosfica ed. cit., t. I, pp. 39-40.

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50 \ 50 \ ENSAYO INTRODUCTORIO na como defini a Luz uno de sus alumnos, Jos M. Mestre. Slo el espritu electivo, tal y como lo entendan Jos Agustn Caballero, Flix V arela y Jos de la Luz podra construir un pensamiento propio sin rebajamiento ante autoridad alguna, divina o humana, cierta o no. La doctrina: el espiritualismo o la ontologa embozada y desembozada El espiritualismo, palabra que acu Vctor Cousin en el Prefacio de su obra Du Vrai, du Beau et du Bien se defina como la doctrina que practica la filosofa como anlisis de la conciencia. En negacin a un sensualismo ridculamente reducido y a una ideologa subestimada, los espiritualistas explicaban su doctrina como aquella que pretende salvar el espritu del hombre; salvar el espritu desde la interioridad de la espiritualidad. V eamos las palabras del propio Cousin: Nuestra verdadera doctrina, nuestra verdadera bandera es el espiritualismo. Esta filosofa tan slida como generosa, que comenz con Scrates y Platn, que el Evangelio difundi en el mundo, que Descartes expuso en las formas rigurosas del genio moderno, que en el siglo XVII fue una de las glorias y una de las fuerzas de la patria, que pereci con la grandeza nacional en el siglo XVIII y que, a principios de este siglo, Royer Collard rehabilit en la enseanza pblica, mientras Chteubriand y Madame de Stal la transportaron a la literatura y al arte... Esta filosofa ensea la espiritualidad del alma, la libertad y la responsabilidad de las acciones humanas, las obligaciones morales, la virtud desinteresada, la dignidad de la justicia, la belleza de la caridad y fuera de los lmites de este mundo muestra un Dios, autor y modelo de la humanidad que luego de haberla creado, evidentemente con una excelente finalidad, no la abandonar en el desarrollo misterioso de su destino. Esta filosofa es la aliada natural de todas las buenas causas. Sostiene el sentimiento religioso, secunda al arte verdadero, a la poesa digna de este nombre, a la gran literatura; es tambin sostn del derecho, rechaza por igual la demagogia y la tirana, etctera. 48 Resumida as, la doctrina del espiritualismo se autovalor como la aliada natural de toda buena causa, y por tanto, como el centro de todos los valores morales, polticos, sociales y religiosos que tenan como sustento la tradicin. La conciencia se consideraba entonces en una relacin del alma consigo misma, del hombre interior o espiritual con sus facultades. En esta acepcin, el espiritualismo tena un doble contenido: el moral o la posibilidad del hombre de autojuzgarse y el terico o la posibilidad de conocerse de manera directa e infalible. Desde el punto de vista del conocimiento es el individualismo gnoseolgico. Pese a su alegato 48. Vctor Cousin: Du Vrai, du Beau et du Bien, Didie r Pars, 1853, p. 8.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 51 / 51 socrtico-platnico, es muy difcil asociar la visin griega de la introspeccin que permite llegar a otro tipo de totalidad externa con esta doctrina tan del siglo XIX que se debate entre modernidad y antigedad; entre ciencia como estudio de la naturaleza o ciencia del ser al estilo de la escolstica tarda. Si bien este eclecticismo fue resultado de la crisis francesa, tanto poltica como intelectual, el espiritualismo adquiere sus perfiles definitivos en el encuentro de Cousin con el idealismo alemn, y en particular con Jorge Guillermo Federico Hegel, quien expres su admiracin por el joven francs. La principal idea de los filsofos alemanes, que Cousin consideraba como un descubrimiento determinante, consista en la impersonalidad de la razn humana. Segn Cousin la razn es en cierta medida el puente entre la sicologa y la ontologa, entre la conciencia y el ser; descansa al mismo tiempo en una y en otra parte. 49 De esta forma inverta la concepcin de los idelogos, la cual estableca esa misma relacin entre la materia, la idea y la conciencia. En esta inversin Cousin creara su mgica frmula sobre la cual descansara todo el andamiaje terico de su pensamiento, la relacin entre el yo, el no-yo y Dios: desde el primer hecho de la conciencia, la unidad psicolgica en su triplicidad se encuentra, por decirlo as, frente a la unidad ontolgica en su triplicidad paralela. 50 Es deci r lo finito, lo infinito y su relacin. No escapara a un agudo observador que consciente o no, la propuesta de Cousin no era sino un enmascaramiento filosfico de un principio teolgico, con lo que, consciente o no, slo redescubrira a Santo Toms de Aquino, asocindolo con San Buenaventura. Slo que este camino era mucho ms limpio y sincero en los telogos que en esta falsa y pretendida filosofa. El haber escogido el camino de Hegel, en el mejor de los casos, converta a la filosofa, o ms bien, a la falsa filosofa, en un complemento innecesario de la teologa; nicamente para uso y abuso de los eruditos de mala conciencia que preferan llamarse filsofos antes que telogos. Dios apareca aqu como sustancia y causa del mundo, porque el mundo slo puede existir en una sustancia y por una causa. 51 El problema de Dios ser, en las lecciones de Cousin, un problema repetido y sostenido. Su Dios era, a la vez, verdadero y real, substancia y causa -siempre substancia y siempre causa, solo substancia en tanto causa, y solo causa en tanto substancia. Resultaba la causa absoluta y hegelianamente la Idea Absoluta. Dios era uno y varios, eternidad y tiempo, espacio y nmero, 49. Patrice Vermeren: Vctor Cousin. Le Jen de la Philosophie et de L Etat, Editions L Hermattan, Pars, 1995, p. 145. 50. Ibidem p. 148. 51. Loc. cit. no. 48, p. 14.

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52 \ 52 \ ENSAYO INTRODUCTORIO esencia y vida, individualidad y totalidad; Dios era tambin principio, final y mitad; la cumbre del ser y tambin, su grado ms humilde; finito e infinito y por fin, triple a la vez: Dios, naturaleza y humanidad. Cousin afirmaba que si Dios no lo es todo, entonces no es nada. 52 De aqu se derivan tres necesarias conclusiones: a) en un primer nivel es esencialmente pantesta; b) en un segundo nivel es esencialmente ontolgico y no gnoseolgico, y c) en un tercer nivel es lo incoherente en lo absoluto, pues su conclusin es que Dios lo es todo, pues la nada no es. La razn es la facultad de lo infinito. Los sentidos y la conciencia son slo facultades de lo finito; pero los sentidos y la conciencia no pueden producir ideas sin la razn; por su parte, la razn no puede concebir las ideas que estn en ella sin las facultades discursivas. El hombre entero est en cada fenmeno del hombre -sensacin, inteligencia, voluntad; la inteligencia est toda en cada fenmeno intelectual, en los sentidos, en la conciencia, en la razn; la unidad del hombre est en su triloga bsica, lo finito, lo infinito y su relacin. En consecuencia, su objetivo en psicologa, metafsica, historia o poltica consiste en descubrir la unidad en la variedad y la variedad en la unidad. Si sta resultaba ser su doctrina, cmo puede hablar de una conciencia que expira y de una razn que abarca las verdades eternas sin ninguna intervencin del yo y de la conciencia? Estamos, entonces, ante un hombre que por el camino del racionalismo ha llegado a la mstica: slo del pensamiento de Dios se puede decir que el pensamiento es el pensamiento del pensamiento. 53 La frase, tengo que iniciarlo todo por un acto de fe o refugiarme en el escepticismo 54 no era otra cosa que la colocacin de nuevo, del pensamiento en dependencia de la religin. Frente a las propuestas del espiritualismo eclctico Luz y Caballero tendra que definir las vas ms certeras para alcanzar el conocimiento, que no eran precisamente las que enfatizaban los seguidores de Cousin: el mtodo eclctico-racionalista, el cual slo conduca a reivindicar los viejos dogmas, a crear otros no menos anodinos y peligrosos y a legitima r junto al estatismo gnoseolgico, el inmovilismo social. La enseanza cubana corra el riesgo de ser penetrada por un mtodo limitador e imitado r y con ella, el peligro se extendera a la sociedad en su totalidad. El mtodo experimental racional constitua el camino til para Cuba, no el de la ontologa. No bastaron a Luz los trece artculos dedicados a la cuestin del mtodo publicado en los peridicos la Gaceta de Puerto Prncipe y el Diario de la Habana sino que dedic un apartado que titulara la Ontologa embozada y desembozada, el cual reprodujo despus, al publicar la Impugnacin a 52. Ibidem, p. 14. 53. Ibidem, p. 16. 54. Ibidem.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 53 / 53 Cousin en el ao 1840, y que con toda justicia puede considerarse pieza magistral del pensamiento terico cubano. Incluso en la nota 33 de la citada Impugnacin, Luz reconoce la crtica que sobre la ontologa hiciera V arela en Lecciones de Filosofa (1818), y Miscelnea filosfica (1819) y al final se preguntaba: Y es posible que fueran tan poco profundas las races que entre nosotros echaron estas saludables doctrinas, que hayan podido conmoverse al primer soplo de esa hojarasca trasladada a nuestro suelo por el tamiz (pues ni original es) de la nueva filosofa eclecto-glica? Ms honrosa habra sido sin duda para la ilustracin de nuestra patria el que en ella no hubiesen encontrado un solo eco, opiniones tan estrafalarias, que arroja lejos de s el rigor de la ciencia. Por esto mismo nos podr servir de leccin para inculcarnos la necesidad de tener siempre encendida la lumbre del verdadero saber; porque desgraciadamente nunca falta en una sociedad, aun cuando sea de las ms ilustradas (que todava no es de sas la nuestra) quien intente apagarla o amortecerla, so pretexto de alumbrarnos mejor. 55 Si con toda legitimidad se sostiene la tesis del derrocamiento del sistema escolstico en Cuba por el Padre Fundado r Flix V arela, no menos genuino resulta el hecho de que Luz y Caballero fue quien ms profundiz en la crtica a la ontologa y la metafsica de la poca. No hay dudas de que las circunstancias de la Polmica lo obligaron a ahondar un camino que su maestro ya haba trazado con certeza. La base esencial de su crtica consisti en demostrar que todo conocimiento procede de la naturaleza fsica y social. La imposibilidad de la construccin de un conocimiento a priori de la realidad radicaba para Luz en que todo conocimiento se debe basar en la experiencia. A partir de la observacin se desenvuelve todo el proceso gnoseolgico para llegar a la verdad. La especulacin metafsica se reduce a construir las cosas con las palabras, subvirtiendo las abstracciones en realidades, interpretando como realidad entitativa lo que slo tiene una realidad fenomnica. Luz comentara en su Impugnacin a Cousin: Pero, quin haba de decir a nuestro verdadero civilizado r a nuestro ilustre V arela, cuando desde el ao 1816 descargaba aquellos mortales golpes a la pretensora ciencia de la Ontologa, que haba de volver a levantar cabeza entre nosotros, porque le plugo resucitarla como por ensalmo a un nuevo metafsico delirante allende el mar con el prestigio de su puesto y de su palabra?. 56 As demostrara Filolezes que la ontologa no poda ser constituida ni a travs del ente comn ni del Ente por excelencia. No tiene sentido alguno erigir una ciencia del ser en cuanto se r A esto opondra la investigacin 55. Loc. cit no. 32, p. 180 56. Ibidem, pp. 178-179.

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54 \ 54 \ ENSAYO INTRODUCTORIO para conocer la diversidad dentro de la realidad natural y social. Sera absurdo reducir el conocimiento todo al rasgo elemental de la existencia. Por otra parte, la pretensin de una ontologa sobre el Ente por excelencia derivaba necesariamente en una teologa natural o ciencia de Dios, limitada a afirmar que Dios existe, pero de cuyas propiedades y atributos no tendramos jams nocin. Comentaba al respecto: Tal es, en efecto, la propensin, la ley del alma humana, que todo hombre se figura o concibe al Ser supremo, segn los datos o modelos que le ofrece la misma naturaleza o su propio entendimiento, fingindoselo muy corporal el hombre salvaje, y muy espiritual el civilizado, cada cual a imagen y semejanza de sus concepciones. Luego no es posible en lo humano formar una ciencia del ente en cuanto ente, sea por el rumbo del universo, sea por el rumbo de su hacedo r Ni aun la misma existencia de Dios, que sera en todo caso el fundamento de la Ontologa, es, ni puede se r induccin o deduccin de esta pretendida ciencia, tal vez que aquella gran verdad fundamental es filosficamente el resultado de la misma observacin del hombre y del universo. 57 No exista en la concepcin de Luz ninguna forma posible de conocer a Dios, slo de tener una idea de su existencia por la contemplacin del mundo exterior. La propia naturaleza revelaba la existencia de Dios, causa primera del universo, pero slo por el principio de induccin poda constatarse este hecho. La cuestin no se trata aqu por incidencia, sino que es la conciencia exacta de que para Luz y Caballero ni la idea de Dios escapaba a la observacin, por tanto a la relatividad de los conceptos. O sea, como Dios era el creador de toda la naturaleza, mediante el conocimiento de sta se intuye a Dios, al cual slo es posible, segn Luz, adora r Desde esta perspectiva Luz criticara el pantesmo, implcito tambin en Cousin, porque Dios no es el universal ni tengo que ocuparme en la cuestin de los universales para hacer aplicacin a l (...) los universales no existen sino como expresin de los individuos. Dios es el creado r la causa primera, 58 y no puede confundirse la causa con la consecuencia. De esta forma, Luz se proyectaba, en el claro estilo de la Ilustracin, como desta. Si algn distintivo llenaba al espiritualismo de una atractiva y engaosa belleza, sta vena dada en su propio nombre. Como doctrina del espritu se planteaba rescatar su cualidad, es deci r la espiritualidad. De aqu el valor que tena para la literatura y el arte como expresin sublimada de la interioridad del hombre. Presentaba a la corriente que acusaba de materialista como la incapacidad, esencialmente cultural, de poder adentrarse y cultivar toda la amplitud del yo interno. La argumentacin resultaba endeble, porque la va recorrida por hombres como V arela y Luz parta de la 57. Loc. cit. no. 36, pp. 289-290. 58. Ibidem, p. 98.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 55 / 55 bsqueda total del hombre y de la realidad. La sensibilidad era, por tanto, la capacidad infinita del hombre de contempla r senti r sublima r soar y reelaborar desde su subjetividad lo objetivo del mundo que contempla, tanto en la riqueza externa como interna. Ese espritu de contemplacin, que va desde lo observado a lo experimentado, crea creacin tambin lo humano, que no es lo divino, por lo que, cultiva el sentimiento y el espritu desde una sensibilidad elaborada por s misma. Una sensibilidad humana y natural, abstraccin de lo vivido, no individualidad encerrada en s misma, sino cultivo del espritu desde lo total existente para una espiritualidad que slo es resultado de la relacin del yo, del t y del l, del nosotros, de lo objetivo en lo subjetivo y de lo subjetivo en lo objetivo. Pluralidad de lo plural, no como doctrina, sino como realidad. Si se escudria un poco en el trasfondo del espiritualismo cousiniano, no quedarn dudas de que se trata de un retorno de la teologa en la concepcin de la unidad absoluta ms all de lo que haban elaborado las escuelas alejandrina y eclectica; un retorno a la doctrina de la creacin, e incluso de la creacin ex nihil An asombra la forma en que imita al pensamiento medieval tan tardamente; para Cousin exista una ciencia divina que era perfecta, y una ciencia humana que era finita y progresiva. Consecuente con su hegelianismo iniciaba la historia de la humanidad por la historia del pensamiento. Para Cousin la intuicin espontnea de la verdad provena tanto de la religin, como de la poesa y de la filosofa. Esta conclusin trajo consecuencias de profundo y largo alcance en nuestro pas y en toda Amrica Latina, donde Cousin encontr entusiastas continuadores por razones metafilosficas; si la verdad puede intuirse de las tres formas, con una de ellas basta: faltos de telogos y en ausencia de filsofos, el poeta asumi la funcin de recreador esttico de una verdad inmanente que expresa con el corazn lo que la razn le propone, sensibilidad limitadamente racional; sensibilidad y no sensaciones, que no pocas veces result sensiblera patriotesca, romntica y racionalmente insuficiente. Naci un cierto desprecio al ensayo social y terico en contraste con la recreacin de un gusto potico, que pretendi cubrir el espacio de una verdadera filosofa. Ante el peligro que entraaba para la sociedad cubana la sustitucin de la reflexin terica por el gusto esttico-contemplativo de la realidad, Luz y Caballero definir el papel de la filosofa en el Elenco de 1840. A diferencia de las diversas acepciones del concepto de filosofa que haban primado cualquier conocimiento adquirido por la razn, el por qu de la ciencia: la filosofa de las matemticas, de la jurisprudencia, etctera, el estudio de las facultades, o el estudio de los diversos sistemas filosficos que han reinado en la historia de la humanidad Luz precisaba el concepto de filosofa como un sistema de doctrinas o dogmas que as se ocupa de la exposicin de las leyes del hombre y del universo, como en la prctica de

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56 \ 56 \ ENSAYO INTRODUCTORIO sus pensamientos o acciones y que todo sistema que aspire al nombre de filosofa ha de ofrecer respuesta plausible a esta triple pregunta: Quin eres? De dnde vienes? Y a dnde vas? (...) problema siempre renovado (...) que presenta la humanidad. 59 Esta concepcin general de la filosofa, a la manera de los antiguos, Luz la opondra a la especulacin metafsica que toma por realidades las abstracciones y no conduce jams al conocimiento del hombre y del mundo. Es necesario subrayar que si la Escolstica utilizaba el trmino sustancia para referirse a la realidad, el concepto naturaleza lo reemplaza con la recepcin del pensamiento moderno en Cuba. V arela se propona significar con naturaleza toda la realidad fsica y social, corporal y espiritual, lo que lo distanciaba irremisiblemente de la especulacin, porque es de ella, de la propia naturaleza, de donde nacen las ideas. No puede perderse de vista esta derivacin bsica de la emancipacin del pensamiento para la creacin de una cultura del pensa r. Slo mediante de la investigacin enfatizaba Luz se podran vencer las dificultades que ofrecen la naturaleza y la sociedad y era esa precisamente la primera ocupacin del filsofo. Al constatar el espritu que animaba a la clase de ciencias morales del Instituto de Francia en 1803 en relacin con 1830, cuando se produjo un viraje del estudio de la influencia del hbito en las facultades intelectuales a la averiguacin de la autenticidad y contenido de las obras de la filosofa antigua, Luz destacaba la diferencia entre la investigacin y la erudicin; a dnde conducan cada una en el camino del conocimiento y la validez prctica que representaban para comprender las realidades naturales y sociales. Esto, sin dudas, resultaba de vital importancia si se quera plantea r en rigo r la esencia misma de la filosofa. As, con ese tono concitado r caracterstico de sus artculos, se referira a los textos de los filsofos de la antigedad como precisos, bellos en s mismos, y que yo me deleito en leer y releer su resolucin, pero esto no es rigurosamente filosofa, sino filologa; aquello es investigacin, esto erudicin, que tambin se dir que es investigacin, pero no en el campo en que se halla la ciencia actual, a quien toca fecundar y derramar sus luces sobre las indagaciones eruditas y anticuarias, todo es filosofa r, porque todo es discurrir; pero hay problemas muchos, infinitos que resolver pertenecientes a lo que llamamos filosofa propiamente dicha .... 60 De esa manera, sugera a la juventud el estudio de las matemticas, qumica, fsica, fisiologa, y la alertaba a no dejarse influir por las concepciones de la escuela pseudo-eclctica de Vctor Cousin. Pero esto slo resultaba posible imprimindoles el espritu de investigacin, de bsqueda 59. Jos de la Luz y Caballero: Elenco de 1840, Elencos y discursos acadmicos ed. cit., pp. 151-152. 60. Ibidem pp. 153-154.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 57 / 57 de la verdad con el aliento de you are nothing, if you are not critical, (nada eres si no eres crtica) palabras de Shakespeare que Luz hace suyas. Le advierte que ... La filosofa de Filolezes consiste en predicar a sus alumnos que la filosofa de los puramente metafsicos no es ni merece el nombre de tal; y poco ha de poder l, en esta patria para quien vive l y respira. Ataca a los filsofos de nuevo cuo: por su progreso, por su mejora trata de quitar del medio cuanto se opone a tan noble marcha, que est en su dbil brazo; y por su progreso y mejora, y por evitar su deshonra, levanta la voz para denunciar ante la opinin pblica a cuantos escritores incapaces se arrogan el derecho de dirigirla y vilipendiarla .... 61 En Luz, el punto de partida y referente ms cercano fue, sin dudas, su maestro Flix V arela. Pero como buen discpulo en todo lo que entraaba el despojo de autoridades y un mtodo para pensar desde todos los referentes posibles, que la realidad poda, adems, hacer estallar desde lo complejo de su dinmica internaprofundiz y ampli la concepcin vareliana de toda filosofa es natural, que implicaba desterrar de la reflexin terica aquello que se resuma en los filsofos dicen lo que creen, no lo que ven. A partir de ah, la filosofa tendra un norte real, y no se perdera en especulaciones intiles que conllevaban inevitablemente al abandono de todo intento real de conoce r explicar la sociedad cubana. De aqu que el concepto de teora concebida por Luzfuera la resultante directa del mtodo de la filosofa: ... rigurosamente hablando no deberamos decir que la teora est en pugna con la prctica, sino ms bien que es incompleta o falsa, si no abraza los hechos que debe comprende r o lo desfigura a su tamao, pues la teora no debe ser ms que la expresin general o clave que a todos los hechos encadena. Pero no es posible que la razn humana descubra desde un principio, no ya los hechos todos, que esos se revelan a s mismos, y los revelan las circunstancias o los arranca el ingenio a la misma naturaleza, pero ni aun las relaciones de los hechos: luego hasta en sus mismas teoras ha de ser forzosamente progresiva. Con sobrado fundamento, pues, habl el que dijo que los hechos eran ms preciosos cuando contradecan que cuando confirmaban, doctrinas recibidas, no siendo en rigor nuestras teoras ms que unas aproximaciones al conocimiento real de las cosas. 62 El ncleo central sobre el cual giraba la relacin teora-prctica, lo que le daba sentido, era el patriotismo. El por qu y el para qu de la filosofa se definan a travs de l. Sus interrogantes giraban en torno a hacerlo efectivo. Lo esencial de la teora estaba dado en la realidad que interrogaba, en la prctica que le daba contenido y a su vez la contena. O sea, la propuesta terica tendra total coherencia con la realidad, porque se pensaba esta 61. Loc. cit no. 29, p. 14 62. Loc cit. no. 47, p. 266.

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58 \ 58 \ ENSAYO INTRODUCTORIO desde su naturaleza profunda, y no se violentaba a partir de un esquema terico elaborado sobre la base de las ideas por las ideas mismas. No adelantamos nada en el conocimiento del pensamiento terico cubano si reducimos su comprensin a la contraposicin idealismo-materialismo. F ue mucho ms. Porque tambin fue otra la realidad. No fueron escasas las circunstancias en las cuales Luz se vali de los argumentos idealistas de un Liebniz o de un Kant, por ejemplo, para refutar los juicios sobre la conciencia y la construccin de la ciencia misma. Contraer su posicin a un sensualismo materialista sera perder en la clasificacin la riqueza de matices que caracterizaba la bsqueda perenne de un instrumental terico, el cual se probaba y modificaba incesantemente en la comprensin de la realidad. De todo se nutra Luz, e invitaba a sus discpulos, a apropiarse de cuanto existiera en el acerbo cultural de la humanidad sin perder nunca la orientacin de las investigaciones a partir de los hechos reales, fundada en el espritu de observacin. El principio de la libertad de eleccin constitua el punto cardinal de su filosofa para la construccin de una teora emancipativa, la cual slo tena de exclusiva y excluyente la liberacin misma del hombre, que es deci r del pensamiento y de la sociedad. De la doctrina moral de las elites al universo moral del procomunal Las doctrinas morales son expresin del modo en que se socializa la concepcin terica del hombre, la sociedad y la trascendencia. Si los filsofos haban introducido la diferencia entre moral y tica, la primera basada en la dogmtica religiosa y la segunda en los principios axiolgicos del pensamiento filosfico, la doctrina moral de Cousin tenda a borrar esta frontera para crear una moral tica ms que una tica moral. Y a algunos crticos sealaban que exista un punto grave en la concepcin cousiniana: lo que l llam la absolucin del xito Esta teora estaba vinculada con la de los hombres necesarios. Entonces, cmo conciliar la doctrina del debe r que es con tanta frecuencia la doctrina del sacrificio, con la absolucin del xito? Y he aqu lo ms grave, cmo separar el xito de la fuerza? F ue el mismo Cousin quien pronunci las palabras ms nefastas al respecto: hay que perdonarles a los hroes el escaln de su grandeza, y estas otras: no hubo ningn vencido en W aterloo. En esta ltima frase como manera de objetivar la relacin entre xito-fracaso o entre historia-valores, quiso decir que el Napolen de aquella batalla famosa, ya no era Francia, ya no la representaba. Por qu? Pues porque ya no tena la fuerza suficiente para gobernarla; ya no es l, y por tanto, ya dej de ser grande. La fuerza es, por tanto, la fuente del pode r de la gloria y del xito. Poda haber una doctrina

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 59 / 59 ms tentadora para los caudillos latinoamericanos, convertidos en dictadores, que sta de la razn, del xito, de la fuerza y del papel del hombre en la historia? Es esta versin hegeliana de la doctrina histrica y moral la que justifica, con un carcter divino, la accin poltica y social? No hay dudas que el no pensar cousiniano, la cultura recreativa y la formacin de las elites elite en tanto cultura de elite y cultura para la elite, constituyen un todo que poda hacer derivar el camino del pensamiento en Amrica Latina hacia la ponderacin de los elementos que permitieron constituir esa elite, que hicieron posible a una oligarqua econmica llegar a la plenitud de una elite cultural con la buena conciencia de su formacin moral que justificaba el empleo de la fuerza y ratificaba sus pretensiones hegemnicas. Vctor Cousin no tanto por la originalidad de su sistema como por la inteligencia que tuvo para percatarse de las necesidades gnoseolgicas, culturales y polticas de un tiempo que necesitaba reflexionar sobre una experiencia que no haba dado los frutos que se haban esperado pudo ofrecer lo que la naciente burguesa, todava carente de la cultura suficiente sobre s misma, necesitaba para reorganizar la sociedad y los fundamentos tericos que la sustentaban. Pero Cousin pensaba desde una crisis; desde un tiempo histrico en que casi nada era claro. No obstante, tuvo a su favor lo que otros en Cuba tendrn en la segunda mitad del siglo XIX : una oratoria brillante con poca originalidad en las ideas, que atraa a las muchedumbres, mientras que los pensamientos que expresaba se dirigan a la elite para ofrecer la organicidad de que careca en tiempos de crisis. Se dejaba llevar por su gusto de orado r por las frmulas brillantes al discutir sus ideas a tal punto, que durante mucho tiempo se le consider irrefutable, aunque ho y ya pasado de moda, apenas si se sostienen sus endebles columnas. Los partidarios de Cousin en Cuba, al simplificar la concepcin lucista de la filosofa del siglo XVIII segn su visin y versin entendida sta como un exclusivismo estril cuyas consecuencias esenciales eran el egosmo en la moral y la anarqua y disolucin de la sociedad en la poltica, tambin tuvo derivaciones importantes en las interpretaciones de los partidarios del eclecticismo cousiniano sobre la ideologa, la moral y los destinos de la sociedad colonial, en general. Comprendan as a la ideologa como ensea del siglo XVIII una vez que la psicologa era la ciencia dedicada al estudio de las ideas al modo en que stas se producan, a esa actividad del alma, que negaba la concepcin sensualista y que el espiritualismo francs reivindicaba en el siglo XIX por medio de la resurreccin del sentimiento religioso, del rescate de la inmortalidad del alma. Luz conceba la espiritualidad emanada del conocimiento de la naturaleza fsica y social, proyectada hacia un debe ser de la sociedad; la creacin de valores esenciales que nos identificaron en el universo de pueblos y

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60 \ 60 \ ENSAYO INTRODUCTORIO naciones. Por ello, cuando lo hacan coincidir con un sensualismo extremo que negaba el espritu y cuyas consecuencias morales eran nefastas, argumentaba que sensualista en filosofa no quiere decir ms que un hombre que atribuye el origen de todas las ideas que forman el alma, a la experiencia, o sea, los resultados de la accin de los sentidos internos y externos presididos por el espritu; ortodoxa doctrina autorizada por la iglesia universal, que nada tiene de hertica, ni de sapiens haere sim Quin me habra de decir a mi (...) que me haba de ver en la culta Habana, casi mediado el siglo XIX rechazando las notas de incrdulo e inmoral, con que tambin trataron de manchar hace 20 aos (...) oh ilustre V arela! Tu inmaculada reputacin? .... 63 Su concepcin de la moral sujeta sin dudas al mtodo experimentalracional de conocimientos parta del rechazo de las ideas preexistentes, cuya consecuencia directa consista en no considerar a la moral, universal, sino condicionada por la naturaleza de los diversos pueblos de acuerdo con su grado de civilizacin. La ley del debe r que tanto preconizaban en La Habana los seguidores del espiritualismo francs, Luz la sometera tambin al crisol de la experiencia particular de cada nacin. Se preguntaba: Cmo puedo yo saber lo que es el debe r si ignoro lo que piden los casos y las cosas? No es esta exigencia de las circunstancias en lo que se cifra el orden y concierto del mundo moral?. 64 Una pregunta quedaba implcita en la reflexin de Luz: hacia quin iba dirigida la ley del deber?, se encaminaba sta al bien general o procomunal, como aclarara en la polmica para ahorrar intiles altercados. All dejaba sentado que no exista contradiccin alguna entre la ley del deber y la mxima de la utilidad en la moral, si se entiende por til, no el inters, sino el bien general. Uno era el precepto, y la otra, la teora. De esta manera, echaba por tierra los esfuerzos de los cousiniano, en la Isla por identificar tericamente la moral utilitaria, o sea, la moral regida por el principio de la utilidad, y la moral del inters, legtima herencia, segn ellos, de la escuela sensualista. Si bien Luz bebi de una de las mas importantes fuentes tericas con relacin al principio de la utilidad en la moral de la poca: Jeremas Bentham, no qued atrapado por su propuesta lo que no sorprende, aclarando que el principio de la utilidad no es el que siempre gobierna a los hombres, sino el que debe gobernarlos: nueva prueba de que se haba confundido el hecho con el derecho .... 65 En este sentido consider a Bentham falta de observacin y de fisiologa cuando afirmaba que la utilidad era el mvil de todas las acciones huma63. Loc cit. no. 29, p. 176. 64. Jos de la Luz y Caballero: La polmica filosfica, ed. cit., t. II, pp. 190-191. 65. Ibidem p. 188.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 61 / 61 nas sin exceptuar una ..., 66 pues no tuvo en cuenta otros mecanismos que funcionan en el individuo: impulsos e instintos, que aunque de modo primario determinan tambin sus acciones. La ciencia, deca Luz debe saber distinguir entre lo que es y lo que debe se r. De acuerdo con estos fundamentos lucistas, el sistema de la sociedad no poda ser otro que el plan de la naturaleza propuesto por V arela, que todo ceda a la utilidad del mayor nmero, y hasta con detrimento de la utilidad individual .... 67 F omentar el espritu pblico, ilustrar sobre las cuestiones ms importantes que tenan que ver con el progreso de la sociedad constituy la divisa esencial de Luz y Caballero. Al referirse al Diario de gobierno comentara: ... raro es el da que no brilla con alguna comunicacin importante sobre agricultura, industria popula r comercio y cuanto puede interesar al procomunal, y esta al alcance de todas las clases de la sociedad, cuya ilustracin y mejoramiento es el primero y exclusivo anhelo de cuantos contribuyen principalmente con sus comunicados al Diario de gobierno, as por ser el vehculo por donde pueden lograr ms difusin las ideas tiles .... 68 Pero, este fin no fue nunca afn a quienes en Cuba se apropiaban de las tesis cousinianas para legitimar toda una tendencia elitista dentro de la burguesa criolla. Antes bien, la propuesta de Cousin sobre las dos doctrinas: una para los filsofos, para los escogidos y otra para el pueblo, encajaba de buen grado en sus aspiraciones como clase, cuyo objetivo consista en mantener el poder poltico establecido en la Isla. En su curso de 1825 declaraba Cousin: Habr siempre masas en la especie humana y no hemos de empearnos en descomponerlas y disolverlas de antemano. La filosofa est en las masas bajo la forma cndida ( nave ), profunda, admirable de la religin y del culto: el cristianismo es la filosofa del pueblo .... 69 A este desprecio por el pueblo, que ya sus seguidores difundan en La Habana, a esta decisin de mantenerlo en la ignorancia, de subestimarlo, de rebajar la propia religin, Luz le contrapone la concepcin cubana, que fundamentada originalmente por V arela, ampla y enriquece: Con que, dos doctrinas, una para los filsofos, para los escogidos, y otra para el pueblo, para la turbamulta! El que estamp aquellos renglones, no pregon l mismo sin quere r el triunfo de la incredulidad sobre el cristianismo en el fondo de su razn? No te declaras incrdulo en esas mismas palabras en que ests inculcando ese respeto hipcrita a las creencias popula66. Ibidem, p. 185. 67. Ibidem p. 186 68. Loc. cit., no. 29, p. 11. 69. Ibidem p. 166.

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62 \ 62 \ ENSAYO INTRODUCTORIO res? As, a tus discpulos que sean filsofos, y a los dems que sean creyentes. Hipocresa, inmoralidad, brotan por cada poro de vuestro dolo!. 70 ... Por el gnero humano es por quien os tomis tanto empeo? De veras, seor catedrtico? Y o crea que era por los que Homero llama los pastores de la gre y que trasquilan y hasta se comen su rebao. Esos dicen que es menester una religin para poner un bozal a sus semejantes; para ellos, no! Parceme que, sobre poco ms o menos, viene U. a decir otro tanto. ...dos doctrinas, una para M. Cousin y las clases superiores a quienes comunica su palabra, y otra, que es el cristianismo, para el gnero humano. Es esto o no hipocresa? Ni vale decir con el Ontlogo lo que ya sabe todo el mundo, sobre ser muy diversa la creencia del hombre vulgar a la opinin del hombre instruido: el telogo, el filsofo saben el por qu de aquello mismo que cree l, y que creen los dems; pero a uno y otro debemos tratar de uniformar en la misma fe que tenemos nosotros por verdadera: esto es lo que hacen los hombres de bien. Qu diramos del astrnomo que sabiendo ya la causa de los eclipses, v.g. continuara amedrentando con este fenmeno a los infelices ignorantes en las leyes naturales? No es menester que el pueblo sea sabio para que le alcancen las ventajas, los resultados de las ciencias; an cuando no sepa astronoma, hoy no teme ya como antes la aparicin de los cometas. Y por qu? Porque los sabios de buena fe le han predicado la misma, mismsima doctrina que a sus discpulos, aunque sin exponerles todos sus fundamentos; mejor dicho publicndolos para todo el mundo, pero que no se hallan al alcance de todos por la dificultad de ciertas materias. As, pues, se enciende la lumbre para todo el gnero humano (...) Acbase el tiempo de las doctrinas esotricas. Jess no tuvo doctrina esotrica, y la luz es para todo el mundo. 71 Pocas veces se ha expresado con tanta claridad la divisin social entre una oligarqua econmica convertida en mecenas y elite cultural, que ejerce el poder tanto con la razn de la fuerza como con la fuerza de la cultura y una masa desposeda en lo econmico y conscientemente segregada de la cultura, a la cual se le suministra una religin para simples. La rebelin lucista es tan enrgica, porque ya existan en Cuba no slo una teora de la emancipacin intelectual, sino, adems, una teora de la emancipacin del pueblo que por sus contenidos eran inseparables. Crear un pueblo, crear conciencias, era desmontar la falsa idea de que los ignorantes estn condenados a serlo siempre. El punto medular terico lo haba definido Flix V arela al expresar que la fe, en todo y de todos, era para las cosas divinas, a lo que Luz aade que el Dios creador es para adorar en tanto slo se puede intuir a travs de su obra, pero no es su obra. Y completa V arela su punto liminar cuando expresa que las cosas del 70. Ibidem, p. 167. 71. Ibidem pp. 321-322

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 63 / 63 mundo natural y humano, las ciencias, pertenecen a la razn y a la experiencia. Luz ahonda y desarrolla la idea tratando de fundamentar que en el estudio de lo natural y real estar el conocer y el hacer; que toda ciencia es progresiva, pero que por ello no es ms que un largo y extenso camino que aun en su tiempo inicia los primeros pasos. Es esta separacin entre fe y razn lo que da sentido a la filosofa y la distingue de la teologa. Si esto es ya una diferencia sustancial entre cousinismo elitista, y varelismo-lucista patritico, cientfico y popula r est an ms claro en sus proyecciones tica, moral, que, en ltima instancia es social. El trmino esclarecedor de los varelianos-lucistas radic en su concepcin de espritu pblico. Cuatro aos antes de estallar la polmica, resultaba evidente que en Cuba exista ya la nocin del menosprecio al pueblo, al diluirse la idea en el concepto amorfo, oscuro, impreciso y despreciativo de masa. Y escriba el Padre Fundador: Qu frtil en recursos es la vanidad cuando se une a la pereza! Uno se queja de que el pueblo nada aprecia, otro le ultraja, llamndole ignorante, este otro le supone incorregible y mientras que nada hacen para ilustrarle y moralizarle, creen hallar en su misma injusticia un velo que cubre su indolencia (...) El pueblo no es tan ignorante como le suponen sus acusadores. V erdad es que carece de aquel sistema de conocimientos que forman las ciencias, pero no de las bases del saber social. Esto es, de las ideas, y sentimientos que se pueden hallar en la gran masa y que propiamente forman la ilustracin pblica (...) Aconsejamos que se engae al pueblo? Pretendemos que se adormezca y adule? Lejos de nosotros tan inicuas ideas (...) Creemos que es un deber de los amantes del pueblo hacerle justicia, confesando que desea emplear los medios que puedan conducirle a la prosperidad y rectitud (...) El inters social no es un impulso de la sensibilidad, sino de la razn; y algunas llamadas filosficas para deshonra de la Filosofa, no son sino delirios que sirven de castigo a los mismos delirantes. Existe s, el espritu pblico, y mucho ms en los pueblos, cuyas circunstancias proporcionan pbulo a esta llama que destruye el crimen y acrisola la virtud. 72 La concepcin de Luz sobre la formacin del hombre no es otra cosa que la preparacin de ste para modificar la sociedad a partir de la educacin y la cultura. Pero, para modificar la sociedad era necesario creer en la existencia de una base pblica y social sobre la cual actuara el formadortransformado r se era el espritu pblico del procomunal. A su vez, sa, la materia prima para la formacin de conciencias en lo individual y en lo colectivo. Y slo as podra darse la brotacin autntica de un pueblo nuevo que se conociera a travs de su naturaleza fsica, social, moral y cultural; dueo y creador de su destino. Herencia que no encontr, sino en la fuente 72. Flix Varela : Obras ed. cit., t. II, pp. 374-383.

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64 \ 64 \ ENSAYO INTRODUCTORIO interna de una sensibilidad y una racionalidad genuinamente cubanas, el asidero de la propuesta terico-patritica de Jos Mart, concretada en su proyecto de una Repblica libre de hombres iguales, con todos y para el bien de todos, cuyo logro slo sera posible con la apropiacin de la cultura por todos: No hay igualdad social posible sin igualdad de culturas. 73 IV Un encuentro con la Polmica hoy Sabamos ya por Jos Mart, quien lo am, que Jos de la Luz y Caballero pudo ser abogado, con respetuosa y rica clientela, y su Patria fue su nico cliente. Pudo lucir en las academias sin esfuerzo su ciencia copiosa, y slo mostr lo que saba de la verdad, cuando era indispensable defenderla. Pudo escribir en obras para su Patria al menos inmortales, lo que ayudando la soberana de su entendimiento con la piedad de su corazn, aprendi en los libros y en la naturaleza, sobre la msica de lo creado y el estilo del mundo y no escribi en los libros, que recompensan, sino en las almas, que suelen olvida r supo cuanto se saba en su poca; pero no para ensear que lo saba, sino para transmitirlo. Sembr hombres. 74 Slo este conocimiento bastara para quedar atrapados por su grandeza. Sin embargo, el encuentro con la Polmica Filosfica nos define con todo rigor su carcter poderosamente reflexivo y el vigor de una sensibilidad nada pedestre. Ciento sesenta aos han transcurrido desde aquella impugnacin que Jos de la Luz y Caballero hiciera a Vctor Cousin dedicada a la juventud cubana y que quedara inconclusa, pues ya la salud, quebrada en la contienda, no le permitira culminarla. Igual suerte corrieron las traducciones de las obras del pensador francs, que Luz prometiera al pblico para que se formase un juicio certero de sus propuestas y advirtiera el peligro que para el destino poltico y cultural de Cuba entraaban. No obstante, lo medular qued. El electivismo, concepto bsico para entender lo peculiar del proceso de formacin y desarrollo del pensamiento cubano, deriv en contrapropuesta de un eclecticismo que enunciaba la falsa conciliacin de conceptos opuestos en su esencialidad, en lo gnoseolgico, lo poltico y lo social. Este eclecticismo produca una metafsica para interpretar-justificar una sociedad que fortaleca las estructuras que sostenan a su clase privilegiada. La cultura de elite legitimaba las estructuras de pode r La masa amorfa, condenada a no sabe r se conformara con aliviar su pobreza, 73. Jos Mart: Obras Completas Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1965, t. III, p. 28. 74. Jos Mart : Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975; p. 249

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 65 / 65 su ignorancia, entregada y destinada en los brazos de una religin incompatible con la ciencia, a conservar aquella sociedad. Se levantaba, sobre ella, la conciencia individual e individualizada que miraba al mundo a travs de s misma e impona la erudicin y la autocomplacencia como el fin nico del conocimiento. En una sociedad colonial, como la cubana, el espiritualismo eclctico implicara la ruptura con la tradicin emancipatoria que desde su espritu original con el padre Agustn Caballero, haba madurado en una intelectualidad comprometida con la patria cubana. Nuestro Filolezes consider que Cousin sentaba un principio metafsico con el cual le arrancaba a la filosofa su propia esencia. No slo volva al campo de la especulacin teolgica, sino que la encubra nombrndola una nueva filosofa que cercenaba desde un principio y en lo ms profundo la capacidad de pensa r. No debe obviarse el hecho de que en la poca que el eclecticismo de Cousin cobraba fuerza en ciertos sectores intelectuales de diversos pases, al mismo tiempo no pocos pensadores en el mundo reconocan su insuficiencia terica. De ella nos deja constancia el propio Luz. En el Diario de la Habana, del 23 de mayo de 1840, se publicara la crtica de Pierre Leroux al eclecticismo cousiniano, por Elas Regnault, cuya traduccin se piensa, sea de Luz y Caballero. En el texto titulado Otra pieza justificativa de la misma estofa, y hasta ultra-petita, el autor censuraba con agudeza la filosofa de Cousin: Su principio consiste en no tener ninguno, y su ley en postrarse ante todas las leyes. 75 Eso, desde Francia. No menos interesante resulta que un joven alemn, enfrascado en el nacimiento de los Anales francoalemanes en carta a Feuerbach, del 23 de octubre de 1843, en la cual le pidiera una crtica de Schelling, ofreciera su visin acerca del eclctico francs: Schelling ha sabido poner el cebo con gran habilidad a los franceses, empezando por el flojo y eclctico Cousin y acabando por el genial Leroux. Pierre Leroux y sus iguales siguen teniendo a Schelling por el hombre que ha sustituido al idealismo trascendente por el idealismo racionalista, a la idea abstracta por la idea de carne y hueso, a la filosofa profesional por la filosofa universal .... 76 Carlos Marx, desde Europa, comenzaba a perfilar una teora social desde las entraas mismas del capitalismo y cuya finalidad consista en la emancipacin total de la clase trabajadora mundial. En Cuba, el ncleo central de la problemtica social del siglo XIX lo era sin dudas, la educacin. La teora se produca desde la interioridad de la enseanza para formar hombres que transformaran la sociedad. Filosofa y pedagoga participaban de una ligadura que encontraba su mxima expresin en la finalidad social de la emancipacin poltica. Por esta razn esencial el filsofo era un verdadero educado r no constructor de un sistema que slo 75. Elas Regnault: La polmica filosfica ed. cit., t. I V p. 131. 76. Franz Mehring: Carlos Marx. Historia de su vida, Editora Poltica, La Habana, 1964, p. 84.

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66 \ 66 \ ENSAYO INTRODUCTORIO tiene como centro de su pre-ocupacin e interrogacin el sistema mismo, sino hacedor de una obra terico-prctica en perenne rectificacin. La contemporaneidad de dos posiciones frente al problema del hombre real se legitiman por sus circunstancias histricas, y descubren el alcance de la radicalidad de dos propuestas que contienen los dos elementos esenciales fundamentales de la poltica de liberacin: el humanismo y la cultura. La ciencia es fruto siempre de un largo camino de apropiaciones de la realidad, que escapa a todas las expectativas y nos deja, en el mejor de los casos, el aliento de verdadera aproximacin a la verdad. Pero, sobre todo, la ciencia tiene un sentido, un para qu de su existencia que la hace real. A Jos de la Luz le toc defenderla en un escenario oscuro donde el rigor de la teora pasaba por el tamiz de los intereses de grupos, fuertes intereses sociales y de clases. Cmo podra explicarse si no que una propuesta terica tan endeble como la de Vctor Cousin disfrutara en Cuba de una acogida tan clida como inslita por quienes abandonaban al mismo tiempo las bases tericas fundacionales de un pensamiento propio para Cuba? La crtica de Filolezes a la pasin idealizadora de los partidarios cousinianos en el debate sobre el eclecticismo, parece escrita para todo tiempo histrico: Y o no ped, pues, a nuestros espiritualistas que fueran originales a estilo de Platn o de Cartesio sino que al menos supiesen siquiera contar su cuento, como dicen los ingleses expresivamente de un caso (...) (pero, seores, no estn Uds. esperando el correo para saber cmo han de pensar o de decir lo que piensan) (...) Esto es lo que hacemos por ac los sensualistas; trabaja r ver modo de ejercitar el pensamiento, prenda y prez de la nacionalidad y fin tambin para que fuimos criados. No haremos gran cosa, pero procuramos hace r damos algunas seales de vida, y en las cosas grandes con la buena voluntad basta... 77 Lo difcil es la ciencia, y Luz la consagr para todos. Sus largos artculos en la Polmica, su vuelta al origen de todo: desde la historia del hombre, la historia de las ciencias y el pensamiento humano para convence r demuestran la solidez de sus argumentos durante la contienda, el fondo de su crtica. Un mtodo para pensar fue su divisa. La dimensin tica y crtica de su pensamiento cre una espiritualidad integradora de lo cubano, que acaso hoy debamos recuperar con la presteza de lo urgente. Eso, si disponemos de la voluntad de asistir al nacimiento de una nueva poca que exigir, para existir como nacin, encontrar el espritu que nos define a partir de la singular universalidad de nuestras races. La Polmica Filosfica Cubana contina. La de la primera mitad del siglo XIX fue slo un eslabn, de la ms alta excelencia, en esa labor ardua e inconclusa que todava sigue siendo en Cuba, para la prctica poltica liberadora, la construccin de una teora crtica de la emancipacin cubana. 77. Jos de la Luz y Caballero: La polmica filosfica ed. cit., t. III, p. 182.

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1838 Murallas de La Habana, Puerta de Monserrate (grabado de Federico Mialhe)

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POLEMIST POLEMIST AS AS J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO M ANUEL C ASTELLANOS M OJ ARRIET A ( R UMILIO ) M ANUEL C OST ALES J OS Z. G ONZLEZ DEL V ALLE F RANCISCO R UIZ D OMINGO DEL M ONTE A NTONIO B ACHILLER Y M ORALES J OS T DE LA V ICTORIA M IGUEL S TORCH ( D MINE ) TEMAS TEMAS CUESTIN DE MTODO IDEOLOGA MORAL RELIGIOSA

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I I AD AD VER VER TENCIAPROEMIO TENCIAPROEMIO 1 1 AL ELENCO DE 1834 AL ELENCO DE 1834 POR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Gaceta de Puerto Prncipe mayo 12 de 1838.) Cuando se introduce una novedad es forzoso justificarla. Se hace, pues, necesario exponer sucintamente los motivos que nos han impulsado a prin1. Seor Redactor [De la Gaceta de Puerto Prncipe]: como creo de suma utilidad la cuestin que se empez a tratar en su apreciable peridico, sobre el orden en que debe comenzarse el estudio de la filosofa, le remito a Ud. las razones que da un ilustre Habanero en favor de la preferencia del de la Fsica al de la Lgica, las cuales se publicaron en el ao de 1834, en un elenco de exmenes del Colegio de San Cristbal de La Habana, por si lo tiene usted a bien le d publicidad, a lo que le quedar a V. Reconocido, por la utilidad que trae a las ciencias la racional discusin, su seguro servido r Q. B. S. M., Un suscripto r .* D on Jos de la Luz Caballero envi al Lugareo esta Advertencia que constituye el punto inicial de esta polmica filosfica sobre la Cuestin de mtodo. Forma aqulla el Proemio del famoso Elenco de l834. El Lugareo la public segregada del Elenco en la Gaceta de Puerto Prncipe debido a que el Elenco era conocido ya en el Camage y S in duda el Un suscriptor que firma la nota de envo para su publicacin es el Lugareo ( Roberto Agramonte ) MA YO

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70 \ 70 \ MAYO 1838 cipiar el curso de Filosofa por el estudio de la Fsica en lugar del de la Lgica, como generalmente se practica. Para los inteligentes bastar reproducir las mismas razones alegadas al presentar el proyecto de arreglo de las nuevas clases de Filosofa en los colegios de San F ernando y San Cristbal; razones que parecieron tan poderosas al Excelentsimo seor don Francisco de Arango, encargado especialmente por Su Majestad de informar en el asunto, que se dign en el esforzarlas con las ms luminosas consideraciones. As fue que la autoridad no pudo menos de ordenar que se ensease desde luego segn el plan propuesto. Pero vengamos a las causales expuestas en el expediente, para que los sensatos puedan juzga r Helas aqu: Al terminar nuestros artculos sobre la enseanza de la filosofa, quisiramos someter a V uestra Excelencia una indicacin, que nos parece importante, por la influencia que podr tener en la reforma de esta clase de estudios. Trtase de disponer que el curso de filosofa principie por la fsica y concluya por la lgica y la moral, que es precisamente lo contrario de lo que an se practica y siempre se ha practicado. No es un espritu de novedad el que nos mueve a proponer este trastorno. La razn y la experiencia son las guas que nos han dirigido en la materia. Muchas y dilatas seran las pruebas que pueden aducirse para demostrarlo, pero es necesario reducirnos a algunas consideraciones concluyentes, para no exceder los lmites de una mera indicacin. 1. Las ciencias naturales versan sobre objetos sensibles, ms al alcance de la primera juventud, y por lo mismo ms capaces de entenderla y deleitarla. 2. De la inagotable variedad de hechos que nos ofrecen, va formando nuestro entendimiento su caudal de datos para discurrir acerca de ellos. 3. Si se nos dice que antes de discurrir sobre cualquier objeto cientfico, necesitan los jvenes aprender la Lgica, contestaremos desde luego que no puede haber mejor lgica que la que estn practicando en el estudio de la fsica. Efectivamente, el mtodo es admirable, siendo al mismo tiempo el ms natural, como que es esencialmente analtico. En l se procede de los hechos sensibles y particulares a las consecuencias generales por una cadena de inducciones. Con este ejercicio se robustecen de tal modo las potencias intelectuales, que cuando se aplican al examen de cualquier otro gnero de asuntos, hacen los alumnos progresos tan rpidos como seguros. 4. Por el contrario, comenzar por los estudios ideolgicos es comenzar por las abstracciones, es exigir demasiado de nuestro endeble entendimiento en sus primeros pasos, es carecer a cada instante de los ejemplos, esto es, de los hechos y observaciones sobre los cuales ha de recaer la exposicin de las doctrinas ideolgicas de cuyo examen han de deducirse, en ltimo resultado, los documentos para la direccin del espritu humano,

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 71 / 71 o sea, la lgica propiamente tal. En una palabra, en las ciencias naturales se marcha de los hechos a la teora; y en la ideologa, por ms que nos empeemos en lo contrario, nos vemos en ocasiones forzados a seguir un orden inverso, fuera de que su objeto no permite apelar a la clara luz de la experiencia. En fin, la ideologa es la teora de las teoras, como ha dicho enrgicamente el conde de Trac y. Acaso se nos objetara que no necesitndose ms que el estudio de la Lgica para cursar leyes, se hace un perjuicio a los que intentan seguir la carrera del foro, en obligarlos a estudiar todo el curso de filosofa antes de pasar a Derecho. Cierto es que pasarn menos pronto, pero tambin irn ms preparados. As pues, si bien se examina, este reparo es una nueva razn para hacer preceder el estudio de las ciencias fsicas al de las intelectuales y morales. Obligando a los alumnos a permanecer por todo el curso, se desterrar el espritu de superficialidades que ha reinado en algunos puntos de la instruccin, logrndose simultneamente que aun los juristas alcancen aquellas nociones en el estudio de la naturaleza, que han de necesitar no solo en la sociedad, sino aun en el ejercicio de su misma profesin, y hasta un grado de que no se tiene idea generalmente. Por ltimo, excusemos alegar ms razones, como lo haramos del mejor grado, cuando el artculo 73 del Reglamento general trae la prevencin expresa de que en los colegios donde se establezca la enseanza de las Matemticas, Historia Natural, Fsica y Qumica, debern preceder estos ramos al estudio de la Filosofa; entendiendo por filosofa, segn se evidencia de todo el tenor de ste y otros artculos, la parte del curso que comprende las ciencias intelectuales y morales. Nos asisten, pues, sobrados fundamentos para apoyar la alteracin que proponemos. Hasta aqu las palabras de nuestro informe. Sanos lcito aadir tan slo que pues la ciencia de la naturaleza ofrece abundante materia para el desengao de la razn humana, ninguna nos suministrar documentos ms apreciables para la conducta de la vida.

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72 \ 72 \ MAYO 1838 II II REFUT REFUT ACIN ACIN DE LA AD DE LA AD VER VER TENCIA-PROEMIO TENCIA-PROEMIO POR R UMILIO (L CDO M ANUEL C ASTELLANOS M OJ ARRIET A ) 2 ( Gaceta de Puerto Prncipe mayo 12 de 1838.) 3 Sacada por el comunicado de la Gaceta ltima del olvido en que yaca la cuestin de si el estudio de la Fsica debe preceder al de la Lgica, proposicin que ha sido sostenida y an practicada por varios talentos modernos, y que fue sentada ltimamente por el director del extinguido Colegio de la Santsima Trinidad en un elenco y conclusiones pblicas sostenidas a fines del ao prximo pasado, y que por motivos que no estn a nuestro alcance no ha querido o sabido sostener bajo la misma publicidad de que gozaba su instituto y mtodo que estableci, segn le inst por mi comunicado de 6 de enero ltimo, y debi hace r nos vemos en la necesidad de confesar uno y otro que el pblico tiene justos motivos de haber reclamado la continuacin de una que envuelve ms inters del que aparece a primera vista; pero si mi silencio puede tener alguna disculpa en haber debido esperar a que don Eusebio Prez Gonzlez fundase su proposicin asertiva, si no como director que ya no era, al menos como un particular interesado cuando menos en la instruccin pblica, ste se halla en un gran descubierto que difcilmente llena, a menos que no apele a la indulgencia, y confesando su falta trate de enmendarla a la posible brevedad; para ello yo mismo le suministrar material, pues analizando la cuestin le proporcionar blanco a que dirija sus atinados tiros con la circunspeccin, prudencia y sabidura que le son caractersticas. Aparte por ahora la cuestin de si la formacin del juicio es precedente a la de la idea, cuestin inconexa con la que vamos a ventila r y que desde luego pedira ejecutoria a favor de la opinin que sent en mi anterior comunicado, si en materias de esta clase se pudiera da r a ello me autorizara no slo el convencimiento general de los hombres ilustrados que me favorece, sino tambin el largo silencio y falta de comparecencia de quien lo motiv, que por s sola bastara a absolverse de toda responsabilidad cientfica. Bien s que estamos en el siglo de los progresos; bien conozco que los ciegos partidarios de ellos, todo lo que no sea nuevo lo tachan de errores y 2. Era secretario del Excelentsimo Ayuntamiento de Puerto Prncipe (Alfredo Zayas). 3. Este es el artculo a que dio lugar la Advertencia de Luz (Roberto Agramonte).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 73 / 73 estacionario, sin otra consideracin que no ser de invencin moderna; bien veo que para los que viven nicamente con los progresos, y para ello, mis ideas y la opinin que voy a emitir son esencialmente retrgradas, cuya sola palabra sera bastante a exportar a la ms estacionara senectud; sin embargo, semejantes dicterios, que no me arredran, no me pertenecen en manera alguna; amo los progresos como el primero, aborrezco el oscurantismo, tenga su fecha atrasada o cuente su nacimiento moderno; empero no me ciega el deseo de progresar hasta el grado de ser arrastrado a lo nuevo, hollando sin examen lo antiguo. Si mi entendimiento encuentra el punto de su conviccin en las doctrinas de las escuelas pasadas, sin ser doctrinario, las abrazo desde luego, y esto es para m un progreso de bastante consideracin; si por el contrario, las modernas slo me brindaran errores que destruyen ms aejos conocimientos, retrogradara huyendo su contagio hasta el arca de No. Esta fe cientfica me ha parecido conveniente hacerla, para que se vea con cuanto temor debe entrar en una polmica en que la novedad forma la mejor defensa de la opinin contrara, en que toman parte personas de notorio sabe r y en que el ilustre Habanero, 4 autor de la advertencia inserta en la Gaceta ltima ha opinado y planificado el mtodo que me propongo rebati r Y o respeto sus luces, y me merecen tal aprecio sus altos conocimientos, que si dudase un momento en admitir una opinin, la suya sola bastara para hacrmela seguir; pero quien como l rene un profundo saber a una circunspeccin sin lmites, no se ofende de las opiniones que difieren de las suyas, y no puede menos de respetar el sentir de los dems, aunque en su concepto sea equivocado, y yo sin pretender salvar de este anatema que acaso puede alcanzar a mi opinin, que ms lo es de mis predecesores que propia, me aparto en esta ocasin, con harto sentimiento, del parecer de quien ms de una vez he tenido motivos de aprender mucho en algunos actos pblicos, en que ha examinado mis limitados conocimientos. Para procede r pues, con la debida claridad y bajo el mtodo que prescribe la recta ideologa, no es preciso considerar la Lgica y Fsica, objetos de la cuestin, bajo el verdadero punto en que las coloca su carcter de ciencias. La Lgica en abstracto no es otra cosa que la teora del anlisis; concretada a alguna ciencia es el anlisis mismo metodizado r La Fsica, segn su trmino y sin relacin con otras ciencias ni aun con sus mismas ramificaciones, es el conocimiento de los cuerpos y nada ms; cuando de este conocimiento de la naturaleza y propiedades de los cuerpos se procede a hacer comparaciones y de ellas un encadenamiento de deducciones bajo la generalidad de la Fsica, como diversa denominacin, segn los objetos sobre que recae y las aplicaciones de que ella se hacen; si con la 4. Jos de la Luz (Roberto Agramonte).

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74 \ 74 \ MAYO 1838 composicin y descomposicin de los cuerpos se trata de averiguar la accin ntima que ejercen unos sobre otros y la ley a que obedece cada una de sus molculas, se denomina a esta ciencia Qumica; si estos conocimientos, una vez adquiridos, se ponen en ejercicio, constituyen nuevas artes, cuya perfeccin es debida a los adelantos que llevan consigo las arregladas combinaciones y abstracciones que forman nuestro entendimiento a vista de los objetos por medio del anlisis. Sentados, pues, estos preliminares de que nadie ha dudado, ni ha podido duda r ocupmonos de la cuestin en los trminos de abstraccin de una y otra ciencia; y si en este sentido, es deci r considerada la Fsica como mero conocimiento de los cuerpos, y la Lgica como el anlisis que se practique en ellos, se ha querido anteponer el estudio de la primera proposicin, y digo que, para conocer nicamente los cuerpos y distinguir sus propiedades sin combinaciones de ninguna otra especie, no slo es necesario la precedencia de la Lgica, pero ni aun despus sirve de cosa alguna. Acaso parecer una blasfemia filosfica proposicin tan aventurada, pero si atendemos a que conocer la forma, figura, extensin, peso y pesadez de los cuerpos y otras propiedades que constituyen su naturaleza, y definir malamente cada una de ellas de memoria no puede considerarse nunca como conocimientos que constituyen una ciencia, sino cuando ms como un trabajo poco til por s, aunque preliminar de ulteriores adelantos, si se convirtiesen estas materialidades en que el entendimiento no toma ms parte que la bastante a hacer concebir meras ideas, en abstracciones que crease nuevos efectos, que no son ignorados y que nos dirigen a combinaciones capaces de hacer til esos conocimientos de efectos materiales a los usos y necesidades de la vida, nos es forzoso convenir que para tal Fsica basta una mala Lgica natural. La combinacin de los principios que proponen los cuerpos y las deducciones que convengan sacar de ella, son las que constituyen la verdadera ciencia de la Fsica; y semejantes combinaciones y deducciones no pueden obtenerse sino valindonos de la teora del anlisis. Por medio de ste conseguiremos componer y descomponer los cuerpos; por medio de l adquirimos nociones que sern tanto ms exactas cuanto haya sido el anlisis formado. Si, pues, la exactitud de los conocimientos en materias de Fsica depende precisamente del anlisis bien hecho, y si la Lgica es la ciencia o la teora del anlisis, causa no poca admiracin que se quieran obtener resultados ventajosos olvidando los medios indispensables de su consecucin. Acaso s e dir y se dice que el hombre posee una Lgica natural, que le gua en todas sus observaciones; pero semejante respuesta, demasiado especiosa, carece de toda fuerza mientras no se pruebe que todos los que analizan lo hacen con igual exactitud. Mas mientras yo observo que los hombres, que sin el auxilio de la Lgica metodizada analizan y juzgan

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 75 / 75 bien, son excepciones de la regla general de que todos analizan mal; mientras vea que ninguno sin estudio de la Lgica ha sido nunca fsico, aunque todos observan los cuerpos y conocen casi todas sus propiedades, desde el ms rstico aldeano en su choza hasta el ms sabio filsofo en su gabinete; nterin yo recuerdo que los maestros de las ciencias, los que han arreglado y deducido sus principios a fuerza de meditacin y de anlisis, han observado este mtodo y que a l han debido sus grandes adelantos; mientras yo tenga presente el sublime principio de nosce te ipsum antes de querer conocer lo dems del orbe, y mientras yo concepte partes de m mismo las ideas y el modo de concebir y ejercitarlas; y sobre todo hasta tanto que la experiencia no me pruebe, que la precedencia de la Fsica a los dems ramos de Filosofa arreglar mejor el mtodo de nuestros conocimientos y nos proporciona mayores ventajas, y que yo vea genios superiores a los que me han sugerido, el que he seguido, no podr convencerme ni doblar mi dbil cerviz a la innovacin que se pretende sea ms til. Que a la vez que se estudia la Fsica se ejercita la mejor Lgica, que consiste en el anlisis de los cuerpos, es otra de las razones con que se quiere en la escuela moderna paliar la innovacin que rebatimos. Mas cmo se ejercita una ciencia cuya teora no se conoce? Se sabe que la Lgica es el mismo anlisis metodizado, pero, quin nos garantiza que la prctica del anlisis sin mtodo no nos arrastrar a mil deducciones errneas, y stas al trastorno de todas las ciencias? Quin se atrever a sostener que un tomo de Fsica en manos de un rstico campesino, ser entendido por ste, aun cuando le lea mil veces? No basta que la Fsica trate de cuerpos para que sea entendida, pues como queda dicho, el conocimiento nico de ellos no se puede llamar Fsica; la combinacin de sus propiedades y deducciones consiguientes son las que forman las ciencias, y para sacar estas deducciones se necesita ms de la Lgica natural. Es preciso mucho criterio en raciocina r un conocimiento no comn de la Gramtica general, para coordinar metdicamente las ideas que se hayan percibido con alguna confusin, y finalmente nociones exactas del mejor medio de analizar para proceder de lo conocido a lo desconocido. Estas tres partes de la Filosofa son inseparables, y aunque algunos idelogos las han confundidos, tienen sus lmites bien declarados por Destutt de Trac y y donde llegara a faltar una sola, de todo punto no habra Filosofa y nos despediramos de adelantos en las ciencias. El hombre piensa con trminos, y si stos son confusos, si no expresan la idea que se ha querido, sta precisamente ha de ser ininteligible e inexplicable, y exactas e inexactas no las puede el hombre adquirir sino analizando, cuya operacin es el barmetro de nuestros conocimientos; el grado de perfeccin de este barmetro lo da el buen mtodo, y ste no se adquiere sino arreglando bien nuestras ideas; as, pues, no slo la Lgica, sino tambin sus herma-

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76 \ 76 \ MAYO 1838 nas inseparables, la Gramtica general y la Ideologa debern preceder al estudio de la Fsica. Que las ciencias naturales estn ms al alcance de la juventud, porque se versan sobre objetos sensibles, es otro de los fundamentos que apoyan el nuevo mtodo; pero esto no es tan cierto como parece, si se advierte que la ciencia de la Fsica no consiste nicamente, como dejamos expuesto, en el conocimiento de los hechos o de los objetos sensibles; ste sera un puro mecanismo que est en contradiccin con el verdadero y genuino sentido de la ciencia, definida por todos como reunin de principios ciertos que nos da el conocimiento de las cosas. La verdadera ciencia consiste en las nociones acertadas de las causas y de sus efectos, nociones que nos proporcionan los objetos sensibles, pero que no podemos adquirirlas con slo la inspeccin de ellos; necesitamos, adems, de la abstraccin, de ejercitar nuestro entendimiento para formar ideas aisladas, que por medio del juicio venimos a aplicar a los objetos y concebir propiedades que nos eran desconocidas; los objetos sirven de punto de apoyo a nuestros conocimientos, emanan de ellos, si se quiere, pero no por su propia virtud; necesitamos, y no me cansar de repetirlo, desentraar sus propiedades, haciendo combinaciones puramente mentales, y al joven, a quien, sin haber aprendido el mtodo de hacerlas, alejando la confusin, huyendo las falsas causas, se le obligase a estudiar los cuerpos y a decir definiciones que no ha sabido forma r estoy cierto que se le ha hecho perder el tiempo, y que si se quiere recuperarle necesita nuevo mtodo y estudio. No debe arredrarnos que en la escuela antigua se empiece por abstracciones: nuestro entendimiento desde que est en disposicin de percibir y formarse ideas, tiene la suficiente robustez para abstraer; sta es una operacin mental que se ejercita por el hombre desde la primera idea que forma: sin ella jams sabra ni que existe, pues la idea no es una propiedad de los cuerpos sino una creacin de nuestro entendimiento, cuya causa est en los objetos exteriores; y para ensearle Lgica no es forzoso obligarle a abstrae r pues l lo hace natural y voluntariamente, hasta que se le haga conocer el mtodo con que ha formado sus ideas, de que un cuerpo era blanco fue porque vio otro que tenia diferente colo r que su entendimiento segregndolas de los objetos a que pertenecan, hall por medio de la comparacin cualidades que los diferenciaban. A esto se halla nicamente reducido el estudio de la Lgica, y mal que les pese a los partidarios del nuevo plan, teniendo que confesar que primero fue el hombre lgico que fsico. Sigamos, pues, el orden de la naturaleza, y no queramos forzndola dar un paso verdaderamente retrgrado. Puerto Prncipe y mayo 14 5 de 1838. Rumilio 5 Aunque Rumilio consigna este da 14, en la Gaceta de Puerto Prncipe aparece su artculo el da 12 (Roberto Agramonte).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 77 / 77 III III CUESTIN DE MTODO CUESTIN DE MTODO SI EL ESTUDIO DE LA FSICA DEBE O NO SI EL ESTUDIO DE LA FSICA DEBE O NO PRECEDER AL DE LA LGICA PRECEDER AL DE LA LGICA (PRIMERA RPLIC (PRIMERA RPLIC A A LA REFUT A A LA REFUT ACIN ACIN DE DE RUMILIO RUMILIO P P UBLIC UBLIC AD AD A EN LA A EN LA GACET GACET A A DE PUER DE PUER TO PRNCIPE TO PRNCIPE EN MA EN MA YO 12 DE 1838.) YO 12 DE 1838.) POR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Memorias de la Sociedad Patritica de la Habana nmero 35, tomo VI, de junio 18 de 1838.) Es mi nimo contestar el artculo inserto en la Gaceta de Puerto Prncipe de veintitrs de mayo prximo pasado, contra la opinin de que el estudio de la Fsica debe preceder a la Lgica. Para realizarlo como es debido, convendr exponer con alguna latitud los fundamentos en que descansa aquella precedencia (no preferencia), rebatiendo al paso algunas de las especies que ms campean en el curso del mencionado escrito. Se hace tanto ms necesaria esta exposicin, cuanto que al haber publicado all una Advertencia en que se alegaban, aunque sucintamente, los motivos que impulsaron a proponer semejante reforma, lejos de granjearle a sta mayor nmero de partidarios, le ha atrado un antagonista que con todo su poder se esfuerza en contrastarla. Pero relatemos primero la historia del caso, para que el lector juzgue con pleno conocimiento en la materia. Al planificarse las ctedras de Filosofa en los Colegios de la Habana nombrados San F ernando y San Cristbal, en virtud de Real Orden fecha en octubre de 1833, por la cual se facilit a los directores de dichos establecimientos para que presentasen un reglamento, exponiendo cuanto se les ofreciera en el particula r aprovechamos la feliz coyuntura, don Narciso Itaque huc res redit, ut organum nostrum, etiam si fuerit absolutum, absque historia naturali no multum; historia naturalis absque organo, non parum instaurationem scientiarum sit provectura. Quare omnino et ante omnia in hoc incumbere satius et consultius visum est. 6 B ACON 6. Vase la traduccin de este texto en la pgina 192 (Ed.)

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78 \ 78 \ MAYO 1838 Pieyro, director del primero, y el que escribe, que lo era del segundo, (pues no es posible guardar el annimo como quisiera en gracia de la misma cuestin), para proponer varias mejoras y reformas, figurando entre ellas la precedencia del estudio de la Fsica al de la Lgica, contra la prctica generalmente establecida en nuestro suelo. A buena dicha prevenase en la misma Soberana disposicin, que todas nuestras observaciones se sometiesen al examen del ilustrado patricio, don Francisco de Arango y Parreo, como Director General de estudios en la Isla, para con solo su informe proceder el gobierno de la capital a la aprobacin provisional de nuestros reglamentos y propuestas. La circunstancia de haber de ser juzgados por un voto tan competente, unida a la facilidad de poder discutir verbalmente con dicho seor comisionado sobre cuantos reparos le ocurriese, fueron motivos que influyeron eficazmente, y mxime teniendo tantos puntos que toca r en que adoptsemos un estilo demasiado lacnico, propio del caso; pero nada adaptable para el pblico lecto r que siendo un compuesto de tantos y tan varios elementos, era forzoso entrar en ms latas explicaciones para hacerle sentir las razones tan brevemente expuestas en nuestro informe. Pero como stas, aunque breves, no dejaban de ser perceptibles, y estaban bastante encadenadas, como haban interesado tan fuertemente no slo al seor Arango (que en tan expresivos trminos se explic en su informe), sino a algunos individuos que se confesaban partidarios hasta entonces del antiguo plan, y sobre todo, como se trat de discutir las materias psicolgicas sobre que giraba la cuestin nada menos que en los actos pblicos de Filosofa del colegio de Carraguao, 7 no hubo ya reparo en dar al pblico, a la cabeza del Elenco de 1834, unas meras indicaciones que en un principio no le haban sido destinadas. Pero lejos de alzarse voz alguna ni por la imprenta ni en los exmenes contra la novedad introducida, recibise generalmente con aplauso, no ya por la ardiente y novelera juventud, sino muy singularmente por los hombres ms provectos y sensatos, por los hombres que preguntan primero al libro que llevan en su interio r a su experiencia propia, que no a los libros y opiniones ajenas. Hubieron sin duda de hallar eco tambin en Puerto Prncipe al cabo de tres aos algunas de las doctrinas consignadas en mi Elenco, no s si por convencimiento o por espritu de novedad (que no es del caso averiguar), presentndose en la escena a sostenerlas (tampoco s, si bien o mal) un profesor pblico que acaba de establecer un Instituto de educacin. Con este motivo lleg a mi noticia, como dos meses ha, que cruzaban en pro y en contra remitidos sobre la cuestin en la Gaceta de Puerto Prncipe ; y curioso por ver cmo se ventilaba, y no sin mucho placer de que se ventilasen semejantes puntos por los estudiosos del Camagey (pues a fuer de 7. El Colegio de San Cristbal fue generalmente conocido por de Carraguao, por estar situado en el barrio as denominado. (Alfredo Zayas).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 79 / 79 cubano soy tan principeo como habanero), y en fin, y acaso ms que todo, por mi amor decidido hacia la ciencia y los progresos de la instruccin pblica, ped a un amigo muy ntimo 8 residente en aquella ciudad, me remitiese todos los comunicados: contestome que no haba podido conseguir unos, y que otros nada de notable ofrecan, concluyendo con que enviara el que hubiese yo escrito sobre el particula r y caso de no ser ello suficiente para dilucida r la cuestin, extendiese un artculo o memoria para llenar este vaco. Mi respuesta fue dirigirle a vuelta de correo el Elenco en que iba la Advertencia all publicada, como nica cosa que sobre el asunto hubiese yo impreso, y como todo lo que mis notorios antiguos achaques, mantenidos, si no fomentados por la estacin calurosa, me permitan mandarle por el pronto. Public en efecto el amigo corresponsal tan slo la Advertencia, que era lo que ms haca al caso; y ved aqu lo que ha dado margen al remitido de la Gaceta de 23 de mayo que me propongo contestar: remitido que quizs no hubiera visto la luz, al menos en los trminos en que est concebido, a haber su autor ledo tambin el Elenco a que la Advertencia consabida serva de portada. As me lo hace creer la completa buena fe en que grado al articulista, el sincero deseo que me parece descubrir en l de buscar slo la verdad. Pero no tuvo el corresponsal la culpa de que no se publicase el Elenco: tvela yo, que empeado en contraer la cuestin, y enemigo de hacerme presente ultra petita 9 le indiqu que slo lo hiciese con la repetida Advertencia. Ahora veo que es de necesidad, en virtud del remitido de 23 de mayo, el proceder cuanto antes a la publicacin de aquel ndice razonado que ofreciendo ms material a la meditacin, presentar la cuestin en un terreno ms amplio y ms propio. 10 La cuestin puede tratarse en dos palabras o en dos mil, porque envuelve una de las fundamentales de la Filosofa: la del mtodo; yo no ser ni tan corto ni tan largo: no tan corto, por no exponerme a volver a la carga: no tan largo, porque ni lo permite mi salud, ni lo comporta la extensin de un remitido. As, pues, sin ms prembulo, entremos en materia. Empezar por la Fsica, o en general por las ciencias naturales, es empezar por el principio: el hombre naturalmente se siente arrebatado a la contemplacin de los objetos externos por el sinnmero de sensaciones con que ellos asaltan todos sus sentidos: as forzosamente ha de ser naturalista antes que idelogo: primero ha de comenzar por lo de fuera que por lo de dentro, mejor dicho, no puede conocer su interior sino 8. Se refiere a Don Gaspar Betancourt y Cisneros, El Lugareo (Alfredo Zayas). 9. ms all de lo que se pide. 10. Habindose publicado repetidamente el Elenco en esta ciudad, juzga el autor innecesaria su reimpresin aqu, pero muy conveniente (para la cuestin) en Puerto Prncipe, donde al parecer no ha corrido. (N. De Luz.) ( V er este Elenco en el volumen II de las Obras de Luz y Caballero de la B. A. C.) [Roberto Agramonte].

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80 \ 80 \ MAYO 1838 precisamente en virtud del conocimiento de lo exterio r Lo mismo le sucede respecto del conocimiento de su creador: Caeli enarrant gloriam Dei, et opera manuum ejus anuuntiat firmamentu m 11 As es que se hace necesario, por su importancia, suplir este conocimiento desde la tierna edad por medio de la fe, y sta es la obra sublime de la Religin. Exigi r pues, que el estudio de la Fsica preceda al de la Ideologa o Psicologa (que sin ellas no hay verdadera lgica) no es ms que proporcionar al alumno la continuacin de unos estudios a que est ya muy acostumbrado; es proceder de un modo ms conforme a los preceptos del anlisis que nos previenen partir de lo conocido a lo desconocido. Pero no en esto slo se acomoda mi plan a las reglas del buen anlisis: tambin recomiendan stas se proceda de lo fcil a lo difcil. Y qu punto de comparacin podr haber entre la dificultad que pueden ofrecer las ciencias naturales, y las espinas con que a cada paso se tropieza en las psicolgicas o ideolgicas, 12 y las nubes que tan a menudo envuelven a casi tod a s sus cuestiones. Cul ser, pues, el motivo de que las ciencias intelectuales se hallen como si dijramos en mantilla, al cabo de tantos siglos en que los genios ms esclarecidos han acometido su estudio con todo el vigor de su capacidad, desde Platn y Aristteles hasta Kant, Fichte y Cousin; al paso que las ciencias naturales han hecho progresos verdaderamente pasmosos, en trminos de haberse creado algunas de ellas a nuestros mismos ojos, testigos la Qumica, la Cristalografa, la Anatoma comparada, la Geologa, etctera? Ni se pretende por un instante que semejantes milagros se hayan debido exclusivamente a la facilidad respectiva de las materias, sin que influyera eficazmente el mtodo. Para no extendernos demasiado beneficiando tan copiosa veta, dar por toda respuesta, que el mayor empeo de los idelogos y psicologistas modernos, se ha cifrado en introducir en las ciencias intelectuales y morales el mismo mtodo que tanto ha hecho progresar a las naturales: en una palabra, han tratado de convertir aqullas en ciencias de observacin y si posible es de experiencia. Aun en la legislacin y en la poltica tenemos admirables ejemplos de la aplicacin de tan productivo mtodo; mejor dicho, del mtodo eminentemente filosfico, del nico mtodo que en todo rigor puede llamarse filosfico, del nico mtodo que en todo rigor puede llamarse cientfico. Qu otra cosa es la famosa obra de Comte 13 sobre Legislacin, que la reiterada aplicacin a la observacin? Quin no descu11. Los cielos cantan la gloria de Dios y el firmamento proclama la obra de sus manos ( Salmos 19, 1). 12. Digo indistintamente psicolgicas e ideolgicas, por acomodarme a todos los sistemas, y por ser distincin que en nada interesa a la cuestin presente, contrada nicamente a ventilar la mencionada precedencia. 13. Carlos Comte, jurista. Vid. nota 8 de la pgina 296 (Roberto Agramonte).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 81 / 81 bre en cada pgina de su libro un entendimiento empapado en el espritu y marcha de las ciencias experimentales? 14 Mientras las ciencias morales, llamadas por antonomasia especulativas, no salieron de meras especulaciones, permanecieron sin llegar al rango de verdaderas ciencias: se adopta el sistema de la observacin de los hechos, y a este fiat queda desde luego creada la ciencia. Tan penetrados estn todos los investigadores de la superioridad de este mtodo, que no hay ramo de los conocimientos humanos a que no intenten aplicarlo, y siempre con el mejor xito. Sirvan tambin de ejemplos los trabajos que hoy se establecen en todas partes sobre la estadstica de las crceles, de los crmenes, de la demencia, etctera Anteriormente se principiaba el examen de estas materias por algunos principios generales, y cuando ms por las opiniones generalmente establecidas de los que haban escrito acerca de ellas: hoy por el contrario se comienza estudiando los hechos como son en s; he aqu la observacin; o poniendo los hombres o las cosas en las circunstancias en que aqullos se producen, y he aqu los experimentos de las ciencias morales; en fin, antes era menester a veces suponer los hechos, ahora es indispensable estudiarlos. Aqu como en cualquier ramo, como en todas partes, como siempre, me declaro por aquel mtodo que pone el punto de partida de toda sana Filosofa en el estudio de la naturaleza, y por consiguiente en la observacin, y que luego apela a la induccin y al raciocinio, a fin de sacar de la observacin todas las consecuencias que envuelve. As se explica nada menos que la primera luz de la Filosofa hoy en Francia: no es menester nombrar a Vctor Cousin, caudillo actual de las escuelas espiritualistas. Si volvemos los ojos a la sensualista, encontraremos el testimonio del clebre Destutt Trac y autor bien conocido del seor Rumilio. Tratando, pues, este idelogo de las ciencias ms a propsito para comunicar buenos hbitos al entendimiento, da la preferencia a las naturales, y entre ellas a la Qumica y Fisiologa aun sobre las matemticas, contra la opinin de los que sostienen ser stas la mejor Lgica imaginable. Con efecto, las ciencias naturales ofrecen multitud de hechos, y esto ejercita la memoria; pero los hechos son semejantes y variados, y esto ejercita la atencin y la sagacidad; distinguiendo a estas ciencias la ventaja de poder acudir a la experiencia en caso de duda, a cada paso ofrecen repetidas lecciones de la facilidad de extraviarse aun siguiendo las analogas con el mayor cuidado y practicando los experimentos con suma escrupulosidad. Por esta razn no titubea Tracy en darles la preferencia aun sobre las matemticas (se entiende como mtodo, pues la ciencia de la cantidad es un instrumento casi universal, sobre 14. Otro tanto puede decirse de Smith y Say en la Economa Poltica, de Gioia en la Estadstica, de Quetelet en la Fsica social y sobre todo, de la obra reciente del mdico Parent du Chatelet, que es un modelo de investigacin.

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82 \ 82 \ MAYO 1838 todo para la Fsica), pues stas si bien alcanzan una exactitud a que las otras rara vez se acercan y que depende de su misma naturaleza, no presentan ocasiones de cae r y as no inspiran esa natural desconfianza o temor de extraviarse que caracteriza al veterano en el campo experimental. Represe en la naturaleza de las ciencias matemticas y nos convenceremos de que todas ellas se cifran en una serie de abstracciones partiendo de unos pocos datos; de modo que con ellos slo es posible al entendimiento humano, cual aconteci con Blas Pascal, crear toda la ciencia: empresa de todo punto impracticable respecto de las dems ciencias, en que no se puede dar un paso sin ir pisando sobre los hechos. Adems de esto (y es otra prerrogativa caracterstica de las ciencias naturales), el entendimiento se ve como forzado por los hechos a sacar consecuencias y a establecer una teora cuya verdad puede comprobar o desmentir por la experiencia, abriendo as un campo ms vasto de lo que aun el ingenio ms creador pudiera imagina r Quin le haba de decir a V olta, y eso que V olta es nombre que puede ponerse al lado de los Galileos y Newtones, los prodigios de descubrimiento que haban de realizarse tan luego con su admirable aparato?; y aun hoy da con todo lo que le estamos viendo realiza r quin se atrever a pronosticar hasta qu punto nos podr llevar? Qu exactitud en el golpe de vista, qu profundidad en las investigaciones, qu mesura en el juzga r qu sagacidad en el descubri r, qu facilidad en la eleccin de medios y recursos no ha de adquirir un espritu que constantemente tiene que llevar cuenta exacta y minuciosa de la ms leve circunstancia que pueda influir en el fenmeno, so pena de trabajar en balde, o por lo menos de estar muy lejos de la realidad! Cmo no ha de ser prolijo y fecundo en recursos el que haya que estar constantemente tomando nota de la temperatura, de la humedad, de la altura del aire, de su densidad, de la distancia, de la atraccin, del magnetismo, de la luz y de otro milln de circunstancias en cada fenmeno que observa? No en balde adquiere cierta robustez especial el entendimiento de los hombres dedicados a este gnero de estudios, robustez que en igualdad de circunstancias no suele encontrarse ni aun en algunos profundos matemticos. 15 Y ved aqu un fenmeno de los que ms llamaban la atencin al citado idelogo, y por lo que tratando de darse cuenta de l nos consign un nuevo documento precioso para la Ideologa, y muy singularmente aplicable a la cuestin que nos ocupa. De lo dicho hasta aqu brotan las consecuencias siguientes: primera, es ms natural principiar por la Fsica a causa del objeto sobre que versa; segunda: lo es tambin por su mayor facilidad; y en esta parte no quiero que se oiga slo mi dbil voz, sino otra vez la muy enrgica y autorizada de 15. No quiero decir con esto que las matemticas no ejercitan tambin por otro estilo ciertas facultades; pero esta cuestin nos llevara ahora demasiado lejos.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 83 / 83 Victor Cousin: 16 citacin tanto ms grata para m, cuanto que el articulista aguarda el dictamen de los grandes maestros para resolverse a tomar un partido. Por ella ver que no como quiera se trata de materias difciles y peliagudas, sino cabalmente de las ms arduas y espinosas que puede ofrecer el campo de la especulacin, en una palabra, se trata de las ciencias ms atrasadas, de las ciencias que estn por crea r o cuando ms, crendose; pues es de advertir que yo no llamo Lgica ni merece el nombre de tal, a un conjunto de reglas tomadas a crdito sin el debido anlisis, y muchas de las cuales no pasan de un hgalo usted bien, y ya lo hizo bien, como tan donosa cuanto expresivamente deca nuestro ilustre V arela. Se trata de que la Lgica sea, no el principio de todas las ciencias, sino ella misma una hija, una consecuencia inmediata de otras dos ciencias harto dificultosas, conviene a sabe r la Ideologa, o mejor la Psicologa y la Fisiologa (sta por lo menos como ciencia auxiliar an en el sentir de los espiritualistas). Pero acabemos de or a Cousin, porque aun me restan muchas reflexiones que tampoco vendrn mal despus. En el Examen sobre la clasificacin de las cuestiones filosficas, se explica en estos trminos: adems, comenzar por lo primitivo (y cuenta que habla an de lo que tiene visos de merecer la primaca) es comenzar por uno de los ms oscuros y embarazosos problemas, sin luz ni gua, al paso que principiando por lo actual, principiamos por lo menos difcil, por lo que sirve de introduccin a todo lo dems. La experiencia, el mtodo experimental en Psicologa, ser comenzar con lo actual, agotarlo si es posible, para instituir un severo examen de todos los principios que ahora rigen la inteligencia; slo sern admitidos aquellos que se presenten realmente; empero ninguno ser desechado; a ninguno se le preguntar de dnde viene, a dnde va; existe, pues basta: tiene un lugar en la naturaleza, luego debe tenerlo en la ciencia. Y en otro lugar (ir extractando, y a fe que lo siento, y aun interrumpiendo el texto, por ser demasiado largos los pasajes): ahora bien: a pesar de las dificultades que presenta, esta ciencia (la Psicologa) () no es superior a los alcances del hombre () Todos los hechos de la conciencia son evidentes luego que la conciencia los percibe; pero a veces se escapan de su alcance en razn de su extrema delicadeza, o de las circunstancias adventicias que los rodean; la Psicologa da la ms completa certidumbre, pero esta certidumbre slo la encontramos en aquellos recnditos que no todos los ojos pueden penetrar; para llegar a ellos es necesario abstraernos de este mundo visible y extenso en que tan largo tiempo hemos morado, y con 16. Fcil me sera amontonar en mi favor las citas de filsofos alemanes, ingleses, escoceses, italianos, y aun otros de la misma Francia; pero he puesto un estudio especial en referirme a los escritores generalmente conocidos en nuestro suelo. Siento, empero, no trasuntar siquiera un texto de Jouffroy, que parece tan de molde a la cuestin como el mismo Cousin.

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84 \ 84 \ MAYO 1838 cuyos colores estn teidos todos nuestros pensamientos y palabras; debemos abstraernos de este mundo exterior que es harto ms difcil de excluir () En fin, despus de haber ganado un asiento seguro en el mundo de la conciencia, tan delicado y tan resbaladizo, debemos establecer una revista amplia y profunda de todos los fenmenos que comprenden, pues aqu los fenmenos son los elementos de la ciencia Cuando este trabajo preliminar nos haya puesto en posesin de todos ellos, resta construir la ciencia coordinndolos de manera que puedan representarse en las diversas clases a que pertenecen por sus diferencias caractersticas, cabalmente como percibe el naturalista sus vegetales o sus minerales en un cierto nmero de divisiones que los comprende todos. Hecho esto, todava queda mucho por hacer; aun no se han vencido las ms grandes dificultades. Pero basta por ahora de extractos, y continuemos con nuestras consecuencias. Tercera: Infirese asimismo que las ciencias intelectuales, y singularmente la Lgica, que como dije en mi advertencia, viene a ser la teora de las teoras, necesitan de los datos que ofrecen las dems ciencias, para de ellos mismos deducir documentos para la direccin del espritu humano. Cmo es posible sin tener una idea de la naturaleza, procedimientos de la ciencia de la cantidad y de las naturales, dar voto sobre su marcha y las aplicaciones de sus mtodos? Y qu no son estos datos y aun las teoras que ellos derivan hechos respecto de la Ideologa, cuyo objeto es dar cuenta de todos los fenmenos del entendimiento? No sin harta razn deca el mismo Aristteles que hay dos clases de conocimientos, uno mediato, otro inmediato, y que el segundo es necesario para que el primero sea posible. As, pues, mientras los hechos de las dems ciencias no ofreciesen materiales, y por decirlo as, ocasiones de investigacin para los fenmenos intelectuales, la Lgica no poda menos que permanecer estacionaria. Si no temiera escribir un libro, o no creyera que lo alegado y lo que me resta por alegar es suficiente a rectificar las ideas del articulista, yo me detendra de buen grado en recorrer uno a uno los captulos de la Lgica que deben su existencia o directa u ocasionalmente al estudio de las ciencias fsicas y matemticas. 17 No son dbiles muestras de mi aserto las mismas observaciones ya citadas que hace Tracy en la obra titulada Principios lgicos sobre el estudio comparativo de las matemticas y las ciencias naturales para comunicar buenos hbitos a la razn humana. Qu ms? no trata el mismo Tracy de la Lgica despus de haberse ocupado de la Ideologa y la Gramtica general, y aun estas ltimas no 17. Y los hechos que ofrece la historia de la humanidad? Qu mejor comentario para la cuestin sobre el modo de adquirir las ideas que la historia del joven alemn Gaspar Hauser, de ese joven sin infancia de que tanto han hablado los peridicos? Pero tendramos que ir muy lejos si se tocara esta materia.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 85 / 85 las considera como una consecuencia de la Fisiologa, segn expresa en su dedicatoria al clebre Cabanis? Pero quin que haya ledo a aquel autor no habr notado a cada momento, que dirige el discurso a unos alumnos iniciados ya en los principios de la Fsica y de las Matemticas? Y esto no ya lo afirmo por inferencia, sino que expresamente en repetidos lugares, y desde las primeras lneas del primer volumen, alude a los conocimientos adquiridos por ellos en el curso previo de aquellas ciencias. Y a antes Condillac en su Curso de estudios 18 haba explicado varios ramos fundamentales de Fsica y Matemticas, previamente al tratado de Lgica; y aun cuando as no lo hiciera, ntanse a cada paso en esta obra los ejemplos y aun doctrinas deducidas del lgebra, la Geometra, la Mecnica y otros ramos matemticos y experimentales. Por este mismo tiempo el clarsimo Almeyda publica en Portugal sus Recreaciones filosficas dedicando seis tomos enteros a la exposicin de los fenmenos del Universo antes de acometer la empresa del estudio de las ideas, aduciendo para ello razones anlogas a las que vamos exponiendo. Pero quin ha dicho al articulista que mi propuesta es una novedad absoluta? No lo es efectivamente sino con relacin a nuestro suelo. Hoy da en diciendo en cual punto de Europa Filosofa o estudios filosficos, nadie entiende por estas denominaciones ms que las ciencias puramente intelectuales, quedando excluidas las naturales y matemticas, no porque dejen de formar parte de la filosofa, sino porque las primeras se estudia n separadamente, y despus de las segundas, las cuales ms bien que principio vienen a ser corona de todas las dems. As es que en todos los establecimientos secundarios, como colegios, escuelas normales, institutos, fundados muchos de ellos por los profesores de las ciencias intelectuales o sus discpulos, se ensean los ramos de las ciencias naturales y matemticas con antelacin a la Ideologa, como puede verse en todos los programas de estudios, sin excluir el de la Universidad de Pars, y el de las de Alemania e Inglaterra. Hay ms: en varios establecimientos preparatorios en que se ensean las ciencias naturales no se ha querido de intento establecer ctedras para la filosofa propiamente dicha, por considerarla como materia demasiado ardua y espinosa para los jvenes principiantes. 1 9 Y qu diremos si se trata de ensear la Filosofa por el orden histrico de la exposicin de los sistemas, como se profesa tiempo ha en toda la 18. Traducido el Prefacio por Jos Agustn Caballero (Roberto Agramonte). 19. No se crea que me contraigo a las escuelas preparatorias de artes y oficios, que en cuanto a stas ya se entiende la exclusin. Hablo de institutos preparatorios para carreras literarias. Si todava desea el articulista graves autoridades para decidirse, ah tiene el cuadro de las ciencias de Bacon en el cual (y cuente que esta novedad lleva tres siglos) ocupa la Lgica el penltimo lugar! (Se entiende en el orden de tiempo, que es la cuestin.)

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86 \ 86 \ MAYO 1838 Alemania, en Escocia y hoy tambin hasta en la misma F rancia? Entonces s que para acometer la empresa se requiere no solamente haberse ejercitado en el terreno firme de la naturaleza, sino ir provisto con todas las armas de la Filologa y de la crtica. Y es ste estudio a propsito para comenzar? Que respondan los hombres de buena fe. Pero apelemos tambin a la luz de la experiencia propia en comprobacin de la experiencia ajena. Cuntas veces, aun antes de haber yo meditado tan detenidamente sobre estas materias, cuntas veces acudan a m los discpulos ms aventajados a declararme la mayor facilidad con que entendan las materias fsicas, y esto respecto de algunos que tenan predileccin por las ideolgicas! Cules otras que venan a anunciarme haber comprendido despus de otros estudios y ya con madurez aquellos mismos puntos que en los principios se haban resistido a todos sus esfuerzos! Cuntas y cuntas, en fin, las que me he visto forzado a arrancar de manos de los alumnos ms aplicados, aquellas mismas obras filosficas que despus de bien preparados han podido leer con mucho fruto, al paso que por el momento todo era confusin y embolismo para su endeble entendimiento! Sigamos siempre los pasos de la naturaleza si queremos conocerla lo mejor y ms pronto. Otro hecho muy notable me ha ofrecido la planificacin del mtodo explicativo en la enseanza primaria, mtodo que produce los ms prontos y sazonados frutos, presentando a los nios en el texto de lectura rasgos tomados de las ciencias naturales. Este es el verdadero secreto para poner en juego toda la actividad mental de estas tiernas criaturillas, y no ya indisgestndoles indiscretamente, sino ofrecindoles el alimento ms adaptable a su naciente capacidad. Y que ms y que mejor Lgica que este ejercicio incesante y animado de todas las potencias mentales, excitadas forzosamente por la influencia de los objetos, y sobre un terreno firme y no resbaladizo, cual conviene a los que empiezan a caminar; obligados a pasar de los hechos a las abstracciones, y luego de las abstracciones a los hechos? Qu ms se puede exigir para robustecer la razn humana y aparejarla para nuevas y ms arduas conquistas? 20 Ved aqu cmo insensiblemente hemos venido a parar en la gran reforma acometida por el ilustre Bacon de V erulamio: Natura enin (dice en su estilo cientficamente metafrico) percutit intellectum radio directo; Deus autem, propter medium inaequale (creaturas scilicet), radio refracto: 20. Si no me acosara el incesante temor de hacerme interminable, copiara aqu parte de un artculo que sobre el sistema explicativo publiqu en el Diario de la Habana a fines de l832; en l vera el S r Rumilio cmo de algunos pocos hechos tomados de la sencilla Historia de Camello, voy elevando como por escalones a los nios a las ms sublimes consideraciones sobre los planes de la naturaleza y los atributos de su Hacedo r Esta es la cadena de la induccin: aqu est todo el secreto de Verulamio (Vid. nota 3 de Roberto Agramonte, pgina 288).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 87 / 87 homo vero sibi ipsi exhibitus radio reflexo. 21 Y creer todava el seor Rumilio que se pueda poner en planta el sublime principio del nosce te ipsum antes de conocer lo dems del orbe? A torrentes han de llover las luces de todas las ciencias humanas sobre el ms privilegiado entendimiento, antes que se d un solo paso en el primero de los estudios en el orden de la importancia, pero el ltimo en el orden del tiempo y la dificultad. Deslindar los fenmenos del instinto y de la inteligencia; examinar las causas que pueden alterar dichos fenmenos, o lo que es igual, marcar la influencia de las edades, de los climas, de los temperamentos, de las enfermedades, conocer al hombre sano y al enfermo (slo el captulo de la enajenacin mental es un episodio que respecto de los conocimientos auxiliares que requiere, se vuelve otro asunto principal); comparar la inteligencia del hombre con la de los animales que ms se le aproximan; cotejar los fenmenos instintivos e intelectuales que dependen de la accin del sistema nervioso con los de la conciencia y la razn; estudiar la historia de la Filosofa para instruirse de los aciertos y extravos del entendimiento y entrever sus causas, tirar la raya divisoria entre la esfera de la organizacin y la educacin; marcar el punto preciso, si posible es, en que se detiene la influencia de estas dos causas, y principia la libertad moral por todo este dilatado y spero camino es forzoso pasar antes de llegar a la suspirada meta. Fisiologa, y quien tal dice, dice Fsica, Historia natural, Anatoma comparada, Medicina, Matemticas (porque es menester notar la marcha del espritu humano en todos sus ramos). Psicologa y por descontado Ideologa, Gramtica, Lgica; y quien as se explica, ya incluye todos los recursos de la Crtica y Filologa, y por cima de todo y para todo una razn sumamente fortificada y maestra en el ejercicio de la investigacin; en una palabra, para el estudio del hombre es menester todo un hombre y es menester ms que el hombre, toda la naturaleza. Ahora se comprender sin esfuerzo por qu dije en mi Advertencia que principiar por la Ideologa era comenzar por las Abstracciones; sin que pueda ocurrir a un sensato que sea posible proceder en ninguna ciencia sin la abstraccin, primer instrumento del anlisis. A esta aclaracin, aunque harto obvia, me obliga el mismo autor del comunicado. Cuando se dice que una materia es abstracta, se quiere dar a entender no precisamente que lo sea con exclusin de las otras, sino que lo es en mayor grado: as llamamos ciencias abstractas a las Matemticas en contraposicin a las ciencias fsicas; no porque en stas deje de haber abstracciones, sino por ser en menor nmero que en aqullas, que todas miran sobre ideas abstractas. 21. Porque la naturaleza impresiona el entendimiento como mediante rayo directo; Dios, debido a la desigualdad de medio, como por rayo refractado; pero el hombre, cuando se muestra a s mismo, como por rayo reflejo.

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88 \ 88 \ MAYO 1838 Tambin se infiere de lo dicho que lejos de rebatir yo el mrito de la Ideologa y dems ciencias intelectuales, he tratado por el contrario de influir en que se proceda en la enseanza por un mtodo ms rigurosamente cientfico, a fuer de ms rigurosamente natural: la cuestin no es de simpata o antipata por este o el otro ramo de los conocimientos humanos, que si por predilecciones se decidiera el caso, quizs, o sin quizs, hacia los estudios filosficos se inclinara el fiel de mi balanza: se trata tan slo del mtodo, de preparar a los alumnos para que lleguen a ser buenos lgicos, y sobre todo profundos pensadores; pues fuera de ligar a todos los conocimientos un vnculo comn, como deca el orador de Roma, a cada especie le toca su puesto as en el orden de la teora como en el de la aplicacin. Quin podr negar la importancia de la Lgica, o mejor dicho, de los estudios filosficos? Pero no una Lgica de meras reglas tomadas a crdito, o sobre las palabras del maestro, sino una Lgica que se funde en el espritu de observacin; ste es el nico medio de evitar esas definiciones alucinadoras que con la sana ciencia reprueba el articulista, y que slo producen conocimientos nulos o superficiales. Mas qu idea se ha formado de la Lgica el autor del comunicado? Cree sin duda, como se ve por sus palabras, que es una especie de instrumento, o clave universal con que se abren todas las puertas del saber humano. Si es as cmo se explican los progresos rpidos y seguros de las ciencias fsicas y matemticas, nterin las intelectuales apenas han empezado a tomar creces al cabo de tantos siglos de cultura, por los ingenios ms peregrinos? Piensa el articulista que un Newton, o un Galileo, o un Cuvier debieron, no dir sus descubrimientos, pero ni siquiera sus aciertos, o sus no extravos, al estudio previo de lo que llamamos Lgica? Al cabo todos estos grandes hombres nacieron cuando ya estaban los conocimientos algo adelantados en todos los ramos. Pero, y qu diremos de los descubrimientos de Keplero y de Coprnico? Y qu de los de Pitgoras y de Thales Milesio, los cuales florecieron an antes que Platn y Aristteles que fueron los primeros entre los griegos en acometer la obra de la fundacin de la Psicologa y la Lgica? Todo indica a las claras que el verdadero instrumento de que se vale el espritu humano es la abstraccin, sobre el cimiento de la observacin; y en este sentido no puede haber ciencia alguna en Lgica; es deci r no se puede dar un paso en firme sin deduci r sin discurrir con encadenamiento, y por eso se ha dicho siempre que tal autor escribe con lgica, o con ms lgica que tal otro: esto es, que sabe deducir sus raciocinios de los hechos y encadenarlos estrechamente. Luego si en todos los ramos del saber humano es de necesidad que el hombre abstraiga, que de otra suerte dejara de ser hombre, sguese irremediablemente que en todos los ramos hay Lgica; pero sta no ha sido Lgica aplicada despus de aprendida en general y como preliminar aparte,

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 89 / 89 sino una Lgica hija legtima de la naturaleza, y alternativamente hija y madre forzosa de toda ciencia. 22 En este sentido dir que el hombre no fue primero lgico que fsico, sino que no puede ser fsico ni aun hombre sin discurrir o abstrae r Y pues ningn estudio puede emprender sin abstraccin, escojamos para empezar uno de aquellos ramos con que est ms familiarizado, y que pueda considerarse como la ms natural continuacin de sus primitivas observaciones. Fundados en esta consideracin propondramos igualmente para los primeros pasos al estudio de las lenguas, pues es materia acerca de la cual est el nio recogiendo datos desde que comienza a tartamudear: antes la lengua que la gramtica especial; y antes las lenguas que la gramtica general: 23 primero Fsica e Historia natural y despus Psicologa y Lgica. He aqu lo que cabalmente se practica en la nacin ms practica y ms especulativa de Europa en materias didcticas: no es menester decir que se alude a Alemania: Lenguas, Fsica, Matemticas primero porque es lo ms atractivo, y de lo que ms saben los muchachos. Pero no es de esta manera como se debe entender el debate sobre la precedencia de la Fsica o la Lgica; pues mejor dicho, del uso de nuestras facultades mentales no hay cuestin, permitindome el seor articulista le diga francamente, que el prrafo con que cierra su escrito est en pugna abierta con todos los principios asentados en el discurso de l. La cuestin es sobre si la Lgica como ciencia cuyo objeto es exponer los fenmenos y teora de la inteligencia, debe o no estudiarse antes que la Fsica. Si las dudas reales o efectivas no versasen sobre este punto as considerado, est seguro el articulista de que yo no habra tomado la pluma. No alcanzo, pues, cmo en tono de triunfo proclama al termina r, que mal que les pese a los partidarios del nuevo plan, tienen que confesar que primero fue el hombre lgico que fsico. No, dir yo siempre: primero es observar que deducir; primero es recibir impresiones que reflejarlas; primero es ser nio que hombre: primero es crecer que madurar: primero es andar que explicar la marcha: que igual se me figura el empeo de estudiar primero las ciencias intelectuales, al de quien pretendiese que aguardara el nio para caminar hasta que se le ensease la doctrina del 22. Qu muestra tan esplndida de esta Lgica de las ciencias experimentales nos ofrece la famosa introduccin de Juan Herschell al estudio de la Filosofa natural! Si desgraciadamente mi discurso no alcanzare a rectificar las ideas del articulista (y aun cuando lo alcanzare) le aconsejar la lectura de este precioso libro, para que admire el punto a que puede llegar la induccin en las ciencias fsicas. 23. Esto no impide que el que escribe una Gramtica especial para principiantes aproveche las luces de la general: o el que lo haga sobre una ciencia cualquiera aproveche las luces de las otras; antes al contrario, as se ganar para el mtodo; pero se trata del orden en que han de aprender los alumnos, y no lo que deben saber los maestros.

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90 \ 90 \ MAYO 1838 movimiento. Que de hoy ms no despegue tampoco los labios, hasta que no decore a maravilla todas las partes de la oracin. He omitido de intento corroborar otra de las razones alegadas en mi Advertencia a favor del nuevo plan, as por no haberla tocado el articulista como por no ser fundamental, sino ms bien consiguiente en la cuestin que nos ocupa. Sin embargo, es tanta su importancia para la reforma de los estudios pblicos, que no puedo menos de consagrarle unos breves instantes. Exigiendo a los alumnos de Filosofa el estudio previo de la Fsica, se obliga a los educandos para juristas a seguir el curso por entero; en lo cual se llevan dos grandes miras: la una infundir a los aspirantes al estudio de la jurisprudencia el gusto por unos conocimientos de que suelen carece r y de que con harta frecuencia tienen necesidad en la prctica. No sera una paradoja el afirmar que el abogado necesita antes o ms de la ciencia de los hechos que de la del derecho: necesita ms que ningn otro cultivador de las ciencias hacer acopio de toda clase de conocimientos, as tericos como prcticos, porque para todo se ofrecer ocasin en el inmenso campo de las transacciones humanas. Cuntos puntos enlazados con la Qumica judicial, con la Medicina legal, con la Historia natural, con la Agrimensura, no se ventilan diariamente en el foro, y cuya solucin pende casi exclusivamente del conocimiento de estas materias! Al menos que posean el juez y el abogado algn criterio para formar juicio acerca de ellos. No es la ciencia del derecho la que ms falta hace a nuestros letrados, porque sa suelen tener de sobra. Pero me equivoco: sin las otras ciencias sabrn de memorias las disposiciones legales; sern unos empricos o leguleyos, jams jurisperitos y jurisconsultos. Asunto es ste que por s solo reclamara tratarse, no as por incidente, sino muy exprofeso. La segunda mira trascendental, fue levantar algn tanto nuestros postrados estudios. Acostumbrndose los jvenes a aguardar un poco ms de tiempo para pasar a otros ramos, se calmara hasta cierto punto (no del todo ah! porque aqu operan otras causas) aquella ansiedad de ganar certificaciones, de ver volar el tiempo, de ganar un pliego de papel, pero no un rengln de conocimientos. Desengamonos: el verdadero secreto para reformar los estudios es darle el tiempo y el rigor necesarios: sin tiempo ni se recorren, ni se maduran las materias: que media una inmensa distancia entre leer y estudia r entre pegar de memoria, permtaseme la expresin, y apropiarse o asimila r como si dijramos, los conocimientos adquiridos. Sin rigor en los exmenes, no hay maestro ni discpulos, quiere deci r no hay estudios, y es punto en que estn a una los prcticos ms entendidos de todas las naciones cultas. Admira por cierto en los reglamentos de estudios de Alemania, maestra de la Europa en punto a mtodo, ver no ya precisamente los requisitos y

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 91 / 91 formalidades que en estas materias se estilan entre nosotros (que todos nos volvemos frmulas), sino la variedad y orden de conocimientos que se exigen en los aspirantes, y las sabias providencias encaminadas a asegurar el acierto. Tan atinados documentos no ha podido menos la Francia, la civilizada Francia, que copiarlos ntegramente para su uso, erigindolos en ley de la materia: Multi sunt vocati pauci vero electi 24 As es forzoso que en justicia sea, y as lo reclama imperiosamente la moral pblica; porque la cuestin de los estudios es la cuestin de las costumbres: hasta bajo un grado la importantsima del saber en parangn con la de las costumbres. Pero afortunadamente para la pobre humanidad, los intereses de la virtud estn ntimamente enlazados con los de la ciencia. A todos se convoca al festn, pero es necesario arrojar del santuario a sus profanadores. Un hombre ignorante en una profesin letrada, o se corrompe o perece! Cuntos comentarios no ofrece el foro de la Isla en este punto que siento en el alma tratar as por incidencia! As que libertad de estudiar cuanto se quiera, libertad de entrar en todas partes y a todas horas para registrar museos y bibliotecas, libertad de ignora r Pero nos llama otro punto importante, y al cabo sta no es ms que una digresin, que por la gravedad de la materia y su enlace con la principal, espero me dispensarn los lectores. Acaso se preguntar cmo siendo tan evidentes las razones que abogan a favor de la precedencia de la Fsica sobre la Ideologa en el plan de estudios, se haya enseado sin embargo por espacio de tantos siglos segn el mtodo contrario: cul ha sido el origen de semejante prctica? pues hasta la ms extravagante preocupacin envuelve una explicacin filosfica; no hay nada en balde, ni nada sin por qu, y dado ste queda el entendimiento del investigador como ms convencido y satisfecho. V oy a tratar de explicar el fenmeno con la posible brevedad. No puede hablarse sobre el origen de la Filosofa y de las cuestiones filosficas sin que los ojos del entendimiento se conviertan hacia la Grecia. Los griegos, estos hombres tan aptos para el estudio de las ciencias y las artes, se extraviaron sin embargo en sus primeras investigaciones. stas recayeron como era regular antes que todo sobre los fenmenos naturales, y recuerde de paso el articulista que Thales Milesio, Pitgoras, antes de ellos sus maestros los egipcios, y despus de ellos el grande Aristteles, principiaron sus estudios por la indagacin de los fenmenos naturales. Precisamente lo que les extravi fue el apartarse de la senda de la observacin y la experiencia por un lado, y el prurito por el otro, de aplicar los principios matemticos (no las matemticas como instrumento) a la naturaleza de las cosas. A la primera causa se deben los errores 24. Son muchos los llamados, pocos los elegidos ( Mat 20, 16 y 22,14).

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92 \ 92 \ MAYO 1838 de Thales Milesio en Fsica, a la segunda los de Pitgoras, que justamente alucinado con los prodigiosos resultados que l mismo alcanzara en la ciencia de la cantidad, pretendi forzar a ellos la naturaleza. As vino a parar la ciencia Fsica o en una verdadera adivinacin, o en un aparato matemtico tan ridculo como gratuito. En este estado de cosas aparece el gran Scrates, y viendo el abandono total en que yaca la ciencia de los deberes, y aun palpando el contagio de los principios de aquella errada Fsica, atrajo el estudio de la moral con el consejo y el ejemplo a la juventud ms granada de su patria. La miserable situacin en que se encontraban las ciencias fsicas, la excelencia del nuevo mtodo de Scrates y la importancia de la moral fueron todas causas harto eficaces para que cayera en descrdito el estudio de unas ciencias esencialmente experimentales. No es extrao, pues, el estudio de estos ramos que estaban agitando las grandes cuestiones vitales de la moral y de su hija la poltica: no olvidemos la suerte de Scrates. Scrates aun ms que el sabio, fue el Apstol y el Mrtir de su patria. Vino despus un genio extraordinario, el primer discpulo de Scrates, Platn, a ahondar ms los cimientos de la moral que haba zanjado su maestro, teniendo para ello que levantar el edificio de las ideas. Aun el mismo Aristteles, a pesar de haber principiado a cultivar y cultivado con tanto xito para su tiempo las ciencias fsicas, contribuy tambin eficazmente a llamar la atencin sobre las intelectuales, no slo intentando fundarlas sobre la Psicologa, sino haciendo el primer ensayo de una Lgica propiamente tal. Vino despus el cristianismo, que tuvo una influencia tan considerable en espiritualizar el linaje humano, y que mirado como sistema filosfico, puede considerarse como la suma potencia a que ha podido elevarse el sistema de Platn. Entr despus el escolasticismo a revivi r o mejor dicho, a hacer degenerar las doctrinas de Aristteles: la obra del escolasticismo fue sustituir la forma a la sustancia, y no dar forma a la sustancia como se propusiera el Estagirita: fue desterrar las cosas, y entronizar las palabras. Llegados a este trmino los filsofos, cmo haba de existir la ciencia? Cmo haba de creerse que existiese en la observacin de la naturaleza? As que no es extrao que arribasen al punto de considerar a la Teologa y la Jurisprudencia como las facultades por excelencia, bien que la Teologa lo sea por la sublimidad de su objeto, dando desde luego un lugar distinguido, como el instrumento ms a propsito, como el arma indispensable para las contiendas literarias, a la Dialctica, no precisamente a la Lgica, y a la Metafsica, no precisamente a la Psicolgica; tratbase de vence r no de convence r Apenas si se concedi un rincn a las ciencias naturales en el artificioso andamio de escolasticismo; todava se notan vestigios de lo que fue, todava se apellidan maestros en artes los doctores en Filosofa. Y a la verdad que poco se perda con empezar por la Lgica o

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 93 / 93 por la Fsica; porque todo era una melaza de frvolas palabrillas y distinciones o un caos confuso de especulaciones metafsicas. 25 Hasta que vino al mundo el gran Bacon de V erulamio para cortar con su pujante hacha tan enmaraada espesura y con su antorcha refulgente alumbrar el camino que siempre va derecho a la verdad. De entonces ac datan los verdaderos progresos en todos los ramos del saber humano, sin que pretenda yo por un instante que los antiguos no adelantasen, as en las ciencias como en las artes (pues en stas quin podr acercarse a los griegos?) Lo nico que se deduce de lo dicho es, que no adelantaron todo lo que con su genio hubieran alcanzado, y aun se retrograd de veras, pues hay mucha distancia entre los fundadores de la Filosofa griega y los campeones del escolasticismo en cuyas manos degener hasta la buena semilla que en s llevaba la ciencia griega. Despus de Bacon no slo principiaron a estudiarse las ciencias por el debido mtodo, sino con la debida separacin, tanto ms necesaria cuanto las mies iba siendo ms abundante. As es que en todas partes se fundaron nuevas ctedras y se reformaron las antiguas, apareciendo los Cartesios, los Galileos, los Newtones, los Leibnitz, y dividindose y subdividindose cada vez ms los ramos del saber en manos de sus diversos cultivadores hasta el punto que vemos hoy por toda Europa. Espaa empero no sinti tan pronto los saludables efectos de tan fundamental reforma: estaba en su suelo harto arraigado el rbol del escolasticismo por varias causas especiales, que es cosa ms larga de conta r para que fuera fcil empresa el extirparlo; mas al fin llegaron a ella tambin los derrames de aquel torrente, siendo entre otras no dbil prueba, a pesar de lo establecido en sus universidades, la Prevencin del reglamento dado por la Direccin general de estudios de 1825 para los colegios de Humanidades sobre cursar sus alumnos las ciencias naturales y matemticas primero que las intelectuales y morales: 26 reglamento que no se mand tener a la vista, por la misma Real disposicin, para conformar a l nuestro plan; y esta fue otra de las razones bien que filosficamente no tan fuerte como las anteriores, de que se hizo mrito en mi citada Advertencia. Es causa, pues, la presente, pasada en autoridad de cosa juzgada en todo el mbito de la culta Europa. 25. Tampoco debe echarse en olvido como otra causa de descrdito para las ciencias naturales en la Edad Media, el haber cado los pocos conocimientos experimentales que se posean en manos de gentes como los alquimistas, mgicos y otros tales de este jaez. Me queda el sentimiento de que por consultar la brevedad he tratado este asunto como a saltos; pero advierta el lector que ms hubiera querido andar naturalmente que saltar; que los lmites de este papel no me permiten otra cosa. 26. En Espaa misma, desde el siglo pasado ya se enseaban las ciencias fsicas con entera independencia de las intelectuales, esto es, separadamente y sin preceder la Lgica: testigos los colegios de los cuerpos facultativos; otro testigo, el Instituto Asturiano.

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94 \ 94 \ MAYO 1838 Y parecindome con lo expuesto, no agotada, que no lo quedara en un volumen, pero s suficientemente examinada la cuestin, omitir recorrer una por una otras especies que figuran en el comunicado. Ha sido mi nimo hacer desaparecer en mi contestacin, o sea ms bien exposicin, hasta la sombra de las personas, para dejar el campo franco a las cosas: sobre una tan slo que me es personal osar llamar la atencin, y eso en gracia de la justicia y del respeto que debo al pblico. Trtase de patentizar que no de ahora, sino de muy atrs me ha guiado en la adopcin de mis ideas el espritu de examen, y no la mera consideracin de ser invenciones modernas. Bien veo que el autor del comunicado no lo dice precisamente por m (pues lejos de ello me prodiga excesivos elogios), sino ms bien por los otros individuos con quienes haba antes empeado el combate. Dir ms: a no haber estado persuadido, por el tenor de su mismo papel, de su completa buena fe, de su sincero deseo por hallar la verdad, ya me hubiera abstenido de empuar la pluma. Cabalmente conociendo la propensin de la juventud a traspasarse a los extremos, quise poner un valladar llamndole la atencin sobre el valor que merecen muchas de las ideas de los antiguos; repetidas pruebas de ello se encontrarn en el discurso de mi Elenco, y sealadamente en la proposicin 16, donde se lee: El silogismo no es ms que una forma del discurso, o un medio para la deduccin. Por consiguiente, no decimos de l ni todo el bien que le atribuyeron los escolsticos, ni todo el mal que le acumulan los modernos. El escolasticismo qued derrocado; y una revolucin verdadera siempre se excede en su primer fervo r El tiempo es el que de todo hace justicia. Y la 97: Es tambin una vulgaridad despreciar lo que dijeron los filsofos antiguos cuando no lo podemos comprender (que es el non plus de la imparcialidad, si no es que peca en sobra de respeto). Ms de una vez nos ha enseado la experiencia que sus palabras bajo el velo de la paradoja, envuelven grandes conceptos y profundas observaciones. En el citado Elenco se notar tan pronto defendida una opinin de Cartesio como impugnada otra; tan pronto estar del lado de los espiritualistas como de los sensualistas, ora aplaudiendo a los idelogos, ora modificando, ora restringiendo, ora refutando sus doctrinas: en resolucin, se ha procurado, pero con alma, vida y corazn, inspirar a la juventud el verdadero espritu de la crtica filosfica, hasta el punto de predicarle con el consejo y el ejemplo; que un profesor entendido y de conciencia debe proporcionar a sus alumnos los medios de juzgarle, acostumbrndolos a apelar a sus propias observaciones. (Vase la proposicin 95.) Que el filsofo jams debe prodigar su admiracin por no hacerla degenerar en culto. (Proposicin 96.) Que no obstante de parecer excusado el dictar precauciones contra la autoridad en medio del siglo XIX todava se les repite y se les inculca que la autoridad es un Proteo que se presenta bajo mil formas para ejercer su maligna influencia: la novela, la moda, el espritu

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 95 / 95 del siglo, la ligereza, la presuncin, el amor propio no son ms que ropajes con que se viste la autoridad para avasallar nuestra razn. (Proposicin 94.) Y quin puede dudar que el ms acrrimo enemigo de la reforma propuesta es el mismo fantasma de la autoridad, apoyada en el derecho de prescripcin inmemorial a falta de otros ttulos de mejor categora? Por qu a nadie, ni aun a los mismos opositores al nuevo plan, repugna ni ha repugnado que se enseen las Matemticas primero que las ciencias morales? Porque haba tiempo que as se enseaban. Es necesario tener ya la razn sumamente forticada para poder sacudir el yugo de la autoridad en cualquiera forma que se presente y qu forma ms temible para el endeble entendimiento de los discpulos que las palabras del maestro? La autoridad es una planta que tiene su semilla en el corazn del hombre: ella le es tan caracterstica como su misma fragilidad: el que no sabe andar es necesario que se apoye en el que ya camina, el que no ve bien claro necesita de gua que le alumbre. Cuntas veces nos hemos burlado del magister dixit de los Pitagricos, sin reparar que envuelve un documento precioso en la historia primitiva del espritu humano! A los maestros se debe respeto, pero no fe. Lo primero est en el orden de la naturaleza, lo segundo fuera de l; el principio es til, la exageracin perjudicial. Mi nimo ha sido a un tiempo demoler la autoridad y poner coto a la presuncin. Y o quisiera contribuir con mi bolo para afirmar el imperio de la razn, y ningn principio me parece ms adecuado al caso ni reasume mejor el espritu de esta discusin, que el mismo que dict mi Elenco; desde cuya portada hasta su fin no se lee otra cosa bajo diversas formas, sino Obest enim plerumque iis qui discere volunt auctoritas eorum qui docent. 27 Habana y junio 8 de 1838. 27. Por lo general, la autoridad de los que ensean es perjudicial a los que quieren aprender.

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IV IV CUESTIN DE MTODO SUSCIT CUESTIN DE MTODO SUSCIT AD AD A A EN P EN P UER UER TO PRNCIPE TO PRNCIPE POR E L C RTICO P ARLERO (A NTONIO B ACHILLER Y M ORALES ) ( Diario de la Habana junio 19 de 1838.) No es el punto de la cuestin determinar el hecho de que se puede estudiar lgica antes que fsica. Aos ha que est resuelto. Trtase empero de investigar en qu circunstancias ser ms provechoso cada uno de estos estudios. Todo linaje de conocimientos se limita a hechos o inducciones. A ellos se reduce para nosotros la naturaleza. Los hechos o sensaciones los perciben nuestros sentidos que saben por instinto rectificar sus impresiones, razn por que sin saber lgica se puede senti r acto que ni aun es voluntario; pero las inducciones ya pertenecen a nuestras facultades intelectuales, porque son relativas a realidades que no perciben los sentidos. La mayor parte de estas concepciones de la mente corresponden al anlisis previo de las sensaciones, y mientras ms grande sea el hbito de analizar los hechos, ms en el camino del acierto estar el hombre observado r. Toda personalidad es un obstculo a la conviccin. Cartas a Elpidio JUNIO

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 97 / 97 Y quin duda que entonces, rico de hechos, podr combinar y metodizar con ms til estudio sus conocimientos? Un escritor francs ha dicho que la lgica es la ciencia de las consecuencias y cules sern ms numerosas y exactas en los dos sistemas? Vrsase la lgica sobre ideas, que stas son relativas a sensaciones externas o internas que nuestro sentido ntimo produce, y es grande el caudal de aqullos para que sea de poco momento el que proporciona el estudio de la fsica con ms agrado e inters a la juventud para que el preceptor filsofo postergue su estudio a otro ms intelectual. Invocando el testimonio de los antiguos autores sobre los estudios relativos al entendimiento, el seor Rumilio olvida que entre el sistema de Aristteles, o sea el de sus seudodiscpulos, las smulas, dialctica y lgica magna, eran cosas muy distintas de lo que hoy se llama lgica. El ejemplo de la amianidad servira para que se pusiesen en boga sus ingeniosos, pero intiles mtodos intelectuales, y tal es la idea del seor Rumilio? Si diversa es la lgica de las escuelas de la actual, aun es mayor la diferencia que existe entre la fsica escolstica y la experimental. Basta examinar la definicin de la fsica escolstica para convencerse de que se necesitaba de un entendimiento lustrado con las argucias de la lgica y baratijas 1 de las smulas para su estudio. La fsica, deca, no tiene por fin la observacin de las cosas, sino que es su objeto el ente natural sensible, de tal modo que su razn de objeto no prescinde de la sensibilidad; y puede acudirse al arsenal intil y helado de la estril habitud en busca de armas defensivas contra los juveniles bros de la nunca vieja razn. Y o espero que mi digno compatriota, el individuo a que se refiere el seor Rumilio, haga vigoroso alarde de sus buenos conocimientos ilustrando con sus luces la suscitada polmica, motivo que pone justo trmino a mis deseos de contestar por prrafos el comunicado que motiva este artculo. Cuando tom la pluma, dos eran mis objetos: 1, recomendar en tan filosfica cuestin la calma y templado estilo de la discusin, sin asomos de personales alusiones que conviertan en disputa lo que debe ser examen. Discutamos, pero no disputemos: lo uno muestra deseo de aprender a ensear; lo otro terca y necia presuncin; 2, manifestar al seor Rumilio cunto se equivoca en pensar que sea flamante y peregrina idea lo que es pensamiento que tiene muchos aos de emitido y practicado; lo que indica no es vrtigo de novelera lo que ha creado partidarios al seor Luz, que fue el primero en plantarle en nuestra Habana. Empero, traspas los lmites de mi propsito entretenindome en trazar las antecedentes lneas, y por evitar al lector un rato de mayor fastidio 1. Expresin del ilustrsimo Feijo.

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98 \ 98 \ JUNIO 1838 me detendr en probar solamente la segunda parte del anterior prrafo, que la primera en sus trminos est probada. El abate de Pluche, en su curiosa y apreciable obra titulada Espectculo de la naturaleza escrita con el objeto de instruir a los jvenes en las particularidades de la historia natural y lo que al hombre atae considerado en s mismo, despus de recorrer los tres reinos de la naturaleza, despus de haber escrito nueve tomos en cuarto, crey el momento de ensear la lgica. Pluche, pues, no es novador; no es un entusiasta por las ideas del siglo en que vivimos porque l escribi a los principios del prximo pasado. El sabio Almeyda, cuyos escritos se leen con provecho y placer a pesar de los adelantamientos que se han verificado ltimamente en materias filosficas, aplic a su discpulo todo lo perteneciente a fsica, y destin el tomo sptimo de sus Recreaciones a la enseanza de la lgica; y para autorizar con razones su opinin se expresa en los trminos siguientes, con tanta nitidez como valenta de expresin: No me arrepiento de no habrsela dado a Eugenio, antes de la fsica, como es costumbre en las aulas; la casualidad lo dispuso as; y yo hallo conveniencia en lo que sucedi por acaso. Despus de haber tratado de la filosofa natural o del cuerpo, es el lugar propio de tratar de la filosofa racional o del alma; pues estas materias son ms delicadas por menos sensibles. Fuera de que conviene que la primera sala de este gran palacio de la sabidura sea la ms clara y alegre, para convidar y atraer a todos a que entren en sus ms recnditos u oscuros gabinetes. Y o hago con vos, Eugenio, en la cultura del entendimiento, lo que hacen los labradores con aquellos que de nuevo se aplican al cultivo de los campos. En los primeros aos sin darle precepto alguno, van con ellos labrando las tierras, y despus que la prctica los tiene medio enseados, entonces juntan con ella las mximas o reglas por las cuales se deben gobernar y guiar en todas las dems sementeras y labores; y cayendo estos preceptos sobre la prctica que ya tienen, los perciben mejo r y despus con facilidad los ejecutan. As hice yo con vos: tomos por la mano, y he ido discurriendo por todo el mundo: hoy os preservaba de una equivocacin, maana os sacaba de un erro r al otro da os enseaba a detener el paso hasta descubrir lugar firme en que pudiseis asegurar los pies para el discurso; y ahora que tenis ya ejercicio de discurrir con prudencia, estis capaz de recibir todos los preceptos para la cultura de vuestro entendimiento. Y ser de poco valor el voto de este sabio a los ojos del seor Rumilio? No, le creo con la mejor intencin, y por lo mismo ya que tan pagado est de la fuerza de la autoridad literaria, cito la opinin de filsofos respetables. Queda demostrado que en F rancia y Portugal hace muchos aos que es conocido el mtodo que se apellida una novedad, y que en Espaa en 1772 ya se haba hecho la 3 edicin del Espectculo y en 1803 la tercera de las Recreaciones en cuyas obras se proclama.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 99 / 99 Por ltimo, el pensar de maneras distintas no es un crimen, y cuando los argumentos lgicos de que uso no tengan parte en el convencimiento de los que no tienen mis ideas, los argumentos cronolgicos, como relativos a hechos, son concluyentes respecto del equivocado concepto en que est el seor Rumilio, creyendo peligrosa novedad un sistema tan antiguo como la verdadera filosofa en la Pennsula ibrica y mucho ms en las naciones que la precedieron en tales estudios. El Crtico Parlero V V IDEOLOGA Y LITERA IDEOLOGA Y LITERA TURA TURA 2 2 1 1 NECESIDAD DEL ESTUDIO DE LA IDEOLOGA NECESIDAD DEL ESTUDIO DE LA IDEOLOGA P P ARA EL DE LA LITERA ARA EL DE LA LITERA TURA TURA P OR M ANUEL C OST ALES ( La Siempreviva t. I, p. 13, 1838.) Entre los estudios que reclaman particularmente de los desvelos del hombre, que esclarecen su espritu, rectifican su juicio y perfeccionan el buen gusto desarrollando su razn, enriquecindola con el tesoro de los conocimientos tiles, ninguno le ofrece ms encanto y atractivo que el de la literatura. A su poderoso influjo, como al toque de un talismn, siente el alma las dulces emociones del place r la fantasa presenta sus ms brillantes creaciones, hierve en sus venas el fuego santo del entusiasmo, inflmase en el deseo de la gloria, y produce entonces las acabadas concepciones del ingenio, los portentosos triunfos del talento. Si la maledicencia asesta contra l sus dardos, si la desgracia lo persigue, si el infortunio lo abruma, las letras derraman en su alma lacerada el balsmico consuelo, que si no destruye sus crueles padecimientos, mitiga al menos la acerbidad de su dolo r y humedece sus ojos con una lgrima, tributo eterno de su desventura, de su afliccin, de su congoja. S, lloramos en el dolo r lloramos tambin en medio del consuelo, porque nuestro oprimido corazn respira nicamente con el dulce alivio de las lgrimas. 2. Ttulo de Roberto Agramonte.

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100 \ 100 \ JUNIO 1838 Empero si el estudio de la literatura exige ms que otro alguno la observacin continua del hombre y sus relaciones, el anlisis de sus facultades intelectuales y morales, y si stos son precisamente el objeto de la Ideologa, no puede dudarse que el literato debe ser idelogo; o mejor dicho, que al estudio de la literatura debe siempre preceder el de la Ideologa. Cuando los vivos resplandores de esta ciencia no iluminaban al hombre en sus investigaciones, cuando arrebatado ste por el furor de las abstracciones despreciaba sus mximas saludables, nacieron los principios ms absurdos, creronse las teoras ms impracticables, los sistemas se sucedieron unos a otros, y las verdades ms sencillas se sujetaban a oscuras y complicadas doctrinas; la naturaleza no era entonces para el hombre ms que un confuso laberinto, un caos incomprensible; la incertidumbre no la certeza, el error no la verdad, el delirio no la razn constituan su triste patrimonio. Fundador de escuela unas veces, partidario otras de las que ms aceptacin hallaba, extravise en intiles conjeturas, en torpes y arbitrarias consecuencias, cuyo estudio emprendemos no porque pertenezcan a las ciencias, pues los errores nunca son parte de ella, sino de su historia, ms o menos lamentable segn las preocupaciones que las separaron de la verdad. En tan triste confusin y desorden proclam la Ideologa la exactitud del raciocinio, busc el origen de las ideas, estudi al hombre intelectual, perfeccion su conocimiento con el del hombre moral, y cayeron como por encanto aquellos colosos tan gigantescos y sorprendentes, como dbiles y deleznables eran los fundamentos en que se levantaron. El idelogo ahuyent con sus luminosos principios las tinieblas de la ignorancia, convoc a pretendidos sabios escritores, seal el error para destruirlo, la verdad para abrazarla, y caus una revolucin tan inesperada como til y ventajosa para el gnero humano. La razn recobr su imperio, la imaginacin vio destruidos los monstruos que en su delirio haba creado, y teniendo por norma la naturaleza, prest ms encantos a la poesa, su influjo y poder a la oratoria. Esta fue a su vez despojada por la Ideologa de los sofsticos adornos con que quisieron vestirla el capricho de las invenciones, la exaltacin y desorden de las pasiones. Abriron tambin para ella las sendas bellsimas de la naturaleza, e invocada entonces la verdad, el orador fue idelogo porque raciocinaba, fue filsofo porque estudiaba el corazn humano. Estas sencillas reflexiones bastan para conocer que a la luz benfica de la filosofa se deben los adelantos de las ciencias, los admirables progresos de las bellas artes, y para decirlo en una palabra, se le debe cuanto tiene al hombre de til y ventajoso el perodo brevsimo de su existencia. No hay signos sin ideas, sin ideas no hay pensamiento, sin pensamiento no hay raciocinio, sin raciocinio no hay discurso, y sin ste nada hay apreciable para el hombre. V ed, pues, cmo la literatura no puede existir sin la

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 101 / 101 Ideologa: si ella niega su auxilio, enmudece la elocuencia, calla la poesa, o se sustituyen a sus encantos y bellezas las monstruosas concepciones de la fantasa. Creen muchos que la amenidad y delicia de la literatura no pueden nunca hermanarse con la rectitud de los principios ideolgicos, y alucinados con tan funesto error no slo los desatienden, sino que los prescriben de sus trabajos, pronunciando un terrible anatema que muy pronto da a conocer su temeridad, obcecacin e ignorancia. La literatura funda sus bases en la naturaleza, el hombre repugna todo lo que se opone a ella, y como la Ideologa no es otra cosa que un resultado de sus leyes, en las cuales, no en los principios, se funda el mtodo analtico, objeto de sus investigaciones, es indudable que slo el error y la preocupacin pueden inspirar una doctrina contrariada por la razn, y cuyos sectarios dan en su misma obra las terribles armas con que combatirlos, la seguridad y certeza de vencerlos. De aqu es que con harta frecuencia advertimos tantos errores, tantos defectos, tantas inexactitudes en muchas obras que diariamente ven la luz pblica, inexactitudes, errores y defectos que oscurecen forzosamente el mrito ms sobresaliente, si es que puede tenerlo una obra en que falten o se contraren los principios ideolgicos. Esta sera una obra sin mtodo, sin plan, sin exactitud en los pensamientos, sin solidez en el raciocinio, sin orden y enlace en las ideas; una obra que slo contendr los delirios de la razn, la demencia de los sentidos y el desenfreno de las pasiones; que convertir al hombre en un ser incomprensible, y que desvanecidas las primeras impresiones de la novedad, en vano buscar el lector en la naturaleza el tipo de tantas anomalas, porque ella no fue, ni pudo se r objeto de las observaciones del auto r. El novelista, el orado r el poeta reclaman sin cesar los auxilios de la ciencia ideolgica. Imposible fuera arrancar una lgrima de piedad o de dolo r conmover el corazn, inspirar amor a la virtud, interesar al hombre en las acciones magnnimas y generosas, si no hubiera exactitud en las ideas, profundidad en los pensamientos, calor y vida en las imgenes, brillantez y colorido en las descripciones. Imposible fuera persuadi r deleitar y conmove r si el don de la palabra, reflejo de nuestros pensamientos, no guardara relacin con stos; si no se presentaran las ideas con orden analtico para que el entendimiento perciba la solidez y fuerza de la argumentacin. Ni podran tampoco despertarse simpatas en el corazn, pues para conseguirlo necesita el orador poseer el conocimiento del hombre moral, y esto jams podr alcanzarlo sin previo conocimiento del hombre intelectual, sujeto exclusivo, segn hemos dicho ya, de la Ideologa. Imposible fuera que el canto del poeta interesara a los mortales, si la sublimidad de los pensamientos, la valenta de las ficciones, la rigorosa

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102 \ 102 \ JUNIO 1838 exactitud de las ideas no divinizaran su ardiente inspiracin y trasmitiera a la posteridad el precioso fruto de sus observaciones. La colocacin y armona de las voces, seran bastante para conseguirlo? Y pueden acaso existir las voces sin que representen precisamente las ideas? No son stas las que persuaden al hombre, las que le hacen conocer la naturaleza, importancia y relacin de las cosas? No son stas las que traspasan de dolor o inundan su alma en un torrente de delicias? Fcil es alargar el odo con la colocacin y artificio de las palabras; empero pronto se cansa el hombre de las ficciones, busca la realidad de las ideas, y lo que antes mereci su atencin, o viene a ser un ligero pasatiempo que pronto olvida, o contempla con dolor el efmero triunfo que la novedad arranc de su opinin. Sucede lo mismo respecto de la oratoria. Cuando el hombre reflexivo sujeta a un rigoroso anlisis las mismas palabras que le conmovieron, cuando en el silencio de su retiro examina los pensamientos e imgenes que tanto le deleitaron, y hace una rigorosa diseccin del discurso si nos es permitida esta palabra conoce la falta del plan, la carencia de mtodo, la futilidad de las razones que le persuadieron; y si su alma se conmueve, si su entendimiento se convence, ve entonces con amargura su engao y debilidad, y rasga indignado el velo que cubra el artificio del orado r contemplando en ste, no al filsofo sino al sofista, no al hombre que busca la verdad, sino al que pretende slo apagar sus ms vivos y brillantes resplandores. La historia exige tambin el firme apoyo de la ciencia ideolgica. Qu utilidad, qu servicios prestara el hombre si sus pginas no estuvieran escritas por la pluma del idelogo? Las generaciones presentes veran en la relacin de los hechos pasados los fantasmas que la ignorancia inventa y la realidad abulta, y al juzgar las venideras sobre los acontecimientos que actualmente ocurren, ni sabran calificar la moralidad de nuestras naciones, ni aventurar siquiera la idea de nuestras inclinaciones, vicios o virtudes. El historiador que contempla los monumentos pblicos, sin investigar las causas, origen y fundamentos de su existencia, sin consulta r auxiliado de los sanos principios de la Ideologa, la tendencia de la poca, la opinin reinante, integridad y costumbres de los moradores, y la influencia de otras causas bastantes a veces para levantarlos, aumentara la oscuridad que tras s deja el transcurso de los siglos, y no cumplira su santa y augusta misin. La rectitud ideolgica da a las observaciones del historiador aquel grado de verdad, aquella inalterable imparcialidad que son indispensables para juzgar con tino y acierto de las cosas. Ella mira los acontecimientos pasados con el criterio que le inspira esta ciencia, revela las turbulencias de los imperios, las conmociones sociales, los torrentes de sangre que

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 103 / 103 hicieron derramar las revoluciones polticas, los vicios, crmenes, excesos y virtudes del pueblo que describe, y pronuncia su terrible fallo contra las acciones magnnimas que inmortalizaron la memoria de los hroes, y sobre aquellas que trajeron sobre su cabeza la execracin y odio de la posteridad. Y podra conseguirlo sin la fuerza del raciocinio, sin la solidez del pensamiento, sin la exactitud de las ideas? Podra conseguirlo sin la coordinacin y enlace de esas mismas ideas, sin la identidad de ellas con los sucesos que refiere? La Ideologa es la antorcha luminosa que disipa las densas tinieblas del erro r que la hace conocer al travs de los siglos y de las preocupaciones de los pueblos los hechos que su imparcialidad refiere, la influencia que ejercieron y las consecuencias que originaron. El literato, pues, debe ser idelogo, y debe tambin serlo el que quiera gustar los encantos y delicias de las bellas letras, pues as como al hombre no le es dado explotar la tierra, ni alcanzar los ricos tesoros que encierran en sus entraas sin los conocimientos geolgicos que lo conduzcan a tan ansiado fin, as tampoco podr apreciar el mrito literario, ni perfeccionar el buen gusto sin el caudal de conocimientos intelectuales que proporciona el importante estudio de la Ideologa.

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VI VI IDEOLOGA Y LITERA IDEOLOGA Y LITERA TURA TURA 1 1 2 2 P OR E L E CLCTICO [J OS Z ACARAS G ONZLEZ DEL V ALLE ] ( Diario de la Habana agosto 11 de 1838.) Con el ttulo Ideologa se ha publicado un artculo en La Siempreviva firmado por M. Costales. Suplicamos al autor crea que al emitir nuestra opinin sobre su estreno pblico no nos mueve motivo alguno de animosidad personal, sino el deseo de servir en algn modo a la juventud de nuestra patria, salvando al mismo tiempo el estado actual de la filosofa. Al leer el ttulo Ideologa sospechamos que el autor perteneca a la escuela de Condillac, puesto que la divisa corresponde al sistema decado de la sensacin y nos vino a la mente el delenda est Carthago 2 porque el lema slo! trae todos los resabios del estril exclusivismo a que se conden tan mal parada escuela, sin embargo de que por nuestros ojos han AGOSTO 1. Ttulo de Roberto Agramonte. 2. Hay que destruir a Cartago (obsesin de Catn).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 105 / 105 pasado elencos, donde se ha querido asociar esa ensea del siglo dieciocho con la de Psicologa que usaremos conforme a los progresos de la Filosofa. El autor se propone probar la necesidad del estudio de la ideologa para el de la literatura. Los dos primeros prrafos se dirigen a encarecernos los encantos y atractivos de la literatura, pero se nos encarecen de un modo tan general y vago que lo que se dice de ella se podra aplicar con igual razn a cualquiera de las bellas artes. El cuarto prrafo se puede considerar como el principio del artculo; sentimos tener que reproducir la misma observacin con respecto a los dos primeros. Se nos dice de un modo tambin general y vago: cuando los vivos resplandores de esta ciencia (ideologa) no iluminaban al hombre en sus investigaciones, cuando arrebatado ste por el favor de las abstracciones, despreciaba sus mximas saludables, nacieron los principios ms absurdos, etctera. Pero no nos dice cundo existi esta poca calamitosa, no se digna indicarnos el siglo o los siglos que condena a estar fuera de la humanidad, a no contribui r en comunin con los otros, al adelanto de la civilizacin. Fjense las pocas, desgnense los condenados y acaso encontrarn algn compasivo que vuelva por su honor y los redima. Este modo de expresarse as tan general y vago lo pone a cubierto de cualquier ataque, pues si se le hiciese por ejemplo la observacin de que Aristteles o Platn fueron psiclogos, en cuanto lo permita su poca, nos podra decir que se haba contrado a la poca anterior al diluvio. Aun en este perodo tan general y vago se advierte una contradiccin, pues si era arrebatado el hombre por el furor de las abstracciones, deba ser arrebatado por el furor psicolgico, si podemos valernos de esta expresin, porque siendo la psicologa el estudio de las ideas, claro es que el furor de las abstracciones se resuelve en el furor psicolgico. Ms adelante en el mismo prrafo aade extravise (el hombre) en intiles conjeturas, en torpes y arbitrarias consecuencias, cuyo estudio emprendemos no porque pertenezcan a las ciencias, pues los errores nunca son parte de ella, sino de su historia... As, pues, V ., seor Costales, estudia historia por satisfacer una curiosidad pueril y nada ms; estudia V. la Grecia por saber lo que pas all sin considerar la influencia que tuvo sobre el mundo romano y ste sobre la edad media, etctera; se pone V en el mismo punto que el primer hombre, con la grandsima diferencia de que los errores de ste fueron necesarios y los de V voluntarios. Esta equivocacin depende de que V cree que hay errores absolutos; tanto el entendimiento, como el teatro en que se ejercita la conciencia, tiene sus leyes necesarias, que se ven forzados a obedece r leyes que les es imposible traspasa r Me preguntar V .: En qu consiste, pues, la variedad de opiniones? En los diversos modos de ver las cuestiones; pues como la reflexin es sucesiva, no puede considerar a la vez todos los elementos de

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106 \ 106 \ AGOSTO 1838 que se compone el fenmeno; tiene que considerarlos aisladamente, y como cada uno de estos elementos es importante, suele aficionarse exclusivamente al elemento que observ y considerarlo como componiendo todo el fenmeno. As, pues, el error es y no puede ser otra cosa que una verdad parcial convertida en verdad absoluta; el filsofo, pues, en lugar de despreciar los trabajos de sus antepasados, debe aprovecharse de ellos corrigiendo sus exageraciones. Traslade V ahora estas observaciones a la conciencia del gnero humano, la historia, y no la despreciar V tanto. El prrafo noveno parece que fue escrito, ms bien para lucir arreos retricos que para la demostracin del programa. Transcribamos parte de l: no hay signos sin ideas, sin ideas no hay raciocinio, sin raciocinio no hay discurso y sin ste no hay nada apreciable para el hombre. V ed, pues, como la literatura no puede existir sin la ideologa... El argumento en que se funda la consecuencia es tan general y vago que igualmente se podra decir: ved, pues, como la qumica no puede existir sin la ideologa, puesto que la qumica necesita de ideas; ved, pues, como para hablar es preciso ser idelogo, puesto que para hablar es preciso tener ideas que expresar; luego los que no estudian gramtica no pueden habla r luego para hablar y entendernos se necesita ser sabio. El seor Costales no admitir, sin dudas, estas consecuencias; pero son rigurosamente deducidas de sus palabras, ya citadas; y el no admitirlas quiere decir que nunca podremos ser tan lgicos, que lleguemos a las ltimas y necesarias consecuencias del sistema que nos domina. El error del seor Costales estriba en que confunde la espontaneidad, precursora y base de la reflexin, con la reflexin misma; es verdad que la reflexin nada crea, y que los mismos elementos que se encuentran en la espontaneidad deben aparecer en la reflexin; pero en la espontaneidad el entendimiento no se da cuenta de las verdades que percibe y en la reflexin s. En el hecho de la espontaneidad no hay diferencia esencial de hombre a hombre: en el mismo grado la posee el hombre ms sabio que el hombre ms estpido: constituye la unidad de la especie humana; la reflexin pertenece solamente a algunos hombres, es causa de los errores y de la variedad de opiniones; constituye la diversidad de la especie humana; espontneamente todos los hombres llegamos al conocimiento de Dios, del mundo de la justicia y de todas las verdades esenciales y fundamentales; pero no a todos nos es dado el conoce r en la forma clara, sabia, reflexiva y distinta, como las conocen los que se dedican al estudio de la filosofa. Imposible fuera, nos dice, que el canto del poeta interesara a los mortales si la sublimidad de los pensamientos, la valenta de las ficciones, la rigurosa exactitud de las ideas, no divinizaran su ardiente inspiracin; el que sea rigurosamente exacto en sus ideas no es poeta; su canto debe ser

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 107 / 107 una sntesis brillante y profunda en la que los colores estn mezclados, pero sin confundirse, y sin abatirse a los pormenores del anlisis; como que l debe ser hijo de aquel estado transitorio de la inteligencia en que desembarazndose de su parte ordinaria y subalterna proceda intuitivamente al conocimiento de la verdad; as es que los profanos y aun el mismo autor del cntico, pasado el momento del entusiasmo, tienen que recurrir a mil ideas intermedias para llegar al conocimiento de la verdad, que por un don especial de la divinidad le fue dado conocer a aqul intuitivamente. Esta es la razn por la que sufrimos el lenguaje imperioso de los poetas; pues conocemos que son simples espectadores, como nosotros, del fenmeno que los domina, y que Dios mismo es el que se expresa por ellos, segn la expresin de un vate insigne. Se ha considerado como una inconsecuencia de la escuela a que pertenece el seor Costales el celebrar y aplaudir a los poetas, pues no admitiendo otro origen de los conocimientos que la sensacin, y otro gua y norte de las acciones que la utilidad, desconoce la base y origen de la poesa, esta virtud espontnea e intuitiva que tiene el entendimiento para conocer y comprender la verdad sin necesidad de intermedio alguno y sin pedirse ni darse cuenta de ella. No cansaremos por ms tiempo la paciencia del lector; el artculo Ideologa si estuviera bien desempeado, pertenecera al siglo dieciocho; pero ni an este mrito tiene, pues todo l se reduce a cansadas declamaciones sobre el estudio de la ideologa, lugares comunes sobre la ignorancia, literatura, historia, etctera, y reflexiones generales y vagas, que aunque verdaderas, pudieron excusarse puesto que todo el mundo sabe lo que se recomienda en ella.

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108 \ 108 \ AGOSTO 1838 VII VII IDEOLOGA Y LITERA IDEOLOGA Y LITERA TURA TURA 3 3 3 3 P OR M ANUEL C OST ALES ( Diario de la Habana agosto 16 de 1838.) Rectificar las ideas, sealar con tino y discernimiento el erro r convencer y persuadir la falsedad y equivocado conc epto de las doctrinas que se establecen, no menos que las consecuencias desarregladas que de ella se deduzcan; en una palabra, combatir con imparcialidad y entereza la ignorancia, proclamando siempre la verdad, tales son los principios luminosos, tal el objeto que dicta y se propone una Filosofa dulce y consoladora, principios que deben tenerse muy presentes cuando queremos juzgar de una obra, de cuyo examen nos hemos ocupado, no empero que invocndose su nombre se d entrada a la animosidad, al espritu de oposicin y a otras pasiones que empozoando las observaciones del escrito r alejen la calma y sosiego de la reflexin, y hacen por consiguiente dudoso, si no imposible, la exactitud y acierto del raciocinio. Decimos esto con motivo del artculo que bajo la firma El Eclctico se public en el Diario de aye r relativo al discurso inserto en el nmero primero de La Siempreviva sobre la necesidad del estudio de la Ideologa para el de la literatura. Bien quisiera, seor eclctico, que respetando V las personas, y observando los deberes que la moderacin impone a todo escritor pblico, se hubiese ocupado en destruir las ideas, en probar la falta de plan, la carencia de mtodo, la debilidad o poca fuerza de las razones y fundamentos que all expuse, porque con esto hubiera V abierto una discusin sumamente til y provechosa; pero el deseo reprensible de impugnarlo, todo le hizo a V. olvidar no slo estos deberes, sino la obligacin en que precisamente se halla el que critica, es deci r la instruccin y conocimiento de la materia sobre que escribe. La ligereza, sin razn e injusticia, con que V ha procedido, le han conducido hasta el extremo de manifestar que el artculo de Ideologa, si estuviera bien desempeado pertenecera al siglo dieciocho, y aunque esta manifestacin bastara por s sola para imponerme un profundo silencio, quiero no obstante evitar voluntarias y gratuitas interpretaciones, demos3. Ttulo de Roberto Agramonte.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 109 / 109 trndole que V no ha hecho ms que cometer errores y desaciertos en cuanto ha dicho, que V ni es eclctico como se titula, ni entiende siquiera el significado de esta palabra. Entremos, pues, en materia, y despreciando personalidades ajenas a mi carcte r y de toda cuestin literaria, contraigmonos a los particulares de su artculo. Principia V diciendo, que no le mueve sino el deseo de servir en algn modo a la juventud de su patria, salvando al mismo tiempo el estado actual de la Filosofa. Y cules son los ttulos con que V se presenta para darse ese tono de magisterio e importancia? Cul es el ataque que ha sufrido la filosofa actual para que V se nombre su salvador? Cules son los principios que V ha difundido, las doctrinas que ha establecido, los fundamentos que ha expuesto, las razones que ha esforzado, los argumentos que ha producido, para decir ante el pblico que le escucha: voy a servir a la juventud de mi patria, voy a salvar el estado actual de la filosofa? Convengamos, seor presuntuoso, en que no es V el que tal dictado debi darse; convengamos en que V con su artculo no ha hecho, como se lo demostrar ms adelante, servicio alguno a la juventud; convengamos en que V ni es, ni puede ser Salvador de la Filosofa, porque sta en nada absolutamente se ha alterado, y por ltimo es necesario que tenga V presente el principio saludable, Prius est esse quam taliter esse 4 pues procurando observarlo evitar multitud de ocurrencias de sagradables. En el prrafo segundo dice V lo siguiente: Al leer el ttulo Ideologa sospechamos que el autor perteneca a la escuela de Condillac, puesto que la divisa corresponde al sistema decado de la sensacin, y nos vino a la mente el delenda est Carthago ; 5 porque el lema slo trae todos los resabios del estril exclusivismo a que se conden tan mal parada escuela, sin embargo de que por nuestros ojos han pasado elencos donde se ha querido asociar esa ensea del siglo dieciocho, con la Psicologa que usaremos conforme a los progresos de la Filosofa. V amos por partes. Dice V que el ttulo de Ideologa le hizo sospechar que yo perteneca a la escuela de Condillac. Conque por el solo ttulo me juzg V discpulo de Condillac? A cuantos desaciertos nos arrastra la irreflexin! Sepa V ., seor Salvador de la Filosofa, que el ttulo de un discurso, o de una obra, sea la que fuere, no da a conocer las opiniones de su auto r ni mucho menos la escuela a que pertenece; sepa V que esto se conoce nicamente por las ideas que se adoptan; por las doctrinas que se siguen; por los principios que se sostienen. Sepa V que stos, y no otros son 4. Est antes ser que la manera de ser. 5. Hay que destruir a Cartago.

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110 \ 110 \ AGOSTO 1838 los medios que indica la razn, y que ensea la filosofa para obtener el conocimiento que V no ha podido adquiri r. Que la divisa corresponde al sistema decado de la sensacin, y nos vino a la mente el delenda est Carthago porque el lema solo trae todos los resabios del estril exclusivismo. Es un error decir que la divisa (el ttulo Ideologa) corresponde al sistema decado de la sensacin; lo es tambin, y muy grave, calificar de decado este sistema. Sean cuales fueren los progresos de la Filosofa que conocemos y seguimos, porque de estudiantes nos preciamos, el sistema sensualista perder su exclusin, pero no dejar de existir en todo lo dems, porque est fundado en la observacin de los hechos, en la naturaleza misma, y por consiguiente jams podr el hombre destruirlo. Norabuena que haya muchas ideas que mediatamente no se adquieran por los sentidos, norabuena que los adelantos de la ciencia as lo demuestren, norabuena que estos adelantos destruyan la exclusin, slo la exclusin segn se ha dicho ya, de la escuela de Locke; pero todo esto acontece en el estado actual de nuestros conocimientos, es deci r despus que en el hombre se han desarrollado las facultades intelectuales, despus que piensa, despus que es capaz de hacer o formar un discurso. Desprciense si no sus principios, investguese el origen de nuestras primitivas ideas, considrese al hombre en los das de su infancia, y tendremos que ningn espiritualista podr explicar satisfactoriamente la adquisicin de las ideas. De lo expuesto se deduce que debemos seguir la senda marcada ha mucho tiempo por el eclecticismo, es deci r que debemos elegir entre los dos sistemas todo lo que tengan de fundado y razonable, y como V ., seor articulista, declara guerra abierta a la escuela de Condillac, como V se asusta con el solo nombre de ideologa, queda suficientemente probado que V ni es eclctico, ni entiende tampoco lo que significa esta palabra. Por nuestros ojos han pasado elencos donde se ha querido asociar esa ensea del siglo dieciocho (la ideologa) con la Psicologa. La ideologa no es, seor mo, ensea del siglo dieciocho, ella es la ciencia que trata del origen y enlace de las ideas, reconoce por base y fundamento a la naturaleza; y como he dicho anteriormente, el hombre destruir las invenciones, pero no las doctrinas que se fundan en los hechos. Que las ideas se adquieran por los sentidos, o por el espritu sin auxilio mediato de aqullos, no contribuye a la ideologa como la ensea del siglo pasado, puesto que el nombre de Psicologa no denomina esencialmente la ciencia, sino que la determina con ms extensin. Por lo que respecta a los elencos, que dice Vd. haber visto, esto es hablar de ms, pues nada tiene que hacer con la cuestin. Contrayndose V al cuarto prrafo del discurso en que hablo de los absurdos principios a que dio lugar la carencia de conocimientos ideolgicos, dice V que deb fijar las pocas, sealando el siglo o siglos en que tal

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 111 / 111 cosa aconteci. Cuando escrib aquel artculo, no fue mi nimo escribir un tratado completo de esta ciencia, ni menos la historia de la Filosofa; bastaba a mi propsito de mostrar el objeto de dicha ciencia, su necesidad e influencia en la literatura. Lo contrario, ni poda hacerlo por no permitrmelo los estrechos lmites de la obra, ni era necesario ni conveniente, ni conforme a mi propsito. Que Aristteles y Platn fueron psiclogos en cuanto le permita su poca. Esto confirma que la Psicologa no se diferencia esencialmente de la Filosofa, segn dejamos dicho en uno de los prrafos anteriores. Dije en el artculo de La Siempreviva : extravise el hombre en intiles conjeturas, en torpes y arbitrarias consecuencias cuyo estudio emprendemos, no porque pertenezcan a las ciencias, pues los errores nunca son parte de ella, sino de su historia. Y de aqu deduce el Eclctico que yo estudio la historia por satisfacer una curiosidad pueril, y nada ms, que estudio la Grecia por saber lo que pas all, sin considerar la influencia que tuvo sobre el mundo romano y ste sobre la edad media. Lstima da ver a V tan extraviado, seor Eclctico. Qu tienen de comn la historia de las ciencias y la historia del gnero humano? He hablado acaso de esta ltima? La he mencionado siquiera? Por qu, pues, me hace V cargos tan injustos? Porque no es lo mismo leer que leer con meditacin, porque no es lo mismo escribir al capricho que escribir con instruccin y conocimiento. Las ciencias no son ms que un conjunto de principios exactos, y mal pueden avenirse con stos los errores; por eso es que pertenecen a la historia de las ciencias, o lo que es lo mismo, a sus cultivadores. No pudiendo V impugnar el prrafo de La Siempreviva que principia de este modo: no hay signos sin ideas; sin ideas no hay raciocinio, sin raciocinio no hay discurso, etctera, dice V que est escrito para lucir artes retricas, aadiendo que segn mi modo de pensa r para estudiar Qumica se necesita la Ideologa, y para hablar se necesita tambin de esta ciencia y de la Gramtica. Y quin ha dicho hasta ahora lo contrario, seor Eclctico? Para hablar bien se necesita saber gramtica, para hablar bien se necesita saber ideologa. Y la prueba de esta verdad la proporciona V. mismo con las consecuencias extraviadas que continuamente deduce, no menos que con el desorden y falta de mtodo con que escribe. Prosigue V diciendo que mi error consiste en que confundo la espontaneidad, precursora y base de la reflexin, con la reflexin misma, que es verdad que la reflexin nada crea, y que los mismos elementos que se encuentran en la espontaneidad deben aparecer en la reflexin, etctera. Confieso de m que por ms esfuerzos que he hecho, no he podido comprender este prrafo; tal es la confusin y oscuridad con que est escrito! Por ltimo, concluye V con que el que es exacto en las ideas no es poeta. V debi impugnar lo que sobre este particular dije en el artculo de ideologa; mas para ello era necesario meditar y no es V ciertamente aficio-

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112 \ 112 \ AGOSTO 1838 nado a esto de profundas reflexiones. Si el poeta no fuera exacto en sus ideas ningn mrito tendran sus composiciones. La imaginacin, ese don celestial que constituye su prenda ms estimable, debe tener por norma a la naturaleza. De aqu depende el ser tan corto y reducido el nmero de los buenos poetas, porque arrebatados los ms por el furor de sus fantasas desconocieron las bellezas de la naturaleza, creronse un medio ideal e ilusorio, y acostumbrados a extravagancias y visiones, no pudieron luego contener el vuelo de sus abstracciones, cayeron en el delirio, y ste les atrajo la conmiseracin, cuando no el desprecio de los hombres sensatos. Qutese a la poesa la exactitud de las ideas, despjesele de este mrito, y ser nulo, insignificante y efmero su triunfo. Las ciencias no les deben ni una sola verdad a los poetas; antes por el contrario, ellos necesitan de todo su auxilio para instruir e interesar con su canto a los mortales. F also es, por consiguiente, que el poeta, segn V dice, llegue al conocimiento de la verdad intuitivamente sin necesidad de ideas intermedias, y bastante singular y peregrino que, tratando de materias filosficas, diga que Dios habla por boca del poeta. Semejante delirio no merece refutacin. Queda, pues, suficientemente demostrado que V no ha conseguido prestar con su artculo servicio alguno a la juventud, ni menos ha podido ser Salvador de la filosofa actual, pues para este ltimo particular era indispensable 1 que yo hubiese contrariado los verdaderos progresos de esta ciencia; y 2 que V ., seor Eclctico, tuviera la imparcialidad, conocimiento e instruccin necesaria para conseguir tan til e importante objeto. Sin embargo de todo, soy de V su ms atento y S. S. Q. S. M. B. Manuel Costales. Habana, agosto 12 de 1838.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 113 / 113 VIII VIII IDEOLOGA Y LITERA IDEOLOGA Y LITERA TURA TURA 6 6 4 4 P OR E L E CLCTICO [J OS Z. G ONZLEZ DEL V ALLE ] ( Diario de la Habana agosto 24 de 1838.) El seor Costales, en contestacin a mi artculo del da once de agosto, me exige los ttulos con que me presento a impugnarlo. A esto le responder que como individuo de la especie humana tengo una chispa divina de la inteligencia absoluta, me glorio y honro en participar como los dems hombres de las convicciones de la razn, y por consecuencia en disentir de lo que no me parezca arreglado a ella, a no ser que quiera el seor Costales que los hombres sean racionales e inteligentes por ttulos de pergamino, y ni an en esto me encontrar desprevenido, pues tengo como buen bachiller mi ttulo en mi canuto de hoja de lata. De irreflexivo me trata porque sospech, y no juzgu como l dice, que por el ttulo Ideologa perteneca a la escuela de Condillac. Siempre he estado en la inteligencia que el ttulo de una obra nos impona sobre poco ms o menos de la materia que trataba, pues al leer el lema de Ideologa no deb pensar que se tratara del arte de condimentar y sazonar guisados. En prueba de que mi sospecha fue fundada, desafo al seor Costales a que cite un solo eclctico, que lo sea realmente y no se cubra con el nombre para seguir un sistema, que se haya servido de esa expresin; al contrario de los sensualistas, que todos la han empleado. Destutt Trac y que pertenece a la escuela de los ltimos, y que adquiri fama de idelogo, confiesa que Condillac, filsofo de la propia secta, se puede considerar el fundamento de la Ideologa. Para ms corroborar mi sospecha, su mismo artculo viene en mi apoyo, pues a ejemplo de la escuela sensualista empieza buscando el origen de las ideas antes de empezar por el estudio del hombre intelectual; como ellos, desprecia insultantemente a sus antepasados, imitando a Condillac que dijo haber sido los antiguos los primeros ignorantes; y como ellos, no ha entendido lo que explicamos sobre la espontaneidad y la reflexin. En su segundo artculo el seor Costales reconoci su erro r no teniendo la suficiente entereza para confesarlo paladinamente; pero bien se de6. Ttulo de Roberto Agramonte.

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114 \ 114 \ AGOSTO 1838 duce de sus vacilantes palabras que citar: Que las ideas se adquieran por los sentidos o por el espritu, sin auxilio mediato de aqullos, no contribuye a la Ideologa como la ensea del siglo pasado, puesto que el nombre de Psicologa no denomina esencialmente la ciencia, sino que la determina con ms extensin. Luego, si la Psicologa determina la ciencia con ms extensin, claro est que la Ideologa no la determina con toda la que debiera; luego slo el ttulo de Ideologa induce a creer que es exclusivista y sensualista el seor Costales: luego no fue irreflexiva mi sospecha: luego Delenda est Carthago. Que no soy eclctico y que ni entiendo lo que significa esta palabra, cree haberlo suficientemente demostrado el seor Costales, y por qu? Porque declaro guerra abierta al sistema de Condillac. De dnde ha deducido semejante consecuencia? A quin yo declar guerra abierta, a fuer de eclctico, fue al estril exclusivismo a que se conden tan mal parada escuela, pues stas fueron las palabras que estamp en mi primer artculo. Dije estril exclusivismo en lugar de decir fecundo exclusivismo; pero fecundo en errores y desaciertos, pues en moral produjo el egosmo, en poltica la anarqua y la disolucin de la sociedad; la destruccin y aniquilamiento completo de la religin; y la pobreza y mezquindad en las artes y poesa. Confiese V ., seor Costales, que no ha podido comprender el prrafo en que distingu la espontaneidad de la reflexin para convencerlo de su erro r Le aseguro que desde que le escrib sospech que V no le entendera, pues era trasladarlo a V a un campo que su sistema y la tenacidad con que a l se ha aferrado no le deja conoce r aunque V nos diga que conoce y sigue los adelantos de la filosofa. Bastante singular y peregrino se le hace a V que hablando yo de materias filosficas, diga que Dios habla por boca de poeta, y ni lo juzga V. digno de contestacin. En esto se est conociendo al discpulo de Helvecio y Holbach, de esos hombres que queran establecer un divorcio escandaloso entre la religin y la filosofa, que no tuvieron aun en su siglo sino un triunfo momentneo y pasajero, debido ms que a sus obras a los esplndidos banquetes que daban. De muy atrs se ha dicho que un gran poeta latino, a cuya sentencia alud: Est Deus in nobis, agitante calescimus ill o ; 7 y uno de los poetas que ms honor hacen a nuestra patria ha repetido: No en vano agita su ferviente seno/Dios cuando quiere por su voz hablar. Se han enseado acaso? Cuando el poeta, hallndose dominado por la inspiracin y el entusiasmo y con la conciencia de su poca o ninguna intervencin en este fenmeno, refiere a Dios las verdades que no son fruto de su reflexin ni por consecuencia de su voluntad, es deci r de su personalidad, se equivoca acaso? No, sin duda; porque Dios es la sustancia y causa 7. Dios est entre nosotros, y cuando hablamos lo hacemos por su voluntad.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 115 / 115 de las verdades. As, pues, filosficamente como en cualquier otro modo, pues la verdad es una. Dios mismo se expresa por los grandes poetas. Me dice V que no pudiendo impugnar yo el prrafo de La Siempreviva que principia: no hay signos sin ideas sin ideas no hay raciocinio, sin raciocinio no hay discurso, etctera dije que estaba escrito para lucir arreos retricos, y que segn su modo de pensa r para estudiar Qumica se necesita la Ideologa, y para hablar tambin. Con este motivo me dirige V la pregunta: quin ha dicho hasta ahora lo contrario, seor Eclctico? Lo que critiqu en el prrafo de La Siempreviva fue el argumento tan general y vago en que se apoyaba la consecuencia que V deduca, y se lo prob a V ad absurdum 8 V parece que acept estas consecuencias, y por tanto ser preciso prepararnos, segn V ., con estudios ideolgicos para el de Qumica. La otra consecuencia me la adultera V ., aadiendo que para hablar bien, se necesita la Ideologa y Gramtica. Yo no dije ni bien, ni mal, pues la consecuencia rigurosa que se deduce de las palabras de V ., es que para hablar se necesita ser idelogo, pues para hablar sea bien o mal se requieren ideas que expresa r. Si hubiera V entendido la diferencia que establec entre la espontaneidad y la reflexin, sabra V por qu todos hablamos y por qu no todos hablamos bien. Me pregunta V .: qu tiene de comn la historia de las ciencias y la historia del gnero humano? No es nada: su objeto, el hombre. Por ventura la historia de las ciencias no es parte de la del gnero humano, o mejor dicho, no est comprendida en ella? Se diferencian acaso en que la del gnero humano pertenece a nuestra raza y la de las ciencias a la de otro animal distinto? Aqu quin se extrava, seor Costales, V o el eclctico? Afirma Vd. que a la historia de las ciencias pertenecen los errores o, lo que es lo mismo, a sus cultivadores. As, pues, de hoy ms el que emprenda estudios histricos es un visionario: de hoy ms, seor Costales, segn los adelantos de la Filosofa que V conoce y sigue, los estudios de este gnero son no ya pueriles, como primero le dije, sino de todo punto estticos o retrgrados; y de hoy ms, por ltimo, queda asentada la estupenda verdad de que hay una ciencia que consiste en solo aprender los errores de los hombres. Hasta aqu nos hemos ocupado en refutar el artculo del seor Costales. Le suplicamos que en adelante no divague tanto sobre la materia principal, pues habiendo sido su escrito sobre Ideologa la causa de esta discusin, sobre l debe rolar con especialidad que no haga citas infieles, y que deje la ruidosa palabrera con que nos aturde, contestndonos derechamente. 8. por el absurdo.

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116 \ 116 \ AGOSTO 1838 Decimos esto porque habiendo sido nuestro objeto pedir al seor Costales explicaciones sobre su artculo, inserto en La Siempreviva ha huido el cuerpo, dicindonos que no se propuso escribir un tratado completo, o bien que no entenda, y dndose otras veces hasta por sentido. Esperamos, pues, que nos contestar claramente sin exordios, rodeos, ni generalidades, fijndonos la poca en que despreciaba el hombre las mximas saludables de la Ideologa, pues para esto no es preciso escribir un tratado completo, sino en breve cifra decir este siglo o aquel otro; nos dir si las abstracciones son o no ideas, y si, por consecuencia, el furor de abstracciones se resuelve o no en el furor ideolgico; si reconoce el hecho de la espontaneidad distinto al de la reflexin; si cree que haya errores absolutos; y si admite que para el estudio de la Qumica y para habla r sea bien o mal, se necesita el de la Ideologa. Estas son las cuestiones a que debi responder el seor Costales y sobre las que tienen que versarse nuestra discusin, cuestiones que le rogamos nos satisfaga, y ser el modo de conocer si es eclctico o sensualista, pues bajo estas dos distintas formas se nos ha presentado.

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IX IX IDEOLOGA Y LITERA IDEOLOGA Y LITERA TURA TURA 1 1 5 5 P OR M ANUEL C OST ALES ( Diario de la Habana septiembre 13 de 1838.) La lealtad con que V ha procedido al escribir su artculo inserto en el Diario de 24 del mes prximo pasado, le ha hecho variar las razones y fundamentos manifestados en mi contestacin del 14 del mismo mes, proponindolos a su capricho unas veces, desfigurndolos otras y aun suponiendo cosas que ni aun me han ocurrido indica r Pero en la imposibilidad de contraerse precisamente a los particulares que en aqulla se contienen, era ste un recurso el ms fcil, es verdad, pero no ciertamente el ms cumplido para sostener debidamente su opinin. Empieza V diciendo que yo le he pedido los ttulos con que me ha impugnado, y esto no es cierto, pues ni un perodo, ni una oracin, ni una palabra, ni una letra siquiera me citar V en que remotamente se deduzca semejante exigencia. V haba dicho, con la modestia que le distingue, que SEPTIEMBRE 1. Ttulo de Roberto Agramonte.

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118 \ 118 \ SEPTIEMBRE 1838 iba a salvar el estado de la filosofa actual, y a prestar servicios a la juventud, que el solo ttulo de Ideologa expresaba el estril exclusivismo de la escuela sensualista, y que el artculo bien desempeado pertenecera al siglo dieciocho. Esta y no otra es la cuestin que he procurado fijar con el mismo empeo que V manifiesta por separarse de ella, divagando intilmente. En vista de esto dije que la filosofa no haba recibido ataque alguno en el discurso que V impugn, que yo no haba contrariado sus verdaderos progresos y que V careca de los requisitos necesarios para titularse salvador de aquella ciencia. Para que no lo dude quiero copiarle el prrafo que a la letra dice as: cul es el ataque que ha sufrido la filosofa actual para que V se nombre salvador? cules son los principios que ha difundido, las doctrinas que ha establecido, los fundamentos que ha expuesto, las razones que ha esforzado, los argumentos que ha producido para decir ante el pblico que le escucha: voy a salvar a la filosofa, voy a servir a la juventud de mi patria. Qu ha contestado V a estos particulares, seor Eclctico? Nada absolutamente, a menos que como algo quiera estimar aquello de soy un buen B r y tengo mi ttulo en un tubo de hoja de lata, lo que es una verdadera puerilidad. No es V ni menos feliz, ni menos verdico, ni menos juicioso en el 2 de su artculo: en l dice V .: siempre he estado en la inteligencia de que el ttulo de una obra nos impona poco ms o menos de la materia que trataba. Y quin ha aseverado lo contrario? Lo que dije, y V no ha contestado es que el ttulo de un discurso o de una obra, sea la que fuere, no da a conocer las opiniones de su auto r ni mucho menos la escuela a que pertenece: que esto se conoce nicamente por las ideas que se adoptan, por las doctrinas que se siguen, por los principios que se sostienen. Importuno es, por consiguiente, cuanto V manifiesta sobre este punto, y nada conforme a la dignidad de la materia, ni al modo de tratar una cuestin literaria las expresiones que V usa y que por repugnancia no copio; pero hay eclecticismo hasta en elegir las palabras. Estudiar el origen de las ideas es estudiar al hombre intelectual, ninguna diferencia se advierte entre una y otra cosa; tampoco pueden estar separadas; injusto es por consiguiente el cargo que V me hace, suponiendo que a fuer de sensualista quiero empezar por lo primero, debiendo ser al contrario, e injustsimo, arbitrario, e improbable decir que yo desprecio a los antiguos, condenndolos como a los primeros ignorantes. Cteseme una sola palabra que as lo indique, y entonces y slo entonces sellar mis labios. Que las ideas que se adquieran por los sentidos o por el espritu sin auxilio mediato de aqullos, no constituye a la Ideologa como la ensea del siglo dieciocho, puesto que el nombre de Psicologa no denomina esencialmente la ciencia, sino que la determina con ms extensin. Esto dije y

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 119 / 119 esto afirmo sin que nada de vacilantes tengan mis palabras. La Ideologa trata del origen y enlace de las ideas; este mismo es el objeto de la Psicologa: buscar como origen de las ideas otra cosa distinta de las sensaciones, pretender hallarlo fuera de la observacin y de la experiencia que son no slo el punto de partida sino el fundamento de nuestros conocimientos, no es por cierto una clasificacin esencial de la ciencia, no es tampoco un descubrimiento ni una revolucin que promete abundantes y sazonados frutos. Aristteles y Platn, he aqu los dos genios que han presidido siempre las doctrinas filosficas, con ms o menos modificaciones, segn los adelantos de la poca: no hace mucho que se ha estado casi exclusivamente con el 1 y en solo el exclusivismo consiste su error; ahora trata de fijarse, de revivi r de difundirse con el 2. El hombre no es todo cuerpo, dice el idealista; el hombre no es todo alma, replica el sensualista; y de estas dos verdades, opuestas, porque se quieren tener como la ensea peculiar de cada escuela, se forman dos bandos perjudiciales a la ciencia, y en medio de esta lucha tan empeada tiene lugar el eclecticismo, es deci r aqul espritu investigador que nos hace abrazar la verdad donde quiera que se encuentre. Los principios platnicos llevados hasta su extremo rayan en el misticismo, y destruyendo ste el anlisis, mal podr avenirse con los adelantamientos cientficos; busca en su auxilio a la religin, aunque se presenta como su columna ms formidable, prestndole, segn dice, su firme apoyo, como si aqulla estuviese en pugna con una filosofa (la sensualista), que reconociendo por base de sus doctrinas la observacin de los hechos, proclam en sus investigaciones la adoracin de sus verdades inefables, y derroc por siempre el funesto imperio de una metafsica oscura y tenebrosa. El estudio de la naturaleza, s, porque ella es el fundamento de la escuela de Locke, agitando en el hombre la antorcha luminosa que la razn le hizo ve r conocer y admirar en toda su extensin la obra portentosa del Universo: el enlace y encadenamiento de sus reflexiones le hizo estudiar tambin el principio que l quiere y piensa, y fortalecido con el tesoro que la naturaleza misma siempre fecunda le ofreca, le elev su vista al Criador y abraz en su entusiasmo el santo dogma de los preceptos evanglicos tan sencillos y adorables en s, como incomprensibles, contradictorios y monstruosos los que la ceguedad y el fanatismo haban propagado. Dcese que el sensualismo fue fecundo en errores y desaciertos, que produjo el egosmo en moral, en poltica la anarqua, y la disolucin de la sociedad: la destruccin y aniquilamiento completo de la religin, y la pobreza y mezquindad en las artes y poesa. Y es Eclctico el que as lo afirma? Qu escoge V ., pues, qu elige, qu adopta del sensualismo? Quisiramos, porque somos amigos de la demostracin, que se nos probase lo

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120 \ 120 \ SEPTIEMBRE 1838 que tan general y absolutamente se dice, y lo deseamos vivamente porque nos parece imposible, de toda imposibilidad, que existiera la sociedad, combatida por el egosmo en moral, por la anarqua en poltica, por el aniquilamiento completo de la religin, por la pobreza y mezquindad en las artes; para decirlo de una vez, nos parece imposible, absolutamente imposible que con la disolucin de la sociedad, se conservara esa misma sociedad hasta nosotros. Apartndonos de la observacin, prescindiendo del anlisis, despreciando en fin las sensaciones cmo explicaremos el origen y adquisicin de las ideas? Cmo explicaremos el desarrollo de las facultades intelectuales? Reduciremos toda la filosofa a ese corto nmero de ideas abstractas, cuya inteligencia no principia sino mucho despus de ejercitados los sentidos? Podra el hombre sin stos ponerse en relacin con la naturaleza? ... Conocera sin su auxilio los objetos exteriores?... Preguntas son stas que jams contestar satisfactoriamente ningn espiritualista, y por eso fue que en mi anterior artculo dije que la escuela sensualista haba perdido slo y nicamente su exclusin; no as la aplicacin de sus principios, porque stos estn fundados en la naturaleza, y el hombre destruir si quiere, las invenciones, no las doctrinas que se fundan en los hechos. De otro modo, nos lanzaramos en el vastsimo campo de las conjeturas, y el error sera el triste resultado de nuestros afanosos desvelos. Porque la verdad es una, Dios se expresa por boca de los poetas brillante consecuencia! Vd. seor Eclctico dijo que el poeta conoca la verdad intuitivamente, sin necesidad de examen ni de ideas intermedias; esto si no me hace sospechar que sea V poeta, por lo menos me da a entender que aplaude a esos pobres versificadores que queriendo templar su siempre discorde lira, se tienen, no como hombres, sino como ngeles cados que vienen a habitar a esta tierra de maldicin, a un mundo de fango, etctera. Alude tambin a estas palabras est deus in nobis agitante calescismos illo 2 copiando adems dos versos de uno de los poetas que segn V hacen ms honor a su patria. Y V cree, seor Eclctico, que con esto prueba que el poeta conoce la verdad intuitivamente, que Dios habla por su boca, y que no es poeta el que sea exacto en sus ideas? Muy engaado est V y de tal modo cuanto que ha trado palabras que ningn influjo pueden tener en opiniones cientficas: palabras que podrn pasar como ilusiones de poeta, pero que el hombre que piensa sabe apreciar en su verdadero valo r. Para otra ocasin, si se le ofreciere, presente Vd. razones y fundamentos que son los que convencen, los que dan a nuestras ideas el grado de exactitud indispensable para hacernos or con atencin. 2. Dios est en nosotros; y cuando hablamos, lo hacemos por su voluntad.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 121 / 121 Sepa V que nada tienen de comn la historia de las ciencias, y la del gnero humano: porque aqullas nos dan a conocer los errores que impidieron el descubrimiento de la verdad, los pasos e investigaciones para alcanzarla, y porque nada absolutamente tiene que ver el que un sistema explique o no satisfactoriamente los hechos, con la relacin de los vicios, crmenes, penalidades y excesos del hombre, objeto exclusivo de la historia del gnero humano. Debemos estudia r sin embargo, la historia de las ciencias porque de su examen resulta el logro de un buen mtodo, y proporcionndonos el conocimiento del erro r nos proporciona forzosamente el de la verdad. Me pregunta V si las abstracciones son o no ideas, si el furor de abstracciones se resuelve o no en el furor ideolgico, si el hecho de la espontaneidad es distinto del de la reflexin, si creo que hay errores absolutos, si para el estudio de la Qumica, y para hablar bien o mal, se necesita la ideologa. Las abstracciones son un acto de nuestra alma por el cual consideramos una propiedad o un objeto como existentes por s solo; por consiguiente las abstracciones, seor Eclctico, no son ideas. Contestada negativamente esta pregunta lo est tambin la otra dirigida a inquirir si el furor de abstracciones se resuelve en el furor ideolgico. Si el hecho de la espontaneidad es distinto del de la reflexin. Proviniendo el hecho de la espontaneidad y el de la reflexin de dos operaciones distintas, es claro que son distintos, entendiendo por espontaneidad la misma voluntad, es deci r el acto de nuestra alma por el cual queremos o no queremos alguna cosa. Si hay errores absolutos. No admito clasificacin alguna del error; para m el error es siempre erro r. Si para el estudio de la Qumica y para hablar bien o mal se necesita la ideologa. La Qumica es la ciencia que investiga los principio constitutivos de los cuerpos, que se vale de muchas y variadas combinaciones para producir otros nuevos, que los examina, los compara, y observa el modo que tiene de opera r ya solos, ya combinados. Y podra aprecia r por ejemplo, las afinidades de dos cuerpos sin saber graduar por medio de observaciones exactas, la recproca influencia que en s tienen. No ciertamente. Luego para saber debidamente esta ciencia es necesario el auxilio de la ideologa. Para hablar bien se necesita no slo la gramtica de la lengua, sino tambin la ideologa, pues es constante que sin sta no hay exactitud en las ideas, ni acierto en el raciocinio. Para hablar mal nada es menester sabe r. V ., seor Eclctico, sabe muy bien esto y pudo excusar la pregunta. Finalmente le ruego, que si ha de contestar este artculo y prolongar la discusin, lo haga de modo que no tengamos luego que lamentar la prdida del tiempo tan precioso y necesario para otras ocupaciones. Sin embargo de todo es siempre de V su muy atento y S. S. Q. S. M. B. Manuel Costales

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122 \ 122 \ SEPTIEMBRE 1838 X X ADDENDA I ADDENDA I P P ASAJES DE ASAJES DE TULIO TULIO SOBRE L SOBRE L UZ UZ 1 (Carta a Surez y Romero de septiembre 15 de 1838.) Ayer asist a la apertura de la clase de Filosofa que en el convento de San Francisco da el por tantos ttulos apreciado don Jos de la Luz. Pronunci un discurso largo como de hora y media para descubrir su plan de estudio, hoy que tan reidas disputas trabajan a los partidarios de las diversas escuelas filosficas. Fue su blanco exclusivo la de Cousin, que l reputa como un espiritualismo embozado. Hazte cuenta que habr unos quince das que nos encontramos el seor Luz y yo en la Universidad y estuvimos hablando largamente, cada uno en defensa de sus opiniones, filosficas sin convenir en muchos puntos; y que al or yo repetirle desde lo alto de su ctedra y en medio de una concurrencia numerosa los mismos argumentos reforzados por algunos ms, o ms bien desenvueltos lgicamente, por dbil y mezquino que al lado de una reputacin como la suya me considerase no poda contener mi deseo de vindicar a Cousin, tanto ms cuanto que de todos los asistentes estoy seguro que yo solo era el cousinista. As fue que comet la importunidad de acercrmele cuando baj de la ctedra y de decirle sin reparar en lo cansado que estaba, que haba sido en alguna parte injusto con Cousin, que ste tachaba con razn al Conde de V erulamio de sensualista, porque dice que cuando la inteligencia humana obra sobre la materia hace cosa de provecho, y cuando sobre s misma y sus misterios, teje como la araa muy sutiles telas, pero muy intiles y frvolas Sicut aranea texens telam dice Bacon. A lo cual me contest el seor Luz en estos trminos: pues bien, V alle, quite usted eso de la araa y vea usted si lo dems de Bacon no es excelente. Djele entonces que Bacon quiso en Filosofa una reforma ab imis fundamentis y que eso era despreciar la historia. En fin, mediaron algunas cortas explicaciones, y vindolo cansado por extremo, y que los dems lo llamaban, yo tambin lo invit a retirare y ced. Nada ms hubo; sin embargo, varios me atribuyeron siniestras intenciones, otros importunidad, y yo quiero que t sepas el asunto por si acaso te hallas por ah quien lo haya sabido mal y rectifiques, si se ofrece, y nada ms, la opinin. Por la tarde estuve en el Real Colegio Cubano para or el discurso de apertura de su clase de Filosofa que pronunci Manuel. Asisti don Jos de la Luz, y no bien me discerni al conclui r vino a donde yo estaba, y me abraz con cario diciendo jocosamente: A ste es al que yo quiero convertir, y con cuyo motivo se renov la

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 123 / 123 disputa y quedamos conformes, reconociendo l los extravos de Bacon que yo le apuntaba y venerando yo por mi parte el genio de Bacon y sus eminentes servicios por las luminosas observaciones que me hizo el seor Luz con aquella profundidad y tino de convencimiento que lo distingue. 2 (Septiembre 4 de 1839.) Las conclusiones se verificaron el da 22. Los alumnos expusieron ampliamente la nueva doctrina: eran cinco nada ms, y cuatro doctores de rplicas, a sabe r el prior fray Pedro Infante, Horruitine r Castro y mi hermano Manuel. A la conclusin entr al combate conmigo don Jos de la Luz, que como t sabes de antemano no est en buena con la teora moderna. Y o me sostuve con el calor que pude, la discusin se dilat, concluyendo a las doce y media de un campanillazo del recto r Se tocaron los puntos principales, explanndose por ambas partes, de suerte que los inteligentes pudieron juzga r Omito referirte los esfuerzos colosales de Luz, la sabidura y erudicin que despleg, cuando te son bien conocidas. Cmo me hubiera gustado tenerte por juez, Surez inolvidable! Hay ahora aqu tal movimiento por la Filosofa que pone espanto. 3 (Diciembre 9 de 1839.) Los jueves a las siete y media de la noche hasta las nueve y media, y los domingos desde las once hasta cerca de las dos de la tarde concurro a casa de Pepe de la Luz a continuar nuestras discusiones filosficas, que tuvieron origen, segn te he comunicado, porque yo insert en el Noticioso una traduccin de Cousin (no son mas sino de Manuel las que hoy salen todava) cuya traduccin as que fue impugnada por don Jos en el Diario sal a defenderme en el mismo, y l torn al combate con tan largo comunicado que en la imprenta se negaron a insertar otros nuevos; l entonces me convoc a su hogar domstico, y en prueba de mi profundo respeto a sus luces y bellsimo carcter de sabio y de hombre no dud i r aunque dificultando que covinisemos jams. Esto es lo que ha sucedido, pues el resultado actual de la discusin se reduce a que yo he reconocido alguna que otra exageracin de fervor en los corifeos de mi doctrina, pero nunca errores sustanciales en su esencia, ni mala fe o segunda intencin en los que la profesan, segn Pepe de la Luz cree firmsimamente. Semejante polmica llevada en los trminos que el candor y la delicadeza inimitable de aquel ilustre habanero consienten, me ha proporcionado el

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124 \ 124 \ SEPTIEMBRE 1838 gusto de conocer a fondo todo lo que es, y lo que abraza su enciclopdica sabidura. No te puedes figura r Surez, las graves reflexiones que trasluce aquella mirada intensa, aquellos ojos que parecen tener vista para adentro, ni la especie de veneracin que se concibe por un hombre para quien la vida no es sino el sacrificio de las riquezas y de lo honores de cualquier gnero a la sed devoradora de verdad! Nunca mis convicciones filosficas han tenido ms ocasin de hacerme sentir su firmeza, porque cien veces conocindome pequeo y nulo delante de aquel hombre, he batallado por convencerme de lo contrario a mis principios; mi voluntad ha luchado con mi entendimiento, y jams lo ha podido subyugar! XI XI IDEOLOGIA Y LITERA IDEOLOGIA Y LITERA TURA TURA 3 3 6 6 P OR U N AMANTE DE LA VERDAD 4 [J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ] ( Diario de la Habana 21 de septiembre de 1838.) Al leer la discusin que se ha establecido con motivo de un artculo escrito por M. Costales sobre la necesidad del estudio de la ideologa para el de la literatura, y criticado con demasiada ligereza e injusticia por un Eclctico que repentinamente y sin anteriores recomendaciones, ha aparecido por primera vez ante el pblico con el ttulo vano y pomposo de Salvador de la Filosofa, hemos tomado la pluma para hacer algunas observaciones, las cuales no llevan otro objeto que el de probar la falsedad de algunas doctrinas que ciegamente adopta y sigue el seor Eclctico, y los grandes errores que ha cometido por haber desatendido las reglas ideolgicas al establecer una discusin puramente literaria. Nada diremos del espritu de oposicin que se observa en sus escritos, porque tomndonos este trabajo, faltaramos a nuestro carcter y aparecera claramente probado ante el pblico, que el seor Salvador de la Filosofa no ha podido 3. Ttulo de Roberto Agramonte. Apareci bajo el ttulo de Filosofa. 4. Advirtase que este seudnimo que usa Luz en este artculo, es la traduccin castellana de Filolezes que utilizar en la polmica sobre el eclecticismo. (Roberto Agramonte.)

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 125 / 125 serlo de s mismo, porque dndole entrada a las pasiones ha dirigido su mal aconsejada pluma por una senda contraria a la que debi seguir como maestro de la juventud y como Salvador de la Filosofa. Si el seor Eclctico, guiado por la luz de la razn, se hubiese atenido tan solo a los hechos, hubiera abierto una discusin del ms alto inters para la ciencia; pero incauto, o tal vez mal aconsejado, prefiri lanzarse en el abismo de las conjeturas; y como el seor Eclctico, segn se deduce de sus escritos, no est muy acostumbrado a la exactitud en sus juicios, ni se detiene mucho en sacar consecuencias, ni observa en fin las reglas filosficas ms bien demostradas al entrar en una cuestin, y declarndole una oposicin sistemtica a la escuela del Condillac, desprecia hasta la palabra ideologa como propia del siglo XVIII ha cado inevitable y forzosamente en el erro r dando prueba con esto de que est muy poco instruido en materias filosficas, y de que no ha sabido sostener el ttulo pomposo de Salvador de la Filosofa con que l mismo se ha regalado. Cuando el hombre, lleno de un espritu investigador y filosfico, busca la verdad, animado slo por el anhelo de encontrarla; cuando un deseo bien entendido de difundir la ilustracin, hace aparecer sus escritos ante un pblico en donde va a encontrar tal vez instruidos y profundos filsofos que los juzguen con severidad, debe proceder con mucha moderacin, arguyendo slo con las armas de la razn y del convencimiento, sin insultar ingratos la memoria de los hombres clebres que han prestado grandes servicios a las ciencias, sin despreciar sus opiniones slo porque pertenecieron a siglos pasados. Examnense stas con detenimiento e imparcialidad, combtanse con razones, no con sofismas, y si estaban generalmente adoptadas, y se prueban que son errneas y que por su inters y alta importancia comprometen a la sociedad y se oponen a los progresos de la ilustracin, entonces podramos nosotros decir al que prestara servicio tan grande: Usted ha sido til a la juventud de nuestra patria y al mundo entero. Usted merece nuestra gratitud y admiracin por haber sido nuestro Salvado r. Decir que la ideologa es la divisa de la escuela del sensualismo, es no encontrar el verdadero significado de esta palabra; es hacer interpretaciones arbitrarias incompatibles con la rectitud con que debe siempre proceder un buen filsofo. Sepa usted, seor Eclctico, que la palabra ideologa quiere decir: aquella parte de la filosofa que trata del origen de nuestras ideas; con ella no se especifica el medio como se adquieren, pues este conocimiento es el resultado de su estudio. Dice el seor Eclctico con mucha ligereza que el seor Costales no debi usar la palabra ideologa porque es ensea del siglo XVIII ; esto prueba hasta la evidencia que el seor Eclctico no estudia el origen de nuestras ideas, o lo que es lo mismo, no estudia ideologa, y como este estudio constituye el objeto de la escuela de Condillac, se deduce necesariamente que l es enemigo mortal de esta escuela; luego

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126 \ 126 \ SEPTIEMBRE 1838 el que se firma Eclctico no es eclctico, sino un sistemtico acrrimo defensor del espiritualismo; luego no es el deseo de propagar la ilustracin el que mueve su pluma; luego non delenda est Carthago, sed qui vocatur Ecclecticus 5 El seor Sistemtico, pues as lo llamaremos de aqu en adelante, admite ciegamente que las abstracciones son ideas; l no ha fijado el sentido verdadero de esta palabra; sentimos decirle que en esto ha cometido un grave erro r pues siendo las abstracciones la consideracin de una propiedad como existente por s sola, es una operacin del alma: a menos que el seor Sistemtico no haya variado la significacin de esta palabra, acomodndola a su sistema, o como una consecuencia precisa de sus principios quisiera confundir los medios de que nos valemos para adquirir las ideas con las ideas mismas. El seor Sistemtico afirma ciegamente que en nada se diferencia la historia de las ciencias de la del gnero humano; sentimos tambin decirle que en esto ha cometido otro grave erro r pues siendo las ciencias un conjunto de principios exactos, los errores slo pertenecen a su historia; y como la historia del gnero humano comprende los vicios, crmenes, delitos, etctera, de los hombres, es claro y evidente que no entra en el dominio de las ciencias; luego en mucho se diferencian la historia de las ciencias de la del gnero humano; luego el seor Sistemtico no ha comprendido lo que sobre esto le ha dicho el seor M. Costales o es tenaz y rebelde a la fuerza de la razn y a las convicciones del raciocinio. La exactitud en las ideas, he aqu el principal mrito del historiador y del filsofo; sin este requisito esencial ningn mrito tendra sus pro ducciones, y lejos de interesarnos en su favo r las miraramos con indiferencia y desagrado lamentando sus desaciertos y errores. Esto mismo decimos del poeta, pues siendo las palabras la expresin de nuestras ideas, si aqullas no son exactas tampoco lo sern stas. Cuando los poetas, seor Sistemtico, no expresan con exactitud sus ideas, los consideramos como ilusos y las producciones como parto de una imaginacin delirante, y lamentamos entonces sus extravos. El verdadero filsofo busca siempre la exactitud y la verdad combatiendo el error donde quiera que se encuentre, donde quiera que lo proteja el amor propio, y como el seor Sistemtico sostiene ciegamente que para ser poeta es necesario ser inexacto, o lo que es lo mismo, cometer errores, sacamos en consecuencia que el seor Sistemtico es antifilosfico, y sindolo no lo consideramos como hombre que busca imparcialmente la verdad; luego no debi disputar nunca de materias filosficas; luego l es el que ataca y amenaza el estado actual de la filosofa, proclamando errores y sosteniendo falsas doctrinas. 5. No es Cartago a la que hay que destrui r sino al que se llama Eclctico.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 127 / 127 El seor Sistemtico afirma ciegamente que la Ideologa es ensea del siglo XVIII Este es otro de sus graves errores, pues en el siglo en que estamos se ha enseado y se ensea el estudio de nuestras primitivas ideas, que debe necesariamente preceder al de las ideas posteriores, de esas ideas abstractas que el hombre no forma sino cuando est acostumbrado a pensa r El seor Sistemtico dice en el prrafo 7 de su estreno pblico, que la Psicologa es el estudio de las ideas, y expresndose as de un modo tan general y vago, debe necesariamente convenir en que para este estudio debe empezar por el origen de nuestras ideas, aquellas que primero se adquieren, y seguir el desarrollo gradual de las otras ideas por tener un conocimiento completo y exacto de ellas. Estas y no otras son las reglas prescriptas por una filosofa verdadera y luminosa y que debe seguir el hombre que se dedica al estudio de las ciencias; el que prescinde de este estudio, base fundamental de conocimientos posteriores, andar a cada paso tropezando con el erro r no sabr sostener la verdad y sus escritos estarn marcados con el sello de la torpeza y de la inexactitud; luego el estudio de la Ideologa es necesario para el de la literatura; luego nada ha probado el seor Sistemtico con sus escritos. Concluiremos diciendo que en el artculo de Ideologa nada se dice de sensualismo, nada de espiritualismo; que no hay en l una idea siquiera, una opinin por donde pueda sospecharse la escuela a que pertenece su auto r ste, al escribirlo, trat de alentar a la juventud de nuestra patria, para que procediendo siempre con arreglo a los principios ideolgicos, pensara con exactitud, y haciendo sus producciones dignas del aprecio y consideracin de los hombres sensatos, contribuyeran de este modo a los adelantos de las ciencias y a los progresos de la ilustracin. Nosotros estamos ntimamente convencidos de que si este mismo artculo, que tan amargamente ha criticado el seor Sistemtico, hubiese llevado el ttulo de Psicologa en lugar del de Ideologa, l no se hubiera dado a conocer del pblico, y finalmente le aconsejamos con la franqueza que nos es caracterstica, que recobre la calma, que lea con inters y detenimiento el artculo que ha querido destrui r y que si piensa seguir la carrera de crtico, que se aproveche de sus sanas doctrinas y de los principios luminosos que contiene, pues de este modo proceder siempre con exactitud y con mtodo, aprender a proponer una cuestin literaria, a sostener debidamente su opinin y se ver libre de que salga a probarles sus errores y extravos.

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128 \ 128 \ SEPTIEMBRE 1838 XII XII IDEOLOGA Y LITERA IDEOLOGA Y LITERA TURA TURA 6 6 7 7 P OR E L E CLCTICO [J OS Z. G ONZLEZ DEL V ALLE ] ( Diario de la Habana septiembre 27 de 1838.) De falto de lealtad me acusa el seor Costales porque dice que le desfiguro los fundamentos y razones de su contestacin del da 16 del prximo pasado agosto, suponindole cosas que ni aun le ha ocurrido indica r y me reta a que le cite un peridico, una oracin, una palabra, una letra siquiera en que remotamente se deduzca la exigencia de la presentacin de mis ttulos: y en prueba de ello copia un largo prrafo de su referido artculo; pero seguramente se le pas por alto a su lealtad, justicia y verdad acrisolada transcribir el primer perodo de dicho prrafo que a la letra dice as: Y cules son los ttulos con que Vd. se presenta para darse ese tono de magisterio e importancia? Objeto de escndalo se le hace el que yo diga que el estril exclusivismo a que se conden la escuela sensualista, produjo en moral el egosmo, y en poltica la anarqua y la disolucin de la sociedad, e imposible, absolutamente imposible le parece que con la disolucin de la sociedad se conservara esa misma sociedad hasta nosotros. Aqu confunde el seor Costales las especulaciones tericas con los hechos prcticos; lo que es con lo que debe se r Las consecuencias que establec son lgicas y necesariamente deducidas de los principios que proclama la escuela sensualista: y no yo, sino los ms aventajados discpulos de esa escuela, como se lo demostrar ms adelante, han llegado a esas mismas consecuencias que tanto eco han hecho en Vd. Pero ignora el seor Costales que la vida consiste en la armona, que no es otra cosa que el finito y el infinito en su relacin competente? Ignora que aun el hombre ms exclusivista en teora nunca puede ser por fortuna de la humanidad exactamente consecuente con sus principios en la prctica? Ignora acaso que aun en la misma teora nuestro buen sentido se opone a que nos arrastren las consecuencias lgicas que se deducen de los principios que hemos adoptado? Locke, que se puede considerar como el punto de partida de la escuela moderna de la sensacin al tratar de la existencia del alma y al 6. Ttulo de Roberto Agramonte.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 129 / 129 considerar el escollo a que lo conduca su doctrina, vacila y confiesa que en cuanto a esto nada le dice su razn y tiene que recurrir a la fe y a la revelacin ms ortodxica para salvar dicha existencia. Pero puesto que el seor Costales exige que legitimemos estas consecuencias, trataremos de probrselas a posteriori (pues sospechamos que consecuente en esto con su sistema, es la nica prueba que admite), con los discpulos de Locke, que son los que se han encargado de sacar las consecuencias de su doctrina. Lea al metafsico de la escuela, a Condillac, y encontrar que la rflexion nest dans son principe que la sensation mme, soit parce quelle est moins la source des ides que le canal par lequel elles decoulent des sens 7 Abra el moralista de la propia escuela, Helvecio, y ver que el sentimiento del amor de s es la nica base sobre la cual se pueden sentar los fundamentos de una moral til; as, pues, consagra como gua y norte de nuestras acciones la dicha personal, es deci r el egosmo. Pasemos al barn de Holbach, uno de los corifeos de ms nombrada entre los sensualistas y encontraremos esta inmoral y escandalosa proposicin: si el vicio lo hace feliz (al hombre) debe amar al vicio. Desconocer y negar Vd. la tendencia anrquica e irreligiosa de las tan celebradas Ruinas de Palmira ? No habrn llegado a sus odos las mximas morales del duque de la Rochefoucauld? V ea Vd., pues, cmo los discpulos ms esclarecidos de la escuela, han dicho con la mejor fe del mundo lo que tanto le ha escandalizado en mi artculo. Vuelve el seor Costales a insistir con su natural modestia en que nada tienen de comn la historia de las ciencias y la del gnero humano, fundndose en que nada \tiene que ver el que un sistema explique o no satisfactoriamente los hechos con la relacin de los vicios, crmenes, penalidades y excesos del hombre. Ahora bien, el sistema que explique o no satisfactoriamente los hechos ser obra del gnero humano o de alguna otra raza desconocida? El que coordine los hechos y d razn de su necesidad y de su existencia, pues es lo que nicamente puede elevarlos al rango de ciencias, ser el hombre u otro animal distinto? Decir que nada tiene de comn la historia del gnero humano con el de las ciencias, es negar la utilidad de las ciencias; es negar que la humanidad sea el centro del mundo en donde se resuelven y resumen los diversos rdenes de que se compone. Decir que el objeto exclusivo de la historia del gnero humano es la relacin de los vicios, crmenes, penalidades y excesos del hombre, es mutilar la humanidad; es restringir su historia a solo la de su parte moral, y eso incompletamente y sin tener en cuenta la historia de su desarrollo intelectual y fsico. 7. La reflexin no es inicialmente otra cosa que la misma sensacin, tal vez porque no es tanto la fuente de las ideas como el canal por dnde corren desde los sentidos.

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130 \ 130 \ SEPTIEMBRE 1838 Afirma Vd. que estudiamos la historia porque proporcionndonos el conocimiento del erro r nos proporciona forzosamente el de la verdad; esta teora sera cierta si el erro r como la verdad absoluta, fuera uno e invariable, y al mismo tiempo correlativo con ella; pues conocido el error precisamente conocera la verdad; pero el error es multplice y variado, y por consecuencia, conocido un error se puede muy bien caer en otro; si para Vd. el error no fuera siempre ms que un error; si atendiese Vd. a que el error es y no puede ser otra cosa que una verdad incompleta convertida en verdad absoluta; si considerara Vd. que es por decirlo as, la forma necesaria con que se reviste la verdad en la historia, la estudiara Vd. no con un fin negativo y de destruccin absoluta, sino con el fin muy positivo de encontrar la verdad absoluta en el crculo de los errores, es deci r de las verdades incompletas y exclusivas que nos presenta la historia sucesiva de las diversas pocas de que se compone la historia del gnero humano. Sentimos que el seor Costales al contestar negativamente a la pregunta que le hicimos, si las abstracciones son o no ideas, no nos haya dicho qu cosas son ideas; aunque por su respuesta sospechamos que trata de resucitar la idea imagen, o la idea representativa; y puesto que su contestacin en esto es de un modo general y vago, expondremos nuestro sentir sobre tal punto. El entendimiento se estrena por juicios concretos, sintticos y determinados que el lenguaje, imagen fiel de su estado, traduce en proposiciones tambin concretas, sintticas y determinadas, como este cuerpo existe, yo existo, Dios existe, etctera. Al considerar el entendimiento estas proposiciones, desembaraza su parte necesaria y general de su parte contingente y particular; y forma juicios generales; el lenguaje que sigue sus pasos los expresa por proposiciones tambin generales, como no hay cuerpo sin espacio, no hay modificacin sin sujeto, etctera, pero estas proposiciones, signos de los juicios anteriores, encierran todava muchos elementos; el entendimiento abstrae estos elementos para considerarlos separadamente, y estos elementos o abstracciones son los que llamamos ideas; as, pues, no slo las abstracciones son ideas sino que, a excepcin de las ideas absolutas y necesarias, todas las ideas son abstracciones, por consecuencia el furor de abstracciones se resuelve en el furor ideolgico. Negar el seor Costales que al decir flo r por ejemplo, tengo una idea? La palabra flo r tiene algn tipo, me recuerda alguna cosa existente en la naturaleza? Se le ocurre al seor Costales tal o cual flor determinada? De ningn modo. Y esto qu quiere decir? Que la palabra flor es solamente una cifra que me recuerda las propiedades generales y comunes que ha observado en este cuerpo, en aquel otro, etctera; aplquense estas observaciones a todas nuestras ideas a excepcin de las necesarias y universales, y se reconocer la exactitud de nuestro aserto.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 131 / 131 Por la distincin que Vd. hace de la espontaneidad y de la reflexin me convenc de la causa, porque Vd. no entendi la diferencia que entre ambos fenmenos establec en mi primer artculo. Dice Vd. que proviniendo el hecho de la espontaneidad y el de la reflexin de dos operaciones distintas, es claro que son distintas; entendiendo por espontaneidad la misma voluntad, es deci r el acto de nuestra alma por el cual queremos o no queremos alguna cosa: cabalmente lo que hace a la espontaneidad distinta de la reflexin es la ninguna intervencin de la voluntad en aquel fenmeno, pues muy lejos de ser en l actores somos simples espectadores, y el elemento predominante de la personalidad es la voluntad. La espontaneidad no solamente no se confunde con la voluntad, como pretende el seor Costales, sino que ni aun interviene en ella: es el desarrollo simultneo de la razn con las dems facultades, sin intervencin de la voluntad; se puede considerar como una sntesis rica y fecunda, aunque oscura, que suministra a la reflexin la base para sus desarrollos ulteriores; su carcter eminente es la impersonalidad, y por consiguiente lleva consigo el principio de autoridad, que mal puede legitimarse con la voluntad. El seor Costales, que conoce y sigue los progresos de la filosofa, al considerar que salimos de una poca que despreciaba los estudios histricos, porque crea que nada verdadero conservaba el erro r y lo tena por absoluto, no debi eludir la cuestin que le propusimos, dicindonos que no admita clasificaciones del erro r y que para l el error es siempre error; desearamos que nos hubiera dicho si participaba de la opinin de los que creen al error absoluto, y su estudio de ninguna utilidad; o si cree con nosotros que el error no es otra cosa que un elemento del pensamiento considerado exclusivamente, y como componiendo el pensamiento entero; y digno por esto de estudio y meditacin. Tambin por nuestra parte suplicamos al seor Costales no divague tanto sobre la materia principal, pues no sabemos a qu han venido los prrafos en que nos habla de Platn y Aristteles. P .D. Ex ungue leonem 8 sospechamos por el estilo las ideas y resabios del artculo Filosofa del Diario del 21, suscrito por Un amante de la V erdad que es de la fbrica ideolgica del seor Costales, que ya parece anda buscando sombra para seguir esta polmica. Divirtese con repetirme el chiste irnico de que soy el salvador de la filosofa, queriendo que se olvide lo principal de la cuestin, a fuerza de lanzar ese dardo despuntado, pues salvar la filosofa es no lo que se malicia el seor Costales, sino decir y defender a tiempo lo que ella ensea, lo que dicta la razn, que no es individual, que no es ma, ni del seor Costales. La razn es quien salva la Filosofa. 8. Al len por las uas [se le conoce].

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132 \ 132 \ SEPTIEMBRE 1838 Y a veo que se equivoca la facultad de abstraer y el producto neto de esta operacin mental. Pero a lo primero seor Amante de la verdad se llama abstraccin en singular con el artculo la y a lo segundo, abstracciones, una abstraccin, etctera. Tal vez por pobreza de lenguaje sobre lo dems, me remito a mi comunicado que antecede y a los de das atrs. XIII XIII ENCUEST ENCUEST A SOBRE LAS IDEAS A SOBRE LAS IDEAS 9 9 8 8 P OR E L AMIGO DE LA JUVENTUD [J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ] ( Diario de la Habana 27 de septiembre de 1838.) Seor Eclctico: Movidos por el inters que nos ha causado la cuestin suscitada por V. contra el seor M. Costales, y deseando ilustrar la materia con algunas observaciones, le suplicamos encarecidamente nos responda a las siguientes preguntas, pues deseamos saber su modo de pensar antes de emitir nuestra opinin: 1. Qu entiende por idea y por abstraccin, y si admite diferencia entre estas dos palabras. 2. Si el verdadero filsofo debe o no estudiar el origen de nuestras ideas. 3. En el caso de contestar afirmativamente la anterior pregunta, si admite o no que stas se adquieran por los sentidos. 4. Si niega que nuestras primeras ideas reconocen por causa las sensaciones, explique, con arreglo a las doctrinas filosficas que profesa, la causa de ser tan limitados en sus facultades intelectuales los sordomudos de nacimiento. 5. Si las ideas de justicia, de bondad, etctera, son innatas, o el resultado de comparaciones despus de ejercitar el hombre sus sentidos; y si estas ideas se pueden tener sin que se represente algn objeto a nuestra alma. 9. Ttulo de Roberto Agramonte. Original: Un suelto dirigido al seor Eclctico.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 133 / 133 6. Siendo las ideas un resultado del ejercicio de las facultades intelectuales, si este ejercicio puede verificarse sin el intermedio del cerebro y de los nervios, y si nuestra alma procede aisladamente en las operaciones del pensamiento. 7. Si niega la anterior pregunta, explique, en cuanto diga relacin con la filosofa y conforme a las doctrinas que sigue las causas de las locuras y del idiotismo, dicindonos al mismo tiempo si los idiotas tienen idea de Dios, de justicia, de bondad, y dems ideas abstractas cuyo origen parece quiere negar absolutamente a los sentidos. Deseamos con ansia la contestacin a estas preguntas, y creemos al propio tiempo que V ., seor Eclctico, no nos desairar, 10 pues as lo esperamos de los buenos deseos que manifiesta por los progresos de la ilustracin. Con esta confianza soy de V S.S.Q.B.S.M. El amigo de la juventud. XIV XIV IDEOLOGA Y LITERA IDEOLOGA Y LITERA TURA TURA 11 11 9 9 P OR M ANUEL C OST ALES ( Diario de la Habana septiembre 28 de 1838.) Seor Eclctico : Sin contestar satisfactoriamente a ninguno de los particulares de mi artculo inserto en el Diario del 13 del corriente, escribe V en el de hoy un largo comunicado que termina con una P .D. en que sin guardar las consideraciones que todo escritor tiene derecho a exigi r me atribuye con la mayor voluntad y ligereza el artculo firmado por Un amante de la verdad no advirtiendo que la igualdad de opinin jams ha sido motivo para sospechar que sea uno mismo el autor de dos escritos, e incurriendo en la grave contradiccin (despus de atribuirme aquel artculo), de decir que busca sombras para seguir esta polmica, lo que supone precisamente el auxilio 10. El Eclctico no dio pblica respuesta a estas preguntas y la polmica qued abandonada (Alfredo Zayas). Pero fue esta encuesta la materia sobre la cual giraron los artculos de los tres tomos siguientes. (Roberto Agramonte.) 11 Ttulo de Roberto Agramonte.

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134 \ 134 \ SEPTIEMBRE 1838 de otras personas, y por consiguiente que no soy el que con el annimo indicado dirijo a V algunas observaciones. Vd., seor Eclctico, no ha debido aventurar especies que nunca ha podido probar; V sabe que ni so y ni he sido eco de persona alguna, y tan persuadido est V de esto, cuanto que no ha querido admitir la proposicin que a presencia de cinco o seis personas le hice para que fijada la cuestin se ventilara pblicamente en la Real y Pontificia Universidad; pues ste es el nico medio de terminar una polmica que por tan extraos y desusados modos se trata de prolonga r no molestando la atencin del pblico, ni distrayndome de otras ocupaciones urgentes y perentorias. Si no obstante su negativa quisiere V aceptar la proposicin que le hice y que ahora le reitero puede V avisar en la librera de esta imprenta el da y hora que elija para ponernos de acuerdo con el Rvdmo. seor Rector; en el concepto de que de otro modo guardar un profundo silencio su muy atento y S.S.Q.S.M.B., Manuel Costales.

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XV XV MORAL RELIGIOSA MORAL RELIGIOSA P OR D OMINGO DEL M ONTE ( El Plantel entrega 3, noviembre 25 de 1838.) Por fortuna ya pas la reaccin antirreligiosa del siglo decimoctavo: ya produjo a la humanidad los bienes que, en sus inescrutables arcanos, encerr en tan deshecho huracn la divina Providencia. Con la reaccin, por supuesto, pas la irritacin de la lucha, la exaltacin y el fervor del ataque, la ceguedad y el arrebatamiento de perseguidores y perseguidos. Todo est hoy en calma, presagio de muerte segn algunos y de resurreccin de los sentimientos religiosos, segn otros. De esta ltima opinin es el que escribe este artculo. Nuestro siglo, aprovechndose de la tranquilidad presente, ha podido entregarse a su sabo r y con una imparcialidad completa, al grave e importante examen de las opiniones del siglo anterior sobre estas materias. De semejante examen, que al principio le arranc un grito doloroso de desesperacin, al perderse entre las tinieblas del escepticismo, que no le ofreca ms consuelo que el aniquilamiento total del ser humano despus de la muerte, lleg por fin, por una senda rigurosamente cientfica, a conocer la verdad y la necesidad de la religin. Desde entonces volvi a poner en ella todas sus esperanzas, como lo hicieron los siglos pasados, y llena de fe, NOVIEMBRE

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136 \ 136 \ NOVIEMBRE 1838 deposit en su regazo el germen fecundo de los destinos de nuestra especie. Advirtase que al decir religin, entiendo por tal la cristiana; pero la cristiana, limpia y exenta de las prcticas supersticiosas y de las opiniones pseudoevanglicas, con que la ignorancia y la malicia la plagaron en la edad media; la cristiana, tal cual la estableci su fundador inmortal, pues que en ella se reasume, como en maravillosa sntesis, la quinta esencia del saber filosfico y teolgico de los tiempos que la precedieron. La misma F rancia, patria del desta V oltaire y de la numerosa y brillante plyade de filsofos materialistas, que llenaron el mundo de sus ideas disolventes, es la que hoy pone ms empeo en inculcar las verdades del Evangelio. Hijos de F rancia son los campeones ms distinguidos y elocuentes de la doctrina cristiana en la actualidad: basta mentar los nombres ilustres de Chateaubriand, de Lamennais y Lamartine. Y no son los himnos melodiosos de estos tres poetas inspirados, los que contribuyen solos a tan laudable objeto; que mil escritores dotados de aventajada capacidad y de la instruccin ms slida en artes y ciencias, son otros tantos misioneros de nueva especie de la fe en el Crucificado, misioneros cultos y sapientsimos, dignos de la elevacin intelectual del siglo decimonono. Por medio de peridicos, de libros, de lecciones orales, propagan a porfa las mximas y principios conservadores del Cristianismo; distinguindose ventajosamente entre ellos el barn de Ekstein, el conde de Montalembert, M. de Genoude, los redactores de la Universidad Catlica, los de la Revista Francesa y Extrajera los miembros directores de la Sociedad de la moral cristiana, y los de las Sociedades Bblicas. Ha contribuido, por otra parte, a dar mayor empuje a este movimiento, la coincidencia feliz de aparecer al mismo tiempo en la arena filosfica de Francia, tres ingenios de tan buen temple y calidad, como los de Royer Collard, Cousin y Jouffro y Estos, siguiendo las huellas de los escoceses, Reid y Dugald Steward, y de los profundos idealistas alemanes, se presentaron a luchar cuerpo a cuerpo con los mantenedores de la teora escolstica de las sensaciones, que era la reinante entonces. Intil repetir aqu que semejante teora pone el nico y exclusivo origen de nuestras ideas, aun de todas las absolutas, en los sentidos; de aqu deduce con exacta ilacin lgica la negacin de la existencia y de la inmortalidad del alma; por lo que los telogos tomistas, que abrazaron por una contradiccin inexplicable con sus principios religiosos, los cnones ya bastardeados del Peripato tuvieron que ocurrir a la omnipotencia de Dios, para sacar en salvo la parte espiritual del hombre. Los filsofos modernos, mirando la cuestin bajo un solo aspecto, adoptaron como era natural los mismos principios de la escuela sensualista, aplicaron, engaados por un anlisis incompleto, los resultados que les daban las investigaciones de su ciencia, a la explicacin de los fenmenos mentales: as fue que tuvieron la ambiciosa pretensin de dar cuenta por las leyes mecnicas de la anatoma, de las divinas inspira-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 137 / 137 ciones y pasmosos vuelos del ingenio, y buscaron desasentados con el bistur el disector de los secretos de la inteligencia en los senos y cavidades del cerebro. Esto hizo Cabanis: siguile el idelogo Destut de Trac y el cual, exagerando las proposiciones de Locke y de Condillac, se atrevi a dar contraposicin del pienso, luego existo de Descartes, la cifra y el ltimo trmino del sensualismo, diciendo que pensar era senti r Jeremas Bentham, hijo de la filosofa volteriana del siglo anterio r sistematiz, arrastrado por su lgica inflexible, las consecuencias morales de la teora de las sensaciones, y a pesar de sus reservas, naturales en un ingls honrado y escrupuloso como lo era l, elev el egosmo a la categora de norma y fundamento nico de toda moral; hizo del inters un Dios, y neg despiadado a la mente y al corazn del hombre la concepcin y el sentimiento innato de la justicia; privndolo del entusiasmo espontneo y desinteresado por la Virtud y la Belleza. 1 El doctor Broussais, con su arrojado e impetuoso dogmaticismo, coron esta obra lamentable de destruccin y desencanto, y con el placer infernal de un Mefistfeles, 2 revel sin compasin a la consternada humanidad el secreto de su ciencia, a saber: esa alma, de que te envaneces, no es otra cosa que la irritacin del cerebro. Mas las improvisaciones elocuentes de los catedrticos arriba citados, Royer Collard, Cousin y Jouffroy que atrajeron al recinto de sus aulas el auditorio ms numeroso y selecto de Pars, son a los odos de la juventud francesa, en trance tan angustiado, como una armona celestial de esperanzas y de consuelo. La escuela filosfica que formaron ellos, despus de profundizar el estudio del organismo intelectual, procediendo en sus anlisis con la ms reflexiva y minuciosa observacin de cada uno de los hechos que constituyen el acto o la operacin que llamamos pensamiento, le encontr a ste ms alto y puro origen que el de la simple materia: por consecuencia se restableci el espiritualismo en filosofa, y rehabilitada el alma por la ciencia, con el uso de todos sus derechos y exenciones, fcil le fue poder reclamar para s otra vez el cielo, como su legtimo y heredado patrimonio. La poltica se ha desengaado tambin de que no basta todo el sabio artificio de las constituciones modernas en las democracias puras o mixtas, ni la fuerza de voluntad ms enrgica e ilustrada en las autocracias para producir la felicidad completa, la paz fraternal y la tranquilidad de los pueblos, si les falta el suplemento. Corroborantes de esta asercin en Europa pueden citarse la Francia y el reino de las dos Sicilias, los cuales 1. No es nuestro nimo calumniar al hombre ni a sus doctrinas: Bentham, a pesar de sus principios tericos, fue un filntropo ardiente que poco o nada se cur de su utilidad personal; su luminoso tratado de pruebas judiciales es una obra maestra de sagacidad intelectual: en ella se olvid Bentham de sus estriles teoras. 2. Nombre que toma el demonio en el famoso drama de Goethe, titulado Fausto

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138 \ 138 \ NOVIEMBRE 1838 siguen dos sistemas gubernativos enteramente opuestos, y los dos pueblos son, sin embargo de sus instituciones, corrompidos y desgraciados; porque los dos carecen cada uno a su modo de verdadera religin. Por el contrario, se observa que los dos pueblos ms dichosos, ricos e ilustrados del mundo, La Gran Bretaa y los Estados Unidos, son tambin los ms religiosos y morigerados. Por eso vemos en nuestros das a los publicistas de ms nombre en Europa, aun de los que no creen en nada, recomendar la predicacin y propagacin de la fe evanglica, como el mejor medio de gobernacin que darse pueda. Hasta reducindola a instrumento servil de miras mundanas, honran estos hipcritas a la religin. Y en qu estado se encuentran los sentimientos religiosos en nuestras Espaas, entendiendo por tales a los pueblos de raza ibrica, esparcidos en Europa y en estas Indias? Tambin a ellas lleg el eco de las opiniones escpticas del siglo decimoctavo; sembr dudas y sombras sobre la verdad de la religin cristiana, aun en las almas ms piadosas; y de devotos idlatras de las santas imgenes, de siervos humildes de los monjes, de fervorosos familiares de la Inquisicin, nos convertimos, cayendo en el extremo opuesto, en indiferentes incrdulos, en atrevidos escpticos; viniendo a parar en la Pennsula junto con otras causas no menos poderosas que sera muy largo referi r a que nuestras costumbres, ya maleadas de antemano por la supersticin antigua, se resintiesen lastimosamente de la materialidad de nuestras opiniones modernas. Los hombres serios y estudiosos lean a Holbach, a Helvecio, a Boulange r a Diderot, despus de aprenderse de memoria las obras maestras del Patriarca de Ferney; los mozuelos de uno y otro sexo devoraban a hurtadillas algunos, y a las claras los ms, los cuentos filosficos de V oltaire, los asquerosos y grotescos de Pigault-Lebrun, el Compadre Mateo o las Amistades peligrosas amn de otras lindezas, con que provean a nuestro escaso mercado de libros, sobre todo en nuestras Amricas, cuatro especuladores infames de Pars, Burdeos y otras partes. Y cul fue el fruto de semejantes leyendas? Funesto, funestsimo. Porque puede ser materialista, impunemente para los que le traten, un culto y refinado europeo de Inglaterra, Francia y Alemania, pues que, por el adelantamiento intelectual de estos pases, de buen grado y por un egosmo bien entendido, hasta cierto punto, se sabr sujetar a un plan de conducta, si no religiosa y pura en el fondo, al menos decente en las apariencias; 3 ms en pases tan atrasados como los nuestros en todas aquellas 3. Aun en la realidad puede admitirse la decencia y la honradez en un ateo ilustrado; pero consiste esto en que entonces no es consecuente con sus ideas; como por fortuna vemos que es muy comn. Helvecio era un excelente sujeto en su conducta pblica y privada; la humanidad siempre tiene instintos conservadores, por estrafalarias que sean las teoras que la gobiernan por algn tiempo.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 139 / 139 artes, que pudieran llamarse flores de la civilizacin, un materialista por necesidad debe ser el ente ms odioso y grosero del mundo. Como que no tiene muy alta idea de su naturaleza, pues juzga igual su destino pstumo al de los brutos irracionales, se asemeja e stos en sus hbitos y costumbres: careciendo, adems de toda polica de modales, porque a duras penas ha podido aprenderlos en el crculo que le rodea, no tiene aquel barniz seductor de cortesana de un francs, v .g., que si no lo disculpa de su atesmo, al menos disminuye la repugnancia que debiera causarnos en su trato. Ahora bien, figurmonos lo que sern, convertidos en ateos, y adems de su genuina y especial rusticidad, cualquiera de aquellos silvestres individuos de una misma familia, aunque se les distinga y bautice con los nombres diversos de patn, guajiro, gaucho, charro o llanero... Figurmonos picando ms alto, la grotesca transformacin, o ms bien dicho, degradacin que sufrir al perder las pocas ideas de religin que aprendi desde su niez y que formaban su nico y escaso caudal intelectual, un vecino acomodado de la mediana, un mercade r por ejemplo, o un hacendado de Madrid o Barcelona, de La Habana o Matanzas, de Mjico, Caracas, Lima o Montevideo... Un monstruo, por no decir una bestia indmita. Esta falta de principios slidos y puros de religin, es la causa principal de que no se encuentren en nuestras grandes poblaciones hombres generosos y entusiastas, que animados de aquella caridad activa que slo nace y sabe producir el fervor religioso, acometen empresas difciles de beneficencia pblica, y que son tan comunes hoy en Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos, y lo que fueron antes en nuestras Espaas, cuando las iluminaba todava la antorcha de l a fe, aunque con opacos y lgubres resplandores. Por eso no pasan de meras farsas nuestros actos de devocin dentro y fuera del templo, pues cuando ms son hijas de una supersticin boba e ineficaz, que no penetra con su tibio calor el fondo del corazn, y lo que hace es ofuscar y pervertir el entendimiento: por eso nuestras mujeres, casadas y doncellas, de clara u oscura estirpe y categora, estn tan expuestas a la seduccin, a pesar de la vergonzosa pero necesaria vigilancia de sus padres y maridos, y de su natural modestia y compostura; por eso, nuestros mozos en general, de cualquiera clase y condicin que sean, con muy contadas excepciones, se entregan, y lo que es peo r hacen alarde por parecer marciales y despreocupados, del ms soez y ordinario libertinaje, y cuando se hallan ms adelantados en la vida, celebran como una gracia, como travesuras y agudezas de su vivaz ingenio el uso de artimaas y perfidias en el comercio, en la carrera parlamentaria, en el foro; artimaas reprobadas hasta por el simple decoro mundano, que las escarnece con el nombre de vilezas y picardas; y por eso se malogran lastimosamente en flor tantos y tan prodigiosos entendimientos, como nacen y se cran en nuestra frtil raza. Y a se ve: aniquilada en nosotros, con el escepticismo, el fundamento de toda espiritualidad, pierde nuestra alma su energa solariega y generosa;

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140 \ 140 \ NOVIEMBRE 1838 de seora que era de la materia, de la carne, segn llamaban los telogos a esta enemiga del espritu, se ve reducida a la triste condicin de esclava de los sentidos; muere, pues, en ella de inanicin todo conato, todo hidalgo deseo de elevarse superior a las exigencias puramente animales de la cubierta moral que la oprime, y abotagada y sin fuerzas, renuncia al privilegio de su actividad moral e intelectual. Entonces nos convertimos en monstruos indefinibles, pues ni somos hombres, porque carecemos de alma, ni somos brutos (antes nos hacemos inferiores a ellos) porque carecemos tambin del instinto providencial con que dot a estas criaturas la naturaleza. Y en llegando a tal extremo por qu ha de ser el hombre vecino honrado, firme patriota, casto, amoroso y bueno? Si no cree en la inmortalidad de la noble parte de su se r que discurre y goza del incontestable albedro de obrar conforme a su voluntad; si no cree en la existencia de un ser misterioso, infinito, omnipotente y sabio, que form y gobierna el universo; por qu no ha de anteponer a toda idea de virtud y deber su conveniencia personal, sus gustos y placeres? por qu no ha de tratar en su conducta pblica de salvar slo las apariencias? Y eso por no hacerse odioso a los dems hombres, que l supone haber dejado atrs en estas materias, los cuales, para juzgar una accin, no echan mano de las balanzas acomodaticias de Bentham, sino que le aplican espontneamente el simple pero seguro criterio de la razn. Triste es en verdad el cuadro que acabamos de disea r ... Y no habr remedio para tan funestos males? Por fortuna los hay y eficaces, pues no depende su aplicacin slo de la voluntad de los inficionados, sino de la mano enrgica, irresistible de la civilizacin que progresa y cunde. Aun a los pueblos ms remotos y apartados del foco de la sabidura europea, llegan en las del comercio y la navegacin, las emanaciones saludables de la ciencia y de la verdad; todas las gentes y naciones se aprovechan al cabo de los desperdicios de aquel esplndido banquete intelectual, que all celebran los reyes y adalides del pensamiento humano. Y a en la Pennsula, que es la que goza entre todas las Espaas mejor posicin geogrfica, mirada bajo este punto, va penetrando la luz de la filosofa espiritualista que es la del siglo por excelencia, y con ella van despertndose en la parte culta de la poblacin las venerandas creencias de nuestros padres, pero depuradas del fanatismo y la supersticin que las oscurecan: ya tiene filsofos y estadistas, que con su voz animadora convidan a sus compatriotas al estudio, a la observacin del Evangelio. En nuestra propia Isla se experimenta igual influjo, el cual, combinndose con los preciosos restos de la fe religiosa, que todava conservamos en toda su lozana, ir ganando terreno en las almas puras y en los entendimientos ilustrados y penetrantes. De su completo triunfo depende ms de lo que parece nuestra felicidad individual domstica, la tranquilidad de nuestros espritus, y la ventura y gloria social de nuestra querida patria.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 141 / 141 XVI XVI MEDIA P MEDIA P ALABRA AL A ALABRA AL A UTOR DEL AR UTOR DEL AR TCULO TCULO MORAL RELIGIOSA, MORAL RELIGIOSA, INSER INSER TO EN LA 3 TO EN LA 3 ENTREGA DE EL PLANTEL ENTREGA DE EL PLANTEL 4 4 P OR F AIR -P LA Y [J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ] ( Diario de la Habana noviembre 25 de 1838.) Supone usted aniquilada la doctrina de la sensacin en virtud de las impugnaciones que le han hecho Royer Collard, Cousin y Jouffro y siguiendo las huellas de los escoceses Reid y Dugald Stewart, y a los profundos idealistas alemanes. Pues yo opino cabalmente lo contrario, es deci r que despus de las impugnaciones queda en pie la citada doctrina. Grave es por cierto la cuestin, y Ud. la ha hecho ms grave pretendiendo enlazarla tan ntimamente con la importantsima de la Religin. Pero hasta ahora ni Ud. ha dado la razn de su dicho, ni yo tampoco. Ud. habl primero, a Ud. pues compete explicarse desde luego, para proceder en materia de tanta trascendencia en el orden, franqueza y detenimiento con que desea ventilarla un apasionado de Ud., pero que lo es ms de la verdad. Fair-Play. Che si la voce sua sar molesta Nel primo gusto, vital nutrimento Lascier poi quando sar digesta. 5 D ANTE 4. En febrero del ao actual (1890) di al pblico en el diario de esta capital El Pas un trabajo titulado Un episodio de la vida de tres hombres clebres, que se reprodujo por la Revista Cubana en su nmero de abril siguiente, y en el cual refiero cmo tuvo lugar una ruptura de las amistosas relaciones de Luz Caballero y Domingo del Monte, a causa de un artculo de ste sobre Moral Religiosa, inserto en El Plantel peridico de don Jos Antonio Echeverra y don Ramn de Palma. Entonces ignoraba quin haba sido el que con el pseudnimo de El suscriptor al Plantel contendi con Luz Caballero, pero el ilustrado escritor y conocido publicista, mi distinguido amigo doctor don Vidal Morales y Morales ha obtenido posteriormente noticia cierta de ser don Flix Tanco y Bosmeniel, persona de erudicin y literato de nota, que nacido en Bogot vino muy nio a Cuba, y residi siempre en Matanzas. (Alfredo Zayas.) 5. Por eso dijo el primer poeta del orbe, que si la voz de la verdad es desapacible al principio, siempre dejar nutrimiento vital en nuestro corazn, una vez rumiada y digerida (Luz, La Polmica filosfica B.A.C. t. 12 p.338). Vid. Aforismos no. 625 (Roberto Agramonte).

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142 \ 142 \ NOVIEMBRE 1838 XVII XVII DOS P DOS P ALABRAS SOBRE CUESTIN DE MTODO ALABRAS SOBRE CUESTIN DE MTODO POR J OS T DE LA V ICTORIA ( Gaceta de Puerto Prncipe noviembre 28 de 1838.) Nace el hombre, y al nacer se encuentra en medio de un mundo y una sociedad que no ha creado, y a cuyas leyes no puede sustraerse, sbdito con respecto a su Creado r seor respecto de la naturaleza fsica, y compaero de los dems hombres; necesita de su atributos constitutivos, la inteligencia y la libertad, para desempear con provecho su doble misin de espectador y actor sobre la tierra. Desde la cuna no hace ms que recibir impresiones de cuanto le rodea, como simple espectado r hasta que por grado se va desenvolviendo su inteligencia con la edad, y ya empieza a inquirir el porqu de cuanto ha observado, en cuya inquisicin desempea su papel de acto r. Las primeras impresiones de su niez casi no encuentran eco en su entendimiento, que las recibe pasivamente, sin esforzarse gran cosa por conocer lo que se las produjo; pero las de ms adelante ya principian a reflejarse en su mente, y a despertar en ella el deseo de conocer los objetos que se las causan. Entonces es cuando comienza a analiza r y poco despus a deducir por induccin, por analoga y por comparacin, en los nuevos hechos que se le presentan con las mismas circunstancias de los que antes haba observado. Todo esto lo hace el nio sin saberlo y a su pesar; y si el hacer buen uso de un instrumento puede alguna vez confundirse con el conocimiento de su mecanismo, yo convendr a lo ms que coexiste, pero nunca precede, la lgica respecto de la fsica o ciencias naturales. Raros de los que poseen reloj y hacen frecuente uso de l, conocen su mecanismo. Aunque llegado el hombre a la edad de hacer uso de su razn, rara vez la conoce desde ese instante, ni a s mismo, ni los dems fenmenos que descubre en su interio r excitados por los objetos sensibles, que al ejercitar continuamente sus facultades mentales, se las pone de manifiesto, para que pueda descubrir en ella su naturaleza y el orden con que proceden. Entonces y slo entonces es cuando vemos ya penetrar al hombre en el santuario de la filosofa o de la verdadera lgica, la lgica como ciencia. Despus de este anlisis de los fenmenos de la conciencia, cuando ya se han reducido los resultados a reglas, es que viene a nacer lo que podemos llamar el arte lgico; pues que un conjunto de reglas o principios jams puede ser ciencia, sino resultado de la ciencia! El qumico, como sabio,

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 143 / 143 investiga y reduce a reglas sus observaciones; el fabricante que hace uso de ellas o las aplica a sus procedimientos mecnicos, no es ms que un artista. Hemos visto hasta aqu que el testimonio de nuestra conciencia nos dice que el uso de la lgica es coexistente, no anterio r al estudio de las ciencias naturales; y que muy posterior a este estudio y como por reflexin de l, es que se estudia el hombre a s mismo, esto es, la filosofa o la lgica como ciencia, por consecuencia de cuyo estudio nace el arte lgico. Veamos ahora si la historia, es deci r la humanidad o el hombre mismo considerado en el espacio y en el tiempo, corrobora este aserto de la filosofa o de la conciencia humana: slo es verdadero lo que est de consuno con la historia. No hay nacin alguna, sin excluir ni las que se esfuerzan por alcanzar la meta de la civilizacin, que no haya pasado en su tiempo por las diversas y sucesivas situaciones de nmada o errante, cazadora, pastora, agricultora, industriosa, etctera; en todas se ven en grande atraso las ciencias morales o la filosofa, o ms bien dicho, una absoluta ignorancia de ellas, mientras no se las ve llegar siquiera al estado de agrcolas; y siendo la lgica o la filosofa una de tantas o ms bien el complemento de todas, es claro que viene con posterioridad a los dems conocimientos que se desenvuelven en los pueblos al pasar por los distintos grados que preceden a su desarrollo moral, conocimientos que todos son fsicos y por consiguiente ciencias naturales. Ningn pueblo se ocupa de s mismo, ni de su organizacin y existencia moral, mientras no llega a un estado en que no necesita de su trabajo diario y continuo para su existencia fsica. Reconocida ya, como una verdad, por el testimonio unnime de la filosofa y la historia, la existencia del orden indicado de los acontecimientos humanos, rstanos resolver esta cuestin, no difcil ahora: cul ser el orden mejor y ms sencillo o de ms fcil acceso en la enseanza? Es claro que el ms natural, el de sucesin, el que gua de lo ms fcil a lo ms difcil, es el del estudio de lo material antes que el de lo espiritual, el que antepone las ciencias naturales a las morales, la fsica a la lgica. Las ventajas que saca un nio de tener maestro, pueden reducirse a una esencial o que las comprende todas: la mejor direccin; si se aparta de sta su maestro, no cumple con su debe r Si, pues, se ha visto ser el mejor el orden ms natural, es claro que un preceptor debe dirigir la enseanza de su discpulo siguiendo este mismo orden ms natural, so pena de tener que volver a las andadas y hacerle invertir doble tiempo del que necesitara. Se dir tal vez que nada ofrece de dificultoso o imposible el que un nio aprenda antes de estudiar fsica las reglas del arte lgico, pero obsrvese que el arte no es la ciencia, y que puede aprender las reglas de aqul como un papagayo una relacin.

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144 \ 144 \ NOVIEMBRE 1838 He aqu en compendio mi profesin de fe filosfica en cuanto a mtodos. Las importunaciones de algunos amigos slo han podido obligarme a darle publicidad. 6 6. Escrito estaba este artculo, haba muchos das, cuando sali en la ltima Gaceta el del Dmine contrado a la misma cuestin, del cual es el presente en el fondo una cumplida refutacin; sin embargo, su autor se propone hacer ms adelante algunas observaciones ms concretadas al indicado artculo. (No hemos podido encontrar este importante artculo del Dmine de noviembre 17 de 1838, que ha de ser refutado en los que subsiguen de Luz. De encontrarlo algn estudioso, lo publicaramos en los apndices [Roberto Agramonte].)

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XVIII XVIII EL A EL A UTOR DEL AR UTOR DEL AR TCULO MORAL RELIGIOSA, TCULO MORAL RELIGIOSA, INSER INSER TO EN LA 3 ENTREGA DEL TO EN LA 3 ENTREGA DEL PLANTEL PLANTEL A A F F AIR-PLA AIR-PLA Y Y P OR D OMINGO DEL M ONTE ( Diario de la Habana diciembre 5 de 1838.) Y o no supongo en mi artculo aniquilada la doctrina de la sensacin : lo que dije fue, que esta doctrina era la reinante en F rancia, cuando los catedrticos de filosofa, que cit, se presentaron a luchar cuerpo a cuerpo con sus mantenedores Esto dije, y no otra cosa, sin agregar nada de aniquilamiento, ni aun de triunfo en favor de ninguno de los luchadores; ni poda decirlo, cuando s muy bien que la lucha dura todava. Que hoy todava son, no slo sensualistas sino ultrasensualistas, grandes y distinguidos ingenios; y cuando, por otra parte, dicha teora encierra en s, mezcladas con sus errores, muchas verdades, que son imperecederas, como lo es toda verdad. Indiqu, s, rpidamente y de paso porque el objeto principal de mi artculo era otro en qu consista, a mi perece r el vicio fundamental y las consecuencias morales de aquella doctrina; tambin indiqu de paso la esperanza consoladora que despert en la juventud francesa el or otra teora filosfica, en que por la ciencia misma se logra restablecer el espDICIEMBRE

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146 \ 146 \ DICIEMBRE 1838 ritu y rehabilitar el alma Hubo sin duda, equivocacin al interpretar mis palabras. Esto, en cuanto a mi dicho. En cuanto a la paladina manifestacin que hace el seor Fair-Play de su distinto modo de pensa r respecto del mo, espero que con la aclaracin que acabo de hace r quedar satisfecho. Si no tuviere yo esta buena fortuna, lo sentir en el alma, porque me ver en el duro caso de entrar con l en la polmica a que de improviso me provoca, la cual no podra yo honrosamente esquiva r despus que l ha hecho al pblico partcipe de sus intenciones. Y digo que sera duro ese caso para m, porque no soy menos apasionado de Fair-Play de lo que l lo es mo, aunque tengo la ventaja de que mi amor a la verdad no est en oposicin con la amistad que a l profeso. Por lo dems, nada tengo que aadir ni explicar a lo que dije en mi artculo. Si mis proposiciones psicolgicas, morales y polticas no son exactas, o tienen tendencias perjudiciales o son errneas o disparatadas, yo agradecer mucho, no digo a Fair-Play que es perito abonado en esta materia, pero a cualquiera otro vecino del pueblo, que levante su voz y las impugne, y me saque de errores, pues ya entraron en el dominio y jurisdiccin del pblico: slo suplico que lo hagan con la misma lealtad, con la misma buena fe y candor con que yo sin segundas ni ruines intenciones las estamp en El Plantel fijo solamente mi pensamiento en el bien que a mi patria pudieran produci r Habana, 28 de noviembre de 1838. D.d.M XIX XIX CONTEST CONTEST ANDO AL AR ANDO AL AR TCULO DEL SUCRIPTOR TCULO DEL SUCRIPTOR AL AL PLANTEL PLANTEL INSER INSER TO EN TO EN LA LA A A URORA DE URORA DE MA MA T T ANZAS ANZAS DE 30 DE NO DE 30 DE NO VIEMBRE L VIEMBRE L TIMO TIMO P OR F AIR -P LA Y (J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ) ( Diario de la Habana diciembre 5 de 1838.) Conque el autor del artculo Moral Religiosa inserto en el nmero 3 del Plantel no supone aniquilada la doctrina de la sensacin! V amos a ver quin tiene razn, seor Articulista, si Ud. en decir que no, o yo e n afirmar que s. Desde las primeras palabras del prrafo 4 empieza el autor del

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 147 / 147 artculo a caracterizar su modo de ver en la cuestin, que no puede ser ms terminante. Tan aniquilada la supone, cuanto que cree intil repetir que semejante teora pone el nico y exclusivo origen de nuestras ideas, aun de todas las absolutas, en los sentidos. Que es como si dijera: gente tan atrasada la del opuesto bando que aun las ideas absolutas quiere derivarlas de los sentidos; slo ese aun basta para ganar a Ud. con costas, y vaya Ud. apuntando, seor Articulista. Sigamos viendo qu bien observa las reglas del clmax el autor del artculo, para no dejar ni sombra de duda sobre su opinin. De aqu dedcese (esto es, de la doctrina, y son sus palabras) con exacta ilacin lgica la negacin de la existencia y de la inmortalidad del alma... Pero una doctrina que con exacta ilacin lgica conduce indefectiblemente a negar la existencia y la inmortalidad del alma es insostenible, aun cuando fuese defendida por los ms expertos campeones; luego, supone aniquilada la doctrina de la sensacin el que asienta como premisa que ella conduce por lnea recta al materialismo. Luego, el autor del artculo Moral Religiosa presenta la doctrina de la sensacin no como quiera aniquilada, sino como un veneno que corroe a la sociedad en sus primeros fundamentos. Y no tome el articulista de Matanzas en tan estricto sentido la voz aniquila r que quiere darnos a entender no estar aniquilada una doctrina por haber todava quien salga a defenderla, pues hasta las causas ms perdidas hallan vehementes defensores, siendo en vano que se presenten tales adalides si la causa ha sido perdida ante el tribunal de la razn. Demasiado percibir Ud., seor Articulista, la fuerza de estas razones para que yo me detenga a detallarlas. No contento todava el autor del artculo con tachar de materialista la doctrina de la sensacin, la tilda tambin de inconsecuente; aqu estn sus palabras: por lo que los telogos tomistas, que abrazaron por una contradiccin inexplicable con sus principios religiosos los cnones ya bastardeados del Peripato, tuvieron que ocurrir a la omnipotencia de Dios, para sacar en salvo la parte espiritual del hombre. Luego, esta doctrina, si escapa del escollo del materialismo, naufraga en el bajo de la inconsecuencia. Ahora confiseme Ud. de buena fe si el que sostiene que una doctrina que por exacta ilacin lgica conduce al materialismo o a la inconsecuencia no la da por aniquilada. Y cuenta que a tal resultado se llega, no as como quiera, sino por una exacta ilacin lgica: de suerte que el que as se explica debe estar ms que apertrechado de pruebas para reducir a cenizas a cuantos osen contradecirle. V erdad es que en todo el artculo no se encuentra la palabra aniquilar; pero de ah no se infiere que no se suponga aniquilada la doctrina, que es la locucin de que como de una frmula me he valido yo. As en el lgebra una letra cualquiera del alfabeto representa un dato de la cuestin; y se hara muy ridculo el que pretendiera negar el valor que representase la

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148 \ 148 \ DICIEMBRE 1838 l etra; o para hablar al alcance de todos los lectores, dir que esto es lo mismo que si se afirmase que Antonio, vg., no le haba quitado la vida a Juan, porque en los autos no se deca tal cosa, sino que le haba dado la muerte. Pero si a Ud. le parece, no pelearemos por la palabra aniquila r y convendremos en que el autor del artculo ha impugnado, o ha hablado en contra o se ha opuesto, como Ud. guste, al sistema de la sensacin, y ah est vivo su papel que no me dejar menti r y que si Ud. me apura, lo reimprimir. Pues, seo r yo defiendo el sistema: salga Ud. si quiere a la palestra, y aniquleme si est en su mano, y no se ande con escaramuzas, sino haga la guerra lisa y llanamente. Pero vamos ya a la cita a Cousin. Efectivamente, este caballero afirma que no quiere destruir el sensualismo, sino nicamente reducirlo: veamos cmo cumple su palabra. Tanto el sistema espiritual como el sensualista convienen en que el alma forma las ideas de los cuerpos por el ministerio de los sentidos: de suerte que el punto nico de divergencia est en que el sensualismo atribuye el origen de todas las ideas a la sensacin, al paso que el espiritualismo deriva unas de la misma fuente, y otras inmediatamente del alma. Prescindiendo ahora de la cuestin sobre verdad o falsedad de estos sistemas, pregunto: podrn ser conciliables? Qu! puede haber en las ciencias transacciones como en los negocios de la vida? Las cosas no se hicieron para las ciencias, sino las ciencias para las cosas: la naturaleza y el hombre nos presentan sus fenmenos, y tratamos de explicarlo; podrn darse muchas explicaciones, pero una sola ser la verdadera. Bien s que Leibnitz trat de conciliar a Platn con Aristteles, pero esta empresa no es realizable en el punto a que nos contraemos. Dirse que tambin Victor Cousin ha acometido la misma tarea conciliando a Locke con los metafsicos escoceses y alemanes. No hay tal: l no hace ms que combatir a Locke afectando imparcialidad, como lo demostrar hasta la evidencia el que esto escribe: y por cierto que si bien a veces lo impugna con razn, en otras, y no pocas, no juega con l muy limpiamente. Es costumbre muy antigua en el seor Cousin, a quien venero por su elocuencia vasto sabe r celo por la instruccin pblica y otras dotes, el decir una cosa y hacer otra. Cuidado que yo no trato de la conducta del hombre, sino de la tctica del escritor; y hablando sin rodeos, el C urso de filosofa del seor Cousin est plagado de palmarias contradicciones. El que esto escribe, que no jura en las palabras de nadie y que por lo mismo no aspira a que otros juren en las suyas, ha ideado el medio mejo r ms amplio e imparcial, para entablar una polmica con las ideas de ese esclarecido varn. Y cul es ese medio? Traducir sus obras y anotarlas; ste es el mejor modo, aunque no el ms lucido, de pesar el pro y e l

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 149 / 149 contra. Meses ha que se anunci esta traduccin, 1 no habindose podido poner en planta por falta de salud en el traducto r pero ya en breve se abrir la discusin. Ser por ventura un presumido al proponerme combatir las doctrina de tan privilegiado talento? Nada menos que eso; nada dista ms de mis principios; pero cuando un hombre, por grande que sea, est en el erro r es dado hasta al ltimo pigmeo el convencerle de l. As mi empresa es fcil, facilsima; ni pretendo honrarme con ella, ni puse mi nombre en el anuncio, ni indiqu circunstancia alguna por donde se viniera en conocimiento del traductor: prescindo siempre de las personas y me voy derecho a las cosas; que se diga la verdad, y dgala quien la dijere: Che si la voce sar molesta./Nel primo gusto, vital nutrimento/Lascier poi, quando sar digesta. 2 Dije, y me ratifico, que el autor del artculo haba pretendido enlazar la cuestin del origen de las ideas con la importancia de la religin. Me contesta Ud. que no hay tal pretensin de enlazar lo que est enlazado naturalmente, pues la cuestin religiosa es una consecuencia de la cuestin metafsica. Lo niego, y me fundo en que se puede atacar a la religin siguiendo el uno o el otro sistema, y sin seguir ninguno de los dos, esto es, sin entrar en la cuestin metafsica. No se me oculta que Cousin y sus partidarios quieren poner la marca de irreligiosos a los que defienden la opinin contraria. Pero, hablemos claro, en qu gana o peligra la causa de la religin porque se defienda o se niegue que el punto de partida de todos nuestros conocimientos es la experiencia o la razn, o que sta preceda a aqulla o viceversa? Tmese, pues, el rumbo que se quiera, no hay miedo a caer en el materialismo, pues en ambos sistemas se sostiene que siempre es el alma quien conoce. A lo que parece no ha ledo Ud. los dos ltimos artculos publicados en el Noticioso de esta ciudad de 7 de noviembre y 1 del corriente por Cauto 3 sin contar otros que ha dado en meses anteriores. En ellos ver Ud. bien entendida la doctrina del sensualismo, cabindome tanta ms satisfaccin en esta cita, cuanto que esos escritos son obras de un estudiante que todava frecuenta las clases, y a cuyos argumentos debi haber hecho algn caso el autor del artculo Moral Religiosa No conozco al seor Cauto, pero sus escritos me han inspirado el deseo de conocerle y felicitarle, pues aunque no crea yo en las ideas innatas, me es innato el amor a la verdad, y ms innata la propensin de tributar homenaje al mrito donde quiera que lo encuentre. 1. Luz Caballero no realiz nunca esta proyectada traduccin de las Obras de Cousin, o por lo menos no tengo noticia de que lo hiciera. (Alfredo Zayas.) 2. Vid. Supra p. 141. 3. Era el pseudnimo de Juan Francisco Funes, muy estimado por Luz (vase Aforismos no. 7). (Roberto Agramonte.)

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150 \ 150 \ DICIEMBRE 1838 Dice Ud. que no hay cuestin ni grave, ni media. Cmo! Y si un padre de familia celoso por la educacin de sus hijos le hiciera a Ud. este argumento? En la Habana hay ms de una Ctedra 4 donde se profesa esa doctrina; es as que sta siembra en el corazn la semilla de la incredulidad, o comunica al entendimiento el mal hbito de la inconsecuencia, que es muy frgil tabla para salvarlo de otros naufragios; luego, la Ctedra donde tal se ensea es una Ctedra de pestilencia. Qu contestara Ud., amigo mo? Es grave o no la tal cuestin? Y cuidado que slo alzo un canto (para volverlo a echar) del velo que cubre el asunto; y repare que no he dicho que tal sea la intencin del auto r sino que sta es una consecuencia forzosa de sus principios. Por ltimo, como juego tan limpio y el autor o el artculo no hubiese ms que repetir lo que tanto cacarean Cousin, dEckstein y toda la brillante plyade redactora de la Revista Francesa y Extranjera le ped entrara en explicaciones, por ver si habiendo estudiado mejor que yo la materia, me convenca de la falsedad de mis principios. A lo que se agrega que merecindome el autor muchas consideraciones, no quera, como pude, atacarle de rondn, marcndole, como lo har en su oportunidad, las contradicciones e inexactitudes que ofrece el prrafo 4 de su artculo. As que, por irme tan suavemente, me he granjeado la contestacin del articulista de Matanzas, a quien creo haber satisfecho con lo dicho, quedando abierta la causa en lo principal (pues ste es un incidente insignificante) as para l como para cuantos se dignen impugnar las razones de un pobre pensado r pero que pobre o rico, piensa siempre con su cabeza y siempre juega limpio. Fair-Play. Habana, diciembre 3 de 1838. 4. Haca dos meses escasos que Luz Caballero explicaba pblicamente filosofa en el Convento de San Francisco. (Alfredo Zayas.)

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 151 / 151 XX XX F F AIR-PLA AIR-PLA Y Y AL A AL A UTOR DEL AR UTOR DEL AR TCULO TCULO MORAL RELIGIOSA MORAL RELIGIOSA P OR F AIR -P LA Y (J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ) ( Diario de la Habana diciembre 7 de 1838.) Es cosa muy sencilla lo que ha ocurrido entre nosotros: Ud., con pleno conocimiento de causa, y estando muy al cabo de las opiniones que as en pblico como en privado he sostenido en esta materia, juzg sin embargo de tal importancia, tan necesario, o al menos tan conveniente introducir en su artculo la cuestin filosfica que no titube en darle un lugar preferente: y esto es una obra como El Plantel destinada muy especialmente al mayor nmero de lectores, para quienes en sentir de Cousin y todo sensato, no son pastos muy a propsito las graves cuestiones de la Filosofa. Que se aprovechen las luces que sta ofrece para mejor inculcar al pueblo las verdades de la religin, nada ms en el orden; pero internarle en el laberinto de las doctrinas psicolgicas de las diversas escuelas y hasta sin entrar en los fundamentos en que descansan, parceme tan inoportuno, que cuando menos le cuadra non erat hic locus 5 de Horacio. Esto en cuanto a Ud. En cuanto a m qu hice yo? Nada ms que decir: Fndese Ud.. Quin provoc, pues, a la lid, Ud. o yo? Lo nico que hay de particular en este pleito, as como acontece en otros muchos, es que la contestacin se convirti en reconvencin; no poda ser de otra manera, puesto que yo doy a la cuestin filosfica toda la importancia que se merece. En las actuales circunstancias, sobre todo, es para m tanto ms vital cuanto que veo a una parte de nuestra interesante juventud deslumbrada con el falso brillo de unas doctrinas que propenden a hacer retrogradar los conocimientos humanos. Y aqu est el mvil que pone la pluma en mi mano para anotar a Cousin y para contestar a Del Monte. No me impuse la primera tarea ms de dos meses ha, exponindome a hacer el sacrificio de mi frgil salud? Se ve, pues, harto claro que no he tenido empeo en impugnar a Ud. ni a persona determinada; me dirijo al asunto y slo al asunto, prescindiendo, como acostumbro siempre, de las personas. Que somos amigos!... Tanto mejor para la cuestin, porque al ventilarla reinar la urbanidad y el comedimiento. Y a la verdad que sera un 5. No era sta la ocasin.

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152 \ 152 \ DICIEMBRE 1838 es pectculo realmente bello, y que puede considerarse como un triunfo de la civilizacin el ver a dos amigos, celosos a cul ms por el bien de su patria (de esta patria, a quien jams, podr por mi parte pagar la inmensa deuda que con ella tengo contrada), agitando las graves cuestiones de cuya solucin penden los futuros adelantos intelectuales de sus hijos, y lo que es ms, la futura mejora de sus costumbres, sin cuyo slido cimiento in vanum laboraverant qui dificant eam 6 No alcanzo, pues, ni cmo teme Ud. que achaquen a segundas y ruines intenciones la publicacin de sus ideas en El Plantel ; ni menos que a quien las impugne pueda faltarle la misma lealtad, la misma buena fe y candor con que Ud. las estamp, fijo solamente su pensamiento en el bien que a nuestra patria pudieran produci r Me abstengo de entrar en comentarios. Ud. no dude un instante que aquellas cualidades y esta mira son plantas arraigadas en el pecho de un hombre que siempre ha ajustado su conducta filosfica a aquella regla, de oro en su humilde concepto, que proclam ha de tres aos: el verdadero filsofo es modesto y circunspecto para decidi r, accesible para siempre o r y slo firme para examinar. Y he aqu la mxima que he procurado con todas las veras de mi corazn (que no es tibio) con todas las conquistas de mi aplicacin, no dir grabar sino encarnar en los entendimiento de nuestra cara juventud, para asegurar el triunfo de la verdadera filosofa entre nosotros, para no dejarla arrebatar de todo viento y todo color de doctrina, y que la autoridad de la escuela, verdadero Proteo, no ocupe el augusto solio de la razn, ante cuyo tribunal debe todo comparece r sin que pueda eximirse la razn misma. Y o quisiera que el entendimiento de nuestros jvenes fuera como el cristal, que dando slo paso a la luz de la verdad, fuese impermeable al sutil polvo del erro r Yo quisiera... vencedor o vencido, arribar al puerto del desengao. En resolucin, todo esto quiere decir que doy suma importancia a la cuestin; pero no que yo le compulse y apremie a Ud. a entrar en su examen pblicamente, mxime cuando lo he de hacer a la larga en la traduccin del Cousin. Me alegrara, s, en los ms ntimo del alma, la ventilsemos privadamente en su propia morada de Ud. a presencia de dos o ms amigos inteligentes, o a solas, como Ud. guste, acompandonos en todo caso un taqugrafo (que le tenemos muy experto y se halla a mi disposicin) para recoger las razones que en pro y en contra jueguen en el curso de la discusin, y ofrecerlas despus a la juventud estudiosa de nuestra patria como prenda y fruto de nuestro amor a la madre comn. Y ved aqu a FairPlay estrechando en un abrazo mismo, con toda la efusin de su ardiente pecho, abrazo pursimo y eminentemente cristiano, a la madre, a los hijos y al amigo, o, por mejor deci r al hermano. Fair-Play Habana, diciembre 6 de 1838. 6. Trabajan en vano los que la construyen.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 153 / 153 XXI XXI SEGUND SEGUND A RPLIC A RPLIC A AL A AL DMINE DMINE DE P DE P UER UER TO TO PRNCIPE (LICENCIADO MIGUEL STORCH) PRNCIPE (LICENCIADO MIGUEL STORCH) 7 7 POR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana diciembre 17 de 1838.) Pro me laboras. 8 Ser muy breve; as por hallarse contenidas en mi anterior papel, ya largamente, ya en embrin, las respuestas a las objeciones que ahora se le hacen, como por la facilidad de reducir los puntos que se toca a los trminos ms claros y sencillos. 1. De acuerdo con el Dmine y con Cousin, en que segn el mtodo de un filsofo, as ser su doctrina. Mas nunca podr convenir en que si poseysemos el inestimable tesoro de un diccionario perfecto slo se disputara en las casas de locos. Pues, aunque realmente se suscitan millares de cuestiones que vienen a reducirse a disputas de palabras, y que por consiguiente se eviten muchas de aqullas con slo definir stas, todava es inconcuso que no todas, todas las cuestiones que median entre los hombres, pueden resolverse en contiendas de voces. Es acaso lucha de palabras la gran cuestin que se est agitando en los campos de Navarra entre cristianos y carlistas, hijos todos de la misma madre? Idea muy menguada es menester formarse de la humanidad para creer que slo por palabras est derramando su sangre a torrentes: cuando tal sucede, y aqu tengo la dicha de caminar de acuerdo con Cousin, es porque tercian grandes intereses de una y otra parte. Pero salgamos del agitado palenque de la poltica para entrar en al apacible santuario de las ciencias: son por ventura cuestiones de palabras las tantas y tan graves que a cada paso en ella se suscitan, y las muchas que estn y estarn largo tiempo sub judice ? Hara un agravio a los sensatos, si los molestase con el catlogo de estas cuestiones tan importantes como indecisas que pululan en el vasto espacio de las ciencias. Pero no puedo menos de insinuar una breve consideracin ideolgica muy adecuada a la materia, y es que semejante modo de ver hace consistir toda ciencia, como pretenda Condillac, en un idioma bien forma7. Prcticamente todas las rplicas de Luz que subsiguen lo son a la vez al Dmine y a Rumilio (Roberto Agramonte). El Dmine cataln, fue director del Liceo Calasancio de Puerto Prncipe. (Alfredo Zayas.) 8. Tus argumentos me favorecen.

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154 \ 154 \ DICIEMBRE 1838 do: lo que vale tanto como confundir el efecto con la causa ; pues la reforma del lenguaje de la ciencia no tanto depende de la exactitud del idioma empleado anteriormente en el anlisis (si bien tiene su buena parte) cuanto de la observacin (fuente de todo saber) que sobre los objetos instituimos. As que, observacin es la causa; la exactitud del lenguaje, el efecto. Un ejemplo lo har conocer palpablemente. Supongamos que un nio, o un rstico (que no es ms que un nio grande) al hablar de los cuerpos celestes, los apellida indistintamente estrellas: en tales circunstancias, si yo le hago observar que entre esas estrellas hay algunas que centellean, y otras que jams ofrecen tal apariencia, esta sencilla observacin basta para hacerle reformar su lenguaje, encargndole en consecuencia que para los cuerpos celestes que centellean conserve la palabra estrella, y a los que no presentan este fenmeno, aplique, v .g., la de planeta; crece su ciencia, y crece en proporcin su lengua: que hay planetas a cuyo rededor giran otros menores; otra observacin, otro trmino llmelos secundarios: que algunos cuerpos celestes aparecen rara vez, y luego dejan de verse presentando colas, barbas, etctera; otra observacin, y otro nombre cometas; y si se trata en fin de reunirlos a todos bajo un nombre o clave general, llmaseles astros. Pongamos el caso, que tan a menudo debe acontecer y acontece en nuestro estado social, de que el hombre conozca muchas veces el signo antes que el objeto que representa, o bien que el signo le ofrezca una idea inexacta: en la tal hiptesis. la observacin le hace o conocer el significado, o rectificar su lenguaje, cuando no formarlo. No es sta, ni ms ni menos, la historia de todas las ciencias? No se inventan voces nuevas cuando ocurren nuevas observacines, o sea, descubrimientos? Empero, no pretendemos por ende negar un instante la suma importancia de los signos, que son el ms eficaz instrumento del anlisis; opinando antes bien que esa misma importancia fue parte a alucinar a Condillac y otros idelogos hasta el punto de hacerles creer que una ciencia no era ms que una lengua bien formada. Y o, por el contrario, dir que una lengua bien formada es la expresin de una ciencia verdadera; as, pues, en vez de afirmar que toda ciencia es una lengua bien formada, debera decirse que toda lengua bien formada es una ciencia: si bien es innegable que el entendimiento del hombre no puede progresar en sus investigaciones sin el socorro de los signos. Pero, por Dios, seo r cada cosa en su lugar: los objetos son los materiales de las ideas, los sentidos el vehculo de las impresiones, la razn el agente de la observacin, y los signos el instrumento para marcar los pasos y poder continuar la marcha. Pero los signos producen en las matemticas, luego no son meros instrumentos. He aqu otro dato que contribuy sobremanera a deslumbrar a Condillac. Son efectivamente portentosos los resultados a que nos lleva la lengua del clculo (porque al fin el clculo no es ms que una lengua); pero no olvidemos que esta lengua slo se ejercita acerca

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 155 / 155 de las relaciones de la cantidad, no pudiendo menos de recaer sobre los datos que suministra la observacin. As, en pos de los datos viene el eficaz auxilio del clculo, que apoderndose de las circunstancias de los fenmenos, los asla para mejor entenderlos y seguirlos hasta en sus ltimos pormenores. Jams puede aplicarse con mayor exactitud la mxima de divide et impera esto es, abstrae y dominars el objeto. Los signos algebraicos, pues, por ser la ltima expresin de la sencillez y de la generalizacin, quitan a nuestro espritu las ocasiones de distraerse, librndole de carga r como tan enrgicamente lo expres Maine de Biran, el doble peso del signo y de la idea, cual acontece con los signos del lenguaje comn. Y aqu est explicado en gran parte el milagro de las matemticas; deducindose igualmente que el lenguaje de estas ciencias no puede aplicarse a todas las relaciones que ocurre examinar en las dems. Para no pecar de prolijo, excuso los ejemplos, y tanto ms, cuanto que me dirijo a inteligentes, que podrn suplir lo que omito. Slo s me ser permitido, para cerrar este punto, hacer un cotejo de los enunciados principios con el supuesto en que descansa el Dmine en su partida sobre la posesin del inestimable tesoro de un diccionario perfecto, en cuya hiptesis juzga que slo se disputara en las casas de locos. Absolutamente hablando es de suyo imposible poseer un diccionario perfecto; pues siendo la lengua una pintura exacta de la ciencia, slo llegando el hombre a saberlo todo, y saberlo con perfeccin, lograra un idioma perfecto; es deci r que solamente llegando a ser Dios, podra poseer un idioma perfecto. Luego un diccionario en rigor no puede ser perfecto, sino perfectible, como la ciencia que representa; o lo que es igual, ser relativa y particularmente perfecto. Ahora bien, podr evitarse con esta perfeccin relativa (nica concedida a la humanidad) el que se susciten diversas opiniones en la investigacin de los fenmenos? Podr el instrumento, por perfeccionado que est, hacernos prescindir en ciertos casos de la observacin? Podr el lgebra, la encantadora lgebra, aplicarse a toda clase de relaciones? O vendremos a parar en el escollo de los nominalistas? No echemos en olvido que tan slo las cosas son cosas, y las palabras no ms que palabras, que nada valen sino en cuanto representan cosas. Por ltimo, no quiero pasar adelante sin advertir al Dmine de Puerto Prncipe que en esta parte tambin me cabe la suerte (que no es poca) de abundar en las ideas del seor Cousin, de quien tanto, tanto tengo la desgracia de diferir en otros importantes particulares, aunque afortunadamente ni en uno siquiera de los que se tocan en el discurso del presente escrito. Pero no nos apartemos de la cuestin principal. 2. Convenido con el Dmine en que la Lgica es el estudio de las facultades mentales para dirigirlas en la investigacin de la verdad; o sea, la ciencia cuyo objeto es exponer los fenmenos y teora de la inteligencia. Definicin que envuelve una completa refutacin de los principios que se

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156 \ 156 \ DICIEMBRE 1838 pretenden sostener en contrario. Mas antes de entrar en semejante anlisis, no quiero pasar por alto el tropiezo que he dado en la nota 2 del Dmine. Ha credo ste conveniente fijar el sentido de la palabra Lgica, porque el autor de la Contestacin unas veces la ha tomado en sentido lato como cuando dice: que sin Psicologa e Ideologa no hay verdadera Lgica, y otras estricto, como cuando dice: se trata de que la Lgica sea, no el principio de todas las ciencias, sino una hija, una consecuencia inmediata de otras dos ciencias harto dificultosas, conviene a saber: la Ideologa y la Psicologa. Es verdad que yo tom en dos acepciones la palabra Lgica; una por la simple ilacin en cualquier materia, como cuando se dice escribir con lgica, y otra por la ciencia propiamente tal. Pero esto no es en rigor usar la palabra en sentido lato y en sentido estricto, sino en dos sentidos diversos, aunque anlogos. As, pues, siempre que se emplea una expresin en sentidos lato y estricto, se ha empleado realmente en dos sentidos; pero no siempre que se usa en dos sentidos pueden stos llamarse estricto y lato, pues tales adjetivos indican tan slo la mayor o menor extensin que se da a una misma idea, pero nunca la diversidad que reina entre dos o ms. As, pues, primera falta de lgica. Pero aun dado caso que yo hubiera tomado en sentido lato y estricto la palabra Lgica, es menester confesar que ha estado el Dmine muy desgraciado en la eleccin de las citas para probarlo. En efecto, decir que sin Psicologa e Ideologa no hay verdadera Lgica (como me expres en la pgina 336) 9 y que sta (como lo hice en 339) no ha de ser el principio de todas las ciencias, sino una hija, una consecuencia inmediata de la Ideologa y la Psicologa, es expresar la misma idea, y tomar la voz Lgica en la misma acepcin en ambos pasajes, que son cabalmente los escogidos por el Dmine, para manifestar que en un caso empleo la palabra Lgica en sentido lato, y en el otro en sentido estricto. Y se ve bien claro que non sequitur 10 con que segunda falta de Lgica sin salir de la estrechez de la nota. Por lo dems, no es contradictorio el comprender a la Ideologa en la Lgica, tomando esta palabra en el sentido lato de significar todo el grupo de las primeras ciencias intelectuales; pero en rigo r si la Lgica es lo que debe se r y lo que quiere el mismo Dmine que sea, esto es, la ciencia de la inteligencia para dirigirnos en la investigacin de la verdad, lejos de comprender a la Psicologa e Ideologa, debe forzosamente venir en pos de ellas por lo mismo que de la rectitud de nuestras ideas, es deci r de nuestras observaciones, ha de pender la exactitud del raciocinio. 9. Esta pgina y la citada despus son del volumen de las Memorias de la Sociedad Patritica donde se public el primer artculo de contestacin de Luz [p. l7 y ss. de este tomo] (Roberto Agramonte). 10. no hay consecuencia.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 157 / 157 Desembarazados ya de la nota, deberamos pasar a proba r como prometimos, que la definicin de la Lgica dada por el Dmine, envuelve la refutacin ms completa de sus mismas doctrinas. Pero como esto aparecer demostrado en todo el discurso del presente escrito, y aun va ya alguna prueba de ello en el examen de la nota, continuaremos siguiendo paso a paso al articulista de Puerto Prncipe. Cree este buen seo r y de buena fe, que porque el hombre conoce antes sus sensaciones que los objetos que las producen, debe estudiar primero lo interior que lo exterior. Y hasta se figura en su cando r haber retorcido victoriosamente uno de mis argumentos diciendo: El hombre conoce antes sus sensaciones que los objetos que las producen, y viene en conocimiento de stos precisamente en virtud de la resistencia que presentan al uso de nuestros rganos. Como ser racional, contina el Dmine, procura indagar las causas de los efectos que siente; pero, quin duda que sin el conocimiento de stos, ni siquiera sospechara la existencia de aqullas? Luego debe comenzar por lo de dentro, que son los efectos, y no por lo de fuera, que son las causas: mejor dicho, no puede conocer lo exterior sino en virtud del conocimiento interior de las sensaciones. Para averiguar cada una de las propiedades de un objeto, prosigue, observamos las sensaciones que causan en nuestros sentidos, y damos a stas los nombres que despus apropiamos a aqullas: de modo que lo que se llama anlisis fsico, pudiera decirse con ms exactitud anlisis lgico o de sensaciones. De intento he querido copiar ntegro al argumento favorito, el verdadero Aquiles de nuestro Dmine; y para que vea este seor que no contento yo todava con tanto, y lejos de tratar de debilitarlo, antes me propongo fortalecerle con sus mismos apoyos, agregar el siguiente pasaje que juega admirablemente con el anterio r Acaso la Lgica no ha sido en todos tiempos eminente observadora? Acaso todas las observaciones de las otras ciencias no recaen precisamente sobre las sensaciones que producen en nuestros sentidos los objetos externos? Cuando el hombre se figura, engredo, recorrer la inmensidad del espacio, y leer en el firmamento la gloria del Eterno, se halla realmente concentrado en s mismo observando las diversas modificaciones de su inteligencia. V eamos ahora quin es el retorquente y quin el retorcido. Las sensaciones presuponen la existencia de los objetos en la naturaleza: luego el hombre conoce los objetos en virtud de las sensaciones; luego las sensaciones son una condicin para el conocimiento de los objetos, y no el conocimiento mismo. Cada cosa en su luga r y cada cual en su papel. Para adquirir conocimiento, se necesita objeto que ofrezca el material, y sujeto que sienta y perciba lo que en l ha y Todo lo ms que pueda habe r y realmente pasa, es que muchos de los fenmenos que se verifican en nuestro interior sean al igual exteriores u objetivos para el alma, como facultad de percibir; pudiendo considerarse hasta dos clases de estos fenmenos internos, unos

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158 \ 158 \ DICIEMBRE 1838 propiamente corporales, como la sensacin del hambre, la del dolo r y otros realmente espirituales, como las operaciones del entendimiento y de la voluntad; todo lo cual viene a ser tan objetivo para el entendimiento como el mundo exterio r pues de todo ello tiene el alma conciencia, o lo que es igual, percibe lo que dentro pasa como percibe cualquiera otro fenmeno de fuera. Adems, la naturaleza no existe para el hombre sino en sus propias sensaciones, y esto lo tiene por tan seguro el mismo Dmine, cuanto que cree conmigo que todas las ciencias son, rigurosamente hablando, ciencias de observacin, y no teme decir que cuando el hombre se figura, engredo, recorrer la inmensidad del espacio, y leer en el firmamento la gloria del Eterno, se halla realmente concentrado en s mismo, observando las diversas modificaciones de su inteligencia. No alcanzo cmo se hayan podido estampar estas palabras sin percibir que envuelven la ms completa refutacin de la doctrina que se pretende sostene r Ahora bien, si la naturaleza no existe para el hombre sino en sus sensaciones, si hasta cuando l se cree ms sublimado contemplando las glorias del Eterno, est realmente recibiendo impresiones y tomando cuenta de ellas, claro est que todo su saber no puede descansar ms que en la observacin, as su saber lgico como su saber fsico; pero de estas dos clases de observacin, o mejo r de entre los objetos a que se aplica la observacin, deben unos ofrecer ms facilidad que otros, as por su distinta naturaleza, como por estar habituado el entendimiento a su examen; pues forzosamente ha parado la atencin sobre unos primero que sobre otros. Cmo no ha visto el Dmine que su famoso Aquiles es uno de aquellos argumentos de los que en las escuelas se deca que nada prueban, porque probaban demasiado? Pues del mismo modo que l ha discurrido sobre la sensacin para demostrar que primero conocemos el mundo interno que el externo, le argira cualquiera tomando por medio una de tantas de nuestras facultades mentales, para convencerle que de nada valan sus decantadas sensaciones, remedndole de esta manera, v .g.: sin atender no puede el alma conocer; es as que aquello que es primero se conoce primero (falso, falssimo; pero es una de las premisas del Dmine); luego, conoce la facultad de atende r que es el efecto, primero que los objetos atendidos, que son la causa. Qu contestara el Dmine a ste y otros mil paralogismos ejusdem furfuris 11 si quiere ser consecuente con los principios que ha sentado? A este punto deseaba yo arribar para que saltase a los ojos de todos el absurdo a que conduce semejante doctrina. Con que el nio, de s, conoce primero estas facultades que los objetos externos! Con que el hombre que camina conoce el aparato locomoto r y sabe cmo se camina, y por qu camina! Preguntad a un nio si conoce el caballito de madera que le divierte. No es menester aguar su respuesta: preguntadle si conoce 11. de la misma estofa.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 159 / 159 todas las facultades que ha puesto en accin para conocerle y no dar ms cuenta que de sus impresiones; de las cuales sin duda deberemos partir despus para constituir la ciencia, pero que ni las constituyen ellas solas, ni es posible que l propio refiera aquello mismo que ha pasado por su interio r. Luego, para averiguar cada una de las propiedades de un objeto, no observamos las sensaciones, como quiere el Dmine, pues ellas son parte de la misma observacin, sino que las recibimos, y despus percibimos y conocemos el objeto: todo lo cual junto es lo que constituye la observacin; sin que obste a que el entendimiento ms adelante refleje y vuelva sobre s, observando todo lo que ha pasado en l mismo. Pero un nio al principiar a adquirir sus conocimientos, tiene ya desarrollada la facultad de reflexin? Cul es, pues, el mtodo ms natural, y por consiguiente, mejor de enseanza, comenzar por el estudio de las facultades o por el de las propiedades de los cuerpos? A qu viene tampoco decir que damos a las sensaciones los nombres que despus apropiamos a las propiedades, cuando para nosotros las sensaciones son los representantes de las propiedades? Ni cmo puede entenderse que a lo que se llama anlisis fsico (quin es quien lo llama? nadie ms que el Dmine) pudiera llamarse con ms exactitud anlisis lgico? Sin querer se me viene a la pluma el clebre puderet me non intelligere 12 etctera, del celebrrimo Melchor Cano. No hay ms que un anlisis mental, seor Dmine (con pleonasmo y todo), que podr aplicarse a objetos de lgica o de fsica, o de cuanto analizar ocurra; pero aunque muchas clases de anlisis hubiera, nunca podra usted alcanzar de la humana naturaleza que primero analizara las sensaciones que las propiedades de la materia. Lo ms particular del caso es que abrigue semejantes opiniones quien, por otra parte, se muestra partidario del sistema sensualista en el discurso de su escrito; pues ha de saber usted y cuantos presentes vieron que esta Cuestin del mtodo (so pena de no haberla entendido) es la misma, mismsima, pintiparada, vestida con otro ropaje, que se debate entre los sistemas espiritualistas y sensualistas: cuestin importantsima bajo todos aspectos; cuestin de vida o muerte para la filosofa; cuestin a la que cuadra ms que a ninguna otra el to be or not to be del insigne vate britnico. Pero al llegar aqu, parceme de levantar la pluma por ahora, que no es razn continuar ocupando con las arideces y espinas de la filosofa el lugar en que busca el pblico las flores de la variedad. As que vayan por el correo de maana estas mis primeras de cambio a mi seor Corresponsal, seguro de que, Dios mediante, irn en el prximo las segundas, y acaso las terceras; porque ha de saber vuestra merced que, si bien promet ser 12. me avergonzara de no entender. (Vid. J. A. Caballero, Philosophia Electiva pp. 4 y 5, en la B.A.C., vol. 1.)

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160 \ 160 \ DICIEMBRE 1838 breve, sta es una de aquellas palabras que no pueden cumplirse, si cumplirse quiere con el asunto; fuera de que no sera hacer justicia ni aun caso a nuestro Dmine, ni guardar la debida regla de proporcin al aplicar la tienta del anlisis a una mnima parte de su discurso, dejando intacto casi todo el cuerpo de l. nterin, ya habr tenido y tendr de qu divertirse con la librancita que le ha tirado en su misma plaza, fecha 28 del pasado, y las que ofrece seguirle tirando un Camageyanito de le y tan modesto como ilustrado, y a la cuenta tiene algunos fondos disponibles, y no es de lo peor en achaque de puntera. 13 Ea, pues, por mi parte hasta el otro correo, para no molestar a mi Dmine con tantos pagos a la vez, que no es gracia ni justicia, ni honra ni provecho el exponerle y exponerme a las resultas de un protesto. Apage 14 XXII XXII AGUINALDO DE AGUINALDO DE F F AIR-PLA AIR-PLA Y Y P P ARA EL SEOR ARA EL SEOR SUSCRIPTOR AL SUSCRIPTOR AL PLANTEL PLANTEL (EN MA (EN MA T T ANZAS) ANZAS) P OR F AIR -P LA Y (J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ) ( Diario de la Habana diciembre 22 de 1838.) Tu nihil invita dices faciesve, Minerva 15 H ORACIO Vlame Dios, seor Suscriptor de mi nima, y con cunto desgano tomo la pola para rebatir su ltimo comunicado a la Aurora de Matanzas del 11 del que rige! Y duleme de veras, porque en puridad estamos los dos, aunque ms usted que yo, y Ud. como promovente y yo como promovido, haciendo muchas malas obras a la vez: vamos a contarlas por curiosidad. 13. Alusin a las Dos palabras sobre la cuestin de mtodo por el apreciable joven don Jos T de la Victoria, inserto en la Gaceta de Puerto Prncipe del 28 del pasado, que con el mayor gusto acabo de lee r ya escrito mi artculo. (N. de Luz.) 14. A otra cosa! 15. T, Minerva, no dirs nada ni hars nada contra tu voluntad.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 161 / 161 Primera y no es floja, el flaco servicio que infiere Ud. a nuestro comn amigo el autor del artculo Moral Religiosa con estarlo sacando a plaza muy a su pesa r y muy al mo, por ponerme en el caso de tener que tocarle para defenderme. Segunda la no menos mala de verse Ud. en el compromiso de usar una lgica, no de las ms buenas; no porque Ud. no sea muy capaz de usarla mejo r sino porque la causa, por mucho que la expriman, no da ms de s. Tercera la no muy mejo r y aqu me toca parte, de constituirme en la necesidad de gastar tiempo y papel en refutar cuestiones de si no dijo o si no se dijo (cuando tanto se dijo y tan campanudo). Cuarta por ltimo, y por callar de muchas ms, la mala, malsima, para el pobre pblico, que sin comerlo ni beberlo, como suele decirse, se le est cansando la paciencia con escaramuzas y frusleras con que se trata de divertir su atencin para que no la ponga sobre la cuestin principal, nica que puede interesarle, y a la que saca Ud. el cuerpo a las mil maravillas como guerrillero de marca. Hecho este cmputo, pasemos a otras cuentas; y vmonos por encimita, que no es menester ahondar cosas que digamos para dejarlas bien ajustadas. Corriente, mi seor Suscripto r le conceder a Ud. si le place, que un autor al escribir un artculo sobre Moral Religiosa no da por aniquilada la doctrina de la sensacin con decir que contribuy a dar mayor empuje al movimiento religioso la feliz coincidencia de aparecer al mismo tiempo, en la arena filosfica de Francia, tres ingenios, de tan buen temple y calidad como los de Royer-Collar d Cousin y Jouffroy, caudillo nada menos de la hueste de filsofos soi-disant eclcticos, esto es, espiritualistas puros y netos, luchadores a brazo partido, que empearon el lance con los mantenedores de la teora escolstica de las sensaciones que era la reinante entonces (que ahora slo es una reverenda antigualla) siguiendo para esto las huellas de los escoceses Reid y Dugald Stewart y de los profundos idealistas alemanes. Esto creo que se dir(con permesso seor Suscriptor) a fin de recomendar los graves estudios de esos ingenios esclarecidos, para prevenir los nimos de la juventud en su favo r Y es tan de seguro sta la mente del auto r, cuando despus proclama paladinamente que la escuela filosfica que formaron ellos, es deci r Royer-Collard, Cousin y compaa, despus de profundizar el estudio del organismo intelectual, procediendo en sus anlisis con la ms reflexiva y minuciosa observacin de cada uno de los hechos que constituyen el acto o la operacin que llamamos pensamiento le encontr a ste ms alto y puro origen que el de la simple materia: por consecuencia se restableci el espiritualismo en filosofa, y rehabilitada el alma por la ciencia con el uso de todos sus derechos y exenciones, fcil le fue poder reclamar para s, otra vez, al cielo, como su legtimo y heredado patrimonio. Es o no es esto poner por las nubes al espiritualismo, y considerarlo triunfante? V eamos ahora qu tan librado sale el sensualismo. Al infierno, y con

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162 \ 162 \ DICIEMBRE 1838 razn, lo arroja el articulista, por confundirlo gratuitamente con el materialismo a quien no pretender yo sacar de ese sitio de dolor y de rechinamiento de dientes; pero s sacar sana y salva a la doctrina de la sensacin, y libre de toda mancilla que contaminarla pudiera. No nos desviemos empero de la cuestin del momento, que se reduce a investigar utrum 16 si el sensualismo ha salido bien o mal parado de manos del autor del artculo. Mas a qu detenernos en semejante demostracin, despus de haberle puesto en el infierno, y a su antagonista en el empreo? Excusemos, pues, al pblico y a nosotros mismos el fastidio de seguir hacinando citas sobre citas que empezaran por los inconsecuentes telogos tomistas, dara de paso su puntada a la gente del bistur, pondran en guerra, que no lo estn, a Cartesio y a Destut Trac y pasaran con un poco de ms miramientos sobre Locke y su discpulo Condillac (siempre de paso en son de narrativa, no de disertacin), se descargaran un poco ms sobre el bonazo de Jeremas Bentham, y terminaran nada menos que precipitando a la s profundidades del trtaro al sensumaterialismo todo en una pieza, cargado en triunfo por el tudesco Mefistfeles, quiere deci r seores, para que lo entiendan los profanos, por el mismo Satans en cuerpo y alma, con todas las legiones belceblicas por aadidura. As, pues, seor Suscripto r si quien tal pone al sensualismo, despus de haber puesto cual hemos visto al espiritualismo, todava es imparcial respecto a los dos sistemas, todava supone que no est terminada la lucha, todava presume que no ha quedado por el suelo la doctrina de la sensacin ms que pisada por su adversaria, todava supone fielmente el fiel de la balanza de Astrea; confieso francamente que no alcanzo ni jota ni erre, no dir en la cuestin presente, pero ni aun en la inteligencia del lenguaje castellano; o bien que Ud. y yo estamos diferentemente organizados, pues aquello mismo que le parece a Ud. clarsimamente blanco a m me parece clarsimamente negro. Pero me estoy temiendo que el pblico clame porque cese la cuestin del aniquilamiento; pues bien, quede para siempre jams sepultada proverbialmente como aquello de inquisicin ... chit! ..., diciendo cada vez que se miente tan infausta palabra: aniquilacin... chitn!... chitn!... No crea Ud., sin embargo, que por ende quiera eximirme de irle siguiendo paso a paso, o como si dijramos, picndole la retaguardia, aunque a la verdad no sea muy agradable el estar tropezando con tan continuada falta de lgica, habindose confirmado esta vez, as como otras muchas en cun fundadas es la mxima vulgar de que todo lo aguanta el papel pues realmente no me esperaba de la sindresis de Ud. unos razonamientos como los que paso a analiza r Para ello tengo que infundirme nimo a m mismo, porque a la verdad la pluma no cae de la mano. 16. una de estas dos cosas.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 163 / 163 Dice Ud. que no comprende por qu una doctrina, que con exacta ilacin lgica conduce indefectiblemente a negar la existencia y la inmortalidad del alma, es insostenible Pues, s seo r lo sabe Ud.; pero no quiere confesarlo, y as me pone en el caso de que yo lo diga. Es insostenible porque la existencia y la inmortalidad del alma son hechos demostrados por la ciencia, y me parece que lo que se opone a los hechos no puede sostenerse. Por el contrario dice Ud. creo yo y creer cualquiera que una doctrina que con exacta ilacin lgica o lo que es lo mismo, con un perfecto anlisis, conduce derechamente a su fin, que es la verdad, no como quiera es muy sostenible sino que es una doctrina verdadera, una doctrina nica, aun cuando no la defiendan hbiles y expertos campeones. Este raciocinio me parece muy propio para mostrar a los alumnos en la clase un buen modelo de sofisma, al explicarles la materia. Semejante modo de discurrir supone que jams se puede partir de un principio equivocado, pues nada tiene que ver con la exacta ilacin lgica el que la premisa sea o no verdadera: en el supuesto, por ejemplo, de dar yo por demostrada la verdad de este principio: nada se quiere sin que primero se conozca, se infiere de l con exacta ilacin lgica que la primera vez que siente el hombre la sed ( v.g.), al venir al mundo, es porque haba bebido antes; idea falsa, pero consecuencia legtima. Quiere Ud. que multipliquemos los ejemplos? Es lstima perder el tiempo. As es que los escolsticos fundadamente enseaban, en la tctica de la forma silogstica, que se pudiera negar la consecuencia y conceder el consiguiente, y viceversa ; y nada ms en el orden, porque puede ser la proposicin llamada consiguiente verdadera, pero no inferirse del antecedente, que es lo mismo que decir que no es verdadero consiguiente; o bien, puede inferirse y ser legtima la consecuencia, como en el ejemplo propuesto, y ser sin embargo falso el consiguiente. Luego, aun cuando haya exacta ilacin lgica o perfecto anlisis en la deduccin, si el anlisis no fue exacto y riguroso en cuanto a las premisas o el cimiento, viene abajo muy consecuentemente todo el edificio levantado, o slo puede salvarse por el portillo de la inconsecuencia. Y entonces, seor suscriptor de mi vida ser sostenible esa doctrina aun cuando la defiendan hbiles y expertos campeones? Se hara Ud. cargo de sacar la cara por ella? Medice, cura te ipsum. 1 7 Ahora podr entender cualquiera (y digo cualquiera porque Ud. siempre lo ha entendido) que no hay contradiccin en decir que por una exacta ilacin lgica puede llegarse a la verdad o al error segn sea el punto de partida; y eso es cabalmente lo que quiso significar el autor del artculo Moral Religiosa cuando afirm que la doctrina de la sensacin conduca indefectiblemente, o por una exacta ilacin lgica para valerme de sus propias 17. Mdico, crate a ti mismo.

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164 \ 164 \ DICIEMBRE 1838 palabras, al error del materialismo y tanto ms error en su concepto, cuanto que ms adelante asevera haber quedado el alma rehabilitada por la ciencia Se ve, pues, luce clarior 1 8 que el autor del artculo es tambin de los que juzgan como yo, que por una ilacin forzosa se puede varar igualmente en el escollo del erro r Pero continuemos. No es menos incomprensible o ms legtima (dice Ud.) la segunda consecuencia que Ud. saca cuando dice: que supone aniquilada la doctrina de la sensacin, el que asienta como premisa que ella conduce por lnea recta al materialismo Lo contrario es cierto, es deci r que aquel que d por sentado como premisa que la doctrina de la sensacin conduce por lnea recta al materialismo se defiende y sustenta la tal doctrina en vez de aniquilarla se dice y defiende que todo es sensacin porque todo es materia u rganos materiales y se por consiguiente destruye o aniquila el dogma religioso del alma espiritual. Habrse visto raciocinio ms peregrino! V amos por partes. La existencia y la inmaterialidad del alma son verdades demostradas por la ciencia, segn ensean los mismos espiritualistas, y con ellos el autor del artculo; pero el que sustenta que la doctrina de la sensacin conduce directamente al materialismo hace pugnar esta doctrina con aquellas verdades demostradas: luego, aniquila dicha doctrina en vez de sustentarla, pues manifiesta su oposicin con otras verdades no puestas en duda. Si extrao es lo que afirma el seor Suscriptor en la primera parte de su razonamiento, todava es ms incomprensible lo que asevera a continuacin. Conque el que dice que la doctrina de la sensacin conduce al materialismo, se defiende que todo es sensacin, porque todo es materia u rganos materiales! Y no quiere Ud. le repita que todo lo aguanta el papel? Merecen refutacin semejantes especies? Conque hemos venido a sacar en claro que el autor del artculo Moral Religiosa es un sensualista a machamartillo! y no como quiera sensualista si no materialista de clavo pasado, pues l es quien ha sentado que la doctrina de la sensacin deduce con exacta ilacin lgica la negacin de la existencia y de la inmortalidad del alma! Quin ha dicho que el sensualismo sostiene que todo es sensacin? Lo nico que afirma esta doctrina es que el punto de partida de todos nuestros conocimientos est en la experiencia; sin que por esto se pretenda un instante negar la actividad del alma. Cada cosa en su luga r amigo mo: los objetos ofrecen los materiales, los sentidos sirven de vehculos, el alma es el agente que entiende y quiere. Cmo se puede concebir la observacin, o la experiencia (que es lo mismo para el caso) sin la concurrencia de todos esos elementos? Y qu otra cosa pretende el sensualismo? No se me oculta que entre los partidarios de este 18. ms claro que la luz.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 165 / 165 sistema haya algunos materialistas, pero esto no prueba que el principio por s conduzca forzosamente al materialismo, pues si de tal modo hubiese de juzgarse, son muchas ms las aberraciones y contradicciones de las varias escuelas en que se divide el espiritualismo, como es muy fcil demostrarlo, sin que por ello se pueda decir que ciertos sistemas son lgicamente hijos legtimos de otros. Pero aun dndole a Ud. todo de barato, nunca, nunca podr ser legtima la consecuencia de que el que sustenta que la doctrina de la sensacin conduce por lnea recta al materialismo, se sustenta y defiende la tal doctrina en vez de aniquilarla; as, de hoy ms, segn esta lgica de nuevo cuo, sostiene una doctrina el que demuestra que es errnea; as voy yo tambin a sostener cuantos delirios se profieran en la Casa de Orates de Toledo. Con lo dicho en mi exordio queda ms que contestado el contenido de los prrafos de Ud. subsecuentes al que acabo de examina r As que no hay tropiezo hasta llegar a aquello de que ni el autor del artculo se ha opuesto al sistema sensualista como tal sistema sino como sistema exclusivo ; y a la cuenta Ud. tambin lo tacha de tal. Corriente: pues prubeme Ud. la tal exclusin, exclusivismo, y va el primer problemita; puesto que Ud. no combate el sistema tal como lo explican Cousin y los dems idealistas franceses y alemanes, sino que lo combate Ud. como exclusivo : esto es, que no es bueno por exclusivo: ea pues, venga la prueba: con que bon gr mal gr 19 se halla Ud. en campaa camarada. Dije a Ud. que no anduviera con escaramuzas; porque siendo fuera de duda que el articulista del Plantel haba puesto de vuelta y media al sistema de las sensaciones, y habiendo salido yo al campo rogndole que se fundasen, no quedaba ms escapatoria que fundarse o callarse. Todo lo que sea no entrar en la cuestin principal, debe llamarse escaramuza, o si Ud. quiere, estocadas laterales para que el atacado acuda al quite, como estoy yo acudiendo, bien a mi pesa r a la de Ud. En cuanto a que Ud. juega siempre limpio el pblico decidir; y en cuanto a que Ud. piensa siempre con su cabeza la resolucin del anterior problema y de algunos ms que se apuntarn en lo sucesivo, le ofrecern a Ud. ancho campo para patentizarlo. En el nterin, a otra cosa. Sencillsimo es explicar el misterio del prrafo mo a que Ud. alude y he aqu su traduccin, ya que Ud. la quiere: el autor del artculo Moral Religiosa se produjo con algn dogmatismo en la cuestin filosfica: pidironsele explicaciones; sali Ud. a darlas por ser su amigo; y ved aqu cmo la hidalgua de los sentimientos de Ud. le arrebat hasta el punto de divertir la atencin general llamndola sobre puntos insignificantes: pero bien se ve que no basta la nobleza de sentimientos, para hacer buena obra a la 19. de buen o mal grado.

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166 \ 166 \ DICIEMBRE 1838 amistad... En suma a Ud. le ha salido el golpe contra producentem ; y no ms, por Dios. Prosigamos a negocio de otra sustancia. Dice Ud. ms adelante: Que cada escuela ha expuesto sus razones, sus pruebas, en cuanto son posibles las pruebas en la mayor parte de las cuestiones metafsicas; en una palabra, cada escuela ha credo y cree firmemente que est en posesin exclusiva de la verdad, y juzga a la contraria en posesin de una parte de error. Viene luego Vctor Cousin y dice: aqu tengo yo un sistema que va a conciliarlos a todos, tomando de cada uno lo verdadero, y desechando lo falso (que hombre tan racional, tan imparcial! exclama la incauta juventud); por consiguiente yo estoy en posesin de la verdad. Le sale al encuentro un miserable gusanillo de la tierra, gritndole: pues no es Ud., sino uno de esos dos sistemas el que est en posesin exclusiva de la verdad. Qu recurso le quedara en tal caso a Vctor Cousin? Demostrar la solidez de su fundamento Y a los que repiten Cousin, Cousin y ms Cousin (con su trisagio corriente) qu otro les queda? Demostrar la solidez de su repeticin. En vano, pues, alegar Ud. que un sistema y un sistema metafsico no es otra cosa que opiniones o hiptesis de los hombres, que hoy viven y maana mueren, y que las que no mueren se quedan toda la vida (con vida!) en dudas la mayor parte. Aqu no hay ms que voces et praeterea nihil 20 mi seor Suscripto r Pues que por sistema se entiende cualquier cuerpo de doctrinas verdaderas o falsas, o bien una sola idea fundamental que constituye toda una doctrina, o bien las doctrinas ya examinadas y depuradas y por lo mismo tenidas por verdades o elevadas al rango de ley de la naturaleza. En este sentido se dice que el sistema astronmico de Newton es el verdadero, o sea la historia de las leyes de la naturaleza, al paso que el de Cartesio es el falso, o sea, una novela de su ingenio. Por mucho tiempo ha luchado el sensualismo con el espiritualismo, quedando al cabo la palma de la victoria al primero, nico, s, exclusivo que explica todos los fenmenos de la inteligencia. Y a han pasado las pruebas de uno y otro por el crisol del examen, y el primero se ha llevado la sancin de la experiencia. Esto digo yo, y esto lo creo demostrado hasta la ltima evidencia, como lo ver el pblico en las notas al Cousin filsofo. 21 Ud. cree lo contrario; pues afirma que todo est todava en duda, 20. palabras y nada ms que palabras. 21. Porque hay dos messieurs Cousin, seores; o por decir mejor hay hasta tres (que siempre salgamos a trinidad y no puede por menos, pues constantemente se encuentra en el fondo as de la ciencia antigua como en la ciencia moderna!). Pero raillerie a part;* hay uno consecuente, circunspecto, que jams abandona la sondalesa de la experiencia en materia de educacin, sin que se la hagan soltar de la mano ni las ms brillantes teoras. Este es el Cousin informante y celoso promovedor en la causa de la educacin, y a este adoro y es el primero. El segundo es uno que promete muchas cosas

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 167 / 167 que hay razones de una y otra parte. Norabuena, pues vamos a despejar la incgnita, y he aqu el segundo problema que someto a la resolucin de Ud. para que en ella pueda cambia r y nos d otra prenda de que piensa con su cabeza Fair-Play amigo mo, sta es mi divisa: abro juego a todos, aunque no me lo den a m. Es tanto ms importante ventilar esta materia, cuanto que de su resolucin aparecer que hay puntos en metafsica tan demostrados como en matemticas: cosa que sostienen asimismo Cousin y Jouffroy y cuantos tengan sentido comn y por aqu entrever Ud. la posibilidad de llegarse a ensear la psicologa por un solo libro como se ensean las matemticas, segn su deseo. Que estn o no estn doctos escritores al frente de cada escuela con numerosos partidarios, no importa. Tambin las verdades sostenidas por Galileo Galilei tuvieron tantos y tan encarnizados opositores, que no contentos con alzar el grito contra las ideas, persiguieron al hombre mismo hasta el punto de arrancarle una abjuracin de sus opiniones, pero tambin le arrancaron aquel sublime e pur si muove 22 Eran o no un sistema las opiniones de Galileo? Se han sepultado o han salido triunfantes del choque de la discusin y de los embates del tiempo? Es sta la suerte del espiritualismo? Mucho ha que le lleg su postrimera hora. Y no lo ha odo Ud. sonar? Por lo dems, el que los doctos sigan opiniones contrarias a las nuestras es un nuevo motivo para examinar unas y otras con ms detenimiento; pues cuando caen los fuertes cmo no caern los dbiles? Por eso, y para adoptar el verdadero trmino, el legtimo eclecticismo, no me canso de repetir con nuestro Sneca: non enim me cuiquam mancipavi, nullius nomen ferro, multo magnorum virorum judicio credo, aliquid et meo vindico: nam aliquoque non inventa se quaerenda nobis reliquerunt 23 A otra cosa. Quin duda que por la metafsica se va al campo de la religin y que la metafsica puede racionalmente tratar algunas cuestiones (no todas) de que trata la teologa? Lo que dije fue que con cualquiera de los sistemas se poda atacar o defender la religin, as como sin ninguno 22. y sin embargo se mueve. 23. Vid. B:A:C: t. 10, p. 104 (Roberto Agramonte). grandes y buenas en filosofa y a ste tambin venero pero le tomo la palabra. Y el tercero, por ltimo, es otro que olvidndose de su palabra empeada, y abandonado el carril de la seguridad, se lanza por el espacio de las visiones y a este tal me atrevo a llamarle al orden, midindole con su mismo rasero, y sin echar en saco roto aquel tremendo tolluntur in altum ut lapsu graviore ruant.** bromas aparte. ** lanzndole de lo alto para que ruede.

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168 \ 168 \ DICIEMBRE 1838 de ellos. Ud. no conviene enteramente conmigo en esta ltima parte; pero prescinde de la cuestin por pasar a la que nos ocupa actualmente. Muy en hora buena; pero pues disiente Ud., ah tiene otro campo en que ejercitar su cabeza y su pluma para convencerme de lo contrario. Y desde ahora le digo (y no se me asuste) que si se apura la cuestin ya ver en su oportunidad que hay ms y ms chocantes herejas en su predilecto espiritualismo, que en ese sensualismo tan calumniado, tan acusado de irreligin; bien que esta tcnica no sea ms que el b con que se nos quiere espantar para no verse en el caso de responder a nuestros irrefragables argumentos: a fructibus eorum cognoscetis eos 24 Adelante. Usted contesta pero no responde al naturalsimo argumento o interrogatorio que pongo en boca del padre de familia, y que Ud. halle tan extrao que no pueda comprende r De veras? Tan lo comprende Ud. que esta misma estudiada extraeza que manifiesta es el mejor comprobante de ello. Es tan forzosa la consecuencia que se saca de dicho argumento, que hasta renuncio a corroborarlo, dejndolo como lo present, al arbitrio del pblico sensato y aun insensato, a quien no podr Ud. deslumbrar con todo su chistossimo sorites de que ignora si en la Habana hay un colegio y en el colegio una ctedra, en la ctedra un catedrtico (vamos, que es cosa de gusto) y en el catedrtico una doctrina (no hay duda le da el naipe al suscriptor) que plante en el corazn la semilla de la incredulidad, etctera.. Qu inocencia! Qu sabroso ignorar lo que pasa en este mundo! Cmo que ni de aqu se escribe para all, ni hay correos, ni corrientes, ni tenemos imprenta ni impresores, ni cruzan y se cruzan los vapores como el pan nuestro de cada da! V aya que nos hemos trasladado a las dulzuras del siglo de oro! No seo r sino que es tal la costumbre que de prescindir tiene el seor Suscriptor (porque la abstraccin es su forte a fuer de espiritualista de ley) que de todo va prescindiendo hasta del plensimo conocimiento que tiene de quin es el hombre que se oculta bajo la sombra de Fair-Play. Pero tngalo, o no lo tenga; conzcame, o no me conozca, se trata de cosas no de personas Tampoco yo tena la curiosidad maldita de conocerle a l; pero le he conocido sin quere r y aun cuando quisiera prescindi r no llegan mis fuerzas abstractivas a tanta altura como las de su merced; aunque si respondo de mis inmemorativas para no acordarme absolutamente de las personas, sino tan slo de las cosas en el examen de las cuestiones que agitemos. De intento me he abstenido as de tocar algunas especies que figuran en el papel de Ud. como de profundizar los mismos puntos en que le he rebatido; y esto, por no necesitarse ms que lo dicho para mi propsito, por no hacerme interminable, por no fastidiar ms al pblico de lo que lo hemos fastidiado (aunque, yo para mi descargo podra decir con el Aps24. por sus frutos los conoceris.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 169 / 169 tol: Insipiens factus sum, sed vos me coegistis 25 y en fin y a la postre por no fastidiarme ms a m mismo de lo que esto y pues desde que escribo, en mi vida he tomado la pluma con ms desaliento, y ya me creern cuantos lean el presente escrito, al reparar la rapidez y aun los saltos con que paso de una a otra materia, abandonando hasta lo que ms me favorece, y dejando mucho por decir que vendra muy bien en algunos lugares. Sobre un punto de los no tocados, empero, same lcito al menos en gracia de su importancia llamar la atencin brevemente, antes de cerrar mi discurso. Que todos los metafsicos de la escuela de Locke, afirma Ud. rotundamente, vinieron a parar de uno en otro hasta enterrar el alma o a convertirla en tendones y nervios y el mismo Locke por una deduccin natural de su sistema, lleg a decir que bien pudo Dios hacer la materia susceptible del pensamiento. A lo cual respondo, 1.F also que todos los metafsicos de la escuela de Locke, consecuente o inconsecuente con su sistema hayan destruido la existencia del alma. Esta es cuestin de hecho muy fcil de averigua r muy sencilla, de las que a Ud. le gustan. 2.Aun los que de entre ellos han negado la existencia del alma, no lo han hecho como consecuencia de su sistema y aqu tiene Ud. otro problemita: pues trabajo le ha de costar el deducir tan espantosa consecuencia del inocentsimo fundamento de Locke: a sabe r las ideas se adquieren por la razn con el intermedio de los sentidos no estando grabadas de antemano en nuestro entendimiento: o en otros trminos, las facultades son innatas, pero no las ideas. 3.Aun el mismo Locke al insinuar que Dios en su omnipotencia podra hacer a la materia cogitante 26 se aparta del espritu y de la letra de su sistema, y lo hace cuando acometiendo la cuestin de la naturaleza del alma, y acordndose de uno de los atributos de la Divinidad, dice que no sera imposible a Dios hacer a la materia cogitante. Este resultado, pues, lejos de ser una consecuencia es ms bien una inconsecuencia de su sistema, cuya letra hemos visto, y cuyo espritu lleva por norte no engolfarse en el inmenso pero vaco espacio de la hiptesis. 4.En eso de nervios y tendones no quiero interesarme, no seo r que no quiero meterme en la renta del excusado, que no es tan sabroso que me salga por ah un gigantn de estos que llaman fisiologistas (chusma terrible, a fuer de mecnica material y forzuda, no menos que desencantada, descreda, y desalmada, pero no desarmada que no suelta el bistur), y tirando del freno a mi desbocado rocn con voz altisonante me descargue el varapalo de tractent fabrilia, fabri o me asegunde con el otro donaire de tente hombre que te has de ve r ... y otras flores del propio teno r Abrenuntio 27 25. Y o estoy tranquilo, pero vos me habis provocado. 26. Pensante. 27. Lejos de m!.

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170 \ 170 \ DICIEMBRE 1838 Con este motivo same permitido que yo por mi parte hasta ahora en estas cuestiones no he hecho uso, ni lo har jams, de uno siquiera de los argumentos empleados por los fisiologistas y frenologistas; pues son armas vedadas todas la s de semejante arsenal. Y o le hago la guerra al espiritualismo, o sea pseudoeclecticismo en su propio terreno y con sus propias armas; yo le acepto el combate do quiera y como quiera presentarlo, sea en el vasto campo de la naturaleza, o en el estrecho recinto del castillejo en que se cree fortificado. Y o le demostrar que la historia de las ciencias es un libro cerrado para l; yo le demostrar que la historia de la humanidad tampoco le est ms abierta; yo le demostrar que lejos de cumplir su palabra celebrando ese prometido tratado de paz entre las ciencias, es l quien ms en abierta guerra las pone entre s; yo le demostrar que l es el exclusivo, y el inconsecuente, y el sistemtico que quiere violentar la naturaleza a sus caprichos; yo le demostrar que l es quien destroza y mutila al hombre y a la ciencia del hombre: yo le demostrar que l es quien trata de apartaros de la senda segura, nica, concedida a los frgiles mortales para hallar la verdad, la vivificante observacin tratando de hacerla sucumbir a la indigesta erudicin. Homo natur a e minister ac interpres tantum facit et intelligit, quantum de natur a e ordine revel mente observaverit; nec amplius scit, aut potest; 28 ni sabe ms ni puede ms el hombre. Y o le demostrar que sin la sensacin no puede haber responsabilidad ni conciencia Yo le demostrar que la sensacin es el vinculo universal que liga a toda la humanidad. Y o le demostrar que la religin santa, pursima, divina a fuerza de ser humana, y humana a fuerza de ser divina, la religin del hijo de Mara, la religin sublime del Evangelio (de ese libro nico en su lnea, tan propio para los sabios y prudentes como para los prvulos e ignorantes ); esa religin, s, es una montaa inaccesible para los llamados espiritualistas si quieren ser consecuentes a sus principios: yo les demostrar que por la naturaleza vamos en derechura a su creador: yo les demostrar que los cultivadores de la naturaleza han de ser forzosa y eminentemente religiosos. Y o les demostrar que la filosofa ms que en los labios est en el corazn. Y o les clamar con el apstol increpando la incredulidad de los gentiles. Puesto que lo que se puede conocer de Dios, les es manifiesto a ellos, porque Dios se lo manifest; porque las cosas de l invisibles se ven despus de la creacin del mundo, considerndolas por las obras creadas ( visibles ) 28. El hombre, intrprete y ministro de la naturaleza, extiende sus conocimientos y su accin a medida que descubre el orden natural de las cosas, ayudado por la observacin y la reflexin (es el aforismo I, libro I, del Novum Organum de Bacon, [Roberto Agramonte]).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 171 / 171 aun su virtud eterna y su divinidad; de modo que son inexcusables en su incredulidad. Cesen, pues, los pseudoeclcticos de venir con el espantajo de materialismo para espantarnos de la investigacin. Cesen de poner en guerra a la ciencia con la religin, con mengua y detrimento de una y otra. Abran de una vez a la humanidad, a toda la humanidad, de par en par las puertas del tabernculo, que le tienen cerradas a cal y canto. Esto pide el espritu de la ley humansima del Crucificado; esto pide la humanidad, esto pide la razn, y por esto clama la humildsima pero esforzada voz de quien quiere todo y por todo corresponder a la sombra bajo la cual se oculta, por ciertas consideraciones, no por miedo ninguno a la luz; voz dbil, pero alentada con el aliento que le infunde el amor a esta patria querida, el amor a sus ms tiernos e interesantes vstagos, a quienes intenta preservar del contagio que amenaza su lozana y robustez mental; he aqu la grave misin del que cree haber hallado la verdad: la verdad, hija del cielo, a cuyo mgico podero no puede resistir el que la siente y adora en el santuario de su pecho, con la vehemencia y ardor con que la idolatra. Fair-Play.

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172 \ 172 \ DICIEMBRE 1838 XXIII XXIII TERCERA RPLICA AL TERCERA RPLICA AL DMINE DMINE DE P DE P UER UER TO PRNCIPE TO PRNCIPE POR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana diciembre 30 de 1838.) Pro me laboras. Y o no s comprende r sigue despus el Dmine, por qu ha de ser ms difcil conocer las propiedades de nuestro ser que las de los dems de la naturaleza, cuando el testimonio ntimo nos persuade que nada conocemos con tacta exactitud como lo que pasa en nuestro interior; cuya idea expres felizmente Virgilio en boca de Dido: non ignara mali miseris succurrere disco 29 Pues yo soy el que no puedo comprende r ni de seguro tampoco lo alcanzar el pblico sensato, cmo sea posible semejante duda en mi adversario despus de haber ledo mi papel, y sealadamente las citas de Cousin sobre las dificultades y espinas que embarazan la marcha de las ciencias intelectuales y cuanto acerca del mismo particular se expone desde la pgina 340 hasta la 344, 30 inclusive, y sobre todo, las consideraciones que cierran el ltimo prrafo, tanto ms concluyentes cuanto que recaen sobre un cmulo de pruebas, en mi concepto irresistibles, y que as en gracia de la cuestin como para mi propio descargo, no puedo menos de reproducir con las mismas palabras. 31 Este pasaje as como otros muchos convencern al Dmine de Puerto Prncipe de que la Memoria sobre mtodo sabe defenderse a s misma, sin necesidad de nuevos arrimos ni parapetos; circunstancias que debera eximir a su autor de ulteriores explanaciones en la materia. Pero pues el Dmine, lejos de darse por notificado y convencido todava, no alcanza por qu ha de ser ms difcil conocer las propiedades de nuestro ser que las de los dems seres de la naturaleza, ponindose nada menos que bajo el manto de la dolorida reina de Virgilio, sera no tener ni chispa de 29. por tener experiencia del mal, s ayudar a los desgraciados (Virgilio, Eneida ). 30. Alude a las pginas de las Memorias de la Sociedad Patritica donde se public el primero de estos artculos. (Alfredo Zayas.) 31. Aqu transcribe el autor varios prrafos de su citado artculo, y son los que comienzan en la pgina 177 con las palabras: Y creer todava el seor Rumilio... y terminan con las de toda la naturaleza, en la pgina 178. (Alfredo Zayas.) Coinciden con las pginas 86-88 de este tomo (Roberto Agramonte).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 173 / 173 humanidad ni simpata en el alma el no acudir con el remedio, una vez conocido el mal. Ea, pues, manos a la obra. Es ms difcil conocer nuestro ser que los dems seres, primero, porque en l se hallan reunidas las propiedades de todos los cuerpos y las facultades de todos los de su gnero, con la aadidura de la racionalidad, que es un grano de ans para la cuestin; el microcosmo, o mundo en miniatura, nada menos, y aun algo ms. Segundo: Suponiendo de la misma dificultad respecto al hombre que en los dems animales comprender y deslindar los fenmenos de la vitalidad, el conocimiento completo de la racionalidad exige el conocimiento de todas las facultades mentales, que como fenmenos internos, y que tan rpidamente se suceden, no puede el alma percibirlos, sin estar muy habituada a la ms intensa observacin. Tercero: Se complica ms el problema al contemplar que el hombre es el animal ms educable o perfectible que ofrece la naturaleza, y a fuer de tal, debe ofrecer ms variedad en el desarrollo de sus operaciones mentales. Cuarto: Hay fenmenos, funciones intelectuales, como v. g r ., la reflexin, que ni aparecen siquiera hasta no estar muy desarrollado el entendimiento; 32 as, pues, aun cuando no fuera ms que por esta circunstancia, sera menester aguardar un poco ms para acometer el estudio de las ciencias especulativas; puesto que no se puede proceder en ciencia alguna sin los datos necesarios. Pero esta falta de preparacin es pecado en que se incurre repetidamente anteponiendo el estudio de la lgica al de la fsica, como se ver de un modo ms obvio en lo sucesivo. Quinto: Otro elemento que viene de suyo a acrecentar las dificultades es el hbito, cuya influencia en las facultades intelectuales llega a un punto tan extraordinario, que no se puede formar idea de su eficacia sin ponerse a examinarlo muy detenidamente. Basta apuntar de paso en tan interesante como rica materia, que produciendo el hbito, junto con la facilidad de practicar las operaciones, el olvido o falta de conciencia, esto es, conocimiento ntimo de los mismos pasos que hemos dado en el desempeo de tales funciones, nos es muy difcil, por no decir imposible, el hacer una historia exacta de todas nuestras ideas en el momento en que se nos pida. Pregntese a un nio todo lo que practica su entendimiento cuando lee con rapidez un libro, y no ser capaz de descubrir todas las funciones que a la vez se halla ejercitando, y que tuvo forzosamente que ejercer por grados muy lejos. He aqu tan slo las ms principales: conocer cada letra, combi32. Y cuidado que quien as escribe ha dado hartas pruebas, tanto tericas como prcticas, de lo mucho que cree en la aptitud de los nios ms tiernos y cunto ejercitan todas las facultades mentales (cuyo germen todos poseen) siempre que se les proporciona un pasto acomodado a su naciente capacidad; y aqu est toda el alma del mtodo explicativo, que no es ms que una aplicacin de estos mismos principios filosficos al sistema de enseanza primaria.

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174 \ 174 \ DICIEMBRE 1838 narlas unas con otras en slabas, luego en dicciones, luego pasar a las oraciones y perodos, despus atender al sentido de cada palabra, luego a la inteligencia del perodo, sin contar con el trabajo de su odo y de su lengua para vencer los tropiezos de la pronunciacin, y el no menos notable de sus ojos, para ir viendo los renglones antes de llegar a ellos; en suma, llega a tanto la facilidad de su ejecucin (lo mismo que sucede con el msico) que ya no se ocupa ms que en el sentido del auto r sin poder dar cuenta quizs del tamao, figura y color de las letras, ni del ensanche de las lneas, ni de la calidad del papel, ni de otro milln de circunstancias que le llamaban y distraan indefectiblemente la atencin en un principio, y que ahora han quedado como absorbidas y eclipsadas en el objeto principal de la lectura, que es la inteligencia del autor que se lee. Este sencillo ejemplo bastar para convencer cunto es necesario estudiar la influencia del hbito en las facultades mentales: estudio por s solo superior a los alcances de los que saludan la ciencia, y estudio tan fecundo en resultados, as para las intelectuales como para la Pedaggica, o ciencia de la Educacin, cuanto que ser el mejor profesor en cualquier ramo aquel que mejor pueda hacer a sus alumnos la historia de lo que ha pasado por l mismo en la adquisicin de sus conocimientos. En el alma siento no entrar ahora ms a la larga en una materia que ms vivamente que ninguna otra debe interesar a nuestro Dmine, si es que quiere corresponder al ttulo bajo el cual aparece a los ojos del pblico el asunto al par que grave ttulo de director de los entendimientos. Pero ste no es ms que un registro de los mil que se tocarn. Sigamos con la enumeracin. Sexto: No parece sino que todas las ciencias que dicen relaciona al hombre, aun entre las naturales, son cabalmente las ms difciles, como que entran un milln de causas a modificar los fenmenos, y es meneste r para no extraviarse, tomar cuenta exacta de todas ellas. Ejemplos algo notables ofrecen en las naturales la Fisiologa y Patologa, en las intelectuales la Moral y la Legislacin, cuyas dos ltimas en especial son hijas muy legtimas de la Psicologa y de la Lgica. En todas estas ciencias se ocultan asimismo las causas, por la dificultad de someter los objetos a la experimentacin, dificultad que no media respecto a la Fsica y Qumica y dems anlogas. As es que no han podido medrar aquellos ramos hasta que la casualidad, los descubrimientos en las otras ciencias, los viajes por diversos pases, han multiplicado los medios de observacin, y con ellos el descubrimiento de los hechos sin los cuales no era dable fundar el edificio sobre bases indestructibles. Slo citara en mi abono la famosa cuestin de la influencia de los climas sobre la especie humana, en cuya resolucin claudicaron hasta un Montesquieu y otros eminentes ingenios. Cmo es posible que pueda prescindirse en la Moral del previo estudio del influjo recproco de nuestro fsico en nuestros afectos, y de nuestros afectos en

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 175 / 175 nuestros rganos? Ni cundo ha adelantado la legislacin sino cuando ha recogido los hechos de las ciencias naturales para gua y pauta en sus prescripciones? Qu otra cosa hace el legislador sino declarar por escrito la misma ley ya estampada en la naturaleza de las cosas? Podr el legislador inventar la ley? Podr dar una ley contraria a la naturaleza de las cosas? 33 En tales casos, la primera puede ser intil, la segunda no podr vivi r Cunto campo no me ofrecera la legislacin criminal para patentizar su inmensa deuda con todas las ciencias naturales! Las brbaras penas que se imponan contra los endemoniados y agoreros cundo cesaron? Cundo se han principiado a corregir eficazmente los cdigos criminales y de procedimientos? As que no contentos todava los investigadores con las observaciones que espontneamente se presentaban, se han instituido experiencias morales, permtasenos la expresin, por los filsofos y los legisladores: quiere deci r hasta que no se han amontonado los hechos de todas partes (y lo que tanto hace a nuestra cuestin), hasta que no se ha aplicado a las ciencias morales el mtodo vivificante y creador de las naturales, no nos hemos puesto en camino de resolver los ms importantes problemas de la organizacin social. En mi Memoria cit de paso, por creer que me haca fastidioso con la prodigalidad, entre otros comprobantes, la obra de Carlos Comte, y el sistema de Penitenciaras, que tanto ha mejorado y mejorar a los desgraciados presidiarios, derramando al mismo tiempo las luces ms abundantes sobre todos los ramos de la legislacin criminal. Pero a quin se debe en mucha parte ese espritu de lenidad, de tolerancia, de dulzura, de circunspeccin que se va apoderando de todos los hombres pensadores en materia de legislacin y gobierno? A los adelantos en las ciencias naturales, sin duda, y sobre todo al espritu que su mtodo forzosamente ha de infundir en otros ramos. Y he dicho slo en mucha parte, porque quin podr desconocer que la mayor pertenece de derecho siempre que se trate de tolerancia, de simpata y de humanidad, a aquella religin divina que manda no ya perdona r sino amar a nuestros enemigos? Pero viniendo al ejemplo de las Penitenciaras, no quiero privarme del placer de copiar las palabras de un voto, el ms 33. Acaso se objetar que Licurgo y algunos fundadores de religin inventaron instituciones aun contra la naturaleza de las cosas. Pero tngase presente que estos tales siempre se fundaron en algn sentimiento del corazn para combatir otros; y no se olvide cunto duraron y lo que produjeron semejantes instituciones. El examen de tan importante materia lejos de perjudicar favorecera en sumo grado a nuestro modo de pensar. Pero no es dable entrar a la larga en cuantos puntos se hace preciso tocar en comprobacin. Si nuestro Dmine, sin embargo, desea que desmenucemos el presente, o cualquiera otro de los indicados, le complaceremos desde luego tratando cada artculo por cuaderno separado.

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176 \ 176 \ DICIEMBRE 1838 competente en la materia (M. Demetz, consejero de la Corte Real del Sena), por proclamarse en ellas el triunfo del mtodo experimental, nico que puede elevar a toda la legislacin a la esfera de verdadera ciencia. Al presente estoy desengaado por m mismo de cuan alerta debemos estar contra ciertas teoras generosas en su principio, pero falsas en su aplicacin, y que extravan tanto ms el entendimiento cuanto mejor saben apoderarse del corazn. Y o sal de Francia lleno de prevencin contra el rgimen de Pennsylvania (el confinamiento solitario, pues es bien sabido que hay en los Estados Unidos dos sistemas en actual prueba o experimentacin; a sabe r el susodicho, y el de comunicacin alternada con el aislamiento). Mas al ver de cerca funcionar este sistema, mis ideas han cambiado completamente, y es ese mismo sistema el que mi conciencia me impone hoy la ley de sustentar y defende r Errara sobremanera el que se figurase que las ciencias de las prisiones es todo negocio de puro instinto y sentimiento: sucede en estas materias como en las ciencias exactas, en las cuales slo y tan slo el estudio y la observacin dan derecho para profesar una opinin con cierto grado de confianza y autoridad. El calor del alma y el talento no pueden aqu reemplazar a la experiencia. Cmo es posible fallar por inspiraciones acerca de esta cuestin cuando he visto directores de penitenciaras veteranos en la prctica, hallarse todava muy perplejos sobre ciertos particulares? Es, pues, un deber (y un deber sagrado) en semejante materia ms que en ninguna otra el no forma r opinin sino despus del ms maduro examen. Sptimo: Tan est en verdad en la naturaleza de las cosas el que los descubrimientos en las ciencias fsicas preceden y sean ocasin a los progresos de las intelectuales, que lejos de daar este orden, favorece recprocamente los adelantamientos de entrambos gneros de ciencias. Vanse si no, v g r ., las ventajas, no ya materiales, pero morales que acarrea el progreso en los medios de comunicacin, y el origen a que deben atribuirse. Eran antiguamente muy mezquinos y arriesgados todos los viajes martimos que se emprendan; descbrese en el imn la propiedad de la direccin, y desde luego se alienta el nutico a emprende r y trata ya de lanzarse por mares desconocidos: realzase la travesa a la India por el cabo de Buena Esperanza, y descbrese, por fin, a dos mil leguas de distancia, el famoso mundo de Coln. Cuntas cuestiones no se suscitan en todos los ramos del saber humano, con motivo de tan portentoso descubrimiento! Cuestiones no slo fsicas y matemticas, sino teolgicas, morales, filolgicas, polticas y todas las eminentemente filosficas! Sin la direccin de un miserable pedacito de hierro a los polos del mundo, se hubiera abierto tan vasto campo a las humanas especulaciones? Cuntas ventajas materiales no ofrecen a los pueblos los admirables medios de comunicacin que hoy suminis-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 177 / 177 tran el hierro y el vapor! 34 Pues todava son nada esas utilidades materiales en parangn con las ventajas morales que acarrean al linaje humano! Qu diferencia, o por decir mejo r qu manantial de diferencias no establece entre los pueblos antiguos y modernos slo la invencin de la imprenta! As, pues, la historia del entendimiento del hombre no est sealando con el dedo que los descubrimientos en el orden fsico preceden y son ocasin a los adelantamientos en el orden moral; o lo que es igual, que aquello es lo primero, y por consiguiente, lo ms fcil, y perceptible. Como que primero es observar que deducir; primero es recibir impresiones que reflejarlas: primero es ser nio que hombre: primero es andar que explicar la marcha! Tuve, pues, sobrada razn para afirmar que el empezar por la fsica, o en general por las ciencias naturales, es empezar por el principio; y que el hombre naturalmente se siente arrebatado a la contemplacin de los objetos externos por el sinnmero de sensaciones con que ellos asaltan todos sus sentidos. Y a que el Dmine se muestra tan aficionado a citaciones, voy a regalarle con algunas, que, a pesar de su oportunidad, me dej en el tintero en mi anterior Memoria, en gracia de la brevedad. Habla Jouffro y, y habla como suele, dndonos en uno toda la elegancia de los filsofos de la antigua academia y el admirable talento de exposicin que reclama la ciencia moderna. Ahora bien, es un hecho innegable que nuestra atencin se dirige mucho ms espontneamente a los objetos exteriores que a los fenmenos internos. Es ste, por ventura, un nuevo resultado del hbito, o en parte, obra de la naturaleza? He aqu una cuestin acerca de la cual pueden formarse diversas opiniones. Pues cuando contemplemos qu multitud de necesidades propenden a fijar la atencin del nio y a retener la del hombre sobre los casos externos, qu variedad de objetos presentan a su curiosidad y a sus pasiones las relaciones sociales y el inagotable campo de la naturaleza, nos veremos obligados a confesar que aun cuando no tuviramos inclinacin natural a convertir nuestra atencin hacia los objetos ex34. No quiero que se me confunda un instante con los que yo llamo los materialistas de la poltica, es deci r, aquellos que more napolenico* sostienen que bastan los adelantos puramente materiales para la felicidad y bienestar del hombre y de las sociedades. Nadie ha levantado ms fuertemente la voz contra tan escandalosa inmoralidad como el que escribe estos toscos renglones, y lo abona entre otras pruebas con la siguiente proposicin que se halla en un Elenco de Filosofa, publicado desde 1835: La moral del inters nos abre un abismo de males; y he aqu entre sus consecuencias forzosas una de las que enumer... La pretensin de contentar el hombre slo con goces fsicos. En ese mismo Elenco se combate en parte a los utilitarios, aunque no con las armas de los filsofos espiritualistas, sino simplemente con las de la observacin, probando que la doctrina no es completa por falta de ese ingrediente indispensable para confeccionar la ciencia. como Napolen.

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178 \ 178 \ DICIEMBRE 1838 ternos antes que a los internos, las circunstancias de nuestra condicin seran suficientes para impartir este sesgo a nuestra inteligencia; y por otra parte, ora seamos engaados por la fuerza del hbito, ora el instinto de nuestra inteligencia naturalmente la arrastre a mirar hacia fuera primero que a reflejar sobre s misma, sera difcil a un hombre sensato e imparcial el desechar rotundamente la posibilidad de una inclinacin primitiva. Pero sea de esto lo que fuere, siempre resulta incontestable el hecho de dirigirse efectivamente la atencin hacia los objetos externos; y seguramente a esta propensin, no menos que a la preferente necesidad de proveer a la conservacin de nuestra existencia y a las innumerables necesidades de nuestro cuerpo, debemos atribuir la preeminencia que las ciencias naturales han alcanzado sobre las filosficas en el desarrollo intelectual del linaje humano. Verdad que yo demostrara ms y ms, haciendo ver que todos los sistemas teolgicos y cosmognicos de los hindes, de los egipcios, de los griegos y en general de todos los filsofos y legisladores ms notables de la antigedad, son meramente sistema fsicos, fundados en la observacin de los fenmenos naturales; y esto quise dejar entrever en mi Memoria cuando dije que las primeras investigaciones recayeron, como era natural, antes que todo sobre los fenmenos naturales, recordando de paso el articulista (el seor Rumilio) que Thales Milesio, Pitgoras, y antes de ellos Aristteles, principiaron sus estudios por la indagacin de los fenmenos naturales. Y ved aqu sin duda ms de las materias tocadas en mi escrito, de que prescinde el Dmine, porque la cree, as como a otras, de menos importancia. No ha visto este seor que el tal punto versa tan directamente sobre la cuestin principal, que es uno de los mejores datos para elucidarla. Pero ms adelante se le har ver que no hay en mi Memoria un solo particular que no importen muy principalmente a la cuestin, puesto que toda ella se compone ms que de largas explanaciones, de meras indicaciones sobre los puntos ms principales; esperando convencerle de que hasta esa parte que l cree accesoria est calculada para llevar el convencimiento ms ntimamente al nimo de los lectores. Y qu prueba ms irrefragable de la necesidad de decir todava algo ms, que las mismas dudas que aun asaltan la mente del seor Dmine? Con tal motivo no puedo menos de rogarle encarecidamente (pues trato muy de veras de satisfacer su entendimiento), ya que tampoco puede pasar de meras indicaciones en algunas partes el presente escrito, por el justo temor de hacerme interminable (que esta cuestin abraza todas las cuestiones de la Filosofa), se sirva sealarme separadamente cada uno de los puntos que requieran ms dilucidacin para penetrarle ms y ms de la fuerza de mis pruebas, que yo tendr un gusto muy especial en proporcionarle cuanto est a mi alcance, aunque, a decir verdad, ms lo tendra en recibir luces de un maestro tan competente como lo debe ser todo un Dmine. No nos apartemos, empero, de nuestro asunto principal.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 179 / 179 Prueba asimismo de la mucha parte que contribuye Jouffroy al mtodo, en las medras de las ciencias naturales, se halla en el siguiente pasaje de otro de sus escritos: Este nuevo espritu dice introducido en las ciencias naturales ha sustituido al reinado de las opiniones el de la observacin, y les ha hecho dar ms pasos en medio siglo que los que haban dado desde la creacin del mundo. Por eso suspira Jouffro y y suspiran con l cuantos desean los verdaderos adelantos en las ciencias intelectuales (aun aquellos que como Cousin tan a menudo, y no tanto el propio Jouffro y son inconsecuentes a los mismos principios del Eclecticismo) por la aplicacin de tan vivificante mtodo a las investigaciones psicolgicas, nico mtodo que puede elevarlas al rigor y exactitud de la demostracin, condiciones indispensables de toda ciencia. Como me he desengaado de que nada me vali haber citado a la corta y a la larga en mi anterior Memoria para encarecer las dificultades que cercaban a las ciencias intelectuales y el estado de atraso en que yacan, quiero todava acotar dos o tres pasajes ms de Cousin y slo el epgrafe de Verulamio, escogido por Kant para frontis nada menos que de su gran Crtica de la razn pura ; sin perjuicio de cuanto sobre el particular habr de decir a usted en el anlisis de su prrafo siguiente, pues aun no est siquiera terminada la lista de motivos que estoy formando para hacerle comprender por qu ha de ser ms difcil conocer las propiedades de nuestro ser que las de los dems seres de la naturaleza. He aqu los pasajes de Cousin, y cuente que slo se alegan para demostrar que todos los filsofos sienten como por instinto y resultado de sus propios estudios, la necesidad, la urgencia imprescindible de apelar a la nica ncora de esperanza: al mtodo de la observacin. De intento me abstengo de citar autores de la escuela sensualista, pues ya se echa de ver que forzosamente han de abundar en tales ideas. En una Memoria sobre la clasificacin de las Cuestiones y escuelas filosficas despus de hacer una resea circunstanciada sobre las condiciones de una clasificacin de las mencionadas cuestiones, despus de haber proclamado, como manifest en mi primer escrito, 1 superioridad del mtodo experimental como el lauro de nuestro siglo, despus (mucho recomendara yo al Dmine la lectura de este trabajo de Cousin) se pregunta as mismo: Y ha habido un solo filsofo que las haya llenado hasta ahora (aquellas condiciones)? Si tal fuera tendramos una ciencia metafsica, como existe una geometra y una qumica. Por lo menos, han distinguido los filsofos siquiera esas diferentes casillas o compartimentos del gran cuadro, ya que no han podido llenarlas? Han bosquejado por ventura los contornos y proporciones del edificio, ya que no han podido levantarlo? Si tal fuera, habra una ciencia comenzada, un camino abierto, un mtodo ya definido (y cuidado que yo no voy tan all, pues ni creo la ciencia tan atrasada ni estoy aqu de mantenedor de las opiniones de Cousin: se trata de un hecho, el atraso de las cien-

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180 \ 180 \ DICIEMBRE 1838 cias intelectuales y la necesidad de aplicarles el mtodo experimental). Pero si los filsofos no han sabido ni llenar esas casillas del cuadro filosfico, ni siquiera percibirlas y distinguirlas qu es lo que han hecho? Helo aqu en breves palabras: Los primeros filsofos todo lo han tratado y todo resuelto, pero confusamente; todo lo han tratado, pero sus mtodos son arbitrarios y artificiales () Descartes mismo, a pesar de todo el vigor de su entendimiento, no penetr todo el alcance de la distincin entre el sujeto y el objeto () no le hizo fuerza como deba el abismo que separa al sujeto del objeto; y despus de haber planteado bien el problema, este grande hombre lo resolvi con demasiada ligereza. Aqu vendra perfectamente hablar de lo que hizo el gran Leibnitz; pero ya me voy cansando de m mismo y cansando sin duda a los lectores con tanta cita, y hay todava muchas por hacer en otra parte del presente o ms bien del futuro escrito, pues ya es menester ir dando punto para este correo, aun antes de concluir la enumeracin de los porqus en que nos hallamos, que ya le robamos ms de media docena de columnas al diario de maana; y siento, a fe ma, echarle aqu el siete a la pluma, pues en la primera parada sal mejor librado que en la presente, en la cual ni siquiera me ha sido posible cerrar con un punto, como me aconteci en la primera; pero paciencia: que en reuniendo todos los diarios que contengan las partes, resultar sin remedio el todo, y ya estaremos del otro lado. Entre tanto, y paciencia por otra vez, all va al texto prometido de V erulamio, que sirve de portada a la obra magna del filsofo de Konigsberga, y que yo de muy buen talante lo estampara al frente y fin como alma y cuerpo de las presentes y futuras discusiones que con otros y entre nosotros medien: De nobis ipsis silemus. De re autem, quae agitu r petimus ut homines eam non opinionem, sed opus esse cogitent; ac pro certo habeant, non sectae nos alucuius, aut placiti, sed utilitatis et amplitudinis humanae fundamenta moliri. Deinde ut suis commodis aequi {in commune consultant} et ipsi in partem veniant. Praeterea ut bene sperent, neque instaurationem ut quiddam infinitum et ultra mortale fingant, et animo concipiant; quum revera sit INFINITI ERRORIS FINIS ET TERMINUS LEGITIMUS 35 Resulta, pues, que en concepto de los ms grandes metafsi35. Las versalitas en el original de Luz cursivas son de Luz, no de Kant. Se ha confrontado el texto con el de la cuidada edicin de Crtica de la razn pura en I. Kants Smmtliche Werke edicin de Kirchmann, Leipzig, 1901, t. I, p. 10. Por lo que a m se refiere, me callo; pero tocante al objeto de que se trata, pedimos a los dems que no vean en la reforma planteada una mera opinin, sino una tarea trascendental; y que tengan por cierto que estamos echando los cimientos, no de una secta, ni de un parecer arbitrario, sino del bienestar mismo y de la elevacin del hombre. Pedimos tambin que cada cual mire con equidad en qu consiste su propio

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 181 / 181 bien [encaminndolo hacia el bien de todos],* y entonces participe de l. Y por ltimo, que no consideren ni imaginen y tengan confianza en ellonuestra reforma ni como algo sin fin, ni como algo sobrehumano, ya que en realidad aqulla no es ms QUE EL FIN Y TRMINO OBLIGADO DEL INMENSO ERROR. (Bacon de Verulamio, Instauratio Magna Prefacio) (Roberto Agramonte) Kant omiti este parntesis en su cita, pero Luz lo incluye entre parntesis (Roberto Agramonte). cos, las ciencias intelectules son en resumidas cuentas un mero y simple postulado o desider a tum: algo ms de lo que necesitaba yo para afirmar que estaban en mantillas respecto de las naturales. V erdad que ir apareciendo ms y ms refulgente con el curso de esta discusin, al punto de penetrar su resplandor hasta por los mismos ojos que quieran cerrarse a este ro de luz concentrada en un mismo foco y derramada sobre un mismo punto.

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1839 T eatro Tacn y parte del Paseo de Isabel II (grabado de Federico Mialhe)

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POLEMIST POLEMIST AS AS J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO J OS T DE LA V ICTORIA M ANUEL A GUIRRE A LENT ADO ( E L A DICTO ) M ANUEL G ONZLEZ DEL V ALLE F RANCISCO R UIZ J OS Z. G ONZLEZ DEL V ALLE M IGUEL S TORCH ( E L D MINE ) Y OTROS TEMAS TEMAS CUESTIN DE MTODO MORAL DEL PROCOMUNAL, POLMIC A SOBRE EL ECLECTICISMO

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ENERO XXIV XXIV CU CU AR AR T T A RPLIC A RPLIC A A AL DMINE DE P AL DMINE DE P UER UER TO PRNCIPE TO PRNCIPE POR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana enero 6 de 1839.) He ocupado ya diez columnas de los diarios anteriores sin haber salido todava de la primera de mi antagonista, cuyo artculo abraza ms de tres en la Gaceta de Puerto Prncipe ; y as por este motivo como por haberle repetidamente indicado mi disposicin a entrar en pormenores, y cuando guste, sobre todos aquellos puntos que por la brevedad con que estn tratados, requieran elucidacin, me ser lcito continuar el camino a paso ms acelerado. Octavo: Tambin las lenguas necesita conocer el que desee penetrar a fondo los fenmenos del entendimiento. Y digo las lenguas, porque no basta el conocimiento de una sola para suministrar los datos que ha menester la gramtica general. Las lenguas son el primer monumento para la historia del espritu humano; as, pues, contrayndonos al punto que nos ocupa, es de recomendarse su estudio, y ha de preceder al de la Lgica, no tanto a causa de la importancia de la expresin de las ideas (que es en s una gran Pro me laboras.

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186 \ 186 \ ENERO 1839 carta de recomendacin) cuanto por ofrecerse en los idiomas el fiel reflejo de las operaciones del entendimiento, y la historia ms exacta y completa de su desarrollo. As, la lengua de un pueblo acusa lo que es, lo que ha sido y cmo ha sido este mismo pueblo. Las lenguas, en fin, nos presentan las mejores pruebas de careo o confronta que imaginarse pueden para experimentar y acrisolar las doctrinas ms importantes de la ciencia de las ideas. He ah, pues, otro elemento que dificulta el problema, convencindonos de la necesidad de su precedencia al estudio de la Lgica propiamente tal, en el supuesto de estar convenido con el Dmine que por Lgica se entiende la ciencia que tiene por objeto exponer los fenmenos y teora de la inteligencia. Y o no tendra ms que ir sacando consecuencias de esta definicin para pulverizar cuanto ha sentado el Dmine en su papel. Se ha puesto este seor a reflexionar por un instante cunto abraza aquella definicin? Todos los fenmenos de la inteligencia! Y luego la teora de la inteligencia! Dnde estn los fenmenos de la inteligencia? Escondidos en la conciencia, y es menester desentraarlos; complicados con los de la sensibilidad, y es menester deslindarlos; modificados por la edad, y el sexo, y el temperamento, el clima, la educacin, el estado de salud y enfermedad, y es menester aclararlos; reflejados en las lenguas, y es menester recibir su luz; envueltos a veces en los sistemas, y es menester sacarlos en claro; derramados por todo el mbito de las ciencias, y es menester recogerlos y clasificarlos. De aqu, noveno: La necesidad de familiarizarse con el conocimiento de los sistemas filosficos: otro inconveniente para la resolucin del problema, otra piedra de toque para las doctrinas; y esto es ya internarse en el vasto campo de la historia de la filosofa. Dcimo: De aqu tambin, como paso previo, como conditio sine qua non el recoger los datos de las otras ciencias como hechos o ejemplos para la ciencia de las ideas, para la teora de las teoras. Esto es tan obvio, que no podemos entablar discusin alguna sobre tales materias sin contraernos inmediatamente a la naturaleza de las ciencias fsicas, matemticas o morales: ni puede ser de otra manera. Cmo hubiramos podido al principio de este papel, ventilar la cuestin de los signos sin algunas nociones algebraicas? Cmo era posible haber explicado la causa del rigor y precisin de semejantes signos, y su superioridad sobre los de las lenguas vulgares, sin habernos informado primero de todo el artificio del mtodo algebraico? Y no sacamos de este anlisis un documento precioso para las ciencias de las ideas? branse los libros de todos los psicologistas y metafsicos modernos, y desde los mismos umbrales se tropezar con las nociones tomadas de las otras ciencias, como base fundamental, como conocimientos previamente adquiridos; y no slo se encontrarn a las ciencias naturales y matemticas ofreciendo la hueste para la campaa (los hechos) sino sirviendo de caudillo y modelo para dirigir y marchar en la accin (su mtodo). Quiere usted que le acote en comprobacin a todos los

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 187 / 187 metafsicos modernos de todas las escuelas, desde Cartesio hasta nuestros das? De nada me valieron tantas citas como amonton en mi anterior trabajo y qu remedio? V olver a cita r Pero slo lo har con Manuel Kant y Vctor Cousinque ya tiene usted otra cita al mismo propsito de Jouffroy; y si las quiere todas no hay ms que avisar y quedar servido, a pesar del fastidio que trae consigo la ingrata tarea de copia r Todo el prlogo a la segunda edicin de Crtica de la razn pura o mejor dicho, la obra entera podra extractarse en comprobacin, pues toda ella es una continua discusin sobre la naturaleza de las verdades de cada ciencia y los mtodos adoptados en ella. Antes de fundar cosa alguna era indispensable recoger y escoger los materiales y trazar el plan de la obra, ocupar el terreno antes de levantar el edificio, discutir antes de ensea r Tal es el procedimiento de Kant. Elegir, pues, tan slo las palabras siguientes como las ms adecuadas a nuestro propsito: En esa tentativa de cambiar la marcha que hasta ahora ha seguido la metafsica, proponindonos por modelo a los gemetras y fsicos para lograr en ella una total revolucin, se cifra, pues, el objeto de esta crtica de la razn puramente especulativa. Ella es un tratado del mtodo, no un sistema de la ciencia misma (parecen mandadas decir las palabras para la cuestin); pero en medio de eso ella demarca toda su esfera, as respecto a sus lmites como a toda su estructura interna. No es menester copiar ms de Kant. Agreguemos las expresiones de Cousin en el apndice a sus Fragmentos : Exclusivamente ocupado (refiere sus tareas en la escuela normal) en introducir en la metafsica el mtodo de las ciencias naturales, yo no traspasaba los lmites de la Psicologa; y hoy mismo estoy bien lejos de arrepentirme de esta circunspeccin, pues, ante todo se debe fecundar el entendimiento, y lo que lo fecunda es el mtodo. Con el mtodo se fundan sectas, empero se puede comunicar un movimiento til. Onceno: Dije en mi Memoria que el captulo de la enajenacin mental por s solo es un episodio que respecto de los conocimientos auxiliares que requiere, se vuelve otro asunto principal en el estudio del hombre, teniendo por excusado advertir que procedemos bajo el concepto de que es materia fundamental para la Psicologa, la tica y la Legislacin. Sin salir de la Psicologa, cuntos fenmenos admirables y dignos de ser observados para el estudio de las funciones intelectuales, no nos ofrece su perversin por todos los grados y matices con que se presenta desde el delirio de la fiebre hasta la desesperacin de la mana! Cuntas funciones alteradas unas, y estimuladas otras al lado de algunas todava normales en medio del desorden de las dems! Y pasando de aqu a la moral y a la legislacin, cuntos datos preciosos para trazar con tino la sutil raya divisoria entre la enfermedad y el delito! Qu estudio tan digno, tan importante!, el ms propio de todos los estudios para el linaje humano: el hombre, en expresin del insigne poeta pensador A. Pope. Y se puede conocer al hombre sin

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188 \ 188 \ ENERO 1839 internarse profundamente en el examen de estos fenmenos? Y debe o no debe preceder este estudio al de la Lgica propiamente tal? Y no supone, adems, semejante estudio el de otras ciencias naturales, como indispensables preliminares? Puede haber Psicologa sin Fisiologa, ni Fisiologa sin Fsica? Qu digo, sin Fsica! Hoy menos que nunca, particularmente a raz de los experimentos y doctrinas de Magendie, que tienden a probar que una gran parte del atraso de la ciencia fisiolgica era debido a la falta de aplicacin de la Fsica a los mismos fenmenos vitales, muchos de los cuales no son ms que los propios fenmenos de la materia inerte observados en la viviente. Tan cierto es que cuanto ms adelantan las ciencias, tanto ms se ensancha el horizonte de la generalizacin, y tanto ms, por consecuencia forzosa, se simplifica y despeja el vasto campo de los hechos, quedando reducidos los que al parecer eran ms lejanos e inconexos a un vnculo universal que a todos los junta y fraterniza! No sin harta razn deca el insigne Davy que la complicacin es el patrimonio de los primeros albores de la ciencia. Si a este propsito me fuera concedido detenerme, yo sealara de buen grado los errores a que han sido arrastrados los talentos ms esclarecidos en todos los ramos de la ciencia del hombre, slo por falta de observacin sobre su propia naturaleza. As, por falta de Fisiologa, han delirado infinitos psicologistas; por falta de Fisiologa, se extravi Montesquieu y err Helvecio; por falta de Fisiologa se ha descarriado Bentham, que tanto suele acertar; por falta de Fisiologa se han malogrado los mejores planes de educacin y los mejores educandos; por falta de Fisiologa Pero he pronunciado la palabra educacin y al mgico influjo que sobre m i alma ejerce, no puedo menos que recordar el clamor que de todas partes se levanta en la culta Europa para hacer sentir a los institutores no slo la necesidad en que estn de ensear esta ciencia en sus establecimientos, sino la ms urgente de practicar los preciosos documentos que ofrece para no malograr el precioso fruto de sus afanes; y este clamor ha hallado eco aquende los mares, en esa tierra clsica de la primaria educacin, la repblica norteamericana; tambin otro clamor no menos universal de combinar el trabajo manual con el mental, o sea el mejor sistema de gimnstica e higiene con arreglo a los datos que de s arroja la ciencia del hombre. Clamor arrancado por los innumerables hechos que ofrecen las enfermedades y dolencias especiales de los que se consagran al estudio, en trminos de socavar el edificio de su salud, o dejarlo para siempre frgil y vacilante. Cuanto ms profundicemos en la materia, tanto ms nos convenceremos de la imposibilidad de dar pasos acertados en ningn ramo de cuantos dicen relacin al hombre mismo, que ya se presupone el general de la naturaleza con un sin nmero de especialidades. En psicologa, educacin, moral y legislacin, ya hemos amontonado algunos datos para juzgar de la imprescindible necesidad del estudio del hombre para semejantes ramos

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 189 / 189 del saber humano. Respecto de la historia, baste decir que no es dable formar juicio de innumerables hechos sin haber formado para ello nuestro criterio por el tipo de la naturaleza. Cmo podr graduar nuestro entendimiento los lmites de lo posible, y lo probable, de lo creble e increble, sin haber observado las fuerzas de la naturaleza, o sin guiarse por las analogas deducidas de estas mismas observaciones, cuando le faltan nuevos experimentos indispensables para fallar? Pues, qu cosa hay que no sea milagro la primera vez que se observa? Cuntas y cuntas no se tienen por impracticables hasta no verse que estn hechas! A cada paso dudaramos del podero y majestad de la naturaleza de las cosas, si mirsemos sus partes aisladamente y no abrazsemos su totalidad con nuestro espritu. As se explica Plinio el naturalista. La primera vez que un hombre vulgar oye decir que llueven piedras, no vacila en relegar semejante especie al pas de los imposibles y las quimeras. Y por qu? Porque no habiendo estudiado la naturaleza, carece de medios y contrapesos para graduar su pode r Pero sin ir a parar hasta el rstico: aun los mismos eruditos, que suelen (y antes ms que ahora) no abundar en conocimientos naturales, se atrevieron a tratar de fbula el fenmeno de los aerolitos consignado en muchos historiadores de la antigedad y sealadamente en el citado Plinio. Otra cosa habra sido con entendimientos adoctrinados por la observacin, pues aun caso de no haber llegado a su noticia semejante hecho prodigioso, la constante experiencia de otros portentos notados en el vasto campo de la naturaleza, los hace forzosamente ms cautos, circunspectos y mesurados para decidi r y por una consecuencia indispensable, slidos y profundos en cuantas materias traten de examina r o lo que es lo mismo y hace ms a nuestro propsito, menos sujetos a errores y retrocesos, que tantos perjuicios irrogan a la ciencia, y menos fciles de contentar con un barniz superficial, por ms deslumbrador que sea para los ojos bisoos de la muchedumbre. Y no haya miedo que el espritu de rigor y exactitud que reclama la ciencia esterilice ni siquiera un filn del venero inagotable del arte y de la poesa, antes fomentados que menguados con los descubrimientos de la ciencia moderna, como contra el dictamen de algunos literatos del da, sera harto fcil demostrarlo. No es menos irrazonable la guerra en que se trata de poner a la ciencia con la poesa, que el divorcio que se ha procurado establecer entre aquella misma y la religin santa de la hija de Sin. La viva impresin de las maravillas de la naturaleza, nos ha de arrebatar forzosamente a las regiones sublimes de la poesa. Los objetos y resortes de sta podrn variar con el tiempo y las circunstancias, pero su raz est hondamente afirmada en el corazn del hombre para que pueda jams arrancarse. La ciencia, lejos de conmover esta raz, le ofrecer nuevos jugos, y fecundante riego. Ser la poesa del siglo XIX : tendr al mismo tiempo su vnculo comn con las dems, y un carcter peculiar que la distinga.

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190 \ 190 \ ENERO 1839 Lo que har el estudio de las ciencias es poner cada cosa en su lugar: sus progresos impedirn que a la humanidad adulta se la pueda arrullar con el mismo instrumento, o con el mismo tono que a la humanidad infantil: suceder a la especie lo mismo que sucede siempre al individuo: no se le distrae ya hombre con aquel mismo juguete por el que se desatinaba en la cuna, pero siempre habr un medio de recrearle y morigerarle. Qu nuevas formas no ha tomado el arte, cuando ya se crean agotadas sus fuentes, en manos de los Goethe, los Schille r los Scott, los Byron, los Manzoni, los Lamartine y los Hugo. Pero qu digo nuevas formas!, nuevos asuntos nunca tratados, y que tanto caracterizan la poca en que vivimos, han sido admirablemente manejados por esos preclaros ingenios; y como para desengaarnos de que no slo se poda cautivar el corazn con la magia de la Edad Media, se presenta el autor de Roma subterrnea no invocando ms numen que lo presente y alcanzando un triunfo igual, si no superior por su noble fin, a los obtenidos por el prestigio encantador de las antiguas tradiciones. No haya miedo de los grandes descubrimientos que se suceden y de los grandes intereses que nos agitan, enmudezcan un instante la suma de la humanidad. En Economa pblica, puede darse un pasn sin exponerse a tropeza r, como no se consulten los mtodos y procedimientos de las ciencias y artes mecnicas, que constituyen una gran parte de los materiales sobre que han de recaer los razonamientos? Vanse si no las lecciones que aun a la prctica y sesuda Inglaterra, la nacin prctica por excelencia, la de uno de sus hijos ms distinguidos, el fsico-matemtico Carlos Babbage, digno sucesor de Isacc Newton en la ctedra de Cambridge: lecciones consignadas en la obra titulada Economa de las manufacturas Nadie se esperara a primera vista que bajo tan modesta portada se incluyesen las ms graves cuestiones de la Economa pblica; y sin embargo, tan magistralmente y bajo tan nuevos aspectos se examinan estas materias, haciendo ver la trascendencia de los errores que se han cometido y pueden cometerse legislando acerca de ellos sin el previo conocimiento de esos datos a primera vista puramente mecnicos, que no queda ms recurso a los economistas y legisladores que ir a aprender fsica y matemticamente la ciencia sublime de la Economa pblica en los severos libros de la Dinmica y en los humildes talleres de las artes. Tan penetrado parece haber estado de idnticos principios el traductor espaol de esta preciosa obra, cuanto ha engrandecido con el ttulo de Principios de Economa Poltica con que no le ocurri bautizarla a su modesto auto r. Pero donde se ech el resto a los desengaos para los legisladores y gobernantes, y en general para cuantos se ocupan de la causa pblica es en la famosa obra del mdico Parent-du-Chatlet, sobre la Prostitucin en la ciudad de Pars que por va de nota cit en mi Memoria como un modelo de investigacin. V engan los jurisconsultos, los moralistas, y en

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 191 / 191 general, todos los que cultivan las ciencias especulativas, a iniciarse en infinitos datos que para ellos sern otros tantos arcanos: vengan a aprender no slo cosas, sino mtodos para examinar y descubrir otras cosas: el mtodo de la observacin, el rigurosamente analtico, el nico que merece el nombre de cientfico, espritu que no se adquiere sino en el cultivo de las ciencias naturales y de sus inseparables cooperadoras, las matemticas. All vern la mejor aplicacin que jams se ha hecho de los procedimientos estadsticos, o rigurosamente numricos: sta es la lgica que reclama el siglo en que vivimos, ste es el pasto que se debe suministrar a los que meditan sobre la suerte de la humanidad, y sobre los medios ms eficaces de curar las dolencias morales que la afligen. Porque el libro de M. Parent no como quiera es un libro eminentemente moral, sino que desde la primera hasta la postrera pgina abona a su autor como el ms celoso abogado de las buenas costumbres, como un alma pursima e incontaminada, a pesar de los hlitos infectos que en el desempeo concienzudo de su gravsima misin le forz a respirar ocasionalmente en el largo perodo de ocho aos. Bien poda haber puesto este profundo filsofo, este predicador de salud fsica y moral, por texto a su precioso doctrinal aquel famoso et nunc, reges, intelligite: erudimini qui judicatis terram!... 1 Obras de esta especie realizan la duda cartesiana en la investigacin, pues llamando a examen cuantas especies corren vlidas en la ciencia, antes de adoptar conclusin alguna, se comienza a pensar de nuevo, procediendo cual si nada se supiera; as es como quedan extirpados infinitos errores que haban ya recibido la sancin del tiempo y de las ms respetables autoridades. No por medios diversos de estos pudo otro profundo pensado r el no menos que Parent malogrado Niebuh r conmover hasta en sus cimientos el venerado monumento de la Historia Romana. V alindose de cuantos recursos puede suministrar la observacin, llamando en su auxilio las ciencias, las artes, las lenguas, situndose en los mismos lugares en que pasaron los sucesos admirables de ese pueblo extraordinario, midiendo, contando y pensando; as fue como se aparej el profundo Niebuhr para acometer la ardua empresa: hasta no estar as surtidos de datos, no intent graduar y confrontar entre s los testimonios de los historiadores, escapando apenas uno de su severo espritu analista, destructor a un tiempo de lo deleznable del edificio, y reconstructor de la obra con aquellos mismos fragmentos que pudieron quedar a toda prueba. Pero muy lejos me llevara el querer citar las obras que en la poca presente ofrecen el verdadero dechado del espritu de investigacin. Yo pondra de muy buena voluntad al lado de los que llevo citados los nombres no menos dignos de Juan Federico Herschell, de un Raspail, de un 1. Y ahora, reyes, entended: admitid correccin, jueces de la tierra ( Salmos 2, 10).

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192 \ 192 \ ENERO 1839 Tocqueville y de otros eminentes varones en gran nmero, aunque no tanto como vulgarmente se cree, que tambin en las ciencias hay vulgo y mucho vulgo, y no se cuentan a docenas las cabezas verdaderamente originales y escudriadoras. De intento me he abstenido en lo que va dicho hasta ahora de incluir a la lgica entre las ciencias intelectuales que ms deben a la naturales, por ser punto que reservo para captulo separado en la refutacin de uno de los prrafos subsecuentes de mi estimado corresponsal; bien que ya podra tenerse por excusado entrar en ulteriores alegaciones sobre el particula r cuando se considera que la psicologa, madre de la verdadera lgica, en el sentido cual entendemos el Dmine y yo la palabra, lo es tambin en la moral, la legislacin y dems especulativas a que se han contrado nuestras observaciones. Pero habiendo prometido reiteradamente ventilar el punto con separacin, puede contar ya el Dmine con otra lista muy dilatada para la hoja de servicios prestados por las ciencias experimentales a la lgica: mejor dir, reproduciendo mis ulteriores expresiones: que ni aun existiran captulos enteros de la Lgica si no hubiera sido por las observaciones de las mismas ciencias naturales. Entre tanto se vendr en conocimiento por lo dicho de cun fundado de suyo iba V erulamio al trazar su cuadro de las ciencias en colocar a la Lgica en el penltimo luga r siempre consecuente al gran principio que como epgrafe estamp al frente de mi Memoria, a saber: que aun caso de ser su rgano (esto es, su mtodo) absoluto, no aprovechara cosa para la reforma de las ciencias sin la historia natural (esto es, sin los hechos fsicos, fisiolgicos y psicolgicos, pues todos ellos debe incluirlos una historia completa); mientras que la misma historia por s sola, aun sin el rgano, contribuir sobradamente a la suspirada reforma: por lo cual pareca ms conveniente y natural ocuparse enteramente y ante todo sobre tan importante materia. As sorprender no poco al ver cmo las ciencias intelectuales han sido fecundadas o, por mejor deci r creadas por las naturales, practicando al pie de la letra las profunda mximas de Bacon, y verificndose todos sus vaticinios, que haya todava en Francia, en la ilustrada Francia, no uno, sino muchos literatos que sostengan que con el mtodo de V erulamio se han creado slo las ciencias fsicas, pero no las intelectuales; como si pudiera ser bueno un mtodo capaz de crear unas y no otras; como si fuera posible que hubiese simultneamente dos mtodos igualmente buenos; como si las ciencias fueran tan esencialmente diversas, como ellos se las figuran, y sobre todos las ciencias que dicen relacin al hombre; como si hubiera, rigurosamente hablando, muchas ciencias, y todas ellas no vinieran a parar en una sola, partida y diversificada por la urgente necesidad de la limitacin de nuestras facultades y la inmensa variedad de los objetos y de sus mismas propiedades. Llega hasta tal punto la osada, no s si diga

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 193 / 193 mejor la obcecacin, de esos pretendidos filsofos, que niegan a Bacon de V erulamio, s, seo r a Bacon de Verulamio, el ttulo de filsofo, regalndole nicamente como de favor el de primer fsico, o fundador de la Fsica moderna. Y los que tal dicen, han reflexionado bien en lo que dicen? Se han hecho cargo de lo que envuelven sus propias palabras? Aun concedindoles que Bacon no conoci la antigedad (y escribi el libro, qu libro! De sapientia veterum ), 2 que no se penetr del estado de la cuestin (cuando todo lo abraza la Instauratio Magna unos de los monumentos que ms honran al espritu humano); aun dndoles cuanto quieran de barato, aun aceptndoles los ms escandalosos absurdos, no hay ms que juzgarlos por sus propias palabras, para convencerles o de mal entendimiento, o de mala voluntad. No hay arbitrio para escapar del terrible dilema: si con su mtodo se han levantado las ciencias fsicas, como confesis, su mtodo ha sido forzosamente el padre de las intelectuales; porque stas, o no son nada sin aqullas, como queda demostrado hasta el fastidio, o aun lo mismo que son por s solas lo deben al mtodo de observacin que de las naturales han imitado. Todo lo ms que podra con fundamento afirmarse es que el mismo Bacon se dio mucho, y aconsej que se diesen primero los investigadores, al estudio de la naturaleza de los objetos externos que al de la naturaleza del alma. Pero en este consejo cabalmente nos consign la prueba ms preciosa y perentoria de cun profundamente haba estudiado las facultades de esa misma alma, pues estaba bien penetrado de que tal era el camino ms natural no slo de conquistar conocimientos y comodidades materiales, sino forzosamente y en virtud y con ocasin de ellos mismos, llega r, como en muchos puntos hemos llegado, a la resolucin de las cuestiones ms importantes para el hombre intelectual y moral. Se nos dice por esos mismos filsofos, que V erulamio no ha hecho ms que la materialidad (vlgame Dios con la materia!) de legar la industria a los pueblos. Y qu tal os parece el legado, seores? Se pueden legar muchas materialidades de este jaez que ms espiritualicen, encumbren y hagan ms morigeradas a las naciones? El trabajo! el primer estmulo de moralidad, directa e indirectamente la segunda religin del pueblo permtaseme la atrevida expresin, la nica eficaz garanta de su perseverancia en las vas de la justicia y de la probidad. Por Dios seores, no descarguis el golpe ms fiero a las costumbres con ese malhadado divorcio que establecis entre lo fsico y lo moral. Pierde en ello la causa de la ciencia, y pierde ms la causa de Dios, que es la primera causa para el hombre. Por lo dems, es menester no haber saludado siquiera las voluminosas obras del insigne V erulamio, o no conocerlas ms que por los dos renglones de la famosa cuanto brillada 2. The Advancement of Learning o El Progreso del Saber (Roberto Agramonte)

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194 \ 194 \ ENERO 1839 sentencia de la tela de araa 3 para pretender que su autor no se ha ocupado de las facultades del alma, cuando no ha y no dir una pgina, pero ni un aforismo de sus obras que no encierre o la descripcin de algn fenmeno mental, o algn documento precioso para la direccin del espritu humano. Y todo ello no por meras indicaciones, sino tratado muy ex profeso, y tan latamente, que en ellas se recorre todo el inmenso campo de las ciencias y de las letras. Hablando, pues, en todo rigo r se debera antes bien apellidar a Verulamio el prncipe de los psicologistas que no el primero de los fsicos, aunque ni l desdeara este honrossimo dictado, ni hay contradiccin en condecorarle con ambos lauros; o en una palabra, que todo lo comprende: es el filsofo por excelencia, el verdadero restaurador y primer arquitecto de los conocimientos humanos. Lo ms singular del caso es que los corifeos de estos mismos filsofos y literatos son cabalmente los que ms han proclamado la excelencia del mtodo baconiano, y su aplicacin a las ciencias intelectuales como la nica tabla de naufragio (testigos los pasajes que de Cousin, Jouffroy y Kant hemos citado, sin otros miles que acumularse pudieran), y cuya conducta sera un verdadero enigma, si en los escritos de esos mismos caudillos no hallsemos la clave para explicarla. stos, efectivamente, son los que sugieren a cada paso esas especies contradictorias, o por lo menos, el germen de ellas, dando a entender que existen dos clases de observacin, la externa e interna, no siendo ella en realidad ms que la misma funcin, ora aplicada al conocimiento de los objetos exteriores, ora al de los fenmenos internos; por lo cual slo en razn de su objeto, pero no de su principio, podr clasificarse la observacin como interna y externa; modo de clasificar que no es de lo ms claro ni cientfico y por lo mismo tanto ms tachable en este gnero de investigaciones que ms que ningunas otras deben hermanar el precepto con el ejemplo en materia de precisin. A dos clases pertenecen los detractores en realidad, y encomiadores en la apariencia, del mrito de V erulamio; los que lo son porque ven amenazado el edificio de la ciencia, y muchos de stos pertenecen a la categora de la mala voluntad, y la turbamulta de los discpulos que juramentados y esclavizados bajo el yugo de la moda, que es la autoridad con otro traje, no hacen ms que repetir la flor en que han dado sus preceptores de que Bacon no fue filsofo, sino el prncipe de los fsicos, y stos entran en la categora del mal entendimiento, de aquellos de quienes deca Tulio que dejan de usar su propio juicio en razn de tener por firme y valedero cuanto 3. El verdadero mtodo no hace como las araas, que sacan el hilo de s mismas (los metafsicos dogmticos), o como las hormigas que slo renen materiales (los empiristas puros), sino que trata como las abejas de elaborar stos por sus propias fuerzas. Vid. Aforismos no. 72; y La vida literaria en Cuba cartas de J. Z. G. d. V Cuad. d. Cultura 5, pg. 62 (Roberto Agramonte)

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 195 / 195 ven mencionado por el orculo que adoran: receta admirable para no padecer de la cabeza, pero por desgracia impropinable para los que se ven forzados a ejercitar la suya. Y considero que basta y aun sobre para digresin sobre V erulamio, de cuyo pecado me absolver mi amigo el Dmine, por no caer sobre su merced mis observaciones, sino nada menos que sobre los redactores de un peridico estimable, la Revista Francesa y Extranjera de Pars Pero ya es tiempo de seguir con nuestra dilatada enumeracin, y aun voy a terminarla por ho y dejndome todava en el tintero el anlisis de las funciones del instinto (no. 12) y el de los recursos de la crtica y filologa (no. 13), sin otros de menor cuanta; as, pues, sea el 14 y ltimo motivo (en obsequio de la brevedad) el fenmeno constante que ofrecen las ciencias en la ocasin y modo de formarse. Este punto se puede considerar como ya tocado en alguno de los anteriormente examinados, pero quiero presentarlo bajo otro aspecto y mi corresponsal palpar la ventaja de practicarlo as. Sera efectivamente un efecto sin causa el que existieren las ciencias especulativas sin haber sido provocadas, digmoslos as, por las urgentes necesidades del hombre, o lo que es igual, por sus ms vivas sensaciones. Cmo naci la geometra, ciencia fundada toda en abstracciones? A orillas del Nilo, y a causa de sus inundaciones, que borraban los lmites de la heredad, se hizo muy importante determinar hasta qu punto llegaba aquel cieno fertilizador de todos los agricultores tan codiciosamente apetecido; y he aqu cmo en este paraje, o en otro o en otros, bajo circunstancias anlogas, hubo naturalmente de nacer la ciencia que mide la extensin. nterin no se hizo sentir la necesidad de medi r a nadie le ocurri que se midiera: se hace sentir esta necesidad, y empieza el hombre a clavar miras para sealar puntos, y tirar a cordeles para marcar distancias. Y a le queda un espacio incluido entre sus cuerdas, ya posee los elementos sobre los cuales va a labrar la geometra, suministrados por la misma naturaleza; ya comienza naturalmente a separar la consideracin del punto y la distancia, ya tiene la lnea, ahora la traslada al papel, la divide, la subdivide, la hace cambiar de direccin. La lnea estaba en la naturaleza, pero no separadamente, sino como el contorno o trmino de la extensin, o como la distancia entre los campos, y sobre estas bases, y de abstraccin en abstraccin va alzando con su entendimiento el suntuoso edificio de la ciencia. Aqu tenemos la ley invariable de la razn humana: empezar por lo concreto para elevarse a lo abstracto; la prctica antes que la teora, para despus con el congreso de la ciencia ser fecundada de nuevo por la teora. Este es el eterno crculo de los conocimientos del hombre; pudiendo asegurarse en ms de un sentido que los adelantos en las ciencias ms bien se hacen en lnea curva que en lnea recta, y la historia de los descubrimientos lo abona, pues a veces se ha estado tocando a otro descubrimiento en virtud de un hecho nuevamente observado, y siguen los investigadores otro rum-

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196 \ 196 \ ENERO 1839 bo pasando de largo por aquel punto que ms directamente los hubiera conducido a la suspirada meta. Infirese tambin de lo dicho el error que envuelve la aplicacin del humansimo principio de non ignara mali, miseris succurrere disco 4 a la cuestin del origen de la ciencia, pues si bien es verdad que la ciencia principia siempre por las sensaciones, no es dable continuar slo con ellas sin el ministerio de la abstraccin y dems facultades intelectuales. As es cierto que muchos conocimientos nacen de la sola sensacin, pero no es posible levantar el edificio de la ciencia sin la abstraccin. El clebre non ignara mali se aplica perfectsimamente a los sentimientos de humanidad, y en tal sentido he dicho en otro lugar que la sensacin es el vnculo que une a toda la especie humana: es deci r Dios me ha hecho senti r y por eso puedo socorrer las miserias que sienten mis hermanos. Aqu est el fundamento de todo, de la moral y de la ciencia, pero aqu no est todo como pretende el Dmine, de quien me despido por hoy advirtindole que rara es la proposicin notable de las que asienta en su papel que no encubra algn error de trascendencia: despedida que no es tan seca como parece a primera vista, y que ya ver todo el jugo que le sacamos al rivederci con su apasionado Corresponsal 4. Por tener experiencia del mal, s socorrer a los desgraciados. Vid. Luz, Aforismos nos. 258 y 314. ADDENDA En el Diario de la Habana de enero 14 de 1839, se inserta el siguiente comunicado: Al Dmine de la Gaceta de Puerto Prncipe Carsimo: Habindonos cogido la carreta del correo peninsular y todo lo al, no queda ni un huequecito en las columnas del Diario para nuestra querida filosofa; as, tregua a la pluma hasta el otro lunes, no cabiendo por esta vez ms que un Dmino suo S. P D. de su afectsimo corresponsal y constante apreciador. El Consabido [JOS DE LA LUZ].

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 197 / 197 XXV XXV QUINT QUINT A RPLIC A RPLIC A A AL AL DMINE DMINE DE P DE P UER UER TO PRNCIPE TO PRNCIPE POR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana enero 21 de 1839.) Pareciendo a muchos peritos en la materia que la cuestin ha quedado sobradamente ilustrada en mis anteriores artculos a trminos de no admitir ya discusin, excusar en lo restante de mi anlisis alegar ms razones que las muy precisas para refutar las del contrario. Y o atribu el atraso de las ciencias intelectuales a varias causas, y principalmente a estas tres: su dificultad, en comparacin a las naturales, el mtodo seguido en ellas, y la falta de datos de que adolecan. La observacin que hice en mi Memoria pona en evidencia todas estas causas. Cul ser, pues, el motivo (pregunt) de que las ciencias intelectuales las ms favoritas entre los griegos, mxime despus de Scrates, al cabo de tantos siglos en que los genios ms esclarecidos han acometido su estudio con todo el vigor de su capacidad (), se hallen como si dijramos en mantillas? Luego bastaba solo ese hecho para inferir o la dificultad, o la falta de mtodo, o la de datos, o las tres causas combinadas para influir en el atraso de semejantes ciencias. Despus manifest que el cuadro seductor que ofrecan las naturales, el convencimiento de que era debido muy sealadamente tambin a su mtodo, hizo desear con ahnco a los psicologistas de todas las escuelas la aplicacin de tan precioso instrumento al estudio de las intelectuales. Pero aun concediendo que la amenidad de las naturales puede haber contribuido eficazmente a sus pasmosos adelantos (punto que se ventilar muy luego), todava no es de sostener que la aridez de las psicolgicas debi retraer a todo genio que no fuera verdaderamente filosfico. En efecto, los hechos contradicen semejante asercin, toda vez que tales cuestiones, lejos de retraer a los filsofos griegos, fueron ms bien el objeto favorito de sus especulaciones, y furonlo asimismo de todos los filsofos en todas las pocas, as antes como despus de los griegos; y ni poda ser de otra manera, pues son tan importantes para el hombre las cuestiones de la filosofa, como fundamentales respecto de la religin y las costumbres, sin hablar de la espuela de la curiosidad que le acosa por penetrar el denso velo que cubre estas preguntas: dnde estoy? de dnde vine? a dnde voy? que aun desde los mismos umbrales de Pro me laboras.

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198 \ 198 \ ENERO 1839 los conocimientos humanos, y mezclados con las investigaciones de los fenmenos externos (que en Grecia como en todas partes siempre son las primeras en tiempo), tropezamos con las ms sutiles y abstrusas especulaciones de la Metafsica. En consecuencia, no debe considerarse tan absolutamente como smbolo de muy elevada cultura en un pueblo (y es observacin que tambin ha hecho el profundo ingls M r Mill) 5 el que se agiten semejantes cuestiones, las cuales naturalmente brotan de las ms groseras concepciones de la primitiva religin. La naturaleza del principio cogitante, sus relaciones con el cuerpo, su futura existencia y responsabilidad, son cuestiones que podemos columbrar hasta en los anales de los perodos ms remotos, y entrelazadas las ms veces con cuantas hay de ms sagradas en las creencias y ceremonias religiosas de los pueblos. En la India, como en todas partes, sin que el pas de la religin fsica, el Egipto, sea excepcin a la regla, como presto se ver, encontraremos desde luego a la Filosofa profundamente incorporada a la religin popula r Su ms antiguo desarrollo fue la ilustracin e interpretacin de los Vedas como revelaciones de la Divinidad. 6 En el Egipto propiamente hablando no se desarroll la filosofa mental; o para valernos de las expresiones del mismo Cousin: all se qued el pensamiento con su cubierta religiosa, sin haber llegado a su forma filosfica. Y he aqu otro dato precioso para la cuestin (que por doquiera brotan a centenares), pues esto prueba que los egipcios llegaron a un grado considerable de progreso sin salir todava de las ciencias fsicas; y con todo eso se presentan revueltos y como confundidos los grmenes de la metafsica en su mismo sistema teolgico, por lo cual indiqu poco ha que ni aun ese pas de la religin fsica, como le he apellidado, haca excepcin al principio establecido de hallarse semejantes cuestiones en una condicin no tan avanzada de la sociedad, como parecera a primera vista. Mas a que detenernos con esos registros de anticuario, cuando las mismas palabras del Dmine manifiestan cun convencido est del atraso de las ciencias intelectuales? No dice que la amenidad de las naturales puede haber contribuido eficazmente a sus pasmosos adelantos, al paso que la aridez de las psicolgicas debi retraer a todo genio que no fuera verdaderamente filosfico? Mas, aun cuando no lo confesara, es un hecho incuestionable que las ciencias fsicas y matemticas se hallan ms adelantadas que las psicolgicas, adelantos que todos reconocen haberse logrado en gran parte en virtud del excelente mtodo en ellas adoptado. Luego si tales ciencias existen, cuando las otras estn formndose, claro es que han existido y podido existir sin 5. James Mill, cuya obra principal aparece en 1829. La Lgica de John S. Mill es de 1843 (Roberto Agramonte). 6. Vanse a Cousin, y a la Revista de Edimburgo (1833), de donde estn tomados estos datos (n. de Luz).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 199 / 199 su auxilio. Luego la Lgica no es una especie de instrumento o clave universal con que se abren todas las puertas del saber humano. Luego en cada ciencia se halla ejemplificado el mtodo, sin que sea necesario traerlo de otra parte. Luego toda ciencia tiene naturalmente su Lgica, en el sentido de que en ninguna se puede dar un paso sin deduci r sin discurrir con encadenamiento; pero sta no ha sido una Lgica aplicada despus de aprendida en general y como preliminar parte, sino una lgica legtima de naturaleza, de nuestra facultad de abstrae r y por lo mismo, alternativamente hija y madre forzosa de toda ciencia. Est, pues, demostrada la anterioridad e independencia de las ciencias naturales respecto de las intelectuales. Este argumento, que por s solo bastara a decidir la cuestin, adquiere doble fuerza, al considerar que est no menos demostrada la excelencia del mtodo seguido en las primeras; mtodo tan sumamente eficaz, que no slo ha levantado a algunas, sino que ha creado otras, y las ha vivificado a todas. Pero segn las palabras mismas del Dmine, son amenas las ciencias naturales, al paso que ridas las psicolgicas. V eamos cunto encierran estas expresiones. Bien puede ser que la amenidad ande unida con las dificultades, y la aridez con la facilidad, mas si se examina el punto contrado a la cuestin presente, verse que son casi sinnimos amenidad y facilidad, no menos que aridez y dificultad. Porque en qu consiste la amenidad de las ciencias fsicas? En su objeto mismo, sin duda, pero tambin en el modo de examinarlo, en que sometindose todo al crisol de la experiencia todo se ve, todo se palpa, todo se facilita Y cul ser la causa de la aridez de las psicolgicas? No est en la falta de inters por parte de su objeto, tan interesante y atractivo para el hombre, que hasta en una condicin muy atrasada y primitiva osa acomete r y no puede menos de hacerlo, cual hemos visto, las ms abstrusas cuestiones de la metafsica: luego no est en la falta de atractivo la aridez de la psicologa. Tampoco puede consistir en la falta de aplicaciones, que por este lado peca de fecunda y no de estril la importante psicologa; y esto nada menos que en concepto del mismo Dmine, el cual sigue y cita a Cousin, al que tambin me adhiero en el particula r o por mejor deci r la cual doctrina he sostenido siempre como ma propia y de cuantos cultivan la ciencia: a sabe r que la Psicologa es la raz y fundamento de toda filosofa, 7 o hablando con ms rigo r de todas las ciencias intelectuales, prestando sus eminentes servicios a la Lgica, a la Moral, a la Jurisprudencia, la Historia, la Economa pblica, etctera, luego por el lado de las consecuencias es harto fructuosa la ciencia de las facultades del alma. En qu se cifrar, pues, esa aridez a que alude el Dmine? No queda 7. A su tiempo expondr al Dmine el sentido en que debe tomarse el texto de Cousin, que en contra ma alega a su parecer triunfantemente, as como el de Locke al mismo propsito. Ya ver en su lugar, y acaso con sorpresa suya, que convenimos en esta parte.

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200 \ 200 \ ENERO 1839 ya ms nada que decir sino que en la misma naturaleza de su objeto, que no es tan perceptible a los sentidos, o en el mtodo que en ella se siga, o haya seguido, o en la falta de datos preliminares que necesite de otras ciencias. Pero cualquiera de stas que sea la causa, y a fortiori 8 todas ellas juntas constituyen a la Psicologa en una ciencia ms dificultosa sin comparacin que las ciencias fsicas: luego (no tema usted que vaya a sacar la consecuencia que se est desprendiendo de ste, as como de cuantos argumentos he aducido para la cuestin principal: ahora no quiero salir del punto a que voy contrado) luego aridez en el caso presente es casi y sin casi sinnimo de dificultoso y peliagudo: luego a la ventaja de ser primero renen las ciencias naturales la de ser ms fciles; luego es ms natural y ms sencillo principiar por ellas, que no por las especulativas, que era cuanto se quera demostra r Queda, pues, el Dmine encerrado en las redes que l mismo se ha tejido. As que tuve sobrada razn para decirle en mi despedida, que rara es la proposicin notable asentada por l, que no descubra desde o no encubra en el fondo algn error de trascendencia. Pero advierta el lector que todava no me content en mi Memoria con los poderosos motivos de la preexistencia y facilidad de las ciencias naturales para recomendar su precedencia en el plan de los estudios, sino que hice mrito muy especial y principalmente, fuera de otras razones, de una poltica, y decisiva, en la materia: a sabe r los buenos hbitos que su mtodo haba de comunicar forzosamente al entendimiento de los alumnos, amaestrndoles para hacer con ms facilidad y seguridad nuevas adquisiciones en cuantos ramos despus acometiesen. Esta ltima observacin deber convencer al Dmine de que al atacar mis razones es necesario las tenga presentes a la vez, porque prestndose todas ellas mutuo apoyo, juntas constituyen un cuerpo de pruebas, por el cual no puede penetrar ni una sola de las objeciones que hasta ahora se ha dignado hacer a mi papel. Cmo, si no se desentendiese tan a menudo de mis razones, hubiera dicho al principio del mismo prrafo que voy refutando no parecerle que el atraso de las ciencias intelectuales deban atribuirse a su dificultad, cual si yo hubiera afirmado semejante especie as a secas, y sin haber agregado, como lo hice a rengln seguido, en el mismo perodo, que cmo era que estaban casi en mantillas al cabo de tantos siglos en que los genios ms esclarecidos haban acometido su estudio con todo el vigor de su capacidad, y como objeto de predileccin para muchos de ellos? Prueba demasiado evidente de que la dificultad de que se trata no es ya conjetural, ni objeto de discusin, sino positiva, probada, as por la naturaleza misma de las cosas, como por el mtodo seguido, puesto que ni aun los ms preclaros ingenios consiguieron grandes ventajas en el campo de sus afanes. 8. con mayor motivo.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 201 / 201 Ataque Vd., pues, ms en regla, seor Corresponsal estimado (a quien, eso es aparte, creo siempre de la mejor fe), para fastidiar y fastidiarnos menos, no hacindome volver a las andadas. En lo adelante seguir contestando con un laconismo casi de elenco, cual lo he adoptado en algunas partes del presente escrito, pues anso de veras termina r quedando a usted siempre salvo su derecho para pedirme aclaraciones toties quoties 9 las haya meneste r Entretanto, no quiero despedirme del prrafo que voy desmenuzando sin hacerle notar que la amenidad de las ciencias naturales no pudo ser gran parte a sus pasmosos adelantos, puesto que con todo el agrado que deban inspira r de media centuria ac es cuando ms han progresado: antes de esa poca estaban ellas en muchas y buenas manos, eran todas en extremo atractivas, algunas de ellas muy necesarias para el hombre, y sin embargo nada avanzaban. Puede darse una prueba ms total de que no seguan sus cultivadores el debido sendero? Pues hay ms: se adopta el mtodo experimental, el camino de la observacin y la induccin, y a su eficaz influjo no solamente se adelantan unas, sino que se crean otras y otras, logrndose ms y mejor en medio siglo que en los cincuenta y cinco anteriores. No menos se equivoca mi adverso en atribuir tambin los progresos de las matemticas a la amenidad de su estudio; bien que algo titubeante por esta vez, como se ve por la nota que agrega r en la que sin embargo de dar con la verdadera causa, todava no nos explica por entero el cmo; que es cabalmente la clave del problema. Por de contado que en el progreso de todos los ramos del sabe r as fsicos como matemticos, deben influir hasta cierto punto el atractivo que en s mismo tengan; pero en cuanto a la fsica, ya est demostrado que sa no es la causa principal; y respecto a las matemticas, desde luego veremos que tampoco se le deben atribuir sus adelantamientos. Cfranse stos inmediata y principalmente no menos en la naturaleza del instrumento que la misma ndole del objeto permite aplicarle, que en la marcha o mtodo que este propio objeto consiente, y hasta obliga a adopta r. En este sentido convengo con usted en que mediatamente la naturaleza del objeto es gran parte a la perfeccin de las matemticas proposicin que est en abierta pugna con la que asienta usted en el texto, donde atribuye los progresos principalmente a su amenidad, pues dice nada menos que a su ver no es otra la causa Esta palmaria contradiccin indica demasiado a las claras que las ideas del Dmine no estn fijas en el particula r y cunta razn tuve para decirle que si bien es la nota atinada con la verdadera causa, aun no haba dado enteramente con lo que buscaba. Columbro as en globo, que las mismas abstracciones de las matemticas por su extremada sencillez, sin duda (aunque ni aun esto expresa), deban contribuir a simplificar y hacer progresar la ciencia; pero no vio, o no especifi9. tantas veces cuantas.

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202 \ 202 \ ENERO 1839 c por lo menos, y era lo que realmente ilustraba la cuestin, que las causas inmediatas, bien que producidas por la primera, no podan ser otras que los signos y el mtodo de las matemticas. Efectivamente, como estas ciencias versan slo sobre las relaciones de la cantidad, con muy pocos hechos que sugiera la observacin al entendimiento, puede ste luego a fuerza de abstracciones encadenadas alzar todo el edificio deseado, cual afirm en mi Memoria que haba acontecido con el clebre Pascal, quien de los ms escasos e indispensables datos que sobre la geometra le proporcionara su padre, dedujo sin ms auxilio todos los teoremas fundamentales de esta ciencia empresa de todo punto impracticable respecto de las dems ciencias en que no es posible dar un solo paso sin ir pisando sobre los hechos. Y he aqu otra prueba de que la Memoria sobre mtodo sabe defenderse a s misma; pudiendo usted convencerse ms y ms, repasando todo su contexto, con qu fundamento asever al principio de este papel no haber una razn de las que juegan en la materia que no se halle o explanada o bosquejada en aquel trabajo, porque en realidad, yo nada nuevo he aadido despus, no he hecho ms que dar algunas sombras al contorno, para que sea visto a mejor luz. Pero volviendo de esta pequesima digresin a lo que ms importa, observaremos que en las matemticas el hombre hasta cierto punto tiene poder de crear los hechos sobre que ha de fundar la ciencia, toda vez que la menor circunstancia, sin necesidad de aparatos, ni de reactivos, produce un sinnmero de hechos que acarrean infinitas consideraciones y dan margen a muchas ms, as como a multitud de aplicaciones. Los ejemplos podran multiplicarse al infinito, as tomados de la geometra como de la aritmtica, o de cualquiera otra rama de las matemticas puras. En la naturaleza, pues, de su objeto, ms que en su amenidad es en la que se cifran los progresos de la ciencia de la cantidad; y en la sencillez y simplicidad de los signos que ella emplea est el secreto de aquella concentracin de la atencin, o absorcin de todas las facultades mentales que admira el Dmine en el matemtico de Siracusa, absorto hasta el punto de no percibir el asalto de una ciudad; y para prueba de que semejante concentracin se debe en gran parte a la naturaleza de los medios empleados, y no precisamente al entusiasmo que esas ciencias inspiran, observaremos que no hay ciencia ni arte, ni proyecto humano, que no sea vivificado y llevado adelante por el entusiasmo, nico padre de las grandes cosas, que nunca fue entusiasta la mediocridad; y sin hacer mrito de los arrojados navegantes y viajeros, entre ellos el prototipo del entusiasmo, del ilustre Cristbal Coln, y sin salir de las ciencias naturales y de nuestros das, acordmonos que slo por determinar la diversa respirabilidad de los fluidos uniformes aspir el qumico poeta H. Davy hasta los gases ms mefticos; el infatigable Barn de Humboldt se aplic dos custicos en las espaldas, slo por experimentar ms viva y acerbamente las excitaciones

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 203 / 203 galvnicas; y el impertrrito Eusebio V all, despus de haberse inoculado la peste por la Europa y el Asia, vino hasta la Amrica en pos de la fiebre amarilla, a desafiarla en su propio teatro, cayendo vctima de su inextinguible amor a la humanidad, de ese entusiasmo que slo la muerte pudo apaga r y todava no conquista r. Pudiera sensibilizar con mil ejemplos la influencia de los signos vulgares en las dems ciencias; pero sobre ser este punto muy perceptible, no hay ya lugar para ms por esta vez, vindome forzado por la cuarta a despedirme hasta el otro correo. XXVI XXVI A P N D I C E He aqu para la cuestin un nuevo hecho que rene todos los mritos, y no necesita comentarios por ser nada menos que de Puerto Prncipe, y de la sabrosa pluma del tan patriota como ilustrado Lugareo, quien dando cuenta de los exmenes del Colegio Calasancio 10 en la Gaceta de 2 del corriente, dice, entre otras cosas dignas tambin de leerse, lo que sigue: El da 22 se presentaron a examen las clases de Lgica y Fsica. No es nuestro nimo entrar en cuestin sobre las obras que sirven de texto para el anlisis y deslinde de nuestras facultades mentales Nos retraemos de entrar en la cuestin, porque no nos creemos con derecho, ni nos hallamos con la capacidad suficiente para emitir nuestra opinin sobre las escuelas antigua y moderna, que por una parte descansan en columnas tan macizas como un Locke y un Desttut de Tracy y por otra en un Cousin y un Jouffro y Slo quisiramos que los Profesores de la clase de Lgica meditasen bien las obras de todos estos grandes ingenios antes de sembrar las semillas de aquella o esta escuela. Sigui a esta clase la de Fsica o Filosofa natural, mucho ms divertida para el pblico, y en la cual observamos ms adelanto, ms despejo en los nios, resultando de la confianza en sus conocimientos. As explicaron con desembarazo y exactitud los principios y la naturaleza de la ciencia, las propiedades generales de la materia, los diversos fenmenos fsicos, la luz, la lluvia, el sonido, etctera, y terminaron con una breve exposicin de los principios elementales de la Mecnica, la Teora del movimiento, etctera. Es una lstima que el Colegio no posea los instrumento necesa10. Este colegio estaba precisamente bajo la direccin de don Miguel Storch, que no era otro que El Dmine, que contenda con Luz Caballero. (Alfredo Zayas.)

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204 \ 204 \ ENERO 1839 rios, indispensables para el estudio de la Fsica, pues los ejemplos de los libros nunca pueden ser ni tan gratos ni tan convenientes como el hecho material que pone una causa fsica al alcance de todos. V aya otro hecho paralelo: He odo a varios estudiantes de los de ms edad y saber de una clase de filosofa en la Habana, asegurar que si faltaran argumentos para fundar la antelacin del estudio de la Fsica al de la Lgica, la experiencia de lo que pasa por ellos mismos los convencera hasta la ltima evidencia, sintiendo a cada paso no slo la mayor facilidad, sino tambin la necesidad de apelar a los conocimientos preliminares de las ciencias fsicas y matemticas para exponer y entender las doctrinas psicolgicas. XXVII XXVII BREVES OB BREVES OB SER SER V V ACIONES ACIONES SOBRE EL AR SOBRE EL AR TCULO FILOSOFA TCULO FILOSOFA POR J OS T DE LA V ICTORIA ( Gaceta de Puerto Prncipe enero 30 de 1839.) Por no abrumar al Dmine, dejndole tomar respiro para que meditase imparcialmente lo que en mis dos palabras sobre la cuestin de mtodo expuse, quera espera r no obstante mi propsito anterio r a que convencido de no haber ledo con la reflexin que debiera la contestacin a Rumilio dada por el maestro benemrito de la juventud cubana, lo confesase paladinamente; o reprodujese de lo contrario contra m los ataques falsos que hizo a ste en su artculo inserto en la Gaceta que dejo indicada. As pensaba yo que en este ltimo extremo, su ratificacin por lo menos me ahorrara decirle dos veces una misma cosa. Pero ahora de nuevo estimulado en mi antiguo proyecto, al ver la letra de cambio que por el ltimo correo ha recibido el Dmine, giradas contra l por su corresponsal en la Habana (vase el Diario del 17 del pasado), paso a extender las observaciones ofrecidas: 1. Dice el Dmine en su prrafo 3 que si poseysemos el inestimable tesoro de un diccionario perfecto, slo se disputara en las casas de locos. Este es el resabio de los nominalistas: a la verdad que al leer el prelimina r, se ve uno tentado de no entrar en discusin con quien tal cree; porque hacer depender las ideas de las palabras y no stas de aquellas, es pensar

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 205 / 205 que el que aprende de memoria un libro de matemticas, sabe matemticas. Contra tal aserto no insisto ms, ni contra la imposibilidad de semejante diccionario, porque bastante y con la mayor claridad posible, le dice en estos particulares el autor del artculo que contra el del Dmine que impugno se public en el diario que dejo citado. 2. Al querer fijar el Dmine, en el prrafo 4, la significacin de la palabra lgica, en la nota a que nos remite trata de persuadirnos que el autor de la contestacin inserta en la pgina 333 del tomo VI de las Memorias de la Real Sociedad Patritica, ha dado en su escrito, en los trozos que de l extracta, dos acepciones diversas a la indicada voz, la una lata en el sacado de la pgina 336, la otra estricta, en el de la 339; de cuyo aserto se percibe la falsedad a primera vista, y con la simple lectura de las dos proposiciones extractadas. Si no dgase qu quiere decir sin ideologa o psicologa no hay lgica sino que la lgica debe ser una hija de la ideologa o psicologa Ms claro: no poder existir una cosa sin que exista primero otra, no es lo mismo que decir que la una es hija de la otra? sin la previa existencia del padre podr existir el hijo? Y cuando el articulista aade en seguida: yo comprendo en la lgica la ideologa no repite lo que dijo antes por duplicado el autor de la contestacin? No indica bien claramente que sin la ideologa o psicologa no puede existir la lgica, porque qu es comprender una cosa a otra, sino contenerla en s, serle necesaria a su existencia? Advirtase de paso la inexactitud del articulista al extracta r pues que usando el autor de la contestacin indiferentemente como sinnimos las palabras ideologa y psicologa por acomodarse al lenguaje de Rumilio, segn lo advierte el Dmine, las copia como usadas con separacin, sustituyendo la conjuncin y o su equivalente, a la disyuncin o de que usa el auto r Faltndose a la fidelidad en los extractos, no hay escrito que no pueda impugnarse. 3. Cree el Dmine impugnar completamente las proposiciones del autor de la contestacin que extracta en el prrafo 5 de su artculo, con decir que se suponen a los que asientan los ms clebres idelogos; sin echar de ver que con esta palabra da a conocer la impotencia de su argumento, prescindiendo de lo que pueda valer la autoridad, donde hablan la razn y los hechos. La palabra idelogo y toda su familia, no hace sino recordar a Locke, Condillac y su escuela representando al siglo XVIII y por consiguiente al estril exclusivismo sensualista. Por otra parte, es falso que el hombre conozca sus sensaciones antes que los objetos que se las producen: el hombre siente la impresin que le causan los objetos porque sin sentir mal podra conocerlos; pero una cosa es su percepcin fisiolgica, y otra es conocer cmo sucede esto, para buscar el mejor medio de asegurarse de la verdad externa. Adems, sin objetos que se la produjesen no percibira el hombre sensacin alguna, por ms perfectos que fueran sus sentidos, y ni aun podra concebir la existencia de stos. Convengamos,

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206 \ 206 \ ENERO 1839 pues, en que primero es que haya objetos capaces de producir sensaciones, y en que antes ha de procurar uno conocer lo que se las causa, que el cmo las ha percibido. Hasta por la revelacin tenemos confirmadas esta verdad: despus de haber empleado Dios los cinco primeros das de la creacin en formar la tierra, el cielo, la luz, etctera, al sexto fue que cre los animales, y en ese mismo da, el postrero de sus obras, para complemento de stas, la ltima que sali de sus manos fue el hombre. 11 Con sta podamos ahorrarnos otras observaciones; pero pasemos a la 4. En el prrafo 6 se ve transcrito otro trozo de la contestacin; y prescindiendo de la inexactitud que se cometi en el traslado, sustituyendo la palabra ofrecen a las pueden ofrecer que son las que se hallan en el original, examinemos slo la refutacin que se hace al trozo copiado: sta se hace en el siguiente prrafo, diciendo que por qu ha de ser ms difcil conocer las propiedades de nuestro ser que las de los dems seres de la naturaleza? Muy fcil es la respuesta: porque no podemos ver nuestro interior como vemos una planta: ni podemos con la facilidad, prontitud y claridad que con sta hacer experimentos en el hombre o en las colecciones de hombres, que son el objeto de las ciencias morales. Y tiene ya el Dmine demostrado lo contrario de cuanto afirma en los prrafos 8, 9 y 10. Adems aadir por separado contra lo que aventura en estos prrafos, que las matemticas deben sus adelantos a su exactitud, y a la facilidad con que se prestan, as como las dems ciencias naturales, a la comprobacin de los fenmenos observados; y no por cierto a su amenidad: que si es cierto que el objeto de la fsica o ciencias naturales es el universo fsico, el de la lgica, filosofa o ciencias morales, lo es tambin este mismo universo fsico, con ms el universo moral; porque slo bajo la condicin de convertirse en ideas o pensamientos, hacindose, por lo mismo, desde luego, materia de la filosofa; y vase ahora qu espacio es ms inmenso, y cul ms fcil salva r y vase tambin si se hallan y es preciso que se hallen, y se hallarn en mucho tiempo todava, en mantillas las ciencias intelectuales. 5. Contestando al trozo que transcribe en el prrafo 11, hace esta pregunta el Dmine: acaso la lgica no ha sido en todos tiempos eminentemente observadora? En esta pregunta se envuelve un sofisma que debo destruir antes de contestarla: una cosa es ser ciencia de observaciones, esto es, si puede decirse as (perdonndome el inevitable pleonasmo), ciencia observada, ciencia analizada, y otra es ser observadora, inquiridora, analizadora, se r por decirlo as, un microscopio. Ahora bien, como en este ltimo sentido no puede ser la pregunta del Dmine una objecin al trozo indicado, forzoso ser entenderlo, contra el sentido genuino, contra lo terminante de la palabra, por el primero; y 11. Faciamus hominem etctera, Gnesis cap. I, vers. 26. Vase todo el captulo.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 207 / 207 entonces la contestaremos diciendo: no, no ha sido siempre de observacin observadora, ni lo es hoy sino a medias; ha sido s, en todos tiempos, un instrumento muy delicado de que nos hemos servido sin conocer bien su mecanismo, del mismo modo que el rstico que da vueltas a la cigea de un rgano, produciendo con l los sonidos ms armoniosos y concertados, sin saber de qu manera, por ignorar su conformacin. En la otra pregunta con que contina el Dmine est su erro r y por consiguiente se halla la respuesta de la anterior; error que le es favorito y que consiste en confundir el conocimiento adquirido por medio de las sensaciones con las sensaciones mismas o con el conocimiento de stas. 6. Para contestar el Dmine el trozo de la contestacin que transcribe al principiar el prrafo 12, sienta esta proposicin evidentemente falsa: la lgica es la ciencia que menos necesita de las otras. No en balde dije que es evidentemente falsa esta proposicin: para convencerse de ello, basta observar que todas las dems ciencias son las que suministran mediata o inmediatamente todos los materiales sobre que se versa la lgica o la filosofa; y recordar cuanto dejo dicho en la observacin 4. 7. Sin meterme en el mrito que pueda tener en materias psicolgicas la autoridad del idelogo Locke (de quien es un traslado todo el prrafo 13 del artculo del Dmine), representante en la Inglaterra de la filosofa del siglo pasado y por descontado del estril exclusivismo sensualista propagado en Francia por Condillac, contraerme solamente a las dos preguntas que intercala el Dmine en medio del prrafo, y conviniendo con la primera en que sin el hilo de la inteligencia, es deci r sin el uso de la lgica no se puede dar un solo paso en el intrincado laberinto de los conocimientos humanos, me opongo a que no se pueda hacer muy buen uso de un instrumento que no se conozca, o cuyo mecanismo se ignore por el que lo maneja: esto est demasiado comprobado con lo que dejo dicho en este artculo, con lo que manifest en sus dos palabras y con lo que se palpa diariamente en mil ejemplos materiales que pudiera aglomera r. 8. Con un aire de triunfo copia el Dmine en su prrafo 15 un trozo de Cousin, que ha entendido a su modo, en el que le ve sostener la precedencia de la lgica. Sea lo que fuere, no me arredra que diga Cousin terminantemente lo que entiende el Dmine, porque la autoridad, por ms respetable que sea, debe callar donde hablan los hechos: stos manifiestan bien a las claras que no pueden conocerse las facultades mentales sin conocer su destino; ste se ignora mientras no se sabe su ejercicio; ste slo puede saberse efectundose, lo que slo puede verificarse directa o indirectamente en los hechos de cualquier naturaleza que sean, los cuales no pueden dejar de conocerse al ejercitarse en ellos las facultades mentales; de consiguiente, este conocimiento precede y debe preceder al anlisis de dichas facultades, que es lo que constituye la psicologa y consiguientemente la lgica. Las conclusiones que sienta el Dmine en los restantes prrafos

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208 \ 208 \ ENERO 1839 hasta dar fin a su escrito son deducciones de los principios que estableci antes y que ya dej destruidos; por lo tanto lo estn tambin aqullas, careciendo de cimientos. 9. Esta observacin es general sobre todo el artculo del Dmine; asombroso es, inexplicable, el enigma de cmo un hombre que por su artculo manifiesta estar en punto de filosofa en el siglo XVII y ser de consiguiente discpulo ciego de Locke y Condillac, ha podido rebelarse hasta tal extremo contra sus maestros que niegue que todos los conocimientos han pasado por los sentidos; porque en realidad no es otra cosa que negar esto, pretender la precedencia de la lgica a la fsica. Esto explica las innumerables contradicciones en que incurre a cada paso en su escrito, pues queriendo ser fiel a sus maestros y a su sistema, no puede ser lgico o consecuente. El gran fondo de buena fe que he credo descubrir en el Dmine, vindole al principiar su artculo convidar a una discusin sobre la importantsima cuestin que nos ocupa, ha sido lo nico que me ha hecho tomar la pluma para cumplirle la palabra dada. Por esa misma buena fe, y consultando la brevedad de un artculo, aunque sta jams pueda conservarse en refutaciones, es que slo me he contrado a aquellos puntos que he considerado fundamentales o de mayor importancia en su artculo. Porque fuera de que los otros que adolecen del mismo mal de falsedad, quedan virtualmente destruidos con la ruina de sus cimientos, ya ha tomado la defensa del asunto el autor 12 de la contestacin replicada, a quien por todos ttulos pertenece con mejor derecho que a m. Por lo dems yo le protesto al Dmine estar persuadido que, aunque expresado, es quiz ms desconocido que l en la repblica de las letras el nombre de Jos T de la Victoria 12. Jos de la Luz (Roberto Agramonte).

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XXVIII XXVIII SEXT SEXT A RPLIC A RPLIC A A AL AL DMINE DMINE DE P DE P UER UER TO PRNCIPE TO PRNCIPE POR E L C ORRESPONSAL (J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ) ( Diario de la Habana febrero 10 de 1839.) Llegamos ya al octavo prrafo del Dmine, en que se explica en estos trminos: el objeto de la Fsica es el universo, el de la Lgica la inteligencia: la primera ofrece un espacio inmenso al observador; la segunda: un punto matemtico Aun concedido que as sea (cosa que nadie admitir, despus de ledo mis anteriores artculos), le contestar diciendo, que ms fatiga y arte se necesita para llegar a la cspide del Monteblanco, que apenas cuenta miserables tres leguas de altura perpendicula r que para beberse las millas por las deleitosas planicies de la Lombarda: por aqu se dejan resbalar hasta los ms flojos viandantes; por all slo trepan los muy aguerridos viajeros. Las dificultades en las ciencias, que es toda la cuestin, se gradan ms por el peso que por el nmero, ms por la calidad que por la cantidad. Nada hay ms dilatado que la historia natural, como que comprende la descripcin de todas las obras de Dios que estn al alcance del hombre; y sin embargo, nada ms adecuado a la comprensin de las ms tiernas criaturas. Tampoco se trata no digo de que un nio, pero ni tampoco un joven de principio a sus estudios recorriendo todo el vasto FEBRERO

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210 \ 210 \ FEBRERO 1839 campo de la naturaleza. Lo que se hace primero, esto es, para el nio, es escoger algunos captulos de la ciencia, y luego para el joven un ramo de ella, como lo es la Fsica, excusndome el Dmine de que me detenga a hacer el cotejo de las dificultades de un captulo de la Fsica con otro captulo de la Lgica; pudiendo tener entendido que mientras se penetra un alumno de uno solo de sta, puede adquirir cuatro de aqulla, y apelo a cuantos ensean y aprenden dichas ciencias, que no me dejarn menti r. Pero a la cuenta, este seor ha trado a colacin las dimensiones de la Fsica y la Lgica, para explicar que no se hayan hecho tantos descubrimientos en stas como en aqulla, y as ha puesto, si cabe, de peor condicin su no muy buena causa. Vmosle efectivamente variar de medios y alterar la cuestin, envolviendo, como en otras ocasiones, un error grave en su proposicin. Helo aqu brevsimamente demostrado. En primer luga r del mayor o del menor nmero de descubrimientos no puede deducirse precisamente el estado de adelantamiento de cualquier ciencia; como que en las ciencias no puede medirse, como antes indiqu, por la cantidad sino por la calidad: as es que la Geometra, v g r ., cual estaba ya en tiempo de Euclides es una ciencia ms adelantada, ms formada, ms rigurosamente ciencia que muchas de las naturales, por no hablar de las psicolgicas (que bien visto son naturales) en las que han llovido los descubrimientos; y aun cuando no se hubiese aadido un solo teorema a los que nos leg el matemtico griego, y se hubiesen sucedido sin interrupcin los descubrimientos en las ciencias naturales, ninguna de ellas podra competir en exactitud con la ciencia de la extensin. Y por qu? Porque res ipsa vetat. 1 En segundo luga r aun comparando las ciencia naturales entre s, veremos que no siempre se puede inferir el estado de adelantamiento, del nmero de descubrimientos, sino de su importancia. A veces se descubren infinitos hechos de la misma especie, que poco o nada hacen progresar la ciencia en aquel ramo, al paso que un solo hecho de distinto carcter m ueve eficazmente el espritu de especulacin, y contribuyen ms a promover los progresos reales de la ciencia: ejemplos de una y otra se presentan abundantemente en la Qumica y en la Botnica. Tercero: otras veces sucede que aun cuando sean importantes y numerosos los descubrimientos, todava no bastan para ilustrar la cuestin, si por acaso es de suyo oscura. Cuarto: en Qumica se han hecho en estos ltimos aos incomparablemente ms descubrimientos que en Fsica, y sin embargo nadie duda que esta ciencia est ms adelantada que aqulla. Quinto: advirtase finalmente, por no eternizarnos en este punto, que la ciencia es constituida por la generalizacin y la clasificacin: mientras no se reducen los hechos a una clave, sino que vagan como independientes y derramados, no hay teora, o sea, ciencia propiamente; no se habr pasado del empirismo ms superficial. 1. lo rechaza la propia cuestin.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 211 / 211 Comprese la Lgica antigua con la del da, contina el Dmine, y ser forzoso confesar o que las ciencias intelectuales son susceptibles de una perfeccin que ni si quiera podemos concebi r o que al presente no se hallan en mantillas. V amos a la primera parte del dilema. Si confesis en verdad que la Lgica actual est ms adelantada que la antigua es forzoso convengis, en virtud de las demostraciones expuestas en mis anteriores artculos, que estos progresos se han debido a las luces que ha recibido de las ciencias naturales y exactas y al mtodo que de ellas ha imitado: as que, la Lgica resulta deudora de las naturales tanto en el fondo como en la forma. Y ste sera el lugar de hacer la larga lista de prstamos que aquellas ciencias han hecho a las intelectuales; pero me contentar con indicar algunas de las principales partidas de esta cuenta, as en gracia de la brevedad, como por ser casi excusado despus de lo que llevo escrito en la materia. Pero antes de proceder a ello qu probara el adelantamiento de la Lgica moderna sobre la antigua, aun cuando fuera independiente de los progresos de las dems ciencias? Nada ms sino que la Lgica, a fuer de ciencia, es tambin perfectible como una de tantas. Y cmo no ha conocido el adverso que sus palabras nada hacen en su pro, y pueden hacer mucho en su contra? Porque la cuestin principal versa sobre la precedencia que debe darse en el estudio a la Fsica sobre la Lgica, precedencia que entre otras infinitas razones se fund en el estado de adelantamiento en que respecto de las intelectuales se hallaban las ciencias naturales; es deci r, que el atraso de las primeras no era absoluto, sino relativo al estado de las segundas; as que se las compar entre s en el estado actual, para que fuera exacta la comparacin y tuviera fuerza el argumento. De qu aprovecha, pues, a usted alegar que la Lgica moderna est ms adelantada que la antigua, cuando mi raciocinio no daba entrada a semejante observacin, puesto que era tan riguroso, que concedidos los progresos de la Lgica, todava hoy en el estado actual resultaban las ciencias intelectuales como en mantillas respecto de las naturales? Vuelva usted a leer con detenimiento la memoria, y ver cmo en ella estn obviadas cuantas dificultades le han ocurrido a usted hasta el presente, y algunas ms, si no todas las que puedan ofrecerse. Pero vamos ya con las pocas partidas de la cuentecita pendiente. Abramos un tratado cualquiera de Lgica, pero contraigamos ms, y sin exigir lo que se pide en Francia o Alemania y cindonos al plan y aun al texto adoptado en nuestro pas, nos convenceremos de que apenas hay materias, y sealadamente las de ms entidad, que no se presupongan los conocimientos derivados de las otras ciencias. No es posible dar un solo paso sin estar acudiendo continuamente a ellas. Dir ms (y es observacin que tengo hecha, aun respecto de jvenes ya muy adelantados y de ms que mediano entendimiento): si se aprenden las teoras o generalizaciones, sin contraerlas a los datos en que descansan, es absolutamente imposible

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212 \ 212 \ FEBRERO 1839 hacerse cargo no dir de su alcance, pero ni siquiera de su tendencia: as he visto con frecuencia a muchos jvenes discutiendo cuestiones especulativas de Lgica o de Metafsica, sin poder dar un paso verdadero en el asunto; en una palabra, sin entenderlas, despus de haber pasado horas enteras soltando generalidades tomadas a crdito, pero no comprendidas ni en cien leguas. Ni puede ser de otra manera, como que carecen de los datos as para fundar como para probar y aquilatar las doctrinas. Desengamonos: es necesario estudiar ms las especialidades, que en concepto de Cousin (y en esto voy con l amplectis ulnis ), 2 son las que forman y nutren el entendimiento, antes de echar a lucir esas generalidades preciosas, muy preciosas en s mismas muchas de ellas, pero otras y no pocas semejantes a los abalorios, que brillan con extremo, pero como ellos se reducen a polvo impalpable al ms leve soplo de anlisis. Y a se deja ver que a cada paso que vamos dando se hace ms excusada la lista ofrecida; pero se ofreci, pues ah va: 1. Para demostrar rigurosamente que la experiencia es el punto de partida de nuestros conocimientos, que es la entrada de nuestro curso, se hace ya necesario apelar a la Fisiologa para desvanecer todas las dudas. (Prescindo ahora, por supuesto, de la cuestin que mueve Cousin en su impugnacin de Locke, sobre si conviene o no comenzar por la cuestin del origen de las ideas, cuestin que ver usted largamente tratada por m dentro de poco, pues por el momento slo es mi nimo hacer una lista; y como ha de quedar demostrado que para todos los puntos que se toquen se necesita del auxilio de las otras ciencias, es indiferente que este o el otro vayan primero o despus.) Deca, pues, que para desvanecer todas las dudas en la materia del nmero 1, era forzoso apelar a la Fisiologa. Efectivamente, no observamos en la infancia del hombre ciertas operaciones que no son realmente aprendidas, y que por lo mismo es necesario demostrar que no dependen de ideas innatas? As se toca primo limine 3 la importancia y aun necesidad del estudio de la Fisiologa para formar una historia completa del hombre interno. Y para no citar otra vez a Destutt Trac y, quien pretende que el estudio de las ciencias intelectuales sea preliminar a la Fisiologa, de cuya cita se desentiende usted y luego me lo trae a colacin all sobre la duda cartesiana: pero no nos distraigamos, que ya esa cuenta la ajustaremos a su tiempo y lugar: le citar al mismo Estagirita. No habla ste de un alma vegetativa, de otra animal y de otra intelectual? Pues bien: sta es una historia abreviada del hombre, pues dichas palabras no son exactamente lo que suenan a nuestros odos modernos; sino que en realidad ofrecen los tres grados por donde pasa el hombre y que al fin se hallan en l reunidos: as primero es planta, en el seno materno, despus 2. codo con codo. 3. desde el principio.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 213 / 213 animal, en la primera infancia, y en fin, propiamente hombre al entrar en la discrecin. Tampoco debe olvidarse as en esta cuestin como en otras de no menor entidad, para obviar graves dificultades y aparentes contradicciones, que la palabra alma no la toma Aristteles en el sentido que nosotros le damos, sino en el suyo primitivo de soplo, o vida propiamente tal, en los dos primeros casos, y slo en el 3 en la acepcin actual, como se evidencia por diversos pasajes de sus obras; pues es fuera de duda que l establece la espiritualidad del principio cogitante. Por eso se dijo en el Elenco varias veces citado, elenco en el cual se ha procurado inculcar a la juventud la verdadera libertad filosfica, esto es, nada de autoridad de escuela, pero tampoco nada de presuncin, que hasta en el caso de no poder comprender lo que dijeron las filsofos antiguos, sera una vulgaridad despreciarlos; atento a habernos ms de una vez enseado la experiencia que sus palabras, bajo el velo de la paradoja, envuelven graves conceptos y profundas observaciones. 2. El acto mismo de tratar ante todo de las operaciones intelectuales, como preliminar indispensable, indica que la Psicologa debe tambin preceder a la Lgica. Aunque no trato por el momento ms que de formar una lista, y no toda la lista de las deudas de la Lgica a otros ramos de los conocimientos, quiero aprovechar esta oportunidad que tan naturalmente se presenta para ilustra r o apurar ms la cuestin en esta parte. Una de tres: o la Lgica se reduce a decir: sacad buenas consecuencias de toda premisa (lo que no puede negarse que es real y efectivamente el objeto de ella, o ms rigurosamente hablando, del mtodo), y no hay ms que aadir; y es lo mismo que decir con nuestro ilustre V arela: Hgalo usted bien y ya lo hizo bien; o la Lgica es la ciencia que trata de las leyes formales del raciocinio, y entonces no cabe duda en que muy poco o nada se ha adelantado en ella desde Aristteles hasta nuestros das, como ya lo observ Kant, y lo repite y lo prueba hoy St. Hilaire, 4 pero tambin es 4. Kant. Permtaseme transcribir un poco a la larga, por lo mucho que contribuyen estas citas a ilustrar las cuestiones generales y varios puntos accesorios. Que la Lgica ha tomado esta marcha segura desde la ms remota antigedad, se infiere del hecho que desde Aristteles hasta aqu no ha podido dar un paso retrgrado, pues no deben contarse como mejoras efectivas la introduccin de algunas sutilezas excusadas, y aun la exposicin ms clara de la doctrina, lo que ms bien contribuye a la elegancia que a la seguridad de la ciencia. Pero tambin es admisible en la Lgica que tampoco haya podido dar hasta ahora un paso adelante, llevando visos por consiguiente de estar concluida y completa... Los lmites de la Lgica estn bien demarcados, considerando que ella es una ciencia que no hace ms que exponer plenamente, de demostrar rigurosamente las reglas formales de todo el pensamiento, bien sean a priori bien a posteriori bien tengan este o el otro origen u objeto, bien encuentren en nuestros nimos obstculos casuales o naturales.

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214 \ 214 \ FEBRERO 1839 Si la Lgica ha salido tan bien librada tiene que agradecerlo meramente a su limitacin, en virtud de la cual se halla justificada, y aun obligada, a abstraer de todos los objetos el conocimiento y su diferencia, y por consiguiente en ella la razn no tiene que haberlas ms que consigo misma y con su forma. Mucho ms difcil ha de ser naturalmente para la razn el adoptar el camino ms seguro de la ciencia, cuando no slo tiene que hacer consigo misma sino tambin con los objetos: de aqu es que aqulla (la lgica) constituye propiamente tan slo el vestbulo de las ciencias; y cada vez que se trata de conocimientos, si bien se supone una lgica para calificarlos, siempre se ha de buscar la adquisicin de ella en las tales ciencias peculiares y objetivas. Luego entra a distingui r en consecuencia, el conocimiento terico y el conocimiento prctico, de la razn... La matemtica y la fsica son los dos conocimientos tericos (pues Kant distingue entre determinar el objeto de las ciencias, y hacerlo efectivo) de la razn que deben determinar sus objetos, la primera enteramente puro, la segunda en parte al menos puro, pues siempre debe hacerlo con arreglo a otras fuentes de conocimientos diversas de las de la razn... Despus de especificar muy atinadamente las causas que han trado a las matemticas y la fsica al estado de adelantamiento en que las vemos, se produce as respecto de la metafsica. Empero a la metafsica, conocimiento de la razn especulativa enteramente aislada, que se levanta del todo sobre las lecciones de la experiencia, y esto por meras ideas (no como la matemtica por la aplicacin de stas a la intuicin) donde por consiguiente la razn misma ha de ser su propio maestro; a la metafsica, digo, no le ha sido la suerte tan favorable hasta hoy que haya podido tomar el paso firme de una ciencia... pues en ella continuamente se ve la razn en apuros, aun cuando quiere comprender a priori aquellas mismas leyes que establece la ms vulgar experiencia. En ella es necesario volver a andar el camino infinitas ocasiones, porque se encuentra que no conduce a donde se quiere ir, y por lo que respecta a la unanimidad de sus partidarios en algunas proposiciones, se est tan lejos de eso, que ella es ms bien un palenque que parece propiamente, destinado para ejercitar las fuerzas en la pelea, palenque en el que todava jams ha conquistado un adalid el ms mnimo palmo de tierra, ni le ha sido posible cantar victoria, ni menos contar con una posesin duradera. No queda, pues, la menor duda que la marcha de la metafsica no ha sido hasta aqu ms que un mero tropezar a tientas, y lo que todava es peor, entre ideas y slo entre ideas. Ahora bien, en qu consiste, pues, que la ciencia no ha podido encontrar hasta hoy camino ms seguro? Es por ventura acaso imposible? Por qu pues ha inspirado la naturaleza a nuestra razn el insaciable empeo de rastrear este camino como uno de sus intereses ms importantes? Pero cun pocos motivos tenemos de confiar en nuestra razn, cuando ella no como quiera nos abandona en uno de los ramos ms importantes de nuestra curiosidad, sino que nos trae entretenidos con simulacros, y al fin para engaarnos! O bien han fallado hasta aqu todas las tentativas, cuya leccin podremos aprovechar, para, renovando el examen, seamos ms afortunados que nuestros predecesores. Aristteles. Ahora llegamos a una demostracin histrica de alta importancia, dice un peridico francs, a saber, que antes de Aristteles no haba lgica, y que despus de l, no hay ms que la suya, ilustrada es verdad, pero no extendida. Esta demostracin ocupa ms de 200 pginas en la obra del seor Saint Hilaire. Por lo dems, era tambin la opinin de Aristteles que antes de l no haba lgica, pues dice expresamente al fin

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 215 / 215 i nconcuso que aun as reducida, todava tiene mucho que saber y aun presupone otros conocimientos; pues como se habr visto en la nota, por las mismas palabras de Aristteles nos convenceremos de que entre los griegos vena el estudio de la Lgica en pos del de la retrica para formar al orado r Repetidas pruebas de ello, pueden verse asimismo en Cicern, Quintiliano y otros autores antiguos, tanto griegos como romanos. O finalmente entendemos por Lgica 5 con el Dmine y con la mayor parte de los modernos el estudio de las facultades mentales para dirigirlas en la investigacin de la verdad; o sea de la ciencia cuyo objeto es exponer los fenmenos y teora de la inteligencia; y entonces tienen una fuerza irresistible cuantos argumentos he presentado en el curso de esta discusin, pues supone la Lgica muchos, muchos, y variados conocimientos motivo por qu dije al Dmine en mi segundo y tercer artculos, que no atinaba cmo hubiese estampado semejante definicin que envolva la ms victoriosa refutacin de sus principios. Pero en la segunda acepcin, o sea, la restricta de la palabra Lgica tiene lugar mucho de los argumentos presentados; y si no reprase en aquellas palabras de Kant: Y siempre que se trata de conocimiento, si bien se supone una Lgica para calificarlos, siempre se ha de buscar la adquisicin de ella ( Erwerbung ) (sacrifico en general, en la traduccin de estos pasajes, la elegancia a la exactitud, por ser lo importante a la cuestin) en las tales ciencias peculiares y objetivas No puede ser ms decisivo el texto. Excusado en reiterar que marcho con la posible brevedad, as por atenerme a tanto como llevo alegado, cuanto por haber repetidas veces manifestado a mi adversario se sirva indicarme los puntos que en su concepto requieran ms dilucidacin. Pero supongamos que de nada vale cuanto he dicho para demostrar el atraso respectivo de las ciencias especulativas; supongamos que la Lgica, lejos de deber a los otros ramos, por el contrario, sean ellos los deudores; demos de barato que sea la ms adelantada de las ciencias y aun que no es posible adelante ms por el estado de perfeccin a que llegara. 5. Tambin se entiende, de contado, por esta palabra lo que tantas veces hemos repetido, esto es, el mero encadenamiento en las ideas; as en este sentido se dice: habla con lgica, tiene mucha lgica, etctera, tomando el efecto por la causa, que puede ser la ciencia, o el talento natural, o ambas causas combinadas. de su Organon : En cuanto a la retrica, desde largo tiempo se haban ocupado de ella y aun producido muchos trabajos. Mas respecto a la ciencia del raciocinio, por el contrario, nada tenamos anterior a nuestras propias investigaciones, que tanto tiempo y trabajo nos han costado. Si reconocis que esta ciencia, en la que todo estaba por hacerse desde los cimientos, no se ha quedado muy atrs de las dems, acrecentadas por tareas sucesivas, no podris menos, as como todos los que lleguen a conocer este tratado, que manifestar indulgencia por los vacos que ofrece, y reconocimiento por todos los descubrimientos que en l se han hecho. Excuso amontonar ms citas a este propsito, que las ofrece muy al caso la Revista de Edimburgo y algunas otras obras muy acreditadas.

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216 \ 216 \ FEBRERO 1839 Concedamos que las ciencias morales no necesitan tantos experimentos como las ciencias fsicas, aunque no son pocos los que han menester; concedamos que se cultivaron muchas de ellas con xito desde la ms remota antigedad, como ya tambin demostramos, y que as est en la naturaleza del hombre; demos en fin por nulas y de ningn valor y efecto las 30 o ms columnas que sobre la materia llevamos escritas, amn de la Memoria inserta entre las de la Sociedad Patritica, y con todo y a pesar de todo, queda en pie nuestro punto de vista en la cuestin principal o del mtodo. No puede haber cosa ms clara, y toda ella puede reducirse a este sencillo silogismo: El mtodo pide que se principie por lo ms fcil e inteligible: es as que la Fsica, y en general las ciencias naturales son ms fciles de adquirir que las especulativas y estn ms al alcance de la primera juventud: luego en caso de tener que ensear ambas cosas, si se quiere proceder con mtodo, es forzoso empezar por las primeras. Pero la Lgica, aun en el sentido estricto, es de ms difcil comprensin que las ciencias fsicas (parceme que cualquiera me revelar de la prueba); luego no debe principiarse por ella. Norabuena que de la adquisicin de la Lgica y en general de las ciencias intelectuales, resulten luces a las otras ciencias, pues como ya dijo Tulio, todos los conocimientos humanos tienen un vnculo comn; y nadie ms que yo se ha empeado en manifestarlo; pero no es buena lgica inferir de ah que deba principiarse por ella: dificultad que ya trat yo de atajar en una nota puesta en mi Memoria que dice as: Esto no impide que el que escriba una gramtica especial (aludo al texto donde propongo tambin para los primeros pasos de los nios el estudio de las lenguas), aun para principiantes, aproveche las luces de las otras: antes al contrario, as se ganar para el mtodo: pero se trata del orden en que han de aprender los alumnos, y no de lo que deben saber los maestros. Hoc opus hic labor 6 Esto de la facilidad o dificultad de adquisicin es la verdadera piedra de toque en la materia: ste s que es un experimento, y como todos ellos al alcance de los ignorantes lo mismo que al de los sabios, de los prvulos lo mismo que de los adultos; y en tal caso no hay ms que rendirse a la evidencia, sean cuales fueren las doctrinas que sobre el asunto se profesen. Pero same lcito en este luga r en gracia de la mayor ilustracin del que nos ocupa, recapitular con la misma brevedad que acabo de hacerlo respecto del argumento principal, las dems razones cardinales sobre las cuales gira la cuestin. En el estudio de las ciencias naturales y matemticas se gana no slo para el mtodo sino tambin para el caudal de datos, pues no puede haber un ejercicio ms propio para todas las facultades intelectuales en sus primeros pasos; luego esta consideracin tambin aboga por su precedencia (no preferencia ). Quin 6. sta es la tarea, ste el trabajo.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 217 / 217 no concibe, o por decir mejo r quin no toca a cada paso la perfeccin con que se pueden adquirir dichas ciencias sin el previo estudio de la Lgica? Y digo de intento la perfeccin, esto es, que no necesitan ms que de s mismas para discurrir en ellas con acierto, que es el ltimo fin de la Lgica; y esto es lo que quiso decir V erulamio con su organum nostrum etiam si fuerit absolutum, absque historia naturali non multum; historia naturalis absque organo, non parun instaurationem scientiarum sit provectura : 7 y a esto tambin se contraen las recitadas palabras de Kant. En cuanto a las matemticas, nunca se puso en duda que se pudiesen adquirir con perfeccin antes, o despus, o sea con entera independencia de todo otro ramo; y ms bien ellas, como instrumentos, son preliminares necesarios en casi todos; as es que hasta el mismo Platn puso este mote a la portada de su famosa academia: Nemo geometriae ignarus hic ingreditur 8 Pero toda la oposicin se quiere hacer respecto de la Fsica: y por qu? Confisese francamente: porque no se haba hecho as, no porque no deba hacerse as. Todava yo, no contento con alegar tantas, y en mi concepto, y en el de varios peritos, que vale mucho mucho ms, tan irrefragables razones, quise explicar histricamente el porqu de semejante anomala, para dejar ms satisfecho el nimo de los lectores. Pero se aguardan por ventura autoridades para decidirse, como ya desde un principio manifest este deseo el seor Rumilio? Pues ah estn a centenares, como demostr en dicha Memoria diciendo que este negocio en la culta Europa era ya pasado en autoridad de cosa juzgada: que en todas partes se ensean las ciencias fsicas con entera independencia de las intelectuales, etctera, etctera. Y si quiere todava textos el seor Dmine, aqu est nada menos que el artculo del reglamento de la Escuela Normal Primaria 9 de Francia, redactado, o por lo menos sancionado por su mismo directo r y quin? Nada menos que el seor Cousin, del cual en son de triunfo me cita mi adverso un luengo pasaje que est explicado por s mismo, y que yo expondr clarsimamente a su tiempo. Dice, pues, el artculo 41, prrafo tercero de la Instruccin: Todos los aspirantes al grado de bachiller en ciencias, indistintamente, siguen en el primer ao el curso de Fsica general y experimental. En Holanda, pas tan clsico como Alemania en materias de instruccin pblica, segn el artculo sexto del reglamento para la enseanza de las matemtica, as en los liceos como en las universidades, extractado como pauta por el mismo Cousin, en uno de sus conocidos informes, previene, no ya que 7. Vid. pginas 77 y 192 (Roberto Agramonte). 8. Aqu no entra nadie que no sepa geometra. 9 En el original: 1. (Roberto Agramonte).

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218 \ 218 \ FEBRERO 1839 el examen en matemticas sea anterior al estudio de las ciencias fsicas, sino que aun deber preceder al que se sufra para optar a los diferentes grados de candidato 10 en letras Aadiendo que nadie podr ser admitido a los dichos exmenes para el grado de candidato, sin haber exhibido un certificado de la facultad de ciencias matemticas y fsicas, atestando que en lo respecto a tales conocimientos podr ser admitido a los exmenes literarios. Fcil me sera ir hacinando textos sobre textos, as respecto de los reglamentos de educacin de los pases indicados, como de Alemania, Inglaterra, y aun de Espaa misma, como ya lo hice desde que se introdujo aqu esta novedad, citando el artculo del reglamento de 1825 para los colegios de humanidades de la Pennsula, donde se dispone se curse fsica, qumica e historia natural, y por de contado las matemticas antes que la Filosofa estrictamente llamada, en que entra la Lgica como uno de sus principales ramos. Es querer cerrar los ojos y los odos el no entender que cuando Locke, Cousin y la Europa entera dicen ya hoy filosofa, sin distingui r se contraen a las ciencias intelectuales, y en este sentido afirma Cousin, y con sobrado fundamento, que la Psicologa es la raz de toda filosofa, sin que por ello pretenda que sea la raz de la Fsica o de la Qumica. Parceme que procediendo de buena fe, no es posible poner ms en duda esta materia, y bien podra darse aqu por terminado el papel; pero pues no he concluido la lista comenzada, y aun quedan partes del comunicado del Dmine por analiza r ser forzoso dejar la conclusin para otro correo, notando por hoy que el espritu de esas disposiciones es el mismo que anima y ha animado siempre todos mis esfuerzos en punto a mtodo: a saber que no hay ms que una ciencia y que es necesario, como tambin clama Cousin, fecundar el campo de las unas con las semillas de las otras. As es como acabaremos con la superficialidad; y as nicamente seremos algo en el mundo de las inteligencias. Su afectsimo Corresponsal .Habana, febrero 8 de 1839. 11 10. En Holanda no hay ms que dos grados universitarios: el de Candidato (para Doctor, con un ao de intersticio) y el de Doctor 11. Dice Alfredo Zayas: Aunque el precedente artculo concluye con la oferta de otro que ponga trmino a esta polmica, es lo cierto que no se public aqul nunca, ni existe entre los manuscritos de Luz Caballero; y se explica que no lo escribiera, porque la intervencin de un tercer artculo, que firmaba Adicto le hizo abandonar la casi terminada serie e iniciar otra nueva. Sin embargo, veremos a continuacin cmo el licenciado Jos Toms de la Victoria, residente en Puerto Prncipe, y a quien Luz se refiere (p. 160), la cerr con broche de oro (Roberto Agramonte).* En la presente edicin, ordenada cronolgicamente, ese artculo aparece en la pgina 204. (N. de la E.)

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 219 / 219 XXIX XXIX PRIMERA REFUT PRIMERA REFUT ACIN ACIN AL PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIN AL PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIN DE MTODO SEGN DON JOS DE LA LUZ DE MTODO SEGN DON JOS DE LA LUZ POR E L A DICTO 12 ( Diario de la Habana febrero 12 de 1839, referidos a los artculos insertos en las Memorias de la Sociedad Patritica de junio 18 de 1838.) Non nos ferro libycos populare Penates V enimus: Non ea vis animo, nec tanta superbia 13 neidos, libro 1. Al ser insertos en la Memoria de la Sociedad Patritica de esta Capital dos artculos acerca de la cuestin de si el estudio de la fsica debe preceder al de la lgica o viceversa, confieso que tom decidido empeo en leerlos con atencin reflexiva, buscando el convencimiento que haba menester en asunto de tanta entidad, debatido por personas de notorio saber; pero a pesar de ello, las dudas solamente fueron el resultado de mi examen, cuando volv los ojos hacia la antigedad para consultar en sus anales los progresos del espritu humano; fijndolos despus sobre nuestro siglo, para contemplar con mis escasas luces el estado de las ciencias fsicas y morales, haciendo un imperfecto cotejo entre aqullas y stas; a quienes debemos nuestras ms acabadas instituciones en el orden moral, y por consecuencia, en el orden lgico, y los diversos elementos que demandan las ciencias fsicas para poder llegar a la perfeccin, a diferencia de las morales, perfeccionadas hace muchos siglos, que slo reclaman el auxilio de la 12. Segn Francisco Gonzlez del Valle, El Adicto es el seor Aguirre. El propio Luz dice al final de la polmica que fue discpulo suyo en 1824. 13. (Parfrasis del texto de la Eneida de Virgilio que dice: Non nos aut ferro libycos populare Penates Venimus, aut raptas ad littora vertere prdas: Non ea vis animo, nec tanta superbia victis. (No hemos venido ni a arrasar con las armas las casas de frica: Ni a derramar en la playa el botn: No somos tan crueles ni tan soberbios para con los vencidos).

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220 \ 220 \ FEBRERO 1839 razn para ponerse a nivel de la ms limitada inteligencia. La Lgica, como ya se ha dicho, no es ms que la teora del anlisis, o lo que es igual, la que designa las reglas que determinan la mejor conducta de la inteligencia y el raciocinio en los trabajos del espritu. Esta definicin slo basta para fijar su naturaleza accesoria a toda clase de conocimientos: es el preliminar indispensable, el preludio sin cuya introduccin se desacordara hasta el destemple el estudio de las ciencias. La lgica ha existido positivamente antes que las ciencias todas, pues la deben este carcte r aun las morales mismas, anteriores en tiempo y perfeccin a las dems. Esto es muy obvio: el anlisis exacto, o la lgica misma, se ejercita sobre los objetos o cuanto existe que pueda ser analizado; sobre ellos descansa la ciencia; sin este previo e indispensable instrumento no puede crearse una sola teora, un solo principio, y es sabido que el conjunto positivo de stos, en un ramo dado, forman la ciencia. Por otra parte, si a la exposicin metdica de la naturaleza, causas y efectos de ciertos fenmenos; si a la explicacin que hacemos de sus diversos enlaces y combinaciones, y a las diferentes inducciones que formamos de ellos, creando principios infalibles, damos el nombre de ciencia, claro es que todo lo debemos a la lgica; sin que las cosas sobre que se versa la constituyan ms que los instrumentos de que se vale el artfice o manufacturero para constituir el artefacto o manufactura que acaba de salir de sus manos. Y si es cierto que el anlisis, en ltimo resultado, es el padre de todos los conocimientos artsticos y cientficos, a qu posponer su teora a la prctica aislada, siempre torpe y rutinaria? Si a un hombre cualquiera se le quiere convertir en artfice, sin darle los preceptos del arte que ha de ejerce r cmo es posible que no impenda doble trabajo y tiempo y siempre mal, que otro instruido en una teora que ha de llevar a la realidad con tino y maestra? Podr decirse, tal vez, que nada se adelantara con instruir a un aprendiz en teoras que no entiende (casi est considerada la cuestin que nos ocupa) y valdra ms que practicase su oficio para inculcarle despus los principios: este mtodo tan contrario a la razn, adems de entorpecer las operaciones adquiridas con las malas prcticas, duplicara el tiempo que habran menester la teora, y la prctica de ella misma su consecuencia. Es incuestionable tambin que la mayor parte de las teoras son ininteligibles, cuando el individuo a quien doctrinan no posee nociones algunas en un gnero dado de conocimientos: y por esto habramos de recomendar la prctica de una cosa desconocida, para despus retrogradar al principio de que procede? no es mejor y ms obvio inculcar la doctrina, aunque sea oscura e ininteligible, pasando inmediatamente a dar la realidad que la hara clara y efectiva, como lo acredita la experiencia? Respondan todos los individuos, ya los que estn dedicados a la carrera literaria, ya los que no lo estn: quin no se halla embargado al pasar del principio a su ejecu-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 221 / 221 cin, mejor dicho, inhbil, aun poseyendo aqul a la perfeccin? no es ms propio y ms lgico empezar por la teora y acabar esclarecindola con su consumacin, que comenzar por sta y acabar por su origen? No creo haya ninguno que recomiende la prctica de la medicina, de la jurisprudencia y de la fsica antes del conocimiento de los principios que constituyen estas ciencias; y no obstante tal es en la doctrina contraria, pues exige que se practique la inteligencia en especulaciones fsicas antes de instruirla en los medios de hacerlo con acierto; que se analice, desconociendo la naturaleza, orden y mtodo de un buen anlisis, y que se aplique ste a las ciencias, sin conocer la senda ms expedita, menos tortuosa y embarazada para elevarnos hasta su cima. He dicho que las ciencias deben en rigor este rango literario a la lgica, por no ser ellas ms que la exposicin metdica de los resultados del anlisis aplicado a las cosas que son su objeto, y un mal examen seguido de inducciones de la misma naturaleza no puede crear ciencias de ninguna especie: de aqu he concluido que antes fue el hombre lgico que todo lo dems; de modo que la Moral, hija inmediata de la Lgica, primera por su poca, por su importancia, y por su facilidad, como luego probar, fue cultivada con grandes ventajas y aun llevada a la perfeccin por el gnero humano, antes que algunos de los otros ramos de nuestras instituciones cientficas. Cuando la Europa gema encadenada por la ignorancia y sumida en la barbarie, los pueblos orientales eran consumados moralistas, malos astrnomos y peores fsicos. Adems, si la teora del raciocinio es el solo medio capaz de determinar la acertada conducta del entendimiento en los diversos ramos de nuestros conocimientos, si todas las teoras son difciles, vagas e incomprensibles las ms veces, antes de consumarlas y darlas una realidad que las fije y facilite; si el hombre posee un acopio ms o menos abundante, ms o menos acertado de nociones lgicas, resultado forzoso de sus ensayos prcticos analticos al desplegar esta facultad sobre cuanto puede despertar su sensibilidad; si no es posible d un paso para apreciar cuanto existe sin la investigacin y las inducciones, instrumento universal y exclusivo de que se vale nuestro espritu, y si la lgica no slo es la creadora de la ciencia, sino el verdadero e indispensable vehculo que la hace accesible a nuestra inteligencia, excitando las facultades de nuestra alma para repetirla sobre su estmulo o motivo de accin, descomponindole intelectualmente y volvindole a componer por un orden sinttico, hasta concebirle del todo, cual es en s, cmo es posible, repito, que nos lancemos a la prctica de unos principios que desconocemos? cmo hemos de analiza r si no sabemos analizar? y deduci r si carecemos de los medios de obtener buenas inducciones? por qu no damos realidad a la ms difcil teora, pues siempre es ms fcil que practicarla, ignorando el modo de hacerlo, por ignorarse ella misma? por qu obligarnos a practicar la Lgica en la teora de todas las ciencias, sin habernos inculcado sus

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222 \ 222 \ FEBRERO 1839 principios? Y si un hombre emprende el estudio de la Fsica antes que el del anlisis, como se quiere, no se ver en necesidad indispensable de analizar bien o mal para adquirir aquella ciencia, y despus rectificar este anlisis por medios de sus reglas y preceptos invariables, perdiendo positivamente el tiempo impendido en la mala investigacin desacorde con los preceptos? Es ms natural y ms lgico comenzar por la teora y acabar por la prctica, que lo contrario: la prctica de la Lgica es la teora de las dems ciencias, y as, empezar por el estudio de aqulla es empezar por el principio; y acometer el de los otros ramos cientficos es darle fijeza esclarecindola, y hacerla real y efectiva. Paso a ocuparme de las reflexiones que ms me han detenido en la redaccin de la Memoria ya citada. Primeramente dice as: cmo es posible, sin tener una idea de la naturaleza y procedimientos de la ciencia de la cantidad y de las naturales, dar voto sobre su marcha y las aplicaciones de sus mtodos? Y cmo es posible adquirir estas ideas, resultado inmediato del anlisis, sin conocer los preceptos lgicos del mejor examen, para aplicarlos a las matemticas y a las ciencias naturales? Y cmo sin tener una idea de la teora del raciocinio, se podr aplicar el mtodo analtico para apreciar aquella naturaleza y procedimientos? Y concluye de este modo: As, pues, mientras los hechos de las dems ciencias no ofreciesen materiales, y por decirlo as, ocasiones de investigacin para los fenmenos intelectuales, la Lgica no poda menos que permanecer estacionaria: por la razn de estar menos ejercitada, menos educada, y por la misma causa, dejara de tomar incremento y vigor la inteligencia; mas esto no indica, ni prueba, que deba anteponerse la prctica de la Lgica a sus principios, que sin constituir en consumado ideolgico al que los posee, como se manifiesta en la conclusin antecedente, no puede jams pasar sin ellos bajo la pena del desacierto y la prdida del tiempo. En otra parte se expresa de este modo: Se cree sin duda (hablando de la Lgica) que es una especie de instrumento o clave universal con que se abren todas las puertas del saber humano. Y qu otra cosa puede ser la teora de las teoras, los preceptos del mejor anlisis, los principios que nos ensean el nico medio de adquirir buenas ideas, para acometer despus, entender y lanzarnos con acierto en el campo de las especulaciones de todo gnero? Sin Lgica qu podra ser el entendimiento?: un caos y nada ms; y sin su doctrina cul la suerte de nuestras ideas?: un frrago incomprensible, aun para nosotros mismos. Contina: Si es as, cmo se explican los progresos rpidos y seguros de las ciencias fsicas y matemticas nterin las intelectuales apenas han empezado a tomar creces al cabo de tantos siglos de cultura, por los ingenios ms peregrinos? Piensa el articulista que un Newton, o un Galileo, o un Cuvier debieron, no dir sus descubrimientos, pero ni siquiera sus aciertos, o sus no extravos, al estudio previo de lo que llamamos Lgica?

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 223 / 223 Sobre lo primero, no me parece que las ciencias intelectuales hayan venido a tomar creces en nuestro siglo: la moral de los pueblos antiguos, sus religiones y sus legislaciones, nuestro augusto y sublime dogma y la indestructible e incomparable legislacin romana, de que todas las actuales no son ms que un trasunto pertenecen acaso al nmero de las ciencias fsicas, matemticas o naturales? Se me dir que corresponden al orden moral, y que sta es su naturaleza mas qu deslinde inequvoco puede trazarse entre nuestro espritu como agente moral y la teora lgica? pueden ser otra cosa que doctrinas aplicadas al alma para conducirla mejor en sus operaciones, segn los motivos que la determinan? Qu diferencia puede existir entre una idea y un afecto que es otra idea? Si se ilustra el alma moral quedar en las tinieblas el alma intelectual y viceversa? Lo que llamamos ideas y afectos no son efectos de una potencia espiritual, abrigada en nuestro interio r que se agita segn los estmulos que la excitan, acogiendo, rechazando o mostrndose indiferente a cuanto la rodean? As yo no acierto a comprender cmo se dice que las ciencias intelectuales estuvieron atrasadas hasta aqu, siendo los antiguos tan consumados moralistas, tan aventajados metafsicos. No debemos la ms sana y pura moral a Thales, Scrates y a su distinguido discpulo, el autor del Fedn, como tambin al fundador del Cinismo? Y si lo segundo, quin ignora que Galileo existi en la poca del clebre Bacon, regenerador de la Filosofa y Newton en el siglo siguiente, contando entre sus coetneos al inmortal Locke? Y ser creble que la elevada inteligencia del autor de la ley de atraccin no tomase por gua en sus observaciones estas dos antorchas filosficas, absorbiendo toda su luz para reflejarla despus sobre la naturaleza en sus concepciones sublimes? Ser posible raciocinar con la delicadeza y elevacin de un Newton, sin anegarse antes en las teoras del mejor anlisis, y en los principios que den ms acertadas tendencias al espritu de observacin? Es preciso saber observa r esto es, analizar bien, saber conoce r combinar y deducir a la perfeccin para poder crear e impeler la ciencia al progreso con una nueva teora, con un desconocido principio, con un admirable descubrimiento. Cuntos fsicos presenciaron millones de veces los mismos fenmenos, repetidos a su vista en todas ocasiones, en todos instantes, y que slo el inmortal autor de la ley de atracciones supo apreciar en virtud de su incomparable investigacin? La Lgica no ha menester nada de la Fsica para existi r y sta ni la conoceramos siquiera si los principios de aquella madre de todas las ciencias no se hubiesen aplicado al conocimiento y exposicin metdica de todos los fenmenos que son su objeto. Para ser fsico es necesario ser idelogo; pero el idelogo no necesita de las nociones fsicas para poseer la Lgica profundamente; [bstale] el estudio de las ciencias morales: por manera que, a vista de estas verdades, debemos concluir que la preceden-

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224 \ 224 \ FEBRERO 1839 cia de la Lgica a la Fsica es incuestionable en el orden de enseanza; y el mejor mtodo sera practicar inmediatamente sus teoras, aplicndolas sucesivamente al cultivo de todos los ramos cientficos conocidos, para hacerlas claras y darlas vigor y estabilidad. Ms adelante el autor de la Memoria caracteriza a la Lgica de dos modos: ya como el objeto de un estudio exclusivo, ya como inherente al de todas las ciencias, o ms bien procedentes del uso de nuestras facultades mentales. Primeramente debo advertir que este seor considera a la Lgica como un auxiliar positivo e indispensable para el estudio de las ciencias, pero que consiste en el simple uso de nuestras facultades mentales; mas convengo en que la Lgica prctica es un auxilio necesarsimo a toda ciencia, y no que ella consista en el simple uso de nuestras facultades mentales. Si as fuese, esta cualidad sera comn a la inteligencia del brbaro como a la del hombre cientfico, y nunca puedo creer a un idiota capaz de Lgica, a menos que no se admita una brbara y otra culta, esto es, una mala ciencia y otra buena, o ms propio, ninguna y alguna; de modo que me parece ms cierto decir que depende del cultivo de nuestras facultades mentales en la Lgica de todas las ciencias, verdadera prctica de la Lgica elemental, que no del mero uso de ellas, pues un brbaro, un hombre de mediana inteligencia y otro que la tenga aventajada poseen estas facultades, sin que tengan igual aptitud para emprender el estudio de las ciencias por depender sta de la frecuente prctica del raciocinio y el hbito de las combinaciones e inducciones acertadas, que no son ms que la Lgica elevada a su ms alta perfeccin posible. La prctica de esta ciencia est precisamente, como ya he dicho, en la teora de las dems; y as juzgo ms propio llamarla Lgica prctica, que Lgica natural, dndola un carcter diverso al que tiene por el estudio que hacemos de sus reglas y principios, o el ejercicio de stos, y a diferencia de las dems ciencias que las calificamos por la mera especulacin de sus doctrinas, o la ejecucin de ellas. Como no hay Fsica natural, tampoco debe haber Lgica que no sea trasmitida por la naturaleza, trazndonos la ruta del mejor anlisis y su consecuencia, las buenas ideas: ha de ser adquirida por el estudio de sus teoras, o la realidad de ellas en todos los ramos, siempre oscura, cuando nos son desconocidos los principios de que son efecto. Primero ha de comenzar el hombre por lo de fuera que por lo de dentro: mejor dicho, no puede conocer su interior sino precisamente en virtud del conocimiento de lo exterior. He aqu una proposicin que no me ha convencido. En efecto, despus probar con el adelanto de las ciencias morales en la antigedad, que no slo las conoci y supo cultivar con acierto y maestra este preferente estudio, cuando la Fsica y dems ciencias eran desconocidas, o plagadas de errores, sino que la debemos lo mejor que tenemos en este gnero, que no es ms que el conocimiento del hombre interno, del hombre

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 225 / 225 espiritual; el nosce te ipsum 3 en toda su fuerza y elevacin. Probar tambin que la Moral no ha sido sistemtica, o de partidos, ni meramente especulativa sino el resultado forzoso de la observacin que quieren desconocer los hombres de nuestro siglo. La teora unnime de la virtud y la del vicio ha sido de todos los pueblos y de todas las pocas. La Moral es y fue universal, como la verdad; y fue tambin la primera que descubri el hombre, elevndola a tal altura y perfeccin que se difundi, sirviendo de inmensa base a las ms caras y preciosas instituciones del gnero humano. Esta es la mejor prueba que puede ofrecer de su veracidad, de invariable y sublime temple, hijos de la observacin continua y acertada, que no se alcanzan jams con mezquinas teoras sistemticas y meras especulaciones de gabinete, puestas en olvido a medida que aparecen nuevos siglos y otros hombres que las desmienten, sufriendo stos a su vez la misma suerte por las generaciones que le suceden. Al contemplar el hombre en derredor de s, en los primeros das de su existencia social, la multitud de objetos que a porfa la naturaleza prdiga le presentar como otros tantos estmulos encaminados por sus sentidos a despertar su razn, aletargada hasta entonces por la ignorancia y enmohecida por la barbarie de una vida salvaje, precaria y errante, en comn con los brutos que le sobrepujaban en pode r si bien le aventajaban en sagacidad y astucia; o mejor dicho, en un ligero destello de las facultades que le impeliera despus a la supremaca que goza hoy; al desarrollar las fuerzas que hasta all mantuvo plegada su debilidad, y al percibir la desconfianza de dar un recto giro a sus tendencias, en el caos que antes sus ojos presentara el Universo, aun no sometido al anlisis, se retrajo indudablemente de acometer la empresa colosal de deslindar del todo los hechos tumultuosos y en confusin que impriman un modo de ser y de existir a cada uno de sus sentidos, ponindole en contacto inmediato con los objetos que le rodeaban: al poner en ejercicio los resortes que antes le hicieran desconocer su incapacidad mental individual, y al romper las trabas que le impusieran tan abyecta condicin, se lanz del estado nmada a la sociedad, y sucesivamente cediendo al empuje irresistible del progreso, hasta el hombre actual. He aqu la base de cuanto existe: la Sociedad! He aqu el primero de los establecimientos humanos. El hombre se sinti arrastrado hacia su semejante por un sentimiento intenso de simpata, de inters comn y de proteccin mutua; por un sentimiento instintivo de apego a su raza, calidad comn con los irracionales, y por un sentimiento hijo de la razn y del elevado rango a que le llam el Omnipotente. Colocado en esta elevada altura se enseore sobre cuanto exista que pudiera serle inferior; nada 14. Concete a ti mismo.

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226 \ 226 \ FEBRERO 1839 se escap a la investigacin: todo fue sometido al rigor del anlisis; nada pudo resistir al deseo ardiente del examen. Esta poca de la naturaleza en su infancia la haca susceptible a todo gnero de modificaciones, que plugo a la mano del hombre, torpe todava, imponerla en lo sucesivo. ste, entonces en su cuna, sin otra gua que sus inexpertos sentidos externos, recibiendo de s mismo una educacin espinosa, combatido a un mismo tiempo por sensaciones opuestas, estimulantes y perentorias, a cul ms alarmante, a cul ms decisiva en sacarle del estado de aquiescencia en que yaca, despertando su sensibilidad en tumultuosa confusin, y erigindole el blanco hacia el que asestaba la naturaleza sus tiros y el foco a que convergan todos los rayos de luz emanados de cuanto existe, se apresur a busca r confundido y deslumbrado, en una agregacin de individuos, el vigor y apoyo de que careciera el suyo, para desenmaraar este intrincado laberinto y someterle a su influjo e investigaciones. Las primeras tendencias de esta concentracin de fuerzas e individuos en una asociacin comn se dirigieron a conoce r deslindar y proveer a las urgencias que ms demandaba su existencia, poniendo de concierto los medios y potencias fsicas de cada uno de sus miembros y los morales que su dbil razn le sugera, para desplegarlos sobre la naturaleza entera y apoderarse de sus recursos, convirtindolos hacia su felicidad y progreso, y con ms energa volverlos contra todo lo que pusiese obstculos a su seguridad, civilizacin y desarrollo. As se apoder el hombre de la supremaca: as form las bases eternas e indestructibles de la sociedad; y as tom el impulso ascendente que de mejora en mejora lo ha elevado hacia nosotros. Las primeras ocupaciones del gnero humano fueron la caza y la pesca: en ellas libraba su existencia en su infancia: probablemente todos nuestros antepasados, sin excepcin alguna, se entregaron a su ejercicio, cuando la naturaleza inculta y la carencia del derecho de propiedad no podan despertar ideas de ambicin en los pueblos: todos, bajo una media comn, satisfacan iguales necesidades y contaban iguales medios, mas un estado tan precario no poda ser duradero. La intemperie, el hambre y la desigual lucha sostenida con las fieras provocaron las primeras ideas de poblacin, de cultivo y de asociacin, y de stas tomaron origen las de agricultura y de propiedad y fomento. El hombre aspir, y proclam el primero y ms sagrado de los derechos, el tuyo y el mo: esta declaracin hizo eco en cuantos contaban iguales intereses y fue sancionada por todos los que se hallaron ligados con los vnculos de una causa comn; y a medida que la difusin de este principio tom incremento, se aparejaron los nimos a hacerla efectiva: de aqu nacieron los primeros ensayos para poner la tierra en cultivo, y de aqu tambin los que fueron necesarios para poner en ejercicio las artes anexas e indispensables a la agricultura, torpes entonces; pero que, repetidos y arrastrados en el movimiento perpetuo que todo lo lleva a la perfeccin, los vemos hoy consumados con el mejor acierto y

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 227 / 227 maestra. Establecida as la sociedad, se desvi el hombre del examen e investigacin de la naturaleza inanimada, en tanto cuanto pudiera conciliar este despego con la provisin de las cosas ms necesarias e indispensables a su existencia material, y volviendo rpidamente los ojos a su especie entr en s mismo, para esclarecer lo que pudiera exigrsele y lo que de sus semejantes podra demanda r o lo que es lo mismo, para establecer sus derechos y deberes respectivos como propietario y como asociado; esto es, comenz a abstraer desde su infancia, pues un derecho no est ms adherido a la materia que le produce que el individuo a quien beneficia. l es, ahora como entonces, un modo de ser en la cosa, un ente de razn, un goce, una garanta, en fin, que asegura y perpeta al trabajo en ventaja comn. As comenz el hombre a poner en ejercicio el raciocinio y la inteligencia, y as comienza todo por puras abstracciones, apenas ensayada su razn. Mas como no toda la especie humana primitiva contase igual poca de existencia social, pues sta siempre ha estado en razn de la facilidad del cultivo, la feracidad, la extensin y la situacin del terreno, y an ms de la benignidad del clima, segn que las latitudes han sido ms o menos prximas al Ecuado r o situadas entre los trpicos, es positivo que las fracciones de la tierra privilegiadas con las ventajas topogrficas de las zonas trrida y templada, se reunieron, desarrollaron y prosperaron antes que pudieran hacerlo las que habitaban las glaciales, careciendo de tales elementos; y es ms positivo an que las emigraciones de stas a mejores climas y la rebelda de algunos miembros de aqullas a la utilidad y progreso comn, despertaron, como medios de reaccin, los grandes intereses de la humanidad, la legislacin, la moral, la poltica y la religin. Pudiera decirse quizs que demasiado temprano abandon el hombre el estudio y examen de la naturaleza, para lanzar su razn en el campo de las especulaciones metafsicas. Contestar a esto que las tres ciencias mencionadas no se versan, como equivocadamente se crey hasta aqu, en teoras e hiptesis sistemticas, sino en la naturaleza de las cosas y la exacta observacin de los hechos, como lo prueba hasta le evidencia un ilustre escritor francs de nuestra poca; de modo que hoy debemos mirarlas, cual han sido siempre de hecho, hijas de la observacin, de igual manera que a la qumica, la fsica y dems que llevan este nombre por antonomasia, debiendo nosotros a Carlos Comte, no la creacin de esta verdad, pues esto es un imposible para los sabios, sino su exposicin metdica, y proclamacin. As el hombre slo se separ de la investigacin del conjunto, orden y disposicin de todas las entidades que componen el Universo, y nunca del carcter y observacin de los hechos, lo que constituye otra naturaleza diversa. Tampoco poda el hombre en tan atrasada poca entregarse a estudios que demandan extensos e infinitos conocimientos sin ms gua que sus dbiles fuerzas, ni otra proteccin que el estrecho crculo de sus

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228 \ 228 \ FEBRERO 1839 facultades intelectuales. Qu ms pudo exigir el hombre de la naturaleza en su infancia que la satisfaccin de sus necesidades perentorias? Con qu recursos contaba, ni qu elementos tena para demandar a todo lo que le rodeaba ms de lo que cumpla a sus escasos intereses y mnimas urgencias? Estaba, acaso, su razn inmatura en estado de mover resortes que desconoca y trazar el gran crculo de las entidades fsicas de todo gnero, sometiendo a examen las potencias que determinan cuantos acaecimientos presenciamos en el orden natural y constante de la creacin? Claro es que en semejante estado slo pudieron apreciarse aquellas cosas que tenan en continua vigilancia y alarma a los sentidos, siempre estimulantes, siempre inalterables cual ho y tales como la luz, el calo r las dimensiones, las formas, las sustancias; sin formar ms inducciones sobre estos diversos modos de ser que las que pusiera en uso entre nosotros un nio, ni ms especulaciones que las que pudiera hacer un brbaro actual de Austral-Asia, incurriendo en infinitos errores y aberraciones. Para mejor esclarecer la verdad, a mi ve r de esta doctrina, har uso de un sistema comparado entre los hombre primitivos y los actuales que se les parecen. Positivamente, la naturaleza ho y vista por un habitante de las islas del Mar del Su r presenta los mismos fenmenos que, apreciados en sus verdaderas circunstancias por los fsicos y qumicos de la Europa occidental y central, han dado origen a los ms bellos descubrimientos y doctrinas y creado las ms incuestionables teoras e inducciones. Mas qu uso haran que determinaron la conducta cientfica de los clebres Franklin, V olta, Galvani y del inmortal Newton, que, elevndose de los efectos a las causas y descendiendo de stas a aqullos, sorprendi a la naturaleza, rasgando el velo que la cubriera, y apoderndose sbitamente de la sublime potencia a cuyo inmenso influjo est sometida la creacin, concibi proclamando arrebatado la ms grandiosa percepcin del entendimiento humano? Este portentoso descubrimiento le sobrepuso a las generaciones de su poca que admiradas prorrumpieron en aplausos, rindiendo justo homenaje al ilustre genio creador de la primera de las leyes que rigen el universo, la ley de atraccin. Ella lo abraza todo, todo lo explica; desde la tendencia o afinidad que tienen dos molculas a unirse hasta la que determina la de las grandes masas, desde el principio que domina los tomos ms imperceptibles hasta el ms activo y admirable que despliega nuestro sistema planetario en su equilibrio, siempre enrgico, siempre intenso, desde su centro, Mercurio, V enus, la Tierra, prolongndose al travs de millones de leguas hasta Herschell y haciendo reversin de stos a aqul en perpetuo movimiento centrfugo y centrpeto. Claro es que el hombre en sus primeros das, las generaciones que le sucedieron hasta el siglo quince de nuestra era y los pueblos actuales atrasados en civilizacin, no pudieron concebir ni apreciar los fenmenos emanados de la atraccin, la electricidad, el galvanismo

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 229 / 229 y los ms que los hacen tan inferiores a nuestras notabilidades cientficas en el orden fsico, por carecer su entendimiento de cultivo y maestra, y de aquel refinamiento de la razn en el examen e induccin, hijo del progreso y los elementos de que disponen los actuales. No estuvieron en mejor estado los conocimientos astronmicos hasta el clebre Galileo, pues nadie os contrariar ni someter a la investigacin doctrinas puramente ortodoxas, eliminadas de la ciencia para elevarlas hasta el dogma, como se halla consignado en nuestra Vulgata; y los pueblos que cultivaban otras creencias carecieron de fuerzas suficientes para cometer tan ardua empresa. E pur si muove fue la respuesta constante y enrgica de este genio que, descollando sobre los hombres de su siglo, supo resistir al torrente de las preocupaciones y barbarie; e impeliendo a nuestro planeta alrededor del sol con la velocidad del rayo, E pur si muove grit, atronando a los proslitos del fanatismo inquisitorial. XXX XXX SEGUND SEGUND A REFUT A REFUT ACIN AL PLANTEAMIENTO ACIN AL PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIN DE MTODO SEGN DON DE LA CUESTIN DE MTODO SEGN DON JOS DE LA LUZ JOS DE LA LUZ POR E L A DICTO ( Diario de la Habana febrero 14 de 1839.) En obsequio del mejor mtodo, y fiel al convencimiento que me dirige, trazar un ligero bosquejo de los pueblos orientales que ms brillaron en la antigedad por su saber y civilizacin, para demostrar que, abrigando en su seno consumados moralistas que supieron educar a sus semejantes en la primera de las ciencias por su objeto y fin, no contaron igual suerte respecto de los que haban de inculcarles conocimientos fsicos de todo gnero. Los chinos, cuyos anales se remontan hasta donde alcanzan los hechos cronolgicos, y que se conservan con esplendor hace ms de 4 000 aos, sin que nada haya alterado sus leyes, sus costumbres y su idioma, fueron indudablemente los primeros astrnomos que nos merecen alguna fe: su historia, fundada sobre las observaciones celestes, es de la ms segura cronologa hasta un eclipse observado 2 155 aos antes de nuestra era vulga r Animados con el ejemplo y estudio de su emperador Hiao, que se dedic a la astronoma, calculaban de tal manera los eclipses que en las

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230 \ 230 \ FEBRERO 1839 obras de Confucio hallaron consignados sucesivamente 30 los matemticos enviados por los gobiernos de Europa; y verificndolos se asombraron de la exactitud de sus efemrides; pero ellos no adelantaron en la astronoma sino en cuanto es la ciencia de los ojos y el fruto de la paciencia, como dice el coloso del siglo XVIII ; observaron asiduamente los fenmenos celestes y los trasmitieron a la posteridad cual los vieron. La brjula de que hacan uso no les serva para su verdadero objeto de trazar las grandes rutas martimas: ellos no conocieron ms navegacin que la de cabotaje; verdad es que todo lo tenan en su pas, y nada que demandar en el extranjero. F ueron tan malos fsicos como nosotros 400 aos ha, y como lo han sido los griegos y romanos y dems pueblos de la antigedad. Los caldeos, cuya cronologa ha suscitado tanta controversia, tenan los mismos conocimientos astronmicos que sus coetneos los habitantes de China. En Babilonia traz Calstenes las efemrides que por orden de Alejandro, le fueron remitidas a su preceptor en Grecia. Algunos historiadores suponen que ellos reconocieron en el Sol el centro de nuestro sistema planetario, alrededor del cual describan la tierra y dems planetas primarios y secundarios diferentes rbitas; pero otros, con mejores datos y mayor verosimilitud, los han desmentido. No es posible que un pueblo naciente acometa con xito feliz tan aventajadas empresas; y aun en la hiptesis de que as hubiese acontecido, se habran difundido por todo el Asia civilizada de entonces y al travs de los siglos hubieran llegado hasta nosotros sin merecer nada al clebre Galileo, creador de esta verdad admirable. Los primeros rudimentos, en todo gnero, son ms lentos que los grandes progresos. Este pensamiento, lleno de verdad y sabidura, es producto del genio colosal que aturdi a la Europa con su saber en el siglo pasado. Es humanamente imposible que los caldeos hubieran llegado a este alto grado de prosperidad cientfica en Astronoma, cuando, por otra parte, no hay tanta exactitud en sus observaciones celestes, como las que merecen a todos las de la China, que no goz de estas ventajas. Adems, si consideramos los siglos que hubieron de transcurrir para que un pueblo cualquiera se procurase el conveniente abrigo a su situacin, las habitaciones que haban de alojarle, los utensilios para poner la tierra en cultivo, el necesario para formar su idioma e inventar la escritura, y el ms indispensable para poner a cubierto su seguridad a toda clase de atentados, e ilustrarse, ser preciso concluir que los anales de la Caldea sobrepujan a la existencia de nuestro globo: tal es la infancia razonable que aquella hiptesis produce. Los indios, a quienes se atribuyen los signos de los siete planetas generalmente conocidos en toda la tierra, no pudieron rivalizar en conocimientos astronmicos con las dos naciones que acabamos de mencionar; prueba total de su inferioridad en este ramo. Los egipcios, que tan cercanos a nosotros pudieron ilustrarnos ms sobre la antigedad que ningn otro pueblo, consignando en sus inmensas bibliotecas el ms precioso archivo

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 231 / 231 de su ilustracin de la ms remota de las naciones orientales, fueron sumidos, por la ignorancia de Oma r en la barbarie, convirtiendo en pavesas el tirano, innumerables volmenes que encerraba Alejandra: no obstante les debemos los signos del Zodaco que demuestran sus conocimientos en astronoma. Los griegos, que se instruyeron a expensas del Egipto, Fenicia y la India, fueron tan malos fsicos como astrnomos: entre los primeros contaban al Estagirita, cuya doctrina, desde su base errnea, se fundaba en el sistema de los cuatros elementos, o cuerpos simples universales. Los romanos, que tomaron de los griegos en su religin y sus leyes y aventajaron en esta ciencia a sus actuales, como despus probar, estuvieron al nivel de los pueblos ms atrasados en las ciencias fsicas y astronmicas. Para convencerse de ello basta consultar la historia de un puado de valientes que circunscritos en su origen a muy estrechos lmites, se reproducen en silencio, y seguros ya de su poder y desarrollo, se sienten posedos de un espritu guerrero y atrevido, que precipitando sus falanges sobre cuanto pudiera cebar su ambicin de conquistar llegan a trazar los lmites de un grande imperio, desde el Rhin y el Danubio hasta los abrazados desiertos de la Libia, y desde el Tigris al Ocano Atlntico, envolviendo en el torrente de sus pujantes huestes las glorias de Dido y la existencia de Cartago. Creo haber justificado plenamente con la historia de los progresos del entendimiento humano, el estado decadente de las ciencias fsicas en la antigedad, y la infancia de la astronoma entre los chinos y los caldeos que fueron los ms distinguidos en este ramo, y aun esta ventaja la debieron, repito, a que en algn modo es la ciencia de los ojos y el fruto de la paciencia, como lo demuestra la torpeza de sus operaciones comparadas a las actuales de los ms clebres astrnomos, que al travs del telescopio desvanecen las distancias que nos separan de los dems planetas, y atravesando la inmensidad nos describen las formas, distancias, rbitas, tiempo en que stas se describen, ms o menos elpticas, la aparicin de los cometas en determinada poca, a pesar de su irregular carrera, las revoluciones peridicas de nuestros satlites y dems planetas secundarios, las conjunciones, los eclipses y la gradual distancia de cada uno de ellos al centro y foco de nuestro sistema planetario, la existencia de otros [mundos] en todas las estrellas fijas, como otros tantos soles con un movimiento sobre su eje, el que constituye en nuestro globo los das y las noches, y el de su revolucin anual, los equinoccios, la declinacin de los astros y de la brjula, segn se desva ms o menos del polo boreal, etctera. Me parece, por estos progresos que estn al alcance de todos, y otros muchos que en obsequio de la brevedad silencio, que nuestros astrnomos y nuestras notabilidades en las ciencias fsicas y sus ramificaciones, gozan de una superioridad incalculable respecto de los pueblos antiguos y de la Edad

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232 \ 232 \ FEBRERO 1839 Media, apenas iniciados en los conocimientos que constituyen el principal patrimonio de los sabios del siglo diecinueve. Paso ahora a continuacin a ocuparme del estado de las ciencias morales en las naciones antiguas y de la Edad Media hasta la decadencia del Imperio Romano, y el de los pueblos modernos hasta ho y siguiendo el mismo orden que he observado; pero antes juzgo conveniente patentizar mi manera de ver estas ciencias, quizs equivocada; los puntos de contacto tan estrechos, inmediatos y repetidos que las confunden con las que hoy llamamos ciencias intelectuales y el difcil deslinde que pudiera efectuarse entre unas y otras, o lo que es lo mismo, donde positivamente empiezan las funciones del dominio de la inteligencia y acaban las de la moral, y al contrario, sin invadir la una en la provincia de la otra confundindonos. Indudablemente la religin, la legislacin ya natural, ya positiva, la poltica y la moral por excelencia no son ms que otras tantas fases o modos de ver esta ltima; diversas investiduras, pero igual fondo; diferentes consideraciones, pero una misma doctrina, un mismo origen, una procedencia comn. En efecto, la religin no es ms que la apoteosis de la moral, la moral misma edificada y robustecida con la intervencin de una potencia sublime sobrenatural que se hace sensible con goce y eternos suplicios aplicados a la virtud y al vicio, sin analoga alguna con los que adquirimos por medio de nuestros sentidos externos: potencia que ha figurado en todos los cultivos, y en todas las creencias que invocaron la Divinidad; en fin, la religin no es ms que un vehculo moral elevado desde el hombre hasta la omnipotencia para ponerla en contacto con las alabanzas del justo, santificndole, y convertir al malvado amonestndole. Sobre legislacin podr existir un curso de moral ms acabado que el que encierran las disposiciones dictadas a los pueblos por un espritu lleno de clemencia y sabidura? Qu otra cosa son las leyes sino reglas de conducta trazadas a los hombres para que modelen sus acciones a ellas y encaminarlos as al bien y prosperidad comn e individual? Las leyes fomentan y premian la virtud, al paso que reprimen y castigan el vicio, bajo todas las fases y denominaciones de culpa, dolo, delito y crimen; de manera que un cdigo de doctrina legal es un cdigo que al pasar por la boca del legislador se tintura de su influjo y energa, llevando el sello de la coaccin para reprimir y castiga r como para excitar y premia r Las naciones cuentan, as como los individuos, con sus sistemas de moralidad: ellas pueden ser virtuosas y viciosas, de igual manera que cada uno de sus miembros; as es que a la moral de los gobiernos y de las naciones llamamos poltica. La mejor prueba es que lo justo en moral lo es tambin en poltica, y lo malo no es justificado por la una ni por la otra. La conducta de los gobiernos si es morigerada y digna de alabanza la llamamos virtuosa, y si destemplada criminal y viciosa.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 233 / 233 No existe otra diferencia entre un cdigo poltico y un cdigo moral que la que se versa entre el todo y su parte integrante, pues as como aqul sirve de tipo a la conducta de las naciones, ste dirige la de cada uno de sus miembros. Paso a ocuparme brevemente en demostrar cun difcil es separar los fenmenos que constituyen las ciencias morales de aquellas que dan origen a las que llamamos intelectuales, atribuyndolas un origen y naturaleza diversos, pues a mi ver no son ms que diferentes modos de ver una misma ciencia en sus ramificaciones, esto es, existe la misma relacin entre la moral y las ciencias intelectuales que la que se versa entre la qumica y la fsica. En verdad, los conocimientos a que damos este nombre se dirigen a la investigacin de la naturaleza, causas y efectos de las inmutables potencias que rigen a todos los cuerpos, al paso que la qumica es la fsica misma circunscrita, ms concreta a la indagacin de las potencias que mantienen a los cuerpos, en composicin, o bien tienden a descomponerlos, para con el examen poner en prctica sus fuerzas, y establecer sus inducciones y teoras, invariables como las causas constante de que proceden: ambos tienen igual origen y objeto en examinar y reconocer las leyes universales que rigen a todos los cuerpos, as es que la qumica es una rigurosa emergencia de la fsica, su madre y apoyo, bajo todos sus aspectos, recursos y especulaciones. Tan fsico es un hombre que nos describa los fenmenos producidos por la electricidad, el galvanismo, las leyes del movimiento y la de atraccin, como un qumico en su laboratorio, componiendo y descomponiendo los cuerpos al infinito, y dndonos el resultado de sus investigaciones. De igual manera sucede con la moral y las ciencias intelectuales; su procedencia es comn, todo es en ella espiritual, todo pertenece al alma, nada a la materia: tan intelectuales son las afecciones como las ideas; la virtud y el vicio son partes tan integrantes de los cuerpos de todo gnero, como las concepciones que nos ligan a ellos. La clera, la venganza, el odio, la amistad y el amor moral qu son sino otros tantos modos de ser y de existir de nuestra alma, de nuestra inteligencia, de nuestro espritu? Las impresiones comunicadas por los sentidos externos y que despliegan la actividad y percepcin de nuestro entendimiento no son acaso modos de ser tambin de nuestra alma? Las ideas que despiertan la impresin de un objeto cualquiera, no eliminan ms de una pequea fraccin que las simpatas o antipatas que excita. El sentido interno no puede concebir por s solo ideas, sin haber menester en nada a los sentidos externos, medio casi exclusivo de los sensualistas? Claro es que s, como lo confiesan los filsofos modernos abonando la doctrina de los espiritualistas. Y el alma no crea asimismo afectos o desafectos, sin un previo motivo externo que los haya producido? Responda la medicina por m con sus monomanas, idiosincrasias, temperamento y efectos ocasionados por innumerables do-

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234 \ 234 \ FEBRERO 1839 lencias. Jams olvidar el efecto singular que produca en un sargento francs la vista de un dedal. Este hombre, lleno de valor y bizarra, acostumbrado a los peligros del campo de batalla, envuelto mil veces en el polvo, sangre y fuego de los combates, oponiendo siempre la ms serena calma al trueno de la artillera y a los desastres de la guerra, se pona convulso al aspecto de un ligero instrumento en que engasta su dedo la nia ms tmida con la mayor soltura e indiferencia. Adems, las abstracciones de suyo no son ms que creaciones de nuestra alma: lo blanco y lo negro no estn aislados en la naturaleza; precisamente han de ser propiedades de un cuerpo cualquiera que nuestro entendimiento separa para considerarlas por s solas; tampoco la existencia es un individuo, menos lo son an los deberes y derechos que constituyen las legislaciones todas. El moralista como el idelogo, dirigen sus observaciones al alma sola; sobre ella especulan acerca de la naturaleza, causas y efectos de nuestras afecciones e ideas para dar las acertadas tendencias con el auxilio de la ciencia; ambas son el resultado que nos deja el anlisis de los cuerpos y sus cualidades. Al percibir el hombre el vicio lo hace por medio de una idea, al detestarle por otra; si aprecia la virtud sucede lo mismo y si las entidades fsicas igual acontece; unas y otras son hijas de nuestra alma, censorio comn, sentido interno o moral, razn o inteligencia, pues todas ellas son diversas denominaciones de una misma facultad, de un mismo espritu. Una idea y una afeccin no existen en la naturaleza como lo bueno y lo malo, lo de uso y lo raro: ellas no son cuerpos, ni parte integrante de ellos, sino el resultado de su impresin en nuestros sentidos externos, repetida y apreciada en el interno; impresin que puede ser producida por lo terso y lo spero, lo bueno y lo mano que determina nuestra voluntad por medio de simpatas o antipatas, acordndola proteccin o repulsa. Si un hombre ejecuta delante de nosotros una accin laudable, nos dejar por resultado una idea o afeccin que nos ligue a l; al paso que las acciones dignas de vituperio y las propiedades malficas, producirn sentimientos o ideas contrarias: stas y las afecciones estn en el patrimonio del entendimiento que se agita de modos diversos; son creaciones del alma que la pertenecen exclusivamente y toman su origen de ella, segn que la afectan distintamente todos los cuerpos exteriores, como otros tantos motivos de accin que determinan su ejercicio. As es que no se puede apreciar ni hacer un exacto deslinde entre el acto de nuestro espritu a que llamamos idea, y aquel que lleva el nombre de afeccin, pues el primero es la concepcin de las propiedades de un objeto, y el segundo la misma concepcin, buena o mala, acogida o rechazada, como ha de ser precisamente la primera, por no poderse concebir las propiedades de un objeto sin apreciar simultneamente su bondad o maldad, su adopcin o repulsa, nuestra simpata o antipata, nuestro odio o amo r nuestra amistad o desvo. El fro y el calor intensos excitan nuestra aversin al instante que somos someti-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 235 / 235 dos a su influjo; mas si estn nivelados a la temperatura de nuestra economa despiertan en nosotros simpatas hacia ellos. Lo mismo sucede con las personas. Ellas nos agrandan o desagradan por su benfico o funesto influjo, por sus virtudes o por sus vicios, por los beneficios que nos proporcionan, o los daos que nos hacen senti r como tambin puede sernos indiferente su conducta en sus efectos inmediatos, cual acontece con muchas ideas que no excitan nuestro place r ni nuestro dolo r La idea que formamos de un cuerpo slido no nos halaga como el convencimiento de su utilidad; la de una superficie no nos afecta como la de un fro excesivo. De modo que entre la fsica y la qumica existe un enlace menos ntimo a mi ve r que el que se versa entre la Moral y la Ideologa hasta confundirse en una sola y nica ciencia, con variadas tendencias que parten de nuestro sentido moral, su centro comn. XXXI XXXI TERCERA REFUT TERCERA REFUT ACIN AL PLANTEAMIENTO ACIN AL PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIN DE MTODO SEGN DE LA CUESTIN DE MTODO SEGN DON DON JOS DE LA LUZ JOS DE LA LUZ POR E L A DICTO ( Diario de la Habana febrero 15 de 1839.) Siguiendo el orden que antes me propuse, trazar un bosquejo sucinto del adelanto de los pueblos primitivos, de los que les sucedieron y de los actuales en los distintos ramos de las ciencias morales. Transcribir aquellos lugares ms llenos de erudicin, elocuencia moral y profunda filosofa que tanto brillan en los libros religiosos de la antigedad, despojndonos al contemplarlos de todo espritu de parcialidad e intolerancia, pues en nada desmerecen nuestra creencia; lejos de ello, parecen modelados a nuestro santo y augusto dogma. He aqu el exordio verdaderamente sublime del Shasta, texto sagrado antiqusimo de los habitantes de la India. Absorbido el Eterno en la contemplacin de su existencia, resolvi en la plenitud de los tiempos formar seres partcipes de su esencia y beatitud. Estos seres no existan; l quiso y existieron. Qu ms podramos decir de acertado y elocuente acerca de nuestro origen? Mas adelante, hablando de la procedencia del genio del mal, manifiesta el gozo y armona que rodearon largo tiempo el trono del Eterno, desde la

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236 \ 236 \ FEBRERO 1839 creacin de sus deidades secundarias, pero apoderndose de la envidia del corazn de Moisaor y sus proslitos, desecharon la perfectibilidad y ejercieron el poder de la imperfeccin, abortando el mal a la vista del Omnipotente. Los ngeles fieles se entristecieron, y el dolor se conoci por la primera vez. Despus de arrojados al abismo, por los ministros de su Dios, y transcurridos infinitos siglos, los vuelve a su gracia y con ellos anima los cuerpos de los hombres. Esto, aunque falso, es majestuoso y filosfico. Veamos la solidez y acierto con que explica el Veidam la esencia del Omnipotente. Dios no cre jams el vicio, l no puede ser su auto r Dios, que es la sabidura y la santidad infinitas, no cre sino la virtud. El Ser Supremo no tiene cuerpo, ni figura: todos los que le atribuyen pies y manos son unos insensatos. En otra parte dice, que cuando Dios exista solo, y nada con l, form el designio de crear el Universo; primero cre cinco elementos, a sabe r la tierra, el agua, el fuego, cuerpos, dndoles por base la tierra. Su primer hombre se llam Adimo y la primer mujer Procriti: de ellos naci Brahma, legislador de las naciones. Despus se expresa as. Habiendo salido el hombre de las manos de Dios, le dijo habr sobre la tierra diferentes ocupaciones; todas no sern propias para todos cmo distinguirlas entre s? Le responde as: aquellos que nazcan con ms gusto por la virtud que los dems, sern los brahmas; los que participen ms del rosogoun es deci r, la ambicin, sern los guerreros; los que participen ms del tomogun la avaricia, sern los mercaderes y los que participen ms del comogun esto es, que sean robustos y limitados, sern ocupados en las obras serviles. En seguida manifiesta que cuando Dios sac todas las cosas de la nada cre un individuo de cada especie, y quiso que llevase en s mismo el germen de reproduccin, que l es el principio de cada cosa, y el Sol no es ms que un cuerpo sin vida y sin conocimiento, que en las manos de Dios es como la luz entre las del hombre. Se habla despus del Infierno, y del modo de evitar sus tormentos eternos, cumpliendo con los preceptos del V eidam Hay cuatro amores de Dios, dice el comentador de este texto: el primero es amarle por inters; el tercero no amarle sino en los momentos en que no se oye la voz de las pasiones; y el cuarto amarle para obtener el objeto de sus pasiones; mas este amor no merece el nombre de tal. Qu sublimidad en los conceptos! Qu energa en la expresin! Qu bellezas en el estilo! Es necesario ser un profundo moralista, y estar empapado en los elevados sentimientos que inspira la virtud, para trazar as los grandes e inmensos principios sobre que gira la moral universal e inclinar los pueblos al bien, desvindolos de la torpe y funesta senda del vicio. Si volvemos los ojos a la China y contemplamos la moral de Confucio, tan pura y severa, y al mismo tiempo tan humana como la de Epicteto, hallaremos que toda la religin de este vasto pas fue restablecida por este

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 237 / 237 eminente filsofo, en su poca. El recomienda el perdn de las injurias, el recuerdo de los beneficios, la amistad y la humildad, y este gran principio positivo: hars con los otros lo que quieres se haga contigo. Aconseja a los gobernadores rectifiquen su razn, pues ellos deben corregirse antes de encaminar al pueblo con su ejemplo. Aunque esta nacin ha sido acusada de atesmo, nada hay ms falso. Es verdad que entre sus filsofos algunos espritus extraviados han incurrido en el materialismo; pero los ms y la poblacin en masa profesan la doctrina del espiritualismo, que admite un Ser Supremo incorpreo. Juzgan a la virtud tan necesaria y apreciable por s misma que sin la intervencin de la Divinidad, puede enderezar al bien la conducta del gnero humano, con slo su benfico influjo y eficaz imperio. Las inscripciones de sus templos son: Al primer principio sin origen e infinito: Al que todo lo ha hecho, al que lo gobierna todo. l es infinitamente bueno, infinitamente justo: l esclarece, arregla y sostiene la naturaleza entera. Este pueblo y los dems de la antigedad creen con nosotros, que Dios ha grabado la virtud en los corazones, y que lo dems es obra de los hombres: as lo confirman Confucio y Zoroastro. Pasemos a consultar la doctrina moral y religiosa de Sadde r compendio del Zend, uno de los tres libros ms antiguos que cuenta el mundo, en que se halla consignado el dogma de la nacin persa. Citar aquellos artculos que ms analoga guardan con nuestra augusta creencia, y tengan ms contacto con nuestra moral. 1 El decreto de Dios muy justo es que los hombres sean juzgados por el bien y el mal que hicieren: sus acciones sern pesadas en las balanzas de la equidad. Los buenos vern la luz: la fe los librar de Satans. 2 Si tus virtudes vencen a tus pecados, el Cielo es tu recompensa: si son vencidas, el infierno es tu castigo. 3 La limosna constituye el principal mrito en nuestra religin. 13 Ama a tu padre y madre si quieres vivir eternamente. He aqu el Declogo. 15 Bendice al Omnipotente al presentarse cualquier objeto ante tu vista. 19 Csate en tu juventud; este mundo es transitorio; es menester que tus hijos te sigan, y que la cadena de los seres no sea interrumpida. 30 En la duda de si una accin es buena o mala, abstente. Cun sublime y positivo! 33 Que las grandes liberalidades se derramen sobre los ms dignos; es pedido lo que se confa a los indignos; mas no si se trata de lo necesario. 40 El corazn y la lengua deben estar siempre de inteligencia en la virtud. 67 No mientas jams; esto es infame, aunque la mentira sea til. 69 No seduzcas la mujer de nadie. 70 Abstente de todo robo y rapia. 71 Conserva puros tu mano, tu lengua y tu pensamiento. En tus aflicciones, ofrece a Dios tu paciencia; en la dicha, albale. 91 Piensa en hacer bien noche y dia: la vida es corta. He aqu la profunda moral de Zoroastro. He aqui su religin que enseaba la virtud. Este es el objeto esencial de todos los cultos, y el nico de la moral universal.

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238 \ 238 \ FEBRERO 1839 Mas ya es tiempo de considerar esta ciencia en pueblos ms cercanos a nosotros. El pas que produjo los Temstocles, los Timones, los Arstides, los Fociones, los Milcades y los Scrates; el que abrig en su seno la secta filosfica de los estoicos, esto es, la secta del hombre imposible, a juicio de algunos escritores de nuestro siglo, si no hubiese existido un Marco Aurelio y un Trajano; la que llevaba el alma a tal perfeccin que se la ha considerado como una vana teora, incapaz de realidad; el que oy dictar leyes llenas de sabidura a Minos y Zeleuco, la muy enrgica voz de las Sibilas y su inmenso influjo sobre las dems naciones; y el que entre otros misterios daba culto a los de Ceres Eleusina, convirtiendo al tesmo a los sectarios del politesmo, debi se r como fue, ms aventajado que los pueblos antiguos en las ciencias morales y filosficas. Basta observar el orden y armonia del Universo, deca Zeleuco, para convencerse de que la casualidad no pudo haberle formado. Es necesario doctrinar el alma, purificarla y desviarla del mal. La virtud sola y la disposicin constante en hacer el bien, pueden nicamente agradar al Ser Supremo. Preciso es ser justos en los principios y en la prctica. El clebre Carondas, su suceso r deca: El deber de un monarca es imitar a Dios, imitarle es tener las menos necesidades y hacer el mayor bien posible. En los misterios de Ceres, celebrados para inspirar la virtud a los hombres, comenzaba as el pontfice: Marchad por la senda de la justicia, adorad al solo Ser del Universo. Y de esta manera se despedan los miembros de la asamblea: V elad y sed puros. Pero a qu buscar en la antigedad de distintas ceremonies una moral llevada a la perfeccin, como hemos visto, y espritus empapados en la teora y prctica de la virtud, cuando nos dirije el santo Dogma de la Cristiandad? Qu mejor dechado! Cul ms bello tipo! Qu curso, en fin, ms acabado de moral que nuestro Evangelio y an el Pentateuco! Y podr decirse todava que las ciencias morales estn atrasadas? El primero tan antiguo como nuestra era, y el segundo como la distancia que nos separa de Moiss, adquieren cada da nuevos proslitos y descuella sobre cuantos cultos conocemos ho y aun sobre el islamismo que pareca disputarle sus conquistas. El Cristianismo abraza la ms grande extensin de nuestro globo, segn el cmputo que se ha verificado en estos das. Esta es la religin de toda Europa y Amrica civilizada, y aun parte del Asia y frica: sta es la religin que ms est en armona con la ilustracin y genio del siglo. Quin no ha encontrado motivos infinitos de admiracin al abrir la Biblia? Existe algn cuerpo de doctrina moral ms perfecto que ella? Existe otro que mejor describa la naturaleza, causas y efectos de la virtud y el vicio; esto es, la teora de la Moral, la ciencia misma? Las doctrinas de los mejores telogos y canonistas tuvieron acaso otro origen? Y las obras de los Agustinos, los Jernimos y los Ambrosios no estn plagadas de verdades admirables en este gnero, tomadas del inagotable raudal de

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 239 / 239 los Evangelistas? Qu moralista de nuestro siglo, de los anteriores y de los venideros, podra hacer duda r con sus obras, de la superioridad del Evangelio? No basta decir que las ciencias morales estn atrasadas; es necesario convencernos de ello, sin obligarnos a tomar doctrinas a crdito de escritores de nuestra poca. El clebre francs, autor de los tratados de legislacin, de la propiedad y de los poderes y obligaciones nos asegura que la Moral, bajo todos sus aspectos y consideraciones, debe su atraso a que no se le consider hasta aqu como ciencia de observacin, sino como sistemtica y meramente especulativa; pero es preciso llevarnos al convencimiento de esta verdad, desvaneciendo todo gnero de dudas con pruebas irrefragables, y no con el prestigio que da la autoridad y la seduccin de una elocuente pluma capaz de deslumbrar y envolver la razn con la sorpresa de un sistema inventado con arte y sostenido con talento. La teora de Carlos Comte lo atribuye todo a la naturaleza de las cosas y a la exacta observacin de los hechos en todos los ramos de las ciencias fsicas y morales; que esta naturaleza es invariable, desde que el hombre existe; y que al impulso de esta potencia nada es bastante a resistir; igualmente da el nombre de ciencia, no al conjunto de las cosas descritas en cualquier ramo, sino a la descripcin de la naturaleza, causas, y efectos de los fenmenos producidos por estas mismas cosas. V eamos si tenemos un curso de Moral tan completo que rena cuanto l exige en su teora. Ningn hombre de mediana inteligencia ha ignorado, ni ignora ho y lo que sea virtud, las causas que puedan producirla y las consecuencias inmediatas y mediatas de su ejercicio, as como del vicio. Si ste alguna vez nos somete a su influjo, no es debido a que le juzguemos superior a aqulla, sino a las ventajas aparentes que nos presenta de momento; es debido al celo de un beneficio que se nos escapa de las manos al tiempo de gustarle; es debido, en fin, a nuestra debilidad que nos aumenta los goces en proporcin de nuestra ignorancia, dejndonos despus burlados. No olvidemos que esto es respecto de los individuos. Mas sucede as respecto de los diversos cuerpos de doctrina moral que rigieron a las naciones antiguas, y los ms consumados que dirigen hoy nuestras operaciones al bien y felicidad comn e individual? Existir algn hombre que empapndose en las mximas evanglicas, pueda algn da arrepentirse de ello? Siguiendo su espritu se encontrar descarriado en la senda del vicio y a muy larga distancia de la virtud, en cualquiera poca de su vida? Esto no es posible: en nuestro cdigo moral todo se ha previsto. All esta trazada la recta senda del bien y la del mal con todas sus sinuosidades y precipicios: la de la bella y radiante virtud, como la del torpe y oscuro vicio, bajo sus diversas fases e investiduras y en su naturaleza, causas y efectos: en sus fenmenos todos analizados, apreciados, concebidos y explicados al infinito. Y ahora bien pudieron alcanzarse estos resultados sin el previo auxilio

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240 \ 240 \ FEBRERO 1839 de la observacin? Pudo jams calificarse la naturaleza benfica de la virtud, fijndola para siempre, y la odiosa y maligna del vicio, que no la perder tampoco mientras haya hombres, sin el indispensable examen de sus causas y consecuencias? Con qu elementos se apreciaron stas, diversas de los del anlisis e investigaciones esmeradas? Existe alguna teora moral en nuestro dogma, que llevada a la realidad desmiente el principio? Responda por m la experiencia de los que se han dado a la prctica de la virtud y el vicio. Por manera que, exceptuando las Matemticas, ninguna ciencia me parece tan adelantada como la Moral Evanglica, que es la Moral Universal de los pueblos civilizados, como lo acreditan sus pginas, la histora moderna y los sucesos que pasan a nuestra vista, arrastrados por el impulso irresstible del progreso y el torrente del siglo. Preciso es que retrogrademos ahora hasta la poca floreciente de la repblica e imperio romanos, para dar la ltima pincelada al cuadro que me he propuesto. Roma, considerada ya en los 500 aos que dur su repblica, ya en los otros 500 que dur su imperio, siempre grande, siempre heroica, siempre en guerra y siempre vencedora, pareci ser llamada a la supremaca por su espritu belicoso, la pujanza de sus armas y la sabidura de sus elocuentes oradores y consumados jurisconsultos. Instruida en su poca naciente por los griegos, de quienes tom su religin y las Leyes de las Doce Tablas, supo elevarse a mayor altura que stos, eclipsando el brillo de sus proezas militares con sus rpidas conquistas, despojarles de sus posesiones sometindoles y alzar la terrible voz para prescribir mandatos a sus inmensos dominios, circunscritos por el Tigris, el Atlntico, los desiertos de la Libia y el Danubio. Bajo el imperio, ya sometida a la feroz tirana de Tiberio, Calgula, Nern y Domiciano, ya en el siguiente siglo, al suave y acertado gobierno de los Trajanos, Antoninos, Marco-Aurelios y Adrianos, fue siempre seora del mundo y de s misma. Las naciones de hoy no saben qu admirar ms, si el valo r denuedo y prctica de sus generales en el campo de batalla, o el tacto delicado, profunda filosofa y sana moral de sus inimitables legisladores y acabados jurisconsultos. Verdad es que algunos lunares afean estas obras llenas, por otra parte, de un criterio y sabidura admirables en el fondo de su doctrina: lunares producidos ya por la lucha de dos partidos que dividieron la repblica con sus pretensiones opuestas, despojndose alternativamente de sus excluyentes prerrogativas y privilegios; ya debidos al espritu belicoso de algunos de sus monarcas durante el imperio, y ya al derecho de vida, libertad y hacienda sobre el vencido: esto es debido todo al genio de aquella poca, como sucede con todas las instituciones legislativas y polticas que nos ha trasmitido la antigedad, y como se resentirn las nuestras, aunque en buen sentido, de la fisonoma peculiar a nuestro siglo, cuando al travs de las edades lleguen a ser un objeto de investigacin para las generaciones ms remotas.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 241 / 241 Si los estrechos lmites de esta memoria me permitiesen trazar en detalle el espritu de cada uno de los siglos modernos, nos convenceramos de esta verdad. Quin ignora el carcter particular que imprimi a la Europa el establecimiento del feudalismo, erigiendo de cada potentado un partcipe de la soberana, con tantos esclavos como vasallos tena, seor de vidas y haciendas, ms temible que los reyes mismos? Quin no sabe que en los dos siglos siguientes un entusiasmo religioso, llevado hasta el delirio, inflam el nimo de las naciones con una velocidad elctrica, tal y tan enrgica que levantadas en masa bajo el estandarte de la cruz se desplomaron sobre la Palestina, con la esperanza de conquistas que dieron por resultados solo sangre, convirtiendo el pas en la tumba de los conquistadores y en una profunda sima que trag las inmensas riquezas de Occidente? Quien desconoce hoy que la Europa estuvo sometida a un tiempo a la teocracia y al papismo ms riguroso, de tal manera que aniquilada la soberana temporal, los reyes vean de continuo amenazadas sus cabezas con los rayos del Vaticano, en el centro de sus palacios y en medio de todos sus sbditos? Y quin ignora, en fin, el siglo de las disensiones religiosas que produjeron las diversas sectas en que se dividi el cristianismo; y el siguiente de Luis XI V que hizo florecer las artes, y las ciencias todas? Es indudable que cada poca ha tenido su fisonoma particular; y todo gnero de instituciones legislativas y de gobierno ha llevado impreso el carcter de las clases influyentes que determina siempre la conducta de las inferiores. As es necesario concluir que las Pandectas, el Cdigo, las decisiones de los jurisconsultos romanos y sus diversas institutas han sido y an son lo ms acabado que conocemos en legislacin. Estas son las leyes que nos rigen hoy: ellas las que dirigen a todos los pueblos de Europa. Qu nacin actual ha creado un sistema de leyes que difiera en el fondo, de aquella fuente inagotable en que todos bebemos? Cul ha regenerado otro, sin contar con el auxilio de tan slido apoyo? Nuestro Digesto, esto es, nuestro mejor cdigo es acaso otra cosa que un trasunto del romano, modificado por el pas, las circunstancias, nuestro carcter y el genio del siglo? Qu mejor cuerpo de doctrina legal podramos apetecer que las Partidas redactadas metdicamente, con las modificaciones que demanda nuestro actual estado? Y pasando a las naciones extranjeras qu legislacin gobierna a la Francia? La romana, como a nosotros. El cdigo civil que rigi hasta la extincin de los Capetos, el mismo modificado durante la repblica y el que estableci el imperio, denominado Cdigo Napolen han sido y son otra cosa que las decisiones de Roma aplicadas a la F rancia; alteradas por ella, como por nosotros, no en el fondo, sino en lo que es dable? Este ltimo, en particula r que goza una reputacin europea, no es ms que el Cdigo antiguo Romano-Francs, redactado con ms mtodo, ms concisin, reunido en un cuerpo de doctrina ms breve, expedito, que abraza, en su

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242 \ 242 \ FEBRERO 1839 pequeo volumen las muchas disposiciones consignadas en innumerables folios; y si algunas adiciones tiene, son debidas al poder absoluto de un hombre sagaz que apoderndose de la revolucin supo imprimir otra faz a la poltica francesa; pero siempre al travs de su clara y escogida redaccin se descubren las sabias decisiones de los Papinianos, Ulpianos, Tribonianos, etctera. Las legislaciones alemana, toscana e inglesa cuentan igual origen y estado, como dominios todos que en otro tiempo pertenecieron a la capital del mundo, que al emanciparse llevaron consigo los sabios preceptos que demarcaban sus deberes y derechos recprocos sin que el transcurso de los siglos haya podido destruir la solidez y verdad de sus principios, llenos de equidad, sabidura y justicia, si no es la ltima que sin perderlos del todo, pues esto no es posible, se resienta an del feudalismo, siendo el nico pas quiz de Europa que conserve en sus instituciones vestigios marcados de este sistema. Las leves alteraciones que ha sufrido la legislacin romana, especialmente en su parte criminal, no arguyen nada contra su naturaleza privilegiada e inmutable, como la verdad y la superioridad de sus principios; lejos de ello, esta conducta de parte de las naciones modernas justifica, ms que pudiera yo hacerlo, que las modificaciones verificadas en una doctrina, cualquiera que ella sea, no slo no acredita su incertidumbre, sino que la recomiendan, pues esto prueba que no se ha encontrado nada ms positivo a que posponerla, ninguna nueva verdad que la desmienta y sustituya, ninguna acertada teora que la desvanezca y destruya. Retraer al hombre del delito, creando motivos de detencin con las penas graduales, calificar el conato y el delito mismo, aplicarle la pena segn las edades, el sexo, la situacin, la intencin, el estado de calma o delirio de nuestras pasiones, el carcter de la persona daada y el de la que infiere el dao, la mayor o menor atrocidad del crimen, la alarma que puede causar y las reincidencias en su perpetracin: he aqu las tendencias de los legisladores de Roma, y he aqu las nuestras tomadas de sus disposiciones. Atormentar a un criminal, recluirle, confinarle, expatriarle o matarle es la parte; el todo est en perseguirle hasta alcanzarle con el castigo, est en la infliccin de la pena para desvanecer toda esperanza de impunidad. Hoy mismo no se controvierte la pena capital, queriendo unos que se aplique en muchos casos y otros que solo en el de homicidio? Pero dejan de convenir todos en la verdad cientfica de la aplicacin de la pena inmediatamente a la consumacin del delito que durar tanto como la sociedad? Y si permanece inalterable la base romana, cmo podemos pretender innovaciones cuando todo lo vemos al travs de sta, y nada hemos innovado? No ha sido as en las ciencias fsicas; la existencia de Newton, Franklin, V olta, Galvani, Bacon, Leibnitz y Galileo, la vida de cada uno de estos ge-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 243 / 243 nios, ha hecho poca inundando la ciencia con un torrente de luz: cada uno ha contribuido con un descubrimiento admirable al adelanto de ella, cada uno, con mas verdad nueva y con nuevos principios, ha concurrido, solo o de concierto con los dems, a impeler la fsica al progreso, destruyendo las quimeras de la antigedad y el caso en que mantuvieran a aqulla los fsicos de la Grecia. Conocer las verdades palmarias que arriba dejo expuestas el que instruido en la jurisprudencia romana, haya consultado, sin mucha detencin, las del continente europeo y encontrado infinitas disposiciones del todo romanas, vaciadas en el molde de cada pas, y que al pasar por la boca del legislador han sido modificadas por las circunstancias de la poca, las urgencias y el carcter nacionales y las miras del pode r Es necesario convencerse de que todava influyen sobre nosotros las cosas de los romanos y en particular su legislacin; todavia no han perdido su existencia moral: la mejor prueba que podemos ofrecer de este aserto es que despus de transcurridas treinta centurias, nos rigen an los posteriores preceptos del Imperio; y es necesario convenir tambin en que su sistema de leyes y el de las actuales, su emergencia, son otros tantos cursos aventajados de moral, pues no es posible establecer el equilibrio entre los deberes y derechos individuales sin conocer profundamente la naturaleza, causas y efectos de la virtud y el vicio, dando fomento a la primera con premios y recompensas y haciendo odioso el segundo con medidas represivas y de correccin, para descaminar las tendencias que se dirigen a entorpecer la marcha constante de la sociedad, contrariando la utilidad y el progreso general intereses comunes a toda clase de asociados. Me parece que resumiendo cuanto dejo expuesto, se puede conclui r de un modo positivo, que las ciencias morales han estado y estn hoy ms adelantadas y perfectas que las ciencias fsicas: que stas demandan trabajos preparatorios y necesitan el vigor intelectual que no han menester aquellas producciones exclusivas de nuestra alma, ensayadas desde su infancia con el tino y acierto que no cuentan las de la fsica, aun en espritus acostumbrados a la observacin y descansando en el apoyo mutuo que se prestan todo gnero de conocimientos para alcanzar la verdad. La virtud y el vicio jams han sido confundidos: ningn hombre llam vicio a lo que otro llam virtud: este deslinde ha sido trazado por la gran familia del gnero humano, sin que un solo individuo haya dudado de su exactitud. El vicio y el crimen de ahora cuarenta siglos es nuestro crimen y nuestro vicio. Las acciones que reprobaron Moiss, Confucio y Sanconiathon son reprobadas hoy por nosotros: las que ellos aplaudieron, aplaudidas tambin. No hay un vicio y un crimen antiguo y otro moderno, como tampoco hay virtud; esto prueba que su naturaleza genuina naci con el hombre, impresa indeleblemente en el fondo de su alma, que apenas ensayada se apoder de esta verdad, separndola.

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244 \ 244 \ FEBRERO 1839 En toda ciencia hay una gran verdad que descubierta sirve de base a toda su doctrina: ella es el slido y vasto pedestal sobre que puede levantarse despus el edificio cientfico para no ser derrocado jams. La gran verdad moral es que el vicio odioso acarrea infinitos males, y la virtud plausible colma de inmensos bienes: ella tuvo origen desde que el hombre pens; y ella ha sido de todas las naciones y de todas las pocas. He aqu el motivo que tuvo un escritor sapientsimo del siglo XVIII para decir que la moral es en s nica y universal. Sucede lo mismo con las ciencias fsicas? De ningn modo: ya creo haber probado que los pueblos antiguos estuvieron muy atrasados en este gnero de conocimientos; que ellos no tenan los elementos cientficos y los medios necesarios que los pueblos actuales, para someter la naturaleza a las investigaciones; de manera que aunque ella ejecutase a su vista diariamente los fenmenos ms comunes para nosotros, no estaban en estado de apreciarlos, ni establecer inducciones y teoras, por las dificultades insuperables que le presentaba esta clase de trabajos; a diferencia de la sencillez de las ciencias morales, consignadas en sus dogmas y legislaciones, en que aventajaron mucho, como hemos visto, explicando la naturaleza, causas y efectos de todos los fenmenos morales, hasta establecer sus usos y costumbres conforme a ellos. Adems, quin nos ha presentado incontestables datos para convencernos de que las ciencias fsicas aventajan hoy a las morales? Si nos atenemos a la experiencia, ella nos demuestra lo contrario; con los siglos se han sucedido unos a otros los sistemas en fsica: lo que en tal poca pareci una verdad admitida por todos los sabios, en tal otra pareci como un error craso e incuestionable: prueba de ello es el sistema de los cuatro elementos o cuerpos simples universales, el que hizo nacer el universo de la agregacin de los tomos diseminados en el espacio, y la medicina con los opuestos de atona, humorista y antiflogstico; esto es, exceso o defecto de vida y crasitud de los humores sistemas todos tomados de la fsica en gran parte y aplicados a nuestros tejidos en diversas edades con boga y aceptacin de Broen, Le Roy y Broussais, sus autores, y [prueba] de que la naturaleza humana ha triunfado, pues ella jams ha dejado al facultativo el cuidado exclusivo de reponerla en su equilibrio. Lo mismo ha sucedido con otras ramas de las ciencias fsicas, ms no as con las morales: ellas no han sido sometidas a sistemas jams. La moral de Confucio y Zoroastro es la nuestra, y ser la del universo entero, mientras exista: esto demuestra cun poco dctil es la verdad para acomodarse a sistemas, que una vez alcanzada ya no es posible divagar de una en otra doctrina: esto sucede cuando los espritus estn en fermentacin continua, cuando exaltados los nimos se forjan infinitas teoras con el objeto de alcanzar algo positivo; en fin, cuando no est descubierta la verdad, sino reinan el caos y las conjeturas.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 245 / 245 XXXII XXXII PRIMERA RPLICA AL ADICTO SOBRE LA PRIMERA RPLICA AL ADICTO SOBRE LA CUESTIN DE MTODO CUESTIN DE MTODO P OR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana febrero 16 de 1839.) Et pulsanti aperietur. 15 Heme aqu, pues, ms que justificado en mi tema de contestar tan latamente al Dmine de Puerto Prncipe, en la cuestin de mtodo, aun contra el torrente de muchos y muy abonados peritos que la juzgaban ms que medianamente ilustrada, y hasta fuera de discusin, despus de mis tres primeros artculos de rplica. Presntase ahora en la arena un nuevo adalid, pero con el modesto escudo de dudado r ofreciendo nuevos reparos 16 contrados a las doctrinas expuestas por m en la Memoria que corre estampada entre las de la Sociedad Patritica correspondientes al mes de septiembre prximo pasado. Algo singular es por cierto que siendo las dudas contradas a la Memoria no hayan resollado hasta el cabo de cinco meses a la publicacin de sta, viviendo en la Habana el objecionado r pero al cabo semejante conducta puede admitir muy fcil salida, alegando enfermedad, ausencia, ocupaciones, tiempo para rumiar la materia o sobre todo la potsima razn para el caso de no haber sido la voluntad del articulista el estampar sus ideas hasta el presente. Empero lo que no permite tan sencilla explicacin es el contraer las dudas a la Memoria cuando hace meses que publico y an a la sazn estoy publicando glosas y ms glosas acercas de las doctrinas all sostenidas, subiendo de punto mi extraeza al considerar que ni aun se ha querido acabar de or mis razones, cuya completa exposicin queda todava pendiente como lo demuestra no slo el continuar all impreso, sino todo el ltimo prrafo y algunos otros del artculo inserto en el Diario de anteaye r y el tenor de cuantos llevo impresos hasta hoy en la memorada respuesta al Dmine de la Gaceta As, pues, una de tres: o el nuevo impugnador no ha ledo ni uno solo de mis ltimos artculos, o no pesan en la balanza de su crtica ni un adarme siquiera las nuevas razones que en ellos tengo expuestas, o no soy acreedor a que se me deje acabar de hablar sin in15. Al que llama, se le abrir. 16. V eremos si todos los son, o si acaso resultan los mismos vestidos con otros ropajes (n. de Luz).

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246 \ 246 \ FEBRERO 1839 terrupcin. Quin sabe que cuando se insta en una cuestin, se parte siempre del punto en que ya se la ha dejado? O se ha propuesto el impugnador (pero no lo expresa) combatirme tan paso a paso que no va dejar hueso sano a uno siquiera de todos los artculos en la materia por m publicados y por publicar y as ha querido arrancar desde la raz, o estaba tal vez impaciente por tomar la palabra aburrido ya de or disertar al preopinante, sin esperanza de escampar (as voy siendo de la opinin de mis amigos los peritos, que consideran la materia ya fuera de duda, y entonces las dudas propuestas no seran dudas, sino antes ganas de dudar) o bien se dir que yo doy como por concluido mi papel, sospecha que en manera alguna alcanza a mi nuevo antagonista, a quien juzgo haber tomado la pluma con el ms perfecto cando r y a quien por lo mismo procedo a contestar tan menudamente. Pero dejmonos de ms cargos ni prembulos de esta especie, para ocuparnos exclusivamente en el negocio principal: aqu de la Lgica y del mtodo y hasta de la tctica para no tener en verdad que escribir eternamente, y al fin y a la postre, que es la ms porfiada, con el desconsuelo de haber predicado en desierto. Dando, pues, por alegado cuanto resulta de autos, y mxime cuando el nuevo impugnador reproduce muchas de las objeciones presentadas por la otra parte, reduzcamos la cuestin a los ms breves trminos posibles, expresando cada uno de los argumentos principales, a fin de que me seale este seor los puntos en que conviene y los en que disiente, para llevar a feliz remate la discusin, y examinar uno a uno de los controvertidos puntos en cuaderno separado. De este modo no habr embolismo de ninguna especie, ni ser posible reproducir un argumento ya contestado, a menos que sea esforzndolo con nuevas y eficaces razones; as escribiremos, es verdad acaso, una docena de artculos de una y otra parte, pero siendo precisamente corto cada uno de ellos, juntos apenas compondrn uno muy extenso, con la inapreciable ventaja de proceder con un rigor lgico que no permitir ahogar con materias heterogneas las principales razones que juegan en la cuestin. En una palabra, se trata de despejar la incgnita, y no hay medio ms adecuado de adopta r si posible es, frmulas tan sencillas como las algebraicas. Conque vamos a cuentas. 1. La cuestin es puramente de mtodo, y sindolo, tan slo la consideracin de la mayor facilidad de las ciencias fsicas sobre las intelectuales, caso de tener que ensear unas y otras, es decisiva para la precedencia. Diga usted, pues, categricamente y ante omnia en su contestacin si tiene o no tiene por ms al alcance de los principiantes la Fsica que la Lgica? S o no, nada ms. 2. Diga igualmente si la primera no es ms amena que la segunda, por lo mismo ms adaptada para inspirar amor al estudio a los tiernos principiantes.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 247 / 247 3. Diga asimismo si no es ms natural un procedimiento, en el que se parte de lo conocido a lo desconocido, o mejor dicho, en el que no se hace ms que continuar en aquel ramo acerca del cual tiene ms conocimientos el joven principiante, toda vez que primero es observar los fenmenos del universo que los fenmenos del entendimiento a quien, segn el felicsimo smil de Locke, le sucede primero lo que a los ojos que todo lo ven, y no se ven ellos mismos, pues hasta que no ha pasado mucho tiempo y por lo tanto muchas experiencias no comienza el entendimiento del nio a reflejar sobre s mismo, y aqu de aquella larga cuanto preciosa cita de Jouffro y que estamp en mi tercer artculo, si mal no me acuerdo. 4. tem diga si cree que para aprovechar en el lgebra, en la geometra o en cualquier ramo de las matemticas, se necesita un curso previo de ciencia Lgica. 5. Y diga de la misma manera si concibe que haya materia alguna en la que pueda darse un paso sin el ejercicio del raciocinio, y caso de contestar por la afirmativa, cual es de espera r cmo cree que sea forzoso hacer preceder el estudio terico del instrumento al de la materia misma que nos obliga de por s a emplearlo del mejor modo posible. 6. Diga igualmente cmo concibe la formacin de una teora cualquiera, y qu es teora. 7. tem diga palatinamente en cuntos sentidos toma la palabra Lgica, y cul de ellos es aplicable a los cursos que entre nosotros se siguen. 8. Diga asimismo si la Lgica cual aqu la aprendemos necesita o no de los preliminares de otros ramos fsicos, matemticos, y aun filosficos, y si muchos de stos no pueden adquirirse a la perfeccin con entera independencia de ella (la Lgica, como ciencia aparte). 9. Diga si la adquisicin del lenguaje (y no hay nada ms lgico ni ms filosfico) supone esa lgica previamente aprendida, o slo el uso natural, naturalsimo, forzoso de nuestras facultades innatas de percibi r abstrae r, acordarnos, deduci r etctera, etctera. 10. Diga si cuando se va a ensear gramtica, por ejemplo se empieza por las doctrinas de la sintaxis, o por el conocimiento individual de las partes de la oracin. La misma pregunta contrada a cualquier otro ramo, a la aritmtica, v .g. Se empieza por conocer los nmeros, los elementos, las propiedades, y despus nos elevamos a la teora, que no es ms que generalizacin y clasificacin de lo que hemos observado en cada ramo, esto es, la expresin general, la cifra de nuestras observaciones. Conteste usted este sencillo interrogatorio, pasando yo en el nterin a contestar punto por punto a su papel. Ser un anlisis prolijo, fastidioso, pero usted y la suerte lo han querido as, y yo me he propuesto hacerme entende r y voy a ver si lo consigo. Primer tropiezo (pues slo ir marcando los puntos en que tropezase, por no ser corto el papel de usted). Desde el principio da usted a entender

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248 \ 248 \ FEBRERO 1839 que toma la cuestin en toda la latitud que le dio el Dmine pues trata de cotejar las ciencias fsicas con las ciencias morales. A ustedes les sera ms fcil defenderse, si presentaran la cuestin ms contrada, es deci r si tomando como Kant, v.g., la palabra Lgica en el sentido propio y restricto de la ciencia de las leyes formales del raciocinio, con exclusin hasta de la Psicologa, sostuviesen que era una introduccin necesaria, o por lo menos conveniente al estudio de muchas ciencias. Y aun bajo esta reserva, todava no podran ustedes sostenerse, como he demostrado en uno de mis artculos, y volver a demostrar despus para los olvidadizos, o bien procediendo con ms consecuencia, con ms lgica, sostener que la Lgica as considerada, y es lo que intenta el filsofo de Koenigsberg, es independiente de todas las dems ciencias: lo que por otro lado tampoco quiere deci r en buena Lgica, que todas estas ltimas sean dependientes de ella, y entonces, serais verdaderamente inexpugnables. Pero tomar en un perodo la cuestin en toda su latitud, y a rengln seguido restringir en el razonamiento la acepcin de la palabra Lgica, esforzndose en demostrar lo que nadie jams intent nega r es el colmo de la inconsecuencia, y el medio seguro de no salir jams de un eterno crculo vicioso, de uno de aquellos argumentos que como se dice en las escuelas nada prueban por probar demasiadamente, pues de esta manera vendramos a parar sin remedio en que ni sera posible el raciocinio sobre materia alguna, an la ms trivial, sin el previo estudio de la ciencia del anlisis, o en otros trminos, que la Lgica sera la madre del raciocinio, cuando es concusamente su hija legtima, o una consecuencia forzosa de su existencia. Y cuidado que yo no atribuyo a usted que sustente expresamente ser indispensable una previa lgica para el uso (bueno o malo, que no es la cuestin del momento) del raciocinio, sino nicamente que tal es la consecuencia a que por precisin le han de arrastrar sus mismos principios. Cmo es posible que se pueda adquirir conocimiento alguno excepto los que, siguiendo en esto a los peripatticos, llamaba Cartesio primeros principios, que slo penden de la impresin acabada de experimentar sin ms auxilio que la percepcin, como v g r ., la idea del sonido, del color y aun muchas de las que recaen sobre los fenmenos internos, sin que entren en ejercicio todas las facultades mentales entre las cuales hace un papel tan principal, la de deducir para formar la mayor parte de nuestras nociones? Si a este ejercicio, pues, se le llama Lgica no hay disputa, ni puede haberla. Pero dgame el articulista, dnde aprendi el hombre semejante lgica? En ninguna parte, ella es forzada, es instintiva, y en este sentido madre de toda ciencia, o para hablar con ms rigo r a este mtodo, a este procedimiento que forzosa y naturalmente seguimos en la investigacin de las cosas, le llamamos lgico si ofrece el debido encadenamiento, de forma que lgico viene a ser sinnimo de enlazado, o rigurosamente deducido. As conocemos lo que est o no bien deducido en virtud de la razn que para tal

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 249 / 249 oficio nos otorg el creado r as como distinguimos si un objeto est torcido o derecho, en virtud de habrsenos dotado de ojos para ve r sin que sea necesario que previamente nos hayan dado leccin de ve r. Esto no quiere decir que este sentido no sea susceptible de educacin, o sea de perfeccionarse con el arte; antes por el contrario, cuanto ms nos ejercitamos en ve r tanto veremos, siendo sa la misma regla para bien ve r, ni cmo se pueden averiguar las reglas ms a propsito para bien ve r si no se ve mucho? Cmo se pudo dar esas reglas para evitar los errores y sacar buenas consecuencias, sino deducidas ellas mismas de las observaciones que en el ejercicio de nuestras facultades forzosamente hubimos de hacer? Qu es pues primero, dar reglas o experimentar? Cmo se puede concebir ni la misma formacin de la lgica aun en su sentido restricto, sin partir de la base de observacin? He aqu el orden y el lugar de cada cosa: primero es que haya objetos externos, luego se ejercitan sobre ellos las facultades mentales, adquiriendo nociones del mundo exterio r y en este ejercicio ha observado despus el espritu lo que a l mismo le ha pasado mientras observaba los cuerpos, despus ha generalizado y clasificado estas observaciones por medio de su instrumento, de su razn, no de las reglas, que todava no estn formadas (ya les llegar su tiempo y lugar), descubrir ciertas leyes invariables, y en su virtud vendremos a parar en que por ltimo dictar reglas o preceptos, para proceder en lo sucesivo. En resumidas cuentas, y para reducirlo todo a una frmula: primero observacin, segundo ciencia, tercero arte, que es quien propiamente ejecuta lo que ha legislado la ciencia en virtud de su poder supremo de observa r, debido a las facultades con que al entendimiento dot nuestro munfico Hacedo r Luego hasta esa lgica estricta, contrada slo a la teora y reglas del anlisis, presupone la observacin, y la observacin el ejercicio de nuestras facultades. Y pasan las cosas diversamente en cualquiera otra ciencia del orbe? Tendamos la vista sobre las matemticas, sobre la fsica; vemos cmo se han formado, y nos convenceremos que no deben su existencia a la de la lgica como ciencia. Pero estas demostraciones ya las tengo hechas bien a la larga en mis anteriores artculos, y usted podr si no le acomodan, impugnarlas. V amos a la duda que podra acaso presentarse: dirase que nadie ha pretendido que la lgica sea acreedora, digo, creadora de las ciencias en cuanto a los materiales peculiares a cada una, sino que stos son hijos de la observacin contrada especialmente a cada ramo. Norabuena, pues si tal se me concede, ya se crearon las ciencias con los materiales, y el instrumento de la observacin, entonces qu le queda por hacer a la Lgica en la confeccin de la ciencia, ya que ni las inventa a ellas, ni a sus axiomas? Pasarles por encima con un cuique in sua arte credendum 17 como 17. Hay que confiar en cada cual en su especialidad.

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250 \ 250 \ FEBRERO 1839 profundamente dijo el gran V erulamio. Cmo no se quiere entender una cuestin tan clara? Seo r sean cuales fueren las doctrinas que se sustenten en estas materias, o la acepcin en que se tome la palabra lgica, se pregunta en el supuesto de constar nuestros cursos de filosofa de una parte de ciencias fsicas, y de otra de ciencias intelectuales y morales, entre las que va por delante concluida la Lgica, por cul de estos grupos es ms conveniente, o sea, ms metdico, comenzar? Pero no como quiera es ms conveniente, por ms fcil, el empezar por las ciencias naturales, sino que por el mero hecho de estudiarlas estamos ejercitando de un modo admirable nuestras facultades, para dejarlas amaestradas en la investigacin; as es que sin decrsenos en ellas que sigamos el buen mtodo, estamos siguiendo el mejor y ms adaptable a nuestra condicin, quedando de resultas amaestrados para lo sucesivo cuando nos dediquemos a otros diversos ramos. Puede muy bien compararse la situacin del que aprende por este orden a la de aquel caminante bisoo a quien sin haberle confundido con una relacin minuciosa del camino que debe seguir para no extraviarse, se le ponen de antemano seales en todos los puntos dudosos para cuando vaya llegando a cada uno de ellos: a cul de los dos medios de sealar dar la preferencia el inexperto viandante?; o si no acomoda este smil, aqu tiene usted otro sacado todava ms exacto: el colocar al joven en el campo de la naturaleza, obligndole en caso de duda a apelar a las revelaciones de la experiencia es como si se le pusiera a uno en una mquina en que forzosamente se le obliga a marchar derecho, y caso de cae r se le hace notar la causa de su cada, y por lo mismo se le ensea a desconfiar de sus fuerzas, y por ende a evitar nuevas contingencias. Y cmo es posible que quien se haya pedido cuenta a s mismo de lo que ha pasado por l y por los dems en la adquisicin de cualquier ciencia o arte, o lengua, pueda abrigar la menor duda acerca de este punto? Con efecto, yo cierro los ojos y los libros, y me pregunto a m mismo: cmo adquiriste los conocimientos fsicos? v .g., tuvo en ello alguna intervencin lo que te ense la lgica? Ninguna de ninguna especie. Pues la lgica, o ms bien la filosofa especial o el por qu de cada ciencia viene en pos de su adquisicin, como luego veremos. Yo necesitaba, por ejemplo, estudiar el movimiento de los cuerpos y me pona a hacer o leer varias observaciones y experimentos acerca de los cuerpos en movimiento, deduciendo entonces forzosamente, en virtud de mi facultad de deduci r que nadie me la ense (cosa que es hasta ridcula de proferir), sino que me la otorg Dios, ciertas leyes especiales que gobiernan estos fenmenos; yo puedo, pues quedar completamente al cabo de la mecnica, y podr resolver cuantas dudas me pongan acerca de ella sin el estudio previo de la lgica. Ahora s, en esta misma mecnica y dems ciencias fsicas podr haber notado sus especialidades, lo que las caracteriza; su parte crtica, su filosofa, el por qu y marcha de sus procedimientos,

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 251 / 251 cosas todas que son otros tantos datos preciosos para las ciencias intelectuales, y por consiguiente para la teora del anlisis, pero datos que presuponen el estudio u observacin ejercida en las memoradas ciencias naturales; luego stas ms bien fecundan que son fecundadas por las intelectuales, aunque todas ellas se comuniquen mutuamente sus luces respectivas. Pero pude yo haber adquirido ni siquiera los fundamentos de la mecnica sin algunas nociones aritmticas y geomtricas por lo menos? Imposible, me contest al momento, pues yo me acuerdo que tena en el movimiento que medir el tiempo, la distancia, observar la direccin, valuar las fuerzas, tenan que salir al frente la lnea recta y la oblicua, y el paralelogramo y la diagonal, y los ngulos y el crculo, y los nmeros y hasta todo el cortejo de las frmulas algebraicas con sus varias combinaciones; aqu veo por lo menos a las matemticas como instrumento y como material con que debo estar familiarizado de antemano. De donde deduzco, despus de haber tocado todo esto, que la mecnica es una ciencia fsicomatemtica: conclusin filosfica teortica, especial, a que he llegado en virtud del estudio tambin especial que de la misma mecnica he seguido. As yo no pretendo aislar unas ciencias de otras, antes al contrario, sostengo y siempre he sostenido que todas son ramas diversas del mismo tronco, o en otros trminos, que no hay ms que una ciencia o que todas las ciencias son ms o menos ciencias de observacin. Ah tenemos a las matemticas que siendo de las ms dependientes de la razn, no pueden menos que arrancar asimismo de la observacin, si bien es verdad, que son de las que ms pueden progresar con menos observaciones comparativamente, por permitirlo as su mismo objeto, que descansa en los supuestos que hacemos; de suerte que bajo este aspecto no hay ciencia ms rigurosamente lgica que la matemtica, en la que por la sencillez de las relaciones que se examinan, as como por los signos que se emplean, es dable llegar con el mayor rigor y exactitud a constituirse la ciencia por s misma, con entera independencia de otra alguna, independencia que nadie que comprenda la naturaleza de dicha ciencia, podr negarle respecto de la lgica, aun entendida en el sentido que se quisiera. A este propsito recordar el donoso pasaje de un insigne matemtico, que habiendo pasado una gran parte de su vida en indagar y meditar exclusivamente sobre sus matemticas sin haberse dedicado a ningn otro ramo como abriese casualmente un libro titulado Arte de pensar 18 exclam al punto: Cmo! Con que yo tengo ahora que aprender a pensar! Y qu he estado haciendo yo toda mi vida? Raro ser el matemtico que no diga desde luego otro tanto: sin que yo pretenda que por esa sola circunstancia, aunque tan al caso, pensara rectamente, pues de nada valen matemticas, ni lgica, ni mtodo alguno para ciertos entendimientos que nunca dis18. De los lgicos de Port Royal (Roberto Agramonte).

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252 \ 252 \ FEBRERO 1839 curren con exactitud, cosa que depende de las mismas facultades mentales del individuo. Por lo que en general se observar que las reglas son ms bien para evitar errores que para producir verdades, o lo que es igual, ms negativas que positivas, si no siempre en la letra, al menos en el efecto de sus prescripciones. Esto no quita que ellas indirectamente conduzcan a resultados positivos, verificndose en esta parte aquel clebre principio algebraico de que menos por menos da ms. Por ltimo, mi impugnado r que antes de examinar la cuestin ha vuelto sus ojos sobre la antigedad, debe haber tropezado en las primeras pginas de la historia de la filosofa con el nombre de Pitgoras Samio, quien con la fuerza de su ingenio descubri los elementos de las ciencias matemticas, en especial de la Aritmtica, la Geometra, la Msica y la Astronoma, siglos antes de que sus compatriotas se ocupasen en crear la Lgica propiamente dicha, como puede tambin verse por las palabras de Aristteles que cit en mi ltimo artculo de contestacin al Dmine de Puerto-Prncipe. Pues, aunque es verdad que al Estagirita se le tacha de presentar oscuras relaciones de los sistemas de sus antecesores, para que los suyos aparezcan ms preciosos y originales, no es tal el caso respecto a las expresiones a que aludimos, que nada tienen de misteriosas ni embozadas, sino que son harto categricas y circunstanciadas, para que no habiendo sido lo que l dice, se hubiera atrevido a publicarlo tan paladinamente a presencia de sus entendidos e inteligentes compatriotas, fuera de que en ello convienen todos los historiadores en consorcio de los ms eminentes metafsicos, entre los cuales, como tambin vimos, se cuenta un Kant y un St. Hilaire. Advirtase igualmente, lo que importa para nuestro propsito, que Aristteles no vino al mundo hasta ms de 200 aos despus de Pitgoras. Adems, cuando vemos en la historia y la naturaleza de la misma ciencia las causas evidentes de sus progresos, mal los podremos atribuir a otras causas extraas. Si yo concibo cunta luz debi proporcionar para el progreso de la Geometra la demostracin del tringulo equiltero, v .g., cmo he de ir a atribuir semejantes adelantamientos al estado de la ciencia lgica ni a otras causas remotas y extraas? En toda ciencia no se descubrir otra cosa que la aplicacin del raciocinio a las observaciones que se hagan de intento, o que presente la casualidad. Y ya que estamos en la historia de la Filosofa, advierta asimismo mi impugnador que el punto de partida de la Filosofa fue la cuestin del origen y del principio elemental del mundo; la filosofa trat desde luego de resolverla, aplicando la experiencia y la reflexin, ora a la materia de la sensacin, como lo hizo la escuela jnica, ora a su forma, cual practic la pitagrica; en seguida trat de resolverla por la oposicin de la experiencia y de la razn, como se vio en la escuela de Elea; y al fin, como se verific en la escuela atomstica por la reunin de una y otra. Cuestin fsica eminentemente, pues por la Fsica, por el examen

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 253 / 253 de los objetos externos, ha de comenzar forzosamente toda Filosofa, y ved aqu como est la historia de acuerdo con las otras demostraciones que sobre la materia he presentado en mis anteriores papeles, a los cuales tengo que remitir a cada paso a mi adversario (a pesar de no haberse dignado contraerse a ellos), para no fastidiar al pblico con repeticiones, que demasiados nmeros nos ha tolerado, y aun le resta que tolerar por compelrsenos a ello, pero recuerdo siempre para mi descargo el insipiens factus sum, sed tu me coegisti 19 del Apstol. Pero aun cuando una ciencia haya sido antes o despus que otra, o haya tardado ms o menos en formarse, esta circunstancia por s sola no debe influir en la decisin de la cuestin del mtodo. No hay que confundir las especies. En la del mtodo lo que debe decidir es la circunstancia de la mayor facilidad y la de la mejor preparacin, y muy bien podran ellas concurri r como en efecto acontece, en algunos ramos, de ms y aun muy moderna formacin. As mi empeo en refutar a mi antagonista en esta parte de la prioridad de las ciencias, no tanto es para defender mi plan, cuanto para hacerle ver la inexactitud de sus ideas, pues tal es la naturaleza de la cuestin, que aun demostrada la previa existencia de todas las ciencias intelectuales, siendo hoy las fsicas ms fciles de comprende r y convencindose que se pueden adquirir a la perfeccin sin el auxilio de la Lgica, basta y aun sobra para decidir la contienda sobre precedencia. Pero no llevemos ms adelante estas consideraciones preliminares bastantes por s solas a mover en pro al espritu ms prevenido en contra, mxime si se ha empapado en las expuestas en los ltimos artculos de contestacin al Dmine aunque acaso no surtirn el suspirado efecto de convencer al nuevo dudado r a quien, repito, creo de muy buena fe en su opinin, y por lo mismo me habr de dispensar el pblico, vaya refutando una a una cuantas ideas me parezcan inexactas en el discurso de su papel, marcando al mismo tiempo las contradicciones en que me parece haber incurrido, todo ello con la mayor posible brevedad, pues aun conformndome a este plan, recelo con sobrado fundamento que ha de resultar demasiado largo mi escrutinio. Tan extenso es el trabajo de mi adverso, y desgraciadamente tanto lo que le falta y lo que le sobra! Es verdad que a las ciencias morales debemos nuestras ms acabadas instituciones en el orden moral, pero eso no prueba que las ciencias morales no deban nada a la fsica o a la observacin, que es el punto de la controversia; antes por el contrario, esas palabras indican que las instituciones son resultado de la ciencia, esto es, de la previa observacin de los fenmenos y de su clasificacin, habiendo una palmaria contradiccin, y sea la primera que se nota, entre sostener por un lado que la moral es ciencia de observacin, y despus a rengln seguido que slo reclama el auxilio de la 19. me he vuelto ignorante, pero t me obligaste a ello.

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254 \ 254 \ FEBRERO 1839 razn para ponerse a nivel de la ms limitada capacidad. Entonces, no hay experimentos ni observaciones que aguardar en las ciencias morales para la inteligencia de una porcin de cuestiones ya resueltas, y la resolucin de otras muchas por dirimi r Verdad es que usted se aluna con el siguiente raciocinio, que es el alma de la mayor parte de sus dudas: las ciencias morales versan sobre los sentimientos e ideas de los hombres, de suerte que lleva el hombre su objeto y su instrumento consigo mismo, y no tiene por lo tanto que aguardar a que el gran estudio o la casualidad le revelen sus secretos, como acontece en la ciencia de la naturaleza, en que pasan siglos sin hacerse los descubrimientos que se han meneste r como que el objeto est fuera de nosotros, as es que cuando las ciencias fsicas estaban en mantillas, ya se hallaban muy avanzadas las ciencias morales. He aqu en resumen, y ms bien fortificado que debilitado el Aquiles de mi antagonista. V eamos ahora si puede resistir el ms leve soplo de anlisis. En primer luga r bajo el nombre genrico de ciencias morales, o por otro nombre intelectuales o especulativas propia o ms bien impropiamente llamadas (que ahora no es del caso, aunque lo ser luego) se comprende la Psicologa, la Lgica, Metafsica, Moral, Legislacin, Poltica y Economa Pblica. Corriente. En cuanto a la primera nadie duda que necesita recibir luces de la Fisiologa, ciencia natural, aunque no sea ms que para tirar bien la raya divisoria entre los fenmenos de la sensibilidad y los privativos del entendimiento, sin contar con el sinnmero de cuestiones que o slo se pueden decidir con su auxilio, o que con l se pueden ilustrar admirablemente. Hasta aqu, pues, deuda de la ciencia moral, Psicologa a la ciencia natural, Fisiologa, y creo que estaremos de acuerdo; pero si no lo estuviere mi adverso, puede manifestrmelo, para proceder a ms larga demostracin de ese solo particula r aunque son muchos los que nos llaman. La Lgica. sta, an tomada en el sentido estricto de las leyes formales del raciocinio, tiene que deber a otros ramos, y se entiende en el sentido lato, que es como se ensea as en nuestros cursos como en los de Europa, y por lo mismo constituye nuestra cuestin principal, apenas hay captulo importante suyo que no derive luces o que no sea enteramente hijo de otras ciencias, y entre ellas muy directamente de la Psicologa, Matemtica y Fsica. Uno y otro punto han quedado demostrados en mi contestacin al Dmine bien que el segundo pendiente, porque no contentndome con algunos ejemplos (lo que basta para mi prueba), le ofrec una larga lista de deudas, que dej interrumpida, por falta de hueco en las columnas del Diario de aquel da. Pero se le continuar, y aun parece excusado en vista de slo el programa de Filosofa de la Escuela Normal de Pars. Empero si usted gusta que se le contine, se har como lo pida. Llega ahora la Metafsica, y en cuanto a ella he demostrado, no slo en mi concepto, sino en el de los primeros peritos, que apenas pasa hoy de un desidertum: tantas son las cuestiones abstrusas en que tiene que ocupar-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 255 / 255 se, muchas de las cuales probablemente quedarn por siempre insolubles, que algunos hasta le niegan el nombre de ciencia, bien que yo no sea de este nmero. As en cuanto a la Metafsica propiamente tal, me relevara usted de ms prueba sobre su estado de atraso respectivo. Entramos ya con la Moral, y he aqu la que ms ha deslumbrado a usted en la cuestin, pues ha dicho para s: Cmo no haba de estar ms adelantada la moral que las ciencias fsicas, cuando sin Moral no pueden existir las sociedades, cuando la Moral la encontramos hasta en las hordas ms brbaras, cuando la Moral la hallamos cultivada con ms brillante fortuna por los primeros ingenios de la antigedad y desde los tiempos ms remotos, cuando sin la Moral no puede existir la responsabilidad, y por consiguiente es eterna e invariable, profundamente grabada en el corazn del hombre, e independiente de todo sistema; vase en comprobacin hasta qu alto grado de ciencia lleg la Moral del Crucificado, al paso que las conquistas de las ciencias fsicas han sido la obra lenta y dilatada del tiempo, habiendo los hombres formado ideas equivocadsimas de las causas de los fenmenos por un largo transcurso de siglos, testigos, entre otros inmunerables, las hiptesis sobre el sistema del Universo hasta la venida de Coprnico al mundo. Tampoco me echar usted en rostro que le debilito sus razones, pues sin acabar de desmenuzar los varios miembros de su Aquiles, le he robustecido con la ms pujante musculatura que adherrsele puede. Pero en primer lugar es menester distinguir entre la Moral prctica y la ciencia moral, pues conocidamente, en unas partes de la objecin est tomada la palabra en el primer sentido y en otras en el segundo. En esta cuestin as como en otras de su especie, mucho se despejara siempre la incgnita fijando correctamente la significacin en que se tomen los trminos, si el estado infantil de los conocimientos se hubiera distinguido de su estado de mayor progreso, y especialmente si hubiera puesto la debida atencin en la diferencia esencial entre comunicar doctrinas por mera autoridad (como sucede en la cuna de la sociedad por medio de la religin) e investigar los principios, relaciones y causas de las cosas por estudio diligente (que es lo que constituye la ciencia), entonces toda la controversia no hubiera venido a parar ms que en un miserable juego de voces. Efectivamente, no se necesita de grandes progresos en la ciencia moral para reconocer v .g., que es un mal la muerte y un bien la vida, un mal la enfermedad, y un bien la salud, pues basta tan slo haber nacido para senti r y por consiguiente nada ms natural que el que los hombres como una consecuencia forzosa tengan por inmoral cuanto propende a destruir aquellos bienes, o a fomentar aquellos males. Aqu tenemos, pues, que la Moral parte forzosamente de nuestras primeras impresiones, sin que tal cosa, ni aun el cdigo que sobre tales luces se fundara mereciera todava el nombre de ciencia moral. Injusto por dems hubiera sido el Supremo Ha-

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256 \ 256 \ FEBRERO 1839 cedor si hubiera dejado al dilatado lapso de tiempo o de las investigaciones de la ciencia el fundamento de la responsabilidad, al paso que nos hiciera responsables. Lo mismo ni ms ni menos (aunque en rigor antes ms que menos, como luego veremos) sucede con la parte Fsica. Cuntos conocimientos posee an el hombre ms salvaje de la naturaleza que le rodea, y cunto y cuntos aplica a sus necesidades sacando de ellos el mejor partido, sin alcanzar las verdaderas causas, sin tener todava la ciencia, que consiste en la doctrina, en el porqu de las cosas y sus relaciones!; y he aqu, cmo algunas veces, no siempre, cual manifest en otro luga r precede naturalmente el arte a la ciencia, la observacin y los hechos siempre al raciocinio. Si acometiera ms por lo menos a hacer una breve resea de estos conocimientos fsicos del salvaje, veramos en cunto exceden a los intelectuales y morales que posee. Tiene nocin de los alimentos y de su accin, conoce los venenos y los antdotos, conoce las estaciones y su influencia en su cuerpo y en la vegetacin, o en la caza y la pesca, se fabrica una choza, aunque todava no es arquitecto, llena la necesidad, pero aunque no ha llegado al arte, ni a la ciencia, reconoce la accin del fuego sobre los cuerpos. Sabe las cualidades de ciertos animales, mide el tiempo por medio de los astros, y por lo mismo estudia sus fases y posiciones respectivas, y sin embargo an no es astrnomo; conoce porcin de minerales, plantas y animales, y sin embargo no es naturalista; cura las dolencias de su hermano adolorido, en virtud de los secretos que posee, y sin embargo no es mdico; en resolucin, si el hombre ms salvaje fuese a exponer cuanto sabe en orden a la naturaleza fsica, y en mucha parte hasta en orden a causas y relaciones, sera negocio de poderse llenar muchos volmenes. Pero a qu me detengo en esta vana demostracin? Son por ventura de distinto carcter esencial los hechos que sirven de base a la Moral? No son las impresiones que el hombre recibe las que ofrecen sus fundamentos? No es la razn el agente en ambos casos? Tenemos, pues, que es muy inexacto afirmar que en las ciencias morales debemos saber ms por llevar en nosotros mismos el instrumento y el objeto de la ciencia. Dirase que en cuanto a Moral y legislacin nos ha dejado la antigedad monumentos ms acabados, ms cientficos que en el campo de las ciencias naturales, como lo prueban los sistemas polticos y religiosos de los Moiss, Licurgos, Solones, Numas, la legislacin misma del Crucificado, sin contar con la respetable falange de obras clebres y verdaderamente cientficas que en la Moral, poltica y legislacin nos dejaron los ms insignes filsofos, as griegos como romanos. Antes de contestar este reparo, permtaseme recordar que, aun cuando fuera el caso tal como se representa, todava los monumentos en la ciencia moral y legislativa, puestos juntos, no podran sostener un instante el paralelo en cuanto a rigor cientfico con slo los elementos de geometra

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 257 / 257 de Euclides. Y nunca olvide usted este dato tan preciso para la cuestin. Viniendo ahora a contestar directamente dir si no son monumentos dignos de ponerse en parangn con los citados las obras de Aristteles y Teofrasto, de Epicuro, de Pitgoras, de Hipcrates y de Plinio sobre los fenmenos naturales, y los descubrimientos que hicieron los egipcios y griegos en la astronoma, en la geometra, en la msica, y en general en las ciencias fsico-matemticas. Slo la famosa Historia natural de Aristteles es un tesoro inapreciable no como quiera de hechos preciosos sino de clasificacin admirable, monumento a que no hay nada que oponer ni en lo antiguo ni en lo moderno en sentir del primer voto en la materia Jorge Cuvier; a Hipcrates, el primer observador de la antigedad, qu le oponemos para su obra De Are, locis et aquis 20 atendida la edad del mundo en la poca que alcanz? Y qu diremos de los inmensos conocimientos que suponen en la mecnica, la hidrulica y todas las ciencias auxiliares fsico-matemticas esos suntuosos monumentos de la arquitectura egipcia, persiana, griega y romana? Hablen por m sus templos y sus palacios, sus pirmides y sarcfagos, sus caminos y sus canales, sus acueductos y sus fuentes, sus puertos y sus bajeles. branse no ms las obras de Vitruvio, y cualquiera se quedar pasmado no slo de los profundos conocimientos que despliega en las ciencias fsicas y matemticas el insigne arquitecto, sino el mtodo eminentemente cientfico con que estn expuestos, Hablen por m sus estatuas ah! sus estatuas ellas hablan bien por s solas: hase visto jams una delicadeza, un acabamiento mayor que el que ofrece la escultura de los griegos? Quin no se queda extasiado, adolorido, remedando involuntario las contorsiones, del sacerdote padre, al contemplar el grupo del Laooconte? Quin tuvo un sentimiento ms ntimo de la naturaleza, ni cmo se pudo llegar a l sino por la ms minuciosa observacin de las formas externas, de los hechos fsicos? Cnova, el primer artista de la poca, arrojaba desesperado el cincel, cada vez que miraba uno de esos fragmentos salvados por Inglaterra de las ruinas del Partenn, y con razn, pues yo slo de ver aquellas majestuosas figuras de espaldas, me quedaba pasmado de la expresin de su aire y actitudes, y cuando volva, [me quedaba] absorto [al] contemplar el poder sobrehumano conque haba sido posible animar de aquel modo a aquellas piedras colosales. Potens est homo de lapidibus istis suscitare (non filios Abrahae apage!) sed filios animae suae 21 Hablen por m, aun relativamente a sus artefactos las reliquias desenterradas de Pompeya y Herculano, y se advertirn as las obras de necesidad como de mero ornato para lo pblico y 20. Aires, lugares y aguas. 21. El hombre tiene poder de hacer surgir de esas piedras (no hijos de Abraham, lejos de eso), sino hijos de su alma. (Parfrasis del texto conocido de Mateo 3, 9).

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258 \ 258 \ FEBRERO 1839 lo domstico, as en los metales como en las piedras, con un primo r gusto y acabamiento, que formarn siempre el encanto no menos que la desesperacin de los artfices modernos de la civilizada Europa. Qu conocimientos fsicos nos suponen estas artes de las propiedades de los cuerpos y de sus leyes? Las mismas artes de [la guerra], fundadas, todas en los conocimientos fsicos a qu estado de adelantamiento no llegaron entre esos pueblos notables de la antigedad? La gimnstica, a que tanta importancia dieron los antiguos, no tan slo como poderosa arma de la guerra, sino muy especialmente por la influencia de lo fsico en lo moral, que ya percibieron desde los tiempos ms remotos ( mens sana in corpore sano ) ofrece otro argumento precioso de la altura a que haban llegado sus conocimientos acerca de la naturaleza. Pero la naturaleza quin la conoci mejo r ni quin ms digno de ser su intrprete que el dulcsimo Virgilio? Las Gergicas son el ms precioso tratado de agricultura que nos ha trasmitido la antigedad, tratado del que es un comentario no menos importante toda la obra De re rustica 22 del clebre Columela. Difcil sera presentar un libro de ninguna poca ms acabado que el de las Gergicas, y aqu prescindimos del mrito potico, en cuyo captulo no tiene rival, sino considerado meramente como un tesoro vastsimo de observaciones, tan bien recogidas como compaginadas. Y ya que se trata de ostentar obras acabadas en su lnea, y en materia de ciencia de observacin (permtaseme cierto desorden en las ideas, causado por la premura con que escribo, puesto que en nada perjudica a la claridad, nico blanco que no debe perderse de vista en escritos de esta especie), declaran los inteligentes si habr muchas que poner al lado de la Geografa de Estrabn. Pleno conocimiento de la materia, riqueza de observaciones, juicio slido, mesura, discernimiento, son dotes que compiten en toda la obra, y nos hacen sentir a cada paso, como nos sucede respecto a tantos otros ramos, las infinitas obras importantes de los antiguos, que para siempre hemos perdido. Pues no debe echarse en olvido, que todava no podemos menos que juzgarlos de una manera muy incompleta, muy a menudo casi a tientas, otras enteramente a oscuras, y en ninguna con aquel pleno conocimiento de causa que pide la recta y justa crtica. Descubrimientos sobre monumentos y obras antiguas que hacen a cada paso hoy los modernos investigadores. Estas consideraciones me llevan como por la mano a tocar brevemente sobre los conocimientos fsicos que suponan en los antiguos la prctica de las artes prestigiatorias, de la mgica, quiero deci r que empleaban los sacerdotes para apoyar sus orculos, y mantener y acrecentar su imperio sobre las almas para gobernar los cuerpos. Apenas habr quien no haya 22. Agricultura.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 259 / 259 ojeado alguna cosa sobre los milagros de Apolonio de Tianay y otros impostores, milagros muy particularmente divulgados por Filostrato, y por cuyo estilo puede verse mucho en Luciano, Flavio, Josefo y otros escritores de la antigedad. Tenan estos adivinos o sacerdotes que apelar sin remedio a la astronoma y al conocimiento de la atmsfera para pronosticar los fenmenos celestes y meteorolgicos con una exactitud tal que pudiese darles una investidura divina. La facultad de traer el fuego de los cielos, aun en circunstancia en que la influencia elctrica se hallaba en reposo, dice el seor David Breuzte r no poda menos de considerarse sino como un don celestial. Otro instrumento irresistible de impostura debi ofrecerles la facultad de hacer al cuerpo humano insensible al fuego, y en las combinaciones de la qumica e influencia de las drogas y embrocaciones soporferas hallaron sin duda los antiguos mgicos sus ms provechosos medios de alucinar. El uso secreto que hacan de los descubrimientos cientficos, ha impedido en gran parte que sus procedimientos hayan llegado hasta nosotros, pero, aunque estemos muy mal informados respecto a los progresos de los antiguos en los varios departamentos de las ciencias fsicas, con todo, tenemos pruebas suficientes para afirmar que casi todos los ramos del saber constribuyen con sus maravillas a constituir el caudal del mgico, pudiendo hasta lograr alguna idea sobre las adquisiciones cientficas de los primitivos tiempos por medio de un estudio diligente de sus fbulas y milagros. No hay un solo ramo que no les pagara su tributo; la acstica, la hidrosttica, la mecnica, y singularmente la ptica, eran en sus manos una mina inagotable de las decepciones que solicitaban. Si no temiera extenderme demasiado, yo extractara de buen grado mil pasajes de Plinio en especial, para comprobacin de cuanto queda dicho.

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260 \ 260 \ FEBRERO 1839 XXXIII XXXIII DEBE ESTUDIARSE LA LGICA DEBE ESTUDIARSE LA LGICA ANTES DE LA FSICA? ANTES DE LA FSICA? POR U N TERCERO EN DISCORDIA ( Noticioso y Lucero febrero 18 de 1839.) Habana y febrero 10 de 1839 Aunque sea renovar una cuestin que el autor del remitido del Diario de hoy da por concluida, me ocurren ciertos argumentos que harn quizs avenir a entrambos contendientes. Como me fatigan muchas ocupaciones y pocas ganas de perder tiempo, entrar de lleno en la cuestin: Debe estudiarse la lgica antes de la fsica? Proponiendo as la cuestin, no hay hombre racional que no responda: s, debe estudiarse. 1. Porque la lgica no es un conjunto de abstracciones escolsticas, de principios areos y sin aplicaciones constantes e inmediatas: se comienza a aprender desde que el hombre concibe la primera idea, y puede muy bien saberse lgica ignorando hasta la existencia de esta palabra, como aquel que habla prosa sin saberlo. 2. Porque del anlisis del modo de adquirir nuestros conocimientos se ha formado un tratado que simplifica aquella accin natural y que se llama lgica o ciencia que nos ensea a discurri r Por ella distinguimos el objeto esencial de sus atributos accesorios: por ella aprendemos a analizar las cosas, a compararlas entre s y a deducir consecuencias. Luego sin saberla, nada podemos aprende r Luego es la base de nuestros conocimientos. Luego su estudio debe preceder al de todas las ciencias; y 3. Porque comenzando a estudiar los hechos de la fsica sin que preceda la lgica, o se ensea esta ltima prcticamente y entonces se estudia la lgica aplicada a los hechos o los hechos lgicamente mirados (lo que incluye su enseanza), o no se aprende nada; y porque sin anlisis, comparaciones y acciones, que es lo que ensea a hacer la lgica, no hay raciocinios ni estudios. As, para esclarecer la materia, pondremos dos cuestiones: Primera : Sin saber discurri r se podr comprender la naturaleza de los objetos que nos rodean, las causas que los sostienen en accin, las leyes que los rigen y sus aplicaciones? Quin se atrever a sostener la afirmativa? Segunda : Los ramos que estudia la parte de la filosofa que se llama Lgica (y que segn hemos demostrado no son la lgica propiamente dicha) debern ensearse antes que la fsica?

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 261 / 261 No deben estudiarse, porque el entendimiento pasa de lo concreto a lo abstracto, de lo simple a lo compuesto, de lo fcil a lo difcil; y el nio comprender mejor los hechos sencillos y palpables que constituyen el mundo fsico, que los complicados y las ms veces abstractos del mundo moral. Concluyo, pues, que a mi entender un catedrtico de talento puede comenzar enseando nominalmente la fsica, y en realidad la lgica aplicada a los hechos que estudia la fsica; y otro la lgica propiamente dicha, esto es, aplicada a los hechos o producciones de la inteligencia, y que uno y otro ensean igualmente a discurrir aunque sobre diferentes hechos, debiendo el primero obtener mejores resultados que el segundo. XXXIV XXXIV CU CU AR AR T T A REFUT A REFUT ACIN AL PLANTEAMIENTO ACIN AL PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIN DE MTODO SEGN DE LA CUESTIN DE MTODO SEGN DON JOS DE LA LUZ DON JOS DE LA LUZ POR E L A DICTO ( Diario de la Habana febrero 18 de 1839.) He dicho que la verdad no es sistemtica, porque ella es una y la unidad no puede dividirse. Dos sistemas son tan opuestos entre s, como la afirmacin y la negacin: la existencia del uno supone indispensablemente la inexistencia del otro; ambos se destruyen mutuamente, pues una sola verdad no puede ser afirmativa y negativa a un mismo tiempo; por manera que las ciencias a que la antigedad fij un carcter y naturaleza trasmitidos invariablemente hasta nosotros, han debido ser y son, en realidad, ms perfectas que las que han sido combatidas por las oscilaciones de los diversos sistemas y partidos. En efecto, todo conspira, no a que aventuremos, sino a que aseguremos esta opinin: las doctrinas morales de Zoroastro, Confucio, las de los evangelistas y las de los jurisconsultos romanos son tan exactamente las nuestras como las verdaderas matemticas de Arqumedes lo son: tan invariables hoy como entonces: tan positivas en este siglo como en aqullos; sta es la mejor apologa de nuestro juicio. Si no hubiese probado an que la perfeccin de las ciencias morales es debida no slo a su facilidad y sencillez, sino tambin a que sus elementos estn del todo en el espritu y son emanaciones inmediatas del alma, me

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262 \ 262 \ FEBRERO 1839 valdr, para justificarlo, de ejemplos tomados de las naciones de nuestros das. Un esquimal y un patagn como un habitante de la Siberia y un lapn, a pesar del atraso de estos pueblos, son susceptibles de ideas tan exactas de la virtud y el vicio, de la naturaleza y consecuencia de ambos, como nosotros que lo somos tan superiores en civilizacin; mejor dicho, las tienen, y si no practican la primera en muchas ocasiones es debido a su vida miserable, precaria y salvaje que sofoca todos los sentimientos benvolos respecto a los dems, cuando la existencia propia los demanda para cada individuo; cuando se hace or de un modo terrible la voz imperiosa de la conservacin individual, voz perentoria e infalible alzada por la naturaleza contra los que contravienen a sus leyes, que concentrando todos los afectos de que es capaz el alma en uno solo y decisivo, despliega toda su energa sobre cuanto la rodea, sin consultar ms inters que el suyo. Mas poned a este hombre brbaro en nuestra situacin y le veremos variar de inclinaciones: sumidnos en su miseria y seremos peores, con mayor nmero de necesidades facticias, creadas en nuestra refinada sociedad. Habr esta misma susceptibilidad respecto de las nociones fsicas ms simples? De ningn modo; ellos presencian los mismos fenmenos fsicos que nosotros, sin poder concebirlos, apreciarlos y exponerlos; ellos manejan la palanca, sin poder explicarnos siquiera su teora, y sin las ms ligeras nociones de dinmica; al paso que Sols, Magallanes, Cook y otros los encontraron en diversas pocas dando culto a diferentes divinidades, con una religin establecida que explicaban, y jueces de paz que diriman sus diferencias. Tenemos ejemplos an ms patentes de esta verdad en obras de hombres clebres que nos dan una circunstanciada noticia de la conquista del Continente Americano. Mxico y el Per eran los pueblos ms aventajados de este vasto pas al arribo de los espaoles: ellos tenan conocimientos aritmticos y ligeras nociones de astronoma; pero en lo que ms sobresalan era en materias religiosas y de gobierno, especialmente en stas, hasta nivelarse con los pueblos ms adelantados de Europa entonces, y aun con muchos de los actuales, como lo expone Humboldt en su ensayo poltico sobre la Nueva Espaa. As, me parece necesario conclui r que mientras ms accesible es una doctrina para todos los pueblos, desde el ms brbaro hasta el ms civilizado, recorriendo los diferentes grados de la escala social, ms verdad y perfeccin hay en ella, si la acompaa tambin la unanimidad en la admisin de sus preceptos; y mientras ms inaccesible y dividida sea, menos conviccin y verdad hay en su teora. Si aplicamos estas conclusiones positivas a las ciencias morales y a las fsicas, nos darn por resultado la perfeccin y ventaja de aqullas sobre stas. Adems, cuando la Europa, sacudiendo el yugo de la ignorancia, se apoder de la civilizacin del Asia y frica, por los intermediarios griegos y romanos qu la transmitieron digno de elogio ambos pases? Y a lo he-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 263 / 263 mos dicho, la moral de Confucio, la de Zoroastro, sus teogonas, sus falsas religiones; pero encaminadas a la virtud; sus acertadas legislaciones, las de Zeleuco de Minos, de Soln, el Pentateuco y los ms caros presentes que la hiciera Roma fueron el Evangelio y su legislacin admirable; nuestro sublime Evangelio y nuestra acabada legislacin y la de toda la Europa civilizada. Todava ms, si las ciencias fsicas estn ms aventajadas en sus incuestionables principios e indudables verdades y por lo mismo ms al alcance de las inteligencias limitadas, por qu somos tan inconsecuentes en nuestro sistema de educacin? Por qu amontonar en la cabeza de un dbil nio, como pasto ms a propsito y digerible para su entendimiento, los preceptos ms elevados de nuestra moral y los ms augustos misterios de nuestro dogma? Por qu los padres se desvelan en inculcar amor a la virtud y odio al vicio, a todos sus hijos en la niez; esto es, en educarlos, sin conocer ellos mismos la naturaleza, causas y efectos de aqulla y ste? Por qu en los establecimientos de educacin, en que libran los padres su confianza y la suerte futura de sus hijos, velan tanto los gobiernos acerca de la probidad y virtud de sus directores y sistema de moral y enseanza? Y por qu en las ciudades se afana la autoridad en desviar los torpes espectculos y la lectura de obras inmorales, poderosos incentivos para pervertir a la inexperta juventud, precipitndola en la asquerosa senda de la crpula y todo gnero de placeres sensuales viciosos? Claro es que segn el contrario sistema, empezar por la moral es empezar por el fin. Debemos primero ser fsicos, qumicos, gegrafos, matemticos, botnicos y mdicos para despus ser moralistas; esto es, para poder apreciar lo que sabe un nio y un salvaje, la virtud, el vicio y sus consecuencias, por medio de la educacin y la religin. Pudiera decirse, tal vez, que habiendo sostenido el clebre Carlos Comte una doctrina contraria a la ma no deba yo dudar de ella, por ser produccin de un genio francs que en su elevacin dista mucho de m. Confieso que me hallo convencido del respeto sin lmites que debemos a los grandes hombres, cuando hablan la verdad a todas luces; pero no de la servil deferencia a la autoridad, cuando sta se atava con el poder y prestigio que le da la opinin sola. Si un hombre, cualquiera que sea su clase y rango literario, me convence, le aplaudo; si me hace duda r le consulto y reflexiono, y si negar le desecho, haciendo abstraccin siempre de las personas para mejor consultar los hechos. Tambin puede un hombre menos aventajado elevarse alguna vez hasta la altura de un genio, no por todas vas, ni para sostenerse en ella como ste, sino por aquella que lo haya trillado el estudio y contemplndole de cerca descender rpidamente convencido de que no ha dicho verdad, pues ningn hombre ha logrado abrazarla del todo, y los sistemas ms errneos han sido muchas veces parto de

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264 \ 264 \ FEBRERO 1839 superiores inteligencias delirantes, mucho ms temibles si los llega a dictar el talento y a vestirlos una pluma atrevida y elocuente que todo lo lleve tras s, mintiendo, con torpes remedos de la mmica fantasa, los acertados procedimientos de la razn, mientras ella descansa, como lo expresa el siguiente dstico del sublime autor del Paraso perdido : Oft in her absence mimic fancy wakes to imitate her; but misjoining shades. Por ltimo, como se producen ejemplos de naciones bastante adelantadas en materias didcticas, y que abonan contrarias doctrinas a la que expongo, tales como Alemania, me parece necesario manifestar que no es ste el mejor medio de dilucidar la cuestin. Este es un recurso de la autoridad, al magister dixit 23 que slo es legtimo cuando se le anteponen la verificacin y convencimiento de las teoras que apoya: y as la conducta de tal o cual pas, la de sta o aquella poca no deben determinar de ningn modo, sino si debe hacerlo y por qu debe hacerlo: ste es el verdadero aspecto de la cuestin, cuya sola conviccin nos dirigir en la presente. En efecto, quin nos garantiza la infalibilidad de la innovacin que se trata de plantea r o que ya lo est? quin nos asegura que las generaciones venideras no vern un error en lo que hoy se toma como una verdad, y no adoptarn el antiguo mtodo que algunos escritores de nuestro siglo quieren desecha r mientras ellas le juzguen el verdadero, fcil y exclusivo medio de mejor y ms expedita enseanza, si consultan la historia del entendimiento humano y las primeras instituciones del hombre social, primeras por ser fciles y fciles por ser primeras? Qu escritor del siglo XIX podr tener la altiva pretensin de poner cotos a la inteligencia, hasta el extremo de querer que sus opiniones vayan al travs de los siglos a servir de modelo y gua a las ms remotas generaciones, cuando a nuestra vista se desvanecen teoras que cremos muy slidas, y se la sustituyen otras, a que damos la misma calidad con igual suerte? Claro es que no nos hemos hecho un deber el adoptar opiniones ajenas sin el convencimiento de su verdad y acierto, ni menos admitir principios, sustituidos a otros indudables y positivos a nuestro juicio. Antes de concluir quiero y debo hacer una profesin de mis sentimientos hacia el autor 24 de la Memoria inserta en las de la Sociedad Patritica de esta Capital. Mi nimo no es abrir un certamen acerca de esta materia, pugnando con tan vigoroso atleta: me juzgo muy inferior y menos capaz para poner en conflicto mis fuerzas con las suyas, superiores en mucho a mi corta capacidad: respeto demasiado el profundo saber y la ejemplar virtud del ilustre compatriota que gui mis primeros pasos en la c arrera literaria, 23. lo dijo el maestro. 24. Jos de la Luz. (Roberto Agramonte.)

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 265 / 265 inculcndome amor a las ciencias con su ejemplo. Todas las ideas que dejo expuestas no son ms que otras tantas dudas, cuya solucin espero; y cualquiera que ella sea, si me convence, protesto no volver a tomar la pluma, pues mi nimo no es establecer una desigual polmica con tan aventajado antagonista capaz de envolverme si desplegase la mitad de la suma de sus fuerzas. Adicto XXXV XXXV SEGUNDA RPLICA AL ADICTO SEGUNDA RPLICA AL ADICTO SOBRE LA CUESTIN DE MTODO SOBRE LA CUESTIN DE MTODO P OR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana febrero 23 de 1839.) Dir ms. Hasta que los mismos modernos no adelantaron considerablemente en el estudio de los fenmenos de la naturaleza, estuvieron negando varios hechos referidos del modo ms autntico por los historiadores antiguos, entre otros la existencia de los aerolitos o piedras cadas de la atmsfera, a que repetidamente alude el citado Plinio, de los cuales nadie duda en el da, no menos que de los famosos espejos ustorios con que incendi Arqumedes la escuadra de los enemigos de su patria situada a gran distancia de la ribera; pero que se contaban en el nmero de las fbulas hasta que no fueron imitados por el clebre Buffon. Lo mismo ha acontecido con infinitos pasajes de Herodoto, cuya historia puede considerarse en gran parte como una narracin preciosa de los propios viajes, ms que como un relato de cosas pasadas, y por lo mismo en extremo importante como coleccin de observaciones sobre todas las diversas materias recogidas en el discurso de sus romeras. El mismo modo de intruirse de los filsofos antiguos era el medio seguro de que se ocupasen tanto en cuestiones puramente fsicas como morales, pues ninguno de ellos consideraba su educacin terminada, si no llevaba el complemento o ltima mano de los viajes; no contentndose los ms con una simple recorrida a los pases que visitaban, trasladbanse efectivamente a ellos con nimo de estudiar a fondo su naturaleza fsica y moral, situndose de asiento con preferencia en aquellos ms clebres por sus adelantamientos en las ciencias, como lo hicieron los griegos respecto del Egipto, de donde sacaron rica mies para las naturales los Thales Milesio, los Pitgoras y otros de menor nombrada.

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266 \ 266 \ FEBRERO 1839 De este ltimo es bien sabido que hasta columbr el verdadero sistema del mundo, despus revivido por Coprnico; 25 y de Epicuro puede decirse que ofrece los lineamientos de la teora newtoniana, en cuanto al sistema de atraccin universal, y de la qumica moderna en cuanto a la teora atomstica, a no juzgar ms que por la exposicin que hace de sus doctrinas su discpulo Lucrecio en el poema De rerum natura Admiran verdaderamente los pasajes en que se notan estas coincidencias, 26 sin que por eso pretendamos que Newton y los qumicos modernos fuesen a aprender fsica y qumica en Epicuro ni en Lucrecio: se trata tan slo de mostrar la altura a que en ciencias fsicas se elevaron los filsofos antiguos, y me parece haberlo conseguido. Pero qu ms ni mejor prueba de que todos los pueblos principiaron por las ciencias fsicas que sus mismos sistemas religiosos primitivos, fundados todos en los sistemas cosmognicos, que en sus vedas y mithos o misterios y alegoras, nos ofrecen los ms antiguos? Ah estn el Egipto y la India sealadamente para convencernos que desde la misma cuna de la sociedad, desde los tiempos fabulosos, aparecen mezcladas las cuestiones metafsicas y religiosas con la exposicin de los fenmenos del mundo fsico, o por mejor deci r como una consecuencia inmediata, la parte metafsica y moral, del conocimiento del universo material, advirtindonos as naturaleza en todo y por todo, que no podemos elevarnos a lo espiritual sino por la escala de lo corpreo. 27 Qu fcil me sera dejarme correr disertando 25. A este propsito podra tambin citar el tan famoso como divulgado pasaje de Sneca el trgico, que comienza: venient annis secula seris ,* en el cual se vaticina la existencia del nuevo mundo del modo ms terminante y circunstanciado. Si yo quisiera valerme de los recursos con que brinda la erudiccin moderna, ah est el alemn Heeren, que me suministrara datos estupendos sobre las navegaciones de los fenicios, y en general sobre las relaciones mercantiles de los pueblos de la antigedad, y los progresos consiguientes en las artes y ramos que ellas presuponan. das vendrn, andando los aos... 26. Qu ideas ms sanas de fsica, y digo, ideas que se crean hijas de la ciencia moderna, sobre ser general la gravedad, que las contenidas en los siguiesntes versos del libro 2: Nunc locus est, ut opino r in his illud quoque rebus confirmare tibi, nullam rem posse sua vi corpoream sursum ferri, sursumque meare? Y no como quiera, sino que ahora pasa a explicar las ilusiones o motivos de error. Ne tibi dent in eo flammarum corpora frauden-sursus enim versus gignitur et augmina sumunt... Pondera quantum in se est, cum deorsum cuncta ferantur .* Y por este estilo se halla todo el poema lleno de las ms profundas miras en las ciencias fsicas, no extractando ms, por no fastidiar ni fastidiarme. Modernamente se han encontrado en Pompeya muchos preciosos manuscritos griegos, exponiendo las doctrinas de Epicuro. Creo que es ste el momento de asegurarte adems lo siguiente: que ningn objeto corpreo puede por su propia fuerza, elevarse o trasladarse de abajo arriba ... Y no te dejes engaar en este punto por la sustancia de las llamas. Pues surgen hacia arriba y hacia arriba crecen [lo mismo que los brutos rozagantes y los arbustos]; al paso que la generalidad de los objetos pesados, por su propia naturaleza, se dirigen hacia abajo ( De rerum natura libro II, 184-190). 27. A este propsito vanse tambin mis artculos al Dmine

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 267 / 267 por este campo riqusimo y aprovechndome de las luces que sobre l han esparcido en estos ltimos aos, as los ms hbiles orientalistas como los primeros filsofos de la culta Europa! Slo y tan slo la historia de la astronoma bastara para convencer hasta qu punto asombroso de adelantamiento arribaron los antiguos en las ciencias fsico-matemticas. Oigamos slo dos palabras del elocuente historiador de la ciencia para convencernos de ello. Contrayndose {Heeren} a la marcha firme y cientfica que supo dar Hiparco, discpulo de la famosa escuela de Alejandra, a la ciencia, dice: Hiparco sera el verdadero fundador de la astronoma, si esta ciencia no se hubiera ya perdido y vuelto a halla r a la manera de un ro, que hundindose en el seno de la tierra, para mostrarse de nuevo a distancias lejanas, parecer tener manantiales diversos. As recapitula con esta alusin los progresos que egipcios, caldeos y griegos haban hecho hacer a la ciencia. Pero bastan estas indicaciones para mi propsito, que no ha sido por cierto ventilar la cuestin de superioridad entre antiguos y modernos, sino nicamente convencer que estaban ms adelantados en las ciencias fsicas de lo que cree el erudito articulista, demostrando al mismo tiempo que todos los pueblos siguen forzosamente la ley de la naturaleza de comenzar por el principio, o sea, recibir impresiones antes de reflejarlas, observar y conocer la naturaleza exterior antes de conocerse a s mismos. Si as no fuera, ni sentido tendra el famoso nosce te ipsum de los griegos, pues el mero hecho de haberles predicado que se estudiasen a s mismos, prueba hasta la evidencia que estaban tan engolfados en la investigacin del mundo exterio r que se haban olvidado de la importantsima de su interio r Tampoco se explicara mejor la memorable revolucin causada por Scrates, la cual sera en tal caso un efecto sin causa, toda vez que l no hizo ms que atraer los nimos enfrascados en la indagacin de la naturaleza externa al importante estudio de la moral con el consejo y el ejemplo. Pero puede la moral aislarse de lo fsico, y aislarse con ventaja para su estudio? De ninguna manera, pues as como en el estudio de nuestras facultades mentales hemos tenido que invocar las luces de la fisiologa, aunque no sea ms que para deslindar los efectos que pertenecen al instinto de los que corresponden a la conciencia, de la misma manera en la moral, donde se deben primeramente describir nuestras pasiones y las causas que las apagan y fomentan, es de necesidad apelar a aquella misma ciencia preciosa para determinar el influjo de los rganos y funciones corporales sobre nuestros afectos morales, cuyo estudio presupone el de la fsica propiamente tal no menos que el de la patologa, o conocimiento de los desrdenes de las funciones, toda vez que no se puede conocer bien al hombre sano sin conocer bien al enfermo y viceversa, tocndose aqu, como sucede a cada paso, apenas se profundiza cualquier departamento del saber humano, el estrecho enlace que existe entre ellos, no habiendo en rigor ms que una ciencia, dividida y diversificada en diferentes ramas, a causa

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268 \ 268 \ FEBRERO 1839 de la limitacin de nuestras facultades, tan fuera de proporcin con la inmensidad de la naturaleza. Dije y repet y prob que slo el captulo de la enajenacin mental bastara para dar las ms importantes lecciones, as al psiclogo como al moralista y al jurisconsulto, sobre los puntos ms delicados de sus respectivas provincias. Todo lo cual prueba que la perfeccin de la moral en gran parte correr pareja con los adelantamientos en este ramo de las ciencias naturales. De dnde, si no de la falta de Fisiologa, as en la Psicologa como en la tica, pende que se hayan transmitido grandes problemas de estas dos ciencias de generacin en generacin, dndoseles diversa solucin, segn lo indican los varios sistemas que en ellas han reinado, sin atinar con la verdadera? Por otra parte, nadie que reflexione sobre la historia de las revoluciones humanas, podr desconocer que la moral, como la ciencia, se perfecciona de la misma manera que las otras, siendo tan hijas de la observacin y la experiencia como cualquiera de las ms experimentales, con slo la particularidad de que muy a menudo, amn de los siglos que suelen aguardar por sus descubrimientos, en lo que tambin se parecen bastante a las fsicas, todava cuesta torrentes de sangre el establecimiento de cualquier nuevo principio, por provechoso que sea a la causa de la humanidad. Y despus de establecido, nada parece ms natural ni ms conforme a la razn, asombrndose muy a menudo la generacin subsecuente de que costase tan caro la adopcin de una gran verdad en el orden moral. Y o no alcanzo cmo concedindose que la tica es una ciencia de observacin, y por lo mismo susceptible del progreso, que est enlazada con otras, mxime dependiente de la Ideologa, yo no alcanzo, digo, como hacindose tales concesiones (y las hace y an se esfuerza en demostrarlas el contrincante, como veo ahora en el segundo fragmento de su artculo) pueda negarse que la moral se variar o corregir, segn los progresos de las ciencias fsicas, mxime cuando para graduar ciertas acciones es forzoso conocer sus causas. No se vaya a creer por un instante que tratemos nosotros de inculcar que sean variables los eternos e inalterables principios de la ley moral, que va plantada en el corazn del hombre. Un solo ejemplo bastar para hacer comprender nuestra idea. Por la poca en que los pueblos se haban formado de la agorera, v .g., se condenaba a la pena de muerte, aun entre las naciones cristianas, 28 a los reos de este delito enorme, segn su legislacin, que nunca es ms que la expresin de las opiniones dominantes, base indispensable de su moral, siendo en esto muy consecuentes los hombres de entonces, pues partiendo del principio de ser la 28. Apenas hace un siglo que se conden al ltimo, y no en Espaa sino en Escocia.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 269 / 269 agorera un pacto con el demonio, y por lo mismo la ms grave ofensa a la Divinidad, no le hallaban pena proporcionada, todo les pareca poco para el tamao del delito. Viene la antorcha de las ciencias fsicas a ilustrar los entendimientos sobre sus verdaderas causas, humanas y muy humanas, nada de divinas, ni de diablicas, y el pretendido enorme crimen queda reducido a un picadillo de chalatanismo, acreedor siempre a cierta pena, pero no a la horrible de muerte, ni tampoco a sus inmediatas. Hay ms que tender la vista sobre la larga historia de las humanas supersticiones para multiplicar los ejemplos de este gnero? As lejos de ser extrao, est en la naturaleza de las cosas, no ya que vare la moral, o ms claro, los principios de accin de pueblos diversos, constituidos bajo distintas circunstancias del clima, religin, costumbres, leyes, etctera, pero hasta la de un mismo pueblo en los varios siglos de su existencia, no ofreciendo la historia fenmeno ms constante que ese continuo cambiar de los resortes que mueven a la humanidad. Comprese la Edad Media con el siglo XVII y el XVIII con el presente en las mismas naciones cristianas, y si se quiere, hasta en una sola de dichas naciones. Todas ellas, y sealadamente la Francia, se desvivan en el siglo XII por pasar a Tierra Santa a la conquista del sepulcro de Cristo, y esa misma nacin en el XVIII ya no siente el sacro fuego de la religin que le hizo obrar prodigios en los campos de Palestina, pero en su luga r arrastrada por otro estmulo, ejecuta hazaas no menos portentosas, presentando un muro de pechos a toda la Europa armada contra ella. Y moveran esos mismos resortes, y caso de move r moveran del propio modo que antes a la Francia del siglo dcimo nono? Nadie discrepa en la respuesta negativa, permitindoseme, sin embargo, observar que en medio de tanta variacin e inestabilidad es uno mismo inalterable el corazn del hombre: cambian en l las ideas, pero permanecen las facultades, que le son congnitas, inherentes a su naturaleza. Efectivamente vemos en el fondo as de las cruzadas como de las campaas de la revolucin, el mismo entusiasmo, la misma susceptibilidad aplicada a diversos objetos, y fomentadas con diverso pbulo. El lector puede continuar el cotejo con el siglo presente, permitindoseme entretanto otra observacin que no ser fuera de luga r Si nada sucede en vano en la naturaleza de las cosas, y si la historia es el teatro donde figura la humanidad, nada ms conforme que esas variaciones, que en ltimo anlisis son otro nombre para decir progreso, puesto que la misma naturaleza parece marcarnos con el dedo que cada idea o resorte, una vez lleno su destino, no tiene para que aparecer ms en la escena, o al menos, haciendo el papel principal que antes desempeaba. Slo de esta manera es como puede explicarse la historia, pues de otra suerte los hechos seran

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270 \ 270 \ FEBRERO 1839 efectos sin causa: en pos de la licencia del siglo XVIII vino forzosamente la moderacin del XIX 29 Pero qu necesidad haba de acudir a la historia en la cuestin presente, cuando el ms sencillo razonamiento por s solo basta a dejarla para siempre dirimida? Helo aqu, pues: las ideas influyen eficazmente en las acciones, pues que el hombre opera segn cree: es as que las ideas cambian al infinito: luego las acciones han de seguir por fuera la misma suerte: esto es, que ha de cambiar nada menos que el tipo por donde han de dividirse, es deci r no solamente vara la terica, sino la prctica: la ciencia moral precisamente en virtud de haber adelantado los conocimientos fsicos y forzosamente la prctica, esto es, las costumbres. Quiero todava poner otro ejemplo luminoso, antes de pasar a desenvolver nuevas ideas. Y a se habr notado que los escojo de aquellos que demuestran no slo cambio en la legislacin, sino tambin en la moral, como consecuencia forzosa de haber variado la opinin, as para no dar entrada a nuevas dudas, como para la inapreciable ventaja de patentizar las estrechas relaciones entre una y otra ciencia, vinindonos a convencer al cabo de que el cdigo civil de un pueblo es igualmente su cdigo moral, lo cual slo sucede por copiarse en l exacta y fielmente el estado de la opinin: desde la hora y punto que sta vara, ya es muerta la letra de la Ley; existe escrita todava, pero con el mismo gnero de existencia para el pueblo de que se trate, que otra cualquier ley de Licurgo o de Soln, esto es, permanece en el papel, pero ya no gobierna, es deci r ni se toma por tipo de las acciones de los individuos, ni por regla para las determinaciones de la autoridad. Pero vengamos al ejemplo ofrecido. La usura nos le proporciona muy al caso. No solamente era ilegal, sino que se tena por pecaminoso en todas las naciones cristianas el ms ligero aumento a lo fijado por la ley en el inters del dinero, a pesar de las vicisitudes que naturalmente ofrece el comercio, verdadero ocano, que tan pronto retira sus olas de la ribera, dejndola enjuta, como las hace retroceder para inundarla. Pero como este principio cvico-moral dependa del concepto en que estaban los pueblos cristianos, fue menester que variase este conocepto para que dejase de gobernar aquel tipo. Y cmo vari dicho concepto? Porque presentando el mismo aumento del comercio entre los hombres nuevas combinaciones, nuevos fenmenos mercantiles, stas pusieron en evidencia el hecho o fenmeno general de que al dinero le suceda lo que a cualquier otro gnero en el mercado, a saber: que vale mucho, si anda escaso, y vale poco, si corre abundante y desde este momento qued derogada la ley moral, y barrenada la ley civil. 29. Cosa singula r Cousin, que explica del mismo modo la historia, no admite el sensualismo: los fenmenos en todos los ramos son causa y ocasin de las nociones. No quiero disertar ahora, sino marcar una contradiccin, no se creyera que estaba en m, que he combatido otras doctrinas del mismo auto r.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 271 / 271 Con qu derecho, con qu justicia se pudo exigir a un prestamista que diera barato su metlico, al paso que se le peda ms caro, v. g., por el artculo del sustento? Antes por el contrario, esta sencilla reflexin basta para patentizar la fuerza, la injusticia que le infiriera semejante legislacin. Y tal es el imperio de la demostracin, que los tribunales ms respetables del mundo civilizado, tiempo ha que en punto a usura, a pesar de no hallarse derogadas las leyes de la materia, estn declarando muy lcito un inters doble y an triple del legal, segn las circunstancias del mercado en la poca del contrato. Son stas, o no son stas conquistas, y grandes conquistas de la ciencia? Pero, qu triunfos tan bien y tan trabajosamente alcanzados! Por ventura se han obtenido as sencillamente con slo asomar la idea madre de todos ellos, o no han sido el resultado de largas discusiones, prolongadas hasta por siglos, y manejadas por las plumas ms elocuentes, por las plumas de los bienhechores, de los moralizadores del linaje humano? Y ved aqu lo que distingue los progresos de las ciencias morales, como ya indiqu, que por fuerza han de ser ms lentos, dado que sus experiencias no pueden ser tan perceptibles ni tan prontas como las que instituimos en nuestro laboratorios con los cacharros y las mquinas para ilustrar o dirimir las cuestiones fsico-qumicas, razn por que ni estn ni pueden estar en general las ciencias morales tan adelantadas como las fsicas. Aun en las mismas ciencias fsico-matemticas se nota que aquellos puntos que no pueden someterse tan pronto ni tan fcilmente a la experiencia, por contrariar el primitivo o ms grosero testimonio de los sentidos, son ms difciles de establecer fuera de duda, como aconteci con el sistema copernicano. Aqu mismo se advierte otro motivo de grande supremaca cientfica: (hablo de los resultados, no del objeto, pues una ciencia puede ser ms sublime que otra por su objeto, aunque no sea tan rigurosa en sus procedimientos) la mayor facilidad con que se adapta el precioso instrumento de las matemticas a las ciencias naturales que no a las morales, sin dar a entender por esto que no sea tambin aplicable a las ltimas, pues lo es, y en bastante grado (y aun ese ser uno de los medios ms eficaces para su progreso), pero no hasta el punto que a las primeras; as que lejos de hablar de un modo absoluto, nos valimos de la expresin comparativa, y por lo mismo restrictiva, de que se aplicaba dicho instrumento con mayor facilidad a unas que a otras. (La experiencia que tengo en polmicas de esta especie me obliga a veces a entrar en explicaciones tan obvias que a muchos parecern excusadas y que a m, sobre excusado, me parecen fastidiosas; porque a la verdad sera delicioso no ya hablar lo menos posible, sino hasta por frmulas si cabe, en materias cientficas, pero por precioso que sea semejante mtodo de exposicin, todo es relativo en este mundo, y todo debe estar subordinado a la ley no menos urea, por imprescindible, de decir cuanto se necesita,

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272 \ 272 \ FEBRERO 1839 mxime cuando desgraciadamente todava se necesita, despus de haberse dicho, en mi humilde concepto y en el de los peritos, hasta ms de lo regula r .) Bien podra aplicrseme, parodindolo, como chistosamente lo haca un amigo tan alcanzado como oportuno, el famoso verso de Horacio: Longus esse laboro, obscurus fio 30 Qu no sera, si fuera breve! Pero, volvamos a la cuestin. Reflexionemos todava acerca del ejemplo presentado, y veremos si es fecundo en consecuencias aplicables al asunto principal. l prueba, como ya demostr al Dmine que no basta toda la fuerza del ingenio humano para que el hombre d con ciertas verdades, por obvias que despus de encontradas parezcan a los que aprovechndose de ellas, no tuvieron el trabajo de buscarlas, sino que es necesario que las circunstancias (que en el caso presente fueron el mayor desarrollo de combinaciones mercantiles) hayan devuelto los hechos a fin que hacindose stos ms perceptibles, recaigan sobre ellos las observaciones, para despus formar la ciencia. Y aqu est cmo no podemos dar un paso sin palpar que las ciencias morales son ciencias de observacin, y por consiguiente, de progreso o perfectibles, tan experimentales como las que ms, y a que por lo mismo es eminentemente aplicable el mtodo baconiano de la induccin. Recordar el lector a este propsito, como ya dije al Dmine siempre cito al Dmine (culpa del nuevo impugnador que no tom la cuestin en el estado en que yo la dej) que ni aun poda concebirse la existencia de las ciencias especulativas, o que era forzoso considerarlas como efectos sin causa, si no eran producidas con ocasin de las mismas necesidades del hombre: as la geometra naci a orillas del Nilo, en virtud de la necesidad de medir la tierra en que se hallaron los moradores del Egipto, ms urgente que la de otros pueblos, por la circunstancia especial de las inundaciones frecuentes de aquel ro famoso, que borraba a cada paso los lmites de las heredades. As tambin la Economa poltica, a cuya ciencia pertenece el hecho que sirvi de ejemplo, naci precisamente en la Gran Bretaa, donde haba de presentar ms ocasin para especular sobre estas materias, en virtud del mayor ensanche y desarrollo que en aquel campo tuvieron las artes industriales y las negociaciones mercantiles. No de otra manera se ha formado en gran parte la jurisprudencia de las naciones modernas. Para todas las del mundo era de absoluta necesidad constituirse bajo ciertas leyes; pero las europeas, habindose encontrado ya formado el cdigo de los romanos, en el cual vean ya llenas muchas de sus necesidades civiles, hubieron naturalmente de adoptarlo o casi en su totalidad o al menos como base de ulteriores trabajos. Efectivamente, no quedando satisfechas todas las necesidades de los pueblos, vemos que las decisiones de sus tribunales o cuerpos gubernati30. me afano por ser difuso, y resulto oscuro. El texto de Horacio es Brevis esse laboro, obscurus fio (Al querer sera breve, resulto obscuro. Arte potica 25-26).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 273 / 273 vos superiores, adoptadas primero para resolver los casos particulares, no previstos los ms por las leyes vigentes, se elevaban despus a la esfera de leyes civiles, e iban a incorporarse en el cdigo. As es como se han formado las legislaciones europeas. Lo mismo acontece en la poltica: si las revoluciones no desarrollan ciertos hechos, en vano se esforzara la razn humana en preveerlos y estorbarlos. Las mismas instituciones civiles y polticas pueden y deben considerarse como unos verdaderos ensayos o experimentos en punto mayo r que andando el tiempo nos revelan los resultados, que no podramos espera r y que a veces ni pudimos pronostica r Bien sentan toda la fuerza de estas verdades los formadores de la constitucin angloamericana, pues siempre la han caracterizado con el expresivo epteto de nuestro gran experimento Con efecto, aun siendo una repblica el gobierno poltico de los Estados Unidos, qu puntos de semejanza median entre ella y las repblicas de la antigedad? Qu diversidad de elementos fsicos, morales y polticos no juegan en uno y otro caso! No es necesario ms que apuntar el paralelo para sacar las consecuencias. No quedaron en este solo ejemplo desconcertadas todas las teoras de la antigedad en materias gubernativas? No porque ellas sean acreedoras a nuestro menosprecio, sino porque no habiendo tenido sus autores a la vista estos nuevos hechos, no pudieron despertrseles las ideas consiguientes. Si tal no fuera, qu negocio ms sencillo habra que el de gobernar a los pueblos? Pero desgraciadamente es el ms difcil de todos, como que ms que ninguno reclama los costosos y largos frutos de la experiencia en el orden moral. Por qu omos repetir a cada paso que la revolucin francesa es el libro ms instructivo para los que dirigen las naciones? Porque ella desconcert innumerables doctrinas recibidas, y fue madre fecunda de otras infinitas a que no hubiera podido llegar toda la perspicacia del ingenio humano, dedicado exclusivamente por siglos a especular sobre estas materias. Tenemos, pues, que en moral, en jurisprudencia, en economa pblica, en poltica, lo mismo que en cualquier otro ramo experimental preceden los hechos a las disposiciones, las experiencias a las doctrinas, las causas a los efectos, siendo de notar precisamente que cuando se quiere prescindir de este mtodo natural y se trata de adivinar en vez de acertar o deduci r lo que se logra es que las ciencias especulativas queden estacionarias y an retrgradas en vez de adelanta r Y ved aqu cabalmente la tacha que suele ponerse en general a los filsofos antiguos que en sus sntesis atrevidas se encumbraban por los campos imaginativos, olvidndose del terreno firme de los hechos. Cunto ms no hubieran progresado los griegos con sus brillantes disposiciones hasta en las ciencias experimentales, si hubiesen siempre seguido esta senda! Pero una vez vista por los modernos la eficacia de semejante mtodo en dichas ciencias, no han podido menos, mxime tocando la identidad de origen en todas ellas, de

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274 \ 274 \ FEBRERO 1839 suspirar por su aplicacin a las llamadas impropiamente morales o especulativas, para imprimirles una marcha ms firme y rigurosa, prenda segura de sus ulteriores adelantamientos. Y heme aqu conducido como por la mano a tratar de resolver otra de las dudas del seor Adicto sobre el estado de atraso en que afirma se hallaban comparativamente las ciencias morales respecto de las fsicas y matemticas, pues en cuanto a ser ciencias de observacin y susceptibles de progreso, no obstante de descansar en algunos principios tan inalterables como universales (cosa que por otra parte en nada se opone al progreso), no puede ya quedar ni sombra de duda an al entendimiento menos prevenido. Pero antes de ventilar este punto, permtame el seor Contrincante, le recuerde que bajo el nombre de ciencias morales se comprende en general todos aquellos ramos de los conocimientos humanos en que no se hacen materialmente experimentos y observaciones con los instrumentos y reactivos como se practican en las llamadas naturales. Es tanto ms necesario recordar el sentido en que se toman las palabras cuanto que este seo r en realidad, casi ha contrado sus argumentos, para demostrar el estado de perfeccin a que en su concepto han llegado las ciencias morales, y la Moral misma y la Jurisprudencia, debiendo tener presente que aun cuando dichas dos ciencias se hallasen real y efectivamente en el estado de adelantamiento que pretende, todava esta demostracin no infirmara en lo ms leve el aserto general de que las ciencias llamadas morales se hallan en atraso respecto de las naturales, pues bajo aquel nombre genrico se comprenden la psicologa, la lgica, la metafsica, la filosofa de la historia, la ciencia de la educacin, la poltica, la economa pblica, etctera, y en general, como he dicho antes, todos aquellos ramos, que si bien son de experiencia y observacin, no observan ni experimentan con aparatos e instrumentos. Por esta razn siempre me inclin a apellidar intelectuales a dichas ciencias trmino que est sin duda menos expuesto a equvocos e interpretaciones. As distinguiremos: ciencias especulativas por excelencia, las matemticas, que constituyen ramo aparte, ciencias fsicas o naturales y ltimamente ciencias especulativas, o intelectuales, o morales, que hemos ya enumerado, y que participan rigurosamente de la naturaleza de las primeras y segundas, bien que an ms de stas que de aqullas, por ser eminentemente ciencias de observacin; as que a todas puede con razn aplicarse este epteto, pues an las mismas matemticas tienen su punto de partida en la observacin; pero pues son ellas tan slo las que en sus progresos y procedimientos pueden prescindir de la observacin, qudese este distintivo, como el ms caracterstico para todas las dems, tocando de derecho a las de la cantidad el de eminentemente especulativas, que bajo otro sentido intelectuales todas lo son, pues que en todas entra el entendimiento como causa.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 275 / 275 Si se hubiera tenido a la vista la nomenclatura que en verdad proponemos, estoy por decir que se habran excusado muchas cuestiones de la naturaleza de la presente en las ciencias llamadas morales. Porque efectivamente recordando que eran de observacin, ya se daba a entender que eran susceptibles de progreso, y que en sus pesquisas no debamos atenernos exclusivamente a las deducciones de la razn humana. Empero si se reflexiona un momento, conoceremos que en el estado en que se hallaban los entendimientos, no era tan sencillo como parece a primera vista dar con una denominacin que caracterizara la verdadera naturaleza de dichas ciencias, siendo as que esa misma era la cuestin, puesto que se estaba en el concepto de que en ellas poda procederse meramente con el instrumento de la razn, o sea, que las ciencias llamadas morales eran puramente especulativas. Tan cierto es que la precisin del lenguaje viene en pos de las ideas! Hasta que los infinitos tropiezos que se daban en las ciencias morales, tanto ms notables cuanto contrastaban con la firme marcha que gracias al mtodo ya tomaban las naturales, no desengaaron a sus cultivadores de la ineficacia de sus procedimientos, no comenzaron a desconfiar de su razn aislada, y a convencerse de la indispensable alianza de sta con la observacin para llega r y llegar bien, a la suspirada meta. Todava no bast que una voz tan enrgica como autorizada, al contemplar los antiguos extravos, clamase con todo su vigor: Hominimum intellectui non plumae sunt addende, sed potius plumbum et pondera ; al entendimiento del hombre no conviene darle plumas para que vuele, sino plomo que le sirva de lastre. 31 F ue menester que los hombres vieran los milagros operados por este principio en las ciencias fsicas, para que viniesen en deseo de aplicar tan abonado instrumento a los dems ramos de sus investigaciones. V erdad es que no hay ramo alguno en que no partan los hombres de ciertas observaciones, y esto precisamente as los antiguos como los modernos, pues hasta las hiptesis ms atrevidas recaen sobre ciertos hechos u observaciones, en una palabras, las ficciones mismas se inventaron, no por inventarse, sino por explicar las realidades. La diferencia, pues, entre el mtodo puramente racional y el experimental se cifra en que el primero, creyendo suficientes unos escasos datos para levantar el edificio de la ciencia (como sin inconveniente puede hacerse en las matemticas, por comportarlo su objeto, pero no el de las dems) prescinde de ulteriores observaciones, al paso que el segundo, juzgando stas indispensables, detiene el vuelo del ingenio tan luego como le faltan estos preciosos escalones y materiales para elevar la fbrica. No de otra fuente nace la discordancia entre la teora y la prctica en las ciencias intelectuales, pues cuando se aventura una doctrina sin ir apoyada en todos los datos necesarios, como harto a menudo ha acontecido en 31. Bacon (Roberto Agramonte).

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276 \ 276 \ FEBRERO 1839 legislacin, y en poltica, nada ms natural que despus se haya estrellado contra los hechos no previstos, o sea, las leyes del mundo moral que propiamente constituyen la prctica. Quin no sabe que un sinnmero de leyes civiles promulgadas en distintos tiempos no pueden ni deben considerarse sino como unos verdaderos ensayos o experimentos, que aplicados a la sociedad, haban de revelar la accin de sus resortes, y por lo mismo sealar el camino para corregir la teora? Y si nos internamos en el dilatado campo de la poltica, quin ignora las pruebas ms o menos funestas hechas por las naciones en un cortsimo perodo en su sistema de gobierno, pruebas todas hijas de su inexperiencia, y en que por lo mismo no podan obviarse, no dir todas las dificultades recnditas, pero ni aun las que deban parecer ms de bulto? Slo pido que se tienda la vista por una sola pgina de la historia de la Repblica Francesa. Por doquiera que volvamos los ojos en el vasto campo de los conocimientos humanos, hallaremos como una ley invariable la necesidad en que est constituido el hombre de no salir del crculo eterno de la experiencia a las analogas y de las analogas a la experiencia; o en otros trminos, de los hechos al raciocinio, y viceversa; por lo que se ve, y sea dicho de paso, que no es nuestro nimo rebajar en lo ms leve el alto rango que ocupa la razn humana, esta centella de la Divinidad, sino al contrario queremos hacerla ms digna de su origen, recordndole la ley a que la sujet el Supremo Hacedo r para asegurar el acierto que es el resultado que ms puede acercarla a l. De lo dicho se infiere que rigurosamente hablando no deberamos decir que la teora est en pugna con la prctica, sino ms bien que es incompleta o falsa, si no abraza los hechos que debe comprende r o los desfigura a su tamao, pues la teora no debe ser ms que la expresin general o clave que a todos los hechos encadena. Pero no es posible que la razn humana descubra desde un principio, no ya los hechos todos, que sos se revelan a s mismos, y los revelan las circunstancias, o los arranca el ingenio a la misma naturaleza, pero ni an las relaciones de los hechos: luego hasta en sus mismas teoras ha de ser forzosamente progresiva. Con sobrado fundamento, pues, habl el que dijo que los hechos eran ms preciosos cuando contradecan que cuando confirmaban doctrinas recibidas, no siendo en rigor nuestras teoras ms que unas aproximaciones al conocimiento real de las cosas. Despus de estas observaciones se hallar ms despejado el sendero para resolver las dudas del seor Adicto acerca del estado de atraso respectivo en que se encuentran las llamadas ciencias morales. Al intento escoger algunos ejemplos luminosos, pues sera un proceder infinito el recorrer todo el campo de estas ciencias y despus el de las fsicas, para hacer un cotejo exacto de su respectivo estado y circunstancias tarea adems tan innecesaria como ajena del presente papel, en el cual no puede tratarse ni de hacer la historia de las ciencias, ni de exponer todas sus

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 277 / 277 doctrinas. Si logramos darnos a entender por medio de ejemplo notables, el lector fcilmente har las aplicaciones, que no las podemos teme r puesto que con ellas no hara ms que ganar fuerzas nuestra demostracin. Permtaseme todava, en gracia de la mayor claridad, antes de entrar en el cotejo de unas ciencias con otras, advertir: 1 que hay ciertos principios en las morales tan evidentes y seguros como los que rigen en las matemticas, as v.g., es tan demostrada la existencia del pensamiento como cualquier axioma de geometra; es tan demostrado que la salud es un bien y la enfermedad un mal, como que dos y dos son cuatro. Pero de aqu no se infiere 2 que en lo dems sean dichas ciencias del mismo rigor que las matemticas: as no hay que formar argumento de los principios a los progresos y estado actual; 3 recurdese que en las matemticas puede continuarse con slo el raciocinio, al paso que las otras ciencias no pueden seguir sin la observacin; 4 que sta suele ser ms pronto y fcilmente realizable en las experimentales que en las morales; 5 que el instrumento del clculo, aunque aplicable a todas hasta cierto punto, lo es ms a las primeras que a las segundas, y as se explica el admirable estado de adelantamiento y de rigor matemtico a que han llegado muchos ramos de la fsica rigor muy difcil, por no decir imposible de consegui r no ya en las ciencias intelectuales, pero de que distan muy mucho an algunas de las naturales. Todo esto presupuesto, entremos ms de lleno en la cuestin. Y empezando el cotejo por la Psicologa, slo el hecho que ofrece la historia, de la diversa solucin que se ha dado a la del origen de las ideas, cuestin que encontramos propuesta desde los primeros pasos de la ciencia, bastara para decidir la que tanto nos ocupa. Tommosla tan slo desde la antigua Grecia, y desde luego advertiremos cun diversamente la resolvieron Platn y Aristteles. Siguieron luego divididas siglos y ms siglos las escuelas formadas por estos insignes caudillos en la cuestin del origen de las ideas, tan fundamental en la ciencia cuanto que ella por s sola basta a caracterizar y aun a producir la diversidad entre los sistema filosficos. Rein despus casi exclusivamente la solucin del Estagirita durante el largo perodo del escolasticismo, hasta que viniendo al mundo el gran Descartes y derrocando el peripato, revivi y modific las ideas de Platn. Presntase despus Locke en Inglaterra reproduciendo con nuevos datos el sistema sensualista, y a poco aparece en Alemania una estrella de primera magnitud, el universal Leibnitz, que trata de alumbra r y alumbra todos los horizontes de la ciencia, y pretendiendo conciliar el sensualismo con el espiritualismo (lo que en s ya es otra solucin) confiesa francamente la tendencia de sus opiniones ms bien hacia las del idealista griego que a las de su esclarecido discpulo. Pero a pesar de este impulso dado por Leibnitz a la filosofa, hace sin embargo fortuna en Francia el sensualismo en manos de Condillac y de la famosa escuela que le sigui, a la sazn que en el Norte

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278 \ 278 \ FEBRERO 1839 de Alemania se presentaba otro gran pensador original, Kant, llamando a examen las opiniones dominantes y produciendo una revolucin en los espritus, la ms notable quizs, despus de Cartesio, aunque por entonces confinada todava a los lmites de la dilatada familia teutnica revolucin que volva a llamarlos al espiritualismo, pero un espiritualismo muy modificado, pues Kant no es rigurosamente platnico, ni cartesiano. Por el mismo tiempo comenzaba a florecer en Escocia la famosa escuela de Edimburgo, que inclinndose al espiritualismo, finc sin embargo su mayor empeo en hacer una historia completa de los fenmenos del alma, para preparar una teora de sus facultades, que todava se deja desear en la ciencia. No hablar de los diversos sistemas y variedades de sistemas en que se dividi y subdividi la Alemania despus de Kant; bastrame citar solamente los nombres ms notables de Fichte, Jacobi, Herde r Hegel, Schelling y Gruppe, con que llegamos hasta nuestros das, y volviendo los ojos hacia la Francia moderna, donde el sensualismo haba echado tan hondas races, gracias a la filosofa del siglo XVIII no menos que a los progresos posteriores de la escuela fisiolgica, encontraremos al famosos Cousin, 32 importando y tratando de aclimatar en su patria el nuevo idealismo alemn, a quien haba preparado el camino por medio de las doctrinas escocesas, ms relacionadas con aquel sistema el clebre Royer Collard. Pero apenas se presentan estos campeones en la arena, cuando otros adalides no menos esforzados salen a disputarles el terreno, y descargarles golpes de que no es fcil levantarse. Esta imperfectsima resea histrica en que no suenan otros nombres muy famosos en los varios sistemas de la ciencia, es, sin embargo, ms que suficiente para mi propsito, reducido a demostrar el atraso respecto de la psicologa, por las vicisitudes de las opiniones en la famosa cuestin fundamental del origen de las ideas, tan antigua como la ciencia. Dir ms, sin salir de la mera historia: an los medios metafsicos actuales que podramos comprender bajo el nombre genrico de racionalistas, todava se subdividen rigurosamente en especulativos, sintticos y positivos, o si se quiere con Damiron (aunque quizs no de un modo tan comprensivo), en espiritualistas, eclcticos y teolgicos, pudiendo enumerarse entre los positivos a De Bonald y Lamennais, entre los especulativos a Hegel y Cousin, y entre los sintticos a Eckstein y Schelling. Conque despus de tantas vueltas y revueltas, por espacio de tantos siglos, y habiendo pasado por el crisol de los ingenios ms privilegiados del orbe la famosa, la fundamental cuestin, adhuc sub judice lis est 33 Y podr la Psicologa resistir un momento el paralelo con la Fsica, o algunas otras ciencias naturales? Y 32. Cousin es discpulo de Hegel y Schelling, pero en cuanto a su plan de conciliacin o su eclecticismo, como l lo entiende, es propiamente alumno de Leibnitz. 33. todava no se ha decidido la cuestin!.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 279 / 279 cuenta que no se trata de deprimir unas ciencias para encumbrar las otras; la cuestin no es de antipatas o simpatas; por el contrario, precisamente los que ms desean el adelantamiento de las ciencias intelectuales, mejor convencidos que nadie de su atraso, a fuer de conocedores del terreno, son los que ansan porque se les aplique el mismo mtodo que tan bien ha probado en las naturales, como nico medio de llegar al blanco suspirado, si no tan pronto, ni acaso tan completamente, por no permitirlo la naturaleza del objeto, al menos hasta donde sea dado a la humana capacidad. Por este orden podra ir recorriendo uno a uno los principales captulos de la Psicologa, y comparndolos con otros de las ciencias fsicas, ir convenciendo ms y ms de los fundamentos de mi aserto. Pero fuera de ser esa demostracin un proceder infinito, de intento escog como ejemplo una cuestin vital en la materia, cuestin-madre, digmoslo as, para que se me excusase de entrar en ms pormenores, que harto me compelen a dilatarme ms de lo regular las multiplicadas dudas del seor Adicto razn por qu se me permitir continuar bosquejando el estado de las dems ciencias llamadas morales, o especulativas, para despus al fin confrontarlas a todas de una vez con el estado que ofrecen la mayor parte de las naturales. No ha sido mucho mejor la suerte de la Moral o tica, considerada como ciencia, que la que ha cabido a la Psicologa, no pudiendo la primera evitar hasta cierto punto semejante destino, por ser una secuela precisa de la segunda. Y ste de suyo es el lugar oportuno de notar que el articulista ha confundido a cada paso en su papel la Moral prctica, o los principios morales, con la teora o ciencia de la Moral. Entendmonos, as porque en este caso es forzoso proceder con la mayor precisin para asegurar la claridad, como porque no quiero ni en mil leguas suponer al articulista a quien refuto opiniones o doctrinas que no ha sustentado, o especies a que no se ha contrado. Y o jams calumnio. Entendamos: No digo yo que el seor Adicto deje de conocer que hay principios o hechos morales al mismo tiempo que una teora sobre estos hechos, y tan no puedo pensar as, cuanto el mismo seor pretende que los filsofos antiguos primero, y los padres de la Iglesia posteriormente, siguiendo las luces del Evangelio, llegaron al non plus no ya de la Moral preceptiva sino precisamente de la ciencia moral. Pero esto no estorba que en otros pasajes de su papel haya confundido, como he dicho, la moral prctica o preceptiva con la ciencia moral, segn puede verse entre otros lugares, en el penltimo prrafo de su artculo, tratando de la primera educacin de los nios. Hay ciertos principios o hechos fundamentales en Moral comunes a todos los pases y a todos los sistemas religiosos, y aunque en ellos se funde la ciencia moral, no son ellos los que constituyen tal ciencia. La ciencia se cifra en el porqu de las cosas, en la averiguacin de las relaciones y causas de los hechos, y por una forzosa consecuencia en su arreglo y

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280 \ 280 \ FEBRERO 1839 clasificacin, a fin de proporcionar frmulas que guen y sirvan para ulteriores progresos y aplicaciones. As es que en la Moral, considerada como ciencia, hallaremos la misma divergencia de opiniones entre sus cultivadores que en Psicologa entre los metafsicos. Todava se disputan hoy el terreno los dos sistemas del principio de nuestras acciones, del tipo para graduar su justicia o injusticia, a saber: por un lado los desinteresados, y por otro los utilitarios, que se subdividen en varios matices, segn entienden ms o menos latamente esos mismos principios, al paso que todava hay quien no se conforma absolutamente ni con unos ni otros, tachndolos a entrambos de faltos de la debida observacin. V erdad es que un hombre educado segn las mximas del cristianismo, no solamente sabr lo que debe practicar en tales y cules casos determinados, sino que hasta dar cuenta de muchas de las grandes cuestiones relativas al alma y al mundo, como v.g., la naturaleza espiritual de la primera y la creacin del segundo. Pero sabe cientficamente lo que debe hacer y lo que debe cree r o lo que sabe en virtud de habrselo comunicado por mera tradicin? Y ved aqu el papel de la religin y el de la ciencia perfectamente deslindado. Por ambos caminos llega el hombre al mismo resultado, pero son diversas las sendas, y diverso el modo de camina r La ciencia le demuestra lo que la religin le ha enseado, siendo por lo mismo su mejor aliada lejos de ser su antagonista. La religin se dirige tambin a los sentidos, habla a la imaginacin, a la masa del linaje humano, al paso que la ciencia se dirige exclusivamente a la reflexin, y por consiguiente a un nmero ms reducido de la humanidad, el cual a su vez aprovecha y recoge las luces de la ciencia para demostrar mejor a la muchedumbre las mismas verdades de la religin; en este sentido son los sabios tan sacerdotes como los ministros del alta r y no se llaman stos los ministros de la palabra? Y cmo pudieran emplearla sin estar al cabo de los recursos de la ciencia y arte humanos para inculcar los preceptos divinos? Ni cmo hubieran podido esas lumbreras refulgentes de la Iglesia, los Tertulianos, los Jernimos, los Agustinos y los Ambrosios haber confundido las cabezas que siempre levantaba la hidra de la hereja, sin haber empleado hbilmente los resortes de la razn para las demostraciones de los dogmas? Pues aunque al entendimiento humano no le es dado explicar los misterios de la revelacin, para establecer las doctrinas de la misma revelacin se le otorg el instrumento del raciocinio, y por la razn y con la razn es como en definitiva juzga sobre la necesidad y pruebas de la incomparable religin revelada. Pero viniendo de esta especie de digresin antes ilustrativa que inconducente, sigamos describiendo la jurisdiccin de la Moral preceptiva y la de la ciencia moral, y observemos 1 que aun muchos de esos principios o hechos morales que se tiene por universales, no lo son en la realidad, puesto que en diversas naciones se practican acciones enteramente con-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 281 / 281 trarias unas a otras, tenindose precisamente por buenas en unos pases aquellas que se tienen en otros por malas; segundo, aun en las naciones que deberan estar ms uniformadas por hallarse sometidas a la influencia de una misma religin, se encuentran prcticas las ms opuestas entre s; y 3 aun una misma nacin las ofrece, segn las varias pocas de su historia. De donde se infiere que aun en moral prctica, prescindiendo de la terica, estn los hombres sujetos a la ley del progreso, como en todos los dems ramos, dependiendo en muchos casos sus adelantos morales del progreso de las ciencias fsicas, as como en otros, del de las intelectuales. 2 Dedcese igualmente que aun cuando por el cristianismo llegase el hombre al non plus ultra de la Moral, esto no quiere decir que arribase al non plus ultra de la ciencia, en la que tanto hay por descubrir as como por arreglar y clasificar lo ya descubierto. Y antes de pasar adelante, es necesario hacer una distincin con respecto al cristianismo: o se considera como institucin divina, y entonces no hay cuestin, o lo que hay por decir es muy favorable a mi modo de ve r, puesto que la necesidad de su introduccin prueba que no ya la razn humana por s sola, pero ni aun esta misma razn alumbrada por la experiencia de los siglos, bastaba en realidad para morigerar el linaje humano, o aun cuando se le considerase humanamente, vemos en l la consecuencia y resultado del progreso, pues que la historia nos muestra al hombre en los primeros pasos de la sociedad con una religin grosera, material, despus adorando dolos, luego pasando de la idolatra al politesmo; en seguida destruido este sistema por el tesmo, cuyo primer representante universal se nos ofreci en el pueblo judaico, viniendo a quedar este ltimo absorbido, amplificado, y ms espiritualizado en la sublime religin del hijo de Mara. Y ved ah la marcha de la humanidad en todos ramos. As la pintura fue primero que los jeroglficos, y los jeroglficos primero que las letras; como las parbolas fueron primero que los argumentos.

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XXXVI XXXVI TERCERA RPLICA AL ADICTO SOBRE LA TERCERA RPLICA AL ADICTO SOBRE LA CUESTIN DE MTODO CUESTIN DE MTODO P OR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana marzo 3 de 1839.) Est, pues, ms que manifiesto cun inexacta es la nocin del seor Adicto, pues pretende nada menos que poner un coto intransitable a la humana naturaleza que es tan eminentemente perfectible. Lejos de considerar a la moral cristiana como el trmino, debe ms bien mirarse como el germen fecundo de frutos sin trminos para la mejora de la humanidad. A qu otras causas que al espritu del cristianismo y a las concomitantes investigaciones en las ciencias fsico-matemticas que l permite y aun fomenta, se debe la actual superioridad del mundo Occidental sobre el Oriental? Esas indagaciones y conquistas de la moderna civilizacin ofrecen al entendimiento del hombre nuevos hechos as en el mundo fsico como en el moral, que coadyuvan eficazmente al adelantamiento de la ciencia de los deberes. Sin salir del cristianismo, no se crea antes que era una accin aceptable a los ojos de la divinidad usar de medios compulsorios para inculcar nuestra creencia a los penitentes? Y hoy mejor entendido por la generalidad el espritu del cristianismo, como siempre lo entendi la MARZO

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 283 / 283 Iglesia, no se tiene por una virtud evanglica la lenidad y tolerancia con toda especie de disentistas? Y sin embargo, no haba la religin dulce del Cordero predicado el perdn hasta a los enemigos? Fue necesario, pues, que el tiempo, la experiencia, la mayor ilustracin fueran ejerciendo su influencia en las masas, para que en la prctica se generalizasen las mximas divinas del Crucificado. Ningn pueblo tuvo ms cerca los milagros de Jess que el pueblo israelita, como que en su mismo seno se obraron todos esos prodigios, y sobre todo el sin igual de la redencin. Y sin embargo ninguno ms obstinado en sus principios en rehusar la debida fe a tantas maravillas. No en vano dijo el mismo Cristo que nadie podra ser profeta en su patria. Y o he dicho antes que el articulista mi adversario que no habra mejor curso de moral que aquel en que se adoptase por texto, no ya el catecismo de nuestra santa religin, sino el mismo Evangelio cual est escrito, y esto por parecerme el nico libro que se hizo para los prvulos y los adultos, para los ignorantes y los entendidos. Pero es evidente que en la exposicin del Evangelio tendra el profesor que echar mano de los recursos con que le brindan los otros ramos de los conocimientos, para hacer sentir mejor las verdades que en l se ensean. Pues todava no est aqu toda la moral considerada como ciencia. Tratndose en ella de las inclinaciones del hombre, de sus pasiones, se hace forzoso estudiar la influencia de todos los agentes, as fsicos como morales, en nuestros afectos, para sacar por consecuencia los medios de corregirlas. Tratndose por ejemplo de la ira, puede hacerse notar cuanta parte son a producirla dos manjares muy estimulantes, obteniendo de aqu un precioso documento para nuestra conducta futura, y al mismo tiempo una demostracin de los motivos de provenrsenos la abstinencia como una accin meritoria a los ojos de la divinidad, y justificado por consiguiente el ayuno que algunos tratan de ridiculiza r. Ved aqu cmo, sin salir de la aplicacin a la prctica, se hace necesario a la tica implorar los auxilios de las otras ciencias de observacin, para dar pasos ciertos para mejorar nuestras costumbres, que es el ltimo fin para que fue creada. Y cmo es posible verificar esta mejora, sin que la ciencia suba hasta las causas de las cosas? Y podr subirse hasta esa altura sino muy lentamente y por medio de los hechos que presente la historia de la decadencia y progresos de la humanidad? Y siendo esto as, es deci r siendo la moral una ciencia de observacin, como cualquiera otra, y una ciencia en particular muy parecida a la medicina, en cuyos hechos entran un milln de causas a alterar y diversificar los fenmenos, mal puede llegarse en ella a la exactitud o rigor cientfico hasta no haber hecho grandes progresos en la observacin? Ha sucedido a la moral lo mismo que a la medicina, que aun siendo tan antiguas, si no como ciencias, al menos como prctica, o empricamente, pertenecen a los ramos menos adelanta-

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284 \ 284 \ MARZO 1839 dos de los conocimientos humanos, sin que esto consista en los hombres, pues ha habido y hay muchos y grandes mdicos y moralistas, fuera de que ambas ciencias poseen algunas verdades tan evidentes como los principios de Euclides; pero estorba sus adelantamientos el mismo objeto y naturaleza de las cosas: res ipsa vetat 1 Es tan exacta la comparacin entre la tica y el arte de cura r cuanto la primera puede llamarse en todo rigor la medicina del alma, as como la otra lo es del cuerpo. Y ser suficiente para curar nuestra alma un cmulo de meras prescripciones, o aun la descripcin circunstanciada de los sntomas de sus dolencias morales, si no se sube a la fuente de las causas para combatirlas? Pero estamos en posesin del libro que comprende todos nuestros remedios, del Evangelio, se dir de contrario: luego ya no hay ms que buscar: ah est la vida y la medicina y la ciencia del alma, ni se puede ni se debe dar un paso ms. No tal, porque la ley de gracia lejos de derogar la ley de progreso vino a confirmarla y fomentarla; no tal, porque uno es el camino de la ciencia y otro el camino del Evangelio, aunque no por eso estn en pugna; no tal, porque el Evangelio no poda incluir todos los datos de las ciencias humanas; no tal, porque el hombre ha sido puesto en el mundo bajo la condicin de conocer las cosas por la experiencia: ante hominem vita et mors, quod placuerit, dabitur illi 2 ha dicho el mismo Dios por boca del profeta; pues con haberle hecho el sin igual presente del Evangelio no le despoj del libre albedro, ni le eximi de la ley de estudiar para sabe r Y ved aqu insensiblemente deslindado el lugar que debe ocupar cada cosa, an contrayndonos a la moral prctica: la ciencia, para conocer los motivos y causas; el Evangelio, para determinar la responsabilidad, una vez conocido el mvil de la accin, pues la ignorancia invencible como ensean con fundamento los telogos eximiendo de la obligacin, excusa por consiguiente de la falta, o por mejor decir no hay falta respecto del operante que bajo ella labora; pero del instante, en que salimos de la ignorancia, ya nada nos disculpa, y aqu entra la conciencia y el Evangelio, y hasta cierto punto la conciencia formada por el Evangelio, a gritarnos en voz alta sobre el cumplimiento de nuestro debe r sin que sea lcito alegar ya disculpa de ninguna especie, pues as como para conocer estamos dotados del entendimiento, para operar se nos ha dado la libre voluntad. Pero aun dado caso que toda la humanidad estuviese perfectamente uniformada en la prctica de todas sus acciones, bien como consecuencia de su propia naturaleza, o por estar toda ella igualmente inundada con las luces del Evangelio, todava este fenmeno moral puede concebirse existente con entera abstraccin de lo que constituye la ciencia moral. Con efecto, ocupndose sta en la indagacin de las causas y clasificacin de los 1. lo rechaza la misma cosa. 2. delante del hombre estn la vida y la muerte; se le dar lo que elija ( Deut 30, 19).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 285 / 285 hechos, claro est que pueden diferir los entendimientos o en cuanto a los mviles de las acciones, o sean, los hechos de la ciencia, o en cuanto al modo de presentarlos y ordenarlos, o en cuanto a uno y otro captulo juntamente. Y aqu es propiamente donde entran a jugar los diversos sistemas, los cuales se diferencian tanto ms, cuanto no todos los autores ven los mismos hechos en algunos ramos; y por lo mismo que los sistemas son exposiciones de los hechos, tambin deben variar segn los hechos. Esto es lo que cabalmente ha sucedido en la moral, tanto o ms que en cualquiera otra ciencia de las intelectuales o naturales. Primeramente, en el supuesto de girar sobre los mismos hechos, no quiero ms que mencionar los diversos principios a que los moralistas han atribuido nuestras acciones, como mvil o raz de todas ellas, y hallaremos lo menos seis, a saber: el sentimiento fsico, segn Epicuro y los de su escuela, el sentimiento moral de Hutcheson, la perfeccin, segn los estoicos y Wolfio, la voluntad de Dios, segn Crusio y otros moralistas teolgicos, la educacin, segn Montaigne y Helvecio, y finalmente la constitucin poltica, segn Mandeville. Ni vale decir que los sistemas son muchos y que la verdad no es ms que una, y que la unidad es indivisible, y otras especies por este teno r las cuales aunque sean ciertas y demostradas, no alteran en lo ms leve el estado de la cuestin. Sin duda que la verdad es una, pero como la dificultad est en descubrirla, el entendimiento de los hombres no puede menos que inventar sistemas y ms sistemas mientras los objetos no se ven bajo todas sus relaciones; as es que el mismo examen de los sistemas le ayuda para llegar a descubrir la verdad. Pero la moral, se dir todava, es independiente de todo sistema: ella est fundada sobre bases universales e inalterables. Distingo; la moral prctica o preceptiva, y eso en cuanto a un reducido nmero de acciones en que no pueden los hombres diferir en virtud de su propia naturaleza, en todos igual, concedo; la moral, como ciencia, es independiente de todo sistema, se niega, porque ni lo es, ni puede serlo, tmese la palabra sistema en el sentido que se quiera. Parceme excusado, despus de lo que va escrito, desenvolver ms mi pensamiento. Y puede por ventura esta doctrina hacer peligrar la causa de las costumbres? Esta s sera cuestin harto grave. Pero lejos de poderse abrigar semejante recelo, se nos ofrece aqu mismo ocasin de recomendar la justicia divina, que no hubiera procedido arregladamente, si exigindose al hombre por un lado la responsabilidad, al mismo tiempo se hubiera hecho sta depender de sus ulteriores conocimientos, o sea de las conquistas lentas y difciles de la ciencia: el colmo de la injusticia habra sido tal exigencia respecto del hombre, del hombre tan ignorante en sus primeros pasos, del hombre condenado a ganar los conocimientos lo mismo que el sustento con el sudor de su frente. As que fue menester y consiguiente que la Providencia fundase la moral sobre las bases tan universales como indispensables, consecuencias forzosas de nuestra propia organizacin:

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286 \ 286 \ MARZO 1839 as es tan forzoso, tan indispensable que los hombres todos consideren la muerte como un mal y por consiguiente como un criminal al matado r, como el que el sol alumbra y es redondo. Y ved aqu formada la conciencia individual y la conciencia universal, con elemento del libre albedro, que siempre debe abonarse en cuenta, independiente y anterior a toda educacin; y he aqu con este sencillo raciocinio (que hay otros muchos con qu hacerlo) refutado sin querer el deslumbrador sistema de Helvecio, que pretende que hasta las facultades o principios sean adquiridos, cuando en realidad son innatos, no contentndose con limitar semejante doctrina a slo las ideas. Pero no entremos, que no es ahora de nuestro propsito, aunque lo haramos del mejor grado, en el examen de las doctrinas de este clebre filsofo. Quise sin embargo venir a parar en la consecuencia que saqu, para hacer sentir otros dos puntos muy importantes para nuestra cuestin, y que por lo mismo no har ms que indicar; a saber: 1 Cmo an cuando la moral est fundada sobre bases universales, pueden influir hasta en la prctica las opiniones de los filsofos, como harto han influido las del citado Helvecio, expuestas con la elocuencia que le distingue. 2 El ntimo enlace que reina entre la Moral y la Psicologa, en trminos que as sern los sistemas morales como fueren los psicolgicos, de donde forzosamente derivan. Ahora bien: consecuencias para nuestra cuestin, contraida al atraso de las ciencias morales respecto de las naturales: luego una ciencia tan cuestionable en sus puntos fundamentales, o por lo menos, luego una ciencia en que todava se puede alucinar hasta ese punto, no est tan adelantada como otras en que es imposible hasta intentarlo. Luego habiendo demostrado antes, que la psicologa no ha resuelto an algunos de los problemas fundamentales que se propuso desde la ms remota antigedad, y siendo tan estrecho su parentesco con la ciencia moral, de quien es nada menos que la madre legtima, se infiere por la ms irresistible ilacin no como quiera el atraso de la hija, sino la necesidad forzosa del atraso. Pero cuntas otras causas eficacsimas no contribuyen a fomentarlo! Observemos primeramente la facilidad con que los hombres por la misma naturaleza de los objetos morales son inducidos a juzgarlos de diverso modo, aun suponindolos libres de toda preocupacin; as es que hasta en la misma ciencia del anlisis se ha distinguido la evidencia racional de la moral: y se dice que una cosa est moralmente demostrada en el orden histrico, u otro anlogo; que es como si se dijera no es una demostracin como la pura racional, o matemtica absoluta, sino tan slo relativa, o para hablar con rigo r una verdadera probabilidad llevada a una alta potencia. Tampoco echemos en olvido que como las verdades nuevas en moral van a luchar contra los hbitos e intereses arraigados, encuentran an ms resistencia para ser admitidas y digeridas que las de las otras ciencias, que slo combaten las preocupaciones o juicios equivocados. De suerte que

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 287 / 287 estas ltimas tienen que lidiar tan slo con el entendimiento o con los sentidos (que aun no es poca lidia por cierto) al paso que aqullas tiene que haberlas con el entendimiento y la voluntad, que an prescindiendo de toda depravada intencin, contribuye eficazmente a oscurecer ms el entendimiento, o hacerle menos permeable a la luz refulgente de la verdad. Nada, pues, ms en el orden que tratar de inculcar la moral desde los ms tiernos aos, y si posible es, desde la cuna, con el precepto y el ejemplo por entonces, aadiendo el no menos eficaz medio de la conviccin cuanto pueda ser eficaz, tan luego como principie a amanecer la preciosa aurora de la razn; sin que pueda argirnos de contradictorios, como lo hace el seor Adicto, por no comenzar enseando fsica a los nios, sino antes los principios morales, o norma de sus acciones, como se practica y debe practicarse en todo sistema de educacin, sean cuales fueren las ideas o doctrinas que se profesen. Pero este punto, a pesar de su sencillez, demanda alguna explicacin por el modo con que le ha presentado el articulista. Dije en otro lugar que haba ste confundido en el caso presente muy en especial (que tambin lo hace en otros pasajes de su artculo) la moral preceptiva o principios morales, con la moral considerada como ciencia, o sea el porqu de nuestras acciones y su clasificacin. Efectivamente, a los nios se les inculca con sobrada razn, aunque todava no perciban los motivos, los principios o normas de nuestras acciones; pero no el porqu de ellas; en una palabra, se le ensea el arte, cual lo tenemos averiguado, no propia ni impropiamente la ciencia de operar: se les instruye de un modo emprico; se les dice: esto debes hacer y esto evita r porque Dios lo manda y te conviene, sin entrar en los mviles de la accin, ni en el origen de nuestras inclinaciones, ni en las causas que en ellas influyen, ni en la clasificacin de unas y otras, as como de nuestros deberes y derechos; por la sencillsima razn de no estar todava en aptitud natural ni con los previos conocimientos que demandan tan delicadas materias. As sera hasta burlarse de un profesor si se le encargara que fuese a dar un Curso de Moral a la primera infancia; y sin embargo dicta la razn y convence la experiencia la eficacia con que se inculca la moral en los primeros aos. Sin embargo, y sin salir de este mismo ejemplo de la educacin de la infancia escogido por el seor Adicto, quiero hacerle ver cunto vale el mtodo y las doctrinas que recomendamos para fecundar la razn humana desde sus primeros pasos, haciendo lo menos emprico, o sea, lo ms cientfico posible el procedimiento bajo el cual se ensea la misma moral a las tiernas criaturas. La experiencia nos ha convencido del influjo del hbito as en lo material como en lo moral; por lo cual ni titubeamos en amoldar desde temprano a nuestros hijos, as por las palabras como por los ejemplos, a aquellas acciones que tenemos por buenas, aun cuando ellos no puedan alcanzar todava los motivos. As operan todos los padres e institutores al principio, y as es

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288 \ 288 \ MARZO 1839 como deben opera r Mas raya luego la luz de la razn; y aqu empiezan a dividirse los mtodos, segn las ideas de los directores, continuados unos, poco ms o menos, bajo el mismo orden de consejo y ejemplo (medios siempre eficaces, eficacsimos) exclusivamente, y otros aadiendo no una clasificacin cientfica extempornea, sino razones o motivos de accin al alcance de los educandos; medios que fortificando su naciente inteligencia, contribuyen a acrecentar la eficacia de los anteriores, y por consiguiente a la consecucin ms directa del objeto. Para lograr ste, se invocan entre otras 3 las luces de las ciencias fsicas, para llevarlos por una cadena la ms sencilla de inducciones a la demostracin de muchas de las verdades ms sublimes, y preciosas para las costumbres, que poco o nada podan percibir en un principio y que de seguro no hubieran percibido por otro camino. Quisiera tan slo llamar la atencin al seor Adicto sobre algunos captulos de los librejos que compuse para entablar el sistema explicativo en uno de los colegios de esta Capital; y por ellos vera, sin tener experiencia personal de su eficacia, o sin haber llegado a sus odos los buenos resultados, por la simple lectura, cmo de la sencilla historia del camello, de la miserable ostra, o de cualquier otro objeto natural, va el tierno entendimiento de los nios elevndose por los ms fciles escalones a la contemplacin de las miras ms sublimes del Supremo Hacedo r de su providencia, bondad, y dems atributos, y penetrndose por consiguiente de la ms profunda gratitud, inundndose en un torrente de amor y religin, que toda ella es amor y slo amo r. As por este sistema, esto es, poniendo al hombre en sus diversos grados en un terreno y con un alimento adecuado a su capacidad, se le hace ms moral, y ms lgico, ms pensado r se le espiritualiza ms y ms hacindolo pisar ms sobre los objetos sensibles. No en balde se ha llamado, y con sobrada exactitud, sistema lgico o analtico al que apellidamos explicativo. Y ved aqu cmo en la fsica, esto es, con algunos rasgos de la historia natural y otros ramos, no con la ciencia rigurosamente tal, le hago cuanto lgico puede se r desde que principie a alumbrarle la luz de la razn. Por el mismo orden se le van haciendo al nio simultneamente demostraciones a su alcance de los bienes y de los males que resultan de tal o cual accin; y que como van percibiendo, se van aficionando a la moral. Otro principio no menos racional me hubo de guiar en la redaccin de los librillos, y es la necesidad de evitar el fastidio, escollo en que es tan fcil tropezar cuando se trata de la primera edad, y al intento es necesario no ya vestir la moral con un ropaje halageo, sino poner un esmero particular 3. Digo entre otras por el mucho partido que tambin se saca de la historia y singularmente de la biografa, como ms al alcance de la primera edad. Pero de ninguno vamos tanto como de las ciencias naturales y procedimientos de las artes, por la amenidad que les ofrecen.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 289 / 289 en que haya muchos artculos que no traten absolutamente de moral interpelados con los que sobre ella versan; y ste es el ardid ms propio, para que surtan mejor efecto aquellos mismos que estn consagrados a formar el corazn. Excusado es advertir que por tan saludable sistema, sistema de virilidad y robustez para el entendimiento naciente, no queda confinada la instruccin de la infancia al estril y exclusivo ejercicio de la memoria, sino que entran en juego todas las facultades mentales en ms o menos grado, con arreglo a su estado de desarrollo. 4 Pero no nos dejemos arrastrar por nuestra predileccin al ramo importantsimo de la educacin, porque an deseando ser breves, jams acabaramos; bastndonos nicamente apunta r para nuestro propsito, que en la aplicacin del mtodo explicativo a la primera infancia, as como en los medios adoptados para hacerlo fructifica r no hay ms que ver otra aplicacin de los mismos principios que nos han guiado para recomendar la precedencia de las ciencias fsicas a las morales con respecto a la primera juventud. Y al llegar a este cotejo saltar ms a los ojos la trascendencia de esta cuestin del mtodo, y se percibir toda la importancia que yo le atribuyo. Efectivamente, de la conviccin en que estn los directores de la educacin pender toda la diferencia en el sistema de enseanza; siendo fuera de duda que aquellos que se hallen penetrados de los principios expuestos fertilizarn y llevarn por los debidos grados el entendimiento del hombre para prepararle a mayores y ms difciles conquistas, y asegurar la mejora del corazn; nico y tanto fin a que debe aspirar todo sabe r y ante el cual pierde hasta este mismo su importancia convirtindose en medio y solo medio de aquel otro gran fin para que fuimos todos criados. Ahora s me toca aplicar el nosce te ipsum y creo que se me entender y nos entenderemos. Tambin ahora se penetrar el lector de la ligereza con que el seor Adicto ha tratado de rutinario el sistema que ms ha combatido la rutina: hubiralo calificado de nuevo para l, de aventurado, de atrevido, de dudoso xito, y sobre todo de repugnante a lo establecido, muy enhorabuena, que para ello poda haber ttulos, o al menos apariencias muy coloradas ; pero caracterizar precisamente de rutinario aquello que ms pugna con la rutina, que la destruye, y da los motivos de la destruccin, es cometer la antfrasi ms gratuita y desautorizada que cometerse puede. Mas a lo que parece, el seor Adicto (porque todo tiene su porqu) vio que se trataba de cosa de practicar antes de dar reglas, y olindole esto a craso empirismo, 4. Lo expuesto anteriormente es la fundamentacin teortica del mtodo explicativo que Luz aplica a toda la esfera educativa, mtodo de raigambre pedaggica inglesa, y que postula la precedencia del estudio de la Fsica, o mejo r de las ciencias de la naturaleza, a la Lgica o ciencias especulativas. Sobre este asunto vid. ms en extenso el vol. sobre Educacin en Obras de Luz de la B. A. C. (Roberto Agramonte).

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290 \ 290 \ MARZO 1839 y todo lo al, desde luego nos crism de unos ciegos practicones empricos sin ms hilo de teora que nos guiase en nuestro impracticable laberinto; y tan lejos estamos de exagerar en este extracto que de sus palabras presentamos, cuando nos llega a achacar la consecuencia de que nosotros seramos gente de pretender hasta el que se practicase el derecho antes de estudiarse tericamente en la clase, y otras lindezas por el estilo precedente, acerca de las cuales sobran al lector datos para juzgarnos. Pero no es sta la sola vez en que el seor Adicto ha incurrido en equivocaciones de esta especie, las cuales junto con otras de distinta naturaleza sern notadas en la breve recorrida que de su escrito haremos luego de concluida la exposicin de doctrinas que nos ocupa. Y a se convencern ms y ms que si queremos fsica primero es para que sean los educandos ms pronto y mejores lgicos despus. En resolucin, todo el espritu de mi plan se cifra en fortificar y robustecer gradualmente la inteligencia, para ms asegurar la mejora del corazn: espiritualizar ms al hombre, porque cuanto ms le espiritualizo tanto ms le encumbro, tanto ms le aproximo a la Divinidad, y en este sentido soy discpulo del Divino Platn. Amplectis ulnis 5, 6 XXXVII XXXVII CU CU AR AR T T A RPLIC A RPLIC A AL ADICTO A AL ADICTO SOBRE LA CUESTIN DE MTODO SOBRE LA CUESTIN DE MTODO P OR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana marzo 19 de 1839.) Creyendo que a la hora de sta se habrn ya disipado las dudas del seor Adicto acerca del estado de las ciencias morales, dudas que provenan de la idea que se formara de la tica, me ser lcito no slo omitir lo mucho que an puede alegarse respecto del atraso relativo de esta ltima, sino adoptar para la demostracin en cuanto a los dems ramos de las ciencias 5. Codo con codo. 6. Digo en este sentido, porque yo no soy platnico en atribuir a la razn ms de lo que es debido, ni en internarme por consiguiente en el mundo de las hiptesis non vires human mentis extollamus (*) porque esto produce no slo errores en Filosofa sino hasta males en el orden moral. no sobreestimemos las posibilidades de la mente humana.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 291 / 291 intelectuales, el mayor laconismo posible, reduciendo las pruebas a un simple elenco de hechos descarnados; pues temo eternizarme, y fastidiar al pblico saturndole con filosofa, mxime cuanto me resta por hacer la recorrida que ofrec sobre el papel de mi adverso, que siendo largo, por ms corta que me empee en sacarla, nunca podr ser tan breve como yo quisiera. Sigue ahora la Jurisprudencia, y he aqu en mi sentir los argumentos que prueban su atraso respectivo. 1 Divisin de opiniones en el punto fundamental sobre el modo de constituir la ciencia, y esto con ms ahnco precisamente en el pas en que ms se cultiva el Derecho cientficamente. Aludo a las dos famosas escuelas hoy reinantes en Alemania, la histrica y la filosfica, pretendiendo la primera el restablecimiento completo de la legislacin nacional, y por lo mismo, declarndose contra el proyecto de un cdigo general, al paso que la segunda cree ms que llegado el caso de formarlo; y sta era la opinin que en todo el mundo civilizado, y mayormente en Francia prevaleca hasta que apareci el famoso escrito de Savigny sobre la V ocacin de nuestro siglo para la legislacin y la jurisprudencia Ninguna cuestin pareca ms decidida que la de la necesidad de la codificacin, sobre todo despus de formado el nuevo cdigo francs, que no se cansaban de admirar los sabios de todas naciones, y como que nada deba parecer ms natural y ms en el orden y ms propio para constituir la verdadera ciencia que el plan, concierto y clasificacin que reinan en una obra de esta clase, no podan menos de alucinar las formas exteriores de un edificio simtricamente construido. Pero a esto clamaron los anticodificadores: norabuena que se levante la obra; ms antes es menester reunir y examinar los materiales, y todava distamos mucho de ese caso: de lo contrario, a fuerza de querer ser filsofos, os convertiris en sistemticos, y lo que es peo r en falsos y retrgrados sistemticos, pues faltando los hechos a la ciencia, no ser la expresin de la naturaleza de las cosas, sino la de vuestra fantasa; y ved aqu que abogamos por el verdadero mtodo experimental en Jurisprudencia. Estas miras se han confirmado plenamente con las graves objeciones que se han hecho an a los mejores cdigos existentes. Ahora correspondera exponer los fundamentos de la escuela filosfica, para cotejarlos y contrapesarlos con los de la histrica. Pero no siendo nuestro propsito ms que alegar el hecho de la divisin de opiniones en la ciencia sobre materia de tanta trascendencia, para prueba de su atraso respectivo, excusaremos entrar en otros pormenores, sin que se entienda por de contado que hemos tomado nuestro partido por uno u otro bando. Sigamos, pues, con el ndice comenzado. 2 Otro argumento del atraso respectivo de la ciencia nos le ofrece el estado en que todava se halla la legislacin criminal, a pesar de los progresos que ha hecho y muy distinta marcha que tom desde mediados del ltimo siglo. Quien ignora que son otros y muy otros los principios que

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292 \ 292 \ MARZO 1839 gobiernan de entonces ac, gracias a las luces derramadas por la filosofa y la experiencia de los pueblos? Y no como quiera en cuanto a las doctrinas sobre la graduacin de los delitos, sino hasta las que dicen relacin a los procedimientos. Aqu tiene el seor Adicto, entre otras, una prueba bien notable de la insuficiencia e imposibilidad de la aplicacin del Derecho romano a las necesidades de la sociedad moderna, cuyos resortes en tantos ramos son tan diversos de los que movan a aquel pueblo famoso. Reconozco como el que ms la sabidura de ese gran monumento de la antigedad, la legislacin romana; soy el primero en confesar no ya que la ciencia hizo grandes progresos en manos de sus profundos jurisconsultos, sino tambin que sus cdigos constituyeron uno de los depsitos ms notables del saber humano an en otros ramos, cual no puede menos de sucede r pues las leyes civiles en mucha parte tienen forzosamente que copiar las leyes fsicas y ofrecer el cuadro de los conocimientos de la poca a que pertenecen. Pero se infiere de ah por ventura que los romanos llegaron al non plus de la Legislacin, y en caso que tal se concediera respecto de su estado civil, y sus costumbres, podr pretenderse respecto de las sociedades modernas? Todo lo que se deduce es que los antiguos saban mucho de legislacin, si se quiere, pero no que el estado de esta ciencia pueda ponerse en parangn con el que presentan la mayor parte de las naturales, pues aun concediendo todo ese saber en legislacin as a los antiguos como a los modernos, la naturaleza misma de la ciencia estorba que sus progresos sean tan rpidos y seguros como en las naturales: a que se allega que son muchas ms y de ms largo tiempo propuestas las cuestiones fundamentales que estn por resolver en las ciencias morales que en las fsicas. Nada ms natural que el que los pueblos de la moderna Europa adoptasen generalmente la legislacin romana, como que en ella estaban satisfechas y previstas muchas necesidades comunes a todos los pueblos: encontrronse stos con un edificio ya formado, y teniendo necesidad de alojarse hubieron precisamente de aprovechar la coyuntura para despus ms a la larga desechar lo intil, y buscar lo necesario: que de sobra y falta hay en los cdigos de Roma para la moderna sociedad europea. 3 Rara es la cuestin interesante en estas materias que no ofrezca diversos aspectos, al parecer igualmente sostenibles: vase si no lo que pasa en las discusiones sobre los proyectos de le y notndose muchas veces que despus en la prctica triunfa la opinin de la minora. Y qu quiere decir esto sino que la misma naturaleza de lo asuntos morales lo trae consigo? Por eso afirm en otro lugar que muchas leyes no son ms que ensayos que reciben su sancin o revocacin de la misma prctica. Este punto ha quedado bastantemente esclarecido con los ejemplos alegados as en los artculos al Dmine como en los dos ltimos en contestacin al seor Adicto. V amos, sin embargo, a recordar algunos, por ser muy notables, y agregar otros nuevos no menos convincentes del atraso res-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 293 / 293 pectivo de estos ramos, y sean las cuestiones sobre sistema penitenciario, prostitucin, expsitos y divorcio las escogidas para comprobantes. Respecto a la primera cuestin, despus de las infinitas observaciones, ms dir, despus de los innumerables experimentos que se han practicado (porque es el nombre que merecen las pruebas diversas, materiales, prcticas, a que han sido sometidos los presos, para observar en su resultado el modo de operar de cada sistema) as en la culta Europa como muy sealadamente en los Estados Unidos de Amrica, todava no est enteramente decidida, puesto que hay clebres sostenedores as como antagonistas del confinamiento solitario, y esta divisin de opiniones persiste, despus de haber informado en el asunto hombres del calibre de un Tocqueville y de un Beaumont, y de haber sido materia de comisiones compuestas de lo ms granado de los cuerpos legislativos de F rancia y de la Gran Bretaa; sin traer a colacin los trabajo admirables as tericos como prcticos que en Alemania y Suiza se han llevado a cabo. No quiero decir con esto que todava estemos tan atrasados como antes de acometer estas investigaciones en asunto de penitenciarias. 7 Mi nico propsito por el momento, y no me cansar de repetirlo, es mostrar el atraso en que estn estos puntos fundamentales de la legislacin respecto de los correspondientes en la mayor parte de las ciencias naturales. Y estoy tan lejos de alegar aquel atraso para descrdito de las ciencias morales cuanto cada vez me hallo ms convencido (y quin no?) de que esas pruebas o experimentos en el orden moral son el nico medio de llegar a decidir semejantes cuestiones, siendo precisamente el mejor argumento en favor de las doctrinas que sostengo: esto es, las ventajas del mtodo experimental y su aplicacin rigurosa a las ciencias intelectuales, si se las quiere poner al nivel de las naturales. Qu se saba sobre crceles cuando empez a escribir el humansimo ingls Howard? Cunto no se sabe de entonces ac! A qu se deben los progresos? Al diverso modo de investigacin. Alucinbanse los sabios en asuntos morales creyendo que por su misma naturaleza podan proceder a priori con slo las luces de su razn. Por eso han pasado ciertas cuestiones de suyo naturalmente difciles, de generacin en generacin, tan vrgenes y por resolver como lo estaban al principio. En cuanto a la prostitucin, lea el seor Adicto lo que al Dmine expuse en uno de mis artculos contrayndome a la famosa obra de Parent-duChatlet; o mejor todava, en toda la obra, que ofreciendo vasto campo a sus meditaciones, le dar por resultado esta grave leccin para los legisladores: que hay males de tal naturaleza en el cuerpo social que antes se evitan que se curan. En este libro ver los mejores comprobantes de las vicisitudes y suerte que cabe a los reglamentos humanos, cuando no se 7. Vid. Informe Sobre crceles en Escritos econmicos polticos y sociales de Luz, en la B. A. C. (Roberto Agramonte).

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294 \ 294 \ MARZO 1839 sigue el nico camino que puede llevar a salvamento (que an no siempre lleva, o al menos no tan pronto) no ya demostrando la ineficacia de los medios, sino las ms veces su aumento de accin, o verdadera eficacia en obrar contra producentem en multiplicar los males que se propusieron ataja r y hasta en producir otros de nueva forma, y totalmente inesperados e imprevistos, aun por las cabezas ms privilegiadas. Pero el mtodo, el rigor cientfico, el conocimiento de causa, la profundidad con que se halla expuesta en ese libro la gran leccin a que aludimos son dotes que constituyndole nico en su lnea, han dado la verdadera pauta de cmo deben tratarse semejantes cuestiones en el siglo XIX que todava, a pesar de su decantado positivismo, no es todo lo exigente que yo deseara en esto de rigor cientfico, nico recurso de tener ciencia. No es el espritu del positivismo, como algunos creen o afectan cree r el excluir o tener en poco los resortes morales que influyen en el corazn humano, agotando las fuentes de todo sentimiento y poesa. Muy al contrario, positivismo es sinnimo de realidad, y mal podra hacerse la historia real y efectiva del hombre, si se omitiese en la psicologa dar cuenta de las causas que tanto en l influyen; y procederan nada bien el moralista y legislador que no fomentasen la accin de unos mviles que fueron puestos en nosotros por la sabia naturaleza precisamente para descortezarnos y morigerarnos. Positivismo, pues, no quiere decir ms que rigor en la demostracin, quedndose en la esfera de conjetura lo que no estuviere debidamente patentizado, por plausible que sea a nuestra razn y halageo a nuestras pasiones. Y si no, no hay ciencia, sino delirio, y hasta error funesto. No divorciemos a la poesa de la ciencia: ambas descansan en el mismo cimiento, la verdad, y tanto menos verdaderos y acertados obraramos en enemistarlas, cuanto ambas pueden conspirar al mismo santo fin de mejoramiento, sirviendo la poesa de intrprete para con la muchedumbre de aquellas mismas costosas adquisiciones de la ciencia que dejadas en su natural difcil forma, seran como un tesoro todava oculto en las entraas de la tierra, slo visible a los ojos del geognstico, pero no aprovechable para los usos de la vida. Pido mil excusas por esta breve digresin, que no dudo se me dispensar en gracia de mi anhelo de no perder coyuntura de rectificar todas aquellas ideas, en cuya exacta determinacin vea cifrado el adelantamiento de nuestra apreciable juventud. El ejemplo que nos ofrece la cuestin de los expsitos no es menos notable para nuestro asunto que el de la prostitucin, confirmando asimismo del modo ms patente que la exposicin as como es otra gangrena moral, pertenece a aquel gnero de males que antes se evitan que se curan. Ejemplo tanto ms digno de atencin, cuanto ya se haba credo por los sabios y legisladores haber llegado al ltimo trmino para conseguir el fin con la clausura de los tornos, o casas-cuna. Pero cul ha sido el resultado de semejante medida, as como de otras anlogas y aun contrarias adopta-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 295 / 295 das anteriormente? Aumentar el mal en vez de atajarle o disminuirle, y en muchos casos producir inconvenientes de otra especie. As es que en F rancia, donde ms se ensay la medida de la clausura, estn clamando de todas partes los mdicos y dems versados en esta materia por la apertura de los tornos. Efectivamente, los datos estadsticos recogidos en los varios departamentos, comprobando por una parte el prodigioso aumento de expsitos de resultas de aquella disposicin, han revelado por otra males tan graves como inesperados. Oigamos cmo se explica uno de los ms profundos investigadores en la materia: Si poco visibles aparecen las ventajas de haber cerrado los tornos, sus inconvenientes son a veces gravsimos (...) pudiendo decirse en general que los departamentos donde no hay ms que un hospicio, ofrecen siempre mayor mortandad que aquellos donde hay varios. Pues que mueran los frutos de la ilegitimidad, clamarn todava los partidarios del sistema de la supresin, que ni ellos merecen vivi r ni sus madres obtener un galardn, o por lo menos un consuelo en su fragilidad, que as se mina y socava la moral en sus mismos fundamentos. Pero qu se objetar cuando veamos que los hechos nos dicen no slo que crece la mortandad, sino tambin el nmero de esos desgraciados, y el raciocinio nos declara que no pueden menos de aumentarse? La supresin de los tornos hizo apelar entre otras medidas al expediente de dejar a los hijos naturales en sus familias; expediente que por de pronto acarre la muerte prematura de gran porcin de expsitos, no hacindose sentir tan prestos sus dems consecuencias; pero continuando semejante sistema, viose crecer rpidamente el nmero de hijos ilegtimos, el de prostitutas y el de familias menesterosas y mendigas. Por no pecar de prolijidad omito extractar los datos estadsticos que sirven de apoyo a esta conclusin general, advirtiendo que en muchos de los informes oficiales que de varios puntos se presentaron al gobierno francs como favorables al sistema de clausura, se ha descubierto posteriormente no menos inexactitud que exageracin. Pero vengamos a la prueba del raciocinio. Subsistiendo la causa no puede cesar el efecto: pero si se abandonan los expsitos o hurfanos ya existentes, van a ser una plaga que cundiendo por toda la sociedad la han de infectar de mil maneras, y muy singularmente multiplicando el nmero de los infelices de su clase. Luego si se quiere de veras disminuir el nmero de expsitos, es forzoso mejorar las costumbres pblicas, es menester desviar cuanto est en nuestra mano las causas que las corrompen, oponerles por lo menos la difusin de la enseanza religiosa y de los hbitos industriales. Es as que para conseguir tan santos fines el primer paso indispensable es recogerlos, y recogerlos en hospicios. Luego por una consecuencia irresistible hemos venido a parar en un resultado totalmente contrario a lo que se tena por ms acertado y eficaz, pudiendo hoy afirmarse sin recelo con el apoyo de los datos: Que cuanto ms hijos ilegtimos se recojan ho y menos nios exp-

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296 \ 296 \ MARZO 1839 sitos habr un da. As me lo haba parecido a m siempre apenas me puse a considerar esta materia, y recuerdo que en aos pasados cuando la mayor parte de mis jvenes contemporneos eran muy decididamente de opinin contraria, inspirada muy singularmente por la lectura de las doctrinas de Comte 8 y otros clebres publicistas y jurisconsultos, nunca quedaba mi juicio satisfecho, presintiendo la necesidad de instituir nuevas observaciones y experiencias en la materia. Traigo a colacin lo que por m ha pasado, para hacer sentir ms y ms a la juventud los frutos del espritu que forzosamente infunden las ciencias naturales, pues no atribuyo a otra causa mi exigencia y rigor en la demostracin, as como la reserva y desconfianza en juzga r consecuencias forzosas de los hbitos comunicados al entendimiento por el mtodo experimental razn por que an no siendo ms que bajo este aspecto, y prescindiendo de las grandes ventajas que en s mismas ofrecen y las que acarrean a los conocimientos de otra especie, deberan cultivarse con mucho esmero las ciencias fsicas y matemticas. La gravsima cuestin del divorcio fue el ltimo ejemplo escogido para mi propsito. Ninguna fue por lo mismo mejor discutida cuando se trat de establecerle en Francia, triunfando sin duda las razones alegadas en pro, una vez que qued estatuido. Sin embargo, cuando volvieron los franceses a la natural marcha de las cosas, cuando volvieron las aguas de la moralidad a correr por donde solan i r comenzaron a prevalecer las que se haban aducido en contra, viniendo al fin a parar en la abolicin del divorcio, por la potsima consideracin de mirarse el matrimonio como la base primordial de toda moralizacin, siendo muy de advertir que a pesar de la marcha del tiempo que todo lo gasta, y sobre todo, a pesar de la sacudida extraordinaria de 1830 y sus consecuencias, nada se haya alterado ni pretendido alterar en el asunto. Pero sea o no sea conveniente para el actual estado de la sociedad francesa el restablecimiento de semejante remedio, lo que hace a mi intento es esa misma divergencia de dictmenes que en la materia reinara. Pero qu! no sern ms que cuatro ejemplos de esta especie los que puedan traerse a la palestra para persuadir del atraso respectivo de las ciencias morales? Obsrvese cualquier discusin sobre cualquiera de estas materias y se ver que apenas hay una de importancia en que queden convencidos, y por consiguiente uniformados los nimos de todos, resul8. El francs Carlos Luis Comte (1782-1837), citado con elogio por Luz, El Lugareo y otras figuras de la poca, fue un eminente poltico, diputado y tratadista. Su obra ms utilizada por los pensadores cubanos fue su Trait de lgislation ou exposition gnrales suivant lesquelles les peuples proprent dcroissant ou restent stationaires (premio Monthyon, 1835). Suspendido su peridico Le Censeur arreci la campaa liberal, y volvi a publicar artculos. Fue perseguido por la restauracin, y el gobierno francs le hizo expulsar a Suiza. Despus de la Revolucin de Julio desempe cargos pblicos, pero Comte siempre conserv su carcter independiente (Roberto Agramonte).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 297 / 297 tando con harta frecuencia que el tiempo, revelando la accin de las nuevas disposiciones, suele volver a la memoria la palma que momentneamente le fue arrancada ms por el nmero de votantes que por el peso de las razones. Habr ley sobre negocios de entidad que aun despus del ms profundo examen pase todava de un mero ensayo? Y es posible que sea de otra manera, atendida la naturaleza de las cosas? Es sta ni la culpa del hombre? No lo resiste el mismo asunto, non vetat res ipsa 9 por ventura? An las mejores y ms adecuadas disposiciones no requieren infinitas enmiendas y alteraciones para llegar a la perfeccin, y esto no slo en el sentido de adelantamiento, como sucede en las ciencias fsicas, cuando ya est demostrada una teora, sino en el de verdadera enmienda o reforma? Qu pruebas tan oportunas como luminosas no me ofreceran las leyes sobre educacin en todos los pases del mundo? Pero con qu derecho habr de detenerme en tales demostraciones, cuando no hay ya quien dude hoy que la educacin es ramo eminentemente experimental, ms experimental que ningn otro, como ya lo vieron los que ven, desde la ms remota antigedad, y ms que nadie el nunca bien celebrado Quintiliano, cuyas Instituciones son el primer libro en su lnea que sobre enseanza se ha compuesto? Sin embargo, todava no quiero contentarme con este gnero de demostracin, y apelando al testimonio de los conocedores en la materia, les pedir que de buena fe respondan si hasta en las materias ms trilladas de la jurisprudencia, como son, v .g. la propiedad, posesin, prescripciones, ltimas voluntades, sin hablar de legislacin criminal y de procedimientos (en que el campo es ms nuevo y resbaladizo), no queda todava mucho, mucho que desea r no ya para la mejor exposicin en teora (que se es otro cantar) pero hasta para la diaria decisin de los casos prcticos, y esto no solamente entre nosotros, sino aun en aquellas naciones que o bien tienen cdigos ms perfectos, o bien cuentan con el mayor cultivo de la ciencia, y por lo mismo poseen libros y pautas ms metdicas. Tan ciertamente es tal el estado de la jurisprudencia, cuanto entre las muchas objeciones que ha hecho Savigny a todos los cdigos modernos y en especial al francs, aquellas que vienen a refundirse en los puntos a que aludimos, son admitidas como justas y sabias por los mismos jurisconsultos de esta nacin. (Vase a Lerminie r Introduccin a la Historia del Derecho .) He aqu en resumen dichos reparos: 1. Flojedad en las discusiones del Consejo de Estado en cuanto a la parte de ciencia. 2. Insuficiencia de los conocimientos histricos de los redactores. 3. Plan del cdigo calcado sobre la Instituta de Justiniano. 4. Teora de las nulidades, tan incoherente como defectuosa. 9. no lo impide el mismo asunto?.

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298 \ 298 \ MARZO 1839 Se habr notado en el tercer reparo que se tiene por falta la conformidad en el plan con la jurisprudencia romana. Y como semejante principio pugna con los sostenidos por el seor Adicto, que considera el Derecho de los romanos como el non plus o ltimo trmino de la ciencia, ser conveniente detenernos algn tanto sobre el particula r a pesar de haber expuesto en otra parte el lugar que debe ocupar esa gran fbrica del saber humano, indicando lo que le sobra y lo que le falta para amoldarse a nuestras actuales exigencias. No es menester ms que haber saludado la legislacin romana para convencerse que en medio de las prerrogativas que la distinguen, adolece de vicios que le son no menos inherentes, y en especial como cuerpo de ciencia adolece en verdad de repeticiones innumerables; infinidad de disposiciones intiles que el tiempo y la historia se han tragado, por decirlo as, en su curso, porcin de fragmentos que no son verdaderas leyes y contienen definiciones, etimologas, digresiones, observaciones histricas y crticas, propias del erudito ms bien que del legislado r discusiones interminables entre los jurisconsultos para averiguar si en tal o cual caso debe emplearse una accin o un interdicto, y esto para llegar siempre al mismo resultado; finalmente, sutilezas sin trmino y falta de mtodo. Estoy seguro que no habr un solo inteligente que tache de exagerado el juicio que acaba de estamparse, el cual est tan lejos de ser dictado por la pasin cuando es casi verbatim 10 la misma crtica de un voto sobrado competente, y antes bien parcial en unos trminos por el derecho de los romanos, que hasta encuentra en l muy a menudo el rigor de la demostracin geomtrica, y que confesando la superioridad de los griegos en todos los departamentos del saber humano, asigna la palma de la jurisprudencia a los hijos de Rmulo, sus discpulos. Este voto tan competente, el mejor ideal de la imparcialidad, que puede ofrecer la moderna filosofa, a fuer de ms completo, y a ttulo de ms ingenio, es nada menos que el gran Leibnitz. Pues el mismo hombre que se explica con pleno conocimiento de causa en estos trminos... in una jurisprudentia regnant (Romani)... Dixi sepius post scripta geometrarum nihil extare quod vi ac subtilitate cum romanorum jurisconsultorum scriptis comparari possit; tantum nervi inest tantum profunditatis ...! 11 despus de explayarse sobre la materia, resume a cuatro los defectos de que adolece semejante sistema de jurisprudencia: superfluitas defectus obscuritas confusio 12 10. al pie de la letra. 11. [Los romanos] sobresalen por su slida jurisprudencia... Muchas veces he dicho que, aparte los escritos de los gemetras, no hay nada que se pueda compara r por lo vigoroso y por lo sutil, con los escritos de los jurisconsultos romanos: tanta es su fuerza, tal su profundidad!. 12. redundancia, carencia, oscuridad, confusin.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 299 / 299 Y ya que estamos con Leibnitz y con jurisprudencia, terminar recomendando al seor Adicto recorra la lista dilatoria de trabajos que an se deseaban por ese genio insigne para reformar la ciencia: lista que pasa de treinta obras a cual ms importante, y que puede ver el curioso en el apndice a su Nova methodus o en los extractos formados por Lerminie r, en su citada Introduccin que es libro ms conocido y popula r. Pero aun dado caso que estuviesen ya terminados todos esos trabajos preliminares, todava resta el mtodo y clasificacin para constituir bajo el pie de rigor en que se hallan las ciencias fsicas y matemticas. Porque entendmonos: no se pretende por un momento que los antiguos no hubiesen adelantado en las ciencias morales, antes al contrario, mucho y bueno alcanzaron en ellas; menos se pretende que no se haya progresado despus: lo nico que sustentamos es 1 que las ciencias morales, aun cuando muchas de ellas fueran cultivadas desde la ms remota antigedad, no estn ni pueden estar tan adelantadas como la mayor parte de las ciencias naturales, aun inclusas algunas que nacieron de poco ac; 2 que siendo todas ellas ciencias de observacin, no se poda haber llegado a ese non plus ultra que se pretende, atento a ser por aquel mero hecho esencialmente perfectibles. XXXVIII XXXVIII QUINT QUINT A RPLIC A RPLIC A AL ADICTO SOBRE LA A AL ADICTO SOBRE LA CUESTIN DE MTODO CUESTIN DE MTODO P OR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana marzo 24 de 1839.) Et pulsanti aperietur. Fltame todava aducir a la Economa Pblica como comprobante de tan slida doctrina prueba casi excusada con lo que va dicho, y que slo por haberla ofrecido, me contraer con suma rapidez a algunos puntos que establece dicha doctrina de un modo inconcuso. En este campo, a fuer de menos explorado, campea ms la divergencia de pareceres en las cuestiones fundamentales. Bstame apuntar la de la poblacin en la famosa contienda entre malthusianos y anti-malthusianos, la no menos clebre del comercio libre en Inglaterra, sostenida por el insigne cuanto malogrado

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300 \ 300 \ MARZO 1839 Huskisson: digo! y en Inglaterra, donde ocurren todas las circunstancias favorables para mejor y ms pronto decidir este linaje de controversias. No quiero ms que indicar la grave materia sobre la influencia de los impuestos y restricciones legales en las manufacturas: las infinitas cuestiones que brotan del asunto de las manufacturas mismas, y sobre todo la importantsima de su influjo en la moralidad de los pueblos, la indispensable necesidad para el legislador y economista de consultar la tendencia y resultados de los sistemas en los mismos talleres, y por consecuencia forzosa, la necesidad no menos imprescindible de tomar luces de todas las ciencias y artes auxiliares antes de decidir estas cuestiones vitales. Es imposible dar un solo paso en tan preciosa ciencia, que envuelve todas las graves materias de inters social, sin hallarse en el palenque de las opiniones, siendo cabalmente el mtodo experimental el medio ms seguro y eficaz de salir cuanto antes victorioso, o a vida, de en medio del laberinto en que se enmaraan los campeones que quieren atenerse exclusivamente a las armas de su razn, sin llevar por estandarte los hechos pasados, observar los presentes, y aguardar por los futuros. Ningn comprobante mejor en esta parte que la famosa obra del ingls Carlos Babbage sobre la Economa de las manufacturas, y la coleccin de informes dados por las comisiones en el Parlamento Britnico. Por donde quiera que abramos estas colecciones de hechos y raciocinios interesantes sobre materias de la mayor entidad social, nos convenceremos que no bastan para profundizar en la Economa Pblica obras como las de Adam Smith y de Juan Bautista Sa y cometindose errores de grave trascendencia si no se lleva por delante la luz de las ciencias fsicas y matemticas, por un lado, y la de la experiencia y observacin en los hechos morales por el otro. No quisiera fastidiar al lector con extractos, y mxime cuando a mi parecer he puesto tan en claro los puntos principales de esta discusin, que creo a la hora de sta estar predicando a convertidos, incluso el mismo nuevo dudado r Citar sin embargo algunos hechos, abriendo a la ventura el libro de Babbage, y comenzar por uno de muy poca monta al parecer; para que se vea como hasta la cuestin econmica ms insignificante, se roza con las ciencias experimentales, y hasta cierto punto pende de ellas su resolucin. El impuesto sobre las ventanas en Inglaterra hizo que apelaran a luces interiores los fabricantes, y redujeran el tamao y nmero de aquellos necesarios conductos para la ventilacin; y es que todo el mundo percibe su necesidad, pero no se sabe tan generalmente la importancia de la luz para la salud; importancia que sube de pronto respecto de los climas fros y variables, y sealadamente respecto de Inglaterra que, sobre fra y variable, tiene una atmsfera proverbialmente oscura. Otro ejemplo de este gnero nos lo proporcionan los grandes inconvenientes que producen los reglamentos del impuesto sobre los artefactos nacionales, impidiendo considerablemente el natural progreso de las me-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 301 / 301 joras: a veces es necesario para los fines de la recaudacin obligar a los fabricantes a sacar una licencia y compelerles a trabajar sujetndose a ciertas cantidades determinadas en cada operacin. Cuando son grandes estas porciones, y en general as sucede, retraen a los fabricantes de hacer experimentos, y as se estorban las mejoras tanto en el modo de conducir los procedimientos como en la introduccin de nuevos materiales. Advierte el seor Babbage que ocurrieron dificultades de esta especie en las pruebas importantes que se hicieron en Inglaterra a fin de perfeccionar el cristal para objetos de ptica, pero en este caso se obtuvo permiso por parte de sujetos idneos para hacer los ensayos, sin intervencin de los empleados del impuesto ( excise ). Debe, sin embargo, tenerse presente que si se otorgase semejante permiso con frecuencia o indistintamente, se podra abusar de l; as que, el mejor resguardo contra este inconveniente sera dirigir la fuerza de la opinin pblica sobre los sabios, para que las autoridades constituidas, aunque no se hallen debidamente versadas en la ciencia, puedan juzgar de la conveniencia del permiso por las circunstancias del aspirante. Vanse en el citado Babbage otros muchos casos de esta naturaleza a cual ms luminosos en su lnea. Las patentes sern mi tercer ejemplo. Sin duda que es importante conservar a cada inventor el uso exclusivo de su invencin hasta que se haya sobradamente indemnizado de los riesgos y costos en que ha incurrido, no menos que por la habilidad que ha desplegado para llevarla a cabo. Pero son tan varios los grados de mrito, y tan graves las dificultades de legislar en la materia, que se ha tocado la casi imposibilidad de fraguar una ley que no est sujeta en la prctica a las ms serias objeciones. Por la grande dificultad de defender una patente en juicio, as como por otras causas provenientes de la misma le y se han visto los agraciados en el caso de vender su artculo a un precio que meramente rinde los ordinarios provechos del capital; asegurndose de esta manera su fabricacin, pues no puede haber competidores que saquen provecho de invadir una patente as ejercida. Otro tanto puede decirse de la ley sobre propiedad literaria, y es muy particular que precisamente aquellas especies de propiedad que requieren ms elevado talento y mayor cultura, que ms que ningunas otras son puras creaciones del entendimiento, hayan sido las ltimas que se han reconocido por el Estado. Afortunadamente no son muy difciles los medios para decidir sobre infraccin de propiedad literaria; pero las leyes vigentes en muchos casos acarrean grandes inconvenientes y estorbos al adelanto de los conocimientos. 4 Ejemplo y concluyo, teniendo el mrito este ltimo de recaer sobre rectificacin de ideas muy recibidas. Est tan generalmente y tan bien sentado el principio de que el gobierno debe intervenir lo menos posible entre los operarios y sus principa-

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302 \ 302 \ MARZO 1839 les, que es de suma importancia precaverse contra su mala aplicacin. Qu no poda decirse sobre el mismo principio aplicado a la educacin, y a la gran cuestin de la libertad de enseanza! Si se hubiera llevado a cabo, ni tendramos (ni tendran los que las tienen, digo) escuelas normales, ni ley de instruccin pblica, ni... pero esta materia nos llevara demasiado lejos, y no es para tratarla por digresin. V olvamos a nuestras manufacturas. No se opone al anunciado principio de insistir en que los operarios sean pagados en dinero, pues esto se reduce nicamente a protegerlos de un engao; y aun menos nos desviaremos de l con limitar el nmero de horas durante las cuales hayan de trabajar los muchachos en las fbricas, o la edad a que se ha de comenzar esa especie de trabajo, pues aunque ellos obrasen libremente por s, no son capaces de juzgar; por lo cual as la poltica como la humanidad concurren en pedir para ellos alguna proteccin legislativa. Toda la obra de este esclarecido fsico-matemtico es una continuada demostracin de cun imprescindible es para los economistas y para los gobiernos el conocimiento profundo de estas materias, si no quieren comprometer a cada paso en sus determinaciones los intereses de la ciencia, y lo que es ms, el bienestar y fomento de los gobernados. La lectura de semejante libro ser tanto ms provechosa a la juventud, cuanto en l palparn que no pueden alcanzar un verdadero criterio en puntos econmicos sin los datos que ofrecen las ciencias naturales, convencindose por esta vez de la exactitud de aquel principio del satrico latino: Nunquam aliud natura aliud sapientia dicit 13 Ahora bien: a vista de este estado de cosas ser que haya todava quien pretenda que las ciencias llamadas morales, estn al nivel de las llamadas fsicas? Cmo es dable que puedan aquellas resistir el paralelo con stas? Prescindamos ahora de las causas, de que tanto hemos hablado en el discurso de estas discusiones, y contraigmonos tan slo a los efectos. chese no ms que una ojeada sobre la fsica, la astronoma, la mineraloga, la cristalografa, la botnica y aun la qumica, y se ver que la mayor parte de los tratados de estas ciencias, as por su clasificacin como por estar reducidas a verdaderos teoremas las doctrinas, ofrecen el rigor cientfico de las matemticas. No quiero decir con esto que an no queden muchos puntos por descubrir y otros por ilustrar en tales ciencias, sino que estn ms y mejor constituidas que las otras en los puntos ya averiguados. Ayer como quien dice naci la Cristalografa de manos del clebre Ha y y de las mismas manos y apenas corrido el primer cuarto del mismo siglo, logr una exactitud y un rigor y fecundidad en las deducciones verdaderamente geomtricas, como lo es ventajosamente por el asunto sobre que versa. Puede esto suceder en tal grado en alguna de las ciencias morales, y ni aun en todas las naturales, como realmente no ha sucedido en la medicina, 13. Jams afirma nada la ciencia en contra de la naturaleza.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 303 / 303 por resistirlo la naturaleza de su objeto? Por esta razn se levanta ms fuerte el clamor de los reformadores, as de esta ciencia natural como de las ciencias morales, en favor del mtodo de observacin, cual nica tabla de naufragio; pues si el asunto mismo estorba la facilidad de los progresos, cunto no aumentar la fuerza de esta rmora, si no se apela al mtodo experimental! Cotejemos lo que ha pasado respecto de algunas de las grandes cuestiones fundamentales en uno y otro ramo de los conocimientos humanos, y veremos que las relativas al mundo fsico, una vez resueltas, lo han quedado para siempre: ejemplo notable el sistema copernicano, y tanto ms notable cuanto es doctrina que pugna con el primer grosero testimonio de los sentidos; 14 mientras que las morales han sido resueltas varias veces con apariencias de quedarlo eternamente, y despus han salido fallidas las soluciones, trasmitindose de generacin en generacin, y llegando hasta nosotros sin resolverse. Tal ha sido muy en especial la suerte de la Psicologa, fundamento y raz de todas las ciencias morales, siendo muy de notar que todos sus cultivadores, sean cuales fueren por otra parte sus opiniones, sensualistas o espiritualistas, estn unnimes en considerarlas como ciencias que an no estn organizadas, o que lo estn malamente, y por lo mismo inspiran mucho menos la necesidad de proseguirlas que la de constituirlas o reformarlas. 15 No es de admira r pues, que Carlos Comte, tan apasionado a no descansar ms que en los hechos, sustente con todas sus fuerzas, una doctrina que sostienen an los que no siempre caminan sobre terreno tan seguro. Pero lejos de inferirse de ah, como da a entender el articulista, que yo haya formado mi opinin por la de este clebre moralista, se sigue por el contrario que no es posible haber saludado las ciencias fsicas y entrar despus en las morales, sin que salte a los ojos el contraste que forman su mtodo y procedimientos respectivos; as que sta es una consecuencia forzosa del mismo conocimiento de las cosas, por lo cual todos cuantos cultivan una y otras estn perfectamente de acuerdo en este punto, resultado indispensable de sus propios estudios. Y ved lo que cabalmente pas por m. Prueba de ello que apenas se me present en la carrera de la enseanza una coyuntura favorable para hacer aplicacin de estas doctrinas, me apresur a aprovecharla, como lo hice en el proyecto sometido al gobierno para la fundacin de las ctedras de Filosofa en los colegios de San Fernando y San Cristbal, proponiendo la precedencia de la fsica a la lgica en el 14. Digo de intento primer grosero testimonio, porque me sera fcil demostrar que con el mismo testimonio, ms extenso y delicado, de los sentidos, hemos llegado a la verdad. No ser esta demostracin trago muy dulce para los pseudo-eclcticos; pero nos alejara demasiado de nuestro propsito. 15. Palabras de Jouffroy.

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304 \ 304 \ MARZO 1839 curso, como punto vital para el mtodo proyecto en que crea hacer un servicio a la causa de los estudios en general y sealadamente a la causa de mi pas, y que fue presentado desde 1833, cuando no conoca yo ms que el nombre de Carlos Comte, pues apenas hace dos aos que llegaron a mis manos las obras de este esclarecido escrito r No porque yo tenga a desdoro el seguir las huellas de tan eminente varn, sino porque quiero demostrar al seor Adicto que no soy yo hombre de moda en materia de opiniones y de dejarme ir con la corriente, pero que buenas o malas las mas propias, siempre son hijas del examen. Tan cierto es esto, cuanto que as antes como despus he combatido una que otra doctrina del mismo Comte, a veces sin saber por lo dicho, que le perteneciesen; habiendo tenido presente para proponerle como muestra del mtodo en las ciencias morales la circunstancia de ser su Tratado de Legislacin un libro que anda en manos de todos. Creo haber terminado la tarea de contestar al seor Adicto, parecindome no haber dejado sin respuesta ni uno solo de sus principales argumentos. Pero pues se encuentran muchas inexactitudes en el discurso de su papel, inexactitudes que he ofrecido rectificar para satisfacer completamente sus dudas, se hace preciso verificar esta recorrida. Antes, sin embargo, ser conveniente resumir con brevedad los puntos ya demostrados. 1 He demostrado que siendo las ciencias fsicas ms fciles que las morales, son ms propias para los principiantes aqullas que stas. 2 Igualmente que los antiguos estaban ms adelantados en las ciencias fsicas de lo que vulgarmente se cree. 3 Que fue ms natural al hombre principiar sus estudios por la naturaleza, y que as se verific. 4 Que hay ciertos principios morales que son y deben ser universales. 5 Que estos principios no son en tanto nmero como algunos pretenden. 6 Que las ciencias morales, siendo ciencias de observacin, son forzosamente perfectibles. 7 Por consiguiente, que por mucho que adelantasen los antiguos en estos ramos, no por eso pudieron llegar al non plus ultra mxime considerados cientficamente. 8 Que una gran parte de los progresos de las ciencias morales penden de los adelantamientos en las fsicas. 9 Que estas ltimas estn notoriamente ms avanzadas que las primeras. 10 Finalmente que el medio eficaz de promover los progresos de las morales es la aplicacin rigurosa del mtodo que ha hecho medrar a las naturales; en suma, que el mtodo experimental es el verdaderamente analtico, y por lo mismo el nico instrumento que puede aspirar a la universalidad.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 305 / 305 Procedamos ahora a nuestras notas crticas, no poniendo sino las muy precisas, y sin contraernos a los puntos ya contestados, que si a anotar se fuera todo lo que notas merece en el artculo, sera menester llevarse con ellas otras tres docenas de columnas; s seo r y ya pasan de treinta las que van! Abrenuntio! gritan a una lector y auto r Conque sin ms prembulo, vamos a lo preciso. 1 Habla el seor Adicto: a quienes debemos (a las ciencias morales) nuestras ms acabadas instituciones en el orden moral, y por consecuencia en el orden lgico. Esta consecuencia es la que no percibo yo, aun concedido el antecedente, que no puede concederse tan ana: orden lgico quiere decir encadenamiento, enlace, y se lo ofrecen todas las materias as las fsicas como las morales. Qu significa el que a las ciencias morales debemos nuestras ms acabadas instituciones en el orden lgico? Entindase en el sentido que se quiera la palabra lgico, aqu no puede venir a colacin. Y si la lgica segn el articulista es el preludio indispensable sin cuya introduccin se desacordara hasta el destemple el estudio de las ciencias, mal pueden precederle las dems morales ni en el orden histrico, ni en el lgico, pues en el primer caso sera la lgica en realidad antes, y en el segundo debera serlo despus. Excuso disertar ms sobre este punto, porque hay muchos puntos que toma r y vamos apuntando la segunda contradiccin, que la primera lo qued muy al principio del presente papel. 2 La lgica, dice Adicto, ha existido positivamente antes que las ciencias todas, pues la deben este carcter (...) Esto es muy obvio: el anlisis exacto, la lgica misma, se ejercita sobre los objetos, o cuanto existe que pueda ser analizado... No quiero ms: nunca ha venido ms de perlas un pro me laboras 16 que en el caso presente. Quien no ve que aqu se toma la lgica por la facultad misma del raciocinio, que crea toda ciencia, a la lgica como una de tantas? Jams pudo ser sta la cuestin: slo se trat de si deba o no preceder lo que llamamos curso de lgica a la enseanza de la fsica. No advierte el seor Adicto que tomada la palabra lgica, como en efecto se toma tambin y debe tomarse, en el sentido de enlace o encadenamiento en las ideas, se aplica a todo gnero de asunto? As se llaman, y muy bien llamados, ejercicios lgicos, esto es, que ensean a discurri r o ms propiamente que promueven el discurso, las preguntas y explicaciones sobre el texto de lectura en el sistema explicativo: llmanse igualmente con la misma propiedad lgicos los ejercicios gramaticales, sin que ni en uno ni en otro caso se haya cursado lgica por parte de los alumnos, que todava pertenecen a la educacin primaria. 3 Y si es cierto que el anlisis, contina Adicto, en ltimo resultado, es el padre de todos los conocimientos artsticos y cientficos, a qu posponer su teora a la prctica aislada, siempre torpe y rutinaria?. Es grande 16. trabajas en mi favor (o apoyas mi tesis).

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306 \ 306 \ MARZO 1839 y muy grande el extravo en estas ideas. Pues si tiene usted un hijo, seor Adicto, que por la natural curiosidad de la niez le acabe a preguntas, como suele sucede r sobre cuantos objetos se presentan, no se las responda usted hasta que no le haya enseado la teora del anlisis; que se espere, que tenga paciencia la criatura, ya que slo por su bien se le pone en ese tormento, pues sera un cargo gravsimo de conciencia dejarla practicar el anlisis, ejercitando el raciocinio tan torpe y rutinariamente. V aya muy enhoramala el gran Montaigne con todos los autores de la explicacin, que pretenden que se acostumbre al nio a discurrir sobre cuanto se ofrece a sus ojos: una piedra, un rbol, un ro, una casa, un pasaje de Csar o sobre Carlomagno, todo sirve de libro en este aprendizaje. Necesitar usted ms argumentos para convencerse de que el anlisis que ejerce y debe ejercerse ignorando an su teora, sin que tal prctica envuelva contradiccin, ni acarree inconvenientes? Inconvenientes! Ventajas, y grandes ventajas por el contrario, alcanzarn aquellos a quienes se haya acostumbrado a usar del instrumento sin saber cmo ni por qu lo usan, ni de qu elementos se compone, no porque tales nociones sean intiles o perjudiciales ( apage !), sino porque an no ha llegado la estacin propicia para sembrarlas en el entendimiento. Se necesita explicar a un aprendiz de violn las doctrinas del sonido en que se funda la construccin del instrumento, y aun los mismos sones que de l saca? Sera por el contrario en los principios semejante exposicin inoportuna, pedantesca, prematura, innecesaria, y hasta perjudicial dira, porque haba de aumentarle la confusin, lejos de facilitarle el ejercicio. Norabuena que se le den algunas reglas al momento de la ejecucin para que lo haga mejo r pero muchas de ellas, (pues no puede decirse todas) aunque derivadas de la teora no deben confundirse un momento con ella, como lo hace desgraciadamente nuestro dudado r Los preceptos, por el contrario, son parte integrante de la misma prctica: todo ello se reduce a que quien ha andado primero el camino, advierta al novel viandante que pase por tal parte, o que evite tal atolladero para llegar mejor y ms pronto al trmino deseado; cabalmente, ni ms ni menos, como el maestro de carpintero dice a su aprendiz cmo ha de tomar el cepillo para mejor cortar y no cortarse: aqu estn las reglas sin la teora. V eamos ahora las mismas reglas derivadas de la teora. Supongamos que se trata de ensear las cuentas al discpulo: claro est que no se podr dar un paso sin inculcarle ciertos preceptos, muchos de los cuales estn fundados en la teora, o sea la ciencia propiamente tal; mas para que calcule con exactitud y rapidez si ste es el nico fin que nos proponemos, como sucede en las escuelas primarias, no es necesario imponerle de tales fundamentos. Ser conveniente, ser til, ser necesario, cuando sea otro nuestro propsito, esto es, cuando tratemos de iniciarle en la ciencia de los nmeros, pues hasta ahora no hemos pasado del arte, que

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 307 / 307 siempre se ha definido una coleccin de preceptos para hacer algunas cosas con facilidad y perfeccin. Muy bien puede un alumno estar diestro, destrsimo en la resolucin de cuantos problemas se le pongan sobre quebrados y reglas de tres v .g., y sin embargo ignorar la doctrina de las fracciones y las razones; en una palabra, puede ser ya excelente contador y no ser todava aritmtico. Dir ms. Pero aun cuando nos propusiramos elevarle a los principios de la ciencia, siempre sera conveniente, que digo! necesario sera imponerle de ciertos hechos o datos, que son los verdaderos cimientos de la ciencia, por recaer sobre ellos la teora. Y estos hechos sern ms numerosos y ofrecern ms puntos de comparacin al entendimiento del alumno, cuanto mayor haya sido su previo ejercicio. As este mtodo, el nico natural, lejos de poderse tachar de rutinario, es eminentemente intelectual, es el ms lgico imaginable, no slo por los buenos hbitos que al entendimiento comunica, sino muy especialmente porque los obliga a subir por los debidos escalones. As, pues, seor Adicto de mi alma, no es mejor ni ms obvio, no seo r, inculcar la doctrina, aunque sea oscura e inteligente (es posible que se haya estampado esta hereja en el papel?...) pasando inmediatamente a darle realidad... Pues sin pasar ms adelante, amigo mo, ya est usted entregado, y apntese la tercera contradiccin. Efectivamente para qu agrega usted pasando inmediatamente a darle realidad, etctera, sino porque percibe que sera imposible hacer inteligible la teora sin descender a los hechos o casos particulares, de quienes no es ella ms que la exposicin general? El entendimiento del hombre naturalmente comienza por el concreto, y cuando queremos elevarle al abstracto, si no alcanza presto las cosas, el nico medio de hacrselas penetrar es volver al concreto, esto es, a los ejemplos que necesariamente han precedido en el entendimiento a la teora, que es la cifra o clave que a todos les abraza. Podr explicarse cmo son las declinaciones, v.g., y lo que es ms, podr exponerse la sintaxis o teora de un idioma, sin que el alumno haya conocido los elementos de dicho idioma, y ejercitndose algn tanto en su marcha. Sobre qu y sobre quin haba de recaer si no la doctrina? Sobre datos no existentes, sobre un entendimiento no preparado, husped completamente en la materia: y es esto lgico, ni analtico, ni cientfico, no digo en ltimo anlisis, sino ni al menor soplo de examen? Cada vez se convencer ms el seor Adicto de que mi mtodo es el eminentemente lgico, que no me he atrevido a proponerle sin haber meditado muy detenidamente sobre la marcha de la razn humana, y tanto ms, cuanto que estaba en pugna con lo establecido, con la autoridad de la escuela, bajo cuya influencia hubo usted de tomar la pluma. Como toda la continuidad de la primera columna y la mayor parte de la segunda del artculo de Adicto giran sobre la misma idea y ofrecen la misma contradiccin reiteradamente y hasta de un modo ms palpable, si

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308 \ 308 \ MARZO 1839 cabe, no molestar al lector detenindome en anotarlas ms, mayormente cuando con lo expuesto sobra al seor articulista para salir de dudas, como nos ha declarado repetidamente fue el objeto que se propuso al escribir: as lo he credo, y por tanto me empeo en corresponder a su loable propsito. Pero en esta respuesta general no debe entenderse contestada la muy especial y peregrina ocurrencia de que la prctica de la lgica es la teora de las dems ciencias. Pues ahora s declaro que no s lo que es ciencia, ni lo que es lgica ni jota de teora, ni menos de prctica. L a lgica considerada respecto a las otras ciencias no puede ser ms que el mtodo, o procedimiento, cuando ms, que ha de haber en toda ciencia para constituirla tal, pero nunca, nunca puede constituir su teora, que consiste en la exposicin de las ideas especiales de cada captulo de una ciencia; as es que en una misma ciencia hay tantas teoras cuantos son los puntos generalizados, o sistematizados. Qu modo de discurrir tan antilgico! As podra tambin sostenerse que los signos eran la prctica del anlisis, porque con los signos se practica el anlisis y aun eso sera ms plausible. Pero que la lgica sea la teora de las dems ciencias... pues todava no es esto lo que dice el articulista, sino la prctica de la lgica... Si usted hubiera seguido mi mtodo, seor Adicto, sin duda que borra esta posicin apenas la estampara. Y cul es esa eficaz receta? Contraerse, amigo mo, no llevarse de generalidades, acudir a los ejemplitos, y uno solo le hubiera bastado para matar aquella idea singular desde el primer instante de un ser natural. Si furamos a tildar cada una de las proposiciones que lo merecen especialmente en el papel del seor Adicto, sera menester escribir un largo volumen; as slo lo haremos con algunas que ms descuellen, o que no nos parezcan sealadamente refutadas en la impugnacin o respuesta general que ya les hemos dado.

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XXXIX XXXIX SOBRE LA MXIMA DE LA UTILIDAD SOBRE LA MXIMA DE LA UTILIDAD 1 1 P OR M ANUEL G ONZLEZ DEL V ALLE ( Diario de la Habana julio 30 de 1839.) S eor Pbro. Ldo. don Francisco Ruiz: Con motivo de la discusin que se suscit la noche del 22 del actual en el Colegio cubano de conocimientos tiles sobre si el principio que estaba destinado a dirigir nuestra conducta moral, era la ley del deber o la mxima de la utilidad, entre otras pruebas aducidas para sostener los alumnos de Psicologa y Moral que tuvo Ud. la bondad de examina r el alto imperio de la ley del debe r ocurri el citar a Hobbes y especialmente a Helvecio, que conducido lgicamente por su sistema del inters, lleg a decir con escndalo de V oltaire, que desde el punto y hora que el vicio, hacia feliz al hombre, deba ste amar al vicio, pues, constante as el absurdo de tal doctrina, descollaba radiosa la ley del debe r Perecile a Ud., con su buen 1. Ttulo de Roberto Agramonte. JULIO

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310 \ 310 \ JULIO 1839 juicio, tan desastroso el precepto que tuvo duda de que hubiese salido de la boca de Helvecio. Promet a V poner en pblico el pasaje citado, para sus satisfaccin, y ah va segn lo escribi su autor en la obra titulada Sistema de la naturaleza Si lhomme, dapres sa nature, est forc daimer son bien tre, il est forc den aimer les moyens, il serait inutile et peut-tre injuste de demander a lhomme tre vertuex, si il ne letoit pas, sans se rendre malhereux. Des que le vice le rend heureux, il doit aimer le vice. Ni poda ser otra la consecuencia de un sistema que hallaba la superioridad del hombre sobre los animales en que tena dedos en las manos y no pezuas. Y o creo que la utilidad del hombre no es para despreciarse. Los que se han dedicado a inquirir y exponer las condiciones de su bienesta r, merecen el aprecio de la humanidad por sus generosos esfuerzos en llamar la atencin sobre los medios que la conducen a la prosperidad terrestre. A ellos les deben las ciencias econmicas. Pero la ley de lo justo campea por sobre todas las ambiciones, dirigindose a la intencin del hombre; y si el juez, el historiador y el estadista miran los hechos exteriores y la trascendencia que tienen, todava por ellos van a dar con la intencin, porque los hechos la reflejan, la traducen y la ponen de manifiesto por lo regula r Tan es as que cuando el juez descubre que no hubo intencin de cometer un homicidio, aunque hubo una muerte, absuelve al individuo. Bueno es que el moralista muestre la diferencia que hay entre las intenciones y los resultados, y que la consecuencia sea trabajar por establecer en lo posible la ecuacin de entrambos trminos, hoc opus, hic labor est 2 B.S.M., Manuel Gonzlez del Valle. 2. sta es la tarea, ste el trabajo.

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AGOSTO XL XL SOBRE HEL SOBRE HEL VECIO Y EL VECIO Y EL SISTEMA SISTEMA DE LA NA DE LA NA TURALEZA TURALEZA 1 1 P OR F RANCISCO R UIZ ( Diario de la Habana agosto 8 de 1839.) Seor doctor don Manuel Gonzlez del V alle Y a que V ocurre al pblico para presentarme el prrafo que atribuye V. a Helvecio, sacado de la obra titulada Sistema de la Naturaleza contestar tambin ante el mismo pblico a los varios particulares que contiene su artculo los inserto en el Diario de la Habana del 30 del pasado julio. Procurar ser breve y explcito, a fin de ver si alcanzo a que me comprendan hasta los ms legos: de este modo podremos contribuir algn tanto a la utilidad pblica, objeto primordial, y que no debe perder de vista de que se crea o aspire a la noble misin de cooperar al adelantamiento y mejora del hombre. Baste de prembulo, y entremos en materia. Sea lo primero notar la equivocacin en que ha incurrido V ., en mi concepto, en atribuirle a Helvecio la obra titulada Sistema de la Naturaleza y de la que ha copiado V el prrafo que inserta en su precitado artculo. Ciertamente me caus extraeza orle decir a V la noche que concurr al 1. Ttulo de Roberto Agramonte.

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312 \ 312 \ AGOSTO 1839 examen de sus alumnos, a que tuvo V la bondad de invitarme, que Helvecio sostena Que desde el punto y hora que el vicio haca feliz al hombre, deba ste amar el vicio; no porque viese yo en esta proposicin un fuerte argumento contra la doctrina que sostena, sino porque no recordaba ciertamente haberla ledo en sus obras El Espritu y El Hombre ; pero bien puede se r dije para m, que se encuentre en alguna otra obra del auto r que yo no haya ledo, o bien, que est trascordado la memoria es tan frgil! y segu mis observaciones sin empearme mucho ni poco en justificar a Helvecio, como recordar V porque no era del caso. Luego que he visto en su mencionado artculo la fuente de donde V la tom, justifiqu mi duda, pues aunque no estaba muy seguro si era el barn de Holbach, o algn otro autor de la obra titulada Sistema de la Naturaleza tena plena confianza que no era de Helvecio, y para corroborar mi juicio he querido consultar varias fuentes a fin de poner el asunto fuera de toda duda: la una es el Diccionario de hombres ilustres traducido del francs al castellano, y publicado en Barcelona el ao de 1834; otra es el Manual de la Historia de la Filosofa de Tennemann, traducido del alemn al francs por V Cousin el ao pasado de 1829. El primero la supone desde luego de Holbach, como cosa muy averiguada, aunque ste al publicarla lo hizo bajo el nombre de Mirabaud; el segundo se la atribuye a este Mirabaud, muerto ya cuando se public la obra, pero invita a los crticos para que investiguen si Holbach o un tal La-Grange quisieron ocultarse bajo ese nombre, y ninguno la coloca entre las obras de Helvecio, ni dicen que hubiere tenido parte como colaborador en ella. Si todava quiere V ms comprobantes vea lo que se dice en el Conversation-Lexicon o sea, Enciclopedia general alemana edicin de Leipzig, 1835, y traducida al ingls, artculo Holbach. Son numerosas sus obras dice y la mayor parte se publicaron en Holanda annimas, o bajo nombre supuesto. Entra ahora el diccionarista en la enumeracin de ellas, poniendo al fin de la lista al Sistema de la Naturaleza como su obra principal, en la que sin embargo tuvo gran parte Diderot. Este libro, que fue combatido hasta por V oltaire y Federico Mirabaud (no el famoso constituyente Mirabeau), aunque no admite la menor duda que fue obra de Holbach, sobre todo despus de publicada la correspondencia del barn de Grinn, donde lo afirma ste expresamente. Y el artculo Helvecio de la misma obra ni palabra se dice sobre el particula r. Creo, pues, que la demostracin se ha llevado hasta la evidencia, pero si V hubiere descubierto alguna otra fuente de ms pura y abundante luz en que se demuestre lo contrario, esto es, que la obra en cuestin pertenece a Helvecio, suplico a V me la manifieste para salir de erro r pero entre tanto permtame V un pequeo desahogo en la satisfaccin que me cabe de haber contribuido por medio de estas aclaraciones, a libertar a Helvecio, en cierto modo, del aumento de responsabilidad en que se constituira para el gnero humano, si a la no escasa nmina de errores y extravos en que haya

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 313 / 313 podido incurrir como todo mortal, hubisemos de hacerle responder tambin en aquellos en que no tuvo la menor parte. Nunca aplicado con ms justicia el suum unicuique 2 Nada dir del sentido que envuelve el prrafo truncado que V copia, sin embargo de ver que el autor establece su proposicin de un modo condicional e hipottico, y V la convierte al traducirla en absoluta, prescindiendo de las debidas consideraciones. Si est demostrado, como creo, no pertenecer a Helvecio el Sistema de la Naturaleza deber absolvrsele tambin de aquel otro cargo que le atribuye V deducido de la pro. 98 del Elenco, en que, segn lo indica su sentido, Helvecio defiende que la virtud consiste en el sacrificio del deber al placer. Permtaseme decir al paso, que el dolor de que aqu se habla es legtimo, y el place r al contrario, ilegtimo, bastardo y de mala le y pues de otro modo, como pudiera sucede r sera inexacta la proposicin, pero no inmoral, a no ser que los nombres sean los que constituyan la esencia de las cosas. Rectificada ya la cita, y corregida en parte la injuria hecha a la memoria de Helvecio (Cuidado no se crea que me constituyo en defensor de Helvecio, l no necesita de mi defensa!) pasemos a otro punto de mayor importancia. Para mejor fijar la cuestin presentar una proposicin que se deduce inmediatamente de la doctrina que V establece, y que a ser verdadera tendramos que desterrar de la moral la aplicacin del principio de utilidad bien entendida. He aqu, pues, la proposicin que deduzco del artculo al que contesto: Nuestra conducta moral debemos dirigirla no por la mxima de la utilidad, sino por la ley del deber. Pero como he visto que V fija el sentido de esta expresin, segn cree V que lo entendieron Hobbes y Helvecio, bueno ser que indique yo la acepcin en que la tomo, sin que por esto se crea que faltando a las leyes del lenguaje le d una significacin arbitraria o acomodaticia: nada de eso. La palabra utilidad la tomo en el mismo sentido en que la entendieron Scrates, Cicern en su libro De los Oficios donde establece, que la regla de lo til es la misma que la de lo honesto, Hume, el historiado r en sus ensayos de moral, Bentham, que dndole mayor desarrollo por su profunda ilustracin, ha contribuido del modo ms eficaz a los slidos y rpidos progresos que en estos ltimos tiempos han hecho las ciencias de la legislacin y la moral, Droz, filsofo y moralista respetable, que habiendo sobrevivido a los fuertes sacudimientos de la Revolucin Francesa, y sido testigo de los extravos a que puede arrastrar el desencadenamiento de todas las pasiones de un pueblo, pudo estudiarle profundamente bajo todas sus relaciones y complicadsimos intereses, y encuentra que el nico principio luminoso y seguro que no solamente conserva sino que establece el orden, es el de la utilidad. Comte, el jurisconsulto Comte se exalta tanto al recomendar su excelencia, que no 2. a cada cual lo suyo.

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314 \ 314 \ AGOSTO 1839 duda afirmar del modo ms explcito a la conclusin del captulo 14 del primer libro de su Tratado de legislacin que nadie puede atacar el principio de la utilidad sin contradecirse, o estar fuera de s; y ms adelante aade que si alguna vez no est de acuerdo con Bentham es cuando ste no ha sido bastante fiel a su principio, por no haber observado debidamente los hechos. No cito a estos autores, cuya nmina pudiera alarga r para apoyarme en su autoridad, pues siempre he procurado pensar por s mismo, sino para que sea cual fuere la acepcin en que tome V la palabra utilidad, sepa cul es el sentido que yo le do y y por consiguiente la extensin y amplitud que tendr la base en que descanse, cuando la establezco en su aplicacin a la moral. Contraigmonos ahora a la proposicin deducida. Si es cierto que el objeto de la moral es perfeccionar al hombre no slo como ser puramente moral, sino tambin como ser fsico e intelectual, pues esto reunido es lo que constituye al hombre, a fin de que se proporcione la mayor suma de felicidad, es necesario que los medios que se apliquen sean adecuados y correspondientes a este santo fin, pero esta calidad no puede de ningn modo tenerla, si le falta la utilidad, esto es, aquello que da la dicha y felicidad del hombre, supremo bien y fin de la moral. Pero supongamos segn el principio que quisiera V se substituyese al de la utilidad, que se presenta esa ley del deber para determinar y dirigir las acciones morales. Lo primero que me ocurre es averiguar donde se encuentra esa le y y como se manifiesta, si lo que determina es absoluto, necesario, infalible, o si deja al alma en libertad de ejecutar los actos de su voluntad segn bien le plazca para que haya moralidad y por consiguiente responsabilidad... Si se quiere que esta ley del deber est en la conciencia, sea la misma conciencia que me ensea a conocer y a distinguir lo bueno de lo malo moralmente, yo en ello no veo otra cosa, a la verdad, que la misma preciosa facultad de juzgar por la cual percibimos las relaciones de los seres, y distinguimos lo verdadero de lo falso, as como por la misma facultad distingo lo bello, lo pattico, lo sublime, etctera, de lo que no lo es, y le doy el nombre de gusto. Si bien es verdad que percibimos una pena, un sentimiento ms o menos doloroso y profundo cuando hemos ejecutado alguna accin contra los dictmenes de nuestra conciencia, que sentimos crueles remordimientos en nuestro interio r y como que omos la voz de un severo juez que nos acusa sin conmiseracin, todos estos fenmenos naturales resultan necesariamente del juicio formado; por consiguiente, para que las acciones que dicte la ley del deber a la conciencia, o sea el sentido moral, cumplan con su fin, es necesario que contribuyan a la felicidad del hombre: si contribuyen a su felicidad, forzosamente han de serle tiles, y he aqu como esa ley del deber tiene que mendigar consejo de la utilidad, antes de preceptuar una cosa, si quiere cumplir con el verdadero objeto de la moral. Se deduce, pues, asimismo, de tan incuestionables precedentes, que el principio del debe r lejos de dar

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 315 / 315 recibe forzosamente la ley del principio utilitario. Mi conciencia no me acusa por la ejecucin u omisin o por el consentimiento de un acto voluntario y libre, nterin mi juicio no lo haya condenado como malo, y no la condenar mientras no tenga motivo para ello, es deci r mientras no se oponga prxima o remotamente a mi bienestar y felicidad. Aqu s podramos decir que campea el principio de la utilidad, y descuella sobre todos los principios. Si no temiera alargar ms de lo que me he propuesto este artculo, podra continuar ilustrando la materia con el examen de cualquiera de los heroicos sacrificios que cada da hace el hombre por cumplir con sus deberes, y se vera al travs de estos mismos sacrificios resplandecer el principio utilitario; pero baste lo dicho, y vengamos a la proposicin 95 del Elenco, en que veo distinguida la justicia de la utilidad, suponindose que sta no alcanza a donde aqulla llega. Por lo que dejamos demostrado se ver que la justicia lejos de diferenciarse de la utilidad, constituye al contrario la suprema utilidad, porque es la que en sus aplicaciones puede proporcionar a la Sociedad, y por consiguiente a sus miembros, el mximum de dicha y felicidad. Pero la accin, me dir V ., para que merezca el nombre de virtuosa, es necesario que vaya acompaada de algn sacrificio de parte del que la ejecuta; luego, no es la utilidad quien la prescribe, sino la ley del deber; luego si exclusivamente rigieran nuestras acciones el principio de utilidad no habra virtudes, y adis moral! Nunca brilla tanto la utilidad, le contestar a V ., como cuando se practican las verdaderas virtudes, pues los sacrificios que hace de presente el virtuoso los encuentra recompensados con usura en la fuente inagotable de felicidad que le proporcionan sus mismas virtudes. El exacto cumplimiento de todos y cada uno de los preceptos del Declogo produce inmensos bienes al orden social, y por consiguiente la utilidad ms real y efectiva a los que lo practican... Qu cosa sera tan til as para el hombre privado, como para la Sociedad, para la humanidad entera, como el que todos conformasen su conducta segn los principios de nuestra Santa Religin?; entonces, dando dulce acogida en nuestros corazones al primero, al ms importante de todos, al que sirve de base a la Sociedad y forma su vnculo, al de la caridad, o sea el puro y ardiente amor a la humanidad, viramos establecido sobre la tierra el reinado dichoso de la paz y la unin, apoyados en la justicia. Bendita sea la poca en que lleguen los hombres a este grado de perfeccin moral! Examinando la naturaleza humana se ve que tales han sido los designios de su Auto r mas para alcanzar tanta ventura es forzoso que lleguen los hombres a conocer sus verdaderas relaciones e intereses, y cmo podrn alcanzar ese grado de perfeccin si no cultivan su entendimiento, para aplicar despus al fruto que ste les ofrezca el principio de utilidad? Cul ser la regla, el criterio, la piedra de toque, digmoslo as, donde

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316 \ 316 \ AGOSTO 1839 ensaye el hombre sus ideas, pensamiento, acciones y cuanto tenga relacin con su se r para admitirlo o desecharlo segn que se conforme o contrare a su dicha y bienestar? Proscrbase el principio utilitario, y quedaremos a oscuras, pero admtasele y volver luz, y con l la confianza y seguridad, porque siendo eminentemente racional, no permite a la voluntad dar un paso sin que antes tome cuenta de los motivos que la determinan. Es activo sin agitarse ni precipitar sus pasos, sus miras son las ms rectas, como que a l est confiado nada menos que el precioso tesoro de la verdadera felicidad del hombre; por eso examina las cosas bajo todas sus relaciones, procurando escudriar cuanto en ellas se encuentre, y descubrir hasta las ms remotas consecuencias de una accin. A veces reprime nuestros ms vehementes deseos por legtimos que sean y exige que sacrifiquemos placeres y bienes de presente, para recoger despus otros ms ricos y duraderos. Los que proceden de un modo contrario, esto es, los que no saben resignarse a sufrir una pena actual o que no quieren privarse de un bien momentneo para evitar en lo sucesivo mayores males, o proporcionarse una fuente inagotable de bienes, desconocen el principio o ignoran el modo de aplicarlo. Son tantas las ideas que me ocurren en apoyo de esta doctrina, que a dejarme arrastrar sera una obra, y no un artculo lo que escribiese. Lo dicho es suficiente para que el pblico forme idea del genuino sentido del principio de utilidad, y como debe aplicarse a la moral. V eo que se alarga este artculo mas de lo que quisiera; dir, sin embargo dos palabras sobre otra proposicin de que se habl en los exmenes, y que tambin tuvo V en su artculo que para calificar la naturaleza de una accin moral no ha de atenderse al efecto que sta produce en su aplicacin, sino a la intencin del operante. En este mismo sentido la establece V en su artculo, aunque advierto le ha hecho una pequea modificacin que no la altera en el fondo. Todo el que haya saludado la moral sabe, o debe sabe r que la naturaleza de las acciones es cosa muy distinta de su imputabilidad o moralidad. Para estudiar su naturaleza, es indispensable observar los efectos y resultados que producen con relacin al hombre, cuyos resultados que son el fruto de la experiencia, se ensayan con mucha escrupulosidad, antes de clasificarlos, en la prueba de toque, que es el principio de utilidad, para distinguir las buenas acciones de las malas, y las virtudes de los vicios. Yo apelo a todo hombre de mediano entendimiento, si cree que en esto entra para algo la intencin con que se ejecute la accin, o lo que lo mismo, si la intencin es capaz de variar la naturaleza de una accin, y hacer que la perfidia, v .g., no sea un crimen. Pero la imputabilidad, o la responsabilidad en que haya incurrido el hombre por la ejecucin de una accin buena o mala, tendrn que atender a la intencin del operante, muy bien lo veo, o, para poder graduar el tamao de la culpabilidad o del mrito que haya contrado por su accin u omisin. Y no entra slo la intencin como ele-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 317 / 317 mento en este cmputo; ha de atenderse tambin a las circunstancias del hecho, porque asimismo atenan o aumentan la responsabilidad del que lo ejecuta. Aunque estas ideas son muy triviales entre moralistas y jurisconsultos, me ha sido forzoso indicarlas para probar cun distinta es la naturaleza de una accin de su imputabilidad, y que no ha podido determinarse como buena o mala una accin sin haber observado previamente sus efectos, lo que formulado podra expresarse diciendo que las acciones son buenas o malas segn la relacin en que estn necesariamente o conforme a su naturaleza con el hombre. Vio ste que el quitarle la vida a otro hombre era el mayor dao que poda inferrsele, porque le priva de su existencia, y calific de mala y detestable la accin. Se acusa a uno de haber cometido un homicidio, entra entonces el juez a considerar la intencin que pudo llevar el que lo ejecut, y no slo se detiene aqu sino que pesa tambin las circunstancias que acompaaron su perpetracin, para poder graduar el tamao del crimen, y aplicar la condigna pena al reo, o su absolucin si resulta inocente. Creo que con lo ya expuesto queda demostrado: primero, que la obra del Sistema de la Naturaleza no es de Helvecio; segundo, que el principio de la utilidad no solamente debe aplicarse a las ciencias polticas y econmicas, y a cuanto tenga relacin con los goces y necesidades del hombre, sino tambin a la moral propiamente dicha; y tercero, que la clasificacin de acciones en buenas y malas, virtuosas y viciosas, ha de hacerse despus de observar atentamente lo que contribuye a la mejora y perfeccin del hombre, o al contrario, lo cual es muy distinto de la imputabilidad de un acto, porque aqu entran como elementos constitutivos, no slo el acto, hecho, sino la intencin del operante y circunstancias del mismo hecho. Si aun le quedaren a V algunos reparos que hace r as respecto a la cuestin crtica sobre quien sea el autor de la obra titulada Sistema de la Naturaleza como respecto a la doctrina expuesta, podremos continuar ilustrando la materia en algunos otros artculos, o del modo que V guste. Entre tanto saluda a V su afectsimo Q.S.M.B. Francisco Ruiz Habana, 3 de agosto de 1839.

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318 \ 318 \ AGOSTO 1839 XLI XLI SOBRE HEL SOBRE HEL VECIO Y EL PRINCIPIO VECIO Y EL PRINCIPIO DE DE UTILIDAD UTILIDAD 3 3 ( Diario de la Habana agosto 17 de 1839.) Seor presbtero licenciado don Francisco Ruiz: Que sea Helvecio o el barn de Holbach el que haya dicho desde el momento en que el vicio nos hace dichoso, debemos amar el vicio, que sea ste o aqul, es punto en el que sobreseo de buen grado, porque, al fin y al cabo, los dos pertenecen a una misma poca filosfica, se comunicaban con frecuencia, militaban bajo una misma bandera, y eran de una propia escuela; y tanto, que aquello que Helvecio no dio a entender muy a las claras basta or despus al obsequioso y desembozado Holbach, para no dejarnos duda de todo lo que ya traa en su seno el principio de la utilidad, a cuya defensa y propagacin entrambos se dedicaron, atrayndose disgustos y persecuciones. Habr quien note en el libro El Espritu de Helvecio diccin diversa de la que luce el Sistema de la Naturaleza y otras seales de diferencia, pero lo que es la idea del inters, con sus corolarios y aplicaciones, campea fija, poderosa y dominante en uno y otro escrito r como en veinte ms de aquel tiempo, que con igual decisin la hicieron cundir por todas partes. Si Helvecio pona la superioridad del hombre sobre los animales en la diferencia de la organizacin fsica y no ms, segn lo declara abiertamente en su primer discurso, de ah al amor al vicio, no hay mucho trecho para la lgica, y ya tiene V juntos a Helvecio y Holbach. Para mayor prueba permtame V trasladar algunos pasajes del libro El Espritu discurso 1, donde trata Helvecio de manifestar la inferioridad del alma de las bestias en cotejo con la del hombre. Todas las patas de los animales rematan o en pezuas como las del buey o del ciervo, o en uas, como las del perro o lobo, o garras, como las del len y el gato. Esta diferencia de organizacin entre nuestras manos y sus patas los priva no slo, segn lo dice Buffon, del sentido del tacto en un todo, sino lo que es ms, de la destreza necesaria para manejar un instrumento o hacer algunos de los descubrimientos que suponen las manos. 2 La vida de los animales, en general, por ser ms corta que la nuestra no les permite hacer tantas observaciones ni, por consiguiente, tener tantas ideas como el hombre. 3 Mejor armados y vestidos los animales que nosotros, tienen menos necesidades, y deben, por consecuencia, tener menos invencin: si los ani3. Ttulo de Roberto Agramonte.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 319 / 319 males voraces tienen, en general, ms espritu que los dems, el hombre siempre inventiva, ha debido hacerles imaginar ardides para sorprender su presa. 4 Ante el hombre, que se ha hecho ms fuerte y temible con el uso de las armas que ha fabricado, la sociedad que forman los animales es fugitiva. Pero cuanto ms se multiplica la especie de un animal capaz de observaciones, tanto ms tiene ideas y espritu. Pero se dir: por qu los monos con las patas casi tan maosas como nuestras manos, no hacen progresos al igual del hombre? Porque bajo muchos respectos se quedan inferiores; los hombres se han multiplicado ms. Entre las diferentes especies de monos pocos tienen la fuerza del hombre: los monos son frugvoros, tienen menos necesidad y por consiguiente, menos invencin que los hombres; su vida es ms corta, forman una sociedad fugitiva ante el hombre y ciertos animales, as como el tigre, len, etctera, en fin, estando por la disposicin orgnica de su cuerpo, como los nios en perpetuo movimiento, aun despus de satisfechas sus necesidades no son capaces los monos del ennui o fastidio que debe mirarse, segn lo probar (en el tercer discurso) como uno de los principios de la perfectibilidad del espritu humano. Y all en el captulo 9 de su tercer discurso declara que al llegar la sociedad a punto de perfeccin, entonces las palabras de bien y de mal, creadas para expresar las sensaciones de placer o de dolor fsico, que recibimos de los objetos exteriores, se extienden generalmente a todo lo que puede preocuparnos la una o la otra de estas sensaciones, aumentarlas o disminuirlas. Jams hubo mayor olvido ni desprecio ms patente de lo que es el hombre, y de lo que constituye su dignidad y preeminencia caracterstica. Para Helvecio, lo mismo que para Hobbes, Holbach y los otros partidarios de su menguada psicologa, el hombre no tiene ms que sensibilidad fsica. Y con estos antecedentes, fulmino cargos al sistema de Helvecio que no se deduzcan de sus propias frases? Qu moral se podr componer atenindose a la pura sensibilidad y a las pasiones que Helvecio deriva de ellas? A la vista est. El bien y el mal ya no se refieren, como siempre se ha credo, a la libertad de hacer o no hace r con arreglo a la razn de lo justo, sino a sensaciones de placer o de dolo r En vano siglos atrs haba demostrado Scrates a Calicles, que lo que se posee y se pierde a un mismo tiempo, no es ni bien ni mal, por cuanto que al sufrir hambre y come r, concurren a la pa r la pena del hambre y el gusto de la comida, mientras que no se sabe en lo posible el ser desgraciado y feliz simultneamente, sacando, por consecuencia que una cosa es lo bueno y otra lo agradable. Helvecio no repara en esto, proclama por principio de conducta el placer del individuo, y ni vacila en afirmar que cualquier hombre, como prefiera el decir la verdad al orgullo de tenerse por virtuoso, si atento sondea en su

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320 \ 320 \ AGOSTO 1839 interio r ha de conocer que sus virtudes y vicios se los debe al diverso modo con que lo modifica el inters personal. Para mayor alarde y gala de su tema, as explica Helvecio lo que entiende por beneficencia,: Humano dice es aquel que por serle insoportable la vista de la desgracia de otro, para redimirse de tal pena, se ve forzado a socorrer al infeliz... Y es sta aquella virtud expansiva de las almas tiernas y generosas, que reputan por dicha propia cuanto rebajan de la desgracia ajena? Pero Helvecio era lgico y aplicaba su principio de utilidad a costa de los hechos que se le resistan a entrar por el aro de su hiptesis. Sera no acabar el ir sealando las huellas peligrosas que ha dejado en su trnsito el sistema del placer conforme al texto helveciano. Antes parece el libro El Espritu una stira contra ciertas aberraciones de los hombres, que una explicacin filosfica de su destino moral. En cambio, el gnero humano sigue tributando sus aplausos a la castidad difcil de Scipin, a la inmolacin dolorosa que de su hijo decret Bruto, al valor admirable de Rgulo y de otros hroes de la virtud, bajo el concepto de que lo merecen por el sacrificio de sus placeres en las aras del deber y de la justicia. Si el sistema de la utilidad pasara a la prctica, segn la glosa de su terica, lo que en honor de la verdad y por una feliz inconsecuencia no sucede, qu viera un hombre en otro hombre? Una de dos, o un instrumento de utilidad o un obstculo. Si lo primero, V cae en la cuenta de lo que hara el egosta neto. Si lo segundo, era preciso acabar con el hombre que estorbase el bienestar individual. Y por ah derecho se iba a los abismos del crimen. Gozaban sus semejantes? La envidia le roera el corazn. Se le presentaban miserables y congojosos? Se alegrara, en el contraste, de no sufrir con ellos, porque el riguroso calculista del inters individual deba condenar todo impulso de compasin por no haber salido ajustado de la contadura de la utilidad. Y de paso sea dicho, cmo se harn ah las sumas y restas de placeres morales y de placeres fsicos siendo cantidades tan heterogneas? Se reducirn todas a placeres fsicos? Admitirn la partida de acciones espontneas? Trabajo les mando... V olvamos la contemplacin al utilitario mismo en el discurso de su vida, entregada al arte mecnico de negociar la propia conveniencia. De qu se queja? De sus placeres idos para siempre con la flor de su juventud. Qu consuelo le asiste? El poco seguro de dolores terminados, mientras que la perspectiva de sus venideros aos se la anubla, con la prdida sucesiva de los quilates de sensibilidad, y con la disminucin de algunos placeres posibles, s, pero inciertos, y con la amarga seguridad de los dolores inevitables que trae la vejez. En desierto tan horroroso no han de asaltar tentaciones hasta de suicidio?

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 321 / 321 Qu diferencia de espectculo con ponernos bajo de encantadores auspicios de la ley de lo justo! De esta primer ley del bien y del mal, no inventada sino descubierta y acatada por el hombre para la gua de su destino, ley impersonal, que segn la frase de Tulio ternum quoddam 4 que gobierna el universo mandando y prohibiendo con soberana razn. Entonces se admiran los rasgos espontneos de la generosidad, se oye hablar con entusiasmo de los holocaustos, del olvido estoico de todo place r, hasta de la vida por el cumplimiento del debe r y santos se llaman los dolores que acompaan al bueno en su consagracin inviolable a lo justo. En este mundo verdadero de la moral no alcanza el lauro y prez de virtuoso quien goza de delicias, si no las merece, ni sufre del baldn de malo quien pasa miserias y angustias, como no le vengan por castigo. Tal vez alguno, haciendo del virtuoso, usurpe el asombro, y logre las aclamaciones y aplausos que discierne la humanidad a los hroes de la moral. Mas cuidado!... porque si el gnero humano escribi el nombre de ese hipcrita en las pginas de la historia dndole el tributo de aprecio al que no era acreedo r penetremos la intencin de la humanidad; a quien quiso premiar fue al hroe verdadero, no al calculista engaador Ay del usurpador de la gloria cuando se descubra su trama!... Cierto escritor de la escuela utilitaria francamente ha confesado que la hipocresa, al cabo es un homenaje a la virtud, aunque espreo bastardo y de mala le y Y cuando en conversacin vulgar se dice que uno hizo su conveniencia, u otro de la necesidad virtud, pardiez que no se echan flores a las acciones interesadas. Pero tengo que detenerme, porque en el prrafo 7 del urbano artculo que V me dirigi en El Diario del 8 de este mes, dnde se encuentra la ley del deber y cmo se manifiesta? Respondo que damos con su revelacin sublime al punto que asoma una intencin de la conciencia, y que la hallamos tambin al admirar un hecho de nuestros semejantes, comenzado o cumplido con entera libertad, puesto que jams nos abandona el orculo augusto de la razn, y cada y cuando se ofrece, nos impone con autoridad divina la obediencia a lo justo, sin quitarle a la voluntad el poder de seguir o no la voz eterna del deber que la intima. De aqu el captarse el hombre o loor o vituperio, pues si hacen bien pudiendo hacer mal, merece aprobacin y alabanza; si procede mal pudiendo proceder bien, desmerece ante la razn que as lo acusa en su conciencia como en el foro moral o en los tribunales de los dems hombres. A quin se le oculta lo que se entiende por imputacin? No es el fallo del mrito o demrito que se granjea el hombre por sus acciones? Por lo que mira a la manifestacin de la ley del debe r bien clara se aparece en los remordimientos o en el regalo pursimo de una conciencia inmaculada. Qu es la censura de nuestros semejantes? Solemne mani4. una cosa eterna.

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322 \ 322 \ AGOSTO 1839 festacin de la ley violada, s pero no destruida ni un momento siquiera, pues castigando queda con su inmutable autoridad la infraccin cometida, y recordando al culpable, muy a su pesa r en todas partes y a todas horas lo sagrado del deber por siempre imperioso. Contento, al contrario, con s mismo el leal a la virtud, recibe en su conciencia la santa aprobacin de Dios, junto con las bendiciones y honras de los dems hombres llamados a cumplir idntica le y Pero sus hermanos, dir V lejos de encomiarle no lo comprenden y lo colman de afrenta y amargura. Suele ser as, ms como la justicia no es la utilidad, el virtuoso, firme en su debe r tendr el martirio por palma. Nuestra religin distingue, con sumo acierto, lo que es el dolor de haber ofendido a Dios por ser Dios, del pesar por las penas indefectibles reservadas al culpado. Quin desconoce el mrito relevante de la contricin en paralelo con el inters de la temerosa atricin? Para que V se persuada de que el principio del deber es opuesto en el campo de la moral, al sistema de la utilidad, le recuerdo lo encontrado que est Bentham hasta con las palabras moral, justicia, virtud, conciencia, equidad natural, etctera. La ciencia toda la reduce al conocimiento de lo que conviene y desecha el ttulo de moral para ponerle Deontologa. Con respecto a los motivos de las acciones afirma Bentham que no hay para qu meternos en la averiguacin de ellos que si siendo malos, producen buenas acciones, tanto mejor para la sociedad, y tanto peor si, con intenciones buenas, se producen actos malos, porque el asunto est en la accin y no en el motivo. Muy lejos estoy de pensar en esto como el analtico jurisconsulto ingls. Seguramente, para el legislador y el juez, los hechos exteriores son indispensables, pero qu ven en ellos? Unos signos, unos smbolos, una traduccin sensible de intenciones, y as los aceptan. Cae una piedra, hiere a un transente; la piedra aunque caus dao no es injusta, cabalmente, por carecer de intencin. Ahora no me consentira V tildarle el raciocinio con que abona el sistema de la utilidad, con la nota tcnica de petitio principii 5 pues repite lo que ha debido probar?. Y por circunscribir la cuestin a casos que reciben soluciones por la escuela de V y la de mi predileccin le suplico me resuelva los siguientes: 1 Desahuciado andaba de mdicos un individuo que adoleca del hgado; guardbale antiguo rencor un enemigo pesaroso de que viviese el enfermo los pocos das que le sealaban los inteligentes en achaques de salud. Una noche el enfermo se encuentra con su enemigo: verle ste y clavarle un pual, todo fue una. El herido crey llegada su postrer hora, su agresor tambin lo crey, pero el pual abri tal apostema del hgado, y al fin el 5. peticin de principio.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 323 / 323 enfermo se restablece y pone sano, y con la vida segura para muchos aos. Es bueno el que le hiri porque result la gran utilidad de la salud o es malo, a pesar de la conveniencia que trajo el crimen, atendida la intencin del operante? Temo la alternativa en que puede verse V entre la lgica o el reniego del principio utilitario. 2 Pirdesele a un rico avariento o disipador y vicioso, en lo espeso de un bosque, cierto tesoro: da con la bolsa un pobre labrado r afligido de la miseria y del hambre de su esposa y cuatro hijos. Deber por la utilidad del alimento de la educacin y del porvenir mejor de su familia menesterosa, quedarse con las monedas? No incluyo en el clculo las penas de los remordimientos que apretasen al labriego necesitado, por la intencin de hacerse de la bolsa, pues al final del prrafo 7 de su corts artculo, sostiene V que su conciencia no le acusa la ejecucin u omisin de un acto voluntario y libre, nterin su juicio no lo haya condenado como malo y no lo condenar mientras no tenga motivos para ello, es deci r mientras no se oponga prxima o remotamente a su bienestar y felicidad. Sobre lo cual le llamo la atencin porque si la bondad o la maldad de las acciones depende de calificaciones individuales, ni hay intersticio entre presentarse una intencin y brillar la ley impersonal de lo justo. Ruego igualmente a V me admita la sincera protesta de que me contraigo slo a la doctrina del ibi fas ubi optimas merces 6 Dos hombres no obstante sus hiptesis ms queridas son guiados en su conducta por principios superiores, que sin presumirlo, los llevan por buen sendero. De Helvecio se cuenta que era moderado, sobrio y honradsimo. De Holbach que era caritativo y generoso. Me he dirigido contra al sistema del placer tal como lo han labrado sus clebres autores, y ha venido hasta nosotros en sus ltimas tradiciones, conforme a los textos reconocidos de la secta utilitaria. En su campo ha de ventilarse la cuestin: de otra manera el buen juicio particular de V en los trances dialcticos en que se viera comprometida y desesperada la doctrina del inters, sera un obstculo para llegar a tenerlas con el sistema oficial de la escuela.B.L.M. de V Manuel Gonzlez del Valle. 6. el deber est all donde radica el mayor rendimiento.

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324 \ 324 \ AGOSTO 1839 XLII XLII SOBRE HOLBACH Y EL SOBRE HOLBACH Y EL SISTEMA SISTEMA 7 DE LA NA DE LA NA TURALEZA TURALEZA P OR F RANCISCO R UIZ ( Diario de la Habana a gosto 30 de 1839.) Seor doctor don Manuel Gonzlez del V alle: Confesada la equivocacin que padeci usted en haberle atribuido a Helvecio la obra de Holbach, titulada Sistema de la Naturaleza aunque no franca y paladinamente como era de desearse, en obsequio de la verdad, a quien debemos tributar siempre el justo homenaje, se consuela V en su derrota, acogindose al refugio de que ambos pertenecan a una misma poca filosfica, se comunicaban con frecuencia, militaban bajo la misma bandera, y eran de una propia escuela, etctera, como si stas y otras relaciones que pudiera haber entre ellos, autorizaran en buena lgica para concluir que haban de ser responsables recprocamente de las doctrinas contenidas en sus respectivas obras. Y bien era de esperarse, al ver mi protesta de no entrar en la defensa de Helvecio, ni de ningn otro auto r como de nuevo la reitero, porque es innecesario para ventilar ninguno de los puntos en cuestin; que V ., portndose con ms hidalgua y a ley de buen caballero, no hubiese insistido en atacarlo, y menos del modo que lo ha hecho hallndose indefenso. Resuelta, como acabamos de ve r en mi favor la cuestin principal, porque fue la que dio motivo a esta polmica, pudiera en dos palabras contestar al resto de su elegante artculo, diciendo que puesto que V en l ataca a Helvecio, Bentham y otros autores, cuya defensa, ni por poder ni de oficio he querido admiti r quedaba terminada nuestra discusin, pero en obsequio del importante objeto que nos ocupa, y por la utilidad que pueda redundar al pblico, me encargo de presentar algunas de las observaciones que me han ocurrido con la atenta lectura del artculo que contesto. Sea la primera la inconsecuencia o la inexactitud lgica con que supone V que no distara mucho Helvecio de amar el vicio, siempre que le proporcionase placer, porque se haba empeado en demostrar que la superioridad del hombre sobre los dems animales la debe a la organizacin fsica. Muchos, muchsimos, a ser legtima la deduccin de V habran de participar de la disposicin al vicio que atribuye V a Helvecio por semejante defensa. Desde el profundo y sesudo Herde r por no meterme all entre 7. Ttulo de Roberto Agramonte.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 325 / 325 griegos y romanos, hasta el ltimo alumno de la escuela fisiolgica en nuestros das, han trabajado y trabajan, no ya tanto en la resolucin del problema, porque su demostracin se ha llevado hasta el grado de evidencia, sino en la averiguacin de otros fenmenos morales y psicolgicos por su estrechsima relacin con los fisilogos. Cuestin es sta de inmensa trascendencia, pero no es la ocasin, ni me toca a m ventilarla. Otras inexactitudes lgicas pudiera presentar sin salir de los primeros prrafos de su artculo, pero se prolongara ste ms de lo debido. Quiero s llamar la atencin sobre la inexactitud crtica, y lgica al mismo tiempo, de dar por refutada la doctrina de un autor por lo que se le haga decir en media docena de prrafos truncados. Si esto no prueba sobra de mala fe, y decidido empeo en presentarle como derrotado sin estarlo, prueba al menos precipitacin en los juicios, la cual puede provenir de muchas y diversas causas, y cuidado! que es una de las fuentes ms fecundas en extravos. Un discpulo provecto de la escuela fisiolgica habra encontrado en esta parte de la doctrina de Helvecio una proposicin verdadera, pero mal defendida. Cuntas buenas causas se pierden por la torpeza y falta de pericia de sus defensores y patronos! Otros verdaderos errores en que incurri Helvecio, pudo V con ms provecho haber indicado. Creo que V hubiera andado ms acertado, si en lugar de copiar esos prrafos de El Espritu de Helvecio, para deducir tambin ideas las ms inmorales y absurdas, como pudiera acaso hacerlo un qumico en la extraccin de un veneno de una substancia sana y nutritiva, se hubiese V contrado a justificar el cargo que contra Helvecio resultaba del tenor de la proposicin 98 de su Elenco, en que se le presenta como defensor de la siguiente proposicin: la virtud consiste en el sacrificio del dolor al placer, segn not en mi anterior artculo. Acaso el silencio que V guarda sobre este asunto ser por haber sobresedo tambin el cargo que le resultaba presentndolo bajo tan desfavorable aspecto, bien que como all mismo digo mucho habra que ver en esto entrando en explicaciones, pero entre tanto obran las apariencias, y cuenta que no pocas veces suelen ser ms funestas que las realidades! Algo desembarazado ya con la manifestacin de las observaciones que desde la entrada de su precitado artculo me ocurrieron, pedira el buen orden que continusemos la discusin sobre el principio utilitario, pero como veo que V insiste en atacar a Helvecio y a su escuela, de quienes no me cansar de repetirlo, no me he constituido defenso r no extrae V si vuelvo a decirle que me considero legtimamente dispensado en contestarle sobre el particula r Bien pudiera quedarme sobre las armas, digmoslo as, de mero espectado r y hasta divertido, vindole lucir su diestra dialctica en las ruidosas, aunque vanas descargas que hace V contra el indefenso Helvecio, y de las cuales algunas chispas alcanzan al filntropo Bentham; mas yo deseo sinceramente aclarar esta materia, y para mayor ilustracin

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326 \ 326 \ AGOSTO 1839 del principio y de la doctrina, seguir paso a paso todo lo que V dice y expone, procurando contestar en aquellos puntos, que algo me ataen, siempre por supuesto, en consecuencia con la acepcin en que desde mi anterior artculo he tomado el principio utilitario, cuando fij la cuestin. Suplico a V tenga la bondad de releerla, con algn detenimiento, y libre de toda prevencin, como debe hallarse necesariamente quien con sinceridad busque la verdad, y encontrar que mi opinin es muy distinta de la que V. combate, aunque sean idnticas las expresiones empleadas. V da a entende r segn el contexto de todo su artculo sentira equivocarme que el moralista utilitario todo lo refiere a los goces sensuales, y que sacrificar cuanto hay de ms sagrado al empeo de no perder el amor de estos goces, lo cual ha de conducirle por necesidad al ms despreciable egosmo; para l no hay virtudes, no hay deberes, no hay probidad, no hay conciencia, en una palabra se convertira en uno de los malvados ms detestables, si por una feliz inconsecuencia no tuviera que separarse en la prctica de su teora. Creo que V me har la justicia de creer que si tomara yo el principio utilitario en tal sentido, me merecera igual reprobacin pero vea V de qu otro modo tan diverso lo entiendo cuando digo que el hombre, al aplicar el principio de utilidad no slo ha de atender al dolor y placer puramente sensual, sino que ha de considerar tambin con mucha predileccin los goces morales e intelectuales, pues de fenmenos pertenecientes a este hombre triple, por decirlo as, se forma el hombre completo, cual debemos considerarlo para llenar su estudio. Habr lugar a decir que se excluyen las virtudes, los deberes y otras dotes que constituyen su mayor perfeccin? Sera necesario para esto suponer que quien aplicase el principio no haba hecho el menor estudio de su naturaleza, pues la ms ligera observacin le habra enseado que muchas veces hay conflictos, hasta empearse una lucha entre los sentidos, los apetitos, los placeres sensuales y la razn, as como otras se advierte ms recia y comprometida entre las pasiones y la misma razn. El triunfo de esta razn aplicando su regla de oro que es el principio utilitario, exige que en nuestras acciones sacrifiquemos en tales circunstancias el menor presente bien al mayor aunque remoto, o sepamos resignarnos a soportar una pena actual que ha de proporcionarnos goce y felicidad duradera aunque futura, ponindonos en la feliz necesidad para nuestra mayor perfeccin de practicar todas las virtudes y cumplir con todos los deberes que necesariamente resultan, atendida nuestra naturaleza y relaciones con nosotros mismos, con Dios y nuestros semejantes. Explicando el principio de utilidad en los trminos que llevo expuestos, y que con mayor extensin se encuentran en el anterior artculo, deben desaparecer esos vanos temores que tanto alarman su exaltada imaginacin, y en lugar de supone r partiendo de falsas premisas que los hombres guiados por este racional principio habran de encontrarse en abierta pug-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 327 / 327 na con sus hermanos, y preparados a cometer hasta el horrendo crimen de atentar contra la existencia de aqul que creyesen que no contribuira a su bienesta r que veran con envidia los goces ajenos y se alegraran de las miserias y desdichas de sus semejantes; en lugar de todo esto y mucho ms que presenta el recargado cuadro que V ofrece, resultara todo lo contrario, y muy de otro modo que V lo supone. V a V a verlo muy en breve. Estudiando el hombre, su naturaleza, segn la posicin que ocupa en el Universo, y las relaciones que le ligan con todos los seres, descubre desde luego que las tiene muy ntimas con sus semejantes, y advierte que de estas relaciones derivan ciertas leyes constantes e invariables que sirven de norma a sus operaciones; la experiencia le ense que el fuego, v .g., atacaba con energa su existencia, produciendo un intenso dolo r se alarm el instinto de su conservacin y rehuy del fuego por evitar el dolor y la muerte. Del mismo modo y por el mismo idntico principio evit ofender a sus semejantes, hirindoles v .g., porque not que tal accin ejecutada por otro en l haba producido, no slo el dao fsico sino cierta reaccin interna de su nimo que le impuls a rechazar con energa la causa inmediata del dao, no menos que a ofender al que lo caus. Fcil le fue, pues, entonces descubrir el canon, o establecer la ley de no hagas a otro lo que no quisieras que te hiciesen a ti; es deci r no te olvides, no desatiendas, no pierdas un momento de vista la utilidad que se te ha de servir de no daar a tu prjimo, que desde luego, y prescindiendo de otras mil consideraciones evitars el mal o dao que por represalia pudieran causarte. Hazle a otro todo aquello que quisieras que te hiciesen a ti. Este canon, como se advierte, adelanta mucho ms la accin del principio poniendo en ejercicio el sentimiento de la benevolencia, y hacindola efectiva. Sigue, pues, la razn discurriendo por lo que en nosotros pasa, y nos ensea la experiencia sernos conveniente, y provechoso, esto es, til, aplicar tan bellos sentimientos en favor de nuestros semejantes, cuando las circunstancias lo exijan. Que es recproca esta utilidad no necesita demostrarse, pues quien ejerce la beneficencia labra la fuente ms pura y abundante de felicidad, y quien dice felicidad tiene que forzosamente reconocer utilidad en los objetos o medios que la causen. Y cmo podra el hombre, sociable por naturaleza, cumplir con el bello instinto de mejora y perfectibilidad, si no arreglase tambin su conducta de tal modo que al comparar la suma de bienes y males que le ofrece la existencia, encontrara un gran excedente de la primera partida sobre la segunda? Para esto ha de procurar disminuir en cuanto sea posible, si no todos los males porque los hay inherentes a nuestra naturaleza, al menos aquellos que resultan de nuestra ignorancia, la cual nos impide arreglar de un modo conveniente nuestros encontrados intereses y opuestas relaciones sociales, al paso que ha de trabajar de consuno en el aumento de los bienes que se componen y constituyen de cuanto por su cualidad utilitaria

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328 \ 328 \ AGOSTO 1839 pueda asegurar nuestra felicidad, que consiste en vivir segn los designios de nuestro benvolo Auto r. Y necesitar todava detenerme a demostrar que la envidia, y ese otro bastardo sentimiento, que ni aun nombre se ha dignado darle la humanidad el cual consiste en un maligno placer que experimentan ciertas almas dbiles y mezquinas por los sufrimientos, que acaso ellos mismos han causado a sus semejantes, lejos de deber su existencia al racional principio de utilidad, resulta ser al contrario uno de los medios ms seguros y eficaces de corregir stos y otros sentimientos vituperables de nuestra imperfecta naturaleza? Los que consulten debidamente este principio han de poseer conocimientos no vulgares acerca de la naturaleza e ndole de nuestras pasiones para darles la conveniente direccin, a fin de que coadyuven con su poderosa accin a que el hombre llene los altos designios de su Auto r Y helo aqu como uno de los mejores correctivos de las pasiones. Y no se dispensar V. la demostracin de quien lo conozca, y sepa usarlo, lejos de sentir esas congojas que tan donosamente supone V .; por la prdida de su juventud, permanezca tranquilo, viendo acercarse la rugosa vejez, porque con bastante anticipacin haya sabido prepararse acopiando cosas muy tiles, que as contribuyan al dulce recreo de su nimo en los ltimos trminos de su vida, como el consuelo y resignacin en los achaques y dolencias que pueda sufrir su enferma y quebrantada naturaleza? Como que nunca debe desamparar al hombre que con sinceridad procura perfeccionar su naturaleza, no pierde ocasin de ensearle a preparar el campo de la vida, de tal modo que encuentre su felicidad y ventura en cuantas situaciones pueda colocarle su destino, porque como he dicho en mi anterior artculo, le est encomendada la preciosa joya de nuestra felicidad. sta se disfruta no slo gozando de los placeres fsicos, morales e intelectuales, sino privndonos de ellos, y hasta sacrificando unos a otros, si as lo reclama el principio, y por eso el cnsul Bruto cuando inmol a sus hijos en las aras de la patria, ejecut un acto de heroica virtud, y cumpli con un doloroso debe r pero quien no est muy preocupado descubrir desde luego la razn de inmensa mayor utilidad que oblig al cnsul romano a pasar por tan duro trance. Dos deberes a cual ms poderosos y legtimos hubieron de atormentar su acongojada alma en tan crtico momento: uno, el sagrado deber de vigilar sobre la existencia y conservacin de sus hijos, deber inspirado por la misma naturaleza, y sellado con el amor que nunca abandona el corazn de un padre; otro, no menos sagrado, el de la salvacin de la Repblica que acababa de constituirse, y cuya suerte y destinos le estaban encomendados como a su principal libertado r En tan penosa como difcil alternativa su alma verdaderamente romana tuvo sobrada energa para detenerse a pesar las utilidades, y contemplar el cmulo de daos que con la prdida de uno u otro objeto

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 329 / 329 habran de seguirse, y por resultado de su liberacin decret que cayese el hacha de los lictores sobre el cuellos de sus criminales hijos. La salvacin de la patria con quien acababa el cnsul de identificarse a costa del doloroso sacrificio de sus hijos, o el resultado opuesto! Pregunto: dnde se encuentra la mayor suma de utilidad? El anlisis sobre los motivos que determinaron al insigne romano, lejos de empaa r realza su heroica y sublime virtud consignada en las pginas de la historia como uno de los hechos que ms ilustran la humanidad. Si al cabo se malogra la accin, no por eso los sacrificios son del todo perdidos, ni deja la virtud de alcanzar su justo galardn. El duelo mismo que forman aquellos en cuyo beneficio nos hemos sacrificado, y el testimonio puro de nuestra conciencia constituyen bienes tanto ms tiles y preciosos, cuanto que nadie alcanzar a turbar su deliciosa posicin. V eo que con frecuencia cambia V el nombre del principio que quiere establecer en sus aplicaciones a la moral, resultando cierta multiplicidad, no muy a propsito a mi entende r para el estudio de las ciencias. Ora le llama V ley de lo justo, o sea primera ley del bien y del mal, ora ley del debe r ley impersonal, que segn la frase de Tulio, dice V es ternum quoddam 8 mandando y prohibiendo con soberana razn No criticar la oscuridad ni el vago e indeterminado sentido que ofrecen estas frases cuyo defecto es tanto ms notable cuanto se trata de una ciencia cuyos principios han de ser los ms claros y sencillos, a fin de que todos, hasta los de entendimiento ms limitado, puedan hacer tiles aplicaciones de sus verdades. Pero prescindiendo de todo esto, me permitir V esta sencilla pregunta: es bueno o malo lo que tales leyes determinan? Si es bueno ha de ser conforme a la dicha, bienestar y felicidad del hombre, y por consiguiente a su utilidad. Me dispensar V la conclusin que se deduce del otro miembro del dilema, pues no me atrevo a hacerle a V el agravio de suponer que quiera introducir un principio moral, cuya tendencia fuese el de aumentar la suma de los males que afligen al hombre mientras vive. Desengese, amigo mo E l principio utilitario, segn los trminos en que lo establezco yo, no slo se concilia el cordial afecto de las virtudes y deberes que nacen de nuestras relaciones sino que crear o descubrir muchas nuevas, al paso que cancelar otras de su catlogo; porque como he dicho en mi anterior contestacin todas estas clasificaciones (voy hablando de las acciones buenas y malas, virtuosas, etctera,) las ha formado el hombre ensayando ante sus acciones en la piedra de toque, que es el principio utilitario, y por eso se han hecho algunas rectificaciones en dicha clasificacin; de donde han resultado excluidas del rango de las virtudes ciertas acciones que lo haban alcanzado por usurpacin, hasta que a la irresistible prueba del principio, se descubri la impostura, quedando as ms depurada la Moral. 8. una cosa eterna.

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330 \ 330 \ AGOSTO 1839 Aunque Dios se dign dotar al hombre de razn y libertad, fue su benvolo designio que se conformase en el uso de tan preciosas facultades a ciertas leyes que derivan de su misma naturaleza, y de las relaciones en que se encuentra con los seres que le rodean, leyes que tienen por objeto concurrir todas a la perfeccin de su se r a fin de que llegue al supremo grado de dicha y felicidad que le es dable gozar sobre la tierra. De aqu resulta que si se cambiara nuestra naturaleza, cambiaran tambin nuestras relaciones y con ellas nuestras leyes. Aunque nos sean ingnitos el sentimiento de la benevolencia, de la justicia y otros, nterin la experiencia apoyada en la razn no nos d a conocer los actos verdaderamente benvolos y justos, no nos podemos lisonjear del acierto o buen xito en la aplicacin de tan preciosos sentimientos. En algunos casos sta es fcil, pero en otros se complica de tal modo por la naturaleza y circunstancias del hecho, que apenas alcanza la razn ms vigorosa y ejercitada a discernir entre lo justo y lo injusto, o entre lo bueno y lo malo. Se sabe desde que Aristteles clasific la justicia, y fij el modo con que deba aplicarse, en lo cual no hizo ms sino lo que peda el sentimiento inherente a nuestra naturaleza, que en la distribucin de premios y recompensas, sin hacer acepcin de personas, se atienda a cada uno conforme al mrito de sus obras, o sea, segn la igualdad geomtrica. Hasta aqu, Seor Filsofo Estagirita, estamos de acuerdo, le dira yo, y le doy a V las gracias por su ingeniosa invencin, pero siento sobremanera que me abandone V cuando se presenta la mayor dificultad. Soy juez nombrado para la distribucin de varios premios por acciones muy diversas en su naturaleza; podra V decirme cmo habr de comportarme para que conforme a su regla queden todos premiados en justicia...? Oh este es el punto ms arduo de una buena jurisprudencia, me contestara acaso, pero as no se resuelve la dificultad, replicara yo. Mas siendo un buen utilitario, al momento comenzara a ensayar todas aquellas acciones, abrindoles, por decirlo as, su cuenta corriente a cada una para comparar despus sus respectivos valores. Igual observacin haremos respecto a la beneficencia. Apreciabilsimo es este sentimiento, y uno de los que ms honran la especie humana, pero necesario es irnos con mucho tiento, no sea que con la ms pura y santa intencin hagamos un gran perjuicio a los mismos que nos prometemos favorece r No economicemos el uso del principio moral porque abogo, y no ser fcil vernos sorprendidos por el prestigio seducto r o por un sentimiento de piedad mal entendido. Imitemos la conducta de aquellos padres sensatos que ocultando los ojos arrasados en lgrimas de la vista de sus hijos, les imponen la severa correccin por las faltas que hayan cometido. Conducindonos as obramos en justicia, en razn, en debe r en utilidad. V eo que este artculo ya es demasiado largo, y que se irn fastidiando los lectores, pero as es menester que sea si he de exponer una mnima

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 331 / 331 parte de las ideas que me ocurren en contestacin al de usted. La descarga que en l hace a los hipcritas, que afectando virtud slo buscan su vil y mezquino inters, lejos de tocar al principio en los trminos que lo entiendo, lo favorece en grado eminente: l es su ms irreconciliable perseguido r, y el que mejor desenmascara no slo a los hipcritas de todas raleas, sino a los pedantes y charlatanes. Todas las acciones, como hemos dicho tantas veces al respecto, tienen que reducirse a su intrnseco valor; por consiguiente, sera arrojado del nmero de los virtuosos el que sin merecerlo hubiese osado colocarse entre ellos, cual le sucediera al charlatn que quisiese ocupar un puesto distinguido entre los sabios. Respecto a esta escoria de la sociedad (hablo de los hipcritas) usted convendr conmigo en que es canalla que inficiona con su aliento lo ms sagrado, invadiendo no slo el campo de la religin y la moral, sino el de la poltica, si ste le ofrece ms rica mina que explota r haciendo que le paguen a buen precio el ferviente amor a la patria, que slo existe en sus labios. Y o conozco otros que afectando la mayor austeridad de principios, subliman tanto sus contemplaciones que nada encuentran perfecto bajo el sol, y hacen sus jeremiadas cuando comparan lo que es el hombre con lo que debiera ser: de suerte que a muy poco apremio, se les tomara por unos verdaderos profetas, y si aquellos tiempos volvieran, no dudo que se presentaran con su prolongada barba, descompuesta cabellera, tnica puesta y bculo empuado, afectando mesura y gravedad en su porte, y sin embargo no son profetas, no son filsofos, no son sabios, no son virtuosos, no son sino unos hipcritas embusteros. Pero consolmonos con que a proporcin que el modesto principio utilitario vaya adquiriendo popularidad, irn cayendo todas esas mscaras. Si el moralista utilitario no desdea las riquezas, el poder y otras consideraciones que le dan posicin ventajosa en la sociedad, es porque ve que estas cosas contribuyen tambin a la mejora del hombre, y por consiguiente forman parte de los agentes de la dicha. Tampoco afecta despreciar los goces que tan espontneamente le ofrecen los sentidos; semejante conducta argira o solapada malicia o falta de reconocimiento y gratitud a nuestro benvolo Autor por estos beneficios con que ha querido favorecernos. Lo que detesta el moralista utilitario es la afectacin, de cualquier naturaleza que sea, porque lo que le complace es presentar con modestia el fruto o resultado de sus trabajos, para que se les juzgue y aprecie, no por timbres y sellos, sino por lo que en s valgan; las lisonjas y adulaciones le apestan a leguas, porque no quiere que se le tenga en menos, pero tampoco en ms de lo que es, hallndose conforme y satisfecho con su ttulo de hombre. F uera de esto ama con predileccin la sinceridad, la ingenuidad, la verdadera franqueza, la cordial amistad y todas las virtudes, porque llenan su nimo de los ms dulces consuelos, y porque siente que en ellas se encuentra un activo colaborador en la obra de la providencia, respecto a la

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332 \ 332 \ AGOSTO 1839 perfeccin y felicidad del hombre. Bienes son stos, mi doctor que no se cambian por ningn precio, y por consiguiente es infinita su utilidad para el que tiene la suerte de gozarlos. Como he propuesto seguir rigurosamente el orden que guarda usted en su artculo, tengo a veces que dar saltos faltando a la natural congruencia de las ideas, como sucede ahora, para decirle que comprend desde luego lo que quera usted entender por Ley del debe r como puede verse por el modo y trminos en que absuelvo yo mismo la pregunta que a usted hago sobre el particular en mi anterior artculo. Lo que ahora dice usted se reduce al uso y ejercicio de la razn, que con el desarrollo de nuestra organizacin, se irradia, hagmoslo as, en cierto momento para entrar en ejercicio, y contina perfeccionndose a merced de este mismo ejercicio, y del progresivo desarrollo orgnico. Los apetitos, sentimientos, pasiones y dems aptitudes y facultades morales dependen tambin del desenvolvimiento fsico que los despierta y vigoriza, dndoles ms o menos resorte, por decirlo as, al centro de unidad que los dirige, a fin de que conserven y no destruyan la obra que les est encomendada. Tambin le dije a usted que la misma razn que me ensea a descubrir la naturaleza, propiedades y relaciones de los objetos, y a distinguir los verdaderos de los falsos, contrada a la voluntad, o sea, al ejercicio de las facultades morales, me ensea tambin, usando de los mismos procedimientos, a juzgar de la naturaleza de las acciones, y a distinguir las buenas de las malas, las virtuosas de las viciosas, as como cuando se aplica el ejercicio de aquel otro sentimiento que nos hace percibir lo bello de las cosas para darnos a conocer en que consiste, le llamamos gusto; de suerte que la conciencia como principio moral y el gusto son hijos del juicio, o sea de la facultad de juzga r constituyndose as la inteligencia, o sea la razn. Sabemos que tal o cual accin es mala la de levantar un falso testimonio o calumniar al prjimo por ejemplo no porque la conciencia me lo hubiese revelado, no porque existiese este conocimiento intuitivamente y a priori en mi conciencia, sino porque la experiencia, mediante el uso de mi razn, me ha enseado que de atribuirle a otro lo que no ha dicho o hecho, puede segursele un grave dao, aunque no sea sino el de inducir a los que oyen en un error o falso concepto acerca de la persona a quien se refiere. El sentimiento de la justicia, inherente a nuestra naturaleza, advertido por la razn, se alarma y reprueba tan vituperable procedimiento: he aqu la conciencia formada por la experiencia y como resultado de un juicio. Y a el sabio jurisconsulto Heineccio, considerando la conciencia bajo la misma relacin, haba dicho que poda resolverse en un silogismo del cual la mayor contuviese la le y la menor el hecho y la deduccin la conciencia, lo cual es tanto ms cierto, cuanto que de otro modo habra podido estable-

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 333 / 333 cerse la divisin de la conciencia en recta, errnea, escrupulosa, etctera, admitida por los moralistas de todos tiempos. De aqu resulta que as los remordimientos como los regalos pursimos de una conciencia inmaculada, por conformarme con su culta locucin, han de haber resultado forzosamente de los juicios que haya formado nuestra alma, segn la naturaleza de las acciones o motivos que la determinaron. Si por equivocacin, ignorancia u otras causas, no corresponden los resultados de nuestros buenos deseos y acciones al fin que nos habamos propuesto, solemos arrepentirnos de lo hecho, si llegamos a convencernos que el defecto ha estado en culpa nuestra, y nos compadecemos, o bien nos llenamos de una legtima indignacin, si descubrimos que ha faltado por la ciega ignorancia, obstinacin y malicia de los mismos en cuyo beneficio trabajamos. Examinado a buena luz el verdadero motivo de estos varios sentimientos, se encontrar que es debido a la utilidad malograda. Suele encontrarse el hombre en circunstancias tan difciles, que por cumplir con los deberes que le imponen la religin, las leyes y la naturaleza, hace grandes sacrificios, hasta inmolarse muy gustoso y con un santo entusiasmo por la causa a que se ha consagrado. Tan santo ejemplo nos ha dado un San F rancisco de Paula, un Howard, un Balli y otros innumerables que por no detenerme dejo de enuncia r Qu le importaban a estos hroes de la humanidad cuatro das ms o menos sobre la tierra, si por conservarlos haban de exponerse a que perdiera la humanidad inmensos bienes, cuya aseguracin tan slo aguardaba el sacrificio de su existencia? En justa recompensa la misma humanidad se apresur a discernir a su memoria la palma del martirio, y a colocarlos entre los que bien han merecido de sus hermanos, mientras que las almas de estos justos suban gloriosas a los cielos para recibir de manos del mismo Dios el merecido galardn por sus heroicas obras. Y habr quien todava dude de la utilidad de los sublimes motivos que estimularon a estos hroes de la humanidad? Lanse sus obras, obsrvense atentamente los monumentos que para nuestra edificacin levantaron, y en ellos encontraremos consignados los ms sublimes pensamientos; estdiese, en una palabra, su vida entera en cuantos pasos han dejado marcada su existencia, y en todo y por sobre todo se ver brillar cual astro refulgente el precioso timbre de la utilidad. No me detengo en contestar la observacin que hace usted sobre la dificultad que supone se ofrece de conciliar el principio del deber con lo que entiende Bentham por moral, justicia, virtud, conciencia, etctera, porque como vuelvo a deci r yo no defiendo a Bentham, ni a ningn otro auto r ni respondo en esta cuestin de ms opiniones que de las mas. Nimio s me ha parecido, a la verdad, el que le tildase usted el nombre que ha dado a su obra pstuma de moral, titulndola Deontologa, pero ya esto dira usted que es entrar en su defensa, y yo no debo faltar a mi protesta: aun nos quedan varios puntos que ventila r.

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334 \ 334 \ AGOSTO 1839 Respecto a la tercer cuestin que fij en mi anterior artculo sobre el modo de calificar o determinar la cualidad y naturaleza de las acciones morales, veo que no se ha hecho usted cargo de la distincin que all establec entre la cualidad de una accin y la imputabilidad de un acto. Suplico a usted vuelva a leer con detenimiento y reflexin mi precitado artculo, que acaso baste esto slo para hacerle sobreseer en la cuestin, como lo ha hecho respecto a la primera. En nada creo que desvirta mi doctrina el hecho que presenta usted de caer una piedra, y herir casualmente a un transente, porque se trata de acciones morales, y no del efecto que puedan causar o producir unos cuerpos sobre otros, atendida su inercia. Lo que s me ha perecido extrao de su buen juicio es que haya usted tachado los raciocinios que form para probar el sistema de la utilidad, con la nota tcnica de petitio principii 9 porque repito lo que he debido probar. Pues qu, no he probado mi proposicin cuando digo que siendo el objeto de la Moral la perfeccin del hombre como ser fsico, moral e intelectual, para que se proporcione la mayor suma de felicidad, ha de procurar que los medios adecuen y correspondan a tan santo fin, y que esta cualidad no puede de ningn modo tenerla si les falta la utilidad, esto es, la circunstancia que produce la dicha y felicidad del hombre, supremo bien y fin de la moral? Qu otra clase de demostracin se conoce en Lgica que difiera esencialmente de explicar los trminos, fijar la acepcin de las voces que determinan y constituyen la proposicin, y presentar los hechos que testifiquen su verdad? Ha faltado por ventura alguna de estas condiciones en mi demostracin? No he fijado la acepcin en que tomo la palabra utilidad? No he presentado varios hechos tomados de los que prescribe nuestra misma religin, y de fuera de ella, los cuales si causan nuestra verdadera felicidad, como efectivamente la producen, es porque no s son tiles? Acaso querra usted, cuando alego que la justicia, los preceptos del Declogo, la caridad, que sirve de base a nuestra augusta Religin, y otras virtudes, que produciendo inmensos bienes a la sociedad han de proporcionarle por lo mismo la suprema utilidad, me hubiese detenido en la demostracin de cada uno de estos aceptos. No lo hice porque el buen mtodo, en obsequio de la brevedad, prescribe que las verdades obvias no se demuestran, y porque hay cosas tan claras y tan evidentes que el empearnos en demostrarlas sera oscurecerlas. Creo que con lo que acabo de decir se convencer usted que no solamente he probado en mi anterior artculo la verdad de mi proposicin, sino que he demostrado que la que usted establece o sea la Ley del debe r si no quiere extraviarnos y hacernos incurrir acaso en los ms extravagantes y funestos absurdos, necesita acogerse a su bandera, y no mandar que se ejecute nada sin que antes ponga su visto bueno el principio utilitario. 9. peticin de principio.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 335 / 335 Y a se ve! Usted se ha preocupado de tal modo contra el principio, que por ms esfuerzos que hago para hacerle entende r que no lo aplico con la estrechez que usted supone, que en l incluyo no slo al hombre fsico sino al moral e intelectual, que lejos de sacrificar los goces y puras delicias de estos elementos, los ms nobles del hombre, a los apetitos y goces sensuales, exijo, porque lo demanda el principio, que les estn subordinados; pero usted nada oye y sigue imperturbable en su impugnacin, no contra m doctrina, sino contra los que propalen o se imaginen semejantes absurdos. S he decir a usted lo que en m pasa: las ideas de dicha, felicidad y utilidad las veo con la misma relacin que tienen las de crculos, redondez y centro del crculo. Con lo que dejo expuesto, creo que me dispensara usted la solucin que conforme al principio utilitario me exige de los dos peregrinos casos que usted me presenta; pero pudiera creerse de mi silencio que hay algunos hechos que no alcanzan a explicarse por el principio, y as ver si los resuelvo en breves trminos. Por la utilidad social, entre otras muchas instituciones, se han establecido leyes civiles y penales o criminales, para que sirven de regla a la conducta de los asociados, y asegurar mejor sus derechos que en ltimos anlisis se resuelven en su dicha y felicidad; si alguno, pues, de los miembros que componen el cuerpo social infringe las leyes atacndole en masa, o a alguno de sus miembros, la misma suprema ley de la utilidad pblica exige que se le imponga el condigno castigo. En el primer caso que usted supone, ha habido un asesino: nada importa que de su atentado contra la vida del infeliz asesinato resulte curado un moribundo: esto sucedi por uno de aquellos felices accidentes de rectum ab errore, 10 muy a pesar de su voluntad; por consiguiente, en el bien que se produjo no tuvo parte alguna, ni podra alegar ms derechos a la remuneracin, que los que tena el instrumento con que le hiri, pero s es responsable a la sociedad y al moribundo de la grave ofensa y dao que les ha inferido, aunque no sea sino el de la alarma pblica que ha debido producir necesariamente la existencia de un asesino en el cuerpo social, y el atentado contra la existencia de un hombre, cuyos derechos a la conservacin los posee en toda su integridad, hasta el ltimo aliento de vida; deber, pues, imponrsele para sancin de la moral pblica y de las leyes, y utilidad de la sociedad, la condigna pena. Al segundo caso responder que ese labriego pobre y afligido de la miseria y del hambre de su esposa y cuatro hijos, etctera, que se encontr la bolsa de dinero que acababa de perder en lo espeso de un bosque un rico avariento y disipador y vicioso si tiene ideas del derecho de propiedad, y sabe que la cosa sigue a su seo r en ciertos y determinados, casos donde quiera que se encuentre, como dicen los juristas, y por las circunstancias 10. dirigido por el error.

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1838-1839 336 \ 336 \ advierte que se halla en uno de estos casos, creer que aquel tesoro encontrado no le pertenece; de detenerlo, pues, como suyo, resultara un hurto, y l como detentador de la cosa un verdadero ladrn. Aplique usted ahora el principio utilitario y dgame si el bien que le va a resultar a ese pobre labrador con la ilegtima adquisicin del dinero, compensa las graves penas a que se sujeta virtualmente por el delito cometido? Y no entiende usted que hablo slo de las penas impuestas por las leyes a los ladrones, ni del dao que pudiera causarle el mismo dueo del dinero, si llegase a averiguar que lo haba encontrado, ni de la infamante nota de ladrn que llevara por igual motivo entre sus comarcanos vecinos, porque a esto podra usted contestarme que todo haba quedado en el ms absoluto y profundo secreto. Difcil es, por no decir imposible, que as sucediese pues como dice la misma Escritura, nada har el hombre sobre la tierra, por ms oculto que sea, que no llegue a descubrirse, pero paso por ello. Hablo de la terrible pena de los remordimientos de su conciencia, o sea el tremendo fallo de su juicio, por no haber querido conformar a l sus acciones; incluyo asimismo la ofensa hecha a Dios, y el castigo que ha de imponerle irremisiblemente cumpliendo con su justicia, el da que le llame a dar cuenta de sus pensamientos y acciones. Penas terribles e inevitables son stas que nadie puede contemplarlas sin sentir un secreto estremecimiento! Claro aparece, pues, como la luz del da, que conforme al principio utilitario, ese pobre y afligido labrador que usted supone, deber, para no agravar su delito el peso de su desgracia, entregarle a su dueo el dinero que le perteneca, por cuya noble accin merecer el justo galardn que se reserva a los virtuosos, nombre que se le debe de justicia porque ha resultado de una lucha sostenida entre los estmulos de la carne, que son nuestras pasiones aguijadas por sus necesidades y otras circunstancias, y los rectos dictmenes de la razn, triunfando el principio del bien. Antes he reclamado en favor del indefenso Helvecio, algunas deducciones que hace usted de sus doctrinas, porque a la verdad no me han parecido muy legtimas; ahora tengo que hacerlo en mi propio favo r y por lo mismo lo siento ms. Espero que usted se apresurar a corregir ciertos juicios que me abstengo de califica r sobre la torcida inteligencia que da usted a varias de las ideas contenidas en mi anterior artculo, y con especialidad a las que expongo en el prrafo sptimo que se complace usted en copia r, para deducir que de su doctrina se infiere no deber tomarse en cuenta las penas, las acusaciones y remordimientos de una conciencia impura. Estoy muy tranquilo porque afortunadamente no faltan en La Habana jueces muy competentes que sabrn con su buen criterio embotar el oculto veneno que tal vez, sin advertirle usted, se corri bajo la pluma al trazar esas lneas. Quiso usted, seguramente en desagravio de tamao disfavo r regalarme con una advertencia en un tono amigable de la equivocacin en que estoy cuando digo en el mismo prrafo que mi conciencia no me acusa por

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 337 / 337 la ejecucin u omisin de un acto voluntario y libre, nterin mi juicio no lo haya condenado como malo. Agradezco a usted su candorosa oficiosidad en llamar mi atencin sobre tales palabras, para advertirme que la bondad o maldad de las acciones no depende de calificaciones individuales; esto es muy cierto, pero siento decirle que en este punto tambin lo ha dejado mal su lgica, porque tal cosa no se infiere del sentido de mis expresiones. Ellas indican con bastante claridad que no he querido sino expresar la marcha con que procede el entendimiento en la formacin de la conciencia. Es un hecho, y nada ms de lo que pasa en m, cuando hago o dejo de hacer una cosa. No presumo tener gran perspicacia, pero sera demasiado grande mi rudeza si una verdad tan obvia, y que se insina con tanta anticipacin en nuestra mente, que tal parece no aprendida, se me hubiese ocultado. Si no fuera necesario terminar este artculo demasiado largo ya, me detendra en hacer algunas reflexiones sobre el principio de donde han partido los moralistas, para decir que la bondad o maldad de una accin no depende de nuestra voluntad, cuya proposicin no se opone al verdadero contenido de esta obra: nada hay en s bueno o malo. Permtame usted ahora, a fuer de agradecido, recompensarle su buena intencin con otra advertencia relativa a las ideas con que termina usted el mismo prrafo en que me hace la suya cuando dice que no hay intersticio entre presentarse una intencin y brillar la ley impersonal de lo justo. V amos a cuenta: si quiere dar usted a entender con esto el hecho de la inconmensurable rapidez del pensamiento en el ejercicio de sus facultades, tiene usted razn, y estamos de acuerdo; pero si por ello entiende que el alma no forma juicios cuando califica o determina lo que es justo o injusto, o que estos juicios los forma sin necesidad de la experiencia que le sirva como de materia u objeto a que se aplique el sentimiento de lo justo, no quisiera engaarme, pero mucho temo haya usted incurrido en una equivocacin. Fuerza es ya concluir este largo y cansado artculo que me ha sido forzoso extender ms de lo que me haba propuesto, no tanto por evitar interpretaciones poco favorables que pudieran darse a varias de mis opiniones emitidas con la ms sana intencin, lealtad y buena fe; en una palabra, no me he detenido por m tanto como por el pblico con quien contraemos y nos constituimos en la mayor responsabilidad desde que nos atrevemos a emitir ante l nuestras opiniones e ideas, de cualquier error o falsedad que pueda extraviar sus juicios, o pervertir sus sentimientos que debieran constantemente encaminarse al bien. Si no obstante el particular empeo con que he procurado demostra r, as en este articulo como en el anterio r donde a mi entender qued fijada la cuestin son sobrada claridad, que nada tienen de comn, ms que el nombre si acaso, mi proposicin y la que deduce usted de la doctrina de Helvecio,

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338 \ 338 \ AGOSTO 1839 insistiere usted, no obstante, en que el principio de utilidad no ha de tener ni puede tene r ni conviene que se le d otra acepcin que la que supone usted le dieron Helvecio, Hobbes y otros a quienes con cierta malignidad y vituperio, en grave perjuicio del verdadero adelantamiento de las ciencias, se les apellida sensualistas; si no ha de entra r pues, en la cuestin, dndole al principio de utilidad, permtame se lo repita, toda la amplitud que demando, porque tengo conciencia que puedo y debo pedirlo, para que sirva de un modo racional e ilustrado en su aplicacin a la enseanza, depuracin y generalizacin de la moral y sus importantes verdades, podremos dar por concluida esta polmica, pues ninguna utilidad ha de segursele al pblico con leer nuestros artculos. si est usted empeado en ejercitar su vigorosa dialctica, no faltar tal vez algn campen que queriendo medir sus fuerzas, conteste el reto, y salga a la lisa tomando la defensa de tan maltrados y peor tratados autores; por lo que a m toca, como conozco mis dbiles y poco ejercitadas fuerzas, me limito slo a responder de mis opiniones, y esto no con poca desconfianza. Con todo, como el principio en cuyo obsequio trabajo, me ha enseado un tanto a tomar el correspondiente resguardo, en este campo siempre encontrar usted muy dispuesto a contestarle su afmo. Q.S.M. V Francisco Ruiz Agosto 22 de 1839.

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XLIII XLIII MXIMA DE UTILIDAD MXIMA DE UTILIDAD O O LEY DEL DEBER? LEY DEL DEBER? 1 1 P OR O TRO [J OS Z. G ONZLEZ DEL V ALLE ] (Noticioso y Lucero, septiembre 5 de 1839.) Seores Editores del Noticioso y Lucero : La cuestin que actualmente se agita en el Diario por dos catedrticos de Filosofa me ha llamado toda la atencin, sugirindome las siguientes reflexiones. Si usted las quiere insertar en su peridico, vern la luz pblica. 1. Y o creo que la moral se funda en la antigua mxima de cumplir con nuestros deberes, y as, es hombre bueno quien lo verifica sin atenerse a los resultados. De lo cual se deduce que la utilidad prxima o remota, o bajo cualquier otro aspecto, aun cuando acompae a las obras buenas, no las hace tales, sino que de suyo son buenas, y nos complace el que sus autores sean premiados. V a un ejemplo: impido que roben a uno. Pues bien, SEPTIEMBRE 1. Ttulo de Roberto Agramonte.

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340 \ 340 \ SEPTIEMBRE 1839 la recompensa que ste me da, o aun que no la haya, el gusto de la virtud en lo interior de mi corazn es un efecto; y en buena lgica lejos de ser la virtud buena, porque me trajo aquel gozo regalado, el gozo se deriv de la excelencia de la virtud. Es lo propio que lo que acontece con lo bello. La luna es bella porque me baa de puro y suave deleite el alma, o me embriaga tan dulcemente porque es bella? 2. Siendo esto as, el gnero humano distingue con razn la virtud o el bien de la utilidad. Si el filsofo se propone describir al hombre tal como es, ha de poner a un lado toda mira exclusiva. El lenguaje de todas las naciones contiene las palabras bondad y utilidad, justicia e inters, sin que se hayan logrado reducir a una sola. Nadie deja de emplear las frases sacrificarse por el bien, ser amigo por inters, y de corazn, etctera. Luego, una de dos o el hombre es diverso de como lo pintan los filsofos o los filsofos se engaan. 3. Se quiere sostener por algunos que mediante la aadidura bien entendida ya tiene pase la utilidad, y la disputa es de palabras. No hay tal: la disputa subsiste porque se refiere a la sustancia, a la esencia del bien y el carcter de toda sustancia es sed idntica as propia, no poderse expresar sino por su mismo nombre, y rechazar en consecuencia lo dems, a no ser como accidentes. Los ejemplos son un medio de aclarar oscuridades. En la calle me detiene un infeliz en cuya cara sombra ha grabado su sello la miseria, me pide un pedazo de pan, y con espontnea misericordia le doy una moneda. V oy a llevar el calculo de las utilidades tan lejos como pueda, pero har una advertencia preliminar que aniquile el sistema. Or al hombre, examinarlo rpidamente, sentir movido el nimo, poner la mano en el bolsillo y socorrerlo, todo fue en un punto. Protesto ante Dios y los hombres, y as lo declaran cuanto han experimentado lo mismo que el arranque de mi benevolencia fue tan espontneo que ni daba lugar a clculos, ni en realidad hubo el ms mnimo. Mil acciones hay como sta; luego, o extrae de ellas qumicamente el utilitario su inters, o el mvil de todas las acciones no es el que l supone. Tornando ahora al clculo pendiente diremos que la limosna libert al mendigo de los horrores del hambre, fue estorbo que le impidi acaso lanzarse al crimen; en suma por dondequiera derram dichas, pero yo que la di, gan algo? No, antes perd una moneda. Falso!, prorrumpe el utilitario. Usted gan en el placer de dejar socorrido a un necesitado. V amos a cuentas, respondo yo, suponga usted que as sea. La accin es buena relativamente a su autor porque trajo un provecho que l ni previ? Si lo hubiera previsto y calculado, diciendo en sus adentros, a dar la limosna, vamos a recoger este deleite que se nos proporciona a poca costa gozar, como dice el goloso: vamos a regalarnos con este rico manja r aunque nos duela el estmago despus; si hubiera procedido con tal propsito no sera un miserable incapaz de amar la virtud, por lo que ella es, por su atractivo celeste, porque se basta a s misma? De modo que le

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 341 / 341 cogimos ya dos pruebas al utilitario: primero, la de las acciones espontneas, v.g., dar una limosna, lanzarse al agua a socorrer a uno, salvar al dbil oprimido, etctera, cuyo mvil no es aquel principio; y segunda, que aun concediendo que las acciones virtuosas le sean al hombre tiles en el sentido ms lato de este adjetivo, de ah no se deduce que sea una misma cosa la virtud y la utilidad, sino que a lo sumo hay entre ellos una relacin de causa y efecto. Exagere usted esta relacin, diga hasta que es necesaria; esto sin embargo no lo autoriza usted para confundir los dos trminos. 4. Y como el colocar la virtud en lo que es su efecto, induce a que se olvide la intencin, ya no hay intenciones buenas y malas. Luego cuando Can quiso matar a Abel el mero querer no fue malo y solo pec al consumar su delito. Y o quiero ser santo y disfrutar del sentimiento de Dios, pongo por caso, con aquella intensidad de San Agustn y de Santa Teresa. Pues bien, mi deseo no es bueno ni malo. Siendo ineficaz dedcese que no hay donde aplicar la regla de oro, y como no siento, ni aun ese placer interno que se pone en balanza a ms no pode r sino un martirio, una ansiedad cruel al verme alejado del punto al que aspiro, es indiferente mi anhelo, lo ser en su caso el de quemar el mundo entero con tal que no pase a la obra. V ed aqu una moral de superficie! 5. De superficie, s, y es tan cierto que dislocando en la moralidad, quitndola de su centro, viene a ponerla en las obras y abandona las intenciones. Si al caerme de un edificio arrastro sin querer a otro que muere incontinenti, libertndome a m la accin, o mejor dicho, el hecho en s es daoso, perjudicial, y nada ms, pero el utilitario tiene que llamarlo malo, y a la manera que en s la accin desprendida del sujeto tuviese responsabilidad moral, ella es un se r un quid bueno o malo que no recibe esta calificacin por el designio con que la cre el hombre, sino por su consecuencia natural. 6. Epicuro profes el dogma de la utilidad, y el argumento incontestable que se le dirige, reducido a si debemos escoge r entre la muerte y nuestros deberes, a la primera, hoy lo contestan los partidarios de su doctrina, acogindose por salir del paso e hipcritamente, a la vida eterna, en la cual aqul no crea. El caso es que a nadie le suena la palabra inters, por mucho que la aclaren y expliquen, sino a dinero, buen vivi r gustos positivos o cosa que se le parezca, y el que lo piense con criterio no creer jams que igual ha sido el mvil de un santo que el de un pcaro. Y o nunca me podr persuadir que Nern y Bruto fueron arrastrados por un mismo principio y que no se distingua por lo bien o mal que hacan su clculo. Que el virtuoso premedite los provechos y utilidades de su virtud, si se decide en su vista, slo por ello, es lo bastante para que caiga en descrdito, y para que su propia conciencia le diga que es un egosta en vez de un justo. El que no seduce a una joven no por falta de ganas, sino porque las consecuencias le daan gravemente, no est limpio a sus ojos y es un infame aun abstenindose.

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342 \ 342 \ SEPTIEMBRE 1839 7. Sustituir a la mxima acreditada Cumple con tu deber esta otra de nuevo cuo, Sigue tu utilidad, es dejar sin brjula para dirigirse a la mayora de los hombres. El que tiene delante sesenta onzas de oro, de hoy ms habr de preguntarse, no si contraviene a su deber robndolas, sino si pesarn ms sesenta onzas que un remordimiento. Todos los otros males a que se expone nacen de la contingencia de ser o no descubierto. 8. La moral exige un principio absoluto. Decir que lo justo debe practicarse, no reconoce lmites en una moral rgida. Pero como la utilidad no puede ser nunca un principio de esa naturaleza, hay que aadi r bien entendida, que es como un compromiso entre la justicia y el inters, lo que en poltica se denomina pastel. 9. A qu se reduce la utilidad del ciudadano pacfico que no roba, ni mata, ni ocasiona males? A que no sufre. Luego la felicidad es nada, es un bien negativo, la ausencia de padecimientos. Hermosa y consoladora creencia, mxime en extendindola a la otra vida! Otro XLIV XLIV MS SOBRE EL PRINCIPIO DE UTILIDAD MS SOBRE EL PRINCIPIO DE UTILIDAD 2 2 P OR M ANUEL G ONZLEZ DEL V ALLE (Diario de la Habana, septiembre 7 de 1839.) Seor presbtero licenciado don Francisco Ruiz: Hay una comedia en nuestro teatro, lindsima por cierto, titulada La Verdad Sospechosa, tan llena de gracias y donaires, que por ella, diz, se le iban los ojos al ilustre Corneille. Pues all se encuentra una escena donde lozanendose don Garca de haber tenido un duelo con don Juan de Sosa, pinta alegremente cmo aunque a los primeros se le rompi la espada, sali victorioso del lance y a las mil maravillas: Aqu fue Troya saqu/ Un revs con tal pujanza,/Que la falta de mi acero/ Hizo all muy poca falta;/ Que abrindole en la cabeza/Un palmo de cuchilladas/Vino sin sentido al suelo/Y aun sospecho que sin alma. Pero es el caso que, apenas concluye el guapo cuento don Garca, cuando ctese V ah a don Juan de Sosa sano y rozagante vendiendo salud, que era una bendicin. Viene de perlas, y bien haya la cita del rasgo cmico! 2. Ttulo de Roberto Agramonte.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 343 / 343 para que conozca V ., sin enojo, que no debe cantar el himno del triunfo en la cuestin pendiente, ni darme como por derrotado. Y a V me ve: en mi puesto y con la frente muy serena. O la historia de la reflexin humana es un enigma o que seguir tienen sus sistemas el orden de causas y efectos, y entonces la lgica enlaza los principios con sus consecuencias trayndonos de la filosofa griega a la escolstica; de all a la filosofa moderna; de Aristteles a Bacon, de Scrates a Descartes, y de Epicuro hasta Helvecio, Holbach y sus banderizos. Qu sera, a estas horas felices y hermosas de la filosofa, una doctrina sin precedentes y apartada de todas las vas de tradicin? Una opinin individual, condenada a quedarse estril en silencio y soledad, sin haber dejado el menor vestigio en el movimiento general del pensamiento. Ni se aventurara mucho en calificarla como una anomala en el orden del progreso, cuando no se la tuviese por un capricho o por un obstculo para el porvenir de la ciencia. As, ora sea como adhesin, ora como protesta; que sea como consecuencia o como accin, la filosofa actual sale prximamente de las escuelas del siglo XVIII cual de su propio oriente. A este tenor se clasifican y determinan hoy los sistemas al modo que all las plantas en la Botnica y las enfermedades en Medicina. Quien dice Helvecio, dice Holbach: uno es su principio y aunque de diversos nombres, juntos se hallan en el sistema del placer y la utilidad. Si uno da el texto, el otro lo comenta. Es flor el clavel y el jazmn tambin: pues flores las dos. V mismo, en medio del dolor y lstima que le da el ver tan mal parado, en el campo de la moral, al sistema de la propia conveniencia en la pugna, que compromete, con la ley imperiosa del debe r V mismo le trae el regalo de una regla de oro para el ajuste de cuentas y de oro!... que no hay ms que deci r Et tu ex illis es, nam loquella te ipsum manifestum facit 3 Quin le enseo a V la doctrina del inters bien entendido? De dnde la hubo? De la tradicin y de los libros. Iba a segui r ... pero antes repetir aqu solemnemente con todas las veras de mi corazn que a los hombres, no obstante sus hiptesis ms queridas, los alumbra y gua la antorcha de la razn por el buen sendero, sin que a veces ni ellos lo presuman. Ruego al pblico sea depositario de esta explicacin en honor de V y de todos los filsofos. Con qu yo he sacado del Espritu de Helvecio las ideas ms inmorales y absurdas, como un qumico pudiera hacerlo extrayendo el veneno de una sustancia sana y nutritiva? Que me place. Luego hay veneno en la doctrina de la utilidad e hice buena obra en desentraarlo: Tu dixisti. 4 De estas derrotas vengan muchas 3. T tambin eres de los de ellos, pues te delata lo que dices. 4. T lo has dicho.

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344 \ 344 \ SEPTIEMBRE 1839 La verdad: antes que yo un estimable patricio 5 dio en prendas de su amor acendrado a la moral y para aviso de la juventud que va al Colegio de Carraguao por buena educacin, aquel elenco de 1835, que fue para los inteligentes la aurora de un nuevo adelantamiento filosfico en el pas, y un consuelo en la ausencia del ilustre sabio y ejemplar sacerdote que nos inici en los conocimientos de Bacon, Descartes y Newton. 6 Oigamos, entre las delicias de la gratitud que nos acompaan en estos momentos las bien meditadas proposiciones del moralista del Colegio de Carraguao. Aqu estn: 141. Los partidarios del principio de utilidad han confundido el hecho con el derecho, sustituyendo una stira del vicio a un anlisis de nuestros principios naturales. 142. La veracidad ilimitada que se observa en la infancia no puede ser el resultado de la experiencia. Cmo podr explicarse este fenmeno por el principio de la utilidad? 143. La moral del inters nos abre un abismo de males: he aqu sus consecuencias forzosas: 1, el olvido de nuestros derechos; 2, la pretensin de contentar al hombre slo con goces fsicos; 3, la degradacin del carcter nacional. 144. Aunque se ha dicho con mucha verdad que los pcaros son unos malos calculadores, de ah no se infiera que los buenos no sean ms que unos hbiles especuladores. Despus all en la proposicin 148 de un rasgo sale definida la virtud con estas palabras de verdadera uncin moral: la obediencia al debe r Al que puso entre nosotros tan claras y transparentes las tendencia perniciosas del sistema utilitario, a l la palma y a m la ocasin de que se reconozca que es suya. Y no se lamente V de la indefensin de Helvecio, Holbach, Bentham y compaa; que textos legaron a la historia de la ciencia, y discpulos le sobran pregoneros de que el principio campeador por excelencia en moral y legislacin ha de ser el acomodaticio de la utilidad. Lo que sucede es que los tales textos pasan ya por testamento de la doctrina que desahuciada y moribunda en la moral, por haberse querido levantar con los dominios del soberano debe r confesndose ya subordinada a la aprobacin de la justicia, va a vivir en su paraso terrenal de la Economa poltica. En efecto: antes se aplica el concepto de la utilidad a las relaciones del hombre con las cosas materiales y los animales, y mejor se entiende as por todos, que con respecto a las armonas sagradas de derechos y deberes. Ejemplo infraganti. Si ahora escuchara V Favor a la utilidad bien entendida... 5. Jos de la Luz Caballero (Roberto Agramonte). 6. Jos Agustn Caballero (Roberto Agramonte).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 345 / 345 Qu no hay utilidad general en esta tierra Ni un utilitario que me socorra! haba de V de rerse a carcajadas por apretado que fuese el lance del exclamado r Pues mire que re de su sistema Qu otro el caso a las voces elctricas de favor a la Justicia! No hay justicia en esta tierra? Ni un hombre justo!... En los tribunales se est a derecho, se est a justicia, y no a lo til. All se administra justicia que no utilidad, por ms vueltas que d el prurito de hiptesis para no quedar desairado. Lo til se consume, vara, caduca y perece. Y lo justo? Nunca, jams. La utilidad es una contingencia, un accidente, y la justicia no. Son las cosas ms o menos tiles, pero las intenciones, los hechos libres no son ms o menos justos. No hay alternativas: o son justos o no lo son ante la ley del debe r. Cumple la calificacin de til al caballo que tira del carro, al buey que ara dcil el campo, a la columna que sustenta un edificio: tiles sean en paz los rpidos barcos de vapor: tiles los caminos de hierro a la prosperidad: tiles los vientos, til el ma r ... la civilizacin lo proclama; pero slo al hombre, imagen y semejanza de Dios, le toca participar la gloria de lo justo. Luego una cosa es la utilidad y otra y muy otra la justicia. Qu ms? La utilidad, como de inferior categora, ha menester para legitimarse y hacerse lcita, de la bendicin de la justicia, mientras que la justicia reina por s y ante s, poderosa, soberana y absoluta sin necesidad de otro ttulo que el de su divina virtud. Y V ., dispnseme la cita, all en el prrafo sptimo de su primer artculo, pone la ley del deber mendigando consejos a la utilidad, y en el prrafo 35 de su segunda misiva agrega que necesita del visto bueno del principio utilitario. La justicia? A los pies de la utilidad! A los pies! No, mil veces no. Ni de palabra siquiera. Desacreditase la filosofa que no llega hasta donde va la creencia de la humanidad. Receloso el gnero humano de que a confundirse fuera con la conveniencia, el bien con el mal, el desprendimiento generoso con el solitario egosmo, seal trminos distintos para lo uno y para lo otro. Consltense todas las lenguas, espejos vivos de la conciencia humana. A qu no faltan las palabras del deber y de lo bueno y de lo justo en contraste y oposicin a las de utilidad y negocios de propio provecho? A qu no? Y puede que la vida de un hombre, en todo y por todo siga una conducta perpetuamente contrapuesta a su lenguaje. Pase por ahora... pero que as mienta el gnero humano imposible! Hablen las religiones y poesas, los monumentos de legislacin; certifique la historia; regstrense los sistemas filosficos qu ensean y ensalzan! El deber cumplido con sacrificio. Pues si la humanidad no miente, cay el sistema de la utilidad. Humildes sern las acciones humanas y plidos reflejos de la grandeza ideal que intima la razn. Pero no hay un dechado, un ejemplo, un rasgo siquiera de virtud? Ni uno? S ha y ... responde la historia. Pues entonces el deber no es inferior a las fuer-

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346 \ 346 \ SEPTIEMBRE 1839 zas humanas y plausible disculpa abona a los que se duelen del poco valor que se halla a veces para cumplirlo... a aquellos moralistas que V apunta con el dedo en el prrafo 25 de su segunda perorata. Y o me prometa del juicio imparcial de V ., y no de su sistema, una explicacin, al justo, de los dos casos morales propuestos a su criterio. En el primero confiesa V que la utilidad magnfica de la salud alcanzada por el enfermo moribundo con la herida que le dio su implacable enemigo, fue un rectum ab errore 7 Aqu de la verdad! Luego se atiene V a la intencin y no ms que a la intencin sin hacer caso para qu? del principio de la utilidad ni de su regla de oro. Albricias por el homenaje a la ley del deber! Segundo caso. Aquejado el labriego del hambre y de la miseria, hall el tesoro de un avaro egosta o de un derrochador vicioso en lo espeso del bosque. til le era al infeliz el proveer el sustento de cuatro hijos y una esposa; til poner en fecundo movimiento un dinero que slo serva de tormento al avaro o para vicios y crmenes al derrochador opulento; til emplear el tesoro en la subsistencia, bienestar y educacin de los amados hijos, para sacarlos del borrador oscuro de la miseria; til la seguridad de que se daba por perdida la bolsa hallada; til su inversin, y ms til por el nmero de los socorridos en cotejo de un avaro achocador o de un prdigo vicioso a quienes se les cay el talego de oro. Y donde el blasn del labriego? En resistir a tantas tentaciones y sacrificar tantas utilidades y darle el tesoro a su dueo, aunque no se lo agradeciera y lo reputase por ladrn arrepentido. Ubi virtus ibi caelum 8 Se conforma con haber cumplido su deber ante Dios, para quien no hay escondrijos ni secretos. Si no le luce ni una aurora de dicha en el mar de sus penas y tribulaciones, echa el ancla de la resignacin. As explica el caso la escuela a que correspondo, escuela de solar conocido. Hzole a V eco mi corts llamamiento sobre el prrafo sptimo de su primer comunicado, en cuanto a aquello de que la bondad o maldad de las acciones dependa de su juicio u opinin particula r Acordse V del opinionum commenta delet dies de Marco Tulio, y ha enmendado la plana. Muy bien: mas como en el prrafo 40 de su postrer artculo invoca V al pblico en honor de su moralidad, que nunca he negado, pues slo le impugno la terica del sistema utilitario, ah va el pasaje original de V. Mi conciencia no me acusa por la ejecucin u omisin o por el consentimiento de un acto voluntario y libre, nterin mi juicio no lo haya condenado como malo, y no lo condenar mientras no tenga motivo para ello, es deci r mientras no se oponga prxima o remotamente a mi bienestar y 7. dirigido por el error. 8. Donde est la virtud, all est el cielo.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 347 / 347 felicidad. Esto es de V Aqu no hay nada de intenciones, nada de remordimientos. En fin, a la luz de esta discusin qu est V viendo? El principio de utilidad a los pies de la ley del debe r Levntelo V B.S.M. Manuel Gonzlez del Valle XL XL V V EL PRINCIPIO DE UTILIDAD EL PRINCIPIO DE UTILIDAD EN EL ELENCO EN EL ELENCO DE CARRAGUAO DE CARRAGUAO 9 9 P OR J OS DE LA L UZ Y C ABALLERO ( Diario de la Habana septiembre 13 de 1839.) Seor doctor don Manuel Gonzlez del V alle 10 Aqu me tiene Ud. a evacuar una cita, en la que me digna honrarme mucho ms de lo que yo merezco. Y al entrar en las debidas explicaciones, no he menester protestar que antes como ahora he sido y ser enemigo terico y prctico de cuanto huela a inters y ficcin, como lo sabe Ud. mejor que nadie; y tan acrrimo antagonista so y y debo se r de esas despreciables alimaas, cuanto que a no haberlas descubierto en otros pechos me habra quedado a oscuras sobre su existencia, no consultando ms que el mo. Tan necesario es cotejar nuestro mundo interior con el externo, como piedra de toque para llegar al conocimiento exacto de las cosas! Observacin que al paso deja en tierra a toda la escuela idealista. Pero no divaguemos, que no es ese el propsito a que se ha hecho la consabida observacin, sino tan slo inters del asunto: ni menos he tratado de quemar inciensos a mi desprendimiento, cuando yo no lo tengo a virtud, porque no me cuesta ningn esfuerzo, y no veo la virtud sino en el combate. Todo lo que quiero decir es que se digne escuchar las observaciones de un 9. Ttulo de Roberto Agramonte. 10. Este artculo se public en el Diario de la Habana de 13 de septiembre de 1839, a consecuencia de haber citado don Manuel Gonzlez del Valle varias proposiciones del Elenco del Colegio de Carraguao en apoyo de la tesis que sustentaba en polmica con el presbtero don Francisco Ruiz. (Alfredo Zayas.) Vase el apndice I de Alfredo Zayas al final del volumen I de Obras de Luz de Alfredo Zayas.

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348 \ 348 \ SEPTIEMBRE 1839 hombre, en cuyo seno jams se alberg el egosmo; de un hombre que as lo declara, no por una necia ostentacin, sino tan slo por un elemento indispensable para juzgar en la cuestin que va a ocuparnos, de un hombre que se violenta para decirlo, de un hombre que cuando se trata de la verdad hasta se expone por publicarla a que puedan atribuir sus acciones a motivos que no le impulsen; de un hombre en fin que vive y muere bajo la inflexible ley del debe r. Al caso. Laborando en la ltima inopia un desgraciado que hace de juez, sin tener un mendrugo de pan que llevar a la boca de los hijos de sus entraas; traspasado su corazn al contemplar la reprimida congoja de su esposa, sin esperanzas para el porveni r se aparece un malvado a cohecharle con una gruesa cantidad seducindolo con las ventajas de que va a disfruta r elevndose de golpe del lodo de la miseria a la altura de la opulencia; pero este hombre resiste: es heroico, es sublime; as opina V alle, as opina Ruiz; luego V alle y Ruiz no difieren en cuanto a la norma para juzgar las acciones, nica diferencia que sera funesta para la santa causa de las costumbres. Pero no slo opinan as los dos contendientes, sino todos los hombres a una, los interesados y los desinteresados. En qu consiste, pues, la divergencia? Hela aqu. Todos han de rendirse a la ley del deber: ste es el primer grado de la cuestin Y por qu? Aqu est el segundo: porque as lo pide el orden. Tercero: Y qu quiere decir el orden? Las leyes de la naturaleza y el hombre, en que se cifra la armona del universo y de la humanidad. Cuarto: Y a qu se encaminan estas leyes? A asegurar el bien general, o llmese utilidad de la especie, con detrimento del individuo. As, pues, el que infringe el orden falta precisamente a su debe r porque ataca el bien, o las ventajas de la comunidad. Ahora veremos con cuanta soltura se exponen por este preliminar las proposiciones de mi elenco de 1835 citadas por V en su ltimo artculo al seor Ruiz. V amos con la primera. 11 Los partidarios del principio de utilidad han confundido el hecho con el derecho, sustituyendo una stira del vicio a un anlisis de nuestros principios naturales. Antes de pasar adelante debo advertir que cuando he combatido el principio utilitario lo he hecho siempre en el concepto de tomarlo por el principio del inters, como bien se evidencia por las palabras y espritu de la proposicin 143 del mismo elenco citada por Ud., donde asiento: La moral del inters nos abre un abismo de males, etctera; y tan es as, que Vd. mismo recordar que en las ltimas conclusiones sostenidas por el seor Ruiz en el Colegio Seminario impugnando yo la doctrina utilitaria al ver el aspecto bajo el cual l la presentaba, y el sentido en que la entenda, le contest al fin que entonces tenamos el sacrificio del placer 11. Es la proposicin 141 del Elenco de 1835 : vase pgina 21. (Alfredo Zayas.) Vid. vol. II de las Obras de Luz de la B. A. C.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 349 / 349 al debe r que era cabalmente lo que yo sustentaba; as pues, he sido consecuente cuando habindome consultado este amigo con el mayor cando r a consecuencia de la polmica empeada por Uds., le manifest que en mi humilde concepto me pareca inexpugnable el principio segn l lo explicaba. Pero vengamos a la explicacin de la primera tesis. Dije que los partidarios de los principios de la utilidad haban confundido el hecho con el derecho, por parecerme Bentham todava falto de observacin y de fisiologa cuando afirmaba que la utilidad era el mvil de todas las acciones humanas sin exceptuar una; al paso que yo vea al hombre proceder muy a menudo contra su utilidad, y hasta faltando a su deber en muchos actos llamados espontneos, y que con ms propiedad se denominaran impulsivos o instintivos. As, v.g., si un individuo contando con numerosa familia, y sin saber nada r se arroja a salvar la vida a un miserable que se est ahogando con la casi seguridad de ser tambin vctima, y aun de serlo en vano, no slo procede contra su utilidad personal, sino contra la de su familia, contra la de su patria, y por consiguiente contra su debe r As, pues, este hombre no debera por ningn motivo haberse arrojado al agua, pero sin embargo se arroj, y ste es un hecho de la naturaleza humana, y todos le aplauden como generoso, aunque le condenen como imprudente, pero nuestro hombre no se puso a calcula r no pudo dejar de echarse al lquido elemento: as es que la ciencia debe distinguir entre lo que es, y lo que debe se r Se escap pues a Bentham observar que hay hombres que se echaran al agua al instante por cualquier extrao, y hombres que no lo haran jams ni por su padre. Ahora bien, por qu aplauden todos la accin? Porque conspira al bien general; y si el que se arroj al agua por sacar a otro hombre se hubiese lanzado por furo r lejos de haber obtenido el lauro de heroicidad, hubiera slo alcanzado una lgrima de compasin. Luego la naturaleza crea hombres valientes porque crea hombres cobardes: en ella todo es armona: el que no la ve en la relacin no puede verla en la realidad. Ella se ha ocupado ms de la especie que de los individuos; cumple a su plan que el desvalido se salve y para ello hace impertrrito hasta el mismo sexo que cre pusilnime: una madre aunque tenga cien hijos se lanza al fuego por un solo hijo que haya cado sobre el voraz elemento: luego el plan de la naturaleza es que todo ceda a la utilidad del mayor nmero y hasta con detrimento de la utilidad individual. No es otro ni puede ser otro el sistema de la sociedad. Luego la teora del deber depende forzosamente del conocimiento que tengamos de las leyes de nuestra naturaleza, y slo as puede explicarse la diversa moralidad de los pueblos segn su diferente grado de civilizacin, no menos que su uniformidad en ciertos principios fundamentales de las acciones, que descansan en hechos o impresiones comunes a toda la humanidad. Porque tratar de ideas o principios innatos, ni por pienso; slo nuestras facultades nacieron con nosotros, y tanto hasta para conseguir todos

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350 \ 350 \ SEPTIEMBRE 1839 los fines de la moral. si los hombres nos hemos de uniformar precisamente respecto de ciertas mximas fundamentales, as fsicas como morales, en virtud de nuestra misma constitucin, a qu viene suponer que tenemos ideas preexistentes? No se nos ha dado la luz de la razn para formarlas sobre los materiales suministrados por los sentidos? Erat lux vera quae illuminat omnem hominem venientem in hunc mundum. Tan cierto es que los principios de la moralidad penden de las ideas adquiridas, que sin salir de nuestro propio suelo, educados bajo la misma religin y costumbres, hallamos hombres, y no de los interesados sino de los ms desprendidos y aun timoratos, que tienen por buenas o indiferentes aquellas mismas acciones que Ud. y yo tenemos por pecaminosas y detestables. Su imaginacin de Ud. le representar los ejemplos a docenas, excusndome as de especificarlos. Por esta razn cuando queremos que cambien las acciones de los hombres, nos empeamos en cambiar sus ideas; todo es armnico en este mundo, los sentimientos producen ideas y las ideas producen sentimientos que son los padres inmediatos de las acciones. Basta de comentarios para la primera proposicin. La segunda 12 aun es ms fcil de expone r En efecto, no pudiendo ser resultado de la experiencia la limitada veracidad que se observa en la infancia, cmo ha de explicarse este fenmeno suponiendo un principio de clculos en el individuo operante? Luego no puede darse cuenta de l por el principio de la utilidad, que presupone un avalo de ventajas y desventajas; por esto he dicho que el principio de utilidad bien entendida no es el que siempre gobierna a los hombres, sino el que debe gobernarlos: nueva prueba de que se haba confundido el hecho con el derecho, y prueba perentoria de la armona en que est esta segunda proposicin con la primera. En fin, bien podra afirmarse respecto de esta propensin de la infancia a la veracidad, que la naturaleza nos inclina al bien, aun cuando no podamos todava calcular sus ventajas: aqu estn los oficios de una madre prvida y afectuosa, supliendo a la antorcha de la razn, que aun no ha aparecido en el horizonte de la ciencia. La tercera 13 proposicin citada declara demasiadamente mi ahnco por combatir la doctrina del inters, para que necesite de ms comentario que reproducirla textualmente. Hela aqu: La moral del inters nos abre un abismo de males; stas son sus consecuencias forzosas: 1 el olvido de nuestros derechos; 2 la pretensin de contentar al hombre slo con goces fsicos; 3 la degradacin del carcter nacional. Se ve, pues, a las claras que mi empeo es refutar hasta el extremo esa fatal escuela del egosmo a cuyos partidarios he designado repetidamente con el epteto de materialis12. Es la proposicin 142 del Elenco de 1835 Vase la pgina 21 de las Obras de Luz editadas por Alfredo Zayas y B.A.C. Elencos 13. En la proposicin 143 del citado Elenco. Vase la misma pgina 21. (Alfredo Zayas.)

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 351 / 351 tas de la poltica, pero no en manera alguna a los hombres que predican la teora del sacrificio y de la abnegacin en obsequio del procomunal, que es la divisa de mi corazn. Qu duda puede quedar sobre la inteligencia de la ltima 14 proposicin? Aunque se ha dicho con mucha verdad que los pcaros son unos malos calculadores, de ah no se infiere que los buenos no sean ms que unos hbiles especuladores. Y as es en realidad por ms de un motivo, pues hay hombres por su propia naturaleza; en cuyo sentido se dice en uno de los libros sapienciales: Sortitus sum animan bonam los cuales jams calculan para obrar el bien porque no pueden menos de hacerlo, y otros que aunque prevean los males que les acarrean ciertos actos, prefieren la utilidad ajena a la propia, por ser aqulla la mayor para la sociedad, preferencia que no es ms que otro nombre para decir justicia: as pues, habiendo una gran diferencia entre lo til tomado en general y lo justo, no media ninguna entre lo ms til y lo justo: til es un ferrocarril pero ms til es la justicia. La palabra til se aplica a cuanto puede aprovecharse as en lo fsico como en lo moral, y por lo mismo contrada ya a lo moral, no puede decir relacin sino a la bondad o malicia de las acciones. Estoy por afirma r, que si en vez de la palabra utilidad se hubiesen valido algunos moralistas de la expresin procomunal, o bien general, mucho altercado intil se hubiera ahorrado en la materia que nos ocupa. Para despejar esa incgnita se extendieron las mencionadas proposiciones en los trminos que constan en el Elenco de 1835 del Colegio de San Cristbal. En confirmacin de que no fue otra mi mente reproducir la proposicin 139 que no ha citado Ud. y que al parecer haca aun mejor a su propsito. Los hombres dice jams gradan el mrito o demrito de las acciones por la utilidad que produzcan; donde sin embargo, slo trat de alzarme contra los que osasen prescindir de la intencin para graduar el mrito de las acciones. Tan es as, que continuo all en estos trminos: Entonces habra una moral para cada caso y los medios, cualesquiera que fuesen, quedaran justificados como se consiguiera el fin. Aqu se nota como un deslinde entre la esfera del moralista y la del jurisconsulto: la ley no puede penetrar hasta la intencin, pero la moral s. Lo que yo he querido dar a entender es que si un acto se practica en razn de bien, es bueno, aunque se malogre, y por tal le tienen los hombres; y si se ejecuta para hacer el mal, es malo, aunque rinda bien, y por tal le tiene la humanidad entera. Ahora, pues, seamos francos: se oponen estos principios a la doctrina del seor Ruiz? O no se ve antes bien que la naturaleza misma nos fuerza a probar el deber en el crisol de la ventaja general? Cmo puedo yo saber lo que es el debe r si ignoro lo que piden los casos y las cosas? No es esta exigencia 14. Es la proposicin 144 del propio Elenco, visible en la referida pgina 21. (Alfredo Zayas.)

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352 \ 352 \ SEPTIEMBRE 1839 de las circunstancias en lo que se cifra el orden y concierto del mundo moral? Qu! Por ventura la humana naturaleza no tiene leyes como toda la naturaleza? Luego la ley del deber lejos de oponerse al principio de la mayor utilidad encuentra en ste su ms firma apoyo. La una es el precepto, el otro es la teora. En resolucin, los artculos de Ruiz son el comentario legtimo de la doctrina de V alle. Creo, pues, que debe cesar toda discusin, una vez determinado el sentido de las palabras y determinadas las consecuencias del principio del inters, y del principio del bien general; quedndome tan slo el sentimiento de que mis explicaciones no sean tan favorables al modo de ver de Ud. como yo quisiera, pues discrepando nosotros tan ampliamente en otras cuestiones fundamentales de filosofa, como es pblico y notorio, habra sido para m de la mayor satisfaccin aprovechar esta coyuntura para acreditarle mi imparcialidad. Ud. conoce algo mi carcte r y para nueva prueba de su ingenuidad, aun cuando atraiga sobre mi entendimiento la nota de inconsecuencia, le digo francamente que si Ud. no concepta conciliable mis tesis con las explicaciones aducidas, deme V. por retractado de las primeras y por atenido a las segundas. Y aqu tiene Ud. a mi amor propio a los pies de mi debe r que es confesar siempre la verdad tan luego como la columbro. Septiembre 11 de 1839. XL XL VI VI MS SOBRE EL PRINCIPIO DE UTILIDAD MS SOBRE EL PRINCIPIO DE UTILIDAD 15 15 P OR F RANCISCO R UIZ ( Diario de la Habana septiembre 16 de 1839.) Seor doctor don Manuel Gonzlez del V alle: Qu feliz ocurrencia ha tenido V en amenizar su artculo dando principio con esa deliciosa estrofa, no slo por su oportunidad, sino porque habr dado que re r y no poco, a nuestros lectores, a quienes en verdad iran ya fastidiando mis inspirados artculos! Que no tenga yo una chispa siquiera del numen potico que tanto a V enaltece; una porcioncita al menos de esa sal tica, que con tanta profusin ha derramado en V naturaleza, para entretener al pblico con una sabrosa y escogida narracin como la que V. 15. Ttulo de Roberto Agramonte.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 353 / 353 nos hace, revistindola del brillante y ligero ropaje de esas eruditas historietas, que as ilustran nuestro nimo, como nos sirven de solaz en los momentos de reposo y regodeo! Pero ya que no me ha cabido tal ventura, fuerza ser conformarme con mi desafilada prosa, y dejndonos de cuentos entrar en cuentas. Aunque a primera vista pudiera alguno creer que pretende V entrar en la cuestin, muy luego se desengaara viendo que el principio de donde V. parte, deducido de los prrafos 3 y 4 de su artculo, no toca ni en un pelo a la proposicin que sostengo. Si hubiera de contestar en trminos escolsticos el argumento que V forma, negara el consiguiente, y la consecuencia, porque ni es cierto que mi proposicin tenga el mismo idntico sentido que la que supone V deducida de las doctrinas de Epicuro, Helvecio, Holbach, y otros banderizos, como V los llama; ni hay derecho para inferirla; por consiguiente, es mala la consecuencia. El principio de los precitados autores, en concepto de V ., no da otra gua de las acciones que el inters; ni otro motivo, que el de la conveniencia personal, ni otros goces que los puramente sensuales. Pregunto yo a todo imparcial y amante sincero de la verdad y de la justicia: es tal el sentido que doy al principio de la utilidad cuando fij la cuestin, y en varios otros lugares de mis artculos en que me he esforzado por explicarlo en los trminos ms explcitos? Con qu derecho, pues, se me quiere violentar a que lo reduzca a la estrecha base que le da V no s si con razn, al de los precitados autores? Insistir en esto no convencera la ilegal, por no decir absurda y terca pretensin de querrseme despojar de un derecho, que hasta el da no hay ejemplo, al menos que yo sepa, que contra nadie se haya intentado? Se han visto retractaciones forzadas, pero jams se ha obligado a nadie a que sostenga contra su conciencia una doctrina, no segn el sentido que d su mismo autor a los trminos que la expliquen, sino conforme al antojo o capricho de otro. Esto, a la verdad, excede los lmites de toda exageracin. Una de las principales reglas del arte de bien discurrir es fijar los trminos de toda doctrina con claridad y precisin antes de entrar a discutirla, y es tan eficaz esta preciosa regla que ms de una vez ha evitado la discusin poniendo de acuerdo los ms opuestos y encontrados pareceres. Teniendo, pues, la proposicin que sostengo un sentido muy distinto del que V le da, y no pudiendo ni debindose obligar a que sostenga la doctrina de Epicuro, Helvecio, Holbach, ni de otros filsofos, sean quienes fueren, pues como he protestado ms de una vez, slo respondo de mis opiniones, inferir que V an no ha entrado en la cuestin; y por consiguiente la presuncin de la verdad milita a mi favo r De que mi doctrina difiera tanto de la de esos filsofos, segn los trminos en que V la presenta, no se deduce tampoco que carezca de antecedentes, ni de enlace y armona con el resto de la ciencia. Sus verdaderos antecedentes los constituye el estudio del hombre y sus acciones, cual existe actualmente, con el objeto de per-

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354 \ 354 \ SEPTIEMBRE 1839 feccionarle para que goce de la dicha y felicidad a que le destin su Auto r. Como que el principio alcanza a cuantas acciones pueda ejecutar el hombre en calidad de ser libre e inteligente, descubrir la armona que ha de resultar necesariamente de las relaciones que le ligan, no slo con Dios y sus semejantes, sino con el resto del universo; y habiendo conservado siempre su mismo tipo, y la naturaleza sus leyes, es muy el caso aprovecharnos tambin del estudio de la historia, para poder apreciar debidamente el progreso, o atraso y vicisitudes que haya experimentado en su marcha la especie humana. As es como se pondrn de manifiesto las causas que han influido en el desarrollo de esos grandes y extraordinarios acontecimientos que la han conmovido a veces en sus profundos cimientos, ora para favorecer su marcha, ora para hacerla retrograda r Suelen encontrarse verdades, las ms preciosas, por lo fecundos resultados que pueden dar con una ilustrada y oportuna aplicacin, pero que por el atraso mismo en que se hallaba el hombre no supieron apreciarse debidamente al descubrirlas, y as quedaron infecundas o bien bastardeados sus frutos. Tal vez pertenece a este orden de importantes verdades la que envuelve la cuestin que hoy discutimos. Y no creo que me equivoco ni exagero en agrega r, mal que a V le pese, que a ella debe ya la humanidad gran parte de los inmensos bienes de que goza, y el actual movimiento de vida y progresin que se nota en los pases cultos, es producido sin rplica por la poderosa accin de la gran palanca del equilibrio utilitario. Paso el insulso y malicioso equivoquillo que forma V de la metfora con que design el principio de la utilidad. Los sensatos vern cuanta razn hay para compararlos a una regla de oro. Siento no poderle dar las albricias por el descubrimiento y aviso que con su natural bondad me comunica en haber sacado por mi locuela las ideas que profeso, as como el modo con que he adquirido la doctrina, no del inters bien entendido, como V pone, (dispnseme le corrija su locucin) sino del principio de utilidad como lo explico; pues lo primero a mucha honra lo tengo, y lo segundo es cosa que hace largo tiempo la tena averiguada. No me remuerde mi conciencia haber hecho una traicin a mis pensamientos, y as me place sobremanera se conozca por mi locuela cules son las ideas que profeso. Tampoco soy tan presuntuoso que aspire a que se me tenga por inventor de la plvora; antes bien, confieso que los pocos conocimientos que poseo, me ha costado mucho trabajo el adquirirlos. Confieso asimismo que los debo en gran parte a los recursos del arte, y a la comunicacin con algunos buenos e ilustrados amigos que cuento; pero tambin le manifiesto a V que antes de admitir dichos conocimientos en propiedad, procuro depurarlos sometindolos al ms severo examen; y si descubro algo por donde menos valgan, lejos de darle el pase, los repelo sin consideracin alguna, vengan de donde vinieren, y sea cual fuere la carta de abono que traigan: en este sentido dije en mi anterior artculo que

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 355 / 355 acostumbraba pensar por m mismo. El pblico que nos observa sabr comparar nuestras ideas, pesar nuestras razones, y hacer justicia a quien de derecho se le deba. Estoy casi plenamente convencido que no habr uno (pues V que pudiera serlo, ya veo que me hace justicia, aunque a medias) que me infiera el agravio de suponerme tan insensato que formara un sistema de moral tan extravagante que me pusiera en contradiccin con los rectos dictmenes de mi razn. Sera el colmo del absurdo ser realmente bueno, y querer aparecer como malo. Este no es el modo con que se conducen los hombres que estn en pleno ejercicio de sus facultades morales e intelectuales; y mucho menos de los que procuran poner en armona sus acciones con su razn. Usted ha tomado muy a la letra, y por eso ha dado un sentido diverso al smil con que tach su inexactitud lgica en deducir doctrinas inmorales y absurdas de premisas que no las contenan. Aunque el qumico extraiga de un cuerpo un principio venenoso, no lo tiene realmente para la nutricin, si se usa de este cuerpo como sustancia sana y nutritiva. Ahora percibir V. cunta razn tuve en comparar con los qumicos a los que precindose de buenos lgicos encuentran mal sentido y cuanto se les antoja, en las ms sencillas expresiones, atormentando para esto el genuino de las voces, y afectando gran profundidad donde todo es muy somero, queriendo palpar resultados que nadie ve, ni siente. Y no podramos acusar a estos consecuenciarios como inventores de una lgica cabalstica? El ilustre patricio a quien V alude, honra y prez de nuestro suelo, y a quien tanto debe su patria por ms de un ttulo, 16 no me dispensara la generosa y cordial amistad con que me honra si llegase a entender que yo por un momento titubeaba en manifestar con franqueza una idea que creyese verdadera y provechosa al hombre, por miramientos y consideraciones humanas. Infinitas pruebas nos ha dado as del generoso temple de su alma como de profunda y variada instruccin en los ramos del verdadero sabe r utilizados eminentemente por su acendrado amor a la patria. Por fortuna no discrepamos en nuestras opiniones cual V se aventura a proclama r Como no presumo tanto de mis fuerzas intelectuales, y tengo un sincero deseo de descubrir la verdad o de libertarme de cualquier error en que pueda haber incurrido, ms de una vez en nuestros amigables coloquios hemos entrado en discusin sobre la materia, no con el tono de quien desea vence r sino con la candorosa sencillez del que busca la verdad para ilustrar su mente. Acaso antes de que este artculo vea la luz pblica tenga V su desengao con la manifestacin del genuino sentido que deba drsele a las proposiciones de su antiguo elenco de filosofa. Mucho temo haya V tambin procedido en esto con alguna pre16. Jos de la Luz y Caballero.

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1838-1839 356 \ 356 \ cipitacin; y ya le advert en mi anterior artculo que es una de las fuentes ms fecundas en errores. Si reclam por la poca hidalgua y sobrada saa con que se atacaba a esos autores indefensos, cuyos errores nunca destruirn la deuda de gratitud que hacia ellos contrajo la humanidad, por lo bien que llenaron su destino mientras habitaron en la tierra, fue porque el sentimiento de la justicia se exalta en m a tal extremo que no puedo sufrir su infraccin aun cuando se me ofrezca reparada. Por lo que hace a la profeca con que nos festeja V suponiendo que al fin el principio utilitario quedar relegado en su paraso terrenal de la Economa Poltica, creo que es algo aventurada, y tambin temo mucho no tenga Ud. el dulce deleite, placer iba a deci r pero es trmino muy sensual para odos tan castos, de verla cumplida. Y o no soy profeta; pero s creo que el principio de la utilidad con todos los auxiliares que de l en parte derivan, llevar a tal grado de ilustracin al hombre, que sea causa del encanto y armona del mundo moral, as como lo es del fsico la atraccin. Dichosa edad aquella en que los hombres vivan en tan venturoso concierto! Qu excitado estara Vd. a risa con la chistosa ocurrencia de contrastar la frase con que se invoca la justicia por la de favor a la utilidad bien entendida! Confisole a V que a m mismo me tiene casi convulso, y no me ocurren a la verdad razones que oponer a tan pujante argumento. Y as puede V ir marcando este tambin entre sus triunfos. No ser tan omiso con el prrafo que sigue en que supone V que porque en nuestros tribunales se usa de las muy ajustadas frases estar a justicia, a derecho, etctera, y no a lo til, ha de darse por desvirtuado el principio. No tal: cada cosa segn su naturaleza tiene su oportuna aplicacin; y no porque todos los objetos, hijos de la industria y trabajo del hombre, tengan un valo r hemos de pedir en un almacn de paos, por ejemplo, dos varas de valores de pao cuando vamos a comprar dos varas de pao. A lo que se agrega y llamo mucho su atencin de V sobre este particula r que nada pudo V haber escogido que tanto implicase y comprometiese la doctrina que V sostiene, como ocurrir en su defensa al campo de las leyes. La teora del derecho ha de estar toda fundada sobre el principio de la utilidad, y por consiguiente la de las leyes, que vista a esta luz, constituyen la declaracin y salvaguarda de los derechos. Bien pudiera decirle a V que en su argumento se nota el vicio de proceder del hecho al derecho contra un principio lgico; pero no le har tal cargo porque considero muy exacta y conforme al objeto la nomenclatura jurdica. Se est a derecho y no a lo til, decimos, cuando un individuo demanda a otro ante un tribunal, porque la palabra derecho en este caso sirve especialmente para designar la accin, que en virtud de algn ttulo o motivo legtimo tenga para reclamar de otro alguna cosa, o el cumplimiento de alguna obligacin; el derecho o la accin legal en s, como se ve, es una pura

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 357 / 357 abstraccin que se simboliza en las escrituras, vales, o cualesquiera otros signos expresos; pero el objeto o la cosa comprendida en este derecho o sobre quien recae, forma parte de nuestros bienes, y por consiguiente nos es til, diramos, el derecho que tenemos, v .g. a tomar agua de tal fuente, porque nos proporciona el uso de un objeto muy propio y conveniente a satisfacer las necesidades de la vida. En los tribunales se administra justicia y no utilidad: muy bien establecida me parece esta frmula, porque expresando el trmino justicia la constante voluntad que tenemos de dar a cada uno lo que le pertenece, es un verdadero ente de razn, pero tan luego como se hace efectiva sta produce una de las mayores utilidades que puede disfrutar la sociedad y sus miembros. La institucin misma del poder judicial nos demuestra del modo ms palpable que la utilidad de los asociados es cabalmente la base y fin de la justicia. As que nada ha y que sea ms o menos justo, como V asienta; pero nigueme si puede que lo ms til es precisamente lo justo, y lo nico justo, esto es, que la justicia se grada por la mayor utilidad, pues si el juez otorga el derecho en cuestin a quien no pertenece, hace lo menos til, y as infringe la justicia. Con que tenemos, matemticamente, a ms utilidad, ms justicia; a menos utilidad, ms injusticia. Como la palabra utilidad se aplica tambin a los objetos para determinar aquella cualidad que los hace capaces; de proveer a las conveniencia de la vida, y la justicia no extiende hasta este punto su esfera de accin, supone V que les es incompatible toda comparacin; pero todo el vicio de su argumento consiste en no haber entrado con ms calma y mejor fe a discutir la materia. Siento tener que repetir lo que antes he dicho, y dejo notado en varios prrafos de mis anteriores artculos, que al hacer efectiva la justicia se produce un gran bien, que constituye el mximum de la utilidad social e individual. Asimismo me permitir le advierta que basta ver los trminos en que explico el principio si no alcanzasen a declararlo los muchos pasajes en que lo noto, que yo no prescindo, como tampoco prescindira ninguno que conociese su naturaleza, de aplicarlo al orden social con quien estamos en relacin, as como a la humanidad entera cuando sta no s lo demande. La enumeracin que hace V de tant os objetos tiles porque nos proporcionan goces y comodidades de la vida, lejos de desvirtuar la fuerza del principio en su aplicacin a la Moral, la corrobora, pues cualquiera comprender que si un ferrocarril v .g. es til porque aumenta los goces y relaciones sociales, aproximando los lugares ms distantes, y con ello los individuos que los habitan, en una palabra, porque crean inmensos bienes en favor de los que les disfrutan, tambin creer que una escuela de educacin primaria es muy til porque en ella se ensea a los nios desde su tierna infancia las ms importantes verdades de la moral, la religin y amor al trabajo. Nada encontrar, pues, que repugne calificar a estos

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358 \ 358 \ SEPTIEMBRE 1839 diversos bienes con el epteto de tiles, pues aunque difieran tanto bajo una relacin, se aproximan no poco bajo de otra. Se sobrecoge V lleno de asombro porque en mis dos anteriores artculos le digo que si algo bueno hay que esperar de su principio del debe r lo deber a la lustracin que le preste el utilitario. No es culpa ma que cuanto diga y haga el hombre sea el resultado de su observacin y experiencia: as le plugo organizarlo a su Auto r Y as como por igual motivo no admito ningn principio interno que por s y ante toda experiencia nos revele la verdadera naturaleza de las acciones, pues las facultades (slo principio innato o congnito) lo nico que harn es estimularnos a opera r, aguijar nuestros deseos; pero respecto a las acciones que resulten, la experiencia y slo la experiencia les ensear a conocerlas. Por eso cuando vi que V proclam el principio del deber en contraposicin al de la utilidad, dije para m: bien puede ser que este principio derive del sentimiento de la justicia; pero las acciones, cuyo cumplimiento prescriba para que llenen los fines de la moral, han de contribuir a la perfeccin del hombre, a su mayor felicidad. Acabamos de demostrar que le es imposible ilustrarse a s mismo; ocurre a la razn; pero sta lo desengaa dicindole que ella nada puede determinar acerca de las cualidades de las acciones sin ponerse de acuerdo con la observacin y la experiencia; luego hemos de tropezar necesariamente con el principio utilitario; y por eso le dije a V una y otra vez, y se lo repito ahora, que si la ley del debe r aun con la mejor intencin, no quiere arriesgarse a sancionar absurdos y aun heroicos, no desdee, antes solicite con ahnco, consultarse y ponerse de acuerdo con el principio de la utilidad. Mire V ., mi docto r que ciertos hombres o por solapada malicia, o por degradante supersticin o por el crudo fanatismo, para comprometer a sus adeptos de ciertas acciones que les exige como muy legtimas les alegan, les protestan con el ms ardiente fervor que oyen all en sus adentros una voz, una solemne inspiracin que les revela lo que es de ejecutarse. Y o no dir que tal sucede a todos con la aplicacin de su principio; pero s estoy persuadido de que sta es su tendencia, con especialidad si le toca en suerte aplicarlo personas de exaltada imaginacin, si antes no toman el visto bueno del principio utilitario. Cunto me he alargado y cunto ms no podra agrega r si quisiera hacer un detenido examen de su artculo, o amplificar algo ms estas mismas ideas! Pero vengamos a los casos que me propuso V en su contestacin a mi primer artculo. Me causa a la verdad no poca sorpresa que afirme V. con cierto aire de triunfo, que yo me implico cuando digo que el bien causado por la herida del asesino no es un bien moral, puesto que resulta de un verdadero rectum ab errore ; 17 y por consiguiente en nada le menoscaba la pena a la que se ha hecho acreedor por su criminal accin, porque 17. dirigido por el error.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 359 / 359 esto arguye en m que alguna vez tomo en cuentas el conocimiento o la existencia de intencin en el operante. Cundo he negado yo que no entra la intencin como elemento de la moralidad del acto? No he dicho ms de una vez que para graduar la imputabilidad de un acto hay que atender a la intencin, y no slo a la intencin del operante, sino a las circunstancias del acto, y de quien lo ejecuta? Reclamo, pues, lo que de justicia se me debe, y es que lea V con menos prevencin y precipitacin mis artculos: proposiciones semejantes supondran un absoluto olvido de los ms sencillos elementos de la moral; cul no ser, pues, la ignominia con que se cubra quien los atribuya a otro gratuitamente? Esto es lo que en puridad se llama calumnia r No crea V le haga yo ni por un momento el agravio de suponer haya V tenido tan depravada intencin; pero s creo que hay buena dosis de preocupacin; y ya V sabr como se ciega esta otra fuente no menos funesta de abundantes errores. Por lo dems, en contestacin a la extensa nmina de utilidades de que se pierda el labriego por entregar a su dueo el tesoro hallado, queda contestado con decirle a V que no compensarn ni con mucho los daos a que se expondra reteniendo lo hurtado. El labriego no debe tampoco prescindir del famoso canon quod tibi non vis fieri, alteri ne feceris 18 es deci r si te quedas con el dinero, infringes el orden de la sociedad, fundado en el respeto de la propiedad, esto es, en la utilidad de los asociados, porque la armona general consiste en cumplir con la ley en todos los casos particulares; y si se dejase a cada uno interpretar arrimara la brasa a su sardina, faltara a la justicia, al bien de todos y de cada uno. No entrar en el anlisis comparativo de las dos explicaciones para ver quin ha dado la verdadera del hecho; pero s puedo asegurarle a V que al travs de esa acendrada virtud, admirable desinters, heroica resignacin de que supone V ciertamente posedo al labriego, veo yo brillar el principio de la utilidad; y mientras mayores sean los sacrificios que V le obligue a hace r por no faltar al orden establecido por Dios, ni turbar la armona de sus leyes, mayores sern tambin las recompensas que espere de la justicia divina, que no puede dejar de premiar al justo, as como de castigar al malvado que infringe sus santas leyes. Qu tesoro tan inmenso de bienes no encuentra la humanidad en los sacrificios de sus hijos! Diga V ahora: hay o no utilidad? Esto ciertamente lo percibo con la misma claridad que la luz meridiana. Insiste V en que faltaba la explicacin que doy del modo con que formamos la conciencia (que lo recordar, por si acaso se ha olvidado: es un juicio sobre acciones morales y nada ms) que faltan en dicha explicacin los remordimientos, y la intencin y vuel t a con la intencin! Ah est 18. no hagas a nadie lo que no quieras para ti.

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360 \ 360 \ SEPTIEMBRE 1839 todo, mi docto r si no explcito, implcito, como dicen los gramticos y tambin los lgicos. Mire V que lejos de carecer yo del atributo de la intencin, superabunda tanto en m que a veces, a pesar de los esfuerzos de mi voluntad se traslucen mis intenciones, por lo que aun cuando quiera no puedo hacer traicin a mis sentimientos. Como V me entreg el principio utilitario arrojado a los pies del deber lo he buscado escrupulosamente, y no me ha sido posible hallarle. Veamos si V con vista ms perspicua lo descubre, y me lo devuelve para ver si puedo reparar tamao agravio restablecindolo al eminente lugar que por derecho le corresponde. Si le suceder a V lo que a don Garca con don Juan de Sosa? Concluyo, pues, recordndole a V por tercera vez, y dicen que a la tercera va la vencida, nos acabe de deci r si es que sobresee o no de aquella proposicin que le atribuy a Helvecio, o me presente el pasaje en que diga que la virtud consiste en el sacrificio del deber al placer; y procure seguir paso a paso mis razones como lo hago yo con las suyas para que haya verdadera discusin. Entre tanto queda como siempre su afectsimo, Francisco Ruiz. Septiembre 13, 1839. XL XL VII VII DEFENSA DEL ECLECTICISMO DE COUSIN DEFENSA DEL ECLECTICISMO DE COUSIN 19 19 POR T ULIO 20 (J OS Z ACARAS G ONZLEZ DEL V ALLE ) ( Noticioso y Lucero septiembre 16 de 1839.) Seores editores del Noticioso y Lucero : Hoy que se disputa en La Habana sobre el eclecticismo y su importancia, como sistema de la poca, me parece bien traducir algunos prrafos de la advertencia que Vctor Cousin ha puesto a la cabeza de la tercera edicin 19. Ttulo de Roberto Agramonte. En el original Comunicados. Filosofa (Roberto Agramonte). 20. El propio Jos Zacaras Gonzlez del V alle se declara Tulio en carta a Anselmo Surez y Romero de octubre 29 de 1839, conservada en la coleccin de Vidal Morales de la Biblioteca de la Sociedad Econmica. Vid. Philosophia Electiva B.A.C. vol I, Introduccin, p.XXIX, no.28 (Roberto Agramonte).

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 361 / 361 de sus Fragmentos filosficos hecha el ao prximo pasado en Pars. Srvanse ustedes publicarlos en su apreciable diario. Olvido dice Cousin los elogios y las stiras, haciendo nicamente caso de los escritos serios. En Alemania Amadeo Wendt, al que acaba de perder la historia de la filosofa, el continuador de Tenneman, profesor de filosofa en la Universidad de Gottingen, ha dado una larga recensin de la edicin segunda de mis Fragmentos y la Revista Germnica traduce el artculo en el cuaderno de septiembre de 1834 Bekkers, profesor en el liceo de Dillingen en Baviera, me ha honrado traduciendo el prefacio, y Schelling ha querido servirme de introductor ante el pblico alemn, poniendo al frente de esta traduccin algunas pginas, explicndose acerca de los puntos que yo haba tocado, con la claridad y vigor que lo caracterizan. Este corto escrito, rompiendo el silencio que guardaba hace tantos aos el autor de la Filosofa de la naturaleza es un verdadero acontecimiento filosfico, y aunque mi obra no hubiese hecho otro servicio que darle origen a sta, debera siempre felicitarme por haberla dado a luz. No se juzgue empero que el artculo de Wendt ni el de Schelling sean himnos a mi gloria: nada de eso. Ambos, hacindole justicia a mis intenciones y a mis esfuerzos y hasta aprobando en ciertos lmites las conclusiones sistemticas a que he llegado, no vacilan en condenar el camino que he seguido para llegar a ellas, a sabe r el mtodo psicolgico. Schelling aprueba el fin mas desaprueba el medio. Al otro extremo del mundo civilizado, de la otra parte del Atlntico, los Fragmentos hallaron acogimiento; mas mis escritos sobre la educacin se esparcieron en Estados de la Unin Americana, y a veces, bajo los auspicios de la autoridad pblica, los Fragmentos y mis Lecciones fundaban, sin saberlo yo una escuela filosfica en la patria de F ranklin. En 1832 y 34, Limberg y Henry tradujeron mis Lecciones y en el momento que escribo estas lneas acaba Ripley de colocar el segundo prefacio de los Fragmentos con otros escritos mos a la cabeza de la Miscelnea que ha formado exclusivamente de autores franceses. En 1836 y 37 ha publicado Brownson una apologa de mis principios, donde brilla un talento y un escritor de primer orden. Pero sabis lo que acredita a la nueva filosofa francesa en New Y ork y Boston? Adems de su carcter moral y religioso, su mtodo, este mismo mtodo que casi fuerza a sonrer al Presidente de la Academia Real de Munich, el mtodo psicolgico. Ingrato fuera con la Italia, si aqu no diese gracias pblicamente al ms clebre de sus filsofos, a Galuppi, profesor de la Universidad de Npoles, que despus de haber introducido a Kant en la patria de Vico y de Genovesi, ha descendido hasta traducir l mismo mis Fragmentos Otra excelente capacidad, Mancino, profesor en Palermo, ha naturalizado casi el eclecticismo en Sicilia; mientras que al otro extremo de la Pennsula Itlica, Poli,

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362 \ 362 \ SEPTIEMBRE 1839 profesor en la Universidad de Padua, y el ingenioso y a ocasiones profundo Rosmini, el uno adhirindose casi del todo, el otro con crtica severa, aunque siempre benvola, llama n la atencin sobre la nueva filosofa. V amos en derechura (dice all al fin Cousin acabando la Advertencia ) al argumento oculto bajo las declamaciones de toda especie, de que ha sido objeto el eclecticismo. Los principios de los diversos sistemas son a veces contradictorios; pues siendo contradictorios se excluyen; luego no es posible reducirlos a un solo sistema. Oigan la respuesta: el argumento estriba en la confusin de dos cosas muy distintas, a sabe r el estado en que halla el eclecticismo los principios de los diversos sistemas, y aquel a que los reduce antes de emplearlos. Es cierto que los encuentra en tal hostilidad y contradiccin, que no puede servirse de ellos. Supongamos v g r ., que un sistema defiende este principio: todas las ideas vienen de los sentidos; y otro sistema: ninguna idea viene por los sentidos. Claro est que no hay medio de combinar estos dos principios. Qu hace pues, el eclecticismo? Comienza por destruir el uno y el otro: prueba primero que ambos son falsos en su pretensin exclusiva, y buscando despus lo que pueden tener de verdadero, saca los dos principios siguientes; muchas ideas vienen de los sentidos; muchas no. Ahora estos nuevos principios ya no son contradictorios; son diferentes, mas no inconciliables. Entonces, pero slo entonces, el eclecticismo viene a tiempo. Y a lo he dicho, y lo repito; en poltica, cuando despus de largas revoluciones comparecen los partidos ante el poder legislado r cada uno se presenta con pretensiones extremadas y contradictorias que no pueden fundar un sistema de leyes aplicables a todos. El legislador separa lo que dichas pretensiones tienen de exclusivo e injusto, reducindolas a lo que tienen de legtimo; y por esta transformacin saludable, los elementos de discordia y guerra se mudan en los diversos principios, enrgicos y vivos, de una gran constitucin. Lo propio puede y debe hacer el legislador de la filosofa, a despecho de los clamores que den los sntomas opuestos, porque esos clamores son inevitables: es el grito que les arranca la operacin dolorosa que les hace sufrir el eclecticismo para dejarlos en el estado en que pueden servir en una medida justa, a la bella y sabia armona de los contrarios, que es la verdadera unidad. Adems, muy descontentadizo sera yo, si no me diera por satisfecho del xito del eclecticismo. Gracias a Dios, ha hecho muy bello camino por el mundo, y lejos de necesitar que yo emprenda su defensa a l ms bien le toca encargarse de la ma. El eclecticismo no es acaso el primer principio de la nueva filosofa, pero es su bandera ms visible. Cuando yo la enarbol en otro tiempo, al comenzar mi carrera en el humilde recinto de la Escuela Normal y la F acultad de Letras, cualquiera que fuese mi conviccin personal, yo no me esperaba que hiciese tan rpida fortuna, ni que reuniese con

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 363 / 363 tal prontitud tantos ingenios ilustrados y tan independientes en los pases ms adelantados del antiguo y nuevo mundo. El eclecticismo es, en todo la moderacin y la profundidad; as, no es un vano amor propio, sino alguna cosa superior a l quien produce en m una satisfaccin harto regalada al comprobar sus progresos y al seguir sus destinos. Tulio. Pars, 20 de julio de l839. XL XL VIII VIII APNDICE DEL AR APNDICE DEL AR TCULO ANTERIOR TCULO ANTERIOR P OR F RANCISCO R UIZ ( Diario de la Habana septiembre 20 de 1839.) Como apndice u otros del artculo anterior dar una breve contestacin al suscripto Otro 21 inserto en el Noticioso de 5 de septiembre relativo a la cuestin que actualmente se discute en el Diario del Gobierno, sobre si se puede o no el principio de la utilidad aplicarse a la Moral como gua de nuestras acciones. No creo que haya tenido ms acierto este nuevo antagonista del principio utilitario en la eleccin de razones que sirven de fundamento a la doctrina de mi contrincante el doctor don Manuel Gonzlez del V alle, y as, aunque pudiera contestarle refirindome a lo que dejo expuesto en mis anteriores artculos, donde, si no me equivoco, se hallarn victoriosamente refutadas dichas razones, quiero sin embargo, en obsequio del mismo importante asunto, y del provecho y utilidad que pueda redundarle al pblico, de tenerme en su especial contestacin, aun cuando se alargue este artculo ms de lo que me haba propuesto, pues as aprovechar la ocasin de esclarecer la doctrina con nuevas razones y verdades, al paso que se pondrn de manifiesto los errores y sofismas con las que ha pretendido impugnarlas este nuevo campen: contestar a sus reflexiones con el mismo orden que las presenta. Muy sencillo es decir que la Moral se funda en la antigua mxima de cumplir con nuestros deberes; pero semejante principio me deja en las 21. Jos Zacaras Gonzlez del Valle (Roberto Agramonte).

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364 \ 364 \ SEPTIEMBRE 1839 mismas tinieblas en que me hallaba antes de que me lo hubiesen enseado. La dificultad est en averiguar cules son estos deberes, y su extensin: qu circunstancias especiales y caractersticas distinguen los verdaderos de los falsos o de los que no lo sean, que criterio consulta la razn para que la voluntad no se extrave del camino que conduce al debe r dejndola al mismo tiempo en plena libertad de opera r y rodeados de tantas y tan poderosas causas como sin cesar conspiran a deslumbrarla, pervertirla y comprometerla en una mala va. Hay algn ente sobrenatural que de algn modo infalible nos lo revele en el momento de cumplirlos? O se hallan todos revelados y escritos en un cdigo? Dnde est ese cdigo y quin lo ha escrito? 22 en la razn soberana, en aquel ternum quoddam 23 de Tulio, me dir V acaso conformndose con la opinin del contrincante principal; a lo que replicar yo que mi razn me demuestra que antes de descubrir una verdad tengo que tropezar con mil errores; y as en Moral como en las dems ciencias las verdades que descubra sern hijas de mi observacin y experiencia, o de la observacin y experiencia de mis semejantes; y dichoso yo si no tengo que desandar muchas veces el camino o sentir los funestos efectos de algn error que cual falsa moneda se hay a deslizado entre las de buena ley! No le parece a V ms natural, ms conforme a los supremos designios de Dios que nos ocupemos nosotros mismos en su investigacin preparndonos al efecto con un profundo estudio de nuestro propio se r y del universo con quien estamos en relacin, a fin de averiguar las verdaderas leyes a las que ha querido sujetarnos, y por consiguiente los deberes a que estamos constituidos para corresponder a sus fines? No entrar a discutir cul de estos dos medios deban seguirse para la resolucin del problema: al buen criterio de V dejo la eleccin. De lo que s puedo desentenderme, sea cual fuere el procedimiento que se siga, es de considerar la naturaleza del debe r o lo que es igual de la accin que lo determina: ya sea que yo mismo me lo haya impuesto, ya sea que por imperio de la ley se me obligue a ello, para que sea legtimo ha de conformarse en uno y otro caso a los benficos fines de nuestro Auto r correspondiendo a la perfeccin moral, o lo que es idntico a la dicha, bienestar y felicidad del hombre. Repito lo que tantas veces ha preguntado: cmo descubriremos esta cualidad en las acciones y hasta en los pensamientos, inclinaciones, afectos, sentimientos y pasiones si no habiendo antes averi22. No se valga la maledicencia de estas palabras para calumniarme suponindome tan nefito que desconozca las verdades de nuestra santa Religin. Por mi estado y educacin tuve la dicha de encontrar quien desde muy temprano, con su ejemplo y su doctrina me las inculcase, y nadie ms sumiso que yo en observarlas, como que tengo una ntima conviccin de que forman mi mayor felicidad. 23. una cosa eterna.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 365 / 365 guado por la observacin y la experiencia el efecto que hayan producido, segn nuestra naturaleza y sus relaciones? Por consiguiente, si el deber impuesto aniquila o menoscaba por su tendencia nuestra dicha y felicidad, se opone a nuestra perfeccin, y ataca los fines de la naturaleza convirtindose en vituperable en lugar de legtimo. Muchos ejemplos pudiera alegar en confirmacin de tan alegable verdad; pero son demasiado obvios, para que se oculten a la penetracin de V ., y as me dispensar no se los presente en obsequio de la brevedad. Y habr quien se empee todava en divorciar la bondad de las acciones de su utilidad? En lugar de tan temeraria solicitud no sera ms conforme a la buena lgica, a la sana razn y al verdadero adelantamiento de la moral establecer que estos dos trminos expresasen en la ciencia de las costumbres dos ideas recprocas y correlativas, como les sucede en sus otras aplicaciones a los dems casos de la vida humana? Cuando contribuyo a evitar un dao que amenaza a un tercero, ejecuto asimismo una accin til, porque sera necesario ser sobrado ciego y obtuso de entendimiento para no percibir que tan preciosa cualidad no slo es propia de las acciones que producen directamente el bien, sino de las que impiden o alejan el mal, cuyo resultado visto y examinado a buena luz se convierten en bien efectivo y estimable, segn su naturaleza e importancia. Tan cierto es esto, que para evaluar el mrito de estas acciones hay que atender a la naturaleza del dao evitado, y a las dificultades con que se ha luchado, y riesgo a que se ha expuesto, quien se comprometi por impedirlo. El smil que se forma con la belleza de la Luna, si algo prueba es en contra de la doctrina que V sostiene, porque la belleza no est realmente en la Luna: en este objeto lo que hay es una aptitud o disposicin de partes que por su relacin con el rgano de la vista, en quien reside cierta capacidad, le causa una sensacin agradable de placer o deleite, segn el grado de excitacin que produzca en nuestra sensibilidad la cual afecta ms o menos nuestra alma; y es a lo que se le ha dado el nombre de belleza; as como decimos un da alegre, risueo, etctera, para significar los varios sentimientos que excitan en nuestro nimo estos objetos, no obstante ser incapaces de afectos y pasiones. Del mismo modo y por una admirable analoga, ciertas acciones en el orden moral excitan as, en el que las ejecuta como en el que las observa, cierto sentimiento de deleite al que se le han dado varios nombres, segn los diversos grados de intensidad con que nos afecta; pero si se observa atentamente y con ojos filosficos la causa de tan exquisito deleite, se descubrir que consiste en la cualidad de la accin que produce, o tiende a produci r inmensos bienes en favor del hombre con mayor o menor sacrificio del agente, asociando dichos sentimientos, no slo a la accin, sino al mismo nombre con que la designamos. Estas son las acciones que ha consignado la humanidad como virtudes, y constituyen una numerosa familia; las hay de diversos rdenes; y desde

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366 \ 366 \ SEPTIEMBRE 1839 una remota antigedad se establecieron las cuatro fundamentales o cardinales, porque sirven de apoyo a las dems, que de ellas derivan. Conformndose, pues, el hombre en su conducta moral con lo que determinan estas cuatro virtudes, habra un concierto admirable de armonas entre ellos, productor de bienes infinitos, no slo de puro y suave deleite, que baase y embriagase el alma, sino bienes reales, efectivos y positivos adaptables a nuestra naturaleza. Y habr alguna dificultad, en vista de tales antecedentes, en resolver la pregunta con que termina V su primer reflexin? Cualquiera que ofreciese, disipara como el Sol a la niebla el principio de la utilidad. De que las lenguas tengan las voces bondad, utilidad, inters, justicia y otras anlogas nada arguye contra la verdad de mi proposicin, nterin no se me demuestre que puede haber actos virtuosos, sin que produzcan o tiendan a producir bienes; que la justicia en s y en sus efectos no causa tampoco ms provechos al hombre que los de puro deleite. Por no fastidiar a los lectores con lo expuesto en mis anteriores artculos, no repito el procedimiento y circunstancias a que ha de atenderse para ejecutar con la propiedad debida la clasificacin de virtudes y vicios, buenas y malas acciones. Lo que s no omitir, porque me parece que nunca se me inculcar bastantemente, es advertir que para proceder con acierto, no se ha de perder un momento de vista la piedra de toque, donde se ensayen las acciones con escrupuloso esmero para descubrir su verdadera cualidad, y colocarlas en la clase a que correspondan. De las infinitas transacciones sociales una gran parte tiene por objeto el cambio recproco de valores por valores, en lo cual entran, no slo los bienes fsicos, sino los servicios, derechos, etctera Muy conveniente, pues, creo que sera para el adelantamiento de las ciencias reservar a tales actos el trmino inters, para designar el provecho que cada cual se promete; pero cese desde entonces de confundrsele con el de utilidad: cese de compararse un srdido especulador con el que practique las virtudes por los bienes que le proporcionan: si a esto lo llama V moral de clculo, nada a mi ver tan legtimo como calcular en moral. La tercera reflexin no vale ms que las anteriores, y procurar demostrarlo. Algunos suelen agregar efectivamente a la palabra utilidad la expresin bien entendida, 24 como se hace tambin con el trmino inters y en la frase verdaderos intereses; mas esto no tiene otro objeto, sino advertir que hay ciertas acciones que tienen un barniz de utilidad, as como lo tienen ciertos objetos; pero examinados bajo todas sus relaciones, propiedades y aplicaciones, y desarrolladas todas sus consecuencias, descubrimos en lugar de la fuente de dicha con que nos brindaba, un abismo de desventuras. 24. Entre comillas por Roberto Agramonte.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 367 / 367 En contestacin a las razones o sinrazones metafsicas que alega V. con tanta seguridad, dir que para s son puras quimeras, ridculas quididades; y en la cuestin que nos ocupa con mayora de razn. Qu quiere decir que nunca se puede confundir el bien con la utilidad, porque la cuestin se refiere a la sustancia, a la esencia del bien; y el carcter de toda sustancia es ser idntica a s misma...?. La Fsica y la Qumica nos ensean que con una misma sustancia se forman diversos cuerpos que, lejos de ser idnticos, presentan las ms opuestas propiedades y caracteres. De los dos gases, oxgeno e hidrgeno, combinados en proporciones dadas, resulta el agua: y quin dir que este cuerpo es idntico a los elementos que los constituyen? El agua misma nos la ofrece la naturaleza bajo los tres estados en que se presentan los cuerpos, de solidez constituyendo la nieve o el hielo, liquidez, y fluido seriforme; y no obstante ser la misma sustancia, ningn fsico dir que el gas acuoso es idntico al hielo, ni ste al agua lquida; pues con mayora de razn habrn de rechazarse tan absurdos principios en su aplicacin a la moral, donde la mayor parte de los nombres, por no decir todos, no representan verdaderamente sustancias, sino cualidades, puras abstracciones: as es que la palabra utilidad, por ejemplo, no designa ninguna sustancia real y fsica, ningn fenmeno de los que pasan y sentimos en nuestro interio r sino una mera cualidad que indica la buena relacin de las acciones u objetos con nosotros, en cuanto contribuyen a nuestra felicidad: lo mismo diramos de los trminos bien, bueno, bondad, virtud, etctera; de aqu resulta lo que es muy sabido en Filosofa, pero que a lo que veo parece ignorarlo mi contrincante; a sabe r que hablando en rigor no hay bien absoluto, pues todo bien que concebimos es siempre relativo al beneficio que puedan causarnos los objetos y acciones a que nos refiramos: al mismo Dios lo abarca nuestra mente en esta categora. Con los ejemplos que V cita se prueba la verdad de la doctrina que sostengo, lo falible de la mxima en que quiere V edificar la moral; porque si bien es cierto, como he dicho en mi anterior artculo, que la naturaleza nos ha dotado del sentimiento de la benevolencia, tambin la razn dicta que al ejercerla seamos sobrado circunspectos, no sea que en lugar de los bienes que nos prometamos, resulten males. El que por seguir el ciego, si bien generoso impulso de simpata, se arrojase al mar por salvar a un nufrago, sin considerar el riesgo inminente a que expona su existencia, de la cual acaso dependa una numerosa familia, y las muy provechosas y fundadas esperanzas que de su relevante mrito asimismo se prometa la patria, todo lo cual desaparecera, sucumbiendo por salvar acaso la vida de un malvado, procedera evidentemente contra el principio utilitario; y nadie que tenga sentido comn dejara de condenar su accin, aunque generosa, no slo como un temerario arrojo, sino como acto muy opuesto a sus ms sagrados deberes. He aqu las consecuencias de no querer consultar

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368 \ 368 \ SEPTIEMBRE 1839 ni regirse por el principio de utilidad, y s por la ciega ley del deber sin someterla a su ilustracin. Atendindose al principio de utilidad, hombres muy eminentes en virtudes y saber de la culta Europa y Amrica han levantado enrgicamente su voz hasta alcanzar de los gobiernos ilustrados la supresin, con las ms severas penas, del vergonzoso oficio de pordiosea r con cuyo hecho tan irrecusable queda justificado, si otras pruebas no hubiera, el principio de la utilidad, pues reprimiendo el Gobierno la caridad mal entendida, cuya frase sera ms propia si dijera mal aplicada, no hizo sino calcular exactsimamente, y comparar los bienes que redundaban en pro de los mendigos por las limosnas recogidas, con los males que a estos mismos mendigos, y a la sociedad, habran de causrseles con tal prctica, fomentando la holgazanera, y con ella los vicios ms vergonzosos inherentes a tan abyecto estado, mientras que quedaban privados del debido socorro los verdaderos pobres e indigentes. Y cmo se echa de ver a leguas que en todo esto brilla eminentemente el principio; y cunta razn he tenido para decir que en el ejercicio de la beneficencia debemos proceder con suma discrecin para que no suceda que con la ms santa intencin, con la conciencia ms pura, y cuando nos lisonjeemos de llenar nuestros sagrados deberes en favor de la msera humanidad, estemos infirindole la ms atroz herida! Esta importante verdad se debe en gran parte a los muy tiles descubrimientos econmicos, nueva prueba del enlace y recproco auxilio con que se favorecen las ciencias. Ilustremos nuestras operaciones con tan luminoso principio, cuya accin, a la manera de un reactivo qumico, por valerme del sarcasmo que V le regala, sabr extraer el oro puro y aquilatado del bien que contenga, libre de toda mancha y escoria. Y he aqu otro motivo de la alarma, pues a su severo ensayo no puede obtener el pase moneda alguna de falsa le y. A la cuarta y quinta reflexin contestar, refirindome a lo que con sobrada amplitud dejo expuesto en mis anteriores artculos, reclamando aqu solamente algo ms de mejor fe y miramiento en el articulista, para que corrija la ligereza con que ha supuesto que quien defienda la utilidad, despoja por el hecho mismo a la accin moral de uno de los elementos absolutamente necesarios para elevarla a tal rango, cual es la libertad moral del operante, que faltara sin la intencin. Tengo la desgracia de que mis impugnadores (pues aunque fui provocado por uno solo a esta polmica, ya tengo que habrmelas con dos: bien que a esto podra deci r si no se me tachase de jactancioso, a ms moros, ms ganancia), deca, pues, que mis impugnadores leen seguramente con demasiada precipitacin, o estn sujetos a fuertes distracciones, o son de muy corta y escasa vista, o tienen todos estos defectos a la vez, pues pasan por alto mis razones ms palpables. Pocas pruebas da por cierto de amar y apreciar la verdad quien observa semejante tctica en sus impugnaciones.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 369 / 369 A la sexta reflexin contestar con mi protesta tantas veces repetida, que yo no defiendo las opiniones de ningn autor sino las mas, segn los trminos en que las he fijado al establecer la cuestin; por lo dems el artculo nada contiene contra el principio que sostengo pudiendo decirse que est impugnado por sus propios trminos, como se ve cuando le refuto con los mismos ejemplos que acumula en defensa de su opinin. Muy chusca es por cierto aquella observacin de que la palabra inters (que rigurosamente hablando no es sinnimo de utilidad, y por consiguiente no es la de la cuestin) no le suena sino a dinero, buen vivi r gustos positivos, o cosa que se le parezca. Cuntas reflexiones me sugiere tan paladina manifestacin! En primer luga r estoy por darle a V las gracias, pues al menos no lo califica de principio corrupto r como lo ha hecho algn otro; en segundo luga r le dira que no todos tienen un mismo modo de ver y senti r y que no porque ignoremos el uso de su instrumento, hemos de negar su excelencia y las aplicaciones que de l puedan hacerse a objetos superiores y ms complicados: ejemplo, la tabla pitagrica, y si se quiere ms simple, los nmeros dgitos, de nuestro sistema numrico, las letras de nuestro alfabeto; y por ltimo, que las cosas citadas lejos de ser malas, y reprochables en s, son al contrario muy recomendables y cumplen perfectamente con las condiciones de la naturaleza humana y estado actual de las sociedades, y quien diga y defienda lo contrario, o no tiene muy sana razn o lo hace con poca sinceridad. Si V ., Seor Otro se ha dignado prestar alguna atencin al contenido de mis artculos habr notado los muchos pasajes en que digo, y lo prueba, que no slo los bienes fsicos y los goces sensuales son objeto del principio, sino tambin otros infinitamente ms preciosos, as por su propia naturaleza como porque podemos aumentarlos casi a lo infinito, y gozar en proporcin, sin experimentar las vicisitudes y turbaciones inherentes a los bienes materiales y goces sensuales. Y no se crea, necesario es volverlo a repeti r, para que se inculque mejo r no se crea que tengan en s nada de reprensible o reprochable tales placeres, pues como acabo de manifesta r a los que tal despropsito sostienen, bien pudiera acusrseles de solapados hipcritas o de sobradamente ingratos y desconocidos a los infinitos beneficios con que quiso favorecerlos nuestro benvolo Auto r. Doy por contestadas con lo dicho y lo que en mis anteriores artculos dejo expuesto, la 7 ,8 y 9 reflexin, pare decir dos palabras acerca del contenido de la nota inserta en el mismo precipitado artculo; pero antes me permitir el Autor le advierta que no se ajusta mucho al cumplimiento de sus deberes, cuando supone lo que de ningn modo se deduce prxima ni remotamente del principio que sostengo. Nada hay ms apto para conocer la existencia de Dios, y penetrarse ntimamente de sus prvidos designios, como el procurar conformar sus acciones al principio, porque nada tampoco contribuir tanto al cultivo de su razn para darse cuenta exacta

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370 \ 370 \ SEPTIEMBRE 1839 de la utilidad inherente a sus acciones y pensamientos. Si todos los lectores fueran jueces abonados, ni esta polmica se habra hecho tan cansada por la repeticin de unas mismas ideas, ni habra que temer esos dardos envenenados que con tanta ligereza como falta de lgica se lanzan contra el principio, acaso por herir con ellos de un modo aleve a sus defensores, porque su veneno quedara embotado; pero hay una porcin no pequea de nuestra preciosa juventud, que aunque estudiosa puede con facilidad sorprendrsela, y extraviarla hacindosela entender que los hombres deciden de la naturaleza de las cosas; ejemplo: la palabra sensualismo. Se trat de derrocar un sistema completo de filosofa para levantar sobre sus ruinas una escuela flamante que llevase el tipo del siglo XVIII ; ya tuvieron buen cuidado los zapadores para conseguir a menos costa su objeto de marchamar a su enemiga con una fea denominacin al bautizarla con el nombre de sensualismo como equivalente de materialismo. Qu no inventa la cbala y su hermano el espritu de partido! Espero se me dispense esta digresin en obsequio de nuestra juventud a fin de ver si se contiene algn tanto el atolondramiento con que se la precipita, advirtindole se precava del contagio con que quieren locamente inficionarla: vengamos a la nota. Confesin de parte, dice un famoso axioma de derecho, releva de prueba. Si V confiesa que el principio utilitario encuentra proslitos en la mayor parte de los lectores, que bien pudiera agregar en todo el pblico, es prueba moral, la ms evidente, de que este pblico, de quien V con presuntuoso dogmatismo desdea su voto como profano, no obstante hallarse entre estos profanos quienes pueden dar lecciones en la materia, no slo al articulista, sino a su gran maestro, a ese dolo que poco falta para que le erijan su apoteosis, y a toda su escuela, tiene sin embargo el buen sentido de haber encontrado en esto lo que no halla en el que V le preconiza. Si lo sigue, ser porque le inspira mayor confianza el ver que sin ese tono de reserva y dogmatismo, antes con la mejor buena fe, le indica y le ilustra a la vez la senda por donde ha de marchar en el camino de la vida, confiando a su propio cuidado tan precioso criterio de sus acciones, y recomendando lo use con la mayor frecuencia, lo cual sobre hacerle contraer un hbito muy provechoso aumentar las probabilidades del acierto; mientras que encuentra el que V le ofrece, envuelto en trminos tan tenebrosos que no ve en l sino el prestigio de los misterios, aumentado acaso por la misma antigedad de que V le reviste para mejor recomendarlo. Esas consideraciones metafsicas que exige V para que se le comprenda, son a la verdad cualidades que dan necesariamente un resultado contra producentem ; porque no digo las masas, pero ni aun los pensadores gustan de andar con la tal metafsica a cuestas; y por consiguiente, si tiene V que lamentar el abandono de los profanos es porque stos calculan que el buen principio que V tanto le recomienda, en la ms crtica ocasin los abandona a una

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 371 / 371 desesperada incertidumbre, sin brjula que los conduzca al deseado puerto en el ocano de la vida. As, pues, si V busca de buena fe la verdad, me lisonjo en creer que daremos por terminada esta discusin, pero si estoy equivocado, deme V. tambin por despedido, pues necesito el tiempo que hubiera de emplear en responder a los artculos de V con poco o ningn provecho acaso, para cumplir las graves obligaciones a que me hallo constituido. Deseo s, antes de soltar la pluma, darle un consejo que acaso le sea til sin que le cueste dinero. En lugar de malgastar el precioso tiempo, que pasa y no vuelve; y de pervertir su razn con la lectura poco crtica y reflexiva de esa cfila de sofismas y escritores, 25 venales unos, faltos de slida y jugosa doctrina otros, y la mayor parte de mala fe, utilcelo dedicndose al estudio de objetos provechosos que fortifiquen verdaderamente su razn, aumentando la esfera de sus conocimientos, a fin de que algn da pueda contribuir con sus razonados frutos a la ilustracin y mejora de su patria. Entre tanto saluda a V su affmo., Francisco Ruiz. Septiembre 13 de 1839. XLIX XLIX MS SOBRE LA LEY DEL DEBER MS SOBRE LA LEY DEL DEBER 26 26 P OR M ANUEL G ONZLEZ DEL V ALLE ( Diario de la Habana septiembre 22 de 1839.) S eor presbtero licenciado don Francisco Ruiz: Ser posible que ande perdida y mendigando la ley del deber y no la encuentre usted, cuando con ella da cualquier hombre al punto que tiene una intencin en la conciencia? Merced a la divina previsin, esta ley se anuncia, primitivamente, a las criaturas libres en ejemplos y casos particulares, presentndose solemne como una aplicacin prctica de un modo fcil cuanto comprensible y maravilloso; porque siendo indispensable a todos los hombres, no poda faltarle su conocimiento a ninguno. As aparece al alcance de todos: como por encanto, de inspiracin, a la ingenua niez y fija despus como una antorcha de perenne esplendo r para gua y 25. Debe referirse a Cousin y sus proslitos. (Roberto Agramonte.) 26. Ttulo de Roberto Agramonte.

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372 \ 372 \ SEPTIEMBRE 1839 norma de la edad madura. Desde la primera intencin que hubo en la vida brill espontnea la luz del deber para juzgarla por buena o por mala: con la primera accin humana pareci intimada la gloriosa nocin del derecho. Slo ante el anlisis hay divisin provisional de un momento para la intencin y de otro momento para la ley de lo justo, por cuanto que, en hecho de verdad, a una llegan juntas y simultneas la intencin y la declaratoria autntica de que es buena o mala. Recoja usted su meditacin dentro de los recintos de su conciencia. Slo treguas a sus cleras polmicas y, ya en silencio las pasiones, pregunte all si asomndosele la intencin de agraviarme con la nota de calumniador no oye la voz de una autoridad sagrada, el orculo de la razn que le reprueba el designio. Pues esa! es la ley del debe r No la conoce todava? Pregunta al nio candoroso, con aquel sagacsimo de Scrates, hablando de casos singulares determinados y concretos; interrogue al salvaje, pero sin preocupacin sistemtica citndole este o aquel ejemplo y a qu se la ensean? Vaya! Usted figura que no sabe donde est esa ley del deber por no consentir que le doble la rodilla el principio de la utilidad, as, a los ojos de Usted. Con decirle que ese es un capricho de hiptesis me parece que le doy una carta de indulto generoso. Culpa sea del sistema exclusivo de la utilidad y no de Usted. Y a v en el Diario del 13 del actual la apreciable cita a que se contrae Usted. El honor es mo aqu. Resuelve la cuestin conciliando los dos principios, mas acurdese bien de aquellas palabras que si no lo condenan a Usted tampoco son himnos a la supremaca de su sistema utilitario. Todos han de rendirse a la ley del deber; ste es el primer grado de la cuestin. Por lo dems de que no son contrarios los dos principios, si cada uno est en su luga r y no se quebranta el orden y la armona de las relaciones, lo acepto con mil amores, tanto y ms cuanto que desde el primer da de la discusin pblica me expliqu as: Bueno es que el moralista muestre la diferencia que hay entre las intenciones y los resultados, a condicin de que sea para trabajar por establecer en lo posible la ecuacin de entrambos trminos. Ojal que siempre se lograse la armona! Que en pos de la moralidad viniese el trabajo, tras del trabajo la utilidad y despus de otra y otra utilidad la riqueza y bienandanza reinando siempre la justicia poderosa y acatada. A la virtud le est, como de los cielos, la dicha: es en armona y le pertenece como el oliente perfume a la flor y fama duradera al mrito relevante. Cundo se reniega del mundo de este nuestro constante compaero? Ac pensamos que la felicidad terrestre resulta, con frecuencia, de los esfuerzos morales y fsicos que emplea la prodigiosa actividad humana.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 373 / 373 Quin haba de negar tal programa ni el mrito de los que trabajan en su desempeo para holganza y prosperidad de la especie? Pero si por ir muy olvidada la ventura de este mundo embebecidos los nimos con la exclusiva contemplacin de la bienaventuranza eterna, a punto de estima r casi como signo de feliz predestinacin, la calamidad en la tierra; si por tanto olvido, ardientes campeones levantaron el grito y la bandera de la utilidad hasta perturbar las slidas creencias de la vida perdurable y del derecho y de la justicia para someterlo todo a la dominacin de su tema; si no contentos con establecer la autoridad eminentemente humana de lo til abatieron, propasados, los respetos debidos a la fe inmortal de lo justo en los mpetus mal reprimidos de su asolador dogmatismo, lleg la poca de la paz, en que dndose por reconocida tambin la ley del bienestar en la tierra, preciadsimo objeto de pugna y de afanes, sealemos, guardadas las armas del combate, all en la historia, las exageraciones peligrosas del sistema, cuando, a fuer de militante, se alz con imperios que no le competan. Todo no es utilidad, hay algo superior a ella. Confiesa usted la exactitud de las frases: estar a derecho, estar a justicia en contraposicin de estar a lo til, estar a la utilidad. Basta Seguro que por ah entra que la utilidad puede renunciarse, pero lo que es el deber ni por pienso. Adelante, vamos bien. Todo derecho corresponde a un deber y los dos trminos armonizan en el plan del orden moral y civil. Si en m est el deber de pagar una suma, en mi acreedor ha de estar por fuerza el derecho de repetirla. Cul ms til, el derecho de cobra r o el deber de pagar? Los juristas, usted lo sabe, apellidan a unos contratos onerosos, a otros lucrativos; tendrn razn ...? V enga el otro trmino correlativo que armnico responda al de utilidad as como el derecho al debe r Ser el perjuicio del prjimo? Dic mihi et eris mihi magnus Apolo 27 As la suerte lo ayude que me diga qu es eso de que la justicia es un ente de razn. Cuidado con los fervores de las hiptesis y despus de haber puesto a la justicia como una mendiga de la utilidad y necesitada de su visto bueno! Cuidado! Ahora, y gracias a la discusin conoce usted el gran secreto de las intenciones en el santuario de la conciencia. Ahora, s, seo r porque o perdi usted la memoria de los artculos que ha publicado y cuya lectura me recomienda y encarece o son de Usted los siguientes renglones: Mi conciencia no me acusa por la ejecucin u omisin o por el consentimiento de un acto voluntario y libre, nterin mi juicio no lo haya condenado como malo, y no lo condenar mientras no tenga motivo para ello, es deci r, mientras no se oponga prxima o remotamente a mi bienestar o felicidad. (Presbtero Ruiz, prrafo 8 de su primer artculo.) 27. Dgamelo, y ser el gran Apolo.

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374 \ 374 \ SEPTIEMBRE 1839 Todo el que haya saludado la moral sabe o debe saber que la naturaleza de las acciones es cosa muy distinta de su imputabilidad o moralidad. Para estudiar su naturaleza es indispensable observar los efectos y resultados, que es el fruto de la experiencia, se ensayan con mucha escrupulosidad, antes de clasificarlos en la prueba de toque, que es el principio de la utilidad, para distinguir las buenas acciones de las malas y las virtudes de los vicios. Y o apelo a todo hombre de mediano entendimiento si cree que en esto entra para algo la intencin con que se ejecuta la accin, o lo que es lo mismo, si la intencin es capaz de ver la naturaleza de una accin y hacer que la perfidia, v .g., no sea un crimen. (Presbtero Ruiz, prrafo 12 de su primer artculo.) Dnde, pues, la calumnia que le he levantado? Esas frases acotadas pardiez que no las he urdido, sino que se le cayeron a usted de la boca en el calor de la polmica. Mas hoy le pesan, en el alma, de haberlas vertido, como a m tambin en el trance de recordrselas. Cmo clamando y repitiendo usted que no sigue a Helvecio, ni se hace responsable ni apologista de su sistema tal y segn se ha entendido en la escuela oficial de la utilidad, me desafa, al cabo de lo que expuse en el Diario de 17 de agosto, a la prueba de que Helvecio pens que la virtud consista en el sacrificio del deber al placer? Para qu? Mi proposicin se escribi as... Ponemos la virtud en el sacrificio del placer al deber contra la opinin de Helvecio. Considerando yo, a par que el gnero humano, que hay algo superior a la sensibilidad, el amor propio y al inters, algo muy excelente y noble, como lo es sin duda el principio sublime del debe r puesto que dicta holocaustos e inmolaciones de placeres, a nadie se le esconde que protesto contra la menguada teora de Helvecio. Y qu testimonio ms concluyente que esta misma disputa? Qu argumento mayor que la defensa, para m tan honorfica de la ley del deber que es la ley de Dios mismo, ante quien, segn las palabras del amigo mediado r tenemos que rendirnos todos? Victoria, pues, por la ley del deber y usted siga el carro del triunfo con el principio de utilidad.B.S.M. Manuel Gonzlez del Valle.

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 375 / 375 L L PRIMADO DEL DEBER SOBRE LA UTILIDAD PRIMADO DEL DEBER SOBRE LA UTILIDAD 28 28 P OR O TRO [J OS Z. G ONZLEZ DEL V ALLE ] ( Noticioso y Lucero septiembre 22 de 1839.) Seor don Francisco Ruiz: Doy a usted las gracias por la atencin con que se ha servido responder a mi comunicado inserto en el Noticioso del 5, aunque considerando ya esas mismas ocupaciones suyas, no se lo dirig a Usted, ni a sealada persona. Siento que le haya usurpado un tiempo precioso, y tener que robarle an algunos instantes en esta lectura. Hu en aquel artculo de las personas y puntos no esenciales, y tengo la desgracia de leer en el Diario del 16, advertencias sobre la mala fe, dudas acerca de la sinceridad, reflexiones sobre el atolondramiento con que se precipita a la juventud y el modo cmo se la extrava, con otras frases de que me desentiendo, porque hablo a un semejante mo, y porque bajo el annimo respeto a un amigo apreciable y antiguo catedrtico, cuyo fervor creo tan verdadero y generoso cual lo es en realidad. 1 Objtase a mi primera reflexin que para dar con el debe r necesitamos un criterio, y que ste es la utilidad. De manera que parece estamos de acuerdo en que el canon supremo del deber es la base, y que slo se trata del medio para encontrarlo, o segn dice el articulista, de no divorciar la bondad de las acciones de su utilidad. El hombre, contestar por m Silvio Pellico, no puede sustraerse a la idea del debe r ni dejar de conocer su importancia. Est tan inevitablemente adherido a nuestro se r que la conciencia lo advierte desde que tenemos uso de razn, lo advierte con ms fuerza al desarrollarse esa misma razn, y siempre con ms fuerza a medida que va desenvolvindose. Luego antes de saber calcular las consecuencias, distingue el hombre lo bueno de lo malo. De aqu el derecho natural, las leyes naturales, la conciencia. Qu tratadista, as de Moral como de Derecho, no asienta sobre las bases seguras de las leyes reveladas por la recta razn, el edificio de sus respectivas ciencias? Los salvajes y los nios distinguen lo bueno de lo malo. Las luces dan ms tino y certeza a sus juicios; eso no prueba otra cosa, sino que provistos del tipo, ignoramos los objetos a que se aplica, y el error y la contrariedad nacen del modo de ve r pero nunca de la regla que ha de aplicarse. Los hombres no se 28. Ttulo de Roberto Agramonte.

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376 \ 376 \ SEPTIEMBRE 1839 diferencian en cuanto a las verdades primitivas; la mayor parte carece sin embargo de la ilustracin necesaria para aprovechar este tesoro, y por eso, a pesar de que para m, como para Leibnitz, es opuesto el bien al mal, tanto cuanto la verdad al erro r Leibnitz por ser sabio, sacando de esa regla eterna mejor partido, ver verdades donde yo extravos. Observando, pues, las intenciones, conocindolas a fondo, comenzando a penetrar las mas propias antes que las extraas, califico las obras con relacin a su causa; no necesito ms. Un nio, que como los nios en general lo sacrificaran todo por satisfacer su curiosidad vehementsima, segn observa el famoso Broussais en su libro sobre la Irritacin y Locura levanta a mi vista el brazo para golpear a su criada: contngolo, clavndole la mirada, y le pregunto: eso est bueno...? La ira desarma su brazo, no se atreve a mirarme, se avergenza y prorrumpe en llanto tan amargo, que yo mismo estimando muy fuerte la represin para un pecho virginal, lo halago para restituirlo a la calma. Hable la experiencia, hablen las madres y contesten si no pasan a cada hora del da de la correccin a la lstima, porque en la edad de la inocencia, en esa edad de oro de la especie humana, no hay rplicas ni clculos de procomn ni particular cuando se nos acuerda el simple cuanto radioso debe r Hay por consiguiente un criterio natural, que no es la utilidad. 2 Para demostrar que el placer de la virtud, nica utilidad que nos deja a veces su observancia, es en buena lgica un resultado cuando ms del bien, puse por ejemplo al que impide robar a otro, y este tal no le recompensa, en cuyo caso slo nos queda el deleite interno de haber ejecutado una accin buena. Expliqu cmo este deleite no causa el debe r sino proviene de haberlo cumplido. Cuando contribuyo a evitar un dao (as me contesta el seor de Ruiz) que amenaza a un tercero, ejecuto una accin til, porque sera necesario ser sobrado ciego y obtuso de entendimiento para no percibir que tan preciosa cualidad no slo es propia de las acciones que produce directamente el bien, sino de las que impiden o alejan el mal. Mi observacin no ha sido contestada, ni a mi juicio entendida, sin que por eso yo le eche en cara a nadie el ser ciego ni obtuso de entendimiento. He negado por ventura que la accin es til? O al revs, dando por sentado la nica utilidad que trae, consistente en la satisfaccin de haber evitado un dao, y no arg por lo mismo haciendo notar que en vez de fundarse la bondad de la accin en el gozo del alma, el gozo dimana de la excelencia de la virtud? Preexistiendo el deber fue mi argumento no lo constituye la utilidad. 3 V oy al smil de la luna. Lo bueno, lo bello y lo verdadero tienen entre s mucha analoga, y lo que se dice del uno respecto a su realidad, se dice tambin de los otros. As para aclarar la materia, me pregunt con motivo del ejemplo anterio r si la luna era bella porque me agradaba, o si me agradaba por serlo, coincidiendo con la idea de que la virtud llena de gusto

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 377 / 377 el pecho, porque es virtud, pero no es virtud porque ocasione ese regalo espiritual. Argyeseme ahora que la belleza no est realmente en la luna, que en ella no hay sino una aptitud o disposicin de partes que por su relacin con el rgano de la vista, en quien reside cierta capacidad, la causa una sensacin agradable, segn el grado de excitacin que produzca en nuestra sensibilidad, la cual afecta ms o menos nuestra alma, y es a lo que se le ha dado el nombre de belleza. Permtaseme disentir grandemente de este juicio, porque se confunden los rganos y motivos indispensables para concebir la belleza con la belleza misma, y porque recuerdo la teora espiritualista de Kant sobre lo objetivo y subjetivo. A no habrseme mostrado nunca, a no haber conocido alguno de esos cuerpos que desde Adn unnimemente llaman bellos los hombres, a buen seguro que yo no tendra el concepto de la belleza, pero, Seor mo, antes que todo, es indudable que haba de tener en s alguna belleza propia el objeto que despert en Usted la idea de una perfeccin, que luego lo ver en la realidad tan acabada como la entiende. S seo r la luna es bella, porque lo es, porque as lo creemos Usted, yo, y el mundo entero a quien jams le pas por la cabeza que aquella no tiene sino una aptitud o disposicin de partes, aunque no hay quien niegue que es en realidad hermosa, pues no lo pareciera universalmente, si no lo fuese. Ahora, si uno pretende descubrir en una flor que tiene en las manos su belleza, ya en las hojas, ya debajo de ellas, algo sujeto a pruebas materiales, yo le dira: buscas lo que huye de tus ojos, porque slo te es dado concebir firmemente que existe, y poseer cuando ms los caracteres externos que te lo revelan... Cmo podr la belleza depender de una sensacin agradable que excita nuestra sensibilidad, afectando nuestra alma? Entonces la belleza es una modificacin del sujeto, y diremos que realmente no existe, que soamos al decir: qu hermosos estn el cielo, las flores, las mujeres! Delirio! Lo hermoso es la excitacin de tu sensibilidad y su efecto en tu alma; nada fuera de ti hay que corresponda al concepto ms hechicero que te diviniza; ilusin y quimera, el hombre es un idlatra de las abstracciones que viven slo en su fantasa. Y no llamar ridcula, ni extraviadora, ni de mala fe semejante teora, porque me acompaa aquella tolerancia que me comunic mi digno contrincante, cuando desde su Ctedra le vi repetir varias veces tot capita tot sententiae 29 4 Respecto a lo de hallarse en todas las lenguas las voces justicia y utilidad, sin haberse jams confundido, aade usted que eso nada arguye mientras no se le pruebe que hay actos virtuosos que no produzcan o tiendan a producir bienes. Me alegro en primer luga r de que ya no slo se cuente con los actos que produzcan, sino con los que tiendan a producir bienes, aunque se me hace recio comprende r no habindose verificado la obra, un mero designio de materia o clculo alguno. El estudio de las len29. tantas opiniones como individuos.

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378 \ 378 \ SEPTIEMBRE 1839 guas arguye, y mucho pues Usted sabe para ensermelo a m, que las leyes y creencias legtimas de la humanidad se imprimen con sello indeleble en el idioma de las naciones, que no es ms que un reflejo del pensamiento. 5 Qu quiere decir (se me pregunta) que el bien no puede confundirse con la utilidad, porque la cuestin se refiera a la sustancia, a la esencia del bien y el carcter de toda sustancia es ser idntica? Aclarar mis palabras, y para ello examnate lecto r que me dispensas atencin por el interrogatorio trivial que voy a hacerte. Tu piensas, quieres y sientes, no es verdad? Seguro. Pero estas facultades que andan sueltas, reunidas en ti, te pertenecen? Me pertenecen. De suerte que uno mismo es quien obra en ti de tres modos?Sin duda. Y t ves dentro ni fuera de ti eso que llamas yo, y que piensa, quiere y siente? No. Sin embargo crees en ti, porque tienes conciencia de esas operaciones? Mucho que s, y porque estoy convencido de ser el sujeto de mis facultades. Ahora bien, t eres t y no otro, es cierto? Y a se ve que s. Luego no hay otro t? Por supuesto. Luego tu nombre no le conviene a otro que a ti, luego t eres Pedro y no hay otro Pedro? Quin lo duda! He aqu el significado de las palabras que se denominan ridculas; si ellas lo son, la verdad es ridcula. Un libro, lo propio que un hombre se denomina una sustancia, en el concepto de que las propiedad no forman un compuesto sin unidad, antes son las apariencias o modo de obrar en nosotros las cosas. Lo blanco, lo ligero, lo grande son accidentes incomparables por s y por eso la inteligencia le pone nombre al sujeto en quien residen que es el sustantivo de los gramticos: nombre que significa el ser de los objetos, y no algn duende o endriago oculto bajo de ellos. Lo cual no le quita su realidad, bien as como no se le quita a la belleza el no poder decir: aqu est, la sorprend en las hojas de la flo r en las alas de la mariposa, en los ojos de la muje r en los cristales del ro. El libro que miro es l, y no otro, luego es idntico. Quin negar por otra parte que la esencia del bien, a que yo me contraje, no sea casualmente la verdadera sustancia? Dios mismo es la esencia del bien, del cual se dice en las sacras leyes: yo soy quien soy, palabras solemnes que repetan doblando su cabeza venerable Santo Toms y sus discpulos, y antes que ellos el profundo San Agustn. Por tanto, el bien es idntico a s mismo, no es ms que bien, y no se refundir nunca en la utilidad. 6 Hablndose del individuo que sin atender a que deja en la miseria a su familia, se lanza al mar por socorrer a un nufrago, oigamos al seor de Ruiz. Nadie que tenga sentido comn dejara de condenar su accin, aunque generosa, no slo como un temerario arrojo, sino como un acto muy opuesto a sus ms sagrados deberes. Me basta saber que se califica de generosa la accin, para separar incontinenti la virtud de la utilidad, esto es, para distinguirlas, pues en el sentido que Usted las toma, son diversas

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LA POL MICA FILOSFICA CUBANA / 379 / 379 para m, y no contrarias. nadie llamar in