Obras

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Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Physical Description:
606 p. : ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Poey, Felipe, 1799-1891
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Science   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references (p. 537-562).
Statement of Responsibility:
Felipe Poey y Aloy ; ensayo introductorio, compilación y notas, Rosa María González López.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 47757807
lccn - 2001388343
isbn - 9597078112
ocm47757807
Classification:
lcc - Q171 .P765 1999
ddc - 508.7291
System ID:
AA00008686:00001


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Full Text

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portadilla BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOSOBRAS FELIPEPAyLOYOEY

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B IBLIOTEC A DE C LSICOS C UBANOS C ASA DE A L TOS E STUDIOS D ON F ERNANDO O R TIZ U NIVERSID AD DE L A H ABANA Esta obra se publica con el co auspicio de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas y el Instituto de Investigaciones Marinas de la Universidad de La Habana R ECTOR DE LA U NIVERSID AD DE L A H ABANA Y P RESIDENTE Juan Vela V alds D IRECTOR Eduardo Torres-Cuevas S UBDIRECTOR Luis M. de las Traviesas Moreno E DITORA PRINCIP AL Gladys Alonso Gonzlez D IRECTOR AR TSTICO Earles de la O Torres A DMINISTRADORA EDITORIAL Esther Lobaina Oliva

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BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOSOBRASEnsayointroductorio,LAHABANA,1999compilacinynotasRosaMaraGonzlezLpez FELIPEPAyLOYOEYportada

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Responsable de la edicin: Norma Surez Surez Realizacin y emplane: Beatriz Prez Rodrguez Todos los derechos reservados Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 1999; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 6 ISBN 959-7078-11-2 Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, V edado, Ciudad de La Habana, Cuba Diseo grfico: Earles de la O Torres Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC Ilustracin interior: ?

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NOT A A LA PRESENTE EDICIN El siglo XIX fue un siglo fundacional. En l surgi la cultura del pensa r conocer y hacer a Cuba. Como pocos procesos, el que se propusieron los descubridores y conquistadores del mundo fsico y social cubano, se asent en el principio vareliano de pensar antes de hacer y en su corolario lucista de conocer para poder hacer. Se trata no slo de estudiar la forma en que interactan las naturalezas humanas sino, tambin, las fsicas y sociales. Sin esos estudios de fondo, el mundo social y poltico slo se podra ver desde sus superficies; desde lo incomprensible o de lo ligeramente comprendido. La intrincada madeja deba ser despejada, separados sus componentes, clasificadas y estudiadas cada una de sus clulas, definidos sus contenidos para, entonces, efectuar diagnsticos y estudiar perspectivas. La osada intelectual no tuvo lmites. No slo importaba entender el proceso de transculturacin, an sin nombre, sino adentrarse en el descubrir sus simbiosis con un medio geogrfico, ecolgico, humano y social, que recreaba al hombre, transformndolo, independizndolo de sus ascendencias, en un nuevo y vital conjunto cultural. Ciencia y conciencia fueron las bases para ir an ms lejos: pasar de la constatacin transcultural a la culturacin consciente ; de la observacin y anlisis a la creacin. Paso a paso, con aciertos, incertidumbres y equvocos, el hacer de una cultura y sus expresiones intelectuales fue tomando forma en el ejercicio de la vida cotidiana, que en la seleccin y formacin de elementos, dio contenido a una nueva calidad cultural, lo cubano. La bsqueda cientfica y la captacin intelectual del movimiento de formacin y modificaciones de esa nueva cultura constituy la cima del reto. Y no importaron las incomprensiones y los ataques, las burlas soeces o la ignorancia atrevida. Cuba tena que pensarse a s misma, tena que emprender su bsqueda cientfica para lograr el concete a ti mismo del cubano. Por la formacin enciclopedista de estos creadores de cultura no hubo segregaciones ni subestimaciones en el estudio y en el afn por captar la totalidad cubana concepto cultural ajeno a todo totalitarismo poltico. Es que, para comprende r todos los componentes

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OBRAS VI\ VI\ son necesarios. En un luga r la ciencia que descubre; en otro, la literatura que recrea e imagina; ms ac, la historia que explica; y all, la poltica que hace. Slo as, lo cubano adquiere sus dimensiones culturales; cultura como raz sembrada en un medio social, humano y natural, que le da configuracin al pueblo que la porta y que genera su propia expresin intelectual y artstica singularmente universal. stas son las razones por las cuales las ciencias cubanas deban ser la base de la conciencia cubana, en tanto explicacin y comprensin surgida y creada desde el interior de la sociedad. Cuba tena que comprenderse a s misma para llevar a cabo la deconstruccin de la sociedad y de la mentalidad coloniales; desde este punto de partida, efectuar la construccin de la sociedad cubana sobre la base ciencia-conciencia. Este proceso, como es lgico, nunca se concibe como algo acabado sino cambiante, constante, permutante, en tanto interactuado con la realidad y el desarrollo de las ciencias y el pensamiento; como una espiral ascendente de bsquedas permanentes. No es otra la sugerencia, la urgencia, con que nos impelen los padres creadores, los verdaderos descubridores ausentes de las listas de los que llevan este rimbombante ttulo. Ms an, nos transmiten un espritu que est ms all de sus propios logros y de sus propias limitaciones; de los prejuicios de una poca ya superada. No escapan de su propio legado: crearon desde el anlisis crtico y a ste se someten sus obras. Fue una pentarqua fundadora la que se propuso esta obra de gigantes. Flix Varela, emancipador del pensamiento y creador del pensamiento de la emancipacin; el fundamentador de la relacin ciencia-conciencia, definiendo a esta ltima como patritica y cubana. Jos Antonio Saco, quien introduce la historia como estudio y explicacin de los problemas sociales, el estudioso de la naturaleza social y el poltico que represent a toda una generacin en sus aspiraciones truncadas por la fuerza del pode r Jos de la Luz y Caballero, el filsofo, que supo traspasar la metafsica, la ontologa y la puerilidad de las torres de marfil para que el pensamiento cubano continuara siendo cubano, crtico y creador de la emancipacin cubana con todo lo que tiene, o debe tene r de ciencia y pensamiento de lo real o natural, ya sea fsico, social o humano. Domingo del Monte, el ansioso buscador de una literatura cubana, con arquetipos, paisajes, y terminitos cubanos. Y F elipe Poey y Alo y, el cientfico riguroso que descubre y ste si fue un descubridor! la naturaleza cubana para darle a la conciencia el valor inalcanzable de su medio natural que naturalmente contribua a la explosin del sentimiento de lo propio. Pero no se piense que el afn creador de estos hombres se encerr en campos definidos y especficos. No hubo rama del conocimiento, no hubo expresin del arte o de la literatura, no hubo problema, ms agu-

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FELIPE POEY Y ALOY /VII /VII do o aparentemente insignificante, que les fuera ajeno y sobre los cuales uno u otro de ellos, o todos, no incursionaran para dejar sus huellas creadoras. De cualquier forma, en cualquier materia, bajo cualquier reto, desde sus juventudes hasta su muertes existi una constante en sus mentes. Ella motivaba y a la vez, condicionaba actitudes y sacrificios: esa constante era Cuba y sus retos; la Cuba que se desconoca; la Cuba que haba que crear desde sus propios componentes hasta entonces desarticulados y no pocas veces hostiles entre s. Pero no quede el lector con la falsa imagen de un grupo reducido de hombres que pretendieron lograr lo que los dems no comprendan. Desde la labor pedaggica hasta las polmicas acadmicas, encontramos un tan amplio nmero de personas vinculadas a este ideal cientfico y patritico, que algn da habr que hacer un estudio ms a fondo del campo intelectual de la creacin y culturacin cubanas La pentarqua fundadora es slo la cima del movimiento. De los nombres mencionados no hay duda que el de Felipe Poey es el menos asociado al mismo. Encerrados en la visin del naturalista, del ictilogo, se nos ha perdido de vista su ms amplia repercusin en la formacin de generaciones de cubanos. Si bien es el ms reconocido de los cientficos cubanos, entre sus compatriotas del siglo XIX y su renombre internacional acompaa al de Carlos J. Finlay y al de lvaro Reynoso, las directrices de su vida y de su obra as como el alcance de toda la intensa actividad de una vida, son poco conocidas en estos albores del siglo XXI Inmerso en la lgica de este grupo creado r Felipe Poey fue quizs la figura que con ms ahnco vivi la esperanza de dar vida a una ciencia nacional, correspondindole sus mayores aportes a las ciencias naturales pero no exclusivamente a ellas. El proceso de descolonizacin mental, que dicho de otra forma, es parte del proceso de formacin de un pueblo que aspira a un destino propio, est, en el caso cubano, no slo unido a una expresin poltica, sino tambin a un modo de ver e interpretar la propia realidad. Una larga polmica atraviesa el siglo XIX y tiene sus centros de irradiacin en dos visiones contrapuestas: la que de Amrica tiene Europa y la que Amrica tiene de s misma. Ello, si bien se proyect en las expresiones intelectuales, tuvo en las ciencias naturales tambin el intento de rebajamiento de Amrica frente a Europa, del Nuevo frente al Viejo Mundo. La historia natural se convirti en otro campo de debate. Por la Europa decimonnica, incluyendo la acadmica, atravesaba la visin de una Amrica dbil, contaminada, de climas perniciosos, de suelos de fcil agotamiento; mas, si del trpico americano se trataba, era adems de dbil, perverso, mrbido e incapaz. Todos los peligros del salvajismo y la barbarie estaban en la naturaleza americana como componentes que incluso debilitaban al hombre culturalmente rebajado.

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OBRAS VIII\ VIII\ De este lado del Atlntico el descubrimiento era otro. Asombro presentan los pasos que poco a poco iban adentrando al hombre americano en su mundo natural. Quizs la primera manifestacin de ese sentimiento que descubre en nuestra natura lo grandioso, lo oculto, lo que no podan ver los lectores de superficie de Europa: un ejemplo es el poema de Manuel Tiburcio de Zequeira y Arango Oda a la Pia ; era una respuesta literaria al buen gusto europeo que apenas descubra el sabor del trpico y por diferente, lo juzgaba de mal gusto. Fue una verdadera batalla intelectual y humana la proclamacin y defensa de la inagotable sabia e insuperable hermosura que esta diversidad en lo distinto contena; simplemente llevar a la conciencia de otros que en lo multifactico estaba la comprensin del mundo. El alemn Alejandro de Humboldt llega a ser catalogado como segundo descubrido r porque simplemente revela a los europeos lo que muchos descubridores y cientficos cubanos haban encontrado para entendernos a nosotros mismos. Este descomunal trabajo-combate tuvo un triste corolario: los que, rebajados ante s mismos, vean en todo lo que llegaba de la culta Europa sin discernir entre, por una parte, instrumentos tericos, mtodos e ideas universales, y por otra, interpretaciones sin enjundia la expresin acabada de cmo verse a s mismos y cmo despreciar cualquier intento creador en su propio medio; en estos colonizados, repetidores e imitadores, encontr nuestro movimiento concientizador los ms fuertes opositores, sus arlequines con mscaras en el corazn. Felipe Poey a quien el estudioso Pedro M. Pruna llama el bardo cientfico de la fauna cubana, fue uno de los que logr penetrar con ms eficacia en el entramado del proceso de formacin de la cultura nacional. Al cumplirse el doscientos aniversario de su natalicio, la Biblioteca de Clsicos Cubanos de la Casa de Altos Estudios se honra rescatando y publicando las obras del insigne cientfico. Lo hacemos buscando la integralidad del creador de ojos bondadosos, corazn cubano y mente amplia y templada para el trabajo creado r el descubrimiento cientfico y la enseanza pletrica de amo r. Esta edicin de las obras de Felipe Poey se divide en dos partes. El presente tomo nos ofrece las dimensiones de un hombre y su obra que en muchos aspectos han sido hasta ahora desconocidas. Le da configuracin al mismo la excelente biografa, temticamente ordenada, de la historiadora Rosa Mara Gonzlez Lpez, investigadora del Museo Nacional de Historia de las Ciencias Carlos J. Finla y Su trabajo est respaldado por largos aos de investigacin seria y rigurosa, por una vasta documentacin hasta ahora en muchos casos inditas, y que procede de archivos tan variados como los cubanos, espaoles, franceses y norteamericanos. Es, sin dudas, la biografa ms completa escrita sobre Don Felipe Poey hasta nuestros das. Ejecutada con amo r no slo es el re-

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FELIPE POEY Y ALOY /IX /IX trato humano del hombre sino tambin el estudio cuidadoso y lo ms preciso posible de cada una de sus fases como cientfico, pedagogo y literato. Es, tambin, el descubrimiento de ese grande del profesorado cubano que distribuye la ciencia por mano de la bondad; del hombre de benevolencia inagotable, sin ms linde que el deber elevado y culto: inteligencia de sabio y corazn juvenil siempre, y todo coronado de una modestia inagotable, segn afirmara su alumno Juan Vilar Daz. Si el estudio biogrfico de Rosa Mara Gonzlez llena a plenitud este vaco del conocimiento cubano, el trabajo de bsqueda y seleccin de los materiales que comprenden esta obra ya la convierten en un instrumento de indispensable consulta no slo para comprender a Poe y sino tambin al proceso de formacin de las ciencias de la cultura cubana. La autora ha seleccionado los trabajos ms notables que nos permiten una visin acabada de la obra humana, cubana y universal de este grande de nuestra ciencia y conciencia. Se renen aqu sus Obras literarias impresas en 1888 y nunca ms reeditadas. Cuando esto ocurri ya Poey frisaba los 90. Un joven intelectual de entonces, que llenara alturas en el siglo XX Enrique Jos V arona, valoraba as aquellas pginas que hoy reproducimos: Hubo un tiempo en que los pocos que por aqu leen nuestros peridicos literarios saban muy bien que D. Felipe Poey era un sabio muy literato, tan amigo de Couvier como de Virgilio, y muy capaz de preferir el Buffon escritor al Buffon naturalista [...] Todo esto se haba ido olvidando, a medida que los aos y los dolores, que van a la par con ellos, iban concentrando la actividad del sabio en su gabinete y en su ctedra [...] As es que para no pocos estas pginas sern una especie de descubrimiento o revelacin. Vern con asombro qu variedad de aptitudes atesora aquel, a quien una labor gigantesca de ms de medio siglo, en una sola direccin, pareca que deba haber atrofiado cuanto no fuera la visin interna de las formas tpicas y la percepcin de las diferencias especficas o individuales; qu vida tan compleja en el dominio de la inteligencia ha realizado quien permaneca absorto por un trabajo inmenso de especialista; qu diversidad de gustos y aficiones en la esfera del sentimiento ha movido a quien se crea embargado por la pasin exclusiva del clasificador [...] Ciertamente, el naturalista domina desde tan alto al literato y al poeta que estos nuevos aspectos no pueden aadir mucho a su mrito incontestable, pero completan por manera singular su fisonoma intelectual [...] Y atrados por ese aroma de ingenio y sensibilidad que se desprende de estos escritos, sentimos que se mezcla al respeto y a la admiracin antiguos algo como una corriente de inters y simpata [...] No sabemos de muchos libros capaces de producir este efecto [...] Nada tenemos que agregar; slo recomendar la adquisicin del libro a los amigos discpulos y admira-

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OBRAS X\ X\ dores del venerable anciano que a pesar de sus aos y de sus achaques trabaja sin cesar Hoy me atrevo a suscribir esas mismas palabras; tanto montan, montan tanto en el ayer como en el hoy; tanto para el cientfico como para el literato, para aquellos que, hundidos en el conocimiento de su especialidad, olvidan que el mundo est ms all de esas paredes, y que en el interior de ellas no es posible conocer a plenitud la sensibilidad del universo por el que caminan. A la juventud cubana se dedic Poe y la de hoy tambin tiene derecho a escucharlo en la intimidad de la lectura. No haremos aqu una relacin de los valores de este tomo. Pero s merece destacarse la publicacin en l de la primera edicin del Compendio de la geografa de la isla de Cuba (1836), verdadera joya arqueolgica de nuestro conocimiento. Baste aqu decir que las geografas de Cuba de Felipe Poey alcanzaron diecinueve ediciones, siendo sta que se presenta la primera geografa de Cuba que se haya escrito y la primera de las diecinueve ediciones. Si se analiza el contexto en que Poey escribi sus geografas, no slo la de Cuba sino la universal para estudiantes hispanoamericanos, se puede observar que su intencin es llenar el vaco que dejan las obras publicadas en Europa y que descuidaban las historias de lo que hoy llamamos el Tercer Mundo. Era, en suma, ver el mundo desde aqu, desde donde somos y a partir de la importancia que debe tener para nosotros la comprensin de nuestro medio. No hay duda que desde 1848 se trat de producir otras geografas que no tuviesen ese contenido nacional y continental. La sustitucin de la geografa universal de Poey por la de Pelayo Gonzlez tena ese objetivo; por eso Poe y al hablar de geografas, escribe que para hacerlas no era necesario ingenio sino juicio y conciencia. El estudio de la obra cientfica de Poey adquiere aqu especial destaque. Sus reflexiones, sus acercamientos a las nuevas teoras, la actitud intelectual, la capacidad para corregir y reconocer errores propios, la magnitud increble de los resultados, aparecen en la lgica que explica una vida y la trascendencia de una obra: amo r sensibilidad, inteligencia, sencillez, honradez. Como es natural, los trabajos ictiolgicos ocupan un lugar destacado en la misma. Pero para todo aquel que quiera relacionar logros y resultados, ver la ciencia cubana en sus dimensiones humanas y acadmicas, recibir un legado que nos enaltece y nos permite edificarnos a nosotros mismos, esta historia de ciencia, paciencia y conciencia me apropio de una frase de Fernando Ortiz, otro grande de nuestras ciencias es un referente obligado. Un ltimo aspecto. Se trata de la ubicacin social y de los sentimientos nacionales de Felipe Poe y En una detallada investigacin que realic en los archivos de Pau, Francia, y en un cierto ordenamiento de los

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FELIPE POEY Y ALOY /XI /XI datos sobre su familia, al margen de ciertos errores repetidos que rectifico en un trabajo sobre este tema (ver Debates Americanos N 7) precis algunas cuestiones que quiero repetir aqu. La familia paterna de Felipe Poey es de la zona de Bearn, cerca de la frontera franco-espaola. Es una familia de activos comerciantes que en tiempos del padre de Felipe ya estaban asentados en varias ciudades espaolas. Atrado por el boom azucarero-cafetalero y esclavista cubano, su to Simn Poey establece compaa en La Habana. Constituye un error pensar que el padre de Felipe era uno de los dueos de la compaa. Slo fue trado por su hermano como hombre de confianza para administrar la empresa. A la muerte de ambos hermanos, los destinos de sus descendencias fueron distintos. La empresa de Simn sigui creciendo y asociando nuevos nombres Hernndez, Sole r Fras, y otros, todos miembros de la oligarqua habanera que, al parece r desplazaron a los socios franceses del negocio. Como los dos hermanos estaban casados con dos hermanas, los apellidos de los primos eran iguales. El ms renombrado de los descendientes de Simn lo es su hijo Juan Poey y Aloy dueo de uno de los ingenios, Las Caas, ms famoso de su poca al que, por erro r se ha sealado como hermano de Felipe. Este aspecto tiene especial importancia por otra afirmacin que se ha hecho. Felipe no fue heredero de una gran fortuna como sus primos. Por eso constituye un error ubicarlo dentro de la oligarqua azucarera. Otra cosa sera su colocacin dentro de la llamada clase media que, en el caso cubano, fue ms que todo una media clase que aspir a ser lo que no poda ser y estaba condenada a ser lo que no quera se r Felipe Poey vivi de su trabajo, de su sueldo, y del precario dinero de unas casas que tena su esposa; y de unas escasas acciones en los ferrocarriles. Si se le quiere presentar como clase media, el valor de ello slo estara en la concepcin de que los intelectuales, independientemente de sus recursos, forman parte de la misma. Al presente tomo de las Obras de Poey lo continan los volmenes y el atlas correspondiente a su Ictiologa cubana. Constituye un verdadero orgullo de la Biblioteca de Clsicos Cubanos de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz el haber logrado materializa r por primera vez despus de 116 aos de concluida y premiada, una de las obras ms monumentales de las ciencias cubanas. Dbese a la sabidura y dedicacin del doctor Daro Guitart Manda y el haber rescatado, por fin!, la totalidad de tan magna obra. Una constancia final. Si este tomo de las Obra s de Poey se ha realizado con profesionalismo y excelencia editorial, ello se debe a Norma Surez y al equipo editorial de la Biblioteca de Clsicos Cubanos que no escatim esfuerzos para ofrecer este resultado. Tambin hacemos constar la valiosa colaboracin del Museo Nacional de Historia de la Ciencia

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OBRAS XII\ XII\ Carlos J. Finla y del propio doctor Guitart Manday y del Instituto de Investigaciones Marinas de la Universidad de la Habana, en particular de la doctora Mara Elena Ibarra. Esta obra, cuyo pblico es la juventud cubana de ho y se incluye en nuestra Biblioteca porque Poe y en su letra y espritu, nos lega una filosofa, un pensamiento emancipador en tanto cultura universalmente cubana. Ms an, el espritu de las ciencias y una actitud hacia el conocimiento y la vida. E DU ARDO T ORRES -C UEV AS Ciudad de la Habana, 29 de julio de 1999.

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PRESENT A CIN Felipe Poe y Carlos J. Finlay y lvaro Reynoso, los cientficos cubanos de mayor renombre internacional en su tiempo, fueron las figuras cimeras de la historia natural, la medicina y la agronoma en Cuba. Poe y, sin embargo, fue el nico de los tres que obtuvo el reconocimiento pleno de sus compatriotas durante el propio siglo XIX Finlay vio confirmada su trascendental teora y precisados sus afanosos experimentos slo desde 1901. Las ideas de Reynoso no se aplicaron al cultivo de la caa en su patria sino bien entrado el siglo XX La actitud reticente ante concepciones radicalmente nuevas pudiera quizs explicar esta demora, pero no basta para entender la relativa rapidez con la cual Poey fue elevado al sitial que sus dos ilustres contemporneos tardaron en ocupa r. Aparte de evidentes diferencias de mtodo y propsito entre estos tres hombres, hay que tomar en cuenta que en Poey confluy, ms que sobre ninguna otra figura cientfica cubana de su tiempo, la esperanza de crear una ciencia nacional. Ello no tiene por que asombrarnos, puesto que el sentimiento patrio a menudo se confunda entonces con la admiracin por las bellezas del pas y hasta con la bsqueda de una imaginaria ascendencia aborigen, preconizada por la corriente siboneyista. La historia natural adquira una significacin ideolgica, que hoy puede parecernos poco comprensible, pues a veces se pierde de vista que la reafirmacin de Amrica como realidad, frente a la alteridad del Viejo Mundo, transit como lo mostrara Antonello Gerbi por la revelacin de la potencia natural del nuevo continente, contra la visin ajena, vigente an en la Europa decimonnica, de una natura americana presuntamente rebajada, dbil e impotente, contaminada, adems, por incontables agentes morbficos. Finla y desde 1876, combate la idea de que la atmsfera tropical era de por s perniciosa para los europeos. Reynoso demuestra que el agotamiento de los terrenos, presunto sntoma de debilidad de los suelos tropicales, no era ms que la secuela de malas prcticas agrcolas. El trpico no era, por lo tanto, ni perverso, ni dbil, sino distinto y multifactico. Cada nueva nacin tuvo que demostrar este aserto por s y para s. A la teora de la inferioridad de la natu

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OBRAS XIV\ XIV\ raleza americana se opuso, en definitiva, la proclamacin de su insuperable hermosura y diversidad. Felipe Poey es el bardo cientfico de la fauna cubana. Ningn otro intelectual de su tiempo logr entreverar con mayor eficacia sus afanes cognoscitivos en la compleja trama de una cultura nacional en ciernes. Hombre de ciencia, pero tambin literato, pedagogo, y varn de fina idiosincrasia criolla, conjugaba armnicamente el temperamento vivaz, cierto desgarbo, mente abierta y una bien administrada erudicin, con el propsito de engendrar una novedosa imagen de la naturaleza cubana. Su copiosa produccin literaria es buena prueba de estos esfuerzos, que se extendieron a tertulias, debates, conferencias, discursos, y a la docencia misma. Tan perseverante y vasta dedicacin confiri al naturalista, a los ojos de sus compatriotas, la aureola de una leyenda viva. Si nos atenemos a la conocida ley de la cristalizacin, toda institucin cientfica verdadera se forja en torno a una personalidad capaz de atraerse colaboradores afines a su programa. A veces la institucin no se materializa en un local determinado, sino permanece dispersa, a la manera de una red de corresponsales. Poey fue el centro de uno de estos colegios invisibles, con ramificaciones no slo en La Habana, sino tambin en Matanzas, Vueltabajo, y hasta en Camage y Santiago y Sancti Spritus. Como distaba de ser un habanero a ultranza, su actividad e influencia se difundi por toda la isla. La biografa de Poey por Rosa Mara Gonzlez tiene el aura del recuerdo amante y dilecto, que transpira a travs del recorrido por la abigarrada actividad del personaje, sus aficiones cientficas y literarias, sus extensas relaciones con naturalistas de varios pases, su importante quehacer como autor de obras de texto, entre ellas las primeras de geografa publicadas en Cuba. Como era de espera r la prolongada labor ictiolgica de Poey recibe atencin preferente tngase en cuenta, calificada y reveladora. Las investigaciones para esta obra, y su redaccin, tomaron casi seis aos, y al cabo emerge una biografa digna que sin duda su pera en monto y profundidad, a las muchas que la precedieron. Queda poco por aadir a lo que el propio libro dice. Slo cabra subrayar algunas caractersticas del pensamiento de Felipe Poey que no deben escapar a la atencin del lecto r En primer luga r la actividad intelectual que mantena, tan increblemente receptiva a nuevas teoras y reflexiones, e incluso a la enmienda de sus propios errores, que su bigrafo norteamericano, David Starr Jordan, consideraba a Poey ms joven a los ochenta y cinco aos que muchos hombres a los cincuenta. Este rasgo de su mentalidad y carcter explica por qu transit, con paradjica rapidez, hacia el evolucionismo. Su meditada declaracin de 1868, durante la primera polmica pblica sobre la teora de Darwin, tuvo la singular importancia de mantener abierta la discusin en torno

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FELIPE POEY Y ALOY /XV /XV al origen de las especies, en un medio mayormente hostil a tales debates. Su posicin ante la esclavitud fue, por otra parte y por razones diversas y variables, francamente abolicionista. Timorata, si se la juzga con prisma poltico; osada, si se la examina dentro del medio social donde se desenvolva. Su sentimiento nacionalista se manifest, con la madura eficacia del protagonista notable, en la creacin de una elevada cultura, profundamente enraizada en el acero popula r No lo olvida la autora de esta biografa, quien evita conscientemente el estilo hagiogrfico y enaltece la terrenalidad de su personaje, aproximndolo a la sensibilidad del lector actual. P EDRO M. P RUNA La Habana, mayo de 1993.

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GRA TITUDES Componer la presente biografa me llev poco ms de cuatro aos, en los cuales revis primero los trabajos dedicados a la vida de Felipe Poey que fueron escritos por sus ms cercanos discpulos, o por otras personas interesadas en investigar algn tema histrico, cientfico, literario o filolgico; por lo tanto, mi primera manifestacin de reconocimiento la dirijo, precisamente, a aquellos autores que como Carlos de la Torre, Juan Vila r, Arstides Mestre, Luis Montan, David S. Jord n, Francisco Calcagno, Manuel de la Cruz, Pedro V alds, Domingo Figarola Caneda, Juan M. Dihigo, Mario Snchez Roig, Julin Vivanco, Luis F Le Ro y Miguel L. Jaume, Jos lvarez Conde, Jos Lpez Snchez, Mary Cruz, Rodolfo Alpzar y Gabino de la Rosa, dejaron constancia en sus obras de sus sentimientos de admiracin hacia la figura del naturalista. El trabajo con la bibliografa activa de Poey y con muchos de sus documentos dispersos en archivos y bibliotecas, me condujo a establecer relaciones con algunos especialistas a los cuales deseo expresar mi agradecimiento; ellos fueron William Gattorno, entonces referencista del Archivo Histrico del Centro de Estudios de Historia y Organizacin de las Ciencias (CEHOC) de la Academia de Ciencias de Cuba; Manuel Rivero de la Calle y Roberto Rodrguez, ambos profesores del Departamento de Antropologa de la Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana; Mara de los ngeles Calatayud, del Archivo del Museo de Historia Natural de Madrid, Michael L. Smith y Marie L. Bauchot, del Museo Americano de Historia Natural y del Museo Nacional de Historia Natural de Pars, respectivamente. Deseo tambin expresar mi reconocimiento a los doctores Daro Guitart y Pedro M. Pruna, as como a los licenciados Emilio V alds, Jos Vzquez y Ral Mesa, quienes con consejos y sugerencias, sin dudas contribuyeron, sustancialmente, a enriquecer esta biografa. A todos ellos, a mis compaeros del Departamento de Historia de la Ciencia, y muy particularmente a Edilia Garca, deseo expresa r repito, mi ms sincera gratitud. R OSA M ARA G ONZLEZ

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Ensayo introductorio Ensayo introductorio FELIPE POEY Y ALO Y : EL NA TURALIST A POR EX CELENCIA R OS A M ARA G ONZLEZ De la vida de F elipe Poey Cuando, en 1917, el destacado mdico y antroplogo Luis Montan Dard pronunci su discurso Alrededor de la psicologa de Poey en una de las sesiones solemnes celebradas en la por entonces joven Sociedad de Historia Natural Felipe Poe y, 1 expres los siguiente: Nosotros, en verdad, ignoramos lo relativo a los primeros aos de la infancia de Poey; 2 y en realidad aun hoy poco se sabe de aquella poca infantil del ms grande de los naturalistas cubanos del siglo XIX A no ser algunos datos que aporta una copia de su partida bautismal: 3 naci en La Habana un 26 de mayo del ao 1799, y sus padres 1 La Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey se cre en 1913 y se mantuvo en activo hasta 1962. Escogi como fecha de fundacin el 26 de mayo, el mismo da y mes del natalicio de Poe y En ella figuraron personalidades como las de Carlos de la Torre, su presidente; el antroplogo Luis Montan, el botnico Juan Toms Roig y el mdico y profesor universitario Arstides Mestre. Se dedic a los estudios de zoologa, botnica, antropologa, mineraloga, geologa, paleontologa y agronoma, y dio a luz la publicacin (1915-1961): Memorias de la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey, de la cual existe un ndice de autor y materia, impreso en 1981 por la Editorial Academia. 2 Luis Montan: Alrededor de la psicologa de Poey, Memorias de la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey 1917, no. 1, vol. III, p. 23. 3 La copia de la partida bautismal aparece reproducida en Mario Snchez Roig: Felipe Poey, el mximo naturalista de Hispanoamrica, conferencia leda el 20 de enero de 1937, en el Palacio Municipal, correspondiente a la serie Habaneros Ilustres, y publicada en el no. 11 de los Cuadernos de Historia Habanera Imprenta Molina y Ca, La Habana, 1937. La partida dice:

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OBRAS 2\ 2\ fueron el francs Juan Andrs Poey y Lacase, 4 y la criolla Mara del Rosario Aloy y Rivera, 5 la informacin que tenemos proviene de F rancisco Calcagno. ste nos dice: Pbro. D. Juan Bautista de Echniz y Landa, cura interino del Sagrario de la Sta. Iglesia Catedral de la Habana, Certifico que a f. 127 del Libro de Bautismos de Espaoles est la siguiente partida nm. 458. Domingo dos de junio de mil setecientos noveinta y nueve, yo D. Lorenzo Marrn Tte. de Cura B[eneficiado] Sagrario de esta Iglesia Cathedral de la Pursima Concepcin de esta ciudad de San Cristoval de la Havana, bautic y puse los Stos. leos a un nio que naci a veinte y seis de mayo prximo pasado, hijo legtimo de D. Juan Andrs Poey Natural de la ciudad de Oleron provincia de Bearn en Francia y de Da. Mara del Rosario Aloy, Natural de esta ciudad, abuelos paternos, D. Juan Poey y Da. Ana Mara Lacase y maternos D. Narciso Aloy y Da. Mara de la Merced Rivera; y en l exerc las sacras ceremonias y preces y le puse por nombre Felipe, fu su padrino D. Simn Poey, a quien el parentesco espiritual que contrajo, y lo firme. Lorenzo Marron. Es conforme a su original, Habana Octubre veinte y nueve de mil ochocientos ochenta y cinco aos. Firmado. Juan B. de Echniz y Landa. 4 Manuel Moreno Fraginals en su clsica obra: El ingenio. Complejo econmico social cubano del azcar vol. I, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, incluye a Juan Andrs Poey y a sus dos hermanos Simn y Juan Bautista entre los miembros que integraron la sociedad negrera Poey-Hernndez-Fra, formada adems por Gaspa r Jos, Francisco y Sebastin Hernndez, y Antonio y Nicols de Fras. Esta Sociedad segn Fraginals unas veces como compaa y otras como firma independiente importaron no menos de 25 000 negros durante los primeros 20 aos del siglo XIX en el pas. 5 Una copia de la partida bautismal de la madre de Felipe Poey y Aloy existe en el Archivo Histrico del CEHOC Carlos J. Finlay [en lo adelante se citar A. H. Museo Finlay], Papeles de Felipe Poey, carpeta 4, documento 10. Don Pedro Jos de Ocampo Tete. de Cura Beneficiado de esta Parroq[uia] del Espritu Sto. de esta ciud[ad] certifico q[ue] en el li[bro] 14 de Bautismo de Esp.. S. a F 11, est la siguien[te]. Jueves diez y seis de Octubre de mil set[ecientos] ochenta y tres aos. Y o Do. Manuel Jos Rodrguez Hurtado Te[niente] de Cura B[eneficiado], en esta Parroq[uia] del Espritu Sto. de esta Ciud[ad] de la Havana Bautiz, y puse los Santos oleos a una nia que naci a seis de di[cho] mes y ao: hija legtima de Dn. Narcizo Alo y nat[ural] de Jerona en Catalua y de D[oa] Mara de la Merced Rivera nat[ural] de sta Ciu[dad]; y en esta nia exerc las Sacradas xermonia, y preces, y puse por nombre Mara del Rosario Ramona Anastacia fue su Madrina D. Mara [?] de Arango y Castillo, a q[uien] advert el parentesco expiritual y lo afirmo Don Manuel Jos Rodrguez Hurtado. Conforme al su original. Hava[na] y Agosto dos de mil ochocientos y dos aos. Firmado: Pedro Jos de Ocampo. Una copia de la certificacin del matrimonio de los padres de Felipe Poey y Aloy existe entre sus papeles que se conservan en el departamento de Antropologa de la Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana. A continuacin reproducimos esta copia. Sacristn Francisco Font cura de la Iglesia Catedral de la Pursima Concepcin de esta ciudad de Sn Cristbal de la Habana: Certifico q[ue] en el libro octavo de matrimonios de Espaoles, 97, partida No, 168 est la siguiente: En la ciudad de la Habana en beite de Sep[tiembre] de mil setecientos noveinta y ocho: Habiendo procedido las diligencias ordinarias p. ante Dn Fran[cisco] Font, secre[tario] de S. S. y dispensando otro Ilust[risimo] S r las tres cannicas amonestaciones. Y o Dn Loren

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FELIPE POEY Y ALOY /3 /3 Su padre que era de Olern, paso a residir en Pau [en] 1804, de modo que slo contaba Poey cinco aos cuando por primera vez pas a Francia con su familia e ingres para sus primeros estudios en un colegio de dicha ciudad; all muri su padre, y su madre, habanera, volvi a Cuba, dejndole en el colegio donde estuvo tres aos, justamente los de ms difciles comunicaciones por las guerras de Napolen; quizs esto fue la causa de la enfermedad que all contrajo y que le dej [una] imperfeccin fsica para toda su vida. 6 Si damos crdito a los hechos sealados por Calcagno, pudiramos presumir que estos primeros aos de Felipe, separado de su familia, enfermo posiblemente de poliomielitis y adems, sometido a un rgimen de pupilaje en un pas que se encontraba afectado por la guerra, no fueron, precisamente, los ms felices de su vida. No obstante, como seala Montan: Lo que aprendi all, en esa edad, lo adivinamos sin esfuerzos: lee r, escribi r algunas nociones de Historia Sagrada, la recitacin de tal o cual fbula de Florian, la lectura de ste o aqul trozo escogido de la pequea moral en accin; y quiz, a la salida del colegio, a los ocho zo Marron T[eniente] de Cura del Sagra[rio] de la Sta Yglesia Catedral de la Pursima Concepci[on] de esta Ciudad de Sn Cristbal de la Habana, despos y vele segun ord[en] de Ntra Santa Madre Yglesia a Dn Juan Andres Poey, nat[ural] de la ciudad de Oleron, hijo lexitimo de D. Juan, y de Da Ana Ma. Lacase, con Da. Ma. del Ros[ario] Alo y nat[ural] de esta ciudad, hija lexitima de Dn Narciso Alo y, y de da. Ma. de la Merced Ribera; y habindoles preguntado, tube p[or] respuesta su mutuo consentim[iento]; de lo qual fueron testigos Da. Franc[isca] Aloy, y Dn Felix Madrigal, y padrinos Dn Simon Poey, y Da Juana Aloy; y p[ara] q[ue] comte, lo firme: Lorenzo Marron. Conforme a su original, Habana y Marzo diez de mil ochocientos diez y ocho ao. Firmado: Francisco Font. Segn seala Francisco Xavier Santa Cruz en su Historia de familias cubanas t. V, pp. 229-232, Editorial Hracles, La Habana, el matrimonio entre Juan Andrs y Mara del Rosario tuvo dos hijos, Felipe y Mara de las Mercedes, sta a su vez cas el 30 de septiembre de 1820 con Gonzalo Luis Alfonso y Sole r Manuel Moreno Fraginals (ob. cit., vol. I) indica que Gonzalo Luis Alfonso y Soler (hijo mayor de Gonzalo Luis Alfonso y Gonzlez) en 1836 figuraba en el lugar 34 de las grandes fortunas de la Isla. 6 Francisco Calcagno: Diccionario biogrfico cubano, Imprenta y Librera de N. Ponce de Leon, New Y ork, 1878, p. 512. Francisco Calcagno, al igual que Mario Snchez Roig, Carlos de la Torre y otros bigrafos del naturalista, refiere a partir de fuentes cubanas que el padre de Felipe, Juan Andrs Poey, es natural de Olern. Sin embargo, su testamento, fechado en Pau el 4 de febrero de 1806 localizado por el doctor Eduardo Torres-Cuevas en el Archivo de los Pirineos Atlnticos, en Francia indica que naci en Estos, un pequeo pueblo situado al norte de Olorn, y no Olern, isla meridional de Francia, la mayor de su costa Atlntica. Segn la partida de defuncin de Juan Andrs Poe y conservada en el referido archivo, ste muri en Pau el 26 de febrero de 1806, era propietario y negociante en La Habana, y esposo de la seora Rosario Aloy.

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OBRAS 4\ 4\ aos, comenz a balbucear las primeras palabras del texto clsico: rosa, rosae 7 Pero al margen de toda informacin llegada a nosotros a travs de fuentes secundarias, de aquel perodo de la vida de Felipe Poey se ha podido conoce r por los datos que arrojan un conjunto de notas y cartas personales halladas entre sus papeles en el Archivo Histrico del CEHOC Carlos J. Finlay 8 que, entre 1810 y 1815, cuando se encontraba en F rancia, sola pasar unos 40 das por ao de vacaciones en el campo, y que por esta razn deba pagar alguna cantidad de dinero a la familia que lo alojaba. Esto se deduce de lo escrito por el propio Felipe Poey en 1816: He comido 8 veces con ellos en los dos primeros aos (1810-1811) y 24 veces los 4 aos ltimos (1812-15) [...] He pasado 6 vacaciones con [...] en el campo, yo estuve 40 das por ao [...] [al dorso de la carta, agreg F elipe Poey]: Con la familia St. Guil y. Mi padre ha remitido a M r Laureagon 2 (cuadruples)? [...] 9 Fue la familia St. Guily (Sanguily)? referida en la nota la que lo hospeda durante sus vacaciones? Viva esta familia en Paule (Departamento de las Costas del Norte, distrito de Guingamp)? En definitiva, cualquiera que haya sido la relacin de Poey con los St. Guil y y con Laureagon, hay un hecho cierto, Poey mantuvo cierto vnculo con ellos y debi estar al tanto, de vuelta en Cuba, de algn negocio de inters mutuo. Una carta escrita en Paule el 30 de junio de 1825 as nos lo indica: Mi amigo, Si tu silencio absoluto no nos indica indiferencia, al menos nos deja entrever que tu posicin no te permite proceder por nosotros contra la familia. En tal caso, esperamos que no tomars a mal que despus de 18 aos de sufrimientos hayamos recurrido al S r Angelucci, cnsul general de Francia en La Habana, para rogarle que consienta en hacerse cargo de nuestra preocupacin. Queremos todava cree r que en lugar de obstruir nuestros asuntos en La Habana, tu ayudars al S r Angelucci a conducirlos, de manera amigable, a un resultado definitivo, brindndole los medios y las referencias necesarias que yo te comuniqu a tu paso por Burdeos, y que estn consignados en la memoria que te dirig a La Habana el 24 de marzo de 1819, de la cual t no has acusado recibo hasta el momento. 7 Luis Montan: ob. cit., p. 23. 8 Las notas y cartas de las cuales se trata aqu, fueron traducidas del francs al espaol por Pedro M. Pruna. Dichos documentos corresponden a un perodo anterior a 1830, por su avanzado estado de deterioro, la mayora de ellas, resulta ilegible. 9 A. H. Museo Finlay, Papeles de Felipe Poey.

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FELIPE POEY Y ALOY /5 /5 Adis mi querido Felipe, si t nos quieres tanto como nosotros te queremos, tanto como t nos los has asegurado tanto, vendrs por efecto de tus cartas a curar nuestros corazones profundamente heridos. Adis, te abrazamos Laureagon A. St. Guily. 10 Cmo y cundo regres Felipe Poey de Francia, no lo sabemos a ciencia cierta, sus bigrafos al respecto coinciden en decir que, una vez en la isla, comenz los estudios en el Seminario de San Carlos. Si tuvo o no preceptores, o en cual escuela curs sus estudios antes de ingresar en el Seminario, tambin cae en el terreno de lo indeterminado. Tratando de encontrar alguna informacin acerca de esta etapa de la vida de Poe y hallamos una sugerente reflexin del propio naturalista, en la cual l nos proporciona ciertas claves relacionadas con el momento y las circunstancias en que se produce su iniciacin en el aprendizaje y conocimiento sistemtico: Cuando hablo de mi tiempo, entiendo el ao 20 [...] cuando estudiaba con el P Flix V arela y con el presbtero D. Justo Vlez, bajo el ala del ilustrado obispo Espada. Del da en que nac no me acuerdo, ni me quisiera acorda r Creo que he vivido un da; no vale la pena de nace r, condenado a morir por el delito de haber nacido, como dice Caldern. Qu son cien aos en el reloj del tiempo? Casi, dice Saavedra, se alcanzan los primeros a los ltimos suspiros. 11 10 Ibdem. 11 Felipe Poey: Obras literarias, La Propaganda Literaria, La Habana, 1888, p. 160. Los vacos existentes en cuanto a la infancia y juventud temprana de Felipe Poey generaron una polmica en torno a las influencias que marcaron su vocacin cientfica, cuyos protagonistas fueron el mdico y antroplogo Luis Montan y el destacado malaclogo Carlos de la Torre. El primero, formado intelectualmente en Francia; el segundo, discpulo directo de Poe y. As, en su trabajo titulado Alrededor de la psicologa de Poey, el doctor Montan vierte la siguiente opinin: No lo dudeis; fue all [en Francia], en el rincn bendito de aquel pas admirable, que ha podido ser designado, sin exageracin, como le plus beau royaume sous le ciel, el ms bello reino bajo el cielo donde el nio Poey vio despertar en s la curiosidad cientfica; y fue all tambin donde inconscientemente hubo de acopiar incalculables tesoros de poesa que sern el consuelo y la fuerza de su edad madura; y que, despus de muchos aos transcurridos bajo el soplo de las tempestades de la vida, sern an la alegra y la bendicin de su lozana vejez. Carlos de la Torre contradice esta idea de Montan. En su discurso biogrfico Don Felipe Poey, pronunciado el 27 de diciembre de 1940 en un ciclo de conferencias sobre figuras cubanas de la investigacin cientfica, publicado dos aos ms tarde por el Ateneo de La Habana, manifiesta: Aceptamos con el doctor Montan, la poderosa influencia que hubieron de ejercer aquellas primeras impresiones recibidas por el nio Poey en el desarrollo del amor a la patria de sus antepasados y en aquel acento francs que conserv toda la vida [...]

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OBRAS 6\ 6\ Pero en lo que no estamos conformes es en que fuera all, donde aquel nio vio despertar en s la curiosidad cientfica [...] la curiosidad cientfica del naturalista naci con l y se despert desde las impresiones recibidas por el nio Poey, que no fueron ciertamente las de aquel paso admirable, que ha podido ser designado sin exageracin, como le plus beau royaume sous le ciel; sino de la tierra ms fermosa que vieron ojos humanos; la misma que pint con vivos colores, veinte aos despus, en su gloga a Silvia y en El Arroyo, el poeta Poey. E investigando en los orgenes y en la evolucin del amor a la naturaleza, de la clara inteligencia y del juicio sano en el joven Poey, hallamos dos factores decisivos en la suerte futura de aquel pobre adolescente, herido ya por la terrible parlisis del lado derecho [...] Los dos factores a que aludimos fueron, a no dudarlos, la educacin ejemplar del Seminario de San Carlos, y la cultsima y benemrita Sociedad Patritica de Amigos del Pas, que por aquellos aos dedic la mayor atencin al fomento y estudio de las ciencias Fsico-qumicas y Naturales, habi ndose fundado entonces, 1817, el Jardn Botnico de la Habana, bajo la direccin de D. Jos Antonio de la Ossa, b otnico distinguido que estaba en correspondencia con Augusto P de Candolle y escribi una obra titulada Flora habanense. D Felipe Poey debi participar de aquel movimiento cientfico, bajo la influencia de su maestro el Lcdo. D. Justo Vlez, quien, secundando los propsitos del intendente Alejandro Ramrez y del obispo Espada, recomendaba a sus alumnos y al clero la conveniencia de que se dedicasen al estudio de las ciencias naturales; como, en efecto, hubo de hacerlo Poey, siendo miembro de la Sociedad Patritica desde 1820, y habiendo comenzado ya a formar sus colecciones botnicas y zoolgicas y a dibujar objetos de historia natural. En el mencionado Seminario de San Carlos y San Ambrosio, curs filosofa con el venerable P Felix Varela, del que con razn se ha dicho que l abri en Cuba las puertas de la verdadera filosofa; derrib la escolstica, iniciando aquel desarrollo intelectual que tanta influencia ha tenido en nuestra cultura, a sus incesantes afanes se debe la brillante plyade de hombres cientficos de aquellos das, y no slo fue el primero que cultiv las ciencias y ense fsica experimental, sino que fund el gabinete del Seminario, haciendo venir del extranjero las primeras mquinas y aparatos aqu llegados, lo mismo que las obras ms modernas sobre ciencias naturales [...] De la Torre concluye esta parte de su discurso afirmando que Indudablemente, fueron el padre Varela y Justo Vlez los primeros espritus superiores que modelaron el cerebro de Poey, y lo prepararon para recibir, en Francia, la influencia definitiva de los ms sabios naturalistas de su poca, de Cuvier y de Latreille que bajo su inspiracin y con su ejemplo, acabaron de templar el espritu investigador del naturalista cubano Felipe Poey. Por su parte, el propio Poey, nos sorprende en el texto de una de las cartas enviadas a su amigo Tranquilino Sandalio de Noda relacionada con el descubrimiento de los llamados peces ciegos, con una declaracin autobiogrfica. As escribi Poey a Noda: Mi apreciable amigo: he recibido sus dos cartas instructivas y pintorescas sobre el pez ciego de las Cuevas del Cajo. Su lectura me ha gustado mucho: no he ledo con ms inters Los misterios de Pars. Por ellas veo que cuando un hombre nace con cierto signo, ha de vivir bajo su influencia. Por qu entre tantos que se hallaban en el ingenio de La Morenita, solo uno tom con entusiasmo una idea indiferente, tal vez despreciable para otro? Y por qu cuando yo andaba a gatas, me quedaba una hora entera [cuenta mi madre] boca abajo contemplando las hormigas? Quin dio educacin al hombre de las caas? [en este lugar naci Noda RM 6.] No fue u[sted] mismo el que se mand a la escuela? Abri u[sted] una escuela para s mismo? Esa son las mejores escuelas. De sus palabras pudiramos deducir cierta intencin a dejar expresada su temprana vocacin por el conocimiento de la naturaleza, y aun ms, el carcter autodidacto de sus primeros estudios. (La cita anterior est tomada de: Felipe Poey, ob. cit., p. 191.

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FELIPE POEY Y ALOY /7 /7 En 1818, con 19 aos de edad, se incorpor a las clases de Derecho Patrio, y asisti a los cuatro cursos requeridos para obtener el grado de Bachiller en Leyes. De esta etapa de sus estudios, al menos conocemos dos trabajos. En ambos casos, stos constituyen el desarrollo de sendas proposiciones redactadas por el presbtero Justo Vlez, quien adems de ser el catedrtico propietario de Derecho Patrio, fue el profesor de Poey en la clase de Economa Poltica. El primero de los trabajos responde a un discurso alusivo a los llamados crmenes de lesa majestad; la proposicin haba sido formulada en estos trminos: Cules son los verdaderos lmites de los crmenes o delitos pblicos y cules sus puntos de contacto con los delitos o crmenes privados? Dicho discurso qued recogido conjuntamente con uno de Jos Antonio Saco y otro de Jos Agustn Govantes en una publicacin impresa por los propios estudiantes, que fue publicada en 1819 bajo el ttulo de Memorias de la clase de Derecho Patrio del Real y Conciliar Seminario de la Habana. El segundo trabajo, cuyo contenido deba satisfacer varias interrogantes, entre ellas, la de si en Cuba convena o no fomentar los cultivos menores que requeran pequeos capitales, o la del aumento de la poblacin blanca en nuestros campos, fue elaborado por Poey tomando como patrn las ideas que Melchor Jovellanos haba adoptado en su Informe sobre la ley agraria. El joven estudiante Poey abog por las facilidades a los colonos blancos, por el establecimiento de la pequea propiedad agrcola y por los beneficios del comercio libre. La Sociedad Econmica de Amigos del Pas, institucin que haba creado en 1818 la clase de Economa Poltica, situ al frente de la misma a Justo Vlez, profesor que la imparti como una ciencia vigente y activa, estudiando los problemas reales y propugnando soluciones, 12 quien crey oportuno reconocer los mritos del trabajo de Poe y por lo que hizo una impresin del mismo en el ao 1820. Felipe Poey concluy los cuatro cursos de Derecho Patrio, y por carta del 22 de marzo 13 se dirigi al rector universitario para que ste lo autorizara a pasar el examen final que le dara el grado de bachiller en leyes. 12 Felipe Pazos Roque: La economa cubana en el siglo XIX Revista Bimestre Cubana 1941, t. X L VII, p. 96. 13 La referida carta se encuentra en el expediente de alumno de Felipe Poey que existe en el Archivo Histrico de la Universidad de La Habana. Conjuntamente con sta aparecen cuatro certificaciones firmadas por Justo Vlez, catedrtico propietario de Derecho Patrio del Real Colegio Seminario de San Carlos de la Habana, que corresponden a los aos cursados por Poey en dicho establecimiento educacional.

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OBRAS 8\ 8\ En el mismo 1821, el joven Poe y graduado de bachiller viaj a Espaa, 14 para obtener el ttulo de abogado; en ese mismo ao asisti en Madrid a los cursos de Derecho Pblico Constitucional que, en el Ateneo de esa ciudad, imparta el catedrtico de la disciplina Faustino Rodrguez Monro y All obtuvo adems la certificacin acreditativa por haber formado parte, en calidad de profeso r de la Nacional Academia de ambas jurisprudencias de la Pursima Concepcin. 15 Poey vivi en Espaa el mismo tiempo que Flix V arela, el profesor de Derecho Poltico en el Seminario de San Carlos. ste, elegido diputado por La Habana para la legislatura en las Cortes del Reino, lleg a la pennsula en 1821 y la abandon en 1823, cuando el llamado ejrcito de los cien mil hijos de San Luis irrumpi en el pas para restablecer el rgimen absolutista. F ernando VII, una vez instalado en el trono por las acciones de las monarquas europeas lidereadas por la francesa, firm el 1 de octubre de 1823 un decreto por el cual se declaraban nulos todos los actos del gobierno constitucional, aunque un da antes, tambin por decreto, haba dado garantas a todos los comprometidos con dicho gobierno. Las contradicciones de ambos textos no dejaban dudas a los partidarios constitucionalistas de la reaccin que se iniciara. V arela huy por mar y se refugi en el Pen de Gibralta r para con posterioridad dirigirse a la Amrica del Norte. Poey menos implicado en asuntos polticos al parecer se acogi a las garantas prometidas por el rey y regres a la Isla con una profesin y con la experiencia de haber vivido en Espaa los ltimos aos en que en este pas rigi una constitucin liberal. Y a en Cuba, Felipe Poey contrajo matrimonio con la criolla Mara de Jess Aguirre y Hornillos el da 22 de abril de 1824 en la parroquia de San Agustn. En 1825 naci Andrs, el primero de los seis hijos del matrimonio. Con l y su esposa, viaj Poey a Francia en 1826, donde permaneci unos aos. All naci, en 1827, Enrique, su segundo hijo. 14 Carlos de la Torre en su discurso Don Felipe Poey, publicado en Figuras cubanas de la investigacin cientfica Publicaciones del Ateneo de La Habana, La Habana, 1942, t. II, es de la opinin que Poey curs los estudios de abogaca por disposicin familiar; nosotros nos sumamos a esta idea. 15 Al nombrar estos ttulos nos atenemos a las notas contenidas en un ndice de documentos que Felipe Poey present el 24 de agosto de 1866 a la Direccin de Administracin de La Habana. Estos documentos se hallan entre sus papeles depositados en el A. H. Museo Finlay, carpeta 2, documento No. 29. La escritora cubana Mary Cruz, en su biografa titulada El ingenioso naturalista don Felipe de La Habana impresa para la juventud cubana en 1979, Editorial Gente Nueva, p. 29, seala que la Nacional Academia de ambas jurisprudencias se divida en Derecho Civil y Cannico.

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FELIPE POEY Y ALOY /9 /9 En Pars despliega Poey una gran actividad: estudia e investiga cuestiones propias de las ciencias naturales, y segn algunos de sus bigrafos, 16 obtiene el ttulo francs de abogado. Conoce a Jorge Cuvier y recibe la influencia de este cientfico que lea en su coche y escriba sobre la mano para aprovechar los minutos; el mismo que como sealara el propio Poey cuando preparaba una memoria, abra sobre sus mesas todos los libros que trataban de la materia, hojeaba los autores, comparaba sus doctrinas, formaba su plan y en seguida lo pona por escrito. 17 Comparti e interactu, adems, a ttulo de corresponsal de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas y del Jardn Botnico de la Habana con la comunidad cientfica francesa; con algunos de sus miembros, fund en este pas, en 1832, la Sociedad Entomolgica. En 1833, despus de publicar sus primeros trabajos sobre insectos, regresa a la Isla donde al ao siguiente nace Federico, su tercer hijo. Virginia, Amelia y Palmira, las hijas del matrimonio, al parecer nacieron despus que sus padres y hermanos regresaron de Francia. II Una vez radicado en La Habana, parece haber olvidado Poey la idea de dedicarse a las leyes, pues apenas haban transcurrido dos aos de su llegada, en 1835, su nombre aparece asociado al de los educadores del afamado colegio de San Cristbal, en Carraguao, donde imparti en calidad de maestro primario las asignaturas de Geografa de Cuba y Geografa Moderna, y como profesor de educacin secundaria, las de lengua francesa y latina. 18 El por qu Felipe Poe y proveniente de una familia de slida posicin econmica, 19 prefiri ejercer el magisterio a la abogaca, una de las pro16 Carlos de la Torre: Don Felipe Poey, ed. cit., y Luis Montan, ob. cit. 17 Felipe Poey: Jorge Cuvier, el genio cientfico 1873, t. I, p. 15. 18 El documento probatorio de la dispensa concedida a Felipe Poey no lo hemos podido consultar; pero en el ndice de ttulos de su hoja de servicio, que existe entre sus papeles en el A. H. Museo Finlay (carpeta 2, documento No. 29), se especifica el haber recibido, con fecha 9 de marzo de 1836, la licencia otorgada por el Gobierno para ejercer como maestro de enseaza primaria y secundaria. 19 Felipe Poey provena de una familia enriquecida a costa del trfico negrero. Algunos de sus parientes, entre ellos su propia hermana, y su primo Juan Poey eran propietarios de grandes y productivas haciendas, y de buena cantidad de esclavos. Mara de Jess Aguirre, esposa de Felipe Poe y tambin posea en propiedad varias fincas urbanas de las cuales el propio Poey fungi como administrador. Entre los papeles de Felipe Poey existentes en el Departamento de Antropologa, de la Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana, aparece un documento fechado el

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OBRAS 10\ 10\ fesiones ms lucrativas que se podan cultivar en Cuba, no lo sabemos con certeza; aunque en ello parece haber conspirado una fuerte vocacin hacia el conocimiento de las ciencias, estimulada en pocas de Flix V arela y Justo Vlez, y reforzada despus en Francia; y tal vez, el curso mismo de los acontecimientos polticos generados en Cuba a raz de la muerte del monarca Fernando VII, ocurrida en 1833. En Espaa haba tomado las riendas la regente Mara Cristina, quien llam a gobernar con ella a los liberales espaoles partidarios de la constitucin. En ese mismo ao de 1833, Felipe Poey regres a Cuba, pero aqu las ideas del grupo dominante en la pennsula se reflejaron de otra manera. En 1834, los constitucionalistas espaoles en el pode r enviaron a un nuevo Capitn General a su posesin antillana, el gobernador Miguel Tacn. ste, con el objetivo de impedir todo asomo de sentimiento nacionalista, implant en la colonia una rgida censura. Poe y recin llegado prcticamente a La Habana, tuvo que acudir ante el nuevo Capitn General por el hecho de haber recibido, procedente de Pars, una caja de libros, entre los cuales se hallaban 108 ejemplares de la obra La Espaa bajo el poder arbitrario de la congregacin apostlica, que las autoridades insulares dieron como proscrita. Los ejemplares, enviados segn el propio involucrado, sin l haberlos solicitado, por vas de especulacin por un sujeto residente en Paris 20 quedaron en poder de la censura, que a travs de uno de sus represen30 de marzo de 1872 en el cual se relacionan las siguientes propiedades de la familia PoeyAguirre. Una casa habitacin de mampostera y azotea en la calle Dragones No. 64. Linderos: por la calle de Dragones, con el No. 62 que es del Gobierno y con el No. 66 de D. Gonz[alo] Roca. Por la calle de San Nicols, con No. 87 de la parda Eloida V entura. Alquilada en ciento veinte y seis pesos. Sea $1 632 al ao. Otra dem en San Luis Gonzaga, No. 7. Linderos: por la calle de San Luis Gonzaga, con el No. 5 de D. Ezequiel Garca; y con el No. 9 de D. Francisco Ladillo. Por la calle del guila con No. 197 de D. Carlos Mart, con No. 199 de D. Bartolom Snchez Navarro; con No. 201 de D. Juan Rotger; con No. 203 y 205 de los s[eores] Vidal e hijos, y con No. 203 de Da. Rosa Cafa y Da. Carlota Fernndez. Alquilada en sesenta y ocho pesos mensuales. Sea $ 816 al ao. Otra dem. Las Damas N 59. Linderos: por la calle de Las Damas con el No. 66 de D. Isidoro Fernndez, y con el No. 57 de D. Ignacio Sandoval. Por la calle de San Isidro, con el No, 23 de los herederos de D. Miguel Armona. Por la calle de los Desamparados, con el S r Santa Ana, No. 32. Se alquila en cincuenta y un pesos mensuales. Sea $ 612 al ao. 20 El expediente puede verse en el Archivo Nacional de Cuba, fondo: Asuntos Polticos, legajo 36, No. 5. Respuesta de la instancia de Felipe Poey al Capitn General, fechada el 12 de mayo de 1834, en la cual se explica lo ocurrido y la respuesta del funcionario Ayala, el 6 del mismo mes y ao que recomienda la quema de los materiales.

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FELIPE POEY Y ALOY /11 /11 tantes, apellidado Ayala, opin fueran destruidos por los daos que su lectura y difusin podan causar a la moral pblica. En ese mismo ao tambin se vio envuelto en los sucesos que dieron al traste con la recin constituida Academia Cubana de Literatura, un hecho que, aparentemente sin implicaciones polticas, alcanz su verdadera dimensin cuando Jos Antonio Saco antiguo compaero de Poey en el S eminario tuvo que salir del pas, por las presiones que sobre l ejercieron los crculos ms reaccionarios de la Sociedad Econmica, y el propio Capitn General de la Isla. Felipe Poey como miembro de esta Academia, debi haber quedado sealado ante las autoridades insulares; pero, de hecho, su participacin en las actividades de la Sociedad Econmica, no se vio afectada. Poey prest a la institucin de los Amigos del Pas varios servicios, desde la creacin de su Museo de Historia Natural, y la elaboracin del reglamento de la biblioteca y el catlogo de los libros de la misma, hasta la de formar parte de la Comisin Inspectora de las escuelas especiales y preparatorias en la capital. La Sociedad lo haba incluido, desde el 22 de diciembre de 1838, en la lista de sus miembros de mrito. Tambin en la dcada de los aos 30 empez a publicar sus trabajos zoolgicos en las revistas y peridicos cubanos. En el siguiente decenio, cuando se produce la secularizacin de la enseanza, comienza su carrera de profesor en la enseanza superior; esta actividad la comparti con sus labores investigativas, especialmente las dedicadas al estudio de los peces, de las cuales deriv la composicin de su gran obra en doce tomos Ictiologa cubana premiada en la Exposicin Internacional Colonial de Amsterdam en 1883. III Y a era Poe y a mediados del siglo pasado, la gran autoridad cubana de las ciencias naturales, tan as es que la famosa novelista sueca F redrika Breme r de visita en Cuba en 1851, en una carta dirigida a su hermana desde el pueblecito o villa del Cerro, se manifiesta en estos trminos: Me quedar todava un par de das aqu, para disfrutar de la compaa del bello parque; despus regresar a La Habana, donde la amable familia Tolm quiere tenerme de husped y donde ya han arreglado una habitacin para m. All quiero tambin trabar conocimiento con el botnico don Felipe Poe y y aprender de l algo sobre los rboles y las plantas de la Isla. Despus [...] veremos cmo se me presentan las cosas. 21 Y las cosas en realidad se le presentaban muy bien a la escrito21 Fredrika Bremer: Cartas desde Cuba, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1980, p. 37.

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OBRAS 12\ 12\ ra sueca, pues dos meses despus de escribirle las anteriores palabras a su hermana, agregara en otra de sus cartas: Durante estos ltimos das en La Habana he visitado, en compaa de la buena seora Tolm, algunos hermosos jardines particulares, para observar mejor las distintas flores y frutas. He conocido al profesor de botnica don Felipe Poe y y l ha sido tan corts, que me ha regalado algunos ejemplares de mariposas cubanas, y entre stas, la que se considera como ms bella, que lleva el nombre de urania. Tiene un bello color verde oscuro y un brillo como de terciopelo. 22 Poe y en ese mismo ao de 1851, haba emprendido, por iniciativa propia, la edicin de una importante obra, las Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba ; la naturaleza del pas, y quizs este empeo del cientfico cubano, manifestado en alguna conversacin, fueron las razones que impulsaron a la Bremer a escribi r en unas de sus cartas, estos emotivos renglones: Cuba es una entrada al paraso digna de ser estudiada por los investigadores en ciencias naturales, por los artistas y por los poetas. Las formas y los colores de la vegetacin indican un paso de la vida terrena a otra esfera de belleza ms libre y ms elevada. 23 Entre criollos, la publicacin de estas Memorias cuyos sumarios estaban adems de escritos en espaol, referidos en latn y francs, tuvo una excelente acogida. Prueba de esto es la siguiente resea: Como lo indica su ttulo, la obra en cuestin consta de una serie de memorias cientficas; y no guardando entre s estas una inmediata relacin, la atencin del lector se ve a cada paso despertada por un agradable desorden, cuyo encanto, nosotros, volubles hijos de los trpicos, podemos comprender mejor que nadie [...] El cuadro luce variados matices, y su contemplacin no puede menos de ser muy grata para los amigos de recrearse en las Maravillas de la Naturaleza [...] [...] sus memorias son, por lo tanto, resultado bien maduro y dirigido de pacientsima tarea: l ha enriquecido los catlogos con multitud de especies desconocidas por los sabios naturalistas de Europa, y ha procurado disipa r y disipado no pocas veces, la oscuridad en que se encontraba la ciencia sobre algunos interesantes particulares[...] 24 Las Memorias contaron con dos volmenes impresos, el primero vio la luz en 1851, y el segundo, entre 1856 y 1858. V arios aos despus, en 1865, sale de las prensas habaneras el tomo nmero uno del 22 Ibdem, p. 194. 23 Ibdem, p. 124. 24 Jos Manuel Mestre: Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba, Revista de la Habana 1853, t. I, pp. 172-174.

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FELIPE POEY Y ALOY /13 /13 Repertorio fsico natural de la isla de Cuba, y en 1866, y hasta 1868, el nmero dos. Ambos contaran con la colaboracin de una buena parte de los cientficos cubanos o extranjeros residentes en el pas, interesados en estos estudios. El Repertorio circul en toda la Isla, y fuera de ella, luego de anunciarse en el prospecto que a continuacin se cita: Mucha falta ha hecho ahora a la Isla de Cuba una publicacin especial, destinada a revelar al mundo cientfico sus tesoros fsico-naturales. Privadas de este recurso, las personas que se han dedicado al cultivo de las ciencias se han visto obligadas a remitir sus escritos a peridicos extranjeros, o a conservar los manuscritos sin esperanzas de lograr el fruto de sus desvelos. El Repertorio fsico -n atural que tratamos de imprimir en La Habana, ser para ellos una grata nueva, y un aliciente en medio de sus trabajos. Los artculos que salgan a luz, sern producciones originales de sus autores; sin perjuicio de reproducir algunos de los que interesen altamente a la isla de Cuba, y se hallan esparcidos en compilaciones de costosa adquisicin. El Repertorio se presenta hoy como un ncleo alrededor del cual se agruparn los descubrimientos e ideas tiles; y no dudamos de que la constancia de los colaboradores, favorecida por el pblico ilustrado, llegue a levantar un monumento digno de ser consultado por todos los sabios que se ocupen de nuestras riquezas fsicas y naturales. La publicacin del Repertorio fsico-natural de la isla de Cuba no es precisamente una empresa de especulacin: va encaminada al bien del pas y de la ciencia. Por lo que si la suscripcin deja algn beneficio al completar un tomo, pagado los gastos de impresin, reparticin, correccin de pruebas y otros extraordinarios, inclusos los de redaccin, si con el tiempo fuese necesario, se emplearan las sumas existentes en mejorar las condiciones del peridico; ya emitiendo por el mismo precio mayor nmero de pliegos o de lminas, ya bajando el valor de la suscripcin. 25 El Repertorio y junto a l, las anteriores Memorias constituyeron, conjuntamente con la obra Historia fsica, poltica y natural de la isla 25 Prospecto del Repertorio fsico natural de la isla de Cuba en: A. H. Museo Finlay, Papeles de Felipe Poey, Carpeta 6, documento No. 1. En este mismo documento se pueden leer la lista de los colaboradores: 1. Aenlle, D r Joaqun F de; 2. Arango Rafael; 3. Aube r Emilio; 4. Castro, Manuel Fernndez de; 5. Ca y Ricardo James; 6. Coronado, D r Francisco J.; 7. F a bre, Juan Antonio; 8. Forns, Ramn; 9. Garca Flix; 10. Gundlach, Dr. Juan; 11. Gutirrez, D r Nicols Jos; 12. Jeanneret, Carlos; 13. Jimeno, Francisco de; 14. Jonte, D r Manuel Gonzlez de; 15. Morales, D r. Sebastin Alfredo de; 16. Paz, Pbro. Ramn de la; 17. Poey, Andrs; 18. Presas, Manuel J.; 19. Ruiz de Len Jos; 20. Sauvalle, Francisco Adolfo; 21. Valds, Nicols.

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OBRAS 14\ 14\ de Cuba de Ramn de la Sagra, impresa a todo lujo en Francia y Espaa, el vademecum de los cientficos interesados en conocer la naturaleza cubana. IV Al formarse en 1861 la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de la Habana, Poey al igual que su hijo Andrs pas a formar parte de ella. El largo proceso de constitucin, que haba iniciado el mdico Nicols Jos Gutirrez, culmin cuando unos 160 aspirantes interesados en pertenecer a ella, elegan por rigurosa votacin secreta los 30 miembros numerarios que la integraban. Padre e hijo ingresaron en una de las tres secciones de la Real Academia, la encargada de abordar los problemas de las ciencias naturales. En ese mismo ao fue propuesto y elegido Poey socio de mrito de la corporacin, sin perder su condicin de miembro numerario. En el transcurso del primer decenio de labores acadmicas, Poey recibi otros ttulos importantes. El Liceo de Guanabacoa [donde pronunci un discurso acerca de la unidad de la especie humana (ver Apndice)], en 1861, lo distingui como socio de honor; y en 1862 el de La Habana, lo elega presidente de la Seccin de Literatura, nominacin que tambin se le haba conferido en 1858. En 1863, el Capitn General de la Isla lo comision para realizar el trabajo de adquisicin de objetos de historia natural que tenan como destino engrosar las colecciones del Museo de Historia Natural de Madrid. Al ao siguiente, 1864, la Sociedad de Amigos de la Historia Natural berlinesa lo incluy entre sus miembros de hono r. En todos estos aos transcurridos, en los cuales recibi distinciones de instituciones cubanas y extranjeras, desarroll una intensa labor cientfica, pedaggica y literaria. Imprimi libros de textos, pronunci memor ables discursos en la Universidad, redact artculos de divulgacin cientfica, y escribi un importante estudio titulado Crneo de un indio Caribe algo sui generis dentro de su obra e investigaciones cientficas. La dcada de los sesenta, comenzada para el sexagenerario naturalista con gran despliegue de actividad intelectual, finalizaba para Cuba, con el inicio de la Guerra de los Diez Aos. A la conspiracin independentista, en el occidente del pas, se incorpor su hijo Federico Poey Aguirre. Cuando en 1877 la contienda revolucionaria, iniciada en 1868, entraba prcticamente en su etapa final, y la poltica de pacificacin llevada a cabo por el general espaol Arsenio Martnez Campos en la Isla comenzaba a rendir sus frutos en las zonas central y oriental del pas, un grupo de intelectuales criollos se reuna en La Habana para formar la So-

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FELIPE POEY Y ALOY /15 /15 ciedad Antropolgica de la isla de Cuba. Poe y elegido presidente de la recin constituida institucin, en el acto inaugural celebrado el 7 de octubre, pronunci unas breves palabras: Quedo muy agradecido a los indulgentes socios que me han investido con el honroso cargo de que acabo de tomar posesin; recompensa inesperada de mi constante amor a la ciencia. No s si mi cansada edad y el empeo de dar fin a dilatados trabajos ictiolgicos, me permitirn tomar una parte activa como quisiera en las tareas de la Sociedad, ni continuar a su frente por largo tiempo: entretanto pondremos manos a la obra. Nuestra posicin social y poltica nos permite estudiar cumplidamente, bajo el aspecto fsico, moral e intelectual, dos razas humanas, la africana y la monglica; y adems, los numerosos mestizos que provienen de los cruzamientos de ambas con la raza blanca, sin olvidar las modificaciones que el aclimatamiento y las influencias mesolgicas han introducido en todas ellas, particularmente en sus descendientes. stas han sido, sin duda, las razones que han movido a la Sociedad Antropolgica de Madrid, al establecimiento de una correspondiente suya en la ciudad de la Habana. [...] Las grandes novedades de la ciencia, agitadas en este siglo, cualquiera que sea el juicio definitivo que nos merezcan, no turbarn la paz de nuestras conferencias; pues por mi parte pienso (y en esto creo interpretar los propsitos de la Directiva) que la naciente Sociedad debe fijar su principal y casi exclusiva atencin en los problemas antropolgicos locales que brevemente he bosquejado, evitando en cuanto sea posible, lanzarse a generalidades y conclusiones propias de la Filosofa zoolgica. En una palabra, sea cubana nuestra Antropologa, antes que general: as prestaremos a la marcha progresiva de la ciencia servicios efectivos y duraderos. 26 Felipe Poey pidi ser liberado de la presidencia de la Sociedad, por su avanzada edad, el 14 de febrero de 1878, la guerra finaliz ese mismo ao sin obtener su objetivo principal: la independencia de Espaa. La institucin creada un ao antes, empero, incluira entre sus temas de discusin cientfica algunos de los efectos puestos de manifiestos en aquella confrontacin. En los siguientes aos Poe y un tanto alejado, pero no desvinculado de las instituciones culturales y cientficas, sigui trabajando en su obra ictiolgica y acudiendo invariablemente a su ctedra universitaria. De la Universidad slo se ausentaba por enfermedad lo afectaban unas avanzadas cataratas o en pocas de vacaciones, cuando viajaba a Matanzas en donde sola reunirse, unas veces en la casa de Santiago 26 Felipe Poey: Discurso del Sr. D. Felipe Poey, Boletn de la Sociedad Antropolgica de la Isla de Cuba, 1879, t. I, pp. 8-9.

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OBRAS 16\ 16\ del Monte y otras en la finca La Carbonera de la familia Chvez Garca, con todo un concilibulo zoolgico-botnico integrado por Carlos de la Torre, Sebastin Alfredo de Morales, Francisco Jimeno, Juan C. Gundlach, Manuel J. Presas y los hermanos Flix y Jos Garca Chvez. En 1878, tal vez por los servicios que prest a las ciencias, el Crculo de Hacendados de la Isla de Cuba le confiri el ttulo de Socio de Honor; y en 1880 la Sociedad Odontolgica de la Habana, fundada un ao antes, entre otras figuras, por su hijo Federico, lo eligi socio numerario. El abogado Nicols Azcrate, en febrero de 1885, lo tomaba en cuenta para las elecciones de la seccin de ciencias naturales del Nuevo Liceo de la Habana; en ese mismo ao, en enero, haba expuesto ante sus miembros un tema cientfico sobre los simios, salpicado de pinceladas humorsticas. La Real Academia de Ciencias lo tuvo en pocas de sus reuniones, pues ya desde 1864, el anciano naturalista haba renunciado a su categora de numerario que lo liberaba de algunas formalidades, entre ellas la de asistencia y puntualidad, y como generalmente las temticas a discutir eran de carcter mdico, asista a contadas sesiones. Quizs la ltima asamblea que cont con su presencia fue la celebrada el 12 de mayo de 1889, en la cual pronunci el discurso de bienvenida a la corporacin de su distinguido discpulo Carlos de la Torre. Poey no posea grandes riquezas, como su primo Juan o su hermana Mercedes, pues su peculio provena del sueldo universitario que reciba o del cobro de los derechos como autor de libros de texto, de las rentas de unas pocas propiedades urbanas pertenecientes a su esposa que l mismo administraba y reparta entre ella y sus hijos, y de las ventas ocasionales de colecciones o piezas zoolgicas y de mineraloga. No son frecuentes las opiniones que nos presentan a Felipe Poey involucrado en asuntos polticos, no obstante, algunas de estas opiniones lo sealan, durante sus estudios en Francia, como antimonrquico y combatiendo en julio de 1830 contra Carlos X en las calles de Pars. Jos de Armas y Cspedes, por ejemplo, en las pginas del peridico independentista La Repblica Cubana expresa al respecto: Donde mejor se batieron los parisienses contra Luis Felipe de Orleans, el rey ciudadano, fue en la barricada de la puerta de San Antonio, distinguindose en primera lnea un joven cubano llamado Cubero, natural de Holgun, alumno de la Escuela Central, as como se distingui en el mismo punto, en 1830, peleando contra Carlos X, otro cubano, el sabio naturalista Felipe Poe y fundador en la propia ciudad de la Escuela Entomolgica. 27 27 La cita est tomada de: Rodolfo Alpzar Castillo: Felipe Poey lingista, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1984, p. 19.

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FELIPE POEY Y ALOY /17 /17 Tal hecho nos lo pudiera corroborar el que entre las reliquias del naturalista donadas a la Universidad por su hijo Enrique se hallara un espadn, el cual segn asegura Arstides Mestre 28 us el miliciano Poey en la dcada del 30 en Pars. Sin embargo, en relacin con la postura poltica de Poey no slo fueron stos los criterios sustentados. Segn se colige del artculo Una gloria espaola, publicado el 8 de junio de 1888 en el Diario de la Marina por haber ejercido Poey su derecho al voto, en las elecciones de ese ao, a favor del Partido Liberal Autonomista, la derecha del Partido Unin Constitucional lanz sobre l severas crticas contenidas en un libelo titulado Golpe Teatral. El articulista annimo del Diario de la Marina sale en defensa del Naturalista en los siguientes trminos: Pobre es el recurso de acudir a las memorias de la primera juventud de un hombre que, si intervenido hubiera en hechos ocurridos cuando contaba veinte y tres aos de edad, ha vivido despus lo bastante para adquirir el derecho de rectificar un erro r y decimos esto, porque no en el ao de 1827, en una conspiracin republicana, sino en el de 1822, en los hechos tristsimos que produjeron la desgracia del teniente Landaburo (no Landzuri), figur el seor Poe y y porque no en esa fecha de 1827, sino en 1823, emigr, no al extranjero, sino a su pas provincial, con motivo del restablecimiento del absolutismo. A ms de pobre, es falsa la acusacin de que estuviera en las barricadas de Pars en 1830. 29 Poey prefiri contestar los ataques desde un terreno muy diferente al de las acciones polticas y al de las pasiones de partido; en 1888, en ese mismo ao en que fue duramente criticado, hizo imprimir su ltimo libro, donde agrup la mayor parte de su produccin bibliogrfica dispersa en peridicos y revistas, sus Obras literarias con esto, sin dudas pretenda expresar el testimonio irrecusable de una vida consagrada casi por entero al desarrollo de la cultura cientfica y literaria del pas. Tres aos despus que las pginas de esta obra vieron la luz, su autor falleca en la ciudad de La Habana a consecuencia de una congestin cerebral en las primeras horas de la maana del 28 de enero. El cadver de Felipe Poe y despus de una ceremonia solemne en el Aula Magna de la Universidad, fue conducido en hombros por profesores y estudiantes hasta la necrpolis de Coln, quedando sus restos inhumados en el panten del alto centro docente. El 5 de junio de 1907 stos fueron exhumados y trasladados a la Universidad, 30 donde el 15 de enero de 1909 28 Arstides Mestre: Donativo Poe y, Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, 1907, vol 5, p. 112. 29 Una gloria espaola, Diario de la Marina 8 de junio de 1888. 30 Segn Luis Montan, la permanencia por algn tiempo de los restos de Poey en el Museo Antropolgico universitario, despus de ser stos exhumados, le dio la oportunidad de hacer un estudio de los mismos, el cual desafortunadamente hoy da se encuentra perdido.

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OBRAS 18\ 18\ No obstante, el propio Montan, en su ya con anterioridad citada biografa sobre el naturalista (pp. 21 y ss.), refiere las condiciones en que l pudo desempear tan delicado trabajo, y algunas de las conclusiones a que arrib: No sin cierta emocin me fue dado contemplar un da los huesos del gran naturalista. Pude as estudiar su cabeza, cuya cara se hallaba rota e incompleta; pero el crneo, mejor conservado, reproduce tan fielmente otro que alcanz la celebridad, que no pude dejar de exclamar: Es el crneo de Engis! ste, como se sabe, ofrece las ms intimas analogas con los crneos de Cro-Magnon; de ah la identidad del fsil belga y de los del centro y el medioda de Francia. Antropolgicamente hablando, los actuales vascos son los ltimos representantes de una raza prehistrica que se ha denominado muy justamente mediterrnea. Su tipo fsico, determinado por las sabias investigaciones de Broca, se aproxima singularmente al tipo cuaternario del perigord; y los restos de tal raza se conservan en las vertientes de los Pirineos occidentales. Y como sabemos que el padre de Poey es originario de Olern distrito de los Bajos Pirineos, todava poblado en parte por los vascos franceses, se haca interesante investigar si los rasgos craneolgicos ancestrales no habran dejado su huella en la cabeza del naturalista. Digamos desde luego [...] que, a pesar de la identidad aparente de los dos crneos (hasta el punto de presentar muchas medidas semejantes), el de Poey difiere del crneo de Engis, y por consiguiente de sus congneres, por una particularidad muy importante. Mientras los vascos ostentan una dolicocefalia occipital, debida a un aumento exagerado de los lbulos posteriores del cerebro, en el de Poey el desarrollo notablemente frontal, debido a la amplitud del lbulo anterior, lugar fisiolgico donde se asientan las ms eminentes facultades del alma humana. quedaron colocados en una urna de mrmol sobre pedestal en el antiguo gabinete zoolgico. Hoy descansan al pie de la escalera que conduce al Museo de Antropologa Luis Montan, en el edificio que actualmente alberga a la F acultad de Matemtica-Ciberntica. Hacia el centro del patio interior que conforma esta construccin, por la cual, a principio de siglo, tambin pasaron los estudiantes de la F acultad de Ciencias, muy cerca del Museo de Zoologa que lleva el nombre de Poe y, por haber sido l su fundado r fue colocado su busto el 4 de julio de 1903. La base que lo sostiene tiene esculpida la misma inscripcin que fuera grabada en el mausoleo dedicado a Nicols Maquiavelo en la iglesia de Santa Crose en Florencia. Esta reza : tanto nomini nullum par elogium cuya traduccin al espaol expresa la imposibilidad de hallar elogio digno a sus mritos. Las creencias de F elipe Poey En julio de 1929 se reprodujo en la revista mensual habanera Social bajo el ttulo de Las ideas filosficas y religiosas de Felipe Poey un

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FELIPE POEY Y ALOY /19 /19 documento de excepcional importancia por su contenido y por su carcter indito, la carta que Felipe Poe y con fecha 26 de mayo de 1889 escribiera a su sobrina Serafina Alfonso Poey y al esposo de la misma, Joaqun Guell Rent. Francisco Gonzlez del V alle, a cuya cuenta corri la presentacin de tan significativo escrito al pblico, explic por carta del 31 de mayo de 1929, al entonces director artstico de la revista, y amigo suyo, Emilio Roig de Leuchsenring, los detalles del hallazgo de la susodicha misiva de Poe y. Roig hizo imprimir la carta que a l le dirigiera Gonzlez del Valle en el referido artculo, pues sta de por s constitua, para los lectores, un excelente material explicativo en el cual se aclaraba la evolucin del pensamiento y trnsito al atesmo del naturalista cubano ms destacado del siglo anterio r. A continuacin reproducimos el contenido de la carta de Francisco Gonzlez del V alle dirigida a Emilio Roig: Mi querido amigo y compaero: Debo a la generosidad de mi buen amigo el doctor F ederico Crdova, que se interesa mucho por las cosas de Cuba y tiene su mente libre de prejuicios religiosos la copia de la carta que te adjunto, la cual no dudo que has de acoger con fruicin y publicars complacido, dada tu manera de pensar en materia religiosa. Considero de gran importancia y trascendencia la aludida carta, porque contiene la declaracin de fe materialista del sabio cubano F elipe Poey y Alo y hecha a los 90 aos de su edad el mismo da de su onomstico y cumpleaos para defenderse, sin duda, del probable asalto a su conciencia por algunos de los mansos ministros de la Iglesia de Roma. La carta revela, adems, la lucidez y firmeza de la mente de su auto r al par que la energa y sinceridad de su carcte r siempre dispuesto a rectifica r a confesar su yerro ante la razn y la verdad, y a no apartarse de su lema o divisa que era: Ms vale ignorancia que error; y seala tambin el punto culminante de su evolucin psicolgica. No voy a explicar aqu el desenvolvimiento de las ideas filosficas del sabio naturalista cubano; pero no puedo menos que sealar su caso, como verdaderamente singula r En l los aos no detienen el avance de sus ideas, que siguen la marcha progresiva de las ciencias naturales. En la fuerza de su juventud, consagrado ya al estudio de la historia natural, se declar adepto a la escuela de Cuvier y Agassiz, como lo eran casi todos los naturalistas de su poca. Cree en la inmutabilidad de las especies, las que considera obra de una voluntad superio r Pero los hechos que se van presentando a su observacin, le hacen tomar en cuenta las doctrinas transformistas de Lamarck y Geoffroy Saint-Hilaire, por con-

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OBRAS 20\ 20\ siderarlas ms de acuerdo con la razn y los hechos, que llevan a su mente la duda y hacen vacilar su fe en Dios. As lo declara en 1851, haciendo constar que su creencia en la Divinidad haba salido triunfante y ms firme de esa prueba. Pero cuando en la mente se introduce una vez la duda, desaparece el candor de la fe. De aqu que al discurrir sobre el concepto de la especie (1851) y estudiar el manjuar (1854) y los peces ciegos (1860), haga consideraciones filosficas que dan de lleno dentro del campo de la doctrina positivista, aun cuando siga admitiendo las causas finales y la Divinidad creadora. Y produce asombro leer lo que en plena ancianidad escriba al explicar su clasificacin de los animales, cuando desempeaba la ctedra de Zoografa en la Universidad de la Habana: admito con Lamarck, Darwin, Huxle y etc., la evolucin de los tipos a partir de las formas inferiores. Faltaba, sin embargo, saber si, como en tantos otros filsofos naturalistas u hombres de ciencia (Newton, Kant, Vircho w Broussais, Maine de Biran, Du Bois-Reymond, Bae r Romanes, Wundt...), eran unas sus ideas cientficas y otras sus ideas religiosas; es deci r si admita por la fe lo que por la ciencia rechazaba: la carta citada la escribi veinte meses antes de mori r prueba de manera concluyente la unidad de su pensamiento, la identidad de sus principios en los ltimos aos de su vida. Ahora dos palabras para decirte que la copia de la mencionada misiva se la entreg el da 3 de abril ltimo, en Caibarin, el doctor Luis Gorordo a mi amigo Crdova, manifestndole que el original se lo haba donado antes al doctor Carlos de la Torre, quien reconoci como de Poey las ideas y frases contenidas en el documento. Declaracin que igualmente me hizo a m el doctor La Torre cuando le llev la copia de la carta citada, cuyo original no pudo exhibirme por no encontrarlo de momento. Manifestndome, adems, despus de leer con detenimiento aquella, que poda afirmar al publicarla, que as pensaba en sus ltimos aos Poe y. Segn le cont el doctor Gorordo a mi referido amigo, la carta la hall dentro de uno de los libros pertenecientes a cierta biblioteca particular que haba adquirido haca algn tiempo. La exactitud de la copia est garantizada por el citado doctor Gorordo, de Caibarin, que fue quien la sac. Hay un detalle en el documento referido, que abona su autenticidad, el cual ha llamado mi atencin y deseo hacer nota r por lo significativo que resulta ve r al travs de los aos, empleada por Poey una misma frase cuando discurre sobre el origen del mundo: quiero referirme al smil del reloj y el relojero, de que habla en la carta objeto de estas lneas, que ha sido usado por l en dos ocasiones anteriores. En su disertacin filosfica sobre los colores que presentan los seres en la natu-

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FELIPE POEY Y ALOY /21 /21 raleza, escrita en 1861, deca: Si el reloj revela la mano del hombre, con ms razn revela el universo la existencia del Ser Supremo. Y aos antes (1856), en el discurso de apertura que pronunci en la Universidad de La Habana, que expres as: que es el mundo para el ateo? Un reloj sin relojero Al fin de sus das, la comparacin del reloj y el relojero no le sirve ya para explicar la existencia de una voluntad creadora; pues si se infiere de ello, dice, quien hizo a Dios? Sali de las nada? Parece que falleci tranquilo, Sin escndalo, como deseaba; porque en la esquela mortuoria publicada en El Pas del 29 de enero de 1891, no se consigna por los familiares que la suscriben, que recibiera los llamados a santos sacramentos... La carta de Poey fue publicada con una nota alcaratoria que expresaba: Seora Serafina Alfonso y Poe y casada con el seor Joaqun Guell y Rent, en cuya casa viva Don Felipe al tiempo de escribir esta carta no muriendo all ste, sino en su residencia particula r calle del Prado No. 29 (hoy Paseo de Mart), donde habitaba con su hija Virginia, desposada con el seor Francisco Calcagno. Poey amaneci muerto en su cama, en la maana del 28 de enero de 1891, segn el dicho del doctor Carlos de la Torre, discpulo predilecto del Maestro.Federico Poey y Aguirre era el tercero de los varones de Don Felipe, Antonio Mestre, mdico habanero, notable por su cultura cientfica y literaria, adherente convencido de la doctrina darwinista y de la Filosofa positivista, tal y como la explicaba Littr, a quien particularmente segua, al decir de V arona. Muri en esta capital sin abjurar de sus ideas, el da 10 de julio de 1887. A continuacin reproducimos la famosa carta de Poey dada a conocer por Gonzlez del V alle en Social y que Emilio Roig, once aos despus de publicada, cuando pareca que iba a quedar sepultada en el olvido, calificara de documento histrico de valor inapreciable, adicionndola textualmente a la impresin de la conferencia sobre Poey leda por Mario Snchez Roig el 20 de enero de 1937, en el Palacio Municipal, en la ciudad de La Habana. Habana, San Felipe Neri 26 de mayo de 1889, 90 aos. Mis queridos sobrinos Serafina y Guell, Joaqun. Suplico que a ltima hora me dejen morir tranquilo, conforme a mi le y Me hicieron cristiano sin consultrmelo; la razn y la Filosofa me han hecho materialista. No creo en Dios. La idea de Dios, con los atributos que le conceden, es inconcebible; su definicin es negativa e impalpable. El Dios de los cristianos es egosta y cruel. Si porque no hay reloj sin relojero, se infiere que no hay universo sin Dios, dgame, quin hizo

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OBRAS 22\ 22\ a Dios? Sali de la nada? Si Dios existe, me juzgar por mis obras, no por mis creencias. Nadie es dueo de creer o no cree r. Es imposible creer que lo blanco sea negro, ni lo negro blanco. La Sagrada Escritura trae una carta de San Pedro, que dice: El que tiene malas obras y tiene fe, Dios lo puede salvar por su infinita misericordia; el que tiene buenas obras y no tiene fe, Dios le debe la salvacin por dbito. No admito confesores, tan pecadores como yo, y rechazo los auxilios espirituales de la iglesia. Rehso especialmente a los jesuitas. Tengo mucha amistad con el P Vies, pero a ltima hora, no quiero verlo en mi cuarto, ni su sombra. Federico tiene el encargo de conseguir buenamente que mis amados sobrinos me dejen tranquilo: en cuyo caso quemar esta carta; de lo contrario la presentar a los dos, y si con esto no basta, si entran sacerdotes tan hombres como yo, a ponerse en comunicacin con Dios, conseguirn desesperarme anticipando mi muerte, y oirn blasfemias que nunca han odo. Quiero morir como Antonio Mestre, sin escndalo. A Federico Poey Para entregar a su debido tiempo a Serafina y Guell. Lo cierto es que en torno a esta carta, que parece ser claramente definitoria de las creencias de Felipe Poey en sus ltimos aos, se han tejido las ms diversas especulaciones, e incluso se ha puesto en duda la existencia misma de ella, cuyo original segn todo parece indicar se ha perdido. No ha y sin embargo, motivo alguno para suponer que Francisco Gonzlez del V alle, de cuya honestidad como historiador no hay razones para duda r haya falsificado o simplemente inventado esta polmica carta; pero, por su propio testimonio, lleg a l por tercera mano y esto ha servido para avivar las dudas en cuanto a su autenticidad, que desde luego no dejarn de existir en tanto el documento original no sea hallado. A la confusin provocada por estas dudas, debemos unir el hecho de que en su testamento notarial (vase Apndice 7), redactado el 14 de noviembre de 1888, seis meses antes de la carta antes referida, Felipe Poey declara profesar la religin Cristiana, Catlica Apostlica y Romana, y pide ser enterrado en sagrado. Comoquiera que tal definicin de creencias no era obligatoria en los testamentos notariales, habra que suponer si la carta que Gonzlez del V alle reprodujo es autntica, como admitimos que en mayo de 1889, seis meses despus de haber testado, Poey se vio obligado a revelar su verdadero pensamiento, para as evitar que se insistiera, por algn familia r en que se confesara, comulgara y recibiera la extremauncin in articulo mortis En cualquier caso, es cierto que

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FELIPE POEY Y ALOY /23 /23 Poey no recibi estos santos sacramentos antes de mori r como lo revela el propio sacerdote que inscribe su fallecimiento en el correspondiente libro parroquial: En veinte y ocho de enero de mil ochocientos noventa y un aos; yo el Pbro. D. Anacleto Redondo Cura propio de la Iglesia de trmino del Monserrate de esta Ciudad y Dicesis mand dar sepultura eclesistica en una bveda de la Real Universidad de la Habana, en el cementerio de Cristbal Coln, al cadver de D. Felipe Poey y Aloy Natural de la Habana de noventa y un aos de edad Licenciado en Ciencias, viudo de Da. Mara de Jess Aguirre, hijo legtimo de D. Juan y Da. Rosario; dijeron que test ante el notario Fornaris pero no presentaron la clusula testamentaria, dej por sucesin a D. Andrs, D. Enrique, Doa Virginia, y D. Federico, no recibi los Santos Sacramentos, por la violencia de su muerte, falleci a las seis de la maana de hoy en la casa calle Prado nmero veinte y nueve a consecuencia de congestin cerebral segn la carta oficio que se me exhibi. Y para que conste lo firmo. (Rubricado): Anacleto Redondo. 31 Pero aqu, de nuevo, surge una duda. Ser cierto que no recibi los santos sacramentos por la violencia, es decir por el carcter repentino de su muerte, como afirma el clrigo y no por propia voluntad? El testimonio de su yerno, F rancisco Calcagno, en cuya casa vivi el naturalista sus ltimos das, revela por el contrario que la muerte de don Felipe no fue inesperada o repentina (violenta), sino el resultado de una prolongada y apacible despedida de este mundo: El 24 de enero de 1891 se sinti mal, y manifest que ya haba llegado su fin; sin embargo, ninguna gravedad ni violencia se notaron. En la madrugada del 28, llam a los ntimos que le rodeaban, y se quej de malestar; pero se puso a conversar con animacin, hablando seguidamente de cuestiones varias, aunque sin oportunidad e hilacin; poco a poco fue perdiendo la vivacidad y bajndosele la voz, hasta callarse hacia las 3 de la maana, pareca haberse dormido. Haba expirado. 32 Cabra supone r por lo tanto, que el sacerdote utiliz el pretexto de la violencia de la muerte de Poey para justificar su enterramiento como un creyente ms, y no como un individuo que, en sus ltimos aos, tena profundas dudas acerca de algunas de las ms sagradas verdades de la religin. Testimonio de estas dudas, que no por postreras eran 31 La partida de defuncin de Felipe Poey qued registrada en el libro 31 de blancos, con el nmero 705 en la Iglesia Parroquial de Nuestra Seora de Monserrate en la ciudad de La Habana. 32 Calcagno, Francisco: Felipe Poey y Aloy. Insigne naturalista y sabio cubano, La Ilustracin de Cuba 1894, ao III, p. 5.

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OBRAS 24\ 24\ menos intensas, son dos prrafos inditos de Poe y escritos por aquellos aos, que se conservan entre sus papeles: La religin cristiana hace al hombre para s, antisocial. El mejor hombre delante de Dios es un fraile que metido en su convento reza todo el ao sin trabajar para el cuerpo social. Dios no saba poltica? no saba q[ue] el ms benemrito ciudadano es el q[ue] se dedica entero a los dems, mejorando su suerte o p[or] la ciencia o p[or] la justicia, aadiendo un grado ms a su felicidad; no haciendo limosna a lo cual parece han reducido la caridad todos los catlicos [...] [...] Dios no tiene nuestra conciencia en la mano p[ara] castigarnos inmediatamente despus de haber cometido el delito y conforme al rato de la accin [...] Si me dicen que la conciencia no esta destinada p[ara] castiga r sino para advertir lo que es bueno, y lo q[ue] es malo p[ara] dar cuenta de ello despus en el tribunal de Dios, digo que es falso porque conocemos lo bueno y lo malo con nuestra razn solamente que nos gua al conocimiento de la verdadera moral. 33 Estas dudas surgen, en un perodo previo, que se inicia alrededor de 1862, y dan lugar a una declaracin de agnosticismo 25 aos despus. Poey imprimi, en 1887, en una de las publicaciones seriadas de ms circulacin en la capital la revista Enciclopedia una nota sobre la distribucin de los colores en las alas de la mariposa diurna cubana Lincina sida Si nos atenemos al alcance del conocimiento de aquel momento, el supuesto adelantado por Poey en el trabajo: El que descubra la ley de los colores, habr resuelto uno de los problemas ms intrincados de la historia natural 34 debi resultar a los lectores todo un acertijo. El ltimo prrafo con el cual remataba su artculo y que expresaba: Dime ahora hombre del siglo XIX hombre progresista, dime si te atreves a dar una solucin cientfica a este problema, 35 ms que acertijo, encerraba un desafo. La redaccin de la revista crey oportuno publicar el escrito agregndole fragmentos de un texto que bajo el mismo ttulo de Los colores, aos antes, el propio don Felipe haba elaborado. Los materiales, segn la introduccin que los preceda, se complementaban y demostraban que El distinguido naturalista era el mismo de siempre. 36 Cierto es que la materia tratada resultaba un leimotiv dentro de la obra poeyana; pero lo que s no poda estimarse reiterativo era la esencia y la intencin que, en uno y otro escrito, haba puesto su auto r En el 33 Carpeta Diccin. Papeles de Felipe Poey en el Archivo del Departamento de Antropologa, Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana. 34 Poe y Felipe: Los colores, La Enciclopedia 1887, t. III, No. 6, p. 299. 35 Ibdem. 36 Ibdem, p. 296.

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FELIPE POEY Y ALOY /25 /25 primero se enfatizaba la existencia de Dios como el supremo creador del mundo; en el ltimo, con la clsica expresin de yo ignoro, Felipe Poey daba paso a una postura agnosticista en relacin con algunos de los fenmenos de la naturaleza, an no explicados por la ciencia. Al menos as se lo hizo saber a la redaccin de la revista, cuando con fecha del 25 de junio, de ese ao, remiti la siguiente carta: S r D. Antonio Gonzlez Curquejo. Muy Seor mo y amigo. Suplico a U[sted] y lo espero de su rectitud, que publique en el prximo nmero de La Enciclopedia los renglones que siguen, en rectificacin de lo estampado con respecto a mi persona, en el nmero 6 del presente ao. Con place r remit a U[sted] un artculo sobre un rasgo de armona que se nota en el ala de una mariposa; creyendo haber dado simplemente a entender que el problema intrincado de la ley de los colores, supera para su resolucin los recursos del entendimiento humano; pero U[sted] lo ha entendido con ms latitud de otra manera: y la verdad, mis ltimas palabras daban margen a la interpretacin que les ha dado; razn porque no estoy quejoso, y agradezco la distincin con que pblicamente me ha tratado. Parece que ha llamado su atencin la circunstancia de no haber resuelto el problema con las palabras usadas habitualmente: Deus fecit ; en lugar de estas otras ms modestas: yo ignoro. Y como en los aos transcurridos de 1856 a 1860, escribiendo acerca del mismo asunto, he dado a entender que el mundo fsico se explica por la intervencin directa de la Divinidad, se ha esforzado U[sted] en proba r amalgamando los renglones de hoy con los antiguos reproducidos por U[sted], que mis opiniones filosficas no han mudado, esto es, que soy siempre el mismo ; sin embargo, de que hace poco he manifestado en dos peridicos de esta capital que no soy el que sola, despus de haber consultado con prolijo examen las obras de Lamarck, Darwin, Huxle y Haeckel, Spencer y otros pensadores, honor del siglo XIX Para que conste, ya que U[sted] ha dado ocasin para ello, reitero la splica puesta arriba. 37 Un ao despus de ser publicada la anterior aclaracin, Felipe Poey hara otra. sta tendra que ver con las creencias religiosas expresadas en aquella extensa alocucin pronunciada ante el alumnado y el claustro profesoral de la Universidad de la Habana, en 1856. En su discurso, conjuntamente con Rousseau y Lamartine, con Humboldt y Chateabriand, Poey vea a Dios protagonizando el infinito espectculo de la naturaleza. Pasada tres dcadas, a la hora de reproducir en sus Obras 37 Poe y Felipe: Los colores, La Enciclopedia 1887, t. III, No. 7, p. 369.

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OBRAS 26\ 26\ literarias el fragmento donde estos juicios se enarbolaban, adicionara: [...] en vista de las doctrinas de Lamarck, Comte, Darwin y Spence r, le hubiera dado otra forma y otra significacin. Ninguno de estos grandes pensadores ha negado la causa primera: Lamarck la afirma con nombre de Dios; Comte y Darwin no se ocupan; Spencer la deja en los campos ilimitados de lo incognoscible. 38 Claro est que el agnosticismo no era necesariamente una posicin materialista o atea, al menos por esta poca; pero Poey pudo haber evolucionado, en tal sentido, a partir del propio racionalismo con que trat todas las cuestiones cientficas que examin como estudioso de la historia natural, y en particular de la naturaleza cubana. Nuestra figura naci en el ltimo ao del siglo XVIII y muri en el primero de la dcada que pona fin a la centuria siguiente; vivi una larga vida. Su tiempo estuvo caracterizado, en el plano cientfico, por grandes cambios que contribuyeron a la creacin de una nueva visin del mundo. Su manera de pensa r en muchos aspectos, entr en resonancia con su poca. La primera confrontacin que percibi, indudablemente, en el terreno de las ideas, la experiment en el seminario de San Carlos con las prdicas antiescolsticas de Flix Varela y Justo Vlez. El tributo que rendira a aquella educacin contraria al dogma y favorable al progreso y la ciencia, se reflejar, aos despus, en el discurso universitario en el ao 1856, del que ya, con anterioridad, hemos hecho mencin. La disertacin que en aquella ocasin hizo, tena un marcado carcter religioso, pero Poey no intent ocultar en ella que la religin haba perdido terreno ante la ciencia, al menos en lo que al conocimiento del mundo se refiere. As, le dijo a sus alumnos: La crdula humanidad ha visto desaparecer como yo, sus brillantes ilusiones. El sol [que] fuera al principio el rubicundo Dios que con nombre de Apolo ocupaba un trono de marfil con ruedas de plata y radios de oro [...] F ue despus un globo encendido; ms tarde, un cuerpo opaco envuelto en una atmsfera luminosa, y con el tiempo tal vez, la fsica, de acuerdo con la astronoma, lo desnudar de esa tnica resplandeciente, que ya ha empezado a rasgar en algunos puntos, pues descubre por ello las manchas de su ncleo [...] Es cierto que los que hemos nacido en el gremio de la iglesia, tenemos que lamentar la prdida de tan ingeniosas ficciones. 39 Despus del Seminario, vendran sus viajes a Europa y el contacto con el panorama poltico y cultural del viejo continente. Particularmente, el ambiente cientfico francs de la primera mitad del siglo XIX le 38 Poe y Felipe: Obras literarias, ed. cit., p. 8. 39 Ibdem, pp. 10 y 11.

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FELIPE POEY Y ALOY /27 /27 revelar el enfrentamiento agudo de las tendencias creacionistas y transformistas. Ambas como indicara el propio Poey personificadas por dos ilustres contemporneos, Georges Cuvier y Etienne Geoffroy Saint-Hilaire. Sobre la posicin que l adoptara, en relacin con las teoras de cada uno de estos cientficos, dejara escrito en sus Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba: Y o no soy de ninguna escuela, sin embargo de que mis convicciones ms firmes son por las creencias de Cuvier; pero he encontrado tanta filosofa en las doctrinas de la escuela contraria, que me he dejado arrebatar por ella de un movimiento simptico, y como busco ingenuamente la verdad, he tomado el partido de quedarme con Cuvier siempre que la fuerza de los hechos bien observados no me obliguen apartarme de las lecciones de tan ilustre maestro. 40 Como sabemos, Poe y desde su llegada a Francia en 1826, haba estado en contacto con el fundador de la anatoma comparada y defensor del principio de inmutabilidad de las especies. Cuvier se convirti en una de sus autoridades predilectas; pero la atraccin que, como dijo, ejercieron sobre l las ideas de Saint Hilaire acerca de la mutabilidad de las especies dejaron, desde entonces, una impronta en su entendimiento. Todo parece indicar que la primera discusin que en Cuba se produjo sobre la teora de la variabilidad de las especies tuvo lugar en 1868 en la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de la Habana. 41 La exposicin de dicha teora ms bien la crtica de las ideas de Charles Darwin corri a cargo de F rancisco de Fras y Jacott, Conde de Pozos Dulces, cuando el 11 de octubre pronunci su discurso de ingreso a la corporacin titulado: Sobre la variabilidad de las especies en plantas y animales. Poey fue elegido por el colectivo acadmico para contestar las palabras del nuevo miembro; pero independientemente de la tnica de su alocucin, caracterizada por la benevolencia y las frases de bienvenida como casi todos los ejercicios de esta ndole, en ella se permiti indicar al recin electo socio la omisin que haba hecho de algunos aspectos inherentes al concepto de especie, sealndole adems, la no inclusin de opiniones que en relacin con ello, como autor del trabajo de iniciacin, poda tene r. El naturalista, por su parte, a quien la tica profesional prcticamente emplazaba a dar sus criterios, pidi la venia del auditorio cient40 Poe y Felipe: Memorias sobre la Historia Natural de la isla de Cuba Imprenta de Barcina, La Habana, 1856-1858, t. II, p. 109. 41 Para ms informacin sobre este asunto se puede consultar el libro Darwinismo y sociedad en Cuba. Siglo XIX de los autores Pedro M. Pruna y Armando Garca Gonzlez, impreso en Madrid en 1989.

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OBRAS 28\ 28\ fico que lo escuchaba para, en una futura sesin, presentar su propia disertacin sobre el tema de la nocin de especie, el cual, a su modo de ve r llamaba a tocar todos los puntos de filosofa. En efecto, Felipe Poey disert sobre esta cuestin ante el auditorio acadmico en 1869; pero sus palabras, ni se recogieron en las actas de las sesiones correspondientes, ni se publicaron en los Anales de la Academia. Los aos que siguieron a la exposicin del Conde de Pozos Dulces en la Real Academia fueron para el naturalista de constante bsqueda y revisin de viejos y nuevos criterios. En este rumbo, no constituyeron excepcin las opiniones, controvertidas o no, que en las otras instituciones cubanas de los sesenta y ochenta de la pasada centuria se vertieron por parte de la comunidad intelectual que en ellas se haba agrupado. Por otra parte, conoca y haba ledo a Cuvier y Luis Agassiz; con este ltimo lleg, inclusive, a mantener una extensa correspondencia. 42 Analiz cuidadosamente a Lamarck, enlazndolo con Darwin y con otros partidarios del evolucionismo, y en este examen agreg, en ocasiones, enfoques diversos que, como los del positivismo comtiano o spenceriano tenan ya seguidores en Cuba. Estos estudios, unidos a sus propias investigaciones en materia de historia natural, incidieron en sus criterios filosficos. De esto dio muestra en la Universidad de La Habana. al impartir las disciplinas de mineraloga y geologa. All expuso algunas de sus ideas acerca del mundo y la materialidad de los fenmenos que en l ocurren; pero sus conclusiones ltimas slo las manifest casi al final de su vida. 42 La correspondencia de ambos trata temas afines a los estudios ictiolgicos y geolgicos. Se conservan estas cartas entre los papeles de Felipe Poey en el Archivo del Departamento de Antropologa de la Universidad de La Habana.

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FelipePoeyyAloy (1799-1891)

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Hubo un tiempo en que los pocos que por aqu leen nuestros peridicos literarios saban muy bien que D. F elipe Poey era un sabio muy literato, tan amigo de Couvier como de Virgilio, y muy capaz de preferir el Buffon escritor al Buffon naturalista. [...] As es que para no pocos estas pginas sern una especie de descubrimiento o revelacin. V ern con asombro qu variedad de aptitudes atesora [...] qu vida tan compleja en el dominio de la inteligencia ha realizado quien permaneca absorto por un trabajo inmenso de especialista. [...] Los rasgos penetrantes esparcidos por todo el libro, la sazonada y bien dispuesta irona de muchos pasajes, las lecciones discretas que nos da a cada paso, esas observaciones de moralista amable [...], que nos presentan con tanta espontaneidad y brotan sin ninguna afectacin de su pluma, todo ello da tan distinto realce a la figura venerable del sabio anciano, que parece aproximado ms a nosotros, sin empequeecerlo, y atrados por ese aroma de ingenio y sensibilidad que se desprende de estos escritos, sentimos que se mezcla al respeto y a la admiracin antiguos algo como una corriente de inters y simpata. Enrique Jos Varona (1888)

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Con la publicacin en 1834 de sus poesas inditas, dedicadas a quien fuera su joven esposa, Mara de Jess Aguirre, Felipe Poey hizo la primera incursin en el panorama literario cubano del siglo XIX Miembro de la por entonces muy polmica y censurada Academia Cubana de Literatura, dirigida por Nicols de Crdenas, fue por esta poca, precisamente, que aparecieron impresos en la Revista Bimestre Cubana varios de sus poemas escritos desde 1824; pero para Poey debi ser la poesa, desde tan temprana fecha como sealara en alguna ocasin un arte de lujo cultivado las ms veces por puro pasatiempo. 1 Escribi una oda, varias letrillas, redondillas y dcimas, una glosa y un idilio, el soneto indito titulado Furor escolstico, 2 aparecido en tre PRIMERA PAR TE P OEY E L L ITERA TO 1 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit., p. 41. 2 Entre la papelera de Felipe Poey que se halla depositada en el A. H. Museo Finlay (Carpeta 5, documento No. 9) se encuentra el soneto titulado Furor escolstico que hasta hoy permaneci indito entre sus documentos. A continuacin copiamos sus versos.

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OBRAS 32\ 32\ sus papeles manuscritos; pero de todas estas modalidades fue la glosa y el idilio composiciones en las cuales recoge con genuina emocin las perspectivas agrestes de la campia cubana las que le abrieron verdaderamente un sitio como poeta en la literatura cubana. Y a desde mediados del siglo pasado se le reconocan mritos a su glosa A Silvia, pues segn los criterios del abogado y publicista Manuel Costales y Govantes en ella haba facilidad en la expresin, gusto en las imgenes, naturalidad en los conceptos, y sobre todo agregaba es feliz el pensamiento con que la cierra 3 un atardecer en el campo, que, con sonidos y colores propios de la fauna y flora cubana, impresionan los sentidos. Otro crtico literario de nuestro tiempo, el poeta Cintio Vitie r en las lecciones ofrecidas en 1957 en el Liceum de La Habana sobre lo cubano en la poesa, al analizar las condiciones estticas del surgimiento de este arte en el pas, se interes por el delicado paisajismo que se apunta en el idilio de Poey titulado El arroyo, y caracteriz al naturalista como un autor de fragmentos descriptivos de discreta calidad y suaves letras, en quien se podan hallar sin aparato de erudicin ni crtica, las claridades o sospechas de los orgenes de la poesa cubana. 4 F elipe Poey fue uno de los asistentes a las tertulias literarias de Domingo del Monte, y a las que ofreca Nicols Azcrate en la villa de Guanabacoa, 5 y fue tambin anfitrin de este tipo de reuniones en su casa. En una de las tertulias animadas por l en 1849, el joven poeta Joaqun Lorenzo Luaces dio a conocer una de sus primeras composiciones en verso, la titulada La hija del artesano y algunos otros trabajos basados en traducciones, entre ellos La educacin de las jvenes, original de Pedro Juan de Brange r el mismo autor que Poey aos despus calificara como el Horacio de los franceses, 6 y de quien adeNego, grita un famlico estudiante/ Arrojando el bonete con despecho; / Probo, probo, esforzando el ronco pecho/ Replica su adversario en el instante/ con su proposicin sigue adelante/ Y a voces hunde el bovedado techo/ Vives veces doblando, otras derecho,/ Gesticula y patea cual danzante/ Distingo, grita el uno furibundo;/ No hay distincin, el otro contradice:/ Si la ha y no la hay, recte loquendo. / Y o fundo mi razn, yo ms la fundo./ Pero, qu dice usted? Usted qu dice?/ Qu se yo? Qu se yo? ... Ces el estruendo. 3 Manuel Costales y Govantes: Reflexiones sobre la glosa a Silvia de D. Felipe Poey, Floresta cubana 1856, p. 123. 4 Cintio Vitier: Lo cubano en la poesa, 1958, pp. 44-47. Departamento de Relaciones culturales, Universidad Central de las Villas, 1958. 5 De estas clebres reuniones en Guanabacoa se conserva un trabajo ledo por Poey titulado: Moluscos, el mismo se public en el libro Noches literarias en casa de Nicols Azcrate, impreso en La Habana en 1866. 6 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit., p. 148.

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FELIPE POEY Y ALOY /33 /33 ms copi, presumiblemente en los aos que permaneci en Pars, varias letras de sus canciones, las cuales nuestro naturalista conserv en un cuadernillo manuscrito. 7 Aunque no hemos podido determinar con exactitud la fecha en que Poey escribi Despedida de Guanabacoa una quintilla donde combin con gran maestra los versos octoslabos, sabemos que sta dio motivo a una de las canciones populares ms cantadas en Cuba durante los ltimos aos de la primera mitad del siglo pasado. La musicalizacin de la misma corri a cargo del famoso flautista cataln Juan Casamitjana, quien antes de su llegada a la Isla en 1832, haba vivido en Pars por la misma poca en que Poey residi all. Dicha obra debi provocar gran impacto, pues Laureano Fuentes Matous el talentoso discpulo de Casamitjana, en su libro Las artes en Santiago de Cuba, compara la repercusin que sta tuvo sobre la msica del pas, con la que en su tiempo y en Europa, causaron las composiciones de Giuseppe V erdi. Con el transcurso de los aos y la utilizacin cada vez mayor del piano en Cuba, las canciones de este gnero compuestas para flauta, violn y guitarra fueron pasando de moda; pero Poey qued sealado como el autor de una poesa lrica bien escrita, 8 bellamente musicalizada. Casamitjana por su parte, alcanz la fama por sta y otras canciones de carcter popular; pero sobre todo por haber sido el primero en transcribir e instrumentar la riqueza meldica y rtmica de la msica negra surgida en las Antillas, suceso que, si bien constituy todo un acontecimiento cultural, para lograrse tuvo que enfrentar los prejuicios y convencionalismos de una sociedad esclavista. Una ancdota al respecto se describe en los siguientes renglones: Cierta noche de 1836, hallndose en el caf La V enus, el excelente msico Casamitjana (autor de canciones cubanas muy gustadas en Santiago), asisti al paso de una ruidosa comparsa, llevada por las mulatas Mara de la Luz y Mara de la O, que iban cantando el Cocoy. En el acto, deslumbrado por la revelacin, anot las coplas y los ritmos, y escribi una partitura para la banda del Regimiento de Catalua. Das despus, estrenaba su obra en la retreta, ante el escndalo de la gente distinguida. Pero ya los aplausos del pblico llenaban la plaza, dejando sin efecto las muecas de los curricatos. 9 7 El cuadernillo manuscrito al cual hacemos referencia se encuentra entre sus documentos en el A. H. Museo Finlay y lleva por ttulo: Chansons de Branger. 8 F C. C.: Canciones populares, Liceo de la Habana, 1857, t. I, No. 1, pp. 4-5. 9 Alejo Carpentier: La msica en Cuba Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988, p. 120.

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OBRAS 34\ 34\ Pero Poey no slo fue conocido en su poca por ser el feliz autor de una poesa bellamente musicalizada por un compositor de moda, tambin se ocup de la crtica literaria emitiendo juicios sobre algunos poetas de su tiempo. En esta nueva faceta elabor, entre otros trabajos, un informe sobre las odas al cable subatlntico presentadas en los juegos florales convocados por el Liceo de La Habana en 1855, certamen donde compitieron versificadores de la talla de Ramn Vlez y Jos F ornaris; y public sus opiniones con motivo de la edicin del libro Ayes del corazn de la poetisa Beln Cepero, la hija del Y umur. Sus apreciaciones sobre la obra potica del bardo matancero Antonio Vinageras, que dio a conocer en 1856 en la revista habanera Brisas de Cuba motivaron la rplica de este autor y promovieron una interesante polmica en la cual, adems de los dos involucrados principales, tom parte el estudiante de medicina en Pars Juan Gualberto Hav. El primer tomo de poesas del matancero titulado Obras de D. Antonio Vinageras, haba sido impreso con mucha pompa en la capital francesa en 1855, y Poe y bajo el concepto de que la estrofa mtrica y la rima, incluso la asonante, son ciertamente brillantes compaeras del estilo potico, pero no constituyen la condicin esencial de la poesa, 10 elabor un Juicio crtico en el cual analizaba detalladamente varias de las composiciones de dicho libro, sobre todo, de aquellas dedicadas a la descripcin del mundo, las cuales, en su opinin, reflejaban un cosmo desprovisto de la naturaleza autctona del continente americano, y de los contrastes que a ella le impriman las diversas civilizaciones que lo poblaban. Vinageras refut la crtica publicando en Pars su Elogio de Poey, 11 y al hacerlo, la polmica trascendi los lmites literarios que le haban dado origen. En defensa del naturalista, a quien se acusaba de dcil juguete de un partido annimo, lanzado por otros en medio del circo de las opiniones, 12 acudi publicando unas Consideraciones al S r Don Antonio Vinageras sobre su respuesta al juicio crtico del S r Don Felipe Poey 13 el joven Juan Gualberto Hav, uno de los miembros de la sociedad La Emulacin Mdica, asociacin que haba constituido en la capital francesa un grupo de estudiantes criollos, con el objetivo de contribuir desde all, al desarrollo de la medicina en Cuba. 10 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit., p. 97. 11 Antonio Vinageras: Elogio de Poey Imprenta de DAubusson y Kugelman, Pars, 1858. 12 Ibdem. 13 Juan Gualberto Hav: Consideraciones al S r Don Antonio Vinageras sobre su respuesta al juicio crtico del S r Do n Felipe Poey, Impreso por E. Thunot y Cia, Pars, 1858.

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FELIPE POEY Y ALOY /35 /35 Fueron varios los puntos que Hav trat en su folleto. La calidad potica de la obra de Vinageras y las opiniones de Poey respecto a la misma, el contraste de las poesas dedicadas a la naturaleza escritas por el poeta radicado en Pars, con las del mismo estilo compuestas por el criollo Joaqun Lorenzo Luaces, y desde luego, su protesta ante las palabras de Vinageras acusando a Poey de destructor de las glorias cientficas y literarias de Cuba, por el simple hecho de que el naturalista haba osado manifestar su opinin crtica, haciendo uso del principio de libre expresin. Para sustentar este criterio, Hav trajo a colacin los hechos ocurridos en Norteamrica con la notable novelista Harriet Beecher Stowe. Al respecto seal: Hay un libro de un americano del sur cuyo nombre no recordamos, y aunque lo recordramos no escribiramos, con el objeto nada menos de probar que los hombres de la raza negra no son hombres; se han equivocado los naturalistas; y con los argumentos ms absurdos pretenden demostrar a sus paisanos que son una especie de animal intermediario entre los birmanos y los cuadrumanos; con el fin de defender una institucin rechazada por todos los hombres y por todos los pases civilizados, disfrazando su ambicin y sus intereses con la ambicin y el inters de un partido abyecto y desprestigiado; y bien, esa obra y ese autor estn en su derecho; y Ana [sic] Beecher Stowe, la inmortal autora del Uncle Tom que escribi mucho despus criticando triplemente esa opinin, ese partido, esa institucin en masa, con toda su monstruosidad, Ana Beecher Stowe, es una destructora de las glorias literarias y cientficas de su pas, es una mala patriota (as la han llamado algunos traficantes de carne humana), que se entretiene en derrumbar los edificios que construyen sus conciudadanos para gloria y honor de su pas! He aqu hasta donde puede llevarnos la aplicacin del principio. 14 La rplica de Hav se public en el mes de septiembre de 1858, y dos meses despus de aparecer impresa, Felipe Poey dio a la luz, en la revista del Liceo de la Habana, una irnica contestacin del tambin irnico elogio que de l haba hecho Vinageras. Ante esta nueva acometida segn refiere el propio Poey, 15 Vinageras le dirigi una carta donde con magnanimidad y benevolencia le acept tal riposta y adems lo invit a escribir otro juicio para el segundo tomo de sus poesas que acababa de editar en Pars. La polmica, al parece r tuvo ese final; pero Vinageras, quien haba regresado a Cuba despus del Pacto del Zanjn, se vio envuelto en otra, cuyas temticas: el realismo y el idealismo en el arte, y el darwinismo y 14 Ibdem, p. 31. 15 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit., p. 150.

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OBRAS 36\ 36\ e l origen del hombre, tuvieron como escenario la Seccin de Literatura del Liceo Artstico y Literario de Guanabacoa. 16 En 1888, varios aos despus de haberse producido en el plano literario las discusiones entre Antonio Vinageras y el naturalista, y cuando este ltimo reuna bajo el ttulo de Obras literarias varios de sus trabajos en prosa y en versos, un cubano radicado en Oviedo, Emilio Martn Gonzlez del V alle, retomaba el tema de la pretrita controversia, y en defensa del bardo matancero, a quien lo una la amistad y el agradecimiento por haber hecho ste la presentacin en Madrid de su primer libro de poemas, escriba en unos apuntes titulados La poesa lrica en Cuba 17 una spera valoracin de Poey como poeta. A manera de ilustracin, slo citaremos unos prrafos: Los hijos de la Amrica latina que hayan ledo las pampiroladas que se publicaron en La Habana contra Antonio Vinageras, se extraaran al verlo figurar en nuestra galera [...] [...] los artculos publicados en Las Brisas de Cuba, no prueban nada, absolutamente nada, como no sea la poca pericia literaria de su auto r, ilustre naturalista ciertamente, pero campanudo y pentacistico poeta, a quien vienen de molde y como pedrada en ojo de boticario aquellos versos de Villegas: Es un poeta en invencin muy flojo, y un literato en presuncin muy fuerte. 18 Francisco Calcagno, el escritor cubano y autor de la novela En busca del eslabn, para quien Poey reuna sensibilidad, inteligencia y capacidad para expresar sentimientos, dio respuesta a Gonzlez del V alle, y puesto que ste, con su diatriba, trataba de despojar al naturalista del ttulo de poeta, le respondi en estos trminos: No lo necesita por cierto quien tantos [ttulos] gan en el campo cientfico; pero advirtamos que sus dos glosas Silvia y El Arroyo bien conocidas en Cuba, revelan que hubiera ganado nombre en el gnero buclico de no haber sacrificado su musa a su amor a la ciencia [...] 19 Y en efecto, Poey prefiri sorprender los secretos de la naturaleza al gusto de cantar sus bellezas, y como sealara Calcagno, el naturalista que en l hubo, ahog al poeta, ganando el pas en ello ms slida gloria. 20 16 Para ms informacin vase el captulo: Las veladas de la Revista de Cuba y la polmica del Liceo de Guanabacoa, que los autores Pedro M. Pruna y Armando Garca Gonzlez incluyen en su libro: Darwinismo y sociedad en Cuba. Siglo XIX ed. cit. 17 Emilio Martn Gonzlez del Valle y Carvajal: La poesa lrica en Cuba. Apuntes para un libro de biografa y de crtica cuarta edicin, Imprenta de Vicente Brid, Oviedo, 1888. 18 Ibdem, p. 183. 19 Francisco Calcagno: Diccionario biogrfico cubano ed. cit., p. 513. 20 Ibdem p. 513.

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FELIPE POEY Y ALOY /37 /37 Una de las primeras evidencias que revelan su inters por la literatura se encuentra en la compilacin que hiciera de varias fbulas de Samaniego, La F ontaine, Florian, Iriarte y Fedro. Estas fbulas, incluidas por l en un tomo manuscrito que hoy se conserva en la Biblioteca Nacional Jos Mart quedaron agrupadas en agosto de 1816 bajo el ttulo de: Coleccin de Fbulas Escogidas. Dos aos despus, en 1818, por la poca en que era discpulo del catedrtico de Derecho Patrio Justo Vlez, y cursaba las asignaturas de Derecho Civil aspirando al grado de Bachiller que se confera en el Real Seminario de San Carlos, realiz la compilacin de una serie de rogativas, las cuales conserv en un manuscrito titulado: Rebuscos de Fr. Luis de Granada. Libro de la oracin y meditacin. Este trabajo de Poey coincidi en tiempo con la redaccin de una coleccin de sentencias, reglas de urbanidad y fbulas morales y literarias para uso de estudiantes de primeras letras, 21 que la Sociedad Econmica de Amigos del Pas encomend a Flix V arela y Justo Vlez, y que ambos educadores entregaron en el mes de mayo del propio ao 1818 a la Seccin de Educacin de esa institucin para ser sometidos a la censura. Poey concluy en 1821 los cuatro cursos de Derecho; pero utiliz la coleccin de fbulas que realizara, posiblemente como parte de algn ejercicio complementario a sus primeros estudios literarios, cuando en 1858, desempeando el cargo de director de la Seccin de Ciencia y Literatura en el Liceo de La Habana, imparti, durante un tiempo, un ciclo de clases de lectura en alta voz. En estas lecciones duraban aproximadamente una hora Poey ley y coment aplicando sus reglas y dndole un colorido admirable, 22 varias de las fbulas compiladas en 1816 y otras de reciente traduccin; y segn refiere un cronista del Liceo, sus clases motivaron una gran concurrencia, sobre todo, de pblico femenino. En 1821, ya graduado de Bachille r viaj a Espaa para obtener all el ttulo de abogado; pero no fue slo la jurisprudencia lo que le interes en Espaa. Apasionado por la literatura lea las obras de Manuel Jos 21 Segn Eusebio Reyes en su libro Flix Varela (1788-1853) Editora Poltica, La Habana, 1989, 1818 fue un ao en el cual su biografiado desarroll una amplia actividad. Uno de los trabajos que realiz el presbtero fue la compilacin, conjuntamente con Justo Vlez, de sentencias, reglas de urbanidad y fbulas morales y literarias, cuyo manuscrito, para ser sometido a la censura, se entreg a la institucin patritica a finales de mayo de ese ao bajo el ttulo de Mximas morales y sociales. Tambin seala el autor de esta biografa de V arela (p. 32) que A pesar de los discordantes juicios de OGavan [Juan Bernardo OGavan y Guerra ocup en 1818 el cargo de censor] la Sociedad imprimi la obra y la reimprimi, durante ms de 20 aos en ediciones sucesivas. 22 Noticias sobre las clases de Poey, El Liceo de la Habana, 20 de marzo de 1858, No. 11, p. 84.

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OBRAS 38\ 38\ Quintana (1772-1857), Bartolom Jos Gallardo (1776-1852), Eugenio de Tapia (1776-1860), Leandro Fernndez Moratn (1760-1828) y Antonio Ranz Romanillo (?-1830). Tambin en aquellos das, como l mismo afirmara, los libros de Nicasio lvarez de Cienfuegos, el poeta espaol que al estallar la guerra contra los franceses en 1808 se manifestara contrario a la invasin Napolenica, no salan de sus manos. 23 No obstante permanecer poco tiempo en Espaa, pudo acudir a las bibliotecas y estudiar los materiales sobre el descubrimiento de Amrica. All, entre legajos de manuscritos, encontr algunas notas inditas sobre los Reyes Catlicos, escritas por el cura Andrs Bernldez, varios fragmentos del libro Suma de geografa de Martn Fernndez de Enciso, unos apuntes sobre Pedro Mrtir de Anglera y otros documentos referentes a los primeros historiadores de la isla de Cuba. 24 De uno de estos trabajos, impreso por Poey en una revista habanera de amplia circulacin, es el siguiente testimonio: Hallndome en Madrid en los aos de 1821 y 1822, form el proyecto de ocuparme en una historia del descubrimiento de la Isla de Cuba [...] Empec, en efecto, a juntar los materiales necesarios, y mi trabajo fue interrumpido por la entrada de los ejrcitos franceses en la Pennsula [...] 25 V olvi a Cuba para quedarse hasta 1826, en que de nuevo regresa a Europa, pero esta vez su lugar de residencia no va a ser la capital espaola, sino la francesa. La familia Poey-Aguirre permaneci en Pars hasta 1833 en que regres a Cuba. El vapor que los condujo a la isla zarp el 25 de julio y lleg a La Habana el 5 de septiembre. Aos despus, en una carta a su amigo Tranquilino Sandalio de Noda, le confesaba: Y o deca en Pars [en] el ao 1830: Nunca volver a ver el camino de Embarcadero (de Banes)! El ao 33 andaba por l, con un saco en la 23 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit. p. 159. 24 La actividad de Felipe Poey en relacin con la bsqueda y transcripcin de importantes fuentes documentales llevada a cabo en algunas bibliotecas pblicas y particulares de Espaa no pudo pasar inadvertida a los estudiosos de nuestra historia. Antonio Bachiller y Morales en su obra Cuba primitiva; origen, lengua, tradiciones e historia de los indios de las Antillas Mayores y las Lucayas, impresa en el t. III, ao 1878 de la Revista de Cuba nos comenta al respecto: [...] en su bien empleado viaje por Europa [copi Poey] todo lo correspondiente a Cuba, y sus enlaces de las obras inditas del venerable Las Casas. Las Memorias de la Sociedad Econmica han publicado dos veces sus preciosos documentos y otros no menos interesantes del propio origen. De esta fuente han reproducido casi todos los que se han acordado de los primitivos de Cuba. Cuando alguien ha querido seguir otro rumbo, antes y despus, ha dado nombres semi-moriscos a los indios, y confundido su mitologa con la de Yucatn [...] 25 Felipe Poey: Artculo indito de D. Felipe Poey, escrito en 1831, sobre algunos historiadores de la isla de Cuba, Revista de Cuba t. VII, p. 202, 1880.

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FELIPE POEY Y ALOY /39 /39 mano para coger mariposas, como antao: conoc a mis antiguos amigos, los bejucos y matojos de la vereda acostumbrada; y acordndome de este verso de Lamartine : L homme par ce chemin ne repasse jamais exclam con fervor: Lamartine, yo he vuelto al origen de mis das. 26 En las notas biogrficas sobre el poeta italiano y canciller del consulado general de Toscana en Cuba, Pablo Jos Bernardino V egla, que Antonio Bachiller y Morales ofrece en su obra Galera de hombres tiles hemos encontrado una breve referencia al viaje de regreso que emprendi Poey desde Europa. stas dicen: La casualidad hizo que don F Poey viniera en el mismo buque [que V egla] y no es preciso decir que bien pronto armonizaron los dos apreciables viajeros. En el diario de su viaje habla Vegla en muy buen sentido del seor Poe y elogiando cual merece al joven naturalista. V[ctor] Hugo, Parn y Lista, etc., entretuvieron y eclipsaron los azares de la navegacin. Para dar una idea de la laboriosidad de V egla bastar manifestar que escribi un peridico diario a bordo, que era ledo por la tripulacin [...] El seor Poey pona las vietas distintas en cada nmero, y por cierto que hay algunas bien ingeniosas. 27 Poey conserv, tal vez como recuerdo de aquellos tiempos en que conoci y colabor con V egla en la redaccin de su diario de a bordo un muestrario con hermosas vietas y un cuadernillo manuscrito con varias anotaciones sobre fontica italiana. [Ambos materiales se conservan entre sus papeles en el Archivo Histrico del CEHOC Carlos J. Finlay.] Los aos que siguieron a esta fecha los dedic al magisterio y a las labores cientficas; pero el desempeo de estos trabajos y otros que la Sociedad Econmica le encomend, como fueron, por slo citar dos, los de elaborar en 1841 el reglamento que deba observarse en su biblioteca, y el de supervisa r en 1844, las reparaciones del convento de San Felipe donde se hallaban ubicadas algunas de sus dependencias, no limitaron su inters por la literatura. Imprimi en 1847 una traduccin del francs de la historia de los imperios de Asiria de Teodoro Burette, y a partir de esta obra sigui publicando otros trabajos y artculos que vieron la luz en las revistas de aquellos tiempos. Su quehacer como literato y lingista en publicaciones seriadas y en sociedades de tal carcte r unido a la calidad de sus escritos, cuyo estilo estaba caracterizado por el agudo sentido de la observacin, propio del hombre de ciencia que era, le dieron gran presti26 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit., p. 194. 27 Antonio Bachiller y Morales: Galera de hombres tiles Instituto Nacional de Cultura, La Habana, 1955, p. 197.

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OBRAS 40\ 40\ gio en los medios intelectuales. Tan as fue que reconocidas personalidades de las letras cubanas se dirigieron a l en busca de consejos. Anselmo Surez y Romero, el autor de la novela Francisco, a quien en 1839 Jos Zacaras Gonzlez del Valle convidara a cambia r como haba hecho Poe y los estudios de derecho por la prctica del magisterio, 28 fue uno de los escritores cubanos que recab asesoramiento del naturalista. La carta donde F elipe Poey ofrece a Surez sus recomendaciones est fechada el 10 de diciembre de 1877. En ella hace referencia al artculo Despus de seis aos en estos trminos: Mi estimado amigo: He ledo su composicin histrica, descriptiva y rural; no la nombro, por no caminar sobre los carbones encendidos de las ltimas pginas. Si U[sted] hubiera querido disfrazar su nombre, no lo hubiera conseguido; porque conozco de antemano al amigo y la humanidad y defensa moral de sus derechos, al pintor de la naturaleza en general y particularmente de la cubana, al escritor castizo y elegante. El fondo es en extremo laudable, pues en l resplandecen en alto grado las ideas liberales y sentimientos humanos; la forma es intachable. Felicito a U[sted] por todo [...] 29 No obstante el reconocimiento y los elogios, se permiti Poey concluir dicha carta con algunas recomendaciones, principalmente de carcter ortogrfico, pues las normas gramaticales tambin fueron materia de su conocimiento. En 1885, tan entrado en aos como el siglo que transcurra, asisti a dos veladas literarias que tuvieron gran repercusin en el mbito intelectual habanero. La primera de estas reuniones se celebr el 9 de enero en el desaparecido Teatro Albisu, ubicado en las calles capitalinas San Rafael y Zulueta; y la otra, aunque no hemos podido precisar la fecha, sabemos tuvo lugar en la casa del abogado Jos Mara Cspedes, 28 Jos Zacaras Gonzlez del V alle en una carta a su amigo Anselmo Surez Romero fechada el 23 de julio de 1839 le dice: Por qu no combates esas preocupaciones de los que te impiden dedicarte al magisterio? Por qu no citas ejemplos, ya que no valga la razn pura, y dejando a parte los infinitos habaneros de buena familia y aun de comodidades que hoy se dedican a la enseanza, no les mientas a D. Jos de la Luz, a D. Felipe Poe y a Travieso, a Jorrn, etc., etc.? Tomado de La vida literaria en Cuba (1836-1840), Cuadernos de cultura, No. 5, pp. 139 y 140. Publicaciones de la Secretara de Educacin, La Habana, 1938, cuarta serie. 29 Carta de Felipe Poey a Anselmo Surez Romero fechada en La Habana, 10 de diciembre de 1877, sobre su artculo Despus de seis aos, escrito en el lbum de Luisa Mayolino de Torre, Biblioteca Nacional Jos Mart, Cuaderno manuscrito, p. 548.

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FELIPE POEY Y ALOY /41 /41 quien en el plano cientfico simpatizaba con la teora evolucionista del ingls Charles Darwin. En ambas actividades, el naturalista pronunci sendos discursos. Abord en el Teatro Albisu un tema cientfico la descripcin de los simios, pero este discurso tuvo sus peculiaridades literarias al amenizarlo su autor con historietas oportunas que enfilaban contra falsos prejuicios y convencionalismos en relacin con supuestas diferencias sociales entre hombres y mujeres. De su alocucin se conserv lo relativo a esta ltima parte. En la casa del abogado Cspedes lugar de tertulias cientficas y literarias habl sobre el escritor jesuita Baltasar Gracin e hizo un anlisis detallado de las composiciones ms importantes de este escritor del siglo de oro de las letras hispanas. En aquella ocasin ley varios fragmentos de El Criticn, una obra que en su opinin mereca tafilete y canto dorado; y al evaluar el panegrico dedicado por Gracin al rey Fernando el Catlico, demasiado pomposo y sobrecargado de erudiccin, pero en criterio de Poe y, digno de ser ledo por la expresin castellana y la armona del estilo, estableci adems una interesante relacin con la obra del poeta Jos F ornaris que finaliz con un dilogo entre discursante y pblico, donde puso a prueba su capacidad de comunicacin con el auditorio que lo escuchaba. Al respecto dej escrito: Este empeo de Gracin de presentar al monarca espaol, en todo y por todo, el mejor de todos, me recuerda una historia en que el S r D. Jos Fornaris es el hroe. Me hall una noche en el gran saln dispuesto por el amigo Baralt [Luis A. Baralt y Peoli], gran concurrencia, no haba asientos para todos, yo sentado en un silln, ninfas de pie alrededo r, nunca me vi tan bien acompaado. El S r Fornaris sac del bolsillo una poesa, en que trataba de las bellezas que haba visto en Egipto, en Italia, en Alemania, en Inglaterra, en Francia, en Andaluca, y acababa con este estribillo: como las cubanas, no! Sus lindas estrofas fueron entusiasmando al coro femenino, que anticipndose al auto r con la voz y con el gesto, deca no. Qu guapas son las muchachas de esta tierra! Quieren ser las mejores del mundo. Qu he de decir? Estoy metido entre ellas [...] como las presentes, no. 30 Segn refiere F rancisco Calcagno, 31 F elipe Poey pas los ltimos ocho aos de su vida sentado ante su mesa de trabajo, revisando sus infinitas notas y dndose a la tarea de poner en orden su vasta documentacin. 30 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit., p. 163. 31 Francisco Calcagno: Felipe Poey y Aloy. Insigne naturalista y sabio cubano, ed. cit., p. 4.

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OBRAS 42\ 42\ Fue la poca en que, en definitiva, el anciano pero activo profesor universitario, realiz la compilacin de casi toda su produccin bibliogrfica, dispersa en publicaciones seriadas, para agruparlas en un libro que titul Obras literarias. En el prlogo de dicha obra, que sali de imprenta en 1888, o sea, tres aos antes de que ocurriera su muerte, terminaba confesando que [...] me creo en la obligacin de aclarar que mis opiniones filosficas no son hoy las que eran en 1856, cuando escrib mi primer discurso universitario, ni cuando ms tarde redactaba mis Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba. Seis aos despus, en vista de las novedades del siglo actual acerca de la evolucin de los seres, me convenc de que los recursos del entendimiento humano no alcanzan explicar cientficamente el mundo fsico; y que en las arduas cuestiones, lo ms racional es decir: Y o ignoro. 32 Con esta reflexin revelaba los cambios ocurridos en sus concepciones filosficas, que lo hacan otear la naturaleza con una mirada nueva. Obras literarias tuvo una excelente acogida en la prensa peridica cubana. Enrique Jos Varona se hizo eco de ella con la resea que a continuacin reproducimos: Grata sorpresa para los amantes de nuestra cultura habr sido este libro que se nos ha presentado sin previo anuncio, con la s ans facon del viejo amigo de la casa, como quien sabe que siempre llega en buena hora, y ms cuando trae tantas cosas excelentes que contar o recolecta r. Hubo un tiempo en que los pocos que por aqu leen nuestros peridicos literarios saban muy bien que D. Felipe Poey era un sabio muy literato, tan amigo de Couvier como de Virgilio, y muy capaz de preferir el Buffon escritor al Buffon naturalista. Saban tambin que el presente investigador de los hbitos de los animales inferiores era un agudo y perspicaz observador de las costumbres del animal superio r que con tanta modestia se ha llamado a s mismo Homo sapiens. Y no ignora que el ictilogo que haba de revelar tantos secretos del mundo misterioso de las aguas, con la misma pluma con que aada una descripcin ms al colosal inventario de nuestra fauna marina, con el mismo lpiz con que fijaba una nueva forma de las especies acuticas, escriba al dorso de su borrador un madrigal o un soneto. Todo esto se haba ido olvidando, a medida que los aos y los dolores, que van a la par con ellos, iban concentrando la actividad del sabio en su gabinete y en su ctedra, y haciendo cada vez ms rara la aparicin de alguno de esos trabajos fugitivos que antes entregaba tan amenudo [sic] al pblico. As es que para no pocos estas pginas sern 32 Felipe Poey: Obras literarias p. I V.

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FELIPE POEY Y ALOY /43 /43 una especie de descubrimiento o revelacin. V ern con asombro qu variedad de aptitudes atesora aquel, a quien una labor gigantesca de ms de medio siglo, en una sola direccin, pareca que deba haber atrofiado cuanto no fuera la visin interna de las formas tpicas y la percepcin de las diferencias especficas o individuales; que vida tan compleja en el dominio de la inteligencia ha realizado quien pareca absorto por un trabajo inmenso de especialista; que diversidad de gustos y aficiones en la esfera del sentimiento ha movido quien se crea embargado por la pasin exclusiva del clasificado. Ciertamente, el naturalista domina desde tan alto al literato y al poeta, que estos nuevos aspectos no pueden aadir mucho a su mrito incontestable, pero completan por manera singular su fisonoma intelectual. No nos atrevemos a asegurar que sean absolutamente necesarios los ms de los versos, pero tampoco diremos que huelgan todos. En cambio los rasgos penetrantes esparcidos por todo el libro, la sazonada y bien dispuesta irona de muchos pasajes, las lecciones discretas que nos da a cada paso, esas observaciones de moralista amable, severo en el fondo y tolerante en la forma, que se presentan con tanta espontaneidad y brotan sin ninguna afectacin de su pluma, todo ello da tan distinto realce a la figura venerable del sabio anciano, que parece aproximado ms a nosotros, sin empequeecerlo, y atrados por ese aroma de ingenio y sensibilidad que se desprende de estos escritos, sentimos que se mezcla al respeto y a la admiracin antiguos algo como una corriente de inters y simpata. No sabemos de muchos libros capaces de producir este efecto. Nada tenemos que agregar; slo recomendar la adquisicin del libro a los amigos, discpulos y admiradores del venerable anciano que a pesar de sus aos y de sus achaques, trabaja sin cesar. 33 33 Artculo de Enrique Jos Varona titulado: Ciencia y literatura, El Pas, 26 de septiembre de 1888.

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OBRAS LITERARIAS OBRAS LITERARIAS 1 1 PRLOGO El lector notar que he introducido en este libro algunas composiciones que tratan de historia natural, pero ha sido atendiendo al aspecto literario, que puede ser a un tiempo instructivo y ameno. No pierda el lector su tiempo en averiguar el verdadero nombre de las personas sealadas o aludidas en mis versos, porque no siempre derrama el autor su propia historia en el papel, sino tambin la de otros; y a veces se lanza a regiones imaginarias. Contando con la benignidad del lector (esto es mucho contar), me permito cerrar la primera parte de estos opsculos, bajo el nombre de Apndice, con dos documentos habidos espontneamente, sin relacin anterior con los seores que los han suscrito. Termino diciendo que me creo en la obligacin de declarar que mis opiniones filosficas no son hoy las que eran en 1856, cuando escrib mi primer discurso universitario, ni cuando ms tarde redactaba mis memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba. Seis aos despus, en vista de las novedades del siglo actual acerca de la evolucin de los seres, me convenc de que los recursos del entendimiento no alcanzan a explicar cientficamente el mundo fsico; y que en las arduas cuestiones, lo ms racional es decir yo ignoro. Con esta salvedad, puedo oportunamente conservar el sello de mis primeras impresiones. 1 La Propaganda Literaria, La Habana, 1888.

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PROSA PROSA DISCURSO DE APER TURA LEDO EN LA UNIVERSID AD DE LA HABANA EN EL AO 1856 F R AGMENTOS I. Las ciencias Las ciencias fsicas, tomadas en su acepcin ms lata, influyen de tal suerte en la riqueza y felicidad de las naciones, en la poltica y en la religin, que deben considerarse como las causas principales de las grandes revoluciones que han mudado las creencias y trastornado la faz de los gobiernos; mucho ms que las obras de V oltaire y otros filsofos. El estudio de la geologa y conocimientos del ncleo terrestre, han cerrado la entrada al reino de Plutn por las vas trazadas dicen por Hrcules, Piritoo, Teseas y Eneas; la astronoma ha derribado de su carro a Apolo y a Diana; la fsica ha desarmado a Jpiter etreo, la geografa ha sacudido las columnas que se alzaban sobre los hombros de Atlas. Desde entonces, los astros recorren sin gua la inmensidad del cielo, conservando sus respectivas distancias, y movindose en sus rbitas seguras, no puestos sobre candelabros de oro ni colgados de cadenas de diamantes, sino mantenidos por dos fuerzas invisibles: la una de atraccin, la otra de proyeccin. Esto es por lo que toca a las religiones. La influencia de las ciencias en el engrandecimiento poltico de los reinos e imperios, y de las diferentes repblicas fundadas en los pactos sociales, no es menos grande y poderosa. El tesoro cientfico que el hombre adquiri dice Cuvier desde que lanzado inerme y desnudo a la superficie del globo empez a luchar con la naturaleza, hasta los tiempos modernos en que la subyuga con sus mismas armas, este inapreciable patrimonio trasladado de Caldea a Egipto, de Egipto a Grecia, encubierto durante los siglos de una edad tenebrosa y malhadada, recobrado en pocas ms felices y recien

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OBRAS 46\ 46\ tes, repartido con desigualdad entre los pueblos de Europa, ha trado consigo en todas partes las riqueza y el podero; de tal suerte que las naciones que lo han recogido se han hecho las seoras del mundo; las que lo han desdeado han cado en la flaqueza y la oscuridad. En comprobacin de estas palabras tan notables de Cuvie r basta traer a la memoria lo que la disciplina militar y la artillera pudieron contra la multitud brbara e indisciplinada; por lo que la Europa se considera hoy libre de las invasiones asiticas: ni los Tamerlanes, ni los Gengis Kanes le infunden pavo r ni los hunos capitaneados por un nuevo Atila. Los mismos cosacos que han baado una vez sus caballos en las aguas del Sena, no fueron solos, sino acompaados por los ejrcitos de la Restauracin; y no volvern ciertamente mientras, en lugar de alfanje, no empuen el cetro de la ciencia, que lleva consigo la cornucopia de la abundancia y los laureles invencibles. II. T emporales de agua en medio de las tierras cultivadas Los preludios solos infunden pavor: el cielo se oscurece, densas nubes lo recorren con velocidad, rasgan su seno los relmpagos de truenos espantosos, rfagas sbitas de viento asaltan por todos rumbos; los animales buscan un refugio al pie de los rboles, cuyas ramas prolongadas se mecen con grandes ondulaciones; las auras se renen y se esparcen describiendo por los aires sus curvas indecisas. De repente, los vapores condensados se desatan a torrentes de las nubes, el cielo inunda la tierra. Las aguas arrastran consigo las chozas y las labranzas, el ganado y el ganadero. Mas luego el cielo cobra su serenidad, brilla el arco de la reconciliacin, la electricidad ha bajado con el hmedo elemento, y ha penetrado en los miembros abatidos del cuerpo humano; cesaron las enfermedades estivales, cobr la vegetacin su primitivo vigo r su alegre cantar las avecillas. La tierra ha refrescado sus entraas, ha abierto su seno amoroso a los fluidos elctricos, y parece tan bella como una joven nyade que sale del bao, esparciendo a lo lejos un olor de fecundidad. 1 III. Instinto de las abejas en la construccin de los panales Para hacerse cargo de las maravillas del instinto, es menester estudiarlo en las abejas, en las hormigas y otros himenpteros. Causar admiracin el saber que las abejas han resuelto sin estudio un problema 1 Este simil es de Virrey.

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FELIPE POEY Y ALOY /47 /47 que propuesto por Reaumur dej vencidos a muchos gemetras. Al fin encontr uno que pudo resolverlo, el S r Koenig, cuya memoria se ley en la Academia de Ciencias. El problema es el siguiente: dada cierta cantidad de cera, construir con ella el mayor nmero de clulas de una capacidad dada para un fin conocido, en el menor espacio posible. Las abejas proceden de esta manera: 1) hacen las clulas horizontales en dos caras opuestas separadas por un tabique vertical, de manera que ahorran un fondo. 2) Dan a las clulas la forma hexagonal, o prisma de seis planos, con lo cual desaparecen los intersticios; es cierto que la forma triangular o cuadrangular queda tambin libre de intersticios, pero ocupa ms espacio porque se acomoda menos a la forma del cuerpo de las abejas. 3) Refuerzan los bordes, y disminuyen el grueso de las paredes interiores. 4) Hacen el fondo piramidal, compuesto de tres planos romboidales; aqu empieza nuestra admiracin, y el trabajo del S r. Koenig, que ha probado en un bello teorema que el fondo as dispuesto ahorra toda la cera que se hubiera empleado en un fondo llano. 5) Comoquiera que por medio de tres planos romboidales se pueden hacer fondos de infinitas dimensiones, era menester fijar loa ngulos mayores y menores de los rombos, para el fin que se proponen las abejas; aqu crece nuestra admiracin, porque los clculos de los mximos y de los mnimos son indispensables para la resolucin de esta parte del problema; y los del S r Koenig le dieron por un lado 109 O 26 y por otro 70 O 34. Medidos despus escrupulosamente los rombos de las abejas, el S r Maraldi obtuvo el mismo resultado, con la diferencia de dos minutos. 6) Para mayor solidez en la construccin, descansa cada clula en las aristas de tres clulas del lado opuesto: de manera que si se hace pasar un alfiler por el centro de cada rombo, se ve que en efecto ha penetrado en tres clulas de la otra. Hay otras condiciones que las abejas practican constantemente, y que deben concurrir a la mejor solucin del problema; pero el hombre, con toda su ciencia, no ha sabido interpretarlas. I V El Pelopoeus cementarius Celebramos la perfeccin que el D r Gannal y sus dignos imitadores han introducido en el arte de embalsamar los cadveres. Qu distantes estn estos seores de alcanzar los resultados obtenidos por una avispa de la isla de Cuba, el Pelopoeus cementarius del Drury! Esta avispa, bien conocida, es de las mayores de cuerpo, negras con ribetes amarillos, el abdomen separado del trax por un segmento largo y filiforme. Recoge en la calle el barro con que construye sus nidos bajo el techo de nuestras habitaciones. Pone un huevo en cada clula, que es del tamao de un dedal, y all lo encierra con doce o catorce araas heridas de un

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OBRAS 48\ 48\ aguijonazo, que las deja ni muertas ni vivas, sino completamente sin movimiento, sanas y flexibles, por espacio de veinte y de treinta das, carne fresca y segura al alcance de la larva cuando nazca. Tal es la virtud del lquido elaborado en la glndula ponzoosa del insecto, y que recomiendo a la sagacidad de los lquidos. Como es fama que poco veneno no mata, no creo que la simple picada de la avispa produzca semejante efecto en el cuerpo humano; pero si la cantidad del lquido introducido fuera grande, qu sucedera? Figurmonos una joven sana, bella, ojos de gacela, labios de grana, mejillas sonrosadas, que accidentalmente herida cayese en los brazos de su padre; la joven conserva su hermosura, sus colores, la flexibilidad de sus miembros, la suave ondulacin de su cuello; y cuando la madre la recibe en sus brazos, deja aquella joven caer los suyos sobre los hombros maternos; la cabeza y las mejillas de la hija descansan suavemente sobre la cabeza y las mejillas de la madre. La madre amorosa la llama con dulce nombre, le suplica que abra esos ojos en los cuales brillaba poco ha la luz de la maana, y con ansiedad pregunta al cielo si la criatura que tiene abrazada est viva o si est muerta. Pasa un da, pasa otro da, y la madre no sale de sus angustias. Tal y no menos interesantes a los ojos del naturalista, tal y no menos hermosa, con sus colores brillantes, y sus articulaciones flexibles, se presenta la araa embalsamada por el Pelpeo; el pintor toma entonces sus pinceles, y la inmortaliza en sus retratos. V Instinto de la inmortalidad Y si no fuera por este sublime instinto, qu consuelo nos quedara a todos en esta vida mortal, cuando un decreto inexorable nos arrebata un padre, un amigo, una hija amadsima, una amante idolatrada? O Garcilaso, cuando perdiste a la cara esposa en el duro trance de Lucina, aquella cuyos ayes dolorosos amansaban a los vientos, y enmudecieron en la dura tierra, qu le decas? En la tercera rueda Busquemos otro llano, Busquemos otros montes y otros ros, Otros valles floridos y sombros Do descansa r y siempre pueda verte Antes los ojos mos Sin miedo y sobresalto de perderte. An tengo presente el aciago instante que me anunci el fallecimiento de un bienhecho r de un amigo. La naturaleza mud de aspecto para m; el aire atmosfrico, las calles y edificios humanos me parecieron despo

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FELIPE POEY Y ALOY /49 /49 blados y cubiertos con un velo melanclico. Mis ojos se alzaron involuntariamente al cielo. Una voz que me llamaba sonaba dulcemente en mis odos. Apeteca la muerte, y la vea, no armada de guadaa, en esqueleto y con semblante aborrecible, sino vestida de blanco lino, y coronada la frente de flores siemprevivas. No menos hermosa se ofreci a los primeros nefitos del cristianismo, fortaleciendo el corazn y serenando el nimo de las doncellas con la palma inmortal que les mostraba en el martirio. VI. La Divinidad 2 He entrado en el mundo con un torrente de esperanzas: mi corazn iba en pos de la fraternidad, de la amistad, del amor; mi vista, enajenada por las bellezas de la creacin, interrogaba al cielo y a la tierra; todo me halagaba, todo me sonrea. Crea ay de m!, que la amistad era desinteresada, que el amor era perpetuo. Cuando vea una exhalacin atmosfrica en medio de un cielo puro, oscurecido por el manto de la noche, crea que era el alma de un mortal que ascenda a las regiones empreas, y preguntaba quin se haba muerto. Danzaban para mi entretenimiento las hadas a la dudosa claridad de la luna, en las encrucijadas de los bosques poblados de nocturnos insectos: algunos de ellos luminosos, discurran por entre las ramas de un rbol corpulento, y me parecan estrellas que haban bajado del cielo para recrearse conmigo. Si pasaba por las veredas cercadas de matas verdosas, entre las cuales la Ipomoea bona nox 3 abra sus plidas corolas, oa un silbido repentino que me haca volver la cabeza: quin llama? preguntaba; y prestando un odo atento, escuchaba un sonido metlico semejante al de una campanilla de oro, que pareca convidarme a un palacio encantado. Viva de ilusiones. Bajando ms tarde el sendero de la vida, mis amadas ilusiones han ido desapareciendo una a una. He visto cara a cara el inters, la mentira, la traicin; a veces la calumnia ha turbado mi inocencia; la amistad me ha desamparado; el amor me ha apagado sus antorchas. Vine a saber que las estrellas errantes por la atmsfera eran partculas de hierro combinados con el nickel; no he vuelto a encontrar a las amables hadas, 2 Este artculo sobre la Divinidad fue escrito en 1856. Algunos aos ms tarde, en vista de las doctrinas de Lamarck, Comte, Darwin y Spence r le hubiera dado otra forma y otra significacin. Ninguno de estos grandes pensadores ha negado la causa primera: Lamarck la afirma con nombre de Dios; Comte y Darwin no se ocupan; Spencer la deja en los campos ilimitados de lo incognoscible. 3 Vulgarmente llamada bejuco de i que abre de noche.

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OBRAS 50\ 50\ y en su lugar tem ms de una vez ver salir de la espesura a un hombre, un hermano armado contra mi vida; la voz que me silbaba era de un humilde insecto, las luces que discurran eran las del Elter noctluco, 4 la campanilla era la garganta de una rana. Derribronse mis palacios encantados. Apenas empec a dudar de las estrellas, estuve en peligro de dudar de todo, aun de la mano invisible que las mantiene equilibradas en el firmamento. Con todo, hay compensaciones en la vida: la meditacin, la instruccin que se saca de los estudios y de los aos, han restablecido en mi nimo las creencias abandonadas; y a los desvanecidos misterios de la primera edad han sucedidos misterios ms profundos. Cuando los hombres mudaban para m, la naturaleza se mostr siempre la misma: las aves conservaron sus cantares, el arroyo sus murmurantes quejas, el rbol su verde cabellera, el roco sus fuegos diamantinos; el sol penetra an mi cuerpo fatigado, y mi imaginacin se enciende a su presencia. En medios de corazones endurecidos y perversos, he encontrado otros corazones ms amantes que el mo, caracteres desinteresados, heroicos, hombres mejores que yo bajo de todos aspectos; y me he reconocido indigno de tocar la cinta de su calzado. El hallazgo de estos pocos me ha reconciliado con la humanidad entera. El hombre es naturalmente bueno, deca; las instituciones imperfectas y la errada educacin lo hacen malo. Desde entonces me ech en brazos de la Divinidad, dispuesto, si era mi postrera ilusin, a no dejrmela arrebatar; para que, cuando mi vida decline, como el sol en el ocaso, pueda an contemplar a Dios en sus obras, y dormir con calma en su seno. Desde entonces nunca anduve solo, tuve con quien conversa r, 5 en las llanuras solitarias y en la cima inhospitalaria de los montes. En mis viajes transatlnticos, miraba hacia el horizonte, las puertas de sus brillantes Edenes, vestidas por el sol de prpura y oro; y cuando las aguas se alzaron amenazando tragar al frgil pino que nos tena suspensos entre el ocano y el cielo, pude ver la mano de Dios tendida sobres las olas, y aplacando mansamente sus iras. La crdula humanidad ha visto desaparece r como yo, sus brillantes ilusiones. El sol fuera al principio el rubicundo de Dios que con nombre de Apolo ocupaba un trono de marfil con ruedas de platas y radios de oro, guiando por el espacio, desde Cncer a Capricornio, sus fogosos caballos Prois, Eous, Ethon y Flegon. F ue despus un globo encendido; ms tarde, un cuerpo opaco envuelto en una atmsfera luminosa; y con el tiempo, tal vez, la fsica, de acuerdo con la astronoma, lo desnudar de esa tnica resplandeciente, que ya ha empezado a rasgar en 4 Vulgarmente cocuyo. 5 Expresin de Bernandin de St. Pierre.

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FELIPE POEY Y ALOY /51 /51 algunos puntos, pues descubre por ellos las manchas de su ncleo. Y a la luna es un planeta sin luz propia. La triple Hcate no tiene ms que una cara, la que constantemente tiene vuelta hacia la tierra: no es Diana la cazadora, la que en el silencio de la noche, enamorada de Endimin, visitaba las soledades de nuestro orbe; la hija de Latona, que con nombre de Lucina, presida a los partos; la compaera de Mercurio, en comunicacin con los manes infernales. Y a Neptuno no sacude su tridente, estremeciendo la tierra, y apaciguando los vientos con una amenaza: es una ola tras de otra ola, a la merced de los ciegos elementos, ya azotando las rocas con insano furo r ya expirando sin aliento en la playa. Eco no es la ninfa adolorida que clama por Narciso, y lamenta su hermosura desdeada; es una voz que sale de la pea insensible, y responde al llanto no menos que a la risa y al sarcasmo. Es cierto que los que hemos nacidos en el gremio de la iglesia, tenemos que lamentar la prdida de tan ingeniosas ficciones; no vemos una ninfa en cada fuente, ni a Dafne en un laurel, ni a Siringa en una caa; los F aunos y Silvanos no pueblan la espesura de nuestros bosques; los tritones y las focas no pasean a nuestra vista por el mar salado el trono de Amphitrite; pero otros espectculos nos reserva la ciencia. Si admiramos un cometa cuando muestra a la tierra su globo encendido y su brillante cabellera, mucho ms sorprende nuestra imaginacin cuando, trazada su rbita por los clculos astronmicos, lo vemos dirigirse al sol con una velocidad acelerada, como quien quiere perderse en su seno, y luego evitar su encuentro y lanzarse con igual impulso a las inmensidades del cielo. Si es bello el sol cuando se contempla inmvil, cercado de un coro de planetas que a distancia prescritas enlazan y desenlazan sus comparsas, ms bello es cuando consideramos que se acerca con ellas a la constelacin de Hrcules, describiendo una rbita inmensa alrededor de un centro desconocido, donde tal vez se esconde el trono del Omnipotente. Qu es el mundo para el ateo? Un reloj sin relojero, un cuerpo sin alma. Qu son para l las olas del mar que quiebran en una roca? Una espuma tras de otra espuma. Dichoso el que cree en Dios! Escucha con Pitgoras la msica de los astros, oye la hierba crece r las aves suspira r los vientos gemi r las aguas murmura r Yo tambin dice el ateo porque soy sensible, y tengo imaginacin; yo tambin hablo con la naturaleza, pero no hablo con Dios, porque no lo veo. Oh insensato! No hablas, no, con la naturaleza, si desconoces a su auto r si me prohbes hablar con l. Cuando el viento enamora mis odos, consientes que hable con el viento; cuando el rbol cado entristece mi nimo, me das triste endechas para llorar su pompa abatida por el suelo; y cuando la majestad divina se revela a mi mente y penetra en mi corazn, me niegas un himno de gratitud? Y a s que no

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OBRAS 52\ 52\ eres insensible: te estremeces con el rayo, te conmueve la borrasca que rompe la nave en el escollo, y el tristsimo lamento de los nufragos; tal vez la paloma desgarrada por el gaviln, y el cordero palpitante bajo el diente de la pantera; te complacen los corceles de tendidas crines, y el contraste de una garza que cruza por el aire, mientras que el cocodrilo atraviesa el ro con remos sosegados. Pero dime, si ves dos cisnes volar a regiones desconocidas, cuando los pierdes de vista, va en pos de ellos tu pensamiento? V a ms all? Si entras en una iglesia gtica, donde las puertas se labran en ogiva, donde las flechas se lanzan al cielo, donde las columnas se pierden en las bvedas elevadas, y sus relieves afiligranados desaparecen a la simple vista, hasta dnde remonta el vuelo tu atrevida imaginacin? Dime, te ruego, t que no crees en la Divinidad, y has visto con placer la luna pasearse majestuosamente por el limpio cielo, encubierta a ratos con nubes trasparentes; que te has detenido a considerar un rayo de esa luna sobre el ma r por las trmulas olas reflejado, te agrada verla por una abertura del follaje, como quien nos quiere mostrar un resquicio de la bienaventuranza? Chateaubriand me da la respuesta: el espectculo est en el espectador ; porque el espectculo de la naturaleza es nulo dice Humboldt cuando no tiene relacin con la vida interna y misteriosa del hombre. Oh ciego! No ves a Dios? Y o lo veo en todas partes dice Rousseau; no solo en m mismo, sino en la rotacin de los cielos, en el sol que nos alumbra, en el cordero que pace, en el ave que vuela, en la piedra que cae, en la arista arrebatada por un torbellino. Lo veo dice Lamartine en las olas, en las nubes, en las sombras de la noche; lo descubro en la fragancia de las flores, lo columbro ms all de lo que alcanza la vista, all donde pierde sus alas el pensamiento. Y o tambin, no menos que Rousseau y Lamartine, en todas partes lo veo: en los hojosos bosques de la tierra, en su fauna animada y la flora de sus praderas; me lo muestran las montaas inaccesibles, los volcanes en erupcin, los valles amenos, los desiertos arenosos, los llanos cubiertos de altas gramneas, los ros y cascadas, el inmenso ocano, el sol naciente, las noches serenas, las auroras boreales, los silbidos del huracn, la concordia y la discordia de los elementos, y el arco que resplandeci cuando se sosegaron las aguas del diluvio. Su espritu domina en las alturas y reposa en los valles; su voz se hace or en medio del desierto, suena con el Aquiln, se alza con las tempestades; su nombre est escrito en el firmamento, en el cuello del colibr y en el ala de una mariposa. l dijo desde un principio: Sea la luz y la luz fue. l puso al hombre sobre la tierra, vestida y poblada con todos los animales; y le dio la mujer por compaera. l ha creado el sol para presidir al da, y la luna para embellecer la callada noche con su modesta claridad.

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FELIPE POEY Y ALOY /53 /53 l encierra perpetuamente los planetas en sus rbitas elpticas. l ense a Klepero la legislacin de los astros. l puso en la cabeza de Newton el punto de apoyo que Arqumedes buscaba para pesar la tierra. l arm la mano de F ranklin con la cometa que rob la electricidad a las nubes. l abri a Coln un nuevo mundo. l dio a Lavoisier la mecha con que encendi el hidrgeno y el oxgeno, con ruidosa detonacin, para producir el agua. l que dict a Linneo el nombre de las plantas y de los animales. l derrama sobre nuestras frentes la benigna influencia de las estrellas. l refrena el mar espantoso, y dice a sus olas: no pasaris de aqu. l desgarra las nubes, y sacude los cimientos de las altas montaas. l organiz la avestruz y el camello para los ridos desiertos de frica y Arabia. l ense al castor la arquitectura, y a la abeja la geometra. l ha sealado a la garza por el aire un rumbo certero, desde los valles Escandinavos hasta las vertientes del Nge r desde el lago del Nigara hasta la cuenca del Oriente. l tie el cielo de azul, y cubre la tierra de verde alfombra. l distribuye la lluvia a los sembrados, cernida por las nubes en menudos aljfares. l moja las alas de la brisa sobre la superficie del ma r para refrescar las tierras abrasadas por el sol. Aquel cuyo nombre verdadero no podemos deletrear; que en la zarza ardiente, interrogado por Moiss, dijo: soy quien soy; que sobre el monte Sina se denomin Jehov, y que en nuestra lengua mortal, con filial ternura, apellidamos Dios VII. El jagey y la palma real La naturaleza imprime a la materia una actividad constante, que subsiste en el reposo, esto es, en el equilibrio de las fuerzas. Esta actividad se manifiesta como impregnada de un espritu inteligente en la armona de los tres reinos. Sigue la naturaleza su curso ordenado restableciendo los trastornos del momento. El rbol mutilado por el furor del huracn, o por la impiedad del hombre, dirige sus ramas a la luz, cobra en pocos aos su equilibrio, y repone su frondoso aspecto. El campo de batalla, cubierto de funerales, pierde en poco tiempo su hediondez; los vientos barren las molculas infectas, las aguas lavan los huesos ensangrentados, la tierra los cubre con su polvo, y las flores nacen abrien-

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OBRAS 54\ 54\ do al sol sus corolas embalsamadas. 6 El poder del hombre vence a veces el de la naturaleza, pero es a costa de una actividad constante, sin la cual los canales de irrigacin se convierten en marismas malsanas; y sus edificios acometidos por robustos vstagos de plantas ascendentes, ven sus capiteles derribados por el suelo, y sus ruinas cubiertas de zarzas y sarmientos. Por todas partes tenemos testimonios de una inteligencia que podemos llamar el alma universal. Qu diremos de una planta que acomete toda suerte de rboles, y los ahoga, sin exceptuar los ms robustos, variando su tctica segn las circunstancias? Este rbol es el jage y, 7 y en sus movimientos involuntarios obra como si tuviese voluntad. A poca distancia del monte de Guajaibn existe en la espesura del bosque una palma real en su mayor altura. De la cima de la palma, donde germin una semilla llevada por el viento, baj al pie del rbol un hilo flotante, tronco primitivo de un jage y el cual se arraig en tierra a la distancia de una tercia. Despus de haber afirmado sus races, empez a engrosa r mostrando en toda su longitud un tallo desnudo de ramas, recto y tendido, guardando la misma distancia paralela al tronco de la paloma. A cierta edad ech sus brazos filiformes y flotantes, por pares perfectamente opuestos, y a la exacta distancia de una vara unos de otros. Cuando el viento lo permiti, estos brazos abarcaron la palma, cada uno a la altura en que se hallaba, y se dividieron en dedos que corrieron por su cuerpo, enlazndolo estrechamente en plexo serpentino. El tronco del jagey tena, cuando lo vi, cuatro pulgadas de dimetro; y sus brazos, ya ramificados, una pulgada. Al ver las bien tomadas precauciones del temible Ficus que el vulgo llama jage y sus simtricos abrazos, sus numerosos dedos estrechando el esbelto talle de la palma real, destinada a morir en lo ms florido de su edad, no pude menos de conmoverme y de figurarme, con la imaginacin, una doncella tan incauta en su conducta como generosa en sus sentimientos y pura en sus pasiones, la que al fin haba de sucumbir a las repetidas insidias de un amante torpe en sus deseos, cuanto firme en 6 El poeta Lamartine, despus de los horrores de una sangrienta batalla, trae este bellsimo contraste: Mais au sort des humains la nature insensible Sur leurs dbris pars suivra son cours paisible; Demain la douce aurore, en se levant sur eux, Sur leur acier sanglant rflchira ses feux; Le fleuve lavera sa rive ensanglante, Les vents balayeront leur poussire infecte Et le sol engraiss de leurs restes fumants Cachera sous des fleurs leurs ples ossements. 7 Ficus crassinervia y Ficus suffocans

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FELIPE POEY Y ALOY /55 /55 su propsito. Y volviendo a la palma, exclam: rbol gallardo, honor de los bosques y praderas, vendr el da en que te veas por todas partes estrechada por el formidable tronco que habr crecido con tu arrimo y te quitar la respiracin, hundiendo tu protectora corteza: bien as como la monstruosa boa del frica o de Amrica estrecha, contunde y ahoga a la gentil gacela y al inocente recental! VIII. El reino vegetal Feliz el que se humilla al pie de un musgo! Virgilio, Feneln, Lafontaine, Rousseau, Saint Pierre, almas privilegiadas, amigas del campo, dnde habis mojado vuestros pinceles? En el jugo exprimido de las plantas. S, los vegetales hablan a mi corazn: cada uno de ellos es un smbolo de mi vida presente y de mis esperanzas futuras. lamos, cuyas hojas trmulas me recuerdan un mundo de prestigios; funestos y cipreses, verdes, aromticos, piramidales; conductores del pensamiento desde la tumba hasta las nubes inmortales; 8 canosas yagrumas, como mi frente nevadas; membrudas y encumbradas ceibas, de cabeza erguida y extensas races, templos augustos; cimbradoras palmas, emblemas de mi amada; sombros canas, montaosos granadillos, silbadores pinos, enhiestos cedros, elegantes jcumas, erizadas ayudas, jageyes abrazadores, guayacanes olorosos, rojos almcigos, floridos piones, nazarenos de brazos abiertos y tendidos, sabinas preciadas, ricas caobas, flexibles majaguas, magueyes agrestes, mangos coposos, pltanos nutritivos, entre los cuales se esconde la choza del labrado r yo os saludo! Salve, dgames, banos, frijolillos, chicharrones, jobos, mameyes, maboas, yayas, yaites, sabices, manajes, jcaros y tamarindos! Vivid largo tiempo, sin que os alcance el fuego del cielo, la furia del huracn, el gusano roedor ni el hacha enemiga! Y con nosotros vivan las espuelas de caballero, speros matojos de cuabales; los claveles de sabanas, cuyas flores crecen entretejidas en el seno de Malpighias espinosas; los aguinaldos torcidos en espirales, congregados en puchas, colgados en guirnaldas, enlazados en cintura, las flores mil, que forman ramilletes mil veces ms graciosos que los que inventan los pintores, y tejen los amantes! 9 La naturaleza, abandonada a s misma, presenta do quiera grupos bellsimos de flores y de vegetales que el arte no alcanza a imi8 Expresin de Saint Pierre. 9 Llmase aguinaldo vulgarmente un convlvulo o flor de campanilla, bejuco que cubre los campos en diciembre. Llmanse vulgarmente puchas los ramilletes de flores. El aguinaldo de que aqu se trata, florido en la Pascua de Navidad, lleva el nombre cientfico de Ipomoca sidaefolia

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OBRAS 56\ 56\ ta r Jams dice Saint Pierre la mano de una pastora herman con tanta gracia las flores de su cabeza y de su seno, para cautivar los ojos de su amante. Y qu dir de los accidentes del reino mineral? Qu dir de los animales que animan la vegetacin con sus industrias, sus guerras y sus amores? Id, seres sensibles, engolfaos en la sagrada majestad de los bosques. All hallaris abrigo y alimento, y mezclaris vuestra voces con la voz de los torrentes y con la msica de los vientos. IX. La felicidad en las ciencias Estudiando a la naturaleza, puede el hombre esperar das tranquilos y felices. Mientras que una parte de la humanidad, desviada de sus altos destinos, hace la guerra a la mitad del gnero humano; el amigo de la naturaleza se refugia en su seno, y ciudadano inofensivo, pide al Seor Supremo la paz y la felicidad de todos. Por lo que a l toca, sus deseos se limitan a satisfacer sus primeras necesidades: no ambiciona la riqueza ni la dominacin; ve un hermano en cada hombre. Cultiva su entendimiento, porque ha de ser compaero fiel, cuando se retiren las gracias y agilidad del cuerpo, los amores y la salud; estudia con preferencia la historia natural, para amenizar sus excursiones campestres con el inters ornitolgico, entomotolgico y botnico; para engrandecer su alma, inicindola en los sublimes misterios de la creacin, que exaltan su inteligencia sin mancilla de la moral. Bien s que el culto de la virtud proporciona a sus adeptos mayores goces: no los hay comparables con los que acompaan el cumplimiento de los deberes; y afortunadamente esa fuente de felicidad est al alcance del ignorante no menos que al del sabio. No dir otro tanto de los placeres que proporcionan lo sentidos: conducen a menudo por un camino de flores, por un jardin de delicias, a un campo de abrojos y a un valle de lgrimas. La rosa tiene sus espinas, smbolos de remordimiento; y sobre la corola del cndido lirio se posa tal vez el insecto que lo desluce y esparce sus galas por el suelo. Pero entre el camino del deleite, por donde muchos corren de tropel, y el de la virtud, praticado por los ms escogidos, hay otra senda cultivada y amena, que conduce al asilo de la tranquilidad y al templo de la fama; senda libre de remordimientos, porque est al abrigo de las pasiones tumultuosas, y no sujeta a las amarguras que la humanidad, ingrata alguna vez, vierte sin compasin en las almas sensibles. Los que beben en esas fuentes pasan las noches insomnes aunque agradables, satisfechos con un rayo de luz que una lmpara enva sobre el foco de un microscopio; o corren a lejanas playas, arrostrando las

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FELIPE POEY Y ALOY /57 /57 tempestades y los monstruos marinos; o suben a las regiones de las nieves perpetuas, despus de haber sufrido los rigores del sol en desiertas llanuras, tolerando las necesidades del hambre y de la sed, y exponiendo el cuerpo a todos los peligros, para aadir un rengln al catlogo de los conocimientos humanos. Abandonando de esta suerte Linneo los placeres de la edad juvenil, y dejando atrs los halagos de la sensualidad, penetr a pie en las desnudas regiones de la Laponia, sin conocer la lengua ni las costumbres de sus habitantes; vivi de carne y agua, sin condimento, sin sal, sin pan; trep por medio de precipicios a las heladas cumbres del Finmarck, sin ms compaero que las nubes; todo el afn de descubrir algunas plantas de la pobrsima flora lapnica. Pasando los mismos trabajos que Linneo est en la actualidad un hombre de bien, amigo acrisolado, respirando por su gusto las miasmas de la cinaga de Zapata, cercado de cocodrilos; pero satisfecho y agradecido a la cordial hospitalidad que all recibe. Es hombre que sabe, como Digenes, beber en jcara, y aun sin jcara; y todo lo da por bien empleado, si descubre una especie nueva de insecto, o molusco terrestre, o un pjaro que falte en su coleccin. No tiene bienes de fortuna, pero es rico de contento; viaja ligero, no obstante de que todo lo lleva consigo mas la conciencia no le hace peso. Todos los que lo han tratado un da, anhelan por su presencia instructiva y amena, todos lo quieren por huesped y amigo. Tiene el fuego sagrado de la ciencia, y lo distribuye por donde pasa. Este naturalista es alemn, reside en la isla de Cuba desde el ao 1839, y estudia sus producciones bajo la proteccin del Gobierno. Con cunta satisfaccin estampo en estas pginas el nombre del D r Juan Gundlach! X. Alocucin a los alumnos Dice un aforismo que el hombre es lo que quiere ser; otro dice: el hombre vale lo que sabe. Dicen la razn y la experiencia que las medianas vejetan, y las heroicidades reinan. Si eres herico en tus estudios, sers venerado como Esculapio y rico como Creso. Nadie aspire a la recompensa antes del servicio: si quieres descansar algn da, trabaja ahora. Navega como Ulises en el estrecho de Sicilia, sin prestar el oido al canto de las sirenas, sin fijar la vista en su bello rostro: tienen por nombre Scila y Caribdis, y conducen la nave a temerosas sirtes. No por esto pretendo apartarte de la beldad celeste descrita por Platn. Tampoco has de correr con la turba de los ociosos en pos del tiempo, para matarlo; porque el tiempo es quien nos mata; y como ensea el padre Bridaine, no digas que tienes quince aos, veinte aos, sino que la muerte tiene

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OBRAS 58\ 58\ quince aos, veinte aos ganados contra ti. Mira, pues, cmo aprovechas los restantes. El ejercicio de la medicina es parecido al sagrado oficio de la religin. El sacerdote purifica el alma, el mdico conforta el cuerpo, sin el cual no puede el alma ejercer sus funciones. El mdico oye con sigilo las declaraciones del enfermo, as como el sacerdote guarda en su pecho las confesiones del penitente. El mdico, a imitacin de Jesucristo, impone las manos, demostracin sublime de la caridad que une a todos los hombres de todas condiciones; tienta el cuerpo msero y doliente, tienta la llaga envejecida, consulta sin cesar la cuerda de aquel reloj que el hombre lleva consigo, y que da y noche marca los segundos de su frgil existencia; y cuando se rompe entre sus dedos, oh, suerte inevitable!, asoma una lgrima en sus ojos, y se aparta silencioso. Amigos del difunto, dejaos de vanos experimentos, el ltimo soplo de la vida ha cesado, y no empaar la limpia superficie de un espejo. Hijos piadosos, hermanos tiernos, amantes adoloridos, padres infortunados, prorrumpid en llanto, porque ya el mejor amigo de la casa en este trance supremo se ha ido sin dejaros un rayo de esperanza! Dos imgenes hay que nunca se borrarn de vuestra memoria: el cuerpo tendido en el lecho del dolo r y el mortal compasivo que prolong su existencia mientras los hados lo permitieron. Otras veces los resultados son ms favorables; y la presencia del mdico hbil en medio de una familia afligida, es la mejor bendicin que recibe del cielo. Puede l mismo encontrarse en una situacin que le haga bendecir mil veces el da en que empez a estudiar una ciencia, la cual arrebatar de las puertas del sepulcro un objeto idolatrado, que la ignorancia de un compaero puede anonada r y que l disputar victoriosamente al ngel de la muerte. Estos prodigios no se logran sin un conocimiento profundo a duras penas adquirido. Pero ese da, alumno de medicina, habrs alcanzado tu ms dulce recompensa. Alumno de Jurisprudencia, de Medicina, de F armacia, podr suceder que hoy te pese el trabajo, y te duela el tiempo sustrado a tus diversiones, pero ten por seguro que si acumulas los elementos del sabe r en ellos encontrars ms tarde tus consuelos, con ellos olvidars muchas penas, y por medio de ellos calmars muchas amarguras. Entonces el libro de estudio ms espinoso te servir de diversin. Tu mejor amigo es hoy la lmpara solitaria que acompaa tus vigilias; y tu buen ngel velar a tu lado en el retiro. No digas que ests solo, cuando conversas con los sabios de todas las edades y de todas las naciones, y cuando ambicionas legar a la posteridad una instruccin, un progreso, eres el intrprete de la justicia, eres el bienhechor de la humanidad, y conversas con los tataranietos de las generaciones presentes.

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DISCURSO DE APER TURA LEDO EN LA UNIVERSID AD DE LA HABANA EN 1864 El don de la palabra, privilegio de la especie humana, supone la abstraccin, madre del pensamiento. Antes de habla r es preciso pensa r El caudal de ideas es, pues, la condicin rigurosa para alcanzar la palma de la elocuencia y los laureles de la poesa. Y aunque dicen que el orador y el poeta nacen, con ms acierto diramos que se forman: ya con la experiencia y atenta meditacin del mundo fsico y moral, unidas a la lectura selecta y constante, ya con los estudios enciclopdicos proporcionados por los cursos universitarios. La generalidad de los conocimientos es necesaria al hombre de todas las condiciones, si pretende cautivar la atencin del pblico, y dejar a la posteridad un monumento escrito, donde consignen sus ideas fecundas. Sin esta preparacin indispensable, la inspiracin se consume falta de alimento; los descubrimientos intelectuales fallecen por haber nacido desnudos, y caen en el abismo del olvido. El orado r y en el mismo caso est el poeta, ha de ser matemtico, astrnomo, fsico, qumico y bilogo; ha de coronar sus estudios con la sociologa, ltima ciencia, que descansa en la historia, y exige el conocimiento de nuestras facultades intelectuales y morales. Debemos a Augusto Comte el haber presentado en este siglo la filiacin y desarrollo de estas ciencias en el orden indicado, que es de su simplicidad, generalidad y dependencia. Ir mas adelante, y dir que hasta cierto punto han de iniciarse el orador y el poeta en todas las artes y oficios, desde el yunque hasta la espada, y hasta el timn. Esta educacin parecer excesiva a los que no hayan ledo la Ilada de Homero ni las obras de Marco Tulio. Mas sin conocimiento de la herrera, Homero no hubiera perfeccionado su episodio sobre el escudo de Aquiles, labrado en las fraguas de Vulcano. El sabio Cuvier ha notado que las heridas tan numerosas y variadas, descritas por el poeta, y de cuyas resultas perecieron tantos hroes al pie de los muros de Troya, eran mortales por necesidad, y suponen un conocimiento profundo de la anatoma humana.

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OBRAS 60\ 60\ Para expresa r es menester sentir; y para senti r es menester haber visto o haber ledo con fruto. Quin inspir a Virgilio la siguiente expresin: Oculisque errantibus alto Quesivit coelo lucen, ingemuitque reperta? Es propia de un romano acostumbrado al juego cruel del circo, donde el gladiador ofrecido a la muerte, saludado el Csa r reciba el golpe ante el pueblo soberano; y haciendo un esfuerzo supremo, caa con dignidad. All tendido con ojos errantes busc la luz del cielo, y dio el ltimo suspiro. Marco Tulio Cicern haba recibido, o mejor dicho, se haba dado a s mismo una educacin universal. Experto en las artes de la guerra, fue cnsul en Roma y procnsul en Sicilia; escribi el tratado de los deberes; y en sus dilogos sobre la amistad y sobre la vejez, mostr que haba contemplado la clara luz de la filosofa en los escritos de Platn. As pudo son expresiones de D. Francisco Sanchez desarmar a Julio Csa r, reprimir el furor tribunicio de Clodio, y embotar las dagas de Catalina. El mismo Csa r gran capitn y diestro orado r no fue menos clebre por la pluma que por la espada. Los antiguos segn el smil de Jovellanos eran como los soldados de Cadmo, que nacieron pertrechados de todas armas. Y ya que hablamos de este ilustre espaol, quin duda que hubiese recogido el crculo completo del saber humano? Descbrese el orador en sus memorias sobre la Junta Central; el labrador en su informe sobre la ley agraria; el naturalista en sus discursos pronunciados en el Instituto Asturiano; el legislador en su simple drama; el literato consumado, el erudito, puro, castizo y elegante escrito r en todas sus obras. Cuando empez a corromperse el buen gusto en Espaa, los autores, aun los de ms nombrada, dieron en donar sus escritos con un frrago de erudicin geroglfica, tomada principalmente en Plinio, gran recaudador de fbulas, y en tradiciones extravagantes heredadas del paganismo. En nuestros das, sustituimos al ave fnix, al pelcano, a la salamandra, al basilisco, al unicornio y al hipogrifo, las citas morales que nos da la historia; vasto campo que el discreto escritor explota con provecho y lucimiento. Quin, al ver la bota de Carlos XII en el Senado sueco, no recuerda al asno de Calgula? Nern incendiando a Roma, Domiciano cazando moscas, son recuerdos oportunos para los modernos. Las sentencias de Tcito no han pasado inadvertidas: Solitudinem faciunt, pacem appellant. Las mujeres clebres forman tambin parte de alusiones polticas y morales: Lucrecia abrindose con un pual el casto pecho; Cleopatra manejando spides en su seno; Cornelia llevando por prendas a sus dos hijos los Gracos; V eturia ablandando el corazn de bronce del activo Coroliano; Arria tendiendo a Peto un hierro

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FELIPE POEY Y ALOY /61 /61 tinto en su propia sangre; Semramis encumbrando jardines y allanando montes; Zenobia, trasladando a Palmira los mrmoles parios y pentlicos; Aspasia rehabilitada por Pericles; Safo extinguiendo en Lucade sus mal pagados ardores; Mesalina harta y nunca satisfecha; Helena paseando en Troya su adltera cabellera; Casandra dando al viento sus pronsticos; Hcuba aullando sus miserias; Andrmaca baando con lgrimas las caras reliquias de Hcto r. Aumentemos con los estudios fsicos, polticos y morales nuestro caudal de ideas. Por una idea, Newton pes los planetas, Coln descubri un Nuevo Mundo; pero estaban bien preparados, el uno por sus lucubraciones astronmicas, el otro por sus meditaciones geogrficas. La idea es la chispa oculta en el pedernal; pero la chispa supone el cuarzo y el acero: estos son los estudios universitarios. Y como he anunciado que deben adquirirse ideas no solamente en las ciencias, sino tambin en las artes, ya humildes, ya elevadas, paso a demostrarlo en la arquitectura, en la pesca, en la navegacin y en el honroso ejercicio de las armas. Para hablar dignamente de arquitectura, no basta nombrar las columnas, sin mencionar las bases y cornisas, los pedestales, plintos, arquitrabes y capiteles. Cmo podrn el poeta y el novelista describir las escenas piscatorias, si todo su diccionario se reduce a la barquilla, al cordel y al anzuelo, sin distinguir siquiera la pita del curricn? Y qu pesca provechosa podrn hace r si no saben enlorar ni empatar sus avos?, si no esperan el repunte de la marea para que pique el pez? Parceme que pescan sin carnada; porque no los veo tirar la tarraya ni el trasmayo para preocuparse la sardina, ni me dicen si embarcaron jaibas blandas o macaos extrados de los caracoles. Si pescan con chinchorro, no parece que esta arte tenga copo; porque no mencionan el saco ni las manteletas. Tienen nasas sin boya y sin potala, y aun creo sin boca ni matadero; porque de estos pormenores nunca se trata. Del chamber y del grampn no diga nada: porque estas palabras no se hallan en el Diccionario de la Academia aumentado de cien mil voces, y no las conocern los que tal vez ignoran el uso de los corchos y relingas. En suma, la pesca es un fastidio bajo la pluma de los susodichos poetas y novelistas; y para mayor desconsuelo, si pescan un peje perro como vulgarmente se dice, no lo saben prepara r con un buen mojo crudo, como se acostumbra en nuestras costas. Lo dicho con respecto al pescador se aplica al navegante que da las velas y esperanza al viento. No puede el narrador ni el poeta guiar al nutico por remotos e inciertos mares, sin conocer los aparejos de la embarcacin. Qu isla tomar, qu derrota seguir, qu bajos demarcar en su carta de marea r si carece de arboladura, velamen y enverga-

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OBRAS 62\ 62\ dura? Me parece que si lo tuviera oira alguna vez las voces de arra, carga, aferra, caza, iza, orza, amaina. De qu sirve el timn sin caa ni bordines? De qu le aprovechan al ancla sus uas, sin organeo, cepo, cadena, gmena, gata y molinete? Qu es del mastelero sin gavia ni gumete? Si hay palo de mesana, dnde est la bota vara y la cangreja? Acaso hay trinquete? Si hay bauprs, dnde estn sus botalones? Cmo no oigo nombrar al foque, fofoque y potifoque? No extrao que la tripulacin haya doblado el cabo de las tormentas sin tomar siquiera un rizo, puesto que navega por encanto. Y a arribaron; echan el bote al agua: todo es boga r boga r y nunca cia r. Digamos que la nave se echa al ma r tendiendo sus anchas velas. En lo ms engolfado, vulvese el viento proceloso y el mar turbulento, alzndose en crespa y espumosas olas. La nave suspendida amenaza bajar a lo profundo; cada golpe de mar que le da por entero parece desfondar la quilla. Llega a vista de tierra a punto de zozobra r rota la triza, los mstiles quebrados, destrozados; no le aprovecha el corvo diente del ncora mordaz; un grueso tumbo lo echa por encima de las rocas o la encalla en la arena. Para gobernar un ejrcito, o dar a la historia sangrientas lides, es preciso haber hojeado un tanto el diccionario de Marte. All se encuentran las palabras frecuentemente usada por los buenos hablistas, como son las que se acumulan sin concierto en los cuatro prrafos que siguen. Antes que describa los botes de lanza en un torneo, o el encuentro de dos caballeros armados de punta en blanco, es indispensable que el narrador conozca todas las armas y piezas de la armadura; y aun el aderezo del caballo, en que entran las mantillas, tapafundas y dems arreos. No confunda la cuja con el ristre, el acicate con la espuela, la malla con la loriga, la celada con el morrin, el escudo con el broquel, la adarga y la rodela. Anden los esforzados caballeros, defendidos por el acero, cubiertos de yelmo con visera; con jaeces y paramentos de oro; con peto y espalda r gola, brazaletes y escarcelas. Salgan los lcidos campeones a la palestra, diestros en lides y galanteos, con ropas chapadas, timbres en los escudos, palmas en las cimeras, empresas y divisas; y si son agarenos, suenen aafiles y atabales. Avanzan los contrapuestos escuadrones, antes del rebato llenos, gruesos, ardiendo en belicoso fuego, al eco sonoro del clarn, al atropellado son de las trompas, al estruendo de los atambores, al tremolar de las banderas, pendones y estandartes, que al viento ondean, impelidos por el soplo de la victoria. Cierra un bando con otro; y envuelto en horrible mortandad, el soldado, en aquellos trances, sordo a los gemidos, en medio del rumor y el estrpito de las armas, corta, hiende, rebana, descabeza: unos hieren de un tajo, otros de un revs, otros asientan de llano. Aqu es el tercia r,

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FELIPE POEY Y ALOY /63 /63 esgrimi r blandir el tajante, resplandeciente, relumbrante, ardiente, fulminante, invencible acero, limpio ahora, pronto en sangre barnizado. El suelo se cubre de desastradas muertes. Queda dudoso el lance de la batalla. Entra a obrar la caballera dando de espuelas al caballo, los jinetes revuelven aqu y all los indomables potros, los espumosos alazanes. Recibe su carga el enemigo; ceden los pechos esforzados; los vencidos son pasados a cuchillo o por los filos de la espada. Tal es el spero ejercicio de las armas. Y si ascendemos con Balbuena a los heroicos hechos de la caballera andante, quedaremos pasmados ante un brazo formidable, que de un golpe asorda el valle, partiendo un hombre en dos, roto el arns, trozados los brazos y el pecho, y descubiertas las entraas palpitantes. Uno enclava a su contrario un venablo al uso de los hroes de Homero, otro lo suspende alanceado, otro armado de un desmochado pino, a guisa de lanza, echa a rodar el caballo y el caballero. Concluido este largo prelimina r entro en el objeto principal de mi discurso, que es la composicin literaria en prosa y verso, y la elocucin, con cuyo motivo dir algo acerca del estudio de la lengua castellana, y de los escritores que en ella se distinguieron. No es mi nimo presentar en tan corto espacio un tratado de retrica y literatura; sino recorrer algunos puntos culminantes, sin pretender dar lecciones a los maestros que me escuchan sino ser til a los alumnos, si los echan de menos en sus libros de textos. Empezando por las composiciones en prosa, traigo a la memoria el discurso pronunciado por el Conde de Buffon, el da de su recepcin en la Academia Francesa. Su principal empeo es recomendar un plan ordenado y la meditacin; despus de lo cual formula dos preceptos: 1) nada ms contrario a la luz que las chispas sacadas violentamente del choque de las palabras, las cuales solo nos alumbran por algunos momentos, para dejarnos despus en ms densas tinieblas; 2) no hay cosa que ms se oponga a la verdadera elocuencia que esos pensamientos sutiles que, a semejanza del metal batido, pierden en solidez lo que ganan en brillo y esplendo r En otros trminos, diramos que no todo lo que reluce es oro, sino a veces oropel. A estos preceptos de Buffon, agregar tres prrafos: 1) seguir la inspiracin; 2) enlazar las ideas; 3) transiciones. Seguir la inspiracin Este precepto se aplica principalmente a las ampliaciones, campo en que fray Luis de Granada est siempre inspirado. Acontece otras veces que una idea se presenta desmayada y sin color; pide dos renglones para su lnguida expresin, nace y muere sin gracia. En esas circunstancias se abre un nuevo horizonte; el compositor espera y desespera; comprende que si las fuerzas lo permiten, hay algo que hacer por esa va, mira al trmino y se lanza. Aqu vienen bien

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OBRAS 64\ 64\ estas palabras de Jovellanos: El caballo, olvidado del pasto, da alguna vez su crin al viento, para correr los vastos campos. Pegaso alza el vuelo y allana las cuestas del Parnaso Enlazar las ideas No hablo aqu de las grandes transiciones, sino del enlace entre los perodos de un mismo prrafo. Dice Bossuet: Aun cuando la historia no sirviese de provecho a los dems hombres, fuera necesario leerla a los prncipes: es el mejor modo de descubrirles lo que pueden las pasiones, los intereses, los buenos y malos consejos. Si con la mismas palabras decimos: Fuera necesario leer la historia a los prncipes, aun cuando no sirviese de provecho a los dems hombres, hacemos una mala construccin, porque separamos dos ideas que deben ir enlazadas, a saber: la necesidad de ensear la historia a los prncipes, y la idea de que es el mejor modo de descubrirles lo que pueden las pasiones. Basta lo dicho para que no se eche en olvido tan importante recomendacin: remitiendo al Arte de escribir de Condillac, libro III, sobre la estructura del discurso. Transiciones Atencin al pasar de un prrafo a otro prrafo, y ms de una materia a otra materia. Es precepto de mucha importancia, porque el enlace da al discurso un solo cuerpo, y el lector descansa pasando agradablemente de un punto a otro; por lo que la transicin no ha de ser vulga r Supongamos que estis hablando en el liceo: habis apurado el captulo de la danza, donde se ostentaron su gracia lucidas bailadoras; y vais en seguida a tratar de pintura y escultura. No digais: acab acerca de la danza, paso a la pintura. Mejor ser: pasad, bellas jvenes, pasad, y apartad el esplendor de vuestros ojos, para dejar los mos fijos en este momento en la pintura y la escultura. Por lo que toca a las cualidades del estilo, no me detendr en definir la claridad, la pureza, la precisin, recomendadas por todos; dar solamente dos preceptos: 1) no ser vago; 2) no ser vulga r. No ser vago Hay ciertas expresiones que se presentan en todas circunstancias, con desaire de la composicin literaria: entran a formar el diccionario brevsimo de la conversacin entre gente sin lectura y sin cultura; es la palabra ms general entre todas las que pertenecen a un grupo de sinnimos. Huye de ellas, joven escrito r si no quieres caer en la nulidad; porque las tales expresiones parecen decirlo todo y nada dicen. Cada modificacin del pensamiento ha de llevar consigo su expresin propia, hija del conocimiento profundo de la lengua, adquirido por el estudio de los buenos autores, y por el contnuo ejercicio. Por no ser vago entiendo principalmente especializarlo todo. Pongo por ejemplo de expresin vaga, por demasiado general, la siguiente: es excelente cocinero. Y o dira: nadie le iguala en guisar una masa de vaca, y en mechar un perfil de carnero. Para dar a entender que hoy se gasta mucho dinero en lujo, digamos con Jovellanos: Cuesta un sombrerillo

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FELIPE POEY Y ALOY /65 /65 lo que antes un estado, y se consume en un festn la dote de una infanta. El mismo auto r hablando del gan que ha trabajado durante toda la semana, se explica de esta manera: El infeliz gan, que ha sudado bajo los terrones del campo, y dormido en la era toda la semana. En vez de colgaduras riqusimas, diremos con especialidad: brocados de oro y colgaduras de damasco. Algunos pretenden que la oracin en defensa de Miln no fue pronunciada como el orador romano la distribuy a sus amigos; por lo que Miln no pudo evitar el destierro. Al leer la oracin corregida, el matador de Clodio exclam: Oh Marco Tulio! si la hubieras t dicho, no comiera Miln los barbudos en Marsella. Lo que en trminos vagos se traduce: no estara Miln desterrado en Marsella. Las comparaciones cumplen en cierta manera con la especializacin que aqu recomiendo. Para decir: nada bien; mejor ser: nada como un pez; y por ser pez un trmino general, mejor dir: nada como un dorado, que es al mismo tiempo el trmino mximo de la natacin. Todo lo que sea especializa r es realzar el pensamiento, es darle gracia y viveza. Este giro es frecuente en Horacio, que acostumbra tomar la parte por el todo, nombrando, por ejemplo, un puerto por todos los puertos, un monte por todos los montes, y maldiciendo los infames escollos Acroceraunios, para maldecir todos los escollo. Un poco es la expresin general y vaga, como quien dice un poco de pan, que a veces ser un mendrugo; pero un poco de locura, es un grano de locura; un poco de esperanza, es un rayo de esperanza; un poco de felicidad, es un soplo de felicidad; un poco de juicio, es una pizca de juicio. Para ponderar en ms, diremos: un mar de llanto, un abismo de tristeza, un bao de alegra, un torrente de esperanzas, un raudal de poesa. En vez de decir: la monarqua llena de vicios y ociosidad, sin valo r sin virtud, sin fuerzas, sin reputacin, tomar de Gracin (Elogio de Fernando el Catlico) el perodo que sigue: Fue siempre gran ventaja de un prncipe suceder a la corona fragante; suma infelicidad, llegar a la monarqua ya postrada, cado el valo r vlida la ociosidad, desterrada la virtud, entronizado el vicio, las fuerzas apuradas, la reputacin fallida, la dicha alterada, todo envejecido y amenazando por instante la total ruina. El ejemplo anterior nos demuestra que la propiedad del lenguaje se aviene perfectamente con el precepto de no ser vago; por lo que me inclino a citar algunas palabras usadas en francs para una multitud de casos, en que la lengua espaola tiene voces propias. Perdonemos a Capman y que en su Arte de traducir da estos ejemplos, aquello de pintar a veces como querer; porque en realidad la lengua francesa no es tan pobre como se supone, bien que la espaola sea ms rica. Suponiendo, pues, como pretende Capman y que los franceses llaman viejo al libro, al soldado, al pecado r al amigo, al padre y al vino; no hay

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OBRAS 66\ 66\ duda que les llevamos ventaja al decir: libro viejo, soldado veterano, pecador inveterado, amigo antiguo, padre anciano y vino aejo. Los franceses dicen chef en todas ocasiones, lo que significa jefe; mas la lengua espaola, si bien admite jefes de oficinas, tiene adems caudillos de los hebreos, capitanes griegos, cabos de ronda y cabezas de motn. As i mismo la palabra sein no es siempre seno en espaol; decimos: el seno o profundo del ma r el gremio de la Iglesia, las entraas de la tierra, el corazn del reino, el pecho de un amigo, el vientre de la madre. Las palabras puissance pouvoir se traducen por potencia y poder; y si bien decimos el poder de los grandes, las potencias de Europa, las potencias del alma, la potencia motriz, usamos de otras expresiones en multitud de casos, y son: potestad temporal, patria potestad, autoridad de los jueces, podero de los ricos, actividad del veneno, virtud del imn, fortaleza del gentil, omnipotencia divina, y Ciro someti el Asia a su dominio. Y puesto que la propiedad de diccin es el sello que distingue los buenos de los malos escritores, acreditando la abundancia de la lengua castellana, no perdamos la ocasin de acumular ejemplos, para que los alumnos los fijen en la memoria. Hay palabras inseparables: la palma del martirio, el imperio de la hermosura, el puntillo de la honra, el traqueteo del carro, la rebelda de la carne, el rigor de la penitencia, el cieno del deleite. Los sinnimos han de observarse: la moderacin en las delicias, la templanza en la comida, no es la continencia de que dio ejemplo el gran Escipin en la Nueva Cartago. Trtase de eptetos? La oracin es fervorosa, la ignorancia es crasa, la malicia refinada, la iniquidad envejecida, la felicidad cumplida, el pilago insondable, las cejas bien pobladas; y viceversa, la alegre primavera, el encogido u erizado invierno, la mullida hierba. Trtase de verbos? Se dice consumir la hacienda, aventajarse en las ciencias, sosegar las discordias, escudriar las causas, revolcarse en su sangre, refrenar los apetitos, refrescar la memoria, templar el nimo, remachar las narices, manchar el hono r forjar las espadas, cortar los abusos, coartar la voluntad. Tambin decimos: la timidez se vence, la ira se refrena, el estorbo se remueve, los obstculos se superan, si no se allanan; la odiosidad se aparta, los males del cuerpo se curan y las llagas del corazn se sanan; el freno se tasca, la visera se cala, el peto se ajusta, la coraza se endosa, el morrin se cie, la lanza se empua, tambin se enristra; la rodela se embraza, la espada se cie, las espuelas se calzan, el ancla se leva, cuando no se aferra; la nariz se afila, las cejas se perfilan, las costumbres se arraigan, la inteligencia se anubla, no siempre se ofusca; los instrumentos se taen, no siempre se tocan; las leyes se quebrantan, no siempre se infringen; las castaas se mondan, no siempre se pelan.

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FELIPE POEY Y ALOY /67 /67 Y advirtase que no he tocado a los refranes ni al gracejo popular: ddivas quebrantan peas; renta limpia de polvo y paja; hablar sin escampar; comulgar o desayunar con ruedas de molino; chiquear con penca de tuna, etctera. No ser vulga r Este precepto se parece al anterior; pero no trae consigo la idea de especializacin. No dir como Horacio: Odi profanum vulgus, et arceo [odio al vulgo, y me aparto]; antes bien, lo aprecio, lo consulto y acepto sus lecciones. El vulgo ha condensado en refranes la sabidura moral de los siglos; ha dado a la retrica sus mejores ejemplos de hiprboles y metforas; sus errores cientficos encierran siempre un hecho verdadero. El vulgo tiene palabras de singular vigo r tachadas de ordinarias por la aristocracia acadmica, en cuyos oidos hacen el mismo efecto que la mano callosa del labrador en los dedos pulidos de Escipin; sin que se le pueda malear otra cosa que el de ser de uso frecuente popula r lo que traducido por ordinarias es defecto capital. El vulgo dice: lrgate de aqu, pgate al trabajo. No me atrevo a aceptar ni a desechar estas locuciones, sino decir que a ellas no aludo en el precepto arriba formulado: no ser vulga r. Llamo aqu vulgares, los modos de expresar que van derechamente al fin por el camino ms corto, sin novedad, sin erudicin histrica; llamando, como suele decirse, pan al pan, y vino al vino. El que ha ledo y conservado en la memoria el fruto de sus lecturas, no se conforma siempre con esta llaneza; acostumbra enriquecer la expresin con doble idea, la principal y la accesoria: el hombre culto aplaude; y aplaude tambin el vulgo, si la expresin est a su alcance. Si en lugar de nombrar llanamente las regiones glaciales del Atlntico, decimos las regiones habitadas por la ballena y el narval, queda el lector complacido; y aumentar el inters, si se hace entrar en la escena una tercera entidad, aadiendo por ejemplo estas palabras: donde el hombre audaz recoge sus crueles arpones. La regin de esta suerte sealada, nos da con sus hielos una vislumbre de la pesca; y comprende el naturalista que el desmesurado cetceo, huyendo de la persecucin del hombre, no pudo sustraerse al terrible enemigo, que en su mismo elemento le acompaa y persigue. La poesa acude ordinariamente a estos modo de deci r que no son ajenos de la prosa. He aqu una oracin vulgar: En el Siglo de Oro se daba el trigo espontneamente. En estilo potico, parece necesario introducir la cortante reja y el surco del labrado r. Virgilio escribe: Ipsaque tellus Omnia liberius, nullo poscente, ferebat. Bolleau traduce: El trigo brotaba sin cultura; y no esperaba que el buey tardo, obligado al aguijn, rompiese con paso lento las entraas de la madre tierra.

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OBRAS 68\ 68\ Sin acudir a las obras poticas, la prosa nos dar ejemplos ricos y elegantes. Pondr primeramente la expresin sencilla, o vulgar; despus, la traduccin. Perecieron en los Alpes. Tomaron solar perpetuo en los montes alpinos (Mario). En aquel tiempo tena mucha celebridad el Conde Fernn Gonzalez. En aquel tiempo volaba por el mundo la fama de Fernando Gonzalez, Conde de Castilla (Mariana). Viven en continuo temor de la muerte. Tienen sellado en el corazn el temor de la muerte, y no se les cae de los ojos la imagen de ella (Martn de Roa). Roma fue subyugada por los godos. Qued esclava de los godos la seora de las gentes (Saavedra). Consolarse. Lavar las tristezas del corazn (Len). La Turqua. El imperio de la Media Luna. Los caminos de la isla de Cuba, en puntos distantes de esta capital, son generalmente malos. Estn hoy como los encontr Cristobal Coln. Las verdaderas lgrimas son aquellas en que la admiracin va mezclada con el dolo r Las verdaderas lgrimas caen al son de la lira de Orfeo (Chateaubriand). Napolen naci en el hemisferio boreal, y muri en el hemisferio austral. Ninguna estrella falt a su destino: la mitad del firmamento alumbr su cuna, la otra mitad ilumin su tumba (Chateaubriand). El que es rico, todo lo es; tiene sin sospecharlo el don de la sabidura. As se explica Boileau; pero Gracin lo mejora de esta suerte: Las riquezas dan autoridad: dora las ms veces el oro las necias razones de sus dueos; comunica la plata su argentado sonido a las palabras. Este es el discreto escritor que en la gran feria del mundo introduce el siguiente dilogo: Aqu se da de balde lo que vale mucho. Y qu es? El escarmiento. Gran cosa: y qu cuesta? Los necios lo compran a su costa, y los sabios a la ajena. Dnde se vende la amistad? Esa, seo r no se compra, aunque muchos la vendan. Basta de ejemplos: no se dirigen a desterrar en todas circunstancias la expresin breve y llana. El que va perennemente en pos de novedades, al principio cautiva la imaginacin, y al fin la abruma. Hay por otra parte asuntos que rechazan las figuras de la retrica y las flores de la poesa; las cuales vendran mal, por ejemplo, a las filpicas de Demstenes. Lo dicho anteriormente se refiere a la composicin en prosa; digamos algo de la composicin potica. No voy a explicar en qu consiste la poesa, empresa digna de acometerse en una oracin especial. Todo lo abarca esta frase de Buffon: La filosofa explica la naturaleza; la poesa la pinta y la hermosea. No podr ser sin imgenes, que presentan vivas las escenas

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FELIPE POEY Y ALOY /69 /69 o dan cuerpo a las ideas abstractas. La poesa no es la versificacin, o prosa rimada, como la entiende la escuela prosaica de Iriarte, Arriaza, F orner y Salas; con mejor luz se muestra el modesto Samaniego, que hace habla r no pocas veces, con inspiraciones poticas a sus animales, Desde el gran Zapirn, el blanco y rubio, Que despus de las aguas del diluvio Fue padre universal de todo gato. Recorriendo conforme el plan propuesto, los puntos culminantes, hablar aqu del movimiento potico; en lo cual se han detenido escasamente los libros de retrica. El movimiento en prosa no pasa de la forma en que acostumbran explicarse las pasiones. El movimiento en poesa, tal como lo concibo, es otra cosa: participa del bello desorden de la oda; pero es tambin un artificio que rompe la monotona de la composicin. Los saltos portentosos de Pndaro fueron reducidos por Horacio a ms estrechos lmites. En Pndaro eran forzosas las digresiones; porque sus temas se repetan todos los aos; vease obligado a levantar al cielo las proezas de los atletas coronados en los juegos olmpicos; a ceir con el mismo laurel la sien polvorosa del vencedor en la carrera, en la lucha, en el pugilato, en el carro, que primero con frvida rueda, dejaba atrs la meta. Para no repetirse a s mismo, se desviaba de su asunto; y hallaba modo de introducir a los hroes y semidioses: Belerofonte, Jason, Perseo, Hrcules y la Hydra, Teseo y Gerin, la guerra de los siete reyes, la ria de los lapitas con los centauros. Los modernos toman otro rumbo: doy por modelo la oda de Juan Bautista Rousseau a la muerte del Conde de Luca; oda bellamente comentada por la Harpe. V oy a otra especie de movimiento demasiado vario para encerrarlo en una definicin; pero que los ejemplos siguientes darn lo bastante a conoce r. En las soledades sin lmites del Sahara, sobre esa tierra descortezada por los vientos, duerme un viajero. Suea con sus palmares, con la regin tropical regada por limpias aguas, cubierta de verdura, sombreada por rboles gigantes cargados a un tiempo de flores y de frutos. Oye el soplo de la brisa, y despierta. O h sorpresa!, o h terrible desengao! No es la brisa, es el seimn. Y a el lector est en el desierto; el poeta nos dar un contraste; este es el movimiento. La poesa es de D. Emilio Blanchet. El S r Fornaris, en su oda al telgrafo submarino entre ambos mundos, rompe con una estrofa sobre los hijos de Babel, en que se leen estos bien construidos versos: No soy tu hermano yo, tu voz no entiendo: Y Dios sobre la torre alz la mano,

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OBRAS 70\ 70\ Y los hundi; y al hrrido estampido, An exclamaba el hombre endurecido: Yo no entiendo tu voz, no soy tu hermano! Anduvo el tiempo, llevando consigo la civilizacin, vinieron los das en que la elctrica sierpe (as llamada por Luaces, se lanz a lo profundo del ma r y con la velocidad del pensamiento, smil de len y mora, puso en comunicacin dos grandes continentes, preludiando a la fraternidad universal, ltimo trmino del progreso humano. Y el hombre grita al hombre: Yo respondo a tu voz, yo soy tu hermano! Estos dos versos constituyen otro movimiento. V aya otro ejemplo: Un guardiero africano, esclavo en los campos de Managua, derrama su dolor al son de una flauta rstica: acompale un sinsonte con melanclicos trinos. Aqu entra la historia del guardiero, y calla el ave; pero al final aparece oportunamente para cerrar la narracin. A resonar en los aires V olvi la rstica flauta; Y a trinar volvi el sinsonte Melanclico en las ramas. (Fornaris) Hay un arte en asociar los afectos humanos a los espectculos de la naturaleza, en consonancia con las disposiciones del alma. Dos corazones unidos por el amo r separados por las leyes sociales, son dos palmas enlazadas por la raz, apartadas por los troncos y las cabezas distantes. Dice un alma desde el centro De su tronco: Mi querida No puedes estar unida A mi cario jams. Y desde el tronco vecino Responde un acento amigo, Siempre aqu junto contigo, Y siempre distante ests! (Fornaris) El mero hecho de dirigir la expresin a otra persona, aunque no sea interlocutora, da a la poesa un exquisito sabo r nacido del movimiento

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FELIPE POEY Y ALOY /71 /71 dramtico. Un campesino ha perdido su ternero: sale en pos de l, y da las seas; pero no las da al lecto r sino a otro. Pasto r que por este prado Anda al acaso perdido Responda si cruzar vido Un aojillo manchado. Es galano, y ya le apuntan Los tarros; y en las orejas Tiene dos manchas bermejas Que con los ojos se ajuntan. (Sebastin Alfredo de Morales) El gnero de poesa creado por Juan Bautista Rousseau con el nombre de cantata, contiene la diversidad de metro y todo el movimiento de la oda apasionada. El que ms ventajas parece haber sacado de los ingeniosos artificios a que me refiero, es el alemn Schiller en su extensa composicin, titulada la Campana, traducida en verso castellano por Hartzembuch; la cual encierra en un cuerpo muchas composiciones, pues describe en ella el nacimiento, la juventud, las nupcias, la paternidad, el incendio devorado r la enlutada muerte, y la guerra y la paz. Para estos diversos aspectos de la vida tiene sonidos la Campana, que el artista an no sacado de su molde; pero aviva el trabajo de la fundicin, y su mente se lanza de la obra presente a las escenas futuras, mudando frecuentemente el metro, y alternando la ocupacin material con las aspiraciones poticas. Hoy fabricada la campana queda Obreros, acudid a la labo r. Y ya la contempla solemnizando la venida del infante, Que a ciegas entra en la vital carrera, Quieto en la cuna plcida durmiendo. Mas luego el nio pasa a imberbe doncel, y a sus ojos se presenta la cndida doncella de sonrosada mejilla. Solo un saludo Mil placeres le inspira; Y de sus galas el vergel despoja, Para adornar la recogida trenza Del caro bien por cuyo amor suspira. Sus compaeros, veremos si hacen buena liga los metales. Sienta bien sobre el cabello hermoso

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OBRAS 72\ 72\ De la virgen modesta La corona nupcial que la engalana, Cuando con golpe y son estrepitoso Convoca la campana De alegre boda a la brillante fiesta. Mas da tan feliz y placentero Del abril de la vida es el postrero; Que al devolver los cnyuges al ara V elo y venda sutiles, Con ellos de su frente se separa La ilusin de los aos juveniles: Rinde al cario la pasin tributo, Marchtase la flo r madura el fruto. Dad al metal salida, ruede la masa! Escuchis en la torre los clamores Lentos y graves que a terror provocan? No hay duda, a fuego tocan: Sangriento el horizonte resplandece... Las largas vigas crujen, Los postes van cayendo, Saltan postigos, quibranse cristales, Llora el nio, la madre anda aturdida, Y entre ruinas azorados mugen Mansas reses, perdidos animales. Y en medio de esta tribulacin, qu es del hombre? El fuego devorante Le priv de su prspera fortuna; Mas cuenta, y ve que de las vidas que ama No le falt ninguna. El lquido humeante en la tierra se ha sumido, el molde est lleno, se habrn destruido nuestras esperanzas? Son pausado Funeral Se ha escuchado En la torre catedral: Y dice el son severo Que un mortal Hace el viaje lastimero Que es el ltimo y final. Luego pregona la Campana la guerra matadora, sembrando el luto en las familias; y ltimamente se oye: venga el martillo, caiga a destrozos el molde, resucite la Campana!

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FELIPE POEY Y ALOY /73 /73 Tirad, alzad, Y a suspendida est. Resuene, o patria, su primer taido Con la gloriosa nueva de la paz! Es tiempo de abrevia r Rstame decir acerca de la poesa, que es un arte de lujo cultivado las ms veces por puro pasatiempo: todo lo que no es muy bueno, es psimo. Estoy lejos de dar esta calificacin a la oda del distinguido vate D. Ramn Vlez Herrera sobre la inmersin del cable submarino: solamente advierto que es una demasa el haber dedicado diez y siete versos a la memoria de la industria humana en los Alpes, en el Tmesis y en Cherburgo. A pesar de la elevacin del estilo, me atrevo a decir que es de aceptar con preferencia la misma idea expresada en cuatro renglones, a saber: los Alpes perforados para enlazar la Francia con la Italia; el tnel abrindose un paso bajo del Tmesis, que los navos cruzan por encima; Cherburgo sentado sobre el ma r y rompiendo la furia de sus olas. La culpa la tiene el siglo en que vivimos, el cual mira las horas en ocio gastadas como tiempo perdido; a tal extremo que prefiere a veces recoger el trigo desgranado, esto es, fuera de la espiga que lo engalana. Si los poetas no tienen presente el principio bien entendido de utilidad que ha de acompaar a la belleza, por ms que lo desmienta Gioberti, se dejarn arrancar el cetro por la prosa. Y para que el autor de los diez y siete versos me perdone el humor descontentadizo, citar los renglones finales, en que fatigado de la elevacin de sus mismas ideas, depone la lira en busca de escena ms suaves y humildes; contraste que por s solo revelara al poeta, si no supieramos quin es: Mas dnde, Musa ma, Alzas altiva el atrevido vuelo, Cuando solo a las guilas es dado Mirar al sol y remontarse al cielo? Vuelve a tus bosques, vuelve; y tus cantares Entona entre los montes de palmares, Ante la hermosa luz que te ilumina A orillas del potico Almendares Coronada de moyas y ambarina. Despus de haber ponderado la necesidad de acopiar ideas, y sealado el modo de ordenarlas, quedara mi trabajo incompleto, si no indicase el modo de vestirlas; esto es, si no me detuviese lo necesario en el estudio de la lengua castellana; estudio abandonado en las escuelas, porque no bastan para conocerla los libros de gramtica, donde se en-

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OBRAS 74\ 74\ cuentran las reglas de la construccin, pero no la copia y significacin de las palabras. El Diccionario de la Academia es una fuente riqusima para este gnero de estudio. Generalmente se conserva este precioso libro en las bibliotecas para casos de consultas; pero el que pretenda perfeccionarse en la lengua, y aplicarla con felicidad a la expresin de sus ideas, debe emprender el arduo trabajo de leerlo todo, y tomar apuntamientos. Agrguese el Tesoro de la lengua castellana por Co v arruvias, ao 1611, en forma de diccionario; el Dilogo de las lenguas de D. Juan V alds, escrito en 1533, nuevamente impreso; la obra de Garcs sobre la elegancia y vigor de la lengua castellana, y el Diccionario etimolgico de Monlau. A la gramtica de la Academia, agrguese la del venezolano D. Andrs Bello, y sus principios de ortologa. Compltese esta slida instruccin con el conocimiento de los sinnimos, tratados ya por muchos espaoles; y para salvarse de la inundacin francesa, lase con atencin el Arte de traducir de Campman y el Diccionario fraseolgico francs-espaol de Rotondo, y el Diccionario de galicismos de Baralt. Engolfado en este mare magnun emprender el estudiante la lectura meditada de los mejores hablistas en prosa y verso; tomando por primera gua a Capman y Teatro crtico de la elocuencia espaola ; y a Quintana, Tesoro de l parnaso espaol Los prlogos y notas crticas de estos jueces competentes, formarn el buen gusto del lector; lo mismo que los de Marchena y de lo Sres. Mendvil y Silvela; y si ascendemos a los aos anteriores, algunas lecciones de Simn de Abril y de Gregorio Mayans. El opsculo de D. Agustn Durn, sobre el drama espaol antiguo, su Prlogo y discursos preliminares al Romancero general son obras de relevantes prendas, no menos tiles y necesarias que las anteriores; y son para nosotros una garanta de que el rector que hoy tenemos a la cabeza del claustro dar a las ciencias la misma proteccin que su seor padre dio a las letras, las cuales le son tambin muy familiares. El teatro de Capmany es superio r como obra de gusto y de conciencia, al Tesoro de Quintana. Cotjense las poesas extractadas del divino Herrera con sus obras completas, y verse que Quintana ha omitido muchas composiciones de primer orden, al paso que presenta otras de mrito inferio r Cotjese al contrario el Criticn de Gracin, con los trozos conservados por Capman y y dgase si hay algo que omitir o que agrega r. Por otra parte, Quintana se limit a entresacar lo ms selecto que encontr en la coleccin de los mejores poetas espaoles, ordenada por Ramn Fernndez; pero no se dio el trabajo, como Capman y de leer un tomo en folio para salvar del olvido algunas pginas. Si hubiera acometido el indigesto volumen de Gracin titulada Agudeza y arte de ingenio, co mo hizo

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FELIPE POEY Y ALOY /75 /75 Capmany con respecto al ingenioso Criticn nos hubiera dado ciertamente al lado de Gutirrez de Cetina, el siguiente madrigal: V olved, seora, los ojos, Que en el mundo no hay su par; Mas no lo volvis airados, Si no me queris matar; Aunque de una y otra suerte, Matis con solo mira r. Y cules son esos escritores que explicaron con gala sus conceptos, sin desdear las flores de la elocuencia, cayndoseles de la pluma pensamientos sublimes en prosa pura y grave; o haciendo resonar en el Parnaso las cuerdas de oro de sus liras? Hroes de la elocuencia, que ensean no tan solamente el uso de las palabras, sino tambin el arte de componerlas con sencillez, claridad y facilidad, con gracia y elegancia, con viveza, robustez, valenta y lozana, con nobleza y dignidad, con riqueza y esplendo r. V osotras, de amor hermoso nido, Dulces y graciossimas doncellas Que a la tarde sals de lo escondido, Con los cabellos rubios, que las bellas Espaldas dejan de oro cobijadas, Decid, quin as os presenta? No es aqul, arrebatado a las musas en temprana edad, llorado de las milicias sus campaas, llorado de las blancas deas all del Tajo en la ribera? Y qu apuesto mancebo presida a la Repblica Literaria ocupando su mano derecha un plectro? No era Apolo, cuya madeja de oro, con lustroso curso de luz, bajaba sobre los hombros? Esto me obliga a dar una resea histrica de nuestra literatura. La lengua en Espaa, como en todas las naciones, ha seguido las fases de engrandecimiento y flaqueza del gobierno poltico. Terminada la larga cruzada contra la morisma, conquistada Granada, descubierta la Amrica, sali la lengua espaola de sus humildes paos con Garcilaso de la V ega, bajo el reinado de Carlos V; creci y se robusteci con Felipe II, madurose con Felipe III, corrompi el gusto bajo el gobierno de Carlos II y Felipe I V bien que en tiempo de estos monarcas conservara su expresin castiza; y dio al traste con la dinasta francesa, salvo el dichoso impulso que recibi durante el sabio y prudente reinado de Carlos III de feliz memoria; bastando su nombre solo a esclarecer la Casa de

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OBRAS 76\ 76\ Borbn, y no habiendo entre sus antepasados con quien dignamente compararlo, sino con Enrique I V Rey de Francia. Hoy tratan los espaoles de renovar las aguas de su bautismo; no por cierto en los manantiales del Sena, sino del Manzanares, del Tajo y del Betis, que acarrean granos de oro. Los tiempos que corrieron entre el principio del siglo XVI hasta fines del siglo XVII fijaron la ndole de la lengua espaola; y reivindicaron para Espaa la gloria de la restauracin literaria, a la cual particip la Italia, mas no la Francia, que en aquella fecha estaba en mantillas. La poesa dividi con la prosa este alto honor; y la acompa en todas sus fases. Los escritores ms eminentes de esa edad de oro en cuanto a la elocucin, son los que paso a nombrar por orden cronolgico. En prosa: los dos Luises, a sabe r el Reverendo padre fray Luis Sigenza, en su Historia de la Orden de San Jernimo; el padre fray Juan Mrquez en la Espiritual Jerusaln y en el Gobernador cristiano ; el padre Juan de Mariana, de la Compaa de Jess, en su Historia general de Espaa; el doctor don Bartolom Leonardo de Argensola, en la Conquista de las islas Malucas; el universal Cervantes; don Francisco de Quevedo; don Diego de Saavedra F ajardo, en las Empresas polticas la Corona gtica y la Repblica literaria ; el padre Baltasar Gracin, bajo el nombre de su hermano Lorenzo, en su Criticn y en el Elogio de Fernando el Catlico ; don Antonio de Sols, en la Conquista de la Nueva Espaa En verso: Garcilaso de la V ega; fray Luis de Len, ya nombrado; el Sevillano don Fernando de Herrera, Prncipe de la Lrica; don Francisco de la Torre y don Francisco de Rioja, que por desgracia de la lengua, escribieron poco; los dos Argensolas (Bartolom y Lupercio); el obispo don Bernardo de Balbuena, autor del Bernardo, poema pico, mina inagotable; el ingenioso y fecundo Lope de V ega; el bizarro Caldern de la Barca; don Luis de Gngora, riqusimo y lozano, pero extravagante y envuelto en jerigonzas bien llamadas gongorismos, y ltimamente, don Francisco de Quevedo, ya mencionado, rey del gracejo y a veces de la chocarrera; bien que nunca cay tan bajo como en este siglo don Diego Torres de Villarroel, que por otra parte no es de desdea r porque es castizo, lo mismo que el autor del Guzmn de Alfarache Para completar lo ms granado de la literatura, adanse los romances moriscos, caballerescos, histricos, pastoriles, piscatorios, venatorios, amatorios y varias letrillas; la mayor parte de autores no conocidos, pero del tiempo en que se derramaba con profusin el vigo r el donaire y la delicadeza del concepto con el traje que les corresponde. A fines del siglo XVIII hubo, como he dicho, un impulso favorable, debido a la emulacin suscitada por las reformas emprendidas bajo el

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FELIPE POEY Y ALOY /77 /77 reinado de Carlos III; no solo en las obras puramente literarias, sino tambin en economa poltica y en los tratados forenses. Descuella entre todos Gaspar Melchor de Jovellanos, nutrido de la lectura de los antiguos maestros; habiendo tomado solamente del francs cierta rectitud de ideas, cierta correccin y severidad lgica que falta algunas veces en los autores que florecieron desde Carlos V hasta Felipe I V en los cuales se nota frecuentemente el desalio, en medio de las brillantes cualidades de su diccin. De este ltimo defecto se muestra libre Jovellanos, sin retrucanos, y como dice un auto r sin el saborete de las anttesis ni el sonsonete de los vocablos. Campomanes en economa poltica, Covarrubias y el Conde de la Caada en sus recursos de fuerza, se mostraron mulos de Jovellanos; lo mismo que en nuestros tiempos Martnez Marina, autor de la Teora de las Cortes El siglo XIX cita con aplauso los escritos en prosa de Capmany y de Gallardo; no menos que la traduccin de las Vidas de Plutarco por el acadmico Ranz Romanillos. Entre las obras poticas, se alza como un coloso don Nicols Fernndez Moratn, que pertenece al fin del siglo XVIII ; y en este siglo, Gallego y Tapia. Tngase presente que no considero en este discurso el mrito de los autores, sino con respecto a la elocucin; cualquiera otro mrito que resplandezca en sus obras, es ajeno de mi intento. Por lo que me abstengo de recomendar como maestros de la lengua a Melndez, Leandro Fernndez Moratn, Martnez de la Rosa, Lista, Quintana y otros muchos, que no dejan de ser lumbreras en prosa y verso, honra de la literatura espaola; habiendo casi igualado a Jovellanos en estudios literarios, correccin, nmero y delicado gusto; pero que escriben como generalmente acostumbran en nuestros das los autores de ms nota, evitando tal vez el galicismo, pero no siempre el giro transpirenico. Don Nicasio lvarez de Cienfuegos tiene esto de particula r que es a un tiempo ms castizo y ms afrancesado que los anteriores (digo afrancesado en las letras, pues en lo poltico muri vctima de la guerra de la independencia); porque al lado de expresiones dignas de Len, de Balbuena y de Saavedra F ajardo, tiene cadas glicas que solamente pueden ser justificadas por las exigencias del odo, no siendo posible atribuirlas a ignorancia. Ha hablado hasta aqu de los escritores conocidos en mi tiempo, que es el ao de 1820, desde cuya fecha corrieron demasiado breves para m las horas consagradas al cultivo de la literatura; habindome dominado tirnicamente la historia natural con interminables dibujos de peces y reconocimientos de insectos. Lo dijera para mi confusin, si no me pusiera a considerar que todo hombre tiene una misin, ya humilde, ya gloriosa, que cumplir en la tierra. Y desdichado el que no la tiene! Querr matar el tiempo, como dicen; y el tiempo lo matar a su sabo r sin que se le quite de los ojos la imagen inevitable de la muerte.

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OBRAS 78\ 78\ Y a mi oracin ha tomado las dimensiones que cumplen con la costumbre universitaria: me veo obligado a abandona r o a lo menos a aplazar para otra oportunidad otros prrafos que ataen a la excelencia de la lengua castellana, a su ndole ms eufnica que lgica, a los recursos que saca del latn, las inversiones y el nmero tan propio de un habla en que el odo es el supremo juez. Tambin aplazo las traducciones, los galicismos y algunos defectos de nuestra ortografa y puntuacin. Pido ahora la venia, y suplico la indulgencia, para terminar con un episodio que no deja de ser oportuno; puesto que he recomendado la universalidad de conocimientos y la diversidad de composiciones. Es menester pulsar todas las cuerdas de la lira. Unos ensalzan a Delfina, reina de los salones, otros cantan a Flrida, que gua con cayado sus corderos; otros celebran a Silvia, que ennoblece las selvas con su presencia; y tal vez desdean a Marina, la hija del pescado r la que imprime en la arena sus pies descalzos, y saca del agua los crustceos; la que arrima a su odo un caracol, y escucha en l la voz del ma r que suena y parece mezclarse con el viento. O h ninfas que habitis los palacios cristalinos, que os mecis en las olas agitadas por los vientos, que acariciis las rocas, que destilis perlas a la luz del sol, e iluminis las noches tenebrosas con movibles y fosforescentes resplandores! Dejad que os vea, abridme vuestros tesoros, dadme a or vuestras armonas, convidadme a vuestros espec tculos, iniciadme en vuestros misterios; pues no soy ningn profano, antes bien gozo de privilegio desde que sigo amante la huella de vuestros pasos. Atalaya, la hermosa Atalaya ha herido mi corazn. Amena es como la brisa; libre como el Dorado en la lquida llanura, como la gaviota en los cayos, como el radihorcado, en las regiones etreas. Hija del ma r, tiene los ojos sesgo y verdinegros; spera melena cubre su frente tostada por el sol. Su seno es inexpugnable, porque lo defienden los erizos y langostas, y los dientes de la morena, y los brazos del calama r Sus perfumes son de asfalto; sus peinetas, blancas vrtebras de pargos y jureles; sus alfileres, las pas del diodn, las espina del rbalo, del caballerote y del rascacio. Los atavos de su cabeza, en vez de airones, son de racimos de perlas entre esponjas punz, carmelitas y moradas, hechos florones de la frente. Torzales de algas forman su cintura; y sartales de cpreas, sus collares. Calzado no tiene, porque pisa la combatida arena, y lava sus pies a todas horas en las olas incesantes del salado ma r Su retrete es una cueva de enriscado acceso, vedada al sol de medioda, tachonada de lapas y litorinas, ceida de corales, visitada por incautos peces; sus pelgicos jardines estn sembrados de polpedos flexibles, que burlan el mpetu de las olas y contrastan la furia de la tormenta; sus escabeles son estrados madrepricos, obra grandiosa de diminutos seres. Su le-

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FELIPE POEY Y ALOY /79 /79 cho es arenoso, sus colchones son escamas: su sueo es en los brazos anchos del ma r. Su dulce voz, si platica con la guijas y pedrezuelas de la apacible playa, es la del viento murmurador que todo lo ve, todo lo toca; su quejumbrosa voz, cuando gime, es el sordo concierto de lejanas tempestades; su ronca voz, cuando brama, es el alto y multiplicado acento del insano huracn, moviendo guerra a las tierras y a los mares. Sus espectculos son: el reglado movimiento de los cielos y los in e stables horizontes de la tierra; las estrellas que en innumerables escuadrones se miran en la mar; la luna que quiebra en ella su melanclica faz; las exhalaciones que a manera de fuegos artificiales, interrumpen la quietud de la noche; el fulgor de los relmpagos, el estampido del rayo que en surcos encendidos cae y rasga las nubes, y derroca los altos promontorios, retumbando por valles y collados; la a urora sembrando de rosas el manto ya plido de las tinieblas; el sol asomando por el oriente, lanzando rfagas de luz y arrebolando la esfera; el sol apagando sus luces en el o caso, que le abre sus puertas purpurinas; los vapores acuosos tendindose por la azulada bveda en altas y bizarras condecoraciones recamadas de plata y oro; los rboles movidos por el viento; el beso de la brisa, los embates de aquiln; los torrentes del cielo sorbidos por el ocano; las hinchadas olas, que se alzan como corceles, sacudiendo las blancas crines, y sobrepujan las peas, y refluyen en hilos desatados; la espoleta del escualo y los saltos de cetceos bufadores; las dos plumas del rabijunco, las alas tendidas del rabihorcado, la ancha red del alcatraz, las vociferaciones del frailecillo, las danzas de los jejenes y las corridas de los cangrejos. Qu ngulo terrestre podr en su pompa competir con la cuna de las Nereidas? No las abrasadas arenas de la Libia, el horrendo Cucaso, los pramos incultos del Brasil, las selvas coposas del Paragua y. Lejos de ti, me consume la ausencia; sin ti perezco, Atalaya. Si abro un libro de estudio, descubro tus pies entre renglones; me llamas, me conversas, me interrumpes en mis meditaciones. Como el forzado en el banco y atado de la cadena, he de remar nueve meses privado de tus atractivos: llega una Pascua y otra Pascua, y se aproxima la San Juan; suelto el remo, dejo el banco, tomo las alas de la golondrina. Y a la tierra se estremece de amo r penetrada por las primeras aguas del verano; salen de su seno electrizado, a poblar montes y praderas, millares de mariposas blancas, rojas y amarillas; yo empero dejo los prados, dejo los sombros y repuestos valles, dejo las breas ocultas en la espesura de los bosques, y corro al mar; a besar el arrecife, a pesar en mi mano un puado de arena, a luchar con las olas, en pos de ti, Atalaya, oh hermosa Atalaya! An me ludit amabilis insania?

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OBRAS 80\ 80\ A dnde me arrebata un lisonjero error? He olvidado acaso que estamos a primero de octubre? A las armas, catedrticos y estudiantes! No dejemos amortiguar el bro. La guerra tiene sus dulzuras, si se hace a la ignorancia y erradas preocupaciones; a la ociosidad, viciosa madre. La ciencia es ms bella que Delfina, ms amable que Flrida, ms apetecible que Silvia, ms resplandeciente que Atalaya. La ciencia es el valimiento, el podero, la estimacin, la riqueza, la dicha. Apartad, profanos amores; la ciencia en nuestro amo r Primero la lmpara, despus el sol: nadie pide descanso antes del trabajo, ni aspira al premio sin el mrito adquirido. Quien quita el trabajo, dice Pedro Mejas, quita el descanso. Seores, toca al fin de esta oracin inaugural, cometida a los cansados aos de mi vida, en cumplimiento de las nuevas disposiciones reglamentarias. Empez el turno por m, y el nuevo turno no volver. El tiempo, que en su robusto vuelo abate el cedro y el roble secula r con un golpe de sus alas quebrar mi frgil existencia; perdonando por das prolongados, as lo espero, a la edad lozana, a las plantas nuevas llenas de vigorosa savia, que hoy alzan su cabeza en el mismo suelo donde pronto se esconder la ma. Amigos, los unos compaeros de labor en veintids aos de ejercicio cientfico y literario, los otros compaeros ms recientes y ms jvenes, que habis simpatizado conmigo, porque bajo de una corteza caduca habis hallado un corazn siempre joven, conservad mi memoria. Y vosotros, alumnos de la Universidad, esperanza del pas regenerado con el presente plan de estudios, guardad la copa llena de saludable licor que en ella virtieran vuestros catedrticos; conservad los generosos sentimientos tan propios de vuestra edad; la constancia en el estudio; el amor a la eterna justicia, independientemente de las leyes humanas; y a la virtud, que lleva en la mano la espina del sacrificio, y pone en la conciencia la recompensa ntima.

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MEMORIAS SOBRE LA HISTORIA NA TURAL DE LA ISLA DE CUBA AR TCULOS V ARIOS Y FR AGMENTOS I. Los pinares y las auras El clebre Audubon, ornitlogo esclarecido de los Estados Unidos del Norte de Amrica, ha demostrado que las auras son guiadas por la vista, no por el olfato, en el reconocimiento de los cad veres que les sirven de alimento. Una piel seca de venado llena de paja fue echada en medio de un campo, y el naturalista se puso a la espectativa. No tard en bajar un aura, que se pos sobre el fingido cadve r y engaada por la apariencia se propuso llenar bien el estmago; para lo cual empez por vaciar los intestinos, como acostumbran las aves de rapia. Atac la piel por las aberturas que tena, y por las costuras del vientre; sacando siempre paja y ms paja; para abrevia r dir que abandon la presa. Otro da ocult Audubon un cochino muerto bajo de unas malezas: el animal se corrompi, derram su pestilencia por los aires; de noche los lobos descubrieron el bulto y se hartaron. Las auras no acudieron. Para variar el experimento, el naturalista americano degoll un lechn en la pradera, llev el rastro de la sangre hasta el depsito anterior donde ocult el cadve r Las auras descubrieron el rastro, lo siguieron hasta el sitio apartado, y se regalaron a su sabo r. Remito a la obra de Audubon para estos experimentos repetidos, variados y ampliados conforme a los preceptos de la escuela: todos vinieron a confirmar lo asentado anteriormente. Con este motivo me parece oportuno trasladar aqu un poco de mis memorias sobre la Historia natural de la isla de Cuba, en que describo los pinares de la Vuelta Abajo, entrando las auras en la escena; sta pasa en Cajalbana, terreno serpentinoso, advirtiendo que no hay pinos en el Pan de Guajaibn, que le toca por el pie.

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OBRAS 82\ 82\ Al norte de San Diego no hay pinos en la llanura: de esto puedo dar testimonio como testigo ocula r He recorrido un terreno llano, cubierto de aquellos vegetales que ms se complacen en tierras feraces, donde los jageyes estrechan con sus temibles brazos las corpulentas ceibas y las palmas elevadas; y al llegar al pie de la sierra, he visto la ltima palma real a orillas de un foso, frente al primer pino del gigante Cajalbana; ambos se resentan de su posicin, como hijos de un terreno intermedio que empezaba a negarles el sustento predilecto. Parecan dos centinelas guardando los confines de sus dominios respectivos. Mas apena hubo pasado aquella lnea de demarcacin, cuando desaparecieron los vegetales que me haban cubierto con su dilatada cabellera, prestndome su sombra hospitalaria. Sub la falda de la loma sobre ridos pedruscos, bajo los ardores del sol, pero entretenido con el distinto carcter de la vegetacin que a mis ojos se ofreca; principalmente los guanos o pequeas especies de la familia de las palmas, el granadillo, el peralejo, la espuela de caballero y otros arbustos de cuabales, la mayor parte raquticos y espinosos. Segn iba subiendo los tres escalones de la alta montaa, se descubra el mar del norte, salan de la tierra los helechos de tres a cuatro pies de altura, que daban al aire un olor a alpestre, alfombrando los pinares al pie de rboles que escondan su frente entre las nubes; y cuyas ramas geman suavemente al toque de los vientos, mientras que la chicharra ensordeca con su chillido agudo. Las auras, de vista perspicaz, se explayaban ms all de sus cimas; y bajaron a reconocer al viajero, cuando fatigado de anda r descansaba tendido en la maleza; bajaron con la esperanza de encontrar un cadve r pero se desengaaron a un ligero torcer de cejas, al simple bajar de los prpados, o al movimiento alternativo del pecho que aspira la vida favorecida por la atmsfera. Lo cierto es que no tardaron en retirarse con vuelo circula r lo que prueba que estos animales no van dirigidos por el olfato, sino por la vista. II. El pescador El nombre vulgar de pescador dado a los peces del gnero Antearius, es debido a un apndice vermiforme, simple o bifurcado, que presenta el primer radio de la aleta dorsal situado en la punta del hocico. Es una varita flexible, cartilaginosa, con la extremidad carnosa, ordinariamente rosada y con arruga trasversas, imitando el aspecto de una lombriz. El animal se esconde en el fango, o se cubre de arena, acechando los pecesillos que vienen a reconocer los filamentos carnosos, llevados de su curiosidad, o engolosinados con la apariencia, pues semejan annlidas u otros vivientes propios para la nutricin. El astuto

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FELIPE POEY Y ALOY /83 /83 pescador no mueve el cuerpo, pero agita los filamentos, y aguarda, la boca abierta sobre el fondo arenoso, donde su lengua pintada de blanco y negro, como una tabla de ajedrez, se confunde con las piedrezuelas de la ma r Si el incauto pecesillo se aproxima, sbitamente se lanza el pescador sobre l, y lo aprehende con sus mandbulas verticales. III. Los guajacones Pecesillos de agua dulce Si consideramos la pequeez de estos peces, nos inclinamos a mirarlos con desprecio, pero si atendemos a que habitan las lagunas, arroyos y zanjas de nuestros campos y jardines, los cuales animan y amenizan con su presencia, al paso que los purifican por decreto de la Providencia, devorando el cieno y asimilndose las sustancias orgnicas en descomposicin, los miramos como vecinos tiles y compaeros no menos graciosos que inocentes; el contemplador de la naturaleza no se desdear de observar sus juegos, sus amores, sus guerras, sus mansas vueltas, sus fugas rpidas; ya reunidos en manchas numerosas, ya aislados sobre el fango que sacuden y levantan al menor peligro para buscar en la turbacin un lugar seguro; otras veces vienen a la superficie a hacer presa de moscas y hormigas, que otras luchas y otros juegos han precipitado en el lquido elemento; o bien tragan las semillas arrebatadas por el viento y arrastradas por la corriente. En tanto que la vista entretenida sigue en el agua sus mil evoluciones, recibe los reflejos luminosos, verdes, dorados purpurinos que envan sus tersas escamas. Dichoso el que adorna con ellos sus fuentes, sus cristales, y olvida en su compaa los pesares de la vida! I V El anobio de las bibliotecas Las cosas estn dispuestas de tal modo, que todas las especies animales y vegetales se conserven en la tierra, ocupando cada una su lugar propio, viviendo sus individuos y muriendo sucesivamente, sacndose de la destruccin de unos el alimento necesario para la existencia de los otros. Si los cadveres de los seres organizados fuesen incorruptibles e incapaces de menoscabo, la suma de los cuerpos muertos se hara con los siglos ms voluminosa que la de los vivos, y no habra lugar para stos en la extensin del globo. El remedio est a cargo de los seres ms diminutos, que el vulgo huella con desprecio y que son necesarios al orden establecido, para lo cual se compensa lo infinito de la pequeez con lo infinito del nmero, verificndose la sen-

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OBRAS 84\ 84\ tencia de que lo pequeo viene a ser lo grande, como lo proclama con este lema de la Sociedad Entomolgica de Francia: Natura maxime miranda in minimis. Injustamente se queja el hombre del dao causado a su industria por los insectos destructores de sustancias orgnicas; y tal vez sin agradecer el incesante trabajo de estos seres para purificar sus campos de la fetidez que esparcen por los aires los cadveres de los animales muertos, y para purgar sus bosques de los troncos cados, acusa la Providencia, que permite la destruccin de sus pieles acumuladas y de sus herbarios olvidados en los estantes. Lo mismo sucede con sus pergaminos, sus archivos, sus bibliotecas. Si los libros no se visitan, no se sacuden, no se leen; si los herbarios no caen en sujetos entendidos, ni en manos laboriosas, de qu sirven al mundo? Tanto vale quitarlos del medio; y para esto acuden los insectos, que nos dan una leccin saludable, declarando la guerra a la ostentacin, prontos siempre a retirarse delante de la vigilancia del hombre. Tiempo dan para todo; pues ordinariamente sus procedimientos son lentos. En el nmero considerable de insectos cuyas larvas se mantienen de despojos vegetales y animales, y de materias tomadas de estos dos reinos para aplicarlas a la industria, llama nuestra atencin el insecto destructor de las bibliotecas en La Habana y otros puntos de la isla de Cuba. Pertenece al orden de los colepteros, o insectos mandibulados, familia de los Ptiniores gnero Anobium de F abricio. El vulgo confunde, bajo el nombre de polilla, este coleptero con el gnero Lepisma de que tenemos una especie bastante grande, destructora de los papeles, a quien corresponde propiamente aquel nombre vulga r pero que daa royendo la superficie de los cuerpos y perforndolos a la larga, sin practicar como el anobio agujeros y galeras laberintiformes en la masa de los libros. El anobio de la isla de Cuba que denomino Anobium bibliotecarum apenas se ve en otra parte ms que en los libros, que perfora en estado de larva y destruye poco a poco. Este anobio tiene 2 milmetros de largo; cuerpo pardo-oscuro, sin pubescencia, lustroso, pareciendo punteado cuando se mira con fuerte lente; la hembra no tiene estras en los elitros, el macho tiene dos estras a lo largo del borde posterior de estos rganos (omito la descripcin minuciosa). No ha llegado a m noticia que este insecto destructor se encuentre en otra patria fuera de la cubana; y aunque he visto en las bibliotecas de Europa algunos libros agujereados a la manera de los nuestros, tengo datos para afirmar que el dao es causado por otra especie del mismo gnero, o de un gnero muy prximo. Durante los muchos aos que recojo insectos en la isla de Cuba, no lo he hallado ms que en los libros, salvo una vez que fue encontrado en una ceiba; pero he de citar un caso

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FELIPE POEY Y ALOY /85 /85 excepcional, y es que el seor don Antonio Bachiller y Morales me remiti un trozo de cedro desecado y acribillado por las larvas del anobio de las bibliotecas, con individuos perfectos, machos y hembras, llamando al mismo tiempo mi atencin sobre un parsito que no me era desconocido. El insecto parece nocturno: sus estragos no son causados por el animal perfecto, sino por los hijos en estado de larva, que viene a ser el gusano antes de haber cobrado las alas. En general esto sucede en toda esta clase de invertebrados, pues el macho y la hembra viven el corto tiempo necesario para propagar la especie, mientras que las larvas, al salir del huevo, crecen con lentitud, mudando muchas veces la piel, y pasando por el estado inactivo de ninfa antes de su ltima transformacin. La madre, atrada por el olor de los papeles y libros acumulados en bibliotecas cerradas, oscuras y hmedas, se introduce por los mnimos intersticios, y llega a las materias que deben servir de alimento a sus hijos; cediendo al imperioso impulso que la gua, deposita sus huevos sobre el lomo o cantos de los libros. Un corto nmero de larva salen de estos huevos, y penetran, con el auxilio de sus fuertes mandbulas, en el interior del volumen, que perforan en galeras cilndricas, comiendo los materiales y tapando con sus excrementos el camino que recorren. Los intrincados laberintos que de esta suerte practican, se notan en la orilla, principalmente en el lomo del libro, y slo cuando la destruccin se encuentra muy adelantada, se resuelven a invadir el centro. En sus rodeos vuelve la larva a la superficie marginal, para procurarse una salida cmoda en su ltima transformacin. As es que los libros de margen ancho salvan muchas veces lo impreso. Los excrementos que la larva deja tras de s son compactos y pegan las hojas, dejando el libro difcil de abrir; y causa admiracin que el animal encuentre en las profundidades en que se aventura, suficiente cantidad de aire para los fenmenos de la respiracin, necesarios a todo ser organizado. Mucho importa a la salubridad de la atmsfera y a la salud de los seres que en ella buscan su existencia, que el cadver de un buey desaparezca en breve; para este fin acuden las fieras terrestres y los buitres rapaces; acuden los insectos necrfagos que abundan en todas partes, entre ellos unas moscas vivparas que devoran ms que un len, gracias al nmero de sus hijos, y al desarrollo de las larvas, sucedindose rpidamente las generaciones, y compensndose la pequeez con el nmero. Pero en el caso presente, el enemigo es de fecundidad escasa, de desarrollo lento, de vuelo perezoso, cuyas generaciones se ceban en un mismo volumen; y cunden a otros tardamente; por lo que ha sido llamado anobio, esto es, sin vida. Da pues el tiempo necesario para ser combatido y vencido, y slo llegar a ser temible y peligroso por culpa lata de los encargados de los

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OBRAS 86\ 86\ archivos. Demuestra la experiencia que cualquiera biblioteca establecida en la isla de Cuba se preserva de por s por espacio de 20 y 30 aos, sin que acuda de fuera la hembra del anobio a empezar sus estragos. Para prevenir constantemente el mal, bastar tener los libros y papeles en lugar seco y ventilado, evitando la oscuridad en cuanto se pueda. Con este fin se tendrn las bibliotecas sin vidrios, y en lugar de stos un enrejado menudo de alambres para no dar entrada a las cucarachas y otros animales molestos. El mejor perservativo est en la renovacin del aire, para que no se reconcentre el olor de los papeles, el cual puede solamente atraer la madre del anobio; esto sucedera con ms razn si la humedad del lugar fuese causada de alguna fermentacin en las materias orgnicas que entran en la composicin de los libros. La mayor prueba de que las cosas pasan como las he referido, es que los libreros de La Habana, si no han tenido la imprudencia de comprar libros apolillados, son los que menos han sido molestados por el insecto; no pudiendo atribuir esta dicha a otro causa que a la de tener sus libros al polvo y al aire en estantes sin puertas y bien ventilados. Para combatir el mal cuando ha cundido en una biblioteca, importan pocos los polvos de diversas sustancias que he visto echar entre las hojas de los libros, y que no penetran en las galeras calafateadas de excrementos donde se esconde el insecto; es menester desalojarlo uno a uno con un punzn y golpes de manos, hoja por hoja, sin dejar indicio de excrementos en parte alguna. Aun as, puede suceder que algunos huevos permanezcan y den lugar a la renovacin del dao: por cuya causa es prudente pasar los libros despus de la primera operacin a un lazareto donde permanecern algunos meses y se visitarn por segunda vez; conocindose el dao nuevamente causado por el excremento nuevo que la larva depositara por necesidad en las galeras recientes; se repetir la operacin cada vez que sea necesaria, hasta no dejar un solo libro apestado. Entonces descansar el bibliotecario por muchos aos, si se arregla a las instrucciones del prrafo anterio r. Mejor fin se conseguir si los fabricantes de papel estudian el efecto de ciertos ingredientes que pudieran introducir en la confeccin de aquel material; porque he visto libros que por la calidad del papel se han perservado en medio de la completa destruccin de otros. Recuerdo haber tenido en la mano una obra en folio o con bellas lminas de historia natural: todo el texto estaba comido, y las lminas quedaron intactas; cuando ms, la primera araada. El folleto de Remirez sobre las aguas de San Diego, impreso en La Habana, salvaba las cubiertas, que eran de una simple hoja de papel, al paso que perdan las dems hojas. Un lomo de pergamino preserva ms que el becerro y la badana. Para terminar este artculo, indicar un parsito que vive a expensas de la larva del anobio: es un himenptero, o avispita, de la longitud

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FELIPE POEY Y ALOY /87 /87 y color de la hormiga comn, ms delgada de cuerpo: pierde muchas veces sus alas. Raro es el insecto destructor que no tenga por enemigo algun parsito, principalmente en el orden de los himenpteros; a stos debemos en gran parte la conservacin de los naranjos, amenazados por un imperceptible Coccus tanto ms temible cuanto ms pequeo. V El jejn (Cecacta furens) Insecto dptero, furibundo habitador de playas Cualquiera que sea, para el navegante y el poblador de las costas cubanas, la molestia que recibe de las sanguinarias costumbres de los mosquitos, todo es poco comparado con las crueles agresiones de unas mosquitas imperceptibles, que el vulgo ha aprendido a conoce r a pesar de su pequeez, y que distingue con el nombre de jejenes. Si los naturalistas no lo conocen bien todava, echen la culpa a su desidia y no a la falta de instrucciones que hayan encontrado en el pas habitado por estos diminutos y furiosos enemigos. No se ignora en Europa que hay en las Antillas algunas especies del gnero Culex llamadas en Francia cousins, que afligen a los hombres hasta el punto de obligarlos a encender hogueras en el campo para ahuyentarlas con humo, y de dormir al abrigo de cortinas transparentes que se llaman mosquiteros; entre ellos, el que en La Habana se muestra con patas alternativamente anilladas de blanco y negro, y que el seor Robineau-Desvoisdy denomin Culex mosquito ; pero no se sabe todava a qu gnero, ni siquiera a qu familia, pertenecen los jejenes, que los viajeros llaman confusamente en lengua francesa maringouins, moustiques, mosquilles, mostiques corruptelas de la voz espaola mosquita o mosca pequea, correspondiente a la palabra inglesa gand ; bien que el jejn es propiamente en ingls gand fly mosca de arena. Unos creen que es una especie de culex, de pequeas dimensiones, y stos lo llaman maringouin, nombre que tambin se aplica a los mosquitos; otros lo indican con nombres genricos que ni siquiera pertenecen a la divisin de los dpteros de antenas largas, como los que sospechan que sea un empis. El sabio Latreille, en el Nuevo diccionario de historia natural edicin de Deterville, dice que abundan en la Luisiana y le fue comunicado por el botnico Michaux; habindole parecido una especie del gnero Simulium que llaman vulgarmente moustique. Veremos que este gnero es distinto del jejn, pues es de la familia de las tipularias, y ofrece antenas de once artculos. El mismo Latreille parece conocerlo as, pues se lamenta de la incuria de los naturalistas viajeros, que solamente lo han indicado como perteneciendo a una especie de dptero distinto del culex, mnimo de cuerpo, cuya presencia no se anuncia con zumbidos, plaga enojosa para el

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OBRAS 88\ 88\ hombre y los animales. Es muy extraordinario dice aquel prncipe de los entomologistas que los viajeros no se empeen con frecuencia en recoger los objetos que ms merecen nuestra atencin: los mosquitos y los jejenes (maringouins et moustique), que atormentan los habitantes de las regiones de Amrica, carecen de observadores cientificos. La pequeez de este insecto, lejos de ser para m um motivo de aversin, me ha empeado con frecuencia en su estudio, deseoso de vencer la dificultad que presenta su anatoma externa a los ojos armados de aparatos microscpicos. La inspeccin no de uno o de pocos individuos, sino de un nmero de ellos considerables, principalmente para la representacin de la trompa, me ha dado por resultado una boca compuesta de seis piezas separadas y afiladas como lancetas, sin contar la inferior que las abraza todas. Llmanse dpteros los insectos de dos alas, y de boca propia para chupa r Los naturalistas dividen primordialmente este orden en Nemocera y Brachycera a sabe r antenas largas, filiformes, y antenas cortas: el jejn pertenece a la primera divisin. Los nemceros se subdividen en dos familias: la de los culicidios, en que est el mosquito comn, y que tiene por caracteres un sifn u horador de seis piezas, largo y delgado y palpos rectos; y las de las tipularias, que son muy zancudas, y tienen por caracteres un sifn de dos piezas, corto y grueso, palpos encorvados. El jejn no pertenece a ninguno de estos dos extremos, y forman una familia nueva, intermedia, que llamo de las ecactanas, y se distingue por un sifn de seis piezas como los culicidios, y de trompa corta, palpos corvos, como las tipularias. Es al mismo tiempo el nico gnero, nica especie de dicha familia. Gnero Eccacta. El gnero Oecacta que aqu establezco viene de la palabra griega Oicactes que significa habitador de playas, y que se escribe en latn Oecactes habiendo preferido abandonar la terminacin en es para prohijarla en la lengua latina, conforme el consejo de Fabricio, que dice en su Filosofa entomolgica: Sonus nominum, quantum fieri potest, facilitandus, ideoque nec groeca, nec barbara admittimus; et terminationem groecam en latinam mutamos; v.g. Saperdes in Saperda. nicamente se me ofreci una duda sobre hacer el nombre masculino o femenino, sase Oecactus o Oecacta (Ecacto o Ecacta); parecindome que puesto que en espaol el jejn es masculino, lo mismo que el mosquito, deba conservarle este gnero en latn. Pero mi amigo el doctor Gundlach, a quien consult seriamente sobre este particula r, me ha dado con donaire una respuesta que no creo indigna de la seriedad de este artculo, y que tomo bajo mi responsabilidad, ya que me he dejado convencer por ella, por ms que las compaeras del gnero Homo se empeen en desmentirla: y es que el modo de embestir del jejn, calladamente y con daga corta, es propio del sexo femenino; siendo al

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FELIPE POEY Y ALOY /89 /89 contrario la guerra del mosquito varonilmente declarada con msica, y sostenida con lanza o espada larga. Esta opinin de mi docto amigo es conforme con la del entomologista citado, que muda la es en a. El gnero Ecacta adems de los caracteres de familia que trae el prrafo tres, presenta antenas de quince artculos y palpos de cinco, sin ocelos en la parte superior de la cabeza, ni espinas en las tibias, ni vesculas en los tarsos; alas con pocas nervuras y en gran parte escamosas. Los dos sexos difieren poco. Oecacta furens la furibunda ecacta. Longitud: dos milmetros, desde la extremidad de la boca hasta la punta de las alas; trax de un gris cobrizo, pareciendo bronceado, con manchas oscuras por encima y por los lados; abdomen negro, patas blanquecinas, con las articulaciones negruzcas, y un anillo de este color en medio del fmur y de la tibia; alas apareciendo, sin reflejo, blancas con manchas negras, frente y antenas rubias (omito la descripcin minuciosa). Las playas de las Antillas y de los estados meridionales de la Unin americana estn plagadas de pequeos dpteros, que tal vez pertenecen a diferentes gneros, como induce a creerlo el reconocimiento de la Simulia, presentada por Michaux al seor Latreille; ignoro, por lo tanto, si la ecacta furibunda o el jejn de Cuba es exclusivo de esta Isla. Slo podemos asegurar que entre todas las especies es de las ms atormentadoras. Quin podr decir dnde se cra la larva, y quin dar su descripcin? Hay un dicho entre nosotros que expresa la dificultad de este descubrimiento, pues para ponderar el alcance de un hombre sabichoso, se dice que sabe dnde el jejn puso el huevo. Lo nico que sobre este captulo podemos sospecha r es que la larva es acutica, y se cra en los focos de fermentacin marina, a lo menos de agua salobre; porque solemos hallar los jejenes en las playas de la mar o en sus inmediaciones, aconteciendo rara vez encontrarlos en el interior de las tierras. Cuando ms abundan es en los tiempos de calma y al acabarse el da: el viento los ahuyenta y los obliga a refugiarse en las malezas y a remontar los ros; as es que en Cojma r cuando no los hallaba en la playa, los iba a buscar con fruto a media legua de la boca, esto es, al pie de la loma que est enfrente de Guanabacoa. Acaso se cra en rboles martimos? Esto es lo ms probable. Pocos he encontrado en Cayo Blanco, ensenada de Crdenas, donde no hay ms que arenas y mangles; y muchos en Cayo Galindo, que abunda en vegetacin variada. Era all tanta la abundancia en el mes de agosto, que anublaban el aire, se agolpaban a los ojos y se introducan por las fosas nasales hasta penetrar en la traqueaarteria; yo fui con nimo de hacerles la guerra, y me retir vencido, consolndome con la fbula del len abatido por una mosca. Huyendo de esta playa, tienen las embarcaciones que mantenerse a una distancia de media legua del litoral, y los navegantes renuncian a la seguridad y

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OBRAS 90\ 90\ placer de dormir en tierra, para no pasar la noche en compaa de aquellos habitantes inhospitalarios. Cualquiera, al or esta relacin, pensar que la isla de Cuba es un pas inhabitable, a lo menos sus costas y riberas; pero afortunadamente no es as. Los puertos de ma r como son los de La Habana, Matanzas, Crdenas, etc., donde domina el trato y comercio de los hombres, no estn invadidos por las legiones agrestes de jejenes, como los cayos y costas solitarias, rodeadas de montes y espesuras: parece que los vegetales son necesarios a su existencia, no como criaderos de larvas, sino como abrigos seguros contra los ventarrones y los excesivos ardores del sol a ciertas horas del da. V arias playas he recorrido impunemente; y en las ms afligidas por este linaje de insectos, hay meses, das y horas de descanso. La picada del jejn es dolorosa, no menos que la del mosquito; pero el jejn es ms molesto, porque es ms difcil de aparta r Invisible enemigo, y audaz, penetra por todas las aberturas que dejan el cuerpo indefenso; y cuando se viene a sentir su aguda lanceta, ha penetrado hasta la base, por ser ms corta que la del mosquito, y ms robusta. La actividad del veneno que vierte en la herida es mayor en proporcin, siendo muy probable que si el insecto fuera ms corpulento, causara efectos peligrosos, conspirando en nuestro dao la calidad y la cantidad del fluido derramado. Para preservar sus cuerpos desnudos de las picadas de los mosquitos y jejenes, acostumbraban los indios untar la piel de cuerpos aceitosos. VI. La culebrita de la crin ( Gordius aquaticus) La imaginacin del vulgo ha mezclado en todos los tiempos ideas fabulosas con hechos verdaderos de la historia natural. Amigo de lo maravilloso, ignorante, crdulo, ha forjado monstruos, ha desfigurado con sus exageraciones las verdades ms sencillas, y les ha dado el traje de su loca fantasa. Pero si bien se examina, se reconocer siempre la exactitud de este aforismo: En todo error vulga r hay un hecho verdadero. El pelcano, smbolo de la maternidad, que alimenta sus hijos con pedazos de sus propias entraas, es el alcatraz que distribuye a sus polluelos el pez contenido en la ancha red que pende de su garganta. El ichneumon, que entra en el estmago del cocodrilo y devora sus entraas, es la mangusta de Egipto que recorre las orillas del Nilo destruyendo los huevos de este reptil carnicero. La rmora que detiene un buque lanzado en su carrera, es el naucrates de los naturalistas, que conocemos en la isla de Cuba con el nombre de pega, el reverso de los

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FELIPE POEY Y ALOY /91 /91 primeros descubridores, que se adhiere a los peces mayores y a las embarcaciones por medio de un disco laminoso que lleva encima de la cabeza, el mismo que sirvi a los indios para pescar tortugas. El puerco espn lanza sus pas como flechas para su defensa, dice el vulgo. En qu funda su opinin? En que ha visto las pas clavadas en el tronco de un rbol. Pero es de conocer que el animal acometido se lanza con sus armas erizadas sobre su enemigo; y si ste esquiva el encuentro, puede el puerco espn dar contra un rbol y dejar en l clavadas sus espinas. Dicen que los alacranes devoran a su madre, porque se ha encontrado la madre muerta y medio devorada, cubierto el dorso de numerosos hijos. La verdad es que la alacrana carga con solicitud materna sus hijos recin nacidos, hasta que mudan la primera piel. Si muere en uno de sus partos, las hormigas las devoran antes que los hijos la desamparen. Dicen que la ja nace de la avispa, y la araa peluda de la ua del gato: muchos han visto el vegetal desarrollndose encima del cadver de aquellos insectos; pero no saben que ese vegetal es un hongo del gnero Clavaria Qu diremos de las sirenas que halagaban con su canto, con la hermosura de su rostro, con la desnudez de sus pechos acariciados por las olas, pero torpes en las formas posteriores de su cuerpo y en la cola escamosa parecida a la de una culebra? Quin dira que esas seductoras criaturas debieron su existencia a la imaginacin herida con la vista de una foca o de un tosco manat? La culebrita de la crin, as llamada por el vulgo, es conocida en Europa con el nombre de gordio acutico. Se cra en los fosos de agua dulce, en los charcos y lagunas, y hay muchos en la isla de Cuba. Los hombres ignorantes que llevan a baar caballos a estos charcos, los han encontrado muchas veces; y como son de un dimetro poco ms grueso que una crin de caballo, sobre diez pulgadas de longitud, han credo que provena de la crin de este animal, transformada en culebra. En el curso de mi vida he hallado hombres que admiten esta maravilla, y la defienden con tanto ms ardor cuanto est ms distante de la verdad. No es menester acudir a invenciones maravillosas para hallar un atractivo en la historia natural. En los seres pequeos como en los grandes encontramos maravillas, superiores sin duda a las mentidas relaciones de la mitologa antigua. Y si pasamos los das observndolos, pronto querremos pasar las noches en tan agradable ocupacin, y la preferimos a las diversiones ms vivas. El gordio acutico merece ser estudiado en un vaso de agua en cuyo fondo se deje precipitar el fango. Pngase en el agua un pedazo de madera, una ramita donde el animal pueda enroscarse, atarse, desatarse, como acostumbra, echando siempre la cabeza fuera del nudo. Admira lo intrincado de sus ataduras y la facilidad con que las deshace, pasando de un nudo a otro. Nada puede com-

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OBRAS 92\ 92\ pararse a este juego admirable: ni las sinuosidades del meandro entre los ros de la Grecia asitica, ni el enroscamiento de las serpientes en sus nidos, ni lo inextricable del nudo de gordio, que Alejandro cort de un golpe de su espada. De aquel rey de Frigia y de su nudo clebre recibi la falsa culebrita de la crin el nombre que tiene en la ciencia, dado por el clebre Linneo, que en medio del laconismo de su estilo, tena la imaginacin potica de su rival el Conde de Buffon; con la diferencia de que el primero describa con una sola palabra lo que este ltimo con ciento. El gordio pertenece a la clase de los Helminthos llamados tambin Entozoarios porque casi todos se cran en el cuerpo de otros animales; la mayor parte en el canal digestivo. Los que he tenido a la vista tenan diez pulgadas de largo y media lnea de grueso, cuerpo cilndrico, disminuyendo un poco hacia delante, y mucho en la parte posterio r piel lisa, color castao. La parte anterio r redondeada en su extremidad, ofrece un punto impreso que corresponde a la boca; la extremidad posterior no me ha parecido perforada; pero el seor Dujardin, buen observado r, indica que est abierta para servir de ano y orificio genital; este mismo apreciable naturalista ha reconocido en el interior un tubo digestivo y un vaso dorsal, ltimo vestigio del sistema vascula r Dentro del agua el cuerpo es elstico; en el aguardiente se pone rgido, y fuera del agua se aplasta. Los sexos son separados; distinguindose los machos por la extremidad bfida de su cuerpo. La parte anterio r correspondiente a la cabeza, es blanquiza, transparente; y aunque no tenga ojos, parece que en ella reside difusa o diluida la sustancia nerviosa que permite la visin. Es lo que las costumbres del animal inducen a creer; porque en todos sus intrincados nudos, cuida de dejar la cabeza fuera, tendindola y movindola como quien la dirige a las funciones visuales. Bien s que Lamarck niega esa funcin en los animales inferiores desprovistos de ganglios y filamentos nerviosos; pero no ha prevalecido su opinin, y las hidras, ms simplemente organizadas que los gordios, parecen sensibles el rayo de luz que ilumina la tinaja en que se cran, sin embargo de no tener localizado el fenmeno en ningn punto de su organizacin. La descripcin que precede demuestra que el gordio est muy distante de merecer el nombre de culebrita, puesto que es un animal invertebrado. A ningn autor se le ha ocurrido la idea de que fuese una crin transformada en helminto, y mucho menos en culebras. Se describen ms de una especie, que Dujardin se inclina a considerar como variedades del Gordius aquaticus de Linneo, a cuya descripcin se acomodan los individuos cubanos; resta saber si son indgenas o introducidas. Los he tenido de La Habana, y Gundlach de Santiago de Cuba; los he encontrado tambin en Santa Fe, Isla de Pinos.

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FELIPE POEY Y ALOY /93 /93 He dicho que el vulgo, en medio de sus exagerados conceptos, toca de cerca las verdades. Entre las varias especies de gordios, algunas se han encontrado en los intestinos de insectos colepteros. Proviene acaso el gordio acutico de los intestinos del caballo? As pudo ese animal echarlo con sus excrementos en los charcos que frecuenta, confirmando el parentesco que el vulgo traduce a su modo. VII. La avispa de la ja Ningn orden de insectos ofrece tanto inters, con respecto a las costumbres, como el de los himenpteros, as llamados por la naturaleza de sus alas membranosas, las cuales son adems transparentes, desiguales en tamao y venosas. La boca es masticadora, en parte chupadora, y las transformaciones son completas. Las formas de los diferentes gneros y especies son muy variadas, no menos que el modo de vivir: unos son taladradores, otros cavadores, otros cuelgan sus nidos entre las ramas de los arbustos, otros labran miel en panales admirablemente construidos, otros forman bajo la tierra repblicas bien pobladas donde la crianza de los hijos est a cargo de individuos que no son sus madres, y en quienes es instintiva la solicitud materna; otros bien nombrados parsitos, viven a costa de orugas y otras larvas de insectos. El gnero Poliste Sphex de Linneo cuenta en la isla de Cuba una docena de especies de diferentes tamaos, que forman en compaa nidos de una sustancia vegetal masticada y reducida a la naturaleza del papel; y lo cuelgan de los rboles o de las peas enriscadas. La especie mayor tiene ms de una pulgada de longitud: su nido, compuesto de 150 a 200 clulas, tiene la forma de un quitasol abierto, y se ata por el centro; las clulas son por consiguiente perpendiculares: ste es el Polistes carnifex de F abricio. La especie que la sigue en magnitud, no pasa de una pulgada, es de colores ms festivos, su nido ancho de cinco pulgadas y largo de diez o quince, es vertical, las clulas numerossimas son horizontales, y cuelga por uno de sus extremos; esta especie ha sido llamada por F abricio Polistes lineatus Las otras son de mucho menor tamao, y sus nidos llaman poco la atencin. Entre todas las especies, el Polistes lineatus es el que ha merecido en esta Isla el nombre de avispa de la ja. Pero antes de entrar en la explicacin de este fenmeno, dar algunos pormenores sobre las costumbres del animal. A principio de la primavera una madre fecundada y por ahora solitaria, da principio a su nido colgando de un arbusto o de un peasco la primera clula, y al lado de sta, otras y otras muchas; y segn va adelantando en su trabajo, deposita en el fondo de cada clula

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OBRAS 94\ 94\ un huevo, del cual tarda un poco en salir una larva, que presenta a su madre su boca hambrienta pidindole el sustento. La madre est bien ocupada, tanto en traer los materiales para su nido, como para sacar de las frutas o de las entraas de otros insectos el alimento necesario para s misma y para sus hijos. stos, bien alimentados, crecen rpidamente, y cuando llegan a la edad adulta, quedan encerrados en una clula, donde se convierten en ninfas, y ltimamente en insectos perfectos de todos los sexos: todos ayudan a la madre a construir la habitacin de los hermanos futuros. Este incesante trabajo dura hasta fines de otoo, y la sociedad se dispersa. Los miembros que la componan llegan de diversos modos al trmino de su vida: unos son presas de aves insectvoras, otros, y stos son los machos, vctimas de sus propios instintos, mueren por ley forzosa despus de haberlos satisfechos; otros, arrebatados por los primeros vientos del norte, buscan un abrigo en los huecos y grietas de robustos troncos, o al pie de humildes arbustos, y en medio de sus races. All se salvan algunos para perpetuar su generacin en la primavera entrante; otros mueren a veces congregados en cierto nmero, y con la humedad de la tierra y de la atmsfera, no es muy raro encontrar ciertos individuos convertidos en vegetales, recuerdo veraz de las fabulosas metamrfosis de Siringa y de Dafne en el brillante poeta latino que floreci en el siglo de Augusto. He dicho que las avispas van a morir al pie de un rbol, y este rbol, entre otros, fue una ja. Un vegetal brotaba del cuerpo de cada una de ellas. Qu poda ser sino la misma ja? El fundamento del error popular no tiene otra explicacin. Y o deca a un hombre del campo, que afirmaba este prodigio: Amigo mo, los principios van siempre encaminados a un fin anlogo. Si usted afirma que de las avispas nacen las jas, tiene usted forzosamente que admitir que de las jas nacen las avispas. No hay dificultad en admitir esto, respondi el campesino. S, hay dificultad repliqu yo, porque cada ser viviente engendra a su semejante: los rboles nacen de semillas y dan semillas, aunque algunos rboles dan semillas aladas, sta es una expresin figurada, y es absurdo creer que den insectos con verdaderas alas. La ley es general: de los guachinangos grandes nacen los guachinanguitos, y de los indios mayores nacen los indios chiquitos. Un sujeto de gran mrito, que estaba presente, tom la palabra, y dijo: Es muy cierto que avispas no nacen de las jas, pero tambin es cierto que las jas nacen de las avispas, en el sentido de que estos animales en vida tragan la semilla, que es muy pequea, y mueren antes de haberlas digerido, por lo que germina despus en el cadver del insecto, como pudiera hacerlo en terreno abonado; muchos los han vistos, y yo soy uno de ellos. Y ha visto usted tambin la semilla de la ja? Est usted seguro de que es muy pequea? No la he visto, pero lo supongo.

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FELIPE POEY Y ALOY /95 /95 Mala suposicin, porque es bastante grande, y no puede ser tragada por una avispa. Adems, el insecto no es granvoro; su boca, aunque armada de mandbulas para despedaza r presenta sus otros instrumentos cibarios en forma de trompa o promscide propia solamente para chupar alimentos semilquidos, como sucede en la abeja; y no es el himenptero un insecto mascador como el coleptero y el orthptero. Lo que puedo asegurar es que estaba presente en la Vuelta Arriba hace algunos aos, cuando el seor don M. R. F recorra la isla para formar un artculo geogrfico-fsico-poltico sobre esta grande Antilla; y entre otras curiosidades naturales de nuestro suelo, le fue presentada una maceta curiosamente sembrada de avispas, todas ellas con el tallo reciente de la ja, que brotaba de en medio de cada cuerpo, y las dos mitades de la semilla an sin abri r con la cascarita encima, que no le faltaba ms que caer para que el vegetal creciera en todo su desarrollo. Mucho ven los ojos del cuerpo ayudados con los de la imaginacin. Esas dos mitades de la semilla, supongo que sern los cotiledones? Tal vez seran. Y la cascarita ser el pericarpio? Puede se r Pues yo digo que los que presentaron la maceta al seor R. F debieron haber esperado que cayese el pericarpio, y que la planta abriese sus cotiledones, y echase las primeras hojas seminales. Por otra parte, quisiera saber cmo explic este fenmeno el seor R. F No se le pidi su parecer sobre este particula r. Fue una falta de advertencia, porque me consta que le daba una explicacin ms natural. De todos modos, hicieron ustedes bien en no esperar el mayor desarrollo de la planta, porque estaran an esperando, en el concepto de que los supuestos cotiledones eran la cabeza de un hongo, y el soado pericarpio sera el germen productor de este criptgamo. A este conclusin vienen a parar los dilogos anteriores. El tallo que sale del cuerpo de la avispa no es la ja, pero es un vegetal, y este vegetal es un hongo perteneciente al gnero Clavaria que a veces termina en una cabezuela, otras veces se ramifica. Todos los que he visto en las avispas son de cabeza; pero en la araa peluda, en larvas de prionos y escarabajos, vulgarmente llamados gusanos blancos de la madera en descomposicin, y en algunas mariposas del gnero Esfinge las clavarias terminan en punta, y a veces se ramifican. El hongo que brota del polistes americano es simple, de un milmetro de grueso sobre treinta de largo; termina en una cabeza del tamao de medio grano de arroz: sale constantemente de la parte inferior del trax o pecho del insecto, entre las dos patas anteriores. Jams se ha encontrado en el polistes carnicero, ni en las otras especies conocidas en Cuba. No puede haber nacido sino de hongos de la misma especie, que esparcen sus semillas por el ambiente, o bien a consecuencia de lo que se llama creacin espontnea; de

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OBRAS 96\ 96\ ninguna manera por semillas de ja detenida en el estmago. A esto ltimo se oponen lo dicho en el prrafo anterio r el estudio del vegetal, y la circunstancia de que el estmago no est en el trax, sino en el abdomen o vientre del animal. Contra la opinin de las creaciones espontneas pugna la experiencia, la cual demuestra que de una poca geolgica a otra, la materia pierde su fuerza plstica, siendo necesaria la generacin en cada autor para reproducir su especie, pues est bien probado que la corrupcin no engendra. Nota. Posteriormente a la publicacin del artculo que precede guiado por Robin, he venido a conocer que los esprulos de los hongos descritos germinan en vida del insecto dentro del cuerpo, donde probablemente se han introducido por las estigmas (vas respiratorias), y han sido causa de la muerte del animal. VIII. La abeja ( Apis mellifica Linneo) La repblica alada de las abejas ha sido en todo tiempo, para inteligencia humana, un objeto misterioso e instructivo, tanto ms digno de su atencin, cuanto ms las ha asociado a su vida domstica y a sus intereses econmicos. El poltico Saavedra F ajardo ha visto en ellas el smbolo de un gobierno monrquico, fundado en el slido cimiento del amor del sbdito hacia la madre soberana, y sta justifica este amor por su incesante solicitud en la conservacin de la numerosa prole que rige con su presencia. El hijo de Apolo y de Cirene, el pastor Aristeo, hall en la familiaridad de aquellas industriosas pobladoras el consuelo de su vida mortal, y endulz con su compaa los rigores de su soledad. El poeta de Mantua ha dormido al pie de los sauces floridos, al blando susurro de sus alas, mientras buscaban el sustento entre las flores. El lrico de Teos las cant robando el nctar a los labios de una hermosa, o picando sus sonrosados dedos que curaba la boca de un amante. Nacidas las abejas en las comarcas de la Europa meridional, dieron celebridad a los montes Hbleos de Sicilia, y al Himeto de la culta tica, de donde han extendido su dominio por todo el continente cltico y por la regin del Atlas, pasando ms adelante, han invadido la Amrica, no para arrebatar sus tesoros y despojar sus campos, sino para transformar lo sobrante de sus flores en rica miel y til cera en beneficio del suelo que le suministra los materiales; 1 al paso que sacudiendo las anteras entreabiertas, y esparciendo su polvo sobre el seno de la flora, aumentan la fecundidad del reino vegetal. Precursoras de la industria y de la 1 Memorias de Chateabriand.

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FELIPE POEY Y ALOY /97 /97 civilizacin, guardias avanzadas del hombre blanco en los bosques y praderas del nuevo continente, a su aspecto se retira el indio y retrocede el bfalo. 2 Guas del cultivador que marcha a la conquista con el azadn y la mata de trigo, se anticipa a pasar el ro y el desierto, y le seala el rumbo que ha de segui r Estos insectos grandemente instintivos, privilegiados con un destello de razn, primer grado de la admirable inteligencia que distingue al hombre, muestran en pequeos cuerpos grandes pasiones, y ofrecen al naturalista filsofo un problema importante que resolve r en la calificacin de lo que se debe al instinto y de lo que es el resultado de una luz intelectual. IX. Historia de las abejas en la formacin de una colonia El aumento de la poblacin es causa de la separacin de una parte de los individuos que la componen, y de la formacin de una colonia. Esto no sucede sin el nacimiento de una nueva reina. Apenas sta se ha desnudado del zurrn que tena la ninfa cautiva, cuando procura salir de su alvolo, abriendo una brecha con sus mandbulas. Las obreras, que estn al tanto de todo, se oponen a su intento tapando la brecha con pedazos de cera; con lo cual se mortifica en extremo la encarcelada, y hace or un ruido agudo y fuerte, causado por el sacudimiento de sus alas en su amplia celda. El ruido llega a los odos de la abeja madre, la cual, presumiendo lo que es, deja de ver todas las apariencias de encono que la rivalidad despierta en iguales casos en nimos superiores o criaturas racionales. Esta reina, que en las dems circunstancias de su vida se muestra lenta, o si se me permite la expresin, pausada y grave, entra en furor a los primeros indicios que le revelen la existencia de una competidora, y se encamina precipitada a la celda que la contiene, dispuesta a castigar su competencia con la muerte. La poblacin se alborota, los trabajos ordinarios se suspenden: las obreras ponen obstculos a la ira femenina; sin emplear con todo la violencia, pero amontonando sus cuerpos en el camino de la abeja madre, para cerrarle el paso. La resistencia de los sbditos irrita cada vez ms a la soberana, y en uno de sus violentos accesos de clera, sale de la habitacin donde su autoridad es desconocida, y con ella se van la mayor parte de los habitantes destinados a formar una nueva colonia: de suerte que el enjambre que sale va siempre capitaneado por la vieja madre. En medio del tumulto y confusin que esta escena produce, la nueva reina se pone en libertad, y conserva bajo su gobierno las abejas ms jvenes, y las que por hallarse en el campo no 2 Viajes de Washington Irving.

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OBRAS 98\ 98\ se vieron comprometidas en la accin, como tambin las que van saliendo diariamente de su estado de ninfa. El primer cuidado de la recin nacida, cuando se encuentra en posesin de su colmena, es asegurar su nica autoridad a costa de la vida de sus rivales, contenidas en otras reales celdas. Las obreras esta vez no ponen obstculos a su rigurosa determinacin. Abre la reina con sus propias mandbulas las paredes de las celdas reales y encaja su temido aguijn en el cuerpo de las infelices prisioneras, en cualquier estado en que las encuentre, ya ninfas prximas a romper su capullo, ya tiernas y desnudas larvas; las obreras, impasibles espectadoras de estos asesinatos, penetran dentro de las celdas para extraer un cadver que arrojan fuera de la colmena. A veces sucede que nacen dos reinas a un tiempo, iguales en fuerzas, igualmente animadas y celosas de sus derechos. En este caso un duelo mortal se ha de seguir necesariamente, porque la repblica no se acomoda con dos cabezas. Las obreras, lejos de oponerse a la contienda, la provocan y la hacen inevitable, porque ponen en presencia las rivales, y no consienten la fuga. Las dos hembras se acometen, y procuran con arte o sorpresa alcanzar la posicin ms favorable, que es la de situarse sobre el cuerpo de la enemiga, para introducirle el encorvado aguijn debajo de las lminas que defienden los segmentos abdominales. Pero la lucha no se presenta siempre tan desigual: hay ocasiones en que, mordindose las antenas y trabndose las patas, se encuentran las luchadoras frente a frente, vientre con vientre, expuestas a matarse mutuamente y dejar la colonia sin directora. La inquietud en este momento es notable en las espectadoras: parecen comprender el gran peligro de que estn amenazadas. Las combatientes mismas, por un movimiento instintivo, y como sobrecogidas de un sbito horro r se separan y se retiran; luego vuelven con mayor tesn, y dan fin al combate con la muerte de una de ellas. A los peligros de la guerra y a la satisfaccin de la victoria sucede la unin sexual, y poco despus, la matanza de todos los machos. Los znganos no trabajan, porque su organizacin no se lo permite: comen la miel recogida por las obreras. Cuando ya no son necesarios para la reproduccin de la especie, su presencia se considera como perjudicial, y son exterminados. Las neutras les caen encima, a veces tres o cuatro contra uno, a quien aseguran por las antenas, las alas, las patas, lo maltratan con los dientes, y lo perforan con el aguijn: el macho, privado de esta arma ofensiva, resiste malamente; unos perecen sobre los paneles en que nacieron y fueron alimentados, otros arrastrados medio vivos fuera de la colmena, reciben al pie de ella los golpes mortales. Algunos fugitivos buscan un refugio en otras habitaciones, y en todas encuentran la misma hostilidad y la misma triste suerte.

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FELIPE POEY Y ALOY /99 /99 X. Las triades 3 Las triades pueblan las praderas, y como amedrentadas de la espesura de los montes, vuelan a la llanura, visitan los jardines creados por nuestra industria, se aparecen en las veredas ms trilladas, besan los pies del caminante, provocan su mano, y la burlan de flor en flo r Hijas graciosas del aire, flores aladas, fugitivas, smbolos de inocencia y de cando r as jams los dedos groseros del hombre mancillen vuestras delicadas escamas: que vengis os ruego a seorear mi mente, y ahuyentad las cuitas que el trato social me enva! Juzgo que es un dao merecido por haberos alguna vez aprisionado; prefiriendo a la tranquila felicidad que me ofrecais, un estudio que empieza por un delito, pues llegu a quitarles la vida, y acabar en sacrificios amargos. Toda ciencia es a costa de los afectos ms suaves, a quienes la tirana roba las horas y los momentos, en medio de una sociedad tan justamente combatida, tan ingratamente calumniada, y con tan vivo instinto solicitada; llegando el egosmo de esa pasin hasta el extremo de usurpar el paso a los deberes ms sagrados, pero si grata es la contemplacin activa de la naturaleza, para apartar la idea de la muerte y el espectculo de las miserias humanas, ms sublimes y ms grata es la virtud en contacto con la humanidad, y ocupada en aliviar sus males. Gnreux favoris des filles de Mmoire, Deux chemins diffrents devant vous vont souvrir: L un conduit au bonheu r lautre mne la gloire; Mortels, il faut choisi r. Lamartine 3 Las triades son pequeas especies de mariposas diurnas, domina en ellas el color amarillo o blanco, con el borde de las alas negro.

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POLICA DE LA PESC A I NTRODUCCIN S AC AD A DEL REPER TORIO FSICO NA TUR AL DE LA ISLA DE C UBA La polica de la pesca ha sido, con razn, mirada por nuestras leyes como un objeto de mucha trascendencia, no slo por lo que interesa al consumo pblico, sino tambin por lo mucho que importa al Estado, puesto que este oficio lucrativo es un elemento de poblacin para nuestras costas, y un semillero de buenos marinos. F ormaramos un cdigo voluminoso si quisiramos considerar esta polica en sus diversos ramos, abrazando todos los instrumentos o artes que la sagacidad humana ha forjado para aprisionar a los habitantes del ma r emplendolos ya con el pie en tierra, y la mano simplemente armada de una caa flexible, ya paseando por el fondo de las ensenadas las redes barrederas, no sin perjuicio del desove y de la tierna cra; ya cruzando las lquidas llanuras en un frgil barquichuelo, con doscientas o cuatrocientas brazas de cordel; ya persiguiendo con harpones al Leviatn entre los hielos del polo. El objeto que me propongo es ms humilde; mas no carece de importancia.

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DISCURSO LEDO EN EL LICEO DE LA HABANA EN 1858, EN LA DISTRIBUCIN DE LOS PREMIOS ADJUDIC ADOS EN LOS JUEGOS FLORALES Seores, elevad el alma! Estis en el Liceo de la Habana. No es ste un lugar de simple distraccin y honesto entretenimiento, sino tambin, una escuela de urbanidad y de buenas costumbres, donde la tertulia amena, el teatro, la msica, la pintura y el baile se dan las manos, y se auxilian mutuamente, para deleitar e instrui r conforme al precepto de Horacio: Utile dulci. V osotros que os dais por difuntos, cuando os falta el tumulto y sacudimiento de grandes emociones, muchas veces habris dicho con Lamartine: Quin pudiera bogar por la lquida llanura, bajo de la enlutada esfera, al fulgor de los relmpagos, en frgil barquilla, rasgada la vela, rota la entena, arrebatados por los aquilones y a la merced de las olas tempestuosas, surcando el inmerso ocano, abismado mil veces en su seno, mil veces sublimado en sus crestas espumosas! No es menester ir tan lejos, seores. Para ser conmovidos, venid al Liceo, escuchad la msica. Ella os llevar al ocano sin lmites, os pasear por sus hondos cimientos, os ensalzar sobre la espuma. El msico lanza una nota, nos lleva tras de ella: ya nos exaltas, ya nos abate. Quin duda que el violinista tenga nuestros corazones en la punta de su arco? Con l nos columpia en calma por los aires, o nos arrebata con la tempestad, o nos conduce con el tren y al paso de una locomotora. Enciende en nuestros pechos el ardor guerrero, la piedad, la ternura: tristes o alegres al arbitrio de su instrumento polglota. Otras veces produce la msica un efecto inesperado. Me encuentro abstrado, no s lo que pasa en derredor; ya no estoy en el Liceo, olvido el tema, mi espritu arrobado recorre las orillas del Ganges, o asciende a la cima de las Himalayas; o contempla un tipo ideal de sensibilidad, de virtud, de belleza... y al or la ltima nota, caigo en mi asiento, como quien despierta de un sueo prolongado; no bien repuesto an de los

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OBRAS 102\ 102\ millares de leguas que he viajado por el orbe entero, y de tantas emociones recibidas en tan cortos momentos. No menos poderosa que la msica, la declamacin tiene los nimos y los corazones pendientes de ajenos labios; con la verdad de la accin, la naturalidad de los acentos, el mgico poder del estilo, nos convierte en hroes; nos transforma en magistrados ntegros, guerreros esforzados, prudentes y a la par indulgentes padres de familia, amigos fieles, amantes apasionados; y cuando descalza el coturno, siembra con jovialidad las sales del tica sobre el drama de nuestra vida. Aqu sucede lo mismo que con la pila de V olta, o con las bateras elctricas: mientras ms numerosos sean los elementos destinados a producir la electricidad, ms intensamente se desarrolla este fluido. Segn el nmero de los elementos, la mquina apenas bastar a quitar la vida a una paloma, o bien ser suficiente para matar un toro. Tranquilizaos, seores, no se trata de mori r sino de aumentar la suma de nuestros goces. El hombre unido a otros hombres, y formando un concurso numeroso para asistir a una representacin teatral, aumenta su sensibilidad e inteligencia privadas, con la suma de las sensibilidades e inteligencias presentes. La mquina est cargada: la chispa elctrica se produce intensa, y recorre el estrado. Lo que fuera de este luga r no sentimos, ni pensamos, aqu lo pensamos y lo sentimos. Todas las pasiones son contagiosas; todas las ideas, solidarias. Lo que en su casa cada uno ignora, lo sabe en este lugar; porque la ciencia de todos viene a ser la ciencia de cada uno: como si todas las inteligencias comunicaran entre s; como si todas las masas cerebrales se refundiesen en una sola masa. Tambin tiene la declamacin el privilegio de desprendernos de lo presente, y de hacernos vagar por todos los tiempos y regiones. Soamos despiertos: lisonjero erro r noble arrebato! Todo lo puedo, todo lo hago: doy premios a la virtud, enciendo el entusiasmo, reprimo el vicio, distribuyo a manos llenas el bien a los humanos. Quin me ha puesto en la trpode de Apolo?, quin me ha iniciado en el banquete de los dioses? Vuestra melodiosa voz, vuestra accin natural, vuestra noble recitacin, vuestra amable jocosidad, socias y socios facultativos de esta seccin predilecta: vosotros habis obrado en m este prodigio. Con vosotros quiero construir un mundo social ms perfecto que l que aflige mi vista de cuando en cuando; quiero sacudir el polvo de mis pies, para lanzarme puro de la tierra a las altas moradas, hasta el da que despojada de su vestidura mortal, penetre mi alma, radiosa y triunfante, en las regiones del cielo. Para esto vengo al Liceo: para veros a todos desplegar las alas. Dadme compaa a los que tienen alas; desde las aves y los insectos, hasta los querubines y los serafines. Antes de pasar adelante, jvenes de ambos sexos, que comparis vuestros bucles de oro o de azabache con estos mos plateados cabellos,

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FELIPE POEY Y ALOY /103 /103 decidme si me dais licencia para tratar del baile? Por qu no? Me hallo comprometido por el tema del discurso, siendo esa bella arte una de las bases fundamentales del Liceo. Ahora os voy a comenta r como Nestor u Ossin, una historia de los tiempos pasados. En un saln coronado de un brillante concurso, vi sentada a una joven que por lo pronto llam medianamente mi atencin; pero cuando la vi en el puesto, animada por la msica, y envuelta en la potica aureola que el arte trae consigo, despert en mi mente el numen que pocas veces me inspira, y me dict al odo estas rtmicas palabras: Te vi, te vi, con grato arrobamiento Mecerte al son de notas armoniosas, Y al comps de tus plantas cadenciosas Gozosa herir el firme pavimento. Y qu tenemos con esto? Ahora vern ustedes el triunfo de la mujer; y cmo de una admiracin fugitiva, se pasa a una impresin ms ntima: Absorto en ti, te contemplaba atento; Ibas girando en insensibles losas, Pero sent tus huellas silenciosas Del corazn en el profundo asiento. Este es el triunfo del baile. Justo es decir que la joven bailaba con mrito sobresaliente. Queris saber cmo bailaba? Tu cuerpo sin esfuerzo al cielo alzabas, Tu cuerpo al suelo blando remitas, La cabeza flexible al aire dabas, Con plcido semblante sonreas, Con donaire gentil te desplegabas, Y la reina del baile parecas. Ho y que segn la expresin del maestro fray Luis, la cumbre, antes dorada, est de nieve esparcida, no me atrever a orientar estos pensamientos rimados a ninguna seora ni seorita del Liceo; pero, seoras y seoritas, si alguna vez vuestra gracia encantadora y vuestra habilidad artstica me arrebatan un aplauso, pienso an deciros entusiasmado: Al rpido y fervoroso movimiento Que imprimen tus miradas,

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OBRAS 104\ 104\ Quiero, quiero mezclar humildemente De la amistad el paso sosegado, Y con mi ofrenda pura Dar un nuevo realce a la hermosura. Pasad, bellas jvenes, pasad, y apagad el esplendor de vuestros ojos, para dejar los mos fijos en este momento en la pintura y la escultura. V osotros, los que manejis el comps y la escuadra, los buriles, la pluma de acero, el cincel y el martillo, los pinceles y la paleta, las agujas de teje r bordar y matiza r Honor a todos! Concurren, no hay duda, a mejorar el gusto y la sensibilidad los modelos escogidos que ofrecen estas nobles artes. La esttica, compaera de la virtud, habla principalmente a los ojos. Desterrad de la literatura y de las artes liberales el amor a lo feo, a lo monstruoso, a lo criminal. Contemplad el grupo del Laoconte, lacerado por las serpientes, la V enus de Mdicis, el Apolo del Belvede r, y las obras griegas del italiano Canova. Cercaos de estas imgenes, y presentad a la juventud los bustos de Demstenes, de Scrates y de Platn. V olved, bellas y amables jvenes, volved. Si es verdad, como todos lo afirman, que quien dice muje r dice poesa, no desechis aquella armona imitativa, que consiste en poner la voz, el rostro y los ademanes en consonancia con los pensamientos, y tambin con los afectos. Solo pido a una seorita que eche la voz al cielo, cuando describa la cima del Cajlbana; que tienda el odo a la msica de los pinares, y aspire el olor de los helechos. Y si alguna vez se le antoja con una mano coger el sol, y con la otra acariciar las nubes, hallar indulgencia en estos salones. Dichoso el que asiste a las diversiones y tertulias del Liceo! En su recinto se pulen las costumbres, se fomenta el buen gusto, se estrechan las amistades, se aproximan las familias, se alimenta el espritu con el choque de los entendimientos, se labran las convicciones, se conquistan las verdades. Aqu se enlazan las ciencias, la literatura y las artes. El abrazo de estas tres hermanas nos electriza; y en alas del entusiasmo y del honesto place r llegamos a la cumbre de la virtud, sin la cual no hay que esperar felicidad verdadera. Aqu venimos a elevar el alma: el alimento que se distribuye no es sensual ni grosero, es el pan de los ngeles; y el que lo toma se encuentra arrebatado a esferas desconocidas, de las cuales, al baja r conserva dulces recuerdos, como un vaso impregnado de un celeste lico r. Seores, elevad el alma, elevad; mientras ms alto iris, ms cerca os hallaris de vuestro origen.

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FELIPE POEY Y ALOY /105 /105 Informe sobre las odas al cable subatlntico F R AGMENTOS Convendr previamente sealar la obligacin que un asunto tan maravilloso impone a los que intentan ensalzarlo. Los poetas que han optado a los premios florales, lo han considerado bajo diversos aspectos, llenando en gran parte entre todos las condiciones que el caso exige; pero ninguno las presenta todas, ni en el orden que propongo. Dir cules son esas condiciones. 1. Antes de revelar al mundo civilizado la audaz y benfica empresa del cable submarino entre Europa y Amrica, bueno es echar la vista atrs y sealar con grandes rasgos los progresos de la humanidad, desde que empez a lucha r cargada de miserias, con las fuerzas de la naturaleza, aadiendo siempre, por medio de la ciencia conquistas a conquistas; teniendo particular cuidado de enumerar con preferencias las que conducen al fin que nos ocupa, y es la ms segura y rpida comunicacin entre dos continentes por medio de las olas borrascosas del ma r, que Horacio llamaba disociable. 2. Bello episodio de esta historia progresiva es el descubrimiento de la Amrica por Coln; y acertados anduvieron los autores de las nueve composiciones, en haber puesto en la escena al ilustre genovs. 3. Tras de Coln vena naturalmente el que en un buque de vapor acort con la velocidad las distancias, y el nombre de Fulton marca un progreso que no poda pasar inadvertido. La Oda nmero 2 (de Vlez) enva una nota de sus cantos a las locomotoras de los ferrocarriles, y se entretiene en describir el trayecto de la mquina. Los que hablaron de Fulton no se detuvieron en las descripciones. Ninguna ha expresado en verso lo que el seor catedrtico don Domingo de Len y Mora ha dicho en un discurso de apertura, a saber: Lanzo al Atlntico un gigante armado de brazos de hierro, que surcaba y domaba las ondas, que ruga como el len, que arrojaba penachos de humo, y cubra el cielo de nubes como la tempestad, que triunfaba de los vientos, y que amaba la calma para salvar ms pronto el espacio. 4. Y a el remo, las velas y el vapor de agua han cumplido su oficio: si los hombres ambicionan ms rpidas comunicaciones, han de acudir a otro invento. Aqu se presenta el progreso humano bajo de otro aspecto, que merece considerarse retrospectivamente, desde que V olta descubri la electricidad dinmica. Haba en la creacin dice el seor Mora en el discurso citado un fluido prodigioso y temible que en el da de su ira mataba los rboles, los animales y la gente: y de este elemento destructor se sirvi para llenar su fin. Un da le dijo escribe, y el fluido pint el sonido, form la letra, combin la palabra. Esto es lo que yo hubiera queri-

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OBRAS 106\ 106\ do leer en buenos versos, tales como los que acostumbran hacer los seores Vlez, Palma, Fornaris, y los otros vates que ya he tenido la satisfaccin de nombra r Y hubieran agregado, imitando lo que ms abajo dice el mismo seor Mora: Anda, recorre el llano, traspasa la alta sierra, y lleva desde la Florida al Canad, con la velocidad del pensamiento, mis voluntades, mis delicias, mis angustias, mis intereses, mis glorias y esperanzas. Y a creo, seores, haber con esto nombrado la telegrafa. Saluda a Morse, a Wheatstone, a Stenheil, naciones agradecidas. Sin estos hroes de la ciencia, no se hubieran establecido en varios puntos los cables submarinos que precedieron al cable subatlntico. Los cantores de los juegos florales no les han hecho el honor merecido. De Coln saltaron a Fulton; de Fulton a Field. Dnde est la justicia? Algunos han dicho que el cable submarino es invento de Field. No, seores; Field no ha inventado el hilo conducto r Field no ha inventado el cable submarino. 5. Pues que ha hecho Field? Tuvo fe, tuvo constancia; pens, luch, venci (oda de Luaces). A Field debi la humanidad un grandioso beneficio. Por l (dejemos hablar al seor Mora), dos grandes pueblos arrodillados en una y otra ribera, bajo la bveda celeste, en medio del espacio infinito, repetan a coro en un mismo minuto, y a pesar de la inmensidad del profundo ocano que los separaba, el himno celestial que entonaron, en fraternal concierto, los ngeles y los pastores en el establo de Beln: Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres en la tierra! Para ser grande, para ser sublime, Field no necesita usurpar la gloria de sus predecesores. V engan ahora los poetas, y descrbanme ese cable, objeto de mi admiracin, confidente de mis pensamientos, mensajero de mis voluntades. Quiero conocer a este esclavo decidido que se lanza a lo profundo, arrostrando los espantos de Neptuno con la dureza del metal y la flexibilidad de una culebra, llevando en las entraas siete hilos electrizados, conductores de mi voz, compuesto el parnquima de guta-perca, y la epidermis de hierro entretejido. Dadme su descripcin, porque los poetas del certamen no la han dado. Uno solo, y es el autor de la oda primera (Luaces) que trae en su composicin este feliz pensamiento: Y a la elctrica sierpe sumergida Reposa en las entraas de los mares. Y por qu tendramos a menos el describir un cable? Acaso el que fabric en su imaginacin el escudo de Aquiles no describiera tambin el yunque y el martillo? No da cuenta el cantor de Ulises de todas las piezas y maniobras de un bajel? Y creis que en el da no habr poeta que cante un molino? Pues ya Beranger ha declarado en buenos versos Que han llegado los tiempos en que el agua de los arroyos no servir

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FELIPE POEY Y ALOY /107 /107 para contemplar las blancas pedrezuelas, ni para baar los miembros delicados de airecillos, de florecillas, de palomitas y de susurritos. El agua no es hoy destinada a servir de espejo a las ninfas, ni a favorecer con blando arrullo el sueo de los amantes; sino a batir incesante el comps a las maquinas, espumosa en medio del temblor de las ruedas, del rechinar de los ejes y del crujir de las sierras. Hoy la poesa tiene que hacerse popula r si quiere servir de alimento al siglo. Si no da una mano a la ciencia y otra a la industria, es arte, de hoy ms, perdida. Perdonad la digresin, y volvamos a Cirus Willis Field. Todas las naciones civilizadas estaban en la expectativa, todas tenan los ojos fijos en su empresa, asistan a sus ensayos, animaban con sus gestos al Nigara y al Agamemnn. Todas echaron un grito de dolor cuando vieron frustradas sus primeras esperanzas. Esta escena dramtica no ha sido tomada en consideracin. No as olvidaba Tito Livio, cuando narraba el combate de los Horacios y de los Curacios, que el ejrcito de Alba y el de Roma estaban frente a frente, y los combatientes en medio. Al primer choque cayeron muertos dos Horacios, y una voz de consternacin recorri las filas romanas; al fin quedo el mayor de los Horacios vencedo r y el ejrcito de Roma alzo su nombre hasta los cielos. No de otra manera entonaron las naciones su canto de jbilo, cuando asistieron a la victoria de Cirus Field. Este es el momento, en que supongo al lector bien preparado, y son lcitas ahora las exclamaciones, los himnos al Creador y aun los personajes alegricos, que admito en casos raros: Viva Field! Se oye por todas partes. Honor a Field! Hosanna! entona el catlico desde la orilla del Tmesis, del Sena, del Missisipi y del remoto Ganges; Hurra! clama el turco, arrojando el alfanje para alzar las manos al Profeta. 6. Silencio! El mensaje se apresta. Atended, naciones, que ya empieza una grave solemnidad. Ojal dice el Presidente de los Estados Unidos, ojal sea el cable atlntico, con la bendicin de Dios, un manantial perpetuo de paz y fraternal amistad entre las dos naciones, y un vehculo para difundir la religin, la civilizacin, la justicia, la libertad y las leyes por el orbe entero! E inmediatamente entonaron dos grandes naciones el cntico bblico: Gloria a Dios en el cielo, paz a los hombres en la tierra! Al orlo, bajaron de las celestes alturas los ngeles del Seo r la Virgen de la Fe y de la pacfica Gloria, la Caridad, la Esperanza; el arco iris ilumin el espacio, descansando un pie en Amrica y el otro en las islas Britnicas; los polos encendieron sus auroras boreales, la tierra tembl, y convocando sus fluidos incoercibles e imponderables, permaneci atenta a las rdenes del hombre. 7. La voz de fraternidad pronunciada por primera vez hace mil ochocientos cincuenta y ocho aos, apagada por las humanas pasiones, fue lanzada con tan poderoso esfuerzo del uno al otro continente, que hubo

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OBRAS 108\ 108\ de ser oda por toda la redondez de la tierra. Del grupo de los ngeles se separaron los genios del bien, con direccin a todos los ngulos del mundo, y hoy la repiten a las naciones, anunciando que se aproximan los tiempos evanglicos en que segn la expresin de Lamennais todos los hombres tendrn una sola patria en la tierra, y en el cielo un solo padre; que todos tendrn aire para respirar; que la madre y la hermana no abrazarn llorando al hijo y al hermano que parten para la guerra, y tal vez volvern; porque la paz reinar sobre la tierra. Tales son las siete condiciones que he credo debe resumir una oda al telgrafo submarino, a saber: progreso humano, Coln. Fulton, la telegrafa primitiva, Field (inclusa la descripcin del cable), su constancia y su triunfo, el mensaje y la fraternidad esparcida por el orbe.

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DISCURSO PRONUNCIADO EN LA INVESTIDURA DEL LICENCIADO DON ANTONIO DE GORDON Y DE A COST A P ARA EL GRADO DE DOCTOR EN CIENCIAS FSIC AS F R AGMENTOS Ilustrsimo Seor Recto r, Ilustre Claustro, Tengo a mucha honra el presentar al licenciado seor don Antonio de Gordon y de Acosta, que viene a recibir la insignia del Doctorado en la Facultad de Ciencias, Seccin de las Fsicas. (Antecedentes del S r Gordon.) Tales son los antecedentes del doctor Gordon: los presento sin comentarios, por ser tan breve el tiempo que el ceremonial me concede y sin las flores literarias que sus seoras esperaban tal vez de m, y echan de menos ahora. Pero los hechos hablan de por s: ellos proclamaron la suma de inteligencia y de perseverante voluntad que necesariamente ha invertido este alumno, este catedrtico para dar cima al monumento que ha construido, no sin muchos sacrificios pecuniarios, y con aplauso de los que bien le quieren y le conocen bien. Deseoso, por mi parte, de conferenciar con vuestra seoras, me apresuro a declarar que el catedrtico don Antonio de Gordon se hace escuchar de sus discpulos, porque les reparte una instruccin completa. Activo siempre, infatigable, los ha tenido todo el ao entretenidos por medio de las vivisecciones. Viviseccin! Dura palabra que clama por un prrafo en mi discurso, pues aunque tengo la honra de pertenecer a la humanidad, no por eso dejo de ser animal, y nada de lo que interesa a los animales puede serme indiferente. Hubo un tiempo, ilustrsimo seo r en que la humanidad, sumida ciegamente en la fe cientfica, aceptaba las fbulas de Plinio, y crea sin experimenta r Las ciencias fsicas y naturales han tomado otro giro. La observacin, mejor dir, la experimentacin sirve de mtodo en la investigacin de la verdad: el hombre ha obligado a la naturaleza a dar una respuesta certera a sus preguntas. Al celebre Magister dixit ha

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OBRAS 110\ 110\ sucedido el Canis dixit Infeliz perro! No le aprovecha haberlo llamado el hombre su fiel compaero y amigo, si armado despus de sierra y escalpelos, sacerdotes inexorable de la ciencia, sordo a los gritos del dolo r corta los msculos, divide los huesos, y pone en descubierto las entraas palpitantes, para consultar en ellos sus orculos. Que esto lo haga el doctor Gordon para conquistar una verdad fisiolgica en bien de la humanidad, se le perdona. Novedades ha descubierto ya el doctor por esta va, las cuales le darn nombre en esta Universidad, y saldrn a relucir en las academias e institutos nacionales y extranjeros. Pero que repita experimentos bien conocidos, pasados en autoridad de cosa juzgada, para infiltrar la instruccin por los ojos, sin temor de introducir con ella el hbito funesto de la crueldad, no lo apruebo. Y no teme mi ahijado ver turbado su sueo por la voz de veinte perros que le asalten y le pidan el uno la circunvolucin cerebral suprimida, el otro la vrtebra del raquis desprendida? Si no cabe el perdn absoluto, quepa indulgencia para el perro; para ese noble animal que el utopista Fourier os llamar cloaca de infamias, pero que el juicioso Charles ha rehabilitado diciendo, con no poca agudeza: Lo mejor que hay en el hombre es el perro. Dejemos sosegar a estos animales, y para llenar el cuarto de hora, digamos algo de la fsica, ciencia grandemente positiva. Esto no quita que reconozca una famosa hiptesis, la del fluido etreo, que ha hecho celebre el nombre de Fresnel en los fenmenos de polarizacin y de doble refraccin: no se me oculta que atribuye hbilmente al ter todas las propiedades necesarias para el buen xito de sus demostraciones. La qumica hace otro tanto con su bella aunque hipottica teora de los tomos. La hiptesis ms irrecusable es, sin duda, la astronmica, la cual explica el curso de aquel magnfico astro, que cansado, declina y muere en el occidente, y al otro da amanece rejuvenecido y glorioso, abriendo de par en par las puertas de la aurora. La fsica es un pas poblado de maravillas. Adoctrinados por ella, medimos la humedad, el calo r el peso de la atmsfera; desprendemos el rayo de las nubes y le intimamos la direccin; escribimos por los aires y por debajo del mar; conversamos por el conducto de un hilo metlico; encerramos la palabra en una caja, como pudiera el avaro encerrar sus tesoros; nos vemos a distancia de espejo a espejo; y por ltimo, obligamos a los cuerpos elementales a estampar su rbrica en el papel, y con el mismo espectro analizamos los astros. Estoy seguro de que al orme, arde mi ahijado en deseos de seguir las huellas de Edison, y sorprendernos algn da con una novedad no menos estupenda. Gracias al microscopio perfeccionado por Nachet y otros eminentes pticos, se ha confirmado la teora celular de Scheleiden y de Schwan,

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FELIPE POEY Y ALOY /111 /111 la cual constituye hoy el ms slido fundamento de la biologa; sustituyendo a los tejidos, elementos del gran Bichat, los elementos anatmicos de Robin, que despus de las masas protoplsmicas, son los puntos de partida de la evolucin ilustraba en este siglo por Lamarck y corroborada por Darwin; evolucin paleontolgica, que en el resultado, cuando no en el modo literalmente interpretado, guarda una notable conformidad con el libro de Moiss. Con el auxilio del microscopio hemos podido estudiar un mundo de estructura de las diatomeas, en los lmites indecisos de la vegetabilidad. Los seres diminutos de que hablamos ven sin ojos, sienten sin nervios, se mueven sin fibras musculares; estn dotados de un grado proporcionado de inteligencia y voluntad: los bebemos y los comemos por millares, cubren la superficie de las tierras, y se acumulan en el fondo de los mares, donde aumentan la corteza del globo, formando capas que alcanzan la potencia de muchos metros. Cuarenta mil millones de despojos silceos de infusorios cont Ehrenberg en una pulgada cbica del trpoli de Bilding; 1 al paso que Herschell pudo, con el telescopio, contar veinte mil estrellas en una nebulosa tan distante, que ocupa en el cielo un espacio interceptado por la dcima parte del disco luna r. Mas no vaya yo tan alto, que pierda de vista a mi patrocinado. Si he de seguir la costumbre, no siempre observada, de formular una exhortacin, ha llegado el momento, y bastarn para el caso tres palabras bien contadas: V aliente mancebo, prosigue. Presento al licenciado don Antonio de Gordon y de Acosta en este acto solemne, en que viene a tomar la borla del doctorado, insignia la ms elevada a que pudo aspirar en su carrera de la F acultad de Ciencias. Ser el tercer bonete que su cabeza habr de sustentar: prodigio, si se quiere, mas no monstruosidad; porque, bien considerado, mi ahijado no tiene tres cabezas. Hoy lleva la suya descubierta para recibir de vuestras manos, ilustrsimo seo r la corona cientfica. V oy a conclui r Echando la vista alrededo r en esta aula coronada de tan lcido concurso, veo en tal frente la esmeralda, en tal otra el rub, el topacio, el diamante: veo reunidas todas las riquezas del reino mineral. Pero yo, predilectamente aficionado a los estudios zoolgicos; yo, preso de amores por Meleagrina margaritifera busco una perla, y la encuentro asentada en la frente de mi ahijado. He dicho. 29 de septiembre de 1880. 1 Segn nos instruye el seor Truan, el computo de Brun en las especies ms pequeas de diatomeas asciende en un milmetro cbito a 27 millones de Navicella pelliculuta y 40 millones de Achnantidium delicatulum.

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DISCURSO PRONUNCIADO EN LA REAL UNIVERSID AD DE LA HABANA EN LA INVESTIDURA DEL LICENCIADO DON JU AN VILAR, COMO DOCTOR EN CIENCIAS NA TURALES F R AGMENTOS La contemplacin de la naturaleza es una fuente inagotable de goces puros, no turbados por el remordimiento. Tan invencible es el atractivo del estudio, que por l sacrifica el naturalista los placeres bulliciosos del mundo, y los trueca por el silencio y la soledad; a imitacin del alemn Mlle r que armado del microscopio, deca: El que quiera pasar las noches desvelado y alegremente entretenido, que estudie las vorticelas; qui noctes insomnes et jucundas transitare amat, vorticellas observat. Hay ms: el sacrificio se extiende a los ntimos afectos de amistad y de amor; a las dulzuras del trato social, y a las que proporcionan los lazos de familia. Todo lo deja por los libros. Y cuando la exaspera la injusticia, le persigue la intolerancia, le calumnia el odio y la envidia, no le queda ms recurso que echarse en brazos de la ciencia amiga: lee, medita, trabaja, y apela al juicio imparcial de la posteridad. El fuego no puede dejar de arder; el ro, de seguir su curso; el ave, de modular su canto no aprendido; el hombre, de cumplir con su misin en la tierra. [...] Ilustrsimo seor: dignaos colocar sobre la cabeza del licenciado don Juan Vilar y Daz el bonete laureado, distintivo del grado de Doctor: dadle ese libro que abrir de da y abrir de noche; dadle ese anillo en conmemoracin de las bodas que hoy celebra con la ciencia; dadle esos guantes que llevar sin manchas; dadle, por ltimo, esa espada, con la cual combatir el erro r y con la luz de su bruido acero, disipar las tinieblas de la ignorancia: dadle esas nobles insignias, que transmitidas por las limpias manos de S. S. I., sern por l altamente apreciadas. He dicho

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EL HOMBRE INTELECTU AL Y MORAL COMP ARADO POR EL BRUTO 1 El siguiente artculo, compuesto hace muchos aos, se reproduce hoy corregido y ampliado; pero conservando cierta exageracin, debida a la escuela de Cuvie r Flourens, Quatrefages, trocadas actualmente por las de Lamarck, Darwin, Huxley y otros eminentes pensadores, con los cuales concedo a los brutos los actos intelectuales y morales del hombre, aunque en grados inferiores, cuya elevacin corresponde al lugar que ocupan en la escala de los seres: esto no quita que la distancia sea inmensa, en este aspecto, entre el hombre civilizado y el bruto. Distnguese el hombre por la superioridad de su inteligencia, que le hace conocedor de s mismo, capaz de abstrae r generaliza r clasifica r, compara r racionar; estudia con atenta curiosidad los fenmenos de la naturaleza, y llega a formular sus leyes; traza el curso de los astros, anuncia su aparicin; mide la distancia que separa los planetas, y toma su peso sin punto de apoyo y sin palanca, se eleva a lo absoluto en las ideas de espacio y de tiempo, en las nociones de lo bello, de lo justo, de lo bueno; su moral, porque ve su pensamiento, y lo juzga; es por lo tanto responsable, conforme al mrito o demrito de sus acciones. El hombre es el nico de los animales que hace uso del fuego; primeramente lo sac de un pedernal, hoy lo arrebata a las nubes; camina rpidamente a la perfectibilidad por medio de los signos convencionales, ya fonticos, ya grficos; la facultad de abstraer le ha dado el don de la palabra, porque no hay oracin sin atributo, y todo atributo es una abstraccin. Es el nico ser peligroso, ve o cree ver a Dios en sus obras, mientras que el mono, lo mismo que el bue y ve el cielo y no lo comprende. Estas facultades pertenecen al genero humano en todas sus razas: el ms atrasado de los hombres, el bosquiman del Cabo de Buena Esperanza, el australio de 60 grados en el ngulo facial, tiene el don de la palabra, enciende fuego, aspira a la felicidad, teme la muerte; la sonrisa asoma a sus la1 El gran Linneo llama al hombre Homo sapiens, y a rengln seguido estampa un clebre dicho de la antigedad: Nosce te ipsum

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OBRAS 114\ 114\ bios, la tristeza altera su semblante. El orangutn no habla, teniendo rganos vocales; ni siquiera comprende lo hablado, jamas sabr lo que significan estas sencillas palabras: la mesa es redonda, Pedro es justo; porque las ideas de redondez y de justicia no entran en su limitada inteligencia; as es que la especie no progresa. Los animales no salen de lo fsico, de lo visto y de lo tocado, en fin, de lo presente; y el mundo intelectual, en las esferas de lo pasado y de lo futuro, es un libro cerrado para ellos. El perro castigado por haber comido la perdiz, no hace a solas propsitos saludables de no volverla a comer; pero cuando ve la perdiz, se acuerda y se abstiene; de tal suerte, que se acuerda sin saber que se acuerda, y se abstiene sin tener la conciencia de que se abstiene. Y as como la memoria de este mismo perro es una reminiscencia en presencia del objeto, as la amistad es en l un instinto social desarrollado, no aquel puro y generoso sentimiento formado por motivos gobernados por la razn. El hombre ennoblece su amo r buscando en el rostro de su amada un placer superior al que satisface sus groseros apetitos; mientras que el amor de los animales es un impulso ciego, tan distante de las sublimes ideas de Platn, cuanto dista este celebre filsofo de la ostra colgada de la raz de un mangle. El instinto social del hombre se halla favorecido por circunstancias que en otros animales son tenidas por imperfecciones; tal es el poco alcance de su vista, la corta perspicacia de su odo, la obtusa delicadeza de su olfato, si se compara con el guila, con la liebre y con el perro; su fuerza muscular es inferior a la del gorila, su velocidad en la carrera es vencida por la del ciervo; su larga infancia desde el momento en que, desnudo e inerme, fue lanzado al mundo, le pone a merced de las dems criaturas, si el afecto materno y la proteccin del jefe de la familia no acuden a su amparo por una serie de aos prolongada. Esta dilatada infancia viene a ser la causa del progreso humano: los brutos son susceptibles de educacin individual; pero el hombre recibe la educacin de la especie, porque atendiendo al cuerpo, los padres cultivan y robustecen el entendimiento; de tal suerte, que la larga costumbre de comunicar con el hijo bastara sola a la creacin de un lenguaje convencional. En el hombre se acumula el caudal de conocimientos adquiridos por los abuelos y conservados por la tradicin, ms tarde por la escritura, en medio de la sociedad de que forma parte. A pesar de las desventajas aparentes que en el hombre he sealado, su inteligencia le da el cetro, y lo apellida rey de la creacin. Su vista, armada del telescopio, llega hasta las estrellas de dcima sexta magnitud, y el microscopio le revela un mundo infinitamente pequeo. Donde no alcanza la vista, alcanza la inteligencia; y sta le instruye de lo que pasa en puntos distantes, en diferentes estaciones, en das y a horas fijas. Sin tener las garras del tigre, vence al len; y sin tener un brazo

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FELIPE POEY Y ALOY /115 /115 tan poderoso como la trompa del elefante, derriba el cedro del monte Lbano. Sus dedos, en nmeros de diez, son de quita y pon, segn la expresin de Pelletan, mudndose ya en hacha, ya en sierra, segn las necesidades. La misma mano que el peso del martillo hace gemir al yunque, trabaja el acero y lo convierte en agujas sutilsimas. El hombre funde el bronce, lo recibe en sus moldes y lo saca transformado en columnas, caones y estatuas. Como Jpite r lanza el rayo, y lucha con Neptuno para trastornar los mares.

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EL G A TO PENS ADOR (OCULI VIDERUNT) rase un espejo accidentalmente puesto en el suelo, inclinado sobre la pared. rase un gato travieso y juguetn, que al recorrer la casa, como la tena de costumbre, vio su imagen en dicho espejo. V er y acudir a reconoce r fue todo uno. El gato no quera solamente mira r sino tocar; en lo cual hallo un obstculo imprevisto. Quien eres t deca, que imitas todos mis gestos? Saltas, si yo salto; te agachas, si me agacho. Ahora lo veremos. Y da vueltas al espejo. Qu vio? Nada. Qu listo anda ese tunante!, segua diciendo el gato; pero yo lo coger entre dos garras y di que se escape. En efecto, se coloca en el canto del espejo, una pata de un lado, otra de otro. Mira bien por delante del mueble, para cerciorarse de que all est el consabido; y de repente echa la zarpa, y coge... nada. Sin haber estudiado lgica, repiti, vari y ampli sus experimentos; hasta que al fin, viendo que a nada conducan, se retir pausadamente, hablando a sus barbas, diciendo: Estas son cosas que superan la inteligencia de los gatos; no nos ocupemos: esto entra en lo incognoscible. No dijera ms Heriberto Spence r.

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LAS MARIPOS AS La clase de los insectos se compone de ocho rdenes, entre las cuales el de los lepidpteros, o insectos de alas escamosas, vulgarmente llamados mariposas, cuenta un gran nmero de aficionados. Este orden es el que ofrece ms atractivos con respecto a los colores, y por esta razn debi con preferencia llamar a los naturalistas en la infancia de la ciencia entomolgica, as como cautiva la atencin del nio, embelesado con los variados movimientos y los ricos atavos de estos seres, que animan las florestas, ya incautos, ya fugitivos. Si bella es la flo r ms bella es la mariposa, que segn la expresin de un poeta, es una flor que vuela.

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JUICIO CRTICO DE LAS OBRAS DE DON ANTONIO VINA GERAS I Con el titulo de Obras de don Antonio Vinageras, Pars, 1858, en 8, francs, de lujosa edicin, acompaada del retrato del auto r sali a la luz el primer tomo de poesas de este joven cubano, cuyo mrito me propongo examina r Pero antes conviene descubrir sobre algunas generalidades. La versificacin, esto es, la estrofa mtrica y la rima, incluso el asonante, son ciertamente brillantes compaeras del estilo potico; pero no constituyen la condicin esencial de la poesa, la cual consiste con primordialidad en el pensamiento, no menos que en las imgenes y en la acertada eleccin de las palabras. He puesto en primer lugar el pensamiento, porque de ordinario trae consigo la expresin potica. En este concepto, digo que Chateaubriand era poeta en prosa, y pongo el Telmaco en el nmero de los poemas picos. Napolen cay, es una expresin prosaica: Branger expresa la misma idea con un rasgo de inimitable poesa: L aigle n est plus dans le secret des dieux. 1 La literatura espaola ofrece poetas de primer orden, en pensamientos felices y palabras escogidas; tan numerosos y tan conocidos, que estn por dems nombrarlos aqu, a no ser que me sienta arrebatado al recordar siquiera a uno, al cisne sevillano, Fernando de Herrera. Pero F orne r Salas, Iriarte y Arriaza, no son poetas. Las fbulas de Iriarte son excelentes, consideradas como satirillas literarias, y recomiendan a su autor como buen hablista, buen crtico, versificador feliz; mas no poeta. La famosa Despedida de Arriaza agrada por su claridad, pero las dems dotes faltan. Y a lleg el instante fiero, Silvia, de mi despedida, En que anuncia mi partida 1 Y a el guila no asiste al consejo de los dioses.

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FELIPE POEY Y ALOY /119 /119 Con estrpito el can. A darte el adis postrero Llega ya tu tierno amante, Lleno de angustia el semblante Y de luto el corazn. Inferior a Arriaza es Salas, aunque feliz en chistes epigramticos, pero lleno de ripios: no pasa de versificador prosaico. Arriba en un espign Se ve una inscripcin patente, Que seala claramente CHARITAS en un rengln. Esta excelente invencin Toda falsedad derriba, Pues una cifra viva Que publica con verdad Que se halla la caridad Slo de tejas arriba. Qutese el metro a esta composicin, y la rima que la acompaa, y se convertir en prosa ramplona. Al contrario, ha y como he dicho, prosa potica, y no solo en Feneln y en Chateaubriand, sino tambin en hombres vulgares y sin cultura, cada vez que los anima la pasin o una impresin viva. Refiere Capmany que para ponderar la fertilidad de su tierra, deca un manchego: All se sienta Dios a echar trigo. Hay poesa en esta expresin, y no la hay menos en la que voy a referi r oda por m en boca de un hombre del campo. Preguntbale yo si el agua del ro Babes, a poca distancia de su nacimiento, tena bastante caudal para dar movimiento a un trapiche, y respondi: En tiempos de aguas no es bastante; en tiempo de seca, va caminando una lgrima. Advirtanse las bellezas de esta expresin. Una lgrima no es ms que una gota, aqu hay hiprbole; mas no dice una gota, sino una lgrima: aqu hay metfora que da una sombra de tristeza al ro desecado; la lgrima camina: aqu hay en cierta manera imagen, porque se dan pies a la gota de agua; mas no dice que camina, sino que va caminando, con cuya forma alarga la expresin, y la lgrima corre ms lentamente; bien que no corre, sino camina, como dijo el hombre del campo: y todo lo ha envuelto en una nueve figura, porque hay tambin hiprbaton, o inversin que da realce al pensamiento. Llevando esta doctrina por delante, paso a examinar el primer tomo de poesa del referido Vinageras. Y no se crea desde luego que estos preliminares son para declararlo escritor prosaico; al contrario, creo que peca

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OBRAS 120\ 120\ por haberse lanzado con extremado ardor en el campo de la poesa; de aqu provienen sus cadas, de aqu tambin sus triunfos. Dios nos libre de la indiferencia! Esto es cierto tanto en el orden social, como en las relaciones amorosas y en los ejercicios literarios. No quiero esos libros que tienen la ventaja de estar escrito con gusto clsico, en los cuales no hay nada que reprende r pero que tampoco dan nada que admirar; solo son buenos para dormi r Dnme desvaros y aun sandeces, si traen consigo algunas bellezas que compensen el fastidio de una lectura prolongada. Escarmentado en cabeza ajena por los rencores y odios que suscitan en el nimo de un poeta las censuras imparciales de sus obras, me propuse evitar el peligro y he guardado hasta ahora un silencio prudente. En estas circunstancias he ledo en la Revista de la Habana del 15 de marzo el juicio crtico del que firma Mansueto V eraz. Lo he encontrado muy crudo, si se considera que se dirige a un contemporneo; no doy ciertamente mi asentimiento al final del artculo en que dice que el autor no se librar del ms justo y completo olvido. Lejos de cortarle las alas, creo que merece ser alentado, al paso que se le aconseje saludablemente. La censura de Mansueto Veraz es injusta, si se considera que no se hace cargo de las bellezas, ni seala el otro germen de poesa que resalta del conjunto y brota en cada pgina, ni anuncia la esperanza de que el aguilucho en su vuelo llegue a ser guila majestuosa, que se remonte a beber los rayos del sol, y eche la sombra de sus alas sobre las pginas que hoy lo acusan. Esta es l a razn que me anima a presentar mi juicio, confiado en que el seor Vinageras, que muestra en sus obras gran nobleza de sentimientos, me perdonar la severidad del fallo a favor de la justas alabanzas que no puedo menos de tributar a su talento potico. II En este artculo me ocupar en algunas bellezas de la obra del seor Vinageras, y de los mritos adquiridos para inscribir su nombre en el Parnaso. En primer luga r noto que los asuntos en que ha ejercitado su talento no pueden ser ms dignos de la poesa, tal como la concibe nuestro siglo, que empieza a desdear todo lo que no trae consigo un grado de filosofa, y por consiguiente de utilidad moral. Los grandes pasos de la Ilustracin, venciendo obstculos y perfeccionando la humanidad, han inspirado al poeta matancero; y si alguna vez ha sucumbido, tiene siempre el honor de haber acometido tan elevadas empresas. En cuanto al mecanismo, a lo material de la ejecucin, nada deja de desear: el metro es variado, bien distribuido, en composiciones extensas; y por esta misma variedad, se leen sin cansancio, y se prestan al movimiento pindrico, al bello desorden de una oda. Exordios llenos de inspiracin,

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FELIPE POEY Y ALOY /121 /121 invocaciones oportunas, novedad en la forma, todo esto abunda. Prescindo como he dicho en este momento de lo esencial, voy al plan, al movimiento, al estilo noble, a la expresin sonora, al entusiasmo potico, a la iluminacin que por todas estas circunstancias recae sobre las composiciones. Lo que ms resalta, dicen otros, es la vanidad del auto r que en una edad corta y por primer ensayo piensa colocarse al lado de los primeros escritores; se expresa con una confianza en sus propias fuerzas que solamente pudiera convenir a Horacio, o bien a Byron, a un Quintana, a un Lamartine, y llega a tanto su osada, que pretende hacer de Pars su pedestal. A esto digo que no se trata de saber si el autor presume demasiado de s mismo, sino se explica en buenos versos, aunque sea impulsado por esa misma vanidad. No miro al auto r sino a la obra; y si un concepto es bueno trazado por la pluma de Quintana o de Lamartine, dejar de serlo porque lo traz Vinageras? Desafiados el pavo y el cuervo, gritaba aquel al contrario que iba por delante: Eres negro y feo; y el cuervo contest: Se trata de volar. Tiempo es ya de pasar a los comprobantes, advirtiendo que no me es lcito extractar todo lo bello, por ser la obra propiedad del autor y no tener su beneplcito para tal cosa; por cuyo motivo dejo truncas muchas descripciones y pinturas. Dos lindas estrofas se leen en la Introduccin, cuya primera empieza as: Azucenas de abril, galanas flores Que vuestro seno abris ruborizadas, Cuando evapora el sol con sus fulgores Del roco las perlas condensadas, etctera. En la siguiente se lee: Brndeme rosas mil Alejandra, Y que el verso en ellas perfumado. Recomiendo al lector las primeras estrofas que abren la composicin titulada El Occidente : Espritus soberbios del brego irritado, Prestadme alas de rayos para poder volar! Etctera. En la tercera se lee: Llevadme, s, llevadme! La planta voladora Hasta en los mismos polos brioso posar.

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OBRAS 122\ 122\ La cuarta dice: Al eco de los truenos de la azulada altura Yo quiero ver las fuentes del paraso hervi r, En torno del Empreo, cavar mi sepultura, O cuando la borrasca rebrame asaz impuras, Sentado yo en sus alas, ponerme a sonre r. La invocacin a la fe, que da principio al cosmos, rene la mstica poesa de Lamartine a las galas de Lope de V ega; principalmente las cincos primeras estrofas y la ltima. Blanca visin que sorprend dormida Entre cisnes y fuentes bulliciosas, V en con los rayos de la luz vestida, Dando en tu amor inspiracin y rosas. Cuntame t las ilusiones bellas De las aves y el cielo peregrino; Cuntame cmo nacen las estrellas Del ngel de la gloria en el camino. Y separando tu inmortal mirada Del lodo vil que el universo encierra, lzame a Dios oh virgen adorada! Estremeciendo con tu voz la tierra. Y en aquesa regin encantadora Donde es eterno el tornasol del da, Ten para mi sonrisa seductora, Ten para mi palabras de armona. [...] V en, que te he visto destilando perlas Sobre el iris gentil de la cascada; V en, que he visto querubes por cogerlas Bajando con la trmula alborada; Temblar en tanto por la parlera fuente, Vagar en torno a ti las mariposas, Y el rayo de tu luz resplandeciente Cubrirse el aire de fragantes rosas. La Defensa de las cubanas, prrafo tercero, tiene trece estrofas sobre Amrica, que no carecen de mrito. Empiezan: Miradla all!, etc. Entre ellas hay dos renglones que valen medio tomo:

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FELIPE POEY Y ALOY /123 /123 All retumba el Nigara espacioso Y el guila se baa en su corriente. Siente el joven esa vaga emocin, sello de la poesa que place y desespera, porque abriendo su corazn al mundo y su inteligencia a Dios, se encuentra combatido por efectos diversos, no basta al mundo a llenar el corazn, y el espritu se lanza y se pierde en el infinito. Arranques de poeta llamo a los versos siguientes: Lejos de m las esponjadas rosas, Lejos de m coronas y vergeles: Dejadme rayos, guilas, corceles Y truenos y borrascas espantosas. Con estas disposiciones no poda retroceder delante de la idea de Napolen: y por cierto, que preside un sublime pensamiento, a la muerte de aquel gran capitn en la isla volcnica que la Inglaterra le diera por pirmide. Se apareci un cometa precursor de un alto acontecimiento, y al dar el hroe el ltimo suspiro, ascendi su alma en alas de las tempestades. Recbela el cometa, y hndese con ella en profundo espacio. Tampoco lo amedrenta el rey de los hunos, a quien hace hablar de esta manera: La estrella cae, el universo tiembla, Se estremece el profundo, Soy azote de Dios! El gran martillo Que pasa sobre el mundo! Sus! A caballo! Donde el bruto fiero De Atila vencedor puso la planta La yerba no brot. El estilo elevado se sostiene en esta estrofa de la Lucha del Atlntico. Ante el raudo Amazona Dadme, os lo ruego, la sonora lira Que al Nigara cant: ved el gigante De los ros del su r que viene airado Con vigorosa frente, Y en paso vencedor y hondo rugido Dando a los vientos su fragor profundo; Y anunciando terrfico en su paso Que es corto cerco a su furor el mundo.

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OBRAS 124\ 124\ La Defensa de las cubanas nos revela las buenas disposiciones del autor para un estilo ms llano, en particular para el gnero dramtico, si quisiera seguir los pasos de Caldern. En un dilogo con una Duquesa cuyo nombre ignoramos, pero que por las seas debe ser un modelo cumplido de cortesana y generosa discrecin, a quin dice el autor: No sois el astro que brilla De Espaa en el limpio cielo, Y no os llaman con desvelo, Duquesa, el sol de Castilla? Y si pues dais arrebol, De gracia y de seducciones, Menguados los corazones Que no bendigan tal Sol! Todo el dilogo es de agradable lectura, y en l se encuentran intercaladas ocho sentidas aunque exaltadas estrofas, que agradarn a las cubanas, y valdrn un aplauso al auto r Empiezan as Lindo talante, forma encantadora, Labio de grana, tez algo morena, etc. Me parece que si el seor Vinageras quisiera bajar de tono, no agradara menos: encuentro mrito en sus pensamientos delicados. Ntese la sensible y grata expresin que reina en un trozo del Occidente que empieza: Gallardas doncellas, etc., donde se leen estos versos: Yo busco unos labios que estn perfumados, Yo quiero en un seno mi frente inclinar; Yo vivo de amores en gloria brotados, Y quiero soa r. Hay aves que duermen oyendo otras aves: Yo quiero al oros, doncellas, dormir; Y acaso en arrullos de trtolas suaves De amores mori r. Ornadme con rosas en casto embeleso, V estidas en rayos que vierta el Edn; Poned en mis labios un trmulo beso Y un lauro en la sien. Esa misma ternura y delicadeza se nota en Fraternidad cuando dice:

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FELIPE POEY Y ALOY /125 /125 Yo soy ruiseor perdido Entre los astros del cielo: Baj por darte consuelo, Para sentir y llora r. Y enseguida recuerda dos gotas en una rama, que juntas caen al ro, dos golondrinas, dos flores, dos amores que gozan y lloran juntos. Severo en la expresin y casto en los amores, parece que ha vedado a su musa los pensamientos sensuales; pero, cmo es posible contenerla del todo, si esa musa ardiente, que siempre va con l, lo besa sin cesar cuando duerme? Lindsima expresin en boca de un joven, y de una pluma honesta, que santifica la caricia, pidindola a su madre con la misma hiprbole que un amante empleara con su amada. Y si la Amrica Poseyera, Por solo un beso Yo te la diera. Y a dije que la majestad de Dios domina todas estas composiciones. Estos versos no desdicen de tan grande idea: Hay un ser que nos vela el infinito: Se llama Dios en el idioma humano; El destino del hombre tiene escrito En la gloriosa palma de su mano. Pero este ser se ve en el universo entero, y no por eso se comprende: se revela y se esconde a nuestra limitada inteligencia. Esto es lo que desespera al poeta, y por lo que dice: Yo te comprendo oh Dios! Mas no describo Esa grandeza que en tu ser fulgura: Jams, jams cuando vehemente escribo, Satisfago el afn de mi alma pura. Pues siempre queda cielos! un vaco, Una sombra, Seo r que al genio abruma; Y por eso al brotar un verso mo, Rompo despus la vacilante pluma. Y a en la oda al Mar haba exclamado: por qu luchas? No hay treguas para ti, oh mar? Y perdiendo la esperanza de cantar dignamente su inmenso podero, haba arrojado a sus aguas su destemplada ira, que a la verdad no sanaba tan mal en aquel instante.

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OBRAS 126\ 126\ Al fin se echa en brazos de la religin. Dejad que lleve el vacilante paso Lejos del cieno en que se agita el hombre, Y al sol mirando en su gigante ocaso, Nada codicie, ni laurel, ni nombre. Y vosotras, quimeras deslumbrantes, Sueos de rosa, porvenir de amores, Mujeres de miradas centelleantes, Espritus que duermen en las flores; Pasad como el fragor de un torbellino Que arranca a la campia engalanada Los olorosos cedros del camino, Las cimbradoras palmas de su entrada. Un alta r una estrella, la fe pura, V ed lo que debe contemplar el hombre; Y atravesar despus la sepultura Para encontrar la traduccin de un nombre. Nombre inmortal, secreto inconcebible; Lazo que nunca la amargura altera; Porque una voz nos grita irresistible, Cuando queremos desatarlo: espera! Lcita es para el que escribe de esta manera la estrofa de las Matanceras que empieza: Yo soy un ave que naci en las nubes Por ver ms cerca el precursor del da. Y no dudo que con verdad dir ms tarde lo que bellamente expresa en Fuego del alma : La mano del Eterno me lleva por el mundo; Responde a mis cantares la misma creacin, Y en alas de un esfuerzo pursimo y fecundo, Se envuelve en armonas mi ardiente corazn. Yo aplaudo las borrascas que mueve el ocano Entiendo los murmullos y el delicado son, Las guilas me infunden aliento soberano, El mundo es mi palacio, y el sol mi pabelln. Los ecos que discurren, el trino de las aves Que arrllanse en las copas de un plido jazmn, Los himnos de los vientos, que al deslizarse suaves Del horizonte pueblan el mbito y confn;

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FELIPE POEY Y ALOY /127 /127 La voz encanta lora de un alma enamorada, La nota de la guzla, del arpa y bandoln, Todo esto lo traduce mi alma enajenada, Que no halla al expresarse ni obstculo ni fin. Los trozos que preceden dan muestra no solamente de la nobleza de los conceptos, sino tambin de la expresin potica que distingue al auto r No le es dado a cualquiera el decir que la fe baja con los rayos de la luz vestida, que las estrellas nacen en el camino del ngel de la gloria, que las flores abren su seno ruborizadas, que el sol evapora las perlas condensadas del roco, que los jazmines son las huellas perfumadas de los ngeles, que el verso queda perfumado en rosas de Alejandra, y otros rasgos que no he citado, como cuando dice que las cubanas: Ojos que brindan resplandor al da. Y qu diremos de la virgen destilando perlas sobre el iris de la cascada, y los querubes bajando por cogerlas? Que es una pintura digna de Murillo. Tales y otros muchos son los rasgos poticos que distinguen al joven Vinageras: siento no poderlos citar todos. Si estos rasgos componen pocas pginas en el primer tomo de sus composiciones, bastan para darlo a conocer como poeta. Por ello pongo un lauro a su sien; y las doncellas pondrn sus trmulos labios en los suyos, si de ello no se ofende su ardiente musa, que sin cesar lo besa. III Esta tercera seccin de mi trabajo presenta la parte ms penosa de mi tarea, que me obliga en fuerza de la imparcialidad de mi bandera, no menos que en bien de la juventud y del mismo seor Vinageras, a sealar el aspecto desfavorable de sus obras, y lo har con todas las consideraciones que le son debidas; cumpliendo con mi oficio de censo r que me he impuesto ante el pblico, a quien se deben en suma la verdad y la mayor consideracin. No me har cargo de los recursos a los cuales ha acudido el seor Vinageras para recomendarse a los lectores; ya por medio de dedicatorias al Instituto y a los literatos nacionales y extranjeros, ya por una carta del Arzobispo de Pars, ya por el juicio encomistico de don J. Daz de Castro, ya por la delirante apologa del Eco Hispanoamericano que no trae firma de auto r Estos medios han sido interpretados contra el que los ha producido; pero creo que la mayor parte de las inculpaciones debe recaer sobre el librero Baudr y Es bien sabido que cuando un autor se lanza por primera vez a la palestra literaria, aunque su obra tenga un mrito sobresaliente, no encuentra en Pars libreros que la impriman, a no ser que venga acompaada de garantas que el autor no puede rechaza r si arde en deseos de darse a conoce r.

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OBRAS 128\ 128\ Lo que no admite disculpa en el seor don Antonio Vinageras, es la pretensin de haber abierto un nuevo campo a la poesa moderna, enlazndola con las ciencias fsicas y morales, la filosofa y la historia; como si nadie, antes que l, hubiera llevado la fantasa por el mundo fsico, o ejercitado la musa en la didctica. El abrazo de fraternidad entre las ciencias y bellas artes, ha precedido la poca del seor Vinageras. Ya V oltaire haba dado lecciones de astronoma en bellos versos, y mucho antes Hesiodo haba dado a su teogona la forma de un poema; Virgilio haba ennoblecido la agricultura en la mejor de sus obras, en las Gergicas ; Lucrecio haba escrito De rerum naturae ; Racine, el hijo, haba descrito la emigracin de las golondrinas y la historia de las hormigas; Lamartine haba pintado con rasgos maestros los grandes espectculos de la naturaleza; Quintana haba hecho una oda a la invencin de la imprenta, antes que el seor Vinageras hiciese la suya a la brjula: el mismo Quintana haba cantado el ma r y Heredia el Nigara, en ms laudables versos que el referido Vinageras, y otros mil han hecho ms que l sobre este particula r sin tanto aparato en los ttulos. El seor Vinageras no ha adquirido la honra de presentarse como jefe de una escuela moderna. Esto quedar bien probado con el examen de sus principales composiciones. Cosmos o descripcin potica del mundo Esta composicin se divide en tres partes. En la primera aparece una invocacin a la fe, que ocupa tres pginas: Blanca visin, ven; que te he visto deshojando flores sobre el sol de los Andes refulgente; desciende a m, gire la eternidad bajo tus alas, etc. Esto es muy lindo, pero no es an el cosmos de Humboldt. Pasa a la parte segunda, cinco pginas de estancias octaslabas de ocho renglones: Oh F antasa, dilata mi mirada por el mundo, mustrame la Italia con sus vergeles, la Suiza agreste y bizarra, Francia inmortal, Pars tempestad de los placeres, Cdiz la sultana, Asia elevada y florida, Amrica radiosa, Cuba de suaves noches tropicales... y venga despus el paraso de gloria que imaginaba Dante, Schille r Tasso, Caldern. Todo esto no pasa de una resea geogrfico-poltica a cortas pinceladas. Y eso es todo el cosmos del seor Vinageras, ocupando el espacio de cinco pginas. All dice que el genio encontrar las leyes de la humanidad, que el pensamiento cundir arrebatado, descollar la ilustracin, los cantos del poeta sern los ecos del cielo, y se escribir la Biblia de las naciones. Pero qu leyes sern esas, cul ser la voz del cielo, qu contendrn los captulos de esa Biblia? Es lo que el poeta no expresa. El autor ha ledo el Cosmos del Barn de Humboldt; habr ledo probablemente sus Aspectos de la naturaleza Y cmo no se ha inspirado mejor? Merece esta composicin

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FELIPE POEY Y ALOY /129 /129 el doble ttulo que lleva? Habla de Npoles para recordar su cielo de colores, y nada dice de su volcn. Pasa por encima de la Sicilia sin ver el Etna, al lado del cual el V esubio es una miniatura; y no mira si Encfalo, sepultado bajo de esa mole, sacude los cimientos que pesan sobre sus miembros agigantados, y vomita lavas encendidas que anivelan los valles, corren hasta el mar y luchan con las olas, alzando hasta nubes, con silbidos espantosos, masas enormes de vapor que oscurecen la luz del sol. Y dnde deja la teora de los levantamientos, explicada por el seor Elas de Beaumont? El Barn de Humboldt se inspir en sus Aspectos con los objetos ms vastos de la naturaleza: sobre el ocano, en las selvas del Orinoco, en los llanos de V enezuela, en las soledades montaosas de Mxico y del Per. Lo sigue acaso Vinageras en la espesura de los bosques, por medio de los desiertos, y en las encumbradas cimas de los Andes? Y en estas peregrinaciones cientficas, no hace acaso palpar la influencia eterna que ejerce la naturaleza fsica sobre las disposiciones morales y sobre el destino del hombre? Nada: nada veris de todo esto en el cosmos del seor Vinageras. No busquis en l ni en los ridos desiertos de Arabia, ni las sabanas inundadas de las Amazonas, ni los volcanes del Japn, ni los cedros del Lbano, ni las ceibas de Cuba, sus arbustos espinosos, sus zarzas cubiertas de convlvulos. La tierra para l se muestra despoblada; la Numidia, de leones rida madre, pasa sin ser notada; el tigre no ruge en las Himalayas; el jaguar no se esconde en los bosques del Paraguay; el oso blanco no asoma por los hielos de la Groenlandia; el caballo no recorre en plena libertad las llanuras de Brasil, ni el bisonte acude a las aguas del Misisipi, la Abisinia perdi sus antlopes; los camellos no visitan los desiertos; la vida ha cesado en las profundidades del ocano, padre primitivo de la naturaleza animada; la ballena se ha perdido en los hielos del norte, y el hombre audaz recoge sus crueles arpones. Dnde est, tierra de Java, con tus colosos vegetales, tus nelumbios y tu venenos? Tierra de Ceiln, descrita por Linneo, dnde estn Tus pavos reales y sus colas sembradas de ojos resplandecientes, tus aves de paraso surcando el aire como en nuestros climas las golondrinas, tus murcilagos del tamao de un perro, tus boas que devoran las cabras y los terneros, los elefantes que pueblan tus bosques como los jabales los de Europa y de Amrica, los monos que gesticulan en un rbol, mientras que los papagayos hablan en otros? Y el hombre, rey de la creacin, dnde est el hombre? No todos beben en copas de oro. Los hay tambin que beben en el crneo de sus enemigos, y hacen un sangriento trofeo de sus cabelleras. Hay otros muchos entre el Tmesis y la Patagonia, entre Egipto y la Bosquimania, entre Pars y Botany Ba y. Unos habitan las cuevas heladas, otros viven sobre los rboles, como los monos. Unos cuentan seis mil aos de progreso, y otros no han saludado

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OBRAS 130\ 130\ an la aurora de su civilizacin. Hasta los fenmenos atmosfricos, que el seor Vinageras describe tan felizmente en otras partes, faltan aqu: no hay un relmpago, un trueno, un soplo moribundo de la brisa. Lase ahora su carta al Barn de Humboldt, y dgaseme si es aquella la idea universal, la creacin en su aspecto fsico, la grande biologa que ha de terminar con las razas humanas y los progresos de la civilizacin. No faltar quien responda: cmo se ha de encerrar tan vasto poema en catorce pginas! Concedo, y saco por consecuencia que debe mudarse el ttulo. Para terminar la censura de esta composicin dir que preguntado un joven sobre el mrito de las poesas del seor Vinageras, respondi: Hay muchos cosmos. Esta sana respuesta es a un tiempo el mayor elogio y la condenacin del poeta; porque cuando el cosmos es bien trado y bien descrito, lo que le sucede algunas veces, cumple con la alianza que intenta hacer de las ciencias con la poesa; pero cuando nadie entiende lo que el autor quiere deci r su cosmos nos abruma, y nos fatiga. En cuanto a la poesa de que ahora se trata, est visto que no tiene de cosmos ms que el ttulo Grandes pasos del genio La poesa titulada Grandes pasos del genio o fusin de principios y de fuerzas en el siglo XIX tiene cinco partes que ocupan quince pginas. 1. Fluctuacin de la inteligencia humana, que se asemeja al flujo y reflujo del ocano segn afirma el autor, puesto que esa fluctuacin no la vemos: el ncora es Dios. 2. Se comprueban esas fluctuaciones nombrando a Roma, Londres, Pars, el pantesmo, la fe, Jesucristo, el Instituto, Vctor Hugo, el genio y Coln. Qu dice de stos? Nada. De Jesucristo, pronuncia el nombre, ni ms ni menos; del pantesmo y de la fe, no s bien lo que dice; de Hugo, que no es tan mal papel como otros creyeron y dijeron; de Roma, que tiene un telescopio encima de Inglaterra, y da una chispa a Pars; del Instituto, que no desdea lo que es pueril; y de Coln, que am mucho a la isla de Cuba. Todo esto no se comprende bien: lo que est bien claro es lo siguiente: Yo tengo blancas perlas En mi aromada boca, Y yo tengo las plumas Del elocuente amo r. 3. Despus de los versos sobre Dios que ya he citado con elogios, dice el autor que se nota al cabo la fusin brillante de principios y de

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FELIPE POEY Y ALOY /131 /131 fuerzas; pero no dice cmo ni cundo, ni tampoco sabemos cules son las fuerzas ni los principios. No obstante, acaba con valenta, diciendo: Empero el genio que se lanza al cielo, Alma de todo espritu fecundo, A travs de los siglos en su anhelo A grandes pasos perfecciona el mundo. Y para producir mayor efecto, pone al fin un punto de admiracin. 4. Nueva invocacin a Dios en versos cortos. Nada tiene de interesante, salvo la ltima estrofa, en que agrada porque habla el poeta de s mismo: Yo soy el eco que vaga En pos de una meloda Que en el orbe Dios verta, Cuyo germen est en m. 5. El Dios de la verdad revelar su genio soberano. Pero no dice cul es. F alta que el autor nos diga cules son los grandes pasos con que el genio perfeccionar el mundo. Qu asunto tan instructivo y sublime para el arpa de nuestros bardos! Tmese la humanidad desde los tiempos primitivos, en que las tribus se hacan una guerra de exterminacin, y era su religin el fetichismo. Luego se formaron por derecho de conquistas las naciones, se fund el paganismo o politesmo, tomando por dioses, no una serpiente, un mono, una cebolla, sino al sol, a la luna, al ter personificado en Jpite r a las aguas, a los vientos, divinizando al mismo tiempo las virtudes y los vicios. Durante este largo perodo se instituy y se sustent la esclavitud, primer paso, quin lo creyera! a los principios de humanidad que Jesucristo haba de santificar tan altamente, puesto que el primer motivo para hacer al hombre esclavo fue el de no quitarle la vida. Pero el genio que a grandes pasos perfeccionaba el mundo, hizo marchar la astronoma a par de la conquista, y cuando el sol y la luna fueron bien conocidos, cayeron en su carro Apolo y Diana. El cristianismo anunci un Dios inmaterial, el Dios de Moiss, pero que tom el nombre de Padre, en lugar de Dios de las batallas, que conserv durante la ley antigua. Todos los hombres fueron proclamados hermanos, la mujer fue emancipada; los nios fueron objeto de predileccin legislativa. Este fue el principio del rgimen feudal; los hombres ya no eran esclavos, pero eran siervos y vivan atados al suelo. Entonces se alz la grande y saludable intervencin de la Iglesia romana; y los rayos del V aticano se fulminaron contra los dominadores de la tierra. El comercio y la industria, auxiliados de las ciencias, se acogieron a

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OBRAS 132\ 132\ las ciudades y alcanzaron del poder las primeras franquicias; nombraron reyes que fueron los primeros representantes de las dinastas modernas. stos marcharon con otra bandera sellada por el genio de la Ilustracin, inscribieron en ella Igualdad ante la ley. Venga otro paso del genio: el proletario ser apellidado hermano. Entonces, el que empua la cruz y la pasea hace ms de dieciocho siglos por el mundo, la plantar en la tierra, y no habr ms que una sola patria, as como no hay ms que un solo cielo y un Padre comn para todos los hombres. Los pasos del genio habrn sido: muerte y destruccin, esclavitud, libertad, igualdad, fraternidad. Qu parte tuvieron en estas revoluciones la fsica y la qumica, cul las cruzadas, la Reforma, la Amrica descubierta, la invencin de la plvora, de la brjula y de la imprenta? Lo dir quien siga los grandes pasos del genio. Newton Aqu el autor pretende explicar la serie de raciocinios que condujo al ilustre matemtico a descubrir y formular la ley de la atraccin universal. Si esta es la filiacin de los pensamientos, y si hay alguna demostracin exacta en esta poesa, venga Newton y dgalo. Y o callar por indulgencia. La brjula Esta poesa, compuesta de tres exposiciones y cinco discursos, comprende diez pginas. Primera parte: anuncia a Dios. Segunda parte: anuncia al genio. Tercera parte: angustia del comercio. Cuarta parte: discurso del comercio. Ser que el mundo ignore el modo de encontrar el polo?, que el Asia se niegue a la Europa? Oh genio, dame un instrumento para cruzar los mares en todas direcciones! Quinta parte: habla la sabidura, y le muestra sus deseos cumplidos. Sexta parte: el Atlntico mueve guerras; habla, truena y brama contra la nave que navega con la brjula inmortal. Sptima parte: la brjula se mofa del Atlntico. Octava parte: el comercio da gracias a la sabidura, clamando gloria! Y el Eterno descubre su semblante refulgente, y dice que con la brjula radiante el hombre se va acercando a la perfeccin. Aqu se acaba el drama. No repruebo la distribucin, si el autor la llena con lucimiento. Nada encuentro que alabar fuera de la quinta parte, que est concebida a la manera de los grandes pintores.

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FELIPE POEY Y ALOY /133 /133 Alza la voz el Comercio, [...] Y al punto conmovida Sabidura estremeci su asiento. [...] Dijo sublime, iluminando el globo: [...] As su voz parti, De luz en zona pura Dejando ver la rutilante frente. Tiene aqu el mrito tan comn en Homero, cuando levanta una diosa del asiento, describe su aspecto majestuoso, la hace hablar dignamente, y la muestra al retirarse acompaada de sus esplendorosos atributos. Sirva esta reflexin y este aplauso para que los jvenes estudien un poco ms a los antiguos. Si toda la composicin fuera por este estilo, el seor Vinageras se acreditara en ella de poeta; pero an le faltara el mrito de historiador filsofo. F alta que nos demuestre con hechos y no con discursos retumbantes, la influencia de la brjula en la felicidad poltica y moral de las naciones. Deseoso de ser til a la juventud que ha de leer esta censura, no terminar sin decir que debe tomar por modelo al seor Vinageras en el ejemplo que ha dado de echar en olvido las divinidades del paganismo, como se nota generalmente en su obra, en que no se leen los nombres de Apolo, Neptuno ni V enus; y debe esforzarse en encontrar la sublimidad en los pensamientos y la gracia en los afectos, desperdiciando los atavos de otro siglo y de otra civilizacin. Pero al mismo tiempo hago notar que el seor Vinageras ha cado en la composicin que precede en los errores groseros del paganismo, personificando a la sabidura, a la brjula y al comercio; que su Atlntico es Neptuno con librea moderna, que su Amazona es con corta diferencia tan pagana como el Escamandro de Troya. Tambin he notado que cuando un autor no sabe qu deci r echa mano de estos seres imaginarios y pone en su boca insulsas declamaciones. No es de extraar que no hablen tan bien como Catn y Cicern, porque ninguno de ellos ve a Anbal a las puertas, ni a Catalina en el Senado. Con el examen de las composiciones que preceden, destinadas a unir en lazo estrecho las ciencias con la poesa, queda demostrado que en el autor no hay ideas, sin embargo, de trecho en trecho siembra algunas bellezas lricas. Estudiemos ahora sus odas, aquellas en que el poeta descuella, sase la Oda al Ma r, la Lucha del Atlntico el Nigara y Napolen No har de cada una de ellas un examen minucioso: pueden mirarse las cuatro como una sola, porque todo se vuelve Dios y abismos. La falsa poesa que aqu relumbra es debida tambin a la escasez de ideas.

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OBRAS 134\ 134\ El Nigara en el espacio de nueve pginas, no poda dejar de ofrecer algunos versos buenos, como los siguientes: Partes resonando, Atruena bosque y selva tu rugido, Y entre cavernas cncavas perdido El eco se derrama retumbando. Pero luego se anima demasiado, y procede sin cordura. Cuanto en las odas citadas se refiere, no vale seis versos de Lamartine: Jai vu de lOcan les flots pouvants, Pareils aux fiers coursiers dans larne emports, Droulant a ta voix leur humide crinire, Franchir en bondissant leur bruyante barrire; Puis soudain refouls sous ton bras tout puissant, Dans labime to rentrer en mugissant. 2 En la oda a Napolen el Grande el delirio llega a su colmo. El gigante moraba en el sol y all tenda sus recias alas; Dios lo lanz a la tierra para avasallar las leyes y detener el globo. Hace encorvar los ejes de la tierra, para que acaten su voluntad. Y cuando pasa por el Nilo incierto Se recoge en un tomo el desierto. Este es el Gran Desierto que nace en el Atlntico, se extiende al oriente por el espacio de mil leguas, acompaado del terrible seimn, sepultando en su paso las caravanas con la misma facilidad con que sepult en otro tiempo el ejrcito entero de Cambises; y que no hallando obstculo en la cordillera Lbica, ni en el Mar Rojo, traspasa el frica, invadiendo la Arabia, la Persia y la Mongolia, hasta hallar un sepulcro en el grande ocano. El autor nos dice en verso que en el alma de Napolen el Grande resplandeci la llama pura y santa que en Dios arda; y que si la fortuna adversa no se hubiera atravesado, hubiera dado al mundo la ley que merece. Por lo que Dios le da una corona de esplndido laurel y lo sienta con su guila en las gradas de su trono, desde cuya altura escucha el eco de toda armona que brota a torrentes la vasta creacin. La posteridad juzgar al hroe y al autor de este apoteosis. 2 He visto las olas encrespadas del ocano, como brutos sin freno dando al viento sus saladas crines, invadir los lmites impuestos a sus furor; y arrolladas despus por mano del Altsimo, entrar con espantoso bramido en el abismo amedrentado.

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FELIPE POEY Y ALOY /135 /135 Tambin tienen grandiosos pensamientos sobre Napolen otros muchos escritores, entre ellos Lamartine, Berange r Manzoni, Chateaubriand; pero con la cordura que la retrica requiere. Lamartine dice que se lee su nombre ensangrentado desde las orillas del Tmais hasta la cima del Ceda r, en bronce y mrmol, en el pecho de los valientes y en el corazn de los esclavos que oprima con su carro; que este siglo que arrastraba con su espuma las costumbres, los tronos y los templos, retrocedi de un paso a su presencia; que guila altanera, con una mirada abarcaba el orbe, y con sus garras lo tena sujeto. Chateaubriandd dice que la Inglaterra le concedi un peasco en cuya cima elevada se mantuvo el sol hasta su muerte, y a la vista de toda la tierra. Beranger dice cosas ms sublimes an, y falta campo para referirlas. Pero al mismo tiempo que los poetas que acabo de nombrar daban los elogios merecidos, se explicaron en otros puntos con la severa verdad de la historia; y a ninguno se le ha ocurrido hacer de Napolen un Jpiter Olmpico. El seor Vinageras busca en las odas la sublimidad, y cae en la hinchazn: no espera a que los pensamientos nazcan naturalmente del asunto, va en pos de ellos con harto lujo de figuras retricas, extraviada imaginacin y palabras altisonantes. No satisfecho con haber dicho que las olas del mar acosan el zenit, aade que Hasta el carro del sol van desatadas. Dice del Amazona: Si estallara, El orbe estrecha a mi raudal vendra, Y revocando mis inquietas ondas, El trono de los cielos hundira. El mejor modelo que conozco para pintar con acierto la naturaleza es Bernardine de S ain t Pierre. En sus obras todo est en su lugar: cada asunto llama su expresin. All no se ven acumulados en confusa hermandad los atributos de Dios con las propiedades del sol; el ma r el universo, Coln, la Ilustracin; el espacio, el tiempo, la luz y la eternidad; el rayo, la fe, el guila y el genio; el Edn, las alas y las plumas; la lnea ecuatorial, los polos y el eje de la tierra; la inspiracin y la impulsin; la gloria y la memoria; Csa r Belo, Semramis, Gengis Kan; Roma, Constantinopla, Sesostris, Cambises, Nern, Diocleciano, Newton y Mahoma. No anduvo, como el seor Vinageras, de quien tomamos el verso siguiente, Moviendo el sol, la eternidad y el mundo.

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OBRAS 136\ 136\ Queda con esto suficientemente examinado y juzgado el poeta con respecto al estilo general de sus odas. Tendr ocasin de citar en el eplogo composiciones suyas de otro estilo, que merecern justificadas alabanzas. He terminado la tercera parte de mi censura. Respiro con ms satisfaccin al entrar en la ltima. IV Si no hubiera encontrado bellezas en las obras del seor Vinageras, y algo ms; si no hubiera hallado en l las dotes de poeta, no hubiera emprendido el juicio crtico de sus composiciones. Al seor Vinageras ha cabido la suerte de los grandes hombres: unos lo han elevado hasta el cielo, otros lo han abatido hasta el polvo. El gran Racine fue silbado en la primera representacin de su Fedra la ms trgica de sus obras, y fue aplaudido el insulso Pradn. Mara de Sevign deca entonces que Racine no ha cado, ni tampoco el caf. El seor Vinageras peca por la magnificencia de los ttulos: no pudo sostener sobre sus hombros la carga de los titanes, como lo ha dicho felizmente Mansueto Veraz. Pero el tiempo y los estudios le darn lo que hoy le falta, y se robustecern sus hombros. El genio sobra, las ideas le han hecho falta en la mayor parte de los asuntos que ha escogido. Se propone a un poeta que cante las estrellas. Si el autor tiene ideas adquiridas por la meditacin y estudio del mundo, escribir bellas cosas; si no tiene ideas, de nada le servir haber nacido poeta. Propngase este tema a Lamartine, y veamos lo que se le ocurre. Las Estrellas Era la noche, santificada por el silencio, tan propicia a la oracin. El universo es el templo, la tierra es el alta r y esos luminares sin cuento que tachonan la bveda celeste, son las sagradas antorchas que iluminan este glorioso templo; la luz zodiacal y el lejano esplendor de las nebulosas, son el humo del incienso que el fervor de la oracin eleva al trono del Omnipotente. Esos astros, nsulas resplandecientes, brotan por millares como un polvo de oro; y el soplo de los vientos los siembra sobre el manto oscurecido de la noche. Unos, como aves esforzadas, tienden sus celestes alas, y se ciernen sobre la cima de los montes; otros, acumulados en hirvientes iluminaciones, fingen un peasco batido por una mar fosforescente; otros aparecen como corceles de tendidas crines; unos bajan a contemplar la tierra, como ojos abiertos sobre el dormido suelo; otros, en el lejano horizonte, confundidos con las aguas azuladas, parecen navegar con blancas velas.

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FELIPE POEY Y ALOY /137 /137 En tanto, la noche prosigue su curso majestuoso; y sobre el abismo ilimitado se ejerce la mutua gravitacin de los astros; el mundo que habitamos, arrebatado en el curso universal, se acerca lentamente a un puerto desconocido. Con frecuencia, de noche y a impulso de los cfiros, se siente la tierra, grandioso bajel, navegar por el espacio; los montes rompen con paso igual las olas mugientes de los aires, cubriendo su cima de brillantes espumas; sobre el elemento azulado en que el orbe se gallardea, se oyen los aquilones que embisten con la proa; yense en los robustos pinos el silbido de las tempestades; y la quilla combatida gime con ronco acento. Mas el hombre ha puesto su fe en el piloto, y navega con placer sobre el inmenso abismo. Esplendentes constelaciones, mundos errantes que viajis conmigo, decid, si lo sabis, adnde vamos todos? Iremos a naufragar sobre inevitables escollos, o echaremos el ancla en las playas del cielo, dentro de un golfo amigo? V osotras lo sabis, estrellas luminosas, que ms cerca de Dios tenis vuestras moradas: os alumbra un rayo de su gloria, y la pura verdad en vosotras resplandece. Vuestra benigna influencia se hace sentir en nuestro globo: esclarecis la cabellera de los bosques, calmis la inquietud de las olas, infunds la virtud, la oracin, el amor; a vosotras se dirige los suspiros de los amantes, los ojos de la hermosura, los ensueos del poeta. Tiendas celestes, edenes, brillantes palacios, mansiones de paz, de virtud, de amo r frutos cados del cielo, cuyo sabor no desconoce la tierra, alimento de las almas inmortales! El hombre, cuando vuelva a su esfera, hallar en vos su felicidad perdida. Bellos astros, quin fuera uno de vosotros! Quin pudiera nacer en el camino de Dios, luz de su santuario, humilde diamante de su corona. Desde mi sublime altura no perdera de vista mi habitacin primera. Cada noche, tardo y solitario, enviara la luz a las ramas de los rboles, dormira en los prados, me baara en las lagunas, apartara los vapores nebulosos para hacer mis visitas al hombre; y cuando viera una frente pensativa, ojos negados al sueo, un alma agobiada, derramando ante Dios sus piadosas amarguras, un desdichado que anhela por las sombras de la noche para dejar correr sus lgrimas, un genio inquieto, lanzado a lo infinito; mis rayos amigos, compadecidos por estos males, de m tan conocidos, bajaran con amor sobre sus frentes inclinadas, posaran en su pecho, luciran a sus ojos: yo les revelara una letra del gran secreto que sus almas presienten; pondra fin a sus lgrimas; y cuando plida me retire en presencia de la aurora, les dejara la paz y la esperanza, con lo cual dormiran un rato, antes que el sol los llamara a los trabajos de la vida. Y vosotras, bellas hermanas, admitidme en vuestros sagrados coros; enlacemos nuestras comparsas, y al comps de la celeste lira, cantemos al Seo r.

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OBRAS 138\ 138\ Propngase al seor Vinageras la sublime lucha del Amazona con el Atlntico. Veamos lo que se le ocurre. El Amazona, gigante del su r para cuyo furor es corto cerco el mundo, el Amazona, hervido r iracundo, horrible, frvido, terrfico y fiersimo, ruge, atruena, brama, rebrama, lanza montaas de arena, da su fragor al viento; mientras que ocano ronco enarca la sien, precipita sus olas y asalta el horizonte. Al fin Atlntico queda vencido; sus aguas se retiran sesenta leguas ms all del continente. Truena en las costas, y se lanza henchido De gloria y de pujanza el Amazona! No falta el punto de admiracin que ha entrado de moda en las obras poticas modernas. De paso dir que en La Habana hemos visto con frecuencia no dos o tres, sino un puado de puntos suspensivos, acompaados de duplicados, triplicados y cuadruplicados puntos de admiracin. Esto sucede porque los autores, cuando escriben sus versos, se quedan cantndolos; y mientras ms encantados han quedado de sus producciones, ms largo tiempo las cantan, lo que indican con la puntuacin. Algunos lectores se dejan engaar con estas apariencias: ceden al artificio del poeta, que parece decirles: admirad! Mas si el pensamiento no ha de llevar la fortaleza consigo, sino en los agudos puntos de admiracin que embisten como una fila de bayonetas, se comprender que no habr autorzuelo que no tenga en su mano el secreto de hacerse gran poeta, para no decir poetastro; y que el nmero de puntos ser en razn inversa de la copia de inteligencia. Y a anunci que no me era lcito citar todas las bellezas del auto r, porque est la obra de venta en la ciudad, y puede cualquiera tomarse el trabajo o la satisfaccin de leerla. Mas habiendo analizado harto severamente media docena de sus ms elevadas composiciones, deseo presentar el mismo anlisis de otra ms modesta, pero ms al alcance de sus fuerzas, en que por falta de ideas y de sentimientos no poda el poeta quedar atrs. Sea la Corona potica que a su virtuossima madre la seora doa V alentina Cruz de Vinageras dirige este hijo respetuoso y amante; y sirva este anlisis para probar que no falta poesa al seor Vinageras, sino ms profunda aplicacin de las ideas sobre el mundo fsico y moral. En esta corona, dividida en varios cuadros, campea su fecunda imaginacin, a pesar de muchos rasgos en boceto, ideas inconexas, otras tibias, otras oscuras; pero en medio de todas, bellezas de primer orden, en pensamientos, efectos, estilo y diccin: se sostiene el entusiasmo, y se enternecen a veces los corazones. Advierto que la parte que va en prosa ha sido redactada con las palabras que suministra la misma composicin.

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FELIPE POEY Y ALOY /139 /139 Corona potica Introduccin No miras a los ojos, castsima seora, La relumbrante quilla de un rpido bajel? Mientras el sol declina, la arboladura dora, Y el mar de los espacios se encoleriza cruel. El ncora va al fondo; ya todos han saltado De Cuba en el florido, bellsimo vergel, Y el bronce entre relmpagos retumba alborozado Los genios de los aires diciendo: es l, es l! Pero en realidad no era l: era la favorita visin de una tierna madre, desde aquella estancia sobre la cumbre alzada. As el hijo le dice para consolarla: Oh! Vulvete a tus valles, hermosa V alentina: Te ensear yo un lago manssimo y azul, En cuyas linfas claras el tulipn se inclina, Y hay perlas que envidiaran Alepo y Estambul. El recuerdo del lago trae a la memoria la edad rozagante de la madre, cuando naciera el nio. En cuna de violetas mir la luz del da; Doradas mariposas nacieron a la pa r. Y le daba el seno una mujer que lo cubra con trenzas de azabache. Llambanla azucena de Cuba los cantores; La gloria, su ms rico lucero tutelar; Los indios de la Amrica, el sol de los amores; Preciosa margarita, las vrgenes del ma r. Creci el sensible nio en la floresta, sonriendo a su madre y besndole las sienes; y cuando pudo elevar un canto dulcsimo, hablaba con el cfiro y escuchaba su msica; senta en s mismo cosas que nadie le haba enseado. Y la madre le deba nombres cariosos, y le deca: Pupilas de esmeraldas. Y el nio de las flores tom la voz suave, Del aquiln el trueno, la voz del fiero ma r. Y creci, ya no quera respirar sin su madre: Mas, ay! Cul es el ave que no abandona el nido?

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OBRAS 140\ 140\ Al fin parti: El nio, por la suerte fiersima impulsado Su adis a Valentina tristsimo le dio. Parte, impo; brama la ola; por los aires suenan estas voces: Adis, madre ma! Adis, hijo del alma!, y de pie sobre la proa, cae en el ocano una lgrima de fuego, mientras flota el rizo al viento, y cruza el inmenso ponto. Qu tienes?, por qu lloras, gallarda V alentina? Acaso tus recuerdos, tu corazn her? Qu tienes, flor del alma y estrella matutina, Por quin alzan su frente la rosa y alel? Y o te halagar con mis alas de oro. No ves cmo retorna la avecilla al materno nido? La gota arrojada de las nubes vuelve en vapores a las regiones superiores. Espera! Preludios V engo de Europa, luz de mi alma! Abre tus rejas, casta seora. ................................. V en, que te traigo la poesa Que vierte amores y dan ventura. Si aves canoras te dan sus trinos, Yo trovas de ngeles te dar; Y si las brisas, ecos divinos, Ecos ms puros te brindar. Yo soy tu esclavo seora; tu voluntad es mi ley. Oh! Manda que mis plumas Levanten un oriente, Y al punto refulgente Por ti relumbrar. Como Isaac perder la vida: la dar gustoso por ti. De quin son mis cantares? Son tuyos, madre ma, Son tuyos...

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FELIPE POEY Y ALOY /141 /141 Y la idealidad del genio, Hechizo de mi vida, De mi ilusin querida Aurora, da y sol. ........................ El fuego de los genios A tu existencia inflama; T tienes esa llama Que en m debe brilla r. Yo seguir entre rosas, T me dars cario. Yo soy el mismo nio Que un genio despert Quien de violetas suaves En caprichosa cuna Y el rayo de la luna, Seora, se durmi. Tu nombre es Valentina, Y el nombre es delicioso, Como jazmn radioso Que huellas con tu pie. Si miras t los cielos, Despiden resplandores; Si vagas entre flores, Ms lindas se las ve. Tu voz el murmullo De rfaga ligera; La clara primavera Su rosicler te dio. Si tocas una rosa, Se torna en ambrosa, Mi alma en poesa, Porque tu flor soy yo. Serenata Cunto dara por abrazarte! No son las flores ms dulces que tu amor; las estrellas nacen bajo de tus plantas, etctera. Dulce madre y seora, Llena de sueos,

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OBRAS 142\ 142\ Linda flor de los carmenes Jaruqueos! Si yo reinara Un solo da, Fueras la reina T, madre ma. Y si la Amrica Poseyera, Por solo un beso Yo te la diera T, sol de gloria, que mi vida alumbra, Astro de paz, raudal de poesa, ........................... Toma la ofrenda de tu caro hijo, Esta corona que form en mi pena, Y tejida en las mrgenes del Sena. Preciosas hermanas, tomad la corona por m entretejida, y ponedla en su frente. Oh madre! Yo torno a Europa. Empero te queda mi fiel poesa. Adis, madre ma! Esta composicin, considerada en su conjunto, tie ne un mrito sobresaliente. Est bien dividida en tres partes, que el autor titula, Introduccin, Preludios, Serenata. Equivale a una visita bien fingida: empieza con ternuras, sigue con regocijos y acaba con triunfos. Hay completa ilusin para consolar el rigor de la ausencia. El hijo est con su madre, le recuerda sus infantiles juegos; aun le besa las sienes, la acaricia, le sonre, la llama hermosa; y cuando viene la hora de la partida, le deja en su lugar su fiel poesa y su corona; la deja en brazos de sus hermanas. Qu delicado afecto! Hay rasgos tomados de la fsica asociada con la poesa. Como cuando dice que la gota vuelve a las nubes. Hay ejemplos de la influencia del mundo fsico sobre el mundo moral: para calmar el dolor de V alentina, le ensea un lago manssimo y azul. Y qu contraste tan lindo es el siguiente! Por qu inclinas la cabeza, cuando por ti alzan las suyas la rosa y el alel? Lo ms sensible es la despedida. El seor Vinageras pone la corona, no al pie de su madre, como ofrenda respe-

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FELIPE POEY Y ALOY /143 /143 tuosa, sino en la cabeza; porque, ya lo dijo, su gloria, sus cantares son suyos: ella los ha inspirado; ella fue su aurora, su da, su sol, fue su tipo ideal de belleza, su ilusin, su hechizo. Si esta seora, divinizada a mis ojos por los puros y amorosos versos de su hijo, converta en ambrosa las flores que casualmente tocaba, cuando toc el alma de su hijo, que era su flo r en qu haba de convertirla? En poesa, no hay duda, ya tierna, ya sublime, siempre que alcanzaron las fuerzas en los primeros ensayos. Por consiguiente, la corona es debida a la madre, y el hijo la pone en su cabeza. Mas no la pone el hijo, sino encarga a sus hermanas, la de los ojos negros, la de los ojos de cielo, que la coronen en su nombre. La madre al acordarse del hijo ausente, queda en los brazos de sus dos hijas, sobre quienes puede verter sus lgrimas de admiracin y de ternura. El amor filia l el amor de hermano, en grado sumo y delicado, se renen pues en esta escena, que mereciera formar el programa de un concurso en una academia de pintura, a saber: Las hermanas del poeta don Antonio Vinageras poniendo en la cabeza de su madre una corona tejida por su hijo en las mrgenes del Sena. Creo haber hecho la debida justicia al seor Vinageras, desvaneciendo en gran parte la acusacin de astuto artfice de maniobras para dar valimiento a sus poesas; culpa que he hecho recaer sobre el librero Baudr y Ahora me toca desvanecer otra prevencin desfavorable que le ha enajenado algunos corazones, y toma su origen en la vanidad del auto r que se alaba portentosamente, hasta el extremo de decir que su aliento le roba al polo las perlas que bebe el Arcngel Gabriel. Y o confieso que al principio me escandalic de tanto orgullo; y para juzgarlo imparcialmente tuve que hacer un esfuerzo sobre m mismo, para no dejarme arrastrar de mezquinas influencias. Pero al ver que los elogios se repetan do quiera y siempre con mucha gracia, conoc que no nacan de un sentimiento de altivez o vanagloria, sino de la forma que daba a sus ideas, personificndose con la poesa, y diciendo de s mismo lo que en general se dice del poeta. Claro est, que cuando escribe: El mundo es mi palacio, y el sol mi pabelln, no quiere decir otra cosa sino que el mundo es el palacio del poeta. As se han de entender los versos que siguen: La lira de la Amrica ostento yo en mi mano, Y el labio de las indias sus nctares me dio; Los genios que a las hijas del sol acompaaban Me dieron cuanto en vano la inspiracin so: Sus alas en mi frente pursima radiaban, Y en pieles de leones he descansado yo.

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OBRAS 144\ 144\ Sigue diciendo que los magos de Tlaxcala le dieron su misteriosa ciencia; las hadas sus encantos, etctera. Dice a las matanceras: Llego a vosotras con igual ternura, Reflejando la luz del firmamento, De oros mis labios, de azahar mi aliento Y el alma llena de inmortal fervor ....................................... Perlas os traigo del bullente Sena, Rosas que tienen un matiz de grana. ............................. Labios hermosos, adorad los mos; Ojos de fuego, dadme la ventura. ............................... V enid a m, que mis brillantes plumas Os llevarn a esferas de esplendores. Me tiene encantado cada vez que habla de s mismo; y no quisiera por mucho que fuera ms modesto. Deseo que me ensee sus plumas de oro y las perlas de su boca. Y cuando dice adoradme, lejos de irritarme contra el dolo, lo miro con complacencia y lo pongo en un alta r Cuando cesa de alabarse, me quedo escuchando; y estoy por decirle: habla, habla; yo adoro tus labios. Los mismos que se escandalizan de que el seor Vinageras diga que sus plumas levantan un oriente, han ledo sin escndalo en Chateaubriand cosas ms extraordinarias. Encantamiento T R ADUCCIN LIBRE Y SAL TEAD A Tambin dice Chateaubriand, en sus Memorias de ultratumba recordando la exaltacin de sus primeros aos, que cabalgaba en las nubes, que asido de los cabellos de una slfide y envuelto en sus vestiduras trasparentes, se lanzaba por los aires a merced de las tempestades, agitaba la cima de los bosques, sacuda los cimientos de las montaas, y se remolinaba sobre los mares. Engolfado en el espacio, recorra la inmensidad desde el trono de Dios hasta las puertas del abismo. Los mundos se sometan a la omnipotencia de sus amores: los silbidos del huracn eran para sus odos notas deleitosas, suspiros blandos, y la lluvia lo con-

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FELIPE POEY Y ALOY /145 /145 vidaba a dormir arrullado en brazos femeninos. Luego emprenda con ella lejanos viajes: con ella, mano a mano, visitaba las clebres ruinas de Roma y de Atenas, V enecia, Jerusaln, Palmira, Menfis y Cartago; ms all de los mares pedan ambos la felicidad a las palmas de Otiti, a los bosques embalsamados de Amboina y de Tidor; iban al Pico de las Himalayas a despertar a la aurora; bajaban con las aguas del Ganges, contemplando las pagodas y sus globos de oro, y descansando en sus mrgenes sagradas. El autor se complace en hacer el retrato fantstico de la slfide: Eva inocente, Eva cada, era un conjunto de todas las pasiones; era al mismo tiempo la personificacin de la gloria, del hono r de la virtud, cuando cumple con sus ms nobles sacrificios. Maravillosa creacin de su fantasa, ante la cual se postraba para ser hollado por sus pies. Las palabras apasionadas que le diriga hubieran calentado el mrmol de los sepulcros. Qu desierto no poblara ella con su presencia? Qu curva de leones no convirtiera en palacio? Una sonrisa suya, la ms leve caricia encenda en su pecho una llama que millares de siglos no bastaran a extingui r Ya el hombre se haba despojado de la humana naturaleza; se haba vuelto nube, viento, sonido, espritu areo para cantar la felicidad suprema. Esta slfide se le apareci en distintas pocas de su vida. Bien pudiera tener setenta aos cuando recibi su ltima visita en el monte San Gotardo, volviendo de su embajada a Carlos X; slo, en un cuarto de un miserable albergue, una noche tempestuosa, con dos camas para un viajero que ni poda dormir ni soaba con amores. Empero las tinieblas de la noche, rasgadas por el fulgor de los relmpagos, el estampido del rayo y los sordos gemidos de las cimas Alpestre, saludaron al bardo de la armnica. De la ladera resplandeciente de San Gotardo vio salir a su slfide de los bosques de Cobuego. Eres t, dulce encanto de mi juventud primera? Qu vienes a buscar en las fragosidades de esta sierra? Si vienes por m, me encontrars demudado de semblante; pero arde el alma sin aliento como siempre, y a s misma se consume. Si no ests satisfecha con las gracias que en otro tiempo te di, puedo hacerte hoy mil veces ms seductora: an quedan colores en mi paleta; he visto desde entonces muchas bellezas y s pintar mejo r Ven a mis brazos, no te espanten mis nevados cabellos, pasa por ellos tus dedos vaporosos; ennegrcelos con el amoroso contacto de tus labios. La cana frente enloquece, como en los das aquellos en que fuiste por m creada, hija primognita de mis ilusiones, dulce y misterioso fruto de mis amores con mis primeras soledades. V en, ascender contigo a las nubes, bajaremos con el rayo a surca r a ilumina r a incendiar los precipicios. V en, suspndeme otra vez, y no me vuelvas a la tierra. Los versos citados por m en la segunda seccin de esta censura, son suficientes para probar que la diccin del seor Vinageras es poti-

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OBRAS 146\ 146\ ca. F alta saber si merece el nombre de poeta por el plan o distribucin de los conceptos secundarios que entran en el desarrollo del concepto principal. Paso a examinar bajo este punto de vista dos o tres de sus composiciones. Telescopio gigantesco de Lord Rosse Esta composicin est por entero escrita en perodos mtricos de diversa extensin, versos quebrados y rima salteada, que es lo que constituye la silva. Lo primero que se ha de buscar en toda poesa, es la idea fundamental que el autor se ha propuesto. sta la expreso aqu en prosa de esta manera: el alcance extraordinario del telescopio construido por Lord Rosse, nos ha dado a conocer muchas nebulosas, que se escondan a los instrumentos anteriores. Veamos el partido que un poeta puede sacar de esta idea. Empieza as: Rey de la creacin, sublime el hombre Las maravillas del Seor admira; Creyente, ensalza del Seor el nombre, Poeta, embraza la sonora lira. Se trata de la utilidad de un telescopio en los estudios astronmicos, y el autor empieza por ennoblecer la ciencia, para derramar mayor prestigio sobre el instrumento. El hombre es llamado a estudiar las maravillas del cielo; all ver escrita la gloria del Seo r y poeta, cantar su divino nombre. Todo esto est encerrado en cuatro versos, despus de los cuales, exhorta al pensamiento a que se lance a los espacios, vuele hasta Urano, estudie los cometas en su carrera, y torne luego: Con secretos que son del firmamento. Sublime astronoma. Qu ciencia, como t? Por ti se exalta la humanidad. Porque comprende Que el Dios que infunde en el mortal la vida, Es el Supremo Dios que al sol enciende. Poeta cristiano, el autor comienza dignamente, haciendo la alianza de la poesa con la religin. La Astronoma, como toda grande idea, ha tenido sus mrtires. Galileo Sabe que va a morir: en ansia impura, Al venerable anciano prosternado

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FELIPE POEY Y ALOY /147 /147 El pueblo grita con furor: abjura! Y refiere el famoso E pur si muove Quin al cantar la astronoma puede olvidar a Galileo? El autor lo recuerda oportunamente. Y luego, tendiendo la vista afligida sobre los obstculos que han retardado el progreso de las ciencias, exclama: ser verdad que la ignorancia y la persecucin empaen su esplendor divino? Una vos que responde: Nunca ser. Fructfero y brillante, El rbol de la ciencia vencedora Sombre dar con su ramaje al cielo. Entiendo que ha de ser tan alto, que coja las nebulosas bajo de su sombra. Soberbia hiprbole! No poda ser menos en ciencia astronmica. Quin habla as? Es voz humana O voz del ngel que conduce al mundo? No. Que es un genio que inmortal se afana Grande, entusiasta, en su invencin profundo, Hijo de Albin, que dirigiendo al ter Admirable instrumento De suma magnitud, sube en un hora Con mente voladora A la regin do el sol tiene su asiento. Magnfico reconocimiento del ilustre astrnomo: bien llamado, bien trado. Quin habla as? Es un movimiento lleno de improvisacin. Ya sali de su exordio pindrico, y entr en materia. Y a sabemos que el astrnomo se llama Rosse, gran descubrido r Coln del cielo, adoctrinado por Keplero, mulo de Newton. Nunca podris, espritu sin honra, Del pensador ingls la gloria pura Un instante nubla r V eis cul fulgura Sobre nubes el sol? No de otro modo La gloria de los sabios resplandece: Brilla como la curva de los astros, Luce como el Olimpo, Y ms que el sol de la esperanza crece. Esta breve alocucin de los espritus envidiosos, sembrada a la aparicin de Rosse, es un rasgo magistral. La curva de los astros, comparacin tomada del asunto, recuerda la cola resplandeciente de un cometa.

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OBRAS 148\ 148\ V olviendo al sabio observado r dice: En tanto, oh Rosse! El arco de tu frente Por el arco de un sol est encendido; Quin como t? Qu humano podero Te transportara a tan excelsa altura? All solo est Dios; all en el cielo Todo es dicha y consuelo, Y existencia de amor y lumbre pura. Tinieblas solo aqu, solo en la tierra. Levanta, pues, las vigorosas alas, V e a sorprender lo que el espacio encierra. ................................. Mas yo te miro, oh Rosse! Modestamente Subiendo al te r a la inmensa esfera Donde nunca se vio la planta humana: Y cuando miras la regin flamante A travs de tu enorme telescopio, Dios con sus astros baja refulgente Para ceirte un lauro relumbrante. Una poesa que contiene los rasgos histricos y morales que acabo de indica r y en la disposicin que se ha visto, se halla bien iluminada. Suprmase todo lo que hace continuacin al lauro puesto por Dios en la frente de Rosse, que debe cerrar la composicin. Defensa de las cubanas Esta es una de las ms bellas composiciones del Seor Vinageras. Me he propuesto no copiar ningn trozo de ella, para no perjudicar a la venta de su libro, y porque en la extensin de diecisiete pginas es en totalidad digna de leerse. Mi objeto es por ahora demostrar que en cuanto al plan general y a los incidentes, califica al seor Vinageras de poeta eminente: la ejecucin, como he dicho, corresponde al concepto. Supongamos que se proponga en un concurso literario el elogio de las cubanas. Quin ganar el premio? Ser el que entone un canto de diecisiete pginas con el mismo metro y con la misma idea dominante, o ser el que coloque tres himnos a las cubanas y un himno al amor en medio de una sabrosa escena dramtica? En igualdad de mritos en cuanto a la ejecucin, el autor de este concepto ganar el premio. Y a he dicho que el seor Vinageras no se copia a s mismo. Sigmolos en su plan.

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FELIPE POEY Y ALOY /149 /149 Diez quintillas de siete slabas nos instruyen de que paseando por el Prado de Madrid, la brisa de agosto, que corra, le trajo a la memoria la cubana que llen su pecho de amor y le daba su alma enamorada. Este recuerdo no es mal exordio. Cuando de improviso llam su atencin una dama donosa, perla de Castilla, la Duquesa del Drama. Solicitado por la amable interlocutora, entona el primer canto a favor de Cuba, y es el que empieza. Es Cuba, Duquesa, la virgen del cielo Cada en las olas del frvido ma r etc. Entrando despus en el verso octoslabo rimado de Caldern, sigue un dilogo entre la duquesa y el poeta, en que la primera con galante intencin y para or la defensa, acrimina a las hijas de Cuba con todo aquello que la habladura de los viajeros acumula contra ellas, a sabe r, que son perezosas, vindicativas y fciles de conquista r. Algo dice tambin contra el suelo, que el poeta suspende entre rosas: Pues aadieron tambin, Si mal no recuerdo yo Que no es aquello un Edn Por el clima es cierto? No. El poeta niega todos los cargos, verdades o mentira; y difcil le es a la Duquesa contener la impaciencia que interrumpe sus discursos; al fin dice: Mas si gustis descansar Bajo esta tienda de flores... Duquesa, con mil amores, Y Dios me quiera inspira r. Aqu entra el segundo canto a Cuba, el que empieza: Lindo talante, forma encantadora, etc. Tngase por sabio que a cada incidente muda oportunamente la forma mtrica, lo que contribuye a que sean ledas diecisiete pginas sin menor cansancio. La Duquesa, arrebatada con la elocuencia del poeta, entona enseguida un nuevo canto de alabanza a favor de esa misma Cuba contra la cual se mostr prevenida; y es el trozo que empieza: Bendiga Dios ese suelo, etc.

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OBRAS 150\ 150\ Hay una maestra indudable en poner este elogio en boca de la Duquesa. La alabanza de las cubanas, dividida en tres partes, es tambin de mucha novedad y agrado. Mas como la seora insiste sobre lo mucho que el cielo cubano alentara las pasiones amorosas, el poeta se entusiasma al nombre del dulce amo r y l enva un himno, feliz digresin, con ligeros recuerdos a las noches de Cuba; himno por el estilo siguiente: Oh! Cun bello es dulcemente Y en mano que est abrasada, Reclinar la sien, llevada El alma de su emocin! Y de unos labios de rosa Bajo un cielo no sombro, Escuchar un amor mo Que suene en el corazn! Por ltimo, toma el lbum de la Duquesa y escribe dos coplas de su segundo canto, parafraseadas con otras nuevas. Es o no es poeta el autor de esta defensa? El examen de las dos poesas que preceden, y el de la corona potica, nos ha revelado, en cuanto al plan y a los pormenores, el genio del seor Vinageras. De la misma manera pudiramos analiza r con ventaja para l, la poesa titulada El Occidente y algunas otras. Bsteme deci r que por malas que sean sus composiciones, el genio del poeta no se puede oculta r Sirva de ejemplo la de Newton, la peor de todas en cuanto al objeto principal, que es la demostracin de la ley del universo por medio de la cual se conservan en sus rbitas los soles y los planetas. Newton Sentado bajo un rbol cuya rama Busca la luz del sol enrojecido, Un hombre en viva inspiracin se inflama Y est en sueos fantsticos perdido. Torna a mirar del sol la eterna llamada, Y hallndose el filsofo abstrado, Una manzana cae de repente, Dndole al pensador sobre la frente. El poeta entra de golpe en su asunto con una octava gravemente construida y profundamente pensada. Hay dos modos de entrar en accin: uno directamente, como el que usa aqu el auto r otro indirectamente, con

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FELIPE POEY Y ALOY /151 /151 digresiones preliminares propias de la oda pindrica. El seor Vinageras se aficiona principalmente a este ltimo modo; pero aqu muda la forma para no copiarse a s mismo, que es el defecto de Pndaro, casi obligado por la naturaleza de los asuntos que trataba, siempre lo mismo, esto es, el triunfo de los atletas coronados en los juegos olmpicos. La idea que se trata de expresar en la referida octava es la siguiente: Newton vio caer del rbol la manzana. V eamos cmo la expresa un poeta: Sentado ... quin? Aqu hay una inversin, tengo curiosidad de conocer al sujeto. Bajo un rbol ..., venga alguna descripcin del rbol; porque en poesa no se dice como en prosa un rbol, sino algo ms que interese o que agrade. Cuya rama busca la luz del sol enrojecido: s ta es la descripcin, y es potica, porque da intencin y sensibilidad a la rama: advirtase que aparece el sol en la escena por primera vez. Un hombre... qu hombre? No dice quin. Esta reticencia me agrada, me deja en suspensin, aviva mi curiosidad, aumenta el inters: pero ya el autor no dice quin es, espero que me lo dar a conocer con alguna descripcin: este es mtodo usado por un gran poeta en prosa, el bardo de Edimburgo, el ilustre Walter Scott. En viva inspiracin se inflama Si ser poeta? Hoy la poesa se hermana con la ciencia; puede ser sabio sin dejar de ser poeta: tal vez el sol enrojecido le enva a travs de la rama un destello de su fecundidad. Y est en sueos fantsticos perdido: esto no me dice nada de nuevo, porque no s cules son sus sueos fantsticos. Torna a mirar del sol la eterna llama : ya empiezo a creer que este hombre es un astrnomo, porque ha mirado dos veces al sol; pero los malaventurados sueos fantsticos me dejan en la duda: tal vez querr, a fuerza de mirar el sol, sacar una chispa que ilumine su fantasa La eterna llama me da qu pensar; la palabra es seria, el hombre no busca la inspiracin del momento, medita sobre la eternidad del universo. Y hallndose el filsofo abstrado ... ahora que ha dicho filsofo, no me queda duda de que el hombre es un astrnomo; por eso mir dos veces al sol; la cuestin que ocupa su mente es gravsima, por lo que se ha de tomar de asiento; y admiro la oportunidad con que el autor de esta poesa ha puesto el sol en la escena: como centro de atraccin planetaria, es personaje esencial en la resolucin del problema. El hombre est bien descrito, puesto que s quin es, salvo el nombre: falta saber qu relacin le enlaza con el rbol. Una manzana cae de repente, dndole al pensador sobre la frente. El filsofo se haba rendido al paso de sus meditaciones; no dndole el sol una respuesta satisfactoria a sus preguntas, se haba abstrado un momento; cuando de repente un aviso activo baj del rbol a cuya sombra fue a buscar la inspiracin: la manzana cae, no a sus pies, sino en su cabeza, o mejor dicho en su frente para despertar la inspiracin dormida. Y rueda el bello fruto por el suelo, y el sabio lo s igue con los

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OBRAS 152\ 152\ ojos : esta circunstancia, que empieza la segunda octava, es interesante; la manzana no se ha de perder de vista, no tardar el sabio en interrogarla. Pasar en silencio las meditaciones del filsofo, puesto que ha dicho que no son dignas de un matemtico ni de un astrnomo; solo har ver que en una composicin mal razonada, el poeta se muestra con brillantez. Empiezan los raciocinios del astrnomo, y en un momento de fervo r se levante y toma el fruto en la mano. Separa de la hierba la manzana, Y exclama as con xtasis profundo. Bello incidente, accin viva, la atencin del lector aumenta. La segunda parte, en versos ms cortos, es un himno a Dios, que ha de iluminar al filsofo: descanso de meditaciones graves, treguas al raciocinio, variante mtrica agradable; y en la ltima estrofa aparece el nombre del personaje. Mas t, que eres el centro, T lo sabes Dios mo, Oh, t, que justo y po Conduces al mortal! Oh, t, que al sabio Newton, Llenndolo de anhelo, Lo levantaste a un cielo De gloria perenne! La estrofa es mala, sobre todo en el sexto rengln, y no lo pens bien cuando llama a Dios po; peor fue cuando lo llam vencedor de atesmo. Esto no quita que la idea sea admirable. Cuando le la primera parte de la composicin, sin haber encontrado el nombre del astrnomo ingls, cuando empec a leer un himno largusimo que viene a continuacin, pensaba al tiempo que lea, que sera un rasgo maestro el escribir el nombre de Newton en la ltima estrofa. Cul fue mi satisfaccin cuando all lo vi estampado! La tercera parte es de estrofas endecaslabas de cuatro renglones. Continan las meditaciones de Newton. Luego en octavas con metro variado, canta el triunfo de la verdad, el problema resuelto; y por ltimo, en otra variante mtrica el guila del genio presenta a Newton al Dios del mundo. Digo que si los raciocinios puestos en boca de Newton hubieran sido exactos, quedaban bien encuadrados.

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FELIPE POEY Y ALOY /153 /153 Para negar al seor Vinageras el nombre de poeta, dicen otros que tiene poco bueno y mucho malo. A esto dar dos contestaciones: 1. Que sus bellezas no son tan pocas, vistas las que he copiado, las que he citado sin copia r y las que quedan por cita r 2. Quin es el poeta que tiene ms de la dcima parte de sus poesas buenas? Tmese alguno el trabajo de hacer la experiencia, anotando todo lo que merezca ser ledo dos veces o aprendido de memoria, y ver lo que saca de los ms clebres escritores. Ninguno sabe sacrificar lo mediano: da al pblico todos los partos de su imaginacin, bonitos o feos; sin conocer en s mismo, aunque en otros lo conozca, que en poesa todo lo que no es muy bueno pasa por malo, porque roba al lector un tiempo precioso que pudiera emplear en cosas ms amenas o instructivas. La prueba est en la coleccin completa de los mejores poetas espaoles de don Ramn Fernndez, de la cual se sabe que Quintana entresac su material para el Tesoro espaol : cuarenta son los tomos de Fernndez, cuatro los de Quintana, la dcima parte, ni ms ni menos. Y cunto hay que cercenar en la quintaesencia recogida por Quintana! Por otra parte, dijo Balzac que Millevoye se haba acreditado de poeta con una sola hoja, pues muri en la flor de su edad, cuando daba las mayores esperanzas; una hoja que nada sobre las olas inmortales, y vive sobre la espuma, destinada a nunca naufragar: esta es la poesa titulada: Hojas de otoo De esta suerte, para dar al seor Vinageras el nombre de poeta, bastaran cuatro estrofas de su invocacin a la fe, y la estrofa que comienza La mano del Seor me lleva por el mundo. La mitologa del poeta Vinageras, puesto que ya le podemos dar este ttulo, hace honor a su ilustracin, que es la del siglo, y lo califica de hombre sensato. Si a veces personifica el amo r nunca es con los nombres de V enus y Cupido. Su musa es la fe y la virgen de la gloria; el genio que lo inspira es ms sublime que el divino Apolo de los griegos; en lugar de flechas y de aljaba, lleva una cruz y la pasea por el mundo; al nombre de Jpiter tonante sustituye los cien nombres del Dios de los cristianos, el Eterno, el Altsimo, el Omnipotente. La escuela romntica del siglo XIX a la cabeza de la cual est Vctor Hugo, no se ha contentado con esta noble y sencilla corte celestial; sino que ha evocado a Satn de sus abismos, ha poblado la tierra de vestigios, de enanos, de duendes y otros espantajos de su desordenada imaginacin. Mejor inspirados los que vivimos en la mitad del mismo siglo, no reconocemos ms que a un Dios y la pura oracin que a l nos conduce. Invito al seor Vinageras a que sacuda del todo los restos del paganismo que se disfrazan con otros nombres en sus poesas: tal es el guila del genio, la cual arrebat a Newton para presentarlo al Dios del mundo. Si esta no es la misma que rob a Ganimedes en el

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OBRAS 154\ 154\ monte Ida para llevarlo a Jpiter olmpico, no s qu otra puede se r Cunto mejor ha sido hacer bajar a Dios con sus astros, para poner un lauro en la frente de Rosse! Cunto mejor es que la oracin ponga al pie del trono inmortal las glorias adquiridas en la tierra por las criaturas humanas! Invito al poeta a que no ponga en boca del Atlntico arengas profanas, a que destierre los discursos en bocas de piedra y cieno, a que guarde las prosopopeyas para casos extraordinarios, como cuando Racine el hijo, en el magnfico trozo que empieza: Oui, c est un Dieu cach que le Dieu quil faut croire Interpelando a la naturaleza, dice: Rpondez, cieux et mers; et vous, terre, parlez. 3 Y sin embargo, no se atreve a hacer hablar los cielos y la tierra: se contenta con interrogarlos. Pero el seor Vinageras hace hablar a Dios a cada rato, qu osada! Aquel cuya sagrada majestad se revel entre nubes, porque nuestros ojos mortales no pueden contemplarlo faz a faz; ante cuya deslumbrante gloria los serafines inclinan la cabeza y la cubren con sus alas; aquel que es la palabra viva, el V erbo increado; aquel cuya palabra sac el universo de la nada, el seor Vinageras lo hace hablar en sus dramas! Qu profanacin! Y sin embargo, este joven est penetrado de un profundo sentimiento religioso: en esto se parece a Lamartine. Se expresa con uncin; no as Chateubriand en el Genio del cristianismo Nuestro contemporneo, el ilustre poeta don Jos Zorrilla, adolece tal vez del mismo defecto, cuando habla de Dios y del alma. Hay otros que no pasan de farsantes: en su boca la santidad parece una irona. La sinceridad, en estos tiempos en que cunde el escepticismo, es condicin importante para tratar ciertas materias: y el que no siente en su pecho la sagrada llama, no debe entrar en el santuario. El brillante poema de Chateaubriand que choc con el siglo y lo desencamin de sus erradas vas, 4 no me conmueve como debiera, porque veo que el autor se calza un coturno y se pone la careta. Asimismo V oltaire, en su ensayo sobre las costumbres de las naciones, no me inspira mayor conviccin, porque veo, como Hume, su fisonoma burlona en cada pgina, y porque sus dedos mezclan en un mismo vaso lo sagrado con lo profano. El seor Vinageras, desde su tierna infancia, ha sido adoctrinado en la santidad del dogma. El genio que lo visit en la cuna y le sonri en la pubertad, era un genio celeste. 3 Responded, cielos y mares; habla t, oh tierra! 4 Le heurt que le Gnie du Christianisme doa aux esprits, fit sortir le 18 sicle de l orniere, et le jeta pour jamais hors de sa voie (Chateaubriand).

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FELIPE POEY Y ALOY /155 /155 Y yo su faz atnito vea, Tal como suele el cazador errante V er en Laponia iluminado el suelo Por la luz zodiacal que surca el cielo. Y mi acento por los aires resonaba, Y en perlas sobre Dios se derramaba. Creci, y el espectculo del mundo lo confirm en su fe. Oigamos sus propias palabras, sacadas de su carta a Humboldt: Al espectculo imponente de esos mundos enormsimos que recogen tantas armonas, vagan por el espacio para ofrecrselas al autor de tantas maravillas, sera imposible que la fe no me guiara en todo, como la columna de fuego en un tiempo a los israelitas, como la luz del sol gua el globo donde vamos, y que un da tal vez se detenga por haber tropezado con unos de los escalones del trono del Altsimo. Desde entonces llam siempre a Dios con sus verdaderos nombres: Dios fue para l No la idea tenebrosa De un ente material, barro en s mismo, No sino el Ente que do quier reposa, Y autor de un gran poema, el cristianismo. Estando ya para concluir mi prolongado juicio crtico, pido al lector que acepte con benevolencia dos traducciones intercaladas en esta cuarta seccin, a saber: Las Estrellas de Lamartine, y el Encantamiento de Chateaubriand. No eran del todo necesarias; pero he puesto la primera para ofrecer a la juventud un modelo de buena poesa, y la segunda para amenizar el fastidio de una crtica literaria. En la seccin tercera de mi censura, he juzgado al seor Vinageras con la severidad de un hombre que respeta al pblico; y no tiene la satisfaccin de conocer personalmente al auto r ni a ninguno de su familia; en la segunda y cuarta seccin, he dado a conocer su mrito, con la diferencia de que en la segunda me he quedado en la corteza y en las ramas, y en la cuarta he penetrado en la mdula; quiero deci r que primeramente apareci el poeta en la elocucin y despus en la invencin. Solo me quedan para cerrar mis juicios un apstrofe al auto r un retrato en forma prosaica y un retrato en forma potica. La verdad imparcial hablar en el primero de estos retratos. Permtaseme en el segundo ser menos riguroso, diciendo que supo el autor hermanar la poesa con las ciencias, puesto que en la forma potica, que se presta a la ficcin, fuera una descortesa decir que lo intent, como he dicho en otra parte. Tn-

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OBRAS 156\ 156\ gase presente que el autor es joven y nos ha dado sus primeras inspiraciones; que en la actualidad se estn imprimiendo otros dos tomos de sus poesas, inclusas sus Occidentales y que en ellos contina sus nobles ensayos. Retrato literario de don A. Vinageras en vista del primer tomo de sus obras Don Antonio Vinageras, cubano de nacimiento, perfeccion sus estudios en Madrid y en Pars, donde vio y visit a los literatos de ms nombrada, a quienes ha tributado grandes elogios para tener el derecho de presentarles sus dedicatorias; siendo pocas sus composiciones que no lleven uno de estos sellos ilustres en su portada. Coron su intento dedicando la obra entera al Instituto Imperial de Francia, del cual forma parte la Academia Francesa a quien corresponde la presentacin, y no, como se quiere dar a entende r al Instituto de Ciencias, que seguramente hubiera rehusado la dedicatoria. En la eleccin de los asuntos, en los ttulos que los califica, en las notas y cartas que acompaan las poesas, y en los anuncios acostumbrados del librero, se nota el conato de aparecer como jefe de una nueva escuela, cual sera la que hiciese la alianza, no dir de la poesa con las ciencias, sino de las ciencias con la poesa; pues antes que todo el seor Vinageras se dice hombre cientfico, que acude a la poesa para dar mayor lustre y popularidad a los conocimientos humanos: lo que carece de pruebas y de fundamento. Ha exagerado esta pretensin hasta el punto de hacerla ridcula, porque esta escuela no es nueva, ni l puede proclamarse como uno de sus jefes: tiene sin embargo el mrito de haber llamado la atencin sobre tan laudable fin, y el de haber hecho en este sentido algunos ensayos. El vano empeo de parecer cientfico le ha perjudicado grandemente, porque le ha obligado a formular ttulos demasiado arduos para su pluma, y se ha echado encima una carga que sus hombros no han podido sustenta r Con portadas ms modestas, muchas de sus poesas que han merecido una reprobacin severa, hubieran sido ledas con indulgencia y a veces aplaudidas. Sus obras en prosas y en versos muestran un grado de instruccin bastante elevado en geografa, historia y literatura; sus notas dan a entender que ha hecho en la astronoma estudios no menos provechosos; y aunque en una carta se anuncia como naturalista, la lectura del primer tomo de sus obras est muy distante de merecerle este ttulo. En cuanto a los estudios filosficos y morales, lcito es creer que no pasan de superficiales. Por lo que toca a las cuestiones vitales que agitan en Eu-

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FELIPE POEY Y ALOY /157 /157 ropa los espritus en sentido favorable o adverso a la libertad de las naciones y de los individuos, no hay vestigios en sus obras: lo que nos induce a creer que no ha ledo a Plutarco, el que hizo la apoteosis de Napolen, en la corte del Csa r que por la felicidad de su estrella puede hoy repartir favores y penas. Tal es el aspecto poco favorable que presenta su retrato literario. Bajo de otro aspecto es merecedor de mayores elogios. Como poeta, tiene asuntos dignos de la lira, inspiracin, invencin, orden o el bello desorden de la oda, sentimientos religiosos, alguna ciencia, nobleza y decoro, valenta, delicadeza, elocucin escogida, expresin viva, rica, sonora: tiene genio potico. Estas cualidades dominan en el auto r Esto no quita que vayan frecuentemente acompaadas de defectos: la inspiracin suele degenerar en extravagancia, la valenta en hinchazn; la pobreza de pensamientos contrasta con la pompa de los anuncios; las ideas son a veces inconexas; la elocucin no es castigada, sino con frecuencia desaliada, a veces prosaica; la construccin gramatical deja mucho que desea r. Una vanidad pocas veces ofensiva, casi siempre amable por la ingenua expresin y los floridos versos en que se manifiesta, reina en el curso de sus composiciones: se alaba naturalmente y sin pensarlo. Si le preguntamos por qu dice tanto bien de s mismo, responder poco ms o menos como Lamartine cuando le decan: por qu cantas? Pregunta al ruiseor por qu vive tan enamorado de su garganta. Y o me alabo, amigos, como el hombre respira, como gime el ave, como suspira el viento, como susurra la fuente entre las guijas. 5 Si tomamos en consideracin, como es justo, la cortedad de sus aos, que hoy son 22, y lo que han producido hasta ahora, debemos esperar grandes cosas para lo futuro. Pocos a la edad que l cuenta, pueden alabarse de haber empuado la lira con ms firmeza, de haber manejado con ms destreza el instrumento; regentado la estrofa y variado el metro. Tiene algunas ideas expresadas con gustosa novedad. Tiene lo principal: generosa inspiracin y genio potico. Lo que hoy le falta, el tiempo lo puede da r esto es, el estudio de los buenos modelos y la meditacin sobre el mundo fsico y moral. Entonces el aguilucho se perder de vista. Mas yo pregunto: hay esperanzas de que todo esto lo d el tiempo? La respuesta afirmativa fuera indudable, si no hubiera ledo en una de sus composiciones Non omnis moriar 5 Mais pourquoi chantais-tu? Demande a Philomle/Pourquoi durant les nuits sa douce voix se mle/ Aux doux bruits des ruisseaux sous lombrage roulants./ Je chantais, mes amis, comme lhomme respire,/ Comme loiseau gmit, comme le vemnt soupire,/ Comme leau murmure en coulan.

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OBRAS 158\ 158\ Apstrofe Gallardo mancebo, modera el bro, enfrena tu osada, acortas tus alas: no te puedo seguir de la tierra al cielo, del cielo al abismo. Me llevas por caminos que t mismo desconoces; te pierdes, joven inexperto, y me pierdes contigo. Es tanta la abundancia de perlas que derramas, que no las puedo contar: perlas en Dios, perlas en tu boca, perlas en la cascada, perlas do quiera. T platicas con los ngeles, t cubres la Amrica de rosas, t fulguras en las auroras boreales, t eres el director de las peras celestes. Mas si el arcngel Gabriel te lleva de la mano, no pretendas ir ms alto que el enviado del Seor; espera que te revele sus secretos. No pongas un pie en el apartado polo, si no sientes el otro bien afirmado, siempre que quieras lanzarte a Sirio. Tienes a Dios en la mente y a Cristo en el corazn. No busques a otros dioses: no multipliques los genios para no caer en los F aunos y Silvanos, Nereidas, Pirides, Drades y Hamadrades. No me eches a cada rato la majestad de Dios encima; pues no es un fardo o comodn que venga bien a todos usos: temo profanar su santo nombre; apenas mi labio se atreve a pronunciarlo, y quiero mantenerme a una distancia respetuosa. Suprime tu epgrafe Non o mn is moriar Envuelve en modestia tu ardiente corazn, para escuchar mejor sus armonas. V endr el da, si eres modesto, en que las bellezas del alma y las maravillas de la creacin salgan de tu pluma a torrentes y sin esfuerzo alguno. Ahora me fatigas, porque mueves en discordante orquesta los cielos y la tierra: relampagueas, ruges, bramas; me aturdes, me abrumas, me desesperas. Estudia a los clsicos antiguos: Homero te dar sus retratos del hombre y la naturaleza, Herodoto su naturalidad, Tirteo sus blicos ardores, Pndaro sus saltos portentosos, Tucdides sus arengas, Jenofonte su miel, Esquilo sus titnicas inspiraciones, Sfocles su elevacin, Eurpides su sensibilidad, Safo sus encendidos afectos, Anacreontes sus gracias amables, Scrates su argucia, Platn su msica, Demstenes sus rayos, Aristteles su ciencia enciclopdica, Plutarco su balanza, Tito Livio sus narraciones, Csar su elegancia, Terencio sus sales, Cicern su amor a la gloria, Salustio su concisin, Ovidio su abundancia, Virgilio sus armonas, Horacio sus cuerdas flexibles, Tibulo su ternura, Tcito su hierro estigmatizador y su espada vengadora, Juvenal su zurriago, Quintiliano sus doctas reglas. Lee, lee, medita a los antiguos. Estudia, estudia a los modernos. T los conoces, puesto que nos has prometido una historia de su literatura. Y a s que no olvidars a Lamartine, himno perpetuo; mas no olvides al modesto fabulista Lafontaine, ni al imitable pintor Bernandin de Saint. No olvides a Brange r el Horacio de los franceses, porque tiene en su lira una cuer-

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FELIPE POEY Y ALOY /159 /159 da que falta al lrico de la corte imperial de Augusto. No olvides a Jovellanos. Estudia sin cesar al Teatro de la elocuencia espaola del correcto Capmany y el Tesoro potico espaol de don Manuel J. Quintana. Estudia la filosofa y la historia natural. Pertrechado con estas armas, digno soldado de Cadmo, vencers al dragn de la envidia, y mezclars sus escamas con tus pieles de leones y tus plumas de Ceiln. Prosigue, generoso mancebo: t que dices que la patria del alma est en el cielo, mira a tu patria; de all bajo el genio que vive en ti. Est deus in te. A don Antonio Vinageras, en vista del retrato que adorna el primer tomo de sus obras Tu semblante serio y a un tiempo apacible revela al contemplador de la naturaleza, al que supo hermanar la ciencia con la fantasa; tu frente espaciosa brinda asiento al genio esforzado; tus cabellos no temen el embate de los aquilones; tus ojos parecen azules, y ser porque retratan el cielo; bien que tu respetable madre, como t mismo lo recuerdas, te deca pupilas de esmeraldas, y es porque naciste en Matanzas, cerca del mar: as eran los ojos de la docta Minerva. Tu nariz bien proporcionada no obsta a que la vista se lance a lo infinito; tu boca es pequea, porque tu pan es ambrosa; la barba corta es digna compaera de una alta inteligencia; la oreja queda abierta a todas las armonas; hasta en los flecos de la corbata se traducen tus alas; el largo lienzo que dobla sobre ella, deja el cuello en descubierto, y trae a la memoria la columna que ha de sustentar tu fama; por ltimo, tu traje es decente, como lo son tus pensamientos. Honor al original de este retrato! 6 Nota acerca del juicio crtico que precede El juicio crtico de las poesas del seor Vinageras supo muy mal al principio a su irritable genio, y lo manifest en un folleto intitulado Elogio de Poey ; tachando mi estilo de vulgar y poco terso, impuro en la forma, y digno de un director que toma la pluma del literato, lo que acompaa con inculpaciones odiosas, diciendo entre otras cosas, que he 6 Los ojos suelen mudar con la edad. Algunos han dicho que el color del mar no es verde: en las costas parece verdoso. Vase Verdemar en el Diccionario de la Academia Entindase por barba el hueso de la mandbula, no el pelo.

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OBRAS 160\ 160\ tomado la pluma contra mi conciencia, para servir de instrumento a un partido enemigo de las glorias del pas. No deja sin embargo de decir algo en mi favo r como lo atestiguan estas palabras: Al ver al seor Poey a travs de la nube en que la envolvi el partido, como a travs del velo puesto por un profano a la virgen de Murillo, se ve el rostro sublime de la imagen. Sea bienvenida esa frase en pago de esta otra que yo escrib sobre sus composiciones: Y qu diremos de la Virgen destilando perlas sobre el iris de la cascada y los querubes bajando para cogerlas? Que es una pintura de Murillo. Di en el Diario del Liceo de La Habana una contestacin a aquel llamado Elogio de Poey, aplacando su ira; fundado en que al pregonar las relevantes prendas de su estilo potico, haba presentado al pblico el revs de la medalla, con el fin de que no fuese rechazada la otra cara. Me expliqu entonces en los trminos que siguen: Y o he dicho y lo repito con satisfaccin, que sus obras en prosa y en verso muestran un grado de instruccin bastante elevado en geografa, historia y literatura; que sus notas dan a entender que usted ha hecho en astronoma estudios provechosos; que Mansueto V eraz no ha sealado el germen de poesa que brota de cada pgina de las obras de usted, ni anuncia la esperanza de que el aguilucho en su vuelo llegue a ser guila majestuosa, y tienda las alas bastante altas para cubrir con su sombra las pginas que hoy lo acusan; que los asuntos en que usted ha ejercitado su talento, no pueden ser ms dignos de la poesa, tal como la concibe nuestro siglo; que en cuanto al mecanismo, a lo material de la ejecucin, nada deja usted que desear: metro variado, movimiento pindrico, invocaciones oportunas, novedad en la forma, plan bien combinado, elocucin sonora, rica, potica, y otras circunstancias que iluminan sus poesas; que la imagen de Dios, que lleva usted siempre por delante, engrandece sus conceptos y su estilo; que es usted severo en la expresin y casto en los amores; que pongo un lauro a su sien, y que las doncellas (sirvindome de sus propias palabras) pondrn sus trmulos labios en los de usted, si no se ofende la ardiente musa que sin cesar lo besa; que me deja usted encantado cada vez que se alaba, porque lo hace con amable e ingenua expresin y con floridos versos; por lo que siquiera que usted me enseara siempre sus plumas de oro y las perlas de su boca: usted comprende que esto no es irona, porque hay una lnea que separa lo serio de lo jocoso, como tambin lo sublime de lo ridculo; y esa lnea no la he traspasado. He dicho que la musa que ha inspirado a usted es ms sublime que el divino Apolo de los griegos, por ser la fe y la virgen de la gloria; que el genio que visit a usted en la cuna y le sonri en su pubertad, era un genio celeste; que tiene usted la uncin que niego a otros poetas emi-

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FELIPE POEY Y ALOY /161 /161 nentes, y que ha dado usted a Dios sus verdaderos nombres; que pocos a la edad que usted cuenta pueden alabarse de haber empuado la lira con ms firmeza; que tiene usted generosa inspiracin y genio potico. Me he tomado la libertad de darle algunos consejos y he dicho: Pertrechado con estas armas, digno soldado de Cadmo, vencers al dragn de la envidia, y mezclars sus escamas con tus pieles de leones y tus plumas de Ceylan. Qu ms poda decir?, pues he dicho ms: Est deus in te Y le preguntaba: por qu no somos amigos? El seor Vinageras tuvo la magnanimidad de aceptar con benevolencia mi contestacin, dirigindome una carta en que solicit de mi parte otro juicio crtico sobre el segundo tomo de sus poesas que acababa de publica r.

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JUICIO ORIGINAL DE DON GUILLERMO COLSON Una nia inocente que parece tener catorce aos, duerme apacible y bella, con el despejo que permite el sueo y el candor de su alma; pero con el recogimiento necesario para descubrir el tesoro de sus gracias sin ofender el pudo r El hijo maligno de la citrea diosa se acerca para herir con ponzoosa saeta el pecho que la nia descubre incautamente. La madre sobresaltada, como quin no ignora las consecuencias, se interpone y con la mano tendida rechaza al rapaz, sin turbar el sosiego de su hija querida. Colson ha buscado para la madre un tipo de mujer cubana, dndole una edad poco avanzada y pasiones correspondientes. La nia es lo ms perfecto de aquel grupo, y al crearla, la mir con aficin el autor del cuadro de Napolen en Alejandra, pues se conoce que debe la vida a la misma mano que postr dos divinas criaturas a los pies del vencedor de Egipto.

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DISCURSO PRONUNCIADO EN HOMENAJE A BAL T AS AR GRA CIN 1 Seores y seoras: El tronco de la conversacin de esta noche no es de propio caudal. La expresin ser ma; me andar por las ramas, permitindome algunas digresiones; lo de otro saldr con su nombre para no vestirme con plumas ajenas; lo esencial pertenece al padre Baltasar Gracin, ingenioso autor de la obra titulada El Criticn Los preliminares que ocurran tendrn todos por terminacin la lectura de un trozo que los literatos habrn saboreado, sino en la obra citada, a lo menos en el quinto tomo del Teatro histrico crtico de la elocuencia espaola, por don Antonio Capman y No dudo que lo oirn con satisfaccin, porque los doctos gustan de recordar: lo dir en latn para mayor claridad: Ament meminisse periti No lo digo en griego por justsimas razones que el buen entendedor sabr aprecia r. Baltasar Gracin naci en Calatayud, ciudad del antiguo reino de Aragn, y escribi hace unos 350 aos, a mediados del reinado de F elipe I V Perteneci a la Compaa de Jess; y ya sea por orden superio r ya por modestia, public sus obras bajo el nombre de su hermano secular Lorenzo Gracin. Pero a Csar lo que es de Csa r y a Baltasar lo que es de Baltasa r. S us obras forman dos tomos en cuarto, impresas en papel ruin y con tipos ruines, mereciendo El Criticn los tipos de Ibarra, los de la imprenta Real o de Sancha. El dorso es de pergamino, encuadernacin tosca, pero slida y duradera: fuera de esto, merece el tafilete y el canto dorado. Uno de estos tomos comprende la Agudeza de arte e ingenio y el otro El Criticn Al final de estos tomos se encuentran algunas composiciones cortas, a saber: El orculo manual de arte y prudencia El 1 Este discurso es la reproduccin fiel de la que pronunci en una velada en casa del doctor don Jos Mara Cspedes, en el ao de 1885. En sitio ms elevado, hubiera omitido algunos pormenores amenos, bien acogidos por el carcter familiar de la tertulia, los cuales en otras circunstancias pudieran tacharse de puerilidades.

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OBRAS 164\ 164\ discreto, El hroe, y el Elogio del poltico don Fernando el Catlico. Tambin ha escrito un poema sobre las Estaciones del ao Contemporneo del eminente escritor don Diego de Saavedra F ajardo y del gigante don Pedro Caldern de la Barca, tuvo la dicha de hallar la lengua bien formada; bien que el estilo empezara a malearse, por las libertades que en l se tomaba don F rancisco de Quevedo, y principalmente por las extravagancias de don Luis de Gngora, sus inmediatos predecesores. Y a en prosa haban descollado el venerable padre fray Luis de Granada, el maestro fray Luis de Len, el venerable padre don Jos de Sigenza, el padre don Juan de Mariana, el inmortal don Miguel de Cervantes Saavedra. En verso haban florecido el dulce Garcilaso, Fernando de Herrera, prncipe de la lrica, Bernardo de Balbuena, autor de El Bernardo poema pico, mina inagotable, los dos Argensolas y Lope de V ega, llamado el Fnix de los Ingenios. Pero tuvo Gracin la desgracia de caer en la era del gongorismo; dejndose contagiar en un poema descriptivo, pero no en prosa, donde son pocos los resabios que conserva de la escuela. Quieren ustedes que presente un ejemplo de estragado gusto, sacado de las Estaciones del ao de este mismo esclarecido Baltasar Gracin? All va eso! Despus que en el celeste anfiteatro El ginetete del da Sobre flegonte tore valiente Al luminoso toro, Vibrante por rejones rayos de oro, Aplaudiendo sus suertes El hermoso espectculo de estrellas, Turba de damas bellas, Que a gozar de su talle alegre mora Encima los balcones de la Aurora; Despus que en tan singular metamorfosis Con talones de pluma, Y con cresta de fuego, A la gran multitud de astros lucientes, Gallinas de los campos celestiales, Presidi gallo el boquirrubio Febo Entre los pollos del tindario huevo. No hay ms que ver ni que decir: llamar gallo al sol, y gallinas a las estrellas, es harto ridculo. La culpa la tiene Gngora en su Polifemo y en sus Soledades; composiciones poticas que, por ms seas, no he ledo; pero no hablo por boca de ganso: repito las afirmaciones de Saavedra F ajardo, Capmany

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FELIPE POEY Y ALOY /165 /165 y Quintana. En la primera de estas composiciones se muestra Gngora extravagante; en la segunda es impenetrable. Esto no quita dice Saavedra, que cuando deja de correr su natural, sea culto y puro. El culteranismo impuro de aquellos tiempos consista en agudezas de dos cortes, anttesis, retrucanos, y en un estilo enigmtico capaz dice Capmany de hacer sudar la frente de la esfinge de Tebas. Fue una invasin que arrastr en su corriente los entendimientos ms severos (expresin de Capmany). Penetr en el plpito, como puede verse en una obra de mrito escrita por el padre Isla, con el ttulo de Fray Gerundio de Campazas precisamente para combatir el mal gusto introducido en la Elocuencia sagrada El mismo Gracin en El Criticn moteja a los predicadores de su tiempo, cuando dice: Los ms rematados eran algunos oradores, que en un punto tan grave y alto decan: esto s que es discurrir; aqu, ingenios mos, de puntillas, de puntillas. Muy atrevido ha sido en culpar a Gngora. Saavedra F ajardo, mejor juez que yo, lo llama en su Repblica literaria requiebro de las musas, y corifeo de las gracias; gran artfice de la lengua castellana, quien mejor supo jugar con ella, y descubrir los donaires de sus equvocos con incomparable agudeza. La culpa es de los imitadores, que tomaban sus modelos en el Polifemo en vez de tomarlos donde el poeta dejaba correr su natural, en sus canciones, romances y letrillas. Sirva de ejemplo uno de sus romances moriscos: Amarrado al duro banco De una galera turquesa, Ambas manos en el remo Y ambos ojos en la tierra, Un forzado de Dragut En la playa de Marsella Se quejaba al ronco son Del remo y de la cadena. Oh sagrado mar de Espaa! Famosa playa y serena, Teatro donde se han hecho Cien mil navales tragedias, Pues eres t el mismo mar Que con tus crecientes besas Las murallas de mi patria Coronadas y soberbias, Treme nueva de mi esposa Y dime si han sido ciertas Las lgrimas y suspiros

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OBRAS 166\ 166\ Que me dice por sus letras. Porque si es verdad que llora Mi cautiverio en tu arena, Bien puedes al mar del sur V encer en lucientes perlas, etc. Esto es sostenido, elevado, noble, tierno, rico. El romance acaba: En esto se descubrieron De la religin seis velas, Y el comit mand usar Al forzado de su fuerza. En las letrillas tiene gracia y ligereza: Guarda corderos, zagala, Zagala no guardes fe; Que quien te hizo pastora No te excus de muje r. V aya, por ltimo, una letrilla sentimental: Lloraba la nia Y tena razn, La prolija ausencia De su ingrato amo r. Dejla tan nia, Que apenas crey Que tena los aos Que ha que la dej. Llorando la ausencia Del galn traido r, La halla la luna, Y la deja el sol; Aadiendo siempre Pasin a pasin, Memoria a memoria, Dolor a dolo r. Llorad, corazn, Que tenis razn. Dcele su madre: Hija por mi amor Que se acabe el llanto, O me acabe yo.

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FELIPE POEY Y ALOY /167 /167 Ella le responde: No podr se r no, Las causas son muchas, Los ojos son dos. Satisfaga, madre, Tanta sinrazn, Y lgrimas corran En esta ocasin Tantas como dellas Un tiempo tir Flechas amorosas El arquero dios. Y a no canto, madre, Y s canto yo Muy tristes endechas Mis canciones son; Porque el que se fue Con lo que llevo, Se dej el silencio, Se llev la voz. Llorad, corazn, Que tenis razn. La brillante imaginacin del autor se declara en una sola palabra. No llama al amor el dios alado, el dios vendado, sino el arquero de Dios; porque este nio terrible tiende el arco, asesta con ojos malignos y hace heridas profundas. A veces suceden lances tremendos. Escarmentad, hombres de pasiones vehementes! Horrorizaos, seoras! Lo dir? Estuve a punto de hacer un viaje a la eternidad. Hace muchos aos, siendo yo soltero, por estas cosas que cuento, me quise mata r Ped la paz del alma a la boca de una pistola. 2 Primero, me asegur bien de que el arma no estaba cargada, apoy el can en la frente, dispar el tiro y ... qued sano, completamente curado de amores. No hablemos ms del gongorismo, porque su tiempo ha pasado. Vivimos en el siglo de la churriguera, palabra aplicada en tiempos remotos a la arquitectura, y que hoy se aplica a las letras. Empez en Francia con Pelletan, autor de El mundo marcha ; paso a Espaa, donde tomo vuelo en egregios oradores e insignes escritores nacionales, que hoy intentan arrebatar la admiracion de los lectores con interminables amplificaciones, revolviendo en confusa discordancia la tierra y el cielo, Grecia y Roma, el Tajo, el Tmesis y el Sena. V an tan alto, que se pierden de vista. No obstante, bellos trozos admiramos en el seor Castela r. 2 Expresin de Balzac.

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OBRAS 168\ 168\ Pelletan dice que los puritanos que desembarcaron en Amrica, llevaban la intolerancia cosida en los pliegues de su manto. Feliz expresin! Dirn algunos. Concedo de mala gana con tal que no se repita, y no venga la turba de imitadores ( servum pecus ) a fundar una nueva escuela. Como preservativo contra el mal gusto que va cundiendo, recomiendo las obras del ilustre Jovellanos; y para el vuelo sagrado, las Oraciones de Bossuet, ledas en francs. Recomiendo a Moiss en el primer captulo del Gnesis No dice Moiss, trompeta en mano: Da de magnificencia fue aquel, en que a la voz del Omnipotente brotaron del desordenado caos los innumerables escuadrones de estrellas que pueblan la inmensidad, en medio de las cuales la tierra, morada futura de los mortales, empez su reglado curso. Esto puede ser bueno; pero mejor y ms sublime es esto otro: Al principio Dios cre el cielo y la tierra. Dios dijo: Sea la luz, y la luz fue. Digamos algo de Nicasio lvarez de Cienfuegos, poeta de mil tiempo, tesoro de sensibilidad y de fogosa imaginacin; sin otra pasin deca l que la de amar y ser amado. Sus poesas, bellamente impresas en Madrid, dos tomos en octavo, Imprenta Real, no salan entonces de mis manos. No eran los tiempos de Palma y de Milans, cometas que lucieron y se extinguieron en el cielo, pero que brillan y brillarn en la tierra. Vctima del mal trato que le dieron los franceses, conducidos por ellos a Orthez, ciudad de F rancia, falleci a los 33 aos de su edad. Alabo de l, estos versos: Era la noche; la callada luna Con rostro melanclico rea, De las selvas calladas visitando La augusta soledad. Repruebo estos otros: Abrego silbado r cierzo bramante, Lgubres partos del saudo invierno, Huid do vosotros padre silencioso De su alczar de hielo resonante Os llama en Espitzberg. Cuando hablo de mi tiempo, entiendo el ao de 20, en que la mayor parte de los presentes no haban nacido; cuando estudiaba con el padre Flix V arela y con el presbtero don Justo Vlez, bajo el ala del ilustrado obispo Espada. Del da en que nac no me acuerdo, ni me quisiera acorda r Creo que he vivido un da: no vale la pena de nace r condenado a morir por el delito de haber nacido, como dice Caldern. Qu son cien

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FELIPE POEY Y ALOY /169 /169 aos en el reloj del tiempo? Casi dice Saavedra se alcanzan los primeros a los ltimos suspiros. Tiempo es ya que volvamos a Gracin. Agudeza de arte e ingenio De este tomo ledo de cabo a rabo, no he podido sacar ms que un epigrama y un madrigal. Ustedes no ignoran que hay tres cortas composiciones que tienen punta: stas son el soneto, el epigrama y el madrigal. La punta del soneto es ordinariamente grave, sentenciosa, puede ser jocosa; en el epigrama es punzante; en el madrigal es lisonjera. El epigrama aludido es el siguiente: Cloe la sptima vez Las exequias celebr; Siete maridos llor, No hay ms honrada viudez. Mand en la piedra escribir Que ella les dio sepultura; Y dijo la verdad pura, Porque los hizo mori r. El madrigal es de lo bueno, y basta para indemnizar al lector de una larga y fastidiosa lectura. Pide puesto honroso al lado del famoso y bien conocido madrigal de Gutirrez de Cetina. El que esta en Gracin, sin nombre de auto r dice as: V olved, seora los ojos, Que en el mundo no hay su par; Mas no los volvis airados Si no me queris matar: Aunque de una y otra suerte Matis con solo mira r. El orculo. El discreto. El hroe De estos opsculos, dice Capmany que no hay nada que saca r sino desesperarse con ellos. Sin embargo, yo he entresacado muchas sentencias ingeniosas: van algunas. Hombre de espera. Sea uno seor de s, y lo ser despus de los otros. La muleta del tiempo es ms obradora que la acerada clava de Hercles. No hay mayor atencin que el no darse por entendido.

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OBRAS 170\ 170\ Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y lo bien dicho, se dice presto. No es necio el que hace la necedad, sino el que hecha, no la sabe encubri r. Seguir la corriente. Antes locos con todos, que cuerdos a solas; que si todos lo son, ninguno perder; y sola la cordura, ser tenida por locura. Atencin a no errar una, ms que acertar cientos. Nadie mira el sol resplandeciente, y todos al eclipsado. Creer al corazn, que suele ser pronstico de lo que ms importa: orculo casero. Hombre de gran paz, hombre de mucha vida: no solo viven los pacficos, sino que reinan. Nunca tomar las cosas al repelo, aunque vengan (pudiramos agrega r ni el rbano por las hojas). Las riquezas dan autoridad. Dora las ms veces el oro las necias razones de sus dueos; comunica la plata su argentado sonido a las palabras. Dicen que al buen entendedo r pocas palabras; yo dira que a pocas palabras, buen entendedo r. Sbese volando al favo r y bjese rodando. La perfeccin ha de estar en s, la alabanza en otro. Fernando el Catlico Pomposo y engalanado panegrico, sobrecargado de erudicin; pero digno de ser ledo, por la expresin castellana y la armona del estilo. Tiene el autor un don particular para satisfacer al odo: sus frases son ciceronianas, numerosas y cadenciosas, como notas musicales. La prosa, seores, bien construida tiene su msica: una palabra, qu digo? Una slaba de ms o de menos todo lo descompone. Sirvan de ejemplo los perodos siguientes. La primera gala que se puso fue el arns; y aquellos tiernos infalibles miembros, que an no saban anda r iban ya crujiendo la malla y la loriga. Que abomine Vespaciano y borre las huellas de Vitelio y dems monstruos sus predecesores, es restaurar el imperio, es desagraviar la virtud; pero que Adriano condene los esclarecidos hechos de Trajano, el mejor emperador que ador Roma, y llegue a tal extremo de disenti r, que estreche los trminos del imperio por estrecharle la fama, que derribe el celebrado puente del Danubio por derribar su memoria, no es emulacin, sino atrocidad. En cuanto al argumento, se condensa en estas palabras de Gracin: Copi el cielo en Fernando las mejores prendas de todos los fundado-

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FELIPE POEY Y ALOY /171 /171 res monarcas, para componer un imperio de todo lo mejor de las monarquas. La entrada no puede ser ms pomposa: Opongo un Rey a todos los pasados, propongo un Rey a todos los venideros, don Fernando el Catlico, aquel gran maestro en el arte de reinar. Aqu Gracin, para adula r no se muerde los labios. Su plan es el siguiente. Asienta las prendas y virtudes que han de adornar a un Rey: sagaz, prudente, valeroso, magnnimo, poltico, justiciero, feliz, universal hroe. Recorre en cada prenda, a grandes rasgos, la historia antigua y la moderna; estigmatiza los prncipes inglorios, Sardanpalo encerrado en la deliciosa crcel de los placeres, Nern y Heliogbalo pecadores a entrambas manos; rinde admiracin a la gran Semramis que fund el imperio de Asiria, que conquist el Egipto; que para emprender la India, capitaneando un milln de gente y dos mil naves en la boca del ro Indo, alindose el cabello, le dieron nuevas de que se haba rebelado Babilonia; y sin acabar el alio fue, vio y venci. Ensalza a Enrique I V, de Francia, trasladado de la cuna al pabelln; y definitivamente afirma que don Fernando el Catlico es el mejor de todos. Dice que no bastando a su grandeza un mundo, su dicha o su capacidad le descubrieron otro. Este empeo de Gracin de presentar al monarca espaol, en todo y por todo, el mejor de todos, me recuerda una historia en que el seor don Jos F ornaris es el hroe. Me hall una noche en el gran saln dispuesto por el amigo Baralt, gran concurrencia, no haba asientos para todos, yo sentado en un silln, ninfas de pie alrededo r nunca me vi tan bien acompaado. El seor F ornaris sac del bolsillo una poesa, en que trataba de las bellezas que haba visto en Egipto, en Italia, en Alemania, en Inglaterra, en Francia, en Andaluca, y acababa con este estribillo: Como las cubanas, no. Sus lindas estrofas fueron entusiasmando al coro femenino, que anticipndose al auto r con la voz y con el gesto, deca No Qu guapas son las muchachas de esta tierra! Quieren ser las mujeres del mundo. Qu he de decir? Estoy metido entre ellas... como las presentes, no. Muri dice Gracin el catlico monarca a los 64 aos de su preciosa edad; pero no muri don Fernando, porque los famosos varones nunca mueren. El Criticn Y a llegamos a El Criticn otro tomo que tambin he ledo atentamente. Estampo aqu el juicio de Capmany: Es una obra inmortal por el ingenio, el chiste y el juicio. Son treinta y ocho Crisis en que el autor subdivide esta historia moral de la peregrinacin del hombre por

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OBRAS 172\ 172\ l a sociedad civil, tejidas de alegoras agradables y cuentos chistosos; animado todo de personajes, ya reales, ya fantsticos, de pases, y de espectculos que se viene a la vista como en los tapices flamencos, pero tan diestra y artificiosamente enlazados y sostenidos entre s, que el lecto r no bien acaba de gustar la primera, cuando recobra el apetito para empezar la que sigue... Los smiles, las alusiones, los retratos, las ironas, los dilogos se suceden o se interpolan con sabrosa y siempre encantadora simetra, sazonado de finsimos gracejos, refranes y equvocos de la lengua castellana. Queris un ejemplo de este gracejo? En la gran feria del mundo se pregona: aqu se da de balde lo que vale mucho. Y qu es? El escarmiento. Gran cosa! Y qu vale? Los necios lo compran a su costa, y los sabios a la ajena Dnde se vende la amistad? Esa, seo r no se compra, aunque muchos la vendan. Dichos agudos no faltan, unos son malos, y son pocos; otros son buenos, y son muchos. El ciego no vea gota, aunque beba muchas. Esto es malo. No me suena bien el nombre de prima, aunque dicen que es muy cuerda. Esto es malo. El autor quiso tocar la guitarra, y toc el violn. Tratronse mal, pero no se maltrataron. Esto es bueno. Iban todos variando y desvariando. Es bueno. En el bando que ech la sabidura para reformar los refranes, se lee: Al buen callar llaman Sancho. Se enmienda: llaman santo; y en las mujeres, milagroso. Dios me d contienda con quien me entienda. Los polticos no dicen as, sino con quien no me entienda. Si quieres ser Papa, pntelo en la testa. Muchos se lo ponen, y no salen de sacristanes. Casars y amansars. Antes al revs; es menester que ellas amasen para poderse casa r. A mal paso, pasar postrero. Por ningn caso; ni primero, ni postrero, sino rodea r. Mal de muchos, consuelos de todos. Dgase de tontos. Conclusin V enga ahora el famoso trozo ya anunciado y harto tiempo diferido. No encontraris en l lo que Jovellanos llama el saborete de los anttesis ni el sonsonete de los vocablos. La muerte, en su trono fnebre, toma residencia a sus ministros, sus valientes matantes, los contagios, las pestes, los catarros, los garrotillos, los tabardillos, y le habla de esta suerte:

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FELIPE POEY Y ALOY /173 /173 Ahora os quiero contar que cuando vine al mundo (hablo de mucho tiempo), all en mi noviciado, aunque entr con vara alta, y como plenipotenciaria de Dios, confieso que tuve algn horror al mata r y que anduve en contemplaciones a los principios: si matar ste, no, sino aqul; s el rico, s el poderoso, s la hermosa, no, sino la fea; s el mozo gallardo, s el viejo. Pero al fin yo me resolv con harto dolor de mi corazn, aunque dicen que no le tengo, ni entraas, y que soy dura; y qu mucho si soy todo hueso? Determin comenzar por un mozo rollizo, y bello como un pino de oro, de estos que hacen burlas de mis tiros. Parecime que no hara tanta falta en el mundo, ni en su casa, como un hombre de gobierno hecho y derecho. Encrele mi arco, que an no usaba de guadaa, ni la conoca. Confieso que me temblaba el brazo, que no s como acert el tiro; pero al fin l quedo tendido en aquel suelo. Y al mismo punto se levant todo el mundo contra m, clamando y diciendo: Oh, cruel!, oh, brbara muerte! Mirad a quin ha asesinado! A un mancebo, el ms lindo, que ahora comenzaba a vivi r en lo ms florido de su edad. Qu esperanza ha cortado!, qu belleza ha malogrado la traidora! Aguardara a que se sazonara; y no cogiera el fruto en agraz, y en una edad tan peligrosa. Oh, malograda juventud! Llorbanle sus padres, lamentbanse sus amigos, suspiraban muchas apasionadas: hizo duelo toda una ciudad. De verdad que qued confusa, y an arrepentida de lo hecho. Estuve algunos das sin osar mata r ni parece r pero al fin l paso por muerto para ciento y un aos. Viendo esto, trat de mudar de rumbo: encar el arco contra el viejo de cien aos. A ste s, deca yo, que no le plair nadie, antes todos se holgarn; que a todos los tena cansados con tanto reir y dar consejos. A l mismo pienso hacerle favo r que vive muriendo; que si la muerte para los mozos es naufragio, para los viejos, tomar puerto. Flechle un catarro que lo acab en dos das. Y cuando cre que nadie me condenara la accin, antes bien todos me la aplaudieran, y aun la agradeceran, sucedi tan al contrario; que todos a una voz comenzaron a malearla, y a decir mil males contra m, tratndome, si antes de cruel, ahora de necia, la que as mataba a un varn tan esencial a la repblica. stos decan con sus canas honran las comunidades, y con sus consejos las mantienen; ahora haba de comenzar a vivir ste lleno de virtud, hombre de conciencia y de experiencia: estos agobiados son los puntales del bien comn. Qued, cuando o esto, de todo punto acobardada, sin saber a quin llevarme; mal si al mozo; por si al anciano. Tuve mi reconsejo, y determin encarar el arco contra una dama moza y hermosa Esta vez s deca que he acertado el tiro, que nadie me har cargo, porque sta era una desvanecida, traa en continuo desvelo a sus parientes, y con ojeriza a los ajenos; la que volva locos (digo, ms de lo que estaban) a los mozos; tena inquieto todo el

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OBRAS 174\ 174\ pueblo; por ella eran las cuchilladas, el ruido de noche sin dejar dormir a los vecinos, trayendo sobresaltada la justicia; y para ella es ya favo r, cuando fuera venganza el llegarla llegar a vieja y fea. Al fin yo la encar unas viruelas, ayudadas de un fiero garrotillo, que en cuatro das la ahogaron. Ms aqu fue el alarido comn, aqu la conjuracin universal contra mis tiros. Qued persona que murmurase, grandes y pequeos, echndome a centenares las maldiciones Hay tan mal gusto, decan, como el de esta Muerte! Ha y semejante necedad!, que una sola hermosa que haba en el pueblo, esa se la haya llevado; habiendo cien feas en que pudiera escoge r y nos hubiera hecho lisonja en quitrnoslas de delante! Concitaban ms el odio contra m sus padres, que llorndola noche y da, decan: la mejor hija, la que ms estimbamos, la ms bien vista, que ya se estaba casada! Llevrase la tuerta, la coja, la corcoveada: aquellas sern eternas como vajilla quebrada. Impacientes los amantes, me acuchillaran si pudieran. Hay tal crueldad!, que no le enterneciesen aquellas dos mitades del sol en sus dos ojos!, ni la lisonjeasen aquellos dos floridos meses de sus dos mejillas! Aquel oriente de perlas de su boca! Aquella madre de soles de su frente, coronadas de los rayos de sus rizos! Ello ha sido envidia o tirana. Qued aturdida esta vez, quise hacer del arco mil astillas, mas no poda dejar de hacer mi oficio: los hombres a vivi r y yo a mata r Volv la hoja, mat a una fea. V eamos ahora deca, si callar esta gente, si estaris contentos. Pero quin tal creyera!, fue peo r Porque comenzaron a decir: hay tal impiedad!, hay tal fiereza!, no bastaba que la desfavoreci la naturaleza, sino que la desdicha la persiguiese! No se diga ya ventura de fea. Clamaban sus padres: la ms querida, el gobierno de la casa! Que estas otras lindas no tratan sino de engalanarse, mirarse al espejo, y que las miren. Qu entendimiento!, decan los galanes, qu discreta! Aseguraos que no saba ya qu hacerme. Mat un pobre, parecindome le haca merced, segn viva de laceriado. Ni por esas; antes bien, todos contra m. Seo r decan, que matara un ricazo, harto de gozar del mundo, pase; pero un pobrecillo que no haba visto un da bueno, gran crueldad! Calla, dije, que yo me enmendar: ya matar antes de muchas horas un poderoso; y as lo ejecut. Mas fue lo mismo que amotinar todo el mundo contra m, porque tena infinitos parientes, otros tantos amigos, muchos criados, y a todos dependientes. Mat un sabio, y pens perderme, porque los otros fulminaron discursos y aun stiras contra m. Mat despus un gran necio, y salome peor: que tena camaradas, y comenzaron a darme valientes mazadas. Seores, en qu ha de parar esto? deca yo. Qu me he de hacer?, a quin he de matar? Determin consultar primero los tiros con aquellos mismos en quienes se haban de ejecuta r y que ellos mismos se

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FELIPE POEY Y ALOY /175 /175 escogiesen el modo y el cundo. Pero fue echarlo ms a perde r porque a ninguno le vena bien, ni hallaba el modo, ni el da; para holgarse y entretenerse, esto s; pero mori r de ningn modo. Djame, deca uno, concluir con estas cuentas, ahora estoy muy ocupado, oh que mala sazn! Querra acomodar a mis hijos, saltaba otro, concertar mis cosas, De modo que no hallaban la ocasin, ni cuando mozos, ni cuando viejos, ni cuando ricos, ni cuando pobres; tanto, que llegu a un viejo decrpito, y le pregunt, y lo mismo dijo otro. Viendo que ni esto me sala bien, di en otro arbitrio, y fue de no matar sino a los que me deseasen, para ser yo crdito y ellos vanidad; pero no hubo hombre que tal hiciese. Uno solo me envo a llamar tres o cuatros veces. Hceme de roga r para ver si la misma privacin le causara apetito; y cuando llegu me dijo: no te haba llamado para m, sino para mi muje r Mas ella que tal oy, enfurecida dijo: yo me tengo lengua para llamarla cuando le hubiese meneste r Mirad qu caritativo el marido! As que ninguno me buscaba para s, sino para otro; las nueras para las suegras, las mujeres para las suegras, las mujeres para los maridos, los herederos para los que posean hacienda, los pretendientes para los que gozaban los cargos, pegndome bravas burlas, hacindome todos ir y venir: que no hay mejor deuda, ni ms mala paga. En fin, vindome puesta en semejante confusin con los mortales y que no poda averiguarme con ellos; mal si mato al viejo, peor s al mozo, s la fea, s la hermosa, s el pobre, s el rico, s el ignorante, s el sabio; gente de maldicin, deca, a quin he de matar? Concertaos, veamos qu se ha de hacer: vosotros sois mortales, yo matante, y yo he de hacer mi oficio. Viendo, pues, que no haba otro expediente ni modo de ajustarnos, arroj el arco, y as de la guadaa; cerr los ojos, apret los puos, y comenc a cegar todo parejo, verde y seco, crudo y maduro, ya en flo r ya en grano, a roso y velloso, cortando a la par rosas y retamas, de donde diere. Veamos ahora si estaris contentos. Con este modo de proceder me hall bien: que l poco mal espanta, y l mucho amansa. Sentencia maquiavlica.

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PRLOGO A UNA MEMORIA DEL CORONEL DON JOS M. GMEZ COLN SOBRE EL TRABAJO DE LA MU JER POBRE EN LA ISLA DE CUBA Desde y aun antes que la pluma bien cortada de Campomanes descendiera a trazar los intereses de las clases menesterosas, lauro fue de capacidades eminentes al investigar sus necesidades y aplicar el remedio oportuno. Y si la espada ha cortado la pluma, cualquiera que sea la jerarqua del escrito r ambas pueden servir de realce a sus blasones: mas si el guerrero literato aplica provechosamente sus esfuerzos al bienestar de un sexo dbil, alcanzar el ms brillante galardn. Esto dir el que lea la presente Memoria sobre el trabajo de la mujer pobre de la isla de Cuba sobre todo si conoce en lo pblico y en lo privado el mrito del auto r revelado ya suficientemente en obras trascendentales de pblica utilidad, cual es la que imprimi en Cuba sobre la composicin de las calles y conservacin del puerto de La Habana; y hasta en los varios informes que ha ledo en el Liceo, rasgos improvisados hijos de un montero, pero sellados con un carcter original, que confirma el dicho de Buffon, a sabe r que el estilo es el hombre. La caridad cristiana se ha traducido en nuestro siglo por el nombre de fraternidad; y antes que los socialistas inscribieran esta denominacin en su bandera, la Espaa la consagraba en su lenguaje vulga r dando al pobre limosnero el ttulo de hermano. Desgraciadamente, los hermanos pobres componen la mayora de la nacin; y la fortuna de los ricos no bastara a cubrir sus urgentes necesidades. Pero si falta el oro para socorrerlos, dmosles buenas instituciones, que valen ms que los socorros materiales, porque ofrecen los medios de hacerlos permanentes; dmosles los medios de ganar el oro y las comodidades que por l se alcanzan: organicemos el trabajo. Organicemos, sobre todo, el trabajo para la muje r para la mujer cubana, entre todas las ms acreedora a nuestro fervorosa solicitud; porque nuestras costumbres la tienen, ms que en ninguna otra parte del mundo civilizado, separada del trfico, cautiva en el hogar paterno,

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FELIPE POEY Y ALOY /177 /177 vctima de las preocupaciones sociales, y no pocas veces de su propia vanidad, fomentada por nuestra errada educacin. De all el hambre que la enflaquece, la falta de ejercicios que la debilita, la tisis y otras enfermedades que la consumen. Arrancar a la mujer de esta lastimosa situacin, por medio de un recurso acompaado de multiplicados bienes, por medio del trabajo, es la mente del seor Gmez Coln, y la M emoria en que asienta la necesidad y la ventaja de este medio, es una buena obra, al paso que es indudablemente una obra buena. Quin, al leerla, dejar de exclamar: muje r amable compaera, mitad del alma ma y complemento de mi existencia fsica, madre ma, hermana ma, hija amada, esposa cariosa, flor de mi vida, blsamo de mis males, objeto a un tiempo de mis enardecidos afectos y de mi sensibilidad compasiva, por ti trabaja y se desvela el hombre fuerte, y en tu felicidad pone su gloria! El autor empieza santificando el trabajo con las divinas palabras que lo instituyeron en el mundo. Dios dijo a Adn: con el sudor de tu frente comers el pan, hasta que vuelvas a la tierra. Dijo desde un principio: no es bueno que el hombre est solo; hagmole una ayuda semejante a l. Felizmente, ech mano el seor Gmez Coln de este prrafo de la Biblia, y es mucho el partido que saca de la palabra ayuda para comprobar que la mujer no ha sido creada solamente para el deleite y la reproduccin, sino para el trabajo. En este precepto no ven algunos ms que un recurso indispensable para ganar el pan, y estn dispuestos a gemir sobre la suerte penosa de la humanidad de ambos sexos; pero el autor demuestra palpablemente que el cumplimiento del divino mandato trae consigo abundantes premios fsicos y morales. Recorre a grandes pinceladas las edades antigua, media y moderna, y prueba en todas ellas que cada vez que el destino de la mujer se ha desconocido en la tierra, ha sido despreciada por los mismos que la han envilecido, y ha vivido en la miseria; se ha dejado llevar (son palabras del autor) por camino de fingido flores, hasta ver las suyas marchitas. En el siglo en que vivimos, los contratos matrimoniales van fundados en el clculo; los hombres huyen de una carga demasiado onerosa, y condenan con frecuencia las mujeres al celibato. Aun los matrimonios de inclinacin padecen por la reaccin del clculo, tan pronto como se ha evaporado el ardor de los primeros das. En este conflicto, cmo esperar que se multipliquen los matrimonios, y cmo se conservar el amor entre los cnyuges? Por medio del trabajo. Sea la mujer ayuda al hombre, cada una en el crculo en que naci. Cuanto ms trabaje, ser ms pura; cuanto ms pura, ms amada. De todos modos, necesita trabajar para hacerse independiente del hombre; y entonces caer el hombre a sus pies y pedir su mano.

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OBRAS 178\ 178\ Tal es el aspecto histrico, moral econmico, poltico, desenvuelto por el autor en la parte primera de su Memoria con slidos conocimientos en todos los ramos, con notable superioridad en el captulo quinto; y siempre con el estilo lacnico que le es propio, estilo que da singular vigor a todos sus pensamientos. La segunda parte de la Memoria versa sobre el modo de realizar en la isla de Cuba el trabajo de la mujer pobre. Indica los diversos ramos industriales en que pueden lucrativamente emplearse sus manos: tales son el lavado y planchado, el corte y aparejamiento de vestidos, la elaboracin de cigarros y tabacos, la elaboracin del guano y jipijapa, y otras ocupaciones propias de su sexo. Alumbra la necesidad de erigir establecimientos donde hagan las mujeres su aprendizaje, pide franquicias o exencin de contribuciones, siempre que se trate de fomentar los ramos susodichos, y libre introduccin de algunos materiales, por ejemplo, la jipijapa necesaria para el tejido de los sombreros, mientras no est el vegetal introducido y naturalizado en la isla de Cuba. No olvida los premios, ni aun las represiones. En esto ltimo, me inclino a creer que el celo filantrpico del seor Gmez Coln lo ha llevado demasiado delante; pues no soy de parecer que se deba reprimi r ms de los que las leyes actuales lo practican, la liviandad de algunas mujeres. Todo bien considerado, merece el seor Gmez Coln, autor de la presente Memoria el aprecio de los inteligentes y la gratitud de un sexo harto sensible y desgraciado, el cual enviar bendiciones a su nombre, cuando aprenda a bendecir el trabajo. Habana 31 de marzo de 1857.

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PRLOGO A LAS POESAS DE LA SEORA DOA C A T ALINA RODRGUEZ Ardua empresa es para m la redaccin de un prlogo a las obras poticas de una dama; inclinando la cortesa a la lisonja, y el pblico a la severidad, por lo que no hubiera acometido el juicio crtico de las poesas de la seora doa Catalina Rodrguez, si stas no trajeran consigo una recomendacin favorable. Aumenta el compromiso si consideramos que los poetas, generalmente hablando, acostumbran dar al pblico todas sus composiciones, aunque todas no sean buenas. Cuando digo buenas, entiendo excelentes, dignas de leerse muchas veces y de ser aprendidas de memoria. Todo lo que no raye a esa altura, lo tengo por psimo, porque me hace perder un tiempo precioso en el corto perodo de mi existencia. Por otra parte, parece comprobado que no hay obra mala donde no se encuentre algo bueno. Cuando esto sucede, se da el lector por bien servido; olvida lo malo y lo mediano, y graba en su memoria lo muy bueno. Quin no perdonar a Caldern de la Barca las extravagantes jornadas de La nia de Gmez Arias, despus de haber ledo la primera escena? Para la generalidad de los lectores, hay empero un trmino medio entre lo excelente y lo psimo. Todo lo que viene acompaado de una tendencia til, encaminando el nimo a la generosidad y fraternidad, a la contemplacin de lo creado que nos hace amar la belleza moral en su belleza, todo esto es digno de olvidar los ocios de la juventud de ambos sexos; y en verdad todos encontrarn esas elevadas tendencias en el libro de la seora Rodrguez; no pocas veces tendrn los aficionados buenos ejemplos que imita r y notar pensamientos morales revestidos del traje que les conviene. En alto grado resalta la descripcin de la naturaleza cubana, tema inagotable de los vates de este suelo, en el cual la poesa se encuentra siempre inspirada. La primera de este gnero merece el ttulo que lleva: Inspiracin Cito adems: Yo soy tu amante, Contemplacin, A

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OBRAS 180\ 180\ Camilo Sobrado, Recuerdo en el campo, Canto a Cuba que termina de este suerte: No hay suelo como tu suelo, Cual tu luz sola r ninguna, Ni la luna como tu luna, Ni cielo como tu cielo. Se recomiendan por sentimentales las siguientes: Ansiedad, Pobre nio! Mi cumpleaos, Remembranza, Metamrfosis, Recuerdo, A una trtola, Al Liceo de Matanzas, A la seorita que le entreg el premio de una Rosa, etctera. El recuerdo es un bello soneto en que la madre se lamenta de la muerte de su hija, llamando por testigos a los seres insensibles de la naturaleza. En la Trtola nos ensea a ser compasivos con los animales, captulo de moral demasiado desatendido de los legisladores y padres familiares: de paso retrata la avecilla. Quin por sus colores, y vindola andar por el suelo, dejar de conocer que la tal trtola, nuestra Columba passerina es la tojosa? Y vagando por las hojas De cedros y de yagrumas, Te vi, libre de congojas, Lucir tus patitas rojas Y tus cenicientas plumas. Acaba por darle la libertad, acusndose de haberla aprisionado; y exclama con ingenua ternura: Oh! Quin pudiera borrar Esta historia de mi historia! Entre las composiciones serias se presentan El amo y la esclava, La iglesia, Invocacin, y La esperanza que es aqu llamada: Religin natural de los mortales. Merece transcribirse la siguiente estrofa: El nufrago infeliz lucha afanoso Contra las olas de la mar brava. S en medio de su brbara agona Animas t su corazn medroso,

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FELIPE POEY Y ALOY /181 /181 S de tu luz el rayo esplendoroso Benigno esparces en su frente fra; Y si al hundirse ve tu brazo fuerte, Lucha en las ondas por vencer la muerte. En las letrillas y otras poesas ligeras, la que encierra una idea ms feliz es Csar o nada. Las poesas satricas son: El viejo verde, El fatuo afrancesado, Epstola a Elisa : hay rasgos en sta que recuerdan fielmente a don Jorge Manrique: Los lucientes cabellos, qu se vuelven? El carmn de la tez, los lindos ojos En el polvo y la nada se resuelven. No templan de la parca los enojos Los dientes de marfil, la tersa frente, El cuello de azaha r los labios rojos. ..................................... Y las damas, las colas que lucieron, Los grandes malacof, y las castaas Dnde estn, qu se han hecho, dnde fueron? Quimrica ilusin, necias patraas Son esas, pobre Elisa, que te ciegan, Y pensando engaa r a ti te engaas. Esta es una de las composiciones que ms realzan a la poetisa, bajo el aspecto satrico y filosfico. Como rasgo de movimiento potico, puedo citar la poesa que se titula Noche de luna Empieza por un soliloquio, especie de invocacin, y sigue un dilogo con el batelero, que no la distrae de sus meditaciones. Tambin tiene la autora una glosa, y es parafraseando una quintilla clebre de Espronceda : Hojas del rbol cadas etc. Las glosas tienen el mrito de estar consagradas por los cantos populares; pero este gnero ofrece grandes dificultades que vence r resultando las ms veces la transformacin del oro puro en vil plomo. Suelen presentar estas poesas un atractivo que los hombres sabrn aprecia r y es el sello femenino. Sea, por ejemplo, este verso que en boca de Safo, hermana a un tiempo el amor y el pudor; y que solamente una mujer pudo haber encontrado: T besabas mi boca y yo tu frente.

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OBRAS 182\ 182\ Sencillo y gracioso incidente entre mujeres ofrece la siguiente estrofa que en Remembranza se lee: Recuerdas aquellas fiestas Que rebozando alegra Dedicaba nuestro pueblo A su patrona querida? Que vestimos lindos trajes De modestas muselina? Tus cintas eran azules Y eran rosadas las mas. En la poesa titulada La calumnia bueno es, entre otros tercetos, el que sigue: Si vivir retirado os acomoda, Alguna historia ese retiro encierra, Y la calumnia ya la sabe toda. En los que viene a continuacin el estilo es digno de Argensola. La hemos visto, allanando los conventos, A las vrgenes puras ofendiendo, De mentiras tachar sus juramentos; Y yo la he visto en ademn horrendo, En torno de un sepulcro venerado, Las tranquilas cenizas revolviendo. Aprendan aqu los novicios. Si decimos que la calumnia alcanza a los muertos, expresamos vulgarmente una idea que est en el conocimiento de todos; pero si personificamos a la calumnia, presentndola con aspecto horrendo, visitando los sepulcros, y turbando la paz de las cenizas ms veneradas, nos alzamos a la verdadera expresin potica. Las poesas nombradas hasta aqu tienen un mrito superior a lo mediano; y por ellas ha conquistado la seora doa Catalina Rodrguez un nombre honroso que la acompaar en su patria, llevando consigo gratos recuerdos. Omito citar otras composiciones que no carecen de mrito. Termina este libro con un poema en dos cantos sobre El trabajo premiado en los juegos florales del Liceo de Matanzas: lo que me dispensa de dar mi voto despus que ha emitido el suyo esa ilustrada corporacin. Con oportunidad recuerda la autora que el modesto Lincoln

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FELIPE POEY Y ALOY /183 /183 se alz, por medio del trabajo, de simple leador a presidente. Aunque mezcla el trabajo de Dios con el de los hombres, el guerrero, el artista, el labrado r le interesa en mayor grado la suerte del pobre. Gloria a la gota de sudor coposo Que humedece los surcos del arado! Contemplan con particular aficin el trabajo de la industria: Por l se viste la fecunda tierra De riqusimos frutos sazonados; l hace descender de la alta sierra Los rboles gigantes derribados; Y al son del hacha y la dentada sierra En cabaas los deja transformados. A PNDICE Posteriormente, premiado que fue el poema sobre el trabajo, la seora doa Catalina Rodrguez dio gracias al Liceo en estos bien sentidos versos: Yo, que vi mecer mi cuna Al rumor de un arroyuelo, Y las horas, una a una Cont con ferviente anhelo A los rayos de la luna; Yo, que en rsticos hogares Alc mi canto sencillo Entre cedros y palmares Con modesto tiplecillo, Inspirada por mis lares; Nia ignorada viv Con mi ardiente inspiracin, Y hora tras hora sent Crecer en el corazn El estro que hoy nace en m. Pero una tarde de mayo, En que me trajo el destino A la esplndida Yucayo, Sent que de amor divino Prendi en mi cerebro un rayo; Vi las ondas de San Juan,

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OBRAS 184\ 184\ Y los azulados mares, Y vi del soberbio Pan Las ceibas y los palmares Que hacindole sombra estn. Tanto amor y tal grandeza Hablaron al alma ma, Y sent que en mi cabeza V ertiera la poesa Un soplo de su belleza. Contemplad, pues, la emocin En que se perturba mi alma, Y el miedo y la confusin Que embarga este corazn Que naci junto a una palma. Si veis que al alzar mi acento Trmula en el labio expira, Es por la dicha que siento, Es por agradecimiento: Perdonad a la guajira.

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LOS OJOS DE LIDIA Ernesto de Santa Fe, coronel de Artillera, y el comandante Emilio Quintana, que serva bajo sus rdenes, adquirieron sus grados en Espaa con acciones de heroico valor; unidos estrechamente por una slida amistad, fundada en los antecedentes de sus campaas y en mutua estimacin. Juntos haban llegado a la isla de Cuba; juntos haban vuelto a la pennsula, donde por espacio de ocho aos crueles recuerdos atormentaron a Ernesto. El nombre solo de Cuba le haca estremece r especialmente el de Matanzas, donde fue amado, donde su Magdalena, secreta y hasta cierto punto legtima esposa, ofuscada por el demonio de los celos, dio un paso imprudente, en la apariencia adltero, el cual condujo al esposo a la venganza y lo oblig a la fuga. Abonado perpetuo del teatro Real de Madrid, Ernesto toma asiento en la platea; y embozado en su capa hasta los ojos, duerme con profundo sueo. En frente hay un palco y en el palco una joven. Lidia de Montellano mira sin cesa r Habr descubierto que el coronel no duerme? He aqu un amor que empez por una mirada, y luch con las miradas. Hubo constancia por una parte, resistencia por otra; las armas eran siempre las miradas. Mal de su grado, Ernesto de Santa Fe qued vencido: los ojos de Lidia cautivaron su corazn. Y Magdalena? No poda presentarse en circunstancias ms enojosas. Al cabo de ocho aos, cuando su imagen iba a borrarse de la mente del esposo, hela aqu que dice: yo so y Ernesto; soy inocente, me perdonas? V ete, Magdalena. La generosa matancera comprende que las apariencias la acusan, y que un nuevo obstculo se opone a la reconciliacin. Toma un veneno, y va a morir en los brazos de Lidia, encomendndole la felicidad de su amado. Antes de expira r acude Ernesto con la prueba palpable de la inocencia de su esposa. Y a era tarde: aquella mujer que poco antes apeteca la muerte, ahora se esfuerza en conservar la existencia; y con un acento desgarrado r que arranca lgrimas al ms endurecido, clama: yo quiero vivi r La vida, la vida!

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OBRAS 186\ 186\ Y expir. Cinco aos de ausencia en Filipinas, luto digno de Magdalena, y un nuevo matrimonio con Lidia, terminan esta entretenida historia. La narracin ocupa 345 pginas del tomo segundo de los Cuentos de saln de don Teodoro Guerrero, con el ttulo de La perla en el fango, cuento lleno de pormenores, piedras preciosas que embellecen la lectura y la hacen cortsima; porque se lee sin desampara r sin come r sin dormir; y el lecto r despus de haber devorado el cuento, queda con hambre. F ascinado con los ojos de Lidia, no quisiera acordarme de otra cosa. Sin embargo (perdona, Lidia) no ha de quedar inadvertido el comandante Emilio Quintana: es una bella creacin del genio del seor Guerrero. Quintana dice el autor naci a caballo; y en la forma arqueada de sus piernas se conoca que le haca falta este animal para completar su cuerpo. Tena un brazo de hierro, y tenda el sable para echar fresco. V aya un abanico! Con la mayor facilidad estrangulaba a un mozalbete. La jarana con sangre le hinchaba las narices, como sucedi a Apolo cuando mat a la serpiente con sus flechas. Fuera del lance, era humano con todos, y de buen humor; amigo de Ceres y de Baco, aborreca los libros, excepto uno solo, que se titulaba Manual de cocina Para cierto caballero de industria, llamado el Barn de Rocamora, era un perro de presa pronto a morderlo. V olvamos a Lidia. El codo izquierdo en el antepecho del palco, y la mejilla en el ndice, clavaba los ojos en la butaca del coronel. Con miradas prolongadsimas se estableca la comunicacin entre el palco y la platea. Me atrever a decirlo? Y o me he puesto en el lugar del coronel, he embozado mi cara con la capa, ha cado sobre m la mirada de Lidia; me ha besado con los ojos. Hazte cargo, lecto r que ya Ernesto de Santa Fe no existe: el amante dichoso que est en la butaca soy yo. Has visto el ave en su nido, llamando a la vida sus no bien formados polluelos? As me abriga Lidia, as fomenta mi dicha con el suave ardor de sus ojos. De las aventuras de amo r las primerizas son las ms deliciosas: no quisiera que tuvieran fin. Bendito sea el escritor que, en mi cansada edad y con una sola mirada, pudo avivar el fuego que dorma entre cenizas fras! Mientras Lidia me mire, no pido otra felicidad; si Lidia se retira, sus ojos quedan conmigo. Jemporte du bonheur pour une ternit. 1 1 Llevo conmigo una dicha eterna.

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LA RISTORI EN LA HABANA La vi en Medea! Es la tragedia hablada: no hay ms que deci r Aun rugiendo la pantera, est hablando. No he admirado solamente a la terrible Medea, sino tambin a la Medea amante, Medea llorosa, no con acentos prolongados y gritos lastimeros, sino con rpidas y profundas emociones, lleno el pecho de amor y solicitud materna. He asistido despus a otras funciones de su repertorio. El objeto de este breve artculo es afirmar que a veces he visto aplaudir lo ms exagerado, con preferencia a lo ms sencillo y libre de toda declamacin, que es lo ms natural. Si esto contina, el pblico echar a perder a la actriz; la cual no ha venido a aprender en La Habana, sino a darnos lecciones. Desde luego, comprendo la necesidad de exagera r cuando el espectador no entiende la lengua del acto r y que ste tiene que hacer un esfuerzo para ponerse al alcance de todos; pero esto es una desgracia. Y o quiero contemplar el dolor en el semblante de Lasconte; quiero ver morir como muere el gladiador buscando la luz del cielo, y expirando despus de haberla encontrado. Et alto quaesivit lumen coelo, ngenuitque reperta. Esto dice Virgilio, poeta que no ignoraba lo que es bello. Quiero admirar siempre en el teatro, sin congojas ni laceramientos del corazn, no quiero asistir a todas las flaquezas humanas, por naturales que sean fuera del campo de la esttica. Acaso pretendo tachar de exageracin a la eminente artista? No he tomado la pluma precisamente con este nimo. Mi primer deseo ha sido manifestar al pblico, que la escena de sor Teresa, en la que la seora Ristori, bajo el nombre de Isabel Surez, se da a conocer a Gustavo en la casa del baile, no ha sido aplaudida como merece, ni bien juzgada por todos. No puedo resistir al impulso que me lleva a dar mi completa aprobacin a tan intachable accin de la voz y del gesto, tan natural, tan sin

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OBRAS 188\ 188\ esfuerzo, y por lo mismo, tan admirable. Esta sencillez no es de naturaleza a arrancar los aplausos de la multitud; pero es la que ensalzarn como la perfeccin del arte los hombres de buen gusto; y stos esperan que la ilustre actriz no saldr del bello tipo que en esta escena ha concebido, ni tratar de complacer a aquella parte del pblico que solamente aplaude cuando el intento es esforzado. 16 de febrero de 1868.

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C AR T AS DE DON TRANQUILINO SAND ALIO DE NOD A Y DE DON FELIPE POEY A CERC A DE UN PEZ CIEGO DE LA ISLA DE CUBA 1858 Mi apreciable amigo: Tengo a la vista su carta del da de aye r y contesto. Por el ao de 1831 estaba yo en Gira de Melena. Supe que all cerca, en las cuevas de Cajo, haba unos peces sin ojos, y procur verlos; pero no hallaba quien quisiera guiarme a reconocer una cosa intil. Me convidaron a un bautismo, a un sitio en el potrero de Torres, al oriente del ingenio La Morenita, en el cual haba cuevas y peces de los dichos. Aprovech la ocasin, y me incorpor a la comitiva. Difcil es, en tales casos, hacer algo fuera de la orden del da. Salimos a media noche, en carretas, con guitarras y faroles: tenamos que ir cantando y riendo. Apenas llegu y amaneci, explor el sitio, echando la vista en derredo r Una tierra bermeja como sangre, cortada por cercas de piedra, desnuda de rboles, salvo algunos matojos aislados; mucha piedra rodada, y el suelo formado de una roca no bien cubierta de tierra pulverulenta; la roca, un enorme banco de petrificaciones marinas, bivalvos, univalvos y otros seres que no examin, porque slo pensaba en los peces sin ojos. Supe que a trescientos metros de la casita en que estbamos, haba una de las cuevas en cuestin. Pero quin me guiaba?, quin me ayudaba? Haba que penetrar en tinieblas y simas que ya me haban ponderado, y necesitaba luces artificiales. Lgrelas al fin, di a conocer mi pensamiento, trat del viaje, y se conspir la concurrencia contra un proyecto tan inoportuno. Mas una de las jovencitas grit: Y o voy a la cueva y t nos llevas, que quiero tambin ver esos animales; pero es preciso antes que bailemos. Y todos gritaron: Pues, vamos, vamos! y bailemos, bailemos! y comenz el baile en el patio y al sol. A este baile debe usted el poseer noticias y datos de los peces sin ojos. Las jvenes suspendieron al fin el baile; y el grito de vamos! fue la seal de la partida: corriendo y cantando, partimos al potrero. Saltamos una cerca y encontramos el suelo entapizado de tocino, bejuquillo

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OBRAS 190\ 190\ de hojas palmeadas, ovaladas, de tallo como alambres, fino, dursimo, elstico a no romperse jams; pero tan cuajado de espinas cortantes, que yo tena que ir constantemente atendiendo a que mi compaera no se hiriese; mis medias se destrozaron y mis pies se cubrieron de rasguos dolorosos y punzantes. As poco pude observar; y antes de esperarlo me hall a la puerta de una caverna. Descendimos bien y sin molestia. Un gran saln con troneras por el techo, cinco metros ms bajo que el nivel del suelo, haca de vestbulo a la caverna. Juanillo, guajirito muy oficioso, se me haba aficionado, y convirtindose en gua, dijo: Por aqu, y se arroj a una abertura tenebrosa que tenamos delante. Haba que tirarse con el vientre por el suelo, pues apenas tena la entrada medio metro de altura. Las jvenes se resistieron a seguirle como era consiguiente, y antes que se me opusiesen, me arroj al suelo, me arrastr como un caimn y pas al otro lado, en medio de los gritos que decan que no entrase. Juanillo y otros dos fueron los nicos que me acompaaron. Y a dentro, escaseaba la luz. Encendimos velas de cera y adelantamos: pronto quedamos en tinieblas denssimas. Descendimos nuevamente por peas hmedas y mohosas, sin precipicios. La caverna se ensancha, se abate, se subdivide: bvedas negras como tinta nos cubran. Y a es enorme la cueva, sobreviene el fro, el oxgeno escasea, la respiracin se oprime, comienza un sudor fro. Tenamos que ir juntos para no extravarnos, porque las luces, adems de haberse vuelto pequeitas como avellanas, no alumbraban a un metro de distancia; y tenamos que defendernos para que no las apagasen millares de murcilagos, que alborotados con nuestra invasin, revoloteaban y huan, soplndonos sin cesar en la cara con sus alas. Al fin Juanillo grit: El agua!. Llegamos sudando, pero con fro. Una enorme bveda se aplastaba en el fondo como una decoracin fantstica, hasta cerrar en el agua. Creo que estbamos 20 metros o 30 metros bajo el suelo superior; pero no lo aseguro. Cmo medirlo teniendo que luchar con voluntades ajenas, sin instrumentos, sin tiempo que disponer? Adems, mis pocos aos, la timidez consiguiente, entre gentes extraas, careciendo de una multitud de nociones que ms adelante he adquirido... Milagro que despus de veintisiete aos me acuerdo de tanto. Sabe usted, adems, lo que es observar en tinieblas, sacudido de los murcilagos, sobre un suelo resbaloso, y con un abismo a dos pasos de los pies? All, a la dbil luz de nuestras casi extinguidas velas, columbr varios peces blancos entre aquellas aguas frgidas y pursimas. Algunos bejucos acuticos haba dentro. No les haca falta luz? Apenas movimos el agua, huyeron los peces haciendo mil flexiones para evitar los bejucos y las peas del fondo. Me burl de la ceguera de

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FELIPE POEY Y ALOY /191 /191 los que tal nadaban sin tropezar y evitando los escollos. No es ms veloz la sardina en sus movimientos y fugas. Juanillo, picado, me dijo: Te juro que antes de una hora sabrs que digo la verdad. Rafael, trae una canasta y me coges media docena de guavinas ciegas! Las compaeras no gritaban ya, y enviaron un muchacho a buscarnos. Salimos empapados en un sudor fro, tiznados del musgo hmedo de las piedras, y enlodados de tierra colorada, por habernos arrastrado como lagartos en el boquern, que era al mismo tiempo un bibijagero. V olvimos a la casa, y el canto y el baile sucedieron, no sin alguna imprecacin contra el maldito paseo, el tocino y los murcilagos. Poco antes de media hora lleg Rafael con una gran jcara de agua, y Juanillo me dijo: Rete ahora. En efecto, en la jcara tena un pez vivsimo, blanco, de un decmetro o ms de largo, y sin ojos. Era ilusin? Pero basta para hoy: en otra carta continuar su amigo, etctera. Noda a Poey Creo qued, cuando me presentaron el pez ciego, viviente y nadante. Se revolva con facilidad, pues la jcara era capaz. Me pareci que la aleta dorsal se extenda hasta la cola, unindose a la anal. El color general era blanco lgersimamente sombreado de violado. V ease muy marcada en el costado la costura o lnea lateral de las escamas. stas eran imperceptibles a la vista. La inquietud del individuo no me permita examinar el punto de los ojos; y resolv esperar a que se acostumbrase a la nueva morada. Puse la jcara en un rincn y esper, bien que sin perderla de vista; pues que no quera que se malograse. V olv como a las dos horas. Pero ay!, el pez estaba moribundo. Parece que la luz lo haba matado. Alc la jcara, la examin, y no hall el menor indicio a que no atribuir su muerte. El agua clara y cristalina, tomada en la misma cueva donde fue pescado. Nadie le haba puesto la mano encima. No hallaba medios que tomar para reanimarlo; y pocos minutos despus flot examin de medio lado, con las seales inequvocas de la muerte. Qu hacer ahora? Pedir otro pez, fuera abusar; conservarle aqu no era fcil, aun despus de muerto. La putrefaccin iba a empezar: se perda la forma y la gran cuestin, la carencia de los ojos. Pensar en disecarlo era un sueo: ni luga r ni auxilios, ni medios. Me propuse retratarlo con mi nico instrumento, que era un lpiz: siempre ha tenido uno en mi cartera, del nmero 3, Cont, Pars. Ped un plato comn, lo

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OBRAS 192\ 192\ puse boca abajo sobre la mesa, y puse encima el pez. Al arreglar su posicin, observ que las aletas ventrales eran como dos hilitos sueltos. El cuerpo estaba cubierto de una capa de gelatina, como se nota en las anguilas. La cabeza ofreca una piel granujosa: empec a reconocerla con la punta de una aguja, buscando donde pudiera tener los ojos. Yo no tena microscopio, pero mi vista era buena: distingua entonces sin lente los remaches de los eslabones de las cuerdas en los relojes. Puedo afirmar que no tena ojos. Comenc el dibujo. Para saber si es mo el que usted tiene en su pode r le dir que fue en medio pliego de papel espaol, doblado al travs. En la pgina segunda de las cuatro que form el pliego, puse el pez al centro, visto por el lomo, la cabeza hacia arriba; y en la pgina tercera lo puse de costado. Despus de situado el esbozo, me dediqu con preferencia al estudio de la cabeza, para salvar cuanto antes la parte admirable y rara. All no haba quien me pudiera dar explicaciones cientficas, y as no extraar usted que me viera algo perplejo. Ha de saber usted que otras veces he estado una semana entera con el sextante y el horizonte artificial en la mano, sin poder tomar una altura. Esta ha sido mi vida entera: luchar contra todo lo que me rodea, para poder estudia r aun para saber lee r, cuanto ms para observa r. A medio hacer el dibujo, me tocaron ligeramente en el hombro, era mi compaera de baile. Puedes orme? Qu quieres, Severita? Un favo r El que quieras, di Te molestar? No puedes molestarme. Est la comida. El ama de la casa no tiene confianza contigo; y me ha mandado porque se necesita la mesa. En efecto, no haba otra. Tuve que suspender el dibujo. Qu hacer? Se secar el pez, se alterar su forma... Lo volv a la jcara de agua y flotaba. Cmo seguir el dibujo? Triste figura haca yo con una jcara en la mano, entre tanta gente que se arremolinaba acercndose a la mesa, con vivas y aclamaciones a los padrinos y al ahijado. March fuera de la salita y me sent sobre un banco, a la sombra, sin saber an qu partido toma r. De all a poco se acerc el padrino. Era un anciano rstico, pero de luces claras, y muy amigo de la instruccin. Vengo a ver al nocturno (as llamaba al pez). Valo usted; empezaba a bosquejarlo. S, ya me lo dijo Severita, y por eso he venido: all est ella y lo llama. A m? A usted, all est detrs de la casa. V amos. Me levant y volv la esquina. Encontr a Severita y Juanillo, que haban puesto unas horquetas en el suelo, encima de las horquetas dos palos, y encima de los palos una batea de lavar volteada, con un taburete al canto. De esta manera me improvisaron una mesa para que pudiera proseguir el dibujo. Solo el que se ha hallado en tales pasos puede

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FELIPE POEY Y ALOY /193 /193 apreciar lo que valen estos favores. As es que todava mi corazn late de gratitud al recordarlos, y se parte de dolor cuando oye insultar a esas buenas gentes, por otras que estn lejos de igualarlos en bondad desinteresada, y claman satisfechos: Los guajiros todo son unos canallas, no hay uno bueno. En esa mesa pude terminar el dibujo empezado. Vinieron, apenas sentado, unos ocho o diez a llevarme a come r V amos, loco, gritaban; vamos a celebrar a los padrinos y a echarles vivas hasta que Dios se alegre. Otros decan: Fuera, fuera! Hoy es da de come r beber y canta r no de andar con esos bichos! Y ya me crea perdido cuando don Cayetano (el padrino) sali a mi defensa; y con voz autorizada dijo: Seores, a comer y dejar a Sandalio quieto. Se necesita eso. Con esto me permitieron conclui r. Apenas hube acabado, que me levant, y por poco me carga en vilo para ir a la bola. Y a haban comido, y estaban cantando y tocando. don Cayetano me tom y me hizo ir a come r pues me haba guardado de todo con abundancia. Entretanto, pensaba en el cadver del nocturno y llam: Juanillo? Eh! Me oyes? Qu quieres? Hay aguardiente? hay alguna vasija donde quepa ese pescado ciego? Esprate... sirve un pomo de aceitunas? Excelente. Y parti como una saeta. De all a dos minutos volvi con el pomo. Depositamos el pez en l, y lo llenamos de aguardiente. All ces mi ansiedad. A la noche estaba yo en el ingenio de La Concepcin, de don Jos Mara Pealve r. Dos meses de lucha para ver los peces sin ojos! Los he visto pocos minutos para no verlos ms... Y gracias a Severita, gracias otra vez a la misma: que si no es por ella, ni los veo, ni los dibujo, ni conservo este ltimo vestigio que ha quedado para la ciencia. A la bondad de una guajirita debe usted su posesin y esta pobre noticia! Pero el papel se acaba. Adis, amigo mo, hasta otro da. Poey a Noda Me apreciable amigo: he recibido sus dos cartas instructivas y pintorescas 1 sobre el pez ciego de las cuevas de Cajo. Su lectura me ha gustado mucho: no he ledo con ms inters Los misterios de Pars Por ellas veo que cuando un hombre nace con cierto signo, ha de vivir bajo su influencia. Por qu entre tantos que se hallaban en el ingenio de La Morenita, solo uno tom con entusiasmo una idea indiferente, tal vez 1 El seor Noda se divirti en intercalar en su carta varios dibujos; entre ellos la cueva y batea volteada que le sirvi de mesa.

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OBRAS 194\ 194\ despreciable para otro? Y por qu cuando yo andaba a gatas, me quedaba una hora entera (cuenta mi madre) boca abajo contemplando las hormigas? Quin dio educacin al hombre de las caas? No fue usted mismo el que se mand a la escuela?, o abri usted una escuela para s mismo? Esas son las mejores escuelas. Tambin aprendi usted a dibujar: es cosa muy importante en la vida. Todos los aos, cuando empiezo mi curso en la Universidad, encargo a los alumnos que aprendan el dibujo y el francs: tambin les recomiendo la lengua latina, harto abandonado de treinta aos a esta parte. No hay duda, por las seas, que el dibujo del pez ciego que tengo a la vista sea de usted. Est bien hecho, con minuciosa exactitud, con las rugosidades de la piel en la cabeza, y los dos hilitos casi imperceptibles que forman las dos aletas abdominales: conozco el lpiz de Cont, Pars, nmero 3. En nada miente la descripcin que usted hace: es mi pez, prximo a la Brtula de nuestros mares; es gnero nuevo que llamo Lucifuga sustantivo masculino en latn; la especie es Lucifuga subterraneus as nombrada por m. Que el pez es ciego no hay duda: la observacin externa confirmada con la interna, lo demuestra; a lo menos, si no es ciego, no ve por medio de ojos. F alta examinar el encfalo, y ver si existen los lbulos y nervios pticos. Lo acompao en aquel sentimiento que tuvo cuando vio el pez exnime en la jcara, flotando de medio lado. Y o tambin me he visto en casos tristes, privado de los consuelos de un amigo; y es cuando las hormigas me devoraron en una noche la oruga de una mariposa desconocida. Estas son nuestras desgracias: las picadas de los mosquitos y de los jejenes cuando vamos en busca de insectos o de caracoles, las espinas de las tunas, que perforan el zapato y se clavan en el pie, los vestidos rasgados y las carnes laceradas por aquel maldito tocino de que usted habla y por las uas del gato, todo esto es nada en comparacin de una oruga perdida. En el primer caso, exclama mi amigo don Juan Gundlach: Los dolores se van; los insectos y los caracoles quedan. No extrao que aquella gente le dijera: V amos loco a comer; fuera esos bichos, etc. Mil veces me han dicho lo mismo. Muchos de los que van a ver mi coleccin de insectos, me preguntan: para qu sirve eso? Respondo que es para el estudio; y me vuelven a pregunta r para qu sirve ese estudio? En mi cara me dicen: Qu paciencia! qu curiosidad! Y al salir exclaman: Cada loco con su tema. He pensado siempre como usted con respecto a la gente de campo, llmense guajiros o comoquiera. Como viven retirados del bullicio, se inclinan a la hospitalidad y son muy serviciales. Esto pude comprobarlo el ao pasado cuando fui a Guane con el seor obispo protestante Elliott,

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FELIPE POEY Y ALOY /195 /195 provisto de las cartas de recomendacin que usted nos dio. Don Manuel Garca nos prest generosamente su carruaje para trasladarnos de Garay a Guane, por un camino largo y dificultoso, que solo un calesero tan hbil como el suyo pudo haber salvado; don Andrs Rivera ofreci acompaarnos con su machete en la cintura, y es tal su denuedo y gallarda, que con su presencia, si hubiramos aceptado, no hubiramos temido el asalto de seis enemigos. Don Gregorio Daz nos dio en su casa un almuerzo esplndido, y nos acompa en algunas excursiones en busca de caracoles terrestres; su hermano don Manuel Daz nos encontr en el camino, se ape del caballo y lo ofreci al seor obispo, y como ste no quisiese acepta r sigui a pie a su lado, guindolo en esas soledades y llevando el caballo del diestro. As es que el obispo al ver esta hidalgua no pudo menos de exclamar: He encontrado en esta gente de campo verdaderos gentlemen espaoles. Y a veo que debo a usted la primer noticia del pez ciego; debo tambin algn agradecimiento a don Cayetano, cuya presencia y voz autorizada me recuerda al seor Garriga. Y Severita? Bendita sea ella, que tom por la ciencia, en la persona de su compaero de viaje, un inters tan delicado! Bendita otra vez la amable guajirita y sus felices inspiraciones! Qu es de ella? No tema usted revolver las hojas de su memoria: a nuestra edad vivimos de lo pasado; ms vale verter dulces lgrimas sobre las dichas que fueron, que perdernos en vanas esperanzas en pos de dichas futuras. Si ser hija suya la que vi el ao pasado a bordo del vapor en Punta de Cartas? V aya de historia. Eran las nueve de la noche: yo estaba acostado cuando lleg el vapo r y se llen de mozos alegres y de muchachas de mrito, dispuestos todos a baila r pues traan msica. Sin embargo no hubo baile, porque sobrevino un accidente a una de ellas. Entretanto pas lo siguiente. Una formosa puella se sent delante de mi camarote, yo la vea por las persianas inclinadas, y ella no me poda ver porque el camarote estaba a oscuras. Tuve intencin de hablarle del cometa y del Juicio Final; pero me parecieron mejor unos versos de Gracin, y empec a decirle en su mismo odo: V olved, seora, los ojos Que en el mundo no hay su pa r. Ella volvi los ojos, y yo segu con voz suave, para que me creyese un joven galn: Mas no lo volvis airados, Si no me queris mata r.

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OBRAS 196\ 196\ Entonces la doncella llama a su compaero; y antes que se vaya, echo el resto: Aunque de una y otra suerte Matis con solo mira r. Fugit, interea, fugit la fugitiva doncella. En qu quedamos del pez ciego? Digo que fue arrojo entrar en los ltimos penetrabilia de esa cueva; entrar a gatas, sin saber si del otro lado le esperaba la boca de algn torpe cocodrilo, o de un enroscado maj de cinco varas. El sudor fro, la luz escasa, es antecedente muy alarmante, precursor del cido carbnico. Los murcilagos no me espantan. Murcielaguios a m! Har encurtidos con ellos. Decididamente es menester que yo vea una de esas cuevas, y espero de usted el itinerario. Si hay bejucos vivos, es menester reconocerlos. Hay camarones ciegos? Sabe usted si el agua es salobre? Por dnde entraron los murcilagos? Remito en un pomito otro pez de la misma especie y el dibujo que usted me dio, para que lo vea y reconozca todo y me lo devuelva. Nunca diga usted: No volver a ver eso. Quin sabe lo que el porvenir nos aguarda? Y o deca en Pars el ao 1830: Nunca volver a ver el camino de Embarcadero (de Banes). El ao 33 andaba por l, con un saco en la mano para coger mariposas, como antao: conoc a mis antiguos amigos, los bejucos y matojos de la vereda acostumbrada; y acordndome de este verso de Lamartine: L homme par ce chemin ne repasse jamais. Exclam con fervor: Miente Lamartine, yo he vuelto al origen de mis das. An conservo esa ilusin, cuando la de amores se ha perdido; pero digo con el mismo poeta: La naturaleza es la misma, y el mismo sol me alumbra. Quand tout change pour toi, la nature est la mme Et le mme soleil se lve sur tes jours. Noda a Poey Amigo mo: Acabo de recibir su carta del 26, que contestar a su tiempo. Contino. El pez en cuestin lo tom en Cajo en una cueva del potrero de Torres, dos leguas al sur de la Gira de Melena, cerca del ingenio la Morenita. Dubroc, a quien he visto hace poco tiempo, me acaba de decir que sac otros, cinco leguas al oeste, de una cueva de la Industria, ente la Economa y la Paz, entrando por esta ltima finca. Este punto

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FELIPE POEY Y ALOY /197 /197 est a dos leguas al sur de Alquza r en direccin a los baos de Guanma r, y viene a quedar dos leguas distantes del ma r Puede irse en carruaje hasta cien metros de la cueva, y debe llevarse un farolito, porque los murcilagos apagan las velas; y un cordel de doscientos metros para encontrar la salida, pues la caverna es inmensa y tortuosa. La entrada es un agujero y se baja a plomo por un palo de cuatro metros de largo. Adentro hay una grandsima laguna cubierta de una materia que Dubroc no ha reconocido, por lo que no sabe si es yerba. Se aparta esa materia con un palo, y se ven los peces y tambin cangrejos o camarones. Si se agita mucho el agua, desaparecen los peces. Hay otras cuevas en las cercanas: en todas hay peces ciegos, y el agua es dulce y cristalina. Acurdome que Juanillo me deca que en el potrero de Torres iban los negros los domingos a pescar guavinas ciegas (as las llamaban) para comerlas. Metan canastas dentro del agua, colgadas de un palo; y al otro da, o a algunas horas, iban y las suspendan de improviso. El agua se iba por las caas, y los peces quedaban dentro. Me pregunta usted por dnde entraban los murcilagos. Conque entraban hombres, y no entraran esos malditos, para los cuales no se necesita luz, ni oxgeno, pues a veces los he visto salir de mofetas amoniacadas donde nadie poda penetrar sin asfixiarse? Qu es de Severita? Me pregunta usted. No la he vuelto a ve r Supe se haba casado, y tambin Juanillo; y que ste viva por Jiquiabo, entre Guanabacoa y Jaruco. Pocas noticias, sin duda, pero satisfactorias, porque s que no han desmentido los buenos principios de sus primeros aos. El honrado don Cayetano ha pagado el tributo de todos los mortales. Lo he sentido mucho, porque, aunque nuestro trato fue poco, era hombre amantsimo del buen orden y de costumbres muy arregladas. Cuento a usted esta historia de tiempos pasados. A tale of the times of old, como dice Ossian al terminar sus cantos. Ordene usted a su amigo Q. B. S. M. Conclusin Despus que el doctor Noda hubo satisfecho sus ojos y su memoria con la comunicacin del dibujo que hizo del pez en 1831, me lo devolvi con estos renglones: Este pez no lo hubiera logrado ver Noda, ni sacar su dibujo e historia, a no ser por haberle revelado las dificultades y estorbos la joven doa Severa Perdomo y Crdenas, natural de Guanabacoa. Y yo, sin haber tenido la dicha de ver a esta hija de Cuba, ni soltera ni casada, ignorando si vive o si ha pagado su tributo a la tierra, me

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OBRAS 198\ 198\ complazco en cerrar esta correspondencia con su nombre, presentado sin aparato por el seor Noda, pero realzado por la ingenua bondad de sus hechos, y puesto por la imaginacin de los lectores al nivel del genio a quien ha favorecido.

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CONVERS A CIONES Difcilmente se hallarn dos cosas: un hombre de buena conversacin, y un hombre que sepa calla r La vida social exige que en cada visita se diga algo. Algunos creen que deben decir mucho, y corren riesgo de decir mal. Habla, y te dir quin eres, dice un filsofo. El hombre entendido toma el pulso en la lengua, dice Gracin. Dos personas se encuentran: vienen las preguntas que dicta la amistad. Hace mucho tiempo que ha vuelto usted de sus viajes? Se ha logrado la salud? Se ha fijado usted en la Habana? Estas son preguntas serias y sustanciosas; pero estas otras que se oyen a cada paso: qu hay?, qu dice usted?, qu se dice?, qu se hace?, cmo estamos? Son preguntas que se pueden omiti r Hace tiempo que sobre ellas he formulado mis respuestas. Cmo va? As, cmo estamos? Y a usted lo ve. Qu dice usted? Y a usted lo oye. Qu se hace? V egetando. Qu se dice de nuevo? Usted lo sabr; y s estoy de buen humo r contesto: el gusto de verte. Algunas seoritas piensan haber contestado discretamente, cuando dicen: A y qu gracioso! Miren! Quiere un medio por la gracia? No faltaba ms? Otras veces dicen: Oh, caballero usted por ac! Quin se quiere morir? Dichosos los ojos, etc., en lugar de gracias a Dios, que tenemos el gusto de verlo. Dos seoras se despiden; era la primera visita, y caso obligado de cumplidos y ofrecimientos. Salieron pronto del paso. Una dijo: Seora, ya usted sabe, nada tengo que decirle. La otra contesta: lo mismo le digo a usted, seora. Y se separaron satisfechas. Bien que si ellas hablan as, hay hombres que no se explican mejor: Oh! seoritas, quin me haba de deci r ...! en lugar de: Doy gracias a mi buena estrella, que me ha proporcionado la satisfaccin de ver a ustedes. Anacleto me haca das pasados el retrato de su compaera de baile: Oh, camarada, yo quisiera que la vieras; es as: india brava, tiene un cuerpo y un mira r ... esa s que es buena! Como Dios pint a Perico. Otras veces la costumbre consagra ciertas expresiones que juegan con la verdad y franqueza y quisiera que los entendimientos rectos no

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OBRAS 200\ 200\ se dejaran dominar de semejantes frmulas. Lola enseaba una sortija a doa Leono r quien la celebr tanto, que Lola se vio obligada a decir algo. Est a la vista de usted y a la disposicin de su dueo; de lo cual qued Leonor algo resentida. No temo, deca Lola, que se alce con mi prenda, si le digo est a la disposicin de usted; pero no s menti r y no quiero brindar la sortija en los trminos acostumbrados. Es muy raro que una mujer no sepa menti r repliqu yo; pero, seorita, hay modo de contestar bien y sin peligro. Hubiera usted dicho a doa Leonor: Me alegro que sea del gusto de usted, me alegro que haya merecido la aprobacin de usted. Me celebran una buena cualidad o una composicin literaria. Si contesto es favor que usted me quiere hacer, lo pongo de mentiroso o de adulado r Mejor dijera: me honra usted mucho con su aprobacin, me alegro haber merecido de parte de usted tan buen concepto; los elogios de hombres entendidos como usted, son la mejor recompensa del hombre de bien o del escrito r. Esto me recuerda el acto de gracias de algunos doctores de la Universidad; los cuales, despus de haber obtenido la borla, dicen: Debo tan alto hono r no a mis mritos personales, sino a la suma indulgencia de ustedes. Es deci r en otros trminos, que sus seoras no han cumplido con su obligacin; pues, segn la expresin del docto r debieran haberlo reprobado. De otro modo habl Toms Diafoirus en la comedia de Moliere: Seores, debo a ustedes ms que a mi padre y a mi madre; porque mi padre y mi madre me hicieron hombre, pero ustedes, seores, me habis hecho doctor. Paso a las chirigotas. Confieso que no me gustan, no slo porque son primas hermanas de la mentira, sino porque la mayor parte no pasan de sandeces. Trese usted del balcn abajo, que lo recibir en mi sombrero. Hay personas que hallan estas palabras muy graciosas. All estn dos mujeres, dispense usted, dos seoritas de mediana fortuna, en la ventana, calle de la Reina, da de paseo; oigamos lo que conversan: Qu te parece ese coche? Has de saber que es mo, y se lo he prestado a ese caballero. Nos vamos a anticipar a tomar palco, cuando venga la nueva compaa, porque te acordars que la otra vez quedamos sin palco. Cuando haga testamento, te voy a dejar la casa de la Intendencia. Hay personas que hallan esas conversaciones muy agudas. Algunas chirigotas son jocosas, pero de un uso demasiado fcil. Ya se fue Jos Morales. Quin es Jos Morales? Un buque de vela que sali esta maana para Nueva Y ork. Don Patricio se embarc. Cuando? Esta maana para Regla. Qu buen entierro le harn a Aguilar! Muri? Digo cuando muera. No saben quin muri? Quin? Napolen, en Santa Elena.

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FELIPE POEY Y ALOY /201 /201 Hay otras, entre jocosas y pesadas; pero son conocidas y traqueadas. No lo digo por alabarte, pero creo que eres un grandsimo bellaco. Dispense usted la carga, que otro da ser ms pesada; arrastre usted una silla, y sintese en el suelo. Hay otras entre jocosas y groseras: Escndase usted, que estn sacando la basura. No salga usted a la calle; por all andan los mataperros. Hay otras que parecen chirigotas, y no lo son, porque son de buen gusto, no son chirigotas. Ha llovido mucho; y entrando en una casa, pregunto: Cmo estamos de polvo? Es una figura retrica parecida a la irona. Cierro estas reflexiones con algo acerca de los hipcritas, los habladores y los aduladores. Rasgo de hipocresa es cuando un hombre hace un buen regalo a una mujer (dale con la mujer; ya en el mundo no hay mujeres: todas son seoras), disminuye el mrito de la accin con fingidas palabras. De lo contrario, he aqu lo que sucede. Le traigo a usted, seora, un regalo de mucho mrito. V aya un hombre fatuo! Le traigo a usted, seorita, una bagatela (una porquera, dicen otros). V aya un hombre fino! Como rasgo de sempiterna habladura, refiero, que oyndome un sujeto decir: tengo en mi casa un gato... me interrumpi diciendo: Ahora que habla usted de gatos, le voy a contar una historia. Y la empez. Desde el gran Zapirn, el blanco y el rubio, Que despus de las aguas del diluvio Fue padre universal de todo gato. De paso dio con Zapaquilda, y la dej aplazada para otra historia, cuando acabara la primera. Llegamos al adulador; y escojo uno entre los doscientos mil que hay en la isla de Cuba. Don Gil es querido y celebrado del bello sexo, quiero deci r del sexo femenino, para que no haya equivocacin. Ellas todo lo creen en materia de elogios. Don Gil dice a una fea: Dios en el cielo, y t en la tierra. Ella repite en su corazn: Y t en la tierra! Y luego aade: Qu amable es don Gil! Y qu contestar una seora, si alguno le pregunta: Estos hijos son de usted? Hay quien responda Y de usted tambin, caballero. Risum teneatis, amici?

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CONFERENCIA REALIZAD A EN EL NUEV O LICEO DE LA HABANA EL 9 DE ENERO DE 1885 S E CONSER V A LO RELA TIV O AL HOMBRE Y LA MU JER HABINDOSE SUPRIMIDO LA P AR TE ESENCIAL QUE FUE UNA RESEA DE LO QUE SON LOS MONOS AMENIZAD A CON HISTORIET AS OPOR TUNAS Seores y seoras: Les perdono el exordio: los exordios son fastidiosos, porque son personales. Esto no quita que algunos sean buen o s, como el que pronunci en noviembre el seor don Pedro Esteban Larrinaga. No esperis de m la noble forma del orador que acabo de nombra r Soy amigo de chanzas, bien que enemigo acrrimo de lo que llamamos chirigotas; pues hace cincuenta aos que me propongo no usarlas, y creo que lo lograr. El tema es ste: algo del hombre y de la muje r y ms del mono y de la mona. Y o, seores, acostumbro decir Adn y Eva, Abelardo y Elosa, Pablo y Virginia, No Virginia y Pablo, Elosa y Abelardo, Eva y Adn. Digo el hombre y la muje r no la mujer y el hombre; mis padres, no mis madres. Y o digo el mono y la mona; no me puedo acostumbrar a decir la mona y el mono: perdnenme las monas. Por todo esto, mi vocativo esta noche ha sido seores y seoras. Nunca he aprobado la extremada cortesana, no usada en otras tierras, malamente introducida en ciertas comunicaciones sociales: La seora Mengana y el seor Zutano participan su efectuado enlace... ofrecen a usted su nueva habitacin... ponen a su disposicin un vstago, un mococito que acaba de nacer. Y luego encierran el parte en un sobre que dice: Al seor don Fulano y esposa, al seor Tal y familia; y no lo encabezan con el nombre de la seora. Prescindo de la gramtica, donde se lee que el sexo masculino es el ms noble, como si la mujer no perteneciese a nuestra especie. Aqu se conoce que los hombres han hecho las gramticas.

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FELIPE POEY Y ALOY /203 /203 T engo ejemplos en contra de la costumbre establecida; nada menos que del seor don Jos Manuel Mestre, juez competente en todo, y del seor don Jos Mara Villaverde, bien conocido y estimado en esta ciudad, pudiera citar a otros. Fuera de esta Isla, cito al ilustre Cuvie r que el ao de 1826, sabedor de que haba yo llevado a Pars un barril de peces con sus dibujos correspondientes, me invit diciendo: El Barn Cuvier y la Baronesa le esperan a comer tal da, a tal hora. Convengamos, seores, que en los actos serios, el hombre debe ir en primer lugar; porque de su lado como dice Buffon est la fuerza y la majestad: el patrimonio de la mujer es la gracia y la belleza; esto viene en segundo luga r Quin negar la majestad al Apolo del Belvede r, tipo ideal que nadie ha superado? Quin no contempla con admiracin el bello cuerpo de la V enus de Mdicis, y la gracia indefinible derramada por la cara de la Venus de Milo? Advierto, porque as conviene, que la cintura de la V enus no es la cintura de una avispa, ni la cintura de los figurines de La Moda Elegante peridico que abomino por esa deformidad puesta a la vista de las seoritas cubanas que, en su gran mayora, no han cultivado las bellas artes. Sepan ustedes, seoritas, que esta costumbre no es higinica, ni es bella. La culpa no la tenis vosotras toda entera. Culpo a esos jvenes lisonjeros, no digo ignorantes, que para halagaros en vuestro loco empeo, os dicen: anillos de azahares tu cintura! Y al retirarse exclaman: Qu horror! Agradecedme, seoritas, esta franqueza, hija de una profunda conviccin, impulsado yo por vuestro bien y por el honor del cuerpo humano, del cuerpo de la mitad ms bella de nuestra especie. He dicho que la belleza pertenece a la muje r pero el padre Baltasar Gracin, ingenioso autor de El Criticn afirma que, por ms que lo desmientan la adulacin, tanto en el hombre como en los animales, concedo: la leona no tiene la airosa melena que cobija la cabeza y espaldas del len; la hembra del pavo real no ostenta la brillante rueda que pasea el macho en sus preludios de amores. La verdad es que las formas del hombre son angulosas, porque la musculatura se pronuncia con el ejercicio de la fuerza; las formas femeninas son redondeadas. La diferencia es grande: esos brazos, esa espalda... no ms, punto en boca. Hagamos las paces, seoras; mucho me pesara quedar mal con las damas. Quede sentado que ellas solas son bellas, y que los hombres son feos, todos, menos el que est hablando. Tended la vista, seoras, no es verdad que todos son feos? A ellos no les importa, porque dicen que el hombre tiene licencia para ser feo; a lo que las damas contestan que algunos abusan de esta licencia. No slo es bella la muje r tambin es buena. Indudablemente la mujer es mejor que el hombre; tiene todas las virtudes que las letanas

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OBRAS 204\ 204\ personifican en la Virgen Santsima: turris eburnea torre de marfil, esto alude a la belleza; purissima, amabilis, admirabilis, elemens, fidelis, stella matutina (estos latines se comprenden bien), salus infirmorum, salud de los enfermos; consolatrix afflictorum consoladora de los afligidos; regina angelorum, reina de los ngeles, que podemos traducir madre de esos angelitos que nacen con los cabellos rubios; Janua coeli, puerta del cielo, porque por esa puerta baj la mujer a la tierra para consuelo de la humanidad. En presencia de esta letana, causa indignacin la blasfemia que le cierto da en un peridico, a saber: que las mujeres se dividen en dos clases, las malas y las peores. No es as: por regla general la mujer es buena; y como no hay regla sin excepcin, ha y no lo dudo, mujeres malas: digamos ms bien que stas no son mujeres, son segn la expresin de Quevedo diablas afeitadas. (Para completar la parte jocosa, no menos que til del discurso, tomamos del tema esencial lo que sigue.) Oigo una seorita que pregunta: Y las monas? Tambin tienen faz humana. Cmo tienen la frente? Bonitilla. As como nosotras? Con el pelo... Quita all! Frente tiene despejada, y no... A m qu me da? No estoy de amores. Tomen ejemplos en las monas; tomen un noble ejemplo en la seorita doa Margarita Pedroso: se conoce que es artista. Finaliza del modo siguiente: He anunciado que algo dira de la mona, despus de haber hablado del mono: en pocas palabras voy a cumplir lo ofrecido. Quien dice mona, dice mujer; quien dice muje r dice mona: explicar en qu concepto me fundo. Y es que las monas son de mejor carcter que los monos, aun en las especies cinoceflicas: tienen una mansedumbre relativa, que no se desmiente en la edad madura. Y como por otra parte las mujeres son mejores que los hombres, en este concepto me fundo, por el cual me complazco en daros a todas, monas y mujeres, mujeres y monas, mi completo parabin. Al hacer el elogio de las monas, no pretendo alabarlas a todas. No alabo, por cierto, aquella mona grande, que un marido con paso oblicuo y vacilante, llev una noche a su casa: la tena en el cuerpo. Un nio, al acostarse, oy decir a su madre: Qu mona tan grande traes esta noche! Y como nio curioso, al otro da pregunt a su padre: Pap, dnde est la mona? Qu mona, muchacho? La mona grande que dice mam que trajiste anoche.

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UN INCENDIO La vspera fueron los fuegos artificiales en el Campo de Marte. Algn chuzo hubo de caer sobre el tejado. A las dos de la maana se oy el agudo sonido de la corneta, y un estallido de tablas, siniestro precursor de un gran desastre. Acudimos muchos a una de las azoteas de la calle de la Amistad, cerca de la Zanja. Nos dijeron que el fuego era en la calzada, entre la calle ancha y los focos de la muralla. La llama se divisaba por entre los pinos del camino de hierro: fingan los rboles un bosque encendido; y en este momento pas una locomotora echando humo por los aires, como un fantasma que se levanta para asistir al vasto incendio. La consternacin no dejaba juzgar de la distancia del peligro. Llegar el fuego hasta aqu? Decan las mujeres. No, seora; est el campo de Marte de por medio. Ayer pag usted un peso para ver los fuegos artificiales; ahora los tiene usted de balde. No hay mal que por bien no venga: sobre esas ruinas se alzar maana un liceo. En medio de esta aparente impasibilidad, la imaginacin me presentaba la familia enajenada, discurriendo por los salones del edificio, los hombres disponiendo la fuga, las mujeres clamando al cielo con voces lastimeras, los nios aumentando con sus gritos la perturbacin de las madres. Los caballos atados en las caballerizas daban en su desesperacin relinchos espantosos, que el silencio de la noche dejaba entrar en mis odos. Entre tanto la vecindad estaba en alarma. Mujeres hubo que se llevaban las sbanas y los gatos de la casa, y hasta las hornillas de plancha r creyendo que cargaban con lo ms precioso; otras echaban las prendas en el seno, sin reparar que estaban apenas cubiertas; otras, no sabiendo por donde comenza r se quedaban sin movimiento. El avaro no se atreva a sacar a luz sus tesoros, y esperaba la hora de la destruccin. Las bombas no estaban an en todo su ejercicio; y su escasa lluvia serva de alimento a las llamas devoradoras. Ser en el camino de hierro? Decan algunas. No puede se r se vieran los pinos alumbrados por esta cara. Seguramente es en las Ursulinas, decan otras:

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OBRAS 206\ 206\ pobrecitas! Esto quisieran las monjas, dije yo. Cmo es eso? Replicaron. Ms les valiera morir quemadas que encerradas. Y como viese el mal efecto que produjeron estas palabras, aad he dicho mal, y merece perdn un profano que se reconoce indigno de apreciar tan alta vocacin: no es posible que entre esas virtuosas siervas de Dios, entregadas a la meditacin y a la enseanza, se encuentre un alma arrepentida.

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EL F A V OR DE UN SONETO Gracias a la fotografa, estamos libres de trabajar para el lbum de las seoritas: la moda ha tomado otro curso; contribuimos con retratos. Pero an nos quedan otros compromisos; y uno de ellos es la dcima, el soneto para los das de fulanita. El que haya tenido la desgracia de concursar algunos versos, no se escapar de uno o muchos empeos sobre este ramo de explotacin pblica. Fuerte cosa que un hombre haya de sacar coplas de su caletre, como quien saca harina de un costal! Ninguna de las que me han dicho con urgencia me ha salido buena, ni mediana, por el estilo de Yo te digo con verdad, Teresa, en esta ocasin, etc. V aya de cuento o ms bien de historia. Visitando yo a la seora doa Gabriela, por su bondadoso trato y el placer de contemplar a su lado a la linda Isabelita, me pidi la seora un soneto para los das de una Carmen. Un soneto! Exclam profundamente apesadumbrado. No le bastara a usted una dcima? No, seo r ha de ser soneto. Pero, seora, es empresa muy ardua; puesto que un francs llamado Boileau ha dicho que ha de llevar consigo la menor imperfeccin, con lo cual valdr un poema entero. Y o no entiendo de poemas, lo que s es que todo el mundo hace sonetos. As salen ellos, seora; yo no me atreviera... Vamos, ya sabemos que usted hace versos; ms si usted no nos quiere complace r ... Y o mir al pimpollo isabelino, y me resign. Est bien, seora, har el soneto. Es preciso que usted me describa la tal Carmen, y me ponga en antecedentes: he de saber su vida y milagros. No es preciso: se llama Carmen; se acab: no necesita usted saber ms. Pues, seo r ... de paso digo que todo cuento ha de tener dos partes: una que contenga la exposicin, y otra que empiece por pues, seor Digo pues que compuse y present a la seora doa Gabriela el obligado soneto, en que trat de las gracias de Carmita, sus floridos abriles,

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OBRAS 208\ 208\ su talle airoso, sus miradas entre paloma y gaviln, con las cuales llevaba tras s la turba de sus admiradores. He aqu que sueltan la risa a un tiempo la hija y la madre, dicindome que nada de esto vena al caso, porque la nia acababa de nace r. Ms vale as, repliqu, pues tema que fuese una vieja. Haga usted otro soneto, dijronme, para una nia recin nacida. As lo har, seora. Y me fui para nunca volve r. Otra vez me pidieron nada menos que un soneto en celebracin de la seora doa Petronila. Me vi puesto en tal estrecho, que con palmadas en la frente me esforc en despertar la inspiracin; pero sta permaneci dormida. Por fortuna; tena delante de m un tomo del almanaquista don Diego de Torres Villarroel, en que haba ledo das antes un Soneto a una mula Despert sbitamente el numen: con algunos remiendos, quitando aqu las orejas y dejando all las coces, sin mudar la rima, sali a mi gusto el poemita. Al presentarlo y leerlo, quedaron muy satisfechas las seoras que me haban hecho el encargo; salvo que una de ellas, ms avisada, hizo notar que algunas palabras de la composicin ms bien pudieran aplicarse a una mula que a la seora doa Petrolina. Todo es uno, contest, y sal del paso.

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VIAJE A ESC A URIZA Era baile de mscaras, entr en Escauriza. Salud al bastonero, y le pregunt por qu haban cerrado la entrada de Cayo Hueso; me dijo que as convena, pues bastante tena que atender en el mare magnum del frente, de la derecha y de la izquierda. Qu hay de balcones? Pregunt. Estn prohibidos. Y a veo, seor Ganuza, que es usted buen general. Di la vuelta al saln, reconoc el ganado. Encontr a Silicate, y entr en conversacin. Se baila esta noche? Seguramente, tengo una compaera as. De P y P ., no es verdad? Como la cerveza de Londres. Quiero ver a su compaera. En este momento tocaron la danza de Panetela para la vieja, y todos corrieron, cuerdos y locos, y empezaron a baila r. Perico, quin es esa que baila con Silicate? No s, pero hace un rato que la examino con particular atencin, y pienso que hace honor a las siboneyas. No hables as, porque creo que no se encuentra una siboneya en toda la isla de Cuba. Dicen que hay muchas. Me hars creer que todas la son: no dudo que las hubiera en tiempo de Diego V elzquez. Siboneya o no, digo que hace honor al baile de Escauriza. De esto estoy bien convencido, y por esa razn te hago mis preguntas. Y a te he dicho lo que s. Esto es, que nada sabes. S que bail la primera danza con Centurin. Qu me dices? Este es el caso de aplicar el proverbio Dime con quin andas... y que salud a Pinto. Bueno es esto! Y que se tutea con Rabn. Mejor esto otro! Pero aguarda, aqu viene Mocho; y se miran, y se hablan, y se ren. Te digo, Perico, que esta muchacha conoce a todos los de la cuerda. En este momento se acab la danza, que tena por ttulo Baja la pata ; y la orquesta maliciosa los haba dejado a todos con la pata alzada. Concluida la danza, l y ella se sentaron; lo que me desconcert un poco, porque deseaba hablar con Silicate, hombre corriente y entretenido. Todo se present a pedir de boca: un cuarto de hora de dulce pltica, y la nia se levant para componerse el peinado y aguzar las flechas de sus ojos. Que d con el compaero, y le pregunt lo que al otro:

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OBRAS 210\ 210\ quin es esa? Iba a contesta r cuando un curro de los buenos amigos que all tengo se adelant diciendo: Esa nia? Doncella de medio uso. No puede se r dije yo. Oiga usted, dijo el curro, no sea usted mudo, que ella no es sorda. Al or estas palabras, el semblante de Silicate se mostr tan serio, que cre se haba puesto una careta. Caballeros, dijo con solemnidad, la seorita de quien ustedes estn hablando, es una joven pobre y modesta; pero pertenece a algunas academias. Son academias de ciencia? Pregunt interrumpiendo. No, seor escuelitas. Esta es otra! Me parece muy grande para ir a la escuela. Academias de bailes, escuelitas, no sabe usted lo que es? Ah! Y a entiendo. Pues, all gana alguna cosa con su asistencia; es mujer muy despierta y aguda. Me va usted interesando mucho con su narracin. Y tiene mucha virtud. Verdad? Si seo r virtud. Y cmo conoce a los de la cuerda? Porque se ve en el caso de bailar con ellos. Y ella es incombustible? Si seo r. Bien comburente es. Pero al fin, si hay virtud, que le vaya bien con ella. Y a me iba, cuando Silicate me llam y me dijo. Sabe usted que sus ltimas palabras hacen agravio a Escauriza? Hombre! usted es el defensor del mundo entero. En el baile de sala, ya yo s lo que son salones, y conozco a su honrada concurrencia; pero en baile de disfraces... Hay de todas, tiene usted razn. Al sali r fue forzoso pasar por delante de la cantina. Me alcanz a ver un joven risueo, y me llam: seor Licenciado, venga usted a tomar algo conmigo. De buena gana lo har. Qu quiere usted? Agua con panales. Vengan panales, y un curazao. Nos refrescamos, cada uno a su modo; y l, mirndome con mucha gracia, me dijo: licenciado, me hace usted el favor de pagar por los dos? Con mucho gusto; y sacando una peseta fuerte, la puse sobre el mostrador: el cantinero devolvi real y medio; cogilos el amable joven, y fuese diciendo: licenciado, le debo real y medio. Y o me qued mirando la escalera, y me fui por ella, llevando en mi cuerpo un vaso de refresco, que me cost algo caro. Desde entonces, cada vez que veo al joven, digo para mi capote: all va real y medio!

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REMEDIOS C ASEROS D ILOGO ENTRE UNA MADRE Y SU HIJ A Hija. Ma mita, padezco de almorranas. Madre. Amrrate en la cintura un tomate de la ma r. 1 H. Qu efecto va a producir? M. El que la experiencia ha demostrado. H. No sera bueno consultar a un mdico? M. Lo mdicos no entienden de esto. H. Pues consultaremos a los homepatas. M. Qu dices, muchacha? Acaso los homepatas no son mdicos? Respeto a unos y a otros; pero en el caso actual, no doy por todos ellos un tomate. H. No sera mejor un caballito de los que llaman de la mar? M. Ese es remedio seguro contra el ahogo. H. Por donde yo padezco, no tengo miedo de ahogarme. M. Te advierto que hay tomates machos y tomates hembras. H. Y qu tenemos con esto? M. Tenemos que los que llaman machos, curan a las mujeres; y los llamados hembras, a los hombres. H. Eso es natural. M. Pregunta y veras. H. Jess, mamita, que vaya yo a preguntar esas cosas! Y dgame, cmo se conocen los sexos? M. chalos en agua: las hembras van al fondo y los machos sobrenadan. H. Y a entiendo... M. Pues hazte el remedio. H. Pero, mamita, usted sabe que doa Encarnacin se ha puesto el tomate, y no le ha surtido buen efecto. M. Seguramente el tomate era hembra. H. Pero es el caso que tampoco le ha aprovechado a don Simplicio. 1 Semilla de Ipomoea pterodes

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OBRAS 212\ 212\ M. Hija de mis pecados, no acabas de comprender? Seguramente el tomate era macho. H. Y o insisto en que debiramos consultar a la ciencia. No lo podra decir algn naturalista? M. Y a habl la experiencia, que es madre de la ciencia. Qu le vas a preguntar a un naturalista? H. Le preguntar si es verdad que los tomates de la mar curan este mal: digo, a distancia respetuosa. M. No vengas con chanzas pesadas. H. Pues hablando seriamente, creo que estas son preocupaciones vulgares; que todos los tomates tienen igual virtud; que los que nadan son ms ligeros, cualquiera que sea la causa; y que ninguno cura el mal. M. No charles tanto: cree o revienta. H. Ms vale creer que reventa r. M. Que te haga buen provecho.

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LOS ESCRP ULOS Nadie negar la viveza y la gracia que reinan generalmente en las Anacrenticas de Joaqun Lorenzo Luaces; pero suelen pecar por voluptuosas. Abundan demasiado los besos, perjuicio de un deleite ms exquisito, que reside en la delicadeza de los sentimientos. La turba bulliciosa de la juventud se reir de mis escrpulos; y dir que tengo mucho miedo a los besos. Confieso que es as, porque temo por las hijas de Cuba, educadas por los poetas. Y a algunas se figuran que es cosa tan inocente presentar la boca, como dar a comer una naranja. As no extrao que escribiera una nia lo que le en una carta cada al pie de una ventana: Y a s que los besos no tienen nada de malo. Y aadi: No me lo des delante del negrito. Las madres dejan leer esas poesas a sus hijas, y no le permiten la lectura de la historia romana ni de los libros sagrados. Arrancan la pagina de Lucrecia, por lo que sabemos de Tarquino; y rechazan las Santas Escrituras, porque llaman el pan pan y el vino vino Aceptan la pldora que se dora, sin considerar que mientras ms nociva, ms dorada. No insisto sobre este particula r para que no digan que me espanta un mosquito y que me trago un toro.

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PROTECCIN A LOS ANIMALES Ofreciseme cierto da en la calle una carreta tirada por dos bueyes, oh prodigio! Grandes, bellos, lucios, andando garbosamente con la cabeza erguida. Cediendo a un primer impulso de satisfaccin ech mano de un dobln de a cuatro que tena en el bolsillo, y me adelant al carretero para darle el premio merecido; pero reflexionando en el camino que esta accin generosa competa ms bien a una sociedad protectora de los animales, que a un pobre particula r me content con ensear el dobln a los bueyes (no s si me lo agradecieron) y volvi la moneda a mi bolsillo.

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DE TODO HA Y EN EL MAR 1 De todo hay en el ma r desde emperadores y obispos hasta soldados de Marina; y para armar un regimiento, hay sables, trompetas y tambores y aun moharras para adornar las astas de bandera; para la caballera no faltan gentiles caballitos Viejas hay que muerden y parecen no tener dientes; y hay doncellas con ms dientes que un perro Las viejas se entuertan con un parche ; las doncellas, si dan motivo, se castigan con chucho o bien con manat Si son buenas, se les regala una manta o un peto para vertirse; y aunque mejor les correspondiera una aguja, se guardara sta para cerrar los labios de los bocones En la mar hay escribanos ; y as como los de tierra no sueltan la pluma de la mano, aquellos la llevan siempre en la boca. Tambin hay jabn para fregar la conciencia de dichos escribanos Hay esmeraldas para la frente de Isabelita ; chapines para los pies de catalineta; cocuyos no tan lindos como sus lindos ojos; m ariposas tan volubles como ella. Hay voraces que tragan sapos y lagartos Hay cabras y hay tambin barbudos ; pero stos no son los machos cabros habiendo todo no es de extraarse que haya vaca. Hay gatas que andan tras de los murcilagos ; y hay un bocadulce no tan dulce para los c onejos Hay un zorro tan astuto, que mereciera el nombre de galafate : no hay pmpanos para l ni enjambres seguros. Que haya peces no se duda: uno es pez rey y se comprende que es coronado ; otro pez sierra otro pez de espada otro pez luna. Unos son dorados otros plateados ; hay uno rubio y es volador Casi todos son bonitos sin exceptuar los jorobados Uno de ellos tiene voz y no deja de ser ronco Hay pez de pluma lo que induce a creer que tambin hay aves; y en efecto, encontramos en el mar cardenales, loros y guacamayos Mulatas, caro lecto r no hallars aunque las busques con candil ; pero hay morenas si son de tu gusto. Lechn no encontrars para una poni1 Fuera del tercer nombre aqu citado, todos los dems, puestas con letra bastardilla, pertenecen a peces cubanos.

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OBRAS 216\ 216\ na, pero podrs llevar un cochino que es ms gordo, y te costar la fiesta dos reales. Hay erizos y puerco espines que prestan sus pas a los zapateros ; y no faltan lancetas para los barberos ni lijas para servir de lima a los dentudos ni vaquetas para los condenados ni casabe para los escolares No te espantes si te digo que hay diablos ; no habiendo diablas, ests seguro. Pero te advierto que encontrars alguna tiosa que se pega ; si tomas mi consejo, tente a raya con ella, se me olvidaba decir que no te embarques sin piloto Por ltimo, has de saber que los pescadores puesto que all los ha y, aborrecen a los sobacos ; pero guardan los tapaculos para los cagones Aunque la noticia no es muy limpia, no deja de ser cientfica, y nada tiene de inmoral. Como obligatoria en este luga r me parece que termina bien el artculo. Finis coronat opus.

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OFICIO JOCOSO Seor don Flix Garca y Chvez Muy seor nuestro: Reunidos en concilibulo zoolgico-botnico los que abajo firmamos, y habiendo llegado a entender que tenis un gusto decidido por la historia natural, el cual habis llevado hasta el extremo de traer casi a la orilla un tiburn de cinco varas con el vientre tan voluminoso como una pipa de aguardiente; considerando que sois un director de primer orden, como lo demuestran las aves de la isla de Cuba, que adornan los estantes del Museo Jimenoinum de Matanzas, las cuales diz que cantan. Atendiendo a que trabajis frutas de cera, con tanta destreza y verdad, que los pjaros en bandadas acuden a picarlas, y los murcilagos en turba a chuparlas. Teniendo presente que sois pescador y cazador; sin embargo, de que ninguno de nosotros os ha visto sacar un pargo ni un cachucho, ni matar una garza ni un sij. Sabiendo que os ejercitis en cortes de madera, de que habis hecho acopio en trozos y tablitas, sin desdear las hojas, las flores y las frutas, con acompaamiento de nombres vulgares. Considerando adems que habis cogido cangrejos machos y hembras, discurriendo cientficamente sobre sus diferentes especies y edades; habiendo llegado vuestro amor a la ciencia hasta el punto de echarles lazos corredizos en la laguna de Maya; sin embargo, s que estos decapodos no se dejaron de vuestra mano pillar; pero se os agradece la intencin. Teniendo en cuenta que habis organizado una partida de criollos, con Ciriaco a la cabeza, el cual tiene la gracia de estrujar las lagartijas, cortarles la cola, que otros llaman rabo. Atendiendo, por otra parte, que en los charcos y aguadas de vuestro potrero denominado Palmasola, habis descubierto un guajacn, especie nueva. Hemos tenido a bien declararnos miembro de la Sociedad de Amantes de la Naturaleza, como lo demuestra este oficio, que os servir de diploma.

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OBRAS 218\ 218\ Bien entendido que estis obligado por los artculos de nuestro Reglamento a enriquecer por todos los medios posibles la coleccin de la Sociedad, seguro de que si as lo hiciredes ganaris honra con provecho de los infrascritos, y si no, Dios os lo demande. Seguid con ahnco, y vuestro nombre volar en alas de murcilagos, aves y mariposas, y se inscribir en la cola de los bullentes peces. As se ir aumentando cada da la amistad y el aprecio que siempre le hemos profesado. Dios os guarde muchos aos. Matanzas 12 de agosto de 1863. Felipe Poe y S. Alfredo de Morales. Francisco Jimeno. Juan Gundlach. Manuel J. Presas. Posdata: Con esta misma fecha, invitamos a nuestro excelente amigo, hermano vuestro, don Jos Garca y Chvez.

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ANUNCIOS Parece que todos los generales se han vuelto cocineros, porque a cada rato leo en los peridicos: 1. Un general cocinero desea colocarse Sol 80. Hasta los generalsimos aceptan este oficio. Un generalsimo cocinero y repostero ofrece al pblico sus servicios. 2. Se vende una elegante Duquesa propia para el carnaval. San Jos 66. Parece que esa Duquesa es amiga de bailes y disfraces: la supongo divorciada del seor Duque. 3. Una elegantsima y muy ligera Duquesa se vende muy barata. Sitios 137. Estn de ventas las Duquesas. La circunstancia de ser ligera puede ser til en caso de rapto; pero si es ligera de casco, lo mejor es no adquirirla, porque lo barato puede salir caro. 4. Si hay matrimonios limpios, tambin los hay sucios. Dgalo este anuncio: Una lavandera se ofrece para lavar un matrimonio solo. 5. Se necesita una mujer blanca para el servicio de mano. Se presenta una mujer al ama de la casa, y le dice: he ledo que usted necesita una seora... No he dicho seora, replic la otra, aqu no hay ms seora que yo. Y ahora yo digo que la criada, con ser muje r estaba bien recomendada; y la seora, que aparenta no ser muje r debi ser un monstruo ambiguo. 6. Se reunieron veinte individuos de ambos sexos Eran todos hermafroditas? 7. Se vende una bodega que tiene 25 aos de abierta, y su dueo 22. Cmo pudo vivir ese hombre, abierto por espacio de 22 aos? 8. Se solicita un muchacho para los quehaceres de la casa de 14 a 15 aos. No es tan vieja la casa para que d tanto quehace r. 9. El duelo se despide en el cementerio Poco ha durado el sentimiento: los crespones y las tocas lo conservan. 10. Aqu se alquila un cualto arto

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SE A C ABARON LOS HOMBRES Y LAS MU JERES Todos son caballeros y seoras. Hasta las esposas han dejado de ser mujeres; oiga usted a este individuo que dice Presento a usted mi seora. Esto quiere decir que l es su seo r Digo que no hay hombres ni mujeres, porque no veo establecimiento para ellos en ninguna parte. Si entro en los vapores de Regla, veo un rtulo que dice Cuarto de los caballeros, y no encuentro el de los hombres. Si voy a los baos del ma r leo Baos de seoras, y ninguno hay para las mujeres. Si busco colegios, encuentro Colegio de seoritas y pregunto: dnde se educan las nias? Iba en el ferrocarril de Gines, en el carro de tercera, un hombre de los pocos que han quedado en el mundo, en mangas de camisa. Al llegar a San F elipe, ofreci pagar un plus y entrar en el carro de primera. No puede se r le dijo el conductor; este es carro de caballeros. El otro contest: As como he visto muchos caballeros ir a tomar asiento en el carro de los hombres, bien puede un hombre sentarse en el carro de los caballeros.

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LO TIL Y LO BELLO 1 F R AGMENTOS DEL DISCURSO LEDO EN EL L ICEO DE G U ANABACOA I Definicin de lo bello En este discurso he tratado de conciliar la idea de lo til con la de lo bello; distinguiendo la utilidad material de la intelectual y moral. La primera no es esencial a la belleza; la segunda le da realce. El italiano Gioberti afirma que lo til es el mayor enemigo de lo bello; y que la belleza, bien que puede traer alguna utilidad a la que la posee, desaparece al momento que el objeto bello en s mismo, es considerado como til: hay verdad y exageracin en lo dicho. La esttica ensea que lo bello es absoluto, universal, necesario: absoluto, porque existe por s; universal, porque es patrimonio de la humanidad; necesario, porque no puede dejar de existir: lo til, al contrario, es particula r contingente, relativo: lo que es bueno para m, puede ser nocivo a otro; lo que hoy me aprovecha, otro da puede daarme. Lo til no es lo bello; porque un pedazo de pan, con buen hambre, es cosa til, y no es cosa bella; una camisa de franela, en tiempo fro, es agradable, y no es bella. Pero es menester considerar que el pan habla al estmago, y la frazada al tacto, a la piel; as como los perfumes se declaran al olfato. Esta utilidad material no debe tomarse en consideracin en la definicin de la esttica; pero s, la utilidad espiritual y la moral, la que causa admiracin, lo que inclina a la justicia, la que inspira sentimientos nobles y elevados. Por otra parte, no es la utilidad material tan enemiga de la belleza, como lo pretenden Gioberti y compaa; una rosa no dejar de ser bella, porque regala mi olfato con delicada esencia: la bella esfera de una naranja no perder 1 Este discurso fue ledo en el Saln del Liceo de Guanabacoa, bajo la presidencia del seor don Nicols de Azcrate; y dio ocasin al seor don Jos Silverio Jorrn para leer en el mismo local, y publicar posteriormente, una disertacin admirable sobre las bellas artes.

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OBRAS 222\ 222\ su mrito, si la idea anticipada del gusto se mezcla a la forma para merecer mi aplauso. Los modernos aceptan la definicin de Gioberti en estos trminos: La belleza es la unin individual e hipottica de un tipo inteligible con un elemento sensible, por medio de la imaginacin esttica. Abreviando ser: La belleza es la unin de un tipo inteligible con un elemento sensible. Me propongo expresar con el mrmol la idea de la caridad: busco un tipo inteligible para este sustantivo abstracto, y la imaginacin me lo muestra bajo la forma de una doncella que arrima a su pecho una recin nacida criatura abandonada; y en su entraable afecto se esfuerza en arrancar de sus dos fuentes de vida, un alimento que el amor y la naturaleza an no han formado. Este es el individuo hiposttico realizado en una estatua que he visto en casa del seor don Domingo de Len y Mora. Aqu el tipo inteligible es relativo, porque depende del elemento sensible; es particula r porque no es patrimonio de todo escultor; es contingente, porque pudo el escultor haber tomado otro tipo, por ejemplo, una mujer poniendo un bolo en la mano de Belisario, pobre y ciego. Se propone una pintura representativa del tiempo. Cada pintor lo concibe a su modo. Uno pinta un viejo armado de guadaa, segando a derecha e izquierda los padres y las madres; pero entre el va y ven de la cuchilla nacen los hijos, y la humanidad se renueva. Otro lo pinta arrancando los rboles con sus frutos y echndolos atrs, donde brotan de estaca y reverdecen, reproduciendo siempre la tierra los frutos que el tiempo arranca siempre. Otro lo representa por los campos del te r, sepultando en perpetuas tinieblas los astros apagados en su curso, mientras que nuevos astros se forman con la condensacin de la luz cosmtica. La mitologa antigua encarn la idea en Saturno devorando sus propios hijos, porque si es verdad que el tiempo todo lo destruye, no debemos olvidar que todo lo crea y produce. II. Valeria V aleria naci ciega: tuvo un amante. Este amante estudi el arte del oculista, con la esperanza de devolver la vista a su amada. Le pintaba la satisfaccin que tendra cuando viera el cielo azul, la tierra cubierta de verde alfombra, las vaporosas nubes, la claridad del sol. La joven enamorada le deca: Todo lo veo con los ojos de la imaginacin; tu labio bondadoso me lo pone delante, me lo pintas tan al vivo! Con todo, deca el amante, s dcil y vers. Al fin, Valeria se resuelve, y pasa a un aposento: esto era en el teatro; las amigas esperaban en la escena el resultado. De repente, se oye una voz: Y a veo, ya veo! Y se presenta la joven seguida de su amante: su vista, enajenada con la creacin, reco-

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FELIPE POEY Y ALOY /223 /223 rre el espacio; tiende la mano, le parece que puede alcanzar los objetos distantes. Comprende el torrente de felicidad que le proporciona un nuevo sentido; se echa de rodillas, y alzando sus dos brazos al cielo, exclama con fervor: Te doy gracias, Dios mo! Esta es claridad del sol, esta es la naturaleza, esta es la vida! Este espectculo es ms bello que el de un brazo amputado. Pero al lado de V aleria hay un espectculo sublime: el oculista triunfante con su delicado instrumento en la mano. V aleria es bella; el oculista es sublime. V aleria es el efecto, la creacin; el oculista es la causa, el creado r Pero si el oculista hubiera errado la cura, dnde encontraramos la belleza? III. La flecha gtica Son bellas las flechas que el arquitecto gtico alz en el techo de su iglesia? Si, lo son. Que tiene de bello una flecha? Nada en s misma, pero es bella all, porque es til. Qu tiene de til? Eleva el alma a Dios. Pnganse ahora esas flechas encima de la azotea de un edificio, donde la orquesta con sus lbricos compases, la luz del gas con sus ardientes resplandores, los licores fermentados y los ojos de la hermosura destierran del hombre los sentimientos graves, profundos, religiosos, y lo disponen ms bien a dar su alma al diablo que a deponerla a los pies de la divinidad; las flechas de este edificio, desdeadas de da, de noche se quedarn a oscuras, y helarn de fro, mientras que dentro todo es iluminacin, todo es fuego; y la vista encuentra la belleza en el talle elegante de una botella de champaa, y en la flexible cintura de una bailadora. I V Cinturas de moda En el da an dura entre nuestras amables seoritas el error de confundir la cintura bella con la cintura delgada. Y a las mujeres no son mariposas, gacelas, palomas, como pretendi noches pasadas nuestro ingenioso amigo don Ramn Zambrana; las mujeres son avispas. No lo digo porque piquen, ni porque tengan ponzoa: no me consta; y si acaso, ser una utilidad sobrepuesta a su hermosura. Lo digo porque se parten el cuerpo en dos mitades, por ms que se les haga presente que la V enus de Mdicis tiene la cintura ancha. Pero luego vienen los poetas, y lo echan todo a perder con sus adulaciones: anillo de azahares tu cintura. He aqu por qu ellas no hallan trmino medio entre una sortija y un barril de papas: la culpa no la tienen ellas. A m me pareciera esto lindsimo, si no hubiera visto las estatuas antiguas, y si no hubiera estudiado anatoma; pero la idea del despotismo ejercido contra las costillas fal-

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OBRAS 224\ 224\ sas, no me permite gozar del espectculo embriagador de una seorita convertida en avispa. V Conclusin Tanto las cosas materiales como las espirituales sacan su belleza de su armona. Se armoniza el ciprs con la tumba, y la piedra ennegrecida del Escorial con la antigedad de su construccin. El templo de Apolo est bien en la Fcida, en sitio pintoresco, cercado de bosques, acompaado de aguas sinuosas y parleras. En este mismo punto el palacio de Amenofis Memnon de la Tebas de Egipto, que tiene un peristilo de doscientas columnas, las mayores de doce varas de circunferencia, sera una masa abrumadora, y las parleras aguas no seran notadas. Mas si se traslada el templo de Apolo a la orilla descubierta del Nilo, faz a faz con el sol, y en medio de dos inmensos desiertos, el de la Libia y el de la Arabia, la estatua colosal de Memnon, que sentada tiene setenta y cuatro varas de alto, le har sombra; y si Memnon se levanta, le dar con el pie, lo tirar al ro y lo echar a rodar sobre las cataratas. Pues si las cosas materiales se armonizan, no se han de armonizar los conceptos espirituales? Cuando Dios hizo el mundo segn el texto sagrado, a cada cosa que creaba deca: Esto es bueno, repitindolo varias veces. Y a lo ltimo dijo: No es bueno que el hombre est solo; hagamos a la mujer. De aqu se infiere que, en la mente de Dios, la mujer es cosa buena: buena como hija, como hermana, como amiga, como amante, como esposa, como madre; y en esta ltima cualidad la llamamos reina de los angelitos de cabeza rubia que la cercan, sin dejar por esto de ser la mujer bella, la amiga piadosa, y consuelo de los afligidos y salud de los enfermos. De suerte que en la belleza suprema de las obras de Dios, hay un elemento complementario a ms de la belleza; es deci r la bondad en su sentido relativo, o sea la utilidad. Y como en el arte posterior a la Revolucin se agrega siempre un elemento de utilidad prctica, nuestro arte est en progreso acercndose al arte de Dios. Creo haber revelado una consideracin nueva; y es que la utilidad ha hecho fusin con lo bello y lo sublime. Err, pues, el siglo cuando en la sntesis de la Edad Media ha sealado dos elementos, hay tres: la belleza, la sublimidad y la utilidad, como tres hermanas inseparables. El progreso de nuestra era consiste nicamente en que la utilidad moral es de un orden ms elevado. Esta trinidad esttica ha dado las dimensiones de un panten, que la patria agradecida alz a sus grandes hombres, y esculpir en la fachada del templo de la industria, a Minerva, la ciencia, con sus ricos atavos, dando la mano, la mano toda entera, al artesano cubierto de su modesta

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FELIPE POEY Y ALOY /225 /225 blusa. Tratando a su manera el bellsimo asunto de Baroccio, que representa a Agar e Ismael en el desierto, al pie de una palma donde brota un agua fra, la madre joven an y bella, calmando la sed del nio, que al parecer tiene siete aos, y del cual ha de salir un gran pueblo; manejando de nuevo este asunto con un principio til ms elevado, la trinidad esttica nos dar la imagen de la humanidad (el tipo inteligible es de Comte) bajo al forma de una muje r de una madre que toma de la mano un nio, un varn de siete aos, y le suministra con la palabra, no el agua de un arroyo, sino el torrente de sana instruccin y de pura moral de que el nio est sediento, como lo muestra su atenta curiosidad y el divino carcter que Dios estamp en su frente, an no alterada por la errada educacin y por los vicios.

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DISPERSIN DE LA ESPECIE HUMANA F R AGMENTO DE UN DISCURSO SOBRE LA UNID AD DE LA ESPECIE HUMANA LEDO EN EL L ICEO DE G U ANABACOA Comprobada la unidad de la especie, se nos hace forzoso admitir la unidad de origen. La cuna humana parece haber tenido su asiento en el centro del Asia, que contiene montaas, mesetas y crestas que rivalizan con las elevadas del orbe terrestre; comarca admirablemente dispuesta para favorecer la dispersin de la especie humana a lejanos climas y en todas direcciones. La vida errante de la humanidad, en sus edades primeras, se avino con el oficio de cazador y de pasto r La robustez de los primeros hombres era indudablemente superior a las nuestras: llenos de juventud y de vida, osados, confiados en sus fuerzas corporales, unos levantan torres que se pierden de vista, otros alzan el monte Osa sobre el Pelin para derrocar al Olimpo: quiere abarcar la tierra, quieren apoderarse del cielo. Ser el estrecho de Behring obstculo a las empresas de Sem, que baj de las alturas? Quin podr medir la extensin de territorio recorrido por Japeto? Qu tierra abrazada por el sol, qu desierto arenoso contendr el mpetu de Cam? Los hijos de Cam pasaron los trabajos mayores: el istmo de Suez, inundado antes de la formacin del delta, les neg el paso defendido por el monstruo Tifn, que se alimenta de miasmas paldeas; dieron vuelta a la Arabia, y pasaron el estrecho del Mar Rojo; los montes de la luna los recibieron y fueron testigos de sus gigantes esfuerzos. En vano lucharon con las fieras, y metieron el brazo en la boca del len, arrancando la lengua de sus fauces ensangrentadas. La tierra que los sustentaba era joven tambin y vigorosa; los robustos vegetales que la cubran acumulaban densos vapores en sus cimas, los ros salan de madre, volcando en su corriente las chozas primitivas, los hombres fuertes, las mujeres y los hijos; el trueno espantoso del ecuador los amenazaba, retumbando en ecos prolongados; el rayo los aniquilaba al pie del rbol donde en su ignorancia buscaban un refugio. El clima, por fin, los enferm, los rindi, les rompi las fuerzas corporales y las del alma. Las familias cazadoras se

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FELIPE POEY Y ALOY /227 /227 esparcieron, porque necesitaban un dominio extenso para poderse alimentar; los que pasaron al estado agrcola se vieron invadidas y saqueadas por las tribus errantes. El fetichismo, primera religin de la infancia intelectual, sembraba los nimos de supersticiones; el sacerdocio pidi vctimas humanas al pie de una boa de piedra. Las guerras de fetiches contra fetiches, de hombres contra hombres, trajeron la esclavitud; los esclavos se degradaron, se corrompieron; y esa corrupcin, esa degradacin subi hasta los amos, y penetr en sus huesos. Esto ocurra bajo un sol ardiente, que atezaba la piel, mientras que los apetitos groseros daban al rostro una prognacin caracterstica; y el pigmento concentrado sobre la caja de un cerebro ocioso, negaba al cabello la nutricin indispensable. En tanto, los hijos de Japeto, siguiendo las orillas templadas del Ponto Euxinio, del mar Egeo y de la Liguria, hasta las costas ibricas, fundaban ciudades y reunan los elementos de las dos lenguas ms perfectas que los hombres han hablado sobre la tierra; la griega y la latina.

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MANUEL J. PRESASDon Manuel J. Presas naci en Matanzas el 22 de enero de 1845, hijo de don Manuel Presas, oriundo de Catalua y de doa Ins Morales, matancera. Ambos concurrieron en labrar esta joya tan preciosa; el primero con su bondad y honradez, la segunda con la severidad templada por la materna solicitud. Hizo el joven Presas sus estudios de Medicina y Ciruga en la Universidad de La Habana, apartado de malas compaas, con una aplicacin constante, que unida a sus naturales disposiciones, vincul en su persona la nota de sobresaliente, indicio de futura prosperidad. Sus padres, establecidos en Matanzas, tenan bienes moderados de fortuna y una numerosa familia a quien repartirlos. Sabido es que la carrera universitaria es larga y costosa: el estudiante procur de varios modos acortar los subsidios paternos; y obtuvo su ttulo de licenciado en 1867, con dispensa de los derechos de su grado, en virtud de haber ganado el premio extraordinario a que pueden aspirar los alumnos de calificacin ms alta. Fijado su domicilio en Matanzas, al lado de sus padres y hermanos, no tard en formarse una clientela; y tom estado, llegando a ser su esposa, en 1869, la seorita doa Teresa Febles, cuyas cualidades fsicas y morales captaron su voluntad y aseguraron su constancia desde el primer ao de su bachillerato. El nacimiento de una nia vino a mitigar el dolor que le caus la muerte de su padre, acaecida en 1866; y l mismo, arrebatado a la familia, ha dado el ltimo adis a esta inocente criatura. El licenciado don Manuel J. Presas falleci en Matanzas el 8 de abril del que cursa, a las cinco de la maana y a la edad de 29 aos. La enfermedad que lo llev al sepulcro fue la difteria; dur siete das, al cabo de los cuales venci al robusto joven al principio del octavo: el paciente lo haba previsto y anunciado desde el primer da. Llamado por l, acud a su lado; lo que no pudo ser hasta el sptimo da de su ataque diftrico. La vspera haba recibido los Santos "leos; por la maana haba hecho testamento, escribiendo l mismo las clusu-

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FELIPE POEY Y ALOY /229 /229 /229 /229 /229 las de su puo y letra: acababa de perder la voz, pero conservaba su conocimiento entero. Me vio, no pudo hablarme; dio muestras de haberme conocido. Respiraba con trabajo; supongo que su estado era doloroso, pero el semblante no lo deca; porque su nimo fuerte dominaba los msculos de la cara y suavizaba la expresin de los ojos. La enfermedad que lo asalt tan de repente, no pudo en siete das estampar su huella en aquel rostro, que conservaba su color y reposada belleza en medio de los padecimientos generales; lo que me dio a comprender que no carece de verdad el majestuoso grupo de Laocoonte. Me fue forzoso volver a La Habana el mismo da siete por la tarde: acompabame el consuelo de que el enfermo quedaba bien asistido por los acreditados facultativos doctores Llorach, Pinto, Verdugo y Jimnez, que no se desprendan un momento de su lado, prodigndole con inteligencia todos los recursos del arte. Quedaban adems en manos de su fiel esposa, de su cariosa madre, de sus cuidadosos hermanos y allegados. Supe despus que antes de las cinco de la tarde del mismo da, pidi lpiz y papel, y se recet: Yoduro de potasio, 30 gramos; agua, 1 litro M. cucharadas; una por la maana y otra por la tarde. Los mdicos aprobaron. Esta receta a dos cucharadas diarias daba a entender que el paciente conceba alguna esperanza; pero ste ces del todo cuando a la una de la madrugada del da 8 anunci que slo le quedaban cuatro horas de vida, y precisamente al tocar el reloj las cinco, acab su existencia en un sncope, con suma tranquilidad, quedando en sus labios la sonrisa del justo. As tuvo fin el lamentable drama, y el teln cay para siempre. Oh malograda juventud! Muerte rigurosa, cuntas esperanzas has cortado! Si la cruel enfermedad hubiera oprimido mi flaca garganta la primera, y no la suya tan firme y lozana, estaba llamado a escribir mi biografa; y por l hubiera mi nombre penetrado con algn esclarecimiento en los umbrales de la edad futura. A m me toca, caro discpulo e inolvidable amigo, pagarte ahora esta deuda sagrada. Todos conocen los alcances y aciertos de Presas en el campo de la Medicina. No todos saben que ha cultivado, y slo a ratos, cuando lo permitan los deberes de su profesin, una ciencia amena que an no se ha generalizado bastante en la isla de Cuba: hablo de la historia natural. En ella principalmente he tenido el singular placer de dirigir su dcil entendimiento, desde que se sent, discpulo predilecto, en los bancos de la Universidad. Pocos esfuerzos me cost, porque mis consejos y preceptos caan y fructificaban en una tierra dispuesta a recibir las semillas del saber. Es lo propio de grandes capacidades mdica el no separar Aristteles de Hipcrates, ni Cuvier de Bichat: el insigne Linneo fue mdico aventajado; y entre las celebridades de nuestro suelo, vemos al doctor Nicols Jos Gutirrez desvelarse para dotar a su hija la Acade-

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OBRAS 230\ 230\ mia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de La Habana, de un museo indgena donde entraron los objetos de su propia coleccin. Presas tuvo el honor de ser admitido como acadmico numerario de esta distinguida corporacin, y tambin como miembro de la Sociedad Espaola de Historia Natural establecida en Madrid; legando por clusula testamentaria a la primera sus colecciones de este gnero por l cuidadosamente formadas y conservadas. Enriqueci la de los moluscos cubanos con frecuentes excursiones en un radio no poco extenso alrededor de Matanzas, y es de los pocos que, con este objeto, han visitado el Pan hasta su cima. Sin desdear ningn ramo de la historia natural dedic particular atencin a la botnica, por la abundante materia mdica que esta ciencia le ofreca, y porque pudo aprovecharse de los conocimientos y del herbario de su to don Sebastin Alfredo de Morales. Con este motivo entabl relaciones de amistad con don Francisco A. Sauvalle, representante hoy de nuestra flora; aos antes haba dado la ms cordial hospitalidad en su casa al infatigable visitador de nuestros bosques, el botnico D. Carlos Wright. Sus grandes amigos, entre los aficionados a la historia natural, fueron don F rancisco Jimeno, el doctor don Juan Gundlach y el Inspector de Minas don Manuel Fernndez de Castro. Viviendo en Matanzas, supo apreciar las buenas disposiciones de don Flix Garca y su gran mrito de diseccin. En cuanto a los aficionados residentes en La Habana, procur relacionarse con todos, empezando, conforme al orden cronolgico, por don Rafael Arango, y acabando por el ms moderno, el doctor don Manuel A. Aguilera. Tena en alto concepto a don Ramn F orns, estudioso amante de las aves y crustceos y amigo ntimo de Gundlach. El Liceo de Matanzas fue para Presas un campo donde despleg su celo por las ciencias naturales. Fue uno de los que en unin del doctor don Joaqun Barnet, ms ardientemente organizaron la Seccin Cientfica, establecieron las discusiones y prepararon la impresin del Anuario Don Manuel Presas fue mi principal colaborador en la publicacin del Repertorio fsico natural de la isla de Cuba que bajo mi direccin alcanz dos tomos por los aos de 1865 a 1868. Cuando vio que la suscripcin decaa, entr conmigo en la sociedad, ms bien para aliviarme en las prdidas que para aprovechar las ganancias. Las primeras cincuenta y seis pginas de este perodo estn ocupadas por un trabajo notable de Presas, titulado La historia natural de Cuba, abrazando los tiempos pasados y presentes, nombrando y apreciando en su justo valor las obras que se han escrito sobre la historia natural de esta Isla, no slo en ella, sino tambin en el extranjero, por los sabios de todas las

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FELIPE POEY Y ALOY /231 /231 naciones. Esta brillante introduccin de un joven de veinte aos justifica todos mis elogios. Don Manuel J. Presas fue dotado por la naturaleza de un entendimiento claro, de una concepcin vasta, de una comprensin rpida. Estas tres cualidades se aunaban en su mente y se ponan en evidencia desde los primeros momentos de la discusin cientfica y de la conversacin familia r Sus sentimientos elevados y sus costumbres intachables son de pblica notoriedad. Su amor de esposo, de padre, de hijo y de hermano, est comprobado por sus hechos y confirmado por el llanto de sus dignos parientes, llanto compartido por sus numerosos amigos. La necesidad de trabajar para asegurarse el sustento, al paso que aliviaba las dolencias humanas, le dej poco tiempo para las ciencias naturales. Mas su fortuna iba creciendo, a la par de sus mritos; y bogaba ya sobre la espuma, cuando la airada tormenta lo aniquil. Con diez aos ms de vida, llegaba la hora del descanso, hubiera aumentado sus colecciones, y hubiera sido para su ciudad natal otro Francisco Jimeno. El primero de enero de este ao, da de los Manueles, le escrib, desendole ay! largos das de felicidad. Le deca: Tu memoria, en da tan sealado, es inseparable de la de tu excelente padre; y recuerdo que lo he celebrado sentado a su mesa, como un miembro de la familia. Me contest No sabe usted cunto bien me han hecho sus palabras, y cunto he deseado verlo a mi lado en aquel da: usted hubiera sido para m un segundo padre; usted es mi padre intelectual. Quis talia fando temperet a lacrymis? Virgilio. Quin no conceder una lgrima a tan triste recuerdo? Acepta, hijo del alma, mi dolorosa lamentacin. Qu queda, en este valle, de tu vida mortal? Y a todo se ha acabado: ni una voz, ni una mirada, ni cuerpo, ni sombra! Do eres ido, Manuel? Tu hija Teresita, que ya sabe habla r por ti va clamando, y no respondes. Te abismaste en la eternidad. Pero, qu es una vida ante lo eterno? Nuestra existencia es un punto; cien existencias sucesivas marcan apenas un paso del tiempo. Las generaciones se tocan y se confunden; nadie parte primero: un punto ms, y bajo contigo a la tumba, querido Manuel; unidos en vida, unidos en la muerte.

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VIAJE A LOS C A Y OS Cayo Blanco Gozaba de vida don Jos Mara V elzquez, mandaba un pailebot don Patricio Mara Paz, tenamos en la Isla al pintor Mialhe, que hoy se halla en Pars, el que suscribe se encontraba en sus vacaciones universitarias, tiempo en que se le van los ojos y la mente tras de la bella naturaleza y apetece el aire, el ma r los arroyos y los vientos, con el fin de templarse para todo el ao, y tomar resignado los grillos de la crcel urbana. Embarcronse Paz, V elzquez, Poey y Mialhe, y con ellos seis u ocho carabineros que tenan a las rdenes del comandante su misin particula r Los tres primeros se proponan hacer amplia cosecha de caracoles marinos y terrestres; adems, Poey buscaba insectos, y colectaba plantas; Mialhe llevaba su libro en blanco y su lpiz admirable, que trabajaba slo segun dicen, bien que es de suponer que ayudaban los dedos. Al tocar en Matanzas, visitamos la cueva y subimos a la cumbre, desde cuyo punto se ve el valle del Yumur, con el Pan en lontananza. Don Guillermo Colson haba ya sacado este paisaje. Como hombre entendido, no se sent al borde del valle, sino ms atrs; alcanzando con la vista la mitad ms apartada de su extensin. Y como las palmas reales forman un adorno exigido en todo paisaje cubano, acert a representar con ellas el hundimiento del valle; unas ostentaban su gallardo talle por entero, otras se iban sepultando ms y ms, segun la distancia: ya ocultaban el pie, ya medio cuerpo, ya enseaban solamente la cabeza. Lo dems no perteneca al primer plano. De paso dir que las vistas ms afamadas de la isla de Cuba no son las que ms apetece un pintor de paisajes. La ms hermosa para el vulgo es la que descubre ms lejano horizonte, la mayor extensin de terreno que se mira de lo alto; por ejemplo, la llanura de Gines, vista desde la loma de Candela. Los pintores de profesin descienden a los valles para pintar las alturas. Hay monotona en la extensin plana; hay

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FELIPE POEY Y ALOY /233 /233 variedad en los cortes y accidentes de las montaas. Por lo que deca Colson: tout pays plat est un plat pays No me hallo con fuerza para traducir este concepto y apelo a un luchador ms robusto. El valle de Y umur, visto desde la cumbre, hace excepciones al anatema de los pintores; gracias al hundimiento, si se representa como est dicho, y al majestuoso Pan. S algamos de Matanzas y doblemos la punta de Icacos, la ms septentrional de la isla de Cuba, principio del canal viejo de Bahama, lengua de tierra largusima, que algunos han propuesto corta r para entrar ms derechamente en Crdenas; sin tener cuenta con las olas, que amontonan y dispersan las arenas. Otros escriben Hicacos, y tal vez en otro tiempo se pronunci Jicaco. Pero estamos en el siglo en que la lengua espaola se simplifica por sistema, aunque pierda de su energa: es menester conformarse con la moda. Oviedo escriba cripstiano ; nuestros hijos pronuncian ya critiano Lo que va de ayer a hoy! Dejemos a Poey a un lado; porque si yo soy Poey con decir yo, digo lo bastante. El comandante era Paz; haba tomado un piloto que se llamaba Guerra: entre Paz y Guerra llegamos a cayo Blanco, que est al principio de la ensenada de Crdenas. En realidad no es un solo cayo, sino cuatro o cinco; unos ms largos que otros: ninguno tiene arrecifes; son bajos, aproximados, divididos por cinturas de arena. Vistos de lejos, son lindsimos por su verdura pronunciada; parecen contener un bosque espeso; las coras que pasan de una rama a otra aumentan la ilusin. V elzquez y yo consultamos al piloto si haba en esas playas conchas y caracoles. Para qu sirve eso? Pregunt Guerra. Dadas la respuesta de costumbre a ese cui bono tan repetido, nos prometi Guerra dejarnos en una playa donde estuviramos a gusto. El pailebot se detuvo a cierta distancia, faltndole el fondo para ir ms adelante entramos en un bote; unos con escopeta, otros con sus respectivos instrumentos. V elzquez y yo fuimos desembarcados en una playa, y los compaeros siguieron para otro cayo con la advertencia de que all nos esperaban, pues si nos cansbamos de estar en ste, nos sera fcil deca Guerra trasladarnos al otro, porque el paso se haca a pie enjunto Dicho y aceptado; ya la playa resplandeca con las conchas de su orilla; V elzquez salt a tierra y yo tambin; y vimos gozosos apartarse los compaeros. Apenas nos hallamos solos, cuando se desvaneci nuestro contento. Haba en efecto en la orilla innumerables conchas pertenecientes a diversos gneros de moluscos bivalvios, la Cytherea tigrina, la Tellina remies la Sanguinaria rugosa y otras muchas; pero eran todas valvas sueltas, ninguna especie con su animal, todas rodadas y soleadas, casi

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OBRAS 234\ 234\ calcinadas. Entre tanto, el sol daba de lleno en la arena: ni el refresco de una brisa, ni un matojo para abrigo. Y o pude coger algunas moscas o dpteros para mayor claridad: eran del gnero Anthrax y me consolaron un tanto; pero V elzquez estaba sin consuelo, haciendo una tristsima figura. Quedaba el recurso de internarnos en el cayo en busca de la sombra hospitalaria y de caracoles terrestres: pero nuevo engao, nueva lamentacin. Todo estaba anegado: delante de nosotros tenamos el ma r detrs el agua, a nuestros pies la arena ardiente, estril, infructuosa. Oh prfidos manglares! Engaosa hermosura, mentidos cayos, apariencia vana! Cunto ms me agrada Clementina, que sin cors ni malacof, siempre se encuentra armada! Al fin no hubo otro recurso que el de encaminarnos a la extremidad del islote para pasar al otro lado y alcanzar el bote de los compaeros. Llegamos y buscamos el vado. Por aqu hemos de pasar a pie enjuto, deca Velzquez. Con agua hasta el pescuezo, deca yo. Son cosas de Paz. No, son cosas de Guerra, que nos ha engaado. Al agua! No hay remedio; al agua! Con zapatos, medias, calzones, camisa y chupa; y cuidado con los tiburones! Y o acostumbraba decir que no morira comido por estos formidables escualos, a no ser en caso forzoso, como el de naufragio. Es tanto el temor que les tengo, fundado en su ciega e insaciable voracidad, que tomo mis baos en el mar a una tercia de profundidad, y no sin vigilancia; espantado grandemente al ver los hombres y los caballos arrojarse en la punta a distancias mayores, sin respecto a esos capitanes del puerto, que han dado a lamentar tantas desgracias. Figurese el lector cmo estaramos contra Paz y Guerra, que nos haban puesto en tan arriesgado conflicto. Pero como la filosofa aconseja la resignacin para los males sin remedio, y como, por otra parte no hay mal que por bien no venga, nos metimos en el agua hasta el pecho; y de paso, por lo que a m me toca, di algunos zambullos, no zabullos como pide el Diccionario e hice copias de algas y polpedos flexibles que los naturalistas llaman gorgonias. Con esta carga, y con la demostracin ms evidente de la permeabilidad de nuestros vestidos, llegamos a la playa opuesta, y de all al bote, ya provisto de coras. Poco despus, al pailebot. Eran las tres de la tarde, y la comida estaba dispuesta para las cinco. Mi primera ocupacin en tierra hubiera sido mudar de ropa, despus de haber baado el cuerpo con aguardiente, para evitar esas que llaman calenturas de fro: en el mar no se acostumbra esto. Viva la mar! Me puse a salvar mis algas, gorgonias y cangrejos, ordenando todo con cuidado; lleg la hora de come r y faltndome el tiempo para mudarme y vestirme, me sent mojado en la mesa, com bien, se me sec la ropa en el cuerpo; me desnud a las ocho para dormi r dorm bien, y amanec con perfecta salud.

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FELIPE POEY Y ALOY /235 /235 La apariencia engaosa de cayo Blanco me recuerda la perfidia de las sirenas, y stas al tosco manat. Es fama que los hay en estos contornos: no lo extrao, porque hay sargazo, que son plantas marinas de cebolla; y probablemente hay fuentes submarinas de agua dulce, porque lo uno acusa lo otro. Entre los mamferos de la isla de Cuba, cuentan los historiadores las jutas, el cor o curiel, el perro mudo, y olvidan veinte ms, que son otras tantas especies de murcilagos. En cuanto al manat, debe entrar en el catlogo de los mamferos cubanos, puesto que tiene la sangre caliente, a consecuencia de su respiracin pulmona r y da de mamar a sus hijos: se distingue de los otros cetceos a que pertenecen la ballena y los delfines, por su rgimen herbvoro, y porque no es soplador o bufado r pues no echa el agua por las narices, como lo hacen aquellos. Tambin hay en nuestros mares algunos delfines o marsopas, que los pescadores llaman toninas, nombre ms propio de un pez de la familia de los atunes. Cayo Corojal Aprovechando un tiempo oportuno, dijo V elzquez a Guerra: Dos malas partidas nos ha jugado usted, seor piloto: el vado a pie enjuto de los cayos, habindonos metido en el agua hasta el pecho; y la cosecha de valvas calcinadas, sin que hayamos entre tantas encontrado un solo animal. A la verdad, respondi Guerra, en todas partes se entiende por pie enjuto el agua hasta medio cuerpo, y malamente pretende usted haber sido engaado. En cuanto a los caracoles, debo decir que me imagin que ustedes buscaban frusleras: pero ya que comprendo que buscan inmundicias, ofrezco llevarlos donde las ha y Se perdona la mojada, replic Velzquez, con tal que usted cumpla con lo que ahora promete. De aqu en adelante sabremos lo que significa pie enjuto. Bien deca Scrates, que el hombre envejece, y aprende cada da una cosa nueva. Y cundo veremos esas inmundicias? A la vuelta de cayo Corojal. Este cayo se llama por otro nombre: cayo de las Cinco Leguas, muy inmediato a la costa y anegado por partes en tiempos de aguas; pero conserva puntos elevados y pedregosos, donde en lugar de la yerba de sabana se descubre el monte firme. Guerra, buen cazado r se propona matar media docena de flamencos, restos de una cra transportada de Matanzas. Estos animales de alto cuerpo, tienen puntos de contacto con las aves palmpedas; pero se colocan entre las aves zancudas o de ribera, por la longitud de sus patas, proporcionada a la del cuello: su pico encorvado hacia adentro con ngulo obtuso les permite buscar alimento en las aguas fangosas, y lo maneja como una cuchara.

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OBRAS 236\ 236\ En su edad adulta son de un vivo color encarnado, de donde les viene el nombre genrico de Phoenicopterus que significa alas fenicias: los que saben que estos antiguos e industriosos navegantes (hablo de los fenicios) tean sus lienzos con la p rpura robada a los caracoles de sus playas, comprendern la feliz composicin de aquel nombre. Un espectculo digno de la atencin de los viajeros, es el que ofrece una reunin de flamencos en el acto de la incubacin, a lo largo de un pantano. Acostumbran alzar columnas de tierra a manera de morteros, en cuyo extremo superior desovan y se sientan a empolla r As reunidos, forman una grave congregacin, en que toman el aire de senadores romanos; y como hablan poco, pudieran servir de ejemplo a muchos acadmicos. Bote al agua, gente al bote y vamos remando: al doblar esta punta hemos de bajar al cayo Corojal. Aqu es, seor Guerra? No, seor: al doblar esa otra punta. Gracias a Dios que ya llegamos. Todava: es ms all. Ser cuando el diablo o el piloto quieran. Por ltimo, como todo lo que tiene principio, tiene fin, excepto las dichas soadas, tomamos tierra en lugar hojoso y sombreado; y con nosotros desembarc la canasta y la botija de agua. Qued amarrado el bote y toda la comitiva se puso en marcha. Guerra pensaba en los flamencos, Velzquez en los caracoles, Paz en las orqudeas, plantas parsitas: algunos carabineros nos acompaaban. Al principio abrimos el paso dentro del bosque, y notamos que Guerra iba desgajando y torciendo ramas en su trayecto; despus atravesamos la llanura, apenas cubierta de yerba creciente; a veces desnuda, negra, reseca, hendida en multitud de grietas, ofreciendo el aspecto de una corteza por todas partes desprendida, formada por los depsitos de las aguas que el sol de alg u nos das acababa de bebe r En ciertos tramos quedaban nuestras huellas estampadas en el fango ; otras veces entrbamos en un oasis de matojos, lmites indecisos, teatro de luchas incesantes entre las partes ridas y las lquidas. El aspecto del terreno negro y cuarteado, cuya capa se alzaba en fragmentos como el tegumento de los robles seculares, me hizo comprender los comentarios sobre la tierra de Egipto; la cual ofrece el mismo carcte r cuando cesan las inundaciones, y dejan el sedimento del Nilo expuesto a los ardores del sol; por lo que ha recibido el nombre de Chemia con alusin al calor negro. Los compaeros iban por delante; Mialhe y yo quedamos atrs. Por ms que yo gritaba: No caminen tan aprisa, miren que soy gambado, ellos iban con paso largo y yo de contra me detena a coger mariposas: porque has de sabe r lecto r que all por primera vez vi un Polyomato enteramente nuevo para la fauna lepidoptrica cubana, el ms pequeo

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FELIPE POEY Y ALOY /237 /237 de todos, lindsimo. Mialhe tuvo la bondad de no apartarse de mi lado, y esta fue la causa de que perdiramos de vista a los compaeros. Entonces dije: Quid faciendum, amigo Mialhe? V olver atrs es lo ms prudente. Y quin nos indicar el camino? Esos gajos que Guerra, tan hbil piloto por tierra como por ma r ha enterrado de trecho en trecho, y los ramos torcidos del bosque. Bendito sea Guerra! V olvamos al bote, que es el punto de reunin. En efecto volvimos. Pero qu sed! Y por cierto que no faltaba el hambre. Perdona, lecto r si te entretengo de estas necesidades. Bien s que los hroes de novela tienen el don de vivir sin comer ni beber; pero ten presente que esta es historia. Mialhe, dnde est la botija de agua? Guerra carg con ella. Bendito sea! Y qu haremos para apagar la sed? Fuma r dijo Mialhe, y sac un tabaco, el unico que traa consigo. Prefiero baarme, dije yo, y beber el agua por los poros. Es verdad que el agua era salada; pero yo haba ledo que un capitn de buque, despus de un naufragio en las Antillas, haba vivido ocho das en medio del ma r asido de una tabla, y que si bien lo atorment el hambre, no as la sed, porque la sangre, por absorcin cutnea, tomaba el lquido que la faltaba: con esta memoria me propuse esperar la botija en el bao. Otro motivo ms poderoso me impuls a tomar esta determinacin; y fue la abundancia de moluscos univalvios y bivalvios que divisaba entre las races sumergidas de los mangles. Los univalvios pertenecan a la Litorina angulfera de que recog bellsimos ejemplares; los bivalvios eran de la familia de las ostrceas, pero no eran ostras: eran pernas, vulgarmente boyas, y la especie se llama en latn Pe rna obliqua Se distinguen estos moluscos de los ostiones por su forma aplastada de pierna de calzn y por el biso o manojo fibroso que las ata a las races de los rboles: su gusto es malsimo. Pero entre tantas pernas, tuve la dicha de encontrar un ostin, uno solo. Victoria!, exclam. Mialhe abri desde la orilla dos ojos voraces y me alarg una cuchilla para abrirlo. Es ostin? Me pregunt. Si, hombre, repliqu despus de haberlo abierto; y para darle una prueba de que no me equivocaba, lo sorb de un bocado en su presencia. La sorpresa y la ira se pintaron en el rostro de Mialhe. Qued arrepentido, confundido. Una profunda exclamacin sali de su pecho indignado. Ha tenido usted valo r dijo, para comerse un ostin, sin ofrecerme la mitad! Como lo vi a usted fumando. Calle usted, hombre, yo le hubiera dado la mitad del tabaco. Leccin saludable para todos los das de mi vida. Bien pueden todos mis amigos, en cualquier nmero que sea, venir a almorzar conmigo, aunque no haya en mi plato ms que un chicharrn y una almeja: a todos los convido, a todos les doy su parte.

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OBRAS 238\ 238\ Cayo Galindo Afortunadamente, para disipar la indignacin de Mialhe y salvarme a m de merecidas inculpaciones, llegaron los compaeros de la excursin, al cabo de tres horas de marcha forzada, cargados de flamencos y de orqudeas. Supimos entonces dnde estaban escondidos los vveres y la botija de agua, que tenamos bien cerca sin sospecharlo. Merendamos y nos fuimos en busca del pailebot, vientre lleno, corazn contento, el amigo V elzquez harto fatigado. Y a el sol expiraba en el horizonte y el alcatraz buscaba un lugar seguro, al caer las sombras de la noche. Fiel a su palabra, el piloto Guerra, con licencia de Paz, hizo rumbo para Galindo y Galindito, donde nos esperaban las inmundicias Galindo es un hermoso cayo, tierra firme, vegetacin lujuriante, rboles de corazn duro, matojos varios de generacin dicotilednea; la orilla armada de arrecifes, estos poblados de caracoles marinos; las prpuras, las neritas, las litorinas en su mayor crecimiento, y vivas, es deci r con sus animales. No sabamos lo que ms debamos admira r si las producciones del cayo o el conocimiento prctico del piloto. Galindito es de corta extensin y toda piedra: all ponen sus huevos las gaviotas y otras aves acuticas, al sol, sin formar nido. Y o escriba entonces mi descripcin de los jejenes para mis Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba. Necesitaba muchos individuos para la anatoma de la boca, que es sumamente pequea; puesto que el animal es de un milmetro de largo, y la cabeza la dcima parte del cuerpo: su trompa es del tamao de la cabeza, y se compone de siete piezas, casi todas afiladas como lancetas de barbero ( Memorias t, I, lmina 27, figura 7). Mi temor era no encontrarlos en numero suficiente; mi esperanza era no dejar mentir el adagio que dice: Sabe donde el jejn puso el huevo. Mas ces el temor cuando el comandante dispuso dejar el pailebot a gran distancia, para quedar fuera del alcance de los jejenes. El bote adelant lo que pudo; y como no haba puerto ni muelle, era inevitable echarse al agua para llegar a tierra. Un marinero me hizo el favor de cargarme; y me tom con tanta gracia en sus robustos brazos, que solamente me meti en el agua los borcegues y la mitad de las pantorrillas. Iba con todas mis armas: un canastillo lleno de instrumentos menores, una manguera para coger insectos, un gancho para sacar del mar plantas marinas. Los cartuchitos para guardar jejenes venan ya confeccionados en la canastilla. En estas circunstancias sac Mialhe mi retrato caricaturado, a saber: Poey desembarca en cayo Galindo, a pie enjuto, en busca de jejenes. Apenas me vi en el pedazo de arena que est al frente de Galindito, cuando me asaltaron las legiones de estos diminutos, imperceptibles

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FELIPE POEY Y ALOY /239 /239 dpteros, a los cuales he dado en mis Memorias el nombre de Ecacta furens que significa furioso habitador de playa. Los coga por centenares con el saco; y mientras meta uno en el cartucho, me entraban cientos por las aberturas de las fosas nasales, cincuenta por los conductos auditivos externos, ciento cincuenta por los ojos, doscientos por el cuello, los brazos y las piernas, y siete mil ochocientos cincuenta y seis por la traquea arteria. Sufr y resist como Esparciata, hasta que hice prisioneros doce de estos intrpidos lanceros, que si no nacieron en el infierno, nadie sabe de dnde han salido, ni en qu cueva endemoniada puso su madre el huevo. Mas luego sal corriendo para el bosque, huyendo de su persecucin, deseoso adems de colectar plantas y caracoles terrestres. Pero all encontr el mismo tormento: lo que me oblig a dirigirme hacia un trozo de arrecifes baados por el ma r donde goc por fin de alguna tregua; y as pude recoger las inmundicias arriba mencionadas. Basta de cayo Galindo, dijeron todos. Nos dimos prisa en volver al pailebot, y Mialhe hizo un dibujo que, para mi confusin, deca: Poey se embarca huyendo de los jejenes. Estos insectos forman una familia intermedia entre los dpteros culicidios y los tipularios. Los primeros tienen el pico largo y sus larvas son acuticas; pertenecen al gnero Culex vulgarmente mosquito. Los otros de pico corto y patas largusimas, se cran en el cuerpo de los vegetales; conozco, sin embargo, algunas especies muy parecidas a las tpulas, cuyas larvas viven en el agua. Los jejenes, a mi entende r se cran en los vegetales: su presencia en las costas nos dara a sospechar que anidan en plantas martimas; pero entonces no acierto a explicar por qu son menos abundantes en la boca del ro Cojmar que en el punto llamado la Talanquera, distante una milla; a no ser que all busquen un abrigo contra el viento. Era el mes de agosto, bamos a caer en septiembre; el viento caprichoso tomaba el traje equinoccial. Tendremos huracn? Decan algunos. No tan presto, respondi Guerra, porque las gaviotas no han tomado tierra; y nos asegur que estas aves barruntan la furia de la tempestad algunas horas antes que se declare; lo que indican entrando en lo que aqu llamamos el monte. Esto mismo he visto yo en Cojmar a fines de agosto de 1856, un da de temporal o semi huracn que entonces experimentamos. A las dos de la tarde, seis gaviotas reunidas en el cayuelo del puerto, se alzaron a consultar la atmsfera, y con desusado vuelo se precipitaron al monte, con direccin a Guanabacoa: diez horas despus, un vivero naufrag cerca de La Habana, dejando en los arrecifes su casco deshecho y los cuerpos maltratados de los marineros. Se aproximaban los trabajos universitarios. V elzquez y yo manifestamos el deseo de volver a La Habana; lo que verificamos despus que

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OBRAS 240\ 240\ don Patricio de la Paz nos hubo dejado en Crdenas. Nos despedimos de l y de Mialhe con afectuoso abrazo: aquellos dos amigos siguieron su viaje hasta doblar el cabo de Mais, y volvieron a sus hogares por la va de Bataban. 1856.

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VIAJE A SANT A FE En abril del ao 1862 me propuse hacer un viaje a la isla de Pinos, con motivo de conocer aquella regin y de pasar algunos das en compaa de mi siempre apreciada y hoy llorada hermana, que entonces se hallaba en Santa Fe con su esposo y su modesta hija, la ms joven, no uncida an al yugo del matrimonio. Tuve por compaeros al doctor don Jos Manuel Mestre y a don Jos Mara Francia; nos esperaba un cubierto en casa de don Gonzalo Alfonso, y una cama en una casa de barro y guano, decorada con el ttulo de Palacio de Cristal, donde ya don Antonio Mara de Escovedo haba sentado sus reales. El tramo ferrocarrilero de La Habana a Bataban fue recorrido por la tarde, con nimo alegre y dispuesto a goza r despus de haber sacudido las cavilaciones urbanas. La conversacin no desmay un momento: una simpleza pasaba entre todos por un pensamiento agudo. No pude dejar de acordarme de un viaje que hice a Cojma r en una de esas que llaman poninas. Todos iban contentsimos, y decan de voz en cuello: A Cojmar! A Cojmar! Pero a todos les fue muy mal; y era cosa lastimera orles decir a la vuelta, con voz apagada y triste: Toma Cojma r toma Cojmar! Del casero de la playa de Bataban, y los guajacones que andan por sus zanjas paralelas, nada puedo decir; porque el carro pas sin detenerse, y nos ech en el vapor de la Isla de Pinos, anclado en la extremidad del muelle prolongado, debido a la compaa de caminos de hierro de La Habana: beneficio apreciable para los pasajeros, inmensa utilidad para el fomento comercial en aquella costa. Surcamos de noche el mar de Coln, generalmente llamado mar Caribe; lo que no me permiti ver los delfines que frecuentan aquellas alturas. Cenamos cordialmente, y quedamos muy complacidos de la cortesa del capitn; y por ltimo, fondeamos casi al amanecer en el puerto interior y muelle de Nueva Gerona. Apenas desembarcados, entramos en los carruajes dispuestos por don Gonzalo Alfonso, y partimos para Santa Fe con los primeros albo

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OBRAS 242\ 242\ res del da, por un terreno llano, bien que subiendo insensiblemente, y bajando a ratos colinas suaves. El aspecto general era de sabanas pobladas de pinos de todas edades; la superficie, cubierta de finas yerbas y menudas flores; el camino trillado color de ocre o tierra mulata, ferruginosa, sembrado de perdigones; de trecho en trecho un arroyuelo en cuyas orillas la vegetacin era variada; en medio de los pinares lo que ms abunda es el peralejo y el vaca-bue y algunos guanos y la palma manaca. La multitud de pinos y los diversos grupos en que se presentan recrearon grandemente nuestra vista, no acostumbrada a este espectculo. A cada paso nos pareca ver salir de aquellos barrancos y por sus arboledas colinas, un cacique acompaado de sus indios armados de flechas inocentes; esperbamos ver entre ellos a las indias adornadas de sus atractivos naturales, no menos bellas que la reina Guanatabemequena (la reina Atabe), clebre en los fastos de Hait. Salvadas las cuatro leguas que separan Nueva Gerona de Santa Fe, entramos en este pueblo a buena hora para disfrutar del paisaje que las casas y el bosque ofrecan. No hay cosa ms agradable a la vista que una poblacin entre bosques: son accidentes muy raros entre nosotros, porque participamos del espritu turco, que es enemigo de los rboles. Todo el pueblo est a la vista; porque forma el casero un cuadrado que encierra en medio una plaza de alguna menor extensin que el campo de Marte en La Habana; la mayor parte de las cosas separadas y por consiguiente un corto numero, y la plaza cubierta de hierba; disposicin que me record el batey de los indios. Son las casas de horcones y guanos, las paredes formadas de cujes o varas, cuyo intermedio se tapia con arena amasada con cal y espartillo: algunas tienen cmodos colgadizos. Alrededor de la poblacin se alzan los pinos y otros rboles; no es menester andar para herboriza r ya en las sabanas, ya en cejas de monte firme. A pocos pasos de este recinto, por uno de los costados, corre un ro, donde los habitantes y transentes gozan del beneficio de los baos: los hay de alta temperatura y templados. Las aguas tienen fama por su bondad como potables, y por sus virtudes medicinales; entre ellas un manantial de agua clarsima, bien cargada de hierro en disolucin, saludables para muchos males. El casero que acabo de describir se llama Pueblo Viejo, porque las nuevas fbricas, construidas con ms elegancia, esto es, con piedras, ladrillos y tejas, tienden a formar en sitio pintoresco otra poblacin, que llaman Pueblo Nuevo, el cual debe en gran parte su fomento al celo ilustrado del doctor don Jos de la Luz Hernndez. Estas nuevas construcciones son pocos costosas, porque hay a corta distancia del pueblo una sierra y una fbrica de ladrillos: es evidente que la tabla de pino no escasea. Y como rinde bastante el alquile r en la temporada de los baos, sera una especulacin muy lucrativa fabricar all para este fin.

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FELIPE POEY Y ALOY /243 /243 Hay en Pueblo Viejo dos posadas, bautizadas con el nombre de hoteles, donde se brinda cuartos y camas. Si estn en ellas bien alojados y bien servidos los enfermos, los que estuvieron all lo dirn. Y o tuve la dicha de alojarme en el Palacio de Cristal, que no es casa de huspedes, y no estara mejor en Londres; sobre todo, habiendo tenido la oportunidad de gozar de la sociedad de los amigos y compaeros, saboreando las mil y una ancdotas que con tanta gracia refiere el seor don Antonio Mara de Escovedo. Tena el Palacio por dependencia otra casa abierta a todo viviente, hecha para servir de cocina, pero que en la actualidad serva de habitacin a las niguas. Mi sentimiento fue no haber encontrado, a pesar de la abundancia de este Pulex penetrans una sola nigua macho, puesto que las que me entraron por los dedos del pie eran hembras, como me lo declar el parto consecutivo. En compensacin, recog en el colgadizo algunos jejenes. Habiendo tenido la dicha de encontrar en Santa Fe a mi buen amigo y pariente don Aurelio Letamendi, y a su cuado don Emilio de Cspedes, hice con ellos algunas excursiones entomolgicas; y a ms de los insectos recogamos reptiles, moluscos y peces de agua dulce. Tena empeo en resolver una duda, a sabe r si la Isla de Pinos pertenece a la misma regin zoolgica que la de Cuba. Que la flora sea la misma o casi la misma, no hay que extraarlo, porque los vientos y las aguas, las aves y aun los insectos diseminan las semillas. En la fauna est la duda, y no en toda, porque las aves pueden vola r los peces pasar a nado la distancia, los insectos vuelan de cayo en cayo, y a veces navegan con las embarcaciones. No sucede lo mismo con los mamferos, los reptiles, los moluscos terrestres y los peces de agua dulce: stos constituyen principalmente lo que se llama una regin; y a stos me apliqu a recoger en mi corta residencia, favorecido por la buena amistad de los dos jvenes mencionados que me acompaaron y me ayudaron en todo. Este punto merece mayor explicacin. Existe una ley de distribucin geogrfica formulada por Buffon, en virtud de la cual cada gran parte del mundo tiene una fauna y una flora distinta: pueden encontrarse en muchas los mismos gneros, pero no las mismas especies: el tigre de Amrica, por ejemplo, no es el tigre de Indostn; la encina de Europa no es la que se encuentra en los terrenos cubanos de la Vuelta Abajo. Lo que los continentes ofrecen en todas o casi todas sus producciones, se repite en regiones menores con respecto a ciertas clases de animales. Tomemos por ejemplo los moluscos: hay que distinguir si son de ma r de tierra o aguas dulce. La regin malacolgica (mejor dicho, malacozoolgica) de los primeros en que nos encontramos, se extiende segun Adams desde las islas Bermudas hasta Ro Janeiro. En cualquier punto de esta vasta regin, podr existir un 10 % de moluscos univalvios y bivalvios marinos que no se hayan encontrado en otra par-

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OBRAS 244\ 244\ te; pero el 90 % se encuentra en todos los dems puntos. La regin terrestre es mucho ms limitada; y as es que los caracoles de los Estados Unidos no son los de Mxico ni los de Brasil. En general toda isla, separada de otra por un espacio de diez leguas, forma una regin distinta. Esto se halla comprobado con la fauna malacolgica hoy bien conocida de Cuba, Jamaica, Santo Domingo, etctera. En cualquiera de estas islas hay el 90 % de las especies exclusivamente propias de su regin, a veces gnero y formas secundarias desconocidas en ninguna otra; solamente un 10 % se encontrar en otras islas, y aun pertenece a especies sumamente pequeas que el comercio y la navegacin pueden haber diseminado, pues se transportan involuntariamente con los tercios de tabaco, las plantas destinadas a la horticultura y el lastre de los bosques. No slo son distintos los moluscos de Cuba de los de la prxima isla de Santo Domingo, sino tambin sus mamferos, puesto que el Solenodon paradoxus que he descrito en mis Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba con el nombre de almiqu, ha sido reconocido en Alemania por distinta especie de la que se encuentra en Santo Domingo, con la cual haba yo confundido, llamndose hoy Solenodon cubanus La misma exclusividad existe en los reptiles, no teniendo la isla de Cuba ninguna serpiente venenosa de las que se encuentran en el Y ucatn y en la Florida. Esto asentado, pasemos al problema que quedaba por resolve r Consta por los trabajos de don Toms Bland sobre los moluscos terrestres, y por los de don Eduardo Cope sobre los reptiles, que la fauna de la isla de Bahamas pertenece a la regin cubana: una excursin del doctor Gundlach a la Isla de Pinos ha probado lo mismo respecto a los moluscos. Qu ser de los dems puntos citados de historia natural? Este era el problema, y creo que debe darse por resuelto, incluyendo decididamente la Isla de Pinos en la misma regin que Cuba y las Bahamas. No merezco perdn por no haberme informado en Santa F e si hay jutas en la Isla de Pinos; y suplico a los que lean este viaje, que procuren saberlo, y que me comuniquen las especies, para compararlas con las de Cuba. Los reptiles son los mismos, al menos los que encontr, que son el Coluber cursor el Anolis sagrae y el que en la obra del seor don Ramn de la Sagra se nombra, tal vez equivocadamente, Anolis Carolinensis ; una rana no descrita y algunas iguanas, entre ellas la que alcanza una longitud de ms de una vara. Tambin existe en Santa F e el Gordio acutico impropiamente llamado por el vulgo culebrita de la crin. En el numero de los peces de agua dulce, la biajaca y el guajacn, nombrado por m Gambusia punctata Tambin sac don A. Letamendi de las agua de Santa fe la Ampullaria coniea y el Unio scamnatus; este ltimo y el U. Gundlachi son los nicos representantes en Cuba de la familia de las nyades, tan abundantes en especies norteamericanas.

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FELIPE POEY Y ALOY /245 /245 Hall la araa peluda, el alacrn de nuestros campos y un centenar de insectos de diferentes rdenes, todos iguales a los de Cuba, excepto dos especies de hormigas, un Pepsis o avispa de las que llaman caballito del diablo, las cuales no deben confundirse con las liblulas, que son los caballitos de San Vicente. Estos pormenores cientficos no sern del gusto de todos, pero soy naturalista o no lo soy? En ambos casos el que me lea tiene que aceptarme como me pari mi madre; pues dicen que apenas nac, si no ahogu dos serpientes en la cuna como cuentan de Hrcules andaba a gatas, haciendo valientemente la guerra a las hormigas. Querrn otros un artculo de chismes, porque en toda temporada hay tijeras que corten sin amola r y porque es sabio que ha ocurrido la voz de que las seoras y seoritas de esta temporada se ajuntaban despus de cado el sol en cierta esquina, donde libres de odos profanos, ponan en circulacin las noticias del da; y nada de lo que se hablaba bajo el sol de Santa Fe quedaba oculto a la dudosa luz de la luna y de las estrellas, por lo que la consabida esquina vino a llamarse el saln del desengao Los que piensen divertirse con estos chismes no me conocen bien, e ignoran seguramente que hace treinta aos que me propongo ser hombre reservado, sobre todo cuando se trata del sexo femenino; bien que no puede haber constancia de este ltimo caso, porque es cosa averiguada que el hombre propone, Dios dispone y la mujer todo lo descompone. La flora microscpica de los terrenos ferruginosos de los pinares de Santa F e, la flora dije de la sabana que se extiende desde el casero hasta el arroyo del Aguardiente, ameniz vivamente los paseos que di en los pocos das (no pasaron de tres) que estuve en este vecindario. Aconsejo al botnico, si es pinto r que lleve sus colores; y traslade a su lbum las innumerables florecillas que all crecen, y que supongo iguales con corta diferencia a las que se encuentran en otros pinares de la isla de Cuba, as como son iguales las plantas que crecen en todos nuestros cuabales, empezando por las asoladas lomas de Guanabacoa. Digo en otros pinares y no en todos, porque esto depende del terreno; no habiendo yo encontrado la misma vegetacin en Cajlbana, donde entre los pinos crecen muy desarrollados los helechos. A falta de pinceles, me entretuve en formar un herbario que he puesto en manos de mi estimado amigo y hbil botnico el doctor don Sebastin Alfredo de Morales, residente en Matanzas, naturalista de buen cuo, ardiendo como el doctor Gundlach en el fuego sagrado. Extraar el lector que no haya an tocado lo principal, que es la bondad del clima y de las aguas de Santa Fe, que diz resucitan los muertos; que me haya ocupado de niguas y de las florecitas no menos diminutas de las sabanas; y no de otras flores que nacen y se desarrollan en las regiones y jardines del cuerpo humano, pertenecientes unas a los gne-

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OBRAS 246\ 246\ ros Dipneas, Anorexia, Cefalalgia, Ictericia, Elephanthiasis, Gastritis, Difteritis, Hepatitis; y otras a las especies conocidas con los nombres de herpticas, escrofulosas, cavernosas, tuberculosas, epilpticas, reumticas, sifilticas, etctera. A esto respondo que estas flores no prosperan en la Isla de Pinos. Por lo dems, no es de mi incumbencia tratar de ellas, y no dar lugar a que me digan zapatero, a tu zapato. Hablando con toda seriedad, la Isla de Pinos, residencia de Santa Fe, es remedio a todos o a la mayor parte de los males que afligen a la dolorida humanidad. As lo preconizan todos los que han disfrutado de su clima y de sus aguas. Remito sobre este particular a la Memoria publicada por el doctor don Jos de la Luz Hernndez sobre la salubridad de Isla de Pinos. La exposicin cientfica de esta memoria va acompaada de dignos pormenores, que conducen al fomento de la agricultura, industria y navegacin, y a veces se eleva a lo pintoresco; testigo el prrafo siguiente: Estos selvticos lugares ofrecen un piso fcil, pinares hermosos, un cielo bellsimo y golpe de vista bastante agradable. Por doquiera se ven cristalinos arroyuelos de una agua fresqusima, que parecen alfombrar el suelo sembrado de gigantescos pinos, cuyas finas hojas, agitadas por la suave brisa, dan un grato murmullo, que despierta en el alma una dulce melancola, que parece extasiarla. Y si por acaso se tiende la vista a lo lejos, se descubre siempre la empinada cima de algn cerro o de algn pico de la multitud de montaas que se presentan en casi toda la extensin de esta isla; separadas una de otras por preciosos valles sembrados de pinos y cubiertos de humildes plantas, tan variadas como bellas. Adis Santa Fe, adis parientes y amigos! Vuelvo a La Habana. Llegamos a Nueva Gerona y almorzamos en una gran posada que mereci completamente nuestros elogios. Antes de entrar en el vapo r se acerc un soldado al posadero, y le propuse la compra de un periquito ( Psittacus guyanensis, de los autores); recomendaba sus mritos polglotos, diciendo que hablaba espaol, ingls y francs. El posadero le pregunt con flema en su lengua (que traduzco decentemente) si evacuaba plata: y al or la respuesta negativa, volvi la espalda al vendedor y a la mercanca. En efecto, la ornitologa sin plata no es de moda; por lo que no cesaba de preguntar el maestro de escuela: para qu sirve la pajarologa? Y a estbamos sobre la cubierta, esperando el pito de la partida, cuando tuvimos la dicha de que se pusieran en frente en el muelle del vapo r, seis mulieres : tres de ellas notables por la amplitud de sus atractivos; las otras, menos. Se haban despedido de una amiga ya embarcada, y era muy natural que el ltimo adis fuese al buque, cuya cubierta se hallaba coronada de un concurso masculino de observadores, los cuales

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FELIPE POEY Y ALOY /247 /247 si bien tenan ojos para admira r no carecan de lengua para una decente murmuracin. Las gorditas merecieron general aplauso, pero yo me inclinaba a la ms delgada: ste ha sido siempre mi gusto, y soy de opinin que mientras menos pese, ms vale una mujer; que en caso de rapto (entiendo voluntario) es ms fcil cargar con ella. Caballito de San Vicente Lleva la carga y no la siente. Y a me iba aficionando demasiado, cuando un incidente imprevisto conjur mis ilusiones: una urania cruz por encima del vapo r la conoc al vuelo, y en sus rpidas alas se llev mis ojos y mis tiernos pensamientos. La urania fernandina de Cojma r que se cra en el avellano de costas, sase Omphalia triandria es sin duda la mariposa ms linda que volotea en la isla de Cuba: sus fajas doradas sobre un fondo pardo oscuro provocan el pincel de los pintores. El doctor Gundlach, cuyo estimado nombre se halla en todos mis escritos, haba encontrado otra especie del mismo gnero en Santiago de Cuba; en Jamaica existe otra distinta. Mis deseos era saber si la de Pinos vena a ser una de las tres o una cuarta especie; pero qued burlada mi esperanza: stos son nuestros pesares en nuestra vida entomolgica. Oh, t que posees un cuerpo esbelto para ir en pos de estos seres fugitivos, treme una urania, te lo ruego!, te traers tambin a ti; y ya que no tienes alas, no tratars de fugarte. Maligno lecto r ya te cansas; pero no abusar de tu paciencia. Termino diciendo que del buque bajamos al Bataban y de all fuimos conducidos a La Habana, donde te deseo salud y pesetas, con tal que estas ltimas sean ganadas con honradez y conciencia: que si eres abogado, no defiendas el pro y el contra, ni abuses del digo que para escribir tus alegatos con tanta magnanimidad, que dejes pasar una carreta entre renglones; que si eres mdico, no hagas ms de tres visitas diarias a tus pacientes; que si eres mayordomo, te contestes del 33 % entendido con el almacenista; y finalmente, seas quien fueres, te recomiendo que busques ganancias, y no ganes buscas. As podremos esperar que llegue el da en que del mundo se encuentren desterradas la codicia, las chirigotas, la adulacin y la hipocresa.

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VIAJE A RANGEL Al pie del monte Rangel, situado en la vertiente meridional de la cordillera de los rganos, ms all de Candelarias, a dos leguas del pueblo de Santa Cruz, viva en 1858, y vive an, un amigo que quiero mucho, no obstante de que me hace rabiar con su modestia extremada, pues no permite que diga su nombre y si supiera que escribo estos renglones, me riera fuertemente. Mucho menos permitiera que revelara sus conocimientos en la botnica cubana, porque nada piensa escribir sobre materias cientficas, contento con ser un libro vivo donde estn consignados mil y un hechos interesantes sobre plantas y animales de este suelo. 1 El sitio que este hombre habita est regado por el ro Tacotaco, donde se encuentra el maporro, especie de anguila que respira por una sola abertura bronquial, colocada en la parte inferior de la cabeza; en sus orillas se halla un lagarto que en la obra del seor don Ramn de la Sagra lleva el nombre de Anolis verniculatus, y tiene la particularidad, cuando teme algn peligro, de echarse al agua como un buzo. Tambin hay en el ro abundancia de moluscos bivalvios del gnero Unio siendo la nica especie que se encuentra en la isla de Cuba el Unio scamnatus de Morelet; y otro molusco acutico del gnero Melania Una montaa, una llanura, un ro, qu ms puede desear un ermitao, si a esto se agrega que siembra tabaco para festejar a sus huspedes, y lo da revuelto con tasajo de puerco y gallina de Guinea, todo bien sazonado con una conversacin sabrosa? Y dnde est el jardn botnico del filsofo campesino? En todas partes, a orillas del ro, en la espesura del bosque, en la cima de la montaa: cada planta crece sin riego en el lugar donde ha sido sabiamente colocada. De este sujeto escribi el seor Gundlach estas sencillas palabras: Al fin llegu a la habitacin envidiable del seo r ... (no ser yo el que lo nombre) y dispensndonos los cumplimientos, quedamos en aquella misma noche para siempre amigos. Este amigo, que tena aviso del da proyectado de mi llegada a Santa Cruz, envi all de antemano un caballo y una carta. La carta deca que 1 Puedo hoy revelar que este difunto amigo es don Jos Blain.

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FELIPE POEY Y ALOY /249 /249 el caballo saba el camino, y que me poda aventurar sin itinerario. En efecto, sal confiado en la memoria de localidades, que los naturalistas conceden al gnero Equus ; y llegu al sitio con felicidad, despus de numerosas vueltas, y sin error en las encrucijadas. Apena me hall instalado, cuando mis ojos se volvieron para el monte Rangel. Mi amigo, que lea en mi nimo, deca: Mire usted para otro lado, no es tiempo an; hemos tenidos dos meses de sequa, ahora no se encuentran caracoles terrestres; deje usted que llueva, no tardar (estbamos en abril), y har usted mayor cosecha en un da que otros en medio ao. Me volv pues para otro lado: descubr succneas en los puntos encharcados; traa plantas para el herbario. Al verme pasa r decan los vecinos: All va Poey cargado de oro, diamantes y perlas, en figuras de babosas, tomates y berenjenas. Al tercer da de mi llegada, un denso vapor de desprendi de la montaa, desde la mitad o los dos tercios de su altura. Qu humo sale de all? pregunt a mi husped. 2 Buena seal dijo ste; avive usted las esperanzas. Y me cont que cuando se preparan las primeras aguas, se desprenden a lo largo de la cordillera los vapores condensados, dejando las cimas en lo claro, de suerte que el que est en el punto ms elevado, cree ver a sus pies un mar extenso, y distingue como islotes los picos de la cordillera. Me encontr derrotado con la relacin de este fenmeno, porque hasta entonces haba credo que los vapores no se desprendan de las montaas, sino que a ellas acudan, como a un centro de atraccin, y sobre ellas se consideraban y resolvan en lquido elemento. El mismo fenmeno y a la misma hora, se repiti por espacio de cuatro das, y el agua no caa. Entretanto, yo soaba que coga los caracoles por centenares, de todo gnero y de innumerables especies: era una dicha que poda llamarse preludio de la bienaventuranza. Una noche so que me haba vuelto escarabajo, y mascaba la yerba con mandbulas horizontales. Cosa extraa! deca yo: antes mova la quijada de arriba abajo y viceversa, y ahora la muevo lateralmente. Cuando despert, pude acordarme de aquel de quien escribe la Bruyere que soaba haberse vuelto canario, que mudaba las plumas y sacaba sus polluelos; pagaba veinticinco pesos al organista que educaba a los pjaros, y dejaba a sus hijos sin educacin. He aqu que al sptimo da de mi llegada, despus de haber conjurado los vapores fugitivos, a las dos de la tarde, un aguacero... poco a poco, no te entusiasmes, lector; no fue de los ms tremendos: un aguacero cay, sin ms floreos; lo necesario para engolosinar a los caracoles vivos, refrescarlos en sus escondrijos, darles aviso de que all estaba el 2 Segun el diccionario de la Academia, husped significa el que est alojado en casa ajena, y tambin el que hospeda en su casa a alguno.

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OBRAS 250\ 250\ malacozologo Poe y que les vena a hacer el favor de darles a conocer por todo el mundo, para que ellos pudieran decir: V alemos mucho, por ms que digan. Estbamos a media legua de Rangel, montamos a caballo, llegamos al pie de la montaa, amarramos las bestias, empezamos a subir: las ultimas perlas destiladas de los rboles frondosos saludaron nuestra presencia, la hojarasca humedeca la suela de los zapatos, las rocas calizas, acumuladas y sueltas, contenan en miniatura posetas y lagos cristalinos. Todo el pueblo de moluscos que se abrigaba en las entraas del monte sali a tomar su parte del convite general, y a su modo bendeca a la prvida naturaleza que conserva el ave en su nido, y los moluscos en sus cuevas escondidos. Estaba despierto, o soaba an? La ms bella helicina que hay en el orbe, la reina de las helicinas, Helicina regina arrastraba su pie carnoso por las rocas, en nmero considerable, en compaa del Cyclostoma claudicans ; la Helicina sagraiana no sala de la hojarasca, que era menester apartar para cosecharlas a puados, lo mismo que el Megalomastoma mani y la Helix rangelina. Una de las especies que ms me agrad fue la Achatina blainiana (aqu, lecto r sino eres rudo, descubrirs el gato encerrado). Por qu he de proseguir enumerando especies, si el que me lee lo supongo es profano en la materia? Basta decir que jams haba tenido a mi alcance tantos caracoles, ni tan nuevos para la ciencia. Y como el canto segn Lacepdees la expresin del entusiasmo, alc una voz capaz de espantar todas las ratas de la comarca, y dije: Me fui con l Y dimos cuerpos a mis sueos En la loma de Rangel. Al da siguiente part para La Habana, despus de haber abrazado a mi amigo, dirigindole estos versos de Lamartine: Pour moi, loin de ce port de la felicit, Hlas! Par le destin et lespoir emport, Je vais tenter encore et les flots et lorage; Mais ballot par londe et fatigu du vent, Au pied de ton rocher sauvage, Ami, je reviendrai souvent Rattacher vers le soir ma barque a ton rivage. Lo que significa: Dejo la paz de tus peascos para ir adonde me arrebata mi destino; y cuando la ola irritada combata mi barquilla, vendr a amarrarla a tus horcones hospitalarios.

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VIAJE DEL DOCTOR DON JU AN GUNDLA CH Acerca de viajes por la isla de Cuba, recuerdo el que hizo el doctor don Juan Gundlach a Baracoa, en busca de un hermoso molusco, la hlice llamada el emperado r Este caracol terrestre no se hallaba en buen estado en ninguna coleccin, y aun se ignoraba su patria. Sabedor Gundlach de que en las playas de Baracoa se encontraban algunos ejemplares arrastrados por los ros, y arrojados por el ma r dispuso una expedicin compuesta de su sola persona, pues era a un tiempo el general y el ejrcito. Y creyendo oportuno ocupar todas las fortalezas, antes de asaltar al emperador en las alturas de Mata, en las cuales tena su residencia, hizo su entrada por las lomas de Trinidad, donde derrot a Petit ( Helix petitiana ), persigui a Dennison hasta el cabo Cruz ( Helix dennesoni ), extrajo del Morro de Santiago de Cuba, con licencia del comandante, al reyezuelo ( Hebix ovumreguli) que fue a esconderse al pie de sus murallas; prendi al gobernador bembudo de Guantnamo (Hebix crassilabris) y se intern por Y ateras, donde el emperado r desde Mata, le envi sus lanceros (los mosquitos) para oponerse a su paso; pero en vano, porque el hroe deca: Marchemos! Las picadas se van, y los caracoles quedan. Por fin lleg a Mata, penetr en la imperial morada, hizo en tres das seiscientos prisioneros, y esparci la noticia por todo el mundo cientfico. Todos los malacozologos hicieron un lugar en su coleccin para recibir al emperador ( Helix emperator ); todos vieron sus deseos satisfechos, y saludaron a Juan Gundlach con el ttulo de Csar Gundlach, porque como Csa r pudo decir y dijo: V eni, vidi, vici (Vine, vi y venc). Para los que escriben la historia de Cuba, debo agregar que a su vuelta a La Habana, siguiendo la costa del norte, una tarde sombra, en un sitio apartado de toda humana habitacin y al pie de un uvero, descubri el doctor Gundlach una conspiracin. All encontr reunidos a Blauneria, Leuconia, Plecotrema y con ellos Paludinella belicoides : M elampus era el presidente. En el acto me avis en una carta que puse bajo siete llaves, puesto que si hubiera cado en manos de la polica, hubiramos estado grandemente envueltos en declaraciones. Bien que,

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OBRAS 252\ 252\ al fin, averiguado se hubiera que los tales conspiradores eran todos caracoleros del tamao de la cabeza de un alfile r y algunos ms pequeos; siendo Melampo el que, por sus dimensiones, mereci la presidencia, pues descollaba entre ellos como un grano de arroz: todos escondidos debajo de una hoja de uvero.

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MISCELNEA 1 1. Dios me es testigo que no le deseo ningn mal; solamente le pido que me lo deje caer entre las uas, para comrmelo vivo. 2. Preguntaron al mayoral: Qu le parece a usted la novia? Soy un pobre, y no puedo dar mi opinin; pero si a mi me toca, la pico en raciones y la ech a los perros. 3. Al fondista: Qu pescado tiene usted all? Aguja de palada r. Desollada o sin desollar? Desollada. Gurdela usted que puede ser de tiburn. 4. A los seores que dicen de su mujer mi seora no les suena bien que un pobre diablo diga lo mismo de la suya. Paciencia! Si quieren distinguirse, que digan mi mujer 5. El maestro de escuela: Por qu decimos el pan nuestro de cada da? El nio: porque el pan del da antes se pone duro como una galleta (y dio con el puo cerrado sobre la mano). 6. El maestro: Qu diferencia hay entre el dimetro y la circunferencia? El nio, la vista fija en la figura: una pulgadita ms o menos. 7. Por una palabra que le dicen, esa mujer contesta ciento, con tal rapidez que parece la lengua movida por una mquina de vapo r. 8. Se retrat con un gallo en la mano. Hombre, deje usted los gallos. Usted que es hombre ledo, dgame quin fue el primero que anunci al mundo la venida de nuestro Seor Jesucristo? No fue el gallo, que cant: ah est ya? 9. Jugador: Juego al sol antes que salga. 10. Se ha alzado con $ 2 000 Qu miseria!, desacreditarse por esa mezquindad! Si fuera por 50 000, vaya! 11. Fue nombrado para evacuar los expedientes que obraban en la oficina de la materia: 128 evacuaciones le valieron una cruz. 1 Historietas, costumbres, pensamientos varios, dichos agudos y vulgares. La mayor parte son odos en conversacin e inditos; algunos propios.

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OBRAS 254\ 254\ 12. Algunos y algunas vienen a ver mi coleccin de insectos. Unos dicen: mira qu grande! Otros, mira qu chico! Al despedirse, dicen: Qu curioso es usted! En la calle no falta quien diga: est chiflado. 13. El Rosario: Santa Mara madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores... Negra de Barrabs, qu ests haciendo all...? ahora y en la hora de nuestra muerte. Amn Jess. 14. De Dios poco se acuerda; slo reza a Santa Brbara cuando truena; y enciende vela a la Virgen para ganar la lotera. 15. Fulano dice que te quiere mucho. Me alegro saberlo, porque necesito dinero para levantar mi fbrica de fideos. 16. Seorita, perdone usted la libertad que tomo de orientarle mis pensamientos. 17. Se queja el maestro de escuela de que los padres no consienten que moralice a sus hijos. Y qu entiende usted por moralidad? Veinticuatro azotes. 18. En La Habana no se acostumbran comprar libros: se piden prestados, y no se devuelven. Al primer apremio qu precisado est usted! Al segundo, se lo llev Fulano para leerlo; al tercero, se perdi. Ignora usted, me dijo un sujeto vivamente apremiado, que los libros prestados no se devuelven? Me alegro saberlo, para que usted me preste algunos. 19. La madre: V en ac, nio; ven a rezar el bendito. El nio: Deja el bendito, cuntame el cuento del gallo pelado. 20. Hay en mi potrero unos puercos que trepan las palmas para comer el palmiche. Ser porque se valen de trepaderas. 21. Dio en Matanzas a un hombre una trompada que lo tir a corral falso. Se mat? No, porque cay sentado. 22. Cuando soltera, pinchaba los granos de arroz con el tenedo r y deca a la criada: Gurdame algo para la noche. Despus de casada, despert el len de su letargo, y empez a rugir por la comida. 23. Amante despedido: Se comi la calabaza, pero como tena tripas, hizo de tripas corazn. 24. Se come los santos en la iglesia. Cuando muera ese hipcrita, va al cielo calzado y con corbata. 25. Las nias, ho y como si fueran grandes, besan al despedirse de la tertulia, aun antes de ser besables. 26. Hay mujeres que dan la mano, si tienen una buena sortija. 27. Los danzones de hoy son de atraca y apechuga. 28. Seorita, tendr usted por casualidad un poco de cascarilla? 29. Si va al baile a menudo, la llaman ponche de leche; si deja de i r, dicen que no tiene vestido que ponerse.

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FELIPE POEY Y ALOY /255 /255 30. Naci en el rin de Jess Mara, y era el cogollito del mangla r. 31. Entr el guajiro con un pauelo en la cintura, otro en el sombrero, un tabaco en la boca, y otro detrs de la oreja. Gusta usted de almorzar? Muchas gracias. Con voluntad. As lo tengo entendido. Bien puede usted veni r. Entonces se sienta el guajiro, o bien dice: Y a anduve ese camino. 32. Qu sabe usted hacer? Zafante el escribir y lee r pregunte usted por todo. 33. En la mesa de los pobres (1820), da del santo del patrn, hay franqueza sin desorden, llaneza sin confusin; se baila de da y de noche, los amos en la sala, con la misma msica, los criados en el patio. Al fin de la comida, cuando menudean las dcimas, vienen todos alrededor de la mesa. Suenan los vivas! Y tal vez se rompen algunas copas. En la mesa de los ricos, ni se versa, ni se grita. 34. L me sexplique dans un regard. Quand lme passe aux yeux, cest ravissant. Cela vous pntre comme un trait. L instant est fugitif, mais on ne loublie jamais. 35. La vida es un campo: lo has cultivado conmigo este verano; quieres conmigo pasar el crudo invierno? 36. Es condiscpula ma, porque mientras estaba yo acabando mi tercer curso de Derecho en el Colegio de San Carlos, estaba ella cursando el amor en las fiestas de Regla y en los bailes de Soto y de Pinelo. 37. Los aos visto por delante, qu largos! Vistos por detrs, qu cortos! 38. El insensato cree matar el tiempo, y no considera que el tiempo lo mata. 39. V enus, Baco y la Vigilia, trabajando de concierto, arruinaron su salud. 40. Mi cabeza se parte de dolor cuando considero que la sociedad separa los corazones unidos por el amo r en esta corta vida llena de soledad y trabajoso afn. Para cuntos y cuntas estn cerradas las puertas del matrimonio! 41. Es cuestin tan trascendental lo indisoluble, deca uno, que viene a ser lcito al hombre arrepentirse hasta en el mismo alta r Una seorita que tal oy, algo picada, contest: y la mujer despus. 42. Te casas? Le tengo miedo a lo indisoluble: quien dice esposa, dice argolla, y de hierro. 43. Cuando uno afirma o niega con la cabeza y con la boca, miente. 44. Es tan sabio, que sabe donde el jejn puso el huevo (lo que an se ignora). 45. Enviud, y a los pocos meses se cas con Fulana. Pues diga usted que la tena en salmuera. 46. T me vas a colgar ho y Si, con una soga.

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OBRAS 256\ 256\ 47. Ha estudiado usted el asunto sicongnicamente? Puede usted dar una demostracin megalantropnica? (El doctor Caro en estilo burlesco). 48. Seorita, srvase usted corresponder a mi amo r Ella, con voz bajita: Viene usted con buenas intenciones? 49. Fulanita, me haces el favor de prestarme tu criada? Ah la tienes: para qu? Para que me acompae hasta la otra cuadra. Es posible que andes con esas cosas? Bastante bien guardada ests con tus cincuenta y pico: son cinco civiles que te acompaan: tienes boleto. 50. Son tan frecuentes los incendios, que el que no quiere morir quemado, ha de dormir con un ojo abierto y el otro cerrado. 51. Qu se hace? Guataqueando. 52. Tropez uno con una piedra. Dijo otro: pobre piedra! 53. Cmprate un genio como el mo, y vivirs contento. 54. El gato se aciguat comiendo un diablo (es un pez). Pues no haba de mori r si tena el diablo en el cuerpo! 55. Es sinvergenza desde el vientre de su madre. 56. Y o soy yuca, deca ella. Su hermana le contest: t eres malanga. 57. Extrao mucho que una persona tan ilustrada como usted crea en el mal de ojo. Pues no he de cree r si soy tuerto! 58. Dime lo que quieras: si me llamas perro, me pondr a ladra r. 59. Cualquier ruido te asusta: si el caballo menea la cola en la caballeriza, crees que los ladrones entran en la casa. 60. Este escribano anda siempre con chupa, y chupando siempre. 61. La carta de usted me ha hecho llora r Por ese llanto venturoso muero. 62. La nia no quiere misa, sino mocito no ms. 63. La muchacha le volvi la espalda le dio un rabazo. 64. As como usted me ve, tengo dinero a patadas. 65. Pillo, te he de zurrar: no ests seguro ni bajo la saya de tu madre. 66. Estando la picuda flaca, el que la come larga el pelo. 67. El perro se comi un pollo: pesa un pollo ms. 68. Una bailadora, irritada contra otra, la amenaz de darle una galleta. Supongo que sera panadera. 69. Ms vale ignorancia que erro r. 70. Casas elsticas. Las casas de mampostera son elsticas: lo pruebo refiriendo que fulano dijo delante de m al procurador don Juan. La seora Tal, que tiene una casa de mampostera en tal punto, tiene un pleito para el cual me ha dado pode r y lo vengo a sustituir en usted. Est bien, dijo el procurado r se estirar la casa, y habr para los dos.

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FELIPE POEY Y ALOY /257 /257 71. Casas con ruedas muchas hay en La Habana, porque a cada rato oigo decir: voy en casa de Fulano, as como pudiera decirse: voy en coche o en quitrn. Luego es verdad que hay casas que andan con ruedas. 72. La mayor parte de nuestros males provienen de nuestra culpa. 73. En accidentes de amores, todo es a veces nada, y un nada es todo. 74. El tipo ideal de la belleza en la especie humana, especialmente en la muje r se admira en las estatuas griegas, que presentan la frente despejada, la cintura acomodada a las exigencias de la respiracin, y libres los dedos del pie. 75. Todos estn obligados a pagar las contribuciones, cada uno segn su ejercicio en industria o comercio. Ha y sin embargo, una profesin que nada paga, y es la de los ladrones: stos gozan de privilegio. 76. Mens agitat molem, et vasto se corpore miscuit. Este verso de Virgilio puede servir de lema al pantesmo. 77. Me deca un Procurador [Q. E. P D.]: Qu cartas tan elocuentes las de Cicern a Catalina! cuando le deca: Hasta cundo, amada Catalina, abusars de mi paciencia? ( Quosque tandem, Catilina, abuteris patientia nostra?) 78. Dos novios, en la sociedad habanera, tienen dos sillones comprados ; conversando bajito horas enteras sin hacer caso de nadie. Entre tanto se sientan enfrente la madre, la ta, la hermana, empalagadas con este par de mirabebes, que de contra las bautiza con el nombre de Can Cervero. A esto llama un escribano (el seor Porto) velar el monumento. 79. Deja el vicio un mes y te dejar tres.

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FRA Y BAR TOLOM DE LAS CAS AS, OBISPO DE CHIAP AS 1 El nombre de este santo varn (as llamado por el historiador Torquemada) suena mal generalmente en los odos de sus mismos compatriotas. Este sentimiento es injusto; porque ninguna consideracin es ms propia para borrar del nombre espaol la mancha que la sangre india le ha dejado por tanto tiempo impresa, como la que ocurre viendo a un espaol emplear toda su vida en el alivio de los infortunados indios, y confesar sinceramente las culpas de su nacin. Otros muchos de la misma patria, cuyos nombres estn consignados en el tercer tomo manuscrito de su Historia general de las Indias, imitaron su ejemplo, mostrndose, como l, apstoles de paz en al propagacin del Evangelio. No por esto se justifica la conducta de aquellos capitanes que ensangrentaron las islas y el continente americano. Pero la mayor parte de la nacin espaola no ha sido representada en esas tragedias inhumanas: los soldados que pasaron a Amrica no componan la fraccin ms culta ni ms generosa de la poblacin; y los esfuerzos de algunos jefes pacficos, entre ellos Cristbal Coln, fueron mal recibidos y mal pagados. Adase a esto la influencia de la teologa del siglo, que dio ocasin a la intolerancia ms impa, a la expulsin de los moriscos y de los judos, y al triunfo de la Inquisicin, que con las llamas de sus autos de fe, despedidas del antiguo continente, alumbraba las matanzas del Nuevo Mundo. Y qu remedio haba suficiente a inculcar la justicia en el nimo de unos hombres sedientos de oro, y posedos del espritu de devastacin, contra unos idlatras que miraban como bestias, por no haber recibido el agua del bautismo? Seamos justos, y digamos que la Espaa moderna no es responsable de la conducta de los hijos de la antigua Espaa. Si es cierto, en legislacin, que los hijos no deben llevar la culpa de sus padres, por qu no ha de ser en el orden moral? La afirmacin contraria slo tuvo cabida en boca de aquellos filibusteros, o piratas de barlovento, que buscaban un 1 Este artculo formaba parte de una lista indita de las obras impresas y manuscritas de Fray Bartolom de las Casas, redactada por m en 1824.

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FELIPE POEY Y ALOY /259 /259 pretexto para disculpar el saqueo de Puerto Prncipe, Puerto Bello, Maracaibo y la isla de Santa Catalina. Digamos con el imparcial bigrafo don Manuel Jos Quintana, culpa fue de los tiempos, no de Espaa. La Francia moderna no es tampoco responsable de la sangrienta cruzada del Conde Simn de Montfort contra los albigenses; habiendo este seor pasado a cuchillo en la sola ciudad de Beziers (1209) a 60 000 habitantes, sin distincin de catlicos, diciendo que Dios conocera a los suyos. Lase en Saavedra Fajardo la pintura de los desastres que padecieron en la guerra de treinta aos la Alemania, Borgoa y Lorena: Breve espacio de tiempo dice el esclarecido escritor vio en cenizas las villas y las ciudades, y reducidas a desierto las poblaciones. Insaciable fue la sed de sangre humana: como en troncos, se probaban en los pechos las pistolas, aun despus del furor de Marte. Los vientres humanos servan de pesebres; y tal vez en los de las mujeres preadas comieron los caballos, envueltos entre la paja, los no bien formados miembrecillos de las criaturas. En las selvas y bosques, donde tienen refugio las fieras, no lo tenan los hombres, porque con perros venteros los buscaban por el rastro. Deben estas barbaridades achacarse hoy a las naciones cultas que se llaman F rancia y Alemania? Los hombres de todas las naciones son iguales; a lo menos los de la raza europea, a la cual los naturalistas dan por cuna el monte Cucaso. Todos en iguales circunstancias polticas y sociales, hubieran procedido del mismo modo. Esta es una verdad reconocida: la educacin social, las instituciones solas forman y modifican el carcter nacional; y a ellas debemos atribuir la humanidad entera de los crmenes cometidos: el historiador debe indicarlos y condenarlos, para que no se repitan, y sobre todo, para que mejoren las instituciones. Tiempo vendr en que estas verdades se harn or en la calma de las pasiones a los que, nacidos en Amrica, estn unidos a los peninsulares por el lazo estrecho del idioma, que les hace hablar de Cervantes, de Caldern y del ilustre Jovellanos, con entusiasmo nacional. Algn da se acordarn que forman parte de la posteridad de Corts y otros guerreros, que con el mero hecho de ser conquistadores, hubieron de ser devastadores; porque segn la expresin de Tcito ( solitudinem faciunt, pacem appellant ), la pacificacin, en aquellos tiempos, se traduca en dar a las regiones la triste paz de los sepulcros. En cuanto a las intenciones de los Reyes de Espaa que presidieron a la conquista, son fciles de justifica r porque escucharon ms de una vez los clamores del obispo de Chiapas; y promulgaron leyes tanto ms favorables a los indios, cuanto ms odiosas a Grijalva y a los encomenderos, que no las quisieron ejecuta r Insisto, pues, en que el Cdigo llamado Leyes de Indias deje absuelta en la historia a la nacin espaola.

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RECONOCER Y APERCIBIR Me haba propuesto no dar entrada en este libro a discusiones filolgicas, pero van cundiendo tan de prisa dos groseros galicismos, que se hace urgente el atajarlos. V alga, pues, la excepcin, y vaya de atajo. Reconocer no es conocer segunda vez; apercibir no es ve r nota r. Se reconoce en castellano lo que no se conoce ni se ha conocido. El cirujano reconoce cuidadosamente la herida, para proceder con acierto; el general reconoce el campo antes de dar la batalla. Apercibirse en castellano, es prepararse para alguna empresa. No dir que tal cosa pas desapercibida sino que pas inadvertida o sin ser notada. Ambas acepciones resaltan bellamente de una frase del insigne escritor don Diego de Saavedra Fajardo: En naciendo el len, reconoce sus garras; y con altivez de re y sacude las no bien enjutas guedejas de su cuello, y se apercibe para la pelea. Si es hombre el que al cabo de una larga ausencia se presenta a mi vista, dir que el verle, lo conoc : si es muje r no ser tan atrevido ni tan deshonesto que me empee en reconocerla Astarbe, disfrazada de esclava, quiso escaparse; pero un soldado la reconoci dice un traducto r Capmany y Baralt estn de acuerdo en que aqu no se trataba de tamao desacato; y solamente se quito expresar que el soldado conoci a Astarbe, y la detuvo cuando hua. Apercibirse dice Baralt, no significa como en francs adverti r repara r nota r conocer sino prevenirse disponerse, aparejarse para alguna cosa. De conformidad con lo que precede se expresa el Diccionario de la Academia edicin duodcima, cuando dice que apercibir es preveni r, dispone r preparar lo necesario para alguna cosa. En cuanto a reconocer sus primeras acepciones son de examinar con cuidado y registra r, trayendo como ejemplos el acto de reconocer a las mujeres en las aduanas. Es cierto que tambin acepta el galicismo en el caso de distinguir

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FELIPE POEY Y ALOY /261 /261 de los dems o una persona cuya fisonoma se tena ya por olvidada; pero esto consiste en que, contrariamente al lema de la portada limpia, fija y da esplendor y a las exigencias del crisol, la Academia se cree obligada a consignar en su Diccionario todo lo que se va generalizando y consagrando por el uso, as lo declara en el Prlogo de las ediciones anteriores; y aunque no lo practica en lo absoluto, puesto que lucha por conservar el doble sonido de la x y la g de origen latino, cede en el caso presente a la funesta influencia glica.

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APNDICE I. Carta del S r Oidor Don Flix Erenchun 1 S r D. Felipe Poe y. Habana y octubre 24 de 1856. Muy seor mo: sin otros ttulos para dirigirme a usted que el grande amor que profeso a las ciencias y la simpata que me inspiran los hombres que como usted las cultivan con verdadera aficin y grande provecho, cuya prueba acaba de dar usted con el brillante discurso ledo en la apertura del ao acadmico corriente en esta Universidad, permteme usted hacerle presente mi sincero parabin y la encomistica admiracin que en m ha causado esa obra digna por todos ttulos de elogios por su forma literaria, erudicin vastsima y profundidad de conceptos, hermanados, cual pocos saben hacerlo, con poticos arranques de imaginacin que sin querer me han trado a la memoria al elegante y embelesador Virre y cuyos escritos tantos aos hace me hicieron pasar los mejores ratos de mis estudios. Con tal motivo, y deseando tener el gusto de conocer a usted personalmente, le ruego me haga el obsequio de citarme el da y la hora en que podr recibir a su atento S. S. Q. B. S. M. II. Carta del seor don Antonio F errer y F eli A R TCULO P UBLIC ADO EN EL PERIDICO L A P RENSA EL 8 DE DICIEMBRE DE 1865, POR EL CORRESPONSAL EN B ARCELONA D ON A NTONIO F ERRER Y F ELI 2 Por ms que corra el riesgo de ofender la modestia del distinguido catedrtico seor don F elipe Poe y no puedo menos de consignar la 1 Alude al discurso de 1856. 2 Alude al discurso de 1864.

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FELIPE POEY Y ALOY /263 /263 grata emocin que he sentido al leer las pginas de La Prensa que en los das 4, 5, 6 y 7 de octubre ltimo, insertan el bellsimo discurso inaugural que dicho seor pronunci en la solemne apertura del curso del ao acadmico de 1864 a 1865. Este trozo de literatura, tan lleno de erudicin como bello en las formas y rico en las citas, es adems elegante y castizo ; la Universidad de La Habana puede envanecerse de tener a su frente hombres de ciencias y patricios ilustres, que como el seor Poey han consagrado su larga vida en generalizar y esparcir por do quiera el fruto de su estudio y los destellos de su reconocido talento. Sencillo unas veces, elevado en otras, florido en el lenguaje y siempre al alcance de todas las inteligencias, es el citado discurso inau gural una verdadera enciclopedia til a toda clase de personas. Lo he dado a leer a uno de nuestros hombres que ms se distinguen por sus trabajos literarios, y su parecer ha sido altamente favorable al trabajo del seor Poe y Reciba, pues, dicho seor el parabin que desde este lado de los mares le tributamos los que, admiradores de su talento, felicitamos de corazn al pas que se honra con tales hijos. El discurso del seor Poey quedar guardado como un documento notable entre la literatura contempornea ms apreciable: a falta del opsculo publicado en esa, yo guardar cuidadosamente las pginas de La Prensa que me lo han dado a conoce r.

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VERSOS gloga a Silvia I V en a mis soledades, Silvia bella; Acompaa a tu amante En medio de estos rboles tranquilos, Donde ya tantas veces ha soado Su loca fantasa Que contigo sus sombras recorra. Mi voz te llama ansiosa en los collados, Y a mi voz no respondes: En el llano te busco vanamente; Por todas partes solitario vago Pensando en tu hermosura, Lejos de ti, privado de ventura. Con tu ausencia las flores se marchitan. Los bueyes afligidos Desdean el cogollo de las caas; Y a pierde su color el verde prado; El sol pierde su brillo Y olvida su cantar el pajarillo. Mas todo mudar si nuestros campos Huellas con pie ligero Y respiras el aire que respiro; Baando el suelo con sus rayos de oro Se alzar el nuevo da, Y el viento cobrar ms armona.

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FELIPE POEY Y ALOY /265 /265 Las selvas brindarn con su frescura; La tierra agradecida Su alfombra cubrir de vivas flores, Y entre sus bellos ptalos hambrienta, La abeja diligente Pastar susurrando blandamente. Saltando y recogiendo las malezas, Dulcemente piando Las avecillas volarn gozosas; Y entre tanto en el bosque solitario Los tiernos ruiseores Cantando llamarn a sus amores. Las voces de los dulces pajarillos, La verdura del prado, Los rboles amenos y frondosos, El cielo claro, el aire fresco y puro, Las aguas y los vientos Inclinan a los tiernos pensamientos. V en a mis soledades, dulce amada, Bebe con el roco La dicha y la salud que el campo ofrece; V en a ensanchar el pecho enamorado: El amor te convida Y las flores esperan tu venida. El campo es la morada de los dioses: Grato el campo al amante, Como cernida lluvia al verde llano, Como pasto reciente al ganadillo: El Dios de los amores En el campo prodiga sus favores. V en, pues, a contemplar estos prodigios, Respira la frescura Y perfume apacible de la selva; Mrala florecer bajo tus plantas, Mira la mariposa En tus labios buscando miel sabrosa.

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OBRAS 266\ 266\ Sube por esta loma a la glorieta Cubierta de limones Que al aire dan su ambiente embalsamado: Mira como se allana hacia la vega El lejano horizonte, Mira el mar por all, por aqu el monte. Mira cmo contrasta el verde claro De los caaverales Con aquel bosque umbro que le sigue; Ms lejana, la vista se recrea Sobre un campo amarillo De espeso y dilatado romerillo. Descansa ya: recinto acomodado De fresca sombra lleno El tronco de esta ceiba nos presenta; Desde all podrs ver entretenida Los pjaros volando Y el ternero en la hierba retozando. La chicharra molesta, en los calores Suspende su chillido Para escuchar tu voz melosa y blanda, Que interrumpe con grito escandaloso, En la palma empinada, La cotorra jugando con su amada. Con pico de marfil el carpintero Bate los huecos troncos Que resuenan con fuerza en la montaa; Alza desde la cima de un dagame Su canto prolongado El arriero en las ramas encumbrado. Y mientras que los mayos, sin clemencia Destrozan las naranjas, La tojosita brinca por el suelo, El sinsonte se mece en la arboleda, Y entre los matorrales Se distingue la voz de los zorzales.

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FELIPE POEY Y ALOY /267 /267 Si quieres refrescar tu boca ardiente Con frutas sazonadas, Tendrs naranjas dulces que te agraden, Y caas, y guanbanas, y pias, Y cocos delicados, Que abundantes producen estos prados. Las vacas no darn la leche pura, Y servir de mesa Un sitio de alta hierba revestido, Que adornarn jazmines y claveles, Y pdicas mimosas, Y mirtos y guayabas olorosas. Despus te buscar lugar repuesto, De sombra rodeado Donde F avonio reine mansamente; Donde ms descansada y solitaria, Puedas pasar la siesta Mejor que en esta plcida floresta. Y donde no te alcancen los rigores Del sol de medioda Sobre nuestras cabezas encendido; Y donde sin cesar de contemplarte, Mano a mano contigo, Te escuche y te converse sin testigo. Pasaremos las horas silenciosas En el valle escondido De corpulentos pltanos sembrado; Y las cepas cadas por el suelo, Y las hojas y las flores Nos darn blando lecho en los calores. Y a vers este abrigo deleitoso A tu amor consagrado Do nunca ha penetrado el sol ardiente: De una parte, cerrando sus linderos, La caa dulce crece En que silbando el cfiro se mece;

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OBRAS 268\ 268\ Y de otra, le circunda un breve ro, A veces dividiendo Con paso desigual y tortuoso Este asilo ignorado de ventura, De paz y de delicias Donde te aguarda amor con sus caricias. A veces perezoso se detiene En remanso apacible, Retratando los rboles y el cielo Y las flores galanas que alimenta; Otras veces se irrita Y en cascada sus aguas precipita. Aqu sobre el cristal del agua pura, Como un espejo limpio Podrs mirar tu rostro soberano; All podrs baar tu cuerpo bello Que el aura placentera Enjugar al salir de la ribera. Si amor piadoso entonces me llevara A la margen florida... Mas Tente, pensamiento temerario! No mancilles insano la pureza De mi dicha presente, Dicha de ama r amado de mi ausente. Salgamos de este sitio a la llanura Que antes fue monte espeso Y es hoy pasto sabroso a las manadas; All donde florece con asombro La piedra en los cercados Con aguinaldos blancos y morados. Una corona he de tejer con ellos, Y en tu frente graciosa Ser triunfo de amor y gloria ma; Y de ellos he de hacer una lazada Que unir nuestros cuellos, Y nuestros brazos se unirn con ellos.

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FELIPE POEY Y ALOY /269 /269 Gurdate, no te acerques, Silvia ma; Tal vez bajo las flores El escorpin saudo se adelanta; Tal vez peluda araa, entre las piedras, Y ace agora escondida, Con ira osada y de veneno henchida. Y o coger por ti frescas guirnaldas Sin tener los asaltos De la enroscada sierpe ni de avispas; Y cuando te corone con mis flores, Sobre mi labio amante Darsme el premio de mi fe constante. Si alguna abeja, en torno revolando, Te hiere en algn dedo O en los rosados labios, atrevida, Mi boca curar tu blanca mano Y tu boca amorosa Donde pique la abeja maliciosa. En estos dulces juegos pasaremos La tarde presurosa, Hasta que el sol se esconda en la espesura: Y a de su disco hermoso se repite, Esta caa dorada De sus ltimos rayos alumbrada. Las aves se recogen a sus nidos, Y de ellas la ms tierna Ha dirigido al sol su adis postrero; Y a su luz ha dejado la alta palma, Y brilla solamente En los puros albores de tu frente. 1824.

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OBRAS 270\ 270\ Idilio. El arroyo Entre rboles espesos y escondidos Discurre un arroyuelo A quien rama y bejuco entretejidos Niegan la luz del cielo. Segn va penetrando en la espesura, Los troncos separando, Con mayor claridad y ms anchura Los peces van nadando, Se reviste de hierbas olorosas Su margen floreciente, Y sus ondas ms puras y copiosas Corren ms libremente. Al Bani precipita sus raudales Por el bosque sombro, Despus que ya reg caaverales V ecinos del gran ro. Sobre el claro verdor de la caa Los leves nidos cie, Y que el sol abrazando la campaa De albor plido tie. Alzan lozanos su rosada frente Los gines brilladores, Que no temen de sirio el rayo ardiente Ni cierzos bramadores. Ostentan su hermosura y ligereza A pesar de los fuegos; Inclinan a los vientos la cabeza Y provocan sus juegos. All la tierra en su fecundo seno Mil insectos presenta, Y en aquel corto espacio de terreno A todos alimenta.

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FELIPE POEY Y ALOY /271 /271 Unos sacan el jugo almibarado Del seno de las flores, Y otros muerden un tronco taladrado Con diente roedores. Otros cruzan el aire con presteza, Otros pasan con ruido, Otros vibran con fuerza y ligereza El aguijn temido. Oh, feliz arroyuelo! Cuntas veces He pasado en tu orilla Las horas de placer que al alma ofreces, De gozo y paz sencilla! Cuntas veces entrando en la espesura, a tu origen subiendo, Se ha llenado mi pecho de dulzura Tu margen recorriendo! Cul me alegraba el curso sosegado De tu corriente pura! Qu asiento tan suave me has brindado En tu fresca verdura! Desde all pude ver entretenido Las guavinas nadando, Entre la arena el camarn hundido A su amor aguardando. De sus repuestas cuevas temeroso El cangrejo saliendo, Y ms suelto despus, y ms gozoso, Por la playa corriendo. Girando la liblula delgada 1 Con alas transparentes, Depone en el raudal del agua amada Sus caros descendientes. 1 La liblula es un insecto del orden de los neurpteros, vulgarmente llamado caballito de San Vicente.

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OBRAS 272\ 272\ Y a baa en l su cuerpo caluroso, Gira y se posa un rato; Y sobre su cristal puro y lustroso Contempla su retrato. Las mariposas vuelan a mi lado, Ligeras y festivas Y siguen en su curso variado Las aguas fugitivas. Salve, campo de Cuba bienhadado, Claro sol, limpias fuentes, V erde copa del bosque y dulce prado A mi vista presentes! Cunta vida sembr naturaleza Por este monte umbro! Cuntos seres, que deben con largueza Las aguas de este ro! Entre ellos la inocencia est segura Y duerme descuidada; Ni escorpin amenaza muerte dura, Ni serpiente irritada. No se ve de las fieras perseguido Su reposo alageo, Ni del tigre feroz el cruel rugido Interrumpe su sueo. Arroyuelo mil veces venturoso! Tu semblante riente Siempre me dio place r y ms dichoso Fui siempre en tu corriente. Y cuando tus orillas recorra, Libre de amor de pecho, Necesidad de amar no conoca Contigo satisfecho. Despus, de una beldad enamorado, De ella correspondido, Mis pasos a tus aguas he llevado Del amor conducido.

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FELIPE POEY Y ALOY /273 /273 He visto ms alegre tu verdura, Tus aguas ms hermosas En su lecho correr con ms blandura, Risueas y abundosas. Los arrullos de blandas tortolillas Ms tiernos parecan; Los colores de hermosas avecillas Ms brillantes lucan. Oh t, que en otro tiempo he convidado Con este campo ameno, Por quien suspiran bosque, fuente y prado Y este cielo sereno. No tardes en colmar con tu llegada, El suelo de alegra; Gozars de esta dicha codiciada Y de la dicha ma. Pasaremos el da entretenidos En perenne delicia, Ensayando mil juegos divertidos Ajenos de malicia. Bebers con tus manos agua pura Y beber contigo; Gozaremos sentados la frescura Sobre algn tronco amigo. Y si vemos dos ramos abrazados Entre s estrechamente, Tus brazos a mis brazos enlazados Se unirn igualmente. Las aguas, ni ofendidas ni envidiosas, Caminarn con ruido, Y al son de nuestras voces amorosas Mezclarn su sonido.

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OBRAS 274\ 274\ Despedida de Guanabacoa 2 Adis, villa afortunada, Donde a Mirta conoc, Donde amarla promet, Donde al nombre de mi amada En los troncos escrib. Adis, lomas de esmeraldas Que con ella recorr; Adis, flores que le di, Adis, lazos y guirnaldas Que a su frente entretej. Adis, calle venturosa Donde su hermosura vi, Donde sus pasos segu, Donde su boca de rosa Me dio con amor el s. Oda a Rosina Salve, Rosina amada, Hoy celebro tu da y mis amores. Contenta, enamorada, Corra tu juventud entre las flores, Y en aos placenteros Goza, goza feliz muchos eneros. La luz de la maana En tus ojos hermosos resplandece: La delicada grana Tus cndidas mejillas enrojece; La bondad complaciente Rebosa en los contornos de tu frente. Tu boca candorosa Respira del amor el blando aliento; Tu cabellera airosa Halaga dulcemente el fresco viento, 2 Cancin bellamente puesta en msica por el seor Casatmijana.

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FELIPE POEY Y ALOY /275 /275 Que me mezcla atrevido Al bullicioso coro de Cupido. Oh! Si me fuera dado A tu lado vivir eternamente! A tu pecho allegado Estrechamente unir mi pecho ardiente! Partiendo mi ventura Contigo, y contemplando tu hermosura! Lo mejor de mi vida Pasara sirvindote oficioso; Y por siempre querida, Te dara un imperio poderoso Sobre este pecho mo Sujeto enteramente a tu albedro. Y si falto algn da A la fe te juro, dulce amante, En mi cabeza impa Caiga un rayo del cielo fulminante; Nunca pruebe tus lazos Nunca sienta el favor de tus abrazos. Mas antes que perjura Mi boca te prepare un desengao, F altar la verdura En los campos de Cuba todo el ao, Y los montes poblados Enviudarn, de pompa despojados. De placeres cercada Vivirs a mi lado venturosa; De virtudes ornada En la larga ancianidad sers dichosa, Sin turbar tu conciencia, Sin temer de la suerte la inclemencia. Y cuando ya cansada Nuestra vida sucumba a los rigores De la Parca irritada, Dando fin a los plcidos amores, Contenta de tu vida, Dulce llanto dars por despedida.

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OBRAS 276\ 276\ Letrilla a Luz B. La luz que derramas Mi pecho encendi; Es luz ms hermosa, Ms rubia que el sol. Y ya que eres bella Como un Serafn, Rubia, la mi rubia, Dulete de m. La modesta luna, Si presente ests, Enciende en tu rostro Su puro brilla r. Sin ti vi la luna Y a oscuras me vi. Rubia, la mi rubia, Dulete de m. Con redes que formas De tus rubias trenzas No hay alma tan firme Que por fin no venzas. Y o qued prendido Y vencido fui. Rubia, la mi rubia, Dulete de m. Pensamientos vanos Me roban el tiempo; Las horas perdidas V anse como el viento, Y siempre me dejan Delirando en ti. Rubia, la mi rubia, Dulete de m. Para quien te adora Mustrame sensible, O dirn que tienes Corazn de tigre; Dirn que te agrada

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FELIPE POEY Y ALOY /277 /277 El verme gemi r, Y amor ofendido V engarse en ti. Rubia, la mi rubia, Dulete de m. 1824. Redondillas Con tus ojos arqueados, Cuando los alzas del suelo, Pareces un serafn Que platica con el cielo. Ojos lindos, ojos bellos Que amor contemplando est, Quin no los adorar Si yo me pierdo por ellos? En ellos tierras y cielos Retratas, dueo querido; Y una vez yo vi escondido Mi retrato en tus ojuelos. Con gracia miraste a m Y beb en ellos la vida; Nunca fuiste tan querida Que cuando miraste as. Si quieres ser generosa, A par de que eres amada, Corresponde a mi mirada Con tu mirada graciosa. Ojos que tenis ardor Y a quien sobra la hermosura, As tendris la ternura Que apetece el amado r. As dir que adornis Al ms compasivo dueo;

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OBRAS 278\ 278\ Que a nadie miris con ceo, Que a m tiernos me miris. Si mirando me enveneno, No te duela mi imprudencia, Porque miro con conciencia De que en ellos hay veneno. Al que muere por su gusto Est de ms el vivir; As, djame morir Y no me mires con susto. 3 1824. A la Puerta del Arsenal Muralla del Arsenal, Cuntas veces por mi mal Dejaste tu puerta abierta! Y cuntas veces tambin Dejaste para mi bien Abierta toda tu puerta! A ti confiaba mis penas, Mis esperanzas amenas Y mi fervoroso ardor; Y tu sombra bendeca, Porque tu sombra cubra Un pensamiento de amo r. Amo la noche callada, Amo la estrella inclinada Sobre un misterioso umbral: Djame pasar el quicio De la virtud y del vicio Do luchan el bien y el mal. 3 Qu bobos son los enamorados! (Nota del autor a los 88 aos.)

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FELIPE POEY Y ALOY /279 /279 A Mirta Por un valle profundo y silencioso, Sobre un lecho de piedras inclemente; Encaminando al mar su fiel corriente Cruza el Bani tranquilo y caudaloso. En vasto anfiteatro se alza airoso Un momento dilatado y eminente, Que ostenta con soberbia su ancha frente Donde el Cfiro muere quejumbroso. Se escucha del caimn el movimiento, Nadando por el agua sosegada Que la garza atraviesa por el viento. En esta soledad grande y callada, Mirta amada! Exclam con fuerte aliento, Y respondime el eco: Mirta amada!

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SONETOS A Panchita en el baile Te vi, te vi, con grato arrobamiento Mecerte al son de notas armoniosas, Y al comps de tus plantas cadenciosas Gozosa herir el firme pavimento. Absorto en ti, te contemplaba atento: Ibas girando en insensibles losas; Pero sent tus huellas silenciosas Del corazn en el profundo asiento. Tu cuerpo sin esfuerzo al cielo alzabas, Tu cuerpo al suelo blando remitas, La cabeza flexible al aire dabas. Con plcido semblante sonreas, Con donaire gentil te desplegabas Y la reina del baile parecas. El suspiro Huye del claro sol la llama ardiente El pajarillo oculto en la enramada, Y a su dulce trina r de amor guiada, Llega su compaera diligente. A los brazos del rbol eminente Sube la bejuquera enamorada, Y all tiene su nido con su amada La trtola que arrulla mansamente.

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FELIPE POEY Y ALOY /281 /281 Llama a su par el ruiseor quejoso, Y a los ecos enva suspirando De su garganta el canto melodioso. Todos sienten de amor el fuego blando, Todos aman, y yo, menos dichoso, Sin voz ni amor suspirar callando. Un nada 1 Un nada me prodiga tu belleza, Con nada pagas mi amistad rendida, Un nada recompensa mi firmeza, Un nada la mitad es de mi vida. Busquen otros la pompa y la riqueza, Busquen placer en juventud perdida, Corran en pos del mando y la grandeza, Exalten bien su dicha arrepentida. Todo el placer que el mundo a los mortales Brinda riendo en copa emponzoada, Todo el honor que el alma degradada. Mendiga humilde al pie de sus iguales, No valen la dulzura de mis males, No alcanzan al favor de mi mirada. Luchar y vencer Abre tus ojos al llanto, Que empiezas a ser muje r. (Angela Grassi) Severa la ley del pudo r, Perdona si combatida 1 Esta composicin lleva en los cuartetos la rima cruzada, a imitacin de Boileau, clebre satrico, que escribi el Arte potic o ; su ejemplo no es de imita r y debe ser considerado como un delito de lesa nacionalidad en el parnaso espaol. Perdona la inadvertencia, benigno lector; en recompensa te dir, para que te corrijas, que muchos te llaman maligno.

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OBRAS 282\ 282\ Por borrascas de la vida, Lucho mal con el amor; Si cultivando una flor Que el mundo llama su encanto, Siento en el alma un quebranto Cuando ms pura florece: Entre mis suspiros crece Y la riego con mi llanto.

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SEGUIDILLAS A Elena Dichoso el que te ama, Y ms dichoso Si mereci un suspiro De ti amoroso. Ay! no te asombre Que todos mis suspiros Digan tu nombre. A otra Tan amable es tu no, graciosa nia, que cada vez que niegas, creo que afirmas. Afirma luego, o si no, con tu risa, niega, te ruego. A la nia en el da de su santo Guarda el jarro para ti, Y asprame en estas flores; Siembra rosas, siembra amores, Guarda algunos para m.

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DCIMAS Amistad y amor Si amistad se vuelve amo r, Adis, placer de la vida. (Antigua cancin.) I La dicha del corazn en ti, Guadalupe, estriba; para ti sola se aviva mi desmayada aficin. Renuevas dulce ilusin de mi juventud primera; y si bien se considera, soy tronco que reverdece con tus hojas, y florece en tu verde primavera. II El encanto de mi vida fuiste tres meses apenas, cuando en lisonjas amenas quedaba mi alma dormida. Y aunque despierta afligida en solitario quebranto, siempre que enjugues mi llanto con delicada amistad, siempre sers con verdad de mi vida el dulce ancanto.

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FELIPE POEY Y ALOY /285 /285 III S me niego con rigor El privilegio de amante, Hallo en tu afecto constante Un alivio a mi dolo r. Aunque tachada de amor Te complace mi amistad, Porqu al pie de tu beldad Rendido sin darte enojos, Busco en la luz de tus ojos Toda mi felicidad. IV Toda la felicidad Que me brindas en la tierra Solamente ya se encierra en tu adorada amistad. Contemplar tu beldad, Y a triste, ya venturoso. Si desdeas al esposo, Queda el amigo constante; Y se despide el amante Con un suspiro quejoso. V Perdi mi alma su fervo r, mi cuerpo su juventud, me abandona la salud y me visita el dolo r. Con el fugitivo amor mis ilusiones se han ido. A mi corazn herido quin dar felicidad? Responde, dulce amistad, dime si todo he perdido.

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OBRAS 286\ 286\ VI Rompe el tiempo en su furor Los soberbios torreones, Apaga en los corazones La llama del dulce amor; Arrebatando, oh dolor! Mis dichas en este suelo. Pero en su rpido vuelo Me ha dejado con piedad De Corina la amistad Para mi eterno consuelo.

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TRADUCCIONES TRADUCCIONES GLOG A PRIMERA DE VIRGILIO 1 Ttiro y Melibeo Melibeo Ttiro, t aqu, reclinado a la sombra de esta tendida haya, ejercitas a tu sabor la agreste cantinela al son del blando caramillo. Nosotros abandonamos los confines de la patria, y sus dulces campos; huyendo vamos a regiones extraas; mientras que t, Ttiro, muy holgado a la sombra, al fresco viento, envas a los ecos de las selvas el caro nombre de tu Amarilis. Ttiro Oh, Melibeo! Un dios me ha procurado estos solaces; pues para m siempre un dios ha de se r Las ms veces que pueda baar sus aras con la sangre de un cordero, el mejor de mi redil; ya que por su beneficio, vagan libremente mis vacas, como vez, y modular puedo el canto que se me antoje al son de mi rstico rabel. Melibeo No me causa envidia tu suerte; antes bien me maravilla, en vista de la turbacin que reina en estos campos. As como me ves, enfermo y dolorido, voy conduciendo, Ttiro, mis cabras. Apenas puedo mover el paso de sta, porque acaba de pari r en medio de densos avellanos, dos mellizos, la esperanza del rebao, los cuales ha dejado sin abrigo, ay de m! en un duro pedregal. Ms de una vez, a no estar ciego yo, pronosticaron este quebranto las encinas heridas del fuego 1 Virgilio se finge siervo y personifica la Libertad, dios que adoraban los romanos. Obtuvo de Octavio Csar la gracia de conservar el pequeo territorio que su padre posea cerca de Mantua, el cual por decreto del Triunvirato deba caer en posesin de los veteranos que lidiaron en la batalla de Filipos.

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OBRAS 288\ 288\ celestial; y hartas veces desde su hueco tronco lo denunci la siniestra corneja. Mas t, declrame, pasto r quin es aquese dios que tanto te favorece. Ttiro Necio yo, Melibeo, pensaba que esa que dicen Roma era una ciudad parecida a la nuestra, do solemos los pastores encaminar la cra destetada. As discurra cotejando los cachorros con los perros, y los cabritos con sus madres; as comparaba lo humilde con lo excelso. Pero Roma descuella tanto sobre las dems ciudades, como el alto ciprs entre tiernos mimbres. Melibeo Y qu ocasin tan poderosa te movi a ver a Roma? Ttiro La Libertad, que tarda me mir con buenos ojos, cuando ms ocioso estaba; y vino tras luengo tiempo, cuando ya, al cortarla, la barba cana me caa, despus que me acogi Amarilis y de m huyera Galatea. Pues lo confieso, mientras estuve en poder de Galatea, ni tena esperanzas de libertad, ni cuidaba del peculio. Aunque llev de mis apriscos a nuestra villa ingrata muchas vctimas para los sacrificios, y buenos quesos mantecosos, nunca se rindi mi diestra al peso del dinero que traa. Melibeo Y a veo por qu Amarilis, con voz doliente, invocaba a los dioses, y dejaba perder en los rboles las manzanas. Ttiro ausente estaba: por Ttiro suspiraban estos pinos, por Ttiro estas fuentes, estos arbustos. Ttiro Qu puedo hacer! Ni poda salir de servidumbre, ni conocer a dioses en otra parte tan propicios. All fue donde por primera vez vi a aquel mancebo, en cuya honra un da cada mes humean nuestros altares. All me dio benignamente esta respuesta: Ea, mozos, apacentad las vacas, como antao; acostumbrad al yugo los novillos. Melibeo As, pues, venturoso anciano, conservars tus campos, y te bastarn sin duda; bien que cubiertos por todas partes de peladas guijas y juncos

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FELIPE POEY Y ALOY /289 /289 cenagosos. Las ovejas preadas no recibirn dao de los pastos desacostumbrados, ni de los males contagiosos de la vecina gre y Anciano venturoso! Aqu cogers los aires sombros y frescos entre las corrientes de los nativos ros, y junto a las fuentes consagradas a los dioses. All te adormirs bajo los sauces del cercado vecino, convidado con el leve susurro de las abejas sicilianas que buscan el sustento entre las flores. Aqu el perdedo r al pie de una alta pea, esparcir al viento sus cantares. Entre tanto, oirs el ronco acento de tus amadas palomas, que no cesarn de arrulla r suspirando tus penas; y repetir su queja la tortolilla encumbrada en alto olmo. Ttiro As es que primero los presurosos ciervos pacern en el aire y los mares, denegando a los peces sus manidas, los echarn en la arena; o bien, expatriados de sus confines, aplacar el Parto su sed en las aguas de Araris, y el germano en las del Tigris, antes que salga su imagen de mi pecho. Melibeo Mas nosotros andaremos errantes; los unos por los ridos desiertos del frica, los otros por las regiones de la Escitia; algunos seguirn el curso del rpido Oaxes de Creta, otros irn a parar a los Britanos, totalmente separados del orbe. Y no me ser dado, despus de largo tiempo, volviendo a ver los campos de mi patria, y el csped que corona mi pobre albergue, el contemplar los que fueron reinos mos cubiertos de leves y floridas espigas! Del cruel soldado sern estas aradas? De un brbaro estas cultivadas mieses! V ed a qu punto os trajo la discordia, mseros ciudadanos. V ed para quin aramos y sembramos nuestros campos. Cuida con esto, Melibeo, de injertar tus perales, y planta a cordel las vias. Andad, cabrillas mas, en otro tiempo ganado dichoso, andad; que ya de aqu en adelante, tendido yo en la verde cueva, cual sola, no me deleitar mirndoos desde lejos colgadas de los riscos espinosos, ni entonar cantares, ni siendo yo vuestro pasto r cabrillas mas, paceris el florido cantueso ni los sauces amargos. Ttiro Puedes con todo aqu conmigo descansar aquesta noche en la verde enramada. Tengo manzanas maduras, castaas cocidas y queso en abundancia: fuera de que ya es tarde, pues a lo lejos se divisa el humo de las alqueras, y de los montes altos caen las sombras, que ms crecidas se tienden por la llanura.

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EPISODIO DE ARISTEO EN EL CU AL SE HALLA CONTENIDO EL SUCESO TRGICO DE O RFEO Y E URIDICE ; SAC ADO DEL LIBRO IV DE LAS G ERGIC AS DE V IRGILIO 1 El pastor Aristeo, fugitivo de los Tempes de Tesalia, consumidas (como es fama) sus abejas de enfermedad y de hambre, malanclico se detuvo al sagrado nacimiento del ro Peneo; y quejndose una y muchas veces, dio a su madre este lamento: Madre ma Cirene, que ocupas los profundos manantiales de esta corriente, para qu me hiciste nacer de la ilustre prosapia de los dioses, si como lo proclamas, Apolo Timbreo es mi padre? Adnde es ido el amor que me tenas? Por qu me dabas esperanzas de que me haba de asentar entre los dioses? Mira, al contrario, cmo pierdo el nico consuelo de mi vida mortal, adquirido a duras fuerzas con los productos del campo y del ganado. Y eres t mi madre? Acaba de una vez con todo, y destruye con tu propia mano las dichosas selvas, arroja al fuego enemigo a mis majadas, destruye mis cosechas, quema mis sembrados y apareja la robusta hacha contra las vias, si tanto te ofende mi prosperidad. Oy la madre estas voces lamentables desde el asiento del profundo ro, donde en su compaa estaban hilando muchas ninfas los preciosos vellones de Mileto teidos de azul y verde. Estas eran Drimo y Xanto y Ligea y Filodoce, destrenzados sus dorados cabellos y las bellas espaldas por ellos cobijadas; y Nesea y Espio y Tala y Cimdoce; y tambin Cidipe y la rubia Lcoris, nbil aquella, y la otra recin estrenada en el duro trance de Lucina; y Clo, y su hermana Broe, ambas hijas del Ocano, vestidas de oro y matizadas pieles; Efire y Opis y Deyopea de Asia; y finalmente Aretusa la cazadora, aunque a la ocasin sin aljaba y sin saetas. Entre ellas Climene cantaba los sobresaltos de Vulcano, los ardides de Marte y sus dulces hurtos, y los continuos amores de los dioses encubiertos por las nubes. 1 Me he aprovechado grandamente de la traduccin que escribi en prosa el maestro fray Luis de Len. Me he auxiliado tambin del trabajo de don Eugenio Ochoa.

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FELIPE POEY Y ALOY /291 /291 Mientras que, embelesadas con estos cantares, revolvan las ninfas en sus husos los blancos copos, por segunda vez el llanto de Aristeo toc los odos de la madre, y todas se pasmaron en sus cristalinos asientos. Pero Aretusa, ms diligente que las otras sus compaeras, sac la rubia cabeza fuera de las aguas, y mirando de lejos, exclam: Oh hermana Cirene, no sin causa te conmueve el lamento de tu querido Aristeo; que el triste est llorando en la orilla de nuestro padre Peneo, y esparciendo al viento sus quejas, con tu propio nombre te apellida cruel. La madre, sobrecogida de secreto espanto, dice: Anda, trelo; trelo, te digo, aqu donde nosotros estamos; pues es digno de pisar los divinos umbrales. Al mismo tiempo manda a la corriente que se haga a un lado, y d paso franco al mancebo. Detvose la onda a manera de un monte, y formando una bveda sobre su cabeza, lo recibi en su hondo seno. Y a se adelantaba, contemplando con admiracin el hmedo reino de su madre y sus palacios cristalinos, los lagos encerrados en sus cavernas, los bosques silbadores, el golpe temeroso de las aguas, y los ros famosos que baan la dilatada tierra, todos diversos de nacimiento: el F aso, el Lico y la cabecera donde toma su primer mpetu Enipeo; la fuente do nace el padre Tber; y aquellas donde toman su origen el corriente Anio, el ruidoso Hispano de pedregoso lecho, el Cico de Misia, el Erdano, cuyas arenas son de oro, y se divide en dos brazos a manera de toro de dos cuernos, el ms violento de los ros que llevan su corriente al mar Adritico por medio de los frtiles sembrados. Cirene lo recibi en su aposento labrado en piedra, y se enter del llanto sin fundamento de su hijo. Luego le dieron agua a mano sus compaeras y paos finos para enjugarlas; y poniendo las mesas, unas las cargan de manjares y llenan las copas hasta arriba; otras queman en los altares los inciensos de Arabia. La madre dice entonces a su hijo: Toma estos vasos de vino meonio y hagamos libaciones al Dios del mar. Al mismo tiempo dirige sus plegarias a Ocano, padre de todas las cosas, y a cien ninfas, sus compaeras que guardan las florestas, y a otros ciento que imperan en los ros. Tres veces roci el ardiente fuego con el precioso ncta r y tres veces temblando la llama resplandeci en la alta techumbre. Confortado su nimo con aquel presagio, comenz a hablar de esta manera: En los abismos del mar Carpacio tiene su habitacin el cerleo adivino Proteo; el cual recorre el inmenso pilago en un carro tirado por caballos bpedos y acompaado de peces monstruosos. ste visita ahora los puertos de Tesalia y su patria Palene. Todas nosotras le hacemos acatamiento, y juntamente el venerable Nereo; porque nada se oculta a su penetracin, conociendo las cosas que son, las que han sido y las que han de sucede r As plugo a Neptuno, cuyos desmesurados becerros y torpes focas apacienta en los profundos. ste, hijo, te conviene lo primero aprisiona r para que te declare la causa de la enfermedad y te d el

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OBRAS 292\ 292\ remedio: porque si no lo apremias con la fuerza, no esperes que pronuncie sus orculos, ni le movers con ruegos: aprsalo, pues, y tenlo atado hasta que den en vaco todas sus artes. Y o mismo, cuando el sol hubiere enardecido los calores del medioda, cuando las hierbas sedientas se marchiten, y es grata la sombra al ganado, te llevar a los retraimientos del viejo, donde cansado de lidiar con las ondas, se recoge a dormir la siesta: con lo cual fcilmente lo podrs acomete r Y te advierto que cuando lo tengas bien sujeto con tus manos y ataduras, procurar burlarte trocndose en varias formas y figuras de fieras; pues lo vers hecho un horrendo jabal, luego un tigre espantoso o un escamoso dragn, o leona de rubia cerviz; o se alzar convertido en llama estrepitosa, o se te ir escurriendo en sutiles aguas. Pero cuanto ms se ofrece en multiplicar sus formas, tanto ms, hijo mo, estrecha las prisiones, hasta que vuelto a su primitivo aspecto, lo vieres cual estaba cuando cerraba sus ojos al sueo. Dice, y esparciendo un lquido olor de ambrosa, baa con l todo el cuerpo de su hijo; y el aura enjuga sus peinados cabellos, y por sus miembros circula un nuevo vigor que le habilita para todo. Hay al pie de un monte carcomido una espaciosa caverna, donde con el viento se acumulan las olas y se dividen en estrechos remansos; puerto segursimo ms de una vez para los marineros en peligro. All dentro se refugia Proteo al abrigo de un gran peasco: no lejos esconde la ninfa al mancebo en un lugar apartado de la luz; y ella misma, envuelta en nieblas, se detiene a mayor distancia. Y a Sirio precipitado abrazaba a los sedientos indios; el sol, en la mitad de su carrera, consuma el orbe; 2 secbanse las hierbas, y el fondo cenagoso de los hondos ros herva calentado por los rayos solares, cuando Proteo sali del mar en busca de la cueva acostumbrada: los habitantes de la lquida llanura, regocijndose en su contorno, dispersan a lo lejos la espuma amarga. Las focas se echan a dormir sin orden en diversos lugares de la playa. l mismo se sent en medio de una pea y cont su ganado, como pudiera hacerlo el pastor en los collados, cuando saliendo la estrella de la tarde, vuelve a casa sus ovejas bien repastadas, y los lobos hambrientos, al balar de los corderos, aguzan sus colmillos. Aprovechando entonces Aristeo la ocasin, sin consentir que el viejo diese apenas descanso a sus miembros fatigados, cierra con l con gran clamo r y acostado lo asegura con maniotas. Mas l, no olvidado de sus antiguas maas, se transforma en todo linaje de cosas: ya en fuego, ya en fieras espantosas, ya en ro corriente. Al fin, viendo que ninguno de 2 Felizmente ha traducido Delille el verbo latino hauserat : Deja lardent midi, dessechant les ruisseaux,/ Jusquau fond de leur lit avait pomp leurs eaux.

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FELIPE POEY Y ALOY /293 /293 sus engaos le vale para la fuga, se da por vencido, y con su natural semblante, dice as: No me dirs t, oh! el ms temerario de los mancebos, quin te dio osada para venir a nuestras casas? O qu es esto que pretendes de m? T lo sabes, Proteo, respondi el mancebo; t bien lo sabes, pues no hay nadie que te pueda engaar: cesa, pues, de preguntarme. He venido aqu siguiendo los preceptos de los dioses, a pedirte orculos para reparar las cosas ya perdidas. Entonces el vate revolvi sus ojos encendidos en verdinegra luz, crujieron sus dientes con gran fuerza, y al fin dieron paso a estas profticas palabras: Una divinidad irritada te persigue, y llevas las penas de un delito involuntario. El desdichado Orfeo, si los hados no lo resisten, te suscita este dao, y cruelmente se embravece por la prdida violenta de su esposa. Por cuanto ella incauta, huyendo de tu persecucin, iba a todo correr por la orilla del ro, y no advirti que oculta en la alta hierba estaba la hidra horrible que guardaba aquellas riberas, y haba de ser causa de su muerte. Por esto el coro de las drades, sus compaeras, llenaron de lamentos sus altos montes: llorndola las cumbres del Rdope, y el descollado Pangeo, y la tierra marcial de Reso, y los Getas, y el ro Hebro, y la ateniense Orithia. Mas el propio Orfeo, buscando en la lira un consuelo a su melanclico amo r a ti diriga sus cantares, oh cara esposa, hablando a solas consigo en la ribera; a ti, desde la maana hasta la noche; a ti, de la noche a la maana. 3 Entrse, pues, por las bocas del promontorio Tnaro, altas puertas de Plutn, y en el bosque invadido de un tenebroso horror; presentse a los Manes, y al Rey tremendo, y a los corazones que no se ablandan con los ruegos humanos. Movidas con el canto de sus hondos asientos, se acercaban los fantasmas del Erebo, y las almas desnudas de los mortales que vagan en medio de perpetuas tinieblas. Salieron iguales en nmero a los millares de aves que se esconden en las selvas, cuando la tarde y la tempestad del invierno las ahuyenta de los elevados cerros; caminaban amontonados las madres y los esposos, y los cuerpos exnimes de los nclitos varones, nios y doncellas, y los mancebos quemados funeralmente a vista de sus padres. A todos los rodea y cie el negro cieno y los caaverales diformes del Cocito, y el lago aborrecible que apenas se mueve, y la laguna Estigia que nueve veces girando los encierra. Pasmronse las moradas tartricas y los abismos del Leteo, y las Eumnidas que trazan sus cabelleras con silbadoras sierpes; Cerbero, la triple boca abierta, suspende su ladrido; y la rueda de Ixin queda sin movimiento. 3 Te viniente die, te decedente canebat La breve expresin de la lengua latina ser siempre la desesperacin de los traductores.

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OBRAS 294\ 294\ Y a se volva Orfeo, vencido estos peligros, y Eurdice restituida a su amor iba a entrar en la luz clara, siguiendo los pasos de su esposo, conforme a la condicin impuesta por Proserpina cuando un arrebato apasionado se apoder del incauto amante; bien, digno por cierto del perdn, si perdonar supieran los espritus infernales. Detvose olvidado, cuando ya iba a salir del tenebroso imperio, y vencido del amo r volvi los ojos a la carsima prenda. Entonces perdi el fruto de todos sus trabajos; y roto el pacto que haba hecho con el inflexible tirano, se levant un clamor que son tres veces en los lagos del Averno. Orfeo mo, dijo ella, quin me ha perdido, desdichada, y a ti conmigo?, qu delirante amor ha sido el tuyo? Ahora vuelvo al reino del espanto, y un sueo eterno oscurece mis ojos baados en lgrimas. Adis, querido esposo; arrebatada me siento por los crueles hados; y apenas puedo levantar a ti, pero ay! sin ser tuya, mis palmas desvalidas. Dijo, y al punto se le desapareci como el humo que se pierde en el aire, dejndolo con las palabras en la boca y tentando asir su sombra fugitiva. No la volvi ms a ve r ni el barquero del Orco consinti que otra vez pasase el mancebo la opuesta laguna. Qu har? Adnde se ir, sin su consorte que por dos veces le fue quitada violentamente? Qu llanto, qu plegaria podra vencer a los inexorables nmenes? Ella, ya muerta, navegaba por la barca infernal. Es fama que llor siete meses enteros al pie de una alta pea cabe el yerno Estrimn; y que moviendo las piedras con su lira, amansando los tigres y llevando tras s las selvas, derram su acento por los peascos fros. No de otra suerte la doliente Filomena, entre las ramas de un lamo, clama por sus perdidos hijuelos, que implumes acech y rob del nido un despiadado labrador: llora ella toda la noche, y posada en un ramo, entona una sentida lamentacin que resuena en torno de los ecos solitarios. 4 As al msero Orfeo no hay muje r por hermosa que sea, que le parezca bien; ni se inclina a otro himeneo. Solo con su dolo r se anda por los hielos hiperbreos, y por las orillas heladas del ro Tanais, y por los campos del Rifeo, que nunca enviudan de los desposorios que celebraron con las nieves. All lamenta su arrebatada Eurdice; y maldice las ddivas insidiosas de Plutn. Picadas de este menosprecio las mujeres de los pueblos Cicones, dieron muerte al mancebo; y dividindolo en pedazos, esparcieron sus miembros por los campos. Esto fue a tiempo que se hacan unos sacrificios a los dioses y en medio de las nocturnas orgas de Baco. Entonces, como el ro Hebro, que corre por las tierras de Eagro, revolviese en medio de su corriente la cabeza arrancada del alabastrino cuello, la voz y la lengua ya helada clamaban al despedirse 4 Las ltimas palabras son de Jovellanos.

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FELIPE POEY Y ALOY /295 /295 el alma: Eurdice, ay! desdichada Eurdice! y las riberas del ro por todas partes repetan Eurdice! As habl Proteo, y de un salto se arroj al alto ma r formando al caer un remolino espumoso. Tembl Aristeo, mas no temi su madre Cirene, quin habl de esta manera: Oh hijo, conviene que despidas de tu nimo los tristes cuidados: ya sabes la causa de la peste que te aflige. Por eso las ninfas que en compaa de Eurdice animaban con sus danzas los montes encumbrados, enviaron la miserable destruccin a las abejas. T, humilde, ofrece sacrificios a las indulgentes Napcas, pidindoles perdn, para que se aplaquen y depongan sus iras. Pero antes te dir por su orden las ceremonias que has de practica r Elige cuatro toros, los ms gordos y los ms lcidos de los que en provecho tuyo pacen la verde cabellera del monte Liceo, y otras tantas becerras que an no han sujetado su cuello a la coyunda. Construye en los elevados templos de las ninfas cuatro altares, saca de la garganta de las vctimas la sagrada sangre, y deja los cuerpos en el bosque frondoso. Luego, cuando la novena aurora ostente sus resplandores, ofrecers en los funerales de Orfeo adormideras que causan olvido, y desarmars a Eurdice con el sacrificio de una oveja negra; sacrificars tambin una becerra; despus de lo cual volvers al bosque. Sin ms tardanza puso Aristeo en prctica los preceptos de su madre: levanta los altares que le haban dicho, lleva cuatro toros prceres de cuerpo y muy hermosos, y otras tantas becerras que nunca haban doblado la cerviz al yugo; y al amanecer del noveno da has los sacrificios, y vuelve a la selva. Entonces fueron sus ojos testigos de un prodigio admirable, que no se puede declarar con palabras. Las abejas andan susurrando por todo el vientre y por las entraas ya corrompidas de los bueyes, y salen a borbotones por las costillas descarnadas; andan enjambres muy crecidos, jntanse arracimadas en las flexibles ramas, y quedan colgadas como si fueran uvas.

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TRADUCCIN DE HORA CIO 1 L IBRO P RIMERO O D A S EGUND A Harto tiempo lanz el padre de los dioses sobre la tierra las tristes nieves y el duro granizo; y con su diestra fulminante hiri los sagrados alczares, imponiendo pavor en los nimos. Su ira hace temer a las naciones la renovacin del siglo prodigioso, en que Pirra vio a Proteo conduciendo su ganado sobre la cima de los montes. Y los peces prendidos en las ramas de los olmos, donde antes anidaran las palomas; y los ciervos amedrentados nadando sobre las aguas invasoras. Y a hemos visto al Tibe r revolviendo sus aguas cenagosas, salir violentamente de la orilla etrusca, para derribar los monumentos de un rey y los templos de V esta. Bien que, compadecido de las quejas de Ilia, prometi un restaurador; al paso que, esposo vagabundo y sin consulta de Jpite r precipitaba sus aguas sobre la opuesta orilla. Mas ella supo despus que los romanos aguzaron contra s mismo el hierro, mejor empleado en la guerra de los Partos; dejando a la juventud, menguada por el crimen de los padres, la memoria lamentable de nuestras contiendas. A quin acudirn ahora los ciudadanos, en la ruina del imperio? Qu plegaria dirigirn las sacras vrgenes a V esta, sorda a sus cantares? 1 Argumentos y notas: en justo castigo de la muerte de Julio Csa r sobrevinieron muchas calamidades al pueblo romano. Cfrase la nica esperanza del imperio en la vida y conservacin de Augusto. El monumento de un Rey, alude al rey Numa Pompilio. Ilia era madre de Rmulo y mujer de Tbe r Sin consulta de Jpite r quiere decir llevndolo a mal Jpite r, por dejar a Octavio slo la gloria de vengar la muerte de Csa r La juventud se hallaba disminuida por las guerras civiles. Venus era llamada Erycina, por el monte Eryx, en donde era venerada. El hijo de Maya es Mercurio.

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FELIPE POEY Y ALOY /297 /297 A quin quedar por Jove encomendada la expiacin del delito? Ven y cede a nuestras splicas, t que llevas los blancos hombros cubiertos con una nube, augurio Apolo! O bien t, plcida Erycina, a quien acompaar los juegos y los amores. Y t, Marte, padre de un linaje que desdeas, no apartes tu vista de tu posteridad! T me complaces en el clamor de la guerra, en el resplandor de las armas, en el semblante amenazador del Marso contra el enemigo ensangrentado, pon un trmino a estos dilatados entretenimientos. Hijo alado de la amable Maya, acaso has revestido la semejanza de un joven hroe, y consientes en ser llamado el vengador de Csar? No vuelvas tan pronto al Olimpo, queda para consuelo del pueblo romano. No te enojes por nuestros vicios, y no te retires en alas de los vientos. Ms bien gzate en nuestros triunfos, acepta los nombres de Padre y de Prncipe, y no consientas que los Medos cabalguen impunemente, siendo t nuestro caudillo, o Csa r.

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VIAJE DE VIRGILIO TRADUCIDO DE HORA CIO 1 L IBRO P RIMERO O D A T ERCER A Nave, a quien se encomend Virgilio, as la amable diosa que reposa en Chipre, as los hermanos de la bella Elena, lcidos astros, y el padre de los vientos te conduzcan, que lo restituyas salvo, te ruego, a las arenas ticas y guardes la mitad del alma ma. Triple armadura de bronce y robusto pecho tuvo quien entreg primero un frgil leo al pilago saudo. Ni temi al Austro altivo desatado contra el fiero Aquiln, ni a las lluviosas Hyadas, ni la furia del Noto proceloso, seor del golfo Adritico, bien encrespe sus olas, bien las tenga sosegadas. Qu gnero de muerte podr espantar a quien con ojo enjuto vio el mar embravecido, vio los monstruos nadando y los fulminados escollos del Espiro? En vano Jpiter prudente ci las tierras con mares disociables, si sacrlegas barquillas osan al fin salvar las inviolables llanuras. La gente humana, dispuesta a todo, se despea a la impiedad vedada. El hijo audaz de Japeto hurta el fuego del sol y lo distribuye a las naciones. Tras de este fraude, carg sobre la tierra la macilenta fiebre y un nuevo escuadrn de males; y la muerte inevitable, antes lenta, lleg con paso presuroso. Ddalo se lanz a los aires con plumas no dispensadas a la humanidad; Hrcules, con temerario aliento, penetr en el Aqueronte. No hay obstculo para el hombre: en su demencia, acomete al mismo cielo; y por su maldad, no permite que Jove soberano deponga sus iras y rayos justicieros. 1 Argumento y notas: el autor pide a la nave que lleva Virgilio a Atenas, que lo conduzca sin dao; y en su inquietud, censura el arrojo de los hombres. La diosa de Chipre es V enus; los hermanos de Elena son Castor y Plux. Prometeo, hijo de Japeto, hurt el fuego celestial: inmenso beneficio hecho a la humanidad, por el cual sufri en el monte Cucaso la tirana de Jpite r Los males que se derramaron por el orbe salieron de la caja de Pandora, cuada de Prometeo. Los titanes amontonaron Osa sobre Polin para escaladar el Olimpo.

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EL MOLINERO S ANS SOUCI E SCRITO EN VERSOS FR ANCESES POR A NDRIEUX El hombre, en sus errores, es un problema extrao. Quin de nosotros permanece constante en sus principios? El carcter ms comn es no tener carcter: ayer incrdulos, hoy devotos. As va alzando y bajando, al capricho atmosfrico, el lquido metal que en el tubo se encierra. Muy variable es el hombre; y esos malhadados reyes, contra quienes tanto se habla, tienen algunas veces sus cosas buenas. No tengo empacho en decirlo; y en prueba de ello, voy a referir un hecho que les hace mucho hono r Rasgo fue de un hroe, de Federico II, que no obstante ser testa coronada, fue profundo pensado r formidable a los austracos, envidiado en V ersalles, cultivando las bellas artes, cuando daban treguas las batallas, gran re y, buen filsofo y malsimo cristiano. Quera, pues, construirse un retiro agradable donde, apartado de vanas etiquetas, pudiese no vegeta r bebe r batir ciervos; pero s meditar sobre humanas flaquezas, y sazonando la filosofa con agudos conceptos, cenar con el Marqus de Argens, V oltaire y Lamettrie. En la cima de un collado escogido por el Prncipe, se alzaba la humilde casa del molinero Sans Souci. 1 El hombre tena por costumbre pasar el da sin curar de maana: por do quiera que soplaba el viento le opona su ala, y contento dorma. Muy bien acreditado, gracias al carcter de su dueo, el molino haba tomado el mismo nombre; y de los villorios cercanos las zagalejas y los zagales iban a Sans Souci para cantar y bailar al comps de sus canciones. Sans Souci! Este nombre halageo fue del gusto de los de Epicuro. Federico lo hall conforme a su proyecto; y la denominacin de un molino fue aplicada a su palacio. Pero ay!, en nuestra pobre tierra parece forzoso que dos vecinos estn siempre de duelo. La sed de invadirlo todo y de extender sus de1 Significa sin cuidados. Se pronuncia suc

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OBRAS 300\ 300\ rechos, ser siempre el tormento de molineros y reyes. En esta ocasin el Rey tuvo la culpa: codici la humilde heredad de su vecino. Los planos se haban trazado bellsimos en el papel, donde el pobre molinero del todo se perda; sin lo cual era preciso sacrificar la mayor vista, estrechar los jardines y afear la entrada. Nada vale, porque a nadie pienso venderlo. Bueno es esto! El molino es mo, tan cierto como la Prusia es del Re y Vamos, amigo, pocas palabras y cuidado con lo que digas Quiere usted que me explique? Habla, pues. No lo vendo; ya est dicho. Esta cruda negativa fue referida al Rey con el mayor escndalo. El monarca manda a buscar al indcil molinero; insiste, halaga, ofrece; tiempo perdido: Sans Souci, obstinado: Oiga usted la razn, seor; no es posible que yo venda mi casa; mi padre en ella expir; mi hijo all acaba de nacer Es un Postdam 2 para m. Soy franco: no lo es usted? A cabemos: mil ducados, al pie de vuestros discursos, no pudieran conquistarme. No hay que pensar en ello; ya lo dije y lo mantengo. Los reyes no estn hechos a tantas contrariedades. Federico, por lo pronto altamente irritado, le dijo: Vive Dios! Ests con tu molino bien encalabernado: bueno soy yo en hacerte proposiciones! No sabes que sin pagar puedo alzarme con tu hacienda? Soy el amo. V os!, quitarme el molino? Fcil es decirlo: como si no tuviramos jueces en Berln! El Re y al or estas palabras, se contuvo. Lisonjera fue la idea que bajo de su reinado hubiera quien creyese en la justicia. Complacido, mir a los cortesanos, y dijo: Seores, haremos otro plano; y al vecino: Amigo, guarda tu molino; me ha hecho gracia tu respuesta. El resultado no saliera mejor en una Repblica. Con todo, no hay que fiarse. Este mismo Federico, justo con un molinero, tuvo caprichos de marca mayo r Dgalo aquel da en que invadi la Silesia. Apenas subi al trono, hambriento de laureles, enardecido con la gloria y la ambicin, ensangrent la Europa. Pasatiempos de Prncipes: respetan un molino, roban una provincia. 2 Palacio de Federico II

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DESTRUCCIN DE SENNA QUERIB P OR L ORD B YRON 1 Cay el Asirio sobre Jud, como un lobo en el redil: sus legiones llevaban brocados de prpura y oro, y sus lanzas resplandecan como las estrellas en el agitado mar de Galilea. En tanta muchedumbre bajaron sus huestes, que al ponerse el sol eran cual las hojas de la selva, cuando el verano tiende su manto de verdura; al amanece r semejantes a las hojas secas que arrebata el viento de otoo, yacan sus huestes por tierra, marchitas y dispersas. Porque el ngel exterminador tendi sus alas por los aires y sopl a la faz del enemigo: los ojos de los soldados dormidos quedaron inmviles y helados; sus corazones latieron por ltima vez y dejaron de latir para siempre. Tendido el bridn con las narices abiertas, no despide ya por ellas su altivo aliento; y la blanca espuma de su respiracin se cuaja sobre la hierba, como la del mar al pie de un arrecife. Junto al caballo yace el caballero, plido y yerto; el roco empapa su frente, y el orn deslustra su armadura: las tiendas enmudecen, los pendones se mecen a merced de los vientos, las lanzas cadas, el clarn silencioso. Se escuchan los prolongados sollozos de las viudas de Asur; los dolos de Baal caen de su asiento; y la fortaleza del gentil, sin el golpe de la espada, se ha disuelto como la nieve a la mirada del Seo r. 1 He mejorado mi traduccin con la de don Domingo del Monte.

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CES A CIN DE LA FUERZA VIT AL Y FENMENOS SUBSECUENTES P OR J. C UVIER Consideramos el cuerpo de una mujer en el estado ms floreciente de juventud y sanidad; sus formas redondeadas y voluptuosas, la graciosa flexibilidad de sus movimientos, la suave temperatura distribuida por sus venas; sus ojos, que despiden los rayos encendidos del amo r o resplandecen con la luz del entendimiento; su fisonoma, que risuea aplaude a un dicho agudo, o sublime se anima al poderoso incentivo de las pasiones: todo concurre en ella para formar un ser encantado r. Un instante ha bastado para destruir este prestigio. De repente, y a veces sin causa conocida, cesa el movimiento, la sensibilidad cesa, el cuerpo pierde su calo r los msculos se aplastan y ponen en descubierto los ngulos prominentes de los huesos, la luz de los ojos se apaga, la nariz se ahila, se amoratan los labios, se acardenan las mejillas: preludios todos de transmutaciones ms horribles. Pasan despus las carnes por colores azulados, verdosos, negruzcos; cunde la humedad, que ya se evapora en emanaciones infectas, ya corre a manera de sanie ptrida, que tampoco tarda en desvanecerse. Al cabo de pocos das solo quedan de tan bella creacin algunos principios terrosos o salinos; los dems elementos, dispersos por los aires o disueltos en las aguas, entran a formar parte de nuevas combinaciones.

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LA NOCHE P OR D UP UIS Bello y esplndido es el espectculo del da; pero tambin es bella e imponente la noche, cuando el cielo sin nubes nos descubre esas llanuras azuladas, en que el oro y los diamantes resplandecen a la pa r Qu rico y pomposo es el manto de la noche! Bajo de este aspecto deja de ser pavorosa: ella tambin se muestra como una divinidad. Ella vierte un benfico roco sobre las flores y hojas de las plantas desecadas por el ardor del da, y mantiene en el aire la humedad necesaria a la vegetacin. Ella marca la medida del sueo en la naturaleza, y tiene un velo sobre el hombre y los animales en su reposo, envolvindolos en majestuoso silencio. Bajo sus alas maternales, todo lo que respira en la tierra, en los aires, en las aguas, descansa del trabajo de la jornada. Sus tinieblas no son las del caos; porque tiene su luz, su orden, sus armonas, que slo pueden ser superadas por las que el da nos presenta. No es ciertamente aquella luz deslumbradora del sol, ante quien, fuera de su presencia, todo desaparece en los cielos, y todo se descubre en la tierra; la noche, por lo contrario, nos esconde la tierra y dirige nuestra vista al espectculo celeste, cuyos brillantes astros, sin ella, quedaran perpetuamente desconocidos.

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DESIER TOS DE LA ARABIA P OR B UFFON Figurmonos un pas sin agua ni verdor; un sol ardiente, un cielo siempre enjuto; llanuras arenosas, colinas ridas, por las cuales se extiende la vista y se pierde, sin poderse fijar en ningn objeto viviente; una tierra muerta, descortezada por los vientos, la cual slo presenta huesos, guijarros, peascos firmes o arrancados de su asiento; un desierto enteramente desnudo, en que nunca el viajero ha encontrado una sombra hospitalaria; donde nada le hace compaa, nada le recuerda la naturaleza animada: soledad absoluta, mil veces ms espantosa que la de los bosques, pues a lo menos los rboles tienen vida, y son compaeros del hombre, que fuera de su benigna influencia, se halla enteramente solo; ms aislado, ms destituido de todo recurso, ms extraviado en aquellos parajes vacos e ilimitados. Mira por todas partes el espacio como su sepulcro; la luz del da, ms melanclica para l que las sombras de la noche, no se renueva sino para presentarle ms a las claras su desnudez y su impotencia, y para poner a su vista todo el horror de su situacin; apartando los lmites del vaco, y dilatando el abismo de la inmensidad que intercepta la tierra habitada; inmensidad que en vano intentara recorre r pues el hambre, la sed y el calor ardiente agravan los instantes que le restan entre la desesperacin y la muerte.

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LAS C A T A CUMBAS P OR C HA TEA UBRIAND Sorprendido por la noche al pie de la fuente Egeria, trat de alcanzar la va Apia, para lo cual me encamin al sepulcro de Cecilia Metela, monumento grandioso y elegante que la arquitectura romana coloca entre sus obras maestras. En el medio de la soledad de aquellos campos, pude divisar algunas personas que buscaban la oscuridad, y que al llegar a cierto punto, desaparecan de repente. Movido de una curiosidad invencible, me adelanto, y penetro sin temor en la caverna donde se haban sepultados los misteriosas fantasmas. Vi prolongarse delante de m unas galeras subterrneas apenas alumbradas por las lmparas que colgaban de trecho en trecho. Los muros de los corredores fnebres se hallaban revestidos de una triple lnea de sepulcros colocados unos sobre otros. La lgubre luz, sinuando por las desigualdades de la bveda, y reflejando sobre las tumbas, prestaba una oscilacin pavorosa a objetos eternamente inmviles. En vano, dando un odo atento, interrogo el abismo silencioso. No hallo ms respuesta, en el reposo de estos lugares, que los latidos presurosos de mi corazn. Quise volver atrs, mas no era tiempo; perd el camino, y en lugar de salir del laberinto, ms me internaba. Numerosas calles que abren y cruzan en todas direcciones, aumentan a cada paso mi incertidumbre. Mientras ms me esfuerzo para encontrar un sendero, ms me desvo. Tan pronto me adelanto con lentitud, tan pronto cruzo con violencia. El eco repeta el ruido de mis pasos, y oa caminar a mis espaldas. De esta suerte anduve errando por largo tiempo: mis fuerzas empezaban a flaquea r me sent en una encrucijada de la mansin de los muertos, y miraba con ansia la luz de las lmparas casi consumidas y prximas a apagarse. De improviso, sale del fondo de estas moradas sepulcrales una armona semejante a un coro lejano de espritus celestiales. Estos divinos acentos expiraban y renacan alternativamente, perdindose con suavidad en las vas tortuosas del subterrneo. Me le

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OBRAS 306\ 306\ vanto y me dirijo a los lugares de donde parten los mgicos conciertos: descubro un saln iluminado. Sobre una tumba ornada de flores, Marcelino celebraba el misterio de los cristianos; jvenes vestidas de blanco lino elevaban su canto al pie del altar; un numeroso concurso asista al Santo Sacrificio: me hallaba en medio de las catacumbas.

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LAS PIRMIDES DE EGIPTO P OR V OLNEY La mano del tiempo, y ms todava la del hombre, asoladoras ambas de las obras monumentales de la antigedad, nada pudieron hasta aqu contra la firmeza de las pirmides. La solidez de su construccin y la enormidad de su mole las han eximido de todo menoscabo, parecindoles asegurar una eterna duracin. Los viajeros todos hablan entusiasmados de estas soberbias construcciones; y no hay exageracin en su entusiasmo. Por el largo espacio de diez y ocho leguas se alcanzan a ver sus cimas colosales; fbricas humanas, que parecen retirarse ms y ms, al paso que el hombre se va acercando. Distante de una legua, las ve el viajero dominar de tal suerte sobre la tierra, que cree haber llegado a sus plantas. Llega por fin, las toca, y no hay voces para expresar la variedad de sensaciones que all le asaltan de tropel. La altura de la cspide, la rapidez de la cada, la amplitud de la superficie, el imponderable asiento, la memoria de los tiempos pasados que su presencia aviva, el cmputo del trabajo que ha costado su construccin, la idea de que esas inmensas rocas han sido alzadas por mano del hombre, tan pequeo y dbil que parece arrastrarse a sus pies; todo contribuye a conmover fuertemente el alma, llenndola a un tiempo de asombro, de terro r de abatimiento, de respeto y de admiracin. Pero es preciso confesar que a este primer arrebato sucede muy en breve un sentimiento de distinta naturalidad. Despus de haber formado una opinin tan sublime del podero humano, si pasamos a meditar acerca del objeto en que se ha ejercitado, dejamos caer la vista entristecida sobre la obra de sus manos; nos aflige el considerar que para construir un tmulo vano, haya sido forzoso atormentar veinte aos a una nacin entera; queda el corazn lastimado con la idea de las injusticias y vejaciones sin nmero, dirigidas contra los peones en las tareas onerosas del acarreo, corte y acopio de tantos materiales. El nimo indigno se alza contra la extravagancia de los monarcas que mandaron levantar esas obras monstruosas: este pensamiento asalta ms de una vez al recorrer los monumentos de Egipto. Esos laberintos, esos templos, esas

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OBRAS 308\ 308\ pirmides, en su construccin maciza, ostenta mucho menos el ingenio y la opulencia de un pueblo amigo de las artes, que el capricho y mando absoluto de sus reyes. Entonces disculpamos a la avaricia, que profanando lo sagrado de las tumbas, haya frustrado sus altivas esperanzas. Entonces tributamos menos lstima a esas ruinas; y mientras que el amante de las bellas artes se indigna en Alejandra al ver aserrar las columnas de los palacios, para convertirlas en ruedas de molinos, el hombre pensado r despus de aquella primera emocin que causa la perdida de todo lo bello, no puede menos de contemplar con secreta satisfaccin la callada justicia del destino, que al fin devuelve al pueblo lo que tantos afanes le cost, y somete a la ms humilde de sus necesidades el aparato de un lujo infructuoso.

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EL ROBLE Y LA C AA F BULA DE L A F ONT AINE De esta suerte a la caa el roble hablaba: Mucha naturaleza te combate: corre el Cfiro blando, lisonjero, sin alterar la faz de limpias fuentes, y doblas a su aliento el dbil cuello. En tanto que mi frente airosa, altiva como el Cucaso al cielo se levanta, y al viento bramador firme resiste. Hallas en todo al huracn furioso, en todo encuentro al blando cefirillo. Las hmedas regiones que frecuentas ludibrio son de ardientes tempestades; no vives abrigada con mi sombra, ni te defiende mi enramada excelsa. Qu lstima me inspiras, buena amiga! Tu compasiva voz, dijo la caa, la amistad acredita ciertamente; pero es vano el temo r no me amedrentan los vientos, para ti muy ms temibles. Y o me inclino y no quiebro: t, cien aos a su terrible impulso han contrapuesto el duro cuello y brazos retorcidos; mas espera hasta el fin. Esto deca, cuando del horizonte ms lejano acude el viento airado, impetuoso y de rticas cavernas desatado. El roble en pie se est, la caa besa la tierra; y crece el huracn saudo, y de su asiento arranca al desdeoso cuya cabeza altiva al cielo hera, cuyos profundos pies en regiones tartricas se hundan.

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LOS ESTUDIOS ENTOMOLGICOS LOS ESTUDIOS ENTOMOLGICOS La obra Centuria de los lepidpteros de la isla de Cuba, compuesta por Felipe Poey en Pars en 1832, fue segn la afirmacin de Juan C. Gundlach en su Contribucin a la entomologa cubana el primer trabajo cientfico elaborado sobre las mariposas de la Isla. 1 Arstides Mestre, el destacado mdico y antroplogo cubano, tambin sum su criterio escribiendo al respecto: SEGUND A PAR TE P RIMEROS TRABAJOS CIENTFICOS Y EST ABLECIMIENTO DEL M USEO DE H ISTORIA N A TURAL 1 Pastor Alayo y Luis R. Hernndez en su Atlas de las mariposas diurnas de Cuba (Lepidoptera: Rhopalocera) impreso en 1987 por la Editorial Cientfico-Tcnica, sealan en la introduccin del mismo que los estudios sobre las mariposas de Cuba los inicia Jacob Hubner con dos obras publicadas entre 1806 y 1841, tituladas: Sammlung Exotischer Schmetterlinge y Zutrage zur Sammlung Exotischer Schemetterlinge.

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FELIPE POEY Y ALOY /311 /311 Este trabajo inicia ese captulo de nuestra fauna: no hay otro anterior a l. Las descripciones son excelentes. Lstima que tuvo necesariamente que suspenderse a consecuencia del viaje de Poey a La Habana. 2 Segn el plan original de Poe y la Centuria de lepidpteros comprender la descripcin e ilustracin de 100 especies de mariposas cubanas nuevas o poco conocidas para la ciencia, y ofrecera adems, como se indica en el ttulo, informacin sobre las orugas y las crislidas con sus respectivos detalles microscpicos; pero desafortunadamente el plan se interrumpi con el regreso del autor a Cuba, y slo se llegaron a imprimir en Pars dos dcadas de la serie de diez propuestas, equivalentes a las dos primeras entregas que contenan cada una los datos de diez especies. La primera de las dcadas impresas estuvo a la venta en abril de 1832, y las suscripciones deban hacerse en la Librera Greco-LatinaAlemana e Inglesa de Pars. Sobre la segunda no podramos precisar fecha, aunque se pudiera suponer se realiz en septiembre del mismo ao, pues fue en este mes que apareci el fascculo acompaado de un anuncio en el cual se explicaba el regreso de Poey a Cuba. Juan C. Gundlach, al hacer el recuento de cmo fue concebida esta joya de la bibliografa entomolgica cubana, 3 expresaba: [...] Entonces estudiaba este amigo mo en Pars las mariposas llevadas de la isla de Cuba, sirvindose de las bibliotecas y de las colecciones del Museo del Jardn des Plantes y de personas particulares. 4 Como seala Gundlach, los estudios realizados por Poey en Pars sobre los lepidpteros cubanos, lo vincularon con los especialistas en la materia. V arios de los discpulos ms allegados a Poe y entre ellos Carlos de la Torre, Juan Vilar y Arstides Mestre, coinciden en el criterio de que sus actividades cientficas, en esta poca de su vida, lo llevaron a integra r como miembro fundado r la Sociedad Entomolgica francesa, que fue la primera institucin de su tipo creada en Europa. En febrero de 1832, la Sociedad Entomolgica dio inicio a las actividades, y bajo los auspicios de Pedro Andrs Latreille, en ella se reunieron con la intencin de contribuir al progreso de estas investigaciones 2 Arstides Mestre: Elogio del S r Felipe Poey, Revista Cubana 1891, t. XIII, p. 171. 3 En 1970, la Centurie de Lepidoptres de lIsle de Cuba fue reimpresa en Hampton, Inglaterra, por E. W Cassey. En 1973 el costo de un ejemplar de este facsmil era de & 12,50. 4 Juan C. Gundlach: Contribucin a la entomologa cubana, Imprenta de E. Montiel, La Habana, 1881, p. 7. 5 La Sociedad Entomolgica Francesa incluy entre sus miembros honorarios a una de las figuras ms sobresalientes de las ciencia en todos los tiempos, el Barn Jorge Cuvie r. Este naturalista francs remiti, en gesto de agradecimiento por el nombramiento que la

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OBRAS 312\ 312\ un grupo de hombres de ciencia. 5 Poey mantuvo a travs de los aos fuertes lazos de amistad y colaboracin cientfica con dos de las figuras incluidas en la lista de los socios, el distinguido entomlogo Luis Alejandro Chevrolat, quien estudi numerosos ejemplares de insectos cubanos remitidos por Poe y sobre los cuales escribi varias memorias insertadas en los Anales de esa Sociedad, y con Flix Eduardo GurinMneville, profesor de entomologa en el Colegio de Francia desde 1850, uno de los autores franceses que tom parte en la elaboracin del tomo VII de la Historia fsica, poltica y natural de la isla de Cuba publicado por el espaol Ramn de La Sagra, en Pars en 1856. Transcurrido algunos aos, y establecido Poey en La Habana, public en las Memorias de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, correspondientes a 1846 y 1847, un Catlogo metdico y descriptivo de las mariposas de la isla de Cuba. Gundlach tambin se refiri a este Catlogo en su compendio entomolgico y lo seal como el segundo de su tipo en la materia publicado, 6 pero esta obra, a diferencia de la Centuria persegua otros objetivos cientficos. Al respecto declar Poey: No es mi nimo el describir las mariposas en todos sus rganos, ni traer a la memoria la relacin interesante de sus transformaciones y costumbres, sino el de dar metdicamente los caractres especficos de institucin le hizo, una carta cuyo original se conserva en el A. H. Museo Finlay; a continuacin copiamos la versin en espaol del contenido de este documento, el cual suponemos perteneci a Felipe Poey. En el Jardn de Plantas de febrero de 1832 Seor [Lefevre] Me sent vivamente emocionado por el honor que la Sociedad de Entomologa quiere hacerme, y lo acepto con gran place r Y o hubiera sido ms digno de merecerlo en otro tiempo, cuando en mi juventud esta bella ciencia ocupaba todo mi tiempo disponible, pero si otras ramas de la Historia Natural no me han permitido dedicarme a ella con el mismo fervo r no ha dejado de producirme nunca el ms vivo inters, y me sentir muy dichoso de verla emprender de nuevo por los trabajos de la Sociedad este camino feliz y tan rico en bellos descubrimientos que le imprimieron los Reaumu r, los Roesel y los DeGeer [...] Nada podra ser ms provechoso para la verdadera Filosofa. Las ocupaciones en las que estoy inmerso no me permitirn probablemente asisti r como lo hubiera deseado, a vuestra sesin del mircoles, pero le ruego creer que estar all de corazn. Seo r vuestro muy humilde servido r. firmado: B. G. Cuvier. 6 En 1832 Felipe Poey tambin public en Pars otros dos artculos sobre lepidpteros: Observations sur le crin des lpidopteres de la tribu des crepusculaires et des Nocturnes en Annales de la Socit Entomologique de France y Argyne argynnis Lat. Dcember 1832, en Magasin de Zoologie. Estas dos obras del naturalista cubano son muy poco conocidas.

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FELIPE POEY Y ALOY /313 /313 las que se cran en la isla de Cuba, con el fin de que los amantes de la naturaleza que deseen formar cuadros o colecciones con ellas, tengan el gusto de poseerlas con sus nombres [...] 7 l indicaba tambin que haba seguido, en el mtodo de clasificacin, a especialistas tales como Linneo, Boisduval, y al llamado prncipe de los entomlogos, Latreille. El Catlogo de Poe y sin embargo, no era slo una lista de especies, pues aquellas personas interesadas en poseer y formar colecciones de mariposas, encontraron en l los consejos elementales para dedicarse a la actividad, por dems muy de moda en la poca. Recomend, por ejemplo, que el mejor modo de obtener mariposas intactas era crindolas en estado de oruga, en las plantas donde ellas se desarrollaban hasta su transformacin en crislida, y/o, en el insecto perfecto. Describi los utensilios que se utilizaban para capturar mariposas y el modo de usarlos, sealando el cuidado que se deba tener con el insecto una vez apresado: El instrumento que se emplea en el campo para coger mariposas, es una manguera o especie de saco hecho de un gnero transparente, y puesto en el extremo de una caa. Para contener los movimientos del insecto, se mata lo ms pronto posible, oprimindole el pidio o corpio, sin tocarle las alas, y sin lastimarle la cabeza ni el vientre; el alfiler se pasa por el corpio. Para tender las alas, es preciso tener un madero con una ranura en medio, donde se coloca el alfiler y el cuerpo de la mariposa hasta la altura de las alas; stas se llevan horizontalmente hacia adelante y se sujetan con agujas muy finas, hasta que el insecto se ponga extremadamente seco. Bien que, si las alas se han secado en mala posicin, puede volverse a otra mejo r ayudndolas primero con el vapor del agua, en su temperatura ordinaria; para lo cual se usan vasijas con tapas, llenas hasta la mitad de arena mojada. 8 Para conservarlas adverta a los coleccionistas deban confeccionarse cajas con tapas de vidrio y fondo sobrepuesto de mague y que era en su opinin, la madera apropiada para fijar los alfileres, y tener la precaucin de colocar en la caja cierta cantidad de alcanfor en polvo grueso para ahuyentar los insectos destructores. Por ltimo, antes de pasar a la nomenclatura de las especies descritas en su Catlogo, concluy la introduccin con la explicacin detallada de las estructuras morfolgicas ms importantes localizadas en la 7 Felipe Poey: Catlogo metdico y descriptivo de las mariposas de la Isla de Cuba, Memorias de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, 1846, t. II, p. 175. 8 Ibdem

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OBRAS 314\ 314\ cabeza, el pecho y el vientre. El cuadro sistemtico de la obra contena un gran nmero de mariposas diurnas y nocturnas an sin determina r Sobre stas dijo Poey: [...] no me anticipo a darles nombres, por no ser estas Memorias de la Real Sociedad Econmic a un peridico dedicado especialmente a la historia natural, reservndome darlas a conocer en otras memorias que proyecto sobre zoologa de la isla de Cuba. 9 No obstante la afirmacin anterio r algunas de las mariposas diurnas publicadas en el Catlogo, como es el caso de la nombrada Faunia heraclitus Poe y actualmente Eunica heraclitus (Poey) hoy da conservan, en cuanto a su descripcin, plena vigencia. En 1851 se public el primer tomo de las Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba y con ella los artculos complementarios sobre lepidpteros, otros sobre diferentes clases de insectos, as como tambin algunos estudios entomolgicos tiles para conocer con exactitud y dar con brevedad las descripciones de este orden. Al referirse en uno de estos artculos a su Centuria de lepidpteros deca: Mi nimo es dar por terminada dicha obra; pues aunque no es completa en cuanto al ttulo, lo es en cuanto a la materia; porque cada especie aparece en pliego separado con su lmina adjunta, independientemente de las que se esperaban. 10 Sin embargo, sobre lo publicado en el Catlogo metdico y descriptivo de las mariposas de la isla de Cuba, inserto en la revista de la Sociedad Econmica, deba an rectificar algunos errores cometidos y agregar como l mismo reconoca la tribu de las Hesprides (actualmente Hesperiidae ) que haba excluido; grupo muy bien representado en Cuba por especies de tonalidades oscuras, cabeza grande y protuberante, cuerpo corto y tamao relativo. A las Triades cubanas el gnero es hoy da conocido por Eurema dedic Felipe Poey en sus Memorias un artculo donde aparecen descri9 Ibdem 10 Felipe Poey: Centuria de lepidpteros y Catlogo de las mariposas de la isla de Cuba, Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba 1861, t. I, p. 195. 11 Entre las especies del gnero Eurema antiguamente Triades que fueron descritas por Felipe Poey conservan su validez: Eurema daira palmira (Poey) Eurema lucina (Poey) Eurema amelia (Poey) Eurema dina dina (Poey) La primera y la ltima especie deben su clasificacin a las descripciones publicadas por Poey en la Centuria de lepidpteros de 1832; las otras dos corresponden a sus estudios sobre el gnero Triades impresos en las Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba.

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FELIPE POEY Y ALOY /315 /315 tas diez especies. 11 En este trabajo, sin duda significativo, se mani fiesta particularmente el inters del naturalista, unido a sus ms vvidos afectos personales, se mezclan de manera singula r el lenguaje cientfico y el estilo potico que con frecuencia aparece en su prosa literaria. Entre las mariposas que nombr se encuentran dos descubiertas por Juan C. Gundlach, Terias amelia ( Eurema amelia ) y Terias gundlachia ( Eurema proterpia proterpia ). La primera Poey la dedic a su hija, y la segunda a su amigo y colaborador alemn, de quien a propsito escribi a continuacin de la descripcin cientfica de la especie: Tan modesto como generoso, no imita el ejemplo de aquellos que ni publican ni dejan publicar [...] bien al contrario, se ha dado a conocer por algunas descripciones, y permite que sus amigos se engalanen con sus plumas; satisfecho si la ciencia fructifica, aunque su nombre aparezca al pie de un artculo, cuando lo pudiera muy bien colocar en la cabecera. 12 La descripcin del gnero en el artculo antecede a la de las especies, y aqu, el lenguaje cientfico qued subordinado al literario. Las triades pueblan las praderas, y como amedrentadas de la espesura de los montes, vuelan la llanura, visitan los jardines creados por nuestra industria, se aparecen en las veredas ms trilladas, besan los pies del caminante, provocan su mano, y la burlan de flor en flo r. Hijas graciosas del aire, flores aladas, fugitivas, smbolos de inocencia y de cando r as jams los dedos groseros del hombre empaen vuestras delicadas escamas, que vengis os ruego a seorear mi mente, y ahuyentar las cuitas que el trato social me enva! Juzgo que es un dao merecido por haberos algunas vez aprisionado; prefiriendo a la tranquila felicidad que me ofreciais, un estudio que empieza por un delito, y acaba en sacrificios amargos. Toda ciencia es a costa de los afectos m s suaves, a quienes la tirana roba las horas y los momentos, en medio de una sociedad tan justamente combatida, tan ingratamente calumniada, y con tan vivo instinto solicitada; llegando el egosmo de esa pasin hasta el extremo de usurpar el paso a los deberes ms sagrados: pero si grata es la contemplacin activa de la naturaleza, para apartar la idea de la muerte y el espectculo de las miserias humanas, ms sublime y ms grata es la virtud en contacto con la humanidad, y ocupada en aliviar sus males. 13 Este mismo fragmento debi tener para el naturalista, en lo personal, una connotacin especial, pues independientemente de imprimirlo 12 Felipe Poey: Triades cubanas, Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba 1851, t. 1, p. 247. 13 Ibdem, p. 244.

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OBRAS 316\ 316\ en su obra cientfica, envi el manuscrito, en gesto de sincero afecto, a una joven llamada Reglita, a quien en memoria de nuestra amistad como escribiera Poey en su dedicatoria regal la copia. 14 Adems de sus estudios sobre mariposas, public en sus Memorias una extensa monografa titulada: Historia de la abeja de la tierra ( Trigona fulvipeda ) hoy Melipona fulvipeda. Describi aqu la especie cubana y la compar con la europea. Seal entre otros aspectos de inters su habitat, apuntando a manera de aclaracin: [...] el Barn de Humboldt especific demasiado cuando escribi, en su viaje a Nueva Espaa y dijo que anidaban en los cedros ( Cedrela adorata) : yo he encontrado enjambres en los cedros; pero tambin los he tenido de otros rboles, entre ellos el jcaro [...] 15 Nota que pudo ofrecer por haber observado un enjambre en el tronco de este rbol durante una excursin a los terrenos de la finca de su amigo, el botnico Francisco Adolfo Sauvalle. Acerca de la utilidad de los referidos insectos, denot las propiedades medicinales de su miel y algunas de las posibles aplicaciones industriales de la cera, partiendo de los ensayos del litgrafo Luis Marquie r, de cuyo descubrimiento hizo el siguiente comentario: Este acreditado artista, sabedor de que la cera comn entra en un 40 % en la composicin de la tinta litogrfica, segn la receta de Engelmann, la cual no contiene sebo, tuvo la feliz idea de componer una nueva tinta, arreglndose la misma receta y sustituyendo la cera prieta [por] la blanca. Los resultados fueron en extremo satisfactorios. Escribi un rengln en la piedra con la tinta que recibi de Pars, y otro con la nueva composicin: las dos dieron buen resultado con la acidulacin ordinaria, pero habiendo duplicado la dosis de cido, la tinta de Pars no pudo resisti r mostrndose quebrada y medio destruida, mientras que la del S r Marquier no sufri la menor alteracin. Este ensayo lo ha animado a fabricar creyones con la misma sustitucin de la cera, pues entra en ellos un 30 % de este material. 16 Tambin Poey incluy en su artculo algunas caractersticas entomolgicas llamadas por l conducta social y del instinto que caracterizan a los individuos de esta especie de abeja. Sus notas sobre este particular fueron el resultado directo de sus pacientes estudios, iniciados cuando, con fines investigativos, instal varias colmenas en la azotea de su casa. 14 El manuscrito sobre el cual nos basamos se encuentra depositado en el Archivo Nacional de Cuba, fondo Donativos y Remisiones; caja: 575; nmero de orden: 15; donado a la institucin en 1969 por Armando Hernndez. 15 Felipe Poey: Historia de la abeja de la tierra, Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba 1851, t. I, p. 155. 16 Ibdem, p. 169.

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FELIPE POEY Y ALOY /317 /317 Otros estudios entomolgicos Los estudios de entomologa agrcola o con aplicacin a otras ciencias fueron igualmente aunque en muchsima menor proporcin en relacin con los de sistemtica del inters de Felipe Poe y. Parece haberse interesado en ellos cuando, por mediacin de la Seccin de Agricultura de la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas, se le encarg en octubre de 1851 rendir un informe sobre un oficio annimo, en el cual se recomendaba para combatir las bibijaguas y el comejn, la introduccin en la isla de un animal llamado Tamandua Guac, segn Poey el vulgarmente conocido oso hormiguero, mamfero pequeo perteneciente al gnero Myrmecophaga. Al ser consultado en aquella ocasin, se limit a una breve exposicin de los inconvenientes de introducir en Cuba al mamfero edentado, reservando la publicacin de sus estudios sobre los insectos destructores a un artculo que insert en el tomo segundo de su revista Repertorio fsico-natural de la isla de Cuba titulado Destruccin de las bibijaguas. Su objetivo principal no era, en modo alguno, como se deduce del ttulo, dar la descripcin e historia completa de estas hormigas, sino slo sealar los perjuicios que causaban a la agricultura y el modo de combatirlas para evitar sus daos; aunque de hecho hizo sealamientos de sus caractersticas morfolgicas, del habitat y hasta una breve explicacin del origen onomatopyico del nombre indgena con el cual stas se conocan en la Isla. Atacar el bibijaguero era, en el criterio de Poe y el mejor mtodo para combatir el insecto y con ello el mal que produca a los cultivos. El procedimiento por l recomendado se basaba en la utilizacin de trocitos de madera secos, de barritas de azufre y de palillos de hojas de tabaco estos ltimos para emborrachar al insecto, todos colocados en el hoyo que se abrira en el montculo de tierra o habitculo. Acto seguido, se ubicar en la boca o salida del hormiguero una plancha metlica con brasas encendidas a manera de horno, y se soplar con un fuelle durante dos a tres horas. Si la operacin se hace de acuerdo con lo indicado afirmaba en su explicacin el naturalista, las bibijaguas moriran rpidamente. Poey defenda la eficacia del mtodo que recomendaba, pues lo haba presenciado con xito en la hacienda de campo Almirante, de su amigo Francisco Caldern y Kessel. Tambin Antonio Bachiller y Morales en la edicin de 1856 de su Prontuario de agricultura general para el uso de los labradores y hacendados de la isla de Cuba recomendaba entre los procedimientos contra animales dainos a los cultivos, la utilizacin de un gas para combatirlos. Tales criterios no pasaron inadvertidos para el naturalista, quien adems realiz sobre dicha obra

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OBRAS 318\ 318\ un informe a la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, ledo el 13 de octubre de 1857. Aqu subrayaba Poey: De esta suerte, tratando de los medios de destruir el comejn y otros insectos nocivos, di la preferencia a los ingredientes gaseosos y deja inferir la poca confianza que merecen los que consisten en secretos de algunos especuladores. 17 A propsito de como combatir los insectos causantes de estragos en las maderas y sobre todo, en el papel, Poe y independientemente de reconocer el procedimiento de fumigacin, unos aos antes, en 1853, sealaba otra va, consistente en ir sacando mecnicamente uno por uno los insectos de entre las hojas de los libros. En el artculo El anobio de las bibliotecas, por ejemplo, habl sobre ello. Describi el anobio e incluso lo represent en una lmina; se refiri a la historia natural del insecto y seal algunos consejos prcticos para prevenir su aparicin; pero la lectura de su trabajo motiv algunos malentendidos. Estos fueron rectificados varios aos despus por un defensor de Poe y quien al respecto escribi: Omos con cierta frecuencia referir que don Felipe Poey aconsejaba, en una de sus obras, que el mejor preservativo de los libros y papeles contra los insectos que los destruyen, consiste en dejar aquellos siempre con el polvo que el transcurso del tiempo va depositando. Poey no dijo ni era capaz de haber dicho semejante despropsito. Y a desde 1838, por lo menos conoca bastante biologa y biblioteconoma, aprendidas en Francia, para que su pluma pudiera haber escrito teora tan singula r Muy mal tuvo que haber ledo el primero que atribuy a nuestro sabio lo que ste no dijo, para haber llegado a interpretar en un sentido diametralmente contrario y desatinado las palabras escritas con aquella propiedad y aquella precisin que, tanto en la prosa cientfica como en la literaria, siempre distinguieron las producciones de nuestro inolvidable don Felipe [...] 18 El autor annimo insert su apologtico artculo Errnea interpretacin de un texto de Poey en la revista ms idnea, la que mensualmente publicaba la Biblioteca Nacional, y como para no dejar la menor duda entre los lectores, sealaba, en contraposicin a los que denominaba Defensores de la peregrina teora, contraria a las ideas del naturalista, los nombres de dos autoridades francesas, Edouard Rouveyre, autor del libro Connaissances ncessaires un bibliophile ; y C. Houlbert, 17 Prlogo de Felipe Poey a la obra de Antonio Bachiller y Morales, en: Antonio Bachiller y Morales: Prontuario de agricultura general para el uso de los labradores, hacendados y estudiantes de la isla de Cuba, Editor Miguel de Villa, La Habana, 1882. 18 Errnea interpretacin de un texto de Poey Revista de la Biblioteca Nacional La Habana, 1911, tomo V p. 20.

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FELIPE POEY Y ALOY /319 /319 quien escribi Les insectes ennemis du livre Ambos se haban ocupado como aseveraba el autor de la defensa no slo de referir la tcnica propuesta por Poe y sino adems, de incluir el trabajo del naturalista cubano sobre el anobio entre la bibliografa indispensable a ser consultada por los interesados en estos temas. No obstante las interpretaciones que sobre el estudio de Poey hicieron algunos de sus contemporneos, no se puede negar que ste, interesado en la entomologa desde el comienzo mismo de su carrera, alcanz en la especialidad un nivel tal de conocimientos que lo convirtieron, de hecho, en la autoridad de mayor prestigio cientfico en el pas. A l acudi el mdico Carlos J. Finlay en busca de informacin cuando encamin sus investigaciones hacia la comprobacin del agente que tericamente consideraba fuera transmisor de la fiebre amarilla, Culex mosquito (hoy Aedes aegypti ). Cierto es que el doctor Finla y al plantearse la comprobacin de su hiptesis, consult la Memoria para servir a la historia de los insectos de Raumu r en el cual el autor trataba los hbitos de los mosquitos; pero dicha obra, revisada con un nuevo enfoque el de las investigaciones mdicas le result insuficiente. Finlay explic el porqu de ello en agosto de 1881, cuando lea, en la sesin de la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de la Habana, su trabajo El mosquito hipotticamente considerado como agente de transmisin de la fiebre amarilla, all expres: [...] recurr a tan valiosa fuente, en busca de datos que me facilitasen el estudio que me haba propuesto, no hall los que ms falta me hacan y que me fue preciso, no tan slo emprender una comprobacin radical de los datos presentados por Raumu r para cerciorarme de que eran tambin aplicables a los mosquitos de Cuba, sino tambin escudriar otros pormenores que Raumur y los dems naturalistas no les interesaba observar. 19 Las investigaciones las comenz Finlay en diciembre de 1880 y ante l se presentaban una tras otra las interrogantes. En los primeros das del siguiente ao obtuvo de Poey algunas respuestas, stas como sealara el propio Finlay en una nota a su trabajo, 20 siempre las conserv en 19 Carlos J. Finlay: El mosquito hipotticamente considerado como agente de transmisin de la fiebre amarilla. Trabajo ledo en la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de la Habana. Sesin del 14 de agosto de 1881, en: Carlos J. Finlay: Obras completas Academia de Ciencias de Cuba, Museo Histrico de las Ciencias Mdicas Carlos J. Finlay, La Habana, 1965, t. I, p. 248. 20 La nota de la cual se trata fue publicada por Carlos J. Finlay en una reedicin de El mosquito hipotticamente considerado como agente de transmisin de la fiebre amarilla, que apareci en los nmeros 5 y 6, de 1902, de la Revista de la Asociacin Mdica-

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OBRAS 320\ 320\ una hoja de papel, como prueba de sus particulares reflexiones. A continuacin copiamos el contenido: Habana, enero 10, 1881. Culex Mosquito, Robineau Desvoid y Mosquito de Cuba. D. Felipe Poey llev en 1817-1820, mosquitos de Cuba a Pars, donde fueron clasificados por Robineau Desvoid y Dice D. Felipe Poey que, como los dems insectos, el macho de los mosquitos muere despus de la copulacin, y la hembra despus de poner sus huevos. Que, por lo dems, la generacin se efecta en las mismas condiciones que en las dems especies y segn lo han descrito. Que los huevos del mosquito de Cuba, depositados en el agua, son negros. Que considera que si algunos mosquitos llegan a vivir unos ocho das ser porque algn accidente habr impedido la reunin del macho con la hembra. El Culex annulatus tiene anillos blancos en las patas, pero el cuerpo negro. El Culex mosquito por el contrario, lleva placas blancas como la plata en los cinco ltimos artculos de las terceras patas, en las segundas dos mal definidas, y dos en las terceras (primeras?). El abdomen es blanco por debajo. El trax, segn noticias, presenta una lnea central y longitudinal. 21 Al profundizar el doctor Finlay en los hbitos del mosquito seleccionado como el posible responsable de la transmisin de la enfermedad, observ que solamente la hembra picaba, y vincul correctamente su conducta con las necesidades propias de la reproduccin; pero aqu confront problemas: una vez que el mosquito hembra se saciaba de sangre, empleaba de dos a cuatro das en digerirla y escondida de las miradas indiscretas pasaba horas enteras en unos movimientos que Raumur en su obra no explicaba; dichos movimientos consistan en embarrarse el cuerpo con una secrecin viscosa. Poe y al ser consultado por Finla y le sugiri a ste la posibilidad de que esas operaciones tuvieran por objeto la impermeabilizacin del cuerpo para cuando fuera a poner los huevos sobre el agua. Un ao despus de expuesto el trabajo, Carlos J. Finlay envi a Felipe Poey quien no haba estado presente en la discusin acadmica unos dibujos de Culex mosquito con varias anotaciones, entre ellas una que deca: Farmacutica en la isla de Cuba en ella se aadi tambin una figura con anotaciones sobre la estructura del aparato bucal de los mosquitos. La primera versin del trabajo, sin notas, fue publicada en el tomo XVIII, ao 1881 de los Anales de la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de La Habana. 21 Carlos J. Finlay: ed. cit., pp. 248-249.

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FELIPE POEY Y ALOY /321 /321 En mi descripcin de las lancetas, al dar cuenta a la R[eal] Academia de mis estudios sobre el mosquito equivoqu las maxilas con las mandbulas, segn puede verse en este dibujo; debindose aplicar la descripcin de las maxilas las que aqu figuran como mandbulas y viceversa. 22 Poey analiz cuidadosamente la nota y los dibujos remitidos por Finla y y debi aun indicarle a su colega otros detalles, pues en el reverso de la hoja, de su puo y letra escribi: Finlay ver Beaumes ver Claus, p. 899. Ser esta anotacin de Poey alguna rectificacin a la estructura morfolgica del mosquito, o fue su nota ms bien una observacin derivada de la lectura que pudo hacer de la teora elaborada por el mdico? Sea como fuere, la inclusin de los nombres de esos dos autores resulta verdaderamente interesante, principalmente por tratarse como suponemos de una orientacin encaminada a la consulta de algn trabajo del zologo alemn Carlos Federico Guillermo Claus, quien haba compuesto varias obras sobre invertebrados. Claus era partidario de la doctrina evolucionista, y por ende conceda a la adaptacin funcional un gran valo r. En cuanto a la recepcin del nuevo enfoque sobre la transmisin de la fiebre amarilla elaborado por Finla y en donde se reconoca la causa material de la enfermedad, se planteaba la presencia de un agente intermediario para el contagio de una persona a otra, y la identificacin del mosquito como vector biolgico, as como la comprobacin experimental, puede decirse que, en el marco donde fue expuesta la teora, si bien no pas inadvertida como seala Jos Lpez Snchez en su biografa de Finlay encontr muy poca resonancia. El trabajo de Finlay se public en los Anales de la Real Academia en 1881, y en ese mismo ao la institucin public el primer tomo de la Contribucin a la entomologa cubana de Juan C. Gundlach. Antonio Mestre, director de la revista cientfica y editor de la obra del naturalista alemn, en busca de una opinin sobre los criterios planteados por el doctor Finla y se dirigi a Gundlach, obteniendo de l la siguiente respuesta: No he dicho nada a U[sted] sobre la opinin del D r Finlay respecto al mosquito inoculador del vomito. He admirado el estudio en libros y los experimentos hechos por el D r Finla y pero me quedo con una duda. Si el mosquito es el conductor por qu padecen por el vomito las personas que llegaron de un pas fro y no tambin los criollos? He odo deci r 22 Este documento aparece dedicado por Carlos J. Finlay a Felipe Poey con fecha del 11 de mayo de 1882. Se encuentra depositado entre los papeles de Felipe Poey en el Archivo del Departamento de Antropologa, Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana.

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OBRAS 322\ 322\ en Santiago de Cuba, que criollos llegados de las montaas a la ciudad han enfermado del vomito. 23 No resulta nada extrao que Gundlach dudara del descubrimiento, y que al emitir su juicio sobre la implicacin del mosquito como agente inoculado r agregara irnicamente: No puedo creer que los mosquitos busquen tales personas. Y o creo que los mosquitos son inocentes en esta causa criminal, aunque merecen la muerte por las heridas que dan a personas inofensivas. 24 Gundlach desconoca los requerimientos propios de la especie transmisora para subsisti r Por otra parte, ignoraba que en los pases donde la fiebre amarilla era endmica, como era el caso de Cuba, las personas que haban padecido la enfermedad (aunque fuera en sus formas benignas) eran inmunes a ella. Poe y sin embargo, se encontraba en principio mejor preparado para abordar el asunto. En 1853 haba realizado estudios sobre el jejn, clasificando la especie y precisando algunas de las caractersticas de los insectos hematfagos, incluidos al igual que los mosquitos en el orden de los dpteros; y aunque sostena que en los focos de corrupcin martima era donde se desarrollaba el vmito negro (una de las hiptesis difundidas entre los estudiosos de la fiebre amarilla), su opinin en cuanto a salubridad era que El pas es sano cuando no es anegado. Esto no contradeca los criterios de Finla y si consideramos que el mdico atribua la transmisin de la enfermedad a un mosquito, el cual, indudablemente vea favorecido su desarrollo, precisamente en la poca de lluvias cuando la presencia de agua estancada se haca ms frecuente. No conocemos, en realidad, los criterios de Poey sobre la teora de Finlay; pero s resulta evidente de los datos anteriores que Finlay lo haba consultado. En su memoria de 1881, lo menciona incluso como distinguido acadmico, facile princeps entre los naturalistas cubanos. Aunque Poey estaba por estos aos enfrascado de lleno en sus estudios ictiolgicos, no haba olvidado sus inicios entomolgicos y pudo asesorar a Finlay en la determinacin taxonmica del al parecer inofensivo, pero temible Culex mosquito. 23 Carta de Juan C. Gundlach a Antonio Mestre fechada en Fermina, 27 de febrero de 1882, en: Juan C. Gundlach. Cartas a Antonio Mestre seleccin y notas de Rosa Mara Gonzlez, prlogo de P M. Pruna, Editorial Academia, La Habana, 1982. 24 Ibdem.

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EL MUSEO DE HISTORIA NA EL MUSEO DE HISTORIA NA TURAL DE LA HABANA TURAL DE LA HABANA V arias son las versiones que existen sobre cmo se cre en La Habana el Museo de Historia Natural. Julin Vivanco, por ejemplo, en su biografa sobre Felipe Poe y al hablar de la obra Cartilla geogrfica para las escuelas primarias publicada por el naturalista en 1839, sealaba: Desde tiempos atrs tena [Poey] pensado fundar en La Habana un museo de historia natural y comunic su idea a la Sociedad Patritica. 1 Sobre la iniciativa de crear en La Habana el Museo de Historia Natural, debemos decir que, la idea, un viejo anhelo de la Sociedad Patritica, parti de su seno, y no de Poe y a quien como vemos, algunos autores se la atribuyen. El mismo naturalista ofreci la siguiente versin: En el ao de 1835 el S r Jos Mara Zamora, director de la Sociedad, tuvo el proyecto de formar un Gabinete de Historia Natural, y pidi un informe por escrito a D. Ramn de la Sagra, quien cumpli privadamente con el encargo antes de su salida de La Habana. En 1838 el proyecto pareca ya abandonado por haber faltado varios recursos; y en estas circunstancias me present al primer Director para demostrarle la posibilidad de llevarle a cabo. Fui odo con agrado e incitado a escribir una memoria para la ilustracin de la Sociedad. 2 Poey present al efecto la memoria en la junta del 4 de abril de 1838, y sta, salvo el artculo referente a los fondos propuestos, que parecieron escasos a la corporacin unos 300 pesos qued aprobada. El proyecto, verdaderamente osado para esa poca en Cuba, refera la necesidad de crear en el pas el gabinete, llamando la atencin, en primer trmino, sobre las actividades que promovera: [...] un museo de esta naturaleza presentando a la juventud habanera una serie de producciones indgenas y exticas, conservadas con lim 1 Julin Vivanco Daz: Don Felipe Poey su vida y su obra, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1951, p. 28. 2 Felipe Poey: Relacin de los trabajos del Museo de la Real Sociedad Patritica y noticias de su estado presente, Memorias de la Sociedad Patritica de la Habana, 1840, t. XI, pp. 201-202.

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OBRAS 324\ 324\ pieza y con orden, y acompaadas de tarjetas instructivas, atraer los ojos y luego los nimos al estudio y mayor conocimiento de dichos objetos. Es indispensable que muchos por imitacin y por hallarse rodeados de producciones nuevas y preciosas, emprendan colecciones semejantes; aprovechndose de la facilidad de determinar las especies y de clasificarlas por el orden del gabinete patritico, que ser un libro abierto a todos. Cuando as se haya formado un cierto nmero de aficionados, se formar una sociedad de historia natural, y los aficionados pasaran a ser naturalistas; no sin haber juntado alguna copia de libros y peridicos cientficos, con los cuales los archivos se convertirn en bibliotecas, y la sociedad, con estos materiales, emprender la publicacin de sus memorias. 3 Las ventajas que en la prctica se obtendrn con los resultados alcanzados en el gabinete tambin quedaron sealadas en el documento, y en este sentido se lleg a proponer una especie de programa para la investigacin. 4 Otras ideas como las de realizar viajes de exploracin y recoleccin de objetos de la naturaleza, y la de impartir un curso pblico de historia natural, se incluyeron igualmente en el programa a modo de solicitud. Dos meses despus de leda la memoria y de ser sta aprobada por los miembros de la sociedad, Poey fue nombrado por los socios director del Museo, encargndosele la formacin del mismo. l, por su parte, se comprometi a ejercer gratuitamente el puesto hasta tanto las puertas del gabinete, que comenzara a fomenta r no estuvieran abiertas al pblico. Durante el tiempo comprendido entre 1838 cuando se aprueba el gabinete y mayo de 1840, cuando el prior fray Pedro Infante cedi a la Sociedad Patritica un saln alto del convento de Santo Domingo para acomodar all las colecciones, hasta esos momentos almacenadas en la casa de Poey en la calle San Nicols No. 96, las actividades de ste en 3 Felipe Poey: Memoria sobre el establecimiento de un Museo de Historia Natural en La Habana, Memorias de la Sociedad Patritica de la Habana 1838, t. VI, p. 25. 4 Entre sus propuestas para la investigacin se encontraron las de realizar estudios sobre las plantas por su utilidad econmica y mdica. Los insectos tambin fueron incluidos en su programa investigativo: la cantrida por su utilidad a la medicina; los gusanos de seda, la grana y las abejas a la industria. Otros insectos como la bibijagua, la palomilla, el cachazudo y el gorgojo, deban estudiarse por los perjuicios a la agricultura; el comejn y el anobio fueron asimismo incluidos como objeto de investigacin. Entre los vertebrados propuso estudiar a los peces, y en este sentido realizar investigaciones sobre la ciguatera. Es interesante sealar que, algunas de estas proposiciones, fueron materias abordadas posteriormente por Felipe Poey en sus investigaciones zoolgicas, las cuales se hallan desarrolladas en su bibliografa cientfica.

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FELIPE POEY Y ALOY /325 /325 relacin con el Museo estuvieron esencialmente centradas en entablar correspondencia con muchos cientficos europeos de renombre, y con coleccionistas criollos o extranjeros residentes en la isla. 5 No pudo adelantar otras labores del gabinete, como las de conservacin de animales superiores, o la formacin de esqueletos u otros aspectos museables porque por esa poca, precisamente, se haba comprometido con el colegio de San Cristbal en Carraguao de donde era profesor en dar a la imprenta su Compendio de geografa moderna No obstante estos compromisos pudo mantener en condiciones aceptables los exponentes donados por sus corresponsales, y en la medida de sus posibilidades, tenerlos informados a travs de la prensa, de cmo deban prepararse los envos de materiales y cmo conservarlos en coleccin. 6 Por la poca en que expuso Poey sus ideas ante la Sociedad Patritica, un espaol residente en La Habana, el licenciado en farmacia Toribio Zancajo, 7 emprendi un recorrido por diferentes puntos de la Isla con la finalidad de practicar estudios geolgicos. Al concluir su excursin cientfica, solicit al gobierno la apertura de un curso donde l pudiera impartir disciplinas de historia natural. La excursin finaliz en 1839 y la informacin que de ella se obtuvo qued registrada en la publicacin de la Sociedad Patritica; los materiales recolectados en las regiones exploradas, consistentes en muestras de minerales, pasaron por donacin a los fondos del Museo. En cuanto a la ctedra, el gobierno lleg a aprobarla en febrero de 1841; 8 5 La extensa lista de corresponsales del Museo Felipe Poey la incluy en: Relacin de los trabajos del Museo de la Real Sociedad Patritica y noticias de su estado presente, ya citado con anterioridad, y en la comunicacin del 27 de enero de 1840 a la Sociedad Patritica en la que se indica los objetos de historia natural hecho al gabinete por Alejo Helvecio Lanier, residente en Trinidad, la cual fue publicada en Memorias de la Sociedad Patritica de La Habana 1840, t. XI, pp. 238-239. 6 Al respecto vase el trabajo de Felipe Poey titulado: Breve resea sobre el modo de hallar, de conservar y de remitir los objetos de historia natural de la isla de Cuba, publicado en El Plantel 1838; y las actas de las sesiones celebradas en la Sociedad Patritica de la Habana, impresas en sus Memorias durante los aos comprendidos entre 1838 y 1840. 7 Luis F Le Roy y Glvez seala en su artculo Casaseca, maestro y precursor de Reynoso (vase: Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart No. 1, enero-abril de 1971), que, en 1837 el licenciado Toribio Zancajo y el qumico espaol Jos Luis Casaseca entablaron una controversia porque ambos aspiraban a la ctedra de Qumica de la Real Junta Superior de la Facultad de Farmacia de la isla de Cuba. La ctedra segn Le Ro y se le concedi en definitiva al renombrado qumico Casaseca en 1838, y no al farmacutico Zancajo. 8 La carta con la autorizacin a regentear la ctedra sin retribucin alguna, y hasta tanto se verificara el arreglo definitivo de los planes de estudio, por entonces en reforma, lleg a manos de Toribio Zancajo por conducto de Joaqun de Fras del Ministerio de Marina, Comercio y Gobernacin de Ultramar. El original de dicha instancia se encuentra en el Archivo Nacional de Cuba, No. de orden: 112, legajo: 123, y est fechado en 9 de septiembre de 1841.

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OBRAS 326\ 326\ p ero el interesado, no obstante contar con la debida aprobacin, al parecer nunca lleg a ejercerla. En 1842 se produjeron cambios en el sistema de educacin general en la Isla, y por stos, la Real y Pontificia Universidad de la Habana, secularizada por la reforma, paso a ser Universidad Literaria. En ella se crearon tres facultades mayores: Jurisprudencia, Medicina y Ciruga, y F armacia. La F acultad menor de Filosofa, tambin de nueva creacin, por la cual deban pasar los estudiantes que deseaban cursar carreras, abri la ctedra de historia natural, Poey la ejerci como titular despus de otorgrsele la categora el 24 de octubre de 1842. El Museo de Historia Natural se encontraba como hemos indicado en el convento de Santo Domingo, lugar donde tambin se hallaba la Universidad Pontificia; pero aqu las colecciones se mantenan literalmente en calidad de depsito. 9 Poe y comprometido desde agosto de 1840 a abrir el Museo al pblico, haba realizado en 1842 varias gestiones para conseguir el dinero que por asignacin de la propia Sociedad Patritica le corresponda al gabinete, y que se destinara a la construccin del mobiliario adecuado para tal fin; pero sus gestiones en este sentido fracasaron. La situacin, al parece r se modific por una circunstancia totalmente aleatoria, la cual, tanto Manuel de la Cruz, 10 como Manuel Sanguil y, 11 relacionan con la actitud contraria asumida por Poey ante la expulsin del Cnsul ingls, y connotado abolicionista, David Turnbull de la Sociedad Patritica de la Habana, separacin que encontr oposicin entre los reformistas 9 Por la relacin que Felipe Poey ofreci a los miembros de la Sociedad Patritica en 1840, cuando inform del estado del Museo y de sus colecciones, sabemos que ste haba logrado reunir cierto cantidad de materiales, entre ellos algunos mamferos; 30 pjaros con los nidos y huevos de unas cuarenta especies; 50 ejemplares de peces disecados; 300 caracoles y conchas de moluscos marinos; 2 000 insectos (de stos, 1 000 colepteros); un herbario de 500 plantas; una coleccin de semillas; una muestra de 60 especies de maderas; y 200 piezas mineralgicas. Tambin el Museo tuvo una coleccin de especmenes exticos compuesta por varios mamferos; 12 pjaros; 300 conchas marinas y 160 terrestres; 1 500 insectos y 200 plantas. Entre los objetos curiosos cont con una mesa confeccionada con diferentes muestras de mrmoles y una canoa de los indios del Canad, cuyo peso segn se indic por Poey en el informe era de dos arrobas y 15 libras, y meda siete varas de largo por una de ancho. 10 Manuel de la Cruz: lvaro Reynoso y Felipe Poey, La Nacin Buenos Aires, 5 de junio de 1891, en: Sobre literatura cubana, (seleccin y prlogo de Ana Cairo), Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1981, p. 217. 11 Manuel Sanguily: Jos de la Luz y Caballero. Estudio crtico, A. Doirbecke r Impresor, La Habana, 1916.

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FELIPE POEY Y ALOY /327 /327 criollos, lidereados por el entonces director de la Sociedad, Jos de la Luz y Caballero. 12 Poe y preocupado por la reaccin que pudieran tener las autoridades coloniales ante su actitud que era, en realidad francamente abolicionista 13 se entrevista con el Capitn General Gernimo V alds. Sanguily recrea la conversacin entre ellos ms bien el monlogo del gobernador en los siguientes trminos: Seguramente dijo [el gobernador] le trae a U[sted] aqu un asunto de carcter poltico; pues s fuesen juzgar a los hombres por sus ideas polticas, a m me hubieran ahorcado tres veces. Poey tranquilo ya, crey sin embargo deber balbucear alguna explicacin [...] pero V alds le cort rpidamente la palabra, preguntndole: por qu no abre U[sted] al fin el Museo? Porque falta dinero, General fue la respuesta. Y cunto? Trescientos pesos. Pues, vaya U[sted] cuando guste le dijo V alds a ver a D. Joaqun Gmez, a quien enseguida dar la orden de que ponga a disposicin de U[sted] mil pesos. 14 De ser cierto el relato precedente, el Capitn General de la Isla, al ofrecerle a Poey una cifra en dinero superior a la reclamada por l, trat 12 Sobre el incidente de David Turnbull vase adems: Francisco Gonzlez del Valle: Jos de la Luz y Caballero como educador Coleccin de Libros Cubanos, 1931, vol. XXXII. 13 Manuel Sanguil y, el destacado luchador independentista cubano, expresa, en la obra sobre Jos de la Luz y Caballero sealada con anterioridad en la nota No. 11, que durante las discusiones en la Sociedad Patritica por la expulsin de sus filas del cnsul britnico David Turnbull, Poey manifest sus simpatas hacia las ideas abolicionistas del ingls, luego de expresar que la isla de Cuba no ser feliz hasta que en ella no fuesen libres todos los hombres. Es de destacarse adems que ya, entre algunos intelectuales criollos, los criterios acerca de la unidad de la especie humana eran esgrimidos como argumentos en contra de la esclavitud. Poey se encontraba por esta poca entre los partidarios de dichos criterios, pues en su Cartilla geogrfica para las escuelas primarias, impresa en 1839, haba escrito: El hombre solo presenta una especie que varios naturalistas han dividido desde tres razas hasta quince. Diecinueve aos despus, en un discurso pronunciado en el Liceo de Guanabacoa discurso del cual en la actualidad se conserva una copia manuscrita entre los papeles de Poey depositados en el departamento de Antropologa de la Facultad de Biologa en la Universidad de La Habana y reproducido en esta biografa en el Apndice volva sobre la problemtica de la Unidad de la especie humana, y deca: [...] esto importa mucho con respecto a hombres que viven en la ignorancia y en la necesidad de sacar mayor provecho de las fatigas y trabajos de otro; dgase a stos que el hombre sujeto al trabajo no es de su especie, y no estar muy lejos de considerarlo como fuera de la humanidad. Para ms detalles sobre este discurso vase Pruna y Garca Gonzlez, ob. cit., pp. 39-46. 14 Ibdem, nota 11.

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OBRAS 328\ 328\ obviamente de apartarlo de la situacin poltica en la cual se haba mezclado. En cuanto a los 1 000 pesos ofrecidos por Gernimo V alds, para abrir definitivamente al pblico las puertas del Museo, fueron efectivamente puestos a disposicin de la Sociedad, segn se hizo constar en una nota del acta recogida el 15 de diciembre de 1842. Mientras esto ocurra, se haba exclaustrado a los frailes dominicos del convento de Santo Domingo, y el inmueble confiscado y con l el local del Museo pasaba a la Universidad Literaria. Ante esta situacin, Poey propuso al presidente de la Sociedad, en la reunin del 12 de noviembre de 1842, intervenir a favor del Museo, para que el nuevo rector universitario permitiera, hasta tanto ese centro creara sus propias colecciones, dejar en el lugar por dems, un punto cntrico y concurrido en la capital las fomentadas por la institucin patritica. El Museo continu perteneciendo a la Sociedad hasta 1849, 15 cuando por falta de recursos sta lo transfiri a la Universidad. 16 Poey en su condicin de profesor universitario, mantuvo su cargo de director durante algunos aos ms. Todava en la dcada de los ochenta del pasado siglo, el Museo segua ocupando un saln alto del edificio universitario, pero dividido por un tabique que lo separaba en dos departamentos. En uno de los locales se hallaban las muestras mineralgicas, y en el otro, principalmente, las de animales. Fue por esta poca que el ictilogo norteamericano David S. Jordan lo visit. Lo que observ en aquella oportunidad se recoge en el siguiente testimonio: El Museo de la Universidad ocupa dos pequeos cuartos, uno dedicado principalmente a los minerales cubanos, el otro contiene sobre todo mamferos, aves y peces, preparados personalmente por Poey en los primeros tiempos de su profesorado. La cantidad de stos no es muy grande, ni les ha sido aadido mucho en los ltimos 20 aos. Recientemente, los ejemplares de nuevas especies descritas por el profesor Poe y una vez descritos y representados en dibujos del tamao natural, han sido generalmente enviados a otros museos, principalmente el Museo Nacional de Estados Unidos, el Museo de Zoologa comparada y el de Madrid. Pocas veces se han guardado duplicados en 15 Rolando Misas Jimnez: La actividad cientfica en la Real Sociedad Patritica de La Habana, como antecedente de la antigua Academia de Ciencias (1793-1861), 1987, p. 11, (trabajo indito). 16 En realidad, los ltimos exponentes museables procedentes de la Sociedad Patritica pasaron al Museo de la Universidad de La Habana en 1856. Estos exponentes consistan en varias piezas de mineraloga.

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FELIPE POEY Y ALOY /329 /329 L a Habana, ya que el costo de mantener una coleccin permanente es demasiado grande. 17 El Museo de Historia Natural, afectado por el exiguo presupuesto que la Universidad le aseguraba, y diezmado en sus colecciones tal y como lo vio Jordan languideca irremediablemente; 18 tan as es que, en 1884 el doctor Juan Vilar profesor entonces de historia natural en la Universidad se vio en la necesidad de solicitar a la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de La Habana, que permitiera a los alumnos asistentes a su curso, realizar las clases prcticas en el museo acadmico. 19 Poe y evidentemente frustrado en su intento de crea r a partir de su Museo, un centro promotor de investigaciones cientficas, opt por realizarlas en un local de su misma casa; por otra parte, consecuente con sus ideas aquellas manifestadas en la Sociedad Patritica en 1838 cuando propuso la fundacin del gabinete public bajo el ttulo de Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba sus propios estudios zoolgicos, y aos ms tarde, en el Repertorio fsico-natural de la isla de Cuba dio a conoce r junto a los suyos, otros trabajos de naturalistas cubanos y extranjeros. Las excursiones cientficas sugeridas en el proyecto para obtener objetos de la naturaleza no fueron preteridas por Poe y pues hubo de realizarlas por iniciativas propia, o por las de sus amigos y compaeros de profesin. 20 En relacin con la propuesta de crear un curso pblico 17 David S. Jordan: Sketch of Professor Felipe Poey, The Popular Science Monthly agosto de 1884, p. 549. 18 Algunos contemporneos de Felipe Poe y entre ellos el mdico y naturalista cubano Manuel J. Presas, atribuyeron el fracaso del Museo de Historia Natural al espritu mercantilista imperante en esa poca. Al respecto vase: Manuel J. Presas: La historia natural en Cuba, Repertorio fsico natural de la isla de Cuba 1865-1866, t. I, p. 44, La Habana. 19 Sesin Pblica Ordinaria del 24 de febrero de 1884 de la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de La Habana. Anales de la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de La Habana ao 1883-1884, t. XX, p. 463. 20 En este sentido pudiera sealarse como ejemplo la expedicin cientfica que Felipe Poey emprendi, en agosto de 1856, a la cayera cercana a la pennsula de Hicacos. Esta excursin fue realizada en un pailebote del gobierno capitaneado por Patricio Mara Paz; participaron tambin Jos Mara Velzquez y el pintor francs Federico Mialhe, quien hizo, a partir de esta experiencia, valiosos apuntes que despus le serviran para ilustrar con mayor veracidad y conciencia el entorno geogrfico presente en muchas de sus litografas. De esta poca data el famoso retrato caricaturizado del naturalista cubano hecho por este pintor y litgrafo, el cual, bajo el ttulo de: Poey desembarca en cayo Galindo, pie enjuto, en busca de jejenes. Se imprimi por vez primera en la revista Cuba Literaria y despus, en 1865, en Los Camafeos Otras expediciones del naturalista cubano se verificaron en algunos otros puntos de inters cientfico en las provincias de Pinar del Ro, en Matanzas, y en Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud.

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OBRAS 330\ 330\ para estudiar zoologa, botnica y mineraloga, podemos decir que tampoco lleg a cuaja r pero la apertura, en 1842, de la ctedra universitaria de Historia Natural en la Facultad de Filosofa que l ejerci le dio, en alguna medida, la deseada oportunidad de formar sus propios discpulos.

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MEMORIA SOBRE EL EST MEMORIA SOBRE EL EST ABLECIMIENTO DE UN ABLECIMIENTO DE UN MUSEO DE HISTORIA NA MUSEO DE HISTORIA NA TURAL EN LA HABANA TURAL EN LA HABANA 1 1 Desde que el inmortal Lineo [Linneo] separ del caos los seres naturales, sealando a cada uno su lugar respectivo en la creacion, asignando nombres constantes a las familias y a los gneros, y determinando las especies, el estudio de la historia natural en sus tres reinos fue aumentando tan rpidamente, que slo un siglo bast para deculpar los nombres genricos y especficos, al paso que fue aumentando el nmero de objetos descubiertos y estudiados con el ms vivo ardo r Anteriormente a Lineo, las especies se indicaban con un nombre genrico acompaado de una frase diagnstica de dos o tres renglones; sustituyendo de esta suerte una definicin al nombre especfico; definicin insuficiente para distinguir el objeto, y demasiado compleja para guardarla en la memoria. As quedaron intiles la mayor parte de las noticias cientficas de los antiguos sobre la historia natural, y las relaciones de los descubridores del Nuevo Mundo; por ser casi imposible conocer por ellas las especies a que se referan los hechos. Lineo cre la ciencia con solo haber formado la nomenclatura; fuertemente imbuido en este principio: que si perecen los nombres, perece la ciencia. Si nimina pereunt, periit et cognitio rerum (Lineo). Bufon [Buffon], contemporneo de Lineo, se labr tambin una corona inmortal con los materiales que le ofreci el estudio de la naturaleza; pero la trat como escritor elocuente y observador juicioso, ms bien que como naturalista filsofo, o metdico. A su inimitable pincel se debe la aficin que el vulgo de todas las condiciones ha mostrado por la historia natural del escritor francs; y este gusto se ha convertido despus en ciencia, con la lectura del sistema natural del filsofo de Suecia. 1 Nuestro particular amigo D. Felipe Poey ha presentado este proyecto a la Sociedad Patritica, en su junta ordinaria del 4 de abril prximo pasado, que admitido con satisfaccin y aprecio, segn se ve en el acta que hemos incertado al principio de este nmero, se acord su publicacin en este peridico a reserva de poner lo conducente a la ejecucin, aun con ms amplitud en los medios indicados por el S r Poey, cuyo desinteresado celo aplaudimos sinceramente.

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OBRAS 332\ 332\ Al siglo de Lineo y de Bufo sucedi el de Cuvie r hombre de una capacidad tan basta como la de Lineo, y de unas dotes literarias que no desdecan de las de Bufon, grande investigador y lgico consumado, una a la facultad de abarcar a la de descender a los pormenores ms minuciosos. Este grande hombre penetr en las entraas de la tierra y dio impulso a la geologa; form el primer gabinete de Anatoma comparada, y asent la clasificacin sobre las bases inalterables; escribi el Reino animal, cre el siglo zoolgico, poniendo la ltima piedra al edificio principiado por Lineo y hermoseado por Bufon. Despus de Lineo, Bufon y Cuvier no puede llamarse verdaderamenre ilustrada la ciudad que no tenga en su seno, una sociedad de historia natural, un gabinete, un curso pblico. La Habana tiene ya un jardn botnico y un curso de botnica: tiene una sociedad patritica que se ocupa por medio de sus secciones de fomentos agrcolas y de educacin en general; los cursos de medicina se han completado aos hace con las demostraciones anatmicas que se hacen en el hospital de S. Ambrosio; all mismo hay un gabinete de anatoma que considero como un paso dado a favor de la historia natural; la cual descansa principalmente en la anatoma comparada y sta en la del hombre; por lo que es cosa muy frecuente encontrar naturalistas entre los que han abrazado el estudio de la medicina. A favor de esta profesin ha establecido la Junta de Farmacia una ctedra de qumica, casi al mismo tiempo que la Junta de F omento llamaba a la juventud habanera a las lecciones del S r D. Luis de Casaseca. Este hbil profesor por su parte y D. Pedro Alejandro Aubert con lo que respecta a la botnica, desempean sus obligaciones con general satisfaccin y aplauso. F alta al presente un gabinete de historia natural: empresa concebida por nuestro director el S r D. Jos Mara Zamora, desde el primer da de su eleccin; y tambin por la Junta de F armacia, que tarde o temprano establecer con sus cortos fondos, si la Sociedad Patritica no le gana los pasos, movida de una loable emulacin. Establecido el gabinete, es consecuencia necesaria que se hagan con el tiempo cursos pblicos de zoologa y mineraloga en el mismo local reservado para las colecciones. La ctedra de botnica establecida por segunda vez en esta ciudad da a conocer que las principales autoridades, las corporaciones y el pblico estn persuadidos de la utilidad de un jardn botnico. Si todos no son de este parece r es porque miran al inters directo de las tierras o de los capitales empleados, y no al beneficio inmenso aunque indirecto que saca el pueblo de la introduccin, aclimatacin y cultivo de una planta; de una sola planta, s, que pudiera producir ms beneficios al cabo de medio siglo que cincuenta aos de rditos unidos a tres mil pesos de sueldos anuales. Pueblos hay que han debido su engrandecimiento o su decadencia al cultivo o a la destruccin de una sola planta. Quin podr

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FELIPE POEY Y ALOY /333 /333 calcular cuanto ha contribuido la religin de Mahoma a despoblar el Asia con solo la prohibicin del vino, y el abandono consiguiente de las vias? Y por qu hemos de buscar tan lejos los ejemplos? Tenemos en esta Isla el tabaco, la caa de azca r el caf, tres plantas a las que debemos nuestra prosperidad y sin las cuales el comercio libre concedido a este puerto sera poco provechoso. Pues el caf tiene por fecha la emigracin de los franceses a esta Isla despus de la Revolucin de Santo Domingo. Si hubiramos tenido jardn botnico antes de aquella poca es probable que no hubiramos tardado tiempo en cultivarlo. La caa de Otahit es tambin de introduccin reciente: si gracias al celo de un establecimiento cientfico, se hubiera adelantado y esparcido por los campos el cultivo de estas dos plantas, el aumento de riqueza agrcola y comercial hubiera compensado largamente los rditos perdidos de los solares. Me detengo en estas consideraciones porque temo que se oponga al establecimiento del gabinete de historia natural el mismo gnero de argumentos que antes se opuso a la institucin del jardn botnico; pues algunos piensan que una cosa no deja utilidad sino puede resolverse en dinero mensual. Un jardn botnico, adems, es el mejor compaero de un gabinete; es la coleccin de uno de los tres reinos de la naturaleza, y da la mano a los otros dos. Consideremos ahora las ventajas particulares al gabinete. A esta pregunta, cunto produce al mes? Contestar que mucho puede produci r pues se puede ensear por dinero; y acreditar la experiencia que la entrada es considerable; puesto que existen en New Y ork dos museos y en Filadelfia uno, ocupando casas magnficas bien provistas de objetos naturales por los empresarios que ningun auxilio reciben del gobierno, y sacan mucha ventaja al ao; La Habana, por la circunstancia de ser puerto de ma r concurrido por gran nmero de estranjeros y ciudad populosa, debe presentar los mismos beneficios. Si repugna a la Sociedad considerar el gabinete bajo un aspecto de lucro tan material, pasar a desenvolver otro gnero de utilidad tal vez ms conforme con las intenciones de la ilustrada corporacin. As como en el reino vegetal se encuentran plantas venenosas cuyas cualidades importa conocer para precaverse de ellas, y plantas provechosas que debemos cultivar para nuestro recreo o bienesta r as en el reino animal hay especies nocivas que procuramos destruir o reducir a corto nmero, y especies tiles que tratamos de domicilia r. En la clase inferior de los insectos, por ejemplo, indicar la cantrida, provechosa a la medicina; el gusano de la seda y la grana a la industia; las abejas, a la economa domstica; y por otra parte dir que molestan en casa las hormigas y las cucarachas; y en los campos, las bibijaguas ( Alta cephalotes ). La palomilla (C arambus sacharalis) daa a la caa

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OBRAS 334\ 334\ de azcar; el cachazudo (S phinx crolina) al tabaco; el gorgojo (C urulio azurescens) al caf. El comejn ( thermes ) arruina las maderas de las casas; varias especies de bstricos taladran las viguetas; la polilla de los libros ( anobium ) destruye las bibliotecas. En una clase superio r la de los peces, por ejemplo, cunto importa conocer bien las especies que suelen dar la enfermedad conocida como ciguatera! Solamente despus de bien determinados se podrn hacer experiencias para averiguar la causa de la enfermedad, y los sntomas en los peces para preservarnos y buscar los mtodos curativos. La Junta de F omento ha mirado con inters la cra de gusanos de la seda, y las experiencias de D. Ramn de la Sagra, continuadas por D. Alejandro Aubert, demuestra la inmensa ventaja que este clima ofrece a dicho gnero de industria. El mismo D. Alejandro Aubert trata de aclimatar la grana, habiendo ya concedido el nopal que le sirve de alimento. Pero salgamos de las generalidades y examinemos las ventajas cientficas y morales que en estado presente de las cosas puede producir un museo de historia natural en La Habana. Primeramente, un museo de esta naturaleza presentando a la juventud habanera una serie de producciones indgenas y exticas, conservadas con limpieza y con orden, y acompaadas de tarjetas instructivas, atraer los ojos y luego los nimos al estudio y mayor conocimiento de dichos objetos. Es indispensable que muchos, por imitacin y por hallarse rodeados de producciones nuevas y preciosas, emprendan colecciones semejantes, aprovechndose de la facilidad para nombrar las especies y de clasificarlas por el orden del gabinete patritico, que ser un libro abierto a todos. Cuando as se halla formado un cierto nmero de aficionados, se formar una sociedad de historia natural, y los aficionados pasarn a ser naturalistas; no sin haber juntado alguna copia de libros y peridicos cientficos, con los cuales los archivos se convertirn en bibliotecas, y la sociedad, con estos materiales, emprender la publicacin de sus memorias. Una sociedad de historia natural en La Habana, ya sea independiente de la Sociedad Patritica, ya formada de una seccin de su vasto seno, no puede dejar de ser favorecida por el gobierno, que es bastante ilustrado para conocer que mientras ms aplicados son los hombres a las ciencias, mejores ciudadanos son; ms contentos con su suerte, ms apartados de novedades y turbulencias y ms sujetos a la le y. Y aun cuando no hubiera en La Habana sociedad de historia natural, no por eso dejaran de formarse colecciones privadas, ya generales, ya reducidas a ramos predilectos, muchos de ellos ms completos en su especialidad que los de la misma Sociedad Patritica. En segundo luga r hallndose las cosas en este estado, resultarn las grandes ventajas siguientes: los viajes por el interior de la Isla, la

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FELIPE POEY Y ALOY /335 /335 correspondencia con profesores europeos y norteamericanos, los viajes a Europa. De los viajes al interior de la Isla resultar el rpido aumento de la coleccin patritica, por la generosa contribucin de los mismos naturalistas; y de paso, una copia de noticias fsicas, geogrficas e histricas del pas. De la correspondencia y viajes a Europa resultar un foco de civilizacin en muchos ramos. Basta indicar este ltimo punto; no le dar ms extensin, seguro de que los miembros de la Sociedad Patritica han comprendido ya toda su importancia. Entonces aunque no haya sociedad de naturalistas, habr gabinete para formarlos, y habr un curso pblico de zoologa y mineraloga para completar los estudios naturales empezadas las lecciones de anatoma, de botnica y de qumica. El inters pecuniario ha sido pues la primera clase de utilidades que he presentado a la Sociedad por medio de un gabinete de historia natural. El inters pblico, cientfico, y moral es la segunda clase. An queda una tercera, toda en beneficio de la Sociedad, y que consiste en proporcionarle un local para guardar sus colecciones de diversos gneros: sus pinturas, sus medallas, sus modelos de artes industriales, y todo lo que no tenga cabida en la reducida biblioteca de Santo Domingo, nica localidad que hoy tiene. Por no haber tenido acomodo para todo esto, la Sociedad no ha recibido las curiosidades y la rica mesa de mrmoles que le han sido tan generosamente destinadas por D. Jos Luis Alfonso, residente en la actualidad en Pars; tambin se ve privada de una coleccin de medallas acuadas en varios puntos de esta Isla en tiempo de la jura de la Reina Isabel II. Estas son tres clases de consideraciones que deben inducir a la Sociedad a fundar un gabinete de historia natural. Deseoso de que pueda pronunciarse definitivamente, voy a demostrar la posibilidad de que se verifique sin mucho costo. Ir recorriendo los pormenores siguientes: local, muebles, directo r director ayudante, producciones cubanas, producciones exticas. Local Debemos procurar en todo el fomento de las ciencias y de las artes sin gravar a la Real Hacienda, y no le pediremos por consiguiente medios pecuniarios; pero es lcito esperar que recibiremos de ella un local, cuando la coleccin sea digna de guardarse suntuosamente. Por ahora puede hallarse en la casa misma del director del gabinete; entendindose que mientras all est, no se dar libre entrada al pblico, a no ser una vez al ao y con acuerdo de la Sociedad. Para que la coleccin se encuentre debidamente alojada, se abonar al director el aumento mensual de alquiler que le cueste la casa para su vivienda y para las colec-

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OBRAS 336\ 336\ ciones. Este artculo no puede bajar de cuarenta pesos, si el director tiene familia, por lo que parecer ms urgente tomar en alquiler dos cuartos altos en la ciudad, por el precio de una onza o de onza y media, aunque as se aumente el trabajo de la conservacin. Muebles. Los estantes, vidrieras y cajas con vidrio, todo hecho cuidadosamente, con buena madera y sin resquicios para la completa conservacion de los objetos, costar trecientos o quinientos pesos. Estas obras se han de hacer con el mayor esmero para que sean duraderas, con lo cual sern a un mismo tiempo lcidas, tiles y baratas. Sin estas precauciones, los objetos de historia natural no se conservan bien y mejor es no tenerlos para que no sirvan de pasto a los insectos destructores, los ms de ellos imperceptibles, que destruyen en breve espacio de tiempo el fruto de muchos aos de trabajo. Bueno ser igualmente que la Sociedad quede suscrita a algunos peridicos de historia natural para hacer al director menos gravosa la determinacin de las especies; y si lo permiten los fondos, compre algunas obras fundamentales que sern el principio de una bibloteca futura de historia natural. Director Lo puede ser un miembro de la Sociedad Patritica, ejerciendo gratuitamente las funciones mientras est en su casa la coleccin; y aunque est fuera, mientras en ella no tenga entrada el pblico. Sus funciones sern de clasificador en lo que est a su alcance, y conservador principal. Dar cuenta cada ao de los fondos que entraren en su poder; lo mismo que las adquisiciones que haga, cambios, etctera. Disector En el oficio de director si bien entra la funcion de conserva r no la de disecar los animales, despojarlos y armarlos. Por consiguiente, puede pagar por cuenta de la Sociedad quien lo haga; de lo contrario, ni podra aumentar la coleccin, ni podra hacer cambios, ni podra aceptar los animales vivos que le fueran ofrecidos gratuitamente. Mientras no haya un disector con sueldo, el director pagar las disecciones que se hicieren. Ayudante Adems de las disecciones, hay cajas que limpia r especies que ordena r tarjetas que escribir y ms tarde habr necesidad de recibir al pblico, que para consultar los objetos y los libros reclamar la entrada al gabinete. Para todo esto se nombrar un ayudante en tiempo ms oportuno; y mientras tanto, el director lo har o proceder respecto a estas funciones del mismo modo ya dispuesto con respecto al disecto r. Producciones cubanas Se pueden adquirir con poco trabajo pjaros, peces y crustceos, comprndolos en la plaza y en la pescadera, y el director correr gratuitamente con los pasos necesarios, escogiendo los objetos ms tiles. Producciones exticas. Los duplicados de estas adquisiciones servirn para establecer cambios con sociedades o naturalistas estranjeros.

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FELIPE POEY Y ALOY /337 /337 El importe de las adquisiciones cubanas, de las remisiones al estranjero, de la diseccin y la conservacin, ser de una o dos onzas al mes, no pudiendo ser menos de una onza para que se vaya aumentando poco a poco el gabinete. El menor gasto con que puede verificarse el proyecto es pues el desembolso actual de quinientos pesos y una mesada de dos onzas: una para el local y otra para los dems gastos ya indicados. Admitidas por la Sociedad estas condiciones, el museo ir aumentando no solamente por los medios propuestos, sino tambin por la generosidad y celo de los ciudadanos, a quienes se dirigir una exhortacion por medio de la imprenta prometiendo conservar los objetos tiles en el museo patritico con el nombre del donatario al pie, que tambin se escribir en un cuadro manuscrito depositado en el gabinete. Conozco a muchas personas que tienen curiosidades patriticas y extraas, y las darn con gusto. No es este el lugar de nombrarlas a todas dignamente; pero referir las palabras que me ha escrito ltimamente sobre este particular el teniente de caballera y agrimensor D. Alejo Helvecio Lanier que se halla actualmente en Cienfuegos. Tendra dice el mayor placer en ver establecido en La Habana un museo de historia natural y contribuir con todos mis esfuerzos para aumentarlo. Tiempo hace que ogo hablar de ese proyecto y siento que por una estrecha economa no se acaba de verifica r En todos los pases del mundo civilizado hay museos de historia natural, donde se ostentan las riquezas zoolgicas y mineralgicas del suelo; y la opulenta Habana, la capital de la grande y hermosa isla de Cuba no tiene un local donde pueda presentar a los extranjeros las novedades que encierra en su seno; ve con dolor que los viajeros naturalistas llevan consigo lo ms precioso, sin depositar en seal de agradecimiento, o por va de cambio algunas muestras de sus cosechas naturales, destinadas a hermosear otros museos. Establzcase siquiera un principio de tan til establecimiento y aumentar ms pronto de lo que muchos se imaginan. Sujetos hay que sin entregarse al estudio de la historia natural, tendran mucho gusto, sin embargo, de recoger y mandar varios objetos al museo. Por lo que a m toca, puedo decir que trabajara con ms ardo r si supiese que el fruto de mi trabajo haba de ser provechoso al pas. Doy a V licencia para poner a la vista del pblico toda mi coleccin; y cuando vaya a La Habana, todo lo que aqu he juntado, minerales, reptiles, pjaros, peces, conchas y plantas, todo se pondr a la espectacin pblica. El hermoso cocodrilo de que he hablado a V .[sted], perfectamente conservado, ocupar un lugar sobresaliente en la coleccin. As escibi Lanier con fecha 7 de marzo. Si faltasen elementos para determinar a seguir el voto de este generoso amigo, nuestros vecinos americanos del norte nos legarian cumpli-

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OBRAS 338\ 338\ damente, pues apenas hay un pueblo que no empiece a formar su gabinete. En Europa son pocos los puertos de mar que no tengan el suyo, y aun ciudades de muy poca poblacin se distinguen por ese gnero instructivo de ornato. Se pudiera hacer aqu la lista de las ciudades que poseen museos o jardines botnicos para demostrar su multiplicidad; pero temo dar demasiada extensin a esta memoria, y remito para el caso a los libros de geografa principalmente, al compendio de D. Adriano Balb. Entre todos estos pueblos, pocos hay que tengan tan favorables circunstancias, como La Habana, pues tiene la ventaja de poseer en el suelo cubano producciones nuevas o muy poco conocidas, por lo tanto, solicitada de los extranjeros. La curiosidad de los naturalistas satisfechas en cuanto a las producciones del Brasil y de la Guayana se fijara al presente en la isla de Cuba. Es cuanto se me ocurre por ahora en cuanto a esta materia: dejando para su oportunidad la formacin de un reglamento que presentar a la Sociedad, si por su decisin llega a ser coronada esta empresa, tan honrosa para los seores vocales que la consientan, como til para el pblico que reciba de ellos este beneficio. Habana 2 de abril de 1838.Felipe Poey

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LA GEOGRAFA UNIVERSAL LA GEOGRAFA UNIVERSAL Con anterioridad a 1840, ao en que Poey hizo imprimir en La Habana, para uso de colegios y escuelas secundarias, el Compendio de geografa moderna ya era popular entre los alumnos de la capital su Cartilla geogrfica una pequea obra de 46 pginas editada en 1839. En la Cartilla de 1839, al igual que en su segunda edicin de 1855, apareca el globo terrqueo dividido para su estudio fsico-poltico en cinco grandes zonas o complejos geogrficos: Europa, Asia, frica, Amrica y Oceana, enumerndose en cada uno los sistemas montaosos, los mares, ros, islas, lagos, pennsulas, istmos y cabos, as como tambin los pases que los componan, sus lmites y divisiones territoriales, los nombres de las capitales y las ciudades ms importantes; informacin a la que anteceda unas brevsimas notas introductorias con los conceptos de los trminos geografa, tierra, continente y ocano. TERCERA PAR TE L AB OR P ED AGGIC A

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OBRAS 340\ 340\ La estructura que dio Poey a este primer texto de geografa universal, elaborado en forma de cartilla, de ningn modo debi resultar de difcil comprensin para los alumnos, pues su contenido se adaptaba a las exigencias de una enseanza elemental de la disciplina para las escuelas primarias. El Compendio de geografa moderna del cual slo se realiz una nica edicin al ao siguiente, resultaba una obra mucho ms compleja por su contenido y extensin, pero en ella haba puesto Poey un gran cuidado a la hora de elegir los materiales, a fin de hacerla adaptable segn sus propias palabras a las necesidades del pas y al estado en que se presentaba la ilustracin en los principales colegios de Cuba. La estructura del Compendio comprenda primeramente algunas definiciones generales sobre geografa fsica y poltica clasificadas por su autor como palabras tcnicas. Pasaba a una breve introduccin con las definiciones utilizadas en la Cartilla para concluir con la parte donde detalladamente explicaba todo el conjunto de particularidades topogrficas de las cinco regiones ya estudiadas con anterioridad. Siguiendo un orden metodolgico, el verdadero plan de enseanza en opinin de Poey deba empezar por la citada Cartilla pasar despus al Compendio y acometer en un tercer curso la parte poltica, formada por apuntes histricos, referencias a la religin, lengua y poblacin, a las formas de gobierno con cuadros estadsticos de sus economas, y los estudios climatolgicos y de las producciones materiales de los diferentes estados; pero esto, no obstante la ayuda que recibi por parte de Agustn Bar en las definiciones polticas, y de Pedro Desvernine para aquellas otras de carcter fsico, el Apndice nunca lleg a imprimirse tal como fue anunciado por l en el prlogo del cuaderno de Geografa moderna Aunque s, en cada uno de los captulos que comprendi la segunda obra aparecieron intercaladas otras noticias, con la intencin de hacer ms instructivos y agradables los estudios topogrficos. En este particula r son muy importantes, por el carcter crtico que de ellas se desprenden, las apreciaciones que sobre Inglaterra y su capital hizo en el acpite dedicado a ciudades principales, en donde, por ejemplo, se puede leer la siguiente valoracin: En medio de aquel lujo tan asombroso, se notan con dolor los efectos de la desigualdad de las riquezas entre los ciudadanos. El pauperismo ha crecido en Londres hasta el punto de hacerse inextinguible, con la magnificencia de ciertas calles contrasta la estrechez, oscuridad, insalubridad de otras, donde se amontonan en cuartos reducidos hombres, mujeres y nios que mendigan para vivir y roban para suplir la escasez de las limosnas; y aun as se cuentan por millares los hombres que no

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FELIPE POEY Y ALOY /341 /341 t ienen recursos para pasar la noche bajo techado sino en las casas de refugio establecidas para estos casos. 1 Tambin se intercala en este Compendio una descripcin de la ciudad de La Habana con sus principales edificios pblicos, fortalezas militares, establecimientos educacionales, cientficos, comerciales y lugares de esparcimiento, que como parte de la Amrica espaola debera estudiarse en el captulo dedicado a la regin geogrfica de Amrica, en la que adems se hallarn algunas noticias de inters sobre las nuevas repblicas y los Estados Unidos, conjuntamente con las de las otras posesiones coloniales. Pero su programa, independientemente de no estar completo al faltarle el tercer cuaderno o Apndice de geografa poltica, tuvo en su poca una concepcin de sistema, y sus textos fueron por muchos aos empleados en los diferentes cursos que sobre geografa se impartieron en las escuelas cubanas de primera y segunda enseanzas. Su prolongado uso en establecimientos educacionales de primera categora, como lo fueron los colegios El Salvador y San Cristbal en Carraguao como dijera Francisco Calcagno en 1878 hizo que desde nios nos familizaran a los de la plyade actual con el nombre del autor, 2 lo cual imprimi a su actividad pedaggica una singular importancia. Ocho aos despus de la edicin del Compendio, Andrs Poey confeccion el Atlas de geografa moderna, para el uso de los colegios y escuelas primarias, arreglado a los cursos de geografa de D. F elipe Poe y que complementaba en la prctica las clases tericas de su padre. El trabajo cartogrfico, dedicado por Andrs a Jos de la Luz y Caballero, estaba formado por una coleccin de 28 mapas iluminados, 3 en la 1 Felipe Poey: Compendio de geografa moderna para los colegios y escuelas secundarias, Imprenta del Gobierno y Capitana General por S. M., La Habana, 1840, p. 15. 2 Francisco Calcagno: Diccionario biogrfico cubano, ed. cit., p. 514. 3 El Atlas de geografa moderna para el uso de los colegios y escuelas primarias, arreglado a los cursos de Geografa de D. Felipe Poey, dedicado a Jos de la Luz y Caballero, se imprimi en 1848 en la imprenta Habanera de Torres, calle de la Reina, nmero 35. Contiene 28 mapas litografiados por Andrs Poey y Luis Marquier en la litografa de este ltimo, ubicada en la calle Lamparilla, nmero 96. Su contenido era: 1. Planisferio; 2. Europa; 3. islas Britnicas; 4. Prusia y Dinamarca; 5. imperio de Austria; 6. Turqua y Grecia; 7. Asia; 8. Alemania (Confederacin Germnica); 9. Suiza; 10. Holanda y Blgica; 11. Francia; 12. Espaa y Portugal; 13. Italia; 14. Turqua Asitica; 15. Persia y Beluchistan; 16. India ms ac del Gangs o Indostn; 17. India Transgangtica; 18. China propia; 19. frica; 20. Egipto, Nubia, Abisinia; 21. Berbera; 22. Amrica Septentrional; 23. Estados Unidos (13 colonias); 24. Mxico; 25. Amrica Meridional; 26. Colombia; 27. Las Antillas y Guatemala; 28. Oceana.

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OBRAS 342\ 342\ cual adems de l haba laborado como litgrafo Luis Marquie r de cuyas prensas litogrficas sali la serie que luego se reprodujo en la imprenta habanera de Torres. El Atlas primero de su tipo que se litografiaba e imprima en Cuba, segn el reconocimiento del escritor Cirilo Villaverde, persegua tres objetivos esenciales: El primero y ms importante, facilitar a los nios hispanoamericanos el conocimiento del globo, multiplicando las cartas generales y particulares de todas las partes y los pases ms interesantes, bajo la relacin del comercio, de la poltica y de la civilizacin; el segundo, llenar el vaco que dejaran los atlas elementales hasta ahora conocidos, los que ocupndose casi exclusivamente de Europa, de Amrica septentrional, descuidan Asia y la Oceana, centros hoy de un comercio muy activo y de ruidosas luchas polticas; el Asia, que reclama las miradas de la civilizacin y el examen de los filsofos; y la Amrica meridional, plantel de nuevos gobiernos, cuna futura de naciones poderosas; el tercero, en suma, ilustrar el texto de geografa general de su padre D. Felipe Poe y, tan generalizado en los establecimientos de educacin de la Isla, y desprovisto hasta hoy de un atlas especial que reemplace a los diferentes ingleses, franceses y anglo-americanos. 4 La costosa tcnica utilizada en la elaboracin de los mapas debi encarecer la produccin de la obra, por lo cual es fcil suponer que Andrs Poey no pudo realizar una tirada grande de ejemplares, pero independientemente de ello, su Atlas sustituy en gran medida a los otros utilizados, y principalmente al ms generalizado entonces entre los estudiantes de La Habana por su bajo precio de venta, el del gegrafo norteamericano Augusto Mitchell, caracterizado por una coleccin de cartas donde abundaban la de Estados Unidos de Norteamrica y el poco nmero de ellas para otras regiones del mundo. El Atlas mencionado, conjuntamente con la Cartilla geogrfica para las escuelas primarias, y el Compendio de g eografa moderna para los colegios y escuelas secundarias fueron, durante el transcurso de la dcada de los aos 40 del pasado siglo, quizs, la bibliografa que en lo referente a la enseanza de la geografa universal ms se utilizara en Cuba por los maestros y alumnos de escuelas pblicas y privadas. Pasado el tiempo, los planes de estudio en la Isla fueron modificndose, y con ellos los libros de texto de Poey fueron paulatinamente sustituidos por otras obras, entre ellas unos Elementos de geo4 Cirilo Villaverde: Atlas de geografa moderna para el uso de los colegios y escuelas primarias, arreglado a los cursos de geografa de D. Felipe Poey, y dedicado a D. Jos de la Luz y Caballero, por Andrs Poe y Habana, 1848, El Artista, t. I, no. 1, pp. 1-2.

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FELIPE POEY Y ALOY /343 /343 grafa escrito por Pelayo Gonzlez, 5 del cual aparecen referencias en el libro de Elencos y discursos acadmicos de Jos de la Luz y Caballero ; pero el principio con el cual dio inicio Poey al prlogo de su Compendio en 1840, se mantuvo axiomticamente a la hora de emprender otros trabajos similares: Un buen tratado de geografa no exije, fuera del mtodo, originalidad en el auto r Como no se pueden inventar las provincias ni las ciudades, fuerza es valerse de autores acreditados y copiarlos con mayor o menor acierto. Para esto no se necesita ingenio, sino juicio y conciencia; primeramente, para escoger buenos modelos; seguidamente para elegir los materiales. 6 5 Pelayo Gonzlez del Ro fue director del colegio Nuestra Seora de Guadalupe. Sobre su obra: Elementos de geografa e historia de la isla de Cuba en el tomo II de la revista habanera El Artista, ao 1849, pgina 73, aparece el siguiente comentario: Examinando dicha obra la encontramos muy apropiada para la juventud que empieza el estudio de la Geografa. La obra comienza por unas nociones generales por mejor decir un corto captulo de nomenclatura geogrfica. Luego sigue la parte geogrfica que comprende la situacin, figura, poblacin, clima, y sus producciones naturales de los tres reinos. Despus, la parte descriptiva bajo el aspecto fsico y topogrfico de las ciudades. Por ltimo, un resumen histrico bastante ameno y al alcance de los nios. La obra es en cuarto menor extendindose hasta 44 pginas. El seor Pelayo es acreedor de la estimacin del pblico estudioso, tanto por los trabajos verdaderamente tiles que se dedica, como por el bien que hace a la juventud multiplicndole los medios de instruirse en las ciencias fsicas. 6 Felipe Poey: Compendio de la geografa moderna para los colegios y escuelas secundarias, edc. cit., Prlogo.

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LA GEOGRAFA DE LA ISLA DE CUBA LA GEOGRAFA DE LA ISLA DE CUBA En la hoja de servicios universitarios del expediente docente de Felipe Poey se puede lee r en el acpite de Servicios especiales en la carrera, la siguiente nota redactada por l cuando tena setenta y cinco aos: Su Geografa de la isla de Cuba que ha tenido diez y nueve ediciones, es la primera que se ha escrito y publicado, 1 a lo que puede agregarse, en juicio de un discpulo y contemporneo: [...] Excelente texto, a la claridad y pureza de las formas une un verdadero caudal cientfico en especial, zoolgico y una correccin por desgracia bastante rara, ms que todo, si se le compara con los que salva contada excepcin reemplazaron el texto expresado en la enseanza reglamentaria. 2 La primera edicin de los trabajos que Poey redact sobre la geografa de su patria fue publicada en 1836, bajo el ttulo de Compendio de la geografa de la isla de Cuba parte I, Topogrfica, y tena como caracterstica distintiva, ser una obrita de 53 pginas en octavo, formato que con posterioridad, en las siguientes impresiones fue modificado. En su prlogo escriba el autor: Doy a luz este primer tomo de la Geografa de la isla de Cuba que encierra la parte ms necesaria a la instruccin de los nios, en los colegios y escuelas pblicas, para cuya utilidad la he compuesto. 3 El contenido de la obra, que hoy es una rareza bibliogrfica, merece ser brevemente descrito. Se reparti en 13 captulos, antecedidos por una explicacin detallada de 42 definiciones ordenadas alfabticamente, muy tiles al lecto r al familiarizarlo con el sistema de pesos y medidas vigente en Cuba y sus equivalencias con los sistemas adoptados en Espaa y otros pases europeos. A este glosario agreg tambin algunos conceptos vinculados a la economa y a la sociedad cubana. 1 A. H. Museo Finlay, Papeles de Felipe Poey, carpeta 2, documento 30. 2 J. Vilar: Felipe Poey. Apuntes para su biografa, Revista Cubana 1885, t. II, pp. 481-490. 3 Felipe Poey: Compendio de la geografa de la isla de Cuba, Parte 1, Topogrfica, Imprenta del Gobierno y Capitana General por S. M., La Habana, Prlogo, 1836.

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FELIPE POEY Y ALOY /345 /345 El primer captulo est dedicado a estudiar la situacin de la Isla, donde se aprecia la gran influencia que en l ejercieron los trabajos que sobre Cuba realiz Alejandro de Humboldt; a ste sigue la explicacin de la divisin territorial, para la cual reconoca cinco secciones, la civil, milita r martima, de real hacienda y la eclesistica. En el captulo tercero, menciona de acuerdo con los tres departamentos existentes, el occidental, central y oriental, las ciudades, villas y pueblos ms importantes de la isla, explicacin que se relaciona con los conocimientos por l expuestos en algunas de las definiciones con las cuales encabeza su libro. Las descripciones de los montes, pennsulas, cabos, puertos, islas, cayos, bajos, estrechos, canales, lagunas y ros, como accidentes geogrficos las refiri en los ocho captulos siguientes; dej como contenido de los dos ltimos, las explicaciones sobre caminos reales y de hierro; las notas suministradas sobre el ferrocarril son muy interesantes si atendemos a que fueron escritas slo a pocos meses de iniciada su construccin. Cuando el Compendio de la geografa de la isla de Cuba sali de imprenta y estuvo a la disposicin de los interesados en la Librera del Gobierno, al precio de cuatro reales, la acogida que le hizo la prensa, y el favorable juicio que de su autor dio, se refleja en las siguientes lneas escritas el 12 de julio de 1836 en el Diario de la Habana : El autor de esta obra ha enseado la geografa de la Isla en el colegio de Carraguao; y ha conocido por experiencia el mtodo ms conveniente de tratar esta parte til de la enseanza pblica. El orden y subdivisin de los captulos, los nombres propios sacados a la lnea y puestos con letras bastardillas, la situacin de los lugares indicados casi siempre, y la juiciosa eleccin de los mismos, para contar a los literatos y estudiosos, sin sobrecargar la memoria de los nios, recomiendan esta obrita que por su naturaleza no puede ofrecer otro carcter de originalidad. Los datos nuevos se encuentran principalmente en el artculo sobre definiciones, puesto al principio del compendio, donde el frasco del consulado y las otras medidas de capacidad para mieles y aguardientes, se hallan reducidas a litros en beneficio del comercio; y comparando el metro con las varas de Madrid, de Burgo y de la Habana, se dan noticias curiosas para los agrimensores. 4 Como se deduce del artculo anterio r uno de los aspectos de la geografa que ms inters despert fue el estudio de los patrones cubanos de pesos y medidas existentes en el Ayuntamiento de La Habana y en la Casa del Real Consulado, a los que agreg algunas definiciones econmicas y jurdicas de gran utilidad para la compren4 Compendio de la geografa de la isla de Cuba por D. Felipe Poey, Diario de la Habana martes, 12 de julio de 1838.

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OBRAS 346\ 346\ sin de los conceptos de distancia, divisiones territoriales, accidentes del terreno, comercio y otros trminos empleados en el texto; temtica al parecer abordada por su importancia en algunas de las geografas de la poca que consult, como el Compendio de geografa univers al de Adrin Balbi, 5 de la que sabemos conoca su segunda edicin de 1835. En este sentido, son de gran valor las notas que sirvieron para dejar establecidos los valores de las distancias empleados en su geografa. En ella se utiliz con frecuencia la voz legua la cual, sin otra designacin, era igual a la conocida por legua habanera tambin nombrada legal o provincial, equivalente a 5 varas, o en el sistema mtrico, a los 4 metros, donde la vara habanera representaba la longitud de 848 milmetros. Otro trmino para expresar las unidades de medida lineal y distancia fue el de legua martima calculada en 5,6 metros o en 6,67 varas; a estas especificaciones crey necesario sumar la definicin de legua de tierra o de corral expresin vulgar aplicada segn Poey a la cuarta parte de un corral, cuya superficie deba medir 105 caballeras y 90 cordeles. Las medidas volumtricas ms utilizadas en Cuba fueron igualmente calculadas en su libro de texto. Por ejemplo, en su explicacin dice que el barril de hacendado o de conduccin es igual a la caneca del Consulado, equivalente esta ltima a diez frascos, cuyo modelo en cobre se encuentra depositado en dicho local, aunque algunos hacendados solan arreglar con los compradores de mieles la medida, convirtindola en siete galones, cuando su verdadero volumen deba ser de seis galones y medio. De la misma manera expres que el frasco como unidad, en la casa consular desde 1819, era de tres botellas, comprobando a la vez con sus investigaciones su igualdad a los 2,442 litros. El galn ampliamente empleado por los comerciantes cubanos, independientemente de ser una medida inglesa, fue tambin incluido en su glosario, despus de analizar su valor y sus usos en el pas; al no contar con un modelo oficial, le asign una capacidad de cuatro botellas y media, o sea, 3,663 litros, volumen un tanto diferente al aprobado en Inglaterra, de 4 457 litros, tal como se estableci en ese pas desde 1824 cuando se unific el sistema de medidas imperiales. Otros conceptos de incidencia econmica y social, o vinculados con la agrimensura o medidas agrarias, fueron tambin incluidos en su glosario. De acuerdo con la definicin que hace de hacienda sabemos que 5 Este gegrafo italiano naci en Venecia en 1782 y muri en Viena en 1848. Public en 1817 un Compendio de geografa y en 1882, en Pars, su obra Abrge de geographie, de la cual se hizo traducciones al espaol, italiano, portugus, griego, ingls y alemn.

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FELIPE POEY Y ALOY /347 /347 stas estaban constituidas por los hatos, corrales y realengos de consideracin, destinados a la cra del ganado, y que en los hatos se criaba preferentemente ganado vacuno, caballar y mula r y en los corrales el de cerdo. Los hatos deban tener una superficie de 1 caballeras y 144 cordeles, mientras que los corrales 421 caballeras con 36 cordeles. Los terrenos que quedaban encerrados entre las curvas circulares que servan de lmites a hatos y corrales formaban, como se sabe, los realengos Denomin i ngenio a la finca en la cual se cosecha la caa y se elabora el azca r y como pueblo a todo aquel asentamiento humano donde exista una iglesia, y que al mismo tiempo no hubiera recibido el ttulo de villa. Algunas de las fuentes consultadas por Poey para escribir su geografa se encuentran en los trabajos sobre Isla de Pinos del teniente de caballera y agrimensor Alejo Helvecio Lanie r publicados en las Memorias de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, en 1836, quien adems le facilit consultar los originales del mapa de cinco hojas elaborado bajo la direccin del coronel Jos V alcou r impreso en Barcelona en 1835, conocido con el ttulo de Cartas de Vives pues bajo el gobierno de este general fue cuando se orden su confeccin con el objetivo de establecer un plan general de defensa militar en la Isla. Humboldt es el cientfico que con mayor frecuencia aparece citado por Poe y Cuando en el captulo introductorio determina la situacin geogrfica de la Isla hacia los 76 grados oeste, tomando como gua el faro del Morro con relacin a Cdiz, en las anotaciones al texto no escapa la alusin a este cientfico alemn, ya que segn los clculos por l efectuados, sta deba ser de 76 grados 0 minutos 48 segundos, y en similares circunstancias, al deducir la extensin del territorio en 220 leguas martimas, de acuerdo a la curva ms corta que atraviesa por su centro, agreg a su cifra la suministrada por Humboldt, estimada en 227 leguas. En 1839, Poey entreg a la imprenta la segunda versin de su Compendio de la geografa de la isla de Cuba para los colegios y escuelas secundarias La nueva edicin apareca corregida en detalles y aumentada con la introduccin de nombres antiguos y noticias histricas, adems contaba con datos de la poblacin de algunas ciudades, pueblos y villas de determinada importancia. Los asesores, tal como los nombrara Poey en el Prlogo de su libro, haban sido el gegrafo Esteban Pichardo, el agrimensor Tranquilino Sandalio de Noda y el historiador Jos Mara de la Torre, cuya cooperacin consisti en haber ofrecido algunas noticias histricas y sealar nombres antiguos de lugares y sitios geogrficos con sus correspondientes modernos.

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OBRAS 348\ 348\ Tambin reconoci las aportaciones documentales de Jos Rafael Travieso, Ildelfonso Vivanco, Antonio Bachiller y Morales, 6 Rafael Navarro, y las del teniente Esteban Baus, quien facilit los informes sobre la villa de San Juan de los Remedios, nombrada antiguamente El Cayo, por estar ubicada en un islote del litoral cercano al puerto de Caibarin, trasladada en 1689 a tierra firme, cuando sus habitantes trataban de evitar las invasiones de piratas. La estructura primera, por la cual la obra quedaba dividida en tres captulos, se mantuvo igual en la segunda edicin, pero los contenidos variaron sustancialmente. A las definiciones se sumaban otras noticias histricas donde, despus de la resea de los acontecimientos transcurridos durante los primeros aos del descubrimiento y colonizacin, se mencionan las invasiones, saqueos e incendios de los piratas durante el siglo XVII la toma de La Habana por los ingleses, en 1762: y la declaracin de comercio libre. Influido por la tendencia sociolgica manifestada en la obra geogrfica de Humboldt, o quizs estimulado por los estudios etnogrficos que en esta poca comenzaban a llamar la atencin de algunos intelectuales, en uno de los captulos de su texto resaltaba Poey la siguiente nota sobre la histrica villa de Guanabacoa: Pueblo primitivo de indios, donde el Ayuntamiento de la Habana mand a recoger en 1554 los indios que vagaban por los campos, para adoctrinarlos y civilizarlos. 7 Es de sealar que el estudio sobre los primeros habitantes de la Isla, objeto de un movimiento literario hacia los aos 50 del pasado siglo en Cuba, no fue abandonado por Poey como temtica investigativa con el transcurso del tiempo, sino al contrario, pues en sucesivas ediciones de su obra aparecen notas como sta: Es ciertamente un error el creer que los indios no tuviesen ms provincias que las que hoy conocemos; sobre todo si se entiende por esta palabra un distrito sometido al gobierno de un cacique. No hemos hecho los modernos otra cosa ms que tomar apuntaciones de todas las provincias que se encuentran nombradas de paso en las historias primitivas; y quedamos en la ignorancia sobre las dems, que no dejaran 6 Si Felipe Poey, en su obra, reconoce los aportes que a la misma hizo Antonio Bachiller y Morales, es interesante sealar, a su vez, que el bibligrafo cubano, en su Prontuario de agricultura general para uso de los labradores y hacendados de la isla de Cuba, impreso en 1856, recomend la segunda edicin del Compendio de la geografa de la isla de Cuba de Poey, pues consideraba sus notas de singular inters, a la hora de tener en cuenta un trabajo que tratara del sistema agrario de medidas. 7 Felipe Poey: Compendio de la geografa de la isla de Cuba para los colegios y escuelas secundarias, Imprenta del Gobierno por S. M., segunda edicin muy corregida, aumentada con la correspondencia de nombres antiguos y noticias histricas, varias notas y Apndices, La Habana, 1839, p. 17.

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FELIPE POEY Y ALOY /349 /349 de ser tan numerosas en los departamentos centrales y occidentales como en el oriente, que fue la parte ms conocida al principio del siglo XVI 8 Como lingista no desaprovech la oportunidad que la geografa le brind a sus investigaciones sobre los hbitos del lenguaje, escribiendo al respecto la siguiente nota sobre la fontica de una palabra indgena: Muchos escriben W ajay y pronuncian Ubaja y Un amigo ilustrado piensa que este es un error nacido de que los ingleses se valen de la w para el gua indgena. En el campo se pronuncia Jubajay. 9 Tres fueron los apndices que Poey agreg al texto de esta geografa. El primero contena el nombre de las antiguas provincias; el segundo, un estimado de la poblacin de la Isla, que independientemente de los estragos del clero segn sus propias palabras deba ascender a las 900 almas; y el tercero, unas advertencias sobre el modo de iluminar las cartas topogrficas. La informacin del tercer apndice es en definitiva un resumen metodolgico de las cartogrficas. Esto result de gran valor si tenemos en cuenta que nunca antes en Cuba se haban confeccionado trabajos de este tipo, y que los interesados en llevar al lienzo, iluminar y reproducir mapas, generalmente los enviaban a Espaa o a Estados Unidos, de donde volvan, las ms de las veces, con grandes errores. Por eso, conocedor como era de la necesidad de componer en el pas los nuevos planos que mostraran el avance de la geografa, y para evitar en el futuro las imperfecciones que en ellos pudieran surgi r aadi algunas advertencias. Recomend el uso de colores principales para los tres departamentos existentes. Amarillo para occidente, que era el departamento ms poblado, verde para el central, y el rosado para oriente. Segn su opinin, los lmites de las jurisdicciones menores deban ser reconocidos con colores subidos, naranja en el departamento occidental, azul en el central y carmn subido en el oriental; se deba pintar de azul el ma r al igual que los interiores de bahas, puertos y esteros. Para los cayos propuso el mismo color que el de los departamentos o provincias martimas a que pertenecieran, explicando adems, que no deban colorearse las islas, cayos y tierras que se encontraran fuera de los lmites cubanos, y que se deba dar el mismo color a las ciudades de una misma jurisdiccin. 8 Felipe Poey: Compendio de la geografa de la isla de Cuba, acompaado de un Apndice sobre la geografa antigua, novena edicin, muy corregida y aumentada con noticias breves e instructivas que amenizan su estudio, Imprenta El Artista, La Habana, 1849, pp. 27 y 28. 9 Ibdem, nota 5.

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OBRAS 350\ 350\ Sera difcil determinar si Poey llev a la prctica sus normas, pues hasta hoy no han aparecido muestras que evidencien sus trabajos en este sentido; pero probablemente debieron ejercer cierta influencia entre los maestros de escuelas o entre los cartgrafos de la poca, que como Esteban Pichardo desplegaron su actividad en el terreno de la geografa. Consciente Poey del papel pedaggico que su obra desempeaba en el proceso de enseanza, al ser prcticamente el nico libro de texto que sobre la materia se haba publicado en el pas, las dems versiones que escribi en lo sucesivo fueron modificando algn que otro aspecto, con la finalidad de mejorarlo didcticamente. En funcin de esto suprimi, en 1842, los apndices de la anterior edicin y algunos pormenores explicativos sobre accidentes geogrficos, pero antes recomend a los ms estudiosos acudir a la biblioteca de la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas, donde se podan encontrar los trabajos recientes sobre geografa, muy especialmente los de su amigo Jos Mara de la Torre, autor de un diccionario topogrfico y de unos mapas muy instructivos, tal vez los ms usados entre los alumnos cubanos hasta que, en 1848, Andrs Poey realiz los suyos como ilustraciones a la octava edicin de la geografa de su padre. 10 En el ao 1842 Poey plantea que Por haberse vendido ms pronto de lo que esperaba la segunda edicin de esta Geografa, me hallo en el caso de dar la tercera sin haber concluido los trabajos necesarios para formar la parte natural y poltica, 11 daba a entender que, en futuras publicaciones, la biogeografa sera uno de los temas a tratar en el futuro. Pero por falta de tiempo, no lo materializ hasta transcurridos varios aos, y despus de varias ediciones. En la dcimo quinta edicin de su libro de texto Geografa fsica y poltica de la Isla de Cuba, publicada en 1855, encontramos varias observaciones que obedecen al estudio que su autor vena realizando sobre historia natural, y sobre otros campos. 10 La primera de estas dos piezas cartogrficas confeccionadas por Andrs Poey es el Mapa de la isla de Cuba, desde Baha Honda hasta Guamutas, arreglado a la nueva divisin territorial, fue litografiado por Luis Marquier en La Habana y escrito por F de V y Zamora. Se confeccion a escala de 1:800 y en ste se indican las ciudades, villas y pueblos de importancia, conjuntamente con los paraderos de ferrocarril, caminos reales y los caminos de hierro construidos, en construccin y los proyectados. El segundo plano fue, segn Carlos M. Trelles en su Bibliografa cubana del siglo XIX el Mapa mudo de la isla de Cuba, cuyas medidas eran 32 pulgadas de largo por 32 de ancho. 11 Felipe Poey: Compendio de la geografa de la isla de Cuba, tercera edicin corregida y limitada a las notas ms precisas, Prlogo, Imprenta del Gobierno por S. M., La Habana, 1842.

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FELIPE POEY Y ALOY /351 /351 En el acpite sobre historia natural desarrollado en el captulo introductorio incluye notas sobre mamferos, aves, reptiles, peces, sobre los llamados anulosos (anlidos o gusanos anillados), los moluscos, zofitos, fsiles e incluye tambin el reino vegetal y el mineral. En cada uno de los casos escribe el nombre de los ejemplares tratados, conjuntamente con su ubicacin geogrfica, la utilidad comercial y econmica de aquellos que la tuviesen, y son frecuentes las observaciones histricas, que en algunas circunstancias aclaran errores generalizados; y al igual que en sus publicaciones anteriores reconoce la cooperacin de otros especialistas, en sta hace referencia al apoyo que Juan Cristbal Gundlach le ofreci al comunicarle los nombres de las aves y otros informes de inters. Entre las observaciones que contiene la edicin analizada, fue muy oportuna la explicacin que dio sobre el tacuache, pequeo mamfero insectvoro mexicano, confundido con el almiqu o Solenodon cubanus representante arcaico de nuestra fauna de mamferos, descrito como especie nueva para la ciencia por el doctor Wilhelm Peters de Berln en 1861. Sobre ello escribi: Esta denominacin no es cubana. Apareci equivocadamente por primera vez en 1838 en un peridico titulado El Plantel, y se ha repetido en varias obras, generalizndose entre los eruditos, que empiezan a hacerla vulga r Ni distingue al almiqu o Solenodon paradojo ni otra especie alguna de la isla de Cuba. El nombre es mejicano, no menos que el animal que debe aplicarse. 12 Aunque Felipe Poey no se refiri a ello, el vocablo tacuache como voz indgena era segn Esteban Pichardo 13 sinnimo de mentira. De all su oportuna aclaracin al error que l mismo haba cometido en 1838, en el peridico sealado. La parte poltica, ampliamente tratada en la geografa, es en la actualidad una til fuente de conocimientos histricos. Entre los conceptos que en ella se recogen son significativos las valoraciones que hace del estado sanitario de la Isla, pues siguiendo las ideas de la poca establece un nexo entre fiebre amarilla y los focos de corrupcin martima, donde cree se desarrolla la enfermedad. O sobre la composicin etnogrfica de la poblacin cuyo estimado segn calculaba sobrepasaba entre individuos de otras nacionalidades y los naturales del pas, la cifra de un milln de habitantes, con una densidad poblacional de 270 por legua cuadrada. 12 Felipe Poey: Geografa fsica, poltica de la isla de Cuba, edicin decimaquinta, Imprenta y papelera de Barcina, La Habana, 1855, pp. 43-44. 13 Esteban Pichardo: Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas [la edicin original es de 1836], Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1985.

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OBRAS 352\ 352\ Al narrar en su obra las costumbres del pas, su geografa adquiri, adems del valor testimonial, cierto sabor literario: Las mujeres escriba Poey hacen poco ejercicio, y tienen por esta causa la salud extremadamente delicada. La juventud desdea por lo comn los oficios industriosos, y se dedica con frecuencia a las carreras del comercio, medicina y jurisprudencia, que halagan su vanidad; los que no pueden costear sus estudios solicitan acomodarse de escribientes. El trfico lucrativo de venta de comestible y efectos para vestirse, se encuentra casi todo en manos de peninsulares. Los talleres de la industria se hallan principalmente ocupados por la gente de colo r salvo el ramo de tabaquera que emplea muchos hombres blancos. La facilidad de servirse de negros esclavos, para el cultivo de las tierras, aparta muchos campesinos de los trabajos corporales, y por esto son tantos los que se inclinan a diversiones ociosas y al juego perseguido con tesn por el Gobierno. 14 La agricultura, escriba: Est muy atrasada en cuanto a los mtodos y los instrumentos 15 y sobre la industria reconoca que la elaboracin del azcar es la principal industria del pas, y ha adquirido un grado notable de perfeccin con la introduccin de las mquinas modernas. 16 Los esclavos, principal fuerza productiva de la economa colonial cubana, representados en su casi totalidad por la raza negra, fueron reconocidos por Poey como descendientes de naciones africanas, expresin que lo coloca muy por encima de algunos contemporneos que consideraban que los negros esclavos provenan de comarcas, o simplemente los catalogaban genricamente como bozales o ladinos, entendiendo por ello a los negros nacidos en frica. 17 En 1860, las geografas de Poey llegaron a un total de diecinueve ediciones, verdadero rcord de impresin, que se explica, entre otros detalles, porque su autor siempre sinti preocupacin por renovar datos obsoletos o que no estuvieran acorde con el progreso de la ciencia. Un ltimo ejemplo nos los ofrece la penltima edicin de 1858, perteneciente originalmente a Tranquilino Sandalio de Noda, ejemplar hoy depositado en la Biblioteca Nacional Jos Mart, donde se lee la si 14 Felipe Poey: Geografa fsica y poltica de la isla de Cuba, edicin decimaquinta, Imprenta y papelera de Barcina, La Habana, 1855, p. 10. 15 Ibdem, p. 16. 16 Ibdem. 17 Sobre el trmino negro de nacin que difiere de la expresin de naciones africanas utilizado por Poey, vase: Fernando Ortiz: Los negros esclavos [la edicin original es de 1916], Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1987, pp. 168-169.

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FELIPE POEY Y ALOY /353 /353 guiente nota, hecha al margen de puo y letra de su autor: Las distancias terrestres van expresadas en kilmetros. Es ya tiempo de no usar sino la medida espaola, que no se usar mientras estemos usando la provincial. 18 18 Felipe Poey: Geografa fsica y poltica de la isla de Cuba, edicin decimoctava, Prlogo, Imprenta y papelera de la viuda de Barcina, La Habana, 1858.

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LA MINERALOGA LA MINERALOGA Al espaol Ramn de la Sagra correspondi la creacin, en 1826, de la primera ctedra de mineraloga y geologa abierta en la Isla, la cual contaba con un muestrario de minerales colectados en diferentes regiones de la pennsula ibrica y de Francia, con libros de su propia biblioteca, en la cual no faltaba la obra Tratado de mineraloga publicada en 1801 en Pars por el abate Hauy, y hasta sus instrumentos, ofrecidos por l con mucho gusto a la juventud que asistiera a sus lecciones. Al iniciar el curso, el 18 de noviembre, pronunci las siguientes palabras en el acto de apertura: La isla de Cuba puede actualmente, y en lo sucesivo, sacar considerables ventajas del conocimiento de las producciones minerales de su suelo. Cuando el comercio y la civilizacin han elevado a los pueblos a cierto grado de esplendo r las artes fijan en ellas sus residencias, se establecen entre sus moradores y proporcionan con sus productos mil comodidades para la vida social. Todas las naciones del mundo comenzaron obteniendo de la agricultura, de la caza, de la pesca, etc., el primer grado de una existencia duradera. 1 Pero Ramn de la Sagra, independientemente del nimo con que acometi su proyecto, tuvo que contentarse, al fracasar en su empeo, con los no muy halageos objetivos alcanzados en la enseanza de otra rama de la historia natural, la botnica, ctedra que desde 1823 ejerca en el Jardn Botnico de La Habana, del cual era directo r. Trece aos despus, en 1839, Juan Bautista Sagarra propona a los miembros de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas y al Gobierno, la creacin de una ctedra minera en Santiago de Cuba, y luego de enfatizar la necesidad de desarrollar la actividad en la regin oriental, por los yacimientos que en sta se encontraban, expona sus ideas en estos trminos: 1 Ramn de la Sagra: Oracin inaugural a la ctedra de mineraloga y geologa abierta en obsequio de la juventud habanera, el da 18 de noviembre de 1826, Imprenta de D. Pedro N. Palmer e Hijo, La Habana, 1826, p. 7.

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FELIPE POEY Y ALOY /355 /355 La naturaleza dot nuestro suelo de otras riquezas que no conocemos ni conoceremos en muchos aos; porque necesitamos la antorcha de las ciencias, que digmoslo con franqueza, no est todava en nuestras manos, hallndonos como todava nos hallamos en la infancia de la Ilustracin. 2 Pese a las intenciones de este santiaguero, y que esta peticin era hecha al gobierno debido al auge que haba alcanzado la minera en la regin oriental del pas, su intento no tuvo xito, y al igual que La Sagra, no pudo sentar ctedra ni poner en prctica sus ideas de progreso. En 1863, por disposicin del gobierno colonial, el plan de estudio de 1842 para la educacin superior fue modificado y por tanto, la F acultad de Filosofa fue sustituida por las secciones de Filosofa y Letras y de Ciencias, el ya experimentado profesor don Felipe Poe y pas a ocupar una de las ctedras de nueva creacin, con 64 aos de edad. Tuvo que enfrentar dificultades iniciales para impartir esta ctedra, cuyas asignaturas comprendan conocimientos de zoologa, botnica, mineraloga y geologa; no existan planes concretos o guas de estudio apropiados para los estudiantes de la universidad, as como los escasos materiales de laboratorio, para las clases prcticas, estaban deteriorados. Para explicar los conceptos de la mineraloga y geologa, Poey slo contaba con las piezas y muestras que haban formado parte del extinto museo 3 de la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas, y que l mismo clasific y reorganiz, en 1856, para ser utilizado por los universitarios. A esta situacin se suma la falta de conocimientos elementales de los estudiantes, pues no fue hasta 1843, con el inicio del Plan General de Instruccin Pblica para las Antillas, cuando en realidad se empez a impartir oficial y sistemticamente los elementos de la historia natural. Esta a ciencia y la geologa haban sido aos promovidas, con anterioridad, como materia de estudio en colegios privados, como el de San Fernando y el de San Cristbal en Carraguao, y el inters en ella, sobre todo el expuesto por Jos de la Luz y Caballero, debi ejercer una influencia positiva entre los crculos intelectuales vinculados a tareas pedaggicas. 2 Citado por L. Soto Gonzlez: Apuntes sobre la historia de la minera en Cuba, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1981, p. 92. 3 En la junta ordinaria celebrada en la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas del 31 de enero de 1856 se acord donar al gabinete existente en la Real Universidad de La Habana los minerales que an existan en el extinto museo de esa institucin por considerar que en aquella corporacin podrn ser provechosas para el estudio del ramo, Memorias de la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas 1856, t. III, p. 26.

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OBRAS 356\ 356\ Un ao despus de instrumentarse el referido proyecto, Felipe Poey y Rafael Navarro tradujeron al espaol la obra Nociones elementales de historia natural de Gabriel Delafosse, un mineralogista francs que desempeaba, en calidad de profeso r la especialidad en la Facultad de Ciencias de Pars. Navarro y Poey reprodujeron la primera parte del libro, cuyo contenido ofreca unas consideraciones generales acerca de la naturaleza de los minerales y sus clasificaciones, con el inters de suministrar a los alumnos de San Cristbal de Carraguao el texto necesario para el aprendizaje de la asignatura. Poe y por otro lado, no fue ajeno al influjo que el auge de la minera, desde el punto de vista econmico, imprimi a los crculos interesados en el desarrollo de los conocimientos cientficos del pas, del cual no se excluan ni las instituciones culturales, con sus sistemas de premios a las mejores memorias que ofrecieran temas sobre minera, ni la prensa peridica, en la que desempe un papel principalsimo el Repertorio Mdico Habanero fundado por el doctor Gutirrez en 1840, una de las revistas que con ms seriedad asumi la divulgacin de los estudios mineralgicos, con el objetivo de desarrollar la medicina. La Sociedad Econmica le encomend a Poe y en 1837, la tarea de participar en un proyecto de reconocimiento geolgico de la Isla, similar a otro realizado en el estado de Nueva Y ork, en Estados Unidos. El gobierno colonial tena gran inters en este trabajo, por lo que tambin tenan que rendir informes Jos de la Luz y Caballero, Jos Estvez y Domingo del Monte. Don Felipe se vio precisado a incursionar tambin en el reino mineral, pues deba redactar un captulo sobre historia natural para una de las ediciones de su obra sobre geografa de Cuba. Tambin profundiz en sus estudios con el propsito de lograr clasificar las muestras que la Sociedad Econmica haba donado al Museo de Historia Natural de la Universidad. Por eso no es de extraar que Poe y quien aprenda enseando, y como sealara su discpulo predilecto Carlos de la Torre: Estudiaba concienzudamente un asunto y lo expona con suma claridad, descendiendo a los ms ntimos detalles, 4 para as solucionar todas las dificultades, publicara nueve aos despus de hacerse cargo de la ctedra un Curso elemental de mineraloga que alcanz tres ediciones; la ltima de ellas fue revisada y anotada para una cuarta edicin que nunca lleg a imprimirse. Como obra de referencia para sus primeras lecciones en la Universidad Poey utiliz principalmente la segunda edicin del Tratado de 4 Carlos de la Torre: Don Felipe Poey, Figuras cubanas de la investigacin cientfica ed. cit., p. 336.

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FELIPE POEY Y ALOY /357 /357 mineraloga de Pedro Alejandro Dufreno y publicado en 1856. En este libro el ingeniero y gelogo francs planteaba una nueva clasificacin de los minerales, la cual atenda fundamentalmente a la composicin qumica y a las formas cristalogrficas que stos presentaban, conceptos que encaminaban a esta ciencia hacia clasificaciones ms modernas. Para la elaboracin del curso de 1868 5 se gui por el sistema de las seis clases de tipos de minerales expuestas por Dufrenoy; explicando, por ejemplo, los cuerpos simples de acuerdo con la primera escala indicada por este autor ; en segundo luga r incluy el estudio de las sales alcalinas; en tercero, las denominadas tierras alcalinas llamadas en la obra francesa metales terrosos; coloc en la cuarta clasificacin los metales, as como en la quinta y sexta los silicatos y los combustibles. En este mismo programa, al analizar algunos compuestos, atendi a tres de las cuatro consideraciones establecidas por Dufrenoy: los caracteres externos, las propiedades fsicas, y las qumicas; dej fuera de su explicacin los caracteres geomtricos y cristalogrficos, pues segn sealamientos de su discpulo Arstides Mestre, los problemas de cristalografa no eran abordados por esta poca porque los alumnos que cursaban la asignatura no estaban preparados para recibir estos conocimientos. 6 La trayectoria docente que sigui la mineraloga, como asignatura en los planes de estudios superiores, en poca de Poey fue variando a travs de los aos, y a esto contribuy en cierto modo la experiencia y los conocimientos que le proporcionaron las consultas de otras fuentes. l manifest en una ocasin que los catedrticos podan adoptar los textos que ms le acomodaran a sus explicaciones, siempre que la comisin de estudios no hallara obstculos por parte de la religin y de las leyes, 7 por eso en el Prlogo a la primera edicin de su Curso elemental de mineraloga publicado en 1872 expres que haba utilizado, condensado en pocas palabras, los conocimientos fundamentales sobre los minerales de Dufreno y as como las obras de autores como Brougniart, Delafosse, Vilanova, Robin; y recomend especialmente el Manual de mineraloga, de Felipe Naranjo y Garza, a los estudiantes que quisieran profundiza r. El tiempo real que Poey tena para explicar la primera parte de su programa consista en definir conceptos generales sobre mineraloga, y en segundo luga r las especies minerales; tiempo realmente escaso, por eso tuvo 5 Una copia manuscrita de estas lecciones de Felipe Poey puede verse en la Biblioteca Nacional Jos Mart, con el ttulo Especies minerales del curso de mineraloga (La Habana, 12 de diciembre de 1868). 6 Antonio Mestre: Poey, Revista Cubana 1891, t. XIII, pp. 169-182. 7 Manuscrito existente en el A. H. Museo Finlay, titulado Proposiciones de D. Felipe Poey (La Habana, 7 de enero de 1847).

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OBRAS 358\ 358\ que condensar en pocas palabras los conocimientos ms indispensables 8 e impartirlos sintetizados en un curso que slo duraba cuatro meses. En sus lecciones defini la mineraloga como la ciencia que ensea a conocer los minerales por su naturaleza y conjunto de propiedades, consider la geologa como parte integrante de sta, pues los minerales son los elementos que componen la corteza terrestre, y explic su utilidad para la industria, la agricultura y la sociedad; afirm que las edades de la civilizacin humana estaban en parte determinadas por los progresos mineralgicos; a continuacin, siguiendo en su programa el procedimiento pedaggico de preguntas y respuestas, ense las propiedades de la materia y de los cuerpos; con posterioridad compar y examin las diferencias entre los llamados cuerpos inorgnicos y los seres organizados. Como otra forma de introducir la asignatura, expuso en su curso los caracteres mineralgicos establecidos por Dufreno y pero a stos uni la explicacin de otros no contemplados por este auto r entre ellos los empricos, que segn Poe y distinguan los minerales a travs de los caracteres exteriores, cuando los geomtricos y los qumicos ofrecan dificultades; emple adems los organolpticos, definidos por el qumico francs Eugenio Chavreul, como aquellas peculiaridades de los minerales fcilmente apreciables por medio de los sentidos, como el del gusto por el sabo r o el del olfato por su olo r. Ense la cristalografa como la ciencia que estudia las formas nativas de los minerales, 9 la nomenclatura cristalogrfica en concordancia con la geometra, y las influencias que en el desarrollo de esta rama ejercieron cientficos como Linneo, Rom de Ilsle y Renato Justo Hau y en quien se detiene para explicar sus leyes. Estos elementos, unidos a otros conceptos de las ciencias fsicas y qumicas fueron en conjunto las ideas que bsicamente incluy en la primera parte de su plan de estudio. Para exponer con mayor claridad las definiciones de difcil comprensin por su grado de abstraccin, debi utilizar en sus lecciones el mtodo, muy comn en la poca, de introducir los conceptos partiendo de la formulacin de preguntas. De esta forma, al aborda r por ejemplo, las propiedades de la materia parta de las interrogantes, Qu es tomo?, Qu es molcula? En su curso, la molcula era definida como la ltima asociacin de tomos en un cuerpo simple o compuesto, 10 mientras que por tomo entenda la ltima divisin de la materia, 11 palabra tomada del griego, cuya traduccin insista, significaba lo indivisible. 8 Felipe Poey: Curso elemental de mineraloga, primera edicin, Prlogo, Imprenta del Gobierno y Capitana General por S. M., La Habana, 1872. 9 Ibdem, p. 31. 10 Ibdem, p. 9. 11 Ibdem.

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FELIPE POEY Y ALOY /359 /359 Siguiendo el mismo procedimiento de enseanza preguntaba: Qu es lo que constituye la especie en mineraloga?. 12 La solucin la haca recaer en la qumica, inclua a la mineraloga, por su esencia, dentro de ella; y al referirse directamente al lugar ocupado por la mineraloga en la categora de las ciencias, escribi en otra parte de su programa: Es la parte concreta de la fsica y de la qumica, sin dejar por eso de pertenecer a la historia natural; as como la botnica y la zoologa forman la parte concreta de la biologa, siendo al mismo tiempo la historia natural de los vegetales y de los animales. 13 Partidario de la definicin que sobre la vida haba elaborado Blainville: La vida es el doble fenmeno de movimiento molecula r a la vez general y continuo, de composicin y de descomposicin, que presentan los seres organizados puestos en un medio adecuado a su organizacin; 14 al entrar en consideraciones sobre ella, seal las diferencias entre especie biolgica y la mineralgica, entre la estructura de los cuerpos inertes o minerales y los seres organizados, pues para l los llamados cuerpos inertes podan existir en uno solo de los tres estados de la materia, mientras que los denominados seres organizados se constituan por partes slidas que determinaban su forma, y por partes lquidas y gaseosas encargadas de conservar el movimiento. Mencionaba la nutricin como una diferencia esencial, pues era imprescindible para el movimiento de los seres organizados y se hallaba ausente en los minerales, que crecan por superposicin o yuxtaposicin, aumentando nicamente su volumen. Adems, se refiri a la reproduccin o generacin como la diferencia ms notable entre las dos formas de existencia. Los elementos tericos para la elaboracin de la segunda parte del curso, destinada al estudio concreto de los minerales, los encontr Poey fundamentalmente en la obra de Dufreno y tomando de ella la distribucin en clases y gneros, pero a diferencia del autor francs hizo una seleccin de las especies minerales a trata r suprimiendo aquellas que a su entender resultaban de poca importancia para la industria, o aquellas otras de difcil clasificacin por su rara composicin. Mientras Dufrenoy inclua la descripcin de 600 especies y otras tantas variedades, en la Universidad de La Habana se estudiaban 160 con 115 variedades; por el nombre slo se mencionaban unas 65. Con esta reduccin, es de suponer que Poey intentaba ganar tiempo para sus explicaciones y profundizar en los conocimientos prcticos o de laboratorio que requera la asignatura. 12 Ibdem, p. 73. 13 Ibdem, p. 8. 14 Ibdem, p. 13.

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OBRAS 360\ 360\ Al introducir esta parte de la materia en su ctedra, haca referencia a las palabras ledas por l en la obra del gelogo francs Nereo Boube: Si quieres que te diga lo que deseas sabe r ensame tu biblioteca; si quieres que te diga lo que sabes, ensame tus colecciones, 15 y acto seguido recomendaba a sus discpulos, con visin de pedagogo experimentado y de investigador acucioso, que formaran sus propias colecciones arregladas a los conocimientos que iban adquiriendo. En realidad, pocas son las especies tratadas en la segunda parte de su cuaderno donde no aparezca reflejado algn dato referente a Cuba, o alguna digresin oportuna. En este sentido, son frecuentes los ejemplos que enriquecen didcticamente su obra, como los casos en que al tratar el espato calizo como una variedad de la cal carbonatada cristalizada, manifiesta no slo conocimientos mineralgicos, sino tambin geogrficos y espeleolgicos. Dice Poey: Es la sustancia ms rica en variedades de cristales: los que presenta la cueva de Bellama r en las inmediaciones de Matanzas, son bellsimos y muy variados. 16 Y ms adelante, al examinar una de las variedades de la cal carbonatada compacta, la denominada caliza hidrulica, evidencia sus estudios geolgicos al escribir que sta se encuentra en los terrenos jursicos, y existe en La Habana al pie del castillo del Prncipe. 17 Se muestra como crtico conocedor de la obra de los autores clsicos cuando al analizar el origen de los meteoritos explica: La opinin ms antigua es que son piedras que se forman en los lmites de nuestra atmsfera. Laplace supona que eran arrojados por los volcanes de la Luna. Humboldt opina que son fragmentos de pequeos planetas que circulan en el espacio, y entran en nuestra esfera de atraccin, atravesando la atmsfera con bastante rapidez para encenderse en su trayecto. 18 Cuando quiere ampliar un concepto recurre a las Addenda de su libro. En esta seccin ofrece, entre otras muchas, la siguiente nota en la cual recoge las opiniones de diferentes autores sobre determinado asunto cientfico: Qu debemos entender por petrificacin? Qu entiende Dufrenoy por esta palabra? Acaso la sustitucin de la slice y de los silicatos una sustancia orgnica, con exclusin de lo que pudiramos llamar metalizacin, sustitucin por un mineral metlico. El modo con que estn redactados los prrafos que se leen en la pgina 10 del tomo I de su 15 Ibdem, p. 78. 16 Ibdem, p. 101. 17 Ibdem, p. 103. 18 Ibdem, p. 111.

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FELIPE POEY Y ALOY /361 /361 tratado de mineraloga, no nos conduce a este significado tan estricto, sino la sustitucin de un mineral cualquiera. El S r Vilanova Manual de geologa tomo II, pgina 133, dice que la petrificacin es la sustitucin completa de la materia animal y vegetal por otra inorgnica. La definicin de DOrbign y conforme con la del S r Vilanova, designa todo cuerpo orgnico enterrado en las capas terrestres, cuya forma exterior se ha conservado, pero con la estructura ntima ms o menos destruida, y sustituida por una materia mineral diferente de la composicin de aquel en estado vivo. Los dos autores que acabo de nombrar no distinguen sustancias fosilizadoras. 19 Fue muy importante para Poe y cuando ya imparta la ctedra, establecer relaciones con algunos de los autores espaoles que en la Pennsula se destacaban por sus investigaciones geolgicas y en los estudios de mineraloga. En la dcada de los aos 60, por mediacin de su amigo, el naturalista Laureano Prez Arcas, entabl correspondencia con el ingeniero Felipe Naranjo y Garza, autor de un tratado de mineraloga que se public en Espaa. Naranjo y Garza haba editado en 1862, en Madrid, unos Elementos de mineraloga general, industrial y agrcola utilizados para la docencia en universidades y escuelas superiores, y un Manual de mineraloga general, industrial y agrcola para las escuelas profesionales, obras que personalmente remiti al colega cubano. Poe y reconociendo el valor informativo y didctico de estos libros, recomend a sus alumnos, en el Prlogo de su curso elemental, que consultaran, si queran profundizar en los estudios sobre yacimientos minerales y su explotacin, el Manual de mineraloga de este auto r, que al parecer se vendi en libreras de La Habana. Por su parte, una vez publicadas sus lecciones, en gesto de agradecimiento y reciprocidad, envi un ejemplar de su libro al ingeniero Naranjo, el que fue calificado por ste como grata sorpresa e interesante obra. 20 Con fecha 11 de junio de 1866 reciba Poey una carta del gelogo espaol Juan Vilanova y Piera en donde se lea: Muy S r mo y apreciable compaero: agradable y por muchos ttulos halagea fue para m su grata de 5 de abril po. pdo. en la que me participaba haber recibido por conducto de mi querido amigo D. Justo Zaragoza, el ejemplar de el Manual de geologa publicado que dediqu a V como un dbil testimonio de la consideracin que siempre me ha merecido V Agradezco sobremanera el lisonjero concepto que ha formado V de dicha obra, en la cual ms que mrito verdadero en su auto r, 19 Ibdem, p. 159. 20 Carta de Felipe Naranjo y Garza a Felipe Poey (sin fecha). A. H. Museo Finlay, Papeles de Felipe Poey.

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OBRAS 362\ 362\ veo la expresin de la bondad y fina atencin de V ., de todos modos, doy a V las ms expresivas gracias por ello, as como por la recomendacin que quiere hacer de la obra a sus discpulos. 21 El Manual de geologa aplicada al cual se alude en la carta anterio r haba sido publicado en Madrid en 1861 y galardonado en concurso pblico a propuesta de la Academia de Ciencias matritense. Debi llegar a manos de Poey en los primeros meses de 1866, como se deduce de la carta, y l, vido lecto r comenz a estudiarlo rpidamente, pues ya con fecha 17 de mayo, o sea, un mes antes de haber recibido los agradecimiento de Vilanova, le haba escrito a su amigo Prez Arcas los siguientes comentarios: [...] El S r Vilanova ha tenido la bondad de mandarme su Geologa que me ha sido muy til este ao. Si tuviera con l la confianza que V me ha brindado, le preguntara porqu escribe geotegnia en lugar de geotcnica; tal vez me lo podr V deci r Si fuera otra persona, dira que es una corruptela; pero en el S r Vilanova, que ha puesto en su obra el sello espaol, hay razn para duda r Si V tiene confianza con l, y cree que no lo tomar a mal de mi parte, dgale que yo escribira vulcanismo en lugar de volcanismo, porque la expresin no se refiere solo a los volcanes, pozos artesios y no artesianos, puesto que l mismo nos ha dado el ejemplo de desterrar los anos [...] 22 De hecho, en 1872, el libro de Vilanova al igual que el de Naranjo y Garza fue recomendado por Poey en el Prlogo de su obra, pues independientemente de ser la geologa y no la mineraloga el tema de estudio que en l se abordaba, le resultaba muy til en cuanto al uso de las expresiones castellanas requeridas por la disciplina. Y a Poe y desde 1866, manifestaba algunas dudas acerca del lenguaje tcnico y de la escritura que se hacan de los trminos cientficos; preocupaciones muy justificadas en l que era un investigador lingista, y haba elaborado su curso de mineraloga partiendo de las lecturas, en su inmensa mayora, de autores franceses consultados en las ediciones originales. Por ello no debe resultar extrao encontrar en el Curso elemental de mineraloga un acpite dedicado a Consideraciones ortogrficas hbilmente introducido en las notas de las Addenda con estas palabras: La nomenclatura es un mtodo de investigacin cientfico. Dgalo la qumica, que por el nombre de una sal nos revela su composicin nti21 Carta fechada en Madrid el 11 de junio de 1866, enviada por Juan Vilanova y Piera a Felipe Poe y Papeles de Felipe Poe y Archivo del Departamento de Antropologa, Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana. 22 Carta fechada en La Habana el 17 de mayo de 1866, enviada por Felipe Poey a Laureano Prez Arcas. Documentos sobre Laureano Prez Arcas, en: Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, CSIC [en lo adelante se citar A. H. M. H. N. Madrid].

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FELIPE POEY Y ALOY /363 /363 ma; dgalo Chaussie r que nombrando los msculos por sus ataduras, nos dio a conocer la posicin, y con ella la funcin de estos rganos; dganlo las etimologas griegas y latinas en los estudios biolgicos. 23 A continuacin habla de un movimiento renovador de la ortografa, contrario a la nomenclatura cientfica en trminos del lenguaje, que sin esperar la orden de la Academia espaola, amenazaba destruir etimolgicamente la lengua castellana, al tratar de escribir primero tal como se hablaba, o dicho de otra forma, proponiendo una estructura fontica, y en segundo lugar cambiando la pronunciacin de las palabras segn la nueva grafa. Este fenmeno lingstico fue catalogado por l de infraccin al tema primitivo, y lo explic a travs del siguiente ejemplo: Los esforzados campeones que conquistaron la Amrica, testigo Oviedo, se firmaban cristianos; nosotros somos hoy cristianos; nuestros nietos sern cristianos, porque sus lenguas, atadas por la Reforma, habrn vuelto al balbuceo de la infancia. 24 Por ltimo, en sus consideraciones ortogrficas, aconseja la cautela respecto a las innovaciones de los trminos cientficos y lingsticos, y termina afirmando conforme a una de sus autoridades en el tema: En cuanto al sustantivo iridacin, lo he tomado del latn iris iridis pero no me he atrevido a decir iridado, mientras que el S r Vilanova diga irisado. 25 Tres fueron las ediciones que tuvo el Curso elemental de mineraloga La primera se realiz en 1872, y la ltima en 1883. En cuanto al contenido, ambas son iguales, no ofrecen diferencias si se las compara. Sin embargo, el contenido de la segunda edicin, de 1878, difiere de las otras. Poe y en calidad de auto r especific en el Prlogo, que siguiendo las exigencias de otras ctedras, se haba visto en la necesidad, al final de la obra, de completar sus lecciones con un captulo de ampliacin. En su afn por profundizar conceptos que le dieran a sus alumnos una base terica, agreg no slo el captulo de ampliacin, sino nuevas temticas de estudio que sitan a esta edicin por encima de las otras dos. En la primera parte de la segunda edicin enumer las ciencias en su orden de simplicidad, generalidad e independencia, y siguiendo en este particular los principios comtianos de clasificacin cientfica las nombr en la siguiente sucesin jerrquica: matemtica, astronoma, fsica, qumica, biologa y sociologa. Segn sus planteamientos, las cin23 Felipe Poey: Curso elemental de mineraloga, ed. cit., p. 162. 24 Ibdem, p. 163. 25 Ibdem, p. 164.

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OBRAS 364\ 364\ co primeras disciplinas constituan las llamadas ciencias cosmolgicas encargadas de estudiar al hombre en el orden fsico, mientras que a la sociologa le era propicio investigarlo en el plano intelectual y moral. Por mtodo de investigacin, otra de las categoras explicadas en las Generalidades, seal la observacin, la experimentacin, la hiptesis, incluyendo tambin la nomenclatura, la comparacin y la clasificacin, haciendo coincidir cada uno con las diferentes ciencias que se encontraban presentes en su cuadro de clasificacin. De esta forma resultaba propio de la fsica el mtodo de experimentacin, el de comparacin y clasificacin a la biologa, la nomenclatura a la qumica; la formulacin de hiptesis a la fsica, conjuntamente con la qumica y la astronoma; el mtodo de la abstraccin lo reserv a las matemticas por su alto grado de raciocinio. La experiencia fue definida como el conocimiento que se adquiere a travs de la observacin de las particularidades propias de los fenmenos, mientras que el reproducirlos con propsitos investigativos era experimentacin. Al definir la ciencia plantea que, en su origen, la tcnica se le anticipa, pero una vez constituida la ciencia, la tcnica debe someterse a sus leyes. Poey era del criterio de que las ciencias progresaban prestndose apoyo unas a otras en su evolucin. A veces poda notarse cierto atraso en ellas por causa de las imperfecciones de unas respecto a otras. Agregaba que los descubrimientos notables eran el producto de pocas que marcaban fases de la evolucin intelectual y no el resultado de la accin aislada de los hombres, reconociendo, no obstante, que el ser humano progresaba y se perfeccionaba cada vez ms en la medida que era capaz de resolver las interrogantes cientficas. En 1872, Poey se preguntaba: De qu se compone la materia?; sin embargo, en 1878, ya define la materia como la sustancia que entra en la composicin de los cuerpos. 26 A esta definicin suma la siguiente nota en la parte correspondiente a la Ampliacin: La definicin dada en la pgina 13 puede pecar por metafsica. Se funda en que el mundo se compone de objetos, cuerpos; los conocemos por las impresiones que causan nuestros sentidos; ignoramos el principio que los constituye, pero le damos el nombre de materia. Por esto hemos dicho con Jamn que la materia es lo que forma los cuerpos, su esencia misma, la causa de las propiedades que manifiestan, y de las sensaciones que nos revelan su existencia. 27 26 Felipe Poey: Curso elemental de mineraloga Librera e Imprenta de Pego y Ca, La Habana, 1878, segunda edicin, p. 13. 27 Ibdem, p. 241.

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FELIPE POEY Y ALOY /365 /365 Otros conceptos interesantes planteados en esta obra son los de destruccin y muerte como aspecto que caracteriza la temporalidad de la existencia material. Dice Poey: No hay lmite necesario al crecimiento y prolongacin de la existencia de los cuerpos inertes; no encierran en s mismo ninguna causa de destruccin, y cesan de existir cuando una fuerza externa viene a descomponer y dispersar sus molculas. Los seres organizados tienen una existencia limitada; y la muerte en ellos, es una consecuencia de la evolucin vital, que trae consigo la alteracin de los rganos [...] 28 Y ms adelante agrega la idea que l tiene sobre el tiempo: Los seres vivientes dice Jouvencel existen ms en un da que un cristal en un siglo. Qu importa el tiempo en la duracin eterna? Lo que importa es haber vivido. 29 Los cambios y adiciones en el orden cientfico y terico tambin se hicieron acompaar de rectificaciones ortogrficas y de datos de carcter histrico. Por ejemplo, en la primera edicin escriba ulla por hulla, y esto se rectifica en la segunda edicin. En sta solicita, en nombre de la universidad habanera, fragmentos del aerolito observado en la localidad de Bayamo por el profesor Cayetano Aguilera. Pero stas y otras aadiduras y correcciones no fueron llevadas a la edicin siguiente, pues sta fue una copia de la primera. Por qu prefiri Poey reeditar en 1883 la mineraloga escrita en 1872 y no la de 1878, no lo sabemos, l mismo no lo explica en el prlogo. Aos ms tarde, en 1892, el mineralogista Jorge Jos Seidel dio a conocer en 336 pginas su Compendio de mineraloga en el cual se encuentra citada como bibliografa fundamental la mineraloga de Poe y. Este Compendio preparado por Seidel, segn escribe Jos lvarez Conde en su Historia de la geologa, mineraloga y paleontologa en Cuba fue el texto que sustituy en la ctedra universitaria, a la tercera edicin del Curso elemental de mineraloga de Poe y. Con posterioridad a 1892, y antes de comenzar el nuevo siglo, aparecen otros cursos universitarios que contemplan la asignatura de mineraloga dentro de su programa de estudio. Uno de ellos fue redactado por Santiago Regueyra Mesa, en 1897, con el ttulo de Programa de mineraloga y zoologa aplicada a la farmacia con la materia farmacutica correspondiente que se dio en 69 lecciones y un Programa de la asignatura de historia natural, primer curso: mineraloga y botnica impreso igualmente en 1897, que se imparti en la F acultad de Ciencias de la Universidad, en el curso acadmico 1897-1898. 28 Ibdem, p. 18. 29 Ibdem.

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POEY EN LA UNIVERSID POEY EN LA UNIVERSID AD DE LA HABANA AD DE LA HABANA El 19 de noviembre de 1842, coincidiendo con el onomstico de la reina de Espaa Isabel II, se efectu en La Habana la apertura del primer curso acadmico en la universidad secularizada. Felipe Poey haba sido nombrado catedrtico de zoologa y anatoma comparada, el 24 de octubre de ese mismo ao, por un oficio del gobernador poltico y militar de la isla Gernimo V alds Noriega. A partir de ese momento su vida profesional qued estrechamente vinculada con la institucin educacional. Poey fue catedrtico de la disciplina desde 1842 la Real Orden se emiti el 14 de enero de 1843, pero en realidad su ttulo acreditativo se firm por el Presidente del Consejo de Ministros, Juan Bravo Murillo, aos despus, el 10 de agosto de 1852. En 1863, al establecerse en la Universidad un nuevo plan de estudios, y por decreto del mes de noviembre, firmado por el Capitn General Domingo Dulce la Facultad de Filosofa dio paso a otras dos, la de Filosofa y Letras, y la de Ciencias Naturales. Poe y en esta estructura, ocup la ctedra de la asignatura de zoologa, botnica y mineraloga, con nociones de geologa. Diez aos despus de oficializarse el plan de 1863, y como propietario de la ctedra de zoologa y mineraloga, desde 1871 pas a desempear los decanatos de las dos facultades creadas. En 1880, cuando se implant por Real Decreto el ltimo plan de estudios universitario de la etapa colonial, y se adopt el sistema vigente en la Pennsula, Poey alcanz la categora mxima de catedrtico de trmino, ejerciendo en calidad de propietario la ctedra de zoografa de vertebrados, de moluscos y zofitos y de articulados. La actividad docente la desempe conjuntamente con el cargo de decano, que ya posea desde 1873. Transcurridos algunos meses de aprobada la reforma de 1880, Poey solicit se le liberara de dos o tres de las asignaturas que imparta. La peticin fue aceptada y en febrero de 1882 qued encargado de la disciplina de zoografa de vertebrados vivientes y fsiles. Al producirse el 28

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FELIPE POEY Y ALOY /367 /367 de enero de 1891 su deceso, mantena el status acadmico de nueve aos atrs. 1 Durante el casi medio siglo en que actu como profesor universitario, adems de impartir diferentes disciplinas, elabor, como hemos visto, sus propios libros de texto, y tambin los programas generales de estudio de cada materia. A los textos examinados anteriormente, hay que aadir una de sus primeras obras didcticas: el Curso de zoologa impreso en 1843. En la introduccin de este texto se indica que el objetivo del curso una primera parte dedicada a la historia natural y otra a la anatoma comparada era fijar en la mente de los estudiantes las clasificaciones adoptadas por Jorge Cuvier y Pedro Andrs Latreille, que stos ofrecan en la segunda edicin del Reino animal A estos conocimientos de la clasificacin zoolgica deberan llegar los discpulos de Poey despus de estudiar los diferentes cuadros sinpticos, cuyo ordenamiento se haba realizado tomando en cuenta, sobre todo, los caracteres morfolgicos de los animales. La bibliografa consultada para la preparacin de sus lecciones la encontr Poey entre los trabajos del profesor francs Enrique Mara Ducrotay de Blainville, en varios diccionarios, como el de ciencias naturales editado por Levrault, el libro clsico publicado por Juan Vctor Audouin y Juan Bautista Marcelino Bory de Saint Vicent, y en el pintoresco libro de Flix Eduardo Gurin-Mneville. Las obras de Enrique Milne-Edwards y las de Gabriel Delafosse fueron igualmente consultadas para la elaboracin del curso. Las notas sobre la conducta de los animales aunque Poey confes que no trat extensamente la temtica se prepararon despus de consultar los estudios del Conde Buffon, as como los de Renato Anton Ferchault de Reaumu r. 2 1 Carlos de la Torre: Don Felipe Poey, Figuras cubanas de la investigacin cientfica ed. cit., t. II. Tambin podemos extraer igual conclusin de la lectura de la carta que Enrique Poey y Aguirre, hijo del naturalista, escribiera a las autoridades universitarias, comunicndoles la muerte de su padre. En esta breve nota se lee: Debo participar a U[sted] haber fallecido a las seis de esta maana, mi seor padre, Dn. Felipe Poe y catedrtico titular de esa Universidad, y Decano que fue de la Facultad de Ciencias, a los fines convenientes [...] La nota est fechada en La Habana el 28 de enero de 1891 y se conserva en el expediente de catedrtico de Felipe Poe y ao 1863, No. 2 114, Secretara General, Archivo Histrico de la Universidad de La Habana. 2 Tambin utiliz Poey para sus clases de Anatoma Comparada los libros de V an Beneden, Siebold y Stannive. Arstides Mestre: La enseanza de la anatoma comparada en la Universidad desde Poey a nuestros das, Separata de la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey La Habana, 1937.

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OBRAS 368\ 368\ El 6 de noviembre de 1855, por Real Orden, fue nombrado rector de la Universidad el catedrtico de Jurisprudencia Antonio Zambrana V alds. Durante los aos de su mandato se ampliaron las aulas y se remodel su mobiliario, los profesores modernizaron sus vestimentas, y las llamadas Academias Dominicales clases prcticas se convirtieron en Sabatinas, cuyos objetivos se centraron en promover discusiones acerca de diferentes temas cientficos, incluso aquellos no contemplados en los planes de estudio o en libros de texto. En 1856, Poey inaugur el curso acadmico a partir del cual comenzaron a desarrollarse stas y otras innovaciones de carcter docente y administrativo. El extenso discurso pronunciado en aquella ocasin tuvo repercusin no solo entre los alumnos y el claustro universitario, sino tambin fuera de la institucin, pues aludi por una parte a Dios como Ser Supremo, conservador y creador del Universo, y por la otra, a la posibilidad que las ciencias ofrecan al desarrollo econmico y social de los pueblos a la cognoscibilidad del mundo. Una de las personalidades que dio su parabin a Poey fue el oidor Flix Erenchun, quien por esa misma fecha redactaba su diccionario econmico y estadstico. 3 Erenchun, quien no conoca personalmente al discursante, le dirigi una carta 4 por la cual, adems de trasmitir sus elogios, solicitaba una visita de presentacin. Pero si en la Isla el discurso fue acogido con agrado, fuera de sta, en la capital francesa, donde se hallaba un grupo de estudiantes cubanos al tanto de los acontecimientos culturales de su pas, no sucedi lo mismo. Los comentarios llegaron a l cuando su hijo a quien el naturalista dirigi una copia de su intervencin remiti una extensa y crtica carta. En ella el meteorlogo cubano expona sus puntos de vista en relacin con el positivismo comtiano, del cual se haba hecho uno de los ms ardientes partidarios. De la misiva, fechada en Pars el 30 de junio de 1857, ofrecemos algunos fragmentos a continuacin: Querido pap: He ledo con suma atencin tu discurso universitario y aunque no me lo has pedido, tal vez por juzgarme capaz, te voy a dar mi franca opinin, prescindiendo de que me dirijo a mi padre para tener ms libertad de expresarme. Slo la primera lectura me bast para descubrir cual era el estado actual de tus conocimientos y las tendencias de tu espritu, frente a la era cientfica que comienza brotar con la nueva generacin. 3 Se trata de la obra Anales de la isla de Cuba que comprende los aos 1855 y 1856. 4 La carta de Felix Erenchun a Poey est fechada en La Habana el 24 de octubre de 1856. El original se conserva entre los papeles de Felipe Poey existentes en el A. H. Museo Finlay, Carpeta 1, documento 74. l la public como Apndice en sus Obras literarias de 1888.

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FELIPE POEY Y ALOY /369 /369 Las ideas emitidas all se contradicen las unas a las otras y pertenecen a las tres fases intelectuales por las cuales pasa el hombre individual y ha pasado la humanidad desde su origen hasta la poca actual y venidera. En otros trminos, las unas son del orden del fetichismo ms puro cuando hablas del alma o del espritu; telogas cuando te ocupas de Dios; metafsicas, cuando de las causas y de los fluidos, y en fin positivista cuando colocndote en el nico terreno de la sntesis racional te limitas a abrazar las leyes de los fenmenos las nicas que jams estarn al alcance del hombre y que le bastan para su propio gobierno bien entendido [...] Aduciendo ahora a mi primera aplicacin de la filosofa positiva voy a tratar de deducir tu estado mental por las ideas emitidas en tu discurso. Has llegado al punto culminante de tu instruccin intelectual bajo el aspecto biolgico y cosmolgico, y en este estado tu alma siente un vaco porque busca en vano una sistematizacin final a tus conocimientos. En la ausencia de un orden de ideas positivas analizadas, que resaltan en lo pasado, ests a dos pasos de retrogradar de nuevo, sase a tu primera infancia teolgica, sase a tu segunda por metafsica, pero el fondo de nociones positivas que te suministra la biocracia, la ms elevada de la menarqua cientfica, te salva de caer de lleno en uno de estos dos estados, y tomas entonces la segunda intermedia, vacilando entre el teologismo y la metafsica [...] Arrepintete sinceramente del mal que habrs producido poniendo en juego tu influencia intelectual y social en un pas naciente, ensalzando y dndole fuerzas al poder teolgico que ha estado siempre en lucha sangrienta con el progreso de la humanidad y sus leyes morales [...] 5 No sabemos cuanto pudo penetrar en Poey la crtica que su hijo le hizo desde el terreno filosfico. De hecho, el naturalista, en el tomo de las Memorias sobre la historia natural de la isla de Cuba que termin de escribir en 1858, retom partes de ese discurso, reproducindolas en un artculo titulado Los colores, en el cual se declar partidario de las causas finales de forma manifiesta. El primer prrafo de dicho artculo comenzaba planteando: Si el reloj revela la mano del hombre, con ms razn revela el universo la existencia del ser supremo [...] Los ltimos enfatizaban: Ni el mundo fsico, ni el mundo moral pueden explicarse sin la intervencin de la Divinidad. Qu es la atraccin? La accin divina. El autor de esta ley admirable sac con ella el universo del caos en que yaca; cuando retire su accin, lo sepultar en el caos. 5 Carta de Andrs Poey a su padre fechada en Pars el 30 de junio de 1857. El original de este documento pertenece a la coleccin particular del doctor Manuel Rivero de la Calle, a quien agradecemos la copia trasuntada, utilizada en la presente biografa.

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OBRAS 370\ 370\ Con este motivo, retracto la opinin que he manifestado en 1856 en el Discurso de Apertura que pronunci en la Real Universidad de La Habana, pgina 39, en que consideraba ciertas leyes como entidades. Creo con Lamarck que no hay ms que Dios y el universo, y que por la palabra naturaleza debemos entender un orden de cosas; no admito otra entidad espiritual en la tierra ms que la que anima el cuerpo humano [...] 6 Cuando en 1863 se modific en la Universidad el plan de estudios de 1842, y Poey imparti la asignatura zoologa, botnica y mineraloga, con nociones de geologa, se vio precisado a preparar un proyecto metodolgico de biologa ajustado a las circunstancias en que se hallaban los estudiantes universitarios. El plan 7 se imprimi en 1866, o sea, tres aos despus de las modificaciones en el sistema educacional. Permiti familiarizar a los estudiantes de la poca con las consideraciones sobre las ciencias naturales que provenan de los positivistas franceses Augusto Comte, Carlos Robin y Emilio Littr, autores que, en 1862, haba dado a conocer en la F acultad de Medicina habanera el mdico cubano recin graduado de Pars Antonio Mestre, en su tesis doctoral Nocin cientfica de la vida Esto contribuy a preparar a los estudiantes en el ejercicio de asimilar teoras modernas, a travs de las cuales, los seres vivos deban verse y estudiarse en su compleja integridad, y en su interrelacin con el medio. En relacin con las asignaturas de geologa y botnica, incluidas para su estudio en el contenido de la ctedra de Poe y podemos decir que, stas no contaron al menos elaborados por l con libros de textos; pero s con guas de contenido e ndices de los cursos de esas materias. (Vase Apndice 2.) En botnica, por ejemplo, se explicaba la clasificacin y divisin de las plantas utilizando como medios de enseanza lminas de stas o sus dibujos. 8 Tambin se presentaba a los estudiantes una lista de plantas exticas y cubanas con sus nombres vulgares y cientficos. Dos de los autores consultados por F elipe Poey para preparar sus clases fueron 6 Felipe Poey: Los colores, ed. cit., pp. 409-410. 7 El referido plan se public en 1866 con el ttulo de: Biologa. Sistematizacin biolgica, Anuario de la Seccin de Ciencias Fsicas y Naturales del Liceo de Matanzas ao I, t. I, pp. 73-122. 8 No fue hasta 1872 que el Jardn Botnico de La Habana pas a manos de la Universidad; en ese mismo ao Felipe Poey integr una comisin para informar a las autoridades docentes del estado de dicho establecimiento. En 1886, en el Jardn se comenzaron las clases prcticas de botnica. Al frente de esta actividad estuvo el catedrtico Jos Planellas Llanes. Para ms informacin vase: Mercedes Valero: El Jardn Botnico de La Habana en el siglo XIX Anuario de historia y organizacin de la ciencia Editorial Academia, La Habana, 1988, No. 1, pp. 248-271.

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FELIPE POEY Y ALOY /371 /371 Manuel Mara Jos de Galdo Lpez y Aylmer Bourke Lambert. El primero era espaol y escribi un Manual de historia natural, impreso en 1855, el segundo, un destacado botnico ingls. En la asignatura de geologa, definida en el programa como la historia de la tierra, o la ciencia que trata de la composicin interna del globo terrestre, de su modo de formacin, de las causas y fenmenos que sucesivamente hicieron mudar su superficie ejerciendo influencia entre el mundo inorgnico y el orgnico, se explicaron conceptos tales como las clasificaciones de las rocas de Omalius de Halloy y Juan Vilanova, o la formacin del mundo, se estudiaron las diferentes teoras, desde la geognesis bblica con la cosmogona mosaica, hasta los conceptos modernos del gelogo ingls Carlos Lyell. En cuanto a la distribucin de plantas y animales en el planeta, y al origen y desarrollo de las especies, el programa reuni, entre otras, las opiniones de Linneo, Cuvie r Lamarck, Saint Hilaire, Agassiz y Darwin, aunque stos como se especific en el ndice del curso pertenecieran a la paleontologa y fueran asuntos tan vastos que merecieran ser tratados aparte. Las facultades reanudaron, en 1864, las actividades del nuevo curso con un plan de estudio perfeccionado por la reforma educacional del ao anterio r el experimentado catedrtico tuvo a su cargo las palabras de bienvenida a los alumnos y profesores. stas fueron de un tono diferente a las pronunciadas en el polmico discurso de 1856. Su oracin inaugural, a favor de la universalidad del conocimiento que deban tener los hombres dedicados a las ciencias, y de la interrelacin de estos conocimientos con la tecnologa, fue comentada desde Barcelona por Antonio Ferrar Feliu, un corresponsal en esa ciudad del peridico habanero La Prensa El artculo de Ferrar Feli, catalogando el discurso de Poey como verdadera enciclopedia til a toda clase de persona, se insert en las pginas del referido diario del 8 de diciembre de 1865. 9 Para los estudiantes de la Universidad, tal vez ms importantes, que las palabras pronunciadas por F elipe Poey en sus discursos, debieron ser sus caractersticas personales, y los conocimientos enciclopdicos que posea. Un testimonio de ello lo hallamos en los fragmentos annimos redactados por un joven estudiante que asista a sus clases en el curso de 1870. El documento al cual nos referimos lleva por ttulo Mi primera visita como estudiante a la Universidad de La Habana A continuacin, por su importancia testimonial, se reproducen algunos fragmentos: En aquella poca, pasbase terminado el bachillerato en artes, al estudio de la facultad mayo r es decir medicina, leyes, farmacia o cien9 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit., p. 271.

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OBRAS 372\ 372\ cias, pero pasando antes un ao preparatorio que se llamaba de ampliacin; ste lo constitua para los alumnos de medicina y de farmacia el estudio, examen y aprobacin de tres asignaturas, Qumica, Fsica e Historia Natural [...] El ao de ampliacin era explicado en la ctedra de Historia Natural por el sabio eminente don Felipe Poe y La ctedra de Fsica la desempeaba el doctor Caro y la de Qumica el doctor Cayetano Aguilera. Daba sus lecciones de Historia Natural don Felipe Poey en un saln grande del piso inferior del segundo patio que formaba ngulo con el Aula Magna y que se denominaba el Aula Mnima, probablemente porque en alguna poca de la vida universitaria se us sta como auxiliar o sustituto de la Magna. Este saln, lo mismo que el anterio r tena un pequeo estrado con baranda al frente de caoba, y a un costado una tribuna a la que suba el alumno cuando iba a dar sus lecciones. rase don F elipe, como le llambamos los estudiantes, hombre de mediana estatura ya entrado en aos, pues cuando yo lo conoc, en 1870, ya pasaba de los 60. De cuerpo contrahecho, de piernas zambas, con pies botos, su mano derecha estaba paralizada y l la usaba solamente para pisar el papel cuando escriba o dibujaba, lo que haca por cierto con correccin artstica con la izquierda. Todo en este pobre seor denunciaba su raquitismo, su miseria fisiolgica. Era en cambio su cara, siempre cuidadosamente rasurada, la expresin de la nobleza y de la inteligencia. Sus ojos brillantes reflejaban bien el vigor de un cerebro poderoso y de su clara inteligencia. Tal pareca que la naturaleza, como compasin, le haba dado [a]quella cabeza todo el vigor y energa que le neg al resto de su raqutica naturaleza, terminaba su rostro una selva de cabellos canos y rizados, los que armonizaban bien con la dulzura e inteligencia que se reflejaba en su fisonoma. Vesta nuestro sabio de una manera tan pintoresca como su carcte r Usaba todava frac de martillo abotonado sobre una camisa de forma antigua con pechera de pliegues y bordado de randas. Una ancha corbata como las que se usaba [en] el ao 40, rodeaba su cuello formando un lazo ni artstico ni simtrico. V esta pantaln de dril cazado r un tanto ajustado que no tena pretina y se abotonaba a ambos lados del abdomen, de aquella forma que [en] el ao 40 llamaban pantalones de tapa; y calzaba sus pies que eran deformes y botos con unos zapatos de becerro negro, que deba hacerle algn zapatero que trabajara muy barato, pues su hechura era tosca y nada esttica. Caminaba patojeando de una manera lamentable. Pero contrastando con lo poco lcido de su aspecto fsico, qu inteligencia la suya, qu erudiccin, qu encanto para explicar sus lecciones. Como hablaba de todo con tanta sencillez y sabidura y claridad

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FELIPE POEY Y ALOY /373 /373 que tal semejaba al caudaloso ro que mansamente discurre por el florido valle y que no haga sospechar nunca ni la profundidad de su corriente ni el inmenso caudal de sus aguas. As, en sus lecciones, que siempre eran amenas, interesantes e instructivas, aprovechaba al par que explicar su importante asignatura tambin de una manera brillante aprovechaba esta oportunidad para matizar su conferencia con la relacin siempre interesante de sus numerosos viajes y de sus excursiones cientficas; y aun se permita a veces entrar con valenta y acierto en el campo de la literatura, pues don Felipe haba sido bastante buen poeta y excelente traductor de clsicos. Usaba don F elipe para clasificar a sus alumnos y valorizar sus mritos, un sistema muy original por nmeros, as el cero era muy malo, el 5 era mediano, el 10 equivala a sobresaliente, todo esto lo anotaba en una cartera que consultaba el da del examen y que era la que decida la nota. Tena reservado un calificativo para sus discpulos que equivala a la pena de muerte. l les deca a fulano de tal: sientese en ese banco, y despus apuntaba en su cartera: a fulano de tal, altamente desaplicado, sospechoso y perturbador. Este alumno invariablemente era reprobado en el examen. Usaba don Felipe muchas locuciones latinas frecuentemente. As es que cuando ordenaba a un alumno que dijera la leccin lo haca subir a la tribuna primero dicindole al propio tiempo Ascende in catedram. Era sin disputa la suya la mejor y ms simptica del cuadro de profesores de aquella poca, los que eran todos notables; y su cara serena y amable, y su cabeza limaba por la luz esplendorosa del genio bien pronto conquistaba el corazn de sus discpulos. 10 Poco tiempo despus de redactadas estas notas ya por esta fecha la guerra de independencia iniciada en 1868 alcanzaba tres aos de contienda el Conde de Valmaseda impona en el alto centro docente su ominosa reforma que suprima el otorgamiento de doctorados y licenciaturas (salvo en teologa) y cuyos objetivos polticos eran claros: [...] cortar de una vez y para siempre los males de que adolece la enseanza pblica, y procurar que la Universidad corresponda a los intereses del Gobierno y de la enseanza, encargndola a un profesorado digno e ilustrado, que no inculque en la juventud perniciosas doctrinas, ni convierta la ctedra de la ciencia en tribuna revolucionaria. 11 Poe y como catedrtico de la universidad, se vio obligado a participar en el acto de gracia que la institucin le rindi al Conde de V almaseda 10 Manuscrito annimo titulado: Primeras impresiones en la Universidad. Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos. Legajo: 622. Documento nmero 12. 11 Tomado de Luis Felipe Le Roy Glvez: La Facultad de Ciencias de la Universidad de La Habana en el centenario de su creacin La Habana, 1963, p.a.

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OBRAS 374\ 374\ en la propia Casa de Gobierno, actividad en la cual se le entreg a este, como autor de la reforma, un documento altamente servil y oportunista firmado por todo el claustro. El hecho por el cual Felipe Poey se hallara entre los firmantes del documento entregado al mximo representante del gobierno espaol en la Isla, y que adems, acudiera al acto de felicitacin y agradecimiento a la autoridad poltica, por la reforma impuesta al ramo de instruccin pblica, no es probatorio de una actitud lacayuna; sobre l debieron gravitar fuertes presiones, y el ya septuagenario profesor se someti a ellas, muy a su pesa r Otro tanto hizo el resto de sus colegas que no haban marchado al exilio. En 1871, de ninguna manera pudo ser partidario de medidas tendientes a destruir los logros alcanzados en el orden acadmico con la reforma de 1863. Vehemente defensor del desarrollo cientfico, as lo haba manifestado en la oracin inaugural del curso 1864. El ltimo prrafo de su discurso, dedicado a las jvenes generaciones de estudiantes constituye en este sentido todo un alegato: [...] y vosotros, alumnos de la Universidad, esperanza del pas regenerado con el presente plan de estudios, guardad la copa llena del saludable licor que en ella vertieran vuestros catedrticos; conservad los generosos sentimientos tan propios de vuestra edad; la constancia en el estudio; el amor a la eterna justicia, independientemente de las leyes humanas; y la virtud, que lleva en la mano la espina del sacrificio, y pone en la conciencia la recompensa ntima. 12 Al desatarse en 1868 la guerra en la zona oriental del pas, las autoridades hispanas, y sobre todo, el sector ms reaccionario de estas fuerzas, la de los voluntarios, en occidente, iniciaron una desenfrenada persecucin contra los partidarios del separatismo. La Universidad, foco de laborantismo y de insurreccin, como la catalogaba el Capitn General V almaseda, no estuvo excluida de la represin. En noviembre de 1871, se produjo el encarcelamiento de un numeroso grupo de estudiantes de medicina, y el criminal fusilamiento de ocho de ellos por las hordas de voluntarios. Poe y apenas comenzada la guerra en Y ara, haba enviado, con fecha 28 de enero de 1869, una instancia al Rector de la Universidad solicitndole una licencia de seis meses para ausentarse de la isla con el objetivo de aumentar sus conocimientos. 13 Los verdaderos motivos eran otros, 12 Poe y Felipe: Obras literarias ed. cit., p. 50. 13 Entre los papeles de Felipe Poey que se conservan en el Archivo Histrico de la Universidad de La Habana, Fondo Secretara General, Ctedra de Zoologa, Botnica y Mineraloga, ao 1863, aparecen dos cartas cuyas fechas (28 de enero de 1869) son las mismas; una est firmada por Felipe Poey, y la otra por el profesor Cayetano Aguilera, la

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FELIPE POEY Y ALOY /375 /375 stos solamente los confes Poey a su amigo Juan Cristbal Gundlach, quien a su vez refiri el hecho al destacado zologo alemn Wilhelm Peters de la siguiente manera: Ahora mismo me comunic Poey que est intentando tomar seis meses de vacaciones para ausentarse de la Isla. A d nde, todava no sabe. En caso de que la Isla estuviera tranquila despus de seis meses, l regresar sino, l no vendr. El tiene miedo a una noche de San Bartolom, en la cual los espaole s podran matar a todos los criollos. 14 Las autoridades universitarias aprobaron la licencia solicitada; pero, al elevar al gobernador superior las conclusiones de su anlisis, determinaron recomendar por carta del 6 de marzo de 1869, 15 el uso de la licencia slo cuando el curso acadmico finalizara, porque como se explicaba era difcil el reemplazo del catedrtico. El 27 de abril de ese mismo ao, el ministro de Ultramar comunic al gobernador superior poltico la orden emanada del poder ejecutivo de la nacin, resolviendo incluir la licencia a favor de Felipe Poey dentro de las medidas generales que acerca de este mismo asunto ha tenido por conveniente adop tar en el expediente de los Sres. Horstmann y referencia que da lugar a la presente nota es la firmada por este ltimo catedrtico, en ella se lee: S r Rector: Por decreto de U[sted] de esta fecha he pasado a esta Presidencia la instancia que por conducto de U[sted] dirige al Ex[celentsimo] S r Gobernador Sup[erior] Civil D. Felipe Poey en solicitud de licencia para viajar fuera de la Isla con objeto de aumentar sus conocimientos en provecho de esta Universidad donde tiene a su cargo dignamente la asignatura de Historia Natural. Solicitud q[ue] apoya en el artculo 28 de nuestro reglamento. D. Felipe Poey catedrtico de trmino de esta universidad no ha usado durante su dilatada carrera del derecho de viajar q[ue] confirma el actual. Es uno de los profesores q[ue] por su capacidad, celo en la enseanza asidua y dems condiciones, honran nuestra institucin y si otras pruebas no tuviera dadas el deseo q[ue] manifiesta en su instancia a pesar de su edad y sus achaques sera suficiente a recomendarlo cual merece. Creo por tanto esta Presidencia q[ue] al derecho q[ue] la asiste en su peticin es de recomendarle al Ex[celentsimo] S r. Gobernador Sup[erior] Civil las condiciones especiales q[ue] adornan este funcionario para q[ue] S[u] E[xcelencia] si lo tiene bien se sirva otorgarle la gracia q[ue] solicita. U[sted] no obstante se servir resolver como siempre lo q[ue] estime ms acertado. rubricado: Cayetano Aguilera 14 Rosa Ma. Gonzlez Lpez: Juan Cristbal Gundlach. Apuntes biogrficos Editorial Academia, 1990, p. 52. 15 Este documento se conserva en el expediente de Felipe Poey y Aloy depositado en el Archivo Histrico de la Universidad de La Habana, Fondo: Secretara general, Ctedra de Zoologa, Botnica y Mineraloga, ao 1863.

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OBRAS 376\ 376\ Giralt. 16 La comunicacin fue enviada el 9 de junio de 1869 a la Universidad, y diez das despus, o sea el 19 de junio, se autorizaba comunicarla al interesado. En virtud de esta disposicin, Felipe Poe y por orden del poder ejecutivo de la nacin, se iba a ver involucrado en el proceso que la magistratura haba abierto contra dos de los profesores encausados por sus actividades polticas contra Espaa, los doctores Flix Giralt Figarola y Jorge Federico Horstmann Cantos. Ambos formaban parte del claustro de la F acultad de Medicina y eran miembros de la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de la Habana; pero por estar vinculados con el movimiento independentista, sufrieron persecucin y se vieron obligados a emigrar del pas; a los dos, por esta razn, se les confiscaron sus bienes. Esta actitud por parte de las autoridades espaolas debi ser determinante para que Felipe Poey no hiciera uso de la licencia solicitada, y hasta quizs para detener el proceso de su retiro, iniciado a propia instancia en los primeros meses del ao 1869, cuando escribi, con el objeto de preparar los documentos que puedan servir a mi jubilacin, 17 una carta en la cual le peda al Rector las certificaciones de sus ttulos y mritos universitarios. En noviembre de 1871, ante la ausencia prolongada del decano de las F acultades de Filosofa y Letras, y la de Ciencia, Antonio Blanco F ernndez, quien se hallaba de licencia en la Pennsula, ocup Poey figura de prestigio internacional y uno de los catedrticos de mayor antigedad en la docencia universitaria interinamente el puesto vacante; pero antes, dando rienda suelta a sus verdaderos sentimientos, le haba manifestado por carta a su gran amigo y compaero Gundlach: somos como abejas a quienes falta la reina, ya no tenemos ganas de trabajar. 18 16 Carta del 9 de junio de 1869 firmada por Narciso de la Escusura y Membrete: Gobierno Superior de la Isla de Cuba, Direccin de Administracin. Archivo Histrico de la Universidad de La Habana. Fondo: Secretara General, Ctedra de Zoologa, Botnica y Mineraloga, ao 1863. 17 Carta de Felipe Poey al Rector de la Universidad de La Habana, fechada el 15 de febrero de 1869. Expediente de Felipe Poey y Aloy depositado en el Archivo Histrico de la Universidad de La Habana, Fondo: Secretara General, Ctedra de Zoologa, Botnica y Mineraloga, ao 1863. 18 En la carta que Juan Cristbal Gundlach escribi el 20 de abril de 1870 a su amigo Wilhelm Peters, dio esta expresin como de Felipe Poey. En dicha carta se hace referencia a la situacin que la guerra y la reaccin espaola ha provocado en la Isla. Ibdem, referencia No. 14.

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COMPENDIO DE LA GEOGRAFA COMPENDIO DE LA GEOGRAFA DE LA ISLA DE CUBA DE LA ISLA DE CUBA Parte I Topografa H ABANA I MPRENT A DEL G OBIERNO Y C APIT ANA G ENER AL POR S. M., 1836 Prlogo Doy a luz este primer tomo de la Geografa de la isla de Cuba que encierra la parte m s necesaria a la instruccin de los nios, en los colegios y escuelas pblicas, para cuya utilidad la he compuesto. El segundo tomo contendr las noticias generales que la geografa puede lcitamente sacar de la historia natural y de la poltica, sin hacer un tratado especial de estos dos ramos. Pero no tengo la esperanza de terminar esta segunda parte del compendio, antes de haber acopiado los materiales inditos indispensables para una geografa ms extensa que pienso publicar con el auxilio del teniente de caballera y agrimensor D. Alejo Helvecio Lanie r con quien me he puesto de acuerdo para una serie de trabajos geogrficos sobre la isla de Cuba. La segunda parte de este compendio contendr, pues, los puntos siguientes: 1) Fsica, que requiere un artculo sobre metereologa y salubridad del clima. 2) Historia natural, en sus tres reinos. 3) Historia de la Isla, dividida en historia primitiva o de los indios, seguida de la del descubrimiento, historia moderna e historia modernsima, que empieza con el gobierno de D. Luis de las Casas 4) Poltica o gobierno milita r civil, eclesistico, martimo y de Real Hacienda. 5) Estado social, o relacin de las costumbres. 6) Economa poltica, o agricultura, artes, navegacin y comercio. 7) Estadstica, o datos sobre la poblacin, fuerza armada, gastos y rentas.

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OBRAS 378\ 378\ Estos apuntes se entresacarn del segundo tomo de la obra proyectada ; el primero contendr con mayor extensin la parte topogrfica, sin omitir las divisiones topogrficas por partidos y por curatos, y sealando los lmites respectivos; adems se darn acerca de cada ciudad, villa y pueblo, las noticias pertenecientes a la poblacin especial, situacin ms o menos pintoresca, monumentos y establecimientos pblicos. Cuando llegue el caso de imprimir el resultado de estos trabajos, ser muy satisfactorio para m el publicar una lista de los materiales impresos y manuscritos que han llegado a mi noticia, tributando a sus autores el honor correspondiente; pero en el prlogo de este compendio basta decir que adems de las obras ms conocidas en La Habana, he tenido a la vista los originales que sirvieron para el mapa de cinco hojas formado por orden del Excmo. S r gobernador D. Francisco Dionisio Vives, bajo la direccin del coronel D. Jos V alcou r, que cuida de la impresin en Barcelona; favor que debo a D. Alejo Lanie r. Terminar con algunas observaciones acerca de lo material de la impresin del compendio. Pudiera haberlo reducido a dos pliegos omitiendo la situacin de los lugares; pero hubieran sacado menos provecho los discpulos que no siempre pueden tener el mapa delante; las indicaciones que he puesto servirn de mucho a la memoria. He procurado tambin hablar a los ojos, para facilitar el estudio, y sobre todo los repasos; para lo cual he empleado a menudo la letra bastardilla y la mayscula, y he sacado a la lnea casi todos los nombres propios. As se ha aumentado el gasto de la impresin, pero ha sido en beneficio de los lectores estudiosos. Definiciones Barril. El barril de hacendado o de conduccin es igual a la caneca del Consulado. El barril americano que sirve a los contratistas para la venta de mieles compradas a los hacendados, pasa vulgarmente por ser de cinco galones y medio. Vase galn y caneca. Barril de aguardiente, tiene 15 frascos. Bocoy El bocoy de los hacendados, que se llama de tiro vara de tamao, siendo generalmente de 25 barriles. El bocoy de playa o de los comerciantes es de 18 barriles. Botella. Como tercera parte de un frasco la botella contiene 814 mililitros que corresponde al valor de 814 centmetros cbicos; esto mismo he hallado en la mayor parte de las botellas de vidrio oscuro, usadas en La Habana para el vino cataln.

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FELIPE POEY Y ALOY /379 /379 Una botella de Burdeos es considerada en F rancia equivalente a 0',725 sin tapn. Habiendo medido las que llegan a La Habana por va comercial, en cajas de vino y marcada con diferentes sellos, he hallado su capacidad entre 0',705 y 0',720. Caballera de tierra = 18 cordeles en cuadro = 324 cordeles cuadrados o planos. Camino real. Tiene 16 varas de ancho; el transversal, 12 varas; la serventa 8 varas. Caneca = 10 frascos. Hay un modelo en cobre depositado en casa del Consulado. Los hacendados suelen arreglar a esta medida las contratas de mieles con los compradores. Pasa por tener la capacidad de siete galones; pero son ms bien, aprximadamente, seis galones y medio. Vase barril, galn, frasco. Carga o caballo = 8 arrobas. Carga de aguardiente = 2 barriles de 15 frascos cada uno. Cordel = 24 varas. El cordel cuadrado es igual por consiguiente a 576 varas planas. Corral. Hacienda circular que tiene de radio una legua o 5 000 varas provinciales. Vase hacienda. Cuarterola de miel = Medio boco y. Estero Cao o brazo que sale de un ro y comunica con el ma r. Frasco = 3 botellas. Unidad de medida de capacidad, de la cual hay un modelo en cobre depositado en la casa del Consulado, con la fecha de 1819. Habindolo medido cuidadosamente con un buen litro, le he hallado igual a 2',442. Vase botella. Galn. Medida inglesa que pasa vulgarmente en La Habana por tener la capacidad de cuatro botellas y media: lo que corresponde a 3',663. Como sptima parte de la caneca del Consulado, el galn tendra solamente 3',488; pero este dato est ms lejos de la verdad que el primero. Haba en Inglaterra tres especies de galones: uno para el aguardiente, de 4',6209; otro para el vino de 3',7852, y otro para la cerveza, de 4',4611. Desde 1824 las medidas llamadas imperiales son las nicas legales y en uso en la Gran Bretaa; el galn imperial es de 4',543457. Es muy probable que el galn conocido en La Habana, del cual no hay modelo en la casa consula r sea el galn para el vino, de 3',785, que es el menor de los cuatro anteriores, y el que ms se aviene con lo referido en los artculos sobre barril, caneca, frasco y botella. Hacienda. Se da este nombre a los hatos, corrales y realengos de consideracin, destinados a la cra del ganado, que se multiplica naturalmente en los bosques y llanuras. En los hatos se criaba primitivamente ganado, vacuno, caballar y mula r y en los corrales el de cerda. Las haciendas se fueron despus repartiendo en fincas de potreros o sitios de cria r y aun en ingenios y cafetales; en el departamento occi-

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OBRAS 380\ 380\ dental se subdividieron para el cultivo meno r El terreno fue conservando el nombre primitivo de hacienda, y este mismo ha sido comunicado frecuentemente a partidos, ros y sierras. La figura de los hatos y corrales no se considera formada por un crculo, sino por un polgono de 72 lados, con un apotema de dos o de una legua. El hato tiene de superficie 1 684 caballeras 144 cordeles, y el corral 421 caballeras 36 cordeles. Vase legua de tierra. Hato. Hacienda circular de dos leguas de radio. Vase hacienda. Ingenio. Finca donde se cosecha la caa y se elabora el azca r. Legua. Esta voz, sin otra designacin, indica en este compendio leguas habaneras; salvo en el captulo primero, en que se trata de leguas martimas. Las distancias indicadas entre dos pueblos se entienden medidas en los caminos reales, siguiendo las lneas tortuosas que presentan. Legua habanera, legal o provincial = 5 000 varas = 4 240 metros, lo que da aproximadamente 26 en el grado ecuatorial. Legua martima de 20 en el grado ecuatorial = 5 562,6 metros 1 = 6 559, 67 varas. Es menester tener presente que el grado, en la latitud de la isla de Cuba, no es de 60 millas martimas sino 55 Legua de tierra o de corral. Expresin vulgar que se aplica a la cuarta parte de un corral y tiene de superficie 105 caballeras 90 cordeles. No se ha de confundir pues con la legua cuadrada que tiene 133 caballeras, 310 cordeles, 448 varas. El corral tiene, por consiguiente, 4 leguas de tierra, una en cada viento cardinal. Litro Medida de capacidad para los lquidos. Equivale a un decmetro cbico y corresponde a un modelo cilndrico de 86 milmetros de dimetro y 172 de altura. Un litro es igual a 1 000 decilitros o a 1 000 000 centilitros. Un decilitro corresponde a 100 centmetros cbicos; un centilitro a 10 centmetros y un milmetro a un centmetro cbico. Metro Unidad de las medidas lineales en que se funda el nuevo sistema universalmente adoptado por los sabios. Es igual a diez millonsimas parte del cuadrante del meridiano terrestre. Fue provisionalmente valuado por el gobierno francs en 443,44 lneas. Las nuevas operaciones practicadas desde Dunkerque hasta Barcelona por Mechain y Delambre, y publicadas por ste en 1806, dan un resultado definitivo de 443, 296 adoptado por el gobierno francs; bien que el quebrado no es rigurosamente 296 sino 295 936, correspondiente a la diezmillonsima parte de las 5 130 740 toesas halladas por los sabios matemticos encargados de la operacin. Meridiano de Cdiz. Est 8 37' 45' al oeste de Pars, segn Ferre r, citado por Humboldt; y segn otros, 8 35' 15'. El observatorio de la Isla o de la ciudad de San Fernando se halla 0 5' 22' al este de Cdiz. 1 Dato tomado en la geografa de Balbi, segunda edicin, 1835.

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FELIPE POEY Y ALOY /381 /381 Onza de oro. Su valor intrnseco es de 16 pesos; su valor nominal en La Habana es de 17 pesos. Peso. Moneda de plata que vale 8 reales. Vase real. Peso de posesin o de tierra. Expresin empleada en la Vuelta Arriba para las divisiones y repartimiento de haciendas, corresponde a un nmero de caballeras proporcionado a un precio que ser tal vez el valor primitivo de la hacienda. Pipa de aguardiente. Contiene siete cargas o 180 frascos. Pueblo Esta voz indica, en este compendio, una poblacin donde hay iglesia. Es de notar que los nombres de ciudad y villas son ttulos de concesin o aprobacin real, regularmente dados a poblaciones mayores; pero muchas carecen de estos ttulos por no haberlo solicitado, aunque tienen un nmero superior de habitantes. La voz de pueblo ha quedado a toda poblacin que no tiene ttulo de villa. Real. Se entiende real de plata la octava parte de un peso. Realengo Terreno encerrado entre las curvas circulares que sirven de lmite a los hatos y corrales. Solar = 27 varas de frente y 40 de fondo = 1 080 varas cuadradas. Tarea de lea = 3 varas de largo, 1 de ancho y 2 de alto. Toesa francesa = 6 pies. El tipo es la toesa de la Academia, llamada del Per, porque sirvi para la medida del meridiano en este pas; la misma que ha servido a Mechain y a Delambre para la rectificacin del cuadrante del meridiano terrestre. Hay 5 130 740 toesas de stas en dicho cuadrante, y refirindola al metro, que es la diezmillonsima parte de esta longitud, es igual a 1, m 9 490 365 912; y el pie, a o, m 32484. El pie francs = 12 pulgadas = 144 lneas = 1 728 puntos. Vara Esta voz, sin otra indicacin, significa en este compendio, varas habaneras. Vara habanera legal o provincial. Es igual a 848 milmetros, y con ms vigor o, m 847965 que es la longitud de la vara de Madrid, como se ver ms adelante, media pulgada mayor que la de Burgos. La copia ms antigua y ms acreditada entre los agrimensores de La Habana, fue la vara de Florez que paso a D. Jos de Oliva, en cuyo poder se ha roto; pero l mismo conserva su longitud en otra vara que he hallado conforme con la medida referida. Conserva adems una nota del puo y letra de Florez que fija la vara habanera en 33, 38 pulgadas inglesas, lo que corresponde a los mismos o, m 848 y una corta fraccin que se puede desprecia r La vara de Florez tena un siglo de antigedad, y ha servido de tipo para las medidas agrarias, sin disposicin legal para el caso. Los seores Herrera, La Sagra y Noda atestiguan haberla hallado conforme a o, m 848, y Lanier tiene la misma longitud en la vara de su uso. Por lo que toca al cajn del Ayuntamiento de La Habana, depositado en casa del arrendador de la contrata de marca, dir que en 1820 me dio

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OBRAS 382\ 382\ el mismo resultado que la vara de Florez; pero en el da, el nuevo cajn de cedro construido en 1822, despus de la destruccin del antiguo, slo tiene de longitud interna o, m 844, medido en el presente ao por m, y en 1827 por D. Ramn de la Sagra, que por esa razn se vio en la necesidad de establecer dos medidas en la Isla, una cubana o de los agrimensores y otra habanera o del comercio. El agrimensor D. T Sandalio de Noda, en un buen artculo inserto en el Diario de Gobierno del 29 de noviembre de 1835, refiere un caso judicial ocurrido en las medidas de S. Marcos, en cuya ocasin el Ayuntamiento de La Habana remiti una vara de madera sellada con sus armas y con las cabezas de plata; esta copia fue hallada enteramente conforme en longitud con la de Oliva; por donde parece que no debe haber en La Habana ms que un solo patrn arreglado a o, m 848. Por otra parte D. Jos de Oliva afirma haber hallado en 1815 el cajn del Ayuntamiento algo ms chico que la vara de Florez; este dato es contrario a lo referido por Noda y a lo que yo mismo he observado en 1820; pero la circunstancia sola de haberse destruido el antiguo cajn para formar otro nuevo, sin las precauciones tal vez que exige una operacin tan importante, basta para dar ms crdito a la vara de los agrimensores, sobre todo mediando la circunstancia notable de seguir igual a la vara de Madrid, segn la noticia que he podido recoge r Vase el artculo siguiente. Vara de Madrid. Consta de una memoria sobre medidas por D. Vicente Vzquez, pensionado por S. M. en Pars, que la vara de Madrid es igual a o, m 84765, segn Lohma r citado por Arango. Este mismo dato se lee en el trabajo de Gurin de Thionville al fin de la geografa de Balbi; pero el autor francs le da el nombre de vara castellana, que pertenece legtimamente a la vara burgalesa. El nmero 9 que sigue a los 7 milmetros permite escribir o, m 848, despreciando la corta diferencia que resulta en las decimales, con lo cual se demuestra que la vara de La Habana coincide con la de Madrid. Vara de Burgos Llamada por otro nombre vara castellana y con ms razn se pudiera llamar vara espaola porque sirve de tipo legal en Espaa despus de la pragmtica de Felipe II del ao 1568. D. Gabriel Cisca r que tuvo conocimiento del trabajo de Delambre y de Mechain para la correccin del metro provisional, ha fijado la vara de Burgos, ajustada a una temperatura mediana, en o, m 8 359 068, operando sobre un patrn de latn formado bajo la direccin de D. Juan Pealve r El mismo Ciscar asegura que el tipo de Burgos es una vara de hierro torcido cuyas aristas difieren notablemente; pero la medida que aqu se refiere est arreglada a la mayor longitud del patrn. D. Jorge Juan, que ha tenido en su mano la verdadera toesa de la Academia francesa, llamada del Per, ha fijado la relacin del pie francs al pie espaol como 6:7, lo que da para la vara de Burgos un resultado de o, m 8 353. Rodrguez

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FELIPE POEY Y ALOY /383 /383 la fija en o, m 835. Algunos, dando el nombre de vara Castellana a la vara de Madrid, dan lugar a grandes equivocaciones. Tiene 3 pies, el pie 12 pulgadas y la pulgada 12 lneas, segn Ciscar; pero el diccionario de la Academia espaola y Gurin de Thionville divide la pulgada castellana en 16 lneas; lo que ser tal vez conforme a alguna usanza de Madrid. V ega Tierra baja, generalmente sobre las mrgenes de los ros, destinada al cultivo del tabaco. Vuelta Arriba y Vuelta Abajo. Estas expresiones significan parte oriental y occidental de un punto cualquiera. Y arda imperial. Medida inglesa de 3 pies o 432 pulgadas. Es igual a o, m 914 784. Captulo I. Introduccin SITUACIN. La isla de Cuba, la ms occidental de las Antillas, est situada en el ocano Atlntico, entre las dos Amricas, en el principio boreal de la zona trrida; hallndose el fanal del Morro de La Habana a los 76 oeste de Cdiz. 2 LMITES. Se halla por el oeste a la entrada del golfo mexicano; por el este frente a la isla de Santo Domingo o repblica de Hait; tiene al norte el banco y canal de Bahama, con las islas Lucayas, y al sur el mar de las Antillas, donde se hallan las islas de Jamaica y de los Caimanes. FIGURA. La figura de la isla de Cuba es irregula r larga y estrecha, formando como un arco cuya parte convexa mira al polo rtico. DIRECCIN. El territorio ms septentrional est comprendido entre La Habana y Matanzas; desde all la direccin de la Isla es oeste suroeste y este sureste. EXTENSIN. Siguiendo la curva ms corta que pasa por el centro, la Isla tiene sobre 220 leguas martimas de largo. 3 La parte ms alta es de 37 leguas, desde la boca oriental del puerto de Nuevitas, direccin norte-su r dejando al este el pico de Turquino: desde el extremo norte del Sabinal, pasando por 7 leguas de ma r hasta la costa del sur hay 39 leguas. Su menor anchura, al sur del Mariel, es de 7 leguas, y al sur de La Habana, de 9. El trmino medio es de 14 o 15 leguas. SUPERFICIE. Es de unas 3 500 leguas sin contar la de sus cayos. 2 76 4' 34' segn Ferrer. 76 0' 48' segn Oltmans y Humboldt. La longitud de la Isla desde el cabo de San Antonio hasta el de Mais est entre los 78 39' 15' y 67 46' 4'. La latitud, desde la punta de Hicacos hasta la del Ingls, inmediata al cabo de Cruz, est entre 23 12' 45' y 19 48' 30'. 3 216 leguas. Segn el cuadro estadstico; 227 segn Humboldt.

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OBRAS 384\ 384\ Captulo II. Divisin territorial La costa del norte de la isla de Cuba ofrece una curva algo regular desde la punta de los rganos hasta la de Lucrecia. Desde all el terreno se dirije violentamente al su r hasta el fondo de la baha de Nipe; y ms adelante, se inclina oblicuamente desde la punta de Guarico hasta el cabo de Mais. La costa del sur es ms irregular; el banco de Buena Esperanza y la ensenada de la Broa hacen en las tierras unas profundas cortaduras; la Isla, adems, se angosta considerablemente en la lnea episcopal que pasa cerca de Morn. El cabo de San Antonio se halla en el extremo de una legua de tierra de 20 leguas de largo, estrechada por las ensenadas de Guadiana y de Corts. La figura de estas costas se ha de tener presente para una divisin natural del territorio cubano; pero tambin se ha de atender a otras circunstancias, principalmente a la posicin de las ciudades, puertos, ros y montes. Los puntos ms importantes en la costa del norte son: Baha Honda, La Habana, Matanzas, Nuevitas y Nipe; al sur Guantnamo, Santiago de Cuba, Trinidad, Jagua y Bataban; en el centro la ciudad de Puerto Prncipe y otras. Las divisiones polticas siguientes estn bastantemente arregladas a estos antecedentes, pero no del todo. La divisin territorial es de cinco modos: civil, milita r martima, de Real Hacienda y eclesistica. Divisin civil 4 Se subdivide en dos provincias: 1. Occidental, o de La Habana 2. Oriental, o de Cuba. Lnea divisoria: Desde el extremo sureste de la baha de Nuevitas, hasta el ro Jobabo, de donde pasa al de Sevilla que sigue hasta la boca. Divisin militar Tiene tres departamentos: occidental, central y oriental. 4 Esta division es enteramente poltica. En el orden judicial, la Real Audiencia establecida en Puerto Prncipe tiene tambin jurisdiccin superior en toda la Isla; las jurisdicciones subalternas abrazan la parte judicial y poltica, a pesar de la distinta naturaleza de estas dos funciones.

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FELIPE POEY Y ALOY /385 /385 Primera lnea Desde el ro de Sierra Morena hasta el vertiente de la cinaga de Zapata en la ensenada de la Broa, dejando fuera la punta gorda o de los mangles, y siguiendo el curso del arroyo Mayabn y de los ros de Hanbana y Hatiguanico. Pasa por el pueblo de lvarez que queda en el departamento central. Segunda lnea Desde el extremo oriental del puerto de Nuevas Grandes hasta la boca del ro Jobabo. Divisin Martima Se divide en cinco provincias: 1. Habana. 2. Trinidad 3. S. Juan de los Remedios 4. Nuevitas 5. Cuba Habana La parte occidental de la Isla hasta la boca del ro Palma y la punta de D. Cristbal; pertenecindole los cayos que estn al oeste de los canales del Pargo y del Rosario. Trinidad Desde la Punta de D. Cristbal hasta el estero de Junco exclusivamente; pertenecindole los cayos del canal del Rosario hasta el paso del gran banco de Buena Esperanza, y sirvindole de divisin interna el camino real que pasa por el centro de la Isla. San Juan de los Remedios Desde el ro de la Palma hasta la punta de Curiana, con los cayos correspondientes hasta el de Coco exclusivamente; y sirvindole de lmite interior el camino real del centro. Nuevitas La parte septentrional de la Isla comprendida entre las puntas de Curiana y de Mayar; sirviendo de demarcacin para los cayos el meridiano de punta de Mulas. Cuba La parte oriental de la Isla hasta el ro Mayar; y el estrecho de Junco.

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OBRAS 386\ 386\ Divisin de Real Hacienda Tres intendencias: 1. La Habana que es superintendencia. 2. La de Puerto Prncipe. 3. La de Cuba. Primera lnea La misma que la milita r salvo que el rio Damuj sirve de lmite, al su r hasta la baha de Jagua. Segunda lnea La misma que la civil. Divisin Eclesistica En dos dicesis: 1. Arzobispado de Cuba. 2. Obispado de La Habana. Lnea divisoria Desde la caada de la Llana, en la costa del norte al sur del extremo oriental de la isla de Turiguan, hasta el oriente de la laguna y embarcadero de Sabanalamar; recorriendo el curso de la Llana, y del arroyo Guayabo que se pierde en la cienaga del su r La sierra de Judas queda al este. Captulo III. Ciudades, villas y pueblos & 1 Departamento Occidental Capital: La HABANA, ciudad martima, cabeza de gobierno y residencia del Capitn General de toda la Isla. Sus principales barrios extramuros, son: San Lzaro, la Salud y Jess Mara. Las ciudades y villas que tienen ayuntamiento o jurisdiccin civil en este departamento son las siguientes: 1. GUANABACOA, villa inmediata a la baha de La Habana, con los pueblos de Barrera en la boca de Bacuranao; y Pealver ms al su r. 2. SANTA MARA DEL ROSARIO, 5 ciudad, 4 leguas al sureste de La Habana. 3. JARUCO, 6 ciudad, 10 leguas al este de La Habana, camino para Matanzas. 5 Justicia mayor: el Excmo. S r Brigadier Conde de Casa-Bayona. 6 Justicia mayor: el S r. Conde de Jaruco y Mopox.

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FELIPE POEY Y ALOY /387 /387 4. MATANZAS, ciudad martima, cabeza de gobierno, 22 leguas al este de La Habana, con una jurisdiccin de 6 leguas en contorno, donde se hallan los pueblos siguientes: Canas inmediato a la costa, al oeste de la ciudad. Corral Nuevo al norte del Pan; Ceiba Mocha, camino para La Habana; San Francisco de Paula; Cabezas, al suroeste; Sabanilla del Encomendador y Santa Ana, a l sur; Limonal al sureste; Guamacaro y Camarioca al este. 5. GINES, villa situada en una hermosa llanura de la costa del su r, 12 leguas al sureste de La Habana. Tiene en su jurisdiccin el pueblo de San Nicols al este, y la Catalina al norte, con la iglesia en Corral Nuevo. 6. SANTIAGO, ciudad, casi al sur de La Habana, a 5 leguas de distancia, con los pueblos siguientes: al su r Quivicn y Bataban, punto martimo en la costa meridional; al noroeste W ajay; 7 al suroeste, Govea, la Salud, Gira de Melena, Alquza r Guanmar y Guanacage. 7. SAN FELIPE Y SANTIAGO DE BEJUCAL, 8 ciudad, 1 legua al sur de Santiago. 8. SAN ANTONIO DE LOS BAOS, 9 villa, 8 leguas al sur suroeste de La Habana; con los pueblos del Pilar o V ereda Nueva, y el Caimito. 9. PINAR DEL RO, pueblo, cabeza de la tenencia de gobierno de Nueva Filipina, en la parte occidental de la Isla, 50 leguas de La Habana al sur de la cordillera principal de los rganos. Tiene en su jurisdiccin los pueblos siguientes: Chorrera, al norte por otro nombre Consolacin del Norte; Baja, y Mantua, al oeste; San Juan y Martnez, Guanes y Paso Real, al suroeste; y Consolacin, al noreste. Los pueblos que siguen, no pertenecientes a ninguna de las jurisdicciones mencionadas, quedan sujetos al gobierno civil de La Habana. Camino del medio o de Bataban, al sur de La Habana: Jess del Monte, Arroyo Naranjo, Buenventura, Bataban, a 14 leguas sur de La Habana. Camino de San Diego, por San Marcos: el Cerro, Mordazo, Puentes Grandes, los Quemados, Marianao, Arroyo Arenas, el Cano, que est ms a la izquierda, Guatao, Corralillo, Ceiba del Agua, Capellanas, Puerta de la Gira, las Caas, a la izquierda; Artemisa, en el partido de San Marcos, distante 14 leguas de La Habana; las Mangas de Ro Grande, Candelaria, San Cristbal de los Pinos, a la izquierda; Palacios, San Diego de los Baos, 40 leguas de La Habana. Camino de Guanaja y desde Arroyo Arenas: H oyo Colorado, Guayabal, que est ms a la izquierda; Guajay a 11 leguas de La Habana; Callajabos, San Juan de los Baos. 7 Se pronuncia Ubajay. 8 Justicia mayor: el Excmo. S r Marqus de San Felipe y Santiago. 9 Justicia mayor: el Excmo. S r Marqus Crdenas de Montehermoso.

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OBRAS 388\ 388\ Camino de la costa al oeste de La Habana desde Puentes Grandes: Cangrejeras, Banes, corta poblacin sin iglesia; Mariel, Quiebra Hacha, Dominica o Muelle de Barrios, cerca de Cabaas; San Diego de Baha Honda, Baha Honda, Pozas en la hacienda de Cacarajcaras. Inmediatos a La Habana estn Carraguo y San Antonio Chiquito. Caminos del su r algo ms al este que el de Bataban: el Calvario, Managua, San Antonio de las V egas, Guara, Melena. Camino de Gines: San Francisco de Paula y San Jos de las Lajas. Camino de Matanzas: San Miguel, Tapaste, Aguacate. Por varios caminos de la costa del norte al este de La Habana, Guanabo, Almacenes de Jaruco, San Antonio, con la iglesia al norte, en Ro Blanco; Caravallo, en la hacienda de Bayona, Santa Cruz, poblacin en la boca de este ro; Jibacoa. Al oeste del meridiano de Matanzas, con direccin al suroeste y al sur: Casiguas, Madruga, lugar concurrido para baos, 16 leguas de La Habana; Pipin, los Palos o Nueva Paz 10 con ttulo de ciudad; Bermeja, Alacranes. Al este del meridiano de Matanzas, recorriendo el sur y volviendo por el norte: Macurijes, con la iglesia y poblacin en Corral Falso; Hanbanas Ceja de Pablo, Guamutas, Cimarrones, Lagunillas. & 2 Departamento Central Comprende: 1. El gobierno de Fe rnandina de Jagua. 2. El gobierno llamado de los cuatro pueblos, que son: Trinidad ciudad martima, cabeza de gobierno a 90 leguas de La Habana, sobre la costa del sur y las tres villas siguientes: Santa Clara, 11 a 77 leguas de La Habana; San Juan de los Remedios, 12 a 14 leguas de Santa Clara, y ms cerca de la costa del norte, Sancti Spritus, a 100 leguas de La Habana. 3. La tenencia de gobierno de Santo Domingo, sobre el ro de Sagua la Grande. 4. La tenencia de gobierno de Puerto Prncipe ciudad a 151 leguas de La Habana, residencia de la Real Audiencia de toda la Isla. Jagua LMITES. Desde la boca del ro San Juan, entre Jagua y Trinidad, la lnea divisoria recorre los puntos siguientes: noreste hasta la hacienda de Ciguanea; noroeste hasta la encrucijada de San Marcos, camino 10 Justicia mayor: el S r. Conde de Jaruco y Mopox. 11 Vulgarmente llamada Villa Clara, compendio de villa de Santa Clara. 12 Por otro nombre el Cayo.

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FELIPE POEY Y ALOY /389 /389 real para La Habana; arroyo Mayabn al sur de lvarez, ro de Hanbana, ro de Hatiguanico hasta la ensenada de la Broa; de modo que toda la costa que est al sur de la cinaga de Zapata, pertenece a esta jurisdiccin. CAPITAL. CIENFUEGOS, ciudad martima, a quien sirve de puerto la baha de Jagua. PUEBLOS DE LA JURISDICCIN. Y aguaramas, Caunao, Camarones, las Lajas, Cumanayagua, Arimao. Trinidad LMITES. Por la boca y el curso del Iguanojo, dejando a la derecha las lomas de Banao; por la sierra de la Gloria hasta las inmediaciones de Ciguanea, lindando hasta aqu con Sancti Spritus, y siguiendo despus los lmites de Jagua. PUEBLOS. Ro del Ay, Caracucey y Casilda puerto. Santa Clara LMITES. Linda al norte con la costa; al oeste con el departamento occidental; al sur con Jagua y Trinidad; al este con Sagua la Chica, lmite de San Juan de los Remedios. PUEBLOS. lvarez, en el lindero occidental; Esperanza o Puerta del Golpe, en el camino real del centro; Embarcadero de Sagua la Grande, junto al mismo ro; Palmarejo o Quemado de Gines, al sur de la Sierra Morena. Santo Domingo Poblacin nueva sobre el ro Sagua la Grande, con un territorio cortsimo. San Juan de los Remedios LMITES. Al norte la costa; al oeste Santa Clara; al sur Sancti Spritus. PUEBLOS. Mayajigua, cerca del boquern de Jatibonico, Guaracabulla en el camino real; Ciego Ransoli, ms al norte. Sancti Spritus LMITES. Al este la lnea episcopal que linda con Puerto Prncipe; al oeste, San Juan de los Remedios y Trinidad; al norte los Remedios y el mar; al sur el ma r. PUEBLOS. Al su r Banao, embarcadero del algodonal sobre el ro Saza; Jbaro. En el camino real del centro: Jicotea, corta poblacin; Ciego de vila o la Palma.

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OBRAS 390\ 390\ Al norte del camino: Guadalupe y la Concepcin que quedan al sur del boquern de Jatibonico; Morn, Camageyano, ermita cerca del ro Nauy. Puerto Prncipe LMITES. Al oeste Sancti Spritus: al este la lnea civil, lmite de Bayamo. PUEBLOS. En la costa norte: Guanaja; San Miguel de Nuevitas, al sur de la baha; Bag a orillas de la misma; y ms al norte, San Fernando de Nuevitas o el Guincho. Entre la costa del norte y el camino real del centro: Mulato, al noroeste de Puerto Prncipe; Cubitas, hacia el norte; Sabanic y Cascorro, al este, no lejos de Guimaro. En el camino real: San Gernimo, al oeste de Puerto Prncipe; Guimaro, al este. Entre el camino real y la costa del sur: El Brazo, corta poblacin; Berrocal y Guaimarillo, cerca de Guimaro. En la costa del sur: Santa Cruz y V ertientes. & 3 Departamento Oriental Contiene las ciudades y poblaciones siguientes con la correspondiente jurisdiccin. Santiago de Cuba. Ciudad martima cabeza de gobierno, a 230 leguas de La Habana en la costa del su r con las tenencias de gobierno siguientes. Jiguan. Pueblo, a 25 leguas noroeste de Cuba. Bayamo. Villa, a 32 leguas noroeste. Manzanillo. Villa, comandancia militar y poltica; puerto a 25 leguas suroeste de Bayamo. Holgun. Ciudad a 40 leguas norte noroeste. Moa. Pueblo y puerto a 40 leguas del cabo de Mais. Vase ms adelante los pueblos con ayuntamiento que se hallan en las tenencias de gobierno anteriores. Santiago de Cuba LMITES. Desde el cabo de Cruz, pasa la lnea por el norte de la Sierra Maestra, lindando con el Manzanillo y el Bayamo; sigue el ro Contramaestre, lmite occidental con Jiguan, hasta su confluencia en el Cauto, hacia cuyo origen va subiendo algn trecho por los lmites de Holgun y corta al noreste hasta la boca del ro Nipe; recorre la costa septentrional hasta los linderos de Moa, y de all por los lmites de

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FELIPE POEY Y ALOY /391 /391 Baracoa sigue el curso del ro Sabanalama r hasta la costa meridional que recorre hasta el referido cabo de Cruz, dejando en la jurisdiccin el puerto de Guantnamo. Pueblos con Ayuntamientos: El Cobre. Villa, a 4 leguas oeste de Cuba. El Caney. Pueblo, a 1 legua noreste. Tiguabo. Pueblo, a 7 leguas noreste. Otros pueblos: Palma o Cauto Soriano, al este. Morn, al norte. Mayar, nueva poblacin cerca de Nipe. Seboruco de Mayar. Sagua, sobre el ro de este nombre. Santa Catalina, poblacin nueva cerca de Guantnamo. Jiguan LMITES. Al norte el ro Cauto, lindando con Holgun y Bayamo; al este el ro Contramaestre, lmite de Cuba; al oeste el ro Cautillo, lmite con Manzanillo; al sur un trozo de la Sierra Maestra donde nacen casi contiguos los dos ros anteriores. PUEBLO. Baire, al sur del camino real. Bayamo LMITES. Al norte el mar; al sur la Sierra Maestra; al oeste la lnea civil, lmite igualmente de Puerto Prncipe; al suroeste Jicotea, lmite de Manzanillo; al este la lnea de Holgun desde la boca de Y arigu, que entra en la baha de Manat hasta el ro Cauto; y luego todo el Cautillo por los lmites de Jiguan. Pueblo con ayuntamiento: Guisa, ciudad y marquesado, a 4 leguas sur sureste de Bayamo. Otros pueblos: Las Tunas, camino para La Habana. El Horno, el Dtil, ms al sur; Piedra o Valenzuela. Manzanillo LMITES. Al oeste el ma r frente al Banco de Buena Esperanza; al sur la Sierra Maestra, lmite de Cuba hasta el ro Tarquino; al este y al norte el ro Jicotea que confina con Bayamo. PUEBLOS. Y ara y Vicana, sobre los ros del mismo nombre.

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OBRAS 392\ 392\ Holgun LMITES. Al norte el ma r desde el puerto de Manat hasta el ro de Nipe; al oeste Bayamo; al sur el ro Cauto y los lmites de Cuba. PUEBLOS. Jibara cerca del puerto de ese nombre; el Retrete, corta poblacin al noroeste de Banes. Moa LMITES. Al norte la costa septentrional, en los dems rumbos, Baracoa y Santiago de Cuba. 13 Baracoa. LMITES. Al oeste la lnea de Cuba y de Moa. Por los dems rumbos el mar hasta la punta de Mais. Captulo I V Montes & 1 Departamento Occidental Los montes de este departamento estn bastantemente separados de los que tienen su principal asiento en el gobierno de Trinidad, para que se pueda estudiar como sistema aparte, solamente interrumpido por una llanura de diez leguas entre Anafe y Managua, quedando al este las cordilleras menos importantes. El primero de estos grupos es pues el occidental, que los marinos llaman cordillera de los rganos y se extiende desde la ensenada de Guadiana hasta la referida sierra de Anafe, al este del Mariel. Su asiento principal que ms especficamente se llama de los rganos est al oeste de San Diego de los Baos, a igual distancia de Baha Honda y Guadiana. Tiene al sur el cerro de Cabras, que viene a quedar al norte de la ensenada de Corts, y el de Cuyaguateje o de Guanes, al oeste de la misma ensenada; tiene al norte el Pan de Guajaibn de 700 varas de altura. Tambin se hallan unas Vigas en el cabo Corrientes. Siguiendo la cordillera al este se hallan las lomas de San Diego; la sierra del Aguacate, al sur de Baha Honda; la de San Salvador y la del Cuzco, al sur de Cabaas: las tres toman su nombre de las haciendas donde se hallan. 14 13 Ignoro los dems pormenores de los lmites de esta nueva tenencia de gobierno. 14 La sierra del Aguacate comprende: Loma Alta, sierra del Brujo, lomas de Guacamayas y sierra del Rosario. Las otras dos contienen: la sierra del Rub, Pea Blanca, loma del Mulo y loma Pelada.

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FELIPE POEY Y ALOY /393 /393 Las lomas de San Juan se hallan cerca de los baos de ese nombre. Al suroeste del Mariel queda la Loma Gobernadora y ms al sur las del J obo. Sigue ms al este la sierra de Guanajay y la de Anafe termina este primer grupo al sur del ro Banes; los marinos llaman a esta sierra la Mesa del Mariel. El segundo grupo empieza en Santiago, pasa por Madruga y acaba en Camarioca; se une a la cordillera del norte por Santa Mara del Rosario, Jaruco y Matanzas. Los puntos principales son los siguientes: las Tetas de Managua, las lomas de Camoa, entre las cuales pasa el camino de San Jos de las Lajas; la Escalera de Jaruco, cuyo corte vertical se distingue a gran distancia; los Arcos de Canas de corta altura y notables desde el mar; el Pan de Matanzas de 460 varas de altura sobre el nivel del ma r a corta distancia del hermoso valle de Yumur, y las Tetas de Camarioca al este de Matanzas. Cerca de Gines est la loma de Candela de poca altura, pero muy notable por su meseta de ms de media legua de anchura, y por la vista que ofrece sobre la hermossima llanura de Gines, dilatada hasta el mar del sur que se percibe a seis leguas de distancia, y adornada en toda su extensin por las palmas reales y la variedad preciosa de cultivos que riega uno de los ros ms copiosos de este departamento. & 2 Departamento Central Costa del sur En toda la extensin del terreno comprendido entre Trinidad, Cienfuegos, Santa Clara y Sancti Spritus, hay sierras muy elevadas; entre ellas las principales son: Al oeste de Trinidad, Pico Blanco y Cabeza del Muerto, que los marinos llaman de San Juan; cerro de Vigas inmediato a la ciudad. Al norte, Pico del Potrerillo, sierra de San Juan de Letrn, de Guaniquical, las Trancas de Galves, sierras de Y aguanat y otras. Por los lmites de Trinidad y de Sancti Spritus se hallan la lomas de la Rosa, de Banao, Pan de Azca r Pico Tuerto y la sierra de la Gloria; ms al oeste la sierra del Escambray. Costa del norte La Sierra Morena se extiende al sureste de este ro hasta Sagua la Grande. La sierra de Jatibonico tiene su principal asiento en el boquern de su nombre; su direccin ms importante es al noroeste hacia San Juan de los Remedios, a cuyo territorio sirve de lmite una fuerte ramificacin circular que se dirige al oeste con el nombre de sierra de Mata Hambre, formando una meseta de 600 varas de altura.

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OBRAS 394\ 394\ Contina al este el terreno montuoso con menos elevacin hasta la sierra de Cubitas, entre los ros Jige y Mximo, a igual distancia de Puerto Prcipe y de la costa, siendo los puntos ms elevados los cerros de Limones y de Tabaque, entre los cuales pasa el camino de la Guanaja. Las lomas de Camajn estn del otro lado del ro Mximo en la misma direccin que las de Cubitas. La sierra de Judas se encuentra aislada, 6 leguas al sur de la caada de la Llana. En la costa del su r ms inmediato al camino real, se hallan algunas lomas desde el ro de Najaza hasta Guimaro. Otras siguen el curso de Jatibonico del su r. Al sur de Nuevitas estn las lomas del Rompe o de Carcamisas. & 3 Departamento Oriental Este departamento es muy montaoso, principalmente en las jurisdicciones de Holgun y de Cuba, y mucho ms en Baracoa. La cordillera principal con el nombre de Sierra Maestra, se extiende desde el cabo de Cruz hasta ms all del meridiano de Cuba; los puntos ms elevados son: el Ojo del Toro de 1 200 varas; el pico Turquino, 2 800 varas, lo mismo que la sierra del Cobre. Una segunda cordillera empieza en las inmediaciones de Nipe y sigue hasta la punta de Mais, con mayor asperidad en la costa del norte, y contiene las sierras principales siguientes: en la jurisdiccin de Cuba, la sierra de Nipe, al oeste de Mayar, la sierra del Cristal, al este las c uchillas de Santa Catalina, al este del ro Sagua. En la jurisdiccin de Baracoa, las cuchillas de Toa r la sierra de Moa, con direccin a la punta del Guarico; el cerro del Yunque y las cuchillas de Baracoa que le sirven de ramificacin. Al noreste de Guantnamo tiene la jurisdiccin de Cuba las lomas de Quemado Grande y la sierra de Vela, que sirve de lmite al ro de Sabanalama r orilla derecha. Al oeste de Holgun se hallan las lomas de Almiqu; el cerro de Dumauecos est inmediato al puerto de Manat, y la sierra del Socarreo, al este del puerto del Padre. Captulo V Pennsulas La del Sabinal, a la entrada del puerto de Nuevitas, formada por la ensenada de Mayanavo. 15 15 El fondo de la ensenada forma una caada que tiene alguna comunicacin con el ma r, pero no parece suficiente para dar al Sabinal el carcter de isla.

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FELIPE POEY Y ALOY /395 /395 Captulo VI. Cabos Costa del norte Cabo de San Antonio al extremo occidental de la Isla. Punta de balo o de los rganos, al extremo norte de la ensenada de Guadiana. Punta Brava media legua al oeste de La Habana, sin otra consideracin que la de estar tan cerca de esta capital; lo mismo que las de Guanos de Sabanilla y de May que estn a la entrada del puerto de Matanzas. Punta de Hicacos, de 5 leguas de largo, al este de dicho puerto; punto el ms septentrional de la Isla, y principio occidental de la parte ms estrecha del canal viejo de Bahama. P de Piedras frente a la anterio r al extremo oriental de la ensenada de Crdenas. P de Judas. P de San Juan frente al extremo occidental de la isla de Turiguan. P de Curiana en un cayo inmediato a la baha de Jige y. P Brava al extremo occidental de la baha de la Guanaja. P de Arenas en la boca de las Caravelas. P de Maternillos extremo occidental de la entrada de Nuevitas, trmino oriental de la parte ms estrecha del canal viejo de Bahama. P Lucrecia y P de Mulas que est inmediata. P del Guarico Cabo de Mais, en el extremo oriental de la Isla. Costa del sur Cabo de Cruz. Punta de Macuriges, al norte del jardn de la Reina. P de San Juan, al este de este ro. P de Casildas P de San Juan frente al Pico del Muerto. P Gorda o de Mangles lmite occidental del territorio de Jagua y principio de la grande ensenada de la Broa. P de Mayabeque en el surgidero de este ro, principio de dicha ensenada al norte. P de Salinas al principio occidental de la ensenada de Majana. P de Media Casa junto al ro Palacios. P de la Fisga a igual distancia de las ensenadas de Majana y de Cortes. P de la Llana ms al sur de esta ltima ensenada. Cabo Corrientes al extremo oriental de la ensenada de este nombre. P del Holands, al otro extremo, y a muy corta distancia del cabo de San Antonio.

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OBRAS 396\ 396\ Captulo VII. Puertos Bahas, ensenadas, esteros, embarcaderos. La costa del norte de la Isla de Cuba est defendida en la parte occidental por una serie de arrecifes llamados los Colorados. Pero desde Baha Honda hasta la punta de Hicacos, donde est la boca del canal viejo de Bahama, es de fcil acceso y agradable navegacin. Lo mismo se nota en el extremo de la Isla, sobre todo en el hermoso trozo meridional que se extiende desde el cabo de Mais hasta el cabo de Cruz. Hay muchos y muy hermosos puertos, ms numerosos en la costa del norte, y principalmente en el departamento oriental, en extremo favorecido por la naturaleza, en esta parte. Los puertos mayores son Nipe, Nuevitas, Jagua y Guantnamo; el ms sobresaliente en bondad y hermosura es Jagua. & 1 Costa del norte Departamento Occidental Guadiana, ensenada y baha. 16 Baha Honda puerto a 22 leguas de La Habana; para navos y con un fuerte a la entrada. Cabaas puerto a 16 leguas, para fragatas. Mariel puerto, a 12 leguas para lo mismo; con batera y torren. Banes surgidero, a 8 leguas, con torren. La Habana antiguamente nombrado puerto de Carenas excelente para toda suerte de buques; con las ensenadas de Regla, Guasabacoa y Atars Tiene un fanal a la entrada, y est defendido por el Morro el castillo de la Punta y el de Santa Clara ; ms adentro, por la Cabaa y el fuerte nmero 4 Por la parte de tierra, la ciudad tiene por defensa los castillos del Prncipe y de Atars. Jaruco surgidero, a 8 leguas de La Habana, con batera. Matanzas baha, con un castillo a la entrada. Crdenas ensenada y embarcadero, a 8 leguas este de Matanzas. El fondo de esta ensenada se llama tambin de Siguagua. Departamento Central Jurisdiccin de San Juan de los Remedios Caibarin, ensenada que sirve de puerto habilitado al sur de San Juan de los Remedios, distante cinco millas. 16 Entre Guadiana y Baha Honda se hallan los pequeos puertos de Baja y de la Mulata, y algunos ros que forman surgideros para el cabotaje.

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FELIPE POEY Y ALOY /397 /397 Jurisdiccin de Sancti Spritus Los Pe rros o el Mamn pequeo puerto. Morn lagunata o ensenada cerrada por la isla de Turiguan. Jurisdiccin de Puerto Prncipe Sabanalama r, embarcadero, al oeste de Caunao. Jigey baha con poco fondo. Guanaja ensenada para 9 pies de cala. Sabinal, baha frente a la boca de las Caravelas. Lmite de jurisdiccin Nuevitas, hermoso puerto, con la ensenada de Mayanavo. Jurisdiccin de Bayamo Nuevas Grandes, estero. Departamento Oriental Lmite de jurisdiccin Manat puerto. Jurisdiccin de Holgun Malagueta, puerto. Puerto del Padre con buen fondo. Jibara puerto habilitado para Holgun. Bariay puerto para embarcaciones pequeas. 17 Naranjo buen puerto. Sam puerto pequeo. Banes hermoso puerto. Lmite de jurisdiccin Nipe baha, la mayor de toda la Isla. Jurisdiccin de Cuba Levisa y Cabonico buenos y grandes puertos, con entrada comn. Tnamo, puerto grande y con buen fondo. 18 Jurisdiccin de Moa Moa, buen fondeadero entre el islote y la costa. 19 17 Jurur y Vita, son dos puertos chicos, antes y despues de Bariay. 18 Siguen tres puertos menores para embarcaciones pequeas; Cebollas, Casanova, y Yaguaneque o Yaguanique. 19 Siguen los puertos menores para pequeas embarcaciones: Juragu, Taco, Cayaguaneque Surgidero y Marv.

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OBRAS 398\ 398\ Jurisdiccin de Baracoa Baracoa, puerto abierto a la brisa, con anclaje en la playa de Miel Mata pequeo puerto, el ms oriental. & 2 Costa del sur Departamento Oriental Jurisdiccin de Cuba Baitqueri, Puerto Escondido, pequeos puertos. Guantnamo, baha, una de las mayores de la Isla, con varias ensenadas, la del fondo llamada de Joa. Cuba, puerto con un morro. 20 Jurisdiccin de Manzanillo Manzanillo, fondeadero y puerto habilitado, Jurisdiccin de Bayamo Virmas, ensenada. Departamento Central Jurisdiccin de Puerto Prncipe Junco, estero, lmite de jurisdiccin martima. Santa Cruz o Santa Clara estero. Santa Mara corta baha. V ertientes estero. Jurisdiccin de Sancti Spritus Sabanalama r embarcadero, cerca de la lnea episcopal. El Goleto o Caney puerto habilitado. Jurisdiccin de Trinidad La Ceiba, embarcadero Jobabo ensenada Inmediatos a Trinidad El Maso puerto Casilda, puerto habilitado para la ciudad de Trinidad. Jurisdiccin de Jagua Jagua, hermossima baha y puerto seguro, fortificado; habilitado para el comercio; tiene tres leguas de superficie. 20 Est a los 69 38' 56' de longitud oeste de Cdiz, segn Cevallos y Bauz; 69 39' 30', segn el cuadro estadstico. }

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FELIPE POEY Y ALOY /399 /399 Cochinos ensenada, al principio oriental de la cinaga de Zapata. Cazones ensenada. Matahambre estero, junto a la Punta Gorda. Departamento Occidental La Broa vasta ensenada con fondos para costeros. El Caimito embarcadero al sur de El Rosario Gines Bataban, surgidero al sur de La Habana; con batera, habilitado para el comercio. Guanmar embarcadero para costeros. Majana, ensenada. Sabanalama r, estero. El Gato estero junto a la punta de la Fisga. Corts, ensenada para buques mayores. Corrientes, lo mismo. NOTA: Los ros forman otros muchos surgideros, no mencionados en este captulo; algunos navegables por largo trecho, como se ver ms adelante. Captulo VIII. Islas, cayos y bajos La mayor parte de los cayos septentrionales se encuentran en la parte ms estrecha del canal viejo de Bahama, desde el Sabinal hasta la punta de Hicacos, y tambin en el extremo occidental de la Isla, hasta Baha Honda. Las inmediaciones de La Habana y el extremo oriental son al contrario despejados. En la costa del su r son muchos los cayos esparcidos desde el cabo de Cruz hasta la ensenada de Corrientes, sobre todo en los grupos llamados Jardn de la Reina y Jardinillos El cayo Romano despus de la isla de Pinos, es el mayor de todos. Costa del Norte Los Colorados o Bajos de Santa Isabel arrecifes peligrosos, desde el cabo de San Antonio hasta Baha Honda, dejan boquerones o quebradas que dan entrada a los cayos de Buenavista, Rapado, San Diego, Jutas, Ins de Soto, Leviza, Alacranes y Cayo Blanco. Cayos de Piedras del Mono y del Monillo cerca de punta de Hicacos, importantes para sealar la entrada del canal viejo de Bahama, lo mismo que los tres siguientes. Cruz del Padre, Mgano del Este y bajos de Nicolao. Cayos de Marillanes }

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OBRAS 400\ 400\ Cayos Francs de Cobos de Ensenachos y de Santa Mara que forman grupo. Cayo Romano dividido transversalmente tiene al norte los cayos de Cruz del Barril y Paredn Grande ; al oeste, cayo Guillermo y la Balaza ; al este, cayo de Guajaba en las Caravelas del Prncipe ; al su r los cayuelos de Curunuc al extremo oriental de Jage y Dan paso a la isla de Turiguan inmediata a la costa y a la ensenada de Morn. Cayo de Moa. Costa del Sur Banco de Buena Esperanza, al oeste del cabo de Cruz. Cabos de Manzanillo. Laberinto de las Doce Leguas o Jardn de la Reina Las Jamaicanas forman el grupo oriental; luego siguen los Caballones cayo Grande y cayo Bretn Al norte Rabihorcado y cabos de Ana Mara ; y en el extremo occidental, Saza Afuera Placeres de la Paz y de Jagua. Banco y cayos de los Jardines y Jardinillos que tienen al noroeste el Rabihorcado ; al suroeste el Rosario y al sur el cayo Largo Ms al norte: de ese banco se hallan cayo de Piedras y cayos de Diego Prez y de Don Cristbal o de Juan Luis Cayos de las Gordas Cayos de Rabihorcado y cayo Dios inmediatos a la isla de Pinos. Cayos de los Indios y de San Felipe al oeste de la misma. Isla de Pinos Con el pueblo de Nueva Gerona, capital de la colonia de la Reina Amalia, fundada en tiempo del gobernador don Francisco Dionisio Vives, a la orilla occidental del ro Casas. F orma ahora una comandancia militar y poltica. Tiene adems el pueblo de Santa Fe con el ro del mismo nombre, y el ro de las Nuevas Los montes, puestos por orden de altura, son Caada, Daguilla, Casas y Caballos Tiene al oeste la ensenada de Siguanea, que termina al suroeste con el cabo Francs donde se halla el puerto del mismo nombre; los otros cabos son: la punta de los Barcos, la de Santa Fe y la del Este La Isla tiene en el medio una cinaga que la divide longitudinalmente, y da paso en un solo punto. La superficie es de 68 leguas. 21 21 8 leguas, segn las nuevas medidas y clculos de Lanier: vase su trabajo sobre la isla de Pinos, impreso en las Memorias de la Sociedad Patritica de la Habana, ao de 1836. Los mapas antiguos daban demasiada extensin a esta isla, por lo que Bauz y el cuadro estadstico contaban 95 leguas de superficie.

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FELIPE POEY Y ALOY /401 /401 Captulo IX. Estrechos y canales La Isla tiene al norte el canal viejo de Bahama cuya parte ms estrecha empieza al este en la punta de Maternillos, y al oeste en la de Hicacos; el canal de Santarem entre el Banco de Bahama y el placer de los Roques; y el nuevo canal de Bahama o de la Florida Los dems que se encuentran entre los cayos de la costa son pasos estrechos, la mayor parte sobre bancos. Costa del norte Los boquerones que dejan al oeste los colorados toman el nombre de los cayos a los cuales conducen, y han sido referidos en el captulo anterio r. En el canal viejo de Bahama se hallan los siguientes: Canal del Pargo frente a la roca del ro de la Palma. C. de Sagua la Grande. C. de Marillanes, por medio de los cayos de este nombre C. de Sagua la Chica. C. de San Juan de los Remedios al oeste del cayo Cobos. Paso de la Mamuy entre la Baliza y Turiguan. C. del Pe rro al oeste del cayo Coco. Paso de Cunucuc al sur de cayo Romano. Boca de las carabelas del Prncipe Costa del sur Canal de Balandras al este del Banco de Buena Esperanza. C. de los Cuatro Reales. C. del Este al principio del laberinto de las Doce Leguas. C. del Pinge ms al norte, entrada para los cayos de Ana Mara. Boca de los Caballones y Boca Grande en medio del laberinto. C. del Rosario C. de las Gordas. C. de la Hacha frente a Bataban. Captulo X. Lagunas Cinagas, salinas Las lagunas verdaderas se encuentran casi todas en el departamento occidental, a lo menos las que ofrecen alguna importancia y nombre conocido. No as las cinagas que aniegan una proporcin considerable de las costas del su r En estos mismos terrenos se hallan lagunas numerosas, pero de corta extensin.

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OBRAS 402\ 402\ Cinagas La cinaga principal que conocemos es la de Zapata, que est en el fondo de la ensenada de la Broa. Los dems terremos de la costa anegados hasta la distancia de una legua, ms o menos, son los siguientes: Costa del norte Desde el ro de Jatibonico hasta el puerto de Jibara, por espacio de 45 leguas; sobre todo en Nuevitas. Costa del sur Est anegada en toda la longitud que media desde el ro Cauto, que corre por la cinaga del Bue y hasta la ensenada de Corts; principalmente en el departamento central, a excepcin del trozo firme que est entre el lmite oriental de Trinidad y la baha de Jagua. El centro de la Isla ofrece terrenos pantanosos, al sur de Morn, y en la lnea episcopal. Lagunas En la lengua de tierra occidental que estrechan las ensenadas de Guadiana, de Corts, y ms adelante la de Corrientes, se hallan varias lagunas mayores, cuya principal se llama de Siguanea inmediata al cerro de Cuyaguateje. Las otras del departamento occidental y de algunos otros puntos de la Isla son las siguientes: L. de Piedras al oeste de la ensenada de Majana. L. de Fuente Paloma al este de la boca de la Ortigosa. L. de Ariguanabo que tiene como 2 leguas de superficie y 8 varas en el punto ms profundo. L. de Berroa al oeste de Bacuranao. Lagunas de Guanamn al sur de los Palos, y principio occidental de la cinaga de Zapata. L. del Tesoro al norte de la ensenada de Cochinos, y principio oriental de la misma cinaga. L. de Caobillas cerca de este pueblo. L. Nueva al sureste de Guamutas. L. de Guanaroca formada por un brazo del ro Arimao, comunicando con la baha de Jagua. L. Grande cerca de Guantnamo, al norte de la ensenada de Joa. Salinas Las hay en varios puntos de la Isla. Principalmente en los siguientes: Al norte de punta de Hicacos, puertos de Malagueta, del Padre, de Nipe, y ro Sagua; al su r ensenadas de Majana y de Cochinos.

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FELIPE POEY Y ALOY /403 /403 Captulo XI. Ros Los ros de la isla de Cuba son generalmente cortos por causa de la poca latitud del terreno y de la direccin de los montes, que vierten en las costas de norte y del su r Algunos que toman su origen en sierras inmediatas a la costa, ganan en rapidez lo que pierden en extensin; como sucede en el departamento oriental, en las vertientes meridionales de la Sierra Maestra, y en la costa de Jagua a Trinidad, donde son ms los torrentes que los verdaderos ros. El mayor de todos es el Cauto que corre de oriente a poniente y recibe los desages de la Sierra Maestra y de las de Holgun; los otros ms considerables son Sagua la Grande y Sagua la Chica, Jatibonico del norte y del su r Saza, Agabama, Hanbana y Cuyaguateje. La estacin de las aguas hace crecer considerablemente los ros de la Isla, y muchos causan inundaciones por los campos. La costa su r casi toda cenagosa, no permite a otros el llegar hasta el ma r siendo crecido el nmero de los que se pierden derramados por sus inmediaciones. V arios se sumergen en la mitad de su curso y vuelven a salir a grandes distancias del sumidero, como Jatibonico del norte y otros ros menores que se hallan de La Habana a los baos de San Juan. Los ros que bajan de las Sierras de Trinidad producen frecuentes cascadas, y tienen las aguas ms potables, por su limpieza y buena calidad que les comunica el aire y el terreno. El Agabama es uno de los que tiene ms limpio caudal de agua; y el A y uno de sus confluyentes desciende de sierra en sierra, formando hermossimas cascadas en sitios sumamente pintorescos. El Moa, en el departamento oriental segn se refiere en el cuadro estadstico, tiene una cascada de unas cien varas de alto. El numero de ros es considerable: se podr juzgar por los siguientes que me han parecido tener bastante importancia para entrar en este compendio, y llegan a 110. Casi todos tienen surgideros para buques costeros, aunque solamente se indican los principales. & 1 Departamento Occidental Gobierno de La Habana Guadiana. Corto ro en la baha de su nombre. Mantua pasa al sur de este pueblo y desemboca al norte de la punta de los rganos. Maniman corto ro; nace en las sierras de Aguacate y desemboca ms al oeste de Baha Honda. La Ortigosa entre Baha Honda y Cabaas. La Dominica pequeo; entre Cabaas y Mariel.

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OBRAS 404\ 404\ Mosquitos pequeo ro, al este de Mariel. Guajaibn, pequeo, y formando un surgidero con torren. Banes, pequeo, pero concurrido por causa de su buen surgidero, defendido por un torren; nace en la sierra de Anafe. Baracoa corto ro, con torren. Jaimanitas muy corto ro. Marianao, pequeo; pasa por el pueblo de su nombre y recibe a Arroyo Arenas. La Chorrera en su origen Almendares, con un castillo en la boca. Nace en Tapaste, pasa por la ermita de Santa Catalina, Calabazal, Puentes Grandes, y entra en el mar al oeste de La Habana. Una zanja, que empieza en el lugar llamado Lucillo, conduce el agua a la ciudad de La Habana, y corre hoy por un hermoso acueducto. Luyan cortsimo ro que serva de aguada a los primeros habitantes de La Habana, en cuya baha desemboca. Cojma r corto ro con castillo. Bacuranao, corto ro con castillo. Guanabo pequeo; pasa por el pueblo de su nombre. Jaruco surgidero notable y concurrido, con una batera en la boca. Santa Cruz pequeo ro; tiene en la boca la poblacin de su nombre. Gobierno de Matanzas Canas en los arcos de su nombre. Puerto Escondido Yumur navegable media legua con lanchones; entra en la baha de Matanzas, al oeste de la ciudad. San Juan navegable como el anterio r entra en la misma baha, al este de la ciudad. Canmar navegable cerca de dos leguas con buque de vapor que llega hasta una corta poblacin llamada el Embarcadero Entra en la misma baha. Camarioca corto ro. Sigue la jurisdiccin de La Habana. Siguagua, pequeo ro que entra en la ensenada de Crdenas. La Palma desemboca frente al canal del Pargo. Lmite de jurisdiccin Sierra Morena, muy corto. Departamento Central Jurisdiccin de Santa Clara Sagua la Grande. Grande ro; nace al sur de esta villa, en las sierras del Escambra y pasa por Santo Domingo y el embarcadero, y desembo-

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FELIPE POEY Y ALOY /405 /405 ca frente a los cayos de Marillanes. Surgidero notable y navegable por espacio de cinco leguas. Lmite de jurisdiccin Sagua la Chica grande ro que nace en la sierra del Escambra y al este de Santa Clara; forma buen surgidero. Lmite de Santa Clara y San Juan de los Remedios. Jatibonico del Norte lmite de San Juan de los Remedios y Sancti Spritus. Nace al sur de la sierra de Matahambre, de una laguna que tambin da nacimiento a Jatibonico del sur; atraviesa en su curso dicha sierra interiormente, corriendo una legua por debajo de tierra y forma al salir unas cascadas cortas, pero ruidosas. Jurisdiccin de Sancti Spritus Los Perros, en su origen las Chambas ; nace al norte de la sierra de Matahambre, pasa por camageyano, y entra en el mar cerca del anterio r. Nauy desemboca en la laguna de Morn, formando el embarcadero de su nombre. Lmite de jurisdiccin La llana, en su origen Pablos, lmite de Sancti Spritus y Puerto Prncipe. Jurisdiccin de Puerto Prncipe Caunao, desagua ms al este del embarcadero de Sabanalama r. Jige forma puerto al este de la punta Curiana. La Guanaja forma puerto al sur de cayo Romano, cerca de Punta Brava; corre por el sur de la sierra de Cubitas con direccin al este y forma codo al extremo para volver al norte. Mximo al este del meridiano de Puerto Prncipe; entra en la baha del Sabinal. Saramaguacn caudaloso y navegable; entra en la baha de Nuevitas. Departamento Oriental Jurisdiccin de Bayamo Las Cabreras lmite del departamento militar; se pierde en la cinaga de la costa, con direccin a Nuevas Grandes. Lmite de jurisdiccin Yarigu lmite en su boca de Bayamo y de Holgun; entra en el puerto de Manat.

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OBRAS 406\ 406\ Jurisdiccin de Holgun Jibara, entra por el pueblo y en el puerto de su nombre. Tocay recibe, orilla izquierda, al Bijarr; orilla derecha del Baguano, y entra en la baha de Nipe. Jurisdiccin de Cuba Nipe, cuya boca sirve de lmite entre Holgun y Cuba. Corre por el norte de la sierra de su nombre. Mayar nace al sur de la sierra Cristal, y entra en la baha de Nipe. Beita corto ro que entra en el puerto de Tnamo. Sagua Oriental 22 caudaloso y navegable con lanchones; pasa, la orilla derecha por Sagua y desemboca entre Tnamo y Cebollas. Cabaas corto ro, antiguo lmite de Baracoa. Jurisdiccin de Moa Moa, nace en las cuchilllas de Toar; desciende de salto en salto y se sumerge en la sierra de su nombre; a la salida forma una cascada de 100 varas de altura y desemboca frente al cayo de Moa. & 2 Costa del sur Departamento Oriental Lmite de jurisdiccin Sabanalama r entre Baracoa y Cuba; al principio nace y corre por la sierra de V ela. Jurisdiccin de Cuba Bactqueri corto ro; entra en el puerto de este nombre. Y ateras, grande, con caleta. Guantnamo grande, corre de oeste a este; entra en la baha de su nombre: recibe, orilla izquierda al Tiguabo, en su origen Jaiba y forma puerto en su boca. Bacanao corto y con surgidero. Aguadores muy corto, con surgidero y batera; recibe al Lagunas, aguada de Santiago de Cuba. Y arayo, entra en la baha de Cuba. Tarquino cortsimo, con surgidero; lmite en su origen entre Manzanillo y Bayamo. 22 Le llamo oriental para diferenciarlo de las otras dos Saguas.

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FELIPE POEY Y ALOY /407 /407 Jurisdiccin de Manzanillo Vicana, corto, pasa por Vicana. Y ara corto, pasa por Y ara y desmboca al norte de Manzanillo. Lmite de jurisdiccin Jicotea, entre Manzanillo y Bayamo, nace en la Sierra Maestra. Jurisdiccin de Bayamo Buey, corto ro con estero. Cauto caudaloso, el mayor de toda la Isla, recorriendo 50 leguas en su curso; navegable unas 20 leguas en su curso, pero obstruido en la boca que no da entrada con la marea baja. Nace en la sierra del Cobre, sirve de lmites a Holgun y a Jiguan, y pasa por Cauto del Embarcadero. Recibe, orilla izquierda, al Y arayabo, al Contramaestre, que separa a Cuba de Jiguan, y al Bayamo ; recibe, orilla derecha, al Salado que recibe a otros muchos ros, y confluye ms arriba de Cauto, llamado el Embarcadero. Tana al principio Jobabo; en la ltima parte de su curso sirve de lmite departamental. Lmite de jurisdiccin Sevilla, lmite civil y de real hacienda, y al mismo tiempo entre Puerto Prncipe y Bayamo. Departamento Central Jurisdiccin de Puerto Prncipe San Juan o Najaza, entra en el mar formando esteros. Santa Clara en su origen San Pedro, con surgidero al oeste de la punta de Macurijes. Altamira o Durn con direccin a la baha de Santa Mara. El Caney entra en este ltimo puerto. Jurisdiccin de Sancti Spritus Jatibonico del su r tiene el mismo origen que Jatibonico del norte. Pasa por Jbaro. Saza, caudaloso y de hermosas aguas; nace en los Remedios, pasa tres leguas este de la villa de Sancti Spritus, por Algodonal, y forma buen surgidero en su boca. Lmite de jurisdiccin Iguanojo, entre Sancti Spritus y Trinidad.

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OBRAS 408\ 408\ Jurisdiccin de Trinidad. Agabama, en su origen Manat, hermoso ro y navegable. Nace en las sierras del Escambra y jurisdiccin de Santa Clara y corre por la de Trinidad. Recibe orilla derecha al Ay que nace con el nombre de ro de los Negros, en las trancas de Glvez; corre por sierra del Y aguanay y baja con varios saltaderos y sumideros hasta el pueblo de su nombre. Guaurabo o Tallaba al oeste de Trinidad, navegable. Nace en sierra de San Juan de Letrn. Guanayara corto, baja de la hacienda de Aguacate. Ro Hondo corto y rpido; navegable media legua. Lmite de jurisdiccin San Juan corto ro; nace al este de la Cabeza del Muerto. Sirve en su boca de lmite entre Jagua y Trinidad. Jurisdiccin de Jagua Gaviln, corto ro. Arimao nace en las sierras del Escambray; pasa por Camarones, deja a la derecha el pueblo de su nombre y entra en la baha de Jagua. Caunao, nace en las mismas sierras; pasa por Camarones, deja a la derecha el pueblo de su nombre y entra en la baha de Jagua. El Salado navegable tres leguas, entra en la misma baha; al este de Cienfuegos. Damuj lmite de real hacienda; entra en la misma baha; navegable seis leguas. Lmite de jurisdiccin Hanbana, nace al sur de lvarez; toma en su curso el nombre de las haciendas que recorre, pasa por Caimito y Hanbana y se pierde en la laguna del Tesoro que est en el principio oriental de la cinaga de Zapata. Recibe al arroyo Mayabn con el cual forma los lmites del departamento occidental. Hatiguanico, contina los mismos lmites; pasa por medio de la ensenada de Zapata y entra en la ensenada de la Broa. Departamento Occidental Gobierno de La Habana Gines, sale en la Catalina de un ojo de agua copioso y limpio, con bastante caudal para fertilizar una vasta llanura por medio de caeras entre las cuales algunas dan movimiento a los trapiches; pasa a corta distancia de la villa de Gines, y toma en la boca el nombre de Mayabeque con buen surgidero. El llano de Bainoa, terreno anegado entre las lomas de Madruga y de Jaruco, alimenta el ojo de agua y

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FELIPE POEY Y ALOY /409 /409 hace crecer los arroyos que entran en el ro de Gines, causando inundaciones en la Catalina, por lo que se ha trasladado la iglesia en Corral Nuevo. El Marpot n es un torrente seco en lo restante del ao, y en aquellas circunstancias muy impetuoso, pues basta a contener en gran parte el curso de las aguas que bajan de la Catalina y del arroyo Culebra Govea nace en las inmediaciones de Managua y entra en la laguna de Ariguanabo. San Antonio sale de la laguna de Ariguanabo y se sumerge a poca distancia de la villa. Capellanas pasa por Guajay y se sumerge antes de llegar al camino de San Marcos. 23 San Juan nace entre las sierras de San Salvador y del Cuzco, pasa por los baos de su nombre, por Guanacaje, y se derrama en la costa frente a la punta de Salinas. Bayate, tiene el mismo nacimiento; deja, orilla derecha a Candelaria y entra en el mar cerca de la ensenada de Majana. Sabanalamar nace en las sierras del Aguacate, y entra en el estero de su nombre. Santa Cruz nace en la misma sierra, deja a la izquierda a San Cristbal y a los Pinos, y forma el estero de Santa Cruz. Bacunaguas baja de la sierra del Rosario. Palacios nace en dicha sierra; pasa por el pueblo de su nombre y desemboca al este de la punta de Media Casa. San Diego forma los famosos baos de su nombre. Ro Hondo nace en los rganos, pasa por el sur de Consolacin, y forma en su boca el estero del Gato. La Coloma corto ro con surgidero. La Llanada nace en los rganos, pasa por las vegas de Pinar del Ro y deja al oeste este pueblo. Guam nace al este del cerro de las Cabras, y desemboca muy cerca del anterio r. San Juan y Martnez corto ro; pasa por el pueblo de San Juan y desemboca en la ensenada de Corts. Galafre corto, entra en la misma ensenada. Cuyaguateje caudaloso, el mayor de Vuelta Abajo, con buen surgidero. Nace en los rganos, entra en un sumidero al principio de su curso y vuelve a salir por otro boquern; pasa por Guanes, al pie del cerro de su nombre, y desagua en la ensenada de Corts. 23 Otro arroyo se sumerge en San Marcos. Otro ro, se sumerge y vuelve a sali r entre Callajabos y las Mangas, perdindose despus en las inmediaciones de la ensenada de Majana.

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OBRAS 410\ 410\ Captulo XII. Caminos reales Fuera de la calzada de Marianao inmediata a La Habana, entretenida por la Junta de F omento, los dems caminos son generalmente malos, sobre todo en tiempos de aguas en que se ponen a veces intransitables; su descomposicin proviene principalmente de las carretas que tienen los camones de las ruedas muy delgadas. En el captulo III, adoptando el nombre de los caminos para dar cuenta de los pueblos de la Vuelta Abajo, he sealado los que se encuentran desde La Habana hasta San Diego. En este compendio dar razones solamente de los dos caminos siguientes: De La Habana a Cuba HABANA, Jess del Monte, Luyan, San Miguel, Santa Mara del Rosario, Tapaste, Aguacate, Ceiba Mocha, MATANZAS, ros de San Juan y de Canma r Limonal, Cimarrones, Guamutas, Ceja de Pablo, lvarez, Ro de Sagua la Grande, Esperanza o Puerta de Golpe; VILLA CLARA, taberna del Escambra y Sagua la Chica, Guaracabulla, SANCTI SPRITUS, ro Saza, Jicotea, Ciego de vila, San Gernimo, Arroyo Tnima, PUERTO PRNCIPE, Guimaro, ro Jobabo, las Tunas, paso del Salado, ro Cauto, Bayamo, ro Cautillo, Jiguan, ros Baire y Contramaestre, Palma Soriano, ros Y arabo y Y arayo; CUBA. De La Habana a Trinidad HABANA, San Francisco de Paula, taberna del Dique, lomas de Camoa, San Jos de las Lajas, sitio y lomas de Candela, GINES, Pipin, Bermeja, Alacranes, Caimito, ro Hanabana, ro Damuj en el paso de los Abreus, pueblo y ro de Caunao, ro Arimao y otros varios entre los cuales los principales son el Gaviln, San Juan y Guaurabo. Captulo XIII. Caminos de hierro Las nuevas empresas sobre caminos de hierro, antes desconocidas en el pas, se deben al celo de la Junta de Fomento presidida por el Excmo. S r Conde de Villanueva, intendente de Ejrcito. En noviembre de 1835 se dio principio al camino de La Habana al Rincn, poblacin distante una legua suroeste de Santiago. El terreno ofrece mucha dificultad, sobre todo en el trnsito de Almendares al Rincn, donde hay muchas rocas que parti r y un camino subterrneo que practica r de 112 varas de largo. Por otra parte, es necesario elevarse a 75 varas sobre el nivel del ma r y terraplenar mucho terreno. El presupuesto de los gastos es de 600 000 pesos.

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FELIPE POEY Y ALOY /411 /411 Se ha contratado la continuacin de este camino hasta la villa de Gines que presenta una nivelacin ms favorable. Se formaran proyectos costeados por la Junta de F omento para estmulos de nuevos empresarios, acerca de los ramales del Rincon a San Antonio y a Bataban, y de Gines a los Palos. Al este de Matanzas hay dos proyectos para caminos de hierro; debiendo uno empezar en el embarcadero de Crdenas y otro en el de Canmar; el primero ir hasta la taberna de Bemba, 6 leguas norte su r, y el segundo hasta la del Coliseo, que se halla entre Guamutas y Cimarrones.

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Relaciones con algunos naturalistas espaoles Uno de los primeros zologos espaoles que se puso en contacto con Felipe Poey fue Laureano Prez Arcas, profesor de la Universidad Central de Madrid y del Gabinete de Historia Natural en esa ciudad, quien estaba interesado en el intercambio de insectos de Espaa por moluscos de Estados Unidos, y en obtener para su coleccin malacolgica caracoles cubanos, de los cuales nuestro naturalista le hizo llega r en varias ocasiones, y por diferentes vas, algunos ejemplares. Jaime Morales, un amigo de don F elipe, le entreg en 1855 a Prez Arcas varios especmenes de caracoles terrestres y fluviales de la Isla; y Juan Ors, un pariente de Poe y casado con su prima Mercedes Presno, le llev en 1856, desde Cuba, una caja con 80 especies de caracoles terrestres formada por 200 individuos de diferentes localidades, as como tambin un ndice impreso de su coleccin de moluscos, con el que el CU AR T A P AR TE R ELACIONES CON CIENTFICOS EXTRANJEROS

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FELIPE POEY Y ALOY /413 /413 espaol podra nombrarlos sin dificultad alguna. Poey aprovech el viaje a Madrid que su hijo Andrs realiz en 1860, cuando cumpla una misin cientfica como director del Observatorio Fsico-Meterico de La Habana, para enviarle a Prez Arcas una caja con caracoles cubanos. Don Felipe recibi a cambio varios ejemplares de colepteros y el ofrecimiento de continuar en el futuro las relaciones cientficas, sobre la base de la colaboracin y el intercambio de material zoolgico. Con los aos, el intercambio dio paso a una gran amistad, cuya continuidad qued unida a mutuos intereses de trabajo, tan as es que, ambos, con el tiempo, se presentaron amigos y reciprocaron amistades. Poey le inform acerca de los trabajos que su colega, el naturalista alemn residente en Cuba Juan Cristbal Gundlach, estaba haciendo en relacin con los estudios zoolgicos, y le envi algo de lo que ste colectara durante un viaje de exploracin por la Isla, que dur desde 1855 a 1858. U[sted] ve aqu escribi Poey a Prez Arcas, cuando le remiti cierta cantidad de ejemplares de moluscos el fruto del viaje del D r Gundlach por el departamento oriental, y eso sin haber salido de Trinidad. Y a parti para Santiago de Cuba, Baracoa, etc. Y a ver U[sted] de ah maravillas. 1 Laureano Prez Arcas, por su parte, lo puso en contacto con Mariano de la Paz Graells, director del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, y una de las figuras claves para que nuestro naturalista, desde Cuba, pudiera hacer sus anotaciones ictiolgicas, tomando como base los ejemplares de la coleccin de peces de Antonio Parra, depositada desde 1791 en el antiguo Gabinete de Historia Natural. Graells, por otra parte, posea conocimientos sobre la fauna piscola y era autor de un Catalogo de las especies de peces que frecuentan el litoral de Valencia y Catalua una pequea obra donde enumer los nombres cientficos y vulgares de 102 especies de peces. Unas veces Graells, otras el propio Prez Arcas, en ocasiones ambos conjuntamente, dilucidaron varias de las interrogantes que a Poey le surgieron cuando estaba preparando, para los Proceedings of the Academy of Natural Sciences of Philadelphia, su artculo Enumeration of the fish described and figured by Parra, scientifically named by Felipe Poey, el cual vio la luz en 1863. Dos aos antes de publicarse su artculo, el naturalista cubano le comunicaba a su corresponsal espaol: Escribo al S r Graells p[ara] pedirle algunos informes sobre ciertos peces de la coleccin de Parra. 2 1 Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas, fechada el 19 de enero de 1859. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid. 2 Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas, fechada el 25 de mayo de 1861. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid.

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OBRAS 414\ 414\ Y en 1862, cuando ya haba elaborado una lista manuscrita 3 con las denominaciones cientficas que l propona para los peces nombrados comnmente por el portugus, sealaba: El S r Graells tuvo la bondad de mandarme hace tiempo la respuesta a varias consultas mas sobre los peces de D. Antonio Parra, conservados en el Museo de Madrid. V olv a hacer otras consultas que el S r. Graells no ha satisfecho, por lo cual me dirijo a U[sted], para conseguir mi objetivo. 4 Era inters del naturalista precisar ciertos detalles morfolgicos, como por ejemplo, si el Chapn de cuernos en la frente, 5 representado en la figura nmero dos de la lmina 17, en la obra del portugus, tena la aleta caudal trunca o redondeada; si la guavina tena dientes en el vmer y presentaba la mandbula inferior adelantada; quera sabe r adems, si la aleta caudal de la lija trompa como apuntaba Parra era ms ancha que larga, y en el caso del Pez de espada cuan ahilada era su arma. Las respuestas que recibi satisfacieron a medias sus dudas, pues en cartas posteriores reformul algunas, e incluy otras nuevas, no 3 El original de este documento est anexo a las ltimas pginas del libro: Descripcin de diferentes piezas de historia natural las ms del ramo martimo, representadas en setenta y cinco lminas del autor Antonio Parra, perteneciente a la Biblioteca Nacional Jos Mart. El manuscrito tiene por ttulo: Peces de Parra, nombrados por D. Felipe Poey en enero de 1862; corrigiendo las determinaciones de Bloch, Cuvie r, Valenciennes, Guichenot y Saco. Una reproduccin de su contenido puede verse adems en Armando Garca Gonzlez: Antonio Parra en la ciencia hispanoamericana del siglo XVIII Editorial Academia, La Habana, 1989. 4 Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas, fechada el 18 de mayo de 1862. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid. 5 Felipe Poey, en la carta que escribi a Laureano Prez Arcas el 18 de mayo de 1862, utiliz la expresin Chapn de cuernos en la frente ajustndose a las descripciones que bajo el nombre comn de chapn hizo Antonio Parra. En realidad, el portugus figur como macho y hembra de una misma especie, dos especies diferentes. Poey rectific el error en el trabajo Synopsis Piscium Cubensium, publicado en el tomo II del Repertorio fsico natural de la isla de Cuba al nombrarlos como Ostracion undulatus (equivalente a la figura 1 de Parra) y Ostracion quadricorne (equivalente a la figura 2 de Parra). Al sealar las caractersticas de estos peces, escriba en la pgina 439 del referido trabajo: Las especies de esta familia (ostracionida) tienen el cuerpo encerrado en una caja slida, compuesta de piezas escamosas hexagonales a manera de mosaico, carecen de ventrales; cola libre. Las especies del subgnero tienen cuernos arbitrarios, y el carapacho termina posteriormente por otra espina de cada lado. Actualmente, las especies se denominan Lactophrys trigonus (L) o chapn de lunares blancos, y Acanthostracin polygonius (Poey), conocida comnmente como torito exagonal. Las descripciones de estas especies pueden verse en: Daro Guitart Manday: Sinopsis de los peces marinos de Cuba Editorial Cientfico-Tcnica, Ciudad de La Habana, 1985, t. II, pp. 366 y 369.

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FELIPE POEY Y ALOY /415 /415 slo para aclarar ciertos detalles en el anlisis de los peces de Parra, sino tambin para precisar otros que surgieron posteriormente, en el momento de escribir sus artculos sobre la fauna marina y fluvial. El 30 de marzo de 1868, escriba Poey a Prez Arcas: El S r Graells y U[sted] han tenido ya la bondad de informarme sobre algunos particulares. Me quedan dudas acerca de los radios flexibles (no punzantes), indicados por el S r Graells en algunas especies de Scarus que son las Viejas de Parra ; temo que los haya dado por no punzantes por haberles encontrado cierta flexibilidad. En resumen, suplico nuevamente a U[sted] me conteste los particulares que siguen; me alegrar mucho que llegue la contestacin antes del mes de junio para imprimir lo que corresponda en un Apndice del Repertorio. 6 En los renglones siguientes, despus de mostrarse interesado por la obra que su colega espaol preparaba sobre los peces de Espaa, 7 insista en preguntarle quizs confiando ms en sus informes, que en las notas de Graells acerca de las caractersticas del primero de los dos chapines que figuraba en el libro de Antonio Parra. Al respecto escriba Poey: No tiene cuernos delante de los ojos. El S r Graells dice que mide 430 mil[metros] dim[etro] de la base 110. Cuatro chapas en el tronco caudal, una delante, otra detrs, y dos apartadas en el intermedio. Parra no figura ms que una (por delante); asi mismo en el texto. Acaso no ser el original de la lm[ina] de Parra? 8 Prez Arcas no contest la carta hasta el 11 de julio de 1869, y Poey no pudo reflejar en su Synopsis, como deseaba, los pormenores descriptivos. No obstante esto, por los estudios que vena realizando, lleg a la conclusin que, en el caso de los peces llamados comnmente viejas el penltimo y ltimo de los individuos figurados en el libro del portugus, eran de la misma especie, razn por la cual en su resumen s obre estos peces publicado en el Repertorio los nombr Pseudoscarus 6 Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas, fechada el 30 de marzo de 1868. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid. 7 Es muy probable que Poey se refiera en su carta a la Ictiologa ibrica; o sea, Catlogo de los peces marinos y de agua dulce que habitan o frecuentan las costas de la Pennsula Ibrica Esta obra, segn seala Alberto Gomis Blanco en su tesis doctoral: Las ciencias naturales en Espaa en el siglo XIX (1833-1874), morfologa, fisiologa y sistemtica, Madrid, 1988, fue terminada por su autor Laureano Prez Arcas en 1865, y en ese mismo ao depositada en la Biblioteca de la Real Academia de Ciencias Exactas, Fsicas y Naturales. No se public hasta medio siglo despus y en opinin de Gomis Blanco, la cantidad de especies que se citan en ella supera a las de otras obras espaolas escritas con anterioridad. 8 Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas, fechada el 30 de marzo de 1868. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid.

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OBRAS 416\ 416\ psittacus tambin Pseudoscarus superbus o loro, Pseudoscarus coccineus y Scarus lateralis. 9 Muy enriquecedora fue para la obra ictiolgica poeyana las notas suministradas por sus colegas Prez Arcas y Graells; pero para el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, institucin a la cual se encontraban vinculados los dos espaoles, debi ser tambin de inapreciable valor recibir los materiales que el naturalista cubano les hizo llega r. Segn consta en una carta que la Direccin Administrativa del Gobierno Superior Civil de la isla de Cuba enviara a Felipe Poey el 21 de noviembre de 1863, 10 a l se le haba concedido con fecha de 5 de junio de 1863 la comisin de 500 pesos, que el Gobierno de la Metrpoli, por Real Orden del 5 de abril de 1861, asignara al presupuesto anual de Cuba, para que con ellos se adquiriesen y remitieran al Museo de Ciencias Naturales de Madrid objetos de historia natural. Poey renunci a la comisin un ao despus de habrsele concedido; 11 pero independiente 9 En la actualidad, estas especies se nombran Scarus vetula, conocido vulgarmente como loro reina; Sparisoma viride o loro y Sparisoma chrysopterum, llamado comnmente loro colirrojo. 10 La referida carta tiene el membrete del Gobierno Superior civil de la isla de Cuba. Direccin de Administracin. Seccin de Gracia y Justicia e Instruccin Pblica, y aparece firmada por Juan de Arias. El original se conserva entre los papeles de Felipe Poey, en: A. H. Museo Finlay, carpeta 1, documento 91. 11 Entre las causas que provocaron su renuncia quizs influyeron las de ndole burocrtica. La siguiente comunicacin hecha a Felipe Poey el 14 de julio de 1863 por la Intendencia General de Ejrcito y Real Hacienda de la Siempre Fiel Isla de Cuba, pudiera interpretarse como una de ellas, aqu se dice: Enterado de la comunicacin de U. S. de 25 del mes prximo pasado, en q[ue] solicita se le entreguen los quinientos pesos q[ue] figuran en el presupuesto del ao p[rximo] p[asado], pa[ra] la adquisicin en esta Isla de los objetos de historia natural q[ue] deben remitirse al Museo de Ciencias de Madrid, he acordado contestar a U. S., de conformidad con lo informado en el asunto por la Contad[ura] G[eneral] de Hacienda, q[ue] estando terminantemente prohibido toda clase de anticipaciones, se hace necesario presente U. S. la cuenta respectiva de la inversin de los citados quinientos pesos, a fin de proceder a la expedicin del oportuno libramiento. La carta es copia del original depositado entre los papeles de Felipe Poe y en: A. H. Museo Finlay, carpeta 1, documento 81. Ms informacin acerca del asunto de la comisin creada para remitir al Museo de Ciencias Naturales de Madrid objetos de historia natural nos la ofrece Felipe Poey en la carta que escribiera a su amigo Laureano Prez Arcas. En sta plantea que La Real Orden que manda asignar en el presupuesto de esta isla 500 pesos anuales p[ara] enriquecer el Museo de Madrid, propiam[ente] p[ara] mandar objetos de hist[oria] nat[ural] al Gabinete de Madrid es del 5 de abril de 1861; fue pedida y obtenida por el S r Graells y ms tarde obtuvo sus efectos en el presupuesto. No cre comisin para esto. Y o me ofrec cumplirla en 1863, y renunci en D. Juan Antonio Fabre en 1864. Muerto Fabre pas la comisin a D. Rafael Arango, q[ue] U[sted] conoce. La tal comisin nos ha sido dada aqu por el Cap[itn] General en virtud de la Real Orden. El S r Graells llevaba

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FELIPE POEY Y ALOY /417 /417 mente de su temprana renuncia, pudo hacer algunas remesas de materiales a Espaa. Mariano de la Paz Graells, en calidad de director del Museo, el 25 de octubre de 1864 dej constancia en un acuse de recibo 12 remitido a Poe y, de aquellos objetos que ste envi a la institucin. La relacin contena dos tiburones grandes disecados, dos colecciones de moluscos terrestres, un herbario con cien plantas, veinte y dos peces disecados, seiscientos setenta y dos insectos, un modelo de crneo de indio caribe y varios crustceos, todos, como se especificaba en el recibo, en perfecto estado de conservacin. En remesas posteriores, el Museo pudo contar con una coleccin de aves representada por un cuervo, el llamado sabanero, dos individuos de especies diferentes del pjaro carpintero, el churroso y el verde, y por un arriero; algunos minerales entre los que incluy la llamada serpentina de Regla, de la cual ya Alejandro Humboldt haba hablado en su Ensayo poltico sobre la isla de Cuba ; varios moluscos terrestres y fluviales; un cocodrilo y una tortuga de agua dulce. principalmente la mira de procurarse objetos vivos p[ara] el Jardn de Aclimatacin; pero nos era imposible procurar lo que ms deseaba, unos bizontes, llamas, etc., y as hemos mandado cosas propias ms bien de un gabinete. Ignoro si Arango ha seguido mandando con puntualidad. l vive en la Hab[ana], calle del Sol No. 70. No tengo la Real Orden, tal vez la he dado a Arango, o no la he visto nunca; me bast ver la cantidad asignada en el presupuesto p[ara] pedir la autorizacin al Cap[itn] G[eneral] llmese Comisin. Es cuanto puedo decir con la premura del tiempo. Creo que la verdadera Comisin fue dada al Cap[itn] G[eneral], y pas a nosotros por delegacin. Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas, fechada el 14 de agosto de 1871. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid. Por la informacin que se suministra acerca de la comisin de enviar al Museo de Ciencias Naturales de Madrid objetos de historia natural, otorgada en una poca a Poey, haremos referencia tambin, a la contestacin que Laureano Prez Arcas dio a una de las cartas que nuestro naturalista le enviara. Al dorso de la misiva que Poey escribiera a su corresponsal en la pennsula el 28 de febrero de 1873, aparece la siguiente nota: [...] nos hemos alegrado mucho de que haya renunciado Arango la comisin, y que es indispensable que la tome l o Gundlach; quizs a ste si no cumple, que si va Gundlach a Puerto Rico querramos para el Museo la primera coleccin, si no una de las primeras, y emplear en ella una o ms anualidades de los 500 {$] que si no va Gundlach o sobra dinero, me ha dicho Colmeiro que convendra al Jardn una coleccion de frutas, y de semillas de tamao; Martnez que de mamferos solo hay tres murcilagos y una juta; que mandar lista de lo que haya de aves y reptiles; los peces vinieron muy bien preparados pero convendra en espritu de vino los que se pudieran remitir [...] Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas fechada el 28 de febrero de 1873. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid. 12 La fecha de este acuse de recibo es de 25 de octubre de 1864, tiene el membrete del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y est firmado por Mariano de la Paz Graells. Papeles de Felipe Poey, en: A. H. Museo Finlay, carpeta 2, documento 3.

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OBRAS 418\ 418\ Esta ltima relacin, aunque no muy extensa en ejemplares, s tuvo sus particularidades, pues el cocodrilo y la tortuga Poey los cri con verdadero empeo para enviarlos vivos a Espaa. Las atenciones que en el futuro deban tenerse con el cocodrilo no le preocuparon mucho, ya que, segn testimonio, coma bien en su batea, y esperando el da del embarque haba crecido tres pulgadas, pero la tortuga o jamao, s requera de ciertos cuidados, y por ello aclaraba: [...] est siempre renuente a tomar alimentos; el S r Graells tendr que amansarlo. 13 Poey continu haciendo de vez en cuando algunas remesas de peces disecados, fomentando al cabo de varios aos una gran coleccin ictiolgica que estuvo representada por ms de medio centenar de individuos, muchos de los cuales se expusieron como muestras de las producciones de los mares tropicales en las vitrinas del Museo madrileo. 14 13 Comunicacin de Felipe Poey al Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Documentacin del Archivo de Ciencias Naturales. Carpeta. Correspondencia, Museo, ao 1871, en: A. H. M. H. N. Madrid. 14 La cantidad de peces disecados enviados por Felipe Poey al Museo de Ciencias Naturales de Madrid ascendi a la cifra de 53. La lista de stos con los nombres cientficos y vulgares, tal y como aparecen escritos en el fichero de la coleccin general de peces (peces enviados por Felipe Poey) al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, revisado por m en noviembre de 1988, se ofrece a continuacin. Nombre cientfico Nombre vulgar 1. Holocanthus tricolor (Bl) ? 2. Seriola lalandi (C y V) Coronado 3. Scoliodon porosus (Poey) Cazn de playa 4. Pomacanthus paru (Bloch) Chivirita o chivirica 5. Neomaenis vivanus (C y V) Pargo de lo alto 6. Lachnolaimus maximus (Wallaum) Perro 7. Haemulon album ( C y V) Tallao 8. Gymnosarda alleterata (Rafinesque) Albacora, bonito 9. Etelis oculatus (C y V) Cachucho 10. Epinephelus striatus (Bloch) Cherna criolla 11. Chylomycterus schoepfi (Wallaum) ? 12. Caranx hippos (L) Jiguagua 13. Apsilus dentatus (Guichenot) Arnillo 14. Anisotremus surinanensis (Bloch) Ponpon 15. Albula vulpes (L) Macab 16. Platophrys lunulatus (L) Lenguado 17. Tarpon atlanticus (C y V) Sbalo, tarpn 18. Neomaenis analis (C y V) Pargo criollo 19. Neomaenis apodus (Wallaum) Caj

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FELIPE POEY Y ALOY /419 /419 Pero no fueron slo ejemplares zoolgicos los que l remiti a sus amigos y colaboradores en la Pennsula, tambin comparti informacin de sus estudios en otros campos de las ciencias naturales. Miguel Rodrguez Ferre r su colega espaol, comunic sus criterios acerca de los restos fsiles encontrados por ste en Cuba en la dcada 20. Bathystoma striatum (L) Boga 21. Neomaenis bucanella (C y V) Seis, seis de lo alto 22. Priacanthus arenatus (C y V) Catalufa 23. Haemulon parra (Desmarest) Ronco, ronco blanco, ronco prieto 24. Anisotremus virginicus (L) Catalineta 25. Haemulon sciurus Ronco amarillo 26. Centropristes striatus (L) ? 27. Ocyurus chrysurus (Bloch) Rabirrubia 28. Sparisoma flavescens Vieja colorada, vieja mugre (Bloch y Schneider) 29. Angelichthys ciliaris (L) Isabelita 30. Upeneus maculatus (Bloch) Salmonete 31. Kyphosus incisor (C y V) Chopa amarilla 32. Diplodus argenteus (C y V) Sargo 33. Xystaema cinereum (Wallaum Mojarra de carta, mojarra blanca 34. Alectis ciliaris (Bloch) Pmpano 35. Sphyraena guaguancho (Poey) Guaguanche, guaguanche peln 36. Sphyraena picudilla (Poey) Picudilla 37. Clepticus parrae (Bloch y Schneider) Rabirrubia, genizara 38. Scarus caerulus (Bloch) Loro 39. Sparisoma viride (Bonnaterre) Vieja, loro 40 Scarus vetula (Bloch y Schneider) Vieja 41. Caranx bartholomaei (C y V) Cib amarillo 42. Scarus croicensis (Bloch) Bulln 43. Myriopristis trachypoma (Gunther) Candil 44. Serranus capra (Poey) Cabra mora 45. Mycteroperca venenosa apua (Bloch) Bonaci cardenal 46. Sparisoma abildgardii (Bloch) Vieja 47 Centropomus undecimalis (Bloch) Rbalo 48. Neomaenis mahogonix (C y V) Ojanco 49. Mugil braziliensis (Agassiz) Lisa, lebrancho 50. Megalops atlanticus ( V al) Sbalo 51. Hamulon luteum (Poey) Ronco amarillo 52. Hamulon acutum (Poey) Ronco 53. Hamulon obtusum (Poey) Pompon

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OBRAS 420\ 420\ 15 Documento que se refiere a la mandbula encontrada por Miguel Rodrguez Ferrer en un cayo al sur de Puerto Prncipe y reconocida por Poey como humana, en: A. H. M. H. N. Madrid. 16 Miguel Rodrguez Ferrer: Naturaleza y civilizacin de la grandiosa isla de Cuba. Primera parte: naturaleza, Madrid, 1876, p. 164. de los 40, y que luego donara al Museo de Ciencias Naturales de Madrid en 1850. Poe y quien despus de reconocer las piezas halladas en la isla no dud en catalogarlas como de restos humanos, opin que ellas correspondan a crneos de indios caribes, y a una mandbula inferior humana de gran antigedad. Las observaciones y los dibujos que de la ltima pieza hiciera, fueron evaluados por Mariano de la Paz Graells en estos trminos: Infera pues que un descubrimiento ms decisivo no venga a disipar todas las razones que hemos aducido, creemos muy aventurado y aun sin verdadero fundamento atribuir al hombre unos restos que podrn haber pertenecido a otro animal menos elevado en la serie zoolgica. 15 No obstante el controvertido parecer de Graells, a solicitud del propio Rodrguez Ferre r el Museo espaol cre una comisin para estudiar la mandbula procedente de Cuba. Las palabras con las cuales cierra el informe dicha comisin, las hemos tomado del libro Naturaleza y civilizacin de la grandiosa isla de Cuba publicada por Miguel Rodrguez F errer cinco aos despus de haberse emitido el veredicto cientfico; con ellas, aunque no de manera explcita quedaba reconocida la veracidad de lo expresado por Poey algunos aos antes: En vista de todo lo cual, y sin dejar de respetar las mencionadas dudas del S r Graells, la comisin no vacila un momento en considerar como humana la mandbula fsil de Puerto Prncipe Antes de terminar este escrito la comisin quiere expresar a la Junta el deseo de que se signifique al I[ustrsimo] S r D. Miguel Rodrguez el aprecio con que ha recibido los mencionados objetos cuya significacin es acusado encarecer, pues tanto los crneos por su forma y aspecto singular y anmalo, cuanto la mandbula por ser humana y adems fsil, con la circunstancia de haberse hallado 14 aos antes que la de Moulin Quignon, que tanta fama dio al S r Boucher de Perthes, merecen se le den gracias y se inscriba el nombre del donador al pie de los mencionados objetos. 16

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POEY Y LA SOCIED POEY Y LA SOCIED AD ESP AD ESP AOLA AOLA DE HISTORIA NA DE HISTORIA NA TURAL TURAL En 1871 se constituy en Madrid la Sociedad Espaola de Historia Natural, institucin a la cual perteneci, desde los primeros momentos, el profesor Laureano Prez Arcas. Entusiasmado con el trabajo que desplegara en el futuro la Sociedad, en la sesin preparatoria del 8 de febrero manifest que, entre los objetivos de la proyectada organizacin, estaba el dar a conocer los trabajos de los naturalistas espaoles; intencin que rpidamente le dio a conocer a su amigo Don Felipe. Enterado ste, contest a Prez Arcas con las siguientes palabras: Alabo el proyecto de formar una sociedad para la publicacin de un peridico cientfico y nacional. Desde luego me suscribo y buscar otros suscriptores en la Isla. Tambien procurar mandar un trabajo original pa[ra] la primera entrega. Con este motivo espero que los lazos de amistad, que nos han unido hasta ahora, se estrechen un poco ms. 1 Antes de finalizar el ao, sin prdida de tiempo, Poey remiti a la Sociedad Espaola su primer trabajo, una Plantilla descriptiva ictiolgica, cuyo texto ley el profesor Prez Arcas en la sesin del 6 de diciembre de 1871. Las impresiones de esta pequea obra, en la cual se sealaban los puntos bsicos para el estudio y descripcin de los peces, acompaada de varias explicaciones de trminos tcnicos, quedaron recogidas en la carta que el naturalista espaol escribi el 14 de febrero de 1872: Recib su estimada del 15 de octubre ltimo y con ella la planilla desciptiva, etc.; la le en la Sociedad y gust mucho, ir en la primera entrega con la ortografa y epgrafe que tiene, y se tendrn presentes las advertencias que U[sted] hace [...] 2 1 Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas, fechada el 14 de agosto de 1871. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid. 2 Carta de Laureano Prez Arcas a Felipe Poey, fechada el 14 de febrero de 1872. Papeles de Felipe Poey, en: Archivo del Departamento de Antropologa, Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana.

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OBRAS 422\ 422\ Prez Arcas no comparta algunos de los criterios ortogrficos que Poey propona en su Plantilla para denominar algunas familias de peces: Mucho siento que contine U[sted] con las denominaciones de las familias percidios, triglidos, escardios, etc., en vez de prcidios, trglidos escrdios, ms eufricas y ms anlogas a las latinas; 3 pero como la comisin de publicacin haba establecido, por principio, que cada autor era responsable de sus escritos, l se limit a sealar sus discrepancias a tavs de la correspondencia. Una de las rectificaciones que se atrevi hacerle Prez Arcas tuvo que ver con el aforismo escogido por el naturalista cubano para enfatizar la idea central de su texto. Poey atribua la frase: Nomina, si pereunt, perit et cognitio rerum, a Fabricius, pero al parece r la locucin ya apareca en el libro Etymologiarum, de San Isidoro de Sevilla. Al publicar el trabajo, Prez Arcas aclar la antigedad de la sentencia latina a pie de pgina, y con la mayor cortesa se excus con Poey por lo que l consideraba un gazapo. Su plantilla descriptiva va a la cabeza del nmero y he puesto por nota al aforismo de F abricio lo que dice Linneo y San Isidoro, yendo adems una nota firmada por una (P), que puede decir Poe y si U[sted] la admite y Prez si la rechaza. 4 Felipe Poey ingres oficialmente a la institucin espaola como socio numerario en la sesion de l7 de agosto de 1872, aunque ya desde antes cooperaba con la realizacin de las actividades que se traz la Sociedad. El mismo Prez Arcas lo haba instado a participar desde los primeros momentos: El miercoles principi en nuestra Sociedad la presentacin de socios y quedaron presentados por m U[sted], D. Manuel Presas, D. Fran[cisco] Gimeno, D. Manuel Aguilera y D. Jos Mara Campos; y no lo hice de D. Rafael de Crdenas porque se le olvid a U[sted] decirme en donde viva; pero lo ser tan pronto como sepamos donde vive. Tendra U[sted] inconveniente en ser ah el recaudador de fondos de la Sociedad? U[sted] no tendra ms incomodidad que la de llevar una lista en que apuntara los que pagaban, recibir el dinero, y bien girar U[sted] a nosotros. Una dificultad nos ha ocurrido: hemos sealado una cuota fija para los de Madrid, de provincias y del extranjero, pero no hemos contado con que el descuento por giro sobre Cuba es tan crecido que llega al 25 %, y como la cotizacin es tan slo el corte y costos del peridico, quedaramos perjudicados en una cuarta parte. 3 Ibdem. 4 Carta de Laureano Prez Arcas a Felipe Poe y fechada el 28 de julio de 1872. Papeles de Felipe Poey, en: Archivo del Departamento de Antropologa, Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana.

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FELIPE POEY Y ALOY /423 /423 Si se le podra deci r puesto que hay obligacin de poner ese valor en poder del Tesorero, que los que prefieran pagar en esa deben abonar una cuarta parte por giro. U[sted] me dir si se puede hacer esto, o si se le ocurre algun otro medio mejo r. De D. Jos Mara Campos no dice U[sted] ms sino que vive en La Habana, mas ni pone las seas, y como para evitarle incomodidades sera preferible el remitir desde aqu directamente los ejemplares, sera bueno que U[sted] me lo escriba [...] 5 Al recibir Poey la comunicacin de su colega, le envi a Madrid de vuelta la siguiente respuesta: Recib su carta del 28 de julio. Quedo enterado de que estn presentados como socios los S r Presas, Jimeno (no Gimeno), Aguilera y Campos. Agregue U[sted] mi nombre. An no he podido averiguar donde vive Crdenas. Espero el prospecto p[ara] publicarlo en el Diario de la Marina de la Haba[na]: agregar un apndice; y creo con esto que acudirn otros suscriptores; ignoro por qu U[sted] los llama socios. Necesito saber si se ha de cobrar adelantado la suscripcin de un ao entero: sera prudente hacerlo as. Me encargo de buena gana de la recaudacin y remisin de fondos. Para fijar las cuota, tendr U[sted] presente el importe del giro, que no extrao llegue, como U[sted] dice a 25 % porque se paga aqu en papel de banco espaol, que comparado con el oro, pierde mucho. Anunciar pues $ 3.00 en Madrid o $ 4.00 en La Hab[ana]. Y aun as puede la redaccin salir perjudicada, porque como agente tendr que reembolsarme de mis gastos de Correo. Me parece bien que a cada suscriptor remita a U[sted] directamente la entrega correspondiente, porque de lo contrario tendra que franquear la remisin. Si era franqueo, que har U[sted] desde Madrid, no se ha de tomar en cuenta? No basta pues $ 4.00 pa[ra] [la] suscripcin en La Habana. Y o no puedo dar calor a todo esto, sin recibir sus ltimas instrucciones. Mucho honor me hace la Sociedad al poner mi Plantilla a la cabeza con el nmero 1. Creo que mi nombre y el de Gundlach le valdrn suscriptores en la Haba[na]. 6 La Sociedad Espaola de Historia Natural determin cobrar a los suscriptores residentes en Cuba 7 una cuota de 4 pesos fuertes, o su equi5 Ibdem. 6 Carta de Felipe Poey a Laureano Prez Arcas, fechada el 28 de agosto de 1872. Correspondencia de Felipe Poey a Prez Arcas, en: A. H. M. H. N. Madrid. 7 Cont la Sociedad Espaola de Historia Natural en Cuba, entre los aos 1872 y 1888, con ms de veinticuatro socios. A continuacin ofrecemos la lista de sus nombres. Aguilera, Cayetano (doctor en Farmacia, catedrtico y decano de la Facultad de Farmacia en La Habana. Ingres el 7 de mayo de 1879). Aguilera, Manuel Antonio (mdico y especialista en botnica. Ingres el 5 de febrero de 1873).

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OBRAS 424\ 424\ valente en papel moneda; y en la sesin del 2 de octubre de 1872, acept y agradeci a Poey su ofrecimiento de se r en la Isla, quien desempeara la labor de recaudar las cotizaciones. A partir de estos momentos estuvo a cargo del cobro y diseminacin de los nmeros de los Anales de la Sociedad as como tambin, del envio al banquero espaol Uhagon, miembro de la institucin, de las libranzas por concepto de cobro. Botillo, Luis Carlos (farmacutico. Ingres el 1 de septiembre de 1886). Cabrera Martnez, Jos (especialista en lepidpteros. Ingres el 4 de junio de 1879. Renunci en 1884). Campo, Jos Mara (ingres el 7 de agosto de 1872). Caravallo, Jos F (ingres el 5 de febrero de 1873). Delmas, Luis H. (mdico, fue secretario de la Sociedad Antropolgica de la isla de Cuba. Ingres en 1877). Fernndez, Juan Santos (mdico. Ingres el 2 de diciembre de 1874. Renunci en 1882). Gordon, Antonio Mara de (mdico. Ingres en 1881). Gundlach, Juan Cristbal (naturalista. Ingres el 4 de febrero de 1872). Jimeno, Francisco (naturalista. Ingres el 7 de agosto de 1872). Martn, ngel (milita r, comandante de infantera. Ingres en 1882). Pichardo y Pichardo, Gabriel (renunci a la Sociedad en 1875). Poey, Felipe (naturalista. Ingres el 7 de agosto de 1872). Presas, Manuel (mdico y naturalista. Ingres el 7 de agosto de 1872). Reinoso, Fernando (catedrtico de retrica y de literatura, fue direcctor del Instituto de Segunda Enseanza de La Habana. Ingres el 7 de mayo de 1879). Ruiz Melo, Ernesto (ingeniero en Montes. Ingres en 1874). Ruiz de Luzurianga, Vicente (ingres en 1888). Salaza r Enrique Amado (milita r coronel de ingeniero. Ingres en 1874. Renunci en 1889). Auvalle, Francisco (botnico. Ingres el 5 de febrero de 1873). Vilar Daz, Juan (naturalista, catedrtico de zoologa en la Universidad de la Habana. Ingres en 1880). Zayas Jimnez, Francisco (mdico. Ingres el 8 de enero de 1873). Pueden haber sido socios tambin: Gallardo, Serafn (mdico y catedrtico de clnica en la Universidad de La Habana. Asisti a la sesin del 5 de junio de 1878). Gmez de la Maza, Manuel (botnico. Public el trabajo Catlogo de las periantiadas cubanas, espontneas y cultivadas, A nales de la Sociedad Espaola de Historia Natural 1890-1891 No. 19, pp. 231-268). Guardia y Madan, Vicente (mdico). Reynoso, lvaro (qumico y agrnomo. La Sociedad posea obras de este qumico, entre ellas sus Documentos relativos al cultivo del tabaco). Yero y Buden, Eduardo (mdico?).

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FELIPE POEY Y ALOY /425 /425 Incentivado Poey por las palabras de Prez Arcas: sino un artculo mensual para los Anales esperamos de U[sted] uno por lo menos en cada ao, 8 sigui enviando a la redaccin de la Sociedad Espaola sus estudios ictiolgicos, y algunas notas sobre otros rdenes zoolgicos de inters para los investigadores y aficionados. Enumeratum Piscium Cubensium fue uno de los trabajos ms extensos que escribi el naturalista cubano para ser publicado en los Anales de la Sociedad Espaola de Historia Natural. l mismo reconoca en el Prlogo que su estimado corresponsal y amigo D. Laureano Prez Arcas era quien lo haba animado a preparar el material, cuyo objetivo se encontraba, fundamentalmente, en rectificar y enriquecer la Synopsis Piscium Cubensium editada en el segundo tomo del Repertorio Dos aos despues de publicarse la Enumeratium incluy Poey en la misma revista, una rectificacin al mismo, cuyo ttulo fue Revisio Piscium Cubensium; y en 1881, un ao ms tarde, un importante estudio dedicado a los peces de la isla de Puerto Rico, inserto en la obra de Juan Cristbal Gundlach Apuntes para la fauna puertorriquea, captulo que Poey pudo realizar gracias a las relaciones cientficas y a la cooperacin que exista entre el autor alemn y el naturalista borinqueo Agustn Stahl, quien gestion y pag la remesa de los peces que llegaron a Cuba para ser estudiados por l aqu. Relaciones con zologos norteamericanos (Vase Apndice 4) En los primeros meses de 1854 Poey manifest a las autoridades universitarias su deseo de hacer un viaje a Estados Unidos. Era la poca en que se preparaba para comenzar la publicacin del segundo tomo de las Memorias y su propsito era consultar las bibliotecas norteamericanas. La peticin fue aceptada y elevada por la administracin del alto centro docente en abril del mismo ao al Capitn General de la Isla para su aprobacin. ste no objet la solicitud y le concedi una licencia de cuatro meses, dos de los cuales deban ser tomados de sus vacaciones universitarias. El proyectado viaje finalmente no se realiz, y para cumplir sus propsitos tuvo que auxiliarse de su hijo Enrique, residente entonces en Nueva Y ork. 8 Carta de Laureano Prez Arcas a Felipe Poey, fechada el 13 de octubre de 1873. Papeles de Felipe Poe y en: Archivo del Departamento de Antropologa, Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana.

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OBRAS 426\ 426\ Enrique esperaba colocarse en una fbrica de la ciudad, y mientras aguardaba la oportunidad reciba, por mediacin del hacendado azucarero Gonzalo Alfonso, la mesada que su padre le haca llegar para gastos personales y aquellos que eventualmente le ocasionaron sus encargos cientficos: Querido pap, recib [...] tu cacho de papel en el cual me dabas las seas del banquero. Estuve en casa de esos seores y cobr tres meses que se me deba [...] El mes pasado cuando estuve en N.[ueva] Y .[ork] ped a Gonzalo Alfonso el dinero que Andrs haba adelantado por m y adems la correspondiente a este mes, esto es $ 75.00 o tres meses, pues Andrs poco tiene y ignora cuando llegars t con sta [...] As me alegro de la noticia que me das de que Crawford hablar por m en la fbrica de Morris, pues aunque en mi ltima de New Y ork, a mis hermanas le deca que haba hallado una colocacin aqu, he sido engaado, no quisieron cumplir lo que haban dicho, de modo que no estoy ms adelantado de lo que estaba al irme a N.[ueva] Y .[ork]. 9 La falta de empleo no mengu, empero, los esfuerzos que Enrique deba hacer para satisfacer los anhelos cientficos de su padre. Las pginas 1, 2, 3 [se refiere aqu Enrique a un catlogo sobre moluscos] contienen los mismos nmeros que te he enviado, solamente esta vez he copiado todo lo contenido en cada uno de ellos (desde 1 al 40). Nada me has dicho si deseabas los ttulos de cada uno de los nmeros, bien todo el contenido. 10 Al envo del material bibliogrfico sigui el intercambio de colecciones zoolgicas, pero en este ltimo particula r las gestiones hechas por Enrique con algunos corresponsales norteamericanos, como en el caso del malaclogo John H. Redfield, no fueron lo suficientemente diligentes. En la carta que Redfield escribi a Poe y con fecha 2 de octubre de 1854, se deja entrever la situacin: La caja que usted envi para el seor Cunningham, as como la carta para l, fueron enviadas hace muchos meses. l las ha recibido hace tiempo. No se incurri en gasto alguno. Un pequeo lote de conchas del que usted habla en su carta conteniendo como usted lo menciona su especie Stenogyra Goodalli ad effectum videnda no ha llegado a m y yo supongo que era una caja pequea que su hijo de usted dice que desapareci de su habitacin y yo la he buscado en vano. Cuando l mencion esa circunstancia yo tem que el paquete tambin contuviera 9 Carta de Enrique Poey a Felipe Poey (sin fecha), en: A. H. Museo Finla y carpeta 1, documento 51. 10 Carta de Enrique Poey a Felipe Poey (sin fecha), en: A. H. Museo Finla y carpeta 3, documento 4.

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FELIPE POEY Y ALOY /427 /427 su Mayinelida, pero esta ltima lleg despus a mis manos a travs del seor Bland. 11 Redfield, adems de interesarse por la malacologa, fue quien asumi los preparativos de impresin del primer trabajo sobre peces que Poey public en Estados Unidos. Tambin puso a Poey en contacto con otros especialistas de este pas, entre ellos, el ingeniero James Carson Brevoort, ictilogo que prest al naturalista cubano generosos auxilios bibliogrficos, como el mismo Poey sealara al cerrar el prlogo de su obra indita Ictiologa cubana Redfield comunic a Poe y por carta, los pormenores previos al proceso de impresin: Su artculo sobre peces fue debidamente recibido y es de mucho inters. Nosotros esperamos publicar otro nmero de los Anales antes de diciembre o enero y solamente esperamos los arreglos financieros. Nos gustara que su artculo apareciera en los Anales pero si encontramos que la demora es mucha lo enviar a la revista de Sulliman. El idioma ingls utilizado, aunque correcto en general, necesita una pequea revisin y como el seor Brevoort es nuestro mejor ictilogo, he colocado el artculo en sus manos para ese propsito. 12 El artculo se public en el volumen 6 del ao 1855 en los Annals of the Lyceum of Natural History of New York bajo el ttulo de Observations of D ifferent P oints of the Natural History of the Island of Cuba with R eference to the Ichthyology of the United States. Las notas del trabajo se referan a aquellas peculiaridades que, en opinin del auto r presentaban la aleta anal modificada de los guajacones y la estructura de la vejiga natatoria del manjuar. En ambos, casos las especies cubanas fueron comparadas por Poey con las de Estados Unidos; llam particularmente la atencin hacia los estudios que el profesor Luis Agassiz realiz sobre la ltima de las especies sealada. Este primer trabajo, y los que en aos posteriores public Poey en Norteamrica, le valieron el reconocimiento de los especialistas de esa 11 Carta de John H. Redfield a Felipe Poey, fechada en New York, 2 de octubre de 1854, en: A. H. Museo Finlay, carpeta 1, documento 64. En relacin con la prdida de la caja que contena este ejempla r, el propio Redfield, en carta fechada en Nueva Y ork, el 21 de febrero de 1855, le comunica a Poey que sta ya haba sido encontrada por Enrique, y que en esos momentos estaba en sus manos; por otra parte, es interesante sealar que, en el artculo Observaciones diversas acerca de moluscos terrestres y fluviales de la isla de Cuba, publicado por Poey en el segundo tomo de sus Memorias aparecen unas breves notas en las que explica haber comparado sus ejemplares de Stenogyra Goodalli con los individuos remitidos por su colaborador el seor Cuning, colectados en las cercanas de Bristol. 12 Ibdem.

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OBRAS 428\ 428\ nacin, quienes lo consideraban como uno de los cientficos ms versados en el conocimiento de los peces antillanos. El ictilogo Brevoort, por ejemplo, elabor para el estudio Review of the Fish of Cuba Belonging to the Genus Trisotropis, de 1870, publicado en la ya sealada revista del Liceo de Historia Natural de Nueva Y ork, unas notas y la introduccin. Theodore Gill tom a su cargo, en 1863, la edicin en los Proceedings of the Academy of Natural Science of Philadelphia del artculo Synopsis of the F amily Lepturoids, and Description of a Remarkable New Generic Type; y G. Brown Goode, interesado por las Notas sobre las especies americanas del gnero Cybium (Notes on the American Species of the Genus Cybium ) en 1878, lo tradujo al ingls imprimindolo en los Proceedings of the United States National Museum Es interesante sealar que diez aos despus de haber publicado el profesor Gill el artculo de Poe y nuestro naturalista hizo un reconocimiento a su labor en los Anales de la Sociedad Espaola de Historia Natural al referirse en esta revista a la especie Evoxymetopon taeniatus Despus de hacer la historia de este pez llamado vulgarmente tirante por la forma de su cuerpo acintado, muy alargado y estrecho, expres: Despus de haber sacado un dibujo del tamao natural y tomado algunas notas, parecindome este pez nuevo en la ciencia, y deseando darlo a conocer en los Proceedings de la Academia de Ciencias de Filadelfia, lo remit al inteligente profesor D. Teodoro Gill, con copias del dibujo y notas descriptivas, rogndole que completase mi trabajo con sus propias observaciones y estudios. As lo practic en el artculo citado, poniendo por generosidad toda la redaccin bajo mi nombre. Y como tuvo el pez a la vista, pudo hacer una descripcin completa, a la cual remito, tomando por mi parte solamente el nombre del gnero y de la especie. 13 F M. Putnam, conservador del Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology de la Universidad de Harvard, al analizar la especie Euleptorhamphus longirostris segn Poe y conocida como varias otras especies con el nombre comn de escribano, encontrada en las costas de Massachusetts, expres lo siguiente en relacin con los estudios de Poey: [...] el valioso Zoological Records del D r Gunthe r de 1868 (recibido hace poco en este pas) ha llamado mi atencin al Repertorio fsiconatural de la isla de Cuba del prof.[esor] Poe y en el cual, p. 383, l describe como nueva Euleptorhamphus velox de Cuba. 13 Felipe Poey: Evoxymetopom taeniatus, Anales de la Sociedad Espaola de Historia Natural, 1873, t. II, pp. 77-78.

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FELIPE POEY Y ALOY /429 /429 El prof.[esor] Poey compara su especie con la figura y descripcin de Hemirhamphus longirostris de V alenciennes, con el cual l lo declara vinculado. Ofrece la profundidad del cuerpo como contenida diez veces y un tercio en el largo, y el dimetro del ojo tres veces y media en la cabeza. Dorsal 19, anal 21. Dientes tricspides. Estos puntos de la descripcin de Poey indican que sus especmenes son o estn en un punto intermedio, entre los que yo he considerado, ms arriba, como E. longirostris y E. macrorhynchus reforzando mi creencia de que existe solo una especie conocida del gnero. 14 Seth E. Meek y David K. Goos, al examinar varios ejemplares del gnero Hemirhamphus pertenecientes a las colecciones de la Universidad de Indiana y del Museo Nacional de Estados Unidos, colectados por el profesor David S. Jordan en las costas de la Florida y La Habana, consideraban que exista una gran confusin en las especies americanas del gnero, razn por la cual sealaron en su estudio los datos que por el anlisis de los caractres especficos parecan ser vlidos. Al referirse a las investigaciones del alemn Albert Gunthe r director de la seccin zoolgica del Museo Britnico, autor de un Catlogo de peces, preparado en 1859, y del libro Introduction to the Study of Fishes, publicado en 1880, y a lo escrito por Poey en las pginas de sus Memorias y en el Repertorio reconocieron: Nuestros especmenes de La Habana no dejan duda que H.fasciatus y su sinnimo H.poeyi estn basados en esta especie. 15 Sin embargo, su mandbula inferior es ms larga de lo que Poey describe, y debido a esto el doctor Gunther evidentemente hara referencia a la descripcin de Poey de H. unifasciatus 16 Especmenes colectados por el capitn Do w, en La Habana, muestran que esta es una de las especies encontradas en ambos lados del istmo. 17 Otro de los especialistas norteamericanos, Spencer F Baird, el sucesor de Joseph Herry en la Secretara del Instituto Smithsoniano, organizador del sistema de intercambio internacional de las publicaciones cientficas de este establecimiento, y promotor de la United States Fish Commission y la estacin de Biologa Marina de Wood Hole, en 14 F M. Putnam: Notes on the Ocurrence of Euleptorhamphus Longirostris on the coast of Massachusetts, Proceedings of the Boston Society of Natural History 1870, vol. XIII, p. 4. 15 Se refieren aqu los autores del artculo a Hemirhamphus brasiliensis clasificado por Davis Starr Jordan y Charles Gilbert en su Synopsis of the Fishes of North American, publicado en Bulletin of the United States National Museum, 1882. 16 Hoy colocado en el gnero Hyporhamphus 17 S. E. Meek, y David R. Goos: A Review of the American Species of the Genus Hemirhamphus, Proceedings of the Academy of Natural Sciences of Philadelphia 1884, p. 223.

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OBRAS 430\ 430\ Massachusetts, desempe un papel importantsimo al dar a conoce r, en su pas, la obra ictiolgica de Felipe Poe y Nuestro naturalista, al rememorar la ayuda que al respecto l le brind, escribi: son muchos los favores que he recibido de Spencer Baird, director del Smithsonian Institution, en Washington; 18 pero no fue l, sino el ictilogo David Starr Jordan autor de List of Fishes Collected at Havana, Cuba, in Decembe r, 1883, with Notes and Descriptions, publicado en los Proceedings of the United States National Museum de 1886, miembro de la United States Fish Commission, institucin que Baird concibi para el estudio y las investigaciones pesqueras, quien se mostr como uno de los mximos conocedores de la obra poeyana. Este especialista norteamericano tuvo la oportunidad de visitar Cuba en los primeros aos de la dcada de los ochenta del siglo XIX y aqu conoci a Poe y Su primera impresin al llegar al puerto de La Habana, donde segn su testimonio, la profusin y variedad de peces era grande, y el suministro de ellos al mercado, casi inagotable, dice a continuacin: Ah, pero Ud. debe ver a Don Felipe, l conoce todo acerca de los peces, es la primera recomendacin que el naturalista recibe cuando comienza a colectar pescados en los mercados de La Habana. El autor una vez tuvo la ocasin de realizar tal recoleccin, y pronto encontr que entre los pescadores y comerciantes de pescado, la frase amigo de Don Felipe era siempre un pasaporte para un trato honesto, y para un verdadero deseo de ayudar en su trabajo. Porque cada pescador en La Habana conoce a Don F elipe, y lo considera como amigo personal [...] [...] y ahora que Don Felipe ya no visita los mercados, no ha sido olvidado all, y ms de una especie rara, todava, ha seguido el camino de la pescadera 19 al estudio de Don F elipe en la calle San Nicols. 20 18 Ictiologa cubana transcrita y comentada por Mario Snchez Roig y Federico Gmez de la Maza, Editorial Ministerio de Educacin, La Habana, 1955, t. I, p. 73. 19 Se refiere D. S. Jordan a la pescadera del negrero cataln Francisco Marty Torrens (Pancho Marty), ubicada al comienzo de la calle Mercaderes, al fondo del Seminario de San Carlos. Fue este uno de los establecimientos que ms inters despert entre aquellas personas que visitaron La Habana durante el siglo XIX como se aprecia en la siguiente cita del viajero B. M. Norman: La pescadera tiene ciento cincuenta pies de largo, con una mesa de mrmol de una punta a la otra; el techo est sostenido por una serie de arcos apoyados en pilares. Est abierta, por un lado, hacia la calle, y por el otro, hacia la baha. Por consiguiente est bien ventilada y aireada. Es el ms propio y ms invitante establecimiento de su clase que jams haya visto en ningn pas, y nadie debe venir a la Habana sin hacerle una visita. B. M. Norman. Rambles by land and water, or notes of travel in Cuba and Mexico Citado por: Gustavo Euguren: La Fidelsima Habana Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1986, p. 278. 20 David S. Jordan: Sketch of Professor Felipe Poey, The Popular Science Monthly agosto, 1884, pp. 547-548.

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FELIPE POEY Y ALOY /431 /431 Jordan se mostr particularmente docto en las materias que conformaban el contenido de las Memorias y del Repertorio aspecto que evidenci cuando en dos de sus artculos sobre la clasificacin ictiolgica, los titulados: A Review of the Especies of the Genus Haemulon, elaborado conjuntamente con Joseph Swain, y On the Nomenclature of the Genus of Ophichthys Gunther, este ltimo en colaboracin con Charles H. Gilbert, demostr el conocimiento que tena de aquellos trabajos donde Felipe Poey describa nuevas especies de peces. Al referirse crticamente a las investigaciones de Poey en este campo, expres que, no obstante presentar stas evidencias de las desventajas que surgen de un trabajo solitario, sin la ayuda de la asociacin y la crtica de otros, 21 el conocimiento de ellas era, segn haba indicado anteriormente el profesor Edward D. Cope, naturalista prominente de Filadelfia, autor de varios trabajos sobre paleontologa y de una Contribucin a la ictiologa de las Antillas Menores, una condicin sine qua non para los estudiosos de los peces de la Amrica tropical. Respetuoso al valorar la labor de clasificacin ictiolgica que Poey realiz, y su quehacer cientfico en esta direccin, expres las siguientes palabras: Es moda en algunos medios desacreditar el trabajo de quien describe una fauna nueva. Todo estudio honesto ocupa el mismo luga r y hasta que el estudio pionero de la determinacin exacta de especies es realizado, no hay oportunidad para el embrilogo y el anatomista. No es usual registrar la estructura o el desarrollo de un animal mientras que el animal en s permanece desconocido. 22 Jordan admir en Poey la disposicin para aprender y rectificar errores: No hay ninguna caracterstica del trabajo del profesor Poey ms asombrosa que su total falta de prejuicio [...] no tiene teora que no est preparado a desechar cuando aparece una referencia mejor; 23 y cautivado por el dinamismo del hombre que ya octogenario conoci, agreg: Su trabajo no muestra seas de disminuir en cuanto a calidad. La claridad de su juicio y la precisin de su memoria parecen intactos. Es difcil, cuando se conversa con l, darse cuenta que naci en el siglo pasado y que en sus estudios tempranos era contemporneo de Cuvier y Valenciennes, y de Geoffroy-Saint Hilaire. La mayora de los hombres son ms viejos a los cincuenta que Poey a los ochenta y cinco. 24 21 Ibdem, p. 550. 22 Ibdem, p. 552. 23 Ibdem. 24 Ibdem.

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OBRAS 432\ 432\ En lo que a Poey se refiere, agradeci el gesto que Jordan tuvo cuando le hizo llega r desde Estados Unidos, sus publicaciones ictiolgicas, y lament recibirlas cuando ya se dispona a remitir su Ictiologa cubana a Madrid, por lo que prometi incluir en un apndice algunas de las denominaciones que el distinguido ictilogo de Bloomington 25 recoga en sus trabajos Otros detalles propios de la clasificacin del norteamericano, con los cuales se mostraba en desacuerdo, los estudiara detenidamente, y los discutira en futuras comunicaciones. Jordan, por su parte, combin las actividades cientficas con las polticas, y con los aos, devino en antibelicista decidido y en uno de los intelectuales norteamericanos que con mayor tenacidad se opuso, desde las aulas universitarias, a la poltica expansionista de su pas. 26 Poey no alcanz a vivir la ltima dcada del siglo XIX y con ello los cambios sufridos en la Isla, pero desde temprana fecha preconiz, entre sus alumnos que, mientras existan hombres dedicados a estudiar la naturaleza y encontrar en ello la felicidad para todos, existan otros, una parte de la humanidad, desviada de sus altos destinos, que se complacan en hacer la guerra a la mitad del gnero humano. 27 25 As llam Poey a David Starr Jordan. Ictiologa cubana transcrita y comentada por Mario Snchez Roig y Federico Gmez de la Maza, ob. cit., p. 72. 26 Las intervenciones de David S. Jordan a favor de la paz lo convirtieron en una de las figuras ms atacadas por los crculos militaristas de Estados Unidos. Escribi varias obras de carcter antibelicista, entre las que se encuentran: The Blood of the Nation, Boston, 1899; The Human Harvest Boston, 1907; War and Woste New York, 1912; Wars after match New York, 1914; y War and the Breed Boston, 1915. 27 Felipe Poey: Obras literarias ed. cit., p. 17.

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ENUMERA ENUMERA TION OF THE FISH DESCRIBED AND TION OF THE FISH DESCRIBED AND FIGURED B FIGURED B Y PARRA, SCIENTIFIC Y PARRA, SCIENTIFIC ALL ALL Y NAMED Y NAMED B B Y FELIPE POEY Y FELIPE POEY Antonio Parra was born in Portugal, and I believe resided in Havana for a long time, where he was probably naturalized, for he dedicates his work to the King of Spain, and sent the objects he described to the Museum of Natural History of Madrid. He printed in this last cit y in 1799, at the printing office of the Viuda de Ibarra, a pamphlet in 8vo. entitled: Discurso sobre los medios de connaturalizar y propagar en Espaa los cedros de la Habana y otros rboles, as de construccin como de maderas curiosas y frutales At page 21 is an account of the different trees of the Island of Cuba, which contains 267 species and 20 Palms, and at page 30 a notice of some kinds of hard wood which are in the Island, their colors, the localities where they are found and their uses. The author describes them in popular terms onl y. The first important work of Parra is the one printed at Havana in 1787, at the printing office of the Capitana General, in square 8vo., under the title Descripcin de diferentes piezas de historia natural, las ms del ramo martimo, representadas en setenta y cinco lminas. This number of plates includes two of ornamental stands and two of a negro suffering from a greatly developed hernia. In some copies there is a second title, engraved, containing the words Peces y crustceos de la isla de Cuba. 1 It contains 40 plates of Fishes, representing 71 species, of which 3 belong to Florida; there are 17 plates of crustacea, the rest representing turtles, zoophytes and minerals. The figures were probably drawn by the son of Antonio Parra; he also engraved them and colored some of the copies. The edition has 1 My copy has and e ngraved frontispiece representing two tritons raising a net full of fish near a rock, with a label inscribed, L abore, et Constantia. J. C. Brevoort. In the United States, copies are known to be in the libraries of the Boston Society of Natural Histor y in the late D r. Dekays, in the Astor Library in my own.this last colored one. J. C. B.

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OBRAS 434\ 434\ long since been exhausted. One copy is in the library of the Economic Societ y another is owned by M. Domingo de Arozarena, and M. Leonardo del Monte has the third. All the objects figured, including the negro with the hernia, are deposited in the Museum of Madrid, and have been of help in settling some serious doubts by the assistance of the present director of the Museum, M. Mariano de la Paz Graells. The work cites no authors, contains no classification, no scientific terms, and the names are all popular ones. It is easily seen that Parra has studied no books except the great book of nature; by his own natural gifts he has succeeded in describing and figuring objects as correctly as his cotemporaries, and even surpasses Bloch in the exactness of his figures. Cuvier says: it is one of the most useful works in the study of the fishes of the Gulf of Mexico, not only on account of the text, but also on account of the very exact figures representing them. Parra does not omit describing the teeth of the jaws, the asperities of the scales, nor even the spinous raya of the dorsal fin and the furrow in which they can be hidden. He dwells more especially on the number and the peculiarities of the fins, and be cannot be reproached for omitting in his descriptions details that are shown in his figures. He observed, very properl y that the colors are lees important than the rest of the organism, for be only treats of them last. To be sure he neglects the palatine teeth, the apines of the operculum, the denticulations of the preoperculum, the exact number of the spinous and soft raya, but this is not surprising in one who preceded Cuvier and V alenciennes, and who probably was not acquainted with the works of Artedi, Linnaeus or Gronovius. He often gives the size of the fish, but he may be found fault with for having sometims given measurements of parts without that of the whole. Whatever may be the merits and defects of Parra, it is not the less true that his work has become indispensable, for Bloch has established several species on the sole authority of his figures and because Cuvier and V alenciennes have often quoted him, as well as M. Hollard. I propose to put scientific names to Parras figures, with some necessary remarks, and shall use the labors of my predecessors while often correcting them. The chief writers who have cited Parra, are Bloch, Cornide, Cuvie r Valenciennes, Guichenot, Mller and Henle, and Hollard. Bloch has named almost all the figures of Parra in his posthumous work entitled Systema Ichthyologiae iconibus CX, illustratum, published by Schneider in 1801. When the species appeared to be a new one he kept the vulgar name of the autho r even in doubtful cases. He was often mistaken, and was corrected by Cuvier and V alenciennes, to whom be repeatedly serves as a guide.

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FELIPE POEY Y ALOY /435 /435 Cornide, author of an Ensayo de una historia de los peces y otras producciones marinas de la costa de Galicia, 1788, names Parras fish in a confidential letter addressed to M. Casimiro Gmez Ortega, Director of the Botanical Garden in Madrid; which letter is published in the first volume of his work, printed at Paris in 1818, under the title of Coleccin de papeles cientficos, histricos y polticos sobre la isla de Cuba Cornide was not very successful in his determinations; he constantly refers the American species to others he had observed in Europe. He recognized but four Linnaean species, and these the most striking ones, namely a Fistularia a Diodon, and two Squali. He did not even notice the Balistes vetula, nor the Lophius vespertilio. He often gives only the genus, and not always correctl y so far as to confound a Chaetodon with a Sparus and a Serranus with a Labrus. Cuvie r in his notes to the Rgne animal second edition, t. 2, 1817, has named several of Parras figures, and also in his His toire generale et particulire des Poiss ons, which began to appear in 1829, with the assistance of V alenciennes, and stopped in 1849 with the 22 volume, at the end of the Abdominal Malacopterygians. The opinion of these celebrated ichthyologists is of the greatest weight, from their known scientific attainments, and because they had at their disposal almost all the fish described in the work of Parra; some having been given by myself, together with my own drawings; the others by M. Desmarest, who received them from M. Fournie r. M. Guichenot undertook the part relating to Fish in the Historie politique, physigue et naturelle of M. Ramn de la Sagra. He had not omitted to quote Parras work, but he seems to have taken small pains while doing so and to have relied on Cuvier and V alenciennes, whose correct determinations and whose errors he reproduces. In the families not treated of by these naturalists he generally determines his species from Hollard. M. Saco has corrected the nomenclature of Cornide, with the assistance of M. Guichenots work, and without studying Parras work. This distinguished autho r having no knowledge of Ichthyolog y and not being familiar with what is known as Synonym y has not made the best use of his model. Parra Is quoted in Mller and Henles work on Plagiostomes, in the Monograph of the Gymnodonts of Hollard, in the Fishes of New Y ork, by D r Deka y and by D r Bleeker in several of his articles. As for myself, it will be seen on examination how much I have added to and corrected all that has hitherto been done. The opinion of authors has not been given without care. I have compared their descriptions with those of Parra, and with actual specimens, having the advantage of working in Havana, and of knowing the fish by their popular names. My

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OBRAS 436\ 436\ authority is therefore of some weight, even where my names are the same as those given by others; in which case it may be looked upon as a confirmation rather than a repetition. If I did not believe it to be so, I should not have taken the pains to write. The reader must understand that my object is not to give a complete synonymy of the fishes figured by Parra, but to name them in the best possible manne r quoting author who have quoted Parra, so that each may get his due. Thus I shall quote Bloch, Cuvie r Valenciennes, and Hollard. As for M. Guichenot, I shall often quote him, because he had Parras work under his eyes, and in some cases his opinion is well founded. If not quoted in all cases, it is for reasons above given. It is useless to notice Cornide and M. Saco. In my nomenclature, I practice the aphorism which I thus enunciate: nomen autoris ad speciem perpetuam refertur nec ad variabile genus. Nomenclature N.B. The first figure after the name refers to the page of Parras work, the second to the plate, and the third to the figure. 1. PESCADOR. (1, 1.) Antennarius ocellatus Bl. Named by Bloch, 142, Lophius histrio L., va r ocellatus, upon the simple inspection of Parras figure. By V al. 12, 419, Chironecta ocellatus. By Guich Chi r biocellatus, C. V ., erroneousl y. 2. SERRANA. (2, 2, sup.) Eques lanceolatus L. Quoted by Cuvie r 5,165, Eq. balteatus, as a synonym of Chaetodon lanccolatus, L. Linneaus has the priorit y The vulgar name is now Vaqueta, which is, howeve r but little used, and is also applied to the next species. 3. SERRANA. (2, 2, inf.) Eques punctatus Bl. Quoted by Bloch, 106, upon the Inspection of Parras figure. He confounds it, like Parra, with the preceding species. 4. PERRO COLORADO. (3, 3, 1.) Cossyphus Bodianus Bl. Quoted by Bloch, 329, Lutianus Perro, being the same which he had named in his large work, tab. 255, Lutjanus V erres, and tab. 223, B odianus bodianus. Quoted by V al., 13, 103. 5. PERRO. (4, 3, 2.) Lachnolaimus caninus Cu v. Quoted by Cuvie r Rgne An. 257, Lachnolaimus. 6. DIABLO. (5, 4.) Malthe vespertilio L. Quoted by V al., 12, 440. 7. GUATIVERE. (7, 5, 1.) Serranus Guativere V al. Quoted by Bloch, 336, Bodianus guativere, which he confounds with the next species of Val., 2, 283.

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FELIPE POEY Y ALOY /437 /437 8. GUATIVERE. (8, 5, 2.) Serranus outalibi V al. Quoted by V al., 2, 381. 9. CHIRIVITA. (9, 6, 1.) Chaetodon paru Bl. Bloch, 217, confounds it with the next species. Pomacanthus paru Cu v ., 7, 205. F ollowing M r Gill, I suppress the genus Pomacanthus of Cuvie r, and adopt Sarothrodus Gill, instead of Chaetodon Cu v The popular name is now Chirivica. 10. CHIRIVITA. (10, 6, 9.) Chaetodon aureus Bl. Pomacanthus aureus Cu v ., 7, 202. 11. ISABELITA. (11, 7, 1.) Holacanthus ciliaris L. Quoted by Bloch, 335, under the name of Chaetodon Parrae; but it is the same as the C. ciliaris L., to which Cu v ., 7, 154, referes it. 12. CATALINETA. (12, 7, 2.) Holacanthus tricolor Bl. Chaetodon tricolor Bl. 319; Cu v 7, 162. 13. BAJONADO. (13, 8, 1.) Pagellus bajonado Bl. Cited by Bl., 284, Sparus bBajonado, doubtful species; by Guich. P. Penna, C. V ., with doubt. 14. CAXIS. (14, 8, 2.) Mesoprion caxis Bl. Cited by Bl. 284, Sparus caxis doubtful species. It is the Mesoprion griseus Cu v ., 2, 469. The letter x being pronounced j in the old Spanish, it should be written now Cajis, or rather Caji. 15. COCHINO. (16, 9.) Balistes vetula L. Cited by Bl. 470; by Holl. and Guich. 16. SOBACO. (17, 10.) Balistes macrops Poe y. Cited by Bl., 465, as a variety of Bal. maculatus L., a nd by Holl. under the name of Balistes longissimus Holl. M r Guichenot, who has fallowed for the Balistides the unpublished monograph of Holl., calls it also B. longissimus without naming the autho r It appears that he has forgotten to name Hollard, he refers, also, the species to Bl. Syst. 464, no. 2, which is the B. hispidus L., probably by a misprint, instead of, no. 3, cited by Blk r ., Balistes maculatus L. See Poe y Mem. 2, 326. 17. GALA FATE. (18, 11, 1.) Balistes piceus Poey (1.) Cited B. ringens L. by Bl., 473, Holl., Guich. Blk r The vulgar name G alafate is a corruption of Calafate, which meaus Calfateur (calke r .) 18. CUCOYO. (19, 11, 2.) Balistes cicatricous Poey (2.) Cited by Bl., 475, B Brasiliensis va r .; by Holl. and Guich. B. calolepis Holl. Later Hollard referred it to his B lineo-punctatus, which appears to be the same as the B curassavicus Gm. It is now written cocuyo 19. CATALUFA. (20, 12, 1.) Priacanthus catalufa Poey (3.) Cited by Bl., 304, Anthias macrophthalmus, a species of the East Indies; by Cu v ., 397, Priac. macrophthalmus, the male of which, says he, is the P r cepedianus Desm., in which he is mistaken. 20. QUIEBRA HACHA. (21, 12, 2.) Chorinemus quiebra Cu v.

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OBRAS 438\ 438\ Cited by Cuv. 8, 396; by Bl., 25 Scomber aculeatus va r. 21. MATEJUELO BLANCO. (22, 13, 1.) M alacanthus Plumieri Bl. Cited by Bl. Sparus oblongus, p 283; but it is the same as his Coryphaena plumieri, p 298; cited by Cu v ., R. An. p. 264; by V al. 13, 319. 22. MATEJUELO COLORADO. (23, 13, 2.) H olocentrum matejuelo Bl. Cited by Bl., 206, Amphiprion matejuelo, doubtful species; by Cu v ., 3, l86, Hol. longipinne, a species very nearly allied, if it is not the same; in any case Bloch has the priorit y. 23. MORCILAGO. (25, 14.) Dactylopterus volitans L. Cited by Cuv., 4, 117. This vulgar name, so written, is a corruption of the Spanish word M urcilago (Bat..) 24. VOLADOR. (28, 15.) Exocaetus mesogaster Bl. Cited by Bl. 430; by V al. 19, 120. 25. BONACI CARDENAL. (29, 16, 1.) Serranus cardinalis V al. Cited by V al. 2, 379. Bl., 77, has confounded, under the name of Johnius guttatus this species with the following; his name should not be preserved, because it had been previously employed by Linneaus. 26. BONACI ARARA. (30, 16, 2.) Serranus bonaci Poe y. Cited by Poe y Mem. 2, 129, 352, instead of Ser Arara V al. 2, 377; Johnius guttatus va r. 27. CHAPN (hembra.) (31, 17, 1.) Ostracion (4). Cited by Bl., 499, Ost r bicaudalis L., as well as by Holl. 28. CHAPN (macho.) (31, 17, 2.) Ostraci on (4 a.) Cited erroneously by Bl., 499, 583, Ostr quadricornis L., as well as by Guich. 29. RASCACIO. (34, 18, 1.) Scorpaena Rascacio Poe y. Bl., 192, refers it to Sc. Scrofa L.; and Cu v to Sc. Bufo, 4, 306. See Poey Mem. 2,169. 30. LAGARTO. (36, 18, 2.) Synodus. Cited Saurus myops by V al., 22, 485; referred to the salmo faetens L. by Bl., 404. It is to me a new or very doubtful species. 31. TAMBORIL. (37, 19.) Tetrodon laevigatus L. Cited by Bl., 503, Ter. lagocephalus L.; by Guich., Tetraodon lisse and in the synonnimy Ter. laevigatus L 32. RABIRRUBIA. (42, 20, 1.) Mesoprion chrysurus Bl. Cited by Bl ., 309, Anthias rabirrubia; but it in is the same as h is Sparus chrysurus Bl., Ichth. tab. 262. Cited by Cu v 2, 459. It should be written in Spanish rabirrubia. 33. RABIRRUBIA DE LO ALTO. (43, 20, 2.) Serranus creolus V al. Cited by V al. 2, 265. Bl. makes a doubtful variety of the preceding species, Syst. p. 309. 34.RABIRRUBIA GENZARA. (14, 21, 1.) Cleptitus genizarra Va l.

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FELIPE POEY Y ALOY /439 /439 Cited by V al., 13, 260. The word g enzaro, in the feminine genzara, means Janissar y Has M. Vnl. correctly latinized it? 35. BARBERO. (45, 21, 2.) Acanthurus phlebotomus C. V Cited by C. V ., 10, 176. Bl. refers it to his Ac. caeruleus p. 214. 36. LIJA TROMPA. (46, 22, 21, 1.) Alutera picturata Poey (5.) Cited erroneously Monacanthus longirostris by Holl., as well as by Guich. 37. LIJA BARBUDA. (49, 22, 2.) Alutera Gntheriana Poey (6.) Cited whith doubt by Bl., 462, as Balistes monoceros L. Cited by Guich. Monacanthus anginosus Holl.; and by Holl. Aluterus anginosus. It is by a misprint that Guich. has written lija trompa. 38. LIJA COLORADA. (49, 22, 23.) Afonacanthw Parraianua Poey (7.) Cited Mon. macrocerus Holl. by Guichenot. 39. CHERNA. (50, 24, 1.) Serranus striatus Bl. Cited by Bl., 310, with doubt, Anthias Cherna, but it is the same as his Anth. striatus. Cited by Cuv. R. An. 141, and by V al. 2, 288. 40. JABONSILLO. (51, 24, 2.) Rhypticus saponaceus Bl. Cited by Bl., 310, Anthias saponaceus. Cited by Cu v 3, 60, Rypticus. 41. CABALLEROTE. (52, 25, 1.) M esoprion caballerote Bl. (8.) Cited by Bl., 310, Anthias caballerote? Cu v ., 2, 465, Mesoprion cynodon Cuv; a distinct species. 42. JOCU. (53, 25, 2.) Me soprion Jocu Bl. Cited by Bl., 410, Anthias Jocu; by Cu v 2, 466. 43. GUACAMAYA. (54, 26.) Scarus Guacamaia Cu v. Cited by Cu v ., R. An. 265. V al. describes under this name another species which I name in my Mem., 2, 393, Sc. Pleianus. 44. LORO. (57, 27, 1.) Scarus caruleus Bl. Cited by Bl., 288, Sc. loro, which is the same as the following; by V al. 14, 186. 45. TROMPA. (57, 27, 2.) Scarus careleus Bl. Cited by V al. 14, 186; the preceding species. 46. VIEJA. (58, 28 1.) Scarus superbus Poe y. Cited erroneously by Bl., 289, Sc. V etula L., as well as by Cu v ., R. An. 266, and by V al., 14, 193. See Poe y Mem. 2, 218. 47. VIEJA. ( 58, 28, 2.) Scarus Abildgaardii Bl. Cited by Bl., 289, Sc. coccineus, doubtful species, but it is the same which he names Sc. Abildgaardii in his Ichthyologie, pl. 259. 48. VIEJA. (59, 28, 3.) Scarus Chloris Bl. Cited by Bl., 289, doubtful species; by Cu v R. An. 266; by V al., 14, 203, Sc. vivens. 49. VIEJA (59, 28, 4.) Scarus flavescens Bl. Cited by Bl., 290, doubtful species; by V al., 14, 289, Callyodon flavescens. It is not a Calliodon.

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OBRAS 440\ 440\ 50. ERIZO. (60, 29, 1.) Diodon A tinga L. Cited by Guich. Diodon Hystri L. 51. GUANBANA. (62, 29, 3.) Diodon. Cited by Bl., 612, D. Hystrix L., variety; by Guich., D. orbicularis Bl. 52. TROMPETERO. (63, 30, 1.) Solenostomus tabacarius L. Cited by Bl., 114, Fistularia tabacaria L., as well as by Guich. 53. TROMPETERO COLORADO. (65 30, 2.) Aulostoma coloratum M. and T r. Cited by Guich. Aul. Chinense Lac ( Fistularia chinensis L.) 54. RARO. (66, 30, 3.) Muraena fasciata Thunb. Cited by Bl., 529, Gymnothorax fasciatus, w hich he refers to Mur fasciata Thunb. 55. BAGRE. (68, 31, 1.) Galeichthys marinus Mitch. Bl., 378, cites it, referring it to the Silurus Bagrus L. Cited by Val., 15, 33, Gal. Parrae The species is from Florida, as Parra indicates. 56. BROTULA. (70, 31, 2.) Brotula barbata Bl. Cited by Bl., 152, Enchelyopus barbatus ; by Cuv. R. An. 335. 57. CORNUDA. (71, 32.) Sphyrna Zygaena L. Cited by M. H.; by Guich. Zyg. malleus V al.; by Blk r Zyg. malleus Risso. 58. PEZ DE ESPADA. (75, 33.) Pristis antiquorut, Lath. Cited by Bl.,3 52, P r granulosa on the simple inspection of Parra; cited by M. H. The popular name is Pez Sierra Its saw has 97 pairs of teeth, in which respect it is rather related to the Pristis cuspidata Latham. 59. GALLUDO. (84, 34, 1.) Acanthias. Cited by Guich. Acanthias vulgaris Risso. 60. GATA. (86, 34, 2.) Ginglymostoma cirratum Gm. Cited by Bl., 134, Squalus punctatus which is the same; by M. H. and Guich. 61. MACAB. (88 35, 1.) Conorhynchus macrophthalmus Lac. Cited by Cuv., R. An. 325, under the genus Butirinus ; by V al., l9, 339, Abula parrae It is probable that the two species are identical. 62. PICUDA. (90, 35, 2 .) Sphyraena Picuda Poe y (9.) Cited by Bl., 110, under the name of Sp. Picuda, w hich he gives as a variety of Esox sphyransa L. Cu v ., 3, 340, refers it erroneously to the Sph. Becuna Lac. 63. CABRILLA. (93, 36, 1.) Serranus lunulahtus Bl. Cited by Bl., 329, under the genus Lutianus; by V al. 2, 379. 64. PEGADOR. (94, 36, 2.) Echeneis Guaican Poe y. Cited by Guich. Ech. naucrates L. see Poey Mem. 2, 248. 65. DONCELLA. (95, 37, 1.) Julis paxatus Val. Cited by Julis crotaphus by Cu v ., R. an. 258; Julis principis by V al., 13, 402; Julis patatus V al., by Guichenot.

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FELIPE POEY Y ALOY /441 /441 66. INNOMINADO. (96, 37, 2.) Ophisurus Havanensis Bl. Cited by Bl., 491, under the genus Muraena. 67. RUBIO VOLADOR. (98, 38.) Prionotus punctatus Bl. Bloch. 13, doubtfully refers it to the Trigla carolinensis L Cited by Cuv. 4, 93. 68. GUAVINA. (105, 39, 1.) Philypnus dormitator Bl. Cited erroneously by V al., 12, 223, under the name of Eleotris guavina. 69. ESTURIN. (106, 39, 2.) Acipense r. This species is from Florida; I leave its Identification to the Ichthyologists of the Unite States. 70. CHIFlS. (109, 40, 1.) Lepidosteus osseus L. Cited by Bl. in the genus Esox, p. 392; cited bt Guinch. Lep gavialis Lac. This species is from Florida. 71. MANJUAR. (111, 40, 2.) Lepidosteus tristoechus Bl. Cited by Bl., 395 under the genus Esox; by Guich. Lep spatula Lac.; by Poe y Mem, Lep manjuar.

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PRIMERAS INVESTIGACIONES PRIMERAS INVESTIGACIONES Sin lugar a dudas, la labor ms fecunda que Felipe Poey desarroll en el vasto campo de las ciencias naturales fue en las investigaciones ictiolgicas; escribi en una ocasin: [...] todo hombre tiene una misin, ya humilde, ya gloriosa, que cumplir en la tierra [...], 1 y l escogi, precisamente, esta disciplina como terreno de accin. Su vida, como sealara en el Prlogo de su magna obra Ictiologa cubana fue consagrada casi por entero, a excepcin del tiempo que sus obligaciones universitarias le tomaban, al estudio de los peces de la isla de Cuba. QUINT A P AR TE P RIMEROS T RABAJOS I CTIOLGICOS 1 Felipe Poey: Discurso de apertura ledo en la Universidad de la Habana el ao de 1884, Obras literarias, ed. cit., p. 47.

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FELIPE POEY Y ALOY /443 /443 Se enfrasc por vez primera en los trabajos ictiolgicos segn su testimonio en la dcada de los aos veinte, poca en que influenciado por Flix V arela y Justo Vlez, sus maestros del Seminario de San Carlos, comenz a preocupares por la utilidad de la ciencia. [...] es el ao de 1820, desde cuya fecha corrieron demasiado breves para m las horas consagradas al cultivo de la literatura, habindome dominado tirnicamente la historia natural con interminables dibujos de peces [...] 2 Algunos de los dibujos, hechos como aficionado y sin estudios previos, pintados a la aguada, y otros sin iluminar an se conservan varios de ellos 3 contenan esquemticamente las figuras de varios peces de nuestra fauna fluvial y martima: la doncella, la lisa, el ronco, la biajaca, la rabirrubia y el pargo fueron, entre una enorme lista, sus primeras muestras y el objeto de sus observaciones y notas; con ellos dibujos en total, ms 35 individuos conservados en un barril de aguardiente viaj Poey a Francia en 1826. Era el tiempo en que el ilustre Cuvier ordenaba sus primeros trabajos para la publicacin de su grande obra titulada Historia general y particular de los pe ces. Todo le fue entregado; y tuve el honor de ser citado por l y por su colaborador V alenciennes, ms frecuentemente que Don Antonio Parra. 4 2 Ibdem. 3 Felipe Poey: Cuadernos manuscritos, en: Instituto de Literatura y Lingstica de la Academia de Ciencias de Cuba, t. I V Ictiologa y Miscelnea. En este tomo aparecen los siguientes dibujos, bajo el ttulo de: Copias dadas a Cuvier en 1827 o 1826. 1. No. 5. Barbero 16. No. 37. Chicharro 2. No. 6. Agujn (2 dibujos) 17. No. 38. Corvina 3. No. 7. Salmonete colorado 18. No. 47. Condenada 4. No. 9. Genguano 19. No. 50. Escribano 5. No. 10. Ronco 20. No. 51. Robalo 6. No. 11. Doncella 21. No. 52. Lisa 7. No. 14. Pargo 22. No. 54. Rabirrubia 8. No. 15. Biajaiba 23. No. 55. Zapatero 9. No. 18. Cajs 24. No. 59. Catalineta 10. No. 21. Casavilla 25. No. 63. Sierra 11. No. 26. Matejuelo 26. No. 64. Cojenudo 12. No. 28. Pargo del Alto 27. No. 77. Palometa 13. No. 30. Rascacio 28. No. 80. Biajaca 14. No. 32. Catalineta 29. No. 89. Cabrilla 15. No. 33. Picuda (3 dibujos) 4 Ictiologa cubana, transcrita y comentada por Mario Snchez Roig y Federico Gmez de la Maza, ob. cit., p. 64.

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OBRAS 444\ 444\ El famoso naturalista francs Georges Cuvie r quien iniciaba el estudio de una de las clases ms numerosas y menos conocidas, agradeci la donacin, y recibi gustoso aquellos apuntes, dibujos y ejemplares conservados. 5 No estaramos lejos de la realidad si supusiramos que el profesor del Jardn de las Plantas acogi con simpatas el gesto del joven abogado cubano, ya fuera porque con los materiales enriquecera una parte de su obra, o tal vez porque la actitud del nuevo colaborador despertaba en l viejos recuerdos, cuando an siendo l un adolescente de 19 aos, preceptor en la casa del Conde de Hericy en Normanda, haca llegar a manos del cientfico Esteban Geoffroy Saint-Hilaire sus primeros dibujos y manuscritos sobre moluscos. Cuando comenzaron a salir de imprenta los primeros tomos de la Historia natural de los peces (22 volmenes, el primero sali en 1828 y el ltimo en 1849) escritos por Cuvier y su asociado Aquiles V alenciennes, todava Poey se encontraba en Pars. Aqu pudo valorar la utilidad de sus observaciones, pues varias de ellas se incluyeron en algunos de los primeros volmenes. En el tercer tomo aparece el nombre de Poey vinculado con los de Ple, estudioso de la fauna marina de Martinica, y de Marcgrave, quien trabaj los peces de los mares brasileos. Ambos especialistas detallaron el pez conocido como salmonete en sus respectivas investigaciones, y a ellas Cuvier y V alenciennes sumaron lo siguiente: Acerca del dibujo del S r Poey que hemos recibido de Cuba, hemos visto tres manchas, como las que Bloch ha publicado: una cerca del ojo, la otra a la derecha de la punta de la pectoral; la tercera entre el nacimiento de la segunda dorsal y de la anal. El S r Poey dice en una nota que su color es de un rojo anaranjado ms oscuro en la parte superio r y muy claro en la inferior. 6 Al estudiar las caractersticas morfolgicas de la Corvina ronchus tomando como modelo un ejemplar del Gabinete del Rey en Pars, los autores acudieron a las observaciones hechas en Cuba, agregando: Creemos adems haberlo reconocido en un dibujo hecho en La Habana que nos ha sido comunicado por el S r Poey bajo el nombre de berruato. 7 Otras informaciones dudosas sobre peces cubanos, prove5 Es conocida la ancdota de que Felipe Poey fue invitado por el Barn y la baronesa de Cuvier a una comida de honor a raz de estos acontecimientos. Carlos de la Torre, en su biografa sobre el naturalista cubano, publicada por el Ateneo de La Habana en el tomo segundo (1942) de Figuras cubanas de la investigacin cientfica pginas 325 y 326, hace mencin al hecho, agregando que la distincin con que fue recibido en casa de sus anfitriones jams fue olvidada por Poe y quien consider a Cuvier como el genio cientfico ms digno de ser imitado. 6 Georges Cuvier y A. Valenciennes: Histoire Naturelle des poissons Pars, 1829, t. III, p. 480. 7 Ibdem, t. I V p. 107.

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FELIPE POEY Y ALOY /445 /445 nientes de la primera Dcada ictiolgica y del Diccionario de historia natural de Eugenio Desmarest, fueron confrontadas por Cuvier y V alenciennes con los apuntes de Poe y logrando detecta r por ejemplo, que el dibujo representativo de la especie Umbrina fournieri era segn los de Poey una de nuestras corvinas, slo que en el diccionario clsico se omitan detalles morfolgicos tan importantes como la mancha del oprculo y la barbilla de la snfisis. Vuelto a la Habana, en 1833 escriba al recordar esta etapa de su vida en el Prlogo de la Ictiologa cubana reanud mis primitivas tareas; pero ya preparado con estudios ictiolgicos que me permitieron dibujar con ms inteligencia y correccin. 8 Cinco aos despus, ahora con los conocimientos cientficos adquiridos en Francia, el 4 de abril de 1838, presentaba a la Sociedad Patritica su proyecto para establecer en la ciudad el gabinete de historia natural. Al argumentar en su Memoria la utilidad de los museos planteaba que deban investigarse, en el caso particular de los peces, todas las especies propensas a trasmitir la enfermedad conocida como ciguatera. Transcurridos varios aos, en 1843, elaboraba en su obra impresa: Curso de zoologa profesado en la Real Universidad de La Habana, unas lecciones en forma de cuadros sinpticos cuya confeccin se basaba, precisamente, en el estudio de los primeros 16 tomos de la Historia natural de los peces de Cuvier y V alenciennes. Armado de la teora necesaria, cuyos antecedentes los encontr Poey en la obra de los autores franceses Cuvie r Valenciennes y Desmarest, as como tambin en el libro del portugus Antonio Parra, impreso en Cuba en 1787, Descripcin de diferentes piezas de historia natural las ms del ramo martimo y en el Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas de Esteban Pichardo, donde se distinguan por su nombre vulgar 50 peces cubanos. Tambin la experiencia prctica, que entre otros le trasmitieron el agrimensor Tranquilino Sandalio de Noda y sus amigos pescadores Cecilio Jcome y Jos Ignacio Hernndez, en 1849, edit en la publicacin seriada habanera El Artista la Revista zoolgica de la Isla de Cuba, ttulo en el cual incluy su primer opsculo cientfico relativo a los peces cubanos. El artculo est dividido en cuatro partes conexas: generalidades sobre los peces, gastronoma, ciguatera y arribazones. Comenzaba planteando, a manera de introduccin, que la clase de los peces, entre todos los vertebrados, era en Cuba la ms abundante e importante, si se valoraba como medio de subsistencia; pero era, a la vez, la menos investigada, por lo cual su estudio brindaba un amplio campo, al estar en l reunidas numerosas especies desconocidas y no descritas. 8 Ictiologa cubana ed. cit. en la nota 4.

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OBRAS 446\ 446\ En el acpite de generalidades, consider como una ley admisible de la naturaleza, aunque sujeta a excepcin, que cada regin conservaba sus propias producciones animales y vegetales, especificando, en el caso de su inters, que los habitantes del mar, a pesar de la franca comunicacin en que se hallaban, no estaban excluidos de la norma. A estos razonamientos, siguieron otros sobre el colo r las formas y las dimensiones de estos vertebrados. En su opinin, los peces de mares tropicales estaban, en cuanto al colorido, ms favorecidos que los de las aguas templadas y fras, porque: La luz que quita los colores a las obras de arte y a los despojos animales y vegetales, aumenta su intensidad en los seres vivos; 9 sin embargo, al referirse a las dimensiones expres que stos, al ser comparados con las especies de regiones fras, se quedaban atrs en tamao. Entr en otros detalles al tratar las bondades alimentarias de algunos peces. Al explicar por qu se presentaban en un artculo cientfico pormenores gastronmicos, argument: Si no fuera una necesidad el alimentarse, si para ello no trabajsemos sin cesa r me hubiera limitado al pasto del alma, a quien satisface ms la descripcin de costumbres, formas y colores que las cualidades que contentan el sentido del gusto y aplacan una necesidad del cuerpo. 10 Con esta temtica, enlaz sus ideas sobre la enfermedad llamada ciguatera, e hizo un llamado a las autoridades para financiar a escala experimental los estudios necesarios en viveros especialmente acondicionados para este fin, y analiz, en un ltimo acpite, las llamadas arribazones; es deci r la afluencia de peces de lo alto o de profundidad a zonas costeras o bajas. Por ser las arribazones, a la par de instructivo, un tema til a todas las personas dedicadas a las labores pesqueras, Poey sealaba que deba realizarse un verdadero estudio del fenmeno que era tomado en cuenta desde las peculiaridades geogrficas de las costas, y las pocas en que a ellas acudan en avalancha los peces, hasta el tiempo de su duracin. Insista en averigua r adems, la incidencia de los elementos climticos y todo lo relacionado con las especies que se presentan en cada poca, especialmente su orden de aparicin, tamao, la madurez sexual de hembras y machos, as como el rgimen alimentario y la apariencia exterio r. Algunas de sus observaciones finales sobre el tema fueron, por ejemplo, que las arribazones ms numerosas se presentaban en Cuba des9 Felipe Poey: Revista zoolgica de la isla de Cuba, El Artista 1849, t. II, p. 126. 10 Ibdem, p. 145.

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FELIPE POEY Y ALOY /447 /447 pus de los primeros vientos del norte, y que era frecuente en este tiempo encontrar un elevado nmero de los llamados peces de fondo; o que en pocas de lluvia llegaban a las costas los pargos grandes o lombriceros, as como en los meses de junio y julio la de los sanjuaneros. Estos fenmenos, al ser analizados de manera cientfica, quizs por primera vez en el pas, repercutieron en el desarrollo de las pesqueras de plataforma y acrecentaron el prestigio de Poey entre los sencillos trabajadores del ma r. A partir de estos momentos, pescadores experimentados e instruidos y hombres de buena fe, 11 como Cecilio Jcome, Eligio Martnez, los dos del poblado pesquero de Cojma r y Jos Ignacio Hernndez, del puerto de Cienfuegos, entre otros tantos colaboradores de igual procedencia, enriquecieron con sus conocimientos empricos la obra cientfica del ictilogo cubano. (Vase Apndice 3.) V arios aos despus de elaboradas sus primeras ideas sobre las arribazones, en 1884, Felipe Poey abordaba nuevamente el tema; pero esta vez en el discurso de contestacin para la recepcin de un catedrtico numerario en la Universidad de La Habana. El futuro profesor de la asignatura de Historia Natural, doctor Juan Vilar Daz, expona en esta oportunidad, ante el claustro general del alto centro docente un estudio titulado Corrida y arribazn de algunos peces cubanos. Este informe, acompaado de cuatro tablas con observaciones cientficas sobre el pargo, la lisa, la cherna criolla y la biajaiba, incluy las fechas de sus arribazones y corridas y los desovaderos en los diferentes puntos de las costas, con el objetivo prctico de sentar sobre bases tcnicas la industria pesquera del pas. 12 11 Manuscrito de Felipe Poey sobre los pescadores. Se encuentra entre los Papeles de Felipe Poey, en el Archivo del Departamento de Antropologa, Facultad de Biologa de la Universidad de La Habana. En este mismo manuscrito aparecen otros nombres, a continuacin se relacionan con las notas que lo acompaan: 1. Miguel Arriaga. Muchos aos de prctica en el mar y en la venta de la pescadera, hombre veraz. 2. Manuel Muoz. Aficionado muy inteligente. 3. Franco. Vende, no pesca, medianamente instruido. Boquete. 4. Santos. Pescador instruido segn Hernndez. Bacuranao. 5.Pepe. Pescador de Banes, Poca fe. 6.Monterino. Pescador de Banes, regularmente instruido. 7. Duarte. Vendedor del Boquete, honrado, poca experiencia. 8). Lindian. De Cojmar. 9. Guacan. De Cojma r 10.Pancho Ramos. De Cojmar. 11. Narciso Dulzaide. Aficionado instruido. 12. Pablo Lesmes. 12 Para que se tenga una idea del nivel que la industria pesquera del pas alcanz en esta poca, daremos a continuacin algunos datos extrados del artculo Comercio de pescado en La Habana, publicado en la revista El Museo 1883. Segn esta fuente, el negocio de pescado vivo en la capital ascenda a la suma de 15 000 a 16 000 libras diarias, incluyendo en ella el peso de 4 500 a 5 000 libras de cherna tradas desde zonas cercanas a la Florida y Yucatn. Para el comercio de la cherna viva existan

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OBRAS 448\ 448\ Al reflexionar Poey en su alocucin acerca de las concepciones de Vilar y los mritos de su obra, previ algunos de los derroteros por donde debera transitar la ciencia ictiolgica en la resolucin de nuevos problemas. El reconocimiento a la actitud de su discpulo, cuando ste manifest su gratitud ante el apoyo que los pescadores le ofrecieron, qued expresado en las palabras finales del discurso: El D r Vilar ha tenido la feliz idea de ponerse en relacin con pescadores experimentados, que ensean ms que los libros; valiosa, como l la llama. No ha desdeado tomar en su mano pulida las manos callosas del hombre de mar: para la ciencia no hay aristocracia. 13 Piscicultura Uno de los proyectos promovidos en Cuba durante la segunda mitad del siglo XIX fue la cra y reproduccin artificial de peces de agua dulce; pero este propsito, salvo en casos muy contados, provenientes siempre de particulares interesados, nunca de autoridades oficiales, no obtuvo el necesario respaldo. Sin embargo, la importancia comercial en ascentres grandes empresas cuyos depsitos estaban situados en Casa Blanca, las cuales disponan de un tren de cachuchas capaces de contener vivos 100 toneladas de pescado. Un total de 19 buques cubanos y 14 norteamericanos realizaban la actividad que surta de pescado a La Habana. Existan 34 pequeos viveros para el comercio del pescado conocido como peje santo, especie que se capturaba con nasas desde la zona de Mantua en Pinar del Ro, hasta los cayos de Sagua. La pesca de la costa norte dedicada al consumo diario se practicaba con las artes del chinchorro y la nasa; llegaron a capturarse hasta 1 200 y 1 500 libras; en pocas de arribazones ascenda a un total de 2 000 libras. El precio de esta venta al por mayor era de 0, 30 a 0, 40 centavos la libra. El punto ms importante del comercio de pescado en la costa sur estaba localizado en Bataban; all existan tres grandes compaas propietarias de 150 viveros. El arte de pesca ms generalizado para las capturas, en esta zona, fue la nasa. De este punto llegaban a La Habana diariamente 300 arrobas de pescado conservado en hielo. La pesca de la lisa especie que reemplazaba al bacalao cuando se consuma salada se practicaba fundamentalmente en la costa occidental de la Florida. El precio de venta del quintal en La Habana era de $ 3.00 a $ 4.00. Otros renglones de pesca sealados en la publicacin fueron los de carne de tortuga y el de las esponjas; pero stos estaban ceidos a un comercio ms limitado. 13 Felipe Poey: Contestacin del Sr. D. Felipe Poey y Aloy, Corrida y arribazn de algunos peces cubanos. Discurso del Sr. D. Juan Vilar Daz en el acto de su recepcin en el claustro general, como catedrtico numerario por oposicin de la asignatura de Historia Natural (primero y segundos cursos) de la Universidad de La Habana el 21 de enero de 1884, Imprenta El Adelante, La Habana, 1844, p. 6.

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FELIPE POEY Y ALOY /449 /449 so de esta actividad cientfico-productiva en el extranjero, fue entonces avizorada por algunos criollos y peninsulares en la Isla, a los cuales llegaban obras afines a la agricultura y sobre sus aplicaciones. lvaro Reynoso, desde las pginas de una publicacin espaola titulada: Los progresos de las ciencias, mostraba en 1856 su inters por este ramo, al escribir su artculo Piscicultura. Sobre la cra artificial de los peces de agua dulce para poblar los ros, lagos y lagunas. Por su parte, el autor espaol, doctor en medicina y ciruga, y director general de las Escuelas Profesionales de La Habana, Antonio Blanco Fernndez, llamaba la atencin sobre el tema al dedicar a este arte de criar y reproducir peces todo un captulo de su libro Ensayo de zoologa agrcola y forestal, sea tratado de los animales tiles y perjudiciales a la agricultura, a los montes y al arbolado, el cual, aunque editado en Madrid, se vendi en la imprenta y Librera Habanera La Intrpida, en la farmacia del doctor Luis Le Riverend, y en la portera de los padres Escolapios de Guanabacoa. No se puede afirmar categricamente que Poey leyera estos escritos; pero s que estaba enterado, por medio de la bibliografa que su hijo Andrs le remita desde Francia, de la importancia creciente que en el orden cientfico y econmico iba adquiriendo en el viejo continente la llamada industria pisccola. En una carta escrita en 1856 desde Pars, Andrs trataba de interesar al hacendado Juan Poey en el asunto de la produccin artificial y aclimatacin de un vivero indefinido de peces y sanguijuelas, 14 y le recomendaba que, para su informacin, viera la obra que sobre este particular posea su padre, y que l mismo le haba enviado; pero parece que al to hacendado, ocupado como estaba en la produccin azucarera, la idea le result poco atractiva, pues en una de las cartas que Andrs dirigiera a su padre, se encuentra la siguiente nota: Por ltimo, si ni Juan Poey ni la Junta de Fomento o cualquier otro individuo no quieren entrar en esta empresa te aconsejo fuertemente que me autorices tus costos para hacer un viaje a Huningue, etc., para visitar y tomar lecciones pr cticas sobre la produccin artificial de los peces y de las sanguijuelas, con el fin de organizar en pequeo estos [experimentos] en un bassin de algn jardn o en las inmediaciones de La Habana en casa de algn particular o en algn jardn del Gobierno. 15 14 Felipe Poey: Cuaderno manuscrito, documentos y cartas, en: Instituto de Literatura y Lingstica, Academia de Ciencias de Cuba. (Carta de A. Poey a F Poey, fechada en Pars, 1856.) 15 Poe y Felipe: Cuaderno manuscrito, documentos y cartas en el Instituto de Literatura y Lingstica. (Carta de A. Poey a F Poey, sin fecha.) Huningue era un establecimiento de piscicultura en Francia, creado a iniciativa del S r Coste, profesor de Embriogenia del Colegio de Francia, y dirigido por los ingenieros Berthot y Detzen. Fue uno de los primeros establecimientos de este tipo en los que se practic con buenos resultados la fecundacin artificial.

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OBRAS 450\ 450\ Era evidente que a Andrs le escaseaba el dinero en Europa, y ante la frialdad con que fue recibido su loable proyecto en Cuba, con el cual pretenda hacer productiva hasta la misma Cinaga de Zapata, que no da segn su expresin producto alguno en el da, 16 se vea obligado a buscar en su padre quien gozaba de un gran prestigio cientfico el apoyo financiero que con anterioridad haba recabado de Juan Poe y, uno de los hacendados ms ricos del pas. Por esto en esa carta, se vio precisado a aclarar: Se entiende que har ese viaje con economa y que no te hago pagar un trabajo, porque los conocimientos que adquiera en esa parte me sern tal vez til para ponerme maana al frente de algn grande establecimiento de piscicultura que pueda establecerse en Cuba. Hasta ahora, no he hecho ms que cosechar para sembrar maana, pero labro en un terreno muy ingrato, que es el de la ciencia, sin embargo, sta unida a la industria puede producir algo. 17 El deseado viaje a Huningue probablemente nunca lleg a efectuarlo Andrs, ya que tal y como se le presentaron los acontecimientos, a partir de la aprobacin en 1855 de su viejo anhelo, la fundacin de un observatorio fsico-meterico en La Habana, recibi en julio de 1857 la orden de regresar a Cuba, pasando antes por Alemania e Inglaterra. Su lugar de residencia, Francia, tambin se inclua en el periplo. En estos pases deba comprar los instrumentos necesarios para el futuro instituto. Andrs Poey regres a Cuba en 1858, y se dedic a las nuevas tareas organizativas de la actividad meteorolgica; al ao siguiente tuvo que viajar nuevamente a Europa, en esta oportunidad a Espaa. En lo que a don Felipe corresponde, sus esfuerzos se encaminaron a indicar cules eran las especies fluviales existentes en el pas, con las cuales se podan iniciar los trabajos de cra y reproduccin artificial. As propuso la guavina ( Philypnus dormitator) sobre la cual aconsej: Esta es la especie ms comn en nuestros ros, y la que ms crece, por cuya razn debe llamar la atencin de los amigos de la piscicultura. 18 En otros casos, al no ser las especies oriundas de nuestras aguas interiores como el gurami ( Osphromenus Olfax con ese nombre cientfico aparece sealado por Poey), hizo un llamado al gobierno a travs de la prensa, 19 para que se preocupara por introducirlos y propagarlos en las lagunas y los ros del pas. Poey conoca que en la Guayana Francesa se haban importado con algn xito estos peces, cuyo rgimen alimen16 Ibdem. 17 Ibdem. 18 Felipe Poey: Revista de los tipos Cuverianos y Valenciennianos correspondientes a los peces de la isla de Cuba, Repertorio fsico-natural de la isla de Cuba ed. cit., t. I, p. 337. 19 Felipe Poey: Gurami, Revista Habanera 1861, t. II, pp. 383-384.

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FELIPE POEY Y ALOY /451 /451 tario se basaba en plantas acuticas; l se basaba en la experiencia de Cayena puerto al cual llegaron vivos setenta y siete individuos de un centenar adquirido y consider beneficioso aclimatarlos en Cuba, por se r adems, de fcil cultivo en estanques de agua dulce y ros. Otro pez que aconsej propagar en agua dulce fue la mojarra (en Cuba se conocen dos especies de mojarra, Eucinostomus argenteus, y Eucinostomus guea ), pues segn afirmara se acostumbraba fcilmente a vivir en este medio, no obstante ser propia de aguas salobres. Transcurridos algunos aos, en 1874, el hacendado Francisco Caldern y Kessel, dueo del potrero Almirante, y uno de los ms grandes cosechadores de ctricos en la regin occidental del pas, se propona introducir en sus predios dos nuevas especies de peces de agua dulce, la carpa ( Cyprinus carpio ) y la tenca ( Tinca tinca ), tradas por l desde Europa, especialmente para este fin. Felipe Poe y al enterarse de las tentativas de su amigo, hizo pblica la noticia en la revista habanera El Genio Cientfico: Dignos de elogio son los hombres de ciencia que recomiendan, en diversos pases, la introduccin de peces, principalmente de agua dulce, que ponen al alcance del mayor nmero de personas un alimento agradable y sano. El Excmo. S r D. Francisco Caldern y Kessel ha hecho una cosa mejor: ha trado los peces. Su aficin a la zoologa aplicada, su viaje, su feliz arribada a nuestro puerto nos proporciona este provecho. El S r Caldern se propone aclimatarlos, multiplicarlos y repartirlos a los hacendados y agricultores de la isla de Cuba. 20 Las carpas desafortunadamente murieron en la travesa y no pudieron ser estudiadas por Poe y pero las tencas llegaron vivas a La Habana y aqu pudo el naturalista observarlas en perfecto estado. Su descripcin sigue a continuacin: La tenca tiene corta la aleta dorsal: su primer radio en poco se diferencia de los dems; las escamas son pequeas, y las barbillas que rodean la boca son muy cortas. El color va con la mayor o menor pureza de las aguas; de ordinario es verde intenso a lo largo del lomo, amarilloso de lado y blanquecino por debajo. 21 Agreg otras explicaciones sobre su rpido crecimiento y reproduccin y seal que por permanecer a veces en aguas estancadas su carne adquirira sabor a cieno, que le quita gran parte de su estimacin. 22 20 Felipe Poey: Piscicultura, El Genio Cientfico 1874, t. II, ao 2, p. 20. 21 Ibdem. 22 Hoy se conoce que el sabor a cieno, del cual hablara el naturalista cubano en su artculo Piscicultura (vase referencias 15 y 16), no lo produce el agua estancada, sino la inclusin, en los lpidos de los peces, de una sustancia liposoluble conocida como geosmin, que es un producto de excrecin de algunos actinomicetos (hongos) y algas verde azules que viven en el agua dulce.

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OBRAS 452\ 452\ En el caso de la carpa, record, que aunque se le consideraba originaria de Europa, el ictilogo ingls Albert Gunthe r la daba por nativa de Asia, principalmente de China, desde donde haba sido trasladada a Japn, la isla de Java y a ciertos puntos de Amrica, conocindose la especie en Francia con el nombre de carpa del Japn. Al hablar de sus bondades, afirm que era un pez de carne muy apetecida y de fcil propagacin. Desafortunadamente, son pocos los datos conocidos sobre la empresa iniciada por Caldern y Kessel a mediados del siglo XIX y no sabemos a ciencia cierta si tuvo el xito deseado con las tencas que llegaron vivas a La Habana las mismas que Poey observ o incluso, si insisti en traer nuevas carpas como era su voluntad. De hecho, slo podemos agregar que las especies exticas de las cuales se trata, no fueron notificadas como existentes en los ros y lagunas de Cuba en varias obras sobre piscicultura que con posterioridad se escribieron en el pas, por lo que es posible no llegaron a adaptarse a las condiciones de la isla. Juan Vila r por ejemplo, al estudiar las especies de agua dulce en su libro Algo sobre peces de Cuba impreso en 1893, no las incluy en sus reportes; y el ingeniero director de montes y minas Jos Isaac del Corral, al tratar el asunto en un proyecto de 1925 para fomentar la industria pisccola, 23 propuso precisamente a la carpa y a la tenca como peces que podan importarse, aclimatarse y reproducirse artificialmente en los futuros laboratorios pisccolas cubanos. El manjuar y otros peces de agua dulce Entre los peces de agua dulce observados por Poey se encontraba el designado cientficamente por l como Lepidosteus manjuar (actualmente Atractosteus tristoechus ), cuya memoria en realidad un estudio detallado de la morfologa externa e interna de esta especie ganoidea de nuestra fauna fluvial titulada El manjuar fue motivo del anlisis detallado de Carlos de la Torre en su discurso de ingreso a la Real Academia de Ciencias Mdicas, Fsicas y Naturales de La Habana en 1889. Al exponer De la Torre su tesis Algunas consideraciones acerca de los manjuares, fij su atencin en los entonces controvertidos criterios acerca de la bveda craneal de este pez, rectificando las opiniones de su maestro, y las de Luis Agassiz, otro de los estudiosos de esta espe23 El proyecto de Jos Isaac del Corral se edit como folleto en 1928 por la Secretara de Agricultura, Comercio y Trabajo, bajo el ttulo de: Una nueva industria que puede establecerse en Cuba

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FELIPE POEY Y ALOY /453 /453 cie arcaica, comprobando, a diferencia de lo sustentado por ellos, que las placas que recubran exteriormente el crneo no eran huesos como se deca, sino escamas modificadas, independientes de la masa craneana, la cual realmente se encontraba en el casco osificado situado en la parte posterior de la cabeza. Poe y quien deba responder a la enmienda de su alumno, pronunci un discurso exento de toda vanidad cientfica, acorde con los principios ticos manifestados en sus largos aos de actividad creadora, y se refiri a Carlos de la Torre, en su nueva condicin de miembro de la institucin, con las siguientes palabras de bienvenida: Mucha satisfaccin me ha causado ver de esta suerte rectificada por mi discpulo mi opinin personal y la del profesor Agassiz, en la determinacin de seis huesos de la cabeza del manjuar. El acierto con que aplica a esta cuestin los conocimientos adquiridos en filosofa zoolgica, lo ponen tan alto en mi concepto, que no temo ser tachado de adulacin diciendo que se ha labrado a s mismo una corona, donde el coro de los naturalistas inscriba su nombre. Joven atleta, noble soldado de la ciencia, yo, humilde veterano te saludo, y de t me despido. Sea tu vida larga; sean tus das prsperos; brilla con el astro que nos ilumina; calienta con tus rayos mi tumba fra! 24 Es interesante sealar que en este mismo discurso de ingreso se plantearon otros criterios del naturalista cubano relacionados con los problemas filosficos de las ciencias naturales. Carlos de la Torre, al comentar las interrogantes que Poe y en 1854, formulara en relacin con la curiosa morfologa del manjuar, caracterizada por la estructura romboidal de sus duras escamas, y sus suposiciones de que fuera la especie una de las sobrevivientes de pocas remotas, le dio cierta connotacin transformista, conclusin que De la Torre comenta con la exclamacin: Sorprendente interpretacin transformista, escrita algunos aos antes de la exposicin del darwinismo! 25 En realidad lo que don Felipe haba escrito era que [los] ecos antidiluvianos proclamados por el S r Agassiz, y las lcidas notas que cayeron de su docta pluma, han despertado en m algunas ideas que me han dejado satisfecho acerca de las causas finales que encubran estos peces y que mi razn no acertaba a demostrar. 26 24 Felipe Poey: Contestacin al discurso del Dr. La Torre, A