Obras

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Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Physical Description:
v. : ill. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Saco, José Antonio, 1797-1879
Torres-Cuevas, Eduardo, 1942-
Casa de Altos Estudios de Fernando Ortiz
Publisher:
Imagen Contemporánea :
Casa de Altos Estudios de Fernando Ortiz
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Cuban question -- To 1895   ( lcsh )
Slavery -- History -- Cuba -- 19th century   ( lcsh )
History -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Politics and government -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references and indexes.
Statement of Responsibility:
José Antonio Saco ; ensayo introductorio, compilación y notas, Eduardo Torres-Cuevas.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 51337436
isbn - 9597078228 (obra completa)
ocm51337436
System ID:
AA00008627:00004


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Full Text

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LEGALES SACO IV.p65 18/09/01, 17:46 1

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BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOS CASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANAEsta obra se publica con el coauspicio de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTORA ARTSTICADeguis Fernndez Tejeda ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva LEGALES SACO IV.p65 18/09/01, 17:46 2

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Responsable de la edicin: Gladys Alonso Gonzlez Realizacin y emplane: Viviana Fernndez RubinosTodos los derechos reservados Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2001; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 15 ISBN 959-7078-22-8 obra completa ISBN 959-7078-26-0 volumen IV Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Deguis Fernndez Tejeda Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC LEGALES SACO IV.p65 18/09/01, 17:46 4

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Jos Antonio Saco (1797-1879) Frontisp Saco IV.p65 19/09/01, 9:35 97

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El nombre de Saco fue, para nosotros, smbolo siempre de la ms patritica melancola. Su vida errante, menesterosa y solitaria, en expiacin de haber amado mucho a su pas, tan infortunado como l; su largo alejamiento de una sociedad que haba estudiado con paciencia y esmero insuperables; su muerte en tierra lejana; el entierro que reuni por un momento en torno de su cadver y en no muy grande nmero a los que nunca hubieran podido encontrarse alrededor de su persona; todo en la vida de Saco, tan ilustre y desgraciado, tena que inspirar profunda amargura a cuantos amasen la libertad y la virtud. Rafael Montoro

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COLECCI"N P"STUMA DE PAPELES CIENTFICOS, HIST"RICOS Y POLTICOS Y DE OTROS RAMOS SOBRE LA ISLA DE CUBA, YA PUBLICADOS, YA INDITOS POR DON JOS ANTONIO SACO

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REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N DE ALGUNOS CUBANOS EN 1859 ACI"N DE ALGUNOS CUBANOS EN 1859 ACI"N DE ALGUNOS CUBANOS EN 1859 ACI"N DE ALGUNOS CUBANOS EN 1859 ACI"N DE ALGUNOS CUBANOS EN 1859 A S.M. LA REINA DOA ISABEL II A S.M. LA REINA DOA ISABEL II A S.M. LA REINA DOA ISABEL II A S.M. LA REINA DOA ISABEL II A S.M. LA REINA DOA ISABEL IIEn agosto* de 1859, escribi de Madrid el seor conde Brunet a su amigo D. Gaspar Betancourt, que a la sazn se hallaba en Pars, para que me hablase, pues que no me conoca, con el objeto de que le hiciese una exposicin al gobierno, pidiendo reformas polticas para Cuba, la cual l firmara con otros cubanos. Acced a este deseo, y al enviar la exposicin a Betancourt, le escrib lo siguiente: “La representacin no es lo que pudiera ser; pero de otra manera, quin la firmara en Cuba? sta gozara de libertades si hubiera 200 o 300 cubanos influyentes que hicieran lo que hace el conde Brunet; mas, no lo espero, y por eso no me prometo muy poco de la tal representacin”. Seora: Los individuos que suscriben esta exposicin, llegan respetuosos al pie del trono de V.M. a implorar a favor de la isla de Cuba la justicia y el consuelo que esperan encontrar en el maternal corazn de V.M. Fue principio fundamental, consignado en el Cdigo que rigi a la Amrica “que siendo de una corona los reinos de Castilla y de las Indias, las leyes y orden de Gobierno de los unos y de los otros deben ser los ms semejantes y conforme que ser pueda.1 Este principio, seora, no fue una vana promesa, sino una mxima de gobierno que se aplic a todos los pases hispanoamericanos; y as fue que durante tres centurias, ellos carecieron de libres instituciones, pues despojada Espaa de sus propias libertades, no pudo dar a las Indias lo que ella en s no tena. Un sacudimiento profundo, ocasionado por la invasin de los franceses en 1808, trastorn las bases del Gobierno espaol. La regencia del reino que se alz sobre sus ruinas, devolvi a la nacin sus antiguos fueros, y fiel al gran principio de que las leyes y orden de Gobierno de Castilla y de las Indias deben ser los ms conformes y semejantes que *Esta obra se tom de Editor Miguel de Villa, Obispo 60, Habana, 1881. 1 Recopilacin de leyes de Indias lib. II, tt. 1, 13.

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OBRAS 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ ser pueda, Cuba tuvo entonces, lo mismo que Espaa, libertad de imprenta, ayuntamientos electivos, diputaciones provinciales, y representantes en las Cortes constituyentes de aquella poca y en las ordinarias que despus se juntaron. El funesto decreto dado en Valencia el 4 de mayo de 1814, hundi por seis aos la libertad espaola; pero apareciendo sta de nuevo en 1820, sus rayos se extendieron hasta el Nuevo Mundo, y Cuba volvi a gozar de los mismos derechos polticos que en el perodo anterior, enviando, por consiguiente, sus diputados a las Cortes que se celebraron de 1820 a 1823. En este ao, las bayonetas extranjeras, ms que la voluntad de la nacin, acabaron con la libertad de Espaa. Diez aos corrieron hasta que el advenimiento al trono de V.M. abri a todos los espaoles de ambos hemisferios una nueva era de justicia y libertad; y Cuba, que sin seguir los ejemplos del continente americano, se haba mantenido siempre fiel al estandarte de Castilla, vio sentar sus procuradores a Cortes en el estamento que en 1834 se junt a la sombra del Estatuto Real. Al embate de la revolucin de la Granja cay ese Cdigo en 1836, subi al poder el partido progresista, y uno de los primeros actos del nuevo gobierno fue llamar con urgencia a los diputados cubanos para que viniesen a tomar parte en los trabajos de las Cortes constituyentes que entonces se congregaron. Esos diputados, seora, surcaron los mares, y cuando se presentaron a las puertas del Congreso espaol se les dijo, que no se les poda admitir, porque en lo sucesivo la isla de Cuba sera gobernada por leyes especiales. As qued privada aquella noble provincia espaola desde 1837, de cuantos derechos polticos posea, pues que esas leyes especiales que se los hubieran asegurado, an no se han podido hacer, no obstante haber transcurrido ms de 22 aos. Los individuos, Seora, que firman esta exposicin, no vienen aqu a quejarse, ni menos a censurar la conducta de los hombres. Ellos han respetado siempre las decisiones del gobierno de V.M.; pero este respeto, grande y profundo como es, no es incompatible con la franqueza que cumple a leales espaoles. Fuerza, pues, es decir, que la poltica que se adopt con Cuba en 1837, lejos de corresponder a los fines que se propusiesen sus autores, produjo resultados tan contrarios, que a ellas se deben los deplorables acontecimientos que han ocurrido entre Cuba y la confederacin americana: acontecimientos que ms de una vez han comprometido la paz entre aquella repblica y Espaa. El ilustrado gobierno de V.M. sabe muy bien, que los pueblos tienen un perodo en que viven felices cuando sus necesidades materiales estn satisfechas; pero que hay otro ms adelantado, en que sintiendo nuevos estmulos, ellos aspiran al goce de los derechos polticos. Tal es el punto a que Cuba ha llegado ya, no slo por el nmero de su poblacin

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JOS ANTONIO SACO /5 /5 /5 /5 /5 blanca, por su riqueza e ilustracin, sino por los ejemplos de libertad que le ofrecen las Antillas que la rodean, la vecina Confederacin Norteamericana, y, sobre todo, su misma metrpoli, pues no es posible, que hijos y hermanos de espaoles, sean indiferentes al contraste que presentan las actuales instituciones de Cuba y Espaa. Seora, los derechos polticos que a Cuba se concedan, darn nuevo impulso a su prosperidad, aumentarn las rentas pblicas, multiplicarn el comercio entre ella y la Pennsula, facilitarn las mutuas comunicaciones, y este cambio, benfico de intereses y de afectos entre los padres y los hijos, estrecharn ms y ms los naturales vnculos que los ligan. De este modo, Cuba contenta y con seguro porvenir, se burlara de las peligrosas sugestiones de una repblica ambiciosa que a todas horas la convida con su libertad para apoderarse de ella y engrandecerse sobre las ruinas de su raza. Los Estados Unidos, seora, contemplan con maquiavlica complacencia la ndole e inmovilidad con que permanecen las instituciones polticas de Cuba, porque en ellas ms que en su fuerza, cifran sus esperanzas, y el da en que Cuba marche francamente por la senda de la libertad, ese da sentirn que se les rompe para siempre la palanca fatal en que se apoyan. Hubo un tiempo en que algunos polticos de Espaa creyeron equivocadamente, que la libertad que a Cuba se concediera, sera el medio de que ella se valdra para hacerse independiente; y en esto, y slo en esto, se fundaron los hombres que en 1837 privaron a Cuba de todos sus derechos. Semejante idea, que nunca ha sido exacta, ya hoy no tiene ni aun las apariencias de verdad. Si los Estados Unidos no se han apoderado ya de Cuba, es por el temor que les inspira una guerra con Espaa; pero el da en que ella se declarase independiente quedara privada de la proteccin de su metrpoli, y careciendo de fuerzas propias para luchar con el coloso que la amenaza, no slo perdera esa misma independencia que locamente buscara sino hasta los ltimos vestigios de su nacionalidad. Cuba, Seora, conoce sus intereses, y no se alucina con quimeras. Ella no quiere ms que ser espaola, no quiere ms que vivir libre bajo los auspicios de Espaa, y crea V.M. que los cubanos, si las circunstancias lo exigieren, sacrificarn gustosos sus bienes y sus vidas en defensa del nombre glorioso de su raza y del excelso trono de Castilla. A los reales pies de V.M. Esta representacin se hizo en septiembre de 1859, sin que yo pueda decir si lleg a presentarse al gobierno.

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ISLA DE CUBA ISLA DE CUBA ISLA DE CUBA ISLA DE CUBA ISLA DE CUBA ARTCULO I1CONFORMIDAD ENTRE LAS INSTITUCIONES DE LAS PROVINCIAS HISPANOAMERICANAS Y SU METR"POLI EN LOS TIEMPOS PASADOS, Y CONTRASTE EN EL PRESENTEDesde que a fines del siglo XV y principios del XVI, empez Espaa a poblar las regiones del Nuevo Mundo, procur darles, en cuanto ser pudiese, la misma forma de gobierno que ella tena. Esta poltica, iniciada por los Reyes Catlicos, seguida por Carlos I, y proclamada por Felipe II, en la ordenanza 14 del Consejo, y por Felipe IV en la 13 de 1636, fue despus consignada en el Cdigo de Indias como ley fundamental. Dice as: “Porque siendo de una corona los Reinos de Castilla y de las Indias, las leyes y orden del Gobierno de los unos y de los otros deben ser lo ms semejantes y conformes que ser pueda los de nuestro Consejo en las leyes y establecimientos que para aquellos Estados ordenaren, procuren reducir la forma y manera del Gobierno de ellos, al estilo y orden que son regidos y gobernados los Reinos de Castilla y de Len en cuanto hubiere lugar, y permitiere la diversidad y diferencia de las tierras y naciones”.2 No fue sta una de aquellas leyes que se estampan en los cdigos para quedar sin efecto. Un rpido examen de la organizacin que se dio a las posesiones ultramarinas, bastar para demostrar que, no obstante la diferencia que deba haber, por la variedad de circunstancias, en ciertas disposiciones secundarias, en las de un orden superior y que, por decirlo as, constituyen el fundamento social, siempre predomin en lo bueno y en lo malo el espritu de unidad. Cierto es, que las instituciones que gobernaban las colonias, estaban marcadas con el sello del despo1Publicado en La Amrica de Madrid del 24 de mayo de 1862. 2 Recopilacin de Indias ley 2, tt. 8, lib. 4.

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JOS ANTONIO SACO /7 /7 /7 /7 /7 tismo; pero despotismo era lo que entonces reinaba en Espaa, que si libertad hubiera habido, libertad tambin hubieran tenido ellas. Con los primeros pobladores entr el cristianismo en Amrica. Catlica, apostlica, romana fue la Iglesia de Espaa, y as tambin lo fue en los pases de Ultramar. La organizacin que recibi allende, fue idntica a la de aquende; y los arzobispos, obispos y cannigos, los simples sacerdotes, frailes y monjas, los conventos, catedrales y dems iglesias, todo, todo fue una copia del tipo que la metrpoli presentaba. Si ella reuni sus concilios, Amrica tambin celebr los suyos; y para que nada faltase a cuadro tan semejante, con mengua de una religin dulce y divina, cruzaron el Atlntico en fnebre cortejo la ciega intolerancia, el ardiente fanatismo y hasta las hogueras de la Inquisicin. Pasando de lo religioso a lo profano, veremos que en Amrica se fundaron estudios y universidades bajo la misma planta que los de Espaa; y que as como en sta se concedieron varias prerrogativas a los que en algunas de ellas estudiaban, las mismas tambin se dispensaron a los alumnos de las de Mjico y las de Lima. Plceme citar aqu las palabras de dos monarcas, que mientras mataban en Espaa la libertad, procuraron encender en Amrica la antorcha del saber... “Por el mucho amor [dijeron Carlos I y su hijo Felipe II], por el mucho amor y voluntad que tenemos de honrar y favorecer a los de nuestras Indias, y desterrar de ellas las tinieblas de la ignorancia, creamos, fundamos y constituimos en la ciudad de Lima, de los reinos del Per, y en la ciudad de Mjico, de la Nueva Espaa, universidades y estudios generales; y tenemos por bien y concedemos a todas las personas que en las dichas dos universidades fueren graduados, que gocen en nuestras Indias, islas y Tierra Firme del mar Ocano, de las libertades y franquezas de que gozan en estos reinos los que se gradan en la universidad y estudios de Salamanca, as en el no pechar como en todo lo dems”.3 Fijo el gobierno en la idea de establecer la uniformidad, asent la hacienda pblica sobre bases semejantes a las de Espaa. Todo el aparato de oficinas y de empleados que en ellas rodeaba ese sistema, todos los aciertos y los errores que le acompaaban, los pesados tributos, la injusticia en su repartimiento, la violencia en su exaccin y hasta el terrible monopolio, todo esto se llev tambin al mundo de Coln; y si los brazos encadenados en l no pudieron romper los campos ni fomentar las artes ni el comercio, en igual caso se hallaron los de la oprimida metrpoli. Sufra la Amrica, es verdad, pero Espaa tambin sufra, y si los males eran comunes, procedan al menos de las mismas instituciones. En punto a metales preciosos, se mand, que la plata y oro, as en barras y tejos, como en moneda, vajillas y joyas, fuesen en Indias de la misma ley que en los reinos de Castilla. 3 Recopilacin de Indias ley 13, tt. 2, lib. 2.

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OBRAS 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ An ms estricta, si cabe, fue la uniformidad establecida para todos los pesos y medidas; y al intento se puede leer la ley 22, tit. 18, lib. 4 de la Recopilacin de Indias El poder judicial fue una imitacin del de Espaa, y las leyes de sta, en general, sirvieron de regla a los tribunales de Amrica. Digo en general, porque habanse hecho para ellas algunas leyes especiales; mas, como stas no formaron un cdigo civil, criminal, ni de procedimiento, pocos eran los negocios que por ellas se podan decidir. En consecuencia, Carlos I y Felipe II en el siglo XVI, y Felipe IV en el XVII, ordenaron lo que voy a transcribir. “Ordenamos y mandamos, que en todos los casos, negocios y pleitos en que no estuviere decidido, ni declarado lo que se debe proveer, por las leyes de esta Recopilacin, o por Cdulas, provisiones u ordenanzas dadas... se guarden las leyes de nuestro reino de Castilla, conforme a la de Toro, as en cuanto a la sustancia, resolucin y decisin de los casos, negocios y pleitos, como a la forma y orden de sustanciar”.4 Ayuntamientos encargados de la polica urbana hubo por todas partes en Espaa; y corporaciones semejantes con atribuciones anlogas, se establecieron tambin en Amrica desde el tiempo de la conquista, no slo en las ciudades, sino en las villas y lugares. Pero la fuerza asimiladora extendiose todava a esfera ms elevada. Habase hecho el descubrimiento del Nuevo Mundo bajo los auspicios de la buena reina Isabel. Sucediola en el trono un nieto extranjero, que rodeado de otros extranjeros sedientos de empleos y oro, chuparon la sustancia del Estado. Entre los brazos de Carlos I muri ahogada la libertad espaola; y vencidos sus defensores en los campos de Villalar, el cetro de Castilla fue empuado desde entonces por la diestra de un tirano. Enmudecieron las Cortes, y su antiguo poder y majestad se redujo a un nombre vano; pero ese nombre, permaneciendo indeleble en el corazn de los espaoles, vironse forzados a pronunciarlo aun los mismos que lo odiaban. Quedaba todava en Castilla una sombra de las Cortes, y esa sombra, tal cual fue, apareci tambin en Amrica. Si los espaoles peninsulares pudieron reunirse en un simulacro de Congreso, cuando el monarca lo mandaba, del mismo modo pudieron los espaoles ultramarinos: y he aqu equiparados a stos con aqullos en la ms alta prerrogativa de las funciones polticas. Nada importa para el fin que me propongo, que el ejercicio de stas dependiese de la voluntad de un dspota; lo que s importa, es saber, que el principio de asimilacin fue establecido, y que a unos congresos esclavizados en Espaa, correspondieron otros de igual naturaleza en Amrica. Dignas son de recordar las leyes que a Nueva Espaa y al Per concedieron el dere4 Recopilacin de Indias ley 1, tt. 22, lib. 1.

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JOS ANTONIO SACO /9 /9 /9 /9 /9 cho de representacin. La primera, hecha por el emperador D. Carlos en Madrid a 25 de junio de 1530, es del tenor siguiente. “En atencin a la grandeza y nobleza de la ciudad de Mjico y a que en ella reside el Virrey, Gobierno y Audiencia de la Nueva Espaa, fue la primera ciudad poblada de cristianos, es nuestra merced y voluntad, y mandamos que tenga el primer voto de las ciudades y villas de la Nueva Espaa, como los tiene en nuestros reinos la ciudad de Burgos, y el primer lugar, despus de la justicia en los Congresos que se hicieren por nuestro mandado, porque sin l no es nuestra intencin, ni voluntad, que se puedan juntar las ciudades y villas de las Indias”.5 La otra ley hecha tambin por Carlos I en Madrid a 14 de abril de 1540 fue confirmada por Felipe II en Aranjuez el 5 de mayo de 1593. Dice as: “Es nuestra voluntad y ordenamos que la ciudad del Cuzco sea la ms principal, y primer voto de todas las otras ciudades y villas, que hay y hubiere en toda la provincia de la Nueva Castilla. Y mandamos, que como principal, y primer voto, pueda hablar por s, o su procurador, en las cosas y casos que se ofrecieren, concurriendo con las otras ciudades, y villas de la dicha provincia, antes y primero que ninguna de ellas, y que les sean guardadas todas las honras, preeminencias, prerrogativas e inmunidades, que por esta razn se le debieren guardar”.6 Aunque Cuba no fue comprendida en las dos leyes anteriores, hay documentos oficiales, muy poco conocidos por estar inditos, en que consta haber tenido ella, en el siglo XVI, juntas compuestas de los procuradores nombrados por los pueblos para tratar de los asuntos concernientes a la Isla. Bajo la constante poltica de asimilacin, corrieron tres centurias hasta que lleg el ao de 1808, de eterna memoria en los fastos espaoles. En medio de los grandes acontecimientos de aquella poca, formose en Sevilla una junta de los hombres ms notables de la nacin; y tanto ella como la Central que le sucedi, lejos de desviarse de los principios de unidad en tantas leyes establecidos, declararon la ms completa igualdad de derechos civiles y polticos entre todos los espaoles de ambos mundos. El 24 de septiembre de 1810 se reunieron las Cortes constituyentes; y a los pocos das, o sea, el 15 del prximo octubre, confirmaron por decreto las decisiones de las mencionadas juntas. En virtud de ellas, los diputados ultramarinos se sentaron al lado de los peninsulares en aquel inmortal Congreso; juntos discutieron y votaron la Constitucin de 1812; y de nuevo sancionaron en este Cdigo los principios de igualdad tantas veces proclamados. 5 Recopilacin de Indias ley 2, tt. 1, lib. 2. 6 Recopilacin de Indias ley 4, tt. 8, lib. 4.

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OBRAS 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ El fatal decreto firmado por Fernando VII en Valencia el 4 de mayo de 1814, hundi la libertad en la Espaa europea y americana. El despotismo tendi su cetro sobre ambas regiones, y bajo su peso yacieron oprimidas hasta 1820. De entonces a 1823 imper de nuevo el Cdigo de Cdiz; pero desplazado por las bayonetas francesas que a nombre de la Santa Alianza invadieron la Pennsula, Fernando volvi a reinar en toda la monarqua como soberano absoluto. Diez aos de oscura noche cubrieron el suelo espaol. En ese triste perodo se acabaron de perder para la corona de Castilla todas las posesiones del americano continente; y al despuntar la nueva aurora, slo se presentaron fieles a su antigua bandera las Antillas de Cuba y Puerto Rico. Promulgose el Estatuto Real en 1834; y los menguados derechos que a la nacin concedi, aparecieron todava ms mutilados en Cuba, por la influencia del jefe que all mandaba. Quedole, empero, lo mismo que a Puerto Rico, el ms importante de todos; pues ambas fueron representadas en los estamentos de prceres y procuradores que entonces se juntaron. Bajo el Estatuto Real gobernose la monarqua en los dos aos consecutivos; pero la revolucin de la Granja, ocurrida en 1836, por ms favorable que se suponga al progreso de la libertad en Espaa, forzoso es reconocer que fue contraria a la de los pases ultramarinos. En los primeros momentos pudo creerse que la poltica fundamental, constantemente seguida en los tres ltimos siglos, no sufrira alteracin, y a pensarlo as contribua, ya la convocatoria que el nuevo gobierno revolucinario acababa de expedir para que Cuba y Puerto Rico nombrasen diputados, ya el haberse enarbolado como pendn de libertad la democrtica Constitucin de 1812. De buena fe respondieron aquellas islas al llamamiento que se les hizo; y quien ahora escribe estos renglones, tuvo el honor de ser uno de los electos para representar a Cuba en las Cortes constituyentes que a la sazn se hallaban congregadas. Pero esas Cortes, cerrando sus puertas a los representantes de Ultramar, decretaron, en abril de 1837, por 90 votos contra 65, que en lo sucesivo no se admitiesen diputados por aquellas provincias, y que todas fuesen gobernadas por leyes especiales. A pesar de haber corrido ms de 25 aos, esas leyes an estn por hacerse; y como al prometerlas fueron despojados los pueblos ultramarinos de todos sus derechos polticos, nica garanta de los civiles, inaugurose desde entonces una nueva era, que rompiendo con todos los precedentes de los pasados siglos, pusieron las instituciones de Espaa y sus provincias de Amrica en la ms abierta contradiccin, pues que libertad en aqulla y absolutismo en sta, son las bases en que descansa el sistema introducido por la revolucin de la Granja.

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JOS ANTONIO SACO /11 /11 /11 /11 /11 No pretendo yo que haya una identidad absoluta entre todas las instituciones de Espaa y las que a Cuba se dieren. S que hay algunas que, desde luego, se pueden aplicar ntegramente, as como hay otras que se deben modificar; pero estas modificaciones siempre deben ser inspiradas por la libertad, pues ella es tan flexible y tan elstica que se acomoda fcilmente a las ms diversas circunstancias. Tiempo es ya de volver, en un sentido liberal, a la antigua conformidad de instituciones entre Cuba y Espaa; y mientras llega ese da feliz, expongamos brevemente el contraste que ellas ofrecen hoy. Tiene Espaa una Constitucin que la rige? S. Y en Cuba existe alguna, o cosa equivalente? No. Hllanse en Espaa divididos los tres poderes fundamentales, legislativo, ejecutivo y judicial? S. Y no estn perfectamente deslindadas sus atribuciones, movindose cada una en un crculo respectivo con la debida independencia? S. Mas, sucede lo mismo en Cuba? Para ella no hay ms que dos poderes, el ejecutivo y el judicial, pues el legislativo est confundido enteramente con el ejecutivo, que es quien ejerce las funciones de aqul en toda su plenitud. En cuanto al judicial, si bien existe, se puede decir que est avasallado por el ejecutivo; pues armado ste de inmensas facultades, encadena sus movimientos y restringe su independencia. Goza Espaa de una representacin nacional verdaderamente digna de tal nombre? Respondan por m sus Congresos y sus libres y solemnes debates. Mas, suena en ellos alguna voz de Cuba? Y ya que ninguna suena, se escucha alguna, por ventura, en el suelo cubano? Existe all algn rgano que se pueda considerar como el fiel intrprete de sus derechos, de sus necesidades y de sus grandes intereses? A los ecos de la tribuna espaola responde tambin la prensa, que aunque no tan libre todava como en otros pases, est exenta de toda censura: rgela una ley discutida y aprobada por las Cortes, y cada ciudadano puede escribir con ms o menos latitud bajo su responsabilidad personal. Pero son as las cosas en Cuba? All no hay leyes ni reglamentos de imprenta; y no los hay, porque ni una sola palabra se puede imprimir sin la previa censura, y la previa censura es la voluntad del censor, y la voluntad del censor es toda la legislacin. Yo no culpo en esto a los hombres; todo depende del sistema, y yo mismo, si me hallase en sus circunstancias, quiz procedera del mismo modo. Para la buena administracin interior de las provincias, hay en cada una de las de Espaa una junta que se llama diputacin provincial. Esta institucin, que debe ser electiva, y que bien organizada es muy til a los pueblos, existi tambin en Cuba en tiempos de mejor andanza; pero perdidos que fueron sus derechos, desapareci tambin enteramente de su seno.

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OBRAS 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ No fue sta ni pudo ser la suerte de los ayuntamientos, porque siendo la ms antigua de todas las instituciones de la monarqua, es tambin la que est ms arraigada en las costumbres polticas del pueblo espaol y en la ndole de su gobierno. Pero si en pie quedaron esas corporaciones en Cuba despus del gran terremoto de 1837, fue bajo la primitiva forma que recibieron desde el siglo XVI. Injusto y falaz sera yo, si no hiciese aqu una importante advertencia. Lo que acabo de decir respecto de los ayuntamientos, debe entenderse de lo que ellos fueron hasta 1859, pues desde entonces ac se les ha dado una organizacin diferente; y aunque sta deja todava que desear, yo la acepto con gusto, porque a lo menos veo en ella sancionado, en germen, el principio electivo. No me avengo en poltica con la mxima, o todo o nada : guome por la contraria, si no todo algo ; y cogiendo lo que me dan, sigo pidiendo para luego coger ms. Esa reforma de los ayuntamientos de Cuba, obra es del actual Ministerio; y complzcome en decir, movido de un sentimiento de imparcialidad, que entre tantos gabinetes como le han precedido desde 1837, y algunos con nfulas de muy liberales, l es el nico que ha dado el primer paso en favor de la libertad cubana. Delante de los ojos tiene en este rpido bosquejo, la conformidad y armona en que por tres siglos vivieron las instituciones de Cuba y Espaa, y la anmala situacin en que hoy se hallan; y si penetrado, como debemos esperarlo, de la urgente necesidad de uniformarlas en lo posible, entrase francamente en la senda de las reformas liberales, entonces no slo alcanzar una gloria inmarcesible reparando las pasadas injusticias, sino que, estrechando los lazos entre la metrpoli y la Antilla, har a entrambas el ms eminente servicio.ARTCULO II7MOTIVOS QUE INFLUYERON EN PRIVAR A CUBA DE SUS DERECHOS POLTICOS EN 1837 Dije en mi artculo anterior que Cuba fue despojada de sus derechos polticos en 1837. Ahora que se trata de devolvrselos, importa mucho saber cules fueron los mviles, no aparentes, sino verdaderos, que impulsaron a cometer tan grande injusticia. Envuelto entonces el pueblo espaol en una guerra civil, apenas tuvo noticia de lo que contra Cuba se haba decretado. Pensando slo en pelear y vencer, ni se ocupaba del modo con que se la gobernaba ni de la opresin que sus habitates sufran, y lo nico que le interesaba era conservarla, fuesen libres o despticas sus instituciones. 7Publicado en La Amrica de Madrid de 8 de septiembre de 1862.

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JOS ANTONIO SACO /13 /13 /13 /13 /13 A primera vista parece que los motivos que arrancaron a las Cortes de aquella poca tan dura determinacin contra Cuba fueron puramente polticos; pero entonces sucedi lo que por desgracia acontece frecuentemente entre los hombres que, mezclndose los intereses personales con las ideas polticas, slo invocan sas para mejor encubrir aqullos. Siento mucho hablar de m, y ms todava de personas que ya duermen en el sepulcro; pero me es forzoso nombrarlas, no tanto por el carcter histrico de que participa este papel, como porque la exposicin de los hechos en que ellas tomaron parte, cumple en alto grado a la defensa de Cuba y a la pronta reparacin de sus males. Haba tomado el mando de ella en 1834 el teniente general D. Miguel Tacn, y al siguiente ao de 35 empez a gobernar poltica y militarmente la provincia de Santiago de Cuba el mariscal de campo D. Manuel Lorenzo. Entrambos haban peleado en el continente de Amrica contra la independencia de aquellos pueblos; y si bien en esto convenan, dando pruebas de su espaolismo, en otros puntos esenciales tenan opiniones enteramente contrarias. Lorenzo era liberal; Tacn, absolutista; ste ninguna parte tom en la guerra contra D. Carlos; aqul fue uno de los primeros que empuaron la espada para defender el trono de Isabel II, y muy pronto tuvo la fortuna de cubrirse de laureles. Tacn odiaba el nombre americano; Lorenzo no tena prevenciones ni antipatas contra l. Tacn gobernaba con una soberbia insolente y con un despotismo sin lmites; Lorenzo era llano, accesible y templado en su mando. Con principios tan opuestos, muy difcil era que marchasen de acuerdo los dos jefes. “Ahogando, dice Lorenzo en el manifiesto que public en Cdiz en febrero de 1837, ahogando mis sentimientos personales, uniform mi administracin con la del jefe superior de la Isla, bien que atemperndome en su ejecucin a las circunstancias especiales de mi carcter y condiciones polticas. ”Nada, empero, valiome tan circunspecta y prudente conducta. Sea el influjo de una prevencin adversa, sea nimia desconfianza por razn de mis antecedentes y opiniones liberales, el capitn general seal contra m su desafeccin desde mi ingreso, o, por lo menos, desde poco despus de mi ingreso al mando de la provincia. Podra yo citar copiossimos comprobantes, casos numerossimos persuasivos de su hostil y siniestra disposicin”. Y citando efectivamente algunos de ellos, aparece demostrado por Lorenzo con documentos oficiales, que Tacn lo despojaba de atribuciones importantes y que no perda ocasin de contrariarle, sin duda con el fin, o de comprometerle con el Supremo Gobierno, o de forzarle a renunciar el mando de aquella provincia. Mientras estas cosas pasaban, estalla la revolucin de la Granja en 1836; cae el Estatuto Real; restablcese en Espaa la Constitucin de 1812: llega a manos de Lorenzo un ejemplar de la Gaceta de Madrid

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OBRAS 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ que contena el decreto en que la Reina Gobernadora mandaba publicar aquel Cdigo en la nacin; y l, imitando lo que se acababa de hacer en muchas partes de la Pennsula, y lo que en La Habana y en Puerto Rico se haba ejecutado en 1820, promulga tambin la Constitucin en la provincia de su mando, antes de haber recibido oficialmente la noticia. Valiose Tacn de esta coyuntura para perder a Lorenzo. Pintole a los ojos del gobierno, no ya como un espaol liberal, sino como un jefe ambicioso que aspiraba a la independencia de Cuba; y para dar visos de verdad a su falsa acusacin, persigui y desterr al mismo tiempo como revolucionarios y cmplices suyos, a muchedumbre de honrados padres de familias tan pacficos como inocentes. Aqu es de notarse que lo que Lorenzo hizo en Santiago de Cuba, hzolo tambin en aquellos das en la isla de Puerto Rico su capitn general el conde de Torre-Pando; y, sin embargo, ni en Amrica ni en Espaa nadie tach a ste, ni a portorriqueo alguno, de revolucionario o independiente. Lo cierto es que si el real decreto que mand publicar la Constitucin en toda la monarqua, hubiese sido para abolirla, y Lorenzo, aun sin haber recibido la orden de oficio, se hubiese anticipado a ejecutarla, entonces habra merecido los elogios de Tacn. No es del caso trazar aqu la historia de los tristes acontecimientos que ocurrieron en la provincia de Cuba, cuando Lorenzo entreg el mando de ella y cay la Constitucin; pero s lo es advertir, que poco antes de ese suceso ya se haba hecho all la eleccin del diputado a Cortes que le corresponda; y que esa eleccin se verific, no por mandato de Lorenzo, sino en virtud del Real Decreto de 21 de agosto de 1836, comunicado al general Tacn por el ministerio que naci de la revolucin de la Granja. Recay el nombramiento en quien ya haba sido electo dos veces en el mismo ao de 36, aunque sin haber podido entrar en las Cortes en niguna de ellas; no en la primera que fue en mayo, porque cuando llegaron sus poderes a Madrid, ya el ministerio del seor Isturiz haba disuelto aquellas Cortes; no en la segunda que fue en julio, porque sobrevino la revolucin de la Granja. Era ese diputado un joven, cuyos escritos liberales haban resonado mucho en Cuba, pero esos escritos, que no respiraban ms que orden y libertad, si bien acogidos con entusiasmo por los buenos patricios, fueron considerados como revolucionarios y abolicionistas por los enemigos de toda reforma. En el conflicto de estas opiniones de Saco, autor de ellos, si para unos era un ngel, para otros era el corifeo, el demonio de la independencia; y bajo de este punto de vista aparec yo a los ojos de Tacn. Ya mis lectores inferirn cun terribles armas empleara l, no slo contra m, sino contra Lorenzo, pues supuso que mi eleccin haba sido obra de un partido independiente con el cual se haba ligado ese jefe.

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JOS ANTONIO SACO /15 /15 /15 /15 /15 Ni fueron odios polticos los nicos que irritaron a Tacn contra Lorenzo y contra m. Apenas haban corrido dos meses de su llegada a Cuba, cuando me lanz de ella sin sentencia ni formacin de causa, y slo en uso de sus facultades dictatoriales Pero qu le incit a perpetrar tan escandalosa injusticia? Incitole el deseo de complacer a ciertas personas, que interesadas en mi destierro, y muy poderosas en Madrid, podan influir en quitarle o en conservarle el mando de Cuba, que era cabalmente por lo que l ms suspiraba. En tales circunstancias, no poda ver con indiferencia mi entrada en las Cortes, ni tampoco perdonar a Lorenzo que se hubiese hecho en la provincia donde gobernaba, una eleccin que tan funesta poda serle. A un hombre como yo no era fcil ponerle una tacha personal que le impidiese sentarse en las Cortes; y he aqu por qu Tacn asest sus bateras, no contra la conducta integrrima del diputado, sino contra sus opiniones liberales, contra las del cuerpo electoral que lo nombr y contra las del jefe que no se opuso a tan legtima eleccin. Rencor personal movi tambin a Tacn, contra otro diputado cubano. De los dos que nombr La Habana en 1834, uno de ellos fue D. Juan Montalvo y Castillo; despus conde de Casa Montalvo. Tom ste un da la palabra en el estamento de procuradores para denunciar las violencias de Tacn, quien considerndose gravemente ofendido, jur desde entonces a Montalvo la ms encarnizada enemistad. Tratose de reelegirle en La Habana, en 1836; mas, como las elecciones deban hacerse segn el modo prescrito por el Estatuto Real; como los lectores eran slo 24, a saber: 12 regidores y un nmero igual de mayores contribuyentes; como todos votaban por papeleta cerrada, y muchos eran o sus parientes o sus amigos, Montalvo, fue reelecto, a pesar de los impuros manejos de su formidable adversario. El odio de Tacn se fij tambin en uno de los hombres de ms talento y de ms mritos que ha producido el suelo cubano, en el eminente orador y profundo jurisconsulto D. Nicols Escovedo. Ni aun su triste estado de ciego supo respetar Tacn; y cuando ya iba a descargar el golpe sobre su vctima desterrndole de Cuba, La Habana le salv nombrndolo su diputado en 1836. Viose, pues, Tacn al frente de una diputacin hostil, y a la que aborreca, no tanto por principios polticos, como por resentimientos personales. Si los cuatro miembros que la componan, pues no eran ms, gracias a las precauciones que se tomaron para mutilarla, llegaban a entrar en las Cortes, l tema que sonase la ltima hora de su poder en Cuba, poder a que estaba fuertemente asido, ya por la ambicin de mandar cual dspota desenfrenado, ya por el esquilmo que recoga de tan ventajosa posicin. No le quedaba, pues, ms recurso que desacreditar con el gobierno a la diputacin cubana, calumniar a sus individuos, suponer el pas envuelto en una horrible conspiracin,

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OBRAS 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ y como esas elecciones coincidieron con el establecimiento de la Constitucin en la provincia de Cuba por Lorenzo, diole a todas un falso carcter, considerndolas hijas de un partido independiente. De este modo, las pasiones polticas, y ms que ellas los intereses personales del general Tacn, prepararon la ruina de las libertades de Cuba; ruina que otros ms poderosos que l ya meditaban en Espaa, y aun haban empezado a ejecutar. Pero antes de exponer la parte que ellos tomaron en tan inicuo proyecto, es preciso manifestar que cuanto he dicho y pudiera decir de Tacn, no debe mirarse como el injusto desahogado de un hombre ofendido y apasionado. Nunca fui su enemigo personal: siempre le he hecho la ms completa justicia; y si no temiera recargar de citas este papel, yo insertara en l lo que escrib en 1835.8 Efectivamente, para juzgar a Tacn con imparcialidad en su gobierno de Cuba, es menester distinguir en l dos hombres diferentes: el hombre civil o de la polica y el hombre poltico El primero persigui el juego, los ladrones y otros delincuentes; y aunque en esto mismo atropell muchas veces las frmulas y las leyes, puede decirse que los resultados justificaron los medios, pues dio a los pueblos y campos una seguridad envidiable en el orden puramente civil. El segundo fue el azote ms cruel que pudo caer sobre Cuba, pues jams ha pisado sus playas tirano tan espantoso. Hecha esta sincera manifestacin de mis sentimientos hacia aquel jefe, vengamos a considerar lo que pas en Espaa contra la libertad de Cuba. Sabido es que la Constitucin de 1812 declar la igualdad de derechos entre los espaoles de ambos mundos, y que todos ellos fuesen regidos por unas mismas instituciones. Triunfante la revolucin de la Granja, mandose publicar el Cdigo de Cdiz en toda la monarqua por Real Decreto de 13 de agosto de 1836. Concebido ste en trminos absolutos, ninguna restriccin impuso a la publicacin de aqul, y por lo mismo fue extensivo a todos los pueblos del imperio espaol, como igualmente lo haba sido cuando se restableci en 1820. Y que as debi ser, confrmalo expresamente el manifiesto que la Reina Gobernadora dio a la nacin el 21 de agosto de 1836, en el que se leen estas palabras: “yo he jurado tambin, y mandado publicar y jurar en todo el reino la Constitucin de 1812”. Promulgada que fue en el referido ao de 36, todas las provincias de la monarqua, aquende y allende el mar, todas entraron bajo el imperio de esa ley comn; todas recobraron los derechos que ella les conceda, derechos, que por estar consignados en el Cdigo fundamental, jams 8Vase la Coleccin de mis papeles sobre la isla de Cuba, t. III, pp. 88 y 89. Edicin de Pars, 1858.

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JOS ANTONIO SACO /17 /17 /17 /17 /17 se los pudo arrancar la antojadiza voluntad de un ministro, ni tampoco de un monarca. El gobierno, pues, cuando a los seis das de haber mandado jurar la Constitucin en todo el Reino, previno a las autoridades de Ultramar que no la publicasen en aquellos pases, ese gobierno cometi una infraccin tan grave contra el mismo Cdigo que acababa de jurar, que bien mereca un severo castigo. Pero no slo anticonstitucional, sino tambin contradictoria, fue la conducta de aquel ministerio. Los seores Gil de la Cuadra y Cambas, ministros, el primero de la Gobernacin, y el segundo de la Guerra, comunicaron al general Tacn la Real Orden de 19 de agosto de 1836, que entre otras cosas, dice... “Tan luego como su Majestad se digne aprobar la convocatoria a las Cortes, que se est formando, se comunicar a V.E., a fin de que sin la menor dilacin, se ejecuten en esa Isla las elecciones de diputados; porque los deseos de S.M. son que el cuerpo representativo de todas las partes integrantes de esta vasta monarqua fije la Constitucin que ha de regirla ”Lo digo a V.E. de real orden, para su inteligencia y efectos correspondientes a su cumplimiento”. El mismo seor Ministro de la Gobernacin comunic tambin al Capitn General de Cuba la Real Orden de 23 de agosto de aquel ao, en que se dice... “Deseando al propio tiempo que no se pierda momento en que se verifique en esas islas la eleccin de diputados, y que stos vengan con la brevedad posible a desempear las importantes funciones de tan distinguido encargo remito a V.E. de la misma real orden el decreto dado por S.M. en 21 del actual convocando a Cortes para el 24 de octubre prximo, al que va unida la exposicin hecha por el Ministerio a S.M.” "rdenes semejantes se circularon a las dems provincias de Ultramar; y hechas en ellas las elecciones, los diputados cubanos se apresuran, surcan los mares, llegan a Madrid, y cuando esperaban sentarse en las Cortes, all congregadas, oyen con asombro decir en ellas al gobierno, a ese mismo gobierno que con tanta urgencia los haba llamado, yenle decir, que l declaraba por su parte que en el Congreso espaol no deban admitirse diputados, ni presentes ni futuros, por las provincias de Ultramar Esta conducta, tan contradictoria, no necesita de comentarios, y el pblico imparcial la juzgar. Haba Tacn enviado al gobierno falsos informes contra la diputacin cubana y contra Cuba; y los ministros, ponindose de acuerdo con algunos de los prohombres de 1812, presentaron a las Cortes esos informes, para que los diputados los examinasen, y espantados de su contenido, votasen contra la admisin de los representantes de Cuba. Tal fue la parte que tom el gobierno en este asunto; y como ya hemos visto la de Tacn, rstanos solamente exponer la que tuvieron las Cortes.

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OBRAS 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ Congregadas stas el 24 de octubre de 1836; mudas permanecieron casi tres meses sobre las cuestiones de Ultramar; y aunque en este perodo aprobaron los poderes de los diputados de Puerto Rico, profundo silencio guardaron acerca de los de Cuba, a pesar de las reiteradas reclamaciones de uno de sus representantes. Hablaron aqullas por primera vez, pero fue en la sesin secreta de 16 de enero de 1837, en la que se aprob una proposicin del seor Sancho, sobre si convena o no que las provincias de Ultramar fuesen representadas en aquellas y en las futuras Cortes Nombrose, al efecto, una comisin, y sta present su informe al Congreso en la sesin tambin secreta de 10 de febrero de aquel ao. Ese informe, que vio despus la luz pblica, que fue refutado victoriosamente por m, y contra el cual ya habamos protestado los diputados cubanos,9 contena dos partes: una, en que se propona que las provincias de Ultramar fuesen gobernadas por leyes especiales; y otra, en que se negaba a aquellos pases toda representacin en las Cortes. La primera obtuvo casi la unanimidad de sufragios, pues los diputados creyeron que la legislacin especial que se ofreca no era una vana promesa. La segunda fue aprobada por 90 votos contra 65, mayora que probablemente no se hubiera alcanzado, si muchos diputados hubiesen sabido que de lo que realmente se trataba era de esclavizar a los pueblos ultramarinos. Los que como yo conocen los resortes que se pusieron en juego para conseguirlo, no deben echar toda la responsabilidad sobre el partido progresista. Progresista era y esto no puede negarse, todo el ministerio; pero Tacn, que tanto influy con sus malficos informes, no lo era por cierto. De progresistas en gran nmero se compuso aquel Congreso; pero tambin hubo en l diputados pertenecientes a otras opiniones. Nominal fue aquella votacin y los individuos de un mismo partido votaron ya en pro, ya en contra. De los mismos progresistas hubo algunos muy influyentes que se abstuvieron de votar; otros que votaron en contra, y aun no faltaron quienes impugnasen el informe. As debi acontecer en una materia que, por su novedad y patente injusticia, traa inciertos y turbados los nimos de muchos diputados. Slo saban lo que queran, aquellos que en cortsimo nmero haban meditado en secreto la esclavitud de los pases de Ultramar. Los seores D. Ramn Gil de la Cuadra, D. Vicente Sancho, D. Martn de los Heros y D. Agustn Argelles, sos fueron los ms empeados en realizar proyectos tan liberticidas; pero al ltimo de ellos es a quien debe adjudicarse la palma del triunfo. En medio de las relevantes cualidades polticas y morales que adornaron al seor Argelles, l fue el autor, el inspirador de la funesta re9La protesta que extendida por m fue firmada por dos de mis colegas, que entonces se hallaban en Madrid, se insert en el tomo III, pgina 100 de mi Coleccin de papeles

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JOS ANTONIO SACO /19 /19 /19 /19 /19 solucin que tomaron las Cortes contra las provincias ultramarinas. Este hombre, tan destituido de conocimiento sobre las cosas de Amrica, como preocupado contra sus hijos, con un espaolismo tan exagerado que a veces rayaba en quijotesco, sin comprender las causas que produjeron la emancipacin de las colonias, y atribuyndola errneamente a los derechos polticos que ellos alcanzasen en 1810, este hombre, digo, fue en todos tiempos el enemigo ms encarnizado de la libertad americana. Libertad americana e independencia fueron sinnimos para l, y en su fatal empeo de impedir la una, acab con la otra, transformndose de este modo en defensor de la tirana en Amrica el que con tanto denuedo la haba combatido en Espaa. Bajo el manto de la poltica esconda Argelles las miserias de nuestra flaca naturaleza. Imaginose en las Cortes constituyentes de 1810, que l era el primero de los diputados, y a que lo creyese contribuyeron los aplausos, en parte bien merecidos, que muchos de sus compatricios le tributaron. Duro, pues, hubo de serle encontrar en la arena de sus triunfos, un adversario que se los disputase, y ms duro todava, que este adversario fuese un americano; el americano D. Jos Meja, quien dotado de inmensas fuerzas intelectuales, a veces le eclipsaba y venca en las luchas parlamentarias. El orgullo ofendido, la envidia, que siempre nace al lado del talento, y una venganza indigna del noble pecho de Argelles, tuvieron mucha parte en los esfuerzos que l hizo para cargar a las colonias de cadenas en 1837. Pero si tales sentimientos le animaron, cmo es que no los realiz en 1820 cuando la revolucin lo llev a la silla de la Gobernacin, y cuando gozaba de un prestigio inmenso? Todava en ese ao haba colonias en el continente, pelebase en Costa Firme contra la independencia, las tropas espaolas, ocupaban el Per; y Mjico estaba tan quieto, que envi sus diputados a las Cortes que entonces acababan de reunirse. Quitar, pues, en tales circunstancias los derechos polticos a los pases americanos, hubiera sido dar nuevo pbulo y extensin al incendio que los devoraba. Mas, estos temores ya haban cesado en 1837. Pues, consumada la independencia en todas las regiones del continente, slo quedaban las dos desvalidas Antillas de Cuba y Puerto Rico, contra las cuales pudo ejecutarse impunemente lo que no se haba osado contra otras colonias que podan defenderse. El 16 de abril de 1837 fueron los funerales de la libertad de Cuba; y los males que la mano frrea de Tacn derramaba sobre aquella tierra infeliz, llegaron a su colmo, cuando l supo, que ya no haba diputados, ni leyes que lo enfrenasen. No ser yo quien har la pintura de aquella poca calamitosa; dejarela a otros, que no teniendo la tacha de ser cubanos, sern considerados por muchos como ms imparciales que yo. Ogase lo que entonces dijeron en el seno del Congreso, dos diputados peninsu-

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OBRAS 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ lares de aventajada ilustracin y talento, y que habiendo residido en las Antillas, sabian lo que all pasaba. El seor Benavides, en la sesin de 9 de diciembre de 1837, al discutir el prrafo 17 de la contestacin al discurso de la Corona, habl en estos trminos: “Y que si echamos una ojeada sobre la isla de Cuba, no nos sorprenderemos al ver cmo circunstancias particulares han hecho que el olvido de las leyes ms sagradas vaya en aumento, cuando debera en razn a estas mismas circunstancias prestarse el mayor desvelo en restablecer su imperio. En efecto, seores, solamente en este ltimo ao se ha empeorado la situacin de aquella Isla (y ser un cargo para los anteriores Gobiernos y para el actual por no haber remediado el mal) establecindose ese sistema de terror en que se procede contra particulares sin orles, con secuestros o desterrndolos a pases remotos. Estremece la pintura que se hace de las islas por los que llegan de ellas La palabra perdn all no se ha odo; la amnista no ha podido pasar los mares, y domina el despotismo y el sistema de terror ms impropio respecto de nuestras instituciones Estas palabras es necesario que lleguen all, y consuelen como un blsamo dulcsimo a aquellos habitantes que han peleado por nuestra causa y perecido en la demanda, que nos prestan sus auxilios, y que ahora mismo nos dan 60 000 000 de contribuciones” El seor Olivan, que acababa de llegar de La Habana, habl as en la citada sesin: “Dir, pues, la verdad; pero no toda porque es demasiado aflictiva : me ceire a decir lo bastante para que los seores diputados puedan inferir de lo que oigan cunto es lo que callo y me reservo (....). El general Tacn tiene la falta de creerse realmente perfecto e infalible. Su conducta diaria lo est demostrando. Sus mximas favoritas de Gobierno, son: ‘ tira tira tira y siempre tira y quien manda no yerra’ Mximas de que no hace misterio, sino que se las repite a quien las quiere or... As es, que aquel jefe ha llegado por sus pasos contados a ser; no el capitn general de Cuba, sino el GENERAL DE UN EJRCITO DE CONQUISTA Y OCUPA-CI"N; NO EL GOBERNADOR DEL PAS, SINO EL JEFE DE UN PARTIDO, DESPUS DE HABER DESUNIDO A LOS QUE ANTES ERAN HERMANOS... Sus facultades como las de los capitanes generales de Puerto Rico y Filipinas, son ilimitadas omnmodas las de un gobernador de plaza sitiada As es que en la isla de Cuba, donde todo era paz, unin y alegra, todo es hoy inquietud, desunin y tristeza. Son muchas las familias que derraman lgrimas sin encontrar una mano que se las enjugue. ”No trazar, seores, el cuadro de aquel pas, porque desgraciadamente, no podra emplear sino colores bien oscuros: la discrecin de los seores diputados penetrar lo que no creo deben patentizar. Mas, para hacer ver que no me apoyo en declamaciones, sino en hecho, voy a citar dos, que son entre los que ahora me ocurren, los que me parecen menos

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JOS ANTONIO SACO /21 /21 /21 /21 /21 odiosos. Y ruego al Congreso crea que por cada palabra que pronuncio me quedan de reserva 1 000, y por cada hecho 50 ”. De los dos hechos que menciona el seor Olivan, omitir el primero en obsequio de la brevedad, pero no el segundo. “Otro hecho [son sus palabras] no menos significativo se refiere a un capitn de partido que hace de esbirro o corchete para encarcelar a roso y velloso, para repetir visitas domiciliarias, y para amedrentar las gentes. Lo cual ejecuta de tan buena gana, que ha llegado a adquirir una especie de celebridad tan funesta como la de Chapern tiempos pasados en Madrid: la execracin pblica acompaa todos sus pasos. Fue este hombre con aparato a registrar la casa de un propietario rico, respetable y aislado, con objeto de ver si encontraba mritos para prender a un dependiente suyo, en lo cual tuvo la pesadumbre de llevarse chasco. Despus de algunos incidentes que no son del caso, se propuso el propietario demandar judicialmente al capitn de partido; y sucedi, seores, que en una Habana, donde hay 400 abogados, algunos de ellos acostumbrados, muy acostumbrados, a todo, no encontr con el oro en la mano uno solo que se atreviera a poner su firma en el escrito de demanda. ‘Tal es el terror, tal es el terror, tal es el grado de estupor que la inquisicin poltica ha llegado a entronizar en un pas, donde antes se pasaba tan agradablemente la vida!’ ”¡Y esto lo he visto yo lo he visto precisamente despus de la creacin de un ministerio especial, para el mejor manejo de los negocios ultramarinos! Pero ese ministerio, por efecto de disputas de atribuciones, fue concebido en la debilidad, naci entre dudas, naci cadver; y ese cadver ha dejado establecer en Cuba el rgimen de los cementerios!” Si tal fue la inmediata y dolorosa consecuencia del nuevo rgimen establecido en aquel pas, otras no menos lamentables nacieron tambin entonces y aun despus. De cuantos jefes gobernaron a Cuba en el espacio de ms de tres siglos, ninguno se vali de los medios infernales que Tacn, pues l fue el primero que arrastrado de sus instintos antiamericanos, inaugur la funesta poltica de dividir la poblacin blanca en dos bandos, ponindolos en continuo antagonismo y convirtiendo al uno en opresor, y al otro en oprimido. Sin entrar tanto en esa senda fatal, algunos de sus sucesores se han inclinado ms o menos a ella, pero otros afortunadamente han marchado por contrario rumbo: y dicho sea sin lisonja y juzgando por lo que vi en La Habana en 1861, ninguno se ha distinguido tanto en borrar tristes recuerdos como el ilustre duque de la Torre. Si los ministros de la Corona siempre estn obligados a escoger hombres dignos para el gobierno de las provincias espaolas, nunca deben poner tanto cuidado como en los que nombren para Cuba. En Espaa, todos ellos han nacido en el mismo suelo que sus gobernados;

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OBRAS 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ todos ellos, as como stos, han respirados siempre la misma atmsfera; todos conocen, cual ms, cual menos, la marcha de los negocios, la tendencia de los partidos y la ndole de los pueblos; todos ejercen su autoridad muy cerca del gobierno central, y bajo su inmediata vigilancia; y si l se muestra remiso en llamarlos a su deber cuando de la buena senda se apartan, hay unas Cortes y una imprenta que denuncian sus abusos para reprimirlos y castigarlos, ora con la pena de la ley, ora con el fallo terrible de la opinin. Mas, son stas las circunstancias de Cuba? Los jefes que a ella llegan, se encuentran rodeados de un espectculo enteramente nuevo. No conociendo el carcter de sus habitantes, ni las cosas del pas, estn muy expuestos a recibir falsas impresiones, y a caer en las redes de hombres mal intencionados, que erigindose en rganos de la opinin, empiezan a prevenirlos contra personas meritorias, y a recomendarles otras que jams debieran pisar las escaleras de su palacio. De este modo, siembran en su nimo la desconfianza, mantienen la divisin entre los que deben vivir unidos, y como all no se puede acudir prontamente a la fuente del poder, en razn de la distancia; ni tampoco hay diputados que hablen, ni prensa que clame, ni garanta de ningn gnero que sirva de escudo al ciudadano, el pueblo queda absolutamente entregado a la buena o mala voluntad del que manda; y lo que a veces es peor, a la perniciosa influencia de aquellos que prfidamente le engaan. Desde que Cuba perdi sus derechos polticos en 1837, un profundo descontento se apoder de sus hijos; descontento que fue creciendo, al paso que se retardaba el cumplimiento de la promesa de gobernarlos con libertad. De ah nacieron los graves conflictos en que Espaa y Cuba se vieron envueltas con la Confederacin Norteamericana: y cuando pasada aquella tormenta todo aconsejaba que a la noble Antilla se le diesen las prometidas instituciones, corren aos tras aos, y nunca llega la hora de la reparacin y la justicia. Sean buenos cuanto se quiera los decretos administrativos que para Cuba se han dictado o que en adelante se dictaren; pero esa bondad siempre ser muy incompleta y precaria, mientras no descansen sobre libres instituciones, pues que sin ellas es imposible vigilarlos, ni menos exigir su fiel cumplimiento. Un cuarto de siglo ha que se nos est repitiendo la cantinela que Cuba no est preparada para los derechos polticos; que hay grandes peligros en concedrselos ; y con estas y otras frases huecas, calculadas para asustar a los incautos y perpetuar los abusos, se quiere defender un sistema condenado por el siglo y tan funesto a Cuba como a Espaa. Para arrancarnos de un golpe en 1837, cuantos derechos polticos poseamos atropellronse todos los sentimientos de justicia, y todas las consideraciones de la prudencia y la poltica; mas, cuando se trata de que se nos devuelva lo que falsos informes y lamentables pasiones nos

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JOS ANTONIO SACO /23 /23 /23 /23 /23 quitaron, entonces, todos son miramientos, escrpulos y temores que nunca tienen fin. Ya no es posible retardar por ms tiempo, sin inmensos peligros, la reforma fundamental de las instituciones de Cuba. Los extraordinarios acontecimientos del Septentrin de la Amrica, han venido a sorprender a los que dorman entregados a una vana confianza. Cuestiones de vida o muerte se presentan a nuestra Antilla bajo de una forma terrible: el gobierno no puede eludirlas, y en la imperiosa necesidad de resolverlas, fuerza es, que para hacerlo con acierto se rodee de todas las luces, y no niegue a los habitantes de Cuba la intervencin que debe drseles en los pblicos negocios. ste es el nico camino que puede salvarnos; el que hasta ahora se ha seguido nos lleva a la perdicin.

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REFUT REFUT REFUT REFUT REFUT ACI"N DE LOS ARGUMENTOS ACI"N DE LOS ARGUMENTOS ACI"N DE LOS ARGUMENTOS ACI"N DE LOS ARGUMENTOS ACI"N DE LOS ARGUMENTOS CON QUE SE PRETENDE DEFENDER EN CUBA CON QUE SE PRETENDE DEFENDER EN CUBA CON QUE SE PRETENDE DEFENDER EN CUBA CON QUE SE PRETENDE DEFENDER EN CUBA CON QUE SE PRETENDE DEFENDER EN CUBA EL ACTU EL ACTU EL ACTU EL ACTU EL ACTU AL RGIMEN AB AL RGIMEN AB AL RGIMEN AB AL RGIMEN AB AL RGIMEN AB SOL SOL SOL SOL SOL UTO UTO UTO UTO UTO1 1 1 1 1Cuando en 1837 se priv de sus derechos polticos a las provincias de Ultramar, buscronse razones en que fundar tan violento despojo. Ellas fueron ms de una vez por m refutadas; y si bien fue su refutacin conocida del pblico cubano, no as del de la metrpoli, ya porque algunos de mis escritos fueron impresos en el extranjero, ya porque aun los mismos que vieron la luz en Espaa, apenas circularon entre un cortsimo nmero de personas. Hoy, pues, que se trata seriamente de restituir sus derechos a los pases ultramarinos, y que los enemigos de la libertad cubana redoblan sus esfuerzos para impedirlo, reproduciendo aquellos argumentos, preciso es combatirlos de nuevo, y condenar al silencio a sus menguados defensores.ARGUMENTO ILos derechos polticos que se concedieron a las provincias de Ultramar, por decreto de las Cortes constituyentes de Cdiz en 15 de octubre de 1810, y por la Constitucin de 1812, fueron la causa de la independencia del continente hispanoamericano: luego, para que Cuba no la consiga, debe estar privada de ellos. Yo a mi vez, sirvindome del mismo argumento, pudiera decir: Cuba, Puerto Rico y Filipinas gozaron tambin de esos derechos, y, sin embargo, no se declararon independientes; luego, las concesiones polticas del 15 de octubre de 1810, y de la Constitucin de 1812, no produjeron el 1Estos Argumentos se insertaron por primera vez en el opsculo titulado: La situacin poltica de Cuba y su remedio, reimpreso en el tomo III, pgina 444 de la Coleccin de papeles del autor, pero habiendo reaparecido corregidos y aumentados en el nmero 20 de La Amrica de Madrid del 27 de diciembre de 1862, respetando la voluntad del seor Saco, se publican de nuevo en la Coleccin pstuma de sus escritos. (Vidal Morales y Morales [V. M. M.].)

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JOS ANTONIO SACO /25 /25 /25 /25 /25 resultado que se les imputa. Efectivamente, atribuir al Cdigo de Cdiz la independencia de las colonias continentales, es no slo un anacronismo escandaloso, sino un sofisma inventado por el partido servil de entonces para desacreditar en Espaa los principios de libertad consignados en aquella Constitucin, y del que por desgracia se apoderaron despus aun los mismos liberales para esclavizar a Cuba en 1837. La idea de la independencia es coetnea a la conquista de Amrica, y desde entonces, nadie particip tanto de sus temores como el mismo gobierno, pues de ellos nacieron las injusticias contra Coln, y los recelos y desconfianza contra Corts, quitndose al primero todo mando en el mundo que descubri, y al segundo en las opulentas regiones que su espada haba conquistado. Las guerras civiles de los Almagros y Pizarros arrastraron a uno de stos hasta el extremo de hacerse independiente de la corona de Castilla, y de combatir con las armas a los virreyes sus representantes. Espaa oy en el siglo pasado los gritos de independencia que resonaron en algunas de sus colonias continentales; y en 1806 la proclam tambin, sin haberla conseguido, el general Miranda cuando desembarc con 500 hombres en Coro, ciudad de Venezuela. La invasin francesa en 1808 trastorn y dej sin gobierno a la Pennsula; sus colonias se aprovecharon entonces de la ocasin favorable que se les present, y mucho antes de haberse publicado la Constitucin de 1812, y aun reunidas el 24 de septiembre de 1810 las Cortes constituyentes que la formaron, ya el fuego de la insurreccin se haba extendido por el continente americano. Pero ntese bien, y tngase muy presente, que en medio de ese incendio general, Cuba siempre se mantuvo fiel a la metrpoli, y aun la socorri con sus caudales y la sangre de sus hijos en la guerra contra la Francia. Para que no quede ninguna duda sobre la falsedad del argumento que estoy refutando, invocar la autoridad de un hombre, que as por su talento y acendrado espaolismo, como por haber sido uno de los diputados ms influyentes en aquella poca y en las posteriores, merecer de los peninsulares una confianza que jams podr inspirarles ningn cubano en materias semejantes. El conde de Toreno, despus de haber indicado en el libro 13 de su Historia del levantamiento, guerra y revolucin de Espaa, algunas causas de poca importancia, que en el sigloXVIII influyeron en la independencia, y de decir que no obstante ellas, el vnculo que una a las colonias de Ultramar con su metrpoli, era todava fuerte y muy estrecho, contina: “Otras causas concurrieron a aflojarle paulatinamente. Debe contarse entre las principales la revolucin de los Estados Unidos angloamericanos. Jefferson en sus cartas, asevera que ya entonces dieron pasos los criollos espaoles para lograr su independencia... Incurri en error grave la corte de Madrid en favorecer la causa anglo-america-

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OBRAS 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ na... Diose de ese modo un punto en que con el tiempo se haba de apoyar la palanca destinada a levantar los otros pueblos del continente americano... ”Tras lo acaecido en las mrgenes del Delaware sobrevino la revolucin francesa, estmulo nuevo de independencia sembrando en Amrica como en Europa ideas de libertad y desasosiego...”. Aqu sigue Toreno refiriendo las graves turbulencias del Per acaudilladas por el indio Tupac-Amaro y las conmociones de Caracas en 1796, de las que fueron principales promovedores el mayorqun Picornel y el general Miranda, natural de Venezuela; y concluye diciendo, que, a pesar de ellas, an permanecan muy hondas las races del dominio espaol, para que se las pudiera arrancar de un solo y primer golpe. “Requerase, pues [prosigue Toreno], algn nuevo suceso, grande, extraordinario, que tocara inmediatamente a las Amricas y a Espaa, para romper los lazos que unan a entrambas, no bastando a efectuar semejante acontecimiento, ni lo apartado y vasto de aquellos pases, ni la diversidad de castas y sus pretensiones, ni las fuerzas y riqueza que cada da se aumentaban, ni el ejemplo de los Estados Unidos, ni tampoco los terribles y ms recientes que ofreca la Francia; cosas todas que colocamos entre las causas generales y lejanas de la independencia americana, empezando las particulares y ms prximas en las revueltas y asombros que se agolparon en el ao de 1808. ”En un principio y al hundirse el trono de los Borbones, manifestaron todas las regiones de Ultramar en favor de la causa de Espaa verdadero entusiasmo, contenindose a su vista los pocos que anhelaban mudanzas. Vimos en su lugar, la irritacin que produjeron all las miserias de Bayona, la adhesin mostrada a las juntas de provincia y a la central, los donativos, en fin, y los recursos que con larga mano se suministraron a los hermanos de Europa. Mas, apaciguado el primer hervor, y sucediendo en la Pennsula desgracias tras de desgracias, cambiose poco a poco la opinin, y se sintieron rebullir los deseos de independencia particularmente entre la mocedad criolla de la clase media y el clero inferior. Fomentaron aquella inclinacin los ingleses, temerosos de la cada de Espaa, fomentronla los franceses y emisarios de Jos aunque en otro sentido, y con intento de apartar aquellos pases del gobierno de Sevilla y Cdiz, que apellidaban insurreccional; fomentronla los anglo americanos especialmente en Mjico, fomentronla, por ltimo, en el Ro de la Plata los emisarios de la infanta doa Carlota residente en el Brasil, cuyo gobierno independiente de Europa, no era para la Amrica meridional de mejor ejemplo que lo haba sido para la septentrional la separacin de los Estados Unidos. ”A tantos embates necesario era que cediese y empezase a crujir el edificio levantado por los espaoles ms all de los mares, cuya fbrica

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JOS ANTONIO SACO /27 /27 /27 /27 /27 hubo de ser bien slida y compacta para que no se resquebrajase antes y viniese al suelo. ”...Verificose el primer estallido sin convenio anterior entre las diversas partes de la Amrica ; siendo difciles las comunicaciones, y no estando entonces extendidas ni arregladas las sociedades secretas, que despus tanto influjo tuvieron en aquellos sucesos. El movimiento rompi por Caracas, tierra acostumbrada a conjuraciones; y rompi, segn ya insinuamos, al llegar la noticia de la prdida de las Andalucas y dispersin de la Junta Central. ”El 19 de abril de 1810 apareci amotinado el pueblo de aquella ciudad capital de Venezuela, al que se uni la tropa; y el cabildo, o sea, ayuntamiento, agregando a su seno otros individuos, erijiose en Junta Suprema, mientras que conforme anunci, se convocaba un congreso... Siguieron el impulso de Caracas las otras provincias de Venezuela, excepto el partido de Caco y Maracaybo, en cuya ciudad mantuvo la tranquilidad y buen orden la firmeza del gobernador D. Fernando Miyares. ”...Alz tambin Buenos Aires el grito de independencia al saber all, por un barco ingls que arrib a Montevideo el 13 de mayo, los desastres de las Andalucas... ”...Montevideo que se dispona a unir su suerte con la de Buenos Aires, detvose noticioso de que en la Pennsula todava se respiraba, y de que exista en la isla de Len con nombre de regencia un Gobierno central. ”No as el Nuevo Reino de Granada, que sigui el impulso de Caracas, creando una Junta Suprema el 20 de julio (de 1810). Acaecieron luego en Santa Fe, en Quito y en las dems partes altercados, divisiones, muertes, guerra y muchas lstimas, que tal esquilmo coge de las revoluciones la generacin que las hace. ”Entonces y largo tiempo despus se mantuvo el Per quieto y fiel a la madre patria, merced a la prudente fortaleza del virrey D. Jos Fernando Abascal, y a la memoria an viva de la rebelin del indio TupacAmaro y sus crueldades.2”Tampoco se meneaba Nueva Espaa, aunque ya se haban fraguado varias maquinaciones, y se preparaban alborotos de que ms adelante daremos noticia. ”Por lo dems, tal fue el principio de irse desgajando del tronco paterno, y una en pos de otra, ramas tan fructferas del imperio espaol...”. He aqu el decreto de 15 de octubre de 1810 y la Constitucin de 1812, absueltos por un juez espaol, y sin duda de los ms competentes, del crimen revolucionario que se les imputa. Y, sin embargo, el conde de 2En el nmero de La Amrica del 27 de enero de 1863 public el seor Saco un documento oficial, indito hasta entonces, sobre la rebelin del indio Tupac-Amaro.

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OBRAS 28\ 28\ 28\ 28\ 28\ Toreno, ya por falta de valor, para decir toda la verdad, ya por una parcialidad que rebaja al historiador, call algunos de los motivos principales de la independencia. Otro clebre espaol, con menos artificio oratorio, pero con ms franqueza y concisin que l, expuso en breves palabras, desde el pasado siglo, muchas de las causas verdaderas de aquel acontecimiento. Reconocida por Espaa la independencia de los Estados Unidos, el conde de Aranda previ desde entonces la suerte futura de todo el continente americano, y en el informe reservado que present a Carlos III en 1783, se expres as: “Dejo aparte el dictamen de algunos polticos, tanto nacionales como extranjeros, en que han dicho que el dominio espaol en las Amricas no puede ser duradero, fundados en que las posesiones tan distantes de su metrpoli, jams se han conservado largo tiempo. En el de aquellas colonias ocurren an mayores motivos, a saber: la dificultad de socorrerlas desde Europa cuando la necesidad lo exige; el gobierno temporal de virreyes y gobernadores, que la mayor parte van con el nico objeto de enriquecerse; las injusticias que algunos hacen a aquellos infelices habitantes; la distancia de la soberana y del Tribunal Supremo, donde han de acudir a exponer sus quejas; los aos que se pasan sin obtener resolucin; las vejaciones y venganzas que mientras tanto experimentan de aquellos jefes; la dificultad de descubrir la verdad a tan larga distancia; y el influjo que dichos jefes tienen, no solamente en el pas con motivo de su mando, sino tambin en Espaa, de donde son naturales: todas estas circunstancias, si bien se mira, contribuyen a que aquellos naturales no estn contentos, y que aspiren a la independencia, siempre que se les presente ocasin favorable ” Esta ocasin se les present con la invasin francesa en 1808, y la independencia de las colonias continentales se realiz, no a impulso de las concesiones polticas del 15 de octubre de 1810, ni de la Constitucin de 1812, sino por las causas ya manifestadas.ARGUMENTO IICuba tiene muchos esclavos: luego, no puede gozar de libertad poltica, porque sta ocasionara la revolucin de aqullos. Y de cuando ac la esclavitud domstica ha sido obstculo para que en los pases donde existe, gocen los hombres libres de derechos polticos? Esa lamentable institucin fue tan general en la Antigedad, que hasta las repblicas ms libres se apoyaron en ella. Las de Grecia, plagadas estuvieron de esclavos; y en Atenas, la ms floreciente de todas, y en algunas otras, ellos excedieron en mucho al nmero de ciudadanos.

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JOS ANTONIO SACO /29 /29 /29 /29 /29 Abundaron tanto en Cartago, que cartagineses hubo que los poseyeron a millares. Empleolos tambin aquella repblica como remeros en sus galeras de guerra, y las 350 que entraron en combate con las romanas en la Primera Guerra Pnica, llevaron a su bordo, segn Polybio, el asombroso nmero de 105 000. Roma, la conquistadora del mundo, ech las cadenas de la esclavitud personal sobre una porcin considerable del gnero humano; pero, en medio de su inmensa muchedumbre, los ciudadanos ejercieron en el Senado y en los Comicios los derechos polticos que aseguraban su orgullosa libertad. Mucho antes que Venecia hubiese perdido la suya, ya posey esclavos, y de ello hizo un vasto comercio con varias naciones. Tuvironlos tambin, y el mismo trfico hicieron las repblicas de Pisa, Florencia y Gnova en los das ms gloriosos de su libertad. Si de la Edad Media paso a los tiempos modernos, yo presentara como ejemplo a las colonias inglesas y francesas, a los Estados Unidos, al Brasil y a otros pases; pero habiendo tratado ya extensamente de este asunto en La Amrica del 12 del corriente mes, refirome a ella para evitar repeticiones.3ARGUMENTO IIICuba, bajo el gobierno que la rige, se ha ilustrado y enriquecido; luego, no necesita de libertad poltica. Cabalmente por las mismas razones debe ser libre; pues siendo ilustrada, conoce sus derechos, y odia la tirana; y siendo rica, tiene ms intereses que defender, y ms necesidad de garantas polticas para conservarlos. Las luces y riquezas que Cuba ha adquirido, en vez de ser obra del despotismo, son conquistas que ha hecho luchando contra l. No es verdad que si ella hubiese sido libre, estara incomparablemente ms ilustrada y ms rica que hoy? Su ilustracin proviene de que un nmero considerable de cubanos han recibido su educacin en pases extranjeros; de que otros muchos han viajado, ya solos, ya con sus familias, por Amrica y Europa; de que vueltos a su tierra, han derramado en ella las luces que han recogido; del contacto en que el comercio ha puesto a aquellos habitantes con las naciones civilizadas; y del instinto o fuerza 3Donde se reimprimi el Examen analtico del Informe de la Comisin especial nombrada por las Cortes sobre la exclusin de los actuales y futuros diputados de Ultramar publicado primeramente en 1837 en Madrid, y despus en el tomo III, pgina 105 de la Coleccin de papeles del autor. (V. M. M.)

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OBRAS 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ interna que llevan en s las sociedades, principalmente las nuevas, para mejorar su condicin a pesar de las trabas que se les pongan. No afirmar yo, que nada se debe al gobierno, porque esto sera una falsedad y una injusticia; pero ms falsedad e injusticia sera considerar como resultado del despotismo la ilustracin que poseemos. La prosperidad material de Cuba debida es a sus fertilsimos terrenos, a los brazos africanos que los cultivan, a la excelencia de sus frutos, y a los buenos precios que han tenido en los mercados extranjeros. De estas cuatro causas, tres son absolutamente independientes del gobierno, y la nica que ha emanado de l, ojal que nunca hubiera existido; pues aunque sin negros fusemos menos ricos, tambin estaramos libres de las inquietudes del porvenir. Y acaso corresponde esa decantada prosperidad a los elementos de riqueza que Cuba encierra en su seno? Recrranse sus pueblos y sus campos, y al contemplar muchos de aqullos tan atrasados, y la mayor parte de stos tan incultos todava, unos y otros me servirn de testimonio irrefragable contra los que osaren desmentirme. Mas, concdase que los intereses materiales de Cuba hayan llegado ya al estado ms floreciente. Se dir por eso, que ella es realmente feliz? La alta misin de un gobierno no est circunscrita a tan reducida esfera; otros deberes sagrados reclaman su atencin, y ningn pueblo pide reformas polticas, sociales y morales con ms urgencia que Cuba. Negarse por ms tiempo a introducirlas, es correr desbocadamente al abismo donde todos podemos perecer. El progreso de las sociedades modernas, y del que aquella isla tambin participa, ha creado nuevas necesidades y nuevos sentimientos; y si en aos anteriores, los cubanos vivan contentos con las ideas que heredaron de sus padres, hoy se consideran desgraciados porque carecen de toda libertad. Los que para privarnos de ella avanzan el argumento que estoy refutando, no reparan en las armas terribles que ofrecen al despotismo; porque si bajo su accin e influjo, los pueblos pueden ilustrarse y engrandecerse, por qu se declama entonces tanto contra l? Dnde estn los males que se le achacan? Si l da lo mismo que la libertad, qu necesidad hay de cambiar la forma de los gobiernos? Las naciones que viven subyugadas por el absolutismo, deben seguir viviendo bajo su cetro, y pecaran contra sus intereses, si intentasen salir, aun por los medios ms legtimos, de un estado tan venturoso. El adelantamiento material de un pas no es signo seguro para juzgar de la bondad de sus instituciones, porque a veces existen al lado del despotismo principios e influencias de tanta vitalidad, que l no tiene fuerzas para sofocar. Venecia, en la Edad Media, se engrandeci territorial y mercantilmente ms que ninguna otra nacin europea; y con todo, los ciudadanos de aquella repblica gimieron bajo la espantosa

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JOS ANTONIO SACO /31 /31 /31 /31 /31 tirana del Consejo de los Diez y de la Inquisicin de Estado. En el presente siglo, y en medio de los desrdenes de un rgimen absoluto, hicieron progresos materiales el Piamonte, la Lombarda, la Toscana y Npoles, y hoy mismo los hacen Austria, Rusia y otras naciones. Aun las mismas colonias del continente amrico-hispano, comparando lo que fueron en el siglo XVI con lo que llegaron a ser al tiempo de su independencia, prueba evidentsima son de que los pueblos pueden mejorar su condicin aun bajo las instituciones ms despticas. Si algunos de nuestros hermanos peninsulares estn convencidos de que los adelantos materiales son por s solos bastantes para hacer felices a los pueblos regidos despticamente, por qu no se contentan con la misma dosis de felicidad que recetan a los cubanos? Por qu no piden que se ahogue en Espaa la libertad de la imprenta, que se abata la tribuna, se cierre el Parlamento y se rompa de una vez la mquina que compone el gobierno representativo? Cuando la tirana pesaba sobre la metrpoli, delirio hubiera sido que las colonias reclamasen de ella principios de libertad; pero despus que sta se ha sentado en el trono de Castilla, monstruosa contradiccin es mantener a Cuba bajo el imperio de las caducas instituciones que le legaron los monarcas absolutos.ARGUMENTO IVLas antiguas leyes de Indias son la verdadera legislacin colonial: modificadas, satisfacen a todas las necesidades de Cuba; luego, no deben introducirse en ella novedades polticas. A tan repetido y viejo argumento contestar con razones, parte de las cuales he dado ya en otro tiempo.4Las reformas polticas que exige Cuba son inconciliables con la legislacin indiana. Los nueve libros que componen la Recopilacin de leyes de Indias no forman un cdigo poltico, civil, criminal, ni de ninguna especie. Como lo indica su mismo nombre, no son el fruto de un plan combinado, sino el conjunto de las numerosas disposiciones que para los vastos pases de Amrica, se fueron dictando en diversas circunstancias, durante el espacio de casi dos siglos. Al cabo de este tiempo, tanta vino a ser la muchedumbre de cdulas, ordenanzas, cartas, provisiones, y tanta su incoherencia y confusin, que a veces, ni los gobernantes saban lo que mandaban, ni los gobernados lo que haban de obedecer. Para salir de este laberinto, mandronse compilar las disposiciones que andaban desparramadas por los archivos del Reino: mas, hecho este trabajo sin el 4En mi Carta sobre el informe fiscal del seor Vazquez Queipo, impresa en Sevilla en 1847.

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OBRAS 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ debido discernimiento, se hacinaron leyes sobre leyes, resultando no un cdigo sencillo y filosfico, sino un conjunto informe en que se amonton lo bueno y lo malo que para la Amrica se haba ordenado. Ya desde el reinado de Felipe II, se pens hacer una compilacin, pero con alteraciones considerables: y si esto sucedi en el siglo XVI, qu no ser hoy que nos hallamos a la mitad del siglo XIX? Preciso sera rehacer enteramente las leyes de Indias; pero rehacerlas, sera destruirlas; y para destruirlas, mejor es levantar de nuevo el edificio. Importa mucho advertir, que Cuba no fue el punto de Amrica a que se dirigi la Recopilacin indiana. Clavados los ojos de Espaa en las riquezas del continente, carg hacia l la fuerza de la emigracin europea; y las cuatro grandes Antillas, que se haban empezado a poblar desde fines del siglo XV y principio del XVI, quedaron casi abandonadas. Enflaquecidas con la prdida de gente y capitales, vironse olvidadas del gobierno; y en el cmulo de leyes que encierra aquella compilacin, rara vez se oye sonar el nombre de Cuba. Cmo, pues, aplicarle una legislacin que no se form para ella, y en que no se consultaron sus intereses ni necesidades? Dirase, que siendo parte de la Amrica, se encuentra en iguales circunstancias que los pases continentales, y que, por lo tanto, puede regirse por las mismas leyes? Fcil sera demostrar, que unas regiones tan dilatadas como las que abrazaron las colonias amrico-hispanas, bien difieren unas de otras bajo de muchas relaciones; pero sin entrar en esta discusin, porque me conducira a un trmino demasiado lejos, bastar observar, que una parte de la Recopilacin indiana se refiere exclusivamente a la situacin peculiar de algunas de las colonias continentales, cuyas leyes, en razn de su misma especialidad, no pueden convenir a Cuba. Otra parte, mayor que la primera, tuvo por objeto principal la polica de los indios y el arreglo de las relaciones entre ellos y los espaoles; y como hace mucho ms de dos siglos que los indgenas perecieron en nuestra Isla, no puede aplicarse con acierto a sus actuales habitantes, lo que se haba ordenado para una raza de hombres del todo diferentes. Aun cuando no existiese ninguna de las razones anteriores, nunca sera atinado regir a Cuba por las leyes de Indias. Si en los tiempos que siguieron a la conquista, se crey que con ellas se poda hacer feliz a la Amrica, hoy pensarlo as, es una fatal ilusin. Las circunstancias polticas, mercantiles y morales han cambiado mucho; y condenar a Cuba a vivir bajo los restos del Cdigo indiano, sera perpetuar sobre ella el yugo de la esclavitud. La prosperidad material de Cuba empez con la abolicin de muchas leyes de Indias; y su importancia poltica y aun su dignidad moral, claman por la derogacin de casi todas las restantes. No hay duda que algunas honran la memoria del gobierno que las dict, porque se propusieron salvar la raza indgena de los horrores de la con-

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JOS ANTONIO SACO /33 /33 /33 /33 /33 quista; pero las dems, en su conjunto, consideradas mercantilmente, son protectoras del monopolio y enemigas de todo progreso; consideradas judicialmente son tan imperfectas, que no pudiendo decidirse por ellas ni en lo civil, ni en lo criminal, es menester acudir a los cdigos de Castilla; consideradas literariamente, lejos de elevarse a la altura de los conocimientos modernos, contienen disposiciones que son la mengua de la ilustracin; consideradas religiosamente son un monumento de la intolerancia y persecucin del siglo XVI; consideradas, en fin, bajo el aspecto poltico, son brbaras y tirnicas, pues que arman a los gobernantes de las facultades ms terribles. Tal es el Cdigo de Indias, y tal el cdigo que se recomienda para hacer feliz a Cuba. Y ya que de l se prevalen algunos para negarnos derechos polticos, yo tambin me fundar en l para que se nos concedan. La ley 13, tt. 2, lib. 2 dice: “Porque siendo de una corona los reinos de Castilla, y de las Indias, las leyes y orden de Gobierno de los unos y de los otros deben ser lo ms semejantes y conformes que ser pueda, los de nuestro Consejo en las leyes y establecimientos que para aquellos Estados ordenaren, procuren reducir la forma y manera del Gobierno de ellos al estilo y orden que son regidos y gobernados los reinos de Castilla y de Len en cuanto hubiere lugar, y permitieren la diversidad y diferencia de las tierras y naciones”. Esta ley abraza dos puntos: 1 Que las leyes, orden y forma de gobierno de Espaa y de Amrica, deben ser lo ms semejantes y conformes que ser puedan. 2 Que esta semejanza y conformidad no se tome en un sentido tan absoluto, que todo lo que se estableciere en Espaa, se aplique siempre y sin variacin alguna a la Amrica. Infirese de aqu, que las instituciones y las leyes deben ser unas mismas para ac que para all, cuando lo permitan las circunstancias locales; y cuando no, que se modifiquen, procurando siempre que sean entre s lo ms semejantes y conformes que ser puedan. Modificar pues, las instituciones y la legislacin, es lo nico que permite esa ley: pero modificacin es cosa muy distinta de oposicin y contrariedad y oposicin y contrariedad hay entre el despotismo y la libertad y, por consiguiente, entre la forma de Gobierno de Cuba y la forma de gobierno de Espaa. A los que para Cuba piden la aplicacin de las leyes de Indias, yo les pido tambin el cumplimiento de la que acabo de citar.ARGUMENTO VInglaterra no ha establecido el rgimen representativo en sus vastas y opulentas posesiones de la India: luego, Espaa tampoco debe introducirlo en Cuba.

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OBRAS 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ Aqu se arguye con la excepcin y no con la regla, con la anomala y no con la analoga. El Canad, las Antillas, el cabo de Buena Esperanza, la Australia, y otras colonias britnicas esparcidas por diferentes puntos de la tierra, todas tienen consejos coloniales, y con ellos gozan de la ms amplia libertad. Si, pues, Inglaterra no la ha introducido en la India, forzoso es que existan motivos muy poderosos y obstculos insuperables. Para establecer paridad, sera menester que Cuba se hallase respecto de Espaa en el mismo predicamento que la India respecto de su metrpoli. Hagamos un paralelo y resaltar la verdad. Hay en el vasto pas de la India algunas ciudades, villas, aldeas u otras poblaciones compuestas de raza anglo-sajona? No. Y en Cuba? Todas, todas sin excepcin, son espaolas. Hay razas indgenas en la India? Slo los naturales sbditos de la Gran Bretaa, pasan de 130 millones Existen en Cuba los descendientes de los primitivos pobladores? Tiempo ha que desaparecieron de aquel suelo. La religin, o mejor dicho, las religiones de la India son las que profesa la Gran Bretaa? Justamente son casi todas contrarias al cristianismo. Pero la religin de Cuba, es opuesta a la de Espaa? Catlica, apostlica, romana es en sta, y catlica, apostlica, romana es en aqulla. Las lenguas que se hablan en la India, son las que se estilan en la Gran Bretaa? Ni la ms remota analoga tienen entre s. Mas, en Cuba, qu idioma se habla? El hermoso de Castilla, desde la punta de Mais hasta el cabo de San Antonio. Los hbitos, usos, costumbres y preocupaciones de la India existen en la Gran Bretaa? De ninguna manera. Y los hbitos, usos, costumbres y preocupaciones de Cuba? En el fondo son los mismos que en Espaa, con slo la variacin que les dan las circunstancias locales, as como sucede en la Pennsula en algunas de sus provincias. Las leyes, los libros, y cdigos sagrados que arreglan la conducta civil y religiosa de los indios asiticos, son obra de la Gran Bretaa, o tienen su origen acaso en ella? Ni lo uno, ni lo otro. Pero la legislacin civil y criminal de Espaa, no impera tambin en Cuba, y aun las leyes particulares en ella introducidas, no han emanado en todos tiempos de la prerrogativa de los monarcas castellanos? Desea la India deshacerse de sus peculiares instituciones, apartarse de sus antiguas tradiciones, y trocar por ellas los grandes principios de la civilizacin y de la libertad britnica? Muy al contrario. Mas, Cuba, no suspira por romper el yugo que la esclaviza, asimilarse en lo posible a su metrpoli, y conseguir aunque sea una parte de los derechos polticos consignados en la Constitucin espaola? De este corto pero exacto paralelo aparecen dos verdades. Una, que las diferencias y anomalas entre la India y la Gran Bretaa son tan profundas, que ni sta ha podido todava establecer all sus instituciones liberales, ni aqulla querido recibirlas. Otra, que vaciada Cuba en el

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JOS ANTONIO SACO /35 /35 /35 /35 /35 molde de Espaa, la semejanza entre las dos es ms grande de lo que generalmente se cree, pudiendo asegurarse, que hay entre ellas ms analoga que entre la misma Espaa y algunas de sus provincias. Catalua y los pueblos vascongados, en razn de su lengua y de los antiguos fueros que han gozado, difieren mucho ms del resto de la Pennsula, que sta de nuestra Antilla. Los que hayan hecho algn estudio de las colonias extranjeras, conocern que stas, en su fisonoma social, no se parecen tanto a sus metrpolis como Cuba a la suya. Esto no obstante, aqullas estn dotadas de instituciones liberales, mientras Cuba, Cuba que refleja la viva imagen de su madre, Cuba yace bajo de un rgimen absoluto.ARGUMENTO VILas actuales instituciones mantienen en Cuba el orden y la tranquilidad: las reformas polticas ocasionaran trastornos e independencia: luego, no se debe hacer alteracin. Para apreciar este argumento en su verdadero valor, menester es, que volvamos la vista a los aos anteriores, y que indiquemos rpidamente lo que en ellos aconteci bajo de esas instituciones. Si tan grandes beneficios se derivan de ellas, por qu nadie tiene confianza en el porvenir de Cuba? Por qu muchos capitalistas han sacado de la Isla todo el dinero que han podido? Cmo se explican de 1848 a 1855 las continuas alarmas, las prisiones, los numerosos destierros, las conspiraciones, las invasiones y aun los patbulos en que se derram la sangre de algunas vctimas? Estas cosas jams vistas en Cuba, fueron la triste consecuencia del rgimen absoluto establecido en 1837; y una poltica que ha dado tan funestos resultados, es una poltica detestable, y que si por desgracia continuase, nos arrastrara tarde o temprano a la catstrofe ms lamentable. Si la libertad reinase en Cuba, entonces podran atribuirse a deseos inmoderados de sus hijos los acontecimientos que deploramos; pero cuando el absolutismo es el rgimen que all impera, el absolutismo, y slo el absolutismo, es el nico responsable de aquellas desgracias y de otras ms graves que pudieran sobrevenir. El da que se diere a Cuba libertad, se ser el de la muerte infalible de todo proyecto trastornador. Cien mil bayonetas que el gobierno enviase a ella, no tendran tanta fuerza para el dominio espaol, como la concesin de libertades polticas. Esto lo jura por su honor un cubano que es cubano, y que lee esta verdad en el corazn de los cubanos. En voz alta o a la sordina, y con buena o con mala fe, imputan algunos a Cuba proyectos de independencia; pero sta, como muchas veces he dicho en mis escritos, es fsicamente imposible. La muy escasa po-

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OBRAS 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ blacin de la colonia, los heterogneos elementos de que se compone, la imposibilidad de conciliarlos y reunirlos para acometer empresa tan aventurada, las grandes fuerzas martimas y terrestres que dominan toda la Isla, y lo que todava es ms importante, el espritu conservador de un pueblo rico que conociendo sus intereses, sabe que la revolucin es su muerte, todo esto presenta obstculos tan insuperables a la independencia, que aun los mismos que de ella hablan, o no conocen a Cuba, o no dicen lo que sienten. Incurren en grave error los que asimilando a Cuba con las posesiones del continente, se prevalen de lo que stas hicieron, para concluir que aqulla se halla dispuesta a imitar su ejemplo. Las colonias continentales de Espaa estaban asentadas en la vasta superficie que se extiende desde las Californias hasta la Patagonia, y desde las aguas del Atlntico hasta las playas del Pacfico; mas, Cuba slo ocupa un espacio muy pequeo en el mar de las Antillas. La poblacin de aqullas era en nmero muy superior a la de su metrpoli; mas, la de Cuba, sobre ser muy escasa, est compuesta en mucha parte de peninsulares. Defendan a aqullas de los ataques exteriores la inmensa distancia que las aparta de Europa, la dificultad de sus comunicaciones internas, la espesura e inmensidad de sus bosques y la fragosidad de sus montes; mas, Cuba dista menos de Espaa, y menos todava por los prodigios del vapor, apenas entonces conocidos; es de fcil acceso por todas sus costas, y en razn de su misma pequeez, se puede recorrer en todas direcciones. Propagado en aqullas el fuego de la insurreccin, cmo sujetar a un tiempo pases tan inmensos y tan lejanos? Si todo el gran poder de Inglaterra no hubiera podido someterlos, sera bastante a conseguirlo una nacin entonces muy empobrecida, sin ejrcitos ni escuadras, y que acababa de salir tan postrada de la sangrienta lucha con el Capitn del siglo? Cuba, empero, por su corta extensin tiene menos recursos para su defensa, pues estrechado por su naturaleza el crculo de sus maniobras militares, puede el gobierno reconcentrar con ventaja en un solo punto las fuerzas de la nacin, y cargar, con ellas sobre una dbil Antilla, abierta por todas partes a los golpes del enemigo. El conde de Aranda, en su informe ya citado,5 predijo con un espritu proftico la conducta futura de los Estados Unidos, y la prdida para Espaa de todas sus posesiones continentales; pero jams le pas por el pensamiento la idea de que Cuba y Puerto Rico pudieran hacerse independientes. As fue, que cuando aconsej a Carlos III que se desprendiese de todas las colonias del continente de Amrica, y coronase en ella 5Este informe ha sido reproducido por el seor Saco en uno de los apndices del tomo I de la Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo obra que desgraciadamente no concluy. (V. M. M.)

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JOS ANTONIO SACO /37 /37 /37 /37 /37 tres infantes de Espaa, uno en Mjico, otro en el Per y otro en lo restante de Tierra Firme, tambin le propuso que se quedase nicamente con las islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional, y con alguna que ms conviniese en la meridional, a fin de que sirviese de escala o depsito para el comercio espaol. Y el conde de Aranda as lo propuso, porque considerando este asunto no con las pasiones, y preocupaciones del da, sino con los ojos de un profundo poltico estaba ntimamente penetrado de que Cuba no poda ser independiente ni aun en un remoto porvenir. Gozando ya Espaa de un gobierno liberal, cobrar cada da nuevas fuerzas, y como tiene tantos elementos para engrandecerse, no tardar mucho en ser una nacin poderosa: de manera, que aun cuando Cuba intentase, all en tiempos muy lejanos, adquirir una existencia propia, ya tendra que habrselas con una metrpoli capaz de subyugar a colonias mucho ms grandes y fuertes que ella. Esta conviccin bastara por s sola para retraer a los cubanos de entrar en una lid, cuyos resultados frustraran todas sus esperanzas. Y por qu cuando ya tuviesen libertad, habran de aventurar todas las ventajas que a la sombra de ella gozasen? Por qu romper unos vnculos que seran dulces y provechosos a los padres y a los hijos? La desmesurada ambicin de los Estados Unidos, o de las nuevas naciones que de ellos se formen, es y ser un obstculo inmenso a la verdadera independencia de Cuba, pues aun suponiendo que llegase a conseguirla, muy pronto podra perderla, porque sin fuerzas propias para defenderse, y privada del apoyo de su antigua metrpoli, vctima sera de la rapacidad americana, en cuyas garras pereceran sus tradiciones, su nacionalidad, y hasta el ltimo vestigio de su lengua. Refutados los argumentos en que se fundan los enemigos de la libertad cubana, same permitido preguntar: es prudente y poltico mantener en continuo choque los sentimientos de lealtad de los cubanos con los nobles deseos de libertad que los animan, y que permanezcan quejosos y descontentos a vista de pueblos vecinos que codician la posesin de Cuba, y que si hoy no la pretenden por la guerra civil que los destroza, maana cuando se pacifiquen y repongan sus fuerzas, podrn renovar sus aspiraciones? Es justo y poltico que un pueblo que en ao comn importa y exporta por valor de 67 millones de pesos fuertes, y cuyo presupuesto de gastos ascendi en 1861 a 31 millones de duros, carezca de toda intervencin en el repartimiento de sus contribuciones y en la inversin que se les da? Es justo y poltico, que cuando en los dos perodos de 1812 a 1814, y de 1820 a 1823 se dieron a Cuba por la Constitucin que entonces rega, derechos semejantes a los de la metrpoli, y que cuando por el Estatuto

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OBRAS 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ Real de 1834 se le permiti enviar sus representantes a las Cortes nacionales, se la haya despojado despus de toda la libertad que gozaba? Es justo y poltico, que cuando en la Constitucin de 1837 se le prometi gobernarla por leyes especiales es decir, por leyes, no tirnicas, sino libres y conformes a sus necesidades, y al espritu de las instituciones de la madre patria, ella, al cabo de casi 26 aos, est gimiendo todava bajo el yugo del despotismo? Es justo y poltico, que cuando la Pennsula ha sacudido las cadenas que la esclavizaban, y recobrado su antigua libertad, Cuba por cuyas venas circula tambin sangre espaola, no sea digna de merecer hoy las concesiones liberales que en otro tiempo alcanz? Es justo y poltico, que cuando Espaa se gloria hoy de pertenecer al nmero de los pueblos libres, esa misma Espaa mantenga en el nmero de los oprimidos a Cuba, su hija predilecta? Es justo y poltico, en fin, que cuando las Antillas extranjeras, con menos riqueza, con menos importancia, con menos poblacin blanca, pero s con muchsimos ms negros que Cuba, han gozado de libertad desde los siglos pasado y antepasado, ella forme un contraste tan doloroso con sus hermanas del mismo archipilago? A tantas preguntas podemos responder, que todo presagia ya una nueva era para Cuba; y fndome para creerlo, no slo en la pasada legislatura, sino en las solemnes palabras que desde la excelsitud de su trono acaba de pronunciar ante las Cortes la reina augusta de las Espaas.

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VENT VENT VENT VENT VENT A DE LOS BIENES DE LAS "RDENES A DE LOS BIENES DE LAS "RDENES A DE LOS BIENES DE LAS "RDENES A DE LOS BIENES DE LAS "RDENES A DE LOS BIENES DE LAS "RDENES RELIGIOSAS SUPRIMID RELIGIOSAS SUPRIMID RELIGIOSAS SUPRIMID RELIGIOSAS SUPRIMID RELIGIOSAS SUPRIMID AS EN CUBA: AS EN CUBA: AS EN CUBA: AS EN CUBA: AS EN CUBA: INVERSI"N DE UNA P INVERSI"N DE UNA P INVERSI"N DE UNA P INVERSI"N DE UNA P INVERSI"N DE UNA P AR AR AR AR AR TE DEL PRODUCTO TE DEL PRODUCTO TE DEL PRODUCTO TE DEL PRODUCTO TE DEL PRODUCTO DE ELLOS A F DE ELLOS A F DE ELLOS A F DE ELLOS A F DE ELLOS A F A A A A A V V V V V OR DE LA MISMA ISLA OR DE LA MISMA ISLA OR DE LA MISMA ISLA OR DE LA MISMA ISLA OR DE LA MISMA ISLA ARTCULO I1 Estado de las calles de La HabanaEl Real Decreto de 18 de julio de 1862 mand vender todos los bienes pertenecientes a las rdenes religiosas que fueron suprimidas en Cuba desde el ao de 1841. Cuando este decreto se public en Madrid, varios peridicos de la Pennsula lo aprobaron; aprubolo yo tambin, porque desamortizar la propiedad y ponerla en libre circulacin es un bien para los pueblos. Pero yo no me limito a slo esa aprobacin, pues deseo que el resultado de la venta de aquellos bienes sea para Cuba lo ms provechoso que ser pueda. Al dar el gobierno el mencionado decreto de 18 de julio, si bien modifica la Real Cdula de 1852 en lo relativo a la forma de las ventas, “se ha decidido [tales son sus palabras] por el medio que asegura al Estado la plena adquisicin de la propiedad que le corresponde, sin dejar comprometida la suerte de los institutos llamados a llenar el vaco que se advierte en la educacin moral y religiosa de algunas poblaciones de la Isla”. Estas palabras revelan la buena intencin que tiene el gobierno de proteger la enseanza de las clases menesterosas de Cuba; y fundndome en ellas, me atrevo a pedir su pronta ejecucin, pues urge en alto grado al honor de la metrpoli y al bien de aquella Antilla, que se disipen cuanto antes las tinieblas en que viven muchos de sus habitantes. Y ya que de Cuba se trata, permtaseme igualmente pedir que una parte del producto de la venta de esos bienes se emplee, tambin en otras necesida1Publicado en La Amrica de Madrid de 12 de febrero de 1863.

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OBRAS 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ des imperiosas, y que satisfechas que sean, redundarn en provecho de la madre y de la hija. La masa de bienes de las rdenes religiosas suprimidas ascenda, ante del decreto de 1862, en que se mandaron vender, a la cantidad de 6 700 000 pesos fuertes; y es casi cierto, que su valor aumentara en la venta pblica que de ellos se habr hecho o que adelante se hiciere. Pedir yo que toda esa cantidad se invierta exclusivamente en las urgentsimas necesidades de Cuba? De aseguro que lo hara si slo atendiese a ellas y a la imposibilidad en que est la Isla de cubrirlas. En prueba de lo que digo, bien pudiera yo trazar aqu un cuadro muy triste de Cuba, pues si bien su situacin es, de una parte, prspera y lisonjera; de otra, presenta llagas profundas y lastimosas. Reconozco que esos bienes, y todos los dems de semejante naturaleza, pertenecen a la nacin; reconozco que sta no se compone de una ni de dos provincias, sino del conjunto de todas ellas; y por lo mismo reconozco tambin que no hay derecho para exigir que los bienes que se dicen nacionales se inviertan exclusivamente en la provincia donde se hallan. Pero en medio de estas consideraciones, existen otras que me parecen muy dignas de atencin en el punto en que nos ocupa. La inmensa fortuna que durante muchos siglos acumularon en la Pennsula las rdenes religiosas suprimidas bajo el reinado de Isabel II, toda se ha empleado en favor de la metrpoli, sin que Cuba haya recibido un solo maraved. No digo esto en son de queja, ni menos de acusacin contra el gobierno, pues estoy convencido de que Espaa necesitaba de tan poderosos recursos para levantarse de la postracin a que la haba reducido el pasado despotismo de ms de tres centurias. Pero esta verdad, que no vacilo en confesar, en nada disminuye el hecho de que Cuba no ha percibido ni un peso fuerte de los cuantiosos bienes pertenecientes a las extinguidas corporaciones eclesisticas en la Pennsula. Por esta razn no es injusto desear, que ya que no es dable invertir en aquella Isla todo el producto de los conventos all suprimidos, se emplee a lo menos una parte considerable de l, pues que tiene muchas necesidades urgentes que remediar, y a las que no puede atender, ora por hallarse muy recargada de contribuciones, ora por emplearse gran parte de stas fuera de su territorio. No es culpa de Cuba ni de Espaa que el Atlntico tienda sus olas entre las dos, y que apartadas por tan larga distancia, la una no pueda siempre participar de las mejoras de la otra. De aqu es que las escuelas de educacin primaria y algunos otros establecimientos literarios, las calzadas, los canales, los caminos de hierro, las lneas telegrficas y otras obras pblicas hechas o por hacer en la Pennsula, son exclusivamente provechosas a ella, sin que Cuba pueda gozar de ese beneficio. Esta situacin la pone en el caso de que necesite de fondos especiales, saca-

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JOS ANTONIO SACO /41 /41 /41 /41 /41 dos de su propio seno, si quiere verse dotada de semejantes obras y establecimientos; y he aqu otra razn por qu sera justo y altamente poltico que se invirtiesen en ella gran parte de los bienes de los conventos suprimidos. No es de omitirse, que esos bienes fueron debidos a la generosidad y sentimientos piadosos de los habitantes de Cuba, y que por lo mismo no se hallan en el caso de aquellas corporaciones religiosas, que fueron fundadas y enriquecidas por la munificiencia de los monarcas, por las rentas del Estado, o por la piedad de los fieles pertenecientes a otras provincias de la nacin. A esto se agrega, que muchos de esos bienes fueron donados en Cuba, no para mantener frailes ni conventos, sino para objetos especiales, que en aquel tiempo se crey que los religiosos podran desempear con ms ventaja de la Isla: de manera, que los conventos, lejos de considerarse como propietarios de tales bienes, no fueron ms que simples poseedores o administradores de ellos; y que la extincin de esos institutos no debe, en principios de equidad y aun quiz de rigurosa justicia, destruir la naturaleza y carcter primitivo que se dio a la parte de los bienes a que me refiero. Por todas esas consideraciones, vuelvo a pedir, y aun suplico al gobierno, que se digne invertir en el mismo suelo cubano la mayor parte posible de los bienes de los regulares que a l pertenecieron. Si yo fuera a indicar todos los objetos en que ellos debieran emplearse para sacar a Cuba de la mala situacin en que se halla, de seguro que no alcanzara todo su producto, por cuantioso que fuese; pero que no aspiro a imposibles, me limitar solamente a dos. La importancia y cultura de La Habana presentan un doloroso contraste con el estado de sus calles. Pocas de intramuros estn empedradas todava, y las de extramuros, que es donde ya reside la mayor parte de la poblacin, se hallan casi todas sin ms pavimento que el que les dio la naturaleza. En las grandes sequas que all se experimentan, el polvo es insoportable; y en la estacin de las lluvias, que es cabalmente la de los fuertes calores, muchas calles se inundan de agua, que ya por falta de curso, ya por el gran nmero de carruajes y caballeras que circulan en ellas, se convierten, as intra como extramuros, en baches y cenagales. Esas aguas estancadas revueltas con el cieno, y mezcladas con las materias orgnicas que de varias partes reciben, entran en ptrida fermentacin y exhalando sus miasmas deletreos, producen las perniciosas enfermedades que cuestan la vida a muchedumbre de nacionales y extranjeros. Registrando las tablas de la mortandad en las ciudades civilizadas, pocas hay, que relativamente a la poblacin, presenten cifras tan espantosas como La Habana. No echemos toda la responsabilidad sobre el clima; pues si ste ejerce su influencia en cierta clase de personas, y dentro de determinados lmites, la culpa mayor depende de

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OBRAS 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ los hombres. La salubridad pblica y el fomento de la poblacin blanca, en que estriba el slido porvenir de Cuba, claman por el pronto remedio a tanto mal, y no hay duda que ste desaparecer o disminuir notablemente el da en que las calles de La Habana sean dignas de la ciudad que tan alto puesto ocupa entre los pueblos de la tierra. Pero no slo claman por la composicin de sus calles la pblica salubridad y el fomento de la poblacin blanca, sino la baha de La Habana y el engrandecimiento de esa capital. Si volvemos la vista a los aos trascurridos desde el promedio del pasado siglo hasta la primera parte del presente, veremos que el mal estado de las calles ocasion un dao inmenso a aquel magnfico puerto. Los sondeos practicados en l en diferentes aos han manifestado que las tierras e inmundicias arrojadas en la baha por la fuerza de las lluvias, no slo han disminuido la anchura de ella, sino tambin su profundidad. El canal que se halla entre la costa de la Cabaa y el bajo de San Telmo, tena en 1743 la anchura de 350 varas, desde el paraje en que se pone la baliza, a 18 pies de agua: en 1773 ya ese canal estaba reducido a 335 varas: en 1803, a 304; y en 1812, a slo 255, habiendo perdido en su anchura en 69 aos 95 varas. El punto del bajo de San Telmo, donde estaba la baliza en 1816, tena 60 pies de profundidad en 1743; mas, en dicho ao de 1816 ya slo haba 18 pies. En el placer del mencionado bajo, y a distancia de 160 varas de la muralla, se midieron 24 pies de agua en 1743; pero en 1812 ya no se encontraron sino siete. Si de la boca de la baha pasamos a sus extremidades, all contemplaremos con dolor las transformaciones que se han sufrido. Basta recordar que las materias arrastradas por las aguas llovedizas del barrio de Jess Mara, convirtieron en tierra firme 50 aos ha parajes donde se construyeron buques al promedio del pasado siglo. No era dable cerrar los ojos por ms tiempo a males que amenazaban cegar aquella baha dentro de un plazo no largo. Tratose, pues, de aplicar el remedio, y desde entonces se trabaja en la limpieza de aquel puerto; pero nunca se podr obtener un resultado completo, mientras no se remueve el obstculo principal. Se ha procedido en La Habana con acierto, adoptando para sus calles el sistema de adoquines, y no el de Mac Adam, tan generalizado en los caminos de Europa, y establecido en muchas ciudades de ambos mundos; pues aunque es verdad que en las vas macademizadas, los carruajes trabajan poco, se evita el ruido de ellos, su movimiento se suaviza, y los pies de las caballeras sufren menos; todava estas ventajas no compensan los perjuicios que la aplicacin de ese sistema ocasionara en La Habana. Ni a impedirlos bastara la ms exquisita diligencia, porque el gran nmero de carruajes que

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JOS ANTONIO SACO /43 /43 /43 /43 /43 corren por aquella ciudad tributara las pequeas piedras que se emplean en semejantes construcciones; y como sera preciso renovarlas continuamente para mantener las calles en buen estado, las fuertes y abundantes lluvias tropicales arrastraran incesantemente a la baha una inmensa cantidad de materias trituradas que en breve la obstruiran, o exigiran gastos enormes para impedir ese mal. El sistema, pues, de Mac Adam, slo es aplicable en La Habana a ciertas plazas y paseos, pero de ninguna manera a sus calles. Si el sistema de adoquines es el que en ellas se debe adoptar, y si su adopcin es urgentsima, por qu se marcha con tanta lentitud, en una obra que tanta premura reclama? Porque esa obra es muy costosa; porque La Habana est ya muy recargada de tributos municipales; porque los nuevos que se le impusieran, no bastaran para dar un impulso vigoroso a trabajos tan vitales, y porque careciendo de fondos el Ayuntamiento de ella, es forzoso apelar a recursos extraordinarios. Que de fondos carece aquel Ayuntamiento, es una triste verdad demostrada en la luminosa memoria que el seor Mantilla, ltimo ex gobernador civil de La Habana, public all, acompaada del presupuesto de gastos e ingresos de aquella corporacin para el ao de 1862. “En 1859, dice el seor Mantilla, merced a las redenciones de plumas de agua, los ingresos ascedieron a 1 251 196 pesos, 87 centavos, y los gastos a 1 153 449, 49 En 1860, prximo a agotarse el recurso de las redenciones, los ingresos slo importaron 1 121 410-89 y los gastos 1 103 327-80 En 1861, agotado ya completamente ese recurso, los ingresos naturales, apenas llegaron a 1 060 000 pesos, incluso los productos del impuesto extraordinario, y los gastos seguramente no pasaron da 1 050 000”. Al hablar de los presupuestos para 1862, se expresa as la citada memoria. Echando una ojeada sobre el resumen de ellos, el de gastos importa 1 346 233 pesos, 31 centavos, y el de ingreso slo asciende a 1 000 144 pesos 90 centavos. Hay pues, un dficit de 346 088 pesos, 46 centavos. Pero estas cifras, ya bien significativas por s solas, an no manifiestan toda la imposibilidad en que se halla el Ayuntamiento de La Habana para terminar prontamente empresa tan importante, mxime cuando gravitan sobre l otras muuchas atenciones de las que no puede prescindir. Aquella corporacin tiene crditos activos y pasivos. Segn el seor Mantilla, los crditos pasivos que en 1859 ascendan ya a 1 016 332 pesos, 90 cntimos, que a fines de 1860 se elevaban a 1 037 185, 16 al terminar el presente ao no bajarn seguramente del 1 250 000 pesos. Es verdad que los crditos activos, que en 1859 importaban slo 452 62230 subieron en 1860 a 622 114-83 y a fines de este ao pasarn de

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OBRAS 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ 700 000 pesos. Pero no debe olvidarse que los crditos pasivos, aunque no todos aparezcan exigibles de momento, son exigibles en su totalidad ms o menos pronto, mientras que los crditos activos difcilmente sern realizables en una tercera parte de sus ascendencias”. Por ltimo, y para acabar de demostrar la imposibilidad en que se halla el Ayuntamiento de La Habana de emprender y concluir una obra tan urgente, yo no puedo menos de insertar aqu dos prrafos de la citada Memoria. Dice as: “Pues bien: La Habana se halla hace tiempo en una de esas situaciones, y, sin darse bien cuenta de ello sus mandatarios, sin querer apercibirse de ello los mayores contribuyentes, el hecho es que entre los gastos ordinarios imprescindibles y los ingresos de la misma naturaleza ms favorablemente calculados, hay un desequilibrio en baja de 100 000 pesos al menos, que este desequilibrio se aumenta por la necesidad de consignar anualmente 200 000 pesos ms para dbitos pendientes de aos anteriores, y que, como no se conceden recursos suficientes para cubrir el presupuesto por completo, el dficit real va hacindose cada vez mayor, ms profundo, ms trascendental. (...) ”No hay, pues, que hacerse ilusiones por la aparente disminucin que resulta en el presupuesto que represento; no hay que creer que el dficit se va extinguiendo naturalmente; no hay que imaginar siquiera que nos aproximamos al deseado equilibrio entre los ingresos y los gastos, ni menos que el Ayuntamiento puede reproducir el milagro del pan y los peces, pues los milagros slo estn reservados a Dios. En vez de eso, debemos contemplar con detenimiento la situacin y buscar con serenidad los medios de mejorarla antes de que el mal se agrave y de que sea tardo, imposible o demasiado costoso el remedio”. En tales circunstancias, no sera justo y altamente poltico que una parte de los bienes que pertenecieron al clero regular de Cuba, se emplease en favorecer una obra tan necesaria a la salubridad, a la cultura y hasta al honor de su ilustre capital, yo doy fin a este artculo, reservando tratar ms adelante el segundo punto que me propuse. ARTCULO II2 Instruccin pblica “Si yo fuera a indicar todos los objetos en que ellos debieron emplearse para sacar a Cuba de la mala situacin en que se halla, de seguro que no alcanzara todo su producto, por cuantioso que fuese; pero como no aspiro a imposibles, me limitar solamente a dos”. 2Publicada en La Amrica de Madrid de 12 de marzo de 1863.

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JOS ANTONIO SACO /45 /45 /45 /45 /45 Esto dije en mi artculo anterior; y como en l trat de las calles de La Habana, que son el primero de esos dos puntos, ahora me ocupar en el segundo, cuyo objeto es la Instruccin pblica de Cuba. Dividirela para mayor claridad, en primaria secundaria y superior ; y esta divisin, adoptada en todos los pases, en ninguno es ms necesaria que en Cuba, pues sin ser completas las dos ltimas, media, sin embargo, un abismo entre ellas y la primaria. Hllase sta en un estado tan lamentable, que merece la ms seria atencin del gobierno; y para inclinar su nimo a que consagre en obra tan piadosa una parte de los bienes de los conventos suprimidos, yo debo trazar un cuadro de lo que fue y lo que es la instruccin primaria de Cuba. Ella abraza cuatro grandes perodos. El primero, desde la colonizacin de la Isla a principios del siglo XVI, hasta la instalacin de la sociedad Patritica o Econmica de La Habana en 1793. El segundo, desde este ao hasta el de 1816, en que partida en secciones aquella sociedad, se form una en La Habana bajo el ttulo de Seccin de Educacin El tercero, desde entonces hasta el establecimiento de la inspeccin general de estudios, creada en 1843 en virtud de la ley de instruccin pblica. El cuarto y ltimo, desde ese ao hasta el da. Primer perodo Si buscamos el origen de las escuelas primarias en Cuba, imposible es sealar el ao en que empezaron. Acaso se pensar, que su primer embrin se descubre en las doctrinas o enseanza que los monarcas de Castilla mandaron establecer para los indios en los pases de Amrica recin conquistados; pero ni esas doctrinas se fundaron en Cuba, ni aun cuando hubiesen correspondido a la expectacin del gobierno mereceran el nombre de escuelas, pues que se limitaron a los indios, se redujeron a iniciar a stos, sin distincin de edad ni de sexo, en los rudimentos del catolicismo; y en todas partes tuvieron ms bien el carcter de misiones que de escuelas. Establecidos en Cuba los primeros pobladores, empezaron stos a multiplicarse, y no pasaran muchos aos sin que algunos padres de familia sintiesen la necesidad de que sus hijos aprendiesen, a lo menos, a leer y escribir. Fue natural que desde entonces hubiera alguna persona, que ya gratuitamente, ya pagada, reuniese en su rededor un corto nmero de nios para ensearles siquiera la lectura y la escritura: y he aqu sin duda el origen de la primera escuela cubana, cuya poca no podemos fijar. No slo hubo de ser muy lento el progreso de la primaria instruccin en aquel tiempo, sino que debi de experimentar un retroceso, pues descubiertos los tesoros de Nueva Espaa y del Per, los habitantes de Cuba corrieron a bandadas haca esas regines; y tan gran-

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OBRAS 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ de fue la emigracin, que mucho antes del promedio del siglo XVI ya la Isla estaba casi despoblada. Corri todo aquel siglo, y apenas se enseaba en Cuba a leer y mal escribir. Pas el XVII y bajando hasta el XVIII es preciso saltar muchos aos para encontrar con un establecimiento digno de recordacin. ste es el de los padres belemitas en el convento de La Habana, de quienes dijo Arrate en la historia de ella las siguientes palabras: “Se esmeran en la escuela que tienen para los nios, a quienes instruyen en los rudimentos de la fe, y ensean a leer, escribir y contar con el ms exacto cuidado y sin inters alguno; ni distinguir para la solicitud de su aprovechamiento los ricos de los pobres, ni los nobles de los plebeyos, porque es para todos igual desvelos y atencin”.3 En esa escuela, gratuita para todos, se daba adems a los nios pobres, papel, plumas y catecismos. De ellas salieron por mucho tiempo las letras ms gallardas de La Habana; y tan insigne beneficio se debi a D. Juan Francisco Caraballo, vecino caritativo de aquella ciudad, quien despus de haber concluido a sus expensas la fbrica de la iglesia y del primer claustro del convento, leg a ste gran parte de sus bienes para fundar en el un hospital de convalecencia y una escuela. Caraballo muri en 1718, y ese piadoso establecimiento en que centenares de nios pobres recibieron gratuita instruccin, desapareci de La Habana cuando fueron suprimidos en Cuba los institutos monacales. ste es el lugar oportuno de recordar el nombre de otro gran bienhechor de las letras. El capitn D. Francisco Paradas, rico habitante de Santiago de Cuba, falleci en la segunda mitad del siglo XVI; y una de las benficas disposiciones del testamento que otorg en 15 de mayo de 1571, fue, que con el producto de las pinges haciendas que en Bayamo posea, se costease en aquella villa la enseanza de la moral cristiana y del latn. Tan cuantiosos fueron esos bienes, que a pesar de hallarse casi arruinados en el siglo XVIII, su valor pasaba todava de 70 000 pesos; y como entonces, y aun despus, campaban frailes en Cuba, todo ese caudal cay en poder de los dominicos desde la primera mitad del sigloXVIII, en cuya poca ya se haba fundado en Bayamo un convento de aquella orden. Justo, empero, es decir, que ellos abrieron estudios pblicos, y que stos, bien o mal, continuaron hasta que extinguido el convento, pasaron todos sus bienes a la Real Hacienda. Llegamos al trmino del primer perodo, y veamos cul fue el estado en que entonces se hallaba la instruccin primaria de Cuba. 3 Llave del Nuevo Mundo, Antemural de las Indias Occidentales, La Habana descrita por D. Jos Martn Flix de Arrate captulo 41. Arrate fue natural de La Habana, y acab de escribir su obra en 1761. En 1830, la Seccin de Historia de la Real Sociedad Patritica de esta ciudad y en 1876 los seores Cowley y Pego publicaron esta obra. (V. M. M.)

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JOS ANTONIO SACO /47 /47 /47 /47 /47 Instlose la Sociedad Econmica de La Habana el 9 de enero de 1793, y uno de los deberes que se le impusieron al tiempo de su ereccin, fue que cuidase de la primera enseanza. Animada aquella corporacin del celo ms ardiente, uno de los primeros pasos que dio fue investigar el estado en que se hallaban las escuelas de La Habana; y del informe que entonces le present la comisin nombrada al efecto, aparecen los siguientes resultados para 1793. Las escuelas en aquella capital eran siete de varones y 32 de hembras. Cuando digo que aqullas eran siete, debe entenderse solamente de las principales, pues existan otras pequeas de que no hace mencin especial el estado que tengo a la vista. Tampoco se incluy en l la famosa escuela de los belemitas, la cual tena en aquel ao 200 discpulos. En cuanto a las 32 de hembras, debe advertirse que no todas merecan rigurosamente el nombre de tales, sino el de mixtas, puesto que tambin iban a ellas nios varones. El total de stos, en las siete escuelas principales, a que existan exclusivamente, ascendi a 552; siendo blancos 408, y pardos y negros libres 144. Es muy curioso ver al cabo de tantos aos el orden en que esos nios se hallaban repartidos en las mencionadas siete escuelas: EscuelasTotal de alumnos 1 Dirigida por un sevillano .......... Blancos ............................107 Pardos.............................3 2 Por un hijo de Cartagena de Indias ...................................... Blancos ............................40 3 Por un habanero ........................ Blancos ............................70 Pardos y negros .............20 4 Por un navar ro........................... Blancos ............................95 Pardos y negros .............5 5 Por un jerezano .......................... Blancos ............................30 Pardos y negros .............30 6 Por un clrigo habanero ........... Blancos ............................26 Pardos y negros .............6 Blancos ............................40 7 Por un pardo habanero .............Pardos.............................60 Negros.............................20 Examinando la columna anterior, se notar: 1 Que slo haba una escuela exclusivamente para blancos, y que sta era cabalmente la que tena menos discpulos. 2 Que slo en otra haba blancos y pardos.

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OBRAS 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ 3 Que en las cincos restantes, adems de esas dos clases, se educaban tambin negros. 4 Que la escuela ms numerosa era la del pardo habanero Lorenzo Melndez, pues contaba 120 discpulos. 5 y ltimo. Que del total de nios que asistan a las sietes escuelas, ms de la cuarta parte eran pardos y negros libres de color. De las mencionadas siete escuelas, slo era enteramente gratuita la del presbtero habanero D. Joaqun Zenn. Las dems, aunque retribuidas por los discpulos, admitan de balde a muchos pobres, cuyo nmero ascendi entonces a 76: no debiendo omitirse, que 35 de stos correspondan a la escuela de otro habanero llamado D. Marcos Tarimo. Estos rasgos generosos prueban, que en medio de la postracin de las letras en Cuba, no era el inters el nico sentimiento que animaba a nuestros padres en la noble profesin de la enseanza. La pensin mensual que pagaban los discpulos fluctuaba entre 6 reales fuertes y 2 duros, que era el mximum en algunas escuelas. Esta diferencia consista en los diversos ramos que se enseaban, los cuales eran tan pocos, que todos se reducan a la doctrina cristiana, a leer, escribir, y a las cuatro primeras reglas de aritmtica; debiendo causar asombro, que de aquellas siete escuelas fuese la ms sobresaliente la del pardo habanero Lorenzo Melndez, pues sobre ser la ms concurrida, era la nica donde se enseaba la gramtica y la ortografa castellana. En las 32 escuelas de nias, solamente tres de las maestras se haban dedicado a la enseanza desde su juventud. Las dems lo eran, porque la parienta, la amiga, o la vecina les encargaban sus nias, y agregndose a stas las que de otras partes les acudan, de repente se encontraban ejerciendo el magisterio. Fue de aqu, que hubo muchas escuelas donde slo se aprenda a leer, pues la enseanza estaba confiada a blancas ignorantes, y a mulatas y negras libres. Ya he dicho que el total de nios varones que se educaban en La Habana en 1793 ascenda a 1 232, y el de hembras, a 490. Estas cifras, tan lastimosas por su pequeez, ofrecen adems una dolorosa desproporcin entre las dos cantidades, pues por cada 100 nios de ambos sexos asistan a las escuelas 71 varones y slo 29 hembras. Supliendo las grandes omisiones del censo de Cuba en 1792, bien puede calcularse la poblacin blanca y libre de color de La Habana en 40 000 almas. Comparando esta suma con los 1 731 nios de ambos sexos que entonces se educaban en aquella ciudad, aparece que uno de ellos iba a las escuelas por cada 23 habitantes. Pero si tal fue en aquella poca el estado de la instruccin primaria en La Habana, cul no sera el de las dems poblaciones de la Isla,

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JOS ANTONIO SACO /49 /49 /49 /49 /49 incomparablemente ms atrasadas que la capital? No existiendo datos para averiguarlo, lo nico que sabemos es que vivamos en las tinieblas. Antes de proseguir en nuestra tarea, conviene hacer tres observaciones importantes. Es la primera, que en el espacio de casi tres siglos que abraza este perodo, ni el gobierno, ni los ayuntamientos de Cuba costearon jams ni una sola escuela gratuita para los pobres. La segunda es, la absoluta independencia de que entonces se gozaba sobre este punto, pues todos los habitantes de Cuba, ora blancos, ora libres de color, podan erigirse en maestros, sin someterse a previo examen, a mtodos de enseanza, a libros de texto, ni el freno o vigilancia de las autoridades o corporaciones. Es verdad que la constitucin sinodal de la dicesis de La Habana, aprobada por el gobierno, previno que los maestros de ambos sexos no pudiesen ensear la religin, sin haber impetrado antes el permiso del diocesano; pero esta disposicin muy rara vez se cumpli. La tercera observacin consiste en la gran tolerancia de la raza blanca respecto de la africana, pues no slo se permita que los blancos y los libres de color se educasen juntos en unas mismas escuelas, sino que mulatos y negros desempeasen el magisterio, sirviendo de institutores a los nios de ambas razas. Esta conducta forma un contraste con la de otros pases de esclavos, y sobre todo, con la de los Estados Unidos de Norteamrica. Yo no apruebo, bajo del aspecto intelectual y moral, que la educacin de la infancia se hubiese confiado en Cuba a tales manos; pero considerado el asunto polticamente, no puedo menos de aplaudir lo que entonces all se haca. Es un fenmeno social muy digno de atencin, que un pueblo como el cubano, compuesto desde su origen de razas heterogneas, y en que la una fue condenada a vivir en la degradacin de la esclavitud, mientras la otra, su dominadora, goz exclusivamente de todas la prerrogativas civiles, inherentes a su clase; sin revoluciones que trastornasen sus fundamentos, dislocasen las posiciones sociales, borrasen las costumbres y tradicciones, y mezclasen o confundiesen las razas y las clases de aquella sociedad; es muy digno de atencin, repito, que ese pueblo haya podido ofrecer un ejemplo de tan grande tolerancia social. Y ese ejemplo es ms admirable todava, cuando se compara con el que presenta la Confederacin Norteamericana. All existe un pueblo educado desde su nacimiento en los principios de la ms amplia libertad poltica y religiosa; all no hubo condecoraciones, ni ttulos de distincin, clases ni jerarqua, plebe ni nobleza; all se proclam la ms absoluta igualdad de derechos civiles y polticos; all se levant una repblica sobre la ancha base de la ms completa democracia; y sin embargo de

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OBRAS 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ todo, no hay pas sobre la tierra donde la raza africana est tan batida, y se la trate con tanto desprecio. Ni se crea que esto slo acontece con los esclavos y en los Estados de esclavos, que tan humillante condicin tambin se extiende a todos los libres que habitan aun en la misma Nueva Inglaterra, donde muchos aos ha que desapareci la esclavitud, y donde sta nunca tuvo las hondas y dilatadas races que en las partes meridionales. A tal punto llegan las preocupaciones y la intolerancia de aquellos republicanos contra la raza africana, que a pesar del puritanismo religioso de que tanto alarde se hace en los Estados del Norte, no se permite a ningn negro ni mulato, libre o esclavo, poner el pie en las iglesias de los blancos. ¡Gracias a Dios, que en la tierra en que nac nunca se ha visto la humanidad tan ultrajada! ARTCULO III4 Segundo perodo de la instruccin primaria desde 1793 hasta fines de 1816 Al general D. Luis de las Casas, nombre siempre grato a los cubanos, debiose la fundacin de la Sociedad Econmica de La Habana. Convencido este Cuerpo patritico, por el informe que se le present en 1793, del atraso en que se hallaba la instruccin primaria de aquella ciudad, procur darle algn impulso, estableciendo inmediatamente dos escuelas gratuitas para los nios pobres de ambos sexos. Sus benficas ideas merecieron la aprobacin del gobierno; y por Real Orden de 8 de enero de 1794 se le encarg, que para obtener los fondos necesarios se pusiese de acuerdo con el Ayuntamiento y con el Obispo de La Habana. Dieron las dos corporaciones todos los pasos conducentes para realizar obra tan laudable; pero ni el empeo de la primera, ni la benvola disposicin del segundo, ni la santidad del objeto que los animaba, bastaron a vencer la dura resistencia del prelado, quien a todo se neg, dando por excusa que las escuelas esparcidas por la ciudad bastaban para la instruccin de la infancia. Cerrado este camino, la Sociedad trat de abrirse otro. Cuando en La Habana, se disolvi la congregacin de la Buena muerte el Rey facult al diocesano de aquel obispado para que dispusiese, en algn objeto piadoso, de una parte de los bienes que a ella haban pertenecido. Dos eclesisticos, los doctores D. Jos Agustn Caballero y fray Flix Gonzlez, miembros esclarecidos de aquella Sociedad, tomaron la ini4Publicado en La Amrica de Madrid de 12 de abril de 1863.

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JOS ANTONIO SACO /51 /51 /51 /51 /51 ciativa en este asunto, y en su informe de 24 de septiembre de 1794 dijeron lo que sigue: “La obra que pensamos establecer, es sin duda de las ms piadosas, por lo que nos parece muy oportuna la ocasin presente, en que el tribunal eclesistico est entendiendo en cumplir la disposicin de S.M., que el Cuerpo patritico pasase oficio a su seora ilustrsima suplicndole tuviese presente las escuelas patriticas, a fin de destinar a su subsistencia la antedicha porcin”. Acogido por la Sociedad tan benfico pensamiento, se acudi de nuevo al mismo seor Obispo; pero l tambin se neg a conceder lo que a nombre de la instruccin de los pobres con tanta instancia se le peda. Me he detenido de intento en la relacin de estos sucesos, porque cuando un obispo se olvida, con tanto escndalo de su grey, de las santas funciones de su ministerio, su nombre debe entregarse a la posteridad para que la opinin pblica le imponga el castigo que merece; castigo tanto ms justo, cuanto que l reciba anualmente, de las rentas de su obispado, muchas docenas de miles de pesos. Se dice que la anti-evanglica conducta de ese pastor provena de su rivalidad con el benemrito general D. Luis de las Casas; pero el motivo que se alega, lejos de absolver al prelado, le agrava ms su culpa; y Cuba entera conocer el gran contraste que presenta la conducta del Ilmo. D. Felipe Jos de Tres Palacios, que es el obispo de quien hablo, con la de su inmediato sucesor, el por siempre memorable D. Juan Jos Daz de Espada y Landa. El gran obstculo con que luchaba la Sociedad Econmica para establecer escuelas gratuitas, era la falta de recursos. Nombr, pues, al afecto una comisin, y sta le propuso en 25 de diciembre de 1794 los arbitrios siguientes: 1 Una contribucin de dos reales fuertes por cada negro africano que se importase. 2 Invertir en las escuelas la contribucin de carruajes. 3 Un real de aumento en la contribucin mensual del alumbrado pblico. 4 Un cuartillo sobre cada corte de tablas que para cajas de azcar se introdujese de Nueva Orlens. 5 Que cada vendedor de tabaco torcido diese uno por cada medio real que vendiese. 6 Que el tabaco que por intil se quemaba en la Real Factora de La Habana, lo cediese el gobierno a las escuelas. A pocos das, o sea, en 1 de enero de 1795, no slo se trat de modificar esos arbitrios, sino de establecer otros nuevos: tales fueron, una contribucin sobre las crecidas rentas de la mitra de La Habana; la cesin por diez o ms aos de los terrenos realengos de aquella jurisdiccin pertenecientes a la Real Hacienda; la creacin a favor de las escuelas de dos

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OBRAS 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ oficios, uno de procurador y otro de escribano pblico; el establecimiento de una lotera, y otros muchos que sera larga enumerar. La aprobacin de esos arbitrios tropez desde un principio con varias dificultades, y careciendo de fondos la Sociedad, no pudo realizar sus miras; mas, fija ella siempre en la idea de promover la instruccin gratuita, pens en el mismo ao de 1795 que se trasladasen a La Habana los religiosos de San Sulpicio, que con provecho de la pblica enseanza haban tenido un colegio en Nueva Orlens, cuyo pas perteneca entonces a Espaa. Patritico era el proyecto; pero las calamidades de aquellos tiempos lo frustraron enteramente. Como en Cuba era general la necesidad de instruccin pblica, personas respetables de La Habana hicieron frecuentes instancias a la corte, para que se les permitiese educar a sus hijas en el monasterio de religiosas franciscanas observantes de aquella ciudad, y accediendo el gobierno a su solicitud, despus de haber obtenido el Breve de Su Santidad, mand por Real Orden de 26 de diciembre de 1796, que las nias, desde la edad de 7 aos, pudiesen entrar en clase de educandas, as en el referido monasterio, como en los dems de monjas, existentes en aquella Isla. Pero esta disposicin, que se hizo extensiva a todos los dominios de Amrica, no pudo llenar las necesidades de Cuba, ya porque esos conventos, que no eran ms que tres, slo exitan en La Habana, ya que sus puertas no deban abrirse indistintamente a todas las nias. Oigamos las palabras de la Real Orden: “Habilita Su Santidad a los muy reverendos arzobispos y reverendos obispos de mis dominios de Indias, para que puedan dar a su arbitrio licencia a las nias procreadas de padres honrados y decentes, que tengan a lo menos la edad de siete aos, para entrar en clase de educandas en el referido monasterio de Santa Clara y en los dems conventos sujetos a su jurisdiccin ordinaria, permaneciendo en ellos hasta que quieran casarse, tomar el hbito o que cumplan 25 aos, precedido el beneplcito de la comunidad por votos secretos, sin llevar criadas, usando de vestido y adorno moderado, observando las reglas de locutorio y clausura, pagando lo que dichos ordinarios establecieren, y cuidando de que tengan su habitacin separada de las religiosas”. Este pasaje manifiesta que la enseanza en esos conventos slo estaba calculada para la clase rica o acomodada; mas, no para la pobre. Fueron a sta de ms provecho la escuela gratuita que se abri en 1799 en la Casa de Beneficencia, recin establecida en La Habana, y la llegada a ella en 1803 de las religiosas ursulinas, procedentes de Nueva Orlens, pues stas, y aqulla se ocuparon desde entonces de la enseanza primaria de las nias. Ya antes de esa poca, la Sociedad Econmica haba tratado de fundar escuelas gratuitas en los partidos rurales de la jurisdiccin de La Habana, y dos de sus miembros le presentaron un informe sobre este

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JOS ANTONIO SACO /53 /53 /53 /53 /53 punto en 23 de octubre de 1800. Nada ms benfico que ese deseo, porque la infancia que habita en los campos o pequeas poblaciones de Cuba, siempre ha vivido en medio de las tinieblas; pero es triste decir que nada se consigui, y que aun en la misma Habana la instruccin primaria se hallaba en un estado muy deporable. Esta verdad aparece de otro informe presentado a la Sociedad en 11 de diciembre de 1801, por la comisin que ella nombr para que visitase las escuelas y le propusiese las medidas que juzgase conveniente para mejorarlas. La Comisin dice as: “Se hallan en la ciudad 71 escuelas, que comprenden ms de 2 000 nios de ambos sexos y de todas clases y condiciones. Las que encuentro en mejor estado, son: adems de la de Beln y la Beneficencia, las de D. Francisco Wandarn, D. Jorge Arrastia y la Sra. Peruani. ”La mayor parte de estas escuelas estn establecidas sin facultad del Gobierno ni del ordinario: una multitud de ellas estn dirigidas por mujeres de color, que carecen de instruccin, orden, ni mtodo, hasta el punto de no saber muchas de ellas dar razn del nmero de discpulos que tienen. ”Todas padecen de estrechez de local, origen de su poca salubridad, y de la mezcla de clases, y de que no se pueda establecer ningn mtodo en la enseanza. ”Son establecimientos casuales, y slo sostenidos por contribuciones voluntarias, de donde nace, que los maestros se vean obligados a buscar su subsistencia por otros medios, y las miren con indiferencia y abandono. ”Sin embargo, no se pueden destruir estas malas escuelas por falta de otras mejores. En ellas a lo menos se ensea a leer y escribir y los rudimentos de la fe. ”Entretanto se deben formar estatutos provisionales, que contengan: 1 ”Que los aspirantes al magisterio hagan plena informacin de vita et moribus y sean examinados en las reglas del arte, con inclusin de la gramtica castellana. 2 ”Que se les seale nmero fijo de nios, con relacin a la localidad, y a la actividad que manifiesten. 3 ”Que se les asigne estipendio fijo, y la obligacin de ensear algunos gratuitos. 4 ”Que se les demarquen precisamente las materias que han de ensear, segn la esfera de su capacidad. 5 ”Que se destierre el abuso que hacen algunos maestros del tiempo, dedicndole a ensear a leer y escribir a los esclavos”.5 5El autor de este informe fue el reverendo doctor fray Manuel de Quesada, religioso dominico.

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OBRAS 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ El trozo que acabo de citar demuestra que desde 1793 a diciembre de 1801, en que se escribi el informe anterior, muy poco haba adelantado La Habana en la enseanza primaria, porque si en aquel ao asistan a las escuelas 1 731 nios blancos y libres de color, de ambos sexos, todava en diciembre de 1801 el total de todos ellos slo llegaba a pocos ms de 2 000. Bajando a los tiempos posteriores, llego a 1816, que es el trmino del perodo que estoy recorriendo. El 22 de agosto de ese ao, la Sociedad Econmica de La Habana cre en su seno una Seccin de Educacin a la que especialmente se confi el cuidado y adelanto de la instruccin primaria. Celosa del desempeo de sus deberes nombr comisiones que visitasen, sin previo aviso a los maestros, todas las escuelas de ambos sexos de aquella ciudad; y de los informes entonces presentados aparece lo que paso a exponer: Intramuros de La Habana haba diez escuelas de varones: la gratuita del convento de Beln, en que se educaban 310 nios blancos, y 69 libres de color; y nueve de empresa particular, a las que asistan 915 discpulos blancos, de cuyo nmero se daba instruccin gratuita a 81. Estas cifras representan para intramuros un total de 1 294. Extramuros de aquella ciudad existan 19 escuelas de varones con 464 blancos y 33 libres de color. Haba tambin, as intra como extramuros, 50 escuelas de hembras, con 883 nias blancas, 164 pardas y 248 negras, todas libres. Muchas de estas escuelas merecen ms bien el nombre de mixtas que de hembras, pues que en ellas se educaban igualmente 321 nios, de los cuales eran blancos 182, pardos 67 y negros 72. Sin duda llamar la atencin la enorme diferencia que hay entre el nmero de escuelas de varones y de hembras; pero esta desproporcin se explica reflexionando que la de Beln contena por s sola 379 discpulos; que muchas de las hembras eran frecuentadas y que en algunas de ellas se contaban tambin muchos nios varones, segn acabo de decir. El total de varones blancos a fines de 1816 ascendi intra y extramuros de La Habana a...............................................1 871 El de nias blancas ....................................................................883 —— Total de blancos de ambos sexos ............................2 754 El de varones libres de color ....................................................241 El de hembras dem ...................................................................412 —— Total de color .............................................................653 —— Total general de blancos y libres de color de ambos sexos ................................................................3 407

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JOS ANTONIO SACO /55 /55 /55 /55 /55 Estos guarismos demuestran, que los nios blancos de ambos sexos excedan en mucho ms del cudruplo a los libres de color, que en la clase blanca el nmero de varones suba a ms del duplo del de las hembras, y que en la clase libre de color resulta lo contrario, pues las hembras no andaban muy lejos del duplo de los varones. Pero cmo se enseaba, y qu era lo que se enseaba en esas escuelas? Respecto de las de varones, si bien se encontr alguna mejora, pues que adems de las primeras letras, algunas abrazaban los elementos de matemticas y otros de conocida utilidad, no sucedi lo mismo respecto de las de las nias, las cuales, con muy raras excepciones, presentaban todava el cuadro ms lastimoso. Oigamos el informe de la Comisin: “Por lo que toca a la lectura, hemos hallado que se sigue el mtodo ordinario de deletrear, &c.; pero al mismo tiempo hemos tocado varios vicios tan generalizados, que parece dependen de un er rado sistema. 1 A ninguna nia se le ensea el valor de las comas, puntos, &c.; de donde nace que generalmente, no slo no pueden entender lo que leen, pero ni tampoco los que las oyen. 2 Ninguna regla relativa a la acentuacin ni a la cuantidad de las palabras o slabas. 3 Ninguna idea de la gramtica castellana. 4 Un tono sin inflexin ni modulacin, que es el propio montono. La leyenda de nuestras nias es el martillo de un herrero. Este vicio depende de que en una escuela de 40 o 50 nias, todas leen y deletrean a un mismo tiempo; cada una trata de esforzarse lo ms posible, y de aqu resulta una algaraba que produce las ms tristes consecuencias. Por otra parte, en ninguna escuela hemos encontrado divisin de salas o cuartos, en que, por ejemplo, estn las que deletrean y las que leen. Ensean las maestras, pues, maquinalmente. Y pudieran darse principios generales que fuesen igualmente tiles a todas las nias, cuando se hallan en distintos escalones o con distintos adelantos?”6Respecto de la escritura, dice el mismo informe, que a excepcin de las escuelas de las ursulinas y del colegio de nias en San Francisco de Sales, apenas haba cuatro en que se enseaba a escribir. Con gusto suprimira los dos prrafos que voy a transcribir del citado documento; pero su insercin es necesaria para el fin que me he propuesto. “Despus de haber hecho el examen ms riguroso en cada una de las escuelas, de los puntos de su enseanza, preguntando a la mayor 6Este informe se imprimi en 1817, en el tomo primero de las Memorias de la Sociedad Econmica de la Habana Fue redactado por el presbstero licenciado D. Justo Mara Vlez, catedrtico de derecho espaol en el Real y Conciliar Colegio de San Carlos de aquella ciudad, y uno de los miembros de la Comision nombrada en 1816 para visitar las escuelas de nias.

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OBRAS 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ parte de las nias, segn su capacidad, aquellos rudimentos triviales que podran estar a su alcance, hemos formado la idea general, que la enseanza de las nias se halla en bastante atraso. Si exceptuamos dos establecimientos dignos de la ms alta consideracin, cuales son el de las monjas ursulinas y el colegio de San Francisco de Sales, hallaremos a los dems, en general [pues siempre hay algunas excepciones], en un estado de tal abatimiento, que es necesario que la Sociedad ponga todo su esmero en darles un impulso que les saque del msero estado en que yacen. De las 50 llamadas escuelas que se numeran en el plano que hemos tenido a la vista, debemos de traer ante todo 30 por lo menos, en que no se ensea sino a leer y a rezar por un mtodo rutinero, que lejos de presagiar adelantamientos, hace que las nias queden paralizadas en unos conocimientos estancados, de los que con dificultad, pueden aprovecharse en lo sucesivo. Algunas hay buenas; pero son muy pocas... ”Pero ni puede ser de otra manera, porque en general las maestras son ignorantes, sin principios y sin educacin, y que acaso se hallan en una absoluta incapacidad de razonar sobre estos asuntos. Parecer esta proposicin una paradoja; pero confesamos con rubor y con sentimiento, que hasta ahora no ha habido uno que vele sobre la enseanza de las nias, que se han erigido en maestras algunas pobres negras que no tienen otro modo de sustentarse con alguna decencia: algunas desdichadas viudas que han quedado en la desolacin por muerte de sus maridos, y, en fin, todas las que sabiendo la doctrina y conociendo las letras del abecedario, han querido vivir decentemente y con honor, convirtindose en Minervas de la juventud. Ni han tenido que sufrir un examen para ocupar un puesto de tanta influencia, ni se ha velado por la pblica autoridad acerca de su conducta moral, ni han sido jams visitadas. Admirmonos, pues, de que en tal abandono no hayan izquierdeado en medio de la corrupcin del siglo estos semilleros de la primera enseanza”. Tal era la que exista en La Habana al cerrar el ao de 1816. La Seccin de Educacin procur llevar su influjo a toda la Isla, y por el rgano de su digno presidente, el benemrito intendente D. Alejandro Ramrez, se alcanz que el capitn general D. Jos Cienfuegos dirigiese circulares a todas las autoridades de Cuba, para que remitiesen notas circunstanciadas de las escuelas que haba en el territorio de sus mandos respectivos. Mal se cumplieron las rdenes del primer jefe; y por eso fue, que la Comisin encargada de recibir los datos recogidos, ni pudo presentar su informe antes del 20 de marzo de 1817, ni menos ofrecer un trabajo completo; mas, a pesar de sus imperfecciones, sus resultados son dignos de mencionarse aqu:

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JOS ANTONIO SACO /57 /57 /57 /57 /57 Nmero de escuelas de primeras letras, y de discpulos de ambos sexos en el interior de la Isla En este estado no aparece Santiago de Cuba, capital de la provincia oriental, pero dndole en razn de su poblacin el mismo nmero de escuelas y de discpulos que a Puerto Prncipe, o sea, 23 de aqullas y 757 de stos, tendremos para las primeras un total de 113, y para los segundos de 3 550 de ambos sexos, as blancos como libres de color. Estas sumas reunidas a las de La Habana, nos dan para toda la Isla en 1816, el gran total de 192 escuelas, y de 6 957 discpulos. Estas cifras son bastante lastimosas, atendida la poblacin de Cuba en aquel ao. Pero en situacin tan aflictiva nos consuela el recuerdo de que ni antes ni entonces faltaron all personas caritativas que costeasen escuelas, o que se dedicasen gratuitamente a la educacin de la infancia. No es tanto citar los nombres de tantos bienefactores; mas, entre los que componen ese largo catlogo, debo hacer expresa mencin de dos cubanos benemritos. El presbtero Juan Conyedo, natural de San Juan de los Remedios, se consagr en la segunda mitad del siglo XVII aPOBLACIONESEscuelas Varones blancos Hembras blancas Varones de color Hembras de color TotalRegla........................................... San Antonio, el Pilar y Caimito..................................... Santa Mara del Rosario.......... Cano............................................ Gines ( una gratuita ).............. Madruga..................................... Bataban.................................... San Juan de Jaruco................. La prensa................................... Matanzas y su jurisdiccin...... Villaclara..................................... Santo Espritu ( una gratuita) San Juan de los Remedios y Cupey................................... Tapaste....................................... Melena del Sur.......................... Trinidad...................................... Puerto Prncipe......................... Bayamo....................................... Baracoa....................................... 5 3 4 2 3 3 2 5 4 9 6 4 5 2 1 4 23 1 4 144 74 48 6 115 28 10 54 27 213 37 173 109 28 .......... 58 461 135 68 21 36 12 10 27 12 12 23 9 115 48 0 23 0 .......... 84 184 0 36 15 14 10 0 0 12 0 0 2 20 0 12 23 0 .......... 9 65 0 10 2 0 2 0 2 6 0 2 1 22 0 0 13 0 .......... 15 47 0 12 182 124 72 16 144 58 22 79 39 370 85 185 168 28 37 166 757 135 126 Totales.............901 7886521921242 793

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OBRAS 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ la enseanza de los nios;7 y lo mismo hizo en Bayamo, a fines del pasado siglo y en todo el primer cuarto del presente, D. Mariano Acosta, hijo de aquella villa. La casa de ese sacerdote fue siempre una escuela pblica, gratuita para ricos y pobres, y yo nunca olvidar que en ella fue donde aprend la escritura y el latn. Al levantar la pluma, no puedo menos de advertir la rara coincidencia de que el segundo perodo que he recorrido empezase con el general D. Luis de las Casas y concluyese con la entrada del intendente D. Alejandro Ramrez. Yo no vengo a juzgar aqu a los vivos; pero contrayndome slo a los muertos, debo decir con imparcialidad que entre todos ellos, esos dos jefes son los que han prestado a Cuba los ms grandes servicios. Cuando Casas muri tributose en La Habana a su memoria el justo homenaje que mereca; mas, no habiendo sido Ramrez tan afortunado, permtaseme concluir este papel con una breve digresin, si es que tal puede llamarse, pues que recae sobre un personaje que tanto influy en promover la pblica instruccin cubana. Naci ese ilustre espaol en la villa de Alaejos, provincia de vilas, en Castilla la Vieja, el ao 77 del siglo pasado: a los 17 de su edad, despus de haber servido desde los 15 en una oficina de rentas en Alcal de Henares, pas a Amrica a la ciudad de Guatemala. All puede decirse que se form al calor de la proteccin paternal del magistrado D. Jacobo de Villa-Urrutia: estudi literatura, economa poltica e idiomas extranjeros, fue periodista y secretario del consulado: viaj por las Antillas y los Estados Unidos, y sigui desde entonces correspondencia epistolar con personajes ilustres de Espaa y del extranjero: todo esto a los 22 aos de edad. A los 25 se le nombr secretario del Gobierno y Capitana General de Puerto Rico. En 1813 tom posesin de la Intendencia de aquella isla. En breve convirti el pas de inculto, atrasado y miserable que era, en una colonia floreciente y civilizada. El secreto de su sistema consista en soltar las trabas que, por las antiguas leyes de Indias, obstruan la agricultura y el comercio en la Amrica espaola, y sembrar las semillas de la instruccin pblica, de la economa poltica y de las ciencias naturales en los pases que gobern. En 1816, a los 39 de su edad, fue elevado al puesto de superintendente general del ejrcito y Real Hacienda de la isla de Cuba. La Habana le debi el restablecimiento de una Seccin de Educacin en su Sociedad Econmica, que dio vigoroso impulso al adelanto de la enseanza primaria. l realiz el pensamiento de fundar el peridico, que bajo el ttulo de Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana comenz a publicarse des7 Alborada de Villaclara nmero 1, 1856. Esta cita la he tomado de un interesante opsculo: Apuntes para la historia de las letras de la isla de Cuba por D. Antonio Bachiller y Morales.

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JOS ANTONIO SACO /59 /59 /59 /59 /59 de enero de 1817. Fund adems una ctedra de economa poltica en el Colegio de San Carlos, otra de anatoma en el hospital de San Ambrosio, otra de qumica, otra de botnica con su correspondiente jardn, y una escuela gratuita de dibujo. La Isla, en general, le debe la supresin del derecho de doble alcabala en la venta de tierras a censo reservativo; la sancin definitiva de la propiedad de las tierras mercedadas por ttulo de prescripcin; la defensa constante de nuestras libertades mercantiles; la fundacin de nuevas poblaciones y el fomento, en fin, de todos los ramos de prosperidad pblica. Fue uno de los espaoles ms entendidos y honrados de su tiempo. Muri en La Habana el 20 de mayo de 1821. Su memoria se conserva con amor y respeto entre los cubanos, amantes ilustrados de su pas, que lo colocan al par del general D. Luis de las Casas, del obispo Espada, de D. Francisco Arango, del presbtero D. Flix V arela y de D. Jos de la Luz y Caballero, insignes bienhechores de aquella tierra. ARTCULO IV8Tercer perodo de la instruccin primaria desde fines de 1816 hasta 1843 Establecida la Seccin de Educacin a fines de 1816, abriose una nueva era a la instruccin primaria de Cuba, y no tard mucho tiempo sin que se empezase a recoger el fruto de los esfuerzos patriticos de aquella corporacin. Diose nueva marcha a las escuelas, exigiose a los maestros la capacidad y la buena conducta, aboliose la costumbre de que los nios de ambos sexos estuviesen reunidos en unas mismas salas; y que se hallasen mezcladas las razas blanca y africana; prohibiose el magisterio a la gente libre de color, sin que por eso se extendiese la prohibicin a la enseanza de los individuos de su clase; amplironse los ramos de intruccin, as en las escuelas de varones como en las de hembras, pudiendo asegurarse que stas no presentaban ya el deplorable estado de los tiempos anteriores; mandose, en fin, que cada escuela celebrase anualmente un examen pblico, al que deba asistir una comisin compuesta de uno o ms miembros de la Seccin Como la enseanza primaria estaba tan abatida, se trat de levantarla prontamente, estimulando con premios y honores a los maestros y a los discpulos. Abriose, pues, un certamen general y solemne, en el que cada maestro deba presentar dos de sus ms aventajados alumnos; y los dos que entre todos ellos se calificasen de sobresalientes fuesen condecorados, uno con una banda roja, y otro con una banda azul. A pesar de lo 8Publicado en La Amrica de Madrid de 12 de mayo de 1863.

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OBRAS 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ vistoso que son, yo habra sustituido a estas bandas, o a lo menos acompaado, como de ms solidez y trascendencia, un diploma o certificado de aplicacin y aprovechamiento. Si los dos discpulos laureados pertenecan a una misma escuela, su maestro sera premiado con 500 pesos y una medalla de oro que le pondra al cuello el Presidente del examen; pero si los dos nios eran de diferentes escuelas, entonces, adems de la medalla de oro, se dara 300 pesos a cada maestro, y por complemento de honor, tanto stos como aqullos seran convidados a la mesa del director de la Sociedad Patritica en el primer da festivo siguiente al examen, y le acompaaran despus al paseo pblico.9 No faltaron cubanos, que animados de ferviente celo, favoreciesen las miras de aquella corporacin; y digno es de mencionarse entre ellos D. Desiderio Herrera, quien hizo en el Diario de la Habana del 23 de julio de 1818, la oferta de ensear gratuitamente a cierto nmero de nios, y de darles tambin el papel y lo dems necesario para su instruccin. Tan generosa conducta de parte de un hombre pobre, y muy pobre, a pesar de que era en aquel tiempo uno de nuestros ms entendidos matemticos, mereci que el Cuerpo patritico le sealase una corta pensin para que ensease 20 nios. Pero en medio de tantos esfuerzos, preciso es reconocer que la enseanza gratuita para los pobres haba adelantado muy poco: y as debi suceder, porque los escasos fondos con que contaba la Sociedad Econmica10 no le permitan fundar nuevas escuelas. Empeorose esta situacin, cuando las angustias del Real Erario emanadas de los trastornos de la Pennsula y del despotismo que de nuevo haba cado sobre ella a fines de 1823, privaron al Cuerpo patritico de ms de 32 000 pesos, a que ascenda anualmente el 3 % de todos los ramos municipales, que a propuesta del buen intendente, D. Alejandro Ramrez, se le concedieron por Real Orden de 22 de agosto de 1816, y cuyos auxilios se le quitaron por otra de 8 de febrero de 1825. En tan calamitosas circunstancias, aquella corporacin ocurri al Ayuntamiento de La Habana, para que ste contribuyese con alguna parte de sus fondos al sostenimiento de las escuelas gratuitas, cuya existencia se hallaba muy comprometida. No dej de poner el cuerpo municipal algunos reparos a la peticin que se le haca, pues as entonces como hoy, sus fondos nunca han bastado para cubrir sus propias atenciones; pero 9 Memorias de la Real Sociedad Econmica de la Habana tomo 10. Correspondiente al ao 1817. 10Para evitar confusin, debo recordar aqu que la Seccin de Educacin no tena una existencia propia e independiente, sino que formaba parte de la Sociedad Patritica o Econmica, y que por lo mismo, sta, y no aqulla, era la que dispona de todos los fondos que se le haban sealado.

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JOS ANTONIO SACO /61 /61 /61 /61 /61 todas las dificultades desaparecieron por las patriticas razones que le expuso uno de sus alcaldes; y entonces acord aquel ayuntamiento, en 28 de mayo de 1824, que por va de emprstito se suministrasen a la Sociedad 100 pesos mensuales para las escuelas de extramuros. El nmero de las gratuitas que ella costeaba en toda La Habana, eran cinco de varones y dos de hembras; las primeras con 115 discpulos, y las segundas con 100 nias; siendo el gasto mensual de estas siete escuelas 690 pesos, mientras que todas las entradas que entonces tena mensualmente la Sociedad Econmica solamente llegaban a 496 pesos repartidos en el orden siguiente: Por la aduana martima de La Habana ......200pesos Por auxilio de ayuntamiento en calidad de prstamo .....................................................100 Por donativo del obispo Espada ..................30 Por la pensin que pagaba el Diario de la Habana11....................................................166 —— 496pesos mensuales Es, pues, evidente, que reducindose las entradas anuales de la Sociedad a 5 952 pesos, y no bajando de 7 000 los gastos que sobre ella gravitaban, era imposible que pudiese, no ya fundar nuevas escuelas, pero ni siquiera sostener las establecidas. As fue que muchedumbre de pueblos de Cuba carecan de ellas, y que en 1826 apenas se contaban en toda la Isla 140, de cuyo nmero slo haba 16 gratuitas para los pobres.12 Del mal nace a veces algn bien. Derrocado el sistema constitucional por el decreto de 4 de mayo de 1814, el partido absolutista, tan poderoso entonces en la Pennsula, trat de sofocar las ideas liberales en toda la monarqua, y buscando su apoyo en los institutos monacales, que haban sido una de las firmes columnas del despotismo, quiso confiarles la pblica enseanza. De aqu nacieron los decretos de 19 de noviembre de 1815 y 8 de julio de 1816, por los cuales se mand fundar escuelas primarias en los monasterios de ambos sexos. El restablecimiento de la Constitucin de Cdiz en 1820 frustr las perversas in11Esta pensin provena de que ese diario llamado en su origen Papel Peridico perteneca a la Sociedad Econmica Y era redactado por una comisin de su seno. Andando el tiempo, ella se separ de su redaccin, y reservndose solamente la propiedad, el empresario que se encarg del Diario se constituy a pagarle anualmente 2 000 pesos en compensacin de las utilidades que dejaba de percibir. 12Exposicin de las tareas de la Real Sociedad Patritica de La Habana en 1825 y 1826, por el distinguido secretario de aquella poca, D. Joaqun Santos Surez.

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OBRAS 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ tenciones del partido absolutista; pero triunfando ste de nuevo desde fines de 1823, no pas mucho tiempo sin que se abriesen las escuelas mandadas establecer en los conventos, y las que duraron en La Habana algunos aos. Mas, afirmar yo, por lo que acabo de decir, que ellas fueron perniciosas en Cuba? De ninguna manera: las intenciones del despotismo no eran buenas por cierto; pero los apoyos que l buscaba no correspondieron a sus fines, porque las rdenes religiosas que entonces existan en Cuba, ni ya eran lo que haban sido, ni tenan la influencia que las de Espaa, ni se oponan al progreso de las luces, ni a las ideas liberales que desde principios del presente siglo invadieron aquella Isla. En tal estado, y atendida la pobreza en que se hallaba la Seccin de Educacin, el establecimiento de esas escuelas gratuitas, lejos de ser un mal, fueron un beneficio para muchos nios pobres de Cuba. De un estado que se form en enero de 1830 aparece que entonces haba en los conventos de ambos sexos de La Habana el nmero de escuelas y discpulos siguientes: El estado anterior manifiesta que los frailes tenan muy poco empeo en la enseanza primaria, y que aun la escuela del convento de Beln haba decado de su primitiva grandeza. Por fortuna, la situacin pecuniaria de la Sociedad Patritica haba ya mejorado algn tanto, pues a fuerza de instancias pudo recabar que de los fondos pblicos se le asignasen 8 000 pesos anuales. Reanimado el entusiasmo de la Seccin de Educacin, ella trat de extender su be13Se ignora el nmero de nias que se enseaba en este monasterio. 14He dicho en el artculo anterior que este convento se estableci en 1803 con religiosas ursulinas procedentes de Nueva Orlens, y ahora conviene advertir, que en 1819 se fund otro en Puerto Prncipe con monjas de la misma procedencia, que tambin se dedicaron a la enseanza de las nias, conforme a su instituto.EscuelasDiscpulosEscuelasDiscpulasConvento de Beln ....................... Santo Domingo ............................. San Francisco ................................ La Merced ..................................... Monasterio de Santa Teresa ...... Santa Clara ................................... Santa Catalina .............................. Santa rsula14 ............................... 1 1 1 1 142 75 20 33 1 1 1 2 20 33 13111 Suma................42705164

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JOS ANTONIO SACO /63 /63 /63 /63 /63 nfico influjo ms all del recinto de La Habana. Creronse entonces, con aprobacin del gobierno, juntas rurales compuestas de los vecinos ms pudientes, de los prrocos y jueces pedneos de los partidos respectivos, para que fundasen escuelas gratuitas, ora por suscripciones voluntarias, ora por otros medios que fuesen los menos gravosos: pero esas juntas encontrando en su marcha obstculos que no les era dado vencer, desaparecieron, dejando tan slo en pos de s un dbil rastro de su existencia. Por este mismo tiempo hubo algunas ciudades de la Isla en que la abandonada enseanza recibi un impulso saludable. Cuntase Matanzas en este nmero, y como de ella conservo gratos recuerdos, insertar aqu una nota que escrib en septiembre de 1827, cuando pis sus playas por primera vez. “En punto a instruccin primaria, Matanzas particip de la suerte comn a toda la Isla. Para fundar una escuela en 1808 fue preciso que D. Juan Jos Aranguren promoviese una suscripcin entre varios vecinos de la ciudad. Hoy, que estamos en septiembre de 1827, existen dos: una de empresa particular, en que los discpulos pagan su enseanza ; y otra costeada por el Ayuntamiento. El sueldo del maestro es de 2 600 pesos anuales; pero tiene que pagar de su cuenta los ayudantes, que son dos en la actualidad; uno con 51 pesos mensuales, y otro con 34. El Ayuntamiento paga adems 68 pesos al mes por el alquiler de la casa del establecimiento, en la que vive el maestro con la familia. ”Los ramos que se ensean son: lectura, escritura, aritmtica, geografa, gramtica castellana, y recientemente se acaba de nombrar un profesor con 1 200 pesos anuales, pagados tambin por el Ayuntamiento, para que ensee latn, francs e ingls. Esa corporacin ha comprado para el uso de la escuela: un planetario, un par de globos, celeste y terrestre, de dos pies de dimetro, ocho mapas de todas las partes del mundo, cuatro de vara y media de largo cada uno, y cuatro de una vara. ”En la escuela se debe ensear gratuitamente a 100 discpulos pobres: los que no lo son, pagan al maestro cierta cantidad mensual, que nunca pasa de cuatro pesos. El nmero de discpulos inscritos es de 150; pero ya por enfermedades, ya por otros motivos, slo asisten a la escuela 120 poco ms o menos. Estas entradas, aunque eventuales, unidas a los 1 580 pesos de sueldo neto que hoy tiene el maestro, y a la habitacin gratuita que se la da, forman una dotacin cual no goza en la Isla ningn otro de su clase. ”Erigiose Matanzas en gobierno separado del de La Habana en 1816. Disele de jurisdiccin un radio de seis leguas con tres parroquias auxiliares, y en cada una de las dos, que se llaman Seiba Mocha y Santa Ana, se ha establecido una escuela dotada en 600 pesos de los fondos del Ayuntamiento de Matanzas”.

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OBRAS 64\ 64\ 64\ 64\ 64\ Esto escrib, como ya he dicho, en septiembre de 1827. De aquella ciudad sal en 1828, y cuando volv a visitarla en enero de 1861 tuve el gusto de darme con un colegio de empresa particular, que sin ceder la palma a ninguno de la Isla, honra la ciudad que lo posee, y al digno matancero que lo dirige. Volviendo a entrar en el tercer perodo, del que por un momento he salido, y contemplando lo que en Cuba pasaba de 1827 a 1830, debo hacer varias observaciones. 1 La instruccin primaria ya haba adquirido en algunos establecimientos de La Habana los dos grados en que generalmente se la divide, a saber: elemental y superior ; pues adems de los ramos pertenecientes a la primera, se enseaban otros de que har mencin en el prximo artculo. 2 Estos establecimientos eran todos de empresa particular, en cuyo nmero se contaban tambin algunos para el bello sexo. 3 Las escuelas gratuitas para los pobres, aunque encerradas dentro de los lmites de puramente elementales haban mejorado mucho, as en el personal de los maestros, como en el esmero de la enseanza. 4 y ltima. A pesar de todas las ventajas que se haban alcanzado, an se quedaban en la ms completa ignorancia millares de nios pobres. Y si esto aconteca en La Habana que es la capital, cul no sera la suerte de los dems pueblos de Cuba, donde no haba recursos ni estmulos, ni empeo en fomentar la pblica instruccin? En 1830 escrib, y fue premiada por la Sociedad Patritica de La Habana, una Memoria sobre las causas de la vagancia en la isla de Cuba, y los medios de atacarla en su origen. Enlazado ntimamente este asunto con la instruccin del pueblo, juzgo conveniente repetir hoy lo que entonces consider necesario. “No me detendr, dije yo, a probar que la instruccin pblica es la base ms firme sobre que descansa la felicidad de los pueblos. El cuerpo ilustre a quien presento esta Memoria conoce muy bien esta verdad, y los esfuerzos que hace por difundir y mejorar la educacin en nuestro suelo, sern en todos tiempos los ttulos ms nobles de su gloria. Pero si dignos son de aplauso estos esfuerzos, todava no han producido un resultado satisfactorio, porque sin recursos la Sociedad Patritica para extender su accin ms all del corto recinto de La Habana, yace tan abandonada la educacin en casi todos los pueblos y campos de Cuba, que gran parte de sus habitantes ignoran hasta el alfabeto. Y viviendo en tan msero estado, causar admiracin que muchos pasen sus das en medio de la ociosidad? Yo he visto ms de una vez a varias personas, que por no saber firmar, han perdido las ocupaciones lucrativas que se les haban presentado. Si la gran masa de nuestra poblacin supiera por lo menos leer, escribir y contar, ¡cuntos de los que hoy arrastran

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JOS ANTONIO SACO /65 /65 /65 /65 /65 una vida vagabunda no estaran colocados en los pueblos o en las fincas rurales! Porque es incuestionable, que ensanchando la ilustracin la esfera del hombre, multiplica sus recursos contra las adversidades de la fortuna. ”Establezcamos, pues, para los pobres que no pueden costear su educacin, el competente nmero de escuelas en todos los pueblos y campos; y aunque hay parajes donde los nios no pueden asistir diariamente a ellas, por hallarse muy dispersas las familias, y ser muy penoso el trnsito de los caminos en la estacin de las lluvias, bien podra establecerse en tales casos el sistema de escuelas dominicales, llamadas as, porque el domingo es el nico da de la semana destinado a la enseanza de los nios que no participan de otra instruccin. En varias partes de Europa y en los Estados Unidos de Norteamrica existen estas escuelas, y los millares de nios pobres que aprenden en ellas los rudimentos de una buena instruccin, demuestran de un modo incontestable las grandes ventajas que ofrecen a la sociedad. Y dejarn tambin de ofrecerlas a nuestra patria, si nos empeamos en establecerlas? No se me oculta, que siendo entre nosotros los domingos das de esparcimiento, se tropezar en los pueblos con algunos inconvenientes; pero adems de que son en mi concepto fciles de vencer, y de que los esfuerzos que hagamos siempre producirn algn bien, mi principal intento es recomendar la fundacin de estas escuelas en aquellos puntos donde siendo diversas las costumbres, o no oponiendo a lo menos los mismos obstculos que en los pueblos, la dispersin de los habitantes rurales nos pone en la alternativa, o de adoptar este sistema, o de dejarlos sepultados en la ms profunda ignorancia. ”Cuando los padres de familia vayan a la parroquia a cumplir con los deberes de la religin, podrn llevar a sus hijos, y reunidos stos en la iglesia, en la casa del cura o en la de algn vecino, ejercern las funciones de maestro, ya el mismo prroco, ya alguno de los concurrentes, pues no hemos de ser tan desgraciados que falten personas caritativas capaces de desempear tan benfico ministerio. Si no hubiere parroquia, o si habindola, no pudieran los nios asistir a ella, la escuela se podr dar los domingos y das festivos en el punto que los vecinos juzguen ms conveniente. No siempre podrn los padres llevar todos sus hijos a la escuela; pero en tales casos elegirn uno o ms entre ellos, para que asistiendo a las lecciones, puedan ser con el tiempo los institutores de sus hermanos, y quiz tambin de sus padres. ¡Cuntos de estos que hoy no entienden ni el alfabeto, escucharan gustosos del labio de sus hijos los rudimentos de una instruccin que ya se sonrojan de recibir de boca de un extrao! Y al decir que si los padres no pueden llevar todos sus hijos a la escuela, elegirn uno o ms de entre ellos, debe entenderse, que no slo hablo de los varones, sino tambin de las

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OBRAS 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ hembras. Da vendr en que stas lleguen a ser madres de familia; y entonces, cuando las ocupaciones que gravitan sobre el sexo masculino no dejen al padre tiempo suficiente para cuidar de la enseanza de sus hijos, la madre, dedicada a las tareas domsticas, podr velar en la educacin de ellos, dndoles dentro de casa los rudimentos que no podran alcanzar sin el auxilio de las escuelas. Al esmero de la enseanza domstica debe atribuirse el fenmeno moral que se observa en Islandia, pues no habiendo en aquella isla sino una sola escuela, exclusivamente destinada a la instruccin de los que hayan de ocupar puestos civiles o eclesisticos, es muy raro encontrar alguna persona que a los 9 o 10 aos de edad no sepa leer ni escribir. ”Si contra toda esperanza, no hubiere alguno que gratuitamente quiera ensear en nuestros campos, me parece til asignar una corta pensin, por ser poco el trabajo, al que haga las veces de maestro, cuyo nombramiento podr recaer en alguno de los vecinos del partido o distrito donde se establezca la escuela; pues siendo estricto donde se establezca la escuela; pues siendo sta respecto de l una ocupacin accesoria que ha de desempear en los das vacantes, sus servicios probablemente sern ms baratos que los de otro nombrado en distintas circunstancias. Sin embargo, como en esta materia no hay regla fija, siempre deber procederse consultando la mayor utilidad. ”Pero estos deseos no son suficientes para dar impulso a la educacin pblica: es menester adoptar algunas medidas, y las siguientes me parece que contribuirn a tan laudable objeto. 1 ”Inclquese la necesidad de promover la instruccin primaria en toda la Isla, recomendndola por medio de la imprenta, y publicando el nmero de escuelas, el de los alumnos que asisten a ellas, y la relacin en que stos se hallan con los habitantes de cada pueblo o distrito. Una demostracin de esta especie producir ms ventajas que todas las arengas y declamaciones, pues nos ensear a conocer nuestras necesidades intelectuales, y nos estimular a satisfacerlas. 2 ”Tambin convendr que los prrocos y dems ministros del Evangelio, recomienden desde la ctedra de la verdad la importancia de la educacin. Esta medida es necesaria, no slo en los campos, sino tambin en muchos pueblos, porque no habiendo imprenta en ellos, la iglesia es el lugar ms a propsito para inspirar unas ideas, que as por su benfica tendencia, como por el paraje donde se enuncian, sern acogidas y respetadas. 3 ”Sera de desear que todas las sociedades y diputaciones patriticas de la Isla nombrasen, si es que algunas no lo han hecho todava, una seccin, a semejanza de la de La Habana, especialmente encargada del ramo de la educacin primaria; y que en los pueblos donde no existen aquellas corporaciones, se forme una junta compuesta de dos o tres in-

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JOS ANTONIO SACO /67 /67 /67 /67 /67 dividuos nombrados por las sociedades respectivas, las cuales deben estar plenamente autorizadas para exigir de la junta, una o dos veces al ao, un informe sobre el estado de la educacin, y remover a las personas que no hayan correspondido a tan honrosa confianza. 4 ”Debe tambin excitarse el celo de los ayuntamientos, para que ponindose de acuerdo con las Sociedades econmicas, apoyen las ideas de stas con sus luces, con sus fondos y con su autoridad. 5 ”Como la enseanza no puede generalizarse sin recursos para costear las escuelas, es preciso que las Sociedades econmicas empleen en ellas casi todos sus fondos, aun con preferencia a los ramos cientficos, pues por importantes que sean, no son tan necesarios ni trascendentales como la enseanza primaria. La accin de sta se extiende a todo el pueblo; y nunca las Sociedades patriticas llenarn tambin este nombre, como cuando sus principales esfuerzos se dirijan a sacar de la barbarie a la masa de la poblacin. ”Pero no siendo los fondos de estas corporaciones suficientes para establecer el sistema de instruccin primaria en toda la Isla, es forzoso acudir a algunos arbitrios, los cuales me atrevo a indicar, aunque con suma desconfianza. 1 ”Parceme que si examinaran detenidamente todos los ramos de nuestra administracin pblica, se encontraran algunos que pudieran aplicarse a las escuelas con ms provecho que a los objetos a que hoy estn destinados; y caso que esto no pueda ser, se podrn introducir algunas economas, que disminuyendo los gastos, dejen libre algn sobrante para dedicarlo a las escuelas. 2 ”Suelen los testadores dejar alguna parte de sus bienes para que se destinen a obras pas, reservando a sus herederos o albaceas la facultad de asignar objetos particulares. En tales casos convendra, que valindonos de la imprenta y de cuantos medios sugiera la prudencia, se inclinase el nimo de los herederos o albaceas a favorecer las escuelas primarias: bien que es de esperar, que muchos de ellos no necesitarn de insinuaciones para hacer una obra tan recomendable. 3 ”Como hay casos en que nuestros reverendos obispos diocesanos pueden disponer libremente de algunos fondos destinados a objetos piadosos, debemos prometernos de su celo pastoral, que penetrados de la importancia de las escuelas primarias, las protegern y fomentarn, pues a los ojos de la religin no aparece ningn objeto ms santo ni ms po. 4 ”Cualquiera que haya observado la marcha del pueblo cubano, habr conocido que la generosidad de sus habitantes raras veces se ha empleado en proteger los establecimientos literarios, y mucho menos la educacin primaria. Existen en toda la Isla varias instituciones civiles y eclesisticas ricamente dotadas; pero si buscamos los fondos consagrados al sostenimiento de las escuelas, casi no encontramos otros que los

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OBRAS 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ de la establecida en el convento de Nuestra Seora de Beln,15 y los muy escasos de que dispone la Sociedad Patritica de La Habana. Es, pues, necesario hacer un llamamiento pblico a favor de la instruccin primaria, y excitando la generosidad y beneficencia del pueblo cubano, inducirle a que emplee estas virtudes en una obra tan eminentemente patritica”. Estos y otros medios propuse yo en 1830 para fomentar en Cuba las escuelas gratuitas en favor de los nios pobres; pero habiendo sido estriles mis deseos y los de otros buenos patricios, todos deplorbamos en silencio la gravedad de tanto mal y la impotencia de nuestros esfuerzos para remediarlo.ARTCULO V16Continuacin del tercer perodo de la instrucin primaria desde fines de 1816 hasta 1843 Indiqu en el artculo precedente, que antes de 1830 ya algunos establecimientos de La Habana haban salido de los lmites de la instruccin primaria, puramente elemental y entrado en la esfera de la superior Parceme muy oportuno marcar aqu la diferencia que hay entre estas dos especies de instruccin primaria. La elemental llamada tambin popular porque es necesaria a todos los hombres, por nfima que sea su condicin; comprende la instruccin moral y religiosa, la lectura, la escritura, las primeras reglas del clculo, y los elementos de la lengua nativa. Esto es lo menos que se debe ensear en las escuelas primarias elementales : pero en Francia se agrega el sistema legal de pesos y medidas. Adems de esta instruccin, hay otra algo ms elevada, que sin entrar en la esfera de los estudios secundarios debe darse a muchos que necesitan de ms cultura que los nios miserables. Esa instruccin primaria, que se llama superior no es exactamente igual en todas las naciones, pues en algunas abraza ms ramos que en otras. Francia, tomando las ideas de Alemania, y sobre todo de Prusia, pas modelo en punto a enseanza, dio gran paso promulgando la ley 28 de junio de 1833; y los ramos que entonces introdujo en la instruccin primaria superior que por primera vez adopt, fueron ampliados por la ley del 27 de marzo de 1850. Segn ella, la instruccin primaria superior que reciben los franceses, abraza los ramos siguientes: 15Ntese bien, que slo me refiero a la instruccin primaria, pues los cuantiosos bienes que dej en Bayamo D. Francisco Paradas no fueron para emplearlos en ella, sino en la enseanza del latn y de las ciencias eclesisticas. 16Publicado en La Amrica de Madrid de 12 de junio de 1863.

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JOS ANTONIO SACO /69 /69 /69 /69 /69 Aritmtica aplicada a las operaciones prcticas. Elementos de historia y geografa. Nociones de las ciencias fsicas y de la historia natural aplicadas a los usos de la vida. Conocimientos elementales sobre agricultura, la industria y la higiene. La agrimensura (arpentaje), la nivelacin y el dibujo lineal. El canto y la gimnstica. Espaa, siguiendo de cerca los pasos de Francia, ha adoptado tambin en la instruccin primaria la diferencia entre elemental y superior ; y sta comprende en Cuba, segn el plan de instruccin pblica que para ella y Puerto Rico se hizo en 1846, los ramos que expresa el artculo 5, captulo 1, ttulo 1, a saber: 1 Mayores conocimientos de aritmtica. 2 Principios de geometra y sus aplicaciones ms usuales. 3 Dibujo lineal. 4 Nociones generales de fsica, qumica e historia natural, aplicadas a las necesidades ms usuales de la vida. 5 Nociones de geografa e historia sagrada y profana, especialmente la de Espaa y de la Isla. Si cotejamos la instruccin primaria superior de Espaa, Francia y otros pases con los establecimientos de primera enseanza que existan en La Habana de 1830 a 1832, se conocer que, no slo se enseaban en ellos algunos ramos pertenecientes a la instruccin primaria superior sino que a veces se entr en la regin de los estudios clsicos o secundarios. Para patentizar esta verdad, es importante ofrecer aqu el cuadro de los ramos que ventajosamente se enseaban en aquellos aos en los tres institutos ms notables que para varones contena aquella capital. Doctrina cristiana, lectura y escritura. Gramtica castellana, geografa y aritmtica. Matemticas puras y mixtas. Latn, francs e ingls. Dibujo y msica. En uno de estos tres colegios, que era el mejor, porque haba tomado su direccin mi tierno amigo y condiscpulo, el sabio, virtuoso y eminente patricio D. Jos de la Luz y Caballero, se enseaba, adems de los ramos anteriores, la gramtica general y la retrica. En los otros establecimientos de varones, la instruccin no abrazaba tantos ramos como en los tres mencionados; pero en muchos de ellos se enseaba tambin el latn, la msica y el dibujo. En las escuelas y academias para nias, haba dos tipos: uno que representaba el mnimun, y otro, el mximun. En el primero, la instruccin abrazaba la doctrina cristiana, la lectura, la escritura, aritmtica, gramtica castellana, costura y bordados.

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OBRAS 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ En los institutos ms adelantados, adems de los ramos anteriores, a excepcin de la costura y bordados que en algunos se omita, la instruccin alcanzaba al idioma francs, dibujo, geografa, y a veces a la msica y al baile. Aparece, pues, que los establecimientos de varones a que me refiero, eran una mezcla de enseanza primaria elemental de algunos ramos de la primaria superior y de otros pertenecientes a la instruccin secundaria Esto aconteca tambin, aunque en escala ms reducida, en dos o tres ciudades de Cuba; y debemos recordar, que cuando habl de Matanzas en el artculo anterior, dije que en la escuela costeada por el Ayuntamiento de aquella ciudad se enseaba el latn y otras lenguas. Para suplir el gran vaco de la instruccin pblica cubana en los tiempos anteriores, la Seccin de Educacin trat de establecer en La Habana desde 1816 un colegio en que se ampliasen los ramos que entonces se enseaban en algunas escuelas. “Es visible, decan los promovedores de aquel proyecto, es visible la necesidad de un establecimiento de esta clase, que no se suple con el Seminario, destinado a mayores objetos, cuyo edificio no tiene an para stos la conveniente aptitud, ni con nuestra Universidad, cuyo instituto tambin es diferente, como el de los dems de su nombre. ”Por falta de un colegio, los padres y madres que desean el bien ms slido de sus hijos, se ven precisados a desprenderse de ellos en sus tiernos aos envindolos a pases extraos o remotos... ”No pudiera y debiera en La Habana promoverse y fundarse una casa de educacin, con todas las ventajas de las que se van a buscar a distancias ultramarinas?...”.17 Pero los nobles deseos de aquella corporacin no pudieron realizarse, pues se presentaron dificultades que no le fue dado vencer. Los establecimientos que ya existan en La Habana desde 1830, disminuyeron la necesidad de que los cubanos saliesen a buscar la instruccin primaria en pases extranjeros. Viose desde la segunda mitad del pasado siglo, que por el gran abandono en que las letras yacan en Cuba, algunos padres de familia enviaban sus hijos a Europa, y principalmente al colegio de Soreze, en el Medioda de la Francia, que bajo la direccin de los religiosos benedictinos gozaba entonces de gran fama.18 17Informe de la Seccin de Educacin a la Real Sociedad Patritica de La Habana, sobre sus tareas, ledo en las juntas generales del mes de diciembre de 1816. 18Soroze es una pequea ciudad de menos de 3 000 habitantes, situada en el departamento de Tarn, al pie septentrional de la Montaa Negra. Fundose en 787 la abada de Soreze, bajo el nombre de abada de la Paz, por Pepino El Breve que la dio a los monjes de la orden de San Benito. Sin poder fijar precisamente la poca, ellos abrieron clases gratuitas a favor de los nios de la ciudad: y despus de la reforma de la orden de San Mauro, abrazaron con ms empeo las piadosas funciones de la enseanza. A fines del

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JOS ANTONIO SACO /71 /71 /71 /71 /71 El rpido engrandecimiento de Norteamrica, desde los ltimos aos del pasado siglo, torci hacia l la corriente de educandos cubanos, que aumentada en casi todo el primer tercio del presente, dio vida y prspera existencia a varios colegios fundados en Nueva York y otras partes de aquella repblica. Esa emigracin forzosa, pues que en Cuba no haba medios de buena instruccin para sus hijos, arranc al desptico gobierno que en aquellos tiempos rega la nacin, una de las disposiciones ms injustas y tirnicas, porque sin proporcionar recursos de cuidar de que se fundasen ni aun escuelas primarias elementales prohibi que cubano alguno saliese de su tierra para educarse en el extranjero. Nunca es permitido a ningn gobierno privar a los padres de familia del natural derecho que tienen de enviar sus hijos al punto donde crean que recibirn la instruccin ms provechosa; pero decretar semejante prohibicin en las deplorables circunstancias en que Cuba se hallaba, no slo fue una violacin de los sagrados derechos de la paternidad, sino un acto de la ms violenta tirana. Por fortuna, las autoridades de la Isla penetradas, ya de la injusticia de tan rigurosa medida, ya de la inmensa dificultad de ejecutarla, cerraron casi siempre los ojos y no pusieron obstculos a la salida de los educandos. El floreciente estado que algunos institutos de La Habana ofrecan en 1832, no debe deslumbrarnos con su brillante perspectiva, pues la instruccin pblica era tan escasa, aun en esa misma capital, que en toda ella y sus barrios extramuros, no haba entonces sino 70 casas de enseanza de ambos sexos con 4 577 nios, de los cuales slo 1 408 reciban instruccin gratuita. El dignsimo Secretario de la Seccin de Educacin, mi excelente y nunca bien llorado amigo, el insigne patricio D. Domingo del Monte, nos ha dejado una exacta, pero triste pintura, de la msera condicin a que cabalmente se hallaba reducida en aquel ao la instruccin primaria de Cuba. XVII fundaron un gran establecimiento literario que acab de consolidarse de 1757 a 1790. Mantvose abierto durante los furores de la revolucin y en los primeros 20 aos de este siglo lleg a su mayor grado de esplendor, contaba entonces ms de 500 alumnos y ms de 50 profesores, nmero que me aparece, o muy exagerado, o muy superfluo para el de los discpulos que haba: pero ya mucho antes su reputacin se haba extendido dentro y fuera de Europa, pues Polonia, Italia, Holanda, Suiza, Espaa y aun algunas de sus colonias, enviaban sus hijos a educarse en aquel clebre colegio. Vinieron despus sus desgracias, siendo preciso cerrarlo por falta de fondos. Abriose de nuevo bajo los auspicios de un presbtero catlico. En 1854 slo tena 70 discpulos; y entonces fue cuando se hizo cargo de su direccin la tercera orden de enseantes de Santo Domingo, nueva rama de la de los religiosos predicadores, que tuvo en Francia por vicario general al reverendo padre Lacordaire, y que muri en Soreze el 21 de noviembre de 1861. Ese colegio contaba 170 alumnos en 1857, y aunque existe todava, nunca ha subido a la altura de donde cay, pues el gran vuelo que la instruccin pblica ha tomado en varias ciudades de Francia, le hace una concurrencia formidable.

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OBRAS 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ “Por lo que se ha dicho [tales son sus palabras] respecto de la Academia de dibujo y dems particulares que abraza esta Memoria, habr conocido el Real cuerpo patritico la necesidad que tiene su Seccin de Educacin de medios para llenar dignamente sus provechosos e importantes objetos. Cierto es que con el influjo de su celo ha conseguido mucho ms de lo que deba esperarse; pero llegan ocasiones en que se han menester recursos muy superiores a los que pueden proporcionar por s, en particular, los individuos de una junta. No se crea que todo se ha hecho ya en los campos, ni aun en la capital. En sta, miles de nios se quedan todava sin saber leer, y en los barrios, que por su pobreza ms lo necesitan: San Lzaro, la Punta, el Manglar, no tienen todava escuelas, y si las hay, son insignificantes por la miseria con que estn constituidas. Exceptuando los partidos que arriba se mencionaron, y algunas poblaciones de las ms principales, todo el resto de la Isla yace sumergido, respecto de instruccin primaria, en la ms profunda y en la ms lamentable oscuridad. Y no ser una inconsecuencia exigir despus a la generacin creciente de esos barrios y partidos, a quienes no se han presentado desde que sali al mundo ms que ejemplos de ignorancia, de mendiguez y de inmoralidad... no ser una inconsecuencia cruel, exigir de ella buena conducta, honradez y hasta virtudes? La sociedad, en que por su mal nacieron, no los arrastra como un espritu infernal, de la ignorancia a la miseria y los vicios, de los vicios a los delitos, y de los delitos al cadalso? Quin no calcular con terrible exactitud la suerte que ha de caber a un muchacho vagamundo y mal criado, casi con la misma precisin, con que se adivina el fin de un toro montaraz, educado desde que nace para morir en el humilladero? ‘De la ignorancia, ha dicho elocuentemente la esposa de nuestro rey, han nacido los vicios capitales que destruyen los imperios y anonadan las instituciones ms justas... a la misma se deben las divisiones, los partidos, las feas denominaciones, la garrulidad con que se afectan como virtudes los vicios ms abominables. ”A la ignorancia y a la pobreza pblica, aade la Seccin, abundando en los mismos principios de nuestra augusta soberana, se deben tambin los robos atroces, los asesinatos y salteamientos que con horror hemos visto repetidos en nuestra ciudad y nuestros campos. En vano se publican leyes coercitivas y cdigos criminales, formados slo para la clase ignorante y miserable; ni el sistema de polica ms sagaz y previsor, ni la jurisprudencia ms severa, podrn nunca atajar las consecuencias del descuido total de la primera enseanza en la generalidad del pueblo”.19 19Exposicin de las tareas en que se ha ocupado la Seccin de Educacin de la Real Sociedad Patritica de Amigos del Pas, en el bienio de 1831 y 32, leda por su secretario D. Domingo del Monte, en junta general de dicha Sociedad la noche del 21 de diciembre de 1832.

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Estado general de instruccin pblica primaria de la isla de Cuba en 1836, conforme a los datos reunidos por la Seccin de Educacin de la Real Sociedad Patritica de La Habana Nios que asisten a las escuelas Resumen Nios que asisten a las escuelasESCUELASCOSTEADOS POR S POR CARIDAD DE LOS MAESTROS POR SOCIEDADES PATRI"TICAS POR IMPOSICIONES, SUSCRICIONES, ETC. BlancosDe colorBlancosDe colorBlancosDe colorBlancosDe colorBlancosDe color Var.Hem.Var.Hem.Var.Hem.Var.Hem.Var.Hem.Var.Hem.Var.Hem.Var.Hem.Var.Hem.Var.Hem. 7350612 0881 005228646432871283252001 1852658 29116072461483515206 2718756030614313660367321010 12979683 2551 55737114267236371283402001 7582971810 PROVINCIAS BLANCOSDE COLOR TOTAL GENERAL VaronesHembrasTotalVaronesHembrasTotal Habana........................4 0621 7985 86030734341 6 201 Puerto Prncipe...........9762811 2571 257 Cuba............................9873381 3251531462991 624 6 0252 4178 4424601806409 082

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OBRAS 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ Si negro es el cuadro que nos traz la valiente pluma de Del Monte, todava es ms espantosa la revelacin que nos hizo el primer censo general de la instruccin primaria de Cuba, formando en 1836. Publicose al ao siguiente en las Memorias de la Sociedad Patritica, y el mismo Del Monte, que fue el principal encargado para entender en ese trabajo, lo acompa, al presentarlo a aquella corporacin, de un interesante informe, que si el terror que entonces infunda el jefe que mandaba en Cuba, impidi su publicacin, sta, por fin, se hizo al cabo de 22 aos.20Tales son los resultados del censo de la instruccin primaria de Cuba en 1836. Pero cul era entonces en aquella Isla el nmero de blancos y libres de color de ambos sexos de 1 a 15 aos de edad? Despus de haber confrontado los padrones de la poblacin de Cuba en diferentes perodos, suplido los grandes vacos que en ellos se encuentra, y calculado el aumento proporcional de todas las clases libres, puedo asegurar, sin temor de equivocarme, que el total de libres blancos y de color de 1 a 15 aos, as varones como hembras, no bajaba en 1836, de 190 000 a 200 000. Este guarismo, comparado con el de los 9 082, que slo asistan a las escuelas en dicho ao, ofrece la demostracin ms completa del espantoso atraso en que se hallaba la instruccin primaria cubana; y, sin embargo, por todas partes se deca y pregonaba, que Cuba era un pas modelo de felicidad. Sigui arrastrndose penosamente la instruccin primaria en aquella Antilla. Los esfuerzos patriticos del memorable Luz y Caballero cuando fue director de la Sociedad Econmica de La Habana, lograron establecer dos nuevas escuelas gratuitas en aquella capital; pero el mal era tan profundo, tan general, y tan mezquinos los recursos para combatirlo, que no era dable mejorar la situacin. Basta decir que siendo Puerto Prncipe y Santiago de Cuba, despus de La Habana, las dos ciudades ms populosas de la Isla, la primera, con una poblacin de 25 a 30 000 habitantes en 1840, slo contaba entonces en las escuelas el cortsimo nmero de 1 408 nios libres de ambos sexos y razas,21 y la segunda, con una poblacin igual, ofreca guarismos an ms tristes, pues que el total de discpulos de ambos sexos, blancos y libres de color, slo llegaba a 991, de los cuales reciban enseanza gratuita 422. Esta dolorosa verdad se halla consignada en una importante Memoria, escrita en febrero de 1840 por un hijo distinguido de Santiago de Cuba, mi amigo D. Juan Bautista Sagarra, a quien debe mucho la instruccin pblica de aquella tierra.22 20 Anales y Memorias de la Real Junta de Fomento y de la Real Sociedad Econmica de La Habana, Serie 4, t. 1, impreso en 1858. 21Informe de los trabajos de la Diputacin Patritica de Puerto Prncipe durante el ao de 1840, impreso en el tomo IX de la Sociedad Patritica de La Habana, correspondiente a dicho ao. 22La Memoria del seor Sagarra se public en el tomo que acabo de indicar en la nota anterior.

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JOS ANTONIO SACO /75 /75 /75 /75 /75 Las suscripciones voluntarias de algunos buenos ciudadanos, en favor de la enseanza de los pobres, eran un remedio insuficiente y precario, pues la generosidad ni es la virtud predominante en el hombre, ni la que l ejerce con ms constancia. Desatendida, pues, la instruccin primaria, su estado era muy lamentable al entrar el ao de 1843, en que termina tercer perodo y empieza el cuarto que es el ltimo. Pero no me es dado proseguir sin hacer una breve pausa en el curso de mi narracin, para tributar el homenaje que de justicia se debe a un benemrito habanero, que por muchos aos desempe la presidencia de la Seccin de Educacin con honra y gloria de su patria. Ese habanero fue D. Nicols de Crdenas y Manzano, cuya prdida deplor algn tiempo ha la primaria enseanza de Cuba. Quise yo tanto a Domingo del Monte, y me gusta tanto su castiza y elegante prosa, que debo callar cuando l habla: oigamos, pues, lo que dice de aquel notable cubano. “Tales son las tareas en que se ha ocupado la Seccin de Educacin durante el bienio que acaba de expirar, y tales sus necesidades y sus principios. No cumplira, sin embargo, con esta ltima parte, si, al concluir mi exposicin, no pagara pblicamente aqu, como rgano suyo, el tributo de agradecimiento que, tanto ella como la real Sociedad y la patria toda, deben a nuestro seor Presidente, electo y reelecto por espacio de cuatro bienios para presidir la Seccin; en todos ellos ha desempeado su encargo, no con la exacta rigidez con que la tibieza y la frialdad cumplen un deber; sino con aquella decisin y aquel ardiente celo con que sabe el patriotismo bien entendido animarlo todo. l sac del abatimiento, en que despus de muerto el gran Ramrez permaneca, a la enseanza primaria: l dio vigor a las juntas de la Seccin, y con su influjo supo despertar en otros buenos patricios el mismo decidido entusiasmo por los progresos de la instruccin: l, despreciando, como deba, los sarcasmos con que lo han querido mortificar, la feudalidad inepta y el egosmo desalentador, conjurados, para detenerlo en su brillante carrera, consagr generosamente todos los instantes de su vida al importante objeto que se propuso: l desterr de los institutos primarios el ferocsimo azote, brbara reliquia del atraso de nuestros padres: l consigui colocar a los benemritos preceptores de la niez en aquel puesto de dignidad y de honor, que de justicia se les deba, y que slo la estupidez les negara: l ha sido durante estos ocho aos el iris de paz en las disensiones interiores de las escuelas, la Providencia, en fin, de la educacin primaria en La Habana... Bien sabe la Seccin que semejantes acciones derivan de una causa demasiado pura para que necesiten de ms galardn que el aura de gloria que les concede siempre imparcial la opinin pblica; pero no puedo prescindir de recomendar muy eficazmente los mritos insignes de este ilustre habanero a la atencin de la Sociedad. Ella sola, en nombre de la patria, debe discernirle los

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OBRAS 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ honores que le son debidos y que la Seccin no designa; mas, que deben estar en armona con los servicios que intenta premiar, y con el espritu de patriotismo y de ilustracin que tanto han brillado siempre en sus deliberaciones”.23ARTCULO VI24Cuarto perodo de la instruccin primaria desde 1843 hasta el daAbriose en 1843 una nueva perspectiva a la instruccin primaria de Cuba; disele entonces una organizacin diferente, y las bases en que sta se asent, fueron comunicadas al capitn general de aquella Isla por Real Orden de 29 de diciembre de 1841. En consecuencia, se mand entre otras cosas: 1 Que la direccin general de la instruccin pblica de Cuba se confiase al inmediato cuidado de una junta inspectora del ramo, que al efecto deba establecer bajo la presidencia del capitn general, y compuesta “de individuos de conocida ilustracin literaria, de buenos servicios y dignos por todos respetos de esta confianza”. 2 Que mientras se estableciera la junta de inspeccin, se formase desde luego provisionalmente otra junta, presidida tambin por el capitn general. 3 Que se fundase en Cuba el nmero necesario de escuelas de primera enseanza, para que la recibiesen todos los nios de ambos sexos. 4 Que esta enseanza fuese gratuita para los nios verdaderamente pobres a juicio y calificacin de los respectivos ayuntamientos. 5 Que para los gastos de esta enseanza entrasen en cuenta las asignaciones que satisfacen los hijos de padres no pobres, todas las fundaciones y obras pas instituidas para este objeto, y las suscripciones y limosnas que los ayuntamientos puedan reunir para fin tan filantrpico, y el dficit se cubriese con el producto de arbitrios municipales que se establezcan por los medios ordinarios, llenndose la parte que an faltare por las cajas pblicas. Alterado desde entonces el rgimen a que la instruccin primaria haba estado sujeta desde 1816, en que se fund la Seccin de Educacin, se instal el 14 de enero de 1841 la Inspeccin General de Estudios, y en 20 de agosto del mismo ao la Comisin Provincial de Instruccin Primaria. sta, pues, qued en lo sucesivo confiada, parte a la 23Exposicin de la tareas en que se ha ocupado la Seccin de Educacin, en el bienio de 1831 a 1832, leda por su secretario D. Domingo del Monte. 24Publicado en La Amrica de Madrid de 12 de julio de 1863.

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JOS ANTONIO SACO /77 /77 /77 /77 /77 Seccin de Educacin, y parte a la Comisin Provincial: a la primera las escuelas costeadas por la Sociedad Patritica, y a la segunda todas las que no estaban incluidas en esa categora. Segn este arreglo, an no se haba llegado a la centralizacin que buscaba el gobierno, pues que simultneamente existan dos corporaciones independientes la una de la otra, y que no tenan enlace entre s. De aqu naci la supresin de la Seccin de Educacin en agosto de 1846, al cabo de 30 aos de una existencia tan laboriosa como til a la primaria enseanza. Mas, cuntas fueron las escuelas, y cul el nmero de los discpulos que aquel ao reciban su educacin de los fondos de la Sociedad Patritica de La Habana? A esta pregunta responder el estado siguiente: Como el estado anterior se circunscribe a la enseanza costeada por la Sociedad Patritica de La Habana, tratemos de averiguar cul fue el que tuvo despus de haberse sometido toda ella a la direccin exclusiva de la Junta de Inspeccin General. De la estadstica formada en el radio municipal de La Habana en septiembre de 1851, aparecen los resultados que inserto a continuacin: Escuelas pblicas elementales De varones .............18con nios .................1 274 De hembras ............15con nias ................. 699 ———— 331 973ESCUELAS Nmero de alumnos De nios De nias TotalesHabana.......................................................... Jess Mara, Chvez y San Nicols......... San Lzaro y Coln..................................... Horcn.......................................................... Jess del Monte.......................................... Cerro............................................................. Quemados..................................................... Las Pozas...................................................... Reina Amalia................................................ Guatao........................................................... Casa Blanca.................................................. 2 6 7 1 2 1 1 1 1 1 1 2 3 8 2 1 1 1 4 9 15 3 3 1 1 1 1 2 2 91 250 332 65 67 20 10 10 17 27 28 241842917

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OBRAS 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ Escuelas privadas elementales De varones ...............47con nios .................2 318 De hembras ..............37con nias .................980 De ambos sexos.......21 ———— 1053 298 ———— Total de escuelas .....138Total de nios ........5 271 A esta suma hay que agregar 216 prvulos libres de color, que reciban instruccin; resultando, por consiguiente, un total general de 5 487 nios de ambos sexos, blancos y libres de color. Para no incurrir en equivocaciones, es preciso observar: 1 Que ese nmero, segn he dicho, no corresponde exclusivamente a La Habana, sino al radio municipal de ella. 2 Que ese mismo nmero slo reciban instruccin gratuita los que aprendan en las escuelas pblicas. 3 Que si todo el nmero de educandos se compara con el de los nios que haba en aquel radio municipal, se ver con dolor la inmensa muchedumbre que quedaba sin ningn gnero de instruccin. No habindose reunido datos en 1851 para formar un cuadro completo de la instruccin primaria cubana, me apresuro a llegar a la ltima estadstica general de ella que se ha formado en toda la Isla. El ejemplar manuscrito que yo recib a fines de 1862, lleva la fecha de 1860, y aunque a ellas se agregue las pocas escuelas establecidas de entonces ac, y el corto nmero de alumnos que a stas asistan, la diferencia queda ms que compensada con el aumento de la poblacin desde 1860 hasta el da, no resultando, por consiguiente, ninguna alteracin sensible en las observaciones que har. ———

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Resumen del estado de instruccin primaria de la isla de Cuba en 1860DEPARTAMENTOS ESTABLECIMIENTOS DE INSTRUCCI"N PRIMARIA ALUMNOS QUE FRECUENTAN DICHOS ESTABLECIMIENTOS PBLICOSPRIVADOSCOSTEADOS POR S De blancosDe colorDe blancosDe colorBlancosDe color Var.Hem.TotalVar.Hem.TotalVar.Hem.TotalVar.Hem.TotalVar.Hem.TotalVar.Hem.Total Occidental......152612131...170661362...23 7261 8395 56554256 Oriental..........4921701...1271643.........1 0005481 54837542 Suman............201822832...297821792...24 7262 3877 11391798 DEPARTAMENTOS ALUMNOS QUE FRECUENTAN DICHOS ESTABLECIMIENTOS TOTAL DE ALUMNOS Total de discpulos blancos dem de color Suman TOTAL DE ESCUELAS POR FONDOS MUNICIPALES POR PIEDAD DE LOS MAESTROS BlancosDe colorBlancosDe colorBlancosDe colorVar.Hem.TotalVar.Hem.TotalVar.Hem.TotalVar.Hem.TotalVar.Hem.Var.Hem.Blancos De color Occidental......4 9252 0646 98977....77182325807...889 1334 2281311013 36114113 5023493 Oriental..........1 2844811 76533111244312237159.........2 4061 0663681173 4724853 9571131 Suman ........... 6 2092 5458 754408112520304362966...8811 5395 29449912716 83362617 4594624

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OBRAS 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ De la estadstica de 1836 que insert en mi artculo anterior, resulta que entonces slo asistan a las escuelas en toda la Isla 8 442 nios blancos y 640 de color, o sea, un total de 9 082; mas, segn la de 1860, estos nmeros eran de 16 833 para los blancos, y 626 para los libres de color, formando un total de 17 459, es decir, un aumento de 8 377; pero aumento que exclusivamente ha recado sobre la clase blanca, pues en la libre de color ha habido una disminucin de 14 discpulos, a pesar del incremento que esa clase ha tenido de 1836 a 1860. Segn el censo de poblacin formado en Cuba, del 14 al 15 de marzo de 1861, aparece, que el nmero de blancos de ambos sexos, dentro de la edad de 15 aos, ascendi a 275 989, y el de los libres de color, tambin de ambos sexos y de igual edad, a 92 756, formando, por consiguiente, el total de 368 745. Comparando esta suma con los 17 459 alumnos que da la estadstica de 1860, tendremos, que por poco ms de 21 individuos blancos y libres de color, dentro de la edad de 15 aos, slo uno asista a las escuelas. Este dato manifiesta, que de 1836, en que se hizo la primera estadstica de la instruccin primaria cubana, al de 1860 en que se form la segunda, lejos de haber adelantado, hemos sufrido algn retroceso; porque habiendo ascendido en el primer ao el nmero de discpulos a 9 082, y el de todos los individuos blancos y libres de color de ambos sexos, dentro de la edad de 15 aos, a 190 000, segn dije en mi artculo anterior, es inconcuso, que por menos de 21 de esos individuos asista uno a las escuelas. Es cierto, que en 1860 haba ms escuelas y ms discpulos que en 1836; pero tambin lo es, que ni stos ni aqullas se aumentaron en ese perodo en una proporcin igual al progreso de la poblacin. Si descomponemos el gran total de 368 745 que nos da el censo de poblacin ya citado para las dos clases de blancos y libres de color dentro de la edad de 15 aos, aparece que la de aqullos sube a 275 989, y la de stos, a 92 756. De esa primera suma perteneciente a los blancos que se hallan dentro de la edad referida, slo asistan a las escuelas 16 833; y de la segunda correspondiente a los libres de color, e incluso los emancipados,25 no haba en las escuelas sino la insignificante cifra de 626. Y a vista de tan lamentables resultados, nos asombraremos de que la sociedad cubana est plagada de tantos hombres que por sus vicios y delitos, son la mengua y el oprobio de aquella noble y generosa Antilla? A pesar de los deseos que por difundir la primera instruccin, animan a la primera autoridad de Cuba, hllanse todava destituidos de toda escuela, no ya los campos desde la punta de Mais hasta el cabo de San Antonio, sino aun muchsimas poblaciones que cuentan centenares de habitantes. 25Llmanse en Cuba emancipados, los negros de frica, cogidos por los cruceros en los buques negreros que navegan de contrabando.

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JOS ANTONIO SACO /81 /81 /81 /81 /81 En apoyo de las ideas que emito, viene el censo de poblacin formado del 15 al 16 de marzo de 1861, pues veo en l, que de la clase blanca de todas edades saban leer o escribir: Varones..................................................... 156 363 Hembras...................................................85 094 ——— 241 457 De la misma clase no saban leer o escribir: Varones..................................................... 311 724 Hembras................................................... 240 303 ——— 552 027 Vese, pues, que el nmero de los blancos que no saba leer o escribir excede muchsimo ms de la mitad, al de los que saban. Pero el censo no representa el total de los que se hallan en el primer caso, porque muchos de los que no saben leer o escribir, interrogados por las comisiones que formaron el censo, si saban hacerlo, hubieron de responder, por vergenza, afirmativamente; y como ellas no podan verificar la verdad de las respuestas, ya por cortesa, ya porque realmente no tenan tiempo para cerciorarse de la verdad, pues que aquel padrn se hizo en el transcurso de pocas horas, es claro, que se introdujeron en l como sabedoras de las primeras letras muchas personas blancas que las ignoran. En cuanto a la poblacin de color la diferencia es ms horrible, pues aparece que slo saban leer o escribir: Varones.....................................................13 319 Hembras...................................................13 461 ——— 26 780 De la misma clase no saban leer o escribir: Varones..................................................... 319 209 Hembras................................................... 257 057 ——— 576 266 En la clase de color, el censo no ha hecho aqu distincin alguna entre los libres y los esclavos, y por eso resulta una diferencia tan enor-

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OBRAS 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ me. Es, por lo tanto, preciso separar a stos de aqullos, y obtener as un resultado aproximativo, porque siendo muy raros los esclavos que saben leer o escribir, bien podemos prescindir enteramente de ellos. Es, pues, evidente, que ascendiendo el total de libres de color en toda la Isla a 225 843, y no sabiendo leer o escribir sino 26 780 aun con inclusin de los esclavos, hay casi 200 000 en la ms profunda ignorancia. Todos los guarismos y consideraciones anteriores demuestran la urgentsima necesidad de sacar la primaria instruccin cubana del msero abatimiento en que yace. Hase obligado a los ayuntamientos a que proporcionen arbitrios para la fundacin y sostenimiento de las escuelas; pero hay muchos pueblos donde no existen esas corporaciones, y en otros donde las hay, son algunos tan pobres, que carecen absolutamente de recursos. El ayuntamiento de La Habana ha gastado en la instruccin primaria de su radio municipal, las cantidades que expresan varios de sus presupuestos, a saber: Pesos ftes.Cnts. ——————— En 1858 ............................................ 30 096 En 1860 ............................................ 41 568 En 1861 ............................................ 42 288 En 1862 ............................................ 42 56796 Y para 1863 ............................................ 54 032 Basta leer estas cantidades para que se conozca, que aun en la misma Habana la instruccin primaria dista mucho de satisfacer las necesidades de su numerosa poblacin. Al decir esto, no se crea que inculpo a tan respetable ayuntamiento: ni cmo he de inculparle, cuando en otro de mis artculos26 he probado con documentos oficiales, que l carece de recursos para cubrir sus atenciones, y que por eso debe emplearse en el empedrado de La Habana una parte considerable de los bienes que poseyeron los conventos suprimidos en Cuba? En el presupuesto que para 1863 acaba de publicarse en aquella ciudad, se demuestra que entre los ingresos y los gastos de ese ayuntamiento resulta un dficit de 464 334 pesos 99 centavos; dficit que excede en ms de 78 000 pesos al que presentaron los presupuestos de 1862. Y si esto acontece con el ayuntamiento de aquella capital, que es el ms rico de toda la Isla, qu no ser con los de otras poblaciones muy subalternas? Porque forzoso es confesar que esa Cuba que tan opulenta se dice, es tierra de grandes contrastes. 26Vase la pgina 60.

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JOS ANTONIO SACO /83 /83 /83 /83 /83 En previsin de que habra muchos ayuntamientos pobres en Cuba, el Gobierno Supremo mand justa y acertadamente, en 29 de diciembre de 1841, que todo lo que faltase para el establecimiento de las escuelas primarias se supliese por las cajas pblicas Pero qu se entiende aqu por cajas pblicas ? Se tomarn estas palabras como equivalentes del Estado o de la nacin, o se referirn tan slo a las rentas generales que produce aquella Isla? En principios de rigorosa justicia, debera adoptarse la primera acepcin; y nada extrao sera que cuando Cuba derrama anualmente tantos millones de pesos en el seno de su metrpoli, sta, llenando los oficios de buena madre, viniese alguna vez al socorro de hija tan generosa; pero como soy imparcial, no espero ni pido que las cajas de la Pennsula contribuyan con sus recursos al sostenimiento de la enseanza primaria, porque reconozco que sta tampoco se halla en la metrpoli en un estado muy floreciente. Debe, pues, entenderse, que cuando la citada Real Orden de 1841 habla de cajas pblicas slo se refiere a las de Cuba. Pero en el presupuesto general de ingresos y gastos de ella, y que all se llama de Estado, figura alguna partida para la instruccin primaria que se da en las escuelas? Yo veo en ese presupuesto, publicado en Madrid para 1862, que aquella Isla gast: Pesos ftes.Cnts ——————— En la Seccin deGracia y Justicia847 52337 _____F omento980 46752 _____ Gobernacin2 098 06250 _____Marina3 637 90445 _____ Guerra7 779 03266 _____ Hacienda10 279 93876 ———————— Total25.622,92927 El gasto, pues, de las secciones anteriores en 1862 pas de 25 millones y medio de pesos, cuya enorme cantidad se emple toda dentro de la propia Isla, sin que la instruccin primaria hubiese participado de un solo maraved. Pero los gastos del presupuesto no se limitan a los referidos 25 622 929 pesos 27 cntimos, sino que abrazan otras gruesas cantidades que se han sacado de Cuba para invertirlas fuera de su territorio. Esas cantidades son:

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OBRAS 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ Pesos ftes.Cnts ———————— 1 En atenciones de la isla de Fernando P343 5738272 En atenciones a la Pennsula y cantidades a ella libradas3 495 770828 Las dos partidas anteriores agregadas a los 25 622 929 pesos 27 cntimos, forman un total de 29 462 272 pesos 35 cntimos. Pero a esta suma se deben aadir otras de que no hace mencin el presupuesto de 1862 ni el de 1861, y que todas tambin se emplearon fuera de Cuba. La Gaceta de la Habana peridico del gobierno, de 5 de diciembre de 1862 public un estado del movimiento general que ha tenido el Tesoro pblico de aquella Isla durante el perodo comprendido desde 1 de diciembre de 1859 hasta el 30 de octubre de 1862 y de este documento aparece, que de 1861 a 1862 los gastos de la reincorporacin de Santo Domingo subieron a 2 333 210 pesos 45 cntimos, y los de la expedicin a Mjico a 2 560 955 pesos 59 cntimos. De todo esto resulta, que en slo los dos aos de 1861 y 1862 han salido de las cajas pblicas de Cuba, para invertirse fuera de su suelo y en ajenas atenciones, 14 169 678 pesos fuertes. Y no es verdad, que si se hubiese empleado alguna parte de ellos en la primera instruccin, sta no se hallara hoy en un estado tan lamentable? Hay por ventura algn objeto ms urgente ni ms sagrado que el de esa enseanza, base la ms firme de la verdadera felicidad y grandeza futura de aquella regin? Cuando contemplo el enorme presupuesto que sobre Cuba gravita, yo sera el ms culpable de los cubanos, si propusiese aumentarlo con nuevas contribuciones. Pueden emplearse algunos de esos millones en favorecer la instruccin gratuita de los pobres? Yo entonara un cntico de alabanzas al gobierno que tal hiciese; pero no me alucino con esa esperanza, porque en el estado actual de las cosas hay grandes obstculos que no pueden vencer los esfuerzos individuales. Por esta razn es forzoso que yo me dirija a los medios ms asequibles, y que pida de nuevo, que parte de los bienes de los conventos suprimidos en Cuba se consagren al santo fin de la instruccin primaria. Mas, al pedirlo quisiera que los bienes, al efecto consignados, no entrasen en las arcas pblicas, sino que se impusiesen para que, devengando un inters conforme al que corre en aquella Isla, hubiese anualmente una renta fija y constante con que subvenir en parte a las necesidades de la primaria ense27El gasto de 1861 ascendi a 349 805 pesos. 28En 1861 ese gasto ascendi a 5 086 364 pesos.

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JOS ANTONIO SACO /85 /85 /85 /85 /85 anza. No ignoro que algunos sern de contrario sentir; pero si esas cantidades entran en el pblico Tesoro, es muy factible que se presenten compromisos que obliguen al Estado a invertirlas en objetos diferentes; y entonces, privadas de ese recurso las escuelas con l establecidas, ser preciso cerrarlas o imponer nuevas contribuciones para mantenerlas abiertas. Pero qu necesidad hay, dirn algunos, de consignar fondos particulares para la enseanza primaria? Incumbe acaso este asunto al gobierno o al Estado? No debe dejarse todo exclusivamente a la industria y empresa de los individuos? Discutir estas opiniones ser el objeto de otro artculo.ARTCULO VII29Intervencin del Estado y del individuo en la organizacin de la instruccin primaria “Pero qu necesidad hay, dirn algunos, de consignar fondos especiales para la enseanza primaria? Incumbe acaso este asunto al Estado o al gobierno? No debe dejarse todo exclusivamente confiado a la industria y empresa de los individuos? Discutir estas opiniones ser el objeto de otro artculo”. Esto dije en la La Amrica del 12 de julio del presente ao, y esto es lo que ahora me propongo examinar. En punto a instruccin primaria hay dos opiniones diametralmente contrarias. Una quiere, que sea el Estado quien todo lo haga: otra, que l no haga nada, ni que en nada intervenga, pues todo debe dejarse exclusivamente entregado a los esfuerzos individuales. Ambas opiniones son errneas y presentan grandes escollos. Ser el Estado quien nicamente debe encargarse de dar al pueblo la primaria enseanza? As lo pens la Asamblea constituyente de Francia, cuando por su ley de 13 y 14 de septiembre de 1791 mand que la instruccin fuese gratuita en todos aquellos ramos indispensables a todo hombre. La Convencin, deseosa de aplicar esa ley, decret el establecimiento de escuelas elementales en toda la Francia, sealando a cada maestro un sueldo fijo de 1 200 francos pagados por el Estado, y una pensin proporcional de retiro; pero tan brillantes promesas fueron vanas, pues no se fund ni una sola escuela. El Estado ambicion la gloria de hacerlo todo; mas, como no tena recursos para tan vasta empresa, cay en lo imposible. Aun cuando los hubiese tenido, no era justo lo que intentaba, porque si el Estado debe dar gratuitamente a los pobres la instruccin elemental 29Publicado en La Amrica de Madrid del 27 de octubre de 1863.

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OBRAS 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ que les es imposible pagar, no as a las clases ricas y acomodadas, pues gozando stas de medios para ilustrarse, culpa suya es si no salen de la ignorancia. Mas, se exigir, que aunque ellas costeen su primaria enseanza, sta slo deben recibirla en las escuelas fundadas por el gobierno? Los que tal pretenden, no reflexionan que cuando el Estado monopoliza la enseanza, quita a muchos individuos una carrera y un modo de subsistencia; destruye la noble emulacin que se establece entre las escuelas pblicas y particulares, y priva a la sociedad del poderoso auxilio que los esfuerzos individuales pueden dar a la instruccin nacional. Pero si graves son los males de la primaria enseanza monopolizada por el Estado, no son, por cierto, menores cuando ella se deja exclusivamente confiada a los esfuerzos y empresas particulares. Una instruccin pblica en que el Estado no toma ninguna parte, es una instruccin que viene a quedar reducida a una industria privada. Desde entonces, obedeciendo a la ley de todas las industrias, el inters ser su nico movil y regulador. Ella ir hacia donde la llame la ganancia, y huir de donde no encuentre provecho. Buscar, pues, de preferencia las grandes ciudades y ricas poblaciones, porque en ellas es donde nicamente puede tener buena clientela; mientras que se alejar de los pueblos pobres y de campo, que es cabalmente donde hay ms necesidad de enseanza por la mayor ignorancia que reina. Tal es el vicio capital que lleva en s el sistema de la instruccin primaria confiada exclusivamente a los esfuerzos individuales. Este gran vaco se aumenta por la ndole propia de esa enseanza. Hay muchas industrias que elevan al hombre a la riqueza o a una posicin ventajosa, pero la enseanza primaria, a cuntos maestros enriquece? Todos, con muy raras excepciones, viven y mueren en la pobreza; y esta triste perspectiva aleja a muchos de una profesin que tan poca utilidad les presenta: de manera, que mientras crece, por una parte, el nmero de los que piden instruccin, por otra, disminuye el de los que pudieran ofrecerla. Ni se diga que este mal podr remediarse con suscripciones voluntarias. No negar que ellas producirn algn bien; pero este bien siempre ser muy incompleto y precario; y yo no s si existe alguna nacin, por rica y generosa que sea, donde la industria privada, auxiliada tan slo de la liberalidad individual, haya podido difundir la primaria instruccin en las masas populares, y satisfacer completamente todas sus necesidades. En ningn pas europeo o americano, donde la instruccin primaria ha hecho grandes progresos, ella depende nicamente de la industria privada, pues que al lado de las escuelas de sta se alzan las del Estado a centenares y a millares. Y si esto acontece en los pueblos animados de

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JOS ANTONIO SACO /87 /87 /87 /87 /87 una gran actividad intelectual, qu no ser en aquellos que viven en muy diferentes circunstancias? En nuestra propia Cuba tenemos un ejemplo doloroso de la insuficiencia de la industria privada. A ella estuvo exclusivamente entregada la instruccin primaria desde que la Isla se empez a poblar hasta el ao de 1816, sin que el gobierno ni corporacin alguna, tuviesen en ella la ms leve intervencin. Libre qued el campo a todo el mundo; pero cules fueron los resultados de la industria privada y de la absoluta abstencin del gobierno? El estado ms lamentable; y para evitar repeticiones, pueden leerse los artculos que sobre la instruccin primaria de Cuba he publicado en otros nmeros de La Amrica Aun despus de haberse fundado en La Habana la Seccin de Educacin en el referido ao de 1816, pudo la industria privada llenar el inmenso vaco de la enseanza cubana, a pesar de todo el favor que aquella corporacin le dispens? Entre las dos opiniones extremas que combato, hay un trmino medio que es el nico que puede conciliar todas las dificultades. Ni slo el Estado, ni slo los particulares deben monopolizar la primera enseanza: lo que importa es, que stos y aqul tomen parte en ella. A todo ciudadano que preste garantas de moralidad y capacidad, pero sin sujetarlo a previa licencia del gobierno debe permitrsele libremente que se dedique a la enseanza primaria; mas, como las clases menesterosas no pueden pagar la escasa que necesitan, es indispensable que los poderes pblicos vengan a su socorro. No es esto un favor, como los defensores del despotismo proclaman, sino un imperioso deber del Estado. Prevenir el mal antes que castigarlo es mxima de buen gobierno. Y qu medio ms eficaz de conseguir este fin que la instruccin del pueblo? Todo gobierno est obligado a proteger la propiedad y la vida de sus sbditos, y asegurar el orden interior del Estado; mas, podr lograrse tan importante objeto cuando la ignorancia arrastra los hombres a la indolencia y a la vagancia, sta a los vicios, y los vicios a los delitos? As lo han comprendido todas las naciones ms adelantadas; y por eso, como ya he dicho, ninguna de ellas ha puesto exclusivamente la instruccin primaria en manos de la industria privada. Cuando el Estado toma parte en la enseanza, su influencia contribuye a darle ms realce. Entre los maestros que nombra el Estado y los de empresa particular, hay la diferencia de que aquellos estn revestidos de cierto carcter pblico, pues recibiendo un sueldo del municipio, de la provincia o de la nacin, se consideran como empleados suyos. Esta cualidad les da cierto prestigio ante sus discpulos y el pblico, prestigio de que no gozan los maestros particulares. Adems, stos tienen que ponerse en contacto con los padres de familia por un lado, que

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OBRAS 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ ofrece algunos inconvenientes, pues debiendo dirigirse a ellos para cobrar el precio de la enseanza, es muy factible, que la demora de algunos y la renuencia de otros a pagarla, sea entre padres y maestros el origen de disgustos que podrn perjudicar a la instruccin de los hijos. De este escollo est exenta la enseanza del Estado, porque los maestros aparecen ante las familias bajo de un punto de vista ms libre, ms independiente y ms desinteresado. La esfera en que la industria privada ejerce su accin literaria, es ms pequea que en la que se mueve la enseanza del Estado. Aqulla se limita a los que voluntariamente van a buscarla, pues exigiendo dinero por sus servicios, a nadie puede compeler a que los reciba. Mas, el Estado, sobre ofrecer gratuita instruccin a todos los pobres, cosa que no puede hacer la industria privada, tiene medios para luchar con la indiferencia y apata de los padres, obligndolos en caso necesario, a que enven sus hijos a las escuelas. Esa indiferencia y apata es, a veces, uno de los obstculos ms poderosos con que tropieza el legislador; y la historia de la enseanza primaria presenta numerosos ejemplos de la resistencia que las masas ignorantes oponen a su propia ilustracin. ¡Cuntas veces no he visto yo en la tierra en que nac escuelas gratuitas casi desiertas por la indolencia de los padres! Y por qu hemos de asombrarnos de que esto haya pasado en una colonia espaola, cuando naciones de primer orden nos han dado espectculo semejante? Hay una gran diferencia, o por mejor decir, un contraste entre las necesidades materiales, intelectuales y morales del hombre. En aqullas, cuanto ms grandes, tanto ms vehemente e irresistible es el deseo de satisfacerlas. Arrastrado por sus instintos, el hombre todo lo atropella, aun con riesgo de su vida, para saciar el hambre y la sed que lo hostigan. Pero en las necesidades intelectuales y morales sucede lo contrario, pues cuanto ms grandes, tanto menos empeo hay en satisfacerlas. En razn directa de la barbarie del hombre, est su desprecio por la ilustracin, y cuanto ms se acerca al bruto, tanto menos siente el deseo de desenvolver su naturaleza moral. Hundidos en la barbarie viven el indio salvaje y el africano; y sin pensar jams en ilustrarse, miden su dicha o su desgracia tan slo por el grado de satisfaccin que dan a sus fsicas necesidades. Hase visto algunas veces a las masas ignorantes pedir pan con las armas en la mano; pero ellas nunca han empleado la fuerza para reclamar de los gobiernos que las instruyan y eleven a la condicin moral e intelectual de que carecen. De aqu la absoluta necesidad de que los gobiernos y la porcin ilustrada de las naciones, vayan a buscar a las masas ignorantes, les ofrezcan la instruccin, y les inculquen las ventajas que alcanzarn saliendo de la degradacin en que viven. Esto es tan cierto, que el mayor obstculo que encontr en Francia, durante algunos aos, la ley de instruccin primaria de 28 de junio de

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JOS ANTONIO SACO /89 /89 /89 /89 /89 1833, provino de la ignorancia del pueblo, pues llamados los communes30a votar algunos recursos para la enseanza primaria, hubo 21 000 que no lo hicieron y a los que fue preciso imponerles de oficio la contribucin. “Hay, dijo el clebre Guizot, siendo ministro de instruccin pblica, hay 21 000 communes en Francia que no sienten la necesidad de la instuccin primaria, o que no se atreven a hacer lo que se debe para satisfacerla, y cuyos ayuntamientos no tienen valor de imponer una contribucin a sus conciudadanos. Considerad, seores, esta dificultad; considerad la carga del gobierno obligado a levantar el peso enorme de una poblacin que no siente la necesidad de elevarse, y a la que es menester inspirrsela”.31 Estas amargas lecciones de la experiencia, son en mi concepto la razn ms poderosa que puede justificar la compulsin que ejercen algunos gobiernos para obligar a los nios a que asistan a las escuelas. Pero ste es un punto que quiz tratar, cuando haga algunas observaciones sobre el nuevo plan de estudios que para Cuba acaba de decretarse. Para dejar la instruccin primaria exclusivamente confiada a los esfuerzos particulares, se alega, que si el Estado tiene intervencin en ella, podr darle una mala direccin cuando le convenga; lo que no suceder cuando ella sea obra exclusiva de la industria privada. Este argumento, seductor a primera vista, no tiene fuerza alguna; porque, o el gobierno es desptico o libre. Si desptico, con la mano que puede envenenar la enseanza en sus establecimientos, con esa misma podr causar igual dao en las escuelas privadas, pues no hay fuerza que le resista; y si acaso encontrase alguna, no slo podra perseguir a los maestros, sino aun cerrar las escuelas. Si el gobierno es libre, por qu se le ha de suponer enemigo de la buena enseanza? Por qu no se le ha de considerar identificado con ella, y empeado en promoverla? Pero aun suponiendo que se olvidase de sus deberes, la libertad misma le servir de freno, pues la prensa, la tribuna y la opinin de los hombres ilustrados, le presentarn una barrera insuperable. Se habla de la malfica influencia del Estado, y por qu se ha de callar la que tambin puede ejercer la industria privada? No es el inters el gran mvil que la impele, y el fin que la dirige? Y siendo as, no podr extraviarse para conseguirlo, as como sucede con las dems industrias sujetas a esa misma ley de inters? La educacin de la juventud es un ministerio muy delicado, y un maestro puede ser: o un bienhechor de la humanidad, o un azote de ella. 30 Commune es una circunscripcin territorial en que hay un maire o alcalde, y un ayuntamiento. 31Sesin de la Cmara de Diputados de Francia, celebrada el 8 de marzo de 1834.

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OBRAS 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ Para ser buen maestro de escuela, no basta saber lo que se ensea, sino saberlo ensear del mejor modo posible, porque esto ahorra tiempo y trabajo a los discpulos: debe saber mucho ms de lo que ensea, para que lo ensee con inteligencia, satisfaga con gusto a las preguntas que fuera del programa de la enseanza, le haga la natural curiosidad de los nios, y pueda seguir de consejero en los campos y poblaciones pequeas a las personas que imploren sus luces: debe amar su profesin, para que permanezca contento en ella, y se consagre exclusivamente al bien de sus semejantes: su moralidad ha de ser irreprensible, pues la virtud se inspira en las almas ms con el ejemplo que con la palabra: de modales afables y suave carcter, los discpulos le amarn; pero al mismo tiempo debe ser firme para mantener el orden en la escuela: viviendo en una esfera humilde, e inferior a muchos por su posicin social, debe conocer sus derechos, y tener una elevacin de ideas y sentimientos que le hagan aparecer ante los padres de familia, no como un servidor degradado, de ellos ni del pblico, sino como un hombre digno de su confianza y respeto por las funciones que desempea en honra y provecho del Estado. Esto debe ser un maestro de escuela. Y son muchos por ventura, sobre todo en los pases espaoles, donde la opinin brutalmente los abate, son muchos los que poseen tan indispensables cualidades? Desgraciadamente no; y, sin embargo, se pretende que vengan maestros de todas partes, y que sin previo examen de su aptitud, sin conocimiento de su moralidad, y sin un poder que los vigile, se entreguen a rienda suelta a las importantes funciones de tan delicada profesin, erigindose en rbitros absolutos de sus doctrinas, e inculcando a sus discpulos, si se les antoja, y sea cual fuere el motivo, ideas polticas, religiosas y morales capaces de conmover hasta los fundamentos de la sociedad. Un maestro puede faltar a su deber, o descuidando la instruccin de sus alumnos, o infundindoles ideas perniciosas. De estos males, el primero es menos grave, pues se reduce a que aqullos pierdan el tiempo y se queden ignorantes; pero el segundo es de una trascendencia mucho ms funesta a la sociedad. Y no se me responda que el pblico har justicia de las escuelas en que se corrompa la enseanza, porque el pblico absorbido en otras atenciones y cuidados, ni se ocupa de lo que pasa en ellas, ni aun cuando se ocupase, tiene siempre los medios de averiguar la verdad. Todos los que estn versados en la enseanza saben que un maestro puede inocular a sus discpulos las ideas ms peligrosas sin que trasciendan al pblico; pues a noticia de ste slo podrn llegar, cuando ya rayen en escndalo. Pero drase, que ah estn los padres de familia, a quienes sus hijos advertirn lo que pasa en las escuelas. Si sta es toda la garanta que tiene la primaria educacin, bien puede asegurarse que no producir frutos sazonados. Podrn los nios

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JOS ANTONIO SACO /91 /91 /91 /91 /91 de corta edad discernir los peligros de una enseanza viciosa, cuando cabalmente su ignorancia es la que los lleva a las escuelas? No suceder, por el contrario, que el respeto con que ellos miran al maestro, y la superioridad de luces que en l reconocen, les haga recibir como verdades los errores ms groseros, y como buenos principios las mximas ms detestables? Por otra parte, estn todos los padres de familia, y lo que generalmente se llama pblico, estn en aptitud de juzgar del mrito de la instruccin? Esto podr ser en los pases muy adelantados y en las ciudades cultas y populosas; pero en los pueblos pequeos y atrasados, en los campos sobre todo, donde apenas hay quien sepa leer y escribir, cmo se quiere que tales hombres sean el contrapeso de un maestro, a quien ellos miran como el ilustrador de la juventud y, a veces, contemplan como el orculo del lugar? Nunca deben confundirse los hechos materiales que llevan en s la evidencia de su bondad o su maldad, con las ideas morales e intelectuales. Un pueblo por inepto que sea, puede juzgar exactamente acerca de los primeros, pero no de los segundos. El zapatero y el sastre, el panadero y el carnicero que venden artculos de mala ley, pronto se desacreditan y pierden su clientela, porque hasta el hombre ms estpido puede conocer el engao, sin ms gua que sus sentidos, ni ms criterio que su inters. Pero en las cosas intelectuales, es preciso, para bien juzgar de ellas, que el hombre posea cierto grado de instruccin. En los pueblos atrasados, en los campos ignorantes, cuntos son los padres de familia que pueden apreciar el mrito de la educacin y la enseanza que a sus hijos pueden dar maestros presuntuosos y pedantes? Y aun cuando hubiese algunos, no muestra desgraciadamente la experiencia que muchos de ellos miran con indiferencia y culpable abandono la instruccin de sus hijos? Por eso es de desear que haya un poder pblico que vigile con discrecin y paternal diligencia sobre la primaria enseanza, pues de la buena o la mala direccin que se le diere, resultarn inmensos bienes o inmensos males a la sociedad, cuida la autoridad de que el alimento material de los hombres no comprometa su salud; y se dejar enteramente abandonado a los clculos del inters, y al capricho de las ideas y pasiones el alimento intelectual y moral, que es infinitamente superior y de ms trascendencia que el primero? Pero si el Estado debe vigilar la enseanza primaria tambin debe, como ya he dicho, dejar amplia libertad a los individuos para que a ella se dediquen, y proporcionar al mismo tiempo recursos suficientes para establecer escuelas gratuitas, a favor de los pobres. Este deber cumplen con ms o menos empeo los gobiernos de Prusia, Holanda Blgica y de otras naciones europeas. En algunas de ellas, y srvame Francia de ejemplo, las localidades o ayuntamientos son los primeramente obliga-

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OBRAS 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ dos a suministrar los fondos necesarios para sus escuelas respectivas. Cuando los recursos del municipio no bastan, entonces pasa esa obligacin al departamento o provincia, hasta el completo de lo que falta; y cuando stos tampoco pueden satisfacer todas las necesidades, el Estado o Tesoro nacional suministra los fondos complementarios. El primer imperio francs hizo mucho por la instruccin secundaria; pero nada por la primaria. La restauracin de los Borbones descuid la una y la otra, pues todo lo que las Cmaras votaron anualmente para la primaria enseanza ascendi a 50 000 francos, suma que en 1828 elevaron a 300 000. Vino la dinasta de Orleans en 1830, y slo en sus dos primeros aos hizo ms por las escuelas que los gobiernos anteriores en 40, pues que en ese corto perodo gast en ellas 2 millones de francos. Esta cantidad se fue aumentando, y a la cada de Luis Felipe en 1848, el presupuesto de la nacin haba sealado para la primaria enseanza, 2 400 000 francos. Hoy bajo del actual imperio, las sumas que el Estado invierte en ellas, exceden en mucho ms del duplo de aquella cantidad, sin contar los cuantiosos fondos que emplean los ayuntamientos y departamentos. Tan convencidos estn todos los gobiernos ilustrados de la necesidad de costear la instruccin primaria de los pobres, que ni aun en las naciones ms libres de la tierra, y en las que ms desarrollados estn el espritu de empresa y la iniciativa individual, se ha fiado tan sagrado objeto a los esfuerzos exclusivos de la industria particular. Las naciones a que aludo, son la Gran Bretaa y la repblica de Norteamrica; y nadie osar decir que sus gobiernos han tratado de restringir ni menos de monopolizar la enseanza a expensas de la libertad individual. En Inglaterra, las escuelas primarias para los pobres se costean de contribuciones voluntarias y de los recursos de las parroquias; mas, como ni stos ni aqullas alcanzan para sostenerlas, el Parlamento vota anualmente gruesas cantidades. Las de 1862 ascendieron para las escuelas de Inglaterra y del principado de Gales a 774 742 libras esterlinas; y en 1863, a 804 000, o sea, en dos aos, 7 millones y casi 700 000 pesos. Conviene advertir, que estas sumas no pueden emplearse en la fundacin de nuevas escuelas, sino solamente en socorrer a las ya existentes, pero que carecen de los recursos necesarios para mantenerse. A principios de 1863, el nmero de escuelas en Inglaterra y en el principado de Gales, lleg a 10 000 en las ciudades y 15 000 en los campos. En las primeras haba 1 028 690 discpulos y en la segundas, 654 393. Las cantidades votadas por el Parlamento se emplearon en las 10 000 escuelas de las ciudades, sin que las de los campos recibiesen socorro alguno, a pesar de que son las que ms lo necesitan por su pobreza. Esto prueba dos cosas: una, que aun en la misma Inglaterra los esfuerzos individuales son suficientes; otra, que la accin del Estado debe extenderse a

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JOS ANTONIO SACO /93 /93 /93 /93 /93 proporcionar ms recursos para que la instruccin primaria llegue a la altura que debe tener en nacin tan poderosa. Aqu pudiera yo citar el largo catlogo de las colonias britnicas que gozando de amplsima libertad como su metrpoli, y animadas del mismo espritu que ella, no han dejado la instruccin primaria en las solas manos del inters individual. Sus consejos o legislaturas coloniales votan anualmente, segn sus recursos y necesidades, cantidades ms o menos considerables, para la primaria instruccin; pero debiendo omitirlas en gracia de la brevedad, mencionar tan slo al Canad. Divdese este pas en dos grandes secciones, a saber: Alto Canad y Bajo Canad. En 1853 gast el gobierno para la instruccin pblica del primero 55 512 libras esterlinas, y para la del segundo 45 823, formando un total de 101 335 o cerca de medio milln de pesos. Esta suma se invirti casi toda en las escuelas elementales. Tan grande es el impulso que da el gobierno de esa colonia a la pblica enseanza, que en 1855 emple en la del Alto Canad, 199 674 libras esterlinas, y en la del Bajo Canad 68 896, o sea, 268 570 libras que son ms de 1 millon y 300 000 pesos. Sacando de esta suma algunas cantidades poco considerables invertidas en ciertos establecimientos de instruccin secundaria y superior, todo lo dems se consumi en las escuelas elementales. Si pasamos a la repblica de Norteamrica, cuyo gobierno se ha considerado como un modelo de perfeccin por los amigos de la libertad, veremos que en l tampoco se dej la instruccin primaria entregada a los azares del inters individual; y sin poner a ste ninguna restriccin, cada Estado de los que componen aquella confederacin, tom sobre s el empeo de dar el ms vigoroso impulso a las escuelas primarias. Para el objeto que me propongo, importa mucho demostrar la verdad de lo que digo, valindome de los documentos y noticias que alcanzan hasta el ao 1860, en que empezaron las turbaciones y calamidades que destrozan aquella repblica. Componase ella en el mencionado ao, de 33 Estados, de los cuales slo 15 tenan esclavos. Esta divisin me servir para recorrer primero en aqullos, y despus en stos, los fondos aplicados a las escuelas y las cantidades anualmente invertidas en sostenerlas. Los fondos o capitales invertidos para la instruccin primaria en los diferentes Estados de la Confederacin Norteamericana, ascendieron en 1846 al total de pesos fuertes 16 608 719. Diez aos despus, o sea, en 1856, subieron a 34 385 476 pesos fuertes; y en los ltimos meses de 1860 llegaron a 42 304 932. Esta cantidad aparecer en dos tablas que he formado; una para los Estados con esclavos, y otra para los que carecen de ellos.

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32Entindase de capital productivo, porque si se incluye el improductivo, el total ascendi en 1 de enero de 1860, a pesos fuertes 5 086 364.32ResumenESTADOSFONDOS DE ESCUELAS Alabama ................................................................................ Arkansas................................................................................ Delaware................................................................................ Florida.................................................................................... Georgia................................................................................... Kentucky................................................................................. Luisiana.................................................................................. Maryland................................................................................ Misisipi................................................................................... Missouri.................................................................................. Carolina del Norte................................................................ Carolina del Sur.................................................................... Tennessee.............................................................................. Tejas....................................................................................... Virginia.................................................................................. 1 425 933 .................. 440 506 ................. 440 900 1 455 332 1 106 113 327 263 ................ 678 968 2 181 850 ............... 1 500 000 2 192 000 1 677 652 ps. .. .. .. .. fs. .. .. .. .. Total...............................................13 426 517ps.fs. ESTADOSFONDOS DE ESCUELAS California................................................................................ Conneticut.............................................................................. Illinois..................................................................................... Indiana................................................................................... Iowa........................................................................................ Maine...................................................................................... Massachusetts....................................................................... Michigan................................................................................. Minnesota............................................................................. New Hampshire.................................................................... New Jersey............................................................................ New York............................................................................... Ohio......................................................................................... Oregon.................................................................................... Pennsylvania.......................................................................... Rhode Island......................................................................... Vermont.................................................................................. Wisconsin............................................................................... 739 487 2 046 379 4 109 476 4 912 012 1 000 000 149 085 1 523 319 1 384 288 ................. ................. 437 754 6 775 889 2 500 000 ................ ................ 299 436 ................ 3 001 297 ps. .. .. .. .. .. fs. .. .. .. .. .. Total...............................................28 878 442ps.fs. Fondos de Estados con esclavos......................................... Fondos de Estados sin esclavos.......................................... 13 426 517 28 878 422 ps. fs. Total de fondos de escuelas..........................42 304 939ps.fs.

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JOS ANTONIO SACO /95 /95 /95 /95 /95 Para la mejor inteligencia de las dos tablas anteriores conviene hacer las siguientes advertencias: 1 De los 33 Estados comprendidos en ellas, hay nueve que aparecen sin fondo o capital alguno; tales son: Arkansas, Florida, Minnessota, Misisipi, New Hampshire, Oregon, Pennsylvania, Carolina del Sur y Vermont; pero de este nmero, slo hay tres que carecen absolutamente de l, cuales son: New Hampshire, Carolina del Sur y Vermont, cuyo ltimo Estado tuvo fondo o capital hasta 1845 en que fue suprimido para pagar la deuda que tena. Los seis restantes, todos tienen fondos especiales para las escuelas y algunos muy considerables; y si stos no figuran en las dos tablas anteriores, es, ya porque no se haban publicados los datos que contienen su verdadero valor, ya porque los bienes en que consisten an no haban podido someterse a una exacta tasacin. 2 Esos fondos, creados por las legislaturas de los Estados respectivos, no permanecen estacionarios, pues ellos procuran aumentarlos para el mayor fomento de las escuelas; y por eso ya hemos visto que en los 14 aos transcurridos de 1846 a 1860, tuvieron un incremento de 25 696 220 pesos fuertes. 3 Dichos fondos consisten en tierras vendibles o arrendadas, cuyo producto se capitaliza en rentas del Tesoro pblico y en otros arbitrios que al efecto se proponen; pero no bastando el producto de esos capitales para el sostenimiento de todas las escuelas gratuitas, los Estados imponen contribuciones, que excediendo, a veces, a los gastos de la enseanza, el sobrante acrece al fondo ya existente. Hagamos justicia a la repblica de Norteamrica, a ese pueblo el ms feliz de la tierra tres aos ha, y hoy uno de los ms desventurados;33 hagmosle justicia, y confesemos con imparcialidad que ninguno ha entendido ni llenado mejor que l los santos deberes de la instruccin popular. El Estado de Alabama gast en el ao de 1859 a 60 la cantidad de 271 580 pesos fuertes, siendo entonces el nmero de escuelas de 2 597, sin incluir el condado de Mobila que tena un sistema de enseanza independiente de aqul. Las cantidades que Arkansas emplea en las escuelas gratuitas me son desconocidas, porque creo que el ltimo informe acerca de ellas, o a lo menos del que yo tengo noticia, se public a fines de 1854. En el Delaware el fondo de escuelas reditu 27 452 pesos fuertes en 1856. A esto se agreg una suma casi doble procedente de las contribuciones: de manera que en aquel ao se gastaron en las escuelas 78 253 pesos fuertes. La Georgia invirti en el ao de 1859, pesos fuertes 149 565. 33Hay que tener presente que este artculo se escribi en 1863, cuando los Estados del Norte y del Sur de la Unin Americana se hallaban en plena Guerra de Secesin. (V. M. M.)

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OBRAS 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ Sin atreverme a fijar la cantidad que emple el Estado de Kentucky en 1858, creo que no exagero si la elevo a ms de 300 000 pesos fuertes, pues el nmero de nios que asistieron en ese ao a las escuelas, ascendi por trmino medio entre el invierno y el verano a 97 000. La Luisiana gast en 1859 la suma de 333 068 pesos fuertes; y no debo omitir, que en 1860 la legislatura de aquel Estado vot 650 000 pesos fuertes para las escuelas gratuitas. Maryland consumi algunos miles de pesos, en 1859; pero las cantidades fueron muy inferiores a la de algunos otros Estados. En el Misisipi no se ha publicado en estos ltimos aos datos para saber cul es la suma que anualmente se invierte en las escuelas. El Estado de Missouri aplic a ellas en 1857, pesos fuertes 497 810. La Carolina del Norte gast en 1859 la cantidad de 235 410 pesos fuertes. La Carolina del Sud no tiene fondo o capital: pero su legislatura votaba antes de la guerra civil, 74 400 pesos anuales para las escuelas gratuitas. Tennessee invirti 230 430 pesos fuertes en 1859. Texas como hemos visto, tiene un capital considerable, que anualmente se aumenta, y cuyos crditos se emplean todos en las escuelas sin que me sea dable determinar las cantidades de los aos anteriores; bien que debieron ser considerables, pues al nmero de alumnos entre los 6 y 18 aos de edad que asistieron a las escuelas en 1857, subi a 86 782. Los ltimos datos publicados en el Estado de Virginia fueron incompletos, pero aun as, aparecieron gastados 160 530 pesos fuertes en 1858. Pasando a los Estados sin esclavos, veremos que California consagr a la instruccin primaria 427 000 pesos fuertes en 1859. Las sumas invertidas por el Estado de Connecticut en 1859 llegaron a 479 981 pesos fuertes. El Illinois ofreci en 1858 el resultado admirable de haber empleado 2 705 052 pesos fuertes, bien que una parte considerable de esa cantidad, se aplic a reparaciones y construcciones de nuevos edificios para las escuelas. En 1859, el Estado de Indiana reparti en diferentes escuelas 335 736 pesos fuertes. Iowa en 1858 gast ms de 100 000 pesos fuertes. Maine emple en el ao que cerr el 1 de abril de 1859 la suma de 617 889 pesos fuertes procedentes, ya del capital destinado a las escuelas, ya de las contribuciones impuestas por aquel Estado as para la enseanza, como para la construccin de edificios y otros gastos. Massachusetts adems del inters del fondo de escuelas, impuso para sostenerlas en 1859, contribuciones que ascendieron a 1 390 382 pesos fuertes. Este dato basta para demostrar la enorme suma que ese

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JOS ANTONIO SACO /97 /97 /97 /97 /97 pequeo Estado invierte en la pblica instruccin. El nmero de escuelas subi en aquel ao a 4 444 y el de discpulos, a 211 388. En el ao que termin en septiembre de 1860, el Estado de Michigan pag a los maestros de escuelas, pesos fuertes 467 286. En Minnesota todos los gastos de las escuelas salen de las contribuciones impuestas por el Estado, pues los casi 3 millones de acre de tierra concedidos a ese Estado por el Congreso general para fondo de escuelas an no se haban vendido ni arrendado, y, por consiguiente, nada producan. New Hampshire a pesar de no tener fondo de escuelas, emple en ellas, en 1860, la suma de 282 842 pesos fuertes. New Jersey destin, en 1859, la suma considerable de 539 532 pesos fuertes; y esto en una poblacin de 676 000 almas. La cantidad invertida por el Estado en New York para los gastos de escuelas en 1860, fue de 1 315 814 pesos fuertes, y el nmero de nios que asistieron a ellas en el ao anterior subi a 851 533. Ohio es uno de los Estados que ms inters ha tenido en fomentar la instruccin primaria. En 1859 contaba 11 338 escuelas; y todas las cantidades que recibi, incluyendo el sobrante del ao anterior, se elevaron a 3 225 129 pesos fuertes; de los cuales se gastaron 2 582 074 en la enseanza, edificios y otros objetos. El nmero de discpulos que asistieron a las escuelas en dicho ao de 59 lleg a 600 034. La legislatura de Pennsylvania vota anualmente para las escuelas pblicas 280 000 pesos fuertes, y las sumas procedentes de las contribuciones que por separado se imponen, ascendieron en 1859 a 2 039 648. De estas cantidades se emplearon en aquel ao en la instruccin pblica, 1 404 159 pesos fuertes. Todos saben que Filadelfia es la ciudad ms importante del Estado de Pennsylvania; y su distrito o radio municipal no est sujeto a la ley general de escuelas; pero aquella ciudad desempea con el celo ms laudable los deberes de la enseanza. All haba en 1859, 323 escuelas con 1 062 maestros; 31 974 discpulos varones; 29 771 hembras, o sea, 61 745; y en todos esos establecimientos se gastaron en aquel ao 518 802 pesos fuertes. En Rhode Island el Tesoro del Estado paga anualmente, para las escuelas, 60 000 pesos fuertes; pero como hay tambin otros recursos muchos ms considerables, emple en ellas, en 1859, la suma de 151 695 pesos fuertes, sin incluir lo que se gast en casas para escuelas. Por ltimo, el Estado de Wisconsin invirti en 1859 la suma de 191 500 pesos fuertes; y aunque ese Estado es de reciente fundacin, los edificios destinados en aquel ao para las escuelas, estaban valuados en 1 185 191 pesos fuertes.

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OBRAS 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ Los datos anteriores manifiestan que las cajas de slo 25 Estados de aquella repblica, gastaron en las escuelas primarias en un ao dado, 15 840 790 pesos fuertes, y esta suma sera mayor si yo hubiese podido incluir lo que emplearon en ellas los ocho Estados de Arkansas, Florida, Maryland, Minnesota, Misisipi, Oregon, Texas y Vermont. De intento me he detenido en tan prolija enumeracin, porque considero el ejemplo de la repblica norteamericana, como el argumento ms victorioso contra el sistema de enseanza primaria, confiada exclusivamente a los esfuerzos individuales. No hay pas sobre la tierra donde el espritu de empresa y libertad personal se hayan desenvuelto en todos ramos con ms vigor e independencia que en los Estados Unidos. En ningn pueblo tampoco se ha conocido, no dir mejor, pero ni quiz tan bien, la alta importancia de la primaria instruccin: mas, a pesar de tan inmensas ventajas y de que all, antes de la guerra civil, apenas se vea ni senta la mano del gobierno, ste, lejos de dejar la enseanza primaria entregada exclusivamente al solo inters privado, siempre tom la ms poderosa iniciativa en cada uno de los Estados de aquella confederacin.

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HA HA HA HA HA Y EN CUBA P Y EN CUBA P Y EN CUBA P Y EN CUBA P Y EN CUBA P A A A A A TRIOTISMO? TRIOTISMO? TRIOTISMO? TRIOTISMO? TRIOTISMO?1 1 1 1 1No soy yo, sino los habitantes de Cuba quienes deben a esta pregunta responder: y responder, no con palabras, sino con hechos; pero hechos, que sin exigir el ms leve sacrificio personal, ni el menor quebranto de fortuna, basta para realizarlos completamente, un poco de voluntad Un ao ha, que algunos vecinos en La Habana, concibieron el proyecto de fundar en Espaa un peridico que, siendo el rgano de las grandes necesidades de Cuba, contribuyese a mejorar su condicin. Hallbame a la sazn en La Habana, y como saba que se trataba de confiarme la direccin del peridico, un sentimiento de delicadeza me oblig a mantenerme pasivo. Brindseme aqulla, en efecto, y la acept por dos razones: una, porque estoy convencido de la necesidad del peridico, y de las ventajas que producir, si a la templanza e imparcialidad en la discusin, se junta un profundo conocimiento de las cuestiones cubanas, sin el cual es imposible manejarlas con acierto: otra, porque no slo se me honr con la direccin exclusiva, sino que me fueron dadas tan absolutas e ilimitadas facultades, que se me convirti en un dictador Por este breve relato se ver que mi posicin tena un doble carc1En 1862, de vuelta de una breve visita hecha a su pas natal despus de 24 aos de ostracismo, no del todo voluntario, el ilustre Saco concibi la idea de fundar en la corte un diario poltico consagrado a los intereses de Cuba. Su pensamiento qued formulado por escrito, pero ignoramos los motivos que tuvo para no darle publicidad y los obstculos que en aquella poca se opusieron a la realizacin de un propsito tan patritico. Entre los papeles inditos del sabio publicista encontraron sus albaceas una interesante y sentida alocucin que pens haber dirigido a sus compatriotas el insigne cubano, y que publicada a su tiempo hubiera sin duda despertado sus ms hondas simpatas y asegurado el xito del proyecto. El seor D. Jos Valds Fauli ha favorecido a la excelente y acreditada Revista de Cuba con una copia de ese precioso manuscrito, y El Triunfo tiene ahora el gusto de reproducirlo, no habindolo hecho antes porque esperaba el momento, que hoy ha llegado de poder anunciar que ya est en vas de cumplirse el deseo de nuestro querido y venerado maestro. sta es la introduccin que El Triunfo puso a este artculo, al reproducirlo el 15 de junio de 1881, con motivo de la publicacin en Madrid del peridico liberal La Tribuna bajo la direccin del diputado cubano D. Rafael Ma. de Labra.

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OBRAS 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ ter: pasivo enteramente, en cuanto a la fundacin del peridico; pero activo despus de fundado ste, y tan activo que se me erigi en un ser omnipotente. Causas desgraciadas han impedido hasta ahora el establecimiento del peridico. No pudiendo resignarme a ver morir en su cuna un proyecto que tantas esperanzas ofrece a la patria, rompo al fin mi silencio, y saliendo de la posicin pasiva en que me hallaba, dirijo la palabra a los habitantes de Cuba. Si tengo la dicha de que mi voz sea escuchada, entonces podr decir con jbilo y con razn: yo tambin soy uno de los que han contribuido a la fundacin del peridico: si antes no era ms que un mandatario de mis dignos comitentes, hoy adquiero todos los derechos de fundador. Desea Cuba que sus intereses sean defendidos, y sus necesidades satisfechas? He aqu el programa que le presento. 1 Es til, mal he dicho, es imperiosamente necesario que ella tenga en Espaa un rgano que represente sus intereses. 2 Este rgano debe ser digno de Cuba y de la noble causa que en l se defienda. 3 Para alcanzar este objeto, es menester dinero; y este dinero no puede ser suficiente si no se renen 50 000 pesos: cantidad estupenda para un simple particular, pero insignificante y despreciable para la opulenta Cuba. Muy fuerte es menester que lata el corazn por la tierra en que nac, para que yo me exponga a los tiros que al leer este programa se lanzarn contra m. Reina en el mundo el inters, por l calcula el hombre casi siempre sus acciones, y de aqu nace la sospecha de que bajo la mscara del patriotismo se cubren, las ms veces, miras y sentimientos personales. El proyecto que nos ocupa, contiene dos partes; una patritica y otra individual y muchos dirn, que en son de patria, lo que yo busco es mi provecho. Creo, que no eludo la dificultad, y la presento en toda su desnudez y crudeza, pues se es el lenguaje que cumple a un hombre franco y honrado. No negar, que siendo pobre, y muy pobre, de trabajar necesito, no tanto para m, cuanto para alimentar a mis hijos; pero si fuera dable despojar al proyectado peridico de toda relacin con los intereses polticos de Cuba, y dejarlo reducido tan slo a una especulacin puramente pecuniaria, juro por mi honor que rehusara cuntas ventajosas proposiciones se me hiciesen. Dicen algunos que los cubanos se asemejan a los atenienses. Atenas fue un gran pueblo; y a propsito de l citar un noble rasgo, que es bien digno de imitarse. Los enemigos de Pericles le acusaban de arruinar la repblica, consumiendo las rentas en los monumentos que levantaba en Atenas. Un da pregunt al pueblo reunido si l crea que hubiese gasta-

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JOS ANTONIO SACO /101 /101 /101 /101 /101 do mucho, y como le respondiese que s, y en demasa, Pericles repic: “pues bien, yo no os gravar con esos gastos, yo slo los soportar; pero tambin slo mi nombre se pondr en las inscripciones de los edificios”. El pueblo entonces grit, que tomara del Tesoro cuanto necesitara, sin ahorrar gasto alguno. Si yo no fuera pobre, ya habra fundado un peridico, poniendo a su frente estas palabras: a expensas de Jos Antonio Saco Pero Saco no puede decir lo que Pericles, y ahora resta saber si cuando se trata, no de mucho, ni de gloria, sino de poco, y de dar vida a la patria, los cubanos me respondern lo que los atenienses a Pericles. No sera sta la vez primera que yo he sabido rehusar la direccin de peridicos. Hallbame en Cdiz, en 1846, y un patricio insigne, que ojal viviera, resida a la sazn en Madrid. Con sobrados medios y ardiente voluntad quizo fundar un peridico en aquella corte: escribiome, instome y suplicome, a nombre de la patria y la amistad, para que me pusiese a su cabeza. El proyecto era muy favorable a mis intereses personales; pero convencido de que Cuba no poda sacar entonces ningn provecho, tuve fuerza para decir muchas veces: no y no La familia del buen Domingo Del Monte debe conservar la correspondencia que l tuvo conmigo y con otros amigos, y en mis cartas de aquella poca se leer la verdad de mis asertos. An no haban corrido dos aos, cuando de otra parte se me pusieron casi en las manos muchos millares de pesos para que fundase y dirijiese un peridico. Tan pobre era yo entonces como ahora: mi provecho personal me mandaba aceptar; pero prohibindomelo mi conciencia patritica, el bien de Cuba triunf como siempre sobre mis intereses individuales. Vivos estn todava algunos de los que en este asunto intervinieron: sbenlo tambin otros; y el testimonio de todos ellos invoco, para que me contradigan si miento. Si mi provecho personal buscase hoy, no sera, por cierto, en la fundacin de un peridico poltico. Ya estoy viejo, abrumado de males, sin ojos para leer, ni mano para escribir por lo trmulo de ella. Mi alma suspira por la tranquilidad y el silencio, y seguramente que no los encontrar, ni en las tareas y polmicas, ni en los compromisos y responsabilidades de un peridico, cual exigen los intereses de Cuba. Pero despus de haber consagrado toda mi existencia a la defensa de ellos, y conociendo que ha llegado la ocasin ms propicia de realizar mis antiguos y buenos deseos a favor de Cuba, quiero dedicarle, del nico modo que me es dado, hasta los ltimos restos de mi vida. Yo s que muchos no entendern este lenguaje; pero a sos debo recordarles, que en ningn tiempo he pedido nada a Cuba; y si hubiere algunos que acojan la idea del peridico con nimo de protegerme, agradzcoles su buena intencin; pero me es imposible aprobarla, porque jams consentir, que los servicios que se deben a la patria, se

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OBRAS 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ desnaturalicen hasta el punto de convertirlos en favores personales. Lejos de haber medrado a la sombra de Cuba, siempre le he sacrificado mis intereses. Por ella perd la corta fortuna que de mis padres hered; pero que me bastaba para vivir cmodamente. Por ella renunci a mi brillante carrera de abogado que me ofreca riquezas, honores y poder. Por ella concit contra m el odio de individuos, clases y corporaciones. Por ella me persiguieron y desterraron. Por ella he rehusado ms de una vez tiles ofrecimientos que me hubieran proporcionado en Espaa una ventajosa posicin. Por ella, en fin, he consumido en una larga y dura expatriacin los mejores aos de mi vida. Y todo esto, llmese como se quiera, porque no me toca darle nombre, helo hecho con tanta lealtad y desinters, que hoy no tengo ms patrocinio que una horrorosa pobreza, ni ms esperanza que un sepulcro que me aguarda : y al decir esto, nunca permita Dios que mi ejemplo y mi martirio retraigan jams a cubano alguno de prestar a su patria los servicios que todo buen hijo le debe. Saliendo del fango de los intereses materiales con que el hombre puro teme ensuciarse, hllome ya en un terreno donde marchar con ms soltura. Veinticinco aos ha que Cuba perdi todos sus derechos.2 Mas, qu ha hecho ella por recobrarlos en tan largo perodo? Yo no hablo de medios violentos y revolucionarios que le seran funestos, refirome tan slo a los legales y pacficos, y al ver que ninguno de ellos ha empleado y que ha permanecido en el ms profundo silencio, bien pudiera creerse, a no constarnos lo contrario, que Cuba nada tiene que pedir ni desear, y que todo ha llegado en ella al ltimo grado de perfeccin. Deseamos mucho, dirn; pero no pedimos porque es intil. ¡Intil! Y como lo sabis, os pregunto yo? Cules son los pasos que habis dado para que el gobierno conozca vuestras justas necesidades, y pueda remediarlas? Pblico y notorio es, que yo siempre he abogado por Cuba; pero tambin lo es, que me he quedado solo; sin encontrar ningn apoyo en la opinin cubana. Por la vez primera, cre encontrarlo en 1861; pero mis esperanzas se disiparon como el humo. Renacern ellas con este papel? Pronto el tiempo lo dir. Para allanar el camino, juzgo importante hacer algunas advertencias. Publicndose el peridico en Espaa, queda sometido a las leyes espaolas y a la vigilancia de las autoridades, y esa sumisin y vigilancia son la prenda ms segura de la recta intencin que nos anima. El peridico no se afiliar en ningn partido; mas agradecer a todos ellos el auxilio que le prestaren para resolver favorablemente las cuestiones de Cuba. 2Este papel se escribi en 1862.

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JOS ANTONIO SACO /103 /103 /103 /103 /103 No afilindose a ningn partido, claro es que no ser de oposicin; y tan lejos est de serlo, cuanto que exponiendo y discutiendo con imparcialidad y templaza, todos los asuntos que abrazaren sus columnas, propender al acierto del gobierno, y sostendr a ste con todas sus fuerzas en cuantas medidas dictare en pro de Cuba. Desde que en Espaa se tuvo noticia de que Cuba pensaba establecer un peridico en Madrid, as las personas que lo supieron, como el gobierno, acogieron favorablemente la idea. De algunos aos ac ha cambiado mucho la opinin, y desapareciendo los errores y prevenciones que tan perjudiciales nos eran, ya se empieza a conocer la verdad; muchos hombres de valer se interesan por nosotros, y tomando nuestra defensa, dispuestos estn a hacernos justicia. Si Cuba no aprovecha tan preciosa coyuntura, culpa, y ms que culpa ser de sus habitantes. Tan evidente es la necesidad de establecer en Espaa un peridico para la defensa de Cuba, que si yo tratase probarla, hara un agravio a la ilustracin de aquel pueblo. Entre las graves cuestiones que de poco ac han surgido en el continente americano, y que todas tienen un estrecho enlace con nuestra Antilla, hay una, que siendo de vida o muerte para ella, exigira por s sola un rgano especial. Nunca se ha presentado tan terrible para Cuba la cuestin africana, y sin una pluma que con tino y prudencia haga frente en Europa a las peligrosas aspiraciones de los partidos extremos, muy desastrosas podrn ser las consecuencias que caigan sobre los que se consideran seguros en la apata y el silencio. Y en tales circunstancias, y cuando se ve por do quiera, que sin tan poderosos motivos, un corto nmero de individuos renen fcilmente cuantiosas sumas, y fundan peridicos, Cuba, la opulenta Cuba no podr hacer lo que cuatro o seis personas hacen? Pero stas, se dir, no regalan su dinero, al establecer un peridico, sino que sacan de l un premio. Y ser posible, que lo que media docena de especuladores hacen por inters, Cuba no lo puede hacer por patriotismo? Pero aun sin patriotismo, quin osar negar, que esa pequea ddiva ser muy provechosa a los mismos donantes, aun circunscribindola solamente a los intereses materiales? Sin entrar en consideraciones que estn al alcancen de todos los habitantes de Cuba, basta reflexionar, que una contribucin por justa que sea, si est mal derramada, les arrancar en un ao ms dinero que el que pudieran dar para el peridico. Para que el proyecto de ste no fracase por segunda vez, es necesario asentarlo sobre la ms ancha base. La recaudacin de sus fondos no debe limitarse a una o dos ciudades de la Isla, ni en ellas debe pesar sobre un corto nmero de individuos. Siendo el beneficio comn a todos, en ms o menos grado, justo es, que todos contribuyan proporcionalmente a producirlo. De este modo, no slo ser muy fcil lograr el objeto que deseamos, sino que alejndose de toda bandera y espritu de

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OBRAS 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ partido, el peridico ser el legtimo representante de todos los intereses de Cuba. Ms de medio milln de habitantes blancos tiene esa Isla. Muchos de ellos son millonarios, y algunos gozan mayor fortuna. Cuntase en sus campos 1 400 ingenios y extraense anualmente para el extranjeros 2 millones de cajas de azcar. En el decenio que termin en 1859, el valor de sus importaciones en ao comn, pas de 67 millones, y en slo ese ao de 59 excedi de 101 millones. Con tan gran masa de capitales en circulacin, y con tantos y tan considerables capitales, ser creble que esa Isla toda entera no pueda reunir 50 000 pesos para defenderse a s misma? Ser creble, que entre ms de 500 000 habitantes blancos que cuenta, no haya si quiera 500 que puedan dar 100 por cada uno, y juntar los 50 000? No habr 1 000 que puedan dar 50 por cada uno? No habr 2 000 que puedan dar 25 pesos? No habr 4 000 que puedan dar 12 pesos? No habr 8 000 que puedan dar 6 pesos 2 reales? No habr 10 000 que puedan dar 5 pesos? No habr 25 000 mil que puedan dar 2 pesos? No habr, en fin, 50 000 que puedan dar 1 peso cada uno? Y no sirva de excusa la crisis monetaria ni mercantil que ao y medio ha que se deplora, pues sin aludir a cosas que ahora es oportuno callar, bien hemos visto en medio de ellas rifas o bazares muy productivos, y el de Matanzas, en el ao pasado, para fomentar un teatro, rindi 30 000 pesos. Muy distante estoy de censurar la generosidad de los matanceros de quienes conservo gratos recuerdos por la hospitalidad con que me acogieron, cuando tuve el honor de visitar su interesante ciudad; pero yo mirara como un sntoma fatal, que ella sola juntase 30 000 pesos para un teatro, y que toda la isla de Cuba no pudiese reunir 50 000 para un objeto de la ms alta importancia. Yo no s lo que los habitantes de Cuba harn en el presente caso; pero s s de lo que algunos de ellos han sido capaces en los tiempos anteriores. Entonces, ni haba tantos que aspirasen al renombre de patriotas como hoy, ni tampoco se hablaba tanto de patriotismo; pero cuando se hablaba, los hechos seguan a las palabras, a pesar de que los hombres de aquella poca eran mucho menos ricos que los presentes. Como muchos leern en Cuba este papel, quiero recordar aqu algunos de los rasgos que honran a nuestros mayores. Convencido el ilustre patricio D. Nicols Calvo y O’Farril de la importancia de la qumica para el adelantamiento de Cuba, propuso en junta celebrada por la Sociedad Econmica de La Habana, el 31 de octubre de 1793, que esta corporacin fundase una ctedra de aquella

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JOS ANTONIO SACO /105 /105 /105 /105 /105 ciencia. Todos reconocen la importancia de ella, y viose “seguir a la ltima palabra del orador la primera firma a una suscripcin cuantiosa que ser siempre un “padrn inmortal de la generosidad habanera”. Y la suscripcin no se qued en vanas promesas, sino que muy en breve se reuni, entre un corto nmero de individuos, la cantidad de 24 615 pesos. Por ese mismo tiempo se trat tambin de fundar en La Habana un hospicio donde se recogiesen y educasen nias hurfanas pobres. La condesa de Jaruco, y los marqueses de Casa Pealver y Crdenas de Monte Hermoso presentan al benemrito general D. Luis de las Casas una suscripcin de 36 000 pesos, hechas por varias personas benficas. Este rasgo, ya de s bastante generoso, fue coronado por otro mucho ms grande. No alcanzando esa cantidad a cubrir todos los gastos que exiga obra tan importante, convocose una junta de hacendados, comerciantes y otros vecinos pudientes y tan victorioso fue el resultado, que en esa sola reunin se colectaron 109 000 pesos y la Casa de Beneficencia pudo abrirse el 8 de diciembre de 1784. El gobernador Martn Calvo de la Puerta, natural de La Habana, en testamento que otorg en ella el 10 de noviembre de 1669, mand imponer 102 000 pesos a rdito, para que con los 5 000 anuales que produciran, se casasen todos los aos cinco hurfanas pobres, dotando a cada una de 1 000 pesos. (Papel Peridico de La Habana nmero 12, ao 1792.) No teniendo La Habana ninguna escuela gratuita de primeras letras, Juan Francisco Caraballo concibi, en 1712, el generoso proyecto de establecerla. Quiso tambin extender su beneficencia a la doliente humanidad, fundando un hospital de convalecencia; y como ensear aquellos rudimentos a los nios pobres, y asistir a los enfermos convalecientes, eran objetos previos del instituto de los religiosos belemitas, Caraballo coste l solo toda la fbrica de la iglesia de Beln, y un ngulo de primer claustro. Sorprendido repentinamente por la muerte, no pudo ver realizadas sus laudables ideas; pero de sus bienes se entregaron a los padres de aquel convento 20 000 pesos para continuar la fbrica, y 60 000 para gastos de enfermera.

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UNA REVELACI"N AL PBLICO CUBANO UNA REVELACI"N AL PBLICO CUBANO UNA REVELACI"N AL PBLICO CUBANO UNA REVELACI"N AL PBLICO CUBANO UNA REVELACI"N AL PBLICO CUBANO O SEA, O SEA, O SEA, O SEA, O SEA, RECTIFIC RECTIFIC RECTIFIC RECTIFIC RECTIFIC ACI"N DE UNO DE MIS ESCRITOS ACI"N DE UNO DE MIS ESCRITOS ACI"N DE UNO DE MIS ESCRITOS ACI"N DE UNO DE MIS ESCRITOS ACI"N DE UNO DE MIS ESCRITOS1 1 1 1 1La deplorable contienda suscitada en La Habana en 1834 entre algunos miembros de la Sociedad Econmica de aquella ciudad y la Academia Cubana de Literatura que acababa de fundarse, me oblig a escribir entonces un papel intitulado: “Justa defensa de la Academia Cubana de Literatura contra los violentos ataques que se le han dado en el Diario de la Habana desde el 12 hasta el 23 de abril del presente ao de 1834”. Esta Defensa fue, no el origen, sino el pretexto que se busc para lanzarme de Cuba en aquel ao memorable, pues que en l comenz una de las pocas ms fatales que algn da sealar la historia cubana. Al narrar yo estos sucesos en el tomo III de la Coleccin de mis papeles que publiqu en Pars en 1858, insert el pasaporte por el cual me mand salir de La Habana el gobernador y capitn general D. Miguel Tacn. “D. Miguel Tacn, etc., etc. (Aqu seguan todos sus ttulos.) ”Concedo pasaporte para que D. Jos Antonio Saco salga de esta plaza, y se traslade a la ciudad de Trinidad, concedindole para lo primero 15 das contados desde la fecha, con obligacin de presentarse a su llegada al seor gobernador de dicha ciudad, y de residir en ella mientras otra cosa no se disponga. Habana, 17 de julio de 1834.— Miguel Tacn .— Alejandro de Aran ”.2Tres prrafos ms debajo de este pasaporte me expres en los trminos siguientes: “Luego que supo la orden de mi destierro, algunos de mis amigos quisieron que yo hiciese una representacin al jefe de la Isla, pues recin llegado a ella ignoraba completamente todas las ocurrencias de la Academia. Respondiles francamente, que yo ni representaba ni peda : 1 La Amrica 27 de agosto de 1863. 2Debo advertir que este pasaporte fue expedido, no por la Secretara Poltica, sino por la Militar.

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JOS ANTONIO SACO /107 /107 /107 /107 /107 y respondiles as, por dos razones. 1 Porque yo saba que todo era intil, pues el golpe no parta de una sola mano, sino de la conjuracin de todos mis enemigos, capitaneados por el intendente de La Habana, conde de Villanueva, personaje entonces omnipotente en Cuba y en la Pennsula. 2 Porque yo estaba muy decidido a no ir a Trinidad, pues Trinidad era el primer escaln que se me preparaba para hacerme pasar por l a la expatriacin o al calabozo. Pero mis amigos insistan: y debiendo yo complacerlos, les dije: ‘seguro de que ustedes jams me presentarn como un hombre humillado ante el poder, firmar lo que Vds. escriban’. Uno de ellos, cuya muerte llora ya la patria se encarg entonces de extender la representacin, en la que yo no puse ni una frase, ni menos suger una sola idea. Concluida que fue, me la leyeron, juzguela digna de las circunstancias, aprobela en mi corazn, y en silencio la firm. De esta manera hice yo mo un papel que slo fue obra de un patricio insigne, y que dndole ahora a la prensa por primera vez, siempre he conservado como prenda sagrada de amistad”. Esto publiqu en 1858; mas, habiendo variado las circunstancias, hoy puedo revelar la verdad sin temor de comprometer ni perjudicar a nadie. Sepa, pues, el pblico cubano, que es a quien esta manifestacin interesa: 1 Que la idea de la representacin no naci de algunos de mis amigos sino tan slo de uno de ellos. 2 Que si yo habl en plural, fue para mejor encubrir el nombre de su autor. 3 Que con este mismo fin supuse que l ya haba muerto, cuando en realidad viva. Entre los cubanos benemritos que haban bajado al sepulcro, cuando di a luz en 1858 el mencionado tomo III de mis papeles, hubo tres que siempre me honraron con su amistad, y mi alma se complace en repetir aqu los nombres ilustres de D. Francisco Arango, de D. Nicols Manuel Escovedo y de D. Domingo del Monte. Bien conocidos eran en La Habana los dulces vnculos que con ellos me ligaron; y de aqu es, que llevados algunos de una curiosidad tan natural como disculpable, me hayan preguntado varias veces, cul de los tres fue el autor de la representacin; mas, yo, sin responderles claramente, siempre los he dejado en la incertidumbre. sta cesar desde hoy, pues el nico autor de la representacin fue mi buen amigo y eminente cubano D. Jos de la Luz y Caballero, quien no contento con haberla hecho, quiso tambin presentarla, como en efecto la present, al tan temido general Tacn. Ya no morir con un secreto que ha guardado durante 29 aos, ni tampoco dejar de figurar ese papel entre los que salieron de la pluma de Luz y Caballero; pluma que, si no produjo todo aquello de que era capaz, porque desde muy temprano la combatieron graves y continuas enfermedades, bien puede todava formarse una coleccin importante de sus obras. Cuba pide que se rinda este pequeo homenaje a la memoria de un hijo, que no slo la honr con su talento y sus virtudes, sino que a ella se consagr hasta el ltimo instante de su vida.

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LA EST LA EST LA EST LA EST LA EST ADSTIC ADSTIC ADSTIC ADSTIC ADSTIC A CRIMINAL DE CUBA EN 1862 A CRIMINAL DE CUBA EN 1862 A CRIMINAL DE CUBA EN 1862 A CRIMINAL DE CUBA EN 1862 A CRIMINAL DE CUBA EN 18621 1 1 1 1La estadstica criminal es el signo que representa el estado moral de un pueblo; mas, para que ese signo sea infalible, es menester que sea justa la legislacin que lo rige, y que los delitos sean perseguidos e irremisiblemente castigados. Una legislacin que considere como tales las opiniones y los actos puramente civiles, o que, por el contrario, deje reducidas a la esfera de stos las acciones que merecen el nombre de delitos; esa legislacin, pecando ya por exceso, ya por defecto, no puede servir para conocer el grado de criminalidad de la nacin a que ella se aplica. Aun suponiendo que sea justa la legislacin, si muchos delitos quedan impunes en un pas, mientras que en otros todos o casi todos son castigados, bien podr resultar, que, aunque el primero sea ms delincuente que el segundo, aparezca, sin embargo, bajo de un punto de vista enteramente contrario. Estas consideraciones generales deben tenerse muy presentes al contemplar la estadstica criminal de Cuba, pues no sindome permitido escribir todo lo que siento, mis lectores, que en gran nmero conocen aquella Isla, saben hacia que lado se inclina la balanza. Si echamos una ojeada sobre los datos oficiales publicados en 1863, y pertenecientes al ao anterior, encontramos algunos resultados muy dignos de atencin. Es muy triste ver que cada 100 delincuentes slo son descubiertos 65, quedando 35 del todo desconocidos, o sea, ms de la tercera parte. Este hecho lamentable prueba que en Cuba no se persigue a los delincuentes con la diligencia y empeo que en otros pases, y que la impunidad de tan considerable nmero, es un estmulo que alienta a muchos a la perpetracin de los delitos. Vese tambin, que los que se cometen en poblado ascienden al 57 %, y los que en despoblado al 43 %. Esta elevada cifra, casi igual a la mitad de todos los delincuentes, revela la deplorable condicin moral a que se hallan reducidos los campos de Cuba, y que lejos de gozarse en ellos de 1 La Amrica, Madrid, 12 de enero de 1864.

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JOS ANTONIO SACO /109 /109 /109 /109 /109 la envidiable paz y seguridad que ofrecen otros pases, la vida, el honor y la propiedad del hombre estn expuestos a grandes peligros. Mas, de dnde proviene estado tan doloroso? La importancia del asunto y la gravedad de las causas bien merecen un artculo especial. Los crmenes contra las personas figuran en la estadstica por casi 27 %. “Doloroso es, dijo con mucha razn el seor Regente de la Audiencia de La Habana en su discurso de apertura de los tribunales, el 2 de enero de 1863, doloroso es, pero necesario decirlo: a pesar de nuestros constantes esfuerzos, a pesar del celo ardiente con que nos hemos consagrados al exacto desempeo de las augustas funciones de nuestro ministerio, los delitos contra las personas, considerados en general, han crecido si bien en corto nmero, y su gravedad se ha aumentado mucho ms. Volved si no la vista a esos nmeros, prueba irrefragable de la triste verdad que acabo de anunciaros; fijadla principalmente en los crmenes ms graves de la clase a que nos referimos, en aqullos por efecto de los cuales un hombre ha dejado de vivir, y advertiris que, sin contar entre ellos las muertes producidas por una casualidad imposible de prever, o por lo menos imprevista, prescindiendo de estos acontecimientos desgraciados, sobre los cuales la autoridad judicial slo procede hasta que se prueba que no han sido imputables, llegan a 520 las muertes violentas de propsito ejecutadas en todo el territorio; cifra elevadsima que comparada con la escasa poblacin de la Isla, presenta una proporcin desconsoladora. Pero cmo se combinan estas solemnes palabras, y el nmero elevado de crmenes contra las personas con el cortsimo guarismo de penas impuestas a esos mismos delitos? Esto procede, en mi concepto, de la insuficiencia de las leyes criminales, del vicio de las instituciones que rigen a Cuba, de que el brazo de la justicia no alcanza a muchos delincuentes, pues, segn he dicho ya, ms de la tercera parte de ellos, queda sin descubrir, y, finalmente, del espantoso nmero de suicidios que se cometen en aquella tierra infeliz. Efectivamente, de las 520 muertes violentas de propsito ejecutadas, las dos terceras partes, que son 346, fueron suicidios, perteneciendo solamente los 174 de la parte restante a la esfera de homicidios voluntarios cometidos por mano ajena: pero homicidios de ndole tan horrible, que aqu debo servirme de las palabras del mismo seor Regente de la Audiencia de La Habana en el discurso ya citado. “Se necesita, seores, que dirijis adems vuestra atencin hacia los homicidios procedentes de violencia ajena, por desgracia muy frecuentes en la Isla, y que en este ao han tenido un aumento notable, tanto ms digno de estudio, cuanto que son pocas las muertes peleadas, y muchos los homicidios alevosos y premeditados”.

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OBRAS 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ En cuanto a los 346 suicidios, la mitad de ellos recay en asiticos de la China, las tres cuartas partes de la otra mitad, en esclavos de raza africana; y la ltima restante, en personas blancas; es decir, que se suicidaron 173 chinos, 129 1/3 esclavos y 43 1/4 blancos. Muy inferior es esta ltima cifra a las dos anteriores; pero cuando se considera que ella se aplica a nuestra raza, debemos reconocer con dolor que en poco tiempo hemos andado mucho en esta senda fatal. Yo recuerdo que en mi puericia y juventud, un suicidio entre los blancos era un fenmeno en Cuba. Entonces, las creencias religiosas eran ms generales y profundas: el hombre no estaba todo entero reconcentrado en la tierra: en sus tribulaciones volva los ojos al cielo, y sin caer en la desesperacin, se confortaba con la idea de encontrar en otra parte la felicidad que no le era dado gozar ac entre los mortales. No negar que en esos tiempos haba ms supersticin que hoy; pero yo prefiero este mal a la impiedad, porque la supersticin descansa sobre una base, supone una creencia, y esta creencia es un freno que contiene al hombre, y que sirve de garanta al orden social. No pretendo decir por esto, que slo se matan los incrdulos: hcenlo tambin algunos creyentes, ya por un trastorno mental, ya por los inmoderados deseos y aspiraciones que, predominantes en nuestro siglo, no se pueden satisfacer; ora por otras miserias de nuestra flaca naturaleza, ora, en fin, por el contagioso ejemplo de tantos suicidios como en nuestros das ofrecen los pueblos civilizados, pues siendo el hombre animal de imitacin, la experiencia ensea, que no slo imita lo bueno, sino por desgracia lo malo, aun en su propio detrimento. Muy antiguo es en Cuba y en otras colonias que los esclavos africanos se suiciden, pero a esta maldad no siempre los impele la falta de sentimientos religiosos, ni el duro trabajo de que a veces se les recarga. Mtanse muchos, no con la idea de destruirse sino con la de vivir, pues creen que suicidndose, sobre todo si no estn bautizados, vuelven a su tierra a gozar de la vida. A pesar de tan funestos errores, es preciso confesar que tan considerable nmero da suicidios entre los esclavos proviene tambin de otras causas, y que la remocin de ellas depende principalmente de la voluntad de los amos. Yo siento no encontrar en los documentos que tengo a la vista la distincin de esclavos urbanos y esclavos rsticos; y aunque creo que a stos pertenece la mayor parte de los suicidios, no slo por la condicin en que viven, sino por ser ms numerosos que los de los pueblos, yo doy gran importancia a esa distincin, porque ella nos servir para establecer comparaciones y sacar consecuencias interesantes sobre las dos especies de esclavitud. Dironse la muerte en Cuba, en 1862, 173 chinos. De raza tan corrompida y perversa no extrao ese resultado, y si bien conozco que para muchos trabajos son los chinos en general ms inteligentes que los afri-

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JOS ANTONIO SACO /111 /111 /111 /111 /111 canos, considrolos al mismo tiempo, bajo del aspecto moral y poltico, como una de las plagas ms terribles que sobre Cuba han cado. Son en muchos puntos las ideas de los chinos tan contrarias a las nuestras, que no cabe asimilacin entre las dos civilizaciones. El suicidio es muy frecuente entre ellos; pero no es su frecuencia lo ms particular: eslo s, el motivo que muchas veces los impulsa, pues lo perpetran por pura venganza. Tiene un chino en su tierra un altercado con otro, y cree que si se mata, los jueces podrn imputar a su adversario la causa de su muerte? Pues bien, el chino no vacila en quitarse la vida, para envolver al otro en un procedimiento judicial, y ocasionarle todo el dao que pueda. Para encontrar tanto desprecio de la vida, acompaado de tanta perversidad, es menester ir a China. Ni hay que buscar a estas maldades un freno o correctivo en las instituciones religiosas. El alma y los sentidos del chino estn enteramente absorbidos por los intereses materiales; un deseo ardiente de lucro lo agita y atormenta; en materia de religin vive en la ms completa indiferencia; y si alguna vez lee o presta atencin a lo que acerca de ella se le dice, es slo por distraccin o pasatiempo. ste es el obstculo insuperable en que fracasan los misioneros que quieren convertir a la China. No debe, pues, sorprendernos, que los hijos de esa nacin figuren a la cabeza de la estadstica criminal de Cuba, no obstante su inferioridad numrica respecto de las otras razas. De 4 000 pasaron los delincuentes en 1862; mas, de ese nmero slo pudieron descubrirse 3 045; y si buscamos cuntos de stos saban leer y escribir, las tablas judiciales nos revelan la triste verdad de que slo ocho entre 100 posean esos escasos conocimientos. Este hecho suministra nueva prueba de la perniciosa influencia de la ignorancia en la conducta de los hombres y de la urgente necesidad de difundir la primaria instruccin entre las masas cubanas para sacarlas del msero estado en que yacen. De un cuadro estadstico recin publicado en La Habana, y que, a pesar de algunas inexactitudes que en parte no puedo evitar su autor, no por eso deja de ser un trabajo muy apreciable, de ese cuadro tomo los datos que inserto a continuacin, y que se refieren, no slo al nmero de delincuentes en Cuba en 1862, segn las razas que la habitan, sino al grado y proporcin de su criminalidad respectiva. Si los nmeros que preceden dicen la verdad, llegamos a la triste conclusin de que la esclavitud en Cuba hace a los hombres mejores que la libertad, pues que all los libres, de cualquiera raza que sean, son ms delincuentes que los esclavos. Aun comparando a stos con los mismos blancos en proporciones iguales, resulta que para un delito que cometen los primeros, los segundos cometen casi cuatro. ¡Anomala espantosa que est en contradiccin con los principios morales y con la expe-

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OBRAS 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ riencia de todos los siglos! Mas, por fortuna, esa anomala es aparente, pues los nmeros de la estadstica criminal no representan la verdad de las cosas. Reflexinese que la mxima parte de los esclavos residen en los campos, y que apartados de las poblaciones y de la influencia seductora de ellas, tienen menos ocasin de delinquir: reflexinese, que esos esclavos viven en un recogimiento saludable, que se procura mantenerlos aislados de los de las haciendas vecinas, y que ejercindose sobre ellos da y noche una vigilancia casi continua, no les es fcil entregarse a las maldades a que sus instintos y su situacin los arrastran: reflexinese, que los amos son una especie de jueces domsticos, y que la ley o la costumbre les confa el castigo de muchas acciones, que si las perpetraran los libres, caeran bajo la jurisdiccin de los tribunales: reflexinese, en fin, que no teniendo los esclavos ninguna responsabilidad pecuniaria, y recayendo sobre sus amos todos los quebrantos que lleva consigo en Cuba una causa criminal, stos se empean en alejar de los delitos de aqullos la intervencin de los tribunales, pues sin derechos ni garantas de ningn gnero, teme con razn los golpes de la arbitrariedad. Remuvanse todas estas causas y al punto se ver cmo esos esclavos que tan poco culpables aparecen hoy, ocuparn un alto puesto en la escala criminal de Cuba. Otra anomala, que no es aparente sino verdadera, presentan los esclavos, pues cuando se consideran en sus diferentes sexos, se descubre que si los varones son menos delincuentes que los de las otras razas, en las hembras sucede todo lo contrario. Los datos de la estadstica no meNm. de criminales Grado de criminalidad con relacin al nmero de delitos Proporcin de criminales con relacin al nmero de habitantes de cada clase PROPORCI"N entre los sexos Nacionales......1 678 1. Los chinos 1 por cada 75 chinos VaronesHembras Blancos.... 98'23 por cien 1'77 por cien Extranjeros De ellos 465 chinos............480 2. Los de color libres 1 344 de color libres De color libres....... 96'45 id.3'55 id. De color libres..............656 3. Los blancos 1 448 blancos Esclavos...91'76 id.8'24 id. dem esclavos.........231 4. Los esclavos 1 1 633 esclavos. 3 045

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JOS ANTONIO SACO /113 /113 /113 /113 /113 dan ninguna luz para explicar esta diferencia; pero ella quiz procede, en parte, de los infanticidios que cometen las esclavas. Despus de los chinos, los libres pertenecientes a la raza africana son los que figuran como ms delincuentes. Esta clase numerosa, pues que, segn el censo de 1861 ascendi a 232 493, habita casi toda en las poblaciones, y por lo mismo, su influencia es ms contagiosa y malfica. Hundida en la ignorancia, si, de una parte, cuenta en su seno muchos individuos laboriosos y honrados, de otra, es forzoso convenir que su inmensa mayora es un azote y un peligro para la sociedad cubana. En tales circunstancias, es de la ms imperiosa necesidad que se trate de buscar un remedio a tan grave situacin; y no sindome posible examinar ahora este asunto bajo todos sus aspectos, me contentar con hacer algunas indicaciones que saltan a la mente de todo hombre reflexivo. La futura tranquilidad de Cuba y la conservacin del dominio espaol en ella dependen esencialmente de dos medidas vitales: una, el fomento de la poblacin blanca; otra, la disminucin de la raza africana y de las dems que no pertenezcan a aqulla. El fomento de la colonizacin blanca no se consigue en Cuba con juntas establecidas, ni con fondos al efecto destinados. De qu sirven aqullas ni stos en un pas, donde la mala organizacin de nuestro sistema agrcola niega al colono blanco toda participacin en el trabajo de nuestros campos? De qu sirven en un pas donde reina el absolutismo, donde no estn asegurados la propiedad ni los derechos individuales, donde las contribuciones abruman al propietario y al hombre industrioso, y donde todo propenda al extraordinario encarecimiento de los artculos indispensables para sustentar la vida? El torrente de la emigracin huir de nuestro suelo, y correr, como corre, hacia otros pases donde el colono encuentra lo que Cuba no le da. La disminucin de la raza africana consiste en no permitir la entrada en Cuba a ningn individuo de ella, libre o esclavo. Pero esto no basta para nuestro propsito: es menester, adems, arrancar de aquella tierra tanta maleza como la cubre. La raza blanca casi ha desaparecido de todas las Antillas extranjeras, y bien puede decirse que son islas de negros. En Cuba misma, donde predomina el elemento blanco, la raza africana ha ido ganando terreno, pues si en 1791 toda la gente de color libre y esclava, slo lleg a 138 742; en 1861 ya se haba elevado a 603 046; o sea, a mucha ms del cudruplo. Contrayndonos nicamente a la clase libre de color, veremos que si en 1791 fue de 54 152, en 1861 subi a 232 493; es decir, que en ese espacio ha ms que cuatriplicado. Saliendo del recinto cubano, y tendiendo la vista por su vecindad, encontramos a Cuba rodeada de una poblacin de raza africana que ya se eleva a 7 millones. Esta masa formidable perteneciente toda a nacio-

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OBRAS 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ nes extranjeras, es una amenaza continua contra Cuba, y el da en que Espaa pueda tener un conflicto con algunas de ellas, que son por cierto muy poderosas, de seguro que esa raza ser al arma ms terrible que contra nosotros se asestar. No se olvide tampoco que la reincorporacin a Espaa de una parte de la isla de Santo Domingo ha irritado a los negros haitianos; y aunque ellos por s solos no son hoy muy temibles como invasores, pueden servir a otros de instrumento y hacernos un dao inmenso. La salvacin del Estado es la suprema ley, y si yo tuviera en mis manos los destinos de Cuba decretara: 1 Que ningn individuo de raza africana, varn o hembra, libre o esclavos, que saliese de Cuba por cualquier motivo, jams pudiese volver a ella. 2 Que todo delincuente de raza africana libre, que no fuese condenado a muerte, purgase su pena, no en Cuba, sino en los presidios de Espaa y frica, y acaso con ms provecho en Fernando Po, pues debemos recordar que con delincuentes form Inglaterra las magnficas colonias que posee en Australia. 3 Que siendo la vagancia la escuela fatal que engendra tantos ladrones y asesinos, se hiciese un padrn exacto de la gente libre de color, y que todo aquel que no acreditase tener medios de subsistencia, procedentes de renta propia o de algn oficio o profesin conocidos, fuese enviado como vago y perjudicial, ya a la Pennsula para servir en la marina de guerra, en el ejrcito o en otras ocupaciones, ya a Fernando Po, cuya inmediacin a las bocas del Nger le prepara un ventajoso porvenir. Cuba gasta indebidamente algunos centenares de miles de pesos al ao; pero ya que los gasta, mucho mejor sera que se empleasen en el objeto que propongo. 4 Respecto de la dems gente libre de raza africana que no se halla comprendida en los casos anteriores, no se debe ejercer ninguna compulsin. Sin embargo, yo formara juntas, reunira fondos, y fomentara su emigracin voluntaria al punto que ellos quisiesen escoger. Muchos podran ir a la Pennsula, y esparcidos all en una poblacin de 16 millones de habitantes que cada da se aumentar, lejos de inspirar temores, se dedicaran, en campo ms grande y ms libre para ellos, al servicio domstico, a las artes, al comercio, y a todo gnero de empresas, pudiendo hasta realizar aspiraciones que en Cuba no les es permitido satisfacer. 5 Mientras las cosas subsistan como hoy, y no se haga novedad en la legislacin de manumisiones, yo exigira que todo esclavo que se libertase de cualquier modo que sea, y que no pasase de 50 aos de edad, saliese de la Isla. Esta disposicin no causara ningn perjuicio a los campos, que son los que tienen ms necesidad de brazos, y digo que no

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JOS ANTONIO SACO /115 /115 /115 /115 /115 lo causara, porque las manumisiones siempre recaen en los esclavos urbanos, siendo muy raros los casos en que los rsticos se libertan. No se tache de tirnica esta medida. La libertad es un bien, y la ley al concederlo, puede imponer todas las condiciones que juzgue necesarias para la salvacin y tranquilidad de la patria. stas son algunas de las ideas que me ha sugerido el examen de la estadstica criminal de Cuba. Concluyo diciendo como empec: que no puedo escribir todo lo que siento Pero al levantar la pluma, no puedo abstenerme de consignar en el papel la irrefragable verdad de que las instituciones a cuya sombra se produce una estadstica criminal como la de Cuba, esas instituciones llevan en s su ms justa condenacin.

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FIEST FIEST FIEST FIEST FIEST AS CON QUE LA HABANA HA CELEBRADO AS CON QUE LA HABANA HA CELEBRADO AS CON QUE LA HABANA HA CELEBRADO AS CON QUE LA HABANA HA CELEBRADO AS CON QUE LA HABANA HA CELEBRADO EN LOS DAS 15, 16 Y 17 DE MA EN LOS DAS 15, 16 Y 17 DE MA EN LOS DAS 15, 16 Y 17 DE MA EN LOS DAS 15, 16 Y 17 DE MA EN LOS DAS 15, 16 Y 17 DE MA YO DE 1864 YO DE 1864 YO DE 1864 YO DE 1864 YO DE 1864 EL ADOQUINADO DE LA CALZAD EL ADOQUINADO DE LA CALZAD EL ADOQUINADO DE LA CALZAD EL ADOQUINADO DE LA CALZAD EL ADOQUINADO DE LA CALZAD A DEL MONTE, A DEL MONTE, A DEL MONTE, A DEL MONTE, A DEL MONTE, HOY LLAMAD HOY LLAMAD HOY LLAMAD HOY LLAMAD HOY LLAMAD A C A C A C A C A C ALLE DEL PRNCIPE ALFONSO ALLE DEL PRNCIPE ALFONSO ALLE DEL PRNCIPE ALFONSO ALLE DEL PRNCIPE ALFONSO ALLE DEL PRNCIPE ALFONSO1 1 1 1 1No son esas fiestas en s las que me mueven a escribir este artculo, sino el motivo que las ha ocasionado, porque l me servir para hacer algunas indicaciones higinicas, que no por estar al alcance de todos deja de ser conveniente el repetirlas en Cuba. ¡Grandes fiestas en La Habana y nada menos que durante tres das, no por haberse abierto, sino tan slo empedrado una calle por ms principal que sea! Esto prueba dos cosas. Una, el grande atraso en que todava se halla entre nosotros ese ramo de polica urbana, a pesar de los buenos deseos de aquel Ayuntamiento, pues lo que es una ocurrencia diaria, y por lo mismo, no llama la atencin en pueblos de menos recursos y de infinitamente menos importancia que La Habana, en sta se considera como un acontecimiento extraordinario. Otra, el abandono con que hemos mirado la pblica salubridad, porque no obstante de ser aquella calle la ms transitada de La Habana, ha permanecido hasta ahora en el estado ms espantoso. En tiempos de sequa se levantaban en ella densas y sofocantes nubes de polvo y en la estacin de las lluvias se converta en un inmundo lodazal, cuyos nocivos vapores, mezclados o combinados con los ftidos miasmas de dos cloacas descubiertas que corran a sus lados, propagaban en su derredor la infeccin y la muerte. As se explica el contento de aquellos habitantes, y que sintindose renacer a nueva vida, hayan celebrado con pblicos regocijos tan fausto acontecimiento. Y lo que en esa calle se acaba de hacer, cundo se har tambin con todas las dems de aquella ciudad? Tarde y muy tarde, me respondern, porque la corporacin encargada de ejecutar tales obras carece de dinero. Yo bien lo s. Pero por qu no se le da? Muchos millones de pesos fuertes valen los bienes de los conventos suprimidos en Cuba, 1 La Amrica Madrid, 27 de julio de 1864.

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JOS ANTONIO SACO /117 /117 /117 /117 /117 por qu, pues, no se pone a su disposicin una parte de ellos, como hace ao y medio que ped en otro de mis artculos, publicado en La Amrica ?2 Si los centenares de miles de pesos que anualmente se han enviado a Fernando Po; si las muchas decenas de millones de duros que con el nombre de sobrantes se han sacado de las entraas de Cuba, para derramarlos fuera de su suelo; si los millones tan intilmente gastados en la expedicin a Mjico; si los muchsimos ms invertidos en la reincorporacin y en la funesta guerra de Santo Domingo; si una parte, en fin, de esa suma enorme de millones de pesos, se hubiese empleado en componer las calles de La Habana, no es verdad que ellas no presentaran un espectculo tan vergonzoso a los ojos del mundo civilizado? Al expresarme as, contrigome tan slo a su piso; pues en cuanto a su anchura, ellas tienen un defecto capital que no podra remediarse sino a fuerza de dinero y en largo tiempo. De muy encogido cerebro debieron ser nuestros progenitores, cuando nos trazaron calles tan estrechas en el clima de La Habana, pero menos disculpables que ellos, es la presente generacin, pues que desatendido a las actuales necesidades y a los enviables modelos que la Europa y la Amrica le presentan, en vez de formar una hermosa poblacin en los barrios extramuros, ha incurrido con rarsimas excepciones en el mismo grave pecado. La anchura de las calles da a los pueblos un aire de grandeza; es una necesidad en las ciudades de gran movimiento; disminuye el ruido que ste ocasiona; influye en la salud pblica, permitiendo la libre ventilacin, facilita la construccin de aceras espaciosas, y deja campo para plantar rboles que purifiquen la atmsfera y den sombra y frescura a una tierra quemada por el sol. En Pars se est palpando, que en el ensanche de las calles ha disminuido considerablemente la mortandad aun en barrios antes malsanos y mortferos. Si a las aceras se prefieren los portales en algunas calles, como se ha hecho en la Calzada de Galiano, yo me alegrara que fuesen arcos, pues a la solidez de esta forma, se junta la gracia y la elegancia. En esto cabalmente consiste el mrito principal de la calle del Po en Turn y de la de Rivol en Pars. Hay en La Habana muchas casas que all se llaman de alto porque tienen uno o ms pisos sobre el suelo, y algunas tan magnficas, que son verdaderos palacios; pero el plan general de fabricacin es de casas bajas. Sera de desear que se fuese desterrando un gnero de arquitectura, que no tanto proviene de la escasez de medios en los fabricantes, cuanto de una rutina que nos legaron nuestros mayores. Las casas de alto ofrecen un golpe de vista ms imponente que las bajas: en igualdad de circunstancias cuestan proporcionalmente menos, pues sobre el mis2Vase la pgina 39.

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OBRAS 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ mo terreno se obtiene mayor nmero de piezas: son ms saludables, porque no estn tan expuestas al polvo, a la humedad, ni a la inmediata influencia de los miasmas que exhalan las calles, sobre todo, cuando no estn sujetas a una vigilante polica; sintese menos el ruido de las cabalgaduras y carruajes; y se vive, en fin, ms en familia y en casa, pues ni las curiosas miradas de los transentes penetran dentro de ella, ni llegan tan fcilmente a los odos de las esposas y de las hijas las palabras obscenas que vomita la hedionda boca del negro y mulato desgarrado, del impdico mozuelo y de otros blancos procaces. De plazas y paseos necesita tambin La Habana para dar aire y respiro a una poblacin, que viviendo ahogada toda entera en calles estrechas, ardientes e insalubres, gran parte de ella est adems encerrada dentro de unas murallas que debieron haberse derribado muchos aos ha. Nada exagero al afirmar, que en punto a plazas y aun paseos, hoy estamos peor que en los tiempos anteriores al gobierno del general Tacn, y mucho ms si se atiende a la poblacin respectiva de ambas pocas. Hubo hasta entonces en La Habana de intramuros cuatro plazas pequeas, y digo cuatro, porque las dems son indignas de tal nombre. sas eran la Plaza Vieja, la del Cristo, la de Armas y la de la Catedral. Las dos ltimas existen, aunque no en el estado que debieran tener, y las dos primeras desaparecieron, pues se transformaron en mercados cubiertos; y si bajo de este respecto gan la poblacin, es innegable que perdi en cuanto a salubridad, porque tal es el resultado necesario de la grande acumulacin de materias animales y vegetales en un estrecho recinto, particularmente en un clima que tanto acelera la fermentacin y la putrefaccin de ellas, y donde sin el ms prolijo aseo pueden convertirse esos lugares en focos de enfermedades y pestes. Para conocer los males que sufre la numerosa poblacin de intramuros y los grandes peligros que la amenazan, no se olvide que toda ella est amontonada en el reducido espacio que por su parte ms larga slo mide 900 toesas y 500 por la ms ancha. Aun conservamos la Alameda llamada de Paula; pero cuando despus de 26 aos de ausencia la volv a ver en 1861, confieso que no la encontr con aquella vida y movimiento con que la dej. Y esto es fcil de comprender, porque ya haba perdido el realce que le daba la brillante concurrencia al teatro situado en uno de sus extremos, y cuya demolicin es deplorable, pues en toda La Habana no hay para semejante edificio ningn punto tan ventilado, tan fresco ni tan delicioso. De amplias dimensiones, si ya se consideraba estrecho por el incremento de la poblacin; pudo haberse agrandado, aadindole, no slo un pequeo solar que tena al fondo, y toda el rea que ocupaba la antigua casa de Luz, sino aun hacindole avanzar un poco el frente sobre el mismo terreno de la Alameda. De este modo se hubiera levantado all un teatro que si

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JOS ANTONIO SACO /119 /119 /119 /119 /119 magnfico por su capacidad y esplendor, habra sido admirable por su singular situacin. Este teatro y Alameda, obra fueron del marqus de la Torre, a quien tambin se debi la formacin del gracioso paseo Nuevo Prado denominado generalmente paseo de extramuros porque del lado exterior de ellos se extenda desde la puerta de la muralla hasta el castillo de la Punta. Adornado despus con dos fuentes, y una estatua de mrmol de Carlos III que se coloc a su entrada, fue por muchos aos el sitio ms elegante donde por las tardes, y principalmente en los das de fiesta, se reuna la sociedad habanera; y a embellecerlo contribua el hallarse lindando por uno de sus lados con el Jardn Botnico que era por s solo un paseo muy agradable y ameno. En aquel tiempo, el Campo de Marte era mucho ms espacioso que hoy; y como todos los terrenos que tena al frente hasta la puerta del Arsenal estaban enteramente despoblados, bien pudo aquel paseo haberse prolongado hasta ella, y ensanchndolo en esa parte, ddole la forma de un parque que tanto necesitamos. Pero lejos de haberse proporcionado a La Habana un lugar de esparcimiento y de saludable recreo en sitio tan ventajoso para los habitantes de intra y extramuros, destruyose vandlicamente casi todo lo que estaba hecho. Al Jardn Botnico que ya tena un hermoso arbolado, se sustituy el paradero de un camino de hierro; y del paseo Nuevo Prado o extramuros slo qued un pequeo resto que gradualmente fue cayendo en el mayor abandono. Esto provino de que deseoso el general Tacn de engrandecer con su nombre al que acababa de formar entre la antigua Calzada de San Luis Gonzaga, hoy calle de la Reina, y la loma del castillo del Prncipe, ejerci su poderosa influencia contra el Nuevo Prado no tanto para atraer hacia el suyo toda la concurrencia, cuanto quiz para eclipsar la memoria del marqus de la Torre su fundador, y la de otros gobernadores que lo adornaron y protegieron. Ojal que cuando se derriben las murallas, no se apodere enteramente de nosotros el espritu de especulacin que tanto nos ha invadido, y a veces con detrimento de los intereses polticos y morales que nunca un pueblo debe olvidar; y que tratndose entonces de corregir en algo el mal ocasionado, el rido Campo de Marte, nica plaza que existe en toda la vasta poblacin de extramuros, tome un nuevo aspecto, pues cubierto que sea de rboles y flores, servir de algn solaz a los que por falta de carruaje no pueden ir a otros parajes. Hgase lo mismo en cuantos sea posible, as de aquella ciudad, como de otras de Cuba, pues ms que ornato pblico es una imperiosa necesidad de aquel ardiente clima. Persuadidos del inmenso bien que producen, los ingleses llaman pulmones de Londres a los hermosos parques y plazas que vestidos de verdura en una parte del ao adornan esa inmensa capital. Pars, luchando con su rival, se transforma prodigiosamente. Otras capitales, y Madrid entre ellas, lo mismo que varias ciudades de Espaa y de diferen-

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OBRAS 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ tes naciones, todas se empean en alcanzar tan saludables mejoras. Y ser posible, que en medio de este movimiento general, la isla de Cuba, y sobre todo La Habana permanezcan hundidas en la vieja y fatal rutina que tantos millares de vctimas nacionales y extranjeras arrastran anualmente al sepulcro? Siendo Cuba colonia de una metrpoli monrquica, natural es que algunas de sus calles tomen los nombres de sus reyes y sus prncipes. As se acaba de hacer con la Calzada del Monte, y as se hizo en aos anteriores con la de San Luis Gonzaga; pero entre la multitud de nombres con que se distinguen las calles de La Habana, chanse de menos los de algunos ilustres personajes y benmeritos patricios a quienes la ingratitud o la indiferencia han dejado en el olvido. Qu calle ni qu plaza nos recuerda la memoria de Martn Calvo de la Puerta, que en 1669 mand imponer ms de 100 000 pesos para que con sus rditos se dotasen anualmente algunas hurfanas pobres? Dnde figura el generoso Juan Francisco Caraballo, que en el pasado siglo consagr gran parte de su cuantiosa fortuna al consuelo de la humanidad doliente y a la primaria enseanza de la infeliz puericia habanera? Dnde los celosos capitanes generales marqus de la Torre y D. Luis de las Casas? Dnde el dignsimo obispo Espada, el buen intendente Ramrez y el insigne D. Francisco Arango? Dnde el virtuoso y santo sacerdote Varela, fundador y fervoroso propagador en Cuba de la verdadera filosofa? Dnde el distinguido jurisconsulto orador Nicols Escovedo, y Jos de la Luz Caballero, sabio y entusiasta educador de la juventud cubana? Dnde, en fin, otros eminentes patricios que la naturaleza y brevedad de este artculo no me permiten mencionar? Yo no me refiero aqu a los vivos; contrigome slo a los muertos, pero a muertos ilustres ante cuya tumba deben enmudecer la envidia y la calumnia. Si acaso los nombres de algunos de ellos estuvieren escritos en las esquinas de las calles que yo ignoro, de seguro que stas sern muy insignificantes y oscuras, y no es se, por cierto, el lugar que corresponde a la memoria de tan esclarecidos varones, pues la patria debe conservarla en las plazas y calles principales que hoy existen o que en adelante se formaren.3La construccin de buenas cloacas es la obra ms esencial a la sanidad de los pueblos; y si ellas son necesarias en los pases templados y fros, cunto ms indispensables no sern en los climas tropicales? La antigua Roma tuvo cloacas admirables desde la poca de sus reyes. Construyolas primero Tarquino el Anciano y la cloaca mxima que 3Hay en La Habana una calle que se llama de Luz ; pero este nombre viene de la casa que la distinguida familia de ese apellido tena al principio de dicha calle. Tal nombre, pues, de ninguna manera se puede considerar como un homenaje rendido a la memoria del ms digno y ms ilustre representante de aquella familia.

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JOS ANTONIO SACO /121 /121 /121 /121 /121 era en la que derramaban todas las dems, obra fue de Tarquino el Sorberbio Apoyadas sobre arcos corran subterrneamente toda la ciudad, y tan anchas y altas eran, que una carreta cargada de heno poda andar por ellas, y navegar bajeles en sus aguas. Por esto repetir con Plinio el Naturalista : ope rum omnium dictu mximum suffossis montibus atque urbe pensil subterque navigata Ningn pueblo que carezca de buenas cloacas, es digno de constarse en el nmero de verdaderamente civilizado. De pocos aos ac, las de Pars son las primeras del mundo moderno, y sin que sea mi objeto describirlas, mencionar algunas de sus dimensiones. Las bvedas de las galeras son elpticas con 5 metros 60 centmetros de ojo o de abertura y 2 metros de flecha. Los grandes canales que recogen todas las inmundicias, tienen 3 metros y medio de anchura, y 1 metro 35 centmetros de profundidad, siendo de casi un metro de ancho las banquetas de los lados para la gente de a pie y para los carros que corren sobre dos carriles de hierro. Esta slida y grandiosa construccin est cubierta de un cimento que impide completamente toda infiltracin. Quien dice buenas cloacas, supone abundancia de agua, pues sin ella no es posible mantenerlas en buen estado; y he aqu por qu La Habana debe surtirse a toda costa de la mucha que necesita, no slo para las cloacas que debe hacer con urgencia, sino para regar sus calles, refrescarlas y lavarlas dndoles la limpieza de que tanto carecen. Si las aguas que prestan estos servicios pueden ser de inferior calidad, no as las que se emplean como alimento en la economa animal. Mucho se ha escrito y escribe sobre las propiedades fsicas y qumicas que deben tener las buenas aguas potables; pero estas discusiones cientficas en vez de acelerar el bien que La Habana reclama, serviran de excusa o de pretexto para retardarlo. Lo que a ella le importa es, que conformndonos con los conocimientos que actualmente poseemos en esta materia, procedamos pronto a remediar los males que se sienten. Desecar todos los pantanos, y dar corriente a las aguas que se hallan estancadas en las inmediaciones de La Habana, es una medida higinica de importancia vital. Sin traer ejemplos lejanos, obsrvese lo que ha sucedido en Matanzas. Esta ciudad, en otro tiempo, estaba sujeta casi todos los aos a unas calenturas, que desde el fin del esto hasta el principio de la primavera reinaban endmicamente, invadiendo un nmero considerable de individuos, y tomando segn el temperamento o idiosincrasia de ellos el carcter de remitentes o intermitentes, con perodos ms o menos marcados de fro, calor y sudor. Como estas fiebres eran las enfermedades ms comunes de Matanzas, moran muchos ancianos y una parte de la juventud. Este grave estado continu hasta que se terraplenaron todas las calles pantanosas, del Ojo de Agua y la mayor parte de los manglares,

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OBRAS 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ notndose desde entonces, que la mortandad ha disminuido sensiblemente. “¡Milagros causados, como dice un vecino de aquella ciudad, por los cuatros ferrocarriles que tocan en Pueblo Nuevo y por los muchos almacenes que se han construido sobre dichos manglares! Y no dicen estos hechos mudamente que nuestro gobierno local debe hacer todos los esfuerzos imaginables porque se terraplenen y desequen los restos de los antiguos manglares de Pueblo Nuevo?” El ejemplo de Matanzas es concluyente, y muy culpable sera no seguirlo en La Habana. El hombre siente el efecto mortfero de los miasmas, pero nada sabe acerca de su naturaleza, ni del modo con que ejercen su influencia en la economa animal. Escpanse al anlisis de la qumica y al examen del microscopio, y el da en que se haga este gran descubrimiento, la medicina y otras ciencias podrn gloriarse de haber dado un paso inmenso. Mientras tanto, el hombre no tiene ms medios de combatir a ese enemigo, presente en todas partes, pero siempre invisible, que la higiene y la limpieza, pues slo con ellas puede, si no impedir enteramente, a lo menos disminuir la formacin de los miasmas y su propagacin en la atmsfera. Tengo el honor de ser miembro de la Academia de Ciencias Mdicas Fsicas y Naturales de La Habana, y si me fuera dado asistir a sus sesiones, yo sometera a su consideracin, como asuntos de varias memorias, el siguiente programa: 1 Probar si en el perodo de los ltimos 25 o 30 aos, o en un plazo ms corto, la mortandad general de La Habana relativamente a su poblacin ha aumentado o disminuido, exponiendo al mismo tiempo, si es posible, todas las causas que hayan influido en ese resultado. 2 La fiebre amarilla es hoy ms o menos mortfera en La Habana que en tiempos anteriores? Se ha propagado en Cuba a localidades donde antes no exista? Y caso de ser as, proviene este fenmeno de que la enfermedad haya sido llevada o comunicada o de que haya nacido espontneamente, en virtud de causas particulares, a esas mismas localidades? 3 Las dems enfermedades reinantes en La Habana, han aumentado o disminuido su intensidad en el referido perodo de 25 o 30 aos, o en otro ms corto, y cules pueden ser las causas de este aumento o disminucin? Es de grande importancia que al resolver las cuestiones anteriores, se compare en todas ellas la marcha ascendente o descendente de las enfermedades con las observaciones meteorolgicas de los aos respectivos; es decir, con el peso, la humedad, la temperatura y la electricidad de la atmsfera. Como los datos sobre las materias que propongo, slo se pueden recoger en Cuba, creo tambin que slo all es donde se puede escribir acerca de ellas con acierto. Penetrado de esta verdad, guar-

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JOS ANTONIO SACO /123 /123 /123 /123 /123 dar un profundo silencio; pero silencio que rompera, a pesar de no ser mdico, si yo me hallase en La Habana. Aqu concluira este artculo, si no me viese forzado a continuarlo, aun quebrantando el propsito que hice de no ocuparme de las fiestas. En el programa de las del segundo da se lee al nmero 6 lo siguiente: “Primer carro tirado por dos caballos enjaezados a la antigua. Isabel la Catlica en ademn de dar sus joyas a Coln para el descubrimiento de Amrica. El gran Almirante se mantendr a los pies de Isabel, con una rodilla en tierra; sobre una mesa, cartas geogrficas e instrumentos nuticos”. Ese carro no es alegrico ni mitolgico, sino puramente histrico, y por lo mismo, debe representar los hechos, tales cuales fueron, as para no falsear la historia, como para no infundir al pueblo ideas errneas, tanto ms fciles de aceptar, cuanto van acompaadas de circunstancias que les dan una apariencia de verdad. Yo hago justicia a las buenas intenciones de los seores que dirigieron aquellas fiestas, y estoy persuadido a que ellos no procedieron por ignorancia; pero cualquiera que hubiese sido el motivo, que a m no me toca averiguarlo, lo cierto es que la gran masa del pueblo habanero que no tiene tiempo ni ocasin para instruirse de los acontecimientos ocurridos en Espaa 372 aos ha, y guindose solamente por la representacin que aquel carro le dio, est creyendo hoy que el descubrimiento del Nuevo Mundo se hizo con joyas de la reina Isabel I. Esta creencia es un error que se debe refutar. Antonio de Herrera, uno de los historiadores ms exactos sobre las cosas de Amrica, al exponer las razones que Luis de Sant ngel, escribano de Raciones de la corona de Aragn, alegaba para que Isabel favoreciese el proyecto de Cristbal Coln, concluye en estos trminos: “de mas, de que don Cristbal Coln no peda sino un cuento de maraveds para ponerse en orden: que por tanto la suplicaba [a Isabel] que el miedo de tan poco gasto, no hiciese desamparar tan grande empresa. ”La Reina, porque se vea importunar en la misma conformidad de Alonso de Quintanilla, que con ella tena autoridad, los agradeci el consejo, y dijo que le aceptaba, con que se aguardase a que se alentase algo de los gastos de la guerra; y que si todava apareca que se efectuase luego, tena por bien, que sobre algunas joyas de su cmara, se buscase prestado, el dinero que fuese menester. Quintanilla y Sant ngel la besaron las manos porque por consejo suyo hubiese determinado de hacer, lo que por el de tantos haba rehusado; y Luis de Sant ngel ofreci de prestar de su hacienda la cantidad necesaria ”.4Y no se diga, que el ofrecimiento de Luis de Sant ngel se qued en promesa, que bien se realiz como lo atestigua Gonzalo Fernndez de 4Herrera: Dcada 1, libro 1, captulo 8.

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OBRAS 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ Oviedo, otro historiador de aquella poca, muy digno de crdito en los asuntos del Nuevo Mundo. Oigmosle: “Y porque haba necesidad de dineros para su expedicin, a causa de la guerra, los prest para facer esta primera armada de las Indias y su descubrimiento, el escribano de racin, Luis de Sant ngel” .5El testimonio de Oviedo lo corroboraron del modo ms convincente algunos de los documentos que se conservan en el archivo de Simancas. En un libro de cuentas de Luis de Sant ngel y Francisco Pinelo, tesorero de la Hermandad, desde el ao 1491 hasta el de 1493, en el finiquito de ellas, se lee la siguiente partida: “Vos fueron recibidos e pagados en cuenta un cuento e ciento e cuarenta mil maraveds que distes por nuestro mandato al obispo de vila, que agora es arzobispo de Granada, para el despacho del almirante don Cristbal Coln”. En otro libro de cuentas de Garca Martnez y Pedro de Montemayor de las composiciones de Bulas del obispo de Palencia del ao de 1484 en adelante, hay la partida siguiente, en que de nuevo se hace mencin de la anterior cantidad pagada a Luis de Sant ngel. Dice as: “Dio y pag ms el dicho Alonso de las Cabezas [tesorero de la Cruzada, en el obispado de Badajoz] por otro libramiento del dicho arzobispo de Granada, fecho 5 de mayo de 92 aos... de dos cuentos seis cientos cuarenta mil maraveds que hobo de haber en esta manera: un cuento y quinientos mil maraveds para pagar a don Isag Abrahan por otro tanto que prest a sus Altezas para los gastos de la guerra, e el un cuento ciento cuarenta mil maraveds restantes para pagar al dicho Escribano de Racin en cuenta de otro tanto que prest para la paga de las carabelas que sus Altezas mandaron ir de armada a las Indias, e para pagar a Cristbal Coln que va en la dicha armada ”.6No insistir ms en este punto, como pudiera, porque lo expuesto basta para probar que el descubrimiento del Nuevo Mundo no se hizo con las joyas de la reina Isabel I, sino con dineros que Luis de Sant ngel prest a la corona de Castilla.7 5Oviedo, Historia general y natural de las Indias libro 1, captulo 4. 6Fernndez de Navarrete: Coleccin de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los espaoles desde fines del siglo XV, t. II, documento no. 2. 7Esto no quiere decir que Saco negara la tradicin histrica del ofrecimiento hecho por la magnnima Isabel la Catlica de empear sus joyas para ocurrir a los gastos de la empresa de Coln. Lo que Saco ha negado en vista de estos documentos, es que fuese cierto que se vendieran esas joyas de la gran Reina para que atravesarn el oceno las carabelas de Coln. Y en esta negativa le acompaan distinguidos escritores nacionales: entre ellos, D. Manuel Lasala ( Revista de Catalua t. 3, p. 665) y D. Vctor Balaguer en su Historia de Catalua t. 1, p. 269. (V.M.M.)

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COMENT COMENT COMENT COMENT COMENT ARIO A UN PRRAFO DE UNA C ARIO A UN PRRAFO DE UNA C ARIO A UN PRRAFO DE UNA C ARIO A UN PRRAFO DE UNA C ARIO A UN PRRAFO DE UNA C AR AR AR AR AR T T T T T A A A A A ESCRIT ESCRIT ESCRIT ESCRIT ESCRIT A EN LA HABANA AL A A EN LA HABANA AL A A EN LA HABANA AL A A EN LA HABANA AL A A EN LA HABANA AL A UTOR UTOR UTOR UTOR UTOR DE ESTE AR DE ESTE AR DE ESTE AR DE ESTE AR DE ESTE AR TCULO TCULO TCULO TCULO TCULO1 1 1 1 1Por primera vez me ha honrado con una carta un caballero de La Habana,2 y hllola tan discreta, tan franca y tan patritica, que su autor me perdonar la libertad que me tomo, imprimiendo sin su previo consentimiento, un prrafo de ella. Este prrafo necesita de alguna explicacin, en la cual entro gustoso, porque creo que con ella rectificarn su equivocado juicio las personas a quienes me dirijo. “Leo tambin con verdadero placer [palabras son de la carta], cuanto ha publicado V. en La Amrica ... Debo decirle a V., sin embargo, que algunos le motejan a V. que reproduzca trabajos ya publicados, y dicen tambin que V., prepotente para atacar por su base las instituciones actuales, no entra en la averiguacin de los cambios que conviene hacer”. Este prrafo contiene dos cargos, y el primero consiste en que reproduzco trabajos que ya he publicado A esto responde V. que hay exageracin; y yo aado, que hay ligereza, injusticia y otra cosa que pudiera calificarse con un nombre duro, pero bien merecido. Es propensin comn al hombre aprobar o censurar lo que otros hacen, aun sin saber cules son los mviles que los impelen y el fin a que se encaminan, y de aqu nacen muchas veces, ms por error que por malicia, tantos juicios falsos y tantas acusaciones injustas contra las personas que se ocupan en los pblicos negocios. Reproduzco yo en La Amrica trabajos ya por m publicados? Yo empec a escribir en ella en mayo de 1862, y de entonces ac, slo han aparecido en sus columnas cuatro de mis publicaciones anteriores. 1 La protesta presentada a las Cortes en 1837 cuando stas privaron de todos sus derechos polticos a las provincias de Ultramar. 2 La supresin del trfico de esclavos africanos en la isla de Cuba impresa en Pars, a principios de 1845. 1 La Amrica Madrid, 27 de septiembre de 1864. 2Alude a D. Anselmo Surez y Romero. (V. M. M.)

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OBRAS 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ 3 El examen analtico del informe de la Comisin Especial nombrada por las Cortes, sobre la exclusin de los actuales y futuros diputados de Ultramar, y sobre la necesidad de regir aquellos pases por leyes especiales Este examen fue publicado en Madrid en 1837. 4 y ltima. La refutacin de los argumentos con que se pretende defender en Cuba el actual rgimen absoluto Debo advertir, que estos argumentos, tomados de La situacin poltica de Cuba y su remedio que di a luz en Pars en 1851, fueron modificados y amplificados, cuando los insert en La Amrica stos son todos los trabajos por m reproducidos, y lo fueron en los ltimos cuatro meses de 1862: de suerte que, as en gracia de su corto nmero, como del tiempo desde entonces transcurrido, y en el que he publicado muchos artculos enteramente nuevos, no debieran los seores que me motejan mostrarse tan descontentadizos ni melindrosos. Digo esto, no para excusarme, ni menos implorar su indulgencia, que yo proced cuerda y patriticamente, mientras que ellos motejan sin saber lo que motejan. Pues que, porque se hayan publicado una vez ciertos trabajos literarios, ya es malo reimprimirlos, aunque su reimpresin sea til y necesaria? Porque muchos cubanos hayan ledo mis escritos en tiempos anteriores, no es conveniente para el mismo bien de Cuba, que algunos de ellos los recuerden, y que lleguen a noticia de otros que nunca los han ledo? Por ventura estn condenados esos escritos a circular nicamente dentro del estrecho horizonte cubano, sin que jams puedan salir de l, aunque su conocimiento sea indispensable para revelar en la metrpoli los graves males de Cuba y la urgencia de remediarlos? Cuando de nuevo cog la pluma en 1862, fue con el objeto de alcanzar del Gobierno Supremo reformas polticas para Cuba. Estas reformas, sin las cuales es absolutamente imposible una buena administracin, dependen, no de Cuba, sino de Espaa, que es donde reside la fuente del poder. Mis esfuerzos, pues, debieron consagrarse a ilustrar en sta la opinin. Y cules medios ms eficaces que esos escritos reproducidos y tan inconsideradamente motejados ? Dos de ellos, como ya he dicho, haban visto la luz pblica en Pars, uno en 1845, y otro en 1851; mas, como ninguno de los dos hubiese circulado en Espaa, eran en ella del todo desconocidos. Los otros dos, a saber, la Protesta y el Examen analtico aunque publicados en Madrid, lo fueron en 1837, en medio de los extraordinarios acontecimientos que sacudan la nacin desde Cdiz hasta el Bidasoa; en medio del estruendo de las armas y del clamor de los guerreros que en fratricida lucha se destrozaban; y en medio de circunstancias en que los partidos que se combatan ninguna atencin prestaban a papeles que sobre la libertad o esclavitud de Cuba se publicasen. Muy poca fue, por tanto, la impresin que en el pblico madrileo produjeron la Protesta y el Examen ; y aun esa leve impresin muy

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JOS ANTONIO SACO /127 /127 /127 /127 /127 pronto se borr con los sucesos prsperos o adversos que diariamente se agolpaban en aquella grave situacin. Por otra parte, los hombres polticos que entonces figuraban, casi todos han desaparecido; hase alzado una nueva generacin, y cuando esos papeles se reimprimieron en La Amrica a fines de 1862, quiz ya no haba en toda Espaa seis peninsulares que conservasen la memoria de su primera edicin. Esto prueba la oportunidad y necesidad de reproducirlos en Madrid, y si me hubiera sido posible, habra hecho una tirada de 2 000 ejemplares para repartirlos gratuitamente en la metrpoli, porque las cuestiones que en esos cuatro papeles se discuten, son cabalmente las ms vitales para Cuba, y en cuya resolucin est cifrada su ventura o su desgracia. Por eso va a suceder, aunque desagrade a mis motejadores que esos mismos escritos reproducidos sern en breve reimpresos en algunos de los peridicos que ms circulan en Espaa. Nunca, nunca se olvide, que si yo escribo siempre sobre Cuba no siempre es exclusivamente para los cubanos pues como el fin que me propongo es alcanzar reformas polticas, he debido y deber muchas veces calcular mis papeles por el meridiano de Madrid y no por el de La Habana El otro cargo se funda en que prepotente yo para atacar por su base las instituciones actuales, no entro en la averiguacin de los cambios que conviene hacer. Si yo ataco por su base las instituciones actuales, y si stas son absolutas, evidente es que estn indicados y aun claramente averiguados los cambios que conviene hacer; cambios que consisten en sustituir al absolutismo un sistema completamente liberal. Este sistema se puede poner en prctica de dos modos: o dando a Cuba representacin en las Cortes, como en pocas anteriores, o estableciendo en ella una corporacin poltica llamada comnmente Consejo colonial Pero por cul de estos dos modos opto yo, se preguntar? Francamente confieso que me es sensible que haya cubanos que me hagan tal pregunta, porque ella supone o una duda que no debieran tener, o un olvido de lo que no debieran olvidar. Y ya que las cosas han llegado a este punto, permtaseme decir, sin que se me tache de inmodesto, que cuando en Cuba nadie pensaba en Consejo colonial yo fui el primero que lo ped, y quien, clamando por l en casi todos sus escritos, ha contribuido ms que nadie a generalizar esta idea en el pueblo cubano. En enero de 1835 llegu a Madrid por primera vez y apenas hube pisado su suelo escrib un papel intitulado: Carta de un patriota, o sea, clamor de los cubanos dirigido a sus procuradores a Cortes Cuba tena entonces diputados, y refirindome a ellos dije lo siguiente: “Una junta colonial o provincial pues nada importan los nombres con tal que estemos bien gobernados, sera uno de los presentes ms

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OBRAS 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ aceptables, que nuestros diputados pudieran hacer a su patria. Esta junta, en cuya naturaleza no podemos entrar ahora, producira ventajas incalculables, y siendo el intrprete ms fiel entre Cuba y Espaa, servira para estrechar ms y ms los vnculos que deben unir a la madre con la hija”. Esto escrib casi 30 aos ha. En 1837 publiqu tambin en Madrid el Examen analtico ya mencionado en este artculo, y en el primer prrafo de la segunda parte me expres as: “Muy explcito quiero ser en esta parte de mi discurso. De acuerdo con la comisin y reconozco tal vez con ms motivo que ella, la necesidad de que los pases ultramarinos sean gobernados por una legislacin especial. Pero si en este punto convengo, aprtome de su sentir, no slo en cuanto a la naturaleza de los argumentos que emplea, sino en cuanto a los medios de que piensa valerse, y al carcter odioso que se propone dar a las mismas leyes que recomienda. Que las provincias de Ultramar tengan constituciones particulares formadas con intervencin de sus representantes; que en ellas se establezcan asambleas provinciales, popular y peridicamente elegidas, en las que se propongan y discutan las leyes que deben regirlas, se examinen y aprueben todos los presupuestos, y se ventilen otras materias que no es del caso mencionar ; que se desarme a los gobernantes de las dictatoriales facultades de que estn formidablemente revestidos; que se rompan las trabas de la prensa, restituyendo su libertad a este rgano del entendimiento; que se afiancen, en fin, por medio de leyes protectoras, los derechos y garantas de aquellos habitantes ultrajados: he aqu cules han sido, cules son, y cules sern mis ardientes y constantes deseos Pero la comisin entrando en lucha abierta con ellos, me pone en el amargo conflicto de combatirla, no porque pida leyes especiales para Cuba pues que, segn he dicho, estamos acordes en este punto; sino por los medios de que pretende servirse para formarlas, y de la ignominiosa esclavitud en que con ellas intenta sumergirnos. Sentadas estas ideas, marchar con paso ms libre, y siguiendo de cerca las huellas de la comisin, podr sealar a la luz de un claro examen los escollos en que ha tocado y los parajes donde ha cado”. Otros muchos pasajes de mis escritos, en que insisto en el mismo pensamiento, pudiera citar aqu; mas, todos los omito, porque ellos estn al alcance de cuantos cubanos quieran cerciorarse de esta verdad. Pero dirase, si tales son tus ideas, por qu has guardado silencio acerca de ellas despus que has vuelto a escribir desde 1862? Antes de responder, debo observar, que de entonces ac tampoco he proferido una sola palabra pidiendo diputados para Cuba. De esta conducta puedo dar hoy una franca explicacin, y digo hoy, porque antes hubiera podido perjudicar a la causa que defiendo.

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JOS ANTONIO SACO /129 /129 /129 /129 /129 Dos razones he tenido para no pedir diputados. La primera es, que si bien ellos, atendida la deplorable condicin de Cuba, seran un cambio en la funesta poltica hasta aqu seguida y un medio de reparar algunos agravios e injusticias, yo estoy ntimamente convencido de que esos diputados, por ms esfuerzos que hagan, nunca podrn llenar las inmensas necesidades de Cuba. Siendo sta mi opinin, no he querido pedir lo que no me satisface, ni exponerme a que se me acuse de inconsecuencia o contradiccin, cuando llegue la hora de que pida un buen Consejo o legislatura colonial o provincial La segunda razn es puramente personal. En 1836 fui nombrado tres veces diputado a Cortes por Cuba, en menos de seis meses, y nunca pude entrar en ellas: las dos primeras, porque cuando llegaron a Madrid mis poderes, ya haban sido disueltas las Cortes para que fui nombrado; y la tercera, por haberse decidido entonces que no se admitiesen diputados por las provincias de Ultramar. Si yo los hubiese pedido ahora, no pensaran muchos que yo lo haca con la mira de que se me volviese a nombrar? Viviendo Cuba bajo el peso del despotismo no han podido formarse en ella hbitos de tolerancia y libertad. En este punto no podemos equipararnos a otros pases ms felices; y aun cuando yo desease ser diputado, digo aqu pblicamente, que en mi posicin personal jams me presentara como candidato cubano. Un sentimiento de delicadeza me prohbe ser ms explcito. Pero si no he pedido diputados, por qu tampoco he pedido legislatura provincial ? Ved aqu mis razones. Primera. En Espaa se mira de mal ojo lo que procede del extranjero, y como tal consideran todos en ella la institucin de los consejos coloniales. Cuando yo escriba detenidamente sobre ellos, probar que la primera idea, el embrin de esas corporaciones polticas no es ingls, sino espaol y muy espaol Segunda. Muchos hombres influyentes en Espaa estn dispuestos a dar a Cuba diputados; pero esos mismos se oponen tenazmente a la legislatura, porque la temen como la palanca ms poderosa de que Cuba se servira para hacerse independiente. Esta equivocada opinin es tan general en Espaa, que slo en el partido progresista es donde hay un corto nmero de hombres favorables a la legislatura. A qu, pues, pedir lo que era y aun actualmente es imposible que nos den? Tercera. Yo bien s que pidiendo, a pesar de que nada se hubiera conseguido, se habra a los menos ilustrado y preparado la opinin; pero en esto se corra el riesgo de que viendo el gobierno que unos queran diputados y otros legislatura se aprovechase de esta divergencia, y so pretexto de estudiar la cuestin para resolverla con acierto, se empleasen en el estudio largos y largos aos, quedndonos sin diputados y sin Consejo. Pudiera tambin haber acontecido, que para salir del paso, se

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OBRAS 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ nos hubiese dado con el nombre de legislatura una corporacin con visos de poltica, pero en realidad, puramente administrativa De este modo, en vez de ganar hubiramos perdido, porque la concesin de diputados vale mucho ms que semejante Consejo Estas consideraciones, que ya hoy no tienen la fuerza que antes, y otras que debo omitir, me indujeron a no formular ningn programa, reducindome tan slo a combatir como malas las actuales instituciones, y a pedir en trminos generales derechos polticos para Cuba, dejando as al gobierno, sin atarme yo las manos, la ms amplia iniciativa, para que diese, ora diputados, ora una legislatura. De sta espero tratar extensamente dentro de poco tiempo.

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EL ACTU EL ACTU EL ACTU EL ACTU EL ACTU AL EMPERADOR DE MJICO AL EMPERADOR DE MJICO AL EMPERADOR DE MJICO AL EMPERADOR DE MJICO AL EMPERADOR DE MJICO Y EL CONDE ARAND Y EL CONDE ARAND Y EL CONDE ARAND Y EL CONDE ARAND Y EL CONDE ARAND A A A A A1 1 1 1 1Qu conexin hay, preguntarn muchos de mis lectores, entre Maximiliano de Austria, actual emperador de Mjico, y el conde Aranda? Tanta hay, respondo yo, que si la corte de Espaa hubiese adoptado las ideas de ste a fines del pasado siglo, aqul no estara sentado hoy en el trono de Moctezuma. Hallbase el conde Aranda de embajador en Pars, cuando ces en 1783 la guerra por la independencia entre la Gran Bretaa y sus colonias de Norteamrica. Nombrado Aranda plenipotenciario por el Gobierno espaol para hacer la paz con Inglaterra, concluido que la hubo, volvi a Madrid con licencia temporal, y entonces present a Carlos III un dictamen reservado, en que le propona un plan, para que en los trminos que ms adelante expondr, se desprendiese Espaa de todas las colonias que posea en el continente americano. Mas, antes de proseguir, es preciso indicar como Espaa se vio envuelta en la contienda de la metrpoli inglesa con sus colonias de Norteamrica, llamadas despus Estados Unidos. Por el Tratado de Utrecht ajustado en 1713, subi legalmente al trono de Espaa la dinasta de los Borbones, y desde entonces adquiri Francia gran influencia en el destino de aquella nacin. En 15 de agosto de 1761 se hizo el tratado tan funesto para Espaa, y conocido con el nombre de Pacto de familia .2 Ligadas por l las dos naciones, Espaa 1 La Amrica Madrid, 12 de febrero de 1865. 2Por este tratado, todos los soberanos de la casa de Borbn, formaron una alianza perpetua ofensiva y defensiva, todos ellos reconocieron al enemigo del uno, como enemigo de todos; se comprometieron a no hacer alianza separada con ninguna potencia de Europa; se garantan mutuamente sus Estados respectivos; se asimilaban en todos los sbditos de sus aliados a sus propios sbditos; se abran recprocamente sus fronteras y sus puertos. Y los pueblos de Francia, Espaa, Parma, Plasencia y de las Dos Sicilias no formaban, segn las palabras del Pacto ; sino una sola nacin o una sola familia. Luego que la Gran Bretaa tuvo noticia de l, le declar la guerra a Espaa, ocasionndole grandes desastres, y siendo entonces cuando La Habana cay en poder de los ingleses en agosto

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OBRAS 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ era arrastrada a la guerra cada vez que Francia la tena con alguna potencia. La lucha entre la Gran Bretaa y la Francia, entrada ya la segunda mitad del pasado siglo, y a que puso fin la paz de 10 de febrero de 1763, hizo pasar al dominio de aquella nacin las posesiones del Canad, que hasta entonces haban sido francesas. Pocos aos despus, las colonia britnicas de Norteamrica se sublevaron contra su metrpoli, y Francia, para vengarse de la potencia que acababa de quitarle el Canad, abraz la causa de aquellas colonias, form con ellas en 6 de febrero de 1778 un tratado de alianza y de comercio, y rompiendo las hostilidades con su rival, Espaa se vio forzada por el Pacto de familia que la ligaba, a declarar tambin la guerra a la Gran Bretaa. ste fue uno de los ms grandes errores que Espaa pudo cometer, porque poseyendo un mundo entero en Amrica, dio a sus colonias el ejemplo de proteger con las armas la rebelin de otras colonias extranjeras; sancionando de este modo el derecho que tenan las suyas para proclamar la independencia, cuando se les presentase alguna ocasin favorable. Al conde de Aranda no pudieron ocultarse las tristes consecuencias que de tan errnea poltica deban resultar para Espaa, y por eso dijo en aquel dictamen reservado lo que voy a transcribir. “Las colonias americanas han quedado independientes: ste es mi dolor y recelo. La Francia, como que nada tiene que perder en Amrica, no se ha detenido en sus proyectos con la consideracin de que la Espaa, su ntima aliada y poderosa en el Nuevo Mundo, queda expuesta a golpes terribles. Desde el principio se ha equivocado en sus clculos, favoreciendo y auxiliando esta independencia, segn manifest algunas veces a aquellos ministros. Qu ms poda desear la Francia que ver destruirse mutuamente los ingleses y colonos en una guerra de partidos, la cual deba ceder siempre en aumento de su poder e intereses? La antipata de la Francia y de la Inglaterra ceg al gabinete francs, para no conocer que lo que le convena era estarse quieto, mirando esta lucha destructora de los dos partidos; pero por nuestra desgracia no fue as, sino que con motivo del pacto de familia, nos envolvi a nosotros tambin en una guerra, en que hemos peleado con nuestra propia causa”. Dos causas fueron los mviles de Aranda para proponer a su corte la gran resolucin de que Espaa se deshiciese de todas sus colonias continentales. Una interna, y otra externa. Aqulla consista en el estado en que se hallaban las mismas colonias respecto de Espaa: sta, en las futuras aspiraciones de la nueva repblica que acababa de erigirse en el septentrin de la Amrica. de 1762. Por la prontitud con que escrib este artculo no me detuve a mencionar los dos tratados anteriores, llamados pactos de familia a saber: el de 7 de noviembre de 1733 y el 25 de octubre de 1743. Todos no fueron iguales. Vase La Amrica de 12 de noviembre de 1862, p. 6.

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JOS ANTONIO SACO /133 /133 /133 /133 /133 En cuanto a la primera causa, el conde de Aranda expone a su gobierno con toda la franqueza de un buen patricio espaol los justos motivos de descontento que las colonias espaolas tenan contra su metrpoli. Dice as: “Dejo aparte el dictamen de algunos polticos, tanto nacionales como extranjeros, en que han dicho que el dominio espaol en las Amricas no puede ser duradero, fundados en que las posesiones tan distantes de su metrpoli, jams se han conservado largo tiempo. En el de aquellas colonias ocurren an mayores motivos; a saber: la dificultad de socorrerlas desde Europa cuando la necesidad lo exige: el gobierno temporal de virreyes y gobernadores, que la mayor parte van con el nico objeto de enriquecerse: las injusticias que algunos hacen a aquellos infelices habitantes: la distancia de la soberana y del tribunal supremo donde han de acudir a exponer sus quejas: los aos que se pasan sin obtener resolucin: las vejaciones y venganzas que mientras tanto experimentan de aquellos jefes: la dificultad de descubrir la verdad a tan larga distancia: y el influjo que dichos jefes tienen, no solamente en el pas, con motivo de su mando, sino tambin en Espaa, de donde son naturales; todas estas circunstancias, si bien se mira, contribuyen a que aquellos naturales no estn contentos, y que aspiren a la independencia, siempre que se les presente ocasin favorable”. Este prrafo, que otras veces he citado en algunos de mis escritos, prueba evidentemente el fatal error de aquellos que creen que la concesin de derechos polticos a las colonias espaolas, fue la causa de su independencia, siendo as, que sta precedi en muchas de ellas a las instituciones liberales que Espaa ha proclamado en este siglo. La segunda causa, que es la que proceda de los Estados Unidos, no puedo tampoco pasarla en silencio, porque el conde de Aranda vaticin con un espritu proftico lo que infaliblemente haba de suceder. “El recelo de que la nueva potencia [tales son sus palabras], formada en un pas donde no hay otra que pueda contener sus progresos, nos ha de incomodar cuando se halle en disposicin de hacerlo. Esta repblica federativa ha nacido, digmoslo as, pigmeo, porque la han formado y dado el ser de dos potencias poderosas, como son Espaa y Francia, auxilindola con sus fuerzas para hacerse independiente: maana ser gigante, conforme vaya consolidando su constitucin, y despus un coloso irresistible en aquellas regiones. En este estado se olvidar de los beneficios que ha recibido de ambas potencias, y no pensar ms que en su engrandecimiento. La libertad de religin, la facilidad de establecer las gentes en terrenos inmensos, y las ventajas que ofrece aquel nuevo gobierno, llamarn a labradores y artesanos de todas naciones, porque el hombre va donde piensa mejorar fortuna, y dentro de pocos aos veremos con el mayor sentimiento levantado el coloso que he indicado.

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OBRAS 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ ”Engrandecida dicha potencia anglo-americana, debemos creer que sus primeras miras se dirigirn a la posesin entera de las Floridas para dominar el seno mejicano. Dado este paso, no slo nos interrumpir el comercio con el reino de Mjico, siempre que quiera, sino que aspirar a la conquista de aquel vasto imperio, el cual no podremos defender desde Europa contra una potencia grande, formidable, establecida en aquel continente, y confinante con dicho pas. ”stos, seores, no son temores vanos, sino un pronstico verdadero, de lo que ha de suceder infaliblemente dentro de algunos aos, si antes no hay un trastorno mayor en las Amricas. Este modo de pensar est fundado en lo que ha sucedido en todos tiempos en las naciones que empiezan a engrandecerse. La condicin humana es la misma en todas partes y en todos climas: el que tiene poder y facilidad de adquirir no lo despreca. Y supuesta esta verdad, cmo es posible que las colonias americanas, cuando se vean en estado de poder conquistar el reino de Mjico, se contengan y nos dejen en pacfica posesin de aquel rico pas? No es esto creble: y as, la sana poltica dicta que con tiempo se precavan los males que puedan sobrevenir. Este asunto ha llamado mi atencin desde que firm la paz en Pars, como plenipotenciario de V.M. y con arreglo a su real voluntad e instrucciones. Despus de las ms prolijas reflexiones que me han dictado mis conocimientos polticos y militares, y del ms detenido examen sobre una materia tan importante, juzgo que el nico medio de evitar tan grave prdida, y tal vez otras mayores, es el que contiene el plan siguiente”. Mas, cul era este plan? 1 Que Espaa se desprendiese de todas las posesiones del continente de ambas Amricas, quedndose nicamente con las islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional, y alguna que ms conviniese en la meridional, con el fin de que sirviese de escala o depsito para el comercio espaol. 2 Que para verificar tan vasto pensamiento de un modo provechoso a Espaa, se deban coronar tres infantes en Amrica, el uno de rey de Mjico, el otro del Per, y el otro en lo restante de Tierra Firme, tomando el rey de Espaa el ttulo de emperador sobre todos ellos. Las condiciones bajo las cuales deba verificarse tan importante transformacin, eran las siguientes: 1 Que los tres soberanos y sus sucesores reconociesen al rey de Espaa y a los prncipes que en adelante ocupasen el trono por suprema cabeza de la familia. 2 Que el rey de Mjico pagase anualmente al de Espaa la contribucin que se estipulase, en pasta o en barras de plata, para acuarla en las casas de monedas de Madrid y Sevilla. 3 Que el rey del Per pagase tambin una contribucin, no en plata, sino en oro, por ser tan abundante este metal en sus dominios.

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JOS ANTONIO SACO /135 /135 /135 /135 /135 4 Que el de Tierra Firme enviase cada ao su contribucin en efectos coloniales, especialmente tabaco para surtir los estancos reales de Espaa. 5 Que esos tres monarcas y sus hijos casasen siempre con infantas de Espaa, o de su familia y los de ac con prncipes o infantas de all, para que de este modo subsistiese perpetuamente una unin indisoluble entre las cuatros coronas, debiendo todos jurar estas condiciones a su advenimiento al trono. 6 Que las cuatro naciones se considerasen como una sola en cuanto a comercio recproco, mantenindose siempre entre ellas la ms estrecha alianza ofensiva y defensiva, para su conservacin y fomento. 7 Que no pudiendo Espaa surtir aquellas colonias de las manufacturas que necesitaban, fuese la Francia, aliada de Espaa, la que la proveyese de cuantos artculos no pudiesen suministrarles los espaoles, con exclusin absoluta de la Inglaterra, a cuyo fin apenas los tres soberanos tomasen posesin de sus reinos, haran tratados formales de comercio con Espaa y Francia, excluyendo a los ingleses, y que como potencias nuevas pudiesen hacer libremente en este punto lo que ms les conviniese. Tal era el atrevido plan de Aranda; y para inducir a su gobierno a que lo adoptase, le habla en estos trminos: “Las ventajas de este plan, son: que la Espaa con la contribucin de los tres reyes del Nuevo Mundo, sacar mucho ms producto lquido que ahora de aquellas posesiones: que la poblacin del reino se aumentar sin la emigracin continua de gente que pasa a aquellos dominios: que establecidos y unidos estrechamente estos reinos bajo las bases que he indicado, no habr fuerzas que puedan contrarrestar su poder en aquellas regiones, ni tampoco el de Espaa y Francia en este continente: que adems se hallarn en disposicin de contener el engrandecimiento de las colonias americanas, o de cualquiera nueva potencia que quiera erigirse en aquella parte del mundo: que Espaa por medio de este trfico despachar bien sus efectos sobrantes, y adquirir los coloniales que necesite para su consumo: que con este trfico podr aumentar considerablemente su marina mercante, y, por consiguiente, la de guerra para hacerse respetar en todos los mares: que con las islas que he dicho no necesitamos ms posesiones, fomentndolas y ponindolas en el mejor estado de defensa; y, sobre todo, disfrutaremos de todos los beneficios que producen las Amricas, sin los gravmenes de su posesin”. A pesar de las ventajas que brillaban a los ojos de Aranda, su plan se resenta de las errneas ideas que reinaban entonces en materias mercantiles, pues se estableca un monopolio en favor de Francia y Espaa. Ese plan contena tambin otro error de ms trascendencia, y era, el haberse figurado su autor, que constituidos los reinos de Mjico, del Per

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OBRAS 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ y de Tierra Firme, ellos hubieran quedado sometidos por largo tiempo al protectorado de Espaa. Cmo era posible, que vastos imperios, con tantos elementos de grandeza y a tanta distancia de Espaa, se hubiesen resignado a ser tributarios de ella? Era compatible con el inters de esas naciones, y con la dignidad de sus monarcas, permanecer respecto de Espaa en un estado de vasallaje? No se habran ligado esas monarquas para sacudir la dominacin que sobre ellas se quera ejercer perpetuamente? Numerosos ejemplos de esta verdad nos ofrece la historia, y uno de ellos cabalmente lo presenta la misma Amrica. Cuando huyendo de las bayonetas francesas, el rey D. Juan VI de Portugal se traslad al Brasil en 1807, fij por algunos aos su residencia en Ro Janeiro, capital de aquella colonia. Torn a Portugal en 1821, dejando de prncipe regente con un consejo de tres ministros a su hijo D. Pedro, y de sucesora, para el acaso en que ste muriese, a su esposa la princesa Leopoldina. Pero cul fue la conducta de D. Pedro? Las palabras que pronunci: “ separacin eterna o muerte ”, fueron la seal de la independencia; y proclamado por el pueblo emperador constitucional el 12 de octubre de 1822, qued desde aquel da levantada tambin por la poltica, la barrera eterna con que naturaleza separ el Brasil de Portugal. Esto mismo, sin duda, hubiera acontecido con las colonias espaolas erigidas en monarqua. Yo no s si este temor influy en que la corte de Espaa no hubiese aceptado el grandioso plan de Aranda. Pudo ser tambin, que ella no creyese en los peligros que l le anunciaba, o que mirndolos como eventuales y remotos, no quisiese voluntariamente renunciar a los pinges provechos que diariamente sacaba de sus opulentas colonias. Pero sea de esto lo que fuere, yo tengo por cierto, que al Gobierno espaol le hubiera convenido adoptar el grandioso plan de Aranda; porque, al fin, Espaa se ha quedado sin colonias: en los esfuerzos de reconquista se ha derramado mucha sangre, y gastado mucho dinero: se han encendido los odios que no debieran existir entre hijos de una misma raza; y en vez de la dinasta espaola en que aquellos tronos se hubiera sentado, hoy ya ocupa uno de ellos el vstago de una extranjera. Doloroso espectculo debe ser para Espaa, que obedezca a cetro extranjero aquel hermoso pas, descubierto por sus intrpidos navegantes y exploradores, que para ms identificarlo con ella, Nueva Espaa se llam; que puso a los pies de Carlos I la espada de Corts, y que por tres centurias fue la joya ms preciosa con que Castilla se envaneca; pero ella est recogiendo el fruto de las torpezas de su obstinado gobierno. Aun pudo ste haber reparado, en parte, sus pasados desaciertos aprovechando otra ocasin favorable que se le present despus. Proclamado por Mjico, y asegurada su independencia en 1821; l pidi a Espaa uno de sus prncipes para coronarlo, y constituirse en pueblo

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JOS ANTONIO SACO /137 /137 /137 /137 /137 soberano; pero soando el gobierno con reconquistas imposibles, rechaz con orgullo aquella peticin, y Mjico se lanz a las aventuras de una repblica democrtica y federal, la ms difcil de todas y para la que no estaba absolutamente preparado, pues que siempre haba vivido bajo el yugo poltico y religioso que su metrpoli le impuso. Cul sea la suerte del nuevo imperio que en Mjico se ha levantado, materia es que abre campo a muchas conjeturas; mas, sin entrar yo en ellas, porque no es del caso, me limitar a decir, que el mayor peligro que lo amenaza, procede de los vecinos Estados del Norte; y que los golpes que stos puedan asestarle no ser para que florezca en Mjico una repblica, que ellos saben que no puede florecer, sino para acabar de apoderarse de ese pas, como lo han hecho en pocos aos con Tejas, Nuevo Mjico y California. Largo pudiera yo discurrir sobre las consecuencias de la guerra feroz que devora a los Estados que formaron la Confederacin Norteamericana; pero esto me llevara a consideraciones ajenas del asunto que me propongo. Terminada que sea la lucha, los campeones quedarn separados, o unidos libremente, o subyugado el uno por el otro, y en cualquiera de estos casos, ellos podrn o no podrn entenderse para derrocar el imperio mejicano. Si logran derribarlo y realizan sus intentos futuros, perdidas estn para Espaa las islas de Cuba y Puerto Rico, sobre todo, la primera, que profundamente descontenta por el rgimen absoluto que pesa sobre ella, es fcil presa de todo el que quiera cogerla, halagndola con la libertad. Si, por el contrario, el imperio de Mjico se consolida y Cuba sigue gobernada despticamente, nacer para Espaa otro peligro no menos cierto que el primero. Dominando Cuba por su posicin geogrfica el golfo de Mjico, natural es, que el da en que ste tenga un buen gobierno, clave los ojos en ella. Hijos todos de una misma raza, hablando la misma lengua, con la misma religin y costumbres, y seguros cubanos y peninsulares de conservar su nacionalidad para combinaciones futuras, recproca ser la atraccin entre Mjico y Cuba. Una monarqua constitucional y verdaderamente libre no tendr tal vez para Cuba el mismo aliciente que una buena repblica; pero no es de temer que si Cuba permanece en su desptica situacin, huya de los brazos que la ahogan, para echarse en los de una nacin donde encontrara tantas simpatas acompaadas de la libertad? No nos alucinemos con nombres, pues lo que debemos buscar son las cosas. Una buena repblica me gusta ms que una monarqua; pero la libertad nunca ha sido el patrimonio exclusivo de aqullas: tirnicas ha visto muchas el mundo, y la de Venecia fue por largos siglos tan espantosa, que hasta los ms prepotentes temblaban ante el Consejo de los diez y la inquisicin del Estado Quin es el hombre sensato que no

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OBRAS 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ prefiere la monarqua inglesa al despotismo militar, a las continuas guerras civiles y a la sangrienta anarqua de las repblicas amricohispanas? Amenos la libertad en cualquiera forma de gobierno que se encuentre, y aborrezcamos la tirana, ora se coloque en un trono, ora en la silla de un presidente. Yo llamo sobre las observaciones que acabo de hacer la ms seria atencin del gobierno, porque la poltica, hasta aqu seguida con las Antillas, ser en sus ltimos resultados ms funesta para la metrpoli que para ellas. El gabinete Narvez nos da prueba de entendido con el proyecto de ley que ha presentado a las Cortes para el abandono de Santo Domingo, y de gloria y de honor se cubrira, si rompiendo las cadenas de las provincias ultramarinas, las dotase de instituciones que las hiciesen enteramente libres y completamente felices; pero como no me lisonjeo con la esperanza de que ese ministerio, ni ninguno de los que vengan despus, ha de tener aliento para acometer tan noble esperanza, restityanse a lo menos a esos pueblos ultrajados los derechos polticos que violentamente les arranc en 1837 la mano liberticida de los que en Espaa se llamaron apstoles de la libertad.

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LOS CHINOS EN CUBA LOS CHINOS EN CUBA LOS CHINOS EN CUBA LOS CHINOS EN CUBA LOS CHINOS EN CUBA1 1 1 1 1IEn el artculo “Estadstica criminal de Cuba en 1862”, habl de chinos en Cuba. Pero cmo y cundo se introdujeron en ella? Son libres o esclavos los introducidos, u ocupan una posicin intermedia entre esas dos clases? Existen esclavos en China o individuos que tengan con ellos alguna analoga en su condicin social? La respuesta a estas preguntas est enlazada con la historia futura de Cuba y con la antigua China. As como los primeros negros se introdujeron en Cuba para llenar el vaco que dejaba en los trabajos de la colonia la mortandad de los indios, as tambin en nuestros das se han importado chinos para suplir la insuficiencia de los negros, pues entrando stos all de algunos aos ac en menor nmero que antes, y no bastando para las grandes necesidades de la Isla, llamose en auxilio a los hijos del celeste imperio. Formose expediente, como es costumbre en Espaa formarlo para todo, y segn dijo el seor Ulloa, ex director de Ultramar, en la sesin del Congreso de 10 de abril de 1863, “este expediente tiene la informacin ms amplia. Han informado en l todos los capitanes, segundos cabos, corporaciones y autoridades de Cuba; han informado al Consejo Real y al Consejo de Estado; y adems el decreto que fue resultado de tantos informes, suprime todo privilegio que es precisamente su gran ventaja”. Lejos de acriminar yo la intencin de los promovedores y primeros ejecutores de un proyecto que va llenando de chinos nuestra tierra, creo que procedieron de buena fe y movidos nicamente del deseo de fomentar la agricultura cubana. Pero este asunto, sencillo a primera vista, es muy grave en sus consecuencias, pues debe considerarse bajo de tres aspectos distintos, a saber: el de los intereses puramente materiales, el de la moral pblica y el de los peligros polticos que encierra el porvenir. Por desgracia ni en Cuba ni en la metrpoli se atendi a ms que a los intereses materiales, y sacrificando a stos los morales y polticos, se ha 1 La Amrica de Madrid de 12 de febrero de 1864.

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OBRAS 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ complicado nuestra situacin aumentndose los males con que hace algn tiempo nos amenaza la raza africana. Cuba empieza ya a sentir el veneno que en las costumbres pblicas estn derramando esos corrompidos asiticos, y a seguir las cosas como van, no tardarn muchos aos sin que se nuble nuestro horizonte y descargue alguna tempestad. Los primeros chinos introducidos en Cuba en 1847, fueron los que en nmero de 600 contrat por va de ensayo con un empresario particular la ya extinguida Junta de Fomento. No era libre su importacin, y todo introductor necesitaba de un permiso especial del Jefe Superior de la Isla. En 1852 concediose uno tan extenso, que autorizaba llevar a ella 6 000 chinos. La ordenanza provisional que rega en la materia fue abolida, cuando el Real Decreto de 22 de marzo de 1854 aprob el reglamento formado para la introduccin y rgimen de los chinos en Cuba. La facultad de importarlos slo se concedi por dos aos, debiendo el introductor obtener previa licencia del gobierno y someterse a otras condiciones que se le imponan. Es de advertir, que aquel reglamento no se limit a permitir la introduccin de chinos, sino que se extendi a la de indios de Yucatn y colonos espaoles; pero sucedi lo que era de esperar; sucedi que el espritu de especulacin, desatendiendo a stos completamente, dirigi todos sus esfuerzos a la inmigracin de aqullos. Continu la introduccin de chinos en los aos posteriores; y tan lucrativo era el negocio, que en 1860 haba ante el Gobierno Supremo 40 peticiones solicitando el privilegio de llevarlos a Cuba; una de ellas ofreca al Tesoro pblico por la concesin, la suma considerable de 900 000 pesos. El Consejo de Estado rechaz esta proposicin, y consult que la introduccin de chinos confiada hasta entonces a ciertas compaas, deba dejarse a la industria privada. Conformose el gobierno con este dictamen, y de aqu naci el nuevo reglamento, que, revocando el de 22 de marzo de 1854 y todas las dems disposiciones anteriores, fue comunicado al Capitn General de Cuba por el Real Decreto de 7 de julio de 1860. Cuando se compara la conducta del gobierno en la importacin de los chinos con la que l sigui en otro tiempo en la introduccin de los negros, se notan tres grandes diferencias. 1 El gobierno nunca ha introducido de su cuenta chinos en Cuba; mas, en cuanto a negros, l mismo los import muchas veces, no slo en aquella Isla, sino en las dems colonias amrico-hispanas. Esto hizo en los primeros tiempos de la conquista; esto en varios aos posteriores, y esto tambin desde 1639 a 1662. 2 El perodo de las previas licencias para introducir chinos ha sido de muy corta duracin, pues habiendo empezado en 1847, ao de la primera importacin, ces con el reglamento de 1860. No sucedi as con la importacin de negros; y yo pudiera demostrar con documentos oficia-

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JOS ANTONIO SACO /141 /141 /141 /141 /141 les, que el sistema de previas licencias y de contratas privilegiadas, prevaleci por el largo espacio de tres centurias. 3 Las licencias para introducir chinos siempre han sido gratuitas; mas, las concedidas para los negros fueron siempre pagadas y bien pagadas. A los pocos aos de haberse descubierto la Amrica, el gobierno convirti en objeto de lucro el trfico de esclavos que en ella se empezaba a hacer. Estableci el sistema de vender licencias para introducirlos a razn de 2 ducados por cabeza, y la primera cdula se despach en 22 de julio de 1513. Con la necesidad de negros en Amrica se fue aumentando su valor y con su valor creci el precio de cada licencia. “Pagaban por ella2 a razn de 30 ducados por cabeza, y ms 20 reales del derecho que llamaban de aduanilla, y los que no podan pagar en Sevilla al tiempo de despacharlos, se obligaban en lugar de 30 ducados en contado a pagar 40 en las Indias, y 30 reales por los 20 que llamaban de aduanilla... Y es de advertir, que estos derechos eran por lo tocante a la corona de Castilla, adems de los cuales por lo que miraba a la de Portugal, se cobraba otro derecho, y tambin por la entrada en las Indias”. De las licencias particulares se pas a los asientos, y en los que se ajustaron de 1586 a 1631, los asentistas se comprometieron a pagar a la Real Hacienda por el privilegio concedido, 5 063 240 ducados, o sea, casi 2 800 000 pesos fuertes. En los asientos celebrados de 1662 a 1713, el derecho ms bajo que deba pagarse al gobierno por cada negro introducido, era de 33 1/3 pesos; mientras que hubo caso en que subi a 112 pesos y aun a ms. Yo soy tan enemigo del trfico de negros como del de los chinos; pero ya que ste existe, prefiero verlo libre de todo tributo, pues el que se impusiera por cada chino que entrase en Cuba, agravara la situacin del hacendado y de las dems personas que los tomasen. Aunque incompleto, tengo un estado de las importaciones anuales de chinos en Cuba; pero habindoseme traspapelado, no puedo hacer ahora uso de l. Limitareme, pues, a decir, que en los siete aos, de 1853 a 1859, se introdujeron 42 501 chinos, y que stos no figuraron en el censo que se hizo en enero de 1861, sino por 34 825, de cuyo nmero solamente hubo 57 mujeres. No es extrao que stas fuesen tan pocas, aunque es permitida la introduccin de familias chinas, porque no teniendo las mujeres, y particularmente los nios, la aptitud para el trabajo que los hombres y los muchachos de corta edad, no hallan colocacin en Cuba; y empresario que a ella los llevase sufrira un gran quebranto. ¡Quiera Dios que este estado sea por siempre durable, por2D. Jos Veita Linage, del Consejo de S.M. y juez oficial de la Real Audiencia de la Casa de la Contratacin de la Indias, en el lib. 1, cap. 35 de su obra, Norte de la Contratacin de las Indias Occidentales, impresa en Sevilla en 1672.

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OBRAS 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ que si la importacin de esas familias llegara a ser lucrativa, Cuba se convertira en una pequea China. He dicho que el censo de 1861 present 34 825 chinos. Corto es este nmero comparado con el que habr en los aos venideros; pero as corto, no se ven ya estallar insurrecciones en muchos ingenios, acompaadas de sangre y de muerte? No han difundido a veces la alarma en los campos, temindose que se levanten en todo un distrito? De los temores que hubo en el de Crdenas, testigo fui cuando en enero de 1861 reciba yo del seor D. Domingo Aldama una honrosa hospitalidad en su ingenio Santa Rosa. Y si esto acontece hoy, qu no ser cuando el torrente de la inmigracin los acumule en aquella Isla en nmero formidable? Si las cosas siguen como van, es seguro que los chinos se aumentarn rpidamente. El trfico de negros, sobre ser ilegal, encuentra cada da nuevos obstculos, as dentro como fuera de Cuba. El de los chinos, al contrario, es lcito y libre, y tan exento est de cruceros como de la intervencin y reclamaciones de los gobiernos extranjeros. En estas circunstancias, y exigiendo el desarrollo de la agricultura y de otros trabajos cubanos un incremento considerable de brazos, es claro que Cuba los pedir de preferencia a la China, cuya inmensa poblacin se los proporcionar a precios relativamente ms baratos que otros pases. Nada, pues, exagero al decir, bajo las perspectiva que se presenta, que la actual generacin podr encontrarse en breves aos con 200 000 o ms chinos, no compuestos de mujeres, nios ni ancianos, sino de hombres jvenes y robustos en su inmensa mayora, y dispuestos ya por s, ya por ajeno impulso, a acometer las empresas ms funestas y criminales contra Cuba. Si los chinos que van entrando fuesen tambin saliendo al plazo que cumplen sus contratas, los peligros no seran tan inminentes; pero su exportacin de la Isla, lejos de ser obligatoria, depende enteramente de su voluntad; y el nico caso en que se les puede compeler, es una eventualidad tan remota, que yo no s si se ha realizado an una sola vez. Entrarn, pues, y seguirn entrando chinos a millares y millares; y cuando nuestra tierra se halle henchida de ellos, podremos gloriarnos de haber asegurado nosotros y nuestros hijos los materiales intereses en pos de los cuales habremos corrido con tanto afn? No bastan ya los inmensos peligros de la raza africana, para que tambin los aumentemos con los de otra todava ms perniciosa? Es un informe que a nombre de un opulento hacendado extend en La Habana en junio de 1861 sobre el proyecto de introduccin de colonos africanos en Cuba, dije lo que ahora transcribo: “Si la raza africana ha comprometido en estos ltimos tiempos el feliz porvenir de Cuba, la raza china, que se ha comenzado a introducir, complica ms nuestra situacin, pues que en vez de dos razas inconcilia-

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JOS ANTONIO SACO /143 /143 /143 /143 /143 bles que antes tenamos, ahora viene a juntarse una tercera parte que no puede amalgamarse con ninguna de las dos, por ser del todo diferente en su lengua y su color, y sus ideas y sentimientos, en sus usos y costumbres, y en sus opiniones religiosas. ”Poltica muy aventurada es la que se empee en mantener la tranquilidad de Cuba introduciendo varias razas y contraponiendo unas a otras. Este equilibrio no puede ser de larga duracin, y por ms esfuerzos que se hagan por mantenerlo, da vendr en que forzosamente se rompa, ora juntndose todas las razas contra los blancos, ora dividindose entre s y auxiliando a algunas de ellas o hacindose mutua guerra. Nunca se olvide que al negro esclavo se le incitar a la revolucin ofrecindole la libertad, y que al negro libre y al asitico se les convidar con los mismos derechos que disfruta el blanco. En nuestra peligrosa situacin, vale ms una prosperidad lenta, pero segura, con brazos blancos, que no un rpido engrandecimiento con negros y con chinos, para caer despus en la sima insondable que ya se abre a nuestros pies”. Esto se dijo en aquel informe en 1861. Pero es fcil que Cuba se resigne a entrar por esa nueva senda? Ella forz desmesuradamente su produccin desde fines del pasado siglo; y la forz no con brazos de su propio suelo, sino con ajenos, introducidos del continente africano. Continuar importndolos para satisfacer con ellos todas sus necesidades? Esto sera su perdicin. Pediralos y recibiralos exclusivamente de China? Su ruina futura sera inevitable. Volver la vista a Europa para que ella le enve sus labradores y artesanos? He aqu su nica salvacin. Pero cmo inducirlos a que emigren bajo el peso de las instituciones que rigen a Cuba? Aqu se presenta con toda su fuerza la cuestin de libertad; esa cuestin pendiente tantos aos ha, y que nunca se resuelve. Reptense las promesas, caen y se levantan los partidos, suben y bajan ministerios, y Cuba siempre sumisa sigue arrastrando su cadena. Llmasenos hermanos; pero esta dulce palabra que pronuncian todos los labios, los hechos la desmienten. Cuba tiene derecho a pedir su libertad, no una libertad de embuste o de aparato, sino una libertad franca, verdadera y digna del pueblo que la recibe. Entonces, Cuba hallar remedio a los profundos males que la aquejan; y entonces, y slo entonces, restablecida la unidad en los principios y en los hechos, se podr decir sin mentira que Espaa es Cuba y que Cuba es Espaa.II3Una de las preguntas que hice en mi artculo precedente, fue si los chinos que existen en Cuba son libres o esclavos, o una clase intermedia 3 La Amrica de 12 de marzo de 1864.

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OBRAS 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ entre stos y aqullos. Para dar una respuesta satisfactoria, es menester indicar brevemente algunos de los requisitos que se exijen para la importacin de los chinos en Cuba y su estado o condicin despus de introducidos en ella. El reglamento de 1860, nico que rige en la materia, prescribe entre otras cosas: 1 Que ningn chino pueda entrar en Cuba sin que antes se haya hecho una contrata entre l y su introductor, con intervencin y autorizacin del cnsul de Espaa en China o de sus agentes o delegados. 2 Estas contratas se extendern cuadruplicadas y las traducir por triplicado el intrprete del consulado. 3 El cnsul o su agente autorizar los cuatro ejemplares; devolver uno al representante de la empresa y remitir los tres restantes, a cada uno con la traduccin respectiva, uno al Gobierno Supremo de Espaa y dos al capitn general de Cuba, quien reservar su traduccin y un ejemplar, y entregar el otro al chino, para que lo conserve en su poder, luego que haya sido declarada legtima su introduccin. 4 La contrata ha de expresar el nombre, edad, sexo y pueblo de la naturaleza de chino contratado; el tiempo que ha de durar la contrata, y el salario y la especie, cantidad y calidad de los alimentos y vestidos que ha de recibir. 5 Cuando por cualquiera de los motivos que seala el artculo 20 del reglamento, los empresarios pierdan todos sus derechos sobre los chinos, entonces dispondr el capitn general de Cuba el desembarque y alojamiento de aqullos a expensas del consignatario, y dejar a los mismos en libertad para que se contraten como trabajadores menestrales, criados domsticos o de labor, adoptando todas las medidas que ms eficazmente protejan al chino contra las desventajas de su situacin. 6 Dado el caso anterior, si transcurridos dos meses desde el desembarque no hubieren logrado los chinos su acomodo, o hubieren manifestado en cualquier tiempo su nimo de no contratarse en Cuba, el capitn general exigir del consignatorio la suma necesaria para la exportacin de todos ellos, y la dispondr directamente con las mayores garantas posibles, consultando en lo que sea dable la voluntad de los chinos. Todo lo enumerado hasta aqu, y otros artculos del reglamento de 1860 que ms adelante citar, bastan para probar que los chinos no son esclavos en Cuba. Efectivamente, qu es lo que constituye un esclavo? Esta palabra es tan vaga que se toma en varios sentidos, y puede aplicarse hasta el hombre libre privado de los derechos polticos. Aun circunscribindose a la esclavitud personal todava no siempre tiene en las leyes y en la historia una significacin fija y bien determinada, porque a veces se

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JOS ANTONIO SACO /145 /145 /145 /145 /145 designa con ella a los esclavos rigurosamente tales, y a veces a los siervos Esto fueron los ilotas los periecos los clariotas penestes y otros en la antigua Grecia, y, sin embargo, indistintamente se les dio y se les da el nombre de esclavos. Restringiendo esta palabra todo lo posible, y aplicndose exclusivamente a los que en todos tiempos han sido considerados como verdaderos esclavos, encuntranse entre ellos diferencias tan notables, segn las diversas naciones, y aun las pocas de una misma, que bien pudiera decirse que aquellos a quienes en un tiempo cuadr perfectamente la dominacin de esclavos, ya despus no podra drseles con igual exactitud. Dura y terrible fue la condicin del esclavo en Roma durante la repblica; pero desde el segundo siglo del imperio empez a templarse el rigor de la antigua legislacin. Adriano abri una nueva era arrancando a los amos el poder de matar a sus esclavos; y las leyes benficas de los Antoninos, de Diocleciano, Constantino, Theodosio y otros emperadores, ya paganos, ya cristianos, enfrenaron a tal punto la autoridad del amo, que si se compara la condicin del esclavo romano en el siglo Vdel imperio, con la del que vivi en tiempos de la repblica, parece que al primero ya no le conviene propiamente el nombre de esclavo. Pero en medio de las restricciones que sufri la autoridad del amo, siempre se conserv en los cdigos de Roma el carcter esencial que distingue al esclavo, no slo del hombre enteramente libre, sino de todas las clases intermedias sometidas a servidumbre. Ese carcter se trasmiti de siglo en siglo, ya por la ndole misma de la esclavitud, ya por la influencia de la legislacin romana y llegando hasta las regiones del Nuevo Mundo marcose tambin con l a los mseros africanos que en ellas se introdujeron desde los das de Coln. En ningn pueblo de la Antigedad se consider al esclavo como persona : tvose tan slo como cosa como un instrumento vivo de trabajo; y bajo este punto de vista se le mir, as en la edad brbara y media, como en todas las colonias que las modernas naciones de Europa fundaron en Amrica. Sancionado, pues, el terrible principio de la impersonalidad del esclavo y de su transformacin en cosa, siguiose como consecuencia forzosa que l carece de todos los derechos civiles; y si de ellos carece es inconcuso, que no puedo contratar, ni adquirir bienes sin el consentimiento del amo, ni testar ni legar ni tener familia ante la ley, ni ejercer, por consiguiente, la autoridad marital sobre la mujer ni la patria potestad sobre los hijos,4 en una palabra, privsele de todos aquellos actos 4En la Antigedad, el esclavo pudo contraer ciertos enlaces pero no verdadero matrimonio. ste fue en Roma de tres especies, a saber: por uso por confarreacin y por compra y venta ( Usus confarreatio coemptio Gaii Inst., § 109 a 113.) Por uso fue cuando una mujer con consentimiento de sus padres o tutores viva un ao entero con un

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OBRAS 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ civiles, que son permitidos a los que la ley considera como persona. Si, pues, tal es la naturaleza del esclavo, apliquemos los caracteres que la constituyen a la condicin del chino en Cuba, para ver si le convienen o le repugnan. Hemos dicho que el esclavo no tiene persona por expresa declaracin de la ley; mas, sta, o sea el reglamento de 1860, la reconocen muy explcitamente en el chino. El esclavo no puede contratar; pero el chino s, puesto que para entrar en Cuba debe hacer una contrata con su introductor. Esta facultad de contratar, la conserva aun despus de introducido en aquella Isla, segn aparece de los artculos 40, 46 y 47 del citado reglamento. El esclavo nada adquiere para s, sino todo para el amo, y si algo posee es tan slo por consentimiento de ste y de un modo tan precario que puede quitrselo cuando se le antoje. El chino, empero, puede adquirir bienes para s, como terminantemente lo dispone el artculo 40 del reglamento. El esclavo no puede testar ni aun de aquellos bienes de que el amo le permita gozar. El chino, al contrario, puede hacer toda especie de ltima voluntad, no slo porque no le est prohibido, sino porque puede disponer libremente de sus bienes por ttulo oneroso o lucrativo.5 hombre, para casarse con l, sin ausentarse tres noches de su casa. De este modo llegaba a ser su mujer legtima o propiedad adquirida por prescripcin. Por confearreacin fue, cuando el hombre y la mujer eran casados por el Flamen Dial en presencia de diez testigos a los menos, profiriendo cierta frmula las palabras, y probando torta o pan hecho de sal, agua y harina. Llamado far o pan ferrea La compra venta se haca, dndose mutuamente el hombre y la mujer una moneda pequea, y mediando ciertas preguntas y respuestas entre los dos. Prohibida fue al esclavo toda especie de matrimonio, y slo se le permiti la bastarda unin llamada contubernio Los vnculos que de este enlace nacan, fueron menospreciados por el antiguo derecho; mas, la legislacin del imperio empez a respetarlos, prohibiendo en los casos de redhibitoria y de repartimiento de bienes por herencia o por legado, que los esclavos contubernales se separasen, stos de sus hijos y los hermanos de los hermanos. Constantino dio un nuevo paso, y generalizando la ley que antes era especial consign en ellas estas magnficas palabras: “Quin podr sufrir, que se separe a los hijos de los padres, a las hermanas de los hermanos, y a las mujeres de los maridos?” ( Cdigo Theodosiano lib. 2, tt. 25, 1, y Cdigo Justiniano lib. 3, tt. 38, 1. 11.) Por este tiempo an no se haba elevado a matrimonio el contubernio de los esclavos; pero despus no slo la Iglesia sino algunos emperadores del imperio del Oriente les permitieron que se casasen y recibiesen la bendicin nupcial. Estos matrimonios, aunque vlidos a los ojos de la religin, no producen efectos civiles, pues los derechos marital y paternal del esclavo desaparecen ante el poder absorvente del amo. 5Artculos 40, 46 y 47 del reglamento.

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JOS ANTONIO SACO /147 /147 /147 /147 /147 Si el esclavo carece de autoridad marital sobre la mujer y de la patria potestad sobre los hijos, el chino puede ejercer ambos derechos en toda su plenitud.6Propiedad del amo, el esclavo debe trabajar sin retribucin alguna; mas, el chino recibe un salario por sus vicios. Todos estos caracteres marcan una diferencia fundamental entre el esclavo y el chino en Cuba. Dirase que ste tambin lo es, porque la persona que lo toma, entrega por l cierta cantidad al empresario que lo introduce, y que esto es cabalmente lo que se hace cuando se compra un esclavo africano. Es verdad, que en ambos casos media un precio; pero ste presenta en el esclavo la enajenacin completa de una propiedad, la venta de un hombre, mientras que en el chino no es sino una indemnizacin ms o menos lucrativa de los capitales empleados por la empresa en la introduccin de los chinos. Si a esto se quiere llamar venta, llmesela enhorabuena; pero esta venta, que jams se extiende a la persona, tan slo recae sobre los servicios que sta ha de prestar por un tiempo determinado y pagndosele siempre un salario. Ya que de precio y salario he hablado, a cunto asciende aqul y ste? Atendiendo a que los empresarios dan a cada chino en su tierra 12 pesos de embarque y dos mudas de ropa; atendiendo a los cuantiosos capitales que aqullos tienen que emplear para la introduccin de esos asiticos en Cuba, y atendiendo tambin a que la concurrencia y la demanda no se hallan siempre en armona, es claro que a veces debe haber grandes fluctuaciones en el precio de los chinos. stos se vendieron en aos anteriores por los empresarios hasta en 408 y 425 pesos por cabeza; pero en febrero de 1861 yo vi vender en La Habana dos partidas, una de 25 chinos y otra de ms de 100 al precio de 221 pesos al contado. Del mismo modo se vendieron otros en junio de aquel ao a razn de 170 pesos, bien que no eran de tan buena cualidad fsica como los anteriores. Ausente en La Habana desde julio de 1861, ignoro el precio que hoy se da por ellos en Cuba. El salario que gana el chino no est sujeto a las variaciones que el precio. Aqul es fijo, pues durante la contrata, que es de ocho aos, siempre se pagan 4 pesos al mes. Vencido el plazo de la primera contrata, y renovada por el chino, ste gana entonces mayor salario, y de un caso tengo noticia, en que lleg a 9 pesos mensuales. Esto consiste en que ya los chinos estn aclimatados, son prcticos en las tareas que desempean, y el hacendado tiene un ahorro en no comprar nuevos brazos que reemplacen a los salientes. Sin embargo, al lado de estas venta6Artculo 36 del reglamento.

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OBRAS 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ jas puede haber inconvenientes, y el mayor de ellos ser la perniciosa influencia que a veces podrn ejercer los chinos recontratados en los nuevos introducidos en los ingenios. Si es innegable que el chino en Cuba no es esclavo en el sentido legal, se dir que es enteramente libre? Yo no lo afirmar. Es por ventura enteramente libre el hombre que compromete su libertad por el largo espacio de ocho aos, y que empieza por renunciar a gran parte de los derechos civiles de que goza? Es enteramente libre que, siendo mayor de edad, nunca puede comparecer en juicio, sino acompaado de un patrono o empleado pblico que lo represente? Es enteramente libre el hombre que sin su consentimiento ni consultar su voluntad, puede ser cedido o traspasado del poder de uno al poder de otro? Pues tal es el chino en Cuba. Pero si l no es enteramente libre ni tampoco enteramente esclavo, sguese forzosamente que su posicin flucta entre la libertad y la esclavitud, y que en cierta manera y de un modo muy imperfecto, se asemeja a la clase numerosa que vivi bajo del colonato romano en los primeros siglos del imperio, y a los siervos de la Edad Media. Digo que se asemeja en cierta manera y de un modo muy imperfecto, porque comparar situaciones tan diferentes sera un absurdo. Aquellos colonos y siervos permanecieron en perpetua servidumbre, y tan arraigada estaba en ellos esta condicin, que se trasmita de padres a hijos. Atados a la tierra que cultivaban vivan y moran en ella, pues formando un vnculo indisoluble, ni la tierra poda enajenarse sin ellos, ni ellos sin la tierra. Por ms que se revuelva la historia de la Antigedad y la Edad Media, no se encontrar ninguna clase que pueda equipararse a los chinos en Cuba. Bajando a los tiempos modernos, yo me guardar bien de establecer aun la ms remota comparacin entre esos asiticos y los indios de Amrica, que dados en encomienda a los pobladores desde el principio de la conquista, sufrieron, sin ser legalmente esclavos, una esclavitud mucho ms dura que la de los mismos africanos. Donde nicamente hallo una condicin anloga a la de los chinos en Cuba, es en las Antillas francesas, cuando se empezaron a poblar en el siglo XVII. Entonces fueron introducidos en ellas por empresarios particulares muchos colonos de Francia; y como se les contrataba por tres aos, para que mediante un salario cultivasen los campos y se dedicasen a otros servicios, llamseles engags trente six mois Los historiadores franceses de aquella poca nos pintan con tristes colores la situacin de esos colonos, pues sin leyes ni garantas que los protegiesen, sus patronos los castigaban y trataban como esclavos. Esta materia es importante y curiosa para el estudio de las colonias extranjeras: pero si ahora me propusiese desenvolverla, ella me llevara demasiado lejos.

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JOS ANTONIO SACO /149 /149 /149 /149 /149 Parceme haber dicho, no todo lo que puedo, pero a lo menos lo bastante para conocer que los chinos no son verdaderos esclavos, ni tampoco enteramente libres; y que aunque fluctan entre la esclavitud y la libertad, no por eso se les puede equiparar a los colonos y siervos de la Antigedad y Edad Media, ni mucho menos a las encomiendas de Amrica. Mas, aun suponiendo que los chinos fuesen esclavos en Cuba o que perteneciesen a otra clase verdaderamente servil, sera esto para ellos alguna novedad tan extraa que nunca la hubiesen visto en su propia tierra? No por cierto, que la esclavitud es conocida en China desde muy antiguo; y para probar este aserto, dar a luz en otro nmero de La Amrica un captulo de una obra intitulada, Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das obra que he dejado de la mano algunos aos ha, y que creo morir sin concluirla, porque alejndose ms y ms cada da la esperanza de publicarla, confieso que me faltan fuerzas para trabajar en ella.

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LA POLTIC LA POLTIC LA POLTIC LA POLTIC LA POLTIC A AB A AB A AB A AB A AB SOL SOL SOL SOL SOL UTIST UTIST UTIST UTIST UTIST A A A A A EN LAS PRO EN LAS PRO EN LAS PRO EN LAS PRO EN LAS PRO VINCIAS VINCIAS VINCIAS VINCIAS VINCIAS UL UL UL UL UL TRAMARINAS TRAMARINAS TRAMARINAS TRAMARINAS TRAMARINAS1 1 1 1 1CARTAS AL EXCMO. SEOR D. MANUEL SEIJAS LOZANO, MINISTRO DE ULTRAMAR, REFUTNDOLE LOS DISCURSOS QUE HA PRONUNCIADO EN LAS CORTES, SOBRE LAS CUESTIONES DE LAS PROVINCIAS ULTRAMARINAS Carta primera2Pars 22 de marzo de 1865. Excmo. seor: En medio de mis habituales dolencias y del oscuro retiro en que vivo en esta capital, han llegado a mis manos, aunque tar1Publicado en la Revista Hispano-Americana del 27 de abril de 1866, con la siguiente introduccin:—Nuestro respetado amigo y distinguido colaborador, el seor D. Jos Antonio Saco, nos ha dirigido desde Bruselas la carta que a continuacin insertamos: “Bruselas, 2 de abril de 1866.—Seor Director de la Revista Hispano-Americana .—Mi estimado amigo: cuando el ao prximo pasado publiqu en un peridico importante de Madrid cuatro cartas refutando unos discursos del seor Seijas Lozano, entonces ministro de Ultramar, la primera de ellas sufri grandes alteraciones. Vime forzado, por el rigor exagerado con que se aplicaba en aquel tiempo la ley de imprenta, no slo a cambiar y borrar muchas palabras y frases, sino a suprimir perodos y aun prrafos enteros. Ahora remito a V. una copia de esa carta tal cual sali de mi pluma; y aunque es natural que ella debiera aparecer ntegra en el mismo peridico en que se imprimi mutilada, juzgo oportuno darla a luz en la Revista como una prueba de que si yo no publiqu en ella mis cartas no fue por los motivos que algunos se imaginaron. Yo deseo larga y prspera vida a los peridicos que defienden la libertad de las Antillas espaolas.—Es siempre de V. afmo. amigo.—J. A. Saco”. —Con el mayor gusto abrimos las columnas de una Revista al importante escrito que, tal como sali de su pluma, nos remite nuestro amigo el seor Saco, a quien agradecemos sinceramente la eleccin que ha hecho de nuestro peridico para reimprimir en toda su integridad un trabajo que lleg mutilado a manos de los numerosos lectores que esperan siempre ansiosos cuanto sale de su bien cortada pluma.—Y en estos momentos es singularmente oportuna la reproduccin del escrito a que nos referimos.

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JOS ANTONIO SACO /151 /151 /151 /151 /151 de, algunos nmeros del Diario de las Sesiones de Cortes que contienen los discursos que sobre las cuestiones de Ultramar ha pronunciado V.E. en el Congreso el 17 de febrero, y en el Senado el 25 y 26 de enero y el 6 de marzo del presente ao. Como V.E. ha hablado en sus discursos de la exclusin de los diputados ultramarinos que debieron entrar en las Cortes constituyentes de 1836, no estara dems que V.E. sepa que yo fui uno de los diputados de Cuba que entonces tuvieron la honra de ser excluidos: y honra digo, porque la injusticia y la violencia realzan a quien magnnimo las sufre, mientras rebajan a quien prevalido de su fuerza las comete. Permitido es a V.E. pensar, que si yo alzo ahora mi voz, es con el interesado fin de que a Cuba se den diputados, para que se me vuelva a elegir. En este punto, mi conciencia es slo mi juez. Pero si cuando tena delante de m una larga carrera, llena de brillantes esperanzas, nunca aspir a tal honor, cmo pudiera ambicionarlo, cuando los aos, y ms que los aos, los trabajos de una tormentosa vida me tienen ya tan cerca del sepulcro? No son, en mi concepto, diputados los que pueden hacer a Cuba completamente feliz. Otra forma de gobierno es la que yo creo que le conviene, aunque estoy convencido que no la alcanzar; y si pudiera alegrarme de que diputados cubanos volviesen a las Cortes, sera tan slo como un signo de que se rompe con lo pasado, y que se entra, al fin, en una nueva senda. Al dirigirme a V.E., respetar su persona y el alto puesto que ocupa; pero este respeto no se extender a los errores en que V.E. ha incurrido. Hace un ao que el seor Saco descargaba rudos y merecidos golpes sobre los reaccionarios discursos del seor Seijas Lozano, ministro entonces de Ultramar, pues bien: ahora, a pesar de ocupar el poder los mismos hombres que 12 meses atrs hacan en la oposicin solemnes declaraciones en favor de la reforma poltica inmediata en las Antillas espaolas, nos encontramos en la misma situacin que entonces, con la desventaja de un nuevo desengao, para muchos insperado, ha aumentado el disgusto y hecho ms profundo el desaliento en el corazon de los antillanos.—Nuestros lectores saben, que el actual ministro de Ultramar, seor Cnovas del Castillo, despus de grandes y pomposos alardes reformistas, ha tomado por fin, con muy cortas e insignificantes diferencias, la misma actitud reaccionaria en que antes se colocara el seor Seijas Lozano, acudiendo a los mismos rodeos, a los mismos subterfugios, a los mismos estudios previos, a los mismos indefinidos y eternos aplazamientos; y concluyendo por negar en pleno Senado los derechos polticos que pertenecen por la Consitucin a los hijos de las Antillas, como a todos los espaoles.—La poltica ultramarina del actual Ministerio es, por tanto, tan estrecha, tan falta de espritu equitativo y, tan sobrada de espritu absolutista, como la del ltimo gabinete Narvez. Y de esta manera casi todo lo que escriba el seor Saco hace un ao contra el ministro seor Seijas Lozano, es hoy perfectamente aplicable al ministro seor Cnovas del Castillo, por lo cual adquiere un inters de actualidad la reproduccin de tan importante escrito. 2Se insert por primera vez esta carta en La Amrica de Madrid del 12 de abril de 1865.

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OBRAS 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ Mi pluma no podr correr con la soltura que quisiera, porque a cada paso tropezara con esa ley de imprenta que hoy sirve a V.E. de broquel. Sin ella, V.E. oira, en calidad de ministro, duras y amargas verdades que me veo forzado a callar, no por m, que aliento tengo para decirlas, sino por consideraciones que debo guardar al interesante peridico en que escribo. Cuando en su discurso en el Senado, el seor duque de la Torre objet al actual gabinete la falta de unidad en los elementos de que se compone, V.E. contest: “El seor duque de Valencia conoci perfectamente la situacin del pas y quiso responder a ella. Quizs en la eleccin de personas no anduvo acertado (al menos respecto de m confieso que no acert )”. Yo tengo a V.E. por hombre de delicadeza, y como tal no creo que de la boca de V.E. saliesen esas palabras para elogiarse pblicamente, cubrindose con el velo de una fingida modestia. No, seor; yo creo que V.E. dijo candorosamente lo que senta; pero esta franca confesin que V.E. hace de su incapacidad para desempear el Ministerio de Ultramar, si bien honra al caballero, no exime por cierto al ministro de la ms grave responsabilidad. Si V.E. reconoce que no entiende los negocios de Ultramar, por qu acept ese ministerio? No ser responsable V.E. de cuantos males puedan sobrevenir a la nacin con las desatinadas medidas que necesariamente ha de dictar en materias que no estn a su alcance? Permtaseme decir que V.E. ha invertido los papeles, empezando por donde debi acabar: esto es, que el estudio debi haber precedido al ministerio, y no el ministerio, al estudio. La conducta de V.E. en este caso es semejante a la de un hombre que se mete a curar enfermos o a defender pleitos, antes de haber estudiado la medicina o las leyes. ¡Infelices pueblos de Ultramar! Si yo me propusiera calificar los discursos de V.E., los llamara discursos de miramientos, de circunspeccin, de circunstancias, de peligros, de estudios, de plazos para estudiar y resolver aunque a trmino indefinido, las urgentes cuestiones de Cuba y Puerto Rico, cuestiones que tantos aos ha que se estn resolviendo, nunca se resuelven. Todo se aplaza para el porvenir, y cuando ese porvenir llega, se pide nueva prrroga para que las cosas queden siempre en el estado que hoy tienen, pues as es ms fcil recoger el esquilmo de esas Antillas. Achaque no es ste de slo el ministerio en que V.E. milita; que otros muchos que le han precedido han seguido la misma tctica; y como no acrimino las intenciones de nadie, debo atribuirla en gran parte a la ignorancia de nuestros gobernantes en los asuntos de Ultramar. Y cmo es posible que no la haya, cuando los ministerios se suceden unos a otros, y a veces con tanta rapidez, que apenas se sientan unos en sus sillas, cuando ya otros los desalojan? En otros pases, y srvame de ejemplo

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JOS ANTONIO SACO /153 /153 /153 /153 /153 Inglaterra, los ministros duran largos aos, y teniendo tiempo cada uno para enterarse perfectamente de los ramos que estn a su cargo, la mquina del Estado marcha con acierto y majestad. Cuando caen los ministros, sube al poder el partido que los ha derribado; pero los ministerios siempre se desempean, no por hombres nuevos e inexpertos, sino por los mismos que ya han gobernado en repetidas ocasiones. En nuestra desgraciada Espaa sucede lo contrario, y esto me trae a la memoria una estadstica ministerial que cumple mucho a mi propsito, y que public La poca de Madrid en su nmero de 11 de abril de 1863. De ella aparece, que en slo los 30 aos que a esa fecha haban transcurridos del actual reinado, hubo una tercera parte ms de ministros que en los 133 aos que mediaron desde el advenimiento de Felipe V a la muerte de Fernando VII. En ese perodo de 30 aos, hubo 272 ministros en propiedad, 71 interinos, y nueve habilitados, formando un total de 352. En los ocho aos corridos de 1854 a abril de 1863, hubo ocho distintos presidentes del Consejo; 75 ministros en propiedad, y 16 interinos; o sea, en todo 91. A estos datos aadir los siguientes. Despus de la cada del duque de Tetun en 1863, hemos tenidos en mucho menos de dos aos cuatro ministerios, que agregados a los ocho de los ocho aos anteriores, dan en menos de diez aos el nmero de 12 ministerios. Con tanta movilidad, cmo es posible que anden bien los negocios de nuestra nacin? Pero si en la Pennsula andan mal, a pesar de que hay una imprenta vigilante que denuncia los abusos, una tribuna que libremente truena contra ellos, y donde por lo mismo es ms fcil remediarlos, cul no ser la suerte de los infelices pueblos de Ultramar que gimen bajo de un rgimen absoluto? V.E. elogia pomposamente ante el Senado la fidelidad y sacrificios que han hecho en la guerra de Santo Domingo, las islas de Cuba y Puerto Rico, sobre todo la primera, pues ella sola haba consumido de sus cajas hasta el mes de septiembre de 1864 la enorme suma de 280 millones de reales, que son 14 millones de pesos. Este comportamiento, dice V.E., da a Cuba un derecho a la gratitud y reconocimiento del gobierno; y no contento con esto, aade todava: “La isla de Cuba ha hecho ms. Mientras nuestros soldados han tenido que luchar en Santo Domingo; mientras que ha tenido que quedar casi desguarnecida para cubrir las bajas del ejrcito que estaba en la guerra; mientras que ha quedado tan slo confiada a la lealtad de sus habitantes, no ha habido ni un conato ni una querella ni una voz siquiera que tienda a relajar los vnculos que sostiene con el resto de Espaa. Esta fidelidad seores, quizs no tenga ejemplo en la historia; lo que es en la historia de las colonias de seguro que no lo tiene”

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OBRAS 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ V.E. pudo haber ahorrado toda esa verbosa retrica, porque debe estar muy convencido de que Cuba no le agradece en lo ms leve los elogios que le dispensa. Ella sabe bien a qu atenerse, y las lisonjeras palabras de V.E. podrn alucinar o adormecer a los pueblos ignorantes; pero no a los ilustrados, y que sienten la fuerza de sus derechos. V.E. sin pensarlo, ha clavado el pual en las entraas de Cuba, y sin pensarlo tambin, tendr la triste gloria de haber hecho a la causa de Espaa el dao ms grande que ministro alguno hasta ahora. ¡Qu contraste tan terrible no presentan las palabras de V.E.! ¡Santo Domingo empua las armas para repeler la dominacin espaola, y el ministerio de que forma parte V.E. se presenta ante las Cortes con un proyecto de ley, para que a esa misma isla sublevada se le devuelva su independencia y libertad; y Cuba, esa Antilla fiel y leal, esa Antilla, que por sostener levantado en Santo Domingo el pabelln espaol, derrama de su seno millones y millones de pesos, esa Cuba no merece en recompensa de tanta lealtad y de tantos sacrificios, sino los golpes con que V.E. remacha ms y ms sus cadenas. ¡Funesta y tremenda leccin para las Antillas espaolas! Para no darles instituciones liberales, V.E. se escuda con las diferentes circunstancias en que ellas se encuentran, pues siendo la condicin de las Filipinas muy distinta de la de Cuba y Puerto Rico, y aun algo de semejante la de sta a la de aqulla, no es posible dar a todas la misma organizacin. Cierto es, que hay grandes diferencias entre las Antillas espaolas y las islas Filipinas; pero se infiere de aqu, que tanto stas como aqullas deben estar sometidas a un gobierno desptico? Lo que dictan la razn, la justicia y la buena poltica, es que a todas se les d la libertad, modificndola segn las circunstancias en que cada una se encuentre. No me parece que anda V.E. muy acertado, cuando se quiere prevaler de las diferencias que V.E. cree descubrir entre Cuba y Puerto Rico, para negarles derechos polticos. Suponiendo que existan esas diferencias, por qu ellas no son obstculos para que en ambas islas se haya entronizado el mismo despotismo, y s lo son para que se establezca la libertad? sta, Seor Excmo., es muy flexible y elstica; puede llevarse a todos los climas y pases, y ninguna colonia ni provincia ultramarina es ms digna de recibirla que Cuba y Puerto Rico. Las diferencias que haya entre las dos, y de las que V.E. hace tanto mrito, ni tienen la importancia que V.E. quiere darles, ni aun cuando la tuviesen, son el ms leve motivo para que se les niegue libertad. Grande, grandsima es la semejanza que hay entre la condicin de esas dos islas. Ambas tienen el mismo clima; ambas, las mismas producciones; ambas los mismos elementos de poblacin; ambas, la misma lengua, religin, costumbres y despticas instituciones. por qu, pues, no ha de poder drseles las mismas en un sentido liberal? Si puede haber entre

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JOS ANTONIO SACO /155 /155 /155 /155 /155 esas dos Antillas alguna diferencia, es tan insignificante que en nada puede afectar los principios fundamentales de la libertad. A V.E. le gusta ms imitar el sistema que se sigue en las colonias francesas que en las inglesas. Pues bien, las islas de Guadalupe y la Martinica tienen entre s la misma analoga que las de Cuba y Puerto Rico; y por eso en 1827, el Gobierno francs les dio, como a las dems islas dependientes de la primera, una misma organizacin poltica. An es ms notable la diferencia que hay entre esas islas francesas y la Guayana que entre Cuba y Puerto Rico, y muchsimo ms todava la que existe entre aquellas tres colonias y la isla de la Reunin o Borbon, situada en los mares de la India cerca del frica Oriental; pero esto no obstante, diseles a todas ellas en 1833 la misma constitucin poltica. Hoy mismo, a pesar de los cambios profundos que han sufrido la Francia y sus posesiones de Ultramar, aquellas tres islas estn sometidas al mismo rgimen poltico sancionado por un Senado-consulto. Tienda V.E. la vista sobre la misma Pennsula que habita, y al golpe descubrir, que entre algunas provincias de ella hay desemejanzas mucho ms grandes que entre Cuba y Puerto Rico. Catalua y Valencia, Galicia y las provincias Vascongadas ofrecen diferencias notables y profundas respecto de las Andalucas y de otras partes de Espaa. Hblanse en ellas idiomas y dialectos distintos; han existidos bajo de fueros y leyes diferentes; sus usos y costumbres varan mucho entre s: mas, a pesar de esto, todas, todas viven bajo de las mismas instituciones. No se funde, pues, V.E. por ms tiempo en imaginarias diferencias para mantener en Cuba y en Puerto Rico el ominoso sistema que las rige. V.E. dice, que el seor duque de la Torre pidi derechos polticos para Cuba por reconocimiento a la distincin y consideraciones que aquellos habitantes le dispensaron. El seor duque de la Torre no necesita de mi dbil apoyo para defenderse, y brillantemente lo hizo en el Senado, en sus rplicas victoriosas a V.E. Pero usando yo mi derecho, quiero terciar en el debate, no para entrar en largas consideraciones, sino para poner ciertos hechos en su verdadero punto de vista. Si los habitantes de Cuba se mostraron benvolos hacia el seor duque de la Torre, fue por la conducta noble y liberal que tuvo con ellos. Capaz su corazn de sentimientos generosos, no fueron stos, sin embargo, los mviles que lo impulsaron a pedir reformas polticas para Cuba; furonlo tan slo el conocimiento que tiene de las necesidades de aquel pas, y la ntima conviccin en que est de que la tardanza en restituirle sus derechos, ha de ser funesta a Espaa. En este punto, l es mejor juez que V.E., pues ha gobernado a Cuba durante algunos aos, mientras que V.E., por desconocer los negocios de Ultramar, est a merced de las influencias de toda especie, sin poder discernir el error de la verdad, ni lo bueno de lo malo.

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OBRAS 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ Tratose tambin en ese debate del exorbitante derecho que las harinas extranjeras pagan en Cuba, y del que grava el azcar que de ella se importa en la Pennsula. La primera cuestin se agita ms de 35 aos ha, y es tanto lo que sobre ella se ha escrito, que yo no fatigar a mis lectores repitiendo lo que todos estn cansados de or. Si ella no se ha resuelto todava, es por favorecer los egostas intereses de algunos interesados harineros de Castilla; pero es forzoso confesar, que provincia por provincia, Cuba produce y consume ms, importa y exporta ms, y rinde al Real Erario mucho ms que Castilla; y como toda la justicia est de parte de aqulla, ttulos muy sagrados son stos para que la balanza se incline a su favor. Castilla puede vender sus harinas a las naciones extranjeras: puede tambin derramarlas por las provincias de la Espaa europea; y si no pudiese hacerlo, por falta de caminos y canales, esto no es culpa de Cuba.3Danos a entender V.E., que los derechos que pesan sobre los azcares de ella, introducidos en la Pennsula, no causan ningn perjuicio, puesto que la importacin de ese artculo, lejos de disminuir, ha duplicado. Pero no es verdad, que si ese derecho no existiera, el consumo habra sido mucho mayor, y mayor, por consiguiente, la importacin del azcar cubano? V.E. nos quiere consolar con la noticia de que el refino que de Marsella se empieza a introducir en Espaa, es el que perjudica a la importacin del azcar bruto de Cuba, y que para impedir la introduccin de aquel puerto francs, es preciso establecer fbricas de refino en la Pennsula. Pero V.E. debe percibir que esos derechos encarecen en ella el azcar de Cuba, y que ese encarecimiento es un obstculo para que se establezcan esas mismas fbricas de refino que V.E. desea, pues los empresarios que a ellas dediquen sus capitales, no slo tendrn que luchar con la rivalidad de la fabricacin extranjera que tan adelantada est, sino con el gravamen que pesa sobre el azcar de Cuba. 3Despus de remitida esta carta a Madrid para su impresin, he sabido que el gobierno trata de rebajar a las harinas extranjeras que se introduzcan en Cuba, 4 pesos por barril. Poco alivio tendrn todava los habitantes de aquella Antilla, pues siempre pesa un derecho enorme sobre un artculo que es de tan primera necesidad como el pan. Lo que debe hacerse, es declarar libres de todo impuesto a las harinas all importadas, sea cual fuere su procedencia; pero si se quiere guardar alguna consideracin a las harinas de Castilla, exmaseles de todo derecho, imponiendo uno muy mnimo sobre las extranjeras. Se adoptar esta medida? Esta pregunta hice cuando publiqu mi primera carta. A ella respondi el seor Seijas Lozano con un mezquino decreto; y aunque el seor Cnovas del Castillo su sucesor ha concedido nuevas franquicias, ellas no son suficientes, porque las harinas deben entrar en Cuba, libres de todo derecho, sea cual fuere su procedencia.

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JOS ANTONIO SACO /157 /157 /157 /157 /157 Pero apartmonos de estas materias econmicas que slo por incidencia he tocado, y volvamos nuestra atencin a otros puntos de importancia ms vital. Para negar a Cuba diputados, o sea, derechos polticos, fndase V.E. en que todas las opiniones no estn all en consonancia con esas ideas. Transcribamos las palabras de V.E.: “Hay otras, es verdad, no desconozco que son ideas polticas ms avanzadas, con otro espritu diverso, que estn excitando la realizacin del pensamiento que acoga el seor duque de la Torre; pero repito que tambin hay, no personas sino clases enteras en Cuba misma, que contraran ese pensamiento, queriendo que se fomenten los intereses materiales, pidiendo que se les proteja, pero aconsejando que en la parte poltica se ande con mucho tiento, no sea que por satisfacer una aparente necesidad, se seque la fuente de la riqueza en el pas y acabe la seguridad que reclaman todos los propietarios y capitalistas”. Este prrafo no es ms que la cansada repeticin de la viejsima cantinela, tantas veces refutada. Si es cierto que hay personas en Cuba que no quieren reformas liberales, tambin lo es que suspira por ellas, no ya inmensa mayora, sino que casi todo el pas. Entre las personas que no las quieren, es preciso hacer una distincin. Unas, en corto nmero, son de buena fe, y yo conozco algunas muy dignas de aprecio y de respeto. Otras, sin ser hipcritas ni de mala fe, pero tmidas al exceso, ms por efecto de las instituciones en que viven, que por su carcter y sentimientos, prefieren aparecer como absolutistas, aunque realmente no lo son. Otras, en fin, aborrecen toda innovacin liberal, pero la aborrecen tan slo porque encuentran su provecho en el rgimen actual de Cuba. V.E. afirma, que no personas, sino clases enteras se oponen a esas reformas. V.E. se equivoca altamente. En la isla de Cuba no hay clases ni enteras ni en fracciones que combatan la libertad; y el grave error de V.E. consiste en que toma all por clases lo que en ningn pas debe tomarse, a no ser que tal nombre merezcan la pandilla de contrabandistas negreros, y el conjunto de espreos espaoles que medran a la sombra de los abusos que todos los buenos deploran. V.E. vive en una regin de tinieblas. V.E. no sabe lo que pasa en Cuba, ni tiene medios de saberlo. All la imprenta gime bajo de una estrecha censura: no existe ni se permite el derecho de reunin, para que pobres o ricos, grandes o pequeos puedan expresar sus opiniones; carecen de diputados en las Cortes espaolas, y all en la Antilla que habitan, no tienen ninguna junta o corporacin que de rgano les sirva para exponer sus quejas ni reclamar sus derechos. V.E. debe comprender que los enemigos de las reformas polticas, por corto que sea su nmero, tienen una gran ventaja sobre el pueblo que las desea, porque siendo ellos de la misma opinin que el gobierno, estn seguro de poder acercarse a l

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OBRAS 158\ 158\ 158\ 158\ 158\ con toda confianza, y de ser gratamente escuchados; pero los que piden derechos polticos, saben por una triste experiencia, que incurren en el desagrado del gobierno, y temen con razn que se les persiga, como desgraciadamente ha sucedido muchas veces. Cuando a Cuba se le ha presentado alguna ocasin favorable para expresar sus sentimientos liberales con toda seguridad, entonces se ha visto, que lejos de abogar por el rgimen absoluto, ha pedido francamente algn alivio a su dura condicin. Esto aconteci bajo el mando del seor duque de la Torre, cuando los cubanos y peninsulares ms notables de entre todas las clases del pas firmaron una carta de despedida, que fue entregada a aquel ilustre general por una comisin de ocho personas muy respetables, presidida por el esclarecido patricio el seor D. Jos Ricardo O’Farril y O’Farril. Este digno caballero, rgano en aquel acto solemne de los sentimientos de Cuba, pronunci palabras que V.E. debe or: “Excmo. seor: Tenemos la honra de presentar a V.E. esta carta suscrita por un nmero considerable de individuos. Sentimientos de aprecio y gratitud por V.E., y el amor al pas y a su progreso, son los caracteres de este documento. V.E., con su distinguida inteligencia, sabr apreciar en lo que valga esta espontnea y legtima expresin de los sentimientos de un pueblo, que al par que experimenta un vivo pesar por la separacin de un jefe querido, tiene la esperanza de que su noble corazn y acendrado patriotismo harn llegar al gobierno de S.M. los votos del pas y su deseo claramente formulado de reformas, que a la vez que sirvan para robustecer los vnculos de unin con la metrpoli, resultado indudable de la igualdad de derechos e instituciones, abran a Cuba nuevos caminos de felicidad, que su situacin reclama y su cultura exige V.E. ha hecho cuanto es posible por arraigar en el pas el amor a la madre patria, y el deseo de ver realizada una completa unificacin entre dos pueblos, cuyo origen es el mismo y una su historia. Esta noble conducta es la que ha inspirado a los individuos que tienen el honor de hablar a V.E., la idea de expresar los sentimientos de aprecio y gratitud, y al mismo tiempo suplicarle sea nuestro intrprete con el gobierno de S.M., para que apresure el momento feliz en que idnticos derechos e idnticos deberes hagan que dos pueblos separados por la distancia se identifiquen an ms de lo que estn por la felicidad, que a ambos procure un gobierno inteligente y progresivo ”. Si de esta significativa alocucin pasamos a la carta, lense en ella algunos pasajes que debo tambin poner ante los ojos de V.E. “...Justo, franco y liberal ha sido V.E. en la poca de su gobierno, y el pas ha visto con gratitud, que sin la menor modificacin en las instituciones, reinase la ms completa seguridad personal y el mayor respeto a la opinin, debido principalmente al carcter personal del digno jefe que ahora nos abandona, ofreciendo por resultado esa poltica justa y

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JOS ANTONIO SACO /159 /159 /159 /159 /159 conciliadora, la ms perfecta tranquilidad y las ms vivas esperanzas de ver realizado en las leyes lo que hasta ahora ha sido la obra de un hombre ”Sin duda, Excmo. Seor, al renunciar V.E. con tanta previsin como hidalgua de sentimientos a todo exceso de poder, ha prestado a la nacin y al pas un inmenso servicio, pues hoy los hijos de ste comprenden que pueden asociar el amor a la madre patria con el sentimiento de patriotismo local; en una palabra, hoy, gracias a V.E., se puede ser liberal sin merecer la calificacin de revolucionario. (. .) ”Intrprete hbil de una poltica de asimilacin, se ha visto a V.E. llamando siempre a dignos hijos de este hermoso suelo a tomar parte en su administracin, conociendo muy bien que la humanidad es siempre la misma; que las ideas de exclusivismo no son conformes al espritu de la poca; que gobernar no es resistir, sino dirigir; no es oprimir, sino proteger ”. Este documento se public en Madrid en La Amrica del 12 de enero de 1863; y la carta a Serrano con ms de 20 000 firmas y la exposicin a la Reina; y as por el gran nmero, como por la ilustracin, riquezas y posicin social de las personas que lo firmaron, representa la verdadera opinin del pas. Otro documento que V.E. puede tambin consultar con provecho para que rectifique su equivocado juicio sobre el estado de la opinin en Cuba, es la representacin que las personas y clases ms distinguidas de ella hicieron en 1864 al Excmo. seor marqus de Castellflorite, su actual gobernador y capitn general, con motivo de ciertos artculos que algunos peridicos de Madrid publicaron, creyendo equivocadamente que se haba prohibido la introduccin de ellos en Cuba, o por lo menos sometido a la rigurosa censura de aquel pas. Pero estas ocasiones son raras en Cuba; y como el absolutismo es muy eficaz y celoso en conservar lo que l juzga que son sus prerrogativas y derechos, las cosas forzosamente han de marchar por la senda que se les traza. En prueba de que as es, cinco meses habr que no jvenes aturdidos, ni revoltosos proletarios, sino muchas personas ricas y caracterizadas trataron de hacer al gobierno de Cuba una respetuosa exposicin, para que se dignase de acogerla y elevarla al trono de Isabel II, a fin de que el gobierno de S.M. tomase en consideracin el importantsimo objeto a que se refera. Pero cul fue el resultado de tan patritica gestin? De respondernos se encarga el orgulloso representante del absolutismo en Cuba, el Diario de la Marina de La Habana del 6 de noviembre de 1864: “Estamos plena y competentemente autorizados para declarar que no es exacto que la primera autoridad de la Isla haya prestado su apoyo

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OBRAS 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ ni dado su beneplcito a ninguna clase de proyecto de la alta propiedad de Cuba, a que se ha aludido en estos das, cuyo proyecto, ni ha llegado a formularse, ni mucho menos se ha dirigido a dicha primera autoridad. As, pues, cuantos han podido encontrar algn motivo de alarma en ciertas especies que han circulado, sin duda bastante abultadas, pueden estar tranquilos, en la inteligencia de que sobre cuestiones de gran trascendencia para esta provincia espaola, slo toca la iniciativa al gobierno de S.M., el que en todo caso sabr resolver lo ms conveniente para los verdaderos intereses de todos sus habitantes ”. He reimpreso el articulillo anterior, para edificacin del seor Ministro de Ultramar, y que acabe de conocer el gran derecho de iniciativa de que gozan los habitantes de Cuba para pedir reformas polticas. Reflexione V.E., que si pudiramos trocar las circunstancias poniendo a la Pennsula en lugar de Cuba, y a sta en lugar de aqulla; y si siguiramos la lgica de V.E., el sistema poltico que rige en Espaa, de seguro que ya no existira, porque como an hay en ella tantos absolutistas que combaten la libertad, stos habran pedido y alcanzado que enmudeciese la prensa, se abatiese la tribuna, se cerrase el Parlamento, se condenasen tantas teoras y doctrinas peligrosas, y que volviese a los tiempos de bienandanza en que la voluntad de un monarca o el capricho de un ministro eran la nica ley del Estado. Se dice que lo que a Cuba conviene, no son derechos polticos, sino el desarrollo de los intereses materiales. Cabalmente por eso, es indispensable que a las Antillas se den instituciones liberales. stas son las que han elevado la Inglaterra al grado envidiable de prosperidad que disfruta, y la que en pocos aos engrandecieron a los Estados Unidos del modo ms prodigioso. La experiencia ensea, que los progresos materiales de un pas estn en razn directa de los grados de libertad de que goza; y raro fenmeno es en la historia el pueblo que se ha encumbrado con despticas instituciones. Aun en el caso en que esto se ha visto, ha provenido de causas independientes del despotismo, y muy superiores a l, pues su influencia es tan malfica, que donde no mata la iniciativa individual, la encadena y paraliza, y slo a fuerza de constancia y de paciencia es como se puede alcanzar algn progreso; pero progreso que siempre est sujeto a los golpes arbitrarios del poder. Sin libertad no hay base slida para los intereses materiales, porque ella no slo es su principio ms fecundante, sino la nica garanta que puede mantenerlos y asegurarlos. Por otra parte, tngase muy presente, que entre los progresos materiales y los morales y polticos hay un ntimo enlace, y que toda mejora en el orden material conduce infaliblemente a un progreso en el orden moral y poltico: de manera, que aquellos que slo piden para Cuba adelantos materiales, piden tambin, sin saberlo, reformas polticas, las

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JOS ANTONIO SACO /161 /161 /161 /161 /161 cuales cada da sern ms urgentes en razn de los progresos que hagan esos mismos adelantos materiales. Negarse, pues, por ms tiempo a conceder a Cuba libertad, es correr desbocadamente al abismo donde todos podemos perecer. El progreso de las sociedades modernas, y del que aquella Isla tambin participa, ha creado nuevas necesidades y nuevos sentimientos; y si hubo un tiempo en que los cubanos vivieron contentos con las ideas que heredaron de sus padres, hoy se consideran desgraciados, porque carecen de toda libertad. Los que para privarnos de ella hacen el argumento que estoy refutando, no reparan en las armas terribles que ofrecen al despotismo: porque si bajo su accin e influjo los pueblos pueden ilustrarse y engrandecerse, por qu se clama entonces contra l? Dnde estn los males que se le achacan? Si l da lo mismo que la libertad, qu necesidad hay de cambiar la forma de los gobiernos? Las naciones que viven subyugadas por el absolutismo, deberan seguir bajo su cetro, y pecaran contra sus intereses, si intentasen salir, aun por los medios ms legtimos, de un estado que tan venturoso se supone. Cuba, por su riqueza, por su ilustracin y por su importancia poltica, tiempo ha que imperiosamente reclama instituciones liberales. En torno suyo resuenan los cnticos a la libertad, y a sus ecos late y se inflama el corazn de sus hijos. Espaa misma con su ejemplo los ensea a ser libres y a odiar la tirana. Libres son las islas Baleares y Canarias, que por cierto no valen tanto como aquella Antilla. Aun entre las provincias de nuestra Pennsula, hay muchas que puedan compararse con Cuba? No hay algunas, que sin ofensa ni orgullo, podr yo decir que son inferiores a ella? Y no se pretenda, que esa riqueza y esa ilustracin de que goza, se deben al despotismo, pues son muy al contrario, conquistas que ella ha hecho luchando maosamente contra l. Quin podr negar con razn, que si Cuba hubiese sido libre, hoy estara incomparablemente ms ilustrada y ms rica? Su ilustracin proviene de que un nmero considerable de sus hijos han sido educados desde el siglo anterior en pases extranjeros; de que otros muchos, solos, o con sus familias, han viajado por ellos, y viajan ms cada da con la facilidad de las comunicaciones martimas y terrestres; de que vueltos a su tierra han derramado en ella las luces que han recogido por Norteamrica y Europa; de los esfuerzos hechos por algunos buenos patricios para mejorar la pblica enseanza; del contacto en que el comercio ha puesto a aquellos habitantes con las naciones ms civilizadas del mundo; y, en fin, de aquel instinto o fuerza interna que llevan en s las sociedades, sobre todo, las nuevas, para mejorar su condicin, a pesar de las trabas que se les pongan. No afirmar yo que nada se debe al gobierno, porque esto sera una falsedad y una injusticia; pero ms falsedad e injusticia sera considerar como resultado del despotismo la ilustracin que tenemos.

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OBRAS 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ La prosperidad material de Cuba no es tan grande como se pregona, y la que tenemos, debida es a sus fertilsimos terrenos, a los brazos africanos que los han cultivado, a la excelencia de sus frutos, y a los buenos precios que han tenido en los mercados extranjeros. De estas cuatros causas, tres son absolutamente independientes del gobierno, y la nica que ha emanado de l, ojal que nunca hubiera existido; pues aunque sin negros fusemos hoy menos ricos, o ms pobres, tambin estaramos libres de las inquietudes que ya empezamos a sentir. El gobierno no conoce todo el peligro que envuelve la teora que sostiene. Cuando un pueblo slo piensa y se ocupa en los intereses materiales, se es un pueblo materialista en el sentido social, porque no tiene principios morales ni polticos que lo muevan. Para l es desconocida la voz patria pues su patria est nicamente cifrada en los intereses materiales Siendo stos su nico impulso y su gua, l se inclinar siempre hacia aquel lado, a donde se crea que estarn mejor asegurados; y en cualquier conflicto que se presente, ellos, y slo ellos, sern la bandera que seguir. En la vecindad de Cuba, existe un Estado poderoso que ambiciona su posesin: otros nuevos quizs se levantarn; y bien cierta puede estar Espaa de que con el sistema y principios que practica su gobierno, el pueblo cubano, que no tiene libertad que conservar ni patria que defender no vacilar en echarse en los brazos que l juzgue bastante fuertes para salvar lo nico que puede perder, los intereses materiales Es de V.E. con la mayor consideracin, su atento y respetuoso servidor que S. M. B. JOS ANTONIO SACO Carta segunda4Pars 10 de abril de 1865 Excmo. seor: Al paso que voy entrando en la lectura de los discursos de V.E., voy tambin descubriendo nuevos errores; pero de tanta magnitud y trascendencia, que para refutarlos cumplidamente, me sera preciso escribir, no cartas, sino un libro voluminoso. V.E. supone que la concesin de derechos polticos, o sea, los diputados que tuvo la Amrica en las Cortes constituyentes que formaron la Constitucin de 1812 y los que vinieron a ellas en pocas posteriores, fueron la causa de la independencia de ella. “No hay, dice V.E., no hay que volver la vista atrs sobre lo que ocurri, sobre lo que se dijo. Aquel 4 La Amrica 27 de abril de 1865.

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JOS ANTONIO SACO /163 /163 /163 /163 /163 perodo pas, y por coincidencia rara o no rara, lo cierto es que despus de aquellos sucesos, y mucho ms cuando en el ao 20 se volvi a restablecer aquella medida, se perdieron la mayor parte de nuestras provincias ultramarinas. No examino causas ni las determino ; slo voy a consignar hechos ocurridos ”. ¡Peregrina lgica es la que V.E. nos ensea! Cuando se consignan los hechos, pero slo se consignan para manifestar su existencia, entonces slo, y en ningn otro caso, es permitido prescindir del examen de sus causas; mas, cuando de esos hechos se sacan consecuencias, y consecuencias funestas, entonces es necesario subir a la causa de ellos, y examinarla bajo de todas sus relaciones, porque nicamente as, es como se podr conocer si aqullas son falsas o verdaderas. En qu sana crtica cabe que la simple enunciacin de los hechos pueda conducir a la justa apreciacin de los acontecimientos histricos, si no consideramos imparcial y detenidamente las causas de donde provienen? Pero V.E. avanza ms, pues afirma, que si las Cortes constituyentes de 1836 no hubiesen expedido el decreto de 9 de abril de 1837, privando de diputados, o sea, de derechos polticos, a las provincias de Ultramar que an permanecen unidas a Espaa, stas tambin se habran separado de ella. Oigamos las palabras que V.E. pronunci en el Senado el 6 de marzo, contestando a la patritica mocin que hizo el respetable senador cubano el seor D. Andrs Arango, en quien, ni los hielos de la edad, ni una larga ausencia de ms de 60 aos han podido entibiar los sentimientos de amor que conserva por la libertad de la tierra en que naci. “Indudablemente, seores [dice V.E.], el decreto de aquellas Cortes no ser nunca bastante elogiado; pues supone que los que las compusieron haban estudiado detenidamente la historia de las colonias dependientes de las naciones de Europa y comprendido los sucesos verificados en ellas. Resolviose, pues, el gran problema; y es menester decirlo y conocerlo; en mi sentir, por ese decreto hemos conservado nuestras posesiones de Ultramar; pues sin l, no s lo que hubiera pasado. Si ha de juzgarse este hecho por lo que en otras naciones ha sucedido, por las consecuencias que en sus colonias se han experimentado, es menester reconocer, vuelvo a repetir, que nuestras posesiones ultramarinas se salvaron merced al decreto que he tenido la honra de leer”. V.E. toma a veces un tono dogmtico, pues afirma sin probar lo mismo que debe probar. Para que las aseveraciones de V.E. queden triunfantes, es preciso que V.E. demuestre dos cosas. Primera: que la insurreccin general que dio por resultado la independencia de las Amricas, fue posterior a la concesin de esos derechos Segunda: que adems de haber sido posterior, se pruebe, que tales derechos fueron la causa verdadera de esa insurreccin ; porque no se puede admitir la viciosa argumentacin, post hoc ergo propter hoc : despus de esto luego por esto

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OBRAS 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ Entre la opinin de V.E. y la ma hay una diametral oposicin. V.E. atribuye la prdida de las Amricas a la concesin de los derechos polticos: yo la hago derivar de causas muy diferentes. V.E. acusa a la libertad como autora de la independencia: yo, al contrario, la absuelvo, y a quien acuso como origen de ella, es al duro despotismo que siempre pes sobre la Amrica. Cuando dos hechos, sobre todo, aquellos que tienen alguna relacin entre s, acaecen simultneamente, o separados por muy cortos intervalos, la gente irreflexiva convierte comnmente al uno en causa del otro, principalmente sin son hechos de gran importancia y que llaman la atencin general. Dos acontecimientos polticos extraordinarios ocurrieron en la vasta monarqua espaola en los primeros aos de la centuria que corre. Viose, de un lado, la revolucin y el renacimiento de la libertad en la Pennsula ibrica, y, de otro, el alzamiento de las inmensas regiones que allende los mares le pertenecan. La coincidencia de estos dos grandes acontecimientos bast para que muchos juzgasen inconsiderablemente, que la libertad que asom entonces en Espaa, fue la causa de la independencia de Amrica. A difundir tan fatal error contribuyeron la ignorancia de algunos y la mala fe del partido absolutista que tan numeroso era entonces en Espaa, y que deseando desacreditar la libertad y la Constitucin de 1812, imput a ellas la prdida de las Amricas; pero esta servil opinin, si bien cuadra a hombres de aquel partido, jams debe tener entrada en el cerebro de los que profesan ideas enteramente contrarias. La independencia de Amrica provino de otras causas mucho ms remotas, ms constantes y profundas, entre las cuales no puede contarse la libertad, pues que aqulla nunca la goz estando siempre, como todos saben, sometida al despotismo. La independencia del continente americano escrita estaba en el libro del destino, pues en el orden poltico ha de suceder lo mismo que en el orden domstico. Los hijos dependen de los padres, mientras aqullos no pueden gobernarse a s mismos; y las colonias dependen de las metrpolis, mientras ellas no son capaces de regirse por s, o de sacudir la dominacin que se les impone. Ley es sta de la naturaleza que tarde o temprano se ha de cumplir, ora se d libertad a las colonias, ora se las mantenga bajo un rgimen absoluto. La diferencia slo estar en que en el primer caso, el rompimiento de esos lazos y las consecuencias que de l emanen, sern a metrpolis y a colonias, o ms ventajosas, o menos perjudiciales que en el segundo caso. Las colonias inglesas llamadas despus repblica de los Estados Unidos de Norteamrica, aunque gozaron de mucha libertad, siempre se hubieran declarado independientes; pero ellas habran permanecido mucho ms tiempo bajo el imperio de su metrpoli, si sta no las hubie-

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JOS ANTONIO SACO /165 /165 /165 /165 /165 se exasperado con algunas medidas injustas. Esto debo recordar aqu, para que no se atribuya la independencia de aquellos pases a la libertad que Inglaterra les concedi, sino a ciertos actos ilegales con que pretendi gobernarlos. Lo primero que debe saltar a la mente de todo el que contemple en la independencia del continente amrico-hispano, es, cmo tan inmensas provincias, no apartadas entre s por los mares, pues que estn contiguas unas a otras; con tantas riquezas naturales; con tantos climas diferentes; poseyendo todos los productos de la tierra, baadas sus costas por los dos mares ms grande de nuestro globo, y asentadas muchas de ellas sobre bases de oro y plata; cmo pudieron permanecer por el largo espacio de tres centurias bajo la dominacin de una potencia que ni tena agricultura, fbricas ni comercio con que alimentarlas, ni marina suficiente para conservarlas bajo su imperio; que iba en rpida decadencia, y que ella misma desgraciadamente se debata entre las cadenas del despotismo y las llamas de la inquisicin. Pero este asombro debe cesar cuando se reflexione que ese mismo despotismo, que pes con ms fuerza sobre la Amrica que sobre la metrpoli, fue el que la mantuvo por tanto tiempo subyugada, pues que ni pudo aumentar su poblacin en la proporcin que debiera, ni desarrollar sus portentosas riquezas naturales para adquirir la fuerza que pudiera, ni tampoco alcanzar aquella ilustracin capaz de dirigirla en sus conatos y empresas en favor de la libertad. Poltica mezquina es la que busca el origen de la independencia de Amrica en los derechos polticos que tan tardamente se le concedieron, y cuando cabalmente ya exista esa misma independencia en las ideas y aun en los hechos. El levantamiento general de ella fue casi simultneo, pues se verific en un cortsimo perodo; y para que pases tan vastos que se extienden desde la California hasta la Patagonia, y desde las playas del Atlntico hasta las aguas del Pacfico, para que todos, sin ponerse de acuerdo entre s, casi aislados unos de otros por la falta de comunicaciones martimas y terrestres, y a veces con diferentes y aun contrarios intereses; para que todos, repito, se hubiesen levantado de un golpe y por un impulso espontneo contra el poder que los dominaba, preciso era que hubiese causas muy poderosas que fueran acumulando desde largo tiempo los combustibles que para inflamarse y hacer explosin, slo necesitaban de una coyuntura favorable; y sta fue justamente la que se les present con los asombrosos acontecimientos que sobre Espaa cayeron en 1808. Tan antigua es la idea de la independencia, que fue coetnea a la conquista de Amrica, y desde entonces, nadie particip tanto de sus temores como el mismo gobierno, pues de ellos nacieron las injusticias contra Coln, y los recelos y desconfianza contra Corts. Las guerras

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OBRAS 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ civiles del Per que tan temprano estallaron entre los bandos de los Almagros y Pizarros, conquistadores de aquella tierra, arrastraron a uno de stos hasta el extremo de hacerse independiente de la corona de Castilla, y de combatir con las armas en campal batalla a los virreyes sus representantes. Tambin los Contreras se rebelaron contra la autoridad del rey, e invadieron a Panam en 1550. En la primera mitad del pasado siglo, guerras hubo por la independencia. Sublevronse los indios chunchos en 1742, y ocupando los parajes circunvecinos a Tarma y Jauja por la parte del Oriente en las montaas de los Andes, pelearon contra la dominacin espaola por el espacio de algunos aos. Ms adelante, hubo nuevos levantamientos, y en 1781 estall otro tan vasto y tan peligroso, que Espaa estuvo a pique de perder toda la parte de las montaas del Per. Capitaneaba este movimiento el indio Jos Gabriel Condorcanqui, descendiente de los incas, y conocido con el nombre de Tupac-Amaro: arrastr en pos de s numerosas turbas de indios: ahorc a un corregidor con todas las solemnidades de la ley en la plaza pblica del pueblo en que mandaba: conquist las provincias de Lampa, Asangara, Tinta, Chumbivilcas, Caravaja y Quispicanchi; presentose triunfante con un ejrcito delante de los muros del Cuzco, y sostuvo durante dos aos una guerra asoladora contra el poder espaol.5Si del siglo XVIII pasamos al XIX, veremos que el general Miranda, sin haber conseguido la independencia, tambin la proclam en 1806 cuando desembarc con 500 hombres en Coro, ciudad de Venezuela. En Caracas, su capital, se fragu en 1808 una conspiracin que no produjo los efectos que los conjurados se prometan, y cuyo fin era, segn el proceso instruido en aquel ao, deponer las autoridades constituidas, apoderarse del gobierno y declarar aquella provincia independiente de la madre patria. Los hechos hasta aqu mencionados bastan para probar, que los pases americanos impelidos, no por la libertad, que por cierto no gozaban, sino por la terrible influencia del despotismo, ya luchaban por alcanzar su independencia. Don Pedro de Urquinaona y Pardo, diputados a Cortes en 1837, en la sesin del da 14 de abril de ese ao, dijo lo siguiente: “La revolucin que corri desde Guayana hasta Ayacucho, salvando las nevadas barreras de Cayambe, Eleniza y Chimborazo, tuvo su origen, y vio su primer ensayo en Caracas por el mes de julio de 1808, antes que abordase a aquellas costas el enviado de la Junta de Sevilla, y de que pudiera animarla esta ponderada misin. 5En La Amrica del 27 de enero de 1863, yo publiqu el informe del obispo del Cuzco al Supremo Gobierno, en que se refiere a la larga el peligroso levantamiento del cacique Tupac-Amaro.

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JOS ANTONIO SACO /167 /167 /167 /167 /167 ”Entonces se traz, se descubri y se puso ya de manifiesto el plan de la independencia: y en esto no hay duda, seores, porque as consta en el proceso formado por la sala extraordinaria de justicia, que yo mismo conduje a la Pennsula y puse en manos del Presidente de la Junta Central, informndole, por encargo de aquel gobierno, del peligroso estado en que haba dejado la provincia. ”Apareca como reo principal del trastorno D. Antonio Fernndez de Len, natural de Extremadura, y hacendado rico de los valles de Aragua en la provincia de Venezuela. Vino preso bajo partida de registro y destinado al castillo de Santa Catalina, hall bien pronto la ternura cvica de la Junta Central que ataj el curso de la causa, le mand poner en libertad, y luego le condecor con un ttulo de Castilla, sin acordarse de que acababa de sostener y propagar en Caracas, los principios democrticos, que necesariamente deban levantar aquella poblacin heterognea. Tal fue, seores, el desenlace de esta causa gravsima por todos sus aspectos, y en que estaban complicados todos los que despus figuraron en la insurreccin de la capital. As callaron las leyes: enmudecieron y desmayaron los buenos, se alentaron los malos, y al abrigo de la impunidad de los unos, y de la indiferencia en que cayeron los otros, fue poco a poco reorganizndose la revolucin truncada, que al fin estall el 19 de abril de 1810, cuando an no haba Cortes ni diputados en la isla de Len He aqu el fruto de la inobservacin de las leyes Atribyase en buena hora a la ternura cvica de la Junta Central; mas, no a la misin de la Junta Provincial de Sevilla, a la convocatoria de la Central, ni a las proposiciones y discursos de los diputados americanos que no existan”. La invasin francesa en 1808 trastorn y dej sin gobierno a la Pennsula. Sus colonias asombradas, se mostraron leales al primer momento, pero pasado que fue aquel asombro se aprovecharon de la ocasin favorable que se les present, y antes de haberse reunido en 24 de septiembre de 1810 las Cortes constituyentes, y mucho antes, por consiguiente, de haber stas formado la Constitucin de 1812 que derechos polticos les conceda, ya el fuego de la insurreccin se haba propagado por el continente americano. Pero ntese bien, y tngase muy presente, que en medio de ese incendio general, as las islas Filipinas, como las de Cuba y Puerto Rico, siempre se mantuvieron fieles a la metrpoli, y aun la socorrieron en aquella terrible crisis con sus caudales y la sangre de sus hijos. Para que no quede ninguna duda sobre la falsedad del argumento que estoy refutando, invocar la autoridad de un hombre, que por su talento y acendrado espaolismo, merecer de los peninsulares una confianza que jams podr inspirarles ningn cubano en materias semejantes. El conde de Toreno, despus de haber indicado en el libro 13 de su Historia del levantamiento guerra y revolucin de Espaa algunas

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OBRAS 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ causas de poca importancia que en el siglo XVIII influyeron en la independencia, y de decir, que no obstante ellas, el vnculo que una a las colonias de Ultramar con su metrpoli, era todava fuerte, contina: “Otras causas concurrieron a aflojarle paulatinamente. Debe contarse entre las principales la revolucin de los Estados Unidos angloamericanos Jefferson en sus cartas asevera, que ya entonces dieron pasos los criollos espaoles para lograr su independencia... Incurri en un error grave la corte de Madrid, en favorecer la causa anglo-americana... Diose de ese modo un punto en que con el tiempo se haba de apoyar la palanca destinada a levantar los otros pueblos del continente americano... ”Tras lo acaecido en las mrgenes del Delaware sobrevino la revolucin francesa, estmulo nuevo de independencia sembrando en Amrica como en Europa, ideas de libertad y desasosiego”. Aqu sigue Toreno indicando las graves turbulencias del Per, acaudilladas por el indio Tupac-Amaro, de las que acabo de hacer mencin, y las conmociones de Caracas en 1796, de las que fueron principales promovedores el mallorqun Picornel y el general Miranda, natural de Venezuela. “Requerase, pues [prosigue Toreno], algn nuevo suceso, grande, extraordinario, que tocara inmediatamente a las Amricas y a Espaa, para romper los lazos que unan a entrambas, no bastando a efectuar semejante acontecimiento ni lo apartado y vasto de aquellos pases, ni la diversidad de castas y sus pretensiones, ni las fuerzas y riqueza que cada da se aumentaban, ni el ejemplo de los Estados Unidos, ni tampoco los terribles y ms recientes que ofreca la Francia; cosas todas que colocamos entre las causas generales y lejanas de la independencia americana, empezando las particulares y ms prximas en las revueltas y asombros que se agolparon en el ao de 1808 ”En un principio y al hundirse el trono de los Borbones manifestaron todas las regiones de Ultramar en favor de la causa de Espaa verdadero entusiasmo, contenindose a su vista los pocos que anhelaban mudanzas... Mas, apaciguado el primer hervor, y sucediendo en la Pennsula desgracias tras de desgracias, cambiose poco a poco la opinin, y se sintieron rebullir los deseos de independencia, particularmente entre la mocedad criolla de la clase media y el clero inferior. Fomentaron aquella inclinacin los ingleses temerosos de la cada de Espaa, formentronla los franceses y emisarios de Jos aunque en otro sentido y con intento de apartar aquellos pases del gobierno de Sevilla y Cdiz, que apellidaban insurreccional: fomentronla los anglo-americanos especialmente en Mjico; fomentronla, por ltimo en el Ro de la Plata los emisarios de la infanta doa Carlota residente en el Brasil, cuyo gobierno independiente de Europa no era para Amrica meri-

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JOS ANTONIO SACO /169 /169 /169 /169 /169 dional de mejor ejemplo que lo haba sido para la septentrional la separacin de los Estados Unidos. ”A tantos embates necesario era que cediese y empezase a crugir el edificio levantado por los espaoles ms all de los mares, cuya fbrica hubo de ser bien slida y compacta para que no se resquebrajase antes y viniese al suelo... ”... Verificose el primer estallido sin convenio anterior entre las diversas partes de la Amrica siendo difciles las comunicaciones y no estando entonces extendidas ni arregladas las sociedades secretas que despus tanto influjo tuvieron en aquellos sucesos. El movimiento rompi por Caracas, tierra acostumbrada a conjuraciones; y rompi, segn ya insinuamos, al llegar la noticia de la prdida de las Andalucas y dispersin de la Junta Central. ”El 19 de abril de 1810 apareci amotinado el pueblo de aquella ciudad, capital de Venezuela, al que se uni la tropa; y el cabildo, o sea ayuntamiento, agregando a su seno otros individuos, erigiose en Junta Suprema, mientras que conforme anunci se convocaba un congreso...”. Notose muy bien que el movimiento de Venezuela de que habla Toreno, se verific el 19 de abril de 1810, y que a esa fecha, ni se haban reunidos las Cortes constituyentes que promulgaron el decreto de 15 de octubre de 1810, concediendo derechos polticos a los pueblos americanos, ni mucho menos publicado la Constitucin de 1812 en que esos derechos sancionados. Volvamos a Toreno. “Siguieron el impulso de Caracas las otras provincias de Venezuela, excepto el partido de Caco y Maracaybo, en cuya ciudad mantuvo la tranquilidad y buen orden la firmeza del gobernador D. Fernando Miyares”. ”...Alz tambin Buenos Aires el grito de independencia al saber all, por un barco ingls que arrib a Montevideo en 13 de mayo, los desastres de las Andalucas...”. Aqu debo notar tambin, que entre este acaecimiento y el de Caracas, apenas mediaron 24 das, y que por lo mismo, atendida la inmensa distancia que separa esas dos ciudades, y el estado imperfectsimo de las comunicaciones en aquel tiempo, era absolutamente imposible que Buenos Aires hubiese tenido noticias de las ocurrencias de Caracas. “... Montevideo, sigue Toreno, que se dispona a unir su suerte con la de Buenos Aires, detvose, noticioso de que en la Pennsula se respiraba, y de que exista en la isla de Len con nombre de Regencia, un gobierno central. ”No as el nuevo reino de Granada que sigui al impulso de Caracas, creando una Junta Suprema el 20 de julio (1810)”. De nuevo llamo aqu la atencin del lector para que vea, que cuando estall el movimiento de Nueva Granada, ni haba Constitucin de 1812, ni juntndose las Cortes que la formaron despus.

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OBRAS 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ “Acaecieron luego, palabras son de Toreno, en Santa Fe, en Quito y en las dems partes, altercados, divisiones, muertes, guerra y muchas lstimas, que tal esquilmo coge de las revoluciones la generacin que las hace. ”Entonces, y largo tiempo despus, se mantuvo el Per quieto y fiel a la madre patria, merced a la prudente fortaleza del virrey D. Jos Fernando Abascal y a la memoria an viva de la rebelin del indio TupacAmaro y sus crueldades. ”Tampoco se meneaba Nueva Espaa, aunque ya se haban fraguado varias maquinaciones, y se preparaban alborotos de que ms adelante daremos noticias”. Toreno tiene razn, porque en 1810, el cura Hidalgo lanz en Mjico el grito de independencia, grito que por todo el relato que acaba de hacerse, fue anterior aun a la reunin de las Cortes constituyentes. “Por lo dems, concluye Toreno, tal fue el principio de irse desgajando del tronco paterno, y una en pos de otra ramas tan fructferas del imperio espaol...”. He aqu, Seor Excmo., a los diputados ultramarinos que formaron parte de aquellas Cortes constituyentes, a los derechos polticos que stas concedieron a la Amrica, y a la Constitucin de 1812 que los sancion; helos aqu plenamente absueltos por un juez espaol, y sin duda de los ms competentes, del crimen revolucionario que se les imputa. Ni olvide V.E. que Toreno fue uno de los diputados de aquellas Cortes, que ms se distinguieron en los largos e interesantes debates que precedieron a la promulgacin de ese Cdigo, que estuvo en ntimo contacto con los diputados americanos de aquella poca; y que si despus del profundo conocimiento que tuvo de todo lo ocurrido entonces, as en la Pennsula como en la Amrica, no asoma siquiera, ni como causa, ni como concausa a esos diputados ni a esos derechos polticos tan calumniados, forzoso es convenir en que la prdida de las Amricas procedi exclusivamente de los motivos que l seala y de otros que pas en silencio, ya por una parcialidad que rebaja al historiador, ya por algn olvido que padeciera, ya por otros motivos para decir toda la verdad. Desengese V.E. Las causas que produjeron la independencia americana, son de varias especies. El conde de Toreno, en los pasajes que he citado, solamente expuso las causas externas de ese gran acontecimiento, pero pas en silencio las que yo llamar internas o nacionales las cuales son tan profundas y poderosas, que si quisiera examinarlas detenidamente, no me sera posible hacerlo en los estrechos lmites de una carta. Dir, sin embargo, lo que baste para demostrar el grave error en que V.E. ha cado. El mismo D. Agustn de Argelles en la sesin de Cortes constituyentes de 10 de marzo de 1837 se expresaba as explicando los hechos

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JOS ANTONIO SACO /171 /171 /171 /171 /171 que haban trado la lamentable separacin de las Amricas: “La infame alevosa que cometi la Francia llevndose al rey, a sus cortesanos y consejeros, a sus clrigos y a sus directores de conciencia a Bayona, donde les anunci esa infame cesin de que los siglos anteriores no tiene ejemplo; ocasion una insurreccin nacional, y entre otros sucesos que ocurrieron fue uno el formarse en Sevilla una gran Junta de los sujetos ms notables de la monarqua. Esta Junta compuesta de hombres sabios, conociendo que el trastorno que sufra la monarqua no podra menos de acarrear tal vez la separacin de esas provincias ultramarinas, que ya tenan ms o menos grmenes de revolucin se dirigi a ellas; y no hay diputado que no sepa lo que se hizo en aquella poca para prevenir tal separacin”. Uno de los vnculos ms fuertes para enlazar los pueblos entre s, son las relaciones mercantiles, y stas fueron siempre muy pocas por el atroz monopolio a que las colonias fueron sometidas. Espaa nunca tuvo una marina mercante suficiente para mantener el comercio de importacin y exportacin con ellas, ni las pocas y atrasadas fbricas espaolas podan abastecer las vastas necesidades de pases ya populosos, y cuya poblacin se aumentaba cada da. De aqu result, que al comercio nacional se sustituy el comercio extranjero, que ste busc testaferros espaoles para sus expediciones, y que bajo los registros de Sevilla se importaban en Amrica las mercancas de Inglaterra, Francia, Holanda y aun Italia; siendo apenas una quinta parte producto de las fbricas nacionales. El oro y la plata de las minas de Amrica ya no hacan ms que pasar por Espaa, sin fecundar su suelo, para derramarse en otras naciones, pues que con esos metales se compraban desde Cdiz y Sevilla los artefactos extranjeros enviados al Nuevo Mundo. Pero aun este deplorable estado ces desde que los ingleses y holandeses, franceses y dinamarqueses adquirieron un exacto conocimiento de las necesidades de los pases americanos, pues se estableci el ms lucrativo contrabando, convirtindose en grandes depsitos las islas de Jamaica, Curazao, Martinica y Santoms. Rotas de esta manera casi todas las relaciones mercantiles entre la metrpoli y sus colonias; destruida la marina de guerra que se haba formado, ya por el culpable abandono de los pasados gobiernos, ya por las guerras con la Gran Bretaa; y acostumbradas las colonias a recibir, no de Espaa, sino del extranjero, las manufacturas que necesitaban, forzosamente hubieron de relajarse en sumo grado los vnculos de dependencia entre la metrpoli y los pases ultramarinos. De los enormes males que la tirana causaba en Amrica, bien penetrado estaba el conde de Aranda cuando sumariamente los apunt en su dictamen reservado al gobierno de Carlos III, a fines del pasado siglo, aconsejndole que se desprendiese de todas sus posesiones en el

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OBRAS 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ continente americano, porque irremediablemente tena que perderlas. De ese dictamen cit yo algunos fragmentos en La Amrica del 12 de febrero de este ao; y como V.E. tal vez no los habr ledo, me permitir que reproduzca uno de ellos en la carta que ahora tengo el honor de dirigirle. Dice as: “Dejo aparte el dictamen de algunos polticos, tanto nacionales como extranjeros, en que han dicho que el dominio espaol en las Amricas no puede ser duradero, fundados en que las posesiones tan distantes de su metrpoli, jams se han conservado largo tiempo. En el de aquellas colonias ocurren an mayores motivos, a saber: la dificultad de socorrerlas desde Europa cuando la necesidad lo exige; el gobierno temporal de virreyes y gobernadores, que la mayor parte van con el nico objeto de enriquecerse; las injusticias que algunos hacen a aquellos infelices habitantes; la distancia de la soberana y del tribunal supremo donde han de acudir a exponer sus quejas; los aos que se pasan sin obtener resolucin; las vejaciones y venganzas que mientras tanto experimentan de aquellos jefes; la dificultad de descubrir la verdad a tan larga distancia; y el influjo que dichos jefes tienen, no slo en el pas, con motivo de su mando, sino tambin en Espaa, de donde son naturales: todas estas circunstancias, si bien se mira, contribuyen a que aquellos naturales no estn contentos, y que aspiren a la independencia siempre que se les presente ocasin favorable”. Al escribir el conde de Aranda este pasaje, sin duda que se acordaba, no slo de la insurreccin que estall en la primera mitad del pasado siglo, sino de la ms reciente y peligrosa que acababa de pasar, pues an humeaba la sangre espaola derramada en los combates del Per, y ardan los Andes inflamados con la antorcha de Tupac-Amaro. Ni fue Aranda el nico que deplor aquellas turbulencias hijas del despotismo; que otros buenos espaoles tambin las deploraron y atribuyeron a la misma causa. Los clebres marinos D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa fueron enviados por el gobierno en 1735 a determinar el tamao y la figura de la tierra midiendo un grado sobre el Ecuador, en compaa de los franceses La Condamine, Bouguer y Godin. Adems de esta comisin cientfica, llevaron el encargo, segn las instrucciones que les dio el marqus de la Ensenada, primer secretario del despacho, de examinar el estado naval, militar y poltico de los reinos del Per y provincias de Quito, Costas de Nueva Granada y Chile. Al cabo de algunos aos volvieron a la Pennsula esos ilustres mareantes, y entonces presentaron a Fernando VI un extenso y luminoso informe, en que manifestaron sin disimulo, y con franqueza castellana, el rgimen tirnico que oprima aquellos pases en todos los ramos de la pblica administracin. Ese precioso

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JOS ANTONIO SACO /173 /173 /173 /173 /173 documento se conserv indito hasta 1826; y como desde entonces perdi el carcter de secreto que tena, puedo tomar de l sin ningn inconveniente algunos de los muchos pasajes que bien pudiera transcribir: tanto ms, cuanto que V.E. y yo nos encontramos aqu en un terreno neutral, en el campo de la historia, pues que se trata de cosas ya pasadas, y tan pasadas, que ni los pases a que se refieren, pertenecen ya a Espaa, ni la tirana que los abrumaba, fue obra del gobierno constitucional de Isabel II, sino de las instituciones anteriores. Oigamos: “La tirana que padecen los indios nace de la insaciable hambre de riquezas que llevan a las Indias los que van a gobernarlos, y como stos no tienen otro arbitrio para conseguirlo que el de oprimir a los indios de cuantos modos puede suministrarles la malicia, no dejan de practicar ninguno, y combatindolos por todas partes con crueldad, exigen de ellos ms de lo que pudieran sacar de verdaderos esclavos suyos”.6Los clebres autores de ese Informe o Noticias citan muchos casos en comprobacin de lo que afirman, y despus prosiguen: “ste es el gobierno que tienen los corregidores en aquellos reinos; a esto se reducen todos sus desvelos; sus mximas no tienen otro fin sino el ver de qu manera podrn sacar ms provecho del corregimiento. Aunque no se refiriesen estos hechos particulares para probar la codicia de estos corregidores, bastara la consideracin de que todos ellos van de Espaa a las Indias tan pobres, que en lugar de llevar algo estn adeudados en los empeos que contraen desde que salen de Europa hasta llegar a su corregimiento; y que en el corto tiempo de cinco aos que les dura el empleo sacan libres por lo menos 60 000 pesos, y muchos son los que pasan de 200 000. Esto debe entenderse como provecho neto, despus de haber pagado las deudas anteriores, la residencia, y de haber gastado y malgastado sin lmites durante el tiempo que han estado gobernando; siendo as que los salarios y emolumentos del empleo son tan limitados que apenas les alcanzara para el gasto de la mesa; porque aunque hay corregidores que tienen de salario, con la cobranza de tributos, de 4 a 5 000 pesos al ao, los ms no llegan a 2 000; y aun cuando estuvieron sobre el pie de 4 000 pesos, slo les bastara este salario para mantenerse con decencia, o ahorrar la mitad viviendo con economa. Es verdad que tienen que viajar de unos pueblos a otros, pero esto es a costa de los mismo indios, los cuales le suministran mulas y el vitico necesario para los das que se detienen en cada pueblo”.7Con semejante gobierno; cmo no se haba de desear la independencia? Cmo era posible que no hubiese levantamientos por ella? Esto 6 Noticias, etc ., por D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa; parte segunda, captulo primero. 7 Noticias etc ., parte segunda, captulo primero.

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OBRAS 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ reconocen los autores del informe, cuando hablan del que ellos fueron testigos, en el promedio del pasado siglo. Pero las extorsiones de que eran vctimas los indios del Per, se extendan a Mjico y a otras regiones del continente. Yo pudiera citar en prueba de esta verdad algunos fragmentos de un Informe del obispo y cabildo eclesistico de Valladolid de Mechoacn sobre jurisdiccin e inmunidades del clero americano presentado a Carlos IV, en 1799 y extendido por el obispo de aquella dicesis fray Antonio de San Miguel, monje gernimo de Corvn, natural de las montaas de Santander; mas, en gracia de la brevedad, me limitar a insertar la fundada conclusin a que llega aquel prelado. “Ahora bien, seor, qu aficin puede tener al gobierno el indio menospreciado, envilecido, casi sin propiedad y sin esperanzas de mejorar su suerte: en fin, sin ofrecerle el menor beneficio los vnculos de la vida social? Y que no se diga a V.M. que basta el temor del castigo, para conservar la tranquilidad en estos pases ; porque se necesitan otros medios y ms eficaces. Si la nueva legislacin que la Espaa espera con impaciencia; no atiende a la suerte de los indios y de otras clases, no bastar el ascendiente del clero, por grande que sea en el corazn de estos infelices, para mantenerlos en la sumisin y respeto debidos al soberano ”. Este Informe se escribi en el pasado siglo, en tiempo del despotismo, y ya en l se reconoce, que ni haba aficin al gobierno ni que con las leyes vigentes, era posible mantener la sumisin y respeto debidos al soberano Si los abusos del poder slo hubieran recado sobre los indios y mestizos, el mal no habra sido tan grave ni de consecuencias tan temibles: pero otras clases tambin sufran, y es doloroso contemplar el estado lamentable en que los seores D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa, encontraron la sociedad peruana cuando la conocieron en la primera mitad del siglo XVIII. Dicen as: “No deja de parecer cosa impropia, por ms ejemplares que se hayan visto de esta naturaleza, que entre gentes de una nacin, de una misma religin, y aun de una misma sangre, haya tanta enemistad, encono y odio, como se observa en el Per, donde las ciudades y poblaciones grandes son un teatro de discordias y de continua oposicin entre espaoles y criollos. sta es la constante causa de los alborotos repetidos que se experimentan, porque el odio recprocamente concebido en cada partido en oposicin del contrario se fomenta cada vez ms, y no pierden ocasin alguna de las que se les pueden ofrecer para respirar la venganza, y desplegar las pasiones y celos que estn arraigados en sus almas. ”Basta ser europeo o chapetn, como le llaman en el Per, para declararse inmediatamente contrario a los criollos; y es suficiente el ha-

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JOS ANTONIO SACO /175 /175 /175 /175 /175 ber nacido en las Indias para aborrecer a los europeos. Esta mala voluntad se levanta a grado tan alto que en algunos respectos excede a la rabia desenfrenada con que se vituperan y ultrajan dos naciones en guerra abierta, porque si en stas suele haber algn trmino, entre los espaoles del Per nunca se encuentra; y en vez de disiparse con la mayor comunicacin, con el enlace del parentesco, o con otros motivos, propios para conciliar la unin y la amistad, sucede todo lo contrario, pues cada vez crece ms la discordia, y a proporcin del mayor trato cobra mayores alientos la llama de la disensin, y recuperando los nimos el encono algo amortiguado con los asuntos que se promueven, toma cuerpo el fuego y se vuelve inextinguible el incendio. ” En todo el Per es una enfermedad general que padecen aquellas ciudades y poblaciones la de estas dos parcialidades, aunque algunas veces se advierte en ellas alguna pequea diferencia, por ser el escndolo en unas ocasiones menor que en otras. Es tan general este achaque que no se libertan de l las primeras cabezas de los pueblos, las dignidades ms respetables, ni las religiones, pues ataca las personas ms cultas, polticas y sabias. Las poblaciones son el teatro pblico de los dos partidos opuestos, los cabildos donde desfoga su ponzoa la enemistad ms irreconociliable, y las comunidades donde continuamente se ven inflamados los nimos con la violenta llama del odio; hasta en las casas particulares, donde la ocasin del parentesco llega a hacer enlace de europeos y criollos, no son menores depsitos de iras y de contrariedad; de modo, que bien considerado esto, sera poco llamarlo purgatorio de los nimos, pues pasa a ser infierno de sus individuos, apartando de ellos enteramente la tranquilidad, y tenindolos en un continuo desasosiego con las batallas que suscitan las varias especies de discordia, que sirven de alimento al fuego del aborrecimiento”.8Al leer los tres prrafos anteriores, quin no percibe claramente, que ese odio tan funesto entre peninsulares y americanos, entre miembros de una misma raza, y para decirlo con exactitud, entre padres e hijos; quin no percibe, repito, que ese odio era una sntoma infalible de la futura independencia, y que slo se aguardaba para proclamarla, una ocasin favorable? Si subimos a las causas de ese rencor y profunda enemistad, los mismos autores del informe citado las explican francamente, atribuyndolas al vicio de las instituciones polticas y a la mala conducta que a su sombra tenan los corregidores, jueces, audiencias, empleados en la Real Hacienda, y hasta los mismos virreyes que casi siempre se olvidaban de cumplir las altas funciones que deban desempear. No se diga, pues, por ms tiempo que la independencia del continente amrico-hispano, provino de los diputados o de los derechos polticos 8 Noticias etc ., por D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa, parte segunda, captulo sexto.

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OBRAS 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ que se les dieron despus de la revolucin de Espaa. Una cosa, s, debe llamar fuertemente la atencin, y es, que en medio de tantos alzamientos las Filipinas y las Antillas espaolas siempre han permanecido fieles a su metrpoli: de manera, que ellas vienen a refutar victoriosamente el argumento de V.E., porque habiendo gozado de esos derechos polticos por ms tiempo que ninguna de las otras provincias ultramarinas que a Espaa pertenecieron, son cabalmente las nicas que no han hecho su independencia ni revolucin alguna por alcanzarla; y aunque es verdad que Cuba se sinti muy conmovida en los aos de 1849 a 1855 por las aspiraciones de los Estados Unidos, consecuencia fue, no de la libertad que no tena ni tiene hoy, sino del violento despojo que de sus derechos polticos sufri en 1837. V.E., sin imitarla, elogia la previsora conducta de la Gran Bretaa con sus colonias. Pues bien, en esa nacin encontrar V.E. un ejemplo admirable de lo que puede la libertad para mantener unidas y en la ms estrecha armona a una gran colonia con su metrpoli. Las que Inglaterra posee en el Norte de Amrica, lindando estn con la repblica de los Estados Unidos, y a pesar de la inmensa libertad y prodigiosa prosperidad de que stos han gozado, aquellas colonias, lejos de querer agregarse a ellos, siempre han rechazado su anexin, combatindola a veces hasta con las armas, como acontenci en la guerra de 1812; y hoy mismo estn haciendo grandes esfuerzos para mantenerse unidas a su metrpoli. Y cree V.E. que si esas colonias fronterizas a la gran repblica no disfrutasen de la ms completa libertad, no se habran arrojado ya en los brazos de ella? Si no lo han hecho, es porque tienen en su propio suelo todo lo que los Estados Unidos pudieran ofrecerles. Hgase lo mismo con las Antillas espaolas, y entonces se disiparn los temorres y las sombras que hoy turban el reposo de nuestros mal inspirados gobernantes. Recuerde tambin V.E. que los Estados Unidos fueron tambin colonias de la Gran Bretaa; pero jams ha ocurrido a ningn ingls atribuir su prdida a la libertad que ellas tuvieron, ni mucho menos ha servido de pretexto para que aquella nacin haya despojado de los derechos polticos a ninguna de las colonias que de ellos han gozado, ni tampoco impedido que otras nuevas las hayan alcanzado despus en su mayor plenitud. Pnese gran empeo en llamar a las Antillas, no colonias sino provincias espaolas y en decir que sus hijos no son colonos sino espaoles ; pero es forzoso confesar que hoy no lo son ms que de nombre porque desgraciadamente nada se hace para que tambin lo sean de hecho y de corazn Es de V.E. con el mayor respeto su atento servidor Q. B. S. M. JOS ANTONIO SACO

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JOS ANTONIO SACO /177 /177 /177 /177 /177 Carta tercera9Pars 24 de abril de 1865 Excmo. seor: Si V.E. al negar diputados a las provincias de Ultramar, estuviese dispuesto a concederles una representacin local con el ejercicio de todos los derechos que a ella son inherentes, entonces V.E. y yo estaramos de acuerdo; pero V.E. les niegue una y otra cosa, y para negrselas, se funda tambin en el ejemplo que ofrecen las colonias extranjeras, las cuales, con raras excepciones, estn gobernadas, segn afirma V.E., del mismo que las espaolas. Yo pudiera empezar diciendo, que el argumento de V.E. claudica por su base, porque es establecer una comparacin entre objetos que no la tienen. En el sentido constitucional no debe confundirse una colonia con una provincia, y si hubo un tiempo en que a los pases ultramarinos espaoles pudo llamrseles colonias esta denominacin ces polticamente desde que las leyes fundamentales de la monarqua les dieron una nueva condicin. Pero como lo que importa a los pases amrico-hispanos, es tener buenas instituciones, no disputar si debe drseles aqueste o el otro nombre. Las provincias romanas fueron gobernadas mucho peor que las colonias, y por eso el emperador Claudio, que haba nacido en Lugdunum (Lyon de Francia), capital de la provincia de la Galia lyonesa, pidi en el Senado de Roma que a su patria se concediesen los derechos de colonia romana. Hoy pedira yo tambin al gobierno y a las Cortes, si supiera que lo haban de conceder, que otorgasen a la provincia espaola de Cuba los derechos de colonia inglesa. Admitamos, pues, que Cuba y Puerto Rico son tan colonias como las pertenecientes a otras naciones europeas, y de esta manera no se malograr a V.E. el argumento en que se funda. A cuatro potencias coloniales menciona V.E. en sus discursos: a saber, Portugal, Holanda, Inglaterra y Francia. De Portugal dice V.E. que es la nica nacin que concede diputados a las colonias; que ese principio est condenado por todos los publicistas, y que ella misma se ha visto en la necesidad de no praticarlo porque no le era posible. Sobre todo observar: 1 Que aunque Portugal sea la nica nacin que admita diputados por las colonias en el seno de la representacin nacional, esto no prueba que ningn otro pueblo no deba admitirlos; porque ninguna nacin tampoco gobierna polticamente a sus colonias como la Gran Bretaa, y, 9 La Amrica Madrid, 12 de mayo de 1865.

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OBRAS 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ segn la lgica de V.E., ningn otro pueblo europeo debe imitarla, cuando es cabalmente la potencia que sabe mejor gobernar sus colonias. 2 Que es muy aventurada la proposicin tan absoluta que sienta V.E. afirmando que todos los publicistas condenan ese principio, pues ni V.E. los conoce a todos, y aun cuando los conociese, la opinin no es tan unnime como piensa V.E. 3 V.E. cree que Portugal no ha podido practicar ese principio, porque la distancia de las colonias es un obstculo poderoso. Si este obstculo puede existir respecto de ciertos establecimientos coloniales de frica y del Asia, combinado est con otras causas que no dependen de la distancia. Mas, aun concediendo que toda la imposibilidad provenga de ella, esta razn no es aplicable a las islas de Madera, Porto Santo y Azores que se hallan respecto de Portugal en el mismo predicamento que las Baleares y las Canarias respecto de Espaa, las cuales envan sus diputados a las Cortes espaolas. Contrayndonos a Cuba y Puerto Rico, es innegable que sus diputados pudieran venir hoy a la Pennsula con mucha ms facilidad y brevedad que lo que pudieron antes los diputados de Canarias. 4. Supngase que todo sea como dice V.E. y que ningn diputado de las colonias portuguesas quiera venir a Lisboa por los inconvenientes de la distancia. A de todo esto, hay siempre una inmensa diferencia entre la condicin poltica de las colonias espaolas y las portuguesas; porque stas se hallan bajo la gida de la Constitucin de Portugal, y gozan por lo mismo de todos los derechos polticos que su metrpoli, mientras que las espaolas carecen de todos ellos, y carecen, cuando la Pennsula espaola y sus islas adyacentes disfrutan de libertad. 5 V.E. pone las cuestiones en trminos extremos. Pues que las colonias espaolas estn condenadas a la terrible alternativa, o de tener diputados, y si no pueden tenerlos, a vivir hundidas en el despotismo? No hay un trmino medio entre estos dos extremos? Si se cree que esas colonias no pueden tener diputados, dseles otra cosa equivalente, o que valga ms, en la esfera de la libertad. Inglaterra nunca ha concedido diputados a sus colonias, y, sin embargo, stas son las ms libres de la tierra; y las Antillas espaolas se alegraran de tener en su propio seno una asamblea legislativa, pues esta institucin les sera mucho ms provechosa que el nombramiento de diputados a las Cortes nacionales. Hablando V.E. de las colonias holandesas, dice que la direccin suprema de ellas corresponde al Rey, con la sola condicin de dar cuenta a las Cmaras de la nacin de los progresos y adelantos de la administracin en dichas colonias. De aqu saca V.E. la conclusin de que las provincias hispano-ultramarinas deben gobernarse del mismo modo. Pero no advierte V.E. la inexactitud de este raciocinio? Si el hecho de gobernar la Holanda a sus colonias bajo de un sistema absoluto es para

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JOS ANTONIO SACO /179 /179 /179 /179 /179 V.E. un argumento poderoso; por qu no lo ha de ser en sentido contrario el que ofrece la Inglaterra, que es justamente la nacin ms libre de Europa, la ms colonizadora de todas, y la que mejor dirige sus colonias? V.E. imita aqu las lecciones del absolutismo, pero no las de la libertad, cuando bajo de todos conceptos son preferibles a las primeras. V.E. pasa en silencio lo que no debi callar; y es el motivo, la causa verdadera que tiene Holanda para gobernar a sus colonias del modo que lo hace. No hay, seor excelentsimo, no hay paridad entre la condicin de las Antillas espaolas y la de las colonias holandesas. Entre stas, las de ms importancia hllanse esparcidas en el vasto y lejano mar de la Oceana, y son: Clebes, Sumatra, Borneo, Java, Benculen, Madura, las del archipilago de Sumbava, de Timor, de las Molucas, la Papuasia, etctera. Pero qu comparacin cabe entre los habitantes de estas colonias y los de las Antillas espaolas? Qu comparacin entre el origen, lengua, religin, usos, costumbres e ilustracin de Cuba y Puerto Rico, y los de esas colonias asiticas? Qu punto de contacto hay entre ellas y su metrpoli la Holanda? Y no existe, por el contrario, entre nuestras dos Antillas y Espaa una semejanza tan grande, que ellas no son sino un reflejo, una imagen viva de su madre? Yo no puedo hacer a V.E. el agravio de pensar que ignore las profundas diferencias que separan a las colonias holandesas de su metrpoli. Ellas son de raza malaya, y sus habitantes, unos son mahometanos, otros budistas, y otros profesan distintas creencias. Pero no son stas las condiciones que ms se oponen a que Holanda les conceda derechos polticos: sonlo, s, el estado interno de esas mismas colonias, y su resistencia o ineptitud a recibir la civilizacin e ideas polticas holandesas. Tenemos por ejemplo a Clebes, isla de mucha importancia, y de la que dependen otras. Querr V.E. que a ella se lleven las instituciones de Holanda? Pues tngase entendido, que la dominacin de los holandeses en esa isla es muy limitada, porque slo poseen en plena soberana algunos distritos de las costas. Todo lo dems de ella, no slo est habitada por pueblos de raza malaya, como son los dayaks, macasars, bubgis, o bonianos, sino dividido entre soberanos aliados o vasallos de Holanda, cuales son los sultanes de Bony y de Goa. La poblacin total de esa isla ascendi en 1857 a 3 millones de indgenas; pero de stos slo estaban sometidos a los holandeses en aquel ao poco ms de 400 000; o sea, mucho menos de la sptima parte. Otra colonia holandesa es Sumatra, cuyos habitantes son de raza malaya. A Holanda solamente pertenece una parte de la isla con algunos Estados tributarios, y la otra parte vive en completa independencia.

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OBRAS 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ Digna es tambin de mencionarse la isla de Borneo, la ms grande del mundo despus de la Australia. Su poblacin se compone de malayos, chinos, paps, javaneses, indios y aun rabes. El centro de ella es todava muy poco conocido. Contiene varios pueblos y Estados independientes, limitndose las posesiones holandesas a dos residencias o provincias, situadas, una al Este y otra al Oeste. Tambin los ingleses10 han establecido al Norte de ella algunas factoras; y fuera de los puntos ocupados por esas dos naciones, la isla se halla en un estado salvaje. Entre todas esas colonias, Java es la ms rica e importante por el provecho que deja a su metrpoli. Ella import en 1857 por valor de casi 26 millones de pesos, y export por el de casi 43 millones. Su poblacin en dicho ao ascendi a 11 597 265, de cuyo nmero haba 500 000 chinos. Pero cuntos son los europeos, as holandeses como de otras naciones? El mnimo, el insignificante nmero de 14 000, derramados en varios puntos de aquella isla. Pretende V.E. que las instituciones de Holanda puedan trasplantarse a un pas compuesto de tales elementos y de hombres que casi en su totalidad no entienden la lengua de sus dominadores? Y es sta por ventura la situacin en que se hallan Cuba y Puerto Rico respecto de su metrpoli? El sentido comn rechaza semejante comparacin. A estas consideraciones debe agregarse, que Holanda nunca ha sido muy liberal con sus colonias, porque de lo que siempre ha tratado ha sido de utilizarlas, sin cuidarse mucho de su libertad, y hoy mismo el dficit de sus presupuestos, que asciende a la sptima parte, no se cubre sino con el esquilmo que coge de sus colonias. Pero al fin, si esto sucede, es con colonos apenas civilizados de razas asiticas, mientras que las circunstancias de las Antillas espaolas son enteramente contrarias.11Vengamos a las colonias inglesas. Al contraerse V.E. a ellas se expresa as: “Inglaterra, seores, se cita como modelo todos los das en este punto; he odo decir que ha dado la libertad a sus colonias, que ha introducido sus propias instituciones y llevado a ellas sus libertades polticas, todo lo cual desmienten los hechos. Es cierto, s, que hay colonias ingle10Un ingls que ha tomado el nombre de Rajah Brook ha erigido en Borneo, un Estado independiente que an no ha reconocido la Gran Bretaa. 11Noticias de los Pases Bajos. Correspondencia particular de La Independencia La Haya, 12 de abril de 1866. Las ltimas noticias de Surinam no demuestran que haya causado trastornos la emancipacin de los negros. Parece que la mayor parte de los emancipados se dedica con regularidad al trabajo. Estamos en vsperas de hacer las elecciones para el Parlamento colonial. El reglamento se public el 6 de marzo ltimo. Espranse con impaciencia los resultados de estas elecciones y las primeras tareas del pequeo Parlamento del Surimam. La segunda Cmara se reunir el 24 de abril para discutir la ley de cultivo y el presupuesto colonial de 1867.

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JOS ANTONIO SACO /181 /181 /181 /181 /181 sas en las cuales se han introducidos esas reformas; pero vase la leccin que nos da ese pueblo previsor, y encontraremos que la Inglaterra ha ido otorgando concesiones de libertad progresivamente, segn el desenvolvimiento que cada una de esas colonias ha tenido. “No ha dado un bill general a todos sus colonias, no, en la mayor parte de ellas, llamadas all Crown Colonies colonias reales,12 estn sujetas precisamente al mismo rgimen que nosotros tenemos en las nuestras. Tales son: Cafrera inglesa, Ceiln, isla de Falkland, Gambia, Gibraltar, Costa de Oro, Hong Kong, Labuan, Natal, Sierra Leona, Santa Helena; y las en que se han introducido reformas son: Colombia inglesa, Guayana inglesa, Heligoland, isla de Mauricio, Santa Luca, islas Turcas y Trinidad. Vase, pues, como en las colonias que all se llaman reales no se han introducido en todas ellas esas reformas que el seor Serrano quera para la isla de Cuba”. Cortos son los dos prrafos que acabo de transcribir, pero en verdad muy fecundos en errores. El primero consiste en que V.E. confunde las tres distintas especies de colonias que Inglaterra reconoce: a saber, colonias por conquista colonias por cesin en virtud de un tratado, y colonias por ocupacin Y sin que yo pretenda dar a V.E. una leccin, permtame que explique aqu brevemente la diferencia que las constituye. Colonias por conquista son aquellas que ha dado la guerra a la Gran Bretaa. Colonias por cesin las adquiridas en virtud de un traspaso que le ha hecho el gobierno o nacin a que pertenecen. Colonias por ocupacin se llaman las tierras vacantes o que descubiertas por los sbditos ingleses, stos las ocupan, y la nacin las reconoce como parte de sus dominios. Estos diversos modos de adquirir las colonias, producen una diferencia fundamental en el modo de gobernarlas: a lo menos, al principio. Llamo mucho la atencin sobre las palabras al principio porque andando el tiempo, desaparecen todas las diferencias esenciales que antes existan, viniendo al fin a gozar todas, o casi todas, de los mismos derechos polticos. Cuando una colonia es conquistada ella conserva todas las leyes que tena al tiempo de la conquista, menos aquellas que son contrarias a los sentimientos de la naturaleza o a la moral eterna; pero al mismo tiempo la Corona, o sea el monarca en consejo, puede cambiar su legislacin, ya parcialmente, ya haciendo una reforma completa. Lo mis12Aqu no se habla el lenguaje tcnico ingls, pues la verdadera traduccin de las palabras Crown Colonies es colonias de la Corona y no colonias reales como traduce el seor ministro. Para que as fuese debera decirse Royal colonies ; pero este nombre jams se emplea en la Gran Bretaa, cuando se habla de sus colonias.

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OBRAS 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ mo acontece con las colonias cedidas, excepto el caso en que se estipule en el tratado de cesin, que la colonia seguir rigindose por sus leyes anteriores. Aunque as en las colonias conquistadas como en las cedidas puede la Corona disponer por s sola todo lo que crea conveniente para su buen gobierno, no por eso est privado el Parlamento de intervenir y legislar acerca de ellas siempre que lo juzgue oportuno. Respecto de las colonias por ocupacin como en ellas no hay legislacin anterior, puesto que no estaban habitadas, cada sbdito ingls que se establece en ella lleva consigo los derechos y prerrogativas de ciudadano britnico; de suerte que, desde el instante en que pisa aquel nuevo suelo, empieza a disfrutar en l de todos los derechos que son compatibles con el estado naciente de la colonia; y aunque este estado no permite que todos se pongan en prctica de un golpe, esto se verifica luego que hay un nmero suficiente de ingleses para que puedan introducirse todas las instituciones de la metrpoli. Es importante advertir que cuando las colonias conquistadas o cedidas han recibido una constitucin poltica, que las autoriza a hacer leyes para su rgimen interior, ya cesa de una vez todo el derecho que tena la Corona para gobernarlas por s, pues desde entonces quedan sometidas a su legislatura local y al supremo poder del Parlamento de la metrpoli. Adquirido que hayan esas colonias tales constituciones, ya desaparece entre ellas y las de ocupacin la diferencia que las distingua, pues todas gozan de los mismos derechos civiles y polticos. De haber prescindido V.E. de las ideas que acabo de exponer, nace su segundo error, porque en la mutiladsima lista de las colonias inglesas que nos cita, aparecen confundidas las colonias por conquista con las colonias por cesin y por ocupacin No queriendo yo que V.E. se imagine que hablo sin fundamento, ofrecer las pruebas de lo que afirmo. De las 18 colonias mencionadas por V.E. son colonias por ocupacin las siguientes: 1 Santa Helena, isla descubierta por los portugueses en 1502, y que empezndola a colonizar, la abandonaron al cabo de muchos aos. Los holandeses tomaron formal posesin de ella en 1645, y tambin la abandonaron, cuando en 1651 se establecieron en el cabo de Buena Esperanza. Por este tiempo se apoder de ella la Compaa de la India inglesa, y desde entonces ha continuado en poder de la Inglaterra. 2 Las islas de Falkland, llamadas Malvinas por los espaoles, y situadas en la Amrica del Sur, fueron descubiertas por los ingleses en 1592 o en 1594; y aunque las encontraron desiertas, no las ocuparon entonces. En enero de 1765, el comodoro Byron tom posesin de ellas a nombre de la Corona de Inglaterra, y aunque Espaa las reclam como suyas, al fin reconoci que pertenecan a la Gran Bretaa, su primera descubridora.

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JOS ANTONIO SACO /183 /183 /183 /183 /183 3 Sonlo tambin por ocupacin las islas Turcas que V.E. menciona, y acerca de las cuales yo llamar ms adelante la atencin. Sin salir de la lista de V.E. encuentro que merecen propiamente el nombre de colonias por conquista las que paso a enumerar. 1 Gibraltar fue tomado por los ingleses a las tropas espaolas el 24 de julio de 1704, y desde entonces conserva Inglaterra esa roca formidable. Por el tratado de paz que se hizo en 13 de julio de 1713, Espaa cedi ese punto a la Gran Bretaa; pero esta cesin no puede desvirtuar el carcter de conquista con que Inglaterra lo adquiri. 2 Heligoland perteneca a Dinamarca; pero el 5 de septiembre de 1807 cay en poder de los ingleses, y su conquista fue sancionada por los tratados de 1814. 3 Isla de Ceyln. sta fue visitada la primera vez por los portugueses en 1505, y valindose desde entonces de las guerras intestinas de los indgenas, trataron de apoderarse de ella y mantuvieron su posesin hasta 1657 en que fueron desalojados de una vez por los holandeses, quienes haban empezado a hacerlo desde 1603. stos a su vez tambin lo fueron por los ingleses en 1796, y desde entonces, aunque con algunas vicisitudes, Inglaterra ha conservado el dominio de aquella isla. 4 Isla de Mauricio. Perteneci a la Francia, pero fue conquistada por la Gran Bretaa en 1810. 5 Trinidad. Esta isla fue conquistada a Espaa en febrero de 1797. 6 Santa Luca fue arrancada a los franceses en el ao de 1800. 7 Guayana inglesa. Bajo de este nombre se comprenden los establecimiento de Essequibo, Demerara y Berbice que pertenecieron a los holandeses, y que los ingleses conquistaron en 1803. De la misma lista de V.E. son colonias por cesin : 1 Hong Kong, isla china, que a consecuencia de la guerra con la Gran Bretaa, fue cedida a esta potencia en enero de 1841, y cuya cesin fue confirmada por el tratado de Nanking en agosto de 1842. 2 Sierra Leona fue adquirida por algunos ingleses en 1787, quienes compraron un territorio de 20 millas cuadradas a uno de los jefes negros, y fundaron all una ciudad llamada Freetown (ciudad libre), con el objeto de establecer a los negros que durante la guerra de la independencia de los Estados Unidos haban abrazado la causa de la Gran Bretaa. Este establecimiento que perteneca a la compaa de Sierra Leona, fue concedido por ella a la Corona en 1821. Para no ser difuso, omito hacer mencin de las tres colonias restantes, pues basta lo expuesto para probar la confusin que V.E. ha hecho de las diferentes especies de ellas. V.E. afirma que de las 18 colonias que cita, slo hay siete en que Inglaterra ha introducido reformas polticas, y que las 11 restantes, “ estn sujetas precisamente al mismo rgimen que nosotros tenemos las nuestras ”. He aqu nuevos errores.

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OBRAS 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ Las colonias que, segn V.E., estn gobernadas como Cuba, son: Cafrera inglesa, Ceyln, isla de Falkland, Gambia, Costa de Oro, Gibraltar, Hong Kong, Labuan, Sierra Leona, Santa Helena y Natal. Pues bien: de esas 11 colonias hay cinco que no estn gobernadas como Cuba y son: 1 Hong Kong. De chinos se compone casi toda la poblacin de esta isla; pero como ya hay cierto nmero de ingleses establecidos en Victoria, su capital, se ha formado en ella un pequeo consejo legislativo. 2 Ceyln. Muchos aos ha que esta isla tiene un consejo legislativo, y juicio por jurado. 3 La Costa de Oro goza de un gobierno semejante al de Ceyln. 4 Santa Helena. Esta colonia rene en su seno, no slo un consejo legislativo, sino una asamblea legislativa, la cual equivale a la Cmara de los Comunes de Inglaterra, as como aqul a la Cmara de los Lores. 5 Las islas de Falkland o Malvinas, que son colonias por ocupacin tienen ya en su capital un consejo legislativo, a pesar de su escasa poblacin. Resuelta, pues, que de las 11 colonias que V.E. supone gobernadas lo mismo que Cuba, no quedan ms que seis, y sobre ellas es preciso hacer algunas observaciones. Labuan, tomada por los ingleses en 1848 y que es una de esas seis, tena pocos aos ha menos de 2 000 habitantes, incluso el insignificante nmero de sus pocos dominadores. Pero en tal estado, cmo quiere V.E. que funcionen en ella las instituciones inglesas? Gibraltar no puede considerarse como colonia, ya porque es una roca que nada produce, y, por consiguiente, nada exporta de s misma, ya porque es una ciudad de guarnicin sometida al rgimen militar. Yo apelo a la conciencia y a la ilustracin de V.E. para que decida, si una plaza de guerra como Gibraltar se puede equiparar a las Antillas espaolas, y si el rgimen de stas puede jams ser compatible con el de un punto puramente militar. Acerca de la Cafrera inglesa es menester que se sepa, que antes de 1847 la frontera nordeste de la colonia del cabo de Buena Esperanza era el gran ro Fish, y que para seguridad de ella se le anex la porcin del pas que est entre ese ro y el Keiskamma. En 1848 se anex tambin a la colonia del Cabo, el puerto de East London, que es la fuente de donde brotan las rentas de la aduana de la Cafrera inglesa. Lo restante del territorio en vuelta del ro Kai, qued como puesto avanzado de la colonia, siendo este ro por algunos aos la frontera nordeste de ella; pero, a causa de las turbulencias promovidas por un jefe cafre muy influyente, el cual fue lanzado por las tropas inglesas, no slo ms all del ro fronterizo, sino aun del otro lado del Bashee, el territorio comprendido entre este ro y el de Kai qued desde 1858 como un pas no ocupado bajo el dominio britnico.

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JOS ANTONIO SACO /185 /185 /185 /185 /185 En 1860, el territorio entre Keiskamma y el Kai, fue convertido en colonia de la Corona inglesa; y he aqu la Cafrera inglesa de que habla V.E.; pero colonia tan particular, segn dice Mr. Cardwell, actual ministro de las colonias britnicas, que el gobernador de ella reuna en su persona todo el poder legislativo y ejecutivo. Este estado, anmalo en las instituciones inglesas, ha sido de corta duracin, porque en virtud de un bill que aquel ministro present a la Cmara de los Comunes el 16 de febrero de este ao, y que ha pasado ya en el Parlamento, esa colonia se debe anexar a la del cabo de Buena Esperanza. Las razones en que aquel ministro se fund para que la Cafrera inglesa desapareciese como colonia, y se incorporase en la del Cabo, fueron, que sobre carecer ella de la poblacin suficiente, su territorio es sumamente pequeo para establecer por s un gobierno constitucional. Tal es el motivo que impidi introducir reformas polticas en la Cafrera inglesa durante su efmera existencia. Lo mismo debe decirse de otros establecimientos britnicos en la costa occidental de frica, los cuales no son tres, como cree V.E. sino cuatro, pues V.E. omiti a Lagos, punto comprado por el Gobierno ingls en 1862. Ya he dicho que la Costa de Oro tiene un consejo legislativo, y respecto de los otros tres establecimientos, obsrvese que los pocos indgenas sometidos, ni son capaces de recibir la libertad britnica, ni el nmero de ingleses que en ellos habitan, es suficiente para que se establezcan gobiernos constitucionales. Oigamos cmo se expres Mr. Cardwell, ministro de las colonias britnicas, en la sesin de la Cmara de los Comunes del 21 de febrero de este ao, al tiempo de nombrarse una comisin de su seno para que informe acerca del estado de aquellos establecimientos. Dice as: “Ciertamente, el objeto de esos establecimientos no es la colonizacin. Ningn hombre deseara ver emigrar la raza anglo-sajona, y establecerse en aquel clima. La colonizacin en el verdadero sentido de la palabra, es enteramente extraa a los fines de esos establecimientos Por qu, pues, se establecieron? El objeto principal fue, que coadyuvasen a nuestros esfuerzos para la extincin del trfico de esclavos, impedir los sacrificios humanos y otras abominaciones que prevalecan en la costa de frica, para introducir un comercio legtimo, reprimir el de esclavos, y poner un trmino a sus horrores. stos fueron los objetos que Inglaterra se propuso al formar esos establecimientos ”. Estas palabras del ministro ingls prueban el error de V.E. al comparar la condicin de las Antillas espaolas con esos establecimientos o factoras africanas. Lo que s debe causar asombro es, que al hacer V.E. mencin de las colonias inglesas de la costa occidental y oriental de frica, haya pasado en silencio y aun saltado por encima de la del cabo de Buena Esperanza,

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OBRAS 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ que por su extensin, poblacin y situacin geogrfica, es la ms importante de cuantas posee la Gran Bretaa en aquel continente. Pero cul es el motivo que tuvo V.E. para no mentarla? No la ment V.E. porque en ella habra encontrado unas instituciones representativas que funcionan con la misma libertad que las de su metrpoli. Con menos de 300 000 habitantes, gran parte de los cuales son de origen holands, el cabo de Buena Esperanza tiene un consejo legislativo de 15 miembros, y una asamblea compuesta de 46 diputados elegidos por el pueblo. As gobierna la Gran Bretaa aun a las colonias que ha ganado por conquista. A ocho limita V.E. el nmero de las colonias en que Inglaterra ha introducido reformas polticas y entre ellas numera V.E. a Heligoland. V.E. incurre aqu en grave error, pues aunque es cierto que esta colonia goza de libertad, no es la libertad que Inglaterra le ha dado, sino la que ella tena antes de haber cado en su poder. Expongamos brevemente lo que pas. Heligoland o Helgoland, islote situado en el mar del Norte, a unas ocho o diez leguas de las bocas del Elba, del Weser, del Eyder y del Jahde, es solamente de casi una milla inglesa de largo, un tercio de ancho, y menos de tres en circunferencia. A pesar de su pequeez, varios pueblos se diputaron la posesin de Heligoland por su importancia geogrfica; y sin que sea del caso trazar aqu su historia, debo recordar que Dinamarca la conquist en 1714, bajo cuyo dominio permaneci hasta 1807 en que fue tomada por los ingleses; pero al entregarse sus habitantes al almirante Russel que mandaba las fuerzas britnicas, estipularon en la capitulacin que con l hicieron, que ellos seguiran gobernndose por las constituciones y leyes dinamarquesas que tenan; y la Inglaterra, cumpliendo religiosamente los trminos pactados, se limita a nombrar un gobernador, dejando en lo dems a sus habitantes que vivan bajo sus antiguas instituciones. No ha habido, pues, tales reformas polticas introducidas en Heligoland como asegura V.E.13Dice tambin V.E. que Inglaterra ha introducido reformas polticas en las islas Turcas. ¡Islas Turcas! Risum teneatis amici Pero qu son ellas? En el mar de las Antillas a los 21 23 latitud N, y 71 5 longitud occidental del meridiano de Greenwich, existe un cayo de menos de dos leguas de extensin, compuesto de arena y rocas, enteramente destituido de vegetacin nativa, sin agua dulce, pues sus habitantes no tienen otra para beber que la que recogen de las lluvias, y cuya produccin slo consiste en algunas salinas. Este cayo es el que se llama isla del 13Heligoland fue de gran importancia para la Gran Bretaa durante el bloqueo continental decretado contra ella por Napolen I, pues de 1807 a 1814, ese islote se convirti en un depsito de las mercancas inglesas, que de all se exportaban para diferentes puntos del continente.

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JOS ANTONIO SACO /187 /187 /187 /187 /187 Turco. Al Sur de l hay otros dos cayos mucho menores que tampoco producen ms que sal, y que reunidos al primero forman el pequeo grupo conocido con el nombre de islas Turcas. Si la Inglaterra ocupa el primer cayo, es porque dista pocas leguas de la isla de Santo Domingo; y si su nombre puede llamar la atencin de los historiadores, es porque D. Martn Fernndez de Navarrete en su Coleccin de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los espaoles desde fines del sigloXV, cree contra la opinin generalmente recibida, que la primera isla descubierta por Coln en su primer viaje al Nuevo Mundo no fue la de Guanahan o San Salvador, segn l la llam, sino la del Turco. Esta opinin se halla victoriosamente refutada por un marino norteamericano en una comunicacin que l hizo a Washington Irving, y que ste insert en el apndice nmero 17 a su obra intitulada Vida y viajes de Cristbal Coln etc Tales son las islas famosas en la que dice V.E. que Inglaterra ha introducido reformas polticas; y yo puedo asegurar a V.E., que por ms archivos y bibliotecas que revuelva, jams encontrar la constitucin o documento en que estn consignadas esas reformas. Los que hayan ledo los discursos de V.E., habrn notado con admiracin, que siendo la Gran Bretaa la primera potencia colonial del mundo, V.E. slo haya mencionado 18 de sus colonias, incluyendo entre stas a muchas de muy poco valor relativamente a otras. O V.E. sabe el nmero de colonias que aquella nacin posee, o lo ignora. Si lo sabe, por qu ha pasado en silencio la mayor parte de ellas, sobre todo, cuando son las ms importantes? Si la ignora, entonces tengo derecho para presentar a V.E. una lista que contenga, no slo las pocas que V.E. mencion, sino el gran nmero de las que omiti, y que gozan de instituciones liberales. stas se dividen en dos clases; unas que tienen un consejo legislativo ; y otras, un parlamento compuesto de dos cmaras Las primeras son las ocho siguientes: Colombia inglesa, Trinidad, Santa Luca, islas de Falkland o Malvinas, Costa de Oro, isla Mauricio, Ceyln, Hong Kong, y la India Oriental. Heligoland y la Guayana inglesa, aunque no tienen consejos legislativos, gozan de libertad, pues la primera conserva enteramente las instituciones dinamarquesas, y la segunda, las que recibi de Holanda, modificadas por las inglesas. Las colonias que tienen un parlamento compuesto de dos cmaras, son mucho ms numerosas que las primeras, y estn esparcidas por la Amrica, frica y los mares australes. Helas aqu: Alto y Bajo Canad. Nueva Brunswick. Nueva Escocia y cabo Breton. Isla del Prncipe Eduardo.

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OBRAS 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ Terra Nova (Newfoundland). Bermudas. Islas Bahamas o Lucayas. Jamaica. Granada. Las Granadinas. Barbadas. San Vicente. Tabago. Nieves. San Cristbal. Antigua. Anguila. Monserrate. Trtola. Islas Vrgenes. Dominica. Santa Helena. Cabo de Buena Esperanza. Nueva Gales del Sud. Victoria. Australia del Sud. Australia Occidental. Van Diemen o Tasmania. Nueva Zelanda (Confederacin de seis provincias). Al pie de esta numerosa lista quiero repetir las palabras que V.E. pronunci en pleno Senado: “ He odo decir que Inglaterra ha dado libertad a sus colonias, que ha introducido sus propias instituciones y llevado a ellas sus libertades polticas, todo lo cual desmienten los hechos ”. Y no tengo yo ahora derecho de decir con toda verdad que lo que los hechos desmienten, son las aserciones de V.E.? ¡Con cunta envidia y dolor no ha de contemplar todo colono espaol la suerte de las colonias inglesas! Muchas y muchas de stas, como acabamos de ver, no slo gozan de un parlamento a semejanza del de su metrpoli, sino que hay algunas que hasta tienen ministerio, el cual depende enteramente de la opinin de los parlamentos coloniales, y que se sostiene o cae segn la votacin favorable o contraria de ellos. En este caso se hallan la Nueva Gales del Sud, Victoria, Van Diemen, la Nueva Zelanda, el Canad y otras colonias. Tan justo, tan liberal es el Gobierno ingls con ellas, que sea cualquiera el modo con que las haya adquirido, les da derechos polticos; y si hay algunas que de ellos carecen, son tan slo aquellas que se encuentran en un estado naciente, o que por su naturaleza estn destinadas a

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JOS ANTONIO SACO /189 /189 /189 /189 /189 ser puntos rigurosamente militares, o cuyos habitantes se oponen por su raza, lengua, religin, preocupaciones, usos, costumbres y antiguas instituciones, a recibir la civilizacin que Inglaterra les ofrece. Tanto es el empeo que ella pone en llevar la libertad a sus colonias, que cuando stas se hallan formando grupos de islas muy pequeas y ninguna puede tener por s un gobierno representativo, entonces se incorporan unas en otras para que los representantes de ellas se congreguen como asamblea legislativa en la isla que por sus ventajas se erige al intento en capital. As se hizo desde los siglos XVII y XVIII en las Bermudas, Bahamas y otras islas del archipilago donde estn Cuba y Puerto Rico. Pero yo debo llamar la atencin hacia otro punto de vista muy importante, cual es, el tiempo que ha corrido entre la adquisicin de esas colonias por la Gran Bretaa y la concesin de los derechos polticos que ella les ha otorgado, pues hecho este cotejo, aparecer la inmensa distancia que separa las posesiones britnicas de las provincias hispano-ultramarinas. Fue San Cristbal la primera isla de las Antillas que los ingleses empezaron a poblar, y esto acaeci en 1623. De all pasaron a Barbadas en 1624, y nuevas colonias fueron plantando en Nieves en 1628, en Antigua en 1632, y en Monserrate en el mismo ao. Pero cundo adquirieron derechos polticos? Consta histricamente, que en 1672 ya todas ellas gozaron de asambleas legislativas, y aun algunas, mucho antes, pues Barbadas lo ms tarde que la tuvo, fue en 1646, y Nieves en 1664. Las Vrgenes recibieron los primeros pobladores en 1666, y las concesiones polticas en 1674; es decir, que comparando el espacio transcurrido entre la primera colonizacin de estas tres ltimas islas y el establecimiento de sus gobiernos representativos, para la primera slo mediaron 22 aos, 36 para la segunda, y ocho para la tercera. Jamaica, arrancada a Espaa en 1655, adquiri derecho polticos desde 1661, y las islas de San Vicente, Dominica y Tabago pasaron definitivamente al dominio britnio por el Tratado de Pars de 10 de febrero de 1763; mas, la primera alcanz asamblea legislativa cuatro aos despus, o sea, en 1767, y las dos ltimas, en 1768. Iguales concesiones merecieron en 1765 la Granada y las Granadinas, ganadas por las armas inglesas en 1762. El Canad, conquistado durante la guerra con Francia que termin en 1763, tuvo asamblea legislativa desde 1791, cuya institucin fue otorgada, ya antes, ya despus a otras colonias del Norte de Amrica. El cabo de Buena Esperanza cay en poder de los ingleses en 1806, y en 1851 ya obtuvo un parlamento. En igual caso, y aun con ms ventajas, pues que gozan de ministerio, se hallan la Nueva Gales del Sud, Victoria, que fue una parte desprendida de aqulla, Van Diemen y la Nueva Zelanda; y aunque empezadas a

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OBRAS 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ colonizar la primera y segunda en 1788, la tercera en 1804, y la cuarta en 1839; aunque las tres primeras fueron establecimientos penales a donde Inglaterra deportaba sus delincuentes, tal es la influencia civilizadora de la Gran Bretaa, que todas esas posesiones gozan muchos aos ha de la ms amplia libertad poltica. Si de las colonias inglesas pasamos a las Antillas espaolas, veremos que, a pesar de que Puerto Rico fue empezado a poblar por nuestros progenitores en 1510, y Cuba en 1511; a pesar de que desde entonces han corrido ya mucho ms tres siglos y medio, todava esas dos islas estn sometidas al rgimen absoluto. Y provendr esto de que ellas tienen esclavos? Varias veces he probado en mis escritos, que la esclavitud no es obtculo para que en los pueblos donde existe, dejen de gozar de libertad las razas dominantes. En medio de la esclavitud, libres fueron las repblicas griegas, y en Atenas, que fue la ciudad ms culta de toda la Antigedad, hubo ms esclavos que ciudadanos. Roma asombr al mundo con las inmensas turbas de sus esclavos; pero stos nunca impidieron que los romanos fuesen libres. Esclavos tuvieron en la Edad Media las repblicas italianas de Venecia, Florencia, Gnova y Pisa; y si bajamos a la poca contempornea, ah estn los Estados Unidos, donde en las regiones del Sud han vivido reconcentrados 4 millones de esclavos. Igual ejemplo presenta el libre imperio del Brasil; y sin salir del archipilago a que Cuba y Puerto Rico pertenecen, obsrvese, que las Antillas inglesas gozaron de libertad desde los siglos XVII y XVIII, no obstante de haber tenido cada una de ellas tantos esclavos, que stos eran 5, 10, 20, 25, 30, y aun a veces ms que los blancos. La esclavitud, pues, no debe servir de excusa para negar derechos polticos a las Antillas espaolas. Acaso ser, porque stas an no han subido al grado de riqueza e ilustracin que conviene para merecer instituciones liberales? As parece que pens V.E. cuando dijo en el Senado: “Qu gobierno sensato, qu Gobierno que sepa cumplir con los deberes que su puesto le impone ha introducido esa reforma en las provincias o colonias que ha tenido, sin consultar al desarrollo de la civilizacin y al desenvolvimiento de todas las circunstancias que se requieren para hacer concesiones de ese gnero?” Si nos contraemos a las riquezas de Cuba, debo decir a V.E. que atendiendo a ellas, Cuba tiene grandes ttulos para merecer la libertad; y no incurro en exageracin cuando afirmo, que ni las islas Baleares, ni las Canarias, ni ninguna provincia de la Pennsula es tan rica como Cuba. Ser porque ella no est todava bastante civilizada para alcanzar derechos polticos? Yo no entrar en la odiosa descusin de si la Pennsula est ms ilustrada que Cuba, o Cuba ms que la Pennsula; pero s puedo probar con hechos irrefutables, que ninguna provincia de Espaa, tomada en su conjunto, est ms ilustrada que Cuba.

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JOS ANTONIO SACO /191 /191 /191 /191 /191 Aun suponiendo, lo que no es admisible, aun suponiendo que Cuba y Puerto Rico no estn todava en aptitud de recibir la libertad de que gozan las otras provincias sus hermanas, cul es la consecuencia rigurosa que aqu se sacar? Una consecuencia la ms terrible contra las instituciones que siempre las han gobernado. Las Antillas y dems colonias inglesas han obtenido libertad a los pocos aos de haber pasado a su dominacin; mas, Cuba y Puerto Rico, a pesar de haber vivido por ms de tres centurias y media bajo el cetro de su metrpoli, a pesar de que la Providencia derram sobre ellas con larga mano los dones ms preciosos, esas islas han sido tan detestablemente educadas, que por su atraso e ignorancia an no son dignas de merecer la iniciacin poltica que desde los siglos pasado y antepasado recibieron hasta los islotes extranjeros que a ellas las rodean. Siga V.E., Seor Excmo., siga V.E. en su poltica ultramarina, y yo le pronostico que no pasar mucho tiempo sin que recojamos el amargo fruto de ella. V.E. habl tambin de las colonias francesas; pero ste ser uno de los asuntos que me reservo para mi prxima carta. Es de V.E. con la mayor consideracin su atento S. S. Q. B. S. M. JOS ANTONIO SACO Carta cuarta14Pars 13 de mayo de 1865 Excmo. seor: En mi carta anterior ofrec tratar de las colonias francesas, cuya actual constitucin sirve de argumento a V.E. para negar diputados; o sea, derechos polticos a las provincias de Ultramar. As se expresa V.E.: “En Francia, por la Constitucin de 1848, por la Constitucin republicana se orden lo mismo que en 1789, que vinieran los diputados de sus colonias. No haba escarmentado la Francia durante aquel perodo de frenes, con las grandes prdidas que sufri en tiempos de la primera revolucin del siglo anterior, y volvi a caer en los mismos defectos, en los mismos errores; pero afortunadamente para ella, aquel orden de cosas dur poco, y en el momento en que se cre el imperio, cambi la faz de la legislacin de las colonias”. V.E. alude aqu a la prdida de Santo Domingo; pero antes de hacer observacin alguna acerca de los errores que contiene el pasaje que acabo de transcribir, notar otro pasaje de V.E. que est en contradiccin con el primero. En ste atribuye V.E. la prdida de Santo Domingo 14 La Amrica Madrid, 27 de mayo de 1865.

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OBRAS 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ a la concesin de diputados que la Asamblea constituyente hizo a las colonias francesas; mas, en el que paso a insertar, aparece otra cosa muy diferente. “Seores: todos conocemos la dificultad y la circunspeccin con que hay que tratar los negocios que ataen a provincias lejanas, y que estn ms expuestas que otras a inconvenientes de todo gnero. Quin puede olvidar, dije yo en otro lugar, quin puede olvidar la catstrofe del 91 en la isla de Santo Domingo? Quin puede olvidar la causa que produjo aquella catstrofe? Seores: por si alguno no la recuerda, debo decirla. En la Asamblea constituyente de Francia se trat, con motivo de la Constitucin que se dio a aquel pueblo, de la cuestin de las provincias ultramarinas, y se propuso por la comisin que habra igualdad de derechos entre los colonos y los ciudadanos de la metrpoli ”sta fue la propuesta de la comisin, que en su mayora era de gente templada de gente moderada, de gente que tena previsin y extraordinario amor a su patria ; pero la Montaa rechaz esta proposicin; la Montaa rechaz ese proyecto, y propuso la igualdad imparcial; esto es, la igualdad absoluta entre las razas. Esto sirvi de aliento, seores, a la raza que se encontraba en la condicin de sierva, y todos sabemos aquella catstrofe, que se resiste a recordarla el alma y que siento traerla a la memoria. ”Francia perdi a Hait, a aquella posesin magnfica que en el ao anterior haba producido a su pas unos 28 millones de pesos... Hait permanece todava en un estado deplorable a que lo redujo, quin? Los negros? No: la Revolucin Francesa, los diputados de la Montaa con sus imprudencias y excitaciones. Sin ellas, Hait sera hoy lo que era en aquel tiempo: la provincia ms rica de la Amrica”. En este pasaje, V.E. aprueba y aplaude la moderacin la templanza la previsin y el patriotismo de la mayora de la comisin que pidi igualdad de derechos entre los colonos y los ciudadanos de la metrpoli Tambin reconoce V.E. en ese mismo pasaje, que la Montaa se opuso a esa igualdad de derechos, pues lo que quera era que esa igualdad fuese absoluta para todas las razas de las colonias; y, por ltimo, concluye V.E. diciendo con razn, que esos deseos revolucionarios de la Montaa fueron la causa de la prdida de Santo Domingo. Pero si sta fue, segn V.E., la verdadera causa de esa prdida, y no la concesin de la igualdad de derechos entre los ciudadanos franceses, y los colonos sus descendientes; por qu afirma V.E. en otra parte de sus discursos, que si la Asamblea constituyente no hubiera concedido diputados a las colonias, Santo Domingo no se habra perdido? En medio de la inconsecuencia o contradiccin en que ha incurrido V.E., importa mucho observar que ningn senador, ni diputado, ni escritor espaol de los que abogan por la concesin de derechos polticos a las provincias de Ultramar, nin-

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JOS ANTONIO SACO /193 /193 /193 /193 /193 guno ha pedido que esos derechos se concedan indistantemente a los blancos y a los negros que habitan las colonias; y si por un trastorno mental se concibiese en la metrpoli tan insensato proyecto, tngase desde ahora por cierto que se estrellara en Cuba, sin que por eso se renovase la catstrofe de Santo Domingo. Marcada ya la contradiccin que hay en las ideas de V.E. sobre las causas que produjeron la ruina de esa Antilla, vengamos a examinar aisladamente las aserciones de V.E. en el primero de los dos pasajes que he transcrito al principio de esta carta. Dos cosas afirma V.E. en l. 1 Que la Asamblea Nacional llam, en 1789, diputados por las colonias. 2 Que imitando a esa Asamblea la Constitucin republicana de 1848 tambin llam diputados por las referidas colonias. Ambas proposiciones son enteramente falsas, y para demostrarlo, empecemos por la primera. Por Real Decreto de 27 de diciembre de 1788 fueron convocados los Estados generales; mas, esa convocatoria se limit a la Francia sin hacer ningna mencin de las colonias. Reunironse aquellos Estados el 5 de mayo de 1789, y aun que en breve se convirtieron en Asamblea Nacional constituyente, no promulgaron ningna ley ni decreto que llamase a las colonias a tomar parte en sus deliberaciones. Tan distante estuvo la Asamblea Nacional de llamar diputados por las colonias, que en prlogo del decreto que expidi el 8 de marzo de 1790 se leen las siguientes palabras: “La Asamblea Nacional declara, que considerando a las colonias como parte del imperio francs, y deseando que gocen de los frutos de la feliz regeneracin que se ha efectuado en l, ella, sin embargo, no ha pensado jams en comprenderlas en la Constitucin que ha decretado para el reino, ni sujetarlas a las leyes que pudieran ser incompatibles con sus circunstancias locales y particulares ”. Pero si tal fue la intencin de la Asamblea Nacional no por eso se imagine V.E., que ella priv de derechos polticos a las colonias francesas, como desgraciadamente lo hicieron despus con las espaolas las Cortes constituyentes que se congregaron en Madrid en 1836; y a la lectura de V.E. recomiendo lo que al tratar de aquel decreto, dijo el diputado Carlos Lameth, en la sesin del 2 de marzo de 1790. “Es preciso convenir en que el gobierno ha cometido faltas considerables que es menester reparar; y la Asamblea, a la que se imputan tantas injusticias, porque ha reformado tantos abusos, ser fcilmente calumniada en este asunto en que la calumnia puede ser tan til. Se la acusa en este momento de que no hay crdito, y todo el mundo sabe que cuando ella fue convocada ya no haba crdito en Francia. Del mismo

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OBRAS 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ modo, cuando las colonias estn en peligro, este negocio se pone en sus manos, se la precisa, se quisiera que sta tomase un partido en una sesin, bien seguro de que tal precipitacin dara lugar a algunos errores. No es posible mirar la cuestin aisladamente; es necesario enlazar el sistema poltico de las colonias con el sistema general poltico de la metrpoli ...”. En ltimo anlisis, yo creo que no se pueden conservar las colonias, sino hacindolas gozar de los beneficios de la Constitucin, con las modificaciones que ellas juzgaren necesarias, y que sern sometidas a la prxima legislatura ”. Ved aqu un lenguaje sensato y con el que se conform la Asamblea Nacional, al promulgar el mencionado decreto de 8 de marzo de 1790, pues en su artculo primero se dice: “Cada colonia est autorizada para exponer sus deseos sobre la Constitucin, la legislacin y la administracin que convienen a su prosperidad y a la felicidad de sus habitantes, bajo la condicin de conformarse a los principios generales que ligan las colonias a la metrpoli, y que aseguren la conservacin de sus intereses respectivos”. Pero si es cierto que la Asamblea Nacional trat desde el principio de dar a las colonias una organizacin poltica especial; si tambin lo es, que ni ella, ni el gobierno llamaron diputados coloniales a la metrpoli; cmo es, se preguntar, cmo es que en esa Asamblea hubo diputados por Santo Domingo? Pasemos a explicar esta aparente contradiccin. Sobre aquella Antilla pesaba el depotismo francs, y luego que lleg a ella la noticia de la convocacin de los Estados generales, en el cual se daba al tercer Estado un nmero de representantes igual al de los otros dos rdenes, los colonos descontentos del gobierno que tenan, procedieron por s, y aun contra las rdenes del gobernador de la colonia, a formar juntas parroquiales y provinciales, y a nombrar diputados para la representacin nacional, cuyo nmero ascendi a 37, segn aparece del informe presentado a la Asamblea Nacional en la sesin de 27 de junio de 1789. Sin permiso de la autoridad de la isla, muchos de esos diputados se embarcaron para Francia, y los ocho primeros que a ella llegaron, hicieron su entrada en los Estados generales, un mes despus de haber sido congragados; y en la sesin de 8 de junio de 1789, entregaron una peticin sellada, encargando que no se abriese hasta el momento en que los Estados generales fuesen constituidos; pero al mismo tiempo reclamaron que se les admitiese provisionalmente. La Asamblea en aquella sesin y en la siguiente, les permiti que asistiesen a ella sin voto, no como representantes, sino como aspirantes a serlo, hasta que sus derechos y sus poderes fuesen examinados. Muy pronto llegaron nuevos diputados de Santo Domingo, pues en la sesin de 24 de junio del mismo ao se dice, que su nmero era ya de 12. Procediose al fin a discutir si deberan

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JOS ANTONIO SACO /195 /195 /195 /195 /195 o no ser admitidos como verdaderos diputados, y caso de ser admitidos, cul sera el nmero que la Asamblea habra de aprobar. Estos puntos se ventilaron en varias sesiones, y en la de 3 de julio de 1789, observ el famoso Mirabeau, que las colonias jams haban asistido por representantes a los Estados generales, que no deban presentarse en ellas sino en virtud de la convocacin del rey, y que la presencia en la Asamblea de tales diputados, deba considerarse como opuesta a las rdenes del monarca y como contraria a la misma convocatoria. Esto no obstante, en la sesin de 4 de julio de 1789, se resolvi por 523 votos que slo fuesen admitidos seis diputados, a pesar de que la colonia reclamaba 20. Este simple relato basta para demostrar, que la Asamblea Nacional no llam representantes por las colonias en 1789, y que si dio entrada en ella a seis diputados por Santo Domingo, fue por mera condescendencia, y no querer disgustar a una colonia que ya estaba muy conmovida. Entre las dems, slo sigui su ejemplo la de Martinica, pero sta no envi a la Asamblea Nacional la falange de diputados como Santo Domingo. Al llamamiento de esos diputados por la Asamblea Nacional de aquella poca, atribuye V.E. las calamidades de Santo Domingo. Pero si no hubo tal llamamiento, segn acabo de probar, cmo quiere V.E. que de l proviniesen las desgracias de aquella colonia? Tan equivocado anda V.E. en las injustas acusaciones que hace a la Asamblea Nacional sobre este punto, que ella prescribi todo lo contrario de lo que V.E. dice, en la Constitucin que form, y que fue promulgada en 1791. Oiga V.E. lo que dispone el artculo 8, ttulo 7 de ella: “ Las colonias y posesiones francesas en el Asia, en el frica y en Amrica, aunque forman parte del imperio francs, no estn comprendidas en la presente Contitucin ”. No queda, pues, duda alguna, en que aquella Asamblea, ni convoc diputados por las colonias, ni menos los llam por la Constitucin que hizo. Mas, se dir, que aunque esos diputados no fueron llamados, al fin fueron admitidos como tales, y que su presencia en la Asamblea produjo aquellos desastres. Nuevos errores. En la ruina de Santo Domingo, no tuvieron parte los diputados de ella que se entraron en la Asamblea Nacional. La prdida de aquella isla provino, como V.E. ha confesado ya en otra parte, aunque contradicindose, de las ideas revolucionarias que germinaban en la cabeza de los franceses y de los excesos y trastornos que destrozaron la Francia. V.E., al repetir la falsa acusacin que fulmina contra los diputados de Santo Domingo, no es ms que un imitador de lo que dijeron en las Cortes espaolas de 1837 los hombres que se encargaron de privar de sus derechos polticos a las provincias hispanoamericanas. Y como V.E. no es ms que un eco de aquellos hombres, cuyos errores refut 28 aos ha, bien puedo valerme aqu de las razones que expuse entonces.

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OBRAS 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ A todas horas se cita el formidable ejemplo de Santo Domingo. No participo yo de ese terror, as como tampoco participan de l muchos de los mismos que afectan tenerlo; pues tanto ellos como yo, estamos ntimamente persuadidos de que un gobierno liberal en Cuba, lejos de renovar las calamidades de Santo Domingo, ser el medio ms seguro para preservarla de semejante catstrofe. No basta decir que en la isla Espaola hubo una revolucin de negros; no basta proclamar que esta revolucin envolvi la ruina de los blancos y la de tan preciosa Antilla: preciso es subir a las causas que la produjeron y a las circunstancias que la facilitaron; y cuando stas y aqullas se mediten, al punto se conocer lo mucho que difiere Santo Domingo de Cuba. Hagamos, pues, un paralelo entre una y otra isla, o mejor dicho, entre Cuba y la parte francesa de Santo Domingo, porque sta fue la que sirvi de teatro a las sangrientas escenas que all se representaron. Al estallar la revolucin, Santo Domingo15 solamente contaba la muy escasa poblacin de 30 000 blancos. Cuba por el censo de marzo de 1861, tena ms de 757 000. Santo Domingo encerraba en tan corto espacio casi 500 000 esclavos. En Cuba, segn el mismo censo, sos slo llegaron a 370 000, es decir, menos de la mitad de los blancos, mientras que en Santo Domingo, los esclavos eran 16 veces ms numerosos que aqullos. En los diez aos anteriores a tan funesto trastorno, Santo Domingo haba recibido 200 000 koromantynos de la Costa de Oro, negros de un carcter endurecido y feroz. Cuba afortunadamente no tiene que luchar con tales enemigos. Largos aos antes de empezar la Revolucin Francesa, se hallaban en Pars muchos negros y mulatos libres, y algunos recibiendo una brillante educacin; mientras que la condicin de los residentes en Santo Domingo, era demasiado humillante. En Cuba, los individuos de igual clase, no viajan por pases extranjeros, ni se educan en colegios europeos; estn exentos de muchas cargas y vejaciones que sufran en las colonias francesas, y si son honrados, gozan del aprecio y consideracin de los blancos. En Santo Domingo, los esclavos eran cruelmente tratados; mas, en Cuba no se ve el espectculo de las atrocidades que en aquella isla se cometan; y la esclavitud urbana ofrece entre nosotros generalmente el cuadro menos infeliz a que pueden estar reducidos los que viven en el cautiverio. En Francia reinaban entonces fuertes preocupaciones contra los blancos de las islas francesas. Por tener esclavos se les mir como enemigos de la libertad y partidarios del despotismo; y para destruirlos en todos los puntos de la nacin francesa, trabajose por extender la revolucin hasta sus colonias ms remotas. A darle un poderoso impulso contribuy la declaracin de los derechos del hombre y del ciudadano promulgada por la Asamblea Nacio15Repito de nuevo, que cada vez que hable yo aqu de Santo Domingo, se entienda que me refiero exclusivamente a la parte francesa.

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JOS ANTONIO SACO /197 /197 /197 /197 /197 nal, en agosto de 1789, y puesta despus a la cabeza de la Constitucin de 1791. La sociedad intitulada Amigos de los Negros compuesta de muchos hombres de influencia y de talento, se puso en ntima relacin con los negros y mulatos libres de Santo Domingo; hizo crujir la prensa contra los colonos blancos; pidi la igualdad de derechos; clam por la inmediata abolicin de la esclavitud; y la Asamblea Nacional, de que eran miembros algunos de esa sociedad, arrastrada por el torrente revolucionario, promulg el terrible decreto de 15 de mayo de 1791, igualando en todos los derechos polticos a la raza libre de color con los colonos blancos. A poco tiempo conoci su error; pero cuando quiso volver atrs, ya era muy tarde. La isla estaba minada por los revolucionarios de las misma Francia, y los blancos, divididos entre s. En 1792 llegaron a la colonia los tres comisarios nombrados por la Asamblea Nacional con poderes ilimitados. En mayo del siguiente ao tom posesin del mando de Santo Domingo, el gobernador Galbaud. Entre l y los comisarios nacieron rivalidades, apelaron a las armas, y sintindose stos ms dbiles que aqul, llamaron en su auxilio a los esclavos, ofrecindoles la libertad. En tales circunstancias, ya no era posible resistir al inmenso nmero de negros acaudillados y sostenidos por los republicanos franceses, y aun quiz por los sordos manejos de alguna potencia extranjera. Por ltimo, para acabar con la colonia, lanz la Convencin en 4 de febrero de 1794 el formidable decreto en que no slo se dio libertad a los esclavos, sino que de golpe y sin preparacin alguna se les elev a la categora de ciudadanos. Mas, en qu se parece esta situacin a la de Cuba? Sancion la Constitucin de 1812 esa funesta igualdad? Existieron o existen aquende ni allende sociedades de ninguna especie para atizar la discordia entre los habitantes de distintas razas? Hanse enviado agentes o comisarios para que conmuevan la firmeza de aquel suelo, y tian sus campos con la sangre de sus moradores? Desengamonos, y convengamos en que las circunstancias de Cuba y Santo Domingo son muy diferentes, y que la prdida de esta isla fue ocasionada, no por los diputados de ella que se sentaron en la Asamblea Nacional, no por la igualdad de derechos entre los ciudadanos franceses y sus hijos los colonos, no por el espritu revolucionario de los negros, sino por los esfuerzos de los blancos europeos residentes en Francia, que excitndolos a la rebelin los armaron y los convirtieron en instrumento de sus proyectos. Tan cierto es que estas causas fueron las que acarrearon la prdida de Santo Domingo, que, a pesar de las conmociones que hubo entonces en las dems colonias francesas, ninguna cay en poder de los negros. La isla Mauricio, llamada tambin de Francia, luego que recibi en 1789 la noticia de la revolucin de la metrpoli, depuso a las autoridades, nombr otras nuevas, procedi a las elecciones de diputados, e instal una Asamblea colonial compuesta de 51 miem-

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OBRAS 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ bros. Dividironse los blancos, formronse partidos, la tropa tom parte en estos movimientos, ya a favor de unos, ya en contra de otros, prolongose por algunos aos la lucha y la agona; pero en medio de tantos sacudimientos, y de que haba 53 000 negros para 6 000 blancos escasos, los esclavos jams se levantaron. Si Santo Domingo da una leccin de dolor, la isla Mauricio nos da otra de consuelo. Los que estudien aqulla, es menester que tambin aprendan sta. Pero sin salir a buscar ejemplos en las colonias extranjeras, las Antillas espaolas desmienten completamente las aserciones de V.E. Diputados y derechos polticos tuvieron Cuba y Puerto Rico en el perodo calamitoso de 1810 a 1814. Mas, se sublevaron entonces los negros, ni menos se perdieron esas dos islas? Diputados y derechos polticos tuvieron de 1820 a fines de 1823, y acaso se levantaron entonces los negros, ni esas dos Antillas se perdieron? Diputados tambin enviaron al Estamento de Procuradores de 1834 a 1836. Mas, por ventura se levantaron los negros en ese perodo, ni esas dos islas se perdieron? No se identifique, pues, a Cuba y Puerto Rico con Santo Domingo, porque las diferencias entre sta y aqullas son tan grandes y palpables, que no admiten comparacin. Desembarazado ya de los acontecimientos de la gran Revolucin Francesa, digamos una palabra de los de 1848 a los que tambin se refiere V.E. Nunca debe confundirse la convocatoria de una asamblea constituyente con la Constitucin que sta haga. V.E. afirma, que “ por la Constitucin republicana de 1848, se orden lo mismo que en 1789, que vinieran los diputados de sus colonias ”. ¡Error estupendo! En la mano tengo esa Constitucin, y en su artculo 109 leo lo que pongo ante los ojos de V.E. “El territorio de la Argelia y de las colonias, se declara territorio francs, y ser regido por leyes particulares hasta que una ley especial las ponga bajo el rgimen de la presente Constitucin”. Y a vista de este artculo, se atrever V.E. a seguir creyendo que la Constitucin republicana de 1848 llam diputados por las colonias? Con un aire de triunfo dice V.E. que destruida la Repblica de 1848, servil imitadora de los desaciertos de 1789, y alzado el segundo imperio, cambi la legislacin de las colonias. Y cmo no haba de cambiar, cuando las instituciones de la misma Francia sufrieron una alteracin tan profunda? La libertad se eclips en ella, y las sombras que la cubren, se extendieron hasta sus colonias. Pero observe V.E., que el estado actual de ellas est en perfecta consonancia con el de su metrpoli, pues a las restricciones polticas de sta, corresponden las restricciones polticas de aqullas; mientras que entre la metrpoli espaola y sus colonias hay un chocante contraste, porque a la libertad de aqulla se contrapone el absolutismo de stas.

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JOS ANTONIO SACO /199 /199 /199 /199 /199 Traza V.E. el actual gobierno de las colonias francesas en el prrafo siguiente: “Hoy se rigen stas por el Ministro de Marina, de cuyo ministerio depende este ramo, que all es de escasa importancia, por no ser sus colonias tan extensas como las de Espaa, Inglaterra y Holanda. ”Sin embargo, bajo la presidencia del Ministro de Marina, existe un consejo que se compone de cuatro miembros nombrados por el gobierno y de otros cuatro designados por los consejos provinciales de las diferentes colonias...”. A ese pasaje debo hacer algunas observaciones. Supone V.E. que las colonias de Francia no son tan extensas como las de Espaa. Error, ora se tomen las palabras tan extensas con respecto a su superficie, ora con respecto a su nmero. Espaa slo cuenta en el nmero de ellas a Cuba con su anexa la isla de Pinos, a Puerto Rico, Filipinas y Fernando Po,16 y si se quiere, a la isla de Annobon en los mares africanos donde no hay ni un solo espaol. Francia tiene a sus puertas el vasto territorio de Argel, cuya dimensin de Norte a Sud, es de 600 kilomtros, y de Este a Oeste de 850.17 16En Espaa, todos escriben Fernando Poo con dos o; pero yo creo que slo debe escribirse con una o. No me fundar para esto en que los ingleses, los franceses y otros extranjeros escriben P, sino en que esa isla fue descubierta por Fernando P en 1485, y aunque l la llam isla Formosa, disele despus, en memoria de su descubridor, el nombre de Fernando P. 17En la actualidad, las posesiones ultramarinas de Francia se componen de los siguientes territorios: Habitantes ————— Argel, con una poblacin de .................................................................3 000 000 Senegal y sus dependencias ................................................................ 113 000 Reunin ................................................................................................. 183 000 Mayotte y dependencias ......................................................................35 000 Otros establecimientos en frica [Assinia, Gran Bassam, Porto Novo, Gabon, Obokh, Ed-Deseet, Adulis] ......................................20 000 Martinica ............................................................................................... 136 000 Guadalupe y dependencias .................................................................. 138 000 Guayana .................................................................................................28 000 San Pedro y Miquelon ..........................................................................3 000 Establecimientos de Indostn [Pondichry, Chandernagor, Karikal, Mah, Yanaon] ................................................................................... 225 000 Cochinchina francesa ...........................................................................1 200 000 Oceana francesa [Nueva Caledonia, Marquesas, protectorado de las islas Tait, Tomboua, Tonasuoton y Mangareva] .................... 100 000 ———— Total ......................................5 181 000

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OBRAS 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ En Amrica posee las islas de San Pierre y Miquelon, Guadalupe y sus dependencias que son las islas de Marigalante, la Deseada, etc., la Martinica y la Guayana, cuya superficie es igual a la cuarta parte de Francia. Pertencenle en la costa de frica los establecimientos del Senegal, Gorea y los de la Costa de Oro y Gabn. Ocupa en los mares de la India, la isla de la Reunin o Borbon, Santa Mara en la isla de Madagascar, y la isla Mayotte con sus dependencias. En la costa de Abysinia sobre el mar Rojo, ha comprado recientemente un territorio. En la India tiene algunos puntos pequeos. En Cochinchina y en la Oceana, las islas de Tait y la Nueva Caledonia. Por la Convencin de 5 de junio de 1862 adquiri tres de las seis provincias de la Baja Cochinchina. V.E. no seala la fecha en que se dio a las colonias francesas esa nueva organizacin; pero yo s que V.E. se refiere al Senado-Consulto de 3 de mayo de 1854, el cual no es extensivo a todas ellas, sino solamente a la Guadalupe, Martinica y la Reunin. El hecho de haber sido excluidas todas las dems, y de haber sido organizadas aquellas tres por un Senado-Consulto, manifiesta claramente que el poder ejecutivo tuvo un inters directo en mutilar y aun en privar a los colonos de sus derechos polticos, no obstante que la comisin encargada de informar acerca del proyecto de aquel Senado-Consulto se opuso a miras tan mezquinas. El modo de legislar por Senado-Consulto es desconocido en Espaa, porque ninguno de los dos cuerpos colegisladores puede por s solo, aun reunido con el gobierno, dictar ninguna medida legislativa para la metrpoli ni para las colonias. En Francia, por el contrario, el Senado de acuerdo con el gobierno puede legislar con exclusin absoluta de la Cmara de diputados, que es la nica y verdadera representacin nacional; y quizs tomando pie V.E. de esto y de otras cosas que pasan en Francia, se atrevi a defender en la sesin del Senado del 6 de marzo, la ms anticonstitucional y escandalosa doctrina sobre el gobierno de las colonias espaolas, procurando sustraerlas de toda intervencin de las Cortes, para que as quedasen sometidas a la exclusiva voluntad del ministerio. Habla tambin V.E. de un consejo que existe en Pars, presidido por el Ministro de Marina, el cual se compone, segn V.E., de cuatro miembros nombrados por el gobierno y de otros cuatro designados por los consejos provinciales de las diferentes colonias. La Francia cuenta con ms de 5 millones de habitantes en sus colonias: casi la poblacin colonial de Espaa; pero ¡cun distante todava de la de Inglaterra, cuya poblacin colonial asciende a 200 millones! Tambien est a gran distancia de la de otras naciones de los Pases Bajos, por ejemplo, que tienen 17 y medio millones de habitantes en sus territorios de Ultramar. Las dems potencias europeas que poseen colonias son: Portugal, con 3 millones de almas de poblacin colonial y Dinamarca, con 120 000.

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JOS ANTONIO SACO /201 /201 /201 /201 /201 En cuanto a los consejos provinciales mejor sera que V.E. hubiese empleado la palabra generales porque en Francia, ni aquende ni allende los mares, hay consejos provinciales, nombre que sin duda tom V.E. de las diputaciones provinciales de Espaa, las cuales tienen mucha analoga con los consejos generales franceses. Debo igualmente advertir, que la corporacin que existe en Pars bajo la presidencia del Ministro de Marina, y a la que V.E. da el nombre de consejo no se llama as en el Senado-Consulto, sino comisin consultiva ( comit consultatif .) Cree V.E. que esa comisin se compone de cuatro miembros nombrados por el gobierno, y de otros cuatro designados por las colonias. Equivcase V.E. El artculo 17 del ttulo 2 del referido Senado-Consulto dice as: “Se establece una Comisin consultiva cerca el Ministro de la Marina y de las Colonias. Ella se compone: 1 de cuatro miembros nombrados por el Emperador; 2 de un delegado de cada una de las tres colonias, nombrado por el Consejo general”. Este artculo prueba que la Comisin consultiva, si bien consta de cuatro miembros nombrados por el Emperador, no se compone de cuatro delegados por las colonias, pues el nmero de ellos, en vez de ser fijo, es variable y dependiente del de las colonias llamadas a tomar parte de su formacin. Hoy slo es de tres, porque slo son tres las colonias que participan de la organizacin que les dio el Senado-Consulto; pero ese nmero podr ser en adelante mayor o menor, segn que haya ms o menos colonias con derecho a nombrar tales delegados. Como el prrafo segundo del referido artculo 17 excluye de la delegacin de las colonias a los miembros del Senado, del Cuerpo legislativo, del Consejo de Estado, y a las personas revestidas de funciones que gozan de sueldo, V.E. infiere de aqu, que el motivo de esta disposicin fue impedir que esos delegados llevasen a las cmaras francesas los asuntos coloniales. “Pero ntese bien, palabras son de V.E., ntese bien una circunstancia: es requisito indispensable de la ley orgnica, que ninguno de esos delegados pueda ser senador, diputado, funcionario pblico retribuido, ni consejero de Estado. Vea, pues, el Senado, que si en Francia se olvidaron los males, porque pas a fines del siglo ltimo, en ese perodo de frenes que derrib un gobierno y constituy una repblica, en el momento en que se asent un gobierno en bases slidas y firmes, en ese momento se ocup ya de la organizacin de las colonias, siendo una de las primeras bases la de que los individuos del Consejo colonial, no pudieran pertenecer a los cuerpos colegisladores. Vase, pues, si se comprendi el peligro que poda haber en que las pasiones ardientes de la poltica europea en los pases regidos por el sistema constitucional pa-

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OBRAS 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ sasen a las provincias ultramarinas y fueran a inocular en ellas ese virus [pues as hay que reconocerlo] que traera consigo la prdida de las colonias francesas”. De dnde ha sacado V.E. que la exclusin de los diputados y senadores para ser delegados de las colonias, proviene de los motivos que expone V.E.? La opinin de V.E. tendra algn viso de verdad, si esa prohibicin se hubiese circunscrito a los senadores y diputados que son los nicos que componen los cuerpos legislativos; pero observe V.E., que la prohibicin se extiende igualmente a los miembros del Consejo de Estado, aunque no sean senadores ni diputados, y tambin a cuantas personas desempeen funciones retribuidas, las cuales no tienen por cierto, en razn de ellas, ninguna entrada en las Cmaras. Otra, pues, debi de ser la razn en que se fund el Senado-Consulto; y oiga V.E. lo que la comisin encargada de informar acerca del proyecto de l, dijo al presentar su informe al Senado: “Con respecto a los delegados, el proyecto expresa incompatibilidades y las hace recaer sobre dos grandes cuerpos del Estado, sin comprender en ellas ni aun a un tercer cuerpo [se alude al Consejo de Estado] que, segn el proyecto del Senado-Consulto, vendra a ser en adelante el nico legislador de las colonias. ”Para evitar toda aplicacin particular a tal o cual categora de funcionarios, nosotros nos contentamos con expresar que los delegados no podrn ser nombrados de entre las personas que ejercen funciones retribuidas, bajo cualquiera forma que sea. De este modo evitaremos todo pensamiento de excepciones”. Vea, pues, V.E., enteramente disipadas en este pasaje todas las ilusiones y fantasmas que su espantadiza imaginacin le haba presentado. A pesar de la condicin en que aquel Senado-Consulto ha puesto a las colonias francesas, todava es ms dura la de las espaolas, porque aqullas, adems de nombrar cada una un delegado para la Comisin consultiva, este delegado es elegido por el Consejo general de la colonia respectiva; mas, las Antillas espaolas ni tienen delegados de ninguna especie, ni tampoco consejos generales que los puedan nombrar, pues estas corporaciones son equivalentes a las diputaciones provinciales espaolas, las cuales no existen ni en Cuba ni en Puerto Rico. No deja de ser reparable, que al hacer V.E. el elogio de las actuales instituciones de las colonias francesas y de remontarse hasta los acontecimientos de 1789, haya olvidado lo que en esas mismas colonias sucedi en poca menos remota. No en los turbulentos perodos de las dos repblicas francesas, sino en el de la monarqua de julio, encontrar V.E. una constitucin colonial, que sin ser el mejor modelo, es a lo menos muy preferible a la que hoy tienen esas colonias. Consulte V.E. la ley orgnica que se les dio en 1833, y despus que la haya examinado,

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JOS ANTONIO SACO /203 /203 /203 /203 /203 reconocer que ellas gozaron entonces de Consejos coloniales y de otras libertades polticas de que hoy estn privadas. Reflexione, por ltimo, V.E., que las colonias francesas no se pueden equiparar a las Antillas espaolas. En aqullas, los esclavos, no slo fueron violentamente emancipados en 1848, sino que al mismo tiempo recibieron, sin merecerlo, derechos iguales a los blancos; y como el nmero de stos es inmensamente pequeo, respecto del de aqullos, resultara, que si a esas colonias se concediesen instituciones liberales, la raza blanca quedara excluida de todas las funciones pblicas por las turbas de negros que la combatiran en las urnas electorales. Tan triste estado pudiera remediarse en parte, no llevando a las colonias el sufragio universal de Francia; sufragio que no es en ella por cierto muy favorable a la libertad, pues que sta brillaba ms en tiempos en que no lo haba; pero como no se quiere que las colonias sean libres, el sufragio universal es uno de los pretextos que se alegan para mantenerlas bajo el sistema que las rige. No es sta felizmente la condicin de las Antillas espaolas. Acaso se ha emancipado en ellas de un golpe a los esclavos como lo hizo Francia? Es por ventura el nmero de ellos superior al de los blancos? No es, por el contrario, muy inferior al de stos? Hase, en fin, establecido el sufragio universal en Espaa? Y caso que se estableciese, se introducira ni admitira en sus colonias? Las ideas sobre la esclavitud emitidas por V.E. en sus discursos me obligan a continuar esta carta. En la sesin del Senado de 26 de enero dijo V.E., que “Inglaterra aboli por acta del Parlamento la esclavitud en sus posesiones: que desde aquel perodo o poco despus ella se declar la protectora del principio de abolicin; y as fue que apenas concluyeron las guerras de Napolen, en el Congreso de Pars hizo que se pusiese ya un artculo por el cual las potencias europeas se obligasen a ir destruyendo la esclavitud por los medios que all se indicaban ”. De este pasaje se deduce claramente, que la abolicin de la esclavitud en las colonias inglesas fue anterior al Congreso de Pars; pero cundo se reuni ste? En 1814, luego segn V.E., esa abolicin precedi a este ao. Y es posible que V.E. confunda dos cosas tan distintas como son la abolicin del trfico de esclavos y la abolicin de la esclavitud? Quin ignora, que en muchos pases, sta se ha conservado largos aos despus de abolido aqul? Lo que Inglaterra aboli en sus colonias antes del Congreso de Pars, lo que ella aboli en 1807, fue el trfico de esclavos; pero la esclavitud subsisti en ellas en toda su fuerza hasta la ley del 1 de agosto de 1834. Tambin supone V.E., que Inglaterra hizo poner en el Congreso de Pars un artculo por el cual las potencias europeas se obligasen a ir destruyendo la esclavitud No, seor; a lo que ese artculo se encamin, fue solamente a que esas potencias se obligasen a ir aboliendo el trfico

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OBRAS 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ de esclavos sin tocar en nada a la esclavitud. Transcribamos el artculo a que alude V.E., que es el primero de los adicionales al tratado entre Francia y la Gran Bretaa concluido en Pars el 30 de mayo de 1814: “S.M. cristiansima participando sin reserva de todos los sentimientos de S.M. britnica relativamente a un gnero de comercio que rechazan los principios de la justicia natural y las luces de los tiempos en que vivimos, se compromete a unir en el futuro Congreso todos sus esfuerzos a los de S.M. britnica, para hacer pronunciar por todas las potencias de la cristiandad, la abolicin del trfico de negros : de tal suerte que el dicho trfico cese universalmente, como cesar definitivamente y en todos casos de parte de la Francia en el trmino de cinco aos, y que adems, mientras durare este plazo, ningn traficante de esclavos pueda importarlos ni venderlos, sino en las colonias del Estado de que es sbdito”. Menos perdonable, es todava el error en que V.E. incurri, cuando pronunci en el Senado las siguientes palabras: “Despus, seores, en 23 de septiembre de 1817 se celebr un tratado entre la Corte de Espaa y la de la Gran Bretaa, en cuyo artculo 9 y los siguientes se instituy lo que se crey oportuno a la esclavitud de las Antillas Espaa se oblig a abolirla ”. Dispnseme V.E., pero ni del artculo 9 ni de ningn otro de ese tratado aparece que Espaa se obligase a abolir la esclavitud. No tengo necesidad de insistir en la lamentable equivocacin que padece V.E. Todos saben en Espaa, y fuera de Espaa, que el tratado de 23 de septiembre de 1817 se hizo nicamente con el fin de acabar con el comercio de esclavos africanos; y para convencerse de que as fue, basta leer el ttulo del mismo tratado. Dice as: “Tratado entre S.M. el rey de Espaa y de las Indias, y S.M. el rey del Reino Unido de la Gran Bretaa e Irlanda, para la abolicin del trfico de negros ”. Con lenguaje y sentimiento religiosos que yo aplaudo sinceramente, habl V.E. de la esclavitud que exista al nacimiento del cristianismo. V.E., cuyas palabras transcribo aqu, piensa que la obra de la emancipacin de los esclavos es la obra del cristianismo; que donde primero penetraron y se infiltraron las predicaciones de Jesucristo fue en la gran masa de siervos; que cuando el cristianismo se anunci por el Divino Maestro, la mayor parte de los hombres eran esclavos, y pocos, muy pocos eran los libres; que stos estaban en el mundo entero en proporcin de los esclavos como de 1 a 35; y que, sin embargo, la historia no nos habla ni de una insurreccin, ni de una rebelin, ni de un combate contra la autoridad. ¡Qu campo tan inmenso se presenta delante de m! Sobre esos puntos que V.E. toca tan rpida y superficialmente, yo he hecho algunos estudios que mi mala estrella no me ha permitido publicar; pero no pu-

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JOS ANTONIO SACO /205 /205 /205 /205 /205 diendo referirme a ellos por estar inditos, y no sindome dado tampoco entrar aqu en la profunda discusin de tan importantes materias, me limitar a muy breves observaciones. 1 Es innegable, que el cristianismo ha sido un poderoso elemento de la civilizacin de los pueblos, y que, por consiguiente, influy desde su origen en la manumisin de los esclavos: pero esta influencia, ni ha sido tan universal como generalmente se cree, ni mucho menos la nica que ha contribuido a tan gran resultado. Uno de los problemas ms difciles e intrincados de la historia, y que todava no se ha resuelto satisfactoriamente, a pesar de cuanto se ha escrito hasta el da, es el examen y apreciacin imparcial de todas las causas que abolieron, o mejor dicho, que disminuyeron en la Edad Media la antigua esclavitud. Digo disminuyeron porque es falso que sta hubiese desaparecido enteramente de todas las naciones de Europa, pues que al descubrimiento del Nuevo Mundo an haba algunas que estaban plagadas de esclavos como Espaa y Portugal. 2 No es cierto, como supone V.E., que donde primero penetraron y se infiltraron las predicaciones de Jesucristo, fue en la gran masa de siervos. Entre las muchas pruebas que yo pudiera traer, slo invocar el testimonio del mismo Tertuliano, a quien cita V.E. en un pasaje, que no es del siglo II como cree V.E., sino del siglo III, porque en ste fue cuando aquel autor escribi su Apologa del cristianismo de cuya obra tom V.E. el fragmento mutilado que ley en el Congreso, y que yo reproduzco ahora ntegramente: “No somos sino de ayer, y ya lo llenamos todo, las ciudades, las islas, los castillos, los municipios, las asambleas, los campamentos, las tribus, las decurias, el palacio, el Senado, el foro: slo os quedan los templos”.18En este pasaje se ve que el cristianismo haba penetrado ya en las diferentes clases de la sociedad: pero sin negar yo que entonces hubiese esclavos cristianos, ntese bien, que Tertuliano no los menciona especialmente, ni menos dice que ellos fuesen los primeros en quienes hubiese penetrado la doctrina de Jesucristo. 3 V.E. confunde tambin lo que es preciso distinguir; confunde a los siervos con los esclavos. En un sentido vulgar e inexacto, el esclavo se puede tomar por siervo, y el siervo, por esclavo; pero este lenguaje es inadmisible, cuando se habla correctamente, sobre todo, cuando se trata de graduar la influencia que el cristianismo y otras causas han podido ejecer en la condicin de los hombres, pues no slo hay una diferencia fundamental entre los esclavos y los siervos, sino que stos formaban entre s distintas especies. 18Tertulianus: Apologeticus adversus gentes, cap. 37. Esta obra fue escrita en el siglo III, durante la persecucin de los cristianos por el emperador Severo.

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OBRAS 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ 4 Al nacimiento del cristianismo, dice V.E., que haba en el mundo entero 35 esclavos para un hombre libre. De dnde ha podido sacar V.E. tan peregrina noticia? Dnde estn los censos, o datos de otro gnero en que se funde tan descabellada asercin? Sobre este punto, nada, nada se sabe, no ya respecto del mundo entero como afirma V.E., pero ni aun siquiera de las provincias ms civilizadas del imperio romano. Lo nico que se puede asegurar es, que haba muchos esclavos; pero cuando de aqu se pasa a determinar su nmero en aquella poca, y a establecer proporciones entre ellos y los libres, nos encontramos en las ms densas tinieblas. 5 Que despus de haberse establecido el cristianismo, la historia no nos habla ni de una insurreccin, ni de una rebelin, ni de un combate de los esclavos contra la autoridad, es otro error de V.E. que est desmentido por la misma historia que invoca. Bajo el reinado de Augusto, en que vino al mundo el Salvador, alzronse varias veces los esclavos, y reunindose a bandadas, salteaban hasta en las inmediaciones de Roma; pero la mano vigorosa de aquel monarca reprimi con prontitud aquellos levantamientos.19Fraguose en tiempo de Tiberio una conjuracin muy peligrosa en el Medioda de Italia. Turio Curtisio, antiguo soldado pretoriano, tuvo varios concilibulos en Brindis y en otras ciudades vecinas, y fijando carteles pblicos, ofreci la libertad a los esclavos de los bosques, que por sus costumbres salvajes eran ms vigorosos y arrojados que los dems. La fortuita arribada a esos parajes de una divisin de la escuadra romana sofoc la conspiracin que ya empezaba a desarrollarse, y la pronta remisin a Roma de los principales conjurados disip la alarma que en ella se haba difundido.20Reinando Nern, los esclavos gladiadores que haba en Preneste intentaron sublevarse, y aunque este movimiento fue al instante comprimido, Roma aterrorizada ya se imaginaba ver a otro Spartaco con todos sus horrores.21Bajo el imperio de Galba, un esclavo del Ponto, segn unos, o un liberto italiano segn otros, fingiendo ser Nern, pues en la Grecia y en el Asia an se dudaba de la muerte de este emperador, parecindose a l, y cantando y tocando muy bien la lira, se apoder de la isla de Cythne, arm en ella a los esclavos ms robustos, y ocasion escndalos y males, hasta que cay bajo los golpes de Calpurnio Asprenas, gobernador de la Galacia y la Pamphylia.22 19Appianus: De Bello Civili, V. 132. 20Tcito: Anales lib. 4, cap. 27. 21Tcito: Anales lib. 15, cap. 46. 22Tcito: Historias lib. 2, cap. 8 y 9.

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JOS ANTONIO SACO /207 /207 /207 /207 /207 Acostumbrados a tomar parte en las guerras civiles de la repblica y de los triunviros, mezclronse tambin en las del imperio, ya a favor de los que lo atacaban como el Galo Sacrovir,23 ya a favor de los que lo defendan, como Othon contra Vitelio,24 y Vitelio contra Vespasiano.25Durante la lucha entre estos dos emperadores estall en el Ponto una guerra, que Tcito califica de servil, y que fue promovida por el esclavo Aniceto contra Vespasiano, causando por mar y tierra muchas desgracias, hasta que al fin pereci a manos de Verdio Gemino, capitn que segua la bandera de Vespasiano.26Zsimo nos dice, que esclavos prfugos reunidos con soldados desertores saqueaban la Tracia. Los campesinos de la Galia, conocidos con el nombre de bayaudas se alzaron en tiempo de Diocleciano para sacudir la tirana de sus seores y de los gobernadores romanos; y entonces tambin se sublevaron y juntaron con ellos casi todos los esclavos de aquella vasta regin. Pero cmo no haban de sublevarse, cuando a pesar de la benfica influencia del critianismo y de la filosofia, cuyos principios haban penetrado hasta en la nueva legislacin del imperio, la generalidad de los amos los trataban con dureza y muchas veces con crueldad? Mirbaseles como enemigos: vivase en continua alarma: al hundirse el imperio de Occidente, los emperadores Len y Anthemio prohibieron en 468,27 que ni en las ciudades ni en los campos pudiesen tener armas; y a tanto llegaba el terror, que el pueblo supersticioso crea que el trueno en ciertos das del ao era un presagio de revolucin de esclavos.28Muy larga sera la tarea que yo me impusiera, si continuase refutando los dems errores que contienen los discursos de V.E. Pasarelos, pues, en silencio, y reservando slo dos, porque son de grande importancia, los examinar detenidamente en ocasin ms oportuna. Es de V.E. con la mayor consideracin su atento servidor Q. B. S. M. JOS ANTONIO SACO 23Tcito: Anales lib. 3, cap. 43. 24Tcito: Historias lb. 2, cap. 11 y 35.—Suetonio: Vida de Vitelio cap. 15. 25Tcito: Historias lib. 3, cap. 57. 26Tcito: Historias lib. 3, cap. 47 y 48. 27 Cdigo de Justiano, lib. 9, tt. 12, ley 10. 28Juan Lydus: De Ostentis (De los prodignos).

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INTRODUCCI"N DE COLONOS AFRIC INTRODUCCI"N DE COLONOS AFRIC INTRODUCCI"N DE COLONOS AFRIC INTRODUCCI"N DE COLONOS AFRIC INTRODUCCI"N DE COLONOS AFRIC ANOS EN CUBA ANOS EN CUBA ANOS EN CUBA ANOS EN CUBA ANOS EN CUBA Y SUS INCONVENIENTES Y SUS INCONVENIENTES Y SUS INCONVENIENTES Y SUS INCONVENIENTES Y SUS INCONVENIENTES1 1 1 1 1Cuarenta y siete aos ha que Inglaterra hizo con Espaa un tratado, para que desde 1820 cesase el comercio de esclavos africanos en los dominios espaoles; pero ni ese tratado, ni el que se ajust en 1835, ni la ley penal publicada diez aos despus contra sus infractores, ni los cruceros ingleses, ni las continuas y justas reclamaciones del gabinete de St. James, nada, nada ha bastado para acabar con el contrabando africano. Pensaron algunos vecinos de Cuba, que si se variaba el modo de introducir los negros en ella, en vez de esclavos se deca colonos africanos ya quedaran conciliadas todas las dificultades. Bajo este concepto empezaron a trabajar para realizar sus ideas, y dironse los primeros pasos en Madrid desde 1847. Un amigo mo residente entonces en aquella corte, y que era tan contrario como yo a ese proyecto, me escribi lo que como noticia histrica inserto aqu: “Fulano, como representante y corresponsal aqu de algunos hombres ricos de Cuba, piensa por desgracia lo mismo que ellos en lo tocante a negros: de juro quiere que Cuba haga lo que pretenden hacer los hacendados de las Antillas inglesas, que es llevar negros de frica en calidad de colonos a sus tierras, sin considerar que Cuba no ha emancipado sus esclavos. Est repitiendo aqu a todo el mundo que la caa no se puede cultivar por blancos y otras majaderas por el mismo estilo. Ayer me dijo que haba hablado con Beltrn de Lis, ministro de Hacienda, y que lo encontr muy contrario a la introduccin de ms negros en Cuba; pero estas opiniones son volanderas, y maana pensar de otro modo. Lo mismo piensa V.E.; es decir, que no hay ms remedio que volver a meter negros, si no queremos que se arruine el cultivo de la caa, y con l, la Isla. Yo creo que debemos provocar una polmica en los peridicos, porque ha llegado el momento crtico de decidir esta importantsima cuestin”.2 1Publicado en la Revista Hispano-Americana de 27 de marzo de 1865. 2Carta del ya difunto ilustre patricio cubano D. Domingo del Monte, fechada en Madrid a 17 de enero de 1848. El sujeto a quien se alude en ella, era un comerciante peninsular, que despus de haberse enriquecido en Cuba, se retir a vivir en Espaa.

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JOS ANTONIO SACO /209 /209 /209 /209 /209 Poco adelantaron entonces los autores del proyecto; pero sin desmayar en sus esfuerzos, ya los vimos en Londres en 1853, ponindose de acuerdo para lograrlo sus intentos con el embajador espaol residente entonces all, y aun publicando papeles en castellano y en ingls; tales fueron los de un espaol peninsular llamado D. Mariano Torrente. Ya se infiere, que nada conseguiran en un pas tan contrario al proyecto que llevaban; mas, a pesar de la oposicin que la prensa les hizo, no por eso se desalentaron, y escogiendo otro terreno ms conforme a sus ideas, apareci en septiembre de 1855 una representacin al gobierno de Cuba, hecha por otro peninsular, rico vecino de La Habana, en la que se proponan las bases y condiciones bajo las cuales se deba efectuar el proyecto de la inmigracin de colonos africanos en aquella Isla. Formose al efecto un expediente, y pidiose informe a la Real Audiencia Pretorial de La Habana, a la Universidad, a la Junta de Fomento que entonces exista, y a otras corporaciones. Grato es saber que todas se declararon francamente contra el proyecto, a excepcin de aquella Audiencia, que se mostr vacilante, y si bien hubo un fiscal que se atrevi a patrocinarlo, justo es decir tambin, que hubo un oidor que lo rechaz con toda fuerza. Instruido as el expediente, elevose al Gobierno Supremo para su resolucin; pero como se notase que en l faltaban los informes de personas competentes que se haban pedido por la Real Orden de 8 de junio de 1859, expediose otra con fecha 25 de abril de 1861, mandando al Capitn General de Cuba, que oyese y remitiese con la brevedad posible el informe de los seis propietarios de esclavos que tuviesen destinado mayor nmero a la agricultura. En cumplimiento de esta real orden, el mencionado Capitan General se dirigi a seis de los principales hacendados de La Habana, y entonces fue cuando uno de ellos, el seor D. Domingo de Aldama, sabiendo cules eran mis ideas en este particular, me honr con el encargo de que extendiese el informe que se le peda. Este informe es el que ahora envo a Madrid para que se publique en la Revista Hispano Americana Pars, marzo de 1865 JOS ANTONIO SACOInforme sobre el proyecto de inmigracin de colonos africanos en Cuba, presentado en 30 de junio de 1861 por el seor D. Domingo de Aldama al Excmo. seor gobernador y capitn general de esta Isla D. Francisco SerranoExcmo. seor: Nombrado por V.E. para informerle a la mayor brevedad acerca del proyecto, que el seor D. Jos Surez Argudn, present al gobierno de esta Isla, en 29 de septiembre de 1855, para introducir en ella 40 000

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OBRAS 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ colonos africanos, me apresuro a corresponder a la confianza con que V.E. me ha honrado. Este asunto, Excmo. seor, es de tanta gravedad y trascendencia, que de su resolucin favorable o adversa depende la ruina o la salvacin de nuestra preciosa Antilla. El principal motivo en que se funda el proyecto para pedir la introduccin en Cuba de 40 000 colonos africanos, “es la gran necesidad de reponer ms de 30 000 operarios tiles de la clase de color, muertos por la epidemia del clera que estall en la Isla a fines de 1853 ”. Si este motivo pudo alargarse en 1855, que fue cuando se present el proyecto mencionado, ya hoy no es admisible, porque de entonces ac, se ha repuesto completamente la prdida de aquellos brazos, no slo con 42 501 chinos introducidos de 1853 a 1859, sino con muchos negros furtivamente importados de frica. Confrmase esta verdad con la produccin del azcar y tabaco, que son hoy los dos ramos principales que constituyen la riqueza cubana. La epidemia empez a fines de 1853, y continu sus estragos en 1854. Pero cul fue en estos dos aos y en los siguientes la exportacin de aquellos dos frutos? He aqu las cifras que nos presenta la Balanza General del Comercio de la isla de Cuba publicada en 1859: CajasLibrasMillares Aosde azcartabaco en ramastabaco elaborado ———————————————————— 18531 657 192 8 039 797237 350 18541 685 751 9 809 150251 313 18551 905 580 9 921 711356 582 18561 712 845 12 420 451225 861 18571 742 446 13 012 741154 014 18581 826 055 12 391 289141 108 18592 008 423 13 549 670246 863 Este estado manifiesta que de 1853 a 1859, la exportacin del azcar se aument en 351 231 cajas: la del tabaco en rama, en 5 509 873 libras; y la del tabaco elaborado, en 9 513 millares de cigarros puros.3 Como la epidemia del clera no empez a principios ni a mediados, sino a fines de 1853, podr decirse, que los estragos de ella no influyeron en la produccin de 1853. Prescindamos, pues, de dicho ao, y hagamos la comparacin de 1854 a 1859. El resultado ser que la exportacin del azcar aument en 322 672 cajas: la del tabaco en ramas, en 3 740 520 libras; y 3En la isla de Cuba se da el nombre de tabacos a los cigarros puros ; y el de cigarros al tabaco picado y envuelto en papelillos.

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JOS ANTONIO SACO /211 /211 /211 /211 /211 aunque la del tabaco elaborado tuvo la pequea disminucin de 4 450 millares de cigarros puros, esta diferencia queda ms que compensada con la excesiva exportacin del tabaco en rama. Es de advertirse, adems, que la disminucin que aparece en el tabaco elaborado, no consiste en la de operarios negros, pues que a esta grangera se aplican muchas personas blancas, sino en que de algunos aos ac, se han establecido en el extranjero muchas fbricas de tabaco, y como los jornales son all ms baratos que en Cuba, los pequeos fabricantes de sta, no pudiendo competir con aqullas, se han visto forzados a disminuir el nmero de sus operarios, y aun a cerrar algunos sus talleres. El proyecto en cuestin, consta de dos partes, y la primera contiene las bases o condiciones, bajo las cuales pretende su autor realizarlo; mas, yo me contentar con hacer sobre ellas algunas observaciones generales sin entrar en el examen minucioso de cada una, pues que el gran mal para Cuba no consiste en el modo de introducir los colonos, sino en su misma introduccin. Ese proyecto, segn han observados algunos de los informantes que me han precedido en el expediente que tengo a la vista, es un monopolio, y si fuera cierto que la inmigracin de colonos negros es til a Cuba, debera darse a todos libre facultad de introducirlos, como se hizo en los ltimos tiempos en que fue lcito el trfico de esclavos, y como se hace hoy con los colonos asiticos. En el informe que han dado algunas corporaciones de esta ciudad, se tacha tambin, con razn, de inmoral el proyecto, porque no debiendo de introducirse hembras, o a lo menos muy pocas, los varones importados en tan cuantioso nmero contraeran relaciones ilcitas y de perniciosa trascendencia. Del mismo sentir soy yo, pero cuando contemplo en las terribles consecuencias polticas que envuelve la importacin de matrimonios y familias africanas, no vacilo en preferir esa inmoralidad a los trastornos que inevitablemente destrozaran nuestra Antilla. Esto es tanto ms de tener, cuanto el nmero de colonos africanos no sera de 40 000, sino de centenares de mil y aun de millones, si el gobierno concediera tan funesta permisin. A ese fin, no hay que dudarlo, se encaminan las ideas del proyecto, pues el seor Argudn que en su primera representacin se limita a pedir slo 40 000 colonos introducidos en 10 aos, ya en el pliego reservado de indicaciones que hizo al gobierno en junio de 1856, y que se halla a la pgina 46 de la primera pieza de este expediente, propone, que adems de los 40 000, se le permita introducir anualmente el nmero de 5 000 para reponer las bajas naturales. De aqu resulta, que los 40 000 colonos se convierten nada menos que en 90 000 en los 10 aos citados. En 9 de mayo de 1860, el seor Argudn se asoci para esta empresa con los seores D. Manuel Basilio de Cunha Reis, portugus, y D. Luciano

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OBRAS 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ Fernndez Perdones, asturiano, y del pliego de condiciones que en 3 de marzo de 1860 presentaron los dos ltimos al gobierno, y con el cual se conform enteramente el referido seor Argudn, aparece, que ya no se pide la introduccin de 40 000 colonos en los 10 aos, sino la de 60 000; pero bajo la condicin de que ese plazo se podr prorrogar por todo el tiempo que se juzgare conveniente para introducir nuevos colonos. De este modo, el proyecto de colonizacin cambia de naturaleza, porque de slo 10 aos que deba durar, se hace perpetuo, y del lmitado nmero de 60 000 africanos que se deban introducir, se pasa a lo infinito. Ni es sta la nica alteracin esencial que se nota entre el primitivo proyecto del seor Argudn y el de sus consocios Cunha Reis y Fernndez Perdones. El primero propone “ que atendiendo a la razn humanitaria no habran de ser comprados los colonos a ningn vido especulador, o a los feroces caciques, por evitar que por coger el precio vil de aquellos miserables, se dedicasen a cazarlos como fieras y segn han solido ejecutarlo siempre que ha estado interesada su srdida codicia ”. El seor Argudn cree que se podrn realizar sus deseos circunscribiendo la exportacin de los colonos al espacio comprendido entre Sierra Leona y la costa oriental de Mozambique, y poniendo agentes nombrados por el Gobierno espaol en Sofala, o en San Felipe de Benguela, en San Pablo de Loando, en Calabar Viejo y Sierra Leona. Pero todo este edificio se desploma al golpe de las nuevas proposiciones que han hecho sus consocios, y que l mismo ha adoptado. He aqu las palabras del artculo 4 que present la nueva Compaa. “La Sociedad concesionaria no podr importar en la isla de Cuba, bajo las seversimas penas establecidas en derecho contra los plagiarios, sino colonos libres y hombres sui juris o legalmente autorizados para contratar. En su consecuencia, y en la de suponerse que en las posesiones espaolas africanas no ser posible encontrar el nmero de individuos que deban componer la inmigracin acordada, queda la expresada Sociedad autorizada para extraerlos de los dominios portugueses, tales como Cabo Verde, Besao, Cacheo, Loanda, Benguela, Ambriz y dems puntos donde puedan adquirirlos o proporcionarlos ”. Es, pues, evidente que cuando el seor Argudn era nico empresario, circunscribi la exportacin de colonos a slo las regiones comprendidas entre Sierra Leona y Mozambique; mas, ahora que est asociado con otros, extiende sus operaciones, no slo a todo el continente africano, sino a los dems pases del globo que puedan proporcionarle colonos negros. Y en tales circunstancias, cmo se podr concebir ni aun la ms remota esperanza de que en esas srdidas especulaciones sern respetados los derecho de la libertad? Cmo no se han de comprar esclavos con el nombre de colonos a las tribus africanas que viven destrozndose en continua guerra y que de intento la promueven muchas veces, para

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JOS ANTONIO SACO /213 /213 /213 /213 /213 vender a los infelices que caen prisioneros? Por ms honradez que se quiera conceder a todos los agentes nombrados para intervenir en la exportacin de los colonos, ellos se vern rodeados de dificultades tan insuperables, que no podrn desempear fielmente sus funciones; y aun suponiendo que lo pudiesen, las expediciones que salieran autorizadas por ellos, encontraran, como ms adelante dir, obstculos tan poderosos, que los empresarios mismos y el gobierno no podran continuar en tan comprometida empresa. Los artculos 5 y 6 del proyecto de la Compaa de los seores Argudn, Cunha Reis y Perdones, permiten que se compren esclavos, si no se pudieren hallar negros libres; pero bajo la condicin de que se les ha de dar la competente carta de libertad, la cual ser otorgada por el escribano pblico del lugar, y en su defecto, por la autoridad del distrito. Todas estas precauciones no prestan la ms leve garanta, porque pudiendo la empresa sacar los negros de cualesquiera partes que sean, es imposible encontrar en todas ellas esos escribanos pblicos y esas autoridades de distrito, que aseguren la libertad de los colonos. A stos los considera el seor Argudn, como utilsimos a Cuba. Pero si es as, por qu les teme tanto, que segn la base 7 de la primera parte de su representacin, quiere y recomienda, que cumplido que hayan su contrata, no puedan permanecer en la Isla, por ningn ttulo y bajo ningn pretexto ? Esta medida que propone el seor Argudn revela el inmenso peligro que su proyecto encierra contra la seguridad de Cuba. La base dcima de la primera parte del proyecto dice, que cuando se importaren en Cuba algunos matrimonios, los hijos que de este consorcio nacieren en ella, aunque libres, “ deben servir sin salario al patrono desde que fueren aptos para ello, hasta los 18 aos, en compensacin de los gastos hechos para criarlos y del tiempo perdido por sus madres para tener cuidado de ellos. A los 18 aos, empezar a pagrseles el mismo jornal de cuatro pesos mensuales si se engancharan por contrata, y no siendo as, se les enviara fuera de los dominios espaoles, al punto que ellos eligieran; esta disposicin que nada tendra de tirnica, ya que se les dejaba la eleccin de quedarse al lado de sus padres con las consideraciones antedichas, la aconseja la poltica, para no recargar nuestras posesiones de Ultramar de una clase de poblacin que no deja de ofrecer graves inconvenientes, como es la de libertos de color ”. Algunas de las disposiciones de esta base estn en contradiccin con la 7. En sta se propone, que los colonos que hayan cumplido su contrata no pueden permanecer en la Isla por ningn ttulo y bajo ningn pretexto pues se les considera como muy peligrosos; mas, en la base dcima, a pesar de que se reconoce que los hijos de esos colonos nacidos en Cuba son una clase de poblacin que ofrece graves inconvenientes a la tranquilidad de la Isla, a esos mismos se les permite que cuando cum-

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OBRAS 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ plan la edad de 18 aos, se enganchen por contrata, y se queden sirviendo a la persona que quieran. sta es una contradiccin, pues si a sus padres, por los temores que inspiran, se les debe lanzar de la Isla, cumplidos que sean los diez aos de su contrata, por qu a sus hijos nacidos en Cuba y cuya permanencia en ella ofrece tan graves inconvenientes se les permite quedarse siempre en ella, cuando debieran ser expulsados con tanta o ms razn que sus padres? La base undcima tambin est en contradiccin con la sptima, pues mientras sta, segn se ha dicho, exige imperiosamente la expulsin de todos los colonos que hayan servido diez aos, la base undcima permite que los hijos pequeos que esos colonos hayan trado de frica a Cuba, permanezcan entre nosotros. Y estos hombres educados en nuestra tierra, y que han adquirido las ideas y las luces de nuestra civilizacin, no son infinitamente ms peligrosos a la tranquilidad de esta Antilla, que sus ignorantes padres? Y entonces, por qu infunden stos tan graves temores al autor del proyecto, y no aquellos que son cabalmente los ms peligrosos? Cuando el seor Argudn pasa a indicar las providencias que en su concepto debieran adoptarse en Cuba para repartir los colonos, dice en el nmero 7 que “quedarn exentos del pago de los jornales, los que hubiesen admitido colonos inutilizados, o los que acreditasen debidamente que hubiera cado en tan desgraciada situacin alguno de los que les hubiesen sido endosados en buena salud, porque en tales casos, lejos de reportar ultilidades del presunto servicio del colono enfermo, habra de sufragar los gastos de su asistencia y curacin”. Esta razn que a primera vista parece fundada, es del todo inadmisible, porque abre la puerta a muchos fraudes, y reduce al colono al estado de esclavo, hacindole trabajar para otro, y sin recompensa alguna para s. Si los colonos estn inutilizados, y por lo mismo no pueden prestar servicio alguno, quin ser tan necio que se los adjudique para slo gastar en ellos? Pero si se los adjudica, no hay motivo fundado para creer que el adjudicatario sacar de ellos algunas ventajas? En cuanto a los colonos aptos para el trabajo al tiempo de su repartimiento, pero inutilizados despus, no habra muchos adjudicatarios que para eximirse del pago del jornal, quisiesen probar que ya el colono les era improductivo? Vivimos por desgracia, seor excelentcimo, en un pas donde abundan los medios de corrupcin, y donde muchas veces el brazo de la justicia es impotente contra los esfuerzos del inters y la maldad. Yo creo que el artculo 7 a que me refiero, lo mismo que el 8 y 9 son un sistema de esclavitud solapada, bajo el nombre de colonizacin libre africana. De ello ofrece una prueba la lista presentada por el seor Argudn de las personas que le han pedido negros y que se halla al folio 33 de

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JOS ANTONIO SACO /215 /215 /215 /215 /215 este expediente. El nmero de esos individuos asciende a 600, aunque hay algunos nombres repetidos; pero lo notable es, que muchos de ellos no son hacendados, y que, sin embargo, estn suscritos por 100, 200, 250, 300 y aun hasta 500. Cul, pues, ser la inversin que esas personas darn a tan considerable nmero de negros, cuando no tienen haciendas ni fbricas en que emplearlos? La inferencia natural es, que especularn con ellos, revendindolos como esclavos. Y no se diga que esto se impedir, porque el proyecto del seor Argudn y compaa, se fija el precio del traspaso de cada colono en 10 onzas de oro, pues ya esta condicin ha sido alterada por el nuevo proyecto de los seores Cunha Reis y Perdones, al que se ha adherido en todas sus partes el seor Argudn. Y aun cuando no existiese alteracin alguna, todos saben que es muy fcil eludir esa tarifa, ponindose de acuerdo los vendedores y compradores de los colonos africanos. Siendo, pues, la tendencia de ese proyecto el esclavizar a los colonos, cmo podremos lisonjearnos con la vana idea de que ellos sern reexportados de Cuba, cumplido que hayan su primera contrata? Eso no suceder, as porque su gran nmero presentar inmensas dificultades pecuniarias, como porque el inters de muchos propietarios se empear en retenerlos. Cometeranse tambin fraudes de varias especies durante su enganche, y a veces acontecer que, cuando muera un esclavo, se dar por muerto un colono, dejndolo esclavizado; y aun sin morir aqul, bien podr darse a ste por muerto. Por ltimo, como prueba del poco respeto con que los empresarios miran la libertad del colono africano, basta decir que ste puede ser traspasado o endosado, sin su consentimiento, a todo el que quiera aprovecharse de sus servicios. En este punto, el colono es de peor condicin que el esclavo, pues ste al menos tiene en el sndico un protector legal que le ampara. Pero libres o esclavos esos africanos, conviene a Cuba abrigarlos en su seno? De ninguna manera. Lejos de sernos provechosa la nueva introduccin de africanos, ella agravara los enormes males que ya nos ha causado la que hasta ahora hemos tenido. Ella es una de las causas principales que han encadenado el rpido progreso de la blanca poblacin; ella, la que ha derramado su mortal veneno en el seno de la familias y en el corazn de la sociedad; la que ha desalojado de los campos a muchos blancos que hubieran sido honrados labradores; ella, la que privndolos de trabajo, los ha hundido en la vagancia y desmoralizacin; ella, la que con su pernicioso influjo, hace que las grandes propiedades vayan menguando o absorbiendo muchas de las pequeas; y ella, en fin, la que va plagando los campos de Cuba de ociosos proletarios, que si en otros pueblos han sido funestos, entre nosotros pudieran serlo an ms que los mismos esclavos.

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OBRAS 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ El estado en que se halla, Excmo. seor, nuestra blanca poblacin rural es en extremo lamentable. No es mal reciente el que la aqueja, pues que viene de muy atrs, y en vez de disminuir, se aumenta cada da. Yo no puedo exponer en este informe todas las causas que la han trado a tan deplorable condicin; pero no debo ocultar a V.E. que una de las ms graves, consiste en los billares y galleras que tanto abundan en nuestros campos. Esas sentinas, que tal es el nombre que merecen, abiertas estn todos los das y a todas horas, y son el refugio de la gente perdida: ellas, la escuela donde empezando los jvenes por odiar el trabajo acaban por corromperse; ellas, las que entregando el marido al juego y a otros vicios, comprometen la fidelidad de la esposa y el honor de las hijas; ellas, en fin, el origen de los delitos y crmenes que difunden la alarma y el terror en la apacible mansin de los campos. Si tantos hombres de nuestra raza hubieran sido arrancados de la vagancia y del vicio desde su primera juventud, nuestra agricultura tendra hoy hasta en los cafetales e ingenios muchos y muchos millares de brazos blancos, que al paso que fueran entendidos labradores, seran tambin el ms slido fundamento de la pblica tranquilidad. Pero tan grandes ventajas no se podrn alcanzar, mientras recibamos de frica los brazos que han de labrar nuestras tierras. Al decir esto, no se crea que yo soy del nmero de aquellos que abogan directa e indirectamente por la inmigracin de los asiticos. Enemigo soy tambin de ella, pues si de momento remedian las necesidades agrcolas, sustituyndose a los negros, al mismo tiempo alejan a los blancos de la agricultura; y si pronto no se ataja el nuevo torrente que empieza a inundarnos, tristes consecuencias polticas y morales llorar en no lejano da esta Isla desventurada. Si la raza africana est comprometiendo el feliz porvenir de Cuba, la raza asitica que se ha comenzado a introducir, complica ms nuestra situacin, pues que a dos razas inconciliables que antes tenamos, ahora viene a juntarse una tercera que no puede amalgamarse con ninguna de las dos, por ser del todo diferente en su lengua y su color, en sus usos y costumbres, en sus ideas y sentimientos, y aun en sus principios religiosos. Poltica muy aventurada es la que se empea en mantener la tranquilidad de Cuba, introduciendo varias razas, y contraponiendo unas a otras. Este equilibrio no puede ser de larga duracin, y por ms esfuerzos que se hagan para mantenerlo, da vendr en que forzosamente se rompa, ora juntndose todas las razas contra los blancos, ora dividindose entre s y auxiliando a algunas de ellas, o hacindose todas mutua guerra.4 Nunca se olvide, que al negro esclavo se le podr incitar a la 4Vanse los artculos sobre chinos en Cuba donde el autor ha manifestado los males polticos y morales que ha de ocasionar su numerosa introduccin y permanencia en esta Isla, pp. 139 y 143.

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JOS ANTONIO SACO /217 /217 /217 /217 /217 rebelin ofrecindole la libertad, y que al negro libre y al asitico se les halagar con la igualdad de derechos con el blanco. En nuestra peligrosa situacin, vale ms una prosperidad lenta, pero segura, con brazos bancos, que no un rpido engrandecimiento con negros, con chinos, o con hombres de otra raza, para caer despus en la sima insondable, que ya se abre a nuestros pies. Es una triste verdad, que en nuestro actual estado, Cuba no puede darnos de un golpe todos los brazos de que habemos menester. Mas, por eso iremos a pedirlos como hasta aqu a las regiones africanas? Pues que, no hay otra clase de hombres, cuales son los blancos, que pueden prestarnos los mismos, y aun mejores servicios materiales, sin poner en peligro la existencia de esta Antilla? Est ella por ventura, condenada por la naturaleza, a slo servirse de brazos africanos o de otros exportados del asitico continente?II5Si tendemos la vista por los campos de Cuba, observaremos que la mxima parte de su riqueza pecuaria consiste en el trabajo de los blancos; y esto era mucho ms general en los pasados siglos que en el presente, porque entonces no haba tanta facilidad de comprar esclavos como despus. Respecto de los productos de la agricultura, obra han sido desde los tiempos de la conquista hasta nuestros das, no tanto de los negros, cuanto de los blancos. No hay muchos millares de estos que cultivan con sus propias manos el tabaco y todo lo que se da en las estancias y en otras fincas menores? Tan patente es la verdad de estos asertos, que nadie osar negarlos en Cuba. En cuanto al cultivo de la caa de azcar, repiten muchos, ya de buena, ya de mala fe, que el trabajo de los ingenios es tan duro que no puede ejecutarse en Cuba por hombres blancos. Aqu conviene observar, que este trabajo se compone de dos partes esencialmente diferentes: una puramente agrcola que es el cultivo de la caa, y otra fabril que consiste en el conjunto de las operaciones necesarias para la elaboracin del azcar. La primera parte es ms fcil que algunas otras labranzas en que se emplea la gente blanca de Cuba, la cual siempre ha cultivado la caa llamada all criolla o de la tierra para venderla en todos los pueblos de la Isla, donde se consume como otros vegetales. Respecto de la parte fabril, es inconcuso que la construccin de caminos, puentes y canales, las herreras, la explotacin de las minas y canteras, y la preparacin de algunas sustancias qumicas son trabajos mucho ms recios, que la elaboracin del azcar. Y si todo esto se hace 5 Revista Hispano-Americana Madrid, 12 de abril de 1865.

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OBRAS 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ en todos los pases por hombres blancos, por qu tambin no podrn stos ocuparse en las tareas de un ingenio, y mucho ms, en un tiempo en que la invencin de nuevos instrumentos y mquinas aplicables a la agricultura, y los progresos ya hechos, y otros nuevos que la qumica har en la fabricacin del azcar, han de simplificar ms y ms las tareas de un ingenio? Nunca debe confundirse la realidad de una cosa con el abuso de ella, y esto es, por desgracia, lo que generalmente ha sucedido en Cuba con el trabajo de los ingenios. Hubo un tiempo en que muchos amos de stos impusieron a sus esclavos tareas tan pesadas, que eran superiores a las fuerzas humanas. De aqu naci y se propag en Cuba la errnea opinin de que si los negros se rendan al trabajo de los ingenios, no era dable que los blancos a quienes se consideraba ms dbiles, pudiesen resistirlo. Las dems fincas no estaban sometidas a tanta dureza, y seguro es, que si en ellas se hubiese establecido el mismo rgimen que en los ingenios, las consecuencias no habran sido menos lamentables. Hoy por fortuna los hacendados entienden mejor sus intereses, y mejor tratados que antes los esclavos de los ingenios, se ha disminuido la causa ms poderosa que a tantos daba la muerte, y que tanto ha contribuido a engendrar tan fatal preocupacin contra la actitud de los blancos. La agricultura cubana, Excmo. Seor, necesita una reforma radical. Ella gime bajo la influencia de causas econmicas, morales y polticas, que ni la naturaleza de este informe, ni la premura con que V.E. me lo pide, me permiten desenvolverlas; pero hay una, que ya por s, ya por el enlace que tiene con las otras, ha alejado de nuestros ingenios al colono blanco. Esta causa es la reunin, o mejor dicho, la confusin en ellos de las tareas agrcolas y fabriles. Todos saben aqu por experiencia, que con la organizacin actual de tales fincas, no es posible que colonos blancos tengan entrada en ellas, y que marchen confundidos al comps de los esclavos. Este mal se removera, en gran parte, con la divisin de esos dos ramos. La separacin de las tareas agrcolas de las fabriles se puede hacer de dos modos: o perteneciendo a un mismo dueo las tierras cultivadas y las fbricas y aparatos empleados en la elaboracin del azcar, o a dueos diferentes. En el primer caso, el propietario puede repartir sus tierras a colonos, ya pagndoles un salario por su trabajo, ya comprndoles el producto de ellas, ya dndoles una parte del rendimiento de la caa. Este mtodo es muy ventajoso, porque dividida la tierra en pequeas suertes, su cultura ser ms perfecta; si el ao es malo, ahorrar el hacendado los jornales que en el primer caso pagara; y como el inters del colono no est limitado por el salario fijo, se empear en cultivar mejor para que la caa rinda ms, pues que este rendimiento ser la medida de su ganancia.

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JOS ANTONIO SACO /219 /219 /219 /219 /219 La divisin de las tareas agrcolas y fabriles en los ingenios es la que ha hecho prosperar rpidamente en este siglo a la isla de Java y a otras colonias holandesas. Igual sistema se sigue en la India Oriental. Yo no s lo que pasa hoy en las provincias de Malaga y Granada en Espaa; pero en aos anteriores, las fbricas y los molinos tampoco pertenecan a los que cultivaban la caa. Del azcar que se elaboraba, se pagaba al fabricante la mitad en unas partes, y en otras una porcin diferente. Si hoy sucede lo mismo, repito que lo ignoro. Unas de las grandes ventajas que produce este sistema, es el ahorro de capitales en la elaboracin del azcar. Cuando el Gobierno francs, reinando Luis Felipe, nombr una comisin para examinar algunas cuestiones importantes relativas a sus colonias, le fue presentado por su presidente, el duque de Broglie, un luminoso informe en marzo de 1843, y en l se dice lo que ahora transcribo: “En efecto, si debemos atenernos a los hombres de la profesin, a los hombres experimentados en semejantes materias, ilustrados por los inmensos progresos que ha hecho entre nosotros la industria del azcar indgena [de remolacha], una fbrica bien montada, cuyos edificios son de un tamao regular, y las mquinas de una fuerza media, puede elaborar fcilmente cada ao de 1 a 2 millones de kilgramos de azcar. La Martinica fabrica anualmente casi 24 millones, y la Guadalupe casi 37. Veinte fbricas, pues, bien montadas, bastaran cumplidamente a la Martinica, y 30 a la Guadalupe, La primera tiene hoy 494 ingenios y la Guadalupe, 518: en otros trminos, existen en cada colonia tantas fbricas, cuantas son las herederas en que se cultiva caa. Desde luego salta a la vista la considerable prdida que debe causar semejante estado de cosas. ¡Qu cuantiosa suma de capital fijo debe hallarse absorbido intilmente en terrenos, edificios, mquinas y aparatos de toda especie! ¡Qu enorme cantidad de capital circulante debe hallarse intilmente disipada cada ao en reparacin, en conservacin, en salarios personales, y en gastos generales de toda clase! ¡Qu enorme cantidad de trabajo humano en cada hacienda debe sustraer intilmente la fabricacin a la balanza! Renuncien pues, en fin, los hacendados a este sistema ruinoso y aejo; entindanse entre s, asciense en grupos de 20, 30, 40, ms o menos, renan su crdito y sus capitales para sustituir a esa muchedumbre de fbricas dispendiosas y mezquinas, de trenes anticuados en que todava hoy hacen el azcar como se haca 150 aos ha, un corto nmero de fbricas bien situadas, bien construidas, provistas de todos los aparatos que la ciencia ha inventado, y la industria ha perfeccionado. Para esto bastar una reunin de capitales que no exceda de algunos millones [de francos] en cada colonia”. El autor del informe, cuyas palabras he transcrito, dice adems que si los hacendados de las colonias francesas, para instalar las nuevas f-

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OBRAS 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ bricas, y dirigir la elaboracin del azcar segn el mtodo que hoy se emplea, mandasen bscar a Europa algunos centenares de buenos obreros, de obreros inteligentes en la fabricacin del azcar de remolacha, no slo podran restituir al cultivo los vastos terrenos ocupados por edificios intiles, sino que ahorraran anualmente ms de la mitad de los gastos que hoy hacen improductivamente, y que obtendran de la caa un rendimiento doble del que hoy consiguen. Estas consideraciones son aplicables, hasta cierto punto, a los hacendados cubanos, y principalmente a los que en lo sucesivo se dediquen a la granjera del azcar, pues que no harn los gastos que hoy gravitan sobre los actuales amos de ingenios. No han faltado hombres en Cuba que hayan clamado contra la reunin del trabajo agrcola y fabril en los ingenios; y larga sera la lista de los buenos patricios que yo pudiera mentar; pero desgraciadamente sus clamores nunca han sido escuchados. Muchos aos ha que la Sociedad Econmica de La Habana volvi su atencin a tan importante objeto, pues en 20 de marzo de 1817, ofreci un premio de 500 pesos y una medalla de oro a la Memoria (tales son sus palabras) que mejor y ms claramente explique cmo se pudiera establecer, en los distritos montuosos de esta Isla, que se repartan y entreguen a la labranza en pequeas porciones, el cultivo de la caa dulce y elaboracin del azcar, por la unin de muchos labradores, que cultivando cada uno porcin determinada de la planta, la llevasen a un trapiche o ingenio comn, situado en el centro de las posesiones del cultivo. Deber la Memoria presentar presupuestos, tanto sobre el costo de fundacin del ingenio comn en su primero y progresivo establecimiento, como de la parte de la utilidad o retribucin en azcar fabricada que correspondiese a cada labrador de caa, ya en el extremo de cortar l mismo la caa y conducirla al trapiche, o en el extremo opuesto de pagar tambin por separado el corte y conduccin, proponiendo este pensamiento como til y posible en los distritos remotos de la capital para que se proveyesen de azcar, como tambin de aguardiente; sobre cuya destilacin deber la Memoria presentar asimismo los conducentes clculos y presupuestos de un alambique comn agregado al propio ingenio para la conversin de mieles en espritu.6Ni se crea que sta fue la vez primera que para Cuba se pidi la divisin del trabajo en los ingenios. Ya desde 1520, o sea 28 aos despus del descubrimiento de Amrica, y cuando empezaba el cultivo de la caa en las Antillas, fray Luis de Figueroa, prior del monasterio de la Mejorada, del orden de San Gernimo, y presidente de la Audiencia de 6 Memorias de la Real Sociedad Econmica de La Habana correspondiente al ao de 1817, nmero 3.

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JOS ANTONIO SACO /221 /221 /221 /221 /221 la Espaola, pidi a Carlos V, que se hiciesen a costa de la Real Hacienda algunos ingenios de azcar en aquella isla y en las de Cuba, Puerto Rico y Jamaica, do acudiesen a moler sus caas, los vecinos que no tenan facultades para fabricar ingenios, pagando por moleduras lo que justo fuese. ¡Tan antigua es en las Antillas espaolas la teora de la divisin del trabajo agrcola y fabril en los ingenios de ellas!7Dirase, contra todo lo expuesto, que los grandes obstculos, no nacen ni de la ndole de los cultivos, ni de la dureza y reunin de los trabajos en los ingenios, sino del clima de Cuba, cuyo rigor opone a la raza blanca una resistencia invencible para las tareas tropicales. A tan infundadas ideas, responden victoriosamente los hechos ms claros consignados en la historia de todas las Antillas, y un hecho reciente en Cuba ser una de las primeras pruebas que invocar. Pocos aos ha en ella se hizo un ensayo con xito favorable. Un propietario cataln, vecino de la ciudad de Puerto Prncipe, fund en aquella jurisdiccin un ingenio, cuyos trabajadores fueron todos introducidos de Catalua, con el objeto especial de demostrar que los blancos pueden emplearse en las tareas agrcolas e industriales de un ingenio. Dado que fue el primer paso, todo marchaba prsperamente, y sin duda que as habra continuado, a no haber sido por las interesadas sugestiones de algunos tenderos de aquella ciudad, que haciendo a los colonos catalanes proposiciones pecuniarias ms ventajosas, al fin los arrancaron de sus rsticas ocupaciones. De este modo termin aquel feliz ensayo; pero tngase siempre entendido, que ni la dureza de los trabajos del ingenio, ni los rigores del clima cubano fueron la causa que acab con tan patritica empresa. Los partidarios del comercio africano exageran la influencia de la fiebre amarilla para impedir la inmigracin blanca en nuestro suelo. Yo no negar que esta causa pueda obrar de algn modo en el nimo de aquellos que quieran establecerse en La Habana, que es uno de los puntos de Cuba, donde aquella enfermedad suele desarrollarse con alguna fuerza en ciertos meses del ao; pero esta consideracin no es aplicable a los labradores, porque ellos no vendrn a fijarse en La Habana ni en otras ciudades martimas, sino a distancia de las costas, y fuera de la zona en que nunca, o rara vez, se contrae el germen de la fiebre. sta, por temible que sea a los blancos procedentes de climas fros o templados, no lo es para todos en igual grado, ni tampoco reina con la 7Me complazco en manifestar, que un ao o dos despus de presentado este informe al gobierno, un hacendado muy conocido en La Habana ha resuelto en sus ingenios el doble problema de la divisin del trabajo y el del cultivo de la caa por colonos blancos, pues tiene repartidas las tierras de sus fincas, ya entre ellos, ya entre labradores de color. Estos ingenios pueden considerarse como modelos, y ¡ojal que los dems hacendados imitasen tan buen ejemplo!

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OBRAS 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ misma fuerza en todas las estaciones del ao, pues en ciertos meses, o no existe, o raro es el caso que se presenta. Esa enfermedad puede disminuirse notablemente y aun hacerse desaparecer en algunos de los parajes donde reina, combatindola con las medidas higinicas y sanitarias que tan abandonadas estn entre nosotros. Quin negar que el da en que las calles de las ciudades y pueblos de Cuba sean lo que deben ser, en que en ellas y en sus inmediaciones se desequen los pantanos que son un foco de infeccin y de muerte; en que la limpieza se lleve hasta la choza de los infelices; y en que se establezca por todas partes una polica vigilante y preservadora de la pblica salubridad, quin negar, repito, que entonces habr dado un gran paso en atenuar los estragos de la fiebre y en fomentar la poblacin blanca? Aun sin tomar ninguna de las precauciones anteriores, hanse visto en Cuba los ventajosos resultados que produjeron los esfuerzos del buen intendente Ramrez. A l se debi en 1818 la formacin de una Junta de poblacin blanca que se compuso del Excmo. seor capitn general D. Jos Cienfuegos, de aquel ilustrado intendente, de tres vocales propietarios y de tres suplentes. Para crear fondos se impuso por los acuerdos de 7 de febrero y 7 de mayo de dicho ao un derecho de 6 pesos sobre cada negro varn que se introdujese; pero este tributo ces en 1820, por haber empezado entonces la prohibicin del trfico de esclavos africanos. La Junta, sin embargo, no se disolvi, pues que se le aplicaron nuevos fondos, que desgraciadamente se han invertidos en otras cosas. No es mi objeto trazar aqu la historia de aquella Junta; y por eso me limitar a decir, que en aquel perodo fue cuando se form el ncleo de las poblaciones de Nuevitas, Jagua o Cienfuegos, e isla de Pinos. Yo quisiera, Excmo. seor, poder insertar en esta parte de mi informe, todas las reflexiones y argumentos de una Memoria publicada en 1845 por el cubano D. Jos Antonio Saco sobre el interesantsimo punto que ahora nos ocupa;8 pero en la imposibilidad de hacerlo, V.E. me permitir que transcriba aquellos pasajes que demuestran hasta la evidencia, cun infundada es la acusacin que se fulmina contra el clima de Cuba. “Y ya que tanto se pondera la resistencia de los negros africanos al clima de Cuba, bueno ser traer a la memoria lo que all se ha visto con frecuencia, y lo que por lo mismo nadie podr negar. No emigran a Cuba a centenares los isleos de Canarias? No llegan en cargamentos despus de una larga travesa? Y cuntos mueren en ella? Cuntos en 8Esta Memoria se intitula “La supresin del trfico de esclavos africanos en la isla de Cuba, examinada con relacin a su agricultura y a su seguridad” por D. Jos Antonio Saco.—Hllase reimpresa en el tomo segundo de la Coleccin de papeles cientficos histricos polticos & sobre la isla de Cuba por el mismo seor Saco.

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JOS ANTONIO SACO /223 /223 /223 /223 /223 los primeros das despus de su arribo aun en la estacin ms calurosa? Cuntos despus que se entregan al cultivo de los campos, o a otras ocupaciones? Un nmero cortsimo, un nmero insignificante comparado con el de los esclavos africanos. Y si tenemos este dato irrefragable, por qu se empean algunos en repetir que el clima cubano se opone a que las tareas de un ingenio sean desempeadas por brazos blancos? La observacin que he hecho respecto de los canarios, es todava ms aplicable a los mismos blancos cubanos, porque, adems de estar exentos de la fiebre amarilla, nada es ms comn que verlos en los campos, sufriendo da y noche los rigores de la intemperie, y vencindolos todos con una fortaleza superior a la del ms robusto africano”. Ensanchando el crculo de estas reflexiones, aun podemos preguntar: Acaso impide el clima que millares de espaoles europeos, de norteamericanos, franceses, ingleses, alemanes y otros habitantes de pases fros, fijen en Cuba su domicilio, y se dediquen al comercio y a las artes, o a otras profesiones lucrativas? No van casi todos ellos a establecerse en los puertos de mar, y particularmente en La Habana, que es el punto de la Isla donde en la estacin calurosa estn ms expuestos a los ataques de la fiebre? Fiebre hay tambin en otras Antillas; y hablando de las francesas, un escritor que residi muchos aos en ellas, y que ciertamente no es partidario de sus climas, se ve forzado a reconocer la aptitud de los europeos para los trabajos coloniales. Oigmosle: “Hemos visto en Santo Domingo, en la Guadalupe y Martinica, al principio de este siglo, cuerpos de tropas blancas, siempre alerta y en movimiento, ejecutar en escala mayor fortificaciones de campaa, y concluir estas faenas con tanta prontitud y con tan buen xito como si hubieran vivido bajo el cielo de Europa. Ellas resistan a la invasin de las enfermedades tropicales, aun mucho mejor que los soldados de las guarniciones que vivan en el descanso y la ociosidad”. Todava es ms concluyente lo que en otra parte refiere. “En 1807, como impidiese el bloqueo de los puertos de la Martinica proveer de vveres la isla, fue preciso ocurrir a recursos extraordinarios para alimentar su guarnicin. Diose a los soldados, cuyo servicio no era de absoluta necesidad, licencia para ir a trabajar en los campos por su cuenta. A pesar de la crticas circunstancias de aquel tiempo, su salario mensual, segn los ajustes que hicieron, no baj de 12 pesos fuertes, adems de la manutencin, y para un gran nmero fue mucho ms considerable. Los hacendados quedaron tan satisfechos de su buena conducta y de su trabajo, que los pedidos que hacan de nuevos trabajadores, excedan en mucho al nmero de los que se les podan conceder”.9 9 Recherches statistiques sur l’esclavage colonial par M. Alex Moreau de Jonns. —Pars, 1842.

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OBRAS 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ A estos hechos aadir, que expuestos a todo el rigor del clima y en medio de caminos intransitables ejercen, no negros sino blancos, el oficio de carreteros en los campos de Cuba, cuyo trabajo es mucho ms recio que todas nuestras tareas agrcolas. Tampoco debo omitir lo que hace algn tiempo se practica a las puertas de La Habana en la hacienda del Vedado, perteneciente al seor conde de Pozos Dulces y hermanos. Arrendado est all un horno de cal, y todas las operaciones, as de la combustin como de la extraccin de las piedras que se han de quemar, se hacen, no por negros indgenas ni africanos, sino por gallegos que se mantienen vigorosos en medio de la intemperie. A veces tambin se han empleado en la explotacin de aquellas canteras blancos jornaleros, que al par de los negros han ejecutados los trabajos de rozador como all se llaman, y que son cabalmente los ms recios de ellas. “Las preocupaciones, prosigue el seor Saco, a que el comercio de negros ha dado origen contra el clima de las Antillas, se refutan tambin victoriosamente con su colonizacin primitiva, y con las oscilaciones que en ellas ha experimentado la raza blanca. Se ha vista que sta, en unas mismas islas, ora ha menguado, ora ha crecido, ora ha quedado casi estacionaria, y todas estas alternativas han acaecido con absoluta independencia del clima. ”Cuando la Francia extendi su imperio a las Antillas, en la primera mitad del siglo XVII, no se vali de negros para fundar sus primeros establecimientos. De la Normanda pasaron a centenares los colonos, que por algunos aos se destinaron a todos los trabajos de las islas francesas; y como se comprometan a servir por tres aos, llamseles engags 36 mois Andando el tiempo, aquellos campos dejaron de cultivarse exclusivamente por gente blanca: mas, esto acaeci, no porque el clima lo resistiese, sino por los desrdenes de la administracin, por la crueldad con que se trataba a los colonos, y por el ejemplo de otras colonias, en que ya se empleaban negros africanos, que producan grandes ganancias a hacendados y traficantes. Sin ese fatal aliciente, la inmigracin europea hubiera continuado, pues su enemigo mortal no ha sido el clima de las Antillas sino el trfico de esclavos. ”Poca gloria cupo a los ingleses en la colonizacin de aquellas islas. Casi todas las que hoy poseen, las conquistaron de otras naciones; pero las pocas que poblaron ellos, recibieron por primeros cultivadores, no negros africanos sino colonos europeos”. Espaa descubridora del Nuevo Mundo fue tambin la primera que dio el ejemplo de la colonizacin blanca. Aunque la isla llamada Hait por los indios y Espaola o Santo Domingo por los europeos, no fue la primera tierra que Coln descubri en el Nuevo Mundo, fue, sin embargo, la primera en que los castellanos asentaron su dominacin. Todos los habitantes que poblaban la Amrica, eran de raza india, y aunque la

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JOS ANTONIO SACO /225 /225 /225 /225 /225 necesidad de brazos se hizo sentir all desde el principio, los primeros esfuerzos del Gobierno espaol se dirigieron a introducir en el Nuevo Mundo hombres blancos y no negros, de los cuales haba muchos en Espaa desde siglos anteriores. No ocurri a Coln el pedir stos para el laboreo de las minas, y los trabajos de la agricultura. La Real Cdula de 9 de abril de 1495, mand que en cuatro carabelas destinadas entonces para la Espaola, se enviasen, entre otras cosas, 10 o 12 labradores de Castilla y algunos hortelanos. La de 23 de abril de 1497 autoriz a Coln para que tomase a sueldo hasta el nmero de 330 personas blancas, y que las emplease en Indias del modo siguiente: 40 escuderos, 100 peones de guerra y de trabajo, 30 marineros, 30 jinetes, 20 lavadores de oro, 50 labradores, 10 hortelanos, 20 artesanos de todos oficios y 30 mujeres. Blancos tambin se mandaron introducir por la Carta Patente de 22 de junio de 1497; y en 1501 el gobierno ajust asiento con Luis de Arreaga para llevar a la Espaola, 200 vecinos casados, y fundar en ella cuatro villas.10La vez primera que Casas, pas de Amrica a Espaa en defensa de los indios, fue en 1515, y a los dos aos y medio de estar en la corte, present al gobierno un memorial proponiendo varios remedios para las Indias, y en el primero pidi, que se pregonase libertad general aun a los extranjeros para que se avecindasen en la Espaola, Jamaica, Puerto Rico y Cuba, ofrecindoles tierras y otras mercedes.11El licenciado Alonso Zuazo empleado en la Espaola, escribi al gobierno en carta de 22 de enero de 1518, las palabras siguientes: “Hay necesidad que puedan venir a poblar esta tierra libremente de todas las partes del mundo, e que se d licencia general para esto, sacando solamente moros e indios e reconciliados hijos e nietos de ellos ”.12 Todo esto prueba bien a las claras, que en aquellos tiempos en que el clima de las Antillas debi de ser menos saludable que hoy, la raza europea se miraba como muy til para los trabajos de la agricultura. Cierto es que entonces los pobladores de las Antillas espaolas pidieron negros; pero jams se fundaron en la insalubridad de su clima, sino en la falta de brazos que se experimentaba por la mortandad de los indios y por la emigracin de los muchos blancos que de las islas pasaban al continente en pos del oro y plata de las minas que en l se haban descubierto. As fue, que la isla de Santo Domingo, alarmada por los negros que ya tena, 10Herrera: Dcada 1, lib. 4, cap. 2. 11Este memorial se halla en el tomo 75 de la Coleccin de documentos inditos por D. Juan Bautista Muoz, existente en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid. 12Muoz: Coleccin de documentos inditos

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OBRAS 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ pidi al gobierno desde 1520, que dejase pasar a ella gente de cualquier nacin.13Para fomentar la poblacin blanca en Amrica, Carlos V expidi una Real Cdula14 a 9 de septiembre de 1531, concediendo muchas franquicias a todos los labradores y dems gente blanca que a ella pasasen, as de Espaa, como de las otras naciones que dependan de su Corona.III15“Las vicisitudes, dice la citada Memoria del seor Saco, que en muchas de las Antillas ha experimentado la poblacin blanca, no se pueden explicar por la influencia del clima. “Inglaterra se apoder de Jamaica en 1655. Ignrase cul fue entonces su escasa poblacin blanca; pero sbese que mengu mucho con la guerra y con la emigracin de las familias espaolas que la habitaban. Los trastornos de la Gran Bretaa despus de la muerte de Cromwell, y los temores de sus partidarios al ver desde 1560 los sntomas ciertos de la restauracin de los Estuardos, hicieron pasar a Jamaica muchos sbditos britnicos. Con este impulso, la poblacin blanca lleg a los siete aos de la conquista a 4 500. Al mismo tiempo, la isla se convirti en guarida de los piratas, que al paso que infestaban el mar de las Antillas, saqueaban tambin las colonias espaolas. Afluyendo a ellas las riquezas, los blancos aumentaron; y segn carta escrita por Toms Lynch, su gobernador, al lord Arlington, ministro de Estado, ascendiendo en 1673 a 7 786. Mas, habiendo cesado enteramente la piratera, la poblacin blanca perdi el estmulo que entonces la fomentaba, y menguando ms bien que creciendo en los 60 aos posteriores, todava en 1734 no baj de 7 644. Encendida la guerra entre Inglaterra y Espaa en 1739, las escuadras y los cruceros britnicos renovaron sus ataques contra los buques y los establecimientos espaoles; y volviendo Jamaica a enriquecerse, la poblacin blanca cobr nuevas fuerzas, elevndose en 1742 al total de 14 000. Reanimose tambin con la independencia de los Estados Unidos; pues algunos de los ciudadanos que se mantuvieron fieles a la madre patria, se fijaron en aquella isla. Con estos auxilios, la poblacin blanca subi en 1791 como a 30 000. Yo no s si despus tuvo algn aumento; pero lo cierto es que, abandonando muchos blancos la Jamaica, su nmero no llega hoy a 16 000. Y se atribuirn al clima tantas oscilaciones en los nmeros de la raza blanca? No es claro que solamente han provenido de 13Herrera: Dcada 2, lib. 9, cap. 7. 14El origen de esta real cdula se halla en el Archivo General de Indias en Sevilla. 15 Revista Hispano-Americana 27 de abril de 1865.

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JOS ANTONIO SACO /227 /227 /227 /227 /227 causas polticas, y que si stas hubiesen sido siempre favorables, aqulla habra prosperado rpida y constantemente? “Los blancos de Granada y las Granadinas ascendieron en 1700 a slo 251. Elevronse a 1 262 en 1753, y a ms de 1 600 en 1771. Pero desde entonces empezaron a disminuir en tales trminos, que en 1827 estaban reducidos a 834. ‘Si esto se debe atribuir, dice un autor ingls, a los acontecimientos de la guerra, a las disensiones domsticas, o a las calamidades enviadas por la mano de la Providencia, yo no lo s; pero aparece que la poblacin blanca de Granada y las Granadinas ha disminuido considerablemente desde la primera vez que estas islas cayeron en poder de los ingleses’. Si este historiador hubiera escrito despus de la Revolucin Francesa, no habra vacilado en afirmar que las desgracias de Granada procedieron inmediatamente de la mano del hombre y no de la Providencia. Otro historiador de las colonias britnicas, despus de mencionar la insurreccin que all dur desde marzo de 1795 a julio de 1796, asegura que los asesinatos y devastaciones que causaron los rebeldes, dieron a la isla un golpe tan tremendo, que nunca ms se ha podido reponer. Vese, pues, como la poblacin blanca creci en los dos primeros tercios del pasado siglo, y como de entonces ac ha menguado mucho, sin que en esto haya tenido el clima influencia alguna. ”San Critbal empez a ser colonizada por los ingleses en 1624. A pesar de las invasiones y otras desgracias que sufri en el siglo XVII, su poblacin blanca fue de algunos millares; mas, decreciendo gradualmente, apenas lleg en 1832 a 1 612. Y se har al clima responsable de esta disminucin, cuando en tiempos anteriores no se opuso al aumento de los blancos, y cuando aquella isla tiene fama de ser en extremo seca y saludable? ”Los ingleses ocuparon la Dominica en 1759, y su posesin le fue confirmada por el Tratado de Pars, concluido en febrero de 1763. A slo 600 llegaron entonces los blancos. El Parlamento concedi a la isla franquicias mercantiles; repartiose la mitad de sus tierras, y a los compradores se impuso la condicin de que empleasen en su cultivo cierto nmero de blancos. De aqu result, que stos subieron diez aos despus, o sea en 1773, a 3 350. Pero invadida la isla por los franceses, y denominada por ellos hasta la paz de 1783, en que la restituyeron a la Gran Bretaa, muchos colonos emigraron, y ya por aquellos tiempos, la poblacin blanca qued reducida a 1 236. He aqu como influyeron causas polticas por s solas, ora en aumentar, ora en disminuir la raza europea. ”Si no temiera ser difuso, yo recorrera una por una las Antillas inglesas para probar, que prescindiendo del clima, la poblacin blanca ha crecido en todas siempre que se la ha fomentado; y disminuido cuando se la ha contrado. Mas, ya que las paso en silencio, permtaseme por lo menos detenernos algunos momentos en las Barbadas, pues sta fue en

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OBRAS 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ otro tiempo la Antilla britnica ms importante por su comercio y su poblacin blanca. ”Empezaron los ingleses a colonizarla en 1624. Con la revolucin de Inglaterra muchos buscaron un refugio en las Barbadas, y tan grande fue la emigracin, que en 1650 se comput que haba 20 000 hombres blancos, de los cuales 11 000 se hallaban en estado de tomar las armas. En el entretanto, las tierras se repartieron, abriose un vasto comercio con Holanda y otros pases, y libre la isla de trabas y restricciones, pues que no obedeca al gobierno recin instalado en la metrpoli, lleg a un alto grado de prosperidad. Que el suelo de esta isla es naturalmente muy frtil [as se expresa otro autor ingls], debemos necesariamente reconocerlo, si damos crdito a las noticias que han llegado hasta nosotros acerca de su antigua poblacin y opulencia. Se nos ha asegurado que por los aos de 1670 las Barbadas tenan 50 000 blancos, y ms de 100 000 negros, cuyos trabajos, segn se dice, empleaban 60 000 toneladas en la exportacin. Yo sospecho que esta noticia es muy exagerada. Sin embargo, no puede dudarse que los habitantes de esta isla han menguado con una rapidez pocas veces conocida en ningn otro pas. Efectivamente, los blancos haban bajado en 1724 a 18 295, y los negros en 1753 a 69 870. En 1786, aqullos estaban reducidos a 16 167, y stos, a 62 115. Y esta disminucin acaeci cabalmente en la poca en que el comercio de esclavos que hacan los ingleses con la costa de frica, se hallaba en el estado ms floreciente. ”Pero, en qu consisti tan grande decadencia? Tres fueron sus causas principales. 1 Destruida la repblica inglesa, y sentado Carlos II en el trono de sus mayores, se impuso a la colonia en 1663 una contribucin permanente a favor de la Corona de 4 % en dinero, sobre el producto neto de todos los frutos que exportase. Este grave tributo, afectando de ao en ao los intereses de la agricultura, no pudo menos que producir desastrosos resultados. 2 Debiose a la repblica el origen de la famosa acta de navegacin y Carlos II no slo la adopt, sino que tambin ampli sus disposiciones. De aqu fue que la isla de las Barbadas, que hasta entonces se haba servido de la marina holandesa para exportar sus frutos a Europa, vio interrumpido su comercio; y los colonos, en los gritos de desesperacin que lanzaron, predijeron con bastante acierto que aquella acta acompaada de la funesta contribucin del 4 %, causara grandes males a la poblacin y agricultura. 3 La superficie de aquella isla slo es de 106 470 acres de tierra; y dados casi todos al cultivo desde el siglo XVII, no hubo ya espacio suficiente para los ingenios que entonces se empezaban a fomentar. Encarecidas las tierras, algunos pequeos propietarios vendieron sus suertes a un precio muy elevado, y trasladndose a otros pases donde podan comprarlas ms barato, contribuyeron tambin a disminuir el nmero de los blancos.

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JOS ANTONIO SACO /229 /229 /229 /229 /229 As fue como stos, sometidos siempre a la influencia de un mismo clima, crecieron y menguaron extraordinariamente en las Barbadas. ”Si echamos una rpida ojeada sobre las Antillas francesas, veremos que la poblacin blanca de Guadalupe y de sus dependencias [las Santas, San Martn, la Deseada, y Mari-Galante] ascendi en 1700 a 3 825. Fue aumentando paulatinamente hasta 1819, en que subi a 14 143, mximo de su incremento. Despus ac empez a bajar, y en 1835 ya no haba sino de 11 a 12 000 blancos. ”stos llegaron en Martinica en 1700 a 6 597. Suben a su ms alto punto, o sea a 12 450, en 1767. De aqu menguan hasta 1784: vuelven a subir un poco hasta 1790; y desde entonces han ido disminuyendo constantemente: de manera que en 1835 estaban ya reducidos a menos de 9 000. Y proceden acaso del clima tantas alter nativas? Las invasiones extranjeras, las vicisitudes del comercio, las disensiones intestinas, la mayor o menor fertilidad de las tierras, la facilidad o dificultad de adquirirlas, y los rivales que han encontrado sus frutos aun en los mercados de Francia; tales son las causas que han influido en las oscilaciones de la poblacin blanca. ”Lleguemos, por fin, a las Antillas espaolas. La poblacin blanca de Cuba ascendi en 1841 a 418 291. Y tan considerable nmero, no es producto exclusivo de la colonizacin europea? No es verdad que si sta hubiese sido mayor, tambin lo habra sido aqul? El clima que en aquel ao nos dio ms de 418 000, ese mismo nos dara una cifra superior, si nuestro suelo no se hubiera contaminado con la inundacin de tantos africanos. Aqu es de hacerse una reflexin de muy consoladora esperanza. La colonizacin de Cuba empez en 1511, y desde aquel ao hasta 1775, en que se hizo el primer censo todos los blancos no llegaron sino a 96 000. Hemos visto que stos ascendieron en 1841 a ms de 418 000; pero el espacio transcur rido de 1511 a 1775 es de 264 aos, mientras el de 1775 a 1841 es slo de 66. De modo, que en este ltimo perodo aparece la poblacin blanca ms de cuatro tantos mayor que en todo el primero”. Como la citada Memoria se public a principios de 1845, claro es que no pudo referirse a los censos posteriores; pero es muy importante que yo me contraiga aqu al que acaba de hacerse en marzo del presente ao. De l resulta, que la poblacin blanca de Cuba ascendi a principios de 1861 a 793 484, y aunque rebajemos de ese nmero 34 825 chinos y 1 047 yucatecos que impropiamente se incluyeron en l, siempre queda un total de 757 612; es decir, que en los 20 aos corridos de 1841 a 1861, los blancos tuvieron un aumento de 339 321; o sea, ms de las tres cuartas partes. De dnde, pues, proviene que mientras toda la poblacin blanca slo pueda llegar a 96 000 en los 264 aos de 1511 a 1775, ya esa misma poblacin era 66 aos despus ms de cuatro tantos mayor

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OBRAS 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ que en todo el primer perodo? De dnde proviene, que los blancos, que en 1775 slo eran 96 000, ya en 1861 haban subido a 757 612, o casi al ctuplo de lo que fue en aquel ao? Nace por ventura del clima el lento progreso de los blancos en los primeros 264 aos corridos de 1511 a 1775? Y si se dice que s, cmo es que ese mismo clima no se opuso a su rpido incremento en los 66 aos corridos de 1775 a 1841, y mucho menos al mayor que ha tenido en los ltimos 20 aos? Subamos a otras causas y desaparecern las contradicciones. Desde la conquista hasta 1778, Cuba estuvo gimiendo bajo el monopolio de los negociantes de Sevilla y Cdiz; y en ese largo perodo muy poco pudo adelantar. Mas, en aquel ao se le abri una nueva era. El gobierno ilustrado de Carlos III, renunciando a la poltica mezquina de sus antecesores, derog los monstruosos privilegios de aquel monopolio, habilitando 13 puertos de Espaa para que comerciasen con Amrica. Aumentronse despus las franquicias, y Cuba, o ms maosa o ms afortunada que las otras colonias hispanoamericanas, logr, al fin, que se le permitiese abrir relaciones directas con los pases extranjeros. Desde entonces, a pesar de que no se foment la colonizacin blanca, a pesar de que el enemigo ms formidable de ella siempre ha sido el trfico de los negros, pues sin l los blancos se hubieran aumentado mucho ms; la influencia vivificadora del comercio ha sido tal, que la poblacin blanca cubana, que al empezar el ltimo cuarto del pasado siglo, slo lleg a 96 000, ya en marzo de 1861 se ha levantado al alto nmero de 757 612. Este ejemplo no necesita de comentarios, y la historia de lo pasado nos anuncia el porvenir. “Por los aos de 1509, prosigue la referida Memoria, asentaron los espaoles su primera colonia en Puerto Rico; y en los 285 que corrieron hasta 1794, los blancos slo llegaron a 30 000. Para el objeto que me propongo, es muy importante conocer el progreso de la poblacin en aquella isla, y en la tabla que inserto, se leer el resultado de los censos hechos desde aquel ao. MulatosNegros AosBlancoslibreslibresEsclavosTotal ———————————————— 179430 000——17 500— 180278 28155 16416 41413 333163 192 181285 66263 98315 83317 536183 014 1820102 43286 26920 19121 730230 622 1827150 31195 43025 05731 874302 672 1830162 311100 43026 85734 240323 838 1836188 869101 27525 12441 818357 086

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JOS ANTONIO SACO /231 /231 /231 /231 /231 ”Haciendo abstraccin de la gente de color, y contrayndome slo a los blancos, aparece, que stos en los 18 aos de 1794 a 1812 adelantaron casi dos veces ms que en los 285 anteriores; y que en los ltimos 24, esto es, de 1812 a 1836, tuvieron un aumento mucho mayor que en los 303 que corrieron desde la conquista. Este resultado asombroso, sea cual fuere la causa por la que se quiera explicar, nos demuestra del modo ms victorioso que la raza blanca se puede aumentar rpidamente en el archipilago de las Antillas”. Las reflexiones anteriores se corroboran con los dos ltimos censos de Puerto Rico, en los cuales se ve, que en 1854 la poblacin blanca ascendi a 236 676, y en 1860, a 300 406. Estos datos manifiestan, que mientras la poblacin blanca de Puerto Rico desde 1509 a 1812 (perodo de 303 aos), slo pudo alcanzar el nmero de 85 662, ya de ese ltimo ao al de 1860 en que slo han corrido 48 aos, esa misma poblacin subi a 300 406; o sea, ms de tres veces y medio de lo que fue en el primer perodo. Y a vista de esto, se pretender explicar tan enorme diferencia por el influjo del clima? Tal pretensin es un absurdo. Y antes de alejarnos de Puerto Rico, observemos, aunque sea de paso, que siendo esta isla donde la poblacin blanca ha crecido proporcionalmente ms que en todas las otras, tambin es donde proporcionalmente los esclavos han aumentado menos. Citar, por ltimo, un pas situado al Noroeste de Cuba, y cuyo clima es tan malo o peor que el de la ms insalubre de las Antillas. La Luisiana ocupa un territorio muy bajo, expuesto a las frecuentes inundaciones del caudaloso Misisipi, y en muchas partes siempre cubierto de aguas estancadas y corrompidas. En medio de estos parajes que exhalan la muerte, reina endmicamente la fiebre amarilla, y Nueva Orlens, su capital, experimenta sus estragos en ciertos meses del ao. La primera colonia europea establecida en la Luisiana, fue en la primera mitad del siglo XVII; y desde entonces al ao 1800, los blancos no llegaron sino a 18 850. Y tan escasa poblacin se atribuir a la insalubridad del clima? Los hechos responden que no. Los Estados Unidos adquirieron la Luisiana en 1803 y a los siete aos, o sea en 1810, ya la poblacin blanca casi haba duplicado, pues ascendi a 34 311. En 1830, sta lleg a 89 441: en 1840, a 158 457: en 1850, a 255 491, y en 1859, a 318 837. Es, pues, inconcuso, que el incremento, ora lento, ora rpido de la poblacin blanca de la Luisiana no ha dependido del clima, sino de causas puramente polticas y econmicas. Es muy importante comparar la marcha progresiva que en ese Estado han tenido los blancos y los esclavos; y la tabla siguiente demostrar, que, aunque stos predominaron hasta el ao de 1840, la fuerza vivificadora de las instituciones de los Estados Unidos ha sido tan grande que ya de entonces ac los blancos les excedieron.

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OBRAS 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ AosBlancosEsclavos ————————— 181034 31134 660 183089 441109 588 1840158 457168 452 1859318 837282 776 Este ejemplo es muy instructivo, porque no obstante la perniciosa influencia del clima y de la esclavitud, los blancos pudieron luchar ventajosamente con los esclavos, dejndolos en minora. “De los datos hasta aqu presentados, dice a Memoria del citado seor Saco, y del estudio imparcial de la historia del archipilago americano aparecen dos grandes verdades: una, que la poblacin blanca de las Antillas extranjeras ha sido mayor en tiempos anteriores que en nuestros das; otra, que mientras en ellas menguaba, en las espaolas creca. Pero de dnde provienen tan contrarios resultados? Adems de las causas particulares que ya tengo explicadas, existen otras generales, que es preciso exponer. ”Si se excepta la Jamaica, todas las dems Antillas extranjeras son muy pequeas. Cuando en tiempos pasados se foment en ellas la colonizacin, los europeos estaban seguros de encontrar tierras vacantes en que establecerse; pero despus que todas fueron repartidas, o que las que quedaron, eran de mala calidad, necesariamente hubo de atajarse la corriente de la inmigracin. Es cierto que sta aun siendo mayor de lo que fue, pudo haber cesado ms tarde; pero el trfico de esclavos plantando negros en aquellas tierras, quit a los europeos el puesto que hubieran podido ocupar. Por otra parte, las destinadas a la agricultura desde el primer siglo de la colonizacin, tiempo ha que estn muy cansadas, o al menos la ciencia de los que las labran, es incapaz de fertilizarlas constantemente; y no habiendo otras en que renovar los cultivos con ventajas; la poblacin blanca ha debido encontrar en su progreso obstculos poderosos. No as en Cuba y Puerto Rico. Ambas tienen, y sobre todo la primera, una vasta superficie, que excede, excluida Hait, al conjunto de todas las Antillas extranjeras. Sus terrenos son fertilsimos; la mayor parte de ellos estn esperando todava el primer golpe de la mano del labrador, y todo el que quiera dedicarse a la agricultura puede hacerlo con tanta facilidad como provecho. ”Tambin debe considerarse la posicin respectiva de las metrpolis europeas. Francia, adems de los puntos que ocupa en frica y en Asia, posee la Guayana en el continente de Amrica; ha conquistado a sus puertas todo el territorio de Argel, y aun empieza a dominar algunas islas del mar Pacfico. La Gran Bretaa, no cabiendo en el estrecho recinto dentro del cual la encerr la naturaleza, se ha extendido con una

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JOS ANTONIO SACO /233 /233 /233 /233 /233 fuerza prodigiosa, llevando su poder y su civilizacin hasta los confines de la tierra. Dilatada la esfera colonial de estas dos grandes naciones, los ingleses y los franceses en vez de correr hacia las Antillas, se han desviado de ellas, esparcindose por anchos y nuevos canales. Otra ha sido la suerte de Espaa. Seora un tiempo de las ms vastas y opulentas colonias del mundo, sus hijos se derramaban por las inmensas regiones de Amrica; mas, habindose stas separado de su metrpoli, las dos Antillas que siempre se le han mantenido fieles, no slo sirvieron de refugio a muchos espaoles, que abandonaron aquel continente, sino que desde entonces se ha reconcentrado en ellas gran parte de la emigracin de Espaa, ocasionada por las persecuciones del pasado gobierno. Finalmente, hay todava otra razn de ms alta trascendencia. En general, los europeos que han pasado a las Antillas extranjeras, no han tenido otro objeto que adquirir fortuna, para volver a Europa a gozar de ella. Considerndose siempre como transentes, han huido al matrimonio; y cegada, por una parte, la fuente ms legtima, al par que ms fecunda de la reproduccin humana, y existiendo, por otra, una constante emigracin, es imposible que la raza blanca haya podido prosperar. Al contrario en Cuba y Puerto Rico. Muchos de los europeos que a ellas van, se casan, se arraigan, y puede decirse con mucha verdad, que son pocos los que despus de haberse enriquecido, o ganado una cmoda subsistencia, vuelven a pasar los mares en pos de la antigua patria.16”Si el nmero a que lleg en otros tiempos la poblacin blanca de las Antillas extranjeras, si la disminucin que stas han experimentado despus, y si el aumento constante que aqulla ha tenido en las espaolas, se han de explicar por el clima, forzoso es caer en dos absurdas consecuencias: La primera, que mientras el clima de todas las Antillas es contrario a la raza blanca, slo le es favorable el de Cuba y Puerto Rico, puesto que en estas dos es donde nicamente ha hecho progresos considerables. La segunda, que hubo un tiempo en que el clima de todas las Antillas extranjeras fue benfico a la raza blanca, pues que la dej crecer, y otro en que le fue malfico, pues que la ha hecho menguar. A estos errores, o mejor dicho imposibles, nos arrastra la teora de los climas, cuando se quiere aplicar a las oscilaciones de la poblacin blanca en el archipilago americano. Acabemos, pues, de desengaarnos, y reconozcamos de una vez, que el clima cubano no se opone a la introduccin de hombres blancos, ni menos a que stos se ocupen de los trabajos 16Lo que precede se escribi en diciembre de 1844; pero ya en 1865, el nmero de peninsulares establecidos en Cuba, que se retiran de ella para volver a vivir en su antigua patria es ms considerable, absoluta y relativamente que en tiempos anteriores. Esto procede de las instituciones liberales de que ya goza Espaa, y del espritu de empresa que en ella se ha desarrollado; mientras que en Cuba, sus personas y sus intereses estn a merced de un gobierno absoluto.

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OBRAS 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ de los ingenios. Cuba encierra en su seno tesoros envidiables y sus campos vrgenes llaman a todas horas al colono industrioso; pero el contrabando africano, le ahuyenta de nuestras playas, llevndole a fecundar con el sudor de su frente otros pases americanos, o forzndole a morirse de miseria en algunos pases de Europa. Cirrense para siempre las puertas a todos los negros: branse libremente a todos los blancos laboriosos; y Cuba tendr en recompensa una prosperidad duradera, y Espaa la gloria de poseer una de las ms brillantes colonias a que puede aspirar metrpoli europea”. Mas, para que tan grande fin pueda lograrse, es menester remover otros obstculos ms perniciosos que el clima. Ahuyentan de nuestro suelo a los colonos blancos, el sistema poltico que pesa sobre Cuba; la inseguridad individual que de l emana; las enormes contribuciones que abruman la propiedad y la industria; la caresta de la vida procedente, en gran parte, de las exigencias del Real Erario; las trabas religiosas de nuestras instituciones, y la mala organizacin de nuestra agricultura, organizacin tanto peor, cuanto ms grandes las fincas que constituyen nuestra principal riqueza; todas stas son, por s solas, causas bastantes para que la colonizacin blanca corra hacia otros pases, aun cuando Cuba tuviese el mejor clima de la tierra. Mientras vivamos bajo de tan fatales circunstancias, muy poco o nada adelantar en nuestros campos la colonizacin de los blancos. Yo no quiero que el gobierno sea el empresario de ella, porque sus servicios, al paso que muy caros y lentos, sern de poco provecho. Sus esfuerzos deben circunscribirse a remover cuantos obstculos la contraran, y a facilitar todos los medios que puedan favorecerla. Hecho esto, lo dems debe dejarse a la accin individual; pues cuando el hombre goza de su libre iniciativa, l sabe ir, sin que el gobierno le lleve, al punto donde cree que encontrar su felicidad.IV17Los elementos de la poblacin cubana se oponen tambin a la introduccin de colonos africanos. Ya se ha dicho en este informe que ms de dos siglos y medio corrieron sin que en Cuba se hubiese hecho censo alguno, y que el primero se form en 1775. Si consultamos los posteriores, al primer golpe se descubre que los elementos de la poblacin blanca han experimentado grandes alteraciones. Ya desde 1791, los blancos empezaron a perder la preponderancia numrica que desde la conquista haban tenido sobre la raza africana, y slo han empezado a recobrarla en estos ltimos aos. Presentemos los guarismos que nos dan aquellos censos. 17 Revista Hispano Americana 12 de mayo de 1865.

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JOS ANTONIO SACO /235 /235 /235 /235 /235 LibresTotalTotal AosBlancosEsclavosde colorde colorgeneral ——————————————————— 177596 44044 33330 84775 180171 620 1791133 559 84 590 54 152 138 742 272 301 1817239 830199 145114 058313 203553 033 1827311 051286 942106 494393 436704 487 1841418 291436 495152 838589 3331 007 624 1861757 612370 553232 493603 046 1 360 65818Confrontando el resultado de estos censos, se ve que la poblacin blanca que en 1775 era mucho mayor que todos los esclavos y libres de color reunidos, ya aparece menor en 1791; y que desde entonces a 1841 fue siempre inferior a la raza africana. Slo de ese ltimo ao en adelante es cuando aqulla ha empezado a levantarse, ganando sobre toda la gente de color un aumento de 154 556. Pero este nmero no desaparecera en breve si abrisemos la puerta al torrente de la inmigracin africana con que se pretende inundar a Cuba? Nuestro peligro se aumenta cuando se contempla que, si bien los esclavos han menguado, los libres de color han crecido constantemente desde el ltimo cuarto del pasado siglo; a tal punto que, habiendo llegado en 1841 a 152 838, ya en 1861 ascendieron a 232 493. Y seguirn aumentndose, no slo por su propia reproduccin, como ha sucedido hasta aqu, sino porque muchos de los negros apresados por los cruceros ingleses se quedan viviendo en Cuba en calidad de libres, con el nombre de emancipados Agrgase a esto, que la generosidad de muchos amos, el juego de la lotera y el peculio que con frecuencia adquirieren los esclavos, facilitan a stos en nmero considerable los medios de su manumisin. Tan cierto es lo que digo, que, segn los datos reunidos por la Comisin de Estadstica de esta ciudad, aparece que de 1851 a 1862 inclusive19 se libertaron 23 765; de cuyo nmero fueron en la clase de pardos 2 150 varones y 2 896 hembras, o sea un total de 5 046; y en la clase de morenos hubo 8 211 varones y 10 508 hembras, que forman el total de 18 719; es decir, que se han libertado por trmino medio en cada ao de los 12 transcurridos, 1 980 esclavos. Y cuando a la vista tenemos semejante perspectiva, se pretende que libres africanos vengan sin cuento a vivir en nuestro suelo? 18Tngase presente lo que ya se ha dicho, a saber, que yo he deducido de los blancos el nmero de 34 825 asiticos y el de 1 047 yucatecos que el censo incluy impropiamente en aquella clase, y que agregados al total general dara para 1861 una poblacin de 1 396 530. 19Impreso este informe casi cuatro aos despus de haberse extendido, he intercalado en el nmero de los esclavos manumitidos a los que se libertaron en los aos de 1861 y 1862.

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OBRAS 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ Los guarismos que acabo de presentar manifiestan cun violento y peligroso es el estado de un pueblo en que viven dos razas numerosas, no menos distintas por su color que por su condicin, con intereses esencialmente contrarios, y por lo mismo enemigos inconciliables. Y cuando para alejar el conflicto, que a todas horas nos amenaza, hubiera debido ponerse el ms constante empeo en dar vigoroso impulso a la poblacin blanca, llega nuestro delirio hasta el punto de mantener abierto nuestro seno para recibir en l las harpas que no tarde pudieran desgarrarlo? Ms previsin que nosotros tuvieron nuestros mayores. Temindose ya en la Espaa desde 1514 la influencia de los negros, el rey D. Fernando us del siguiente lenguaje, contestando a Surez de Deza, obispo de la Concepcin en aquella isla: “Para ms pronto acabar la iglesia, podris pasar diez esclavos: decs que ah aprueban los esclavos negros, y que convendra fuesen ms por ahora: siendo varones no, pues parece que hay muchos, y podr traer inconvenientes ”.20 Los habitantes de la isla de Santo Domingo, alarmados con la muchedumbre de negros que ya tenan en 1520, no pidieron, como se hace hoy entre nosotros, que se introdujesen nuevos africanos, sino que se dejase pasar a ella blancos de cualquier nacin.21Oviedo deploraba, desde el primer tercio del siglo XVI, la condicin de Santo Domingo, pues dice que con los ingenios haba ya tantos negros, que aquella tierra pareca una efigie o imagen de la misma Guinea .22Pocos aos despus, el emperador de Carlos V, presintiendo los males que la muchedumbre de negros ocasionara en sus posesiones del Nuevo Mundo, mand que su nmero no excediese de la cuarta parte de los blancos, y que stos estuviesen bien armados.23 El inters quebrant tan saludable ordenanza, y los africanos, transportados a millares, siguieron cubriento las tierras de Amrica. Nada pudo contener el torrente que las inundaba, pues espaoles y portugueses, ingleses y franceses, holandeses y dinamarqueses, todos se disputaban el provecho que les rendan las expediciones africanas. No era por cierto halagea la perspectiva que presentaban las colonias del Nuevo Mundo en los siglos XVI, XVII y XVIII; pero entonces los peligros eran remotos, porque siguiendo todas esas naciones una misma poltica, su mutuo inters las obligaba a sostenerla. La catstrofe de Santo Domingo, los debates del Parlamento britnico sobre la extincin del comercio africano, y el triunfo final de los abolucionistas, inauguraron una nueva era en la historia de 20Este papel existe en la interesantsima y ya citada Coleccin de documentos inditos por D. Juan Bautista Muoz. 21Herrera: Dcada 2, lib. 9, cap. 7. 22Oviedo: Historia natural y general de las Indias lib. 5, cap. 4. 23Herrera: Dcada 3, lib. 5, cap. 8.

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JOS ANTONIO SACO /237 /237 /237 /237 /237 la esclavitud. Espaa debi prever desde entonces el cambio fundamental que se preparaba; mas, no habiendo tomado ninguna medida preventiva, Cuba, su fiel Antilla, ocupndose menos de los peligros del porvenir que de las utilidades del momento, corri desbocada hasta undirse en el abismo en que hoy se halla. Y en tan comprometida situacin, pensamos salir de ella introduciendo negros libres? No lo juzg as el gobierno de Isabel II cuando, por la Real Orden de 12 de marzo de 1837, recomend que por ningn motivo ni pretexto se introdujesen negros libres en Cuba. Prctica haba sido hasta entonces que todos los de esta clase que a ella llegaban, de cualquier nacin que fuesen, bien como pasajeros, bien como marineros o criados de los buques mercantes, se pusiesen en custodia en un lugar seguro, hasta la salida de la nave que los haba conducido; pero una circular del Excmo. seor gobernador y capitn general D. Joaqun de Ezpeleta, expedida el 12 de junio de 1838, mand adems que el capitn o consignatario del buque en que se encontrase algn negro o mulato libre, prestase una fianza de 1 000 pesos de que ste no desembarcara; y en caso de no otorgarla, se procediese como antes, arrestndolo, hasta que saliese del puerto en el mismo buque que lo haba trado. Aun suponiendo que no hubiese prohibicin alguna, la existencia de Cuba como provincia espaola clama contra toda inmigracin de africanos, pues si peligros hay en la de esclavos, mucho ms en la de libres. Si es verdad que tales han de ser los colonos africanos, su sola presencia en nuestros campos es un foco de revolucin. Puesto en contacto con los esclavos, se establecer un contraste peligroso, porque teidos todos del mismo color, procedentes del mismo origen, con los mismos usos y costumbres, y aun en muchos casos con la identidad de idiomas, los esclavos se ven condenados a trabajar perpetuamente, sin recompensa alguna; mientras que sus compaeros los colonos recibiran un salario, seran tratados de diferente modo y recobraran su libertad al cabo de diez aos. Ni se diga que la mezcla y contacto de libres y esclavos de la raza africana son muy antiguos en Cuba, y que nunca han producido esos trastornos que se temen. Obsrvese sobre esto, que esa reunin ni ha existido, ni existe en los ingenios y otras fincas, que es donde estn casi reconcentrados los esclavos, sino en los pueblos y ciudades, en los cuales cabalmente ha predominado siempre la raza blanca, y donde por lo mismo es ms fcil vigilarlos y contenerlos en cualquiera tentativa que proyectasen. Por otra parte, los esclavos de Cuba saben que los libres de su raza que actualmente se encuentran en ella, no han venido de frica como libres, sino como verdaderos esclavos, y que si han conseguido su libertad, dbenla solamente a las economas de su industria, a la generosidad de sus amos o de otras personas, o al juego de la lotera.

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OBRAS 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ De este modo se aleja esta comparacin entre el estado de unos y el de otros, y desaparece el peligroso contraste que pudiera dar margen a revueltas y trastornos, tanto ms probables, cuanto que los libres seran los brbaros colonos recin introducidos de frica, y los esclavos aquellos que, aunque descendientes del mismo origen, han nacido, a lo menos en gran nmero, en la misma Cuba, y por cuya razn ellos consideran muy superiores a los individuos de su propia raza, importados de frica. Aunque yo no soy partidario de la inmigracin china, conozco que ella no presenta en nuestros campos los inconvenientes que la africana, porque la diversidad de razas aleja de los esclavos toda comparacin que pueda comprometer el principio de la obediencia, base fundamental de la esclavitud. De los blancos nada hay que temer, sean de donde fueren; porque los esclavos negros estn acostumbrados a considerarlos como seres de un orden muy superior. Presntase la cuestin bajo de un aspecto todava ms alarmante cuando se contempla el estado de los pases que rodean a Cuba. Tendiendo la vista por ellos, encontramos en las islas extranjeras de nuestro archipilago 2 millones de negros y mulatos libres, mientras que los blancos apenas llegan a 100 000. A este total formidable debe agregarse la numerosa poblacin de color esparcida en las costas del golfo de Honduras, de la Nueva Granada, Venezuela y de las Guayanas inglesa, holandesa y francesa. Y si de all enderezamos nuestros pasos hacia la Confederacin Norteamericana, hallamos en los Estados del Sur ms de 4 millones de esclavos y libres de color, que en las actuales circunstancias de aquel pas bien pudieran sublevarse y ofrecer a Cuba un fatal ejemplo. Yo, pues, nada exagero al calcular la poblacin de color de los mencionados pases, incluso Puerto Rico, en ms de 7 millones, de los cuales ya son libres la mitad. Y en presencia de estos nmeros, ser posible que haya hombres que se atrevan a proponer nuevas introducciones de africanos en esta Antilla? Pero dicen, los que tal proponen, que no se piden esclavos, sino colonos libres, y que en esto no se hace ms que seguir la inmejorable conducta de la Gran Bretaa; pero ellos se olvidan de que esa nacin ya no tiene esclavos, y que mientras los tuvo, ni ella ni Francia jams dieron entrada en sus colonias a los negros libres de ningn pas de la tierra. Si, pues, los autores del proyecto colonizador se muestran tan celosos partidarios de los ingleses, forzoso es que se declaren enemigos de la importacin de libres africanos en Cuba, donde reina la esclavitud. Aun cuando ya nosotros careciramos de ella, siempre sera muy funesta la introduccin de africanos. Si hubo casos en que los ingleses y franceses quisieron fomentarla en sus colonias despus de la emancipa-

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JOS ANTONIO SACO /239 /239 /239 /239 /239 cin, nosotros nunca debemos imitar su ejemplo. En las Antillas de aquellas dos naciones abundaron tanto los negros desde el pasado siglo, que bien pueda decirse que ellos fueron los que propiamente las ocuparon, y hoy, por haber menguado tanto los blancos, merecen con toda exactitud el nombre de colonias negras; mas, en Cuba, donde las razas blanca y africana estn casi balanceadas, la primera tiene no slo nobles ttulos para existir y mandar, sino grandes fuerzas para defenderse. La fusin entre las dos razas no es posible, y si una poltica imprevisora aumentara la africana, terribles conflictos se seguiran entre las dos, aunque ambas fuesen libres: esa fusin no es posible, sin que la una absorba a la otra, y que en vez de haber dos permanentes, no haya ms que una mezcla o confusin de las dos. Si esto pudiera realizarse, obra sera de largo tiempo, a condicin de que la raza africana no se reforzase con las inmensas legiones que frica nos enviara. Cuanto ms examino el proyecto de colonizacin africana, tanto ms lleno de peligros lo encuentro. No es slo el temor de revoluciones de negros contra blancos el que a Cuba amenaza. Espaa puede verse en conflictos con algunas de las naciones que tienen en sus Antillas un nmero formidable de negros libres; y si tan lamentable caso llegara, los ejrcitos enemigos se compondran en todo o en mucha parte de gente de color, y las simpatas de sta con la que encierra nuestro suelo, podran ser muy fatales a cubanos y peninsulares. Sin pronosticar un rompimiento entre Espaa y la Inglaterra, si se llegara a realizar el proyecto de que se trata, atrvome asegurar desde ahora que l sera la ocasin de muy serios disgustos entre las dos naciones. Tngase presente que Espaa est ligada con Inglaterra, por los tratados de 1817 y 1835, para no permitir en sus colonias la introduccin de ningn esclavo africano. Mas, cmo podra impedirse que Inglaterra no mirase la introduccin de esos colonos como una infraccin de los tratados, cuando en Cuba existe la esclavitud, y cuando ella est haciendo continuas reclamaciones contra el contrabando de negros? Todos los indicios que bastan para apresar un buque como sospechoso de hacer el contrabando africano, esos mismos, o casi todos, se encontrarn en otro cualquiera que se emplee en el transporte de negros libres. Si el uno lleva muchas camas o tarimas, muchos vveres, muchas pipas de agua, grandes calderas para cocinar, etc., el otro tambin lleva los mismos utensilios. Cmo, pues, distinguir entre el buque que navega furtivo y de contrabando, y el que surca los mares en pos de libres africanos? Y aun cuando esta distincin pudiera hacerse, cmo se convence al Gobierno ingls de que los negros que se embarcan para Cuba son enteramente libres, y que emprenden el viaje por su propia voluntad? Cmo inspirarle la confianza de que tales colonos no podrn ser esclavizados en Cuba? Tan difcil, tan escrupuloso es aquel gobierno en

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OBRAS 240\ 240\ 240\ 240\ 240\ esta materia, que vase lo que sucedi en idnticas circunstancias. Holanda acostumbraba sacar de la costa de frica algunos negros para destinarlos al servicio de las armas en sus posesiones del Asia, no como esclavos, sino en calidad de libres: pues, a pesar de esto, y de que jams redujo a esclavitud ni a uno solo de estos africanos, el gabinete ingls, fundndose en que la prima que Holanda pagaba en frica era una venta o un verdadero trfico, reclam tan repetidas veces, desde 1836, que al fin aquella nacin renunci en 1841 el sistema de reclutas africanos. An hay ms. La vez primera que los hacendados de las Antillas inglesas, despus de haberse proclamado en ellas la ley de emancipacin, pidieron negros libres de frica, el gobierno se opuso, alegando que la exportacin de ellos sera un medio de fomentar la trata. Y si esto hizo respecto de sus mismos sbditos y de sus mismas colonias, qu no har respecto de los extraos? Cierto es que por ltimo accedi a los deseos de aquellos hacendados; pero fue despus de haber tomado precauciones para que en ningn caso se exportase africano que no fuese completamente libre, y gozase de la misma libertad en la colonia donde fuese introducido. Tambin el Gobierno francs empez a sacar en estos ltimos aos negros libres de frica Oriental para introducirlos en sus colonias; mas, a pesar de que esos hombres no eran esclavos, a pesar de que un agente del gobierno iba a bordo de los buques para que vigilase todas las operaciones de ese trfico, y a pesar de que se tomaron cuantas medidas dictaba la prudencia para alejar toda sospecha, todava surgieron tan graves conflictos entre los Gobiernos francs, portugus e ingls, que el emperador Luis Napolen se vio forzado a renunciar en 1859 a la exportacin de colonos de la regin oriental africana. Estos antecedentes anuncian las graves dificultades en que el Gobierno espaol se hallara envuelto, si por desgracia accediese al funestsimo proyecto que se le presenta.24Aqu debiera yo, Excmo. seor, poner trmino a este informe; pero no puedo levantar la pluma sin llamar la atencin de V.E. sobre una maligna acusacin que hacen los seores Argudn y compaa, en el pliego reservado de indicaciones que se halla el folio 46 de la primera pieza de este expediente. All dicen que la introduccin de chinos en Cuba es perniciosa, porque de ellos se valdrn algunos habitantes de esta Isla 24Pocos das despus de presentado este informe al Gobierno Superior de la isla de Cuba, el emperador Luis Napolen escribi al Ministro de la Marina y de las Colonias francesas una carta, fechada en Fontainebleau a 1 de julio de 1861, en la cual renuncia completamente a la exportacin de colonos, as de las costa oriental de frica, como de cualquiera otra regin de ella. Esta carta se public en el Moniteur Universel diario oficial del gobierno, en 9 de julio de 1861, y aparecer traducida al castellano al fin de este informe en el apndice 2.

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JOS ANTONIO SACO /241 /241 /241 /241 /241 para sacarla de la dominacin espaola. All dicen tambin que la oposicin que se hace al proyecto de introducir africanos “tiene un origen impuro, como que es un corolario de las torcidas ideas de algunos cubanos, aun de la clase distinguida, que son bien conocidos, los cuales consideran que con la inmigracin africana se malograran completamente sus dorados sueos de poder contar, si continuase la de los chinos, con una fuerza respetable, que les sera fcil armar y regimentar para promover una revolucin ms formal que todas las anteriores, y que podra poner en peligro la dominacin espaola”. Este pasaje, Excmo. seor, es conforme a la vieja tctica, que desgraciadamente se emplea en esta tierra cuando se aspira a conseguir pretensiones injustas y aun parricidas, y que por lo mismo han de encontrar oposicin en los buenos cuidadanos. En tales casos siempre se ha visto en Cuba que stos han sido denunciados al gobierno como enemigos peligrosos, y cubrindose de este modo los acusadores con la mscara de leales, quieren figurar como valientes adalides de los intereses espaoles. No patriotismo, sino como miras interesadas, son las que respiran los autores del proyecto de inmigracin africana, pues sus ataques contra la asitica slo nacen del deseo de destruir una empresa rival para ser ellos los nicos que lucren con su infame monopolio. Yo he manifestado ya en este informe que no soy amigo de la colonizacin asitica; pero si no lo soy, es por principio de buen espaolismo, y no por inters. No negar que los asiticos podrn ser con el tiempo arma peligrosa para perturbar la tranquilidad cubana. Mas, sern los colonos de frica quienes podrn asegurarla, cuando justamente son ellos los que ms la comprometen, ora alzndose por s, ora por instigaciones extraas? Si los chinos pueden ser instrumentos de conspiraciones, por qu no tambin esos negros que, por ms que se diga, nunca sern otra cosa que esclavos disfrazados? Cabalmente, las clases serviles han sido en todos tiempos los enemigos ms constantes de la tranquilidad de los pueblos, y de ello nos ofrece tristes y numerosos ejemplos la historia de las naciones antiguas y modernas. En Phenicia, las calles de Tyro fueron ensangrentadas por la rebelin de sus esclavos. Hannon arm a los suyos para apoderarse del poder supremo en Catargo. La isla de Chio pereci a manos de sus siervos. En Syracusa, los esclavos de los Gamores se juntaron con el pueblo para arrojar a stos de aquella ciudad. En Corcyro, las dos facciones que se combatan durante la guerra del Peloponeso, llamaron en su auxilio a los esclavos, ofrecindoles la libertad. El ttica fue testigo de la insurreccin de los mineros que trabajaban en Laurio. Sparta luch muchas veces con los formidables alzamientos de sus ilotas. Los esclavos de Sicilia sostuvieron dos largas y sangrientas guerras contra el poder de sus amos. Roma sinti tambin repetidas sublevaciones. El

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OBRAS 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ gladiador Spartaco, vencedor de las legiones romanas, estremeci los fundamentos de aquella repblica. Y cuando el malvado Catilina intent derrocarla, cont con los esclavos para consumar su crimen. Lo mismo hicieron otros conspiradores del tiempo de la repblica y de la ominosa poca del imperio. Si de la Antigedad pasamos a la edad moderna, veremos que a los pocos aos de haberse importado negros en Amrica, ya empezaron a sublevarse, y a servir tambin de instrumento en las contiendas civiles que los mismos peninsulares suscitaron en el continente. Los primeros negros que alzaron el grito, matando algunos blancos en 1522, fueron los esclavos del ingenio de D. Diego Coln, en la isla de Santo Domingo. Ya desde 1519, el cacique D. Enrique se levant en ella, y llam a su bandera, no slo a los indios, sino a los negros. En 1529, alzados algunos de stos, salieron de la Ramada pegaron fuego a la ciudad de Santa Marta, y redujeron a los habitantes a un estado deplorable. Serios amagos de levantamiento hubo tambin en Panam, y para conjurarlos, se hicieron varias ordenanzas en 1531. Por los aos de 1550, muchedumbre de negros de Santa Marta y Venezuela trataron de apoderarse del pas, y en los encuentros que tuvieron, mataron algunos blancos. Dos aos despus estall otra insurreccin sangrienta en el pueblo de Barquisimeto, provincia de Venezuela. Si hasta aqu slo hemos visto a los negros cediendo a sus propios impulsos, ahora los veremos llamados por los espaoles a tomar parte en las guerras civiles que los destrozaban en algunas regiones del continente. Cuando Vaca de Castro venci en el Per en 1542 a los partidarios de Diego Almagro, los negros que marcharon en el ejrcito de aqul, cometieron crueldades con los vencidos. Cuando Gonzalo Pizarro derrot en 1546 al virrey Blasco Nez Vela en la batalla de Aaquito, los negros esclavos, ascendan a 600, pelearon con valor, y se distinguieron por su ferocidad con el enemigo. Cuando en 1550 los Contreras se rebelaron contra la autoridad del rey, e invadieron a Panam, los blancos armaron 250 negros, y con su ayuda batieron a Juan Bermejo, capitn de los conjurados. Cuando, en fin, Francisco Hernndez se sublev en el Per en 1554, tuvo a su servicio un escuadrn de 250 negros esclavos, cuyo jefe fue tambin otro negro esclavo carpintero. Yo pudiera continuar el catlogo de las conmociones ocasionadas por los negros en las colonias espaolas y extranjeras, ora arrastrados por el impulso de sus propias inspiraciones, ora convirtindose en instrumento de proyectos ajenos; pero, aunque omito mencionarlas en obsequio de la brevedad, ruego que nunca se olvide que los negros amontonados por un trfico sin lmites perdieron a Santo Domingo a fines del

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JOS ANTONIO SACO /243 /243 /243 /243 /243 pasado siglo, y que los principales instigadores de esa catstrofe fueron los blancos revolucionarios de Francia. Jamaica estuvo muchas veces al borde de su ruina, y sin detenerme en las largas y sangrientas lides que esta Antilla sostuvo contra sus negros en los siglos XVII y XVIII, slo en el primer tercio del XIX experiment cinco grandes insurrecciones. En la de 1832, que fue la ltima, murieron 200 personas en el campo de batalla y casi 500 negros fueron ajusticiados. Los gastos y quebrantos entonces sufridos ascendieron a ms de 6 millones y medio de pesos, y el Parlamento britnico vot, para auxiliar a los propietarios arruinados, un emprstito de 500 000 libras esterlinas. Recurdese, por ltimo, que el desgraciado Juan Brown, no hombre de color, sino blanco norteamericano, subi al patbulo en Virginia el 2 de diciembre de 1859 por haber querido armar el brazo de los negros en los Estados Unidos; y si la Providencia no infunde cordura a los moradores de ese pas, probable es que, en la guerra civil que empieza a destrozarlo, los blancos del Norte llamen como auxiliadores a los negros del Sur, y les pongan en las manos la tea incendiaria y el pual.25Todos los hechos y consideraciones expuestos en este informe demuestran hasta la evidencia que la importacin de negros en Cuba, ora libres, ora esclavos, ofrece tan inmensos peligros en lo presente y en lo futuro, que el proyecto de los seores Argudn y compaa es bajo todos conceptos inadmisible. Yo no s lo que el gobierno de S.M. decidir en materia tan interesante; pero V.E., cuya ilustracin y patriotismo son bien conocidos, hara a Cuba y a Espaa el ms importante servicio, si, ejerciendo el alto influjo de que goza, pudiese inclinar el nimo del gobierno a que rechace, no slo el proyecto a que se refiere este informe, sino todos cuantos de igual naturaleza se le puedan presentar. Habana, 30 de junio de 1861.—Excmo. seor. 25Los hechos posteriores han confirmado que as se ha querido hacer; pues el presidente Lincoln, y aun algn general de los ejrcitos del Norte, lanzaron desde 1862 decretos y proclamaciones revolucionarias para que los esclavos del Sur se alzasen contra sus amos; y si esto no sucedi, fue porque los negros se mantuvieron tranquilos. Todo el que conoce las instituciones de los Estados Unidos sabe que esos actos, sobre violentos, son diametralmente contrarios a la constitucin de aquella repblica.

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APNDICES AL INFORME Apndice PrimeroAcaba de llegar a mis manos un documento de mucha importancia para el objeto en que me ocupo, y es una Memoria presentada en Pars al Prefecto del Sena por los mdicos encargados del servicio de la inspeccin y verificacin de los muertos26 acerca de la mortandad en Pars en los 24 aos corridos de 1840 a 1863. Esa Memoria demuestra, de un modo incontestable, que las mejoras hechas en esta capital han influido notablemente en disminuir la mortandad de sus habitantes. Subiendo a pocas anteriores, se ve que la poblacin de Pars, a principios del siglo XVIII, no era sino de 493 000 habitantes, de las cuales mora 1 en 28. En el espacio de medio siglo mejor notablemente el estado sanitario de esta capital, pues la mortandad bajo Luis XV ya no fue sino de 1 en 30 habitantes. Bajando a los ltimos aos aparece que en 1841 la poblacin de Pars, en los 12 barrios de que se compona, era de 935 000 habitantes, y que slo ofreca 1 muerto en 36 individuos; y hoy tomando en cuenta el aumento de la poblacin, por haberse ensanchado los lmites de Pars, ya no hay sino 1 muerto en 40 habitantes; o sea, el 2 %. Esta considerable mejora en la pblica salubridad proviene de cinco causas. Primera: de la mayor extensin que se ha dado a la capital, procurando al vecindario mayor volumen de aire con la anchura de las calles y con la abertura de otras en lnea recta. Efectivamente, echando una ojeada sobre la superficie de Pars, se reconoce que la mortandad nunca ha estado en razn de la extensin de cada barrio o de su poblacin relativa, sino en ciertas aglomeraciones en que, independientemente del nmero de habitantes, se encuentran las peores condiciones higinicas. 26En Francia no se puede dar sepultura a ningn muerto antes de haber sido reconocido por uno de los mdicos inspectores nombrados al efecto por el gobierno, y cuyo deber es informarse de la enfermedad en que ha fallecido el paciente, del mdico o mdicos que le han asistido, y de la farmacia que ha suministrado las medicinas. Los mdicos encargados de este servicio son los que han presentado al Prefecto del Sena la Memoria a que me refiero.

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JOS ANTONIO SACO /245 /245 /245 /245 /245 Cuando en el siglo de Luis XIV mora en Pars 1 habitante por cada 28, su extensin no pasaba en 1715 de 1 300 hectreas, mientras que en 1841, cuando la mortandad era de 1 habitante por 36, ella comprenda 3 400 hactreas. V einte aos despus, cuando se agregaron a la capital las vecinas poblaciones, Pars contena 7 800 hectreas y 1 700 000 individuos, de los cuales slo mora 1 en 40, como ya he dicho. La segunda causa de la mejora de la salubridad pblica, consiste en la mayor abundancia de aguas para las necesidades de la vida pblica y privada, y en el vasto drenaje hecho bajo el suelo de Pars con la formacin de cloacas. En 1840, el Ayuntamiento de Pars no poda distribuir para los usos domsticos y generales, sino 65 000 metros cbicos de agua cada 24 horas; pero en 1858, 1859 y 1861, esta cantidad se elev a 100 000 metros cbicos en 24 horas. En 1862, ya era de 133 258 metros, y en 1863 se pudieron distribuir 136 834 metros cbicos de agua en 24 horas; y se espera dentro de poco tiempo que la distribucin de agua se elevar a 300 000 metros cbicos por da. La tercera causa consiste en el aumento de cloacas, pues antes de su construccin, las inmundicias y las aguas pluviales y domsticas se quedaban en la va pblica; y tanto se ha adelantado en este ramo, que no habiendo en Pars, en 1840, sino casi 36 000 metros de cloacas, ya en 1863 ascendan a 350 000 metros, o casi 90 leguas. La cuarta causa, y a la que se le da gran influjo, depende de la multitud de rboles que se han plantado en Pars, y con los que se han embellecido muchas partes de la ciudad. Intil es probar la accin benfica que ellos producen purificando el aire atmosfrico que el hombre respira; pero s es interesante indicar los progresos en que este ramo ha hecho la capital de la Francia. El 31 de diciembre de 1853 slo existan 216 hectreas de jardines, plazas, aceras, muelles y otros lugares plantados de 69 125 rboles; pero el 31 de diciembre de 1863, la superficie de las plantaciones ya era de 328 hectreas y el nmero de rboles de 158 460; es decir, que el aumento ha sido en diez aos de 112 hectreas y de 89 335 rboles; debiendo advertirse que en este nmero slo se comprenden los rboles verdaderos; mas, no los arbustos ni plantas de otras especies que sera imposible contar. La quinta y ltima causa de la salubridad pblica, depende del estado en que se halla la generalidad de la poblacin, pues todas las clases estn hoy mejor alimentadas, mejor vestidas y mejor alojadas que en los tiempos anteriores.

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OBRAS 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ Apndice SegundoCarta del emperador Napolen III al Ministro de la Marina y de las Colonias francesas, publicada en el Moniteur Universel del 9 de julio de 1861 Fontainebleau y julio 1 de 1861. Seor Ministro: despus de la emancipacin de los esclavos, nuestras colonias han tratado de procurarse trabajadores en las costas de frica, por va de rescate y por medio de contratos de enganchen que aseguren a los negros un salario por el trabajo que ejecutan. Estos enganches se hacen por cinco o siete aos, pasados los cuales los trabajadores son gratuitamente restituidos a su patria, a menos que prefieran fijarse en la colonia, en cuyo caso se les permite residir en ella bajo el mismo ttulo que los otros habitantes. Es preciso reconocer que este modo de reclutar difiere completamente de la trata, porque mientras sta tena por origen y por objeto la esclavitud, aqul, al contrario, conduce a la libertad. El negro esclavo enganchado como trabajador, es libre, y no est sujeto a otras obligaciones que a aquellas que resultan de su contrato. Sin embargo, han nacido dudas acerca de las consecuencias que estos enganches pueden tener sobre las poblaciones africanas; y se ha preguntado si el precio de rescate no constitua una prima para la esclavitud. Ya en 1859 yo mand que cesase todo reclutamiento en la costa oriental de frica, en la que haba presentado inconvenientes; despus prescrib que se restringiesen estas especies de operaciones en la costa occidental: y, en fin, he querido que se examinasen con el mayor cuidado todas las cuestiones que promueve la emigracin africana. Hoy firmo un tratado con la Reina de la Gran Bretaa, por el cual S.M. britnica consiente en autorizar en las provincias de la India, sometidas a su Corona, la contrata de trabajadores para nuestras colonias bajo las mismas condiciones que las observadas para las colonias inglesas. Nosotros, pues, debemos encontrar en la India, en las posesiones francesas de frica, y en los pases donde la esclavitud est proscrita, todos los trabajadores libres que necesitamos. En semejantes circunstancias, yo deseo que el reclutamiento africano por va de rescate, sea completamente abandonado por el comercio francs desde el da en que el tratado concluido con S.M. britnica empezare a recibir su ejecucin y durante todo el tiempo que rigiere. Si ese tratado cesase de existir, entonces el reclutamiento no podr renovarse, sino en virtud de una autorizacin expresa, y bajo la condicin de que se reconozca como indispensable y sin inconveniente.

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JOS ANTONIO SACO /247 /247 /247 /247 /247 Usted, pues, se servir tomar las medidas necesarias para que esta dicisin reciba su cumplimiento desde el 1 de julio de 1862, y que la introduccin de negros contratados posteriormente a esta poca en la costa de frica sea prohibida en nuestras colonias. Ruego a Dios que tenga a V. en su santa guarda. Napolen.

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CUBA ES LA QUE DEBE IMPONERSE CUBA ES LA QUE DEBE IMPONERSE CUBA ES LA QUE DEBE IMPONERSE CUBA ES LA QUE DEBE IMPONERSE CUBA ES LA QUE DEBE IMPONERSE SUS CONTRIBUCIONES, DIRIGINDOLAS SUS CONTRIBUCIONES, DIRIGINDOLAS SUS CONTRIBUCIONES, DIRIGINDOLAS SUS CONTRIBUCIONES, DIRIGINDOLAS SUS CONTRIBUCIONES, DIRIGINDOLAS E INVIR E INVIR E INVIR E INVIR E INVIR TINDOLAS EN SUS PROPIAS NECESID TINDOLAS EN SUS PROPIAS NECESID TINDOLAS EN SUS PROPIAS NECESID TINDOLAS EN SUS PROPIAS NECESID TINDOLAS EN SUS PROPIAS NECESID ADES ADES ADES ADES ADES1 1 1 1 1En las pocas palabras que acabo de estampar, descansa todo el edificio de la verdadera prosperidad de Cuba, y nada hay ms contrario a ella que el modo con que hoy se imponen y se gastan sus contribuciones, pues no se da en ellas ninguna intervencin a los contribuyentes. Quin es el que impone en Cuba las contribuciones? El poder. Quin es el que las invierte a su antojo? El poder. Y de qu modo las invierte? Del modo que bien le place, pues destituido el contribuyente de toda representacin, as en Cuba como en la Pennsula, no puede alzar su voz contra las insoportables exacciones de un fisco sediento de dinero. Asombro causa la enorme cantidad a que llega el presupuesto de Cuba; pero ms asombro causa todava, cuando se contempla que esa enorme suma se emplea, o mejor dicho, se despilfarra sin provecho del pueblo a quien se le arranca, y sin que tampoco saque gran ventaja la metrpoli. En enero de 1865 anunci el gobierno a las Cortes, que los gastos de la guerra de Santo Domingo haban costado a la isla de Cuba hasta septiembre de 1864 la espantosa suma de 280 millones de reales, o sea 14 millones de pesos; y si se aaden los nuevos gastos hechos hasta la terminacin de esa lucha fatal, bien puede asegurarse que no bajarn de 18 o 20 millones de pesos los invertidos por Cuba. Como no quiero incurrir en la nota de exagerado, prescindir de gastos tan extraordinarios, y me limitar a los de algunos aos anteriores, pues as se ver la enorme carga que hoy lleva Cuba sobre los hombros. Si volvemos la vista a los presupuestos de aquella Isla en 1840 y en 1854 observaremos que en el primer ao se gastaron 8 837 681 pesos, y en el segundo, 12 607 080 pesos; o sea, 38 % ms. Pero si bajamos a 1860, veremos que en slo el transcurso de seis aos el gasto subi a 29 610 778 pesos: es decir, a 129 % ms que en 1854. 1Papel de Saco impreso annimamente en Londres en 1865.

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JOS ANTONIO SACO /249 /249 /249 /249 /249 Este enorme recargo de contribuciones no se puede justificar, ni con el aumento de la poblacin de Cuba, ni con el de su riqueza, porque ni aqulla ni sta han duplicado, no ya en los seis aos de 1854 a 1860, pero ni aun en los 20 corridos de 1840 a 1860. Mas, aun cuando as hubiese sido, no hay razn para haber impuesto tan duras contribuciones, porque si bien la riqueza y la poblacin son elementos a que se debe atender al derramar los impuestos, hay otro que los domina, y que nunca se debe perder de vista. Este elemento es el que nace de las necesidades, no arbitrarias sino reales que tiene un pas, porque si ellas pueden estar plenamente satisfechas con una cantidad de 20, por ejemplo, sera terrible injusticia hacer pagar 40 a ese pas, tan slo porque es rico y populoso. Es muy importante saber a cunto asciende la contribucin que paga cada habitante cubano. Para esto, no tomar en cuenta los gastos inmensos y extraordinarios que Cuba ha hecho en los dos ltimos aos de la guerra de Santo Domingo, sino que me valdr de los presupuestos de los tres aos anteriores. Gastos de Cuba En 186029 610 778 pesos88 centavos 186131 170 382 52 186229 462 272 35 —————————— Total......90 243 433 pesos76 Esta suma repartida en esos tres aos, da para cada uno ms de 30 millones de pesos; pero es preciso advertir, que los presupuestos no contienen todas las cantidades que se han invertido, porque en ellos, sin saber por qu, no se hizo mencin de algunas. Tales son, no los gastos de la guerra de Santo Domingo, que no incluyo aqu como ya he dicho, sino los de su reincorporacin a Espaa, los cuales de 1861 a 1862 subieron a 2 333 210 pesos, y los de la expedicin a Mjico que importaron 2 560 955 pesos, sin contar los nuevos gastos que se hicieron para el retorno de las tropas a la isla de Cuba. Si los 4 894 165 pesos que forman estas dos partidas, se agregan a los 90 243 433 pesos arriba mencionados, pertenecientes a los aos de 1860, 1861 y 1862, tendremos un total de 95 137 598 pesos. O sea, en ao comn 31 712 532 pesos. ¡Qu contraste no presentan los presupuestos de Cuba con los del Canad, que es una de las colonias mejor gobernadas del mundo! Los ingresos de ella se calcularon, para el ao que terminar en 30 de junio de 1866, en 11 136 000 pesos, y los gastos del mismo ao, en 11 074 000 pesos.

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OBRAS 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ Esta ltima cantidad comparada con los gastos de Cuba en cada uno de los tres aos referidos, da contra ella la enorme diferencia de 20 648 532 pesos, o sea 191 %, no obstante de tener una poblacin menor que el Canad. La poblacin total de Cuba ascendi en 1861 a 1 396 530. Rebajando de este nmero 370 553 esclavos, quedan entre blancos y libres de color, 1 025 977. Al calcular las contribuciones que paga cada habitante cubano, algunos incluyen a los esclavos; pero como stos carecen de persona, nunca han figurado, ni en los tiempos antiguos ni modernos, en el nmero de los contribuyentes. Y no se pretenda contar entre stos a los esclavos, fundndose en que son elementos de produccin, porque si este argumento tuviera alguna fuerza, tambin se aplicara a los caballos, bueyes y otros animales que igualmente son productivos. Excluyendo yo, por tanto, a los esclavos del censo de Cuba, y repartiendo el gasto anual de ella que asciende a 31 712 532 pesos entre 1 025 977 personas libres, resulta que cada habitante cubano paga anualmente la espantosa suma de 30 pesos 90 centavos.2 Esta cifra marca una enorme diferencia entre las contribuciones de Cuba y las de otros pases. En la Pennsula, cada habitante paga solamente 6 pesos 80 centavos. Es decir, su contribucin es poco ms de la quinta parte de la del cubano. El pueblo britnico, a pesar de estar gravado con la deuda enorme de 4 000 millones de pesos, y cuyos rditos importan anualmente ms de 129 millones, slo contribuye con 11 pesos 60 centavos por cabeza, que es poco ms de un tercio de la del cubano. En 1862, cada francs pag ms de 6 pesos. En el mismo ao, cada holands contribuy con menos de 7 pesos. En ese referido ao, el impuesto de cada belga no lleg a 4 pesos. La poblacin del Canad es de mucho ms de 2 millones y medio; pero limitndola a slo 2 500 000 habitantes, y repartiendo entre stos los 11 074 000 pesos en que se calcularon los gastos para el ao civil que terminar en 1866, resulta que cada canadiense, a pesar de las erogaciones extraordinarias que tiene que hacer en las milicias y su armamento, por los temores que le inspiran los Estados Unidos, no paga sino 4 pesos 42 centavos. En aos anteriores, las contribuciones por cabeza de algunas colonias inglesas fueron las siguientes: Canad, casi 2 pesos, las otras colonias de Norteamrica, menos de 2 pesos; las Antillas britnicas, casi 5 pesos. El mal de Cuba es infinitamente ms grave, porque despus de pagar tan grandes cantidades, muy pocas son las que se emplean en su 2Debo advertir, que esta suma representa solamente la contribucin que aparece del presupuesto que en Cuba se lllama de Estado; mas, no la contribucin municipal, que es muy onerosa y opresiva.

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JOS ANTONIO SACO /251 /251 /251 /251 /251 fomento interior, gastndose todas las dems, ya en atenciones ajenas, ya en objetos improductivos, y a veces hasta perjudiciales. Sin salir de los presupuestos de los tres aos de 1860, 1861 y 1862, y sin incluir en ellos los 4 894 165 pesos invertidos de 1861 a 1862 en la anexin de Santo Domingo a Espaa y en la expedicin a Mjico, me concretar a insertar el estado comparativo por secciones de los gastos correspondientes a dichos tres aos. Gastos de Cuba El estado anterior manifiesta, que el ramo solo de Real Hacienda consumi en los tres aos de 1860 a 1862, casi la tercera parte de lo que se gast en todos los dems ramos de la administracin pblica de Cuba. Este hecho no necesita de comentarios, pues basta indicarlo para que se conozca la viciosa organizacin de ese ramo, y la imperiosa necesidad de reformar su administracin. En tiempos anteriores nos considerbamos muy atrasados; pero en verdad, que ya quisiramos volver a la poca en que la Real Hacienda de Cuba gastaba mucho menos, y estaba mejor administrada que hoy, pues tena todas sus cuentas corrientes, y se publicaba anualmente la balanza mercantil. He aqu lo que cost en los aos siguientes: En1828573 611 pesos6 reales 1829559 7376 1830537 7617 ———— Total....... 1 671 111 pesos3 reales186018611862Total PesosfuertesPesosfuertesPesosfuertesPesosfuertes Gracia y Justicia924 33234798 44643 847 52337 2 579 30215 Guerra7 647 24703 8 263 330157 779 03266 23 689 60984 Hacienda9 079 43537 10 183 7339010 279 93876 29 543 10803 Marina3 446 60863 3 563 73178 3 637 9044510 648 24486 Gobernacin1 657 533521 927 60142 2 098 06250 5 683 19744 Fomento1 148 66212997 36983980 467523 126 49947 Atencin de la 5 372 205005 086 364003 495 7700013 954 33900 Presupuesto de Fernando Po 334 75486349 80500343 573081 028 13294 29 610 77888 31 170 38252 29 462 27235 90 243 43376

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OBRAS 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ Estos guarismos comparados con los de 1860, 1861 y 1862, demuestran que la Real Hacienda de Cuba cost en estos tres ltimos aos 17 veces y media ms que en los de 1828 y 1830. El ejrcito de Cuba ha absorbido En18607 647 247 pesos 18618 263 330 18627 779 032 ———— Total......... 23 689 600pesos ————— Ao comn7 896 536pesos 33 centavos Qu necesidad hay en Cuba de un ejrcito que consume anualmente casi 8 millones de pesos? Ser para comprimir las tentativas revolucionarias de aquellos habitantes? De su lealtad a la metrpoli acaban de dar la prueba ms evidente, porque desguarnecida la Isla durante dos aos con la salida de casi todas sus tropas para Santo Domingo, no ha habido un solo cubano que haya lanzado un grito sedicioso, ni pensado siquiera en tramar la ms leve conspiracin. Este hecho reconocido y celebrado por el mismo gobierno demuestra la inutilidad del lujo y aparato militar que tanto se ostenta en Cuba. No son bayonetas ni caones lo que en ella se necesita, sino buenas instituciones. Ser tan dispendioso ejrcito para estar preparados contra una invasin extranjera? Pero quines sern los invasores? De Inglaterra y de Francia nada tiene Espaa que temer, y los nicos que pudieran infundirle recelos y desconfianza, son los Estados Unidos; pero stos en su actual situacin estn muy lejos de pensar en la conquista de Cuba. Aun suponiendo que lo pensasen ahora, y que tratasen de realizarlo inmediatamente, con qu fuerzas cuenta Cuba para frustrar ese proyecto? La Revista Militar de aquella Isla del 9 de julio del presente ao, dice lo siguiente: “El ejrcito de esta Isla ha quedado definitivamente organizado en nueve regimientos de infantera de a dos batallones, y cuatro de stos sueltos de cazadores, todos de a 1 000 plazas cada uno; en dos regimientos de caballera de a cinco escuadrones; un batalln de ingenieros de ocho compaas y dos regimientos de artillera, uno de a pie y otro de montaa, el primero de a dos batallones y el otro de a cinco compaas de montaa y una montada. La guardia civil y las milicias no han sufridos alteracin, y contando sus fuerzas con las del ejrcito, se pueden calcular todas aproximadamente en 36 000 y 4 000 caballos”. Y se cree que ese ejrcito tan ruinoso para Cuba, pudiera librarla de las garras de los Estados Unidos? El da en que los cubanos estn

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JOS ANTONIO SACO /253 /253 /253 /253 /253 bien gobernados, vivirn satisfechos y contentos, teniendo entonces una patria que hoy no tienen, se sacrificarn por ella. En esto y slo en esto consiste la verdadera defensa de Cuba; pero mientras las cosas no cambien, para que tambin cambien los sentimientos de aquellos isleos, de qu sirven esos millares de hombres esparcidos por toda la Isla y en medio de una poblacin, que mal gobernada y oprimida, estara poco dispuesta a apoyarlos? stos, por ms que peleasen con el valor que es propio de las tropas espaolas, nunca podran triunfar de las numerosas legiones que en pocos das echara sobre Cuba aquella poderosa repblica: y como ella tiene adems una marina perfectamente equipada y muy superior a la de Espaa, podra bloquear la Isla, y apoderarse de ella, a pesar de nuestro ejrcito. Tampoco se olvide, que todas nuestras fortalezas, son viejas y que con los grandes progresos que ltimamente se han hecho en la marina de guerra y en la artillera, nuestras plazas fuertes no pueden resistir a los ataques de un enemigo; sobre todo, si ste se halla a nuestras puertas, y con inmensos recursos. Estas reflexiones deben inducirnos a disminuir considerablemente el ejrcito de Cuba, pues hacindolo, no slo recibirn un grande alivio sus rentas, sino que muchos de los peninsulares que hoy van a Cuba a pasar su vida en la inaccin y en la no muy moral escuela de nuestros cuarteles, se quedaran en la madre patria, pudiendo dedicarse con provecho a la agricultura, a la industria o a otras profesiones. El Canad, no obstante los amagos de invasin de los Estados Unidos, slo ha destinado en sus presupuestos de 1865 a 1886, la suma de 500 000 pesos para la milicia de su territorio; y aunque es cierto que en l existen tropas veteranas, stas son pagadas por la metrpoli lo mismo que acontece con todas las dems que la Gran Bretaa tiene en sus colonias. No estaba Cuba desguarnecida en los tiempos en que su ejrcito le costaba menos que la mitad de hoy, y esta asercin la comprueban los nmeros siguientes: En18282 543 601 pesos2 reales 18293 307 3553 18303 333 3700 Total....... 9 184 326 pesos5 reales Las cifras anteriores manifiestan, que el trmino medio del gasto del ejrcito en cada uno de esos tres aos ascendi a 3 061 442 pesos; y repito que Cuba no estaba entonces desguarnecida, porque con los temores de la invasin que Mjico y Colombia intentaban hacer en ella, el ejrcito se aument considerablemente, recargando sus presupuestos.

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OBRAS 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ Las fuerzas terrestres que aquella Isla tena entonces, son las siguientes: La marina consumi: En18603 446 608 pesos63 cts. 18613 563 73178 18623 637 90445 ————— Total....... 10 648 90486 cts. Este total da, por trmino medio, en los tres aos, 3 549 414 pesos. Mas, a cunto ascendi el gasto de la marina en aquellos aos en que Cuba se vio forzada a aumentar sus fuerzas navales desde que Mjico y Colombia la amenazaron con una invasin? En18281 725 414pesos 7reales 18291 505 4137 18301 508 4681 ———— Total...... 4 739 296 pesos7reales ———— Ao comn ......1 579 765 pesos0reales Comparados estos tres ltimos aos con los tres anteriores, aparece una enorme diferencia entre los gastos de las dos pocas. Nunca debe perderse de vista, que el servicio que presta la marina, no es propiamente su servicio local, sino general a toda la nacin, y, por consiguiente, sus gastos deben salir, no de las cajas particulares de una provincia, sino de la Tesorera general. Esto es cabalmente lo que se hace con todos los buques de guerra empleados en la Pennsula, y es notable injusticia que Cuba quede exenta de esta regla. Adems, tngase muy presente, que las cajas de aquella Isla contribuyen anualmente con muchos millones de pesos que enva a la Pennsula para las atencio-BatallonesCompaasEscuadrones Fuerza veterana.............1611 2 Milicias disciplinadas..... 8 6 6 Milicias urbanas.............44 8 Voluntarios realistas...... 3 22 Total de la fuerza terrestre 27 83 16

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JOS ANTONIO SACO /255 /255 /255 /255 /255 nes generales de la nacin: de manera, que debera descargrsele de los gastos extraordinarios que le ocasionan, no ya dos o tres buques de guerra, sino una parte considerable de la escuadra espaola. Los gastos del ramo de Gracia y Justicia en los tres aos de 1860, 1861 y 1862 importaron 2 570 302 pesos; o sea, 856 767 en ao comn. Todo el que examine con imparcialidad nuestros presupuestos, conocer que pueden hacerse muchas economas en las partidas de que se componen. Pero el gran mal no consiste aqu en el ms o menos dinero invertido, sino en que no podemos gloriarnos de tener una recta administracin de justicia, porque muchos de sus ministros se olvidan de sus deberes con mengua de su dignidad y desdoro de la nacin. Acontece con frecuencia, que en los campos y caminos reales de Cuba se da muerte violenta a muchos criminales, no en virtud de una sentencia judicial, sino por orden de un jefe militar, de un subalterno muy inferior, y a veces, hasta de un simple comisionado. Yo admito que esos criminales merecen la muerte, pero esta pena nunca debe imponrseles, sino despus de un juicio solemne en que hayan sido convencidos y condenados; y proceder de otra manera en un pas profundamente tranquilo, es la prueba ms evidente de la impotencia de los tribunales y de la ineficacia de las leyes de Cuba. Los gastos de Gobernacin Civil han ido creciendo, pues en 1860 llegaron a 1 657 533 pesos; en 1861, a 1 927 601, y en 1862, a 2 098 062. Mas, a pesar de esta proporcin ascendente, estamos acaso mejor gobernados? La Polica nos cost 234 073 pesos en 1861, y 240 398 en 1862. Pero despus de gastar tan gruesas cantidades, es innegable que no tenemos polica, porque la bolsa y la vida de los moradores de Cuba estn a merced de los ladrones y asesinos que infestan, no slo los campos, sino aun las poblaciones, y por extrao que parezca, en ninguna parte est el hombre ms expuesto que en la misma capital. La Seccin de Fomento nos ofrece para 1860 un gasto de 1 148 662 pesos; para 1861 de 997 369, y para 1862 de 990 467. Estos nmeros patentizan, que cada ao nos vamos fomentando menos, o lo que es lo mismo, que se mira con sumo abandono el fomento interior de la Isla. No me es posible entrar de lleno en punto tan importante; pero es indispensable que haga acerca de l algunas observaciones. Sin vas de comunicacin, ningn pas puede progresar. De canales carece Cuba enteramente, y los pocos caminos de hierro que tiene son todos de empresa particular. Las carreteras estn por construirse, y tan horrible es el estado de lo que all se llama caminos, que stos son intransitables en la estacin de las lluvias, y muchos pueblos quedan aislados entre s; tanto ms, cuanto que, sin puentes nuestros ros, sus frecuentes avenidas cortan toda comunicacin.

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OBRAS 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ La colonizacin blanca es uno de los asuntos ms vitales para Cuba. Pero cmo se la fomenta? En 1861 se emplearon en ella .............24 031pesos94 centavos De esta suma se gastaron en el pasaje de colonos canarios .......................... 13 000 Y en empleados, gastos extraordinarios y reparaciones de edificios .......... 11 031 9494 En 1862 se invirti exactamente la misma cantidad, no slo en el total, sino en cada una de las partidas, pues todas son tan idnticas, que no discrepan ni en un solo centavo. ¡Coincidencia por cierto tan extraordinaria, que ella prueba el cuidado y escrpulo que se pone en la formacin de los presupuestos de Cuba! Atendiendo al gasto total de los referidos dos aos, y al que se emple en el pasaje de los colonos, se ve que stos fueron en cortsimo nmero, y que la tal colonizacin es puramente nominal, no sacando de ella utilidad sino los empleados que gozan de un sueldo, y tambin la Real Hacienda. Digo la Real Hacienda, porque sta cobra y gasta en otras atenciones los fondos especialmente destinados para el fomento de la colonizacin blanca. Muchos aos ha, que para protegerla, se impuso en Cuba un derecho sobre las costas procesales, el cual ascendi: En186165 350pesos36centavos 186267 01093 ———— Total. ......132 361pesos29 Esta suma comparada con los...............48 063 pesos 88 centavos invertidos en la poblacin blanca en los referidos dos aos, deja a favor de la Real Hacienda la cantidad de ................ 84 29741 ¡As se fomenta en Cuba la colonizacin blanca! Pero no es esto lo peor: eslo s, que mientras se mira con tanto abandono el fomento de la poblacin blanca en Cuba, a sta se le arrancan anualmente algunos centenares de miles de pesos para fomentar la colonizacin negra de Fernando Po. Ah estn los presupuestos que no me dejarn mentir. En 1860 gast Cuba en aquella isla africana

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JOS ANTONIO SACO /257 /257 /257 /257 /257 334 754 pesos 1861349 805 1862343 573 ———— Total....... 1 028 132pesos Esta cifra comparada con la que Cuba gasta en su propia colonizacin, forma el contraste ms vergonzoso. El fomento de Fernando Po, lejos de ser una empresa particular de Cuba o de otra provincia, es una empresa nacional, cuyos gastos deben salir del presupuesto general de la monarqua espaola. Qu dira la provincia de Catalua, la de Valencia, u otra cualquiera de la Pennsula, si sobre algunas de ellas gravitasen exclusivamente todos los gastos de Fernando Po? Todas alzaran el grito contra tamaa injusticia. Y entonces, por qu ha de ser Cuba la vctima que ha de soportar tan extraordinaria carga? No basta, que despus de ser ella sola la que cubre todos sus inmensos gastos, remita, adems, anualmente a la Pennsula muchos millones de pesos fuertes? No basta, que pague tambin los consulados y legaciones que tiene Espaa en los pases americanos? Tiempo ha que se est hablando en Cuba de colonizacin blanca y nunca se la fomenta. Pero cmo se ha de fomentar, cuando en las circunstancias en que vivimos, ella encuentra dificultades insuperables? Qu estmulo ni recompensa se ofrece hoy al colono blanco que vaya a trabajar en los campos de Cuba? El salario que ganara, es insuficiente para satisfacer aun las necesidades ms indispensables suyas y de su familia, porque gravados con enormes contribuciones, no slo todos los elementos de produccin, sino aun los mismos productos, as en su circulacin interna, como a su salida de la Isla, el hacendado no puede, sin arruinarse, dar una retribucin competente a los blancos emigrados. A este obstculo econmico, ya por s solo bastante poderoso, se agregan otros que nacen de las instituciones polticas, y que mientras existan, alejarn de los campos de Cuba a los colonos blancos que en ellos pudieran fijarse. Otro punto de importancia vital para Cuba, es la instruccin primaria. Mas, cul es el estado que ella presenta en aquella Isla? El ms lamentable sin duda. En los tres aos de 1860, 1861 y 1862, Cuba gast en el ejrcito, en la marina y en otros ramos, ms bien ajenos que suyos, la enorme suma de 95 137 589 pesos. Mas, cunto de ella se emple en ensear a leer y escribir a la msera poblacin cubana? Fuerza ser responder que no se invirti en tan santo y patritico objeto ni un solo maraved. Y no se diga, que si esto sucedi entonces, ya hoy no se repite, porque el nuevo plan de estudios manda, que anualmente se empleen en la

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OBRAS 258\ 258\ 258\ 258\ 258\ primaria instruccin, 10 000 pesos a lo menos. Y qu es tan ruin cantidad para remediar las grandes necesidades de un pueblo que paga tan estupendas contribuciones? Ni se diga tampoco que los ayuntamientos estn encargados de dar al pueblo la instruccin primaria; porque los ayuntamientos de Cuba son pobres en general, tienen que cubrir otras atenciones, y sabiendo que los vecinos estn gravados con los ms pesados tributos, no se atreven a proponer otros nuevos para sacar la primaria enseanza del lamentable estado en que se halla. Todos los hechos y consideraciones presentados hasta aqu, y otros muchos que pudieran exponerse, demuestran evidentemente, que es preciso cambiar de rumbo en el rgimen de aquella Isla. No hay pas que, proporcionalmente a su poblacin, tenga un presupuesto tan recargado como Cuba, y cuyas contribuciones estn tan injustamente repartidas y tan malamente gastadas. La situacin en que nos hallamos, exige con urgencia una reforma radical en los puntos que abraza este papel, y en otros que pudieran tratarse por personas ms competentes que nosotros. Mientras no se haga esa reforma, dando a Cuba una intervencin directa en la formacin de sus presupuestos, y en la administracin e inversin de sus rentas, ni sus habitantes sern felices, ni tampoco se estrecharn, cual conviene, las ntimas y cordiales relaciones que deben existir entre Cuba y Espaa. Londres y octubre 17 de 1865.

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LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA VITUD POLTIC VITUD POLTIC VITUD POLTIC VITUD POLTIC VITUD POLTIC A A QUE LAS PRO A A QUE LAS PRO A A QUE LAS PRO A A QUE LAS PRO A A QUE LAS PRO VINCIAS VINCIAS VINCIAS VINCIAS VINCIAS DE UL DE UL DE UL DE UL DE UL TRAMAR FUERON CONDENAD TRAMAR FUERON CONDENAD TRAMAR FUERON CONDENAD TRAMAR FUERON CONDENAD TRAMAR FUERON CONDENAD AS AS AS AS AS POR EL GOBIERNO Y LAS COR POR EL GOBIERNO Y LAS COR POR EL GOBIERNO Y LAS COR POR EL GOBIERNO Y LAS COR POR EL GOBIERNO Y LAS COR TES TES TES TES TES CONSTITUYENTES EN 1837 FUE UN ACTO CONSTITUYENTES EN 1837 FUE UN ACTO CONSTITUYENTES EN 1837 FUE UN ACTO CONSTITUYENTES EN 1837 FUE UN ACTO CONSTITUYENTES EN 1837 FUE UN ACTO ANTICONSTITUCIONAL Y NULO ANTICONSTITUCIONAL Y NULO ANTICONSTITUCIONAL Y NULO ANTICONSTITUCIONAL Y NULO ANTICONSTITUCIONAL Y NULOCarta al Excmo. seor D. Antonio Cnovas del Castillo, ministro de UltramarPars y junio 15 de 1866. Excmo. seor: V.E. estudia las cuestiones de Ultramar, y para mejor estudiarlas, el gobierno ha mandado por el Real Decreto de 25 de noviembre prximo pasado, que se abra en Madrid una Informacin. Yo no s si sta llegar a efectuarse, pues es posible que haya motivos que la impidan. Tampoco s si, en caso de efectuarse, se tratar de los derechos polticos de Cuba y Puerto Rico, porque si bien esto se da a entender en el mencionado real decreto, V.E. dijo en el discurso que pronunci en el Senado el 24 de marzo, que la Informacin solamente sera un acto administrativo Pero de cualquier modo que sea, yo suplico a V.E. que me dispense el honor de leer el siguiente artculo que ahora publico, y de considerarlo como la primera pieza que debe figurar ante la Junta de Informacin. Es de V.E. con el ms profundo respeto su atento servidor Q. B. S. M. JOS ANTONIO SSACOEn medio de las delicadas circunstancias en que hoy nos encontramos, same permitido volver los ojos atrs para examinar, bajo un punto de vista enteramente nuevo, hechos que pasaron casi 30 aos atrs ha. De la exclusin de los diputados de las provincias de Ultramar, y del despojo de los derechos polticos que ellas estn sufriendo desde 1837, responsables fueron el gobierno y las Cortes constituyentes de aquella poca, pues as aqul como stas, quebrantaron escandalosamente la Constitucin de 1812 que acababan de jurar.

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OBRAS 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ Una triste esperiencia ensea que no hay hombres que ultrajen a la humanidad con ms desprecio, ni que atropellen las leyes y la libertad con ms insolencia, que los revolucionarios que se erigen en regeneradores de la humanidad y en defensores de las leyes y de la libertad. Esto, como otras veces, se vio en Espaa con los acontecimientos que cayeron sobre las provincias de Ultramar en 1837. Elevado al poder el partido progresista por la revolucin que hizo en 1836, el ministerio que sali de ella infrigi desde sus primeros pasos el Cdigo fundamental que haba jurado; y lo infrigi, no para consolidar la libertad de la gran familia espaola, sino para esclavizar a un parte interesante de ella. El primer acto con que la revolucin celebr su triunfo, fue el Real Decreto de 13 de agosto de 1836 por el que se mand restablecer la Constitucin de 1812. Concebido este decreto en trminos absolutos, abrazaba toda la monarqua, y tan aplicable era a las provincias de aquende como a las de allende los mares. Sin excepcin de ningn pas, habl tambin la Reina gobernadora en el manifiesto que public, a la nacin, en 22 de agosto del mismo ao. “Yo he jurado, dijo aquella seora, yo he jurado tambin, y mandado publicar y jurar en todo el reino la Constitucin de 1812 ... As vuelve a ser ley fundamental del Estado la que en otro tiempo lo fue”. Con menosprecio de este manifiesto y de aquel real decreto que ninguna excepcin ni restriccin contenan, el ministerio, arrancando la firma a la angustiada Reina que en calidad de regente ocupaba entonces el trono, mand en 19 de agosto de 1836, que no se promulgase en las provincias de Ultramar la Constitucin que se haba publicado y jurado en la Pennsula. Pero pudo el gobierno dictar una orden de tal naturaleza? De ninguna manera. El artculo 1 de aquella Constitucin dice: “La nacin espaola es la reunin de todos los espaoles de ambos hemisferios”. Si, pues, la Constitucin de 1812 se mand publicar y jurar en la nacin, o en todo el reino que es lo mismo; si esa Constitucin volvi a ser ley fundamental del Estado ; y si esta ley fundamental fue, como siempre es, superior a la voluntad de todos los ministros y monarcas, evidente es que el poder ejecutivo no pudo suspender la publicacin de aquel Cdigo en las provincias ultramarinas. Esa real orden fue anticonstitucional y nula, porque se encaminaba a privar a todas aquellas provincias de los derechos que la Constitucin les conceda, y en cuyo goce entraron virtualmente con slo el hecho de haber sido ella restablecida, pues su simple promulgacin bastaba para que todos los espaoles de ambos mundos entrasen de nuevo dentro del crculo de la ley fundamental, de esa ley comn a todos ellos, y de la cual ningn poder, y mucho menos el ejecutivo, pudo privarlos ni un instante. Enorme fue la culpa que entonces

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JOS ANTONIO SACO /261 /261 /261 /261 /261 cometi un ministerio que se jactaba de eminentemente liberal; y si los diputados ultramarinos hubieran llegado a sentarse en aquellas Cortes, su primer deber habra sido acusarlo de infractor de la ley fundamental del Estado, aunque estoy convencido de que hubiera quedado impune. Ni consisti todo su pecado en esta grave infraccin; que al mismo tiempo sigui una conducta contradictoria y tortuosa, pues en la misma real orden en que prohibi que se publicase la Constitucin en las provincias de Ultramar, en esa misma mand que se hiciesen, en virtud de ella y a nombre de ella, las elecciones para diputados. Extrao modo de proceder; porque el paso que se negaba el principio, se admitan las consecuencias. La Constitucin era un comodn para el ministerio, pues la aceptaba o la rechazaba segn su antojo y capricho. Injusto con la Amrica, y perjuro hacia el Cdigo fundamental, fue tambin aquel ministerio, porque en la convocatoria que para las Cortes constituyentes public el 21 de agosto de 1836, cometi doble infraccin. La primera, alterando la base de la poblacin para el nombramiento de diputados; y la segunda, sirvindose de esa misma alteracin para aumentar el nmero de representantes en las provincias de la Espaa europea, y disminuirlo en las de la Espaa ultramarina. El artculo 31 de la Constitucin de 1812 establece que por cada 70 000 almas se nombra un diputado, pero ese ministerio, contrariando abiertamente el artculo anterior, mand por el 2 de su convocatoria, que todas las provincias de la Pennsula e islas adyacentes nombrasen un diputado por cada 50 000 almas. El artculo 32 de la citada Constitucin dispone, que si en algunas de las provincias resulta el exceso de ms de 35 000 almas, se elija un diputado ms como si el nmero llegase a 70 000. Pero qu hizo aquel ministerio? Mandar por el artculo 3 de su convocatoria, que la provincia en la que hubiese un exceso de 25 000 almas, nombrase un diputado ms. La confrontacin de los dos artculos de la convocatoria con los de la Constitucin, demuestra claramente que el famoso ministerio progresista se burlaba a su antojo del mismo Cdigo que acababa de jurar. Pero no esto es lo peor, eslo s, que mientras dio a las provincias de la Pennsula e islas adyacentes un diputado por cada 50 000 almas, a las provincias de Ultramar les mutil su presentacin. Transcribamos el artculo 20 de la convocatoria. “A fin de facilitar las elecciones en las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y de que sus diputados concurran a las prximas Cortes lo ms pronto posible, se verificarn las elecciones del mismo modo que se hicieron las de procuradores a la Cortes convocadas en virtud del Estatuto Real y reales rdenes posteriores; pero el nmero de diputados y suplentes que en cada provincia se han de nombrar, ser el mismo que se nombr para las Cortes de los aos de 1820 y 1822 ”.

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OBRAS 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ De este artculo aparece: 1 Que para las provincias de Ultramar no se aplic la base de 50 000 almas, como para la Pennsula e islas adyacentes; y que no aplicndose, se quebrant el artculo 28 de la Constitucin, que dice: “ La base para la representacin nacional es la misma en ambos hemisferios ”. 2 Que aun suponiendo que las elecciones de Ultramar se hubiesen debido verificar, por la premura del tiempo, del mismo modo que se hicieron las de procuradores a las Cortes convocadas en virtud del Estatuto Real, lo justo y lgico era que el nmero de diputados fuese en proporcin de la poblacin que ellas tenan entonces; pero decretar que el nmero de diputados que ellas nombrasen fuese el mismo que en 1820 y en 1822, es el colmo de la parcialidad e injusticia. Circunscribindome a la isla de Cuba; cul era su poblacin en esos aos, y cuntos sus diputados? stos fueron cuatro, porque la poblacin blanca que era entonces la nica que serva de base para esos nombramientos, apenas llegaba a 250 000. Dicha poblacin ascendi en 1836 a casi 400 000 almas y tomando por base 70 000 para cada diputado, tendramos seis, con inclusin del exceso de ms de 35 000; pero si esa base hubiese sido de 50 000 que se dio a la Pennsula, entonces habran resultado para Cuba ocho diputados, en vez de los cuatros que le tocaron. Este nmero hubiera sido mucho mayor sin la injusticia que cometieron contra la Amrica los autores de la Constitucin de 1812; injusticia que debo exponer aqu y de la que pocos de la presente generacin cubana tienen ya conocimiento, porque sta, ni aun por poco tiempo ha vivido, como los que a otra pertenecemos, bajo el rgimen de aquella Constitucin. El artculo 29 de sta, al fijar la base para la representacin nacional, dice: “Esta base es la poblacin compuesta de los naturales que por ambas lneas sean originarios de los dominios espaoles, y de aquellos que hayan obtenido de las Cortes carta de ciudadano, como tambin los comprendidos en el artculo 21”.1El artculo 29 excluy de la base de poblacin para el nombramiento de diputados, no slo a los esclavos, que yo convengo en que no debieron incluirse en ella por carecer de persona legal, sino a millones de individuos, que a pesar de no ser ciudadanos, eran libres y tenan derecho a ser contados como base de poblacin. Reduciendo sta a slo los naturales que por ambas lneas eran originarios de los dominios espaoles quedaron excluidos todos los indios, todos los libres de raza africana, y todas las clases intermedias derivadas de la mezcla de los blancos con los in1El artculo 21 se refiere a los hijos legtimos de los extranjeros domiciliados en las Espaas, que habiendo nacido en los dominios espaoles, renan otros requisitos de que habla el mismo artculo.

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JOS ANTONIO SACO /263 /263 /263 /263 /263 dios, de los blancos con los de sangre africana, de los de sta con los indios, y los de otras clases mixtas a que dio origen en Amrica el mutuo enlace de esas mismas clases entre s. De esta manera se logr menguar considerablemente la diputacin americana, y ponerla en cortsima minora respecto de la de Europa, a pesar de que la poblacin libre y contribuyente de Amrica era mucho mayor que la de la Pennsula e islas adyacentes. Tamaa injusticia no se pudo cometer sin poner el artculo 29 en diametral oposicin con el 5 de aquel Cdigo, en que expresamente se declara como espaoles, “a todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Espaas y a los hijos de stos ”. Segn este ltimo artculo, todos los indios de Amrica, y todos los libres de raza africana, as como el producto de la mezcla de unos y otros, y de los blancos con todos ellos, son espaoles; mas, no obstante de serlo, todos fueron excluidos por el artculo 29 ya citado de la base de la poblacin para el nombramiento de diputados americanos. La mano feroz de la conquista acab en breve con los indios de Cuba; pero desgraciadamente los reemplazaron en ella negros africanos. Con el transcurso del tiempo, muchos de stos fueron adquiriendo su libertad; y como el nmero 4 del artculo 5 de la Constitucin de 1812 los declar espaoles, sin convertirlos por eso en ciudadanos, es claro que, sin la disposicin del artculo 29, ellos habran entrado como base de la poblacin cubana para aumentar el nmero de diputados. En cuanto al llamamiento de stos en 1836, el ministerio progresista no slo fue infractor de la Constitucin, sino que procedi hasta con mala fe. Esta acusacin es grave, y por lo mismo es necesario que yo la funde en documentos oficiales. Los seores ministros D. Ramn Gil de la Cuadra y D. Antonio Garca Camba, el primero de la Gobernacin, y el segundo de la Guerra, comunicaron al general D. Miguel Tacn, entonces capitn general de Cuba, la Real Orden de 19 de agosto de 1836, y en ella se leen las siguientes palabras: “Tan luego como S.M. se digne aprobar la convocatoria a las Cortes, que se est formando, se comunicar a V.E., a fin que sin la menor dilacin se ejecuten en esa Isla las elecciones de diputados: porque los deseos de S.M. son que el cuerpo representativo de todas las partes integrantes de esta vasta monarqua, fije la Constitucin que ha de regirla ”. En la exposicin que sobre la convocatoria a Cortes hizo a la Reina Gobernadora no ya un ministro, sino todo el ministerio, ste se expres as, respecto de los diputados de Ultramar. “Aun practicndose las elecciones por el mtodo brevsimo que se han hecho ltimamente [en la Pennsula], se corre grave riesgo de que no lleguen a tomar parte sus representantes en la discusin de todos los importantsimos negocios que han de ocupar a las prximas Cortes Para ocurrir a tan fatal con-

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OBRAS 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ tingencia hubieran deseados los ministros de V.M. proponer un medio supletorio semejante al que se adopt en el ao 20, disponiendo que los naturales de Ultramar residentes en la Pennsula nombrasen diputados interinos hasta la llegada de los propietarios. Tamaa ficcin, tolerable si se quiere en unas Cortes ordinarias como aqullas, y casi indispensable cuando se llamaba a los diputados de todos los pases que formaban nuestros vastos dominios de Amrica, no puede admitirse en la composicin de un cuerpo representativo, encargado de discutir la Constitucin del Estado, que por ningn pretexto puede votarse sin misin legtima, y bastante numeroso PARA QUE NO SEA REPARABLE LA FALTA MOMENTNEA del corto nmero de diputados que a las islas corresponde nombrar ”. El mismo seor ministro Gil de la Cuadra comunic tambin al mismo general Tacn la Real Orden de 23 de agosto de aquel ao, y en ella se dice: “Deseando al propio tiempo que no se pierda momento en que se verifique en esas islas la eleccin de diputados, y que stos vengan con la brevedad posible a desempear las importantes funciones de tan distinguido encargo remito a V.E. de la misma Real Orden el decreto dado por S.M. en 21 del actual, convocando a Cortes para el 24 de octubre prximo, al que va unida la exposicin hecha por el ministerio a S.M.” Estas reales rdenes y la convocatoria se circularon igualmente a las dems provincias de Ultramar; y de esos documentos aparece, que el gobierno juzg necesario, en agosto de 1836, que ellas fuesen representadas en las Cortes constituyentes de aquella poca. En este propsito permaneci dos meses despus, porque en la memoria que el ministro de Marina ley a las Cortes en 24 de octubre de aquel ao se encuentran estas palabras al hablar de los diputados de Ultramar. “Que hacindose inmediatamente las elecciones de diputados, se les facilite su ms pronta venida a tomar parte de las deliberaciones importantes del Congreso; y por este medio la nueva ley constitucional ser comn, y general su observancia en todos los ngulos de la monarqua”. Queda, pues, probado con todos los documentos anteriores, que el gobierno reconoci expresamente y repetidas veces el derecho y la necesidad de que las provincias de Ultramar fuesen legtimamente representadas en aquellas Cortes constituyentes. Pero si esto fue as, cmo es que ese mismo gobierno, ponindose en completa contradiccin con sus actos anteriores, y con mengua de su dignidad, pronuncia en la sesin del 9 de marzo de 1837, por el rgano del seor Mendizbal, entonces ministro de Hacienda, estas breves palabras que llenaron de sorpresa a muchos diputados? “He pedido la palabra nicamente para manifestar que el gobierno est enteramente de acuerdo con la comisin ”. Pero qu era lo que peda la comisin? Nada

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JOS ANTONIO SACO /265 /265 /265 /265 /265 menos que el despojo de los derechos polticos de las provincias de Ultramar, y la exclusin de sus diputados; diputados cabalmente que ese mismo gobierno haba llamado con tanta urgencia por dos reales rdenes y una convocatoria. Para disculpar tan punible contradiccin, dijo el seor Argelles, que el gobierno obr as, porque despus de publicada la Constitucin, l no pudo menos de convocar a los diputados de Ultramar. Vana disculpa. Cierto es, que procediendo constitucionalmente, el gobierno no pudo hacer otra cosa; pero no hizo l otras muchas contra la misma Constitucin? No mand que sta no se publicase en aquellas provincias cuando careca de autoridad para ello? No alter a su antojo la base de la representacin nacional contra artculos terminantes de la misma Constitucin? No mand contra ella que los diputados no tuviesen dietas? No cambi tambin a su manera y contra la Constitucin la forma del juramento que deban prestar los diputados? Pues, si todo esto y otras cosas hizo, tan slo porque le convinieron, bien pudo tambin, con las facultades dictatoriales que se arrog, no haber expedido convocatoria para el nombramiento de diputados ultramarinos; sobre todo, cuando cometi el atentado de prohibir que se publicase en aquellas regiones la Constiucin de 1812. Yo repito que el ministerio procedi de mala fe; y de mala fe, porque habiendo tenido desde el primero o segundo da de su existencia la intencin muy decidida de que las provincias de Ultramar no fuesen representadas en aquellas Cortes, l, sin embargo, estuvo dictando rdenes y decretos enteramente contrarios a lo mismo que se haba propuesto no cumplir. El seor Sancho, que despus de Argelles fue el diputado que ms se empe en esclavizar a los pueblos ultramarinos, pronunci en la sesin del 5 de abril de 1837 un grosero e insolente discurso contra Cuba, y en presencia de los ministros dijo lo que paso a transcribir: “Se dice tambin que el gobierno ha mudado de opinin desde entonces hasta ahora. Algunos seores diputados podrn creer que ha mudado de opinin. Yo creo, y a nadie le consta como a m, que no es as, y tengo precisin de manifestar este hecho, para que se sepa que el gobierno jams ha tenido la opinin de que deban concurrir los diputados de Amrica. Lo ha mirado como un mal que era menester cortar y cuanto antes Yo tengo un dato que me es preciso referir a las Cortes. ”Al otro da o dos das despus de publicada la Constitucin, y de nombrados los actuales secretarios del despacho, encontr al seor Gil de la Cuadra en el Prado, y reunindome con l como tena de costumbre, hablamos de la necesidad que haba de convocar las Cortes; y yo record con S.S. las circunstancias en que se haba visto la nacin el ao

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OBRAS 266\ 266\ 266\ 266\ 266\ de 20, anlogas a las del da, e indiqu que se podra tener presente la convocatoria de entonces. Al da siguiente vino S.S. a mi casa con todos los antecedentes, y me dijo: puesto que V. extendi esta convocatoria, porque en efecto yo la extend por ser individuo de la Junta Provisional de entonces; puesto que V. debe tener ms presente todas las circunstancias, que no es posible ni fcil que otro recuerde mejor, yo le ruego que extienda el acta de convocatoria para las prximas Cortes. Digo esto, porque soy enemigo de misterios, y menos en cosas en que en mi concepto no debe ya haberlos. Efectivamente, no era regular que yo me negase a hacer el sacrificio que exigan de m los deberes de la amistad; y, por lo tanto, me encargu de la extensin de la convocatoria. Tratndose de este trabajo tuvimos que hablar de estas cuestiones; all se ventilaron esos puntos que el seor Caballero2 ha querido comparar con la cuestin del da, y que son tan diferentes, habiendo el gobierno podido resolver aqullas y no sta... ”Pasando enseguida a la cuestin de la Amrica, qu es lo que se resolvi por el gobierno? Primero, que no rigiese all la Constitucin hasta que las Cortes determinasen: segundo, que no viniesen diputados de aquellos pases, sino en el menor nmero posible ; y si slo se llam un nmero igual al que vino a las Cortes del 20 al 21, es decir, ocho en vez de 17 El gobierno hizo por su parte cuanto estuvo en su mano para disminuir una calamidad como sta; pero no se atrevi a decir: yo resuelvo definitivamente que la Constitucin no se ha de poner; nicamente la suspendi, conociendo que la opinin estaba decidida, y que la de todos los hombres prcticos que tienen ideas exactas acerca del estado de aquellos pases, era uniforme, absolutamente uniforme en aconsejar esta medida, cuya necesidad slo son capaces de no reconocer los que estn en una ignorancia absoluta de la situacin de aquellas regiones”. Esto dijo el diputado D. Vicente Sancho en plenas Cortes, y en presencia de los ministros; y, sin embargo, ni entonces ni despus, ninguno de ellos alz la voz para desmentirle, ni rectificar siquiera sus palabras. Profundo silencio guardaron, y este silencio en medio de una revelacin tan grave, es la prueba ms terrible que se puede presentar contra la probidad poltica de aquel ministerio. Si la conducta de ste fue funesta a los pases de Ultramar, fuelo todava mucho ms la que adoptaron las Cortes en 1837. Mas, tuvieron ellas facultades para privar de diputados y de todos sus derechos polticos a provincias que formaban parte integrante de la monarqua? He aqu la cuestin fundamental; pero antes de probar que no las tuvieron, 2El seor Caballero (D. Fermn), aunque progresista, combati enrgicamente las ideas de su partido, y su discurso en favor de los derechos de las provincias de Ultramar fue el ms lgico, slido y conciso que entonces se pronunci.

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JOS ANTONIO SACO /267 /267 /267 /267 /267 es preciso que yo fije la verdadera ndole de aquellas Cortes, pues slo as es como puede saberse si sus actos fueron vlidos o nulos. Constituyentes fueron las Cortes reunidas en 1836, y fundndose en esto, se cree que ellas fueron omnipotentes y que pudieron hacer y deshacer, disponiendo a su antojo de las provincias de Ultramar. No soy yo de aquellos que admiten esa supremaca sin lmite en las asambleas constituyentes, porque aun las ms absolutas e independientes de toda ley escrita deben obedecer a los principios eternos de la moral y la justicia, principios que, si bien de hecho pueden ser hollados por el furor de las revoluciones, hay siempre sobre stas una razn y una conciencia humana que condenan sus excesos. No por ser constituyentes algunas asambleas legislativas, son ya todas iguales; pues las circunstancias en que nacen, establecen entre ellas grandes diferencias. Cuando los Estados generales de Francia reunidos en 1789, o para hablar con ms exactitud, cuando el tercer Estado se declar Asamblea constituyente, no proclam ni jur como Cdigo fundamental ninguna ley ni Constitucin anterior. Lo mismo sucedi en Espaa con las Cortes constituyentes que se congregaron en 1810. Libres de todo compromiso, exentas de obedecer a ningn cdigo ni ley fundamental, la Asamblea constituyente de Francia en 1789, y las Cortes constituyentes de Espaa en 1810, pudieron hacer reformas y alteraciones tuviesen por conveniente, sin que las encadenase ninguna ley, ni someterse a trmites ni reglas de ningun gnero. Pero la actitud desembarazada en que se encontraron las Cortes constituyentes de 1810, no fue la misma que la de las Cortes constituyentes de 1836, porque stas nacieron bajo los auspicios de la Constitucin de 1812, que el partido progresista haba restablecido y jurado de nuevo como ley fundamental. Sometidas, pues, a ese Cdigo, obligadas estaban a obedecerle, y por lo mismo no fueron rbitras de hacer cuanto se les antojase. En su odio al Estatuto Real, y en su amor a la Constitucin de 1812, el partido progresista cometi un error proclamando sta en 1836. El Estatuto Real no fue obra de ningunas Cortes, sino slo de la Corona, y la Corona pudo abolirlo por un decreto; pues as como la revolucin la forz a jurar la Constitucin, as tambin pudo obligarla a destruir el Estatuto. Habiendo aquel partido tomado otro camino, se coloc en una falsa posicin, atose a s mismo las manos, y vindose cogido en sus propias redes, no le qued ms alternativa que, o renunciar a toda reforma de la Constitucin, o a infringir sta en cada punto que le tocase, llevando, por consiguiente, todos sus actos un carcter revolucionario y un vicio de nulidad. Estas consideraciones son capitales; y como en ellas descansa toda la argumentacin de que me valdr para probar la nulidad de cuanto hicieron aquellas Cortes contra las provincias de Ultramar, ruego al lector que las tenga siempre presentes.

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OBRAS 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ Y ya que de nulos califico esos actos, invocar como un principio de prueba la protesta que extend, luego que tuve noticia de lo que contra Cuba se maquinaba, y que firmada por tres de los diputados cubanos que nos hallbamos entonces en Madrid, fue presentada a las Cortes.3Esta protesta, como era de esperar, fue desatendida por las Cortes, y las puertas de ellas permanecieron cerradas para los diputados de Ultramar. El informe de la Comisin en que se pidi la exclusin de stos, aunque lleva la fecha del 10 de febrero de 1837, no fue ledo en sesin pblica hasta el 7 de marzo prximo, en que se abrieron los debates inmediatamente despus de su lectura; pero interrumpidos con frecuencia y a veces por 10 y aun por 13 das consecutivos para tratar de otros asuntos de muchsima menos importancia, se prolongaron hasta el 16 de abril en que los cerr una votacin fatal; y el 18 del mismo mes las Cortes lanzaron un decreto, que arrebatando su libertad a las provincias de Ultramar, manch desde entonces con el ms negro borrn la bandera progresista. Pero ese decreto, golpe bastardo del fuerte contra el dbil, y del rencor y venganza de ciertos hombres poco generosos con pueblos indefensos, ese decreto fue nulo por muchos ttulos, como voy a demostrarlo. Primera nulidad Segn el artculo primero de la Constitucin de 1812, “la nacin espaola es la reunin de todos los espaoles de ambos hemisferios”: y espaoles son segn el nmero primero del artculo 5 de dicha Constitucin, “todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Espaas, y los hijos de stos”. El artculo 10 lo confirma el artculo 1 ya citado, pues numera expresamente a las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, entre las partes que componan y an componen el territorio de las Espaas. Adems, el artculo 27 se expresa as: “Las Cortes son la reunin de todos los diputados que representan la nacin ”: pero si la nacin es la reunin de todos los espaoles de ambos hemisferios, claro es, que aquellas Cortes en que no entraron diputados por la provincias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, ya no fueron Cortes compuestas de todos los diputados que representan la nacin ; y si no lo fueron, dejaron de ser Cortes; porque Cortes, segn la Constitucin de 1812, no son un grupo ms o menos grande de diputados que representan la mitad o la mayora de la nacin, sino la reunin de todos los diputados de toda ella Esto sentado, llegamos a la forzosa consecuencia de que la reunin de diputados que sin haber podido formar Cortes legtimas, usurp este nombre en 1836 y 1837, contra la letra y el espritu de la Constitucin de 1812; esa reunin de diputados, repito, ni pudo erigirse por s sola en rgano de la soberana nacional, ni mucho menos despojar de su legtima representacin y de todos sus derechos polticos a todas las provincias de Ultramar. 3Vase el tomo III, pgina 100 de la Coleccin de papeles... del autor. (V.M.M.)

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JOS ANTONIO SACO /269 /269 /269 /269 /269 Dirase que, si para formar Cortes es necesaria la reunin de todos los diputados que representan la nacin, muy rara vez habr Cortes, porque muy rara vez podrn hallarse reunidos en ellas todos los diputados. Absurdo argumento. Cuando la Constitucin de 1812 dio el nombre de Cortes a la reunin de todos los diputados que representan la nacin, no se refiri al nmero rigurosamente aritmtico ni a la presencia simultnea de todos los diputados en ellas; porque si tal hubiese sido la intencin de aquel Cdigo, l mismo habra destruido su propia obra, condenando la Espaa a carecer de Cortes, pues las enfermedades, las ausencias, las renuncias y otros motivos, impedirn casi siempre la reunin y la presencia fsica de todos los diputados, sin que nunca falte uno solo de ellos. Lo que la Constitucin quiso decir, fue, que las Cortes eran la reunin de todas y de cada una de las provincias de la nacin legtimamente representadas por medio de sus diputados porque solamente as, es como puede conocerse la clara expresin de la voluntad nacional, y solamente as es como puede existir el gobierno verdaderamente representativo. Tuvo, por tanto, razn el Cdigo fundamental de 1812, en decir, que las “ Cortes son la reunin de todos los diputados que representan la nacin ”, y yo la tengo tambin para sostener, fundndome en el artculo que acabo de citar, que cuando 90 diputados de las mal llamadas Cortes de 1836 y 1837, privaron a las provincias de Ultramar de todos sus derechos polticos y de sus legtimos representantes, esos 90 diputados cometieron una escandalosa violacin de las leyes fundamentales, y, por consiguiente, una nulidad insubsanable. Ni se diga tampoco, que siendo las mayoras una de las condiciones esenciales del gobierno representativo, las minoras estn obligadas a someterse a las decisiones de aqullas; y que habiendo una mayora de diputados de las Cortes de 1837 pronunciado su fallo contra las provincias de Ultramar, los diputados de la minora debieron acatarlo y obedecerlo como constitucional y valedero. Si es verdad que no puede haber gobierno parlamentario sin la sumisin de las minoras a las mayoras, esto slo se entiende, cuando las mayoras ejercen sus atribuciones dentro de los lmites que les prescriben las leyes fundamentales; pero jams en los casos en que las quebrantan; jams en los casos en que empiezan por ahogar la voz de los diputados de las minoras, negndoles su asiento en la representacin nacional; y jams en los casos en que se convierten en opresores de la nacin o de una parte de ella. Ante la Constitucin de 1812, todas las provincias de la monarqua espaola fueron iguales en el goce de sus derechos polticos: ninguna fue superior a otra en el ejercicio de estos derechos; y no siendo superior, ninguna pudo privar a otra de su representacin en Cortes, ni mucho menos apoyarse en la fuerza para arrancarles violentamente todos los

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OBRAS 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ atributos esenciales de la libertad, que a cada una de ellas haba dado la misma Constitucin. Y tan espantoso liberticidio lo cometi, no una mayora de los diputados de la nacin, pues que la nacin se compone de todos los pueblos espaoles de ambos hemisferios, y los de Ultramar no estuvieron all representados, sino tan slo la mayora de los diputados de la Pennsula: la cometi, no contra una sola provincia de la monarqua, sino contra todas las del otro lado de los mares; y la cometi, en fin, no contra aquellas que se hubiesen sublevado alguna vez, sino contra las que en la prspera o en la adversa fortuna de la metrpoli siempre se le han mantenido fieles. Qu habran pensado Aragn, Catalua y Asturias si una mayora de diputados americanos o peninsulares las hubiesen despojado de todas sus libertades? Qu habran hecho si tan gran iniquidad se hubiese consumado, no ya sin or a sus representantes que tocaban a las puertas de las Cortes, sino arrojndolos de ellas, y calumniando a sus dignos electores? Aquellas provincias, sin duda, habran tenido derecho de repeler la fuerza con la fuerza; pero dbiles las de Ultramar, sufrieron en silencio el ominoso yugo que les impuso. Segunda nulidad Ni fueron nulos aquellos actos de las Cortes slo por falta de autoridad; sino tambin por el modo con que ellas procedieron, atropellando todos los trmites que la misma Constitucin prescribi para su alteracin o reforma. Tan escrupulosos fueron sobre este punto los autores de aquel Cdigo, que en el discurso preliminar que le precede, dijeron: “Los trmites por que debe pasar la proposicin de reforma, despus de aprobada en las Cortes hasta su final otorgamiento, han parecido necesarios, atendida la naturalez y trascendencia de la ley fundamental ”. Y este respeto tan necesario a esos trmites, no slo se recomend para los artculos fundamentales, sino aun para los puramente reglamentarios, como lo manifiestan aquellas palabras del artculo 375: “ no se podr proponer alteracin, adicin ni reforma en ninguno de sus articulos ”. Aun suponiendo, lo que no es admisible, que aquellas Cortes hubiesen podido reformar o alterar la Constitucin, privando de diputados y de todos sus derechos polticos a las provincias de Ultramar, nunca habra sido, sino siguiendo extrictamente el modo sealado por la misma Constitucin. He aqu el artculo 377 de ella: “Cualquiera proposicin de reforma en algn artculo de la Constitucin deber hacerse por escrito, y ser apoyada y firmada a lo menos por 20 diputados ”. Ahora bien: la proposicin para la exclusin de diputados a las provincias de Ultramar, y privarlas de todos sus derechos, fue apoyada a lo menos por 20 diputados ? No, por cierto. Transcribamos el primer prrafo del informe de la Comisin especial nombrada por las Cortes sobre los puntos indicados. Dice as:

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JOS ANTONIO SACO /271 /271 /271 /271 /271 “La Comisin especial encargada de informar a las Cortes acerca de la proposicin que respecto de las provincias de Ultramar hizo el seor Sancho en la sesin secreta de 16 del pasado enero y fue aprobada, crey que para poder ilustrar al Congreso con la detencin conveniente, y al tenor no slo de la misma proposicin sino de algunas indicaciones hechas en la misma sesin, acerca de si convena o no que las provincias de Ultramar fuesen representadas en las presentes y futuras Cortes deba conferenciar y entenderse con la Comisin encargada de preparar y presentar el prospecto de Constitucin”. La lectura de este prrafo manifiesta, que la Comisin especial y las Cortes que la nombraron, infringieron la Constitucin: 1 Porque la proposicin a que en ese prrafo se alude, se hizo en sesin secreta y no pblicamente, como lo manda la misma Constitucin en varios de sus artculos, y especialmente en el 381, que dice: “Hecha esta declaracin [la de la necesidad de hacer alguna reforma], se publicar y comunicar a todas las provincias ”. 2 Porque esa proposicin fue presentada por un solo diputado, y no por los 20 a lo menos que prescribe la Constitucin. 3 Porque si se alega, como se aleg en las Cortes, que el seor Sancho no hizo proposicin formal, sino una simple indicacin, en virtud de la cual las Cortes nombraron una comisin que informase sobre esos puntos, entonces resulta que ya no hubo proposicin como exige la Constitucin, sino solamente un informe; pero este informe, ni se puede considerar como una proposicin, ni aun cuando se le quiera dar tal carcter, llena los requisitos constitucionales, puesto que los miembros que compusieron aquella Comisin, no fueron ms que 16 nmero inferior al de 20 que por lo menos debieron intervenir. Tercera nulidad El artculo 378 dice: “La proposicin de reforma se leer por tres veces, con el intervalo de seis das de una lectura a otra, y despus de la tercera se deliberar si ha lugar a admitirla a discusin”. Ya he aprobado que no hubo proposicin; mas, aun suponiendo que se considere como tal el informe de la Comisin, se hizo su lectura por tres veces? Se hizo con el intervalo de seis das de una lectura a otra? Y despus de la tercera, se deliber si haba lugar a admitirlo a discusin? No, por cierto. El informe se ley en las Cortes el 7 de abril de 1837, y despus de esta lectura, que fue la primera y la ltima, se procedi en el mismo da, no a deliberar si el informe se haba de admitir a discusin, sino a deliberar sobre el contenido, sobre el fondo mismo de l. Cuarta nulidad sta la presenta el artculo 379 que inserto a continuacin: “Admitida a discusin [la proposicin de reforma], se proceder en ella, bajo las mismas formalidades y trmites que se prescriben para la

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OBRAS 272\ 272\ 272\ 272\ 272\ formacin de las leyes, despus de las cuales se propondr a la votacin si ha lugar a tratarse de nuevo en la siguiente diputacin general, y para que as quede declarado, debern convenir las dos terceras partes de los votos”. Pero se procedi en nuestro caso bajo las mismas formalidades y trmites que se prescriben para la formacin de las leyes? Estas formalidades y trmites estn consignados en los siguientes artculos de la Constitucin: Artculo 133 “Dos das a lo menos despus de presentado y ledo el proyecto de ley, se leer por segunda vez, y las Cortes deliberarn si se admite o no a discusin”. Artculo 134 “Admitido a discusin, si la gravedad del asunto requiriese, a juicio de las Cortes, que pase previamente a una Comisin, se ejecutar as”. Artculo 135. “Cuatro das a lo menos despus de admitido a discusin el proyecto, se leer tercera vez, y se podr sealar da para abrir la discusin”. Esto mand la Constitucin de 1812 que se hiciese en toda proposicin de reforma acerca de ella; pero ya he manifestado, que no hubo proposicin; y que el informe, si se quiere considerar como su equivalente, se empez a discutir el mismo da en que se ley por primera vez. Tambin exige el artculo 379 ya citado, que despus de guardarse todas las formalidades y trmites referidos, se proponga a la votacin si ha lugar a tratarse de nuevo en la siguiente diputacin general Mas, se hizo semejante propuesta, ni menos se reserv el negocio para la siguiente diputacin general? Las discusiones y las actas de aquellas Cortes en 1837 responden que no. Quinta y sexta nulidades Estas dos nulidades aparecen de los dos siguientes artculos: Artculo 380 : “La diputacin general siguiente, previas las mismas formalidades en todas sus partes, podr declarar en cualquiera de los dos aos de sus sesiones, conveniendo en ello las dos terceras partes de votos, que ha lugar al otorgamiento de poderes especiales para hacer la reforma”. Artculo 381 “Hecha esta declaracin, se publicar y comunicar a todas las provincias, y segn el tiempo en que se hubiere hecho, determinarn las Cortes si ha de ser la diputacin prximamente inmediata o la siguiente a sta, la que ha de traer los poderes especiales”. Ahora pregunto yo: Cuando aquellas Cortes privaron de diputados y de todos sus derechos polticos a las provincias de Ultramar en 1837, se guardaron los trmites esenciales prescritos en los artculos anteriores? Para sostener que no, basta recordar, que aquellas Cortes se reunieron el 24 de octubre de 1836, que slo entonces fue cuando ellas

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JOS ANTONIO SACO /273 /273 /273 /273 /273 trataron por primera vez de hacer reformas o alteraciones en el Cdigo fundamental de 1812, y que en abril de 1837 ya haban trastornado a su antojo toda la Constitucin, para hundir en la esclavitud a los pueblos ultramarinos. Tantas nulidades no se pueden justificar ni aun invocando la fuerza de la necesidad, porque ninguna haba para precipitar de un modo tan violento y escandaloso el despojo de los derechos polticos de que gozaban las provincias de Ultramar, sobre todo, cuando an estaba vigente para las dems de la monarqua aquella misma Constitucin. Sptima nulidad Si aquellas Cortes, por consideraciones que yo no pretendo aqu discutir, se decidieron a saltar por encima de todos los trmites prescritos por la Constitucin para su reforma, ninguna disculpa cabe en las infracciones que cometieron respecto del nmero de votos que ella exige aun para sus ms leves alteraciones. Estos votos deben ser las dos terceras partes, segn se ha visto en los artculos 379, 380 y 381. Lo mismo se vuelve a mandar en el 383, que dice: “La reforma propuesta se discutir de nuevo; y si fuere aprobada por las dos terceras partes de diputados pasar a ser ley constitucional, y como tal se publicar en las Cortes”. Pero cuando se alter tan radicalmente la Constitucin de 1812, privando a las provincias de Ultramar de los diputados y de todos los derechos que ella les daba, se cumpli alguno de esos cuatro artculos? Hubo acaso las dos terceras partes de votos para que fuese vlida cualquiera resolucin que se tomase? No, en verdad. La votacin para quitar a las provincias de Ultramar su legtima representacin en Cortes, fue nominal. El nmero total de votantes ascendi a 155 y de stos hubo 90 por la exclusin de los diputados, y 65 por su admisin: pero 90 no son las dos terceras partes de 155 sino 103 y una fraccin de que prescindo; y, por consiguiente, faltaron 13 votos para formar las dos terceras partes sin las cuales fue enteramente nula la exclusin de los diputados ultramarinos. Para honra de la humanidad, no todos los que pertenecen a un partido aprueban siempre las maldades que ste comete; y entre los progresistas hubo hombres como los seores D. Fermn Caballero, Vila, Garca Blanco y otros, que combatieron las ideas liberticidas de los Argelles, Cuadras, Sanchos, Heros, y otros maestros y discpulos de la fatal escuela anti-americana de 1812. Nunca intent el partido moderado lo que osadamente hizo el progresista en 1837. Efmero fue su poder, pues cay en 1838; pero las terribles consecuencias de su obra pesan todava sobre los pueblos de Ultramar. De entonces ac, l ha vuelto dos veces al poder: una de 1840 a 43, y otra de 1854 a 56; mas, en ninguna de las dos ha restituido sus derechos a las provincias que esclaviz, ni menos cumplido la promesa de darles leyes especiales stas fueron el nombre seductor que se invoc

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OBRAS 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ para alucinar a muchos diputados incautos, que de otra manera no habran votado contra los pueblos ultramarinos. En la mente de Argelles, Sancho y otros corifeos del progreso, las leyes especiales nunca significaron la libertad, sino hierro y cadenas para Amrica. Yo no pertenezco a ningn partido de Espaa, ni tampoco creo en ninguno; y slo empezar a creer en aquel que empezare por los hechos. Hombres notables de todos los partidos, cuando estn en la oposicin, claman contra el despotismo de Ultramar; pero luego que suben al poder, todos marchan por la misma senda que sus antecesores. En tiempo de Carlos II de Inglaterra, expir la Carta con que se haba gobernado la colonia de Massachusetts, hoy uno de los Estados ms florecientes de la Confederacin Norteamericana. Tratose entonces en el ministerio britnico de la forma de gobierno que deba darse a aquel pueblo naciente; y como la opinin general de los ministros fuese que todo el poder ejecutivo y legislativo pasase a la Corona, Jorge Savile, marqus de Halifax, se opuso a sus colegas, combatiendo enrgicamente el gobierno absoluto, y defendiendo el representativo. “En vano, dijo, en vano se piensa que una poblacin nacida del tronco ingls, y animada de sentimientos ingleses, sufra por largo tiempo estar privada de instituciones inglesas. La vida no sera digna de aprecio en un pas donde la libertad y la propiedad estn a merced de un dspota”. Estas palabras no fueron perdidas, y Massachusetts fue libre. Pero al cabo de casi dos siglos que esto pas, habr en los consejos de Isabel II de Espaa algn ministro que imite la noble conducta del ingls Halifax? El tiempo responder. JOS ANTONIO SACO

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VOTO P VOTO P VOTO P VOTO P VOTO P AR AR AR AR AR TICULAR DEL SEOR JOS ANTONIO SACO TICULAR DEL SEOR JOS ANTONIO SACO TICULAR DEL SEOR JOS ANTONIO SACO TICULAR DEL SEOR JOS ANTONIO SACO TICULAR DEL SEOR JOS ANTONIO SACO EN LA JUNT EN LA JUNT EN LA JUNT EN LA JUNT EN LA JUNT A DE INFORMACI"N SOBRE REFORMAS A DE INFORMACI"N SOBRE REFORMAS A DE INFORMACI"N SOBRE REFORMAS A DE INFORMACI"N SOBRE REFORMAS A DE INFORMACI"N SOBRE REFORMAS EN CUBA Y PUER EN CUBA Y PUER EN CUBA Y PUER EN CUBA Y PUER EN CUBA Y PUER TO RICO TO RICO TO RICO TO RICO TO RICO OPONINDOSE OPONINDOSE OPONINDOSE OPONINDOSE OPONINDOSE AL NOMBRAMIENTO DE DIP AL NOMBRAMIENTO DE DIP AL NOMBRAMIENTO DE DIP AL NOMBRAMIENTO DE DIP AL NOMBRAMIENTO DE DIP UT UT UT UT UT ADOS A COR ADOS A COR ADOS A COR ADOS A COR ADOS A COR TES TES TES TES TES1 1 1 1 1Sres. presidente y comisionados: Habanme alejado de este recinto por el espacio de cuatro meses dos causas poderosas; una fsica, que son mis crnicas dolencias, y otra poltica. Si la primera contina, la segunda ha cesado con la presentacin del tercer interrogatorio que es por donde se debi empezar la Informacin, segn el Real Decreto de 25 de noviembre de 1865. No habiendo podido asistir a ninguna de las conferencias celebradas acerca de los primeros interrogatorios, quiz se querr saber cul es el juicio que he formado sobre los puntos que contiene. Al trfico de negros, al alivio de la condicin de estos infelices, a la reglamentacin del trabajo agrcola y a la inmigracin de varias razas en Cuba se refiere todo lo sustancial del primer Interrogatorio. Pero necesitaba yo venir a Madrid en 1886 para que el gobierno y la Junta de Informacin supiesen lo que sobre estas materias pienso? Sin que se me tache de inmodesto, permtaseme preguntar: Quin atac por primera vez en Cuba, en 1832, el infame contrabando africano cuando, por 1En el legado donde se encontraban estos papeles, hemos hallado una nota que dice as: “En este paquete est mi Voto presentado a la Junta de Informacin de Madrid en 1867, oponindome a que Cuba tuviese diputados a Cortes. Este Voto se imprimi sin mi consentimiento ni aun conocimiento. Sali plagado de errores esenciales y cuando recib mi ejemplar, lo recog. Aadir tambin un papel, La Poltica en que publiqu noticias muy interesantes sobre el embrin de las legislaturas primitivas en los primeros tiempos de las Antillas. Tengo que agregar a este trabajo un breve prlogo para inteligencia del lector”. Este prlogo no lleg a escribir el autor. Al reproducir el Voto en esta Coleccin hemos cotejado el original con el texto oficial publicado en Madrid en 1869 por el Ministerio de Ultramar, y notado que ambos coinciden en lo esencial. (V. M. M.)

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OBRAS 276\ 276\ 276\ 276\ 276\ el ms lamentable extravo de la opinin, se consideraba all como un crimen de lesa patria revelar los males y peligros que envolva? Quin el que siempre ha suspirado porque en Cuba se cortase el cncer que la devora? Quin con ms empeo ha defendido la blanca inmigracin contra las funestas razas asitica y africana? A m no me toca decirlo, pues a esas preguntas responden los hechos y los escritos de toda mi vida. Respecto del segundo Interrogatorio, doy con gusto mi aprobacin al luminoso informe en que mis dignos colegas desenvolvieron el gran pensamiento de suprimir las aduanas en Cuba, y de establecer entre ella y su metrpoli el comercio de cabotaje. Ni cmo podra dejar de darla, cuando hace dos aos que publiqu en el extranjero un papel pidiendo esas mismas reformas econmicas? Pero si esto ped entonces, y pido ahora, no fue, ni es para que aquellos habitantes sean gravados con nuevos y pesados tributos, sino para que se les aligere la enorme carga que los abruma, y puedan vivir libres y contentos, unidos a su metrpoli. Yo creo que las aduanas se pueden suprimir, no slo sin echar nuevos impuestos al contribuyente, sino aun disminuyendo los que ha pagado hasta aqu; y a todo el que niegue esta verdad, bien fcil es demostrrsela con los presupuestos en la mano. Vengamos ya al tercer Interrogatorio, que es el poltico, y el ms interesante de todos, porque sin l no se pueden realizar satisfactoriamente ni las reformas sociales, ni tampoco las econmicas y administrativas. Miembro de la Comisin especialmente nombrada para informar acerca de l, he suscrito el excelente dictamen extendido por mis amigos polticos en que piden amplias libertades para Cuba y Puerto Rico.2Pero al tener la honra de asociar mi nombre a los suyos, cbeme la desgracia de disentir de ellos en la parte del informe en que adems de legislaturas provinciales se piden diputados a Cortes por las Antillas. Si la materia sobre que recae esta divergencia, fuese de poca importancia, gustoso me callara. Mas, en cuestin de tan gran momento, yo no puedo resignarme a representar en la Junta el papel de los monoslabos diciendo simplemente s o simplemente no .3 Pues que, cuando todos los comisionados que la componen han usado largamente del derecho de 2Los seores D. Manuel de Armas, D Jos Morales Lemus, D. Jos Antonio Echeverra, conde de Pozos Dulces, D. Jos J. Acosta, D. Jos Miguel Angulo y Heredia, D. Toms Terry, D. Nicols Azcrate, D. Manuel Ortega, D. Agustn Camejo, D. Francisco M. Quiones, D. Antonio Rodrguez Ogea y D. Jos de la Cruz Castellano. Los seores D. Jos Antonio Saco y D. Calixto Bernal se adhirieron al informe de estos seores sobre las preguntas 1 y 2 del Interrogatorio poltico, excepto en la parte en que se piden diputados a Cortes para las provincias de Ultramar. El informe de aqullos fue presentado en 26 de marzo de 1867. (V. M. M.) 3Dije esto, porque algunos comisionados pretendan que yo no fundase mi Voto.

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JOS ANTONIO SACO /277 /277 /277 /277 /277 emitir sus opiniones, y de fundarlas en los motivos que han tenido para admitirlas o rechazarlas; a m me ser negado lo que a todos es permitido? Y no vengo aqu a pedir lo que el gobierno y las Cortes estn dispuestos a conceder a las Antillas, sino a reclamar lo que en mi concepto son dignas de merecer. Cuba tiene el derecho de preguntarme, y yo el deber de responderle, por qu no admito diputados, ni con legislaturas provinciales ni sin ellas ; y al exponer mis razones, no me circunscribir a ese punto, sino que tambin tratar de otros del Interrogatorio, que me parece conveniente esclarecer. Hallmonos en presencia de cinco combinaciones o sistema de gobierno para las Antillas espaolas: la continuacin del estado actual: un cuerpo consultivo al lado del gobierno en que haya necesariamente un nmero determinado de personas elegidas por las provincias de Ultramar: la asimilacin que hoy se bautiza con el nombre de diputados ultramarinos en las Cortes: una legislatura provincial en cada una de las islas de Cuba y Puerto Rico compuesta de dos asambleas, sin representantes en la Pennsula; y esa misma legislatura con el aditamento de diputados en el Congreso de la metrpoli. Tales son las cinco combinaciones que hoy se presentan ante la Junta de Informacin. Mas, antes de proseguir, debo observar, que reconociendo y respetando en cada uno de los seores comisionados el derecho que tienen de impugnar mis ideas, decidido estoy a no contestarles ni una sola palabra, pues el profundo silencio que aguardar, fndase: 1 En que el decante estado de mi salud ya no me permite entrar en debates de esta naturaleza. 2 En que estando ntimamente persuadido de que ni ellos podrn convencerme a m, ni yo tampoco a ellos, malgastaramos el tiempo que a otros objetos debemos consagrar. 3 En que hay cuestiones que no pueden debatirse entre ciertas personas, ni mucho menos en ciertas circunstancias; y 4 en que no pretendo hacer triunfar mis ideas, que s muy bien que no triunfarn, sino dejar consignados en este Voto los principios que, segn mi conciencia, son los nicos que pueden elevar las Antillas al grado de libertad y grandeza que son dignas de gozar. Contra el rgimen actual mucho he clamado desde mi primera juventud; pero ya nada dir; porque si se pretende mantenerlo, tanto peor para sus partidarios, pues recogern, y no en lejano da, el amargo fruto que semejantes instituciones producirn.4De perniciosa ndole considero al cuerpo consultivo que se propone. Su idea ni es nueva ni espaola, pues viene del extranjero; mas, no me fundo en esto para rechazarla, porque siempre estoy dispuesto a recibir 4Estas palabras escrib al terminar de marzo de 1867, y a los 18 meses se oy el terrible Grito de Yara.

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OBRAS 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ todo lo que venga de fuera, con tal que sea conveniente al gobierno y a la sociedad. Para que no andemos en tinieblas, preciso es subir a su origen, y trazar brevemente las vicisitudes que ha tenido en la tierra que le dio el ser. Cuando por la ley de 24 de abril de 1833 recibieron las colonias francesas una organizacin poltica dotndolas de consejos coloniales, se estableci que la isla de Borbon o Reunin, la Martinica, la Guadalupe con sus dependencias, y la Guayana tuviesen siete delegados al lado del gobierno del Rey; esto es, dos cada una de las tres primeras, y uno la Guayana. Poda ser delegado todo francs de la edad de 30 aos y que gozase de los derechos civiles y polticos: nombrados eran por el Consejo de cada colonia en su primera sesin, en la que se les sealaba tambin el sueldo que deban disfrutar, y su misin duraba tanto, cuanto el Consejo colonial que los elega. Sus atribuciones consistan en Consejo, dar al gobierno del Rey las noticias e informes relativos a los intereses generales de las colonias, y seguir el efecto de las deliberaciones y votos de los consejos coloniales. Sobrevinieron los acontecimientos de 1848; proclamose en Francia la repblica, y alzado el imperio sobre sus ruinas, alterose la constitucin de las colonias francesas. La Guayana perdi todos sus derechos polticos. El Senado-Consulto de 3 de mayo de 1845 dio nueva organizacin a la Martinica, Guadalupe y Reunin; suprimi en ellas los consejos coloniales; en su lugar puso consejos generales y estableci una Comisin consultiva, compuesta de siete delegados, que deba permanecer cerca del ministro de la Marina y de las Colonias. stas perdieron en el cambio los derechos de que antes gozaban. Por la ley del 24 de abril de 1833, todos aquellos delegados eran elegidos por los consejos coloniales, los cuales eran de nombramiento popular; mas, los miembros de la Comisin consultiva establecida por el mencionado Senado-Consulto de 1854, son nombrados, cuatro por el Emperador y uno por el Consejo general de cada una de las tres colonias Martinica, Guadalupe y Reunin. Pero estos tres delegados elegidos por los consejos generales, son tambin producto del gobierno, porque dichos consejos no emanan como los consejos coloniales del voto popular, pues que son nombrados, mitad por el gobernador de cada colonia, y mitad por los ayuntamientos, los cuales siendo tambin, segn el referido Senado-Consulto, exclusivamente nombrados por el gobernador de la colonia, resulta que en la eleccin de los delegados que forman la Comisin consultiva, no entra ningn elemento popular. Por la ley de 1833, los delegados podan ser elegidos indistantemente de entre todos los franceses de cualquier clase y condicin que fuesen; mas, hoy este nombramiento est circunscrito por el Senado-Consulto, pues no pueden serlo los miembros del Senado, los del Cuerpo legislati-

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JOS ANTONIO SACO /279 /279 /279 /279 /279 vo y del Consejo de Estado, ni ningn francs investido de funcines que gocen de sueldo. Esta comisin carece de toda iniciativa, sus deliberaciones son secretas, y slo puede ocuparse en los negocios que le someta el ministro de las Colonias o en su nombre el director de este ramo. Tal fue la ndole de los delegados por la ley de 24 de abril de 1833, y tal es la de los que hoy componen la Comisin consultiva del SenadoConsulto de 3 de mayo de 1854. Imposible es adivinar desde ahora cul sera el modo de elegir, y cules las atribuciones que tendra el Cuerpo consultivo que se indica en la tercera pregunta del presente Interrogatorio; pero de su tenor aparece, que si en ese Cuerpo habra personas elegidas por las provincias de Ultramar, tambin se puede inferir que el gobierno se reserva la facultad de nombrar otras nacidas en las dems partes de la nacin. Aun suponiendo que aqullas lo fuesen por un voto popular, bien se puede asegurar desde ahora que no slo seran impotentes en su accin, e incapaces de llenar las justas aspiraciones y grandes necesidades de las Antillas, sino que sobre no tener una posicin poltica equivalente a la de los diputados, estaran sujetas a los mismos inconvenientes que stos y aun a otras ms graves: porque en rigor se hallaran bajo la inmediata dependencia del ministerio. Este Cuerpo consultivo est desacreditado en Francia, porque de l, poco o ningn bien derivan las colonias, y aun uno de los mismos delegados de ella acaba de escribir en el ao prximo pasado contra tal institucin. La tercera combinacin se reduce al llamamiento de diputados ultramarinos a las Cortes, que es a lo que hoy se da generalmente el nombre de asimilacin Esta palabra y las de leyes especiales yense resonar por do quiera, pero la asimilacin y las leyes especiales son cosas incompatibles, pues aqulla destruye a stas, y stas a aqulla. A juzgar por el artculo 80 de la Constitucin de 1845 que es el 2 entre los adicionales a la de 1837, la asimilacin no es aplicable a las provincias de Ultramar, pues que en aquellos artculos se dice: “Las provincias de Ultramar sern gobernadas por leyes especiales”. Mas, el gobierno no considera obligatoria esta disposicin constitucional, toda vez que pregunta en su Interrogatorio, si en caso de no ser aceptable la asimilacin convendra la creacin del Cuerpo consultivo de que acabo de hablar. Para marchar sobre un terreno firme, conviene que antes preguntemos: qu es asimilar ? y qu es asimilacin ? Signos las palabras de las ideas, si aqullas son claras y precisas, stas tambin lo sern: y si vagas o confusas, stas adolecern de igual defecto. De aqu la necesidad de fijar con rigurosa exactitud el verdadero sentido de las palabras asimilar asimilacin pues su mala inteligencia en la materia que nos ocupa, puede ocasionar males trascendentales a las Antillas espaolas. Asimilar o asemejar son voces derivadas

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OBRAS 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ del latn asimilare as como asimilacin o semejanza provienen de assimilatio Lengua muy precisa fue la latina; pero aqu le falt esta calidad, porque bajo de un mismo nombre expres dos ideas del todo diferentes, abriendo as campo a la discusin. Hija nuestra lengua de aqulla, trasmitiose tambin a nosotros el mismo ambiguo sentido de las antedichas palabras. En latn se entendi por asimilacin : o la transformacin, la identificacin de una sustancia en otra, quedando una sola existencia, o un solo cuerpo donde antes haba dos; o la semejanza que una cosa tiene con otra, en cuyo caso, ninguna de las dos desaparece, pues que cada una conserva su existencia propia. Esta distincin en abstracto es muy sencilla; pero cuando se aplica a la poltica, es vaga y muy dada a equivocaciones. La asimilacin en el orden fsico, o mejor dicho en el fisiolgico, es la funcin por la cual los cuerpos organizados transforman y convierten en sustancia propia los seres exteriores, que entrando en su organismo, sirven para nutrirlos. Si ste es el sentido que se ha de dar a la asimilacin en poltica, entonces significa la desaparicin, la absorcin completa del ciudadano y de la provincia por el Estado; y yo no creo que tan mostruosa reconcentracin la acepte hoy en Espaa ninguna persona sensata. Pero qu es lo que se entiende en el Interrogatorio por asimilacin ? El artculo 1 dice: “Convendr que todos los derechos polticos establecidos por las leyes para los habitantes de la Pennsula e islas adyacentes, se hagan extensivos a Cuba y a Puerto Rico?” y el artculo 2 se expresa as: “Supuesta la asimilacin de derechos polticos a que la pregunta anterior se refiere &c.” De estas palabras claramente se deduce, que el Interrogatorio entiende por asimilacin de derechos polticos la extensin a Cuba y a Puerto Rico de todos los derechos polticos que tienen los habitantes de la Pennsula e islas adyacentes. Yo no estoy de acuerdo con este modo de entender la asimilacin, y la divergencia en que nos hallamos, procede en mi concepto de que la lengua espaola ha tomado como sinnimo las voces asimilar o asemejar y asimilacin o semejanza Parceme que todas las dudas se removern, y que llegaremos a un sentido claro y determinado, si consideramos en poltica esas palabras como del todo diferentes, dndole a cada una un significado particular y exclusivo. Partiendo de este principio, aplicar la palabra asimilacin solamente a los casos en que diversos pueblos o provincias gocen de los mismos derechos, y sean adems regidos todos por una misma constitucin; y emplear la palabra semejanza nicamente respecto de aquellos pases que dependiendo unos de otros o formando parte de un todo, tengan los mismos o casi los mismos derechos; pero no consignados en una misma constitucin. Fundado en estas ideas me atrevo a asegurar, que entre Espaa y Amrica no hubo verdadera

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JOS ANTONIO SACO /281 /281 /281 /281 /281 asimilacin, sino en el corto perodo en que ambas regiones vivieron bajo el rgimen de la Constitucin de 1812, incurriendo en grave error los que piensan que la asimilacin entre la metrpoli y sus colonias fue, desde la conquista, la poltica tradicional de Espaa. La ordenanza 14 del Consejo sancionada por Felipe II y confirmada por Felipe IV en la 13 de 1636, sirvi de elemento a la ley 13, tit. 2, lib. 2 de la Recopilacin de Indias la cual dice: “Porque siendo de una corona los Reinos de Castilla, y de las Indias, las leyes y orden de Gobierno de los unos, y de los otros, deben lo ms semejantes y conformes que ser pueda los de nuestro Consejo en las leyes y establecimientos que para aquellos Estados ordenaren, procuren reducir la forma y manera del Gobierno de ellos al estilo y orden que son regidos y gobernados los Reinos de Castilla y de Len en cuanto hubiere lugar, y permitiere la diversidad, y diferencia de las tierras y naciones”. En esta ley se han apoyado muchos, para sostener que la asimilacin fue, desde un principio, la poltica seguida entre Espaa y sus colonias del Nuevo Mundo. Pero su imparcial lectura manifiesta que ella no se refiere a la identidad de instituciones, pues en vez de emplear la palabra asimilacin, slo usa de las de semejanza conformidad estilo y orden con que deban ser gobernados aquellos pases; palabras que lejos de significar identidad de instituciones, no dan a entender otra cosa sino que stas deban parecerse y aproximarse en su espritu a las de Castilla, en cuanto ser pudiese. Si la indicada ley se refiere a la identidad de instituciones, cmo se explica la innumerable muchedumbre de reales cdulas, ordenanzas y leyes que desde un principio se dictaron para los pueblos de Amrica? Cmo la existencia del voluminoso Cdigo de Indias que an rige en algunos casos? Cmo a virtud de esa ley se quieren traer diputados a Cortes, cuando al mismo tiempo de publicarla se mand, segn ms adelante probar, que ellos se congregasen en las Juntas especiales al efecto establecidas en Amrica? Enemigo de la asimilacin entre las Antillas y Espaa, partidario decidido soy de la semejanza porque con sta se remueven de un golpe todos los obstculos de aqulla, y se consiguen todos los beneficios de la libertad en su ms amplia latitud, pudiendo establecerse todas las diferencias que exigen las circunstancias especiales de las Antillas. No hay en el mundo colonias tan bien gobernadas como las inglesas, y, sin embargo, ningn hombre entendido cometer el absurdo de decir que estn asimiladas a su metrpoli; pues, en rigor, entre sta y aqullas no hay ms que una semejanza de instituciones. Admitido el principio de la semejanza entre las instituciones de la Pennsula y las de Cuba y Puerto Rico, llegaremos sin ningn tropiezo al logro del objeto que nos proponemos. Gozan los peninsulares del

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OBRAS 282\ 282\ 282\ 282\ 282\ derecho electoral? Gcenlo tambin por semejanza los habitantes de las Antillas. Hay en la Pennsula ayuntamientos libremente elegidos? Hyalos por semejanza en Cuba y Puerto Rico. Hay diputaciones provinciales de libre eleccin en la metrpoli? Hyalos tambin por semejanza en las islas del archipilago de las Antillas. Hay representantes que se congregan en la Pennsula? Hyalos tambin por semejanza que se renan en Cuba y Puerto Rico. Hay en la Pennsula libertad de imprenta? Hyala tambin por semejanza en aquellas islas. De esta manera, sin identificar las instituciones de la Pennsula con las de Cuba y Puerto Rico, se podr dar a stas toda la especialidad y libertad que tan justamente merecen. Aun cuando la asimilacin o identidad de instituciones hubiese sido la constante poltica de Espaa con sus colonias, yo nunca admitira la entrada en las Cortes de diputados ultramarinos, porque esto perpetuara la centralizacin en Madrid de los negocios que se deben resolver en Cuba y Puerto Rico. La materia es grave, porque de ella depende la verdadera libertad de las Antillas; y para ilustrarla bajo todos sus aspectos, subir al origen de los diputados ultramarinos en las Cortes espaolas. Las revueltas y desgracias que afligieron a la nacin en 1808, despertaron en los espaoles la noble idea de restablecer sus antiguas leyes fundamentales y de formar con las modificaciones, hijas de la experiencia de los siglos, una constitucin que afianzase su libertad. Concedi aquella Constitucin, como era justo, iguales derechos civiles y polticos a las provincias hispanoamericanas; mas, no siendo entonces posible darles leyes especiales, a pesar de que su ndole particular las reclamaba, se dispuso que todas enviasen sus representantes a las Cortes generales que en la Pennsula se haban de congregar. Con alternativas varias, as se hizo hasta 1836 en que se abri una nueva era poltica para los pases de Ultramar que siempre se haban mantenido fieles a la bandera espaola. En las Cortes constituyentes de aquel ao y del siguiente trat de darse a esos pases una legislacin especial, y al intento se nombr una comisin, cuyo informe ocasion largos debates en que no pudieron tomar parte los diputados ultramarinos por habrseles cerrado las puertas de las Cortes. No faltaron diputados que, fundndose en el llamamiento hecho a los de Ultramar por real convocatoria y viendo que ya estaban en Madrid algunos de ellos y aun aprobdose los poderes de los de Puerto Rico, pidieron que todos tomasen asiento en las Cortes, para que con su intervencin se discutiesen las leyes especiales que se proyectaba dar; pero esos justos deseos fueron desatendidos, y el 16 de abril de 1837 resolvieron las Cortes, a excepcin de dos votos, que las provincias de Ultramar no tuviesen representacin en la metrpoli y

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JOS ANTONIO SACO /283 /283 /283 /283 /283 que fuesen gobernadas por leyes especiales Este voto tan general y casi unnime, en medio de tantos diputados pertenecientes a diversos partidos y de las ms encontradas opiniones, puede invocarse como prueba de la necesidad de que las provincias de Ultramar sean regidas por leyes especiales y de que no conviene que tengan diputados en las Cortes espaolas. stas confirmaron su resolucin, promulgando un decreto que sirvi de base al artculo segundo de los adicionales a la Constitucin de 1837, que ya he citado ms arriba, y con el que tambin se han conformado todas las posteriores. Si de esto quisiera yo prevalerme, concluira, que la cuestin de los diputados ultramarinos est ya juzgada y condenada, y que por lo mismo no podra suscitarse de nuevo para volver a un sistema proscrito 30 aos ha por las Cortes constituyentes de 1837, y por la dems posteriores. Mas, no me apoyar en este argumento para ahogar la voz de ninguno que quiera promover tal cuestin; antes al contrario, prescindo enteramente de l, y abro campo a todas las discusiones, porque no es la ley existente la que debe prevalecer en esta materia, sino la justicia y conveniencia de los pueblos ultramarinos. Planteada la cuestin en este terreno, preguntemos si es til y provechosa a Cuba y Puerto Rico la presencia de sus diputados en las Cortes. Yo respondo francamente que no, y fndome en las razones que no paso inmediatamente a exponer, porque antes debo deshacer la equivocacin de los que piensan que yo fui partidario en otro tiempo de la venida de esos diputados a las Cortes. Reconozco que es muy honroso modificar o cambiar las opiniones, cuando tambin se han modificado o cambiado las circunstancias en que se apoyaban, o cuando el hombre que las tena, advierte que son errneas. Pero en mi caso no acontece ni lo uno ni lo otro, porque la situacin especial de Cuba y Puerto Rico es hoy la misma que antes, mis convicciones son tan firmes y profundas como siempre lo han sido; mas, como para probar esta aseveracin, necesito citar varios pasajes de mis opsculos publicados sobre Cuba, imploro la benevolencia de los seores que en este momento me escuchan. Un papel que escrib en Madrid en enero de 1835, intitulado Carta de un patriota o sea clamor de los cubanos dirigido a sus procuradores a Cortes y que se halla en la pgina 85 del tomo III de la Coleccin de mis papeles sobre la isla de Cuba que di a luz en Pars en 1858, fue el primero en que asom el pensamiento de que a Cuba deba darse una representacin que ejerciese en ella sus derechos, y no en la metrpoli. He aqu lo que entonces dije: “ Junta provincial o colonial .—Una junta de esta especie, pues nada importan los nombres, con tal que estemos bien gobernados, sera uno de los presentes ms aceptables que nuestros diputados pudieran hacer

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OBRAS 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ en su patria. Esta junta, en cuya naturaleza no podemos entrar ahora, producira ventajas incalculables, y siendo el intrprete ms fiel entre Cuba y Espaa, servira para estrechar ms y ms los vnculos que deben unir a la madre con la hija”. Aun no haban corrido dos aos de escrito este papel, y ya haban surgido las graves cuestiones que terminaron por esclavizar a todas las provincias de Ultramar. De estos acontecimientos naci la Protesta que como diputado electo por Cuba extend el 21 de febrero de 1837, y que firmada tambin por mis dignos colegas que a la sazn se hallaban en Madrid, fue presentada a las Cortes entonces reunidas. Mas, habr quien se funde en esa Protesta para pretender que yo fui entonces partidario de la diputacin americana en Cortes? Esta Protesta no es, ni pudo ser un plan ni sistema de gobierno que para las Antillas se propona: fue tan slo un acto especial, hijo de las ms extraordinarias circunstancias, para reclamar contra la violencia que las despojaba de cuantos derechos polticos haban adquirido por la Constitucin de 1812. Vigente estaba esa Constitucin, y en virtud de ella las provincias de Ultramar gozaban del pleno derecho de tener representantes en las Cortes de las cuales formaban parte integrante. Habase expedido una real convocatoria a todas las provincias que componan la monarqua, y obedeciendo al llamamiento general del gobierno, hicironse en Ultramar las elecciones; surcado haban los mares algunos de sus diputados: llegan a Madrid, y cuando enderezan sus pasos hacia el santuario de las leyes, donde estaban congregados los dems representantes de la nacin, una mano violenta, armada de la fuerza, y quebrantando el mismo Cdigo fundamental que se acababa de jurar, les cierra las puertas del Congreso y los arroja de su re cinto. En tan terrible situacin, no era imperioso deber de los diputados ultramarinos protestar contra tal violencia, y reclamar el incontestable ttulo que tenan para sentarse en aquellas Cortes? Si entonces se hubiera empezado, no por arrancar todos sus derechos a los pueblos ultramarinos, sino por presentar un proyecto orgnico de leyes especiales en que afianzada la libertad, se les hubiese permitido ejercerla completamente en su propia tierra por medio de ligislaturas provinciales, yo, en vez de lanzar aquella protesta, habra entonado un cntico a las Cortes de 1837. Tan cierto es que yo no era entonces partidario de diputados americanos en la metrpoli, sino de legislaturas en las Antillas, que cuando en aquellos mismos das impugn el informe de la comisin nombrada por las Cortes para que diese su dictamen acerca del rgimen futuro de las provincias de Ultramar y de la admisin o exclusin de sus diputados, me expres en los trminos siguientes en el Examen analtico que imprim en Madrid, y cuyo pasaje se halla en la pgina 116 del citado tomo III:

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JOS ANTONIO SACO /285 /285 /285 /285 /285 “Muy explcito quiero ser en esta parte de mi discurso. De acuerdo estoy con la Comisin, y reconozco tal vez con ms motivo que ella, la necesidad de que los pases ultramarinos sean gobernados por una legislacin especial. Pero si en este punto convengo, aprtome de su sentir, no slo en cuanto a la naturaleza de los argumentos que emplea, sino en cuanto a los medios de que piensa valerse, y al carcter odioso que se propone dar a las mismas leyes que recomienda. Que las provincias de Ultramar tengan constituciones particulares formadas con intervencin de sus representantes; que en ellas se establezcan asambleas provinciales, popular y peridicamente elegidas; en las que se propongan y discutan las leyes que deben regirlas, se examinen y aprueben todos sus presupuestos, y se ventilen otras materias que no es del caso mencionar; que se desarmen a los gobernantes de las dictatoriales facultades de que estn formidablemente revestidos; que se rompan las trabas de la prensa, restituyendo su libertad a este rgano del entendimiento; que se afiancen en fin, por medio de leyes protectoras, los derechos y garantas de que los habitantes ultrajados: he aqu cules han sido, cules son, y cules sern mis ardientes y constantes deseos. Pero la Comisin, entrando en lucha abierta con ellos, me pone en el amargo conflicto de combatirla, no porque pida leyes especiales para Cuba pues que segn he dicho estamos acordes en este punto; sino por los medios de que pretende servirse para formarlas, y de la ignominiosa esclavitud en que con ellas piensa sumergirnos. Sentadas estas ideas marchar con paso ms libre, y siguiendo de cerca las huellas de la Comisin, podr sealar a la luz de un claro examen los escollos en que ha tocado, y los parajes donde ha cado”. Esto escrib muy pocos das despus de la presentacin de la Protesta a las Cortes, y an no haba corrido un mes, cuando publiqu el Paralelo entre la Isla de Cuba y algunas colonias inglesas ; Paralelo que no es otra cosa sino una entusiasta apologa de las legislaturas con que la Gran Bretaa rige a sus colonias, sin que stas hayan tenido jams representacin en el Parlamento. La Protesta, el Examen analtico y el Paralelo todos salieron a luz en los primeros meses de 1837. Al finalizar el 1846, y en el transcurso del 1847, tuve una ruidosa polmica con uno de los empleados ms entendidos y capaces que de la metrpoli han pasado a Cuba y que hoy ocupa dignamente un puesto distinguido en el Senado. En esa polmica hay un pasaje relativo al asunto que me ocupa, y que hallndose en la pgina 304 del dicho tomo III, dice as: “Indiqu tambin que aquella Isla [la de Cuba] necesitaba de una organizacin poltica, semejante en lo posible a la de las colonias inglesas”. A esta indicacin se me contest, que todo era fcil de decir, pero no de hacer, y yo entonces repliqu: “Si es fcil de decir que Cuba se

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OBRAS 286\ 286\ 286\ 286\ 286\ organice segn las colonias inglesas, tambin es fcil de hacer y la dificultad slo est en la falta de querer...” Y ms adelante prosegu: “No se tema nada por mi paciencia: muchos aos ha que est a prueba y a trueque de que mis paisanos lograsen en su propia tierra una asamblea colonial o provincial, no en el nombre sino en la sustancia hara muy gustoso el sacrificio de verlos, etctera”. En otra polmica que tuve con el Constitucional de Madrid, a fines de 1851 y principios de 1852, dije en la pgina 773 del ya citado tomo III lo que paso a transcribir: “De la raza espaola tengo yo ms alta opinin que el Constitucional y crola muy digna y muy capaz de ejercer la libertad, ora en el viejo, ora en el nuevo continente. La libertad, aunque severa en sus principios, es muy elstica y flexible en la prctica, y puede aplicarse a los pueblos en grados diferentes, y bajo de formas diversas. No se trata, no, de copiar ciegamente las instituciones de las colonias britnicas; lo que se pide, es que desaparezca de Cuba el despotismo, y que se establezca en ella un rgimen liberal, que siendo semejante en su espritu al de la legislacin colonial de Inglaterra, procura ajustarse a las bases de la libertad espaola y a las costumbres, hbitos y tradiciones de la raza espaola”. Otros pasajes de mis obras pudiera citar, en que siempre he presentado la misma idea; mas, cerrar este asunto, transcribiendo como de fecha ms reciente un prrafo de la primera Carta que en 22 de marzo de 1865 dirig desde Pars al Excmo. seor D. Manuel Seijas Lozano, ex ministro de Ultramar, y que se public en La Amrica de Madrid del 12 de abril de aquel ao.5“Permitido es a V.E. pensar, que si yo alzo ahora mi voz, es con el interesado fin de que a Cuba se den diputados, para que se me vuelva a elegir. En este punto, mi conciencia es slo mi juez. Pero si cuando tena delante de m una larga carrera, llena de brillantes esperanzas, nunca aspir a tal honor, cmo pudiera ambicionarlo, cuando los aos, y ms que los aos, los trabajos de una tormentosa vida me tienen ya tan cerca del sepulcro? No son, en mi concepto, diputados los que pueden hacer a Cuba completamente feliz. Otra forma de gobierno es la que yo creo que le conviene, aunque estoy convencido de que no la alcanzar; y si pudiera alegrarme de que diputados cubanos volviesen a las Cortes, sera tan slo como un signo de que se rompe con lo pasado, y que se entra al fin de una nueva senda”. Queda, pues, demostrado que, desde mi temprana juventud hasta mi vejez, siempre he sustentado la misma opinin en cuanto a legislaturas provinciales; y que respecto de diputados ultramarinos nunca he 5Ver la pgina 150 de esta Coleccin

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JOS ANTONIO SACO /287 /287 /287 /287 /287 deseado que viniesen a las Cortes. Pero cules son las razones que me han movido a no tener tales deseos? Pasemos a manifestarlas. 1 Uno de los requisitos ms esenciales para la formacin de buenas leyes, es, que el legislador conozca perfectamente la ndole y las necesidades del pueblo para quien legisla. Pero los legisladores que componen las Cortes, tienen esos conocimientos acerca de las Antillas espaolas? Nadie se atrever a sostenerlo. En tales circunstancias, qu prestigio ni autoridad podrn tener en Cuba y Puerto Rico unas leyes dictadas por hombres que ignoran las materias sobre que legislan? Esta sola consideracin revela todo el mal que se podr ocasionar as en el orden material como en el moral y poltico. Dirase, que los diputados ultramarinos ilustrarn a las Cortes y que de este modo se asegurar el acierto en las leyes que se dicten. Es preciso no hacernos ilusin sobre el papel que esos diputados representarn en las Cortes. En medio de las pasiones que siempre irritan a los diferentes partidos que se combaten en la arena parlamentaria, y de los encontrados intereses que los arrastran, ser escuchada con serena imparcialidad la voz de los representantes de Puerto Rico y de Cuba? No sern ahogados sus clamores por la formidable oposicin que muchas veces encontrarn en el Congreso, ya por considerarse sus proyectos como intiles, ya inoportunos, ya contrarios a los intereses de la metrpoli? Nunca se olvide que el nmero de diputados de aquellas dos islas siempre ser insignificante respecto del de los diputados peninsulares y de islas adyacentes, los cuales subieron en el ltimo Congreso, segn la ley electoral de 19 de septiembre de 1865, al total de 347; y si a esto se agregan 250 o 300 senadores, de los que a veces ha habido ms, entonces se sentir la fuerza irresistible con que los representantes ultramarinos seran abrumados en las Cortes. Esto sentado, y aun admitiendo la mejor intencin en los diputados peninsulares, jams se podr vencer ni subsanar el vicio capital de que adoleceran las leyes para Ultramar; porque stas, o sern propuestas por los representantes de las Antillas, o por el gobierno. Si por aqullos, de esperar es, que sern favorables a las dos islas. Supongamos que son votadas por una mayora del Congreso; pero se podr afirmar que esa mayora ha procedido con verdadero conocimiento y con ntima conviccin de que es justo y saludable a las Antillas lo que ha votado, cuando ignora sus necesidades, y cuando los elementos de su informacin slo descansan en la relacin de lo que haya odo a algunos diputados ultramarinos; relacin que en parte o en su totalidad bien pudiera ser errnea, o apasionada, o estar expuesta a otros inconvenientes? A la verdad que este modo de legislar, por til que pudiera ser en alguno que otro caso a las Antillas espaolas, es por lo comn un modo muy vicioso de legislar.

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OBRAS 288\ 288\ 288\ 288\ 288\ Son propuestas las leyes por el gobierno? Si son favorables a las Antillas y las vota una mayora del Congreso, siempre resultar lo que ya he dicho, y es, que esa mayora vota sobre una materia que no entiende, y que por lo mismo no ser ms que ciego instrumento en manos del gobierno. Son contrarias a los intereses de Cuba y Puerto Rico? Consolatorio es pensar, que no faltarn diputados antillanos que las combatan; pero como el gobierno ha de tener siempre mayora en el Congreso, so pena de caer, o de disolver las Cortes, esas leyes sern votadas. Y si esto ha de suceder a pesar de ser contrarias a los intereses de Cuba y Puerto Rico, de qu sirve entonces la presencia de esos diputados en el Congreso? Cmo se recibiran en aquellas islas, unas leyes dictadas contra la opinin y voto de sus legtimos representantes? No se irritaran los nimos de aquellos isleos y se empezaran a rumiar planes que los sacasen de tan comprometida situacin? Ved aqu una de las consecuencias fatales a que forzosamente nos arrastrara la presencia de diputados ultramarinos en las Cortes. 2 Los intereses de las Antillas sufriran gravemente enviando diputados a la metrpoli. Los asuntos peculiares a sta, que pesan sobre las Cortes, son tantos, de tan distinta naturaleza y a veces de tanta urgencia, que no se pueden resolver con la prontitud y oportunidad que el bien pblico reclama. En semejante estado, cmo podr el Congreso volver su atencin a los negocios ultramarinos, que sobre no conocer, los considera de mucha menos importancia que los que se agitan en la Pennsula? Qu retardo tan considerable no experimentaran los asuntos ms vitales de aquellas islas? Qu clamor no se alzara contra sus diputados, acusndolos de negligencia por no satisfacer a sus ms urgentes necesidades? No empezaran muy pronto a sentir la ineficacia o poca influencia de sus diputados en las Cortes, y a desear tambin con ms fuerza una legislatura local, que no est expuesta a los retardos y perjuicios inevitables que ocasiona el sistema de diputados que impugno? Pero no son los negocios de verdadera utilidad para la Pennsula los nicos que paralizaran la pronta y oportuna resolucin de los intereses de aquellas islas. Sonlo tambin la multitud de partidos que desgraciadamente desgarran a la Pennsula, las pasiones que tristemente los enfurecen y los ardientes debates en que con frecuencia se malgasta el tiempo que debiera emplearse en provecho y honra de Espaa. Tal es el actual estado de nuestra nacin, y, aunque me duele decirlo, tal ser por algn tiempo. Con semejante perspectiva, cabe esperar que en las Cortes se de cumplido despacho a las numerosas e interesantes cuestiones en que estn cifradas la libertad y ventura de las Antillas espaolas? Ni es posible que este bien se consiga, porque esa deplorable condicin de los partidos ocasiona frecuentemente cambios de ministerios, y suspensiones y disoluciones de Cortes. Las Antillas entretanto carece-

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JOS ANTONIO SACO /289 /289 /289 /289 /289 ran de diputados, no por causas que les fuesen propias, sino por otras extraas, y todos los proyectos procedentes de la iniciativa, ya de sus representantes, ya del gobierno, quedaran interrumpidos y paralizados con grave detrimento de aquellas islas. 3 Por doloroso que sea, fuerza es decir la verdad. Creo firmemente que entre los diputados ultramarinos, ora residan en la Pennsula, ora vengan de las Antillas, habr algunos que jams harn traicin a los intereses del pas que los honre con su confianza; pero flaca nuestra naturaleza, y ms flaca todava por la detestable educacin poltica que hemos recibido en Cuba y Puerto Rico, creo tambin que habr otros que, olvidndose de sus deberes, convertirn la diputacin en escabel de sus personales pretensiones. Cuando Cuba goz de derechos polticos, slo eran cuatro o cinco los diputados que nombraba para representarla en Cortes; mas, a pesar de tan corto nmero, y de que por lo mismo se poda hacer una buena eleccin, si bien hubo algunos que desempearon dignamente su alta misin, otros slo aspiraron a ella por bastardos fines. Ms de un ejemplo pudiera yo citar, y todava resuenan en mis odos las palabras que uno de aquellos diputados pronunci 33 aos ha: Yo he venido as dijo, yo he venido a Madrid a sacrificarme en las aras del ministerio Y cuntas y cuntas vctimas de este gnero no veramos, si se llamasen a las Cortes diputados por las Antillas, sobre todo, cuando su nmero, atendida la actual poblacin, se habra de aumentar considerablemente? La historia de lo pasado nos revela el porvenir. Bien podr replicarse que lo mismo acontecera con las personas nombradas para la legislatura cubana o portorriquea; pero enorme es la diferencia entre venir de diputado a Espaa y serlo para la legislatura de aquellas islas. La diputacin en la metrpoli presenta un teatro incomparablemente ms grande que en Cuba o Puerto Rico, y de aqu nacern en muchos, injustas y aun culpables aspiraciones para venir a las Cortes. Un ministro tiene infinitamente ms medios de seduccin o de corrupcin, que un jefe superior de aquellas islas, pues ste no puede dar embajadas, ttulos, senaduras, condecoraciones, empleos, ni otros destinos de que aqul puede profusamente disponer. Ni se diga, que esto se impedira prohibiendo que los diputados de Ultramar acepten empleos y honores durante cierto trmino despus de concluido su encargo. Sometidos los diputados de Ultramar a la ley comn de los diputados peninsulares, sera preciso, que se alterase la Constitucin para que esas prohibiciones alcanzasen a todos indistintamente y nadie puede asegurar que esto se hara, y que sera la regla constante en un pas tan expuesto como Espaa a vaivenes y trastornos. Por otra parte, por ms restricciones que se pusiesen, nunca se podra obtener un resultado feliz, porque un gobierno tiene en su mano mil medios de seduccin

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OBRAS 290\ 290\ 290\ 290\ 290\ que puede emplear eludiendo todas las leyes. En este punto no hay ms slida garanta que la moralidad. Reflexinese tambin, que cuando el diputado estuviese en Cuba, no sera tan fcil que se apartase de sus deberes, como cuando se halle en Espaa, porque all es ms conocido de todos, est en medio de sus comitentes y por lo mismo ms sujeto a la vigilancia y censura de la pblica opinin. Esta ltima consideracin es otro de los argumentos contra la idea de que vengan a las Cortes diputados ultramarinos. Casi a 2 000 leguas del pas que representan, no es dable que en las cuestiones que se agiten, pueda la opinin pblica ilustrarlos con la prontitud que se requiere ni tampoco contenerlos a tiempo en sus extravos para enderezarlos a buena parte. Una de las ventajas del sistema representativo consiste en que la opinin pblica pueda ejercer su poderoso influjo sobre sus representantes; no slo mes por mes y semana por semana, sino da por da, y hasta hora por hora, si es necesario. De este inmenso beneficio estn privados los pueblos ultramarinos por la distancia que los separa de sus diputados en las Cortes. A veces acontecera que la primera noticia que tuviesen de lo que en ella se discutiera, les ira acompaada de una votacin irrevocable; de manera que por importante que fuese el asunto que se hubiera resuelto, la opinin de Cuba y Puerto Rico no podra ser oportunamente escuchada, y sus representantes encontraran en este silencio una disculpa hasta cierto grado admisible, de cualquier error en que hubieren incurrido. ste es el mal irremediable de unas leyes dictadas por legisladores que se hallan a tan remota distancia de sus representados. 4 El llamamiento de diputados ultramarinos a las Cortes, falseara en las Antillas el sistema representativo, porque si en Espaa pueden ejercer fcilmente el derecho de diputacin todos aquellos a quienes lo otorga la ley, en Cuba y Puerto Rico, no podrn practicarlo muchos de los mismos a quienes ella lo concede. Poco distantes del centro del gobierno, los diputados peninsulares pueden acudir a las Cortes en algunas horas hasta de los confines del territorio, haciendo muy pocos gastos, sin alejarse apenas de sus familias y bienes, pudiendo tener diariamente noticias de tan caros objetos, ocurrir oportunamente a cualquiera novedad, y aun volver en brevsimo tiempo a sus hogares si el caso lo requiere. Nada de esto podrn hacer los diputados que vengan de las Antillas. Elvase en ellas, a tal punto la renta para ser diputado, que slo puedan ser elegidos los ricos? Entonces, la diputacin sera all un privilegio, mientras que en la metrpoli no lo es, como no debe serlo. Si solamente los ricos han de ser diputados por las Antillas espaolas, tngase desde ahora por cierto que muchos no vendrn a Madrid a ejercer

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JOS ANTONIO SACO /291 /291 /291 /291 /291 la diputacin, porque no podrn separarse ni de sus bienes ni de sus familias. En Europa abundan ricos que cuentan con una renta fija, procedente ya de tierras que ni cultivan ni administran por s, ya de capitales empleados en los fondos pblicos, o en algunas empresas bastantes slidas. Estas personas, por lo tanto, pueden ausentarse de su pas con sus familias, gozando siempre de la misma renta, y sin comprometer su fortuna. Pero no es sta la situacin de los que se dicen opulentos en Cuba o en Puerto Rico, porque el producto de sus capitales es muy variable y perecedero, as como lo son los elementos de que se componen; siendo all la propiedad de tal naturaleza, que casi siempre exige la presencia y la continua vigilancia del amo, por ser muy pocos los que se hallan exentos de esta condicin comn. Es, pues, seguro que de los que se denominan ricos en las Antillas, pocos vendrn, y que de entre esos pocos, algunos lo harn ms por utilidad propia que por servir al pas. Se permitir que los pobres sean elegidos? Entonces ser menester que se les sealen dietas para subsistir en Madrid durante su diputacin. Pero esto supone, que se establecer en las Antillas el sufragio universal, porque sera la ms absurda contradiccin, que siendo el cargo de diputados de mucha ms responsabilidad e importancia que el derecho de ser lector, a ste por ser pobre se le niegue lo que al primero se concede. Por eso fue por lo que la Constitucin de 1812 estableci en toda la monarqua el sufragio universal, sin decirlo expresamente; sufragio que hoy no conviene a la metrpoli, ni tampoco a las provincias de Ultramar. De todo esto se infiere, que de la clase pobre no saldrn los diputados, y que si de ella saliesen, caeramos con ms motivo en los inconvenientes ya expresados, pues, aunque hay pobres muy honrados, no es prudente ni poltico, poner a prueba la pobreza. Se concede la aptitud de ser diputado, no slo a los ricos sino tambin a los que gocen de una mediana fortuna? En este ltimo caso resultar, que los habitantes de las Antillas, llamados por la ley a la diputacin, aunque tengan una renta equivalente o superior a la de los espaoles residentes en la metrpoli, no podrn ejercerla de hecho, mientras que sus hermanos de la Pennsula que se hallen en igual estado podrn ocupar un asiento en las Cortes. Supongamos que un diputado peninsular electo en la metrpoli, goce de 3 000 pesos de renta anual, claro es, que este diputado puede desempear decorosamente su diputacin. Pero supongamos tambin que el diputado electo por Cuba o Puerto Rico tenga la misma renta, podr l sufragar todos los gastos de viaje, de permanencia en Madrid y de retorno a su Antilla, sobre todo si tiene familia? Imposible. Dejar sta all en el suelo natal? Mas, habr muchos hombres que se resignen a tal sacrificio? Vendrn a Madrid acompaados de sus familias? Para acometer tamaa empresa, y vivir con mediana decencia en esta capital, sera preciso una renta, no de 3 000

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OBRAS 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ pesos, sino a lo menos del doble o triple. Pero cuntos son los que puedan o que estn dispuestos a hacer gastos tan considerables, dejando sus intereses y ocupaciones para venir a ejercer una diputacin, que segn la creencia general de aquellos pueblos, a lo menos del de Cuba que es el que yo conozco, es de tan poco provecho para su bien y verdadera libertad? La consecuencia necesaria de todo lo dicho es, que los ricos no vendran sino en corto nmero, y que algunos de ste, no tanto sera por patriotismo, cuanto por miras privadas; que los pobres quedaran completamente eliminados de toda diputacin, a no ser que se cayese en el sufragio universal y en el sealamiento de dietas; y que muchos poseedores de medianas fortunas se retraeran de una diputacin que tantos perjuicios les ocasionar. No son estas simples conjeturas, sino hechos que han pasado en pocas anteriores, pues en Cuba se vio que personas propuestas para la diputacin a Cortes, la rehusaron por tener ante sus ojos el ejemplo que entre los pocos que vinieron a desempearla, algunos encontraron a su vuelta su fortuna muy quebrantada. Por eso fue que en 1820 y en 1824, parte de los nombramientos de los diputados cubanos recayeron en personas domiciliadas en Madrid desde muy largos aos. Esto no acontecer si nos circunscribimos a nuestra legislatura provincial, porque en ellas se concentrarn todas las fuerzas vivas del pas. El rico, y el ciudadano de mediana fortuna, el aventajado jurisconsulto y el inteligente hacendado, el mdico entendido y el hombre que se dedica a otras cientficas profesiones, el activo comerciante y el industrial laborioso, todos, todos ocuparn un modesto asiento en aquella asamblea, sin emprender largas y costosas peregrinaciones por estas tierras de Europa. El nombramiento de diputados al Congreso exige que entre en el Senado un nmero proporcional de senadores cubanos y portorriqueos. Pero cuntos de stos vendran a ocupar sus asientos? A juzgar de lo futuro por lo pasado y por lo presente, debo concluir que muy pocos seran, pues de todos los senadores cubanos hasta aqu nombrados, solamente asisten al Senado las personas que residen en Madrid, despus de haberse alejado de una vez de su Isla natal. En virtud de todo lo expuesto se puede vaticinar que al lado de nobles patricios, se veran aspirar al Congreso y al Senado hombres que slo buscasen sus medros personales. 5 De grande importancia es en el sistema representativo la reeleccin de diputados por los conocimientos y hbitos parlamentarios que stos adquieren; pero las Antillas careceran de esta ventaja si enviasen representantes a la metrpoli, porque la reeleccin envolvera la necesidad de permanencia perpetua en la corte, o la penosa tarea de hacer

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JOS ANTONIO SACO /293 /293 /293 /293 /293 continuos viajes pasando y repasando los mares; sobre todo, si tiene familia. Es, pues, forzoso para que esa reeleccin se efecte, que los diputados antillanos se resignen a vivir fuera de su tierra, y a renunciar a todas las comodidades y afectos de que en ella gocen; y esta consideracin es bastante poderosa por s sola para retraer a muchos del cargo de diputado a Cortes. Por otra parte, la ndole misma del gobierno representativo exige que entre los representantes y los representados haya frecuente y activa comunicacin, para que unos y otros puedan penetrarse de sus recprocas ideas y sentimientos, lo que no puede conseguirse cuando estn separados por largas distancias y por largo tiempo. Esto es lo que irremediablemente acontecera con diputados permanentes en Madrid. Aun hay ms todava. Con indecible placer reconozco que entre estos diputados habra algunos que jams se olvidaran de los intereses de su patria, y que siempre los defenderan con talento, habilidad y la ms laudable abnegacin; pero al mismo tiempo habra otros que despus de haber dado un adis eterno al suelo en que nacieron, ya no estaran animados de los mismos sentimientos.—No ira la ausencia aflojando poco a poco los vnculos que los ligaban? No se entibiaran con las nuevas relaciones que ac contrajeran las antiguas que all dejaran? Ojal que estas ideas fuesen hijas de la imaginacin de un visionario; pero yo he conocido cubanos a quienes una larga permanencia en la Pennsula no slo les ha debilitado y apagado el amor que en otro tiempo profesaban a su patria, sino que los ha hecho del todo indiferentes a su suerte. Tal es la humana naturaleza. 6 Ni estoy tampoco conforme con el plan de que existiendo legislaturas en las Antillas, stas enven diputados a las Cortes, para que tomen parte en los asuntos de Cuba y Puerto Rico, que se rocen con los generales de la nacin. Pero yo pregunto, si no se conceden las legislaturas que se piden y s diputados, no quedarn entonces frustradas las esperanzas que se han concebido con ese proyecto? Porque es forzoso convenir en que es mucho menos improbable que se conceda diputados que legislaturas provinciales, y denegadas stas, venimos a caer en diputados que trataran no slo de los negocios de las Antillas con su metrpoli, sino tambin de los exclusivamente locales. Esto sera la concentracin en la metrpoli de todos los asuntos que se deben decidir en Ultramar, y tal concentracin, a pesar del barniz de libertad que se le quiera dar cubrindose con la pantalla de los diputados, no sera otra cosa en realidad que un sistema ms o menos absoluto con visos de libertad. Mas, yo supongo que se nos d legislatura y diputados. Aun as, lejos de evitarse los inconvenientes que llevo expuestos, naceran otros de diversa naturaleza. Ese plan mixto de legislaturas en las provincias y de diputados en la metrpoli, supone que la potestad legislativa de aqullas se dividira en

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OBRAS 294\ 294\ 294\ 294\ 294\ dos partes; una permanente all y otra ac, ocupndose la primera exclusivamente en los asuntos locales as como la segunda en los asuntos generales De esas dos partes, la de las Antillas sera la ms dbil, y la de la Pennsula, la ms fuerte, porque los diputados cubanos y portorriqueos no se congregaran solos en Madrid, sino que se reuniran a los de la metrpoli; formando todos por su gran nmero, por su prestigio y por sus muchas y soberanas facultades, un cuerpo tan poderoso que anonadara las pequeas legislaturas de aquellas dos islas. Dirase que esto se impedira, trazando exactamente una lnea divisoria dentro de cuyos lmites respectivos debieran quedar encerradas las atribuciones de los diputados ultramarinos que viniesen a las Cortes, y la de los representantes que formasen las legislaturas provinciales; y que esto se conseguira reservando exclusivamente a los primeros todos los asuntos generales y a los segundos todos los puramente locales Pero esta teora fcil y seductora en la apariencia, es muy dficil y peligrosa en la prctica, porque la tendencia innata de todo poder, es ensanchar el crculo de sus atribuciones. De aqu nacern conflictos entre las dos fracciones de esa potestad legislativa as dividida; y como la fraccin que existira en la Pennsula sera incomparablemente ms fuerte que la de las Antillas, stas empezaran poco a poco a perder las facultades que les fueran concedidas por sus constituciones especiales. No es tan fcil como al primer golpe de vista aparece, a lo menos en muchos casos, marcar exactamente la lnea divisoria entre los asuntos propiamente locales que incumban a las legislaturas, y los asuntos generales que correspondan a las Cortes; pues a veces esto depende ms de la prudencia y de la buena armona que se quiera guardar, que de la ntima naturaleza de las cosas. En la mltiple realidad de las relaciones que tienen los objetos unos con otros, no siempre es dado considerarlos aisladamente, pues todos cual ms, cual menos, tienen entre s diferentes puntos de contacto y que dan margen a que si bajo de un aspecto se puedan considerar como particulares o locales, bajo de otro se puedan mirar hasta cierto punto como generales. Pongamos algunos ejemplos. La instruccin primaria de la isla de Cuba es asunto puramente local y, por tanto, debe confiarse exclusivamente a su legislatura. Pues bien; esa misma instruccin se puede igualmente considerar por sus relaciones e influencias como un objeto general, y por lo mismo ya incumbe a los diputados ultramarinos en las Cortes, pues podr alegarse, no slo que el honor nacional est interesado en que los habitantes de Cuba y Puerto Rico adquieran alto grado de ilustracin, sino que la enseanza que se diere a sus isleos podr influir poderosamente en las ideas que se les infundan respecto de su metrpoli, y de los planes futuros que contra ella puedan concebir. He aqu cmo este punto

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JOS ANTONIO SACO /295 /295 /295 /295 /295 que superficialmente mirado no ofrece ninguna dificultad, las presenta muy graves cuando se examina bajo de sus distintas relaciones, y que podra ser el origen de conflictos desagradables. Lo que digo de la instruccin se puede aplicar a otros ramos que parecen todava ms locales, como son los caminos, puentes, canales y telgrafos. Quin responde de que diputados antillanos o peninsulares, no intentasen alguna vez reclamar la intervencin de las Cortes en la construccin y conservacin de aquellas mismas vas de comunicacin? Porque bien podran fundarse para ello en que a las Cortes toca promover y fomentar la prosperidad de la nacin, y que siendo Cuba y Puerto Rico una parte de ella, el poder legislativo metropolitano tiene derecho incontestable a tomar parte activa y directa en aquellos objetos. Lo mismo podra acontecer en cuanto a la inmigracin o colonizacin, que es, y por algn tiempo ser uno de los asuntos ms vitales de Cuba. Bien veo que para remover toda duda, estos, y otros asuntos podrn declararse como atribuciones propias de las legislaturas coloniales; pero sobre ser muy difcil especificarlos todos, queda siempre el campo abierto para disputar si deben pertenecer a dichas legislaturas, o a los diputados que vengan a las Cortes. Ntese tambin que esta divisin de la potestad legislativa, introduce la disimilacin en el mismo punto en que cabalmente se quiere establecer la asimilacin porque en la Pennsula la potestad legislativa de las Cortes es una e indivisible, y a negarlo nadie se atrever, fundndose en que hay dos cuerpos legisladores, cuales son el Congreso y el Senado. Estos dos cuerpos se congregan en un mismo lugar, pues el uno no est en Barcelona, y el otro, en Cdiz, sino que ambos se juntan en Madrid. Las facultades del Congreso son las mismas que las del Senado, y las del Senado, las mismas que las del Congreso. Ambas deliberan sobre los mismos asuntos y ningn acto puede transformarse en ley, sin que sea recprocamente discutido y aprobado por la una y por la otra Cmara. Esto no sucedera con la legislatura provincial y los diputados ultramarinos en las Cortes, porque aqulla se reunira en la provincia ultramarina y stos, en la metrpoli; aqulla deliberara sobre asuntos que no seran de la incumbencia de stos, y stos deliberaran a su vez sobre asuntos que no seran de la incumbencia de aqulla. La legislatura provincial, pues, y los diputados ultramarinos en las Cortes legislaran sin mutuo enlace ni acuerdo, y con total independencia entre s, pudiendo por lo mismo considerarse la potestad legislativa de aqulla, como complemento de la de stos. Por ventura no existen en la Gran Bretaa intereses generales que se rozan con sus colonias, pero intereses que por las vastas relaciones mercantiles y polticas de aquella nacin en todo el orbe son mucho ms numerosos e importantes que los que tiene Espaa con sus Antillas y

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OBRAS 296\ 296\ 296\ 296\ 296\ otros pases? Mas, acaso porque as sea, tantas y tantas colonias inglesas que gozan de legislaturas, envan diputados al Parlamento para que en l traten esos negocios? No, por cierto; y, sin embargo, ni en toda la Antigedad, excepto Grecia, ni en los tiempos modernos, ninguna nacin ha gobernado ni gobierna a sus colonias con tanta justicia y libertad como la Gran Bretaa. So pretexto de aquellos intereses no hay necesidad de diputados ultramarinos en las Cortes; y si en los casos que puedan ocurrir se quiere consultar la opinin de las Antillas, deben preferirse las legislaturas de las dos islas, porque ellas con ms datos, con ms luces y menos expuestas a extraas influencias, podrn conducir al acierto ms seguramente que los representantes enviados a la metrpoli. Quiz sera conveniente para estos casos, y para el pronto despacho de las leyes que se han de sancionar por la Corona, tener cerca de ella uno o dos apoderados elegidos por la legislatura con un sueldo fijo, pudiendo recaer el nombramiento en diputados peninsulares de alta influencia en las Cortes, cuya voz, exenta de las prevenciones que sobre los americanos pesan, sera ms escuchada y respetada por la nacin y el gobierno. As lo hicieron con provecho en otro tiempo las colonias francesas. Al apuntar esta idea, entindase que dejo a las legislaturas provinciales la ms amplia libertad, as en el sealamiento de sueldos, como en la duracin de tiempo que haya de tener cada apoderado, pues ste o stos podrn ser revocados y reemplazados por otros al arbitrio de aquellas legislaturas. Se desean diputados ultramarinos en las Cortes para que reclamen contra las faltas que puedan cometer el ministerio y las autoridades principales de las Antillas? Mas, compensarn estas reclamaciones los gravsimos inconvenientes que, por otra parte, les ofrecen esos diputados? Para apreciar en su justo valor el efecto de estas reclamaciones, reflexinese que, o el gobierno est dispuesto a dar a las Antillas libres instituciones, o no lo est. Si lo primero, esas instituciones son la nica y verdadera garanta que tendrn aquellos habitantes, pues enfrenado entonces el poder, no traspasar los lmites dentro de los cuales debe girar; y si alguna vez lo hiciese, la opinin pblica, legalmente expresada por la prensa y por el rgano de las corporaciones del pas, ejercer una fuerza mucho ms pronta y enrgica que la dbil y remota de los diputados existentes en la Pennsula. No estn dispuestos el gobierno y las Cortes a darnos libres instituciones? Entonces el clamor de los diputados ser ineficaz, porque el gobierno, empeado, por una parte, en sostener la conducta de sus empleados, y apoyado, por otra, en la mayora que tendr en las Cortes, siempre hallar medios de frustrar los deseos de los diputados ultramarinos. Adems, podremos gloriarnos de que stos sern unnimes en sus reclamaciones? No podrn contraponerse unos a otros, ya por el

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JOS ANTONIO SACO /297 /297 /297 /297 /297 distinto modo con que los hombres suelen ver los mismos objetos, ya por los halagos y seducciones del poder? Dirase tambin, que as como el Parlamento britnico puede ejercer su alta potestad legislativa en las colonias, no obstante sus legislaturas; del mismo modo podrn las Cortes espaolas usar de igual derecho, y que para este caso es necesaria la presencia en ellas de los diputados ultramarinos. Yo acepto este argumento con todas sus consecuencias. El Parlamento britnico usa de aquellas prerrogativas con tanta parsimonia que las legislaturas coloniales funcionan con plena libertad, sin que las embarace en su marcha la intervencin parlamentaria. Imitarn esta conducta nuestras Cortes? Si as fuere, ya son necesarios en ellas los diputados ultramarinos, as como tampoco lo son los de las colonias inglesas en el Parlamento britnico. No imitarn las Cortes la conducta de ste? Aqu conviene distinguir: o los diputados peninsulares emplean su prerrogativa en tratar solamente de los asuntos comunes a las Antillas y a la metrpoli, o la extienden tambin a los puramente locales, reservados a aquellas legislaturas. En el primer caso, claro es que se mezclarn los diputados ultramarinos, pues que se dice que justamente vienen para eso a las Cortes. Hasta aqu todo va bien, segn la teora en virtud de la cual se pide la presencia de tales diputados en las Cortes. Pero cuando los diputados peninsulares se lancen a tratar de las cuestiones puramente locales de las Antillas; qu es lo que harn los diputados de ultramarinos? Se callarn como deben hacerlo para ser consecuentes con sus mismos principios, puesto que no vienen a la Pennsula para tratar de dichos intereses locales? Si esto han de hacer, su presencia es del todo intil en las Cortes. Toman parte en la discusin de esos negocios locales? He aqu que ya traspasan los lmites de su mandato, porque las Antillas no los envan a las Cortes para que se mezclen en tales negocios: helos aqu tambin usurpando las atribuciones reservadas a las legislaturas provinciales, y helos, en fin, concurriendo a menguarlas y a reducirlas a la nulidad. Para esto sera menos malo que desapareciesen las legislaturas provinciales, y que slo se admitiesen diputados como en tiempos anteriores; pues de este modo se impediran los conflictos que necesariamente habran de surgir entre las atribuciones parciales de los diputados ultramarinos en las Cortes y las atribuciones parciales de las legislaturas en las provincias. Estos inconvenientes y peligros cesarn, cuando las legislaturas provinciales puedan girar libremente en la rbita de sus funciones sin el elemento perturbador de los diputados ultramarinos en las Cortes. Su presencia en ellas es una amenaza continua a la potestad legislativa de las legislaturas provinciales, pues los debates ms o menos frecuentes en que entrarn ya movidos por s, ya por el ejemplo de los peninsu-

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OBRAS 298\ 298\ 298\ 298\ 298\ lares, sus colegas, son incompatibles con la marcha asentada y serena que deben seguir aquellas asambleas. Si nos elevamos a los principios fundamentales del gobierno representativo, veremos que es imposible la admisin de diputados ultramarinos en las Cortes cuando existan legislaturas en las Antillas. Elegido que sea un diputado por alguna provincia, ya este diputado no lo es slo de ella, sino de toda la nacin; y bajo de tal concepto tiene derecho a mezclarse, as en todos los asuntos de la provincia que lo nombr, como en los de todas las dems que pertenecen a la monarqua. Tales son las facultades de que vienen investidos a las Cortes todos los diputados que las componen. Siendo esto as, con qu carcter se presentan en ellas los diputados ultramarinos? Gozan de los mismos derechos y prerrogativas que los peninsulares? Entonces pueden tratar, no slo de cuantos asuntos pertenecen a la Pennsula, sino tambin en las Antillas; y ved aqu ya completamente absorbida por ellos la potestad legislativa de las legislaturas provinciales. No gozan de las mismas prerrogativas que los diputados peninsulares? Entonces tenemos que los diputados ultramarinos vienen con atribuciones tan menguadas, que ni pueden ocuparse en los asuntos de la Pennsula, ni tampoco en todos los de Cuba y Puerto Rico, sino nicamente en los pocos que se les hayan reservado por la Constitucin especial de estas Antillas. Pero admitirn las Cortes en su seno a diputados de especie tan anmala? Podrn consentir que tomen la palabra ni menos que voten en los negocios generales de la nacin, cuando slo son especialmente nombrados para que traten de ciertos asuntos de Cuba y Puerto Rico? A la verdad que tal representacin en Cortes, ni es digna de stas, ni decorosa a las provincias de Ultramar, ni muy satisfactoria a los mismos representantes que viniesen bajo de tan raquticas atribuciones. 7 Otro de los graves inconvenientes que ocasionara la presencia de los diputados ultramarinos en el Congreso espaol, sera la necesidad de someter los presupuestos de aquellos pases al examen y aprobacin de las Cortes. Mxima fundamental es de todo gobierno libre que el contribuyente sea quien imponga, discuta, apruebe y vigile la buena inversin de sus contribuciones, pudiendo asegurarse con precisin matemtica, que el pas donde esto no se hace, es pas despticamente gobernado. Diputados y presupuestos, cosas distintas son; pero en el orden representativo tienen tan estrecho enlace, que quien dice diputados, dice presupuestos, porque el examen de stos es una de las atribuciones esenciales de aqullos; y quien dice presupuestos supone diputados, a no ser que se viva en pleno absolutismo. Mas, qu es lo que hoy sucede con los presupuestos de Cuba y Puerto Rico? Y qu es lo que sucedera con ellos si conforme con semejantes ideas tuvieran diputados en el Congreso espaol, por cualquier motivo que fuese? Para que

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JOS ANTONIO SACO /299 /299 /299 /299 /299 mejor resalte lo que hoy pasa entre nosotros, y la influencia que en los presupuestos de las Antillas ejerceran aquellos diputados en las Cortes, contemplemos antes lo que pasa en otras colonias. No es Espaa la nica nacin que las tiene en Amrica. Entre otras potencias posenlas tambin la Francia y la Gran Bretaa. La primera, como ya he dicho, tiene dos, que son la Guadalupe y la Martinica con sus pequeas dependencias en el archipilago de las Antillas, y otra que es Borbon o Reunin en el mar de las Indias. Estas tres islas me servirn de ejemplo, por ser de las ms antiguas, de las menos mal gobernadas, y ms asemejadas a su metrpoli; pues gozan de muchas de sus instituciones y se rigen por el cdigo de Napolen, por el cdigo penal y por los cdigos de comercio, de procedimiento civil y de instruccin criminal; habindose introducido en ellas las modificaciones hechas en Francia a la legislacin civil y criminal antes y despus de la promulgacin del Decreto de 27 de abril de 1848 que aboli la esclavitud. En cuanto a la isla Reunin, la semejanza es menos completa, porque si bien todo lo concerniente al orden de las jurisdicciones civiles y correccionales es semejante al de la metrpoli, no as en lo tocante a la jurisdiccin criminal. Los gastos de esas tres colonias, estn divididos en dos clases; unos que pertenecen exclusivamente a la metrpoli, y que los paga de su presupuesto, y otros que gravitan exclusivamente sobre ellas. Cules son los ramos que bajo el nombre de gastos de Gobierno y de proteccin debe pagar la metrpoli, los enumera expresamente el artculo 14 del Senado-Consulto de 3 de mayo de 1854, como se ver ms abajo. El importe de estos gastos ascendi en 1864 para Martinica y Guadalupe, y en 1862 para la Reunin o Borbon a las cantidades que presenta la siguiente tabla, que he tomado de las noticias sobre las colonias francesas, publicadas en 1866, por orden del seor marqus de ChasseloupLaubat, ministro de Marina y de las Colonias en Francia. ———

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Gastos hechos por el presupuesto metropolitano Captulo I Personal civil y militar Captulo II Material civil y militar Recapitulacin Martinica 1864 Guadalupe 1864 Borbon o Reunin 1862FrancosCs.FrancosCs.FrancosCs.Gobierno colonial.............................60 000...60 000...60 000...Adminisrtacin general...................242 440...245 830...211 050...Justicia..............................................333 300...373 600...282 200...Culto..................................................251 400...243 700...217 100...Subvercin a la justicia pblica.....100 000...100 000...................Estados mayores.............................103 72350112 632...................Servicios martimos.........................28 770...20 400...................Gendarmera colonial......................441 467...481 533...404 894...Tropas indgenas.............................67 1167867 1167867 000...Accesorios de sueldo.......................34 800...34 800...22 000...Tratamiento en los hospitales........425 427...489 731...146 49160Vveres..............................................492 56160587 39590471 05960Gastos accesorios y diversos..........47 520...41 520...63 140...Compaa disciplinaria...................................114 78687104 50260 Totales...........................................2 628 525882 973 045552 119 78780A deducir 1/30 por incompletos.....87 6175399 1015270 65959 Total del personal........................2 540 908352 873 944032 049 12831 Consevacin de puertos y radas..............29 000...25 000...10 000...Edificios pblicos.......................................25 000...7 000...50 000...Acuartelamiento y campamento..............7 000...4 500......Artillera y transportes.............................70 000...63 000...296 000...Trabajos de ingenieros.............................192 000...313 900......Alquileres y amueblamientos...................60 000...75 000...40 000...Impresiones y suscriciones.......................15 000...17 000...18 500...Introduccin de trabajadores..................150 000...150 000................Gastos de justicis y de procedimientos...45 000...45 000...34 000... Total de material....................................593 000700 400...448 500... Cap. 1 Total del personal civil y militar (Cifra redondas)................2 540 910...2 873 950...2 049 120...Cap. 2 Total de material.................593 000...700 400...448 500... Total general..................................3 133 910...3 574 350...2 497 620...

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JOS ANTONIO SACO /301 /301 /301 /301 /301 Debo advertir que en estos gastos no estn comprendidos los del servicio de la marina, que se elevaron en la Martinica en 1862 a 2 075 603 francos a causa del gran nmero de tropas que de Francia pasaron a aquella Antilla para la expedicin a Mjico. Los gastos de la Guadalupe llegaron en aquel ao a 511 276 francos; y los de la Reunin, incluso el sueldo de las tropas de infantera y artillera de marina de guarnicin, a 1 491 180 francos. Reuniendo todas estas sumas a las del estado anterior, tendremos que la Francia gast de sus presupuestos en las tres colonias referidas, y en un solo ao, la cantidad de 13 283 989 francos. Veamos ahora a cunto ascendi el presupuesto de ingresos nico, que representa los impuestos pagados por dichas colonias para el ejercicio de 1864 en la Martinica y Guadalupe, y para el de 1863 en la Reunin. Mas, como en ese presupuesto figuran algunas cantidades suministradas por la metrpoli, es menester deducirlas, para que as se conozca exactamente cul es la suma verdadera que pagan aquellas colonias. Los ingresos de la Martinica ascendieron a francos ...................................................3 235 307 Los de Guadalupe ....................................3 444 601 Los de la Reunin ...................................6 388 623 ———— Total .................................... 13 068 531 De todo lo expuesto aparece: 1 Que la metrpoli francesa emplea anualmente de sus propios fondos, cantidades considerables en aquellas tres colonias. 2 Que dichas cantidades se invierten, no slo en los ramos que pertenecen al Estado, sino aun en los locales de cada colonia. 3 Que stas no envan a su metrpoli, ni un solo franco, aunque bien pudiera hacerse, ya recargndolas de impuestos, ya con el sobrante que suele quedar despus de satisfechas todas sus necesidades; pero en este caso se forman un fondo de reserva para subvenir a los gastos que puedan acarrear acontecimientos extraordinarios. 4 Que a pesar del cuantioso subsidio anual que da Francia a sus tres colonias, y que de l pudiera prevalerse para intervenir en sus presupuestos locales, stos son votados libremente por sus consejos generales; cuyo voto es definitivo y ejecutorio; segn lo proviene el nmero 15 del artculo 1 del Senado-Consulto promulgado el 4 de julio de 1866. 5 Que no obstante carecer los consejos generales de potestad legislativas, esos presupuestos no se presentan a las Cmaras francesas; pero en medio de esto tngase muy presente, que ni Martinica, ni Guadalupe ni la Reunin, envan diputados a su metrpoli.

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OBRAS 302\ 302\ 302\ 302\ 302\ Con ms munificencia que la Francia procede la Gran Bretaa en el mundo colonial que posee, y obra larga sera, y no por cierto del caso, trazar el cuadro de las relaciones rentsticas que median entre todas ellas y su metrpoli. Limitareme, pues, a las posesiones que se hallan en Amrica, de las cuales estn muchas en las mismas aguas que Cuba y Puerto Rico. Ninguna de ellas tiene diputados en el Parlamento britnico, y por eso Inglaterra que tanto respeta el sagrado derecho de propiedad, no conoce de sus presupuestos, dejndolos exclusivamente entregados al examen y aprobacin de las legislaturas coloniales. Aquella metrpoli paga de sus propios fondos todas las tropas veteranas que guarnecen sus colonias; y tambin toda la marina que defiende sus costas y protege su comercio. Libres de esta carga, el nico derecho que la Gran Bretaa se ha reservado en sus colonias de Amrica, es el de imponerles alguno que otro tributo para regular su mutuo comercio; pero cualquier exceso que en este punto se pudiera cometer, reprimido est con el correctivo de que el producto total de estos impuestos se ha de invertir necesariamente en uso y provecho de la colonia en donde se recaudan. Mas, qu es lo que hoy sucede en los presupuestos de Cuba y Puerto Rico? Sucede que el gobierno es quien impone todas las contribuciones, y decreta su inversin, sin que el pas intervenga en su libre examen y aprobacin, pues la levsima parte que se ha dado en La Habana al Consejo de Administracin, es absolutamente ilusoria, as porque sus miembros son nombrados por el gobierno, como por la forma de las instituciones que rigen a las Antillas. Cierto es, que en estos ltimos aos el gobierno ha presentado a las Cortes los presupuestos de aquellas islas, pero esto mismo confirma la aseveracin que acab de hacer, porque sean cuales fueren las atribuciones de las Cortes, ellas no pueden discutirlas ni votarlas cuando Puerto Rico y Cuba carecen de la legtima intervencin que deben tener. Desde la Constitucin de 1812 hasta la que actualmente rige en Espaa, todos han consagrado el principio de que las contribuciones han de ser discutidas y aprobadas por la representacin nacional; principio tan antiguo en Espaa, que aunque omito trazar su historia, en gracia de la brevedad, no puedo menos de transcribir lo que ordenaron los reyes Enrique II en Madrid en 1367, Enrique III en 1393, Juan II en 1420 y Carlos I en las Cortes de Madrid de 1523, cuyas disposiciones se hallan comprendidas en la ley I, ttulo VII, libro VI de la Novsima Recopilacin que dice as: “Los Reyes nuestros progenitores, establecieron por leyes y rdenes fechas en Cortes, que no se echasen ni repartiesen ningunos pechos, servicios, pedidos, ni monedas, ni otros tributos nuevos, especial ni generalmente en todos nuestros Reinos, sin que primero sean llama-

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JOS ANTONIO SACO /303 /303 /303 /303 /303 dos a Cortes los procuradores de todas las ciudades y villas de nuestros Reinos, y sean otorgados por los dichos procuradores que a las Cortes vinieren”. Nada ms terminante que esta ley; y como a las Cortes en que han sido aprobados los presupuestos de las Antillas, no han asistido sus representantes por falta de llamamiento, es inconcuso que en esta materia se ha procedido ilegalmente, no dejando de ser bien notable que cuando tanto se habla de asimilar las Antillas a la metrpoli, cabalmente se nos desasimile en asunto tan vital. Si la aprobacin por las Cortes de los presupuestos ultramarinos sin ser representadas aquellas provincias, es anticonstitucional, yo no admito que la presencia en aquel Congreso de diputados por stas, baste para legitimar la intervencin de los representantes peninsulares en el examen y voto decisivo de dichos presupuestos. En los perodos en que las Antillas tuvieron diputados a Cortes, nunca les fueron presentados a stas los presupuestos de aqullas, por la razn muy sencilla de que entonces no los haba: de manera que sobre este punto no se pueden invocar precedentes. Mas, hoy que aqullos existen, nada parece a primera vista ms justo ni ms conforme a los principios constitucionales que el que sean discutidos y votados por las Cortes, siempre que a stas asistan los diputados ultramarinos, pero a poco que se medite, se conocer que esa misma justicia y esos mismos principios constitucionales se oponen a que tal se haga. Con qu derecho pueden discutir y aprobar los presupuestos de las Antillas, unos diputados que en nada contribuyen para los gastos que figuran en tales presupuestos? Si ellos deben intervenir en el examen y aprobacin de los de la Pennsula, es a ttulo de contribuyentes y de representantes de stos; mas, no sindolo en Cuba ni Puerto Rico, evidente es que ni pueden, ni deben tomar la voz para tener en ellos la ms leve intervencin aprobatoria o desaprobatoria. Si se mezclan directamente y con voz decisiva en este asunto, se podr decir que son los contribuyentes de las Antillas quienes votan y aprueban sus presupuestos? Ciertamente que no. Si Cuba enviase diputados a las Cortes bajo la misma base de poblacin libre adoptada en la Pennsula por la ley electoral de 18 de julio de 1865, su nmero total sera de 23. Mas, cuntos son los diputados peninsulares? Trescientos cuarenta y siete. Y qu viene a ser aquel cortsimo, nico que representa a los contribuyentes de las Antillas comparado con el grandsimo de los no contribuyentes? El resultado inevitable ser que el presupuesto vendr a caer en manos de stos, quienes a su arbitrio podrn imponer la ley a aqullos; y esta ley tendrn que sufrirla con tanta ms fuerza cuanto que a los diputados peninsulares se reunira la poderosa falange de 300 o ms senadores que tampoco

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OBRAS 304\ 304\ 304\ 304\ 304\ contribuyen a la formacin de los presupuestos de Cuba. Aqu es muy importante recordar lo que sucede en Inglaterra, pas eminentemente constitucional y de verdadera libertad. Cuando al Parlamento se presentan los presupuestos de la nacin, la Cmara de los Comunes es la sola que tiene derecho de disminuirlos, adicionarlos o modificarlos, y aunque los miembros de la Cmara de los Lores contribuyen a los gastos de la nacin en proporcin a sus riquezas, jams pueden alterarlos ni modificarlos en lo ms leve, pues todas sus facultades se reducen a simplemente aprobarlos o desecharlos. Esto prueba el alto respeto que la Gran Bretaa tributa a la propiedad y a los principios del gobierno representativo, pues no obstante que los Lores son contribuyentes, se les prohbe la facultad de alterar los presupuestos, tan slo por la razn de que se sientan en el Parlamento en virtud de un privilegio de su clase, y no a nombre del pueblo ingls. Si, pues, sta es la prctica constitucional seguida en aquel pas, maestro y modelo de libertad, bajo de qu ttulo los diputados y senadores de la Pennsula e islas adyacentes, que en nada contribuyen para los gastos de las Antillas, bajo qu ttulo, repito, pueden discutir aquellos presupuestos, ni menos aprobarlos, a pesar de la escasa intervencin que pueden tener los poqusimos diputados ultramarinos, que vinieran a las Cortes? Esta situacin llevadera sera si hubiese conformidad de ideas y de intereses entre los espaoles aquende y allende los mares; pero es menester que todos seamos francos y confesemos que en el punto que nos ocupa, hay un completo antagonismo. Por una tendencia natural, el inters de la Pennsula es pagar lo menos posible; y como a esta tendencia se junta la deplorable condicin en que se halla su erario, echarase sobre las Antillas la mayor parte de las cargas pecuniarias que debieran pesar sobre la metrpoli, pues para eso habr en las Cortes una inmensa mayora. En estas circunstancias, de qu sirven en ellas los diputados ultramarinos? Porque, o votan con los peninsulares o votan contra ellos. Si lo primero, no los acusarn sus comitentes de traidores? No se desacreditaran los futuros nombramientos de diputados a Cortes? Si lo segundo, no quedar demostrada la inutilidad de nuestros diputados en el Congreso espaol? No se lamentarn aquellos pases de que el peso de las contribuciones que los abruman, les ha sido impuesto, no ya por sus propios diputados, sino contra la voluntad de stos? Y si se reflexiona sobre las graves consecuencias que de aqu pueden originarse en el orden poltico, entonces se acabar de conocer cun peligrosa es la admisin de representantes ultramarinos en las Cortes, y el empeo de establecer en este punto una asimilacin incompatible con la ndole de buenas instituciones. Es menester que seamos sumamente circunspectos en materia de contribuciones. Por querer imponerlas sin aprobacin de los contribu-

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JOS ANTONIO SACO /305 /305 /305 /305 /305 yentes, Inglaterra aceler la prdida de sus colonias conocidas antes con el nombre de las Trece provincias y hoy Estados Unidos. No recibi en balde tan amarga leccin aquella previsora potencia, y consultando a un tiempo los deberes de la justicia y de una sabia poltica, decret las medidas que ya he indicado. Ni se diga que Catalua vota en las Cortes las contribuciones generales de Valencia, Asturias y otras provincias de la Pennsula, y que cada una de stas vota a su vez las respectivas de las dems. La paridad que establece es del todo inexacta, porque ni Catalua, ni Valencia, ni Asturias, ni ninguna otra de las provincias peninsulares e islas adyacentes tienen, ni presentan a las Cortes presupuestos especiales como las islas de Cuba y Puerto Rico. En la Pennsula no hay ms que un solo presupuesto, en l no aparece ninguna de sus provincias bajo de su nombre particular, ni tampoco ninguna constituye una entidad aislada; por el contrario, todas se presentan confundidas formando un solo cuerpo homogneo y compacto; y en tal estado, muy lgico y constitucional es, que los diputados de todas ellas congregados en las Cortes, discutan y aprueben el presupuesto general que a todas les comprende. Mas, las Antillas tienen cada una un presupuesto especial absolutamente distinto del de la Pennsula; distincin que procede, no slo de la gran distancia que las separa de su metrpoli, sino de las peculiares circunstancias en que se encuentran, y en virtud de las cuales se han pedido y piden leyes especiales para su gobierno. Yo tiemblo ante la idea de que vengan diputados de Cuba a las Cortes, porque su presencia es para m el signo fatal de que Cuba nunca gozar la verdadera libertad. Puede ser sta compatible con la discusin y votacin de sus presupuestos en las Cortes, bajo de cualquier punto de vista que el asunto se considere? Mientras Cuba no sea quien de ellos, y de todo lo relativo a ellos exclusivamente conozca, es delirio pensar que Cuba pueda ser libre. Todos debemos saber, que el principal obstculo para que se le conceda libertad son los presupuestos, pues la cuestin pecuniaria domina la cuestin poltica, y de seguro que si Cuba fuese pobre, o a lo menos no se le hubiese dado la fama de rica, su situacin poltica no sera hoy tan deplorable. Si aun dada la legislatura provincial, sera muy difcil conseguir que los presupuestos no saliesen de Cuba, la venida de sus diputados a las Cortes, de cualquier modo que fuese, convertira esta dificultad en imposibilidad, porque ellos aun sin pensarlo, traeran virtualmente consigo los presupuestos, no slo porque pertenecen a la esfera de sus atribuciones como diputados, sino porque tambin vendran especialmente autorizados para tratar de la cuota con que Cuba debiera contribuir para los gastos generales de la nacin: mas, como esta cuota no se puede graduar sin que al mismo tiempo se tome en cuenta el importe de los gastos locales y el de las

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OBRAS 306\ 306\ 306\ 306\ 306\ fuerzas productivas de Cuba, resultara que el presupuesto total cubano sera asunto del examen y voto de las Cortes. Si diputados antillanos han de venir a la metrpoli, sea cual fuese el motivo que se alegue, forzoso ser resignarse a que Cuba y Puerto Rico pierdan el precioso derecho de imponerse a s mismas y de votar sus contribuciones. Por ms medios que se inventen, por ms palabras y frases que se busquen, por ms artculos que se dicten en la Constitucin provincial, y por ms restricciones que se pongan a los diputados ultramarinos que vengan a las Cortes, todo ser en vano: pues ellos aun contra su propia voluntad, y ms que ellos sus colegas peninsulares, rompern cuantas trabas se les quieran imponer, y, usando de un derecho propio, arrancarn con fuerza irresistible sus presupuestos a las Antillas, porque es menester no alucinarnos, diputados ultramarinos en las Cortes y examen y votacin de aquellos presupuestos son bajo el meridiano de Madrid no ya trminos sinnimos, sino elementos esenciales de una misma cosa. Hgase lo que hoy se pide, y desde ahora pronostico que el tiempo me dar razn. Entre los pueblos libres, no todos cifran su principal libertad en un mismo objeto, ni todos dan a ese objeto la misma preferencia. Poco se cuidaron del impuesto las repblicas de la Antigedad, y sus principales esfuerzos dirigironse a mantener el equilibrio entre las clases sociales y el derecho de nombrar a los funcionarios pblicos. Mas, las naciones modernas no slo consideran como principal fundamento de su libertad el goce de los derechos polticos, pues que con ellos aseguran el de los civiles, sino el de imponerse a s mismas sus contribuciones y velar atentamente sobre su ms provechosa inversin. Por difundido que est en Cuba el sentimiento de la libertad, hay algunas personas todava que son casi o del todo indiferentes a ella, porque habiendo vivido siempre en medio del absolutismo, no perciben las ventajas de un gobierno liberal. Pero no acontece lo mismo cuando se trata de contribuciones, porque todos estn interesados en pagar lo menos posible, y que lo que se pague, se invierta justamente en las necesidades del pas. Fjese, pues, la mente en tan poderosa consideracin, porque arrancar los presupuestos a Cuba para traerlos a la Pennsula y discutirlos en las Cortes, no obstante la intervencin de los diputados cubanos en ellas, es un acto de inmensa gravedad que har palpitar todos los corazones desde la punta de Mais hasta el cabo de San Antonio. 8 Considerando bajo de otro punto de vista la presencia de los diputados ultramarinos en las Cortes, recordemos lo que ha sucedido en tiempos anteriores, pues los hechos son ms elocuentes que todos los raciocinios. Qu bien, digno de patritica recordacin, produjeron a Cuba los diputados durante los perodos en que los hubo, a pesar de que vinieron entre ellos varones esclarecidos? Llamados a las Cortes por la Junta Cen-

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JOS ANTONIO SACO /307 /307 /307 /307 /307 tral del Reino en 1810, asistieron a la formacin del Cdigo fundamental que se promulg en 1812; pero ninguna influencia ejercitaron en l, porque todo fue obra exclusiva de otras manos. En 1811 suscitose en las Cortes una cuestin de la ms grave trascendencia para Cuba, pues se trataba nada menos que de cortar repentinamente el trfico de negros africanos y aun de abolir inmediatamente la esclavitud. No fue, por cierto, la voz de los diputados cubanos la que soseg aquella tempestad; fuelo tan slo la muy hbil y memorable representacin que apoyada por el gobierno de la Isla, elevaron entonces a las Cortes el Ayuntamiento, la Junta Consular y la Sociedad Patritica de La Habana. Bajo la bandera de la Constitucin de 1812 se congregaron nuevas Cortes, y a ellas vino por la provincia de La Habana el seor D. Francisco Arango, el hombre en aquellos tiempos, y an quizs hoy si viviera, de ms actitud para desempear tan noble encargo. Mas, aquel ilustre ciudadano que tena buenas relaciones en Espaa, y que en virtud de ellas haba prestado eminentes servicios a su tierra natal, qu alcanz para ella mientras fue diputado hasta 1814? Lo nico que sac, a pesar de sus esfuerzos, fue volver a Cuba casi arruinado, y sirviendo de triste y desalentador ejemplo a los buenos patricios que quisieran imitarle. Hundiose la Constitucin de 1812, por el terrible Decreto de 4 de mayo de 1814 promulgado en Valencia, pero la insurreccin que estall en enero de 1820 la enarbol de nuevo como pendn de libertad. Abrironse las Cortes segunda vez, y diputados hubo tambin por las provincias de Ultramar. Publicose entonces una funesta ley arancelaria que, si se hubiese ejecutado en Cuba, habra sido su ruina. Mas, qu hicieron ni qu pudieron hacer en tan crticas circunstancias los diputados cubanos que asistieron a esas lamentables discusiones? Nada, absolutamente nada; y sin el grito enrgico de las corporaciones de Cuba sostenido vigorosamente por el dignsimo general Mahy que entonces la gobernaba, la terrible ley, a pesar de los representantes de Cuba en las Cortes, habra recibido su cumplimiento y ocasionado los ms grandes desastres a nuestra Antilla. A estos diputados sucedieron otros en 1822, y entre ellos hubo tres, cuales fueron los seores D. Flix Varela, D. Leonardo Santos Surez y D. Toms Gener, que brillaron por su ilustracin y cvicas virtudes. Pero qu fue lo que consiguieron tan esclarecidos varones en beneficio del pas que los haba honrado con su confianza? El doloroso desengao de que los ms patriticos esfuerzos de los diputados ultramarinos en las Cortes, son impotentes para satisfacer las muchas y urgentes necesidades de aquellos pueblos. Por eso fue que de los primeros, asociados de mayor nmero de diputados peninsulares, elaboraron y sometieron a las Cortes un proyecto de ley que alterando profundamente la ndole de las diputaciones provinciales de Ultramar, propona revestirlas hasta

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OBRAS 308\ 308\ 308\ 308\ 308\ de atribuciones polticas en que se las autorizaba no slo a suspender el cumplimiento de las leyes que en la metrpoli se hiciesen contra los intereses de aquellos pases, sino aun para suspender a los gobernadores que abusasen de su poder. Pero los desgraciados acontecimientos que a la sazn cayeron sobre Espaa, desbarataron los proyectos con que ya desde entonces se pretenda dar una legislacin especial a las provincias ultramarinas, devolvindoles gradualmente el mayor nmero posible de atribuciones hasta que llegada la hora de la reforma de la Constitucin de 1812 se pudiese dar una propia a los pueblos de Ultramar, sin necesidad de que stos enviasen diputados a las Cortes. Prueba irrecusable de la conviccin en que ya se estaba de la ineficacia de la diputacin ultramarina para labrar la felicidad de pases tan lejanos y de tan notables diferencias con su metrpoli. En octubre de 1823 volvi Fernando VII a empuar su cetro absoluto, y hasta despus de su muerte no se reunieron nuevas Cortes. Del 1834 al 1836 hubo en ellas diputados por Cuba, Puerto Rico y Filipinas, nicos restos del vasto imperio espaol del otro lado de los mares. Yo pregunto y desafo a todo el mundo a que me diga, cul fue el beneficio que de aquellos diputados sacaron entonces las provincias de Ultramar? No reinaba en Cuba con omnmodas facultades el duro general Tacn? No sepultaba en los calabazos, conculcaba las leyes, atropellaba los tribunales y desterraba a decenas sin sentencia ni aun formacin de causa, hasta a los hombres ms honrados e inocentes? Y qu fue lo que alcanzaron en das tan calamitosos los diputados cubanos? No falt entre ellos quien alzase su voz contra los desmanes de Tacn; pero ningn eco tuvieron sus clamores en el saln del Congreso ni en los odos del gobierno; y los males de Cuba, en vez de aliviarse, agravronse ms y ms. Vinieron nuevas Cortes y lleg la hora en que Tacn debiera caer; mas, no cay al impulso de ningn diputado cubano, pues que ya no los haba, sino al de causas extraas a stos, y al vigoroso embate de dos ilustres diputados peninsulares, sin cuyo influjo aquel jefe habra continuado afligiendo a Cuba por ms tiempo. Seran ahora ms felices los nuevos representantes que vinieran? Seran ellos los mortales afortunados que alcanzasen en el Congreso la completa libertad de las Antillas? ¡Ojal que Dios lo permita! 9 La poltica seguida por las naciones europeas que tienen en Ultramar colonias de su raza, es de suma importancia para el punto que discutimos. A excepcin de Portugal, ninguna otra llama a sus Cortes o Parlamentos, diputados por sus colonias o provincias ultramarinas. La Gran Bretaa, que es la potencia ms colonizadora, y que con ms acierto sabe gobernarlas, otorgoles desde un principio cartas o constituciones, en virtud de las cuales tienen, segn se ha visto, sus legislaturas parti-

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JOS ANTONIO SACO /309 /309 /309 /309 /309 culares. Holanda, nacin tambin colonizadora, ha permitido y permite a su colonia la Guayana, que se rija por las libres instituciones de que goza, sin haber llamado nunca representantes de ella a su metrpoli. Lo mismo hace Dinamarca en pequeo; y aun Francia, a pesar de haber sido una de las potencias ms centralizadoras del mundo, y de haber sufrido tantas revoluciones desde 1789, slo ha convocado una vez a los diputados de sus colonias para que tomasen asiento en sus asambleas. Esa vez fue cuando, proclamada la repblica en 1848, el gobierno provincial de entonces llam a la Asamblea constituyente diputados por algunas de sus colonias. Cierto es que stos asistieron tambin a la de 1789 en que se form la Constitucin de 1791, pero su presencia no fue, como errneamente se piensa, en virtud de convocatoria especial, puesto que ellos se presentaron espontneamente en Pars, y los miembros de aquella Asamblea slo por deferencia los admitieron. Aquella misma Asamblea declar por el artculo 8 de la Constitucin de 1791, que “ las colonias y posesiones francesas en el Asia, frica y Amrica, aunque formaban parte del imperio francs, no quedaban comprendidas en aquella Constitucin ”. Desde entonces hasta hoy, Francia ha concedido a sus colonias, instituciones especiales, ms o menos libres, o ms o menos absolutas, segn las vicisitudes de los tiempos, pero sin llamar al seno de la representacin nacional a los diputados de ellas. Estos ejemplos no deben ser perdidos para Espaa; pues cuando tantas naciones libres y amaestradas por la experiencia, no llaman a sus metrpolis representantes por sus colonias, es porque sin duda ha conocido los graves inconvenientes que para el buen gobierno de ellas produce semejante sistema. Pero qu necesidad tengo de buscar ejemplos extraos cuando sta fue la poltica tradicional de Espaa? Que a sus antiguas Cortes no fueron llamados procuradores por Amrica es un hecho que atestigua la historia. No perecieron en los campos de Villalar, como errneamente se repite, las libertades de Castilla, y aunque heridas desde entonces mortalmente por la austriaca dinasta sobrevivieron por algn tiempo a tan rudo golpe. Bajo el cetro de la primera Isabel de Castilla, descubierto fue el Nuevo Mundo por el inmortal Coln en 1492, y despus de tan memorable acontecimiento, juntronse muchas Cortes en Espaa. Mencin no har de las de Valencia, Aragn, Catalua ni Navarra, porque a ninguno de estos reinos, sino tan slo al de Castilla la Amrica perteneci. De 1498 a 1598 se reunieron 40 veces las Cortes en Castilla, pero a ninguna fueron convocados procuradores por Amrica. Ni cmo habran de serlo, cuando en 1563 ya las Cortes ni se juntaban por brazos ni estamentos, ni tampoco eran representadas en ellas todas las ciudades y villas que antes tenan derecho a formarlas, pues que slo 18 gozaban de este privilegio?

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OBRAS 310\ 310\ 310\ 310\ 310\ En todo el siglo XVII se reunieron 14 veces, habiendo sido las ltimas, las de 1665, porque jams se congregaron bajo el triste reinado de Carlos II; pero en toda esa centuria, tampoco fueron convocados, ni aparecieron en ellas procuradores por Amrica. Bajando al siglo XVIII, vemos que slo hubo seis, cerrndose el catlogo en 1789, en que las ciudades y villas del Reino fueron convocadas en Madrid con el objeto de jurar al prncipe D. Fernando y tratar otros negocios si fuese conveniente proponerlos. De este breve resumen aparece, que de 1498 a 1789 se juntaron 60 veces las Cortes en Castilla, y que para ninguna de ellas fueron convocados los procuradores de Amrica en las tres centurias que corrieron. No se me objecione, que en la Recopilacin de leyes de Indias se habla de procuradores enviados a la metrpoli por los ayuntamientos de las poblaciones de aquellos reinos, porque tales procuradores no tenan el carcter de los de Castilla, ni eran nombrados en virtud de real convocatoria que al afecto se expidiera a los pueblos de Amrica, ni venan a tratar de los asuntos generales del Reino, ni a sentarse en Cortes; mas, slo a servir de personeros o agentes de ciertos asuntos particulares de los ayuntamientos que los enviaban. "igase lo que orden Carlos I en Barcelona a 14 de noviembre de 1519, y en Toledo a 6 de dicho mes de 1528, cuyas disposiciones forman la ley 1, tit. 11, lib. 4 de la Recopilacin de Indias “Declaramos que las ciudades, villas y poblaciones de las Indias puedan nombrar procuradores que asistan a sus negocios y los defiendan en nuestro Consejo, audiencias y tribunales para conseguir su derecho y justicia y las dems pretensiones que por bien tuvieron”. Pero esta ley, a pesar de que en nada se refera a los procuradores a Cortes, fue revocada en 11 de junio de 1621 por la 5 del mencionado ttulo y libro, en la que se prohibi a los ayuntamientos de las ciudades que nombrasen tales procuradores, salvo en los casos muy graves y urgentes, precediendo siempre la licencia del virrey o de la audiencia del distrito, si aqul estaba muy distante. Y no se olvide que todo esto aconteci cuando entonces y an largo tiempo despus, se juntaron Cortes en Castilla. Los diputados de Amrica vinieron por primera vez a las Cortes en 1810, y a ellas asistieron hasta 1814, en que ces la Constitucin de 1812. Reapareci sta en 1820, y desde entonces hasta octubre de 1823, en que de nuevo cay, hubo diputados americanos. Muerto Fernando, proclamose el Estatuto Real en 1834, y a su sombra vinieron procuradores por las provincias de Ultramar hasta 1836, en que la revolucin de la Granja aboli el Estatuto y se proclam de nuevo la Constitucin de 1812. Pero cuntos fueron los aos en que la Amrica tuvo diputados a Cortes en aquellos diferentes perodos? Cuatro, de 1810 a 1814; tres, de

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JOS ANTONIO SACO /311 /311 /311 /311 /311 1820 a 1823; y dos, de 1834 a 1836, o sea, nueve aos en todo. Comparando este cortsimo trmino en que hubo diputados americanos con el de ms de tres siglos que no los hubo, aparece demostrado que la poltica tradicional de Espaa no fue una poltica de asimilacin, a lo menos en cuanto a diputados. Agrguese a esto otra consideracin de mucho peso, y es que el voto casi unnime de las Cortes de 1837 no slo se pronunci por el gobierno de leyes especiales de Ultramar con exclusin de diputados en la metrpoli, sino que aun algunos de los mismos que en 1810 fueron favorables a la entrada en las Cortes de diputados americanos, esos mismos fueron los promovedores de la exclusin de stos en las futuras Cortes, y de un rgimen especial para las provincias ultramarinas. Aqu parece que debiera yo levantar la pluma; pero como en ningn caso admito diputados ultramarinos en las Cortes, es preciso aumentar el nmero de los miembros de las legislaturas provinciales, as para hacerlas menos accesibles a la influencia del poder, como para que puedan desempear sus funciones con ms desahogo. Si consultamos a las colonias extranjeras que en este y en otros puntos pueden servirnos de pauta, veremos que cuando a Guayana, Martinica, Guadalupe y Borbon o Reunin se les otorgaron consejos coloniales en 1833, dironse a la primera 16 miembros y 30 a cada una de las tres ltimas. Mas, cul fue entonces su poblacin respectiva? La tabla siguiente lo manifiesta: De aqu resulta que habindose dado a la Guayana 16 miembros con una poblacin libre de 3 000 personas, aparece un consejero por cada 187 personas; y si se incluye toda la poblacin libre y esclava, se obtendr un consejero por cada 875 habitantes. Dironse 30 miembros a Martinica, y como su poblacin libre ascendi a 16 000 resulta un miembro por cada 533. Si se computan adems los 97 000 esclavos que entonces haba, tendremos un consejero por cada 3 766 habitantes de todas clases. La poblacin libre de Guadalupe y sus dependencias, fue de 25 000; mas, como se le concedieron 30 miembros, tcale un consejero por cada 833 personas. Si se atiende al total de la poblacin libre y esclava entonces viene a salir un miembro por cada 4 133.Blancos y libres de color EsclavosTotalGuayana......................3 00011 00014 000 Martinica....................16 00097 000113 000 Guadalupe...................25 00099 000124 000 Borbon o Reunin.....30 00070 000100 000

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OBRAS 312\ 312\ 312\ 312\ 312\ Los libres de Borbon fueron 30 000 y 30 el nmero de consejeros, por consiguiente, hubo un consejero por cada 1 000. Contando tambin con los esclavos para este clculo, resultar que por cada 3 333 se nombr un consejero. Largo sera recorrer una por una las colonias inglesas; as es que me limitar a pocos ejemplos. El Canad pas definitivamente de la Francia al poder de Inglaterra por el Tratado de Paz de 1763, y en 1791 ya se le dio una legislatura compuesta de una Asamblea popular y de un Consejo legislativo, contando aqulla de 50 miembros, los cuales en 1829 se haban elevado a 84 con una poblacin de casi 450 000 habitantes: es decir, que haba un diputado por cada 5 357 personas. Mucho antes que el Canad, Jamaica tuvo gobierno representativo, cuya Cmara popular se compuso de 43 miembros, a pesar de que su poblacin libre slo era de 30 000 blancos y 10 000 de color. Disele, pues, un representante por cada 930 habitantes libres. La Asamblea popular de Barbadas con 16 000 blancos, 62 000 esclavos y un cortsimo nmero de libres de color, tuvo 22 miembros. La Asamblea electiva de Antigua se compuso de 25 miembros, no obstante que apenas tena 2 500 blancos y 3 700 esclavos. Los islotes del Banco de Bahamas contaron en su Cmara popular de 20 a 30 miembros, mientras que los blancos no pasaban de 2 000, ni los esclavos llegaban a 2 250. Cuando en este siglo se dio una legislatura al cabo de Buena Esperanza, toda su poblacin era de 250 000 almas; y, sin embargo, se asignaron 46 miembros a la Asamblea popular. En 1839 otorgose una constitucin a la Nueva Zelanda y aunque toda su poblacin fue 73 437, la Cmara electiva se compuso de 36 diputados. Si yo tomase por base los datos anteriores y los dems que me ofrecen otras muchas colonias inglesas que tienen legislaturas, sacara para la Asamblea popular de Cuba, muchos centenares de diputados; pero darle tal proporcin sera uno de los ms grandes absurdos. Limitndome, pues, a nmeros racionales, creo que en el estado actual de nuestra poblacin los miembros electivos no deben bajar de 100. Dado este aumento, llano es, que el otro cuerpo colegislador debe tambin aumentarse, pero no en igual proporcin, sino siguiendo lo que se practica en las experimentadas colonias inglesas, que han recibido gobiernos representativos en este siglo, en el pasado y antepasado. Parceme, por tanto, que el nmero de los miembros de la segunda Cmara en Cuba puede elevarse a 30 o 40 a lo ms.

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JOS ANTONIO SACO /313 /313 /313 /313 /313 Vengamos, por fin, a considerar las legislaturas provinciales que pedimos para las Antillas bajo un punto de vista enteramente nuevo .6No ignoro que estas corporaciones se detestan en la metrpoli, ora por mirarse como de origen extranjero y anti-espaol, ora por temerse que rompan la unidad nacional y que sean la palanca ms poderosa en que Cuba y Puerto Rico se apoyen para alcanzar su independencia. Creencia general es que el establecimiento de aquellas legislaturas en nuestras islas sera una importacin del ingls; pero yo no vacilo en afirmar que si toda Espaa lo cree, Espaa toda est en un error. Aun suponiendo que tal institucin procediese del extranjero, esto no es motivo para rechazarla, sobre todo, cuando en el artculo tercero del Interrogatorio poltico se propone la creacin de un Cuerpo consultivo cerca del gobierno; Cuerpo que realmente nada tiene de espaol, pues que viene de la Francia, mientras que las legislaturas provinciales que se piden son en su origen y embrin una planta indgena, planta espaola, y muy espaola, como paso a demostrarlo. Bajo la dominacin romana tuvo Espaa sus conventus provinciales o asambleas anuales de los diputados de las ciudades para tratar de los asuntos de la provincia; pero sin detenernos en ellas, porque desaparecieron con la destruccin del imperio de Occidente, a cuyas ruinas sucedieron siglos de tinieblas, de confusin y de sangre, lleguemos al XVI, en que ya Espaa se present a los ojos de la asombrada Europa como seora de casi un mundo en el otro lado de los mares. Pero qu es lo que nos ensean las leyes que dict para aquellas vastas regiones? En medio de la tan decantada asimilacin, vemos que as en el orden religioso como en el poltico, se estableci una separacin, o mejor dicho, especialidad, entre la metrpoli y sus colonias. Para el rgimen de su Iglesia, Espaa celebr concilios nacionales, y el ltimo fue el decimosptimo de Toledo, en 694. Despus del descubrimiento del Nuevo Mundo, todos fueron provinciales, pues ellos se consideraron suficientes para mantener la fe catlica y la disciplina eclesistica. Mas, qu hizo el Gobierno espaol en materia tan esencial, y a la que por sus antiguas y catlicas creencias siempre dio el lugar ms importante? Lo que hizo fue equiparar la Amrica a la metrpoli, pues as como a las provincias de sta les permiti celebrar concilios provinciales, as tambin a las de Amrica. Apenas conquistado Mjico, reuniose all en 1524 una junta apostlica, impropiamente llamada primer Concilio General de Mjico, porque an no haba en todo aquel pas ni arzobispo ni obispo. Presidiola el vicario apostlico, fray Martn de Valencia, franciscano, y asistieron 19 religiosos, la mayor parte de la misma or6Esto es parte de un artculo publicado en La Poltica de Madrid del 3 de diciembre de 1869, con el ttulo de “Una pregunta y su respuesta”. (V. M. M.)

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OBRAS 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ den, cinco clrigos, tres o cinco letrados y el famoso Hernn Corts. Despus de esta junta vinieron los verdaderos concilios mejicanos, que se celebraron en los aos de 1555, 1565, 1585 y 1771. Si Mjico tuvo sus concilios provinciales, a imitacin de los de la metrpoli, el Per tambin tuvo los suyos; y en Lima, su capital, juntronse en 1552, 1567, 1582, 1601 y 1772. Es, pues, incuestionable que aquellos pases tuvieron, pocos aos despus de la conquista, sus juntas provinciales para gobernarse en el orden eclesistico; juntas que en el orden civil equivalen a las legislaturas provinciales que ahora pido. Quizs se replicar que esto se limit a las materias eclesisticas, sin haberse extendido jams a los negocios polticos. Error lamentable; y para imponer silencio a los que tal afirmen, transcribir aqu dos leyes memorables: una es la 2 del tt. VIII, lib. 4 de la Recopilacin de Indias hecha por Carlos I, en Madrid a 25 de junio de 1530, y cuyo tenor es el siguiente: “En atencin a la grandeza y nobleza de la ciudad de Mjico, y a que en ella reside el virrey, Gobierno y Audiencia de la Nueva Espaa, y fue la primera ciudad poblada de cristianos, es nuestra merced y voluntad y mandamos que tenga el primer voto de las ciudades y villas de la Nueva Espaa, como lo tiene en estos nuestros reinos la ciudad de Burgos, y el primer lugar despus de la justicia en los Congresos que se le hicieren por nuestro mandado, porque sin l no es nuestra intencin ni voluntad que se puedan juntar las ciudades y villas de las Indias”. Y a vista de ley tan terminante en que se habla de juntar las ciudades y villas de las Indias y de congresos en Nueva Espaa, gozando Mjico, su capital, del primer voto all, lo mismo que Burgos en los reinos de Castilla, habr quien ose negar que las legislaturas y congresos provinciales en Amrica son instituciones verdaderamente espaolas? Otra ley, tambin de Carlos I, para el gobierno del Per, llamado entonces Nueva Castilla, hecha en Madrid el 14 de abril de 1540, y confirmada por Felipe II en Aranjuez el 5 de mayo de 1593, dice as: “Es nuestra voluntad y ordenamos que la ciudad del Cuzco sea la ms principal y primer voto de todas las otras ciudades y villas que hay y hubiere en toda la provincia de la Nueva Castilla. Y mandamos que, como principal y primer voto, pueda hablar por s o su procurador en las cosas y casos que se ofrecieren, concurriendo con las otras ciudades y villas de la dicha provincia, antes y primero que ninguna de ellas, y que les sean guardadas todas las honras, preeminencias, prerrogativas e inmunidades que por esta razn se le debieren guardar”.7Verdad es que esta ley no es tan explcita como la anterior, porque no se encuentra la palabra congreso ; pero su tenor manifiesta que a l se 7 Recopilacin de leyes de Indias libro IV, tt., 8, ley 4.

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JOS ANTONIO SACO /315 /315 /315 /315 /315 refiere, puesto que habla de la reunin de todas las ciudades y villas del Per y de darse al Cuzco el primer voto en todas las cosas de que se tratare en esas juntas. Adems, Espaa considero a Mjico y al Per como a las provincias o colonias ms importantes del Nuevo Mundo, equiparolas en sus preeminencias y prerrogativas, y, por lo tanto, no pudo negar al Per en punto tan esencial lo que a Nueva Espaa haba concedido, sobre todo, cuando la mayor distancia del primer pas al centro del poder haca ms necesaria aquella concesin. Estas dos leyes, pues, patentizan que desde la primera mitad del siglo XVI establecironse para Nueva Espaa y el Per congresos o legislaturas especiales en que las ciudades y villas de aquellas regiones fueran representadas. Y esto es tanto ms notable, cuanto que a la sazn an no haba cesado enteramente la reunin de las Cortes en Castilla, pues en el siglo corrido de 1498 a 1598 juntronse 40 veces. Si la intencin del gobierno no hubiera sido entonces dar a aquellos pases una representacin local, claro es que, o los habra llamado a tomar parte en las Cortes, o no hubiera mandado establecer congresos particulares en aquellas tierras. Ni se diga que el nombre de Cuba o de otra Antilla no suena en las dos leyes anteriormente citadas. Existen documentos oficiales del todo ignorados, por estar inditos, en que consta que desde la primera mitad del siglo XVI hubo en algunas Antillas espaolas, juntas o asambleas de procuradores, elegidos por los pueblos, para tratar de todos los asuntos concernientes a su prosperidad. Para resolver las encarnizadas disputas que en la isla de Hait, llamada Espaola por Coln su descubridor, se haba suscitado desde el principio del siglo XVI sobre la esclavitud o libertad de los indios, el cardenal Jimnez de Cisneros, regente entonces del Reino, nombr de gobernadores de aquellas islas y de las Indias a tres religiosos jernimos de su confianza, que, exentos de pasiones e intereses, pudiesen juzgar de los hechos con toda imparcialidad y prudencia. A pedimento de los habitantes de la Espaola, los padres jernimos convocaron a todos los procuradores de ella, los cuales fueron elegidos por las ciudades de Santo Domingo y de la Concepcin y por las villas de Santiago, Bonao, Buena Ventura, Puerto de Plata, Compostela de Aza, Santa Mara del Puerto de la Yaguanas, Salvalen de Hagey, Puerto Real y Lares, San Juan de la Maguana y Salvatierra de la Zabana. Reunironse estos procuradores con licencia de los jernimos, y empezaron sus sesiones el 20 de abril de 1518 en el monasterio de San Francisco, continundolas desde el 26 en la Casa de la Contratacin donde estaban los padres jernimos alojados. Importantes fueron las materias de que en esa junta se trat, y, conformndose los procuradores a las instrucciones que de sus respectivos ayuntamientos haban recibido, acor-

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OBRAS 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ daron elevar al Supremo Gobierno, para que sobre ellas proveyese las peticiones que en resumen insertar. Y sin que yo todas las pruebe, porque de aprobarse no son, muy curiosa es su lectura, ya para conocer la primitiva historia de las Antillas espaolas, tan ignorada todava, ya para destruir el comn error en que se est de considerar como ideas modernas en materias de libre cambio algunas que sustentaron nuestros progenitores desde el principio del siglo XVI. He aqu las peticiones: “Confirmacin de privilegios.—No sea perpetuo el gobernador.—Vuelva la Audiencia Real y no haya ms jurisdiccin que la del Rey: qutese la del almirante.—Hgase juicio de residencia a los gobernadores cada tres aos, y vistese la Audiencia.—Libertad general de comercio en todos los puertos de Espaa e Indias, aun a extranjeros, pagando sus derechos.—Sean francos de derechos los frutos de esta isla, as al salir de aqu como al entrar en Espaa.—Pregnese franquezas y mercedes a los que vinieren a poblar y permanecieren siquiera los cinco aos de vecindad.—Prmiese a quien introduzca nuevas granjeras, como pan, vino, seda, de que se hace experiencia por Sus Altezas.—Franqueza de todo derecho en el comercio que hagan las islas entre s.—Franqueza a cualquiera que venga a poblar, de cuanto trajese para su casa.—No se arriende el almojarifazgo por las vejaciones que causan los almojarifes con sus avalos.—Acese en esta isla moneda de oro, cuyo metal se extrae de ella, pues ahora, a pesar de ser de ms quilates que el de San Juan (Puerto Rico) y Cuba, todo corre por el mismo precio.—Sbase el oro a su valor y ms, como en Canarias, donde la moneda tiene un precio ms alto que en Castilla: subiendo la moneda, se evitar que se saque todo el oro que anualmente se coge en la isla, el cual asciende a veces a 130 000 pesos, cuya cantidad se exporta, segn se ve en los registros, pues todo mercader compra oro.—Bjase el derecho del oro, y tambin el de fundidor.—No se pague por las licencias de sacar oro. —Merced de la escobilla y relaves para los hospitales.—Licencia para traer por esclavos a los caribes de Tierra Firme y por naborias a los de las islas Lucayas, Jigantes y otras intiles.—Licencia para traer de Tierra Firme por esclavos los que all lo son de otros indios.—Sean perpetuos los repartimientos de indios, y residan stos en las estancias de los espaoles.—No tengan indios ningn ausente, ni gobernador, ni oficiales, ni sus familiares, salvo si fuere vecino para permanecer y casado.—Ningn gobernador ni oidor tenga parte en las armadas para introducir indios en la isla.—Licencia general para llevar a ella negros bozales, francos de todos derechos.—Socorra Su Alteza esta isla con 1 000 negros al fiado.—V engan los obispos de esta isla a residir en ella. —Permtase a todo extranjero avecindarse, excepto genovs y francs. —Franqueza en la sal.—Dense tierra a los propios.—Limosnas para iglesias. —Bjense los derechos de los clrigos por enterramientos, etc.

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JOS ANTONIO SACO /317 /317 /317 /317 /317 —Oblguese a todo vecino casado a que traiga su mujer.—Tasa en los derechos de escribanos, alguaciles y carceleros.—Haya juez superior de lo eclesistico en la isla, que es gran trabajo apelar a Espaa.—Libertad de salir de esta isla para otras, o para Espaa.— Libertad de juntarse los procuradores de la isla sin intervencin de gobernador ni Audiencia —No enajene Su Alteza esta isla, ni parte de ella.—Cada pueblo elija anualmente su alguacil y fiel.—No se hagan ms mercedes de escribanas, que sobran las que hay para perdernos en pleitos y revueltas.—Asintese con los obispos que el diezno de azcares sea uno de 50”. Es de notar que en una de estas peticiones se solicitaba que los procuradores nombrados por los pueblos pudiesen reunirse para tratar de los asuntos de ella, sin la intervencin del gobernador ni de la Audiencia. Yo no calificar aqu la justicia e injusticia de tal pretensin; pero ella misma revela que exista la costumbre de reunirse los procuradores, con intervencin de la autoridad, para tratar de todos los negocios de la Espaola. Ni se contentaron los procuradores con la remisin de sus peticiones al monarca; que al mismo tiempo presentaron tambin un memorial a los padres jernimos, pidindoles que mandasen ejecutar inmediatamente la mayor parte de ellas, dando luego cuenta a la corte, pues el mal estado de la isla exiga pronto remedio. Con este propsito transcribir aqu un prrafo de aquellas peticiones: “Que no haya sino un gobernador por cabeza, y si Audiencia se pone, sea tambin cabeza de ella el gobernador y tenga facultad para ejecutar lo que viere conviene, sin esperar respuestas de Castilla, de do no puede bien proveerse cosa, pues cuando viene la provisin ya es diversa la necesidad ”. Esto manifiesta que desde el principio se sinti el gravsimo inconveniente de que los negocios de la Espaola se sacasen de ella para discutirlos y resolverlos en Castilla. Vengamos a la isla de Cuba, llamada entonces Fernandina. Empezada a conquistar a fines de 1511, ya en marzo de 1528 se reunieron en la ciudad de Santiago los procuradores nombrados por ella y por las villas de la Asuncin o Baracoa, San Salvador del Bayamo, Santa Mara del Puerto del Prncipe, Sancti Espritu, Trinidad y San Cristbal de La Habana, que eran entonces las nicas poblaciones que existan en Cuba. Celebr aquella junta sus sesiones en marzo del dicho ao, ya en casa del provisor D. Sancho de Cspedes, ya en la iglesia; y acordronse varios captulos, pidiendo a S.M. que los aprobase, segn aparece de la carta que le dirigi en dicho mes y ao desde la ciudad de Santiago.8 8Esta carta existe manuscrita en el archivo de Simancas. Cumpliendo la voluntad del autor la publicamos por primera vez en Cuba en el Apndice que ir al fin de esta obra. (V. M.M.)

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OBRAS 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ Mas, cules fueron las peticiones, cuya aprobacin solicitaron del Supremo Gobierno? “Que S.M. enviase 700 negros y negras, o licencia para sacarlos de Cabo Verde. ”Que por la escasez de negras se permitiese a los negros casarse con otras mujeres, las cuales yo creo que seran indias, pues no es dable que la peticin se refiriese a las blancas. ”Que los indios no jamurasen ni cavasen la tierra. ”Que se revocasen varias cdulas relativas a indios. ”Que las viudas y sus hijos continuasen en la posesin de los indios encomendados a sus maridos y padres. ”Que de Santa Marta, Tierra Firme, Higueras, Yucatn, Nueva Espaa, Panuco y Ro de Palmas, se introdujesen como esclavos los indios que los caciques tenan por tales. ”Que como muchos espaoles casados no tenan indio alguno, y otros, sin serlo, posean excesivo nmero, S.M. proveyese en ello; y que si sobre la libertad de los indios haba de hacerse experiencia, fuese en algunos de los que ciertos castellanos tenan de sobra. ”Que S.M. declarase que la prohibicin de ir a tierras recin descubiertas no se entendiesen para comerciar, pues lo impeda el gobernador Gonzalo de Guzmn. ”Que los gobernadores no pusiesen juez de minas, y que stos fuesen los alcaldes ordinarios. ”Que se prorrogase el tiempo para pagar el dcimo de oro. ”Que todo el oro cogido en la Isla se marcase por de 450 maraveds. ”Que mandase S.M. acuar dos cuentos de moneda para aquella Isla. ”Que se confirmase la merced de que cada dos aos hiciese residencia el teniente de gobernador. ”Que se abriesen caminos, pues la Isla era intransitable. ”Que S.M. prestase a la Isla 1 000 pesos por dos aos y permitiese sisa en los mantenimientos para enviar cuadrillas contra los indios alzados que ponan en peligro la Isla”. Tan lejos estuvieron aquellas juntas de ser ilegales o slo toleradas por los gobernantes de la Isla, que el Gobierno Supremo las aprob, mandando por la provisin expedida en Toledo a 15 de enero de 1529 que cada pueblo de Cuba nombrase anualmente un procurador, y que todos se juntasen una vez al ao, en tiempo de fundicin, en la ciudad de Santiago, para tratar de cuanto a la Isla pudiese convenir. Esta provisin se conserva manuscrita en los archivos de Simancas, y de ella se hace mencin en una Memoria firmada en Santiago de Cuba a 24 de agosto de 1529 por Pedro de Paz, la cual se halla tambin en dicho archivo. Continuaron en Cuba dichas juntas, pues en la carta que el Ayuntamiento de la villa de Puerto Prncipe dirigi a la emperatriz en 20 de abril de 1532 se leen estas palabras:

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JOS ANTONIO SACO /319 /319 /319 /319 /319 “Manda V.M. que todos los aos, en tiempo de fundicin, vayan a Santiago los procuradores de las villas, y, juntamente con los de la ciudad, informen a V.M. lo que cumple a su servicio. Fue de nuestra parte Alejandro de Aguilar, varn prudente”. Que esas juntas se congregaron en aos posteriores, aparece evidentemente en otra carta que los procuradores de la Isla elevaron a Carlos I en Santiago a 17 de marzo de 1540,9 y en la que dice: “Los procuradores de Santiago y otras villas de la isla Fernandina... hacemos saber como nos habemos juntado para le avisar de las cosas de que esta Isla tiene mayor necesidad y para suplicar mande proveer en ellas”. Poco ms adelante prosigue: “Para platicar en el remedio desto, avemos venido a esta ciudad en este tiempo de fundicin, sealado por V.M. para que los procuradores de la isla vengan aqu y informen a V.M. del estado de la tierra ”. En 28 de abril de 1542 juntronse de nuevo los procuradores en la ciudad de Santiago de Cuba, y, despus de varias sesiones que tuvieron, pidieron al emperador que se sirviese aprobar todo lo que haban acordado en ellas; mas, como sera largo repetirlo aqu todas las materias que entonces se discutieron, omtolas en gracia de la brevedad.10Todava en 1544 no dejaban de reunirse en Santiago los procuradores para tratar de todos los asuntos importantes de Cuba. As consta de la relacin o carta que dichos procuradores escribieron a Carlos I en 22 de marzo de aquel ao, y la que existe manuscrita en el archivo de Simancas en el legajo 22 de cartas. Y despus de todo lo que acabo de exponer, andar equivocado en decir que aquellas juntas celebradas en algunas Antillas espaolas fueron el germen nacional y slido fundamento de las legislaturas que pido en mi Informe para las provincias de Ultramar? De ninguna manera, porque tales juntas encerraban todos los elementos que constituyen un sistema representativo local. 1 La eleccin de los procuradores fue popular, pues eran nombrados por ayuntamientos tambin populares, como se haca en Castilla para las Cortes. 2 La representacin era completa, y an ms completa que en Castilla, porque los procuradores de sta eran solamente nombrados por cortsimo nmero de ayuntamientos que tenan voto en Cortes, mientras que en la Espaola y Cuba suceda todo lo contrario, pues tomaban parte en la eleccin todos los ayuntamientos. 9Esta carta manuscrita en el archivo de Simancas. Legajo 22 de cartas. Vase el Apndice. (V. M. M.) 10Ese documento existe en el archivo de Simancas, Cartas, legajo 31. Vase el Apndice. (V. M. M.)

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OBRAS 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ 3 Esas juntas no fueron casuales sino peridicas, pues en Cuba deban congregarse los procuradores todos los aos en tiempo de fundicin. 4 Los procuradores tuvieron iniciativa sin estar obligados a deliberar nicamente sobre los puntos que el gobierno quisiera someterles. 5 Esa iniciativa fue tan amplia que se extendi a los asuntos civiles, eclesisticos, econmicos, sociales, polticos, y a cuanto cumpla al pro de las Antillas. Para convencerse de esta verdad basta tender la vista sobre las materias que en aquellas juntas se discutan, cuyos acuerdos se enviaban a la corte para que la Corona los aprobase o les pusiese el veto 6 Como el gobierno de la metrpoli pudo sancionar o desaprobar lo acordado por las juntas, vese aqu una prerrogativa semejante a la ejercida por el Gobierno ingls en los asuntos discutidos por las legislaturas de sus colonias. 7 Aquellos procuradores tambin pidieron en caso de urgencia que el gobernador de la isla de Cuba ejecutase lo acordado por las juntas sin aguardar la aprobacin de S.M., bien que deba darle cuenta de lo que se haba hecho. Y en este modo de proceder ya se descubre aqu el principio de la doble intervencin del gobierno de la colonia y del de la metrpoli; intervencin que tiene tambin lugar en las colonias inglesas que gozan de legislaturas. 8 y ltimo. Para completar la analoga entre los representantes de Castilla que en las Cortes se congregaban y los de la juntas de las Antillas espaolas, diseles a todos un mismo nombre, cual fue el de procuradores pues el de diputados es de origen muy reciente. Cuando estas cosas pasaban, Inglaterra an no haba fundado ninguna colonia en el Nuevo Mundo. No dir yo por esto que despus de haberlas adquirido imitase el sistema de Espaa en las suyas, porque s muy bien que las legislaturas de las posesiones inglesas son la fiel semejanza del Gobierno britnico; pero si Espaa diese hoy a sus provincias de Ultramar legislaturas especiales, stas no seran por cierto importacin del ingls, sino el restablecimiento de una antigua institucin esencialmente espaola, modificada y perfeccionada por la experiencia de los siglos. Si la libertad hubiera continuado en Espaa, las juntas de procuradores de las Antillas, embrin de las legislaturas que para ellas pido, habranse desarrollado con vigor y echado profundas races en su suelo; pero la frrea mano de la austriaca dinasta, ahogando en Castilla la libertad, mat tambin el germen de la que empezaba en el Nuevo Mundo a brotar. Mas, contra aquellas legislaturas se alza un grito, condenndolas como mquinas de independencia. No las miraron as, por cierto, nuestros antepasados, a pesar de que siempre se mostraron suspicaces en este punto aun contra Coln, Hernn Corts y los Pizarros.

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JOS ANTONIO SACO /321 /321 /321 /321 /321 Semejantes legislaturas, lejos de promover la independencia como se pretende, estrecharn la unin entre las Antillas y su metrpoli. Imagnanse muchos que dichas corporaciones seran un parlamento igual al de los pueblos soberanos. Tan engaosa suposicin da bien claro a entender que se desconoce su ndole. Ningn punto de derecho internacional, ningn asunto poltico de aquellos que encienden las pasiones en los congresos europeos o americanos, ningn debate entre partidos ardientes que se disputan el poder, ninguna de estas cuestiones ni otras semejantes entran en el estrecho crculo de las legislaturas provinciales, pues sus atribuciones se reducen todas a objetos puramente locales. Ni se crea que pueden derogar las leyes generales del Reino ni aun hacer por s solas las que han de regir la provincia, porque es preciso que stas obtengan antes la aprobacin del jefe gobernador; y si bien entonces ya pueden, por lo comn, aplicarse provisionalmente, su sancin o voto depende siempre del gobierno de la metrpoli: de manera, que las deliberaciones de aquellas asambleas se hallan sometidas no a un simple, sino a un doble freno. Adems, el jefe superior de la provincia est autorizado como representante de la Corona para suspender y aun disolver la legislatura, convocando otra dentro de un plazo determinado. Una de las grandes ventajas de esta institucin, consiste en que el pas interviene directamente en sus propios negocios, y al paso que as se satisface a una de las ms justas exigencias de todo pueblo civilizado, el gobierno se descarga de la enorme y odiosa responsabilidad que pesa exclusivamente sobre l en los sistemas absolutos. Esos temores de independencia se han manifestado tambin y con ms energa, contra los discursos pronunciados en las Cortes por algunos diputados ultramarinos; y ellos fueron cabalmente uno de los argumentos que se emplearon en 1837 para privar de representacin en Cortes, a las provincias de Ultramar. Oigamos lo que dijo el seor Argelles en la sesin del 10 de marzo de 1837, contestando al seor Vila y al seor Garca Blanco, que era eclesistico. “Con las ms rectas intenciones se ha puesto algunas veces al Gobierno en un conflicto al tratarse de las autoridades de aquellas provincias, y esto por s solo prueba la necesidad de que se rijan por leyes especiales. ”En las Cortes espaolas, cualquier que sea el calor, la vehemencia, el fuego de los seores diputados; cualquiera que sean los extremos a que nos pueda conducir el patriotismo en la improvisacin, sus efectos no sern tan inflamatorios que su eco pueda producir disturbios en las provincias de la Pennsula, porque tienen un remedio de que carecen las provincias de Ultramar por la distancia en que estn de nosotros. Una orden, una providencia es un correctivo de que se carece en Ultramar. Los diputados de Amrica tienen el mismo derecho de hablar que los de

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OBRAS 322\ 322\ 322\ 322\ 322\ la Pennsula; tienen el mismo derecho para promover sus intereses, hacerlo con el calor anlogo a su fibra, el Gobierno puede ser interpelado por ellos; y si con motivo de los ltimos sucesos de la isla de Cuba dijesen, es un tirano el Gobernador, es un dspota, un opresor, que tienen cartas, datos o representaciones de individuos o cuerpos; cree el seor Vila que el Gobierno podr sostener a ningn gobernador, a ningn magistrado apostrofado de este modo? Se atrevera nadie a ir a la isla de Cuba a gobernar, sabiendo que al primer paquete que viniese de la Pennsula le haban de llegar semejantes noticias? Lleg a tanto el deseo de complacer a los americanos, que se suprimi el ttulo de virrey, porque dijeron que era ofensivo; se aboli, sin embargo, de ser un monumento histrico de nuestras glorias; se quit hasta el estandarte, que no era en ningn modo ofensivo sino otro monumento histrico de feliz recordacin. Se dir: pero cmo es posible creer que personas tan posedas de amor patrio hagan interpelaciones, y usen de palabras con objeto de sublevar aquellos pases? Contestar con lo que dice un distinguido americano a quien he aludido ya, D. Lorenzo de Zabala, diputado en 1820 y 21 por la provincia de Nueva Espaa. En el ao 1831 public en Pars una obra preciosa con el ttulo de Ensayo histrico de la revolucin de Mjico desde 1808 a 1830. ”Este autor refiriendo la historia de los sucesos que contribuyeron a separar nuestras posesiones de Amrica de la metrpoli, voluntariamente y sin que yo crea que otro motivo le impulsase a ello ms que el que mueve a todo historiador veraz, cuando refiere los hechos cuya relacin se ha propuesto, dice as: Los diputados americanos, testigos del efecto prodigioso que haban hecho en Amrica los discursos de sus predecesores, no creyeron poder coadyuvar a favor de la causa de su pas de otro modo mejor que promoviendo en el seno de las Cortes cuestiones de independencia que presentasen a sus conciudadanos lecciones y estmulos para adquirirla. Esta autoridad, seores, es para m de tanto peso como lo es, sin duda S. Crisstomo para el seor Garca Blanco”. Tal fue el lenguaje de un patricio insigne en la metrpoli; pero el ms cruel enemigo de la libertad americana. La ndole de las legislaturas provinciales no se presta a tan duras acusaciones; porque la esfera en que se mueven, es como ya he dicho, infinitamente ms reducida que la de los diputados a Cortes. Nunca se deben confundir los acontecimientos que nacen de la naturaleza humana con los que proceden de las instituciones polticas. Los Estados Unidos se separaron de Inglaterra, no por haber tenido legislaturas, sino porque ya haban llegado a un estado de madurez en que podan tener vida propia, y porque su metrpoli quiso despojarlos violentamente de algunos de sus derechos. Sin esta conducta, aquellos pases, a pesar de sus libres instituciones, hubieran continuado por algn

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JOS ANTONIO SACO /323 /323 /323 /323 /323 tiempo bajo la dependencia britnica. Otras muchas colonias inglesas esparcidas por toda la tierra, tienen tambin legislaturas, y algunas desde el siglo XVII; pero ninguna, por cierto, ni pequea ni grande, ni dbil ni fuerte se ha declarado independiente. Da llegar en que tal hagan algunas que cuentan con elementos poderosos para constituirse en naciones; mas, esto no proceder de la libertad de que gozan sus asambleas legislativas, sino de aquella ley eterna que prescribe que individuos y pueblos se emancipen, luego que lleguen a la edad en que puedan regirse sin tutela. Ah est ese Canad, ese ejemplo admirable de gobierno colonial, y merced a l se ve el extraordinario fenmeno de que, lindando con la nacin ms libre de la tierra, teniendo su inmensa mayora el mismo origen y hablando la misma lengua, lucha contra sus halagos y se empea en mantenerse unido a la metrpoli que tan sabiamente le ha otorgado las mejores instituciones. Hundidas en el despotismo vivieron por tres centurias las colonias amrico-hispanas. Algunas hicieron desde el pasado siglo enrgicas tentativas para sacudir la dominacin de su metrpoli, y todas, por fin, lograron su independencia antes del primer tercio de la centuria que corre. Mas atribuiranse estos sucesos a la libertad de que nunca gozaron, y a las legislaturas que si al principio tuvieron, despus no funcionaron? No olvide Espaa esta leccin; gobierne con justicia a las Antillas que le quedan, y otorgndoles franca y completa libertad, afianzar su dominacin en unos pueblos que slo aspiran a ser hijos de una buena madre, pero no a vivir esclavos bajo el cetro de un tirano. Madrid, 29 de marzo de 1867.

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FRAGMENTOS INDITOS SOBRE LA REFUT FRAGMENTOS INDITOS SOBRE LA REFUT FRAGMENTOS INDITOS SOBRE LA REFUT FRAGMENTOS INDITOS SOBRE LA REFUT FRAGMENTOS INDITOS SOBRE LA REFUT ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE LAS OBJECIONES HECHAS AL VOTO DE LAS OBJECIONES HECHAS AL VOTO DE LAS OBJECIONES HECHAS AL VOTO DE LAS OBJECIONES HECHAS AL VOTO DE LAS OBJECIONES HECHAS AL VOTO P P P P P AR AR AR AR AR TICULAR TICULAR TICULAR TICULAR TICULAR11 11 11 11 11En 25 de abril de 1867 los seores comisionados D. Toms Terry, conde de Pozos Dulces, Agustn Camejo, Jse Julin Acosta, Jos Miguel Angulo y Heredia, S. Ruiz Belvis, Jos Morales Lemus, Jos Antonio Echeverra, Nicols Azcrate, Antonio Rodrguez Ogea, Jos de la Cruz Castellanos y Manuel Ortega, que constituan el grupo reformista, contestaron extensamente a las preguntas 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 del Interrogatorio poltico, proponiendo la gran reforma poltica que en concepto de los mismos exigan la justicia y conveniencia nacional en el gobierno de las Antillas. En dicho informe se contestan los principales argumentos que contra la representacin en el Congreso Nacional dej espuestos el seor Saco en su Voto particular La refutacin indita de ste empieza as: 1—Se dice: “Hay quien pretende que la cuestin de los diputados ultramarinos est ya juzgada y condenada, y que no puede suscitarse de nuevo para volverse a un sistema proscrito por las Cortes constituyentes de 1837 y por las dems que le han sucedido; deduciendo algunos de aqu que el artculo 80 de la Constitucin vigente se opone a la representacin en Cortes de las Antillas espaolas”. Cierto es que asom en mi Voto este argumento; pero si la impugnacin que se le hace se refiere a m, incrrese en grave error; y para demostrarlo, repetir lo que entonces dije: “stas, las Cortes, confirmaron su resolucin, promulgando un decreto que sirvi de base al artculo segundo de los adicionales a la Constitucin de 1837, que ya he citado ms arriba, y que con el que tambin se han conformado todas las posteriores. Si de esto quisiera yo preva11En una nota del artculo “La Revolucin de Espaa y la esclavitud de Cuba” inserto en La Poltica de 19 de noviembre de 1868, dijo el seor Saco que pensaba reimprimir su Voto acompandolo de varios fragmentos interesantes y de la refutacin completa de todas las objeciones que le hizo un cubano a quien apreciaba. Entre sus manuscritos no hemos encontrado ms que los apuntes que ahora se dan a luz por primera vez. (V. M. M.)

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JOS ANTONIO SACO /325 /325 /325 /325 /325 lerme, concluira, que la cuestin de los diputados ultramarinos est ya juzgada y condenada, y que por lo mismo no podra suscitarse de nuevo para volver a un sistema proscrito 30 aos ha por las Cortes constituyentes de 1837, y por las dems posteriores. Mas, no me apoyar en este argumento para ahogar la voz de ninguno que quiera promover tal cuestin; antes al contrario, prescindo enteramente de l, y abro campo a todas las discusiones, porque no es la ley existente la que debe prevalecer en esta materia, sino la justicia y conveniencia de los pueblos ultramarinos”. Y despus de este lenguaje, podr emplearse semejante argumento contra m? Que lo decida el lector imparcial. 2—Trtase de impugnar12 la cita que hice en mi Voto de un discurso pronunciado por el seor Argelles en 1837 oponindose a la entrada de diputados ultramarinos en las Cortes, porque stos haban promovido en pocas anteriores cuestiones que fomentaban la independencia de Amrica, y que lo mismo podra hacerse en lo futuro. La justicia y la verdad exigen que no se alteren los hechos, ni menos mis intenciones. Cuando cit el pasaje de Argelles estampado en mi Voto, no fue con el objeto de fundarme en l para “combatir la venida a las Cortes de los diputados de Ultramar”. Ni cmo hubiera podido as ser cuando en mi mismo voto anatematic esa cita, acompandola de estas palabras: “ Tal fue el lenguaje de un patricio insigne en la metrpoli pero el ms cruel enemigo de la libertad americana ”. En prueba de que no tuve la intencin que se me supone, observar que la cita contenida en mi Voto no se halla en la parte argumentativa en que me opuse a la venida de diputados antillanos a las Cortes, sino en la defensa que hago de las legislaturas especiales de Cuba y Puerto Rico, pues rechazadas por algunos como mquinas de independencia, yo dije que la misma acusacin se haba hecho contra la institucin de diputados, y por eso transcrib al intento el mencionado pasaje de Argelles. Aparece, pues, claramente, que todo lo que acerca de este asunto se trae, debe dirigirse exclusivamente a la memoria del difunto mejicano D. Lorenzo Zabala, que as lo dijo en una obra sobre la revolucin de Mjico, y a los manes de D. Agustn Argelles, pero de ningn modo a m, pues aunque me opuse a la venida de diputados ultramarinos a las Cortes, no invoqu el argumento de la independencia, sino otros muy poderosos que se han pasado en silencio. “No, as se dice, no servirn nuestros diputados en las Cortes nacionales para inflamar en los antillanos ideas de independencia: para lo que s servirn es para que los cubanos y portorriqueos estudien y se 12Vase la pgina 124 de la Informacin sobre reformas en Cuba y Puerto Rico.

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OBRAS 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ interesen cada vez ms en las cuestiones de Espaa: para que sus diputados contribuyan a dar a conocer a los peninsulares las especialidades de aquellas islas, y los interesen vivamente en su creciente prosperidad: para que insulares y peninsulares concurran juntos al Parlamento en que hacen las leyes nacionales, en que se ventilan todos los negocios que importan a la patria, y all se traten y discutan y formenten, como fomentar seguramente con provecho de las Antillas y de la metrpoli, la recproca estimacin de sus representantes todos diputados de la nacin espaola el santo y fecundo comercio de los sentimientos y de las ideas: servirn, en suma, nuestros diputados a Cortes para que resplandezca la armona que existe entre todos los intereses, entre todos los derechos de los espaoles europeos y americanos”. Este prrafo ms tiene de potico que de slido. Que los diputados cubanos y portorriqueos estudien y se interesen en las cuestiones de Espaa, no es malo por cierto; pero necesita sta para resolverlas con acierto y provecho suyo que los tales diputados vengan a las Cortes? De ninguna manera. Que vengan a ellas esos diputados para dar a conocer a los peninsulares las especialidades de aquellas islas, no es confesar expresamente que los representantes peninsulares no conocen las necesidades de stas? Pero si no las conocen, cmo podrn legislar acerca de los negocios de las Antillas? Pero ah estn los diputados antillanos, que les servirn de maestros, segn se indica en el prrafo anterior. Mas, estarn dispuestos esos discpulos a or las lecciones de tales maestros? Y suponiendo que as sea, quin responde de que aqullas, en vez de buenas, no sern malas, a lo menos en muchos casos? Ese santo y fecundo comercio de sentimientos y de ideas entre los diputados a Cortes, antillanos y peninsulares, que tan ventajoso se supone para que resplandezca la armona que existe entre todos los intereses, entre todos los derechos de los espaoles europeos y americanos no est expuesto a convertirse en un foco de discordia, de odios y recriminaciones? No es evidente que muchas cuestiones de las Antillas, sometidas a la deliberacin de las Cortes encontrarn una viva resistencia, y que no sern resueltas conforme a las necesidades de ellas y a los deseos de sus diputados? Y entonces, podr existir esa angelical armona que tanto se pondera? No producir, por el contrario, el disgusto de los representantes americanos y la irritacin y aun mal querer de cubanos y portorriqueos? Y nada de esto resultar, cuando establecidas las legislaturas provinciales, cada cuerpo se mueva en su esfera particular. 3—Pretndese impugnar una mnima parte de mis argumentos ms slidos, diciendo lo que sigue: “Los diputados cubanos y portorriqueos no servirn de nada, porque si ellos proponen las leyes, no sern aceptadas; y si las propone el gobierno, se aceptarn, aunque ellos las combatan”.

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JOS ANTONIO SACO /327 /327 /327 /327 /327 Aqu se supone que yo habl en trminos tan absolutos, que las leyes propuestas por los diputados ultramarinos no seran aceptadas, y s las del gobierno, aunque aqullos las combatiesen. Insistiendo en esta idea, aaden mis impugnadores: “Si fuera cierto que la voz de sus naturales no haba de servir nunca sino para que el gobierno y las Cortes desestimasen sus pretensiones, etctera”. Duleme verme combatido de esta manera, pues sacando el cuerpo a la fuerza de mi argumentacin, se desnaturalizan mis raciocinios. En la primera proposicin de mi voto, la cual contiene, no una razn, sino un grupo de ellas, prob que la falta de conocimientos de los diputados peninsulares en las materias concernientes a Cuba y Puerto Rico es un obstculo invencible para que sobre ellas puedan legislar con acierto, y a fin de esforzar ms mi argumento, aad: “Esto sentado, y aun admitiendo la mejor intencin en los diputados peninsulares, jams se podr vencer ni subsanar el vicio capital de que adolecern las leyes para Ultramar, porque stas, o sern propuestas por los representantes de las Antillas, o por el gobierno. ”Si por aqullos, de esperar es que sern favorables a las dos islas. Supongamos que son votadas por una mayora del Congreso; pero se podr afirmar que esa mayora ha procedido con verdadero conocimiento y con ntima conviccin de que es justo y saludable a las Antillas lo que ha votado, cuando ignora sus necesidades, y cuando los elementos de su informacin slo descansan en la relacin de lo que haya odo a algunos diputados ultramarinos; relacin que en parte o en su totalidad bien pudiera ser errnea, o apasionada, o estar expuesta a otros inconvenientes? A la verdad que este modo de legislar, por til que pudiera ser en alguno que otro caso a las Antillas espaolas, es, por lo comn, modo muy vicioso de legislar. ”Son propuestas las leyes por el gobierno? Si son favorables a las Antillas y las vota una mayora del Congreso, siempre resultar lo que ya he dicho, y es, que esa mayora vota sobre una materia que no entiende, y que por lo mismo no ser ms que ciego instrumento en manos del gobierno. Son contrarias a los intereses de Cuba y Puerto Rico? Consolatorio es pensar que no faltarn diputados antillanos que las combatan; pero como el gobierno ha de tener siempre mayora en el Congreso, so pena de caer, o de disolver las Cortes, esas leyes sern votadas. Y si esto ha de suceder a pesar de ser contrarias a los intereses de Cuba y Puerto Rico, de qu sirve entonces la presencia de esos diputados en el Congreso? Cmo se recibiran en aquellas islas unas leyes dictadas contra la opinin y voto de sus legtimos representantes? No se irritaran los nimos de aquellos isleos y se empezaran a rumiar planes que los sacasen de tan comprometida situacin? Ved aqu una de las consecuencias fatales a que forzosamente nos arrastrara la presencia de diputados ultramarinos en las Cortes”.

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OBRAS 328\ 328\ 328\ 328\ 328\ Este pasaje demuestra dos cosas: primera, que lejos de haber yo dicho que esas leyes, si propuestas por los diputados ultramarinos nunca seran aceptadas, y si propuestas por el gobierno siempre seran aprobadas, dije todo lo contrario, pues admit que ora propuestas por los diputados ultramarinos, ora por el gobierno, podran ser aceptadas. Segunda, que esas mismas leyes as votadas estaran sujetas en muchos casos a los gravsimos inconvenientes que expuse, y sobre los cuales se han dignado cerrar los ojos mis hbiles impugnadores. 4 Veamos la fuerza que tiene la cuarta impugnacin que a mi Voto se hace. “Se dice tambin que los muchos asuntos que ocupan la atencin del Congreso, y sus frecuentes disoluciones sern motivo para que no atienda a los intereses de las Antillas; pero este doble argumento se dirige ms contra el Congreso mismo que contra los diputados cubanos y portorriqueos”. Antes de continuar, es necesario advertir que mi doble argumento no se enderez ni contra el Congreso, ni contra los diputados ultramarinos, pues mi intento slo fue manifestar los graves inconvenientes que la multitud de negocios peninsulares que ocupan al Congreso, sus frecuentes suspensiones y disoluciones y cambios de ministerio ocasionaran en el pronto despacho de los negocios de las Antillas. No se olvide tampoco que los argumentos de mi Voto son de dos especies: unos, que se dirigen contra la institucin de diputados a Cortes por las provincias de Ultramar sin que stas tengan legislaturas especiales; y otros, contra la venida de tales diputados, a pesar de que en las Antillas hubiese legislaturas. Los argumentos a que se alude en la impugnacin, pertenecen exclusivamente al primer caso; mas, no al segundo. El doble argumento de que me serv, encaminose nicamente al caso de los diputados ultramarinos en las Cortes sin legislatura especial en las Antillas; pero la impugnacin a que aludo, desnaturaliza mis argumentos, confundindolos y aplicndolos a partes diferentes de mi Voto. Esta observacin bastara para destruir completamente cuanto aqu se dice contra l; pero ya que se supone que mi argumentacin se dirigi contra la venida a las Cortes de esos diputados, existiendo legislaturas en las provincias ultramarinas, no dudo afirmar que mis raciocinios, si no en tanto grado como en el primer caso, son aplicables aun al segundo hasta cierto punto; porque en el deseo de hacer necesaria en las Cortes la presencia de los diputados antillanos se les dan atribuciones que deben ser peculiares de aquellas legislaturas: y ved aqu como de este modo las frecuentes suspensiones y disoluciones de las Cortes y los cambios continuos de ministerio retardaran y entorpeceran muchos y urgentes negocios de aquellas islas, no obstante que tuviesen legis-

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JOS ANTONIO SACO /329 /329 /329 /329 /329 latura. Pero este punto que no hago ahora ms que asomar, recibir ms adelante su complemento. 5 Impgnase tambin otro de mis argumentos, hacindome decir lo que sigue: “La flaqueza humana es de todos los hombres: los diputados antillanos pueden extraviarse, y en ese caso no sera dado aprovechar el nico correctivo posible, que es la opinin de los representados, expresada por la prensa peridica”. A la verdad que me asombra semejante modo de impugnar, y todo el que lea atentamente mi Voto, no encontrar en l semejante argumento. Cierto que habl de la flaqueza humana: cierto tambin que habl de la influencia de la prensa peridica en la opinin pblica y en la de los diputados; pero jams enlac, como se hace en la impugnacin, la flaqueza humana con la influencia de la prensa peridica. Si la flaqueza humana mencion, fue tan slo para reconocer, que al paso que vendran a las Cortes diputados antillanos, llenos de patriotismo; tambin vendran otros animados nicamente de aspiraciones personales. Bajo de este punto de vista, y slo bajo de ste, fue como habl de la flaqueza humana; y pretender, como desgraciadamente se hace, que yo ligu en mi argumentacin la flaqueza humana con el influjo de la prensa peridica, es alterar completamente la naturaleza de mis raciocinios. Tan cierto es lo que digo, que cuanto expuse acerca del influjo de esa prensa en representantes y representados, fue bajo de una relacin de todo diferente, a saber: los graves daos que resultan de que vengan a legislar diputados ultramarinos a tan larga distancia de su pas. As lo comprueban las siguientes palabras de mi Voto: “Esta ltima consideracin, es otro de los argumentos contra la idea de que vengan a las Cortes diputados ultramarinos. Casi a 2 000 leguas del pas que representan, no es dable que en las cuestiones que se agiten, pueda la opinin pblica ilustrarlos con la prontitud que se requiere ni tampoco contenerlos a tiempo en sus extravos para enderezarlos a buena parte”. Ni quiero tampoco omitir el error que se comete, suponiendo que consider la prensa peridica como el nico correctivo posible de la opinin pblica. Ensalc su poderosa influencia; pero no pude mirarla como nico correctivo pues que el derecho de reunin de los ciudadanos, el derecho de peticin, la voz de los representantes en las asambleas legislativas y otros elementos polticos y sociales de los pueblos, son un freno que contienen y enderezan los errores y desmanes a que estn expuesto. Bien pudiera yo pasar ya a otro asunto; pero son tan extraas y antiparlamentarias las ideas que emite aqu la impugnacin que debo detenerme algunos momentos para refutarlas.

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OBRAS 330\ 330\ 330\ 330\ 330\ Para esquivar la necesidad en que estn los diputados de ser sometidos a la continua vigilancia de la prensa peridica, lo cual no puede hacerse desde Cuba y Puerto Rico con los representantes de ellas que vengan a Espaa, se dice, que “ los parlamentos no son reuniones de improvisadores calenturientos, sino cmaras legislativas a que no suelen, a que no deben llevarse ideas nuevas y de dudosa aceptacin, sino ideas ya discutidas y maduradas en la opinin pblica ”. Y que, porque los parlamentos no sean reuniones de improvisadores calenturientos, ya deja de ser necesaria aun para los diputados ms sensatos y juiciosos? Sin que los parlamentos sean reuniones de improvisadores calenturientos, deja por eso de haber en ellos cierto nmero que lo son, y para quienes la opinin pblica enrgicamente expresada por el rgano de la prensa es el freno ms poderoso? Decir que a las cmaras legislativa “ no deben llevarse a discusin ideas nuevas y de dudosa aceptacin, sino ideas ya discutidas y maduradas en la opinin pblica ”; es no slo desconocer la ndole de los parlamentos, sino olvidarse de lo que en ellos frecuentemente sucede. Gozando, como debe gozar, cada uno de sus miembros de iniciativa, tiene derecho de proponer, no ya las ideas discutidas y maduradas en la opinin pblica, sino aun las ms nuevas y de dudosa aceptacin Cuando en 1789 se propuso por primera vez en la Cmara de los Comunes de Inglaterra la abolicin del trfico de esclavos, era sa por ventura una idea ya discutida y madurada en la opinin pblica? Tan no lo era, que slo pudo lograrse el triunfo de tan noble pensamiento al cabo de 20 aos de continuos debates en el Parlamento y de estar ejerciendo su constante influjo la prensa sobre la opinin pblica. Cuando los catlicos aspiraron por primera vez a sentarse en l, era sa una idea ya discutida y madurada en la Gran Bretaa? Tan no era as, que los catlicos no pudieron alcanzar su objeto, sino al cabo de una prolongada lucha y del fundado temor de una guerra civil entre Inglaterra y la Irlanda. Debo tambin decir, que ocurren frecuentemente mil incidentes imprevistos, que sin ser proyectos de leyes, ocupan la atencin de los parlamentos sin previa preparacin; y que por lo mismo necesitan del apoyo de la prensa para ilustrar, ya esos mismos incidentes, ya las interpelaciones de cualquier gnero que sean. Cuando el ingls Cobden inici la gran reforma mercantil que tan ventajosa ha sido a su patria, era sa una idea ya discutida y madurada en la nacin britnica? Tan lo contrario fue, que los pocos individuos que se pusieron a la cabeza del movimiento, se encontraron casi solos, y slo a fuerza de constancia y de trabajo, lograron cambiar la opinin pblica que tan contraria les era. Y despus de estos ejemplos y de otros muchos que pudiera citar, as en Inglaterra como en diferentes naciones, se nos vendr a decir, “ que a los parlamentos no deben llevarse a discusin ideas nuevas y de

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JOS ANTONIO SACO /331 /331 /331 /331 /331 dudosa aceptacin, sino ideas ya discutidas y maduradas en la opinin pblica ?” Y quin osar negar que el triunfo glorioso de esas y de otras nuevas ideas no se debe casi enteramente al saludable influjo de la prensa peridica en el nimo de los miembros que forman los parlamentos? Pero aun suponiendo que a stos no se lleven sino ideas discutidas y maduradas en la opinin pblica; no por eso deja de ser utilsima la prensa peridica, porque bien pueden ocurrir nuevos incidentes que hagan cambiar o modificar la naturaleza de los negocios, y en tales casos, la prensa es necesaria para ilustrar y dirigir la opinin pblica por la nueva senda que debe tomar. Se dice tambin, que “ el nico correctivo de los diputados flacos, de los desleales, de los que por maldad o por error fallen a lo que de ellos esperaban sus representados, est en el desprecio o en la desaprobacin de stos que siempre hay tiempo de demostrar ”. Sin admitir yo en trminos tan absolutos, que el nico correctivo de los diputados a que se alude, sea el desprecio o la desaprobacin de sus representados, dejar correr esa idea en los trminos que se expresa, para preguntar: No es la prensa peridica el medio ms eficaz que contribuye a difundir ese desprecio o desaprobacin? No es ella la que con ms eficacia influye en formar en los hombres ese sentimiento de desprecio? Ni admito tampoco la frase en que se dice, que siempre hay tiempo de demostrar ese desprecio o desaprobacin. No. La manera ms eficaz de impedir los males a que puede dar origen la siniestra conducta de los diputados, es acudir en tiempo oportuno para contener sus extravos. Mientras se discuten los negocios, mientras son palpitantes las cuestiones, entonces es cuando la prensa debe descargar sus golpes sobre aquellos que se olvidan de su deber, pues reservar el castigo moral para tiempos posteriores, es exponerse a que nunca se imponga, o a lo menos que sea muy dbil por lo mismo que es tardo. Se dice, por ltimo, que los derechos de las Antillas no estarn de seguro mejor garantizados sin diputados en el Congreso Nacional que con ellos. Ya aqu se sale de la cuestin, porque de lo que se trata es de que la influencia peridica en los diputados y no de que stos vengan o dejen de venir de Ultramar al Congreso Nacional. Sobre este ltimo punto, muy largo discurr en mi Voto, y refirindome a l, no vacilo en repetir, que los derechos de las Antillas solamente estarn asegurados cuando tengan buenas legislaturas locales, y que los diputados que aquellas tierras enven a las Cortes, lejos de propender a la libertad y conservacin de esos cuerpos legislativos, sern sus enemigos ms formidables. Para probar que la concesin de diputados a Cortes por las provincias de Ultramar falseara en ellas el sistema representativo, fundeme

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OBRAS 332\ 332\ 332\ 332\ 332\ en la dificultad que muchos de los elegidos tendran para venir a Espaa, ya por la distancia, ya por otras consideraciones que expuse. Pero cmo se me impugna? Empizase por suponer que yo dije, que “si los nombrados son ricos, no estarn dispuestos a abandonar el cuidado de sus intereses y slo vendrn por miras de particular utilidad ”. Como en estas ltimas palabras no se hace ninguna excepcin, claro es que se imputa haber yo dicho, que todos los ricos que vendran, slo sera por miras de inters personal. Para demostrar la inexactitud de este aserto, transcribir las palabras de mi Voto: “Es pues seguro, que de los que se denominan ricos en las Antillas, pocos vendrn, y que de entre esos pocos, algunos lo harn ms por utilidad propia que por servir al pas”. Lo mismo repet en otro pasaje de mi Voto: “La consecuencia necesaria de todo lo dicho es, que los ricos no vendran sino en corto nmero, y que algunos de ste no tanto sera por patriotismo, cuanto por miras privadas”. Estas dos citas demuestran la enorme diferencia que hay entre lo que yo dije y lo que otros me hacen decir. Ni tampoco est dems recordar que esa falta o debilidad no la apliqu exclusivamente a los ricos, que tambin la extend a ciertos pobres y a otros de mediana fortuna. Dije que la distancia era uno de los obstculos de la venida a las Cortes de los diputados ultramarinos; pero a esto se me responde, “que esto poda tener una gran fuerza por los aos de 1837, pues hoy el viaje de las Antillas a Madrid se hace en menos tiempo del que entonces se consuma desde las Canarias; y en poco ms de los das que se empleaban desde las provincias extremas de la Pennsula”. Todo esto no significa ms sino que en 1837 la distancia opona a la venida de los diputados de las Antillas a las Cortes un obstculo mayor que hoy; pero de aqu no se infiere que ese obstculo haya desaparecido, y de que no sea muy poderoso todava. Por grandes que sean las facilidades que ofrecen el vapor y los caminos de hierro, nadie podr establecer comparacin entre un viaje de Canarias, de Barcelona, Cdiz o Bilbao a Madrid y un viaje a esta capital desde Cuba o Puerto Rico. Para probar que la distancia ya influye poco en la venida de los diputados, invcase lo ocurrido en la Junta de Informacin, pues “Hemos visto [as se dice] venir para volver a irse pronto despus, a casi todos los comisionados elegidos por las Antillas, a muchas personas nombradas por el gobierno que residan all”. Cabalmente, esa misma Junta de Informacin prueba lo contrario de lo que se afirma, y corrobora mi argumento. Que la distancia no es obstculo para venir a la Pennsula pretndese tambin probar con los numerosos estudiantes de Cuba y Puerto Rico que se encuentran en algunas universidades de Espaa; con el gran nmero de familias distinguidas de las Antillas, residentes en Madrid, y

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JOS ANTONIO SACO /333 /333 /333 /333 /333 con algunos cubanos y portorriqueos empleados en la Pennsula en todas las carreras del Estado. En cuanto a los estudiantes, ni son tantos como se pretende, pero aun cuando fuesen muchos, eso nada probara. Entre esos estudiantes y los diputados a Cortes de las Antillas no cabe comparacin, pues aqullos generalmente son hijos de familia, que no tienen intereses propios que cuidar, que viven con una corta mesada, que no vienen a figurar en un alto puesto social, que no dejan en su pas ni hijos ni mujer, y que en vez de sufrir quebrantos, vienen en pos de una carrera lucrativa, pues por el fatal sistema de enseanza que rige en las Antillas, muchos jvenes tienen que salir de ellas para buscar en Espaa o en el extranjero los conocimientos de que se les priva en su propia tierra. Y son stas por ventura las circunstancias en que se hallan los diputados que vendran por Cuba y Puerto Rico? El buen sentido repugna a semejante comparacin. Que de aquellas islas hay familias distinguidas en Madrid, cierto y muy cierto es; pero esas familias residen all por su gusto o por otros motivos que les sean provechosos; pero no es sta la condicin de un diputado antillano, el cual tiene que obedecer, en muchos casos, no a su voluntad, sino a un compromiso pblico que le coloca en una situacin difcil y embarazosa. Por esta misma razn no pueden equipararse esos diputados a ciertos cubanos y portorriqueos empleados en la Pennsula, pues con el hecho slo de ser empleados, ya viven de su sueldo, pudiendo arreglarse con ms o menos economa; mientras que el diputado antillano tiene que sostenerse de sus propias rentas, y con una decencia de que no le es dado prescindir sin mengua y desdoro del pas que representa. Se dice igualmente que “el da de la comunin poltica de las provincias de Ultramar con las de la metrpoli en el Congreso Nacional, sera mayor sin duda el nmero de los antillanos residentes o transentes en Madrid, lo cual no servira seguramente sino para fomentar la recproca estimacin de los que son hermanos por la naturaleza y es justo y conveniente que lleguen a serlo por la ley”. Mal medio en verdad se escoge para fomentar la recproca estimacin de peninsulares y antillanos, pues no seran muchos los que de stos viniesen a Espaa tan slo por ver la cara y or los discursos de sus diputados. Para fomentar esa recproca estimacin vale mucho ms una buena medida econmica. Un decreto o ley que declarase libre de derechos la entrada de los productos de las Antillas en Espaa y de los de sta en aqulla, seran infinitamente superiores a cuantos diputados cubanos y portorriqueos pudiesen venir a las Cortes. Pensar que stos sern el lazo de recproca estimacin entre las Antillas y su metrpoli es una fatal ilusin. Para que as fuese, sera preciso, o que

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OBRAS 334\ 334\ 334\ 334\ 334\ todos los diputados ultramarinos fuesen dciles instrumentos del gobierno y de los representantes peninsulares, o que stos y aqul siempre complaciesen a los antillanos en todas sus aspiraciones; pero como ni lo uno ni lo otro ha de suceder, necesariamente habr en muchos casos divergencias y acalorados debates entre los intereses y pretensiones de la metrpoli y las colonias. De aqu resultar, que ese pretendido vnculo de unin por medio de los diputados, se convertir en una fuente de disgustos y muchos odios. Aun sin debates, aun sin notable divergencia de intereses, la muchedumbre de negocios peninsulares a que deben atender las Cortes, las har descuidar, mal de su grado, muchos asuntos urgentes de las Antillas, y que por lo mismo reclaman una pronta resolucin. Y esta lentitud, esta demora en el proceder no ocasionarn agrias quejas contra la metrpoli? Ved aqu, cmo esos diputados que se nos quieren presentar como rganos de recproca estimacin vienen a ser fatalmente los que destruyen esa ilusoria armona que tanto se decanta. Dije tambin, que la gran ventaja que ofrece la reeleccin de diputados, no es fcil conseguirla en Cuba ni en Puerto Rico. Mas, a esto se me contesta, que “ esas reelecciones recaen generalmente en todos los parlamentos del mundo como en el Congreso espaol, en hombres que, aunque no hayan heredado ni adquirido pinges rentas, han encontrado carreras reproductivas con que residir en la corte sirviendo a los intereses de su familia”. No esperaba yo, por cierto, que se me hiciese tal raciocinio; porque todo hombre sensato conocer, que no es lo mismo asistir un espaol residente en Espaa al Congreso de Madrid, un francs al Cuerpo legislativo de Pars, un belga a las Cmaras de Bruselas, y un ingls al Parlamento britnico, que un cubano o portorriqueo que tiene que surcar los mares con grandes gastos e incomodidades, y alejarse a casi 2 000 leguas de distancia de sus intereses, de sus hogares, de sus relaciones y amigos, y aun de sus ms caras familias. Que la estimacin pblica sea la recompensa, como se pretende, del desempeo de sus deberes, y aun del sacrificio que haga, grato y muy grato es al corazn humano; pero no es sta la pauta que ciegamente dirige al hombre, pues l procura unir el pblico aprecio a los intereses; y si bien hay algunos que saben sacrificar stos al servicio de la patria, su nmero es muy corto, porque tanta abnegacin no es el patrimonio de la humanidad. Por ltimo, la renta a que se alude de 3 000 pesos para los diputados de Cuba y de 2 000 para los de Puerto Rico, podr servir solamente para los que no tengan familia y vivan muy frugales en Madrid, pues ella es insuficiente para los que tengan mujer e hijos, ya los traigan consigo, ya los dejen en su pas. Por otra parte, comtese una inadvertencia, al fijar

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JOS ANTONIO SACO /335 /335 /335 /335 /335 esa renta en 3 000 pesos para Cuba y en 2 000 para Puerto Rico, porque como esas cantidades no han de gastarse en aquellas islas sino en Madrid, debieron ser iguales para una y otra Antilla, pues el precio de la vida en esta capital lo mismo es en igualdad de circunstancias para un cubano que para un portorriqueo.No hay necesidad de diputados para tratar de la abolicin de la esclavitudSe dice que hay necesidad de diputados a Cortes para tratar de la abolicin de la esclavitud; pero tal pretensin es contraria a lo mismo que se propone por el grupo reformista en su informe sobre la organizacin poltica de las Antillas. En la base dcima cuarta se dice: “cada una de las citadas corporaciones [la diputacin insular y la Junta provincial que forman la legislatura] tiene iniciativa para discutir, deliberar y acordar sobre todos los asuntos que peculiarmente interesen a la isla respectiva”; y con especialidad: aqu se empiezan a enumerar esos asuntos, y en el nmero 5 se lee lo que transcribo: “sobre las medidas convenientes para abreviar la sustitucin del trabajo libre al esclavo”. Esto quiere decir, claramente, que la legislatura cubana debe estar autorizada para tratar y resolver la cuestin de la esclavitud. Pero si lo est por una de las atribuciones que especialmente se le conceden; por qu se piden entonces diputados a Cortes para ese mismo asunto? No es esto despojar a la legislatura insular de tan preciosa atribucin, traspasndola a los diputados a Cortes? Se pretender que tanto stos como aqulla puedan deliberar y resolver sobre la cuestin de la esclavitud? Y si los diputados la resuelven en un sentido, y la legislatura, en otro, no resultar una confusin o un choque que no slo ser funesto a las Antillas, sino a las prerrogativas de sus legislaturas especiales? A la verdad que la resolucin de esta materia incumbe mucho ms a Cuba y Puerto Rico que a la metrpoli, porque ellas son las directamente interesadas en remover los peligros y en alejar las fatales consecuencias que pudieran hasta arruinarlas. Si el honor de la metrpoli est empeado en lavar la mancha de la esclavitud, tambin lo est el de las colonias; y seguro es, que stas procedern con ms cautela y circunspeccin que aqulla, sin abrir los debates apasionados a las Cortes, y que pueden ocasionar disturbios y levantamientos entre los negros de las Antillas. Para que las legislaturas de sta, y no las Cortes, sean las que traten de asunto tan delicado, hay una consideracin muy poderosa. Si la libertad dispensada a los esclavos emana de las legislaturas, ellos la mirarn como un bien que stas les conceden, resultando de aqu un sentimiento de gratitud y de buen querer a sus

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OBRAS 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ antiguos amos; pero si son las Cortes las que decretan la emancipacin, entonces los esclavos creern que la metrpoli es la que los hace libres a despecho de sus amos, y que stos se someten de mal grado a la imperiosa ley dictada por Espaa. Semejante idea no es una grata perspectiva para las Antillas, pues no est calculada para apagar los odios y conciliar el buen querer entre los libertos y los que fueron sus seores.

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SOBRE LA CIT SOBRE LA CIT SOBRE LA CIT SOBRE LA CIT SOBRE LA CIT A DE STU A DE STU A DE STU A DE STU A DE STU AR AR AR AR AR T MILL EN EL INFORME T MILL EN EL INFORME T MILL EN EL INFORME T MILL EN EL INFORME T MILL EN EL INFORME DE LA COMISI"N REFORMIST DE LA COMISI"N REFORMIST DE LA COMISI"N REFORMIST DE LA COMISI"N REFORMIST DE LA COMISI"N REFORMIST A A A A A DE 25 DE ABRIL DE 1867 DE 25 DE ABRIL DE 1867 DE 25 DE ABRIL DE 1867 DE 25 DE ABRIL DE 1867 DE 25 DE ABRIL DE 1867Graves errores se cometen sobre este particular. El primero es suponer que Stuart Mill slo refiere al Canad sus observaciones, cuando las aplica a todas las colonias inglesas que tienen gobierno representativo local, segn aparece de su misma obra en el captulo 18. El segundo error consiste en figurarse que cuando habl en mi Voto de las legislaturas de las colonias britnicas me limit al Canad, considerndolo como nico tipo de buen gobierno para las provincias o colonias hispano-ultramarinas. Yo hubiera podido concebir tal idea, si el Canad fuese la nica colonia britnica que gozase de ese gobierno; pero, como hay otras que tienen las mismas instituciones y libertades, yo no pude circunscribirme a l como se supone. Si especialmente mencion al Canad, fue, porque gozando de la misma forma de gobierno que otras colonias inglesas, su bondad reluce con ms fuerza, pues contentos los canadienses con sus instituciones rechazan su anexin a los Estados Unidos, a pesar de hallarse lindando con la repblica ms libre de la tierra, de tener su inmensa mayora un mismo origen y hablar la misma lengua. Pero admtase que yo hubiese presentado al Canad como tipo exclusivo de buen gobierno colonial. Se inferir por esto que no es excelente en s? Afrmase que no, y para probarlo se invoca el testimonio del autor ingls ya citado: “nosotros, as se expresa el papel que impugno, en vez de someter el gobierno del Canad a nuestro propio juicio, a la crtica de los principios, vamos a reproducir las palabras de Mr. John Stuart Mill en su tratado sobre el gobierno representativo que, no slo son las palabras de un ingls, sino de un talento, dice su ilustre traductor Mr. Dupont While, casi tan conocido en Europa como el de Humboldt, al cual se oye y se sigue siempre por placer, porque no se deja dominar nunca por vulgares preocupaciones”. Yo no mutilar ni una sola slaba de este elogio, porque pronto me valdr de l para dar ms fuerza a mi impugnacin. Sea el mencionado

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OBRAS 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ autor todo lo que se quiera; y aun suponiendo que l dijese lo que se pretende, yo puedo contraponer hechos y autoridades infinitamente superiores a las suyas. Ms de dos siglos ha, que algunas colonias inglesas empezaron a tener legislaturas: otras nuevas colonias ha ido adquiriendo desde entonces la Inglaterra en diversos puntos del globo, y ddoles a muchas legislaturas tambin. Pero cmo es que una nacin tan libre, tan inteligente y tan prctica en materias de buen gobierno, nunca ha dado a esas colonias ninguna representacin en el Parlamento britnico? Cmo es, que en tantos como se han congregado en esos dos siglos, y cuando en l se han sentado los hombres ms eminentes y de las ms encontradas opiniones, nunca se ha acordado que esas colonias sean en l representadas? Cmo es, que el Gobierno britnico, compuesto, en los dos siglos pasados, de los hombres ms grandes de aquella nacin, y pertenecientes a diversos partidos, jams les ha otorgado lo que ahora se pide para Cuba y Puerto Rico? Cmo, en fin, los colonos de esas provincias no piden a su metrpoli que les abra las puertas del Parlamento nacional, cuando libremente pueden pedirlo, y cuando no cesaran de clamar por representacin en la metrpoli? Este largo silencio y esta conducta seguida por el espacio de dos centurias, as de parte de la metrpoli como de las colonias, son una prueba incontrastable de que legislaturas provinciales en ellas, y diputados al mismo tiempo en el Parlamento, so pretexto de intereses generales y comunes a la nacin, es la ms extraa anomala, o una monstruosa superfetacin en el orden poltico. Vengamos ahora a la cita de Stuart Mill. Pretndese comprobar con ella que este autor quiere, que las colonias inglesas que gozan de legislaturas, tengan tambin representacin en el Parlamento. Cabalmente, Stuart Mill dice todo lo contrario, y si no se hubiesen mutilado los pasajes que de l se citan, aparecera demostrada la aseveracin que acabo de hacer. Para que se conozca la verdad, transcribir la cita tal cual est en el papel que impugno, y seguidamente presentar esa misma cita, tal cual la trae su autor; y a fin de que se descubran los pasajes omitidos en la primera, insertarelos en letra bastardilla, acompandolos de breves notas. Cita de Stuart Mill, segn el papel que impugno. “Es un principio establecido en la poltica britnica, dejar a las colonias de raza europea gobernarse por s mismas, a semejanza de la madre patria... & &” Cita de Stuart Mill, segn su obra. “Es un principio establecido en la poltica britnica ( principio profesado en teora y puesto en prctica fielmente )13 dejar a las colonias de raza europea gobernarse por s 13Las palabras omitidas conviene expresarlas, porque dan fuerza a la idea que empieza a exponer el autor.

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JOS ANTONIO SACO /339 /339 /339 /339 /339 mismas, a semejanza de la madre patria. Se les ha permitido hacer por s mismas sus libres constituciones representativas cambiando segn que ellas lo juzgasen conveniente, las constituciones ya muy populares que les habamos dado .14 Cada una de ellas es gobernada por una legislatura propia y por un poder ejecutivo propio, constituidos con arreglo a principios altamente democrticos. Y aunque el Parlamento y la Corona se han reservado el derecho del veto, no lo ejercen sino muy rara vez y nicamente sobre cuestiones que interesan a todo el Imperio en general y no solamente a la colonia en particular. Es fcil ver hasta qu punto se comprende de una manera liberal la distincin entre las cuestiones coloniales y las cuestiones superiores, por el hecho de que todas las tierras ‘en friche’ ms all de nuestras colonias americanas y australianas han sido abandonadas completamente a la disposicin de las comunidades coloniales, aunque el gobierno metropolitano hubiera podido sin injusticia reservarse su administracin, conforme al inters de los emigrantes futuros de todas las partes de la nacin .15De esta manera, cada colonia es tan libre en cuanto a sus asuntos propios, como podra serlo si formase parte de la confederacin ms elstica, y mucho ms libre que lo que sera con la Constitucin de los Estados Unidos ,16 teniendo hasta la facultad de sealar a su arbitrio derechos arancelarios a los artculos importados por la madre patria. En todo lo restante de este prrafo faltan las palabras “ en lo que consituye ;” y al fin: “ ellas estn obligadas a secundar la Inglaterra en sus guerras, sin que se las haya consultado antes de emprenderlas ”. 14Segn esas palabras omitidas, cualquiera puede inferir en buena lgica, que Cuba y Puerto Rico no necesitan de enviar diputados a las Cortes ni aun para que intervengan en la formacin de sus libres constituciones representativas pues que a semejanza de las colonias inglesas, como dice Stuart Mill, esas legislaturas estn autorizadas, no slo para alterar sus constituciones, sino aun para hacerlas. 15Este pasaje omitido manifiesta que, a pesar de que esas tierras son un punto de inters general a toda la nacin, no por eso se trat de resolverlo llamando diputados al Parlamento, sino alejndolos de l, y robusteciendo en vez de debilitar las atribuciones de las legislaturas coloniales. 16Por qu se han omitido unas palabras tan interesantes, pues que el autor dice que esas colonias son mucho ms libres que lo que seran con la Constitucin de los Estados Unidos. Y sin embargo, y a pesar de que no tienen representacin en el Parlamento britnico, Stuart Mill las considera mucho ms libres que si tuviesen la Constitucin de la Confederacin Norteamericana; y Cuba y Puerto Rico tambin lo seran sin necesidad de diputados en su metrpoli, si tuviesen constituciones anlogas a las de las colonias inglesas. Es, por tanto, evidente, que Cuba y Puerto Rico, lejos de necesitar de diputados en las Cortes, stos, como he demostrado en mi Voto seran un obstculo a esa misma libertad que debiera ejercerse por las legislaturas de aquellas dos Antillas.

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OBRAS 340\ 340\ 340\ 340\ 340\ En el pasaje de la impugnacin que dice: “y no pocas veces se ha tratado de ponerle remedio, proponindose al efecto que las colonias nombrasen sus representantes en la legislatura britnica”, se ha omitido lo que sigue: “ y otros han pedido que los poderes de nuestro Parlamento lo mismo que los de ellas se limitasen a la poltica interior, y que se crease para los negocios imperiales y extranjeros otro cuerpo representativo, en que las colonias de la Gran Bretaa seran representadas del mismo modo, y tan completamente como la misma Gran Bretaa. Con este sistema, habra una federacin perfectamente igual entre la madre patria y sus colonias, las cuales en adelante no seran ms dependencias ”. “Los sentimientos de equidad y las ideas de moralidad pblica, de donde manan esas aspiraciones ( sugestions ), son dignas de elogio; pero esas mismas aspiraciones son tan incompatibles con todos los principios racionales de gobierno, que es dudoso que ningn pensador racional jams los haya mirado como admisibles. Pases separados por la mitad del globo no se hallan en las condiciones naturales para estar bajo un mismo gobierno, o aun para formar parte de una confederacin. Aun cuando tuviesen en un grado suficiente los mismos intereses, no tienen, ni jams pueden tener el hbito suficiente de deliberar juntos. Ellos no forman parte de un mismo pblico; no discuten ni deliberan en la misma arena, sino separadamente, y cada uno de ellos no tiene sino un conocimiento muy imperfecto de lo que pasa en la mente de los otros. Ninguno sabe adnde se encaminan los otros, y no tiene plena confianza en los principios de su conducta. Que se pregunte si un ingls quisiera que sus destinos dependiesen de una asamblea en donde la Amrica inglesa nombrase un tercio de los representantes y el frica del Sud y la Australia otro tercio. Sin embargo, a esto se vendra a parar, si existiese alguna cosa como una representacin justa e igual. Pero cada uno no sentira que los representantes del Canad y de la Australia no estaran, aun para los negocios de un carcter imperial, bastantemente movidos por los intereses, opiniones o deseos de los ingleses, irlandeses y escoceses? Aun para los objetos puramente federales, no existen las condiciones que hemos reconocidos como necesarias para una federacin. La Inglaterra, &c.” Las ltimas palabras de la cita del autor ingls, en que se habla de no herir los sentimientos de ninguna de las dos partes, no se refiere a la no admisin de diputados en el Parlamento como se quiere dar a entender.17 17Hasta aqu el manuscrito del seor Saco. Entre sus papeles depositados en casa de uno de sus albaceas, el seor D. Jos Valds Fauli, no hemos hallado la continuacin de tan interesante trabajo, que segn parece, no lleg a terminarse. (V. M. M.)

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LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA LA ESCLA VITUD EN CUBA Y LA REV VITUD EN CUBA Y LA REV VITUD EN CUBA Y LA REV VITUD EN CUBA Y LA REV VITUD EN CUBA Y LA REV OL OL OL OL OL UCI"N UCI"N UCI"N UCI"N UCI"N DE ESP DE ESP DE ESP DE ESP DE ESP AA AA AA AA AAAunque no tengo esclavos, soy cubano, y, como tal no puedo ser indiferente a la suerte de mi patria. Nunca he aspirado al ttulo de abolicionista; pero fuilo cuando en Cuba nadie lo era, y a extirpar en su suelo la esclavitud, no de un golpe, sino gradual y progresivamente, encaminronse algunos de los escritos que desde mi primera juventud empec a publicar. El error de muchos abolicionistas consiste en que miran esta grave cuestin bajo un solo punto de vista, cual es la libertad del esclavo, sin advertir que a su lado existen los intereses del amo y del Estado. Si en Cuba hay una humanidad negra, tambin hay una humanidad blanca, que siendo superior por su nmero, y ms todava por su ilustracin y por otros ttulos recomendables que posee, no es justo ni poltico se la sacrifiqu a las violentas exigencias de la primera; exigencias que en ltimo resultado seran funestas, no slo a los mismos esclavos, sino a la metrpoli. Quisieran algunas que, atropellndose cuantas consideraciones se deben en punto tan espinoso, se libertasen repentinamente a todos los esclavos de Cuba, pero esos seores que con tanto nfasis nos prodigan sus frases pomposas sobre los derechos del hombre, y quieren darse aire de liberales y filntropos ante la Europa, cuando nada arriesgan porque nada tienen en Cuba que perder, haran mejor en suscribirse con algunas cantidades de dinero para ayudar a Espaa y a Cuba en la buena obra de la emancipacin. Mas, puede sta efectuarse de un golpe en aquella Antilla, sin arruinarla completamente? Ni la metrpoli ni la colonia tienen recursos con que indemnizar a los amos de esclavos; indemnizacin que no slo es justa y necesaria, por ser la esclavitud una propiedad sancionada, fomentada y siempre reconocida por las leyes espaolas, sino porque es un medio de que el propietario se valdra para pagar el salario de los brazos libres que habra de emplear para suplir la falta del trabajo forzoso.

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OBRAS 342\ 342\ 342\ 342\ 342\ Verdad tan palpable es sta, que todas las metrpolis la han admitido al libertar los esclavos de sus colonias. Inglaterra gast en indemnizar a los amos la gruesa suma de 100MILLONES DE PESOS; debiendo advertir que les anticip casi la mitad seis o siete aos antes del plazo en que deban ser libres los esclavos. Francia indemniz tambin a sus colonos, y si bien la repblica se mostr con ellos mezquina y lenta en el pago que de justicia les deba, ocasionando por esto graves males, al fin los indemniz. Indemnizacin tambin seal Dinamarca a sus colonos. Suecia hizo lo mismo; y ltimamente la Holanda ha hecho otro tanto. Tenemos, pues, dos cosas que jams se deben olvidar: una, que siempre se han respetado los derechos de los colonos, procurando indemnizarlos; otra, que esta indemnizacin nunca la han pagado las colonias, sino nicamente las metrpolis. Y dicho sea de paso, stas nunca han tenido escrpulos en hacerlo, a pesar de que estaban convencidas de que muchedumbre de esclavos haban sido importados de contrabando en sus colonias. Segn mis clculos, Cuba cuenta hoy unos 350 000 esclavos ; y, por mucho que haya bajado su valor con los recientes sucesos de los Estados Unidos, no se puede fijar en menos de 400 pesos el de cada uno, por trmino medio. Antes, pues, de dictarse el decreto de abolicin en masa, necesario es saber de donde pagar la metrpoli a los propietarios cubanos la enorme suma de 140 millones de pesos o sea 2 800 millones de reales a que ascenderan los esclavos. Y por ventura, tiene Espaa esta cantidad? Perdneme el lector que haga tal pregunta. Pero aun suponiendo que la tuviese, estara ella dispuesta a emplearla en la emancipacin de los esclavos de Cuba? sta dedicara gustosa a obra tan benfica y patritica gran parte de sus recursos; pero, abrumada de contribuciones, teniendo que pagar el costossimo personal de su administracin, una escuadra y un ejrcito muy numerosos, los sueldos de las legaciones espaolas en toda la Amrica, los pesados gastos de la colonia de Fernando Po, y, por ltimo, remitiendo actualmente a su metrpoli, bajo el nombre de sobrantes algunos millones de duros, imposible es que, en medio de tan deporable situacin, la infeliz Cuba consagre, como quisiera, parte alguna de sus fondos al rescate de sus propios esclavos. Ante semejante perspectiva, quin osar sostener que debe darse repentinamente la libertad a los esclavos de Cuba? Pero si esto es imposible por falta de dinero, eslo tambin por otras razones muy poderosas. La esclavitud es contempornea a la conquista. Con ella hemos vivido por ms de tres siglos y medio, y confundidos e ntimamente identificados todos los grandes intereses de Cuba con tan fatal institucin, no es dado romper de un golpe con ella sin hundir a Cuba en el mar que la

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JOS ANTONIO SACO /343 /343 /343 /343 /343 circunda La emancipacin en masa desorganizara al instante todos los trabajos, pues la mayor parte de los esclavos abandonaran las haciendas para gozar, a su brutal manera, del don de la libertad. Y entonces, cmo reponer de pronto el inmenso vaco de tantos brazos arrancados sbitamente a la agricultura y a los dems ramos de la produccin cubana? Pensar que los esclavos permaneceran en esos campos, triste recuerdo de sus dolores, es un completo delirio. No se transforma el hombre en un da, y por grandes que sean los prodigios de la libertad, su mgico poder no alcanza a tan repentina transformacin. Los negros huiran de las tierras que regaron con su dudor, y, derramndose por los pueblos y ciudades, por las orillas del mar y de los ros, por los bosques y los montes, entregaranse a la vagancia, a la ms asquerosa inmoralidad, al robo, al asesinato y otros crmenes, cortejo inseparable de hombres semisalvajes. Llevadas de estas consideraciones, ninguna de las metrpolis ha libertado a los esclavos de sus colonias, sin haber antes dictado medidas preparatorias que impidiesen en lo posible las fatales consecuencias que sobre ellas habran cado con una resolucin precipitada. Inglaterra, la primera, que rompi la marcha, emple muchos aos de preparacin antes de decretar la libertad de sus esclavos. Dio el primer paso en esta carrera el 15 de mayo de 1823, y trabajando continuamente en este asunto, no promulg hasta agosto de 1833 la ley en que, sometiendo desde entonces todos los esclavos a un sistema de aprendizaje de siete aos, les reserv la libertad para el de 1840. Vase aqu como Inglaterra no procedi a la ligera en asunto de tanta gravedad, pues que de mayo de 1823 a 1840, en que deba cesar la esclavitud en sus colonias, corrieron 17 aos, y si bien sus negros alcanzaron la libertad antes de ese ltimo ao, fue porque los colonos tuvieron por conveniente acelerar el plazo que se les haba concedido. En Francia deben distinguirse dos perodos: el de la revolucin del siglo pasado, y el del reinado de Luis Felipe hasta la repblica, en 1848. La Asamblea constituyente, congregada en 1789, en nada toc a la esclavitud de las colonias francesas; pero salieron de su seno las primeras chispas del incendio que devor a Santo Domingo; pues, proclamando la igualdad poltica entre los blancos y los libres de color, hijos de padre y madre tambin libres, ensangrentose aquella regin. Esta medida, y los manejos criminales de algunos franceses que no por haber nacido de cierto fanatismo poltico, dejan de merecer ese nombre, agravaron la situacin de aquella infeliz Antilla; y para colmar su infortunio, la Convencin sancion por aclamacin el terrible decreto de 4 de febrero de 1794, en que declar libres y ciudadanos a todos los esclavos de las colonias francesas. En la memorable sesin celebrada en aquel da, infausto para ellas, el sanguinario Danton exclam en su frenes: Hoy

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OBRAS 344\ 344\ 344\ 344\ 344\ ha muerto el ingls ; pero el ingls no muri: Danton expir en la guillotina, y Francia perdi a Santo Domingo, su colonia ms preciosa. Escaparon de la tormenta, aunque con angustias y zozobras, la Martinica, porque cay en poder de Inglaterra, que la retuvo hasta la paz de Amiens, en 1802, y las lejanas islas de Francia y de Borbon, que ni publicaron aquel decreto, ni permitieron desembarcar en sus playas a los agentes de la Convencin que lo llevaban, ni tampoco reconocieron el feroz gobierno de aquella poca. No fue sta la suerte de la Guadalupe: all corrieron arroyos de sangre entre los blancos, ingleses y franceses, y los negros libres y esclavos. Devastada la colonia, no haba ya casi labradores, ni haciendas que cultivar, y amenazados del hambre, sus habitantes armaron corsarios para salir a robar en el mar el alimento que la tierra les negaba. En tan calamitosas circunstancias, Hugus, agente de la Convencin en aquella isla, no queriendo publicar la Constitucin de la repblica, escribi el 9 de agosto de 1796 al Ministro de las Colonias una carta dolorosa en que se leen estas palabras: ...“Quin podr contener a 90 000 individuos fuertes y robustos, irritados por largas desgracias? Quin impedir los funestos efectos de la ignorancia y del embrutecimiento en que los ha hundido la esclavitud? Sern 3 000 personas de las que, 2 000 detestan tanto el orden de cosas como el gobierno republicano? La Constitucin, lejos de ser un beneficio para la colonia, ser su prdida... slo por grados es como puede llevarse a estos desgraciados al estado a que el Gobierno quiere llamarlos ”. Estas ltimas palabras son una leccin elocuente y terrible que nunca debieran olvidar los presuntos reformadores que, en su delirio, pretenden curar en un da las dolencias de la humanidad. La mano fuerte de Napolen, empuando las riendas del gobierno, restableci en todas las colonias francesas no slo la esclavitud, sino el comercio de esclavos: y con esta medida se cerr la primera poca de emancipacin en Francia. Vengamos a la segunda. Sin tomar en cuenta las leyes preparatorias que para llegar gradualmente a la extincin de la esclavitud se promulgaron desde 1830, un miembro de la Cmara de diputados present a sta en 10 de febrero de 1838, un proyecto de abolicin parcial que combatido por el gobierno, no surti el efecto que su autor y otros diputados deseaban. El 26 de mayo de 1840 nombrose una comisin compuesta por cuatro pares, ocho diputados y cinco individuos no pertenecientes a ninguna de esas cmaras. Esta comisin present al gobierno en marzo de 1843 un clebre informe, redactado por su digno presidente. Dividironse los pareceres, y formalizronse dos votos, uno de la mayora y otro de la minora. Aqulla propuso que se sometiesen los esclavos, durante diez aos, a un sistema de aprendizaje, y que vencido este plazo, todos quedasen libres

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JOS ANTONIO SACO /345 /345 /345 /345 /345 desde el 1 de enero de 1853. El voto de la minora era que se entrase inmediatamente en la abolicin gradual, sealando para concluirla el trmino de 20 aos. Este breve relato manifiesta que, tanto en un caso como en otro, se conceda un largo plazo para extinguir la esclavitud. Pero antes de convertirse en ley esos proyectos, vino la repblica en 1848, y, fiel hasta cierto punto a sus violentas tradiciones, declar de un golpe la libertad de los esclavos por el decreto de 27 de abril de aquel ao. Conmovironse las colonias. En la Martinica hubo asomadas, sangre, muertes e incendios. Horrores semejantes repitironse en Guadalupe en el 49 y 50; y a tal extremo llegaron los males en la Guayana, que algunos de sus principales habitantes propusieron la cesin de la colonia a los Estados Unidos. Suecia, a pesar de que slo tena el cortsimo nmero de 531 esclavos en su nica colonia de San Bartolom, no los libert simultneamente, pues, habiendo manifestado el rey a los Estados, en 1844, que crea llegada la oportunidad de abolir la esclavitud, la legislatura de 1846 vot la cantidad anual de 50 000 francos para que el gobierno fuese libertando paulatinamente a los esclavos. Dinamarca inici esta obra por un rescripto real de 22 de noviembre de 1834, y sin detenerme en todos los pasos que dio hasta el logro final de sus deseos, lleguemos a 1846, en que, a consecuencia de una proposicin hecha por un diputado a los Estados, viose obligado el gobierno a presentar un proyecto de ley para la completa emancipacin. El 28 de julio de 1847 publicose un decreto en que, declarndose libres a los nacidos desde ese da, abolase tambin la esclavitud, pero no inmediatamente, sino despus de 12 aos. Las turbulencias de las Antillas francesas en 1848, excitaron a los negros de las dinamarquesas, y ponindose en abierta insurreccin, fue preciso darles la libertad, despus de haberse derramado mucha sangre. Hasta 1853 no entr Holanda en el movimiento abolicionista. En dicho ao se nombr una comisin para entender del asunto, y desde entonces a 1855 presentronse 39 proyectos, siete para las Antillas y 32 para Surinam, situado entre la Guayana francesa e inglesa. Examinados detenidamente, extendironse dos informes, uno para esa colonia en agosto de 1855, y otro para las Antillas en mayo de 1856, y de ellos result un proyecto de ley que fue presentado a la segunda Cmara de los Estados Generales el 24 de septiembre de 1857. Pero Holanda, no satisfecha todava, retir aquel proyecto para modificarlo de nuevo, transformndolo en otro que fue sometido a las Cmaras en 25 de octubre de 1858, el cual no se convirti en ley sino despus de haber pasado algunos aos. Y cuando todas las metrpolis que nos han precedido en la carrera de la abolicin han marchado con tanta lentitud y circunspeccin, pre-

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OBRAS 346\ 346\ 346\ 346\ 346\ tenderemos nosotros resolver en un da la gravsima cuestin que envuelve, no ya la prosperidad de Cuba, sino su misma existencia? A diferencia de los colonos ingleses y franceses que opusieron a sus metrpolis la ms tenaz resistencia, Cuba est dispuesta a entrar en la nueva senda, con tal que no sea para arruinarla. Estos nobles sentimientos honran al pueblo cubano, y as por ellos como por un principio de rigurosa justicia, orsela debe en asunto de tan gran trascendencia. Y al decir que orsela debe, no aludo ni remotamente a pedir que vengan diputados por Cuba a las Cortes espaolas.1Cuando el Gobierno ingls trat de abolir la esclavitud en sus colonias, recomend a las legislaturas de stas que se ocupasen en resolver esa cuestin; pero las colonias, en vez de secundar los deseos de su metrpoli, pusironse con ella casi en rebelin; y entonces, y slo entonces, fue cuando el gobierno y el Parlamento, usando de su alta potestad legislativa, procedieron con total independencia de las legislaturas coloniales. Cuba no se halla en este caso; y si tuviese la legislatura por que incesantemente he clamado toda mi vida, a ella debera someterse el asunto de que se trata, y seguro estoy de que lo resolvera satisfactoriamente; pero como de legislatura especial carece, preciso es consultar para el acierto a todas las corporaciones principales de la Isla y a las personas influyentes que la habitan. A m me parece que, sin la ms leve perturbacin, sin perjudicar a los propietarios, y sin contraer emprstitos, yo pudiera elaborar y presentar a Cuba un plan de emancipacin muy sencillo, muy poco costoso, y por lo mismo, muy practicable. Este plan no podr manumitir todos los esclavos ni en cuatro ni en seis aos. Tampoco sealar tiempo ni da fijo en que se llegue a la total desaparicin de la esclavitud, no slo porque es aventurado y peligroso presentar a los esclavos la libertad en perspectiva, prometindosela a determinado da, sino porque, contndose solamente con recursos eventuales para indemnizar a los amos, el plazo final de la esclavitud necesariamente ha de prolongarse o acortarse, segn que aqullos disminuyan o aumenten. Aunque empleo frecuentemente en este papel las palabras abolicin emancipacin libertad de los esclavos, quisiera que, al tratarse de esta 1En el Voto particular que en calidad de comisionado por Cuba, present el 29 de marzo de 1867 a la Junta de Informacin reunida entonces en Madrid para tratar de varios asuntos de Ultramar, expuse las muchas y slidas razones que tengo para no admitir diputados a Cortes por aquellas provincias. Ese Voto sin saberlo yo, imprimiose en Nueva York con otros documentos relativos a dicha Junta, formando todo un grueso volumen, que un amigo ha tenido la bondad de prestarme, y en el cual he visto con dolor que mi Voto est plagado de errores. Para limpiarlo de ellos, forzoso me ser reimprimirlo, acompandolo de varios apndices interesantes, y uno de ellos contendr la refutacin completa de todas las objeciones que le ha hecho un cubano a quien aprecio.

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JOS ANTONIO SACO /347 /347 /347 /347 /347 materia, se usasen lo menos posible, o que se proscribieran del todo, pues ms sirven para alarmar, que para resolver la cuestin. Proclamar la libertad de los esclavos antes de que llegue la hora de drsela, es arrojar una tea incendiaria en la sociedad cubana, porque se despiertan deseos que, no pudiendo realizarse de pronto, incitan a los esclavos a sediciones y levantamientos. Si ellos pueden llegar a ser libres sin que se empleen esas palabras, qu necesidad hay de estarlas repitiendo, cuando su sonido puede ser fatal, no slo a los amos sino tambin a ellos mismos? Aconseja, pues, la prudencia que apliquemos otras voces que, no estando expuestas a esos peligros, dan el mismo resultado. Recuerdo que cuando el 15 de mayo de 1823 se hizo en el Parlamento britnico por Mr. Buxton la primera mocin para que se tratase de la libertad de los esclavos en las colonias inglesas, el clebre Canning, acogiendo esa mocin a nombre del gobierno, propuso que se suprimiese la palabra libertad y que en su lugar se dijese: Es conveniente adoptar medidas decisivas y eficaces para mejorar la condicin de la poblacin esclava en los pases de la dominacin de S.M. Este lenguaje circunspecto de Canning es ms necesario en Cuba que en las colonias inglesas, porque Inglaterra estaba en mejor aptitud que lo est hoy Espaa para reprimir cualquier tentativa de los esclavos y remediar los males que pudieran nacer. No olvidemos que en ese mismo ao estallaron sediciones en la Guayana y en Jamaica, y que fueron producidas por ciertos debates acalorados y por las indiscretas predicaciones del clero protestante, que desde el plpito ensalzaba los beneficios que el Parlamento y el Rey se proponan conceder a los esclavos. En este punto debemos ser muy sobrios de palabras, pues lo que importa es ejecutar mucho y hablar lo menos posible. Fundado en estas consideraciones, excluir del plan que me propongo bosquejar esas voces mal sonantes en Cuba, y aunque pudiera sustituirles la palabra manumisin derivada del latn, muy pocas veces la emplear; dando al referido plan el ttulo de Proyecto para transformar en Cuba el trabajo rstico y urbano Al emitir estas ideas, no faltarn algunos que me tachen de exagerado y aun de ridculo; pero el hombre reflexivo, que conoce la influencia de los nombres en las cosas, sabr apreciar la importancia de mi reserva. Aqu pudiera concluir este artculo; pero fltame todava que tocar un punto en que van envueltos los ms grandes intereses de Espaa. Lanzada sta en el inmenso pilago de la revolucin, nadie es capaz de pronosticar cules sern sus vicisitudes, ni su final desenlace. De los hombres que hoy ocupan el poder, nada temo por la suerte de Cuba, pero, aunque improbable, no es absolutamente imposible que los destinos de la nacin caigan en manos de algn partido violento que comprometa la existencia de Cuba. Contra tan peligrosa eventualidad debo es-

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OBRAS 348\ 348\ 348\ 348\ 348\ forzar desde ahora mi ya apagada voz, para hacer a Espaa el ms eminente servicio, dicindole una terrible verdad. Antes de hundirse el trono de Isabel II y a los cuatro das del pronunciamiento de la marina espaola en las aguas de Cdiz, tuve una entrevista en Pars con un ilustre personaje poltico de muy poderosa influencia en el partido progresista; y como el principal objeto de ella era hablarle de la esclavitud de Cuba, tuve el gusto de encontrarme en todo conforme con sus ideas. As fue que, no habiendo necesidad de entrar en largas explicaciones, expsele brevemente los poderosos obstculos que impiden una abolicin repentina, y al concluir, djele las siguientes palabras: “Si algn gobierno en Espaa, de cualquiera naturaleza que sea, osare lanzar un decreto aboliendo de un golpe la esclavitud, creo que ningn capitn general le dar cumplimiento; pero si intentase ejecutarlo, estoy convencido de que entonces, uniformada la opinin por la comunidad de intereses, los peninsulares unidos a los cubanos lo resistiran, pudiendo llegar hasta la independencia u otra cosa”. No pronunci estas palabras como arma de intimidacin, sino tan slo como un aviso de lo que sucedera, fundndome en un precedente de aos anteriores. En una Memoria titulada La supresin del trfico de esclavos africanos en la isla de Cuba examinada con relacin a su agricultura y a su seguridad que publiqu en Pars a principios de 1845, y que se halla reimpresa en el tomo II de la Coleccin de mis obras, lese a la pgina 144 lo que ahora transcribo. “La continuacin de la trata es un proceso criminal abierto contra Cuba. Hasta ahora, Inglaterra slo ha desempeado el oficio de fiscal; pero de un da a otro puede revestirse del carcter de juez, y juez inexorable. De esta transformacin ya vimos una sombra en los memorables acontecimientos de 1840. En 25 de mayo de aquel ao, el gabinete ingls mand a su embajador en Madrid que pasase al Gobierno espaol una nota, pidindole que ampliara las facultades de la comisin mixta residente en La Habana, para que procediese a la pesquisa y libertad de todos los negros introducidos en Cuba desde el 30 de octubre de 1820. Igual instancia renov en 17 de diciembre del mismo ao; y en 20 de enero de 1841 contest el gobierno de Madrid que, siendo el asunto de muy grave naturaleza, deba or, antes de resolverlo, a las autoridades de Cuba. Estas ocurrencias causaron en La Habana una sensacin profunda; y como no hay cosa que rena ms las opiniones que la identidad de intereses, los blancos todos, de aquende y allende el mar, formando una masa compacta, no slo se opusieron a las pretensiones britnicas, sino que entre los mismos peninsulares hubo algunos muy influyentes y acaudalados que concibieron el proyecto de emancipar a Cuba, si la metrpoli asenta a los deseos del ingls. Cumple a mi propsito transcribir aqu las notables palabras de un Ayuntamiento tan fiel

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JOS ANTONIO SACO /349 /349 /349 /349 /349 como el de La Habana, en la representacin que elev al Gobierno Supremo en aquellas crticas circunstancias. Helas aqu: ”‘Esa dependencia ser perpetua, si se conservan los elementos de orden, que por fortuna existen en la inviolabilidad de las propiedades; ser perpetua, cuando el Gobierno ilustrado de Espaa extienda su mano protectora a este pas; y si sus habitantes han sabido resistir al ejemplo, y aun a las sugestiones de otros puntos de Amrica; si han sabido, en defensa del Gobierno, derramar su sangre, e invertir cuantiosas sumas de pesos, no slo en Europa, sino en las vecinas provincias de los que antes eran sus hermanos, no podr haber temor alguno de que desmientan su acrisolada fidelidad sino en el caso, imposible en justicia de que hayan de ceder a la imperiosa ley de su propia conservacin’ ”. Los dos prrafos anteriores no necesitan de comentario, y lo que 23 aos ha se intent hacer en circunstancias menos graves, hoy no dejara de ejecutarse en situacin mucho ms crtica. Es necesario y urgente disipar ilusiones y sacar a ciertos hombres de Espaa del lamentable error en que estn, figurndose que Cuba tendera sumisa el cuello a un decreto exterminador. Ilusin es tambin pensar que, si ella lo resistiese, correra suerte igual a la de Santo Domingo. Enganse tales hombres, y deben tener entendido desde ahora, que, si tan terribles momentos llegasen, Cuba se perdera pero no para ella sino para su metrpoli Un movimiento en Cuba es peligroso cuando los blancos estn divididos; pero cuando todos marchen acordes a un mismo fin, entonces, no hay que temer. Entre Cuba y Santo Domingo francs no cabe comparacin, pues mientras ste contaba casi 500 000 esclavos, y slo 30 000 blancos, Cuba puede contraponer a sus 350 000 esclavos ms de 800 000 blancos, que ya bastante fuertes por su nmero, sonlo ms todava por su influencia poltica y social. Al brbaro decreto de la Convencin resistieron enrgicamente las islas de Francia o Mauricio y Borbon; y, no obstante que sta tena 45 000 negros para 16 000 blancos, y aqulla apenas 6 000 de stos para 53 000 esclavos, esas dos islas se salvaron sin revoluciones ni sangre. Si Santo Domingo nos da una leccin de dolor, Mauricio y Borbon nos dan otra de consuelo; y los que estudien aqulla, menester es que tambin aprendan sta. Pero an hay para Espaa otro peligro ms formidable que la resistencia hecha por Cuba sola. Un decreto semejante al de la Convencin francesa pudiera tambin poner a esa colonia en la terrible alternativa, o de perecer, o de acogerse a la sombra de algn pabelln vecino. Mucho pudiera decir sobre materia tan grave; pero las delicadas circunstancias en que escribo este papel y los vitales intereses de mi patria, me imponen por ahora el ms discreto silencio.

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OBRAS 350\ 350\ 350\ 350\ 350\ Pars en el boulevart-Saint-Michel, nmero 127, a 2 de noviembre de 1868.—JOS ANTONIO SACO. Pars, diciembre 22 de 1868 Seor don Miguel de Almagro Mi querido amigo: al despedirme de V. para buscar en un clima ms templado que el de Pars algn alivio a los graves males que me aquejan, desea V. que le manifieste francamente mi opinin sobre un punto, que en su concepto, y tambin en el mo, es de importancia vital para Cuba, nuestra patria. Pregntame V. si a la futura felicidad de sta conviene, que en la Constitucin poltica que con intervencin de sus representantes se le ha de dar en las prximas Cortes constituyentes, se establezca la asimilacin entre Cuba y su metrpoli, enviando aqulla diputados a sta como se hizo bajo la Constitucin de 1812 y del Estatuto Real otorgado por la Corona en 1834. La opinin que siempre he tenido y que pblicamente he sustentado en muchos de mis escritos desde 1835, la que tengo hoy, y la que siempre tendr hasta el ltimo instante de mi vida, es, que la diputacin a Cortes por Cuba sea cual fuere el talento y patriotismo de los diputados nombrados, es incapaz de satisfacer a las muchas e imperiosas necesidades polticas, econmicas, morales y sociales de aquella Isla, pues los obstculos que sus dignos representantes encontrarn en el desempeo de su misin, son tan superiores a todos sus esfuerzos, que necesariamente se estrellarn ante una situacin invencible. Mi conviccin es tan profunda en este punto, que si Cuba toda desde la punta de Mais hasta el cabo de San Antonio pidiese diputados a Cortes para asimilarse a Espaa, yo me quedaria solo y firmemente me opondra a semejante pretensin. Ignoro, caro amigo, cul ser la futura constitucin que las proximas Cortes constituyentes otorgarn a nuestra Antilla; pero si desgraciadamente vinisemos a caer en ese sistema de asimilacin, desde ahora pronostico, que no pasarn dos diputaciones sin que Cuba se desengae y arrepienta de haber pedido diputados que la representen en los congresos nacionales. Una legislatura cubana sin el apndice de diputados a Cortes, revestida de amplias atribuciones, a cuya sombra prosperen y se consoliden los mutuos intereses de la madre y de la hija: he aqu la nica institucin que puede asegurar el reposo y ventura de nuestra patria, y la nica, y slo la nica, que dndole completa libertad, har duradera la cordial unin entre Cuba y Espaa. Al apartarme de V., y quiz para nunca ms verle, reciba un tierno abrazo de su affmo. y constante amigo. JOS ANTONIO SACO

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APNDICE APNDICE APNDICE APNDICE APNDICEConvocatoria de los padres Gernimos, gobernadores de las Indias, a los procuradores de las villas de la Espaola, para la eleccin del procurador en corte Ms. Simancas (Muoz. Colecc. tomo 76, B. H.)En 1518, los Gernimos, gobernadores de la Espaola, hacen llamamiento general, a pedimento de la tierra, y acuden procuradores de todas las ciudades y villas, que son: ciudad de Santo Domingo, dem de la Concepcin, villa de Santiago, Bonao, Buenaventura, Puerto de Plata, Compostela de Aza, Santa Mara del Puerto de la Yaguana, Salvalen de Higey, Puerto Real y Lares, San Juan de la Maguana (de sta era procurador Juan Pizarro), y Salvatierra de la Zabana, a fin de nombrar procurador, que en nombre de la Isla vaya a la corte a besar las manos a S.M. ahora que es venido a Castilla y dar la obediencia: a pedir confirmacin de las mercedes y privilegios que el Rey Catlico concedi a la Isla; y dems cosas convenientes al bien de la Repblica. Empiezan las Juntas de Procuradores con licencia de los Gernimos en el monasterio de San Francisco en 20 de abril. Tratan lo que les conviene, precediendo juramente de ellos y del Escribano, que guardarn secreto. Resmense representar a los Gernimos en los captulos siguientes, porque provean: 1o Que los Vistadores de Sus Paternidades sobre el tratamiento y enseamiento de indios hagan pesquisa con los vecinos comarcanos y no tomen juramento a los estancieros, mineros y porqueros, porque juran falso, y no consta la verdad. 2o Que no vayan los naborias a los pueblos, y de los indios de un cacique queden a los vecinos para sus haciendas la cuarta. 4o Que los indios de las Perlas, que sirven de esclavos a otros indios, se permitan traer como antes, y sirvan a cristianos. 5o Tasa en derechos de escribanos, alguaciles. 7o Los indios que se quitaron a los que no residan en esta Isla se repartan en personas que han de permanecer en la tierra; pues por fal-

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OBRAS 352\ 352\ 352\ 352\ 352\ ta de stos los pueblos estn perdidos, despoblados... y destnese parte para reparar los caminos, que tienen mucha necesidad. 11 Qutese la imposicin de las cdulas para coger oro, que es motivo que ya dejen de cogerlo mucho, y que el Contador no lleve nada por registrarlo. 12 Licencia general para que de todos los pueblos de esta Isla, puedan ir y venir a las otras islas a contratar y cobrar sus deudas. 16 Que vaya un Procurador por la Isla a dar la obediencia al Rey, pedir conformacin de privilegios, y otros nuevos, atento la probreza de la Isla. Y que no vayan a Castilla los derechos de fundidor, que es gran imposicin. Luego trataron si convendra pedir Gobernador perpetuo, y hubo variedad en la votacin. En 26 de abril, juntos en la Casa de Contratacin, do posaban los Gernimos, les piden que les den ciertos captulos, ordenados por el Cabildo de la ciudad de Santo Domingo para el bien de la Isla, los cuales llev a Castilla el Procurador en corte Juan Carrillo; y nada se sabe del efecto, porque nadie sabe, y todos estn muy resabiados. Mientras esperan venga el Procurador de la ciudad de Concepcin, tratan de lo que dar cada pueblo para el Procurador y Diputados. Un Procurador y el Escribano hicieron este reparto de 600 pesos entre los 12 pueblos:Santo Domingo..202Buenaventura ....72Salvalen ................20 Concepcin ............65San Juan............. 23Puerto Real ...........33 Santiago ................75 Puerto Plata.......20Sta. Ma. del Pto....24 El Bonao ...............30 Aza ....................28 Salvatierra .............10Sucede luego que el regimiento de Santo Domingo, mandado por Pasamonte, Tesorero y Regidor, quita el poder de Procurador a Lope de Bardeci, y lo da al bachiller Juan Roldn, su paniaguado. Los dems Procuradores se oponen a recibirle en las Juntas. Los Gernimos, por otra parte, mandan que se junten ante ellos, y nombran al licenciado Lebrn por letrado que les aconseje. Ya se juntan con los Gernimos: viene Juan de Villoria, procurador de la Concepcin, y presenta un requerimiento para que no se nombre, ni vaya Procurador a corte, 1 porque le hay,1 y est all tambin el P Fr. Bernardino con poderes; est el Almirante, y todos es regular hayan pedido cosas en bien de esta Isla, y el P Casas contra ella; y es bien suspender hasta saber de todo. 2 Para dar la obediencia al Rey habr 1ralo Juan Carrillo Mesa; pero fue enviado por slo la ciudad de Santo Domingo, si bien a nombre de la Isla, de lo que se resienten los dems Procuradores. (Nota de Muoz.)

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JOS ANTONIO SACO /353 /353 /353 /353 /353 ao y medio se ofreci por Procurador a su corte Cristbal de Tapia Tudor, y no quisieron Sus Paternidades: ahora ya los dichos habrn dado la obediencia y no es mejor vaya nadie. Litgase sobre esto, y le reducen al parecer comn, que se elija Procurador a corte. Votan, y sale con algunos votos Lope de Bardeci y con el mayor nmero el licenciado Luis Vzquez de Aylln, quien queda elegido. Acepta en 22 de mayo. Siguen los poderes de las villas y ciudades a sus Procuradores. Siguen autos sobre la revocacin del poder de Bardeci y nombramiento de Roldn. Eran alcaldes Diego de Alvarado y Cristbal de Santa Clara; regidores Pasamonte, Ampis y Francisco de Tapia Alcaide. La causa de no querer por Procurador a Barbeci, era porque no fuese elegido para ir a la corte. Quera Pasamonte y dems oficiales y jueces que fuese uno de su faccin. Ya logramos fuese nombrado Aylln. Pero le recusan algunos Procuradores, y presentan requerimientos ante los Gernimos y peticiones ante Zuazo, donde expone no convenir vaya quien sea o haya sido oficial o juez, los cuales tienen a 200 indios, y ser necesario pedir al Rey que no consienta repartimientos arriba de 80 indios, porque haya para ms vecinos. Se aade que Aylln fue elegido contra el mandato de los Gernimos; que no se nombrase oficial ni juez: que Aylln est acusado de graves delitos, en la residencia que est pendiente, as del cargo de Juez de apelacin, como de Alcalde mayor de la Concepcin. Que deba ir Bardeci elegido por la parte ms sana de los Procuradores. Pide Zuazo se le pase todo lo actuado en la Junta de Procuradores; remtelo el Escribano. Y con estas declaraciones se molesta a todos y nada se efecta. Al cabo toma los autos Zuazo, y se los retiene, contra la voluntad de los Procuradores, o parte de ellos. stos se quejan a S.M., quien en Zaragoza a 24 de septiembre de 1518 da cdula contra Zuazo, mostrndose descredo de la retencin de autos, y que los entregue a los oficiales (sin duda Pasamonte hizo esto) para que stos se los remitan con los captulos que haba de pedir el Procurador. Presentose a Zuazo esta cdula en 4 de mayo de 1519: la obedeci y cumpli. Entregronse, pues, a los oficiales Pasamonte, Alonso Dvila, Juan de Ampis; y stos las envan a S.M. Recibironse en Barcelona, ao de 19, segn est apuntado en la cubierta. Al fin de estos autos van los captulos que cada pueblo dio a su Procurador, para que el nombrado Procurador de Cortes pidiese. Son: De Santo Domingo —Confirmacin de privilegios. —No sea perpetuo el Gobernador. —Vuelva la Audiencia Real, y no haya ms jurisdiccin que la del Rey; qutese la del Almirante.—General libertad de comercio en todos los puertos de Espaa e Indias, aun a extranjeros pagando sus derechos. —No se arriende el almorjarifazgo por las ve-

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OBRAS 354\ 354\ 354\ 354\ 354\ jaciones en avaluar de los almojarifes.—Franqueza a cualquier que venga a poblar en cuanto trajere para su casa.—Hgase moneda del oro de esta Isla en ella, pues ahora, siendo de ms quilates que el de San Juan y Cuba, todo vale a un precio.—Licencia para traer por entero los caribes de Tierra Firme y por naborias los yucayos, gigantes y otras islas intiles.—Licencia para traer de Tierra Firma para esclavos los que all lo son de otros indios.—Licencia general para traer negros bozales, francos de todos derechos.—Vengan los Obispos de esta Isla a residir en ella.—Suban el oro a su valor y ms, como en Canarias, que la moneda vale ms que en Castilla: subiendo la moneda se evitar el sacarse todo el oro que anualmente se coge en la Isla: 130 000 pesos suelen cogerse, y otro tanto sale, segn se ve en los registros: todo mercader compra oro.—Sean perpetuos los repartimientos: residan los indios en las estancias de los cristianos.—Sean francos de derechos los frutos de esta Isla, as al salir de aqu, como al entrar en Espaa.—Permtase a todo extranjero avecindarse, excepto ginoveses y franceses.—Bajen el derecho del oro.—Franqueza en la sal.—Bjense los derechos de fundidor. —No se pague por las licencias de sacar oro.—Merced de la escobilla y relaves para los hospitales.—Tierra para propios.—Limosnas para iglesias.—Bjense los derechos de los clrigos por enterramientos, &c.—No tenga indios ningn ausente, ni Gobernador, ni Oficiales, ni sus familiares, salvo si fuese vecino para permanecer, y casado.—Tmese residencia al Gobernador cada tres aos, y vistese la Audiencia.—Ninguno de ellos tenga parte en las armadas para traer indios.—Oblguese todo vecino casado a traer su mujer.—Tasa en los derechos de escribanos, alguaciles, carceleros.—Haya Juez Superior de lo eclesistico en la Isla, que es gran trabajo apelar a Espaa.—Pregnense franquezas y mercedes a los que vinieren a poblar, y permanecieren siquiera los cinco aos de vecindad; y premios a quien invente nuevas granjeras como pan, vino, seda, de que se hace experiencia por SS.AA.—Socorra S.A. esta Isla con 1 000 negros al fiado.—Libertad de salir de esta Isla a otras, o a Espaa.— Libertad de juntarse los Procuradores de la Isla, sin intervencin de Gobernador ni Audiencia .—No enajene S.A. esta Isla, ni parte de ella.—Cada pueblo elija anualmente su alguacil y fiel.—No se hagan ms mercedes de escribanas, que sobran las que hay para perdernos en pleitos y revueltas.—Franqueza de derechos en cuanto se pase de unas a otras islas.—Asintese con los Obispos que el diezmo de azcares sea 1 de 50. Sigue un memorial a los Gernimos, donde proponen la mayor parte de las peticiones que anteceden, y les suplican las provean, y luego den cuenta a S.A., porque as conviene al presente estado de la Isla, pobre y con poqusima poblacin, as de indios como de espaoles, perdida con

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JOS ANTONIO SACO /355 /355 /355 /355 /355 las galas y trajes excesivos, de que piden moderacin, agobiada con los derechos excesivos de jueces, escribanos, etc. Sus iglesias, las ms de paja, habiendo el Rey Catlico concedido los diezmos desde 1508 hasta la venida de los Obispos, para que con eso se labrasen de piedra. Pdase cuenta de este caudal, y modrense los exorbitantes derechos de los eclesisticos, siquiera que no sea ms del doble que en Castilla. Que no haya sino un gobernador por cabeza, y si Audiencia se pone, sea tambin cabeza de ella el Gobernador, y tenga facultad para ejecutar lo que viere conviene, sin esperar respuesta de Castilla, de do no puede bien proveerse cosa, pues cuando viene la provisin ya es diversa la necesidad. Provea el Gobernador, y despus d relacin. La experiencia ha mostrado que siempre que la Isla se ha gobernado por uno, ha estado prspera, y cuando por votos de muchos, todo han sido bandos, en ruina della. Que hasta dos aos hubo junta de procuradores en esta Isla; se envi Procurador de Cortes, pero con captulos que pocos vieron, y guarda el tesorero Pasamonte; que se le manden entregar, y verse ha lo que dellos se pidi por intereses particulares, para quitarlo; y lo til al pro comn para repetirlo ahora. (Firman la ciudad de Santo Domingo, con muchos vecinos della, las villas de Aza y Salvalen, y varios vecinos de la Buenaventura.) Las peticiones de la villa de Salvalen son las siguientes: “Esta villa est al cabo de la Isla, do no hay minas; es tierra muy fragosa, y de pocos indios; est cercana de San Juan, a do algunos vecinos pasan ganados; dista mucho de las minas de S. Cristbal. Su iglesia es de paja. Que las penas de cmara sean para propios, y componer caminos y puentes; no se apremie a los vecinos a sacar oro con la 1/3 de indios, segn est mandado, o se permita que lo cojan en S. Juan y puedan pasar con indios que vuelvan”. (Firman cinco, que ser el Ayuntamiento.) Sigue un pliego de peticiones de la villa de Santiago. Principalmente tocan al remedio de lo eclesistico; empleo de los diezmos rezagados de 1509-12 en fbrica de catedrales y parroquiales. —Juez superior de los Provisores, etc. —Moderacin de derechos en sus Juzgados. —No se paguen los diezmos en dinero, como se hace, sino en frutos; y del algodn, caafstola y azcar sea 1/30 o 1/40: que en Canarias se paga del azcar 1/20. Y no se consientan diezmos personales como pretenden estos Obispos. En la parte de diezmos y derecho tocantes a fbrica, denlo a un mayordomo y haya limpieza. —No sean perpetuos los Regidores, que tiranizan la repblica.— Repartimientos sean perptuos. El mayor sea de 80 indios, y desde abajo, y reprtanse los quitados a ausentes. Todo encomendero resida personalmente en el pueblo a do toca el repartimiento. Las demoras que eran de nueve meses sean de seis.— Haya un visitador cadaero, nombrado por el Consejo de cada pueblo, para el

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OBRAS 356\ 356\ 356\ 356\ 356\ buen tratamiento de indios, y tmesele residencia. —Que S.A. arme contra caribes, y d licencia general para traer yucayos, etc. —Que Gobernadores y Jueces residan, no en Santo Domingo, que es cabo de la Isla, sino en la Concepcin, que est en comedio y comarca de todas las ciudades y villas. —Revquese la merced de escobilla hecha por el Rey Catlico con engao a ciertas personas, y hgase a los hospitales. Puerto Real y Lares —Entre otras peticiones: “Que pues estn fechos los pueblos para los indios, que el Obispo o S.A. tenga en cada un clrigo a su costa. Buenaventura —Inter alia. Que estn abiertas las fundiciones de la Vega y de la Buenaventura. San Juan de la Maguana nil novi. Aza Insisten mucho en que vaya a residir el Obispo de Santo Domingo y les ponga clrigo con teniente, que suplirn lo que de los diezmos falte para sostenerlo. Acuerdan la merced hecha al difunto obispo fray Garca de Padilla, de 17 000 pesos que se deban a S.A. de diezmos atrasados para hacer iglesias de piedra, etc. Por la proporcin de dicha villa para los ingenios de azcar, piden se les favorezca con negros, cobre, herramientas, etc., francos. Y que por diez aos no se obligue a los vecinos a tener cuadrillas en minas, si no quieren, y puedan atender a las granjeras de caafstola, azcar, vias, etc. Franquezas de comercio, libertad de descubrir, traer esclavos de islas intiles, etc.” (Es un lo en flio. Ciriza 5.)Carta de los Procuradores de la isla de Cuba al Emperador, fecha en Santiago a 17 de marzo de 1510. Ms. Archivo de Simancas. Cartas. 22.(Extracto de Muoz. Tomo 82. Coleccin B. H.) S.C.C.M. (Sacra Cesrea Catlica Mag.) —Los Procuradores de Santiago y otras villas de la isla Fernandina, hacemos saber cmo nos avemos juntado para le avisar de las cosas de que esta isla tiene mayor necesidad y para suplicar mande proveer en ellas... En esta isla nunca faltan indios malhechores... y esto es por el poco aparejo y posibilidad que hay para conquistarlos: y en los trminos de la villa de la Asuncin y confines a esta ciudad andan ms indios alzados que en otras partes, los que se hacen fuertes en la punta que dicen del Humaic; y por ser all la tierra muy fragosa no tienen temor de ser sojuzgados, y especialmente viendo, como ven y conocen, que ya somos pocos los hombres en esta isla de quien puedan temer. Y eso se platica y canta en los aretos, as dellos como de los otros que estn de paz, diciendo que ya no podemos durar mucho en esta tierra, porque no quedan en ella sino los enfermos y los que poco pueden.

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JOS ANTONIO SACO /357 /357 /357 /357 /357 Para platicar en el remedio desto avemos venido a esta ciudad en tiempo de fundicin sealado por V.M. para que los Procuradores de la isla vengan aqu y informen a V.M. del estado de la tierra; y a la sazn en que este navo est de partida no son an llegados todos los Procuradores, Bernardino de Quesada, procurador desta ciudad de Santiago, Juan de Cabaas y Manuel de Rojas, procuradores de las villas de Asuncin y San Salvador, por los dichos pueblos, en nombre de los otros Procuradores de la Isla, prestando voz y sancin por ellos, pedimos y requerimos al licenciado Bartolom Ortiz alcalde mayor, que con brevedad proveyere en el repartimiento que convena para la necesidad presente, la que llega ya a tal estado, que los vecinos de aquella villa de la Asuncin no osan salir a ver sus labranzas a media legua del pueblo si no van cinco o seis juntos. Para dar asiento en lo susodicho, se juntaron en casa del obispo D. Diego Sar miento el dicho Alcalde Mayor y los Alcaldes y Regidores y oficiales de V.M., y visto por ellos el estado de la tierra, fue acordado a nuestro pedimento que la sisa que estaba puesta en los mantenimientos con la licencia de V.M., no cesase... con protestacin que por nos, los Procuradores, se pida y suplique a V.M. que la sisa corra hasta sacar della otros 500 pesos, necesarios para asegurar la dicha villa y trminos desta ciudad, y en caso que toda la cantidad de 500 pesos no fuese mayor para lo susodicho, gastar lo que sobrase en el bastin que se hace en el puerto desta ciudad por mandado de V.M. Suplicamos sea servido de nos conceder esta merced. Manuel de Rojas dice que teniendo cargo de la gobernacin desta isla, hizo relacin a V.M. de la necesidad que haba de reducir a esclavos semejantes indios alzados, y que V.M. le mand responder que le enviara provisin acordada para ello, la cual, dice, que no vino. Ahora hay della mayor necesidad, porque los rancheadores con slo el salario que se les suele dar de la sisa, van de mala gana; a cuya causa las menos veces aciertan; y llevando sobrepuesto el inters de los tales indios esclavos, van de buena y hacen ms fruto. Suplicamos a V.M. sea servicio de nos mandar la dicha provisin. En todas las cosas de esta calidad, el obispo D. Diego Sarmiento ha mucho ayudado, animando los pueblos y gente, y prestando dineros. Segn va creciendo la malicia destos indios, tenemos temor, que podra participarse este dao entre los esclavos negros: lo que sera muy dificultoso; y para esto sera muy gran remedio que se trajesen esclavas negras, con las cuales ellos asegurarn mucho y sirven mejor. Suplicamos a V. M. mande proveer de manera que algunos se animen a contratar las dichas esclavas en esta Isla, pues nuestra posibilidad ya no llega a poder enviar persona ni dineros para que se entienda en ello, especial-

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OBRAS 358\ 358\ 358\ 358\ 358\ mente, despus que no pudimos o no supimos aprovechar nos de los 7 000 pesos de oro que V.M. nos mand prestar para esta contratacin. Lo susodicho es la mayor necesidad. Lo dems es hacer saber a V.M. cmo la isla se disminuye cada da en todas las cosas. Porque de las comarcas vienen tan buenas nuevas de tierras y riquezas, que todos los pobres, y aun los que ms pueden, se desean ir, y se van de la isla; y tambin porque no gozamos aqu de las mercedes que V.M. ha hecho en otras partes. La principal destas es el oro que se coge en las minas, de que pagamos el quinto, y en otras partes no se paga sino el dcimo. Suplicamos porque la tierra no se despueble. Asimismo, V.M. hace merced en la Espaola y Tierra Firme y otras partes del almojarifazgo que se suele llevar de los esclavos indios que se traen de unas partes a otras: y segn el poco servicio que ya tenemos de los indios naturales desta isla, hay mucha necesidad de nos socorrer de las comarcas. Los que en esto tratan no quieren venir por los derechos que les llevan. Suplicamos. V.M. ha mandado por su provisin general en todas estas partes, que los vecinos y moradores dellas que tuviesen indios de repartimientos, hagan casa de piedra, lo cual por la mayor parte no cabe ni se sufre en esta isla, porque ya las cosas della se apocan cada da. En esta ciudad de Santiago hay algunas casas de piedra que han hecho los que tuvieron ms posibilidades e otros que tuvieron menos, viendo el peligro que muchas veces hemos padecido del fuego, hicieron unas casas de madera y teja, a fuer de las Montaas y Vizcaya y cerradas de tablazn de palma, ques harto mejor y ms segura para el fuego que la tablazn con que se cierran las casas en las Montaas. Y desta manera de edificar creemos que en esta ciudad pocas personas dejarn de hacer las casas, habiendo para ello oficiales que basten, los cuales al presente no hay, y dndoles V.M. ms trmino, porque el tiempo de dos aos es muy breve. Suplicamos. (Provedo: “Se cumpla en esta ciudad, haciendo las casas de madera y teja, y se alargue el trmino por otros dos o tres aos”.) En las otras villas desta isla es ya tan poca la posibilidad de los vecinos, que si son apremiados a hacer casas de piedra ternn por mejor dejar los indios y la tierra, porque ya por la mayor parte los repartimientos de los indios son muy pequeos; y son muy pocos los vecinos en toda la tierra que tengan de 12 a 15 indios arriba. Otras algunas cosas haba que pedir; no hemos querido hablar ms de en aquellas ms forzosas y necesarias. Desta ciudad de Santiago de la Isla Fernandina, a 17 de marzo de 1540 aos.—S.C.C.M. Bernardino de Quesada.—Juan de Cabaas.—Manuel de Rojas.—Gonzalo Fernndez de Medina, escribano de S.M., da fe que dichos Procuradores tienen poder de dicha ciudad y villas para escribir a S.M. esta relacin.

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JOS ANTONIO SACO /359 /359 /359 /359 /359Peticiones al Emperador de los Procuradores de la villa Fernandina, acordadas en junta de ellos, celebrada en la ciudad de Santiago a 28 de abril de 1542. Ms. Arch. Sim. Cart. Leg. 31. (Col., t. 83, B.H.)Firman estas peticiones Gonzalo Fernndez, procurador de la ciudad de Santiago; Alonso de Aguilar, de la villa de Puerto del Prncipe, y Alonso Snchez del Corral, de la de Sancti Spritus, conforme a la Provisin Real que, en juntndose a tiempo de fundicin, diga lo que conviene, a S.M., y no habiendo venido en dos meses que esperan los Procuradores de las otras villas (Baracoa, Bayamo, Trinidad y La Habana) cumplen por s. La Isla, buena en espaoles naturales y negros, pero en gran necesidad: las minas muy flacas; los indios muy pocos. Mndese pagar lo cogido con indios al 1/10, lo con esclavos al 1/15, y se aprovecharn ellos y V.M. Aqu la principal finca son negros. Suplicamos licencia para que cada vecino pueda traer cuatro negras y negros, libres de todos derechos. Permtase que entren aqu indios esclavos sin pagar derechos, como en otras partes. La merced de las penas de comarca para componer caminos, feneci ha ocho aos. Desde entonces son impracticables los caminos de unas a otras villas, porque stas no tienen propios. Suplicamos contine dicha merced. Ac vienen poqusimos navos de Castilla. Solan venir de Canarias, y ahora dicen no tener licencia de V.M. As sucede en uno y en dos aos, no venir navo con mantenimiento, por lo que padecemos gran necesidad. Suplicamos se permita venir de Canarias a esta Isla. Para fundir el cobre, tenemos dos fundidores alemanes, y no bastan. Suplicamos vengan ms, que esto ser gran remedio para la Isla. El que tiene aqu cargo por Juan de Vega, fundidor mayor hasta ahora ha provedo de fundidor para el oro, y ninguno quiere servir por el poco salario que da; y as, no le hay ahora. Mndese lo haga y le den el salario competente. El convento de San Francisco desta se comenz hacer con limosna de V.M., de piedra de cantera: ya est a la mitad, y falta para continuar. No alcanzan las limosnas de los vecinos. Suplicamos contine V.M. sus socorros. En esta Isla la eleccin de alcaldes se haca primero por los regidores. Despus mand V.M. que los regidores eligiesen dos personas; los vecinos otras dos; el Alcalde Mayor otra; y los nombres de los cinco, puestos en cntaro, se sorteasen dos: y que el electo un ao no pudiese volver a serlo hasta pasar tres aos. Suplicamos no se obligue a estos huecos,

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OBRAS 360\ 360\ 360\ 360\ 360\ por falta de personas dignas. Ac en esta ciudad no hay ms de cinco o seis. Si alguno ha servido bien, que podamos reelegirle. De ver que todas las veces que desta ciudad se envi cuadrillas de espaoles en seguimiento de los indios alzados, jams se haba sacado buen fruto, antes, de cada da se hacan muchos daos y muertes de espaoles e negros; se acord en esta ciudad hacer otra experiencia; y fue, que puede haber un ao que se hizo una cuadrilla de hasta 24 indios, naturales de la Isla de los que estn en libertad, y algunos escogidos por buenos de algunos pueblos de los vecinos desta ciudad, a los cuales se les dio todo lo necesario para la guerra e seal partido que ganasen cada mes. stos fueron rastreando, e buscando la Isla, dieron en el rancho donde estaban acogidos, en unas speras sierras, todos los indios alzados, con los que tuvieron recia pelea, en la cual mataron 16 hombres e prendieron otros tantos hombres y mujeres, y otros se les fueron, e quemronles los ranchos. E all muri el capitn de esta cuadrilla, y l eligi otro, su pariente, el cual trajo a esta ciudad la presa, e se hizo justicia dellos. A todos los desta cuadrilla se les hizo mucha honra e pag muy bien su trabajo: de lo cual quedan muy contentos e con voluntad que siempre servirn a V.M. en esta ranchera. Conviene que esta cuadrilla ande siempre a ranchear. Mndelo as V.M., y durante este tributo, exmaseles del tributo de 3 pesos al ao impuesto a los indios libres. Con eso estar en quietud la Isla, y se excusarn muchos daos y muertos, Santiago, etc. Da fe que los dichos son tales Procuradores, el escribano Caldern.

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CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T AS DEL SEOR D. JOS ANTONIO SACO AS DEL SEOR D. JOS ANTONIO SACO AS DEL SEOR D. JOS ANTONIO SACO AS DEL SEOR D. JOS ANTONIO SACO AS DEL SEOR D. JOS ANTONIO SACO AL SEOR MARQUS DE MONTELOMadrid y enero 21 de 1837 Mi querido Pepe: (...) Las cosas de la Isla siguen en el mismo estado. Constitucin en la parte oriental, tirana en la occidental. Este gobierno cada da ms cruel y ms obstinado. A Tacn le han aprobado cuanto ha hecho, y Lorenzo es considerado como un revoltoso. Han nombrado para que le suceda (a Lorenzo), a un brigadier D. Toms Yarto, cuyo aspecto es feroz: basta decir que el gobierno le haba quitado el mando de la Mancha, y tambin el de un regimiento de la Guardia, de que era coronel; y esto nada ms que por ser enemigo de la Constitucin. Sin embargo, es muy bueno, segn el gobierno, para mandar en Santiago de Cuba. Si la Constitucin cae en Cuba, nos aguarda un triste porvenir. Se trata de declararnos colonia, pero ¡qu colonia, Pepe mo! No quieren que Cuba tenga diputados ni aun en estas Cortes. As es que mis poderes, que fueron presentados desde el 6 del corriente, y los de Armas desde el 9, duermen en la Comisin sin quererles dar curso, porque as lo ha dispuesto el gobierno y las Cortes, en una sesin secreta que al efecto tuvieron. He instado, he representado; pero nada, nada, nada. Despus te remitir un papelito que voy a imprimir. Puerto Rico sigue con su Constitucin; y como aqu no hay un Tacn enemigo de ella, veremos cmo se la quitan. (...) Las noticias de La Habana alcanzan hasta el 24 de noviembre. La expedicin contra Cuba no haba tenido efecto; y aun se dice que la poca tropa que haba salido, haba vuelto a La Habana. Madrid y Febrero 4 de 1837 Mi estimado Pepe: (...) Si Nicols Escovedo hubiese llegado ya a sa, dale en mi nombre un tierno abrazo y dile que tenga sta por suya, y que por ningn motivo

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OBRAS 362\ 362\ 362\ 362\ 362\ piense venir a Espaa, pues adems de los trabajos y peligros que correra en los caminos, el viaje sera intil. He aqu los motivos: El gobierno y las Cortes han determinado dejar a Cuba, Puerto Rico y Filipinas en clase de colonias. Por consiguiente, no quieren que haya diputados. Esto no lo han dicho pblicamente; pero lo s por lo que se habl en una sesin secreta de 16 del pasado. Si cabe en esto alguna duda, basta decir que mis poderes estn presentados desde el 6 de enero, y los de Armas desde el 9, y a pesar de nuestros reclamos, no slo no nos han respondido, pero ni siquiera dado lectura a nada de lo que se pide. Montalvo hizo renuncia desde el primero del corriente, acompaada de una representacin algo fuerte; pero como esta gente nos quiere matar con el silencio, todava no se han dignado de leer en las Cortes la tal renuncia, ni de hablar una sola palabra sobre ella. T no puedes figurarte la injusticia y el odio y el desprecio con que se trata a nuestro pas Si lo de Cuba se acaba, la tirana que all vamos a sufrir ser espantosa. Adems de lo que se dijo en la sesin secreta sobre los diputados de Cuba, se nombr una comisin que yo llamar inquisitorial para que se informase de las opiniones que profesan los diputados de nuestra Isla; y no falt quien dijese, apoyando las razones para su exclusin, que su entrada en el Congreso solamente servira para aumentar la discordia en aquellos pases, que empezaran a hacer reclamaciones que no podran menos de tener funesta trascendencia. Ha venido tambin en el ltimo correo de La Habana un informe de Tacn, en que dice que, a pesar de sus esfuerzos, el Ayuntamiento insurgente nombr unos diputados de la misma opinin, y que no deben mirarse sino como representantes de una faccin que gan las elecciones a fuerza de intrigas y manejos. En el entretanto, las bases o puntos de la reforma de la Constitucin estn discutidos y aprobados desde el mes de diciembre. En todo febrero y marzo quedar hecha la nueva Constitucin, y nosotros excluidos de representacin nacional, pues seremos declarados colonos. En vista de estos hechos, no sera locura que Escovedo pensase en venir a Espaa? Yo, lo que siento, aparte del chasco que me he llevado, es que no s por dnde salir, pues el nico agujero medio entreabierto que quedaba es la ruta de Valencia, y ya se est cerrando con la nube de facciosos y ladrones que lo cubren. En breve creo que no habr diligencias, pues en pocos das han quemado dos, y se llevan a los pasajeros descalzos y casi desnudos, y hacindoles pasar muchsimos tormentos, cuando no les quitan la vida. Se me olvidaba decirte que el general Lorenzo envi un oficial de su confianza con pliegos para este gobierno. Lo mismo hizo la Diputacin provincial y el Ayuntamiento de Cuba, pero valindose de otro conducto, cual es Porfirio Valiente, que fue colegial en La Habana; y uno de los

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JOS ANTONIO SACO /363 /363 /363 /363 /363 que desde el principio tomaron parte muy activa en mi eleccin. Al primero le mand salir el gobierno dentro de 12 horas, y ya se habr embarcado para Cuba. Al segundo, despus de haberle trado algunos das de Herodes a Pilatos, al fin le dijeron que ya el gobierno haba determinado lo que haba tenido por conveniente, y que as, su comisin estaba incluida, y tratase de marcharse a su pas.—El impreso que te envo es de l. Le cost 50 pesos. Paris y julio 29 de 1842 Mi querido Pepe: (...) En una carta que te escrib a principio de ao, te dije que haba mucho tiempo que no escriba ni una letra en la obra que proyectaba. Los motivos de esa conducta han cesado ya, y tengo la conviccin de que escriba yo o no escriba, hable o no hable, mis enemigos no se olvidarn de m. La persecucin tiene una memoria muy fiel. Un ao tras otro va pasando, y temo que me suceda como a aquel a quien sorprendi la muerte con la pieza de pao bajo del brazo, esperando la ltima moda. As, pues, en lo sucesivo no me cuidar de escribir por compromisos personales, pues creo que esta precaucin es intil. Hacerle bien a la patria ser mi nico objeto, o por lo menos el que nunca perder de vista; y cuando yo escriba lo que me dicte mi conciencia, nada me importa el juicio contrario que pueden formar muchos de los cubanos. Yo nunca he sacrificado mi opinin a la de ellos cuando la he considerado extraviada; y si hubo un tiempo en que sus censuras, aunque injustas, me fueron bien dolorosas, hoy, querido Pepe, hoy te aseguro que me son del todo indiferentes. A veces sucede que a fuerza de sentir, la sensibilidad llega a embotarse, y yo me hallo ya en este caso. Dejemos los sentimientos para las impresiones del honor, para las de la opinin justa y sensata, y demos al desprecio todo lo que no proceda de tan nobles principios. Llevado de estas ideas, he vuelto a mi obra, y hace dos meses que trabajo en ella; pero no podr publicarla hasta el ao que viene, y sin que vaya antes a Londres, que es donde nicamente puedo encontrar muchos datos que necesito.1 Tengo noticias muy preciosas, y aunque hace tiempo que se habla de trfico de esclavos, creo que mi trabajo ser nuevo. Ya sabrs la desgracia del duque de Orleans. Ha sido generalmente sentido, y su muerte ha revelado una verdad importante para el reposo del mundo. Esta verdad es, que la monarqua y la actual dinasta tienen en Francia ms races que lo que generalmente se crea. 1Se refiere a la Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das cuyo primer tomo se public en Pars, Tipografa Lahure, en 1875. (V. M. M.)

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OBRAS 364\ 364\ 364\ 364\ 364\AL SEOR D. ALEJANDRO OLIVANPara la inteligencia de la siguiente carta que escrib en septiembre de 1833, antes de mi salida de Cuba, importa saber, que siendo yo director de la Revista Bimestre Cubana que entonces se publicaba en La Habana, un caballero peninsular de claro entendimiento y vasta instruccin, que haba residido algunos aos en ella, me comunic un artculo interesante sobre la elaboracin de la azcar de caa. Dicho articulo no se imprimi en aquel peridico por haberlo retirado de la redaccin su mismo autor. Esto motiv la carta que entonces le escrib, y que ahora publico como muestra de los muchos sinsabores que me ocasion la direccin de aquella Revista ; cuyos artculos, es de advertir que nunca se firmaban por sus autores, pues todos eran annimos, y bajo la responsabilidad exclusiva del Director. Cafetal Angerona y noviembre 8 de 1833 Sr. D. Alejandro Olivan Mi estimado amigo: Me ha escrito Luz, manifestndome por encargo de Vd., el sentimiento que le han causado las alteraciones que hice al artculo de Vd. que se haba de imprimir en el nmero 9 de la Revista Bimestre Cubana Esta franqueza me obliga a referir a Vd. brevemente los motivos que me indujeron a poner la pluma sobre su papel. Tres, si mal no me acuerdo, son las alteraciones que han podido llamar la atencin de Vd.: la primera al principio del artculo en que se habla del gobierno, la segunda hacia el fin en que se elogia a uno de los jefes de la Isla; y la tercera, tambin al fin, en que se dice, que la Ctedra de Qumica que se ha de establecer en La Habana, reunir a los hijos de Cuba en torno de otro hijo suyo. La primera alteracin naci de una regla que me propuse seguir desde que me hice cargo de la Revista : ser neutral respecto del gobierno : ni elogiarle ni censurarle De esta manera, y solamente de esta manera, conoc que podra yo conservar el carcter de escritor imparcial; pues elogiar por una parte y callar por otra las faltas que puede cometer cualquier gobierno, es conducta que slo siguen las personas que escriben para agradar; mas, no para ser tiles. Vd. sabe muy bien, que la posicin en que se halla el redactor de un peridico, es muy diferente de la de otro individuo que no sigue tan comprometida carrera en Cuba. Aqul tiene que encontrarse a cada paso con las disposiciones del gobierno; y si quiere salir con honor, es preciso que guarde silencio, pues si se propasa a elogiarle justa o injustamente, ya da derecho al pblico para que le exija su opinin en aquellos asuntos que el mismo

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JOS ANTONIO SACO /365 /365 /365 /365 /365 pblico juzga dignos de censura; mas, el individuo que no es redactor, puede escribir sobre la materia que le parezca, puede elogiar en muchos casos con sobrada justicia, y guardando otra vez su pluma se liberta del compromiso en que pudiera hallarse si continuase con ella en la mano. La primera posicin, es la de Jos Antonio Saco; la segunda la del seor D. Alejandro Olivan. ste puede escribir con honor lo que aqul no puede dejar pasar en la Revista sin degradarse, o comprometerse despus. En cuanto a la segunda alteracin, yo s lo que Vd. no sabe. Si la Ctedra de Qumica no se ha establecido dos o tres aos ha, es por las dificultades que de intento ha hecho nacer ese mismo jefe a quien creo que Vd. no habra elogiado sobre este particular, si hubiese tenido los mismos datos que yo.1La tercera alteracin fue muy prudente. Aunque Vd. es el autor del artculo, algunas personas solamente lo saben, y no faltar quien piense, que en aquellas palabras “ hijo suyo ”, no slo se trata de excluir a los europeos, sino que aun se asoma la idea de que yo aspiro a la ctedra, cuando realmente no es as. Pareciome, pues, que todo quedaba conciliado, sustituyendo el vocablo Profesor por el de hijo que Vd. emple. Creo que tambin alter alguna que otra palabra; pero esto fue tambin insignificante, que nada debe influir en el objeto de esta carta. Quiz me dir Vd. que su sentimiento, no slo consiste en las alteraciones, sino en la poca franqueza de no haberle manifestado que yo pensaba hacerlas. La ltima vez que tuve el gusto de ver a V. en mi casa, an no haba ledo yo su papel, pues en el acto que lo recib, lo mand a la censura. Mi viaje de campo se demor involuntariamente dos das ms de lo que yo pensaba; y vuelto en el entretanto el papel a mis manos, pude entonces echarle una rpida ojeada, y hacer las mencionadas alteraciones, sin haber tenido tiempo de participarlo a Vd. Mas, nunca se hubieran dado a luz sin su previo y explcito consentimiento, porque nadie respeta ms que yo la propiedad literaria. 1El jefe a quien se alude, es el seor conde de Villanueva D. Claudio Martnez de Pinillos, intendente entonces de La Habana. De la formacin del plan de estudios para la isla de Cuba estaba a la sazn encargado por el Supremo Gobierno el esclarecido D. Francisco Arango y Parreo. Deseaba ste que se fundase una Ctedra de Qumica aplicada a la elaboracin de azcar; y al intento tuvo en presencia del general D. Mariano Ricafort, que entonces all gobernaba, dos conferencias con el conde de Villanueva, para que ste facilitase los fondos necesarios; pero como Villanueva miraba con envidia los esfuerzos de Arango, hizo lo posible por frustrar aquel proyecto. Y para mejor destruirlo, concibi la idea de transformar en Instituto Cubano la Escuela Nutica que exista en Regla. Desgraciadamente no se fund ni el Instituto Cubano ni la Ctedra de Qumica; pero al menos se public el excelente Informe que sobre la formacin de aquel Instituto extendi por encargo de Villanueva el siempre benemrito cubano D. Jos de la Luz y Caballero.

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OBRAS 366\ 366\ 366\ 366\ 366\ Espero, pues, que Vd. mirar esta carta, no slo como una prueba de la sinceridad de mis intenciones, sino del aprecio con que le distingue su atento servidor y amigo Q. B. S. M. JOS ANTONIO SACOCARTA DEL EXCMO. SEOR DUQUE DE LA TORRE AL SEOR SACO Y SU CONTESTACI"NMadrid, diciembre 9 de 1865 Mi querido amigo: Como V. conoce el real decreto acerca de la manera de llevar a cabo la informacin que asegure el acierto en las reformas que Cuba necesita, slo debo decir a V. que el Ministro y el gobierno todo estn de la mejor fe en esto, y que creo que V. debe pertenecer a esa Junta, que nadie puede ilustrar tanto como V. por su patriotismo, vasta instruccin y conocimiento de aquellos habitantes y de las necesidades de aquel hermoso pas. Tengo seguridad de hacer nombrar a V. si se sabe aqu que V. aceptar; y no se ruega al Ministro que haga desde luego el nombramiento por no exponerlo, a una negativa, que sentira en el alma, pues el puesto de V. no podra llenarlo nadie para bien de nuestra querida Cuba. Queda de V. con la ms alta consideracin, su affmo. amigo y S. S. Q. B. S. M.—Francisco Serrano. Bruselas, diciembre 19 de 1865 Ecxmo. seor duque de la Torre: Mi muy querido y respetado amigo: —El 16 del corriente recib su apreciable carta de 9 del mismo, y si no la contest inmediatamente, fue por haber estado enfermo. Pdole mil perdones por este retardo involuntario, y pdoselos tambin por no escribirle de mi letra; pero tiempo ha que el mal estado de mi vista y lo trmulo del pulso me impiden tomar la pluma. Vd., hacindome elogios que slo debo a su bondad, me dice que tiene la seguridad de que si yo acepto, el gobierno me nombrar para que forme parte de la Junta de Informacin que se ha creado por el Real Decreto de 25 de noviembre. El alto respeto y consideracin a que es V. tan acreedor, me obligan a ser muy franco con V. Cuando se confiere un puesto, que al par que honorfico, como el que V. me ofrece, lleva en s el cumplimiento de ciertos deberes, ningn hom-

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JOS ANTONIO SACO /367 /367 /367 /367 /367 bre de conciencia puede aceptarlo, sin estar seguro de que aqullos han de ser exactamente desempeados. Pero tengo yo la seguridad de que as ser? Despus de haber ledo atentamente el mencionado real decreto, veo que segn los trminos del artculo segundo, yo no puedo ser vocal de la Junta, y que para participar de algn modo de sus trabajos, slo sera conforme al artculo cuarto, en calidad de individuo del personal que el seor Ministro de Ultramar “considere indispensable para atender a los trabajos de la Junta”. En esta posicin o aun en la de vocal efectivo de la Junta, yo contraera tcitamente un grave compromiso con mi pas, hacindole concebir con mi entrada en esa respetable corporacin, esperanzas que me sera imposible realizar, porque las atribuciones que a ella se han dado no son de naturaleza que satisfagan las justas aspiraciones a que Cuba y Puerto Rico tienen derecho; pero aun cuando lo fuesen, yo no tendra medios suficientes para hacer triunfar las ideas que son en mi concepto necesarias para la verdadera felicidad de aquellas provincias. Yo no engao a nadie, y as, es preciso decir la verdad con franqueza, sobre todo cuando me cabe la honra de dirigirme al peninsular que tiene ms simpatas en Cuba, y que con ms denuedo ha defendido en las Cortes la libertad de sus hijos. Si yo entrase en la Junta bajo de cualquier carcter que fuese, estoy ntimamente convencido de que, a pesar de mis deseos conciliadores y de toda la deferencia posible por las opiniones de mis dignos colegas, muy pronto las mas se encontraran en completa disidencia con las suyas y con las del gobierno, no ya en puntos secundarios, sino en algunos fundamentales. En estas circunstancias, el resultado sera: o que yo renunciase al puesto que ocupara, o que permaneciese en l. Si lo primero, para qu aceptar lo que de antemano saba yo que haba de renunciar? Si lo segundo, no levantaran el grito mis compatricios, acusndome de que haba frustrado sus esperanzas? No me acusaran tambin de que mi entrada en la Junta no fue con el noble fin de servir a Cuba, sino con el de satisfacer una pueril ambicin, o de buscar mi utilidad personal? Por otra parte, yo me hallo, por consideraciones de que no puedo prescindir, en un estado excepcional respecto de Cuba, y lo que muchos patricios pueden hacer sin lastimar su reputacin, yo no lo podra decorosamente bajo del rgimen poltico que an pesa sobre las Antillas espaolas. stas gozaron del derecho de representacin en Cortes, desde que Espaa tuvo instituciones liberales; y el gobierno que sali de la revolucin de la Granja en 1836, respetando ese derecho, llam con urgencia diputados por las provincias de Ultramar para que tomasen parte en la

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OBRAS 368\ 368\ 368\ 368\ 368\ formacin de un nuevo Cdigo fundamental. Yo fui uno de los que entonces merecieron la confianza de Cuba para representarla; pero aquel mismo gobierno que tanto se haba apresurado a llamarnos, y las Cortes constituyentes, que ya se haban reunido, se pusieron de acuerdo, y so pretexto de dar leyes especiales a aquellas provincias, lanzaron del recinto de la representacin nacional a todos los diputados de ellas, despojronlas de un golpe de cuantos derechos polticos posean, condenronlas a la ms degradante esclavitud, y rompiendo violentamente la unidad nacional que hasta entonces haba existido, se estableci por primera vez un antagonismo peligroso entre las instituciones de las provincias de aquende y las de allende los mares, pues que las de aqullas quedaron asentadas sobre la base de la libertad, mientras que las de stas se transformaron en tirnicas. Cuba desde entonces ha sufrido ms que ninguna otra de sus hermanas el cruel azote del despotismo, y bajo el mando de algunos jefes de odiosa memoria, se ha visto con el escndalo ms imprudente, que la calumnia, los secuestros, las prisiones, los destierros y aun el patbulo, han sido la recompensa de muchos que aspiraron a ser libres. El gobierno actual no fue el autor de la situacin poltica que despus de haber ultrajado a Cuba en las personas de sus representantes, le ha ocasionado tantos males; pero observo con dolor que habiendo podido cambiarla fcilmente, l la mantiene todava; y tal situacin no es compatible, ni con mis principios, ni mucho menos con la ofendida dignidad de Cuba. Al concluir esta carta, no puedo menos que manifestar a V. y al gobierno mi profunda gratitud por el honroso recuerdo que han hecho de mi persona, pudiendo asegurarles que en mi posicin extraoficial, estoy dispuesto a contribuir en cuanto pueda con mis dbiles fuerzas a la libertad de Cuba, nica base de que dependen su felicidad y su perpetua unin con Espaa. Queda siempre de V. con la mayor consideracin, su atento servidor y afectsimo amigo Q. B. S. M. JOS ANTONIO SACOAL DIRECTOR DE LA POLTICAMadrid, diciembre 1866 Calle de San Juan No. 58 Sr. Director de LA POLITICA : Usted me honrar insertando en su acreditado peridico las lneas siguientes:

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JOS ANTONIO SACO /369 /369 /369 /369 /369 Algunos dicen que yo me he separado de los comisionados reformistas de Cuba. Esto es enteramente falso. Sino asisto a las conferencias y sesiones de la Junta de Informacin, es por el mal estado de mi salud, y por razones polticas que quizs me ver en el caso de exponer ms adelante. Es de Vd. con la ms alta consideracin su atento servidor y amigo q. b. s. m. JOS ANTONIO SACONi el fiscal de imprenta, ni Gonzlez Bravo, ministro de la Gobernacin, ni D. Alejandro Castro, ministro de Ultramar, permitieron que se publicase ese papelito, a pesar de que a las palabras razones polticas sustitu otros motivos El 11 del mismo diciembre envi a la imprenta el siguiente comunicado: “La imposibilidad en que estoy de asistir a las conferencias de la Junta de Informacin, ha dado margen a que algunos digan que yo me he separado de los comisionados reformistas de Cuba. Cumple a mi deber declarar que esto es enteramente falso”. Tampoco se permiti la publicacin del anterior comunicado.AL SEOR D. MANUEL SOL"RZANOMadrid, 26 enero 1867 Sr. D. Manuel Solrzano Muy estimado seor mo: Tengo el honor de acusar a Vd. el recibo de la libranza que como comisionado del Ayuntamiento de Santiago de Cuba se ha servido V. remitirme. Adjuntos a esta carta envo a Vd. algunos documentos relativos a la Junta de Informacin Ultramarina, los cuales dirijo con un carcter oficial a aquella corporacin, porque el Ministro de Ultramar quiere que todo lo que pase en las conferencias de la Junta sea secreto, reservndose el gobierno el derecho de publicarlo ms adelante, si lo tuviere por conveniente. Los documentos que ahora incluyo a Vd. son: 1 El primer interrogatorio presentado a la Junta por el gobierno; 2 El voto de tres de los comisionados de Puerto Rico, pidiendo la inmediata abolicin de la esclavitud en aquella isla, con indemnizacin o sin ella, y lo cual produjo en la Junta gran sensacin y bastante divergencia en las opiniones de los comisionados; 3 La respuesta de algunos de stos por Cuba a las 15 primeras preguntas del primer interrogatorio, debiendo advertir que en ella no aparecen los votos de los seores Angulo y Bernal, comisiona-

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OBRAS 370\ 370\ 370\ 370\ 370\ dos el primero por Matanzas, y el segundo por Puerto Prncipe, pues aunque estn en general acordes con los reformistas firmantes, se separaron de ellos en algunos puntos, sin formular por eso ningn voto particular. Tampoco firmaron, porque estn contra los reformistas en todo o casi todo, los seores Armas y San Martn, comisionados por La Habana, el conde de Vallellano por Sagua, y el seor Munn de Nugareda por Holgun. Notarase tambin que falta mi firma, pero esto consiste en lo que brevemente voy a explicar. Todos saben que el primer punto de que se debi tratar en la Junta de Informacin segn el Real Decreto de 25 de noviembre de 1865, fue la reforma poltica de Cuba y Puerto Rico. Cuando la Informacin se abri el 30 de octubre del ao pasado, yo no estaba en Madrid, pues por las razones que expuse en mi carta al Ministro de Ultramar y que Vd. ver acompaada a la exposicin que dirijo al Ayuntamiento de Cuba, no pude asistir en tiempo oportuno; y cuando llegu a esta capital pocos das despus, me dicen la novedad de que los comisionados de Cuba y Puerto Rico haban aceptado la Informacin, a pesar de que el gobierno haba empezado por el segundo punto, omitiendo el primero, que es el ms importante, y reservndolo, segn dijo, para el fin de la Informacin. Esto me puso en un conflicto, porque habiendo yo protestado como diputado elector para las Cortes constituyentes de 1837, contra el violento despojo que de sus derechos polticos se hizo a todas las provincias de Ultramar, yo no poda sin ponerme en completa contradiccin con mi protesta, yo no poda, repito, reconocer una Junta de Informacin que empezaba por dejar las cosas en el estado en que tenan desde el golpe que se descarg contra nosotros en 1837. Mi entrada en esa Junta hubiera implicado de mi parte una aprobacin tcita de todo lo que se hizo contra Cuba en aquel ao y cuando yo entonces clam oficialmente contra la nulidad de todo lo que se haba obrado, no era posible que yo viniese ahora a sancionar con mi presencia en la Junta, lo que en otro tiempo ataqu como violento y nulo. En estas circunstancias, convoqu a mi casa una reunin de todos los comisionados reformistas de Cuba y Puerto Rico, y habindoles expuesto mis ideas conclu por manifestarles que mientras el gobierno no presentase el interrogatorio poltico, que fue por donde debi haber comenzado, yo no poda tomar en la Junta una parte oficial ; pero que s la ten dra en todas las conferencias y sesiones que se celebrasen extraoficialmente reservndome el derecho de asistir a las conferencias oficiales tan luego como el gobierno presentase el interrogatorio poltico. Ms les dije, y fue, que llegado ese caso, yo me adherira con tal o cual variacin, a todos los trabajos anteriormente presentados por ellos a la Junta de Informacin. De aqu result, que en mi casa se han tenido todas las reuniones de los comisionados reformistas de Cuba y Puerto Rico, rela-

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JOS ANTONIO SACO /371 /371 /371 /371 /371 tivas a las 15 preguntas del primer interrogatorio, y que por indicacin ma se hicieron algunas modificaciones de no poca importancia en el prembulo que las precede. La malignidad que nunca deja escapar la ocasin de hacer dao, empez a decir que yo me haba separado de los comisionados reformistas de Cuba; y con este motivo envi al diario La Poltica los dos articulillos que la terrible censura en que vivimos no me dej publicar, y de los cuales, incluyo a V. una copia para edificacin de los lectores. Acerca del resultado de los trabajos de la Junta, es mi opinin que poco o nada adelantaremos; y que si llega a presentarse el interrogatorio poltico, lo ms, lo ms que podremos alcanzar sern algunos diputados, cosa que sobre ser muy insuficiente para satisfacer nuestras grandes necesidades, dejar, por otra parte, casi en el mismo pie, la vieja y desptica mquina que hasta aqu nos ha gobernado. Si el interrogatorio poltico se presenta, yo me declarar contra el nombramiento de diputados para las Cortes de Espaa, y aunque me quedase solo, pedira una legislatura provincial con buenas atribuciones. No ignoro que esto se negar por ser cabalmente lo que nos conviene y que nos podr hacer libres y felices; pero mi sagrado deber es, pedir, no lo que el gobierno y Espaa estn dispuestos a concedernos, sino lo que yo creo, segn mi conciencia, que puede sacar a Cuba del abyecto estado en que vive, y elevarla al puesto que debe ocupar. Para m es muy honrosa la ocasin que se me presenta, manifestando a Vd. los sentimientos de consideracin y respeto que me animan hacia Vd., pudiendo asegurarle que cuente en todo con el afecto de su ms atento servidor q. b. s. m. JOS ANTONIO SACOAL SEOR D. PORFIRIO VALIENTEMadrid, febrero 1 de 1867 Mi querido Porfirio: Con sumo gusto he recibido tu carta del 27 del pasado, y empiezo por decir que son intiles tus prembulos y excusas, pues no debes gastar conmigo tal moneda. Cuando el Ayuntamiento de Cuba me hizo el nombramiento de comisionado en marzo del ao pasado, yo estaba en Bruselas, y la primera noticia que de l tuve, fue en mayo, por medio de los peridicos. A fines de ese mes volva a Francia; pero no recib ninguna comunicacin oficial de ese nombramiento hasta fin de junio, en que por conducto de la Embajada Espaola lleg a mis manos el acta que me remita el Ministro

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OBRAS 372\ 372\ 372\ 372\ 372\ de Ultramar, acompaada de un oficio de Aguirre Tejada, director entonces de aquel ramo. Inmediatamente contest a este seor, dndole las gracias por la remisin de dicha acta. Mas, ni entonces, ni antes, ni despus, he recibido ninguna especie de comunicacin del Ayuntamiento de Cuba. Yo no me quejo, ni menos le acuso de ese silencio; pero confieso que lo he sentido, porque me priv del honor de haber recibido algn oficio suyo, y tambin del que yo hubiera tenido en darle las gracias por su nombramiento; gracias tanto ms sinceras cuanto que su voto fue muy libre y espontneo, porque ni yo pretend ni quise ser comisionado; y si acept tal encargo, fue por tributar un respetuoso homenaje a aquel municipio y por complacer a los amigos que tanto se empearon en que yo no renunciase. Repito que ni me quejo ni menos de nada acuso al Ayuntamiento de Cuba. Pero s debo recordar, que cuando en 1836 merec la honra de ser nombrado tres veces diputado a Cortes por aquel municipio, otras tantas tuve la satisfaccin de recibir de l una comunicacin directa en que me anunciaba mi eleccin. Ahora mismo, esto es, en el prximo diciembre pasado, la Sociedad Econmica de Santiago de Cuba me ha distinguido con el nombramiento de su Socio de Honor, y su Secretario me envi inmediatamente, un oficio participndome ese nombramiento, y si mi contestacin no ha llegado ya a sus manos, ser por alguna demora que haya sufrido en el correo. sta ha sido mi conducta con las corporaciones de Santiago de Cuba en el espacio de ms de 30 aos, y no cabe por cierto en las ideas de ningn hombre que conoce mis principios, que yo en estas circunstancias haya podido ser descorts con aquel Ayuntamiento. En la segunda mitad del pasado enero he recibido del seor regidor D. Manuel Solrzano, un oficio en el que a nombre del Ayuntamiento de Santiago de Cuba me acompaa una libranza de un semestre de las dietas sealadas a su comisionado. Dicho seor me escribi adems una atenta carta, y as en ella como en el oficio, me dice que hiciese una exposicin a aquel Ayuntamiento, a fin de que se me pagasen los 1 000 pesos asignados para gastos y preparativos de viaje, tanto de venida como de vuelta. Por el correo que sali de Cdiz el 20 del prximo pasado enero, envi la exposicin pedida acompaada de la carta que escrib desde Francia al Ministro de Ultramar, y que t leste, o que a lo menos oste leer en Montmorency a fines de septiembre. De esa exposicin te remito copia, y te ruego que la ensees a nuestro amigo Bravo, manifestndole al mismo tiempo que si esa solicitud no tuviere ningn efecto, l no perder los 3 000 francos que con tanta generosidad me adelant a nombre del Ayuntamiento de Cuba para que efectuase mi viaje a Madrid, pues en tal caso yo me comprometo a pagrselo. Despus de haber contestado el oficio al seor Solrzano, le escrib una carta bastante larga, dndole cuenta de lo que se haca en la Junta

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JOS ANTONIO SACO /373 /373 /373 /373 /373 de Informacin, e incluyndole el primer interrogatorio con otros documentos relativos a l. Le encargaba que los comunicase a varios amigos y miembros del Ayuntamiento; pero no con un carcter oficial, porque todo lo que se hace en la Junta es secreto, y el gobierno se ha reservado el derecho de publicar las actas e informes de la Junta si algn da lo tuviere por conveniente. El segundo interrogatorio presentado es ms largo que el primero, y se refiere exclusivamente a materias econmicas. El punto ms importante que contiene es el de si convendr o no suprimir en Cuba todas las aduanas, y parece que casi todos los comisionados y el mismo gobierno estn inclinados a la supresin. As es, que no ser extrao que el gobierno publique un decreto sobre el particular, porque cree que de esa manera Cuba producir mucho dinero para que venga a Espaa. Y ya que hablo de aduanas, recordars que el ao pasado te di, lo mismo que a Correoso, un folleto impreso en Londres en 1865, cuyo ttulo es: Algunas reformas en Cuba ; y una de ellas es la supresin de las aduanas. Ese papel ha circulado bastante aqu entre la gente influyente, y creo que si las aduanas llegan a suprimirse, l habr tenido alguna parte. Si la ocasin se te presenta, yo me alegrara que enviases a Santiago de Cuba con algn pasajero el folleto que te di y tambin el de Correoso, pues como yo conservo todava algunos ejemplares, repondr la falta de ellos. Conviene que sepas que yo fui el autor de ese folleto, y que si no lo firm fue porque no pude decir todo lo que quera, pero que dir cuando haga su reimpresin. Respecto del interrogatorio poltico, que es por donde se debi empezar, dicen que se presentar, y entonces veremos qu clase de pjaro es. Yo s lo que ser, pero de esto tratar ms adelante. Mi salud va de mal en peor, pues los nervios me atormentan y el pecho me oprime de tal modo, que apenas puedo hablar. Afectuosas expresiones a nuestro amigo Correoso. Y siempre tuyo, —Jos Antonio Saco.A MORALES LEMUSMadrid, marzo 10 de 1867 Mi querido amigo: Miembro de la Comisin sobre el tercer interrogatorio, pens asistir a sus sesiones aunque fuese un solo da, para enterarme de lo que piensa, a lo menos en sus bases; pero la recrudecencia de mis males con el tiempo que ha hecho, me han obligado a guardar un estrecho encierro, y a estar a veces aun en cama. Me parece que a excepcin de los diputados, estaremos acordes en cuanto a municipio y dems puntos principa-

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OBRAS 374\ 374\ 374\ 374\ 374\ les. Si esto fuere as, yo firmar con gusto el informe de la Comisin, salvando mi voto en cuanto a los diputados. Al hacer esta indicacin, la someto a los precedentes establecidos por la Junta de Informacin, porque yo no pretendo que por m se alteren las reglas hasta aqu adoptadas. Agradecer a V. que comunique estas ideas a la Comisin, para ver si son aceptables, y que V. me informe con toda franqueza de su resultado, pues en este particular no seguir ms camino que el que la Comisin me trazare. Siempre de V. antiguo y buen amigo, JOS ANTONIO SACOAL SEOR D. JOS VALDS FAULIBarcelona, febrero 9 de 1877 Sr. D. Jos Valds Fauli Mi muy querido amigo: Ayer a las 6 de la tarde tuve el gusto de recibir su apreciable carta del 6 del corriente. Dame V. en ella noticias de nuestro excelente Echeverra; y espero que cuando V. le escriba le manifieste cunto le quiero, encargndole al mismo tiempo que haga en mi nombre a Mr. Dana una expresin de mi gratitud por el artculo que ha escrito sobre el segundo tomo de mi obra. V. desea que dicho artculo y el primero que est en poder de Armas, se impriman en castellano. Yo no puedo oponerme a semejante pensamiento; mas, ser preciso que estn bien traducidos, y yo no s si V. tendr traductor que pueda hacerlo. En cuanto al primer artculo, Mr. Dana cometi algunos deslices en su crtica; y me parece que si no se omiten en la traduccin, ser necesario que yo les aplique su merecido correctivo. Creo, por lo tanto, que lo ms prudente sera no hacer mencin de ellos, pues de este modo se suprimiran las observaciones que yo pudiera hacer. Barcelona, septiembre 6 de 1878 Sr. D. Jos Valds Fauli Mi muy querido amigo: —He recibido sus dos apreciables cartas del 31 del pasado y del 3 del corriente. Desea V. saber cundo se dar principio al tomo siguiente de la esclavitud. Yo tengo listo para la prensa ms de un tomo, y todo relativo a la raza negra en los pases amrico-hispanos; pero como hay muy poco dinero para su impresin, y quiero que sta se haga en mes y medio o dos a ms tardar, me parece prudente no emprender esta tarea sin que antes tenga V. segura en su poder la cantidad necesaria para los gastos

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JOS ANTONIO SACO /375 /375 /375 /375 /375 de la impresin de dicho tomo. Adems, tengo que contar con un corrector de pruebas que pueda desempear correctamente este trabajo, pues yo me hallo casi ciego; pero V. conocer que la dificultad principal del negocio no consiste en esto, sino en el dinero. Cuando escriba a Echeverra, hgame el favor de decirle que le agradezco mucho el ventajoso juicio que ha formado del tercer tomo y que sin merecer su autor los elogios que le dispensa, no se equivoca en pensar que tiene ms importancia que los dos anteriores. Su opinin me es tanto ms grata, cuanto viene de un hombre de talento, de vasta y slida instruccin, y que sabe juzgar de los libros que lee con una crtica sana y delicada. He comenzado a leer el artculo del Director del Sun de Nueva York, y an no lo he concluido, porque es largo, de letra muy pequea, y me cuesta mucho trabajo su lectura por el mal estado de mi vista. Tratar de complacerle a V. haciendo su traduccin para los fines que se propone. Repito a Vd. mis gracias por los peridicos que me ha enviado y por los siguientes que me ofrece. Si no estuviera tan viejo y tan enredado con la Historia de la esclavitud quizs me resolvera a romper mi largo silencio poltico, terciando en algunas cuestiones, no obstante conocer que mi voz no tiene ya en Cuba la fuerza y autoridad que en tiempos anteriores. Las cosas han cambiado mucho, hase levantado una nueva generacin, y muchos de los individuos que la forman se consideran ms adelantados que los viejos, y como los Solones y Licurgos que deben regir los destinos de Cuba. Me habla V. de sus inquietudes por la causa negrera. sta ha sido siempre mi pesadilla; pero le confieso que hoy me sobresalta menos que antes. A los negros, jams por s solos no los tem mucho, porque comparado su nmero con el de los blancos, stos, si no les sacaban ventaja, eran mucho ms fuertes, por razones que no necesito exponer a un hombre como V. Mis grandes temores provenan del caso en que divididos los blancos, los negros se aprovecharan de esta divisin para hacer un levantamiento general; pero la insurreccin de Cuba ha demostrado lo contrario. Los negros, as libres como esclavos, han permanecido quieto, pues slo se han movido dentro del teatro de la guerra, y muchos de los esclavos no tomaron parte en ella sino arrastrados por los mismos blancos. La isla de Cuba siempre ha sido la que ha ocupado, entre todas las Antillas, una situacin ms ventajosa, pues mientras todas son islas propiamente de negros, Cuba no se halla en este caso. Su poblacin blanca es ya mayor que la esclava. sta mengua y menguar diariamente con la ley de emancipacin, no slo por la muerte de los esclavos, sino porque sern libres todos los que nazcan de ellos. Divdese nuestra poblacin esclava en rstica y urbana: aqulla es mucho ms numerosa; pero como casi toda se compone de negros africa-

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OBRAS 376\ 376\ 376\ 376\ 376\ nos, gracias al contrabando que ha existido casi hasta ahora, su misma barbarie, el aislamiento en que se la tiene, y aun su falta de aspiraciones polticas, no me parece que pueden comprometer la Isla cuando los blancos se mantengan unidos. Los esclavos de las ciudades son ms peligrosos que los de los campos, porque tienen alguna civilizacin y pueden aspirar a su libertad y a otros deseos; pero su nmero en las poblaciones es muy inferior al de los blancos, estn mucho ms vigilados y tienen sobre s todo el peso de la fuerza fsica y moral que puede comprimir y desbaratar prontamente cualquiera tentativa que pudiesen meditar. La ley de emancipacin es una vlvula de seguridad para el reposo de los blancos; lo que debemos hacer es cumplirla exactamente, y con ella y con el fomento de la poblacin blanca, creo que no slo sanaremos pronto de la llaga de la esclavitud, sino que podremos asegurar el porvenir de Cuba. Afectuosas expresiones de esta su casa a toda su apreciable familia. Siempre de V. su ms apasionado y verdadero amigo, JOS ANTONIO SACOBarcelona, agosto 5 de 1879 Sr. D. Jos Valds Fauli Mi muy querido amigo: —He recibido sus dos apreciables cartas del 4 y del 14 de julio. Agotados los ejemplares del primero y segundo tomo que V. tena en Cuba, escribir no slo a Echeverra para que remita a V. los ejemplares que tuviese, sino tambin a nuestro Guillermo. ste tiene en Pars 30 y tantos tomos primeros, y nmero mucho mayor del segundo y tercero. Le encargar que expida a V. con toda seguridad todos los ejemplares del primer tomo, y 50 a lo menos de cada uno de los dos siguientes. No tena ni la ms remota noticia del papel descubierto en el Consulado, escrito por el seor Valle Hernndez. Ni una palabra he ledo acerca de l, porque no he recibido ningn nmero del Triunfo Me es absolutamente necesario enterarme de dicho documento, y as le ruego que me lo enve lo ms pronto posible, porque sin l no me es dado publicar lo que sobre el mismo asunto tengo que dar a luz. De lo que de m dice un corresponsal de un peridico de Barcelona, nada s. Me alegro de que las cosas hayan cambiado, y que pueda pronunciarse mi nombre con toda libertad. Tan duros fueron conmigo, que hasta me borraron de la lista de los miembros de la Sociedad Patritica de La Habana; y esto que fui nombrado dos veces Socio de Mrito; una, por la Memoria que present sobre caminos; y otra, por la de las causas de la vagancia en Cuba y modo de combatirla. An hay ms. Esta mis-

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JOS ANTONIO SACO /377 /377 /377 /377 /377 ma Memoria, a pesar de haberse llevado el primer premio en el concurso, no mereci los honores de ser impresa en las Memorias de aquella Sociedad. Cuando me sintiere algo mejor de salud, y estuviese de humor, tal vez escribir sobre este asunto al Director de la mencionada Sociedad, pues creo que la postergada Memoria debe figurar al lado de tantas otras. JOS A. SACOBarcelona, agosto 26 de 1879 Sr. D. Jos Valds Fauli Mi muy querido amigo: —Supongo que ya V. habr recibido mis dos cartas anteriores. Muchos das ha que escrib a Guillermo, suplicndole que le enviase a V. a La Habana 30 y tantos ejemplares del primer tomo que existan en Pars; 50 del segundo y otros tantos del tercero. Tambin le encargu que le remitiese a V. el ejemplar de la Coleccin de mis papeles sobre Cuba Tambin le escrib a Echeverra rogndole que le enviase a V. a La Habana todos los ejemplares que pudiese de la obra. El cuarto tomo ya deba ir navegando para La Habana, si el impresor no me hubiese engaado; sin embargo, ya estamos en el ndice, en el cual a veces trabajo desde la cama. Mi inapetencia a todo gnero de carnes y de aves es invencible, y hace ms de un mes que me estoy alimentando de sopas, t con leche y alguna que otra fruta. Adems de esto, estoy amagado de tercianas que, por no haber venido el mdico, no s si sern sencillas o dobles. Siento en el alma no poder ir a Madrid, porque all me pondra en contacto con Martnez Campos, el ministro de Ultramar, Cnovas y otros hombres influyentes. Visitaralos con frecuencia, expondrales la situacin con toda franqueza y verdad, y estoy seguro de que Cuba sacara ms provecho de esas conversaciones que de cuantos discursos se puedan pronunciar en las Cortes. Fatal estrella me ha perseguido siempre, pues cuando tena juventud, salud y fuerzas inmensas, se me cerraron las puertas del Congreso; mas, ahora que se me abren al cabo de 42 aos, ya no soy ms que un viejo valetudinario que apenas puede valerse. De toda mi familia afectuossimas expresiones a la de V., quedando siempre suyo su ms apasionado y verdadero amigo, JOS A. SACO

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FRAGMENTO DE UNA C FRAGMENTO DE UNA C FRAGMENTO DE UNA C FRAGMENTO DE UNA C FRAGMENTO DE UNA C AR AR AR AR AR T T T T T A DEL SEOR D. JOS A DEL SEOR D. JOS A DEL SEOR D. JOS A DEL SEOR D. JOS A DEL SEOR D. JOS ANTONIO ECHEVERRA, SOBRE UN AR ANTONIO ECHEVERRA, SOBRE UN AR ANTONIO ECHEVERRA, SOBRE UN AR ANTONIO ECHEVERRA, SOBRE UN AR ANTONIO ECHEVERRA, SOBRE UN AR TCULO TCULO TCULO TCULO TCULO DEL DEL DEL DEL DEL SUN SUN SUN SUN SUNEn cuanto a la crtica que se hace del primer tomo de la obra,1 algo pudiera extenderme, pero ser breve. Usted advertir con su buena lgica, que del silencio de un autor acerca de algunas obras que directa o indirectamente hablan del mismo asunto que l, no se infiere rigurosamente que dicho autor no las conoce; porque bien puede omitirlas, ya por ser de poca importancia lo que digan, ya porque, aun tenindola, otros lo han dicho antes, fundndose en textos originales. A qu, pues, acumular entonces citas intiles? Esto sera ostentar una erudicin que pudiera tacharse de presuntuosa. Larga lista formara, si me pusiera a enumerar todas las obras que hablan de esclavitud y que no he mencionado. No por haber empezado mi Historia por el antiguo Egipto, he credo jams que el origen de la esclavitud se debe buscar en l, ni en otra nacin alguna civilizada de la Antigedad, sino en las tribus salvajes que todava existen. Algo he ledo sobre esta materia, de la cual se ha escrito mucho desde la Antigedad hasta nuestros das; pero he llegado a la conviccin de que cuando se diga hoy bajo el punto de vista filosfico sobre el hombre primitivo y la humanidad, no ser ms que la repeticin de ideas aejas, y muy aejas engalanadas con nuevos atavos. Por eso fue que no quise empezar mi Historia por una disertacin filosfica sobre el origen de la esclavitud, y que prescindiendo de cuanto haba ledo, consign mis ideas, no al principio del tomo como parece que hubiera debido hacerlo, sino en las pginas 250, 251, 252 y 253, cuya lectura le recomiendo a Vd. especialmente para que vea cun infundada es la crtica en este punto. chanse tambin de menos los nombres de Grote, Niebhur y Curtius. Conozco a los tres: el primero ha escrito una excelente historia de Gre1 Historia de la esclavitud desde los tiempos ms antiguos hasta nuestros das por el seor D. Jos Antonio Saco.

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JOS ANTONIO SACO /379 /379 /379 /379 /379 cia; pero respecto de la esclavitud, que no es el objeto de su obra, no he encontrado cosa notable que me hiciera detener en ella. El dinamarqus Niebhur escribi una historia romana de mucho mrito; pero este mrito est cifrado en sus investigaciones sobre los primeros tiempos de Roma, sin que se encuentre en ella nada digno de citarse en punto a esclavitud. Se dice que no menciono a Curtius; pero cabalmente en slo las notas de las pginas 196, 199, 200 y 202 ctole nada menos que diez veces. En el trfago de la redaccin de un peridico es muy fcil y digno de toda disculpa que un hombre del mrito de Mr. Dana haya cometido tales deslices. Nota en su artculo, que al lado de tantas citas como hago del Digesto, del Cdigo de Justiniano y escritores jurdicos, guardo el ms profundo silencio sobre los tratados magistrales de Austin y Maine que arrojan torrentes de luz acerca de la gradual modificacin de la esclavitud en Roma. Confieso que no conozco dichas obras, y har lo posible por conocerlas; mas, no por eso deja de ser errnea la crtica: error que proviene de haberse credo que llevo en el primer tomo la historia de la esclavitud hasta el advenimiento de Constantino. Yo divido la ndole de la esclavitud romana en dos perodos. En dicho tomo me contraje exclusivamente al primero, reservando para adelante las importantes modificaciones que ella sufri durante el imperio. Acerca de este punto le ruego a Vd. que lea un prrafo que est en la pgina 341. En tal estado cualquiera cita que yo hubiera hecho sobre tales modificaciones, habra sido el ms grosero anacronismo. Para bien conocerlas, he bebido en las fuentes ms puras, cuales son el Cdigo Theodosiano y los Cdigos de Justiniano; y con ellos en la mano compuse un captulo o libro intitulado: “La legislacin del imperio, inspirada por la filosofa y el cristianismo, mejor la condicin del esclavo y mengu la esclavitud”. Este captulo se publicar en el segundo tomo. De algunos autores que menciono, dase a unos mucha ms autoridad histrica que a otros: punto en verdad muy controvertible y en el que no entrar, porque no hay tiempo, salud, voluntad ni necesidad.

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CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T A DEL SEOR D. CALIXTO BERNAL A DEL SEOR D. CALIXTO BERNAL A DEL SEOR D. CALIXTO BERNAL A DEL SEOR D. CALIXTO BERNAL A DEL SEOR D. CALIXTO BERNAL AL DIRECTOR DE AL DIRECTOR DE AL DIRECTOR DE AL DIRECTOR DE AL DIRECTOR DE EL TRIUNFO EL TRIUNFO EL TRIUNFO EL TRIUNFO EL TRIUNFOMadrid, 8 de diciembre de 1879 Seor Director de El Triunfo Muy seor mo y de toda mi consideracin: con esta fecha remito al Diario de la Marina de sa la carta cuya copia acompao, a fin de que Vd. se sirva mandarla publicar en su ilustrado peridico, si no lo hiciere el Diario de la Marina a quien va dirigida. Tambin incluyo a Vd. la carta impresa de Saco al seor Almagro, y que suplico a Vd. se sirva publicar, porque contiene declaraciones que yo no creo de carcter secundario, sino de inters vital; y dando por todo gracias anticipadas, queda a sus rdenes S. S. Q. B. S. M. CALIXTO BERNALSr. Director del Diario de la Marina Muy seor mo y de toda mi consideracin: he visto el suelto que, con el epgrafe de “Otro desengao” publica Vd. en uno de los nmeros de su ilustrado peridico, en el cual, con referencia a una carta que dirig y public aqu La Poltica y que Vd. no inserta sino que comenta a su arbitrio, supone que, rechazando yo lo que rechaza el seor Saco en su clebre carta a La poca pido mucho menos de lo que en esta carta se peda, y no duda Vd. con este motivo afirmar que Saco y yo no aceptamos el sistema poltico que tanto ha encomiado El Triunfo El cargo es grave. Elegidos, como hemos sido, diputados a Cortes, se supone que hacemos traicin a nuestros electores, aceptando el puesto de honor, y no aceptando el objeto para que fuimos elegidos. Esto es lo que puede deducirse del suelto a que me refiero, y me creo autorizado para pedir, como pido a Vd. encarecidamente, se sirva mandar insertar esta rectificacin y defensa en su acreditado peridico en donde se nos ha hecho la inculpacin. Y hablo en plural, porque es tambin acreedora a defensa la memoria del ilustre patricio, quien por haberlo arrebatado ya la muerte, no puede defenderse.

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JOS ANTONIO SACO /381 /381 /381 /381 /381 He visto la carta de Saco, origen y fundamento de la ruidosa y apasionada polmica que se ha suscitado y de las injustas acusaciones que se le han hecho y que ahora parece que se quiere hacer extensiva hasta a m. Nunca me pareci sta sino un recurso de partido, ms o menos pobre o ingenioso, porque la carta est bien clara, y los antecedentes de todos son bien conocidos. Pero, ya que se me alude, con motivo de esa carta, dir algunas palabras acerca de ella. Qu dice all su autor? Que rechaza la palabra autonoma, pero que quiere la legislatura provincial que defendi siempre. Y se deduce de aqu, como supone el Diario que Saco no acepta el sistema poltico que defiende El Triunfo ? Se deduce y est bien claro, todo lo contrario; esto es, que Saco sostiene la legislatura provincial o diputacin insular que quiere El Triunfo y queremos sus amigos, y que slo rechaza la palabra autonoma con que, a su juicio, se califica impropiamente este sistema. Tal vez diga que esto no merece la quiz severa manifestacin de la carta; pero todos sabemos, y ms que todos deben saberlo los hombres del Diario de la Marina y sus amigos, que no eran tan ftiles los motivos que tuviera Saco para escribir su carta. Nadie ignora, quin ha de ignorarlo? que toda la guerra que se ha hecho a las justsimas aspiraciones polticas de los cubanos; la ms poderosa arma que se ha esgrimido contra ellas; todo el fundamento para llamar separatistas y enemigos de Espaa a los partidarios de aquellas ideas, no era otro que esa palabra autonoma. Arma de doble y funesto efecto. Con ella se obligaba a los cubanos a silenciar sus deseos, y por la pretensin y falta de explicacin de esos deseos, se les anatematiz con ella. Con ella sola triunfaban los enemigos de aquellas legtimas aspiraciones, y fuerza y deber era tratar de inutilizarla; y esto fue lo que intent Saco. La palabra autonoma, por su origen y significacin acadmica, se aplica a Estados que se gobiernan por leyes propias y legislacin independiente: Estados que gozan de esta perrogativa no pueden unirse sino por federacin o protectorado, y he aqu cmo y por qu los enemigos de los derechos de los cubanos, impidindoles la amplia manifestacin de sus deseos, sostenan y aparentaban creer que aqullos queran con la autonoma, la federacin o el protectorado hoy para la independencia de maana. Esto ha sido as por mucho tiempo: esto ha sido hasta ayer que peridicos liberales se vieron obligados ah a borrar o suprimir esa palabra, por lo mismo que se vean constreidos tambin a no desarrollar sus aspiraciones: esto suceda tambin aqu en algunos peridicos que se hacan eco del Diario ; peridicos por cierto de indudable importancia, por lo que cremos y era nuestro deber salir, como salimos, al encuentro de esas extraviadas (y en algunos) malvolas aspiraciones, que

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OBRAS 382\ 382\ 382\ 382\ 382\ tanto dao hacan a la causa que defendamos, y escribimos, Saco su carta a La poca y yo la que dirig a La Poltica Aqu fue aceptada lealmente nuestra rectificacin: all, en donde, yo al menos, no la consideraba necesaria, no slo dej de hacer el efecto debido, sino que se hicieron esfuerzos gimnsticos para que produjera el efecto contrario. No har comentarios a esta conducta, que se califica ella misma, ni dir nada a los que se dejaron prender en semejante lazo; pero tachar a Saco de inconsecuente en este punto de que se trata es ignorar u olvidar sus antecedentes y consiguientes. Ya desde 1837, en el Examen analtico que hizo del Informe de la Comisin especial que nombraron aquellas Cortes, de lo que result la expulsin de los diputados cubanos del Congreso espaol, ya desde entonces Saco sostuvo all la necesidad de crear en Cuba corporaciones populares con las facultades que hoy se piden en los programas liberales de La Habana. —Despus, en la “Junta de Informacin” de 1866, de la que, junto con l, form parte, sostuvimos la misma idea, con tal decisin y tan convencidos de la necesidad de su prctica, que no dudamos un momento separarnos, como nos separamos, en este punto, de nuestros amigos y compaeros, formando cada uno voto particular que despus se imprimieron y publicaron por todas partes. —Despus de 1868 escribi su carta al seor Almagro que tambin se imprimi y public, que he encontrado en una coleccin de doumentos curiosos y que remito a Vd. en copia para que se sirva publicarla, como prueba de la firmeza de sus convicciones que continuaba manifestando en dicha carta. Y ltimamente, ahora, despus que fuimos elegidos diputados en este ao, me escriba desde Barcelona, alentado con la esperanza de que pudieran practicarse aquellos nuestros principios polticos sobre Cuba y manifestando su resolucin de hacer cuanto estuviera de su parte para conseguirlo; por lo que es indudable que lejos de haberlos variado ni modificado, los llev ntegros hasta el sepulcro. Descanse en paz. Su memoria quedar ilesa, a pesar de los embates de la pasin y de los partidos. Esto, en cuanto a mi ilustre amigo. En cuanto a m, qu ms puedo decir? Si no bastasen mis invariables antecedentes; si a mis palabras se da el sentido inverso al que tienen: si a las afirmaciones se llaman negaciones, y a la rectitud, inconsecuencia, qu recurso queda? Cmo obligar a ver al que cierra los ojos voluntariamente? Sin embargo, yo no puedo ni debo quedar bajo la impresin de ninguna clase de sospecha, por infundada que sea y para el efecto dar una explicacin y har una declaracin. La explicacin es la siguiente. La palabra autonoma, como he dicho antes, daaba a las aspiraciones polticas de los cubanos, mientras stas no pudieran ser conocidas; pero hoy que lo son, es indiferente y puede

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JOS ANTONIO SACO /383 /383 /383 /383 /383 aceptarse para calificarlas aquella palabra u otra cualquiera como convencional, por no haber otra que pueda ser ms propiamente aplicada a una legislatura provincial dependiente del poder central de la nacin. Y la declaracin es la de que, adems de lo general del programa liberal de sa, estoy completa y especialmente conforme con la parte que se refiere a la diputacin insular que considero la base sine qua non de las reformas polticas que necesita Cuba, sea cual fuere el nombre con que se les califique. Creo, seor Director, que esto bastar para disipar las dudas o recelos que Vd. y sus lectores puedan haber concebido en este punto, que es el fin que me he propuesto, y dando las gracias anticipadas por la publicacin de sta, queda a sus rdenes S. S. Q. B. S. M. —Calixto Bernal. —Madrid, 7 de diciembre de 1879.

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ACUMULACI"N DE FUNCIONES LEGISLA ACUMULACI"N DE FUNCIONES LEGISLA ACUMULACI"N DE FUNCIONES LEGISLA ACUMULACI"N DE FUNCIONES LEGISLA ACUMULACI"N DE FUNCIONES LEGISLA TIV TIV TIV TIV TIV AS AS AS AS AS Y EJECUTIV Y EJECUTIV Y EJECUTIV Y EJECUTIV Y EJECUTIV AS EN EL CONSEJO LEGISLA AS EN EL CONSEJO LEGISLA AS EN EL CONSEJO LEGISLA AS EN EL CONSEJO LEGISLA AS EN EL CONSEJO LEGISLA TIV TIV TIV TIV TIV O O O O O2 2 2 2 2Esta acumulacin de facultades introducidas en la organizacin poltica de algunas colonias inglesas, produjo desde los primeros tiempos, dificultades y embarazos en el ejercicio de las constituciones coloniales; pero en ninguna parte se sintieron con ms fuerza que en el Bajo Canad. Esta colonia lo mismo que otras situadas al norte del San Lorenzo, pasaron del poder de la Francia al de la Gran Bretaa por el tratado de paz celebrado entre esas dos naciones en 1763. En 1791, la provincia hasta entonces llamada de Quebec se dividi en dos gobiernos, uno con el nombre de Alto Canad y otro con el de Bajo Canad. Diose a cada uno de ellos una forma parlamentaria compuesta de una asamblea elegida por el pueblo, y de un consejo legislativo nombrado por la Corona, que gozaba a un tiempo de atribuciones legislativas y ejecutivas. sta fue obra de Pitt, y, por consiguiente, se resinti de los principios aristocrticos que le animaban; pero al gran talento de Fox, su rival, no pudo escaparse el vicio que contena la formacin de semejante Consejo, y claramente lo manifest en su discurso pronunciado en la Cmara de los Comunes el 8 de abril de 1791. Como era de esperar, el Bajo Canad, ilustrado por la nueva educacin poltica que reciba, y por el contacto en que se hallaba con los ingleses y norteamericanos, empez desde 1814 a quejarse amargamente de los abusos que ocasionaba ese Consejo mixto, conjunto informe de atribuciones legislativas y ejecutivas; y a tal punto llegaron los males, que en las nueve sesiones del Parlamento canadiense que precedieron al ao de 1835, la Cmara alta, o sea, el Consejo legislativo y ejecutivo, rechaz 122 proyectos de ley que le pas la Asamblea o Cmara de Representantes. Para terminar tan lamentable conflicto, el Gobierno ingls, con su sabia previsin, asent sobre una nueva base el rgimen de la colonia; y en vez de uno, estableci dos Consejos que funcionasen separadamente y con absoluta independencia. 2Trabajo no concluido.

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JOS ANTONIO SACO /385 /385 /385 /385 /385 Al Consejo legislativo dejarnsele solamente atribuciones legislativas y bajo de este carcter fue el representante o equivalente verdadero de la Cmara alta en la metrpoli, as como el Consejo ejecutivo lleg a ser cerca del gobernador de la colonia, un remedo del Consejo privado en Inglaterra que ayuda con sus luces al gobierno. A manera del Canad hanse constituido en otras colonias los Consejos legislativos.

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NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO —A— Abarca y Bolea, Pedro Pablo: 28, 36, 37, 131, 132, 133, 135, 136, 171, 172. Abascal, Jos Fernando: 27, 170. Acosta, Jos Julin: 324. Acosta, Mariano: 58. Adriano, Publio Elio: 145. Aguilar, Alejandro: 319. Aguilar, Alonso de: 359. Aguirre de Tejeda, Manuel: 372. Aldama y Arechaga, Domingo de: 142, 209. Alfonso, Jos Luis: 361, 363. Almagro, Diego de: 25, 166, 242. Almagro, Miguel de: 25, 166, 350, 380, 382. Almirante. Ver Coln, Cristbal. Alvarado, Diego de: 353.

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OBRAS 388\ 388\ 388\ 388\ 388\Ampis, Juan de: 353. Angulo y Heredia, Antonio: 324. Angulo y Heredia, Jos Miguel: 369. Aniceto: 207. Anthemio: 207. Antonino Caracalla: 145. Antonino Po: 145. Appianus: 206. Aranda, conde de. Ver Abarca y Bolea, Pedro Pablo. Arango, Andrs de: 163. Arango y Parreo, Francisco de: 59, 107, 120, 307, 365. Argudn. Ver Surez Argudn, Jos. Argelles, Jos Agustn: 18, 19, 170, 265, 273, 274, 321, 325. Aranguren, Juan Jos: 63. Arlington, lord: 226. Armas y Carmona, Francisco de: 361, 362, 370. Arrastia, Jorge: 53. Arrate y Acosta, Jos Martn Flix de: 46. Arreaga, Luis de: 225. Augusto, Csar Octavio: 206. Austin, Esteban Fuller: 379. Azcrate, Nicols: 324. —B— Bardeci, Lope de: 352, 353. Beltrn de Lis: 208. Benavides y Navarrete, Antonio: 20. Bermejo, Juan: 242. Bernal, Calixto: 369, 380. Bernardino, fray: 352. Betancourt Cisneros, Gaspar: 3.

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JOS ANTONIO SACO /389 /389 /389 /389 /389Bonaparte, Jos: 26, 168. Bonaparte, Napolen: 36, 186, 203, 299, 344. Bouguer: 172. Broglie, duque de: 219. Brook, Rajah: 180. Brown, John: 243. Brunet, conde de: 3. Buxton: 347. Byron, comodoro: 182. —C— Caballero, Fermn: 266, 273. Caballero, Jos Agustn: 50. Cabaas, Juan de: 357, 358. Cabezas, Alonso de las: 124. Caldern: 360. Calpurnio Asprenas: 206. Calvo de la Puerta, Martn: 105, 120. Calvo y O’Farrill, Nicols: 104. Cambas Garca, Antonio: 17. Camejo, Agustn: 324. Canning, Jorge: 347. Cnovas del Castillo, Antonio: 259, 377. Caraballo, Juan Francisco: 46, 105, 120. Crdenas de Monte Hermoso, marqus de: 105. Crdenas y Manzano, Nicols de: 75. Cardwell: 185. Carlos I de Espaa: 6, 7, 8, 9, 136, 302, 310, 314, 319. Carlos II de Espaa: 228, 274, 310. Carlos III de Espaa: 28, 36, 119, 171, 230. Carlos IV de Espaa: 174.

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OBRAS 390\ 390\ 390\ 390\ 390\Carlos V de Espaa: 221, 226, 236. Carlota, infanta de Brasil: 168. Casas, Bartolom (fray): 225. Casas Aragorri, Luis de las: 50, 48, 59, 120. Casa Pealver, marqus de: 105. Castro, Alejandro: 369. Catilina: 242. Cienfuegos y Jovellanos, Jos: 56, 222. Castell Florite, marqus de. Ver Dulce y Garay, Domingo. Cspedes, Sancho de: 317. Claudio: 117. Cobden: 330. Coln, Cristbal: 7, 25, 123, 124, 145, 165, 187, 224, 225, 309, 315, 320. Coln, Diego: 242. Condorcanqui, Jos Gabriel. Ver Tupac-Amaro Constantino: 145, 146, 379. Contreras (los): 166, 242. Conyedo, Juan: 57. Correoso: 373. Corts, Hernn: 25, 136, 165, 314, 320. Crisstomo, san: 322. Cromwell, Oliverio: 226. Cruz Castellanos, Jos de la: 324. Cuhna Reis, Manuel Basilio de: 211, 212, 213, 215. Curtius, Ernest: 378, 379. —CH— Chaperon: 21. Chasseloup-Laubot, marqus de: 299. —D— Dana, Charles A.: 374, 379.

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JOS ANTONIO SACO /391 /391 /391 /391 /391Danton, Jorge: 343, 344. Dvila, Alonso: 353. Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos (obispo): 51, 59, 120. Daz de Espada y Landa. Ver Daz de Espada y Fernndez de Landa, Juan Jos (obispo). Diocleciano: 145, 207. Dios: 44, 50, 75, 102, 141, 191, 227, 243, 247, 308. Divino Maestro. Ver Jesucristo. Dulce y Garay, Domingo: 159. Dupont While: 337. —E— Echeverra, Jos Antonio: 324, 374, 375, 376, 377, 378. Enrique, cacique: 242. Enrique II de Espaa: 302. Enrique III de Espaa: 302. Ensenada, marqus de: 172. Escovedo, Nicols Manuel de: 15, 107, 120, 361, 362. Espartaco: 206, 242. Ezpeleta y Enrile, Joaqun de: 237. —F— Felipe II de Espaa: 6, 7, 8, 9, 32, 281, 314. Felipe IV de Espaa: 6, 8, 281. Felipe V de Espaa: 153. Fernndez de Len, Antonio: 167. Fernndez de Medina, Gonzalo: 358. Fernndez de Navarrete, Martn: 124, 187. Fernndez de Oviedo, Gonzalo: 123, 124, 236. Fernndez, Gonzalo: 359. Fernndez Perdones, Luciano: 211, 212, 213, 215. Fernando, el Catlico : 6, 236, 351, 352, 353, 354.

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OBRAS 392\ 392\ 392\ 392\ 392\Fernando VI de Espaa: 172. Fernando VII de Espaa: 10, 153, 308, 310. Figueroa, Luis de (fray): 220. Fondesvilla y Ondeano, Felipe: 119, 120. Fox, Carlos Jaime: 384. Fras y Jacott, Francisco de: 224, 324. —G— Galba, Servio Sulpicio: 206. Galbaud: 197. Galo Sacrovir: 207. Garca Blanco: 273, 321, 322. Garca Camba, Antonio: 263. Garca de Padilla: 356. Garca Martnez: 124. Gener, Toms: 307. Gil de la Cuadra, Ramn: 17, 18, 263, 264, 265, 273. Godin: 172. Gonzlez Bravo, Luis: 369, 372. Gonzlez, Flix: 50. Gran Almirante. Ver Coln, Cristbal. Grote, George: 378. Guizot, Franois: 89. Guillermo: 376, 377 Guzmn, Gonzalo de: 318. —H— Hannon, el Grande : 241. Hernndez, Francisco: 242. Herodes: 363. Heros, Martn de los: 18, 273. Herrera, Desiderio: 60.

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JOS ANTONIO SACO /393 /393 /393 /393 /393Herrera y Tordesillas, Antonio de: 123, 225, 226, 236. Hugus: 344. Humboldt, Alejandro de (barn): 337. —I— Irving, Washington: 187. Isabel, la Catlica : 6, 8, 123, 124, 309. Isabel II de Espaa: 3, 4, 5, 13, 40, 159, 173, 237, 274, 348. Isag Abrahan: 124. Istriz, Francisco Xavier: 14. —J— Jaruco, condesa de: 105. Jefferson, Toms: 25, 168. Jesucristo: 204, 205. Jimnez de Cisneros, Francisco (cardenal): 315. Juan, Jorge: 172, 173, 174, 175. Juan Lydus: 207. Juan II de Espaa: 302. Juan VI de Portugal: 136. Justiniano: 207, 479. —L— La Condamine, Carlos de: 172. Lacordaire, padre: 71. Lameth, Carlos: 193. Lebron: 352. Len: 207. Leopoldina, princesa: 136. Licurgo: 375. Lincoln, Abraham: 243. Lorenzo, Manuel: 13, 14, 15, 16, 361, 362. Luis XV de Francia: 244.

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OBRAS 394\ 394\ 394\ 394\ 394\Luis XVI de Francia: 245. Luis Felipe I de Francia: 92, 219, 343. Luis Napolen. Ver Napolen III. Luz y Caballero, Jos de la: 49, 68, 74, 107, 120, 364, 365. Lynch, Toms: 226. —M— Mac Adam, John London: 42, 43. Maine: 379. Mahy y Romo, Nicols: 307. Mantilla: 43. Mara Cristina de Borbn: 14, 16, 260, 263. Martnez Campos, Arsenio: 377. Martnez de Pinillos, Claudio: 107, 365. Maximiliano I, archiduque de Austria: 131. Melndez, Lorenzo: 48. Mendizbal: 264. Meja, Jos: 19. Mill, John Stuart: 337, 338, 339. Minerva: 56. Ministro de Ultramar. Ver Cnovas del Castillo, Antonio. Ministro de Ultramar. Ver Seijas Lozano, Miguel de. Miranda, Francisco: 25, 26, 166, 168. Miyares, Fernando: 27, 169. Montalvo y Castillo, Juan: 15, 362. Moctezuma: 131. Monte, Domingo del: 71, 72, 74, 76, 101, 107, 208. Montelo, marqus de. Ver Alfonso, Jos Luis. Montemayor, Pedro de: 124. Morales Lemus, Jos: 324, 373. Moreau de Jonns, M. Alex: 223.

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JOS ANTONIO SACO /395 /395 /395 /395 /395Munn de Nugareda, Juan: 370. Muoz, Juan Bautista: 225, 236, 356. —N— Napolen I. Ver Bonaparte, Napolen. Napolen III: 240, 246, 247. Narvez, Ramn Mara de: 138. Nern: 206. Niebhur, Berthold-Georges: 378, 379. Nez Vela, Blasco: 242. —O— Obispo. Ver Trespalacios y Verdeja, Felipe Jos de. O’Donnell y Jorri, Leopoldo: 153. O’Farril y O’Farril, Jos Ricardo: 158. Olivn, Alejandro: 20, 21, 364, 365. Orleans, duque de: 363. Ortega, Manuel: 324. Ortiz, Bartolom: 357. Othon, Marco Solvio: 207 Oviedo. Ver Fernndez de Oviedo, Gonzalo. —P— Paradas, Francisco: 46, 68. Pasamonte: 352, 353, 355. Paz, Pedro de: 318. Pedro, emperador de Brasil: 136. Pepe. Ver Alfonso, Jos Luis. Pepino, el Breve : 70. Perdones. Ver Fernndez Perdones, Luciano. Pericles: 100, 101. Peruani, seora: 53. Picornel: 26, 168.

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OBRAS 396\ 396\ 396\ 396\ 396\Pilatos, Poncio: 363. Pinelo, Francisco: 124. Pitt, William: 384. Pizarro, Francisco: 25, 166, 320. Pizarro, Gonzalo: 25, 166, 242, 320. Pizarro, Juan: 25, 166, 242, 351. Plinio, el Viejo : 121. Polybio: 29. Pozos Dulces, conde de. Ver Fras y Jacott, Francisco de. Providencia. Ver Dios. —Q— Queipo del Llano, Jos Mara: 25, 26, 28, 167, 168, 169, 170. Quesada, Bernardino de: 357, 358. Quesada, Manuel de: 53. Quintanilla, Alonso de: 123. —R— Ramrez, Alejandro: 56, 58, 60, 75, 120, 222. Reina. Ver Isabel, la Catlica Reina Augusta. Ver Mara Cristina de Borbn. Reina Gobernadora. Ver Mara Cristina de Borbn. Rey. Ver Fernando, el Catlico Rey Catlico. Ver Fernando, el Catlico Ricafort y Palacn de la Barca, Mariano: 365. Rodrguez Ogea, Antonio: 324. Rojas, Manuel de: 357, 358. Roldn, Juan: 352, 353. Ruiz Belbis, S.: 324. Russell, almirante: 186. —S— Saco, Jos Antonio: 14, 101, 106, 162, 176, 191, 207, 209, 222, 226, 232, 259, 274, 324, 350, 365, 366, 368, 371, 373, 374, 376, 377, 380, 381, 382.

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JOS ANTONIO SACO /397 /397 /397 /397 /397Sagarra, Juan Bautista: 74. Salvador (el). Ver Jesucristo. Snchez del Corral, Alonso: 359. Sancho, Vicente: 18, 266, 271, 273, 274. San Martn: 370. San Miguel, Antonio de (fray): 174. Santa Clara, Cristbal de: 353