Obispo de Espada

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Material Information

Title:
Obispo de Espada papeles
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Uniform Title:
Selections
Portion of title:
Papeles
Physical Description:
318 p. : port. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Díaz de Espada y Fernández de Landa, Juan José, 1756-1832
Torres-Cuevas, Eduardo, 1942-
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Civilization -- Cuba   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references (p. 287-301) and index.
Statement of Responsibility:
ensayo introductorio, selección y notas, Eduardo Torres-Cuevas.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 44762628
lccn - 2001388341
isbn - 9597078082
ocm44762628
Classification:
lcc - BX4705.D4825 A25 1999
System ID:
AA00008685:00001


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Full Text

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portadilla BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOS PAPELES OBISPOSPADADEE

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B IBLIOTECA DE C LSICOS C UBANOS C ASA DE A L TOS E STUDIOS D ON F ERNANDO O R TIZ U NIVERSIDAD DE L A H ABANA Esta obra se publica con el auspicio de la Oficina Regional de Cultura de la UNESCO para Amrica Latina y el Caribe. R ECTOR DE LA U NIVERSIDAD DE L A H ABANA Y PRESIDENTE Juan Vela V alds D IRECTOR Eduardo Torres-Cuevas S UBDIRECTOR Luis M. de las Traviesas Moreno E DITORA PRINCIP AL Gladys Alonso Gonzlez D IRECTOR AR TSTICO Earles de la O Torres A DMINISTRADORA EDITORIAL Esther Lobaina Oliva

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BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOSEnsayointroductorioLAHABANA,1999seleccinynotasEduardoTorres-Cuevas PAPELES OBISPOSPADADEE

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Responsable de la edicin: Gladys Alonso Gonzlez Realizacin y emplane: Viviana F ernndez Rubinos Todos los derechos reservados. Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 1999, Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, no. 4 ISBN 959-7078-08-2 Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don F ernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba Diseo grfico: Earles de la O Torres Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

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Si cultura es raz, conocimiento profundo de la siembra civilizatoria de una comunidad humana, el pensamiento emanado de ella es germinacin prolfera que se interacta como creacin y creador de ese ser nacional, fertilizndolo y haciendo surgir nuevas perspectivas en el desarrollo de las actividades colectivamente hegemonizadas. Una larga y profunda tradicin en el ejercicio de pensarnos, de someternos a crtica y a la vez, de proponer bsquedas y trazar alternativas, permiten ofrecer a las generaciones actuales una base slida, imprescindible, para pensarse desde la interioridad de su permanencia y desde la profundidad de lo continuo-discontinuo. Urgencia, vocacin y desvelo entraa la propuesta actual y actualizada de la Biblioteca de Clsicos Cubanos. No puede quedar en silencio la letra de dos siglos que nos independizaron. Tampoco, el espritu que nos defini. Acaso, hoy ciertas ausencias lo reclaman. Pero l no puede anunciarse por s solo. Ni las clasificaciones apresuradas de pensadores sin contextos y apenas algunos textos, ni el acomodo a las ltimas ediciones que alcanzan ya ms de medio siglo, nos lo devolvern. Lo cierto es que el riesgo de perderlo, ya a los finales del siglo XX o en los comienzos del XXI siglo que fue y siglo que es, constituye una verdad irrevocable. Frente a la conviccin de una prdida tan grave, nos convoca la vocacin de reconstruir para nuestro tiempo lo que en un tiempo fue; an ms, lo que puede llegar a se r. Una labor sin sosiego y desvelo nos rene en un compromiso comn: la cultura nacional, porque un dolor comn nos une: Cuba. Se advertir que en la historia de las ideas cubanas se encuentran las claves para entender un proceso histrico continuo-discontinuo el cual ofrece las experiencias ms raigales de las alternativas presentes y futuras. Nos asaltar la permanente preocupacin de un mtodo para pensar la sociedad. Desde los orgenes de la ciencia y con-ciencia cubanas se inici una profunda bsqueda para la comprensin terica de una sociedad que era para proyectar qu deba se r o sea, producir un pensamiento que responda a las necesidades y aspiraciones cubanas. En su prlogo a Miscelnea filosfica de Flix V arela, nuestro Medardo Vitier coment que un mtodo para pensar afecta, en sus resonancias, toda la estructura de una sociedad y puede alte rar una poca. Es acaso puede haber preocupacin mayor que una sociedad que no PRESENT ACIN Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos

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/VI /VI OBRAS COMPLETAS se piense a s misma? Puede haber aliento de reconstruccin sin pen samiento en construccin? Puede renunciarse a la creacin de una espiritualidad en tiempos de individualismos en el mundo, en tiempo del destiempo? Nuestras ideas, armas de siempre, deben verse tales cuales fueron, la sntesis de un pensamiento singular-universal propio, que no fue jams, en su expresin ms avanzada-emancipatoria, imitacin, sino creacin para la liberacin humana, social y nacional. Reside ah nuestra definicin mayor como cubanos. En cada una de las introducciones presentadas a las obras de los pensadores de esta coleccin se develan las herramientas tericas de nuestras investigaciones histricas actuales. Una actitud esencial orienta estos esfuerzos: no a partir de esquemas preestablecidos que mutilen y simplifiquen procesos, sino estudiar y penetrar los procesos mismos desde su dinmica. La teora nace aqu, brota de la realidad estudiada. Y no es casual la coincidencia con Marx, su mtodo que no exclua otros, cuando se trata de explicar sociedades, que es deci r transforma r. La Biblioteca de Clsicos Cubanos de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz debe sus primeros frutos a la edicin de Flix Varela. Obras, en tres tomos. La Biblioteca incluye en su proyecto: Clsicos cubanos de los orgenes del pensamiento emancipador y de las ciencias, hasta 1868; Clsicos de la liberacin y del cambio, de 1868 a 1920, y Clsicos de la Repblica, restructuracin y crisis, de 1920 a 1959. Estos estudios son y sern asumidos, todos, desde una perspectiva del presente. Slo as puede el pasado revelarnos su sentido. Generaciones flojas, desaprensivas, son incapaces de interrogar a pocas viriles. No le falt razn al pensador alemn de ese texto del siglo XVIII Y es que para interrogar crticamente, abre el camino de una slida cultura histrica y terica la Biblioteca de Clsicos Cubanos que a todos llegar: profesores de los diversos niveles de enseanza, profesionales de la poltica y la cultura; investigadores, creadores de nuestra cultura del siglo XXI ; estudiantes y pblico en general. S e trata de pone r al alcance del cubano y de todo aquel que se acerque a nuestras races, otro intento de coleccin de autores cubanos. E l deterioro fsico de las dos anteriores las dirigidas por Fernando Ortiz y la de la Universidad de La Habana confirman la idea de que no slo en el pensamiento pueden desaparecer las ideas. No menos nos anima el hecho de que cada generacin debe repensar la historia, escribirla. La Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, inspirada en los ideales del proyecto humanista de la Revol ucin, inicia este noble empeo. No busca en una memoria sin recuerdos; sino crear conocimientos para hacer memoria. Este esfuerzo resulta monumental, en su compromiso con Cuba, con su historia y su cultura, y ante las condiciones a que estamos sometidos en los finales de esta centuria y los comienzas de la prxima. Es la biblioteca que demanda quien quiera conocer el porqu de una historia, y tambin, quienes la hicieron y la escribieron. Eduardo Torres-Cuevas Director Biblioteca de Clsicos Cubanos

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La obra que presentamos a la consideracin del lector es una investigacin amplia y dificultosa. Para lograr los fines pr opuestos cont con la colaboracin de mi compaera Marina Gmez, ya fallecida, y de los licenciados Pablo Hernndez, Imilcy Balboa y Eusebio Reyes. F ue considerable la ayuda prestada por la licenciada Alicia Conde. A ellos, mi ms sincero agradecimiento. La edicin que he preparado para la Biblioteca de Clsicos Cubanos no slo difiere de manera notable de la anterior en los cambios de su ttulo, presentacin y nombre de los acpites del Ensayo introductorio, sino, y fundamentalmente, porque he podido corregir numerosos errores contenidos en la precedente: palabras, nombres, omisiones, variaciones del texto manuscrito, entre otros aspectos. Eduardo Torres-Cuevas NOT NOT A DE AGRADECIMIENTO A DE AGRADECIMIENTO

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El aire era como griego, y los conventos, como el foro antiguo, a donde entraban y salan, resplandecientes de la palabra, los preopinantes fogosos, los doctores noveles, con su toga de raso, los escolares ansiosos de ver montar en su cales a amarilla de persianas verdes, a aquel obispo espaol, que llevamos en el corazn todos los cubanos a Espada que nos quiso bien, en los tiempos que e ntre los espaoles no era deshonra amar la libertad, ni mirar por sus hijos (...) A Espada, el vizcano, se lo arrebataban a las puertas del camposanto los jvenes cubanos, con tal empeo por probarle amo r qu e en aquella lengua de oro que se llev consigo los saludaba as nuestro tierno Luz: Oh juventud divina! Oh poca de la vida ms honrosa, para la humanidad, porque te dejas regir del corazn, sin conocer la ponzoa del egosmo! V osotros me conmovisteis y conmovisteis a todos lo s presentes, jvenes mos! V osotros volvisteis a hacer brotar la no agotada fuente de mis lgrimas, y vosotros me hicisteis gustar con noble org ullo que era, habanero el corazn que en mi lata! Pero han de volve r sin duda, los tiempos de Espada! Jos Mart

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Ensayo introductorio Ensayo introductorio HA CIA UNA INTERPRET A CIN DEL OBISPO DE ESP AD A Y SU INFL UENCIA EN LA SOCIED AD Y EL PENS AMIENTO CUBANOS E DU ARDO T ORRES -C UEV AS I. Para comenza r Ser y hacer sobre el lecho de un volcn En la introduccin a la obra Jos Antonio Saco. Acerca de la esclavitud y su historia 1 y en el libro La polmica de la esclavitud. Jos Antonio Saco 2 adelantbamos tres hiptesis que, en nuestros estudios, resultaban cada vez ms ntidamente definidas e imprescindibles para el anlisis y sntesis del desarrollo econmico, social, cultural, poltico e ideolgico de la sociedad esclavista decimonona y los elementos que transitaron hacia la sociedad cubana capitalista dependiente. Del enfoque sistmico y del estu dio analtico de los diferentes componentes de aquella sociedad; de su anlisis cuantitativo y cualitativo; de sus contradicciones y paradojas multidimensionales, antagnicas o no, se obtiene una visin sintetizadora del complejo fenmeno que fue la sociedad esclavista del siglo XIX y principalmente, de las contradicciones fundamentales de esta sociedad: la esclavista y colonial, ambas comprometidas con el proceso de formacin nacional. Estas hiptesis resultaron ser: 1. El proceso de surgimiento, desarrollo y decadencia de la sociedad esclavista, iniciado a mediados del XVIII no es la historia de una clase o grupo dominante, la burguesa esclavista; de un sistema productivo, la plantacin esclavista, y de un pas, La Habana; no obstante ser esa clase o grupo dominante, ese sistema y ese pas los preponderantes. Por el contrario, esta socie1. Eduardo Torres-Cuevas y Arturo Sorhegui: Jos Antonio Saco. Acerca de la esclavitud y su historia Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982. 2. Eduardo Torres-Cuevas: La polmica de la esclavitud Jos Antonio Saco Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984.

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P APELES 2 \ 2 \ dad presenta una riqueza de formas productivas, que generan a su vez clases, grupos, sectores y capas sociales con diversas variantes y diferentes intereses econmicos, sociales, polticos y culturales, los cuales se expresan en regiones econmicas y geogrficas, formas de vida, composicin social, estructuras, mentalidades, estructuras sociales y proyecciones ideolgicas de mltiples variables, interrelacionadas entre s en arrtmico y contradictorio movimiento. Sin embargo, todo este amplio espectro histrico que manifiesta riqueza de elementos y matices en el complejo proceso econmico, social, poltico y cultural, la historiografa tradicional intent obviarlo al hacer de la historia de Cuba la historia de una clase o grupo social, de una oligarqua portadora de un solo y excluyente proyecto econmico social. A partir de esta visin, la interpretacin de figuras de pensamiento como Flix V arela y Jos Mart, tan contrarias a l, se trata de hacer compatible con esas concepciones. 2. El crecimiento de la plantacin esclavista, a mediados del siglo XVIII no resulta un proceso idlico, sin contradicciones y paradojas, durante el cual se produce un enriquecimiento masivo social la poca feliz del gran Don Pancho, F rancisco de Arango y Parreo, de su clase y de sus aclitos y amanuenses, como Antonio del V alle Hernndez, sino un violento forcejeo en el cual una oligarqua numricamente insignificante, pero poseedora de los capitales y de la tierra, controladora de todas o por lo menos de las principales instituciones del pas, portadora de todas las representaciones efectivas que sustanciaban las relaciones internas e internacionales en particular de su maridaje con las figuras de poder de la Corona espaola y de importantes casas comerciales inglesas y norteamericanas, explota sin tasa ni medida a todo el resto de la sociedad, creando profundas deformaciones sociales e injusticias, slo parangonables a las de sus mulos esclavistas ingleses, franceses, norteamericanos y brasileos. 3. Desde los inicios de la plantacin esclavista, y como consecuencia de las luchas internas generadas por la implantacin de este sistema, surgi otra corriente de pensamiento con otro modelo distinto al de la oligarqua esclavista, el del desarrollo capitalista naciente en el mundo, el cual, en Cuba, adquira caractersticas deformantes. Esta corriente tuvo especial nfasis en las capas medias, en los no plantadores y en un sector ilustrado de la intelectualidad cubana, quienes desarrollaron una variante reformista en algunos casos lleg a expresarse con un activo jacobinismo poltico cuya fuerza potencial radicaba en las capas medias y bajas de la sociedad en las cuales se fraguaba una verdadera cultura nacional popula r con influencia entre los negros y mulatos libres y blancos pobres Fracasada, esta variante ilustrada reformista en la dcada del 30 del siglo pasado, dejara como herencia importantes caractersticas sociales y culturales a los movimientos independentista y autonomista, varias dcadas ms tarde. Su sello estuvo en un paradigma tico-social que ha mantenido una presencia de conciencia en los proyectos culturales, sociales y polticos cubanos. Todas las bsquedas segn esbozbamos en los trabajos anteriores iban al encuentro del productor de esa corriente modernista e ilustrada,

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OBISPO DE ES P ADA / 3 / 3 abiertamente antiesclavista, antifeudal, defensora de los pequeos productores, enemiga sin freno de la trata negrera, catalizadora del ms importante movimiento cultural de toda la poca colonial si excluimos el excepcional valor del movimiento independentista de finales del XIX el segundo obispo de La Habana: Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa. En agosto de 1800, Daz de Espada y Fernndez de Landa fue nombrado Obispo de La Habana. Aproximadamente 18 meses despus, en marzo de 1802, llegaba a esta ciudad, y unos das ms tarde ocupaba la silla episcopal. Durante parte de ese ao y el siguiente estudi la sociedad habanera de su poca y comenz a dar los primeros pasos hacia su adecentamiento y adelanto sociocultural. En noviembre de 1804 inici su visita a todos los poblados, villas, campos y ciudades del obispado. Este viaje le permiti conocer el pas en sus ms diversas formas de produccin, el estado de la poblacin, el atraso sociocultural y los ms atroces modos de explotacin del hombre por el hombre. A partir del conocimiento de la regin occidental del pas que abarcaba su obispado el ilustrado obispo adecuar su actuacin a un plan de modernizacin social y de transformacin cultural, pero tambin, durante aproximadamente cinco aos, elaborara un proyecto transformador de toda la sociedad cubana. Para realizar sus propsitos mostr un carcter frreo y un excepcional espritu de lucha que lo llev a enfrentarse a importantes esferas de pode r desde los grandes hacendados cubanos, hasta el propio papado. No hubo en la historia eclesistica de Cuba, ni antes ni despus, quien librara una batalla tan desigual por el pueblo humilde. Ni tampoco, durante los primeros siglos, quien, con un proyecto coherente y moderno, efectuara en la esfera cultural una obra de tal magnitud como la suya. Para poder comprender y evalua r con criterio histrico, su proceder y la importancia de su obra, debe considerarse que coincide con el auge del movimiento plantacionista en Cuba y los tanteos de la formacin de la nacionalidad cubana. Para el registro de la imborrable huella del obispo Daz de Espada en la historia cubana y la comprensin del contexto histrico que influy en su formacin, en su actuacin y en su pensamiento, debe precisarse la esfera de su ideario y de su obra en, o quiz, con ms propiedad, contra la sociedad en la cual realiz el descomunal intento de modernizacin, pretendiendo as, hacerla ms justa, libre y culta; sentar las bases para la superacin de seculares atrasos y oscurantismos y acaso con ms nfasis, disminuir la desigualdad social, a partir de sus concepciones ilustradas; corriente de pensamiento de profunda crtica del mundo feudal, y a su vez, de nuevas propuestas para un reordenamiento del pensamiento y de la sociedad. Pero si el pensamiento ilustrado serva de crtica al rgimen feudal y abra el camino hacia el desarrollo de la modernidad en el mundo, preludiando las revoluciones burguesas, en Cuba, la Ilustracin tambin fue sn toma de la penetracin en lo econmico y en el pensamiento de las concepcio-

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P APELES 4 \ 4 \ nes de los plantadores esclavistas, resultando as una ideologa adulterada. En el obispo Daz de Espada, y en algunos de sus seguidores, amigos, alumnos y profesores de su Seminario de San Carlos, la Ilustracin signific un ms amplio espectro de ideas en el cual la castracin necesaria de la alta burguesa esclavista no tena razn de se r En esta variante la de la pequea propiedad y las capas medias ilustradas, a la crtica del feudalismo y de todas sus incidencias socioculturales, se uni la critica a la esclavitud, con todas sus secuelas econmicas, sociales e ideolgicas. Una obra de remocin social y de transformacin ideolgica, cultural, de modernizacin y combate contra el tradicional oscurantismo medieval, como la que pretendi llevar a cabo, tena necesariamente que chocar contra fuertes intereses creados. Ningn obispo catlico en la historia de Cuba, ninguna figura pblica de la poca colonial, fue atacada con mayor violencia que el Obispo de La Habana. Se lanzaron contra el prelado, en el papado y en la Corona espaola, las acusaciones que por entonces mayor efecto podan tene r Daz de Espada result acusado de hereje, masn, jansenista, ateo, desta, iconoclasta, independentista, constitucionalista y depravado. Se le present como hombre de carcter violento y vengativo. Figuras importantes del V aticano afirmaron que era lobo de sus ovejas. La Corona lo intentara apresar en 1824 y el papado le iniciara un expediente, una de cuyas conclusiones indicaba su separacin de la dicesis. Pero los ata ques a Daz de Espada no fueron slo en su poca. Contemporneamente hay quien ha sostenido que barri, como un cicln tropical, la tradicin catlica y vaci de contenido espiritual la religin del pueblo. 3 Sin embargo, es de nota r y ya con agudeza lo observ Jacobo de la Pezuela, que los ataques a Daz de Espada provenan de sectores espaoles integristas y absolutistas, y del sector ms reaccionario del clero catlico vinculado a la reaccin conservadora posnapolenica asociada ideolgicamente a la Santa Alianza. Ningn cubano ilustrado lo atac. An ms, lo asumieron como la ms destacada figura que haya regido la dicesis de La Habana y el ms cubano de todos los funcionarios llegados de la pennsula. Qu hubo de verdad en toda aquella campaa contra el Obispo de La Habana? Qu carcter tuvo su obra? Cul es la trascendencia de sta? Estdiese al hombre en su circunstancia, su obra y su pensamiento, tal y como aparece en las fuentes cubanas. Sobre esta base hgase la valoracin histrica de una de las figuras ms polmicas de la historia colonial de Cuba. L A FORMACIN DE UN OBISPO IL USTR ADO En Arryave, poblado poco distante de Vitoria, provincia de lava, en la parte vasca de la pennsula ibrica, naci un nio, a las 2 de la tarde del 20 de abril de 1756 y bautizado al da siguiente en la iglesia parroquial 3. Miguel Figueroa y Miranda: Religin y poltica en la Cuba del siglo XIX El obispo Espada visto a la luz de los archivos romanos, 1802-1832, Ediciones Universal Miami, USA, 1975 (nota de la solapa).

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OBISPO DE ES P ADA / 5 / 5 de Santa Mara, segn consta en el libro nmero 2 de bautismos, folio 34, de esa parroquia. Por nombre se le puso Juan Jos; el cura prroco era su to abuelo materno, Juan Ruiz de Aza, y el padrino, el abuelo paterno, Eugenio Daz de Espada. 4 En los datos contenidos en la partida de bautismo de Juan Jos, y en una declaratoria de hidalgua expedida por Real Cdula de Carlos I V del 4. Sobre la fecha de nacimiento del obispo Daz de Espada se han divulgado algunos errores por la historiografa tradicional. Antonio Bachiller y Morales en su Galera de hombres tiles, en Apuntes para una historia de las letras y de la instruccin pblica en la Isla de Cuba (1861, t. III, p. 28), dice que naci el 23 de abril de 1775; Jacobo de la Pezuela y Lobo en su Diccionario geogrfico, estadstico, histrico de la Isla de Cuba (t. II, p. 300) seala como fecha de su nacimiento el 23 de abril de 1757; Domingo Rosan y Lubi en Necrpolis de La Habana (p. 261) lo fija el 23 de abril de 1756; Antonio Lpez Prieto en El obispo Espada. Sus virtudes, sus mritos, su apostolado (publicado en la Revista de Cuba 1881, t. XI, p. 76) introduce un nuevo error al indicar la fecha de 17 de abril de 1775; de igual forma resulta equivocada la data de Pedro J. Guiteras, tomo III de su Historia de la Isla de Cuba al repetir la de Pezuela y Lobo. Francisco Calcagno, en su Diccionario biogrfico cubano (p. 261), no se equivoca en este caso al consignar la fecha de su nacimiento; lo mismo sucede con Jorge Le Roy y Cass en su Historia del hospital San Francisco de Paula (p. 400), y con Csar Garca Pons en su destacada obra: El obispo Espada y su influencia en la cultura cubana (p. 30), en la cual deja constancia de la fecha del nacimiento del obispo. Jos de la Luz y Caballero en Apuntes para la nota necrolgica del S r Obispo Espada, en Escritos Literarios (p. 266), es el primero en ofrecer la fecha correcta del nacimiento de Espada. En Cuba existen dos copias de la partida de bautismo del obispo Daz de Espada. La primera, publicada por el doctor Ambrosio Gonzlez del Valle en el Apndice a las Tablas Obituarias de 1881 y la segunda, por el doctor Antonio Valverde en sus Documentos relativos al obispo Espada, publicados en la Revista Bimestre Cubana (vol. XXI, 1926, pp. 323-324). La primera, expedida por don Casimiro Vlez de Mendizbal, presbtero de la iglesia de Arryave en 1882, y la segunda, por Antoln lvarez y Prez de Manclares, cura de la misma iglesia en 1925. Aunque son muy parecidas, difieren en algunas palabras y en el nombre del cura que bautiz a Daz de Espada. En la segunda es deci r la reproducida por Valverde aparece con el nombre de Juan y despus con el de Francisco Este ltimo parece un error introducido por el copista, pues en la que reproduce Gonzlez del Valle aparece, al principio y al final, Juan Sobre la base del estudio de estas partidas de bautismo establecimos la fecha de nacimiento y otros datos personales de Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa. A continuacin, la partida tomada de Antonio Valverde: Dn. Antoln lvarez y Prez de Manclares, Presbtero. Cura ecnomo de la Iglesia parroquial de la Asuncin de Nuestra Seora, del pueblo de Arryave, provincia de lava, dicesis de Vitoria.Certifico: que en el libro nmero 2 de Bautismo de esta parroquia de mi cargo al folio 34 existe la partida siguiente: Juan Joseph Daz de Espada, Obpo. de la Havana. En veinte y uno de Abril de mil setecientos y cincuenta y seis y yo Dn. Juan Ruiz de Aza, cura y beneficiado de este lugar de Arryave, bautic solemnemente un nio, y le puse por nombre Juan Joseph (el cual naci a las dos de la tarde del da veinte) hijo legtimo de Andrs Daz de Espada, y Mara Fernndez de Landa, vecinos de este dicho luga r naturales, l de Armenta y ella de este dicho de Arryave:

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P APELES 6 \ 6 \ 26 de enero de 1788, 5 se comprueba la ascendencia ilustre, tradicional e influyente de la familia vasca alavesa. Era su padre, Andrs Daz de Espada y Lpez de Ondtegui, natural de Armenta. Descenda de dos linajudas familias de esta ltima zona unidas en los abuelos del nio, Eugenio Daz de Espada y Mara Lpez de Ondtegui. Segn la declaratoria de hidalgua, estas familias tenan una larga ascendencia en la tierra vasca, y una gran tradicin catlica. Se afirma que el obispo alavs del siglo VII San Prudencio, fue un ascendente remoto de ellos. Por otra parte, la lnea genealgica materna parece que tuvo su centro en la regin de Arryave. Era Mara Fernndez de Landa y Ruiz de Aza, madre del nio, natural de este poblado, y descenda de Ignacio F ernndez de Landa de Ullivarri Gamboa y de Mara Ignacia Ruiz de Aza, cuyo lugar de origen era el propio Arryave. Los Fernndez de Landa pertenecan a la nobiliaria casa Infansona y Solar de Landa que erigi en este ultimo lugar el palacio y la torre de Landa. Garca Pons reproduce, en su obra citada, el escudo de la casa Fernndez de Landa, en el cual aparece, cuartelado a la derecha superio r el de F ernndez (Gules con Castillo de oro; azur con cinco estrellas de oro, puestas en sotuer; plata con guila sable) y a la izquierda el de Landa (Campo de oro con dos lobos gules). 6 De lo anterior se desprende que el recin nacido, cuyos nombres y apellidos compuestos eran Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa, 7 perteneca a familias de la nobleza vasca alavesa vinculadas a otras de origen castellano. lava era la zona ms castellanizada de las provincias vascas. En esta familia se destaca en particular la carrera eclesistiAbuelos paternos Eugenio Daz de Espada y Mara Lpez de Ondtegui, naturales de Armenta; Maternos Ignacio Fernndez de Landa y Mara Ignacia Ruiz de Aza, vecinos que fueron de este dicho lugar; naturales l de Ullivarri Gamboa y ella de este de Arryave. Fue Padrino el referido Eugenio Daz, abuelo del bautizado, y por la verdad firmo ut supra .Francisco Ruiz de Aza.Concuerda bien y fielmente con su original a que me remito.Y para que conste firmo y sello la presente en Arryave a cuatro de febrero de mil novecientos veinticuatro.Hay un sello que dice: Parroquia de la Asuncin de Ntra. Sra.Arryave Consignamos los errores antes sealados, porque estn contenidos en importantes obras de consulta y estudio. Por ltimo, Garca Pons, en su obra ya citada, en la p. 30, y al parece r llevado por el error introducido en la partida de bautismo reproducida por Valverde, escribe el nombre del cura prroco como Francisco 5. Esta declaratoria de hidalgua fue consultada por Csar Garca Pons. Haba sido expedida en favor de un pariente del Obispo de La Habana, don Marcos Mara Fernndez de Landa, y obraba en poder del seor Luciano Revern y Fernndez de Landa en la ciudad de La Habana, cuando el citado autor escribi su obra. 6. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 31. 7. Creemos oportu no aclarar un error generalizado en relacin con los apellidos del obispo. Por lo general, se usa el primer apellido mutilado, llamndole solamente Espada; en otros casos, tambin en el segundo apellido y en lugar de escribir Fernndez de Landa se escribe, simplemente, Landa. Como ha podido observarse ambos apellidos son compuestos.

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OBISPO DE ES P ADA / 7 / 7 ca; esto parece comprobarse en los siguientes hechos: el cura de la parroquia de Arryave, Juan Ruiz de Aza, perteneca a la rama materna, y en 1800, ocupaba el mismo cargo otro miembro de la familia, Jos F ernndez de Landa. Los ambientes familiar y regional parecen decisivos para entender algunos aspectos de la personalidad y de las ideas de quien llegara, con los aos, a ser Obispo de La Habana. Apenas nacido el nio, su padre muere, y la madre toma a su cargo su educacin. En el hoga r y quizs a travs de tos, abuelos y buenos preceptores, recibe, de manos indudablemente expertas, los hbitos de vida, de marcada tendencia aristocrtica, la primera educacin, fina y delicada; las influencias en el pensamiento que marcaron su vocacin religiosa catlica y su amor a la libertad, y la disciplina en el estudio y en la vida, los cuales incidieron en su carcter recio y humano a la vez. Pero si el mbito familiar marc su espritu con una profunda religiosidad catlica, el social impregna r su pensamiento de un profundo amor a las libertades regionales e individuales, y de una constante inquietud investigativa por las ciencias y el nuevo pensamiento sociofilosfico. No puede pasarse por alto, a la hora de estudiar los orgenes de las ideas de Daz de Espada, las caractersticas polticas de la tradicin vasca dentro de los reinos hispanos. Euskadi era, por entonces, el nico lugar de Espaa donde el centralismo borbnico no haba destruido la autonoma regional; mantena con orgullo sus fueros por lo que en la poblacin exista un fuerte sentimiento hacia la patria chica y un arraigado concepto de las l ibertades y autonoma colectivas, simbolizadas en el rbol de Guernica, ante el cual, los reyes espaoles tenan que jurar respeto a los fueros vascos. La poca de Daz de Espada constituy una profunda remocin en las ideas. Y justamente por las provincias vascas comenzaron a penetrar en Espaa las nuevas ideas de la Ilustracin; y con ellas, se produjo entonces, con ms fuerza, el choque entre la reaccin conservadora y los sectores modernistas. Aqu, las luces tuvieron a su favor la tradicin vasca, terreno abonado para las ideas de las libertades individual y colectiva enarboladas por la Ilustracin. Daz de Espada naci y tuvo su primera formacin en los tiempos en que la inquietud por el nuevo pensamiento remova las bases de la tradicional Espaa imperial, conjunto de reinos sumidos en la ms dura decadencia desde el siglo precedente. La nueva poca, ms llena de interrogantes que de respuestas, impuso una lnea divisoria entre la Edad Media y la modernidad, entre dos formas de pensar y actua r. En 1746, diez aos antes del nacimiento de Daz de Espada, retornaba de F rancia el noble vasco Javier Mara Munive e Idiakez, conde de Peaflorida. F uertemente influido por las ideas ilustradas, organiz una tertulia en su casa en la cual se discutan temas relacionados con los ltimos adelantos y teoras en matemticas, fsica, historia y cuestiones de actualidad. Peaflorida, como algunos de sus contertulios, result un convencido de que el retraso espaol se deba a la prdida de las ciencias en los caminos del Peripato, por lo cual aconsejaba introducir la nueva ciencia experi-

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P APELES 8 \ 8 \ 8. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 23. mental, emprica y racional. En esta tertulia empez a sobresalir Manuel Ignacio y Portu, quien haba conocido personalmente a Juan Jacobo Rousseau y era un entusiasta de sus ideas; en especial, de sus concepciones pedaggicas antimemoristas. En 1765, cuando Daz de Espada tena cumplidos los 9 aos, le fue concedido a Peaflorida el permiso para crear una sociedad oficial para promover la enseanza, la cultura, y ayudar al desarrollo tcnico y cientfico vasco. As nacieron las Sociedades Econmicas de Amigos del Pas, y la primera se inaugur en las provincias vascongadas. Estas instituciones se convirtieron, en corto tiempo, en uno de los ms importantes instrumentos de la Ilustracin en Espaa. En particula r la Sociedad V ascongada pronto comenz a ensear latn, francs, geografa de Espaa y fsica experimental; efectu gestiones para mejorar la economa regional del pas vasco; motiv la redaccin de estudios, Memorias, sobre las cuestiones ms acuciantes, y cre bibliotecas publicas con libros extranjeros y nacionales. La actividad de la Real Sociedad V ascongada de Amigos del Pas se insertaba en las frreas murallas de la hispanidad aletargada, y logr la circulacin, en esta zona espaola, de autores de la Ilustracin. En 1790, un Breve del Papa autoriz a la sociedad a utilizar L E ncyclopedie aunque desde mucho antes sta circul entre los amigos del pas. El triunfo inicial de la Sociedad Patritica, le gan el favor del rey Carlos III, por lo cual pronto se le agreg el trmino Real a su nombre. Campomanes incit la creacin de sociedades similares en otras regiones de Espaa. En 1789 ya existan 56. Las sociedades fundaron escuelas gratuitas de dibujo, hilado, mecnica, matemticas y artes, fundamentalmente para artesanos. Tambin establecieron ctedras de derecho, filosofa y comercio. Las escuelas se caracterizaban por estimula r con medallas o premios en metlico, a los mejores alumnos. En 1776, la escuela que la Real Sociedad Patritica V ascongada mantena en V ergara, recibi el ttulo de Real Seminario Patritico, con autorizacin para ensear primeras letras, religin, humanidades, matemticas y ciencias fsicas. Posteriormente se crearon las ctedras de qumica y mineraloga. El Seminario de V ergara tuvo la importancia de introducir en Espaa nuevos mtodos educacionales que rompan los viejos moldes escolsticos. Adems, en sus estatutos, prevaleca el profundo sentido nacionalista y moderno de sus fundadores: La sociedad establece esta clase la de socios alumnos para dedica r de buena hora, los caballeros jvenes de las tres provincias vascongadas al estudio de las letras y formar unos buenos republicanos. 8 Cuando V ergara fue elevado a Seminario, Daz de Espada tena 20 aos. No parece haber estudiado all. Pero no es extrao que todo este ambiente ilustrado, de intensa bsqueda cientfica e intelectual, de despertar del atraso en el cual haba estado sumida Espaa en el siglo anterior y de irrupcin de nuevas ideas en la filosofa, la economa, el derecho,

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OBISPO DE ES P ADA / 9 / 9 la religiosidad y la poltica, unido a un fuerte sentimiento de amor patritico, le llegara a travs de sus espacios social y cultural. En su actitud, durante ms de 30 aos que estuvo al frente de la dicesis habanera, mostr claros indicios de su dominio del pensamiento de la Ilustracin y de su consecuente amor a la modernidad y al progreso. No extraa, por tanto, su marcado inters por la Sociedad Econmica de La Habana, y por el Seminario de San Carlos. l no sera el primero, ni tampoco el nico obispo que dirigi una sociedad de este tipo. En 1789, 13 aos antes de que Daz de Espada asumiera la direccin de la de La Habana, cinco obispos y un fraile dirigen en Espaa sociedades econmicas. En la adolescencia, Daz de Espada pas a estudiar a la ciudad de Salamanca; desde antiguo, importante centro sociocultural, y en la poca, con fuertes influencias y tendencias modernistas. Al respecto han existido ciertas dudas en algunos historiadores cubanos. La gnesis de esta incertidumbre proviene del trabajo de Antonio Lpez Prieto, ya citado. En ste aparece un prrafo en el cual expresa: Se dice que estudi en Salamanca, en su clebre Universidad, pero a pesar de nuestras vivas diligencias, no hemos podido comprobar este punto. 9 En nota aparecida en esa misma pgina, agrega: En 1879 escribimos al Ilmo S r ., Rector de la Universidad de Salamanca, quien se dign acoger la splica que le hacamos, disponiendo que se examinasen en el archivo los documentos y libros que pudieran dar luz en el particula r Practicado esto por el seor archivero D. Jos Mara de Onis, no se hall referencia alguna de estudios del S r Espada en aquel antiguo establecimiento. 10 Al estudiar este aspecto de la vida de Daz de Espada con detenimiento, nos hemos encontrado con varias fuentes referidas a los estudios del futuro Obispo de La Habana en esa universidad. El historiador espaol Pezuela, lo afirma e, incluso, agrega que los desarroll con todo lucimiento, 11 tal como si hubiera tenido a la vista pruebas documentales confirmatorias. En esta direccin, una de las fuentes ms importantes es la de Jos de la Luz y Caballero; Luz, quien conoci y admir personalmente a Daz de Espada, comparti con l, y manej fuentes orales y escritas sobre l, de manera que su testimonio puede tener validez, escribi: Pas en su adolescencia a estudiar a Salamanca donde tuvo 16 aos de estudios mayores. 12 Es de observar que Luz no dice que pasara a estudiar en la universidad, sino a la ciudad de Salamanca. El tiempo, y las explicaciones incluidas, demuestran que no slo fueron estudios universitarios los cursados por Daz de Espada en esa ciudad. De lo anterior se desprenden las siguientes hiptesis: a) Daz de Espada estudi en otros centros de Salamanca, o b) estudi en la Univer9. Antonio Lpez Prieto, ob. cit., p. 76. 10. Ibdem. 11. Jacobo de la Pezuela y Lobo, ob. cit., p. 300. 12. Jos de la Luz y Caballero, ob. cit., p. 266.

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P APELES 10 \ 10 \ sida d de Salamanca y el expediente se extravi o no se busc bien. Am bas hiptesis, sin embargo, parecen tener algo de verdad y no ser excluyentes S es indudable que se traslad adolescente a estudiar a la ciudad de Salamanca, donde permaneci 16 aos realizando estudios medios y superiores, y durante este tiempo inici sus actividades socioculturales. En la ciudad salmantina, Daz de Espada profundiz los conocimientos ya adquiridos en su terruo, formacin inicial decisiva para entender su posterior quehace r. Salamanca haba sido uno de los ms importantes centros de la cultura castellana del siglo XVI Conservaba, 200 aos despus, en sus principales centros educacionales, en particular en su universidad, as como en sus calles, edificaciones y tradiciones, la otrora perdida grandeza de la Espaa catlica e imperial de Carlos I y F elipe II. No obstante, no era ya el centro que haba sido. Qu tena aquel antiguo espacio citadino que pudiera marca r no slo en las ideas sino en los gustos y en la mentalidad, al estudiante proveniente de Arryave? Esta vieja Salamanca, monumento ptreo de lo ms brillante y a la vez, de lo ms oscuro del tesoro cultural de la hispanidad y del catolicismo espaol en la segunda mitad del XVIII devino importante centro donde se enfrentaban, con toda intensidad, las ideas de la Ilustracin hispana y la ms reaccionaria tendencia conservadora que an quera sostene r en los moldes de la ms pedestre tradicin, el negro ropaje de la Edad Media. Y en medio de esta lucha de ideas, se conform su universo ideolgico. Pero lo conform tomando partido por las corrientes innovadoras. Cuando el estudioso se aproxima a la obra de Daz de Espada en Cuba, nota que sta, como su pensamiento, difieren de manera sustancial de sus antecesores y de muchos hombres de su tiempo, aferrados al tradicionalismo medieval y oscurantista. La explicacin de esta diferencia puede estudiarse, en parte, a partir de las contradicciones entre la Espaa ilustrada del XVIII y la imperial de los siglos XVI y XVII la cual sobrevive, con todas sus armas, en el Siglo de las Luces. Ciertamente, no todos participaron en la introduccin, difusin y admiracin de las luces. Incluso, la mayora de la poblacin estaba excluida de la posibilidad ilustrada. Pero, en Salamanca, el joven estudiante define sus ideas. Su talento debi destacarse en el conjunto amorfo de la vieja ciudad salmantina. El estudiante de Arryave llega a ser testigo de la poca de esplendor del despotismo ilustrado de Carlos III y participa de los nuevos cambios que se promueven en toda la educacin espaola. Para entender el partido que toma, y la importancia de su accin, es necesario conocer su medio: la Espaa del siglo XVIII En Espaa, el Siglo de las Luces se inici con un importante cambio poltico. La Guerra de Sucesin, originada por la muerte de Carlos II, implic un cambio de dinasta. Felipe de Anjou, perteneciente a la casa francesa de los Borbones, fue reconocido por la nobleza castellana como nuevo monarca con el nombre de Felipe V dando fin a la poca de la casa de los Austrias.

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OBISPO DE ES P ADA / 11 / 11 La significacin de este cambio no estrib en una simple sustitucin de monarca y de casa reinante. El nuevo rey Borbn trajo consigo una nueva concepcin politco-econmica, basada en el modelo francs de Luis XIV y de su ministro Juan Bautista Colbert. Este modelo implicaba una mayor centralizacin y cambios en la economa como medios de robustecer el poder absoluto de los reyes; pero tambin significaba un intento por modernizar la obsoleta maquinaria poltica espaola, que haba sido incapaz de resolver los problemas causados por la decadencia del siglo precedente. El siglo XVII espaol se ha reconocido como el siglo de la decadencia econmica y poltica, ms que del imperio, de la sociedad espaola en su conjunto. Si, en el XVI Espaa haba brillado como la principal potencia europea, a fines del reinado de Felipe II se desarroll un sistemtico proceso de deterioro, resultado de factores internos, existentes desde los tiempos del esplendor espaol. Un manifiesto y sostenido declive econmico, social, poltico y milita r en los tiempos de los tres ltimos Austrias, marcaron en lo fundamental a Castilla. Los primeros intentos de modernizacin administrativa y econmica es deci r la implantacin del colbertismo tardo por Felipe V consis tan en el traslado del modelo francs a la realidad espaola. Pero sta, nada tena que ver con la sociedad francesa en la cual, despus del brillante perodo de la monarqua absoluta de Luis XI V y ante la evidente incapacidad de sus sucesores, las luces seran acogidas por una emergente burguesa y por una parte de la nobleza. Espaa deba comenzar por adecuarse al mundo moderno y dejar a un lado la desvencijada maquinaria imperial de los ltimos Austrias. Deba hacer ms, operar profundos cambios en sus concepciones econmicas, abandonar los elementos causantes de su deca dencia, destruir el espritu de pastura de la Mesta, desamortizar las tie rras, impulsar la agricultura, industria y comercio, eliminar las aduanas internas, romper las barreras al desarrollo econmico colocndola al nivel de las principales potencias europeas, y librar una intensa batalla por romper los moldes mentales del famoso protagonista del Quijote de la Mancha. Pero para ello, existan fuertes obstculos. La tenencia de la tierra resultaba uno de los factores ms importantes en la limitacin al desarrollo agrario de la pennsula. Las tierras de mano muerta y los mayorazgos, unidos a los tradicionales derechos seoriales, haban creado una propiedad amortizada que impeda su utilizacin en la explotacin agrcola. La Iglesia, la nobleza parasitaria, la Corona y las municipalidades, se repartan las mejores y la mayor cantidad de tierras, extrayndolas de la circulacin y la produccin. Por esto, un lugar comn de todas las aspiraciones para mejorar la situacin espaola devino la des amortizacin de las tierras. Por ello, tambin exista una alianza conservadora defensora de esos intereses creados, revestida de una supuesta ortodoxia religiosa y poltica. Otro factor de la decadencia agraria espaola lo constitua la ganadera ovina trashumante. La Mesta tena autorizacin para recorrer toda Castilla y poda destruir los sembrados. Los reyes espao-

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P APELES 12 \ 12 \ 13. Jaime Vicens Vives: Historia econmica de Espaa Editorial Vicens Vives, Barcelona, 1967, p. 432. 14. Benito Jernimo Feijo: Teatro crtico universal Clsicos Castellanos, Madrid, 1941. les la haban protegido, en evidente detrimento de la agricultura, porque constitua uno de sus principales ingresos. La industria segua con retraso a la agricultura no slo por no contar con suficientes capitales; sino, adems, porque la legislacin no le resultaba favorable y exista un desprecio manifiesto al trabajo manual, incompatible con la hidalgua. El comercio, sobre todo el colonial, se mantena dentro de los viejos cnones del siglo XVI justamente cuando ya en Holanda, Inglaterra y Francia se haban desarrollado las grandes compaas comerciales, pivotes de sus respectivas acumulaciones de capital Desde el ngulo de la poltica interna, Felipe V introdujo notables cambios en el aparato poltico espaol. La creacin de un consejo de ministros, utilizando personas calificadas en sus materias; la destruccin de la autonoma catalana; la supresin de las aduanas internas, las cuales mantenan fragmentada la economa espaola, y la mejora del trfico mercantil interno, con la ampliacin de la red rutera, permitieron a Espaa propiciar algunos pasos hacia una integracin econmica y poltica. Pero no se tocaron las bases mismas de la decadencia espaola. F elipe V represent una etapa en la cual se intent imponer el modelo francs por encima de la realidad espaola. Al terminar la Guerra de Sucesin, aquella primera generacin de reformadores hispanos entre ellos, Patio pensaron que haba llegado la poca de cambios para Espaa. Los hombres de esta generacin crean fcil la aplicacin de la estructura tcnica francesa a la realidad espaola, como un aparato ortopdico para que el pas empezara a anda r. 13 Pronto, los ilustrados espaoles comprendieron la imposibilidad de llegar a alterar la estructura de la sociedad, fundida por siglos de tradicin, mediante esquemas externos, y se plantearon hacerlo a partir de su realidad, considerando la potencialidad del universo espaol. ste fue el brillante papel que desempe la segunda generacin de pensadores del XVIII la generacin del padre Feijo. De ella, es hijo intelectual Daz de Espada. Estos pensadores se caracterizan porque someten a crtica las bases del feudalismo en Espaa. Fray Benito Jernimo Feijo, erudito monje benedictino, fue el principal iniciador de este espritu crtico mediante una serie de escritos, entre los cuales se destaca su obra Teatro crtico universal, que apareci por primera vez en 1726. 14 Despus de aos de estudios fuera de Espaa, Feijo se percat del retraso intelectual de su pas. Polmico y enrgico, siempre enfocaba los problemas en forma crtica; en especial, cuando se trataba de la herencia medieval del pensamiento espaol. Lleg a plantear que Espaa no necesitaba de libros de teologa, pues la unidad religiosa no se discuta. El problema espaol, consideraba, radicaba en la necesidad de adquirir adelantos cientficos. Pero lo ms notable

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OBISPO DE ES P ADA / 13 / 13 de la concepcin de Feijo era no ser una simple copia de la Ilustracin francesa. En la adecuacin del pensamiento universal moderno a las races de la hispanidad radic su mrito y su xito; en particula r su idea acerca de la ausencia de contradiccin entre las ciencias modernas y la religin. Poda romperse con Aristteles en la educacin y las ciencias espaolas sin afectar la fe catlica. As, dio a conocer los descubrimientos e ideas de Descartes y Newton, y convirti en su dolo a Francis Bacon, el gran enemigo del aristotelismo, hasta entonces proscrito de Espaa por hereje. Con valor defendi el mtodo experimental de Bacon frente a la escolstica espaola, se pronunci contra la devocin exagerada y supersticiosa a los santos, y se manifest contra los falsos milagros y todo lo que oscureca la religiosidad catlica. Sin menoscaba r sino tratando de rescatar lo mejor de las figuras intelectuales hispanas del pasado, utiliz como fuentes la literatura a su alcance (francesa e inglesa), en su sincero deseo de colocar a Espaa al corriente del pensamiento mundial de la poca, manteniendo la fe religiosa. Aunque sus ideas no eran nuevas, muchas resultaban desconocidas en Espaa; por ello, fue muy ledo y discutido. En sus trabajos no tuvo a menos atacar directamente creencias mantenidas durante siglos por instituciones bien establecidas. Sus trabajos sealaron el principio de una nueva vida intelectual espaola. A fines del XVIII apenas hubo una faceta del pensamiento espaol que, de una forma u otra, no le fuera deudora. La experimentacin en las ciencias y el espritu crtico en los asuntos intelectuales, caracterstica de la Ilustracin espaola, represent la leccin predicada por Feijo con ms empeo. Sus observaciones acerca de la medicina alentaron la penetracin de algunos trabajos extranjeros que pusieron en tela de juicio a Hipcrates y a Galeno, sobre la base de una nueva bsqueda experimental. Uno de los ms competentes seguidores de Feijo, Andrs Pique r profesor de la Universidad de V alencia, escribi un tratado sobre medicina basado en los descubrimientos de los mdicos holandeses y tradujo la filosofa de Descartes; Pique r a partir de la observacin y la experimentacin, tuvo numerosos discpulos, quienes cambiaron las concepciones de la medicina en Espaa. En el pensamiento ilustrado del obispo Daz de Espada estn presentes estas concepciones de Feijo y cuando aos despus, encuentra en La Habana al doctor Tomas Roma y ambos lucharan por el derecho a transitar por los caminos abiertos por Feijo y Pique r. Esta nueva actitud hacia el conocimiento llev a la traduccin y publicacin de algunas obras extranjeras. As, las traducciones de Spectacle de la nature, del abate Noel Antonie Pluche, y el Essai sur lelectricit des corps, de Antonie Nollet, alcanzaron el xito entre 1732 y 1746. En las dcadas siguientes se publicaron traducciones, ms o menos completas, de la Historia natural de Buffon y de la clasificacin de las plantas de Linneo. No obstante, el conocimiento de las obras de cientficos aislados resultaba insuficiente para informar a los espaoles de todo el universo de adelantos cientfico-tcnicos logrados fuera de Espaa. La Enciclopedia francesa pudo

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P APELES 14 \ 14 \ haber remediado esa necesidad, pero la Inquisicin la prohibi en 1759. A pesar de ello, instituciones pblicas de Barcelona, Madrid y las provincias vascas, la adquirieron. Por diversas vas, muchos ilustrados espaoles la leyeron de manera completa o fragmentada. Despus de 1780, el gobierno permiti la circulacin de una segunda enciclopedia francesa, la Encyclopedi Mthodique, publicada en Pars por C. J. Panckouke, y tambin se autoriz su traduccin. Pero, lamentablemente, esta obra careca de la brillantez de la primera. No estaba apoyada por las firmas de Jean Le Rond DAlembert, Denis Diderot, Franois Marie Arouet ( V oltaire ), entre otros. Especial relevancia en este movimiento tuvo el desarrollo de las ideas econmicas. A inicios de la centuria, algunos autores espaoles comenzaron a desarrollar la teora mercantilista de Colbert. Las teoras del economista francs resultaron las primeras en revitalizar el pensamiento econmico espaol, al rechazar el viejo concepto metalista. La obra de Gernimo de Eustriz, Theorica y prctica de comercio y de marina, publicada en 1724, desarrollaba y explicaba muy bien las lecciones de Colbert. En particula r la obra sealaba la necesidad de aumentar la industria, el comercio y la poblacin, de abandonar la fe en el oro y la plata, y dirigir los esfuerzos en favor de una economa agrcola y comercial vigorosa. La entrada de las ideas fisicratas, que conceban la tierra como fuente nica y estable de la riqueza, profundiz la crtica a las viejas ideas econmicas espaolas. En esta nueva concepcin se destacaron Miguel Antonio de la Gndara y Enrique Ramos (Antonio Muoz); este ltimo tena por pedestal de toda riqueza a la agricultura de la cual dependa, segn su criterio, toda la prosperidad de la industria y el comercio. Nicols de Arriquiba r desde una concepcin ms moderna que la fisicrata, abogaba por fortalecer la industria y suprimir el nefasto sistema de impuestos creado desde tiempos de F elipe II y al cual le atribua la ruina espaola. Pero, quizs, el autor que ms honda huella dej en las ideas econmicas de los ilustrados espaoles fue Ricardo W ard; irlands, establecido en Espaa, lleg a ser ministro de Carlos III. Su Proyecto econmico sirvi de base a las concepciones de los ministros espaoles y de libro de estudio a numerosos ilustrados; entre ellos, Daz de Espada. Los fiscales del re y Jos Moino, conde de Floridablanca, y Pedro Rodrguez de Campomanes, conde de Campomanes, continuaron las ideas de W ard. La poca en que Daz de Espada llega a Salamanca coincide con la maduracin de las ideas de la segunda generacin y el inicio de la llamada tercera generacin de pensadores ilustrados. Es la plenitud del reinado de Carlos III, y de esplendor del pensamiento de Campomanes y del conde de Aranda. Y a para entonces, la crtica ha conquistado a un nmero notable de personas de influencia y talento. El monarca los llama a los ministerios, a la presidencia del Consejo de Castilla, a las intendencias y corregimientos, donde aplican de manera sistemtica el intento renovado r en la reforma de la enseanza, en la liberacin del comercio, en la

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OBISPO DE ES P ADA / 15 / 15 explotacin de las colonias y sobre todo, en la transformacin de la mentalidad del pas. Campomanes en su Discurso sobre el fomento de la industria popula r 1774, ofrece soluciones de empleo en la agricultura y la industria para las masas ociosas; recomendaba el fomento de la artesana, la fabricacin de productos de primera necesidad y criticaba, con especial fuerza, la organizacin poltica espaola por mantener la tierra en manos de unos pocos, impidiendo el desarrollo de la agricultura; por ltimo, propugnaba la necesidad de difundir la enseanza de artes y oficios, y generalizar el progreso en todos los campos. En los aos inmediatos posteriores a 1780, aument el nmero de publicaciones en torno a asuntos econmicos. Se reprodujeron obras de los mercantilistas del siglo XVIII : Francis Melon, Gaetano Filangieri y Antonio Genovesi; autores espaoles como Xavier Prez y Lpez, y Juan Sempere y Guarinos, continuaban los ataques a la vieja concepcin espaola y propugnaban las ideas fisicratas de los ministros de Carlos III. Ms osado, el principal asesor del rey en asuntos econmicos, Francisco Cabarrs, abogaba por el derecho de propiedad, el sistema del laissez-faire en la industria, la reduccin de los derechos de aduana y la liberalizacin en el comercio nacional de los obstculos que impedan su desarrollo. A finales del siglo, algunos autores rebasaban los lmites del mercantilismo y la fisiocracia. Vicente Alcal Galiano ya introduca las concepciones de Adam Smith. Cuando en 1808 el obispo de La Habana, Juan Jos Daz de Espada y Fernn-dez de Landa, expone su proyecto para el desarrollo de Cuba, se observa su amplio dominio en el pensamiento econmico de la Ilustracin espaola. Otros aspectos del pensamiento resultaron de inters y por tanto, sometidos a crtica. Se empez a poner en tela de juicio el derecho tradicional espaol. En este sentido, la obra de ms xito fue De lesprit de les lois, de Carlos de Secondat, barn de Montesquieu. En poco tiempo, la obra fue prohibida por la Inquisicin; no obstante, muchos espaoles la conocieron e, incluso, Gaspar Melchor de Jovellanos, al dirigirse a la Real Academia de la Historia, en 1780, invoc su autoridad. A pesar de la censura, conferencistas y profesores universitarios la utilizaron con frecuencia. Pero en esta poca, en Espaa las teoras del derecho, eran dominadas por dos italianos. El primero, Cesare Bonesana, marqus de Beccaria, quien destacaba en su libro Del delliti e delle pene, la necesidad de reformar el derecho penal medieval, y el segundo, Gaetano Filangieri, autor de Scienza della legislazione, para quien Platn y Cicern haban quedado atrs en materia de derecho, siendo sustituidos por Montesquieu. Por entonces, Alfonso Azevedo public un libro en latn, en el cual condenaba el tormento. Manuel de Lardizbal, uno de los miembros del Consejo de Castilla, fue comisionado para hacer un estudio de las leyes penales espaolas. Lardizbal public su Discurso sobre las penas contradas a las leyes criminales de Espaa; para facilitar su reforma. En l, disertaba sobre la legislacin criminal desde el punto de vista moderno. En este ramo, tampoco Daz de Espada result ajeno a las nuevas ideas.

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P APELES 16 \ 16 \ 15. Richard Herr: Espaa y la revolucin del siglo XVIII Aguila r Madrid, 1973, p. 36. Adems, los autores franceses del Siglo de las Luces penetraron, si bien no todos ni todas sus obras, en Espaa. El mundo moderno, que haca sus tanteos, estaba impregnado de un espritu de bsqueda e indagacin, de crtica social e ideolgica; y ese espritu haba cruzado los Pirineos. Junto a las reinterpretaciones de los iluministas galos por autores espaoles e italianos, el reducido grupo de ilustrados hispanos pudo establecer contacto con algunos autores franceses. El ms conocido de todos en Espaa, y quizs el mejor acogido, fue Juan Jacobo Rousseau. Ya el padre Feijo lo citaba y en la imaginacin espaola era el modelo clsico de la Ilustracin. Su mile marc profundamente en la lucha contra los mtodos escolsticos de enseanza. V oltaire resulta otro de los filsofos que entr en Espaa, aunque la Inquisicin fue ms severa con l. Pero otro escritor francs dejara un hondo rastro en la Ilustracin espaola, acaso al nivel de Rousseau, tienne Bonnot de Condillac. En 1784 se publica una traduccin de su La Logique ou les premiers developements de lart de pense r Aunque no era una de sus obras ms famosas, en ella resuma su filosofa. Dos aos despus, apareci su Cours dtudes pour linstruction du price de Parme, dedicada a exponer su teora de la epistemologa. En este volumen tambin apareca el Essai de philosophie morale de Pierre Louis de Maupertuis, en el cual se expona la teora, comn a todos los filsofos, de que la moralidad se funda en el deseo natural de evitar el dolo r Los espaoles ilustrados vean a Condillac como el continuador de Descartes y Locke, y conocieron el sensualismo por medio de la versin extremada de este auto r. Un filsofo de menor categora, el abate Guillermo Raynal, criticaba la labor de los conquistadores europeos y de la Iglesia catlica en Amrica y Oriente, y otro autor extranjero, Gabriel Bonnot de Mabl y completaba la lista de la lectura bsica de la Ilustracin espaola. Escritores ms radicales como DAlembert, Helvetius, Holbach y La Mettrie, eran desconocidos al sur de los Pirineos. 15 No obstante la censura, los ilustrados espaoles tambin conocieron el papel ms importante de los iluministas franceses, aunque en sus variantes moderadas; a sabe r el de crticos de la estructura social, poltica y religiosa. Prueba de ello fue la difusin y aceptacin alcanzadas por Montesquieu y Rousseau. Si parte de la nobleza, los miembros destacados del gobierno, parte del clero y los extranjeros, no encontraron dificultades para recibir libros del exterior y entre ellos, las obras de los filsofos, el espaol medio s las encontr. El Consejo de Castilla estableci la prohibicin de la adquisicin de libros extranjeros sin previa aprobacin. Pero los escritores hispanos comentaban y compartan sus conocimientos sobre la vida intelectual de la capital francesa de la poca. Entre stos se destacaron Ignacio de Luzn, el duque de Almodvar y el ex jesuita Juan Andrs.

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OBISPO DE ES P ADA / 17 / 17 La Ilustracin espaola no constituy una imitacin servil del movimiento francs. Por una parte, los ilustrados de la pennsula abrazaron las ideas de la transformacin econmica, de la reforma del derecho, de la subversin de la educacin escolstica tradicional y de la necesidad de la justicia social; pero, por otra, se negaron, con las inevitables excepciones, a poner en tela de juicio la fe catlica. No obstante, la aceptacin del catolicismo en los ilustrados no result un mantenimiento de la vieja teologa tomista ni del oscurantismo pedestre de la Iglesia medieval. Si en Francia la crtica ilustrada se dirigi de lleno a las bases teolgicas de la religin, en Espaa se encamin a despojar a la Iglesia de todo aquello que durante siglos haba oscurecido el patrimonio de la fe con la accin inquisitorial y la dogmatizacin de los privilegios desmedidos del alto clero. La polmica religiosa espaola no se desarroll entre defensores de la Iglesia y protestantes, sino desde dentro de ella; una polmica entre quienes crean que sus principios religiosos no estaban reidos con el progreso social, las ciencias y el moderno conocimiento, y quienes, enarbolando el ms reaccionario conservadurismo, mezclando a Santo Toms y su teologa con la ignorancia, la supersticin y el fanatismo, negaban todo adelanto y se oponan, con todos los medios a su alcance, al progreso y a las ciencias. La estancia en Salamanca del estudiante de Arryave coincide con el momento de mayor intensidad de este movimiento ilustrado y tambin, con el momento de ms fuerza en la lucha entre la reaccin feudal y ultramontana y el ideario modernista. Los pasos de Daz de Espada en la ciudad salmantina reflejan el complejo proceso de su formacin catlica-iluminista. Inicia sus estudios en el colegio de Santa Mara de los ngeles, donde se prepara para estudios superiores en el Colegio Mayor de San Bartolom, instituto educacional del cual, segn Luz y Caballero, llega a ser recto r Es importante hacer notar aqu las caractersticas de este ltimo centro en su poca de estudiante. Los colegios, regidos por los jesuitas hasta 1767, cuando fueron expulsados de los reinos espaoles, pasaron a manos de sectores modernistas y se vincularon a un intento, a veces exitoso, a veces fallido, de transformar la enseanza tradicional espaola. Por ende, la educacin de Daz de Espada en el Colegio de San Bartolom no pudo ser ni la tradicional de las rdenes monsticas, ni la jesuita, apegada a cierto combate contra el tomismo. Los colegios intentaron nuevos mtodos docentes e introdujeron las nuevas ideas. En esta institucin, Daz de Espada se gradu de Bachiller en Artes (filosofa), Leyes y Cnones. Resultaba lgico que completara sus estudios en la Universidad de S alamanca y aunque no poseemos la prueba documental, la reiterada mencin en otros docu mentos oficiales referentes a sus estudios en esa universidad y sus relacio nes posteriores con ella, inducen a creer que, efectivamente, all curs estudios de teologa y de la cual, segn Luz y Caballero, fue diputado.

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P APELES 18 \ 18 \ 16. Segn el proceso formado en la informacin para el nombramiento de Daz de Espada como obispo de La Habana. 17. Ibdem (15), p. 138. Poste riormente se gradu de Doctor en Sagrados Cnones en la Universidad de V alencia, donde mereci ya fama de muy cientfico en Teologa. 16 Pero las universidades espaolas de los tiempos del estudiante Daz de Espada ya no eran lo que haban sido. Tambin constituan un conducto de la Ilustracin. En ellas, se batieron con fuerza las nuevas y las viejas ideas. Mientras las sociedades econmicas fomentaban la educacin primaria profesional para las personas de escasos recursos, el gobierno haba emprendido la reforma de la educacin universitaria; sobre todo, despus de 1767. Esa educacin haba quedado reducida, hasta entonces, a leer textos antiguos y de valor dudoso. F eijo ya se haba pronunciado en favor de la revisin de la enseanza de la fsica, la filosofa y la medicina. Una vez expulsados los jesuitas, el Colegio Imperial de Madrid se reorganiz y reinaugur en 1771, con el nombre de Reales Estudios de San Isidro. Ahora, sus programas incluan fsica experimental, derecho natural y de gentes, lgica a la manera de las luces; adems, aparecieron profesores laicos en detrimento del clero regula r Descartes y Newton entraron en las universidades espaolas, se incluyeron en los nuevos planes de estudios, de acuerdo a las necesidades de la poca. 17 Tambin se crearon ctedras de filosofa moral, matemticas elementales y fsica experimental, a partir de 1770 y por orden del Consejo de Castilla. No slo Descartes y Newton motivaron a los alumnos y profesores uni versitarios espaoles de la poca del estudiante Daz de Espada; Montesquieu, Bacon, Rousseau, Malebranche, Leibniz, Locke, Condillac, entre otros, eran estudiados, comentados, y no faltaron profesores que los explicaran en sus respectivas ctedras. Y no slo la filosofa moderna influy en las universidades, sino tambin en las rdenes religiosas de capuchinos y franciscanos, entre otras, las cuales no tardaron en introducir en sus conventos y colegios, y recomendaban el estudio de los filsofos, cientficos y pensadores ilustrados en general. No obstante, todava era excepcional hallar este nuevo espritu de la educacin en las escuelas; sobre todo, en las dirigidas por el clero. Un ejemplo lo tenemos en que, a pesar de los esfuerzos del Consejo de Castilla, el texto de Goudin sigui muy en boga e, increblemente, la Universidad de Oviedo an lo empleaba en 1792. Para el pensamiento espaol result importante la introduccin, por vez primera, en los Reales Estudios de San Isidro, del derecho natural y de gentes, en el cual se fueron interesando las universidades. Aunque pareciera algo peligroso (similar a la teora del contrato social de Rousseau), Carlos III, al aceptarlo, no haca ms que seguir el movimiento europeo general en las universidades catlicas y protestantes. Su enseanza no poda contradecir la unin necesaria de la religin, de la moral y de la poltica. Joaqun Marn de Mendoza, el hombre a quien Carlos III concedi la ctedra en los estudios de San Isidro, public una Historia del derecho natural

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OBISPO DE ES P ADA / 19 / 19 y de gentes, para quienes quisieran aumentar sus conocimientos por medio de la lectura. Los libros de textos empleados en los cursos oficiales de derecho natural y de gentes en las diversas instituciones, seguirn el modelo de la obra de Marn de Mendoza. Contenan explcitamente la teora del contrato social como origen de la sociedad. Aunque empleaban la teora para justificar la monarqua absoluta, negaban por inferencia el derecho divino de los reyes, pues stos, al ser elegidos por sus vasallos, segn los libros, y, de acuerdo con las leyes de la sociedad, podan ser juzgados de injustos. De Salamanca sali nutrido el futuro Obispo de La Habana de las luces. All debi conocer las crticas de los padres Feijo e Isla; las ideas econmicas de Ward y Campomanes, entre otros; las concepciones del derecho natural y de gentes y el contrato social, ya por la versin de Rousseau, ya por la de Marn de Mendoza; la filosofa moderna de Descartes, Bacon, Newton, Leibniz, Locke, Condillac y Mabl y All se nutri del nuevo espritu de progreso, de bsqueda cientfica y racionalista de los tiempos modernos, y all se consolidaron sus concepciones religiosas, no al viejo estilo del oscuro siglo XVII espaol, sino al nuevo que intentaba hacerse compatible con la modernidad, condenando la supersticin y la ignorancia. La poca de su formacin ha sido determinante. Daz de Espada haba arribado a los colegios mayores y a las universidades junto con las opacas luces espaolas. Amar el progreso, las ciencias y el arte nuevo, y ellos sealarn sus pasos. El joven estudiante no slo estuvo interesado en su formacin, sino tambin particip en actividades sociopolticas, tomando partido por el movimiento modernista ilustrado. Esto se ha confirmado por su solicitud y posterior incorporacin a la selectiva y progresista Real Sociedad Patritica de Salamanca. 18 Y a en este perodo de su vida, en plena juventud, por su prestigio, ha acudido a la Sociedad Econmica, ha sido rector de San Bartolom y diputado de la Universidad. 19 A los 26 aos inici su carrera sacerdotal al ser ordenado presbtero por e l Obispo de Segovia. Sucesivamente ejerci las siguientes funciones: 11 aos como cura; confesor y predicador con licencia absoluta en Salamanca, Calatrava y Plasencia; abogado de los Reales Consejos, con tres aos de ejerc icio; opositor a prebendas doctorales y fiscal general del obispado de Plasencia. En octubre de 1786 era vicesecretario del obispado de esta ciudad. 20 En enero de 1792 fue nombrado Provisor y Vicario General de la abada y territorio de Villafranca del Vierzo, zona destacada en la historia de la pennsula, pero muy distinta al inquieto mundo cultural salmantino. El Vierzo era un antiqusimo luga r cuyos orgenes se remontan al perodo anterior a la era cristiana. Destruido por los rabes, en 1070 los peregrinos franceses que iban a Compostela fundaron all Villafranca, y los monjes de 18. Jos de la Luz y Caballero, ob. cit., p. 267. 19. Ibdem. 20. Ibdem.

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P APELES 20 \ 20 \ Cluny fabricaron una residencia con el nombre de Santa Mara de Cluniaco. Este monasterio es el origen de la iglesia de la Asuncin, elevada a colegiata durante la poca del Renacimiento por el marqus Pedro de Toledo, vi rrey de Npoles. En Villafranca pas Daz de Espada no menos de siete aos. A los dos aos ya era el prior de la citada colegiata: En ella Espada va a dar sus primeras lecciones de filosofa. En enero de 1792 entra all como cannigo y profeso r Dos aos ms tarde asume la dignidad de prior y vicario, juez eclesistico de varios pueblos. La mxima jerarqua de que est investido es slo correspondencia a sus valores. stos quedan, perduran, a ttulo de calidad y ejemplo, y en tal forma que su imagen, conservada en un gran lienzo, se puso, en la sala capitula r junto a las figuras ms ilustres de la institucin. 21 Villafranca del Vierzo debi influir en Daz de Espada. Por entonces era una regin para un buen retiro de las contiendas mundanas. All ejerci la docencia de filosofa, como probablemente antes en Salamanca, y ello dejara una profunda huella en su vida. En La Habana, su inters pedaggico y en especial, su lucha por la modernizacin de los estudios de filosofa, tenan el antecedente en su poca de profesor y prior de la colegiata de Villafranca. El hombre que iniciara una verdadera revolucin cultural y filosfica en Cuba, no era un inexperto o desconocedor; por el contrario, un destacado y experimentado profesor de filosofa. Villafranca tambin debi influir en su pensamiento al poder someter a contraste el feudalismo y el espritu religioso de la Edad Media tarda, que se resista, con el mundo moderno que apenas atisbaba las pupilas de este ilustrado espaol. En junio de 1799 fue nombrado para un cargo que probablemente no le caus agrado, si tenemos presente su formacin iluminista y su posterior proyeccin en Cuba: el de Promotor Fiscal del Santo Oficio de Mayorca. En algn momento se le ha propuesto para provisor del obispado de Chiapas, pero nunca lleg a ocupar ese cargo. Mas, ya tocaban a su puerta los aires del Nuevo Mundo. Entre los datos importantes sobre el Obispo de La Habana est ste que tomamos de Jos de la Luz y Caballero: tiene licencia para leer libros prohibidos. 22 Cuando consultamos los papeles del obispo se evidencia cules eran sus lecturas favoritas: los fisicratas espaoles, los enciclopedistas franceses moderados, los autores de la Iglesia que concuerdan con estas corrientes, los reformistas espaoles, los clsicos grecolatinos y la Biblia. Esta relacin, breve, de las actividades de Daz de Espada antes de 1800, cuando fue nombrado Obispo de La Habana, demuestra que el hombre escogido para tan importante dicesis tena mritos suficientes para esos altos destinos. Una amplia experiencia eclesistica, un profundo cono21. Csar Garca Pons, ob. cit., pp. 34-35. 22. Jos de la Luz y Caballero, ob. cit., p. 267.

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OBISPO DE ES P ADA / 21 / 21 cimiento de las leyes cannicas y civiles, un destacado pedagogo, un excelente profesor de filosofa y un hombre a la altura de los conocimientos de la poca y partidario de las reformas de la educacin, de las costumbres, de la vida social y de la economa, influido por la Ilustracin y las ciencias modernas a las cuales se aade su inters por las actividades sociales y culturales de las instituciones como la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. En resumen, era el hombre culto, ilustrado, activo, moderno e inteligente que requera la dicesis de La Habana y la sociedad cubana en formacin. El 16 de octubre de 1799 fallece en la ciudad de La Habana el primer obispo de esta dicesis, Felipe Jos de Trespalacios y Verdeja. Una vez llegada la noticia a Espaa, se iniciaran las gestiones para nombrar a su sustituto. Para cubrir la vacante, Carlos IV present al Papa Po VII por Real Cdula de 3 de mayo de 1800 y segn las prerrogativas del Real Patronato de los reyes de Espaa sobre la Iglesia en Hispanoamrica, la candidatura de Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa. Cinco das despus, el Nuncio en Madrid, monseor Felipe Casoni, inici el expediente para reunir la informacin sobre las cualidades, legitimidad, vida y costumbres del propuesto, as como el estado de la dicesis de La Habana. Este expediente fue continuado y concluido por monseor Anastasio Puyal y Poveda, posterior obispo auxiliar en Toledo. Resulta interesante hacer notar que entre las personas que testificaron en este expediente estaban tres habaneros residentes en Madrid: don Pedro Ponce, don Juan Bosmenien y don Francisco Filomeno. Este ltimo ser en Cuba uno de los mejores amigos del prelado y uno de sus ms firmes defensores. El expediente, terminado en dos das, fue enviado a Roma a la Sacra Congregacin Consistorial el 10 de mayo. El 17 del mismo mes, el Rey tena conocimiento, a travs del Consejo de Indias, de la aceptacin por Daz de Espada de la proposicin. El 11 de agosto de 1800, Po VII lo nombr Obispo de San Cristbal de La Habana. El 15 de diciembre de 1800, el nuevo obispo inform desde Madrid, al Cabildo de la catedral de La Habana su nombramiento, dndose por enterado ste el 7 de julio de 1801. 23 Las acusaciones ms bajas y ruines de los enemigos de Daz de Espada, formuladas muchos aos despus y al calor de mezquinos intereses y de 23. Acta del cabildo de fecha 7 de julio de 1801 (libro 2; folio 2): Tambin se ley una carta fha en Madrid en quince de diciembre del ao prx. pasado con la que el Illmo. S r D. Juan Jph Daz de Espada participa a sus M. V haberle nombrado S.M. y confirmado S. Santd. por Obpo. de esta su Yglesia Cathl. en su inteligencia acord Su S. se le contestase como corresponde; pero que la contestacin se dirigiese al Vicario de Trinidad, pues segn noticias fidedignas su S. Yllma. quedaba en la Corua dispuesto a embarcarse en el primer correo; y prevencin al mismo Vico. la pusiese en mano propia y diese las providencias mas eficaces para recibirlo como corresponde: Con lo cual se concluy este Cabildo, etc., etctera.

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P APELES 22 \ 22 \ la lucha poltica, se remiten a esta poca. Cuestionan, adems, la validez de su nombramiento. No resulta casual que estos ataques se produjeran en los perodos de reaccin absolutista de F ernando VII. La primera de ellas fue de Manuel Sobral y Brcenas, arcediano de la catedral de La Habana, sin visitarla siquiera, enemigo de Daz de Espada, quien le escribi al Nuncio en Madrid, 16 aos despus del nombramiento, la siguiente frase insidiosa en un informe: No es del intento indagar si la entrada del R. Obispo de La Habana en el rebao de J. C. fue como legtimo pastor pasando por la Puerta, o saltando sus barreras como un mercenario. 24 Esta frase juega con un annimo ms explcito, enviado a Espaa en 1824, con el irnico ttulo de Fidelsimo Pueblo de La Habana. Este papel acusaba a Daz de Espada de haber promovido disturbios en ambas Castillas en complicidad con Mariano Luis de Urquijo, ministro de Carlos I V y el jacobino Picorneli. Atribua el papel determinante en el nombramiento de Daz de Espada al ministro Urquijo. No han faltado, incluso contemporneamente, detractores suyos sobre la base de estas acusaciones. Mas, se pasan por alto determinados aspectos histricos altamente significativos. stas se formularon muchos aos despus y bajo la influencia del predominio logrado por los elementos ms reaccionarios en Espaa, bajo la sombra de la nefasta Santa Alianza, y ms que denigrar a Daz de Espada, lo enaltecen, al observarse quines son sus amigos y quines sus enemigos. Ante todo, ni el Nuncio en Espaa, ni las autoridades catlicas en Roma o Madrid, formularon la ms mnima sugerencia contra la figura del obispo propuesto ni aparece documento alguno en el nombramiento que arroje alguna duda sobre sus condiciones. En cuanto a los proponentes de Daz de Espada deben considerarse sus motivaciones: Mariano Luis de Urquijo, enciclopedista, trat, bajo la influencia de las mal llamadas ideas jansenistas, de disminuir la influencia del papado en Espaa; mas, esta poltica se haba iniciado desde los tiempos de Carlos III. Resultaba enteramente lgico que, al seleccionar las figuras que ostentaran las mximas representaciones civiles y eclesisticas, se escogiera a quien pudiera llevar a trmino una poltica modernizadora e ilustrada. Entre Urquijo y Daz de Espada no parece haber existido una amistad, pues en hechos trascendentales tomaron caminos diferentes. Prueba al canto. Cuando la invasin francesa a Espaa, el primero devino un firme partidario de ella, mientras que el segundo no slo la combati, sino que tuvo los ms fuertes eptetos contra quienes, como Urquijo, haban servido a Napolen. 25 No puede resultar extrao que los enemigos del obispo trataran de identificarlo con Urquijo en 1824. Conocido el afrancesamiento de ste y su 24. Ibdem (3), p. 15. 25. Cf r en esta obra: Carta pastoral que el Ilustrsimo Seor Don Juan Joph Daz de Espada y Landa, del Consejo de S. M. y Obispo de la Havana, dirige a sus Diocesanos, inspirndoles el amor a la Religin y a la Patria: que sostengan sus derechos, su

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OBISPO DE ES P ADA / 23 / 23 participacin en el gobierno bonapartista, as como el hecho de su retirada a Francia, donde se haba naturalizado y muerto en 1817, constitua un medio eficaz para promover en el gobierno ultraconservador nacido de la intervencin de la Santa Alianza en Espaa, un sentimiento contrario a un obispo ilustrado y modernista. Evidentemente, la proposicin de Daz de Espada se basaba en sus indiscutibles mritos y en su brillante trayectoria. A ello se unan los criterios modernistas sustentados por algunos ministros espaoles de la poca. Resulta interesante que, aunque la proposicin sali de Urquijo, su rival por entonces, Manuel Godoy y lvarez de Faria, apoyara esa proposicin; desde luego, tambin Godoy era simpatizante, aunque moderado, de las ideas de la Ilustracin. El nombramiento de Daz de Espada jugaba con su plan de difundir las ideas modernistas e ilustradas. Y, ciertamente, ese plan fue cumplido por Daz de Espada. Para un mejor entendimiento, dejemos al mismo Godoy fundamentar su sugerencia: Paso a paso, sin hacer yo alarde de ningn cambio de poltica [al parecer la referencia es a Urquijo] levant el entredicho que sufran las luces. Lejos de oprimir la enseanza, procur darle anchura, lejos de impedir las reuniones que mantenan el patriotismo y ejercitaban los talentos en comn provecho, los volv a la vida, les d estmulo, lejos de temer los libros y la imprenta, les dej todo el campo que permitan las leyes y que era dable en aquellos tiempos. Y o logr en aquellos aos ver abrirse las puertas a los buenos estudios en los mismos cuerpos que aos antes les oponan barreras invencibles al gobierno. El plan de estudios del Consejo de Castilla resistido por largo tiempo con firmeza, por el viejo Peripato, recibi una acogida favorable en todas partes. Las Universidades y colegios dieron en fin entrada a las slidas enseanzas y empezaron un nuevo siglo. Dir ms, que este impulso y esta boga de las luces penetr en no pocos claustros religiosos y que Locke, Condillac, Descartes, Newton, y otros sabios de gran cuenta invadieron los bancos y ocuparon las ctedras donde reinaban an, con todo su cortejo y con todas sus armas, la edad media. Cmo logr estos triunfos? Los logr por el mando y el imperio? No; la fuerza de inercia habra hecho vanos, como antes, todos los mandatos; ni tampoco se me ocultaba que aquello que es forzado no es bueno ni durable. Con togas, con prebendas y con mitras hice yo aquel milagro; que con tal manera de ordena r persuadiendo y premiando, no hay poder en el mundo que se resista a los gobiernos. 26 Transcurrir ao y medio desde el nombramiento papal de Daz de Espada hasta su llegada a Cuba. La causa de ese retraso pareci deberse a libertad e independencia, obedeciendo exclusivamente a las leyes de Dios y a las que emanen de la Nacin legtimamente congregada; y que sacrifiquen sus tesoros por la patria y la verdad de la actual guerra con las incursiones de los Bonapartes Havana, Imp. de la Curia episcopal, por don Estevan Joseph Boloa, Habana 1811. 26. M. I. Mndez Corel: Notas para un estudio de las ideas ticas en Cuba Editorial Lex,

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P APELES 24 \ 24 \ los peligros de la navegacin por la guerra entre Espaa y Gran Bretaa. Una vez terminada la contienda pudo embarcar en los primeros das de 1802. A las 11 de la maana del 25 de febrero del mismo ao, arriba a La Habana. A las 5 de la tarde baja a tierra, acompaado del Cabildo, segn el testimonio de un testigo presencial. 27 Y a en tierra, el obispo se instal en una casa hermosa y grande que l describe como magnfico palacio, ubicada en las cercanas de la catedral y alquilada por sus antecesores para lugar de residencia. Al da siguiente se cant un solemne Te Deum en el cual particip todo el clero de la ciudad. Ese mismo da se reuni el Cabildo de la catedral. En el acta de esa reunin aparece escrito que el obispo expres su deseo de ser consagrado el 28 del mismo mes de febrero. 28 Pero el testimonio de Toms Agustn Cervantes, testigo de la ceremonia, confirma que la fecha de su consagracin fue la de 27 de febrero de 1802; 29 esta ceremonia se registra como una de las ms La Habana, 1947, apndice I, pp. 86-87. (El subrayado es de E. T .-C.). Debemos aclarar un error generalizado. Todos los autores cubanos sealan que Godoy propuso al hijo de Arryave como obispo para La Habana. En realidad, no result el proponente, como ha podido comprobarse en el texto, sino su rival, Urquijo. Quiz, la confusin se debi al poco tiempo que medi entre la proposicin de Espada para el obispado y la sustitucin de Urquijo. 27. Este testigo, Toms Agustn Cervantes, en sus crnicas escribe: Da 25 (Febrero de 1802) Entr en este puerto de La Habana el correo del M... a las once del da, en el cual vino el Ilustrsimo S r D. Jos de Espada, dignsimo Obispo de la Habana, el que salt a tierra a las 5 de la tarde. (Toms Agustn Cervantes: Crnicas y libros de memorias, en Revista Bimestre Cubana vol. III, Habana, p. 34.) 28. Acta del cabildo catedralicio de fecha 26 de febrero de 1802 (libro 2; folio 32 v.): In Dei nomine amen En la ciudad de la Havana, viernes veinte y seis de febrero de mil ochocientos dos, juntos y congregados los seores capitulares de esta Iglesia catedral para celebrar cabildo ordinario segn la han de uso y costumbres a saber seor don Cristbal de Palacio, Dean de dicha Iglesia, don Juan Crisostomo Correoso dignidad de arcediano: don Bernardo Cruzado cannigo doctoral, don Ambrosio de las Cuevas cannigo de merced, don Cristbal Ramrez racionero y no el seor Maestro-escuela por hallarse enfermo e invocado el auxilio divino, con las preces de estilo, por mi el infrascrito secretario, se ley el oficio que con la fecha del da dirigi a sus M. V el ilustrsimo seor Juan Joseph Daz de Espada participndole estar determinada su consagracin para el veinte y ocho del corriente y que esta suposicin esperaba que sus M. V dispondra lo que de su parte fuese necesario en su inteligencia acord SS que pasasen los Comisarios de este V cuerpo a significarle a su ilustrsima que estaban prontas cuantas cosas se juzguen precisas sin que haya falta alguna: y no ofrecindose otro asunto que tratar se concluy este cabildo que leido de verbo ad verbum dijo era lo mismo que tena acorda do que e staba bien y fielmente escrito y lo firmo, doy fe.Doctor Palacio.Doctor Correoso.Doctor Ramrez.Ldo. Mndez de la Vega.Ante m.Doctor Domingo Mendoza. Srio. (Antonio Valverde, ob. cit., p. 326.) 29. El autor Antonio Valverde, en su obra ya citada, aporta una opinin que merece ser tratada aqu. Apoyndose en el acta del cabildo catedralicio, citada en la nota anterio r,

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OBISPO DE ES P ADA / 25 / 25 lucidas, impresionantes y extraordinarias de las celebradas en La Habana durante la poca colonial. No tuvo paralelo con ninguna otra de su tipo. En ello influy el nimo de los habaneros que esperaban resolver los problemas creados por su anteceso r En particula r grupos en pugna de la oligarqua terrateniente y/o comercial intentaban atraerse al nuevo prelado. En el acto de consagracin de Daz de Espada estaba lo ms granado del mundo oficial y social habanero. En medio de centenares de cirios, del reluciente destello de los ornamentos de plata y oro, en la penumbra del templo catedralicio, cuatro aclitos mecan acompasadamente los incensarios que envolvan la atmsfera de nubes transparentes, a travs de las cuales penetraban los rayos solares que desde las ventanas iluminaban la escena; mientras, el solemne templo de la catedral y sus alrededores eran conmovidos por la majestuosa e impresionante sonoridad del rgano. El consagrante resultaba ser la conjugacin criollocatlica de la poca: Luis de Pealver y Crdenas, tercer cubano que llegaba a la dignidad de obispo e hijo de una de las ms ricas y poderosas familias habaneras; de colaterales, el den Expsito Palacios y el arcediano Juan Correoso, de la catedral. En la inmensa nave se encontraba uno de los padrinos de la ceremonia, el gobernador de la Isla, don Salvador de Muro y Salaza r marqus de Someruelos, con su uniforme bordado, exhibiendo en el pecho sus condecoraciones, rodeado de sus ayudantes de campo, vestidos con sus casacas y luciendo en sus cabezas pelucas blancas. Con su vistoso uniforme, otro de los padrinos, el capitn general de la Real Armada y general de la Marina del puerto habanero, don Juan de Araoz. Sombro hasta la palidez, con un sobrio traje del mejor lustre, se hallaba el tercer padrino de la ceremonia, el intendente de Hacienda, don Luis Viguri. Con todos los blasones que le correspondan estaba el cuarto padrino, expresin de la fuerza de la oligarqua habanera y de todo el lustre con el cual se recubra, el criollo conde de Santa Cruz de Mopox y de San Juan de Jaruco, don Joaqun de Santa Cruz y Crdenas, subinspector general de esta ciudad. Completaban los padrinos Francisco Gravina, teniente general de la Real Armada, y el fiscal de la Real Audiencia, don Rafael de la Llave. 30 seala el error de los autores Cervantes y Rossain al indicar el da 27 como el de consagracin del obispo, deduciendo que fue el 28. A pesar de esta observacin, creemos vlida la dada por Cervantes; si se estudia su crnica, se ver como este testigo presencial sigue da a da los pasos del nuevo obispo e, incluso, seala horas, por lo cual resulta dudoso que se equivocara. Del deseo al hecho va un buen trecho, y por ello entrando en hiptesis post facto el que Daz de Espada quisiera consagrarse el 28 como aparece sealado en el acta no quiere decir que ocurriera as. Pero esto aparece ya hoy enteramente aclarado por el documento en que Daz de Espada informa de su investidura en la fecha de 27 febrero Los autores contemporneos han aceptado la opinin de V alverde. stos son los casos de Csar Garca Pons, ob. cit., p. 10, y Jorge Le Roy y Cass, ob. cit., p, 402. 30. Ibdem (27), p. 35.

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P APELES 26 \ 26 \ 31. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 32. 32. Jos de la Luz y Caballero, ob. cit., p 267. La mirada penetrante del obispo debi recorrer aquel lugar con intencin. All estaba el poder de su nueva dicesis; all poda observarse la sociedad en todos sus estamentos. Las ms aristocrticas damas de la ciudad, vestidas de negro, con mantillas de encaje y centenares de joyas, oraban en silencio. l debi distinguir a los negros esclavos de las piadosas damas y, detrs de los bancos de caoba, cmo se arremolinaba el pueblo, extraa mezcla de razas: ste, desde ahora, su pueblo. Los ataques a esta aristocracia esclavista y la defensa de los pobres aparecen en los papeles del obispo, por lo cual no es de dudar que su vista se posara en aquella masa, que apenas pudo entrar en su iglesia; salvo los sirvientes con los amos. Debi haber sentido cierta aversin por el mal gusto que cubra el interior de la catedral. Si hubo vanidad en Daz de Espada ante aquella ceremonia, nadie lo puede deci r Otros obispos pasaron por el mismo acto. Pero lo que importa: no fue ganado para la causa de los privilegiados y sus planes de remocin social y cultural, llevados a trmino con mano firme y en contra de altos intereses de grupos hegemnicos de la metrpoli y de la colonia. El obispo Daz de Espada contaba con 45 aos en el momento de su llegada a la Isla. Alto, pasaba de los seis pies de estatura; de complexin robusta; rostro agradable; fuerte de espritu; firme de carcter; inflexible en sus ideas; de gusto distinguido; mentalidad cultivada por la ciencia y el estudio; de conversacin fcil y fluyente, culta; era un hombre desprendido que haba alcanzado ya la plena madurez en sus ideas y convicciones. Daz de Espada marcar un hito en la historia social de la Iglesia cat lica en Cuba; con l se iniciar y concluir el ms amplio movimiento cultu ral y social que tuviera como centro a un ncleo de la Iglesia, de su intelectualidad y de la posicin progresista de la direccin religiosa en el siglo XIX A este hombre, lo caracterizaron sus contemporneos mejor de lo que pudiramos hacerlo nosotros. El cnsul norteamericano en La Habana, y activo agente de su gobierno en Cuba, William Shale r en un informe al Departamento de Estado en 1810, nos lo describe: Es un hombre alto y guapo. Adems es un obispo iluminado por la filosofa, de una energa de carcter prximo a la obstinacin. De l se dice que est mejor calificado para mandar ejrcitos que monjes. 31 Si sta es la visin que tena un norteamericano, agente secreto de su gobierno, veamos la de una de las ms brillantes figuras, exponente del movimiento intelectual cubano que sembr las races de un pensamiento propio, Jos de la Luz y Caballero: Tena cuanto necesitaba de animoso para emprende r y de prudencia que lo templaba para no emprender sino lo practicable. 32 Tambin a Luz y Caballero pertenecen estas frases: Marcaba el camino para la civilizacin, sin preguntar y aun sin saber qu rumbos seguiran otros. Eso tambin lo caracterizaba en sus grandes ejemplos

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OBISPO DE ES P ADA / 27 / 27 de firmeza. Aqu es verdaderamente extraordinario y aun fue realmente nico. 33 En resumen, lo defina como cabeza nacida para todo. Del intendente Juan de Aguilar son estas palabras: Es firme y muy decidido. 34 Su formacin cultural y sus vivencias en Espaa haban conformado a un hombre conocedor de las ideas de la Ilustracin adecuadas a los principios del catolicismo hispano y la elaboracin de propuestas de transformacin econmica a partir de sus races, y a la pa r una personalidad firme y slida, a quien, un astuto poltico como Shale r le perciba dotes y energas. S, un obispo con dotes de mando de un general, con la formacin filosfico-poltica de un iluminista, con plena conciencia de sus objetivos y la capacidad comprensiva para vislumbrar los intereses de la isla de Cuba, cercenados por la mezquina ptica de la oligarqua y el poder colonial. Desde su llegada a Cuba, se propondr una amplia tarea: aplicar sus concepciones iluministas, en lo econmico, lo poltico y lo social, dentro del estrecho entorno colonial, tanto en lo referente al frente interno, la Iglesia, como al externo, la sociedad en su conjunto. Para lograrlo debi actuar y actu como ese general de ejrcito que entrev Shale r. Como consecuencia del largo y penoso viaje, el obispo enferm y guard cama varios das. Una vez restablecido, se efectu la ceremonia de toma de posesin el 14 de marzo del mismo ao 1802, ceremonia sencilla, pero muy significativa. En la puerta principal del templo fue recibido por el cabildo catedralicio que lo condujo a la sala capitula r donde, todos, ante sus respectivos asientos y de rodillas, contemplaron a Daz de Espada como reciba de manos del den y del arcediano, la profesin de fe. Inmediatamente despus, besaron el anillo del obispo en seal de obediencia. Pero el prelado le imprimi un sello especialmente humano a aquel ritual al abrazar a los presentes. Con posterioridad se pas al coro de la iglesia catedral, donde Daz de Espada ocup la silla episcopal. 35 Un hecho inusitado mostr las caractersticas del nuevo obispo. Justamente el da en que se cumplan los dos meses de haber arribado a La 33. Ibdem. 34. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 33. 35. Acta del cabildo catedralicio de fecha 14 de marzo de 1802 (libro 2; folio 33): In Dei nomine Amen En la ciudad de la Havana, domingo catorce de Marzo de mil ochocientos dos juntos y congregados los SS capitulares de esta S. Iglesia Catedral en virtud de citacin ante diem para el acto de tomar posesin de la Silla de esta misma S. Iglesia su Ilustrsimo Prelado el S. D. Juan Joseph Daz de Espada y Landa a saber los S.S.D.L. Cristbal de Palacio, dignidad de Dean; D.D. Juan Crisostomo Correoso dignidad de Arcediano, D.D. Ignacio Granado dignidad de Maestrescuela; D.D. Bernardo Cruzado cannigo doctoral; D.D. Miguel Anaya cannigo Penitenciario; D.D. Ambrosio de las Cuevas cannigo de la Merced; D.D. Cristbal Ramrez y Licenciado Juan Mndez, racioneros, y habiendo recibido a su S. Ilustrsima pasaron acompandole a la Sala Capitular donde tomando sus respectivos asientos puestos de rodillas su S. hizo en manos de los S.S. Dean y Arcediano (Comisionados por su Santd. en Bula especial para

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P APELES 28 \ 28 \ Habana, el 25 de abril, un incendio redujo a cenizas 194 casas del barrio de Jess Mara. Durante dos das y dos noches, las llamas devoraron el lugar y amenazaron con propagarse al resto de la ciudad. Ante la necesidad de socorrer a los damnificados, el obispo contribuy con un donativo en dinero, vveres y ropas. Otro incendio, ocasionado en Bejucal, tambin llev a Daz de Espada a socorrer a los moradores afectados. Comenz a circular en la ciudad la actitud que silenciosamente vena practicando el recin llegado. Se supo que, adems de la donacin en vveres y ropa, haba entregado 500 pesos en efectivo para ayudar en aquella calamidad. Estos hechos demostraban su inters por la situacin del pueblo humilde y sentara las bases para el respeto popular que se le profesara. Sistemticamente fueron eliminando apellidos y nombres para identificarlo con uno solo, el cual expresara la comunicacin ms cercana con el prelado. As, pas a ser para el pueblo, y quedara grabado en nuestra historia, como el obispo Espada. Apenas si haban transcurrido algunos meses de su llegada a La Habana, en el verano de 1802, cuando fue vctima de la fiebre amarilla, peligrando su vida; fue salvado de una muerte segura por el doctor Toms Romay y Chacn. Desde entonces, ste se convertira en su mdico, amigo y colaborador cercano en las numerosas obras sociales emprendidas por el uno o el otro. De este incidente surgi la ancdota que cuenta Pezuela, recogida de la tradicin: Estando el obispo Espada casi moribundo de vmito negro en el primer verano de su arribo, haba hecho voto de erigir para la capital un vasto cementerio y desterrar para siempre de su dicesis la antigua y perniciosa prctica de enterrar en las iglesias, ya suprimida en la Pennsula y conservada en la Isla por el inters del clero parroquial a pesar del empeo que para desterrarla demostr Espeleta. 36 este acto) la profesin de la fe segn la frmula prescrita con los juramentos de estilo, cuya funcin evacuada, sentndose en su silla correspondiente, y llegndose dichos seores a besar el anillo en seal de obediencia, dicho Ilustrsimo Seor los abraz a todos pasando seguidamente en su compaa al Coro de la propia S.S. Iglesia donde ocup la silla episcopal con lo cual se concluy dicho acto verificndose igualmente, las dems ceremonias prescritas en el pontifical: todo lo que pas como queda referido y legalmente y su Sria. M. V le firmo de que doy fe.D r Cuevas.D. Anaya.D r Ramrez.Ldo. Mndez de la Vega. Ante mD r Domingo Mendoza. Sric. (Antonio Valverde, ob. cit., p. 333. Esta acta tambin fue publicada por el doctor Gonzlez del Valle.) El doctor V alverde discurre largamente acerca de la toma de posesin del obispo Daz de Espada e, incluso, pone en duda que la consagracin se efectuara en La Habana. Seala que, cuando los obispos propuestos para nombramiento se encuentran en la pennsula, deban consagrarse en ella. Piensa, incluso, que pudo confundirse la consagracin con la toma de posesin. Pero los documentos reproducidos prueban la carencia de fundamento de sus observaciones. Consagracin y toma de posesin se efectuaron en La Habana y en las fechas fijadas. 36. Jacobo de la Pezuela y Lobo: Historia de la Isla de Cuba Carlos Bailly-Baillire, Madrid, 1868-1878, t. III, p. 356.

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OBISPO DE ES P ADA / 29 / 29 Resulta verosmil que la ancdota no fuese cierta. La tendencia popular de relacionar las obras de ciertos obispos con determinados hechos no slo se manifest en esta ocasin, sino en otras muchas. Recuperado Espada de su enfermedad, iniciara su trabajo, sobre la base del estudio de la sociedad, a la cual estara ya unido. Resulta interesante sealar que, desde entonces, se consider como un cubano ms y su preocupacin fue, esencialmente, el adelantamiento de este pueblo al cual ya pertenecera hasta su muerte. Qu atrapa el espritu y la voluntad de Espada en esta Isla, al llegar a ella en la plenitud de su madurez intelectual y humana? Quiz, lo mismo que apasion a otros sin haber nacido en ella? Cul es el enigma de Cuba? Ser el encontrarse ante una sociedad no estructurada en la cual todo est por hace r todo es un no ser que aspira a ser? Lo que en las sociedades estructuradas europeas, lo que el entramado social, cultural y la extremada lentitud de la movilidad de las mentalidades hace irrealizable, aqu se presenta como el sueo posible de hacer llegar a ser; de actuar para crear un mundo nuevo en el Nuevo Mundo. Conciencia con ciencia y paciencia, Espada despliega sus principios bsicos para lograr lo que no era posible en Europa. Su humanismo, su cristianismo identificado con los pobres y con la idea del bien comn en la sociedad, la autntica catolicidad hispana, y el patriotismo no sectario ni excluyente, constituirn, junto con el amor a la sabidura, la filosofa y las ciencias, la slida base del proyecto espiritual, cultural, social y econmico del obispo. Cuba era el topos propicio de la utopa sin topos de Europa; Cuba era no el sueo de lo imposible, sino la pasin de lo posible. Espada abre un camino, el camino de la utopa cubana. B AJO LA SOMBR A DEL ANILLO DEL PESC ADOR La actividad creadora del obispo Espada en Cuba, si bien se encamin al desarrollo de un vasto plan de reformas, tambin estuvo condicionada por factores independientes de su voluntad y que incidieron en su actitud. stos explican las etapas en su proyeccin. Entre 1802 fecha de su llegada a Cuba y 1814 restauracin del abso1utismo por Fernando VII se extiende el primer perodo de su labor de creacin reformista. Los perodos posteriores, de mayor riqueza en los conflictos polticos y sociales, son, sin embargo, aos esencialmente de defensa, profundizacin y continuacin de la obra emprendida en este primer perodo. De ah que esta primera etapa resulte la de mayor intensidad creativa y transformadora: porque, justamente, fue posible un proyecto reformista bajo una concepcin iluminista. El centro difusor y ejecutor del programa del obispo era la Iglesia. Ello se deba al papel de sta dentro de la sociedad cubana y al hecho de estar bajo la direccin del propio Espada. Pero la dicesis habanera tena una historia, tradiciones y condiciones singulares. Si, por un lado, estaba sometida como toda la sociedad cubana a una profunda remocin; por otro,

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P APELES 30 \ 30 \ 37. Eduardo Torres-Cuevas: El obispado de Cuba: gnesis, primeros prelados y estructura, en Santiago junio y septiembre de 1977, no. 26-27, pp. 61-101. 38. Para una profundizacin de los orgenes y desarrollo del Real Patronato, ver S. I. Pedro de Leturia: Relaciones entre la Santa Sede e Hispano Amrica, Sociedad Bolivariana de Venezuela, Caracas, 1959. en su seno, sobrevivan las ms oscuras ideas y hbitos del pasado. En su conjunto, la institucin enfrentaba serios problemas internos. La empresa reformista deba comenza r por tanto, por la propia Iglesia. Los orgenes de la institucin catlica en Cuba se remontan a los das de la conquista de la Isla. A cada una de las villas fundadas, Diego V elzquez de Cullar no slo les dio un nombre catlico, sino que, adems, en todas dej instalada, en un boho de guano, porque no poda ser de otra forma, una parroquia. De esta manera qued asegurada aparentemente la presencia de la Iglesia. En fecha tan temprana como 1513, Diego Velzquez inici las gestiones para la creacin de un obispado. En 1516 se eriga la dicesis nica de Cuba y se designaba como su primer obispo, a fray Bernardo de Mesa, cargo que nunca lleg a ejerce r Despus de un breve perodo de sede vacante, fue nombrado, en 1518 para sustituir a Mesa, el dominico fray Juan de Witte, quien, desde Espaa pues nunca vino a Cuba, en 1523, estructur, por primera vez, la dicesis cubana, con sede en Santiago de Cuba. Este obispado abarcar toda la isla de Cuba hasta 1789 A ella pertenecan los territorios de Jamaica, las dos Floridas y la Luisiana. 37 Pero el hecho ms importante en el proceso de desarrollo de la institucin catlica en Cuba, lo constituy el status debido a los acuerdos entre los reyes de Espaa y los Papas. Un largo proceso de litigios produjo, al inicio del proceso de conquista y colonizacin, una situacin peculiar de la Iglesia americana. Los reyes lograron obtener de los Papas sucesivas bulas, en lo fundamental las de Alejandro VI, Inter Coetera y Examinae Devotionis, y de Julio II, Universalis Ecclesiae Regiminis las cuales, en esencia, concedieron a los primeros el Real Patronato de la Iglesia en Amrica. El patronato de la Iglesia de las Indias Occidentales coloc en manos de la Corona espaola la proposicin para obispos y arzobispos en Amrica, el cobro de los diezmos y la demarcacin de las dicesis. De hecho, la Iglesia catlica en el Nuevo Mundo qued bajo la direccin terrenal de los reyes espaoles, quienes escogan a los funcionarios de mayor jerarqua de la Iglesia americana y aprobaban o fiscalizaban todo el proceso de desarrollo de la institucin en sus posesiones americanas. Los ms mnimos movimientos de la Iglesia deban tener la aprobacin real. No hubo documento que no llevase el Placet Regio del monarca. El papado, al decir del jesuita Pedro de Leturia, no tuvo intervencin directa en los problemas americanos durante los siglos de colonizacin. 38 La Corona impulsaba el movimiento religioso y por ello, los obispos tambin actuaban como funcionarios coloniales, pues era al Re y y no al Papa, a quien rendan sus informes y de

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OBISPO DE ES P ADA / 31 / 31 quien reciban rdenes directas. A la Iglesia le qued asignado el papel ms importante desde el punto de vista ideolgico. V ehculo cultural, constitua la nica institucin facultada para la enseanza y la educacin, sus miembros eran los encargados de la cura espiritua1 y de la gua terrenal de los hombres. El arte, la enseanza, la salud pblica, los casamientos, la extremauncin y el bautismo, todo ataba al ncleo umbilical de la Iglesia. Esta situacin marc en sus ideas, hbitos, costumbres y creencias al criollo de los primeros siglos. Adems, la institucin religiosa devino la ms fuerte entidad econmica insula r Si el rey Fernando El Catlico se haba mostrado intransigente con los Papas en sus intentos por controlar la Iglesia americana, no tuvo a menos, en 1512 mediante el Concordato de Burgos suscrito con los primeros obispos que deban venir a las Antillas, cederles el derecho de los diezmos, reservndose slo un noveno como expresin de los derechos reales, con lo cual la Iglesia obtuvo un poder superior a ninguna otra institucin en la colonia; y no slo por los diezmos sino por las innumerables mondas pas, legados, testamentos, etc., con los cuales, los pecadores en vida, a la hora de la muerte, salvaban su existencia extraterrenal. Para el siglo XVIII la Iglesia estaba consolidada como el ms fuerte poder econmico, unido a un casi absoluto predominio espiritual. Pero, para ello, la institucin y las rdenes religiosas tuvieron que pasar por un largo proceso de reorganizacin y reordenamiento interno. El perodo que se extiende entre 1516 y 1680 se caracteriz por una falta de organicidad, y largos momentos de sede vacante, por agudas crisis internas y externas de la institucin, por la inexistencia de una delimitacin en las funciones, cuyas ms ostensibles consecuencias eran las rivalidades entre los obispos, gobernadores, clero regular y clero secula r as como por el lento proceso de adaptacin a las condiciones de la Isla. En ello incidi la carencia de base material para garantizar la presencia de la Iglesia, la supersticin, la ignorancia y costumbres disolutas de parte del clero. En esta poca nacieron creencias, imgenes y tradiciones que, en unos casos, perduraron durante un tiempo ms o menos prolongado y en otros, hasta nuestros das. En La Habana, de la identificacin del criollo habanero con su tierra, surgieron los cultos e imgenes de San Marcial y San Cristbal. En Santiago de Cuba, el Santo Ecce Homo, tabla a la cual se le atribua el poder de sudar y sangrar en los momentos de peligro para la ciudad. Y en Santiago del Prado, una imagen de bulto, llamada Virgen de la Caridad, patrona de la Isla posteriormente. Una religiosidad, patente en todas las actividades del criollo, era una de las caractersticas de su universo sociocultural e ideolgico. De este modo, toda una simbologa, nacida del enraizamiento del criollo a su tierra, se manifestaba a travs del elemento religioso-catlico. El significado de lo natural y social se expresaba mediante el significante de lo religioso. Pero ello era, en esencia, un resultado ingenuo e independiente, porque el factor ms importante para entender esta

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P APELES 32 \ 32 \ 39. Jacobo de la Pezuela, ob. cit. (4), t. I V p. 342. religiosidad es que, desde la conquista de Mxico, Cuba no fue, como otras regiones americanas, tierra de evangelizacin y catequizacin. F ue, simplemente, tierra de paso de los misioneros que iban al continente o retornaban a Espaa. Esta peculiaridad tuvo consecuencias extraordinarias en la diferenciacin de la historia de la religiosidad y de la Iglesia en Cuba, si se le compara con el resto de Amrica. En este mismo perodo quedaron establecidas las rdenes religiosas de mayor influencia en la Isla: las de San Francisco y de Santo Domingo. El misticismo franciscano marcar toda la vida social cotidiana de los habaneros de los siglos XVII y XVIII Del convento de San Francisco partan las procesiones, seguan la calle de las Amarguras, plagada de cruces se conserva la conocida con el nombre de la Cruz V erde, hasta llegar a la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. Las campanas, a golpes de badajo, resonaban a cualquier hora, llamando a misa o anunciando la muerte. Incluso, se improvisaban altares en las calles y junto a las ya notables fortalezas del Morro, la F uerza y la Punta, la ciudad elevaba a los cielos las torres y campanarios de San Francisco y San Juan de Letrn. Pero, ya en el XVII estas rdenes estaban integradas por criollos; muchos de ellos, provenientes de las principales familias de la ciudad. Los religiosos eran los segundones de las grandes familias de la Isla. En el siglo XVI las rdenes posean mayores riquezas, o estaban ms vinculadas a los negocios comerciales, que la jerarqua eclesistica. La participacin del clero de la centuria de los 600 en los negocios y en las actividades mundanas, lo dispona contra toda reforma disciplinaria de sus costumbres. Resultaron enemigos de la celebracin del Snodo Diocesano cuyo objetivo sera la creacin de los acuerdos del Concilio de Trento. Dos obispos, Juan Montiel y Pedro de Reyna y Maldonado, intentaron la reforma, y murieron en extraas circunstancias; el gobernador insinu que fueron envenenados. 39 Un segundo perodo de la Iglesia catlica en Cuba se extendi entre 1680, ao en que se celebr el Snodo Diocesano, y 1789, fecha de la divisin de la dicesis de Cuba y bajo el impetuoso desarrollo de la sociedad esclavista de plantacin. El universo ideolgico del criollo se afianz en la hispanidad, una de cuyas ms fuertes manifestaciones en el siglo XVIII lo expres el catolicismo, y en su mundo espiritual y regional, en el cual, la religin libremente entendida ocupaba un lugar central. Esta religiosidad criolla era de enorme importancia en el Caribe, donde se enfrentaban con fuerza la piratera anglosajona, recubierta de anglicanismo o protestantismo, y la hispanidad. sta, en su interio r resultaba una amplia gama de expresiones culturales y una desestructuracin econmica ms all de la intencin de los reyes. La conformacin del Imperio espaol representaba una unidad poltica y religiosa, pero tambin, una heterogeneidad cultural y econmica.

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OBISPO DE ES P ADA / 33 / 33 40. Obispo Juan Garca Palacios: Snodo Diocesana Oficina de Arazoza y Sole r Habana, 1814. 41. Eduardo Torres-Cuevas: Formacin de las bases sociales e ideolgicas de la Iglesia catlico-criolla del siglo XVIII en Santiago diciembre de 1982, no. 48, pp. 153-190. A partir de los finales del XVII se observ un cambio cualitativo en la Iglesia de Cuba. Las razones pueden encontrarse en el desarrollo econmico alcanzado por la sociedad criolla y en las necesidades de las oligarquas regionales en especial, la habanera de una vida social ms adecentada en correspondencia con su nuevo status. El primer hecho demostrativo de la consolidacin de la Iglesia, expresin de la consolidacin de la sociedad criolla, fue la celebracin del Snodo Diocesano, en 1680, por el obispo Juan Garca Palacios. Este documento, pieza de incalculable valor para el estudio de la sociedad criolla de fines de aquel siglo, sealaba las normativas para el clero, y sus capitularios iban encaminados a establecer toda la accin social de la Iglesia en la Isla. 40 Pero si el obispo Garca Palacios estableci las normativas de la Iglesia con la celebracin del Snodo, el obispo Diego Evelino y Vlez, el obispo Compostela, sent las bases de la presencia de la Iglesia en los campos, las ciudades, la educacin y la salud. 41 Las redes parroquial y educacional se crearon por Compostela. La primera sigui el camino abierto por el tabaco en el occidente de la Isla. Donde quiera que se asent un ncleo campesino, Compostela edific una parroquia. En San Miguel del Padrn, Ro Blanco, Guamacaro, Macuriges, Matanzas, Guamutas, Hanbana, lvarez, El Cupe y Alacranes, Santiago de las Vegas, Guanaja y Santa Cruz de los Pinos, Pinar del Ro, Guane, Consolacin del Norte, Consolacin del Su r San Julin de los Gines y San Pedro de Bataban, se erigieron iglesias. Esta red parroquial tabacalera se mantendra a lo largo del XVIII pero a sus finales ya resultaba insuficiente por el avance impetuoso de los nuevos centros azucareros. A comienzos del siglo XIX la red parroquial de Compostela y sus seguidores no se corresponda con la ubicacin poblacional impuesta por el azca r De aqu que reestructurarla constituy una de las labores ms importantes del obispo Espada. Debi, de hecho, crear una nueva y moderna red parroquial. En la ciudad de La Habana, Compostela edific o reedific seis iglesias: Santo ngel Custodio, Santo Cristo del Buen Viaje, Jess del Monte, San F elipe de Neri, San Diego de Alcal (ms tarde de Nuestra Seora de Beln) y San Isidro. Pero Daz de Espada erigira la red parroquial definitiva del occidente de Cuba. Desde el punto de vista educacional, en la poca de Compostela se fundaron el Colegio-Seminario de San Ambrosio, antecesor directo del clebre Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio, y el colegio para nias de San Francisco de Sales. El sucesor de Compostela, fray Gernimo de Nostis y de V alds, ampli la red educacional del pas. En el convento de los Dominicos se cre la Real y Pontificia Universidad de San Gernimo de La Habana. En 1724, la Compaa de Jess fund el Colegio de San Jos, otro de los antecesores del

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P APELES 34 \ 34 \ 42. I. M. Egaa: Los jesuitas en La Habana, en lbum conmemorativo del quincuagsimo aniversario de la fundacin en La Habana del colegio de Beln de la Compaa de Jess, Imprenta Avisador Comercial, La Habana, 1904. Seminario de San Carlos, y el obispo Valds cre el Seminario de San Basilio el Magno en Santiago de Cuba. 42 Durante el XVIII un importante grupo de obispos continu el trabajo iniciado por Compostela y V alds. Juan Lazo de la V ega y Cansino, Pedro Agustn Morell de Santa Cruz y Santiago Jos de Hechavarra Elguezua y Nieto de Villalobos, ejemplificaron esa poca de esplendor criollo y catlico. Tres cubanos alcanzaron la dignidad de obispo: Dionisio Recino y Ormachea, el ya citado Hechavarra y Luis de Pealver y Crdenas. En esta etapa se conjugan el criollismo y el catolicismo, otorgndole a la sociedad criolla una definicin sociocultural catlica La Iglesia impone su presencia en todas partes; pero ha ganado en extensin, no en profundidad. Slo se contaba con un escaso grupo de doctores en teologa, en cnones y en derecho dominicos, tomistas y escolsticos, en su mayora concentrados en La Habana. En el resto, algunas parroquias continuaban sin sacerdotes y en la mayora estaba la presencia de un clero iletrado, ignorante y supersticioso que mezclaba los verdaderos dogmas de la Iglesia, interpretados de manera arbitraria, con imagineras fantsticas ajenas al espritu del catolicismo, sincretizadas y asumidas desde la religiosidad africana o aborigen en una cosmovisin desde el interior de las mentalidades surgidas en la conformacin de la sociedad criolla. Un caso especial lo constituy el grupo jesuita del Colegio de San Jos el cual, segn puede deducirse de su biblioteca, estaba mejor informado de la nueva filosofa; en particula r del cartesianismo. A fines de siglo, la sociedad criolla comenz a ser removida por el desarrollo plantacionista. En un breve perodo de 30 aos se rompi la estruc tura demogrfica del criollismo con la introduccin masiva de esclavos. De igual forma, una parte significativa de los hacendados criollos, de men ta lidad feudalizante y catlica, se transforma en plantadores laicos de mentalidad comercial y productora. Todo el viejo universo del criollo cambia a fuer de esclavos e ingenios, y tambin la expresin de la religiosidad. La reaccin hacia el fenmeno plantacionista, en la institucin catlica y las rdenes religiosas, fue, en general, la de sumarse al amplio movimiento azucarero. Pero esta participacin se caracteriza por la vinculacin familiar y de intereses de una parte del clero con la oligarqua criolla. En los dominicos, en otras rdenes y en el clero secula r se observa siempre la presencia de representantes de relevantes familias constituyentes del ncleo emergente azucarero. Sirvan de ejemplo los casos de Mariano Arango y Parreo, importante figura del obispado de La Habana y hermano del ms notable idelogo de los esclavistas cubanos y dueo del tercer ingenio de la poca, Francisco de Arango y Parreo; y el habanero Luis de Pealver y Crdenas, hermano del marqus de Casa Pealve r cuya familia constitua uno de los ms poderosos ncleos azucareros cubanos. Pealver y Cr-

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OBISPO DE ES P ADA / 35 / 35 43. Manuel Moreno Fraginals: El ingenio. Complejo econmico social cubano del azcar Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, t. I, pp. 112-125. denas sera el tercer cubano que alcanzara la dignidad de obispo. Otra razn vinculaba a la Iglesia con el boom azucarero: sus propiedades dedicadas a la produccin del oro dulce. A modo de ejemplo, citemos los casos siguientes: el convento de Santa Clara reciba parte de las utilidades de ms de 20 ingenios y los padres belemitas eran dueos, en 1804, del cuarto ingenio en volumen de produccin, el San Cristbal de Baracoa (este ingenio sobrepasaba las 26 146 arrobas y posea 300 esclavos); la imagen de San Ignacio era conduea del ingenio San Juan Nepomuseno en 1792, mientras el Santo Cristo del Buen Viaje reciba parte de las utilidades de los ingenios de los Crdenas Pealve r y el propio Colegio-Seminario de San Carlos se mantena gracias a los 25 000 pesos de sus dos ingenios. El convento de Santo Domingo posea en tierras, casas y otras propiedades, varios millones de pesos. La Iglesia se debata en una fuerte contradiccin, la permanencia en su base del mundo feudal criollo y el surgimiento en su cspide de los intereses esclavistas. 43 El desarrollo econmico del occidente y la extensin de la dicesis de Cuba aconsejaban dividirla en dos obispados. El 29 de noviembre de 1789 qued aprobado el proyecto mediante el cual se creaba un obispado en la zona occidental, con sede en la ciudad de La Habana, y se mantena el de la zona oriental con sede en Santiago de Cuba. El doctor F elipe Jos de Trespalacios y V erdeja, quien sera el primer obispo de la nueva dicesis habanera, fue el autor de tal divisin. Se supo que esta persona ya saba de su prximo destino como obispo de La Habana, por lo cual se le acus de favorecer a la nueva dicesis. Desde entonces, se abrira un conflicto de jurisdiccin entre ambos obispados. Espada heredara esta violenta litis En estas condiciones estaba la institucin religiosa cuando Espada inicia su empresa reformista. Por una parte, permanece un sector del clero supersticioso e ignorante, formado en los viejos moldes feudales; por otra, un sector de doctores escolsticos, de la poca de predominio del criollismo dieciochesco, mantiene los ms anticuados criterios. Ambos son enemigos de las reformas de Espada. Su actuacin afectar a importantes intereses de ese clero, y constituira el punto de partida para entender por qu justamente en el seno de la Iglesia, surgira uno de los ncleos de detractores ms fuertes del obispo. Adems, el prelado deba enfrentar a un enemigo fuerte y peligroso, que intenta arrancarle prerrogativas a la Iglesia: la oligarqua criolla y su aliada, la burguesa comercial. Ellas han minado seriamente la tradicin catolicocriolla de los siglos precedentes. Por eso, se lanza a librar la batalla de los diezmos. La batalla de los diezmos Uno de los hechos ms reveladores en la subversin de la superestructura de la sociedad criolla, por la irrupcin en su base del sistema planta-

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P APELES 36 \ 36 \ 44. Richard R. Madden: La isla de Cuba Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1964, p. 123. 45. La isla de Cuba en el siglo XIX vista por los extranjeros separata de la Revista de la Biblioteca Nacional Jos Mart ao VI, no. 2, p. 68. 46. Loc. cit. (43). cio nista, lo constituy la nueva actitud de la burguesa esclavista hacia la religin oficial y su institucin en Cuba, la Iglesia catlica. Como sucedi en el viejo continente, al advenir el orden burgus, la antigua estructura de la Iglesia, sus prerrogativas econmicas, pesados impuestos y concepciones justificativas del orden establecido, resultaban fuertes barreras al necesario desarrollo del nuevo e intenso espritu mercantilista y empresarial. En general, la sociedad esclavista, en plena expansin, socavaba las bases mismas de la religiosidad catlica, atacndola por dos frentes. Al introducir masivamente cargamentos de esclavos a quienes no haba modo de adoctrina r la imposicin de normas catlicas slo sirvi para encubrir creencias originarias de los esclavos, y entre los dueos de ingenios se adopt una actitud ms en consonancia con la nueva mentalidad plantacionista. Recin llegado a Cuba, Espada se percat de la creciente irreligiosidad de los habitantes de la Isla. Esto no slo asombr al Obispo de La Habana, sino que tambin llam la atencin de otras personalidades estudiosas de la sociedad cubana del XIX El protestante ingls Richard R. Madden lleg a plantear: son muy contados, principalmente en los campos, los que creen en la existencia de Dios y en la inmortalidad del alma. 44 Nicols Tanco Armero un negrero de chinos como lo llamara Juan Prez de la Riva insista en la misma idea, pues muy pocos son los que se arrodillan y descubren ante la divinidad (...) Los habaneros debieron ser catlicos pero muchos son indiferentes en materia de religin. 45 Con ellos coincidi un laico criollo, Domingo Del Monte. La observacin del obispo Daz de Espada sobre la irreligiosidad habanera fue, por tanto, apreciada por otras importantes figuras. Pero las causas estaban en los profundos cambios econmicos, sociales y demogrficos. La burguesa esclavista, consecuente con este proceso, empez a mostrar una clara tendencia laica. Ello la llevaba a restarle poder a la Iglesia en todas partes, en los campos, en las ciudades, en las oficinas de impuestos, hasta socavar sus bases tericas. Pero la nueva actitud no se encaminaba a una ruptura cultural y espiritual, sino al sometimiento de la Iglesia a sus intereses y hacerla ms prctica y barata. Un hecho muy ilustrativo de la nueva actitud laica de los hacendados, citado por Moreno Fraginals, queda demostrado en los nombres de los nuevos ingenios. Por lo general, durante los siglos XVII y XVIII stos haban llevado nombres de santos como expresin de la devocin de sus dueos, y ahora, a finales del XVIII sus nombres expresan la seguridad y prepotencia de una clase que tiene fe, pero en s misma: Esperanza, Casualidad, Conquista, Atrevido, Confianza, entre otros. El conde de OReill y como para mostrar el predominio del nuevo espritu del siglo, le da a su ingenio un nombre neoclsico: Anfitrite. 46

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OBISPO DE ES P ADA / 37 / 37 El conflicto central entre la Iglesia y los esclavistas cubanos estuvo centrado en los diezmos. El nuevo obispo asuma su cargo cuando los hacendados desarrollaban una plena ofensiva contra los impuestos religiosos. Espada deba enfrenta r con decisin e inteligencia, los constantes conflictos que caracterizaron las relaciones entre la burguesa esclavista y la Iglesia. Pero no podra entenderse la actuacin del obispo en el problema religioso, si no se analiza de forma totalizadora sus funciones. El prelado luchaba, en primer luga r por el progreso, dentro de una concepcin iluminista. Pero en el modelo espaol de la Ilustracin, interiorizado por l en el perodo de su formacin en Espaa, no resultaba contradictorio catolicismo y progreso. Por el contrario, el progreso deba veni r entre otras formas, de la propia institucin catlica. Luchar por su Iglesia era luchar por el progreso y la cultura. Esta forma de apreciar la relacin religin-sociedad no tipifica los procesos clsicos de desarrollo capitalista, ni tampoco est presente en el modelo clsico plantacionista anglo-francs. Por ello, su trabajo estara encaminado, en primer luga r a la defensa de la Iglesia, pero cuidado!, no la Iglesia oscurantista y supersticiosa preponderante en los siglos XVI XVII y XVIII cubanos, sino una Iglesia ilustrada comprometida con la naciente cubanidad. Porque ella deba estar llamada a desempear un papel decisivo en el desarrollo econmico, poltico, social y cultural de una nacionalidad emergente. En la medida en que aumentaban las ganancias econmicas de la burguesa esclavista, sus miembros se hacan cada vez ms remisos al pago del diezmo, en consonancia con su mentalidad econmica. La tesis que prim en la Iglesia, durante cierto tiempo, se expuso por el marqus de Casa Pealver con la siguiente ancdota: Cuando en aos atrs fui rematador de diezmos pregunt al sabio doctor Palomina, Juez Provisor del Obispado qu hacer en los casos en que se est seguro que burlan el diezmo. Y el sabio doctor respondi: Amigo reciba usted en su casa el azcar que le den y calle usted la boca 47 Estas palabras demostraban el pacto implcito al que arribaron la Iglesia habanera y la burguesa esclavista en lo referente a los impuestos religiosos. Pero, a fines del XVIII las gestiones por liberarse de manera definitiva de los diezmos provocaron el enfrentamiento. Ahora, la Iglesia quiso exigir el pago de lo que le corresponda, de acuerdo con lo estipulado por las leyes espaolas. Los hacendados no estaban dispuestos a ceder en tan importante cuestin. Los hacendados azucareros-cafetaleros se negaron a exhibir los libros de contabilidad a los diezmeros. En esa coyuntura, Espada lleg a Cuba. El problema de los diezmos resultaba vital para el nuevo obispo, porque ellos constituan la base econmica para la realizacin de todo su proyecto ilustrado. Por su parte, los hacendados esclavistas estaban dispuestos a lleva r hasta las ltimas consecuencias, la lucha por la liberacin de los diezmos. En verdad, los impuestos religiosos siempre resul47. Ibdem (43), p. 123.

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P APELES 38 \ 38 \ 48. Fray Hiplito Snchez Rangel: Visita pastoral del obispo Espada en 1804 Publicaciones del Instituto de Investigaciones Histricas de la Universidad, Buenos Aires, 1942. Vase en esta obra. taron, en lo econmico, un freno al desarrollo capitalista, y en el caso particular cubano, al desarrollo plantacionista. Pero para Espada representaban un importante medio en el desarrollo sociocultural de su dicesis, y justamente sta se encontraba lamentablemente abandonada. Los miembros de la burguesa esclavista, recin llegado el prelado, trataron de sorprenderlo, aprovechando su desconocimiento de la problemtica econmica habanera, y antes del mes de su llegada solicitaron una entrevista por carta, con el objetivo de discutir el problema de los diezmos. Espada maniobr y aleg que aqulla se haba extraviado. Los hacendados, inquietos, escribieron otra nueva carta, el 16 de marzo de 1802, no obteniendo respuesta hasta un mes ms tarde. Ahora, el obispo les informaba que seran recibidos con place r, tan pronto termine unas pequeas ocupaciones. Resulta evidente que con esta actitud trataba de ganar tiempo y conocer la real situacin de los impuestos religiosos en su dicesis. Durante ocho meses eludi la entrevista con los hacendados. Por fin, el 12 de noviembre de 1802, tuvo lugar la primera. Pero, cuando iban a examinarse los temas ms interesantes, el prelado la suspendi, alegando que continuara al da siguiente. Poco despus, los hacendados reciban una comunicacin de su repentina enfermedad. ste sera el argumento para evita r durante ms de un ao, reunirse con los hacendados. Transcurran los meses y el obispo pareca no concederle importancia a la cuestin; los hacendados, por su parte, se indignaban ante su silencio. En realidad, Espada no subestimaba el problema, al contrario, lo consideraba fundamental, y por ello no estaba dispuesto a discutir sin tener todos los elementos necesarios. A finales de 1803, y sin haberse reunido de nuevo con los hacendados, haba logrado obtener los medios para la visita pastoral por su dicesis. Su objetivo era conocer personalmente la situacin econmico-social del obispado y las condiciones de la Iglesia en las distintas zonas del occidente de la Isla. Ello le permitira discutir con los esclavistas cubanos sobre la base de un amplio conocimiento de la situacin real del territorio. En la visita lo acompa fray Hiplito Snchez Rangel, quien nos leg los pormenores de ella. 48 El 19 de noviembre de 1803, Espada inici el recorrido con una amplia comitiva. Estudi el estado de cada una de las parroquias y de sus auxiliares, analiz la situacin de los edificios, libros y otros documentos; se interes por la produccin de cada luga r la mano de obra, el poblamiento, la cultura, la salud. A su pupila acuciosa no escapara la situacin del pueblo y las condiciones de vida de los ricos. Una apreciable cantidad de datos se acumulan por sus secretarios. Lo quiere saber todo. Nada puede escapar para sus informes, para sus discusiones con los hacendados, para su labor social y para mejorar la presencia de la Iglesia en cada zona. Pero cuando pareca que ya el obispo estaba acercndose a las condiciones que le permitieran discutir con los hacendados, mientras recorra su obispa-

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OBISPO DE ES P ADA / 39 / 39 do, stos le asestaban un golpe de consideracin a la Iglesia en materia de impuestos. El 4 de abril de 1804, cuando el prelado estaba en Remedios, y gracia s a las relaciones directas de los esclavistas cubanos con Madrid, se emita la r eal c dula que exceptuaba del pago de los diezmos a los nuevos ingenios, a la par que congelaba el monto de los viejos en una cantidad fija sobre la base de la produccin de 1804, una de las ms bajas en los ltimos aos. Al parece r el prelado se enter de esta real cdula estando en Sancti Spritus, por lo cual decidi retornar con prisa a La Habana. Este hecho explica la interrupcin de su visita, cerca ya de la importante ciudad de Trinidad. La estrategia de Espada result altamente interesante. Por un lado, se dedic a redactar un extenso y amplio informe sobre la situacin econmica de la parte occidental de Cuba. Este trabajo, trascendental para conocer su pensamiento socioeconmico, le llevara ms de tres aos de redaccin, y cuando lo termin, no lo envi por el cambio producido en la situacin espaola. En l atacaba con dureza a los esclavistas cubanos y propona un conjunto de ideas contrarias a las prcticas plantacionistas, y sugera lo que en rigor sera la primera propuesta de reforma agraria en Cuba. Sobre este Informe volveremos ms adelante. 49 Por el otro, continu una larga litis con los hacendados por cuestiones de impuestos. Un voluminoso legajo obra en el Archivo Nacional de Cuba acerca del conflicto entre los ricos esclavistas cubanos y el Obispo de La Habana. 50 Poco despus de la Real Cdula del 4 de abril, los hacendados lograron penetrar en la Junta de Diezmos, con la abierta oposicin del obispo, al recibir permiso real para asistir a sus reuniones con fecha 24 enero de 1805 Pero Espada obtendra un parcial y temporal xito con la revocacin de este permiso el 2 de agosto de 1807. A la larga, la batalla de los diezmos se ganara por los hacendados y el prelado tendra que buscar otros medios para subvencionar sus planes reformistas. 51 Por ltimo, la estrategia de Espada consisti en lograr la presencia de la Iglesia en todas las regiones del occidente en desarrollo. Se interes en especial por las estadsticas; le hizo publicar al licenciado Justo Vlez, cate drtico de Derecho Civil del Seminario de San Carlos, los datos de las parroquias de la dicesis. Este documento se public en las Memorias de la Sociedad Econmica de La Habana, distribuidas el 31 de agosto de 1818. 52 49. Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa: Diezmos reservados Biblioteca Nacional Jos Mart, Sala Cubana, Coleccin Manuscritos, fondo Vidal Morales. Vase en esta obra. 50. Archivo Nacional de Cuba, Real Consulado, leg. 101, no. 4330. 51. El expediente que obra en el Archivo Nacional sobre el pleito entre el obispo y los hacendados azucareros, se inicia en 1802 y no concluye hasta el ao de la muerte de Espada, 1832. Ello demuestra que nunca se supedit a los hacendados azucareros. 52. Biblioteca Jos Mart, Sala Cubana: Memorias de la Sociedad Patritica de La Habana, 1818

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P APELES 40 \ 40 \ 53. La relacin de las nuevas iglesias y las viejas reestructuradas, es la siguiente: AEn la Habana y sus alrededores 1La iglesia de Regla fue reconstruida y erigida en Parroquia. A ese efecto la antigua ermita de San Jos, ya abandonada, fue vendida y con su producto se construy la Iglesia que an existe. Con el detenido conocimiento de la situacin econmica, social, demogrfica y geogrfica de la zona occidental de Cuba, Espada se percat de que la vieja red parroquial no era til, debido al rpido y asombroso crecimiento econmico y demogrfico insula r Por ello, se entreg a la reestructuracin de las jurisdicciones eclesisticas, acompaada de una amplia reorganizacin administrativa, de modo que quedara garantizada la presencia de la Iglesia, all donde era mayor el desarrollo econmico. Corrigi, de propia mano, el mapa topogrfico de la regin occidental de la Isla. Rectific el asiento de los poblados y la ubicacin de los ros, montaas y accidentes geogrficos. Sobre la base de todo este trabajo redistribuy las parroquias y sus auxiliares, delimit sus jurisdicciones, agrup a los fieles mediante una matrcula y reanaliz las rentas. En su Informe sobre Diezmos hara constar la oposicin de los ricos al poblamiento y a la presencia de la Iglesia. Quienes lo acusaron de ser el culpable de la disminucin religiosa en Cuba, no dicen que la burguesa esclavista opuso tenaz resistencia a la presencia de la Iglesia y a la catequizacin de los esclavos. Y que, justamente, Espada, con mayor fuerza, intent vencer esos obstculos. Por todo ello, la resultante de este estudio del obispado de La Habana, realizado por el prelado, iba a servir para la creacin de la ms amplia y extensa red parroquial del occidente de Cuba. Nunca antes se haba planificado con tanta exactitud la distribucin de las iglesias. Fund cinco pa rroquias y 66 iglesias auxiliares con sus respectivos prrocos, a lo cual hay que aadir 18 tenencias mercedarias y la reestructuracin de las ya existentes. 53 Si se compara el obispado de La Habana, en 1827, 25 aos despus de asumir Espada su direccin, con su superior jerrquico, el arzobispado de Santiago de Cuba, se tiene el presente cuadro: Gracias al intenso trabajo del obispo, se garantiz la presencia de la Iglesia, incluso all donde los hacendados no la queran. Durante un perodo que se extendi hasta 1820, se logr un crecimiento notable de las entraArzobispado Obispado de Santiago de La Habana En la capital Catedrales 1 1 Iglesias 16 25 En el campo Iglesias 25 84 Total general 42 110

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OBISPO DE ES P ADA / 41 / 41 das econmicas de la institucin. Si en 1794 el obispado de La Habana recaudaba 260 080 (el de Santiago de Cuba, slo 25 612 pesos fuertes), en 1799, 400 000 pesos fuertes, a pesar de los subterfugios de los esclavistas por escapar al pago de los impuestos. Pero, durante los primeros aos de su obispado, las recaudaciones, por concepto de diezmos, crecieron de forma mucho ms ostensible. Entre 1805 y 1808, la dicesis habanera recaud 1 545 050; de 1813 a 1816, 1 600 841, y de 1817 a 1820, 1 606 672 pesos. 2Construy la Iglesia de El Salvador en El Cerro, aunque de madera, y la declar auxiliar de la Catedral. En 1817 fue reconstruida y elevada a Parroquia con Puentes Grandes como auxilia r. 3San Antonio de los Baos fue elevada a Parroquia con Ceiba del Agua y Vereda Nueva como auxiliares. 4Bataban fue declarada auxiliar de Quivicn y luego elevada a Parroquia. Calabazar y la Salud fueron declaradas auxiliares de Santiago de las V egas. 5Se reconstruy la antigua ermita del Santo Cristo de la Salud que se uni a la de Guadalupe y se convirti en Parroquia bajo esta ltima advocacin. Esta iglesia di nombre a dos calles habaneras: Salud y Campanario. Hoy es la Parroquia de la Caridad. 6San Ana de Guanabo fue declarada Parroquia con Nuestra Seora de los Dolores de Bacuranao y Nuestra Seora de Guadalupe de Pealver como auxiliares. 7Madruga que era auxiliar de Gines pas a ser auxiliar de Macuriges, Caraballo (Bainoa) fue declarada auxiliar de Ro Blanco, y Aguacate fue declarada auxiliar de Jibacoa. La Iglesia de Aguacate fue reconstruida. 8Fueron reconstruidas las Iglesias de Gines y Jibacoa. 9Alquzar fue declarada Parroquia con San Antonio de las V egas como auxilia r. Esta ltima era auxiliar de Quivicn. 10Construy la Iglesia de Nuestra Seora del Pilar en La Habana y la declar auxiliar de Guadalupe (La Caridad). 11Tapaste fue declarada Parroquia con Casiguas como auxiliar. 12Pipin fue declarada auxiliar de Macuriges y luego Parroquia con San Nicols de Gines como auxilia r. 13La Iglesia de Santa Catalina de Gines fue reconstruida y erigida en Parroquia. 14Se fabric una capilla en Nueva Gerona, Isla de Pinos, BEn la provincia de Matanzas 1Alacranes fue declarada auxiliar de Macuriges (luego Corral Falso, luego Pedro Betancourt), antes era de Gines. 2Amarillas fue declarada Parroquia, con Palmillas como auxiliar. Arcos de Canas fue elevada a Parroquia. 3Corral Nuevo y Cabezas fueron declaradas auxiliares de Matanzas. 4La Parroquia de Macuriges se traslad a Corral Falso, hoy Pedro Betancourt. 5Se edific una pequea iglesia en Los Arabos. 6Limonar fue declarada auxiliar de Matanzas y luego elevada a Parroquia con Crdenas, Lagunillas y Sabanilla del Encomendador como auxiliares. 7Manguito y El Roque fueron declarados auxiliares de Hato Nuevo (hoy Mart) y Camarioca fue declarada auxiliar de Matanzas.

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P APELES 42 \ 42 \ CEn la provincia de Pinar del Ro 1San Diego de Nez fue declarada auxiliar de Las Pozas (Cacarajcara) y Puerta de Gira auxiliar de Guanajay. 2La iglesia de Quiebra Hacha fue reconstruida y declarada Parroquia. 3Mariel fue declarada auxiliar de Guanajay y luego elevada a Parroquia. 4Candelaria fue declarada auxiliar de San Cristbal y Cabaas auxiliar de Guanajay. 5Artemisa fue declarada auxiliar de Guanajay y luego erigida en Parroquia. 6Baha Honda fue declarada auxiliar de Las Pozas (Cacarajcara). 7La iglesia de Guanajay fue reconstruida. DEn la provincia de Las Villas 1Las iglesias de Santa Ana y de San Francisco de Paula fueron reconstruidas y declaradas auxiliares de la Parroquial Mayor. 2Fue reconstruido el Convento de la Vera Cruz en Sancti Spritus. 3Se termin la iglesia de San Salvador de Horta en Remedios. 4La Divina Pastora fue declarada auxiliar de la Parroquial Mayor de Santa Clara y El Jbaro auxiliar de Sancti Spritus. 5La Caridad de Sancti Spritus fue declarada Parroquia y la iglesia de Jess Nazareno de la misma ciudad fue declarada auxiliar de la Parroquial Mayo r. 6El Santo Cristo del Buen Viaje de Remedios fue declarada auxiliar de la Parroquial Mayor y la ermita de San Jos de Arroyo Blanco auxiliar de San Eugenio de la Palma (Ciego de vila). 7Santa Mara Magdalena de Cifuentes y San Antonio de Padua de Mayajigua fueron erigidas como parroquias. 8La antigua iglesia de Ermita Vieja fue trasladada a Morn y declarada auxiliar de San Eugenio de la Palma (Ciego de vila). 9Sagua la Grande y Santo Domingo fueron declaradas auxiliares de San Narciso de lvarez y La Esperanza auxiliar de Santa Clara. 10Quemado de Gines fue declarada Parroquia con Sagua la Grande, que dependa de San Narciso de lvarez hasta entonces como auxiliar. (Jos Manuel Prez Cabrera: Apuntes de sus clases en el Seminario de San Carlos [copia mecanografiada en poder del autor], p. 32.) 54. Jacobo de la Pezuela: Historia de la Isla de Cuba ed. cit., t. III, p. 303. Despus, probablemente por las leyes de secularizacin y de limitacin de las actividades conventuales, as como por los ataques al sistema de diezmos en las Cortes y gobiernos espaoles, este ascenso en las recaudaciones comenz a declina r. Pese al crecimiento de la produccin azucarera, el trienio de 1821 a 1824 arroja una cifra meno r 1 449 409, y el de 1825 a 1828, 1 250 805 pesos. El aumento en los ingresos de la Iglesia habanera, la coloc entre las ms poderosas de Amrica. Esto explica que, por intereses muy mundanos, algunos ambiciosos hicieron todo lo posible porque fuese removido el obispo vasco. No obstante, segn Pezuela, esas recaudaciones no constituan ni la vigsima parte del valor de las cosechas azucareras, pues los ingenios ms grandes y nuevos no pagaban los diezmos. 54

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OBISPO DE ES P ADA / 43 / 43 El anlisis de ciertas coyunturas histricas ofrece una riqueza de matices, que escapa al historiador que se sujeta a un esquema prestablecido. Se requiere la captacin dialctica y totalizadora de algunos problemas histricos. La batalla de los diezmos tiene la caracterstica de implicar intereses diversos de grupos en conflicto. Histricamente, los hacendados son los protagonistas del proceso de desarrollo plantacionista que chocaba con la vieja estructura de la Iglesia moldeada bajo la mentalidad feudal. Desde este punto de vista, la batalla de los diezmos responda a la lgica histrica de los procesos afines a la presencia capitalista. Pero, desde otro, quien libraba la batalla por el lado de la Iglesia no era un hombre que expresara los intereses del viejo mundo feudal, si no los de modernizacin y transformacin. Espada quiso una Iglesia moderna, capaz de desempear un papel espiritual y material acorde con los nuevos tiempos, pero manteniendo el espritu cristiano. Sin embargo, ya la Iglesia no poda seguir siendo el nico centro difusor del conocimiento. Este proyecto de Espada ser el nico intento de la Iglesia por lograr una incidencia decisiva en el desarrollo del pas. Ciertamente, tambin marcar el inicio del desarrollo del pensamiento laico cubano. La batalla de los diezmos constitua una contradiccin, una doble y lamentable contradiccin. Del lado de los pobres, y por los pobres, estaba el Obispo de La Habana, aferrado a un instrumento, los impuestos religiosos, ya condenados a desaparece r Del otro, estaban los hacendados, amantsimos defensores del progreso tecnolgico azucarero. El proceso de lucha terminar con la derrota del obispo. Los diezmos eran una institucin medieval y deban, a largo o corto plazo, desaparece r Sin embargo, la victoria final fue de un tercero, la Corona. Los diezmos dejaron de ser de la Iglesia, pero los hacendados tuvieron que seguirlos pagando, ahora, en beneficio de los reyes de Espaa. En la penumbra del templo Otro problema, no menos importante y que afectaba seriamente a la Iglesia habanera, tuvo que enfrenta r desde el principio, el obispo Espada. Se trataba de la vida disoluta, las costumbres disipadas, los hbitos creados tras siglos de ignorancia y supersticin, de un sector sustancial del clero. Lograr el adecentamiento de la Iglesia, eliminar la ignorancia, la supersticin y la corrupcin dentro de la institucin y las rdenes religiosas; contar con eclesisticos cultos, honrados, fue uno de sus propsitos principales. A este respecto, uno de los bigrafos de Espada escribe: El asombro del prelado ante la organizacin eclesistica con que tena que habrselas, puede juzgarse por la naturaleza de las medidas que de inmediato puso en prctica. Cabe afirmar que poco encontr conforme al espritu de la Iglesia. Desde la doctrina torcida hasta la prctica supersticiosa, de todo haba en aquella via sin frutos de la fe cristiana. 55 55. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 49.

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P APELES 44 \ 44 \ 56. Antonio Lpez Prieto, ob. cit., p. 78. En sus primeras noches en La Habana, al contemplar las procesiones nocturnas de los disciplinantes, Espada vislumbr la necesidad de reformar el mundo interno eclesistico, como medida paralela a su labor social: Profundo desagrado le caus el estado de ello; en mucho era contrario a la dignidad de la religin y al bien entendido fomento del culto. Impropias imgenes ridculamente vestidas se ostentaban en los altares, y groseras prcticas supersticiosas quitaban toda solemnidad y respeto a las ms augustas ceremonias con notorio perjuicio del verdadero sentimiento religioso y de la moral pblica. Jzguese, que el S r Espada hall todava las nocturnas procesiones de disciplinantes que salan de la capilla de San Francisco (...) y recorriendo con montona canturia, alumbrada con opacos cirios, las calles de San Salvador de Horta, Mercaderes y Amargura, iban a reunirse en la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje antiguo Humilladero, del cual, largo hablan nuestras crnicas. Estas y otras aejas prcticas, fuente de profundos males en las costumbres pblicas y tambin de descrdito para la religin del Crucificado, se propuso extirparlas desde luego, consagrndose a tan necesaria reforma con el mayor ahnco y sin consideraciones que se lo estorbasen. Propsose al momento reformar los altares y sustituir las impropias imgenes, incapaces de inspirar sentimiento alguno de veneracin, con excelentes cuadros de reputados artistas, y en esta idea fue perseverante. 56 Un domingo, el obispo pudo observar cmo salan los frailes del convento de San Francisco hacia el monasterio de Santa Clara, para celebrar la eleccin de su provincial, llevando por las calles la imagen del santo, acompaados de msica instrumental. Otro da, de madrugada, escuch alboroto, gritera y una msica en las zonas colindantes a las iglesias, eran las misas de aguinaldo en las pascuas que atraan pblico que efectuaba las ms variadas actividades que ridiculizaban la devocin. La reaccin ante estas tres escenas fue inmediata. El obispo Espada, las consider reflejo del ms profundo retraso cultural y de una beatera absurda que afectaba la verdadera religiosidad cristiana. Restringi de manera enrgica las procesiones de los disciplinantes; fustig duramente a los frailes, recordndoles la violacin de un precepto de que toda procesin deba autorizarse previamente por el obispo. Enfatiz que dichos actos deban efectuarse dentro del recinto conventual sin llegar a adoptar la solemnidad de procesin y prohibi tales procesiones pblicas en cualquier tiempo, disponiendo se comunicara a los conventos. En relacin con las algarabas en pascuas, orden: Prevenimos a los curas prrocos de esta ciudad y a todos los superiores conventuales y vicarios de los monasterios y dems personas a quien toque el cuidado de cualquier iglesia que no celebre ni permita celebrar aquellas misas sino despus de haber salido el sol, sin consentir alboroto alguno en ellas ni que con su ocasin vayan a tocar msica bajo ningn pretexto, fuera ni dentro de la

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OBISPO DE ES P ADA / 45 / 45 iglesia, que no se abrir sino a las horas acostumbradas Tambin prevenimos (...) a todos los expresados con qu fondos se hacen en las respectivas iglesias de su cargo otras funciones y cul ha sido el origen de estas en cada una de ellas. 57 Si desagrado caus a Espada la actitud poco respetuosa de los principios de la Iglesia mantenidos por algunos de sus miembros, verdadera indignacin le origin comprobar cmo se beneficiaban econmicamente de la supersticin y la ignorancia de la feligresa. Uno de los ms importantes negocios de algunos sacerdotes estribaba en el temor a la muerte: La noche, siempre propicia, continuaba sirviendo los intereses econmicos del clero. Qu ocurre que a distintas horas se producen tumultos pblicos, de gente que sigue a un sacerdote entre luces y msica sacra, mientras el campanario de la iglesia se da a vuelo con sonoro y largo toque? Es el vitico, la administracin de la comunin eucarstica. Es un mortal con recursos que paga el aparato religioso, el estruendo pblico, la vanidad de irse con ruido al otro mundo. 58 Durante siglos se impuso la costumbre de que los ricos abandonaran este mundo con la mayor pompa posible. El ritual con que se acompaaba a un difunto, se corresponda con el dinero aportado. Los sacerdotes decan misas en cualquier luga r, llegando a improvisar altares porttiles en las calles; violaban as la obligacin del sacerdote de bendecir el cadver junto al sepulcro. Espada, ni corto ni perezoso, prohibi los altares porttiles, las misas en las casas estando presente el cadve r la administracin del vitico en forma de acto pblico, escandaloso, nocturno y con fines de simona. El vitico solamente saldra de da y haciendo nada ms la seal de dos campanadas y un corto repique. 59 Un hecho molest en particular al obispo. Si se estudian sus papeles y las medidas adoptadas por l, se comprueba sus intentos de igualar a los hombres ante la Iglesia. An ms lejos llegaba Espada. Centr su preocupacin en las condiciones de vida de los pobres. La burguesa esclavista y comercial habanera y los altos funcionarios coloniales, en sus prcticas religiosas, mostraban cmo la Iglesia de Dios tambin era una Iglesia dividida entre pobres y ricos. La ms ostensible de estas diferencias, por entonces, se observaba en el uso de las campanas de las iglesias: Las campanas aturden a la poblacin. Hay repiques y dobles de funeral cuya prolongacin y estruendo van en razn directa de la tasa indebidamente cobrada para producirlos. El Obispo vela. Estudia la regla vigente al respecto, que estableci su antecesor Trespalacios. Es una pgina olvidada, porque falt energa para imponer su cumplimiento. En efecto, a espaldas de ella, tiene su precio el alegre repique, lo tiene el doble, lo tiene el empleo de ms campa57. Mara L. Martnez Izquierdo: El obispo Espada Tesis de grado en la Universidad de La Habana. Copia mecanografiada, La Habana, 1944, p. 62. 58. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 55. 59. Ibdem (57), p. 64; ibdem (58), pp. 55 y 56.

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P APELES 46 \ 46 \ 6 0. Ibdem (58), p. 56. 61. Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa: Edicto de Campanas, en Antonio Lpez Prieto, ob. cit., p. 79. Vase en esta obra. 62. Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa: Mandatos contra matrimonios clandestinos, en Antonio Lpez Prieto, ob. cit., p. 80. Vase en esta obra. nas que las prescritas. El campanario ya no funge tan slo para los toques habituales de la iglesia. El vecindario sabe cuando se bautiza a un nio que nace en paales de seda; cuando alguien muere, hasta dnde lleg la generosidad de los deudos. Y el Obispo sabe algo ms, sabe que todo ello, en la medida que se aleja de la piedad va contra el reposo pblico, contra el sosiego del enfermo, contra la moral de su fe e impone el edicto de Trespalacios. 60 El 18 de marzo de 1803, el obispo Espada emite el Edicto de Campanas con el cual enmudecieron los badajos. 61 Buscaba su autor lograr una uniformidad espiritual entre pobres y ricos dentro de la religin del Crucificado; trataba de eliminar la ostentacin de los ricos y la humillacin de los pobres gracias a la manipulacin de la religin, y sobre todo, evitaba que la vanidad de los que piden ms toques y la indebida tasa econmica impuesta por los que la conceden siguiesen siendo una forma de daar la piedad de la Iglesia y de mantener la diferenciacin social dentro de ella. En otro aspecto se manifestaba el afn de lucro de una parte del clero y la terrible ignorancia de prrocos y feligreses en relacin con los preceptos de la Iglesia. En La Habana se haba creado un extrao sistema de matrimonios clandestinos. A pesar de que el matrimonio cannico era el nico existente oficialmente en la poca, aqullos se toleraban y efectuaban por algunos clrigos por dinero. Bastaba la autorizacin de un sacerdote para convertir el concubinato en unin tolerada. A esta extraa situacin la catalog Espada de salvoconducto para quebrantar las leyes divinas y humanas. Esta prctica parece haber colmado la paciencia del obispo. Eran tantas las infracciones de los preceptos de la Iglesia, que decidi ordenar una matrcula, ms bien una encuesta, entre feligreses y prrocos, sobre diversos aspectos de la fe catlica. En ella se anotaron los datos sobre las creencias y las costumbres religiosas de los encuestados. Los resultados obtenidos mostraron el desconocimiento de los preceptos de la Iglesia. En particula r decidi atacar con todos sus recursos la prctica de los matrimonios clandestinos. El 9 de abril de 1803 public su mandato en el cual prohibi a los curas prrocos continuar este tipo de actividad que, tal vez por un torpe lucro, con simonaca providad, la practican. 62 Durante diez aos estuvo insistiendo en este punto. Public nuevos edictos y dirigi severas comunicaciones que llegaron, incluso, a la destitucin de los prrocos que violaban estas disposiciones. Mientras tanto segua analizando uno por uno al clero de su dicesis y profundizando en los problemas presentados por sus feligreses. Una situacin mucho ms grave que la anterior preocupaba a Espada. sta era el resultado de la herencia medieval de la Iglesia espaola y aten-

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OBISPO DE ES P ADA / 47 / 47 taba contra la salud pblica. Significaba, a su vez, un fabuloso negocio para el clero. Nos referimos a los enterramientos en las iglesias. La costumbre de enterrar en las iglesias haba sido un mal del imperio espaol, prohibida por Carlos III hacia 1787, apoyada por Campomanes y reafirmada por Carlos I V Espada traa el proyecto de eliminarla en Cuba. As lo explic al ingresar en la Sociedad Econmica de Amigos del Pas de La Habana, el 13 de enero de 1803, y lo reafirm el 27 del mismo mes al asumir la direccin de sta. 63 Su proyecto encontr muchas trabas por parte de los franciscanos y de otros sectores del clero regular y secula r Pero el obstculo fundamental fue de orden econmico. Para crear el cementerio general y eliminar los enterramientos en las iglesias, se vio obligado a cubrir personalmente parte de los gastos. Orden la construccin del Cementerio Universal de La Habana, y durante su primera visita, en ms de la mitad de su dicesis, estableci sacar los cementerios de las iglesias. En La Habana, la construccin del cementerio signific tener que desviar aguas, levantar un puente, expropiar casas, adems de las dificultades para transportar los cadveres hasta las afueras de la ciudad, amn del precepto de pasar antes por un templo. No obstante, el obispo Daz de Es pada solu cion todos los problemas. El 2 de febrero de 1806 se bendijo el cementerio y en Espaa se tuvo noticias del triunfo del Obispo de La Habana. El problema del enterramiento en las iglesias haba sido, durante siglos, uno de los negocios ms lucrativos de una parte del clero. La poblacin, sumida en un misticismo ignorante, tenda a preferir el enterramiento en las iglesias, pues pensaban que as estaba ms cerca de Dios o de sus santos protectores. En el interior del templo, cerca de los altares, en las catacumbas, una amplia estructuracin social diferenciaba los restos mortales de los all depositados. Los ricos pagaban en monedas de oro y plata al clero por los mejores lugares. Los pobres, los humildes, no tenan lugar en las iglesias y se enterraban en campos abiertos, a veces sin la presencia del sacerdote. Ello explica que la supresin de los enterramientos en las iglesias provocara una fuerte reaccin de una parte del clero conventual y pa rroquial, quienes vean esfumarse notables ganancias. Si se analizan con detenimiento las acusaciones de impo que se le hicieron a Espada, se comprobar la presencia en ellas de ese clero reaccionario y de algunos feligreses, quienes consideraron la creacin del Cementerio General de La Habana que en justo reconocimiento el pueblo lo llam con el nombre de su fundado r Espada como un acto irreligioso. Muchos de quienes han combatido al obispo, con la pupila velada por los intereses anticubanos, no sacan a la luz esta importante raz del partido antiespadista. 64 63. Biblioteca de Literatura y Lingstica: Actas de la Sociedad Econmica libro 3, fojas 27-28. Junta ordinaria del 13 de enero de 1803. 64. Para comprender la actitud del obispo Espada y los obstculos que tuvo que vencer para la creacin del primer cementerio de la Isla, vase en esta obra su Exhortacin a

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P APELES 48 \ 48 \ Mas, el problema principal que confrontaba parte del clero de la poca era su bajo nivel de instruccin; sumido en la supersticin y la superchera, se mantena muy alejado, no ya del pensamiento e ideas modernas, sino del espritu del verdadero cristianismo. Espada inici un trabajo profundo en la depuracin del clero y en la formacin de un personal capaz, moral e instruido para hacer frente a sus funciones como ministros de su religin. Las encuestas realizadas, el anlisis de los problemas confrontados por curas y feligreses y la lucha contra la violacin constante de las normativas religiosas, se convirtieron en una de las ms importantes actividades del obispo: Ms de una vez visit los conventos de monacales varones, y encontrando alguno en pacfica posesin de un plegado mosquitero, cuando la regla no le permita sino una dura tarima, lo despach a continuar su vida monstica en otra dicesis. 65 Como se comprender, toda esta actividad desplegada por Espada, su intransigencia con lo mal hecho, su lucha contra la especulacin econmica y los daos infligidos a los intereses creados, explican la enemistad del clero corrupto hacia l. sta tuvo races profundas. Recurdese su enfrentamiento a los franciscanos en el problema del enterramiento en los templos, a los prrocos por estas mismas razones y por los matrimonios clandestinos, a los dominicos por ensear en la universidad ideas y mtodos antiqusimos, y a todo el clero incumplidor de sus obligaciones y explotador de las creencias del pueblo. Quienes de buena fe practicaban su religin, de buena fe entendieron la justeza de las posiciones del obispo. Pero quienes de mala fe haban explotado sus prerrogativas religiosas, de mala fe organizaron el partido antiespadista. Q uizs, el elemento de mayor confrontacin entre el obispo y el sector del clero que lo combata, result justamente la labor de depuracin que aqul llev a trmino. Con sistematicidad, prescindi de quienes violaban moralmente los principios religiosos. De igual forma someti a exmenes de capacidad al clero regular y secula r excluyendo a los incapacitados. El partido antiespadista creca, en la medida en que Espada realizaba las reformas. Un aspecto en particular complic este proceso. El obispo de Santiago de Cuba, Joaqun Oss y Alza, quien se haba manifestado contra la divisin de la dices is nica de C uba, realizada en 1789, cinco aos antes de asumir Espada su obispado, estim lesionados los intereses econmicos de la dicesis santiaguera. Por ello hizo reclamaciones sistemticas sin obtener resultados. 66 los fieles de la ciudad de La Havana, hecha por un prelado Diocesano sobre el cementerio general de ella 65. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 228. El obispo Espada no slo actu con mano dura contra las lacras de la Iglesia, sino que intent por todos los medios ayudar a los curas prrocos y religiosos a superar sus insuficiencias. Se hicieron notorios los cursos sobre moral y religin del obispo para la superacin del personal eclesistico. 66. El origen de la actitud hostil del obispo Joaqun Oss y Alza contra el obispo Espada, no tena su base en un problema personal, aunque deviniera tal. La actitud del prelado

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OBISPO DE ES P ADA / 49 / 49 De aqu naci una especial animadversin contra el Obispo de La Habana, declarndole una guerra sin cuartel. Al ser elevado Santiago de Cuba a arzobispados y quedar La Habana como su sufragnea, el 24 de noviembre de 1803 cobr nueva fuerza el enfrentamiento del ahora arzobispo Oss con Espada. El 4 de julio de 1804, el obispo renovaba su lucha por el adecentamiento de la dicesis con una nueva planta al Curato de su obispado. De acuerdo con ella, las tenencias de los curas se supriman y convertan en vicaras perpetuas, las cuales slo podan obtenerse por concurso de capacidad. En consecuencia, se afectaron numerosos clrigos. stos dirigieron sus apelaciones calumniosas al arzobispo de Santiago. Oss sinti que le servan en bandeja de plata la posibilidad de combatir al Obispo de La Habana. Dict un conjunto de rdenes que echaban por tierra la labor de Espada, y ste, por supuesto, se neg a cumplirlas, utilizando como pretexto, la defensa de sus derechos jurisdiccionales. Oss se indign an ms, e impuso multas al obispo, a su provisor y a su fiscal. Pero La Habana se neg a pagar un cntimo. Los nimos se exaltaron y las relaciones entre la dicesis y la arquidicesis terminaron prcticamente en la ruptura. Pese a los soberbios ataques de Oss, Espada se mantuvo inmutable en su plan de reformas. Surgieron nuevas acusaciones contra el obispo. Eran atacados, adems, el Colegio-Seminario de San Carlos, la Sociedad Patritica y los elementos allegados a Espada. En Cuba, no se encontraba una sola figura de respeto que militara en el partido antiespadista. En un bando, figuras oscuras y de oscuras historias, en la mayora de los casos apoyadas en el anonimato, son los protagonistas de los ataques al obispo. En el otro, se agrupan sus colaboradores, seguidores y amigos. En lo fundamental, un grupo de brillantes eclesisticos cubanos, guiados por un objetivo comn de progreso, como nunca antes, ni despus, se logr en Cuba. Lo que ms molestaba y llamaba la atencin a los enemigos de Espada, eran el talento y el origen cubano de sus colaboradores. Este grupo actu, principalmente, en el Seminario de San Carlos. Jos Agustn Caballero, Juan Bernardo OGavan y Flix Varela eran sus figuras ms representativas, y como tales, crecieron y se desa rrollaron a la sombra de Espada. A ellos se una la ms brillante de la dicesis santiaguera tena su origen en la divisin del obispado nico de Cuba en dos. Al separarse el occidente de la Isla, justamente la regin ms rica del pas, las entradas de la dicesis de Santiago de Cuba disminuyeron de manera sbita. Oss le declar una guerra sin cuartel a occidente, mucho antes de llegar Daz de Espada a Cuba. As, escriba sobre el egosmo de los habaneros: viven en el afn de ganar para s, sin poner lmites a la ambicin, y concluye al referirse a la divisin de la dicesis: La Habana no poda ganar sin que perdiera Cuba [se refiere a Santiago de Cuba, etc.], o no poda enriquecerse aquella, sin que se empobreciese Cuba. (Juan Luis Martn Corona: Reforma agraria en Cuba a fines del siglo XVIII y el obispo Oss y Alza [copia mecanografiada en el archivo del autor]. Por supuesto, a lo que se refiereo Oss es a la situacin de su dicesis y no a la situacin de la regin oriental de la Isla. El obispo de Santiago de Cuba personific el conflicto en el Obispo de La Habana.

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P APELES 50 \ 50 \ intelectualidad laica cobijada en la penumbra del templo. All encontraron calor para desarrollar su talento Jos Antonio Saco, Jos de la Luz y Caballero, Nicolas J. Gutirrez, Toms Romay y Chacn, Nicols Escobedo, Jos Agustn Govantes y otros. Y al comps de este movimiento se fo rm la juventud ilustrada habanera, expresin del primer movimiento intelec tual del pas. Incluso, un dominico de la calidad intelectual de Remigi o Cernada, a quien no poda acusrsele de parcial, reconoca, ante la tumba del obispo, la grandeza del hombre y su obra. En tiempos del obispo Espada, sus enemigos lo acusaron de ser ateo, de ir contra la Iglesia; en fin, de haber creado las condiciones para la destruccin del catolicismo en Cuba. Ho y todava algunos autores, como hemos expresado, sostienen estos mismos criterios. El lector imparcial podr constatar la ortodoxia catlica de Espada. Podr ver ms. Comprender que nunca, en la historia eclesistica colonial de Cuba, un obispo haba hecho tanto por garantizar la presencia de la Iglesia en todas partes y porque la Iglesia de Cristo se correspondiera con sus principios. Quienes se guiaron por los documentos escritos por los enemigos del obispo, en Espaa o Roma, olvidan su verdadera labo r y aceptan como ciertas las especulaciones intrigantes y las afirmaciones falaces de sus enemigos. No fue ateo, y la documentacin que incluimos en esta obra, lo demuestra. Fue catlico sincero y ello determin la incompatibilidad de su direccin con la corrupcin y la ignorancia de un sector del clero. Su inters porque en la sociedad habanera actuaran sacerdotes cubanos cultos, chocaba con el pasado medieval y escolstico del viejo clero criollo y tambin chocar en el perodo posterio r cuando arriben a Cuba clrigos espaoles, sin ocupacin en la pennsula, incultos, fanticos y anticubanos en un alto porciento, quienes barrieron al clero culto cubano, formado en la poca de Espada. Este proceso explica la posicin de la Iglesia durante las luchas por la independencia. No fue Espada el culpable del proceso de laicizacin del pensamiento revolucionario cubano en el siglo XIX Fueron Espaa y la historia posterior de la Iglesia en Cuba las culpables del laicismo que se observar en los aos posteriores. Un golpe demoledor para el clero cubano lo constituy el proceso de laicizacin iniciado por Espaa, que culmin en 1842 con la secularizacin de los conventos y de la Universidad de La Habana. Los centros de formacin para el clero criollo quedaron reducidos. Otro factor fue la desaparicin del Consejo de Indias con la independencia americana, quedando la Iglesia de Cuba atada a los reyes espaoles, sus reales patronos, mientras las iglesias latinoamericanas comenzaron sus vnculos con el V aticano y a responder a sus respectivas problemticas nacionales. Durante el siglo XIX mientras se formaban las iglesias nacionales en Amrica Latina, la de la isla de Cuba fue intencionalmente espaolizada, respondiendo ms que al V aticano a la estructura religiosa peninsular y a las esferas de poder coloniales. No resulta casual que Mart soara con que volvieran los tiempos de Espada; porque no hubo ms una intelectualidad cubana y catlica que desde el interior de la Iglesia estuviese comprometida con su pueblo y con el proceso de formacin nacional.

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OBISPO DE ES P ADA / 51 / 51 Sin embargo, en verdad, el pensamiento laico empez a adquirir sus dimensiones en el Colegio-Seminario de San Carlos, donde el obispo Espada haba agrupado a la plyade juvenil del primer movimiento intelectual de raz cubana del siglo XIX en las dcadas del 20 y 30. En estos inicios, y gracias a Espada, la Iglesia todava pudo desempear un importante papel en la formacin y desarrollo de la conciencia y el pensamiento cubanos. En esos orgenes de una cultura nacional estn la accin y el pensamiento de Espada. El desarrollo posterior de la cultura cubana profundizar algunos aspectos, dejar a un lado otros, crear nuevos rumbos y nuevos paradigmas; pero en aquel origen, lleno de bsquedas ms que de resultados, el obispo ser la figura descollante. Con Espada, la Iglesia de los hombres tambin fue la Iglesia de su Dios. P OR SU OBR A LO CONOCERIS El adecentamiento de la Iglesia habanera, el esfuerzo por garantizar su presencia en campos, pueblos, villas y ciudades, y la lucha por sus prerrogativas econmicas, significaban para Espada un instrumento de accin, aunque espaol, de participacin e incidencia en la vida sociocultural habanera. En su concepcin ilustrada, la Iglesia tendra un activo papel en la modernizacin de toda la sociedad insula r En esa misma direccin, y paralela a su labor eclesistica, desarroll una intensa actividad social que trascendi sus funciones estrictamente religiosas. La experiencia espaola sirvi a Espada en sus reformas. A principios de diciembre de 1802, recin arribado a La Habana, comunicaba al marqus de Someruelos, presidente de la Real Sociedad Patritica de La Habana, su deseo de ingresar a ella. El 10 de diciembre de ese mismo ao, Someruelos lleva al seno de la Sociedad la peticin del prelado, y por su proposicin y por esa sola vez se altera el orden acostumbrado para la admisin y se le nombra socio honorario. El entusiasmo despertado en los miembros de la sociedad result tal, que, como tenan en esa misma reunin que nombrar una nueva directiva, acordaron, por unanimidad, designar a Espada para el cargo de directo r. 67 En realidad, la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas daba un trascendental paso para su reanimacin. El prelado ya haba pertenecido a una similar en Salamanca y tena, por ende, una amplia experiencia en el funcionamiento de una organizacin de este tipo. Por su parte, el obispo adquira un importante medio, cuya concepcin y dado el carcter de los amigos del pas, posibilitara su activa participacin en la reforma de la sociedad insula r. La Sociedad Econmica de Amigos del Pas de La Habana, creada en 1792, diez aos antes de la llegada de Espada, recibi su Real Cdula de 67. Biblioteca de Literatura y Lingstica: Acuerdos de la Sociedad Patritica de la Habana libro 3, fojas 27-28, Junta ordinaria del 13 de enero de 1803.

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P APELES 52 \ 52 \ 68. Fern ando Ortiz: La hija cubana del iluminismo, Molina y Ca., La Habana, 1943. 69. Loc. cit. (67). aprobacin el 15 de noviembre de aquel ao. Era, como la llam Fernando Ortiz, la hija cubana del Iluminismo. 68 Su primera junta se celebr el 9 de enero de 1793. Su fundacin y su plan interno revelaban su carcter con tradictorio. Surgida al calor de las transformaciones que en todos los rde nes generaba el desarrollo plantacionista, responda, a la vez, a la concepcin iluminista espaola que no se corresponda totalmente con las necesidades de la burguesa esclavista cubana. En su nacimiento, las actividades de las personalidades vinculadas al proceso azucarero-cafetalero habanero, se mostraron divididas. No obstante, la frmula metropolitana se acept por un fuerte grupo de sacarcratas. El proyecto de la creacin de la Sociedad Econmica habanera se caloriz particularmente por el entonces capitn general de la Isla, el coterrneo de Espada, Luis de las Casas y Aragorri, quien gestion los permisos reales para su fundacin. Desde sus inciertos orgenes, la Real Sociedad Patritica se vio en una difcil situacin. En la prctica, le faltaba una verdadera definicin o redefinicin de objetivos en el contexto de una sociedad azucarera y esclavista. El Real Consulado era el instrumento idneo de los esclavistas cubanos. La funcin cultural, educacional y social de los amigos del pas, se vio profundamente limitada a fines del siglo XVIII Ello ocasion que su actividad decayera y apenas subsistiera entre los avatares productivos-comerciales. El conde de Santa Clara, nuevo gobernador de Cuba y presidente de la institucin durante su perodo de gobierno, la dirigi con tibieza y sin prestarle gran atencin. Por ello, la direccin de Espada signific un vuelco radical en su historia. ste le impregn un nuevo espritu y desarroll una actividad creativa sin paralelo en su historia. En el discurso de bienvenida, la noche de la toma de posesin del obispo como director de los amigos del pas, del censor Jos Arango, expresaba en relacin con la situacin de la Sociedad: De da en da ha desmayado la junta, se ha disminuido el inters, se discuten menos asuntos, y ya presagiara yo la disolucin de la Sociedad, si la fortuna de que goza hoy la dicesis de La Habana [la direccin del obispo Espada], no se comunicara a esta junta para abrirnos un campo inmenso a las ms lisonjeras esperanzas. 69 Y ciertamente, el obispo ya tena su plan de accin. Consista en la reforma a fondo de todas las instituciones oficiales de asistencia social, culturales, educacionales y de la salud pblica de la colonia. El sello indeleble dejado por el obispo Espada en la sociedad cubana de su tiempo, se debi a la aplicacin de las ms modernas concepciones del pensamiento universal de su poca. La modernizacin de las instituciones medievales A inicios del siglo XIX persistan en la sociedad habanera instituciones fundadas desde finales del XVII y durante el XVIII Estas organizaciones benficas estaban dirigidas a resolver algunos problemas de aguda incidencia

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OBISPO DE ES P ADA / 53 / 53 en la sociedad habanera. Al llegar el obispo, las encontr en el ms absoluto abandono. Los esfuerzos de escasas figuras para modificar esas instituciones no haban dado resultados. En particula r tres instituciones llamaron su atencin: la Casa de Beneficencia, la de Expsitos y la de Recogidas. La relacin de ellas con la Iglesia y la Sociedad Econmica, permiti al prelado actuar de manera enrgica para modificarlas. En esas instituciones subsistan viejas prcticas medievales, siendo poco tiles, aun para los objetivos para los cuales se crearon. La Casa de Beneficencia s haba logrado cierto adelanto gracias a la constante voluntad del provisor del obispado, Luis de Pealver y Crdenas, mediante la recaudacin de unos 90 000 pesos procedentes de un impuesto sobre fincas urbanas y rurales. Era atendida por la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, y acoga a los nios hurfanos de la ciudad. Por su parte, la Casa de Expsitos databa de tiempos del obispo Compostela, y en 1705 se reestableci por el obispo V alds. Su objetivo consista en recoger a los nios abandonados en los parajes pblicos. Esta institucin estaba bastante abandonada en los momentos en que Espada asuma la dicesis habanera. En ella, los nios vivan en precarias condiciones. La tercera institucin que completaba esta triloga era la Casa de Recogidas que databa de 1772. Estaba situada en el callejn de la Sigua, y segn su reglamento, en ella podan cobijarse tres clases de mujeres: las que no tenan recursos, las desamparadas y las rechazadas por la sociedad; su fin era prepararlas y procurarles, con posterioridad, trabajos tiles. En relacin con la Casa de Recogidas, el obispo se preguntaba cmo era posible que las mujeres recogidas no se integraran, una vez supuestamente capacitadas, a la vida social, y permanecieran en la ociosidad, contrariamente a lo que se pretenda, marginadas, generndose nuevos males, y a la vez, imposibilitando la entrada de otras necesitadas. Entenda el obispo que hurfanos, expsitos y recogidas eran el resultado nefasto de la socie dad y que sta deba responsabilizarse para reintegrarlos a ella, de modo que fueran tiles a su Dios, a la sociedad y a ellos mismos. Estas instituciones separadas, apenas sobrevivan y pensaba Espada, unidas tendran ms fuerza y podran coordinar sus funciones. Con este objetivo, envi un informe a ttulo de director de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas al marqus de Someruelos el 3 de febrero de 1803. En l le participaba la iniciativa de fundir dichas instituciones y en otro informe, dirigido al propio Someruelos, capitn general de la Isla, propona la frmula prctica para ello: la amplia Casa de Recogidas se restaurara por la direccin de la dicesis, la cual posteriormente la ocupara, y como estaba bien ubicada, se explotara en obsequio de la Casa de Beneficencia en que expsitos y recogidas se iban a refundi r Contara con 4 600 pesos de ingreso. Tres mil de rdito anual, del cual se abonaran 300 a un colegio de nias, y 2 000 anuales de renta que pagara el obispado. 70 70. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 100.

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P APELES 54 \ 54 \ 71. Csar Garca Pons, ob. cit, p. 101. 72. Ibdem. 73. Ibdem, p. 102. 74. Ibdem. La fusin de las tres instituciones ahorrara sueldos, concentrara 3 000 o 4 000 pesos de las dotes procedentes de reales cdulas, los fondos del ex oratorio de San F elipe de Neri, el dinero de algunas obras pas, las dotes de la Concepcin, dinero de algunas capellanas del obispado, los fondos de las cofradas abolidas, y el aporte de las personas que, como l, en primer lugar para dar el ejemplo, quisieran contribui r. Con estos fondos, el obispo continu la construccin del edificio de la Casa de Recogidas sencilla, no con lujo, pero, al mismo tiempo, modesta y cmoda: no para la ostentacin vana e intil de quienes all habitaran. 71 El elemento fundamental de la nueva Casa sera el trabajo y mediante l, podra mantenerse ese inmenso taller de mujeres que lograran su propio sustento. Los expsitos y los hurfanos abandonados por la sociedad segn la concepcin del obispo deban convertirse en individuos de brazos tiles, y las recogidas en laboriosas madres de familia, como otras mujeres que por cualquier causa se hubiese credo consecuente depositar all. 72 Espada utilizaba la Sociedad Econmica de Amigos del Pas como apoyo para todo este trabajo social. La institucin encarg, a Jos Ilincheta y a F rancisco de Arango y Parreo, apoyar la gestin de su directo r. A propuesta de Someruelos, y en reconocimiento a su labo r la Sociedad eligi a Espada como diputado en la gobernacin de la Casa de Beneficencia. ste contribuy mensualmente con 30 pesos y alimentos. Las nias hurfanas tambin fueron una preocupacin para Espada. La institucin pblica que se ocupaba de la educacin de stas era el Colegio de San F rancisco de Sales, fundado por Compostela. En tiempos de Espada tambin se hallaba en una situacin crtica: Pero por vicio de su gobierno, limitaba cada vez ms los rendimientos de su obra. No se iban las muchachas al terminar los estudios. Seguan enclaustradas. De esta guisa, ms que educar para el mundo, el colegio conduca, sin profesin ni voto, a la vida levtica, a los largos silencios monacales, a la permanente penumbra de los claustros. 73 Espada implant las visitas a las pupilas y las incorpor al mundo despus de terminados sus estudios. Al graduarse, las hurfanas reciban una dote para facilitar su casamiento o asegurar su porvenir: Desde entonces la muchachada se renov con frecuencia en San Francisco de Sales. A las que lo dejaban, sucedan las que tenan necesidad de l. El Colegio respondi al espritu de su fundacin y se ajust a sus fines. Adems, Espada orden el incremento de sus rentas. 74 En fin, el obispo se anotaba otro tanto a su favor; su reforma social ilustrada marchaba bien, audaz y ligera.

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OBISPO DE ES P ADA / 55 / 55 La crcel de La Habana, cuyo funcionamiento y concepciones no estaban acordes con la poca, ni con la legislacin jurdica de los hombres ilustrados como l, tambin recibi su beneficiosa influencia. Los presos no reciban el trato adecuado, tendente a su rehabilitacin. A Espada le preocupaba, adems, la muerte espiritual de los reclusos. Por tal motivo escribi al Capitn General plantendole que la crcel era un foco de inmoralidad y corrupcin, mansin de todos los pecados e infierno de delincuentes que no purgaban all sus delitos, sino que los aumentaban en esa escuela de malvados. Los presos, segn el obispo, deban ser educados con fines socialmente tiles en vez de instruirlos en las artes del crimen mediante la vagancia. Para remediar este problema, el trabajo educativo result el vehculo para eliminar la ociosidad y los vicios. No slo interes en este asunto al jefe poltico y a la polica, sino tambin a los miembros de la Sociedad Econmica y a la opinin pblica en general. La noche del martes 24 de febrero de 1807, da cuenta a la directiva de los Amigos del Pas de sus inquietudes, y esta acuerda instituir un premio que otorgar al que en una Memoria demuestre completamente el mejor modo de mantener los presos en la crcel. Se premiar con una patente de Socio de Mrito y se pondr una inscripcin en el lugar ms decente y pblico de la crcel para dar a conocer el nombre del ilustre patriota a quien se deba la reforma saludable que se desea en beneficio de la humanidad. Y tanto monta el estudio de la cuestin planteada que amerita consagrar al autor como ilustre patriota, con categora de amigo del pas y pblica inscripcin de su nombre? Tanto monta que no se le ofrece en recompensa dinero, pues que no ha menester premio de esa ndole quien de tales cosas se ocupa? As lo entiende el Obispo. Es todo ello tarea demasiado alta para asistirla con estmulos materiales. As parece que lo entendi con la directiva de la Sociedad Patritica, el talentoso Arango y Parreo que dio su voto al acuerdo. 75 En relacin con su concepcin sobre la crcel, los reclusos y su vida entre rejas, as como las penas impuestas, el obispo present un plan propio que responda a su formacin y proyeccin ilustradas. Los criterios que sirvieron de base a este plan fueron el producto de un anlisis de las caractersticas y funcionamiento de la crcel, en cuyo sistema penitenciario funesto y poco beneficioso, el delincuente no se consideraba susceptible de rehabilitacin a travs de un tratamiento adecuado, basado en el trabajo y el aislamiento, elementos indispensables de la concepcin espadista. Esta concepcin se adelant cuarenta aos a la elaboracin conceptual y jurdica de las ideas krausistas. 76 La Memoria sobre la vagancia en Cuba de Jos Antonio Saco puede encontrar su antecedente en los trabajos y las ideas del obispo. La accin social de l ilustrado obispo no slo se dirigi a resolver los problemas antes apuntados. E xista un penoso espectculo que aquejaba al 75. Ibdem, pp. 103-104. 76. Ibdem, p. 106.

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P APELES 56 \ 56 \ 77. Gustavo Lpez Garca: Los locos en Cuba Habana, 1899, pp. 5-6. prelado: l os dementes a la deriva por las calles, sin techo, ni comida y sin destino. Para resolver esta situacin, Espad a no hall el apoyo necesario de Someruelos; el general Vives, por lo menos, l o escuch y respet sus afanes de levanta r cerca del hospital de San Lzaro y d el cementerio, la Casa de Dementes San Dionisio, a cuya edificacin y sostn contribuira con su peculio. Una idea de la importancia de esta obra la podemos encontrar en el trabajo del doctor Gustavo Lpez, Los locos en Cuba, en el cual nos relata: All en los comienzos del siglo que est terminando [ XIX ], los pobres locos vagaban errantes por las calles y lugares pblicos. Servan de mofa y entretenido juguete, no ya a chiquillos y gente del pueblo, sino a personas serias. Cuando por sus actos de violencia, extravagancias, turbulencias, etc., se hacan peligrosos o turbaban la pblica tranquilidad o comprometan la moral, entonces, slo entonces, se hacan ingresar en las crceles pblicas, donde se confundan con los ms empedernidos criminales, y a los cuales servan a menudo de vasallos; o bien eran, los agitados y turbulentos, encerrados en oscuros lugares, que parecan construidos ex-profeso en los hospitales de la ciudad. 77 Mientras se lograba la edificacin de la Casa para Dementes, Espada adopt soluciones transitorias para resolver el problema. El 4 de junio de 1824 dispuso que los dementes se acogieran en el hospital de San Lzaro, separados e independientes de los enfermos leprosos. Como este procedimiento dio resultados positivos, determin, en 1825, ubicarlos en un edificio aparte donde se trataban con firmeza, pero con dulzura y paciencia, eliminando los golpes y los malos tratos a que haban sido sometidos anteriormente, con lo cual sent las bases del tratamiento moral. Las enfermas mentales, a diferencia de los hombres, no vagaban por las calles, pues desde antes de 1824 estaban recogidas en la casa de baos del matadero, en un departamento de la Casa de San Juan Nepomuseno. Se supone que el trato recibido de los encargados de su cuidado no resultaba muy bueno, porque Espada inform al Ayuntamiento, el 14 de julio de 1826, acerca de la mala asistencia que reciban las dementes, no obstante contar con lo necesario para subsisti r. El obispo dispuso su admisin en el hospital de Paula sin perjudicar a las dems enfermas. A partir de 1829 se acogieron en la Casa de Beneficencia, a cuyo efecto se construy una seccin en el lugar ms apartado. Para la construccin de la casa de los enfermos mentales, el obispo propuso una colecta, que entreg al alcalde ordinario Francisco Filomeno Ponce de Len. ste, en el cabildo del 19 de enero de 1827, manifest que el hospicio estaba prximo a concluirse y reclam rentas para su sostenimiento. El 4 de junio de ese ao se concluy el edificio y abri sus puertas el 1ro. de septiembre, con el nombre de hospicio de San Dionisio, en recuerdo del general Vives. Los enajenados confinados en la crcel fueron trasladados al nuevo local, llamado unos aos ms tarde, asilo de San Dionisio.

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OBISPO DE ES P ADA / 57 / 57 Con esta obra, Espada materializaba su inters de cuidar tambin de la salud del cuerpo de sus feligreses. As lo demostraba la inscripcin colocada en la portada del edificio, firmada por el obispo y el gobernador: A la humanidad. Al juicio. Mente Sana en Cuerpo Sano. Queda claro, por tanto, que el Obispo de La Habana tena un definido e ilustrado concepto de la asistencia social. Los expsitos, los hurfanos, los dementes, los presos, otros, hallaron lugar en sus preocupaciones y actuaciones. La transformacin de las instituciones de asistencia social medievales, con un sentido modernista, tuvo gran significacin, en tanto benefici a sectores populares que apoyaron sus reformas. Lamentablemente, el tiempo demostr que la obra de un hombre en una sociedad asentada en prejuicios, discriminaciones y en una estructura socioclasista de explotacin del hombre por el hombre, no era suficiente para darle continuidad a un trabajo de este tipo. Espada sobrevivi, como ejemplo, y su obra benefactora se vera a lo largo de los aos de permanencia de la sociedad esclavista, reducida, disminuida e, incluso, desvirtuada. La reforma cientfica de la salud pblica versus la mala fe Como se recordar, en el verano de 1802, Daz de Espada haba enfermado gravemente de fiebre amarilla. A la atencin de Toms Romay y Chacn debi su pronto restablecimiento. Desde entonces surgi entre ambos una amistad creadora, base de amplias empresas en el campo de la salud. Teniendo en cuenta la cantidad de vctimas causadas por las epidemias en Cuba, el obispo se propuso hacer todo lo posible por disminuir sus efectos. En esta tarea contara con la Sociedad Econmica de Amigos del Pas y con su mdico, amigo y colaborado r. Dura nte la primera visita pastoral realizada por el prelado habanero a su dicesis, y encontrndose en Remedios, en marzo de 1804, se enter de que el doctor Roma y haba adquirido la vacuna antivarilica. Como la poblacin remediana er a azotada por el virus, escribi al doctor con la solicitud del envo de un mdico y dos nios vacunados para divulgar los beneficios de la inmunizacin por la zona. Fue enviado el doctor Juan Castellanos con un nio vacunado. Poco tiempo despus ya haban inmunizadas 80 personas. Cuando Espada regres a La Habana, qued convencido del estado crtico de la salud pblica. Las psimas condiciones de vida de la mayor parte de la poblacin, las calles fangosas, los focos infecciosos de las murallas, las casas sin condiciones de salubridad y la promiscuidad de los habitantes de los barrios ms humildes de la ciudad, no escaparon a la inspeccin del obispo. sta constitua la principal causa de las grandes epidemias. La fiebre amarilla se haba desatado desde inicios del siglo XVIII con foco de permanencia en la zona occidental de Cuba. En 1780, una epidemia de fiebre amarilla caus grandes estragos en la poblacin habanera; 13 aos despus se repeta, extendindose a Santa Clara y Remedios. 78 78. Doctor Jos A. Martnez Fortn Foyo: Epidemiologa (Sntesis cronolgica), La Habana, 1952.

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P APELES 58 \ 58 \ 79. Jorge Le Roy y Cass, ob. cit., p. 417. 80. Memoria sobre la introduccin y progresos de la vacuna en la Isla de Cuba; leda en juntas generales celebradas por la Sociedad Econmica de La Habana el 12 de diciembre de 1804. Por el Dr. y Maestro don Toms Romay, en Obras Escogidas del doctor don Toms Romay, Habana, 1860, t. III, p. 16. Las calles de La Habana eran de tierra, estrechas y delineadas a capricho de los vecinos. La escasez de piedras determin la utilizacin de troncos de rboles en su luga r incluso maderas preciosas como la caoba. La ciudad, con un fin esencialmente comercial y portuario, ofreca un aspecto lastimoso al visitante. Alejandro de Humboldt la consider una de las menos aseadas de Amrica, por sus calles fangosas, poco ventiladas y con olor a carne salada o tasajo. En consecuencia, nada tena de extrao que las epidemias la azotaran con relativa periodicidad, causando enormes estragos en la poblacin. La contemplacin de este cuadro convirti al obispo en el ms decidido partidario, junto al doctor Roma y de la introduccin de la novedad cientfica de la vacuna. Coincidieron las gestiones de Espada, los esfuerzos de Romay y el inters de la Corona, en la epidemia de la viruela. La Sociedad Econmica recibi una carta del director de la expedicin, el doctor Francisco Javier de Balmis, enviada por el Rey a Amrica con el fin de extender la vacuna, en la cual se reconoca la labor realizada en ese sentido por Someruelos y Romay en La Habana y por Espada en Remedios. 79 El 13 de julio de 1804, y siguiendo instrucciones de Balmis, la Sociedad de Amigos del Pas cre la Junta Central de la V acuna, con miembros de la propia institucin y algunos tcnicos agregados. Con el objetivo de aplicar de manera simultnea la vacuna en todas partes, como nico medio de eliminar las epidemias varilicas, Espada, en esa misma reunin, se ofreci a costear las expediciones mdicas necesarias. De acuerdo Romay y el obispo (el primero aportaba su caudal cientfico y el segundo, el dinero en efectivo) se inici la ms admirable y atrevida campaa sanitaria que recuerdan los anales del siglo. 80 Pero no slo era una empresa a ejecuta r sino tambin una intensa batalla contra los criterios ms oscurantistas reinantes en aquella sociedad. Y aunque parezca asombroso, tal como su batalla contra la corrupcin de ciertos sectores del clero, contra los enterramientos en las iglesias y otras que veremos ms adelante, sta tambin le trajo la enemistad de muchos. El doctor Romay se encarg de escribir importantes trabajos en torno al arma antivarilica. Espada dispuso la publicacin del informe de Romay y orient, a los religiosos y curas de su dicesis, explicar los beneficios de la vacuna a sus feligreses, la lectura de las opiniones del doctor Romay y la creacin de un ambiente favorable a los facultativos que visitaran los distintos lugares. Pero la batalla no resultaba fcil. Unos por mala fe, y otros por ignorancia, se negaban a aceptar la vacuna. El obispo se percat de que aun

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OBISPO DE ES P ADA / 59 / 59 entre los religiosos y mdicos haba un fuerte sector propagandstico contra ella. Este sector la llam la enfermedad voluntaria y lograron, adems, la resistencia a la vacunacin. En el campo, la situacin resultaba peo r. Ante la presencia del mdico, y producto de la propaganda, familias enteras se internaban en la manigua. Ante esta situacin, Romay y Espada incrementaron su actividad. El mdico, en una accin sin precedentes, anunci la inoculacin de la viruela a sus hijos, vacunados ya, para demostrar el carcter inmunizante de la vacuna. El 23 de marzo de 1804 efectu la inoculacin a sus nios. El 26 de abril, el protomdico mayor publica en el Papel Peridico los efectos positivos de la vacuna. El obispo, comprometido con la campaa sanitaria, publica una pastoral contra las crticas seudocientficas hechas a la vacuna. Reflexiona sutilmente, y demuestra que la religin no est reida con el inters de mejorar la salud corporal. En particula r los nios concentran el inters del obispo. Ellos sufran los peores efectos, y a ellos deba dedicarse la campaa. El prelado solicit de todos los curas la lectura de su pastoral (incluida en esta obra). 81 Poco a poco fue ganndole terreno a la supersticin. En La Habana y en el interior se vacunaron hasta dotaciones de esclavos y cargamentos de bozales. Despus de cuatro aos de lucha contra la enfermedad, se anotaban una victoria Roma y Espada y la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. El 7 de febrero de 1808, El Aviso public la noticia que slo dos, entre las vctimas de la epidemia, eran nios. La vacuna sigui penetrando en campos y ciudades. En los ingenios de azca r en los cafetales, en el Ejrcito, en la Casa de Beneficencia, en los claustros conventuales, en todas partes la accin de la Junta Central de la V acuna, detrs de la cual se encontraba Espada, venca a la enfermedad. Lleg a disponer que toda confirmacin de un nio deba ir acompaada de la vacunacin. Como se haba explicado en el captulo anterio r un importante paso en el saneamiento de la ciudad lo constituy la fundacin del Cementerio Universal propuesto por Espada en un escrito dirigido a la Sociedad Econmica con el objetivo de que difundiese todas las luces en los socios, y concentrara todos los medios de ejecucin, para formar una fuerza capaz de superar todos los obstculos al establecimiento de un Cementerio Universal fuera de la ciudad. En el acta de la reunin consta que el obispo convenci a todos con sus hbiles razones, y concluy ofreciendo 500 pesos, que podan ser para el arquitecto que forme el plano del Cementerio General en un paraje dado. 82 La idea de Espada se acogi con entusiasmo y el marqus de Someruelos plante la existencia de una real orden sobre la materia y que ya 81. Exhortacin al uso general de la vacuna hecha a todos sus diocesanos especialmente a los padres de familias, por el Ilustrsimo Seor Obispo Diocesano Imprenta de Don Estevan Joseph Boloa, Habana, 1806. Vase en esta obra. 82. Biblioteca de Literatura y Lingstica: Acuerdos de la Sociedad Patritica de la Habana libro 3, foja 37.

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P APELES 60 \ 60 \ 83. Jorge Le Roy y Cass, ob. cit., p. 408. 84. Exhortacin a los fieles de la ciudad de La Havana, hecha por su Prelado Diocesano sobre el cementerio general de ella, Imprenta de la Curia episcopal, por Don Estevan Boloa, Havana, 1805. Vase en esta obra. 85. Csar Garca Pons, ob. cit, pp. 87-88. estaba seleccionado el lugar en extramuros: Este terreno fue el campo situado fuera de las murallas, frente al Arsenal, entre las puertas de este nombre y la de Tierra, pero se desech el luga r no slo porque colocado entre el centro de la ciudad y los arrabales, sus condiciones higinicas no eran aceptables, sino tambin porque las leyes de fortificacin no permitan construir cerca de los muros de la plaza, ni el dbil cercado, ni la capilla que deba tener el cementerio, aunque todo fuese hecho de madera. 83 Adems, en el Ayuntamiento se haban tomado algunas medidas en ese sentido. El proyecto de la necrpolis que eliminara la costumbre de enterrar en las iglesias, se haba intentado primero por el gobernador Jos Espeleta y V eire de Galdeano, y despus por su sucesor Luis de las Casas y Aragorri, pero ambos fracasaron. La Sociedad Econmica de Amigos del Pas acord que Espada expidiera una pastoral para divulgar la utilidad de la medida y se propuso imprimir el escrito. 84 Despus de la primera mocin (de 27 de enero de 1803), presentada por el prelado en la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, se aprobaron los planes y la forma de ejecucin propuestos por Espada. En estos trabajos intervinieron directamente el censor Jos Arango y el comandante de artillera Agustn de Ibarra: Pese a todo exista una gran oposicin producto de la ignorancia y la supersticin. Pero perseverante en su plan tanto el prelado como el marqus de Someruelos, supieron sobreponerse a las intrigas y manejos puestos en juego por aquellos que, invocando principios religiosos para ocultar sus mezquinos intereses, ponan todo empeo en entorpecer una obra de pblica utilidad. La arraigada costumbre de enterrar en las iglesias se evidenci durante su primera vis ita pastoral: En la Ermita del Carmen, de Santa Clara, se g uardaban todava, al arribar Espada en mayo de 1804, los restos del presbtero y benefactor Juan de Conyedo, muerto en 1761. Y habindose dispuesto su traslado al cementerio general, con notorio disgusto de los villaclareos, que amaban la memoria del sacerdote remediano, se efectu la exhumacin en presencia de una enorme multitud y del propio prelado. 85 No obstante, el obispo enfrent todas las dificultades y finalmente, venci: Espada, a la postre, pudo ms que todo eso. En los comienzos de 1804 se iniciaron las obras del cementerio universal. De los 46 878 pesos y un real a que ascendi el costo, 23 944 pesos y medio real fueron tomados, mediante acuerdo del Cabildo, de los fondos de la fbrica de la Catedral, con obligacin de reintegro; 703 pesos de derechos de sepulturas y materiales; y 22 231 pesos y medio real de la bolsa de Espada, que don la

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OBISPO DE ES P ADA / 61 / 61 cantidad. La Intendencia puso algunas piedras y la Capitana General el trabajo de presidiarios. 86 Por ende, Espada cont en esta empresa con el apoyo de la Sociedad Econmica que l presid a, del jefe poltico de la Isla y del prestigioso mdico cubano Toms Roma y El obispo m antuvo firme la prohibicin de enterrar en los templos y la decisin de castigar a los clrigos que violaran sus disposiciones. Por su parte, Toms Romay escriba, a sugerencia del prelado, su erudita y razonada Me moria sobre las sepulturas fuera de los pueblos, para ayudar a la propaganda en beneficio de la salud. Su obra persuadi los nimos, para la gran reforma, mediante sus razonados datos cientficos, y se imprimi en 1805: En e lla sealaba como nueva adulteracin de las ms antiguas tradiciones la costumbre de enterrar en las iglesias; haca un repaso de todas las prctica s empleadas desde los tiempos bblicos y apoyaba su tesis en observaciones y hechos de ndole cientficos. Documento en definitiva de corte polmico, no dej de traducir el fondo airado de aquella voz que una vez ms tena que aplastar junto a la ignorancia la mala fe (...) el siglo que expir escribe Romay dejara de ser el ms ilustrado... 87 Adems de todo lo acometido, Espada discurri sobre el tema en una segunda pastoral (Exhortacin a los fieles de la ciudad de la Havana, hecha por su prelado diocesano sobre el cementerio general de ella), la cual con elocuencia, persuasiva lgica y abundancia de razones, logr vencer a sus principales enemigos. Finalmente tuvieron que aceptarlo. En relacin con esos fieles, expres el obispo: El honor y la estimacin les dice que tanto deseais tener en la sepultura no es otra cosa, en realidad, que apetecer el fausto y la vanidad aun despus de muertos. El imaginar que los cementerios slo estn destinados para los pobres y gente infeliz es preocupacin, es un error (...) pues el da de la Resurreccin del mismo modo sacar la Divina Omnipotencia vuestros huesos de este que de aquel sepulcro. 88 Reconocidos los inconvenientes, planteados por distintas rdenes, en relacin con el primer lugar seleccionado para el cementerio, se decidi construirlo en un terreno si tuado al fondo del hospital de San Lzaro. Ya estaba iniciada la obra cuando se recibi una Real Orden expedida el 15 de mayo de 1804, la cual sealaba: a) La construccin de cementerios extramuros y b) prohiba sepultar en las iglesias, lo cual le dio impulso a la obra. La presencia de Espada contribua a la rapidez en la terminacin del cementerio. Logr, adems, que se hiciera un puente sobre el arroyo de San Lzaro, un cao subterrneo para las aguas que derramaba la fuente de la Casa de Beneficencia, y que se allanara todo el camino hasta el cementerio. La necrpolis se estren y bendijo por Espada, el 2 de febrero de 86. Ibdem, pp. 88 89. 87. Ibdem, p. 89. 88. Loc. cit. (84).

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P APELES 62 \ 62 \ 1806, con la inhumacin de los restos del seor don Diego Manrique, gobernador y capitn general que fue de esta Isla, y del ilustrsimo seor Jos Gonzlez Cndamo, obispo de Milasa y auxiliar de esta dicesis, muertos ambos de vmito negro, el 13 de julio de 1765, el primero, y el 12 de septiembre de 1801, el segundo. La inauguracin del cementerio marc un acontecimiento dentro y fuera de Cuba. Manuel de Zequeira y Arango, uno de nuestros primeros poetas, le cant en sus versos; la sociedad culta de La Habana termin por aplaudirlo, y al siguiente da de la inauguracin, el obispo promulg un edicto de tono conminatorio, que prescriba el entierro exclusivamente en el cementerio. La prensa alab el esfuerzo de Espada. El Rey congratul al obispo y al Gobernador de la Isla. Adems, dispuso que se enviaran copias del reglamento y memoria descriptiva del cementerio, elaboradas por el prelado de La Habana, al arzobispo y al virrey de Mxico, as como a los arzobispos, obispos y gobernadores de Santa Fe, Guatemala, Caracas y Puerto Rico. El Cementerio de Espada tuvo una significacin especial en la sociedad habanera. Con l se daba un serio golpe a toda una concepcin medieval y oscurantista que lastraba la actitud de los hombres y mujeres, quienes condicionaban gran parte de su quehacer mundano en un falso acercamiento a su Dios. El misticismo que rodeaba a los enterramientos en las iglesias, la separacin entre pobres y ricos en las catacumbas, reciban un cambio radical con la creacin de un cementerio general de la ciudad. Pero si importante fue esta activa participacin del obispo en el adecentamiento de la sociedad insular y en su apertura misma hacia nuevas concepciones; donde esa huella se hizo ms honda y profunda, sentando pautas que permaneceran en el proceso de desarrollo de la nacionalidad cubana, fue en su descomunal e inteligente esfuerzo por el desarrollo de toda una nueva mentalidad, de una nueva educacin, de un nuevo arte y de nuevas perspectivas gnoseolgicas, lo cual provoc un corte epistemolgico en el desarrollo del pensamiento cubano. E L OBISPO D E E SP AD A EN LOS ORGENES DE LA CUL TUR A CUBANA La labor creativa de Espada cubri todas las esferas de la actividad sociocultural del pas. Las cubri en profundidad y bajo una concepcin modernizadora y progresista dentro de los cnones de su poca. Por ello, su significacin en el proceso de surgimiento de la nacionalidad cubana y en toda la amplia expresin de una cultura naciente resulta enorme. Esa actividad creadora tuvo mayor trascendencia y mayor permanencia, en lo concerniente a la bsqueda y consolidacin de una expresin intelectual de la cultura cubana. A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX empiezan a manifestarse los cambios de paradigmas en una sociedad que est sufriendo una profunda

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OBISPO DE ES P ADA / 63 / 63 remocin en todas sus expresiones. Las concepciones culturales del criollismo dieciochesco entran en crisis como consecuencia de la avalancha esclavista. Desde los valores axiolgicos hasta las mentalidades, desde la economa hasta el arte, todo se renueva y busca nuevo aliento, nuevas formas y nuevos contenidos. Si, por un lado, la sociedad esclavista destrua las viejas estructuras de la sociedad feudal, de las cuales naci; por otro, generaba una nueva ideologa de contenidos burgueses anmalos. Burgueses a medias, los plantadores definan las cosas a medias. Adscritos a las corrientes burguesas emergentes de su tiempo, se vean forzados a redefinir los principios abstractos y situarlos en consonancia con las realidades concretas de una sociedad y de una oligarqua que no se ajustaban por completo a aqullos. Las races de este proceso estn en la transformacin de finales del XVIII ; es deci r en el proceso de surgimiento de la manufactura azucarera cubana. El ingenio, en su expresin intelectual, significa un radical cambio de mentalidad. Unido al surgimiento de una nueva actitud econmica, de una clase en proceso de formacin, se efecta toda la subversin de la su perestructura, al asimilar el plantador la cultura burguesa. Pero caracteriza a sta el hecho de reelaborar los contenidos fundamentales de esa cultura, acorde con una sociedad, y con una clase, que descansa sobre las espaldas de los esclavos. Mientras la actitud de los seores de hatos de los primeros siglos, y su cultura, responden a una religiosidad piadosa y limitadora de la inquietud investigativa, dentro de un orden acabado y creado por Dios para toda la eternidad, la del plantador discurre en la inquieta bsqueda emprica y racionalista. El primero, el hatero, descansa en el orden religioso; el plantador esclavista discurre en la bsqueda profana y en la duda metdica. Este proceso estuvo unido al del surgimiento del sentimiento de nacionalidad, sentimiento que expresan, pero que no logran defini r Pero la nacionalidad, que se manifiesta como universo ideolgico y que implica la existencia de races de peculiares expresiones diferenciadoras, es el producto de una sociedad con fuertes vnculos interclasistas e interregionales basados en una homogeneizacin econmica que le da unidad estructural. Estos nexos encuentran, en todos los elementos de unidad y potencializacin nacionales (geogrficos, lingsticos, religiosos, folclricos, de cultura material y espiritual, y en los relacionados con el llamado destino colectivo de la nacin, como sentimiento, voluntad y conciencia), la expresin ideolgica de la nacionalidad. En sus orgenes, estos vnculos han llevado el sello de la burguesa en franco enfrentamiento con la fragmentacin feudal y el absolutismo monrquico. La historia de la nacionalidad cubana, hasta 1868, es la historia de los sucesivos pasos que llevan al predominio de los elementos de la modernidad en el pensamiento cubano. La modernidad era una propuesta terica universal; nuestro problema consista en adecuar esas ideas a una realidad palmariamente diferente de las sociedades generadoras de ese pensamiento.

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P APELES 64 \ 64 \ La estructuracin social de la plantacin esclavista permiti una poltica econmica bajo la hegemona de la burguesa esclavista, la cual asumi el papel de clase nacional. Por ello, el concepto de nacionalidad que expres fue profundamente elitista, racista y limitado, excluyendo de l a todos los dems componentes de la sociedad. No actuaba de manera diferente a las burguesas europeas que excluyeron a las masas de su concepcin de la nacionalidad. Lo peculiar de la burguesa esclavista cubana radica en que coloc en una frontera racial la diferenciacin social. El proceso de conformacin de la nacionalidad cubana fue arrtmico y descompensado. Mientras, en el plano de las ideas, la nacionalidad adquiere dimensiones frente a lo diferente externo y no logra encontrar solucin a lo diferente interno; en lo real, formacin nacional e integracin nacional marchan con rtmicas distintas. La infranqueable estamentacin racial, con las mentalidades que genera, result ms sembrada que la clsica diferenciacin social de la pirmide tpica de las sociedades capitalistas occidentales. Los procesos de transculturacin son, ante todo, procesos de culturacin: prdida de parte de los componentes externos y contribucin de otros a un patrimonio comn en la transculturacin que, al crear una nueva calidad, empieza a generar una nueva cultura, proceso de culturacin en tanto forma y se forma en el cotidiano callejero. El carcter singular de los pensadores que rodean a Espada es tratar de crear una expresin intelectual del proceso de culturacin que se distingue de las culturas establecidas, en que an no tiene una tradicin ni simbologas ni paradigmas definidos. Si la visin plantacionista es la expresin poltica y social dominante de la poca, no es exclusiva. A lo largo del siglo XIX an subsisten, con fuerza, las viejas formas y las viejas ideas de la sociedad criolla dieciochesca. En los hateros y en todo el mundo que los rodea, se busca mantener los viejos cnones feudales y su ideologa. En el pueblo, la gran masa trabajadora, el retraso cultural y material se mantiene desgarradoramente. Y en un sector de las capas medias, en especial en un reducido grupo de profesores y alumnos del Seminario de San Carlos y de colaboradores de su protecto r el obispo Espada, surge, paralela a la de los plantadores, otra visin y versin del desarrollo que debe seguir la Isla. Como los plantadores, los ilustrados resultan una minora, transformada y transformadora. Bajo su accin se vislumbra una oscura marea popular tras las transparentes cortinas de caa dulce. Esta vertiente del pensamiento cubano trata, justamente, de expresar una ideologa antifeudal y liberal burguesa, sin la castracin que ha introducido la esclavitud en el pensamiento cubano y en todas las expresiones culturales de la naciente nacionalidad cubana. El hecho de que todo este movimiento tuviese como centro al obispo Espada no es casual. Y precisamente por ello, esta personalidad tiene un peculiar brillo en aquellos oscuros y controvertidos orge nes. Abri el camino a la bsqueda gnoseolgica y poltica, impuls la t ransformacin pedaggica, protegi y caloriz como nadie las ciencias y las artes, y logr formar un grupo de hombres capaces de darle la primera expresin intelectual al proceso de culturacin cubana.

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OBISPO DE ES P ADA / 65 / 65 Tambin supo incorporar el aporte de algunos extranjeros, a quienes protegi. El expansivo pensamiento de Espada se manifest ms fuertemente en la destruccin de los obstculos que el pensamiento feudal, amurallado en la tradicin y los siglos, impona a todo desarrollo cultural, y en la ruptura de las fronteras impuestas por los esclavistas al nuevo universo de ideas. En efecto, como dijera Luz y Caballero, fue nico. La enseanza elemental y lo elemental de la enseanza Al llegar a La Habana, Espada observ un cuadro, en lo concerniente a la enseanza elemental, alarmante. Se preguntar: Cmo aspirar a una sociedad culta, si el pueblo est terriblemente abandonado a la ignorancia? Cmo lograr un ambiente de sanidad moral y de inquietud cientfica y artstica, cuando el pueblo acusaba la ms empedernida falta de conocimientos? La enseanza pblica estaba en el ms lamentable estado de abandono. Pero haba algo ms grave para el obispo. La concepcin misma de la enseanza y los mtodos aplicados. Cuba pareca aislada de lo que en el campo pedaggico se realizaba en el mundo. A principios del siglo XIX an subsistan los mtodos del siglo de hierro. La enseanza elemental ni siquiera poda llamarse primaria haba tenido un mnimo desarrollo en los siglos precedentes. En los conventos de La Habana, especialmente en el de San F rancisco y en el de Beln, se impartan lectura, algo de escritura y catecismo. A esto se reduca su enseanza. El colegio de San F rancisco de Sales para nias haca otro tanto. En esta concepcin exista el mtodo memorstico inadecuado para el desarrollo de la inteligencia del nio. Mas, el deseo de superacin de los sectores populares provoc un interesante resultado. Personas muy humildes impartan sus escasos conocimientos, en locales mal llamados escuelas, a nios de la vecindad. Dos informes de la poca pueden dar una idea de la situacin existente en La Habana. El primero, de 8 de agosto de l793, es de fray Flix Gonzlez y est dirigido a la Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Segn este informe, en toda la ciudad existan 39 locales adaptados para escuelas. Siete de ellos para varones; para nias 32. 89 En su comentario a este documento, escribe Garca Pons: Quines enseaban? Qu se enseaba y dnde? Fray Gonzlez deca: Juana Teresa Ruiz, morena libre, ensea a diez nias la doctrina cristiana, a leer y principios de costura. La casa es muy pequea y le pagan dos reales al mes. Brgida Hernndez, parda libre, tiene diez y ocho nias, a quienes ensea la doctrina, a leer y coser; a tres ensea de balde. Y las dems por cuatro reales a las de leer y ocho reales a las de coser. Algo ms grave? S. En el Convento de Beln hay seiscientos nios al cuidado de dos Padres: el que ensea a escribir tiene 400 y el de leer 200. Se le ensea de balde y a los pobres de solemnidad se les da de 89. Biblioteca Nacional Jos Mart, Sala Cubana: Memorias de la Sociedad Econmica, 1793.

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P APELES 66 \ 66 \ 90. Csar Garca Pons, ob. cit., pp. 109-110. 91. Ibdem, p. 110. 92. Ibdem, pp. 111-112. limosna libro, papel y tinta. Y as en 39 casuchas, casi en los nicos lugares en que el nio podra instruirse. 90 El defecto ms visible apunta Gonzlez es la estrechez e incomodidad de los lugares en que se ensea, atendiendo el calor del clima; en donde estn los ms expuestos a enfermar y mirar a la escuela como una prisin, el lugar de tormentos y de horror. En cuanto a los maestros: De las 32 escuelas de mujeres slo 3 tienen esta ocupacin desde la juventud y viven slo de ella: las dems lo son por casualidad, porque la pariente, la conocida, o la vecina le encarg sus nios.... 91 Ocho aos despus, y justamente uno antes de la llegada del obispo Espada a La Habana, otro sacerdote, fray Manuel Quesada, escriba otro informe sobre la misma materia: Se hallan en la ciudad 71 escuelas que comprenden ms de 2 000 nios de ambos sexos y de todas las clases y condiciones. Las que encontr en mejor estado son, adems de la de Beln y la Beneficencia, las de don Francisco W andaran, don Jorge Arrastia y la seora Perovani. La mayor parte de estas escuelas estn establecidas sin facultad del gobierno y del ordinario. Una multitud de ellas estn dirigidas por mujeres de colo r que carecen de instruccin, orden y mtodo hasta el punto de no saber muchas de ellas dar razn del nmero de discpulos que tienen. Todas padecen estrechez de local y de la mezcla de clases y de que no se pueda establecer ningn mtodo de enseanza. Son establecimientos casuales y slo sostenidos por contribuciones voluntarias, de donde nace que los maestros se vean obligados a buscar su subsistencia por otros medios y las miren con indiferencia y abandono. Sin embargo, no se pueden destruir estas malas escuelas por falta de otras mejores. En ellas a lo menos se ensea a leer y escribir y los rudimentos de la Fe. 92 Aun no bien establecido en La Habana, el obispo es nombrado director de la Sociedad Econmica y de inmediato, prioriza la enseanza que se imparta en la ciudad. Como siempre, no desea que le cuenten o informen sobre el estado de las cosas. Las quiere ver personalmente para hacerse de un juicio certero. Con el teniente gobernado r Jos Ilincheta, recorre las escuelas de la ciudad... y por supuesto, no encontr algo que se pareciese a una red educacional. La incuria del gobierno, los viejos criterios de enseanza y la desidia de la oligarqua, haban abandonado al pueblo a la ignorancia. No obstante, y ya esto dice mucho del obispo Espada, no se escandaliza de las escuelas laicas, nacidas al calor del pueblo. Aos despus, l y V arela comentarn la iniciativa cultural de las masas populares en trminos halageos. El obispo sabe ms. Por qu la oligarqua criolla tiene en tal estado de abandono la enseanza del pueblo? Porque para sus hijos tienen buenos preceptores.

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OBISPO DE ES P ADA / 67 / 67 Como en otros aspectos de la sociedad insula r Espada se impuso la tarea de resolver un problema de gran importancia; sobre todo, porque afectaba a los nios. De inmediato, recurri a medidas remediales, aunque saba que el problema exiga soluciones profundas, cientficas, hacia las cuales encamin simultneamente sus pasos. Como primera medida, cre un sistema de estmulos a los maestros y a los alumnos. El mtodo empleado por l ya lo practicaban las Sociedades Econmicas en Espaa: premios en metlico para los maestros, y para los alumnos, medallas. Pero fue ms all. Entre los primeros distribuy textos y libros para su superacin; ajust los estudios segn la edad y las necesidades de los educandos, y lo que es uno de los rasgos ms notables del obispo, su desprendimiento y desapego al dinero se manifiestan especialmente en este campo: contribuy, de manera sistemtica, con la mitad de sus fondos a la atencin de las escuelitas pblicas. El obispo desarroll otras iniciativas para estimular a los maestros: nombrar amigo del pas a los ms destacados en la enseanza, y la creacin de un premio al maestro del arrabal de Jess Mara, Juan Gon zlez Elas, porque enseaba gratuitamente a un numeroso grupo de nios. El premio se otorg por la Sociedad Econmica, pero el dinero lo aport Espada. El colegio San Francisco de Sales fue objeto de atencin del prelado, quien introdujo una notable reforma en sus mtodos y sus contenidos. Esta actitud del obispo trascendi La Habana. Durante su primera visita pastoral, autoriz la creacin de una escuela pblica en la ciudad de Sancti Spritus, a la cual contribuy con 300 pesos anuales. Para Espada, el problema de la educacin radicaba en la concepcin pedaggica, concepcin atrasada, y la solucin, introducir en Cuba la pedagoga ms moderna. Con ese objetivo propuso a la Sociedad Econmica enviar a Espaa a su ms allegado colaborado r el joven y brillante catedrtico de filosofa del Seminario de San Carlos, Juan Bernardo OGavan, para ingresar en el Instituto Pestalozziano de Madrid, donde se instrua en el moderno mtodo pedaggico de Enrique Pestalozzi. Csar Garca Pons escribe: La aspiracin de Espada consista nada menos que en importar una de las sistematizaciones pedaggicas ms brillantes entre cuantas se anota la ciencia de la educacin. Pestalozzi, partiendo de Rousseau, crea la enseanza objetiva y postula la experiencia individual del educando. Se basa en lo intuitivo y en la especial consideracin de la personalidad del nio. Adems, concibe la educacin como obra del grupo, otorgndole a la formacin del ser un carcter eminentemente social. Sus ideas dispersas en Leonardo y Gertrudis, Cmo Gertrudis instruye a sus hijos, El libro de las madres y El canto del cisne, su testamento pedaggico nacen de peripecias personales que, a la postre, contribuyeron, tan poderosamente como sus lecturas, a darles el hondo contenido que la historia de la pedagoga le reconoce. Si el Emilio le sustrae del campo de la teologa, para colocarlo plenamente en el mundo, su vida, llena de muchos fracasos y de un gran triunfo, le puso en contacto con la tierra y

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P APELES 68 \ 68 \ la naturaleza. l mismo lo narra en El canto del cisne. En sntesis apretada, podramos decir que contribuy a la enseanza la funcin de propiciar el desenvolvimiento de las facultades del individuo; de viabilizar a ste ideas madres, generales, acerca de la geografa, la historia, las ciencias natura les, para que su conocimiento proporcionara el de sus derivados o subsecuentes (...) Por ltimo, pretendi conciliar la instruccin intelectual y el aprendizaje directo. El Instituto Neuhof, en que los varones hacan el aprendizaje de la agricultura y las hembras el del cuidado domstico y de la jardine ra, fue una de sus ms notables experiencias. 93 Lo antes transcrito es suficiente para entender que Espada pretendi una radical revolucin pedaggica. OGavan se traslad a Espaa y todos sus gastos de viaje y permanencia se costearon por el obispo. Pero en la historia, a veces, pasan situaciones imprevistas. Cuando OGavan ya estaba concluyendo sus estudios se sucedieron las conmociones polticas de 1808 en Espaa. El Instituto Pestalozziano fue atacado y cerr sus puertas. De regreso a Cuba, OGavan inform a la Sociedad Econmica y a Espada acerca del nuevo mtodo pedaggico. Lo consider til y recomend su pronta implantacin. Poco despus, y en el mismo 1808, redact una Memoria, publicada por los amigos del pas. Pero Espada y OGavan tuvieron que sortear uno de los primeros grandes obstculos, de los tantos que la reaccin oscurantista opona al progreso. Conocida la Memoria por el Tribunal de la Santa Inquisicin, fue condenada porque en ella se elogiaba a los filsofos Locke y Condillac. 94 Los complejos problemas polticos de Espaa y la supresin del Tribunal del Santo Oficio durante las Cortes de Cadiz, interrumpieron el curso de la causa inquisitorial. No obstante, otros problemas impidieron que se abriera la deseada escuela de formacin de maestros. La aplicacin del mtodo pestalozziano en Cuba tena dificultades objetivas. De ello, se percataron el o bispo y sus allegados. El principal obstculo estaba en el costo de su aplicacin y en el corto nmero de educandos por maestro. Ello llev a que se desechara y se iniciara una nueva bs queda. En sta, se enfrascaron los col aborantes ms cercanos de Espada: Agustn Caballero el primero que e n 1794, junto a Francisco Isla y fray Flix Gonzlez, haba elaborado un elemental mtodo pedaggico con el nombre de Ordenanzas para las Escuelas gratuitas de La Havana, Flix V arela quien combata los mtodos memorsticos y propona un sistema basado en la corriente terica llamada Ideologa para los nios cubanos, Jos Arazoza asociado a Espada en la publicacin de obras importantes para la cultura cu bana e n su imprenta, Justo Vlez y el propio OGavan. El grupo estaba unido en la Sociedad Econmica, tena su fuente experimental en el Seminario de San Carlos y su protector y consejero, en Espada. 93. Csar Garca Pons, ob. cit, pp. 114-115. 94. Ibdem (39), p. 162.

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OBISPO DE ES P ADA / 69 / 69 Esta vez, otro de los prohijados del obispo, Justo Vlez, en unin de otros amigos del pas propuso un nuevo mtodo pedaggico. Se trataba de introducir en Cuba una de las sistematizaciones ms modernas de la poca, el mtodo ingls lancasteriano. El 16 de mayo de 1817 se aprobaban por la Seccin de Educacin de la Sociedad Econmica la implantacin del sistema Lancaster y la difusin de sus principios mediante una Memoria razonada y analtica. Al sistema lancasteriano se le encontraban varias ventajas sobre el pestalozziano: a) Poder ensear al unsono a numerosos nios, pues para ejercer la enseanza slo se necesitaban una pizarra, tiza y puntero. Ello permita ahorro de tiempo y la asistencia a ellas de nios de todas las condiciones. b) Una notable economa en los gastos para la educacin. Con libro, papel, pluma, tintero y cartapacio, se tenan los materiales necesarios para el adiestramiento de los alumnos. c) Crear en el nio hbitos de razonamiento y trabajo, mientras el profesor fiscaliza y dirige el proceso de aprendizaje. Espada, OGavan y Vlez lograron apoyo a la aplicacin del mtodo lancasteriano y se dieron a la tarea de crear la primera escuela para maestros. Pero seguan las dificultades para realizar el proyecto. Sobre todo, por falta de local. Al fin, en 1820, al suprimirse los conventos y pasar a manos de la Sociedad Econmica la capilla de los agustinos, Espada y OGavan aprovecharon el local para crear la escuela normal de maestros, con el nombre de Lancasteriana. Pero cuando ya estaban hechos los reglamentos, planes, y se contaba con el profeso r Esteban Navea, la cada del rgimen constitucional y el retorno del absolutismo, oblig a la devolucin de la capilla a los agustinos. A pesar de que la escuela lancasteriana funcion en la calle Dragones hasta el 6 de julio de 1856, sus resultados no fueron los esperados. Se les atribuye a maestros mediocres e inexpertos que se malograra el intento. Otro aspecto que dificult la aplicacin del sistema lancasteriano era la falta de fondos suficientes, pese a los sistemticos donativos de Espada. Con el objetivo de encontrar un mtodo ms econmico y prctico, otro de los allegados al obispo, Jos Arazoza, propuso la implantacin del sistema llamado mutualista, el cual parta del lancasteriano, pero trataba de reducir el costo por nios a siete pesos anuales. Pero estas gestiones del grupo que rodeaba a Espada chocaron, en 1823, con una ba rrera infranqueable. El absolutismo metropolitano, con su desprecio al pueblo, disminuy los gastos para educacin, ya limitados. En particula r redujo las entradas de la Sociedad Econmica. En 1824 se le despoj de los fondos asignados en 1818: poco despus, con motivo de aumentar los gastos militares, se disminuyeron las entradas de la Sociedad de 2 000 pesos mensuales a 200. El arma de Espada y sus colaborantes para la enseanza primaria quedaba reducida. El perodo que se inici a partir de entonces en la educacin, Antonio Bachiller y Morales lo cataloga de la decadencia. Mas, en realidad, fue el de la decadencia de la enseanza gratuita. Los colegios privados florecieron. Slo los pobres quedaron sin escuelas. En 1829, en La

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P APELES 70 \ 70 \ Habana haba 12 escuelas gratuitas. La estructura social tena su reflejo en la educacin. El empeo de Espada y sus colaborantes se frustraba por la poltica de la metrpoli y el desinters de la oligarqua criolla. Especial mencin habra que hacer de la propuesta de Flix V arela para crear una pedagoga que, basada en el estudio de la produccin de las ideas, partiera de las caractersticas del nio cubano; he ah, en ese intento, el origen remoto de la escuela cubana. El empeo por el adelanto cultural y en particula r de la educacin prosigui Otro de los jvenes que se mova a la sombra de Espada, Jos de la Luz y Caballero, continu sobre la base de esta experiencia, los caminos propios de la pedagoga cubana, segn las propuestas bsicas de Flix V arela. En los anales de la enseanza en Cuba quedan estos intentos, con sesgos de anticipacin del obispo Espada. Fue el moderno precursor de aoranzas apenas soadas y no realizadas hasta ms de 140 aos despus. Y en el largo camino, los destellos brillantes de notables pedagogos y de colegios cubanos, slo florecieron aisladamente. Como concepcin global, Espada tambin es raz en el campo educacional. Los comienzos de una posible revolucin gnoseolgica A principios del siglo XIX algunas figuras aisladas expresaban una profunda inquietud porque en Cuba no existan condiciones para el desarrollo del pensamiento y de las ciencias. Qu alegaban estas excepcionales personalidades? V eamos. El padre Jos Agustn Caballero, en la Sociedad Econmica, expresaba: Y o os convido esta noche, amigos mos, a tentar una empresa, la ms ardua quizs; pero ciertamente la ms til a nuestra patria y la ms digna de las especulaciones de nuestra clase. El sistema actual de la enseanza pblica de esta ciudad retarda y embaraza los progresos de las artes y las ciencias, resiste el establecimiento de otras nuevas, y por consiguiente en nada favorece las tentativas y ensayos de nuestra clase. Esto no es paradoja; es una verdad clara y luminosa como el sol en la mitad del da. Mas, confieso simultneamente que los maestros carecen de responsabilidad sobre este particula r porque ellos no tienen otro rbitro ni accin que ejecutar y obedece r Me atrevo a afirmar en honor de la justicia que les es debida, que si se les permitiese regentear sus aulas libremente, sin precisa obligacin a la doctrina de la escuela, los jvenes saldran mejor instruidos en la latinidad, estudiaran la verdadera filosofa, penetraran el espritu de la Iglesia en sus cnones, y el de los legisladores en sus leyes, aprenderan una sana y pacfica teologa, conoceran la configuracin del cuerpo humano, para saber curar sus enfermedades con tino y circunspeccin, y los mismos maestros no lamentaran la triste necesidad de condenar tal vez sus propios juicios, y explicar contra lo mismo que sienten Qu recurso le queda a un maestro, por iluminado que sea, a quien se le manda ensear la latinidad por un escritor del siglo de hierro, jurar ciegamente las palabras de Aristteles, y as en las otras facultades?

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OBISPO DE ES P ADA / 71 / 71 Que esta reforma debe comenzar por la Universidad, es otro de los puntos de nuestra solicitud. Para ameritarlo convendra representar que de otra suerte la reforma no podra ser extensiva a las otras cosas de pblica enseanza, porque estas todas guardan dependencias de aquella en el tiempo, orden y materia en los cursos; que tanto las unas como las otras siguen todava el mtodo antiqusimo de las escuelas, se mantienen tributarias escrupulosas del Peripato, y no ensean ni un solo conocimiento matemtico, ni una leccin de qumica, ni un ensayo de anatoma prctica; que la ilustre Universidad al cabo de 57 aos, no ha querido reconocer la necesaria vicisitud de los establecimientos humanos y ha carecido de energa para desembarazarse de antiguas preocupaciones, desterradas mucho tiempo ha de las academias ms respetables de Europa, de quien es y debe ser mula la Amrica. 95 Las crticas del padre Caballero se completan, en aquellos aos, por el destacado mdico, profesor y decano de filosofa y medicina de la Universidad de La Habana, Toms Romay y Chacn: Infructuosos seran estos auxilios [se refiere a los intentos de crear un peridico y una biblioteca, en La Habana] extraviada la razn con los vanos delirios del Peripato. Su filosofa prevalece en nuestras aulas, venerando al Estagirita como nico intrprete de la naturaleza. Galeno es todava el corifeo de aquella ciencia, cuyo sistema ha sido trastornado muchas veces en el ltimo siglo por los descubrimientos de la qumica, de la botnica y de la anatoma. Casi se ignora cuanto contribuyen estas facultades para ejercer la medicina con acierto y cuanto es preferible la clnica a las tericas hiptesis. Justiniano tiene ms proslitos que Alfonso dcimo; y Euclides carece hasta de quien dicta sus elementos. 96 Pocos aos despus, el padre Flix V arela una su crtica a las de las dos destacadas figuras anteriores: Dicha Universidad se halla en el Convento de Predicadores, que hasta ahora han tenido el privilegio (y an creo que lo conservan) de obtener exclusivamente los empleos de Rectores, Vicerrectores, Secretarios y las ctedras de Latinidad, Filosofa y Teologa, gradundose stas como de la Universidad, sin embargo de ser del Convento (...) Por esta causa ha estado siempre la Universidad al influjo de los frailes, acomodndose a los reglamentos de su orden, sin aspirar a reforma alguna, porque haban de ponerlas los mismos que tenan inters en lo contrario. 97 95. Biblioteca Nacional Jos Mart, Sala Cubana: Memorias de la Sociedad Patritica de La Habana, E. 14 (1842), pp. 418-419. 96. Toms Romay y Chacn: Obras completas Academia de Ciencias de la Repblica de Cuba, La Habana, 1966, t. 2, p. 31. 97. Breve exposicin del estado de los estudios de La Habana presentada a la Direccin General de este ramo por D. Flix V arela. Diputado por dicha provincia..., en Revista Bimestre Cubana vol. 49, no. 2, La Habana (marzo-abril de 1943), p. 201.

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P APELES 72 \ 72 \ No resulta casual que estas tres destacadas personalidades cubanas del pensamiento cientfico y filosfico estn vinculadas, como ntimos e incansables colaboradores, al obispo Espada. Ni tampoco es resultado de la casualidad que los tres critiquen la organizacin, estructura y contenidos de la enseanza, quiz con ms propiedad de la mal llamada enseanza cientfico-universitaria en Cuba. Se trata de un ncleo transformador frente a una rgida e inamovible estructura mental que frena toda bsqueda gnoseolgica, obstaculiza la inquietud investigativa y encierra en frreos lmites el pensamiento humano. Es el reinado de la escolstica medieval. A ella, en toda su dimensin y profundidad, hay que combatirla si se quiere penetrar en el mundo del pensamiento y las ciencias modernas. Y de nuevo, justamente Espada acomete la empresa de dirigi r organizar y proteger el movimiento que debe barrer el escolasticismo, base gnoseolgica y metodolgica del pensamiento medieval. En el siglo XVIII tomaron cuerpo las tres instituciones que formaron la elite de doctores, maestros y eclesisticos que dominaron el panorama intelectual y cultural, terico e ideolgico, de toda una poca del proceso de desarrollo del pensamiento en Cuba. Ellas fueron: la Real y Pontificia Universidad de San Gernimo de La Habana, fundada el 5 de enero de 1728 en el convento de San Juan de Letrn o de Santo Domingo y regenteada slo por los dominicos; el Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio tuvo su antecedente en el Colegio San Jos de la Compaa de Jess, cuyos estatutos se formularon por el obispo cubano Santiago Jos de Hechavarra y Elguezua en 1769, tras la expulsin de los jesuitas, y el Seminario de San Basilio el Magno, en Santiago de Cuba, fundado por el obispo Gernimo de Nostis y de V alds. En el siglo XVII con anterioridad a estas instituciones, exista ya, en los papeles, la ensean za de la filosofa. Hay noticias documentales acerca de un lector y cuatro catedr tic os de filosofa en el convento de San Francisco en 1647. Por la misma poca, el jesuita Francisco J. Alegre dio lecciones de esa materia en esta ciudad. En particula r el convento dominico ya imparta con regularidad esas ense anzas. Pero, qu se entenda, entonces, por filosofa? Qu relacin tenan el sistema de enseanza, las ciencias y la filosofa? En sus continente y contenido ideolgico-cultural, el siglo XVIII cubano se expres dentro de una concepcin pedaggica y gnoseolgica que responda a los paradigmas de la educacin escolstica de la Edad Media tarda. A su vez, en Cuba, este tipo de enseanza, y sus concepciones, tenan su base en las elaboraciones e interpretaciones de los telogos y escritores espaoles del siglo XVI y en la copia mecnica de los modelos universitarios y escolsticos espaoles de la misma poca. Lo anterior obliga al necesario conocimiento del sistema escolstico, para despus estudiar su aplicacin en Cuba. Qu es la escolstica? Cules, sus mtodos de enseanza? La Edad Media europea produjo una forma especfica de pensamiento que condicion estrechamente el mtodo de enseanza y los contenidos.

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OBISPO DE ES P ADA / 73 / 73 Se dio el nombre de escolstica a la teorizacin dominante durante esa poca histrica. Su problemtica la define: el objetivo del pensamiento abstracto, ms all de la multiplicidad de lo sensible, es la totalidad universal concebida como trascendencia. Por tanto, trtase del problema que la religin le plantea como fundamental al hombre: la relacin entre el ser primero, increado, inmvil y eterno, Dios, y el mundo creado. Por ello, la escolstica como tal no constituye un corpus filosfico sensu estricto, segn la definicin moderna de la filosofa, sino que cubre un amplio campo teolgico-filosfico-pedaggico. Su centro no es una gno seologa, como sucede en la filosofa moderna, sino una integracin de conocimientos basados en las llamadas verdades reveladas, o en las que se tienen como verdades racionales, producto de la tradicin grecorromana y de la patrstica. Desde sus orgenes, la escolstica tuvo una funcin pedaggica. Inicialmente, la palabra scholasticus designaba a los maestros de las artes liberales o heptateuchon. El conocimiento parta de la enseanza y dominio de este instrumento integrado r ste se divida en dos ramas: el trivium compuesto por la gramtica, la lgica y la retrica, y el cuatrivium, formado por la geometra, la aritmtica, la msica y la astronoma. Estos conocimientos se estimaban los esenciales para un auto r La primera de estas dos disciplinas preparaba en la forma ; el cuatrivium es, a su vez, el medio para iluminar el espritu o alcanzar el contenido en el espritu escolstico. Por ello, para filosofar o penetrar en cualquier campo del conocimiento, se necesita de los dos instrumentos. Slo se hace filosofa, y slo es ciencia, la expresin elegante y precisa de un contenido razonado en forma silogstica producto del dominio del heptateuchon. Ello origin uno de los defectos ms notables de los escritores escolsticos: la sobrevaloracin de lo formal, el amor por las oposiciones formales, por lo verbal, que en ocasiones limita el contenido. 98 Dentro de este sistema de conocimiento se le llam, a veces, filosofa al dominio del heptateuchon o las artes liberales. De ah deriv que, en algunas universidades como la de La Habana, se le denominara, de filosofa o artes a la facultad que se dedicaba a este tipo de enseanza El climax gnoseolgico y terico, el campo de los problemas del se r en tanto ser en s es deci r los problemas ontolgicos, pertenecan a la teologa. Por ello, el conocimiento filosfico se consideraba un estado inferior al del conocimiento teolgico. Los problemas en torno a Dios y la fe, cuya elucidacin est dentro del campo teolgico, condicionan, no obstante, a todas las ramas del conocimiento y constituyen sus supuestos tericos. Desde el siglo IX se inici la tradicin de que la enseanza se ejerciera en los conventos o en los locales adjuntos a una iglesia, con el objetivo fund a98. Paul Vignaux: El pensamiento en la Edad Media Fondo de Cultura Econmica, Mxico, p. 13.

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P APELES 74 \ 74 \ 99. Eduardo Torres-Cuevas: Antologa del pensamiento medieval Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 11-12. mental de formar clrigos y difundir los principios de la religin cristiana. Este carcter pedaggico determin la forma de escribi r el mtodo expositivo, la indagacin cientfica y los contenidos en los cuales se encerr el pensamiento escolstico. l condicion los problemas a plantea r, los mtodos a seguir en la bsqueda de las soluciones, y por ende, predestin los resultados de los estudios. Todo ello seala otra de las importantes limitaciones del discurso escolstico. Toda investigacin parte de la aceptacin de afirmaciones o dogmas cuya validez no est sujeta a duda alguna. stas pueden tener un origen bblico, o de inspiracin divina, o parten de algunos autores u obras (de los Padres de la Iglesia o de Aristteles). A estos dogmas se les consideraba como autorititas; en ellos se basan los escolsticos para desarrollar su discurso, dada su condicin de verdades absolutas e indiscutibles. Toda indagacin estaba sujeta a estos lmites. 99 Todo pensamiento tiene su punto de partida o su conclusin en una verdad revelada o en una verdad racional. Por verdades reveladas se entendan aquellas dadas por medio del contacto de Dios con los hombres. Todo lo concerniente a ellas es de aclaracin o de comentario, pero su contenido no es discutible ni sometido a duda alguna. Las verdades racionales resultan del proceso intelectual del hombre; es el proceso mediante el cual el hombre llega a una verdad, al someter la cuestin al anlisis de su razn. Pero en todos los casos, el mtodo es el silogstico. De esta forma se parte de una premisa mayor que se da por cierta. En este mtodo, si la premisa es falsa, toda la deduccin resulta errnea. La existencia de dos tipos de verdades provoc una de las bases mismas de la discusin escolstica: la relacin entre la razn y la fe. La tendencia generalizada de los escolsticos, incluidos ms ticos y dialcticos, fue que la fe predomina sobre la razn. Si ocurre que una verdad de fe era contradicha por otra de razn, ello slo se explica por error en el mtodo racional, pero nunca se pone en duda la fe. sta sera una de las conclusiones ms relevantes de Santo Toms de Aquino en su Summa Theologica, conclusin expresada en su teora de la doble verdad. En esta forma de actividad cognoscitiva no exista el inters por crear algo nuevo, sino por ratificar y profundiza r por recrea r simplemente, un conocimiento que se entenda como dado en su totalidad en la revelacin o las obras, cuya autoridad proviene de su antigedad y son autorizadas por la Iglesia. La etapa de maduracin de la escolstica fue el siglo XIII ; la poca de las summas, las cuales intentaban ofrecer un sistema completo del conocimiento humano. La figura ms importante del siglo en cierto sentido, de la escolstica y quien marc sustancialmente toda una corriente del escolasticismo posterio r Santo Toms de Aquino, elabor la obra cumbre y resumidora de la escolstica cristiana, la Summa Theologica, la cual pre-

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OBISPO DE ES P ADA / 75 / 75 tende ser la sntesis del conocimiento humano. La Summa constituy la obra de necesaria consulta o referencia de los escolsticos posteriores y el texto obligado sobre el cual se basaron los estudios de teologa y filosofa en numerosas universidades europeas y latinoamericanas entre ellas, la de La Habana, regentadas por los dominicos, orden a la cual perteneci el Doctor Anglico. El sistema tomista adquiri especial fuerza cuando, en 1323, el papa Juan XXII canoniz a Santo Toms, expresando en esa ocasin: l solo ha iluminado la Iglesia ms que todos los otros doctores, y en sus libros aprovecha uno ms en un ao que estudiando toda la vida la doctrina de los otros. 100 Desde entonces, el tomismo se convirti en la filosofa preponderante de la Iglesia. En todas las universidades regentadas por ellos, los dominicos la adoptaron como base de la concepcin de todas las ciencias. De acuerdo con la idea tomista, las facultades universitarias tenan un orden jerrquico. En el punto inferior estaba la filosofa o artes; la teologa en la cpula, como la facultad de mayor rango. En contraposicin a la lnea tomista se desarroll la crtica scotista y occaniana. Juan Duns Scoto trat de fundamentar una ciencia necesaria, la filosofa, basada en la demostracin, el anlisis, la duda y la crtica. La ruptura con el tomismo se ahond en Guillermo de Occam. Su objetivo era la defensa del derecho de todo hombre a llegar a sus conclusiones filosficas. Desde el ngulo de las concepciones filosficas, y del quehacer en los campos ontolgico, lgico y fsico, la obra de Aristteles sirvi de base a Santo Toms. El primero devino, a partir del siglo XIII la suprema autoridad en estas materias. Al Estagirita se le conoci mal e incompleto en los primeros siglos de la Edad Media. Slo hasta la segunda mitad del XII los escolsticos cristianos pudieron manejar el Organon completo, gracias al trabajo realizado por la escolstica musulmana. En el siglo XIII se dispuso, adems, de su Metafsica de su Fsica y del libro De Anima De esta poca data la conversin de Aristteles en la mxima autoridad en materia filosfica. El aristotelismo se convirti en la base del mtodo y de la interpretacin de los escolsticos. Las universidades europeas y las latinoamericanas lo tendrn como suprema autoridad en cuestiones de lgica, metafsica, fsica y otras materias. La tendencia general de la escolstica es la ordenacin y sistematizacin del conocimiento, sin pretender crear nuevos conocimientos, pero, a pesar de las limitaciones religiosas, se plantearon numerosas discusiones, aunque ajenas a la inquietud cientfica moderna. A lo largo de los siglos, dialcticos y msticos discutieron los problemas relacionados con la razn y la fe, el ser eterno y el ser creado, los entes y la esencia, el libre albedro y la predestinacin. En particula r en los siglos XIII y XIV la polmica de los universales, entre nominalistas y realistas, ocup casi toda la atencin. 100. Ismael Quiles: La esencia de la filosofa tomista, Editorial Verbum S.A., Buenos Aires, 1974, p. 31.

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P APELES 76 \ 76 \ 101. Medardo Vitier: Las ideas y la filosofa en Cuba Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p. 321. 102. Ibdem, pp. 325-326. 103. Archivo Histrico de la Universidad de La Habana: Constituciones de la Real y Pontificia Universidad de S. Gernimo, fundada en el convento de San Juan de Letrn, Orden de Predicadores, de la ciudad de San Cristbal de la Havana, en la Isla de Cuba, Aprobadas por su Majestad (que Dios guarde ), 1734. Las observaciones que se hacen a continuacin sobre los contenidos de la enseanza universitaria, se fundamentan en este documento y en los quodlibetos existentes en estos archivos. No obstante, la uniformidad escolstica y su unidad pueden encontrarse en: a) la ordenacin del conocimiento y su jerarquizacin; b) las tesis como sustentacin de los dogmas y la interdiccin de aquellas que contradijeran estos ltimos; c) el dualismo opuesto al monismo, expresado en las relaciones esencia-existencia, potencia-acto, forma-materia, sustancia-accidente; d) los intentos sistemticos de probar la existencia de Dios; e) la reafirmacin del alma, distinta de lo corpreo y con sustantividad propia; f) la existencia de dos mtodos lgicos: el pedaggico, aplicado a los ejercicios dialcticos, y el llamado cientfico, para la recreacin del conocimiento; g) la negacin de la ciencia de lo particular; h) el empleo sistemtico del mtodo silogstico; i) la fe como lmite de todo conocimiento. 101 Para la escolstica, la ciencia es el campo racional de discusin de los problemas ontolgicos, definidos como problemas teolgicos. Por tanto, el concepto de ciencia medieval no se basa, como el moderno, en la bsqueda, observacin, experimentacin e induccin, sino en el libre juego de la razn dialectizada. Por ello, la teologa se considera ciencia en s misma. La cultura colonial hispanoamericana escribe Medardo Vitier en su primera recepcin europea se form, en gran parte, con los elementos de la herencia medieval espaola. Y agrega: aquella escolstica medieval, que lo haba supeditado todo a la teologa, a los dogmas, a la unidad de la fe, pretendi y persisti en Espaa, en trmino de ser un estorbo a las normas de la mentalidad moderna. 102 En esta rgida estructura pedaggica y teolgica descansaba la universidad existente en Cuba en el siglo XVIII Los estatutos universitarios de 1734, nicos que rigieron en ella hasta la secularizacin de 1842, son representativos de la transferencia de la escolstica europea al Nuevo Mundo. Ellos estructuraron la educacin universitaria, copiando el modelo de las universidades espaolas. La institucin habanera estaba formada por cinco facultades, cuatro mayores y una meno r Esta ltima era la de Artes o Filosofa, cuya funcin consista en preparar a los estudiantes para posteriores estudios de la maestra en la misma facultad o realizar estudios superiores en las restantes facultades. Las facultades mayores formaban un orden jerrquico, segn la importancia que se les conceda a sus contenidos en el esquema escolstico. La facultad de Medicina segua a la menor de Filosofa; Leyes (Derecho Civil) ocupaba la posicin siguiente; en orden ascendente, la de Cnones (Derecho Cannico) y la de Teologa. 103

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OBISPO DE ES P ADA / 77 / 77 En este sistema, los contenidos de las enseanzas eran reveladores. Comencemos por analizar la facultad de Artes o Filosofa. sta resultaba una herencia modificada del heptateuchon o de la enseanza de las siete ciencias o artes liberales, y ms bien atenda lo que pudiera denominarse, y as se entenda en la poca, la enseanza preparatoria media. Se cursaban tres aos de smulas, consistentes en un compendio de los principios elementales de lgica formal aristotlica. A estos estudios le seguan los de lgica nova que trataban de los contenidos del Organon del Estagirita. Paralelamente se efectuaban los estudios de Fsica stos se desarrollaban sobre la lectura del texto aristotlico del mismo nombre y comprendan los llamados generatione y corruptione, consistentes en el estudio de los orgenes y creacin de los cuerpos slidos y en el de su co rrupcin. La Metafsica slo era la lectura del libro de este nombre del propio Estagirita. Cerraba este ciclo bsico de filosofa, la tica, de la cual no hemos logrado establecer su texto, pero no nos parece peregrino suponer que dentro de este contexto peripattico, se tomase del texto de Arist teles que lleva ese nombre. Los estudios de filosofa o artes concluan con la asignatura denominada Texto del Filsofo. Un estudio de los quodlibetos existentes en el Archivo Histrico de la Universidad de La Habana, indica que ste era el libro De Anima del propio Estagirita. Esto explica qu e en algunos momentos tambin se le denominara Texto Aristotlico. Como puede observarse, Aristteles reinaba, como monarca absoluto, en la enseanza de la filosofa en la Universidad de La Habana. Las afirmaciones del padre Agustn Caballero y del doctor Roma y estn probadas documentalmente; el Peripato era la nica fuente de autoridad en materia filosfica en la Real y Pontificia Universidad. Las asignaturas correspondientes a los estudios de filosofa se impartieron, casi siempre, slo por frailes dominicos. De esta manera se velaba por la ortodoxia tomista de la enseanza. Esta disposicin se complementaba con otra que refleja con claridad el sentido global y escolstico de las enseanzas de filosofa. Un mismo religioso imparta, en cursos sucesivos, todas las materias. De esta forma, la filosofa se enseaba por tres dominicos a la vez; cada uno con un curso completo hasta su terminacin. Slo existe un caso de un profesor de filosofa que no era dominico. Nada menos que el de Nicols Calvo de la Puerta y O F arril, uno de los ms poderosos e ilustrados hacendados azucareros habaneros de finales del siglo XVIII La nica asignatura en que los dominicos permitieron profesores ajenos a la orden en la facultad de Filosofa fue en la del Texto del Filsofo o Texto Aristotlico. El carcter escolstico de la enseanza se repeta en el resto de las facultades, integrando todas un sistema terico-pedaggico coherente e inamovible. La facultad de Medicina poda considerarse a una distancia abismal de los mtodos de estudio, trabajo e investigacin que en este campo realizaba la Europa del siglo XVIII e, incluso, algunos mdicos del pas. V erdadera-

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P APELES 78 \ 78 \ mente lamentable resulta comprobar que, durante este siglo, la Universidad de La Habana se mantuvo deudora de Galeno e Hipcrates. Baste leer sus Constituciones para comprobar esta afirmacin, lo cual provoc, adems, la crtica del doctor Roma y quien no conceba que se ensease medicina slo terica y por libros de la poca grecorromana, con ignorancia absoluta de lo creado por las ciencias modernas. El problema central resultaba metodolgico; se segua el mtodo de enseanza deductiva y se menospreciaba la observacin, experimentacin e induccin. La base de los estudios de medicina eran la Articela y los Aforismos de Hipcrates. Estos ltimos, fundamentos bsicos de la enseanza universitaria, son pensamientos y sentencias relacionados con la medicina, la vida, la muerte y las curas. La ciruga se enseaba siguiendo rigurosamente a Galeno. Si bien su obra, en conjunto, representa el punto culminante de la medicina grecolatina, las conclusiones filosficas extradas de su trabajo se han estimado como mediocres, pero la escolstica medieval las elev a dogmas infalibles e incontrovertibles, negando de esta forma toda nueva perspectiva al conocimiento mdico. Se requera, y se fue el trabajo de algunos investigadores modernos, una verdadera revisin del contenido de la obra de Galeno, para nutrir de nuevo, al mdico, del espritu cientfico. Segn los estatutos universitarios, las materias ms importantes de cada facultad se impartan en las llamadas ctedras de prima. En medicina, esta ctedra la cubra Avicena. La actividad de este autor abarca todos los campos del conocimiento de la Edad Media. Su Canon de Medicina representa la obra ms relevante en esa etapa histrica. Fue uno de los divulgadores del aristotelismo. A finales del siglo XII Gerardo de Cremona tradujo al latn su Canon de Medicina. Posteriormente, Dominico Gundisalvi y el judo Avendaut tradujeron su Lgica, su Fsica y su Metafsica, basadas en Aristteles. Con estas traducciones, Avicena entr en el mundo de la escolstica cristiana. Su influencia result enorme tanto en el campo de la filosofa como en el de la medicina. Su aristotelismo cerr un ciclo con el Estagirita que sirvi de base terica y metodolgica al tomismo. Algunas de sus tesis filosficas se rechazaron, en parte, por el cristianismo, pero su tratado de medicina fue el cimiento mismo de esta especialidad en la escolstica posterior al XIII La importancia que se le deba a Avicena en la Real y Pontificia Universidad de La Habana, especficamente en la facultad de Medicina, no era ms que la corroboracin del carcter escolstico, aristotlico-tomista, de la institucin. En cuanto a las enseanzas impartidas en la facultad de Leyes (Derecho Civil), su centro estaba en los libros que resuman el Derecho Romano. Estas enseanzas se ofrecan en las asignaturas conocidas como Instituta, Digesto o Pandectas e Inforciado. La Instituta era la recopilacin de fuentes de los juristas grecorromanos y su expresin ms alta, la clasificacin justiniana. La facultad de Cnones se rega, en lo fundamental, por las Decretales, elementos estos de Derecho Romano beatizados. De ellas, en la

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OBISPO DE ES P ADA / 79 / 79 universidad se impartan las de Gregorio IX, las Clementinas y las de Graciano. La facultad mxima, la de Teologa, imparta la teora tomista. Una de sus asignaturas era la del Maestro de Sentencias (Pedro Lombardo). Otra, el texto de Locis Theologisis del telogo espaol del siglo XVI Melchor Cano. La profunda raigambre escolstica de la Universidad de La Habana, se expresaba en la enseanza de la Teologa. Existan, adems, las ctedras independientes de Matemticas y Gramtica. stas no escapaban a las concepciones de la universidad del siglo XVIII Las matemticas eran rigurosamente euclidianas. La obra de Euclides, Elementos, constitua la pieza angular de los estudios matemticos. Por su parte, la gramtica estaba tomada de la obra de Antonio de Nebrija, Gramtica de la lengua castellana. La significacin de esta obra del siglo XVI estriba en su intento por fijar el uso del castellano en la vida intelectual hispana con el fin de consolidar el desarrollo del imperio espaol. Concibe las lenguas como compaeras de los imperios. Segn Nebrija, el auge poltico de un pas se corresponde con el auge y progreso de su lengua. Para l, el castellano es un producto de la corrupcin del latn, por lo cual slo acepta como palabras castizas las procedentes de esa lengua. sta se verifica como la causa de la crtica que J. de V alds, otro de los creadores de la gramtica castellana, le dirigi. Este autor tambin consideraba como vocablos castellanos los usados por el pueblo, con independencia de su origen. El Arte de Nebrija del sacerdote Luis de Cerda, del siglo XVII parece ser el texto empleado por la Real y Pontificia Universidad. El anlisis del curriculum de asignaturas, de los textos utilizados, de los contenidos impartidos y de los lmites fijados por los estatutos a la enseanza universitaria, expresan claramente el carcter escolstico y de inte gridad hispana, en una concepcin totalizadora y jerrquica, de este siste ma terico-pedaggico. Puede decirse que se trata de un sistema estructurado en perfecta armona. Lo que se ensea en la fsica, en las matemticas y en la gramtica, se corresponde con una sola concepcin terica. Todo apunta a sostener la unidad del mundo hispano sobre la base de la teologa catlica. Los dos slidos pilares son Aristteles y Santo Toms. Y dentro del esquema general del filsofo y el telogo entran a juga r como piezas de un rompecabezas, Hipcrates y Galeno, Justiniano y Gayo, Clemente V y Gregorio IX, Nebrija y Euclides. Resulta indiscutible que la Universidad se mantena con 200 aos de atraso. Si en algunos quodlibetos aparecen algunas concesiones a determinadas ideas modernas, y esto slo en el campo de la fsica, ello no significaba la ruptura de la armazn gtica creada por el Doctor Anglico sobre la base del Estagirita. La certeza de las crticas de los ilustrados cubanos en torno a Espada, Jos Agustn Caballero y Tomas Roma y en lo fundamental, se han probado documentalmente. El espritu investigativo, la necesidad de la creacin cientfica, la bsqueda experimental, estuvo, desafortunadamente, fuera de los muros de San Juan de Letrn.

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P APELES 80 \ 80 \ Desde otro ngulo, la estructura terico-pedaggica de la Universidad, expresin ideolgico-cultural de la unidad del imperio espaol, era un nexo superestructural entre el mundo del criollo y el conjunto del imperio hispano americano. Al estudiar este problema, puede entenderse la profundidad del papel desempeado por Espada en el desarrollo de la cultura cubana. Al combatir este sistema, se atacaban dos problemas fundamentales. Por un lado, el inmovilismo cientfico que impeda un desarrollo del conocimiento moderno y por otro, se rompa la unidad ideolgica de la hispanidad, abrindole paso a un pensamiento autnomo nacional. En el camino de esta ruptura, figuras aisladas haban manifestado, ya a finales del XVIII criterios e intenciones. Pero eran figuras aisladas, no un movimiento expansivo. Espada, utilizando como armas principales la juventud cubana y el Seminario de San Carlos, permite y organiza el movimiento que se lanza contra la gtica armazn del escolasticismo imperial. En general, se ha afirmado que el Seminario de San Carlos tuvo una produccin diferente a la de la Universidad. Sin embargo, esta afirmacin requiere de ciertas precisiones. Por ejemplo, no se ha sealado que esa proyeccin fue, en lo esencial, entre 1802 y 1832, poca en que estuvo bajo la tutela del obispo Espada. Sin dudas, en el momento en que este obispo asume la responsabilidad de darle un nuevo rumbo al Seminario, la institucin era terreno abonado para ello. El Real y ConciIiar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio se cre por Real Orden del rey Carlos III en agosto de 1768 y se fund en 1773, y comenz sus clases el 3 de octubre de 1774. El instituto naca bajo la influencia benefactora que, en la reforma de los estudios, intentaba este rey espaol y sus ministros ilustrados, y en la cual nos detuvimos en la primera parte de este ensayo. Ello explica que el espritu del Seminario habanero resultase notablemente diferente del de la Universidad y del Seminario de San Basilio el Magno de Santiago de Cuba, fundado este ltimo en 1722 por el obispo fray Gernimo de Nostis y de V alds (el obispo V alds). Al parece r otro elemento influy en la perspectiva de la nueva institucin. El Seminario fue el resultado de la fusin de recursos de dos instituciones habaneras del siglo XVIII el Seminario de San Ambrosio, creado por el obispo Diego Evelino y Vlez (el obispo Compostela) con aprobacin real del 9 de junio de 1692, y del Colegio San Jos, regentado por los jesuitas. La expulsin de los jesuitas de La Habana, el 11 de junio de 1767, hizo que todos sus bienes pasasen al obispado, incluidos el edificio del colegio y su biblioteca; esta ltima, una de las mejores, si no la mejo r de Cuba en esa poca. El obispado regentaba el Seminario de San Ambrosio. De manera significativa, y como nota interesante, ambas instituciones tenan un sello jesuita. Cuando el obispo Compostela quiso fundar el Seminario de San Ambrosio, hizo llamar de Mxico a un miembro de la Compaa de Jess, quien fuera su primer recto r Francisco David. ste le dio su perspectiva y planes de estudios iniciales a la institucin. Con ello cumpla la encomienda

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OBISPO DE ES P ADA / 81 / 81 de Compostela de crear un centro de estudios diferente al dominico. No obstante, el centro fue declinando, y dcadas despus slo imparta castellano. Durante el siglo XVIII la contraposicin de la enseanza jesuita con la dominica constituy la nota descollante en cuanto al sistema de estudios de filosofa y otras ramas. En 1769, el obispo Santiago Jos de Hechavarra Elguezua redact los estatutos del Seminario de San Carlos y San Ambrosio. stos son el resultado del intento de armonizar lo tradicional y los nuevos cambios de la poca. En su introduccin afirma que stos estn concebidos a las luces que rayan por todas partes en un siglo de tanta ilustracin, 104 lo cual hace pensa r de inmediato, en la influencia de la filosofa de las luces. Mas, el estudio del documento revela que, en su conjunto, no rompe con la escolstica, aunque tiene rasgos eclcticos y heterodoxos en relacin con el modelo tomista. En algunas direcciones resulta contradictorio. Por ejemplo, cuando expresa: En cuestiones de gracia y predestinacin no sacar un pie ni un punto de la doctrina de San Agustn y de su fidelsimo discpulo Santo Toms. 105 Por qu el erudito Hechavarra afirma que Santo Toms es fidelsimo discpulo de San Agustn, cuando l deba saber con profundidad que la forma de asumir la fe de uno y otro eran diferentes? Cmo se interrelacionan los sistemas opuestos de Santo Toms y de San Agustn con la Ilustracin del siglo? Los estatutos no ofrecen informacin para ir ms all. Santo Toms es la mentalidad sistematizadora; el espritu abierto, San Agustn. El ordenamiento y la jerarquizacin lgicas caracterizan al autor de la Summa Theologica; la espiritualidad y la dimensin emocional, los sellos del autor de las Confesiones y de la De Civitate Dei. Los estudios de filosofa se componan de varias asignaturas que se cursaban durante dos horas por la maana y dos por la tarde. El ciclo de estudios comprenda tres aos y se imparta por un mismo profeso r. El contenido de la filosofa constituye la mejor expresin del carcter del Seminario. La lectura de las Smulas y de la Lgica integraban la dialctica. Pese a que stas responden a los cnones aristotlicos, en el Estatuto II vemos la introduccin de un elemento moderno, aunque muy moderado, cuando se afirma: cercenar aquellas cuestiones reflejas y ridculas que el mal uso acostumbra a levantar sobre la cpula, el trmino y las segundas intenciones, y as de otras frioleras que, fuera de ser extempor104. Estatutos del Real Seminario de San Carlos que con la aprobacin de su Majestad, bajo su regio patronato y jurisdiccin de ordinario, se ha fundado en el Colegio Vacante de los regulares expatriados de la Compaa del nombre de Jess en la Ciudad de La Habana, Formados en 1769, por el Ilustrsimo Seor Don Santiago Jos de Hechavarra Yelguesua, dignsimo obispo de Cuba, Jamaica y Provincias de la Florida, del Consej o de su Majestad, etc ., Imprenta de D. Guillermo Newell, Nueva Y ork, 1835. Las observaciones que aparecen a continuacin sobre el Seminario estn hechas sobre la base de este documento. 105. Ibdem.

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P APELES 82 \ 82 \ neas, embarazan el slido aprovechamiento en la dialctica, cuyo fin es engendrar en el entendimiento las ideas de lo verdadero y lo falso, de la afirmacin y la negacin, del error y de la duda, especialmente de la ilusin y la consecuencia. 106 La metafsica se explicaba durante seis meses y resultaba esencialmente escolstica. El segundo ao introduca la fsica experimental, pero, salvo en enunciado, no era, precisamente, el ansiado curso experimental. A diferencia de la Universidad, el texto oficial del Seminario no era Aristteles sino Goudin. Ello explica su limitacin. Este autor fue la autoridad principal de algunas universidades, colegios y seminarios espaoles y americanos. Sus contenidos respondan a los cnones escolsticos, faltndole la profundidad aristotlica, si bien introduca nuevas formas. Los ilustrados levantaron su voz contra l. Romay expres que con el texto de Goudin no poda darse un paso en la Ilustracin filosfica cubana. Ni Agustn Caballero ni V arela, lo citaron en apoyo a sus ideas. Sin embargo, en el Estatuto VI se hace una afirmacin que resulta de mayor trascendencia. Al referirse al texto de Goudin, se dice: sin jurar en las opiniones de ninguno ni hacer particular secta de su doctrina, sino enseando las que le parezcan ms conforme a la verdad, segn los nuevos experimentos que cada da se hacen y las nuevas luces que se adquieren con el estudio de la naturaleza. 107 Los estatutos del Seminario estaban, an, dentro de los cnones escolsticos; pero presentaban importantes fisuras en el edificio monoltico del pensamiento medieval. Esas fisuras se aprovecharn por el obispo Espada. Espada inici la ruptura con el sistema escolstico poco despus de su llegada a Cuba. En ella pueden observarse tres etapas. El Obispo de La Habana haba sido en Espaa profesor de filosofa. Era un entendido en la materia, y tena un especial gusto por estos conocimientos. Comenz a visitar el Seminario. Personalmente asista a las clases que all se impartan, lea lo que se escriba y facilitaba libros y consejos. Y pronto, emprendi una reforma sistemtica con el objetivo de ensear a pensa r Pronto tuvo un aliado natural, el padre Jos Agustn Caballero. Quin podr separar escribe Luz y Caballero, sobrino del padre Jos Agustn los nombres de Caballero y del obispo Jos Daz de Espada, honda e indivisiblemente esculpidos en el corazn de los habaneros? (...) Espada, apreciador constante del mrito, trat de realzar ms y ms a nuestro Caballero, no ocu rriendo negocio delicado en todo lo relativo a la salud de la grey en que no aprovechase las luces de este ornato de sus presbteros. Haba demasiada afinidad entre estos dos varones para que no simpatizasen sus almas apenas se acercaran. 108 106. Estatutos del Real Seminario ..., ed. cit. 107. Ibdem. 108. Jos de la Luz y Caballero: Elogio del D r Caballero, en Escritos Literarios Editorial Universidad de La Habana, Habana, 1946-1948, p. 188.

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OBISPO DE ES P ADA / 83 / 83 Si es verdad que exista afinidad entre las dos personalidades, no es menos cierto que haba diferencias. Agustn Caballero era una expresin contradictoria entre lo antiguo y lo moderno; la expresin del trnsito a la modernidad, no de la modernidad. Su filosofa es tanteo, no ruptura. Sigue en mucho a los escolsticos, aunque incluye criterios de los autores modernos. Si bien sostiene la enseanza experimental de la fsica y la qumica, sigue incluyendo a la fsica en la filosofa, concibiendo la psiquis como facultad del alma; entre sus conclusiones principales mantiene que la causa eficiente primera de la Filosofa es Dios, que la infundi al primer hombre, y afirma una de las tesis centrales de la escolstica: si alguna sentencia filosfica se encuentra en contradiccin manifiesta con una verdad revelada por autoridad sagrada, la primera es indudablemente falsa, porque la filosofa debe estar subordinada a la autoridad sagrada como a un juez que la corrija. 109 En sus estudios, Medardo Vitier llega a las siguientes conclusiones: El P Caballero representa bien el tipo de mentalidad fronteriza. Sus criterios de pensador tienen altibajos. Los estudios eclesisticos que en l no fueron superficiales le dieron una visin del mundo y de la vida, difcil de conciliar con el espritu de la filosofa moderna. Su informacin filosfica, por otra parte, y la lucidez de su intelecto, conducanle a difundir nociones de la hora, as en el mtodo como en la doctrina. 110 Parece que Espada apreci este conjunto de contradicciones en el padre Caballero. Y con inteligencia supo unir a su esfuerzo transformador al primero que haba clamado por la reforma, lo tuvo como uno de sus colaboradores ms cercanos, pero no insisti para que Caballero continuase en la ctedra de Filosofa. Que estuviese como uno de los pilares del Seminario resultaba necesario, pero la filosofa requera de otras manos ms osadas. Y aqu est otro de los rasgos atrevidos del obispo. A quin entregarle la ctedra de Filosofa? Drsela a los renombrados doctores y maestros salidos de la Real y Pontificia Universidad, era, simplemente, entregarla en manos de la escolstica. Los tiempos eran de innovaciones y lo ms cercano a ese espritu del tiempo resultaba, como siempre, la juventud. Y se aventur Espada. Busc y encontr. Jvenes brillantes asumiran, de manera sucesiva, la ctedra de Filosofa en tiempos de este obispo. En orden, Juan Bernardo OGavan, Flix V arela, Jos Antonio Saco, Manuel Gonzlez del V alle, Jos de la Luz y Caballero y Francisco Ruiz. Todos de destacada influencia en el pensamiento cubano. En marzo de 1805 asume la ctedra OGavan, joven de 23 aos. En ese mismo ao, Espada lo haba ordenado sacerdote. Pero el nuevo profesor result poco motivado por los problemas de la filosofa en s. Tampoco le interes mucho la fsica experimental, incluida en los estudios de filosofa. 109. Ibdem (101), p. 332. 110. Ibdem, p. 333.

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P APELES 84 \ 84 \ Tena especial predileccin por los problemas del derecho y la poltica. Contradictoriamente, pas, en un inicio, por uno de los partidarios ms radicales de la reforma filosfica. Y aunque este aspecto no se ha estudiado, a l se le atribuye haber introducido el sensualismo en los estudios filosficos. No hay dudas de que mostraba una abierta adhesin a Locke y Condillac y que pudo, de alguna manera, introducirlos en sus lecciones. En este sentido se manifestaba, con ms fervo r por los filsofos y pensadores modernos. Desde los primeros momentos, Espada lo protegi y apoy en su carrera eclesistica. El obispo lo convirti en su hombre de confianza, y OGavan, de conflictiva trayectoria, fue, no obstante, fiel a Espada, aun en las ms difciles y comprometidas situaciones. A otro joven audaz estaba reservada la reforma filosfica ansiada por Espada. Se trataba de Flix V arela y Morales. En 1811 empez sus cursos en el Seminario de San Carlos, en sustitucin de su profesor OGavan. Como a ste, Espada lo dispens, por faltarle dos aos para cumplir los 25 establecidos por los estatutos para ejercer en una ctedra. El obispo ya se haba fijado en el entusiasta joven. Cuatro aos antes, tambin haba tenido que darle una especial autorizacin para ser ordenado sacerdote, pues slo contaba con 19 aos. Poco despus, V arela iniciaba sus actividades en el Seminario como preceptor de latinidad. Ahora, al asumir la ctedra de Filosofa, reciba un importante estmulo. No es ste el lugar para hacer un estudio de la reforma filosfica llevada a cabo por V arela. Slo sealaremos algunos apuntes al respecto. La reforma tuvo una sombra protectora: Espada. Escribe V arela: Poco despus form un elenco en que an tena varias proposiciones semejantes a las que llamaron la atencin de Escobedo, bien que yo no perciba su semejanza, y cuando se le present al seor Espada, dijo ste a su secretario: Este joven catedrtico va adelantando, pero an tiene mucho que barrer: y le hizo notar como intiles precisamente aquellas proposiciones que yo crea ms brillantes. Tom, pues, la escoba, para valerme de sus frases, y empec a barre r determinado a no deja r ni el ms mnimo polvo del escolasticismo, ni del inutilismo, como yo pudiera percibirlo. 111 A la reforma filosfica de V arela se le han sealado etapas. Pero en sntesis en l puede observarse un proceso ascendente que va desde una etapa de inquietud, pero an sometido a la escolstica, a un momento de ruptura con lo que entiende de intil en el sistema, apoyado en Descartes, en ciertas tesis de Condillac y Locke de carcter sensualista y en un complejo sistema de ideas, expresadas en el mtodo electivo con clara influencia de Destutt de Trac y. Para este estudio, lo ms notable resulta la nueva actitud filosfica que asume V arela desde el elenco de 1812. Y a aqu hay un planteamiento que dinamita la base escolstica: La experiencia y la razn son las nicas fuen111. Jos Ignacio Rodrguez: Vida del presbtero Don Flix Varela Arellano y Ca. Editores, La Habana, 1944, p. 13.

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OBISPO DE ES P ADA / 85 / 85 tes o reglas de los conocimientos en esta ciencia filosfica. Un ao despus, expresa: La autoridad de los Santos Padres en cuestiones filosficas es la misma que la de los filsofos que ellos seguan. Y en el elenco de 1816, se revela la ruptura con el pensamiento anterio r cuando afirma: La autoridad es el principio de una veneracin irracional, que atrasa las ciencias, ocultando muchos su ignorancia bajo el frvolo pretexto de seguir a los sabios. Con ello, echa por tierra el principio de que la cita de autoridad resultaba suficiente para sostener una verdad, el cual haba detenido el pensamiento durante siglos. El mtodo escolstico se somete a crtica: Las disputas en forma escolstica, segn el orden en que las vemos practica r, no traen utilidad y las ciencias no deben nada a tantos siglos de ergos como han puesto nuestros doctores. Y el sistema tambin resulta enjuiciado: Los metafsicos han hecho de la ontologa un conjunto de sutilezas y un germen de cuestiones intiles. Y Los Santos Padres no tienen autoridad alguna en materias filosficas; y as debe entenderse nicamente a las razones en que se fundan. 112 Al estudiar el pensamiento filosfico de V arela, as como el de su impulsor y protecto r Espada, debe destacarse que se trataba del cuestionamiento metodolgico de un sistema que impeda el desarrollo del pensamiento y la asimilacin de las ciencias modernas. Era una actitud de liberacin intelectual, original, reflexiva, analtica y crtica. A veces existen excesos. Medardo Vitier sostiene que reacciona contra instituciones o ideas vetustas y superadas, no por viejas sino por estriles. 113 Las crticas a V arela estn basadas en su falta de originalidad ontolgica o gnoseolgica, y en sus fuentes filosficas, sin tener en cuenta las posibilidades del profesor y del obispo. Evidentemente, no pretendan crear sistemas, sino interpretarlos; es deci r tomar de aq u o de all lo que ayudara a la llamada emancipacin del pensamiento. Por ello, su preocupacin fue ms gnoseolgica que ontolgica. La conclusin vareliana de que el estudio de las ciencias naturales es el instrumento del conocimiento y de correccin de los conceptos universales, lo llev a una ponderacin, hasta entonces no lograda, de la fsica y la qumica. Por eso, a V arela se le ha sealado como iniciador de la enseanza experimental de la fsica en Cuba. Sin dudas, Espada era el ms entusiasta promotor de la nueva forma de asumir la enseanza de la fsica. Uno de los alumnos de V arela escribi: En ese tiempo y bajo la proteccin del seor Espada, comenz por primera vez a ensearse en La Habana la fsica experimental, donando el mismo seor la mquina neumtica, la elctrica, las cajas galvnicas, y algunos otros aparatos, as como tambin un sistema planetario movible, y facilitando, aparte de eso, cuanto se iba necesitando. Ms que esta ayuda material, era todava la moral que dispensaba al catedrtico, sosteniendo siempre al padre V arela, y defendindolo contra todos los ataques, abiertos o 112. Ibdem (101), p. 335. 113. Ibdem, p. 344.

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P APELES 86 \ 86 \ embozados, que eran consiguientes a haber sido l el primero que enseaba la fsica moderna y comprobaba con experimentos las verdades y los fenmenos de la Naturaleza. Esta oposicin que fue grande y que se encontr hasta en los doctores, le hizo sufrir mucho; pero tena de protector al hombre ms ilustrado y generoso que nos ha venido de la Pennsula, y V arela fue adelante. 114 El significado del movimiento renovador para la juventud cubana puede apreciarse en la Autobiografa de Jos Antonio Saco. En ella narra sobre sus primeros estudios en el Seminario de San Basilio el Magno, de Santiago de Cuba: Confieso que era uno de los que mejor los conservaba en la memoria; pero al mismo tiempo debo confesar que yo, sin tenerla mala, a los pocos aos de haber salido de aquella clase, ya no me acordaba ni an de la primera palabra de mis cuadernos de filosofa. En aquellas circunstancias, un abogado, Jos Villa r se le acerc y le expres: Usted es todava muy muchacho y me intereso por usted. Esta filosofa que usted estudia, de nada le servir. Procure usted ir a La Habana, en donde hay un clrigo muy joven, llamado V arela, que ensea verdadera filosofa moderna en el Colegio de San Carlos de aquella ciudad. 115 Pero si la escolstica significaba un sistema de pensamiento ubicado en todas las ramas del conocimiento, la reforma espadista hubiese sido incompleta, si no se hubiese adentrado en el resto de las especialidades atadas al tronco medular de las concepciones medievales. En lo jurdico, el obispo asest otro importante golpe. Coloc a otro joven al frente de una ctedra de Derecho patrio. Se trata del controvertido Justo Vlez, quien introduce a autores como Heinecio, con sus ideas en torno al derecho natural, y a Cuc Boisgelin, integrante de los Estados Generales de 1789 durante la Revolucin F rancesa. Justamente, el inters de Saco en Heinecio, a quien tradujo, se bas en sus posiciones. Y a en el camino de las innovaciones, Espada no se detuvo y cre, por primera vez en Cuba, una ctedra de Economa Poltica, inaugurada en 1818 por el propio Justo Vlez, quien, como OGavan y V arela, integraba el grupo de jvenes protegidos por el obispo. La audacia de Espada se revel en la supresin de una de las tres ctedras de Teologa, para crea r en su luga r una de Matemticas. En relacin con la medicina, en otra parte de este trabajo explicamos su participacin en la modernizacin de los criterios existentes en la poca acerca de esta ciencia. Los ms agudos estudiosos de la cultura cubana coinciden en sealar la existencia de un intenso movimiento cultural a principios del siglo XIX movimiento que no pudo igualarse, ni superarse, tampoco continuarse con la misma intensidad, en los aos posteriores del siglo pasado. La estrategia 114. Ibdem (111), p. 22. 115. Jos Antonio Saco: Vida de Don Jos Antonio Saco. Escrita por l mismo en los primeros meses del ao 1878, en Revista Cubana t. XX, 1894, pp. 317-318.

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OBISPO DE ES P ADA / 87 / 87 seguida por el obispo parece clara. Primero, demoli el monoltico edificio de la escolstica criolla; despus le dio perfiles propios a las distintas especialidades, y protegi, financi y apoy a los hombres que osaban abrir nuevos caminos, o, simplemente, actualizaban el conocimiento de una ciencia especfica. Se trataba de un proceso de profundizacin y especializacin que la escolstica haba impedido hasta entonces. A la sombra protectora del obispo se proyectaron los ms diversos estudiosos cubanos. Toms Roma y Jos Agustn Caballero, Juan Bernardo OGavan, Flix V arela, Jos Antonio Saco, Jos de la Luz y Caballero, Nicols J. Gutirrez, los hermanos Gonzlez del V alle, Antonio Bachiller y Morales, Antonio Jos V alds, entre otros muchos que haran interminable la lista. Con el tiempo, esa plyade intelectual cubana tomara por caminos divergentes. A conclusiones distintas llegaron en la ciencia y la poltica. Lo mismo ocurrir con los alumnos del Seminario. Pero a Espada no le da trascendencia la posicin individual a la cual arribarn ms tarde los integrantes del grupo, respondiendo a intereses diferentes, sino el rompimiento de los diques que haban encerrado el pensamiento y el hecho de facilitar los medios para la expansin de las ideas modernas. Se entr en una nueva poca intelectual caracterizada por el debate, el deseo de conocimiento y de modernidad. El proceso de especializacin cientfica puede verse por todas partes. Y en todas partes, est el obispo: en la ctedra de Fsica, dotndola de instrumentos y libros; costeando los gastos de la obra de Saco, Ex plicacin de algunos tratados de fsica; en la de Qumica entreg a Luz y Caballero 10 000 pesos para viajar al extranjero a adquirir un instrumental adecuado; cre la ctedra de Economa Poltica y apoy a Justo Vlez en sus incipientes gestiones; en derecho, introdujo a Heinecio, con sus concepciones contractuales. Pero es suficiente? No para el obispo. Se ha afirmado que no hubo obra de cultura, cientfica, moral o social emprendida en Cuba por esos aos, en la cual no interviniera Espada: en la creacin de la Escuela Nutica de Regla, en la del Jardn Botnico de La Habana, en la de la Escuela de Agricultura, en la de la Academia de Pintura de San Alejandro, en la de la Academia de Parteras de Paula y en la inauguracin del curso de taquigrafa de Jos Antonio Seydo. Intervino directamente en el trabajo cientfico, ofreciendo consejos y orientaciones. Bachiller y Morales resuma las opiniones de quienes participaron o conocieron, de un modo u otro, el movimiento generado en el Seminario: El Colegio Seminario de San Carlos, sin la pretensin de hacer sabios, preparaba las almas para llegar a la sabidura, no contribuyendo en poco el celo con que asisti a las clases y animaba a los alumnos, el amigo ms decidido y franco que tuvo jams la juventud habanera. 116 Espada participa personalmente en los ms diversos trabajos cientficos. Corrige de propia mano el mapa topogrfico de la Isla; circula los tra ba116. Antonio Bachiller y Morales, ob. cit., t. I, p. 182.

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P APELES 88 \ 88 \ jos econmicos y estadsticos de Justo Vlez; instruye a los sacerdotes para que adquieran noticias sobre la siembra y conservacin del maz en Cuba. Y he aqu otro rasgo de anticipacin del obispo. Escribe Garca Pons: Y cul es, ya hecho este apunte, la imagen que tiene Espada del sacerdote? Cmo lo concibe en su doble funcin de curador de la vida temporal y de adoctrinador de la por venir? La respuesta la da en parte su cotidiana militancia; adems la precisa su empeo en que los clrigos se aplicaran a los estudios naturales. Por qu habran de dedicarse a la contemplacin de la Naturaleza sin interrogarla? No, era cuestin de que resultaran sus tareas tiles tambin a la vida temporal. A estudia r pues. Y qu cosas precisamente? Las cosas del campo, las que interesan al guajiro, las que a su vez y porque l se afanara en ello habran de favorece r desde la ctedra en La Habana, los trabajos de qumica que consideraba indispensables para los progresos de la agricultura. 117 Espada instituy cursos para los sacerdotes y en los albores del siglo XIX expres una concepcin del quehacer sacerdotal vinculado a los humildes y no a los explotadores, como veremos ms adelante. El sacerdote deba pensaba Espada cuidar y actuar en el mundo social como ente que tiene sus destinos atados a los de su pueblo. En este sentido, Flix V arela fue su ms alto intrprete. Y aqu llegamos a un punto que juzgamos de especial trascendencia para entender a Espada. En su concepcin totalizadora existe ya, como parte del sentido de especializacin y profundizacin del conocimiento, una necesidad historicista. En el trabajo del grupo cientfico que rode a Espada, Antonio Jos V alds cumple un especial papel: escribir la historia de Cuba. Si el movimiento cientfico-cultural pretende tener sus bases en la cubanidad, se necesitaba conocer sus races. Eran tiles, para ello, las obras de Jos Mara Flix de Arrate o de Jos Ignacio Urrutia y Montoya, o las de Pedro Agustn Morell de Santa Cruz? Ellas, como Arrate subtitula la suya, son descripciones ms o menos documentadas con fuentes diversas. Pero, no expresan las concepciones de los hombres formados dentro de los cnones de la estructura de pensamiento que se quiere, justamente, romper? Acaso no es necesario revisar la historia para una nueva historia escrita bajo la luz de las ideas modernas? Ese papel lo desempe la Historia de la Isla de Cuba y en especial de La Habana de Antonio J. V alds. Constituy la visin de la historia de Cuba que aport la Ilustracin. Sin embargo, Espada tuvo una comprensin de la historia de Cuba significativamente ms radical que la de V alds. Por ejemplo, no se solidariz ni justific el espritu de la conquista: compadezcamos la debilidad de los primeros conquistadores en su espritu aniquilador; 118 tampoco la forma en que se enriqueci y form la elite econmica de la Isla: Cuando a mediados del siglo XVIII que ya haban dado algn descanso las guerras de secesin, se pens en aplicar los medios para el fomento, se fortific el sis t e117. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 158. 118. Ibdem (49).

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OBISPO DE ES P ADA / 89 / 89 ma destructor de las haciendas de ganado, el de los ingenios, y el de una Compaa de Comercio que en sus manos haba de tiranizarlo todo. 119 Para el obispo, la historia de Cuba no era, no poda se r la historia de la oligarqua criolla ni la del poder colonial, porque su mirada estaba en los oprimidos. La expresin esttica de la reforma La ruptura que pretenda Espada con el mundo feudal, y en particular con su ideologa, se expres con especial acento en su concepcin esttica. Durante el siglo XVIII han sealado historiadores de la arquitectura y las artes cubanas, como Joaqun E. W eiss y Bay Sevilla predomin el gusto barroco, andaluz y churriguresco, si bien en una expresin sincrtica y con rasgos populares que lo diferencian del italianizante y aristocrtico del norte de la pennsula espaola. A lo anterio r agrega Weiss: A esta circunstancia se sumaron las adaptaciones aconsejadas por el medio fsico y humano de nuestro pas y el empleo de sus materiales naturales, para impartir a nuestras construcciones del siglo XVIII una personalidad propia, esto es, independiente de los modelos consagrados del estilo barroco. 120 Sobre esta base nacieron nuestras primeras manifestaciones arquitectnicas. Pero ellas tambin fueron expresin del mundo del criollo del XVIII del esplendor del criollismo dieciochesco con su mentalidad hatera, aristocrtica, feudal, catlica y escolstica. Era una peculiar transculturacin europea de un arte que pretenda representar a una aristocracia tropical. El ataque al barroco, ha escrito Arnold Hausse r proviene de dos direcciones distintas, pero est orientado en ambas hacia el mismo ideal artstico opuesto al gusto cortesano. 121 El racionalismo clasicista es una de ellas. El neoclasicismo constituye la entrada del gusto burgus en las manifestaciones artsticas a finales del siglo XVIII justamente para contraponer el pensamiento racional al intenso sensualismo y expresin emocional del barroco-rococ concentrado en un gusto aristocrtico. El neoclasicismo halla su expansin como consecuencia de la Revolucin Francesa: La Revolucin escogi este clasicismo como el estilo ms acorde con su ideologa. Amor a la libertad y a la patria, herosmo y espritu de sacrificio, rigor espartano y autodominio estoico, 122 constituyen rasgos de la expresin neoclsica. Era, por tanto, lgico el especial rechazo al gtico, al barroco y al churriguresco, y al mismo tiempo, la predileccin por la racionalidad neoclsica, mostrada por Espada. Si en Espaa haba formado su gusto por las lneas neoclsicas, en Cuba encontr otros elementos que explican indudablemente su actitud frente al 119. Ibdem. 120. Joaqun E. Weiss: La arquitectura colonial cubana Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1979, pp. 15-16. 121. Arnold Hausser: Historia social de la literatura y el arte Edicin Revolucionaria, La Habana, 1966, t. II, p. 16. 122. Ibdem, p. 133.

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P APELES 90 \ 90 \ arte tradicional. Las iglesias, construidas al antiguo estilo, muestran en su interior imgenes de bulto y dibujos hechos por aficionados que, en muchos casos, disminuyeron la dignidad del templo. Al obispo le molesta en particular la catedral. Como en todo lo que emprende, dirige personalmente los cambios sustanciales en el interior del templo catedralicio. Reemplaz el piso de losas de piedras por otro de mrmol; suprimi los altares primitivos y en caoba tallada, situ otros de estilo neoclsico; elimin los lienzos de poco valor artstico, incluido uno que reproduca el momento en que el obispo Pedro Agustn Morell de Santa Cruz era expulsado de La Habana por los ingleses en 1762, y sustituy la s columnas panzudas barrocas por otras neoclsicas. Un italiano, Jos Perovani, fue conquistado por Espada para pintar la pared del fondo del altar mayor y la de los flancos. Bajo las indicaciones del obispo realiz dos frescos: La Cena de los doce apstoles y La potestad de la Iglesia dada a San Pedro. Con anterioridad, Perovani ya trabajaba para Espada. En el empeo del obispo de crear un cementerio, no haba estado ausente su gusto esttico y el artista italiano concibi, detrs del altar de la capilla, un fresco, La resurreccin de los muertos. Adems, Perovani hizo un mural en la iglesia del Espritu Santo, la cual adquiri dos de sus leos. El pintor italiano no pudo concluir su trabajo en la catedral. No obstante, Espada no desmaya e n la empresa. En 1815 supo que un pintor francs, de la escuela neoclsica de David, Juan Bautista Verma y se hallaba en la Luisiana, escapado de la persecucin realista desatada en Francia con posterioridad a la cada de Napolen Bonaparte. En uno de sus tantos gestos de osada, lo hizo venir a La Habana, y tom bajo su proteccin al artista, pese a la reaccin absolutista y antifrancesa desatada en Espaa y sus posesiones. Se dice que V ermay trajo consigo varias copias de obras de Rubens, Murillo y Rafael, adquiridas por Espada. En la catedral, el artista francs pint sus techos y termin las obras dejadas inconclusas por Perovani. En V erma y el obispo encontr el hombre que en el arte poda, como V arela en la filosofa, Romay en la medicina, V alds en la historia, en tre otros, ayudarlo en la transformacin de aquella sociedad. Vermay no slo termin sus pinturas en la catedral, sino que adems pint leos y frescos para las iglesias de La Salud, San Nicols, el ngel, Santo Cristo del Buen Viaje y Nuestra Seora de Guadalupe. Espada estaba tan entusiasmado con el neoclsico Verma y que en ocasin de su visita a un pequeo poblado de Las Villas, Guaracabulla, en la regin de Remedios, mand eliminar sus pinturas consideradas de mal gusto y envi, tiempo despus, un lienzo del pintor francs. Pero el obispo saba que lo ms importante no era que V ermay dejara sus cuadros, sino seguidores, formados en el gusto esttico del neoclasicismo. Haba que crear una escuela de pintura que formara artistas cubanos! Y V ermay abre una en el convento de San Agustn bajo la ayuda y proteccin de Espada. Poco despus, el intendente Alejandro Ramrez, con la colaboracin de Espada, fund la Escuela de Pintura San Alejandro, y Vermay pas a su direccin, en la cual permaneci 18 aos.

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OBISPO DE ES P ADA / 91 / 91 En La Habana, persisten dos monumentos con los cuales Espada eterniz su presencia en nuestra Isla y el carcter de su obra. El primero es el altar mayor de la catedral. En l se expuso su gusto neoclsico tal y como si hubiera querido dejar constancia de su rechazo a la esttica anterio r l lo concibi, l traz su dibujo, l medit sus detalles, l le dio, con una gran riqueza material, el soplo que anima el monumento entre armonas y contrastes, lnea y color. 123 La obra se someti al dictamen de la Academia de San Lucas de Roma. El juicio de los acadmicos fue altamente encomistico, al punto de sealar: No se ha hecho hasta ahora en nuestro dictamen otra obra ms bella en este gnero. Y agregan: En virtud de las observaciones expuestas, nos congratulamos de ver ejecutada con tanta perfeccin la idea felicsima de una obra debida a la munificencia y sabidura del ilustre personaje que la ha mandado a construir. 124 La otra obra monumental de Espada, que los habaneros de hoy contemplamos, es el Templete. Joaqun W eiss lo ha identificado como el edificio que inaugur en Cuba el nuevo estilo neoclsico. 125 La construccin tuvo un significativo sentido poltico, al cual nos referiremos en otra parte. La forma en que Espada ejecut su revolucin artstica tena, por fuerza, que generarle nuevos enemigos. Los altares de groseras imgenes iban a para r como lea, al hospital. Cuando algunos fanticos escribe Bachiller y Morales vieron una profanacin en que se remitieran al hospital para lea los fragmentos de aquella revolucin artstica no disculparon el celo del Prelado, sino que lo llamaron a boca llena iconoclasta como si los retablos no contuvieran imgenes y como si stas no recibieran las mismas ofrendas de respeto y veneracin que las que son de bulto o escultura. 126 Hemos querido dejar esclarecida cul es la posicin esttica del obispo y la correspondencia con las ideas racionalistas e ilustradas, pero no pueden obviarse los excesos de Espada. A las llamas fueron arro jados, junto con aquellas imgenes que expresaban el mal gusto, otras que recogan el mundo artstico de nuestra Edad Media o, acaso con ms propiedad, de nuestra Edad Primitiva. En la propia catedral, la pupila y el espritu sensi123. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 134. 124. Antonio Bachiller y Morales, ob. cit., t. III, p. 41. Reproduccin del Informe de la Academia de San Lucas de Roma. 125. Ibdem (120), p. 11. 126. Antonio Bachiller y Morales, ob. cit., t. III, pp. 34-35. Acerca de los excesos que Espada pudo comete r debe tenerse presente los excesos que se cometan en cuanto a la reproduccin artstica del cristianismo. Una ancdota ilustrativa: En una visita a una iglesia de La Habana, observ un gran cuadro sobre la puerta de la sacrista. En l se representaba la ltima Cena. Pero lo que asombr al obispo era que Jess y los apstoles aparecan vestidos de frailes. Para colmo, en la escena apareca la Virgen Mara vestida de monja. Espada pregunt al cura si en la poca de los apstoles haba frailes y monjas y cmo se haban enterado de que Mara haba asistido a la ltima Cena. Como es lgico, ste fue uno de los cuadros que orden desaparece r.

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P APELES 92 \ 92 \ ble sufren un choque inigualable. El exterior del edificio, de arquitectura barroco-jesuita, forma una concavidad en la fachada con las columnas siguiendo la curva del parmetro como brazos acogedores de un templo que promete recibir con solemnidad, sobrecogimiento y ternura espiritual; mas, una vez traspasado el gran portn, al frente, se encuentra el impresionante, racional, fro, altar neoclsico de perfecta forma, de lenguaje claro, pero distanciado de la dimensin emocional. Obra maestra, el altar resulta digno de contemplarse... en otro luga r. En Espada, la obra artstica es, ante todo, belleza de armona, expresin del pensamiento, invitacin a la meditacin, proclamacin de libertad. Por todo ello, el arte tiene su papel social; en este caso, de crtica al exceso sensualista, al desbordamiento emocional y al mal gusto. Todo ello, como medio del rechazo a toda la herencia medieval, al gusto aristocrtico. Es el tanteo del pensamiento burgus en el arte, La Habana vio iniciarse un nuevo mundo artstico en correspondencia con un nuevo mundo intelectual. Pero esta unidad de pensamiento y accin en Espada, y sus manifestaciones multidireccionales, no excluyen la poltica. Espada ser actor importante en ella durante 30 aos; porque la poltica tambin fue, y necesariamente, campo de expresin de sus ideas. II. La poltica: Hacer slo lo que es posible hacer Un perodo de varias dcadas en la historia econmica, poltica y social de un pas, puede resultar altamente significativo. En algunos casos pueden ser etapas de incubacin de procesos complejos que slo mostrarn sus efectos en momentos posteriores; en otros, puede ser la culminacin o el trnsito de cambios histricos de alta significacin para el pas en cuestin. Las tres primeras dcadas del siglo XIX en Cuba tienen algo de las dos posibilidades. Durante ellas, alcanza su perfil la sociedad esclavista; se impone la plantacin como sistema productivo altamente transformador y tiene su primera expresin el pensamiento cubano unido al nacimiento de corrientes polticas que perdurarn, con sus altibajos, a lo largo de ese siglo. En ese contexto nacern las primeras luchas polticas y en ellas, como protagonista, estar Espada. En la voluminosa documentacin que existe en La Habana, Madrid y Roma sobre el obispo, pueden hallarse los ms encontrados criterios sobre l. A poco que se lean los annimos y otros escritos contra Espada, empiezan a perfilarse con claridad algunos factores altamente relevantes que no pueden pasarse por alto, cuando se valoran acusaciones y defensas. En ningn caso, pueden desconocerse cuatro elementos esenciales en los ataques al obispo: primero, tienen su origen en el rechazo por elementos conservadores y en general, anticubanos, a la obra reformadora y modernista de Espada; segundo, la mayora de los ataques se efecta en perodos de reaccin absolutista, tanto en Espaa como en Roma, y por elementos vin

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OBISPO DE ES P ADA / 93 / 93 culados a los partidarios del viejo mundo feudal; tercero, muchas de las acusaciones carecen de fundamento y estn en contradiccin con los hechos histricos, incluso, en algunos casos, se ocultan detrs del anonimato o llevan la firma de personas de oscuras trayectorias y sin ningn reconocimiento dentro de la historia nacional cubana, y por ltimo, parten del mezquino inters, de algunas figuras desplazadas por el movimiento independentista latinoamericano, de sustituirlo en la dicesis de La Habana. Para poder entender y estudia r con la mayor objetividad posible, las mltiples afirmaciones hechas, en un sentido u otro, a favor o en contra, de Espada, creemos necesario periodiza r abstraer y someter a anlisis su proyeccin poltica en Cuba, a partir del contexto en que se desenvuelve, de los factores objetivos y subjetivos que inciden en su actuacin y de las caractersticas de los bandos espadista y antiespadista. P ERODO DE 1802 A 1814. L A I L USTR ACIN EN ACCIN El primer perodo de la actuacin de Espada en Cuba lo ubicamos entre 1802 y 1814, inicio de la restauracin de Fernando VII, y en el cual pueden hallarse las causas fundamentales de los posteriores ataques al prelado de La Habana. ste fue un momento de intensa actividad reformadora y creadora del obispo. Quiz, pocos ilustrados espaoles tuvieron la posibilidad de actuar con su poder y con relativa independencia en un proyecto de reforma social. ste no constitua una simple extrapolacin de las ideas ilustradas espaolas, sino una adaptacin a la realidad cubana. Su proyecto ilustrado cumplira un doble fin: la lucha contra la ignorancia y el estudio de la realidad para elaborar un modelo que se correspondiera con ella. Las medidas de carcter social aumentaran el nmero de enemigos del obispo. Su lucha por el uso de la vacuna antivarilica, por la creacin de los cementerios ge nerales en particula r el de La Habana, su reforma de las instituciones benficas de la Edad Media cubana, la introduccin de criterios modernistas en la educacin y sobre todo, su labor de reforma en el Seminario de San Carlos en especial, en el campo de la filosofa, rompan lanzas contra el quietismo a que haba estado sometida la sociedad insular desde los siglos anteriores. Ante todo, molestaba el surgimiento de una nueva actitud cientfico-especulativa que cuestionaba la anterior en todas las esferas. Esta nuev a concepcin estaba unida a la regulacin y reorganizacin de la vida interna de la Iglesia, lo cual implic la creacin de la red parroquial de occidente, la prohibicin y castigo de todo acto de simona y combatir los matrimonios clan destinos, los altares en las calles, el exceso de toques de campana y los enterramientos en las iglesias. Al partido antiespadista le pareca inslito que un obispo catlico fuese el abanderado de una actitud que demola, paso a paso, todo el viejo orden feudal, y promoviera una ideologa que para ellos tena claros matices de heterodo xia. Por ello, formularon sus acusaciones contra el obispo: depravado, antica tlico, iconoclasta, profanad or de tumbas, impo, ateo, entre otros ep tetos.

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P APELES 94 \ 94 \ No obstante la existencia en este perodo de un fuerte partido reaccionario y antiespadista, la reforma del obispo marchaba a pasos firmes. Se deba, entre otras cosas, a que algunos de los ms brillantes hacendados cubanos, quienes le disputaban a Espada los diezmos, reconocan en ella las bases para el necesario cambio en la sociedad insula r Incluso, el ms brillante idelogo esclavista, Francisco de Arango y Parreo, quien sostena la tesis de que lo importante era aumentar las inversiones en ingenios y dejar a un lado las de carcter social, colabor en la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas, y llama la atencin que no integr el grupo de los antiespadistas. El gobierno peninsular de Carlos IV en especial, su ministro Godoy no juzgaba problemtica la reforma de Espada, antes al contrario, la vea con buenos ojos. Mas, el triunfo del obispo resultaba posible gracias a los colaborantes que laboraban en la consecucin de los planes del prelado, ya porque muchos de estos planes fuesen un deseo de los sectores ilustrados cubanos, ya porque hacan adelantar la sociedad insula r Si se consideran las figuras vinculadas al obispo, se comprueba que constituyeron el grupo de trabajo, cohesionado por el desarrollo de Cuba, ms brillante y transformador del perodo colonial, antes del surgimiento del movimiento independentista. Baste citar los nombres de Roma y Caballero y V arela. Significativamente, quienes atacaron al obispo tambin enfrentaron a estas figuras. De esta poca, tambin data un conjunto de apreciaciones sobre el carcter de Espada. Sus enemigos le atribuyen una personalidad inflexible, rencorosa, vengativa y de bajos sentimientos, capaz de las ms inusitadas acciones de venganza. Le atribuyen adems acciones de libertinaje. Sin embargo, quienes estuvieron cerca de l, figuras de una limpia trayectoria, no se hacen eco de tales intrigas; por el contrario, ofrecen una visin muy distinta del prelado. Paralelo a este movimiento reformado r el obispo desarrolla una intensa actividad por el conocimiento a fondo de su obispado. Realiza una larga visita pastoral durante la cual inspecciona la mayor parte de su dicesis. Toma apuntes, ordena que se recopilen todos los datos posibles y durante cuatro aos elabora un detenido anlisis de la sociedad insula r ste, plasmado en su Informe sobre Diezmos de 1808, resulta una pieza angular para entender el pensamiento de Espada y comprender al lado de quines se coloc. 127 En el documento se combate la trata, la esclavitud, el latifundio, los prejuicios sociales y se enarbola la bandera en favor de los pobres y de los sectores marginados. Pensamiento avanzado, deba chocar necesariamente con los intereses de las elites. Este Informe sobre Diezmos, terminado en el ao en que se derrumbara el antiguo rgimen, contena su proyecto y sus ideas sobre la sociedad cubana. El motn de Aranjuez, en este ao, depone al rey Carlos IV y nombra para sustituirlo a su hijo Fernando VII. Con Carlos IV tambin caa su 127. Ibdem (49).

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OBISPO DE ES P ADA / 95 / 95 ministro Godo y Las tropas francesas intervienen en Espaa. Napolen impone a su hermano Jos como nuevo re y El 2 de mayo del mismo ao se inicia la insurreccin nacional espaola. El Despotismo Ilustrado desaparece. Nuevas ideas, nuevos conflictos y nuevas necesidades perfilan el nue vo mundo poltico. Espada deba enfrentar una difcil situacin. Hasta aqu, el proyecto ilustrado ha marchado. Incluso, puede decirse que, aunque tardamente, se han logrado algunos importantes cambios dentro de la sociedad insular y se intentan otros. Ciertamente, se corresponden con los efectuados en las esferas econmica y social de la colonia, pero esta transformacin, en los ms cercanos colaboradores de Espada, y en l, son la resultante de una variante ideolgica que no se corresponde con las concepciones de los grandes plantadores ni con las concepciones limitadas de los sectores de poder en la pennsula. Lo que ms caracteriza al movimiento espadista es que en su entorno se aglutina la juventud cubana de la poca. Jvenes que an no han cumplido los 20 aos, o que apenas rebasan esa edad, se lanzan por el camino de la ciencia y el conocimiento, en busca del mejoramiento de su pas. Que este pensamiento tiene sus lmites, no hay duda. Pero stos deben entenderse dentro de las limitaciones que el pensamiento de la poca ha trazado. Esa plyade juvenil ingresar en el grupo de colaboradores de Espada. Si el partido antiespadista se ha conformado con lo ms reaccionario de la sociedad cubana, el partido espadista se ha formado con sus mejores elementos. Como sealamos antes, el Informe sobre Diezmos no pudo enviarse por la situacin en Espaa. El proyecto de transformacin econmico-social que contena, tena que queda r por el momento, aplazado. Los 30 primeros aos del siglo XIX pueden considerarse el perodo de crisis del llamado Antiguo Rgimen, la monarqua absoluta de Espaa y el fin de su imperio en Amrica Latina. Los aos finales del reinado de Carlos IV haban demostrado la debilidad del rgimen absoluto espaol. Pese a los intentos reformadores del siglo XVIII el pas segua viviendo dentro de los viejos moldes: se mantena la estructura agraria, con predominio de la gran propiedad rstica y los seoros, y la nobleza y la Iglesia posean las mayores fuentes de riqueza. No obstante, el movimiento de reforma haba favorecido el desarrollo de una burguesa comercial perifrica y de pequeos grupos de burguesa industrial, con el predominio de la economa agraria atrasada. Cuando en 1808 Napolen invade Espaa, ya el reinado de Carlos IV haba perecido. La insurreccin nacional espaola tuvo un carcter peculia r La lucha posee una fuerte base popula r y sirve para que las masas tomen conciencia del hecho de la patria, pero lo hacen bajo la impronta de una ideologa de fuerte acentuacin religiosa. Ante la inexistencia de un monarca reconocido surgen las juntas locales, que en Amrica sern el antecedente directo del movimiento separatista. En Cuba llegaron, simultneamente, las noticias de la abdicacin de Fernando VII, de la cesin que Carlos IV haca a Napolen de la corona de Espaa, de la prisin de la familia real, de la formacin de la Junta Central que desconoca la

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P APELES 96 \ 96 \ autoridad de los Bonaparte, del armisticio con Inglaterra y de la declaracin de guerra a Francia. De inmediato se convoc una junta de autoridades civiles, militares y eclesisticas de La Habana. En ella estuvo presente Espada. En la reunin se acord proclamar a Fernando VII como re y iniciar las hostilidades contra los franceses y lanzar una proclama al pueblo para socorrer a la Madre Patria. En La Habana aparecieron las proclamas de las juntas formadas en las ciudades espaolas no ocupadas por los franceses. Arango y Parreo pens que poda crearse una junta de gobierno en Cuba. Su criterio lo comparti Someruelos. Tal vez, Espada fuera de la misma opinin, dado que su nombre no aparece en el informe enviado por Someruelos, de fecha 1ro. de noviembre de 1808, en el cual se plasman los nombres de quienes se opusieron a la creacin de la Junta de La Habana. Mientras tanto, en la Amrica espaola, los criollos de representacin logran, mediante la creacin de juntas a semejanza de la de Sevilla, defender sus derechos a tenor de la falta de un rey en Espaa. Pero en La Habana, cuando se celebr la reun in para concretar el proyecto de Arango, el brigadier Montalvo se opuso enrgicamente a l, y lo secundaron Nicols Barreto, Rafael Gmez Roubaud superintendente de tabaco, y el comandante general de Apostadero de la Marina, don Juan Villavicencio, respaldados por los regidores y militares all presentes. Esta actitud puede estar asociada al temor de una parte importante de la burguesa esclavista y c omercial, funcionarios y autoridades espaolas y cubanas, ante el ejemplo de las juntas latinoamericanas. Sin embargo, los indicios dan a entender que Espada s estuvo de acuerdo con la creacin de la junta, lo cual ofrecera una primera muestra de su posicin autonomista o descentralizadora. Las juntas americanas seran el punto de partida del movimiento independentista. En las calles de las principales ciudades comenzaron a darse serios incidentes, en los cuales algunos agitadores incitaban contra los franceses residentes en Cuba. El 21 de marzo de 1809 eran atacados dos franceses que regresaban a caballo a la ciudad de La Habana. Poco despus se iniciaron saqueos a domicilios y comercios, ocasionando la muerte de un comerciante francs. El movimiento tena extraos orgenes. Acaso los enemigos de la creacin de una junta en Cuba lo promovan con fines ocultos? Enseguida, Espada ofreci su gestin mediadora para evitar actos de este tipo y emiti su exhortacin del 24 de marzo de ese ao. 128 Cul era la verdadera posicin del obispo ante los acontecimientos desencadenados? El 29 de marzo de 1810, la Junta Central, refugiada en la Isla de Len, ratificaba la convocatoria a Cortes constituyentes. Un decreto del 4 de febrero de 1810 extendi a las provincias de ultramar la representacin en ellas. Y aqu se revela el obispo. Escribe su importante carta pastoral del 12 128. Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa: Exhortacin para evitar los disturbios en la Habana Jos Boloa, Habana, 1809.

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OBISPO DE ES P ADA / 97 / 97 de marzo de 1811 dirigida a sus feligreses para inspirarles el amor a la religin y a la patria (puede verse en esta obra). 129 El documento tambin resultar objeto de innumerables especulaciones y fuente de acusaciones contra el obispo. Algunos autores han sealado la influencia de la filosofa clsica alemana y otros, de la escuela tomista tradicional. Mas, se pasa por alto la naturaleza misma del documento. Por una parte, Espada se revela como un vehemente enemigo de los Bonaparte, porque stos han pisoteado la independencia y el derecho del pueblo espaol a tomar su propio camino. Por otra, expone un conjunto de ideas que tienen su base en la ms pura tradicin ilustrada espaola. Debe tenerse en cuenta que se trata de un documento oficial y pblico el cual requiere cierta mesura en sus planteamientos fundamentales. La concepcin del contrato social, en la versin de los ilustrados espaoles, en lo fundamental Joaqun Marn de Mendoza (y no en la de los franceses), en la cual, el origen del gobierno estaba en ese contrato social es deci r negaba, por inferencia, el derecho divino de los reyes, pero mantena la intervencin de Dios, se observa en este documento: Luego los prncipes para desempear sus graves funciones deben procura r no que prevalezcan su voluntad propia y sus caprichos, sino aquellas virtudes que tienen por regla y por principio la razn del mismo Dios; hay deberes recprocos de los reyes hacia los sbditos y de los sbditos hacia los reyes. Si la cualidad del vasallo envuelve una obligacin de respeto, obediencia y fidelidad al soberano, el estado del soberano comprende una constitucin especial de proteccin, equidad y rectitud en el uso del gobierno confiado por Dios: los Reyes fueron establecidos por Dios para ser depositarios de la fe pblica y de la voluntad general. 130 El prelado revela su abierta simpata por la Corte constituyente de Cdiz, al sealar que quienes all se renen son los modernos legisladores fundadores de un nuevo rgimen salido, justamente, del calor popula r. Esta posicin de Espada de plena simpata por el movimiento constitucional, procede de su pensamiento ilustrado. El pensamiento liberal tiene sus orgenes en la Constitucin de Cdiz. Algunos de los enemigos de Espada van a acusarlo de constitucionalista, de liberal y asociando liberalismo con masonera y anticatolicismo, le endilgarn una actividad contraria a la Iglesia. Sin embargo, como ha sealado el historiador espaol Manuel Tun de Lara, las Cortes de Cdiz postulan una estructura poltica del pas de 129. Carta Pastoral que el Ilustrsimo Seor Don Juan Joseph Daz de Espada y Landa, del Consejo de S.M.: y Obispo de la Habana, dirige a sus Diocesanos inspirndoles el amor a la Religin y a la Patria: que sostengan sus derechos, su libertad e independencia obedeciendo exclusivamente a las leyes de Dios, y a las que emanen de la Nacin legtimamente consagrada, y que sacrifiquen sus tesoros y sus vidas para la patria y la verdad de la actual guerra con las incursiones de los Bonapartes, Imprenta de la Curia episcopal de Don Estevan Boloa, Habana, 1811. 130. Ibdem.

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P APELES 98 \ 98 \ gnero progresista, aunque de la ms estricta ortodoxia catlica. Y ampliando an ms esta idea, seala: Sin embargo, lo ms extraordinario de todo es que la transformacin que los diputados de Cdiz iniciaban en Espaa se realizaba dentro del espritu cristiano e incluso de la ms estricta ortodoxia catlica (...) Los legisladores de Cdiz son cristianos partidarios de la soberana nacional, de los derechos del hombre, de la separacin de poderes, de la milicia nacional, de la abolicin de los privilegios seoriales (sean los seores laicos o eclesisticos), de la modernizacin de su pas (...) pero son catlicos hasta tal punto que la nica libertad que niegan es la libertad religiosa. A ninguno se le ocurre que los espaoles profesen otra religin. Los legisladores de Cdiz conciben su obra como una integracin de las corrientes modernas en las mejores tradiciones espaolas. Y entre ellos hay noventa sacerdotes, casi la tercera parte de los diputados, la mayora de los cuales figuran en la mayora liberal. 131 Con razn, Marx seala que la Constitucin espaola de 1812 est lejos de ser una imitacin servil de la francesa de 1791, era un producto original de la vida intelectual espaola. 132 Si algo retrata el pensamiento del obispo Espada y su concepcin en trnsito de la Ilustracin al liberalismo, es justamente esa visin de libertades individuales y colectivas dentro de lo ms brillante de la tradicin catlica-espaola. De aqu su entusiasmo constitucionalista por las libertades, tanto para su patria de nacimiento, Espaa, como para su patria de adopcin, Cuba. Pero el obispo hizo ms que apoyar con pastorales y dinero el movimiento constitucionalista. Durante aos haba prohijado a un joven brillante que actuaba como profesor del Seminario de San Carlos y provisor vicario general de la dicesis. Este joven, que haba tenido acceso especial a la biblioteca del obispo Espada, era Juan Bernardo OGavan. El obispo movi todos los resortes posibles para que su hombre de confianza representara los criterios de l os cubanos liberales en la constituyente. En ella, OGavan vot entusiastamente por las reformas liberales, y en particula r su voto estuvo a favor de la supresin del tribunal de la Inquisicin, demostrando los criterios modernistas del grupo de sacer dotes que rodeaban al obispo y que desde haca cierto tiempo tenan enfren tamiento con la Inquisicin por su oposicin al desarrollo del pensamiento moderno en Cuba. Recurdense las dificultades para la introduccin del mtodo pestalozziano en la educacin. El 13 de julio de 1812 llegaban a La Habana, en la goleta Cantbrica, los primeros ejemplares de la Constitucin, aprobada el 18 de marzo del mismo ao por las Cortes de Cdiz. El obispo sonri triunfante. Por primera vez en la historia de Espaa y sus posesiones, rige una Constitucin que garantiza un conjunto de libertades. De esta manera, en Cuba se iniciaba el primer perodo constitucional que se extender hasta 1814. La libertad de 131. Manuel Tun de Lara: El hecho religioso en Espaa ditions de la Librairie de Glove, Pars, 1968, p. 70. 132. Carlos Marx: La Revolucin Espaola Editorial en Lenguas Extranjeras, Mosc, p. 52.

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OBISPO DE ES P ADA / 99 / 99 imprenta, de reunin y de palabra promover un intenso intercambio de ideas polticas entre diversos sectores. En particula r la libertad de imprenta alimenta estas pugnas. Incluso, los elementos contrarios al obispo aprovechan la situacin para atacarlo. El 14 de abril de 1812 es sustituido como capitn general de la Isla el marqus de Someruelos y asume esa funcin Juan Ruiz de Apodaca. Por entonces, aparece uno de los primeros ataques a Espada. Se trata de un folleto annimo. Su lectura mostraba que se haba escrito por miembros del clero secula r Al obispo le llegan noticias de que el autor es el presbtero Francisco Sales Muoz. En consecuencia, lo suspende de todas sus facultades. Espada obtiene ciertos xitos. El 22 de febrero de 1813, las Cortes suprimieron la Inquisicin. De igual forma, se redujo el nmero de conventos. Los beneficios de stos pasaron al obispado; fondos que Espada utilizar en la ejecucin de sus reformas sociorreligiosas. En 1814, el obispo Espada es electo diputado cubano a las Cortes, pero ya era demasiado tarde. En Espaa, 1814 resultaba significativo. Las tropas francesas haban sido expulsadas. Fernando VII retornaba aclamado como monarca. El 11 de mayo, el Rey ratificaba su declaracin de que no jurara la Constitucin y que desaprobaba todos los actos de las Cortes. Poco despus, empezaba la persecucin de los liberales, se reinstauraba el absolutismo y la Inquisicin, se cerraban universidades y teatros, as como numerosos peridicos. Se inici la persecucin de franceses junto a los liberales patriotas que haban luchado por la libertad de Espaa, justamente contra los franceses. El obispo Espada quedaba ahora en una difcil situacin. Y a no se le identificar con la Ilustracin, sino con el liberalismo. P ERODO DE 1814 A 1820. L A POC A DOR AD A DEL REFORMISMO CRIOLLO En junio de 1815 se firma el acta del Congreso de Viena que estableca el predominio de las grandes potencias europeas a partir de la derrota de Napolen Bonaparte. El Congreso instauraba el conservadurismo en toda Europa. La restauracin de los antiguos imperios, la legitimidad de las casas dinsticas, el pacto de defensa contra los movimientos revolucionarios y nacionalistas, constituyeron la base de esta santa alianza contra todos los efectos de las reformas y de las revoluciones. Por toda Europa se extendi la reaccin feudal y monrquica, y se persigui a los revolucionarios y reformistas. Este espritu tambin invadi a Espaa y a Roma. En la primera, Fernando VII derog la Constitucin, reinstaur la monarqua absoluta y desat la persecucin de los patriotas que haban luchado contra la invasin francesa y defendido las banderas constitucionalistas. Comenz a denominarse liberales a los partidarios de las libertades constitucionales, y conservadores, a los partidarios de la monarqua absoluta o Antiguo Rgimen. Con esta connotacin, el concepto de liberal contena una definicin notablemente diferente a la que posee ho y.

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P APELES 100 \ 100 \ En La Habana, el cap itn general Juan Ruiz de Apodaca tom de inmediato, las medidas absolutistas con las cuales simpatizaba plenamente, y se mostr especialmente hos til contra los simpatizantes constitucionalistas, entre quienes se hallaban Espada; su provisor y vicario general, Juan Bernando OGavan; Flix V arel a y otros miembros de su equipo de colaboradores. La nueva situacin de predominio reaccionario cre las condiciones para que los enemigos del obispo, reaccionarios tambin, opuestos al progreso y a la libertad, lo atacaran mediante los ms bajos procedimientos. En particula r el perodo que se iniciaba en 1814 no resultaba perjudicial para los propietarios esclavistas de la isla de Cuba. stos haban mostrado sus simpatas por F ernando VII y en las nuevas circunstancias se aliaron a l. El monarca consider a este poderoso ncleo econmico de su imperio como uno de sus principales sostenes econmico y poltico. Francisco de Arango y Parreo, vocero de los esclavistas cubanos, fue elevado a la condicin de consejero de Indias del rey F ernando. A partir de entonces, las medidas tomadas se consultaron con los esclavistas y por tanto, eran, en general, de su agrado. stos, en justa recompensa, pagaban en oro contante y sonante las necesidades y caprichos del monarca. En general, el pas recibi una fuerte reanimacin econmica. Se incrementaron las entradas de esclavos, se crearon nuevos ingenios, el comercio se ampli y los productos tropicales, azca r caf, y tabaco, se cotizaron mejo r. El obispado se benefici con la nueva situacin econmica, lo cual le permiti continuar sus proyectos de creacin de nuevas instituciones y aumentar la actividad cultural en su dicesis. Si bien los grupos polticos no tenan una existencia legal, el conjunto de intereses econmicos cre un agrupamiento poltico que se debatir en fuertes pugnas internas. Por una parte, la alta burguesa esclavista y sus aclitos, aliados a la monarqua absoluta y por ende, al Antiguo Rgimen. Por otra, la burguesa comercial espaola, residente en Cuba, liberal moderada, muestra su inconformidad con la actitud fernandina de apoyo a su sector rival. En las capas medias de la sociedad, las actitudes son contradictorias. Una masa de espaoles, sin destino ni oficio, trata de desalojar a los criollos de sus posiciones y de encontrar fciles medios de enriquecimiento. El sector de las capas medias ilustradas cubanas se aglutina alrededor del obispo, adoptando una posicin liberal ilustrada, aunque con fuertes contradicciones internas en relacin con el problema de la esclavitud. La pugna poltica se manifiesta en sutiles incidentes. En 1814, OGavan y Apodaca tienen un pequeo, pero significativo enfrentamiento. El Capitn General se quejaba de la costumbre del provisor del obispado al utilizar la media firma en los documentos remitidos a l. OGavan estimaba que la firma era una prerrogativa de su cargo. La discusin, al parecer sin importancia, revela otras intenciones, cuando Apodaca se queja a la metrpoli espaola, el 20 de noviembre de 1815, otorgndole un matiz poltico a la cuestin. OGavan, en su oficio de 20 de marzo de 1816, con los mpetus juveniles que lo aguijoneaban por entonces (y que tanto le pesarn des-

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OBISPO DE ES P ADA / 101 / 101 p us), le escriba al Capitn General acusndolo de traicionar los principios de la Constitucin que deba mantener. 133 Por tal motivo, Apodaca dispuso que OGavan fuese detenido y llevado a Espaa. La orden no se cumpli. Por entonces corri el rumor de que Espada haba amenazado a Apodaca con excomulgarlo en caso de que la llevara a trmino. No obstante, la sustitucin de Apodaca por un nuevo capitn general, parece haber solucionado del conflicto. El 2 de julio de 1816 llegaba a Cuba el nuevo capitn general y gobernador superior poltico, Jos de Cienfuegos y Jovellanos. En el mismo mes, arribaba a La Habana el nuevo intendente general de Hacienda, Alejandro Ramrez. Ambos funcionarios haban sido nombrados para complacer a la alta burguesa cubana. El primero, el general Cienfuegos, era sobrino del economista espaol Gaspar Melchor de Jovellanos, cuya obra, al decir de Ramiro Guerra, era libro de cabecera de Arango y Parreo. El segundo tena una amplia carrera en materia haciendstica que lo converta en un funcionario acorde con las necesidades cubanas. Las relaciones entre el obispo y su grupo y el Gobernador y el Intendente, fueron positivas. En poco tiempo, OGavan y Cienfuegos se acercaron y el obispo pudo ejercer alguna influencia en las decisiones del gobernado r. Ramrez y Espada coincidieron en numerosos aspectos de la poltica econmica a seguir en Cuba. Para beneplcito del obispo, a poco de estar en Cuba, el nuevo Intendente lleg a conclusiones similares a las de Espada. En perfecto acuerdo, ambos empezaron un serio trabajo que puede considerarse el momento de mayor posibilidad, que en toda la poca colonial tuvo el afn reformado r Ramrez uni sus esfuerzos a los del obispo en varias direcciones. El Intendente obstaculizaba la trata y fomentaba la pe quea propiedad, la inmigracin europea y la colonizacin de nuevas tie rras; inici una reparticin justa y simple de la grandes haciendas comunales en favor de los vegueros y de los campesinos que cultivaban los frutos menores. F ue su programa la Cuba pequea es decir una Cuba de pequeos colonos, con una poblacin creciente blanca que absorbiese a la raza negra y se crease con su trabajo propio una existencia modesta, pero suficiente. 134 El plan Espada-Ramrez poda resumirse en lograr una Habana capaz de alimentarse ella misma y donde cada ciudadano encuentra ante su hogar la carne, el arroz y otros alimentos que necesite. 135 El gobernador Cienfuegos tambin apoyaba este plan de colonizacin y fomento de la pequea propiedad. Por primera vez, Espada encontraba las condiciones administrativas para cumplir su proyecto de reformas. Pese al absolutismo y la reaccin conservadora, dominantes en la metrpoli, en la colonia el obispo haba 133. Ibdem (3), p. 77. 134. Heinrich Friedlaender: Historia econmica de Cuba Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, p. 189. 135. Ibdem, p. 189.

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P APELES 102 \ 102 \ hallado condiciones propicias. Pero el plan de Ramrez y Espada daaba los ms sucios intereses en La Habana. Los tratistas de esclavos consideraban al eje obispo-intendente el ms importante obstculo para sus intereses; los grandes propietarios vean levantarse un proyecto contrario por completo a su concepcin latifundiaria y esclavista. Al grupo antiespadista se sumaban ahora los tratistas, as como una parte de los esclavistas. Haba crecido el partido antiespadista y no slo en nmero, sino tambin por su fuerza debido a la posicin social de muchos de sus integrantes. Pero la fuerza del partido espadista tambin haba aumentado. La creacin de varias instituciones culturales y educacionales, como la Academia de Pintura de San Alejandro, constitua el resultado del gil movimiento creador de la alianza Espada-Ramrez. Una juventud ilustrada naca al color del trabajo del obispo. Aunque se es el momento de mayor auge en el proyecto de Espada, en l tambin se exponen las primeras acusaciones contra l. Ello se explica porque la reaccin conservadora en Cuba encontraba un feliz eco en algunas figuras, tambin conservadoras, de Espaa. Una parte importante de los ataques proviene de un sector del clero afectado por el rigor moralizante del obispo. Entre estos papeles se hallan los del presbtero F rancisco Sales Muoz, a quien Espada haba suspendido de sus facultades. Ese sacerdote dirigi dos cartas al Rey en reclamo de su cargo. El 27 de mayo de 1817 se efectu una consulta al Consejo de Indias, y su Sala Primera decidi, el 6 de agosto de ese ao, encargarle a Espada la suspensin de la medida dictada contra Sales Muoz. Por la misma fecha, otros dos sacerdotes, pertenecientes a la parroquia de Managua, Juan Cruz del Junco e Ignacio Fernndez de V elazco, dirigan otro documento a Espaa, en el cual se quejaban de que el obispo los obligaba a vivir en la miseria. Pero, con ms empeo y frases an ms hirientes, lo ataca el arcediano de la catedral Manuel Sobral y Brcena. El 11 de mayo de 1816, esa plaza haba quedado vacante por la muerte de Ignacio Granados. Para cubrirla fue nombrado el ya citado Manuel Sobral. ste nunca vino a Cuba. Sin embargo, se dedic a reunir informacin, totalmente tendenciosa contra Espada, empleando como fuente fundamentadora a personas absolutistas y de ideas reaccionarias. Al parece r el objetivo de Sobral era lograr la remocin del Obispo de La Habana, justamente porque ambicionaba esa dignidad. Por eso, en lugar de dirigirse al Consejo de Indias, lo hizo al Nuncio en Madrid. Su informe contiene graves acusaciones; de hecho, resume los argumentos de los enemigos de Espada. No ofrece prueba alguna; el documento est plagado de eptetos. 136 Poco despus de estos incidentes, el nuncio en Espaa, monseor Giustiniani, hacindose eco de las acusaciones de Sobral y Brcena, inst al Consejo de Indias a tomar medidas para que el Obispo de La Habana fuese juzgado, y mientras se efectuaba el juicio, se le suspendiese de sus funciones eclesisticas. Giustiniani sugera que se designase un administrador 136. Ibdem (3), p. 15.

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OBISPO DE ES P ADA / 103 / 103 para reemplazar a Espada y que para ejecutar estas medidas se usara el poder civil. 137 Qu relaciones existan entre Sobral y Giustiniani para que este ltimo actuara tan de acuerdo con los deseos del primero? No hay duda de que Giustiniani perteneca al sector ms reaccionario del clero que levantaba las banderas contra el liberalismo, como podr comprobarse. El partido antiespadista continu la ofensiva en estos oscuros aos de reaccin absolutista. En 1818, otro incidente motiv el incremento de la litis entre Espada y los sectores reaccionarios. En ese ao, el obispo inici su tercera y ltima visita pastoral. Antes de partir nombr a OGavan gobernador del obisp ado. El maestro-escuela de la catedral, Pedro Gordillo, entr en contradiccin abierta con el prelado, por lo cual ste orden su traslado a otra dicesis de la pennsula, pero el Consejo de Indias no acept esa decisin. No obstante l a abierta actividad del clero conservador contra el obispo reformista, no encontraron suficiente apoyo por parte del Consejo de Indias. Este ltimo, ante la evidente falta de pruebas contra Espada y el carcter difamatorio de la mayora de las acusaciones, orden que el expediente abierto contra l se archivase, y previno al Gobernador para impedir la impresin de algn documento contra el prelado. El nuncio Giustiniani segua manteniendo el criterio de procesarlo y por ello, acudi al cardenal De Prieto, pero este ltimo, despus de estudiar las acusaciones, rechaz esa propuesta y tambin bas su determinacin en la falta de pruebas. El 28 de agosto de 1819, era sustituido en la capitana general de la isla de Cuba, Jos de Cienfuegos. Juan Manuel Cagigal, de ascendencia cubana, muy vinculada a los intereses criollos, ocup el cargo. Desde el principio, el nuevo Capitn General se mostr favorable al trabajo que venan realizando Ramrez en la Intendencia y Espada en el obispado. Pero, pronto, la tormenta poltica estall en la pennsula y se efectu un sensible cambio de condiciones. P ERODO DE 1820 A 1823. E L LIBER ALISMO EN ACCIN El sbado 15 de abril de 1820 entraba en el puerto de La Habana, procedente de la Corua, el bergantn espaol Monserrate Al preguntrse le, desde el Morro, qu carga conduca, respondi: Constitucin! As llegaban a Cuba los efectos de la triunfante rebelin liberal de Riego. Fernando VII haba sido obligado a jurar la Constitucin de 1812, por lo cual se abra un nuevo perodo constitucional, conocido como el trienio liberal, que suprimi el absolutismo, puso en vigencia las Cortes electivas y las libertades constitucionales. En La Habana, la Carla Magna fue impuesta por las tropas espaolas que estaban aqu en trnsito hacia el continente. Los regimientos de Mlaga y Catalua, del primero era jefe el conocido liberal coronel Quiroga, se lanzaron a las calles para imponer el nuevo rgimen. Por su parte, el de 137. Ibdem, p. 82.

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P APELES 104 \ 104 \ Tarragona, al mando de Toms ODonnell, se neg a secundar la actitud de sus compaeros de armas. El Catalua, al mando de Manuel Elizaicin, march contra el Tarragona, y fue preciso que el gobernador Cajigal le enviase la orden de jurar la Constitucin al jefe de este ltimo, para evitar derramamientos de sangre. Junto a los militares, los comerciantes peninsulares se lanzaron a las calles amenazando a quienes les atribuan ser partidarios del absolutismo. El 16 de abril, y bajo amenazas, se oblig al Gobernador a jurar la Constitucin. Al da siguiente en la casa de gobierno, en acto pblico, se efectu la solemnidad constitucional, presidida por el obispo Espada. Un grupo de amotinados intent agredir al intendente Alejandro Ramrez; los haban impulsado los tratistas de negros. De esta forma, se iniciaba, en 1820, el segundo perodo constitucional, breve y agitado, en el cual bulleron las pasiones polticas. En pocos das, quedaron formadas las facciones representativas de los intereses e ideas de los sectores en pugnas. Tres sociedades secretas, de origen espaol, aparecieron en La Habana: carbonarios, comuneros y anilleros. stas slo trasladaron a Cuba las pugnas de las sociedades secretas liberales de la pennsula. Pero otras organizaciones tuvieron un origen muy diferente, nacieron al calor del movimiento independentista latinoamericano. Entre ellas, la de los Soles, la Cadena Triangular y los Caballeros Racionales. Si las primeras estaban constituidas por espaoles, las segundas las formaban los criollos. Otras dos sociedades incidieron en las luchas polticas, aunque respondan al modelo masnico: el Gran Oriente Territorial Espaol Americano, presidido por una eminente figura de la burguesa esclavista, el conde de OReill y y la Gran Logia Espaola de Antiguos y Aceptados Masones de Y ork, de franca influencia norteamericana. Estas dos ltimas instituciones tambin estaban integradas por criollos, pero diferan entre s. La primera responda a los criollos de ms alto rango y por tanto, nunca se proyect como independentista; la segunda era una institucin creada bajo los auspicios del fuerte grupo poltico de Filadelfia, Estados Unidos, y se manifest con una clara tendencia anexionista y antiespaola, tanto en Mxico como en Cuba. Sobre este perodo y sus tendencias polticas puede verse mi obra Flix Varela. Los rigenes de la ciencia y con-ciencia cubanas (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997). La prensa poltica emergi con fuerza. Las pugnas en los peridicos caracterizaron el perodo, e, incluso, algunos elementos, poco escrupulosos, utilizaron la libertad de prensa en funcin de ambiciones mezquinas. El obispo y sus colaborantes reorientaron sus proyecciones. Por una parte, se trat tanto por Ramrez como por Espada de continuar el trabajo que se vena haciendo. Por otra, este ltimo se sinti profundamente satisfecho con el derrumbe del absolutismo y la entrada en vigor de las libertades constitucionales. De nuevo, la Sociedad Econmica de Amigos del Pas resultara su principal apoyo. El obispo estaba convencido de que

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OBISPO DE ES P ADA / 105 / 105 deban extenderse entre los cubanos los fundamentos tericos de la Constitucin; que deba explicrsele a la juventud cubana el contenido de los conceptos bsicos de pueblo, soberana, patria, libertad, constitucin, derecho natural, contrato social y otros. Meditando en esta idea, le lleg una carta, de fecha 14 de septiembre de 1820, del intendente Alejandro Ramrez, quien ocupaba ahora la direccin de los amigos del pas, en la cual le deca: Tengo el honor de acompaar a V .E.I. copia certificada del acta de la junta ordinaria de la Sociedad, de 11 del corriente, relativa a la creacin de una ctedra de Constitucin, que quiere poner bajo los auspicios de V .E.I. en justo aprecio de las eminentes cualidades que concurren en su venerable persona. A lo cual tengo que aadir por mi parte, sino la gran satisfaccin que me resulta de ser el rgano por donde la sociedad presenta a V .E.I. su testimonio, el ms merecido, de su consideracin y respeto. 138 El acta que acompaaba la carta expresaba lo siguiente: Certifico: que en junta ordinaria del 11 del corriente, se trat, entre otras cosas, lo siguiente: Ledo el acuerdo de la junta preparatoria de 5 del presente, se aprob el pensamiento que propone, de que, para generalizar y rectificar cada vez ms la inteligencia de la Constitucin poltica de la monarqua cuya enseanza est recomendada por repetidas Reales rdenes, se establezca una ctedra de Constitucin costeada por los fondos de la Sociedad, con la asignacin de mil pesos anuales, a la cual se optar por todos los trmites de una rigurosa oposicin. Y queriendo la Sociedad, en conformidad del mismo acuerdo, dar al establecimiento mayor impulso y realce, acord rogar al Excmo. e Illmo. Seor D. Juan Daz de Espada su dignsimo socio honorario, que se sirva admitirlo bajo su inmediata proteccin y dependencia, recibiendo ste como un testimonio de alto concepto que le merecen al Cuerpo patritico las circunstancias personales de ilustracin, buen celo y acreditado amor a la Constitucin, que en S.E.I. concurren. Que obtenida, como es de esperarse, la anuencia de S.E.I. quede a su entera voluntad y eleccin, el local donde haya de situarse la ctedra, la formacin del Reglamento, nombramiento de la persona que pueda representarla en la presidencia de las oposiciones, y por esta vez, la eleccin del individuo ms digno para el empeo de esta importante enseanza. 139 Tiempo despus, los enemigos del obispo lo acusaron de constitucionalista. Realmente, al parece r nadie en La Habana lo dudaba. Por lo menos, en esta carta de los amigos del pas se sealaba el buen celo y acreditado amor a la Constitucin de Espada. Pero su respuesta lo sita como un verdadero lder del movimiento de difusin de los principios constitucionales que hacan pedazos al absolutismo e inculcaban las ideas de los derechos del pueblo. Este ilustre cuerpo que con los talentos y el infatigable celo de V .S. como su digno Director ha dado tantas y tan solemnes pruebas 138. Biblioteca de Literatura y Lingstica: Acta de la junta ordinaria de la Sociedad Econmica de 11 de septiembre de 1820 139. Ibdem (111), p. 100.

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P APELES 106 \ 106 \ de amor al bien pblico, en los objetos de primera utilidad y muy principalmente en ramo de la educacin, ha querido coronar sus tareas erigiendo y dotando, con mano liberal, la escuela de la Constitucin poltica de la monarqua, para que los espaoles de este precioso suelo [es deci r los cubanos] conozcan los verdaderos y slidos principios de l a legislacin fundamental del Estado, y conciban las ms altas esperanzas de prosperidad futura. Un hombre clebre en la ciencia legislativa dice que las mejores leyes polticas y las mejores leyes civiles son el mayor bien que los hombres pueden dar y recibi r Los que se empean en hacer estudiar y conocer el sabio cdigo de la legislacin nacional hacen tambin un eminente servicio a sus conciudadanos. 140 Este ltimo documento permite analizar las ideas del obispo. La frase con mano liberal es el indicio de que su pensamiento ilustrado ha transitado a pensamiento liberal y an ms, al hablar de la Constitucin expresa que ella se basa en verdaderos y slidos principios. De inmediato, el obispo se da a la tarea de elaborar el reglamento que debe regir la ctedra. El 3 de octubre ya lo tiene terminado. Pero quin deba desempearla? Espada encontr rpidamente al hombre capaz de consagrarse a estos esfuerzos. Si importante fue la ctedra de Filosofa, la de Constitucin tambin lo era. Por eso, el hombre en quien haba recado la reforma de la filosofa en Cuba era, por su integridad y capacidad, el indicado para inculcar el conocimiento de los derechos del pueblo. Ese hombre era el presbtero Flix V arela y Morales. Por aquellos das del prolongado y chapoteante esto insular gir el Obispo visita al Colegio [Seminario de San Carlos]. Sin aparentar otra preocupacin habl, como de costumbre, con los escolares, les hizo preguntas y finalmente, con V arela cogido del brazo y camino del saloncito solitario, le espet como quien cae de las nubes: He odo decir que te preparas para las oposiciones de Constitucin? Le han informado mal Ilustrsima, respondi asombrado el Presbtero. Quizs, volvi a decir el Obispo. Pero me alegr tanto la noticia! Me imaginaba al maestro de la juventud habanera, orientndola ahora en el buen uso de la libertad. Por supuesto que Su Ilustrsima me halaga, pero no soy el indicado a ese meneste r Para ensear Constitucin se necesita una persona aficionada al derecho; aun, que le guste la poltica. Pudiera se r replic el Obispo con cierta reticencia, pero diferimos mi joven catedrtico, en que lo que t sealas se suple con talento, y lo que yo busco no se encuentra fcilmente. Lo que de veras se necesita es un hombre joven y enrgico, de moral acrisolada, respetado y admirado por la juventud y no mal visto por ninguno de los partidos. Ese hombre, pienso que eres t. 140. Ibdem, (111), p. 101.

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OBISPO DE ES P ADA / 107 / 107 Su Ilustrsima me confunde, dijo V arela enrojeciendo hasta la raz de los cabellos. No merezco la exaltacin que me hace, pero se lo agradezco infinito, porque sus palabras me confortan, me alientan a perseverar en mi trabajo... Hubiera continuado en sus excesos, pero el Obispo le interrumpi para reprocharle y despus afirmarle: Ahora eres t quien me confundes a m. Nada he dicho que no te merezcas. Por eso, te mando a que te presentes. T tienes gran talento, y con poco tiempo de estudio podrs desempear la ctedra tan bien como el primero. Pero..., trat de argir V arela. Pero, volvi a zanjar el prelado, las oposiciones se harn de aqu a seis meses; y ese es el plazo que te concedo. Una sonrisa ilumin su semblante, como dando a entender que su tenacidad haba saltado otro insalvable escollo, de los muchos que le haba tocado vencer. 141 El 18 de enero de 1821, en el Aula Magna del Colegio-Seminario de San Carlos, inici V arela la nueva ctedra: Si he de llamar por algn nombre a esta ctedra, ser por el de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantas nacionales, la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las Leyes con la Filosofa. En fin, los estudios que contienen al fantico y al dspota y conservan la religin. 142 Se haban matriculado 193 personas y para escuchar al catedrtico no alcanzaron los asientos. Y entre quienes escuchaban aquella primera leccin estaba el obispo. A este ltimo, a poco, no le bast con que las lecciones de V arela se escucharan por alumnos. Solicit el texto e hizo que se imprimiera. As aparecieron publicadas las notables Observaciones sobre la Constitucin de la Monarqua espaola de Flix V arela. La importancia de esta ctedra en la historia de Cuba es enorme. Una parte notable de la juventud habanera se adhiri a las nuevas ideas e inici la bsqueda poltica a partir de un slido conocimiento de los nuevos conceptos que revolucionaban al mundo. Los hombres que despus cubrieron toda una poca en la historia de Cuba, ocuparon asiento en aquella ctedra. 141. Antonio Hernndez Travieso: El padre Varela. Biografa del forjador de la conciencia cubana Jess Montero, Edito r, La Habana, 1949, pp. 192-193. 142. La versin que insertamos en el texto aparece en la obra citada de Csar Garca Pons (p. 162). Jos Ignacio Rodrguez en su obra citada coloca como Apndice VII, el discurso completo. Esta versin, ms completa, difiere en algunos aspectos de la de Garca Pons. A continuacin la versin de Rodrguez: Fcil me sera prodigar justos elogios a este nuevo establecimiento debido al patriotismo de una corporacin ilustrada y al celo de un Prelado, a quien distinguen ms que los honores, las virtudes: y yo llamara a esta ctedra, la ctedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantas nacionales, de la regeneracin de la ilustre Espaa, la fuente de las virtudes cvicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad, la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las leyes con la filosofa, que es deci r las ha hecho leyes: la que contiene al fantico y dspota, estableciendo y conservando la Religin Santa y el sabio gobierno.

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P APELES 108 \ 108 \ Saco, Luz y Caballero, Heredia, Domingo del Monte, Escobedo, Govantes, Del Valle, Betancourt Cisneros y Anacleto Bermdez, entre otros muchos. Porque lo enseado por V arela all no slo era el texto constitucional, sino, ms bien, las bases tericas de la soberana del pueblo, de las libertades individuales y colectivas, y sobre todo, el contenido mismo del concepto de patria. All, dentro de los muros de San Carlos, nacan los fundamentos de un nuevo patriotismo y con l, la expresin de un fuerte sentimiento de nacionalidad desligado de las limitantes de la alta burquesa esclavista. 143 Por entonces, la lucha poltica se haba incrementado. Un fuerte grupo de peninsulares, bajo la bandera de un liberalismo libremente interpretado, atacaba con los ms sucios argumentos a los criollos y en particula r a algunas figuras que no militaban en su partido. La campaa difamatoria la diriga un cura: Toms Gutirrez de Pieres y un peridico: To Bartolo. En un momento se centraron sobre el intendente Ramrez. Los bigrafos de este ltimo sealan que, ante los ataques injustificados de sus enemigos, Ramrez sufri de una fuerte calentura cerebral que le ocasion la muerte 24 horas despus, el 20 de mayo de 1821. Por esos mismos das, De Pieres y To Bartolo pedan la cabeza de Romay, slo porque ste haba obtenido la Secretara de la Diputacin Provincial que el cura quera para s. 144 El mismo grupo tambin acusaba, por entonces, al padre Agustn Caballero, porque ste censuraba la actitud del grupo espaol ante la libertad de prensa. Como era lgico, el obispo no escap a los ataques. Mas, sus enemigos prefirieron impugnar a los colaborantes y no al obispo mismo. En realidad, el grupo liberal-ilustrado que lo rodea va ganando posiciones en todas partes. Puede considerarse que sta es la poca en que el partido espadista alcanza sus mayores logros polticos. Y llama la atencin que se han incorporado otras nuevas figuras procedentes de la juventud cubana: Luz y Caballero, Heredia, Del Monte, Betancourt Cisneros, Santos Surez y Saco, entre otros muchos. En particula r las elecciones de 1821 resultaron ms violentas que las de 1820. El obispo debi meditar largamente en ellas. Quiz no haba llegado el momento del ataque a fondo contra los dos problemas principales del pas: la esclavitud y la relacin colonial? Pero qu hombre sera capaz de 143. En la nota de la pgina 103 de su obra citada, Jos Ignacio Rodrguez inserta esta sin dudas interesante observacin de Justo de Zaragoza en su obra Las Insurrecciones en Cuba : El Obispo Don Juan Daz de Espada y Landa, arrastrado por las corrientes de las reformas (...) nombr primer profesor propietario de la Ctedra de Derecho Poltico, erigida con fondos de la Real Sociedad Econmica, al venerable Don Flix Varela, regenerador de la filosofa en la isla de Cuba, y en gran parte de Amrica, segn lo llaman algunos de sus apasionados partidarios de la escuela cartesiana (...) En 1820 le oblig el Obispo Espada a desempear la Ctedra de Constitucin (...) Los discpulos de V arela formando escuela pronto constituyeron el primer ncleo de los polticos cubanos (...) El Presbtero Varela contribuy mucho a la revolucin de las ideas en Cuba. 144. Francisco Calcagno, ob. cit., p. 535.

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OBISPO DE ES P ADA / 109 / 109 lanzar tan audaz golpe contra los intereses ms altos de la metrpoli y de la colonia? Espada debi pensar en este elemento clave. Tena que ser un hombre de una integridad acrisolada, convencido de las nuevas ideas y de una valenta a toda prueba. De nuevo, ese hombre era V arela. Por eso acudi una maana a visitar a su predilecto profesor y le rog, no le orden, que aceptara uno de los puestos de diputado a Cortes: Y o soy contrario a la esclavitud, le dijo V arela, y si fuese diputado hara lo contrario a lo que el Ayuntamiento, la Diputacin y el Consulado ordenen. Y o trabajara por suprimirla. Aprend a odiarla desde nio, y no concibo la falacia sacrlega con que los hombres blancos pretenden someter al negro, afirmando que constituyen una raza maldita y embrutecida. Note Su Ilustrsima, cuando se proclam la Constitucin, como los negros, que siempre son los primeros en participar del regocijo popula r se abstuvieron de asistir a los festejos. Por otra parte, no son tan torpes cuando ellos son los mejores operarios con que cuenta La Habana, y bien conoce Su Ilustrsima, que antes de establecerse la Academia de pintura, los nicos artistas con que contbamos eran de colo r Y hay justicia mantenindolos esclavizados como una perenne amenaza al blanco? En menos de siete aos ha habido dos insurrecciones de negros. No cree Su Ilustrsima que quien primero hable de independencia los tendr de su parte? Puede ser tambin que algn da, de continuarse con la esclavitud, suceda el mal horrible de Santo Domingo, y por qu los mismos que aluden tanto a Santo Domingo no se previenen de una vez aboliendo la esclavitud? Le repito que no soy el hombre para ir a Cortes, no servira a los intereses espurios de comerciantes y hacendados, servira a los de mi patria y los de mi patria no son esos. Adems, entre estos intereses estara por encima de todo, propugnar la descentralizacin de las colonias fieles a Espaa, y reconocer la independencia de las que se han liberado. Los odios debe zanjarlos la antigua madre y en cambio formalizar tratados de comercio con las hijas, que quizs compensen todos los gastos y miserias ocasionados hasta ahora. Tal vez as me atraiga la simpata de los de ac, pero, cree Su Ilustrsima que dejaran de odiarme por lo de la esclavitud? Y los de all no me odiaran, escudados en el falso pundonor que les llev a reconocer la cesin de la Florida Occidental y ahora se aprestan a ceder la Oriental? Y si propusiese la secularizacin universitaria, y la expansin del Colegio hasta contener todos los estudios superiores que San Gernimo ha menospreciado? Tendr, sin duda, las simpatas de un gran ncleo de opinin, hasta la propia Direccin de estudios me apoyara. Pero cuando a sta diga que es absurdo y atrasado, esa prendida unidad de programa que supone a una hora determinada, con el mismo espritu, se expliquen idnticas materias en todas las casas de educacin de la monarqua, no juzga Su Ilustrsima que tambin me enajenar la buena voluntad de tan importante corporacin? El Obispo permaneca apaciblemente tranquilo, hasta sonriente. El Presbtero le mir. El Obispo hizo un gesto enigmtico. Me marcho, dijo

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P APELES 110 \ 110 \ levantndose. Mientras sala pronunci enrgicamente: Pienso que sers el mejor diputado a Cortes que tenga La Habana! 145 El obispo Espada haba encontrado al hombre con el cual tena una comunidad de ideas poco comn. V arela en las Cortes era como si l mismo estuviera all. Por ello, puso todos sus recursos en lograr su eleccin. V arela no tena, realmente, fondos para tal empresa, slo la tenacidad y los recursos del obispo podan lograr la eleccin del sacerdote. Y lo logr. F ue una batalla contra los integristas, los negreros y los hacendados. Para colmo, en la eleccin acompaaron a V arela dos de sus discpulos, Toms Gener y Leonardo Santos Surez. Para que se vea quines eran los enemigos de Espada y pueda medirse el carcter de las acusaciones que lanzaron contra l, digamos aqu que, apoyados en el anonimato, afirmaban que V arela era un prfido, que gracias a sus altos crmenes haba logrado el apoyo del obispo, quien le dio 2 000 pesos para su traslado a Espaa. sa era la opinin calumniosa que los enemigos de Espada tenan de una de las ms limpias y grandes figuras de la historia cubana. Otro triunfo logr el obispo. En las elecciones de la Diputacin Provincial, ninguno de los antiguos miembros haba sido reelecto; mientras, tres alumnos de V arela ocupaban cargos en la ciudad. Antes de partir V arela para Espaa a ejercer su nueva misin, Espada le encomend otra delicada cuestin. Designar a sus sucesores en las ctedras de Filosofa y de Constitucin. V arela recomend a Jos Antonio Saco para la primera y a Nicols de Escobedo para la segunda. Estas proposiciones se ratificaron por el obispo, quien debi sentirse satisfecho de que dos jvenes cubanos salidos de las enseanzas del Seminario continuaran la labor emprendida en provecho de la patria. Sin embargo, stos eran los ltimos triunfos. La Santa Alianza se confabulaba para invadir Espaa, derrocar el rgimen constitucional y reimplan tar el absolutismo. Ante la amenaza, Espada tuvo un nuevo gesto constitucionalista, casi religioso. Los restos del Gran Almirante Cristbal Coln haban llegado hac a poco a La Habana. Propuso, y llev a vas de hecho, coloca r e n el mismo nicho donde se guardaban los restos del Almirante de Indias, una caja de caoba que contena un ejemplar de la Constitucin, junto con una medall a de oro. En la tapia de mrmol blanco hizo inscribi r en le tras de oro, la siguiente frase: Oh restos e imagen del grande Coln. Mil siglos durad unidos en la urna. Al Cdigo santo de nuestra nacin. 146 En Espaa, V arela se bata desesperadamente. En Cuba, el obispo haca otro tanto. Pero las horas del constitucionalismo estaban contadas. Para ambos se acercaban das difciles. El ejrcito francs de los Cien Mil Hijos de San Luis invadi Espaa en nombre de la Santa Alianza. El fin resultaba inminente. Pero todava Espada y V arela tuvieron una grata satisfaccin. En medio del cerco de la soldadesca de la reaccin, a las Cortes espaolas 145. Ibdem (141), pp. 198-199. 146. Ibdem, p. 228.

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OBISPO DE ES P ADA / 111 / 111 lleg una carta firmada por los alumnos del Seminario de San Carlos de La Habana. Histricamente, es acaso el primer manifiesto por la libertad de un grupo de estudiantes cubanos. La juventud, formada al color de la obra de Espada y V arela, expresa una de las ms bellas pginas que en aquel contexto podan escribirse. Por su inters la insertamos ntegramente: Los alumnos de la clase de Constitucin, establecida por la Sociedad Patritica en el Colegio Nacional de San Carlos de La Habana, se presentan con el respeto que inspira la sabidura y el entusiasmo de la libertad ante el augusto Congreso de las Espaas a ofrecer los sentimientos de su patriotismo, y consagrar en el mismo santuario de las leyes sus votos incesantemente pronunciados de constitucin y aborrecimiento a la tirana. Cuando por todas partes resuena el grito de la indignacin espaola contra los dspotas insensatos, que pretenden su envilecimiento y servidumbre; cuando la opinin pblica resentida a fuerza de tantas calumnias y difamaciones condena a eterna execracin las denigrantes notas de los gabinetes extranjeros; y cuando la ilustracin establecida y propagada por la santidad de los principios liberales se apresura a desvanecer y destruir los sofismas monstruosos del delirio desptico, la juventud laboriosa y ardiente de La Habana dedicada al estudio del Cdigo fundamental, objeto de sus delicias y adoraciones, y blanco hoy de los tiros ensangrentados y de la rabia de los tiranos, quisiera lanza r arrebatada de su enardecido liberalismo un grito de adhesin y libertad, que atravesando rpidamente la inmensidad de los mares, resonase vigoroso y esforzado en el mismo centro de la capital de las Espaas. Pero no es posible que al arder los deseos correspondan los gravsimos inconvenientes de la distancia, y slo una esperanza recreadora anima y consuela al considerar que este corto y expresivo testimonio de sus patriticos y constitucionales sentimientos llegar a orse en el Congreso respetable, que ha dado al universo esclavizado un espectculo grandioso de sabidura y herosmo. Las generaciones futuras, la humanidad misma recordar con enternecimiento la memoria de unos sucesos tan admirables y gloriosos. La historia transmitir con el esplendor y gravedad que acostumbraba en la na rracin de los hechos grandes; y el modelo de la virtud y de la gloria se encontrar nicamente en los fastos memorables de la regeneracin de Espaa. All se ver la virtud calumniada y perseguida, despreciar la honrosa atrocidad de los opresores; all los amantes de la libertad del hombre observarn la consagracin casi divina de los principios conservadores de todo orden, de toda sociedad, de toda justicia; all, Legisladores inmortales, recibid en medio de la gratitud y del amor ms encendido la sincera expresin de una ciudadana, que aunque apartados dolorosamente de la escena de tan notables acaecimientos polticos, sus corazones no anhelan otra cosa que la felicidad de la nacin, su independencia y libertad. 147 147. El Revisor Poltico y Literario no. 19, 14 de abril de 1823, pp. 2-3.

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P APELES 112 \ 112 \ 148. Manuel Tun de Lara: La Espaa del siglo XIX Club del Libro Espaol, Pars, 1961, p. 46. Si bien todo ello estaba dicho en funcin de la realidad espaola, los principios sustentados eran el necesario abono para exigir que se meditara en la realidad cubana. Por su parte, Espada encabez una lista de donantes a la causa constitucionalista contra el invaso r Aport de su peculio personal 5 015 pesos. El resto de los miembros de la curia donaron 510 pesos. Pero nada impidi la cada del rgimen liberal. Fernando VII aboli la Constitucin y reinstaur la monarqua absoluta. En consecuencia se suprimieron de nuevo todas las libertades pblicas e individuales. El 8 de diciembre de 1823 lleg a Cuba la noticia de la cada del rgimen constitucional, y por los decretos del 3 y 20 de octubre se conoci la anulacin por el Rey de los actos del gobierno constitucional. El obispo tuvo una sola manera de expresar sus sentimientos. No asisti al Te Deum celebrado en su catedral en accin de gracias al restablecimiento del absolutismo; tampoco asisti a los oficios de Noche Buena. En ambos casos aleg estar enfermo; no obstante, como obispo, estaba obligado a enviar sus felicitaciones al Re y No es posible saber si tuvo conciencia de lo que le esperaba. Todas las fuerzas que se haban incubado contra l, se encontraban en las mejores condiciones para el ataque. Su posicin resultaba precaria por el furor reaccionario y represivo que se desataba desde Espaa, y sobre todo, por su comprometida posicin liberal-constitucionalista. La defensa estoica e inteligente era lo nico que le quedaba por hace r ... hasta tiempos mejores. P ERODO DE 1823 A 1832. L A REACCIN ABSOL UTIST A EN ACCIN La cada del rgimen constitucional en Espaa provoc la instauracin en el poder de los sectores ms reaccionarios, enemigos de todo tipo de libertades y partidarios del ms frreo absolutismo. Esos elementos desataron la ms cruel y despiadada represin contra constitucionalistas y liberales. El 1ro. de octubre de 1823, Fernando VII firmaba un decreto que suprima todos los actos del gobierno constitucional. El 7 de noviembre, en otro decreto, expresaba el principio que negaba la soberana del pueblo: Con el fin de que desaparezca para siempre del suelo espaol hasta la ms remota idea de que la soberana reside en otro que en mi real persona.... 148 Al explicar este momento de la historia espaola, el historiador Tun de Lara escribe: Tranquilizado con la presencia del ejrcito francs, Fernando VII se entreg a una de las represiones ms desenfrenadas que ha conocido nuestra historia (y no son pocas!). Los mayorazgos fueron reimplantados, los gremios tambin; la reforma universitaria anulada de un plumazo. Se cerraron las universidades de provincia (secundarias) y se suprimieron las peligrosas enseanzas de matemticas y astronoma, a las que se preferan la msica, la danza y

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OBISPO DE ES P ADA / 113 / 113 149. Ibdem, p. 47. 150. Ibdem, p. 46. 151. Roque Garrig: Historia documentada de la conspiracin de los Soles y Rayos de Bolvar Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1929, t. I, p. 243. la esgrima. En 1830, el monarca cerr de un plumazo todas las universidades, incluso la catalana (restaurada por l en Corvera en lugar de Barcelona), que estaba lejos de la funesta mana de discurrir. Los mejores hombres de ciencias tuvieron que emigra r como el naturalista La Gasca, o sufrieron toda suerte de persecuciones, como el gelogo D. Casiano del Prado o el matemtico Rodrguez Gonzlez. Dirase que la vida nacional estaba obligada a petrificarse por real decreto. Sirva de ejemplo que slo se admita la existencia de una poblacin de diez millones, segn el censo de 1803, porque el censo de 1821, que daba 11 248 000 habitantes, estaba hecho por los liberales. Es preciso exterminar a los negros [nombre peyorativo dado a los liberales] hasta la cuarta generacin, deca el peridico fernandino El Restaurador 149 La situacin lleg a tales extremos que el propio rey francs Luis XVIII debi recomendar a Fernando que se alejase de la ciega arbitrariedad que, lejos de aumentar el poder de los reyes, lo debilita. 150 Estas circunstancias constituyen el primer elemento a considerar al juzgar las acusaciones contra el Obispo de La Habana; no es casual que a partir del triunfo absolutista se iniciara la campaa contra l. En Cuba, el capitn general Francisco Dionisio Vives tuvo que maniobrar con habilidad para evitar los peligros de esa represin desmedida del absolutismo en este perodo. Estos peligros venan de dos fuentes distintas: los liberales peninsulares y un amplio sector de la juventud cubana. Numerosos conatos de rebelda se produjeron en la Isla. Algunos, de oficiales espaoles liberales, como el del alfrez Gaspar Antonio Rodrguez, quien, junto con unos pocos lanceros, se pronunci por la Constitucin en Matanzas el 23 de agosto de 1824. Otros intentos antiabsolutistas, como el de la logia de Vereda Nueva, se disolvieron por la partida de Armona a planazos. Pero el movimiento ms fuerte de oposicin adquiri dimensiones que trascendan la pugna espaola entre el pensamiento liberal y el pensamiento absolutista. Tena por base el hecho de que la independencia poda estar contenida entre las libertades a las cuales se aspiraba. Este grupo de la juventud cubana constituy uno de los movimientos ms significativos de la poca, conocido como la conspiracin de los Soles y Rayos de Bolva r En el juicio por esta conspiracin, el fiscal, F rancisco Hernndez de la Joya, manifest que el mayor nmero de los encausados eran jvenes irreflexivos e incautos y candorosos campesinos. 151 El estado conspirativo en que viva la Isla preocupaba grandemente al Capitn General y su poltica se encamin a evitar cualquier hecho que produjese una alteracin sustancial en la situacin del pas. En cuanto a la poltica general del absolutismo fernandista, en esta etapa se observan algunas rectificaciones de sus posiciones anteriores. Sobre

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P APELES 114 \ 114 \ todo, su distanciamiento de la poltica de cambios en el status de la Isla. Si, en el perodo de 1814 a 1820, su absolutismo permiti que hombres como Alejandro Ramrez y el obispo Espada elaboraran y llevaran a cabo proyectos reformistas diferentes al de la burguesa esclavista en particula r, impulsando el desarrollo del pequeo propietario agrcola, en este perodo de reaccin absolutista (1823-1832), su poltica se caracterizar por el abandono de esta opcin y por la estrecha alianza al sector ms conservador de la alta burguesa esclavista que, a su vez, contena un programa de control de la pequea produccin campesina censatoria. Con ello, la concepcin plantacionista va a adquirir su pleno respaldo y esta clase apoyar de manera decidida toda la gestin de la Corona; incluso, la de la reconquista de Amrica. El enigmtico y silencioso Claudio Martnez de Pinillos, conde de Villanueva, cubano por dems, ser el nuevo intendente de Hacienda con una concepcin diametralmente opuesta a la de Ramrez. Esclavista, tratista y plantacionista, las concepciones de Villanueva protegern, consolidarn e incrementarn, de manera nunca antes alcanzada, el rgimen esclavista en Cuba. En esas condiciones, la situacin de Espada y sus colaborantes se hizo difcil en extremo difcil. An ms, el grupo inicial qued profundamente dividido en dos bloques. Si bien todos seguan considerndose liberales opuestos a la monarqua absoluta y al viejo mundo feudal, la forma de asumir estos principios estuvo condicionada por su posicin ante la esclavitud y el rgimen colonial. Por una parte, estaba el evidente independentismo de Flix V arela. Para este pensado r la esclavitud resultaba incompatible con los principios liberales y la independencia, el derecho del pas a encaminar su destino por sus propios cauces. En la posicin contraria estaba Juan Bernardo OGavan. Para este liberal, la esclavitud constitua la fuente misma de la riqueza cubana y cualquier movimiento independentista podra desatar los peligros sociales latentes en el sistema esclavista y la ruina del pas. Por ello, era un firme partidario de la unin a Espaa. Entre las dos posiciones disonantes exista una amplia gama de matices y un amplio espectro de actitudes polticas, cuyo punto intermedio se hallaba entre quienes sostenan la posibilidad de un rgimen descentralizado y la prohibicin de la trata. Esta posicin intermedia estuvo representada en el reformismo de Saco y Luz y Caballero, el cual poda interpretarse como una va moderada para alcanzar el objetivo vareliano. La posicin del Obispo de La Habana se debilitaba. Algunos de sus colaborantes, como V arela, tenan que refugiarse en el extranjero. Otros, aunque en Cuba, fueron desarmados por el ciego y desmesurado ataque del absolutismo. Adems, el grupo estaba dividido. Haba llegado el momento en que los enemigos de Espada podan atacarlo. El primer documento acusatorio correspondiente al 15 de diciembre de 1823, estaba firmado por el arzobispo de Santiago de Cuba, Joaqun Oss y Alza, y dirigido al gobierno de Madrid. En l se le atribuan ideas antirreligiosas. Paralelamente envi otro documento a la Curia Romana en el cual lo acusa-

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OBISPO DE ES P ADA / 115 / 115 152. Fidelsimo Pueblo de la Habana 26 de junio de 1824, primer annimo (copia mecanografiada en poder del autor). 153. Fidelsimo Pueblo de la Habana 29 de mayo de 1825, segundo annimo (copia mecanografiada en poder del autor). 154. La casa del obispo Espada result una pieza importante en su actividad. En los Espolios de Espada obrantes en el Archivo Nacional, leg. 361, existen importantes elementos ba de ser partidario del Concilio de Pistoya, condenado por la Iglesia catlica. La lectura de los documentos publicados por Espada en La Habana, as como toda su actuacin, descrita en esta obra, reflejan su profunda religiosidad, y Oss no pudo probar sus acusaciones. No obstante, resultan ms claras las intenciones del arzobispo, si se tiene presente que, desde 1792, se haba manifestado contra la divisin de la dicesis de Cuba, pues consideraba la dicesis de La Habana perjudicial a sus intereses. Sin embargo, los documentos ms conocidos y ms divulgados contra el obispo fueron dos annimos, firmados con el irnico ttulo de Fidelsimo Pueblo de La Habana Constituyen un resumen de los ataque a Espada: hereje, antirreligioso, cismtico, revolucionario, constitucionalista, independentista, malversador de rentas y capitales ajenos, perturbador de la tranquilidad pblica, violento, vengativo, sacrlego y sobre todo, corruptor de la moral y de la juventud de la poca. En estos documentos se revela que el acento de las acusaciones recae no en el problema religioso sino en el problema poltico. En el primero, se le acusa a l y a sus facciosos liberales de introducir la masonera en Cuba, de conspirar abiertamente por la independencia de la Isla, de lograr en repetidas ocasiones la eleccin de diputados a Cortes de sus partidarios. Se acusa a V arela de prfido y de haber cometido altos crmenes, y se seala al Seminario de La Habana como el centro conspirador y a sus catedrticos y alumnos como activos conspiradores. 152 El segundo de estos annimos afirma que Espada sostena en Baltimore a V arela y a sus compaeros. Veladamente, en el primer annimo le atribuyen la paternidad de Justo Vlez. 153 En realidad, refutar estos argumentos carece de inters, pues no existe un solo hecho probatorio sobre su veracidad. En lo referente a su devocin religiosa, los documentos que acompaan esta obra como lo antes sealado demuestran su sincera ortodoxia catlica. Pero resulta interesante observar que todos aquellos que no comprendieron la necesidad de adecentar la Iglesia, de eliminar la corrupcin moral de una parte del clero, y de elevar la dignidad del culto, son, precisamente, quienes no pueden entender el sentimiento religioso modernista del Obispo de La Habana. En relacin con la acusacin de masn, en verdad, no existe hasta ahora ninguna prueba documental, o de otro tipo, que lo corrobore. Ciertamente, durante este perodo, en Espaa, algunos sectores liberales se vincularon a la masonera e, incluso, algunos historiadores le han atribuido el triunfo liberal de 1820 a esta institucin. Quizs, esto explique el inters de los enemigos del obispo de presentarlo como masn. Adems, llegaron a afirmar que en su casa exista una logia. No obstante, no aportan elementos veraces. 154 Por ejem

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P APELES 116 \ 116 \ sobre la casa del obispo. Otras fuentes, como los apuntes de Bachiller y Morales, completan la visin de ella. Sin lugar a dudas fue uno de los centros de irradiacin cultural de Espada. Ubicada en el paseo de San Luis Gonzaga la cambi por la que el obispo Compostela haba adquirido en la calle de los Oficios expresaba su gusto neoclsico. En sus paredes se encuentran escenas del Quijote, leos de San Pedro, San Pablo, Santa Isabel, Mara Magdalena (la pecadora redimida), Coln y Clemente XIV (el Papa que disolvi la Compaa de Jess, casualidad?). La casa cuenta con un oratorio. Uno de los elementos ms importantes es la biblioteca. La trajo consigo de Espaa y la continu incrementando en Cuba. All estn Locke y Condillac, Horacio y Virgilio, Plauto y Marcial, Plutarco y Lucrecio. De ella se sirve la muchachada del Seminario. Son contertulios de Espada el arzobispo V alera, los presbteros V arela, OGavan y Manuel Echevarra y Pealver. Resulta interesante que a este ltimo lo trataron de utilizar contra Espada. A estas reuniones, en las cuales discuta de literatura, religin, filosofa y por qu no? de poltica, es a lo que le llamaban los ignorantes y mal intencionados, logia masnica. Por entonces, para muchos, esta institucin se consideraba satnica, enemiga de la Iglesia y del Estado. Catalogar aquel lugar de cultura, rodeado de columnas neoclsicas no pocos las asociaban con las columnas masnicas, como una logia, era lanzar una acusacin efectista contra el prelado y los hombres que lo rodeaban. 155. Aurelio Miranda y lvarez: Historia documentada de la masonera en Cuba Molina y Ca., Impresores, La Habana, 1977, pp. 122-129. 156. Flix Varela y Morales: Sociedades secretas en la Isla de Cuba, en Escritos Polticos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977, pp. 122-129. plo, las listas de masones de esa poca no incluyen a Espada. 155 El Gran Maestro de la masonera cubana, el conde de OReill y se expres como un enemigo decidido de l. Flix V arela, a quien acusan de masn, escribe un amplio trabajo contra las sociedades secretas de este tipo, publicado en su peridico El Habanero 156 y Juan Bernardo OGavan tambin se muestra hostil a la masonera. Algunos de los argumentos (haber llenado los templos de La Habana con insignias masnicas) son en absoluto falsos. Atribuirle al Seminario de San Carlos el carcter de centro masnico, resulta una falacia ms que evidente. De igual forma resulta superficial, denominar logia masnica a las tertulias literarias y culturales que el obispo efectuaba en su casa. En lo referente al independentismo de Espada, nada ms lejos de la verdad. En 1816, ste haba publicado una extensa carta pastoral, en la cual rechazaba la solucin independentista. En sus papeles no se han hallado documentos que sustenten semejante criterio. En verdad, la apertura al pensamiento permiti el surgimiento del independentista vareliano, pero la identificacin de aqul y ste, en esa idea, por sus enemigos, constituy una felona. Estos intrigantes atacaban, as, las bases mismas de las primeras expresiones del pensamiento cubano. Espada dio riendas sueltas al pensamiento, pero no dict un camino preciso en el derrotero poltico. En ello fue tolerante. En los primeros meses de 1824, un tercer annimo llegaba a Espaa, en el cual lo acusaban de haber vertido principios contrarios a la doctrina de

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OBISPO DE ES P ADA / 117 / 117 Jesucristo y los sagrados intereses del Rey, en una pastoral de 1820 reproducida en 1823. 157 Evidentemente, el grueso de estos ataques provenan de personas afectadas por las medidas del obispo; en particula r un sector del clero, personas enemigas del constitucionalismo y un sector importante de hacendados esclavistas y tratistas espaoles. A este ltimo grupo pertenecen dos de los hombres que atacan al prelado. Son ellos, dos eminentes miembros de la burguesa esclavista cubana: el conde de OReilly y el marqus de Crdenas de Monte Hermoso. Estos ataques al Obispo de La Habana contienen dos elementos sustanciales: a) provienen de personas de ideas reaccionarias, conservadoras y partidarias de la trata y de la esclavitud, y b) todas tienen un trasfondo poltico que se intenta revestir de problema religioso. Pero todas estas acusaciones, ms otros tres annimos, llegados a Espaa, hubieran tenido un pobre efecto, si no es por el viraje reaccionario en la pennsula que posibilit al nuncio en Espaa, de origen noble e italiano, Giacomo Giustiniani, coordinar un plan contra Espada. De ideas extrema damente reaccionarias, se vincul a dos hombres que ansiaban la dicesis de La Habana: Manuel Sobral y Brcena y Gregorio Rodrguez, quien ocup la dicesis de Cartagena y haba sido expulsado de ella por el movimiento independentista latinoamericano. Por propia voluntad, Giustiniani inici las gestiones para que Espada fuera removido de su dicesis. En carta a la Secretara de Estado del V aticano, de 2 de marzo de 1824, escriba con total desenfado: He credo mi deber provocar la orden del gobierno, para que el Obispo de La Habana sea llamado aqu, y puesto en un convento a la disposicin de la Santa Sede. 158 Giustiniani, aprovechando la situacin poltica existente y la represin contra todos aquellos vinculados al movimiento constitucionalista, reviva los acontecimientos y las calumnias tiles para su fin; incluso trat de enemistar al Obispo de La Habana con el Papa. No detuvo su mano ante la calumnia y afirm que en La Habana se han propagado en las iglesias y en las vestiduras sagradas los signos masnicos, abominacin horrenda hasta ahora nunca oda. 159 Sin dudas, en La Habana se hubieran quedado estapefactos de que en Madrid y en Roma se hicieran tales afirmaciones. En la carta, aseguraba que Espada sera detenido e instaba a su deposicin. La actitud parcial del Nuncio en Madrid, y de un grupo de funcionarios espaoles, se revela en un primer detalle. Si bien Sobral y Rodrguez atacan a Espada con mentiras, en La Habana otro grupo de religiosos refugiados y miembros de la dicesis, tenan los ms sinceros elogios para el obispo. Una muestra la ofrece la relacin de respeto y amistad entre el posterior obispo de La Habana y arzobispo de Santo Domingo, de limpia trayectoria, Pedro V alera y Jimnez, quien colaboraba en todo lo que poda con 157. Ibdem (3), p. 130. 158. Ibdem, p. 131. 159. Ibdem, p. 101.

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P APELES 118 \ 118 \ Espada y ste, a su vez, lo sostena econmicamente. Otro caso semejante, el del obispo de Guamanga, Pedro Gutirrez de Cos, tambin exiliado en La Habana. Ninguno de ellos se uni a la campaa antiespadista. En el Consejo de Indias, otro adepto al absolutismo, Calixto Borja, movi sus influencias para lograr la sustitucin de Espada. El Rey dict una orden al preside nte del Consejo en la cual mandaba que Espada se trasladase a Espaa y que el obispo de Guamanga, tambin desplazado de su dicesis por el movimiento independentista latinoamericano, ocupara su luga r. Adems, el Consejo de Indias nombr al Obispo de Cartagena, segundo sustituto, y por rdene s del 19 y 21 de febrero, mand a Vives que ordenara el traslado de Espada; incluso, por medios violentos si era necesario. En esos momentos, Espada contaba con 68 aos, y su salud se encontraba seriamente daada, segn los informes de los prestigiosos mdicos cubanos Toms Romay y Nicols J. Gutirrez. No obstante, con una entereza poco comn acept el reto de la alianza reaccionaria y contratac con todos los recursos. Tena informantes en Espaa que le mantuvieron desde el inicio al tanto de los sucesos. Saba que pronto llegaran las rdenes que lo destituiran y nombraran su sustituto. En consecuencia, el 30 de abril nombr a OGavan gobernador general de la dicesis, mientras el Obispo de Guamanga se ocupaba de las prelaciones de su dignidad. El 31 de mayo comunic a Fernando VII esta decisin. OGavan, ms joven y con mayores posibilidades de actua r asumi la direccin de la defensa de Espada. En los primeros das de junio, llegaban las reales rdenes que destituan al Obispo de La Habana y ordenaban su envo a Espaa. El capitn general Francisco Dionisio Vives enfrentaba una de las ms difciles situaciones. Una parte de la juventud cubana se haba visto comprometida en la conspiracin de los Soles y Rayos de Bolva r Otra mostraba su descontento, aunque no actuaba directamente contra el poder colonial. Vives consult de inmediato con Arango y Parreo y el regente de la Audiencia, Joaqun Bernardo Campuzano. La actitud asumida por el C apitn G eneral se ha atribuido gratuitamente a la amistad con Espada, pero, a poco que se profundiza, se evidencia que en lo fundamental lo que Vives hizo fue evitar un conflicto de gran envergadura en la dicesis. El pueblo habanero siempre ha sido agradecido y no era de esperar que contemplara apaciblemente la detencin del obispo. Vives desempeaba el cargo de capitn general de Cuba desde el 2 de mayo de 1823. No existi tiempo suficiente para que entre l y Espada hubiese nacido una fuerte amistad. Por tanto, su decisin se encaminaba a evitar una verdadera convulsin social en una sociedad ya bastante perturbada,y envi a Espada los documentos para que ste iniciara su plan de defensa. Los amigos del obispo actuaron con rapidez. El 9 de junio ya haban obtenido tres certificaciones del Protomedicato de La Habana en las cuales se haca constar el mal estado de salud del prelado y su incapacidad para viaja r De igual forma, haban logrado reunir una amplia documentacin en que instituciones y personalidades hacan patente la moral intachable, la labor benfica y las cualidades religiosas y civiles de ste. Entre las

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OBISPO DE ES P ADA / 119 / 119 instituciones estaba la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, el Ayuntamiento, la Universidad y el Seminario. Todas pedan al Rey la suspensin de la orden dictada contra el obispo. Llama la atencin que quienes atacan a Espada utilicen las fuentes difamatorias, poco serias, firmadas por personas sin ninguna vinculacin con la historia nacional cubana, y no estos documentos firmados por lo que ms vale y brilla de la sociedad de la poca. Incluso llegan a cuestionar la enfermedad de Espada y desde luego, la integridad de Romay y de Gutirrez, dos hombres que han llenado de lustre la historia cientfica de Cuba, al unir la ciencia y la tica en la creacin de una nueva actitud profesional. Por su parte, el Capitn General le escribi al Rey el 9 de junio para expresarle que Segn los informes que he podido adquirir hace cerca de un ao Espada da pocas esperanzas de restablecerse de las enfermedades y achaques, cuenta con 69 aos de edad y se mantiene sin salir de su cuarto. 160 Y a continuacin le refiere al Rey que por sus talentos, por haber protegido las ciencias y las artes, ha ganado la estimacin general, que difcilmente pueda hallarse otro prelado como el de La Habana, porque el pblico ve que sus rentas se emplean en obras de utilidad, que se sabe, aunque con el mayor secreto, que numerosas familias para subsistir y educar a sus hijos dependen del pasto r que la introduccin de la vacuna, la creacin del cementerio general, el respeto al culto, la severidad con que impide que los sacerdotes incumplan con su debe r son todos hechos que hacen que sea querido y respetado por todos los habitantes de la Isla. Termina sealando que todas estas razones hacen poco aconsejable la orden de remitirlo a Espaa. La actitud de Vives, insistimos, no era tanto por amistad, como por un hbil clculo poltico. Por su parte, ese mismo da, el obispo escriba al Rey con argumentos slidos. Cmo achacarle su posicin constitucional entre 1820 y 1823, cuando slo haba hecho lo mismo que haca ahora, cumplir las rdenes de la Corona? Llama la atencin al Rey sobre la aspiracin de algunos prelados a la mitra habanera. Acaso los secretos annimos y las falsas mentiras no podan tener ese origen? Pero el prelado saba que exista un punto sobre el cual incida especialmente la reaccin espaola: condenar el liberalismo y el independentismo latinoamericano. Si no lo haca resultaba evidente que sus simpatas se dirigan hacia esos sectores. Por ello, emiti su carta pastoral de 1824 en la cual, sin embargo, no clama contra los liberales, sino que pide clemencia para ellos. 161 En cuanto al movimiento independentista, por 160. Ibdem (3), p. 143. 161. Circular que dirige el Excmo. Sr. D. J. Daz de Espada y Landa, del Consejo de S.M.: Obispo de La Habana, al venerable Cabildo de su Santa Iglesia Catedral y al clero secular y regular de su dicesis, para que exhorten y prediquen la paz, la concordia y unin entre todos los fieles de este obispado y el olvido y remisin de las ofensas inferidas en la poca de la revolucin pasada, en los trminos que ordena Su Majestad en su Alocucin dirigida a los espaoles en 1 de Mayo de 1824 Imp. de la Curia eclesistica, por la viuda de Boloa, Habana, 1824. Vase en esta obra.

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P APELES 120 \ 120 \ supuesto, no se identifica con l. El documento de condena de la conspiracin de los Soles y Rayos de Bolvar fue firmado por l. Pero se trata de una actitud tctica o del verdadero sentimiento de Espada? Resulta difcil poderlo precisa r. Ante la actitud e ideas de Vives, las autoridades de Roma y Madrid intercambian correspondencia. En ella, se nota el sentido poltico con que se atacaba a Espada. El 8 de septiembre de 1824, Giustiniani le escribi al cardenal Della Somaglia para informarle que las autoridades [de Cuba] que desgraciadamente son las mismas que fueron nombradas por el Gobierno Constitucional, no se sabe si por debilidad o por conveniencia, no han desplegado, como lo requieren semejantes circunstancias, la necesaria energa y viceversa, han enviado aqu representaciones en contrario, de las que todava ignoro el tenor. 162 Vase como se cierran los odos a los argumentos favorables a Espada y slo se aceptan los desfavorables, aunque no exista ninguna prueba de ellos. El 30 del mismo mes, Della Somaglia contest, lamentando que las representaciones hechas a favor de Espada pudieran tener efecto, o impidieran su arresto. Adems, peda al Nuncio nuevas noticias acerca del asunto. En Madrid, el marqus de Monte Hermoso, habanero residente en las Cortes, de ideas reaccionarias, integristas y esclavistas, y que gozaba del favor de Fernando VII, escriba el 13 de septiembre de 1824 al Secretario de Despacho de Gracia y Justicia que Espada era un constitucionalista rabioso y que Vives se mostraba ciego ante las acciones del obispo. El 19 de octubre de 1824, el Consejo de Indias recibi los documentos relacionados con Espada. Conjuntamente se le remitieron los documentos enviados por Vives. Despus que el fiscal los analiz, expres la necesidad de conocer los antecedentes que dieron lugar a la Real Orden de 21 de febrero, as como las reales rdenes enviadas por el Consejo el 19 y 21 de octubre, para poder tomar una determinacin. El 28 de octubre de 1824, el secretario del Consejo, Silvestre Collora, rechaz las peticiones del fiscal. El Rey tambin rechaz tal pedido. Enrgicamente, Fernando VII deca que se verificase el envo del obispo a la pennsula y daba ocho das para la evacuacin de la consulta. El dictamen del fiscal es resultado de la contradictoria informacin que manej. Pero, en esencia, apoy la actitud de Vives dadas las condiciones en que se haya Cuba, neg el valor de las acusaciones annimas, porque en contraposicin con ellas estn los criterios del Capitn General, as como de las corporaciones civiles y religiosas, leales al Re y Pero, evidentemente, el fiscal no quiso enfrentarse a Fernando VII y decidi considerar a Espada culpable, sobre todo de pretender la independencia de Cuba, aunque tema que los sectores a favor de este ltimo ocasionaran, si era enviado a Espaa, un movimiento que pusiera en peligro la conservacin de la Isla. A estas alturas, el Rey estaba convencido que deba ser trasladado a Espaa. 162. Ibdem (3), pp. 157-158.

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OBISPO DE ES P ADA / 121 / 121 El 16 de noviembre, el Consejo de Indias insisti al Capitn General que cumpliese la Real Orden de 21 de febrero. A partir de aqu, las razones de tipo religioso desaparecieron, y se devel el carcter poltico del conflicto. Los ms furibundos absolutistas del Consejo de Indias apoyaron al Rey en la orden de enviar a Espada y OGavan a Espaa; entre stos, Ignacio Omulagayan, F rancisco Leyba, Manuel Jimnez Guazo, el duque de Monte Mar y Antonio Gmez. Los tres ltimos pedan, adems, la restauracin de la Inquisicin para contrarrestar la relajacin de la moral, la difusin de impresos subversivos y las logias. El 7 de diciembre, el Rey insisti de nuevo en el cumplimiento de la orden de detencin. El 8 de febrero de 1825, Vives dict un decreto en el cual peda opinin a asesores del gobierno sobre las medidas a tomar en el caso de Espada. Diez das despus solicit al Protomedicato que enviara dos facultativos ajenos al obispo, para que reconociesen su estado de salud y determinaran si poda hacer o no el viaje. El 19 de febrero, Espada fue visitado por el protomdico doctor Lorenzo Hernndez y los doctores Juan ngel Prez y Carrillo y Simn Vicente Hevia. stos llegaron a la conclusin de que presentaba diversas complicaciones de salud, incluido un principio de infarto que le impedira hacer el viaje, sin riesgo de su vida. Los facultativos estimaban, adems, que la curacin de la enfermedad, en un hombre septuagenario como Espada, resultaba difcil y el tiempo para ello indeterminado. El 21 de febrero, Vives le pidi al nuevo arzobispo de Santiago de Cuba, por entonces en La Habana, Mariano Rodrguez de Olmedo, que informara en torno al estado de salud de Espada. ste lo visit y lo encontr postrado y dbil, reconociendo que estaba verdaderamente enfermo. Teniendo en cuenta los criterios de los mdicos, del Arzobispo, los suyos propios y el estado de Espada, el 23 de febrero de 1825, Vives escribi al Rey una carta en la cual le explicaba al gobierno de Madrid las razones que tena para no cumplir la Real Orden de 7 diciembre de 1824. En sta expresaba que jams haba tenido amistad con el obispo y que sus relaciones con ste slo eran de poltica y etiqueta. Resaltaba, adems, el mal estado de salud de Espada y lo peligroso que resultara para la vida de ste realizar el viaje, apoyndose, sobre todo, en los pronunciamientos a favor del prelado hechos por las corporaciones de la Isla y en la compasin que inspiran sus desgracias a este cristiano vecindario. 163 Y Vives expona, finalmente, la razn fundamental de su actitud: el envo del obispo poda constituir una imprudencia que afectara la estabilidad de las ltimas colonias que le quedaban a Espaa en Amrica. Paralelamente, OGavan s decidi cumplir la orden y trasladarse a Madrid para desde all dirigir la defensa de Espada y la suya propia. A su vez, Vives envi un informe favorable a stos. Por su parte, los consejeros de Espada determinaron que Justo Vlez fuese designado provisor y el obispo de Guamanga, Pedro Gutirrez de Cos, poco amigo de las intrigas, en las 163. Ibdem (3), p. 166.

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P APELES 122 \ 122 \ 164. Ibdem (3), p. 176. funciones propias de la dignidad de obispo, y no a Gregorio Rodrguez ex obispo de Cartagena vinculado a la trata y ambicioso de la dicesis. Pero el Consejo de Indias orden, de nuevo, a Vives que deba cumplir la orden y buscar un barco que le ofreciese garantas para el traslado de Espada. Sin contradeci r Vives busc infructuosamente el buque ideal. El 22 de mayo, el Capitn General orden al comandante de marina proveer un barco para trasladar a Espaa a una persona. El 25, el comandante le informaba que tena lista la corbeta Zafiro Al da siguiente, Vives le comunicaba a Espada la Real Orden de 7 de diciembre de 1824 y le deca que deba tener todo listo para partir hacia Espaa. Un da despus, el prelado contestaba que le era imposible cumplir la real orden, pues su enfermedad se haba agravado, y prometa embarcar si mejoraba. Con estos documentos, Vives salvaba toda responsabilidad. Espada peda un nuevo examen mdico. Los consejeros de Vives le sugirieron que otros tres mdicos, no vinculados al obispo, lo examinasen en presencia de una persona de carcter, que Vives lo visitara y rindiera un informe al Re y y que el gobernador de la dicesis hiciera otro tanto. El 4 de junio, el Obispo de Guamanga rindi su informe sobre el mal estado de salud de Espada, por lo cual no poda viajar sin arriesgar la vida. Los mdicos designados, Jos Viera, Andrs F eniter y Bernardo del Riesgo, ante la persona de carcter escogida, el alcalde ordinario Jos Mara de Crdenas, de destacados servicios al absolutismo, rindieron un pormenorizado informe en el cual se demostraba el precario estado de salud del obispo, para concluir que no est en disposicin de pasar a la Pennsula sin que exponga su vida a un inminente peligro. Jos Mara de Crdenas corroboraba la gravedad de Espada y su estado de postracin. Vives envi a Espaa 13 documentos que justificaban su actitud, documentos remitidos al Consejo de Ministros. Ante esta nueva situacin, el 22 de junio de 1825, el Con sejo acord y el Rey aprob la suspensin de la orden. El 6 de julio de ese ao, Vives reciba una real orden en la cual se le comunicaba la aceptacin por el Consejo de Ministros de la suspensin de la orden. El 12 de octubre, el nuncio Giustiniani se mostraba furioso por el desarrollo de los acontecimientos; sobre todo, con las autoridades de la Isla que realmente o fingiendo temer un amotinamiento, han rehusado proceder con mtodos coactivos y violentos. 164 Obsrvese como se insista en desconocer cualquier criterio emitido desde Cuba, salvo aquellos que emanaban de las oscuras figuras que atacaban al obispo. En los ltimos das de 1827 pareci restablecerse Espada. Comenz de nuevo algunas actividades. El 28 de enero de 1828, el nuncio Giustiniani envi a la Secretara de Estado del V aticano una carta en la cual expresaba sus temores de que la dicesis de La Habana volviera a manos de Espada. En realidad, el nombramiento de Gutirrez de Cos para otra dicesis, lo alejaba de esta ciudad. Poco despus regresaba OGavan triunfante. Pese a

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OBISPO DE ES P ADA / 123 / 123 la oposicin del sector ms conservado r el Rey haba liberado a OGavan de los cargos y en desagravio lo declar benemrito, fiel servidor y apto para gobernar la mitra de la Habana; 165 se le nombraba arcediano de la catedral. Qu factores podran explicar este cambio de Fernando VII? Solamente el surgimiento de un fuerte partido teocrtico ultraconservador que aspiraba a que la Corona pasara a manos del prncipe don Carlos, lo cual lo obligaba a acercarse a los liberales moderados. El prelado reinici sus actividades invistiendo al nuevo arzobispo de Santiago de Cuba. Pero las vicisitudes del obispo no haban pasado. El 27 de abril, Vives le trasladaba la Real Orden del 27 de enero y le preguntaba si ya estaba en condiciones de trasladarse a Espaa. Por supuesto, Espada le hizo saber que segua enfermo. La carta de Espada la envi Vives a Espaa con una suya en la cual se expresa: Constndome cuanto en ella se expresa por ser pblico y notorio, lo que aviso a V .E. para que tenga la bondad de elevarlo a la soberana inteligencia de S.M. la imposibilidad en que se encuentra dicho anciano, de emprender tan penosa marcha 166 A pesar del furor en los ataques al obispo, numerosas figuras espaolas estaban convencidas de que se haba ido demasiado lejos. Aos despus, el embajador de Espaa en Roma le escriba al Secretario de Estado del V aticano que, en 1826, Espada haba sido objeto de falsas acusaciones. Expresaba que su reputacin de sabio, virtuoso y caritativo le haban granjeado un gran nmero de amigos y reconoca que en este asunto haban pesado ms las razones polticas que las religiosas. Otra vez, estos argumentos se minimizaron al afirmar que el embajador espaol era amigo de Espada y liberal, cosa muy dudosa y no demostrada. El 1ro. de septiembre de 1825, Espada solicit a su apoderado en Madrid, la anulacin definitiva de la orden de envo a Espaa. Los ataques haban disminuido. A su vez, el 21 de enero de 1827, Vives le escriba de nuevo al Re y elogiando a Espada y asegurando que la Corona poda confiar en l. Sin embargo, los documentos de esta larga litis entre Espada y la Corona no resultaron prueba de cul era su verdadero pensamiento. Ha sorteado hbilmente una tempestad que le ha costado la vida a miles de hombres partidarios de las libertades y contrarias al absolutismo. Pero qu pensaba el anciano Espada, cuyo cuerpo debilitado casi lo tena postrado? Todos admiraban en l su frrea voluntad. En aquellos aos difciles tuvo un gesto que tal parece fue la forma en que elabor su testamento poltico a las generaciones venideras de cubanos. En una esquina de la Plaza de Armas, en el mismo corazn de la ciudad, erigi un pequeo templo con todo el sello simblico de sus ideas. La iniciativa haba surgido de Vives, quien quera homenajear a Fernando VII y al mismo tiempo, a la fidelsima ciudad de La Habana. Mas, el obispo le dio un simbolismo que deviene la 165. Ibdem, p. 187. 166. Ibdem, p. 182.

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P APELES 124 \ 124 \ 167. Fernando Ortiz: La hija cubana del iluminismo Molina y Ca., La Habana, 1943, p. 3. 168. En un escrito annimo del mismo ao de su inauguracin se describe el Templete de la siguiente manera: Sostienen el alquitrabe seis columnas con capiteles de orden drico y basamento tico: la altura desde la solera a la clave del tmpano a frontn es de once varas. En los costados tiene cuatro pilastras con sus tableros, bases y capiteles del mismo orden drico y tico. Los alquitrabes estn guarnecidos con once metopas labradas en piedra, lo mismo que doce triglifos sobre el piso: en el centro de aquellos se ven de relieve las iniciales F y 7; tres presentan dos mundos y una corona que les abraza, y en las dems aparecen la aljaba, arco y flechas. materializacin ptrea de su ideal antiabsolutista. Este monumento fue el Templete. Con esa perspicacia que tena, F ernando Ortiz hace observar el elemento clave de la construccin del Templete: Tocante a ste [se refiere a Espada] recordar la jugarreta que el mismo Obispo vasco le hizo a los capitanes generales, disponiendo la construccin en esta ciudad del llamado Templete tras de la legendaria ceiba, que era signo y patrn de las libertades jurisdiccionales de la villa de San Cristbal de La Habana; con lo cual frente al palacio del gobierno insular se alz una aproximada reproduccin del rbol de Guernica y de su Sala de Juntas, donde se simboliza la libertad nacional de su pueblo. 167 El simbolismo no poda resultar ms evidente. Bajo el rbol de Guernica, los reyes hispanos deban jurar respetar los fueros del pueblo vasco. En la ceiba de La Habana se eriga un monumento a las libertades de la ciudad. Para quienes dudaban de su religiosidad, all hizo el obispo situar un cuadro que recoge la primera misa y en el lado opuesto, la primera reunin del Cabildo de La Habana. La misma construccin del Templete, totalmente diferente a las del resto de las construcciones de la Plaza de Armas, implicaba dejar constancia de su rechazo al gusto gtico cortesano. Las columnas y toda la construccin de carcter neoclsico constituan la expresin esttica del pensamiento del Obispo de La Habana. Fue una obra hecha en el absolutismo y contra el absolutismo. 168 Espada lo solemniz el 19 de marzo de 1828. Pero cuando la tormenta disminua en Madrid, estall la de Roma. Este hecho llama la atencin. El regreso de OGavan a La Habana en 1828, para Espada constituy un sntoma de que la crisis haba pasado. Con el retorno de OGavan y el reinicio de funciones de Espada, el ex obispo de Cartagena vio perdidas sus esperanzas de alcanzar la mitra de La Habana, por lo cual, en defensa de sus intereses, se traslad a Espaa. En Madrid, su amigo Calixto Borja lo puso en contacto con el nuevo nuncio, monseor Tiberi, quien haba sustituido a Giustiniani, y a quien cont cosas terribles de Espada. El Nuncio le pidi al ex obispo de Cartagena un informe pormenorizado para enviarlo al Papa. La conjura contaba, adems, con que el antiguo nuncio Giustiniani haba sido ascendido a cardenal y se encontraba en Roma. Mientras tanto, el ex obispo de Cartagena redact un informe de fecha 12 de enero de 1828 sobre los desrdenes en La Habana, otro al Nuncio de 20 del mismo mes acerca de la supuesta situacin penosa de las monjas de esta ciudad, y poco despus, otro ms en el

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OBISPO DE ES P ADA / 125 / 125 cual propona soluciones. Esta ltima carta constituy el punto de partida del problema de las solitas. En ella se pide la separacin de Espada y el argumento es poltico: haber sido un eminente constitucionalista. Los documentos enviados a Roma, por el Nuncio, son los del ex obispo de Cartagena y los de Borja, excluidos los de los defensores de Espada. Es necesario destacar que una de las calumnias lanzadas contra Espada y demostrativas de la baja calidad moral del ex obispo de Cartagena, se refera al problema inventado por l en relacin con las monjas de La Habana. Segn consta en los documentos existentes en Cuba, el obispo Espada fue un protector de las monjas, como lo haba sido de todos los necesitados de su dicesis. En particular acogi a las monjas Ursulinas, a quienes dio techo y pensin hasta que abrieron colegio en esta ciudad. stas siempre mostraron agra decimiento al insigne prelado. Un trmite a parentemente ordinario dio pie para el ataque en Roma. Por entonces, expiraban las facultades otorgadas por el Papa a los obispos en Amrica, conocidas como solitas. Nunca antes se dio el caso de que se negara al trmite. Al vencer stas, Espada solicit su renovacin a Roma, siguiendo la va usual del Consejo de Indias. ste fue el pretexto para que en el V aticano se desatara una verdadera conjura contra el obispo. Los informes del Nuncio, los documentos de Gregorio Rodrguez y de Borja, as como las gestiones de Giustiniani, impresionaron al cardenal Secretario de Estado. Se acord requerir a Espada en privado, a lo cual ste contest que la Santa Sede no tena elementos para juzgarlo sin dejarle al acusado la facultad de probar su inocencia. Por su parte, el Papa ordenaba abrir el proceso contra l en la Sacra Congregacin de Asuntos Eclesisticos Extraordinarios. El 16 de marzo, a este organismo se remitan los documentos. Pero mientras la Sacra Congregacin de Ritos opin conceder a Espada la pr rroga de las solitas, las de Oficio y Propaganda Fide eran de la opinin de negrselas. De hecho, en Roma se debatan dos cuestiones en torno al obispo: la peticin de prrroga y las medidas a tomar contra l. Ambos asuntos haban llegado por vas diferentes. La calumnia lleg a tal extremo, que monseor Castracane, secretario de la Congregacin de Asuntos Eclesisticos Extraordinarios, expres que Espada pretenda arrojar a la prostitucin a las monjas de La Habana. 169 El 11 de mayo se reuni la Sacra Congregacin de Asuntos Eclesisticos Extraordinarios. Se discutira que si la conducta de Espada era tan mala, contra l deban usarse medidas extremas, si las medidas a tomar estaban dentro del derecho cannico y cmo resolver el problema de las monjitas de La Habana. Sin contar con los documentos emitidos por las instituciones de esta ltima ciudad, la Sacra Congregacin estuvo de acuerdo con los criterios del ex obispo de Cartagena de separar al obispo y que se trasladase a Espaa. Se decidi enviar a la pennsula la decisin por medio del embajador de sta en Roma, y del Nuncio en Madrid. En medio de las discusiones en 169. Ibdem (3), p. 197.

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P APELES 126 \ 126 \ Roma, el problema poltico era el que estaba sobre el tapete del asunto Espada. Monseor Castracane, con apoyo del cardenal Capellani, hizo notar que el embajador Labrador haba sido constitucionalista, y por ello, haca causa comn con el obispo. Esta observacin dejaba claramente establecido el carcter poltico y no religioso de la cuestin, pese a que se insista en su carcter religioso. Se resolvi separarlo de la administracin de la dicesis; procurar que se llevase a Espaa, hacer conocer al embajador espaol los desrdenes del prelado y la necesidad en que se encontraba su Pas para salvar la religin en Cuba y a la vez conservarla unida a Espaa, de apoyar las providencias tomadas por la Santa Sede, e informar al Nuncio para que empee al Rey en tales objetivos. Mas, el Papa Len XII decidi no comunicarle las medidas adoptadas al embajador Labrador y escribi al Rey por medio del Nuncio, para informarle las medidas tomadas. Adems, Castracane le escribira al obispo de Len para que apoyase las gestiones contra Espada. La carta del Papa, redactada por Castracane al Nuncio, peda que lograra del Rey la separacin del obispo, con la intervencin del arzobispo de Santiago de Cuba, y su arresto y embarque para Espaa. El Breve enviado al arzobispo de Santiago de Cuba contena las acusaciones contra Espada, y entre ellas, sobresala su constitucionalismo. Se seala al presbtero Manuel Echeverra para sustituir a Espada, justamente el hombre que recomendara el ex obispo de Cartagena. No obstante, para Espaa, el problema tena otro carcte r Por primera vez, Roma tomaba una decisin sobre un obispo americano pasando por alto el derecho del Real Patronato. Haba invertido los papeles. En lugar de ser una solicitud real al Papa, era una solicitud papal al Re y Esto constitua una evidente intromisin en los derechos que, en la realidad, haba tenido el Regio Patronato. Adems, ello suceda despus de que Roma haba accedido a aceptar los obispos propuestos por Bolva r De manera significativa, el ex obispo de Cartagena, Gregorio Rodrguez, era de los que haban abandonado su dicesis americana y sin embargo, se le tena como consejero y erudito en materia americana. Por tanto, el problema de Espada adquiri otro significado. En su caso, la Corona haba escuchado las partes y haba decidido no seguir el proceso contra el Obispo de La Habana. Los enemigos de ste, al comprender la nueva actitud, haban pasado por encima de la Corona y lo haban llevado a Roma con los mismos argumentos y la misma solicitud de medidas. La Corona tena que reaccionar contra este inusual procedimiento. Tres elementos resultaron inauditos en la actitud que asuma Roma. Primero, negar las solitas que nunca antes haba negado; segundo, intervenir directamente en un problema de una dicesis americana, cuando jams lo haba hecho, y tercero, aceptar por vlidas slo las acusaciones contra Espada, sin solicitar una investigacin a fondo sobre el problema. Aqu se observa el carcter poltico que tambin en Roma asuma el asunto del obispo. La renuncia del cardenal Della Somaglia al cargo de secretario de Estado y su sustitucin por Bernetti, hicieron que la actitud fuese algo ms inteligente. Este ltimo pens que las cosas deban ha cerse por pasos, por lo cual le sugiri al Papa tomar una primera medida: no

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OBISPO DE ES P ADA / 127 / 127 ratificarle a Espada la prrroga de las solitas. El objetivo de la medida: crear la base jurdica que hasta entonces no exista contra l. Si ste se resista a la medida, se tendra la prueba necesaria para actuar contra el obstinado delincuente. 170 As, se suspendi la orden de su remocin y se le dejaba en La Habana provisionalmente, mientras sus facultades se concedan al Arzobispo de Santiago de Cuba. Pero, al parece r los enemigos del obispo, al conocer este cambio, se movieron rpidamente; en especial, monseor Castracane. Lo cierto es que Bernetti introdujo una nueva modificacin: enviar a Cuba slo la negativa al Obispo de La Habana de la prrroga pedida, y tratar en Espaa su remocin. La actitud del V aticano en relacin con Espada segua complicndose. Los acuerdos del Real Patronato establecan que los Breves, Bulas, Rescriptos Pontificios, dirigidos a los obispos americanos, deban presentarse al Re y para que ste, luego de su consulta con el Consejo de Indias, diese el placet regio Sin embargo, la orden al Arzobispo de Santiago de Cuba, de asumir las solitas de Espada, no se envi va Madrid, sino Pars. Para ello, se adujo que Espada tena la proteccin de los masones de su dicesis. Pero stos no existan. La masonera ya haba sido disuelta en Cuba. En Espaa, el 24 de octubre de 1828, se decida reanalizar el caso de Espada para determinar si se efectuaba su traslado a la pennsula o se le ratificaba toda la confianza. El 29 de octubre, el Consejo de Indias discuti el asunto con los documentos de las corporaciones de La Habana, por lo cual su acuerdo result favorable a ste. En el mismo, se peda que se accediera a las prrrogas pedidas por el obispo respecto de las solitas, y se pronunciaba contra la opinin de la Santa Sede sobre el prelado. Mientras tanto, a manos de Fernando VII llegaba el Breve del Papa. El Rey lo pas al Consejo de Ministros; ste solicit el expediente de Espada. El 28 de octubre, el Consejo de Ministros elev al Rey la respuesta al Papa. Respuesta firmada por Fernando VII el 14 de noviembre. En ella, se comunicaba al Papa que, teniendo en cuenta la edad, las enfermedades y la repu-tacin del obispo, as como las consideraciones de las autoridades administrativas, las corporaciones y personas de respeto de La Habana, amn de su larga prelacin y las relaciones polticas del prelado, y para evitar las revueltas y discordias que afectaran la disciplina, la religin y la imagen de los pastores, no estaba de acuerdo en acometer ni aprobar el inhumano acto de hacer embarcar hacia Espaa al anciano y enfermo obispo. 171 El gobierno espaol estimaba prcticamente liquidado a Espada, y juzgaba que lo mejor era dejar los asuntos tranquilos y al anciano morir en paz. Mas, el nuncio Tiberi le dio otra interpretacin. Ocult las pruebas a favor de Espada y reanud las acusaciones. En Roma se tergivers la carta del Re y afirmndose que Fernando VII dejaba a la Santa Sede el asunto. 172 170. Ibdem (3), p. 209. 171. Ibdem, pp. 225-226. 172. Ibdem, p. 228.

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P APELES 128 \ 128 \ Extraamente, el original del Rey se extravi en el V aticano, aunque se sabe que el Papa lo recibi. Mientras estos acontecimientos se desarrollaban, el arzobispo de Santiago de Cuba, Rodrguez de Olmedo, reciba va Pars, la disposicin de la Santa Sede de traspasar las facultades extraordinarias de Espada a Manuel Echeverra. Despus de medita r Olmedo le escribi al obispo que nom brase l mismo a Echeverra, para evitar un conflicto pblico. La comunicacin debi sorprender a Espada. Por primera vez en la historia eclesistica de Cuba, el V aticano violaba la tradicin del Real Patronato, tomaba una medida de carcter administrativo en una dicesis americana y desconoca la va del Consejo de Indias para estos trmites. Conocedor de todas las intrigas de sus enemigos, no tuvo la menor duda de que esta decisin papal era producto de ellas, as como que el procedimiento empleado resultaba totalmente violatorio de las normas establecidas. Los testimonios de la poca demuestran que el anciano estaba ya en muy mal estado de salud, aunque su nimo y voluntad no decaan. Por estas razones, y sabiendo que la batalla que se avecinaba era difcil y requera de alguien con energa y salud, nombr a OGavan gobernador de la dicesis con el derecho a ejercer las solitas El obispo se dispona a enfrentar las injustas acusaciones y la violacin de sus prerrogativas. En esas condiciones, el Rey acept lo acordado por el Consejo de Indias en relacin con Espada, mientras el Nuncio rehusaba dar alguna explicacin del extrao proceder del V aticano. Las cartas de defensa escritas por el obispo, se han tergiversado. l no asuma una posicin jansenista, sino que, con una amplia informacin jurdica, demostraba lo ilegal, de acuerdo con los tratados entre papas y reyes, de lo hecho en Roma. 173 No es que Espada reclamara para el obispado facultades pontificias y una autonoma a la cual no tena derecho, sino que defenda las facultades y autonoma que siempre haban posedo los obispos americanos. As le explic a Rodrguez de Olmedo; el problema de las solitas no constitua un problema personal, sino una evidente y flagrante violacin de los concordatos entre Espaa y Roma, los cuales no podan revocarse de manera unilateral por una de las partes. En cuanto al nombramiento de Echevarra, lo rechaza por no tener ste la jerarqua y la dignidad para el cargo y segn las disposiciones vigentes, no poda obtener Delegacin Apostlica. Esto le permite nombrar para esas funciones, legalmente y con consentimiento del Re y a OGavan. El 31 de diciembre de 1828, Espada escriba al Re y para informarle de lo ocurrido y p edirle que nombrase a OGavan como administrador de la dicesis. Esta defensa suya se interpret por sus enemigos como una actitud contra Roma. Por su parte, el Arzobispo de Santiago de Cuba al responder al obispo, el 19 de enero de 1829, se pona del lado del V aticano. El 20 de febrero, Espada le contestaba sealando la invalidez del Breve del Papa, y alegaba su derecho a ser escuchado. En esta ltima etapa de su vida, al Obispo de La Habana slo le quedaban tres argumentos para enfrentar los violentos 173. Ibdem (3), p. 232.

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OBISPO DE ES P ADA / 129 / 129 ataques de Roma: los privilegios de los reyes sobre la Iglesia americana. A ellos se at. Otro argumento era su obra, desconocida por el V aticano. Y un tercero, toda la actitud de Roma resultaba una consecuencia de una amplia intriga en la cual no se tomaba en consideracin su labor apostlica. En estas circunstancias, tan difciles, neg su constitucionalismo. Sin embargo, en lo referente a la Iglesia estableci el principio cardinal de su conducta: la primera ley de Dios es socorrer las necesidades de sus fieles. Le y con la cual siempre fue consecuente, y as su obra lo ha demostrado. Mientras Espada y Olmedo se enfrascaban en una polmica epistola r, en Roma falleca, el 10 de febrero de 1829, el papa Len XII. El 5 de marzo, era electo el nuevo Papa, el cardenal Castiglioni, con el nombre de Po VIII. Tambin por ese tiempo muri el ex obispo de Cartagena. El 17 de marzo y el 8 de abril de 1829, el Consejo de Indias ratificaba su apoyo a la actuacin de Espada, y sealaba que haba sabido conciliar el respeto y la sumisin a la Santa Sede y la defensa de los derechos y regalas de su majestad, amn de que haba sido injustamente atacado. Al emitir su dictamen, el Consejo de Indias se apoy en la franqueza, consideracin, fidelidad y diligencia del obispo. No obstante, esta decisin no result unnime. Dos miembros del Consejo, enemigos suyos de antao, Manuel Ximnez Guazo y Rafael Morant, siguieron insistiendo en el castigo a Espada y a OGavan; pero sus votos particulares se rebatieron por el resto del Consejo. Estos dos personajes le escribieron al Re y el 17 de julio, con el intento de demostrar el carcter desafecto del resto del Consejo. Esta decisin, as como las variaciones sistemticas en favor de Espada que se venan efectuando en Madrid en los ltimos tiempos, se explican por la pugna poltica interna espaola. El grupo de los llamados realistas puros ya haba lanzado, en 1827, un manifiesto al pueblo espaol, en el cual le peda la sustitucin de F ernando VII por el infante don Carlos. Este partido ultraconservado r que se apoyaba en lo fundamental en el sector ms reaccionario de la Iglesia espaola, haba intentado formar una junta suprema carlista en Manresa e, incluso, se haba sublevado. Esto lleva a Fernando VII a incluir en su gabinete a absolutistas moderados y liberales moderados. Para este equipo no resultaba satisfactorio eliminar al Obispo de La Habana, aunque no creyera mucho en su fidelidad. En vista de que Roma no haba contestado la carta de F ernando VII al difunto Papa Len XII, el Consejo de Ministros inst a su embajador en el V aticano, Pedro Labrado r a que expresase al nuevo Papa la gran reputacin y afectos de que gozaba Espada en La Habana y el peligro de cualquier accin contra l. Con sutileza le sugiere que reexamine el caso, que no convena que las solitas se le otorgasen a un eclesistico en particular y sin dignidad, estando el obispo vivo y en su territorio, y que despus de sus satisfacciones y mostrada su sumisin, obediencia y respeto a la Santa Sede, ste poda hacerse merecedor de que se le confirieran las solitas, y si no se las concedan a Espada, entonces lo lgico era que las recibiese su gobernador eclesistico; es deci r a OGavan. Pero se dejaba en manos de Roma la decisin, al afirmar que se respetara su voluntad.

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P APELES 130 \ 130 \ El Nuncio en Pars recibi carta del Arzobispo de Santiago de Cuba y comprendi que la defensa de Espada se basaba en la violacin del p l a c e t re gio As, el 2 de octubre escribi al nuevo Secretario de Estado del V aticano, y le sugiri que tramitara el asunto va el Nuncio en Madrid. Por su parte, ste segua incitando al V aticano contra el obispo. Poco tiempo despus, el Re y el 12 de febrero de 1830, pidi al Papa acceder a la restitucin de las solitas en favor de Espada o de su administrador; no obstante, en Roma, monseor Po Bighi publicaba un folleto titulado Nueva exposicin de los desrdenes del Obispo de La Habana en el cual lo acusaba de jansenista, de sostener las doctrinas del Concilio de Pistoya y de estarinfectado de malas mximas y gravemente sospechoso de errores contra la Fe Catlica 174 En consecuencia, Pio Bighi sostena que ste mereca la deposicin y la ex comunin. Sin embargo, no logr comprometer al Papa. En su luga r propuso al cardenal Secretario de Estado alejar de la curia al segundo secretario de Espada, Francisco Castaeda, a quien acusaba de ser pblicamente masn ; destituir a OGavan y nombrar en su lugar a Manuel Echev e rra; por ltimo solicit que el obispo diera plena satisfaccin a la Santa Sede. El cardenal Secretario de Estado dirigi al embajador de Espaa una nota con las proposiciones de Bighi, quejndose de la proteccin otorgada a un obispo que haba insultado a la Santa Sede con su silencio y actitud para con los Papas. El embajador remiti a Madrid los documentos con una nota en la cual expresaba: Dudo mucho que el Obispo quiera degradarse hasta el punto de declararse reo sin haber sido odo ni convencido, y es claro que el partido que tiene aquel Prelado contra s contina siempre influyendo contra l en Roma. Es tambin lstima ver las expresiones injuriosas y dursimas con que le trata el Cardenal Secretario de Estado. 175 Tiberi le escriba a Salomn, ministro de Estado espaol, de la gran cantidad de masones vinculados a Espada y a la Iglesia, en La Habana, que ponan en peligro la permanencia bajo la hegemona espaola de la Isla. Sobre qu base Po Bighi afirmaba la existencia de masones alrededor del Obispo de La Habana? Con qu objetivos le escriba al ministro espaol acerca del peligro que ste significaba para el mantenimiento de la Isla de Cuba bajo la hegemona espaola? Acaso ignoraba que Espaa estaba mucho mejor informada que el V aticano acerca de la actualidad de la Isla? En los cuerpos masnicos militaban los enemigos de Espada; en particula r, el conde de OReill y El cura Fernndez Montaa, otro de sus enemigos, tambin haba militado en una sociedad masnica, y era uno de los participantes en la conspiracin contra el obispo para nombrar en su lugar al cura Toms Gutirrez de Pieres. 176 En este documento de Po Bighi se observa 174. Ibdem (3), pp. 260-261. 175. Ibdem, p. 282. 176. La conspiracin contra Espada del cura Fernndez Montaa, s tena carcter masnico. Este personaje le expres a un agente infiltrado en ella por el capitn general Vives, Peral, que los toques y reconocimientos de los conjurados eran los mismos que los del

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OBISPO DE ES P ADA / 131 / 131 la aviesa intencin de llevar a Espaa a una accin contra Espada, al propagar infundados temores polticos. Y a para entonces, el obispo estaba muy enfermo. El 24 de marzo de 1830 sufri su primer ataque de apoplega. A partir de ese momento estuvo casi postrado en el lecho hasta su muerte. El gobierno espaol, consciente de estas circunstancias, trataba de convencer al partido antiespadista en Roma de que no era ya necesario tomar medidas contra l. Pero sus enemigos, aun en estas condiciones, queran humillar al anciano que se debata entre la vida y la muerte. El 30 de noviembre de 1830, falleca en Roma Po VIII. Uno de los candidatos ms fuertes al papado fue el cardenal Giustiniani, desde antao, enemigo de Espada. Pero ante cierta oposicin result electo el cardenal Cappellari, con el nombre de Gregorio XVI, y aunque haba estado contra el obispo en el perodo anterio r no asumi ninguna actitud hostil. Quiz se explique porque conoca la actitud de Espaa o por el avanzado estado de la enfermedad del anciano. En los primeros das de agosto de 1832, en la ciudad de La Habana y sus alrededores circulaba la noticia de la gravedad del obispo Espada. Poco a poco, una muchedumbre consternada y angustiada rode la casa del prelado, situada en el paseo de San Luis Gonzaga, posteriormente la calle Reina y hoy Simn Bolva r De los pueblos cercanos a La Habana tambin comenzaron a llegar numerosas personas, quienes se sentan deudos del obispo. En toda la ciudad, un silencio expectante se extenda en espera de los irremediables acontecimientos. A las 2 de la tarde del 13 de agosto falleca Juan Jos Daz de Espada y F ernndez de Landa. Haba vivido 76 aos. De ellos, le haba entregado a Cuba y su pueblo 30. Quince minutos despus de su muerte, los sacerdotes presentes baaron su cuerpo, de acuerdo con el ceremonial romano. De inmediato se procedi a la autopsia y embalsamamiento del cadve r. 177 Ambas operaciones se practicaron por el doctor Nicols J. Gutirrez, uno de los ms ilustres galenos del pas, auxiliado por los distinguidos mdicos Agustn Encinosa de Abreu, Fernando Gonzlez del V alle y Manuel A. Chaple. Como auxiliares tambin actuaron los licenciados Diego Govantes e Hilarin Azcrate. En su informe sobre esta autopsia, el doctor Gutirrez observa que en aquel cuerpo se encontraban los efectos patolgicos de largas enfermedades. Durante 20 aos haba padecido de clculo en la vejiga. En dos ocasiones haba sido atacado de pulmona, poco a poco se le haban obstruccionado las arterias cerebrales y finalmente, haba muerto de apoplega. Escribe Gutirrez: Era preciso que el Ilustre Prelado, el protector de las ciencias y de las bellas artes, el padre del hurfano y del desvalido, el Excmo. e grado de Maestro Masn. (Jos Manuel Prez Cabrera: Discurso ledo en la recepcin pblica de la noche del 6 de febrero de 1936, en Discursos Academia de la Historia de Cuba, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1936, p. 21.) 177. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 243.

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P APELES 132 \ 132 \ Ilmo. S r Don Juan Jos Daz de Espada y Landa fuere despus de su muerte presentado a las demostraciones respetuosas del dolor y del agradecimiento de un pueblo que por tantos ttulos le quera y le admiraba: y yo no puedo resistirme ni a las insinuaciones persuasivas con que de antemano deposit en m su confianza para tan triste encargo el Excmo. S r Gobernador del Obispado ni el ansia con que mi alma desea servir hasta el sepulcro al Pastor venerable que me honr con su amistad y con sus beneficios y hube, por tanto, de resolverme a emplear mis manos trmulas y empapadas por el llanto en el cadver del bienhechor de La Habana, esforzndome porque su cuerpo quedare, si esto se poda, tan incorruptible, como lo fue siempre su espritu ilustrado y filantrpico. 178 Lo que habla bien a las claras de quin fue el obispo Espada lo descubri la Real Hacienda cuando intervino sus bienes. En sus fondos slo hallaron dos doblones. Hubo que acudir al Secretario del obispado para que ste abonara los gastos de embalsamamiento y entierro; su caja particular estaba vaca, porque Espada todo lo haba dado en servicios a la poblacin. El Gobernador de la Isla y el Intendente del Ejrcito debieron entregar las 178. Necroscopa del Obispo Espada por el D r Nicols Gutirrez, en Jorge Le Roy y Cass, ob. cit., documentos justificativos del libro 3, no. 3, pp. 479-482. Por su inters, insertamos el acta de defuncin del obispo Espada: Francisco Fernndez del Moral, Presbtero Vicario Curado de la Parroquia de Trmino del Sagrario de la S.I. Catedral de La Habana.Certifico: que en libro 15 de entierros de blancos al folio 100 nmero 385 se halla la siguiente partida: En la ciudad de la Habana en diez y siete de agosto de mil ochocientos treinta y dos aos; fue enterrado en el Cementerio Gral. y en la bveda destinada a los Prelados Diocesanos el cadver del Excmo. e Iltmo. Sr. D. Juan Jos Daz de Espada y Landa, Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Catlica, del Consejo de S.M. Obispo de sta Dicesis, natural del pueblo de Arryave en la Provincia de lava, a los setenta y seis aos, tres meses y veinte seis das de su edad, habiendo recibido los Santos Sacramentos; encomendndosele el alma y dchosele las preses que previene el Ceremonial de Obispos por el venerable cabildo eclesistico y clero secular y regular en el da trece de este mismo mes en que falleci a las dos de la tarde; desde cuyo momento fue puesto su cadver de cuerpo presente en su propia casa; visitado por un numeroso gento y asistido del clero quien dio misas diariamente cantadas y rezadas entonando vigilias con toda la pompa del mismo ceremonial romano hasta el da diez y seis del mismo mes en que fue conducido su cadver por el venerable cabildo eclesistico en forma de depsito con el acompaamiento del clero secular y regular hasta la Sta. Iglesia Catedral; all permaneci en depsito hasta el da siguiente en que a las nueve de la maana fue conducido en hombros de sacerdotes por las calles designadas, volviendo a la misma Sta. Iglesia Catedral; enseguida se celebr la misa de requiem y se le hicieron los oficios fnebres por el Exmo. S r Dean Gobernador del Obispado D. Juan Bernardo OGavan, con asistencia del venerable cabildo eclesistico de entrambos cleros, de las principales autoridades, magistrados, gefes y corporaciones y de un numeroso concurso; concluidos los cuales fue conducido hasta la Puerta de la Punta en hombros de sacerdotes, acompaados del dicho venerable cabildo y clero donde se le cant un responso, otro en la R P Casa de Beneficencia y el ltimo en el Cementerio General, y lo firm.Manuel Prez de Oliva.Rubricado.Es copia fiel de su original. Habana veinte y dos de Septiembre de mil novecientos veinte y cuatro.Fco. Fdez.

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OBISPO DE ES P ADA / 133 / 133 erogaciones necesarias a cuenta de las rentas devengadas. 179 Durante tres das estuvieron expuestos al pblico sus restos. El cabildo eclesistico, el clero secular y regular rodearon su lecho mortuorio y rindieron los honores propios del ceremonial de obispo. Lo vistieron con el atavo de su prelacin y miles de personas acudieron a contemplar su cadve r Toda la ciudad estaba de duelo. El 17, a las 9 de la maana, fue llevado en hombros por las calles de Mercaderes y Obispo hasta el templo. La misa de Requiem y los oficios fnebres fueron presididos por OGavan. Una vez terminada la ceremonia, se inici la marcha hacia la necrpolis creada por Espada que llevaba su nombre. La ciudad que lo recibi tres dcadas antes, lo acompa hasta su ltima morada. Por la calle de San Ignacio, luego por la de Chacn y posteriormente, por la de Cuba, pas el cortejo fnebre hasta llegar a la puerta de La Punta. Lo encabezaba una compaa de dragones. Presida la marcha el capitn general Mariano Ricafort y Palacn de la Barca, los miembros del gobierno, del Ayuntamiento, de la Curia Eclesistica, de las rdenes religiosas, de la Universidad, del Seminario, de la Sociedad Patritica, seguida, de un inmenso mar de gentes como nunca antes se haba visto en La Habana. Portaban el atad seis sacerdotes, pero al llegar a La Punta, ocurri un hecho inusitado. Al intentar colocar el fretro en el carro fnebre, ste fue arrebatado a los sacerdotes por una multitud de jvenes de todas las profesiones, aunque la mayor parte estudiantes de la Universidad y el Seminario. Luz y Caballero, al relatar este hecho en el Diario de la Haba na, expresa: Oh juventud divina! Oh poca de la vida la ms honrosa para la humanidad porque te dejas regir del corazn sin conocer la ponzoa del egosmo. V osotros me conmovisteis, y conmovisteis a todos los presentes jvenes compatriotas mos. V osotros volvisteis hacer brotar la no agotada fuente de mis lgrimas, y vosotros me hicisteis gustar con noble orgullo que era habanero el corazn que en m lata. 180 Como habanero haba sido el corazn que durante ms de 30 aos lati en Espada. Aos despus, Jos Mart utilizaba esta ancdota para expresar la bsqueda de la grandeza de la identidad nacional. Otro hecho significativo fue que no test. Careca de propiedades, todo lo haba entregado en vida a su pueblo cubano. La sociedad de la poca expres de las formas ms variadas sus sentimientos por el desaparecido obispo. El 26 de septiembre, una multitud silenciosa escuch el elogio fnebre que en la catedral hizo el padre Manuel Prez de Oliva. 181 Treinta das despus, el ms clebre orador sagrado de Cuba y vicerrector de la Universidad de La Habana, el dominico Remigio 179. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 244. 180. Diario de la Habana 20 de agosto de 1832, p. 2, col. 3, y 24 del mismo mes y ao, p. 2, cols. 2 y 3. 181. Manuel Prez de Oliva: Oracin fnebre del Excelentsimo Seor D. Juan Jos Daz de Espada y Landa, Obispo de esta Dicesis, Caballero Gran Cruz de la Orden de Isabel la Catlica, del Consejo de S.M., etc. Pronunciada en la Sta. Iglesia Catedral. Por D. Manuel Prez de Oliva, Cura Rector de su Sagrario, el da veinte seis de Setiembre de mil ochocientos treinta y dos Oficina de don Jos Boloa, Habana, 1832.

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P APELES 134 \ 134 \ 182. Remigio Cernada: Oracin fnebre Biblioteca de la Sociedad Econmica, 1832. 183. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 246. 184. La inscripcin hecha por el padre Agustn Caballero es la siguiente: Escelleno valde, Prassulque illustrissimus Dominus Doctor Dominus Joannes Jph Daz Espada et Landa Post primun Episcopus hujus ecclesial habanenais Jacet hoc, phr dolor! cenotaphio tumulatus Artes, et scientias, et fabrilia officia Ipse vel invenit, vel ampliora fecit, Ac suis fere omnis sumptibus ditavit Scriptis tandem docuit sanos mores, sanam pietantem. Cernada, pronunciaba en la propia Universidad un panegrico del obispo fallecido. 182 Este hecho habla muy bien de Cernada. Pese a las pugnas que a veces existieron entre la Universidad y el Seminario, entre el obispo y los dominicos, fue capaz de reconocer la obra de Espada y pese al acento crtico de su panegrico, no reprodujo las calumnias de los enemigos de ste. En el mismo sentido se expresaron otras figuras como el presbtero Comas, Domingo del Monte, Blas Oss, Manuel Gonzlez del V alle y Jos de la Luz y Caballero. Este ultimo expres: Fue uno de los hombres que ms ardientemente dese y promovi la felicidad de nuestra Isla. 183 Cuenta Bachiller y Morales que en el Seminario de San Carlos surgi la iniciativa de levantarle una estatua. Entre quienes promovieron la idea estaban Jos Antonio Saco, Nicols de Escobedo, Govantes y Abreu. En el Aula Magna, los estudiantes de Derecho pusieron un leo suyo con una inscripcin latina de Jos Agustn Caballero. 184 Algo semejante hizo la Sociedad Patritica. Hemos credo necesario reproducir en detalles, hasta el punto en que lo permite un trabajo de este tipo, la historia poltica del obispo Espada. Hombre de una poca difcil y convulsa, se puso al lado de los pobres y defendi las ideas ms avanzadas de su poca. La magnitud de la obra de Espada puede medirse por la magnitud de los ataques a que lo sometieron los sectores ms reaccionarios y oscurantistas de su poca, tanto en Cuba como en Espaa y el V aticano. Resulta significativo, incluso, que la calumnia haya tenido ms fuerza que la verdad en los lugares donde, se supone, debi haber primado la mesura y la objetividad. Pero lo que le dio un carcter especialmente virulento al ataque contra el Obispo de La Habana fue el factor poltico. Los hombres surgidos al calor de la Santa Alianza combatieron acremente las ideas liberales y constitucionalistas. Mas, en Cuba se preserva el recuerdo de la obra de Espada como el ms brillante momento del catolicismo insula r All, en los orgenes mismos de la cultura cubana, est su mano, su obra y su pensamiento. Porque la primera expresin intelectual de esa cultura tiene la huella indeleble del vasco que durante 30 aos vivi como cubano y sirvi a nuestra patria hasta que esta tierra clida lo acogi en su seno. Hay hombres que son como su poca, nacen y mueren sobre el lecho de un volcn.

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OBISPO DE ES P ADA / 135 / 135 III. Pensar para conocer; conocer para ser Resulta notable el estudio de numerosos autores sobre una de las variantes del pensamiento cubano, la variante de la alta burguesa esclavista cubana de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX Significativamente, en los manuales de historia slo existen las manifestaciones de la oligarqua plantacionista y de la burguesa comercial, y apenas se vislumbra el proyecto transformador que propona la ejecucin de los presupuestos tericos de las revoluciones que abran paso a la modernidad. En el caso cubano, esta ltima corriente tena que enfrenta r por fuerza, la naciente estructura econmico-social anmala de la plantacin esclavista y su ideologa adulterada; su promoto r el obispo Espada. 185 La accin social del obispo en el contexto de la sociedad esclavista y colonial cubana de principios del siglo XIX fue de un alcance extraordinario, tanto por su amplitud como por su carcter y proyeccin. Esa accin constituy el resultado de su vigoroso y transformador pensamiento, uno de los ms progresistas de su poca. ste no es una expresin domesticada de los intereses de la alta oligarqua esclavista y comercial, sino que, por el contrario, se manifiesta con proyecciones diferentes, y aun contrapuestas, a la de esta elite econmica. Espada es el iniciador del pensamiento crtico contra la estructura explotadora esclavista y el primero que presenta un proyecto coherente para la superacin de este sistema productivo. Una revisin de sus escritos permite encontrar el elemento cntrico de su pensamiento. Fundamento que condiciona toda la proyeccin de sus ideas: la defensa de los pobres. En su informe sobre Diezmos reservados, de fecha tan temprana como 1808, expresa su concepcin en estos trminos: Si el Obispo llega a conseguir que sus meditaciones y vigilias aplicadas a observaciones continuas sobre estos objetivos merezcan alguna atencin, para que se piense seriamente en hacer las aplicaciones adecuadas, superando vulgaridades, despreciando miras de intereses srdidos y dedicndose a favorecer a los pobres, habr logrado todo el premio y satisfaccin a que aspira. 186 Los intereses srdidos, a los que se refiere, son los de la oligarqua azucarera y comercial. Sobre la base de esta declaracin de principios puede analizarse el conjunto de sus ideas. El pensamiento de Espada se sostiene sobre los avances del pensamiento europeo del siglo XVIII e inicios del XIX a la manera espaola. Su limitante principal radica en este mismo hecho. En la Ilustracin espaola no estuvieron presentes todas las corrientes e ideas europeas. Sus ideas econmicas parten de los economistas espaoles de la centuria dieciochesca. En 1808, el Obispo de La Habana expone el ms audaz proyecto econmico 1 85. En el libro Esclavitud y sociedad (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986) fundamentamos la explicacin acerca de la plantacin y de la ideologa que sta genera. 186. Ibdem (49).

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P APELES 136 \ 136 \ elaborado en Cuba hasta entonces... audaz por los intereses contra los cuales se proyectaba. La base del proyecto espadista era la agricultura. El fundamento esencial de la prosperidad y en que estriba por naturaleza la subsistencia, ser siempre la agricultura. 187 Sobre la base de esta idea desarrolla toda su propuesta econmica para Cuba. En este aspecto, el pensamiento de Espada responde a la doctrina econmica fisicrata. Esta corriente se desarroll en Francia a mediados del XVIII y criticaba el mercantilismo, teora hasta entonces predominante en el campo econmico. Los fisicratas consideraban que no deba prestrsele tanta atencin al comercio, sino a la agricultura, en la cual se concentraba la produccin, la verdadera y estable prosperidad de la nacin. Afirmaban que la nica fuente de riqueza es la naturaleza, reduciendo la plusvala a un don fsico de sta. En su opinin, la agricultura constitua la nica rama en la cual se creaba el producto neto. Los fisicratas daban el nombre de clase productora a la formada por los individuos ocupados en la agricultura. A los fisicratas corresponde el mrito de haber trasladado el problema relativo al origen de la riqueza social y de la plusvala de la esfera de la circulacin a la esfera de la produccin material, aunque circunscrito, claro est, fundamentalmente a la agricultura. Con ello sentaron la base para el anlisis de la produccin capitalista en su conjunto. Lo valioso de su doctrina estriba en hacer depender la situacin de las clases de la estructura econmica de la sociedad. 188 Con esta concepcin econmica de su tiempo, Espada somete a crtica la estructura productiva del pas y elabora un sistema consecuente con ello: Las gracias que esta exige [la agricultura] y que le son peculiares, no han de confundirse con la libertad que ha de tener el comercio; ni la libertad de este con las franquicias que han de aplicarse a las fbricas; ni estas franquicias indispensables con los miramientos y exenciones de las artes. F omento, impulso, generosidad y consideraciones son los caracteres distintivos de cada uno y el norte que ha de seguir el Gobierno para hacer las aplicaciones adecuadas. La agricultura y las artes mecnicas, que se asemejan, exigen trabajo material; el comercio, industria y clculo, y las fbricas, talento: por lo que las gracias han de recaer con analoga en estos polos. 189 Como todo fisicrata, es partidario de la libertad de comercio y de amplias garantas para el fomento de la produccin, reduciendo la circulacin a la esfera de la produccin, contrario a lo que haba propugnado el mercantilismo: Supngase que para que el comercio tenga ms frutos que extrae r se le concede tantas gracias y exenciones a la agricultura que no se conozca en el estado, clase ms favorecida que la del labrado r que con esto se dedican muchos a este ramo y que efectivamente se logran frutos abundantsimos; pero que al comercio lejos de darle amplitudes, se le aumentan los derechos 187. Ibdem (49). 188. Economa poltica. Diccionario Editorial Progreso, Mosc, 1985, pp. 165-166. 189. Ibdem (49).

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OBISPO DE ES P ADA / 137 / 137 de extraccin, se le dificulte la adquisicin de buques, se cargan los derechos sobre el comerciante y son vejados en las aduanas; en este caso por ms que abunden los frutos, nadie se dedicar a extraerlos y la abundancia de un ao, hacindole perder al labrado r ser anuncio infalible de la caresta del siguiente. Lo mismo sucedera si para fomentar la agricultura, slo se concedieran gracias al comercio pues el labrador agobiado con los tributos y cargos desmayara y el comercio no tendra frutos sobre que ejecutarse. Las gracias, pues, deben ser anlogas y acomodadas a la exigencia o necesidades de cada uno, sin confundirlos. 190 La concepcin hasta aqu expresada puede considerarse similar a la que, l6 aos antes, haba expresado Francisco de Arango y Parreo en su Discurso sobre la agricultura en La Habana y medios de fomentarla. Los criterios de Espada y los de Arango tenan dos aspectos comunes: la concepcin fisicrata y el reclamo a la Corona de las libertades para el desarrollo de la produccin y el comercio en Cuba. Sin embargo, el objetivo de cada uno de ellos resultaba diferente en relacin con las clases a beneficiar y en el camino propuesto para el desarrollo cubano. Para Arango, el objetivo es el desarrollo del sistema plantacionista esclavista; el de los pequeos productores no esclavistas, el de Espada. Centrado su inters en la agricultura, el obispo entra a analizar la situacin cubana: A la agricultura la constituyen esencialmente tres cosas: tierra, brazos y agua (...) En la isla de Cuba de las tres cosas esenciales a la agricultura (...) tiene muy excelentes las primeras, las terceras abundantes y slo en los segundos padece la mayor penuria: le faltan brazos y es preciso dedicarse a proporcionrselos, fomentando antes que todo la poblacin. Cules son los medios? Encontramos aqu que Espada llega al ncleo neurlgico de la problemtica cubana de su tiempo. En Cuba, a diferencia de Europa, nos encontramos amplias tierras vrgenes y la inexistencia de fuerza de trabajo para ellas. A este problema hay que dar solucin antes de llegar a ninguna otra conclusin de cmo debe desarrollarse la isla de Cuba. La burguesa esclavista cubana haba hallado una solucin que aplic con sistematicidad a partir de la segunda mitad del siglo XVIII : la importacin masiva de esclavos trados de frica. Pero con esta solucin estar en total desacuerdo el Obispo de La Habana. l halla la solucin en la bsqueda de la ampliacin de los pequeos productores. Debe darse preferencia al cultivo de aquellas ramas que favorezcan la facilidad de los medios de subsistencia y que proporcionan una riqueza slida, ms universal y ms bien repartida. 191 Aqu, los caminos de Espada y Arango y Parreo, este ltimo como vocero e idelogo de la burguesa esclavista, se separan radicalmente. Arango quiere promover la plantacin esclavista de la minora pri vilegiada poseedora de las tierras y el capital; Espada, a los pequeos productores, de modo que la riqueza est ms bien repartida: Los [fru tos] 190. Ibdem. 191. Ibdem.

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P APELES 138 \ 138 \ que ms se recomiendan para que sobre ellos se aplique la mayor atencin y se miren con la mayor preferencia son los de primera necesidad para el alimento como el pltano, la yuca, el casabe, el maz, el ame, la batata o boniato, la manteca de puerco y la carne. Allnense estos renglones, favorzcanse y agrciense sin emprender otros algunos y tendrn los primeros [los hombres] cimientos de la subsistencia. Encuentren estos auxilios, con ello cuantas franquicias son imaginables, se aumentar la poblacin y despus podr tratarse a los otros efectos de la agricultura. 192 De aqu su conclusin: Lo esencial estriba en los medios naturales de la subsistencia y como esta se facilita se propagar rpidamente la especie humana y ser un resultado de esta propagacin el que florezca la agricultura y se extienda a todos los ramos de que sea susceptible el terreno, caminando siempre con la preocupacin de que lo accesorio no debilite o aniquile lo principal. 193 La agricultura es efecto de la poblacin y no la poblacin efecto de la agricultura; para conservarse se auxilian recprocamente pero no es lo mismo la conservacin que el origen. 194 Ello explica el especial inters de Espada por promover la inmigracin no forzada y el apoyo que le prest a Ramrez en la colonizacin de nuevas tierras. Llegados a este punto, se nos revelan cules son los intereses que defiende el prelado. No es a la burguesa esclavista ni a la comercial; no es al hatero; sino al pequeo productor agrcola y no como usufructuario, al estilo feudal, sino como propietario: Para que la agricultura florezca debe componerse el pas del mayor nmero de propietarios que sea posible; 195 la abundancia y prosperidad deben ser para que todos puedan participar con proporcin y que lejos de reconcentrarse en pocas manos se propaguen y difundan cuanto ms fuera posible. 196 Por ello, propone un plan y sistema gubernativos que, protegiendo a las muchedumbres, desdea miras parciales. 197 He aqu, claramente expresada, la concepcin antioligrquica de Espada; su concepcin a favor del pueblo trabajado r Esta actitud revela un abierto enfrentamiento a los sistemas hatero y plantacionista. Ello lo lleva a formular la ms atrevida crtica que se hiciera a la oligarqua hispanocriolla se hiciera en su poca. Sin temor alguno, se lanza contra la burguesa esclavista: El poseedor de grandes terrenos slo se ocupa de la idea de formar una hacienda que le proporcione utilidades extraordinarias y que la coloquen en la clase de hacendados de primer orden. El algodn no le da pbulo ni a su vanidad ni a su codicia y lo desprecian. Aplica sus esclavos o al caf o al azcar y se burla de todo empeo y consideracin del 192. Ibdem (49). 193. Ibdem. 194. Ibdem. 195. Ibdem. 196. Ibdem. 197. Ibdem.

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OBISPO DE ES P ADA / 139 / 139 Gobierno por el algodn. Habiendo esclavos no pueden faltarle operarios para tales haciendas y como si stas se desmembran ni hay quien acuda al cultivo de otras de menor consideracin es por este sistema caprichoso el abandono de frutos acaso ms tiles y necesarios. 198 Al referirse a las plantaciones esclavistas, seala: Son unas cuantas haciendas grandes y opulentas, pero aisladas en que slo se conoce un propietario, que tira para la utilidad y que no se propone otro designio que el de sacar toda la ganancia posible con el menor nmero de brazos que pueda y desechando todos los que sean superfluos. 199 Renen en una sola mano posesiones y riquezas inmensas de que se ven privados los dems: no se conocen productos parciales al abrigo de otras labores, sacar medios para su subsistencia, por consiguiente son las ms perjudiciales que pueda imaginarse (...) los ingenios son un obstculo de los ms fuertes que se oponen a la poblacin en esta Isla. 200 Y llega al parangn necesario: Comprese los dueos de ingenios que infaliblemente han de ser ricos y opulentos y que slo pagan un 9 por ciento, con el pobre labrador comn que paga un diezmo. Considrese, como se demostrar enseguida, que la labranza de los primeros es un dique en que se estrella la inclinacin de los segundos a la poblacin y a la ms extensa cultura de estos inmensos campos, y se ver cuanto ms desigual es la condicin poltica de los unos de la de los otros, y cuan perjudicial es esta enorme desigualdad. 201 Y en otra parte escribe: Y qu razn hay para que el rico que coge mucho en azcar no pague en proporcin cuando paga segn ella el pobre labrador de maz, de yuca, de pltano, de boniato, y de otros frutos de primera necesidad, de cuyo cultivo pende el aumento de la poblacin y la formacin de los pueblos. 202 De la misma forma, Espada critica el sistema del hato ganadero: Se ha dicho que son 4 leguas las que se sealan para haciendas de ganado y esto mismo est demostrando que no es fcil cercarlos; que cuando alguno quisiera detenerse a una empresa tan ardua, la ley se lo prohbe, con que alguna tierra est condenada a una perpetua apertura: las prohibiciones de esta clase que slo ha podido dictar un enemigo decidido de la poblacin y agricultura, hace que el dao se propague an ms all de lo prohibitivo de la le y Las tierras vacas o vacantes que por razn de los crculos y tortuosidades quedan entre hacienda y hacienda, tampoco pueden labrarse porque la vecindad de los ganados en campo abierto hace inevitable la prdida del trabajo y de la simiente: fuera de que como los ha cuidado disfrutan sin lmites determinados y sin estarles asignados los pastos de aquellas tierras, tienen un inters que nadie se establezca all por labrador y en que 198. Ibdem. 199. Ibdem. 200. Ibdem. 201. Ibdem. 202. Ibdem.

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P APELES 140 \ 140 \ no se cerquen poca ni mucha tierra y as jams se verifican tales establecimientos: prcticas ambas con las cuales no es fcil comprender las trabas que se les ponen a la poblacin. 203 Ello lo lleva a concluir: En una palabra que el espritu de pastura de la Espaa no impida aqu como all, los progresos de la poblacin y no paralice la agricultura. 204 La posicin de Espada hacia el problema de la ganadera extensiva resulta altamente significativa. La crtica va dirigida contra el sistema y la mentalidad hatero-feudal que ha primado en Cuba en los siglos XVI XVII y XVIII ; contra el sistema de campo abierto y por los cercados. sta fue la premisa que en Inglaterra inici el camino hacia la destruccin del orden feudal. Espada est contra el hato porque constituye la expresin del quietismo econmico; est contra la plantacin esclavista porque sta distorsiona la formacin de estructuras capitalistas basadas en la pequea propiedad; est por la pequea propiedad porque sta es la forma, en su criterio fisicrata, de que la riqueza est mejor repartida. El obispo no slo se qued en la crtica al sistema productivo del pas. Plante criterios alternativos, para sustituir el desigual modo de producir en la plantacin. Si se observa con cuidado su informe sobre Diezmos reservados, se ver que existe una opcin de su agrado, pero que las condiciones objetivas de ese momento histrico impiden aplica r Para l, lo ideal es una reforma agraria permanente. Esta idea se sustenta por las costumbres de los antiguos, antes del surgimiento de las sociedades feudal y capitalista: Mrese por ahora como irremediable este dao porque los terrenos todos estn repartidos y no tenemos como los hebreos el ao del jubileo para equilibrarlos; respetemos las costumbres y establecimientos que nacen y se oscurezcan con las mismas naciones que las sostienen y que ha canonizado la mxima de no vulnerar las propiedades; pero al menos aplquese un poco la atencin a evitar la reunin casual y voluntaria en una sola mano, indicando algo de lo que se haca en la antigedad. Entre los atenienses se dividan las posesiones paternas por iguales partes en los hijos y an se prohiba testar de ellas (...) Tampoco permitan que una persona sucediera en dos herencias que consistieran en partes iguales. Licurgo a la igualdad del repartimiento de la herencia paterna aadi el prohibir las dotes y quiso que las posesiones del que mora sin hijos se repartiesen entre los que tenan ms nmero de ellos. Entre los Germanos la Nacin era la nica perpetua propietaria segn Tcito, para distribuir cada ao los campos entre los padres de familias y proporcionar la distribucin al nmero de ciudadanos. Son bien conocidos los esfuerzos de los primeros legisladores de Roma por multiplicar y conservar el nmero de propietarios, sealndole a cada uno terreno y arreglando el orden de los sucesores (...) Todo el objeto era aumentar el nmero de propietarios y disminuir el de jornaleros. 205 Resul 2 03. Ibdem (49). 204. Ibdem. 205. Ibdem.

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OBISPO DE ES P ADA / 141 / 141 ta significativo que Espada se valga de estos remotos antecedentes para indicar la necesidad de un nuevo reparto de tierras en Cuba. No obstante, sabe que ello no es posible y centra su argumentacin en tratar de disminuir los privilegios de plantadores esclavistas y hateros, y de que se fomente la poblacin campesina. Por ello, el obispo ofrece una alternativa encaminada a romper la cada vez mayor concentracin de la tierra en pocas manos: prohbase la mancomunidad de tierras en las familias; oblguese en las particiones a que se adjudique a cada uno su porcin y que se la obligase a trabajarla por s o arrendarla con separacin o a venderla habiendo comprado r prefiriendo al que no tuviera tierras, o tuviera menos.... 206 El problema de las plantaciones esclavistas lo aborda con el siguiente argumento: los plantadores deben crear medios de facilitar pequeas cosechas de azcar [es deci r pequeos productores azucareros], de hacer entrar en cultivo para colonos las tierras sobrantes de los ingenios o hacer que en ellas se vayan conociendo poblaciones de personas independientes del dueo, en lo que conviene y arreglados a este sistema los ingenios dejarn ensanche para otros frutos ponindolos en el estado que corresponde, particularmente el tabaco que ya sufre algn abandono o postergacin. 207 Como puede observarse, buscando medios sutiles y adecuados, Espada propone una verdadera reforma agraria en Cuba. Esta actitud resulta consecuente con una realidad ms poderosa que toda argumentacin. El primer problema de Cuba es lograr una poblacin autctona, arraigada a la tierra y capaz de mantenerse con sus propios recursos. Logrado esto, estarn sentadas las bases de una nacin que pueda elegir su propio destino, incluido el sistema de posesin de los medios de produccin y la propiedad agraria. La posicin del obispo en relacin con la oligarqua halla su punto culminante justamente all donde la burguesa esclavista ha situado el centro mismo de su riqueza: el problema de la esclavitud. Puede considerrsele como el iniciador de la corriente antiesclavista y antitratista en la Cuba del siglo XIX En 1808 formula un conjunto de ideas que anteceden, en 15 aos, el proyecto de abolicin de la esclavitud elaborado por Flix V arela. No pueden desligarse las posiciones antiesclavistas de V arela de las ideas sostenidas por su protector y gua, el obispo Espada. El hecho de que muchos de quienes rodearon a este ltimo, o de quienes fueron alumnos del Seminario de San Carlos, adoptaran una posicin crtica en relacin con la esclavitud, incluso mucho ms moderada que la del ob ispo, como los casos de Jos Antonio Saco, Jos de la Luz y Caballero y Domingo Del Monte, muestra fehacientemente la influencia que tuvo el pen samiento antiesclavista de Espada y V arela. Ello no excluye que algunos de sus cercanos colaboradores fueran furibundos esclavistas, como el caso de Juan Bernardo OGavan. 206. Ibdem. 207. Ibdem.

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P APELES 142 \ 142 \ 208. Ibdem (49). 209. Ibdem. 210. Ibdem. 211. Ibdem. En 1808, le escribe al Rey la siguiente frase que expresa su esencial posicin antiesclavista: Si no supiramos que se araban las tierras, que se abran los montes, que se cultivaban los campos y heredades, que se cogan los frutos y que haba suficientes cosechas en Europa, en Asia y an en frica para sostener sus poblaciones incomparablemente ms numerosas que las de Amrica y que esto se hace sin tener un negro, sin que haya un esclavo con semejante objeto, pudiramos creer absolutamente necesario este comercio para el mayor fomento de la agricultura, pero sabemos con una evidencia innegable que no hay tales esclavos y que la agricultura est en un grado de perfeccin en unos pases y de adelantamiento en otros, en que no ha llegado a ponerse la Amrica. Luego sin esclavos se puede tener agricultura y se puede tener con perfeccin. Luego no son necesarios. 208 El pensamiento anterior va encaminado claramente a tratar de establecer que para el desarrollo de Cuba no es necesario el sistema esclavista. Mas, merece destacarse que la argumentacin de Espada no es convincente y lo sealado por l como una generalidad no se corresponde con la realidad cubana. Si la esclavitud se desarrollaba en la Isla, era justamente porque estaba encaminada a solucionar un problema vital para el desarrollo cubano: el problema de la fuerza de trabajo. Pero debe indicarse aqu que la posicin antiesclavista de Espada llevaba, sin lugar a dudas, a plantearse la bsqueda de otras soluciones al problema de la fuerza de trabajo. Al mismo tiempo, estas ideas contenan profundas races humansticas que colocaban al esclavo en su condicin humana. El prelado se situaba, segn su propia definicin, frente a los hacendados o comerciantes de la Isla que miran como en todas partes las cosas por el solo aspecto de la ms pronta, ms crecida y ms fcil ganancia. 209 Espada se muestra enemigo de la esclavitud y argumenta en contra de ella. Escribe que hace gemir en secreto a cualquier prelado lo que observa: el trato duro y acaso inhumano los desespera [a los esclavos], les hace emprender fugas; los castigos fuertes los van destruyendo y al fin se ven aniquilados. Es posible que de los doce millones que se han trado no se encuentren en todas las colonias ni cuatrocientos mil esclavos criollos y que no se puedan conservar el milln y medio que se supone necesita r sin reemplazarlos anualmente con los que incesantemente se estn pidiendo a la metrpoli con gracias y con ampliaciones de comercio? Convengamos que nunca han servido ni sirven para el aumento de la poblacin y lo que es ms, que ni an se ha pensado en esto porque jams se ha tocado este punto por ninguno de los panegiristas de los negros. 210 Y contina argumentando el obispo: la necesidad de sus brazos para la agricultura, la utilidad que estas colonias logran he aqu todo el clamo r todo el sistema. 211

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OBISPO DE ES P ADA / 143 / 143 Espada utiliza dos argumentos centrales contra la esclavitud. Uno de carcter econmico, humanista el otro. El primer argumento va encaminado a demostrar que no se necesita el sistema esclavista para la economa de la Isla: Contrayndose a cada hacendado qu ventaja puede ofrecerle el anticipar un desembolso tan considerable como el de 450 duros por cada negro que necesita en su hacienda? Es un capital dividido en otras tantas cabezas, puesto en una especie de fondo perdido en cuanto corre el riesgo de la vida, de su fuga, de sus enfermedades y con la diferencia de que lejos de sacar un producto seguro tiene que hacer desembolso para alimentarlos y vestirlos? Prescndase de que el trabajo de un negro equivale o no al de un jornalero o mozo de labo r que mira en su trabajo el nico asilo de su subsistencia y que tiene que hacerse acreedor a la permanencia. Supngase que sea que nunca lo es: calculando el costo del uno y del otro sin contar el precio primitivo del esclavo, creo que sale ms cara la manutencin de ste que la del jornalero. El amo tiene que mantener todo el ao al esclavo y tiene que mantenerlo y curarlo en sus enfermedades: esta quiebra, las de la pereza y la ociosidad, las de las fugas, las de emplear a otros negros que los vayan a busca r perdiendo antes el trabajo al fin la prdida absoluta de un capital que nunca ha producido nada, lejos de proporcionar con los esclavos una utilidad de clculo, acarrea un gravamen continuado de lo ms terrible que pueden ocurrir a la agricultura. 212 Su argumento humanista es el siguiente: La humanidad, la razn y la conveniencia le harn preguntar ha de ser trayendo eternamente negros, o ms bien se ha de escuchar la voz de la comodidad, del inters, de la independencia, de la poltica y de la justicia, que dirn de unnime acuerdo traed los necesarios o conservarlos si los tenis, cuidando de que la reproduccin de esos mismos aumente esos brazos que vais a necesitar de nuevo y cesar vuestro miedo y vuestra dependencia? Hay cosa ms sencilla ni ms til? Hemos de ver con indiferencia que se traen, sino al matadero, al menos a que se extinga la generacin? Hemos de vernos por esto cada ao nuevo en nuevas angustias y necesidades? No se ha de pensar en lo que dicta el orden natural y racional? Slo se ha de prorrumpir en el clamor insensato y frentico, traigamos negros, y no se ha de escuchar alguna vez la propuesta del hombre indiferente y juicioso que busque los medios de extinguir esa necesidad y sacar partido de ese mismo sistema. 213 Estos argumentos dirigidos a una mentalidad esclavista, no impiden que Espada ofrezca su solucin: el trabajo libre. La posicin abiertamente antiesclavista de Espada lo lleva, necesariamente, a plantearse el problema de la trata. Contra el comercio de negros son sus argumentaciones ms recias: la introduccin de negros no conduce, ni ha conducido hasta ahora, a otra cosa que a una poblacin precaria y pasajera (...) Sea o no justo este comercio ha podido influir en la pobla212. Ibdem. 213. Ibdem.

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P APELES 144 \ 144 \ 214. Ibdem (49). 215. Ibdem. 216. Ibdem. 217. Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles cientficos histricos, polticos y de otros ramos sobre la Isla de Cuba ya publicados, ya inditos, Imprenta de DAmbusson y Kugelmann, Pars, 1858-1859, t. 3. cin? Es necesario y til a la agricultura? La experiencia y la razn decidirn siempre por la negativa. 214 Arguye un elemento que ninguno de los continuadores de la lnea antitratista tuvo presente. Se trata de que no era justo que se despoblara frica para poblar Amrica. Slo los ricos se benefician de este comercio porque son los nicos que pueden adquirir negros y sobrellevar los quebrantos. Las pequeas labores por consecuencia han de experimentar decadencia. 215 Ello lo lleva a argumentarle al Monarca: Cuanto ms se inclina la balanza a proteger y alentar a los poderosos, a los poseedores de grandes haciendas, tanto ms se ha de reunir en pocas manos las grandes masas y tanta ms imposibilidad y vaco ha de dejar con respecto a la clase ms numerosa y ms indigente; y como para que la agricultura florezca debe componerse el pas del mayor nmero de propietarios que sea posible y el sistema de comercio de negros se dirige a todo lo contrario, de aqu que lejos de proporcionar utilidad, se vayan cada da recreciendo los daos que con el tiempo slo lleguen a consistir en ingenios y cafetales, faltando todos los dems frutos: de que vendr la decadencia de la poblacin y la ruina de la Isla. Las anteriores ideas llevan a Espada a la siguiente conclusin: Este tan decantado comercio de negros debe desaparecer enteramente (...) No ms buques al frica, ni ms extranjeros con negros dentro de nuestros puertos: si hay trescientos mil esclavos pueden reproducirse y se corta para siempre este trfico aniquilador. 216 Sus argumentos antitratistas no slo corresponden a un momento de su vida. Se ha sostenido que el primer trabajo pblico contra la trata fue el publicado en 1832 por Jos Antonio Saco y conocido como Anlisis de una obra sobre el Brasil. 217 En 1826, Espada publica una carta pastoral, que por razones que desconocemos, no se ha citado ni comentado en la historiografa tradicional. Esa carta pastoral, leda en todas las iglesias de la dicesis de La Habana, iba dirigida contra la trata y puede considerarse el primer documento pblico de carcter antitratista del siglo XIX El documento, de 20 de abril de 1826, llama criminales y traficantes de sangre humana a los comerciantes de negros. Si contra Saco se lanzaron tratistas y esclavistas, al Obispo de La Habana se le respondi con el silencio y la intriga. Las ideas econmicas de Espada tenan su necesario correlato en su pensamiento social de raz antiesclavista: Este, seo r era el punto en que una pluma maestra debera entrar para persuadir que en Amrica de ningn modo puede ser conveniente el sostener para una ley una desigualdad

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OBISPO DE ES P ADA / 145 / 145 tan exclusiva como la que el criollo quiere conservar haciendo absolutamente reprobada la unin de los blancos puros con cualquiera de las otras castas [razas], pues si alguna vez se verifica en so color de la limpieza [de sangre], y a la menor discusin forense, se le hacen sufrir crueles sonrojos deslindndose su ascendencia aunque a nada conduzca el pleito. 218 Opuesto a la discriminacin racial, el obispo comenta: El disipar en parte todo lo que pueda considerarse como mera preocupacin y vanidad, y al persuadir que en el supuesto accesorio y absoluto de llevar negros y negras haba de vertificarse y convena que se verificara la mezcla de sangre, para connaturalizarlos con nosotros y unirlos a nuestros intereses. 219 La injusticia social hace gemir al prelado, al contemplar los libros parroquiales y observar el celibato forzoso de los negros. Un testimonio permanente de esta verdad se tiene al recorrer los ingenios y las haciendas y ver que en ellos slo se ponen negros o que los hay en un inexplicable exceso respecto a las negras. 220 Quin es el culpable de tal estado? Para l es el amo: No son los negros los que an en las cadenas de la esclavitud rehsan multiplicarse: la crueldad de los amos es la que hace intil el voto de la naturaleza. Esta llega a tanto extremo que el nuevo hecho de proponer un esclavo o esclava que quiere casarse con otro esclavo, la respuesta es que busque amo: por evitar los cuidados y atenciones recprocos y las licencias que tienen que darles para las pernoctaciones con el esposo y la esposa, y otras condescendencias que estn muy distantes de permitir. 221 Por ello propone un cambio radical en la situacin del esclavo: Impngasele a los amos la obligacin de prestar su consentimiento al matrimonio sin vender por esto al negro ni a la negra. Pngasele a estos miserables un protector que se ocupe en favorecer al negro que pida la licencia cuando se la niegue el amo. 222 Estima que deben cambiarse las condiciones de vida del esclavo, sustituyendo el barracn por el boho propio, de modo que restableciendo a estos infelices en los placeres del amo r ste los consolara y los multiplicara (...) arraigados a sus bohos y volviendo a vivir olvidaran el peso de sus cadenas. 223 El obispo sabe que l no puede eliminar por s solo la esclavitud, pero pretende por lo menos lograr un trato ms humano. Por ello le irritan, en especial, las pasiones ciegas y desordenadas de los amos para con las esclavas. Desprovisto de prejuicios sociales y raciales, Espada propugna la eliminacin de la frontera de la sangre y de la raza, apoya el derecho del esclavo al matrimonio y al respeto, y muestra especial admiracin por esa raza 218. Ibdem (49). 219. Ibdem. 220. Ibdem. 221. Ibdem. 222. Ibdem 223. Ibdem.

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P APELES 146 \ 146 \ 224. Ibdem (49). 225. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 226. Este autor agrega la siguiente cita tomada de un familiar de Espada: Una seora que era auxiliada mensualmente con una onza, faltando al sigilo tan recomendado por su benefactor, aconsej a una de sus amigas, pobre como ella, que implorase la caridad del Obispo. Al pretender la aconsejada que el seor Espada le asignase una pensin como a tantas otras, le pregunt el Obispo de quin haba adquirido tales noticias, y al indicar la solicitante el nombre de la amiga, el Prelado dispuso que a sta se le sealase media onza al mes y que la onza que reciba la indiscreta seora que le haba revelado el secreto, quedara reducida a la mitad (p. 266). Otras muchas ancdotas han llegado a nosotros, en especial, gracias a los papeles de Antonio Lpez Prieto obrante s en la Biblioteca Nacional Jos Mart. Entre ellos, el manuscrito de Juan Francisco Chaple, quien se dedic a recoger las ancdotas del obispo Espada. Entre stas se encuentra otra muy interesante. Un carpintero, Juan Daz, haba trabajado durante aos para el obispo recibiendo por ello un jornal de tres pesos. Cuando no pudo continuar trabajando por su avanzada edad y las enfermedades, Espada orden continuar dndole los tres pesos y lo ayud con alimentos, mdico y medicinas. naciente, mezcla de sangre de dos continentes, el criollo. Desea, sugiere, pide, la igualdad social: un rasgo de pluma admirable restableci a la clase ciudadana, en el ao 1783, a los que antes se singularizaban con el nombre de gitanos. 224 Luego, acaso, los negros y mulatos libres no estn en Cuba en una situacin similar a la de los gitanos en Espaa? Y el obispo se pregunta: por qu no adoptar una ley semejante para quienes en Cuba tienen igual condicin, negros y mulatos libres? No poda cambiar las leyes, pero s poda hacer ostentacin pblica de sus ideas. Protegi a todos los llamados de color, que crey dignos de su ayuda. El asunto lleg a molesta r, cuando en el Seminario de San Carlos un profesor considerado como no blanco empez a ejercer la docencia con el apoyo del prelado. Espada expona sus criterios populares. El cementerio haba terminado con la onerosa situacin de que los pobres fuesen enterrados en campos abiertos y slo los ricos podan serlo en las catacumbas de las iglesias. El Edicto de campanas elimin los toques ostentosos para anunciar cuando alguien naca en paales de seda o cuando un encumbrado personaje dejaba este mundo. Con especial inters socorri aquellas escuelitas pblicas donde la negra y la mulata ejercan como maestras junto a la blanca humilde. Y para ellas, quiso introducir los mtodos pedaggicos pestalozziano, lancasteriano y vareliano. Numerosas ancdotas reflejan el inters del Obispo de La Habana por los humildes: Siempre que algn desgraciado padre de familia, viuda o doncella pobre acudan a su proverbial generosidad, implorando su soco rro, acostumbraba aplazar la contestacin hasta despus de haber tomado, sigilosamente, toda clase de informes; y si stos favorecan al suplicante, entonces le asignaba una o dos onzas mensuales, que se le entregaban por el secretario, don Francisco Mara Castaeda, a la presentacin de la papeleta del agraciado, a quien recomendaba eficazmente el Obispo guardase secreto. 225

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OBISPO DE ES P ADA / 147 / 147 Espada ejecuta un paso ms atrevido. Ordena publicar el Snodo Diocesano de 1680, efectuado por el obispo Juan Garca Palacios. Este documento, de la poca de predominio de la esclavitud domstico-patriarcal, contemplaba una serie de regulaciones acerca del trato al esclavo, las normas morales del clero y las obligaciones de la oligarqua criolla. Documento en verdad contrapuesto a las concepciones de la esclavitud plantacionista, era una pieza olvidada, que Espada rescataba para limitar los excesos de los amos y regularizar las normas morales de los sacerdotes. 226 Otro aspecto de su pensamiento es el inters y amor que siempre profes por Cuba. Desde su llegada a La Habana concentr toda su actividad en e l mejoramiento social y en la superacin cultural, cientfica e intelectual del pas. Su trabajo se encamin a romper la rgida estructura del pensamiento medieval y abrir el camino a la inquietud investigativa. Fue el promotor del pensamiento cubano, en lo cientfico, artstico, filosfico y poltico. Los 30 aos en que Espada rigi el obispado de La Habana se corresponden con la etapa que diversos autores posteriores han reconocido como la poca ms brillante del movimiento intelectual cubano no slo del siglo XIX an ms de todo el perodo colonial. Esos aos sobresalen, ante todo, cuando se les compara con la larga etapa en la cual no se logr una vida cultural e intelectual tan activa y creadora. Ello fue posible porque Espada cre un mbito cultural que, a partir del paradigma racionalista, buscaba un nuevo paradigma, ste como emanacin vigorosa de una realidad que deba explicarse a s misma. Considero como contenidos fundamentales de ese movimiento, los siguientes: La tolerancia como principio en la bsqueda gnoseolgica y en la recreacin de la nueva sociedad. La educacin y la cultura como nicos modos de hacer cultura y modificar las obsoletas estructuras econmicas, sociales y mentales. La extensin del humanismo como sostn de una sociedad mejor y de un pensamiento realmente omnicomprensivo de los intereses del pueblo todo. De ah, su nfasis en la necesidad de lograr que cultura, economa y base jurdica, partan de las necesidades de los pobres. La promocin de los jvenes talentos y su exigencia a stos de que profundicen en las diversas ramas del conocimiento para que fuesen cubanos quienes resuelvan los problemas cubanos. La bsqueda y costeo de todo lo que pudiera convertir la ciencia especulativa en ciencia experimental. El traer a Cuba lo ms avanzado del pensamiento universal, en lo econmico, cientfico, jurdico, pedaggico, filosfico, esttico, como nico modo de animar las ciencias y el pensamiento en el encuentro y desentraamiento de la incgnita realidad cubana. La liberacin del pensamiento de las ataduras de la mala escolstica de los ltimos siglos. 226. Ibdem (40).

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P APELES 148 \ 148 \ El surgimiento del pensamiento de la liberacin nacional y social en la figura de Flix V arela. El desarrollo de la concepcin electiva en el pensamiento terico cubano que transita desde Agustn Caballero a Flix V arela, a Jos de la Luz y Caballero. La ms fuerte y autntica creacin del pensamiento terico cubano hasta ho y. El nexo entre ciencia y conciencia como paradigma en la creacin de la cubanidad. El desarrollo de las ciencias no slo como ideas, sino, adems, como aplicacin. Este asombroso movimiento de las ideas es la modernidad asumida como propuesta de pensamiento. La actualidad de las lecturas y los permanentes viajes de quienes forman parte del movimiento no pocas veces Espada los coste, permitan conocer lo nuevo y ms all, su aplicacin. La resistencia de las viejas mentalidades, de los peores intereses sociales y econmicos y del propio poder colonial, nos dara esa extraa paradoja que es nuestro siglo XIX tensador de sentimientos e ideas. Mas, los tiempos eran complejos; en particula r para el mundo amrico-hispano. El movimiento ilustrado espaol, del cual haba bebido Espada, tena serias limitaciones. Pretenda mejorar las condiciones espaolas imponiendo reformas desde arriba, desde la direccin misma del Estado espaol. Por ello, por el mtodo empleado el despotismo ilustrado, las reformas no dieron el resultado esperado. No obstante, las ideas modernistas encontraron eco en un crculo, ciertamente estrecho, de ilustrados espaoles que siguieron promoviendo reformas progresistas. Entre ellos estaba, en primera lnea, el obispo Espada. La Revolucin Francesa de 1789 provoc un intenso reajuste de la Ilustracin espaola. Floridablanca, como ministro de Carlos I V quiere cerrar los Pirineos a la influencia revolucionaria que llegaba del otro lado de la frontera. La Ilustracin se resquebraja, le surgen tendencias. Al calor de la Revolucin Francesa nacen ideas polticas contrapuestas. Urquijo y Godoy expresan la alternativa no aceptada. En Cuba, Espada contina un proceso de reajuste positivo. Su pensamiento acusa, dentro de una ortodoxia ilustrada, una militancia inconmovible en su sector ms progresista y de concepciones ms amplias. Rechaza la Revolucin F rancesa por sus excesos y sus mtodos violentos; mantiene las concepciones de cambios por la suave va de la reforma desde arriba; choca con esas mismas estructuras que esperaba lo favoreciesen; y consciente? permite hacer a los V arela, Saco y Luz, tambin a OGavn. Su tiempo se va; los nuevos no lo niegan. Los sucesos que llevan a la crisis del Antiguo Rgimen espaol implicaron el surgimiento de las corrientes polticas modernas. La Ilustracin slo quiso moderniza r No dese ni promovi una revolucin. Pero en su seno, y al calor de sus ideas ms progresistas, naci la concepcin de cambios radicales. El fin de la monarqua absoluta, el surgimiento del movi-

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OBISPO DE ES P ADA / 149 / 149 miento constitucional y contractual, la desamortizacin de las tierras, etc., constituirn premisas de la revolucin burguesa. A su vez, el movimiento poltico se fragment en tendencias tal y como ocurri en la Revolucin F rancesa, expresiones de sectores, capas y clases de intereses convergentes en algunos aspectos y francamente divergentes en otros. En comn slo tenan el rechazo a la monarqua absoluta. Espada sufre la transicin de la Ilustracin al liberalismo. Pero su pensamiento se vincula a lo ms audaz de ese movimiento. Su visin por los humildes y su trabajo para los humildes, sus ideas agrarias, antiesclavistas y antioligrquicas, lo colocan muy cerca del jacobinismo poltico. Alineado dentro de esta corriente, el Obispo de La Habana se muestra como un decidido partidario del movimiento constitucionalista, del fin de la monarqua absoluta y de la participacin representativa en las Cortes. Espada, la expresin ms amplia del pensamiento ilustrado-liberal de su tiempo en Cuba, fue el ms importante promotor de las reformas econmicas, sociales, polticas y culturales de todo el perodo colonial. Las reformas que emprenda en un campo, se correspondan con las de otros. Y, por la magnitud de stas, puede considerarse que Espada transitaba el camino hacia la reforma liberal en su expresin radical. En la historia del desarrollo del pensamiento econmico, social y poltico cubano, Espada ocupa un lugar preferencial. Es el iniciador de una co rriente progresista de profunda raigambre nacional. A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se observa que las ideas en Cuba van conformando un universo propio, que no slo expresan intereses diferentes a los de la metrpoli, sino que, adems, representan un intento de consagrar la singularidad propia del pueblo cubano. Constituyen las primicias de la nacionalidad cubana. Aqu, Espada tiene un lugar cimero en nuestra historia. Los tanteos que algunos ilustrados cubanos haban hecho contra la escolstica Caballero, Romay, con Espada se convierten en sistemtico y organizado movimiento contra todas las manifestaciones del pensamiento medieval. Pero, y esto lo trasciende, ese pensamiento medieval le daba unidad ideolgica a la hispanidad, al atar al criollo a su ncleo umbilical espaol. Al sistematizar el ataque a la escolstica, el obispo rompi esa unidad superestructural. El pensamiento moderno cobra anchura dentro y fuera del Seminario de San Carlos, pero siempre a la sombra de l, su protecto r. Si en Europa este pensamiento implic la expresin de la naciente burguesa y la bsqueda de la superacin de tradicionales retrasos econmicos, cientficos y culturales; en Cuba signific la ruptura con la unidad hispana, deviene as expresin cultural y de pensamiento de un proceso de autorreafirmacin del criollo y de bsqueda de nuevos paradigmas tericos que robustecern las races conformadoras de un pueblo naciente, an heterogneo, pero con un destino, en ms de un sentido, comn. Juan Ber nardo OGavan, Jos Agustn Caballero, Flix V arela, Toms Roma y, Jos Antonio Saco, Justo Vlez, Jos de la Luz y Caballero, Nicols J. Gutirrez, Antonio Jos V alds, Juan Bautista V erma y entre otros, consti-

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P APELES 150 \ 150 \ tuyen la plyade intelectual que en la filosofa, el derecho, la historia, la medicina, la fsica, la qumica, la economa poltica y el arte, intentarn demoler las viejas concepciones y sentarn los perfiles intelectuales de la cultura cubana. Todos ellos fueron seleccionados, protegidos, orientados y apoyados por Espada. Constituan el grupo que l llamaba de sus colaborantes. Colaborantes en qu? En crear un nuevo universo ideolgico-cultural cubano. Cierto que cada uno de ellos tom, con posterioridad, caminos diferentes, pero tambin que, independientemente de clases y orgenes, todos participaron en el empeo transformado r. Desde el punto de vista de las ideas econmicas, Espada puede considerarse uno de los ms osados precursores del pensamiento cubano en este terreno. Propone cambios en la agricultura, se pronuncia contra el latifundio y la plantacin, y por la defensa del pequeo producto r el campesinado. En su proyecto se opone al trabajo esclavo y seala la va del trabajo asalariado y el colonato, antecediendo en esto a Jos Antonio Saco, uno de sus prohijados. En cuanto a la problemtica social, Espada es un fuerte antiesclavista y enemigo sin recato de la trata negrera. En esto, su valenta no tuvo lmites. Ello explica que protegiera el plan abolicionista que V arela pensaba proponer a las Cortes espaolas de 1823. Esto requiere una observacin detenida. Por simplificacin, a V arela y a Espada se les ha atribuido ser idelogos de los hacendados esclavistas cubanos y por tanto, el proyecto de V arela se ha querido interpretar como del gusto de la burguesa esclavista. Nada ms lejos de la verdad histrica. El obispo critic a los hacendados esclavistas en todas las formas posibles por su acaparamiento de la tierra, por no propender a la diversificacin de los cultivos y sentar las bases del monocultivo, por no dejar desarrollar el crecimiento de la propiedad campesina y el poblamiento de los campos, pero, sobre todo, por esclavistas. Su posicin resulta manifiestamente antioligrquica, antiesclavista y antitratista; justamente est contra todas las manifestaciones de la burguesa esclavista. Con estas ideas no poda representarla por la sencilla razn de que se opona al sistema esclavista plantacionista. Por su parte, V arela fue prohijado en lo intelectual por Espada. Este ltimo le dio impulso a la actividad antiescolstica y racionalista de V arela. l llev al presbtero cubano a la ctedra constitucional y le propuso la representacin a Cortes. Y ello lo hizo porque saba, de antemano, la posicin antiesclavista del profesor del Seminario, secreto que compartieron ambos. Saban que esta actitud desatara el ms violento ataque de los esclavistas contra ellos. Mas, no se detuvieron, fueron hasta las ltimas consecuencias. V arela llev el proyecto abolicionista a las Cortes. En Espaa, se enfrent a OGavan. Este ltimo, en abierta defensa de los intereses de la burguesa esclavista, publicaba un folleto sobre la esclavitud en Cuba. 227 Ideolgicamente, el trabajo de 227. Juan Bernardo OGavan: Observaciones sobre la suerte de los negros del frica, considerados en su propia patria y trasladados a las Antillas espaolas: y reclamacin

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OBISPO DE ES P ADA / 151 / 151 OGavan era un claro enfrentamiento con el de V arela. Nada tenan en comn, porque representaban intereses diversos. El objetivo del proyecto abolicionista valeriano se ha confundido por el hecho de no entenderse las condiciones histricas en que se elabor. El objetivo del presbtero habanero era lograr la libertad de los esclavos conciliada con el inters de los propietarios. Este punto de vista resulta sumamente importante. En lugar de plantearse una abolicin radical de la esclavitud en Cuba, plante su extincin, pero y he aqu lo que ha confundido de acuerdo con el inters de los propietarios. 228 Se trata de una frmula lgica y bien concebida. Es un criterio que trata de conciliar todas las partes interesadas en el problema dentro de la sociedad cubana y que no causara la ruina de la Isla. V arela entenda que, sin el apoyo de los dueos de ingenios y esclavos, el obtener xito en la transformacin de la sociedad cubana era imposible. Se trata, en definitiva, de sentar las bases de una sociedad moderna no lastrada por la rmora de la esclavitud. Evidentemente, sta no era la va que haba tomado la burguesa esclavista. Dnde afiliar histricamente a V arela? El presbtero habanero no era dueo de ingenio ni tena esclavos. Era hijo de un funcionario colonial y de una cubana, hija de un oficial del regimiento de fijos de La Habana. Ni sus padres ni sus abuelos haban estado vinculados a la trata negrera o a la plantacin esclavista. Su punto de vista es el de un sector de la pequea burguesa ilustrada no relacionado directamente con la esclavitud y con la trata. Este sector ve en esta institucin explotadora la limitante fundamental para el desarrollo e integracin plenos del pas. Este sector de la pequea burguesa ilustrada tiene por promotor y gua al obispo Espada, y V arela es su mximo exponente. El ansia de encontrar un camino que superara la esclavitud y suprimiera la trata, estuvo en algunas de sus figuras. Por ende, Espada y V arela no representan a la burguesa esclavista, sino inician una corriente de pensamiento que se plantea hacer nacer una sociedad ms culta, justa y libre, sustentada en el pueblo trabajado r en las capas medias de la sociedad y en la intelectualidad creadora. En otro sentido, existieron elementos comunes entre la burguesa esclavista y la corriente ilustrada liberal de Espada. Ambas promovan la modernizacin. Por ello, las medidas reformistas del obispo resultaron, en lo referente a la promocin de las ciencias y a la consolidacin de la singularidad cubana, del agrado de la oligarqua. Erigida en clase nacional, la burguesa esclavista poda asumir las realizaciones de Espada. Pero estos ca contra el tratado celebrado con los ingleses en el ao de 1817 Imprenta del Universal, Madrid, 1821. 228. Flix Varela: Memoria que demuestra la necesidad de extinguir la esclavitud de los negros en la Isla de Cuba, atendiendo a los intereses de sus propietarios, en Jos Antonio Saco: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los pases Amrico-Hispanos Cultural S. A., Habana, 1938, t. I V pp. 5-17.

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P APELES 152 \ 152 \ minos se bifurcaban. Mientras la concepcin plantacionista, impulsada por un grupo oligrquico, utilizaba la esclavitud para lograr una acumulacin originaria de capital, el obispo estimaba que la riqueza deba estar lo mejor repartida posible y que la va no era la esclavitud, sino el incremento del pequeo producto r Estas diferencias se ahondaban cuando la burguesa esclavista trataba de explotar a todo el pueblo: esclavos, labriegos, artesanos o trabajadores de la ciudad para obtener la mayor plusvala posible. Por su parte, Espada tena la vista puesta en mejorar las condiciones de trabajo y de vida de ese pueblo. Y como pocos en su tiempo, no habla del pueblo en abstracto, sino que lo concreta en los pobres. Estas concepciones del prelado tuvieron un necesario correlato en lo poltico. Sus ms cercanos colaboradores, OGavan y V arela, fueron promovidos por el obispo a las Cortes en los perodos constitucionales, en las cuales apoyaron el rgimen constitucional, depositaron la soberana de la nacin en el pueblo, votaron contra la Inquisicin y el ltimo trat de impulsar la abolicin de la esclavitud, la reforma de la enseanza y la autonoma del pas. Eran tiempos difciles, porque eran tiempos de iniciacin poltica. Eran das de espadas, los das de Espada. En general, en Cuba, el perodo est marcado por el reformismo poltico. Pero con el obispo, tiene especiales connotaciones. Para l, las reformas econmicas son distintas a las de la oligarqua esclavista y comercial. Para l, las reformas polticas tienen un trasfondo autonomista. A partir de 1808, su aspiracin es, evidentemente, la autonoma. Considera que el pas debe gobernarse por sus naturales y en esto fue consecuente al apoyar a los cubanos y situarlos en los puestos clave, y se manifest abiertamente contra el centralismo metropolitano. Acaso no era ste un primer paso hacia una concepcin independentista? V arela sera el mejor ejemplo de que el camino abierto por Espada poda lleva r entre otras variantes, al independentismo. El obispo habanero fue, ante todo, un iniciado r Su labor consisti en abrir puertas, sealar posibilidades. Ni siquiera su opcin personal es lo ms significativo. Su actitud de ampliar el horizonte cubano le concede un lugar destacado en nuestra historia. Se le seal como el formador de los primeros polticos cubanos: OGavan, V arela, Saco, otros. Si se toma a cada uno de estos tres, colaborantes de Espada, se ver que sus opciones de poltica fueron diferentes, como diferentes, sus visiones y compromisos con la sociedad. Pero los tres presumieron siempre de su liberalismo. El obispo, dice Luz y Caballero, marc caminos sin preguntar y sin saber cul tomaran los otros. Max Henrquez Urea cuenta que cuando el arzobispo V alera se reuni con Espada, ste le manifest un juicio severo acerca del capitn general Vives por su aficin al mando absoluto. El obispo era partidario del rgimen constitucional y Vives actuaba, por primera vez en Cuba, con las facultades omnmodas: A partir de ese momento Max Henrquez Urea sita en boca de Espada y ya va para rato, vivimos en Cuba como si

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OBISPO DE ES P ADA / 153 / 153 estuviramos en una plaza sitiada. 229 Espada comunica a V alera cunto desagrado le proporciona la orden del monarca de que para dirigirse a l hay que jurar no reconocer el absurdo principio de que el pueblo sea rbitro de variar las formas de los gobiernos establecidos. Y le narra a su contertulio el dolorido exilio de V arela. 230 En estos principios de Espada, difundidos en la sociedad cubana en particula r el de la soberana del pueblo, estaba el germen del pleno derecho del pueblo cubano a elegir su propio destino. Y ste, respetuoso de l, si bien no era independentista, como sus enemigos afirmaban, hubiera aceptado el camino que el pueblo de su amada Cuba hubiera elegido. Un ltimo factor se hace imprescindible en estas notas. Por razones polticas, se puso en tela de juicio la ortodoxia catlica del Obispo de La Habana. Resulta significativo que haber defendido el progreso, las ciencias y los sectores humildes, haya sido la fuente para los ataques a Espada. Sus enemigos entendieron que esta actitud, lejana de los poderosos y cercana a los pobres, como la del crucificado del Calvario, no era la de la ortodoxia catlica. Los sectores reaccionarios unieron la fidelidad catlica al oscurantismo, al poder y a las ideas polticas sostenedoras de la injusticia y el orden feudal. En nuestra Amrica, Espada es precursor de la corriente ms positiva de la Iglesia; de la corriente que une el destino de la institucin al del pueblo. Lamentablemente, la historia posterior separ a la Iglesia en Cuba de este camino, al convertirse los obispos en representantes del Real Patrono de la Iglesia en Cuba, del rey de Espaa y del vicerreal patrono, el Capitn General y Gobernador Superior Poltico de la Isla. En aquellos lejanos y oscuros orgenes brill con fuerza la figura del obispo Espada. Mart so con que volvieran los tiempos de Espada por todo lo que significaron. Y a esos tiempos estn superados, pero, justamente, porque la obra y pensamiento de Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa fueron pedestal de un proceso de sistemticas superaciones. Su trascendencia histrica se revela en haber eliminado obstculos al desarrollo de la sociedad y el pensamiento, y haber ofrecido la posibilidad para la expresin global de la cultura cubana. Estuvo al lado de los pobres y contra las arbitrariedades del Estado espaol y de la poderosa burguesa esclavista en Cuba. Protegi y se comprometi, enfrentando todos los riesgos, en la creacin de los caminos que permitieron lograr el desarrollo de una autoconciencia del destino comn del pueblo que habitaba la isla de Cuba. De ah su presencia en el presente. 229. Csar Garca Pons, ob. cit., p. 223. 230. Ibdem.

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JuanJosDazdeEspada yFernndezdeLanda (1756-1832)

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El amigo ms decidido y franco que tuvo jams la juventud habanera Antonio Bachiller y Morales

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COLECCIN DE P COLECCIN DE P APELES APELES EDICTO DE CAMP ANAS (18 de marzo de 1803) Habiendo observado con extraeza y sentimiento que el edicto relativo al abuso de campanas y excesivos gastos en los funerales, expedido por nuestro antecesor el Ilustrsimo S r Don F elipe Jos de Trespalacios, aprobado y mandado a ejecutarse por S.M. y comunicado por este Gobierno y por Nos para su exacto cumplimiento, no lo ha tenido entero en todas las iglesias de esta ciudad, con especialidad en cuanto a la primera parte, sino que con varios pretextos que tenemos entendido, ya prolongan los repiques, dobles, y otras seales a ms de lo determinado, ya se dan en las horas diferentes y con ms campanas que las prescriptas, ya en fin, en algunos conventos e iglesias, se hacen las seales privadas, y de lo interior con campanas pblicas slo destinadas a indicar las horas o das del culto pblico y dems actos de religin, y a llamar a los fieles a ellos, y conociendo que esta desobediencia e inobservancia no tienen en manera alguna su origen en la piedad, que no puede ser verdadera cuando es contraria a los mandatos del Soberano, del Gobierno, y del Prelado Diocesano, contra el espritu de la Iglesia y del reposo pblico, con detrimento grave en especial de la situacin delicada de los enfermos sino en la vanidad de los que piden ms toques, y en una tasa indebida impuesta por los que la conceden; encargamos y mandamos de nuevo a todos los curas prrocos, de anexos, sacristanes mayores de todas las iglesias de la Habana, que se arreglen enteramente a dicho edicto y sus artculos y los que no lo tengan por cualquier motivo, vengan a enterarse de l a nuestra secretara, o enven persona que de l tomen la razn que les convenga, en la inteligencia de que no hacindolo as, procederemos a la exaccin de las penas impuestas por dicho edicto en cada infraccin, sobre que estaremos a la mira, dando para ello comisin a nuestro Alguacil de vara; y por cuanto en l no est fijado el tiempo que ha de durar el toque de Ave-Mara, que debe ser el nico al amanece r y el de nimas por la noche a las ocho, o las nueve, segn el tiempo, con cuyo motivo hemos notado con desagrado que se prolonga algunas veces en varias iglesias hasta veinte minutos y an ms; declaramos que los toques de Ave-Mara y nimas no han de pasar de tres minutos, y

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P APELES 158\ 158\ estos en el tiempo mismo que haga su toque nuestra Iglesia Catedral, sin empezar antes que sta, ni acabar despus, como est dispuesto en el edicto. As no estando bien determinado el nmero, horas ni tiempo de los repiques, con ocasin del jubileo circula r los limitamos a tres de a tres minutos, uno despus del toque de nimas por las noches, para comunicarlo en la respectiva iglesia, otro cuando se expone su Majestad Sacramentada y el tercero cuando se reserva. Y para que de los dobles de personas privilegiadas y exceptuadas en el edicto no se tome ocasin para extenderlos arbitrariamente, se har saber a Nos o a nuestro Provisor cuando ocurran tales defunciones, y de haber recibido este auto que se pasara en testimonio a cada una de las susodichas personas se nos dar por la misma el aviso correspondiente.

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MAND A TO contra los matrimonios clandestinos (9 de abril de 1803) La Iglesia en sus cnones y nuestras leyes reales detestaron siempre los matrimonios clandestinos. Y al mismo tiempo que aquellos los han prohibido constantemente, estas han establecido penas severas as contra los contrayentes de ellos, como contra los ministros eclesisticos que, olvidados de sus deberes, y destructores del buen orden que est prescripto para la celebracin del vnculo ms sagrado de la sociedad, y de la santidad de un sacramento lleno de gracias, las frustran sacrlegamente, siendo adems culpables y responsables de las funestas consecuencias, polticas y religiosas que siguen necesariamente de tales matrimonios. As, a ms de otras penas, merecen y les estn impuestas, las de fautores, que son de crimen de rapto. Pero viendo que una profunda y mal calculada malicia, o una grosera ignorancia son la causa de tan insensatos desrdenes, que sabemos con indignacin se cometen continuamente por algunos ministros ordinarios y castrenses, entregando la primera a la justa severidad de las leyes (para lo cual podremos la ms exacta vigilancia) procuraremos ilustrar la segunda con las ms sencillas reflexiones, que cualquiera entiende si para un poco la suya. Hablemos ahora de los contribuyentes, porque los ministros no hacen menos que pone r an sin el estmulo de la pasin, con una fra perversidad, tal vez por un torpe lucro, con simonaca provedad y claro conocimiento, la venda fatal a los ojos de aquellos, para darles un salvoconducto aparente de quebrantar las leyes divinas y humanas. Porque si la lbrica pasin o el inters los lleva a contraer tales ocultos enlaces y en tal forma no consiguen los engaados esposos ni justificar la primera, ni legitimar el segundo, pues los efectos de santificacin, impedidos por la profanacin del sacramento, no pueden tener lugar en un matrimonio prohibido por todas las leyes, y reprobado por la buena moral, quedando por consiguiente en la clase de cuasi concubinato, cuya unin no es capaz por s de prestar por s sino una falsa tranquilidad de conciencia; y por otra parte, estndole denegados todos los efectos civiles y decretadas penas aflictivas y deshonrantes a los transgresores, no logran estos otra cosa que satisfacer la pasin del momento, turbando el orden pblico, haciendo desgraciada una esposa, una prole, una familia. Y es doloroso, el que la primera vctima de la seduccin no

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P APELES 160\ 160\ pueda decir en pblico que tiene un marido, ni la segunda un padre, ni ninguna en fin manifestar sus relaciones con l, expuestos todos a crueles angustias se sobreviene el conocimiento y la persecucin de las autoridades competentes y la imposicin de las penas. As, pues, por vuestro inters temporal, o a lo menos, no olvidando el espiritual de vuestras almas y quietud de vuestras conciencias, os amonestamos, exhortamos y mandamos os abstengis de tan odiosos enlaces: y a vosotros ministros destinados a cimentar la paz y buena armona de las familias y los pueblos y a persuadirles la observancia de las leyes civiles, eclesisticas y divinas, os conminamos con la severidad de las penas cannigas y denuncia para las dems que correspondan, a los jueces competentes y a la superioridad, si en vez de arreglaros, en la asistencia a los matrimonios, a dichas leyes, autorizis estas clandestinidades, siendo los primeros transgresores. Y por cuanto la defectuosa organizacin de las parroquias unidas de la Habana y sus auxiliares, trae graves inconvenientes en la celebracin de los matrimonios, por no estar divididos y circunscriptos los ministerios y lmites respectivos, y por el demasiado nmero de tenientes autorizados para asistir en ellos y hacerlos verdaderos, en cuya clase hemos hallado excesos acreditados; limitamos, conforme a constituciones sinodales, las facultades de estos en parte, y mandamos presenten sus ttulos para notar en ellos, esta excepcin: no entendindose esto con los tenientes propios de las auxiliares, sino con los de estos y los de los prrocos, cuyos lmites como los de dichos tenientes auxiliares, los reducimos solamente para los valores de los matrimonios por ahora, a los respectivos de cada iglesia parroquial o auxilia r sin que puedan autorizarlos los de las unas en las otras. Y a los capellanes de Ejrcito y Armada, de cuyos excesos de algunos en esta parte se nos ha dado graves y multiplicadas quejas encargamos particularmente, y mandamos observar exactamente so la pena dicha, las instrucciones peculiares que le estn dadas respecto de la celebracin de los contrayentes castrenses, con todos los requisitos mandados en ellos como indispensables.

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VISIT A P ASTORAL del obispo Daz de Espada en 1804, segn el relato de fray Hiplito Snchez Rangel 1. Salimos en efecto el S r Obispo y yo de la ciudad de La Habana para comenzar nuestra visita sbado 19 de noviembre del dicho ao 1804 a las cuatro de la tarde, y fuimos a hacer noche a Jess del Monte (una legua hacia el Sudoeste) en una casa del S r Correoso, arcediano de la misma Habana. Al siguiente da se abri la visita por medio de una exhortacin que yo hice, como en los dems pueblos que siguieron. En dicha visita y confirmaciones, echamos cinco das, dejando todo arreglado. Este pueblo viene a ser como un barrio de la Habana lo ms de l, situado en las colinas de algunos cerros contiguos a la ciudad que forman una especie de loma, desde la cual por varios parajes, en especial por el de la iglesia, se ve con claridad toda la Habana, su hermosa baha, el Morro y Cabaa y todo aquel horizonte de mar que llaman el Canal Viejo extendindose la vista con ms lentitud por el mar del Norte. La iglesia de este pueblo, que comienza por el sitio que llaman Horcn en una calle seguida y espaciosa, no es despreciable por su adorno y pintura (aunque sin el gusto de la antigedad) corre del Norte a Su r tiene por patrono en el altar mayor a un Jess Nazareno de bulto con una oveja sobre sus hombros. 2. De aqu fuimos para otro pueblo que llaman el Calvario, por ser este el titular de aquella iglesia, un poco mayor y ms espaciosa, que la antecedente, y donde se halla representado al vivo el mismo Calvario. Viene a estar este segundo pueblo, una legua del primero y dos de la Habana. No tiene ms que algunas sesenta casas reunidas, aunque su partido asciende a ms de seiscientos vecinos negros y blancos que se hallan diseminados por aquellos hermosos campos en sus estancias y albergues. El lujo de este y de todos los pueblos de campo, en vesti r adornos de sus casas, etc., en nada se diferencia del de la Habana, siendo un prodigio el ver las caras de las mujeres que se cran por aquellos al parece r breales. Los genios de estas gentes por lo comn, son de una docilidad inexplicable, y sus costumbres las ms inocentes. La situacin de este pueblo es del mismo modo ventajoso, hallndose la iglesia y las casas que lo componen sobre la cima de una grande loma, que contiene algunos cerritos desde donde se divisan frondosas vegas y serranas coronadas de palmas reales, zapotes, ceibas, y

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P APELES 162\ 162\ otros hermosos rboles, rematando la vista como en el antecedente en la Habana, baha, Morro, Cabaa, y en la dilatacin del ma r Viene a estar esta poblacin y Jess del Monte, como al Sur de la Habana, o hablando mejor hacia el Nordeste. 3 De aqu fuimos a Managua tres leguas del Calvario en la tarde del martes veinte y nueve del mismo mes y ao, despus de haber visto en otras dos tardes la loma que llaman de San Juan con algunas casas, vista muy dilatada y hermosa y de la mayor frondosidad en sus vegas y en un camino que conduce a la Habana, poblado de varios rboles y plantas con bosques y enramadas preciossimas que todo lo vimos y paseamos; y el ingenio que llaman el ojo de agua del Conde Casa-Montalvo: aqu hay un hermoso jardn con calles de naranjos bien ordenadas, su cenado r algunas fuentes aunque algo destruidas, planteles de berza, flores exquisitas, y un juego de villar al lado del mismo jardn que corresponde al fondo de la casa, que no es del mejor gusto. Hay tambin un molino particular para la caa y todos los menesteres de fabricar azca r secaderos, etc., bien trabajados. El camino de Managua, que tomamos por varios derroteros y vueltas, est muy vistoso por el mucho monte, potreros y caadas que lo adornan, y a cierta distancia, estuvimos en una casa de campo del D r Zuazo, abogado de la Habana, quien nos sirvi un gran refresco, y visitamos su hermosa capilla pblica, que tiene bien adornada, y aunque sus imgenes son extravagantes y feas, la capilla es de un pavimento bien cortado, tiene una pila de piedras bastante grande con su pedestal, vistosos ornamentos, y puede servir de parroquia. Llegamos a Managua por entre palmas y a la vista de una cordillera de cerros, de una vista y frondosidad imponderable, al mismo anochece r El cura, sacristn, y coadjuto r no nos aguardaban, y por consiguiente ni el pueblo. Por esta causa aunque buscamos la iglesia por entre aquellos bugios [sic] y al cabo dimos con ella, la hallamos desprevenida y sucia, sin luces, ni recibimiento alguno. All esperamos un gran rato, hasta que junta la gente a la novedad se present el coadjutor despus de haber hecho el S r Obispo, oracin, cayndosele la sotana. Llev su buena reverenda lo que hizo tambin, S.S.I. con el sacristn, y el cura que por ser muy viejo y achacoso, lo metieron en su casa poco menos que a empellones. 4 Despus de todo esto, nos colocaron por fin en una casita en medio de un cafetal, cerca de la iglesia. Este sitio aunque ameno y frondoso no tena vista alguna ms que la de los rboles del cafetal que eran varios y la cordillera de cerros que apunt. El pueblo tendra el nmero de casas o bugios poco ms o menos que el Calvario y est situado entre Norte y Sur de la Habana. Su iglesia es despreciable en todas sus partes y por estar amenazando ruina. Se puso un auto para que se fabricase otra, y se demarc el terreno contiguo a la dicha y en lugar ms a propsito. No hay all alguna imagen que merezca consideracin porque la principal que hace de patrona, parece una mueca mal formada, y todo es una pura pobreza en alhajas y vestuarios. Los cerros a cuyo nacimiento est el pueblo, son hermossimos, por su frondosidad y lozana. Se ven coronados desde el pie, hasta la cima de diversos rboles y monte espeso, haciendo un mapa muy gracioso. Hay en ellos dos puntos de

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OBISPO DE ES P ADA /163 /163 bastante altura que llaman las tetas de Managua muy escarpatados y frondosos, desde donde se descubre una inmensidad de tierra, la Habana y otros pueblos, y sirven para el arreglo de los navegantes por verse desde lo alto del ma r al modo que el pico de Tenerife. Todos los domingos se haca una gran fiesta de iglesia en cada pueblo, a cuya misa concurran S.S.I. o de media pontifical, o en el traje ordinario de capisayos, y predicaba yo un corto sermn, sobre el texto del Evangelio ocurrente. El domingo que nos toc estar en Managua aunque S.S.I. se hallaba indispuesto, le fue preciso ir a la iglesia, a causa del obsequio que le haban preparado aquellos pobres feligreses. La noche antecedente haban labrado una alameda con palmas, cafs y otros arbolitos por la misma carrera, o camino que iba de la Quinta a la iglesia, y en varios parajes unos arcos triunfales con enramadas y palmas, todo cargado de varias frutas, como naranjas, guanbanas, cocos, etc., que hacan una vista lo ms agradable. Se lean entre las hojas y frutas de los dichos arcos, estos versos que saqu yo. P RIMER ARCO Si el ilustrsimo Sarmiento fue prudente Y Don F r Juan Cabezas animoso, Si el Cardenal Molina fue eminente Y el Seor Evelino tan piadoso Laso Sabio, Morel paciente Y Echevarra muy generoso El S r Espada por varios modos Lo mejor de cada uno copi a todos. S EGUNDO ARCO Ilustrsimo Seor Nuestro Prncipe y Prelado, Aunque no hemos acertado A obsequiarte con primor Dispensara tu favor Pasar por esta enramada Y dejar a tu morada Que como enviado de Dios Digan todos a una voz Que viva el S r Espada. A RCO T ERCERO Desde un Polo al otro Polo Desde el oriente al Ocaso Clebre el monte Parnaso Al S r Espada solo. Celbrenlo ms que a Apolo P or su dulzura y clemencia Y pues manda hacer la Iglesia

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P APELES 164\ 164\ Todos desde hoy animados Con los nios Confirmados, Anuncidle la Eminencia. A RCO PRINCIP AL DE L A I GLESIA Cante Boecio las proezas del Tebano Macedonio a Alejandro Victorioso Jctese Frigia de su gran Troyano Mesenia de Aristmenes famoso: Epiro de su Pirro cante ufano: Y Atenas de su Arstides piadoso Que a los Manageos comparados Muy cortos quedaran y desairados. 5 Estuvimos aqu bien asistidos, cuatro das, y en la maana del 5 de diciembre salimos para San Jos de las Lajas, pueblo nuevo que no tiene ms tiempo de fundacin, que trece aos. Viene a esta r hacia el Poniente de la Habana y tres leguas de Managua. El camino fue muy divertido y frondoso y a la legua antes de llegar a dicho pueblo, nos guardaba el acompaamiento de sus regidores, cura teniente del partido y principales de all que nos acompaaron. Despus de haber parado S.I. y toda su comitiva en un oratorio pblico en el partido de la Camoa, para hacer confirmaciones, nos condujeron por su camino hermossimo, muy poblado de rboles, flores y yerbas aromticas que se dirigen por entre las dos lomas de Camoa. Estas son dignas de toda ponderacin por su agradable y majestuosa vista. Se reducen a dos cerros escarpadsimos y vestidos de todo gnero de arbustos, bejucos, palmas reales, y rboles de frutas que se levantan considerablemente a manera de puntas, uno a cada lado del camino, cuyas faldas hasta el origen de su nacimiento se admiran entretejidas de enramadas y bosques que abrigan dentro de su recinto, todo gnero de plantas. Este plan con la escarpadura y cima de dichas montaas llenas de amenidad, hacen una figura pintoresca la ms preciosa. Llegamos en fin a San Jos de las Lajas, situado en una planicie, y bajo de un cielo el ms alegre, como a las diez de la maana. Sus casas que sern como unas ochenta, son todas o las ms de guano. La iglesia que se visit al momento es nueva de mampostera; no tiene mucho adorno; y su titular es el mismo, San Jos, que se venera en el altar mayor con el posible aseo. All comimos aquel da, y hechas las confirmaciones que pasaran de trescientas, marchamos a la tarde a Santa Mara del Rosario, o por otro nombre el Condado. 6 Despus de las oraciones llegamos a dicho condado, no habiendo ocurrido cosa particular en el camino ms que haberme cado yo de la volanta sin haberme hecho dao. Esta tierra, principalmente, la de donde se halla Santa Mara, es muy quebrada, bastante seca y estril. La ciudad viene a estar al Este de la Habana y su construccin es bien desagradable, corre por lo alto de una loma, que por todas partes le rodean profundos

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OBISPO DE ES P ADA /165 /165 barrancos y despeaderos, no teniendo apenas un camino para entrar o salir de ella con alguna comodidad. Sus calles se reducen a una principal, y pocas colaterales, cuyas casas a excepcin de bien pocas, todas son de guano, siendo en nmero como ciento. En el sitio ms llano de la loma y a un extremo de la ciudad, hacia el Norte se halla la iglesia bastante capaz de una nave con su crucero, toda bien adornada, con exquisitas alhajas de plata y oro, ricos ornamentos, palio y todo lo necesario para el divino culto con abundancia y primor: Esta iglesia y ciudad fue fundada por el Capitn D. Jos Bayona, hoy Conde de Casa Bayona, comenzndolo todo en el ao 1733 da 21 de enero. S.S.I. celebr en esta Iglesia rdenes generales, da 17 de diciembre, de este mismo ao, en cuya tarde fuimos a visitar la ermita de San Francisco de Paula, una legua al Norte de dicha ciudad, y dos al Sur de la Habana. 7 Esta ermita, en poco ms de tres aos, la fabric un ermitao a expensas de las limosnas que peda por aquellos campos. Est bien aseada y corre de Norte a Sur; es de mampostera y de una nave: tiene ricos ornamentos y alhajas de plata y oro, y est surtida con abundancia de cuanto se necesita para el culto. All se mantiene, en su circunferencia, unas quince o veinte casas de guano con algunas familias, y el ermitao estaba fabricando tambin una casa, bien espaciosa para su habitacin y para hospedar a varios caballeros de la Habana, que concurren all en romera, cuando es la fiesta del santo. Est situada en la falda de un otero en cuya cima hay una casa, desde la que registramos la Habana, Morro, y baha. 8 Desde la misma ciudad, fuimos en la maana del da 12 de diciembre a la parroquia de San Miguel del Padrn, hacia el Norte del Calvario, y como al Sur de la Habana. Llegamos entre nueve y diez, se visit su iglesia, fundacin del S r Laso de la V ega, reducida en el da a solo crucero por haberse arruinado lo dems, en un temporal. Corre de Horizonte a Poniente, se halla en un estado miserable, sin tener apenas ornamentos para celebrar y lo muy preciso para el culto. Alrededor de la iglesia, hay unas quince o veinte casas de guano, y miserables. Comimos all y hechas las confirmaciones que seran como trescientas, regresamos a Santa Mara, sin embargo de haber cado una buena turbonada. No hemos visto cosa particular en el camino, que es de dos leguas, ni en todo aquel partido slo hay algunos sitios o estancias que no dejan de estar frondosos y amenos. Despus de las oraciones llegamos a nuestra casa, no sin bastante incomodidad porque el da fue penoso. 9 Domingo diez y ocho de diciembre, a las 4 de la tarde salimos para Guanabacoa. Aunque por el camino no deja de haber algunas vistas buenas de potreros, estancias y hatos, no es comparable con la de Managua y el Calvario y todo lo ms de l, son bajos pantanos, y bastante incmodos para el trnsito de las volantas. La del alcalde de Santa Mara que nos acompaaba con el ayuda de cmara de S.S. Iltma., se hizo mil pedazos y qued inservible a causa de los barros secos del camino que aparecan como huecos por el mucho sol despus de haber llovido. Llegamos a Guanabacoa,

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P APELES 166\ 166\ al ponerse el sol de aquel mismo da. Nos aguardaba en la entrada del pueblo una inmensidad de gente de todas clases, habiendo salido a esperarnos una legua antes el cura y algunos miembros de Justicia. Fuimos a la parroquia con los dos cabildos y comunidades de Santo Domingo y San F rancisco y habiendo hecho antes que nada S.S. Iltma. oracin, nos retiramos luego despus a una casa inmediata que estaba bien adornada y prevenida. 10 A1 da siguiente se comenzaron las funciones de visita, abrindola yo, como en todas partes, por medio de una exhortacin oportuna. Principi la visita S.S. Iltma. en la iglesia que viene a ser de dos naves por no estar acabada la tercera. Es toda de mampostera, corre de Oriente a Poniente, tiene su gran torre de piedra, est bien surtida de alhajas y ornamentos y sus altares, que son bastantes, con aseo y limpieza. Este pueblo est situado al frente de la Habana, por el otro lado de la baha; se va fomentando considerablemente trasladndose a l muchos de la Habana por su benigno temperamento, fresco y delicioso. Sus calles son bastantes en nmero, a mi parecer como cincuenta y sus casas las ms de guano aunque tiene muchas de mampostera; estn vistossimas por hallarse interpeladas con rboles y plantas de que abunda en aquella tierra. Aunque algunas calles son rectas y bien formadas, principalmente la real y las de Candelaria; las otras no guardan toda regularidad, y muchas casas estn sin orden, esparcidas por varios parajes. Esto mismo hace que su vista sea muy agradable por hallarse todos los vacos llenos de huertecitos, o de monte, sin ms artificio que el de la madre naturaleza. Su vecindario incluyendo todo el partido del campo que viene a ser de seis leguas, podr ascender el nmero de tres o cuatro mil vecinos. Tiene varias salidas para pasearse de bastante diversin por la frondosidad de sus campos con especialidad el camino del muelle que llaman Marimelena, desde cuya altura se registra de golpe, y en el mejor punto de vista, primeramente a la cada de varios oteros coronados de monte bajo y entre palmas reales y otros rboles, el Santuario de Regla, que se ve a la izquierda sobre una legua de tierra que se introduce en la misma baha. 11 Despus a la derecha se registra una hermosa vega frondossima con todo gnero de rboles, maces y hortalizas de muchas clases que corre por la orilla de la baha y remata en la Sierra de la Cabaa. En el medio se ve todo el plano de dicha baha, poblada de barcos, cuyas armaduras parecen otras tantas casas, y al frente de la ciudad de la Habana, con sus murallas y torres, introducindose en la ma r por entre las puntas y el morro y parecindose a Cdiz en un todo cuando se mira desde el puerto. Se presentan de golpe al mismo tiempo todo el horizonte del mar del Norte, como huyendo avergonzado de la suntuosidad de aquellos edificios: por el Poniente una cordillera de serranas abundantes de varias plantas y rboles frondosos, que manifiestan otros pases en cuyas faldas se ven los barrios de Guadalupe, el Cerro Jess del Monte, los famosos castillos del Prncipe y Atarez [sic] una infinidad de casas esparcidas de distinta construccin, hacia el Sur se presentan del mismo modo, y en una sola ojeada, aqu San

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OBISPO DE ES P ADA /167 /167 Miguel, all el Calvario, ms all Santa Mara, en esta parte de San Francisco de Paula, en la otra las Lomas de San Juan, por la derecha el Morro y Cabaa compitiendo con la bravura del ma r por la izquierda todo ese golpe de iglesias, casas y estancias entre una infinidad de oteros y llanuras, tan llenas de lozana y verdo r y en el fondo y frente a la hermosa baha, la Habana con sus capiteles y fortificaciones, y el horizonte rematando en montaas frondossimas y vistosas, que como arrebatan el sol de su carrera y lo extienden en la mar: todo esto se descubre de un solo golpe, yendo a Guanabacoa, el embarcadero de Marimelena. 12 Son tambin hermosos los dos caminos, uno hacia el Norte, que remata en el Castillo de Cojma r que se halla situado en la costa del mismo Norte cuyas playas y circunferencias de monte, son extremadamente vistosas, aquella por la vista espaciosa del ma r y su mucha pesca y esta por la amenidad y verdor de sus rboles y plantas. El otro camino corre hacia el Oriente por un sitio que llaman del Zapote, rematando en la misma costa pero introducindose antes por una loma eminente y escarpada, todo cubierta de monte espessimo y oloroso hasta el mismo ma r en donde hallamos un potrero con ganado vacuno. Este zapote, de quien toma el nombre el sitio antecedente, viene a ser un rbol el ms prodigioso que produce madre naturaleza. Todas las invenciones del arte no pudieran hacer un prodigio semejante. Se mira copado desde la superficie del suelo hasta su corona en forma de una media naranja piramidal, siendo su circunferencia por abajo un valo perfecto, y en el remate de arriba siguiendo con disminucin la de una cpula, o cimborio cuyas ramas, ondendose con el blando soplo del viento, figuran una corona preciossima. 13 Lo ms particular y que llam la admiracin de S.I. y ma, es una hermosa y la ms admirable habitacin o sala que forma debajo de sus ramas, y alrededor del tronco. Este viene a ser como una fuerte columna rotunda, que ocupa el medio de aquel espacio, y por aquella se franquean varias puertecitas que sirven de entrada a aquel edificio, tanto ms agradable y prodigioso, porque no ha entrado en l la mano del hombre. Tiene de circunferencia el plano de la tal casa de campo, como unas doce o quince varas, y de altitud como unas tres. Todo encanta en aquel delicioso paraje. Su techumbre la forman el mismo entretejido de sus ramas y hojas, por entre las cuales cuelgan y se dejan ver con vistosa armona innumerables zapotes, cuyos ramilletes en abundancia considerable, les sirven de adorno, as por dentro como por fuera, Ah! que consideraciones nos transportaron al S r Obispo y a m, haciendo anlisis de todo aquel conjunto de maravillas, que acreditan la sabidura y belleza de su Hacedor Omnipotente, y confundir todo la industria de los hombres. All se ven reflectar los rayos del sol sin molestia por entre sus sombras y verdes hojas, cuyos distintos coloridos le sirven de otros tantos esmaltes que alegra la vista. All se sienten las deliciosas maracas que mueven todo aquel natural edificio con un susurro el ms armonioso, ya lento ya suave o ya ligero y precipitado y que refrescan dulcemente los camados miembros del oficio labrado r All se re-

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P APELES 168\ 168\ gistra en su suelo una riqusima alfombra tejida de olorosas yerbas y matizadas flores que hacen rejuvenecer al ms ttrico y melanclico solitario. All en fin se ven un todo de prodigios capaces de desterrar toda sombra de tristeza, e infundir en el alma las ms bellas ideas del artfice Soberano! Este es el zapote de Guanabacoa y el mayor prodigio que abriga en toda su jurisdiccin. 14 Hay tambin en este pueblo una loma que llaman del Indio, como hacia el Poniente de la misma villa y dominndola, en extremo considerable. Aqu solamos ir de paseo S. Iltma. y yo en su hermosa volanta por la vista tan deliciosa que presenta dicha loma. Desde su grande cima espaciosa y llena, se descubren todos los horizontes de mar y tierra, vindose de una vez lo dicho del camino de Marimelena en otro aspecto ms largo y no con aquella viveza y claridad que cuando paseamos por l; y por el Oriente y Sur una cordillera de montes coronados de rboles de distintas clases que con algunos vacos de siembra, innumerables casas, algunos pueblos, y la variedad de altos y bajos de bosques, y de monte claro, forman una espaciosa y alegre vista divisndose tambin los buques que entran y salen por el Morro, y hasta muy larga distancia los que surcan la ma r o a la vuelta del seno mejicano, o por el Norte a nuestra Espaa, o por el Canal Viejo, viniendo de esta, o finalmente las goletas, y bergantines que andan ordinariamente por ambas costas. Aqu pens S.S.I. fabricar una casa de recreo, echamos nuestras lneas y despus por falta de agua y otros inconvenientes polticos se destruy el proyecto. Tiene dicha villa su clero muy decente con su prroco, tenientes, sacristn mayo r y tres mozos de iglesia. Hay alcalde ordinario. No deja de haber tambin algunas familias pudientes y de buen gusto, tiene dos conventos, uno de Santo Domingo y otro de San F rancisco. El primero que no est concluido tendr cuatro o cinco religiosos y fundacin del S r Laso de la V ega, y el segundo procedente de una ermita muy antigua de San Antonio, cuyo ttulo conserva, y en el da de unos diez o doce frailes con su guardin. Est completamente acabado y se reduce a un claustro alto y bajo lleno de celdas alrededor de los dos pisos y a la iglesia que es de una nave. En el da se trabaja para concluir la Capilla de los Terceros, que viene a ser otra nave, junto a la iglesia. Los naturales son de un carcter amable y bello, tienen bastante docilidad y lujo de la Habana, aunque se presentan queriendo asemejrsele. Aqu sucedi que predicando una noche un donado de San F rancisco en su Rosario que diriga y frente de la puerta de S.S. Iltma. este me avis a m que le hiciera callar de orden suya, lo que hice inmediatamente y fue apremiado dicho donado para que se abstuviera en lo sucesivo de semejante prctica. 15 Completamos en fin veinte y un da en este pueblo, y despus de haber visitado el veinte y tres de diciembre su Iglesia Auxiliar de Guadalupe a donde no hay ms que advertir que todo aquel da nos estuvo lloviendo y que la iglesia es fabricada de tablas, sin el mayor adorno. Visitamos tambin el Potos auxiliar de San Miguel del Padrn, pobre y contiguo a Guanabacoa hacia la parte del Su r Salimos para Tapaste (tambin, pue-

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OBISPO DE ES P ADA /169 /169 blo comenzado a fundar en una hacienda de este nombre y en tierras de Don Ignacio y Don Ricardo Ofarrill) la maana del lunes nueve de enero de 1804. Por no haber salido nadie acompaando a S.I., falta en que slo incurri Guanabacoa, anduvimos perdidos para tomar el camino mejo r y al fin pasando por Guadalupe que est dos leguas de Guanabacoa, el teniente de aquella iglesia con algn otro nos condujeron a Tapaste a donde llegamos pasando por varios ingenios y con inmediacin por el de la Concordia entre diez y doce de la maana. Los que nos haban ido a recibir tomaron otro camino, y nos hallamos sin el cura y el teniente del partido y otros llegaron poco despus. Hecha la ceremonia de entrar en la iglesia con la formalidad que es costumbre y habiendo S.I. hecho oracin, nos hospedamos en la casa del Beneficio, junta a la iglesia entre la cual y la casa, como al lado del Oriente, haban puesto unas calles de enramadas de cocos, palmas, cafs, y distintas frutas al modo de Managua. Esta casa era pobre, desaseada, y poco servible, su construccin de cujes y guano con tres habitaciones ancianas en extremo, por cuyo motivo, faltndole la carne a las paredes, se le vean los huesos, y por partes pareca una celosa. 16 Padecimos aqu un extraordinario fro, poco conocido en esta tierra el que adems y de los Nortes que lo formaban, contribuy mucho el desabrigo de la casa. Tambin fuimos molestados de una infinidad de ratas que apenas nos dejaban dormi r subindose sobre la cama, y tenindonos en un continuo sobresalto toda la noche, sin hallar medio de podernos evadir de semejantes animales. Se visit la iglesia en el siguiente da despus de la exhortacin acostumbrada que apenas hubo quien la oyera. Esta iglesia es de las ms malas que se pueden ve r su fbrica es tambin de cujes y guano y adolece lo mismo que la casa. Sobre el suelo terrizo, tiene unas tablas movibles que cuando se anda, arman mucho ruido, la sacrista se est viniendo a tierra y est desprovista de casi todo lo necesario para el culto. S.I. hizo oracin como en otras partes y dispuso que se proveyese de cuanto le faltaba. Su titular es la Pursima Concepcin en un cuadro que no es de los peores, y otros altares pobremente adornados, son todo su adorno. 17 Estuvimos aqu seis das y medio. En el doce, fue S.S. Iltma. a Guanabo en donde se est fundando nueva iglesia, y en el trece a Giguiabo en que se proyecta lo mismo. No puedo hablar de estos dos sitios por haberme quedado yo con el secretario en Tapaste, pero S.S. Iltma. me dijo que aquellos campos eran hermossimos, que haba visto unos montes entretejidos de naranjos y otros rboles frutales, todos de mucha gracia y gusto, juntamente con la playa de la costa del norte, que est digna de verse por su amenidad, hermosura y alegra. El nuevo pueblo de Tapaste se reduce a unos cuarenta o cincuenta bugios, de guano, que viene a formar dos calles dejando la iglesia en el medio. Se dio providencia para fabricar otra iglesia contribuyendo para esto adems del vecindario, fbrica y diezmos, la bene volencia y piedad de Don Ignacio Ofarrill, doctor eclesistico, en cuya tie rra est fundado el pueblo muy contiguo a su ingenio de la Concordia. Aqu fuimos S.S. Iltma. y yo una tarde, vimos su hermosa casa, sus trapiches,

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P APELES 170\ 170\ casa de purga, siendo cierto que por todas sus circunstancias, es uno de los mejores ingenios de la Isla. 18 Salimos de Tapaste con direccin a Jaruco el 16 de enero de 1804 a las siete de la maana. Nos acompa el cura, que lo es prroco nuevamente, el capitn del partido y otros de aquel pueblo. A la legua vimos la casa ms admirable y vistosa que puede producir el arte y la naturaleza: un agregado de prodigios. Estos son unas montaas escarpadas, que para describir todas sus circunstancias, necesitaban otra pluma que la ma. Se ven primeramente a la mano derecha del camino hacia el Oriente, y al nacimiento de una monstruossima sierra cuatro hendeduras que forman un semicrculo hacia el centro de la misma sierra y suspendindose unas a otras por la parte del camino. Estas se admiran con distincin y en un aspecto el ms agradable, vestidas de todo gnero de plantas, unas altas, otras bajas, entretejidas de flores y all en lo profundo se ven los peascos pendientes entre palmas, pltanos y todo gnero de monte alto y bajo, presentando aquel todo de maravillas la majestuosa idea de los templos de las musas y el encanto que los poetas don a los templos de los dioses. 19 Siguiendo el camino nos introduce blandamente por un delicioso embeleso, para cuya pintura no basta ni el pincel de un Apeles, ni la expresin de un Fisnantes, ni los sentimientos de un Metastasio. Nos vimos llenos de admiracin y de un sagrado entusiasmo dentro de una obra que forman dos soberbias montaas, cuyas cimas parecan quererse desgajar sobre nosotros. Ah! qu sitio tan respetuoso! Qu bosques tan bien formados cuya sombra opaca excita insensiblemente la contemplacin del caminante! Qu distintos pases tan llenos de majestad y de variedades! Las duras rocas en abundancia y como aporfa quieren encaramarse las unas sobre las otras. Todo el frontispicio de las dos montaas, a la manera de firmsimas murallas se ve adornado con infinidad de peascos escarpadsimos entre los cuales, y por sus agujeros se admira un sin nmero de distintas plantas cuya hermosura, variedad y lozana conducen a un maravilloso encanto. Su altura, desde la superficie del camino acompaado de un monte espeso hasta la cima, puede ascender a la de ochenta o cien varas, la que comenzando desde abajo con desigualdad en varios pisos y montecitos hace ms agradable y hermosa la vista. Por otras distancias y hendeduras, en el medio y al pie de dichos montes se registran bocas de cuevas horrorosas, que asustan; el pavor y el entusiasmo al paso que producen un respeto el ms silencioso y lisonjero nos entretiene. Son infinitos los puntos de vista que se reconocen mirando a los cuatro vientos y a su inmensa mole. Todo es un conjunto de maravillas tan extraordinarias y raras, que al ms diestro pintor le faltaran colores para dibujar aquel embeleso de la naturaleza. 20 Salimos de este sitio con bastante dolor despus de haber gustado alguno momento en la consideracin de un prodigio de tal tamao y avistamos a una hermosa llanura cubierta de caa de azcar hacia el Oriente y conducindonos el camino por la orilla de una cordillera de montes proce-

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OBISPO DE ES P ADA /171 /171 dentes de los anteriores que miran al Occidente. Siguiendo nuestra ruta por bastantes malos pasos y por otros tantos ingenios a la diestra y a la siniestra, llegamos en fin al ingenio de Don Martn de Arstegui como a las 9 de la maana, intitulado Santa Teresa, y all hicimos medioda. Su hermosa vista puede competir con los soberbios palacios de la Europa. Tiene una espaciosa sala con cuatro cuartos de dormi r sus corredores, jardines, mesa de villa r oficinas para todo; todo bien adornado de pinturas, alhajas y muebles exquisitos, un oratorio el ms precioso. S.I. hizo confirmaciones antes y despus de come r All vino el Cabildo de Jaruco con su cura a recibir a S. Iltma. y de all salimos como a las cuatro de la tarde para Jaruco. En el camino nos detuvimos a la legua, para demarcar un terreno que se ha destinado a la fundacin de una iglesia, en el sitio de Casiguas. Tiene ya su teniente de cura que debe correr con la obra del ingenio referido y tiene el sacramento en una estancia de aquella jurisdiccin, desde donde sale a las administraciones. Este sitio no deja de ser hermoso: est en una llanura y se ven a lo lejos como al Norte y Sur unas estancias y montes espesos que lo adornan. En el da no hay ms que algunas casas de guano esparcidas y disparadas, donde a cada cual lo acomoda para su labranza. 21 Seguimos nuestro viaje, despedidos de la Marquesa de Prado Ameno que acompa a S. Iltma. aquel da y conducindonos por unos callejones de pinos que forman las vallas o divisiones de otros tantos potreros y estancias, nos hallamos en Jaruco, como a las oraciones. Hizo S. Iltma. oracin en la iglesia, con toda su comitiva, y regresamos a la casa preparada con mucha decencia y aseo, de fbrica nueva y bien repartida. A la maana siguiente del 17 se comenzaron las funciones de visita predicando la pltica de costumbre. S.S. Iltma. visit la Iglesia y se dieron los decretos correspondientes. Este pueblo est en una loma: tendr como unas cien casas de guano y algunas de mampostera, como veinte. Su piso es irregula r lo ms de piedra, y no mal dirigidas, sus calles, que a excepcin de la Real, con unas cuatro o seis, las dems no valen cosa: su iglesia es de mampostera bastante decente, y con unos cinco altares. Est bien surtida de ornamentos y la torre que era de material se ha cado por la poca solidez de la piedra, que es arenosa y muy blanda. Las campanas estn colgadas de unos horcones, lo mismo que en Tapaste. Se baja por una cuesta empinosa al ro de Tarmo muy pobre de aguas, nace all mismo de una sierra, y dicen que se navega por la embocadura del mar adonde entra no muy lejos. 22 En este ro que viene a estar un tiro de fusil del que hoy es pueblo, se halla el pueblo viejo de Jaruco reducido a unas veinte casas las ms de guano. De aqu titulan los Condes de Jaruco, cuyo palacio se halla arruinado a la misma orilla del ro, sirvindose de una mala casa de guano, que tienen estos seores arriba en donde se halla el nuevo pueblo. Desde lo ms alto de aquella loma se divisan en bastante extensin todos los cuatro horizontes, y es una hermosura ver los campos ya llenos de bosques ya vestidos de montaas sombras y escarpadas, que compiten con las nubes, y ya hermoseados con varios ingenios, potreros y estancias, que por sus labranzas,

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P APELES 172\ 172\ plantos, y por la multitud de palmas reales hacen una vista muy agradable. La mejor de todas es la del lado del ro el que a ms de correr por unas vegas frondosas lo adornan multitud de cerros poblados de todo gnero de plantas altas y bajas, y de muchos rboles cubiertos de flores, y fragancias con otros primores de la naturaleza. Esta viene a ser el nico artfice de toda esta tierra, reprehendiendo a cada paso al hombre su desidia. Aqu estuvimos seis das (mil veintids confirmaciones) y en la maana del 23 de enero del mismo ao pasamos como a las siete con direccin a Baynoa [sic] o Caraballo y de aqu por la tarde a Rioblanco. El primero es un sitio llamado Baynoa y Caraballo por ser este el apellido del que dio la tierra en donde se est fundando una nueva iglesia que lleva ya como cuatro varas de pared. All se ha hecho una ermita provisional y casa para el teniente, todo de guano y se va realizando un nuevo pueblo, el que se halla esparcido en una multitud de estancias y lo fomentaron algunos hacendados. El sitio es una llanura de buena miga de tierra y se ven a lo largo, y por las circunferencias bastantes montes, y serranas bien pobladas de arbustos y plantas. Aqu comimos aquel da y S.I. hizo un sin nmero de confirmaciones por la maana y tarde, ascendiendo su nmero a ms de cuatrocientas. 23 Visitada la ermita y dems del culto, salimos como a las cinco de la tarde a Rioblanco. Este camino es muy vistoso por la multitud de estancias y variedad de pases que se reconocen. Hay algunos huertecitos, y lo restante de monte comn, pero con una desigualdad que alegra la vista y divierte el nimo. Vimos a lo lejos una casa de campo de un mdico llamado Lino, cuya construccin es de mucho gusto y magnificencia y est en el medio de su huerto. Pasamos por una calle larga de naranjos que hace la entrada en forma de una hermosa alameda o un casero, o posesiones de un tal Garca de la Habana y ltimamente visto un bonito bosque del mismo dueo y vencido algunas cuestas, entre casas y monte quemado, llegamos a Rioblanco despus de las oraciones y ya de noche. Nos recibieron en la iglesia y habiendo hecho S.I. oracin, nos colocaron en la casa del Beneficio, bien aseada y cmoda, junto a la misma iglesia. A la maana siguiente despus de la pltica de costumbre, visit S.I. la iglesia, que es de mampostera, muy adornada, surtida con abundancia de todo lo necesario al culto. Se hicieron confirmaciones y regresamos a nuestra casa. Esta iglesia era la matriz de un partido considerable, cuyas rentas sobrepujaban a las de muchos obispados, ascendiendo actualmente a doce mil pesos. S.I. teniendo en consideracin esto, y que no estaban las gentes de aquel partido bien servidas en lo espiritual, lo dividi en dos parroquias y cuatro auxiliares. 24 Hizo a Tapaste parroquia y auxiliar a Canguas, a Guanabo parroquia y su auxiliar a Giguiabo. A Gibacoa [sic] parroquia y su auxiliar a Aguacoste y a Rioblanco la puso por auxiliar a Baynoa. El cura antiguo de Rioblanco es un hombre original en su lnea. Credo sabio, escribi e imprimi un cuaderno que titulaba el Telescopio racional, en que resucita, como l dice, las glorias del S r Vara Caldern, dignsimo obispo de la Habana, de quien se hace pariente. Es sin duda, dicha obra una produccin de un nuevo

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OBISPO DE ES P ADA /173 /173 Gerundio, que sirve de entretenimiento al que quiere perder el tiempo y rerse mucho. Es conocido el tal cura por el Doctor Naranjo y estima tanto el distintivo de D r que al que no se lo da, le pone en pleito y le jura una eterna enemistad. Se cuenta que un negro bozal le dijo en una ocasin S r. Huevo de Toro, por decirle Doctor y creyendo l una gran poltica esta equivocacin del negro, lo celebr mucho. Y o lo trat bien anciano, hice conversacin con l, me regal el Telescopio y me hizo leer algunas producciones suyas de la misma naturaleza que el Telescopio. Por su mucha sandez e inocencia le hice predicar una noche delante de S.I. un sermn que intitulaba de los Eclesinantas, con lo que tuvimos un gran rato, admirando el S r Obispo un fenmeno tan raro, y que ha estado de cura prroco cuarenta y tantos aos. 25 El pueblo de Rioblanco no merece el nombre de tal: se reduce a cuatro casas de guano a donde vienen los ministros y algunos negros. Est situado en una especie de falda de algunos oteros que lo rodean y contiguo a un hermoso ingenio del Marqus de Casa Pealve r No deja de presentar hermosa vista aquel terreno por su frondosidad y variedad de plantas, y el ro de quien toma su nombre es verdaderamente blanco, porque no lleva gota de agua, tiene su hospital que se visit, fuera de la poblacin. Estuvimos aqu tres das y se hicieron bastantes confirmaciones como cerca de quinientas y en la tarde del 27 de enero pasamos a Gibacoa, dos leguas del dicho. Gibacoa viene a estar fundada sobre unos gibos o montecitos, y en su camino nada hay de particular ms que algunos ingenios, potreros, estancias, y algunas casas esparcidas. El campo poco ms o menos presenta la misma hermosura y amenidad que los ya referidos. Sus casas estn a la cima de aquellos oteros y otras en sus valles, siendo en nmero ms de ciento. La iglesia es despreciable por todas sus circunstancias de cujes y guano muy desaseada y pobre. Se mand hacer otra de mampostera sobre los cimientos de una conservada. Aqu recibieron a S. I. con tiros de cohetes y por una alameda postiza del monte la que tambin conduca a la iglesia. En la maana siguiente despus de la pltica, se visit y dio providencia de proveerla de todo y yo tambin prediqu al da siguiente, que fue domingo. S.S.I. fue a caballo a ver la playa que viene a estar una legua. Hay aqu unos altos que llaman el Fraile y la Monja, por ciertos peascos que guardan estas figuras. Subimos a una loma desde donde se descubre bastante tierra y se ven muchas montaas coronadas de rboles y bastantes valles muy frondosos y llenos de amenidad. Tiene un ro pero de poca agua y sus mrgenes estn graciosas por la multitud de bejucos y malezas de que abunda. 26 Aqu estuvimos cuatro das y evacuadas como quinientas confirmaciones salimos la maana del 31 de enero del referido ao cuatro en busca de Seybamocha [sic]. Nos llevaron por varios potreros al sitio de Aguacate, donde se intenta fundar la Iglesia Auxiliar de Gibacoa; es una llanura espaciosa y rodeada de monte espeso con varias estancias, y all en un oratorio que sirve de iglesia, en una regular casa de campo, hizo S.S. Iltma. confirmaciones. Evacuadas todas montamos y por un camino algo

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P APELES 174\ 174\ pedregoso por partes, pero amurallado por la diestra y siniestra de monte espeso y frondoso lleno de enramadas que impiden el sol, y de bastantes naranjos, dimos vista a nuestro paradero. A la noche dejando a un lado bastantes casitas y potreros llegamos al pueblo. Este es moderno y de la misma construccin de guano con dos calles formadas y algunas ochenta casas. Al da siguiente a las once de la maana se visit la iglesia en el momento: es nueva de mampostera y sin ningn adorno ni torre, tiene dos altares incluso el mayor y parece un hospital robado. Hecha la visita y dadas las providencias para que se surtiera de ornamentos que no tiene, pasamos all la noche con bastante fro, se repitieron las confirmaciones a la maana del siguiente 1 de febrero en que nos trasladamos a Matanzas. El camino para esta ciudad, fue mucho mejo r y ms alegre, por la variedad de montes y por venir a la orilla del ro de San Agustn. Vimos a las mrgenes de este los molinos del Re y el de la Marquesa Justis, a donde nos bajamos un rato a ver y considerar aquellas fbricas, con anchos prados, hermosos y abundantes de jicoteas o galpagos, y tambin de patos: los unos paseaban sobre las aguas y los otros se iban sobre las yerbas a tomar el sol y levantar su gaita. Acompaados del cura de Matanzas, del comandante de Armas, sacristn mayo r y otros caballeros militares, llegamos a Matanzas, antes de las 10 de la maana y al instante se hizo la visita sin perder la pltica de costumbre. 27 Al da siguiente, que fue el de Candelaria, prediqu yo sobre el Evangelio, asistiendo S.S. Iltma. a la misa de medio Pontifical. Esta ciudad est situada entre los ros Yumur y Caas o San Juan, y su frontera es el Norte. Tiene una baha hermosa y de bastante extensin. El nombre de Matanzas toma su origen de unos herederos espaoles que llegando a este puerto el ao 1514 a los principios de la conquista fueron anegados por los indios, unos en la baha, y otros ahorcados en una seyba [sic]. Su fundacin se comenz el ao 1693 a 10 de octubre. El sitio es un alto llano y hermoso en donde se halla hoy lo principal de la poblacin y la iglesia. Esta en sus principios fue de horcones y tablas, pero arruinada en un temporal, se comenz otra de mampostera con la limosna del vecindario el ao de 1726, faltaron las limosnas, y los Caballeros Justis, dieron fin a la que hoy sirve. Corre de Poniente a Oriente se halla en el da bien adornada con seis altares a un lado y otro del can, cuatro en las dos capillas del crucero y el altar mayo r Tiene su sacrista a la espalda bien surtida de ornamentos y alhajas. No tiene torre y las campanas a la izquierda de la entrada principal, estn colgadas en un balcn. Alrededor de dicha iglesia, est una plaza muy bonita despejada y fresca y en una de sus casas que viene a ser la mejor de mampostera claustreada con bastantes cuartos y oficinas, nos hospedamos. 28 Los primeros lineamientos de esta ciudad se conoce que fueron bien tirados: sus principales calles que corren del Este al Oeste son bastante largas, llanas, guardan toda regularidad y son en nmero unas cinco o seis. Sern de largo an ms de un tiro de can. Tanto estas como las transver-

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OBISPO DE ES P ADA /175 /175 sa les, tambin derechas, y llanas, slo tienen el defecto que tienen las ms de las casas de paja y vienen a ser de muy pobre construccin. Estas ltimas ascendern a quince o veinte. La que baja por la orilla del ro Caas o de San Juan, es hermossima por la vista de dicho ro en cuyas orillas se ven mucho gnero de juncos, caas chontas y la mayor frondosidad, y por sus casas las ms de mampostera y algunas bien grandes y mejor edificadas. Hay en esta ciudad cura prroco, sacristn mayo r dos tenientes y algunos clrigos sueltos, teniendo tambin por auxiliar a Seybamocha. Su gobierno poltico se reduce a dos alcaldes ordinarios y dems miembros de Justicia. Se adorna tambin con un comandante de Armas y otro de Cortes, o de la corte de madera que corresponde al Re y un ministro de Marina, capitn del Puerto Mayor de Milicias, todos los oficiales de la mejor distincin. La baha que viene a estar al Oeste de la ciudad, sirvindole de corona, es hermossima como de dos leguas de largo, y dos de ancho, y por la boca se va angostando conforme se introduce en la tierra. Desde la ciudad hasta el otro lado que viene a ser el remate de la dicha baha, tendr como un tiro de can. La adornan tres fortificaciones una a la parte de la ciudad que llaman el Castillo, porque se registra la mar y los dos ros Jumur [sic] y Caas, y an la entrada del frente que entra en la ma r. Aqu vive el mayor de Milicias, tiene su competente guarnicin y goza de un fuero admirable. 29 Pasando el Jumur hacia el Occidente, se encuentra a la lengua del agua el Castillo de San Severino, como un cuarto de legua de la ciudad, y al remate de la falda de una vistosa loma. Est legua y media de la boca de la baha, su fbrica es hermosa de piedra, y bastante capaz. Tiene foso y contra foso, y entrada en cubierta, coronando artillera gruesa, y pedreros, con sus pertrechos correspondientes. El Comandante aunque es de aqu, vive en la ciudad, y la casa que tiene en el castillo es muy fresca, divertida y espaciosa. Lo mismo a proporcin son las de los oficiales, cuarteles y dems piezas necesarias. Tiene su capilla construida con primo r y todas estas fbricas son de piedra y teja. La otra fortificacin viene a ser un torren fuerte, que est a la boca del ro Canmar una legua de la entrada de la baha. Est frente de San Severino, y una legua de la entrada o boca de la baha. Tiene dos caones y sirve para impedir el desembarco por aquella parte. Esta baha es sin duda de las ms hermosas y capaces. Est rodeada de monte muy vistoso pero se ve siempre desamparada de gente y rara vez hemos visto en ella arriba de cuatro o seis barcos. Hay uno que semanalmente va a la Habana a llevar la madera del Re y. El todo de la poblacin es de aspecto agradable y el sitio principal donde est la iglesia se le va aadiendo por un lado, bastante pueblo, aunque todas estas casas son de guano y pobres como la ms de su vecindario. Este asciende al nmero de tres o cuatro mil vecinos, y su jurisdiccin se extiende a seis leguas teniendo en ella, y en sus pueblos, de trece a catorce mil almas con las de dentro de la ciudad. Hay algunas casas pudientes, unos pocos comerciantes, y tambin bastante sociedad. Tienen los moradores un carcter marcial, benigno y guardan cierto aire de grandeza.

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P APELES 176\ 176\ 30 Se mantienen en todo el partido de Matanzas 33 ingenios o sitios y muchas estancias. Se hicieron en quince das que estuvimos aqu, 1,500 confirmaciones, y mil quinientas de negros siendo su total 3,000. Viniendo de la Habana por las orillas del ro Caas, y mirando al Norte como un cuarto de legua de la ciudad, se hallan en una especie de bosque claro y no muy lejos de algunos cerros, ciertas cuevas subterrneas de un aspecto el ms admirable y asombroso, cuya vista insensiblemente, conduce a la admiracin y al espanto; al paso que recrea el alma con las ms sublimes ideas. La majestad con que se presentan a los ojos, soberbios y magnficos monumentos de la naturaleza, encanta y sorprende. Al ms diestro arquitecto y al ms sabio naturalista, le faltaran voces y trminos adecuados para describir con oportunidad un conjunto de fenmenos tan estupendos, tan raros y tan asombrosos. En mi concepto se afanan los reyes y poderosos en elegir sepulcros, fabricar panteones, y mausoleos que contengan en s majestad y decencia para sepultar sus cuerpos con el fin de inmortalizarlos y que su memoria sea eterna y respetuosa en la posteridad; pero estos asombrosos monumentos de que voy a habla r sobrepujan y son ms propios para dichos fines que todas las invenciones del arte. Nos acercamos a ellos S.S. Iltma., yo y algunos sujetos de la mayor distincin en la maana del 13 de febrero para inspeccionar y ver lo que nos ponderaba la voz de la fama con exageraciones no vulgares. 31 Llegamos a sus bocas por entre peascos y monte inaccesible, nos introdujimos sucesivamente por todos sus pavimentos, vimos con espanto y admiracin aquellos espectculos admirables y nunca bien ponderados, por la profunda sabidura del autor del universo que all resplandece, y con una voz silenciosa, reprende la indiscreta curiosidad del hombre. Nos embargaba las lenguas aquella vista y slo nos permita hacer algunas dbiles comparaciones. Cada cual prorrumpi llevado de un entusiasmo nunca visto: vlgame Dios! Qu admirable es Dios! Qu prodigiosa y llena de arcanos inescrutables es la naturaleza! A la primer entrada que tiene un aspecto sombro y al parecer horroroso, por los troncos de robustos rboles, enramadas y aglomerados peascos que la rodean y entretejen escaseando la luz y aumentando el pavor y asombro, nos hallamos en una primorosa sala ovalada perfectamente, con un declive de columnas en el medio, procedentes de la filtracin de las aguas que se introducen por la piedra que sirve de techumbre a toda la circunferencia de esta obra o artificio natural. Viene a ser como de 50 a 60 varas alrededo r sobre un piso arenoso y extremadamente llano, cubierto de inmensidad de moldaduras de distintos spectos: unas en forma de pirmides, hacia abajo, estas guardando la figura de perfectas conchas, las otras representando un exquisito bordado y aquellas un sin nmero de ideas, todas extraas y de la mayor hermosura. Por una rinconera de dicha sala nos introdujimos en una especie de Elaboratorio de Qumica a la manera de un espacioso nicho y all vimos casi enteramente cristalizndose la piedra por efecto de su mayor y ms perceptible filtracin, produciendo insensiblemente columnas, grupos y pirmides, cuyos esmaltes de distintas clases resaltaban con luces que llevba-

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OBISPO DE ES P ADA /177 /177 mos, formando a nuestra vista una infinidad de coloridos, los ms graciosos y admirables. 32 Esta viene a ser la primera cueva en cuanto a sus principales partes y omitiendo todas sus menudencias de varias bocas, de otros tantos arquitos pequeos, hendiduras y muchos riscos, cuya descripcin pudiera ser fastidiosa, dir algo de lo que resta. A la izquierda de la entrada de dicha cueva se ve otra boca en forma de un arco grande, pero desigual. Entramos all precediendo varias luces y prcticos y fuimos descendiendo por un derrumbadero a la distancia de tres varas. Esta es otra bveda perfecta, aunque no tan regula r y como la tercera parte de la primera. Aqu no hallamos cosa particular ms que algunas lomas formadas de la filtracin como a los rincones, varios conductos y quebraduras y una especie de mortero vuelto al revs, tan redondo por arriba como una bola o naciendo del mismo suelo. Este tambin est lleno y presenta bastante humedad. De aqu entramos con alguna dificultad y medios corcobados por otra boca que gira hacia la izquierda y all vimos otro pavimento cuadrilongo, todo como si fuera un aposento lleno de muebles, confundido con infinitos derrames piramidales de otras tantas clases y figuras que ha producido la misma piedra de su techo. Por hallarse muchos de estos derrames, unos en el aire, y otros estribando en el suelo, no se puede ver de un golpe todo aquel precioso laberinto, pero discurriendo por varias entradas y salidas, admiramos una especie de capilla adornada de variedad de columnas, muchos cuartitos y otros tantos como nichos, infinitos grupos, varios agujeros y fenmenos con un continuo estiladero de agua. 33 Salimos en fin y nos condujeron a otra segunda cueva en la que tuvimos ms que admira r Entramos por un derrumbadero de piedras bajando a un estrecho plano como de ocho a diez varas en circuito en donde hallamos derrames de la misma piedra y pocas figuras. Aqu se toc uno de aquellos grupos y sonaba como una campana. Despus nos introdujeron por una estrecha boca bastante baja y nos hallamos en un pavimento grande espacioso de varios derrames y columnas y seguidamente en otro pavimento, cuyas circunstancias encantan. Es desigual en el pico y circunferencia y por tanto, ms hermoso. No se puede ver de un golpe todo aquel magnfico edificio por la variedad de plantas de rinconeras y terrados, que se hallan en l y se conduce hacia la profundidad por entre piedras escarpadas y aguanosas presentando desde su centro al que mira hacia una de sus partes colaterales hasta el extremo superior de la bveda, un monumento el ms respetuoso y magnfico, columnas, estatuas, grupos y cascadas con una infinidad de derrames chicos y grandes que forman exquisitas labores de concha, de cortinas rizadas de bordados, y unos grandiosos obeliscos, todo interpolado y lleno de unas ventanas y puertecitas. Se vio a beneficio de unas luces que introdujeron unos muchachos estando nosotros en el centro como quien ve a lo lejos un montecito espeso y oscuro, iluminado por varias partes, presentando variedad de objetos los ms lisonjeros y resaltando con las mismas

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P APELES 178\ 178\ luces una infinidad de esmaltes lo ms gracioso. 34 All se admiran, a otro lado unos como montones de nieve, paciendo de la misma piedra y filtraciones, varias hendiduras, que forman otras tantas cuevitas y otras bocas profundas que presentan un pavor espantoso, por no saber hasta dnde y por dnde se conducen, en medio de una oscuridad inmensa. Por entre peascos y por varios pisos y aspectos de la misma especie nos introdujeron en la ltima cueva que por su construccin y variedad viene a ser un majestuoso y magnfico templo. Su figura en el fondo es ovalada, pero tiene unas obras o cortaduras que forman dos como cepillos, la una con desigualdad en el piso. Este por el resto de todo aquel espacio es llano y de una miga de tierra muy blanda. Es un embeleso y excita una devocin respetuosa, su silencio y majestad. A la entrada se ve una especie de abanico que baja pendiente como un techo que se desprende de la misma bveda y remata en el suelo como puo y en forma de arco. A lo lejos se registra una tronera o puerta chica que enva una escasa luz al dicho templo y le presenta por aquel agujero una cordillera de peascos y troncones de rboles. Aqu hallamos una porcin de murcilagos, y en el suelo algunas semillas secas, y cangrejos muertos. Hay en estas cuevas tanta variedad de cosas que confunden su descripcin en el entendimiento ms despejado y no presenta trminos a la lengua ms expedita. A la entrada de una de ellas se halla una pila cortada en la mayor propiedad lo mismo que un corazn, y en otra una fuente de exquisita agua que bebi S.S. Iltma., yo y algunos otros. Dicen tambin que se halla una estatua que representa a Judas en la horca, pero yo no vi tal cosa. Sera de desear que los que hacen estudio de la naturaleza vinieran a ver y describir con toda propiedad un conjunto de fenmenos tan admirables y tan raros. Salimos en fin llenos de un sagrado entusiasmo y confabulando cada cual segn las ideas que haba concebido nos restituimos a nuestra casa entre diez y once de la maana, habiendo salido de ella a las siete. 35 En la maana del 16 de febrero, tomamos nuestra ruta, como a las seis y media para la hacienda de Guamacano, en donde hay una parroquia, habiendo estado en Matanzas, quince das completos. Acompa al S r Obispo el S r Conde de Gibacoa, el comandante de Cortes con otros caballeros de los principales de aquel ayuntamiento y de la ciudad. Pasando al puente del ro Caas nos condujeron por la misma orilla de la baha a tomar un desecho que gira por la derecha hacia el Oriente buscando el partido o hacienda de San Juan. Este camino nada ofreci de particula r es montuoso por las dems partes y de bastantes malos pasos. En dos de estos antes de llegar al ro Canmar tuvimos que bajar de la volanta por las muchas piedras y por lo pendiente de las cuestas. Se hallan muchos sitios, potreros y estancias y todos los montes estn vistosos y ofrecen hermosas vistas. Llegamos al ro Canmar cuatro leguas de Matanzas y tres de Guamacano a donde se mudaron parejas a las volantas del S r Conde y de S. Iltma. Este ro es uno de los que desembocan en la baha de Matanzas. Aunque no es muy caudaloso, sin embargo por donde lo pasamos, lleva su buena porcin

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OBISPO DE ES P ADA /179 /179 de agua y esta es clara y muy grata al palada r. 36. Al paso de dicho ro, ofrece a la vista mucha hermosura y majestad. Tiene al frente hacia la derecha el nacimiento de una montaa que gira por todos los mrgenes del ro, montuossima y en extremo frondosa por participar de las humedades del agua, la que se deja ver culebreando por entre robustos troncos, y al frente de una vega muy verde, que sigue sus mrgenes al lado opuesto de dicha baha. Generalmente todo aquel aspecto es graciossimo porque hallndose en una especie de caada, por donde pasa el ro se ve a este salir por un inmenso bosque por la derecha y a la raz de una montaa que parece un laberinto por su variedad de rboles, de rocas, y de otras vistas hermossimas y por la izquierda se va escondiendo tambin por entre las montaas de otros montecitos y vegas de igual frondosidad y hermosura. Pasando este ro se ve una gran cuesta de muchas piedras que llaman de Canmar y por entre robustos rboles y bosques a un lado y otro nos hallamos en lo alto, que viene a ser la cumbre de todas aquellas montaas. Seguimos por aqu el camino ya muy llano y hermossimo por su mucho monte que ofrece variedad de rboles frutales, y entre ellos con ms abundancia el limn. Por esta causa llaman a un sitio del Rey adonde almorzamos el comandante de Cortes y yo, el Limona r. 37 De este a Guamacano hay una legua, y por haberse adelantado S. Iltma., con el Conde de Gibacoa, nos fuimos solos algunos pocos por un desecho de monte espeso y de algunos malos pasos y al fin llegamos a Guamacano, como a la una del mismo da diez y seis. Esta hacienda est situada sobre una baja colina y toda rodeada de monte espeso a distancia de un tiro de piedra por los cuatro vientos. El sitio es demasiado triste y solitario y no hay all ms habitaciones que la casa de hacienda que es de tablas y guano, la iglesia que es de lo mismo y una infeliz casita o bugio de cujes y guano a donde vive el ministro. En esta nos hospedamos y de ella hasta la abra de monte por donde entra el camino, haba hecho el cura una especie de alameda fingida de palmas, pltanos y otros rboles, con los que form tambin unos artefactos de trecho en trecho en los que puso diversas frutas. Esta es la nica vista y el monte de aquella que pareca de Arabia desierta, y ms propiamente una Tebayda. Lo que nos diverta y molestaba por lo comn, el ronco graznido de los caos o cuervos, que hay en abundancia y las continuas griteras de infinitas cotorras. Se vieron tambin por aquellos rboles, varios pjaros de una preciosa pluma, el harriero, y el carpintero, y muchas palomas torcaces, S.I. se diverta algunos ratos tirando y matando estos pajaritos. 38 La iglesia no tiene ms que un alta r en donde est un cuadro de San Cipriano, que viene a ser su patrono. Est, no obstante aseadita, tiene algunos ornamentos y S. Iltma. mand que hubiese Santsimo y que se sealara un mayordomo de fbrica. Se hicieron aqu cien confirmaciones de todo aquel partido, que es considerable, y tiene de largo por partes, cinco leguas de estancias, potreros, sitios e ingenios. Evacuada la visita y dadas todas las providencias necesarias para la mejor administracin de aquella iglesia

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P APELES 180\ 180\ salimos da 19, por la maana, entre seis y siete, con direccin a una hacienda llamada Caongo, de la propiedad del S r Tesorero Pealve r para despus trasladarnos a la de Guamutas en donde hay otra parroquia. En este camino hasta Caongo, hay el mismo monte y de la misma hermosura que los anteriores con muchos potreros y estancias que le hacen compaa. En una de estas pasamos a almorzar debajo de un hermoso rbol y habiendo descansado un rato, seguimos nuestra ruta. A poco llegamos a los parajes que llaman vivos y muertos, que nos dieron bastante que hace r Estos son unos malos pasos que forman peligrossimos pantanos en unas abras o cejas de tierra donde las caballeras se quedan clavadas y a veces se necesitan yuntas de bueyes, para sacarlas. Por este camino pantanoso fuimos bajndonos y subindonos S.I. y yo a la volanta y andando muchos ratos segn lo peda la necesidad. Pasados estos y el cementerio que viene a ser el ltimo mal paso nos condujeron ya por buen camino todo de monte espeso y con algunas sabanas o llanuras y llegamos en fin a Caongo como a las 4 de la tarde del mismo da 19. 39 Hasta aqu, este ha sido el da ms molesto y el peor camino que hemos andado en toda la visita. Caongo est situada en una hermosa llanura bien grande y espaciosa desmontada y tiene una buena casa de tablas y guano, alguna otra casita o bugio que le hace compaa y est surtida de corrales, agua de laguna y todos los menesteres para el ganado vacuno que pasta con abundancia en aquella hacienda. Hizo S.I. alto all, se compuso comida, se hizo merienda, cena, descansamos, nos paseamos y ltimamente pasamos la noche no con mucha incomodidad. A la maana del 20 tomamos leche al pie de las vacas, confirm S.I. unos 112 muchachos y salimos en busca de Guamutas. El camino al principio no fue muy malo, pero despus tuvimos que sufrir como dos leguas de piedras, bastante molestias para el carruaje, no pudiendo evadirnos de la incomodidad S.I. y yo, sino echndonos a pie. Despus salimos a unas llanuras muy hermosas y habiendo almorzado como el da anterior debajo de un rbol. Continuamos nuestro camino y vencidos algunos y malos pasos llegamos a Guamutas, como a las once de aquel da. El sacristn mayo r, y el capitn de partido y algn otro nos haban ido a recibir dos leguas antes. 40 Guamutas es una hacienda de los seores Pedrosos de la Habana, all hay una parroquia de mampostera y tablas bien construidas, pero muy desaseadas y como unas veinte casas de guano que forman un pueblecito. Nos hospedamos en la del cura que se hallaba enfermo en la Habana y por lo mismo dicha casa estaba desproveda de todo y desacomodada sin comparacin. Hizo S.S.I. la visita de la iglesia, mand poner Santsimo, que no lo haba prohibido como en Guamacano y otras iglesias que los curas levantasen altar en las haciendas de particulares para dar el vitico a los enfermos. Hizo adems un auto para que el cura gobernase la iglesia a su costa por haberse conocido que el desaseo y quiebras de dicha iglesia era procedente del criminal abandono del cura; se le seal coadjuto r se hicieron confirmaciones como unas doscientas y habiendo visto los libros de la iglesia y provedo lo necesario para el culto y dems, salimos en la maana del 23 de febrero acompaados

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OBISPO DE ES P ADA /181 /181 del sacristn mayor y capitn para Ceja de Pablo. Esta es otra hacienda que conserva el nombre de la Ceja, y en ella est una Iglesia Auxiliar de Guamutas que la sirve dicho sacristn mayo r Aqu no hay ms que dos bugios y la casa del cura en donde est un altar por hallarse la iglesia que era de guano y cujes, abandonada, por estarse cayendo, y ser indecente. 41 En esta casa del cura, nos hospedamos, all se dijo misa, se hicieron confirmaciones y vistos los libros, provedas las cosas necesarias para reedificar la iglesia y aumentar el culto, salimos para otra hacienda que llaman de lvarez en donde hay otra iglesia, la maana del domingo 26 de febrero acompaados del indicado sacristn, cura de lvarez y otros de aquel partido. Este camino fue bueno y en todo l no hallamos cosa particula r slo algn monte claro y tal cual casa. A lvarez llegamos a las diez de aquel da y nos hospedamos en la casa del cura que hace de iglesia por hallarse esta cada, muchos aos hace. Hay en esta hacienda doce o quince casas juntas, algunas repartidas a corta distancia, y todo aquel sitio es muy alegre, y S.I. caz algunos ratos, matando en ellos bastantes palomas de que abunda aquella tierra. En la casa del cura se hizo la visita, se vieron los libros, se evacuaron como trescientas y ms confirmaciones, y dadas providencias para fundar nueva iglesia, y sobre otros particulares del culto, nos pusimos en marcha en busca de Villa Clara la maana del da 29 ltimo de febrero como a las siete y media. Aquel da fuimos a hacer medioda a la hacienda de la Bermuda cinco leguas de lvarez, pero habiendo llegado muy temprano, se almorz, se hicieron unas 50 confirmaciones, y seguimos la marcha con destino a la hacienda de San Marcos. 42 Aqu no se hall maloja para las bestias, ni alojamiento para la comitiva de S.I. Este hizo unas quince confirmaciones, y continuamos el camino a otra hacienda que llaman de San Vicente. En todo este camino no hubo cosa particular: algunas cejas de monte nos molestaron, pero pudimos llegar a San Vicente como a las cuatro o cinco de la tarde. Aqu hay una casita de unos ancianos, donde nos hospedamos, cenamos y pasamos la noche con bastante incomodidad. Tiene dicha hacienda algunos bugios y casas contiguas, que forman cuatro o seis vecinos las familias de hijos y nietos de los tales vecinos. S.I. hizo confirmaciones aquella noche, y por la maana, como unas treinta; despus de todo lo cual como a las seis del lro. de marzo salimos para Villa Clara distante de all como siete leguas. Este camino est todo muy montuoso y nos conducimos por entre alamedas hermosas, y frescas, y por entre algunas haciendas. Pasamos el ro de Sagua la Grande, en cuyas riveras hay bastantes casas de guano y vegas de tabaco y hasta aqu llega el partido de lvarez. Algunos malos pasos hallamos, pero la hermosura del camino todo de monte alto y hermoso dulcificaba los quebrantos. 43 A unas tres leguas de Villa Clara, pasamos otro riachuelo y despus se hallaron en puerta de golpe, algunos clrigos y seculares de dicha villa que venan en busca de S.I. para acompaarlo. Desde aqu comienzan varias estancias a un lado y otro del camino, en donde siembran trigo, estos naturales, siendo los nicos de esta Isla que se dedican a semejante siem-

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P APELES 182\ 182\ bra. Hay tambin hasta Villa Clara otros plantos de pltanos, yuca, boniato, y todo gnero de viandas. A la legua salieron otros de acompaamiento y ltimamente cerca del pueblo, se juntaron muchas volantas, caballos y gente de a pie que hicieron la entrada muy lucida. Entramos entre diez y once de la maana: todas las calles se hallaron colgadas y llenas de una inmensidad de gente. Los que nos acompaaban en volantas y a caballo llegaran a unos cincuenta. Estos hicieron una especie de calle con sus caballos tenidos por el freno, y con volantas, por medio de la cual pasamos S.I. y yo, en su hermosa volanta y entre un general repique de campanas de la parroquia y ermitas, con un sin nmero de cohetes, y tiros de fusil. Entr S.I. en la parroquia con toda su comitiva: se oy una hermosa orquesta con el rgano, y toda la iglesia estaba colgada vistosamente. Hecha por S.I. la oracin de costumbre, nos trasladaron a palacio, que era una casa bien adornada, y de competentes alojamientos, que viene a estar a la espalda de la sacrista, y de la iglesia. En esta casa nos aguardaban con otra msica sencilla, pero muy suave y deleitable. S.I. hizo los debidos cumplimientos y ofertas a los que le acompaaban y despedidos, cada cual tom su alojamiento, se almorz, se comi a su hora y pasamos aquel da y noche descansando de nuestras fatigas. 44 Al da siguiente dos de marzo, sin embargo de que yo me hallaba indispuesto de una gran fluxin a la cara, que me lleg a encender en calentura, prediqu la pltica de costumbre anunciando los fines de la visita. Esta se hizo seguidamente con bastante concurso, se proveyeron los autos necesarios, para la mejora del templo, y culto, y se comenzaron a ver los libros, testamentos, y capellanas. El 4 de marzo, fue S.I. y su familia a comer con el S r Regente de la Audiencia que se hallaba en dicha villa de paso para la Habana, a casa de un caballero Don Diego Gmez, que convid a ambos seores, les sirvi una mesa muy abundante y lucida y en el entretanto una msica bien acorde toc varias contradanzas, minus y otras piezas de gusto. Este pueblo de Villa Clara o por otro nombre Pueblo Nuevo, toma su origen segn probables tradiciones de un cura del Cayo o San Juan de los Remedios que por los aos de 1682, crey que sus feligreses estaban energmenos y no habiendo conseguido su curacin a fuerza de conjuros se traslad con ellos a la hacienda de Santa Clara que estaba en aquel punto, comenzaron a fundar despus de algunos disturbios y providencias de gobierno, y ltimamente progresaron en su fundacin, y se finaliz en los trminos que se ve. Esto lo escribe el Iltmo. Morel con bastante extensin y all pone las cualidades del dicho cura, los recursos a la Corte, resistencia del Cayo y todas las circunstancias de esta fundacin que ciertamente son raras por lo ridculas y en parte graciosas. La situacin de dicha villa es ventajosa, est en un llano lo principal del pueblo, y por los extremos, entradas y salidas hay bastantes quebraduras y mal piso. Est desembarazada de monte, por lo que se respira un aire puro y saludable. Se mantienen una parroquia y tres ermitas, todas con la mayor decencia. La primera es de ladrillo y teja bien construida, de un can y crucero. Tiene diez o doce altares curiosos y bien adornados, en especial el mayo r en donde se venera su titular

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OBISPO DE ES P ADA /183 /183 Santa Clara. La sacrista est a la espalda de dicho alta r surtida de buenos ornamentos y alhajas para el culto y sobre ella hay bastantes habitaciones para el cura, sacristn mayor y mozos de iglesia. 45 Las ermitas que son el Carmen, Buen Viaje, y Candelaria estn del mismo modo aseadas y surtidas de lo necesario, siendo todas de buena fbrica, de ladrillo y teja y de bastante capacidad. En la ltima de Candelaria se hallan unos cuatro o seis religiosos de mi Orden y provincia que ayudan al clero, y en unas pocas celdas que han fabricado cerca de la ermita, y abajo de una puerta, se mantienen con el ttulo de hospicio y ahora se trata de fundar all convento. Hay otra ermita comenzada hacia el Su r de tres naves, toda de ladrillo y de ms capacidad que la parroquia, la que tiene setenta varas de longitud y trece de latitud. No le falta ms que la techumbre y su ttulo es de la Divina Pastora, por haber solicitado su fundacin, unos capuchinos misioneros. Todo el casco del pueblo, tendr como unas cuarenta calles en cuadro, no mal delineadas y bastante largas, pero la ms de las casas son de guano y desaseadas. En la plaza que es hermosa, y adonde est la iglesia, como en todo el centro de la villa hay bastantes casas de mampostera y teja, y algunas de estas de mucho gusto en su construccin. El vecindario del pueblo asciende a ms de 300 vecinos, juntos estos con los de todo el partido, como de siete leguas, ascienden, a ms de 700 familias y 5,000 almas. Hay bastantes estancias y vegas, algunos ingenios, hatos, y corrales, con muchos potreros y unos dos riachuelos que rodean el pueblo, en que dicen que hay uno o dos molinos de pan. La cosecha de trigo, en que son aqu los nicos de la Isla es muy escasa y endeble; el que siembra ocho fanegas y coge veinte, es l ms rico. Como al Sur hay un cerro que llaman Calvo y es de mucha altura; subimos S.I. y yo en una maana hasta la cima, y en una tarde con muchos que nos acompaaron, la volvimos a subi r. 46 Fuimos a otro que llaman las Piedras Blancas que nada tiene de particula r el lro. est una legua y el 2do. media. El da 18 de marzo convidaron a S.I. y familia para pasar a un potrero de paseo. En efecto fuimos con casi todos los principales del pueblo. All comimos: S.I. caz algunos ratos y a la tarde nos regresamos a casa. Este pueblo tiene alguna gente culta, su comandante, ministro de Marina, algunos oficiales de Milicias, dos alcaldes ordinarios, administrador y un poco de comercio, pero todos estn desunidos, y arden en pleitos y chismes. A ms del cura y sacristn mayor que hace de vicario, hay otros cuatro clrigos y tres ordenantes. Dadas en fin todas las providencias para la mejora de costumbres y provedos los autos necesarios de visita y habiendo hecho S.S.I. cerca de 5,000 confirmaciones, salimos para el Cayo o San Juan de los Remedios la maana del 22 de marzo entre seis y siete, habiendo estado otros tantos das en dicha villa. 47 Nos acompaaron los principales del pueblo y el clero, de los cuales se fueron despidiendo en varias distancias y algunos llegaron hasta el Cayo. El camino todo muy hermoso, lleno de monte y de animales, nos divirti en gran manera. Pasamos varios ros entre los cuales el ms considerable es Ceyba: la Chica que corre por entre montes copados y hermosos y se deja ver con mucha majestad, en dicho camino. Antes del medioda comenza-

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P APELES 184\ 184\ mos a ver grandes vegas de tabaco en un lado y otro del camino y en ellas varias familias que dejando sus pobres casitas salieron a vernos. ltimamente llegamos a una estancia del sacristn mayor del Cayo que llaman el Mestre. All aguardaban a S.I. para comer y por entre rboles y una alameda postiza de varias palmas y arcos entramos en aquel albergue, hermoso por ser una casa de arcones y techumbre nada ms, pero llenas de enramadas y cortinas, todo lo cual con una agradable msica, que no ces mientras estuvimos all, contribuy a disipar enteramente el cansancio del camino. Dicho sacristn, sirvi una gran comida. S.I. hizo como unas cuarenta confirmaciones, salimos a ver un cacagual muy frondoso y habiendo descansado unas cuatro o cinco horas, salimos a las 4 de aquella tarde a continuar nuestra marcha, para el Cayo que distaba 4 leguas. En una cortina que sirvi de dosel para S.S. Iltma. en dicha casa de campo, se leyeron estas tres dcimas escritas en tres mitras de papel. D CIMA 1 a Buen Pastor seis bien venido, Y en nombre de aquesta Grey, Hoy de mi afecto la ley Blasona de agradecido. Pues que os merezco rendido Le dis a mi casa hono r, Visitndola amoroso, Y hacindome tan dichoso, Cuanto apetece mi amo r. S EGUNDA Bien s que si mi Seor Dios, no ed[i]fica la casa, Sin duda no ha de haber tasa En todo humano favor: Esta casa buen Pasto r, Pens disponer con tiento Para que sirviese asiento de Mansin Pastoral, En Visita general, Que d universal contento. T ERCERA Dispensad faltas, Seor Pues sois un Pastor Benigno Lo escaso de mi designio En tributaros hono r. Dispensad pues mi valor Dispensad defectos tantos

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OBISPO DE ES P ADA /185 /185 Dispensad que en estos campos No me brinda la ocasin Rendiros otra oblacin Que mostrar afectos cuantos. 48 Estn conforme se hallaron all, y nada tienen que admirar sino lo mal hechas. Seguimos nuestro camino, se puede deci r por una hermosa alameda en cuyos lados se vean inmensos bosques, y rboles de una extremada altura, algunos cacaguales y cafetales. A la legua antes de llegar al Cayo pasamos por algunos arcos a las puertas de las estancias o ingenitos, y en uno tiraron unos negros, varios tiros a la celebridad. Media legua antes o un cuarto, nos sorprendi una especie de altar muy bien adornado con sus colaterales, y bajo un vistoso arco. All sali un cleriguito o monigote, y hacindonos parar en medio de inmensa gente dijo esta. L OA Toda la plebe exhalada Forme vctores de amor A la dichosa llegada De nuestro llustre Seo r. Y la excepcin ms erguida Que se halla en los Parlamentos Todos me ayuden a dar Tan debida bien venida: ilustrsimo Seor Columna del Sacro Templo Y de Roma fiel Pila r. Tronco ameno del Paraso. Y de fieles protector Prncipe de lo Sagrado Seis Seor bien llegado Como triunfador Teso Para que el soberbio Anto Que se acredita Dragn A vuestra santa intencin Postrado caiga en el suelo Y cante victoria el Cielo En triplicado tesn As la vi escrita en el mismo papel que aprendi el dicho monigote, y la traslad a la letra. Los que fueren poetas de profesion, sabrn qu gnero de composicin es esta. Ella, me dijo el mismo monigote fue compuesta por el S r D r Don Juan Marcos Rafael de Balmaseda, abogado que fue de los Reales Consejos, secretario, consulto r y promotor fiscal del S r Arzobispo de Santo Domingo, Don Isidoro Rodrguez, y actual cura prroco de esta

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P APELES 186\ 186\ iglesia de San Juan de los Remedios del Cayo. 49 Evacuada esta representacin seguimos el resto de nuestro camino y avistamos las calles, todas las de la carrera bien adornadas de arcos triunfales de cortinas, y con infinidad de gente de todos colores. Dichos arcos eran muchos en nmero a mi parecer ms de trescientos. Corran desde el principio del pueblo por una calle, recta y larga hasta la iglesia y de aqu hasta el palacio de S.S. Iltma. Poco ms de vara distaban unos de otros, y su adorno era muy regular y vistoso aunque unos estaban vestidos de seda, otros de piezas de Indianilla, de Carranclan y de Bretaa y todos con lazos y varias diferencias, conforme a los haberes de quien los haba costeado, y el gusto de quien los compuso. S.S. Iltma. y todo el acompaamiento nos conducimos por abajo de estos arcos a la iglesia, en medio de un repique general de la parroquia y tres ermitas y regalando los odos una hermosa orquesta con los vivas de las gentes, que todos respiraban alegra y contento a la vista de su Pasto r De la iglesia, hecha la oracin de costumbre, nos retiramos a palacio por una puerta colateral desde donde comenzaba la otra carrera de los mismos arcos. S.S.I. se despidi con urbanidad de los que le acompaaban, les hizo las ofertas de poltica que son costumbre, tomamos cada cual su alojamiento y descansamos el resto de aquel da y noche. 50 A la maana siguiente hice una pltica de costumbre sobre los fines de la visita, se hizo con solemnidad Viernes de Dolores, se dieron providencias por lo que toca al culto y se sigui el examen de libros, etc. La iglesia de este pueblo es toda de mampostera y de bastante capacidad con sus tres puertas sin torre pero la estn comenzando a edifica r Tiene como quince o veinte altares incluso el mayo r y estn todos y la iglesia bastante desaseados, efecto del mucho polvo colorado que despide toda esta tierra y tambin por el abandono de sus ministros. La sacrista viene a estar a espaldas del altar mayo r bastante capaz y con habitaciones encima para el sacristn mayor y monigotes. Sus ornamentos son muy pocos y muy malos por la suciedad y por ser viejos y mal cuidados. En atencin a esto S.I. mult al cura y sacristn mayo r a cada uno en doscientos pesos para el reforme y compostura de la iglesia y sus utensilios. Reform asimismo los abusos de las cofradas suprimiendo muchas y prohibiendo las prcticas y ridiculeces que se acostumbraban principalmente en el descendimiento que yo lo predique, y los convites de los hermanos a costa de la piedad y del pblico. Este pueblo del Cayo, es de un cielo muy alegre y despejado por lo que se respira un aire puro y saludable. Tiene la circunferencia cerca de legua americana, y todo su piso, es extremadamente llano y cmodo. Sus calles como cuarenta, todas estn bien reguladas, son largas las ms y muy derechas, pero sus casas adolecen de lo mismo, que en los dems pueblos de esta Isla, son miserables por la mayor parte, de un pavimento mezquino y su construccin de guano y cujes, o de yaguas. Hay muchas ya en lo interior del pueblo, que tienen buena construccin de mampostera y algunas de ellas como la de Doa Mara de Rojas, son magnficas, otras como la que, en

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OBISPO DE ES P ADA /187 /187 que paramos, son muy regulares, decentes y cmodas. 51 Lo particular de este pueblo, es no solamente el piso tan llano, y agradable, y su cielo tan despejado y alegre, como ninguno de la Isla, sino el que por todas sus calles se percibe un olor balsmico, que inspira la mayor suavidad. Este olor procede de que no hay casa por pequea y pobre que sea, que no tenga, infinidad de flores y yerbas aromticas, naranjos, cafs y todo genero de rboles, siendo una gracia el ver entre casa y casa, y por entre las vallas de palos, y muchos espacios las ramas y flores de tantas plantas grandes y pequeas, presentndose todo el pueblo a la vista como un hermoso y continuado jardn. No estn menos frondosos y llenos de lozana todos sus alrededores y estancias. En estas se ven grandes praderas y ganados y en todos aquellos robustos y copados rboles adornados sus troncos con infinidad de bejucos y monte bajo, todo floreciente y lo ms vistoso. Este pueblo tiene un clero, muy decente y de mayor nmero que los otros de su clase. Son catorce los sacerdotes actuales, con su vicario, juez eclesistico, su cura prroco, sacristn mayor y colecto r Tiene a ms un subdicono, cuatro o seis ordenantes, de menores y otros tantos monigotes o mozos de iglesia. Todos se mantienen con decencia y no quieren salir de aqu. Su gobierno poltico es tambin del mayor lustre. Hay sus dos alcaldes ordinarios de la hermandad, alguacil mayo r alfrez real, administradores, regidores, un comandante de armas con su cuerpo de Milicias, y bastante oficialidad, un ministro de Marina, teniente de Fragata, hay escribanos, abogados y todo cuanto se necesita para la bella organizacin de un pueblo. 52 Sus naturales son pacficos regularmente y muy sencillos, no hay mayores disenciones y todos viven contentos. Son muy tmidos y huyen de la enfermedad de las viruelas en tales trminos, que en habiendo un virolento, todos abandonan el pueblo, y se retiran al campo. Para obviar esto S.I. ha trado de la Habana un cirujano que ha comenzado a vacunarlos, y hasta el presente hay ms de 800 vacunados: S.S.I. concurri a los oficios de Semana Santa, yo prediqu de Pasin, y de Resurreccin. El da 2 de abril y segundo de Pascua fuimos S.I. y familia con lucido acompaamiento a ver unas cuevas distantes dos leguas de este pueblo y en un monte espessimo de piedras y de rboles. El camino fue muy divertido por su mucho monte, potreros, estancias, y algunos ingenios y trapiches. Dichas cuevas vienen a estar en las mismas entraas del tal monte, que por de fuera se registra con admiracin entre los troncos de los rboles, queriendo competir con las nubes. Comienza con disminucin, desde una llanura de un bosque, a elevarse hacia el cielo, y est vestido todo de rboles y grandes peascos que hacen su subida inaccesible y su visita la ms majestuosa. Subimos sin embargo S.I. y toda la comitiva hasta la misma cima que llaman la Viga desde donde se vieron todos los horizontes, la mar con bastante extensin y los campos divididos ya en las llanuras ya en las montaas y todo lleno de verdor y de la mayor hermosura. 53 Antes de llegar a la cima se hallan las bocas de las cuevas, adonde

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P APELES 188\ 188\ entramos con luces como en las de Matanzas. Son unos espacios obscuros, y que presentando un aspecto horroroso, no habiendo en los tres primeros nada de particula r sino un hermoso pavimento con bastante luz y algunas piedras y columnas en su medio que forman con su bveda muy slida un majestuoso templo. Mas hacia el centro de la sierra bajamos a otra que tiene de particula r el estar toda jaspeada la bveda efecto, segn lo que yo alcanc, de la tierra por donde pasa el agua que se filtra, la cual si es colorada transmite su color con la misma agua, y si es negra lo mismo. Hay aqu varias hendiduras desiguales y por entre el piso y los extremos de la bveda, que cae al suelo se forman entrando con trabajo una especie de capillitas, o nichos, con su media naranja en forma de caracol muy redondo y perfectamente formado, con diversidad de jaspes. Las mismas medias naranjas se ven por la extensin de la bveda o pavimento principal de esta cueva. En otra cueva que vimos al bajar de la Viga, se registra una media naranja a la entrada, como en un prtico que presenta una vista magnfica. Se levanta como una especie de cpula o cimborio, y en toda su circunferencia se registran varios riscos como desprendindose con desigualdad y haciendo figura de un hermoso obelisco que por el remate despide escasa luz. Subimos y bajamos con bastante trabajo y a la vuelta paramos en un trapiche de un tal clrigo Snchez, que nos sirvi un gran refresco. 54 Estuvimos en este pueblo 13 das, se hicieron ms de dos mil confirmaciones: su vecindario asciende hay a diez o doce mil almas, y la maana del 7 de abril salimos para San Antonio de Cupey al amanece r El camino tuvo de bueno y de malo, mucho, monte, altos y bajos, algunos riachuelos y tambin malos pasos. Entre ocho y nueve de la maana llegamos a una hacienda del presbtero D. Juan F rancisco Loyola. All tena hecha una torre de madera, vestida toda de enramadas, y con cuatro campanas, dos de hierro y dos de metal que se repicaron a la vista de S.I. Entramos por una alameda de palmas postizas, hasta la casa que se avistaba toda con el mismo adorno y algunas cortinas. En una especie de portal tambin muy decente, S.S.I. se baj de su volanta con toda la comitiva, que ya era numerosa, habindose juntado all los de Sancti Spritus. Se sirvi el refresco y se oy esta copla con msica. C OPLA Con sumisin y fervor Me ayudis con rendimiento En sumo agradecimiento De nuestro Ilustre Pastor Sigise esta loa llustrsimo Seor os suplico que aceptis, Y que el calor mitiguis, De los ardores del Sol; Reparad de su arrebol

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OBISPO DE ES P ADA /189 /189 Honrad esta humilde choza Hacindola venturosa Y su dueo agradecido Gustoso y reconocido De tan gran benignidad, Y conocida piedad Hoy un sbdito os suplica El que con amor dedica Personas, vida y hacienda Dignidad, joyas y prendas A vuestro ilustre servicio Humillndose propicio Con sumisin aunque sola Pide rendido y postrado El Presbtero Loyola. 55 Concuerda con su original al que me remito. Acabada esta funcin, que durara como una hora, todos seguimos nuestra marcha, en busca de San Antonio. El camino no fue muy agradable por sus muchas quebraduras, altos y bajos, pero el mucho monte, y bastantes estancias y potreros, todos de la mayor frondosidad, dulcific la molestia del dicho camino. Como a las 12 llegamos a un sitio despejado del monte y bastante alto, de tierra muy rida y de un aspecto triste y solitario. All est la iglesia de San Atanasio, de guano y cujes bastante desaseada y amenazando ruina: hay un altar mayor pobre y pequeo y otro de nimas cuyas pinturas mand borrar S.I. por ridculas. Cerca de la iglesia est la casa del cura, y a distancia de un tiro de piedra, y otras de tiro de can: hay otras tres o cuatro casitas, todas de guano y despreciables. La del cura era tan desacomodada y desproveda, que S.S.I., visitada la iglesia en aquel mismo da y hechas unas cincuentas confirmaciones, dispuso salir de aquella Arabia desierta al siguiente da. As se hizo en la maana del 10 y por haber llovido regresaron algunos del Cayo, y tres con los de Sancti Spritus nos acompaaron comenzando nuestra marcha al mismo amanece r Este camino fue de la misma naturaleza que el anterior fragoso y con bastantes malos pasos, aunque la variedad de montes y estancias, todo de la mayor frondosidad, ofreci a S.I. y a m bastante diversin, llegamos al medioda a una estancia, llamada Santa Luca, jurisdiccin de Sancti Spritus y cinco leguas de este. All se descans y comi y vino el cabildo de Sancti Spritus con el mayor aparato a visitar a S.S.I. y acompaarle. A las dos y media de la tarde nos pusimos en marcha para Sancti Spritus con un calor inaguantable, y subiendo y bajando lomas por entre monte y vadeando algunos arroyos. A las dos leguas nos comenzaron a salir al encuentro en diferentes distancias varios cuerpos que componen dicha villa, todos con el mayor lucimiento y ostentacin. S.S.I. fue saludndolos a todos sucesivamente y agradeciendo su atencin, y todos se fueron incorporando, unos en caballos enjaezados y otros en hermosas volantas. Cuando llegamos al pueblo el acompaamiento ascendera a unos doscien-

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P APELES 190\ 190\ tos individuos, de la primera distincin, todos con sus uniformes, y de casacas. Entramos por la calle que llaman Real y toda ella inundada de gente de varios colores, y adornada con arcos triunfales, y enramadas, presentaba un aspecto el ms admirable, y gracioso hasta la iglesia que se deshaca en repiques, con San Francisco y tres ermitas. Hecha la oracin de costumbre, S.I. y acompaamiento giramos por otra calle, ms vistosamente adornada, con arcos y llegamos al palacio. All hallamos un cumplido refresco, y una orquesta muy agradable. Servido este, nos acomodamos cada cual en su cuarto, y S.S.I. se despidi con su bondad. La casa que era la del cura Don Ignacio V enegas, estaba vistosamente adornada, y de muchas proporciones para toda la familia. A1 da siguiente predicaba su pltica de costumbre, se junt el clero, todo el cabildo secula r oficialidad, y muchos de casa con la comunidad de San F rancisco y viniendo por S.S.I. al palacio, fue trasladado a la iglesia procesionalmente, e hizo su visita acompaando la msica, campanas y ruedas de plvora, con inmensa gente, la ida y vuelta, y el mismo acto de visita. En aquel mismo da todos estos seores asistieron a la mesa que pudo llegar a cincuenta cubiertos, a la que tambin acompa la msica. Esta misma mesa se continu al da siguiente y despus todos los das de fiesta siempre acompaando la msica. 56 La iglesia de este pueblo est bien adornada, es de una nave que corre del Sur al Norte, tiene unos quince o veinte altares, y detrs su buena sacrista, con vivienda para los ministros. Su clero se compone de un cura prroco, vicario y sacristn mayo r ocho sacerdotes y una porcin de monigotes. Hay tres ermitas, de Caridad, Jess y Santa Ana, de las cuales la primera es ayuda de parroquia, y est bien provista de todo lo necesario, y la segunda sirve a un hospicio, que est fabricado para los religiosos de mi P Santo Domingo, y en l hay un solo religioso: la tercera se halla en bastante abandono, y casi derrotada la sirve un capelln que tiene a renta cinco pesos al ao. Hay tambin un convento de mi religin bien fabricado y cmodo con su iglesia, an mayor y ms hermosa que la parroquia, de dos naves y con muchos altares y buenos, pero por nuestra desgracia y la mala versacin de los religiosos, se halla casi abandonada, viven en l solos cinco religiosos, con su guardin y un donado. Este pueblo es de los mayores de los cuatro, esto es, el Cayo, Villa Clara, y Trinidad, que con este se nombran los cuatro pueblos. Tiene un cuerpo lucido de regidores, sus alcaldes ordinarios de la hermandad y dems miembros de Justicia: hay tambin una Sociedad Patritica, y muchos caballeros hacendados. Tiene su cuerpo de Milicias con sus oficiales subalternos, y un sargento mayor teniente coronel. 57 La construccin del pueblo es muy regula r hay slo cuatro calles, que tienen rectitud, las dems son muy desiguales y las casas estn disparadas. Lo que tiene de ventaja sobre los otros tres pueblos, es que todas las ms de sus casas son de ladrillo y teja, el vecindario es numeroso, y junto el del pueblo con su partido pasan de veinte mil almas. En los campos de su jurisdiccin se hallan seis iglesias, las dos parroquias y las dems auxiliares. Las parroquias son: San Eugenio de la Palma y San Blas de

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OBISPO DE ES P ADA /191 /191 Palmarejo: aquella tiene a Morn por auxiliar y esta a la Candelaria del Caracusei, y a San Ignacio. La otra auxiliar de San Atanasio del Cupey corresponde al pueblo. Este tiene adems un hermoso ro que casi lo rodea. Hay en l, hermosos baos, tiene un agua muy clara y saludable y de l se provee todo el pueblo y sus alrededores. Hay tambin estancias, potreros y trapiches a proporcin de los pudientes que son bastantes: pero se nota la desidia de todas partes en la agricultura hallndose todos los campos, en medio de su frondosidad, yermos enteramente, y sin encontrar una verdura, sino algunos pltanos, yuca y maz. Aqu estuvimos un mes completo, y S.I. hizo quinientas confirmaciones. 58 Salimos de aqu, nos dirigimos a la Habana, dejando para otra ocasin el resto que quedaba de visita. Nos acompaaron los principales de todos aquellos pueblos y estancias y llegados a la dicha Habana, nos recibieron todas las corporaciones con la mayor alegra y el aparato que se deja inferior de una ciudad, tan populosa y tan culta. A los pocos das vino mi nombramiento de Obispo de Maynas con cuya noticia se verific lo que queda dicho en el prrafo diez y ltimo de la recopilacin de los sucesos de mi vida, anterior a este Diario. Se dispusieron las cosas y me embarqu para Mjico, en donde estuve cinco meses hasta que se proporcion embarcacin para el Per. Todo lo dicho es lo que me ha sucedido hasta mi vuelta a Madrid el 2 de agosto del ao 22, de este siglo, y en el 25 nombrado ya Obispo de Lugo, y con mis bulas correspondientes, me vine a esta ciudad, en donde permanezco hasta que Dios se sirva disponer de m otra cosa, o llevarme a su Santa Gloria, como lo espero de su infinita bondad. Lugo 8 de diciembre y da de la Pursima Concepcin del ao de 1833.

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EXHOR T A CIN a los fieles de la Havana, hecha por el Prelado Diocesano sobre el Cementerio G eneral de ella (1805) Habiendo sido el espritu de la Iglesia cristiana, en todos los siglos, que los lugares destinados a la congregacin y reunin de los cristianos para hacer en ellos oracin, y ofrecer sacrificios cotidianos, no fuesen el depsito de los cadveres de los fieles, fue la prctica comn en sus mejores tiempos el enterrarse los difuntos en cementerios distantes de los pueblos y ciudades; y sus deseos y conatos en todos, remediar el abuso, no en todas partes introducido, de enterrarse dentro de las iglesias, oponindose constantemente a l, y procurando desterrarle de donde reinaba. Llenos estn todos los monumentos eclesisticos de esta decidida voluntad, y llenos tambin los cdigos civiles de las naciones catlicas de leyes y reglamentos dirigidos al restablecimiento de tan sabia como saludable disciplina. Y para no detenernos con largos y multiplicados documentos, que ms haran una disertacin histrica que un discurso breve y sencillo, que queremos dirigiros, slo os pondremos a la vista lo que en esta ltima poca de veinte aos han meditado y dispuesto por todos los medios los paternales desvelos de nuestro Soberano Reinante y de su Augusto Padre Carlos III; y lo que por el mismo tiempo han tratado de inspirar a sus fieles sobre este asunto, persuadindoles en sus solicitudes pastorales, diferentes prelados de conocida virtud y doctrina. Nuestra justa desconfianza en las dbiles luces, y conocimientos limitados que poseemos, y el cortsimo mrito que tenemos para que aadis el peso de la autoridad a nuestros razonamientos; la grande que se merecen aquellos clebres prelados y finalmente el inviolable respeto y obediencia que se debe a las determinaciones soberanas deben hacer que prefiramos sus discursos, sus poderosos fundamentos y hasta sus palabras, haciendo propios solos sus sentimientos y ardientes deseos, que pretendemos inspiraros. Y si por dicha, como esperamos, logrsemos el completo fruto de la persuasin, y la plena ejecucin, que nos consiguieron tan respetables personajes lo atribuiremos a su sabidura, a vuestra mayor docilidad, y en gran parte a las circunstancias de los tiempos. Porque tan cierto es, como

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OBISPO DE ES P ADA /193 /193 deca en su Pastoral al intento, de 1775, el arzobispo de Tolosa Esteban de Brienne, que las providencias ms sabias necesitan madurarse con el tiempo y hallar los nimos dispuestos para su observancia. Unas medidas demasiado prontas, prosigue, hubieran acaso chocado vuestra delicadeza, y tal vez hubirais tenido por razonables las excepciones inventadas por la vanidad, y cohonestadas con el uso. Era preciso, para poder contar con vuestra docilidad y ganar vuestra confianza, que las repetidas desgracias, muertes repentinas y frecuentes epidemias os abriesen los ojos. Era preciso que vuestros deseos, formados por una triste experiencia, apremiaran digmoslo as, nuestro ministerio y que el exceso del abuso abonara de todos modos las extremas precauciones con que nos es forzoso atajarle. Hace diez y ocho aos que Carlos III expidi una real orden para restablecer una prctica que la Iglesia la ha deseado en sus diez y ocho siglos. Y aunque los motivos de aquel Monarca eran los de su verdadera piedad y pureza de religin, unidos a los de la salud pblica, hizo en dicha Real Orden de 1787 diferentes excepciones que se creyeron entonces necesarias para contemporizar con ciertas clases polticas y eclesisticas, y con las prevenciones del tiempo: pero como estas se van desvaneciendo, y aquellas ilustrando y conociendo su slido inters, y como los males nacidos de semejante abuso hayan llegado con pasos ms rpidos hasta el colmo; se ha dado a las providencias de esta materia toda actividad y eficacia, y ninguna limitacin de clases y personas. Carlos IV (que Dios guarde) con el fin de realizar enteramente las benficas intenciones de su padre, y extenderlas a todas partes, expidi el ao prximo pasado una real cdula para todos sus dominios de las Indias, por la que ordena a los seores vice patronos y a los reverendos prelados, procedan con la debida prudencia, dice, al establecimiento de cementerios (cuanto menos sean posibles) en los trminos y parajes, y por los medios en que convinieren, haciendo entender a los curas el mrito que contraern en contribuir a tan loable fin, no siendo otro el mo (aade S.M.) que el mayor decoro y decencia de los templos y de la salud pblica, que tanto me interesa y a los mismos pueblos; dignndose adems remitir ejemplares de un plan, para que conforme a l se ejecuten dichos cementerios; mandando se observe en todas sus partes su soberana resolucin, y que demos cuenta de lo que se ejecutare en nuestro distrito. A este mismo tiempo activaba S.M. la verificacin de las rdenes dadas en los Reynos [sic] de Espaa, en toda la pennsula, mandando a su Consejo Supremo de Castilla despachase circulares al intento, en que, desenvolvindose las utilidades y ventajas de los cementerios generales, las viesen los pueblos y las abrazasen. Tal fue el objeto y el efecto victorioso de la circular presente. Los funestos efectos que ha producido siempre el abuso de enterrar los cadveres en las iglesias se han comprobado con mucha especialidad en los aos prximos y en el presente, en que, afligidas las ms de las provincias del Reyno, y muy sealadamente las de las dos Castillas, con enfermeda-

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P APELES 194\ 194\ des malignas, han experimentado un lastimoso estrago, que apenas han bastado a contener el incesante desvelo y auxilios de S.M. y las oportunas providencias del Consejo. El paternal amor que tiene S.M. a sus vasallos, movi su Real nimo a encargar a este Supremo Tribunal en el ao de 1799, tomase en consideracin nuevamente este importantsimo asunto con respecto a Madrid, sin embargo de lo que estaba determinado generalmente por su Augusto Padre en la Real Cdula de 3 de abril de 1787, y se ocupase seriamente y con la mayor brevedad en proponer medios sencillos para establecer fuera de sus muros cementerios, en que indistintamente se hubiesen de enterrar los cadveres de toda clase de personas. Sucesos posteriores demasiado lamentables han convencido de las benficas ideas de S.M. an a los que por una adhesin poco reflexiva a toda costumbre estuvieron entonces ms distantes de conocer su importancia; pues han sido muchos los pueblos que viendo fomentarse rpidamente las enfermedades en su recinto, y no dudando que llegaran a causar su total desolacin, si no adoptaban como una de las medidas ms esenciales la de suspender los enterramientos en las iglesias, la han abrazado espontneamente, disponiendo se hiciesen en parajes ventilados y distantes de poblado: bien que con dos inconvenientes gravsimos; porque ni esta tarda providencia poda remediar los males que haba causado ya el aire infestado de las iglesias, ni podan observarse en su ejecucin el decoro y religiosidad con que corresponde sean tratados los cadveres de los fieles, por no permitirlo la urgencia de las circunstancias, y la falta de disposiciones anticipadas. Concurre adems otro motivo eficacsimo para e1 religioso corazn de S.M., y es la consideracin del respeto y veneracin debidos a la casa de Dios, que habiendo de se r an en lo externo, los lugares ms puros, se miren convertidos, por un trastorno lamentable de ideas, en unos depsitos de pudredumbre y corrupcin, sin que hayan bastado a evitar esta profanacin, ni las repetidas sanciones cannicas que la han prohibido, y el dolor con que la ha tolerado la iglesia, ni el ver que es causa de que retrayndose muchos de los fieles de frecuentar los templos que son los lugares destinados especialsimamente para sus ruegos, se debiliten sucesivamente los sentimientos de piedad y religin, o de que a lo menos prefieran la concurrencia a las iglesias en que son menos comunes los enterramientos, dejando casi abandonadas las parroquiales, con grave ofensa de la disciplina eclesistica y mengua de la instruccin que deben recibir de sus pastores. Una providencia dirigida a los dos objetos que llaman ms principalmente la atencin de l y que interesan ms al pblico, el respeto a la religin y la conservacin de la salud de sus vasallos; no puede dejar de ocupar incesantemente los desvelos de S.M. y de su Consejo, mayormente al considerar que se aumentan progresiva y rpidamente los males que dimanan de la dilacin que se experimenta en su ejecucin y que puede verificarse esta sin alteracin substancial en el sistema actual de funerales y sufragios. Para activarla en todo el Reyno con la eficacia que corresponde a su importancia, se ha servido S.M. resolve r a consulta del Consejo, que se nombren por

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OBISPO DE ES P ADA /195 /195 el Excmo. S r Gobernado r Conde de Montarco, los seores ministros del mismo, a cuyo cargo haya de correr respectivamente en los obispados que se les sealen, para que, acordando por s las providencias que consideren ms conducentes, segn las circunstancias de cada pueblo, y sin necesidad de acudir al Consejo, fuera de los casos en que lo concepten conveniente por su gravedad, se simplifique aquella, y se logre el ms pronto y cumplido efecto. Cuando S.M. meditaba para Espaa estas disposiciones, y las expeda iguales para estos dominios, se estaban sazonando en esta capital proyectos de la misma especie, y realizndose en nuestra Dicesis en los pueblos de fuera de la capital. En efecto, la Sociedad Patritica haba tenido hace aos este pensamiento, y cuando tuvimos el honor de entrar de individuo de ella, volvi a fermentar con la bastante fuerza, para que al llegar dicha real cdula nos hallase ya con el paraje destinado, con un plan anlogo, y an casi igual al que S.M. nos remita, con los medios para el costo de la ejecucin; en una palabra, con todo preparado para hacer lo mismo que se nos mandaba. El Seor Gobernado r Marqus de Someruelos, haba ya contribuido con su autoridad a estas miras, el M.I. Ayuntamiento haba designado el paraje conveniente, y el venerable Cabildo de nuestra Santa Iglesia Catedral haba decretado generosamente la inversin de las cantidades necesarias; y en fin, en nuestra visita pastoral habamos determinado con la autorizacin de dicho seor gobernador y dems Justicias, cementerios fuera de las iglesias en ms de la mitad de nuestro Obispado, y se hallan ya establecidos en todo l y todas sus iglesias. Era muy natural que el primero en proyecto, que fue el de esta ciudad, fuese el ltimo en la ejecucin, por su mayor importancia, y por las mayores dificultades de todos gneros que haba que vencer; pero al fin todo est felizmente allanado; el Cementerio General est construido y concluido. Mas antes que empiece a servir este santo lugar al uso destinado, quisiera que todos vosotros, mis amados fieles, lo adoptseis sinceramente, venciendo a favor del bien de la humanidad y decoro de la religin, y de vuestro inters propio, que conocis en ambos respectos, aquel resto de repugnancia que naciendo del hbito y de la fuerza de la imaginacin, no haya podido ser disipado con todos los esfuerzos de la reflexin. Y no esperamos menos de vuestra razn ms cultivada, que lo que hemos conseguido, sin contradiccin alguna, de todos los pueblos, grandes o pequeos de nuestro Obispado. En ellos corroboramos la debilidad de espritu de algunos fieles, proponindoles las buenas disposiciones que entreveamos en gran parte de vosotros, y los deseos de la Real Sociedad, en que hay personas de todas clases y condiciones, del gobierno poltico y milita r de la nobleza, del clero secular y regular y todos sus Jefes respectivos, y habindoos puesto con fundamento por modelos, no podris quedar inferiores a los que os han imitado anticipadamente como a tales. Os dan un singular ejemplo el Cabildo Eclesistico con su Prelado, todos los prelados a nombre de las comunidades de religiosos, que con-

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P APELES 196\ 196\ siguientes a la renuncia, por sus votos, de las pretensiones del siglo en vida, no quieren reservarlas para la muerte, y nos han manifestado espontneamente que siguiendo nuestro ejemplo, y conducidos por los mismos principios de verdadera piedad, y de su amor a la felicidad pblica, desean darlo a los fieles, y persuadirlos a ello, como lo daran tambin de su desinters, aunque se disminuyesen sus emolumentos temporales, cuyo origen quedar sin mudanza alguna en beneficio de su manutencin. Os le darn igual todo el clero secula r y en especial vuestros curas prrocos, queriendo unirse en el sepulcro con los que alimentaron espiritualmente en sus iglesias. Finalmente, os lo dan con sus disposiciones todas las personas de sano juicio, y las que abdicarn voluntariamente sus pasados derechos de sepultura en paraje distinguido de la iglesia, para elegir otro correspondiente en el cementerio, que se conciliar el respecto de todos, no menos que por otras razones, por la de sepultarse en l las personas de todas jerarquas y distinciones. Y an en la tmida resolucin de las religiosas, que con sus ruegos nos han obligado a condescender por ahora a que las permitamos hacer cementerios particulares al descubierto, dentro del recinto de sus monasterios, en lo ms retirado de sus huertas y cercados, en los cuales slo ellas se sepulten; veris que estn convencidas de la utilidad del establecimiento general. Mas si todava, aunque llenos de respeto y sumisin a los decretos de vuestros tan catlicos como piadosos Monarcas, y de sus magistrados supremos, y convencidos con tan esclarecidos ejemplos, queris fortalecer vuestra piedad con testimonios de ministros del primer orden, y jerarqua de nuestra religin y de nuestra nacin; os los pondremos a la vista, de los de estos tiempos, como os hemos insinuado, omitiendo los de toda la antigedad eclesistica. El Seor Climent, Obispo de Barcelona, dice un erudito disertador sobre cementerios, sujeto en quien hemos visto resplandecer todas las prendas que constituyen un perfecto Prelado, la piedad, la doctrina, el celo, la caridad, etc., este ejemplar Obispo de nuestros das, deseaba con ansia sacar las sepulturas de la Iglesia y senta en extremo, que estuviesen ms inmediatas a los Altares de lo que permiten los Sagrados Cnones. En la visita que hizo de su Dicesis, las mand retirar a la debida distancia.... Pero como su fin era, prosigue, arrancar de raz el abuso, no llenaban su corazn estas providencias interinas; y as mand fabricar a sus expensas, al Nordeste de Barcelona, fuera de la puerta nueva, un cementerio murado con su capilla... V ea los monstruosos errores de que estaba imbuida la multitud, por tanto juzg conveniente conducir este delicado negocio por el camino de la suavidad, dando tiempo a que los fieles depusiesen sus engaos. A este efecto, en la breve pero enrgica pltica que hizo con el motivo de bendecir el cementerio, les habl en estos trminos:

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OBISPO DE ES P ADA /197 /197 Antiguamente los Cristianos no se enterraban en las Iglesias: despus comenzaron a enterrarse en los cementerios de las ciudades. Pero los Sumos Pontfices y los Concilios siempre han manifestado gran deseo de que se renueve la antigua observancia. Es muy digno de reparo que la bendicin de las Iglesias no se incluye ni hace mencin de las sepulturas, reservndose esta bendicin para los cementerios. Y con qu solemnidad! Con cuntos Salmos! Con cuntas oraciones! Si los fieles, concluye, cargarn su consideracin sobre estas prudentes reflexiones del Seor Climent, no tendran a bajeza el enterrarse en los cementerios. El Seor Jorge Galban, Arzobispo de Granada, refiere el mismo erudito eclesistico, represent al Supremo Consejo, que sera til en extremo que se construyesen cementerios para las sepulturas de los fieles, pues de este modo lograran los templos santos el aseo correspondiente; y el Seor Conde de Campomanes, fiscal entonces de la Cmara, aquel docto magistrado, a cuyas superiores luces y celosas actividades es deudora toda la nacin de tantos establecimientos tiles, no slo aprob el pensamiento de dicho prelado, sino que en apoyo suyo aadi, que as lo pedan las razones de la salud pblica. Expuso tambin el mismo arzobispo, que antes de llevar a efecto estas providencias sera muy oportuno que los prelados dirigiesen a sus respectivos diocesanos cartas pastorales, por las que se les hiciese ver que los entierros fuera de los templos, adems de la conocida ventaja de preservar al pblico de gravsimos daos, tienen las circunstancias de ser segn el espritu de la Iglesia. En consecuencia, el Seor Molina Lario, Obispo de Mlaga, redujo la que form con este fin a las cinco proposiciones siguientes: Primera: que en lo antiguo no se enterraban los cadveres dentro de las Ciudades; segunda: que cuando se comenz a extender la Religin Cristiana, ya fue permitido colocar los sepulcros dentro de las Ciudades; pero no en las Iglesias, sino en los atrios y cementerios; tercera: que sin embargo de las Leyes y disposiciones que prohiban las sepulturas en las Iglesias, se mud en este punto la forma de la disciplina en el siglo VIII poco ms o menos: que los cementerios siempre se han mirado en la Iglesia c on el mayor respeto y veneracion. Y entre las pruebas de cada asercin, con la erudicin correspondiente a todas las pocas de la Iglesia, dice as en seguid a de la cuarta: Lo que se convence, ya de las oraciones que prescribe el Pontifical Romano para la bendicin de los cementerios; ya de que en los primeros tiempos de la Iglesia, los ricos, los poderosos y an los Emperadores se contaban por muy dichosos si conseguan ser enterrados en los cementerios, y ya tambin de que en nuestra edad no han faltado varones opulentos y disti nguidos que han elegido para su sepultura un cementerio. Era el fin de esta proposicin, el destruir la infundada y perjudicialsima inteligencia en que viven muchos, de que los cementerios slo son para los pobres infelices y miserables, teniendo a mengua e infamia el enterrarse en ellos.

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P APELES 198\ 198\ La quinta y ltima: que aunque no fuesen, como son, terminantes las doctrinas y monumentos eclesisticos, se deba por necesidad restablecer el uso de los cementerios. Porque (dice este cuerdo Pastor hablando con su gre y a cuyo testimonio apela) vosotros sabis bien y yo lo he experimentado en el tiempo de la Santa Visita, que muchas iglesias arrojan un olor insufrible, capaz de causar varias y peligrosas enfermedades. Es tanta la multitud de cadveres que se entierran en algunas iglesias, que su pestilente fermentacin produce un olor tal, que sus oleadas se difunden y extienden a ms de treinta y cuarenta varas de distancia, y aunque en otras iglesias no es tanto, es lo bastante para retraer a los fieles de la asistencia a los oficios divinos. Prosigue desbaratando los ftiles reparos que algunos podran opone r, y concluye: el uso de los cementerios, como habis visto, no se puede tener por novedad, antes bien, es ms conforme a la disciplina antigua. Que se entierren vuestros cadveres a donde se enterraron vuestros mayores, tampoco merece mucho aprecio; pues el da de la Resurreccin, del mismo modo sacar la Divina Omnipotencia vuestros huesos de este, que de aquel sepulcro. El honor y estimacin que tanto deseis tener en las sepulturas no es otra cosa en realidad, que apetecer el fausto y la vanidad, an despus de muertos. El imaginar que los cementerios slo estn destinados para los pobres y gente infeliz, es preocupacin, es un erro r Creemos ser suficientes para vuestro convencimiento y persuasin, las autoridades que os hemos puesto delante, escogidas entre infinitas del mismo gnero; y en ellas echaris de ver adems su concordancia y la identidad de fundamentos entre las civiles y religiosas. Porque reina, dice uno de los prelados, tan sublime conformidad entre la religin y la poltica, que cuanto esta reconoce honesto y til, la otra lo prescribe y manda: a la voz de vuestro inters propio aadimos la de Dios, que os manda conservis vuestras vidas, para que le sirvis y merezcis poseerle en la eternidad; la voz de la Iglesia, que en todos tiempos ha tenido por una especie de profanacin el uso de enterrar todos los muertos en los santos lugares, tolerndolo a no poder ms: la voz de vuestra obligacin, que llamndoos con frecuencia a nuestros templos, no quiere que hallis en ellos motivos que os la dispensen. Quiera Dios, deca el mismo, que la verdad clara, con que os hablamos, ilustre vuestra piedad sin entibiarla, y confunda la loca vanidad que persigue a los muertos sin el ms leve perjuicio del respeto debido a su memoria. En medio de que estas verdades aniquilen todas las pretensiones de los hombres para cuando hayan de bajar al sepulcro, estamos inclinados, imitando tambin en esto a nuestros citados hermanos obispos, a emplear todos los miramientos que puedan haceros ms llevadera la mudanza que intentamos como indispensable, en cuanto sea compatible con lo substancial de los fines propuestos. Conocemos la fuerza invencible de la imaginacin y del hbito, para que se pueda destruir o debilitar de repente. As daremos la cabida posible a algunas distinciones polticas, y conformes al

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OBISPO DE ES P ADA /199 /199 orden pblico, y algunas particulares a que pueden aspirar todos, sin hacer quejosos, y en el mismo orden que las pudieran tener cuando vivos en la sociedad, o cuando muertos dentro de las iglesias. El reglamento que ponemos en seguida de esta exhortacin, os lo har conocer; porque el Soberano que nos manda ser puntuales y exactos, conform e al espritu de la Iglesia, nos permite obrar con alguna condescendencia, y co nceder a los usos recibidos y a nuestra opinin, todo lo que pueda combinarse con el mayor decoro de la religin e inters de la salud pblica. Y siendo general la le y y sin excepcin alguna, y guardndose en su ejecucin todas las c onsideraciones quin se atrever a proferir queja alguna? Las hemos guardado en sustituir a las iglesias, no slo un recinto santo y sin ms adorno ni insignia que una cruz, que sera bastante en lo substancial para la piedad y religin, sino un verdadero templo, cubierto slo en la parte en que se ofrecern los sacrificios por los difuntos, y descubierto en todo lo dems de su extensin, que no es otra cosa que una porcin integrante del mismo templo, cuyos adornos exteriores e interiores, de una noble sencillez y seriedad, presentarn en breve tiempo a nuestra vista ms aire de majestad y ms motivos de respeto y veneracin a aquel lugar santo, que muchas de nuestras iglesias, afeadas de mil maneras, y particularmente con los enterramientos en ellas. Mirad bajo de este grato y venerable aspecto la capilla y su decoracin (con las casas al frente del ministro sacerdote y sus subalternos) rodeada de los muros del cementerio y de rboles fnebres y olorosos, que haciendo un buen efecto en los sentidos, contribuirn adems a la salubridad del aire en aquel recinto y alrededores; y lejos de echar de menos nada de lo que os pueda inquietar sobre el decoro con que deben ser depositados vuestros cuerpos por todos respetos, lo hallaris all con ventajas en gran parte. Considerad las inscripciones de la portada en su fachada primera: A la Religin. A la Salud pblica, con que se dedica y consagra aquel lugar para tan alto destino: las sagradas del prtico de la capilla: Ecce Nunc in Pulvere dormian : et ego resuscitabo eum in novissimo Die: como si nos dijera cada uno de los muertos: por ahora me vers descansar en el polvo: ms el Seor me resucitar en el ltimo da. La de sobre la puerta de la capilla: Beatti mortui qui in Domino moriuntur: opera enim illorum sequuntur illos: que es decir: dichosos los muertos que mueren en el Seor; pues van acompaados de sus obras; y finalmente la del interior del templo: Surgite mortui et venite in judicium: levantaos muertos y venid a juicio, puesta sobre una representacin pattica en un cuadro de pintura que expresa la voz del ngel y el acto de la Resurreccin. Considerad, volvemos a deci r atentamente todas estas sublimes palabras y expresivas figuras, y veris aumentarse en vosotros la veneracin por aquel paraje, engrandecerse dentro de vosotros las ideas que son dignas de l, y ensancharse vuestro corazn al meditar unas sentencias de tanta edificacin para las costumbres, como consolatorias para todo espritu cristiano. Almas religiosas, almas piadosas y dotadas de la verdadera humildad evanglica, vosotras sois las que debis estar ms

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P APELES 200\ 200\ penetradas de estos sentimientos, y las que particularmente les debis inspirar a vuestros dbiles hermanos. Considerad en fin, imaginad de antemano la solemnidad y augustas ceremonias con que nos veris consagrar y erigir aquel edificio y su pavimento extenso en verdadero templo y en sagrado depsito de los cuerpos, que han sido ellos mismos en vida templos del Espritu Santo; y se disiparan en vuestros corazones aquellas tristes y melanclicas sombras que haya an dejado la insuficiencia de la reflexin sobre el destino general del cementerio. Tampoco tendrn lugar aquellas por la disminucin o supresin de las exequias, honores fnebres y sufragios; pues que en estos puntos todo queda intacto, y se harn como hasta ahora, en las iglesias parroquiales o en las de los regulares, segn la ltima voluntad de los difuntos o la de sus deudos o albaceas, arregladas a las leyes y disposiciones cannicas; con la ventaja, de que los inciensos funerales sern puros, y sin mezcla del fetor de otros anteriores difuntos, de que sern limpios los templos; y sin ms diferencia que la de ser conducidos los cadveres desde dichas Iglesias, y despus de los oficios sufragatorios, a ser sepultados en el cementerio general. Ni, por ltimo, os gravaremos con los mayores costos que ocasionar la conduccin de los cadveres desde las Iglesias al Cementerio, pues cargndonos gustosamente y gravando nuestras rentas con lo necesario, os ahorraremos este gasto ms, a imitacin de Carlos III en el cementerio general que hizo construir en su Real Sitio de San Idelfonso.

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EXHOR T A CIN al uso general de la vacuna (Havana 27 de enero de 1806) Cun sensible nos es, amados fieles, la necesidad de intimaros una obligacin, con cuyo cumplimiento, sin costaros nada ni aventurar nada, conseguirais las mayores ventajas para la conservacin de vuestra familia! Qu descuido tan lamentable el vuestro, de no aprovechar las ocasiones, o de no solicitar las que fcilmente se os presentan, de preservar de una cruel y mortfera enfermedad a vuestros hijos y domsticos, de salvarles la vida, librarlos de la muerte, o a lo menos de unas consecuencias que los hacen continuamente desgraciados de mil maneras! Se podra creer que fuese necesario interesar la religin que profesis, para que librseis de un incendio general, de un huracn destructo r que abrasen y arrastrasen a vuestra vista los objetos ms tiernos de vuestro corazn, o los de vuestro mayor inters? Y siendo esto as, como en verdad lo es, qu nos quedara que esperar de vosotros (si por una observacin de hechos incomprensibles que nos consuela, no visemos algo de lo contrario) sobre el desempeo de aquellos deberes cristianos que exigen sacrificios, penalidades y trabajos? Qu frutos podramos prometernos de nuestras persuasiones y de la de los ministros, nuestros cooperadores, en la materia en que es menester hacerse violencia contra la fuerza dominante de las pasiones, si se os ve ser sordos e indolentes en las que con slo quere r con slo prestarse a los sentimientos naturales de humanidad, de amor y de utilidad propia, harais un bien incomparable a vuestros ms allegados y queridos? Os veo con inquietud aguardando la aplicacin de mis reflexiones al asunto de que me propongo hablaros: y acaso por el pronto oiris con una fra sorpresa que os quiero hablar del saludable preservativo de la vacuna. S, fieles mos, de la vacuna; de este don del cielo hecho a la humanidad; de este tan admirable como fcil remedio, que hallado por una feliz casualidad, proclamado por todos los mdicos sensatos de la Europa, de estos dominios y de todas partes, acreditado, y an canonizado, digmoslo as, por una experiencia continuada; y adoptado por todas las naciones civilizadas, ha venido a se r no slo un dique impenetrable, contra el torrente devastador de las viruelas, sino una fuerza casi mgica y universal, que neutralizando en cada individuo de la especie humano el virus venenoso que parece infeccionarla desde su con

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P APELES 202\ 202\ cepcin, como el pecado original, lo har al fin desaparecer de la faz de la tierra. A esto se dirigen los redoblados conatos de los soberanos en los cuales se ha sealado singularmente nuestro benfico Monarca, enviando una costosa expedicin a estas remotas regiones de su imperio, para comunicar y propagar tan precioso hallazgo. A esto conspiran los escritos en la materia, de todos los sabios y celosos facultativos, y lejos de poder desentendernos de tomar parte activa en lo mismo, los que parece estamos slo destinados a procurar la salud espiritual de los hombres, debemos por el mismo principio (y porque as nos lo encarga el soberano, y lo practican nuestros cohermanos) contribuir con todas nuestras fuerzas a aumentar la corporal, y disminuir los males que se le oponen, as fsicos como ms especialmente los morales. Nacen estos de falta de conocimiento de su mayor inters en muchos; de cierta indiferencia e indolencia en algunos, y de obstinacin y mala fe en otros que aunque pocos, o por mejor decir raros, acrecientan ms el dao, o con sus prfidas insinuaciones, o con sus abiertas invectivas, con las cuales retraen del uso de la vacuna, an a los que se hallan en las mejores disposiciones de introducirla en su familia. Los primeros merecen toda compasin, y alguna disculpa; pero no entera, como lo querran los que contemporizan demasiado con las pasiones paternales, que aunque inocentes y condonables a la naturaleza, no lo son, llevadas al exceso, y de modo que contraren el inters propio, y al general de la sociedad. El amor paternal, dicen, es el ms profundo y vivo sentimiento de la naturaleza, y por eso no sabe calcula r Su fuerza y vehemencia ofuscan la reflexin, que adems es sofocada por un instinto involuntario; y si por ventura alguna vez vencen las razones, persuadiendo que el temor es sin fundamento, otros nuevos movimientos involuntarios inspiran de nuevo la desconfianza, y hacen recaer a los padres en las mismas dudas e indecisiones que al principio. Por qu no hemos de admira r pues, de que los padres duden, deliberen, y queden indecisos en estos casos? As hablaban los que por una mal entendida condescendencia, a favor de tales sentimientos naturales, debilitan los derechos de la razn en el tiempo en que hubo acaloradas disputas sobre la inoculacin de las viruelas, sus ventajas, o sus prdidas. Pero qu inmensa distancia de unas a otras, entre la inoculacin y la vacuna! Y si las objeciones de todo gnero, fsicas, morales, y teolgicas fueron destruidas en aquel tiempo, ya parece que no haba necesidad de fatigarse sobre las que reproducidas ahora dbilmente acerca de la vacuna, slo podran hacer impresin en los dbiles y en los escasos de discernimiento. Pero siendo estos particularmente a quienes se dirige nuestra exhortacin, nos detendremos algn tanto en refutar el razonamiento indicado a favor de los padres, y en apartar la diferencia entre inoculacin y la vacuna. As pues, los sentimientos que se llaman de la naturaleza no son razonables sino cuando se conforman con sus leyes, con las de su auto r y la nuestra santa religin; ni el amor de los padres a sus hijos ser justo si no templado y moderado por lo que aquellas prescriben, conforme al verdadero inters pro-

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OBISPO DE ES P ADA /203 /203 pio y al de la sociedad en general. Y si el amor que por excesivo no sabe calcular sus slidos intereses fuera disculpable, lo seran gradualmente ms las pasiones ms fuertes, segn que fuesen ms extremadas, por la mayor dificultad de que la razn se deje escuchar en medio de ellas. Tales son las absurdas y funestas consecuencias de contemplar demasiado los que se llaman sentimientos paternales sin discernirlos bastantemente. Y si en la poca de la inoculacin se podan aplicar estas reflexiones cunto ms adaptables no sern en la presente, a la inocente vacuna? Porque aquella, sin embargo, de ser til preservativo de la viruela, tena al fin algunos aspectos no tan lisonjeros: pero esta no ofrece sino seguridad en sus efectos, sencillez en su mtodo, y facilidad en emplearlo, dejando entreve r adems, con gusto a los facultativos, ciertas esperanzas de que este preservativo de las viruelas lo es verosmilmente de otras diferentes enfermedades. Siendo esto as, como se conviene generalmente con qu derecho pueden los padres negarse o desentenderse de procurar por todos los medios la vacunacin a todos sus hijos y familia? Antes bien, no lo tendrn estos, si privados de ella perecieren por la viruela, a quejarse dolorosa y amargamente de sus padres, que de puro amor los hubiese conducido al sepulcro? Parcenos que omos a estas inocentes vctimas de la preocupacin y falso quere r constituidos en los ltimos perodos de su efmera carrera, pronunciar con sus lenguas dbiles y balbucientes estas amorosas y tiernas reconvenciones: Por qu padre amado? por qu madre querida, me habis amado y querido tanto, de esa manera en dao vuestro y mo? Si yo era vuestras delicias, y vuestro consuelo, y esperbais o imaginbais, a lo menos de antemano, que en robustos y dichosos das fuese el apoyo de la casa y finalmente la honra de vuestras respetables canas; por qu no me habis librado de esta lastimosa situacin y de la prxima muerte que veo rodear esta desconsolada cuna? Si lo hacais por el amor que me tenais no era amarme verdaderamente el hacerme un ligero rasguo, que hubiera llorado un minuto y causarme una pequea incomodidad, que yo no hubiera as sentido, que exponerme a un mal casi cierto y terrible de que ya no puedo escapar? Este era el inters verdadero de vuestro amo r igualmente que de su objeto, y el orden de graduacin de bienes es el que deba haber arreglado. An habis tal vez privado al suelo natal, a la patria, de un til, y acaso de un ilustre ciudadano... Despus de haberos privado de m para siempre... Y a este mal, que mi ternura os perdona, no tiene remedio... Pero decid a lo menos, para repararlo en lo posible, decid a vuestros vecinos y amigos que no hagan lo mismo con sus hijos allegados... decidles... As nos imaginamos que dara el ltimo aliento esta pobre criatura, igualmente que todos sus semejantes. La segunda clase de persona que no se prestan al uso de este preservativo son las que o por no haber tenido ocasin de or nada slido sobre la materia o por haber entreodo que es voluntaria enfermedad, u otra desventajosa, quedan indiferentes, aumentndose su indolencia, por su natural dejadez, o por la distancia y pobreza, o por otras circunstancias que dificultan el conseguirlo, y amortiguan y apagan sus tal vez nacientes deseos. En este

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P APELES 204\ 204\ caso se hallan particularmente las familias diseminadas por los campos, fuera de poblado, y con casi ninguna comunicacin, y algunas tambin aunque menos, en los pueblos pequeos. Esta clase de gentes merece toda nuestra atencin y nuestros cuidados; y necesita no menos de nuestros socorros que de nuestras persuasiones, a las cuales, por sencillas que sean, segn corresponde, lo hallaremos dciles y maeros. No le diremos, pues, sobre lo que llevamos dicho sino que no es una enfermedad la vacunacin, y s, por el contrario un remedio de la ms cruel y mortfera: que sera lastimosa locura no adoptar un ligero mal, o por mejor deci r una leve incomodidad, para librarse de uno muy grande; que en su sencillez, poco costo y ningn peligro aventaja sin comparacin al ms mnimo de otros remedios como sangras, purgantes, vomitivos, etc., y s hay obligacin de ocurrir con estos a las enfermedades que se presentan, o que se temen, sin embargo de la mayor alteracin y de los males que muchas veces causan estos mismos remedios cunto ms la habr de aplicar un puro preservativo que nunca, o slo por accidentes raros y extraos a l, ha causado alguno? Mas en cuanto a los socorros o medios de proporcionarse este preservativo, nos proponemos y ofrecemos enviar asalariados a nuestra expensa, en una temporada cada ao, a la iglesia o lugares del campo, un facultativo con el fluido vacuno, para que acudiendo a ellos todos los feligreses respectivos con sus hijos y familias, lo reciban con mayor fe: suplicamos a los curas prrocos, acojan con hospitalidad a este facultativo despus de haber persuadido a sus feligreses, con las razones que crean aadir a las nuestras, la obligacin de aprovecharse de este beneficio. La hay sin duda alguna: porque si el autor de la vida y de nuestro ser nos manda su conservacin y el uso de los medios, an difciles y dolorosos y de algn peligro, mucho ms de los fciles, cmodos y de ningn riesgo. Y si no, qu se dira del que no quisiese sangrarse o tomar un purgante, por desagradable, o la quina, por amarga, en una peste o epidemia general, cuando el comn de los mdicos afirmase que era un medio seguro, o ms que probable, y el nico de librarse de ella? Pues estos son nuestros guas en lo fsico y en la parte de la conservacin de la salud, a quienes no se puede contrariar sin temeridad por el comn de los hombres; as como los maestros de la moral y de la religin son los guas de las costumbres y sus reguladores, a quienes no se puede despreciar sin demasiado orgullo o vana presuncin. A los primeros correspon de, pues, dirigi r despus de estar asegurados, como lo estn de la bondad de mtodo y de sus efectos, las operaciones en la materia, de los padres de famili a y amos, y de los que presiden al Gobierno, para hacer en ella justos reglamentos, y despus a los segundos estimular y estrechar sin temores ni escrpulos vanos los deberes de todos para su ejecucin. Desconfiad, pues, de los singulares y falsos discurridores de ambas clases, que abusando unos y otros de la influencia que tienen sobre nuestra doble salud, os quieren retraer de tan saludable uso, predicndoos lo contrario de lo que os debieran predica r conforme a la sana medicina y a la ms sana

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OBISPO DE ES P ADA /205 /205 moral evanglica. Y estos son la tercera especie de obstculos, a quienes no podemos tratar de convencer ni persuadi r puesto que no son susceptibles de nuestros sencillos razonamientos y deseos por falta de una posicin sincera y de buena fe, necesaria, contentndonos con compadecernos, y con rogarles cuan encarecidamente podemos, mediten algn tanto sobre su responsabilidad en impedir tamaos bienes. Creed, pues, a los sabios de todas las naciones, a los soberanos que han expedido sus rdenes a este intento, y a sus vice-gerentes, a los prelados ilustrados, y en fin, aunque no merece este nombre, al vuestro, que os habla desde esta silla destinada a decir las verdades que crea conducir a vuestro bien espiritual y temporal. Tal es, no lo dudis, la obligacin de procurar a vuestros hijos, y a todos los que pendan de vosotros, el saludable preservativo de una peste mortfera como la viruela. Acudid, segn podis, a los facultativos que lo tengan o a la Junta Central de la V acuna de esta ciudad y Sociedad Patritica, que nos ha rogado que en razn de nuestro ministerio os hagamos esta exhortacin para desterrar vuestros errores, y despertaris del sueo de la indolencia en que se os ve, imitad a la mayor parte de los padres de familia que ya en todas, y en esta capital van adoptando cuidadosamente, y sin duda r este precioso mtodo: y cumpliendo as con las obligaciones de buenos cristianos y razonables patricios, de juiciosos padres y amos sensatos, cogeris el fruto de vuestra docilidad, mereceris justas alabanzas; y haciendo un gran bien a vuestra familia y al Estado, complaceris sobremanera a quien os ama en el Seor y os da su santa bendicin. Havana 27 de enero de 1806 Juan Joseph Obispo de la Havana.

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DIEZMOS RESER V ADOS Seor: Las singulares distinciones que ha debido a vuestra real piedad y soberana munificencia el Obispo de la Habana, imprimen en el corazn una gratitud que le estimula a coadyuvar por su parte a los programas tiles y ventajosos que advierte en el Gobierno, concedindole a la agricultura y al comercio pinges operaciones y libertades sin detenerse en los sacrificios que experimenta el Real Erario y que comprende a todos los partcipes en diezmos y a cuantos por el objeto y destino de estas rentas, en los piadosos fines de su instituto, eran interesados a la conservacin y aumento. 1 El algodn, el caf, el azca r el tabaco y el ail han logrado unas exenciones tan singulares que pudieran hacerlas llegar a grado ms completo de abundancia y prosperidad, si en esto consistiera esencialmente su fomento; pero vemos que el azcar y el tabaco nada han adelantado con respecto a las anteriores cosechas y quizs en algunas ha empezado a decaer por la superioridad que ha adquirido el caf y la preferencia que lleva consigo la economa de gastos; el algodn y el ail se han quedado en el mismo estado de abandono que tenan y slo el caf, en quien se ha visto progresos, debe su fomento ms bien a otras causas de que se hablar, que a estas franquicias. 2 Parece inferirse de aqu que estas son las amplitudes y franquicias consideradas en abstracto y genricamente, las normas que principalmente influyen para hacer progresar todos los ramos de la agricultura sobre las que recaen; y que deban hacerse a los que necesitan fomento y a los que no lo necesitan, que sobre aquellos recaigan las gracias sin confundirlos. Algunos cultivos exclusivamente interesados en que a la sombra del algodn y del ail se le conserve la exencin [mutilado] de diezmos [mutilado] el caf [mutilado] y en que se [mutilado] haya fijado para el azcar por regla de contribucin la cosecha ms escasa, cual fue la del ao 1803 haban ponderado en los consumos y en las primeras ventas de cada una de las cinco especies ms salidas han aumentado ventajosos y tiles: la ganancia exceder en efecto a las que acostumbraban sacar: superarn an a sus [mutilado] porque [mutilado] que ms ganan nada pagan; pero est solamente reducida al caf. El comercio en los mismos ramos deslumbra con unas especulaciones, con unas negociaciones y con unas [mutilado] proporcio

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OBISPO DE ES P ADA /207 /207 nan la opulencia general de la Isla: pero todo decae cuando no se ven aumentos sino en el caf; con detrimento no slo del algodn y del ail, sino an del azcar y del tabaco, y cuando no se advierten progresos en la poblacin. Y esto da motivo fijar la atencin en dos especies bastante considerables: una habiendo demostrado la experiencia las pocas ventajas que logra la nacin de estas franquicias, debe el Gobierno sostenerla o ms bien revocarla; la otra, si quedando en entera libertad los labradores o hacendados, de dedicarse con preferencia al ramo que mejor le pareciera, quede en el orden general, ser ms perjudicial que til el que parece liberar el fomento de un ramo al cual se dediquen exclusivamente, atraiga la decadencia, ruina o miseria de los otros y quede absorbida y aniquilada la contribucin decimal y con ella la abundancia general. 3 En arribar la poltica debe estar por la negativa, esto es, que debe revocarle y que son ms perjudiciales que tiles porque si el inters del Gobierno se ha de calcular en razn directa de los esfuerzos en las franquicias, siendo iguales en todos los ramos que designa y no logrndose las ideas sino en algunos, deba [mutilado] porque en este caso ocasionan un perjuicio conocido por los dems sin la utilidad general a que se aspira, y la inutilidad no es circunstancia indiferente para una ley que no puede decirse buena, sino en a propsito para producir el efecto que desea conseguir el legislador; y ms cuando en la poltica debe juzgarse del menor de las causas por los efectos. 4 [Mutilado] dimanado del egosmo, o de una codicia poco [mutilado] algunos individuos de esta Isla [mutilado] puros y universales, datos [mutilado] asegurarles como ideas encaminadas al fomento y prosperidad, las que slo pueden ser particulares, aplicables a pocos sujetos poderosos. Han ponderado como ramos de necesidad y de utilidad los que efectivamente lo son: pero de una necesidad secundaria y de una utilidad que mira ms al comercio que a la agricultura olvidando los de primera necesidad y en los que estriba esencialmente la agricultura porque en estos son casi exclusivamente interesados los pobres, desdendolos con todo el peso de la contribucin y con el ms fuerte gravamen. Ha resonado el eco de los cosmopolitas y no han tenido mayor influencia el labrador campesino ni tampoco el propietario de cortos terrenos, que en su estancia desconoce los beneficios de la civilizacin de los poderosos que se renen para dar realce a lo que ha de resultar en la utilidad privada: se ha concedido una gracia en que se extingue la cuota decimal y en que se les perjudica considerablemente a los partcipes, sin haber sido citados y odos, y sin que la autoridad soberana haya derogado las leyes civiles y cannicas que rigen en la materia; se ha visto en la ejecucin de las mismas rdenes un despotismo y una arbitrariedad que todo lo ha trastornado y puesto en confusin y litigio. 5 Esto, y el notar la buena disposicin del Gobierno para prestar con generosidad a todo lo que pueda contribuir al fomento y acrecentamiento de la agricultura y que sus miras no pueden ser otras que las de que con ella se aumente la poblacin de estas colonias que es el punto cntrico y esencial a donde vienen a parar todas las lneas que se tiran, todas las medidas que

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P APELES 208\ 208\ se toman en la gran ciencia poltica y econmica: alienta a un prelado celoso del bien pblico e interesado en los aciertos, a presentar las ideas que le parezcan adaptarse mejor a estos deseos y medidas y a anteponer los clamores de unas desconsoladas ovejas, que penetran la compasin porque herida la parte ms numerosa, ms necesitada y ms pobre es la ms marginada. 6 Es sistema constante en la poltica que la agricultura, el comercio, las fbricas y las artes presenten con respecto a un Estado, un inters ms o menos ventajoso y til. El fundamento esencial de la prosperidad y en que estriba por naturaleza la subsistencia, ser siempre la agricultura. Las gracias que esta exige y que le son peculiares, no han de confundirse con la libertad que ha de tener el comercio; ni la libertad de este con las franquicias que han de aplicarse a las fbricas; ni estas franquicias indispensables con los miramientos y exenciones de las artes. Fomento, impulso, generosidad y consideraciones son los caracteres distintivos de cada uno y el norte que ha de seguir el Gobierno para hacer las aplicaciones adecuadas. La agricultura y las artes mecnicas, que se asemejan, exigen trabajo material; el comercio, industria y clculo, y las fbricas: talento por lo que las gracias han de recaer con analoga en estos polos. 7 Supngase que para que el comercio tenga ms frutos que extrae r se le conceden tantas gracias y exenciones a la agricultura que no se conozca en el Estado, clase ms favorecida que la del labrado r que con esto se dedican muchos a este ramo y que efectivamente se logran frutos abundantsimos; pero que al comercio lejos de darle amplitudes, se le aumentan los derechos de extraccin, se le dificulte la adquisicin de buques, se cargan los derechos sobre el comerciante y son vejados en las aduanas; en este caso por ms que abunden los frutos, nadie se dedicar a extraerlos y la abundancia de un ao, hacindole perder al labrado r ser anuncio infalible de la caresta y miseria del siguiente. Lo mismo sucedera si para fomentar la agricultura, slo se concedieran gracias al comercio pues el labrador agobiado con los tributos y cargos desmayara y el comercio no tendra frutos sobre qu ejercitarse. Las gracias, pues, deben ser anlogas y acomodadas a la exigencia o necesidades de cada uno, sin confundirlos: cuando se trate de la agricultura, precndase en la consideracin del comercio y por este orden se le dispensar a cada uno las que le son peculiares. El Obispo por su parte se abstendr de hablar del comercio y slo contraer sus reflexiones a la primera. 8 Permtase que para dar la posible claridad a las ideas y para hacer conocer la moderacin, la restriccin y el arreglo que exigen estas gracias, explique la situacin fsica y poltica de esta Isla entrando en la parte econmica para que pueda comprenderse la necesidad y el modo de favorecer a los pobres. 9 La Isla de Cuba con una extensin de 300 leguas de Este a Oeste y desde 20 a 60 de Norte a Su r apenas contiene 300 mil habitantes y por lo general est ms corrida la poblacin hacia a las orillas del ma r aunque

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OBISPO DE ES P ADA /209 /209 reducida a ciertos puntos, que hacia el centro, en donde se presentan con mucha frecuencia vastas llanuras y bosques espantosos por la soledad. 10 Su clima bajo la zona trrida es siempre caluroso y no se conocen ms que dos estaciones, la de seca y la de lluvias. Los frutos que produce y el mantenimiento son anlogos a las necesidades de aquellos naturales. El pltano, la yuca, el maz, el ame, el arroz, la batata, el cerdo y la vaca proporcionan los alimentos de primera necesidad. En el vestuario tiene el calzado por los cueros, los sombreros de las pajas de las palmas, pero reciben de afuera todo lo que son lienzos de general consumo, como listado, cambrai, coleta, lienzo crudo, bretaas y dems tejidos de hilo, ya de seda, ya de lana, pues aunque pudiera tener algo con el algodn no se dedican a ellos. Abunda en maderas exquisitas y de todas clases: tiene ros por todas partes con muchas y excelentes aguas y sus frutos son de un gusto delicado. Produce el tabaco, el azca r, el caf, el ail, la pimienta de sabana, el millo, los frijoles, el achiote, la cera y otros frutos apreciables. 11 Esta Isla acomodndose a un clculo muy moderado puede contener por lo menos, nueve millones de almas porque la Espaa con 14 858 leguas cuadradas tiene, segn el censo de la riqueza territorial e industrial, 10 165 094 habitantes. Cuba por el clculo ms aproximado tiene 13 500 leguas cuadradas de las cuales deban de estar cultivadas noventa millones de fanegas de tierra, segn el cmputo de Don Miguel lvarez Osario en su memoria al Soberano Don Carlos II que titula Discurso de las causas que ofenden la Monarqua Espaola y remedios eficaces para todas y estando cultivadas deba ascender su poblacin a los 9 millones de almas. Osario pone en toda la pennsula 600 leguas de circunferencia y doscientas en la lnea de su dimetro. La cuadratura en todas las leguas que caben dentro de su circunferencia que son 30 mil leguas cuadradas de cuatro mil varas por cada lnea de las cuatro de su cuadrado y que dentro de cada legua caben 10 mil fanegas de tierra, de lo que se infiere que tiene toda la Espaa 300 millones de fanegas del de 400. Estas valen cada una, despus de rebaja por los poblados, montes, ros y por el reino de Portugal [mutilado], ciento cincuenta millones, y por las tierras que ocupan todo gnero de plantas y por la tierra delgada, cincuenta millones, y deja de tierras aventajadas de pan llevar cien millones de fanegas de cincuenta fanegas por yunta. Este clculo cotejado con el dato positivo del Censo, que va asignndole a cada provincia las leguas cuadradas que tiene sin comprender el reino de Portugal, en el resultado se acercan pues produciendo las 14 858 leguas de las provincias de las que 148 millones 580 mil fanegas, y rebajando una sexta parte por las tierras delgadas y por las que se ocupan en todo gnero de plantas y una cuarta parte por los poblados, montes y ros que en todo componen 45 millones 399 mil 445 fanegas, vienen a quedar 103 millones 180 mil 555 fanegas deducindose que sale un 16 por ciento de habitantes con respecto al nmero de fanegas y as a la Isla de Cuba deben quedarle 90 millones de fanegas de tierra aventajadas, sus habitantes deben pasar de 9 millones. Conque teniendo slo 300 mil, se evidencia que la poblacin est en una

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P APELES 210\ 210\ decadencia de las ms dolorosas que cabe imaginarse despus de 314 aos de conquista. 12 Siendo el principal objeto de quien gobierna la poblacin y demostrando que en el da la de la Isla de Cuba no llega a la trigesimoquinta parte o al tres por ciento de la que deba tener podr sin temeridad conceptuarse que las providencias tomadas hasta ahora, no han sido las ms adecuadas a darle impulso eficaz a la poblacin, porque todo lo que no contribuya a aumentar el nm ero de habitantes y a facilitarles los medios de su subsistencia no es conform e a aquel objeto, ni pueden ser buenas las leyes polticas y econmicas que no lo c onsigan y si lejos conforme le son perjudiciales es mucho ms grave el error 13 Por estos principios aquellos ramos deben ser ms favorecidos los que ms influyan en la facilidad de los medios de subsistencia y que proporcionan una riqueza slida, ms universal y ms bien repartida, que es el cimiento de la poblacin. 14 Los escritores polticos de la Europa han fatigado sus talentos para persuadir que la agricultura debe atenderse con preferencia a todos los otros ramos; pero no se han esmerado del mismo modo en designar cules en la agricultura debieran preferirse entre s; se les han presentado desde luego como de ms urgencia y absoluta necesidad el trigo, los ganados, por estos los pastos y la cebada, el vino, el aceite, el lino y el camo, y los montes, y sobre ellos han recado los discursos y reflexiones: como renglones de primera necesidad han llamado la atencin y han hecho mirar con indiferencia a los otros lo cual era tanto ms natural cuanto que con ellos se tena y se haca lo ms esencial para el alimento y el vestido. 15 No ha logrado la Amrica tan buena suerte cuando nadie se acuerda de los frutos de primera necesidad, as parece preciso que sobre los sudores de los europeos y sobre la natural constitucin de aquella parte del mundo apliquemos nuestros esfuerzos y conatos a la Amrica, contrayndonos particularmente a la Isla de Cuba, haciendo ver su importancia por los frutos apreciables que produce: porque es como el depsito de un comercio considerable y el baluarte del Nuevo Mundo. 16 A la agricultura la constituyen esencialmente tres cosas: tierra, brazos y aguas. La tierra produce los frutos, los brazos la cultivan y los recogen; y con las aguas se fertilizan los campos y se conservan los vivientes. En esta primera clase de las cosas naturales estriba la agricultura y la conservacin. Siguen en el orden de la naturaleza la reproduccin de todo viviente sensitivo e insensitivo. A esta es inherente en lo racional la necesidad de vestirse, pero se considera como una segunda clase que influye ms o menos la necesidad con respecto a la civilizacin y cultura de los pueblos. Para coger los frutos que al hombre le ofrece la tierra, para quitarle a la misma tierra obstculos que le opone a veces su misma feracidad y para auxiliarla y proporcionar que produzca ms bien un fruto que otro, es para lo que el hombre necesita fortificar sus brazos con algn instrumento y en esto tambin influye la mayor o menor civilizacin de las naciones. Reuniendo ahora estos principios fundamentales y concilindolos con los adelantamientos que han proporcionado los siglos, nos

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OBISPO DE ES P ADA /211 /211 vemos en el caso de lisonjearnos de que podemos extender la agricultura de esta Isla, no slo a los ramos de primera necesidad, sino tambin a otros de mucho gusto y utilidad: pero que debiera ser el primer cuidado y esmero del Gobierno que estos no preponderen sobre aquellos ni que en manera alguna sean ms favorecidos porque siempre lo esencial estriba en los medios naturales de la subsistencia y como esta se facilita, se propagar rpidamente la especie humana y ser un resultado de esta propagacin el que florezca la agricultura y se extienda a todos los ramos de que sea susceptible el terreno, caminando siempre con la precaucin de que lo accesorio no debilite o aniquile lo principal. 17 El amigo de los hombres presenta como un problema la pregunta del porqu experimentndose que todo el gnero humano parece como conjurado contra los carneros que los mata a centenares de millares, se ve, sin embargo, la grande abundancia que siempre hay de esta especie; y los lobos siendo tan corta la mortandad se vean tambin muy pocos: la naturaleza y el hombre le brindan al carnero su alimento y se lo resisten al lobo, y que de aqu nace el que le falta la virtud necesaria para la propagacin. En el pueblo hebreo se vio tambin una propagacin admirable mientras que se observ el repartimiento peridico de las tierras y el continuo afn de los legisladores en favor de los frutos de primera necesidad: y en la China acredita, por los mismos principios, la experiencia que es numerossima su poblacin y muy general su riqueza y prosperidad. De aqu puede concluirse con seguridad que el hombre que tiene tierras y aguas que las rieguen o humedezcan, que est alimentado con comodidad, que proporciona su vestido con facilidad y que tiene a la mano animales e instrumentos, se hace como por inclinacin agriculto r. 18 En la Isla de Cuba de las tres cosas esenciales a la agricultura que son tierras, brazos y agua, tiene muy excelentes las primeras, las terceras muy abundantes y slo en lo segundo padece la mayor penuria: le faltan brazos y es preciso dedicarse a proporcionrselos, fomentando antes que todo la poblacin. Cules son los medios? Este es un punto que acomodndolo a la situacin, temperamento y producciones de la Europa han desempeado sus polticos, esmerndose a porfa ya en demostrar esos medios, ya en remover obstculos que la impiden o retardan: encontrndose otros llenos de tales sentimientos de humanidad, que quisieran precaver las guerras y an las muertes violentas particulares. 19 Descansando ahora sobre los sudores y fatigas de tan aventajados talentos, slo se contraer este discurso a los puntos que peculiar y privativamente deben acomodarse a la Amrica: y con particularidad a esta Isla. Los matrimonios de que tan poco caso han hecho los que se ponen a tratar sobre la Amrica: los errores que se padecen sobre la esclavitud y que se tiene por un punto de apoyo a la agricultura sin acomodarla a la poblacin, confundiendo el efecto con la causa: y los frutos que se miran como ordinarios y de que acaso no se tiene noticia pero que son los de primera necesidad, exigirn siempre una atencin escrupulosa. En los dos primeros sern firmes y constantes las reglas y principios que prescribe la religin: las leyes

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P APELES 212\ 212\ y la poltica debern hacerse superiores a preocupaciones y manas, y sostener con vigor lo que exijan la razn y su inters, refrenados el orgullo y la vanidad que los combate y que le son tan perjudiciales. 20 Por esto cuando se considera el orden progresivo de la naturaleza y cuando se examina el objeto y fin a que se dirigen las reales rdenes expedidas sobre la materia, no puede menos de mirarse con dolor la equivocacin con que se procede y la desgracia de confundir los efectos con las causas, y que de aqu provenga el no lograrse aquellos fines que se propone el Gobierno. Todas las reales rdenes y cdulas caminan nica y directamente en favor de la agricultura, obviando del todo la poblacin o mirndola como efecto del aumento y progresividad de la agricultura, y es todo lo contrario. La agricultura es efecto de la poblacin y no la poblacin efecto de la agricultura; para conservarse se auxilian recprocamente pero no es lo mismo la conservacin que el origen. Si las gracias fijan la atencin en el fomento de la agricultura sin consideraciones y si ha ido derechamente a recaer sobre los frutos, sin acordarse de la poblacin, debe en lo sucesivo precaverse este erro r Enhorabuena que a la agricultura no le falten sus franquicias y exenciones, pero tenga antes la poblacin las que con ms urgente razn necesita. Los matrimonios le preceden y es un punto muy esencial, el de su combinacin y arreglo, lo mismo que el del comercio de negros: puntos tan delicados que a no ser impelido del deseo de uniformar el sistema que necesita esta Isla, los pasara en silencio el Obispo en manifest ar que no se acomod a la opinin general, pero el bien pblico es superior a to do: para no distraerse del objeto de las reales cdulas se tratarn estos dos puntos despus de haber hablado de los frutos: prefiriendo aquellos que proporcionan los medios ms pronto y ms fciles para fomentar la poblacin. 21 Los que ms se recomiendan para que sobre ellos se aplique la mayor atencin y se miren con la mayor preferencia son los de primera necesidad para el alimento como el pltano, la yuca, el casabe, el maz, el ame, la batata o boniato, la manteca de puerco y la carne. Allnense estos renglones, favorzcanse y agrciense sin comprender otros algunos y tendrn los primeros cimientos de la subsistencia. Encuentren estos auxilios, con ello cuantas franquicias son imaginables, se aumentar la poblacin y despus podr tratarse a los otros efectos de la agricultura. 22 La naturaleza favorece este sistema porque el cultivo de estos alimentos de primera necesidad es mucho ms fcil, menos expuesto, menos costoso y de menor fatiga en esta Isla que en Europa los suyos; y sin dedicar a ellos todos sus conatos, se les facilita la tierra que los tiene como naturales producidos por s: slo falta que estn libres de gravmenes con preferencia a cualesquiera otros frutos para que se vea la abundancia que no es muy comn y para que facilitado el primer alimento puedan estos habitantes extenderse con solidez a otros cultivos. 23 En la actualidad el pltano y la yuca, el casabe, se cogen con bastante abundancia. No hay en ellos el riesgo de las malas cosechas y no se teme por esto que falten: pero los huracanes y tormentas por poco violentas que se

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OBISPO DE ES P ADA /213 /213 experimenten, destruyen enteramente los platanales y las grandes avenidas de los ros en la temporada de lluvias suelen arrasar los yucares. Con el pltano no puede usarse la precaucin de conservarlo para evitar la escasez en estas contingencias, porque es una especie de fruta que con prontitud madura y slo con madurar ya no sirve de pan. Tampoco dura mucho el casabe, que cualquiera humedad le pierde y como los huracanes y las lluvias son de una misma temporada y muy frecuentes suele experimentarse en ellas una caresta total de estos renglones. En estos casos suple el maz porque puede guardarse y estn acostumbrados a este pan. De aqu es que ha de mirarse con igual atencin el pltano, la yuca o el casabe y el maz, y se hace de muy dolorosa escasez el cultivo del maz que jams produce la Isla lo suficiente para su consumo y sea preciso acudir continuamente a Campeche, de donde se trae en grandes cantidades. En consecuencia el maz debe ser agraciado en igualdad con el pltano y la yuca y por las mismas razones deben comprender estas gracias al ame, al arroz, a la batata o boniato y a cualquiera otra raz o semilla que sirva de primer alimento. 24 Los ganados que sirven para las labores y para surtir de carne no abundan como poda esperarse de la frondosidad de la Isla y ya sea por el excesivo consumo que han ocasionado la armada, la tropa y la gente forastera, ya por la negligencia o descuido; por sistema equivocado en los hatos y criaderos, o porque se aplique con exceso a los ingenios; escasean en tanto grado que de Buenos Aires se haca un comercio fuerte que interrumpido con la guerra, se ha concedido a los ingleses americanos el permiso de llevarlos. 25 El estado actual de la cra de ganado, presenta la abundancia suficiente para el surtido de la Isla, y de las armadas y el ejrcito, en el de cerda y en el caballar y mular; pero no deja sobrante para extraccin alguna. El vacuno que es de mayor consumo y necesidad no produce lo suficiente: y esto causa tanta ms admiracin cuanto que la Isla es sumamente frondosa, abundante de pastos y proporcionada para la cra por su buen temperamento en el campo. Buscando las causas de esta escasez o decadencia parece haberla encontrado en el sistema que se sigue con respecto a la cra y conservacin de esta especie de ganado. 26 Hasta ahora se ha observado constantemente la costumbre de pedir los vecinos al gobierno municipal o colonial tierras para una hacienda de ganado mayor y concedida, se le asignan al interesado cuatro leguas de terreno, contando una por cada viento; y el agraciado queda con la obligacin de contribuir cada ao con un determinado nmero de arrobas de carne de vaca; que ha de entregar para el surtido y provisin del ejrcito y armada, y que ha de pagrsele a un precio fijo ms moderado que el del pblico, obligacin que generalmente es conocida con el nombre de obligacin de la pesa: y adems de esta especie de contribucin o servicio, si las tierras concedidas no eran realengas sino de la ciudad se le impona un canon muy moderado que debe pagar el vecino agraciado. De modo que unas haciendas tienen slo la obligacin de la pesa y otras tienen la de la pesa y la del canon.

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P APELES 214\ 214\ 27 Para graduar las cuatro leguas es tambin costumbre que el vecino agraciado fabrique, en el terreno que se le ha sealado, casa que se llama asiento, y desde esta casa se han de computar las lneas: como el transcurso del tiempo es el que ha ido formando estos establecimientos y en las primeras concesiones no se tiraron las medidas en lnea recta, ni eran posible o por la diversidad de pertenencias o por la desigualdad de terreno que entonces daba ms amplitud para escoger porque jams se tiran al tiempo del establecimiento sino a ojo; se formaron para completar las cuatro leguas crculos y semicrculos y de estas dos prcticas ha dimanado que, fijado el asiento, se computan las tierras hasta encontrar con la linde de otra hacienda por levante, v g.: y si hay media legua esa sirve de parte de dotacin: lo mismo se practica por poniente Norte y Sur y por toda parte encuentra como trminos los linderos de otras haciendas o con alguna parte de ellas, termina donde encuentra estorbo: y donde no lo encuentra corre hasta completar el trmino de la legua formando un cono irregular y aquella latitud como de un cuarto de legua por ejemplo, por dos, y an por tres vientos, viene a quedar introducida en otra hacienda por toda longitud. Y de aqu puede conocerse, lo uno, la confusin que esto ocasiona, y lo otro, que estando todas graduadas por crculo y semicrculo queden entre los crculos de las unas y de las otras ciertas porciones vacas que no pueden considerarse, ni se considera, como perteneciente a ninguna hacienda. 28 Esta material explicacin conduce para conocer algunos de los gravsimos perjuicios que ocasiona este sistema y localidad, y reservndolos para ms adelante, por guardar el orden del mismo sistema, deber expresarse que luego que el vecino ha adquirido la hacienda, fabricada la casa o asiento, pone all el ganado que cree conveniente: poblada de ganado, la arrienda, exigiendo cada ao diez reales por cada toro y otros diez por cada vaca paridera, ocho por el novillo, seis por la yegua y seis por el caballo padre, cuatro por el potro y as a proporcin; y por lo regular se pacta que el colono ha de devolver el mismo nmero de cabezas que recibe y de la misma clase, pero con la especialidad de que en caso de no haber dicho nmero y clase de cabezas, pueda pagar en dinero el valor de cada una de las que faltan con arreglo al precio que se estipula y seala en la misma escritura o bien pueda subrogar con animales, de la propia especie, aunque no sean de la misma edad, con animales de otras especies, para cuyo caso tambin se designa en la escritura cuantos, segn las clases, han de subrogarse en lugar de los que faltan. 29 Sucede con esto que los arrendamientos no encuentran la menor dificultad en sacar de las haciendas todo el ganado que les acomoda, y que calculando los precios a que puede subir y sube la carne durante su arrendamiento con los de la escritura, si son aquellos superiores, venden ganado que disminuye su nmero y al vencimiento del plazo, lo pagan en dinero o en otras especies y el resultado es que queda aquel ganado de menos. 30 El que entra de nuevo toma la hacienda con el ganado que encuentra y hace los mismos pactos y convenios: y as es que insensiblemente va disminuyendo la especie: cuando por otra parte no hay ley ni pacto que obligue al

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OBISPO DE ES P ADA /215 /215 dueo a recibir del colono aumentos, si los hubiera, ni hay nadie que cuide de que en las haciendas subsista siempre por lo menos el nmero de cabezas de su dotacin. De suerte que por esta libertad y abandono se verifica que algunas haciendas casi no tienen ganado alguno; en otras se ha ido subrogando el caballar y mular sin que quede rastro del vacuno. 31 La obligacin de la pesa ocasiona otra saca que no se subroga y como pertenece al dueo de la hacienda, este pacta con el colono que ha de poder sacar el nmero de reses o de cabezas que necesite y a proporcin que se saca, disminuya en el colono su contribucin y al vencimiento su devolucin o pago. El colono no le pone obstculo, el Gobierno no cuida de que se subroguen o no aquellas cabezas y se verifica que insensiblemente va aniquilndose la especie de vacuno. 32 Por las divisiones y particiones de las herencias se experimenta otro perjuicio: de cinco herederos, los tres pueden calcularse que sacan y venden su ganado: y como no hay obligacin de reponerlo, son otras tantas cabezas que faltan. Las haciendas de ganado, esto es, las tierras y pastos, se parten, pero es una divisin mental sin separacin y quedan de mancomn en el uso y estas grandes masas no se disminuyen ni adquieren el ganado que se les sacan. 33 Hay otras causas parciales como el no cuidar de preservarlos de las tormentas y avenidas de los ros, en las cuales los torrentes destruyen mucho ganado, el no tener los establos ni tinglados de ninguna especie que los ponga a cubierto de la intemperie: las extracciones fraudulentas que les hacen: la de negar la pastura a las cabezas que se destinan al diezmo luego que llegan al ao, pues retrae de conservarlos, cuando por otra parte se empean en no pagar diezmos de los partos, que es un abuso muy perjudicial que desvanecido contribuira mucho a la abundancia, y sobre el que se remite el Obispo al expediente que obra en el Consejo y lo que tambin se nota en el tiempo de la ceba con otras que sera impertinencia referir por comprenderse fcilmente y porque pueden corregirse fijando la atencin sobre lo principal. 34 Estas solas libertades, prcticas y abusos bastan para convencerse de la decadencia a que progresivamente ha sido conducido este ramo: decadencia que no slo es perjudicial a uno de los alimentos de primera necesidad y por consiguiente a toda la poblacin, sino que directamente se opone a los progresos de la agricultura; pero adems de esto, en estas haciendas, por un espritu de pastura muy mal entendido, y acaso ms perjudicial que el de la Europa, es prohibido el sembrar cosa alguna de ninguna especie; y es as que a la sombra de la denominacin de haciendas de ganado subsisten muchsimas tierras sin ganado y privadas de entrar en cultura, sin que sea conveniente ni til romperlas con la reja por otro abuso que va a manifestarse. 35 Se ha dicho que son cuatro leguas las que se sealan para hacienda de ganado y esto mismo est demostrando que no es fcil cercarlas; que cuando alguno quisiera detenerse a una empresa tan ardua, la ley se lo prohbe, con que alguna tierra est condenada a una perpetua apertura: las prohibiciones de esta clase que slo ha podido dictar un enemigo decidido de la poblacin y agricultura, hace que el dao se propague an ms all de lo prohibitivo de la

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P APELES 216\ 216\ le y Las tierras vacas o vacantes que por razn de los crculos y tortuosidades quedan entre hacienda y hacienda, tampoco pueden labrarse porque la vecindad de los ganados en campo abierto hace inevitable la prdida del trabajo y de la simiente: fuera de que como los ha cuidado disfrutan sin lmites determinados y sin estarles asignados los pastos de aquellas tierras, tienen un inters que nadie se establezca all por labrado r y en que no se cerquen poca ni mucha tierra y as jams se verifican tales establecimientos: prcticas ambas con las cuales no es fcil comprender las trabas que se les ponen a la poblacin. An hay ms. 36 Llega el caso de que el dueo de una hacienda de ganado o por tenerlo y por haberle disminuido considerablemente o porque calculando sus intereses encuentra mayores ventajas en reducirla a labo r se resuelve a este ltimo partido: entonces principia a experimentar las operaciones e inquietudes que casi no pueden explicarse sin fastidia r pero que ser preciso en esta hora, si ha de darse una nocin completa de lo que perjudica porque lo haya autorizado el abuso o el erro r. 37 Para reducir a labor una hacienda de ganado se necesita especial permiso de Vuestra Real Persona y por consiguiente es preciso acudir por la va reservada por la que se pueden informar: obtenido el permiso, principian los pleitos y las dilaciones: la primera diligencia que debe practicarse es la de medir las tierras que han debido constituir la dotacin de la hacienda. El punto de donde ha de partirse es de la casa o asiento, y como por lo regular los dueos con el decurso del tiempo han mudado los asientos, destruyendo las primeras casas y fabricando otras en distintos parajes; para los hacendados inmediatos le suscitan al instante una cuestin sobre la casa o asiento actual, o desde el que tuvo al principio aquella hacienda: porque de tirarlas, del uno o del otro se siguen perjuicios respectivos a los otros hacendados que estn de parte de uno u otro viento. El justificar si ha variado o no el asiento, si se han de tirar las medidas desde el primitivo o desde el actual, son puntos de una discusin dilatadsima y en los que se invierten muchos aos. 38 Averiguado el asiento, se pasa a una segunda discusin. Entonces todos los colindantes presentan sus ttulos y los ms antiguos exigen que se le reintegren a ellos sus haciendas primero que al que quiere entrar la suya en labo r y este procedimiento es conforme a la ordenanza pero no por eso deja de ser ms dilatado porque la operacin consiste en que segn la antigedad de los ttulos se le va entregando a cada uno y como entonces se completa la legua en cuanto es posible, viene a resultar que los ms moderados se quedan casi sin tierras y entra nueva discusin con ellos. 39 C omo la hacienda siempre tiene sobre s la obligacin de la pesa, y la ciudad es l a obligada a este abasto, sostiene con el mayor vigor la oposicin a la apertura, porque teniendo con e sta contribucin todo el descuido que trae consigo un surtido que se mira co mo indefectible, no consiente con facilidad que le vayan faltando unos medios que por de contado aparentan alguna utilidad, y adems evitar el trabajo de prevenir y acopiar los mantenimientos de esta clase; y e ste inters por su contribucin particular trasciende a los colindantes:

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OBISPO DE ES P ADA /217 /217 de man era que para allanar todos estos pasos y dificultades se necesitan lo menos diez aos y todo esto convence que el Sistema de la Hacienda est en oposicin directa con la poblaci n y con la facilidad a los medios de subsistencia. 40 Parece que es muy urgente el tomar medidas adecuadas y que (a no destruir enteramente este sistema) lo primero que debe cuidarse de que se considere un cierto nmero de ganado de cada especie como precisa dotacin de cada hacienda y que al hacendado que le falta este nmero se le obligue a ponerlo y no hacindolo en el trmino preciso de dos aos, o se le obligue a vender la hacienda o reducirla a labo r Surtida la hacienda del nmero de ganado de su dotacin, deber ser obligado el dueo, no slo a conservar el mismo nmero de cabezas sino que pasados cuatro aos de este nuevo arreglo deber presentar en el quinto y as en los dems sucesivos, un aumento de dos o tres por ciento al ao en el ganado vacuno, de modo que si se fija la dotacin en 900 reses, por ejemplo, al quinto ao han de dar hacienda 910 reses; al sexto 920 cabezas y adems ha de tener libertad el dueo de aumentar las que quisiere. De este modo estarn aprovechadas las haciendas y el ganado llegara a proporcionar una abundancia que cubrira las necesidades y dejara un sobrante para el comercio. 41 Si con el tiempo se vieran con este aumento recargadas las haciendas en trminos que no pudieran mantener todo el ganado que deberan tene r y si no se haban extendido las cras a las haciendas de labo r como en s esperan, entonces la prudencia dara reglas para las sacas mientras que unas medidas intermedias deberan ir extinguiendo paulatinamente las haciendas, dejando al inters, clculo y cuidado de los particulares las cras privadas y parciales. 42 Esta sera la ms til medida pues reducidas a propiedad particular estas haciendas, cerradas, abonadas y oportunamente aprovechadas, producirn una cantidad de pasto que podra mantener un nmero de ganado considerablemente mayor que el que mantienen en el da las haciendas, y en la Isla de Puerto Rico tenemos una prueba perentoria de este hecho. 43 En vano se objetar que entrando todas en cultivo menguar a proporcin el nmero de ganado porque adems de poderse demostrar que tradas a labor y admitiendo un gran cultivo puede al mismo tiempo mantenerse mayor nmero de ganado que el que mantienen al presente y con ms facilidad cuidarlo, recogerlo y liberarlo de las avenidas de los ros y temporales, encontraris que este es el hecho que se recomienda en la Isla de Puerto Rico donde abundan ms las carnes y no hay tales haciendas. Pero aun suponiendo que por un instante que no fuera mayor el nmero de ganado, lo sera seguramente el de hombres y podr negarse que es ms rica la nacin que abunda en hombres y por consiguiente en frutos, que la que abunda en ganados? 44 La caresta no hay que temerla, porque vemos que con el sistema actual la padecemos, y que por los vicios de este sistema no puede el inters particular volver su atencin hacia esta cra. Djese entera libertad para reducirla a labor cuando quiera cada hacendado sin necesidad de acudir por permiso a la va reservada ni al Consejo, pues reducidas y encontrando el propietario venta-

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P APELES 218\ 218\ jas en el ganado, preferir por s mismo y sin estmulo ajeno su cra al cultivo, porque el equilibrio que puede desearse en esta materia se establece mejor sin las precauciones estorbosas de las leyes, que con ellas. En una palabra que el espritu de pastura de la Espaa no impida aqu como ella, los progresos de la poblacin y no paralice la agricultura. 45 Entre tanto, continuando en las providencias que deben tomarse en el da y conforme a lo que se ha dicho del aumento del dos por ciento anual, se deben prohibir la subrogacin de ganado de otra especie por el vacuno y con mucha mayor razn la subrogacin de dinero por ganado particularmente vacuno. Se debe mandar que los escribanos no otorguen escritura en que no se contenga la condicin de devolver el mismo nmero aumentado con el dos por ciento; y en que no se prohba absolutamente el subrogar dinero para ganado, ni otra especie de ganado por el vacuno; y en caso de contravenir a estas disposiciones, que se le imponga al escribano una multa, y sean nulas las escrituras: y tambin convendr mandar que en las particiones de las herencias, hubiere una divisin efectiva de las tierras de las haciendas y que con respecto al heredero que redujere a labor su parte cesar la contribucin de la pesa, y quedar con respecto a los otros, la que cupiere. 46 De este modo y con el aumento progresivo, al paso que se haran de los hacendados de ganado unos vasallos aplicados que real y verdaderamente mirasen por el aumento del vacuno, excitara en la Junta una regla o medida para que en cada hacienda hubiese una dotacin fija de la cual no pueden rebajar nada, y para que sobre esta porcin hubiese de entenderse el aumento pues hasta ahora se conserva el abuso de no tomar conocimiento el Gobierno del ganado que se echa a esas haciendas y los dueos son rbitros de poner el que quieran y de las clases que mejor les parece. 47 Tambin se lograra con el tiempo que las carnes fuesen abaratando y los dueos de ingenios podran sostener con ms comodidad a los esclavos y gentes que tienen en ellos, aumentar su nmero, hacer ms pinges y florecientes los ingenios, y formarse otros de nuevo, con menos costo que el que tienen en el da, y con ms facilidad, pues sabiendo que todos los alimentos de primera necesidad los encontraris siempre con la mayor comodidad, lejos de retraerse de estas empresas por necesidad de unos continuos considerables desembolsos, se excitarn por la seguridad que les proporciona en su ventajosa adquisicin. 48 Las plantaciones dentro de los mismos ingenios adquiriran tambin mayor ensanche, porque podran aprovechar para caa las diez caballeras de tierra que por el sistema actual se separan en todos los ingenios con destino a la cra y ceba de ganado para sostener a su gente trabajadora que por lo regular es una cuarta parte como se ver cuando se hable de los ingenios. 49 Se harn igualmente ms apreciables los potreros en que se ceba el ganado por la mayor concurrencia, pues el deseo de obtener preferencia en la venta har que se procure mayor esmero: y de aqu se seguir el mejorar las castas y que las carnes adquieran mejor gusto: siendo consecuencia de esto

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OBISPO DE ES P ADA /219 /219 mismo que abarate el calzado ordinario de la gente del campo y que se aumente la extraccin de los cueros. 50 Estos son los ramos principales que deben llamar la atencin del Gobierno con respecto a lo que produce la Isla y es esencialmente necesario para el alimento y sustentacin; con estos no le queda que desear a la agricultura en lo que est dentro de su esfera. Sobre estos ramos han de recaer todas las gracias porque siendo como son el cimiento de la poblacin, son los primeros que de necesidad exigen el cuidado, pues pende de ellos la conservacin y aumento; y todos los otros ramos se van llamando progresivamente a proporcin que los busca el capricho o 1a utilidad, siendo indisputable que a estos dos los ha de buscar siempre la necesidad. 51 Permtase, Seor el comparar la agricultura a un edificio de la naturaleza, que fuese el que el arquitecto se propone levantar; lo primero en que piensa es lo que menos luce, pero es lo que ms sirve, porque sin ellos no hay edificio. Saca el arquitecto el edificio de cimientos a su satisfaccin y empieza a lucir su idea, puede emplear su talento en el adorno exterior de cornisas, columnas, balcones, arquitraves, y dems primores que le franquea el arte: quede en lo interior distribuir salas, gabinetes, galeras y todo cuanto dicte el orden o el capricho; pero no podr olvidar las oficinas necesarias y acomodadas al destino del edificio. El dueo convertir la sala en gabinete y har a su gusto lo que le acomode, pero nunca podr destruir los cimientos, ni dejar de conservar las oficinas de preciso uso y de necesidad. Por este orden han de nivelarse las medidas de Gobierno con respecto a las provincias y sus vasallos. Los cimientos son los frutos de primera y esencial necesidad: el techo y las oficinas de preciso uso son el vestido, la habitacin y los instrumentos de labor: los dems frutos que produzca el terreno, su saca, sus mejoras y aprovechamientos: el trfico interior y exterior son las salas y viviendas: el adorno ya interior ya exterior de ms o de menos costo, de mejor o peor gusto, mira ya a las artes y al comercio, porque no son partes esenciales del edificio, sino adherentes que lo perfeccionan, lo enriquecen, le dan realce y magnificencia y lo llevan al grado de lo sublime. 52 Siguiendo esta norma se ha procurado llamar la atencin sobre los cimientos de la agricultura y nadie puede dudar que teniendo estos alimentos con la comodidad, franqueza y libertad que procura esforzarse, haya de lograrse con la mayor facilidad el aumento de la poblacin y con ella el de la agricultura en cuyo auxilio debern llamarse por un orden gradual los otros medios de que necesitan sin rozarnos jams con los intereses y miras particulares de los habitantes, hacendados o comerciantes de la Isla, que miran como en todas partes las cosas por el solo aspecto de la ms pronta, ms crecida y ms fcil ganancia. Debiera pues hablarse de las cosas de preciso uso que son vestidos, habitacin e instrumentos. 53 Del mismo modo que aquello que esencial e inexcusablemente contribuye al alimento es lo que se considera como cimiento de la agricultura, as se considera lo de preciso uso lo que indispensablemente se necesita para el vestido. En lienzos, el listado, la coleta, el lienzo crudo y otros as ordinarios y

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P APELES 220\ 220\ bastos. En lanas, algunas mantas y bayetas. Aqu pudiera subrogarse el algodn si se cultivara y trabajara. Para cubrir la cabeza sombreros de paja del pas y para calzado lo que suministran los cueros. Las camas cuestan poco: se usan hamacas y la naturaleza provee de copos de guanos que equivalen a la lana, y de cerda que es ms adecuada a aquel temperamento, sobre lo cual est la agricultura en toda la libertad racional que debe tene r. 54 Debe pues recibir de afuera los lienzos ordinarios, las mantas y bayetas y con respecto a esto o pudiera el Gobierno poner almacenes para drselos a corto plazo y costo con prudentes precauciones de ser para preciso consumo de los labradores, sin prohibir la concurrencia de los dems comerciantes, donde pudieran comprarlos si los encontraban ms baratos, o conceder con respecto al labrador la gracia de que los lienzos que comprara para preciso uso de su hacienda, se le abonarn por la Real Hacienda a los derechos que hubiera adeudado aquellos lienzos al tiempo de su introduccin para que apreciaran aquella distincin y ventaja, acomodando en pequeo y a la medida lo que est dispuesto con el azcar y con el cacao de estos pases que se extraiga a los Reinos de Espaa en los cuales, segn la Real Orden de 1 de abril de 1802 y el arancel general se devuelven en caso de la extraccin del azcar los cuatro reales impuestos por Real Orden de 25 de junio de 1789 y los otros cuatro impuestos por la Pragmtica Sancin de 30 de agosto de 1800 y en el del cacao los cinco reales por cada libra de Guayaquil y los siete de Caracas, Magdalena y Soconusco y dems parajes en estos pases. Esta sola singularidad causara un aprecio extraordinario en los labradores y servira de estmulo para dedicarse muchos a la agricultura. 55 Sobre las habitaciones hay dos cosas que consideran lo material de ellas y su localidad. En uno y otro debe ser rbitro el labrador; pero los jefes as eclesisticos como los polticos, no pueden menos de influir a que se rena en poblacin, observando por una regla de proporcin el sealar trminos y jurisdicciones cortas que no pasen de cinco leguas y que no bajen de dos y media a tres. Conducido de estos principios el Obispo ha procurado hacer divisiones de curatos, y ve con mucha satisfaccin que ha logrado aumentar en el corto espacio de tres aos que est a su cargo el bculo pastoral, hasta el nmero de 35 curatos que no slo facilitan el pasto espiritual, sino que van proporcionando poblaciones que insensiblemente irn preparando otras que aumentan el nmero de habitantes. 56 Para que los naturales de la Isla tengan habitaciones proporcionadas no necesitan de los mayores auxilios del Gobierno porque la madera que es lo que principalmente entra en ellas, se la facilita la naturaleza y basta que no se alteren las reglas establecidas y que contine el celo y los esfuerzos de la Junta de montes, que desempea este encargo con la mayor pureza y exactitud, para que no decaigan los montes, ni escaseen las maderas; la teja, piedra, cal y dems materiales es un poco ms costosa: pero cuando los alimentos de primera necesidad se adquieren a los precios ms cmodos que puedan tenerse, se lograr mayor ventaja en estos materiales.

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OBISPO DE ES P ADA /221 /221 57 Prdiga all la naturaleza presenta la mayor parte de vasijas que se necesitan para el uso campestre y frecuente, de frutos de propios rboles. Las de barro que se hacen en la Isla no son muy costosas: y si recibe algunas de afuera, no merecen la mayor atencin, como tampoco los muebles toscos de primera necesidad, pero ha de haber cuidado en que para adquiriendo no experimenten en ningn tiempo trabas, y con esto estarn los habitantes surtidos de todo lo ms preciso, sin afanes ni fatigas y la poblacin crecer a lo infinito. 58 Carece la Isla de hierro y esto obliga a traer de afuera los instrumentos de labo r Los de absoluta necesidad son las hachas, cuchillos, arados, machetes, sierras, martillos, tijeras y barrenas: y en estos deben suprimirse todos los derechos o devolverse, como en los lienzos. Para los ingenios se necesitan calderas y diversos utensilios que exigen miramientos, pero nunca como los primeros porque en lo que esencialmente estriba la agricultura y de lo que pende la felicidad slida es de la facilidad en los primeros: alimentos, y de las cosas inevitables o absolutamente necesarias para lograr este objeto. 59 Estos son los principales renglones que en realidad y con solidez contribuyen al aumento de la poblacin y fomento de la agricultura: corresponde hablar de los otros que atraen las riquezas y comodidades y que la ponen en su prosperidad. 60 Cinco son los frutos o renglones que han merecido la preferencia del Gobierno: el algodn, el caf, el tabaco, el azca r y el ail y por desgracia la extensiva franqueza en unos perjudica al ms necesario, y ms anlogo a las primeras necesidades, que por lo tanto se encuentra en el mismo abandono en que se hallaba. El algodn, que poda suplir en lugar de muchas telas que se traen aqu de Europa y que a lo menos haba de suministrrsele a la Europa la materia para los tejidos que recibe de sus clases, es una mercanca tan rara en la Isla que se pasan muchos aos sin que se transporte a Europa ni un copo, cuando debe ser la produccin que naturalmente se multiplique ms en esta Isla; porque su conservacin exige pocos desembolsos, pocos brazos, y poca industria, y la sequedad de una gran parte del terreno lo hace singularmente a propsito para este cultivo. En tiempo de la conquista era muy comn encontrar este arbusto y en el da a pesar de la facilidad de su cultivo y de las gracias y exenciones que ha logrado, no prospera. Cul puede ser la causa? No puede ser otra que la de haber igualado este fruto con el azcar y con el caf, porque en iguales circunstancias ofrece mayores ganancias el caf y el azcar que el algodn y por consiguiente se han de dedicar a aquellos con abandono de este. 61 Tambin puede dimanar de que la prodigalidad de terrenos de mucha extensin o el sistema adoptado para el establecimiento de los ingenios y de las haciendas impide que haya un nmero competente de hacendados cortos que calculen y combinen la mejor concurrencia en los frutos y que con la esperanza de la mejor salida se dediquen a lo que otros no cultiven. 62 Mrese por ahora como irremediable este dao porque los terrenos todos estn repartidos y no tenemos como los hebreos el ao de jubileo

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P APELES 222\ 222\ para equilibrarlos; respetemos costumbres y establecimientos que nacen y se obscurecen con las mismas naciones que los sostienen y que han canonizado la mxima de no vulnerar las propiedades; pero a lo menos aplquese un poco la atencin a evitar la reunin casual y voluntaria en una sola mano, indicando algo de lo que se haca en la antigedad. 63 Entre los atenienses se dividan las posesiones paternas por iguales partes en los hijos y an se les prohiba testar de ellas como refiere Plutarco en la vida de Soln: y Poltero en su Archeologia Griega. Tampoco permitan que una persona sucediera en dos herencias que consistieran en partes iguales como lo expresa Aristteles en su libro 2 de su P oltica. Licurgo a la igualdad del repartimiento de la herencia paterna aadi el prohibir las dotes y quiso que las posesiones del que mora sin hijos se repartiesen entre los que tenan ms nmero de ellos. Entre los germanos la nacin era la nica y perpetua propietaria segn Tcito, para distribuir cada ao los campos entre los padres de familia y proporcionar la distribucin al nmero de ciudadanos. Son bien conocidos los esfuerzos de los primeros legisladores de Roma por multiplicar y conservar el nmero de propietarios, sealndole a cada uno terreno y arreglando el orden de las sucesiones, de que nos da Ulpiano una idea en los fragmentos de las leyes de las doce tablas; Justiniano en sus instituciones; y lo comprueban las leyes agrarias. 64 Todo el objeto era aumentar el nmero de propietarios y disminuir el de jornaleros; porque en estos va extinguindose insensiblemente la generacin y decae la poblacin. Reflexinese ahora que en Amrica hay un sistema de mantener por constitucin y si se quiere por esencia, un nmero inmenso de hombres que equivalen a los jornaleros, aunque de muy peor condicin, pues no pueden aspirar por la ley ni an a la esperanza de ser propietarios. Los esclavos que la violencia arranca de frica, impiden que los grandes hacendados busquen jornaleros a quienes por la necesidad haran mejores partidos: con estos partidos adquiriran terrenos, tomaran una esposa, se multiplicaran los propietarios y la poblacin; y no suceder como con los esclavos que sepultan con su cuerpo su posteridad. De aqu es que en las grandes posesiones est como enervada esta desmembracin y convendra remediarla. 65 La mana de servirse de esclavos para el cultivo de las haciendas, unida a la grande extensin de estas, son dos fuertes obstculos que hay en Amrica para la poblacin y prosperidad de la agricultura en todos sus ramos y los que con particularidad influyen para que no se cultivo el algodn. El poseedor de grandes terrenos slo se ocupa de la idea de formar una hacienda que le proporcione utilidades extraordinarias y que lo coloque en la clase de los hacendados de primer orden. El algodn no le da pbulo ni a su vanidad ni a su codicia y lo desprecian. Aplica sus esclavos o al caf o al azcar y se burla de todo el empeo y recomendacin del Gobierno por el algodn. Habiendo esclavos no pueden faltarle operarios para tales haciendas y como ni estas se desmembran ni hay quien acuda al culti-

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OBISPO DE ES P ADA /223 /223 vo de otras de menor consideracin es por este sistema caprichoso el abandono de frutos acaso ms tiles y necesarios. 66 No es este el momento de entrar en la especificacin de las varias providencias que convendra tomar para ir desterrando la mana de servirse de esclavos. Sera muy til que se prohibiera la mancomunidad de terrenos en las familias; que en las particiones se adjudiquen a cada uno su porcin, que se deslindase y que se obligase a trabajarla por s o arrendarla con separacin o a venderla habiendo comprado r prefiriendo al que no tuviera tierras, o tuviera menos entre los concurrentes; pero sera distraerse: el objeto principal es proponer lo que se contempla ms a propsito y urgente para animar el cultivo de algodn, y que a lo menos quedar equilibrado con el caf y con el azca r en cuanto al deseo de dedicarse a su fomento y nos contentaremos con insinuar que se sostenga por diez aos el privilegio de no pagar diezmo alguno el algodn y que cumplidos slo pague cinco por ciento, pero mandando al mismo tiempo que el caf y el azcar desde ahora paguen por entero su diezmo, pues esta diferencia har que muchos encuentren ms utilidad y ventaja en el algodn, que en el caf y en el azcar o a lo menos que quedando as equilibradas no se olviden enteramente de l. 67 El caf le es tan anlogo a la Isla de Cuba como el algodn: su cultivo sin embargo estaba abandonado y sin duda lo adopt viendo que haca progresos rpidos en las otras islas. Hace unos 60 aos que se cogan de 24 a 30 mil libras de las cuales se extraa una porcin para V eracruz y el sobrante se llevaba a la metrpoli: era de conjeturar que esta planta se multiplicara a medida que el uso de una bebida tan familiar como adecuada a los pueblos de climas calientes se extendiera entre los espaoles; pero no sucedi as: se extingui enteramente o se supone as y ahora se le tributan todos los honores de la novedad. Acomodndose a esta nueva poca parece que el caf, lejos de exigir que se le concedan gracias para su fomento se halla en estado de llevar sobre s todas las cargas para no destruirse a s mismo y a los otros frutos. 68 No permita el cielo que la pluma de un prelado que slo respira beneficencias se emplee en combatir lo ms mnimo la sabia economa de las gracias y franquicias que se dispensan a los pueblos. Desea contribuir por su parte a proporcionar la felicidad y que tenga para ella la abundancia y la prosperidad, pero una abundancia y una prosperidad de que todos puedan participar con proporcin y que lejos de reconcentrarla en pocas manos se propague y difunda cuanto ms fuere posible; haciendo ver que todo estriba en el buen orden general de las gracias y en un plan y sistema gubernativo que protegiendo a la muchedumbre desdee miras parciales de una codicia srdida, y de engaos paliados que han de resultar en destruccin del mismo fruto y ruina de los cultivadores. 69 Cuanto ms rpidos sean los progresos del caf cuanta mayor abundancia se experimente, tanto ms se ha de acelerar su decadencia y su ruina subsistiendo todas las gracias y franquicias de que goza. La exencin ha sido general para las provincias de Tierra Firme y para las islas de

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P APELES 224\ 224\ barlovento: la planta del caf es la ms agradecida de todas para corresponder a su cultivo y la que exige menos gastos y trabajo. Supngase que en todas partes vaya extendindose este fruto en trminos que supere a los dems y sea mayor su cosecha. Ser en nuestras colonias y posesiones el fruto ms abundante: nansele las cosechas de las colonias extranjeras con el de Levante y otros pases del hemisferio antiguo y muy pronto en los mercados no se encontrar otro fruto que el caf, a lo menos con ms abundancia. Esta concurrencia y abundancia envilecern el precio, se retraeran los comerciantes de comprarlo, desmayarn los cosecheros y le seguira el abandono. 70 No parece que la abundancia excesiva que se pronostica sea poco fundada cuando se sabe que en la Isla de Puerto Rico es este el fruto ms abundante que tiene: en Caracas ha asegurado por notoriedad el cabildo eclesistico que todos se dedican al caf, por haber acreditado la experiencia que su cultivo les es ms ventajoso que el de todos los dems frutos, por darse en cualquiera de los terrenos y porque en el caso de una guerra tiene la ventaja de no corromperse como el cacao y porque dedicndose al caf ahorran un 10 por ciento de gastos, el 9 por ciento de alcabalas y el 9 por ciento del diezmo y que esto haba de hacerles olvidar de las haciendas de cacao. 71 Si el caf tiene en todo caso un 10 por ciento a lo menos de ventajas en el ahorro de gastos no es claro que siempre se le dar la preferencia en la plantacin? Por qu postergar o hacer de peor condicin los otros frutos aumentndole a este por la ley las gracias que ya tiene por la naturaleza y de que estn privados los dems? Por ellas en esta Isla se ha sobrepuesto en grado, o a lo menos se ha igualado con el azcar y con el tabaco y dentro de diez o doce aos absorber las anteriores cosechas; y para que se convenza hasta dnde puede llegar su prodigiosa abundancia, bastara recordar que en el ao de 1799 represent este Consulado que sin embargo de la exencin concedida en el de 1792, se hallaba tan atrasado este fruto que apenas comenzaba a cultivarse. Ahora bien en el de 1802 con motivo de los abonos que pidieran los arrendadores de diezmos de cuatro partidos por dos aos ascendi el clculo para el abono a 83,643 pesos y para esto debi producir el caf 836,430 pesos de principal: de manera que calculada la produccin en todos los otros partidos de que se compone este Obispado que son 48 puede asegurarse que es el primer fruto de la Isla y debe evitarse que llegue a ser tan exclusivo su progreso que destruya los otros ramos. 72 Le es doloroso al Obispo, pero no puede menos de manifestar que slo se han empleado medios dolosos para obtener estas gracias. Se dijo en las representaciones del ao 1799 que el caf estaba tan atrasado que apenas empezaba a cultivarse a pesar de la gracia del ao 1792 y esto sin duda contribuy a la exencin perpetua que obtuvo en 1804. Pero fue descubierto el engao y la falacia con lo que ocurri en este intermedio. 73 Como la exencin de diezmos concedida al caf en el ao de 1792

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OBISPO DE ES P ADA /225 /225 expiraba en el ao de 1802, cuando se hizo el arrendamiento de los partidos para el cuatrienio de 1801 a 1804, se tuvo en consideracin que los arrendamientos deban cobrar diezmo de las cosechas de 1803 y 1804 y bajo de este concepto, se celebraron los remates. Se obtuvo despus un real decreto declarando que los diez aos deban contarse para cada uno desde que los cafetales principiaban a dar frutos, y con motivo de interpretar o de aplicar la gracia conforme al espritu de esta declaracin en los dueos de los cafetales para no pagar y en los arrendatarios para que se le hiciera rebaja de lo que dejaban de cobrar; se le citaron dos puntos de averiguacin: uno, qu cafetales daban frutos, antes del ao 1792, o lo principiaron a dar en l792 porque estos tenan cumplido el trmino de la gracia y deban pagar el diezmo: y otro, qu cafetales haban empezado a darlo despus del ao l792. Result del examen del primer punto que se encontraron muchos cafetales como fructificantes en 1792 y result del examen del segundo que por los cafetales que en 1802 no haban cumplido los diez aos se calculaban la rebaja de slo cuatro partidos en que se hizo dicha averiguacin en 83,643 pesos. A estos 8,364.30 pesos y reuniendo los otros 44 partidos del Obispado corresponden 83,643 pesos del principal producto en los cuatro partidos darn por estos 44 partidos 920,073 pesos a los cuales unidos los 83,643 de los otros cuatro ser 501,838 [sic] pesos de diezmo que al diez por ciento corresponde de principal 10 037 160 pesos. 74 Este producto an cuando se redujese a la mitad por la mayor cosecha de otros frutos en algunos de los 44 partidos, siempre es asombroso y no pudo proporcionarse en los tres aos que mediaron desde el 1799 al 1802 porque el rbol del caf no da fruto hasta los cuatro aos, con que para dar un producto tan considerable en los aos de 1803 y 1804, deban estar formados estos cafetales antes del ao de 99 y la proposicin de empezarse a apenas el cultivo fue muy exagerada y seductiva para arrancar con creces pocas sinceras gracias que dejaban a los cosecheros tanta ganancia cuanto era lo que quitaban al que le corresponda. 75 Otra reflexin se presenta con el descubrimiento de tan innegable producto, que pone ms a las claras lo perjudicial o cuando menos lo intil de estas nuevas gracias. En el ao 1799 o se coga con abundancia caf o no se coga y slo principiaba a cultivarse. Si lo primero fue un arrojo, decir lo contrario al Soberano y sacar subrepticiamente las gracias lo fue ms. Si no se coga, pregunto: las grandes cosechas de 803 y de 804 se debieron en profeca a las gracias que haban de obtenerse en abril de 1804 o se sembraron y cultivaron los cafetales sin respeto a estas que no existan? En este caso necesitaron de las gracias para cultivarlos? Seguramente que no, porque no existan tales gracias: parece pues concluir de aqu que el caf para hacer unos progresos tan rpidos y tan asombrosos, como los que nos presentan los datos que se han empeado en calificar los mismos que bajo distintos aspectos han tenido encontrados intereses, en disminuir en una poca el cultivo y en aumentar en otra las cosechas; no ha necesitado de tales gracias: y se evidencia tambin que si en cuatro aos, sin tener seguridad

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P APELES 226\ 226\ en gracias futuras, pudo pasar desde el anonadamiento de apenas cultivarse hasta tan alto punto de abundancia y de prosperidad hasta a dnde podr llegar con gracias tan amplias y tan perpet uas? An cuando en la Isla no pudiera cogerse otro fruto que caf siempre sera de extraar esto cuanto ms, cuando para aplicrsele ha de ofuscar y destruir a los otros frutos y producciones algo ms preciosas y apreciables que el caf. La codicia est en contradiccin con la riqueza universal y es preciso refrenarla y que conozca los efectos de las contradicciones y falsedades. 76 Antes pues de estas concesiones hacia el caf unos progresos a que no pudieron alcanzar las otras producciones, las hizo sin necesidad de ellas y se sostendrn mientras que no sufraguen o excedan al consumo las cosechas de la Amrica: conque si por s tiene el caf la ventaja de proporcionarle al cultivador un ahorro seguro en gastos, en s tiene la seguridad de estimular a su cultivo. El comerciante que ha de transportarlo es suficiente para determinar al labrador a que le d la preferencia a este fruto mejor que a otro y las franquicias iguales no pueden lograr otro resultado que el de que, llamando precisamente la atencin al fruto que con ms seguridad y prontitud produce mayores lucros y ganancias, queden postergados los otros y uno slo adquiera la preferencia. 77 Enhorabuena que por considerarse ahora la de caf como una cosecha nueva en esta Isla, transportada, digmoslo as, por la fuerza imperiosa de las circunstancias lograse adems para su mayor fomento algunas franquicias temporales y limitadas: pero perpetuas y absolutas: por qu y a qu fin? Si se ha de guardar algn equilibrio entre las contribuciones de los labradores por qu se han de conceder ms a los labradores de un gnero de poco lujo y de necesidad ficticia que a los de gneros necesarios a la manutencin comn, que es aqu la ms atrasada y que necesita ms estmulos y alicientes para que se haga ms general? 78 Precisamente es el caf por su naturaleza y por las circunstancias indicadas el que ha necesitado menos estmulos para su cultura. Siendo esta fcil, barata la adquisicin de tierras, su produccin pronta y su despacho a un precio subido, ha sido consiguiente que este ramo haya prosperado rpidamente en una docena de aos. A los tres empieza a dar algn fruto aunque muy corto: a los cuatro, cinco y seis ya le produce ganancias bastantes y a los siete, ocho y nueve ya empieza a enriquecerlo: de manera que un capital de 30 a 40 mil pesos por ejemplo, ha subido a los valores de 200 a 300 mil pesos y el rdito o producto es ya a los diez aos bastante para hacer a una familia no slo rica sino opulenta. Pues ahora hubiera sido bien y polticamente mirado el dar el empuje de las exenciones hasta este estado por qu lo ha de ser an para despus de haber llegado a este alto punto de prosperidad? qu contraste (es preciso repetirlo) entre los pobres cosecheros de gneros comunes que lo pagan todo y el cafetalista que no paga nada ni pagar jams, si la gracia siguiera perpetuamente! 79 Pero an hay ms. Los cafetales van aumentando rpidamente; van ocupando grandes terrenos y en algunos partidos tanto, que son la nica labranza y el nico producto que se hace dar a la tierra. Pues en estos terrenos

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OBISPO DE ES P ADA /227 /227 haba algunas iglesias y se han erigido otras muchas, sin que se sepa de qu se han de sostener ni ellas ni sus ministros. Su pobre manutencin actual consiste en algn poco de diezmo de otros frutos y algunas cortas obtenciones cuyo modo de mantener el clero es bien sabido cuan lleno est de inconvenientes. En adelante se harn cafetales, en efecto se estn haciendo, y los fieles piadosos y religiosos las pedirn as como curas que le administren los sacramentos: pero no se le podrn dar no habiendo de qu mantenerlos, por estar el nico fruto para siempre exento de diezmo. Este inconveniente acaso el ms digno de atencin, el abandono de los otros frutos y la decadencia indefectible que experimentara a su turno el caf, deben pararnos un poco para aplicar medios de evitar daos que se presentan por s como infalibles y contentmonos con que la naturaleza haya prevenido nuestros deseos y quiera evitarnos este cuidado. 80 De los cuatro frutos del primer orden que pueden prosperar con igualdad en la Isla de Cuba y que deben llamar toda la atencin del Gobierno para que se cultiven con el esmero que exigen, sin perjudicarse el uno al otro, y sin que el exceso en unos ocasione la ruina en los dems, se ha hablado del algodn y del caf. Se ha procurado demostrar que para sacar al algodn del olvido o abandono en que se halla, deben continuarse todas las gracias, pero que esto no ser suficiente, supuesto que tenindolas no ha prosperado, si no se priva de ellas al caf que no las necesita y que no slo al algodn, porque tanto el azcar como el tabaco son frutos mucho ms tiles, ms necesarios, ms recomendables y de una riqueza ms natural que el caf. Tratemos pues del azca r. 81 El azcar la ms rica y ms importante produccin de la Amrica, dice un gran poltico, que bastara por s sola para darle a Cuba el brillo de la prosperidad de que la naturaleza parece haber abierto aqu todos los manantiales y conductos; pues aunque en general esta Isla es desigual y montuosa tiene llanuras muy extensas y suficientemente regadas para suministrarle una gran parte a la Europa del consumo del azca r La fertilidad increble de sus tierras nuevas o vrgenes si estuviera bien dirigida y bien administrada, la pondra en estado de superar a todas las naciones que la han aventajado en esta cultura; y no hubieran trabajado ms de media siglo en perfeccionar sus fbricas, sabiendo que una rival slo con adoptar su mtodo sobrepujara y an aniquilara en menos de 20 aos la riqueza que se saca: pero la colonia espaola, contina este escrito r est poco celosa de esta superioridad. Las caas ms hermosas no dan ms que una dbil cantidad de azcar de mediana calidad y eso con grande gasto; y sirve en parte para surtir a Mxico y en parte a la Metrpoli, y sta, para quien el azcar debera ser una mina de oro, la compra del extranjero por ms de cinco millones. 82 Esta pintura que descansa sobre el estado que tena esta produccin a mediados del siglo ltimo, no es aplicable en el da, pues haba llegado a prosperar en trminos de que en el cuatrienio de 1801 a 1804 produjo el ramo de ingenios de slo ocho partidos 892 900 pesos que dieron por consiguiente de principal en azcar a razn del 9 por ciento que paga a 17,990.00

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P APELES 228\ 228\ pesos fuertes a los cuales agregados los dems que hay en este Obispado y en el distrito de la Isla, se convenciera evidentemente que las dos terceras partes del producto de sus frutos las tiene el azca r. 83 De aqu se demuestra que esta produccin no ha necesitado estmulo para su cultura y se puede asegurar ms, que si a los dems frutos no se le dieran ventajas sobre el azcar con las gracias y franquicias, y si por ellas no experimentaran una superioridad en el ahorro de gastos que tiene cualquiera labor con respecto al azca r sera forzoso poner trabas a su fomento para evitar que absorbiendo a los otros, no rompiese el equilibrio en perjuicio de la agricultura en general. 84 Para aclarar estas ideas y que por ellas venga a conocerse que las gracias concedidas al azcar no son las que pueden crear y formar los ingenios y que igualndolas con el caf en cuanto a los ingenios nuevos, no pueden servir para otra cosa que para aniquilar los antiguos, sin que se forme uno nuevo, ser preciso entrar en la material explicacin de un ingenio y de su costo. 85 Un ingenio de fabricar azcar segn las ordenanzas municipales debe componerse al menos de 40 caballeras de tierra. Cada una de estas caballeras si son apropiadas slo para la caa, vale, si se compra al contado, 800 pesos y mil y an algo ms, si estn situadas inmediatas al ma r, porque esto hace ms fcil la conduccin de los frutos a la Habana y de los dems utensilios. 86 Si las tierras son para toda labo r como es casi indispensable para los diversos fines a que se destinan, sube el valor de ella: y en ambos casos, si la venta es a censo como de ordinario sucede sube el precio un tercio ms a que se agrega el derecho de alcabala y amortizacin que uno y otra suman un 21 por ciento. 87 Requirense cincuenta esclavos, las tres cuartas partes de ellos varones y piezas (que se llaman a los de 18 aos arriba) y estos valen hoy cada uno de 400 pesos hasta 450 y los dems muchachos o hembras de 10 aos hasta 18 y estos valen cada uno de 240 hasta 390 pesos fuertes y las hembras valen lo mismo aunque pasen de esta edad. 88 De las tierras se destinan 30 caballeras para caa y las 10 restantes a estilo del pas para dehesa o potrero donde se mantengan los bueyes y dems bestias de arar y cargar que son de necesidad. 89 De estas mismas 10 caballeras se separa una parte para labor con la cual y con los claros que hay de un caaveral a otro se mantienen de vianda toda la gente del ingenio y se concede a los negros lo que llaman conuco que es un pequeo es pacio de tierra que se les seala a cada cuatro, seis o diez negros para que lo lab ren en beneficio suyo y puedan criar cualquier animal domstico. 90 En las tierras que se destinan a sembrar caa y al todo del ingenio se siembra el pan, que son los pltanos. 91 Siguen las fbricas cuyo costo es excesivo; y se reducen a casa de molienda, casa de purga, secadores, casa de vivienda con separacin para los mayordomos y mayorales y para los criados y todos los operarios, enferme-

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OBISPO DE ES P ADA /229 /229 ra, oratorio, tejar para construir las hormas de azca r para la losa y cubrir las casas, cuya extensin en las de artificio es de 200 a 300 varas. 92 Las maderas son de las ms slidas y de consiguiente caras y su conduccin desde los montes donde se cortan, costossima. Los operarios de albailera y carpintera si son meros peones, ganan seis reales diarios de salarios y si son oficiales desde un duro hasta tres, fuera de la manutencin, segn el mrito de cada uno. 93 La cal, la piedra y la arena hay que conducirla de otros terrenos o aumentan en el nmero de caballeras que se compran, alguna que sea puramente pedregosa. 94 Todos los utensilios que pertenecen a la maquinaria de hierro o bronce, vienen de fuera del pas, como grifos, tachos, pailas, calderas, machetes y hachas a un precio tan subido que regularmente el ms nfimo en el cobro es de tres a cuatro reales la libra, ya trabajada, y el hierro, si no es de Vizcaya que vale mucho, se suple con otro, pero a cada instante hay que reponerlo. 95 La caa se muele con bueyes y por lo menos ha de tener un ingenio 40 yuntas para mola r conducir la caa a los trapiches, acarrear la lea, todo el dems trabajo, porque hay muy pocos caballos y mulas; y su fortaleza no basta a mover las maquinarias ni a conducir de tanta distancia los utensilios. 96 Como el principal destino de la tierra es la caa, no basta la que se dedica a la labranza para sostener toda la gente: los vientos son frecuentes y siempre recios: y estos arruinan los platanares a cada instante: llueve mucho y esto pierde el maz que es el supletorio del pan: y ah es que de estos dos artculos siempre el dueo necesita comprar algo segn el ao, porque aunque la hierba abunda para los animales, es necesario dar a los bueyes algn maz que es lo que los conserva fuerte, y lo mismo a las dems bestias de carga y a los cerdos que se cran para ayudar a la manutencin de la gente. 97 El precio de los bueyes, ya hechos tales, es de 150 hasta 180 pesos cada yunta y si se compran novillos vale cada uno 40 a 50 duros, ms hay despus que castrarlos, cebarlos y ensearlos al trabajo. 98 Si el dueo no tiene potrero para aumentar la boyada en el tiempo que no muele el ingenio que son seis meses, le cuesta pagar por la manutencin de cada uno, un duro al mes, fuera del trabajo de conducirlos y el riesgo de los que le hurtan o se lisian o extravan. 99 De todo esto y de un cmulo de gastos que sera prolijo calcular y que se acreditan por los aos que dura la formacin de un ingenio hasta que rompe su primera molienda, y del valor que tiene al tiempo de hacerlo, puede asegurarse que un ingenio corriente regular no baja de 200 mil pesos de costo el da que empieza: y despus de haber principiado son siempre exorbitantes los gastos para su subsistencia por lo que merece colocarse entre las labores de primer orden, pues sus producciones son azcar blanco o quebrado, las mieles, remieles, las espumas y el aguardiente y sin la guerra que impide su extraccin, un ingenio por s y sin necesidad de exenciones, coloca al dueo en el seno de la opulencia. 100 Se ve, pues, que los ingenios son el resultado de unas grandes la-

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P APELES 230\ 230\ branzas que los ricos hacendados han de ir preparando y disponiendo muy de antemano, proporcionando adquisiciones de tierras anlogas al fruto que han de lleva r sembrndoles de ese fruto, que es la caa dulce, poblndolas de animales y de brazos suficientes, construyendo edificios y dems oficinas necesarias y trayendo utensilios, mquinas y herramientas; para todo lo cual se necesita mucho tiempo, mucha economa, muchos desembolsos y mucha constancia: y de aqu conocer cualquiera que si se aspira al fomento y aumento de los ingenios para ello se desea dispensar gracias, estas gracias deben recaer no sobre los ingenios formados, sino sobre los preparativos y disposiciones para ellos. Cuando se quiere fomentar una fbrica se liberta de derechos para el fabricante las primeras materias que han de fabricarse en ella, los instrumentos que han de servirle y los materiales que contribuyen a su formacin por qu una franquicia que slo recayera sobre el tejido o artefacto, hechos ya todos los gastos, no influira a ninguna otra cosa que a proporcionar al fabricante mayor lucro o a que pudiera darlo ms barato? Pero con esto slo, ni poda fomentarse otra fbrica, que no tuviera tantos fondos como haba debido tener para hacer todos los gastos por completo, ni l poda haber fomentado, porque los auxilios eran para despus de perfeccionada su fbrica y estos auxilios nunca redundan en utilidad suya, pues ya para aquel caso tienen hechos los mayores desembolsos posibles, sino del negociante y consumidor como lo demuestra el Barn de Bielfild en sus Instituciones polticas; Smith en Riqueza de naciones; Ustariz, D. Ricardo Ward, el seor Campomanes y otros grandes polticos. 101 Convengamos en que sern ms tiles las gracias y exenciones sobre los frutos de primera necesidad y sobre los dems artculos de que se ha hablado ya porque estos darn mayor desahogo a los hacendados para ir progresivamente formando el ingenio y as la poltica encuentra que deben estos multiplicarse cuanto sea posible, podr concedrseles algunas otras gracias que precedan a su formacin, pero nunca cuando estn ya formados; porque la salida de esta produccin mira ya a otro ramo que buscar las franquicias que le convenga y all se podrn acomoda r. 102 Con las que se han concedido a los ingenios, ni puede menos de resentirse el inters pblico, ni es fcil conciliarlas con la justicia conmutativa; estn reducidas a dos: una, exceptuando totalmente de la contribucin de diezmos a los ingenios que se hagan de nuevo y otra, estableciendo una cuota fija y determinada de contribucin sobre los antiguos. En cuanto a la primera parece haberse dicho lo suficiente para que no se conozca que no es a propsito para producir el efecto a que se aspira, y en adelante volver a tocarse cuando se hable de los grandes perjuicios, confusin y trastorno que han acarreado en su ejecucin estas gracias. 103 De lo que no puede prescindirse es de la desigualdad enorme y de la especie de injusticia que se nota en esta gracia con respecto a los ingenios antiguos: que es la de que los amos de ingenios que nunca han pagado diezmo del azca r quedan con la prerrogativa de no pagarlo jams; y los de las tierras

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OBISPO DE ES P ADA /231 /231 que siempre lo han pagado, siguen pagndola perpetuamente, unos y otros en el supuesto de tener ingenios. Podr decirse igualdad justa y racional la que resulta de estas disposiciones, por las cuales el dueo de unas tierras cansadas, de unos caaverales apurados, pague siempre una contribucin decimal: y el de una tierra virgen, que le produce sin comparacin ms, que le indemniza superabundantemente de sus gastos de primeras labores y de sus anticipaciones, no pague jams? En esto no se concilia la equidad. 104 Sobre la segunda, reducida a haber prefijado el pago del diezmo del azcar de los ingenios antiguos al nivel o por el cuadrante de la cosecha del ao de 1803, ocurre un dilema que parece indisoluble: pues si este ao era de una superior cosecha reclamaran de nuevo los privilegiados porque les perjudicaba para otros aos la nivelacin: si era de inferio r perjudicaba a los participantes y en ninguno de los dos casos, se verificaba equitativamente de V uestra Majestad de que quedasen reducidos los diezmos del azcar a un estado de mediana cuando se veran reducidos a un estado nfimo. 105 La singularidad de sealar el ao de 1803 debi llamar la atencin, porque dimanando de aquellos mismos que haban de disfrutar la gracia, no escogeran el ms abundante; y as es que con efecto fue el ms escaso y el ms calamitoso que se ha experimentado de muchos aos a esta parte. Si el objeto verdadero es el de reducir los diezmos a un estado de mediana, parece que el medio era el de haber reunido las cosechas de su quinquenio y sacando un ao comn, fijar esta cuota, pero si a la sombra de esta mediana lo que buscaba era el rebajar simultneamente el diezmo de los ingenios antiguos por qu no lo pretendieron con claridad y sin esos fraudes y capciosidades que no producen otra cosa que oscuridad, confusin y desconfianza? 106 Y qu razn hay para que el rico que coge mucho en azcar no pague a proporcin, cuando paga segn ella el pobre labrador de maz, de yuca, de pltano, de boniato, y de otros frutos de primera necesidad, de cuyo cultivo pende el aumento de la poblacin y la formacin de los pueblos? No puede haber otra sino la de que los hacendados que componen el consulado, como dueos de ingenios y ligados con todos los dems, han exagerado con sofismas que han corrido de boca en boca los insoportables gastos de sus cosechas: olvidando el manifestar al mismo tiempo que por esta y otras causas le est rebajada por ley de India la mitad del diezmo: y como si en medio de cualesquiera gastos, no fueran los ingenios, la labranza ms segura y de ms slidos productos. No necesitan los ingenios formados, estmulos de exenciones y privilegios, pues que sin ellos los tienen sobrados en las grandes ventajas de utilidad segura sobre todo otro labrado r. 107 Comprense los dueos de ingenios que infaliblemente han de ser ricos y opulentos y que slo pagan un 9 por ciento con el pobre labrador comn que paga un diez. Considrese, como se demostrar en seguida, que la labranza de los primeros es un dique en que se estrella la inclinacin de los segundos a la poblacin y a la ms extensa cultura de estos inmensos campos, y se ver cuanto ms desigual es la condicin poltica de los unos de la de los otros, y cuan perjudicial es esta enorme desigualdad de dere-

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P APELES 232\ 232\ chos en unos y exenciones en otros. Es preciso persuadirse que la exencin de diezmos del azcar que es para despus que sea ingenio, no puede hacer crear un ingenio en un siglo. 108 No se oponga que en el cuadrienio del 1801 a 1805 hubo en la lista de la Junta de Diezmos 368 y en el de 1805 a 1809 hubo 416 y por consiguiente que aparecen aumentados 48 ingenios: porque esto no consiste en que real y verdaderamente haya habido aumento sino en la divisin que hace el listado econmico de dicha Junta. En ella se conserva la prctica de arrendar unidos los diezmos de los ingenios y de las labranzas y slo se precede por las primeras noticias tomadas de muchos aos a esta parte, hasta que llega el caso de aumentarse tanto las labranzas, que se considera preciso separar los frutos de las labranzas de las producciones de los ingenios: entonces se hace una matrcula prolija de los ingenios y resultan con exactitud los que hay en los partidos: suele encontrarse mayor nmero en los partidos y menos en otros con respecto a la noticia que antes se tena, pero no porque real y verdaderamente se hayan aumentado ni disminuido de un cuatrienio a otro, sino porque se tiene como individualidad lo que antes se tena en general y por mayo r. 109 Aun prescindiendo de esto y conviniendo en que fueran 48 ingenios matriculados de nuevo, este hecho prueba y califica ms y ms el fraude y la falacia con que se impenetraban las gracias como necesarias para darle mayor estmulo al aumento y formacin a los ingenios. Estos ingenios no pudieron en manera alguna formarse desde 15 de julio de 1804 en que por lo ms pronto pudieron llegar las reales clulas hasta principios de noviembre en que empezaron los remates para el cuatrienio que principiaba en 1805 porque el de 1801 expiraba en aquel ao a cuyo tiempo estaba ya tomada la razn de estos que se s uponen que son nuevos ingenios y la prueba es que a ninguno de estos inge nios se ha exceptuado como nuevo del pago del diezmo, por consiguiente estos ingenios ni pudieron crearse, ni pudieron formarse en virtud de tales gracias. Se crearon y se formaron siguiendo la hiptesis: sin duda alguna slo el concepto de la ganancia que facilitan y por la natural propensin a que determinan el clima, el ejemplo y la experiencia. No pudo influir a darle el menor impulso el aliciente de las ganancias; y vendremos a concluir que para matricularse 48 ingenios no se necesita de otra cosa que de dejar libertad de formarlos, y que si se hace con sola esta libertad y en una poca de una guerra que absolutamente imposibilita la navegacin, no han podido ser necesarias tales gracias para su fomento y aumento; y que de continuarlas se vendr a incurrir en el extremo del exceso y ruina de los dems frutos. 110 Si por medios acaso ms racionales y tiles se pensara en que hubiera pequeas cosechas de azca r como las hay de los frutos de primera necesidad, entonces y para sostener estas pequeas cosechas sera muy til alguna rebaja al diezmo, limitado a las que no pasaran de cierto nmero de quintales: pero nunca extensivas a los ingenios, ni con una total exencin, porque en tal caso si se labrasen todas las tierras de caas de azcar

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OBISPO DE ES P ADA /233 /233 con qu se haban de sostener las iglesias y sus ministros y otros objetos del culto y piedad religiosos? A no ser por los hombres tan impelidos de lo que les cerca y a no adquirir tanto imperio las costumbres, hallaran el modelo de este goce parcial y de este disfrute de pequeas cosechas en la costa de Granada de nuestra Espaa, donde muchos propietarios de caaverales llevan su caa a los ingenios de otros [mutilado] ellos y fabrican la corta porcin de azcar que les produce y no decae el cultivo ni se hace exclusivo de un solo propietario. 111 Lo ms doloroso de todo y que para algunos se toma por una paradoja, es lo que se ha insinuado de que los ingenios son un obstculo de los ms fuertes que se oponen a la poblacin en esta Isla, pero por desgracia lo acredita la experiencia y esta oposicin directa, nacida del sistema de los ingenios siempre vigente es tanto ms perjudicial cuanto menos conocida. Para que se comprenda esta verdad, acaso la ms importante en todo este discurso se ha hecho la descripcin de un ingenio, de sus principales dotaciones y del sistema que sostienen las ordenanzas municipales, y ellas solas bastan para conocer que el dueo de un ingenio no puede tenerle cuenta de ningn modo el aumentar por s ms gente que aquella que indispensable necesita para el cultivo y corte de la caa dulce, para la molienda y para las dems operaciones. Son unas cuantas haciendas grandes y opulentas, pero aisladas en que slo se conoce un propietario, que tira para la utilidad y que no se propone otro designio que el de sacar toda la ganancia posible con el menor nmero de brazos que pueda y desechando todos los que sean superfluos. 112 Ya porque de este modo se encuentra la opulencia, ya por sistema bien o mal entendido, ya porque tenan familiaridad a los ojos del vulgo ese establecimiento que priva a muchos de subsistencia: vemos en estos hacendados una resistencia constante a que se formen pueblos en las cercanas de los ingenios. Si alguna vez desean que se edifique iglesia o conceden el permiso de edificarla en sus dilatadsimos terrenos, es slo por miras e intereses propios, y no hay por eso que esperar que alrededor de aquellas iglesias se fomente un pueblo, porque jams cedern una pequea parte de sus terrenos para que se fabriquen casas, y mucho menos darn tierras que puedan labrar los nuevos vecinos para procurarse su subsistencia. La experiencia es el garante ms poderoso de estos asertos. 113 Y as contra las lisonjeras esperanzas de mayor poblacin por mayor nmero de ingenios y del justo y racional propsito de que el aumento de los pueblos est en razn directa del de las iglesias como expresa una Real Orden de mayo del ao de 1799 y que se vena realizando a no ser por estas miras de exclusivo inters, sucede aqu que aunque haya estas iglesias o se erijan, como sea cerca de los ingenios (y lo mismo se nota a proporcin con los cafetales y con las grandes haciendas de ganados), siempre quedan aisladas y solas con la casa del cura y sin otro vecino que alguna pobre menestral, o algn tabernero, si est en camino real, pero no puede sin que se establezcan labradores de otras menores labranzas, ni que se forme pueblo por lo que ya se ha insinuado, pues de

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P APELES 234\ 234\ hecho los dueos de los ingenios con particularidad son enemigos de toda poblacin a sus alrededores. 114 He dicho y repito que esto merece mayor atencin porque es una de las causas ms poderosas de la despoblacin de la Isla. Rene en una sola mano posesiones y riquezas inmensas de que se ven privados los dems: no se conocen productos parciales de azcar y los infelices no pueden al abrigo de otras labores sacar medios para su subsistencia, por consiguiente las gracias que acaloran y sostienen este sistema destructo r son las ms perjudiciales que puedan imaginarse. Medios de facilitar pequeas cosechas de azca r de hacer entrar en cultivo para colonos extraos las tierras sobrantes de los ingenios o hacen que en ellos se vayan conociendo poblaciones de personas independientes del dueo, en lo que conviene y arreglados a este sistema los ingenios dejarn ensanche para otros frutos, ponindolos en el estado que corresponde, particularmente al tabaco que ya sufre algn abandono o postergacin. 115 El tabaco es el fruto favorito de la Isla en cuanto parece que la naturaleza se ha esmerado en darle un olor aromtico, una suavidad y un gusto que no tiene el de ninguna otra parte, y en cuanto parece hecho ms a propsito que ninguno para fabricar el tabaco de polvo y an el de rap. Esta singularidad deber hacerlo siempre estimable y preferente y el mayor estmulo para su cultivo ser la seguridad de la salida y la venta. El Gobierno lo ha mirado con particular esmero, tanto que muy de antemano tiene concedida a las haciendas de tabaco la exencin que ahora recomienda y esfuerza con sus votos este celoso prelado para toda la Isla que es la gracia de que el pltano, el casabe, el maz, el arroz, el ame y la batata que se siembra en las vegas del tabaco nada paguen. Esta resea de la influencia que tiene la comodidad de los alimentos de primera necesidad para el fomento debe servir de norma para las gracias y ser tanto el incremento que tome la poblacin que se establecern y propagarn haciendas de los otros frutos con una rapidez increble. 116 Slo por este sistema deba prosperar el tabaco ms que ningn fruto, esto es, superar a todos en su producto proporcionado; y con efecto es as, aunque las ltimas gracias concedidas al tabaco, igualndolo con los otros frutos, parecen indicar que el concepto del Gobierno es de que ni produce a proporcin, ni produce todo el que debe producir; y tambin tiene razn para pensarlo as: uno y otro es verdad porque en el tabaco hay un misterio que no es difcil comprender y descifra r. 117 El clculo del producto se toma por las entradas en la factora y en la factora no entra lo que se coge, en esto estriba todo el misterio. Permtase Seo r mirar con ojos de artfice las estatuas de los dioses, y sale lcito a un vasallo fiel y sincero, y que por su carcter debe hablar con pureza y sencillez, el que no considere conveniente el establecimiento de la factora porque es el nico escollo y sobre uso que tiene el tabaco en la Isla. 118 La factora paga el tabaco a 2 reales y 2 y medios reales la libra y el labrador o cosechero que por otra parte tiene segura una venta muy ventajosa, apenas lleva a la factora el 6 o el 8 por ciento de lo que coge y de este

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OBISPO DE ES P ADA /235 /235 modo jams aparece el tabaco que produce la Isla. La Real Hacienda no logra su objetivo; lejos de eso el extranjero se aprovecha de este sistema y priva a la Real Hacienda de unos productos cuantiossimos que pudieran extraerle adoptando otro sistema. 119 Un suceso ocurrido con motivo de la ltima gracia hecha al tabaco dar idea de estos esfuerzos de ocultacin en los coseche ros. Tena D. Juan de Jeres rematados el diezmo del partido de Cacarajcara por el cuatrienio de 1801 a fines de 1804, se public la gracia y p idi rebaja porque no debindole pagar los cosecheros diezmos tampoco deba regir su obligacin sobre este ramo. Se accedi a su solicitud y entonce s dijo que se haba igualado con aquellos cosecheros en 800 pesos. La Junta de Diezmos dijo que no era esa la pauta que haba de seguirse, sino la de entrada en factora porque debiendo traerse all todo el tabaco de la cosecha, deba suponerse que al l haba de resultar todo el que se hab a cogido: C on efecto se le pidi una razn a la factora y result de ella que de aquel partido no habran entrado ms que el valor de 800 pesos a los cuales slo le correspondan de diezmo 40 pesos: con que lo que va de 40 a 800 se haba obscurecido por los vegueros y dndole otro destino. As sucede en lo general, prueba que en la factora apenas entra la octava parte del tab aco que se coge. 120 En este supuesto figrese que de 50 mil quintales que se cojan en la Isla, entran en la factora de 10 mil a un milln de libras que a 2 reales libra son dos millones de reales. La elaboracin de la mitad de este tabaco para consumo en hoja supongo que no le cuesta a la Renta sino 400 mil reales que es la cuarta parte de los dos millones que le corresponden de capital. La otra mitad para polvo y rap que son 500 mil libras le costarn un milln de reales y tendremos de gasto total 3 400 000 reales columnarios que equivalen a 8 500 000 reales de velln: quedarn tiles para la venta en hoja las 500 mil libras y en polvo y rap slo 200 mil libras por el mucho que merma, salen en libras vendibles 700 000 que a 48 reales de velln darn 33 millones y 600 mil reales de velln, rebajando de esto los gastos de conduccin y empleados en Espaa, el tabaco que se pierde y que se quema y los 8 500 000 reales de velln de primer corte, vendrn a quedar de lquido producto 20 millones de reales de velln. 121 Grese ahora la cuenta por otros clculos suprimiendo el estanco que sufre y pngasele al tabaco en hoja un real de derecho por libra para la extraccin siendo para Espaa y seis reales columnarios siendo para el extranjero y djesele a la renta slo en aptitud de comprarlo como cualquiera otro al precio corriente. De los 50 mil quintales supongo que se oculten 5 mil quintales, que otros 5 mil se consuman dentro de la Isla sin adeudar derechos, quedarn 40 mil quintales. De estos, compra de la renta diez mil quintales que en lugar de pagarlos a dos reales los paga a 4 como cualquier otro comprador y el milln de libras le costarn 4 millones de reales columnarios: supongo quiebra, gasto los 400 mil reales para hacer cigarros y el milln de reales para fabricar el de polvo, tendr de todo gasto en la

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P APELES 236\ 236\ Habana 5 400 000 reales quedando de l quido para la venta 700 mil libras ha venido a tener de costo cada libra 7 reales y cerca de 3/4 de esta moneda. Vendido este tabaco a 32 reales de velln la libra en Espaa produce 22 millones 400 mil reales. De los cuales rebajando los 13 500 000 reales de velln a que equivalen los 5 400 000 columnarios de primer corte y dos millones y medio de los dems gastos y mermas tendremos de gasto total diez y seis millones y la Real Hacienda en lugar de percibir de lquido producto 20 millones slo percibe 6 400 000 reales de velln. 122 Quedaron 30 mil quintales de que an no se ha hablado: supngase que de ellos 20 mil se sacan para Espaa y adeudan de derechos este puerto dos millones de reales columnarios que son cinco millones de reales de velln. Los otros 10 mil quintales se los lleva el extranjero, que en un milln de libras son seis millones de reales columnarios o quince millones de reales de velln y tendremos que con el mero hecho de salir el tabaco de la Habana por mano distinta que la de la Real Hacienda percibe 20 millones de reales sin gasto alguno nuevo para ella, porque con los mismos empleados de las aduanas recauda esos derechos. 123 Al tiempo de la introduccin en Espaa por los particulares y para equilibrar el precio de los 32 reales que se figura ha de venderlo la Real Hacienda se pagarn por cada libra 10 reales de velln y ser libre el particular en venderlo como pueda: y la Real Hacienda percibir de estos derechos 20 millones de reales de velln. De modo que percibiendo por el sistema actual 20 millones de reales de velln lquido producto, viene a percibir por este nuevo sistema 6 400 000 reales del que vende por s; 20 millones de los derechos de extraccin de la Habana y otros 20 de la introduccin en Espaa que son 46 millones 400 mil reales de velln. 124 Se ha hablado en general del tabaco de hoja, de polvo y de rap: y se ha acomodado el clculo al precio que tiene en el da uno y otro tabaco, pero a nadie debe parecerle extrao que el de polvo y de rap se venden a un precio ms subido por el mayor costo de las elaboraciones. Sera tambin un punto de posterior discusin y examen si convendr que los particulares puedan establecer en la Habana fbricas de estos tabacos o slo lo habrn de correr por la Real Hacienda porque en uno y en otro suspendo mi juicio. 125 Cundo llegara este tabaco a recobrar la preponderancia que tuvo en tiempo de Pedro Alonso? El capricho que le dio entonces tanto valor y estimacin, hubiera aumentado considerablemente la fortuna pblica por la multiplicacin de una planta que haba buscado con tanto ahnco su produccin. No necesit de otra cosa que de que la Corte hubiera lisonjeado, halagado el gusto de la Europa: pero aplic muy poco su atencin: el consumidor no hall ventajas en el transcurso del tiempo, se escase la misma produccin y esto contuvo su uso y con el ascendiente y prosperidad que ofreca. Por ms gracias que se le prodiguen ahora: por ellas nunca llegar a aquel alto grado, sino es que logre las mismas oportunidades.

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OBISPO DE ES P ADA /237 /237 126 De l o que no puedo desatenderme es de los estancos, que parece deben suprimirse con respecto al tabaco de la Habana quedando slo como puestos de venta segn la prudencia dictare convenirle o desprendindose enteramente la Real Hacienda de este cuidado, en cuanto al tabaco de cigarros y reservando slo el de polvo y rap: la teora en esta materia s e ha hecho algo complicada y debe contentarse cualquiera con haber insinuado lo que pasa en cuanto a ocultaciones y fraudes, sin olvidar el argumento que ha de hacerse con el tabaco del Brasil. 127 Si as llega a franquearse, dirn algunos, la venta del tabaco de hoja de la Habana se perdera enteramente, el producto o la renta del tabaco del Brasil. Dos cosas podrn responderse: la una, que nada perder la Espaa con este trueque porque no podr haber cosa ms til que el que se generalizase el tabaco habanero y el de todas nuestras colonias y se aboliera la esclavitud a que nos liga el Brasil. A qu conduce esta sugestin cuando podemos libertarnos de ella? La otra, que no se presenta inconveniente en que subsista estancado el tabaco moderndole un poco el precio, calculando de modo que su valor con respecto al de la Habana excediera con dos reales libra y se vendiera a 33 reales 30 mrs. 128 La inmediacin al reino de Portugal, objetarn algunos, puede frustrar la vigilancia y los deseos de la renta, pues facilita el contrabando y entonces lejos de fomentarse decaera el de la Habana, privando a la Real Hacienda de los lucros que ahora saca con el del Brasil. Pero estos argumentos dictados por la debilidad y por la cobarda, slo pueden tener cabida bajo supuesto de que hubiera una tolerancia vergonzosa para introducir por contrabando el tabaco del Brasil y ms cuando no se propone que se prive el uso, sino que quede estancado como hasta aqu, en cuyo caso si el gusto le da la preferencia podrn observarse las mismas reglas que se han observado con l y si no se la da qu ms puede desearse que ver a todos aficionados al tabaco habano y que no se acuerdan del de Brasil? 129 El equilibrio en los precios a que se vende el tabaco en Espaa debe ser el barmetro de la renta. El del Brasil debe venderse ms caro que ninguno: lo mismo que el de Virginia: si alguno se destina en hoja para el consumo: el de hoja de la Habana ms barato que ambos y el de las dems colonias nuestras, algo ms barato que el de la Habana: la renta encontrara grandes ventajas y economizara muchos gastos y el consumidor distinguira el bueno del mal tabaco y le llevara a la preferencia el gusto o el ahorro. 130 A la verdad que siendo este un fruto de nuestras colonias no se puede comprender en qu haya podido concebir que unos mayores le hayan puesto las mismas trabas, con respecto a la renta, que al otro tabaco y unos derechos mucho ms superiores con respecto a los particulares, a quienes despus de todos los gastos se le cobra por entero todo el precio a que la renta vende en Espaa el del Brasil, de modo que sale por lo menos una tercera parte ms caro que este. Tampoco se puede conciliar que se desee la cultura y fomento de esta planta y se imposibilite o a lo menos se

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P APELES 238\ 238\ dificulte mucho su consumo por tales medios. Estos son para algunos enigmas incomprensibles: Resptese lo que no se alcanza, contentndose con haberse atrevido a proponer lo que dicta el patriotismo y el celo. 131 En el tabaco de polvo y de rap podrn establecerse reglas particulares y formar por s un ramo de mucha atencin para que llegue a perfeccionarse como pueda. Este es el sistema que se considera conveniente para que prospere el tabaco con unas ventajas extraordinarias de que gozar en la Metrpoli, esta Isla y las dems colonias, sin que sirva de obstculo alguno la contribucin del diezmo. 132 Sin embargo y para que se conozca la imparcialidad con que se escribe este discurso, no olvidar el Obispo la consideracin de que aunque el tabaco es de fcil cultura, exige determinados terrenos, prolijidad extremada en su cultivo y beneficio y que estn expuestas a los continuos riesgos de las venidas de los ros o crecientes las vegas en que se siembra; y por esto para compensar de algn modo a los vegueros y equilibrar este fruto con las ventajas que a los otros cosecheros les proporciona el caf y el azcar sera muy equitativo que al tabaco se le dispensaran otras gracias, que conciliarn nuevos beneficios a favor de los labradores, que adems de ser por lo regular los ms pobres, son los que tienen ms repartida y dividida en pequeas porciones esta cultura y de los que saca ms fomento la pobla cin. 133 En cuanto al ail parecen intiles las providencias que quieran tomarse en cuanto sean slo aplicables a esta Isla. Las gracias concedidas al ail pueden ser perjudiciales en otras provincias en que sea indgena este rbol, porque obscurecen los otros frutos. En Cuba no lo sern ni tiles ni perjudiciales. No les es extrao al terreno, pero ni prodiga este fruto, ni le dota de la feracidad y de la excelencia que a los otros: y as el ail de esta Isla es casi el de inferior calidad que se conozca, comparado no slo con el de la provincia de Guatemala, sino an con el de las otras islas y de Tierra Firme. Por consiguiente nunca podr servir ni ser buscado: en los mercados se le mirara con desprecio y el empearse en fomentar su cultivo en esta Isla, sera querer la ruina de los cultivadores. 134 Estas son las consideraciones que ha credo necesarias manifestar con respecto a los frutos comprendidos en las reales cdulas que seguramente exigen un arreglo proporcionado, recomendado y prefiriendo siempre los de primera necesidad para que se fomente la poblacin; y como se reserva hablar de los matrimonios y de la esclavitud que miran directamente a la poblacin, se le permitir hacer las reflexiones que juzgue oportunas. 135 Como todo en lo poltico son relaciones y dependencias, no hay una regla tan general y absoluta que no admita modificaciones, y que con respecto a algn ramo no se roce con algn perjuicio, al paso que de un mismo efecto jams es slo una causa, sino que suelen concurrir muchas parcialmente. Se descubrieron las Amricas en 1492. Se fueron adelantando los descubrimientos, se posey el Mxico y el Per y en el siglo 16 apenas se fij la atencin en otra cosa que en estos dos ricos e importantes reinos, que por la abundancia de

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OBISPO DE ES P ADA /239 /239 sus minas de oro y plata llamaban todos los esfuerzos hacia estos metales. En el siglo 17 se pens en sacar utilidad de las islas y de algunas otras provincias miradas entonces con bastante indiferencia; pero los piratas que por mucho tiempo infestaron los mares de aquel archipilago y la situacin dolorosa en que haba puesto a la Espaa las divisiones domsticas, la revolucin de Catalua y Portugal, las convulsiones del reino de Npoles, la destruccin de su respetable infantera en los campos de Rocroi, sus prdidas continuas en los Pases Bajos, casi obligaron a dejarla en un total abandono. La Guerra de Sucesin a principios del siglo 18 no dio lugar que se pensara en las Amricas hasta que un Ustariz, un D. Ricardo W ard y otros consagraron algunos trabajos observaciones y se pens a mediados del siglo en el establecimiento de correos, en la formacin de milicias, en la declaracin del comercio libre y en la franquicia de derechos. Acab el siglo 18 bajo tan soberanos auspicios y no ha sido menos favorable la disposicin benfica que se ha encontrado para las Amricas en los principios del siglo 19. 136 Prosperar sin duda alguna cortinundole estos auxilios y favores, y acomodndolos y temperndolos segn que, como dice el seor fiscal en su respuesta de 18 de septiembre de 1806 contrada al expediente de la provincia de Caracas sobre suspensin de estas mismas gracias, los conocimientos, instituciones o experiencias demuestran acreditados los perjuicios de ellas y otros respecto que sugieren partido diferente. Esta es la ms laudable docilidad que pueda apetecerse para la rectificacin de las providencias. Las gracias que por mxima general deben conceptuarse las ms favorables para el fomento de la agricultura de una provincia, de una colonia, si no recaen en los frutos que deben recaer o si recaen indistintamente sobre muchos de los cuales, algunas han de perjudicar a los otros, slo por estar indistinta o igualmente agraciados necesitan modificaciones y si no se tienen presentes las consideraciones que se han procurado recomendar en este escrito; sern muy contrarias a lo que se proponen. 137 Por este mismo orden el objeto de la despoblacin no reconoce una sola causa. Compadezcamos la debilidad de los primeros conquistadores en su espritu aniquilado r No ha quedado en esta Isla ni rastro de la generacin de los indios y todos sus pobladores han debido venir de afuera. 138 No poda en el siglo 16 ser grande la concurrencia, sin embargo de la ventaja que siempre ha tenido esta Isla en recibir casi todos los buques espaoles que navegaban al Nuevo Mundo porque no se miraba entonces como un objeto de la primera atencin. En la expedicin que Ponce de Len intent sobre la Florida en 1512 descubri el Canal de Bahamas y conoci que este era el rumbo ms conveniente para arribar a Europa los buques que zarparan de V eracruz. Por las ventajas de este puerto se extendi despus en el siglo 17 a todos los buques expedidos de Cartagena y de Porto V elo [sic] que tomaban el mismo rumbo: refrescaban all y se aguardaban para llegar en convoy a la Metrpoli. 139 Los gastos enormes que hacan durante su permanencia los ricos navegantes que derramaban un dinero inmenso en la ciudad por lo que la

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P APELES 240\ 240\ poblacin que en 1581 no era ms que de 300 familias, se duplic a principio de dicho siglo 17 y hubiera hecho progresos considerables, sino hubiera a poco tiempo experimentado ms que ninguna otra colonia los efectos de las tiranas y robos de los piratas de la Tortuga, conocidos con el nombre de filibusteros o demonios; el terror y el riesgo inevitable la pusieron en un estado de abatimiento y de abandono que constituy poca de la inaccin y de la indolencia. Montbars y Olons bastaban para haber infundido el te rror que los paralizaba. Aquel con un no dejar pasar ningn buque y este con haber tomado la fragata que lo buscaba y con haberse apoderado de los cuatro buques que con el mismo objeto estaban en Puerto Prncipe y haber degollado a todos sus tripulantes, dejaban pocos ensanches para el aumento de la poblacin. 140 Cuando a mediados del siglo 18 que ya haban dado algn descanso las guerras de Sucesin, se pens en aplicar los medios para el fomento, se fortific el sistema destructor de las haciendas de ganado, el de los ingenios, y el de una Compaa de Comercio que en sus manos haba de tiranizarlo todo. Quedando el comercio libre iban a vencer este obstculo, fue necesario en la Metrpoli publicar leyes y pragmticas que imponan graves penas a los que deseaban contraer matrimonios con personas o desiguales o que las conceptuaban tales los padres o parientes, pues en el primer caso se imposibilitaban absolutamente los enlaces, y en el que el segundo estaba obligado un hijo de familia o un menor a luchar contra su padre o medir sus fuerzas en litigios tan empeados como personales con los ms poderosos y experimentados en la complicada prctica del foro, y a sufrir los sinsabores y dilaciones que no han podido evitar las multiplicadas declaratorias y adiciones que tuvieron las primeras pragmticas: y esto le puso en estos dominios unas trabas tanto ms inmensas a los matrimonios, cuanto que sobre la desigualdad a que se contraan en la pennsula, tenan para cebarse ms la desigualdad de castas, que sin mucha torpeza se encuentra a pocas investigaciones especficamente demarcadas y frustrando el matrimonio. 141 Este, Seo r era el punto en que una pluma maestra debera entrar para persuadir que en Amrica de ningn modo puede ser conveniente el sostener para una ley una desigualdad y tan exclusiva como la que el criollo quiere conservar haciendo absolutamente reprobada la unin de los blancos puros con cualquiera de las otras castas, pues si alguna vez se verifica en so color de la limpieza, y a la menor discusin forense, se le hacen sufrir crueles sonrojos deslindndole su ascendencia aunque a nada conduzca el pleito. 142 El disipar en parte todo lo que pueda considerarse como mera preocupacin y vanidad, y el persuadir que en el supuesto accesorio absoluto de llevar negros y negras haba de verificarse y convena que se verificara la mezcla de la sangre, para connaturalizarlos con nosotros y unirlos a nuestros intereses. La poltica exige que tome algn temperamento que sin degradar a la sangre espaola, habilite ciertas castas para la nobleza y para

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OBISPO DE ES P ADA /241 /241 matrimonios, fijando unos lmites racionales y aclarando con tal destreza los grados de purificacin que se hiciera un punto de honor lo que ahora es un sonrojo. A la sangre espaola se le daba tal virtud y tal influencia que slo por haber habido enlace con un europeo o europea en cada una de tres generaciones, se consideraba apto para todos los empleos civiles, militares y eclesisticos y para los honores y dignidades, para el goce de nobleza que le correspondiera para su familia y para adquirirla por sus mritos, constando como debera constar su origen y demostrndose los grados por donde haba ido purificndose. Un rasgo de pluma admirable restableci a la clase de los ciudadanos en el ao de 1783 a los que antes se singularizaban con el nombre de gitanos y les pretext de conservarse en su mana favorita. Por qu pues no se ha de esperar que con otra sutileza suave, admirable y benfica, se d algn ensanche y se realce para comunicar favores la eficiencia y virtud es de la sangre espaola? 143 Talentos del primer orden pueden ocuparse en materia tan interesante. Los del Obispo son sumamente limitados y en cierto modo muy ajenos al asunto de su voto y de su estado. Slo ha podido obligarle a tocar en la memoria la precisin de manifestar en qu ha podido consistir la lentitud de esta poblacin. La naturaleza y los astros la favorecen. Las leyes y la opinin general la entorpecen. Entre estos extremos advierte como Pastor un descarro que autoriza el dominio de la persona, la misma desesperacin de la casta, la ocasin y la seguridad de no quedar comprometidos ni obligados. La religin quisiera desterrar estos abusos y que la poltica conciliara sus intereses con la pureza de las costumbres. Bsquese la poblacin, pero tngase presente que no reconoce otro origen racional y justo que el de la unin legtima y nuestras medidas no tiren a destruir o debilitar este principio, sino por el contrario a estimularlo y favorecerlo. 144 Aqu es preciso entrar en la cuestin de los negros. La Isla antes de la conquista estaba poblada de indios. Diego Velzquez sacrificando al cacique Hatuey con toda su nacin, y los nuevos pobladores no sabiendo sacar utilidad de aquellos habitantes, los exterminaron porque entonces el conquistar no consista en otra cosa que en destrui r Pocos o muchos qued sin ellos la Isla y ahora son criollos todos los que la pueblan, blancos y negros son los que van subrogando y de las uniones legtimas o ilegtimas iguales o desiguales proceden las familias nobles y puras; las mezclas de mulatos, grifos, zambos, albinos y otros. En cuanto a los blancos se conservan ms las generaciones que las de los negros. La de los negros puros jams llega a biznieto. Las mezclas intermedias se conservan y aunque en el orden civil sufre una guerra sorda con los blancos en el orden natural son mucho ms robustos y consistentes que ellos, particularmente la clase de los mulatos que es la que ms sobresale. Esta extincin sucesiva de la generacin de los negros o la mezcla que aspiran y por las que suelen obtener libertad particularmente los que nacen, ocasiona que el nmero de esclavos jams pase en la Isla de treinta mil. Traigan, enhorabuena, millares, no se compran ms que a proporcin de las haciendas que hayan formadas y aunque el

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P APELES 242\ 242\ lujo haga algn da renovar la derogacin la ley Fusia Camiria por lo que dijo Dionisio Halicarnases, nada habr adelantado la agricultura. 145 Mucho tiempo se pas antes que los europeos se desengaasen de que el oro y la plata no eran las nicas producciones preciosas que deban buscarse en Amrica. Convenidos algunos especuladores de que un suelo y un clima tan benignos podran suministrarnos frutos y renglones muy tiles, se propusieron dedicarse a la agricultura. Obstculos al parecer insuperables se opusieron a la ejecucin. An cuando existieren los antiguos habitantes, la debilidad de su temperamento, la habitud al reposo y la repugnancia invencible de trabajar en favor de sus opresores, hizo discurrir el medio de traer negros de frica. Y a es una gestin tan agitada en Europa la de la injusticia del comercio de negros, que se atribuira a pedantismo el tratarla; pero no es bajo este aspecto que quiere presentarla el Obispo de la Habana. Sea o no justo este comercio ha podido influir a la poblacin? Es necesario y til a la agricultura? La experiencia y la razn decidirn siempre por la negativa. 146 Ya nazca de las enfermedades privativas de los negros, conocidas con el nombre de F an, y mal de estmago, ya de la desesperacin o abatimiento, se tiene por seguro que de todos los negros que se traen a la Amrica, fallece, desde luego, la sptima parte; y es tambin cierto que un milln y cuatro cientos mil de estos infelices que contienen hoy las colonias europeas del Nuevo Mundo, son los restos desgraciados de 12 millones de esclavos que han salido de frica y eso porque se van subrogando sucesivamente con los que salen de nuevo. Esta aniquilacin progresiva hace ver que la introduccin de negros no conduce, ni ha conducido hasta ahora a otra cosa, que a una poblacin precaria y pasajera, que se destruira enteramente si dejaran de venir de nuevo y que de ningn modo es lo esencial y slido de la reproduccin. 147 Se ha tenido en tan poca consideracin este objeto que jams se ha cuidado de que venga un nmero competente de negras y el resultado infalible es el de un celibato violento y forzado en los negros, pues adems de la escasez del otro sexo, llegan a interesar tanto las negras a los europeos, excitndoles pasiones las ms ciegas y desordenadas, que se apoderan de ellas y por consiguiente imposibilitan los pocos matrimonios que pudieran hacerse. 148 Hace gemir en secreto a cualquier prelado lo que se observa en las visitas por los Libros Parroquiales, combinando el nmero de esclavos que entran en la colonia y los pocos que contraen matrimonios, pues puede asegurarse que no se realizan cinco por mil, y un testimonio permanente de esta verdad, se tiene con recorrer los ingenios y las haciendas y ver que en ellos slo se ponen negros o que los hay en un inexplicable exceso respecto a las negras. 149 El trato duro y acoso inhumano los desespera, les hace emprender fugas; los castigos fuertes los van destruyendo y al fin se ven aniquilados. Es posible que de los doce millones que se han trado no se encuentren en todas las colonias ni 400 mil esclavos criollos y que puedan conservar el milln y medio que se supone necesitan, sino reemplazndolos anualmente con los que incesantemente se estn pidiendo a la Metrpoli con gracia y con ampliaciones de comercio? Convengamos en que nunca han servido ni sirven para el aumen-

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OBISPO DE ES P ADA /243 /243 to de la poblacin y lo que es ms, que ni an se ha pensado en esto porque jams se ha tocado este punto por ninguno de los panegiristas de los negros. 150 La necesidad de sus brazos para la agricultura, la utilidad que estas colonias logran: he aqu todo el clamo r todo el sistema. Para poner este punto en el grado de claridad y convencimiento de que es susceptible, era preciso dilatarse mucho y la naturaleza de este trabajo slo permite que se toquen las especies ms interesantes. 151 Si no supiramos que se araban las tierras, que se abran los montes, que se cultivaban los campos y heredades, que se cogan los frutos y que haba suficientes cosechas en Europa, en Asia y an en frica para sostener sus poblaciones incomparablemente ms numerosas que las de Amrica y que esto se hace sin tener un negro, sin que haya un esclavo con semejante objeto, pudiramos creer absolutamente necesario este comercio para el mayor fomento de la agricultura, pero sabemos con una evidencia innegable que no hay tales esclavos y que la agricultura est en un grado de perfeccin en unos pases y de adelantamiento en otros, en que no ha llegado a ponerse la Amrica. Luego sin esclavos se puede tener agricultura y se puede tener con perfeccin. Luego no son necesarios. 152 Dirase que las necesidades son respectivas y que las que desconocen en un pas, son inevitables en otros. Este que es todo el apoyo de la esclavitud y del comercio de negros, en trminos que acaba de sostenerlo el Ministro fiscal de V uestro Consejo de Indias, lo han desvanecido completamente varios escritores y en la representacin que se hizo al Ministerio de Hacienda en 16 de noviembre del ao del 1803 est demostrado lo contrario. Pero el Obispo quiere conceder que sin negros no se puede tener agricultura en Amrica. 153 La humanidad, la razn y la conveniencia le harn preguntar ha de ser trayendo eternamente negros o ms bien se ha de escuchar la voz de la comodidad, del inters, de la independencia, de la poltica y de la justicia, que dirn de unnime acuerdo: Traed los necesarios o conservarlos si los tenis, cuidando de que la reproduccin de esos mismos aumente esos brazos que vais a necesitar de nuevo y cesar vuestro miedo y vuestra dependencia? Hay cosa ms sencilla ni ms til? 154 Hemos de ver con indiferencia que se traen, sino al matadero, al menos a que se extinga la generacin? Hemos por esto de vernos cada ao nuevo en nuevas angustias y necesidades? No se ha de pensar en lo que dicta el orden natural y racional? Slo se ha de prorrumpir en el clamor insensato y frentico, traigamos negros; y no se han de escuchar alguna vez las propuestas del hombre indiferente y juicioso que busque los medios de extinguir esa necesidad y sacar partido de ese mismo sistema. 155 Dos cosas se ofrecen a la consideracin: una, que por tener abierto el comercio de negros se suponga que esta Isla en un momento determinado, por ejemplo, el da de San Juan, tenga todos los negros que necesita: al da siguiente, hasta el resto del ao, le falten dos mil que debe reemplazar el da primero de enero. En los meses sucesivos hasta San Juan le han faltado y busca otros mil, y vuelve a estar completo en el da de San Juan. Reptase al ao siguiente

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P APELES 244\ 244\ la misma escena aniquiladora y vendremos a parar en que no se ha cuidado de hacerlos reproducir porque sino, de 30 mil esclavos que pueden calcularse de continua existencia a la Isla, aunque slo se contar un hijo por cada quinta parte habra seis mil de aumento, y aunque slo llegar a lograrse la cuarta parte seran 1 500 que iran disminuyendo la masa de la necesidad y como ya estos no seran de los condenados precisamente a una muerte tan fra y tan poco sentida, habra en dos aos ms negros que los que tienen que traer de frica y lo nico que necesitaramos sera traer algunos de all mientras estos llegaban a la pubertad. 156 Supngase por otro lado que se agotan los negros de frica, o de que por una de aquellas revoluciones imprevistas que suceden extraordinariadsimas, y que jams han podido estar al alcance de los hombres, viene a frica una dominacin o una mutacin de ideas y de costumbres que se niega enteramente al comercio o venta de los individuos de su especie. Qu har entonces esta Amrica tan poco precavida para este caso? No se crea que est muy remoto, en las costas se han apurado los negros. En el da se traen de pases muy interiores y su costo ha cuatriplicado. Las cabezas de los negros representan el numerario de los estados de Guinea; cada da se saca algo de este numerario y en cambio slo les quedan cosas que se consumen: aquel capital desaparece poco a poco porque no puede regenerarse en razn de la actividad del consumo y cuando se vean casi desiertos, mudarn de conducta. Basten doscientos aos de este trfico cruel e inhumano. Haga esta segunda consideracin de inters lo que acaso no persuadir enteramente la primera y toquemos algo sobre la utilidad. 157 Qu utilidad puede haber en el orden de la naturaleza que un pas se despueble por poblar a otro? Ninguna a la verdad. Qu sistema til puede ser el de mantener una necesidad siempre viva y urgente pendiente de mil combinaciones que no estn en nuestro arbitrio y de que podemos en un momento vernos imposibilitado de salir? Confiesa el Obispo que no puede conciliarlo o que no lo entiende. 158 Contrayndose a cada hacendado qu ventaja puede ofrecerle el anticipar un desembolso tan considerable como el de 450 duros por cada negro que necesita en su hacienda? Es un capital dividido en otras tantas cabezas, puesto en una especie de fondo perdido en cuanto corre el riesgo de la vida, de su fuga, de sus enfermedades y con la diferencia de que lejos de sacar un producto seguro tiene que hacer desembolso para alimentarlos y vestirlos. Prescndase de que el trabajo de un negro equivalga o no al de un jornalero o mozo de labo r, que mira en su trabajo el nico asilo de su subsistencia y que tiene que hacerse acreedor a la permanencia. Supngase que sea que nunca lo es: calculando el costo del uno y del otro sin contar el precio primitivo del esclavo, creo que sale ms cara la manutencin de este que la del jornalero. El amo tiene que mantener todo el ao al esclavo y tiene que mantenerlo y curarlo en sus enfermedades: estas quiebras, las de la pereza y la ociosidad, las de las fugas, las de emplear a otros negros que los vayan a busca r perdiendo ambos el trabajo y al fin la prdida absoluta de un capital que nunca ha

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OBISPO DE ES P ADA /245 /245 producido nada, lejos de proporcionar con los esclavos una utilidad de clculo, acarrea un gravamen continuado de los ms terribles que puedan ocu rrir a la agricultura. 159 Supuesto este corte, estas quiebras y la prdida del capital, slo puede ser adecuado para los ricos este comercio porque son los nicos que pueden adquirir negros y sobrellevar estos quebrantos. Las pequeas labores por consecuencia han de experimentar decadencia porque les falta este auxilio y he aqu el mayor perjuicio que puede experimentar la agricultura. Cuanto ms se incline su balanza a proteger y alentar a los poderosos, a los poseedores de grandes haciendas, tanto ms ha de reunir en pocas manos las grandes masas y tanto mayor imposibilidad y vaco ha de dejar con respecto a la clase ms numerosa y ms indigente: y como para que la agricultura florezca debe componerse el pas del mayor nmero de propietarios que sea posible y el sistema del comercio de negros se dirige a todo lo contrario, de aqu es que lejos de proporcionar utilidad, se vayan cada da recreando los daos y que con el tiempo llegar a consistir en ingenios y cafetales faltando todos los dems frutos: de que vendr la decadencia de la poblacin y la ruina de la Isla. 160 [Mutilado] en la Isla no es un pensamiento [mutilado] de esclavos para el cultivo de las haciendas [mutilado] menos son muy pocos los que se ven en el campo a proporcin de los que trabajan. Aquella Isla experiment el mismo abandono que esta en los dos siglos primeros de su conquista: dedic un poco de atencin a ella, como esta a mediados del siglo 18. En el ao de 1760 no consista su poblacin ni an en 60 mil almas; en 1790 pasaban de 100 mil y actualmente contara 200 mil almas. Este aumento no le ha venido de los negros esclavos; otras causas lo han producido. No se tiene a la Isla de Puerto Rico por tan rica como la Habana, y sin embargo, con 40 leguas sostiene 200 mil habitantes y la Habana con 300 leguas a 300 mil. Todo dimana de que las tierras estn mejor repartidas, que hay mayor nmero de pequeos propietarios, que la riqueza colonial es ms corta en cada individuo, pero que la participa un nmero incomparablemente mayor que en la Habana y que los negros no llegan all con tanta abundancia y con tanto exceso como a estos puertos. 161 Concluir esta materia hacienda dos propuestas: la una, que se suspenda este comercio por algn tiempo por va de ensayo y la otra, que le procure sacar toda la utilidad posible de los que ahora existen. 162 Se trat en el ao del 1803 de este comercio y del permiso para que lo hicieran los nacionales y los extranjeros ampliando el que antes haba. Se hizo consulta por V uestro Consejo de Indias y por Real Cdula de 22 de abril de 1804 se dign V .M. mandar se continuase el comercio de negros por doce aos para los espaoles y seis para los extranjeros contando desde la publicacin. 163 [Mutilado.] 164 La ciudad y el consulado reclamaron por su parte: el Capitn General contest a ambos cuerpos que no poda acceder a la introduccin de negros y presentadas all varias reclamaciones, consinti la suspensin con acuerdo con la Real Audiencia y volvi a tratarse el punto en el Consejo privado el

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P APELES 246\ 246\ dictamen de la Contadura que al parecer del Vuestro Fiscal, hizo consulta al Consejo pleno de tres salas a la Real persona para noviembre de 1806 teniendo sin duda presente las principales especies que pagis en la materia relativa al monopolio que hacan los ingleses con este motivo, al contrabando, a la propagacin de ideas perniciosas de igual gravedad y recay vuestra soberana resolucin mandando que durante la actual guerra se suspendiese en todas las partes el cumplimiento de las Reales Cdulas de 22 de abril de 1804 en que se incluye el comercio de negros y publicada en el Consejo se expidi Real Cdula en 25 de enero de 1807 la cual califica que atendido el estado de guerra es perjudicialsimo este comercio y la propuesta que hace el Obispo es que an concluida la guerra contine la suspensin por los motivos que manifestarn en lo que sigue. 165 Por un efecto de la alta providencia de Dios se han libertado hasta ahora los espaoles de hacer directamente este comercio y tienen estos remordimientos menos de que arrepentirse, porque el alma de los codiciosos negada a todo sentimiento de compasin no reconoce otros resortes que los del temor y la violencia que emplea contra la fuerza de una autoridad precaria. Comprados ya de segunda o de tercera mano y dentro de sus haciendas, deben estos naturales suavizar la esclavitud en cuanto les sea posible porque su primer inters estriba en que se mantenga la vida; y este anhelo que casi se extingue en ellos se reanimara alimentndolos, vistindolos y alojndolos con alguna comodidad de que casi siempre carecen en el campo que no est [mutilado] natural que aquellos que no recogen [mutilado] sus sudores tengan la misma inteligencia, la misma economa, la misma actividad, la misma fuerza, que el hombre que goza del producto entero de sus fatigas; se obligara por grados a aquella moderacin poltica que consiste en minorar los trabajos, en mitigar las penas, y en conservarle al hombre una parte de sus derechos para sacar con mayor seguridad el tributo de los que se le imponen. El resultado de esta sabia economa sera la conservacin de un gran nmero de esclavos que se llevan las enfermedades causadas por el abatimiento melanclico, por el poqusimo o ningn aseo, y por aburrimiento de su miserable situacin sin esperanza del remedio. 166 La estupidez tan ordina ria en los esclavos, efecto de su misma simulada desesperacin, podra corregi rse en algo por medio de premios, juegos y bailes. Si co mo creen los fsicos son singularmente sensibles a la msica, fundndolo en que se ve sobre todos los msculos de su cuerpo la expresin de aquella extrema sensibilidad por la armona; que an en sus trabajos el movimiento de sus manos y de sus pies observa medida y cadencia: y nada hacen que no sea entonndose y que no tenga aire de baile. Economizando aquellas diversiones y aprovechndose con inteligencia de esta propensin natural, se remediara mucho la estupidez, aligerara sus trabajos y la preservancia de aquel devorador que los consume y abrevia sus das, y acostumbrados a estos miramientos con los negros bozales, sera ms acorde con los que nacieran en la Isla. 167 No son los negros los que an en las cadenas de la esclavitud rehsan multiplicarse: la crueldad de los amos es la que hace intil el voto de la

PAGE 257

OBISPO DE ES P ADA /247 /247 naturaleza. Esta llega a tanto extremo que en el mero hecho de tener esclavo o esclava que quiere casarse con otro esclavo, la respuesta es que busque otro amo: por evitar los cuidados y atenciones recprocas y las licencias que tienen que darle para las pernoctaciones con el esposo y la esposa y por otra condescendencia que estn muy distantes de permiti r Si algn da cuidan de proporcionar las negras para una legtima unin y dulcificar o moderar los trabajos de esas infelices durante sus embarazos, si se determinan a romper los hierros de las madres que hubiesen parido y criado hasta la edad de seis aos un nmero determinado de hijos, animadas las negras con la esperanza de tan grande ventaja haran suceder a la negligencia y al estimar la virtuosa emulacin de criar a sus hijos porque su nmero y conservacin les aseguraba un estado tranquilo. Estando sus habitaciones provistas de los socorros que necesita su fecundidad casi increble, pensaran en alimentarse y en extender el cultivo por la poblacin y sin auxilios extranjeros. Todo les convida a establecer este sistema fcil y natural y si no me engao, creo, que cultivadores nacidos en las mismas islas, respirando siempre su primer aire, criados sin otro gasto que un alimento poco caro, acostumbrados al trabajo desde muy temprano al lado de sus padres, dotados de mayor inteligencia, y de una aptitud singular para todas las artes, llegaran a ser preferibles a esclavos vendidos, expatriados y violentados. Cun dbil sea este cultivo puede verse en M. V arront, 17: en Columela 1, 17; y en Smith, 1.3, cap. 2. 168 Si no hay negras suficientes slo debera sostenerse este comercio con respecto a este sexo y eso hasta equilibrar el nmero cuidando antes de que todas las que actualmente hay tomaran un esposo. Restableciendo estas infelices en los placeres del amo r las consolara y las multiplicara y a los amantes evitara dos de los grandes pesares que les ocasionan a los negros que son el de la fuga y el de la ilimitada libertad que tienen de venderse a otro amo: porque arraigados en su boho y vindose renace r olvidaran el peso de sus cadenas: se trataran con aquella compasin que inspira en los miserables la enorme duracin de su suerte: se afligiran con ellas cuando por el exceso o por la escasez de los alimentos no permiten a la madre ofrecer a su hijo sino un pecho seco [mutilado] vicios y excesos que condenan la moral y la religin que hieren el sentimiento del Obispo que los observa de cerca y que quisiera remediarlos, pero que no puede, si no se facilitan medios y sin la ayuda eficaz de la autoridad soberana. 169 Estas son las principales consideraciones que ha credo indispensable hacer presente para que en Espaa y en toda Europa lleguen a conocer en lo que estriba la poblacin, la conservacin, la reproduccin y las riquezas de la Amrica. Arreglada y favorecida la agricultura por el orden propuesto, tomaran las artes aquel vuelo que es inherente a una riqueza pblica ms universal y ms bien repartida. Si la necesidad exigiere fbricas coloniales las hara nacer la misma abundancia y el comercio con los frutos que le ofrezca la feracidad de las tierras, har sus clculos, sus sacas, sus transportes y las gracias que conduzcan a su libertad y fomento no se confundirn con las

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P APELES 248\ 248\ que son peculiares y privativas de la agricultura y sobre las que tiene que observar el legislador una independencia prudente y una detencin delicada y fina. No ha de ser el Consulado el que ha de mezclarse en que se paguen o no diezmos de los frutos, ni han de confundirse los derechos entre las autoridades. 170 Los excesos en que se ha incurrido con motivo de las gracias que han dado margen a este discurso, los gravsimos perjuicios que se han ocasionado al Real Erario y a los dems partcipes de diezmos, las inconveniencias en que se ha incurrido: la obscuridad y confusiones en que se ha puesto cada uno de los ramos agraciados y los justos clamores con que se ha pedido un remedio equitativo y pronto no pueden ocultarse, como que son efecto o de la mala inteligencia de las reales rdenes o de un egosmo ciego; y ser la ltima parte de este discurso la explicacin justa de todos los pasajes ocu rridos. 171 Se ha insinuado ya que por Real Decreto de 22 de noviembre de 1802 se haban exceptuado por diez aos el pago de derecho de alcabala y diezmos al algodn, al caf y al ail y que por cumplirse esta gracia en igual da de 1804 [mutilado] condicin en los remates celebrados para el cuatrienio de 1801 a 1804 [mutilado] que en los dos ltimos aos [mutilado] se haban celebrado. 172 En este cuatrienio se remataron las estancias de Bataban, San Antonio, Guanajay y Ro Blanco en D. Francisco de Lima, D. Cristbal de Lima, D. Jos Copedegui y D. Pedro del Pozo, los cuales acudieron a la Junta de Diezmos en el 803 manifestando que por Real Decreto del 15 de octubre de 1800 comunicado en 21 de julio de 1802 se haba declarado que los diez aos deban contarse en cada hacienda desde su primera cosecha: para acreditarlo produjeron una copia de este real decreto sacada al parecer de un testimonio que se deca existente en el Consulado y concluyeron pidiendo que se les rebajare del precio de su remate que por esta razn dejaba de percibirse. 173 La Junta accedi inmediatamente y dio comisin a cuatro escribanos para que pasaran a los partidos de los respectivos diezmos y exigieran de los dueos o administradores de cafetales razn del nmero de plantas productivas que tenan en su hacienda, de lo que cada una renda y del ao en que haba comenzado a coger la primera cosecha: que evacuada esta justificacin para ser los expedientes a la Contadura de diezmos y que con las noticias que el contador tomara de D. Juan de Santa Mara uno de los comerciantes de esta ciudad sobre el precio corriente del caf y gastos de la conduccin y almacenaje hiciesen la liquidacin de lo que importaba el diezmo dejado de percibir por la indicada gracia de 1800 y bajasen su importancia de la cantidad que por sus respectivos plazos deban abonar los cuatro rematadores. 174 Se limit la operacin a las cosechas de caf, porque el ail y algodn no se cultivan en este Obispado, y result que la baja que debi hacerse a los diezmos que por slo este artculo importaba en algunos ms de la totalidad del precio en que se haban rematado y en otros ms que la

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OBISPO DE ES P ADA /249 /249 mitad pues en el partido de Bataban, cuyas estancias se remataron en 37 060 pesos, ascendi el abono calculado a 40 442 de manera que habindose rematado los cuatro partidos en 118 940 pesos ascendi en ellos la baja de aquel grano a 83 643 pesos. 175 Tocado por la Junta el absurdo: vista la exorbitancia del abono reclamado, no pudindose persuadir la misma Junta que fuese tal el demrito de los otros frutos diezmados, en comparacin con los productos del caf como se figuraba: representados estos perjuicios, el de abonar un 10 por ciento en un fruto que exiga costosos beneficios y que si hubiera pagado diezmos, hubieran los hacendados pedido rebaja por esta razn tal vez insuficiente, la debilidad y falencia de principio que se haba tomado para fundar el clculo, desatendiendo el ms seguro de haberlo formado por la efectiva cosecha y no por el debido producto con otros motivos de grave solidez, dispuso la misma Junta hasta suspender aquella providencia y ms queriendo conciliar el derecho de partcipes y diezmeros: acord que de la suma que se haba calculado, abonase a estas la mitad en dos partes iguales y en cada uno de los dos aos que faltaban para completar del cuatrienio, reservando el reintegro de la otra mitad para el cuatrienio venidero, en que se habran depurado ya las dificultades vistas hasta entonces y que haban demorado por ms tiempo del debido la aprobacin de aquel cuadrante y que pagasen su diezmo los hacendados que ya hubiesen cumplido los diez aos. 176 Se despacharon al fin los libramientos sufriendo el exponente el rebajo de casi una cuarta parte de su renta, que habra sido lo menos sensible, sin embargo de los grandes objetos de su aplicacin, si hubiera este temperamento podido llenar las miras de los arrendadores de diezmos, producir los efectos que se propuso la Junta, y libertar al que representa de otros perjuicios que le fueron grandes y cuantiosos litigios para el cobro an de las partes mandadas abona r porque ninguna hubo que no resistiese el pago de las pequeas cantidades que les cupieran, empeados en sostener tenazmente que haba que bajrseles toda la cantidad calculada. 177 No fue esto lo ms: sino que habiendo proyectado los diezmeros dilatar a su arbitrio la salida de las libranzas, no concurrieron todos a solicitar la rebaja, sino qu e sucesivamente lo iban haciendo hasta que la misma Junta puso freno al d esorden, declarando que slo eran acreedores a recibirlo en la manera decretada, lo s que hasta entonces habrn calificado lo que dejaban de cobra r y que los dems que concurrieron seran reintegrados en el ao siguiente. 178 Ninguno fuera de estos cuatro diezmeros haba concurrido hasta el ao de 1804 por el mes de abril en que se despacharon las libranzas; pero inmediatamente que se les requiri de pago, lo resistieron todos y fue tan general la oposicin y se multiplicaron tanto los recursos que fue preciso que la misma Junta decretase en acuerdo de 3 de agosto del propio ao, que a todo diezmero en cuyo partido se colectase caf, se le rebajara una tercera parte de la importancia del libramiento que contra l haba despachado la Contadura del ramo y en esto hubo un nuevo grava-

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P APELES 250\ 250\ men porque no siendo fcil saber cul era la cantidad de siembra o cosecha que haba de prestar mrito a la rebaja o indistintamente deba hacerse a todos los diezmeros por slo su simple informe, excepto los de los ramos de ingenios y haciendas de crianza o sustentar un pleito a cada uno mientras justificaba si en realidad se cultivaba en el distrito de su parroquia el fruto agraciado. 179 Con efecto en el primer extremo hubo de dar el exponente, rebajando la tercera parte de sus libramientos al mayor nmero de diezmeros, cuya porcin aadida a la que le cupo en la rebaja de los cuatro partidos antes indicados, disminuy su haber en algo ms de una tercera parte, la misma suerte corri al Cabildo porque no distingui la Junta entre eclesisticos de renta fija o eventual: lo mismo sucedi a los curas prrocos y la propia quiebra en fin tuvieron los dems objetos de piedad y de religin que se sustentaban de este ramo como hospitales, fbricas de iglesias. Y no siendo distinta la que le cupo a Vuestra Majestad en sus dos reales novenos. 180 La rebaja de esta tercera parte de los libramientos produjo otro inconveniente de no pequea magnitud en el modo de sacar las pensiones de esta Catedral, lo que se debe a la de Santiago de Cuba est ordenada que se abre de la gruesa decimal con proporcin al haber de cada parroquia y deducida por este orden la cuenta al tiempo de la formacin del cuadrante, se aplic para el pago de la pensin, tanta cuota cuanta corresponda a la cantidad en que se remat el partido ms dispuesto posteriormente que cada interesado cobrase un tercio menos, viene a resultar que en este desfalco no entra con proporcin la Catedral de Cuba y es desigual al repartimiento. 181 Con todo, la Junta no adelant un paso a beneficio de partcipes y en vano se le ha reclamado una providencia decisiva: se han dividido los vocales: no han podido conformarse: han buscado fricciones [mutilado] instruccin que les ilumina. Se perdi [mutilado] en los tres aos corridos, y juzgndose por alguno de los diezmeros esta inaccin, resisti el pago hasta elevar por apelacin el expediente ejecutivo que fue necesario instaurar para el cobro a la Junta Superior de Real Hacienda. 182 All se han confirmado estas providencias y se han dado reglas para el medio de formar la liquidacin y verificar el abono que debe hacerse a los diezmeros del fruto dejado de percibi r mas no por eso ha sido mejor la suerte a los participantes; se mand que los jueces hacedores procediesen unidos a calificar la cuota que se haba acostumbrado pagar por diezmo de caf: que por certificacin jurada de los hacendados se justificara tambin la cosecha que haba cogido en los aos de 1803 y 1804. Que por peritos que eligiesen las partes se grade el costo de almacenaje por dos meses; que se justificare por el mismo orden el precio a que se haba vendido dicho fruto en los seis meses primeros de los referidos aos en los mercados de esta plaza y de la de Matanzas; que se hiciera un clculo de la basura o desechos que corresponde a cada quintal y que verificadas todas estas operaciones liquidase la Contadura del ramo el rebajo

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OBISPO DE ES P ADA /251 /251 que debe hacerse a los diezmeros si es que se haba acostumbrado pagar de diezmo menos de un diez por ciento. 183 Ms que en el caso de justificar lo contrario como el cosechero no es obligado a pagar el fruto sino en cereza y seco, son los otros beneficios que exige antes de ponerse en estado vendible, haban de extender los peritos su cmputo al costo que ocasionan ya sea en la faena y ocupacin de brazos, ya en el uso y deterioro de las mquinas, ya en el costo de la conduccin a las referidas plazas desde cada uno de los indicados partidos, para que al ajustarse la rebaja se deduzcan todos estos gastos que son de cargo de los diezmeros en el supuesto de adeudar el caf diezmo entero. 184 No por esto se ha mejorado el estado de las cosas, antes es de creer que se atrasan por las dificultades que todas estas operaciones presentan para su ejecucin, por los costos que depara, por la dilacin que ofrece y ms que todo por [mutilado] que amenaza a los partcipes [mutilado] sin consideracin a la importancia de los otros frutos no agraciados cuando no est de parte de ellos la exencin de esto. No ha sido posible, Seo r que se hayan persuadido las autoridades que intervienen en esto, que dependiendo la falta de cumplimiento en la decimacin de los frutos pactada al tiempo de celebrar el remate, del solo arbitrio de Vuestra Majestad, no se debe a los diezmeros ms que una indemnizacin. Entienden que s est en el caso de una rigurosa eviccin, y que por consecuencia, aunque los otros frutos no agraciados hayan producido al rematador de diezmos toda la cantidad que ofreci por el partido y an algo ms todava, debe abonrseles todo lo que pudiera haber lucrado no interviniendo las gracias y as es que no se manda en el auto de la Junta Superior de Real Hacienda tener consideracin al productor de los otros frutos. 185 De aqu nace que aunque los arrendatarios de diezmos clamaban antes tanto por el abono y liquidacin de lo que importaba el caf que dejaron de cobra r aunque se lamentaban al principio de que se les haba disminuido infinitamente el abono y aunque remitieron tanto el pago que fue necesario un pleito para cobrar de cada diezmero: de repente han cesado en la prosecucin de sus reclamos, todo lo que lograron que se los bajase el tercio de sus libranzas en virtud del acuerdo de la Hacienda de 3 de agosto citado a la cuarta parte de la que calificaron segn se dispuso en la de 25 de abril antes referido; sin que en el espacio de 3 aos que han corrido posteriormente hayan vuelto a promover ni ellas ni la misma Junta o la liquidacin final en el modo que previno la superior contencin de Real Hacienda, o el abono de aquella mitad que se reserv para otra ocasin en la de 25 de abril donde se mandaron expedir las libranzas con arreglo al cuadrante. 186 A vista de esto es preciso creer que tal inaccin se origina de una de dos causas: o que conocen los diezmeros que en dao de los partcipes han sido reintegrados con exceso, y con notorio lucro de su parte de lo que dejaron de percibir o de que estiman impracticable la operacin en el modo que ordena la Junta Superior de Real Hacienda despus de los aos que han corrido desde aquella fecha al presente, aunque parece ms verosmil

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P APELES 252\ 252\ lo primero pues sin embargo del excesivo fomento que ha tomado la cultura del caf en este Obispado, no es posible que midindose como debe el abono por la importancia de los otros frutos para que se verifique una verdadera indemnizacin que es la que se les debe, puedan alcanzar ms de lo que han logrado por los acuerdos provisionales de la Junta. 187 Sin embargo, de esto hay algunos diezmeros cuyo principal artculo en el distrito de su parroquia consiste en ganados y por slo que existen dos cafetales, instan, promueven y piden abono en razn de que no lograron el rebajo de aquel tercio provisional que dispuso la Junta de 3 de agosto. Tal es el del partido de Cacarajcara en cuyo distrito slo hay un cafetal de la Hacienda del Real Tesoro. 188 Igual efecto en todo ha producido la exencin concedida por Real Orden de 26 de enero de 1801 al ramo del tabaco y lo mismo en todo su lleno ha ocasionado en el presente cuatrienio las otras dos gracias de 22 de abril de 1804 y 23 de enero de 1805. 189 Con el ramo del tabaco han sido dos las exenciones: una, que concedi Vuestra Majestad por Real Orden de 26 de enero del 1801 por espacio de 10 aos a los que se dedica sen a su cultivo en tierras eriales y otra con fecha de 23 de enero de 1805 en que se excepta este artculo con la misma generalidad y franqueza que el azcar y caf. La primera se ignor en el juzgado de diezmos por defecto de comunicacin hasta el 11 de octubre de 1804 en que a instancia de los vegueros del ro de San Miguel, partido de Cacarajcara, por redimirse del cobro que les haca el diezmero de aquel partido, fue comunicado por la Superintendencia, de que ha nacido que hoy pretenda el diezmero que se le reintegre lo que ha dejado de cobrar en los ltimos 3 aos de su arrendamiento. 190 La segunda gracia expedida en enero de 1805 fue recibida en la Hacienda cuando estaba verificado el arrendamiento del mayor nmero de partidos y por consecuencia produjo los mismos efectos que la primera del caf aunque en algunas no fue tanto el perjuicio porque se conformaron los mismos rematadores a separarse de los arrendamientos o a continuarlos con el rebajo de determinada cantidad, bien que otros insisten en sostener sus contratos y que se les descuente toda la porcin que dejan de percibir de tabaco por la gracia y en estos, aunque no puede asegurarse, ni an a poco ms o menos el perjuicio que sufrir la renta decimal por no estar calificada ni liquidada an la cantidad que ha de rebajrseles, incuestionablemente suceder lo que en el caf porque tambin resisten que se tengan en consideracin los para el abono. 191 Lo mismo ha sucedido en el ramo del azca r Es de costumbre, cuya observancia se pacta expresamente que en los arrendamientos de los ramos de ingenios el diezmero entrante slo cubre en el primer ao de su cuatrienio un tercio de la zafra, y en el quinto dos, con los cuales y el primero se completa la cosecha en razn de estimarse que queda pendiente en la caa del ao cuarto una parte del diezmo que corresponda a aquel cuatrienio y no viene a sazonarse hasta el siguiente: Por consecuencia recibida aqu la

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OBISPO DE ES P ADA /253 /253 Real Cdula del ao de 1804 en el mes de octubre, la exencin que Vuestra Majestad conceda al aum ento de zafra sobre la cosecha de los aos anteriores se estim que comprenda a los diezmeros salientes en las referidas dos tercias partes, que debieran percibir en aquel ao que era el primero de los nuevos arrendamientos. 192 Bajo este sistema se dio absoluto cumplimiento a la disposicin de V uestra Majestad, a pesar de las dificultades y perjuicios que desde el principio conoci la Junta de Diezmos que haba de inferir a la renta por los que se haban experimentado en las anteriores gracias del caf, mas todo se atropell y con notoria debilidad, cedi la Junta a los influjos de la economa del Consulado, que con el pretexto del bien pblico, se abrog gestiones incompetentes y extendi su autoridad hasta el extremo de querer sojuzgar la de diezmos, comisionando personas que asistiesen a sus acuerdos y adelantndose hasta pedir que decididamente se les manifestase si estaba en nimo o no de obedecer y cumplir ciegamente la exencin, participndoles el modo de hacer los arrendamientos, dudas y novedades que ocurran para acordar por su parte las reglas convenientes. 193 Pero la de diezmos dar a Vuestra Majestad cuenta del fraude con que el Real Consulado y el Ayuntamiento de esta ciudad haban conseguido, con siniestros informes, todas estas gracias especialmente la relativa al ramo del azcar en la parte que designa para arreglar la contribucin del diezmo, la cosecha de un ao singularmente calamitoso, no menos que la poca consideracin a favor del vasallo que por espacio de cuarenta a cincuenta aos haba sido un perpetuo contribuyente del diezmo, a quien no beneficiaba la gracia a proporcin del mrito contrado, ni an absolutamente puesto que la antigedad del fundo probablemente no le dejar adelantar sus cosechas posteriores sobre las del ao que haba de servir de norma. Por lo que acord que no se verificase el rebajo a los diezmeros: que pagaran ntegramente sus libranzas, bajo de fianza que debera dar cada partcipe de sujetarse a la decisin de V uestra Majestad en punto a si los rematadores salientes haban de perder aquel aumento que en los dos tercios les perteneca y dejaban de cobrar por la gracia o si lo haban de abonar los partcipes; y que para el nuevo cuatrienio se observase absolutamente la indicada exencin. 194 Esto en efecto hubiera llenado las intenciones de la Junta de Diezmos; pero resistindose los rematadores al pago, trastorn todo el sistema propuesto por la Junta Superior Contenciosa de Real Hacienda declarando con exceso de facultades que eran los diezmeros acreedores al rebajo de un 19 por ciento; que con esta calidad se ejecutasen provisionalmente las libranzas, a reserva de que liquidada toda la que les perteneca, en razn de los dos tercios que dejaban de percibi r se les descontase ntegramente y abonara por los partcipes. 195 El resultado de esta decisin ha sido que en el del caf sufrieron el exponente y todos los dems partcipes este descuento, que en la gruesa de aquel ao, import ms de 30 mil pesos y los diezmeros no han vuelto a

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P APELES 254\ 254\ instar sobre la liquidacin final, que es la mayor demostracin que puede hacerse del beneficio que han conseguido los rematadores, en perjuicio de los partcipes en la renta decimal. 196 Consideradas con detenida reflexin todas estas ocurrencias: atendido el perjuicio presente y futuro, a cuya indemnizacin debe proveerse y la necesidad de ocurrir a todos los objetos que interesen en la renta decimal por su destino: Visto que con las gracias no se consigue la igualdad de progresos en todos los frutos agraciados, antes por el contrario que el exceso en unos es perjudicial en otros; que algunos se han quedado en un total abandono, que se experimenta mucha decadencia o a lo menos que no se saca toda la utilidad que deba sacarse del ms indgena. Reflexionando seriamente el grande inters de que se propague la poblacin y que con ella se fomente la agricultura: Recomendando que se apliquen para ello los medios slidos y esenciales que dictan la religin y la poltica con los que la utilidad sea comn y no particular a los poderosos, facilitando a todos el camino de enriquecerse a beneficio del Estado: y tocados los otros puntos que ha credo deber merecer la atencin del Gobierno, excitando su vigilancia para darles impulso y movimiento, slo falta que se contraiga al arreglo que le parece oportuno. 197 Nuevas gracias ms especficas y mejor aplicadas pondrn la poblacin y la agricultura de esta Isla en el estado ms floreciente y brillante: el pltano, el casabe, el maz, el arroz, el ame y la batata o boniato que ahora pagan el 10 por ciento de diezmo, debern obtener una rebaja de 7 por ciento de modo que slo paguen el 3 por ciento. 198 Con respecto a los ganados, sera una compensacin muy equitativa la que se hiciera repartiendo por mitad el diezmo entre ganados y potreros, concediendo a los dueos de ganado que slo pagasen el 9 por ciento rebajndoles otro 9 por ciento y mandando que los dueos de potreros contribuyeran por el aprovechamiento de pastos con otro 9 por ciento; con lo cual al paso que se equilibrar la contribucin, se ampliaba ms a la facilidad de la multiplicacin en la primera cra y no llevaba sobre s el ganadero todo el peso de que ve libre al dueo de los pastos, no sin nota de parcialidad en el repartimiento de las cargas. 199 El ail nada deber pagar en esta Isla. Al algodn debe concedrsele por diez aos la exencin total de la contribucin del diezmo; y concluido que slo pague un cinco por ciento. El tabaco deber pagar el cinco por ciento de diezmo perpetuamente, continundole el indulto o exencin de los frutos de sus vegas que ahora lo gozan. El azca r tanto en los ingenios nuevos como en los antiguos, deber pagar 9 por ciento que pagaba y el caf el 10 por ciento previnindose que sea cual fuere y el arreglo que se ponga, deba entenderse que ha de principiar concluido el cuatrienio que estuviere pendiente cuando lleguen las reales cdulas o reglamento y que la excepcin de alcabala les alcance a proporcin a cada uno. 200 Sobre los lienzos y gneros de lana y sobre los instrumentos de labo r, se distinguir a los labradores y hacendados del modo propuesto y como la mejor penetracin y pulso del Gobierno estimase conveniente.

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OBISPO DE ES P ADA /255 /255 201 Para las haciendas de ganado y para los ingenios adems del arreglo propuesto en los diezmos, podrn y debern establecerse reglas y concederse franquicias anlogas a su naturaleza y constitucin, que auxilien su fomento y corten los abusos, segn se ha manifestado. 202 El punto de los matrimonios es muy grave y delicado. Supuesta la opinin, y esto necesitara expediente separado en que, con informes que se pidieran a distintos cuerpos y particulares, se fuera preparando el nimo y reuniendo todas las leyes de la recopilacin de Indias, que tratan de la materia y las pragmticas, cdulas y reales rdenes expedidas se fueran dando providencias que sirvieran como de leyes suntuarias en que siempre se procurase favorecer lo que m ejor condujera a la mayor poblacin. Repetir el Obispo que su deseo no puede corresponder en este asunto a la explicacin que exige y que el tiempo, con el ascendiente que haya podido o pueda tomar la distincin de clases que ha de verificarse en la Isla de Santo Domingo y las grandes riquezas y representacin que adquirirn los negros han de ir familiarizando o desterrando. 203 Este tan decantado comercio de negros debe desaparecer enteramente: consrvese la esclavitud de los que ya existen dentro de la Isla, triganse negras hasta equilibrar el nmero con los negros: impngaseles a los amos la obligacin de prestar su consentimiento al matrimonio, sin vende r por esto al negro ni a la negra. Pngaseles a estos miserables un protector que se ocupe en favorecer al negro que pida la licencia cuando se la niegue el amo: sea el cura un mediador y conspiremos todos a tan respetable objeto que en la grande utilidad encontrar cada uno el premio. No ms buques al frica, ni ms extranjeros con negros dentro de nuestros puertos: si hay 300 mil esclavos pueden reproducirse y se corta para siempre este trfico-aniquilado r. 204 Por ltimo fjese una regla cierta y segura sobre las dudas que ha ocasionado el cumplimiento de las reales rdenes, relativas a la inteligencia de las gracias de los 10 aos de primera cosecha del caf y que la indemnizacin de los diezmeros se verifique sin perjuicio de la masa decimal, para lo cual se computen los frutos de las otras cosechas en los mismos partidos y se haga consistir el abono en lo que falta y es un 10 por ciento de recaudacin y para que en lo sucesivo no se experimente el trastorno que ha habido ahora, se procur reprimir el abuso en que ha incurrido la Junta Superior Contenciosa de Real Hacienda, propasndose a alterar las condiciones que para celebrar sus remates propone la directiva y econmica de diezmos y bajo las cuales se formalizaran: previnindole se contenga dentro de los lmites de sus facultades ceidas a decidir las apelaciones de las causas particulares que sobre su inteligencia se suscitan entre hacendados y diezmeros y en su consecuencia que se tenga por de ningn valor ni efecto todos y cualesquiera providencia que haya dado generalizando sus facultades y comprendiendo en ellas las disposiciones econmicas y privativas de la Junta de Diezmos, y de este modo logrando una administracin uniforme y segura, se evitar la influencia de los poderosos que procuran confundirla.

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P APELES 256\ 256\ 205 Tambin convendr para precaver en lo sucesivo los vicios de obrepcin y subrepcin que ahora se notan, y para evitar fraudes, que siempre que se impetren gracias de esta naturaleza, bien sea por la ciudad, por el Consulado, o por la Junta Superio r de cuyos respetables cuerpos son siempre miembros los hacendados ms poderosos, y que tienen un inters en acomodar estas gracias a sus lucros, se haya de or a la Junta econmica y directiva de diezmos citndola formalmente en el expediente que se forme, y hacindola calificados en lo posible los extremos que le convengan por medio de una audiencia instructiva con el cura prroco y el capitn de cada partido o de los partidos que sean necesarios y con cualesquiera otros cuerpos que puedan ilustrarlos y con esto recaern las gracias con pleno conocimiento de la utilidad y sin tan repentinos y tan notables perjuicios de los interesados: previniendo no se d curso a las gracias que se obtengan sin este requisito, que es el medio de evitar sorpresas y de dejar campo a que pueda establecerse el arreglo ms conveniente. 206 Si el Obispo llega a conseguir que sus meditaciones y vigilias aplicadas a observaciones continuas sobre estos objetivos, merezcan alguna atencin, para que se piense seriamente en hacer las aplicaciones adecuadas, superando vulgaridades, despreciando miras de intereses srdidos y dedicndose a favorecer a los pobres, habr logrado todo el premio y satisfaccin a que aspira. El cielo bendecir estas providencias y colmar de gloria y de prosperidad al Gran Monarca que con tanta benignidad preste acogida a los clamores de los ms infelices. Habana (de 1808).

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EXHOR T A CIN (24 de marzo de 1809) Los ministros del Evangelio, encargados de recomendar a los pueblos la conservacin de la paz como uno de los beneficios ms preciosos que pueden disfruta r y destinados tambin para persuadirles la estrecha obligacin que tienen todos, sin distincin de clases, condiciones, ni estado, de obedecer religiosamente y respetar a las autoridades constituidas, como representantes de la justicia divina y eterna, de quien son unas verdaderas emanaciones deben asimismo, por una constitucin inherente a su ministerio sagrado, ocuparse con la mayor vigilancia e inters en manifestar con claridad al pueblo las grandes ventajas que trae consigo la tranquilidad pblica y tributar un sumo respeto a los magistrados, ponindoles a la vista el triste cuadro de las desgracias que produce necesariamente la turbacin del orden social, sea cual fuere el pretexto que se invente para cohonestarla. Una persuasin tan ntima y eficaz me estimul, en los momentos de la convulsin pblica, a exponer al Seor Presidente Gobernador y Capitn General mis prontas disposiciones y an mis deseos vehementes de coopera r en cuanto me fuere posible y dependiese de mi pastoral ministerio, a restablecer la tranquilidad que por desgracia se haba turbado con inminente peligro de ser violentadas las propiedades y vidas de las personas que componen este honrado vecindario: expresando al mismo tiempo que si las prudentes y activas medidas adoptadas hasta entonces por el Gobierno no producan el saludable efecto que se aguardaba, en tal caso los ministros del alta r que son los rganos elegidos por Dios para ofrecer a los hombres los bienes sobrenaturales e ilustrados sobre los temporales, se prestaran con fervo r mediante mis prevenciones, a procurar por los medios de la persuasin el restablecimiento del orden, no dudando exponer sus vidas y cuanto poseen a un sacrificio en que se interesa el bien de la sociedad, dndoles Y o mismo un ejemplo bastante sensible, pues estaba dispuesto a concurrir gustoso y personalmente a todos los actos necesarios para lograr tan importante objeto. Y como el Seor Presidente se sirvi contestarme insinundome que sera oportuna, por ahora, una invitacin ma a los prrocos y prelados de las rdenes religiosas en mi Obispado, a fin de que por medio de sus prudentes exhortaciones se eviten en lo sucesivo tan lastimosas ocurrencias,

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P APELES 258\ 258\ coincidiendo admirablemente las ideas del Gobierno con las del Prelado Eclesistico, recomienda a V vivamente que no omita diligencia alguna a efecto de guardar en el corazn de los fieles cuan esencial es la obligacin de todo cristiano de conservar aquella unin y caridad cordial, que siendo el fundamento de toda buena sociedad, nos est impuesta por los preceptos evanglicos como requisito indispensable para alcanzar la salvacin eterna. Conviene mucho ilustrarnos sobre la naturaleza y extensin ilimitada de esta virtud con que deben estrecharse de corazn y por demostraciones exteriores todos los que viven bajo unas mismas leyes y observan una misma religin: porque no est reservado exclusivamente el castigo de su criminal infraccin a las penas eternas y sobrenaturales, que por desgracia no reprimen muchas veces al hombre obcecado y esclavo de una torpe pasin, sino que tambin las leyes humanas y sus ejecutores inflexibles, se arman enrgicamente con su espada vengadora contra los perturbadores de la unin social, persiguindolos hasta lograr su exterminio: contra los usurpadores de la legtima autoridad, que seduciendo a los ignorantes e incautos, o con vanas promesas, o con infundados terrores los arrastran y los precipitan a cometer todo gnero de atrocidades sobre sus conciudadanos atacando las propiedades y las vidas an de los inocentes que gozaban con serenidad la proteccin del Gobierno, y vivan con aquella dulce confianza que inspira el desempeo exacto de las obligaciones anexas a un vecino honrado; y en fin contra los que fomentan clandestinamente y difunden mximas sediciosas con la intencin abominable de sembrar la desconfianza y el temor donde no debe haberlo, y de agitar sordamente a los espritus para exaltarlos y que sirvan de instrumentos en los asesinatos, latrocinios y violencias: en estos y otros crmenes que envuelven ordinariamente an a sus mismos autores. En el estado espantoso de una fermentacin popular se ofrece un espacioso campo para emprender impunemente los atentados ms execrables. Nadie, ni an los mismos malvados, pueden conceptuarse libres del peligro comn cuando por todas partes se presenta con sus negros colores la triste imagen del desorden. Entonces las pasiones que degradan a la especie humana, y la confunden con las fieras, se excitan a porfa y procuran saciarse con violencia. La horrible venganza encuentra una ocasin oportuna para hacer sentir su fuerza destructora y como entonces no existira en medio del desconcierto universal el nervio de la autoridad para sostener como un dique el torrente de los deseos inmoderados, son las primeras vctimas de esta confusin las que se hallan menos capaces de resistir a la fuerza con la fuerza, saliendo nicamente victoriosos y colmados de bienes algunos miserables malvados que en el orden regular de la administracin pblica nada posean, sino un deseo vehemente de usurpar las fortunas ajenas. Es de suma necesidad que los sacerdotes, los ministros de la paz cristiana, hablen con eficiencia para desvanecer los errores que la malignidad y la

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OBISPO DE ES P ADA /259 /259 ignorancia procuran acreditar y propagar: funestos errores que podrn acarrear daos incalculables sino se destruyen en su origen. Desde luego confo en que los pacficos habitantes de mi Obispado, que siempre se han prestado dcilmente a la voz de las autoridades y a los consejos de sus directores espirituales, acreditarn igual sumisin y deferencia cuando se trata de conservar el buen orden y la recta administracin de justicia, evitando las agitaciones a que quiera precipitarlos la perfidia y la ambicin de los que muerden con rabia el freno de la autoridad. Propietarios, empleados pblicos, buenos padres de familias, activos labradores, artesanos honrados, todos deben mirar su felicidad en la conservacin de la tranquilidad pblica y del respeto y obediencia que exigen de justicia las autoridades constituidas por Dios. Cuando se violan estos deberes, todos experimentan funestos resultados, reducindose familias enteras a la indigencia, sino perecen en el incendio de la rebelda; los campos se ven talados, los pueblos incendiados, y los inocentes son vctimas de los criminales. Y ser posible que los buenos espaoles, los que aman sinceramente a su patria, los que to man con verdadero inters por la justa causa de nuestro legtimo y amado so berano Fernando, quieran verla entregada por sus maniobras y sugestiones, o por un celo indiscreto, a los horrores y desastres de una guerra civil? A veces se cubren los sediciosos con el velo respetable del patriotismo para alucinar a una porcin de los sencillos habitantes, sembrar sus mximas seductoras, y llevar al cabo los abominables designios de levantar su fortuna sobre ajenas ruinas; y al efecto hacen desconfiar de los magistrados fomentando el espritu de amotinamiento. Pero se olvidan estos impos de que resisten al mismo Dios, y faltan a sus divinos preceptos cuando no obedecen a las potestades y se erigen en jueces de sus operaciones. Nadie tiene derecho para mezclarse en las determinaciones de los que estn constituidos por el Ser Supremo para la felicidad de sus semejantes: nadie puede, si cometer tamao atentado, inquirir las razones o los motivos de sus providencias y debiendo, como deben todos, obedecer y cumplir sus mandatos, cada individuo particular ha de atender exclusivamente al desempeo cabal de sus peculiares obligaciones, dejando el rgimen de los negocios polticos a las potestades establecidas por el Ser Eterno. Este es el nico y verdadero medio de que se conserve el orden de la sociedad. Y si los fieles se olvidan de unas mximas tan sagradas que tienen por principio la sabidura infalible: si el hombre privado se considera con derecho de impugnar y arrostrar las providencias de los magistrados, que de ordinario procuran y consiguen el bien de sus sbditos por temperamentos y medidas superiores a los alcances del pueblo mismo; y por ltimo, sino se presta una obediencia ciega a las potestades, esta conducta irregular y opuesta a nuestra sacrosanta religin traer consigo una desorganizacin absoluta del sistema social, en que todos sern vctimas de la temeridad de algunos, y de la mala fe de otros. Pero es de esperar que instruidos nuestros fieles diocesanos sobre sus estrechas obligaciones cristianas y civiles; sobre sus verdaderos intereses,

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P APELES 260\ 260\ y sobre los tristes resultados de los movimientos tumultuarios, por medio de las exhortaciones continuas y eficaces, as de los curas prrocos, como del clero regular y dems ministros del secula r ya desde la ctedra de la verdad, ya en el lugar santo donde al purificarse de sus culpas reciben la medicina espiritual que los cura y los preserva, y ya en las conversaciones familiares: esperamos, en fin, que ejerciendo nuestros cooperadores en el campo del Seor el poderoso influjo que tienen sobre las opiniones del pueblo, rectificndolas conforme a las mximas evanglicas y a nuestras sabias leyes, y reflexionando sobre el estado delicado de los negocios pblicos, en que toda convulsin es peligrosa, se restablezca en nuestra Dicesis, donde por desgracia se haya perturbado, el espritu de unin y caridad cristiana entre todos los habitantes: aquella caridad que nos recomienda a cada paso la santa religin que profesamos, y que hacindonos gozar de infinitas ventajas en la sociedad civil, nos asegura la eterna de los escogidos. Aguardo, en consecuencia, que Vd. por su parte contribuir en cuanto le sea posible a unos fines tan urgentes y tan importantes bajo todos respectos. Havana, 24 de marzo de 1809 Juan Jph., Obispo de la Havana.

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CAR T A PASTORAL que el Ilustrsimo Seor Don Juan Jos Daz de Espada y F ernndez de Landa, del Consejo de S.M. y O bispo de la Havana, dirige a sus diocesanos, inspirndoles el amor a la Religin y a la Patria (12 de marzo de 1811) Aunque todas las gentes obedezcan al Rey Antioco, apartndose cada uno del yugo de la ley de sus padres, y consintiendo en los mandamientos de ese Rey: yo y mis hijos y mis hermanos obedeceremos a la ley de nuestros padres. Del lib. lro. de los Macabeos, cap. II, V XIX y XX As hablaba el sacerdote Matatas dirigiendo sus enrgicos discursos a sus hijos que le rodeaban y eran testigos de la desolacin de Israel: y yo me valgo de sus expresiones en esta Carta Pastoral, amados fieles de mi dicesis, para animaros a la defensa de nuestra santa religin, de nuestra patria y nuestro Rey en las calamidades que padecen bajo la ms violenta y ms injusta de las persecuciones. En aquel pueblo escogido por Dios nacieron algunos inicuos que concertaron alianzas reprobadas con los gentiles circunvecinos: bajo los auspicios de un tirano edificaron escuela en Jerusaln segn los ritos de las naciones idlatras: violando la ley de la circuncisin, se coaligaron con los extranjeros, y se vendieron para hacer mal: se unieron, en fin, al feroz Antioco, radix peccatnix, raz corrompida y envenenada, que resolvi dominar en la tierra de Egipto para ser rey de dos imperios, entrando con un poderoso ejrcito, carros, caballera y elefantes contra el legtimo soberano Ptolomeo, y saqueando y destruyendo lo ms precioso de sus Estados. Ese mismo Antioco subi hasta Jerusaln, y con soberbia penetr el Santuario, rob los vasos sagrados, las alhajas y el altar de oro, las copas y la mesa de proposicin. Todo fue el objeto de su insaciable rapia, causando una mortandad espantosa. Gimieron los prncipes y los ancianos: las doncellas y los jvenes quedaron sin aliento; y la casa de Jacob se vio cubierta de luto, de amargura y de consternacin. Despus de esos estragos horrorosos, incendi la ciudad santa y llev cautivos a sus moradores: prescribi leyes idoltricas al pueblo de Dios, haciendo despedazar a los que llamaba

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P APELES 262\ 262\ rebeldes; aunque muchos israelitas acreditaron su fidelidad prefiriendo la muerte a la apostasa, un gran nmero de sacrlegos y dbiles se sometieron a las banderas del tirano y obedecieron ciegamente sus preceptos. 1 En aquellos das de tribulacin que tan al vivo nos representan los libros de los Macabeos, apareci el ilustre Matatas, descendiente de la familia de Joarib, y al ver las injusticias, las crueldades y violencias que se cometan a cada paso en Jud, exclam desde lo ms ntimo de su corazn: Ay de m! Pues que, nac para ver la ruina de mi pueblo, y acostarme tranquilo mientras que lo devoran sus enemigos? Las cosas santas se hallan en manos extranjeras: su templo es como un hombre deshonrado: los vasos de su gloria estn en cautiverio: sus ancianos despedazados: sus jvenes expiraron bajo el filo de la espada quin no particip en sus despojos? Todo su ornato ha sido robado, la nacin libre se ha reducido a la esclavitud Pues de qu nos sirve la vida? Quo ergo nobis adhuc vivere? Rasgaron sus vestiduras el insigne caudillo y sus hijos; se cubrieron de cilicios; tomaron la resolucin heroica de defender su augusta religin, su patria, su libertad e independencia, sus leyes santas y el honor y decoro de la casa de Israel. Dios nos ampare, dijeron: no conviene que abandonemos la ley del Seor y sus mandatos. No daremos jams odos al doloso Antioco ni seguiremos otra ley que la nuestra. Declararon al usurpador una guerra sangrienta y exclamaron: muramos todos, y sean testigos el cielo y la tierra de la injusticia con que nos matis. Con ese firme propsito persiguieron a los hijos de la soberbia: la obra santa tuvo en sus manos el mejor xito: vindicaron la ley contra los impos, y consiguieron ventajas sobre los pecadores. 3 Aqu tenis en compendio, mis fieles diocesanos, la historia lastimosa de nuestra nacin en estos das de amargura, y las obligaciones vuestras hacia la religin que se dign a ensearnos el mismo Dios, y que vino a consolidar con su preciosa sangre, hacia la patria en que habis nacido, y a quien debis todos los bienes y todas las comodidades que disfrutis, y hacia las leyes protectoras de vuestros derechos y an de vuestra seguridad individual. Todos los deberes de un ciudadano y un catlico se encuentran comprendidos en los libros santos inspirados por Dios; pero la conducta de los Macabeos os presenta con especialidad un momento perfecto de la que debis observar en la situacin angustiada de la religin y de la patria. Napolen Bonaparte, siguiendo las huellas del prfido Antioco, ha quebrantado las barreras de sus Estados: se ha propuesto destruir la religin de Jesu-Christo: dominar sobre la Espaa: reducirnos al duro cautiverio: saquearnos y devorarnos. Si se comparan los hechos de aquel sucesor de Alejandro y el sistema del tirano de nuestro siglo, apenas se hallar diferencia en sus mximas antirreligiosas, en sus planes devastadores, en sus miras insaciables de robar y derramar la sangre humana, y apoderarse de 1. Lib. I, Machab., cap. 1 2. Ibdem. 3. Ibdem.

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OBISPO DE ES P ADA /263 /263 todo el universo. Y en tal calamidad no repetiremos con el magnnimo campen hebreo: pues ahora, o hijos, sed celosos de la le y y dad vuestras vidas por el testamento de vuestros padres? 4 Esta es sin duda la ocasin oportuna. Nadie ignora que siguiendo los principias de la recta razn y de las leyes divinas y humanas, es permitido repeler con la fuerza la usurpacin y la violencia. Un tirano extranjero que se introduce en una nacin libre y pacfica arrebatndole su legtimo soberano, pretendiendo esclavizarla con las armas de la guerra y con los lazos de la impostura, privndola a un mismo tiempo de todos sus bienes, derechos y prerrogativas, debe ser exterminado como un enemigo de los hombres y de las leyes: su existencia ser mirada como la de un tigre; y las empresas que se formen para refrenarlo, y an para destruirlo, sern protegidas por el Dios de las batallas. Nada importa que esa fiera venga revestida de la prpura real, si su trono y sus operaciones no estn cimentadas en la justicia y la verdad. Hablando con exactitud, Dios no quiere otra cosa sino que se observe constantemente el orden. Las leyes que nos ha prescrito son una mera explicacin de lo que el orden exige de nosotros. Todo nuestro mrito consiste en cumplir la voluntad divina: y de aqu resulta que seremos justos siempre que arreglemos nuestra conducta al recto orden; es decir cuando amemos y sigamos la verdad y la justicia. Esta virtud cardinal que dicta dar a cada uno lo que le corresponde, ensea tambin hasta dnde puede extenderse la vindicacin de las ofensas, y cmo se ha de obtener la reparacin de las injurias. Es pues forzoso cumplir las estrechas obligaciones que impone la justicia, y de contribuir a sacudir el yugo frreo del opreso r El orden pide que se vindiquen las leyes holladas de ignominia: que el Estado oprimido y lacerado por los nuevos Antiocos, y sus secuaces, recobre su primitivo y natural decoro; que la religin augusta se mantenga ilesa y triunfe de los ateos que la persiguen; que se sostenga la causa ms santa que han defendido los hombres, y que los tesoros del ciudadano, sus luces y su sangre se ofrezcan en holocausto de la verdad y de la justicia. El martirio no es otra cosa que un testimonio ilustre que tributa el cristiano a su religin o a su patria, cuando sufre la muerte por mantene r o la verdad de los misterios revelados, o el ejercicio de las virtudes que han de practicarse, ya sean las teologales, ya de las morales. No slo por la fe han derramado los fieles su sangre: las otras virtudes han tenido tambin sus mrtires en todos los siglos. Antes de la muerte de Jesu-Christo, San Juan Bautista fue mrtir de la libertad del ministerio evanglico. En los primeros tiempos del cristianismo San Lorenzo lo fue de la fidelidad que deba guardarse en la dispensacin de los bienes de la Iglesia: infinitas vrgenes lo han sido de la pureza; y puede asegurarse que apenas hay virtud que no cuente muchos mrtires. 4. Ibdem, cap. 2, v 50.

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P APELES 264\ 264\ Todas las virtudes de concierto parece que se interesan en exigir nuestros auxilios para contener la impiedad y los atentados de la Francia. Esta nacin, dirigida por un dspota, atropellando el derecho de gente an las mximas fundamentales del natural primario, nos excita a defender y amparar el edificio de la religin, el de las costumbres, el de nuestras leyes, y an nuestra propia existencia. Napolen ha declarado la guerra abiertamente a la justicia y la verdad. En vano clama la voz de la naturaleza para recordarle los sentimientos de equidad que el Creador ha impreso en el corazn humano: no hagas mal a nadie: trata a tus semejantes segn deseas que te traten: respeta en ellos la imagen de la divinidad. Ese monstruo slo presta odos a sus torpes pasiones. Su codicia no tiene freno: no guarda lmites ni medida. Sus atrocidades se han sentido casi en toda la tierra, y han causado los males que por todas partes nos afligen. En tamao conflicto el estandarte de la verdad y de la justicia deber triunfar; y el que reina para saciar su avaricia, destruir su imperio. El orculo de la verdad lo asegura: rex justus erigit terram: vir avarus destruet eam. 5 Y habr entre vosotros quien se persuada a que el Autor eterno de la justicia sea protector de la impiedad? Que el reino de Napolen encuentre asilo en las leyes divinas, y que para convencer su legitimidad y la regularidad de sus planes puedan citarse las sagradas letras? Las sagradas letras, mis fieles diocesanos, como escritas por Dios, principio de lo recto y lo verdadero, apoyan y bendicen a los reyes buenos; pero detestan y fulminan la execracin contra los tiranos, contra los usurpadores, contra los que convierten la espada de la justicia en instrumento de la iniquidad. El Libro Santo est lleno de autoridades que nos inspiran el odio hacia el impo Napolen; que nos empean a procurar su ruina, como que su existencia y su poder estn encontrados con el culto de la divinidad, con los objetos esenciales de la soberana legal, y con los fines a que nos ha destinado la Providencia. Basta recordaros las mximas del captulo veinte y nueve de los Proverbios para que conozcis en toda su extensin cuan detestable debe ser a vuestros ojos el emperador de la F rancia. Los reyes fueron establecidos por Dios para ser los depositarios de la fe pblica y de la voluntad general, para sostener a los dbiles contra la opresin de los ms fuertes, terminar los litigios entre los particulares, fijar sus pretensiones y dar a cada uno lo que de justicia le corresponde. Ellos vienen a ser los vicarios de Dios sobre la tierra, los padres y los protectores de sus vasallos: arreglar sus diferencias civiles y los defienden contra los ataques de los enemigos exteriores. Como Dios slo es el natural dominador de los hombres, su juez, su legislador y su rey 6 ninguna autoridad puede ser legtima sino dimana del mismo Dios. Por m reinan los reyes y los legisladores decretan lo justo 7 nos dice la verdad eterna en el libro de los Proverbios. Pero esa autoridad 5. Proverb., cap. 29, v. 4. 6. Isaas 33, v 22. 7. Proverb., cap. 8, v. 15 y 16.

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OBISPO DE ES P ADA /265 /265 depositada en los reyes, y que obra con tanta eficacia sobre los hombres, debe ir asociada de la verdad, de la razn y del juicio, para que resulte ser Dios mismo, o la justicia y la virtud, quien reine entre nosotros, y que su dominio se haga amable a los que respeten la le y y terrible a los que intenten quebrantarla. Y he aqu en sustancia el origen, el fundamento, y los fines de la dominacin legtima entre los hombres. Establecida as la soberana bajo su verdadero aspecto, y considerada como una participacin del poder divino, que la constituye y la protege, se infiere que el soberano no debe tener otras miras que el orden y el bien general, y que sus vasallos deben amarle y obedecerle con sumisin; pues de otro modo resistiran al mismo Dios, segn lo expresa el Apstol escribiendo a los romanos, 8 y el gobierno erigido para ser el vnculo de la paz y de la unin de donde depende la felicidad del Estado, sera el germen fecundo de las divisiones y desrdenes que al cabo producirn su total exterminio. Segn estas mximas infalibles, hay deberes recprocos de los reyes hacia los sbditos, y de los sbditos hacia los reyes. Si la cualidad de vasallo envuelve una obligacin de respeto, obediencia y fidelidad al soberano, el estado del soberano comprende una constitucin especial de proteccin, equidad y rectitud en el uso del gobierno confiado por Dios para que sea el rgano del orden, de la verdad y la justicia. Luego los prncipes para desempear sus funciones deben procura r no que prevalezca su voluntad propia y sus caprichos, sino aquellas virtudes que tienen por regla y por principio la razn del mismo Dios y su voluntad eterna. La religin y la sana poltica estn acordes con este plan saludable. Comparemos ahora la conducta de Napolen con las obligaciones insinuadas de un soberano recto que debe hacer reinar la justicia y la verdad; y no hallaremos un solo rasgo en que convengan. Cualquiera que coteje las atrocidades del emperador de los franceses con las virtudes que deben adornar a un monarca para conciliarse el respeto, la veneracin, la confianza y el amor de sus vasallos, ver un contraste prodigioso, y creer que percibe el choque de la luz y las tinieblas. Por una parte vera a nuestro legtimo Soberano Fernando VII con su cetro de oro dominando en paz a sus fieles espaoles; proporcionndoles la abundancia y la felicidad, y observando religiosamente la ley de nuestros padres, aquella sagrada doctrina que grab en su corazn el ilustrsimo seor Don Felipe Scio de San Miguel, su digno precepto r para que fuese sobre la tierra las delicias de su pueblo, y el modelo de los reyes sabios y justos; y por otra, ver al perverso Bonaparte, como el Antioco de nuestro desgraciado siglo, tiranizando a sus propios sbditos y hacindolos en regiones extraas instrumentos infernales de robos, asesinatos, sacrilegios y todo gnero de abominaciones. Y ese monstruo, que no slo es indigno de ocupar el trono de Francia, usurpado con sangre y con astucias, sino que deba ser expelido de la socie8. Ad. Rom., cap. 13.

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P APELES 266\ 266\ dad de los hombres y confinado con las fieras en los desiertos de la Abisinia, ese monstruo, repito aun se atreve a dirigir sus miras sobre la corona de Espaa, arrebatarla tambin, y reducir a la esclavitud a los espaoles, como ha hecho al virtuoso F ernando VII? a robar y talar sus dominios, inundndolos de sangre y poniendo en la indigencia a sus habitadores? y por ltimo, imitando en todo al impo Epifano, o por mejor deci r Epifanes an pretende la ruina del Santuario y la destruccin de la ley de nuestros padres? A tanto llega su obcecacin y su temeridad: tal es la fuerza de las pasiones que le inflaman. Cuando ha reconocido la impotencia de sus armas, y que su hermano Jos nunca dominar sobre los asamoneos de este siglo, que han protestado con heroicidad 9 jams daremos odos al doloso Antioco, ni seguiremos otra ley que la nuestra, se vale ya el impostor de otros medios astutos para sorprender y dominarnos. Asegura que intenta volvernos a nuestro monarca F ernando, pero enlazado con la raza idoltrica que debemos abomina r rodeado de las tropas que le condujeran a Bayona para extorsionarle la renuncia a su trono, y sujeto a la influencia inmediata de la tirana: Miserable recurso, que slo es ofensivo al carcter espaol en cuanto supone capacidad de ser alucinado por patraas groseras! Nuestro sabio Gobierno y toda la nacin conocen que en esa hiptesis sera Fernando un instrumento de los planes injustos de Napolen, o por mejor deci r sera el mismo Napolen bajo el respetable nombre de nuestro soberano; y que en consecuencia muy lejos de tener derecho al cetro espaol, o se le hara la guerra como a un enemigo del Estado, o al menos se procurara redimirlo del cautiverio para colocarlo sobre su verdadero solio, y que gobernase sus pueblos con la libertad y dignidad propias de un monarca. Bonaparte procura tentar a la nacin, y le proporciona brillantes ocasiones de acreditar su santa firmeza. Y qu han dicho los ancianos de Israel, los valientes assideos, los celosos protectores de la le y Han exclamado con el nclito caudillo del pueblo hebreo: 10 ahora ha tomado fuerzas la soberbia, y es el tiempo del castigo, de la ruina y de la indignacin: pues ahora, o hijos, sed celosos de la ley y dad vuestras vidas por el testamento de vuestros padres; y acordos de las obras que hicieron en sus generaciones, y ganaris la gloria grande y un nombre eterno, Acaso Abrahn no fue hallado en la tentacin, y le fue esto imputado a la justicia? Jos en el tiempo de su angustia cuando el mandamiento, y fue hecho seor de Egipto. Phinees nuestro padre, celando la honra de Dios, obtuvo la promesa de un sacerdocio eterno. Josu, cumpliendo la palabra, fue hecho caudillo de Israel. Caleb, dando testimonio en la consagracin del pueblo, alcanz una herencia. David, con su misericordia consigui el trono para siempre. Elas, celando el honor de la le y fue recibido en el 0 9. Machab., cap. 2, v 22. 10. Machab., cap. 2, v. 49 y ss.

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OBISPO DE ES P ADA /267 /267 cielo. Ananas, Azanas y Misael por su fe fueron liberados de la llama. Daniel por su sinceridad fue librado de la boca de los leones... No temis al hombre pecado r porque su gloria perece luego. Ese fue el razonamiento con que fortaleci Matatas a los defensores de la religin y de la patria cuando iba a entregar su espritu en manos del Creado r y las mismas verdades encarecen hoy a la nacin entera, por medio de los prelados eclesisticos, el augusto Congreso que la preside, en los momentos que han seguido a su feliz instalacin. El caudillo hebreo exhortaba a sus fieles compaeros en la ciudad de Modn contra las agresiones del rey de Siria, el inicuo Antioco; y las cortes generales excitan el celo de los obispos y dems prelados, desde la inexpugnable ciudad de Cdiz e Isla del Len a que ilustren al pueblo cristiano, lo corroboren en las justas esperanzas del fin glorioso que debe corresponder a la santa causa que defendemos, sosteniendo la ley de nuestros padres contra el impo Napolen y sus satlites, y lo persuadan tambin a que sacrifiquen por esa heroica lucha todos sus intereses y an la misma vida sin atender jams a las sugestiones que induzcan a la traicin, sea cual fuere el pretexto y el ardid que se invente, o el rgano por donde se comuniquen. Porque, aunque con grave dolor nuestro es preciso confesarlo, la nacin espaola, a pesar de la acendrada fidelidad que forma su carcte r ha producido tambin, como el pueblo de Jud, hijos que han persuadido a sus conciudadanos. 11 V amos y hagamos alianzas con los gentiles que estn alrededor de nosotros, porque desde que nos separamos de ellos nos vinieron muchos males: y ha parecido bien este consejo, y algunos se han resuelto y se fueron con el tirano, dndoles este facultad de vivir segn los ritos de los idlatras... y se coaligaron con ellos, y se vendieron para hacer el mal: et venundati sunt ut facerent malum. Tuvo Israel por traidores a Josu, hermano de Onas, Soberano Pontfice, que despus se llam Jasen; a Menelao, Alcimo, Simn y otros muchos que refiere Josefo; 12 y vosotros conocis muy bien los nombres de los espaoles que han prevaricado unindose a los impos para hostilizarnos. Entre esos desgraciados que se han apartado del yugo de la ley de sus padres, obedeciendo los mandatos de Jos Napolen y su hermano, se encuentran personas distinguidas de la primera clase de la monarqua, y por decirlo de una vez, an muchos obispos han cedido a la fuerza y a las sugestiones de la tirana, y han apoyado el imperio de la injusticia en varias cartas pastorales, prostituyendo la ctedra de la verdad hasta el extremo de ensear al pueblo que debe conformarse con la voluntad divina, sujetndose al cetro del cruel usurpado r Blasfemia! impiedad execrable, cuya mera narracin nos conmueve y nos escandaliza, y que debera cubrirse eternamente bajo un negro velo, si no considerarse oportuno hacer algunas prevenciones contra imposturas tan sacrlegas! 11. Machab., lib. I, cap. 5, v. 12 y ss. 12. Lib. 13, cap. 6; Antiq. y lib. I, cap. 1.

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P APELES 268\ 268\ Santo Dios! Tus templos se han profanado y se han convertido ya en escuelas de la mentira! Las paredes del santuario estn contaminadas ensendose que t proteges a los enemigos de la verdad y la justicia; que los Antiocos deben reinar sobre Israel; que la idolatra ha de prevalecer hollndose nuestra le y la ley que t mismo comunicaste a nuestros padres! los primeros pastores del rebao de Jesu-Christo y los sacerdotes de segundo orden, sus cooperadores en el ministerio apostlico consagrados a predicar la moral y las verdades eternas, se han prostituido hasta haber representado al principio de toda justicia como autor de la iniquidad y protector de los delitos ms atroces! Corrupcin del corazn humano! Pero, amados di ocesanos, compadecos ms bien de la triste suerte que ha cabido a esa turba de prevaricadores. Unos, arrastrados de sus torpes pasiones, y deseando dar todo ensan che a los placeres de la sensualidad; otros, deslumbrados por las falacias y las promesas lisonjeras del imposto r, que se presenta siempre con la oliva en la mano para asestar el golpe mortal; y otros en fin arrebatados por la fuerza y la violencia de los brbaros conquistadores, esos s on los desgraciados hermanos nuestros que coaligados con el rey intruso y ha ciendo ca usa comn, persuaden las ventajas de su imperio tenebroso, procurando establecerlo con el fuego de la guerra y los halagos de la seduccin. Nosotros entre tanto despreciaremos sus vanos esfuerzos, sin obedecer jams los mandamientos de ese re y y para sostener la ley de nuestros padres pelearemos sin intermisin. La guerra es una disensin entre los reyes, ordenada a la pelea con multitud armada. Es lcita cuando se hace con causa justa, la acompaa una intencin recta, y la mueve y publica el que goza de una suprema autoridad. Los motivos que justifican la guerra son la defensa de la religin y del Estado, vindicar los agravios irrogados al prncipe o a la corona, y recobrar los dominios o derechos que se han usurpado. Y siendo esos los caracteres esenciales de una justa guerra habr quien niegue que la nuestra contra los franceses es la ms santa que se ha emprendido sobre la tierra? Todos conocemos la causa que nos impele; a sabe r el amor a la religin sacrosanta y a la patria, y el deseo de su libertad e independencia. La intencin y el objeto son los ms rectos, puesto que nos dirigimos a sostener el Santuario, y la dignidad del Estado que peligran; y el Gobierno supremo legtimamente constituido es quien forma los planes y nos anima al combate. El patriarca Abrahn excitado por Dios y por la caridad fraterna sali a guerrear y persigui a cuatro reyes que injustamente le haban llevado cautivo a Lot y todos sus bienes. El mismo Dios de las batallas dijo a Moiss: conozcan a los Madianitas que sois sus enemigos y matadlos, 13 porque ellos tambin os han hostilizado y os han engaado con asedianzas por medio del dolo F ogor ; y en el Libro de los Reyes 14 ordena a Sal: V e pues ahora y extermi13. Genes., cap. 14. 14. Num r. 25, v. 15 al 18.

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OBISPO DE ES P ADA /269 /269 na a Amalec, y destruye todo lo que tuviere; no le perdones cosa alguna de las suyas; sino pasa a cuchillo desde el hombre hasta la muje r y an al prvulo y al nio que est a los pechos de su madre, a la vaca, la oveja, el camello y el jumento. Preceptos tan venerables y las recientes insinuaciones del Supremo Congreso nacional, dirigidas a excitar nuestro pastoral oficio para que los obispos espaoles impugnemos con solidez los perniciosos escritos de los apstatas, son motivos demasiado poderosos para estimularnos eficazmente, fieles diocesanos mos, a tomar el mayor inters en la santa guerra que abraza el doble objeto de afianzar la independencia y la felicidad de la patria, y la pureza de la divina religin. En aquella congregacin de varones justos, sabios, valientes y expertos, en las Cortes, se dictan hoy las medidas ms adecuadas para alcanzar los altos fines que nos proponemos. All se forman las leyes, y se da impulso y direccin a las armas. Para esto se han reunido bajo un mismo techo los Solones y los Licurgos con los Milciades y Leonidas, los Catones y los Pompeyos; es deci r unas imgenes verdaderas de aquellos personajes que con vivos colores presenta la historia profana celebrando los talentos y las virtudes patriticas que honran tanto a la sabia Grecia y a la soberbia Roma. Mientras el Gobierno medita, combina y hace ejecutar sus planes de defensa y rgimen interio r y los ejrcitos patriticos vuelan al campo de batalla a vindicar la ley de mano de los infieles, 15 y a dar las vidas por el testamento de sus padres, imitando al pueblo de Israel en los campos de Betorn podremos entre tanto permanecer tranquilos, con una fra indiferencia, sin cooperar a la exterminacin de la iniquidad? De ninguna manera. Esa conducta fuera criminal. La religin y la patria seran a un mismo tiempo ofendidas, y sus derechos igualmente atropellados. Alcemos, pues, el abatimiento de nuestro pueblo: peleemos por l y por nuestras cosas santas: 16 porque ms nos importa morir en batalla, que ver el exterminio de nuestra Nacin y Santuario. 17 As que, vosotros, hallndoos a tanta distancia, y no pudiendo presentaros al frente de los impos a combatirlos y exterminarlos, podis sin embargo y aun debis socorrer a nuestros hermanos para sostenerlos en la sagrada lid. Desde aqu no es dable coronaros con el laurel inmarcesible del martirio en el obsequio de la justicia y la verdad: pero tenis en vuestras manos los medios de levantar los ejrcitos, de vestirlos y alimentarlos. Disfrutis cuantiosos tesoros y heredades: las riquezas estn depositadas en vosotros, y la religin y la patria necesitan esos recursos, reclaman y exigen la munificencia y la liberalidad de unos hijos que fomentan en su regazo. Por lo que a m toca, en medio de los infinitos objetos que debo atender con las rentas de la mitra, os doy por la cuarta vez el ejemplo que general y espontneamente habis seguido, ofreciendo poner en arcas reales tres mil pesos del mismo 1 5. Lib. I, cap. 15, v 2 y 3. 16. Machab., lib. I, cap. 2, v. 48 y 50. 17. Ibdem, cap. 3, v 43.

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P APELES 270\ 270\ modo que lo verifiqu en los aos anteriores con los tres indicados donativos, que ascendieron a catorce mil pesos y fueron invertidos en aquellos fines sagrados. Tambin exige la santa religin la detestacin de vuestras culpas por una sincera penitencia y la reforma absoluta de vuestras costumbres. Para que el Dios de justicia, por quien combatimos, se digne aceptar nuestros votos y favorecer nuestra causa, es necesario implorar sus divinos auxilios y ponerse en el estado de santidad que os haga dignos de alcanzar sus bendiciones. As vemos que el pueblo escogido se dispona a las batallas con ayunos y cilicios; cubran de cenizas sus cabezas y rasgaban sus vestiduras. Tales fueron entre otros, los preparativos blicos, los preparativos de Judas Macabeo 18 cuando fij su campamento al medioda del Emmaus 19 y bati al impo Gorgias, que se hallaba al frente de cinco mil hombres y mil caballos escogidos. El ejrcito de los gentiles fue completamente derrotado, a pesar de su notable superioridad en el nmero de combatientes, armas y disciplina: y despus de esa victoria y la que alcanzaron contra Lisias, que mandaba sesenta mil hombres y cinco mil caballos, lograron los fuertes de Israel purificar y renovar el santuario, que se haba profanado y ultrajado por los idlatras. Este es justamente el tiempo destinado para los ayunos, la penitencia y el ejercicio de todas las obras de piedad. La santa cuaresma son los das en que el cristiano debe dedicarse exclusivamente a la oracin, y a implorar los divinos auxilios para el remedio de sus necesidades as espirituales como temporales. En estos los das en que el pecado r deseando obtener la gracia de la reconciliacin, ha de estudiarse a s mismo, y conocerse profundizando su corazn y aplicndose a recordar sus iniquidades pasadas, sus actuales disposiciones y lo que de s espera con respecto al futuro. Advirtiendo que por la confesin se acusa el pecado, por la contriccin se detesta y por la satisfaccin se repara, y preparndose conforme a las mximas del Evangelio, debe el penitente acercarse al tribunal sagrado de la expiacin, postrarse a los pies del sacerdote, manifestarle con lgrimas de compuncin todas sus iniquidades, abominarlas, purificarse en fin y reconciliarse con el Dios de las misericordias. De ese modo nuestras splicas sern atendidas, se aplacar el brazo vengador de la justicia divina y salvaremos a la patria y al santuario de la borrasca que les amenaza. Los fieles discpulos de Jes-Christo, vindose muy prximos a naufraga r, rogaron llenos de confianza, y calm la agitacin del ma r Los moribundos piden desde su lecho al Redentor el remedio de sus dolencias, recobran luego su salud y robustez. Pero no basta, fieles, dirigir cualquiera especie de oracin al Todopoderoso. Hay oraciones vivas, asiduas y fervorosas que hacen al Seor una suave violencia, y que en cierto modo lo obliga a franquearnos los tesoros de su poder; mas hay otras que son tibias, ejecutadas con negligencias, sin atencin, 18. Ibdem, v 59. 19. Machab., lib. I, cap. 3 y 4.

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OBISPO DE ES P ADA /271 /271 sin fe y sin piedad, que muy lejos de hacernos a Dios propicio, le ofenden y excitan su justa clera. Algunas veces el vicio de la oracin depende de su objeto; otras, de sus cualidades, y otras, de los defectos personales del que suplica. Evitadlos pues: que vuestras oraciones sean justas y arregladas bajo todos los aspectos para que produzcan el santo fin a que se dirigen. Recordad que la oracin de Elas tuvo bastante eficacia para abrir el cielo, que la de Moiss pudo detener el brazo del Seor antes de vibrar el rayo de su justicia, y la de Aaron le oblig de algn modo a retraerlo, an despus de haberlo fulminado. La razn de tanto influjo la encontraris en la rectitud absoluta de sus preces. Y vosotros, dignos miembros del Senado de mi iglesia, destinados a presentarme todos los auxilios de vuestro consejo y dictamen en cuantos negocios graves conciernan al bien general de la dicesis, cabildo venerable de mi catedral: V osotros tambin curas prrocos, coadjutores natos de los prelados, sucesores de los setenta ancianos que eligi Moiss para el mejor gobierno de pueblo, y de los setenta y dos discpulos que escogi el Salvador para que ayudasen a los apstoles en la grande obra de la conversin del mundo: prefectos y superiores de las rdenes religiosas de ambos sexos, de esa gran familia cenobtica, consagrada por su instituto a la meditacin de las cosas santas, al retiro, a la disciplina, al cilicio, a la oracin y al ejercicio de las virtudes ms austeras: en una palabra, amado clero secular y regular de mi obispado, dirigid al Seor Omnipotente, Dios de nuestros padres, de Abrahn, Isaac, y Jacob, las ms fervorosas oraciones a fin de que se digne aplacar y suspender su brazo terrible y vengado r perdonando los pecados de su pueblo, para que este pueblo mismo, lleno de una santa indignacin contra la impa raza de los Napoleones, y robustecido con los divinos auxilios, obedezca siempre y exclusivamente a la ley de sus padres, sacrificando sus vidas y sus tesoros sobre el altar de la justicia en defensa de la religin y de la patria, que se hallan acometidas por el invasor universal. Sacerdotes del Altsimo, recordad en vuestros sacrificios lo que rogaba Nehemas al Seor cuando la dispersin y persecucin de Israel: 20 inspirad al pueblo desde la ctedra de la verdad, con una santa uncin, aquellos sentimientos religiosos que confortaban a Nanases, rey de Jud, cuando sufra su cautiverio en Babilonia, y al efecto penetraos de antemano de la oracin que dirigi al Dios de Israel: exhortad, supliendo la debilidad de mi voz, a que reformen las costumbres, desaparezcan los vicios, cesen las murmuraciones, se extingan las discordias civiles, y que haya la conformidad y unidad cristiana, necesarias al buen xito de nuestra santa guerra y al logro de una completa destruccin de la tirana. Estos fines sagrados y la invitacin de las Cortes generales, me determinan a disponer que en todas las iglesias de esta ciudad y en las dems de mi 20. Machab., lib. II, cap. I, v. 24 y ss.

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P APELES 272\ 272\ Obispado se hagan rogativas solemnes conforme a la que se ejecutar en la catedral el da 24 de este mes, Dominica quanta de Quaresma, con misa, letanas y dems preces rituales, rogando y suplicando a todas las autoridades, cuerpos y vecinos, su asistencia a esos actos religiosos, y encargando su concurrencia al clero regular y secula r sin que por esto cesen de repetir todos los fieles las oraciones privadas ms fervorosas por tan importantes objetos. De esa manera, carsimos diocesanos, cumpliremos con la obligacin ms estrecha hacia la religin y la patria; y recibiendo las bendiciones del cielo, veremos con placer el gran da en que digamos: PER OMNIA BENEDICTUS DEUS, QUI TRADIDIT IMPIOS 21 Havana, 12 de marzo de 1811 Juan Joseph, Obispo de la Havana. 21. Machab., lib. 2, cap. I, v 17.

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CIRCULAR del Excmo. e Ilsmo. S r D. Juan Jos Daz de Espada y Landa, Obispo de la Havana etc., a los curas prrocos, sacristanes mayores y catedrticos tenientes perpetuos de las iglesias y dems individuos encargados de la enseanza pblica, principalmente a los catedrticos de jurisprudencia, a consecuencia de la Real Orden de 4 de mayo de 1820 sobre la explicacin de la Constitucin, poltica de la monarqua espaola (1820) Nos, D. Juan Joseph Daz de Espada y Landa, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostlica, Obispo de la Havana, del Consejo de S.M., caballero Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Catlica, etc. A los curas prrocos, sacristanes mayores, y tenientes perpetuos de las iglesias de nuestro Obispado, a los superiores regulares en cuyos conventos se hallan establecidas las escuelas primarias caritativas y ctedras de filosofa, y a los dems individuos encargados de la enseanza pblica, principalmente a los catedrticos de jurisprudencia sujetos a nuestra jurisdiccin diocesana, salud y gracia en nuestro Seor Jesucristo. Desde el mes de abril ltimo en que llegaron a esta ciudad las primeras noticias de haberse restablecido en la pennsula la Constitucin poltica de la monarqua espaola, jurada por el Re y observamos con mucho placer de nuestro corazn que todos nuestros diocesanos reconocan en este sabio cdigo el depsito y el baluarte de sus justas libertades, de sus ms sagrados derechos y el origen fecundo de donde debe nacer la prosperidad, la grandeza y la gloria de la nacin heroica y virtuosa a que pertenecemos. En esta capital y en todos los pueblos, grandes y pequeos de nuestro vasto Obispado reson de un modo uniforme, y con la misma velocidad con que se propaga la luz, el grito patritico y consolador de viva la Constitucin, viva la nacin, viva el Re y Eclesisticos y seglares, los individuos de todas clases y condiciones que habitan esta afortunada provincia, mansin envidiable donde han reinado la paz y el orden an en las pocas ms calamitosas

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P APELES 274\ 274\ de los anteriores perodos, todos en inefable y fraternal concordia saludaron dignamente al iris de la paz, al arca venerable del pacto poltico que une al Rey con la nacin y forma de todos los espaoles una numerosa familia regida por un benigno Padre. Cuando todos a porfa celebraban y bendecan la restauracin del cdigo fundamental del Estado: cuando los magistrados, los funcionarios pblicos, los militares, el clero secular y regula r los dems ciudadanos, siguiendo el laudable ejemplo de Fernando VII, juraban ante el Ser Supremo, de un modo espontneo y solemne, la observancia de la Constitucin del reino, rebosando en entusiasmo patritico: en tales circunstancias consideramos superfluo dirigir nuestra voz pastoral al venerable clero que regimos para recomendarle sus estrechas obligaciones en cuanto, a la obediencia y cumplimiento de la ley promulgada, y para que exhortase al pueblo a fin de inspirarle justo amor y respeto a la gran Carta que seala y garantiza sus ms preciosos derechos. Las demostraciones de jbilo general previnieron nuestras insinuaciones pastorales. Hemos guardado un silencio que honra, o por mejor deci r hace justicia a nuestros amados diocesanos. No les habamos instruido ni exhortado cristianamente sobre asuntos de tanta gravedad y trascendencia, porque felizmente en nuestra dicesis cada ciudadano es un ardiente apstol de la libertad espaola, resuelto a derramar su sangre por defender el pacto nacional que sancionaron las Cortes generales y extraordinarias en marzo de 1812 para nuestra regeneracin poltica. Otros prelados se han visto en la triste necesidad de levantar su voz dolorida, mezclada a veces de conminaciones para conciliar partidos disidentes, uniformar opiniones encontradas, y corregir y reprimir extravos nacidos de algunas pasiones que, degradando el corazn humano, son el germen de las discordias civiles, y la ruina de los imperios. Vuestro pastor atesta solamente que no ha tenido que hacer otra cosa, sino concurri r participando del regocijo comn, a los actos clsicos y religiosos en que sus amados hijos en Cristo y ciudadanos han tributado al Todopoderoso las ms reverentes gracias porque se ha dignado derramar su luz y sus bendiciones sobre la nclita nacin espaola, abrindole los manantiales de su prosperidad con el nuevo rgimen constitucional. Hubiramos continuado en el mismo silencio, comunicando a los prrocos, las rdenes y prevenciones oportunas para que ejecutasen con puntualidad en sus iglesias los actos que la misma Constitucin y el gobierno supremo han ordenado; pero el Re y por su ministerio de la gobernacin de ultramar os ha dirigido la siguiente circular: Exmo S r = El S r secretario interino de estado y del despacho de gobernacin de la pennsula, me dice lo que sigue= Con esta fecha, se ha servido el Rey dirigirme el decreto siguiente: Atendiendo a la necesidad que hay de instruir al pueblo por medio de personas dignas de su respeto y consideracin que puedan darle a conocer sus derechos y sus obligaciones, el gobierno moderado y paternal bajo que viven desde ahora, y la

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OBISPO DE ES P ADA /275 /275 felicidad que les promete la estricta y completa observancia de la Constitucin del reino; a lo importante que es ir proporcionando tambin igual instruccin, e inspirar el amor de la ley fundamental a la juventud de todas clases que se est educando en la actualidad y formar la esperanza de la patria; y finalmente a lo justo que es que se reparen los dolorosos abusos que antes de ahora se han experimentado combatindose las falsas imputaciones dirigidas contra la Constitucin desde el mismo sagrado lugar en que se han hecho: he venido en resolve r de acuerdo con la Junta Provincial, lo siguiente: Primero: Los prelados diocesanos cuidarn de que todos los curas prrocos de la monarqua, o los que hicieren sus veces expliquen a sus feligreses en los domingos y das festivos la Constitucin poltica de la Nacin, como parte de sus obligaciones; manifestndoles al mismo tiempo las ventajas que acarrea a todas las clases del estado, y rebatiendo las acusaciones calumniosas con que la ignorancia y la malignidad hayan intentado desacreditarla. Segundo: En todas las escuelas de primeras letras y humanidades del reino se explicar por los maestros la Constitucin de un modo claro y perceptible a la edad y comprensin de los nios a quienes se familiarizar con la lectura, ejercitndolos en la del mismo Cdigo fundamental. Y Tercero: Con arreglo al artculo 368 de la Constitucin se explicar esta en todas las universidades del reino por uno de los catedrticos de leyes: en todos los seminarios conciliares por el catedrtico de filosofa moral, si no hubiese curso de leyes; y todos los estudios pblicos y privados de los regulares por el lector o maestro de filosofa. Cuarto: En los colegios de las escuelas pas, y en las dems casas de educacin pblica o privada que estn a cargo de seglares, eclesisticos seculares o regulares, explicar la Constitucin el catedrtico o profesor que se halle con ms disposicin para hacerlo a juicio del prelado, superior o jefe de cada colegio o casa de educacin. Quinto: Cuando se principie a explicar la Constitucin en estos establecimientos, en las universidades, seminarios y conventos de toda la monarqua (que deber ser as que se reciba este decreto) los superiores respectivos pasarn aviso al jefe poltico de las capitales de provincia, y al alcalde primero constitucional en los dems pueblos, noticindoles el da en que empiece la explicacin, a fin de que anuncindose en los peridicos, y en su defecto por carteles, pueda el pblico enterarse de la misma, e ilustrarse concurriendo a ella. Sexto: Los ayuntamientos constitucionales en los pliegos mensuales que deben dar a los jefes polticos con arreglo a la instruccin expedida por el ministerio de la gobernacin de la pennsula en lro. de julio de 1813, les avisarn del cumplimiento que hayan tenido y tengan estas medidas, y de su influencia en la opinin pblica: y los jefes polticos darn iguales noticias al ministerio por lo respectivo al todo de las provincias en los pliegos mensuales que segn dicha instruccin deben remitirle.

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P APELES 276\ 276\ Sptimo: El ministerio de la gobernacin de la pennsula dispondr inmediatamente que se haga en la imprenta nacional una edicin estereotipa de la Constitucin, la cual se vender a coste y costas en esta capital, y en todas las de provincia y de partido de la pennsula e islas adyacentes. El ministerio de gobernacin de ultramar dispondr tambin lo conveniente que sean precisas para que se encuentren en todas partes con comodidad los ejemplares que se necesitan para llenar los indicados objetos. Octavo: Todas estas providencias se consideran como provisionales, y sujetas a lo que se resuelva en los planes y estatutos de instruccin pblica que acuerden las Cortes conforme a la Constitucin= Est rubricado de real mano= Lo que comunico a V .E. de real orden para su inteligencia y puntual cumplimiento en la parte que le toca. Dios guarde a V .E. muchos aos. Madrid 24 de abril de 1820= De la misma real orden lo traslado a V. E. a fin de que disponga su mas exacto cumplimiento en lo que corresponda. Dios guarde a V E. muchos aos= Madrid 4 de mayo de 1820= Poncel= S r Obispo de la Habana. Cumpliendo gustosamente con este precepto de nuestro augusto Monarca, que hay se gloria de llamarse padre y protector del pueblo espaol, os encargamos eficazmente, a vosotros, amados prrocos de nuestra dicesis, nuestros cooperadores en el ministerio de la palabra, que en la ctedra de la verdad, al instruir a los feligreses en las mximas evanglicas, les instruyis tambin en los principios de la Constitucin del Estado. Hacedles entender que en este cdigo fundamental estn comprendidos radicalmente todos sus ms esenciales derechos y obligaciones como ciudadanos; que plantificndose en todas sus partes, ellos sern felices, y tambin la nacin entera, porque la prosperidad pblica no es otra cosa sino la suma de los bienes individuales; que jams presten odo ni sean dciles a las seducciones de ignorantes y perversos que traten de desviarlos del recto camino, persuadindoles, tal vez, que la Constitucin puede ofender a la fe catlica, o que no est en armona con el dogma o la moral santa de Jesucristo; cuando aquella ha sancionado expresa y claramente en el artculo 12 que: la religin de la nacin espaola es y ser perpetuamente la catlica, apostlica, romana, nica verdadera: y que la nacin la protege por leyes sabias y justas, prohibiendo el ejercicio de cualquier otra. No basta que tengan un amor de puro instinto a la Constitucin: es preciso que conozcan a fondo el objeto a que consagran su amor y veneracin. As, pues, es forzoso que al inculcar a vuestros feligreses el punto doctrinal correspondiente al evangelio del da, les expliquis uno o ms artculos de la Constitucin, analizndoles y ponindoles como bulto las ventajas que cada uno de ellos ofrece a todas las clases del Estado. Son cristianos y ciudadanos: alimentadlos con la doctrina catlica y con la del nuevo pacto sancionado por la nacin reviviendo sus antiguos y preciosos fueros. Este doble catecismo religioso-poltico debe ser el objeto constante de las plticas parroquiales. Y vosotros, eclesisticos seculares y regulares, a quienes est encomendado el delicado encargo de formar e instruir a la juventud, desde las es-

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OBISPO DE ES P ADA /277 /277 cuelas primarias elementales hasta las clases ms elevadas y cientficas, a vosotros toca muy particularmente inspirar las primeras ideas de amor y respeto al cdigo fundamental, explicando los principios de justicia, de razn y de equidad en que descansan todos sus artculos. En la tierna edad de la niez, como en blanda cera, se reciben las primeras impresiones, que se guardan profundamente y de un modo indeleble en el corazn y en el espritu, acompaando al hombre hasta el sepulcro, tienen un influjo poderoso en todas las acciones de su vida. La juventud que hoy descuella, es el apoyo y la esperanza de la patria: formadla, pues, de manera que cada ciudadano, conociendo todo lo que abraza la ley constitucional en sus 384 artculos, la mire como el santuario augusto de sus derechos, el arca salvadora de sus libertades. Ella es como base y el cimiento de la legislacin espaola nuevamente restaurada. Se formarn luego otros cdigos, el civil, el criminal, el de agricultura, el de comercio, que sern el desarrollo o desenvolvimiento de los axiomas benficos y fecundos establecidos en la Constitucin. Se pondrn en cabal armona los diversos ramos legislativos para que los ciudadanos espaoles de ambos mundos, que no han visto todava sino la aurora de su libertad y felicidad, gocen plenamente de estos bienes inestimables. Buscarn domicilio en nuestro suelo las ciencias, las artes, las letras, la industria. Bajo el doble imperio de tan sabias leyes se abrirn todos los caminos para que lleguemos a la cumbre de la prosperidad pblica, y enriquecidos en todas cosas, como deca el apstol a los corintios, abundemos en toda sinceridad. Que la juventud quede bien imbuida de esta doctrina saludable. Sujetndonos al yugo suave de la ley fundamental, tendremos, como escriba el mismo apstol de las gentes, una vida quieta y tranquila en toda piedad y honestidad, y despus gozaremos de la sociedad eterna de los escogidos: que os deseamos cordialmente. Havana, 11 de agosto de 1820 Juan Jph, Obispo de la Havana. Por mandate de S.E.I. Gabriel de Lafuente y V argas. Secretario

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CIRCULAR al Cabildo de su Santa Iglesia Catedral (1824) Nos, Don Juan Joseph Daz de Espada y Landa, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostlica, Obispo de La Habana, del Consejo de S.M., Caballero Gran-Cruz de la real y distinguida Orden Americana de Isabel la Catlica, etc. Al venerable Cabildo de nuestra Santa Iglesia Catedral y al clero secular y regular de nuestro obispado, salud en nuestro Seor Jes-Christo. Obsecro ut ob Uriscaris scelerum fratrum tourum, et peccate, atque malitiae quam exercuemnt in te. Ruego que te olvides de la maldad de tus hermanos y del pecado y la malicia que ejecutaron contra ti. Ceres, cap. 5to. Cuando, en agosto de 18l6, os dirigimos una Carta Pastoral, a consecuencia de la Exhortacin expedida por su Santidad, inserta en Real Cdula de 6 de abril del mismo ao, os recomendamos enrgicamente las obligaciones estrictas que impone la religin de Jes-Christo acerca del amo r respeto y sumisin que se debe al Re y y a las autoridades constituidas para administrar la justicia, conservar el orden, la paz y el sosiego pblico en todos los vastos dominios de la monarqua y procurar la prosperidad y bienestar de sus vasallos. All se desenvolvieron con alguna extensin las mximas fundamentales, conservadoras de las sociedades polticas; y nos referimos nuevamente a las insinuaciones pastorales de aquella carta; reiterando las doctrinas evanglicas y monrquicas en todos y cada uno de los diversos puntos que comprende. Entonces os recomendamos nuevamente que predicaseis la paz, que deben muy particularmente enlazar a todos los miembros de una nacin para que formen una sola familia bajo su cabeza legtima, que es el Re y Os dijimos, lo que nunca ha sido para nosotros desconocido, a sabe r que con la paz y la armona florece la agricultura, se hacen y fomentan las fortunas, crecen las familias, el comercio, la industria, las letras, las ciencias y las artes se cultivan y prosperan, que la paz civil es el principio, el fundamento y mejor baluarte de las ciudades y los reinos; y que cuando, para castigo de nuestras culpas, desaparece este don celestial de entre los hombres, viene la disolucin y la ruina de los imperios ms slidos y antiguos, se disipan

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OBISPO DE ESP AD A /279 /279 todos los bienes de la vida humana, y de algn modo vuelve la tierra, que es el teatro de la discordia, al estado espantoso en que antes de la creacin de la luz, era un desierto y un vaco, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Atestamos entonces en aquella pastoral, con el mayor placer de nuestra alma, que todas las verdades importantes que comprende, se hallaban bien grabadas y eran innatas en el corazn de todos nuestros diocesanos, que como catlicos y espaoles han acreditado al mundo entero en todos los tiempos y circunstancias y con testimonios irrefragables la religin santa que profesan, su lealtad constante, afectuosa y sincera al Rey y a la patria, su absoluta sumisin a las leyes y a los magistrados, que son ejecutores, y su amor acendrado al orden, a la paz, y a la concordia fraternal. Manifestamos, en fin, que estamos plenamente satisfechos de sus nobles sentimientos y de su conducta cristiana, y que slo para dar cumplimiento al precepto soberano renovbamos aquellas mximas que jams se haban desconocido ni olvidado en esta tierra clsica de la lealtad y del honor y del buen orden. Ahora, del mismo modo, nuestros caros cooperadores, es el Seo r es la voluntad del Rey que los prelados, en sus respectivas dicesis, despus de publicado el indulto que su real clemencia se ha dignado expedir el lro. de mayo ltimo, empleen la influencia de su ministerio en restablecer la unin y buena armona entre todos los espaoles, exhortndolos a sacrificar en los altares de la religin y en obsequio del Soberano y de la patria, los resentimientos y agravios personales emanados de las revueltas polticas que en los tres aos anteriores han afligido y despedazado a nuestra nacin. Tenemos noticias positivas de su benfico indulto por los papeles pblicos, y an antes de haberse comunicado a este Gobierno directa y oficialmente, nos anticipamos gustosos, y en medio de las enfermedades habituales que nos aquejan, a satisfacer los justos deseos del Soberano. En aquella poca desgraciada, tan fecunda en trastornos de todo gnero, fue deprimida la majestad del trono y atacados y violados sus ms augustos derechos: la hydra de la anarqua asom su espantosa cabeza y se iba desenvolviendo de una manera alarmante: la religin y el Estado se vieron amenazados con imprudencia por hombres turbulentos que aspiraban a establecer una dominacin tirnica cuando proclamaban el reino de la libertad: imitaban al famoso prncipe de Babilonia que derrib los altares de los dioses de las naciones para erigir sobre sus escombros su estatua impa, un coloso abominable de orgullo que quera hacer adorar en toda la tierra. So color de combatir el despotismo, esos demagogos se convirtieron en dspotas monstruosos halagando las pasiones populares. Hasta la paz domstica desapareci de los hogares, disolvindose los vnculos ms santos que forman la sociedad. De aqu nacieron y se propagaron bandos y partidos y sectas y facciones tomando varias denominaciones y profesando diversidad de principios ms o menos exagerados y extravagantes: hubo por consiguiente odios, rencores, enemistades, y se derram en fin la sangre espaola con el pual fratricida. Nuestra nacin presentaba la triste imagen del caos: todo era desorden, obscuridad y

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P APELES 280\ 280\ confusin; y los excesos y los crmenes se cometan en todos los ngulos de la pennsula con encarnizamiento y con impunidad. Entre tanto en nuestro suelo, en este suelo de la lealtad, algunos dscolos formaban tambin planes de subversin y proyectos insensatos para sacudir el yugo legtimo de la Metrpoli, queriendo imitar la conducta prfida del continente americano, y levantar el estandarte de la rebelin, sin advertir el abismo de males y calamidades a que precipitaban este hermoso pas. Deslumbrados con los nombres pomposos y seductores de libertad e independencia, no prevean ni pensaban los desastrosos efectos que las guerras civiles y las pasiones desordenadas de los corifeos revolucionarios han producido en esos reinos, felices en los das de su tranquilidad, y que se miran hoy asolados, empapados con la sangre de sus ms ricos propietarios y reducidas sus ciudades a escombros y cenizas. No comparaban, en medio de su delirio, ese cuadro horrible y lastimoso con la perspectiva risuea y encantadora que ofrece la Isla de Cuba. Su agricultura floreciente, su comercio activo con todas las naciones, todas las fuentes de la prosperidad y de la riqueza pblica, abierta y protegida con mano generosa por la sabidura y la magnanimidad de nuestro Soberano; tantos bienes reales y positivos de que disfrutan todas las clases de habitantes en este nuevo Edn que es el asombro y la envidia de los extranjeros, todo se vio al borde del precipicio: estuvimos muy cerca de ser vctimas de teoras quimricas, de palabras vanas, y de la ambicin impa de algunos hombres corrompidos, sealados notoriamente con el dedo de la comn reprobacin y del desprecio. Los soberanos aliados de Europa no podan mirar con indiferencia el estado deplorable de la Espaa y sus dominios. En el augusto Congreso de V erona resolvieron cerrar el crter de las revoluciones y poner trmino a ese cmulo de males que amenazaban sumergir a Europa en el profundo abismo a que la pennsula haba sido arrastrada. Las doctrinas democrticas y anrquicas se iban propagando con rapidez y con escndalo: en la parte del Medio-da hicieron explosiones ruidosas, y los agitadores trabajaban con tesn y sus reuniones secretas y por medio de la imprenta y por el rgano de sus emisarios, para ganar terreno en todas direcciones, corrompiendo la opinin pblica y asestando sus tiros enrevesados contra los tronos, contra el dogma y contra la moral. La conservacin de objetos tan sagrados, sin los cuales no puede existir ninguna sociedad civil, ocup altamente la atencin de los soberanos, y decretaron enviar a Espaa un ejercito pacificador y restaurador de nuestra monarqua. El Rey de Francia, el ilustre Luis XVIII que con su sabidura y su prudencia ha cicatrizado las heridas de la revolucin francesa, y ha elevado su nacin al ms alto grado de riqueza y prosperidad, se encarg de ejecutar aquella noble y generosa empresa, de que apenas se encontrar otro ejemplar en la historia. Con el auxilio de la Divina Providencia, con la cooperacin de las tropas de ese Soberano, mandadas por un prncipe de su augusta dinasta, y con los esfuerzos de los buenos y leales espaoles, fue restaurado nuestro

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OBISPO DE ESP AD A /281 /281 Monarca en el trono de San Fernando, y restituido a la plenitud de todos los derechos inherentes a su soberana. Huyeron los revolucionarios despus de su completa derrota, y se estableci en Espaa la legitimidad y el imperio del orden y de la justicia. Las misericordias del Seor nos libraron de la guerra civil y del exterminio: su bondad nos acogi favorablemente. Misericordia Domini quia non sumus consumpti. 22 Pero este fausto restablecimiento hubiera trado en pos de s graves sacrificios en menoscabo de los intereses del Estado, aunque por otra parte reclamados por la vendecta pblica y la dignidad del trono vulnera enormemente, a menos que la clemencia del Soberano se dignase perdonar las ingratitudes y los agravios que habr sufrido durante el rgimen abolido. Su corazn magnnimo y piadoso olvida las ofensas recibidas, echa un velo sobre los extravos pasados concediendo indulto o decreto de amnista, sin otras excepciones que las que impenosamente exigen el bien pblico y la seguridad del Estado. Su real cdula relativa a ese asunto y su enrgica Alocucin a todos los espaoles no necesitan de amplios comentarios. Nuestra dbil voz no puede aumentar la fuerza que contienen las augustas palabras pronunciadas solemnemente por el Soberano desde la sublimidad de su trono ni es necesario tampoco, en este lugar desenvolver los principios polticos en que se funda la teora de las amnistas de este temperamento benfico han ocurrido las naciones civilizadas, antiguas y modernas, despus de sus guerras y decisiones domsticas, para cortar la funesta cadena de las reacciones sucesivas, aplaca los nimos irritados, funda de nuevo, digamos as, toda la nacin, evita los asesinatos, los disturbios, las emigraciones que depauperan el cuerpo del Estado, y concilia los intereses de todos los individuos. Esta materia se explica magistralmente por los publicistas clsicos, y no es de nuestro instituto. Pero los generosos sentimientos del Rey no se satisfacen cumplidamente con olvidar las injurias y perdonarlas, sino que nos invita a imitarle en esta noble conducta, queriendo, para consolidar la obra grandiosa de la restauracin y el tiempo de la legitimidad, que desaparezca para siempre del suelo espaol la tea fatal de la discordia y se sacrifiquen todos los sentimientos y agravios personales al bien incomparable de la unin y de la paz interio r Nos recuerda, adems, que la desunin y la discordia civil han arruinado los ms poderosos imperios de la tierra, y que sin tranquilidad y perfecta sumisin a las leyes es imposible que el Gobierno se cimiente sobre bases slidas e indestructibles, ni que renazcan las agotadas fuentes de la prosperidad pblica. Nos dice, en fin, como nuevo evangelista: estote ergo misericordes 23 Palabras dignas de un monarca catlico y de un prncipe espaol, que procura derramar sobre todos sus vasallos blsamo consolado r reorganizar el Estado y restaurar las profundas heridas que recibi en la poca turbulenta. Esa regia alocucin, superior a los bellos testimonios de clemencia y piedad de los Titos y Trajanos, que nos ha transmitido la historia, se debilita22. Thre., Jerm., cap. 3. 23. San Luc., cap. 6.

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P APELES 282\ 282\ ra con largas explicaciones de nuestra parte, como se ha dicho. El texto mismo lleva consigo el carcter del ltimo convencimiento y la expresin del nimo real que quiere unir con los firmes lazos de la cordialidad a todos los individuos que componen la gran familia espaola dilatada en las cuatro partes del mundo. Un monarca piadoso, se presenta, como el Salvado r anunciando la paz y la reconciliacin entre sus vasallos, entre sus amados hijos, y es preciso que todas las pasiones callen y se sofoquen y se disipen, como huyen las tinieblas cuando aparece el astro del da. Nos mandan que olvidemos los errores y los delirios y los extravos de nuestros hermanos; obsecro ut obliscaris sceleris fratrum tourum ; y este saludable precepto debe ser obedecido y cumplido con sinceridad del corazn. Las miras del Soberano, al dictar esta ley de caridad y de paz que el apstol Santiago llama Lex ragalis 24 por excelencia, son muy conformes con las mximas fundamentales de la religin. Vlgamonos de las expresiones del Evangelio, a que nuestros labios estn consagrados. Uno de sus primeros preceptos es: diligite inimicos restros : amad a vuestros enemigos; 25 y para hacerlo conocer en toda su extensin, basta referir las palabras mismas del Seor: V os sabis, dice a sus discpulos, desde la cumbre de la montaa que est prevenido en la antigua ley amars a tu prjimo y a tu enemigo; pero Y o vuestro Dios, y por consiguiente vuestro Maestro, os mando que amis a vuestros enemigos, que hagis bien a los que os aborrecen y que roguis por los que os persiguen y calu mnian Y para qu? A fin de que seis los hijos de vuestro padre celestial; porque si amis solamente a los que aman qu recompensa merecis? Sino sal udis a los que os saludan qu hacis en esto de particular que os distinga? No hacen esto mismo los gentiles? En fin haceos semejantes a Dios mismo, y sed perfectos como l lo es. El Rey Fernando desde su trono nos exhorta a practicar la misma doctrina que el hijo de Dios, el Salvador del mundo, enseaba a sus discpulos, sentado sobre la cima de un monte. An los filsofos gentiles, privados de la luz evanglica, reconociendo que el vengarse de los enemigos es propio de las almas pequeas y cobardes; que los hombres son despreciables por s mismos creyendo fcilmente que se les desprecia, estn ms expuestos a sospechar y ofenderse de todo y a seguir el ciego impulso de sus resentimientos, y que el verdadero valor y la fortaleza de nimo jams brilla tanto como en el perdn de las injurias y en la indulgencia con los adversarios. Los hroes profanos de la antigedad los Alejandros y los Csares, nunca se distinguieron tanto ni merecieron tantos elogios como cuando abrazaron a sus ms encarnizados enemigos y los colmaron de beneficio. La moral de los filsofos haba colocado el perdn de las ofensas en el nmero de las virtudes, pero propiamente hablando, esto era ms bien un precepto de vanidad que una regla de disciplina, como observa un orador sagrado. La venganza les pareca llevar consigo algo de bajeza y de furor que 24. Jacob., cap. 2. 25. S. Math., cap. 5.

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OBISPO DE ESP AD A /283 /283 hubiera alterado y desfigurado la orgullosa tranquilidad de su sabidura: reputaban como vergonzoso no poder hacerse superiores a las ofensas. El per dn de los enemigos estaba fundado como cierto desprecio a ellos. Se negaban desdeando de la venganza. Mas la ley del Evangelio sobre el perdn de los injurios y sobre el amor y la reconciliacin con los enemigos no lisonjea el orgullo ni adula el amor propio. Nada debe indemnizar al cristiano en la remisin de las ofensas, sino el consuelo de imitar y obedecer a Jes-Christo, y los ttulos que en un enemigo le descubren un hermano. Nada debe limitar su caridad, sino la caridad misma, que no tiene lmites, ni excepta lugares, ni tiempos, ni personas. San Ambrosio advierte que es un inters nuestro sofocar la enemistad, ya sea naciente, ya sea formada: que si el enemigo est en un grado superior o igual a nosotros, hay peligro en atacarlo: y si se haya en un rango inferio r su debilidad lo pone en situacin de no poder ofende r pero que por ms abatido que parezca, puede sernos til en muchas ocasiones si sabemos atraerlo y conciliarlo. Santo Toms y todos los telogos sostienen que la ley que nos obliga a perdonar las ofensas y que prohbe tomarnos la justicia, por nuestra mano, no slo es conforme a la recta razn sino que es uno de los ms slidos apoyos de la sociedad civil, pues de otro modo no se veran sobre la tierra sino venganzas, perfidias, traiciones, asesinatos y toda especie de atentados, y bajo el raro pretexto de una pretendida satis faccin, cada cual se arrojara a ejecutar impunemente los ms inicuos designios. Se dar acaso por los agravios que perduran las injurias recibidas en el perodo de las revueltas polticas, es exponerse a experimentar otra nueva y que se les insultar con ms libertad cuando los contrarios crean que pueden hacerlo con impunidad. Dos son las respuestas a semejante objecin. Primera: el Rey que nos precepta la paz y la reconciliacin fraternal, tiene establecidos tribunales y jueces a quienes se puede ocurrir solicitando la justicia, as para reparar los perjuicios y daos ocasionados, como para precaver los males que en lo sucesivo se teman probablemente. All es permitido hacer valer el derecho de cada particula r siempre que no sea una ciega pasin el mvil de nuestros procedimientos, sino la buena razn, y an en este caso deben ser prudentes y equitativas las reclamaciones judiciales. Segunda: sufriendo con paciencia, y correspondiendo al mal con el bien, la moderacin, la templanza, la dulzura hacen conciliar y doblegan muchas veces los espritus ms entraables y refractarios: esos medios atractivos son, hablando con el Sabio, otras tantas ascuas encendidas que se aplican sobre la cabeza del enemigo, es deci r, son otras tantas acriminaciones contra su irregular procede r l se conmueve, se avergenza de s mismo, se condena en lo ms solitario de su conciencia, y no piensa en adelante sino dar pruebas de su arrepentimiento y de su celo. De esta verdad tenemos un hermoso ejemplo en la Sagrada Escritura. Sal persegua a David, y quera quitarle la vida. El Rey profeta tuvo ocasin de prenderlo y darle la muerte para vindicar sus ofensas; mas sin embargo perdon a ese Prncipe. Cuando Sal fue instruido de genero-

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P APELES 284\ 284\ sidad, mud al instante de sentimientos y de conducta con respecto a David y exclam, dirigindose a su rival: Ah! V os sois mejor que yo: justios tu es, quam ego : 26 t no me has hecho sino bienes: yo te he pagado con males. El Seor me entreg en tus manos, y no me has quitado la vida. Reconoci la inocencia de su hijo David, llor, y le mir, como su libertado r. La perfeccin cristiana consiste en una santa semejanza con Dios y el medio por donde podemos asemejarnos ms al Ser Supremo es el perdn de las injurias y la reconciliacin con los enemigos. Cuando el Divino Maestro nos dice Sed perfecto, como es perfecto vuestro Padre celestial, 27 parece restringir esta imitacin de Dios al amor de nuestros adversarios. Observad que esta es una consecuencia sacada de la leccin que acaba de dar a sus discpulos relativa a la dulzura y templanza que debemos tener con los que nos ofenden. Haceos, pues, de este modo, concluye el Salvado r semejante a Dios mismo. Estote ergo perfecti, sicut Pater vester coelestis. Slo se encuentra otro lugar en el Evangelio donde el hijo de Dios nos exhorta todava a ser los imitadores del Padre y es cuando nos recomienda la paciencia en las injurias y la misericordia con nuestros hermanos. Sed misericordiosos, como lo es vuestro Padre celestial. 28 Los telogos advierten que entre las perfecciones divinas la que Dios nos propone por modelo sobre todas las dems, no es ni su sabidura, ni su justicia, ni su pode r ni su grandeza, sino su bondad y misericordia y clemencia; porque el carcter dominante de Dios es hacer el bien y perdonar las ofensas. Por este carcter celestial se os reconocer por sus hijos de Dios: ut si tes fipip Patris restri Y qu hace nuestro Padre comn? Ampara, protege y favorece a todos sus hijos, y dispone que su sol nazca sobre los buenos y los malos, y que la lluvia del cielo caiga sobre los justos y sobre los pecadores. 29 Oh! que leccin tan rara y eficaz, nuestros amados cooperadores, para excitarnos a la paz y a la concordia, abrazando cordialmente a todos nuestros hermanos sean cuales fueren sus opiniones polticas, y olvidando y perdonando sus errores pasados, sus extravos, y an las injurias que directamente nos hayan inferido! De este modo, y no de otro, podremos conseguir el precio tesoro que Jes-Christo dej a sus apstoles cuando les dijo una y otra vez: Paz a vosotros. 30 Les anunci que estaban reconciliados con su Padre y unidos a l, que gozasen de la felicidad que posean y gustasen las dulzuras de la paz, que es el fruto de la justicia y de la santidad. El apstol Santiago nos dice: 31 el fruto de justicia de siembra en paz para aquellos que hacen paz. 26. Reg. 1, cap. 24. 27. S. Math., cap. 5. 28. S. Luc., cap. 6. 29. S. Math., cap. 5. 30. S. Luc., cap. 2. 31. Jacob., cap. 3.

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OBISPO DE ESP AD A /285 /285 El Rey (N.S.), en la plenitud de su bondad a dicho como Joseph a sus hermanos, de quienes haba recibido una grave injuria: V osotros penssteis mal sobre m, mas Dios lo convirti en bien para ensalzarme, como lo veis al presente, y para hacer salvar a muchos pueblos. No queris temer: yo os mantendr a vosotros y a vuestros hijos. Y los consol y habl con blandura y suavidad: 32 el Rey pues, para invitarnos a la paz fraternal y a una reconciliacin pura y generosa no slo olvida los extravos y errores del perodo revolucionario, no slo quiere que le imitemos en su conducta franca y noble, sino que tambin ha hecho a favor de este pas y de sus fieles habitantes ciertas excepciones particulares, muy honorficas, que deben empear ms y ms nuestro amor a su sagrada persona y gratitud. Cuando anul los actos del sistema abolido y los empleos, gracias y mercedes concedidos bajo aquel rgimen, se dign confirmar las que se haban expedido a favor de sus vasallos residentes en la Isla de Cuba. Ha derramado con ms abundancia y con cierta predileccin los frutos de su clemencia y generosidad sobre ese territorio y sus fidelsimos hijos, y cada da da nuevos e ilustres testimonios de que sabe apreciar sus mritos y virtudes. Recompensa con usuras a los que se han mantenido firmes y leales en la borrasca poltica, y por medio del digno Jefe en cuyas manos estn los destinos de nuestra Isla, y que tanto se ha desvelado y desvela por su conservacin y prosperidad desde que tuvimos la buena suerte de que tomase las riendas del Gobierno, procura indagar los merecimentos de cada uno para premiarlos con superabundancia. La justicia preside en la distribucin de las gracias del Monarca. La paz y la justicia, sobre el trono espaol se han dado en orculo amigable y eterno. Tales son nuestros caros cooperadores en el Seo r los argumentos que deben ocupar vuestro celo evanglico, para grabarlos ntimamente en el corazn de los fieles diocesanos. Todos los eclesisticos en general tienen una obligacin muy estrecha y muy sagrada, impuesta por las leyes divinas y humanas, de preciar y ensea r con la doctrina, y con el ejemplo, que es la oratoria ms eficaz, el amor y la veneracin al Soberano, la obediencia a sus preceptos y a las leyes, el respeto a los magistrados y jueces, constituidos para ejecutarlas, y la paz cristiana que debe reinar entre los hombres para vivir en santidad y en justicia, olvidando toda especie de odios y resentimientos. Encargamos, pues, a nuestro venerable Cabildo, a todo nuestro clero, secular y regula r y muy especialmente a los prrocos de la dicesis, a los cenientes beneficiados y a los sacerdotes mayores con cura de almas, que en sus discursos pblicos y privados en la ctedra de la verdad y en el santo tribunal de la conciencia, procurar inculcar a sus feligreses las mximas evanglicas contenidas en esta Carta, que leern en el plpito por tres das continuados inter Messarum solemnia. El mismo encargo hacemos a los superiores conventuales respecto de las iglesias de su orden. Deseamos que sus exhortaciones sobre el indulto y la regia Alocucin sean tomadas principalmente de los preceptos del Seor que refiere San Mateo en el cap. 5to. y 32. Genes., cap. 5.

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P APELES 286\ 286\ San Lucas en el 6to. y de las palabras de San Pablo cuando deca a los philipenses: 33 La paz de Dios guarde vuestros corazones y vuestros espritus, demostrndoles, como ensean San Juan Crisstomo, que para lograr en el hombre una paz perfecta, es preciso establecerla igualmente en el espritu y en el corazn. Sacerdotes del Seo r imitad a este gran Padre de la Iglesia, que se puede llamar por excelencia el predicador de la caridad cristiana y que fue el ministro de tantas reconciliaciones. Estrechad con vnculos fraternales: hacedles entender que este es un precepto formal y positivo del Evangelio y un mandato de nuestro Soberano que olvida para siempre los disturbios, que sealaron la poca revolucionaria, que miren con horror y eviten las sociedades clandestinas, anatematizadas por los cnones, y detestadas por toda buena legislacin, pues que en ellas se forman y fomentan los planes de subversin, de anarqua y de impiedad, y que cesen y se sepulten tambin en un profundo olvido denominaciones odiosas que se inventaron para establecer una rivalidad funesta y dividir a los espaoles europeos y americanos cuando todos somos unos verdaderos hermanos regidos por unas mismas leyes, por un mismo prncipe, por la misma regin, la religin, cuyo carcter esencial es la paz y la caridad. Si todos los que siguieren esta regla deca el Apstol, paz sobre ellos y misericordia: 34 y no solamente tendremos paz, sino la abundancia de la paz en esta vida y la felicidad eterna en la otra, que deseamos a todos nuestros fieles diosesanos. Juan Joseph, Obispo de La Habana Por mandato de S.E.I., Gabriel de Lafuente y V argas Secretario 33. Cap. 4. 34. Ad. Galatas, cap. 6.

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Carta Pastoral que el Ilustrsimo Seor Don Juan Joseph Daz de Espada y Landa, del Consejo de S.M. y Obispo de la Havana, dirige a sus Diocesanos, inspirndoles el amor a la Religin y a la Patria: que sostengan sus derechos, su libertad e independencia, obedeciendo exclusivamente a las leyes de Dios, y a las que emanen de la Nacin legtimamente consagrada, y que sacrifiquen sus tesoros y sus vidas para la patria y la verdad de la actual guerra con las incursiones de los Bonapartes, Imprenta de la Curia episcopal, Don Estevan Boloa, Habana, 1811. Carta Pastoral que dirige el Ilustrsimo Seor Juan Joseph Daz de Espada y Landa, del Consejo de S.M. y Obispo de la Havana, al venerable Cabildo de su Santa Iglesia Catedral y al clero Secular y Regular de su Dicesis, a consecuencia de la exhortacin espedida por su Santidad en 30 de enero de 1816, inserta en Real Cdula de 6 de abril del mismo ao, recomendando varios puntos importantes, con motivo del estado de agitacin de algunas provincias del continente Americano, Don Estevan Boloa, Habana, 1816. Circular del Excmo. e Ilimo. S r D. Juan Jos Daz de Espada y Landa, Obispo de la Habana etc., a los curas prrocos, sacristanes mayores y catedrticos perpetuos de las iglesias y dems individuos encargados de la enseanza pblica, principalmente a los Catedrticos de jurisprudencia, a consecuencia de la Real Orden de 4 de mayo de 1820 sobre la explicacin de la Constitucin poltica de la monarqua espaola, Imprenta de D. Jos Boloa, Habana, 1820. Circular qu e dirige el Excmo. S r D. J. Daz de Espada y Landa, del Consejo de S.M., Obispo de La Habana, al venerable Cabildo de su Santa Iglesia Catedral y al clero secular y regular de su dicesis, para que exhorten y prediquen la paz, la concordia y unin entre todos los fieles de este obispado y el olvido y remisin de las ofensas inferidas en la poca d e la revolucin p asada, en los trminos que ordena Su Magestad en su Alocucin dirigida a los espaoles en 1 de mayo de 1824, Imprenta d e la Curia eclesistica, por la viuda de Boloa, Habana, 1824. BIBLIOGRAFA ACTIV BIBLIOGRAFA ACTIV A A

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OBISPO DE ESP AD A /297 /297 de S.M.S.c. Pronunciada en la Santa Iglesia Catedral. Por D. Manuel Prez de Oliv a, Cura Re ctor de su Sagrario. El da veinte y seis de Setiembre de mil ochocient os treinta y dos, En la oficina de don Jos Boloa, impresor de la Real Marina de este Apostadero por S.M., Habana, 1832. P EZUELA Y L OBO J ACOBO DE LA : Ensayo histrico de la isla de Cuba, Imprenta Espaola de R. Rafael, Nueva Y ork, 1842. : Diccionario geogrfico, estadstico, histrico de la isla de Cuba, Imprenta del establecimiento de Mellado, Madrid, 1863-1866. : Crnica de las Antillas, Rubio Grillo y Vitturzi, Madrid, 1871. : Historia de la isla de Cuba, Carlos Bailly-Baillire, Madrid, 1868-1878. P ICHARDO H ORTENSIA : Documentos para la historia de Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971. P ONTE D OMNGUEZ F RANCISCO : Arango y Parreo, estadista colonial cubano, Imprenta Molina La Habana, 1937. : El delito de la francmasonera en Cuba, estudio histrico acerca de la alianza del altar y el trono, en persecucin de la francmasonera de Cuba, Editorial Humanidad Mxico, 1951. : La personalidad poltica de Jos Antonio Saco, Imprenta Molina y Co., La Habana, s.f. P ORTELL V IL H ERMINIO : Historia de Cuba en sus relaciones con los Estados Unidos y Espaa, J. Montero, Habana, 1938. P ORTUONDO J OS A NTONIO : Bosquejo histrico de las letras cubanas, Direccin General de Cultura, Ministerio de Educacin, La Habana, 1960. P ORTUONDO F ERNANDO : Historia de Cuba: 1492-1898 6ta. ed. Editorial Pueblo y Educacin, La Habana, 1975. R ODRGUEZ C ARLOS R AFAEL : Felix Varela, en Medioda, ao 2, no. 47, La Habana, 1937. : Jos de la Luz y Caballero, en revista Fundamentos, La Habana, 1947. : El marxismo en la historia de Cuba, en Universidad de La Habana, s.f. : El tesoro de nuestras tradiciones ideolgicas, en revista Fundamentos, ao IX, La Habana, junio de 1949, pp. 501 a 504. : Discurso con motivo del 250 aniversario de la Universidad de La Habana, en Granma, La Habana, 11 de noviembre de 1978.

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Aarn: 271. Abrahn: 266, 268, 271. Alcimo: 267. Alejandro Magno: 164, 262, 282. Alonso, Pedro: 236. Altsimo. V er Dios. lvarez Osorio, Miguel: 209. Amalec: 269. Ambrosio, san: 283. Ananas: 267. Anteo: 185. Antoco: 261, 262, 263, 265, 266, 268. Apeles: 170. Apolo: 163. Apstol. V er San Pablo. Arstedes: 164. Aristmenes: 164. Aristteles: 222. Arstegui, Martn de: 171. Arzobispo. V er Galban, arzobispo Jorge Autor del universo. V er Dios. Autor Eterno. V er Dios. Augusto Padre. Ver Carlos III de Espaa. Azanas: 267. Balmaseda, Juan Marcos Rafael de: 185. Bayona, Jos, conde de Casa: 165. Bielfild, Jacobo Federico barn de: 230. Boecio, Severino: 164. Bonaparte, Jos: 266, 267, 271. Bonaparte, Napolen: 262, 264, 265, 266, 267, 271. Brienne, arzobispo Esteban de: 193. NDICE ONOMSTICO

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304 \ 304 \ P APELES Cabezas, Juan. V er Cabezas Altamirano, fray Juan de las. Cabezas Altamirano, fray Juan de las: 163. Cajigal de la V ega, Juan Manuel: 274. Caleb: 266. Campomanes, conde de. V er Rodrguez, Pedro, conde de Campomanes. Capitn General. V er Muro y Salazar, Salvador de, marqus de Someruelos. Carlos II de Espaa: 209. Carlos III de Espaa: 192, 193, 194, 200. Carlos IV de Espaa: 157, 192, 193, 194, 195, 199, 202, 206, 216, 219, 225, 231, 234, 240, 245, 246, 250, 251, 252, 253, 256. Casa-Montalvo, conde: 162. Casa Pealver, marqus: 173. Catn, Marco Poncio: 269. Caudillo. Ver Macabeo. Ceres: 278. Csa r, Cayo Julio: 282. Climent, obispo Jos: 196, 197. Columela, Lucio Junio Moderato: 247. Compostela y Vlez, obispo Diego Evelino de: 163. Copedegui, Jos: 248. Correoso, Juan: 161. Creador. V er Dios. Cristo. V er Jesucristo. Daniel: 267. David: 266, 283, 284. Deus : Ver Dios. Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos: 157, 161, 162, 163, 164, 165, 166, 167, 168, 169, 171, 172, 173, 174, 176, 178, 179, 180, 181, 182, 183, 184, 185, 186, 187, 188, 189, 190, 191, 195, 205, 206, 208, 212, 215, 220, 223, 224, 234, 238, 241, 242, 243, 244, 246, 247, 255, 256, 260, 272, 273, 274, 276, 277, 278, 286. Daz de Espada y Landa. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Dionisio Halicarneses. V er Dionisio de Halicarnaso. Dionisio de Halicarnaso: 242. Dios: 167, 176, 184, 193, 194, 198, 199, 205, 246, 257, 259, 260, 261, 262, 263, 264, 265, 266, 268, 270, 271, 272, 274, 276, 278, 279, 280, 281, 282, 284, 285, 286.

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OBISP O DE ESP ADA / 305 / 305 Divina Omnipotencia. V er Dios. Divina Providencia. V er Dios. Divino Maestro. V er Jesucristo. Echevarra. V er Hechavarra Elguezua y Nieto de Villalobos, obispo Santiago Jos. Elas: 266, 271 Emperador de Francia. Ver Bonaparte, Napolen. Epifanes. Ver Antoco. Epifano. Ver Antoco. Espada. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Evelino. V er Compostela y Vlez, obispo Diego Evelino de. Exmo. Sr. Ver Cajigal y de la V ega, Juan Manuel. Fe rnando VII de Espaa: 259, 261, 265, 266, 273, 274, 276, 278, 279, 280, 281, 282, 283, 285, 286. Fisnantes: 170. Fogor: 268. Garca: 172. Galban, arzobispo Jorge: 197. Gibacoa, conde de: 178. Gorgias: 270. Gmez, Diego: 182. Gran Monarca. V er Carlos IV de Espaa. Hacedor Omnipotente. V er Dios. Hatuey: 241. Hechavarra Elguezua y Nieto de Villalobos, obispo Santiago Jos: 163 Ilustre Seor. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Isaac: 271. Isabel, La Catlica : 273, 278 Jacob: 261, 271. Jaruco, condes de: 171. Jasen. V er Onas. Jefe. Ver Vives, Francisco Dionisio. Jeres, Juan de: 235. Jesu-Christo Ver Jesucristo. Jesucristo: 262, 263, 268, 270, 271, 273, 274, 276, 278, 282, 283, 284.

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306 \ 306 \ P APELES Joarib: 262. Jos: 266, 284. Joseph. V er Jos. Josefo, Flavio: 267. Josu: 266, 267. Juan Bautista, san: 243. Juan Crisstomo, san: 286. Juan Joseph. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Judas Iscariote: 178. Judas Macabeo. Ver Macabeo. Justiniano: 222. Justis, caballeros: 174. Justis, marquesa: 174. Lafuente y Vargas, Gabriel de: 277, 286. Laso. Ver Lazo de la V ega y Cansino, fray Juan. Lazo de la V ega y Cansino, fray Juan: 163, 165, 168. Lenidas: 269. Licurgo: 222, 269. Lima, Cristbal de: 248. Lima, Francisco de: 248. Lino, mdico: 172. Lisias: 270. Lorenzo, san: 263. Lot: 268. Loyola, presbtero Juan Francisco: 188, 189. Lucas, san: 286. Luis XVIII de Francia: 280. Macabeo: 261, 262, 267, 270. Matatas. Ver Macabeo. Mateo, san: 285. Menelao: 264. Metastasio, Pietro: 170. Mestre, sacristn: 184. Milciades: 269. Misael, san: 267. Moses: 268, 271.

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OBISP O DE ESP ADA / 307 / 307 Molina, cardenal: 163. Molina Lario, obispo: 197, 198. Monarca. Ver Carlos IV de Espaa. Monarca. V er Fe rnando VII de Espaa. Monarca Catlico. Ver Fernando VII de Espaa. Montarco, conde de: 195. Montbars: 240. Morel. V er Morell de Santa Cruz, obispo Pedro Agustn. Morell de Santa Cruz, obispo Pedro Agustn: 163, 182. Muro y Salazar, Salvador de, marqus de Someruelos: 195, 245, 257. Naranjo, doctor: 173. Nanases: 271. Nehemas: 271. Obispo. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Obispo de La Habana. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos. Obispo de Lugo. V er Snchez Rangel, fray Hiplito. OFarril, Ignacio: 169. OFarril, Ricardo: 169. Olons: 240. Onas: 267. Pablo, san: 265, 286. Padre. V er Fernando VII de Espaa. Padre. V er Dios. Padre celestial. V er Dios. Pastor. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Pastor. V er Molina Lario, obispo. Pedrosos: 180. Pealver: 180. Phinees: 266. Po VII: 278. Pirro: 164. Plutarco: 222. Poltero: 222. Pompeyo: 269. Ponce de Len, Juan: 239. Pozo, Pedro del: 248.

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308 \ 308 \ P APELES Prado Ameno, marquesa de: 171. Prelado. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Prelado. V er Molina Lario, obispo. Prelado Diocesano: V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Presidente Gobernador. V er Muro y Salazar, Salvador de, marqus de Someruelos. Prncipe. Ver Fernando VII de Espaa. Prncipe. V er Sal. Providencia. V er Dios. Ptolomeo: 261. Real persona. V er Carlos I V. Redentor. Ver Jesucristo. Rey. Ver Fernando VII de Espaa. Rey intruso. V er Bonaparte, Jos. Rey profeta. V er David. Rodrguez, arzobispo Isidoro: 186. Rodrguez, Pedro, conde de Campomanes: 197, 230. Rojas, Mara de: 187. Salvador. V er Jesucristo. Snchez, clrigo: 188. Snchez Rangel, fray Hiplito: 191. Santa Mara, Juan de: 248. Santiago, apstol: 282, 284. Santidad. Ver Po VII. Sarmiento, obispo Diego de: 163. Sal: 268, 283. Scio de San Miguel, Felipe: 265. Seor. V er Carlos IV de Espaa. Seor: V er Dios. Seor Gobernador. Ver Montarco, conde de. Seor Gobernador. V er Muro y Salazar, Salvador de, mrques de Someruelos. Seor Omnipotente. V er Dios. Ser Eterno. V er Dios. Ser Supremo. V er Dios. Simn: 267.

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OBISP O DE ESP ADA / 309 / 309 Smith, Adam: 230, 247. Soberano. V er Dios. Soberano, Ver Fernando VII de Espaa. Soln: 222, 269. Someruelos, marqus de. V er Muro y Salazar, Salvador de, mrques de Someruelos. S.I. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. S.S.I. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. S. S. Iltma. V er Daz de Espada y Fernndez de Landa, obispo Juan Jos. Su Majestad. V er Carlos IV de Espaa. Tcito: 222. T eseo: 185. T oms de Aquino, santo: 283. Tito: 281. T odopoderoso. V er Dios. T rajano, Marco Ulpio: 281. T respalacios y V erdeja, obispo Felipe Jos de: 157. Ulpiano: 222. Ustriz, Gernimo de: 230, 239. Vara Caldern, obispo: 172. Va rront, M.: 247. V elzquez de Cullar, Diego: 241. V enegas, cura Ignacio: 190. Vives, Francisco Dionisio: 285. Vuestra Excelencia. V er Fernando VII de Espaa. V M. Ver Carlos IV de Espaa. Vuestra Majestad. Ver Carlos IV de Espaa. Ward, Ricardo: 230, 239. Zuazo, doctor: 162.

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V ID A Y OBRA P ANORAMA NACIONAL P ANORAMA I NTERNACIONAL 1756 Nace Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa. 1759 1761 1762 1763 1 767 1769 1775 Toma de La Habana por los ingleses. Expulsin del obispo Morell de Santa Cruz. Se reinicia la dominacin espaola en La Habana. Regresa el obispo Morell de Santa Cruz Expulsin de los jesuitas de Cuba. Designado obispo de Cuba el criollo Santiago Jos de Hechavarra Elgueza y Nieto de Villalobos. Se inicia la Guerra de los Siete Aos entre la alianza franco-austriaca y la anglo-prusiana Ocupa el trono espaol Carlos III, quien renuncia al de Npoles, donde reinaba desde 1734. Tercer Pacto de Familia entre F rancia y Espaa. En virtud de l, este ltimo pas entra en la Guerra de los Siete Aos. Se firma el Tratado de Pars que pone fin a la Guerra de los Siete Aos. Espaa recibe la Luisiana, Manila y La Habana, y cede Florida, Pensacola y el fuerte de San Agustn. Watt realiza los primeros ensayos con su mquina de vapor La batalla de Lexington inicia la Guerra de IndeDE ESP AD A Y SU POC A

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312 \ 312 \ P APELES V ID A Y OBRA P ANORAMA NACIONAL P ANORAMA I NTERNACIONAL 1778 1780 1782 Con 26 aos inicia su carrera sacerdotal; es ordenado presbtero por el Obispo de Segovia 1783 1786 Nombrado vicesecretario del Obispado de Plasencia 1789 Real Cdula que concede la libertad de comercio de negros a espaoles y extranjeros con Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Caracas. El obispado de Cuba se divide en dos, uno con sede en Santiago de Cuba y el otro en La Habana. Felipe Jos de Trespalacios y Verdeja pendencia de las Trece Colonias. Espaa y F rancia intervienen a favor de los colonos con el objetivo de debilitar a su enemigo tradicional, Inglaterra. Wilbe r force funda en Inglaterra la Sociedad de los A migos de los N egros, de car cter abolicionista. Paz de Versalles: Inglaterra reconoce la independencia de las Trece Colonias. Espaa recupera Menorca, las dos Floridas y territorios en Honduras. Brissot de Wanville funda en Pars otra sociedad de amigos de los negros, similar a la de Londres a la cual se adhieren, entre otros, Lafayette, Sieys, Condorcet, Mirabeau y Necke r. Toma de la Bastilla. Se inicia la Revolucin F rancesa. Abolicin del rgimen feudal en F rancia. Declaracin de los Derechos del Hombre. Primera mocin que condena la esclavitud y la trata en el parlamento de Londres por Wilberforce.

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OBISPO DE ES P ADA V ID A Y OBRA P ANORAMA NACIONAL P ANORAMA I NTERNACIONAL / 313 / 313 1792 Nombrado Provisor y Vicario General de la abada y territorio de Villafranca del Vierzo. Como cannigo y profesor, imparte sus primeras clases de filosofa. 1794 Elevado a Prior de la colegiatura de Villafranca del Vierzo. 1799 Nombrado Promotor Fiscal del Santo Oficio de Mayorca. 1800 Presentado por el Rey y nombrado por el Papa Obispo de La Habana. 1802 Arriba a Cuba. Consagrado obispo, toma posesin de la dicesis habanera. Nombrado socio honorario de la Sociedad Econmica de Amigos del Pas 1803 Asume la direccin de la Sociedad Econmica. Emite el Edicto de camprimer obispo de La Habana. Se autorizza el embarque de azcar en buques amigos y neutrales. Finaliza la construccin del Palacio de lo s Capitanes Generales. Francisco de Arango y Parreo: Discurso sobre la agricultura y medios de fomentarla en La Habana. En la villa de Bayamo es descubierta una conspiracin en la cual participan el negro de 56 aos Nicols Morales y el j oven blanco de 21 Gabriel Jos Estrada. Comienzo de la revolucin en Hait. Muere el obispo de La Habana Trespalacios. Aumenta el xodo franco-hispano a Cuba debido a que Estados Abolicin de la monarqua y proclamacin de la Repblica Francesa. La Convencin Nacional francesa proclama la abolicin de la esclavitud en todas las colonias. Cada y asesinato de Robespierre. 18 Brumario de Napolen Bonaparte. Inicio del consulado. Napolen derrota al ejrcito austr i aco en Marengo. La libra de azcar vale en Pars 50 centavos. El presidente estadounidense Jefferson declara su deseo de anexar a Cuba. Napolen cnsul vitalicio. Primera ley que reglamenta el trabajo de los nios en Inglaterra.

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314 \ 314 \ P APELES V ID A Y OBRA P ANORAMA NACIONAL P ANORAMA I NTERNACIONAL panas y el Mandato contra los matrimonios clandestinos Inicia su visita pastoral. 1804 Inicia con su amigo Toms Romay la campaa a favor de la vacuna. Prohbe enterrar en las iglesias. Termina su visita pastoral. 1806 Bendice el primer cementerio de La Habana. 1808 Termina su trascendental informe Diezmos reservados Se opone a los excesos contra los franceses. 1810 Espada por la autonoma de Cuba. Unidos compra la Luisiana a Francia. Comienza a construirse el cementerio de Espada. Real Cdula que concede libertad absoluta para el trfico de negros. Se crea el Arzobispado de Santiago de Cuba. Con motivo de la guerra de independencia de Espaa contra Francia son expulsados de Cuba los franceses que haban emigrado y fomentado cafetales y otras ramas productivas. Gestiones anexionistas del general norteamericano James Wilkinson amigo personal del presidente Jefferson. Primera conspiracin dirigida por Romn de la Luz. Empadronamiento de la Isla por Arango y Parreo: 600 000 habitantes. Es ahorcado Alemn de la Pea, emisario napo lenico. E n el verano son elegi dos los primeros diputa-dos a las Cortes. Por La Habana, Andrs Juregui, y por Santiago, Juan Ber-nardo OGavan. Napolen se proclama emperador de Francia. Pone en vigor e l Cdigo Civil. Motn de Aranjuez, fin del gobierno de Godoy y abdicacin de Carlos IV a favor de su hijo F ernando VII. Napolen proclama rey de Espaa a su hermano Jos. El 2 de mayo, levantamiento popular en Madrid. Inicio de la guerra de independencia espaola. Se decreta la abolicin de la Inquisicin, extincin de los derechos feudales y supresin de las aduanas internas. Goethe: Fausto Surgen tensiones independentistas en Argentina, Urugua y Mxico, Venezuela y Ecuador. Se organizan las juntas americanas. En septiembre, el cura Hidalgo lanza en Mxico el Grito de Dolores. Proclama la abolicin del tributo y de la esclavitud. En Venezuela asume el poder la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII. El 5 de julio,

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OBISPO DE ES P ADA V ID A Y OBRA P ANORAMA NACIONAL P ANORAMA I NTERNACIONAL / 315 / 315 Las instituciones de la Isla protestan contra los proyectos presentados en las Cortes de Cdiz para la supresin del comercio de negros y la abolicin de la esclavitud. Segundo viaje de Alejandro de Humboldt a Cuba. Se jura la Constitucin de Cdiz. Joaqun Infante publica en V enezuela el primer proyecto constitucional para Cuba independiente. Es descubierta una conspiracin dirigida por el negro libre, carpin tero tallador Jos Antonio Aponte. Sublevacin de esclavos en Puerto Prn cipe, Oriente y en los ingenios habaneros de las zonas de Guanabacoa y Jaruco. T oma posesin del Gobierno de la Isla el ge neral Juan Ruiz de Apo daca, conde de V enedito proclamacin de Independencia. F ormacin en Bogot del Supremo Congreso. En Argentina se forma la Junta Patritica. F usilamiento de Hidalgo en Chihuahua. El movimiento independentista mexicano se prolonga bajo la direccin del cura Morelos. Jos Gervasio Artigas organiza la sublevacin uruguaya. Primeros motines de los ludditas en Nottingham, Inglaterra, contra el empleo de las m quinas en las fbricas, a causa del desempleo que provocan. S e produce en Espaa la victoria hispano-inglesa. Derrota de Napolen en Rusia. Guerra entre Inglaterra y Estados Unidos. Desembarco de las tropas realistas de Domingo Monteverde en V enezuela. El Congreso entrega el poder a Francisco de Miranda. M onte verde consigue su detencin. Triunfo de los ensayos en Francia para fabricar azcar de remolacha. Dos alemanes y un ingls inventan la imprenta rotativa. Ingla terra comienza a fabricar buques de vapo r. Retauracin del absolutismo en Espaa por F ernando VII. Napolen desterrado a la isla de 1811 Carta pastoral en la cual exhorta al patriotismo y expresa el deber de los reyes para con sus vasallos. 1812 Respalda activamente la Constitucin de Cdiz. Preside el juramento de ella. 1814

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316 \ 316 \ P APELES V ID A Y OBRA P ANORAMA NACIONAL P ANORAMA I NTERNACIONAL Elba. Luis XVIII, rey de F rancia. Se firma la Paz Perpetua de Gente entre Inglaterra y Estados Unidos. Apertura del Congreso de Viena. Morelos es detenido y fusilado. Bolvar es obligado a refugiarse en Nueva Granada. El ingls George Stephenson construye la primera locomotora S imn Bolvar desembarca en la isla Margarita e inicia la tercera revolucin independentista. Se proclama la independencia de Argentina en el Congreso de Tucumn. A. Constant: Adolfo ; J. Rossini: El barbero de Sevilla. Sublevacin de Rafael Riego en Cabezas de San Juan. Triunfo liberal en Espaa. Rgimen constitucional. Ecuador proclama su independencia. San Martn llega a Per. Jorge I V rey de Inglaterra. A. Lamartine: Meditaciones. La batalla de Ayacucho pone fin a la dominacin espaola en Amrica. En Mxico se proclama la Repblica Federal y Jos de Cienfuegos y Jo-vellanos, sobrino del economista espaol Gaspar Melchor de Jovellanos, nombrado gobernador de la Isla. Cese de la trata legal, segn tratado anglo-espaol de 1817. En los diez aos anteriores fueron introducidos slo por el puerto de La Habana, 225 574 bozales. Comienzo de la etapa de la trata ilegal. Regimientos espaoles imponen la Constitucin. Inicio del Segundo Perodo Constitucional. Libertad de prensa. Auge de las sociedades polticas. Desde el ao anterior, cada del rgimen constitucional, se establecen medidas absolutistas. La Habana considerada 1816 Publica una carta pastoral en que no acepta la solucin independentista. 1820 La S ociedad Econmica pide a Espada la creacin de la C tedra de Constitucin. ste ordena a Varela que la asuma. Publica la carta pastoral en defensa del rgimen consti tucional y de las liber tades pblicas. 1824 Carta pastoral en la cual pide clemencia para liberales ante la restauracin del absolutismo. La Corona dicta orden

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OBISPO DE ES P ADA V ID A Y OBRA P ANORAMA NACIONAL P ANORAMA I NTERNACIONAL / 317 / 317 plaza sitiada. Otorgadas al Capitn General las facultades omnmodas. Se establece en la baha de la Habana un pontn, con guarnicin inglesa, destinado a recibir los negros ocupados a los contratistas apresados. Se crean las Comisiones Militares Extraordinarias. Se inicia la conspiracin del guila Negra. La poblacin de Cuba, segn Behn y Wagner, es de 715 000 habitantes. Conspiracin separatista en Puerto Prncipe. Son ahorcados Francisco Agero y Andrs Manuel Snchez. Alejandro de Humboldt publica en Pars su Ensayo poltico sobre la isla de Cuba. Toma posesin como arzobispo de Santiago de Cuba, Mariano Rodrguez de Olmedo y V alle. Se introducen ilegalmente 10 600 esclavos, para un acumulado superior a 356 300 bozales. La produccin azucarera es de 77 006 toneladas mtricas, la ms alta hasta entonces. Se crea la Asociacin de aigos como cofrada de negros criollos, a quienes les estaba prohibido tomar parte de Guadalupe Victoria es nombrado presidente. Reconocimiento de la independencia de las colonias americanas por Inglaterra. Se aprueba el derecho a huelga en Ing laterra. Reconocimiento d e las Trade Unions. Abolicin de la esclavitud en Mxico. El general Sucre consigue la independencia del Alto Per que pasa a nombrarse Bolivia. Revolucin en Rusia. El ingls Stephenson perfecciona la locomotora y construye el primer ferrocarril. Congreso de Panam. F racasa el proyecto de Bolvar de unin sudamericana Rivadavia presidente de Argentina. Inglaterra reconoce a las nuevas repblicas latinoamericanas. Ampere: Electrodinmica. Couisin: Fragmentos de filosofa contempornea. Per y Bolivia entran en conflicto blico. Uruguay se proclama repblica independiente. Guerra ruso-turca. Fornmacin del Zollverein en Alemania. Woehler realiza la sntesis de la urea. Revolucin de Julio en Pars. Luis Felipe de Orleans, rey constitucional. Independencia de Blgica. Grecia es recode apresar al obispo. 1825 Ante la enfermedad de Espada y la imposibilidad de su viaje, el Rey suspende temporalmente la orden de conducirlo a Espaa. 1826 Espada solicita a su apoderado en Madrid, la anulacin definitiva de la orden de envo a Espaa. 1828 Solemniza e inaugura el Templete. En el V aticano se abre proceso contra Espada. 1830 Sufre su primer ataque de apopleja. Mientras la Corona decide dejar tranquilo al o bispo, el Vaticano insiste en su castigo.

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318 \ 318 \ P APELES V ID A Y OBRA P ANORAMA NACIONAL P ANORAMA I NTERNACIONAL los cabildos reservados a los negros africanos. Segn estimados de Pezuela, 60 000 bozales se introdujeron en los diez aos de trata ilegal. De ms de 300 expediciones los ingleses slo apresaron un 4 %; los espaoles ninguna. Publicado el primer nmero de la Revista Bimestre Cubana La produccin azucarera llega a 104 971 toneladas para un 18,17 % de la produccin mundial. Comienza la construccin del primer acueducto de La Habana. El 15 de mayo asume el mando de la Isla Mariano Ricafort y Palacin de la Barca. nocida como Estado independiente. Los franceses en Argel. Insurreccin en Irlanda. Se inaugura la lnea Manchester-Liverpool con la locomotora El cohete de Stephenson. Comte: Curso de filosofa positivista. Inicio de la Primera Guerra Carlista en Espaa. Polonia es declarada provincia rusa. Se publica en Inglaterra la ley electoral de 1832. J. Mazzini funda la Joven Italia y la Joven Europa. Amnista en Espaa 1832 Fallece a las 2 de la tarde del 13 de agosto Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa.

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NDICE NDICE Presentacin ............................................................................................. Nota de agradecimiento ........................................................................... E E NSAYO NSAYO INTRODUCTORIO INTRODUCTORIO Hacia una interpretacin del obispo De Espada y su influencia en la sociedad y el pensamiento cubanos ............................................ I. Para comenzar. Ser y hacer sobre el lecho de un volcn ................... La formacin de un obispo ilustrado .................................................. Bajo la sombra del anillo del pescador ............................................... La batalla de los diezmos .............................................................. En la penumbra del templo .......................................................... Por su obra lo conoceris .................................................................... La modernizacin de las instituciones medievales ................... La reforma cientfica de la salud pblica versus la mala f e ........ El obispo De Espada en los orgenes de la cultura cubana ............ La enseanza elemental y lo elemental de la enseanza ........ Los comienzos de una posible revolucin gnoseolgica ........... La expresin esttica de la reforma ........................................... II. La poltica: Hacer slo lo que es posible hacer .................................. Perodo de 1802 a 1814. La Ilustracin en accin ............................. Perodo de 1814 a 1820. La poca dorada del reformismo criollo .... Perodo de 1820 a 1823. El liberalismo en accin ............................. Perodo de 1823 a 1832. La reaccin absolutista en accin .............. III. Pensar para conocer; conocer para ser .............................................. C C OLECCIN OLECCIN DE DE P P APELES APELES Edicto de campanas .................................................................................. Mandato contra los matrimonios clandestinos ....................................... Visita pastoral del obispo Daz de Espada en 1804, segn el relato de fray Hiplito Snchez Rangel ...................................................... V VII 1 1 4 29 35 43 51 52 57 62 65 70 89 92 93 99 103 112 135 157 159 161

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Exhortacin a los fieles de la Havana, hecha por el Prelado Diocesano sobre el cementerio general de ella ........................................... Exhortacin al uso general de la vacuna .................................................. Diezmos reservados .................................................................................. Exhortacin ............................................................................................... Carta Pastoral que el Ilustrsimo Seor Don Juan Jos Daz de Espada y F ernndez de Landa, del Consejo de S.M. y Obispo de la Havana, dirige a sus diocesanos, inspirndoles el amor a la Religin y a la Patria ..................................................................... Circular del Excmo. e Ilsmo. Sr. D. Juan Jos Daz de Espada y Landa, Obispo de la Havana, etc. A los curas, prrocos, sacristanes mayores y catedrticos tenientes perpetuos de las iglesias y dems individuos encargados de la enseanza pblica, principalmente a los catedrticos de jurisprudencia, a consecuencia de la Real Orden de 4 de mayo de 1820 sobre la explicacin de la Constitucin poltica de la monarqua espaola ........................... Circular al Cabildo de su Santa Iglesia Catedral ..................................... Bibliografa activa ...................................................................................... Bibliografa pasiva ..................................................................................... Fuentes peridicas .................................................................................... Fuentes documentales .............................................................................. ndice onomstico ...................................................................................... De Espada y su poca ................................................................................ 192 201 206 257 261 273 278 287 289 301 301 303 311