Obras

MISSING IMAGE

Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Physical Description:
v. : ill. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Saco, José Antonio, 1797-1879
Torres-Cuevas, Eduardo, 1942-
Casa de Altos Estudios de Fernando Ortiz
Publisher:
Imagen Contemporánea :
Casa de Altos Estudios de Fernando Ortiz
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Cuban question -- To 1895   ( lcsh )
Slavery -- History -- Cuba -- 19th century   ( lcsh )
History -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Politics and government -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references and indexes.
Statement of Responsibility:
José Antonio Saco ; ensayo introductorio, compilación y notas, Eduardo Torres-Cuevas.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 51337436
isbn - 9597078228 (obra completa)
ocm51337436
System ID:
AA00008627:00003


This item is only available as the following downloads:


Full Text

PAGE 1

Untitled-5 28/08/01, 12:15 1

PAGE 2

BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOS CASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANAEsta obra se publica con el coauspicio de la Oficina del Historiador de La Habana. RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTORA ARTSTICADeguis Fernndez Tejeda ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva Untitled-5 28/08/01, 12:15 2

PAGE 3

Untitled-5 28/08/01, 12:15 3

PAGE 4

Responsable de la edicin: Gladys Alonso Gonzlez Realizacin y emplane: Viviana Fernndez RubinosTodos los derechos reservados Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2001; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 14 ISBN 959-7078-22-8 obra completa ISBN 959-7078-25-2 volumen III Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Deguis Fernndez Tejeda Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC Untitled-5 28/08/01, 12:15 4

PAGE 5

Jos Antonio Saco (1797-1879) Untitled-3 28/08/01, 12:13 97

PAGE 6

[...] profesional, modesto burgus, que por culto y decente y por su liberalismo de economas y de polticas, moderado pero sincero, resultaba esencialmente incompatible con aquel rgimen reaccionario y depredador, de intolerancia, esclavitud, autoritarismo, contrabando, desafuero, privilegio y corrupcin. Fernando Ortiz

PAGE 7

COLECCI"N DE PAPELES CIENTFICOS, HIST"RICOS Y POLTICOS Y DE OTROS RAMOS SOBRE LA ISLA DE CUBA, YA PUBLICADOS, YA INDITOS POR DON JOS ANTONIO SACO A la memoria de Domingo del Monte consagra el tercer tomo de sus obras Jos Antonio Saco

PAGE 9

FUND FUND FUND FUND FUND ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE UNA AC DE UNA AC DE UNA AC DE UNA AC DE UNA AC ADEMIA EN LA HABANA ADEMIA EN LA HABANA ADEMIA EN LA HABANA ADEMIA EN LA HABANA ADEMIA EN LA HABANA EN 1834, Y CONTIEND EN 1834, Y CONTIEND EN 1834, Y CONTIEND EN 1834, Y CONTIEND EN 1834, Y CONTIEND A DEPLORABLE A DEPLORABLE A DEPLORABLE A DEPLORABLE A DEPLORABLE QUE SE SUSCIT" ENTRE ELLA Y ALGUNOS MIEMBROS QUE SE SUSCIT" ENTRE ELLA Y ALGUNOS MIEMBROS QUE SE SUSCIT" ENTRE ELLA Y ALGUNOS MIEMBROS QUE SE SUSCIT" ENTRE ELLA Y ALGUNOS MIEMBROS QUE SE SUSCIT" ENTRE ELLA Y ALGUNOS MIEMBROS DE LA SOCIED DE LA SOCIED DE LA SOCIED DE LA SOCIED DE LA SOCIED AD ECON"MIC AD ECON"MIC AD ECON"MIC AD ECON"MIC AD ECON"MIC A DE LA HABANA A DE LA HABANA A DE LA HABANA A DE LA HABANA A DE LA HABANAExtrao parecer,* que destinado este tomo a los papeles polticos que sobre Cuba escrib, empiece cabalmente por un asunto cuya naturaleza es puramente literaria; pero las tristes pasiones que en l se mezclaron, dironle desde el principio un carcter jurdico que muy pronto degener en poltico, pues que bajo de un colorido siniestro se present ante el pblico y el gobierno a los nobles defensores de la Academia Cubana. Al cabo de 24 aos bien puedo recordar sin ofensa de nadie los sucesos que entonces ocurrieron y aunque yo fui el blanco y la vctima de una injusta persecucin, mis propios perseguidores no negarn la generosidad de mi conducta, pues que habiendo podido escribir libremente contra ellos en tan largo tiempo, jams los he mencionado, ni hecho tampoco la ms remota alusin a los asuntos de la Academia. A tanto llega el olvido de mis pasados agravios, que hoy mismo quisiera poder arrancar del papel los nombres que figuraron en aquella escena; pero formando estos acontecimientos una pgina para la historia cubana, ella, si yo los borrase, me acusara con razn de que mutilo sus documentos, y que refiero infielmente a la posteridad los hechos que en Cuba pasaron. Miembros de la Sociedad Econmica de La Habana eran en aquella poca varios jvenes de sobresaliente instruccin y aventajado talento. Proyectaron algunos de ellos, en 1829, formar un centro literario, y para dedicarse exclusivamente al estudio de las bellas letras, pidieron a la Sociedad que les permitiese formar una clase o seccin en que pudiesen realizar sus patriticos deseos. Concediseles, no lo que pedan, pero s que estableciesen una Comisin Permanente de Literatura agregada a la Seccin de Educacin, cuyo presidente y secretario deban, por lo *Esta obra se tom de Biblioteca Bsica de Autores Cubanos, Editora del Consejo Nacional de Cultura, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963. ( N. del E .)

PAGE 10

OBRAS 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ mismo, serlo tambin de aqulla. Esta determinacin se public en el Diario de la Habana del 5 de marzo de 1830. He aqu el oficio que a nombre de la Sociedad se pas entonces al presidente de la Seccin de Educacin: Oficio. —Habiendo solicitado varios individuos aficionados a la bella literatura, que esta Corporacin abriese entre sus clases una con el objeto particular de ocuparse exclusivamente en el estudio de este ramo; y deseando aprovechar tan buenas disposiciones, de conformidad con lo que le propuso la Junta preparatoria; ha acordado en su ltima Junta general que se establezca, no una clase, sino una Comisin Permanente en la que V.S., dirige, que era la antigua de Ciencias, y bajo la presidencia de V.S., cuyo objeto exclusivo sea el ameno y agradable estudio de la literatura, ya que se le presenta esta ocasin de incorporar a las tareas de la Sociedad este ramo de instruccin pblica, tan importante como til y agradable. De orden de la Sociedad lo comunico a V.S. para que por su parte se sirva cumplir con su acuerdo, y llenar el objeto a que aspiran los solicitantes. Dios guarde a V.S. muchos aos. —Habana y diciembre 23 de 1829.— J. Santos Surez.—Seor don Nicols de Crdenas. En virtud de este acuerdo, instalose la Comisin Permanente de Literatura el 13 de febrero de 1830; pero su oracin inaugural se reserv para el 3 de marzo del mismo ao, habindola pronunciado el seor don Blas Oss, miembro distinguido de la Comisin, y que despus ha ocupado uno de los puestos ms eminentes en la magistratura cubana.1 La verdad me obliga a decir, que yo no tom parte en ninguno de estos actos, pues me hallaba a la sazn en los Estados Unidos. Yo no regres a La Habana hasta principio de 1832, y entonces fue cuando tuve el honor, no slo de ser inscrito entre sus miembros, sino que se me confiase la direccin de la Revista Bimestre Cubana peridico que ya hall establecido, y que los individuos de la Comisin redactaban con gloria suya y del pas. As marchaban las cosas hasta que acaeci la muerte de Fernando VII. Abriose entonces una nueva era a los espaoles de ambos mundos, y conociendo algunos miembros de la Comisin de literatura la esperanza de transformarla en Academia, elevaron al trono la exposicin que por primera vez se publica, y de la que yo no fui autor, sino quien ms adelante se dir. Seora: Los que suscriben, individuos de nmero de la Comisin Permanente de Literatura de la Real Sociedad Patritica de La Habana, con el 1Este discurso inaugural se public en el Diario de la Habana del 7 de marzo de 1830.

PAGE 11

JOS ANTONIO SACO /5 /5 /5 /5 /5 respecto debido a V.M. exponen: que con el objeto de adelantar en el estudio de las humanidades y de propagar en esta Isla la aficin a ellas, principalmente en orden al conocimiento de las obras clsicas que en todos gneros ha producido Espaa —y conocimiento que tanto contribuir a crear y mantener nuevos lazos de unin entre esta provincia y su metrpoli—; deseaban tiempo ha formar una Academia, separada de aquel cuerpo, en que, bajo la proteccin del Supremo Gobierno, pudiesen dedicar a tan provechosa ocupacin las horas de descanso que les deja libres el ejercicio de sus profesiones respectivas. Pero desalentados al considerar los obstculos que de ordinario se presentan para llevar a cabo todo nuevo establecimiento, haban desistido con dolor de su propsito, si no fijasen la atencin en el Real nimo de V.M., cuyo patrocinio se atreven a implorar llenos de confianza los exponentes, porque saben la noble proteccin que ha dispensado siempre V.M. a las ideas provechosas, y ven por sus ojos las mejoras que ha sabido introducir en los ramos ms importantes y trascendentes de la pblica administracin. Si V.M. se dignase de acoger benignamente este proyecto, desapareceran todas las dificultades que pudieran presentarse, quedando asegurada para siempre la subsistencia de la nueva reunin literaria. Ningn perjuicio se seguir, por otra parte, a la Real Sociedad Patritica de la separacin propuesta, antes al contrario se hallar ms expedita en sus deliberaciones, descargada de la discusin, en sus juntas de asuntos tan ajenos de su naturaleza, como son las cuestiones literarias. Porque, siendo, Seora, los fines de una y otra corporacin tan distintos, ms bien se estorban mutuamente en su cargo que se ayudan y favorecen: qu tiene, por ejemplo, de comn el estudio de la Dramtica, de la Epopeya, de la Oratoria y dems ramificaciones del arte de la palabra con el mecanismo de los oficios industriales y las operaciones de la Agricultura, objeto principal de una Sociedad puramente Econmica? Los individuos que componen la Comisin de Literatura de esta Sociedad, conocen su falsa posicin, y no desean ms que corregirla, constituyndose bajo el amparo de V.M., bajo una nueva y ms conveniente forma, bien siguiendo la planta de la Academia de buenas letras de Sevilla, bien lo que ellos mismos propongan con ms deteccin, bien en fin con la que sea del agrado de V.M. Nunca se ha presentado coyuntura ms favorable para efectuar la separacin. En este mismo correo eleva la Sociedad al superior conocimiento del gobierno el acta suya del mes de diciembre de 1829 en que aprob la solicitud de los exponentes para que se formase en su seno la Comisin de Literatura, la cual por no comprenderse en el nmero de las secciones del Estatuto aprobado por el Rey Nuestro Seor en su Real Orden de 12 de septiembre de 1831 carece an de la sancin de V.M. ste es el momento, pues, ms a propsito para que dndose por

PAGE 12

OBRAS 6\ 6\ 6\ 6\ 6\ disuelta la referida comisin, por no estar en armona ni con las tareas ni con la organizacin del cuerpo econmico, se conceda a los exponentes que son los mismos individuos que la componen la gracia de constituirse en corporacin aparte con el ttulo de Academia o Instituto habanero de ciencias y literatura o con el que ms plazca a V.M. denominarla. No exigen los exponentes ni exigirn jams de la munificencia de V.M. ninguna especie de auxilios pecuniarios; bien convenidos ellos de los apuros en que las desgraciadas circunstancias que han afligido a la nacin, han puesto a su Real Erario, no cansarn la atencin de V.M. con solicitudes importunas en este particular, mxime cuando juzgan que uno de los ms luminosos y honorficos decretos de V.M. ha sido el que dispone la mayor economa en la reparticin de las rentas pblicas. La utilidad y beneficio que resultaran del establecimiento del nuevo Instituto se pueden barruntar por las muestras que de su laboriosidad y celo por la ilustracin general han dado los exponentes, como individuos de la Comisin de Literatura en la publicacin de la Revista Bimestre Cubana peridico que ha obtenido una acogida favorable tanto aqu como en la corte. Cunto ms no debe esperarse de una corporacin, que para trabajar con ms empeo, no tiene que atender a los lentos pasos de otra tan recargada de tantas, tan interesantes y arduas tareas como lo est la benemrita Sociedad Econmica de La Habana? Pudiera tambin asegurarse, que una institucin semejante es ya de necesidad en el pas, atendido el aumento de su poblacin, el carcter dulce y suave de sus moradores, que los dispone e inclina a los estudios amenos, la noble ansia de aprender que se observa en la juventud, y la muchedumbre de talentos privilegiados y de imaginaciones fecundsimas que descuellan por donde quiera en medio de los encantos de una naturaleza siempre animada y risuea; porque bien sabe V.M. que ni la abundancia de buenos libros, ni la ms constante aplicacin suelen ser suficientes para hacer progresos considerables, cuando falta la discusin y el poderoso estmulo de la emulacin entre compaeros y amigos que caminan a un mismo objeto. Por ltimo: los que suscriben, terminarn esta sencilla y respetuosa exposicin, recomendando a la consideracin de V.M. la empresa que han concebido, y suplicando, que si merece su suprema aprobacin, se digne V.M. dictar las medidas y prevenciones que juzgue oportunas para su ejecucin, con lo cual se aumentarn considerablemente respecto a V.M. los ttulos al reconocimiento pblico de esta Isla, en cuyo bien y el de la monarqua tanto se desvela. Habana, etc., de 1833.2 Seora. —A.L.R.P de V.M.—( Siguen las firmas). 2En la copia manuscrita que conservo de esta exposicin, no se expresa el da ni el mes en que se hizo.

PAGE 13

JOS ANTONIO SACO /7 /7 /7 /7 /7 Esta exposicin, que nunca vieron los enemigos de la Academia, fue sin embargo calumniada por ellos, pues se imaginaron que contena falsedades y ofensas contra la Sociedad Econmica de La Habana. Pero tan justa y tan arreglada la consider el Gobierno Supremo, que accediendo a los laudables deseos de los individuos de la Comisin, expidi la Real Orden de 25 de diciembre de 1833, que fue comunicada a la Sociedad para su cumplimiento, y por sta al presidente de la Comisin de Literatura. Los miembros de ella, apoyados en la soberana resolucin, procedieron a pocos das a la instalacin de la Academia, cuya acta publicada en el Diario de la Habana del 8 de abril de 1834, conviene reimprimir aqu a fuer de documento histrico. Acta de instalacin de la Academia Cubana de Literatura Reunidos el da 6 de marzo de 1834 en junta extraordinaria los individuos que componan la Comisin Permanente de Literatura de la Real Sociedad Patritica de esta ciudad en la morada y bajo la presidencia del seor don Nicols de Crdenas y Manzano, tom la palabra el seor Presidente y dijo, que el objeto de la reunin era leer la Real Orden, fecha 25 de diciembre ltimo por la cual S.M. la Reina Gobernadora conceda a esta Comisin su independencia de la Real Sociedad Econmica, a que ha pertenecido hasta hoy, y la ha constituido en corporacin aparte con el ttulo de Academia. Se dio efectivamente lectura por m el presente secretario a dicha Real Orden, comunicada por el Ministerio de Fomento a la Sociedad Patritica, y por sta al presidente de la Comisin para su cumplimiento; y su letra es como sigue: “Ministerio del Fomento general del Reino. —He dado cuenta a S.M. la Reina Gobernadora de una exposicin de los individuos de nmero de la Comisin Permanente de Literatura de esa Real Sociedad Econmica en solicitud de que se le permita constituirse en academia independiente de esa corporacin, con el objeto de fomentar en esta Isla la aficin al estudio de las humanidades, y el conocimiento de las obras clsicas nacionales en todos ramos; y enterada S.M., se ha dignado acceder a los deseos de la Comisin, que deber ocuparse de la formacin del reglamento de la Academia, y presentarlo a la Sociedad, para que, discutido por ella, lo remita por conducto del ministerio de mi cargo a la aprobacin de S.M. De su Real Orden lo comunico a V.S. para noticia de la Sociedad, la de la citada Comisin y dems efectos correspondientes a su cumplimiento”. —Y habiendo dado cuenta a la Real Sociedad en sesin de 21 del pasado, acord desde luego su obedecimiento, y que se trasladase a V.S. para noticia de esa comisin permanente y dems efectos correspondientes a su cumplimiento,

PAGE 14

OBRAS 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ a cuyo fin acord asimismo el ilustre Cuerpo econmico que por dicha Comisin se le remitiese copia de la exposicin elevada a S.M. para instituir debidamente el expediente con que debe contestarse a S.M. ejecutando su soberano mandato. Lo que comunico a V.S. como presidente de la clase para su conocimiento con arreglo a dicho acuerdo. Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana y marzo 1 de 1834. —Antonio Zambrana. La Comisin de Literatura acatando, obedeciendo y cumpliendo el soberano rescripto que acaba de leerse, acord conforme a su tenor, declararse por disuelta desde aquel momento, y considerarse para de aqu en adelante como Academia, como la ha titulado S.M., independiente en sus tareas de la intervencin de la Real Sociedad Patritica. En esta virtud procedi a la eleccin de sus ministros, y resultaron nombrados por aclamacin, para director, el seor don Nicols de Crdenas; vicedirector, don Blas Oss, y para secretario y vicesecretario los mismos que antes ejercan estos cargos. Enseguida, el seor director, despus de manifestar su agradecimiento por el honor que reciba, nombr a los seores don Blas Oss, don Anastasio Carrillo, don Manuel Gonzlez del Valle y don Domingo del Monte para que formasen el proyecto de reglamento que ha de pasarse a la Real Sociedad Patritica, acordndose por todos que se contestase a sta respecto a la demanda que hacen de una copia de la exposicin que se elev a la Reina Nuestra Seora, que, segn informa el seor Oss que le extendi, no hay borrador ni copia alguna de dicha exposicin, por lo cual es imposible complacerla, persuadida, por otra parte, que no es un requisito de consideracin para instruir el expediente el tener a la vista los motivos que movieron a S.M. para conceder la gracia, una vez que con su autoridad Real los ha sancionado y los ha puesto fuera de examen; y finalmente que para ejecutar su soberano mandato no se ha de menester otra cosa que discutir y elevar a la mayor brevedad el reglamento de la Academia para su aprobacin. Poseda de los ms respetuosos sentimientos de gratitud esta Academia hacia la augusta instaladora que la ha constituido corporacin independiente, acord dirigirle por el correspondiente ministerio una exposicin en accin de gracias por tan distinguido favor. El seor director nombr, para que la extendiesen, a los amigos don Jos Antonio Saco, don Vicente Oss y don Pedro Sirgado. Sabindose ya positivamente en esta ciudad que ha sido nombrado presidente del Consejo de Ministros de S.M. el seor don Francisco Martnez de la Rosa, nuestro socio corresponsal de la Comisin de Literatura, que le mereci las expresiones ms gratas de aprecio y gratitud, cuando en 1831 lo incorpor en su seno, acord la Academia participarle su instalacin, y darle las ms sinceras enhorabuenas de su merecida

PAGE 15

JOS ANTONIO SACO /9 /9 /9 /9 /9 elevacin, en lo que se congratula esta junta, no slo por contarlo en el nmero de sus individuos, sino por las lisonjeras esperanzas de mejoramiento y de orden que esperan de su honradez y sabidura los buenos espaoles de ambos hemisferios. El seor Director nombr para que formase esta exposicin a don Domingo del Monte. El seor Director expuso que deseaba que esta Academia conservase relaciones de amistad con la patritica Seccin de Educacin, cuyos sentimientos y opiniones en favor de la ilustracin del pas, estaban tan en armona con los de la Academia: la junta aplaudi la proposicin, y acord de conformidad. A propuesta del mismo seor Director, qued acordado comunicar al Excmo. seor Presidente, Gobernador y Capitn General, la instalacin de la Academia en virtud de la Real Orden de 25 de diciembre, cuyo tenor se transcribir en el oficio de participacin para que le conste a S.E. el cumplimiento como a jefe superior de la Isla, con lo que se concluy el acto. —Domingo del Monte, secretario. Al pie de esta acta se public la lista de los miembros que compusieron la Academia, habindose aadido en el Diario de la Habana del 10 de abril de aquel ao los nombres de tres individuos que involuntariamente se omitieron. Tan respetables y tan dignos son muchos de esos nombres, que yo cometera una falta imperdonable si aqu no los repitiese.Individuos de nmeroSeor don Nicols de Crdenas Licenciado don Blas de Oss. Licenciado don Domingo Andr, segundo fiscal de Marina. Seor alcalde licenciado don Anastasio Carrillo y Arango. Licenciado don Agustn Govantes, catedrtico de Derecho en el Real Colegio de San Carlos. Licenciado don Ignacio Valds Machuca. Doctor don Francisco Eusebio de Hevia. Presbtero don Francisco Ruiz, catedrtico de Filosofa en el Real Colegio de San Carlos. Seor auditor honorario don Cornelio Coppinger. Seor doctor don Prudencio de Hechavarra, auditor de guerra de Cuba. Licenciado don Clemente Blanco. Licenciado don Domingo del Monte. Licenciado don Jos Antonio Cintra. Capitn licenciado don Pedro Sirgado y Zequeira. Don Joaqun Santos Surez.

PAGE 16

OBRAS 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ Don Juan Justo Reyes.3Don Jos de la Luz Caballero. Don Jos Antonio Saco. Doctor don Nicols Escovedo. Licenciado don Francisco de la Cruz. Licenciado don Esteban Moris. Seor auditor honorario don Jos Bruzn Caballero de Montesa. Licenciado don Anastasio Orosco y Arango. Licenciado don Felipe Poey. Doctor don Vicente Oss. Don Jos Luis Alfonso. Don Manuel Gonzlez del Valle.Corresponsales en MadridExcmo. seor primer secretario de Estado y de su despacho don Francisco Martnez de la Rosa. Seor don Manuel Jos de Quintana. Don Agustn Durn. Doctor don Juan de la Cruz Oss. Don Toms Quintero. Licenciado don Jos Mara Montreal, caballero de Carlos III. Don Dionisio Sols.dem en Puerto RicoSeor don Ramn Oss, oidor decano en la Real Audiencia. Seor don Antonio Benavides y Navarrete, fiscal en la misma Real Audiencia. Seor don Jaime Mara de Salas, oidor. Licenciado don Agustn Sirgado y Zequeira, relator. Doctor don Jos Espaillat.dem en Matanzas y Puerto PrncipeAdministrador de Correos de Matanzas don Flix Tanco. Licenciado don Manuel de Monteverde. Seor don Bruno Gonzlez de la Portilla, oidor en la Real Audiencia de Puerto Prncipe. 3Este seor, lejos de defender la Academia, o de mantenerse neutral, como hicieron algunos, se pas a las filas enemigas.

PAGE 17

JOS ANTONIO SACO /11 /11 /11 /11 /11 Como uno de los puntos que se acordaron el da de la instalacin de la Academia, fue dar las gracias al Gobierno de la metrpoli, publicose en el Diario de la Habana del 21 de marzo el acta siguiente: Academia Cubana de LiteraturaEn junta extraordinaria de 18 del corriente se ley y aprob la exposicin adjunta extendida en nombre de la Academia por el individuo de nmero don Jos Antonio Saco, y se acord unnimemente su publicacin. —Habana, 20 de marzo de 1834.— Domingo del Monte, secretario. Seora: Los individuos que componen la Academia Cubana de Literatura, alzan su voz desde este lado de los mares para llevar al trono de la inmortal Cristina los sentimientos de la ms profunda gratitud por el insigne beneficio que acaba de dispensarles. La Real Orden de 25 de diciembre del ao prximo pasado, en que cortando V.M los lazos que ligaban a la Comisin Permanente de Literatura con la Real Sociedad Econmica de La Habana, manda que aqulla se erija en cuerpo independiente de sta, no slo es un testimonio irrefragable de la proteccin que concede V.M. a los progresos del entendimiento humano, sino un monumento glorioso que se levanta al genio de la ilustracin en las playas del Nuevo Mundo. En torno de este monumento se congregar de aqu en adelante la Academia Cubana de Literatura, y penetrada de las importantes funciones que la patria la llama a desempear, se afanar por corresponder a la alta misin con que V.M. la honra y engrandece. —Dignaos, pues, Excelsa Seora, dignaos de aceptar las efusiones ms puras de nuestra adhesin y gratitud; y cubriendo con vuestro maternal escudo la naciente institucin a que acabis de dar el ser, en breve crecer y producir frutos sazonados de saber y de virtud.—Habana, 18 de marzo de 1834. —Seora.—A.L.R.P. de V.M. —Nicols de Crdenas, director.—Blas Oss, vicedirector.— Anastasio Orozco y Arango. —Jos de la Luz Caballero.—Domingo Andr.—Vicente Oss.—Clemente Blanco.—Francisco Ruiz.—Esteban Moris.—Anastasio Carrillo y Arango.—Manuel Gonzlez del Valle.—Pedro Pascual Sirgado. —Domingo del Monte.—Jos Antonio Saco. Los documentos que contiene el acta de instalacin de la Academia presentan ya iniciada la triste lucha entre sta y la Sociedad, o mejor dicho, un cortsimo nmero de ella. La Real Orden fundadora de la Academia no daba a la Sociedad ms intervencin que la de discutir el reglamento que la Academia le presentase, y enviarlo despus al Supremo Gobierno para su aprobacin. Pero ella se propas a pedir, que la Acade-

PAGE 18

OBRAS 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ mia le pasase copia de la exposicin que a la Reina Gobernadora haban hecho los individuos de la Comisin de Literatura: y la pidi, no para bien de la Academia, sino para combatirla, pues ya haba dicho de palabra, y luego, dado a entender por escrito, por el rgano de su secretario, que esa exposicin era ofensiva a la Sociedad, y falsas las preces en que se fundaba. Lo cierto es, que se haba formado el proyecto de destruir la Academia, siendo el ms empeado en conseguirlo un hombre poderoso en La Habana por sus relaciones sociales, y ms todava, por su influencia con los que ejercan el poder. Los acadmicos no ignoraban su desventajosa posicin; algunos de ellos saban muy bien que la Academia estaba condenada a morir; y si denodadamente pelearon en lucha tan desigual, fue por su propio honor, y por la santidad de su causa. El 8 de abril de 1834 publicose en el Diario de la Habana el acta de instalacin de la Academia; y ya el 12 le dirigi el primer ataque, en el mismo Diario el que era entonces secretario de la Sociedad, bajo el nombre de Socio amante de la literatura y del orden .4 Siguiose entonces por algunos das una viva polmica entre los amigos y los enemigos de la Academia; y tomando yo parte en ella, publiqu en el Diario del 13 de abril el siguiente papel: “Al Socio amante de la literatura y del orden”“Un Acadmico que desea contestar al artculo publicado en el Diario de ayer contra la Academia Cubana de Literatura, suplica al seor Socio que ya que tiene a su disposicin el Real Decreto de 6 de junio de 1792 en que se mand constituir la Sociedad Econmica de La Habana, y la Real Cdula de 15 de diciembre del mismo ao, aprobatoria de sus estatutos, tenga la bondad de imprimirlos en el mismo Diario para mayor triunfo de sus ideales, e ilustracin del pblico. Tambin se le ruega, que revise bien su papel, y corrija en tiempo oportuno las inexactitudes que contiene, pues si el artculo que sali de su pluma, es tal cual se ha dado a la luz, veo muy mal parado al Socio amante de la literatura y del orden ”Un Acadmico”. A este artculo se contest en los trminos siguientes en el Diario de la Habana del 14 de abril de 1834. “Seor Acadmico: ”Ni tengo, ni puedo tener a mi disposicin el Real Decreto de 6 de junio de 1792, de que estoy sin embargo bien instruido: deber existir 4Debo advertir, que ya no era secretario de la Sociedad, el distinguido cubano don Joaqun Santos Surez.

PAGE 19

JOS ANTONIO SACO /13 /13 /13 /13 /13 en el archivo de la Real Sociedad y slo por acuerdo suyo podr usted hacerlo publicar, si lo necesita para contestarme; la Real Cdula de 15 de diciembre del mismo ao aprobatoria de los Estatutos, queda a disposicin de usted en la redaccin, y ya ver usted que existe impresa. Desde que sali mi artculo advert algunas inexactitudes que haba pensado corregir con la siguiente fe de erratas. Lnea 11 del Comunicado, donde dice: de Fomento, lase del Fomento ; prrafo segundo, donde dice: esplcita lase explcita ; fin del prrafo cuarto, donde dice: los hombres sensatos, el gobierno mismo dir ; lese: los hombres sensatos dirn, el gobierno mismo decidir ; en el subsecuente, donde dice: imputarles entindase: imputar a stos ; y donde dice: pero me atrevo ; lese y me atrevo : ltimamente donde dice: subdito… hijo ; lese sbditos … hijos .—Si quedan, pues, algunas otras inexactitudes sustanciales, puede usted advertirlas seguro de mi docilidad y de que agradecer mucho sus instrucciones, con tal que sean arregladas a la mxima de Bacon; pero tenga usted entendido que sobre las irregularidades en que ha incurrido la Comisin, muy mal parada la veo, y mucho le queda a usted que or a su atento servidor: ”El Socio amante de la literatura y el orden”. A este artculo repliqu yo inmediatamente en el mismo Diario “Al Socio amante de la literatura y del orden ”Doy a usted las gracias por la prontitud con que ha puesto a mi disposicin la Real Cdula aprobatoria de los Estatutos de la Sociedad Econmica. En cuanto al Real Decreto de 6 de junio de 1792 me dice usted que ni lo tiene, ni lo puede tener a su disposicin. Que no lo tenga, pase; pero que no lo pueda tener, se niega. No es usted socio? No maneja usted papeles de la Sociedad? No podra usted haber conseguido desde tiempos anteriores de alguna copia manuscrita, o algn ejemplar impreso, as como lo tiene de la mencionada Real Cdula? Todo esto puede ser; pero prescindiendo de todo, y queriendo ahorrarme el trabajo de recurrir a la Sociedad para que me franquee el documento que solicito, me doy plenamente satisfecho. ”Cuando encargu a usted que revisase bien su artculo, no me contraje a cuestiones gramaticales: usted no entendi el sentido de mis palabras. Yo me refer al cuerpo del papel, al fondo de las ideas; pero no a vocablos ni terminillos que son insignificantes en materia de gran momento. Yo siento que usted se hubiese molestado en formar la fe de erratas, que nos insert en el Diario de hoy; y siento todava mucho ms, que haya echado a perder algunas cosas que estaban buenas en su papel. E s plcita, escribi usted antes, y ahora corrige esa palabra mandando que se lea e x plcita. Esto supone que e s plcita con s es un error, y

PAGE 20

OBRAS 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ que solamente se debe usar con x : mas, en esto va usted equivocado, pues se puede escribir de ambos modos, y hoy es ms comn poner la s en lugar de la x para suavizar la pronunciacin. Tambin nos advierte que donde dice de Fomento, debe leerse del Fomento. Nada, seor Socio no hay que asustarse. En estos negocios se ha menester serenidad, y los trastornos que usted padece, me anuncian que su espritu est agitado. De Fomento y del Fomento, son modos de hablar muy bien admitidos en la lengua castellana; por consiguiente, proscribir el primero, y admitir solamente el segundo, es dar una prueba demostrativa de que el seor Socio no est seguro de lo que escribe. Si a alguno de los dos modos se hubiera de dar la preferencia, debiera ser al primero; y no deja de ser muy extrao, que despus de haber citado el seor Socio contra la Academia el Reglamento de la subdelegacin de Fomento, le hubiese ledo tan a la ligera, que no haya reparado en que all se usa casi exclusivamente de las palabras subdelegaciones de Fomento, subdelegado de Fomento. ”Usted me recomienda la mxima de Bacon; pero ya que tanto le agrada, yo tendr el gusto de explicrsela, para que en lo sucesivo la entienda y la aplique mejor. ”Afirma usted que ‘sobre las irregularidades que ha cometido la Comisin muy mal parada la ve’. Perdone usted, seor Socio ; usted est muy mal engaado. Ya esa seora no existe: das ha que muri por voluntad de nuestra augusta Reina Gobernadora: y siendo usted y sus compaeros de ideas y sentimientos los dolientes principales, tcales de justicia hacerle el entierro y los funerales de costumbre. Por lo que a nos atae, ya cesamos de ser comisionados y vindonos elevados al rango de acadmicos sabremos defenderle a despecho de cuantos quieran oponerse. ”El Acadmico”. La Academia me haba honrado nombrndome para que hiciese su defensa; y viendo yo que los ataques se redoblaban contra ella, juzgu necesario publicar el papel que va a continuacin: Al pblicoLa naciente Academia Cubana de Literatura asaltada por algunos miembros de la Sociedad Patritica de La Habana, est en el caso de hacer ante el pblico una defensa de la legalidad de sus operaciones; pero una defensa vigorosa y digna de las circunstancias. Ella ver muy pronto la luz pblica; mas, como mientras llega para la Academia tan suspirado momento, sus enemigos tratan de sorprender la opinin y de

PAGE 21

JOS ANTONIO SACO /15 /15 /15 /15 /15 prevenir el juicio de la autoridades, es necesario que aqullos sepan desde ahora, que la Academia probar: 1 Que su instalacin ha sido legtimamente hecha en virtud de la Real Orden de 25 de diciembre prximo pasado. 2 Que corporaciones literarias de la nacin se han instalado antes de haber obtenido la aprobacin de sus Reglamentos. 3 Que esa misma Sociedad Econmica que tan indignada est hoy con su hija rebelde la Academia, y cuya conducta se nos propone por modelo, tambin se instal, nombr empleados y celebr juntas antes de haber recibido la aprobacin de sus Estatutos. La arrogancia es un sentimiento que jams ha tenido entrada en mi pecho; pero al escribir estos renglones, la pluma no se puede contener, ni yo negar la satisfaccin que experimento al decir, que los miserables argumentos de nuestros enemigos quedarn convertidos en polvo.— JOS ANTONIO SACO. En este estado se hallaba la cuestin, cuando en el Diario de la Habana del 18 de abril de 1834 apareci el ataque ms formidable y ofensivo que hasta entonces se haba dado a la Academia y a los acadmicos. Real Sociedad PatriticaCertifico: que en junta ordinaria celebrada por el ilustre cuerpo econmico la noche del 15 del corriente bajo la presidencia del Excmo. seor don Mariano Ricafort, gobernador y capitn general y con asistencia del Excmo. seor don Juan Bernardo O’Gavan, director, y de los seores licenciado don Manuel Martnez Serrano, censor; doctor don ngel Jos Cowley, contador; don Juan Justo Reyes, individuo de mrito; doctor don Lucas de Ariza, don Antonio Duarte y Zenea, don Jos Antonio Valds, presbtero licenciado don Joaqun de Pluma, don Jos Joaqun Garca, doctor don Juan Jos Aparicio, licenciado don Ramn Medina y Rodrigo, licenciado don Antonio de Penti y Franco, don Francisco Gonzlez Santos, capitn don Mateo Gaspar de Acosta, don Juan Jos Pedrajas, don Martn de Ferreti, Rdos. PP Fr. Ambrosio Herrera y Jos Mara Miranda, licenciados don Jos Antonio Coln, don Manuel Jos de Piedra y don Fernando de Len, don Agustn Bozalongo, teniente coronel don Pedro Nolasco Fernndez e infrascrito secretario, entre otras cosas se trat y acord lo siguiente: Diose cuenta por el presente Secretario del acta de la junta preparatoria que a la letra dice as: En la siempre fidelsima ciudad de La Habana en 24 de marzo de 1833.—Reunidos en la morada del Excmo. seor Excmo. seor don Juan Bernardo O’Gavan, del consejo de S.M., dean de la santa iglesia de la Catedral, director de la Real Sociedad

PAGE 22

OBRAS 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ Econmica de Amigos del Pas, previa convocatoria hecha a nombre de S.E. con las formalidades de Estatuto, el Excmo. seor don Juan Montalvo y Castillo, presidente de la Seccin de Agricultura, y los seores vicecensor, contador e infrascrito secretario del ilustre cuerpo, y constituidos en junta preparatoria, autorizada por el artculo 62 para resolver en los casos de urgencia, a reserva de dar cuenta documentada a la corporacin en primera oportunidad, se tuvo a la vista la Real Orden del 25 de diciembre ltimo, comunicada por el Ministerio del Fomento general del Reino, por la cual accedi S.M. la Reina Gobernadora a los deseos de los individuos de nmero de la Comisin Permanente de Literatura, en orden a erigirse en Academia independiente, mand que se ocupase de la informacin del reglamente y lo presentase a la Sociedad, para que discutido por ella lo remitiese a la aprobacin de S.M. por conducto del propio Ministerio: en cuya consecuencia, y a pesar de no haber constancia alguna ni en la Sociedad ni en la Comisin de los antecedentes que motivaron la solicitud, ni de los individuos que la establecieron, pues en la junta ordinaria en que se dio cuenta con dicha Real Orden manifest el seor Nicols de Crdenas, presidente de la expuesta Comisin, “que ignoraba el origen de la real gracia”, y el amigo don Blas Oss expuso, “que a l y otros que firmaron la exposicin se deba la gloria o el vituperio que resultase del negocio”, con todo se haba acordado el obedecimiento de lo dispuesto por S.M., y que se trasladase a la Comisin la Real Orden de la materia como se verific, para que ocupndose de la formacin del reglamento, remitiese tambin una copia de la citada exposicin a fin de instruir debidamente el expediente de cumplimiento. Mas, advirtindose que la Comisin muy lejos de atemperarse a la letra de la real resolucin y al acuerdo de la Sociedad, se haba instalado desde luego en Academia independiente, sin conocimiento ni intervencin de autoridad alguna publicndolo en el Diario del 10 del corriente con la misma Real Orden, pero sin guardar la forma correspondiente de transcripcin del oficio de la Sociedad en que fue a aqulla comunicada; continuando en la celebracin de sesiones anunciadas por el Diario del 18, y publicando despus en el del 21 la exposicin que intenta dirigir a S.M. dndole gracias por el insigne beneficio que acaba de dispensarle, cortando los lazos que la ligaban con la Real Sociedad, y firmndose ya constituidos en nuevos destinos, a cuya eleccin parece haber procedido, instalando a los sujetos nombrados sin que est formado, discutido y aprobado el Reglamento que previno S.M. y que ha de ser la base de la creacin; no pudiendo la Sociedad ni su junta preparatoria de ministros ser indiferentes a tantas irregularidades, que comprometen el decoro de la Real Corporacin y barrenan la misma resolucin soberana, ni permitir que contine en ejercicio un cuerpo que carece de autorizacin, mientras no est sancionado el Re-

PAGE 23

JOS ANTONIO SACO /17 /17 /17 /17 /17 glamento bajo cuyas bases ha de constituirse, las cuales estn sometidas a la discusin de la Sociedad y para precaver, por ltimo, que se trate de sorprender al alto gobierno con imputaciones gratuitas para cohonestar la conducta que se ha observado por la expuesta comisin, se acord desde luego: que se oficie al seor don Nicols Crdenas presidente de la Comisin de Literatura titulado ahora director de la Academia, manifestndole que la Sociedad extraa los procedimientos de la clase, y que no reconoce su institucin independiente, mientras no se cumpla literalmente la Real resolucin y el acuerdo de la junta que se le comunic; que con copia certificada de esta acta y del oficio que se le pas a la Comisin insertndole la Real Orden, y con los Diario s citados se oficie al Excmo. seor Presidente, Gobernador y Capitn General, a fin de que S.E. se digne dictar las providencias oportunas para que no progrese la titulada Academia, sino por los medios que prescribe S.M.; intimndola que cese desde luego en sus sesiones, que no puede ni debe celebrar sino como tal Comisin de Literatura, que deber de ocuparse de la formacin de su reglamento para poder despus de aprobado instalarse bajo los auspicios de la autoridad real; y por ltimo que con los mismos recados y copia del acta del 28 de febrero prximo pasado, se conteste el recibo de la Real Orden al Excmo. seor Secretario de Estado y del despacho del Fomento general del Reino, para que consten al alto gobierno de S.M. as la ciega deferencia de la corporacin al cumplimiento de sus mandatos soberanos, como el extraviado proceder de la Comisin en todo este negociado, desde los medios que se intentaron para conseguir la Real gracia, y para que S.E. tenga a bien mandar instruir a la Sociedad de la exposicin que dirigieron a S.M. los individuos de la Comisin, a fin de que haya una constancia en sus archivos, como corresponde. Con lo cual termin la sesin.—Juan Bernardo O’Gavan, presidente.— Antonio Zambrana, secretario. Acto continuo dio lectura el mismo Excmo. seor Director a un papel que la letra dice as: “Excelentsimo Seor y Seores: ”Pertenezco a una corporacin respetable que hoy es notada injustamente, por algunos, como poco adicta a la cultura y propagacin de la buenas letras, y a las instituciones nobles que las protegen. No har aqu la apologa de la benemrita corporacin eclesistica que en todas pocas ha prestado sealados servicios a la patria, aun en la misma carrera literaria con quien se supone no andar de acuerdo; ni tampoco la vindicar de las calumnias que contra ella se suelen difundir. Est muy lejos de necesitar mi dbil patrocinio.

PAGE 24

OBRAS 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ ”Por lo que a m concierne, dir que me considero personalmente a cubierto de tan fea imputacin. Es bien notorio que, sin aspirar a la elevada y difcil categora de literato, en todos tiempos me he consagrado a las letras; amo y respeto a los hombres que la cultivan, y deseo sinceramente cooperar al buen xito de cuantos establecimientos puedan contribuir al fomento de las humanidades. Esta propuesta saludable no parecer extraa al dar cuenta, como Director, a esta Real Sociedad, de nuestras ocurrencias desagradables con la llamada Academia de Literatura, en cuya organizacin se entiende a consecuencia de Real Orden. ”Cuando en la junta anterior se ley la expedida por el Ministerio del Fomento, sobre la fundacin de esa Academia en esta capital, conocimos todos desde luego que en la direccin de esta solicitud a la Reina, no haban obrado sus autores con la lealtad y franqueza que corresponda. Una fraccin de este ilustre cuerpo, una mera criatura suya sin ms vida que la que tuvo a bien prestarle nuestra generosidad, aspir sin conocimiento de su madre a romper tan sagrado vnculo; sin duda creyendo y alegando que su dependencia o unin la oprima, y que sin su emancipacin absoluta era imposible que en nuestro suelo se cultivasen y progresasen las buenas letras. ste es fuera de duda el fundamento y origen de la Real Orden relativa a la nueva Academia. ”Sin embargo de que a su simple lectura se demuestran, y tocamos los vicios insanables de esa misma Real Orden expedida sin la audiencia o informe de esta corporacin, sin la oportuna instruccin; accedimos al momento por consideraciones polticas a que se obedeciese y cumpliese, disponiendo la formacin del Reglamento que dispone S.M., y aadindose que se pidiese a los autores del proyecto, y se acompaase para instruir expediente la exposicin que algunos individuos de la Comisin de Literatura, a nombre de toda ella, haban dirigido al Supremo Gobierno. Ese papel de donde arranca la creacin de la Academia: ese papel, seores, a que es referente la Real Orden, se nos dice que no parece, y aun se agrega que no es necesario. ¡Notable extravo y bien arbitraria calificacin! ”Sin la formacin, examen, discusin, y, en fin, sin la sancin soberana de los Estatutos prevenidos se ha erigido, o mejor dicho, se ha levantado de hecho o por su propia fuerza y voluntad la tal Academia; y declarndose formal y solemnemente instalada, cuando carece de la constitucin o estatutos para su vida y ejercicio legal, ha procedido a todos los actos consiguientes, a saber: creacin de sus ministerios, de socios de nmero, de corresponsales, pomposa accin de gracias al gobierno por la emancipacin, como si hubiese escapado de un dilatado y penoso cautiverio; como si esta Real Sociedad fuese un cuerpo sofocador u opresor de las luces. Ha entonado, en fin, el cntico de los israeli-

PAGE 25

JOS ANTONIO SACO /19 /19 /19 /19 /19 tas por su salida de Ppulo brbaro Tales y otras irregularidades se han anunciado en el Diario de esta capital, y han llamado demasiado la atencin al pblico. Ya se nos califica de perseguidores de las luces porque tratamos de cumplir la ley. ”Como esta serie, no dudo decir, de atentados clsicos se cometan sin autorizacin ni conocimiento del gobierno, y cedan en desdoro de la Real Sociedad, a quien est encomendado exclusivamente el examen y discusin de los estatutos, que en oportunidad han de regir la institucin literaria; y como por otra parte en aquellos das, los ms sagrados y augustos de nuestra religin, no poda congregarse todo el cuerpo patritico, nos reunimos los ministros que formamos la junta preparatoria. Tomamos detenidamente en consideracin la conducta de la Comisin de Literatura, pues hasta ahora no reconocemos en ella otro carcter, ni otra denominacin, y extendindose nuestras reflexiones hasta pesar y calcular la influencia que pudiera tener este negocio directa o indirectamente en el orden poltico; arreglados a lo que ordena el artculo 62 de nuestros estatutos, para casos de urgencia como el actual, acordamos dar inmediatamente cuenta al gobierno, a cuya autoridad est encargado el cumplimiento de las leyes, el respeto y decoro que se debe a las corporaciones legtimamente constituidas y la vigilancia y conservacin del orden pblico, evitando y reprimiendo, por los medios vigorosos que tiene en su mano, cuantas tentativas se encaminen a violar tan sagrados objetos bajo el pretexto ms especioso. Oficiamos tambin al seor Presidente de la Comisin de Literatura, manifestndole a nombre de la Real Sociedad, que se extraaba su conducta irregular en haberse erigido en Academia prematuramente y antes de remitidos y examinados sus estatutos; y la respuesta destemplada de 8 del corriente convence la animosidad y el mal espritu que agita a nuestra Comisin literaria contra este cuerpo que fue autor de su existencia revocable y precaria. ”Aunque el resultado de lo principal de la cuestin pende todava de la resolucin del gobierno, he credo necesario como Director de esta Real Sociedad, presentarle esta breve exposicin de todo lo ocurrido para su noticia.—Habana y abril 15 de 1834.—Juan Bernardo O’Gavan. ”Y enterada de todo la Junta, penetrada de la necesidad urgente de las medidas oportunas de la junta preparatoria, de su celo y actividad, no menos que de su ilustracin en la materia, acord desde luego que se aprobase como de hecho aprobaba el acta de dicha junta, la cual deba insertarse con el papel ledo por el Excmo seor Director en la de esta sesin; publicndose todo en el Diario de esta ciudad para conocimiento general; remitindose un ejemplar al Excmo. seor Presidente, Gobernador y Capitn General para su agregacin al expediente del asunto, y ponindose al pie copia del oficio de contestacin de la titulada

PAGE 26

OBRAS 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ Academia, y otra al Ministerio dndose las debidas gracias a los seores ministros que componen la preparatoria: todo lo cual fue acordado unnimemente, pues slo el amigo don Joaqun de Pluma manifest, que se abstena de votar por no estar bien penetrado de la materia. ”Y en virtud de dicho acuerdo, libro la presente en la siempre fidelsima ciudad de La Habana a 16 de abril de 1834.—Antonio Zambrana, secretario”. Oficio que se cita .— Academia Cubana de Literatura .—Ledo el oficio de V.S., fecha 26 de marzo, por el que a impulso de la junta preparatoria, y tomando la voz de la Real Sociedad Econmica, se reconviene por los anuncios y elecciones que ha hecho la Academia constituyndose independiente y se reclama copia de la exposicin que motiv la Real Orden del 25 de diciembre, acord manifestar, que siendo como es, la Academia de Literatura, independiente de la Real Sociedad Econmica, por dignacin de S.M. la Reina Gobernadora, en nombre de la Reina Nuestra Seora doa Isabel II, que Dios guarde, no necesita la aprobacin de dicha Sociedad, como lo pretende la junta preparatoria; y que a la Academia le basta, para considerarse legtima y hbil, la Real Orden de 25 de diciembre prximo pasado. Y ya que la junta preparatoria habla de extraezas, la Academia, por su parte, tambin ha extraado altamente, que al cabo de tantos das de los anuncios y elecciones, contra el tenor expreso del artculo 62 que cita, se haya adelantado a cumplir como acordado por la Real Sociedad en sesin legal ordinaria el proyecto de acuerdo que form con respecto a la Academia. Y, por ltimo, que la copia reclamada ni existe, ni se ha menester, puesto que las razones que movieron el nimo de S.M. la Reina Gobernadora para constituir la Academia, estn ya fuera de todo examen y discusin. De orden de la Academia lo comunico a V.S. para que tenga a bien transcribirlo a la junta preparatoria.—Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana 6 de abril de 1834.—Manuel Gonzlez del Valle, vicesecretario.—Seor licenciado don Antonio Zambrana, secretario de la Real Sociedad Econmica. —Es copia fiel, Antonio Zambrana. Cuando en el Diario de la Habana del 18 de abril aparecieron los documentos que preceden, ninguna duda quedaba en que ya haba sonado la ltima hora para la Academia; pero sus miembros, o a lo menos, algunos de ellos, lejos de intimidarse, se hallaron con nuevos bros para combatir y vencer a sus contrarios en el campo de la razn. Bien sentan stos la fuerza de tan gran verdad, y mostrando un temor que a todos revelaba la injusticia de sus actos y la imposibilidad de defenderlos en franca y leal polmica, trataron inmediatamente de paralizar la pluma de los acadmicos, y creyeron haberlo conseguido, arrancando al incauto Jefe que entonces gobernaba en Cuba una orden arbitraria que aqu

PAGE 27

JOS ANTONIO SACO /21 /21 /21 /21 /21 debo publicar, pues la posteridad y el juicio que sta forma, son el consuelo de los oprimidos, y el castigo de los opresores. “Habana 23 de abril de 1834. ”Los redactores del Diario de esta ciudad no publicarn papel ninguno que tenga relacin con el establecimiento de la Academia de Literatura, esto es por ahora y hasta que descienda la soberana determinacin, sin admitir remitido ninguno de esta clase, para no dividir las opiniones, con lo que se comprometern objetos muy sagrados.—Ricafort”. Igual orden se intim a los redactores de los dems peridicos que entonces se publicaban en La Habana; pero mucho se equivocaron los enemigos de la Academia en figurarse, que yo, defensor de ella, me quedara en silencio, dejando indito mi manuscrito. Exista en Matanzas una imprenta, perteneciente a don Tiburcio Campe, cuyo nombre no es desconocido en las luchas polticas de Espaa. Este seor, que ya muri, se hizo cargo de imprimir la Defensa de la Academia y para cubrir su responsabilidad, supuso haberse hecho la impresin en Nueva Orlens. Esto que entonces, y aun despus fue un secreto religiosamente guardado, ya hoy se puede revelar al pblico sin ningn inconveniente. Con tanta impaciencia sobrellevaba yo el silencio forzado que se nos haba impuesto, que a los cuatro das de tener cerradas las imprentas, logr publicar en el mismo Diario de la Habana del 27 de abril un artculo alusivo a la perseguida Academia. Tal vez, el censor no percibi su tendencia; o si la percibi, se hizo el que no la entenda; pero lo cierto es que al pblico no se escap el fin a que se encaminaba. Deca as: Comunicado“Cada buque que llega de Espaa nos trae felices nuevas que anuncian el prspero estado de la nacin. Cristina est decidida a levantar al pueblo espaol del abatimiento a que le haban reducido las desgracias de los tiempos anteriores. Su genio benfico, disipando las tinieblas que envolvan la nacin, invoca las luces para que presidan a su trono. La agricultura se reanima, las artes se protegen, el comercio corre por anchos y libres canales, y la ilustracin empieza a difundir su vivificadora influencia sobre todas las clases del Estado. La Academia de Ciencias Naturales recin establecida en Madrid, es un monumento que inmortalizar el venturoso reinado de Cristina. Apenas desciende del trono el decreto que autoriza su formacin, cuando sin aguardar a ninguna otra cosa, se instala, emprende sus trabajos, y nombra una comisin numerosa para que forme los estatutos que sabiamente han de regirla. ¡Feliz reinado, feliz

PAGE 28

OBRAS 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ una y mil veces aquel en que los monarcas dispensan sus favores a las ciencias, y en que sacrificando las frmulas a la utilidad de las cosas, todo lo posponen a tan santo fin!—El amante de la ilustracin”. Entre la publicacin de este artculo y la aparicin de la Defensa de la Academia corrieron ms de dos meses; y en el intervalo, fue relevado del mando de Cuba el general Ricafort, y suceddole el general don Miguel Tacn. ste pues, y no aqul, era quien all gobernaba, cuando mi Defensa circul en Cuba a principio de julio de 1834: circulacin, que hecha a un tiempo por muchas manos, sorprendi a los enemigos de la Academia, que dorman embriagados a la sombra de su mal ganado triunfo. Heridos en el corazn, huyeron de la palestra en que debieran combatir; y apelando a medios inquisitoriales, alcanzaron del violento Jefe que tan complaciente se mostr, una atroz injusticia que llen de escndalo y terror a toda Cuba. Pero antes de llegar a estos sucesos, es preciso reimprimir el papel que los ocasion.

PAGE 29

JUST JUST JUST JUST JUST A DEFENSA A DEFENSA A DEFENSA A DEFENSA A DEFENSA DE LA DE LA DE LA DE LA DE LA AC AC AC AC AC ADEMIA CUBANA ADEMIA CUBANA ADEMIA CUBANA ADEMIA CUBANA ADEMIA CUBANA DE LITERA DE LITERA DE LITERA DE LITERA DE LITERA TURA TURA TURA TURA TURA (Contra los violentos ataques que se le han dado en el Diario de la Habana, desde el 12 hasta el 23 de abril del presente ao, escrita por don Jos Antonio Saco e impresa en Nueva Orlens por Mr. St.-Romes, oficina de El Courier ao de 1834.1) Advertencia del autorDebo advertir al pblico, que cuando hablo de la Sociedad, estoy muy distante de envolver en este nombre a tantos individuos benemritos como encierra en su seno. Me contraigo solamente al cortsimo nmero de los miembros que se oponen a la existencia de la Academia, y que siendo una fraccin insignificante respecto del total de socios, que sobre poco ms o menos llegan a 300, han tomado la voz de la Sociedad para darnos en su nombre ataques que no son la obra sino de algunos particulares. Esta advertencia me pondr a cubierto de toda siniestra interpretacin. Habana y abril 12 de 1834 Fortes igitur et magnanimi sunt habendi, non qui faciunt, sed qui propulsant injuriam Cicer. de officiis lib 1, cap. 19. Desde que la Sociedad Econmica de La Habana recibi la Real Orden de 25 de diciembre prximo pasado, en que S.M la Reina Gobernadora rompi las trabas que ligaban a la Comisin Permanente de Literatura con aquella corporacin, los miembros que hoy pertenecen a la Academia, conocieron que esta providencia dictada por S.M. en favor de las luces, haba de concitar contra ellos el rencor y la persecucin de 1Ya he dicho, que esta Defensa se imprimi en Matanzas, en la imprenta de don Tiburcio Campe.

PAGE 30

OBRAS 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ algunos individuos de la Sociedad. Pero si tal fue la creencia de los acadmicos, jams pudieron persuadirse a que hombres que se intitulaban amigos de la patria opusiesen una abierta resistencia a la benfica Real Orden de 25 de diciembre; que tratasen de convertir al mismo Cuerpo Econmico, que por tantos motivos debieran respetar, en instrumento de sus fines particulares; que con duras personalidades ofendiesen el honor de algunos miembros de la Academia; y que imprimiendo contra ellos papeles, acuerdos y representaciones, se atreviesen a provocar un debate pblico en que compiten a porfa los ms chocantes despropsitos con las imputaciones ms falsas y denigrativas. Doloroso, profundamente doloroso es para los acadmicos tener que entrar en lucha de linaje tan desagradable; pero violentamente atacados, e injustamente perseguidos, forzoso es que se apresten a la lid, y que empuando las armas de la razn y la verdad, las esgriman en defensa de sus derechos ultrajados. Un hombre, un mandatario a quien sus comitentes empujaron a la palestra, hacindole firmar artculos bajo el nombre de Socio amante de la literatura y del orden fue el primero que rompi los fuegos contra la Academia. Dada esta seal de alarma, salieron nuevas guerrillas; y mientras los acadmicos se burlaban de su mal asestada puntera, vieron aparecer repentinamente los gruesos escuadrones que marchaban sobre ellos para oprimirlos ms bien con su nmero y arrogancia, que no con las fuerzas de sus armas y la valenta de sus ataques. Esas guerrillas desaparecern como el humo, y esos escuadrones, que embriagados con su efmero triunfo, se consideran ya como invencibles, caern rotos y deshechos a nuestros pies. Empecemos, pues, empecemos nuestra defensa; y entresacando de los papeles, representacin y acuerdo publicados contra la Academia, los argumentos con que se pretende combatir la legalidad de sus operaciones, manifestaremos ante el pblico la insuficiencia de nuestros enemigos y la justicia de nuestra causa. El PRIMER ARGUMENTO que contra la Academia se dispara, es que la Real Orden de 25 de diciembre de 1833 nicamente previene la formacin, discusin y sancin del Reglamento de la Academia. Insertmosla aqu, y veamos lo que dice. “Ministerio del Fomento general del Reino.—He dado cuenta a S.M. la Reina Gobernadora de una exposicin de los individuos de nmero de la Comisin Permanente de Literatura de esa Real Sociedad Econmica, en solicitud de que se les permita constituirse en Academia independiente de esa corporacin, con el objeto de fomentar en esa Isla la aficin al estudio de las humanidades, y el conocimiento de las obras clsicas nacionales en todos ramos; y enterada S.M., se ha dignado acceder a los deseos de la Comisin, que deber ocuparse de la formacin del Reglamento de la Academia, y presentarlo a la Sociedad, para que discutido

PAGE 31

JOS ANTONIO SACO /25 /25 /25 /25 /25 por ella, lo remita por conducto del Ministerio de mi cargo a la aprobacin de S.M.—De su Real Orden lo comunico a V.S. para noticia de la Sociedad, la de la citada Comisin y dems efectos correspondientes a su cumplimiento”. La simple lectura de este documento basta para conocer que abraza dos puntos: primero, que la Comisin de Literatura de la Sociedad Econmica de La Habana se constituya en Academia independiente de esa corporacin ; y segundo, que se forme, discuta y eleve el Reglamento de la Academia para la aprobacin de S.M. Y cuando esto tan claramente aparece de las mismas palabras de la Real Orden, no es una asercin tan absurda como maliciosa, el suponer que en ella nicamente se previene la formacin, discusin y sancin del Reglamento? Obsrvese que segn el modo con que est concebida la Real Orden, la existencia de la Academia no se quiso hacer depender de la formacin ni discusin de los estatutos; antes al contrario, S.M. empieza por mandar que se constituya la Academia, y despus de haberle dado vida, encarga que se forme su Reglamento. Yo ruego al pblico que fije la atencin en las siguientes palabras de la Real Orden, pues ellas por s solas bastan para dirimir la controversia. “Y enterada S.M., as dice, se ha dignado acceder a los deseos de la Comisin ”. Pero cules fueron estos nobles, estos ardientes deseos? No fueron otros, sin duda, que los de salir cuanto antes del pupilaje de la Sociedad Econmica: luego si S.M. accedi a ellos, incuestionable es, que la Comisin qued transformada en Academia independiente de aquel cuerpo. Digno tambin es notarse el perodo con que termina el precioso documento que ha dado el ser a nuestro instituto. “De su Real Orden lo comunico a V.S. para noticia de la Sociedad, la de la citada Comisin, y dems efectos correspondientes a su cumplimiento”. Cuando ste se recomienda en trminos tan generales y absolutos como aqu se hace, ni puede ni debe limitarse a tal o cual punto en particular; sino que necesariamente se ha de extender a todos y cada uno de los que comprende la disposicin soberana. Y es por ventura uno solo el que abraza la Real Orden de 25 de diciembre? En el prrafo anterior acabo de probar que son dos, a saber: la ereccin de la Academia, y la formacin, discusin y aprobacin de sus estatutos: luego el cumplimiento de la Real Orden forzosamente ha de recaer as sobre lo primero, como sobre lo segundo. Mas, cules son los motivos por que tanto se empea la Sociedad en circunscribir el cumplimiento de la Real Orden a slo este ltimo punto, oponiendo una extraa resistencia a la ereccin de la Academia? Prefiri acaso S.M. algn tiempo, modo o condicin para que sta se constituyese? No, por cierto: y si tal no ha sido, con qu facultad, bajo de qu principios se atreve ese Cuerpo Econmico a suspender una parte del cumplimiento de una Real Orden, que dictada sin restricciones de nin-

PAGE 32

OBRAS 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ gn gnero, solamente se le comunica para que sepa que la Comisin se ha convertido en Academia independiente, y que discuta el Reglamento que sta le presente; mas, no para que se propase a interpretarla siniestramente, contrariando aun con medios escandalosos su saludable ejecucin? Es menester confesarlo. La Sociedad obedece la parte relativa al Reglamento, porque como ste se somete a su discusin, cree equivocadamente que ejerce un acto de superioridad sobre la Academia, y lisonjeada con este liviano sentimiento, acata y cumple la Real Orden; pero cuando sta se le presenta para que tambin base las palabras en que aqulla se manda constituir, entonces escupe los nombres de Cristina y de Isabel, y rompe con manos sacrlegas la pgina sagrada en que se decreta la muerte de la Comisin y la existencia de nuestro perseguido instituto. No era de esperar que tal hubiese sido la conducta de un cuerpo que debe ser protector de la ilustracin, ni mucho menos que hubiese hecho tan triste ensayo contra el primer establecimiento literario que la inmortal Cristina ha mandado fundar en nuestro suelo, y en circunstancias en que los buenos espaoles de ambos hemisferios nos apresuramos a reconocer la justicia y el acierto de sus determinaciones. Quizs se dir, que cuando en la Real Orden se manda formar el Reglamento, este encargo se hace a la Comisin y no a la Academia, segn lo indican las palabras siguientes: “Y enterada S.M., se ha dignado a acceder a los deseos de la Comisin, que deber ocuparse de la formacin del Reglamento de la Academia, etc .” Luego, si la Comisin es la que debe formarlo, parece que la Academia no ha debido constituirse antes de dar cumplimiento a esta parte de la Real Orden. Aunque los contrarios no han asomado esta dificultad,2 yo, sin embargo, quiero presentarla claramente para desvanecer las cavilaciones a que puede dar origen el espritu dscolo y sutilizador. Ved aqu mis razones. Primera Habindose hecho la exposicin al gobierno por individuos de la Comisin de Literatura, claro es que S.M. se haba de referir en su determinacin a ellos, o mejor dicho, a la Comisin a que pertenecan; pues sera ridculo que hiciese sus prevenciones a la Academia, que aunque mandaba erigir por la Real Orden, an no exista al tiempo de haberse expedido. No existiendo entondes la Academia, y siendo preciso que el gobierno usase de algn nombre para entenderse con el cuerpo cuyos individuos le haban hecho la exposicin, nada es ms natural que el que hubiese adoptado el nombre de dicho cuerpo, pues de su seno eran los miembros exponentes; y como esto se hiciese usando de la palabra Comisin y no Academia S.M. aplic la primera, por ser el nico nombre que entonces podra darse a esa cor2Despus de escrita esta Defensa uno de nuestros adversarios public un papel, apuntando este argumento.

PAGE 33

JOS ANTONIO SACO /27 /27 /27 /27 /27 poracin, junta, o como se quiera llamar. Por tanto, cuando S.M. dice que se ha dignado acceder a los deseos de la Comisin, que deber ocuparse de la formacin del Reglamento de la Academia no quiso dar a entender que sta no se erigiese mientras no se sancionase aqul, sino que no pudiendo decir, me he dignado acceder a los deseos de la Academia, que deber ocuparse de la formacin del Reglamento porque los tales deseos no eran de la Academia, sino de los individuos de la Comisin que deseaban convertirse en Academia, S.M. hubo de expresarse necesariamente en los trminos que lo hizo al tiempo de conceder la gracia que impetramos. Segunda En toda ley o disposicin, lo primero a que debe atenderse es al fin que se propuso el legislador, no siendo las palabras otra cosa sino el medio de que se vale para manifestarlo. Por consiguiente, cuando parece que alguna de aqullas quiere oponerse a este fin, debe tratarse de conciliarla con l, interpretando el mandato supremo de un modo favorable, pero no contrario al espritu del legislador. Y qu resultara de no hacerlo as en el presente caso? Resultara, que habiendo mandado S.M. simple y terminantemente que la Comisin de Literatura se erija en Academia independiente de la Sociedad, sin aadir modo, tiempo ni condicin para que esto se verifique, se incurrira en una contrariedad si se quisiese sujetar la ereccin de la Academia al requisito de la sancin de sus reglamentos. Tercera Si este requisito fuera esencial para la tal ereccin entonces s sera cierto, que aun cuando S.M. no hubiese expresado terminantemente que aguardsemos a l para constituirse, as deberamos hacerlo; pero cuando no hay necesidad de semejante sancin, para el acto de instalarnos, pues que as lo han hecho otras corporaciones, segn probar ms adelante, es evidente que la falta de ese requisito en nada puede influir contra la ereccin de la Academia. Cuarta En materias en que no hay perjuicio de tercero, y que son tiles al pblico, la interpretacin de toda ley o rescripto, lejos de restringirse, debe ampliarse. El que nosotros hemos obtenido, aunque contrario al orgullo de algunos miembros de la Sociedad Econmica, redunda en el beneficio de la ilustracin. El trono se empea hoy en fomentarla y protegerla; y las disposiciones que emanen de l sobre objeto tan laudable, deben ampliarse y cumplirse sin sujetarlas a frmulas ni reglamentos, que aun en tiempos menos felices se han sabido posponer a la utilidad pblica, y de que esa misma Sociedad nos dio ejemplo cuando se instal en 1793. La palabra, pues, Comisin ninguna fuerza tiene contra la ereccin de la Academia; y los enemigos de sta, si quieren combatirla, es preciso que busquen otras armas. El SEGUNDO ARGUMENTO consiste en que segn la Instruccin para el gobierno de las subdelegaciones de Fomento hecha en 1833, las aso-

PAGE 34

OBRAS 28\ 28\ 28\ 28\ 28\ ciaciones cientficas y literarias no pueden llevarse a efecto sin la sancin explcita de la autoridad a los reglamentos. No es tanto la falta de conocimientos jurdicos, cuanto la mala intencin del Socio amante de la literatura y del orden lo que le ha inducido a estampar en el papel un sofisma tan despreciable; pero sofisma maosamente inventado, tergiversando el lenguaje, y trastornando el sentido de la Instruccin que se cita. Para as probarlo, transcribir primero las palabras del amante articulista, y despus las de la misma Instruccin. Dice aqul: “Sin la sancin explcita de la autoridad, impartida a los reglamentos de las asociaciones cientficas y literarias, no podrn llevarse a efecto”. Cualquiera que lea con atencin este perodo, al punto advertir que envuelve un sentido anfibolgico, pues las ltimas palabras no podrn llevarse a efecto pueden referirse, o a las asociaciones o a sus reglamentos. Esto me hace recordar el artificio de que se vali el orculo de Delfos para evadirse de una respuesta decisiva cuando fue consultado sobre los destinos de Csar en la guerra contra los parthos: dico respondi el orculo, dico libi Cesarem vincere parthos ignorndose si deca, que Csar vencera a los parthos o los parthos a Csar. Ni ms ni menos ha procedido en el presente caso nuestro buen articulista; y es de sentir que derruidos los templos de la Antigedad en que habitaban los orculos, no pueda ya darse segura mansin en ellos a nuestro nuevo sacerdote. Pero dejmosle entregado a las funciones de su ministerio y escuchemos la letra del artculo 38, captulo 7 de la citada Instruccin. “Las academias y asociaciones cientficas y literarias de toda especie pueden contribuir poderosamente a difundir la instruccin. Los subdelegados de Fomento los promovern por cuantos medios estn a su alcance, e intervendrn en la formacin de sus reglamentos, que con su informe motivado remitirn a la aprobacin del Gobierno, sin cuya sancin explcita no podrn llevarse a efecto”. ¡Cun distinto sentido no presenta ahora la cuestin! As por el modo con que est redactado el artculo, como por la propia significacin de las palabras, me parece que el requisito de que sin la sancin explcita del Gobierno no puedan llevarse a efecto, no se refiere a las corporaciones cientficas y literarias, sino a sus reglamentos. La ltima oracin, no podrn llevarse a efecto creo que remueve toda duda, pues en buen castellano, cual lo es el en que est escrita la Instruccin para el gobierno de los subdelegados de Fomento, no se dice que las academias y dems cuerpos literarios no puedan llevarse a efecto sino que no se constituyan no se erijan etc., mientras que aquella frase s se aplica con propiedad a los reglamentos, pues muy correcta y castizamente puede decirse que se lleven o no se lleven a efecto Tal es, en mi opinin, el verdadero sentido del artculo; y un nuevo hecho acaba de confirmarla, porque la Academia de Ciencias Naturales recin establecida en

PAGE 35

JOS ANTONIO SACO /29 /29 /29 /29 /29 Madrid por Real Orden de 7 de febrero del presente ao, se ha instalado sin tener ni aun formados sus estatutos. Pero demos de barato que aquella Instruccin mande que ningn cuerpo literario se pueda constituir sin la aprobacin de sus reglamentos. Qu puede inferirse de aqu contra nuestra Academia? Nada, absolutamente nada. Ninguna ley o reglamento, establecido para el gobierno de la nacin puede regir en Amrica, mientras no se comunique de oficio y se mande ejecutar. La instruccin formada para la subdelegaciones de Fomento, aunque puesta ya en prctica en la Pennsula, aqu no puede tener todava cumplimiento, porque ni al Excmo. seor Gobernador y Capitn General de la isla de Cuba se le ha mandado observar, ni menos se han constituido los empleados a quienes se encarga su ejecucin. Y si nada de esto ha sucedido todava, por qu se alega contra la Academia una disposicin que an no tiene fuerza alguna en este pas? No existe en Espaa una nueva ley que en algunas materias exime a la imprenta de censura? Y sta rige acaso en nuestro suelo? Todava no: y por qu no? Porque an no se ha mandado cumplir. No se ha puesto ya en planta en la Pennsula la ley en que se da nueva forma a los ayuntamientos? Y se han establecido aqu sus necesarias reformas? No se han promulgado otras muchas disposiciones de cuyas ventajas disfruta ya la Pennsula? Y entonces: por qu no se extienden tambin a la isla de Cuba? Porque an no se han comunicado para su cumplimiento. Pues ni ms ni menos debe suceder con la Instruccin para las subdelegaciones. No est el Socio amante de la literatura no est en verdad tan ansioso como yo de que ese sabio Reglamento se establezca entre nosotros; pero aguardmosle, aguardmosle todava. Tiempo vendr en que la Espaa sosegada y libre de las turbulencias que hoy la agitan, vuelva sus ojos maternales sobre esta porcin querida de hijos ultramarinos, y llamndolos a gozar de los beneficios que su bondad les prepara, oponga un dique formidable al torrente de abusos y desrdenes con que la pasada administracin inund el hermoso suelo castellano y esta regin de la Amrica. Solamente en cerebros desconcertados pudo caber el despropsito de citar contra la Academia un reglamento, que si ya tuviera fuerza en este pas, despojara a la Sociedad de las mismas atribuciones que con tanta arrogancia reclama. Bien pudo ella haber conocido el precipicio en que se iba a despear; pues slo y slo tan slo por no regir en la isla de Cuba la referida Instruccin, pudo habrsele confiado por el gobierno la discusin de los estatutos de nuestra Academia. El ya mencionado artculo 38 para nada habla de las Sociedades Econmicas, y cuando trata de los reglamentos de las asociaciones cientficas y literarias, solamente da la facultad de intervenir en la formacin de ellos a los subdelegados de Fomento. Si pues en concepto de la Sociedad, la Instruccin

PAGE 36

OBRAS 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ de esas subdelegaciones es aplicable a nuestro caso, tambin es forzoso que confiese que ya gobierna en La Habana. Y si gobierna, dnde est el subdelegado que debe darle cumplimiento? Zambrana nos asegura en su papel del 23 de abril, que la Sociedad es la verdadera subdelegacin de Fomento en este pas; y fndase para decirlo, en que a ella se le han comunicado de oficio por el Ministerio de este ramo muchas reales resoluciones, y entre ellas la ley de imprenta. Dejando correr as tan equivocado aserto, me limitar a preguntar al sesudo secretario. Si la Sociedad es la verdadera subdelegacin de Fomento, por qu no ha puesto en prctica las resoluciones que se le han comunicado de oficio, y particularmente la ley de imprenta de que tanta necesidad tenemos? Por qu no desarrolla toda la fuerza de su poder para introducir las saludables reformas que tan imperiosas son en esta isla desventurada? Es acaso el silencio y el ms culpable abandono, el modo con que la Sociedad subdelegada desempea las importantes funciones que a su patriotismo se confan? Y permitir yo que la Sociedad Econmica de La Habana se denomine verdadero subdelegado de Fomento ? Por dnde pudo venirle tan extraordinario ttulo y tan vastas facultades? La subdelegacin de Fomento es un empleo individual: la Sociedad Econmica es un cuerpo que se compone de muchos miembros, los cuales llevan el nombre de amigos pero jams el de empleados. La subdelegacin es empleo de nombramiento real: la Sociedad ni tiene, ni puede tener semejante carcter, pues al momento que as fuese, ya degenerara y perdera su propia esencia. Los subdelegados tienen que prestar juramento al tomar posesin de su empleo: los socios ninguno lo hace. Los subdelegados… Pero a dnde voy? brase por donde quiera la Instruccin para el gobierno de esos empleados, y al punto se conocer la grande distancia que media entre ellos y las Sociedades. La comunicacin de algunas reales disposiciones que a la de La Habana ha hecho el Ministerio de Fomento, no debe considerarse como un ttulo que la eleve al rango de subdelegada En esto no hay otra cosa, sino que estando todas las Sociedades del Reino en dependencia y relacin con el Ministerio de Fomento; debiendo ste entenderse con ellas por medio de los subdelegados; y no existiendo stos aqu todava, el Ministerio tiene que encaminarse directamente a La Habana, no para convertirla en subdelegada, sino para prevenirle que haga lo que por el conducto del subdelegado le encargara. Pero lo ms singular de todo esto es, que el secretario se atreva a llamar subdelegada a su Sociedad, sin haber recibido tal nombramiento ni dado ninguno de los pasos necesarios para que se revista de tan pomposa denominacin: y que al mismo tiempo califique de irregular y aun de nula nuestra Academia, a pesar de haberse fundado en virtud de una Real Orden legtimamente obtenida.

PAGE 37

JOS ANTONIO SACO /31 /31 /31 /31 /31 Y ya que la Sociedad se muestra tan oficiosa cumplidora de las atribuciones de los subdelegados en la parte que considera favorable a la extensin de sus facultades; bueno tambin sera, y muy honroso para ella, que procurase imitar la conducta que se les recomienda en la Instruccin de Fomento, encargndoles que promuevan por cuantos medios estn a su alcance las academias y asociaciones cientficas y literarias de toda especie ¡Pero cun contrario y lamentable es el rumbo que ha tomado la Sociedad Econmica! Cristina manda que se propaguen las luces; pero la Sociedad habanera da margen a que se crea que trata de apagar las que nuestra Academia puede difundir. Cristina ordena que se erija en este suelo un Instituto literario, pero la Sociedad habanera, en vez de coadyuvar a tan laudable mandato, opone una resistencia escandalosa, y trabaja por arrancar el tierno arbolillo que plantaron las inocentes manos de Isabel. En qu se ofende al pas, en qu a esa Sociedad con el establecimiento de una Academia de Literatura? No debera, por el contrario, congratularse de que de su mismo seno saliesen los miembros que han de componer una corporacin que puede llegar a ser uno de los ornamentos ms preciosos de la patria? Y caso que faltase alguna frmula para el cumplimiento de la Real Orden, no aconsejaba la prudencia, y aun la utilidad pblica, que hubiese procurado suplirla con su influencia, y que se hubiese conformado con las ideas que hoy presiden al trono, cuya tendencia es multiplicar en todas partes los establecimientos literarios para mejorar la suerte de la nacin? Y aun cuando hubiese sido lo que no es, aun cuando la Academia hubiese incurrido en alguna falta; conducta era de madre cariosa el haberla cubierto con su manto, y tenddole una mano protectora para sostenerla en la carrera que tan gloriosamente ha emprendido. ¡Pero resistirse al cumplimiento de una orden tan inocente; tratar de destruir la obra que acabamos de levantar en beneficio del pas, son borrones que mancharn las actas de la Sociedad, y que comprometern altamente su decoro! El TERCER ARGUMENTO del Socio amante de la literatura estriba en que todas las leyes de todos los pases previnieron siempre que las asociaciones cientficas y literarias no se constituyesen sin la previa aprobacin de sus reglamentos. Ante todas las cosas es preciso preguntar, si el seor Socio sabe lo que prescriben todos los pases en punto a corporaciones literarias; y si lo sabe, resta que nos diga por dnde le vino tan vasto conocimiento, pues a m noticia no ha llegado que estn traducidos al castellano los cdigos de todos los pases ; y como, por otra parte, me consta que l no tiene conocimiento de los idiomas extranjeros, y ni aun cuando lo tuviese jams ha visto ms cdigos que algunos de los espaoles; resulta que ha sentado una proposicin que est muy fuera de sus alcances. Es fal-

PAGE 38

OBRAS 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ so, enteramente falso, que en todos los pases est prohibida la instalacin de las corporaciones literarias sin la sancin de sus estatutos. En esta materia hay mucha variedad, pues hay naciones donde se permite tanta amplitud, que los ciudadanos se pueden juntar literariamente, no en conventculos sino en pblico, y hacer cuanto les parezca, sin estar obligados ni aun a participarlo al gobierno. Pero sea lo que fuere de las naciones extraas, contraigmonos a la nuestra, que es lo que nos importa, y probemos para confusin de nuestros enemigos, que as en la Pennsula como en La Habana existen corporaciones literarias que se instalaron antes de haber obtenido la aprobacin de sus estatutos; y que esa misma Sociedad Econmica; cuya conducta se nos propone por modelo, y que tan encarnizada est hoy contra la Academia, se instal tambin, nombr empleados, y celebr juntas y otros actos, sin haber recibido todava la cdula aprobatoria de sus estatutos Y al probar todo esto, ya se ver que queda victoriosamente refutado el cuarto argumento de los contrarios, particularmente el del excelentsimo seor director don Juan Bernardo O’Gavan, quien se explica en estos trminos: “Sin la formacin, examen, discusin, y, en fin, sin la sancin soberana de los estatutos prevenidos, se ha erigido, o mejor dicho, se ha levantado de hecho o por su propia fuerza la tal Academia; y declarndose formal y solemnemente instalada cuando carece de la constitucin o estatutos para su vida y ejercicio legal, ha procedido a todos los actos consiguientes”. Si tuviramos que haberlas con hombres inclinados a or la voz de la razn, no tendramos para qu traer ejemplos de corporaciones literarias establecidas antes de la sancin de sus reglamentos. Bastara reflexionar, que la existencia de un objeto es cosa muy distinta de los modos y reglas que se le pueden prescribir para ciertas operaciones. Esta verdad est generalmente comprobada, as en el orden fsico, como en el poltico y el moral. La existencia de una corporacin literaria no depende de sus reglamentos: stos son accesorios y posteriores a ella, puesto que siendo los reguladores de algunas de sus acciones, ya se supone que ha de haber un ser que las produzca. Hay casos en que ciertos cuerpos no se establecen sin la aprobacin de sus estatutos; pero esto es cuando tienen que ejercer jurisdiccin, o cuando su influencia poltica o mercantil es de tanta trascendencia, que sea peligroso dejar en manos de algunos individuos la resolucin o modo de proceder en circunstancias de gran momento: mas, cuando no median estos motivos poderosos, como sucede en los establecimientos literarios, y particularmente en una Academia como la nuestra, cuyo crculo es muy reducido, y cuyas funciones no tienen ms trascendencia pblica que la saludable que pueda derramar la ilustracin, es un delirio querer exigir la anticipada sancin de los reglamentos. Por estas consideraciones ocurre al-

PAGE 39

JOS ANTONIO SACO /33 /33 /33 /33 /33 gunas veces que los institutos literarios se ponen en planta con algunas reglas provisionales, reservando para despus la sancin de la suprema autoridad. Y si esto acontece respecto de congregaciones que nunca han existido bajo de ninguna forma ni denominacin, qu ser respecto de aquellas que ya de alguna manera han estado constituidas, y que se han gobernado por institutos particulares? En este caso se halla hoy la Academia de Literatura, pues ni ha sido formada antes de haber obtenido el Real permiso, que es lo que le basta para su existencia, ni los individuos que la componen, pertenecan a la esfera de privados ciudadanos, sino que son los mismos que haban constituido la Comisin Permanente de Literatura. En todo rigor debe decirse, que la Academia no es ms que la misma Comisin bautizada con otro nombre y autorizada para hacer por s el bien que antes no poda practicar sin pedir la venia y vencer las dificultades que le opona la Sociedad. As es, que los estatutos que se le han presentado para su discusin, son casi los mismos por donde se gobernaba, no habindose alterado en ellos sino poco, poqusimo; y eso en nada ms que en lo que era incompatible con la nueva forma acadmica que se le ha dado. Pero ya que la reflexin no es la nica arma con que debo batir a los contrarios, apelar tambin a los ejemplos para acabar de confundirlos. Si las corporaciones no pueden existir sin reglamentos aprobados, cmo es que los congresos constituyentes en que se discuten las cuestiones ms importantes a la salud de los pueblos, se instalan, y nombran presidente y secretarios; y aun deliberan sobre puntos de la mayor gravedad, sin haber formado todava el reglamento que ha de modelar la marcha de sus sesiones? La misma Academia Espaola, establecida en tiempo de Felipe V, ofrece la prueba ms convincente del acierto y legalidad con que ha procedido la nuestra. De la historia de aquel cuerpo respetable, publicada al principio de la segunda edicin del Diccionario de la lengua hecha en Madrid en 1770, consta que no slo se instal, nombr empleados y emprendi trabajos antes de la aprobacin de su reglamento, sino aun antes de haber ocurrido al monarca en la forma legal para que se le permitiese su fundacin. Bastle al marqus de Villena el beneplcito verbal de Felipe V, y convocando a varios sujetos a su casa, les manifest su plan, quedando inscritos en el nmero de acadmicos desde el 6 de julio de 1713. Reunidos otra vez, se celebr la junta de 3 de agosto del mismo ao, primera en los registros de la Academia. “Lo que ante todas cosas [son palabras de la misma historia], lo que ante todas cosas trataron aquellos primeros fundadores, fue dar forma en el gobierno de la Academia. Con este fin eligieron por director y presidente de ella al marqus de Villena, principal autor de su fundacin, y por secretario a don Vicente Esquarzafigo. Hechas estas elecciones en 10 del propio mes

PAGE 40

OBRAS 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ de agosto, form la Academia un plan para el Diccionario, que eligi como primera y principal obra, y fue dando otras disposiciones, fundada en la aprobacin verbal del Rey: y pareci que ya era tiempo de solicitarla por escrito, para que pudiese tener la autoridad pblica que le faltaba por lo que, a nombre de ella, hizo el marqus y present al Rey el memorial siguiente”. Y sin insertarlo ntegro, por no considerarlo necesario, copiar solamente las palabras que son del caso. “Por lo cual, as dice, acudimos a los pies de V.M. pidindole se sirva de favorecer con su Real proteccin nuestro deseo de formar debajo de la Real autoridad una Academia Espaola”. Aparece, pues, claramente que esta ilustre corporacin, apoyada tan slo en un mero permiso verbal concedido a un individuo, se instal y ejerci todas sus funciones de verdadera academia, aun antes de haber impetrado tal gracia, ni menos de haberla obtenido. Y nuestra Academia de Literatura, nuestra perseguida Academia que ha tenido su origen en la exposicin de varios individuos que reverentemente ocurrieron al trono, y que por una expresa y terminante Real Orden se manda erigir en cuerpo independiente de la Sociedad Econmica, nuestra Academia, repito, ha carecido de facultades para instalarse y hacer todava menos de lo que ejecut la Espaola, a pesar de encontrarse sta en circunstancias menos ventajosas? Lo cierto es que S.M. aplaudiendo el celo del marqus de Villena, aprob en papel de 3 de noviembre de 1713 la existencia y trabajos de la Academia, encargando entonces que se formasen y pusiesen en sus manos los estatutos para concurrencias y juntas, obras y trabajos de la Academia. Ejecutolo sta muy luego con una planta de los ms esenciales o principales que eran los que haba formado y convenan por entonces, reservando a mayor examen los dems Dio cuenta despus del ttulo empresa y sellos de la Academia, y aprobado todo por S.M. mand por decreto de 23 de mayo de 1714, dirigido al consejo, que ste expidiese la Real Cdula de aprobacin y confirmacin en la forma que ms autorizase a la Academia. Expidiose efectivamente; pero esto no fue hasta el 3 de octubre de 1714, da en que la Academia Espaola lleg a recibir de una vez su consolidacin. Y a la vista de hechos tan concluyentes, habr quien diga todava que la Academia Cubana de Literatura no pudo instalarse, porque an no ha obtenido la aprobacin de sus estatutos? Y aun antes de salir de la Academia Espaola quiero hacer dos reflexiones que coadyuvan mucho a nuestro intento. Es la primera, que aquella corporacin, a pesar de haberse establecido en la corte, fuente de la suprema autoridad, y en donde por lo mismo pudieron haberse llenado con anticipacin y prontitud todos los requisitos que se hubiesen considerado necesarios para plantear la Academia; sin embargo, todos los pasos que se dieron en ella, en vez de ser posteriores, fueron anteriores a su

PAGE 41

JOS ANTONIO SACO /35 /35 /35 /35 /35 aprobacin. Y si as se hizo en circunstancias en que todos los recursos estaban tan a mano, y en cuantas dificultades pudieran haberse presentado, todas habran sido zanjadas en breves das o en pocas horas; qu no ser respecto de un instituto, que mandado establecer a tan larga distancia del centro del gobierno, se vera encadenado en su marcha, si a cada paso se le quisiese sujetar a la anterior aprobacin de sus ms inocentes acciones? Cuando los decretos que emanan del trono, son benficos a pueblos lejanos, entonces debe haber cierta amplitud en el modo de su ejecucin, y sacrificar, si es necesario, las frmulas a la utilidad; pero no la utilidad a las frmulas, pues stas se establecen, no para que sirvan de obstculo al bien que la ley quiere producir, sino, al contrario, para mejor conseguirlo y asegurarlo. Es la segunda, que cuanto ms encumbrada, ms excelsa sea una cosa en la jerarqua social, tanto mayor ha de ser el esmero que se ha de poner en que aparezca revestida de aquella pompa y solemnidad que tanto contribuye a realzar su esplendor. Si la aprobacin de estatutos es requisito esencial para la existencia de las corporaciones literarias, bien seguro est que la Academia Espaola no hubiese podido pasar sin l, ni menos que lo hubiese consentido el monarca bajo cuya proteccin se form, y que tan interesado estaba en su lustre y en su gloria. Pero si cuerpo tan respetable, si cuerpo que se cuenta entre los primeros literarios de la nacin, si cuerpo que recibi vida a los ojos de Felipe V, se levanta repentinamente en el centro de la corte, y emprende una carrera gloriosa, reservando para tiempos posteriores la formacin y aprobacin de sus estatutos; con cunto ms fundamento no habr podido hacer lo mismo nuestra Academia, que as por el lugar en que se manda establecer, como por otras circunstancias, es un instituto de segundo orden y muy inferior al primero? En balde claman nuestros enemigos, en balde apuran los recursos de su lgica depravada. La Academia Cubana de Literatura est constituida legtimamente, y al dar este paso tan doloroso para ciertos individuos de la Sociedad, no hizo ms que pisar sobre las huellas que la Academia Espaola le dej estampadas en la senda de la ilustracin. Pero repasando los mares y volviendo al seno de nuestra patria para ver si en ella encontramos alguna institucin que favorezca nuestras ideas, se nos presenta la Regia y Pontificia Universidad de San Gernimo de La Habana, establecida en el convento de los reverendos padres predicadores. Lanse los estatutos de esta corporacin y dganme despus si ellos por s solos no prestan abundante materia para condenar al silencio a los socios gritadores. Las palabras de letra bastardilla son las mismas de que usan aquellos estatutos, y su insercin contribuir a dar ms fuerza a mis asertos. El 5 de enero de 1728 se erigi fund y estableci la Universidad, sin haber formado todava sus estatutos: mas, a pesar de esto, fue apro-

PAGE 42

OBRAS 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ bada y confirmada en todo y por todo el 3 de septiembre del mismo ao. Entonces encarg S.M. que se hiciesen los estatutos; pero pasaron algunos aos sin que este precepto se hubiese podido cumplir del modo que se deseaba. As fue, que en 14 de marzo de 1732 se volvi a mandar que se formasen con asistencia de los doctores y maestros de que se compona el claustro, as regulares como seculares graduados en ella. Hicironse por fin cual convena, y elevados al gobierno, fueron aprobados en 27 de julio de 173; es decir, ms de seis aos y medios despus de haberse instalado la Universidad. Luego, sta existi, hizo elecciones, celebr claustros, dio grados y fue reconocida con plenas facultades para todo, no slo antes de la aprobacin de sus estatutos, sino aun antes de su formacin. Qu, pues, respondern a esto los legistas anuladores de nuestra Academia? Comparen para su mayor desengao los actos sencillos de sta con las grandes atribuciones de aqulla y con la trascendencia de su ejercicio. No es la Universidad, no, uno de aquellos cuerpos literarios que estn destinados a difundir las luces por medio de algn peridico o de programas que presenta para su pblica resolucin: es, s, un plantel donde recibe la juventud sus rudimentos cientficos, y de donde salen autorizados sus alumnos para ejercer algn da el delicado ministerio de la predicacin evanglica, el arte difcil de curar, y las penosas funciones del foro o la magistratura. Tales son los destinos que se confiaron a la Universidad de La Habana al tiempo de su fundacin: mas, por altos y graves que sean, no se consider que necesitase, para empezar a ejercerlos, de la aprobacin de sus estatutos. Pues con cunta ms razn tampoco la necesitar nuestra Academia, cuyas operaciones, aunque benficas, son sin duda muy reducidas? Yo apelo al juicio imparcial del pblico y a la conciencia misma de nuestros enemigos. Y como si todo conspirase a suministrar nuevas pruebas contra la injusticia de nuestros perseguidores, la Academia de Ciencias Naturales recin establecida en Madrid, viene a poner el sello a cuanto se ha dicho en nuestro favor. El 7 de febrero de este ao se expide la Real Orden por la cual se manda erigir aquel instituto, e instalndose inmediatamente, emprende sus trabajos, y nombra una comisin para que se ocupe en la formacin de sus reglamentos. Y la Academia Cubana de Literatura no pudo empezar sus tareas, porque an no tiene sancionados los suyos? As lo afirman nuestros enemigos: mas, si ellos pudieren resolver satisfactoriamente la contradiccin en que caen, entonces se libertarn del terrible cargo que las letras ofendidas les hacen ante el severo tribunal de la opinin. Pero ya es tiempo de que vengamos a combatir el CUARTO ARGUMEN-TO, el argumento aquleo, el caballo de batalla en que se han paseado victoriosos nuestros enemigos. Este caballo caer bajo nuestros golpes,

PAGE 43

JOS ANTONIO SACO /37 /37 /37 /37 /37 y oprimiendo con su peso a los campeones que le sacaron a la arena, morirn en el mismo campo que prepararon para sus triunfos. El secretario de la Sociedad, bajo el nombre de Socio amante de la literatura y del orden despus de hacer a su corporacin una laudatoria en el papel que public el 12 de abril, nos dice por conclusin de uno de sus prrafos, que “la Real Sociedad, ese mismo cuerpo tan respetable por todos ttulos, obtuvo de la piedad soberana, al tenor de las leyes generales del Reino, la facultad de constituirse por virtud de Real Decreto de 6 de junio de 1792 constante en Real Orden de 19 de julio; y no por esto, ni por haber impetrado la gracia los hombres ms respetables de esta ciudad por el conducto y con la eficaz cooperacin del benemrito gobernador el excelentsimo seor don Luis de las Casas, os instalarse, hasta que RECIBIDA la Real Cdula de 15 de diciembre aprobatoria de sus estatutos, pudo hacerlo bajo bases slidas; habiendo verificado su instalacin en 9 de enero de 1793, y dando as un autntico comprobante de la regularidad de sus operaciones, en que ha perseverado desde aquel feliz momento” Examinemos por parte esta relacin. Se confiesa terminantemente que la Sociedad obtuvo, en virtud de Real Decreto de 6 de junio de 1792, la facultad de constituirse: luego pudo hacerlo legtimamente; y si no lo hizo fue porque no quiso usar de aquella gracia; mas, no porque dejase de estar plenamente autorizada. Y bien: porque la Sociedad Econmica, estando facultada por Real Decreto para constituirse, no hubiese querido hacerlo, se inferir que otra corporacin, estando tambin legtimamente autorizada, no deba tampoco constituirse; y que si lo hace, se tenga por culpable? Cabalmente resulta todo lo contrario, pues aquella que se constituye, da una prueba inequvoca de que obedece y cumple el mandato superior, como lo ha hecho la Academia; mas, la que rehsa constituirse, muestra bien claramente que no ha llevado a efecto la orden que se le impuso; y si tal fue la conducta de la Sociedad Econmica de La Habana, no hay duda en que lejos de ser digna de elogio y de que se nos proponga por modelo, merece una amarga censura y justa reprobacin. Pero ser cierto que la Sociedad no os instalarse hasta que no hubo recibido Real Cdula aprobatoria de sus estatutos? Si hacer lo que manda el gobierno es osada no cabe duda en que la Sociedad cometi una de primera magnitud. Este cuerpo se instal antes de haber recibido la aprobacin de sus reglamentos ; y por ms asombroso que parezca, as lo han demostrado hasta la evidencia los mismos enemigos de la Academia. Vamos a cuentas. Se dice, y es muy cierto, que la Real Cdula aprobatoria de los estatutos se expidi en Madrid en 15 de diciembre de 1792 : tambin se dice, y es cierto, que la Sociedad se instal el 9 de enero de 1793 Luego de cuando

PAGE 44

OBRAS 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ se expidi aqulla a cuando se instal sta, solamente corrieron de 24 a 25 das. Este y no otro pudo ser el trmino que gast la cdula en venir desde Madrid hasta La Habana; pero esto puede ser? Pongamos todas las circunstancias del modo ms favorable a nuestros contrarios, y aun as se ver la imposibilidad de semejante suceso. Expidiose la Real Cdula en Madrid el 15 de diciembre: concdase que al da siguiente se hubiese enviado a Cdiz por el correo. ste gasta cinco das de camino: luego no llegar a esa ciudad hasta el 20. Supongamos tambin que el 21 se hubiese dado a la vela un buque para La Habana, y que en l hubiese venido la Real Cdula. Para que la Sociedad se hubiese instalado en virtud de ella el 9 de enero, habra sido preciso que se hubiese recibido por lo menos el 8, que es decir, en 18 das de Cdiz a La Habana: viaje inaudito en los anales de la navegacin, e imposible hasta ahora a los esfuerzos del hombre.3 ¡Qu tal, seor secretario, qu tal! Tiene usted la bondad de decirnos, si la Sociedad Econmica de La Habana se instal o no antes de haber recibido la cdula aprobatoria de sus estatutos? Ahora conocer usted que cuando le encargu que revisase bien su papel, no me dirig a examinar si esplcita debe escribirse con s o con x ni se deba decirse de Fomento o del Fomento; sino que quera que usted se ratificase en este punto, para que nunca le quedase el recurso de escaprseme, atribuyendo a la imprenta alguna equivocacin en las fechas. No hay remedio: los enemigos de la Academia estn batidos con sus propias armas, y ya no les queda ms arbitrio que rendirse a discrecin. El panegrico elocuente que el benemrito patricio doctor don Jos Agustn Caballero consagr a la memoria del excelentsimo seor don Luis de las Casas, y que ley en una de las juntas de la Sociedad el 25 de enero de 1801, suministra datos incontestables sobre este particular. Oigmosle. “Acordaos ahora del placer que sentisteis al principio del ao de 93, cuando visteis realizado este mismo plan, el plan de una sociedad patritica; y el recuerdo de este placer sea el mejor elogio de nuestro fundador”. Despus de hablar de su constancia, prosigue. “Y no era quizs esta constancia lo que ms admirbamos en nuestras juntas etc.” Y ms adelante se expresa as. “En medio de estos patriticos afanes recibe S.M. la cdula aprobatoria de nuestro instituto social ”. Luego, si en medio de estos patriticos afanes, que no eran otros que las juntas y deliberaciones de la Sociedad, sta recibe la cdula aprobatoria, claro es que fue instalada sin ella. Y tan lo fue que el mismo elocuente orador nos dice a continuacin, que el excelentsimo Casas disput al secretario el gusto y la honra de comunicar al cuerpo la cdula aprobatoria Luego, si cuando sta lleg, ya haba secretario es inne3Tngase presente, que en aquel tiempo no se tena ni aun idea de la navegacin por vapor.

PAGE 45

JOS ANTONIO SACO /39 /39 /39 /39 /39 gable que la Sociedad se hallaba instalada, pues a no ser as, era imposible que tuviese ningn empleado. An avancemos un poco ms. “No se inflam [son palabras de Caballero], no se inflam tanto La Fontaine al leer una oda de Malesherbes, ni Malebranche leyendo uno de los libros de Cartesio, como nuestro excelentsimo presidente cuando nos lea el documento que solidaba de una vez nuestra constitucin”. Las expresiones nos lea indicaban que Caballero era ya socio cuando se recibi la cdula aprobatoria. Este seor venerable ha tenido la bondad de ensearme su diploma, y por l consta que fue inscrito en aquella asamblea el 17 de enero de 1793: luego, si l estuvo presente a la lectura de la cdula aprobatoria, es inconcuso que sta se comunic a la Sociedad con fecha posterior a aquel da. Pero el secretario afirma que la instalacin se celebr el 9 del mismo mes; luego, queda demostrado que este acto fue anterior a la recepcin de la cdula aprobatoria. Estos asertos son dignos de la mayor consideracin, no slo por el carcter de la persona de cuya pluma salieron, sino porque fueron emitidos delante de los socios contemporneos a la fundacin de la Sociedad, y ninguno de ellos alz la voz para contradecirlos. Aleguemos todava ms pruebas. Un papel sobre el establecimiento de la Sociedad Patritica de La Habana, escrito el 15 de febrero de 1793 por el maestro fray Pedro Espnola, religioso de San Agustn, socio de nmero, y que impreso corre acompaado a la coleccin del entonces titulado Papel Peridico de La Habana perteneciente a aquel ao, descifra claramente el enigma en que los enemigos de la Academia han querido envolver la instalacin de la Sociedad. Despus de enumerar brevemente algunos beneficios dispensados a la isla de Cuba por Carlos IV, dice: “Para dar an ms largo testimonio de su soberana beneficencia, se dign aprobar la Sociedad Patritica de esta ciudad en los trminos propuestos, por decreto de 6 de junio de 1792, constante de Real Orden de 19 de julio del propio ao. Habindose recibido ESTAS soberanas disposiciones ”. Aqu interrumpo al lector, y le ruego que fije la atencin en la palabra estas pues solamente se refiere al decreto de 6 de junio constante de Real Orden de 19 de julio; y ya se sabe que ni por el uno ni por la otra fueron aprobados los estatutos. Mas, prosigamos para ver qu result. “Habindose recibido ESTAS soberanas disposiciones para no retardar al pblico un beneficio que tanto le interesa, el repetido excelentsimo seor Gobernador y Capitn General hizo convocar en 9 de enero del presente ao de 1793, a los individuos que se hallaron presentes de los 27 que promovieron el establecimiento de la Sociedad Patritica; y despus de haberles insinuado la utilidad que resultara a la patria, poniendo este cuerpo en ejercicio sus tareas conforme a su institucin, eligiendo los empleados que expresan los estatutos [pero cuya aprobacin an

PAGE 46

OBRAS 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ no se haba recibido], admitiendo otros socios, con los dems actos consecutivos y peculiares de estos establecimientos; se procedi a su ejecucin, nombrando para director y dems empleados, y admitiendo por nuevos socios a los sujetos que por papel separado se ha manifestado al pblico”. Luego, si habindose recibido el decreto de 6 de junio constante en Real Orden de 19 de julio, por el cual solamente se aprobaba la ereccin de la Sociedad, mas no sus estatutos, puesto que esto se hizo por la cdula de 15 de diciembre, se procedi a la instalacin; es evidentsimo, que aquel cuerpo se instal antes de haber recibido la suprema sancin de sus reglamentos. Pero no se conform con slo instalarse y nombrar empleados; sino que empez a admitir en su seno a tantos socios, que ya su nmero ascenda en 17 de enero, es decir ocho das despus de su instalacin, a 95, segn consta en la lista impresa en 1793. Para dar a esta imposibilidad el ltimo grado de evidencia, citar tambin en mi abono los registros de las entradas de buques en La Habana a principio de enero de 1793. De ellos consta, que del 1 al 9, da en que se instal la Sociedad, no lleg de Espaa correo alguno, ni buque con correspondencia de oficio, pues solamente entraron tres mercantes que salieron mucho antes de haberse expedido en Madrid la cdula de 15 de diciembre. Estos buques fueron el paquebot Buen Amigo procedente de Gijn; la fragata Beatriz y el bergantn Guerrero ambos de Santander. Los dos primeros llegaron a este puerto el 7 de enero, y el ltimo el 2; de manera que es absolutamente imposible que hubiesen trado la referida cdula. Por dnde, pues, llegara? A los defensores de la referida instalacin de la Sociedad toca explicar este milagro. Pero he dicho tambin, que la Sociedad no slo se instal y nombr empleados y socios, sin haber recibido la aprobacin de sus estatutos, sino que celebr juntas y otros actos. Dejemos hablar al maestro Espnola, y mi testimonio quedar comprobado. “Desde este momento [el de la instalacin] se han continuado las juntas de la Sociedad en los das y horas asignados. En ellas se proponen y conferencian los medios ms seguros de excitar y perfeccionar la industria de los ciudadanos, y de establecer una agricultura con inteligencia y mtodo, para aumentar las cosechas y multiplicar las especies de frutos que pueda producir la suma fertilidad del terreno; se trata de cuanto tiene relacin con el comercio propio del pas, para corregir sus vicios, reformar sus abusos, y hacerlo ventajoso, dndole toda la actividad posible: as mismo… prosigue este cuerpo sus tareas, consultando sobre cuanto pueda contribuir al bien, felicidad y servicio de la patria y del Estado”. ltimamente yo conjuro a los enemigos de la Academia, a que produzcan ante el pblico el acta de la instalacin de la Sociedad, u otra cualquiera en que conste la poca en que se recibi la cdula aprobatoria de los estatutos. Ningn inconveniente hay en presentar los originales,

PAGE 47

JOS ANTONIO SACO /41 /41 /41 /41 /41 pues ni la materia exige secreto, ni menos deben los contrarios rehusar la manifestacin de un documento que tanto les favorece. Concluida estaba ya esta defensa, cuando el 23 de abril apareci en el Diario de Gobierno otro artculo del secretario de la Sociedad, en que, temiendo el formidable ataque que se le iba a dar, se apresura a desmentirse a s mismo; y sin referirse en nada a su papel anterior, publicado el 12 del mismo, confiesa con timidez lo que antes haba negado con tanto descaro. Copiemos sus propias palabras: “As fue como se instal la Real Sociedad, que a los muy pocos das tuvo la satisfaccin de recibir la Real Cdula de 15 de diciembre confirmatoria de sus estatutos”. Esta confesin de boca del secretario basta para probar, aun prescindiendo de todo lo antes por m alegado, que la Sociedad se instal con slo la Real Orden de su ereccin, sin haber recibido la cdula que aprobaba sus reglamentos. Pero si esta confesin prueba el gran punto que se cuestionaba, todava prueba mucho ms las escandalosas contradicciones en que ha cado el secretario. En el papel que public en el Diario del 12 de abril asegura que “la Sociedad no os instalarse hasta que RECIBIDA la real cdula de 15 de diciembre, aprobatoria de sus estatutos, pudo hacerlo bajo bases slidas”. Mas, en el 23 dice, que “se instal, y que a los muy pocos das tuvo la satisfaccin de recibir la cdula confirmatoria de sus estatutos”. Esta contradiccin, que en un simple socio pudiera graduarse de ligereza, en el secretario debe imputarse a mala fe; pues teniendo a su disposicin el archivo, y habiendo sido muy premeditado el ataque contra la Academia, tuvo sobrado tiempo para consultar las actas. Esta falsedad debe abrir los ojos del pblico, y hacerle conocer las viles armas de que se han valido para perseguir nuestro Instituto. Desde que el secretario public su primer papel, yo conoc que se haba atravesado el corazn con sus propias armas; y queriendo tenerle ms seguro a mis pies, le advert que corrigiese en tiempo oportuno las inexactitudes que contena. Ratificose en sus falsas ideas, y toda la correccin que hizo, fue aquella pueril fe de erratas que tanto divirti al pblico a expensas de su autor. Mas, cuando vio que yo daba ya la cara, y que en trminos positivos anunciaba que la Sociedad se haba instalado antes de haber recibido la cdula aprobatoria de sus estatutos, entonces conoci que yo le tena entre mis garras, y luchando por escaparse, ha venido a negar lo que antes afirmaba con arrogancia. Yo no s qu genio fatal dirige la pluma de nuestro malhadado secretario, pues tambin se contradice en el mismo papel del 23. Repitamos sus palabras: “En la ciudad de La Habana, en 9 de enero de 1793, el excelentsimo seor don Luis de las Casas, este ilustre jefe cuya memoria ser eterna en los fastos de la Sociedad, hizo convocar a su morada a los principales sujetos de esta capital esclarecida, los cuales

PAGE 48

OBRAS 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ haban propuesto por el conducto de S.E. el establecimiento de una Sociedad Patritica, cuyas constituciones haba remitido a S.M. en representacin de 27 de abril de 1791, constando ya a S.E. en aquella fecha, como lo asegur a la Junta, que en soberano decreto de 6 de junio, constante de Real Orden de 19 de julio del propio ao, estaban aprobadas : en cuya virtud invit a los concurrentes a que no perdiesen un tiempo precioso que deban consagrar a las nobles tares del instituto. As fue como se instal la Real Sociedad, que a los muy pocos das tuvo la satisfaccin de recibir la Real Cdula de 15 de diciembre, confirmatoria de sus estatutos”. De este prrafo nacen tres preguntas que el secretario tendr la bondad de contestarme. Son las constituciones de una Sociedad cosa distinta de sus estatutos o reglamentos? Y si lo son, en qu se diferencian aqullas de stos? Si las constituciones de la Sociedad fueron aprobadas por Real Decreto de 6 de junio de 1792, constante de Real Orden de 19 de julio del propio ao, cmo es que aqulla recibi a muy pocos das de instalada, la cdula de 15 de diciembre de 1792 confirmatoria de sus estatutos? Esto prueba una de las dos cosas, a saber: o que los reglamentos de la Sociedad no fueron aprobados por el Real Decreto de 6 de junio, o que si lo fueron, ya no haba necesidad de la cdula de 15 de diciembre, pues que ella no se hubiera hecho ms sino reaprobar lo que ya estaba legtimamente aprobado. Anuncia tambin nuestro secretario, que la cdula aprobatoria se recibi a muy pocos das de instalada la Sociedad. Habra sido muy conveniente que en vez de habernos dicho muy pocos das nos hubiese expresado terminantemente cul fue el da en que se recibi; pero esto lo ha hecho con estudio, pues no pudiendo darse a las palabras muy pocos das un sentido determinado, cualquiera creer que fue a los ocho, diez o 15, dando de esta manera un colorido algo favorable a la causa que defiende. Yo no puedo afirmar a punto fijo cundo se recibi la cdula aprobatoria; pero quiz no me equivocar, si digo que no fue antes de marzo, pues de los registros de la entrada de buques en 1793 aparece que hasta aquel mes no lleg ninguno a este puerto con correspondencia pblica. Tal vez vendra por la fragata correo de S.M. el Patagon que entr el 1 de marzo, procedente de La Corua, o por la fragata de guerra Juno que vino del Ferrol con pliegos del Real servicio a mediados del mismo mes. Ponen gran empeo los contrarios en el QUINTO ARGUMENTO, a saber: que la instalacin de la Academia no fue legtimamente hecha, porque habiendo sido presidida la de la Sociedad por el excelentsimo seor don Luis de las Casas, la de la Academia debi tambin haberlo sido por el actual excelentsimo seor Gobernador y Capitn General. Este argumento es inexacto por varias razones.

PAGE 49

JOS ANTONIO SACO /43 /43 /43 /43 /43 Primera Que el excelentsimo seor Casas hubiese presidido la instalacin de la Sociedad, solamente prueba un hecho; pero un hecho del cual no se puede derivar la mxima jurdica de que todas las instalaciones de cuantas corporaciones puedan existir, hayan de hacerse necesariamente, so pena de nulidad, por los excelentsimos seores gobernadores y capitanes generales. As es, que no basta alegar que el excelentsimo seor Casas fue el instalador de la Sociedad, sino probar que la Academia debi haberlo sido por el jefe que ocupa hoy aquel eminente puesto. Segunda No siempre que un excelentsimo seor gobernador y capitn general preside la instalacin de algn cuerpo literario, debe decirse que lo hace porque la instalacin no se pueda hacer de otra manera, pues hay casos en que asiste por mera solemnidad, y para dar al acto ms lucimiento. Tercera La instalacin de la Sociedad por el excelentsimo seor Casas es de un carcter muy dudoso para tomarla por modelo. En l concurrieron circunstancias muy particulares, y que nada se asemejan a las del presente caso. Debe recordarse que el agente principal, el verdadero fundador de aquel cuerpo, el que para verlo realizado en este suelo se entendi directamente con el Gobierno Supremo, fue aquel dignsimo jefe. As fue, que cuando se elev a S.M. la solicitud para el establecimiento de la Sociedad, se pidi tambin, que “en atencin a la eficacia y celo del bien pblico con que el mismo excelentsimo seor haba influido en el proyecto, se dignase autorizarlo con la proteccin de este cuerpo todo el tiempo de su mando hasta dejarlo radicado”. Esta splica fue acogida, y el excelentsimo Casas declarado Protector bajo cuyo nombre, y no el de Presidente, le vemos figurar a la cabeza de los socios, cuya lista se public en enero de 1793. Estas consideraciones manifiestan claramente, que la presencia del excelentsimo seor Casas a la instalacin de la Sociedad, lejos de tener un carcter gubernativo, no fue ms sino un acto en que desempeaba las patriticas funciones de un primer socio, un primer amigo del cuerpo recin instalado. Cuarta En punto a corporaciones, el acto ms importante no es el de su instalacin, sino aquel por el cual se manda constituir, aquel por el cual se le da el ser. Entonces es cuando se pesan todas las razones que puede haber para su existencia; y si despus de consideradas se permite su ereccin, ya los dems pasos son secundarios. La instalacin no es el acto que imparte vida a las corporaciones: ella no es ms que el acto por el cual entran en el ejercicio de sus facultades. Pero stas varan mucho, as en su extensin como en su naturaleza. Enhorabuena que cuando sean de gran importancia poltica o se haya de prestar un juramento que responda del exacto cumplimiento de ellas, haya de recibirlas quien las ejerce, de manos de la autoridad; pero cuando son tan sen-

PAGE 50

OBRAS 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ cillas y tan limitadas como las de nuestra Academia, basta participar a aquella que en el territorio de su mando existe un nuevo instituto. Esto hicimos nosotros, porque juzgamos que era lo que debamos hacer. Nuestra instalacin fue un acto sencillo, sin pompa ni solemnidad, y semejante a las juntas que celebra la Comisin excepto que el nombre de presidente se mud en el de director, y que se nombr un vicedirector. Nunca debe perderse de vista que la Academia, segn he dicho antes, no es una corporacin enteramente nueva: existi antes bajo la forma de Comisin, y fue aprobada por la autoridad; de manera, que la instalacin no fue otra cosa que un cambio en el nombre, pero nombre que, segn el tenor de la Real Orden, ya no poda estar sujeta a la Sociedad. Pero como los acadmicos estn muy distantes de sacar el cuerpo a la autoridad, puesto que su primer empeo es identificarse con l, estn dispuestos, si se considera necesario, a ser reinstalados, pues no siendo este acto uno de aquellos que imprimen un carcter indeleble bien puede repetirse muchas veces. Quinta y ltima Cuando se instal la Academia Espaola, de la que ya hemos hecho larga mencin, no presidi ni concurri ninguna autoridad local. Aqulla, sin embargo, fue aprobada por el monarca que entonces reinaba; y no hay en verdad razn alguna para concluir, que cuando otras han sido vlidas, y declarndose regulares todos sus procedimientos, a pesar de haberse omitido aquel requisito, la nuestra haya de ser tan viciosa como cacarean sus enemigos. Desbaratados ya los argumentos de los contrarios, tiempo es de que pasemos a refutar las falsas imputaciones que se nos hacen. Les duele sobremanera, y se quejan amargamente, de que hubisemos ocurrido al Gobierno Supremo por la gracia que hemos alcanzado, sin valernos del conducto de la Sociedad. Esto lo hicimos por dos razones. Primera: porque habindose hecho la representacin a S.M., no en nombre de la Comisin, sino de varios individuos de sta; y no siendo ni pudiendo ser los tales individuos, sbditos, hijos, nietos ni pupilos de la madre Sociedad, estaban en plena aptitud de hacer lo que les dictase su libre vuluntad. Y prueba de que procedimos legtimamente, es que S.M. la Reina Gobernadora acogi nuestra representacin, sin haber extraado que no hubiese ido por el conducto de la Sociedad, contentndose solamente con notificar a sta que ya la Comisin de Literatura haba de formar cuerpo aparte, y que discutiese; mas, no que formase el reglamento de la Academia. Segunda: porque sabamos que ella, esto es, los que la manejan, lejos de favorecer nuestro intento, se habran opuesto con todas sus fuerzas. Si despus de haber obtenido una Real Orden para erigirnos en Academia, se resiste a nuestra emancipacin, qu no habra sido antes de estar escudados con esta gida poderosa? La Sociedad est indignada con los acadmicos, porque han sacudido el impe-

PAGE 51

JOS ANTONIO SACO /45 /45 /45 /45 /45 rio que quera ejercer sobre ellos. Su objeto fue siempre mantener encadenada a la Comisin de Literatura; y si toler su existencia, nunca fue para proteger los esfuerzos de sus individuos, sino para halagar su vanidad, manteniendo a stos bajo el pesado cetro que sobre sus cabezas descargaba. Despus que una porcin de honrados ciudadanos trataron de formar una asamblea literaria para dedicarse al inocente estudio de la literatura, todo lo que pudieron recabar de esa Sociedad que tanto preconiza su amor a los conocimientos, fue que debajo del carcter humilde de Comisin y bajo de una existencia revocable y precaria segn la enftica frase de su excelentsimo director, los hubiesen injerto en la punta de la cola de la Seccin de Educacin. Del favor que poda dispensarle su madre generosa, bastantes desengaos haba recibido ya la Comisin de Literatura. Si tanto se interesaba por ella, por qu no procur darle consistencia y perpetuidad, sin haber permitido que por tanto tiempo quedase bajo de un carcter revocable y precario ? Si tanto por ella se interesaba, por qu no interpuso sus respetos para elevarla siquiera al rango de Seccin, ya que cuenta tres en su seno, principalmente en circunstancias en que los nuevos estatutos aun haban recibido su sancin? Si tanto se interesaba por ella, por qu cuando trat de establecer una ctedra gratuita de literatura, y de haber proporcionado un local a propsito el benemrito Espada, el verdadero amigo de la ilustracin, el hombre generoso sobre cuya tumba lloran las artes y las ciencias de mi patria, por qu se neg a tan til solicitud, cuando lo que nicamente se le peda, era que la autorizase con su nombre? Si tanto se interesaba por ella, por qu la desair, y aun ofendi, cuando se propuso establecer la Revista Cubana ? Y despus que un simple individuo pudo conseguir lo mismo que a la Comisin se haba negado, por qu no ocurri entonces a la autoridad para que a su desairada hija se le concediese lo que en bien del pas procuraba? Si tanto, en fin, se interesaba por ella, por qu declarar a los individuos que la formaron la guerra a muerte que hoy se les hace? Por qu representarlos a los ojos del pblico y del gobierno bajo los colores ms encendidos para excitar contra ellos el odio y la persecucin? Por qu, en fin, no dejarlos congregar a la sombra de su Academia, y que all se entreguen a las tareas literarias que deben consagrar a la patria, y las que algunos de ellos han sabido ofrecer con el mayor desinters sobre las aras de esa misma Sociedad que tan encarnizadamente los persigue? Afirma el excelentsimo seor director que “a simple lectura se demuestran y tocan los vicios insanables de la Real Orden de 25 de diciembre prximo pasado, expedida sin la audiencia o informe de la Sociedad, y sin la oportuna instruccin”. Esto quiere decir en dos palabras, que el gobierno hizo mal en haber expedido la Real Orden sin el previo conocimiento de la Sociedad, y que

PAGE 52

OBRAS 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ por haber omitido este requisito, aqulla adolece de vicios insubsanables Que este error hubiese entrado en la cabeza del excelentsimo seor director, es cosa que no me admira; pero que en medio de las delicadas circunstancias en que se encuentra la nacin, se haya atrevido a producir por el rgano de la imprenta en un lenguaje a que puede darse un sentido muy dudoso, no era de esperar de un hombre que, as por hallarse a la cabeza de una corporacin, como por ser un eclesistico, debe ofrecer un digno ejemplo de respeto y sumisin a la suprema autoridad. Pero ser cierto que la Real Orden tiene vicios insubsanables, por haberse expedido sin la audiencia o informe de la Sociedad? Yo extrao mucho que habiendo hecho estudios jurdicos el excelentsimo seor O’Gavan, y teniendo adems una larga prctica forense, se apoye en tan dbiles fundamentos. En las materias contenciosas en que puede haber dao de tercero, y en las que no lo sean, pero que pueden perjudicar al pblico, es cuando se exige la audiencia o informe de los particulares o corporaciones; pero en los asuntos que son de notoria utilidad pblica, como es la ereccin de una Academia que trata de difundir las luces, no hay necesidad de audiencias ni de informes. Habrala, s, en aquellos gobiernos que profesando el oscurantismo, huyen de la claridad para esconderse en las tinieblas; habrala en aquellos que buscan su apoyo en la ignorancia del pueblo, en el envilecimiento de los individuos, y en la degradacin de las corporaciones; pero no la hay ni debe haberla bajo el reinado de Isabel. ¡Exponer motivos, exigir informes para la simple ereccin de una Academia, cuyo solo nombre envuelve en s las ms fundadas preces, y cuyo objeto, que es la ilustracin, es la base en que hoy desea apoyarse el trono espaol! Ubinam gentium sumus? Quam rempublicam habemus? In qua urbe vivimus? Como deca Cicern cuando tronaba contra Catilina. Mas, ya que se nos pide con tanto ahnco la copia de la exposicin que elevamos a S.M. para que nos permitiese constituir en Academia independiente del Cuerpo Econmico, y considerando al mismo tiempo que esta peticin no tiene ms objeto que saber los fundamentos en que nos apoyamos para impetrar aquella gracia; tratar de satisfacer la curiosidad, presentando, no la copia, porque esto es imposible, sino exponiendo a los ojos de la Sociedad el documento de donde sacamos los motivos con que ocurrimos al gobierno. Este documento es el Real Decreto de 7 de octubre de 1832, expedido por S.M. la Reina Gobernadora, del cual extractamos solamente la parte que dice relacin a nuestro asunto: “Una nacin grande y generosa, como la que la Divina Providencia ha confiado a los paternales desvelos del Rey mi muy caro y amado esposo, es acreedora al ms exquisito anhelo por su esplendor y su gloria. Esta idea, cuyo logro ha ocupado su corazn desde su advenimiento

PAGE 53

JOS ANTONIO SACO /47 /47 /47 /47 /47 al trono, ha encontrado tales y tan poderosos obstculos, que sin tropezar en la amargura de su memoria, no se pueden debidamente explicar. Entre ellos no es el menor la ignorancia, que a manera de plaga se ha derramado por todas las clases del Estado tan prodigiosamente, que apenas se ha librado alguna de su contagio. En efecto, de tan ominoso principio han nacido los vicios capitales que destruyen los imperios y anonadan las instituciones ms justas, ms prudentes, ms sanas, benficas y acertadas; al mismo se deben las divisiones, los partidos, las feas denominaciones, la garrulidad con que se afectan como virtudes los vicios ms abominables, y se revisten con el nombre de bien pblico las pasiones que ms le alteran y contradicen, etctera”. Del prrafo anterior, de ese prrafo que debiera estar escrito con letras de oro, fue de donde sacamos los motivos en que se fund nuestra exposicin al trono; y si la Sociedad los considera ofensivos a su carcter, no es culpa nuestra que de s forme tan desfavorable idea. De faltos de lealtad y franqueza nos trata el excelentsimo seor O’Gavan; y no contento con habernos tributado este obsequio se le resbala la pluma, propasndose a decir “que una fraccin de la ilustre Sociedad aspir, sin conocimiento de su madre, a romper tan sagrado vnculo; sin duda creyendo que su dependencia o unin la oprima, y que sin su emancipacin absoluta era imposible que en nuestro suelo se cultivasen y propagasen las luces. ste es fuera de duda el fundamento y origen de la Real Orden relativa a la nueva Academia”. Y cules son los datos de donde ha partido S.E. para que haga con tanta ligereza suposiciones tan ofensivas al carcter de hombres de bien? Si no ha visto la representacin, por qu se aventura a consignar en la prensa las ilusiones de su fantasa, exponindose a quedar desairado ante el mismo pblico que la escucha? Ya que la exaltacin de sus pasiones contra la Academia le ha turbado tanto la vista que no le deja percibir lo que tan claro est, yo le suplico que en la calma de sus sentimientos repase la Real Orden, y lea en ella su desengao y la vindicacin ms completa del honor de los acadmicos. No asestaron, no, golpes traicioneros a la madre Sociedad: la franqueza ha sido siempre nuestra divisa; y hombres que, aunque con mucha desventaja, tienen hoy aliento para salir a la palestra, y disputar el triunfo cara a cara, no pueden mancharse con la villana de herir a sus contrarios por la espalda. Que lea, le ruego por segunda vez, que lea la Real Orden tan combatida, y desde sus primeros renglones encontrar por lo que tanto suspira: los motivos de la exposicin “He dado cuenta, as dice, a S.M. la Reina Gobernadora de una exposicin de los individuos de nmero de la Comisin Permanente de Literatura de esa Real Sociedad Econmica en solicitud de que se les permita constituirse en Academia independiente de esa corporacin, con el objeto de fomentar en esa Isla la aficin al estudio de las huma-

PAGE 54

OBRAS 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ nidades, y el conocimiento de las obras clsicas nacionales en todos ramos”. Aqu est ya revelado todo el misterio: aqu el horrendo crimen de los acadmicos: crimen que consiste en querer fomentar en esta Isla la aficin al estudio de las humanidades, y el conocimiento de las obras clsicas nacionales; crimen, en fin, que ha merecido los formidables anatemas de la Sociedad, pero que los acadmicos estn dispuestos a trocar por los aplausos con que el pblico celebra sus puras intenciones. Sostiene tambin el excelentsimo seor O’Gavan, que entre los atentados clsicos que ha cometido la Academia, uno de ellos es el de haber nombrado socios de nmero y corresponsales Es muy reparable, que siendo S.E. director de la Sociedad, ignore el nombre de los individuos que componan la Comisin de Literatura, y el de los de sus socios corresponsales; y tanto ms reparable, cuanto los de algunos de stos han aparecido ms de una vez en los peridicos de esta ciudad, y cuanto la celebridad de sus talentos y desgracias polticas los hacan dignos de que viviesen en la memoria de los amantes de las letras, segn nos dice S.E. que lo es. Ya se entiende que hablo de los esclarecidos patriotas Quintana y Martnez de la Rosa, de este ciudadano que tan merecidamente ha pasado a ocupar uno de los puestos ms excelsos de la nacin, y a quien nosotros tuvimos la gloria de inscribir en nuestro seno, cuando an era peligroso pronunciar su ilustre nombre en la nacin. Y al negar estos asertos, no se crea que lo hago porque piense ni remotamente que la Academia carece de facultades para tales nombramientos. No seores, las tiene muy amplias, y las tiene sin duda: y caso que hubiese creado esos nuevos miembros, nunca habra hecho ms que seguir el ejemplo de otras corporaciones, y particularmente el de la Sociedad Econmica de La Habana. En fin, la cuestin es de hecho, y por lo mismo muy fcil de decidir en el presente caso. Yo provoco a S.E. para que se presente ante el pblico, y miente siquiera un socio de nmero o corresponsal que haya sido nombrado despus de la instalacin de la Academia, y que antes no hubiese pertenecido a la extinguida Comisin de Literatura. S.E. debe a la verdad esta pblica manifestacin. Censura tambin y clasifica de pomposa nuestra accin de gracias al gobierno. Pero lo notable es, que se nos critica porque la hicimos; y si no la hubiramos hecho, se nos habra acusado de desafectos al trono. ¡Dura condicin, por cierto, en la que se encuentra la Academia! Si dimos las gracias, fue por dos motivos. Primero: porque siendo agradecidos, no pudimos reprimir dentro del pecho nuestros nobles sentimientos al contemplar el insigne beneficio que se nos acababa de hacer: beneficio que no slo est cifrado en el bien que puede recibir el pblico, sino en que para ponerlo a logro, no tenemos que tropezar con los trmites o embarazos de una Sociedad a la que por una fatal alusin de su mismo excelentsimo director ya tienen algunos la audacia de ca-

PAGE 55

JOS ANTONIO SACO /49 /49 /49 /49 /49 lificar con el insultante nombre de ppulo brbaro Segundo: porque estando identificados con la ideas del gobierno y con las ideas que propone, nos congratulamos sobre manera en el adelantamiento y mejora que ha de recibir la nacin bajo el reinado augusto de Isabel. He aqu los motivos que nos animaron a entonar el cntico de gracias que tanto ha desagradado a la Sociedad y a su excelentsimo director. En otra parte de la representacin hablando ste de la Comisin de Literatura, se explica as: “Una fraccin de este ilustre cuerpo, una mera criatura suya, sin ms vida que la que tuvo a bien prestarle nuestra generosidad ”. ¡Conque generosidad, generosidad? Una de dos: o la Comisin de Literatura fue daosa, o til. Si lo primero, no debi haber existido; era preciso que se hubiese disuelto; y la Sociedad que permiti en su seno un cuerpo perjudicial, lejos de haber sido generosa, aparece como culpable. Si lo segundo, no fue un favor el que nos dispens formando la Comisin, sino que cumpla con uno de los muchos deberes que la patria le impone. El sagrado instituto de las Sociedades no es para que una fraccin de sus miembros conceda favores a otra; sino para que unidos entre s trabajen todos de concierto en el bien procomunal. Pero estos trabajos no son ms que el desempeo de las obligaciones que cada socio contrae al presentarse delante de sus altares; y el quererlos despojar de este carcter, desnaturalizndolos hasta el extremo de convertirlos en favores, es el trastorno ms lamentable de los principios morales, y el cncer devorador del fundamento de los pueblos. El excelentsimo seor O’Gavan siendo el verdadero agresor de los acadmicos, procura a veces cambiar de posicin, y apelando a ciertas armas, que no por ser muy usadas tienen embotados los filos, se presenta ante el pblico de tal manera, que algunos incautos podran creer que aqu se persigue a los eclesisticos. Por qu tuvo la fatal ocurrencia de comenzar su papel bajo tan tristes auspicios, cuando la naturaleza del negocio, ni el giro que despus ha tomado, tienen la ms remota conexin con los asuntos de la Iglesia? Quin en La Habana persigue a sta, ni tampoco a sus ministros? Por qu venir a marcar partidos de perseguidores, y perseguidos, cuando felizmente en este pas no existen ni los unos ni los otros? De nuestro respeto y veneracin a la religin y a sus ministros, nuestros hechos podrn deponer mejor que nuestras palabras. En el Colegio Seminario de San Carlos recibimos nuestra educacin de los labios y del ejemplo que nos dieron eclesisticos benemritos; y entre los individuos que componen el clero secular y regular de esta Isla, se cuentan muchos a quienes los acadmicos respetan por su carcter y se congratulan en su amistad. Jams se han indignado contra el sacerdocio, ni alzado su voz para interrumpir la paz del santuario; y aunque algunas veces han deplorado los extravos de algunos ministros, lejos de censurarlos, ms bien los han compadecido. stos han sido siem-

PAGE 56

OBRAS 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ pre nuestros sentimientos, pero sentimientos tanto ms laudables, cuanto que nacen de un corazn puro; pues no perteneciendo a la corporacin eclesistica, no puede decirse que usamos de un lenguaje hipcrita para alcanzar prebendas, mitras ni tiaras. Ni es la religin la nica arma formidable de que se han vlido para asesinar a los acadmicos. Vibran tambin contra ellos el rayo de la poltica, pero de una poltica oscura a la que con nfasis malicioso se alude siempre que los perversos quieren desbaratar los planes de los buenos. Se habla de la influencia que la Academia puede tener directa o indirectamente en el orden poltico; y en verdad que la tiene de ambos modos, pues procediendo los males que afligen a la nacin del largo reinado de la ignorancia, claro es que todas las instituciones que contribuyan a disipar las tinieblas y esparcir la ilustracin, deben ser de alta trascendencia poltica. Por fortuna se encuentran en el seno de nuestro Instituto personas a quienes no pueden hacerse siniestras imputaciones; y cuando se reflexione que el verdadero fundador de l es el espaol peninsular licenciado don Blas Oss, quien tiene dadas muchas pruebas de su acendrado espaolismo, desaparecern las nubes en que la calumnia quiere envolvernos. En cuanto a m, yo que s que soy el blanco contra quien algunos disparan sus tiros, porque nunca he querido venderles mi pluma, y porque siempre me han encontrado con energa para decirles la verdad, en cuanto a m, repito una y mil veces, que nada tengo que temer. Yo los desafo pblicamente, para que repasando mis operaciones y mis escritos, citen un solo rasgo que pueda justificar la insolente vocera con que piensan anonadarme. Lleguemos, por fin, a un punto interesante, que ser la ltima parte de esta defensa; quiero decir, al examen de la cuestin de si la junta preparatoria de la Sociedad quebrant o no los estatutos de su mismo cuerpo al celebrar el acuerdo extraordinario de 24 de marzo, y del que se dio parte a la Academia por oficio del 26 del mismo. Pero como as ste como el que aqulla pas a la junta en contestacin, que ya fue publicado por la Sociedad, son necesarios para la inteligencia del asunto que se debate, los insertar a continuacin. “La junta preparatoria de la Real Sociedad Patritica, reunida en seccin extraordinaria el 24 del corriente, y en virtud de la autorizacin que le imparte el artculo 62 de los estatutos, acord entre otras cosas, que se dirigiese a V.S. el presente, manifestndole lo que la Sociedad extraa los procedimientos de la Comisin Permanente de Literatura en los anuncios que ha hecho al pblico, y en haber practicado elecciones, y constitudose independiente bajo la denominacin de la Academia Cubana cuya institucin no puede ser reconocida por la junta, mientras no se cumpla literalmente la Real resolucin de la materia, y el acuerdo de la Sociedad en que fue comunicado; remitindose copia de la

PAGE 57

JOS ANTONIO SACO /51 /51 /51 /51 /51 exposicin que la motiv, y formndose el Reglamento que debe discutir la Sociedad para elevarlo a la soberana aprobacin. ”Y lo pongo en conocimiento de V.S. cumpliendo con dicho acuerdo. ”Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana y marzo 26 de 1834. Antonio Zambrana, secretario.—Seor don Nicols de Crdenas”. “Academia Cubana de Literatura.—Ledo el oficio de V.S. fecha 26 de marzo, por el que a impulso de la junta preparatoria, y tomando la voz de la Real Sociedad Econmica, se reconviene por los anuncios y elecciones que ha hecho la Academia, constituyndose independiente, y se reclama copia de la exposicin que motiv la Real Orden de 25 de diciembre, acord manifestar, que siendo, como es, la Academia de Literatura, independiente de la Real Sociedad Econmica, por dignacin de la Reina Gobernadora, en nombre de la reina nuestra seora doa Isabel II (Q.D.G.) no necesita de la aprobacin de dicha Sociedad, como lo pretende la junta preparatoria; y que a la Academia le vasta para considerarse legtima y hbil, la Real Orden de 25 de diciembre prximo pasado. Y ya que la junta preparatoria habla de extraezas, la Academia, por su parte, tambin ha extraado altamente que al cabo de tantos das de los anuncios y elecciones, se haya adelantado, contra el tenor expreso del artculo 62 que cita, a cumplir como acordado por la Real Sociedad en sesin legal ordinaria, el proyecto de acuerdo que form con respecto a la Academia. Y, por ltimo, que la copia reclamada ni existe, ni se ha menester, puesto que las razones que movieron el nimo de S.M. la Reina Gobernadora para constituir la Academia, estn ya fuera de todo examen y discusin. De orden de la Academia lo comunico a V.S. para que tenga a bien trasladarlo a la junta preparatoria. Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana 6 de abril de 1834.— Manuel Gonzlez del Valle vicesecretario.—Seor licenciado don Antonio Zambrana, secretario de la Real Sociedad Econmica”. La Academia, pues, contest con la firmeza y dignidad que deba; y repitiendo yo otra vez, que la junta preparatoria quebrant los estatutos de la Sociedad, paso a manifestar los fundamentos de esta asercin. El artculo 62, en que se apoya la junta, dice as: “En los casos de urgencia, y que sean de tan pronta resolucin que no permitan esperar a alguna de las juntas ordinarias, resolver la preparatoria en nombre de la Sociedad y con la precisa obligacin de darla en su oportunidad cuenta de todo, pasndole al efecto los papeles y dems que tenga por conveniente”. Luego, los nicos casos en que la junta preparatoria podr resolver a nombre de la Sociedad, ser en aquellos que no solamente sean urgentes, sino que adems exijan una resolucin tan pronta, que no haya tiempo de esperar a alguna junta ordinaria Digo que no solamente sean urgentes porque esta circunstancia por s sola todava no autoriza a la junta para resolver a nombre de la Sociedad,

PAGE 58

OBRAS 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ puesto que el artculo 64 de los mismos estatutos se explica as: “Si en el intermedio de una a otra junta ordinaria ocurriere algn motivo urgente que hiciere necesaria una ordinaria, la convocar el director, previo el acuerdo del Gobierno”. Luego, combinado este artculo con el primero, resulta, que la urgencia de un asunto no es suficiente por s sola para autorizar a la junta preparatoria a decidir en nombre de la Sociedad, sino que es preciso adems que concurra la necesidad de resolver con tanta prontitud que no haya tiempo de aguardar a alguna junta ordinaria Yo no entrar en la cuestin de si el negocio fue o no urgente y de la pronta resolucin que recomienda el artculo 62; porque como la junta preparatoria es la que hasta cierto punto puede calificar a su arbitrio los casos en que se ha de reunir para decidir a nombre de la Sociedad, ella podr considerar como urgente y de pronta resolucin lo que en mi concepto no lo sea, abriendo de esta manera un debate muy controvertible. Me limitar, pues, a asaltarla en su propio campo; y juzgndola por su misma conducta, probar hasta la evidencia, que ella no consider el asunto ni como urgente ni menos de pronta resolucin y que, por tanto, infringi los artculos 62 y 64 de los estatutos. El acta de esa junta celebrada el 24 de marzo dice as: “Advirtindose que la Comisin [debe leerse Academia] muy lejos de atemperarse a la letra de la Real resolucin y al cuerdo de la Sociedad, se haba instalado desde luego en Academia independiente... publicndolo en el Diario del 10 del corriente con la misma Real Orden... continuando en la celebracin de sesiones anunciadas por el Diario del 18 y publicando despus en el 21 la exposicin que intenta dirigir a S.M. dndole gracias por el insigne beneficio que acaba de dispensarle”. Ahora bien. El asunto en que se ocup la junta preparatoria, o era urgente y de pronta resolucin, o no lo era. Si no lo era, es incuestionable, que estando ya fuera del caso del artculo 62, no tuvo facultades para decidir a nombre de la Sociedad. Y si lo era, por qu habiendo anunciado la Academia su instalacin desde el 10 de marzo, y repetido el aviso de otros actos emanados de ella en los das 18 y 21 del mismo mes, por qu no se reuni inmediatamente desde que lleg a su noticia el primer anuncio, y no que se vino a juntar el 24, dejando correr no menos de 15 das en un asunto que ella misma ha calificado de urgente y de pronta resolucin? Por qu habindose dado el primer anuncio desde el 10 de marzo y mandando los estatutos que en los das 15 y 30 de cada mes haya juntas ordinarias de la Sociedad, por qu no se convoc sta para el 15, como debi haberse hecho aun cuando no hubiese ocurrido ninguna cosa extraordinaria? Y si el 15 no pudo ser, por qu no se cit para otro da, puesto que hubo tiempo sobrado, y que la misma junta preparatoria no se reuni hasta el 24? Por qu, en fin, se dej pasar el mes de marzo sin que se hubiese convocado la Sociedad, cuando as lo

PAGE 59

JOS ANTONIO SACO /53 /53 /53 /53 /53 exiga la rebelin que la Academia haba levantado contra ella, mientras que en meses tranquilos se hace tal convocatoria? No, no fue la urgencia, no la necesidad de pronta resolucin lo que arrastr a la junta preparatoria a quebrantar sus estatutos, sino el empeo de oponerse a la existencia de la Academia; mas, como sus miembros lo son tambin de la Sociedad, temieron encontrarse con ellos en las sesiones de sta, y haciendo entonces una cobarde evolucin se fueron a refugiar al estrecho recinto de la junta preparatoria, levantando de este modo para ellos una barrera inaccesible. En vano quiere conhonestar el excelentsimo seor director la infraccin de los estatutos por la junta preparatoria, invocando los das ms sagrados y augustos de nuestra religin, y en los que, segn dice, no poda congregarse todo el Cuerpo Patritico. Alude sin duda nuestro excelentsimo seor a los de semana santa; pero cuando se registra el calendario, y se encuentra que la junta celebr su nulo acuerdo el lunes santo, y que as en ste, como en los dos das posteriores, todava no se suspende el despacho de los tribunales ni el curso de los negocios, ya se conocer cun dbil es la razn con que se pretende justificar la irregular conducta de la junta. sta conoci la falta en que haba incurrido, cuando la Academia le anunci en su oficio de 6 de abril, las demasas a que se haba propasado; y tratando entonces de encubrirlas, busca por el rgano de su director una disculpa, que lejos de justificarla, la compromete ms y ms. Desde cundo dio la Academia sus primeros avisos? Ya se ha dicho que desde el 10 de marzo. Pero si el negocio era tan urgente, por qu aguard para reunirse hasta el 24, hasta esos das de semana santa? Los argumentos que he presentado son incontestables, y el excelentsimo seor director, por ms que apure su inventiva, pasar por el dolor de ver a la junta preparatoria que presidi, convencida de la infraccin de sus estatutos. Y al or de boca de S.E. el director, que no poda congregarse todo el Cuerpo Patritico, cualquiera creer que se necesitan algunos das para su congregacin, y que las reuniones se componen de 100 o 200 individuos. Pues en verdad que no es ni lo uno ni lo otro, porque todo se reduce a anunciar en el Diario del Gobierno que en la noche del mismo da en que se hace el anuncio, se celebrar sesin; y cuando llega la hora, la numerosa concurrencia se compone de 10 o 15 individuos; habiendo llegado el caso, en tiempo del excelentsimo seor don Francisco Dionisio Vives, que para reunir los nueve miembros que segn los estatutos son necesarios para formar acuerdo, fue preciso llamar a algunos de sus ayudantes. En prueba de lo que se puede citar la misma sesin del 15 de abril, en que se trat de este asunto, pues a pesar del empeo que se tom en darle importancia, y de que el nmero de socios asciende a 300 sobre poco ms o menos, solamente se pudieron reunir 24. La Sociedad

PAGE 60

OBRAS 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ en otro tiempo tan esclarecida, as por la calidad de las personas que asistan a sus juntas, como por la naturaleza de los trabajos a que se dedicaban, aos ha que est sufriendo la triste suerte que ha cabido a otras corporaciones. Desalentados sus miembros benemritos; casi desiertas sus sesiones; interrumpidas sus tareas; sin recursos para hacer frente a sus necesidades, ha habido poca en que el mismo secretario no ha podido presentar al fin del ao la Memoria en que se da cuenta de los trabajos que se han emprendido y realizado. Desgraciadamente, estos hechos son bien notorios; y el pblico est penetrado de que cuando se invoca la palabra Sociedad no se entiende por ella el respetable conjunto de 300 individuos en quienes reside el talento, la virtud y el patriotismo; sino el cortsimo e insignificante nmero de 10, 15 o 20 personas, algunas de las cuales estn dispuestas a obedecer ciegamente lo que se les manda autorizar. Y qu pensar del acuerdo celebrado en la noche del 15 de abril? Nada dir contra los seores que asistieron a la sesin, a pesar de haber dado todos su voto contra la Academia.4 Respeto a algunos, aprecio a otros, y los ms se conformaron con el acuerdo por motivos de que en tales circunstancias no es muy fcil prescindir. Pero sin que mi nimo sea hacerles ninguna acusacin, me permitirn que les diga, en defensa de la Academia, que carecieron de firmeza; pues siendo el acuerdo de la junta preparatoria abiertamente contrario a los artculos 62 y 64 de los estatutos, debieron haberle desechado; previniendo a aqulla al mismo tiempo, que en lo sucesivo se ajustase ms a los reglamentos del cuerpo, y que se abstuviese de usurpar el nombre y las atribuciones de la Sociedad. sta es la conducta que debi de haberse seguido en aquella noche memorable. Y pues que he tocado ya al trmino de este papel, mis lectores perdonarn que por tan largo rato haya ocupado su atencin con la Defensa que he escrito a favor de un instituto literario atrozmente perseguido. La justa vindicacin de sus actos, y el honor mancillado de los miembros que le componen, exigan de mi pluma que se detuviese a refutar los funestos errores y las malignas especies que en estos das se han propagado para extraviar la opinin pblica. En La Habana, en toda la isla de Cuba, en Espaa misma circular esta Defensa ; y cuando el hombre imparcial y reflexivo, repasare sus pginas, quedar ntimamente penetrado, as de la santidad de nuestra causa, como de la injusticia de nuestros perseguidores. JOS ANTONIO SACO. Habana y abril 25 de 1834. 4El presbtero don Joaqun Pluma fue el nico que no autoriz este acuerdo. Su conducta le ha granjeado los aplausos del pblico y el aprecio de los acadmicos.

PAGE 61

JOS ANTONIO SACO /55 /55 /55 /55 /55 Con la publicacin de esta Defensa mi alma qued tranquila y contenta, pues ilustrada la opinin, todos los imparciales reconocieron la justicia de los acadmicos. Ni bastaban a turbar esa tranquilidad y ese contento la certeza que yo tena de que contra m se meditaba una venganza. Mis deseos se haban cumplido, y esa satisfaccin de que gozaba, me hacan mirar con indiferencia y aun desprecio todas las maquinaciones de mis enemigos. El 17 de julio de 1834 hallbame yo en las conclusiones pblicas que daba mi digno amigo don Francisco Ruiz, catedrtico de Filosofa en el Colegio de San Carlos de La Habana; y a la sazn de estar examinando a sus discpulos, rompi por entre el numeroso concurso que haba, un ayudante del general Tacn, y acercndose a mi odo, me habl quedo: “tengo que decir a Vd. dos palabras”. Respondile, “que me permitiese concluir”, y concluyendo brevemente, sal junto con l. Al llegar a la puerta del colegio me dijo: “de orden del Excmo. seor Capitn General entrego a Vd. este papel”. Abrilo, y era el siguiente pasaporte, expedido por la secretara militar. Pasaporte“DON MIGUEL TAC"N, etc., etc. (aqu seguan todos sus ttulos). ”Concedo pasaporte, para que don Jos Antonio Saco, salga de esta plaza, y se traslade a la ciudad de Trinidad, concedindole para lo primero 15 das contados desde la fecha, con obligacin de presentarse a su llegada al seor gobernador de dicha ciudad, y de residir en ella mientras otra cosa no se disponga. Habana 17 de julio de 1834.—Miguel Tacn.—Alexandro de Aran”.5Ledo que hube este pasaporte, quise or de la boca de aquel general los motivos de tan arbitraria determinacin: y presentndomele inmediatamente le dije: “no vengo a suplicar a V.E. que revoque la orden que me ha dado de salir de La Habana: tampoco me dirijo a V.E. como al Capitn General de Cuba, sino como al caballero don Miguel Tacn: si bajo de este ltimo carcter puedo hablar a V.E., expondr brevemente el motivo que aqu me trae”. Mi franqueza y desembarazo llamronle la atencin; y prestndome odo, nuestra pltica dur como diez minutos, resultando de ella, que mi destierro era, segn sus palabras, por haber dofendido al seor O’Gavan, y por tener mucha influencia sobre la juventud habanera. Logrado mi objeto, baj rpidamente las escaleras de palacio y corr a ocupar en el 5ste era entonces el secretario militar.

PAGE 62

OBRAS 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ Colegio de San Carlos el puesto que haba dejado para desmentir con mi presencia en los actos pblicos que all se celebraban, la voz entre los concurrentes esparcida de que me haban llevado preso por orden de Tacn. Luego que se supo la orden de mi destierro, algunos de mis amigos quisieron que yo hiciese una representacin al Jefe de la Isla, pues recin llegado a ella, ignoraba completamente todas las ocurrencias de la Academia. Respondiles redondamente que yo “ni representaba, ni peda”: y respondiles as, por dos razones. 1 Porque yo saba que todo era intil, pues el golpe no slo parta de las manos del seor O’Gavan, sino de la conjuracin de todos mis enemigos, capitaneados por el intendente de La Habana, conde de Villanueva, personaje entonces omnipotente. 2 Porque yo estaba muy decidido a no ir a Trinidad, pues Trinidad era el primer escaln que se me preparaba para hacerme pasar por l o a la expatriacin o al calabozo. Pero mis amigos insistan; y debiendo yo complacerlos, les dije “seguro de que ustedes jams me presentarn como un hombre humillado ante el poder, firmar lo que ustedes escriban”. Uno de ellos, cuya muerte llora ya la patria, se encarg entonces de extender la representacin, en la que yo no puse ni una frase, ni menos suger una sola idea. Concluida que fue, me la leyeron; juzguela digna de las circunstancias, aprobela en mi corazn, y en silencio la firm. De esta manera hice yo mo un papel que slo fue obra de un insigne patricio, y que dado ahora a la prensa por la vez primera, siempre he conservado como prenda sagrada de amistad.

PAGE 63

REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT REPRESENT ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE DON JOS ANTONIO SACO DE DON JOS ANTONIO SACO DE DON JOS ANTONIO SACO DE DON JOS ANTONIO SACO DE DON JOS ANTONIO SACO AL EX AL EX AL EX AL EX AL EX CMO CMO CMO CMO CMO SEOR GOBERNADOR Y C SEOR GOBERNADOR Y C SEOR GOBERNADOR Y C SEOR GOBERNADOR Y C SEOR GOBERNADOR Y C APITN APITN APITN APITN APITN GENERAL DON MIGUEL TAC"N GENERAL DON MIGUEL TAC"N GENERAL DON MIGUEL TAC"N GENERAL DON MIGUEL TAC"N GENERAL DON MIGUEL TAC"N AdvertenciaCuando se hizo esta representacin, an no haban corrido dos meses de la llegada a Cuba del general Tacn. En este corto tiempo empez a castigar los malhechores, a perseguir el juego y a tomar otras medidas acertadas que le granjearon el aprecio pblico. Tvosele entonces por recto y justo; y mis amigos al extender la representacin, y yo al firmarla, dimos pruebas de imparciales reconociendo en Tacn tan laudables cualidades. La poca calamitosa vino despus, y los desafueros y maldades que en el orden poltico cometi aquel General, borraron los nobles ttulos que al principio haba adquirido. Ruego, pues, a quien leyere mi representacin que siempre tenga presente esta advertencia. Excmo. seor: V.E. es conocidamente enrgico; pero tambin es justo e ilustrado. Esta sola consideracin, si otras no me asistieran, me impulsara a ofrecer a V.E. algunas rpidas pero slidas reflexiones que obran en mi defensa. As, pues, acatando y prometiendo cumplir en su oportunidad la orden superior de V.E., me ser lcito entretanto llamar su atencin a estos tres puntos capitales. 1 Apologa de mi ltimo papel. 2 Justificacin de mi conducta poltica; o mejor dicho, explicacin del encarnizamiento de algunas personas contra m. 3 Consecuencias de la medida de V.E. Pero antes de entrar en el asunto, debo advertir, que el presente papel slo habr de considerarse como una especie de ndice de materias, cuyos particulares me comprometo a desenvolver hasta la ltima evidencia, bien sea por escrito, bien de viva voz, tan luego como V.E. se digne juzgarlo conveniente. Renunciando, pues, a todo gnero de atavo y revistindome de la mayor prudencia, presentar mis ideas en una serie de proposiciones aisladas, para que sean examinadas hasta con esa desventaja, a la luz de la ms severa crtica.

PAGE 64

OBRAS 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ 1 Los individuos de la Sociedad aparecen como agresores. 2 Su conducta fue tanto ms extraa, cuanto que el mismo Gobierno Supremo tuvo el negocio por el ms sencillo del mundo, puesto que accedi de plano a los deseos de la Comisin, aun sin pedir informe aquella corporacin, como se practica ordinariamente. 3 Infirese, pues, que la Sociedad en todo caso deba haberlas con el Gobierno Supremo; mas, nunca con los acadmicos. 4 No contentos los seores socios con insultarnos de oficio, principiaron a inundar los peridicos de diatribas contra nosotros. ¡Agresores por segunda vez! 5 Viendo estos seores que se les contestaba, le ocurri al excelentsimo seor don Juan Bernardo O’Gavan intimidarnos con su elevado tono, llegando al extremo de pintarnos como gentes que abrigaban encubiertos fines polticos ; es decir, valindose del arma ms prohibida para perjudicarnos.—Ruego a V.E. lea con detenimiento el papel presentado por este seor Excmo. en la sesin de 15 de abril.—Su contenido me exime de todo comentario. 6 Ya por este tiempo se haba anunciado por m que deseando la Academia hacer una defensa vigorosa y digna de las circunstancias, necesitaba ms tiempo para prepararse. En tal estado, y teniendo nuestra vindicacin a par de muerte, logran los contrarios que con consulta de asesor prohibiese el Excmo. seor Ricafort la impresin de todo comunicado sobre la materia en los dos diarios de esta capital.—De suerte, Excmo. Seor, que se desobedeci la orden de S.M., infringi los estatutos, para llevar a cabo sus miras, el mismo seor director, que deba ser el primero en acatarlos, se nos insult de oficio, se nos provoc a la palestra, se nos aguij, se nos vilipendi en presencia del pblico con las notas ms execrables; y despus... despus... en los momentos mismos de estarse disparando los ltimos impresos contra nosotros, se nos cierran totalmente las puertas a nuestra nica defensa; porque habiendo sido pblico y tan pblico el agravio, pblico y muy pblico haba de ser el desagravio. Con este motivo me permitir V.E. dos observaciones; y sea la primera, que mi papel no estaba especialmente prohibido, sino que haba una prohibicin general de que se insertasen artculos relativos al asunto en el Diario y Noticioso de La Habana Cuya circunstancia cambia sobre manera el estado de la cuestin; pues la prohibicin ni se extenda a otro lugar ni a otro peridico de la misma Isla, ni mucho menos poda extenderse a una prensa extranjera. Dir ms: no alcanzaba ni a las mismas imprentas del Diario y Noticioso siempre que se publicase el papel fuera de sus columnas. Advirtase, asimismo, que el escrito ni lleg a estar calificado por la censura: de forma que, en todo rigor, no era un escrito prohibido. ltimamente, en prueba decisiva de que la

PAGE 65

JOS ANTONIO SACO /59 /59 /59 /59 /59 prohibicin no se extenda a los dems puntos de la Isla, acompao a V.E. la Aurora de Matanzas de 29 de abril, que contiene un remitido sobre la cuestin de la Academia, papel ms enrgico sin duda que la Defensa misma; sin que por parte alguna haya habido reclamo en contrario, a pesar de haberse publicado seis das despus de la prohibicin En Puerto Prncipe tambin vio posteriormente la luz pblica otro artculo acerca de la misma materia. Para su ms fcil dilucidacin acompao asimismo una copia de la orden pasada por este gobierno a las imprentas del Diario y Lucero con fecha 23 de abril. La otra observacin se contrae a los malos y aun contrarios efectos que siempre surten esas medidas represivas. Si no se hubiera comunicado semejante orden a las imprentas, qu hubiera resultado? Que la censura habra tildado, como de costumbre, uno que otro pasaje de los ms fuertes del papel, y los acadmicos se hubieran apresurado a publicarle aun as corregido, a trueque de no perder la mejor oportunidad de darle a luz. En tal caso, forzoso es confesar que las pasiones no se hubieran exaltado hasta ese punto ni por una ni por otra parte. Quin puede dudar que aquel rasgo de injusticia deba exasperar el nimo de los agraviados, y como consecuencia forzosa, hacerlos producir en un lenguaje ms acalorado y sentido? Efectivamente, el entredicho de la imprenta es la razn ms elocuente que puede alegarse en obsequio de la Academia. 7 Mas, aun dado caso que yo hubiese faltado a la Sociedad1 y a su Excmo. director, ah estaban los tribunales establecidos por las leyes, ante los cuales podan haberse querellado. No quisieron, empero, seguir este camino real, sino que han preferido apelar directamente a V.E., pintndome sin duda como hombre peligroso para la tranquilidad del pas; porque slo de esta manera podra yo alcanzar el fundamento en que estriba la determinacin de V.E. Efectivamente, slo cuando peligra la salud del Estado se recurre a estos medios extraordinarios, mxime en las actuales circunstancias en que todas las medidas polticas deben aparecer con un carcter justo y conciliador. Norabuena se repriman con firmeza los abusos que nos inundan en el orden civil: nadie ha declamado contra ellos ms que yo, pero los negocios polticos por su propia naturaleza demandan otro modo de proceder. Esta presuncin me conduce al segundo punto; o sea, los motivos por qu me he granjeado algunos poderosos enemigos. Establecer mis proposiciones con la franqueza que acostumbro. 1 Todo joven ilustrado de nuestros tiempos es forzosamente liberal. 1Entindase que siempre que hablo de la Sociedad me contraigo tan slo al corto nmero de individuos que han escrito contra la Academia.

PAGE 66

OBRAS 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ 2 Por consiguiente, lo soy yo; mas, nunca he sido indiscreto ni en mis palabras ni en mis obras, ni jams he entendido por liberalismo sino el sinnimo de ilustracin 3 Prueba de la cordura de mis procedimientos es, y ha sido, que, a pesar de haber escrito con alguna ms libertad que otros (y en tiempos de menos libertad legal) censurando siempre los vicios que afean mi patria, jams han logrado mis enemigos atraparme en el menor desliz y sus esfuerzos por mi ruina han resultado siempre impotentes. 4 Los escritos mos que ms han excitado la bilis de mis adversarios, se han publicado precisamente aqu en la misma Habana, despus de haberse censurado Por qu no se me demand entonces segn las leyes existentes? Por qu no se exigi la responsabilidad a los censores? Prueba inconcusa de que, aunque los papeles estuviesen escritos con bro, estaban tambin muy en regla. 5 Es muy fcil deslindar el origen del encono, y seguir paso a paso la historia de ese tolle tolle que hace aos se levant contra m. Aqu la tiene V.E. en breves palabras. Cuando el presbtero don Flix Varela, catedrtico propietario de filosofa en el Colegio Seminario de San Carlos, fue electo diputado a las Cortes de 1821 por la provincia de La Habana, este ilustre patriota me dispens el honor de dejarme ocupando su lugar. Esta colocacin me proporcion nuevas y frecuentes oportunidades de darme a conocer ms y ms de la juventud habanera. Y aunque yo no publiqu escrito alguno poltico durante la Constitucin, sin embargo, al caer el sistema, no faltaron gentes que comenzasen a marcarme como discpulo de un liberal. Mas, esto no pas de ah por entonces. Traslademe en 1824 a los Estados Unidos de Amrica, donde a la sazn se hallaba refugiado nuestro digno ex diputado con sus dos dignos compaeros, y traslademe por va de paseo, como lo hicieron, lo haban hecho, y lo hacen infinitos habaneros. All pas algo ms de dos aos; pero mis enemigos que ya no me perdan pie ni pisada, empezaron a esparcir la voz de que mi ausencia de La Habana deba de provenir de alguna causa poltica que me impeda volver a Cuba, y fortalecan este rumor con la circunstancia de hallarme yo en los Estados Unidos al lado de mi antiguo maestro. Mas, hasta en esto mismo puede verse una muestra de la calumnia; pues aun cuando nada era ms natural que el que yo viviese bajo el mismo techo con mi maestro y mi paisano, con el hombre ms virtuoso que he conocido sobre la tierra, la verdad es, que l estaba avecindado en Nueva York, al paso que mis estudios me tenan clavado en Filadelfia. Volv luego a La Habana a fines de 1826, con el objeto de marchar a Cuba y a Bayamo, como lo hice luego, para transigir de una vez negocios de inters y de familia, y permanec en la Isla otro ao y medio sin que nadie me molestase en lo ms mnimo, pasendome por toda ella, y desmintiendo as pblicamente los rumores que contra m se haban tan maliciosamente circulado.

PAGE 67

JOS ANTONIO SACO /61 /61 /61 /61 /61 A mediados de 1828 regres a Norteamrica, y al cabo de algunos meses comenc a publicar un peridico con el ttulo del Mensajero cuya coleccin puedo mostrar ntegra a V.E., y que estando destinado especialmente para el pblico de la Isla, no contena materias que no fuesen muy permitidas. As es, que se despachaba con conocimiento de la autoridad, ni ms ni menos que el Noticioso y el Diario de la Habana En este intermedio ocurri a fines de 1829 un suceso, que si bien contribuy, por un lado, a aumentar el nmero de mis apasionados, por el otro, engros considerablemente las filas de mis enemigos. Habiendo yo inserto en uno de los nmeros del Mensajero un juicio crtico muy favorable sobre las poesas del joven cubano don Jos Mara Heredia, publicado por los editores de los Ocios de los emigrados en Londres y seguidamente una Carta que acerca del mrito de dichas composiciones haba escrito en Espaa don Alberto Lista, plugo a don Ramn de la Sagra, profesor de botnica en esta ciudad, rebajar el merecido concepto del vate cubano, dando a luz una severa cuanto injusta crtica de aquellos ensayos poticos en los Anales de ciencias y literatura que redactaba. Tan luego como lleg a mis manos el papel, ofrec contestar en el Mensajero en desagravio de la justicia; y he aqu que sin ms ni ms, y sin aguardar siquiera el cumplimiento de mi promesa, se desata contra m el seor Sagra. Exasperose entonces la contienda, a consecuencia de los insultos con que l mismo continu en regalarme, hasta que al fin le contest detenidamente en dos folletos que acabaron de dar en tierra con su reputacin poltica, cientfica y literaria. Digo acabaron de dar en tierra porque siendo los hechos ms elocuentes que las razones todas, ya ellos repetidamente haban ido revelando al pblico hasta dnde llegaban las fuerzas del seor Profesor. Estos escritos, como dejo indicado, me granjearon gran popularidad, no slo por las incontrastables razones en que apoyaba mis asertos, sino tambin por haber recado mis ataques en un hombre que por su jactancia y por sus insultos directos al pas, y aun a los mismos peninsulares, era el blanco de la animadversin general. Mas, este mismo hombre tan desconceptuado, tan desvalido para con la opinin, empezaba a estar ya protegido por un alto personaje empleado en el pas, cuya influencia no slo era omnipotente en este suelo, sino alcanzaba hasta a los agentes del Gobierno Supremo en aquella poca.2Pareciole a este seor excelentsimo, a quien jams tuve presente ni para bien ni para mal, pareciole, que con el mero hecho de hallarse un individuo bajo su gida protectora, ya todos, todos deban respetarle como un sagrado, a pesar de haberme atacado este protegido no como 2El alto personaje a quien se alude en esta representacin era el conde de Villanueva, intendente de La Habana.

PAGE 68

OBRAS 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ quiera bajo el aspecto literario, sino tambin bajo el poltico, haciendo degenerar completamente la cuestin. Crey sin duda intimidarme, Excmo. Seor, empuando un arma prohibida, valindose del talismn con que se conjuran por ac las ms horrorosas tormentas; en una palabra, acusndome paladinamente de independencia Conciba V.E. la sorpresa del profesor, cuando lejos de hurtar yo el cuerpo a la dificultad, entr de lleno en la cuestin, mirndola bajo toda sus fases, y confundindole completamente. Tengo, por tanto, ms fundada mi conjetura que desde esa poca data la prevencin del tal potentado contra m, cuanto que a despecho del dictamen del respetable censor presbtero doctor don Jos Agustn Caballero, declarando al gobierno que mis papeles nada contenan contra la moral, ni las regalas de S.M., ni las autoridades constituidas, ni cosa alguna que comprometiese la tranquilidad del pas; fueron, sin embargo, detenidos y confiscados en la aduana por influjo directo de aquel Seor. Aqu ver V.E., que no es nueva la segura tctica de dejar ejercer libremente la ofensiva y atar luego las manos para la defensiva. Ya por este sencillo relato se deja comprender lo que debe haber influido la opinin, no dir los esfuerzos, de un personaje de tanta vala en el nimo de infinitos magnates, y ms particularmente en el de aquellos individuos, que, o se hallan bajo su inmediato poder, o que han menester a cada paso de su asistencia y proteccin en el curso de sus negocios, sin poner en cuenta sus conexiones en el pas, que tan eficazmente deban conspirar al mismo propsito. As que, por ahora no pretendo molestar ms la atencin de V.E. acerca de este punto, mayormente cuando en el discurso de mi narracin ha de volver a aparecer sobre la escena el mismo importante personaje. Pero no quiero pasar adelante sin apuntar algunas advertencias indispensables en la altura a que hemos llegado. Bien convencidos mis adversarios de que no era fcil desacreditar ni comprometer a un hombre tan irreprensible en su conducta pblica como en la privada, han tratado hipcritamente (porque harto cerciorados estn de lo contrario, como demostrar en lo sucesivo), s, hipcrita y solapadamente, de calumniarme desde un principio con el cargo de independencia, procurando con toda su alma confirmarlo y robustecerlo con cuantas circunstancias han juzgado favorable. As es, Seor Excmo., que hay hombres que aun sin conocerme, y hasta sin haber ledo mis escritos me tienen por tan independiente como un Bolvar y un Santa Anna; siendo de advertir, que cabalmente en ese mismo Mensajero publiqu repetidas veces papeles muy circunstanciados contra esos ambiciosos caudillos. Y no los publiqu como han hecho muchos, por obtener de nuestro gobierno algn empleo o condecoracin, sino por puro amor a la verdad y a mi patria, nicos mviles de mi pluma y de mis obras. Mi

PAGE 69

JOS ANTONIO SACO /63 /63 /63 /63 /63 vida entera es una prueba continuada de este aserto. Desagradable, sumamente desagradable es para un hombre de sentimientos tener que traspasar acaso los lmites de la modestia; pero V.E. y todos los sensatos me disculparan al considerar que se me ha forzado a quebrantar sus leyes en obsequio de mi defensa. Si yo hubiera abrigado alguna vez el intento de predicar independencia a mis compatriotas, por qu no aprovech la oportunidad con que me brindaba la morada en la nacin ms libre de la tierra para publicar mis ideas sin embozo? Y si se dice que no quera comprometerme publicando bajo mi nombre semejantes escritos subversivos, por qu no lo hice escudado con el annimo, en un pas donde a la autoridad est vedado entablar especie alguna de pesquisa legal en materia de imprenta? Muy al contrario fue mi conducta. Lea V.E. las dos Memorias que sobre “Caminos y Vagancia” escrib desde all para optar a los cursos propuestos por la misma Sociedad Econmica de La Habana en 1829 y 1830, premiadas ambas con la patente de socio de mrito: Memorias en las cuales, a fuer de obras esencialmente annimas, pude haber dejado correr la pluma, haciendo traslucir por lo menos mi sesgo por la independencia Dejela correr, s, contra los vicios y desordenes civiles que V.E. se empea en reprimir con mano fuerte, sealando la fuente de nuestras dolencias morales e indicando los medios de extirparlas eternamente. Mas, como en estos golpes me llevase de encuentro una clase numerossima en nuestro suelo para mengua de las costumbres, la falange formidable de jugadores y aficionados a quienes desenmascar, vino a acrecentar las ya fuertes columnas de mis adversarios. Y aqu tiene V.E. cun cierto es que soy independiente : independiente, porque no hay nada que me arredre cuando grita la voz de la patria; independiente porque jams he querido quemar incienso en el altar de la adulacin; independiente porque no he querido empleo ni condecoracin que sirviera de rmora al vuelo de mi pluma; independiente porque a trueque de ser consecuente conmigo mismo, vista la corrupcin de nuestro foro, y anteponiendo la ambicin por las letras y el buen nombre a todas las dems ambiciones, por eso y slo por eso abandon mi carrera, que es el camino ms seguro a las riquezas, los honores, las consideraciones, el flujo universal, la omnipotencia en mi desventurada patria; independiente, porque hallndome en 1826 con todos los certificados y dems requisitos correspondientes en la ciudad de Puerto Prncipe, donde reside la Real Audiencia del distrito, y desoyendo las vivas instancias de mis amigos de aqu y de all, no quise recibirme de abogado; independiente porque hasta donde lo han permitido mis esfuerzos y los elementos del pas, siempre me he desvelado por su ventura; independiente porque he preferido el riesgo a la seguridad, la escasez a la afluencia, los pursimos goces de la conciencia a los impuros del libertinaje;

PAGE 70

OBRAS 64\ 64\ 64\ 64\ 64\ independiente, en fin, porque de nada necesito, y nada en el mundo es capaz de comprarme. He aqu mi alimento y mi consuelo en la fortuna y en la adversidad. V.E. que ha experimentado el sentimiento del honor, sabr excusar la vehemencia que no es dado reprimir a un hombre vulnerado en lo ms vivo de su corazn. Y disculpando igualmente el desorden que debe reinar en mis ideas por la premura con que van consignadas al papel, me permitir continuar el relato tan interrumpido. Apenas vuelto a La Habana en febrero de 1832, me solicit la Comisin Permanente de Literatura para que me encargase como principal editor de la redaccin de la Revista Cubana peridico bimestre que se publicaba bajo los auspicios de la misma, cuyo honor acept desde luego; y he aqu un nuevo manantial fecundo en proporcionarme enemigos, y enemigos muy poderosos. Efectivamente, en uno de los nmeros de la Revista que fue el 7, con ocasin de dar cuenta de un viaje interesante por el Brasil, conclua, no ya con algunas consideraciones, sino con unas demostraciones matemticas acerca de la urgentsima necesidad en que nos hallbamos de examinar muy seriamente la cuestin de poblacin; empendonos no slo por sentimientos de humanidad, sino aun siguiendo las sugestiones de nuestro inters individual, en poner trmino al comercio de esclavos. La simple lectura de mi papel bastar para convencer a V.E., que ni los tratantes de negros, ni muchos de los hacendados ilusos, pues hay ya algunos que empiezan a ver claro, me perdonarn jams este relato. Y quines son los que trafican en ese rengln? Muchos de ellos personas acaudaladas, de influencia y hasta respetables bajo otros conceptos. Esta sencilla indicacin ser suficiente a V.E. para comprender el refuerzo progresivo de mis adversarios. Pero no debo omitir otra consideracin importante. Cuando un enemigo anterior no ha podido vencer por s solo, halla en el nuevo antagonista su aliado natural, y esta fuerza adquirida le proporciona ms y ms partidarios. As ha sucedido precisamente respecto de m, sobre todo, siendo tan poderoso uno de mis antiguos adversarios. Mas, sea de esto lo que fuere, jams debe olvidarse que ese mismo papel, que tanto escozor hubo de causar a tanto nmero de personas, se imprimi, no ya con una simple censura, sino bajo la triple censura del censor regio, del censor encargado por el Excmo. antecesor de V.E., y el visto bueno de la Comisin de Literatura, especialmente autorizada por la Sociedad para la revisin de los artculos destinados a la Revista No alego esto, Excmo. Seor, para eximirme de responsabilidad. Nada ms repugnante a mis principios; pero es menester confesar que los quejosos para ser consiguientes deberan haber girado contra los censores, contra la Comisin, contra el impresor y contra el orbe entero, antes de bosticar siquiera contra el editor. Cmo ha de procederse de otra suerte en pases, donde se

PAGE 71

JOS ANTONIO SACO /65 /65 /65 /65 /65 halla establecida la previa censura? Slo que los censores o impresores probaran dolo o violencia de parte de los autores, podra recaer sobre stos la responsabilidad del impresor. Pero pasemos ya a otro acontecimiento que tambin tuvo su parte en aumentar el nmero de mis enemigos, o por lo menos, de mis malquerientes. Hallndose enteramente desquiciado, as en la parte literaria, como en la moral el colegio de empresa particular nombrado Buena-Vista me llam el empresario para ponerme a la cabeza, esperanzado de reformar las cosas a beneficio de mi reputacin y de mis faenas. Acept tan espinoso encargo, no ya con conocimiento sino hasta con aplauso de la Seccin de Educacin: mas, apenas me hall ejerciendo las funciones de mi nuevo ministerio, cuando empec a tocar el sinnmero de obstculos insuperables que se oponan a mis conatos. Con este motivo trat de nuevo de separarme de la direccin y del Instituto, considerndome obligado a ello ante mi conciencia y ante mi patria, toda vez que no estaba en mi mano estirpar unos males tan inveterados. Mas, cediendo a las instancias de muchos individuos de la misma seccin, y planificando otras reformas fundamentales a que se prest el empresario, determin permanecer en el establecimiento, redoblando al intento los esfuerzos de mi celo y vigilancia, en trminos de no moverme a ninguna hora del colegio y de pasarme las noches enteras velando por aquellos claustros y dormitorios. Pero un suceso desagradable y de suma trascendencia para la causa de la educacin vino a perturbarme en medio de mis patriticos afanes, y a decidirme a salir a todo trance del Instituto. Trat un particular, descansando en el influjo de sus conexiones en el pas, en el pas de las conexiones y empeos por antonomasia, trat, digo, de atacar las leyes de la subordinacin, tan sagradas e imprescindibles en tales establecimientos, demandando en juicio al prefecto del colegio a consecuencia de una queja de sus hijos, y haciendo alarde de su poder y del de su familia para insultarnos a todos indistintamente, prefecto, maestros y director. En tal estado, abandon el campo, declarando al pblico que ni mi honor, ni mi conciencia, ni mi patria me permitan continuar dirigiendo el establecimiento de Buena-Vista. A este golpe se desplom el edificio, que ya estaba todo minado. Se pretenda de m que permaneciera y callara, continuando en percibir el cuantioso sueldo de ms de 300 duros mensuales. ¡Pero engaar yo a mi pas! ¡Decir que estaba sano el rbol que estaba podrido! Eso no, por ninguna consideracin humana; pirdase todo norabuena, pero no se pierda el honor. Aqu tiene V.E. otro dato irrefragable para muestra de mis principios. Siempre prefiriendo la verdad, aunque peligrosa y descarnada, a la mentira, aunque segura y lucrativa. Ahora, pues, a nuestro propsito. Con qu ojos habran de mirar mi rebelin algunos individuos de la seccin y el mismo empresario

PAGE 72

OBRAS 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ y sus adherentes? Acaso con los de la resignacin e imparcialidad, o con los del encono y del resentimiento? Grande fue la sensacin que caus en La Habana este paso dado por m: quin lo gradu de precipitado y violento: quin me supuso hasta motivos de inters por trasladarme a otro establecimiento; pero el tiempo los ha desengaado de que ese elemento jams entr en mis clculos: quin olvidndose del procomunal, se puso a computar las prdidas del empresario; pero la opinin de los que tienen opinin fue unnime sobre el particular: “Saco no engaa jams: as lo hemos esperado siempre de su carcter y de sus principios ”; y as fue el clamor de los pensadores. Pero ya nos acercamos al trmino de esta fastidiosa narracin, aunque no todava al de toda nuestra tarea. V.E., sin embargo, me prestar un odo atento, dispensando mi latitud, que sin duda es a despecho mo, en consideracin a la imposibilidad de ser breve en asunto propio; no obstante el ms fuerte propsito en contrario. Por fin lleg tambin el azote del clera a descargarse sobre los moradores de este suelo. Con tal motivo se esmeraron a porfa todos los amantes del saber y de la humanidad en estudiar su maligna influencia, cada cual segn su profesin y conocimientos, ya observndolo a la cabecera del enfermo, ya marcando el estado atmosfrico, ya siguiendo su marcha geogrfica y computando sus estragos, para deducir, en consecuencia, los medios de combatir tan formidable enemigo. Entre estos ltimos se juzg obligado a alistarse el editor de la Revista en obsequio de la humanidad y de su patria. En consecuencia escribi en ella un artculo, en el que despus de manifestar los progresos del clera en los dems pases, al descender a su historia en el nuestro, se lamenta en trminos muy sentidos, y apoyndose en algunos datos, de la suspensin de las cuarentenas pocos das antes de habernos invadidos el enemigo, y cuando an azotaba en los Estados Unidos, y nada menos que en la proximidad de Nueva Orlens. Tambin se insertaron en el mismo papel algunos datos estadsticos que estaban en oposicin con los resultados de las Tablas necrolgicas del seor Sagra, pblicados bajo los auspicios de su antiguo protector el Excmo. seor Intendente. Aqu hay varios pecados capitales en el concepto de mis enemigos. Dironse por agraviados de que yo hubiese lamentado la suspensin de las cuarentenas, reclamando para lo sucesivo el cumplimiento de las sabias cuanto rgidas leyes que gobiernan en la materia, leyes que a la sazn se estaban cumpliendo rigurosamente en la madre patria, donde el peligro no era tan inminente. Y tan encarnizado fue el encono de este partido, que hizo publicar al cabo de ms de un mes un papel en el cual, al paso que se encomiaba al editor de la Revista slo se le atacaba por las cuarentenas. Pero con esta tctica lo que consiguieron fue aparejarle un nuevo triunfo. Hzose clebre la cuestin; disele ms publicidad de la

PAGE 73

JOS ANTONIO SACO /67 /67 /67 /67 /67 que tena; triunf la verdad, como de costumbre, y el resultado no poda menos de exaltar ms y ms la bilis de los vencidos. Cosa muy singular es sta, seor Excmo., que no slo se tratase por semejantes individuos de sostener ridculamente una mala causa, sino que se pretendiese tener justicia, despedazando la reputacin de los hombres de bien. Mejor le estara siempre callar al que le falta la razn. Pero lo que les hace hablar es que se diga la verdad, y que la digan los que carecen de valimiento y relaciones. Este ltimo motivo es el que aguza su resentimiento, hacindolos reputarse ms ofendidos.—Despus de la cuestin de cuarentenas ya no ha habido perdn para m: borrose esta palabra de la lengua de mis contrarios. Pero yo ni quiero, ni he menester perdones, ni indulgencias. Vivo bajo las garantas que me proporciona el ilustrado gobierno de la heroica Espaa, dignamente representado en la persona de V.E., que sabr, por fin, distinguir el oro falso del verdadero. Para mejor alcanzar este objeto, quedando acrisolada mi inocencia, he de merecer de la rectitud e imparcialidad de V.E. se digne informarse acerca de mi conducta pblica y privada, para cerciorarse de la exactitud de los hechos relacionados con las personas ms respetables del pas, personas que no pertenezcan a partidos de circunstancias, personas independientes en su opinin y de un carcter conciliador y justo. No faltan para ventura nuestra estos venerables varones en el suelo cubano, abstenindome adrede de mencionarlos, para que escogindolos V.E. por s mismo, vea en este rasgo una nueva prueba de mi candor y de la confianza que me inspira no menos la santidad de mi causa que la justificacin de V.E. S, seor Excmo., la justicia exige que se d odo a las dos partes, mayormente cuando se versa la cuestin de imponer una de las penas ms rigurosas que reconoce la legislacin de los pueblos cultos. Esta consideracin me conduce como por la mano al ltimo punto de mi defensa; esto es: “Consecuencias de la medida que conmigo ha tomado V.E.” Tan grave como rica es la materia: yo, empero, me ceir a algunas reflexiones capitales, sobre las cuales llamo muy especialmente la atencin de V.E., harto fatiga ya sin duda con mi interminable borrn. La primera consecuencia de este procedimiento ser, sin duda, que todo el pueblo graduar la pena desproporcionada a la falta. Porque una de dos: o se me juzga por los papeles anteriores, o por el presente. Si lo primero, aun caso que en algo hubiese delinquido imprimindolos (que no delinqu como ya he demostrado plenamente) quedara la culpa compurgada con las repetidas amnistas acordadas por el paternal gobierno de la reina Cristina de Borbn: mas, si se me juzga por causa del ltimo papel, no habr uno que se atreva a negar la imposibilidad de imponrseme una pena cualquiera, por leve que sea, sin verificarlo en

PAGE 74

OBRAS 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ juicio contradictorio.—Mis delatores, seor Excmo., se han desdeado de bajar a la arena de los tribunales, en donde a todos nos nivela la ley. Hgalos entrar V.E. como su supremo ejecutor, dentro de su respetable recinto, dentro de esos muros venerados que jams se deben salvar. Los trmites, los trmites: yo invoco una y mil veces la proteccin augusta de las leyes; las formidables prescritas, esas divinidades tutelares de la hacienda, la paz, el honor y la vida. Persgaseme norabuena, persgaseme, condneseme; pero sea con arreglo a las frmulas sacrosantas que prescriben las leyes; esas mismas leyes cuyo apoyo implora V.E. en todas coyunturas para fundar y corroborar sus acertadas disposiciones. Porque en resolucin, mrese el asunto como se quiera, nunca se le podr hacer salir de la lnea de un negocio puramente civil pendiente entre particulares; siendo as que ya queda ampliamente demostrada mi inocencia de toda culpa poltica; y que aun caso de haber cometido antes de esta poca faltas de una clase que demandasen medidas extralegales, resultaran aqullas ms que compurgadas con las repetidas amnistas concebidas por la ilustre Reina Gobernadora a nombre de su Augusta Hija. 2 La pena que V.E. impone, severa de por s, lo es tanto ms con respecto a m, ya porque me priva de los medios de subsistencia con que puedo contar en esta capital, ya porque consistiendo mis principales goces en los placeres intelectuales de la instruccin y del trato, se me cierra la puerta a ellos envindome a un pueblo pequeo y atrasado respectivamente a este grande y floreciente emporio. En Trinidad no hay todava demanda de los gneros que puedo yo ofrecer en cambio, al paso que en La Habana hay harto nmero de consumidores. Qu adelantara un hombre para su subsistencia con poder ensear humanidades, filosofa, y lenguas vivas en el pueblo naciente de Trinidad? Adems, en La Habana, donde he recibido mi educacin, donde he pasado la mayor parte de mi vida, en La Habana me sobran amigos verdaderos, mientras que no conozco alma viviente en la Trinidad. Soy pobre y estudiante: si fuera rico y hacendado, o bien comerciante, mdico u abogado, siempre sera excesiva la pena; mas, mis circunstancias peculiares conspiran a agravarlas sobre manera. Pero por gravosa que a m me sea, todava es ms perjudicial a V.E. mismo, a la nacin que representa y al pas que actualmente gobierna. 3 Porque, cul es el objeto que V.E. se propone en hacerme salir de esta plaza? Sin duda, como V.E. mismo me manifest verbalmente, el de disminuir o hacer desaparecer la influencia que ejerce mi nombre sobre la juventud. Pero advierta V.E. que la medida resultar indefectiblemente contra-producente. Quin no ve que de esta manera se llama ms la atencin sobre mi suerte? No advierte V.E. que as me dispensa los honores y el prestigio de la persecucin? Y este golpe, tan lejos de

PAGE 75

JOS ANTONIO SACO /69 /69 /69 /69 /69 calmar los nimos, o los estremecer por ventura como una conmocin elctrica? No tratarn mis amigos y adictos de abrir una suscripcin para sostener a su infortunado amigo? Y al inscribir cada cual su nombre en la lista de los contribuyente, no se estar reproduciendo en su fantasa la memoria de su proscrito?—Desengese V.E.: la simpata ha conquistado ms corazones que todas las proclamas del orbe. No quiero yo decir con esto que el pas vaya a conmoverse por mi causa; ni trato tampoco de atribuirme ms importancia de la que realmente me pertenezca. Muy lejos de eso; soy de opinin por el contrario, que nadie, nadie es capaz de sublevar a los cubanos: y si V.E. se digna a escuchar las sencillas razones en que me fundo, desde luego convendr conmigo irremisiblemente. Apenas se hace cargo un hombre reflexivo del estado de este pas, cuando infiere que no puede haber sujeto alguno peligroso para su existencia poltica. Efectivamente, cules son los elementos con que aqu se puede contar para un trastorno? Ningunos, ningunos. Una gran parte de la poblacin, y parte poderosa por sus recursos, se compone de europeos avecindados, quienes tienen adems el gobierno y la tropa a su disposicin: entre los hijos del pas hay un sinnmero de acaudalados que no se mueven por nada de este mundo, y otros que aun se considerasen indiferentes; no tendran nimo para moverse, as por resultar una fraccin harto pequea y desunida, como por no ser el empeo ni la obstinacin las dotes que ms distinguen a estos isleos. Por otro lado, quin no tiembla al contemplar el enjambre de africanos que nos cercan? Qu hombre de sano juicio no desprecia y lamenta los miserables abortos de independencia que se dieron a luz entre nosotros? El desprecio es testimonio de su insignificancia; el lamento por la suerte de sus vctimas. Aun entre los ms ilusos se ha desacreditado la opinin por la independencia; y es negocio pasado enteramente en autoridad de cosa juzgada; sobre todo, a vista del lastimoso estado de oscilacin y de desorden que presentan las nuevas repblicas continentales. Infirese, pues, que sera necesario remitir a la casa de orates al hombre que abrigase semejantes planes, no como quiera desatinados, sino de todo punto impracticables. Por consiguiente, esas mismas personas que han prevenido a V.E. contra m, esas mismas personas, s seor, estn ntimamente convencidas de que yo amo la independencia tanto como ellos. Seor Excmo., aqu jams ha habido pacificadores, porque no ha habido que pacificar. La paz y el equilibrio se han mantenido siempre por su propia virtud; y si arrojaran en medio del pueblo cubano al mismo genio de las revoluciones, caera muerto de consuncin, faltndole absolutamente en qu cebarse. Dolencias morales y civiles ms bien que polticas son las que aquejan a mi patria; y V.E. las va ya conociendo, como bien lo indican los remedios que se sirve aplicarles.

PAGE 76

OBRAS 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ Pero contrayndome a m mismo, si mi imaginacin se hubiera ocupado en rumiar profundos planes subversivos, por qu no fui de antemano preparndome ms influencia, ora introducindome en el foro, ora buscando el apoyo de las riquezas o el patrocinio de los magnates, ora solicitando honores y condecoraciones, medios no ineficaces en este suelo, ora arrastrndome para despus alzarme? Por el contrario, siempre he renunciado aun a aquel mismo influjo que los dems me han concedido; y tal cual yo sea, jams me reprochar mi conciencia el haberme dado por lo que no soy. Nunca fue temible el varn franco: del cobarde solapado es de quien debemos resguardarnos.—Por otro lado, si yo he sido independentista cmo no me alcanz ni un chispazo en la famosa causa de independencia del ao 1823, de aquel incendio hecho general que abras hasta a algunos desventurados, infundadamente suspectos ? Y dnde me hallaba yo a la sazn?—Aqu, en la misma Habana, en medio del fuego; en la Ctedra de Filosofa estaba yo sentado a la sazn, rodeado de esa misma juventud, cuyos corazones y entendimientos cautivaba con el halago de las doctrinas cientficas que de mis labios reciban. Y qu hice? En qu us ni abus del influjo que estaba a mi disposicin? Qu prediqu? Qu escrib? Qu imprim?—Conclusiones de fsica experimental, tratados y folletos sobre las ciencias naturales: ni un rasgo siquiera de poltica en toda la poca constitucional, poca esencialmente libre y politiqueadora. 4 Pero continuemos con las consecuencias que acarrear la medida de V.E.—El pueblo vindome desterrado, me mirar con tanto ms inters, cuanto aparecer V.E. como favorecedor del fuerte contra el dbil: y estando todo el mundo convencido en este suelo de que nadie es temible bajo el aspecto poltico, desde luego tendrn todos unnimemente la pena como impuesta por la falta contra un particular, y no por una culpa poltica. Vern bien claro, que son armas que mis antagonistas ponen en manos de V.E. para convertirle en mero instrumento de su venganza y de su encono. Ellos en su corazn dijeron: “hagamos que la persona respetable, llena de rectitud y firmeza, en quien acaba de depositarse la suma autoridad, a fuer de recin llegado, mire a nuestra vctima, no ya como nuestro enemigo, sino como enemigo de la madre-comn”. Demasiado inexpertos habran sido si no hubiesen envuelto sus siniestros fines con el manto sagrado de la patria. Por fin, seor Excmo., permtame V.E. no levantar la pluma sin contraerme a desmentir unos rumores que en estos momentos llegan a mi odo.—Se me supone coligado con un hombre que dicen resentido por las medidas de V.E. contra algunos famosos malhechores, para representar contra el gobierno de V.E. Slo la grosera lengua de la calumnia pudiera proferir tan impudente falsedad. Ni de vista conozco a semejante individuo; y slo hombres tan perversos como los mismos malhe-

PAGE 77

JOS ANTONIO SACO /71 /71 /71 /71 /71 chores seran capaces de censurar las acertadas medidas de V.E.; medidas que se han captado el aprecio y gratitud de todos los buenos. Cmo haba de unirse con gente de tal ralea el mismo que acaba de reimprimir la Memoria sobre Vagancia, obra que cual piedra de escndalo, desde su primera publicacin ya le haba concitado el odio de toda la celebrrima cofrada? Nadie ignora en La Habana las casas y personas que frecuenta Jos Antonio Saco, para que yo me detenga en refutar ms tiempo un cargo que no s si diga que an es ms necio que calumnioso. Tambin pretenden atribuirme otro papelucho manuscrito que corre contra las elecciones. Nunca, nunca me he cubierto con el annimo. Y sobre todo, no hay ms que leer el papel para convencerse de que no es mo. Cada cual tiene su estilo peculiar, y yo tengo el mo tan propio como las facciones de mi rostro. Estoy seguro que, aun cuando no pusiera yo mi nombre al pie de todas las producciones de mi pluma, el menos alcanzado descubrira su autor desde los primeros renglones. En todo caso, no hay mejor medio que pasar el papel a los peritos, para que examinando el estilo, nos den su voto en consecuencia. ltimamente, seor Excmo., examine la materia en todos sus pormenores y bajo todos aspectos. Que nunca se diga que V.E. ha procedido sin pleno conocimiento de causa. Que no se desvirte la fuerza moral que V.E. ha adquirido ya en el pas, neutralizando con esta medida poltica la eficacia de las civiles que su penetracin y energa han sabido dictar y ejecutar. No se olvide V.E. de que siempre es ms grato y ms til mandar a hombres convencidos y entusiasmados por el gobierno que los rige, que no a vasallos meramente sumisos y conformes; cierre, cierre V.E. cuanto antes y con un muro inexpugnable ese formidable portillo que acaba de abrirse a la envidia y a la venganza contra la paz y el sosiego de la comunidad cubana. Pdolo en nombre de la patria: no lo pido por m ni para m. La conciencia de V.E. y la de todos los hombres de bien, ved aqu el tribunal ante quien slo anso quedar justificado. Si esa voz interior clama, despus de ledo este papel, y a despecho de otra consideracin: ¡este hombre tiene razn Entonces, venga en buena hora la expatriacin con todo el cortejo de sus calamidades. Evite V.E. sobre todo, seor Excmo., que el pueblo entero establezca una terrible comparacin entre lo que pasa actualmente en la Pennsula y lo que en tal caso pasara entre nosotros. All en la actualidad se abren las puertas de par en par a todos los hijos de Espaa, echando un denso velo sobre lo pasado; y si alguno tiene el infortunio de delinquir despus de vuelto a incorporar en la gran familia nacional, entonces se le aplica la ley con todo su rigor. La ley, toda la ley y nada ms que la ley: he aqu el lema del escudo con que nos defiende la madre universal de los espaoles. Nunca brillar ms refulgente la justicia de V.E., la justicia madre de la concordia y del po-

PAGE 78

OBRAS 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ der, como cuando sus hijos de ambos mundos se convenzan por vuestros claros hechos de que son unas mismas las instituciones que rigen a Espaa y a Cuba. Dios guarde, etc.—Habana y julio 21 de 1834.—Excmo. seor.—Jos Antonio Saco. Mi salida de la isla de CubaEl 23 de julio de 1834, fue entregada esta representacin al general Tacn, no por m, sino por otra persona. Acomparonla varios papeles, ofreciendo adems presentar, si se juzgaba necesario, todos mis impresos y dar cuantas explicaciones se pidiesen; pero a los cinco das, Tacn respondi de palabra a esa misma persona: “que el seor Saco vaya a su destino”. Tres fueron los motivos que arrastraron al general Tacn a cometer tan escandalosa injusticia. 1 Alguna credulidad de su parte, tomando como verdades las denuncias y calumnias que con tanta ligereza oy. 2 El deseo de complacer al verdadero autor de mi expatriacin, al intendente de La Habana don Claudio Martnez Pinillos, conde de Villanueva. Todos saben en Cuba que este seor y aquel General llegaron a ser enemigos, y que si a Tacn se quit el mando de Cuba, fue por el influjo de Villanueva. Indignado Tacn contra l, pasebase un da en el muelle de Marsella con un cubano que tena sus simpatas, slo porque tambin era enemigo de Pinillos; y en el calor de la conversacin solt estas palabras: “De todo lo que he hecho en Cuba lo que me pesar eternamente, es el destierro de Saco; no por Saco, sino por el gusto que di a ese perro... [aludiendo a Villanueva], pues l fue quien me habl para que lo echase de Cuba”. 3 El inters personal de Tacn. Cuando l me mand salir de La Habana, se estaba en vsperas de nombrar all un diputado a Cortes. El seor O’Gavan tena asegurada su eleccin, la cual se haca entonces por el Ayuntamiento y por un nmero de mayores contribuyentes, igual al de los regidores. El general Tacn acababa de tomar el gobierno de Cuba; quera conservarse en l y temiendo que el seor O’Gavan, ligado con sus poderosos amigos, le hiciese la guerra cuando se sentara en el Estamento de Procuradores, se apresur a complacerle, accediendo a sus deseos. Pero Tacn se equivoc en sus clculos egostas, pues su injusticia contra m quit varios votos al seor O’Gavan, y empatada la eleccin, la suerte favoreci al candidato contrario, que era el seor don Juan Montalvo y Castillo, actual conde de Casa Montalvo. Entre las muchas pruebas de aprecio y amistad que recib en aquellos das fnebres para la patria, pero gloriosos para m, no puedo omitir

PAGE 79

JOS ANTONIO SACO /73 /73 /73 /73 /73 las que me dio la Academia de Dibujo y de Pintura de La Habana. He aqu el oficio que entonces me pas:OFICIOHabiendo llegado a noticia de los que abajo firmamos, director y alumnos de la Academia de Dibujo y Pintura de San Alejandro, que debe usted ausentarse de esta ciudad dentro de pocos das, y por tiempo indeterminado, rogamos a usted encarecidamente tenga la bondad de destinar algunas horas para dejarse retratar por uno o ms que eligiremos al efecto de entre nosotros, a fin de conservar en su imagen una memoria que pueda aliviarnos en parte el sentimiento de su ausencia, y dar a usted pequea muestra de la profunda estimacin y afectuoso reconocimiento que le profesamos, como amigos, discpulos y compatriotas. Dios liberte a usted de la injusta persecucin de sus enemigos que lo son los de nuestra ilustracin y felicidad.—Habana y julio 22 de 1834.—Siguen las firmas.—Seor don Jos Antonio Saco.CONTESTACI"N AL OFICIO ANTERIOR El oficio en que ustedes solicitan, que antes de mi partida de esta ciudad, me preste a ser retratado por el individuo o individuos que de entre su mismo seno eligieren ustedes, es el testimonio ms honroso que se puede ofrecer a la conciencia de un hombre de bien. El profundo reconocimiento de un corazn agradecido y el deber ms sagrado de la amistad que ustedes me profesan en los das funestos de una injusta persecucin, me imponen la dulce necesidad de obedecer a la invitacin generosa con que ustedes quieren honrarme. As, pues, ustedes podrn designar las horas que tengan por convenientes, y permitir de este modo, que accediendo yo a sus deseos, desahogue algn tanto mis sentimientos de gratitud por el sealado favor que ustedes me dispensan. Dios guarde a ustedes muchos aos. Habana y julio 23 de 1834. —Jos Antonio Saco. Como yo haba resuelto no ir a Trinidad, luego que transcurrieran los 15 das que se me haban sealado para salir de La Habana, retireme a la casa de un amigo, mientras se presentaba un buque seguro que me transportase a los Estados Unidos o a las costas de Europa. El benemrito don Francisco Arango, interesndose por m, alcanz del general Tacn un pasaporte para que yo pasase a Inglaterra, o a donde quisiese; y el 13 de septiembre de 1834, a las 6 de la maana, sal del puerto de La

PAGE 80

OBRAS 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ Habana para Falmouth, en el bergantn goleta Pandora correo ingls, al mando del oficial de la marina de guerra britnica M. William Croke. Tal fue el desenlace poltico de una cuestin que en su principio y en su naturaleza fue puramente literario. Tachados los acadmicos de conspiradores, ya no osaron reunirse, y la Academia desde entonces qued virtualmente disuelta. Don Andrs Arango, diputado por La Habana en aquella poca, adoptando como suya una exposicin de un amigo de la Academia, la present al gobierno de Madrid en septiembre o en octubre de 1834, y uno de sus prrafos deca: “Ya V.M., por su real decreto de 25 de diciembre ltimo tuvo la dignacin de conceder a la Comisin de Literatura de la Real Sociedad Patritica de La Habana la gracia de erigirla en Academia. No sean nicamente, Seora, las bellas letras las que encuentren un apoyo en la benignidad de V.M. Acabe V.M. la obra comenzada, y permita que esa misma Academia, en vez de circunscribir sus tareas a la literatura, promueva otros estudios de utilidad ms perentoria y que reclama imperiosamente un pas virgen que est convidando a sus moradores con los cuantiosos tesoros que se encierran en su seno”. Esta exposicin se hundi en el polvo de las covachuelas de Madrid, y as murieron hasta las ltimas esperanzas de la Academia.

PAGE 81

CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T A DE UN P A DE UN P A DE UN P A DE UN P A DE UN P A A A A A TRIOT TRIOT TRIOT TRIOT TRIOT A, O SEA, CLAMOR A, O SEA, CLAMOR A, O SEA, CLAMOR A, O SEA, CLAMOR A, O SEA, CLAMOR DE LOS CUBANOS DIRIGIDOS DE LOS CUBANOS DIRIGIDOS DE LOS CUBANOS DIRIGIDOS DE LOS CUBANOS DIRIGIDOS DE LOS CUBANOS DIRIGIDOS A SUS PROCURADORES A COR A SUS PROCURADORES A COR A SUS PROCURADORES A COR A SUS PROCURADORES A COR A SUS PROCURADORES A COR TES TES TES TES TES AdvertenciaA pocos das de mi llegada a Madrid en enero de 1835 escrib el siguiente papel, y movido de un sentimiento de delicadeza, ni lo firm, contra mi costumbre, ni di a entender que fuese mo, pues supuse que su autor lo enviaba de Cuba a Espaa para su impresin. Rega entonces el Estatuto Real, y en las Cortes que a su sombra se juntaron, Cuba no despojada todava del derecho de ser representada, tuvo diputados en ellas. En tales circunstancias, cre que publicar ese papel bajo mi nombre, podra tacharse de presuncin, figurndose algunos, o que yo trataba de indicar a los dignos representantes de Cuba el camino que deban seguir, o de reconvenirles por el silencio que guardaban. Espaa an no gozaba en aquel tiempo de libertad de imprenta. Somet, por tanto, mi papel a la censura, y despus de haber recorrido uno por uno todos los censores de Madrid, ninguno se dign de permitirme su publicacin. Sacronse entonces varias copias, ms o menos infieles y al cabo de un ao a la sazn de hallarme yo en Francia, supe que una de ellas se haba impreso en Cdiz. La edicin que ahora hago, es la ms conforme a mi primer manuscrito, y en ella se advertir, que, a pesar de todos los agravios que me hizo el general Tacn, y de describir yo cubierto con el annimo, por las razones que he apuntado, fui tan imparcial y tan generoso, que no conocindole bien todava, crele sometido al pernicioso influjo de algunas personas, y en vez de acriminarle, le juzgu, no como autor mal intencionado, sino como simple instrumento de los abusos y violencias que ya haba cometido. Gimiendo la isla de Cuba bajo de un despotismo desconocido aun en sus pocas ms aciagas, arriesgada empresa sera el atreverse a presentar a la censura cubana aun la splica ms respetuosa, pidiendo algn lenitivo a los muchos y graves males que aquejan a esta tierra des-

PAGE 82

OBRAS 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ venturada. Libre all la prensa de las trabas ominosas que aqu la encadenan, usted, como buen patriota, procurar publicar esta franca expresin de nuestros sentimientos; y acogindola como si hubiese salido de su pluma, esperemos que no le rehusar su apoyo, ora defendiendo todos, ora amplificando algunos de los puntos que abraza. De esta manera, no slo oirn nuestros diputados el voto del pueblo a quien representan, sino que Espaa, penetrada de la justicia de nuestras quejas, debe apresurarse a mejorar nuestra triste condicin, y darnos das de ventura y libertad. ContribucionesEnorme es el peso de las que gravitan sobre nosotros, y ya faltan fuerzas para resistirlas. No hay quizs pueblo del mundo que en proporcin a sus recursos y poblacin, pague tanto como la isla de Cuba; ni pueblo quiz donde menos se cuide de emplear en su suelo alguna parte de sus inmensos sacrificios. Amenazados de rivales poderosos los frutos que constituyen su riqueza, abatido el precio en que se venden en todos los mercados, muertas las esperanzas de verle subir a la altura de donde cay, y recargados extraordinariamente aun los artculos ms necesarios para sustentar la vida, a punto estn de cegarse las fuentes de la prosperidad pblica, y de venir sobre nosotros las ms fatales consecuencias. Incumbe, pues, a nuestros diputados, pedir una rebaja considerable de las contribuciones que pagamos, dejando solamente aquellas que sean indispensables para sostener las cargas de la Isla, y para que quede un sobrante moderado, que, por razones de justicia y de una poltica bien entendida, debe emplearse todo o gran parte de l en las obras de utilidad pblica de que tanta necesidad tiene Cuba, y de las que a ella resultar no menos ventaja que a Espaa. Si es verdad que los gobiernos representativos se han inventado para mejorar la suerte de los pueblos, llegado es el tiempo de que empecemos a sentir sus benficos efectos; y que nos arranquen de los hombros la inmensa carga que nos echaron la injusticia de los tiempos y las pasiones de los hombres. Arreglo forense Deplorable es la condicin en que se halla el ramo de la administracin judicial; pero es forzoso reconocer, que sus abusos no se corregirn, mientras no se alteren las bases del sistema poltico que nos rige. Qu importa aumentar o disminuir el nmero de magistrados para asegurar el acierto y la imparcialidad de las sentencias, si stas han de ser pronunciadas por la ignorancia, por la avaricia, o por otras pasiones de que este pueblo es triste vctima? De qu sirve publicar leyes contra

PAGE 83

JOS ANTONIO SACO /77 /77 /77 /77 /77 los jueces culpables si stos siempre han de quedar impunes? A qu conduce dictar reglas para proceder, si los ciudadanos pueden ser arrancados de la jurisdiccin de sus jueces natos, entregados a una comisin militar, y condenados por las frmulas violentas de un juicio en que desaparecen todas las garantas, y se ahogan los derechos ms sagrados? De qu vale proclamar la independencia de los tribunales, si un capitn general puede arrebatar los procesos, apropiarse cuando se le antoje el conocimiento de las causas, y armado de sus terribles facultades, someter a los golpes de su espada la dignidad y decoro de la magistratura? Pues todo esto sucede y suceder en Cuba, mientras continuemos viviendo entre las cadenas que nos oprimen; y salir no podremos de tan lastimoso estado, si nuestros procuradores no claman entre otras cosas contra las Facultades extraordinarias del actual Capitn General Que en un pueblo combatido por el torbellino revolucionario: que en un pueblo despedazado por facciones sangrientas, calle por algn tiempo la sagrada voz de la ley, ya lo entendemos muy bien; pero que se la obligue a enmudecer en un pas profundamente tranquilo; en un pas que lleva por timbre el dictado de siempre fidelsimo ; en un pas cuya sumisin traspasa (si de tal frase podemos valernos), hasta los lmites de la obediencia, es cosa todava ms extraordinaria que las mismas facultades de que nos quejamos. Tan rica como interesante es la materia en graves reflexiones; pero siendo incompatibles con los trminos de este papel, nos contentamos con recomendarla a la consideracin de nuestros diputados para que impidan un funesto porvenir; porvenir que si no se cambia de sistema, quiz no estar muy lejos .1 Nunca ha sido la condicin poltica de esta Isla, tan lastimosa como hoy, ni nunca La Habana ha visto lo que en ella est sucediendo. Dolencias civiles nos aquejaban; enfermedades morales nos consuman; pero el despotismo poltico, el monstruo perseguidor que devoraba la Pennsula, para nosotros ms bien exista en el nombre de las instituciones que en los golpes que nos descargaba. Todos lean, todos hablaban, todos discurran con ms o menos franqueza, y nunca sus opiniones fueron tenidas por crmenes de Estado. A tal punto llegaba la tolerancia, que muchos peninsulares, acosados por el despotismo europeo, vinieron a buscar un asilo en nuestras playas; y viviendo, no escondidos en las tinieblas, sino en medio de la claridad del da, lejos de ser perseguidos, encontraron en este suelo hospitalario, patria, pan y amigos As 1Tan exacto fue este vaticinio, que de este sistema naci el anexionismo y todas sus consecuencias.

PAGE 84

OBRAS 78\ 78\ 78\ 78\ 78\ era entonces nuestra Cuba adorada: mas, tan grata perspectiva ha desaparecido de nuestros ojos. El bastn que antes empuaban nuestros gobernantes, ha pasado a las manos de un Dictador: las dbiles garantas y los vacilantes derechos de que gozbamos, han cesado de existir: el espionaje ha introducido su fatal veneno: la delacin infame ha levantado la cabeza: sin pruebas, sin formacin de causa, sin escribir un rengln siquiera, se fulminan destierros contra ciudadanos honrados: una sola palabra se reputa como crimen de Estado: una sospecha basta para condenar al hombre ms inocente: y triunfando la calumnia de la justicia y la virtud, el terror se ha apoderado de todos los corazones. Al expresarnos en este lenguaje, no se crea, ni por un momento, que somos enemigos del general Tacn. Tan francos como imparciales, nos complacemos en hacer justicia a las cualidades que le adornan: y siempre dispuestos a rendir homenaje a la verdad, confesamos llenos de gratitud que ha dado algunos pasos buenos en la carrera civil.2 Lejos de acriminar la violencia de sus actos, nos sentimos inclinados a disculparle; y movidos de un espritu generoso, no atribuimos a perversas intenciones los males que est causando en el orden poltico Acostumbrado a mandar segn el rigor de las leyes militares, no pudiendo percibir por la fuerza de sus hbitos la diferencia que hay entre los derechos del ciudadano y la ciega obediencia del marinero y del soldado; imbuido en fatales preocupaciones contra los naturales, y aun contra muchos europeos que aqu residen: sin suficiente tacto poltico para distinguir las diversas circunstancias de los pueblos americanos: desconociendo absolutamente la ndole de los cubanos, y el idioma sencillo en que se explican: rodeado, en fin, de una gavilla de hombres que tan enemigos de Cuba como de Espaa, slo aspiran a su engrandecimiento personal, el general Tacn, pensando que hace servicios a su patria, le est causando los daos ms enormes. No viendo por todas partes sino el espectro de la independencia cuya mgica cabeza presentada por diestras manos le espanta a todas horas, se haya convertido en instrumento de ciertos hombres ambiciosos que se valen de su nombre y autoridad para hacerle cometer injusticias y tropelas.3 Existe para mengua de nuestra patria, existe s, esa gavilla de malvados. Especuladores por esencia y serviles por inters, no quieren a Carlos ni a Isabel. Aspirando siempre a subyugar el pueblo, no reparan en los medios para conservar su domi2El general Tacn me desterr injusta y brbaramente de La Habana en julio de 1834; pero en febrero de 1835 yo hablaba de l en ese lenguaje, a pesar de hallarme fuera de sus garras, y envuelto en el annimo. ¡Qu contraste entre su conducta y la ma! 3As lo crea yo, cuando escrib este prrafo; pero pronto me desenga y conoc, que bajo del aspecto poltico, el general Tacn era una de las plagas ms crueles que pudo caer sobre Cuba.

PAGE 85

JOS ANTONIO SACO /79 /79 /79 /79 /79 nacin; y destituidos de mrito y de virtud, saben que el primer da de libertad es el ltimo de su poder. De aqu el temor que les inspiran las ideas de una reforma, y de aqu el tenaz empeo con que procuran combatirlas. No pudiendo decir abiertamente que son contrarios a su inters, afectan el aire de patriotas, suponen peligros donde no los hay, pintan como revolucionarios e independientes a los que no piensan como ellos, se convierten en intrpretes de la opinin pblica y calumniando al inocente pueblo y a los hombres de bien que merecen su confianza, engaan al Gobierno Supremo, y se mantienen entronizados en medio de los clamores de la opinin y de las maldiciones de la patria. stas son las armas que emplean, y cuyos filos jams se embotarn, mientras nuestros diputados no traten de romper las cadenas de la Imprenta cubanaCadenas decimos, porque aqu no slo carecemos de las franquicias que Espaa goza segn los ltimo reglamentos, sino que aun hemos perdido aquella tolerancia que se nos dejaba en tiempo de los gobernadores Vives y Ricafort. Entonces tenamos para escribir ms latitud que los peninsulares en la metropol; y aun de la prensa habanera salieron artculos que a slo juzgar por ellos, no se creyera que vivamos bajo un gobierno desptico. Haba, si as podemos expresarnos, una especie de convenio tcito entre los escritores y el gobierno. Aqullos saban hasta qu punto haban de llegar; y ste se hallaba convencido de que no seran traspasados los lmites prescritos ms bien por la prudencia que por la letra de la ley. As era, que sometido un papel a los censores, stos casi nunca se mostraban difciles; y dndole el paso sin demora, se presentaba al gobierno, quien le firmaba sin reparo. Esta conducta generosa, en vez de perjudicar al pas, produjo entre otros beneficios el de alentar la juventud, estimulndola a escribir y a establecer peridicos literarios y cientficos en que se discutan cuestiones importantes a la Isla. Tal era entonces nuestra situacin; y para que mejor se conozca cul es hoy, convendr exponer la organizacin que tiene la imprenta entre nosotros. Hay dos censores, quienes siempre son abogados. Carecen de sueldos y pensiones, y ambos son nombrados y depuestos al arbitrio del Capitn General. Existe adems otro censor militar, creatura tambin de S.E., cuyo nombramiento recae en uno de sus ayudantes, o en otro oficial de los ms adictos a su persona. Los manuscritos se presentan primero a uno de los censores que llamaremos civiles; y si obtiene el pase, despus de un severo escrutinio, puesto que una sola palabra que desagrade al Capitn General los expone al furor de sus facultades extraordinarias entonces se someten al censor militar quien con abso-

PAGE 86

OBRAS 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ luta omnipotencia altera, borra o niega el pase concedido por el censor civil. Finalmente, cuando despus de tanto destrozo, an le queda al mutilado papel algn resto de vida, se presenta al Capitn General, quien le lee, o no le lee, o permite, o niega la impresin. Que al pobre escritor le rehusasen el permiso de imprimir sera lo menos que pudiera sucederle; pero casos tales ha habido en que mandndole comparecer ante el supremo jefe de la Isla, ste le ha reconvenido severamente, y aun amenazdole con calabozos y destierros. Con semejante conducta, todos han guardado sus plumas, y la Revista Bimestre Cubana peridico que naci en tiempo del general Vives y que creci durante el gobierno del general Ricafort, muri repentinamente a los pocos das de haber tomado el mando el general Tacn. A su llegada a la Isla, ya estaban impresos con todos los requisitos de la censura, la mayor parte de los artculos del nmero que se deba publicar; pero como Su Excelencia empez muy pronto a poner en prctica las facultades ultralegales de que vena revestido, los autores de dichos artculos tomaron el prudente partido de recogerlos, pagando de su peculio los gastos de la impresin. No podemos omitir aqu una circunstancia muy digna de notarse, y que por s sola revela la espantosa tirana que nos oprime. Entre esos artculos haba uno destinado a servir de base a la representacin que se haba de elevar al Gobierno Supremo, impetrando gracias a favor de Cuba, por los quebrantos que acaba de sufrir con la epidemia del clera: pues, a pesar de la importancia del artculo; a pesar de que ste corri todos los trmites de la censura bajo el gobierno del seor Ricafort; a pesar de que fue ledo en el Ayuntamiento de La Habana, y aprobado despus por unanimidad de votos; a pesar, en fin, de ser su autor uno de los regidores ms distinguidos, y al mismo tiempo uno de los alcaldes de esta ciudad, tal fue el terror que inspiraron las violentas medidas del general Tacn, que el artculo corri la misma suerte que el peridico.4 Si a la imprenta se ha dado ya algn ensanche en la Pennsula, todava es aqu mucho ms necesario. Los frecuentes abusos del poder, la larga distancia a que se cometen, y la grandsima dificultad de reparar los males a que dan origen, hacen indispensable una institucin que sirva de freno para contener las demasas que tan a menudo cometen unos jefes olvidados de la noble misin que vienen a desempear. Porque a la verdad, cul es el medio que tiene hoy el gobierno para conocer el estado de la isla de Cuba? Acudir al pueblo? Pero autores o cmplices de los mismos desrdenes que se les imputan, ocultarn la verdad de los hechos; y aun acriminarn la conducta de los infelices que se hayan 4El autor de este artculo interesante fue el aventajado habanero don Anastasio Carrillo y Arango.

PAGE 87

JOS ANTONIO SACO /81 /81 /81 /81 /81 quejado. Consultar a las corporaciones? Pero stas, viciosas en su institucin, desvirtuadas con la malfica influencia del despotismo, y comprimidas por la espada del jefe que las preside, sern un instrumento que slo servir para dar ms fuerza y consistencia a la tirana que nos abruma. Franquicias a la imprenta franquicias y slo as podrn llegar hasta el trono de Isabel los clamores de un pueblo esclavizado. No se olvidarn tampoco nuestros diputados de pedir la reforma de los ayuntamientos de la Isla Si bien se cuentan en estas corporaciones individuos benemritos, es menester confesar que su organizacin es contraria a los principios de un gobierno representativo, y que en el estado en que se hallan no pueden corresponder a las necesidades de los pueblos de Cuba. Ora slo se consideren como medios de promover la prosperidad pblica, ora tambin se les convierta como hoy, en elemento electoral para nuestros procuradores a Cortes, su influencia siempre ser de mucha trascendencia, y por lo mismo indispensable el ponerlos en armona con las nuevas instituciones. Tambin tenemos derecho a esperar que adoptado el nuevo sistema para las futuras elecciones, las de Cuba se hagan con un ao de anticipacin, pues de este modo, las personas nombradas tendrn tiempo de prepararse y de emprender su viaje, sin exponernos a carecer de representantes en la Asamblea Nacional. As se hizo en pocas pasadas, y as tambin debe hacerse en la presente. Junta provincial o colonialUna junta de esta especie, pues nada importan los nombres con tal que estemos bien gobernados, sera uno de los presentes ms aceptables que nuestros diputados pudieran hacer a su patria. Esta junta, en cuya naturaleza no podemos entrar ahora, producira ventajas incalculables, y siendo el intrprete ms fiel entre Cuba y Espaa, servira para estrechar ms y ms los vnculos que deben unir a la madre con la hija. Comercio de negrosHe aqu uno de los puntos capitales en que es preciso que nuestros procuradores manifiesten todo su celo y patriotismo. La humanidad, la religin, el clamor de la justicia, el cumplimiento de los tratados pendientes con Inglaterra, el inters mismo de Espaa, su honor altamente comprometido, y la salvacin de Cuba, cuya existencia est amenazada de muerte, piden a gritos la pronta extincin del contrabando negrero. Cuando median tan poderosos motivos, cualquiera pensara que las autoridades de Cuba se empean en reprimirle; mas, por desgracia, suce-

PAGE 88

OBRAS 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ de todo lo contrario. Ellas no ignoran el descaro con que se hace el ms criminal de los contrabandos: ellas saben el da en que llegan, y el paraje por donde se desembarcan los cargamentos de negros; ellas consienten aun dentro de los mismos pueblos los barracones o depsitos en que yacen amontonados centenares de vctimas africanas: ellas conocen a los autores de tan atroces crmenes; pero lejos de castigarlos, o de tomar alguna medida que los contenga, permiten que estos malhechores se paseen ufanos e insolentes, llegando hasta el extremo de que algunos se vean honrados con su aprecio y su confianza. Sin que se entienda que hacemos alusiones personales, ni menos que tomamos el carcter de acusadores, tiempo es ya de que todos sepan en Espaa, lo que en Cuba de tan pblico y notorio como es, ha pasado a ser escandaloso. La avaricia y la inmoralidad han impuesto a cada negro introducido en la Isla la contribucin de 10, 12 y aun 17 pesos, y este dinero derramado por torpes canales, es a un tiempo una de las causas que promueven el contrabando, y el obstculo ms poderoso que se opone a su extincin.5Imposible sera que reclamando la abolicin del trfico africano, dejsemos de abogar a favor de la colonizacin blanca De ella depende el adelantamiento de la agricultura, la perfeccin de las artes, en una palabra, la prosperidad cubana en todo-ramo, y la firme esperanza de que el vacilante edificio cuyas ruinas nos amenazan, se afiance de una vez sobre bases slidas e indestructibles. Y la educacin pblica la causa santa de la educacin, no merecer tambin de nuestros diputados un recuerdo consolatorio? Razn tenemos para esperar que no se levantarn de los asientos que ocupan, sin haberse esforzado en promover y difundir por toda la Isla los establecimientos literarios. De mucho carece Cuba; y las ventajas que de ellos sacar, son tan grandes y tan claras, que no perderemos el tiempo recomendndolas a nuestros dignos diputados. Aun pudiramos extender nuestros clamores alargando el catlogo de nuestros males; pero bstanos haber hecho un bosquejo imperfecto de los ms graves que nos afligen. Por l conocer Espaa, cul es la situacin en que se hallan estos hijos ultramarinos; y no retardando el remedio que la justicia y la poltica urgentemente reclaman, los saque del abatimiento en que yacen, les devuelva los derechos que heredaron de la naturaleza y de sus padres, y convierta en risuea mansin de hombres libres, a esta isla privilegiada; a la isla que entre todas puede llamarse la perla de los mares 5Si cuando yo escrib este papel, 17 pesos era el mximo de la contribucin que se pagaba por cada negro furtivamente introducido, en tiempos posteriores subi a suma mucho mayor.

PAGE 89

JOS ANTONIO SACO /83 /83 /83 /83 /83Papeles concernientes a la exclusin de diputados a Cortes por las provincias de Ultramar, en 1836, y breve narracin de aquellos sucesosOBSERVACIONES PRELIMINARES En 1836 fui nombrado tres veces diputado a Cortes por la provincia de Cuba; pero en ninguna pude tomar asiento en ellas: no en la primera, que fue en mayo, porque cuando mis poderes llegaron a Espaa, el ministerio del seor Isturiz ya haba disuelto las Cortes: no en la segunda, que fue en julio, porque sobrevino la revolucin de la Granja; y no en la tercera, que fue en octubre, porque las Cortes constituyentes que entonces se juntaron, resolvieron privar para siempre de representacin nacional a Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Tan injusta e impoltica exclusin procedi de causas que brevemente expondr ms adelante, bastndome por ahora indicar, que las Cortes constituyentes reunidas en 1810, declararon parte integrante de la nacin a todas las provincias hispanoamericanas; que ellas dieron a sus habitantes, descendientes de espaoles, los mismos derechos polticos que a los nacidos en la metrpoli; que esta igualdad de derechos fue sancionada y promulgada en la Constitucin de 1812; y que, en virtud de ella, cuantas veces se juntaron Cortes en Espaa desde 1810 a 1836, otras tantas Cuba nombr diputados, y fue representada en ellas. Conforme a esta prctica constitucional, el mismo gobierno nacido de la revolucin de la Granja mand a Cuba que eligiese sus representantes para las Cortes constituyentes que iban a congregarse; y ella obediente nombr el restringido nmero que se le haba prescrito, aunque realmente no era el que le tocaba. Llegaron a Madrid los poderes; mas, como los corifeos del partido progresista en cuyas manos se hallaba entonces el poder, hubiesen ya formado el proyecto de esclavizar a Cuba completamente y no se atreviesen todava a dar el golpe decisivo, adoptaron la tctica del silencio. De aqu fue, que mudos durante algunas semanas ni aprobaron ni desaprobaron los poderes, a pesar de mis urgentes reclamaciones. stas fueron las que ms abajo se leern, debiendo advertirse que antes de haberlas hecho, uno de los miembros ms distinguidos de aquellas Cortes me present a la Comisin de Poderes. A sta manifest, que el paso que yo daba no era para suplicarle que se me admitiese en el Congreso, sino para que con la posible brevedad aprobase o desaprobase mis poderes. El presidente tom entonces la palabra, y me dijo, que ellos estaban en regla, y que prontamente seran despachados. El mundo sabe lo que sucedi, y yo por mi parte no pude agradecer a la Comisin de Poderes ni aun el sentimiento de la franqueza.

PAGE 90

OBRAS 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ Reclamaciones del diputado a Cortes por la provincia de Cuba acerca de la aprobacin o desaprobacin de sus poderes. —Madrid, ao de 1837. Imprenta de D.E.F. de Angulo, Calle de Preciados, No. 44.Antes que el lector tienda la vista sobre el oficio y representacin que abajo se inserta, ser conveniente hacer algunas advertencias, para que pueda juzgar con ms exactitud. 1 Segn la ltima convocatoria, las elecciones de diputados deban de hacerse en las provincias de Ultramar por los ayuntamientos hereditarios, tales cuales existan en vida de Fernando VII, y por cierto nmero de mayores contribuyentes nombrados por ellos. Mucho antes de haberse comunicado a aquellos pases las rdenes anticonstitucionales del gobierno para que en ellos no se alterase el sistema de tirana que los rige, lleg a Santiago de Cuba la noticia de haberse mandado jurar en toda la monarqua por la Reina Gobernadora la Constitucin de 1812 e imitndose el ejemplo de pocas anteriores, se promulg all tambin, restablecindose por consiguiente el ayuntamiento constitucional. ste, recibida que fue la convocatoria, procedi desde luego conforme a ella, al nombramiento de los vecinos ms pudientes, y todos juntos verificaron la eleccin de diputado: de suerte que no hubo ms diferencias sino que el ayuntamiento constitucional se sustituy al hereditario que de muy antiguo exista. Si bajo de un rgimen constitucional, cuyos principios no es dado a variar a ningn ministerio, son nulas las elecciones de un diputado tan slo por no haberlas hecho un ayuntamiento abolido por la Constitucin, punto es que toca decidir a los que con enftico tono nos dicen que en Espaa, todo es constitucional. 2 En Puerto Rico se restableci tambin la Constitucin. Hicironse las elecciones de diputados por el ayuntamiento constitucional. Vienen las actas al gobierno; presntanse a las Cortes, y stas las aprueban unnimemente. Cur tam varie ? 3 La provincia de Puerto Prncipe en la isla de Cuba ha hecho sus elecciones, ajustndose literalmente a la convocatoria. Ninguna tacha se le puede poner. Su diputado, empero, don Francisco Armas presenta sus poderes desde el 9 de enero, insta por su despacho; mas, nada ha podido conseguir. De todo esto lo que se infiere es, que se trata de dejar a la isla de Cuba sin representacin; y de parte integrante de la monarqua, reducirla a la condicin de colonia, pero colonia esclavizada. 4 y ltima. La mala fe ha empezado a difundir la voz de que el diputado por Cuba es el mismo que ha venido comisionado por las corporaciones de ella para instruir al gobierno acerca de las ocurrencias de aquella provincia. Mucho me honrara de haber sido el rgano escogido para desempear tan patritica comisin; pero es preciso decir que el

PAGE 91

JOS ANTONIO SACO /85 /85 /85 /85 /85 comisionado se llama don Porfirio Valiente y el diputado tiene por nombre Jos Antonio Saco Aqul sali de Santiago de Cuba el 10 de noviembre prximo pasado: ste parti de La Habana el 13 de septiembre de 1834 y desde entonces ha residido en Europa.OFICO AL SEOR PRESIDENTE DE LA COMISI"N DE PODERESDesde el da 6 del corriente pasaron a la Comisin de Poderes los que la provincia de Cuba me hizo el honor de conferirme para diputado a Cortes. A ella importa mucho, y nunca tanto como ahora, el saber si ha de ser o no representada en el Congreso Nacional; y si al lado de los grandes intereses de la patria es lcito alguna vez reclamar los de un individuo, permtase que yo tambin lo haga en favor de los mos, pues que de la demora se me estn ocasionando perjuicios de grave trascendencia. Ruego, por tanto, a V.S. y a los dems dignos miembros de la Comisin, que se sirvan evacuar a la mayor brevedad el informe pendiente, bien sea aprobando, bien desaprobando mis poderes. Dios guarde, etc. Madrid y enero 16 de 1837.— Jos Antonio Saco Como la comisin continu en la tctica deplorable de guardar silencio yo me dirig entonces a las Cortes.REPRESENTACI"N A LAS CORTES GENERALES DE LA NACI"NPenetrado del ms profundo respeto, un ciudadano espaol se atreve a dirigir su dbil voz al Congreso augusto de la nacin, para reclamar justicia a nombre del pas que le dio el ser. Natural de la provincia de Cuba, tres veces he sido honrado con sus sufragios para representarla en la Asamblea Nacional; pero frustrado el objeto de la primera eleccin por haber recibido mis poderes cuando ya se haba disuelto el Estamento reunido en marzo del ao prximo pasado, e ilusoria la segunda por el restablecimiento de la Constitucin de 1812, era de esperar que el tercer nombramiento me abriese las puertas para entrar en las Cortes que hoy estn congregadas con jbilo de la nacin. Remitironse al gobierno desde mi provincia las actas de la eleccin y el poder que se me confiri; y despus de haber sufrido la demora de algunos das, ya por considerarse como asunto de poca importancia en medio de las graves atenciones del Estado, ya por la indiferencia y aun menosprecio con que generalmente se miran las cosas de Amrica, al fin se presentaron a las Cortes, y el 6 del corriente se mandaron pasar a la Comisin de Poderes. Desde entonces di los pasos que cre compatibles con la dignidad de mi provincia y con mi decoro personal; pero corriendo un da tras otro, ya hemos llegado al 20 de enero, y todava

PAGE 92

OBRAS 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ est pendiente el informe sobre la aprobacin o desaprobacin de mis poderes. Extraa debe serme esta conducta, cuando otros presentados con mucha posterioridad a los mos han sido despachados por la Comisin: y tanto ms extraa, cuanto que habiendo carecido Cuba de representacin desde la penltima legislatura, y vindose hoy amenazada de los horrores de una guerra civil, era natural que se hubiese tratado cuanto antes de dar asiento a sus diputados, y de escuchar las quejas y los clamores de un pas tan oprimido como calumniado. Si mis poderes son nulos, por qu no se me ha dicho ya? Por qu se deja pasar el tiempo sin expedir a mi provincia una nueva convocatoria? Si presentan algunas dificultades, por qu no se someten a las Cortes para que ellas las resuelvan con su imparcialidad y sabidura? No se hallan las elecciones de Puerto Rico en el mismo caso que las mas? No fueron hechas por un ayuntamiento constitucional restablecido del mismo modo que el de Santiago de Cuba? Y si aqullas acaban de ser unnimemente aprobadas, y sin la ms leve discusin, por qu tambin no se aprueban las mas? Pero si de aprobarse no son, por qu se guarda tan profundo silencio en materia de tanto inters? Ser posible que se haya concebido el proyecto de dejar a la isla de Cuba sin representacin? Y si tal fuere, por qu se la convid al Congreso Nacional? Por qu se llam a sus diputados, obligndolos a surcar los mares, y a hacer costosos sacrificios? En medio de tantas dudas y de tanta incertidumbre acudo a las Cortes para que como fuente de justicia y de consuelo, se dignen acoger esta reverente exposicin en obsequio de una provincia, que nunca ms que ahora necesita de amparo, y cuyo crimen no es otro que haber lanzado el grito de Constitucin. Madrid y enero 20 de 1837.— Jos Antonio Saco Esta exposicin fue entregada desde el 20 por la maana al seor don Joaqun Ferrer, actual presidente de las Cortes. Estamos ya a 26, y todava no se le ha dado lectura. De intento quiero abstenerme de toda reflexin en una materia que tan vasto campo presenta; pero s transcribir el final de la Real Orden en que el gobierno comunic al Capitn General de la isla de Cuba el restablecimiento de la Constitucin en Espaa. Dice as. “Tan luego como S.M. se digne aprobar la convocatoria a Cortes, que se est formando, se comunicar a V.E., a fin de que sin la menor dilacin se ejecuten en esa Isla las elecciones de diputados; porque los deseos de S.M. son que el cuerpo representativo de todas las partes integrantes de esta vasta monarqua, fije la Constitucin que ha de regirla”. Su Majestad desea, que las elecciones de diputados se hagan en la isla de Cuba sin la menor dilacin. Su Majestad desea, que la isla de

PAGE 93

JOS ANTONIO SACO /87 /87 /87 /87 /87 Cuba como parte integrante de la monarqua entre a la mayor brevedad a tomar parte en los debates de la nueva Constitucin. Pero las elecciones se hacen, los diputados cubanos vienen, presentan sus poderes, piden, instan, reclaman; mas, ni se les quiere or, ni menos responder. De esta conducta juzgad, espaoles imparciales. Vosotros haris justicia a Cuba y a sus diputados. Cuando yo imprim estos papeles en Madrid, ya las Cortes haban celebrado el 16 de enero una sesin secreta, y tratado en ella de la exclusin de los diputados nombrados por las provincias de Ultramar; pero, cul fue el motivo de tanta lentitud y misterio en un asunto que tanta urgencia y publicidad reclamaba? El miedo y slo el miedo. Mandaba en el departamento oriental de la isla de Cuba el mariscal de campo don Manuel Lorenzo. El 29 de septiembre de 1836 lleg a Santiago de Cuba el bergantn Guadalupe procedente de Cdiz, con la noticia de que en Espaa se haba proclamado la Constitucin de 1812, y con peridicos que contenan el decreto en que ella se mandaba publicar en toda la monarqua. El general Lorenzo, animado de sentimientos liberales, y siguiendo el ejemplo de lo que acababa de pasar en la Pennsula, y de lo que en La Habana se haba hecho cuando en 1820 se restableci aquel mismo cdigo; se adelant a proclamarlo con las ms puras intenciones. El general Tacn, dspota por instinto, por educacin, e inters, aborreca la libertad, y resuelto a gobernar en Cuba como tirano, no slo no public en ella la Constitucin, sino que se opuso a cuanto Lorenzo haba hecho en provincia; y para mejor lograr sus designios, pint a este jefe y a todos los liberales de Cuba como sediciosos e independientes No es del caso referir los sucesos que entonces ocurrieron, ni tampoco refutar los errores y falsedades que sobre ellos amontonaron la pasin y la calumnia. Lo que ahora importa saber es, que el rgimen liberal proclamado por Lorenzo en el departamento de su mando subsisti desde el 29 de septiembre hasta el 23 de diciembre; pero como los corifeos progresistas de Madrid no saban en este intervalo si triunfara en Cuba el despotismo de Tacn o la libertad de Lorenzo, se estuvieron a la capa para declararse despus de la victoria por aquel que hubiese vencido. Venci Tacn, como necesariamente deba de suceder; y saliendo entonces de su cobarde silencio los Argelles, los Sancho y otros que en Espaa se apellidaban valientes adalides de la libertad, atronaron con sus voces liberticidas el santuario de las leyes, despojaron a Cuba de todos sus derechos, y clavaron en sus entraas el pual de la esclavitud. La primera vez que rompieron su largo silencio, fue en febrero de 1837, en cuyo mes, una comisin especial nombrada de antemano, pero en secreto, ley a las Cortes un informe, opinando, que as en lo presen-

PAGE 94

OBRAS 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ te como en lo futuro no se admitiera en el Congreso espaol diputados por Cuba, Puerto Rico, ni Filipinas. Entonces extend yo una protesta, que aprobada y firmada por dos de mis compaeros de diputacin que se hallaban en Madrid, fue presentada en las Cortes, e impresa por suplemento en el Mundo del 22 de febrero de 1837, que era en aquel tiempo el peridico de ms circulacin en Espaa.PROTESTA DE LOS DIPUTADOS ELECTOS POR LA ISLA DE CUBA A LAS CORTES GENERALES DE LA NACI"NLos diputados a Cortes electos por la isla de Cuba vienen hoy impelidos de un deber sagrado, a interrumpir la atencin del soberano Congreso, y a derramar en su seno una expresin de dolor por la suerte de su patria. Trtase nada menos que de excluir a todas las provincias de Amrica y Asia de la representacin que legtimamente les corresponde en la Asamblea Nacional; y cuando se trata de resolucin de tanto momento, los individuos que firman este papel, no pueden, no, permanecer en silencio. Alzarn s una voz enrgica contra ellas; y ya que no les es permitido hacerla or desde los asientos que debieran ocupar en el augusto recinto donde estn congregados los representantes de la nacin, dejarn al menos consignados en una protesta solemne sus votos y sus sentimientos, para que nunca queden sometidos los derechos del pas que les honr con su confianza, ni los cubanos digan en ningn tiempo que los diputados que nombraron para las Cortes constituyentes de 1836, fueron negligentes o cobardes en el desempeo de sus funciones. Ellos, pues, protestan; y protestan: Porque desde la formacin de las leyes de Indias, todas las posesiones americanas fueron declaradas parte integrante de la monarqua; y por lo mismo con derecho a ser representadas en los congresos nacionales. Porque esas mismas declaratorias, y esos mismos derechos fueron confirmados y ampliados por la Junta Central del Reino en su decreto de 22 de enero de 1809, y por el de las Cortes constituyentes expedido en 15 de octubre de 1810. Porque todas las provincias ultramarinas fueron convocadas a las Cortes generales y extraordinarias reunidas en aquel ao, y sus diputados admitidos en ellas, tomando una parte esencial en la formacin del cdigo de 1812. Porque en ese mismo cdigo, todas las provincias de Amrica y Asia volvieron a ser declaradas parte integrante de la nacin, dndose a cada una de ellas el nmero respectivo de diputados, los cuales entraron en las Cortes que se reunieron poco despus de haberse formado la Constitucin.

PAGE 95

JOS ANTONIO SACO /89 /89 /89 /89 /89 Porque derrocada sta en 1814, y restablecida en 1820, Cuba ocup tambin sus asientos en los dos Congresos que hubo hasta 1823. Porque proclamado el Estatuto Real en 1834, y empezando con l una nueva era para la nacin, la isla de Cuba fue considerada como parte de ella; eligiendo y enviando sus procuradores a los dos Estamentos que bajo sus auspicios se congregaron. Porque levantada del polvo en que yaca la Constitucin de 1812, y enarbolada como pendn de libertad, el nuevo gobierno llam con urgencia a todas las provincias que del otro lado de los mares han permanecido fieles a la causa espaola, para que prontamente viniesen a tomar parte en los debates del nuevo cdigo fundamental. Porque instaladas las Cortes desde el 24 de octubre de 1836, se dejaron transcurrir casi tres meses, sin que en todo ese tiempo, a pesar de las reclamaciones hechas por algunos diputados cubanos para que se les diese entrada en el Congreso, se hubiese dicho ni una sola palabra contra la admisin de los representantes de Ultramar hasta la sesin secreta de 16 de enero; ni menos desaprobado, ni mandado suspender la convocatoria expedida a las provincias de Amrica y Asia: mxime cuando a las Cortes se present la ms favorable coyuntura para decidir sobre este punto desde el 3 de noviembre prximo pasado, en que los americanos residentes en esta capital, les elevaron una exposicin, suplicndoles se dignasen admitir como suplentes a los diputados elegidos por las Cortes revisoras del Estatuto Real. Porque hallndose reunidos los miembros que componen el actual Congreso en virtud de esa misma convocatoria, sera muy extrao que ellos pretendiesen ahora invalidar respecto de Amrica y Asia el mismo ttulo bajo el cual se han juntado en el territorio peninsular. Porque habindose aprobado el acta de las elecciones de Puerto Rico, y no habiendo ocurrido de entonces ac ninguna novedad que pueda alterar tan justa aprobacin, el Congreso no guardara consecuencia en sus acuerdos, si derogase hoy lo mismo que ayer sancion. Porque siendo las Cortes, segn el artculo 27 del cdigo de Cdiz, la reunin de todos los diputados de la nacin, y formando Cuba parte de ella, es claro, que excluyndola de la representacin nacional, se quebranta la ley que todava nos rige. Porque teniendo las provincias de Ultramar necesidades particulares absolutamente desconocidas de los diputados de la Pennsula, es indispensable la intervencin de los de aquellos pases para que puedan exponerlas, y clamar al mismo tiempo contra los abusos que se cometen. Porque no existiendo ninguna ley ni decreto que excluya de las Cortes a las provincias de Ultramar, y siendo stas, por el contrario, llamadas expresamente; la exclusin que de ellas se hiciese para el actual Congreso, sera el resultado de una ley retroactiva.

PAGE 96

OBRAS 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ Porque, en fin, habiendo entrado a componer la Constitucin de 1812 todas las provincias de la monarqua; ahora que viene a reformarse el pacto fundamental, no slo es justo sino tambin necesario, que todos y cada uno de los miembros de la gran familia espaola vuelvan a congregarse, para que las condiciones de esta nueva alianza queden marcadas con el sello de la justicia y la aprobacin nacional. Tales son los principales motivos en que nos fundamos para extender la protesta que sometemos respetuosos a la alta consideracin de las Cortes. A ellas corresponde examinar el mrito que puedan tener; y si despus de haberlos pesado en su balanza imparcial, todava pronunciaran un fallo terrible condenando a Cuba a la triste condicin de colonia espaola, sus diputados se consolarn con el testimonio de su recto proceder, y con el recuerdo indeleble de haber defendido los derechos de su patria. Madrid y febrero 21 de 1837.—Juan Montalvo y Castillo. —Francisco Armas.—Jos Antonio Saco. Los tres diputados firmantes enviamos varios ejemplares de esta protesta a cada uno de los ayuntamientos de La Habana, Puerto Prncipe y Santiago de Cuba, que son las tres ciudades principales de la Isla. He aqu el oficio de remisin: Excmo. seor Los diputados infrascritos tenemos el honor de remitir a V.E. los adjuntos ejemplares de la protesta que hemos hecho a las Cortes generales de la nacin. Esperamos que V.E. se digne aceptarlos como una prueba de nuestros deseos por llenar los deberes que la isla de Cuba nos impuso al honrarnos con su confianza. Dios guarde, etc. —Madrid y febrero 24 de 1837. —Juan Montalvo y Castillo. —Francisco Armas. —Jos Antonio Saco. Presentada que fue la protesta a la mesa de las Cortes, no se dio cuenta de ella hasta cinco o seis das despus; y habindose pasado a la Comisin Especial que del asunto entenda, sta inform en los trminos siguientes, en la sesin del 6 de marzo de 1837:INFORME“Las comisiones de reforma de Constitucin y especial de Ultramar, se han enterado de lo que en 21 del prximo pasado expusieron a las Cortes don Juan Montalvo y Castillo, don Francisco de Armas, y don Antonio Saco, acerca del dictamen que las mismas comisiones presentaron a las Cortes en 10 del mismo, relativo a que las provincias espaolas de Amrica y Asia sean en lo sucesivo regidas y administradas por leyes especiales; y que sus diputados no tomen asiento en las actuales Cortes ; y en su consecuencia y despus de haber bien meditado el

PAGE 97

JOS ANTONIO SACO /91 /91 /91 /91 /91 asunto, han convenido y son de opinin que no hay motivo para variar el dictamen que en el expresado da 10 presentaron a las Cortes sobre lo mismo, y est sometido a su deliberacin. Las Cortes, sin embargo, resolvern lo que juzguen ms acertado. Palacio de las mismas 5 de marzo de 1837. —Agustn Argelles. —Antonio Gonzlez. —Manuel Joaqun Tarancn. —Vicente Sancho. —Joaqun Mara de Ferrer. —Mauricio Carlos de Ons. —Pedro Antonio Acua. —Manuel Mara Acevedo. —Jacinto Flix Domenech. —lvaro Gmez. —Pablo Torrens y Miralda. —Antonio Flores Estrada. —Po Laborda. —Martn de los Heros”. Ninguna duda quedaba en que ya se haba resuelto esclavizar a Cuba, y aunque sus diputados estaban ntimamente convencidos de esta verdad, era necesario manifestar al pblico, dnde estaba la razn, y dnde la injusticia. Esto hice en un papel que di a luz en Madrid, y que a pesar de haber circulado libremente en toda Espaa, no hubo un solo escritor que saliese a combatirlo. ¡Prueba incontestable de la solidez de sus argumentos y de la justicia de nuestra causa!

PAGE 98

EX EX EX EX EX AMEN ANALTICO DEL INFORME DE LA COMISI"N AMEN ANALTICO DEL INFORME DE LA COMISI"N AMEN ANALTICO DEL INFORME DE LA COMISI"N AMEN ANALTICO DEL INFORME DE LA COMISI"N AMEN ANALTICO DEL INFORME DE LA COMISI"N ESPECIAL NOMBRAD ESPECIAL NOMBRAD ESPECIAL NOMBRAD ESPECIAL NOMBRAD ESPECIAL NOMBRAD A POR LAS COR A POR LAS COR A POR LAS COR A POR LAS COR A POR LAS COR TES TES TES TES TES SOBRE LA EX SOBRE LA EX SOBRE LA EX SOBRE LA EX SOBRE LA EX CL CL CL CL CL USI"N DE LOS ACTU USI"N DE LOS ACTU USI"N DE LOS ACTU USI"N DE LOS ACTU USI"N DE LOS ACTU ALES ALES ALES ALES ALES Y FUTUROS DIP Y FUTUROS DIP Y FUTUROS DIP Y FUTUROS DIP Y FUTUROS DIP UT UT UT UT UT ADOS DE UL ADOS DE UL ADOS DE UL ADOS DE UL ADOS DE UL TRAMAR TRAMAR TRAMAR TRAMAR TRAMAR Y SOBRE LA NECESID Y SOBRE LA NECESID Y SOBRE LA NECESID Y SOBRE LA NECESID Y SOBRE LA NECESID AD DE REGIR AQUELLOS AD DE REGIR AQUELLOS AD DE REGIR AQUELLOS AD DE REGIR AQUELLOS AD DE REGIR AQUELLOS P P P P P ASES POR LEYES ESPECIALES ASES POR LEYES ESPECIALES ASES POR LEYES ESPECIALES ASES POR LEYES ESPECIALES ASES POR LEYES ESPECIALES (S (S (S (S (S u autor don Jos Antonio Saco diputado a Cortes u autor don Jos Antonio Saco diputado a Cortes u autor don Jos Antonio Saco diputado a Cortes u autor don Jos Antonio Saco diputado a Cortes u autor don Jos Antonio Saco diputado a Cortes electo por la isla de Cuba. Madrid: Oficina de don electo por la isla de Cuba. Madrid: Oficina de don electo por la isla de Cuba. Madrid: Oficina de don electo por la isla de Cuba. Madrid: Oficina de don electo por la isla de Cuba. Madrid: Oficina de don T T T T T oms Jordn impresor de Cmara, oms Jordn impresor de Cmara, oms Jordn impresor de Cmara, oms Jordn impresor de Cmara, oms Jordn impresor de Cmara, de S.M., 1837.) de S.M., 1837.) de S.M., 1837.) de S.M., 1837.) de S.M., 1837.)Informe de la Comisin Especial nombrada por las Cortes, etc.La Comisin Especial encargada de informar a las Cortes acerca de la proposicin, que respecto de las provincias de Ultramar hizo el seor Sancho en la sesin secreta del 16 del pasado enero y fue aprobada; crey que para poder ilustrar al Congreso con la detencin conveniente, y al tenor no slo de la misma proposicin, sino de algunas indicaciones hechas en la misma sesin, acerca de si convena o no que las provincias de Ultramar fuesen representadas en las presentes y futuras Cortes deba conferenciar y entenderse con la Comisin encargada de preparar y presentar el proyecto de Constitucin. Habindolo con efecto verificado, y sabiendo que la enunciada Comisin pensaba proponer en su proyecto que las provincias de Ultramar fuesen gobernadas por leyes especiales ; la Comisin extraordinaria no ha podido menos de deferir y adherir a este dictamen, fundado en razones de tal peso y solidez, que de no seguirle no slo no parece posible regir y gobernar aquellas provincias con la inteligencia y vigilancia que reclama su situacin, sino lo que es ms, conservarlas unidas con la metrpoli. Porque ya sea que se reflexione la distancia a que se encuentran de nosotros; en el primer caso hallaremos, que si fundada nuestra representacin nacional en la base o principio de poblacin, ya no puede haber uniformidad por decirlo as de representantes en donde los re-

PAGE 99

JOS ANTONIO SACO /93 /93 /93 /93 /93 presentados y sus intereses son tan varios; en el segundo veremos, que es imposible que tanto la renovacin peridica, como la accidental de los representados, o sea, diputados de aquellas provincias, se haga en los mismos perodos y con la misma oportunidad, que el de las provincias de la Pennsula e islas adyacentes. Con el fin, pues, de esclarecer el nimo de los seores diputados acerca de tan importante cuestin, como va a someterse a su decisin, y para que tambin se puedan apreciar as la imparcialidad como algunas de las razones que han guiado a las dos comisiones en la opinin que han adoptado, van a exponerlas con alguna rapidez, reservndose el dar otras nuevas o el ampliar las presentes, para el caso en que stas o no satisfagan, o que en el progreso de la discusin aparezcan argumentos o raciocinios que se hayan escapado a los individuos de ambas comisiones. Comenzando desde luego por la isla de Cuba cuyo extraordinario aumento de riqueza y poblacin en los ltimos 60 aos, darn en todo tiempo un insigne testimonio as del cuidadoso progreso con que ha sido gobernada, como de la ventaja de no haber participado del sistema fatal que en todo sentido agobiaba a las provincias y pueblos de la Pennsula; constaba su poblacin segn el ltimo censo oficial de 1827, de 704 807 habitantes, que con 26 075 individuos, que se le suponan de guarnicin, marinera y transentes, formaban un total de 730 882 almas. Este nmero comparado con el de 170 370 que dio el padrn oficial del ao 1775, supone un progreso de poblacin, que difcilmente ha tenido igual en ningn tiempo y en ninguna nacin, ya sea continental o bien ultramarina. Y como, por otra parte y por abreviar, aparece que hasta principios de este siglo fueron sostenidas las cargas de aquella Isla con un situado de 700 000 pesos anuales que se le enviaban de Mjico, y que en el expresado ao de 1827 produjeron todas sus rentas 8 469 974 pesos, resulta que al comps de su poblacin han crecido su riqueza y productos, y que, por consecuencia, se han cumplido cuantas condiciones recomiendan los economistas ser indispensables para la prosperidad material de los Estados. Los 704 807 habitantes sin la guarnicin y transentes, que se ha dicho formaban la poblacin de la isla de Cuba, en 1827, y que sea cual fuere el aumento posterior, podemos suponerle proporcional en todas sus clases, se dividan en aquel ao y segn los mejores documentos del modo siguiente: Libres SexosBlancosde colorEsclavosTotal ———————————————— Varones168 65351 962183 290403 905 Hembras 142 39854 532103 652300 582 ———————————————— Total311 051106 494286 942704 487

PAGE 100

OBRAS 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ siendo pues, segn el artculo 28 de la Constitucin, igual la base para la representacin nacional en ambos hemisferios y debindose reducir esta base en la isla de Cuba segn el artculo 29 de la misma Constitucin, a la poblacin completa de los naturales que por ambas lneas sean originarios de los dominios espaoles resulta que no obstante decirse en los prrafos 1 y 4 del artculo 5 que son espaoles todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Espaas y los hijos de stos, y los libertos desde que adquieran la libertad en las Espaas ; todos los comprendidos en la tercera casilla del estado que precede quedan excluidos en dicha Isla del derecho de representar y ser representados, y reducidos, por lo tanto, a solas 311 051 almas; o sea, a menos de la mitad del total de la poblacin, y a tres cuartos prximamente de los que son segn el sentido literal y expreso de la Constitucin, verdaderamente espaoles. Esta circunstancia, que basta tocarla tan ligeramente, para que las Cortes deduzcan las reclamaciones que podra originar o los riesgos a que podra exponer en aquella especie de fermentacin, que es tan propia de los pases libres en el momento solemne de sus elecciones; ha conducido a las comisiones a creer que en donde hay diferencias tan sealadas en la poblacin, o no debe ser igual la ley para con las dems provincias que no las tienen, o que en otro caso se establezcan las modificaciones convenientes. Y como las diferencias cuando se trata de derechos polticos no pueden dejar de ser, ya que no se quiera ofensivas, sumamente expuestas a recriminaciones y rivalidades; de aqu es, contrayndonos al solo caso de las elecciones, que si admitimos una ley distinta para las de la isla de Cuba y la Pennsula, es menester despus distinguir en la misma Isla cmo han de representar y ser representados los espaoles de distinto color: cuya indicacin basta, para que la prudente previsin de las Cortes se anticipe a cortar de una vez para siempre lo que pudiera originar graves males, y para que al mismo tiempo conozcan que no es posible, que una ley homognea dirija elementos tan heterogneos. En cuanto a la isla de Puerto Rico, cuyo aumento de riqueza y poblacin ha sido tal, que en lo que va de este siglo, se han fundado 20 pueblos en ella, y 35 en el anterior, no habindose fundado sino uno en el siglo XVII y dos en el XVI, aparece que su poblacin, que en el ao de 1770 era como de unos 73 000 habitantes, suba en 1824 a 235 157; y en 1834, sin incluir guarnicin, marinera y presidiarios, a 332 002 distribudos del modo siguiente: PardosNegros BlancoslibresdemEsclavosTotal —–——————————————— 159 864100 70924 23337 403332 002

PAGE 101

JOS ANTONIO SACO /95 /95 /95 /95 /95 Comparados estos nmeros con los que se han manifestado anteriormente tratando de la isla de Cuba, se deduce desde luego: 1 que siendo la poblacin total de la de Puerto Rico menos de la mitad de la de Cuba, eligira, sin embargo, Puerto Rico con arreglos a los principios constitucionales un nmero de diputados igual a la mitad de los de Cuba; 2 que siendo el nmero de los espaoles comprendidos en la segunda y tercera casilla de Puerto Rico, mucho mayor que los de igual clase en Cuba, no obstante ser tan inferior la poblacin, crecen con igual proporcin los inconvenientes que tratndose del solo acto de las elecciones, se han insinuado en la isla de Cuba; y 3 que siendo tan desemejantes los nmeros as en las casillas indicadas, como en la ltima de los dos estados, o ms bien dicho, que siendo tan desemejantes los elementos de poblacin entre las dos islas, se deduce tambin, sin que en esto se necesite insistir demasiado, que son igualmente desemejantes los elementos de la existencia civil y poltica de una u otra posesin: y en tal caso, cmo es posible que sean regidas por unas mismas leyes, y mucho menos que sean las mismas que rijan en la Pennsula? Si de las Antillas nos trasladamos a las islas Filipinas, las diferencias as en las clases de poblacin, como en la forma de su administracin y gobierno, son todava mayores que la distancia a que se hallan, as de la metrpoli, como de Cuba y Puerto Rico. Las Filipinas de quienes el clebre y desgraciado La-Peyrouse ya dijo, que la nacin que las poseyese con un buen gobierno, podra hacer poco caso de los dems establecimientos europeos en frica y Amrica han progresado tambin en los ltimos tiempos, y es de esperar que todava progresen ms, comerciando libremente en lo sucesivo con la Amrica que fue espaola. La poblacin de tan preciosas islas en las 37 provincias o subdelegaciones en que se las distribuye, la podemos suponer en 3 millones de indios, 200 000 sangleyes y mestizos de indio y sangley, etc., y unos 6 000 as naturales de la P ennsula como originarios de stos. Citado ya el artculo constitucional en que se declara que la base de la eleccin es la poblacin compuesta de los naturales, que por ambas lneas son originarios de los dominios espaoles y admitido que los 3 millones de indios y los 6 000 blancos de las islas Filipinas entran a formar por su origen esta base, es claro que a tenor de un diputado por cada 50 000 habitantes que en el da rige, y que probablemente regir en adelante, tocan 60 diputados o representantes a las islas Filipinas. Si a esto agregamos que aquellos habitantes se hallan diseminados en varias islas, y que aun en la misma de Luzn hablan varias lenguas y dialectos, ignorando los ms la espaola, veremos que si los diputados elegidos eran indgenas, acaso no nos entenderan en nuestro Congreso, y si eran de los europeos o de origen europeo, adems de establecer un monopolio irregular a favor de stos, nos hallaramos con que siendo pocos los ca-

PAGE 102

OBRAS 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ pitalistas acomodados en aquellas islas, y declarada la opinin porque el cargo de diputado sea en lo sucesivo gratuito, no estar de ms suponer que tal vez, tal vez no aparecera muy luego nadie que quisiera correr los riesgos e incomodidades de un viaje de 5 000 leguas, acaso para no llegarse a sentar en las Cortes, como luego veremos. Esta suposicin no hay que presumir de modo alguno que sea arbitraria. Tvose ya una prueba de ella publicada la Constitucin y convocadas las Cortes en 1820, en cuyo perodo tocando a las islas Filipinas 32 o 34 diputados, con arreglo al artculo 31 de la Constitucin, que designa uno por cada 70 000 almas, slo eligieron cuatro; manifestando las autoridades al dar parte de la eleccin, y de que remitan con anticipacin las dietas de sus diputados, que en lo sucesivo acaso no habra quien quisiera venir cada dos aos a la Pennsula, ni tampoco de donde sacar los gastos necesarios. Mas, prescindiendo de cuanto toca al gobierno y administracin de unos pueblos que en todo se diferencian de nosotros: qu ley electoral podra acomodarse a una poblacin diseminada en varias islas, y sobre todo a las de las Marianas, a 500 leguas de las Filipinas, y entre las que la de Guajn nica que est habitada, cuenta 5 o 6 000 habitantes, que todos, segn el artculo 29 de la Constitucin son espaoles ? Tendrn o no tendrn stos el derecho de elegir y de ser elegidos? Se dictar una ley especial para que ejerzan sus derechos pblicos, o bien debern quedar fuera de la ley comn, atendida la distancia a que se hallan? Y en tal caso, por qu no lo quedarn tambin los de las de Zebu, Batn, Negros y Mindanao, y dems Filipinas, y a su vez los de las de Cuba y Puerto Rico, no obstante que, aunque ms cercanos a nosotros, las 2 000 leguas poco ms o menos que nos separan, forman ya una distancia tal, que es imposible cumplan puntualmente con todas las condiciones de nuestro futuro gobierno constitucional? Las comisiones sobre este particular no harn ms que recordar a las Cortes la tercera base ya aprobada, de las presentadas por la Constitucin. En su artculo 3, y con ella aprobado, se dice que corresponde al Rey prorrogar las Cortes y disolverlas; pero con la obligacin en este ltimo caso de convocar otras y reunirlas en un plazo determinado Supongamos, pues, que este plazo no sea de dos meses como previene la Constitucin de la Blgica, sino de tres como dispone la francesa; y aun si se quiere para mayor demostracin, extindase y alrguese hasta cuatro: podrn por ventura en este perodo ir las rdenes para nuevas elecciones, no digamos a las Filipinas, que es absolutamente imposible, sino a las islas de Cuba y Puerto Rico, verificar la eleccin, y concurrir oportunamente los elegidos a las Cortes, despus de haber navegado 2 000 leguas? Y tan natural como inevitable tardanza, no embarazara en unas ocasiones a los representantes de la Pennsula para

PAGE 103

JOS ANTONIO SACO /97 /97 /97 /97 /97 proponer ciertas leyes; no ocasionara en otras reclamaciones de los de Ultramar, por haberlas discutido sin su asistencia, y en alguna, por fin, no sucedera lo que no ha mucho, que llegaron sus poderes cuando las Cortes haban sido segunda vez disueltas? Semejante inconveniente claro es, que no se puede ni se debe subsanar, ni adoptando un mtodo igual al prescrito en el artculo 109 de la Constitucin, en que se ordena que “si por causa de guerra u ocupacin de alguna parte de la monarqua por el enemigo no se presentaren en las Cortes la totalidad o algunos de los diputados de una provincia, sean suplidos con los anteriores”; ni apelando a la eleccin de suplentes en la Pennsula entre los naturales de Ultramar, como ya lo solicitaron ltimamente algunos de ellos. Porque teniendo por objeto la disolucin de las Cortes el consultar de nuevo y en el ms breve plazo la opinin del pas sobre las diferencias y controversias que entre sus representantes, o bien entre stos y el poder ejecutivo hayan podido suscitarse, con ninguno de los dos medios indicados se lograra conseguirlo en las provincias de Ultramar y qu recurso nos quedaba, por ltimo, para conocer de ese modo su opinin, cuando por ventura fueran sus mismos diputados, la causa directa o indirecta de la disolucin de las Cortes? Penetradas, pues, las comisiones, por cuanto queda expuesto y ms que pudiera aadirse de que nuestras posesiones de Amrica y Asia, ni por la distancia a que se encuentran de la Pennsula, ni por la naturaleza de su poblacin, ni por la diversidad de sus intereses materiales, pueden ser regidas por unas mismas leyes, han convenido de comn acuerdo en proponer a las Cortes, que desde luego declaren en sesin pblica que “No siendo posible aplicar la Constitucin que se adopte en la Pennsula e islas adyacentes, a las provincias ultramarinas de Amrica y Asia, sern stas regidas y administradas por leyes especiales y anlogas a su respectiva situacin y circunstancias, y propias para hacer su felicidad, y que en su consecuencia no tomarn asiento en las Cortes actuales diputados por las expresadas provincias”. Las Cortes, sin embargo, resolvern lo que sea de su superior agrado. Palacio de las Cortes 10 de febrero de 1837.—Manuel Joaqun Tarancn. Agustn Argelles. Manuel Mara Acevedo. Antonio Seoane. lvaro Gmez. Antonio Flores Estrada. Jacinto Flix Domenech. Antonio Gonzlez. Mauricio Carlos de Ons. Joaqun Mara de Ferrer. Po Laborda. Pablo Torrens y Miralda. Vicente Sancho. Pedro Antonio de Acua. Salustiano de Olzaga. Martn de los Heros, secretario. Examen analtico del informe anterior Por fin, lleg el momento de romper el silencio que hasta aqu he guardado sobre las cuestiones polticas de mi patria, y dando al despre-

PAGE 104

OBRAS 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ cio las voces con que la maledicencia pudiera insultarme, no temo que algunos crean que al son de los intereses cubanos, yo solamente escribo por defender un asiento en las Cortes nacionales. Reinando hoy entre los hombres la hipocresa poltica ms que la religiosa, no pretendo justificarme de las inculpaciones que me hagan. Juzguen de m como quieran: yo siempre ser lo que soy, y no lo que de m pensaren. No s si este papel saldr a la luz, antes o despus que las Cortes terminen el debate sobre la exclusin de los actuales diputados de Ultramar. Tan indiferente me es lo uno como lo otro, pues no consagrando mi pluma a la defensa de mis derechos, sino a la causa cubana, sta queda bien servida, cuando al pblico se exponen las injusticias que se le hacen. De desear sera, que al extender la Comisin su dictamen hubiese dado ms orden a sus ideas, y no que abrazando en l dos partes del todo distintas, las ha presentado con tanta oscuridad y confusin, que no nos manifiesta los fundamentos en que una y otra se apoyan. Mas, ya que as no lo ha hecho, yo me tomar el trabajo de entresacar sus razones; y aplicndolas a cada una de las dos partes de su informe, se ver si nos conducen a los mismos resultados. Bien conozco que este plan me obliga en la segunda parte a volver sobre algunas de las ideas ya tocadas en la primera; pero adems de que procurar considerarlas bajo de diversas relaciones, el lector perdonar las repeticiones que encuentre, pues as lo exige la naturaleza del asunto.PARTE PRIMERA. RAZONES PARA EXCLUIR DE LAS ACTUALES CORTES A LOS DIPUTADOS DE ULTRAMAR1 Los elementos que constituyen la poblacin de los pases ultramarinos son diferentes de los de la Pennsula. Si la existencia de estos elementos hubiese empezado despus que la Constitucin fue abolida en 1823; y si en las elecciones de los actuales representantes hubiesen entrado a ejercer alguna influencia, entonces quiz tendra la Comisin un dbil pretexto en que apoyarse para la medida que propone. Pero cuando la poblacin es hoy tan heterognea como en el pasado siglo; cuando la variedad de sus elementos fue reconocida por la Constitucin, y a pesar de ellos, las provincias de Ultramar fueron llamadas nominalmente por aquel cdigo; cuando todas han sido representadas en una serie de Congresos, sin que jams hayan servido de obstculo las causas que ahora se alegan; cuando, en fin, las ltimas elecciones han sido el resultado de una convocatoria que tiene por base el restablecimiento de esa misma Constitucin; la admisin de los diputados de Amrica y Asia en las actuales Cortes es tan justa y tan imperiosa como la de los representantes de Asturias o Catalua. La diversidad de

PAGE 105

JOS ANTONIO SACO /99 /99 /99 /99 /99 elementos de la poblacin ultramarina podr ser origen de algunas disposiciones particulares para el nombramiento de diputados futuros; pero valerse de este motivo para despojarlas de representacin en el presente Congreso, es uno de aquellos rasgos impolticos que bien podrn decretarse por una mayora de votos; mas, nunca sancionarse por el dictamen de la razn ni los principios de la justicia. 2 Los pases ultramarinos distan mucho de la metrpoli Esta razn tendr bastante peso para que en lo sucesivo se establezca en ellos el gobierno ms adaptable a sus peculiares circunstancias; pero servirse de ella para dejarlos ahora sin representacin, cuando expresa y urgentemente fueron llamados a las actuales Cortes, cuando las elecciones han sido ya hechas, y cuando casi todos sus diputados se encuentran en la Pennsula, es sin duda la conducta ms chocante y contradictoria que puede seguirse. 3 Ni la renovacin peridica ni la accidental de los diputados de aquellas provincias se puede hacer en los mismos perodos y con la misma oportunidad que la de las provincias de la Pennsula e islas adyacentes. Por ms fuerza que a esta razn quiera darse, jams podr inferirse de ella que los actuales diputados no deben ser admitidos. La renovacin peridica o accidental a que se alude es una cosa futura, que no puede invalidar el derecho que la Constitucin de 1812 y la ltima convocatoria dieron a los pases de Ultramar. La eleccin de los presentes diputados es un acto ya consumado, y su admisin en el actual Congreso es una consecuencia forzosa que no puede suspenderse por las dificultades verdaderas o aparentes que haya para el nombramiento futuro de nuevos representantes. 4 En Ultramar, los blancos son los nicos que se toman como base para la representacin nacional. Y podr de aqu sacarse argumento para excluir de las actuales Cortes a los diputados de aquellas provincias? Es por ventura sta la vez primera que han sido nombrados, contando solamente con aquella base? No lo dispuso as la misma Constitucin de 1812? Por qu, pues, no admitir entonces los representantes que conforme a ella han sido electos? O lo que aquel cdigo manda, es justo, o injusto. Si lo primero, por qu no se da cumplimiento a lo que en l se prescribe? Y si lo segundo, cabe alguna culpa a las provincias de Ultramar, cuando ellas reclamaron enrgicamente contra esa medida al discutirse la Constitucin de 1812? Y aun cuando no lo hubiesen hecho, no ha sido y es todava la ley fundamental del Estado? Obedzcanse, pues, sus mandatos; y si son injustos a los ojos de las Cortes, reprense sus males, pero no se agraven con la nueva injusticia de privar a la Amrica de la representacin que debe tener en la presente Asamblea.

PAGE 106

OBRAS 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ 5 Siendo la poblacin total de Puerto Rico menos de la mitad de la de Cuba, elegira, sin embargo, Puerto Rico con arreglo a los principios constitucionales un nmero de diputados igual a la mitad de los de Cuba. En los principios de buena lgica, nadie inferir de estos antecedentes que aquellas islas deben quedar sin representacin en las actuales Cortes. Lo que nicamente se deduce es, que si la Constitucin dio a Cuba menos diputados que los que deben corresponderle, su nmero se eleve hasta llegar a su verdadera representacin; y que si Puerto Rico elige ms, su nmero se circunscriba a los lmites de su poblacin. sta es la nica consecuencia que se puede sacar de las premisas sentadas; pero no excluir a entrambas islas del derecho que tienen a ser representadas en estas Cortes constituyentes. 6 Las circunstancias peculiares de Cuba y Puerto Rico impiden que estas dos islas sean regidas por unas mismas leyes, y mucho menos por las de la Pennsula. Dejemos correr esta proposicin en los trminos que se ha enunciado, y concretmonos a preguntar: si la Constitucin manda, que, a pesar de esas circunstancias, Cuba y Puerto Rico tengan diputados en el Congreso Nacional; y si estos diputados reclaman el puesto que en l les seala esa Constitucin, se les privar del derecho que sus provincias les confirieron para representarlas en las actuales Cortes? Determnese enhorabuena lo que sea ms oportuno para lo futuro; pero con respecto a lo pasado, es forzoso sujetarnos a lo que ordenan las leyes fundamentales de la nacin. 7 Las provincias de Ultramar deben ser gobernadas con inteligencia y vigilancia para conservarlas unidas con la metrpoli. Y juzga la Comisin que se las gobierna con inteligencia y vigilancia, excluyendo del actual Congreso a los diputados que tienen derecho de sentarse en l? Se gobierna con inteligencia, privndose de las luces con que los representantes de aquellos pases podran ilustrar las cuestiones que sobre ellos se suscitaren, particularmente cuando dicen que se trata de darles una organizacin especial? Se gobierna con vigilancia, alejando del seno de las Cortes a las personas ms celosas e interesadas en indicar los males de aquellas provincias, en denunciar los abusos que se cometen, y en sealar los medios ms adecuados para conducirlas a la prosperidad? Y ahogando la voz adolorida de aquellos pueblos, desairndolos en las personas de sus legtimos representantes y estableciendo diferencias odiosas, se estrecharn los lazos que deben ligar a la madre con sus hijos? Los hombres que as piensan, o desconocen los resortes del corazn humano, o proceden por sentimientos indignos de abrigarse en el pecho de legisladores.

PAGE 107

JOS ANTONIO SACO /101 /101 /101 /101 /101 Parceme haber examinado los principales motivos que expone la Comisin para negar la entrada en las Cortes reunidas a los actuales diputados de Ultramar; y despus del breve anlisis que acabo de hacer, no dudo afirmar, que ni remotamente se deduce la consecuencia a que ha llegado la Comisin. Pasemos, pues, a laSEGUNDA PARTE. RAZONES EN QUE SE FUNDA LA COMISI"N PARA NO ADMITIR EN LAS FUTURAS CORTES A LOS REPRESENTANTES DE ULTRAMAR, Y PARA REGIR AQUELLAS PROVINCIAS POR LEYES ESPECIALES Muy explcito quiero ser en esta parte de mi discurso. De acuerdo estoy con la Comisin, y reconozco tal vez con ms motivo que ella, la necesidad de que los pases ultramarinos sean gobernados por una legislacin especial. Pero si en este punto convengo, aprtome de su sentir, no slo en cuanto a la naturaleza de los argumentos que emplea, sino en cuanto a los medios de que piensa valerse, y al carcter odioso que se propone dar a las mismas leyes que recomienda. Que las provincias de Ultramar tengan constituciones particulares formadas con intervencin de sus representantes; que en ellas se establezcan asambleas provinciales, popular y peridicamente elegidas, en las que se propongan y discutan las leyes que deben regirlas, se examinen y aprueben todos sus presupuestos, y se ventilen otras materias que no es del caso mencionar; que se desarme a los gobernantes de las dictatoriales facultades de que estn formidablemente revestidos; que se rompan las trabas de la prensa, restituyendo su libertad a este rgano del entendimiento; que se afiancen, en fin, por medio de leyes protectoras, los derechos y garantas de aquellos habitantes ultrajados: he aqu cules son, y cules sern mis ardientes y constantes deseos. Pero la Comisin, entrando en lucha abierta con ellos, me pone en el amargo conflicto de combatirla, no porque pide leyes especiales para Cuba, pues que segn he dicho, estamos acordes en este punto; sino por los medios de que pretende servirse para formarlas, y de la ignominiosa esclavitud en que con ellas intenta sumergirnos. Sentadas estas ideas, marchar con paso ms libre, y siguiendo de cerca las huellas de la Comisin, podr sealar a la luz de un claro examen los escollos en que ha tocado, y los parajes donde ha cado.I En Filipinas se hablan varias lenguas y dialectos. Si sus diputados son europeos o de origen europeo, adems de establecer un mono-

PAGE 108

OBRAS 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ polio irregular en su favor, tal vez no vendrn a las Cortes espaolas; y si son indgenas acaso no entendern la lengua castellana. As se expresa la Comisin; y suponiendo por un momento que esto sea como se dice, ser justo ni racional, que porque los diputados de Filipinas no vengan al Congreso espaol, y algunos de ellos no entiendan la lengua castellana, los representantes de Cuba y Puerto Rico que siempre han respondido al llamamiento que se les ha hecho, y que adems poseen aquella lengua por ser la nica que hablan, sean lanzados de las Cortes presentes y futuras? Defender tan absurda consecuencia sera el delirio de un demente; mas, no los esfuerzos de la razn de un sensato. No anda ms acertada la Comisin, cuando habla de monopolios entre los diputados europeos o de origen europeo. En estas materias, el legislador aleja de s toda odiosidad, dando los derechos polticos a cuantas personas considera con aptitud para gozarlos. Si algunos individuos a quienes se conceden, no pueden llenar ciertas funciones porque carecen del uso de la lengua castellana: ya esto no puede imputarse a la ley. Defecto ser del ciudadano, que debiendo o pudiendo aspirar a las ventajas que ella le dispensa, no ha puesto los medios de conseguirlo; y en tal caso, motivos fundados hay para presumir, que l ha querido renunciar a las concesiones de la ley. Dispense sta los derechos que debe dar, y desde entonces habr llenado su misin. Lo dems debe dejarse al arbitrio de los hombres. A tomar la palabra monopolio en el sentido de la Comisin, yo concluira, que establecido le tenemos, no slo en Espaa, sino en otras naciones. Pues que son muchos los hombres que designan los pueblos para desempear las altas funciones de representantes? No es siempre su nmero extremadamente reducido, cuando se compara con la poblacin de cuyo seno se sacan? Y no podr decirse que ste es un monopolio autorizado, no por el imperio de la ley, no por la diferencia de idiomas, sino por la fuerza irresistible de la opinin? En ningn pas deben tocarse estas materias con ms prudencia y cautela que en la malhadada Espaa; porque perseguido el talento y apagadas las luces durante tres siglos de un despotismo poltico y religioso, la nacin se encuentra hoy en un estado de tanta postracin y flaqueza, que muy pocos de sus hijos son los que pueden llevar sobre sus hombros el peso que les imponen las necesidades parlamentarias. Y ser verdad que la Comisin piensa seriamente que los habitantes de Filipinas nombraran para diputados a personas que no hablasen la lengua castellana? Imagina que confiaran sus derechos a hombres que no pudiesen defenderlos por ignorar el uso de aquel idioma? Se le ha ocurrido alguna vez semejante duda respecto de las provincias Vascongadas o de Catalua, en donde la mayor parte de sus hijos no articu-

PAGE 109

JOS ANTONIO SACO /103 /103 /103 /103 /103 lan otra lengua que la suya particular? Acaso ha visto que esos pueblos han enviado al Congreso representantes que slo hablen en vascuence o cataln? Clmese, pues, la Comisin, y deponiendo sus alarmas, bien puede estar segura de que los filipinos no habrn nombrado para las actuales Cortes, ni nunca elegirn para las futuras, sino diputados que sepan manejar el habla hermosa de Castilla. Compuesta la Comisin de hombres tan ilustrados, yo no esperaba or de sus labios, que la diversidad de idiomas en algunas provincias fuese razn poderosa para excluirlas de la representacin nacional. Ignoran por ventura que en varias partes de la monarqua espaola se hablan lenguas y dialectos diferentes, sin que por ello estn segregadas del Congreso general, ni menos sometidas al rgimen de leyes excepcionales? Es lenguaje castellano el que comnmente se usa en Mallorca, Menorca, Valencia y Catalua, o en Galicia, y las provincias Vascongadas? Y lo que ocurre en Espaa, no acontece tambin en otras naciones gobernadas por un sistema representativo? Lenguas inglesa y francesa se hablan en la Luisiana; mas, este Estado tiene representantes en la gran asamblea de la Confederacin Norteamericana. No es por cierto ingls el idioma que se habla en Escocia, en el principado de Gales, ni en Irlanda; pero, no obstante su diferencia, todos estos pases estn representados en el Parlamento britnico. Tampoco es francs el lenguaje general de la Bretaa ni el de las provincias del medioda de la Francia; mas, todas ellas mandan sus representantes a la Cmara de Diputados. Ni habr por ltimo quien diga, que es un solo idioma en que se explican los habitantes de los diversos cantones de la Confederacin Helvtica. Y pudiera ser de otra manera, en medio de los frecuentes vaivenes y trastornos que sufren los imperios? Pases que ayer pertenecan a una nacin, hoy los vemos, sacrificados por la poltica, agruparse en torno de otra, hasta que recibiendo nuevo impulso, entran en nuevas combinaciones. En este cambio continuo, muchos pueblos que se distinguen con el nombre de naciones no componen un cuerpo compacto y homogneo, sino un montn informe de astillas arrancadas de varios troncos, que a pesar de los esfuerzos que se han hecho por asimilarlas y confundirlas, han conservado al travs de los siglos y aun de las ruinas, la lengua de sus antecesores como signo constante y menos falible de la diversidad de su origen.IILa Comisin dice, que fundada la representacin nacional en la base o principio de poblacin, y siendo sta heterognea en las provincias de Ultramar, ya no podra haber uniformidad de representantes donde los representados y sus intereses son tan varios.

PAGE 110

OBRAS 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ Si la variedad de stos destruye la uniformidad de los representantes, y si esta uniformidad es un requisito indispensable para la existencia de los congresos nacionales, bien deben cerrarse todos desde ahora, porque jams se encontrar ninguno que pueda reunir la uniformidad que busca la Comisin. Pues que hay en el mundo alguna sociedad que no est compuesta, no slo de intereses diversos, sino muchas veces contrarios? No se hallan en continuo conflicto las exigencias de una provincia con las necesidades de otra? No vemos en Espaa misma, que las Andalucas luchan por alcanzar privilegios que Catalua combate? Y lo que decimos de estas provincias, no podramos tambin aplicarlo a otras de la monarqua? Aun contrayndonos solamente a las opiniones polticas, puede haber alguna nacin que se componga de elementos ms heterogneos que la Espaa? No estn divididos sus hijos en bandos y parcialidades? No vemos, por una parte, esa falange espantosa de carlistas, y, por otra, el partido que se llama liberal marchando bajo distintas banderas, pues que unos quieren el Estatuto ya neto, ya revisado, otros aclaman la Constitucin de 1812, quienes se apellidan constitucionales reformados, quienes se intitulan republicanos o federalistas? Y una nacin que se encuentra en tal estado, podr elegir representantes uniformes y que no vengan animados de pasiones y sentimientos contrarios? Si, pues, no ha de haber representacin nacional, sino cuando haya uniformidad de representantes; y si sta no puede existir, donde los representantes y sus intereses son varios: menester es que la Comisin convenga en que desde ahora se disuelvan las actuales Cortes constituyentes, y que el pueblo espaol quede condenado a vivir bajo eterna servidumbre. Diversidad de intereses, y diversidad de representantes siempre ha de haberlos en las asambleas nacionales. No consiste, no, la homogeneidad de una poblacin en que todos tengan la piel de un mismo color. Cubiertos todos con ella, encierran en su corazn los afectos ms extraos y los intereses ms contradictorios: y esto acontece, no slo en los pueblos que empiezan a dar los primeros pasos en la carrera de la libertad, sino en los que han llegado ya al trmino de ella. La misma tolerancia religiosa que tantos males impide en el orden social, a veces no ha podido establecerse, sino haciendo derramar torrentes de sangre; y aun despus de cimentada, siempre produce tal divergencia de opiniones, que si bien no comprometen la tranquilidad pblica, por lo menos perturban con frecuencia el reposo interior de las familias. En medio de tantas discordancias polticas y religiosas, no sera posible reunir ningn congreso nacional, si los principios de la Comisin sirviesen de norma a los pueblos. Pero stos, cuanto ms libres y ms ilustrados, tanto ms se afanan en llamar a un centro comn todos los intereses y partidos a fin de conciliarlos y ponerlos en armona. Cul si no es la conduc-

PAGE 111

JOS ANTONIO SACO /105 /105 /105 /105 /105 ta admirable que nos ofrece la Gran Bretaa? No estn all en continua lucha los intereses agrcolas con los comerciales, y entrambos con los fabriles? No trabajan incesantemente, el partido tory por vencer al whig el whig al tory mientras que el radical quisiera anonadar a los dos para completar sus formas? No se halla la nacin dividida en sentimientos religiosos, siguiendo en general, el ingls la Iglesia episcopal el escocs la presbiteriana y el irlands la catlica ? Y pueblo de tal modo constituido, no se dir que est compuesto de representados y de intereses diversos ? Y porque lo est, dejan acaso de venir todos a reunirse en un grandioso Parlamento? Volvamos la vista a esa Francia nuestra vecina, y ella nos ensear que no solamente son varios sus intereses materiales, sino los polticos y religiosos; porque ni todos profesan el mismo culto, ni todos desean las mismas instituciones, ni menos quieren las mismas dinastas. Mas, dejan por eso de juntarse en la misma Cmara el catlico con el calvinista, el republicano con el monarquista, y el orleanista con el carlista? Qu nos muestra la Suiza, si no una confederacin de distintas sectas religiosas, y de principios democrticos, aristocrticos, y aun monrquicos, representados todos en una Dieta federal? Y si de aqu pasamos a la Alemania, no veremos en ella otra confederacin todava ms heterognea, pues a los diversos principios religiosos agrega casi todas las formas de gobierno desde la democracia hasta la autocracia? Pero no nos quedemos encerrados dentro de los lmites europeos. Atravesemos los mares, y buscando tambin algn ejemplo en los pases del Nuevo Mundo, descubriremos bajo la constelacin de Washington, un Congreso, que siendo el ms libre y el ms democrtico del orbe, es cabalmente uno de los que se componen de representantes menos uniformes La repblica del Norte de Amrica se puede considerar dividida en dos grandes fracciones: una hacia el norte y otra hacia el medioda. Aqulla es ms manufacturera que agrcola; sta, por el contrario, se halla casi exclusivamente dedicada al cultivo de sus campos. Aqulla consta de habitantes de raza blanca; sta, de personas de distintas clases y colores. Aqulla desconoce la esclavitud; sta nutre en su seno ms de 2 millones de seres que viven en tan triste condicin. A estos elementos heterogneos junta todava aquella repblica los que necesariamente produce la muchedumbre de sectas y cultos que en ella se profesan. Pues, este pas que se compone de principios tan contrarios en su poblacin, y en sus relaciones econmicas, polticas y religiosas; este pas se ve todo entero representado en un Congreso eminentemente nacional. Y cuando tan palpable ejemplo tenemos delante de los ojos, cuando otros semejantes hemos sacado de las naciones europeas, cuando ninguna sociedad, y mucho menos una sociedad libre puede subsistir sin estar combatida de varios y contrarios intereses, pretende la Comi-

PAGE 112

OBRAS 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ sin que los representantes sean uniformes y que sin este requisito ya no puedan congregarse en la Asamblea Nacional? Yo dejo a los imparciales la solucin de esta pregunta.IIIPara privar de diputados a los pases de Ultramar, fndase tambin la Comisin en que los blancos son los nicos que segn el artculo 29 de la Constitucin, deben computarse como base para la representacin nacional. Me complazco en que la Comisin busque el apoyo de sus argumentos en la autoridad del Cdigo de 1812; pero me complazco mucho ms en poderle preguntar: si tanta veneracin le merece esa ley fundamental: si de ella se quiere servir para justificar sus opiniones, por qu trastorno de principios se olvida y aun desprecia esa misma Constitucin en la parte relativa a los diputados de Ultramar? No rige todava como nica ley del Estado? No llama expresamente a los representantes de Amrica? Y si rige y los llama, por qu se les cierran las puertas que tan francamente les abre el mismo Cdigo que se invoca? Pero volviendo a la dificultad, preciso es reconocer que no se encuentra ningn enlace entre los principios que se sientan y la consecuencia que de ellos se deduce. Los prrafos 1 y 4 del artculo 5 de la Constitucin declaran como espaoles a todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Espaas y los hijos de stos, y los libertos desde que adquieren la libertad en las Espaas Segn este artculo no cabe duda en que todas las personas libres de cualquier origen que sean, son verdaderos espaoles; y como tales, obligados a contribuir con sus bienes y personas a las necesidades de la patria. Pero esta obligacin que contraen, al mismo tiempo les da el derecho de ser representados y defendidos en el Congreso Nacional, y, por consiguiente, de ser computados en la base de poblacin. Verdad es, que el artculo 29 excluy de ella a todos los que por ambas lneas no son originarios de los dominios espaoles ; mas, sta fue una de las graves injusticias que entonces se cometieron contra la Amrica. Temiose, que siendo su poblacin mayor que la de Espaa europea, el nmero de diputados ultramarinos diese la ley en la Asamblea Nacional y no pudiendo parar el golpe de otra manera, se decret la anomala, de que mientras en la Pennsula todos los espaoles se tomasen indistintamente como base de poblacin, en las provincias de Ultramar quedasen excluidos muchos espaoles a quienes esa misma Constitucin impuso cargas y obligaciones sagradas. De todo esto lo que se infiere es, que en lo sucesivo deben prevenirse los males que entonces se ocasionaron; pero no fundarse en ellos para causar otros nuevos.

PAGE 113

JOS ANTONIO SACO /107 /107 /107 /107 /107 Tmida y alarmada aparece la Comisin cuando nos dice, que en las provincias ultramarinas, toda la gente de color est excluida del derecho de representar y de ser representada Proponga la Comisin medidas justas y conciliadoras; no olvide la gran diferencia que hay entre los derechos polticos y derechos civiles o individuales ; no confunda las distintas ideas de representar y ser representado ; y entonces cesarn sus temores Por ventura piensa que los blancos de Ultramar se opondran a que todos los libres de color entrasen en la base de poblacin para el nombramiento de diputados? No reclamaron stos a favor de aqullos cuando pudieron hacerlo? Y no reclamaran tambin hoy si les fuese permitido? Lejos de haber desavenencias reinar en todos los habitantes de aquellas islas la ms estrecha concordia, pues en este punto, unos son los deseos, unos los intereses del blanco y del libre de color. Aqul ver con gusto que no se mengua la representacin de su patria; y ste sin votar, ni representar, tendr la satisfaccin de saber que no se le excluye del censo electoral. Si los legisladores de 1812 hubiesen estado menos preocupados sobre las cuestiones ultramarinas, pudieran haber seguido el ejemplo de un gran pueblo. En la repblica de Norteamrica, pas compuesto de varias castas, y donde la opinin les es menos favorable que en las islas espaolas, todos los libres de color se toman como base aun en los Estados en que absolutamente no se les concede ningn derecho poltico. Si la Comisin se limitara a proponer una ley especial para las elecciones de Ultramar, yo tambin me limitara a decir que esa ley no puede ser buena, porque confiada exclusivamente su formacin a los representantes de la Pennsula, stos, por ms ilustrados que sean, carecen de los conocimientos necesarios para proceder con acierto. Ellos saben que en aquellas islas hay una poblacin heterognea; pero su saber de aqu no pasa, pues ignoran la ndole de sus habitantes, no penetran la tendencia de sus inclinaciones, no comprenden la fuerza de las antipatas de las castas, ni menos perciben los resortes que se deben tocar para poner en armona las piezas de una mquina, que es sencilla cuando se conoce, complicada cuando no se entiende. Si a esto, repito, se limitara la Comisin, a buen seguro que yo pasase ms adelante: pero cuando nos anuncia peligros y trastornos en el acto solemne de las elecciones, ya columbro el triste porvenir que a mi patria se prepara. Ahora se presagian temores para despojarla de representacin en las Cortes generales; y maana los abultarn, para privarla tambin de la asamblea particular que en ella debe reunirse. Si los elementos heterogneos de su poblacin son un obstculo para el nombramiento de los cuatro o seis diputados que a la Pennsula pudieran venir, con cunta ms razn no lo sern para impedir las elecciones del considerable nmero de representantes que habran de componer el Consejo provincial cubano?

PAGE 114

OBRAS 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ sta es la terrible consecuencia que se deduce de los funestos principios de la Comisin; principios que debo combatir para que nunca sirvan de apoyo al sistema de tirana que se pretende en las regiones ultramarinas. En ningn gobierno libre se concede a todos los individuos que viven bajo su proteccin el derecho de nombrar representantes. Obsrvase, por el contrario, que es muy corto el nmero de electores, atendida la poblacin respectiva de cada Estado. Blgica tiene 4 000 000 de habitantes, mas, los electores solamente son 47 813; o sea, uno por cada 83 personas. En el Reino Unido de la Gran Bretaa e Irlanda cuya poblacin pasa de 24 millones, el cuerpo electoral, despus de haber recibido toda la extensin que le dio la reforma, ascendi en las ltimas elecciones a 813 936 miembros. En Francia que cuenta hoy con 33 millones de habitantes, el colegio electoral solamente se compone de 173 185 electores; esto es, uno por cada 192 individuos. No soy yo de aquellos que aprueban tanta restriccin en una nacin como la de Francia; pero por mucha amplitud que se d siempre quedarn privados del derecho de votar una muchedumbre de franceses. Y si esto sucede en naciones de poblacin homognea, y donde por lo mismo pudieran ser ms temibles las aspiraciones de las numerosas clases excluidas, por qu se barruntan y exageran peligros en pases donde las leyes, la educacin, y el transcurso de ms de tres siglos, han sancionado notables diferencias entre los hombres de distintas razas? A quin ser ms repugnante soportar la privacin de los derechos polticos, a un ingls o a un francs que por tantos ttulos se puede considerar semejante al resto de sus compatriotas, o a un negro infeliz, que desde que naci y empez a crecer, siempre oy decir que era inferior al blanco, y a quien todas las circunstancias de su vida nunca le han inspirado sino sentimientos de respeto y profunda sumisin? Ni cmo podra de otra manera explicarse el fenmeno que presenta la Confederacin Norteamericana, dando, por una parte, a los principios liberales el ms completo desarrollo, y circunscribiendo, por otra, en algunos Estados los derechos polticos a slo la raza blanca? Y qu no podremos tambin sacar ejemplos de las mismas provincias de Ultramar? No priv la Constitucin de 1812 a todas las castas de voz activa y pasiva? No se plante ese Cdigo en todas aquellas islas? No se hicieron en los dos perodos que rigi, todas la elecciones de diputados, alcaldes y regidores? Y esa poblacin de color a la que ahora se afecta tanta temer, caus algunas convulsiones, a pesar del libertinaje electoral que autorizaba la Constitucin? Comprometi alguna vez el orden y el reposo pblico? Tram alguna conspiracin, o reclam siquiera ni aun sordamente lo que ahora aterra a la Comisin? Si peligros pudiera haber, mayores sin duda los hubo en las dos pocas de 1812 a 1814, y de 1820 a

PAGE 115

JOS ANTONIO SACO /109 /109 /109 /109 /109 1823. Pero si la paz rein entonces, por qu se ha de alterar en un tiempo en que todo conspira a afianzarla y hacerla ms duradera? Brille, pues, la libertad, brille sobre el horizonte cubano; huyan a su aspecto las sombras de la maldad, y enjugadas las lgrimas que hoy se vierten, puedan aquellos tristes moradores mirar con ojos serenos la nueva estrella que los gue. Difunda por todas partes sus rayos consoladores; almbreles el camino por donde deben marchar, y disipando tinieblas, y desterrando preocupaciones, da vendr en que lleguen a adquirir las ideas y los hbitos de una justa tolerancia. Pero hablis, as me dicen algunos, y entre ellos el seor Sancho,1hablis de tolerancia y libertad en un pas de esclavitud? Si queris ser libres, dejad de tener esclavos; pero si stos queris conservar, renunciad a la libertad. Tales son los ecos que la inexperiencia de unos y la mala fe de otros repiten incesantemente. Rasguemos, pues, con mano firme el velo que oculta esa fantasma aterradora y acercndonos a ella, veamos si es tan horrible, que retrocedamos espantados de su fealdad. La libertad como todos saben, es civil o poltica La primera, que es la que realmente constituye la felicidad de los pueblos, consiste en el respeto sagrado a la propiedad, en la inviolable seguridad de las personas, y en la pacfica posesin de los dems derechos individuales. Y ser posible, que por tener esclavos, esclavos que el mismo gobierno nos introdujo y nos forz comprar, puesto que dej perecer la raza inocente que poblaba aquella Isla, y nunca ha procurado fomentar la importacin de hombres libres, ser posible que por eso queden nuestros bienes entregados al capricho o a la rapacidad de cualquier mandarn que no quiera respetarlos; se envenene nuestra tierra con el contagio que derraman los espas y delatores; se nos hunda sin motivo ni sospecha en lbregos calabozos; se nos condene sin frmulas ni trmites judiciales; y se nos arranque de los brazos de la patria sin acusarnos ni ornos? Pues tal es la desesperada situacin a que nos ha reducido un gobierno que se llama paternal, y que parece que en Europa no invoca la libertad, sino para hacer ms amarga y dolorosa la suerte de los americanos. La libertad poltica que en rigor no es ms que el medio de asegurar la verdadera libertad, estriba en la dispensacin de los derechos polticos Y se nos privar tambin de ellos porque hay esclavos en Cuba? Esos derechos consisten en poder ser miembro de las asambleas, 1Yo pienso contestar al discurso que pronunci el seor Argelles en defensa del dictamen de la Comisin. Entonces tambin refutar detenidamente al seor Sancho; pero desde ahora no puedo menos de contraerme a la parte de su impoltica y desconcertada arenga en que habla de los esclavos de Cuba y de la Revolucin de Santo Domingo. Esto escrib en 1836; pero deseando que mi contestacin alcanzase, no slo a los seores Sancho y Argelles, sino a otros muchos, publiqu el paralelo que ms adelante insertar.

PAGE 116

OBRAS 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ corporaciones y tribunales; en la aptitud para desempear otras funciones pblicas; y en concurrir a la eleccin de esas asambleas, corporaciones o autoridades. A pesar del despotismo que desde los tiempos de la conquista pes sobre las provincias americanas, se trasplantaron a ellas algunas de las instituciones de Castilla; y la necesidad misma de mantener ese despotismo arranc de los monarcas la concesin de ciertos derechos polticos. As fue, que establecidos los ayuntamientos, diose a sus miembros la facultad de hacer varios nombramientos, reservando a la raza blanca el privilegio exclusivo de servir todos los oficios y empleos pblicos. No es, pues, una novedad la que ahora se propone introducir, ni menos se viene con ella a alarmar a los esclavos: trtase solamente de ensanchar la esfera de unos derechos que de muy antiguo existen, destruyendo el odioso monopolio que hasta aqu se ha conservado. Si a la vista de un esclavo son peligrosas las concesiones polticas hechas a favor de cierto nmero de blancos, extnganse todas desde luego, y desaparezcan de una vez esos perniciosos ejemplos. A tan absurda consecuencia nos arrastran los falsos principios que se proclaman, no para bien gobernar, s slo para oprimir. Fueran fundados esos temores, sus efectos seran ms trascendentales con respecto a la raza blanca; porque no siendo posible concederle a toda ella los derechos polticos, siempre existir una notable diferencia en los individuos de esa misma clase; pero diferencia que, siguiendo las ideas de la Comisin, causar disgustos y altercados entre las personas excluidas, y so pretexto de que no comprometan la tranquilidad pblica, se llegar al extremo de negar tambin los privilegios polticos a todos los blancos. De esta manera, toda la poblacin cubana quedar reducida al mismo nivel; y la Comisin podr blasonar de haber establecido en Cuba la ms funesta igualdad. Mas, la influencia de esos ejemplos ser tanto menos perniciosa, cuanto menos se desenvuelvan los principios polticos. Ved aqu el lenguaje seductor con que se pretende adormecer a los incautos, y desalentar a los buenos: mas, para despertar a los primeros, y reanimar a los segundos, es preciso hacer algunas reflexiones. La gran mayora de los esclavos de Cuba est destinada a los campos, y de este nmero apenas hay uno que no sea africano. Pertenecientes a tribus que poseen distintos idiomas; animados entre s de ideas diferentes, y aun preocupaciones contrarias; nacidos y criados en pases despticos, y destituidos por lo mismo de todo principio de libertad poltica; trasladados despus a Cuba, y reducidos a un estrecho aislamiento dentro de las fincas en que viven; ignorando muchos la lengua que all se estila, dndose otros a entender en una mezcolanza de palabras mal articuladas; y sin saber ninguno leer ni escribir: semejantes hombres no estn al alcance de los acontecimientos polticos de los pueblos, ni menos se hallan en circuns-

PAGE 117

JOS ANTONIO SACO /111 /111 /111 /111 /111 tancias de apreciar los grados de ms o menos libertad que a los cubanos puedan concederse. Ridculo sera pensar, que esos desvalidos africanos se pusiesen a rumiar proyectos revolucionarios, y nada menos que arrastrados por la ambicin de ser o nombrar diputados, alcaldes o regidores. Si algn plan pudieran concebir, si algn deseo pudieran tener, nunca sera otro que el de salir del cautiverio en que yacen; y como en l han de permanecer, ora se concedan, ora se nieguen a los blancos los derechos polticos, la privacin de stos no se endereza a remover el fatal ejemplo que pudiera darse a los esclavos, sino a sofocar la libertad entre los mismos blancos. A poco que se medite sobre la situacin de Cuba y Puerto Rico, muy pronto se palparn las gravsimas dificultades que hay para que los esclavos acometan la arriesgada empresa que se les supone. La poblacin blanca de Cuba es mucho mayor que la de todas las islas del archipilago de las Antillas; y aunque inferior al nmero de esclavos que contiene, la diferencia es muy pequea. En Puerto Rico, la balanza se inclina casi toda hacia los blancos, pues segn el censo de 1834 se cuentan 160 000 para menos de 38 000 esclavos. Pero no es la poblacin relativa lo que nicamente favorece a los cubanos y portorriqueos. Favorcelos el saber y la riqueza y todos los grandes recursos que de estas fuentes se derivan. Favorcelos el ejrcito y la marina de que pueden disponer, y las plazas y castillos que ocupan. Favorcelos, en fin, la ignorancia, la pobreza, el aislamiento, y aun la misma degradacin poltica y moral de los esclavos. Trabajo me cuesta pronunciar estas verdades: lamentables son sus causas; pero tan poderosa su influencia, que por muchos siglos gimieron los pueblos europeos bajo el sistema feudal, sin que hubiesen conspirado contra sus seores; y si al fin empezaron a alzarse de su largo abatimiento, no fue sino despus que las luces penetraron en las masas de los siervos, y stos fueron adquiriendo algunas propiedades. Nunca ha sido la crueldad el ominoso distintivo de la esclavitud en las islas espaolas; y al contemplar los progresos que la filantropa ha hecho en aquellos pases, el corazn de un cubano se llena de esperanza y de consuelo. La dureza con que algunos trataban a sus esclavos, ha ido desapareciendo; y los sentimientos de humanidad combinados con las voces del inters, presentan un porvenir halageo. Manejados con dulzura los esclavos, ya se rompe la palanca principal en que pudieran apoyar su levantamiento, pues a ellos les impele, ms la desesperacin, que los deseos de salir de un blando cautiverio. Esclavos hubo en la antigua Roma; pero mientras sus amos no fueron crueles, ellos tampoco conspiraron. Esclavos hubo en la famosa Atenas; pero tratados con suavidad, jams turbaron la paz de la repblica. Y ya que sin pensarlo me hallo en los dos pueblos ms clebres de la venerable antigedad, los invocar para probar, que entre el ruido de las cadenas y los alaridos de

PAGE 118

OBRAS 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ la esclavitud, bien pueden levantarse altares, y rendir adoraciones a la libertad. Tributbasele en Grecia un culto puro y solemne: los ciudadanos de aquella repblica quemaban incienso sobre sus aras; pero la prodigiosa muchedumbre de sus esclavos no se mezclaba en tan augustas ceremonias. Los polticos y los filsofos de aquellos tiempos nunca pensaron que la esclavitud en que yaca una parte de los griegos, sirviese de fundamento para condenar a los dems a la misma condicin. Por el contrario, el profundo Aristteles deca, que las cadenas que arrastraban los esclavos griegos, eran el estmulo ms poderoso para conservar y defender la libertad de la Grecia. La soberbia Roma estaba tambin plagada de esclavos; la llama, empero, de la libertad arda en el pecho de sus valientes ciudadanos; y como traidor hubiera perecido a manos del pueblo, el orador insensato que hubiese osado proponer, que se quebrantasen las tablas en que estaban escritos los derechos de la ciudad eterna. Y no dejar pasar en silencio dos observaciones importantes que aqu me ocurren. Es la primera, que los esclavos de aquellas repblicas no llevaban en su frente una marca caracterstica del estado en que vivan. Vestidos de la misma piel, y hablando la misma lengua que sus amos; recibiendo muchos una educacin cientfica y literaria, ya para realzar su valor en el mercado, ya para halagar la vanidad de sus seores; y a veces excediendo a stos en talentos e ilustracin, pues la historia nos presenta un Phedro, un Esopo y un Terencio; los esclavos griegos y romanos tenan grandes medios para conspirar e infundir continuas alarmas en el corazn de aquellas repblicas; mas, no por eso concibieron los legisladores de Grecia y Roma el fatal proyecto de reducir a esclavitud poltica a los libres ciudadanos. Es la segunda, que desconocido en aquellos tiempos el sistema representativo, todos los ciudadanos se juntaban a tratar de los asuntos pblicos; y ponindose en accin todos los resortes de la intriga y los esfuerzos de la elocuencia, se abra una ancha liza, donde la turbulencia del pueblo y la furia de los demagogos ms de una vez comprometieron la existencia de su patria. Y si en medio de tan agitados elementos, y de ser los esclavos ms numerosos que los ciudadanos, la esclavitud se conserv, deber temerse hoy, que establecido el rgimen representativo, y cerrada ya la puerta a los violentos debates que conmovieron y desquiciaron aquellas naciones, deber temerse, repito, que la libertad perezca en pueblos cuyas circunstancias son tan diferentes, y que todas propenden a mantenerla y fomentarla? El ejemplo de los pases modernos que tienen una poblacin semejante a la de Cuba y Puerto Rico, es el testimonio ms irrefragable de esta verdad. La nacin ms libre de la tierra, la gran Repblica de los Estados Unidos de Norteamrica, nos presenta, al lado de sus institu-

PAGE 119

JOS ANTONIO SACO /113 /113 /113 /113 /113 ciones admirables, el triste cuadro de la esclavitud domstica. Y no se diga que el homenaje que all se rinde a la libertad, es porque el nmero de sus esclavos sea muy reducido. Muy bien pasa de 2 millones; y cuando se tiende la vista sobre el mapa, entonces se conoce que todos ellos estn reconcentrados en cierto espacio de la repblica; y que en algunos Estados, los habitantes de color rivalizan y aun exceden a los blancos. Menos que aqullos eran stos en Virginia en 1740; mas, no por eso careci de instituciones liberales. De entonces ac se han aumentado los blancos relativamente; pero aunque en 1830 llegaron a 694 300, todava la poblacin de color era de 517 105 almas. El estado de Misisipi tuvo en 1830, 70 443 blancos, y 66 718 de color. La Carolina del Sud contaba en 1740 un nmero de esclavos triple al de los blancos. En 1763, stos eran 40 000 y los negros 90 000; y aun en 1830 los blancos ascendan a 257 863, y la gente de color, a 323 322. sta tambin es mayor en la Luisiana, porque elevndose a 126 298, los blancos solamente son 89 441. Vase, pues, claramente cmo pases que disfrutan de la ms extensa libertad poltica y religiosa, tienen, sin embargo, una poblacin de color ms numerosa que la blanca. Pero estrechemos ms las distancias, y pasemos a considerar las colonias inglesas en el mismo archipilago de las Antillas. Regidas estn por un gobierno liberal, y en casi todas se congrega anualmente una asamblea legislativa nombrada por el pueblo, sin que la gente de color haya tomado nunca parte en su formacin. La prensa no est sujeta a trabas ni censura; y no slo es libre como en Inglaterra, sino que est exenta de ciertas cargas que sufre en la metrpoli. Para hacer ms patente el punto que estoy demostrando, muy importante ser enumerar la poblacin blanca y de color de esas colonias, pues as aparecer la enorme diferencia que hay entre ellas y Cuba y Puerto Rico. Y como el establecimiento de las asambleas anglo-coloniales no es de fecha reciente, dar ms fuerza a mis razones, citando siempre que pueda, no los ltimos censos de esas islas, sino otros formados en aos anteriores. PoblacinProporcin entre AosBlancosde colorblancos y de color —————————————————— Jamaica1817 35,0002375 0001 por ms de 10 Antigua17741 59037 8081 por ms de 23 18281 98033 9051 por ms de 17 2ste es el mximun exagerado de la poblacin blanca, pues muchos creen, que solamente llegaban a 30 000.

PAGE 120

OBRAS 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ Tabago180590015 8831 por ms de 17 183045013 7191 por ms de 30 Barbadas1786 16 16762 9531 por ms de 3 183212 80088 0841 por casi 7 S. Cristbal18261 61021 8811 por ms de 13 Bahamas18314 500 12 0001 por casi 3 Dominica17881 23615 4121 por ms de 12 1831 84020 0001 por ms de 23 Monserrate17911 30010 0001 por ms de 7 18283157 0651 por ms de 22 San Vicente18121 05326 4021 por ms de 25 18251 30126 6041 por ms de 20 Granada 1827383428 3341 por ms de 33 El estado que precede demuestra, evidentemente, que las colonias inglesas, teniendo una poblacin de color que comparada con los blancos es muchsimo ms numerosa que la de Cuba y Puerto Rico, gozan, sin embargo, de las ventajas de un gobierno liberal. Y cuando este espectculo hiere incesantemente todos nuestros sentidos, qu razones se podra alegar para que en las provincias hispano-ultramarinas, no se establezcan instituciones semejantes? Si de ellas pudieran nacer algunos riesgos, infinitamente mayores habran sido en las colonias inglesas, no tanto por la enorme desigualdad entre los nmeros de su poblacin heterognea, sino porque habindose abolido en ellas el comercio africano desde 1807, todos los esclavos existentes hoy, o que por lo menos han existido hasta 1834, son o criollos, o de tan larga residencia en las islas, que bien pueden reputarse como tales. Esta consideracin es de gran momento, negros que se hallan en este estado, tienen muchos ms recursos para cualquier proyecto revolucionario que los africanos de Cuba y Puerto Rico. Alejndonos de las Antillas, y pisando otra vez el continente americano, avancemos hasta el Brasil, y saquemos de l uno de los argumentos que ms corroboran nuestras ideas. Renunciar a la ventaja que pudieran darme los altos nmeros de la poblacin esclava, representa3A fines del siglo pasado la proporcin era mayor.

PAGE 121

JOS ANTONIO SACO /115 /115 /115 /115 /115 da en los ltimos censos de aquel imperio; y retrocediendo a buscar los que se hicieron en 1816 y 1817, por ser stos los aos en que all empezaron a bramar las tempestades polticas, me atendr a sus cifras, a pesar de que son ms bajas que las primeras. Hubo entonces, 843 000 blancos, 585 500 negros y mulatos libres, y 1 930 000 esclavos: es decir, que toda la gente de color ascendi a 2 515 500; suma que comparada con los blancos da la proporcin de casi 3 a 1. Regstrense ahora los ltimos padrones de Cuba y Puerto Rico, elvese su poblacin cuanto se quiera, tmese tambin en cuenta el aumento que haya tenido hasta el da; el resultado verdadero siempre ser, que en Cuba, la relacin entre los blancos y la gente de color no es ni aun de 1 a 2; y que en Puerto Rico, los nmeros relativos de ambas clases son casi iguales. Si pues, en concepto de la Comisin, el sistema de esclavitud domstica es incompatible con un gobierno libre, cmo es que ste se ha planteado en un pas, donde proporcionalmente hay ms esclavos que en las islas espaolas? Cmo es que el Brasil est regido por una constitucin quizs ms democrtica que la de todas las monarquas europeas? Ni es esta la nica leccin importante que nos da ese opulento imperio. Otra, todava ms favorable a la raza blanca, nos ofrecen sus mismas revoluciones. Sublevose Pernambuco en 1817 con el objeto de derrocar el gobierno monrquico, y de establecer una repblica en las provincias del norte. La nacin entera experiment en 1821 una violenta conmocin, cortando los lazos polticos que la ligaban con la metrpoli, y declarndose imperio independiente. Trbanse a pocos aos las amistosas relaciones que mediaban entre l y la repblica Argentina, y ambos Estados entran en una guerra prolongada y desastrosa. Celbranse las paces; despjase el horizonte; mas, a poco tiempo se levanta un nuevo torbellino, y envuelto en l el emperador reinante, es arrebatado del trono en que se hallaba. Pero en medio de tantos trastornos provocados ya por enemigos externos, ya por partidos internos, ni los esclavos han perecido, ni la agricultura se ha arruinado, ni los blancos han perdido los derechos civiles y polticos a su favor consignados en la libre Constitucin del imperio. Y despus de tantos y tan claros ejemplos como llevo manifestados, habr en lo adelante quien se atreva a sostener que en las islas de Cuba y Puerto Rico no puede establecerse un gobierno liberal, porque son heterogneos los elementos de su poblacin? Y qu excusa podr, alegar respecto de las islas Filipinas, en las que no se conoce la esclavitud de los negros? Si la existencia de stos es la causa de negar a Cuba y Puerto Rico los beneficios de la libertad poltica y civil, por qu no se conceden entonces a las islas Filipinas? Ser porque en ellas hay blancos, chinos y otras castas? Efugios nunca faltarn para esclavizar aquellos pueblos; mas, para esto no hay necesidad de alegar razones: basta apelar al derecho del ms fuerte, y la cuestin queda terminada.

PAGE 122

OBRAS 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ A todas horas se nos cita, y a la cabeza de los citadores el seor Sancho, el formidable ejemplo de Santo Domingo. No participo yo de ese terror, as como tampoco participan de l muchos de los mismos que afectan tenerle; pues tanto ellos como yo estamos ntimamente persuadidos a que un gobierno liberal en Cuba, lejos de poder renovar las calamidades de Santo Domingo, ser el medio ms seguro para preservarla de semejante catstrofe. No basta decir que en la isla espaola hubo una revolucin de negros; no basta proclamar que esta revolucin envolvi la ruina de los blancos y la de tan preciosa Antilla: preciso es subir a las causas que la produjeron y a las circunstancias que la facilitaron; y cuando stas y aqullas se mediten, al punto se conocer lo mucho que difiere Santo Domingo de Cuba. Hagamos, pues, un paralelo entre una y otra isla, o mejor dicho, entre Cuba y la parte francesa de Santo Domingo, porque sta fue la nica que sirvi de teatro a las escenas sangrientas que all se representaron. Al estallar la revolucin, Santo Domingo solamente contaba la muy escasa poblacin de 30 000 blancos. Cuba, aun limitndose al censo de 1827, tena entonces ms de 311 000. Santo Domingo encerraba en tan corto espacio ms de 500 000 negros. En Cuba, segn el mismo censo, toda la gente de color no lleg a 400 000 almas. En los diez aos anteriores a tan funesto trastorno, Santo Domingo haba recibido 200 000 koromantynos de la Costa de Oro, negros de un carcter enfurecido y feroz. Cuba afortunadamente no tiene que luchar con tales enemigos. Mucho antes de empezar la Revolucin Francesa, se hallaban en Pars muchos negros y mulatos libres, y algunos recibiendo una brillante educacin; mientras que la condicin de los residentes en Santo Domingo era demasiado humillante. En Cuba, los individuos de igual clase, no viajan por pases extranjeros, ni se educan en colegios europeos, estn exentos de muchas cargas y vejaciones de las colonias francesas, y gozan del aprecio y consideracin de los blancos. En Santo Domingo, los esclavos eran cruelmente tratados; mas, en Cuba no se ve el espectculo de las atrocidades que en aquella isla se cometan; y la esclavitud urbana ofrece entre nosotros con frecuencia el cuadro menos infeliz a que pueden estar reducidos los que viven bajo el cautiverio. En Francia reinaban entonces fuertes preocupaciones contra los blancos de las islas francesas. Por tener esclavos, se les mir como enemigos de la libertad y partidarios del despotismo; y para destruirles en todos los puntos de la nacin francesa, trabajose por extender la revolucin hasta los puntos remotos de las colonias. La Sociedad intitulada Amigos de los Negros compuesta de muchos hombres de influencia y de talento, se puso en ntima relacin con los negros y mulatos libres de Santo Domingo; hizo crujir la prensa contra los colonos blancos; pidi la igualdad de derechos; clam por la inmediata abolicin de la esclavitud; y la Asam-

PAGE 123

JOS ANTONIO SACO /117 /117 /117 /117 /117 blea Nacional, de que eran miembros algunos de esa Sociedad, arrastrada por el torrente revolucionario, pronunci, al fin, el terrible decreto de 15 de mayo de 1791. A poco tiempo conoci su error; pero cuando quiso volver sobre sus pasos, ya era muy tarde. La isla estaba minada por los revolucionarios de la misma Francia; y los blancos divididos entre s, y hacindose la guerra con las armas en la mano, ya no era posible que resistiesen al inmenso nmero de negros acaudillados y sostenidos por los republicanos franceses, y aun quizs por los sordos manejos de alguna potencia extranjera. Mas, en qu se parece esta situacin a la de Cuba? Sancion la Constitucin de 1812 esa funesta igualdad? Existieron o existen aquende ni allende Sociedades de ninguna especie para atizar la discordia entre los habitantes de distintas razas? Hanse enviados agentes o emisarios para que conmuevan la firmeza de aquel suelo, y tian sus campos con la sangre de sus moradores? Desegamonos, y convengamos en que las circunstancias de Cuba y Santo Domingo son muy diferentes, y que la prdida de esta isla fue ocasionada, no por el espritu revolucionario de los negros, sino por los esfuerzos de los blancos, que excitndolos a la rebelin, los armaron y convirtieron en instrumento de sus proyectos. Tan cierto es que estas causas fueron las que acarrearon la prdida de Santo Domingo, que, a pesar de las conmociones que hubo por el mismo tiempo en las dems colonias francesas, ninguna cay en poder de los negros. La isla Mauricio, llamada tambin de Francia, luego que recibi en 1789 la noticia de la revolucin de la metrpoli, depuso las autoridades, nombr otras nuevas, procedi a las elecciones de diputados, e instal una Asamblea colonial compuesta de 51 miembros. Dividironse los blancos, formronse partidos, la tropa tom parte en estos movimientos, ya a favor de unos, ya en contra de otros, prolongose por algunos aos la lucha y la agona; pero entre tantos sacudimientos, y sin embargo de haber 53 000 negros para 6 000 blancos escasos, los esclavos jams se levantaron. Si Santo Domingo da una leccin de dolor, la isla Mauricio nos da otra de consuelo. Los que estudien aqulla, tambin es menester que aprenda sta. A los blancos, pues, a los blancos es a quienes yo temo y debe temer todo hombre que contemple la marcha poltica que se sigue en los negocios de Cuba. La Comisin y el gobierno se han colocado en una posicin muy falsa. Dicen que por temor a los negros es menester esclavizar a los blancos; pero no reparan que stos son los menos dispuestos a soportar el yugo que se les impone; y que para sacudirlo, no slo apelarn a los grandes recursos que tienen entre sus manos, sino que en caso necesario buscarn auxiliares, que a la menor seal vendrn a darles apoyo. Si por ambas partes se tropieza con dificultades, dificultades que slo existen en la imaginacin de los ilusos y en la mente de los opreso-

PAGE 124

OBRAS 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ res, la prudencia aconseja que se tome el rumbo menos incierto; pero cerrar los ojos, y lanzarse a la ventura por la senda ms fragosa, es correr a un precipicio inevitable. No es paradoja, sino verdad, que en igualdad de circunstancias, los pases en que hay esclavos, tienen en ms alta estima la libertad que aquellos en que no existen. Cuando son libres todos los individuos de un Estado, la libertad no es para ellos ms que un derecho; pero cuando la sociedad se compone de esclavos y de amos, la libertad es para stos no slo un derecho, sino un rango, un privilegio, y si se quiere hasta un ttulo de vanidad. Jzganse elevados a una esfera muy superior, y mirando con orgulloso desdn a los seres esclavizados, aman la libertad como el noble distintivo que los aleja de tan humillante condicin. Por esto es, que tanto en las Antillas, como en otros pases donde hay esclavos, los blancos forman una sola clase, cuyos miembros todos se consideran iguales entre s; y este sentimiento que est profundamente grabado en su pecho, es el garante ms firme de su amor a la libertad.IVDice la Comisin, que no siendo iguales los nmeros de la poblacin heterognea de Cuba y Puerto Rico, ya los elementos de esa misma poblacin entre las dos islas son muy desemejantes, y, por consiguiente, tambin lo son los elementos de la existencia civil y poltica de una y otra posesin. A no ver estampadas estas ideas en el dictamen, yo nunca habra podido persuadirme a que hubiesen salido del entendimiento de sus autores. Cules son los elementos de la poblacin de Cuba? Blancos, libres de color y esclavos. Cules son los de Puerto Rico? Blancos, libres de color y esclavos. Luego, son los mismos: luego, no son desemejantes, como afirma la Comisin. Nunca deben confundirse los elementos de una cosa con la cantidad o proporcin en que stos la constituyen; y casos innumerables pudiera traer de que tanto en el orden fsico como en el moral, las cantidades o proporciones pueden ser muy variables, sin que por eso sean diferentes los elementos o principios que la forman. Omitirelos, sin embargo, en obsequio de la brevedad; pero quede entendido de aqu en adelante, que los elementos de la poblacin de Cuba y Puerto Rico son semejantes y muy semejantes y que la nica diferencia consiste en la diversa cantidad o proporcin en que entran a componer la poblacin de ambas islas. Pero la Comisin dice tambin, que los elementos de la existencia civil y poltica de Cuba y Puerto Rico son desemejantes y que lo son, porque tambin son desemejantes los elementos de poblacin entre las dos islas. Yo acabo de probar que esta idea es falsa; luego, igualmente lo

PAGE 125

JOS ANTONIO SACO /119 /119 /119 /119 /119 es la consecuencia que de ella se deduce, y asimismo lo sern todas las dems que puedan sacarse con el fin de establecer en Cuba un sistema de gobierno diferente del de Puerto Rico. Yo celebro el tino previsor de la Comisin, pues si acaso los portorriqueos dieren en la mana de sostener la Constitucin que han jurado u otra cualquiera que en Espaa se establezca, es muy acertada poltica el ir haciendo desde ahora esas indicaciones.VSupone la Comisin, que ni en la renovacin peridica ni en la accidental del Congreso, los diputados de Ultramar podrn concurrir a l oportunamente por la distancia que los separa. Que disueltas las Cortes por el gobierno, y hecha una nueva convocatoria, los representantes de Ultramar, particularmente los de Filipinas, no pueden venir a tiempo al nuevo Congreso reunido; dificultad es que no tratar de combatir. Pero no dir lo mismo respecto de la renovacin peridica, y mucho menos cuando se contrae a Cuba y Puerto Rico. Impidi la distancia que en las anteriores pocas constitucionales los diputados de esas islas se presentasen oportunamente en las Cortes? Y no se responda que entonces stas deban congregarse en determinado da, y que en lo sucesivo no ser as, porque el tiempo de su reunin se deja ahora por la nueva ley fundamental al arbitrio del gobierno. Aunque es cierto que se le concede esta facultad, no es de esperar que use de ella caprichosamente. Procurar siempre arreglarse a las necesidades de la nacin combinadas con la comodidad de los diputados; y esta combinacin producir tal equilibrio, que las Cortes, con la diferencia de pocos das, o a lo ms de un mes o dos, se juntarn anualmente a una poca sealada. As acontece en Francia y en Inglaterra, donde el poder ejecutivo es el que nicamente designa el da en que las Cmaras y el Parlamento han de reunirse. Y si esto ha de ser tambin en Espaa, qu inconvenientes hay, en que las elecciones se hagan en Cuba y Puerto Rico cuatro o seis meses antes del tiempo que probablemente se haya de juntar el Congreso? Qu embarazos hay, en que con tantas comunicaciones como existen entre aquellas islas y la Europa, sus diputados vengan no slo oportunamente, sino con sobrada anticipacin? Yo no encuentro inconvenientes ni embarazos, y al confesar que no los encuentro, no es porque est empeado en que los representantes ultramarinos tomen asiento en las Cortes generales, sino porque deseo manifestar que este argumento de la Comisin es enteramente infundado. Si ella, al negarnos representacin ac en el Congreso de Espaa, no hubiese sido tampoco generosa con los pases de Ultramar, mi pluma no habra trazado ni un solo rasgo en refutacin de este error; pero cuando aqu se nos lanza de la Asamblea Nacional, y en compensacin no se da

PAGE 126

OBRAS 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ otra cosa a nuestra patria que el nombre falaz de provincia con todos los formidables atributos de una colonia brutalmente esclavizada, el honor y el deber nos imponen la sagrada obligacin de denunciar tan violentas injusticias. VIEmpeada la Comisin en amontonar dificultades sobre la venida de los diputados de Ultramar, carga la mano sobre los de Filipinas, afirmando que ya se tuvo una prueba de esto publicada la Constitucin y convocadas las Cortes en 1820, en cuyo perodo tocando a las islas Filipinas 32 o 34 diputados, con arreglo al artculo 31 de la Constitucin, que designa uno por cada 70 000 almas, slo eligieron cuatro. Grande es la sorpresa que me causa este lenguaje en boca de una Comisin tan esclarecida. Es posible que sus dignos miembros aseguren que a las Filipinas correspondieron 32 o 34 diputados en las Cortes de 1820? Es posible que para dar fuerza a su asercin, invoquen la respetable autoridad del Cdigo de Cdiz? Pues no fue este mismo Cdigo el que mutil la representacin de las provincias ultramarinas echando fuera del censo electoral a todos los que por ambas lneas no fuesen de origen espaol ? Y con este golpe, no quedaron las Filipinas reducidas a una estrechsima base en la eleccin de sus diputados? Atendida su poblacin, bien les hubiera tocado el nmero que dice la Comisin; pero se parti de otros principios, y en vez de 32 o 34 representantes, la ley solamente les dio cuatro, y no ms que cuatro. Si pues stos fueron los nicos que se les permiti nombrar; por qu se les forma un cargo de no haber elegido el nmero que no pudieron elegir? Hombres tan sealados como los que componen la Comisin, jams deben presentarse ante un Congreso con armas tan impropias de su hidalgo proceder.VIIAsegura la Comisin, que el extraordinario aumento de riqueza y poblacin de la isla de Cuba en los ltimos 60 aos, darn en todo tiempo un insigne testimonio del cuidadoso progreso con que ha sido gobernada. Tres ideas diferentes envuelven este perodo. 1 Aumento extraordinario de riqueza. 2 Aumento extraordinario de poblacin. 3 Si caso de ser sta y aqulla tan extraordinarias como se pondera, su incremento proviene del cuidado y esmero del gobierno. En cuanto a la riqueza en los ltimos 60 aos, la Comisin apenas la acaba de recomendar, cuando en el mismo prrafo cae en una grosera contradiccin. Oigmosla: “y como por otra parte, y para abreviar, apa-

PAGE 127

JOS ANTONIO SACO /121 /121 /121 /121 /121 rece que HASTA PRINCIPIOS DE ESTE SIGLO fueron sostenidas las cargas de la isla de Cuba con un situado de 700 000 pesos anuales que se le enviaban de Mjico”. En estas palabras confiesa la Comisin, que la isla de Cuba necesit del situado de Mjico hasta principios de este siglo. sta es una verdad. Pero si lo es, cmo se combina ese aumento extraordinario de riqueza en los ltimos 60 aos con el hecho positivo de que hasta principios de este siglo estuvo recibiendo un situado? Podr llamarse rica, y rica extraordinariamente, una isla que carece de recursos propios, y que para cubrir sus necesidades tiene que apelar a socorros ajenos? Pues tal fue la condicin de Cuba durante una serie de aos, en los cuales la Comisin la supone extraordinariamente rica. Que hoy lo sea, o no lo sea: que a sus riquezas se d o no se d la conveniente inversin; puntos sern que discutir por separado. Mi objeto no es otro ahora, que manifestar la contradiccin en que ha cado la Comisin, sosteniendo, por una parte, que Cuba ha tenido un aumento extraordinario de riqueza en los ltimos 60 aos, mientras, por otra, confiesa, que fue tan pobre hasta principios de este siglo, que no contaba con recursos para llenar sus atenciones. Reservar tambin para otro papel el examinar si estos aumentos extraordinarios de riqueza y poblacin proceden del cuidado de un gobierno paternal, porque aqu quiero limitarme a deshacer el error de la Comisin, cuando afirma a boca llena y hasta con aire de triunfo, que el aumento de la poblacin cubana ha sido tan extraordinario en los ltimos 60 aos, que difcilmente ha tenido igual en ningn tiempo y en ninguna nacin ya sea continental o bien ultramarina ”. Si no temiera en incurrir en la nota de minucioso, no dejara de reparar en la impropiedad de estas ltimas palabras, pues bien claro dan a entender que en Ultramar no existe ninguna nacin continental, y que la geografa solamente ha reservado este nombre a los pases del antiguo mundo. Mas, sea lo que fuere de esta inexactitud geogrfica, volver mi atencin al asunto principal, demostrando hasta la evidencia, que eso que la Comisin ha juzgado tan difcil, es muy fcil de encontrar, no slo en trminos iguales, sino en nmeros muy superiores a los que Cuba presenta. Empezando, pues, por ella, el padrn de 1775 dio 170 370 almas, y el ltimo de 1827 subi a 704 487. Partiendo de estos datos, resulta que la poblacin cubana ha cuatriplicado en el espacio de 52 aos. Esta proposicin tomada en general, sin duda que es muy lisonjera; pero cuando se desciende a sus pormenores, entonces desaparece el encanto que la rodea. Reflexinese que desde 1775 a 1827 la isla de Cuba recibi ms de 450 000 esclavos africanos, y que si este nmero se rebatiese de los 704 487 habitantes del censo de 1827, la poblacin cubana quedara tan

PAGE 128

OBRAS 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ reducida, que jams podra citarse como pas de rpido incremento. Mas, prescindiendo de esclavos, considerar el aumento que han tenido todos los libres de Cuba, no slo desde 1775 a 1827, sino desde aquella fecha hasta la formacin de cada uno de los padrones posteriores a ella. El nmero de libres de 1775 ascendi a 127 287, y en 1827, a 417 545; es decir, que en un pas que ofrece tantas ventajas como Cuba, la poblacin libre no ha podido triplicar sino en el espacio de 52 aos. Veamos ahora los resultados parciales que se obtienen, fijando los perodos de padrn a padrn. Poblacin AoslibreAumento —————————— 1775127 287 1791187 71160 424Menos de la mitad en los 16 aos 1817353 888166 177No duplic en los 26 aos 1827417 54563 657En los 10 aos no aument ni aun la quinta parte Este estado no es, por cierto, muy satisfactorio, pues aparece que de 1817 a 1827, poca que se recomienda como de gran prosperidad para Cuba, su poblacin libre aument tan poco, que este aumento no lleg ni aun a la quinta parte. Comparemos ahora las tablas de la poblacin libre de otros pases, no en el trmino de 52 aos, sino en otro mucho ms corto, y despus de hecho este cotejo, yo espero que la Comisin se dignar recoger las palabras que verti. La repblica de Norteamrica duplica su poblacin en el trmino de 23 aos; pero algunos de sus Estados siguen todava una razn mucho ms rpida. Helo aqu demostrado: AosPoblacinAumento —————————— Tennessee4179035 791 1830681 904646 113Aument en 40 aos 19 veces 4Se empez a poblar en 1765. Parte de su poblacin es esclava; pero los blancos ascendieron en 1830 a 535 746.

PAGE 129

JOS ANTONIO SACO /123 /123 /123 /123 /123 Kentucky51800220 955 1830687 917467 062Triplic en 30 aos Ohio61810230 760 1830937 903707 143Cuatriplic en 20 aos Alabama71800 2 000 1830309 527307 527Aument en 30 aos ms de 154 veces Para mayor desengao de la Comisin citar nuevos datos recogidos de algunas colonias inglesas. Poblacin AolibreAumento —————————— Alto Canad8181177 000 1833296 544219 544Casi cuatriplic en 22 aos. Nueva Escocia180765 000 1827123 87858 878Casi duplic en 20 aos Cabo Bretn1807 2 515 182720 00017 485Aument en 20 aos casi 8 veces Terra-Nova180626 500 182760 00033 500Ms del duplo en 21 aos Cabo de Buena 180646 994 Esperanza183396 09149 097Ms del duplo en 27 aos 5Fundose en 1775, en cuyo ao ya la isla de Cuba tena ms de 170 000 almas. Su poblacin blanca en 1830 fue de 517 787, y la esclava de 165 213. 6Empezado a poblar en 1783. No tiene esclavos, y los habitantes de color en 1830 solamente llegaron a 9 568. 7Se coloniz por los franceses en 1783. Sus esclavos en 1830 fueron 117 549. 8La prosperidad de esta colonia, y, por consiguiente, el progreso de su poblacin, sufri mucho con la guerra entre la Gran Bretaa y los Estados Unidos de Norteamrica desde 1812 hasta 1815.

PAGE 130

OBRAS 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ Nueva Gales1788313 del Sud9183346 52746 214Ms de 148 veces deaumento en los45 aos Van Diemen101804 78 183319 46019 382Aument en 29 aos 249 veces Creo, pues, firmemente, que la Comisin conocer el error en que cay al presentarnos a Cuba como un pas que ni en los tiempos antiguos ni modernos, apenas tiene igual en los progresos de su poblacin Si la Comisin se hubiera detenido a contemplar el verdadero estado de la isla de Cuba, yo estoy cierto que habra sacado una consecuencia contraria, y muy dolorosa, sin duda, para el adelantamiento de la especie humana. Repitamos otra vez, que la poblacin de Cuba ascendi en 1827 a 704 000 almas; y remontando el vuelo desde aqu hasta la poca de su conquista, observaremos con asombro, que habiendo empezado a poblarse desde 1512, todava no contaba, al cabo de ms de tres siglos, sino el mezquino nmero que acaba de indicarse. Y nuestro asombro debe crecer tanto ms, cuanto que los conquistadores encontraron en aquella isla una poblacin numerosa; que en 1655, 56 y 57 emigraron a ella de Jamaica 8 000 personas blancas; que la ocupacin de las Floridas por los ingleses en 1762 hizo trasladar sus habitantes a Cuba; que la revolucin de Santo Domingo y la cesin de la parte espaola de esta isla a la repblica francesa en 1795, llevaron a aquella Antilla innumerables familias de ambas naciones; que devuelta la Luisiana a la Francia, muchos espaoles all establecidos se refugiaron a Cuba; que de los Estados Unidos de Nortemrica y de las Canarias han salido para ella millares de personas de ambos sexos; que las turbulencias de Europa y las convulsiones de la Amrica espaola arrojaron tambin a ella muchedumbre de individuos; y, en fin, que desde principios del siglo XVIhasta el ao de 1827 recibi de las costas africanas ms de 500 000 esclavos. Cuando todas estas cosas se consideran, y se someten a un juicio circunspecto, no podr menos de reconocerse, que la isla de Cuba no 9Empezada a poblar en 1788. A esta colonia enva Inglaterra muchos de sus criminales condenados; pero stos no estn incluidos en la poblacin de este estado. Han tenido, sin embargo, un aumento prodigioso, pues habiendo sido 717 en 1788, su nmero lleg en 1833 a 24 543; es decir, a 34 veces ms que en el primer ao. 10Fundose en 1804. La poblacin que indica el estado no contiene los criminales, que a esta colonia tambin enva el Gobierno ingls. Su nmero en 1804 fue de 400: ms en 1833 lleg a 12 258; o sea, un aumento de 30 veces.

PAGE 131

JOS ANTONIO SACO /125 /125 /125 /125 /125 contena en 1827 ni aun el nmero equivalente a los indgenas del tiempo de la conquista y a los dems seres que en ella han entrado en el discurso de tres siglos. Yo, pues, lejos de presentar a la isla de Cuba como un ejemplo de incremento de poblacin, la har figurar en las tablas estadsticas como uno de los puntos de la tierra donde menos ha prosperado la especie humana. Ingrata es la tarea que hasta aqu he desempaado. Mi corazn suspira porque llegase el momento de poner trmino a este Examen ; y ya este momento ha llegado. Abogando por la causa de una patria inocente y ofendida, algn esfuerzo me ha costado reprimir el fuego de la juventud, y manejar la pluma con templanza. Creo haberlo conseguido; y dejando slo or las voces de la razn, de la severa e imparcial razn, apelo al pblico para que falle, si la Comisin autora del dictamen que he impugnado, ha procedido con acierto en materia tan delicada.Votacin del Congreso excluyendo de l a los diputados de Ultramar, y causas que la motivaron Cuando el Examen analtico apareci en Madrid, acababan las Cortes de decidir que no se diese asiento en ellas a los diputados por Cuba, Puerto Rico y Filipinas; y que estas islas fuesen gobernadas por leyes especiales. Semejante voto era la sancin de la esclavitud en Cuba, pues privada de representacin en el Congreso, y sin una junta o consejo colonial donde se oyese la voz de sus habitantes, stos quedaron enteramente sometidos, en sus bienes, en su honor, y aun en su vida a la absoluta voluntad del gobierno. Pero tan funesto voto no fue sancionado por la unanimidad de las Cortes, ni tampoco por todos los miembros del partido progresista, pues que algunos de ellos clamaron enrgicamente contra el dictamen de la Comisin. Este solemne debate se abri el 7 de marzo de 1837; pero como los partidarios de la esclavitud de Cuba tenan la fuerza y la mayora, y de hecho ya haban excluido de las Cortes a los diputados de Ultramar, dejaron prolongar la discusin por ms de cinco semanas. En todo este tiempo, slo se trat del asunto en los das 7, 9, 10, 11 y 25 de marzo, y en los 5, 12, 14, 15 y 16 de abril; mas, estos mismos das no fueron exclusivamente consagrados a la cuestin de Ultramar, pues durante ellos, tambin se discutieron y votaron materias de muy distinta naturaleza. Los diputados que impugnaron el dictamen, fueron los seores Pascual, Vila, Garca Blanco, Verdejo, Gonzlez Alonso, Bermejo, Nez y otros. Los que lo defendieron, como sus autores principales y miembros de la Comisin, fueron los seores Argelles, Sancho y Heros. Su argumentacin fue tan dbil como falsa, pues en sustancia toda se fund

PAGE 132

OBRAS 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ en que “si a la isla de Cuba se daban derechos polticos, ella se declarara independiente como las colonias del continente”.11 Cerrose al fin el debate el 16 de abril de 1837, y puesto a votacin el dictamen, se dividi en dos partes: una en que se deca, que las provincias de Ultramar deban ser gobernadas por leyes especiales: otra, en que se exclua de las Cortes a los diputados, que en virtud de la convocatoria del gobierno, haban sido elegidos para formar parte de ellas. La primera obtuvo casi la unanimidad de sufragios, pues slo dos diputados disintieron, creyendo muchos, que la legislacin especial que a las colonias se ofreca, no era una vana promesa. La segunda fue aprobada por 90 votos contra 65; y como la votacin fue nominal, quiero insertar aqu los nombres de todos ellos. Seores que dijeron s : Vallejo, Ferro Montaos, Laborda, Ons, Fernndez Baeza, Torrens y Miralda, Osca (don Juan), Sancho, Argelles, Ferrer, Acevedo, Argelles Mier, Flores Estrada, Vereterra, Gmez Acebo, Heros, Campaner, Fernndez de los Ros, Becerra, Preto Neto, Gonzlez (don Antonio), Santaella, Gmez Becerra, Vzquez Parga, Domenech, Calatrava, Gil (don Pedro), Mata Vigil, Goyanes, Casajus, Monterde, Daz Gil, los Ancos, Ladrn de Guevara, Baeza, Caabate, Cachurro, Abbad y Lasierra, Hompanera, Polo, Torrentes, Sard, Cebrin, Feliu, Ribas, Alonso Cordero, Corral, lvarez Garca, Araujo, Llanos (don Valentn), Cabaleiro, Tras, Martn, Salas, Len, Gil (don Jos), Royo, Vicens, Franquet, Ligus, Almendriz, Morente, Valds Bazn, Herrera, Fernndez Alejo, Arce (don Miguel), Gil Ordua, De Pedro, Arce (don Salvador), Garca Atocha, Valds (don Dionisio), Burriel, Andrade, Valds Busto, Muguiro, Echevarra, Cantero, Espinosa, Escalante, Tarancn, Montas, Arrieta, Pestaa, Rodrguez Leal, Argumosa, Senz, Gorosarri, Teijeiro, Salvato, seor Presidente. Seores que dijeron no : Saravia, Vila, Moratn, Roviralta, Diez, Joven de Salas, Garca Paton, Fuente Herrero, Suanzes, Camps y Avi, Ros, Estorch, Cano, Manuel y Chacn, Ferrer y Garcs, San Miguel, Camps y Ros, Cabrera, Crespo Vlez, Martnez Velasco, Roda, Pareja, Gutirrez Ceballos, Abargues, Garca Blanco, Franco, Miranda, Ceballos, Pizarro, Fernndez del Pino, Serrano, Alcal Zamora, Lpez Pedrajas, Caballero, Reboul, Mota, Pascual, Verdejo, Corona, Prez, Montoya (don Diego), Charco, Valdeguerrero, Azpiros, Alonso, lvaro, Nez, Garca (don Gregorio), Lillo, Tarin, Mira Perceval, Lasaa, Alcorisa, Alsina, Tovar, Falcn, Ote11Yo refut este argumento en la Situacin poltica de Cuba y su remedio papel que ms adelante se leer.

PAGE 133

JOS ANTONIO SACO /127 /127 /127 /127 /127 ro, Flores, Bezares, Buch, Fontn, Viadera, Beltrn de Lis, Pedrosa, Moscoso, Soler. Veintin aos ha que las Cortes constituyentes de 1836 y 1837 prometieron a la faz de la Europa y Amrica regir por leyes justas y especiales a Cuba, Puerto Rico y Filipinas; mas, a la hora en que estas lneas escribo, todava estamos esperando el cumplimiento de tan solemne promesa. Nunca fui yo de los incautos que en ella creyeron, pues si de reformas especiales se habl en el dictamen de la Comisin, fue tan slo para facilitar que el Congreso lo aprobase, y que las colonias quedasen esclavizadas. Pero qu causas motivaron tan impoltica y funesta resolucin? Las Cortes constituyentes que se reunieron en Cdiz, en 1810, decretaron la igualdad de derechos polticos para todos los espaoles de ambos mundos; pero este acto que era en s de rigurosa justicia y que como tal consider la Amrica, mirolo la metrpoli como un favor que su excesiva generosidad dispensa a sus hijos ultramarinos. Tan fatal idea estaba en patente contradiccin con los hechos, pues esa igualdad poltica lejos de haber sido una concesin espontnea de parte de Espaa, fuele trabajosamente arrancada, ya por el talento y actividad de la diputacin americana, entonces bien numerosa, ya por el grave y fundado temor que de la metrpoli se apoder. Invadido su territorio por las legiones formidables del gran Napolen, sin recursos propios para hacer frente a las necesidades de la guerra, y proclamada la independencia en varios puntos del continente, Espaa temblaba al contemplar que la insurreccin poda extenderse a todas sus colonias, si les negaba lo que ellas tan justamente pedan. No siendo, pues, voluntaria esa concesin de derechos polticos, sino arrancada por las circunstancias, era claro inferir, que si stas cambiaban, aqullos quedaran muy expuestos a perecer. La paz de 1814 sent de nuevo a Fernando VII en el trono de sus abuelos, y la libertad espaola muri con el decreto de 4 de mayo. Ella, empero, renaci en 1820 bajo los auspicios de la Constitucin de 1812, y mantenindose todava fieles al pabelln de Castilla, vastas regiones de Amrica, an no se haba perdido toda esperanza de reconquistar a los pueblos disidentes. Con semejante perspectiva, enflaquecida Espaa con sus largas calamidades y atormentada por las facciones que desgarraban su seno; quin se hubiera atrevido a quitar a la Amrica los derechos a su favor consignados en la Constitucin de 1812, y mucho menos cuando las Cortes congregadas en 1820 no fueron constituyentes, sino ordinarias? As fue, que a ellas concurrieron los pases americanos que an no se haban separado de su metrpoli; y este estado continu hasta la cada del sistema constitucional en 1823. Hundiose con l la libertad, y sta no empez a despedir sus primeros rayos hasta

PAGE 134

OBRAS 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ 1834. Publicose entonces el Estatuto Real y aunque dado al pueblo espaol en nombre de la Corona, aunque Espaa haba perdido ya todo cuanto posea en el continente americano; sin embargo, los restos de aquel envidiable imperio enviaron todava sus representantes a las Cortes espaolas. Bien se sentaron tambin en ellas los hombres de 1812, los que deseaban cargar a las colonias de cadenas; pero contenidos por el Cdigo que rega, y sin influencia bastante para arrancar a Cuba los vacilantes derechos que an le quedaban, espiaron una ocasin favorable para realizar sus proyectos. Esta ocasin se la present la revolucin de la Granja en 1836, pues subiendo ellos al poder, y alcanzando una mayora en las Cortes constituyentes reunidas entonces, ya pudieron a mansalva descargar el golpe que meditaban. El autor principal de la resolucin que tomaron las Cortes contra Cuba, el genio malfico que la inspir, fue el diputado don Agustn Argelles. Este hombre tan destituido de conocimientos sobre las cosas de Amrica, como preocupado contra sus hijos, con un espaolismo quijotesco muy impropio de su siglo, sin comprender las causas que produjeron la emancipacin de las colonias, y atribuyndola errneamente a los derechos polticos que ellas alcanzaron en 1810, este hombre, digo, fue en todos los tiempos el enemigo ms encarnizado de la libertad americana. Libertad americana e independencia fueron sinnimos para l, y en su fatal empeo de impedir la una, acab con la otra, transformndose de este modo en defensor de la tirana en Amrica el que con denuedo la haba combatido en Espaa. Bajo el manto de la poltica esconda Argelles las miserias de nuestra flaca naturaleza. Imaginose en las Cortes constituyentes de 1810, que l era el primero de los diputados, y a que lo creyese contribuyeron los aplausos que muchos de sus compatriotas le tributaron. Duro, pues, hubo de serle encontrar en la arena de sus triunfos un adversario que se los disputase, y ms duro todava que este adversario fuese un americano, el americano don Jos Mexa, quien dotado de inmensas fuerzas intelectuales le eclipsaba y venca en las luchas parlamentarias. La vanidad y el orgullo ofendidos, y la ruin envidia que siempre nace al lado del talento, tuvieron mucha parte en los esfuerzos de Argelles para cargar a Cuba de cadenas en 1836. Bien hicieron l y sus amigos en arrojar del Congreso a los cuatro diputados cubanos, porque de este cortsimo nmero hubieran visto aparecer en aquella escena un habanero formidable que juntando a un entendimiento prodigioso una elocuencia encantadora, habra llenado de asombro a toda Espaa. Este hombre extraordinario fue mi amigo, mi buen amigo, el ciego doctor Nicols Manuel Escovedo. La proclamacin de la Constitucin de 1812 en Santiago de Cuba por el general Lorenzo coadyuv a la esclavitud de aquella Antilla. El

PAGE 135

JOS ANTONIO SACO /129 /129 /129 /129 /129 capitn general don Miguel Tacn, servil en Espaa y tirano en Cuba, crey, que el da que yo entrase en las Cortes, se sera el ltimo de su mando y como mi nombramiento de diputado haba sido por la provincia donde gobernaba Lorenzo, Tacn supuso falsamente, que mi eleccin era obra de un partido revolucionario e independiente. Valiose al mismo tiempo del poder dictatorial que ejerca, y compeliendo a los vecinos y corporaciones a que representasen al gobierno contra todo rgimen liberal que en Cuba pudiera establecerse, no slo prolong all su mando, como deseaba, sino que contribuy eficazmente a que Argelles y compaeros lograsen con ms facilidad sus proyectos liberticidas. As perdi Cuba toda libertad de hecho y de derecho. Pero vive ella contenta en tal estado? Seguir Espaa negndole las libres instituciones que por tantos ttulos merece? Y si persiste en negrselas, no producir esta conducta consecuencias, que ms tarde o ms temprano podrn serle muy funestas? A estas preguntas el tiempo responder.

PAGE 136

P P P P P ARALELO ENTRE LA ISLA DE CUBA ARALELO ENTRE LA ISLA DE CUBA ARALELO ENTRE LA ISLA DE CUBA ARALELO ENTRE LA ISLA DE CUBA ARALELO ENTRE LA ISLA DE CUBA Y ALGUNAS COLONIAS INGLESAS ESCRITO Y ALGUNAS COLONIAS INGLESAS ESCRITO Y ALGUNAS COLONIAS INGLESAS ESCRITO Y ALGUNAS COLONIAS INGLESAS ESCRITO Y ALGUNAS COLONIAS INGLESAS ESCRITO POR DON JOS ANTONIO SACO POR DON JOS ANTONIO SACO POR DON JOS ANTONIO SACO POR DON JOS ANTONIO SACO POR DON JOS ANTONIO SACO ( ( ( ( ( Electo diputado a Cortes por la isla Electo diputado a Cortes por la isla Electo diputado a Cortes por la isla Electo diputado a Cortes por la isla Electo diputado a Cortes por la isla de Cuba. Madrid: Oficina de don T de Cuba. Madrid: Oficina de don T de Cuba. Madrid: Oficina de don T de Cuba. Madrid: Oficina de don T de Cuba. Madrid: Oficina de don T oms Jordn, oms Jordn, oms Jordn, oms Jordn, oms Jordn, impresor de Cmara de S.M.—1837.) impresor de Cmara de S.M.—1837.) impresor de Cmara de S.M.—1837.) impresor de Cmara de S.M.—1837.) impresor de Cmara de S.M.—1837.)Cansado de or ponderar las ventajas de que goza Cuba bajo el gobierno de Espaa; cansado de or que entre todas las colonias que las naciones europeas poseen del otro lado del Atlntico, ninguna es tan feliz como Cuba; y cansado tambin de sufrir la impudencia de plumas mercenarias y la pedantera de algunos diputados arengadores, tomo la pluma para trazar un corto paralelo entre esa Isla que se dice tan venturosa, y algunas de las colonias inglesas. No es mi nimo presentar el gobierno de stas como un modelo de perfeccin. Un sistema colonial es un sistema de restricciones polticas y mercantiles, pero restricciones que segn su tendencia y naturaleza, a veces constituyen un despotismo insoportable, y a veces solamente forman una ligera cadena compuesta de dorados eslabones que la hacen ms llevadera a los pueblos que la arrastran. De cualquier modo que sea, no es por cierto envidiable la condicin de colonia; pero cuando vuelvo los ojos a Cuba, y contemplo el msero estado en que yace, juro a fuer de cubano, que trocara la suerte de mi patria por la de las posesiones del Canad. Forma de gobiernoUn Gobernador o Capitn General, un Consejo legislativo, y una Asamblea legislativa, son las ruedas principales que juegan en la mquina poltica del Canad y de otras colonias anglo-americanas. En el primero reside el poder ejecutivo, y si es militar, rene tambin el mando de todas las fuerzas terrestres; pero si no lo es, entonces se confa a otra persona. No est revestido de facultades extraordinarias: es fiel esclavo de la ley, y si alguna vez se aparta de ella, grave es la responsabilidad que cae sobre su cabeza. Dsele en algunas colonias para que le

PAGE 137

JOS ANTONIO SACO /131 /131 /131 /131 /131 consulte, un Consejo ejecutivo nombrado por la Corona, cuyas atribuciones son semejantes a las del Consejo privado de Inglaterra. El Consejo legislativo no ejerce en algunas partes sino funciones legislativas; mas, en otras tambin hace las veces de Consejo ejecutivo. Este doble carcter, as como el modo de constituirle, son en el Canad una fuente de disgustos y reclamaciones contra la metrpoli.1 La Asamblea legislativa es la corporacin ms importante, pues representa al pueblo de quien recibe su misin. Las facultades que tiene, el nmero de miembros que la componen, y la manera de elegirlos, son sin disputa la parte ms hermosa de la constitucin anglo-colonial. Estas asambleas estn autorizadas para or quejas, corregir abusos, examinar y arreglar las cuentas del tesoro, votar todos los subsidios, establecer por s todas las contribuciones internas, y hacer, en fin, todas las leyes, estatutos y ordenanzas que exija la prosperidad de las colonias. El derecho de nombrar diputados para estas asambleas se concede a todos los colonos que disfrutan de una corta renta, y en algunas colonias, por ejemplo el Bajo Canad, gozan tambin de l aun muchos que no son propietarios, pues bstales vivir en las ciudades, y pagar anualmente una renta de diez libras esterlinas; o sea, menos de 50 pesos fuertes.2 La poblacin de esta colonia asciende a pocos ms de medio milln de habitantes;3 sin embargo, el nmero de sus electores llega a 80 000, nmero relativamente muy superior al que ofrecen los centros electorales de Francia, Blgica, y aun de la misma Inglaterra, metrpoli del Canad. Y no se diga que esto sucede porque carece de esclavos, pues en las Antillas, donde el total de ellos ha sido casi incomparablemente mayor que el de los blancos, las asambleas legislativas se componen de un nmero considerable de diputados respecto de la poblacin de cada colonia. As lo prueba la tabla siguiente: Poblacin blancaNmero de diputados —————————————————— Jamaicade 30 a 35 00045 Granada80026 San Vicente1 30019 Dominicamenos de 2 00019 1Ya hoy no lo son, pues el Consejo legislativo slo ejerce funciones legislativas, habindose establecido un Consejo ejecutivo, o ministerio, de diez miembros, que estn a la cabeza de los diferentes ramos de la administracin. De sus actos pblicos son directamente responsables al pueblo y cuando en el Parlamento colonial les falta la mayora, estn obligados a dar su dimisin como se hace en Inglaterra. 2El derecho de votar goza hoy de ms latitud, no slo en el Bajo, sino en el Alto Canad. 3En estos ltimos aos ya haba subido a 2 300 000 habitantes.

PAGE 138

OBRAS 132\ 132\ 132\ 132\ 132\ Antigua1 90026 San Cristbal1 60023 Bahamas2 50030 Tales son los rasgos principales del cuadro poltico que presentan las colonias anglo-norteamericanas. Volvamos ahora los ojos a la isla de Cuba. Existe en ella alguna junta o consejo que pueda enderezar los extravos o templar los arrebatos de la autoridad desmandada? Hay por ventura alguna asamblea que discuta y arregle los intereses cubanos, o que los ponga en armona con las extremadas aspiraciones del gobierno de la metrpoli? Estn acaso circunscritas las facultades que ejerce el Capitn General de aquella Isla? No rene en s todos los poderes que debieran estar separados? No puede encarcelar a su antojo, imponer las ms pesadas multas y arbitrarias contribuciones, desterrar sin causa ni sentencia, destituir a su albedro a todos los empleados de cualquier clase y jerarqua, y aun suspender segn le plazca el cumplimiento de las mismas leyes? Si fuera dable definir las cosas por medio de ejemplos, la definicin ms exacta que de la tirana pudiera darse, sera decir que es el gobierno de la isla de Cuba Breve y muy breve es el cdigo poltico que rige sus destinos. Una real orden digna de los tiempos calamitosos en que fue expedida, es la norma por donde el jefe de Cuba arregla sus operaciones; y su literal contexto ms que todas las reflexiones y comentarios, servir para dar al mundo la idea ms espantosa de la tirana que pesa sobre aquella regin desventurada. “ Ministerio de la Guerra .—El Rey nuestro Seor, en cuyo real nimo han inspirado la mayor confianza la aprobada fidelidad de V.E., su infatigable celo por su mejor real servicio, las juiciosas y acertadas medidas que, desde que le honr con el mando de esa Isla, ha tomado para conservar su posesin, mantener en tranquilidad a sus fieles habitantes, contener en sus justos lmites a los que intenten desviarse de la senda del honor, y castigar a los que olvidados de sus deberes se atrevan a cometer excesos con infraccin de nuestras sabias leyes; bien persuadido S.M. de que en ninguna circunstancia se debilitarn los principios de rectitud y de amor a su real persona que caracterizan a V.E., y queriendo al mismo tiempo S.M. precaver los inconvenientes que pudieran resultar en casos extraordinarios de la divisin del mando, y de la complicacin de facultades y atribuciones en los respectivos empleados; para el importante fin de conservar en esa preciosa Isla su legtima autoridad soberana y la tranquilidad pblica, ha tenido a bien, conformndose con el dictamen de su Consejo de Ministros, ‘autoridad a V.E. plenamente confirindole todo el lleno de las facultades que por las reales ordenanzas se conceden a los gobernadores de plazas sitiadas. En su consecuencia da S.M. a V.E. la ms amplia e ilimitada autorizacin, no

PAGE 139

JOS ANTONIO SACO /133 /133 /133 /133 /133 tan slo de separar de esa Isla a las personas empleadas o no empleadas, cualquiera que sea su destino, rango, clase o condicin, cuya permanencia en ella crea perjudicial o que le infunda recelos su conducta pblica o privada; reemplazndolas interinamente con servidores fieles a S.M. y que merezcan a V.E. toda su confianza, sino tambin para suspender la ejecucin de cualesquiera rdenes o providencias generales expedidas sobre todos los ramos de la administracin en aquella parte en que V.E. considere conveniente al real servicio’, debiendo ser en todo caso provisional estas medidas, y dar V.E. cuenta a S.M. para su soberana aprobacin. ”S.M. al dispensar a V.E. esta sealada prueba de su real aprecio y de la alta confianza que deposita en su acreditada lealtad, espera que correspondiendo dignamente a ella, ejercitar V.E. la ms continuada prudencia y circunspeccin, al propio tiempo que una infatigable actividad y una invariable firmeza en el ejercicio de su autoridad, y confiada en que, constituido V.E. por esa misma dignacin de su real bondad en una o ms estrecha responsabilidad, redoblar su vigilancia para cuidar se observen las leyes, se administre justicia, se proteja y premie a los fieles vasallos de S.M., y se castiguen sin contemplacin ni disimulo los extravos de los que olvidados de su obligacin y de lo que deben al mejor y ms benfico de los soberanos, las contravengan, dando rienda suelta a siniestras maquinaciones, con infraccin de las mismas leyes y de las providencias emanadas de ellas. Lo que de real orden comunico a V.E. para su inteligencia, satisfaccin y exacta observancia.—Dios guarde a V.E. muchos aos. Madrid 28 de mayo de 1825.—Aimerich”. No pretendo comentar las palabras de esta Real Orden; pero s har algunas breves indicaciones que reagravan en alto grado la conducta del gobierno que en Espaa se llama liberal. 1 En enero de 1836, los Diputados de Ultramar elevaron a S.M. una respetuosa exposicin pidiendo que se despojase a los capitanes generales de aquellas provincias de las inmensas facultades que se les haba conferido desde 1825; pero el resultado fue que se les confirmaron y ampliaron, si ampliacin cabe todava en el ilimitado espacio de una dictadura colonial. 2 Restablecida la Constitucin de 1812, los americanos se dieron el parabin, pensando que cesara el despotismo y que empezaran a respirar; pero ¡engaosa esperanza! El ministerio de la revolucin de la Granja mand que no se alterase el rgimen poltico de Ultramar, y adoptando con todas sus consecuencias la Real Orden ya citada, y todas las posteriormente expedidas para darle nueva fuerza, dio la prueba ms patente de la contradiccin de sus principios y del escandaloso perjurio que cometa contra el mismo Cdigo que acababa de proclamar.

PAGE 140

OBRAS 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ 3 Cuando se expidi la Real Orden de 1825, Cuba estaba amenazada de una invasin mjico-colombiana. Su objeto, pues, no tanto fue perseguir a los independentistas que pudiera haber dentro de la Isla, cuanto alejar las peligrosas tentativas de los enemigos externos. Mas, no existiendo ya stos, el gobierno de Isabel II que sostiene aquella Real Orden, y la confirma y ampla con otras nuevas, es para Cuba ms tirnico que el de Fernando absoluto. 4 La simple lectura de ese documento manifiesta, que no slo se encaminaba a perseguir independientes, sino a todos los liberales de cualquiera denominacin que fuesen. Que bajo de un rgimen desptico se dicten esas medidas, cosa es muy conforme a semejantes instituciones; pero que marche por la misma senda un gobierno que se intitula hijo de la libertad, es desmentir con los hechos lo que pronuncian los labios. 5 y ltima. La libertad y la justicia me obligan a decir que, a pesar de las tremendas facultades que esa Real Orden concedi al jefe de aquella Isla, el general Vives, que entonces mandaba en ella, lejos de ponerlas en ejercicio durante su largo gobierno, conoci que su aplicacin sera tan perjudicial a Cuba como a Espaa, y siguiendo una poltica suave y conciliadora, aquel pas se convirti en refugio de muchos desgraciados a quienes el brazo de la tirana arrojaba del territorio peninsular. TribunalesPor ellos y slo con arreglo a la ley, son juzgadas todas las personas en las colonias inglesas. En materias criminales, todos los delitos se someten al juicio imparcial de un jurado, y las comisiones militares son all desconocidas. Mas, acontece lo mismo en Cuba? Los tribunales carecen de independencia, porque todos se hallan bajo la espada del jefe que manda: el jurado no existe; y una comisin militar armada de terribles facultades dispone de los bienes, de la vida, y aun del honor de los cubanos. Su formidable imperio se extiende, no slo a los delitos que en Cuba se llaman de conspiracin, sino a otros privados cuyo castigo incumbe exclusivamente a las justicias ordinarias, llegando hasta el extremo de someter a su extraa jurisdiccin aun los pensamientos ms comunes que se expresan por el rgano de la prensa. Conozco y aprecio a algunos de los individuos que componen la comisin militar de La Habana; pero la lenidad de sus principios no puede servir de contrapeso a la fuerza que los arrastra, pues hay posiciones sociales en que el hombre tiene que ahogar sus sentimientos y sacrificar sus ideas a las circunstancias en que se halla.4 4En Santiago de Cuba acaba de establecerse otra comisin militar para perseguir a sus infelices habitantes. (Nota puesta en la primera edicin del Paralelo .)

PAGE 141

JOS ANTONIO SACO /135 /135 /135 /135 /135 Libertad de imprentaSin previa censura ni restricciones gozan de ella en toda plenitud las colonias inglesas, ora tengan, ora carezcan de esclavos; tan difundido est en el Canad este elemento poderoso de la ilustracin, que de 17 peridicos que haba en 1827, su nmero pas de 50 en 1835, publicndose 12 en slo la ciudad de Montreal. Bajo de ciertas consideraciones, bien puede afirmarse que la imprenta es all ms libre que en la misma Inglaterra, pues est exenta de las contribuciones que pagan el papel, los peridicos, y los avisos que en ellos se publican. Disfrtase tambin de la misma libertad en Jamaica y otras islas del archipilago, pues a los ojos de la Gran Bretaa, esclavitud de imprenta y esclavitud poltica son dos ideas inseparables. Las trabas que encadenaban la prensa en las posesiones de la India Oriental, no existen ya, y desde que se rompieron, han sido tan rpidos sus progresos, que publicndose en Calcuta en 1814 un solo peridico, su nmero ascendi en 1834 a 32 en ingls, y a 15 en otras lenguas. Tngase entendido que en este clculo no entran los dems peridicos que se imprimen en varias ciudades de Bengala. En el cabo de Buena Esperanza tambin goza la prensa de libertad desde 1829, y, por cierto, que los hijos de Cuba no podrn contemplar sin envidia y profundo dolor el duro contraste que se les presenta, pues pases africanos participan de derechos que a ellos no se digna concederles la mano paternal que los gobierna. Finalmente, hasta en las ltimas tierras australes del globo, en la isla Van Diemen quiero decir, la prensa tambin es libre; y a pesar de su escasa poblacin, y de que esta colonia se fund en 1804, ya en 1835 se publicaban en ella 12 o 14 peridicos. Yo no puedo menos que transcribir las palabras de un historiador ingls hablando de estos pases y de los progresos de la imprenta en ellos. “Estos peridicos, dice, no son inferiores en tamao, forma o talento a sus hermanos los de la prensa inglesa. Computando el nmero de habitantes libres en 15 000, hay un papel por cada 1 666 personas, mientras que en el Reino Unido, con una poblacin de 25 millones, y calculando todos sus peridicos en 400, habra solamente uno por cada 62 500 personas. Tal es la diferencia entre una prensa muy recargada y otra libre de contribuciones”.5Y podrn decir los cubanos que disfrutan de estas ventajas? Durante el gobierno de los seores Vives y Ricafort haba, no libertad, pero s alguna tolerancia de imprenta, porque desentendindose prudentemente del rigor de las leyes, permitan que se escribiese sobre cuestiones y materias de pblico provecho. Mas, cambiadas las perso5R. Montgomery Martn: History, of the British colonies, vol. IV, chap. IV.

PAGE 142

OBRAS 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ nas, la escena tambin cambi repentinamente. Bajo de una censura frrea gime hoy la prensa de Cuba, y tan crueles son los golpes que se le han descargado desde que el general Tacn empu las riendas del gobierno, que no slo han perecido peridicos que se consagraban a la utilidad de la patria, sino que personas instruidas y laboriosas que pudieran hablar y escribir, se han visto forzadas a enmudecer. Basta decir que ni aun las discusiones de Cortes, ni el mensaje del trono a stas, se permite imprimir en los peridicos de la Isla, y si alguna vez se hace, es despus de una rigurosa censura que a su arbitrio altera y mutila esos discursos. Miliciasta se compone de un corto nmero de tropas veteranas y de la milicia provincial o nacional. Aqullas sirven para guarnecer alguna de las colonias inglesas; sta existe en todas ellas. Segn la legislacin colonial, todo habitante libre desde la edad de 15 o 18 aos hasta la de 50 o 60 est obligado a inscribirse en la milicia provincial; y he aqu la prueba ms convincente de que el Gobierno ingls, apoyado en la justicia con que se trata a los colonos, no teme poner en sus manos las armas que han de servir para la defensa de su patria. Es muy digno de saberse el nmero a que asciende la milicia provincial en varias de las colonias. Lemosle, pues, en el estado que sigue: Nmero de milicianos —————————— Jamaicade 16 a 18 000 Trinidad4 500 Prncipe Eduardo6 000 Terra-Nova2 000 Nueva Escocia y Cabo Bretn22 000 Bajo Canad100 000 Alto Canad60 000 Nueva Brunswickms de 12 000 Cuando se reflexiona que las tres ltimas colonias de la tabla anterior tienen una milicia tan respetable, y que estn lindando con la parte ms homognea, ms populosa, ms ilustrada y ms republicana de los Estados Unidos de Norteamrica, es forzoso tributar un elogio de admiracin a la prudencia y al tino con que la nacin britnica gobierna sus posesiones norteamericanas. Y antes de pasar a otra cosa, es preciso advertir que la tropa veterana que las guarnece, recibe su sueldo de las rentas de la metrpoli; y no porque estas colonias carezcan de fon-

PAGE 143

JOS ANTONIO SACO /137 /137 /137 /137 /137 dos para sufragar los gastos, sino porque mucha parte de ellos se emplea en la educacin pblica, en la construccin de caminos y canales, y en otras obras, segn veremos despus. Mas, cul es el aspecto militar que Cuba presenta? Las tropas veteranas forman un ejrcito de 9 a 10 000 hombres, y todos sus gastos pesan sobre las rentas de ella. La milicia nacional no existe, y aunque debiera organizarse en los campos para aumentar la seguridad de la Isla, se desconfa de sus habitantes, y una poltica criminal no solamente los mantiene desarmados, sino que trabaja por desunirlos. Marina En Halifax y en otras colonias inglesas estn apostados algunos buques de guerra; mas, los gastos que ocasionan, no recaen sobre ellas, sino sobre los fondos de la metrpoli. El Gobierno espaol tiene tambin en Cuba algunos restos de su antigua escuadra; pero todo su costo gravita exclusivamente sobre las rentas de aquella Isla; y causa asombro decir, que las pocas naves que se conservan en la baha de La Habana, y las tropas veteranas que guarnecen a Cuba, consumen anualmente casi 6 millones de pesos fuertes. Educacin pblica Para dar ms orden a mis ideas, hablar antes, aunque rpidamente, de la educacin cientfica o secundaria, y despus de la primaria. He aqu los principales establecimientos pblicos de algunas colonias inglesas. Existen en el Bajo Canad un seminario llamado de San Sulpicio y varios colegios franceses e ingleses en los cuales se ensea filosofa, matemticas, anatoma, medicina, teologa y otros ramos. Hay tambin en Montreal un museo de historia natural, y en Quebec una sociedad literaria e histrica. La institucin de los artesanos, las sociedades de agricultura, y otras que omito enunciar, indican claramente el progreso de las luces en esta colonia. Quebec tiene una biblioteca pblica que pasa de 6 000 volmenes escogidos, y en Montreal hay otra semejante. Adems de las rentas que la legislatura emplea anualmente en proteger la educacin, el gobierno de la metrpoli asign tambin a tan laudable objeto las tierras que pertenecan a los jesuitas. Entre los establecimientos del Alto Canad cuntase en su capital una sociedad mdico-quirrgica, otra de agricultura, otra literaria y filosfica, y un instituto de artesanos. En Nueva Escocia existen el colegio del Rey, el colegio de Pictou y otro que en su constitucin es semejante a la universidad de Edimburgo. Los largos y rigurosos inviernos de las posesiones norteamericanas se

PAGE 144

OBRAS 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ oponen a la formacin de jardines botnicos; pero su establecimiento no se ha omitido en otras colonias donde los favorece la naturaleza. En la isla de San Vicente, a corta distancia de la capital, existe uno en muy buen estado. Otro hay en la isla Mauricio: y el de Calcuta bien necesita de una descripcin, que yo hara con gusto si fuese compatible con los lmites que me he trazado. Los progresos de la educacin secundaria en las posesiones britnicas de la India han sido tan extraordinarios, que exigen una mencin particular, al menos en la presidencia de Bengala. Vase el catlogo de los colegios que contiene. El Calcuta Madrissa o colegio mahometano, fundado en 1781. El Indio Sanscrit de Benars, establecido en 1791. El Indio Sanscrit de Calcuta, erigido en 1821. El de Agra El de Delhi El de Vidalaya o anglo-indio. El de Obispo Los ramos que en ellos se ensean, son: filosofa, matemticas, astronoma, medicina, botnica, jurisprudencia, teologa, oratoria, historia, poesa, lexicografa sagrada, rabe, ley mahometana, etctera. De tan remotos pases volvamos a Cuba y contemplemos, por un momento, el estado de su educacin secundaria. De seguro que no encontramos all ningn instituto sostenido por las rentas de la Isla, y en toda ella solamente se han consagrado a la enseanza pblica dos colegios seminarios y una universidad. De aqullos, uno est en Santiago de Cuba y otro en La Habana. Danse en el primero lecciones de latinidad, de aeja filosofa, de derecho y de teologa: pero como slo cuenta con los fondos muy escasos que al tiempo de su fundacin le proporcion la beneficencia de algunas personas, no es posible que las ctedras sean lo que deben ser, pudiendo decirse que ms bien sirven de escaln para obtener grados acadmicos, que para alcanzar una instruccin provechosa. En el de La Habana se ensea latinidad, filosofa, matemticas, teologa, y derecho espaol. Sus rentas se derivan de los fondos que destinaron para su ereccin varios vecinos generosos de aquella ciudad, pues del erario pblico no recibe ms que una mnima parte de los diezmos, y que hoy tal vez no llega a 2 o 3 000 pesos. La universidad es un simulacro literario que tiene en el nombre algunas ctedras, pero de las que la juventud apenas saca algn provecho. Ni cmo podr sacarle, cuando destituida de fondos, sus ctedras estn indotadas, y los profesores no encuentran en la enseanza los medios honrosos de subsistencia?6 Numera tambin La Habana en el catlogo de sus establecimientos un jardn botnico que por irona puede llamarse tal. Fundose en tiempo del intendente Ramrez de patritica recordacin; y en 1823 nombr 6Esto era muy exacto cuando escrib el Paralelo ; pero con la nueva planta que se dio despus a la Universidad de La Habana se mejoraron sus estudios.

PAGE 145

JOS ANTONIO SACO /139 /139 /139 /139 /139 el Gobierno Supremo de director y catedrtico a un hombre que cuando lleg a La Habana, no saba ni aun la nomenclatura de la ciencia que iba a ensear. En otros pases, los hombres sirven a las ciencias; pero en Cuba hay casos en que las ciencias sirven a los hombres. El Museo de anatoma fundado tambin por el seor Ramrez, trasladado dos aos ha a mejor local por el conde de Villanueva, y enriquecido con algunas piezas trabajadas por el talento, y cedidas por la generosidad de un joven habanero,7 llegara a ser un instituto recomendable, si dotado competentemente, pudiera elevarse a la altura que demandan las necesidades de aquel pas. De todos los ramos de bellas artes, la isla de Cuba no posee otra cosa sino una academia de dibujo, situada en unas celdas oscuras, ftidas e insalubres del convento de San Agustn de La Habana.8 Tan exhausta est de recursos, y tan abandonada del gobierno, que apenas tiene con qu pagar el sueldo del profesor; y si de algn tiempo a esta parte no se ha cerrado ya, dbese al generoso desprendimiento de su difunto director, y a los nobles esfuerzos de sus alumnos. La sangre hierve en las venas al considerar que al cabo de ms de 300 aos de la conquista, no haya todava en Cuba una ctedra de qumica; y esto nada menos que cuando se reunieron algunos fondos para dotarla desde fines del siglo pasado, y de los que el gobierno se apoder sin haberlos restituido; cuando hace algn tiempo que el benemrito don Francisco Arango recomend su pronto establecimiento en el plan de estudios que por encargo Real hizo para aquella Isla; y cuando el azcar, que es el ramo principal de su riqueza, reclama imperiosamente los auxilios de una ciencia que tantas ventajas le promete.9 Y ya que no se protege ni sta ni ninguna otra, cualquiera pensara que el gobierno deja a los cubanos en libertad para que se den al cultivo de las letras. Pues spase que no es as. Casos ha habido en que ocurriendo personas respetables a la autoridad para que se les permitiese dar gratuitamente lecciones pblicas en algunos ramos literarios, se les ha negado la licencia; y del empeo que se pone en detener el progreso de las luces, buen testimonio darn los dos hechos que voy a referir. Es el primero que hallndose en aos pasados varios jvenes cubanos recibiendo su educacin en los Estados Unidos de Norteamrica, se expidi una Real Orden para que todos regresasen inmediatamente a su patria, prohibindose que en lo sucesivo ninguno fuese a estudiar a aquellos pases. Impedir a un padre que mande educar sus hijos al paraje que ms le convenga, es una medida que por s sola debe califi7El doctor D. Nicols Gutirrez, uno de los mdicos ms distinguidos de La Habana. 8No se olvide, que yo escriba el Paralelo en abril de 1837. 9Hoy tiene Cuba en su seno dos qumicos distinguidos y entrambos catedrticos.

PAGE 146

OBRAS 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ carse de injusta; pero despojarle de este derecho cuando el mismo gobierno que se lo usurpa, no proporciona en el suelo natal los medios de instruccin pblica, es el complemento de la ms atroz tirana. Los desagradables acontecimientos que ocurrieron entre la Academia Cubana de Literatura y algunos hombres dscolos y dominantes de la Sociedad Econmica de La Habana son el segundo hecho que citar. Instalose aqulla a principios de 1834; mas, al instante se conjuran contra ella la envidia y la ignorancia, calumnian a sus miembros, elevan siniestros informes al Supremo Gobierno; y ste, despreciando las justas reclamaciones de la Academia, la manda suspender, y suspensa, o mejor dicho, disuelta, ha quedado desde entonces. Y todo esto, cuando los acadmicos dijeron expresamente que no pedan fondos al erario, ni necesitaban de local para celebrar sus juntas, cuando se comprometan a pagar de su peculio todos los gastos del Instituto, y a ensear gratuitamente varios ramos de literatura. Tanto desinters y tanto patriotismo de nada vali a los ojos del gobierno, y la Academia muri, y sus miembros fueron ultrajados y perseguidos.10En toda la isla de Cuba solamente hay dos bibliotecas pblicas. Una en Matanzas debida al celo de algunos miembros de la diputacin patritica de aquella ciudad; pero tan escasa que slo cuenta unos 1 000 volmenes. La otra est en La Habana, y aunque se abri desde fines del siglo pasado bajo los auspicios de algunos habaneros ilustres, su estado es tan lastimoso, que al dar cuenta de ella don Joaqun Santos Surez, digno secretario que fue de la Sociedad Econmica de La Habana, nos hace esta triste pintura: “Pero no sucede lo mismo con el estado que presenta la biblioteca pblica, que sufre mucha falta de objetos necesarios, y se halla en la mayor decadencia. Situada en un local desaseado, poco ventilado, e insalubre, sin la suficiente capacidad para el servicio pblico, con una distribucin de piezas no correspondiente a su objeto, ni colocadas las obras en el orden cientfico que era debido; puede decirse que no hay nada, ni aun la misma inscripcin del establecimiento, que no merezca una mirada compasiva de esta junta. ”Adoptadas sin el mayor discernimiento casi desde su origen todas las obras que se le han cedido para enriquecerla, la biblioteca se encuentra hoy con un surtido considerable de comentadores y compiladores en todo gnero de casuistas en moral, de farraguistas en filosofa, de libros insulsos y olvidados, y apenas cuenta una obra clsica de las muchas que se han publicado de 40 aos a esta parte, si se excepta la 10Si en este prrafo habl de la Academia Cubana de Literatura no fue con relacin a mi persona, sino tan slo a Cuba y al gobierno. Esto confirma lo que dije en la pgina primera de este tomo.

PAGE 147

JOS ANTONIO SACO /141 /141 /141 /141 /141 Enciclopedia, y alguna otra, y eso en un estado tan decadente que para no perderse completamente exigen una pronta reparacin. ”Ramos enteros de las ciencias, especialmente de las exactas y naturales, se hallan all olvidados, y el joven estudioso y aplicado que desee conocer nuestra historia y literatura, la ms interesante para nosotros, apenas encuentra en ese depsito literario una de sus muchas y buenas obras para poderlas consultar: no es ms abundante en la parte de historia y literatura extranjera; faltan los clsicos griegos y romanos, a excepcin de uno u otro de estos ltimos; y en la parte de antigedades y numismtica, no se posee ni una sola obra. ”Si a esta pobreza real y efectiva de buenas obras se agrega su distribucin poco cientfica (y que no depende de culpa del encargado de cuidarla, a cuya exactitud y laboriosidad se debe acaso la conservacin del establecimiento), el mal estado de las mismas obras, duplicadas unas, truncas y mutiladas otras, apolilladas las ms, y casi todas intiles o perdidas para las ciencias; se podr tener una idea del estado actual del establecimiento”. Ms de diez aos ha que se habl en este lenguaje; pero de entonces ac, ni la biblioteca se ha trasladado a lugar ms decente ni tampoco se ha enriquecido con nuevas adquisiciones.11Pero si ya es tiempo de que apartemos la vista de este cuadro doloroso, preciso ser que la fijemos en otro todava ms aflictivo y que arrancar lgrimas del corazn de todo cubano. Yo haba pensado circunscribirme en este paralelo a las colonias inglesas; mas, la importancia de la materia me obliga a traspasar los lmites en que me haba encerrado, y abrindome nuevo campo, buscar ejemplos en otros pases para poner de manifiesto la msera condicin en que se halla la educacin primaria de Cuba. Estado que tiene en las colonias inglesas Nmero de alumnos libres con respecto a la poblacin libre ——————————— Bahamas18311 por cada 16 San Vicente18301 por cada 19 Jamaica1218271 por cada 18 Antigua18301 por menos de 5 11Aunque esta biblioteca no es lo que pudiera ser, ya hoy no es lo que fue cuando escrib este Paralelo 12La educacin primaria ha progresado mucho en esta isla desde 1827. En 1831 se gastaron en ella 50 000 pesos fuertes.

PAGE 148

OBRAS 142\ 142\ 142\ 142\ 142\ San Cristbal131 por cada 11 Bajo Canad1418321 por cada 12 Nueva Escocia18321 por cada 10 Prncipe Eduardo18321 por cada 14 Terranova18341 por cada 8 Isla de Mauricio o de Francia1 por cada 11 Presidencia de Madrs, en la India1518341 por cada 5 Deseara poder presentar con respecto a las dems colonias inglesas una tabla semejante a la anterior; pero no habiendo encontrado datos, me contentar con indicar las erogaciones que hacen algunas de ellas en la educacin primaria. Costole sta al Alto Canad en 1832 casi 33 000 pesos; a Nueva Brunswick en 1831 como 26 000; y a la Nueva Gales del Sud ms de 45 000. Pasemos ahora a ver el Estado de la educacin primaria en varias naciones Inglaterra1 por cada 15 habitantes Francia1 por cada17 Austria1 por cada15 Prusia1 por cada7 Pases Bajos1 por cada9 Estados Unidos con inclusin de todos los esclavos1 por cada11 Tal es el cuadro de la educacin primaria en diferentes partes del mundo; pero en pocas se encuentra tan atrasada como en la isla de Cuba. He aqu las pruebas de tan amarga verdad. 13Esta proporcin est sacada con inclusin de todos los esclavos. 14En esta colonia hay partidos donde no hay nio que deje de asistir a las escuelas. En toda ella se computa por trmino medio, que de cada tres nios uno se est educando. En 1833 haba 1 295 escuelas; y de las rentas pblicas se emplearon en sostenerlas como 150 000 pesos. 15Son tan admirables los adelantamientos de la educacin primaria en este pas, que considero dignas de transcribirse las palabras del caballero Alejandro Johnson en el ltimo informe que present a la Real Sociedad Asitica. Dice as: “En Madrs la proporcin de los habitantes que han aprendido a leer, escribir y los rudimentos de la aritmtica, en su propia lengua, asciende a uno por cada cinco”.

PAGE 149

Estado general de la instruccin pblica primaria de la isla de Cuba en 1836, conforme a los datos reunidos por la Seccin de Educacin de la Real Sociedad Patritica de La Habana NOTAS QUE ACOMPAAN AL ESTADO 1 Que a falta de otros datos de poblacin, nos hemos valido del censo oficial de 1827, a pesar de haber transcurrido ya nueve aos desde su publicacin, y constarnos lo bajo de sus clculos. 2 Que en este estado aparecen slo las dos terceras partes del total de nios de 1 a 15 aos los varones, y de 1 a 12 las hemb ras que da el referido censo; porque hemos estimado en una tercera parte el nmero de varones de 1 a 5, y hembras de 1 a 4 aos, y lo hemos rebajado de aquel total por no deber incluirse en el nmero de los que reciben instruccin; pues no asisten a las escuela s en razn a su corta edad. Si se considera excesiva esta rebaja por suponer que la porcin de varones de 1 a 5 aos y hembras de 1 a 4, es ms de la terce ra parte del total, admtase la demasa que se suponga, en lugar del aumento que naturalmente habr tenido la poblacin desde el a o de 1827 hasta el presente, del cual no hemos hecho mrito por atenernos a lo estrictamente oficial. 3 No se comprende a la ciudad de Matanzas y su jurisdiccin en la operacin de la nota anterior, pues en el censo de aquel territorio formado en 1835, se hizo la correspondiente clasificacin de nios de 5 a 15 aos en varones. 4 Que en la isla de Cuba no se educa en escuela de ninguna clase ningn individuo esclavo. 5 Segn el estado que antecede, de los 99 599 nios de 5 a 15 aos que hay en toda la Isla, slo reciben educacin 9 082, de los cuales son blancos 8 442 y de color 640, y quedan sin ella 65 058 blancos y 24 859 de color que forman un total de 90 517.PROVINCIAS POBLACI"N LIBRENIOS LIBRES NIOS QUE ASISTEN A LAS ESCUELAS BLANCOSDE COLOR Total de alumnos BlancosDe colorTotalBlancosDe colorTotalVaronesHembrasTotalVaronesHembras Habana165 05846 064211 12236 2749 24845 5224 0621 7985 860307346 201 Puerto Prncipe 98 22324 246122 46925 5987 18632 7849762811 257307341 257 Cuba47 77036 18483 95412 2289 06521 2939873381 3251531461 624 311 051106 494417 54574 10025 49999 5996 0252 4178 4424601809 082

PAGE 150

OBRAS 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ Segn este estado, el nmero de nios que se educaban en Cuba en 1836 fue de 9 082, que comparados con las 417 545 personas libres del censo de 1827, dan un discpulo por casi 46 habitantes. Pero como la poblacin ha aumentado de entonces ac, y calculando este aumento en los diez aos corridos, aunque solamente sea en la cuarta parte, resultarn 521 931 habitantes libres, que comparados con los 9 082 alumnos darn uno por cada 57 personas libres. Haciendo el cmputo por provincias, el resultado es muy espantoso, pues atendiendo nicamente al censo de 1827, se obtiene para la provincia de La Habana un alumno por cada 34 habitantes libres; en la de Cuba uno por casi 52; y en la de Puerto Prncipe uno por ms de 97. Estos resultados seran todava ms horrorosos, si a estas provincias se agregase el aumento de poblacin que han tenido desde 1827; pero aun con exclusin de l se formar una idea bien triste de la educacin primaria en la isla de Cuba. Caminos, puentes y canalesGrande importancia se da en las colonias inglesas a las comunicaciones internas; as es que anualmente se invierte en ellas mucha parte de sus rentas: y ya que no me es posible formar un estado completo de sus derogaciones en estos ramos, a lo menos se tendr alguna idea insertando aqu las noticias que he podido recoger. En 1830 emple la Guayana 50 000 pesos fuertes; Jamaica en 1831 como 130 000;16 y San Vicente en 1832 ms de 30 000. En el mismo ao gast el Bajo Canad 155 000; y en 1833 asign para el canal de Chambly la suma de 100 000 pesos. La Asamblea del Alto Canad vot en 1834 para la construccin de puentes y caminos 150 000 pesos. Esta colonia tiene adems varios canales, a saber: el de Grenville ; el de Rideau que le cost casi 5 millones de pesos fuertes; el de Weland en que se consumieron ms de 2 500 000; y el de la Chine cuyo gasto ascendi como a 700 000 pesos. En 1828 emple Nueva Escocia en sus caminos casi 150 000 pesos; y Nueva Brunswick en 1832 como 100 000. Para que se acabe de conocer la proteccin que el Gobierno britnico dispensa a las comunicaciones internas de sus colonias, citar a la Nueva Gales del Sud. Hablando de ella un historiador ingls, se expresa as: “Aunque todava no hace medio siglo que su territorio era un bosque impenetrable, y sus moradores unos salvajes errantes, ya hoy su superficie est cubierta de excelentes caminos y puentes atravesando los primeros en algunas partes, elevadas montaas, y rivalizando con el afamado ‘Simplon’ ”. Y dnde estn los caminos y canales de Cuba, de esa isla cuya dicha y prosperidad tan exageradamente se pondera? Recrranse sus 16De esta suma se destinaron algunas cantidades a otras obras pblicas.

PAGE 151

JOS ANTONIO SACO /145 /145 /145 /145 /145 campos desde la punta del Mais hasta el cabo de San Antonio, y desde la punta del Sabinal hasta la ensenada de Mora, y no se encontrar ningn vestigio de ellos.17 En la estacin de las lluvias es casi imposible viajar, y las malas sendas que tenemos, a veces se ponen tan intransitables, que se cierran las comunicaciones de un pueblo a otro. Un camino de hierro que ahora se ha empezado, y que se extender por un corto nmero de leguas, es el primero que se ha emprendido en Cuba a los 345 aos de su descubrimiento. Pero aun este mismo camino que debiera costearse de las rentas de la Isla, no se construye sino a expensas de un gravoso emprstito extranjero, contrado sin atender a las propuestas que hicieron varios capitalistas de Cuba para facilitar por medio de acciones todos los fondos que se necesitasen. Colonizacin blanca Colonias inglesas hay donde se ha fomentado con mucho empeo, y donde por lo mismo ha crecido la poblacin considerablemente. En la Nueva Gales del Sud entraron de la Gran Bretaa entre condenados a trabajos y emigrados voluntarios, empezando a contar aqullos desde 1825 a 1833, y stos desde julio de 1828 a 1833, 32 722 colonos. Tampoco dejar de mencionar a la Tasmania o isla de Van Diemen, pues habindose dado principio a su colonizacin en 1804, segn he dicho antes, ya en 1833 tena 31 718 almas. Y no son estas cifras lo que ms debe llamar la atencin: nuestro principal asombro debe consistir en que se hayan elevado a tanta altura, mediando entre esas colonias y su metrpoli la enorme distancia de casi 100 grados de latitud y 150 de longitud. Todava han sido ms rpidos los progresos en las colonias de Norteamrica, pues de 1812 a 1832 emigraron a ellas 351 056 colonos; pero como su introduccin se ha aumentado prodigiosamente en estos ltimos aos, y la mayor parte se ha establecido en el Canad, el nmero que ha llegado a Quebec y a Montreal desde 1829 hasta 1834, asciende a 197 000. Ninguno de estos pases se halla en tanta necesidad de brazos blancos como Cuba, pero se fomenta su colonizacin? Hblase de ella algunas veces, otra se suele escribir, frmanse juntas, se extienden informes, se imponen nuevas contribuciones, el gobierno las usurpa dndoles otra inversin, y mientras ni un solo colono pisa aquellas riberas, los campos de Cuba se ven inundados de esclavos africanos. No disculpar yo al cubano que los compra; pero su hacienda le pide brazos, y no encontrando otros que emplear, dejar perder sus propiedades? Deber exigirse este sacrificio de un padre de familia? A quien yo s acuso y acrimino, es 17Felizmente, ya va desapareciendo con los caminos de hierro tan msera condicin.

PAGE 152

OBRAS 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ al gobierno, al gobierno que pudiendo y debiendo extinguir el infame contrabando africano, le tolera, le consiente y autoriza con infraccin de los tratados, con desprecio de las leyes, y con escndalo de la moral pblica y privada. Contribuciones Bajo de esta palabra se comprenden: 1 El derecho de imponerlas. 2 La suma a que ascienden. 3 La inversin que se les da. Derecho de imponerlas En cuanto a esto, no puede haber pueblo ms infeliz que Cuba. En las colonias inglesas, sus asambleas respectivas tienen exclusivamente la facultad de establecer todas las contribuciones internas, no pudiendo el Parlamento britnico imponer otras que las necesarias para el arreglo del comercio martimo; pero aun en este caso, todo su producto se ha de invertir en beneficio particular de la colonia en que se cobran. Mas, quin derrama en Cuba los pesados atributos que la oprimen? La arbitrariedad del que manda, negndose al pueblo hasta el consuelo de quejarse. Se trata de echarle nuevas cargas? Al instante se aprueban todos los proyectos. Se trata de aliviarle el peso enorme que la abruma? Entonces por todas partes nacen dificultades, y las medidas que se proponen, casi siempre son desechadas. Y contra tantos males ya no queda ni aun la esperanza de remedio, pues condenada Cuba a la esclavitud colonial, se le castigar como crmenes hasta los suspiros que exhale. Suma de las contribuciones Algunos estn empeados en hacernos creer que la isla de Cuba es uno de los pases que pagan menos contribuciones. Verdad es que las directas son muy pocas, pero las indirectas son tantas y tan gravosas, que afligen y consumen a toda la poblacin. Pondrase la riqueza de Cuba, y fndase para ponderarla en que las contribuciones suben a muchos millones de pesos fuertes. Enhorabuena que en los pueblos donde estn repartidas con mano equitativa, se tomen como exponente de la prosperidad pblica; pero en Cuba, donde al imponerlas no se ha partido de otra base que del empeo de elevar su producto al ms alto nmero posible sin atender a la clase de bienes que se gravan, ni menos a si pueden o no soportarlas, en Cuba, repito, las contribuciones lejos de ser el signo de la riqueza pblica, lo son de la dureza e injusticia con que se la trata. Pensar que Cuba es feliz porque rinden muchos sus aduanas, es lo mismo que decir, que si uno teniendo 20, paga 15 de contribuciones, y otro teniendo 100, solamente paga diez, el primero es ms rico que el segundo. Mas, pasemos a los hechos, y ellos mejor que los raciocinios nos revelarn la verdad. Ya sea que las contribuciones se comparen con el valor de las exportaciones, ya con el nmero de habitantes, lo cierto es que Cuba siempre

PAGE 153

JOS ANTONIO SACO /147 /147 /147 /147 /147 aparece en una posicin muy desventajosa respecto de las colonias inglesas; y para probarlo, me valdr de los ltimos estados que han llegado a mi noticia. Relacin entre ColoniasValor de lasRenta o con-las exportaciones deexportacionestribucionesy las rentas o Norteamricaen pesos fs.en pesos fs.contribuciones —————————————————————————— Alto y Bajo Canad6 000 0001 511 445Poco ms del 25 % Nueva Brunswick2 135 000340 000Menos del 16 % Nueva Escocia4 436 835425 000Menos del 10 % Cabo Breton400 00050 00012 1/2 % Prncipe Eduardo160 00045 000Menos del 29 % Terra-Nova4 015 00070 000Menos del 2 % —————————————————————————— 17 146 8352 441445Menos del 15 % Esta tabla manifiesta que la colonia que ms paga es el Prncipe Eduardo, la que menos Terra-Nova, y que todas juntas contribuyen con una suma que no llega al 15 % del valor de todas las exportaciones. Si de este grupo de colonias pasamos al del archipilago de las Antillas, incluyendo tambin las Bermudas, la Guayana y la isla Mauricio, encontraremos que sus exportaciones subieron a 52 800 000 pesos fuertes, y las contribuciones a 3 330 000; es decir, que stas ascendieron a poco ms del 6 % de aqullas. Vengamos ahora a considerar a la isla de Cuba, y fijmonos en el ao de 1835. El valor de todas sus exportaciones se elev a 12 879 933 pesos fuertes; y el de las rentas colectadas en las aduanas martimas y terrestres a 8 797 182. Pero no se crea que stas son todas las cargas que oprimen a Cuba: sufre adems otras muchas, y aun los mismos hombres que slo escriben para agradar al gobierno, las computan, a pesar del inters que tienen en rebajarlas, en las cantidades siguientes: Real Lotera1 000 000 Correos997 341 Renta decimal416 000 Renta obvencional250 000 Propios y arbitrios100 000 Papel sellado250 000 Rditos de censos4 000 000 ————— 7 013 341

PAGE 154

OBRAS 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ Bien pudiera yo sacar todava una suma ms elevada, porque refirindose ella al ao 1830, de entonces ac se han aumentado, si no todas, por lo menos algunas de las partidas que la componen. Yo, empero, no las alterar, para que mejor se conozca que en vez de exagerar estos clculos, trato de reducirlos. An pesan sobre el pueblo cubano otros gravmenes que no aparecen en el catlogo de sus contribuciones. Tales son los derechos que clandestinamente se cobran por la introduccin de cada esclavo africano, derechos que por un clculo muy bajo se pueden computar en 12 y medio pesos fuertes, y como el nmero ms corto de negros importados anualmente en toda la Isla es de 20 000, ved aqu ya una nueva contribucin equivalente a 250 000 pesos. El foro de la isla de Cuba cuenta algunos abogados, que as por sus talentos como por su probidad son la honra de su patria; pero su benfica influencia no ha podido contener el torrente de males con que el vicio de la legislacin, la falta de independencia judicial, y otras causas lamentables han inundado hasta los ltimos rincones de aquella Isla. Personas que la conocen bien, calculan las exacciones judiciales, tanto lcitas, como ilcitas, en 5 800 000 pesos fuertes. Yo, sin embargo, queriendo siempre disminuir los nmeros de que me valgo, computar solamente en 2 000 000 todas las cantidades que en cohechos, sobornos y quebrantos pierden las personas que tienen la desgracia de pleitear. De esta infame contribucin estn exentas las colonias inglesas; pero Cuba, la infeliz Cuba muere vctima de esta gangrena. Hablar pudiera tambin de las multas arbitrarias que desde el Capitn General hasta el ms indecente esbirro pueden imponer al industrioso vecino; hablar tambin pudiera de los derechos que exigen por las licencias y pasaportes; y hablar, en fin, de la serie de extorsiones y violencias que si fueran a valuarse en dinero, formaran una de las ms espantosas contribuciones; pero bstanme las que he indicado, y recapitulndolas aqu, se ver de un golpe de vista el formidable peso que carga sobre los hombros de Cuba. Aduanas martimas y terrestres8 797 182 Real Lotera, correos, diezmos, obvenciones, propios y arbitrios, papel sellado y censos7 013 341 Negros clandestinamente introducidos250 000 Cohechos, sobornos y quebrantos judiciales2 000 000 ————— 18 060 523 Resulta, pues, que habiendo ascendido las exportaciones de Cuba en 1835 a 12 879 993 pesos fuertes, y llegando los desembolsos del

PAGE 155

JOS ANTONIO SACO /149 /149 /149 /149 /149 pueblo cubano a 18 060 523, stos son mucho mayores que aqullas. Pero examinemos tambin la razn en que las contribuciones estn respecto de las exportaciones, as en las colonias inglesas como en la isla de Cuba. Valor de lasContri-Relacin entre exportacionesbucionesunas y otras ————————————————— Colonias norteamericanas17 146 8352 441 445Poco ms del 14 % Antillas, Bermudas, Guayana e isla Mauricio52 800 0003 330 000Menos del 7 % Isla de Cuba12 879 99318 060 523Ms del 140 % Rstame ahora hacer el cuadro comparativo entre la poblacin respectiva de las colonias inglesas y Cuba, y las contribuciones que sta y aqullas pagan. ContribuPoblacincionesRelacin —————————————— Menos de 2 Colonias ps. fs. por norteamericanas1 250 0002 241 445 persona Archipilago de lasPoco ms de Antillas, Guyana 30 rs. plata e isla Mauricio861 6003 330 000 por cabeza Menos de 20 Isla de Ceiln957 0002 377 800 rs. plata Cabo de BuenaMenos de 5 Esperanza140 000666 600 pesos fs. Ms de 20 ps. Isla de Cuba900 00018 060 523 fs. por cabeza Aparece, pues, que Cuba aun con inclusin de todos sus esclavos paga ms del cudruplo que la ms gravada de las colonias inglesas del estado anterior. Y ya que la materia es tan importante para los cubanos, necesario ser saber a cunto ascienden las contribuciones de cada habitante libre. stos se pueden computar para 1835 en 520 000; y como aqullas se han calculado para dicho ao en 18 060 523 pesos, resulta, que cada persona libre contribuye con 34 pesos fuertes. Y casi 6 reales plata.

PAGE 156

OBRAS 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ Para dar ms exactitud a estos clculos, no me limitar a considerar las rentas de las aduanas terrestres y martimas de un solo ao, sino que tomar todas las que se han percibido en el ltimo quinquenio. stas ascendieron de 1831 a 1835 a 43 373 086 pesos, 7 reales; es decir, que la renta lleg por trmino medio en cada uno de los cinco aos a 8 674 617 pesos, 3 reales, cuya cantidad agregada a las dems contribuciones de que se ha hecho mencin, dan anualmente un total de 17 937 958 pesos, 3 reales, que repartidos entre los 520 000 habitantes libres, cabe a cada uno a 34 pesos pesos fuertes, y casi 4 reales plata.18 El producto de sus aduanas en 1836 ha sido mayor que en 1835. Ignoro todava la suma exacta a que han llegado las rentas de las provincias de Cuba y Puerto Prncipe; pero s s que las de la provincia de La Habana han excedido a las del ao anterior en 1 036 279 pesos, 7 reales y medio. Suponiendo, pues, que las aduanas de Cuba y Puerto Prncipe no hayan tenido ningn aumento, y contando tan slo con el de La Habana, resulta que las rentas de toda la Isla subieron en 1836 a 9 833 462 pesos, 7 reales Juntando esta cantidad a las dems contribuciones ya indicadas, se obtiene el total de 19 096 803 pesos, 7 reales, que repartido entre los 520 000 habitantes libres, tocan a cada uno 36 pesos fuertes y ms de 5 reales plata. Inversin de las contribuciones Ya he probado que stas son en las colonias inglesas mucho menores que en Cuba; y que, sin embargo, de serlo, gran parte de su producto se invierte en la educacin pblica, en la construccin de caminos, puentes y canales, y en otras obras tiles a las colonias. Mas, no se piense que esto es, porque en ellas queden sobrantes, pues hay algunas, tales como las de Norteamrica, donde emplendose anualmente en esos objetos cantidades muy considerables, el Gobierno ingls tiene que pagar de los fondos de la metrpoli el ejrcito, la marina, el clero protestante, y otros ramos, cuyos gastos ascendieron en 1833 a mucho ms de 2 000 000 de pesos fuertes, habiendo sido todava mayores en 1834. En Cuba sucede todo lo contrario. Casi las tres cuartas partes de los 9 000 000 que producen las aduanas, se consumen en el ejrcito y la marina; sobre sus cajas gravitan mil atenciones ajenas: gruesas cantidades se remiten con frecuencia a la Pennsula, y las de slo el ao de 1836 han subido a 2 598 000 pesos fuertes Pero tan inmensos sacrificios no los aprecia ni reconoce la misma mano que los exige, y para adormecer a los cubanos y hacerles menos sensibles sus profundas heridas, plumas asalariadas se afanan en publicar que todo el dinero que de Cuba viene a Espaa, es el sobrante de sus 18En este clculo he supuesto que la poblacin libre era desde 1831, de 520 000 habitantes; pero habiendo sido menor, es claro que la contribucin que cada uno ha pagado antes de 1835, ha sido tambin mayor.

PAGE 157

JOS ANTONIO SACO /151 /151 /151 /151 /151 riquezas. Y sobrante puede llamarse lo que aquella Isla reclama imperiosamente para satisfacer sus necesidades? Sobrante puede decirse lo que sagradamente debiera emplearse en la ereccin de escuelas e institutos literarios, en la construccin de caminos, puentes y canales, en el fomento de la poblacin blanca, y en la proteccin de tantas y tantas cosas como a gritos est pidiendo esa Antilla abandonada? Afirmar que en Cuba hay sobrantes es lo mismo que decir, que tambin los tiene un hombre a quien se deja hambriento y desnudo por habrsele quitado el dinero que necesita para alimentarse y vestirse. Se recomienda como un favor sealado la admisin de buques extranjeros en los puertos de Cuba, mientras que a las colonias inglesas se las supone gimiendo bajo de un duro monopolio. No es del caso trazar aqu la historia del comercio extranjero en aquella Isla; pero s es indispensable advertir, que su introduccin no se debe ni a los desvelos paternales ni a la generosidad del gobierno, sino a los esfuerzos de algunas corporaciones de La Habana, que combatiendo y desbaratando las maquinaciones del egosmo y del inters, pudieron recabar al cabo de una larga y empeada lucha que al negociante extranjero se le permitiese arribar a las playas cubanas y vender en ellas sus mercancas. En vano se alegar como un favor lo que no es sino efecto de la ms urgente necesidad. Empleando Cuba anualmente ms de 600 000 toneladas en sus importaciones y exportaciones, cmo podra Espaa sin fbricas y sin buques proveer aquel vasto mercado, ni menos llevar los frutos de la Isla a los pases donde se consumen? Cirrense las puertas al extranjero, y desde ese da Cuba quedar condenada a una ruina inevitable y Espaa a sufrir sus terribles consecuencias. Exagrase sobre manera el monopolio con que Inglaterra oprime a sus colonias; pero es menester que seamos imparciales, y que no nos dejemos sorprender por los que con daada intencin quieren alejarnos de la verdad. Banderas de distintas naciones flamean en aquellos puertos, y en sus tablas estadsticas se leen varias partidas que representan el comercio extranjero. Se dir que ste se halla muy recargado de derechos, y que el britnico est favorecido? Y en caso de ser as, no sucede lo mismo y an mucho ms respecto del trfico espaol? No estn brbaramente gravados algunos artculos extranjeros tan slo por proteger a los nacionales? Aun concediendo que exista ese monopolio, nunca ser tan funesto como se pretende, porque teniendo la nacin britnica una asombrosa marina mercante, estando sus fbricas tan adelantadas, as en la calidad de sus obras, como en los medios de producirlas, y reinando entre los bretones una industria y una actividad admirable, necesariamente se establece entre ellos una concurrencia numerosa que viene a destruir los efectos de ese mismo monopolio. Pero en hora buena que ste subsista; todava las colonias inglesas tienen el

PAGE 158

OBRAS 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ consuelo de saber, que sus contribuciones, ora pesadas, ora leves; ora justas, ora injustas, siempre se invierten en su propio provecho. Mas, Cuba no goza de esta ventaja, y mientras que paga ms que todas ellas, pasa por el dolor de ver, que las enormes cantidades que se le arrancan, no se consumen en fecundar su suelo, ni en mejorar la condicin social de sus hijos, sino en gastos improductivos, en atenciones ajenas, y aun en territorios extraos. Quizs me he extendido en este Paralelo algo ms de lo que pensaba; pero antes de levantar la pluma, debo prevenir una acusacin que algunos podrn hacerme. Dirn que soy partidario de la nacin inglesa, y que bien a las claras manifiesto los deseos de que Cuba empiece a girar entre los satlites de aquel planeta. Se equivocan los que as hablan, y no me conocen los que as me juzgan. Si el Gobierno espaol llegase alguna vez a cortar los lazos polticos que unen a Cuba con Espaa, no sera yo tan criminal que propusiese uncir mi patria al carro de la Gran Bretaa. Darle entonces una existencia propia, una existencia independiente, y si posible fuera tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza; he aqu cual sera en mi humilde opinin el blanco a donde debieran dirigirse los esfuerzos de todo buen cubano. Pero si arrastrada por las circunstancias, tuviera que arrojarse en brazos extraos, en ningunos podra caer con ms honor ni con ms gloria que en los de la Gran Confederacin Norteamericana. En ellos encontrara paz y consuelo, fuerza y proteccin, justicia y libertad, y apoyndose sobre tan slidas bases, en breve exhibira al mundo el portentoso espectculo de un pueblo que del ms profundo abatimiento se levanta y pasa con la velocidad del relmpago al ms alto punto de grandeza.19 Publicado que fue el Paralelo algunos me aconsejaron que saliese inmediatamente de Espaa; pero yo, no slo permanec en ella hasta enero de 1838, sino que tuve la satisfaccin de que ni dentro de las Cortes, ni fuera de ellas, hubo diputados ni escritores que se presentasen a combatirlo. Carta del general Tacn La publicacin del Paralelo hizo caer en mis manos una carta que el general Tacn escribi a un agente secreto y confidencial que de La Habana haba enviado a Espaa, y que entonces se hallaba en Cdiz desempeando sus degradantes funciones. La carta, cuyo original conservo, dice as: 19Este prrafo mal entendido dio ocasin a que muchos me tomasen por anexionista; pero su error aparecer demostrado en otra parte de este tomo.

PAGE 159

JOS ANTONIO SACO /153 /153 /153 /153 /153 Habana 31 de julio de 1837 Sr. don Joaqun N. Valds Peralejo Muy seor mo: con la apreciable de V. de 5 de junio recib el cuaderno que acompaa y de que segn costumbre con los de su clase vinieron por el correo crecido nmero de ejemplares. Agradezco a V. el buen celo y eficaz inters que se toma por la felicidad de esta Isla, repitindome su afecto servidor. Q.B.S.M. MIGUEL TAC"N. Otro papel mucho ms importante lleg tambin a mis manos, y a pesar de que el general Tacn lo envi al gobierno por la va reservada, yo recib por el mismo correo una copia fiel sacada en La Habana. Al publicarla, dejar correr en silencio las falsedades y groseros errores que contiene, pues no quiero malgastar el tiempo en refutarlos.Comunicacin del general Tacn al Ministro de la Gobernacin de Ultramar (Reservado)Excmo. seor: Al ver yo que el club de habaneros desleales que tantas veces denunci a S.M. en mis anteriores comunicaciones como existente en la corte misma, ha dejado ya el disimulo y proclamado francamente sus principios desorganizadores desde el momento en que perdi sus esperanzas de figurar en la representacin nacional, y de llevar en ella a cabo sus inicuos planes, no puedo menos de lamentarme de que a la vista misma de los supremos poderes, en imprenta conocida y sin ocultarse con la mscara del annimo se impriman folletos que salen de un centro conocido y se diseminan por esta Isla valindose de los inmensos recursos que los disidentes tienen a su alcance. Cuntase en el nmero de estas producciones el Paralelo entre la isla de Cuba y algunas colonias inglesas escrito por D. Jos Antonio Saco, e impreso en Madrid en la oficina de D. Toms Jordn. Desde el primer prrafo de este cuaderno manifiesta su autor el punto adonde se dirige, aseverando con juramento, que al contemplar el estado miserable de esta Isla, trocara la suerte de su patria por la de las posesiones del Canad. El folleto contiene un tejido de imposturas y es un dolor, que as como existen hombres prfidos e incansables en extraviar la opinin, no haya tambin verdaderos espaoles que se propongan refutar e imponer silencio a los malvados.

PAGE 160

OBRAS 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ En el segundo prrafo de la pgina cuarta habla de mi autoridad como si en ella estuviesen reunidos todos los poderes y no existiesen tribunales de justicia que por fortuna comienzan a administrarla en esta Isla con mayor regularidad que en tiempos pasados. Ni el Corsario ni las inmundas Pginas Cubanas que haban tomado por ejercicio denigrar mi persona, pudieron decir ms en este particular que el folleto en cuestin. La diferencia est en que antes los autores ocultaban su nombre y ahora le manifiestan sin rebozo. Nada dir de la censura a que el folletista se refiere en el primer prrafo de la pgina octava. S.M. penetrada de la diversidad de circunstancias en que este pas se encuentra respecto de la madre patria se ha servido prevenirme en repetidas reales rdenes que tenga especial cuidado de que la censura sobre los papeles peridicos y la revisin de los libros y folletos que han de circular sea tan cuidadosa como demanda la seguridad de esta posesin, cuya existencia poltica es tan delicada. Sin embargo, de que aqu se cumplen las disposiciones soberanas, nada deja de publicarse de cuanto conduzca a la instruccin y bien del pas. Los dos peridicos diarios de esta capital, el que se publica mensualmente bajo el nombre de “Memorias de la sociedad patritica” y los dems de la Isla, desmienten las calumnias del atrevido folletista. Tambin llamo la atencin de V.E. hacia el ltimo prrafo de la pgina 17, donde se asegura que en cuanto a contribuciones no puede haber pueblo ms infeliz que la isla de Cuba En el primer prrafo de la pgina 18, amplifica esta idea y hace comparaciones tan maliciosas como inexactas con otros pases de Amrica. Precisamente no se conocen aqu otras contribuciones que las de importacin de efectos y algunas muy moderadas sobre la exportacin, y ya sabemos que stas gravitan ms especialmente sobre los comerciantes de los diversos pases que negocian con Cuba. Ni aqu se conocen contribuciones directas ni los hacendados y grandes propietarios de fincas rsticas y urbanas pagan un solo real de contribucin por los millones que poseen. No hay prstamos forzosos: no hay contribucin de sangre, porque no existen levas ni quintas, y puede asegurarse que no hay pas sobre la tierra que en proporcin a sus inmensas riquezas, que es como debe hacerse el avalo y no como le hace el folletista, pague menos contribuciones ni disfrute de mayor suma de felicidad que la isla de Cuba. De esta clase son las dems inexactitudes de ese folleto incendiario que me veo en la necesidad de acompaar a V.E. para que se penetre de la perfidia con que se ha redactado: en el ltimo prrafo hacia el cual llamo ms particularmente la atencin se hallan las siguientes palabras que envuelven una amenaza muy digna de reprimirse. “Si el Gobierno espaol llegase alguna vez a cortar los lazos polticos que unen a Cuba con Espaa, no sera yo tan criminal que propusiese uncir mi patria al

PAGE 161

JOS ANTONIO SACO /155 /155 /155 /155 /155 carro de la Gran Bretaa. Darle entonces una existencia propia, una existencia independiente, y si posible fuera tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza; he aqu cual sera en mi humilde opinin el blanco a donde debieran dirigirse los esfuerzos de todo buen cubano. Pero si arrastrada por las circunstancias, tuviera que arrojarse en brazos extraos, en ningunos podra caer con ms honor ni con ms gloria que en los de la Gran Confederacin Norteamericana. En ellos encontrara paz y consuelo, fuerza y proteccin, justicia y libertad, y apoyndose sobre tan slidas bases, en breve exhibira al mundo el portentoso espectculo de un pueblo que del ms profundo abatimiento se levanta y pasa con la velocidad del relmpago al ms alto punto de grandeza”. ste es el papel que destina el club de cubanos disidentes desde la corte a circular por los pases de Ultramar. Las ideas sediciosas que desenvuelve y las alusiones subversivas que contiene, no pueden llevar otro objeto que sublevar el pas y separarle de la dependencia de la Espaa. ¡Y esto se escribe en la corte misma! ¡Esto se publica impunemente, y se circula por estos dominios sin que toda mi vigilancia sea capaz de evitar la introduccin y sin que el autor tenga reparo en hacer ostentacin de su crimen y en insultar al gobierno de S.M.! Yo me abismo al ver una impunidad tan perniciosa, y veo con dolor profundo que mi posicin se rodea todos los das de nuevos embarazos. Digo esto tambin, porque hasta la manera con que se introducen en la Isla estas producciones altamente alarmantes y sediciosas sugiere la idea de que tal vez en las primeras oficinas de la corte o en los mismos ministerios hay alguna persona unida de corazn por nacimiento y por principios a los disidentes, que se propone hacer las remisiones con el sello del gobierno para no llamar la atencin en las estafetas y a fin de que con escudo tan respetable se facilite ms la circulacin. Para que V.E. se convenza de que esta indicacin no carece de fundamento, acompao copia del oficio que en 30 de junio me dirigi el regente interino de esta Real Audiencia con el cuaderno titulado, Examen analtico del informe de la comisin especial nombrada por las Cortes sobre exclusin de los actuales y futuros diputados por Ultramar, escrito por el mismo don Jos Antonio Saco Lleg este cuaderno a manos del regente en un paquete con el sello exterior rojo que contiene las armas reales de Castilla y de Len y cuya cubierta acompao original en la misma forma en que se me ha remitido. Acaso, esta ocurrencia coincide con la fundada sospecha de que algn oficial de secretara tenga complicidad en este crimen. No quisiera aventurar juicios en materia de suyo tan importante; pero en el Ministerio de Gracia y Justicia existe un hijo de este pas que designado por la opinin pblica como uno de los colaboradores del Corsario y de las Pginas Cubanas es el ms a propsito hasta para servir de punto de

PAGE 162

OBRAS 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ comunicacin de los secretos del gobierno a los disidentes. Deberemos en este particular ser ms cautos y no contemporizar jams con circunstancias que puedan sernos perniciosas. El hombre que es perjudicial en un destino pblico, que le convierte en instrumento de maquinacin, debe ser removido ignominiosamente, porque en ello se interesa el bien de la nacin y la integridad de la monarqua. Al expresarme as, repito que no me mueve otro objeto que el desempeo de mis deberes a los cuales subordino toda clase de consideraciones. Si mis indicaciones son atendidas conseguir los fines importantes que me propongo, y en todo caso quedarn a salvo mi honor, mi lealtad y mi notorio e infatigable celo por la conservacin de esta posesin importante a la madre patria.—Srvase V.E. ponerlo todo en el real conocimiento de S.M. la Reina Gobernadora. Dios guarde a V.E. muchos aos. Habana 31 de julio de 1837. — Excmo. seor—Miguel Tacn.—Excmo. seor Secretario de Estado y del Despacho de la Gobernacin de Ultramar.

PAGE 163

PARA EL LBUM PARA EL LBUM PARA EL LBUM PARA EL LBUM PARA EL LBUM DE UN AMIGO HABANERO DE UN AMIGO HABANERO DE UN AMIGO HABANERO DE UN AMIGO HABANERO DE UN AMIGO HABANERO EN MADRID, AL DESPEDIRSE DE M EN MADRID, AL DESPEDIRSE DE M EN MADRID, AL DESPEDIRSE DE M EN MADRID, AL DESPEDIRSE DE M EN MADRID, AL DESPEDIRSE DE M P P P P P ARA CUBA EN MA ARA CUBA EN MA ARA CUBA EN MA ARA CUBA EN MA ARA CUBA EN MA YO DE 1837 YO DE 1837 YO DE 1837 YO DE 1837 YO DE 1837Amar la patria, y gozar de sus delicias, es una felicidad. Amarla, y no poder vivir en ella, es una desgracia. Verla esclavizada, y tener la esperanza de redimirla, es un consuelo; pero orla gemir entre cadenas, y no ser dado romperlas, es el ms cruel de los tormentos.

PAGE 164

POLMIC POLMIC POLMIC POLMIC POLMIC A ENTRE DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO A ENTRE DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO A ENTRE DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO A ENTRE DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO A ENTRE DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO Y DON JOS ANTONIO SACO Y DON JOS ANTONIO SACO Y DON JOS ANTONIO SACO Y DON JOS ANTONIO SACO Y DON JOS ANTONIO SACOEn 1844, siendo fiscal de la Real Hacienda de La Habana don Vicente Vzquez Queipo, present a la Superintendencia General de ella un Informe sobre fomento de la poblacin blanca en la isla de Cuba y emancipacin progresiva de la esclava Este informe se imprimi en Madrid en 1845; y aunque desde entonces tuve noticias de l, no le le hasta fines de 1846. Su lectura me sugiri las ideas que extend en una carta, la que dirigida a mi excelente amigo y generoso patricio don Domingo del Monte, e impresa a sus expensas en Sevilla, dio origen a la ruidosa polmica de que llevo hecha mencin. El informe del seor Vzquez Queipo fue traducido en francs, e impreso en Pars, en 1851, por M. Arthur d’Avrainville, agregado a la administracin central de las colonias; pero este seor, mostrando una imparcialidad que le honra, tradujo tambin casi toda mi Carta y la aplic como correctivo a las ideas del seor Queipo.

PAGE 165

CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T A DE UN CUBANO A UN AMIGO SUYO A DE UN CUBANO A UN AMIGO SUYO A DE UN CUBANO A UN AMIGO SUYO A DE UN CUBANO A UN AMIGO SUYO A DE UN CUBANO A UN AMIGO SUYO EN QUE SE HACEN ALGUNAS OB EN QUE SE HACEN ALGUNAS OB EN QUE SE HACEN ALGUNAS OB EN QUE SE HACEN ALGUNAS OB EN QUE SE HACEN ALGUNAS OB SER SER SER SER SER V V V V V ACIONES ACIONES ACIONES ACIONES ACIONES AL INFORME FISC AL INFORME FISC AL INFORME FISC AL INFORME FISC AL INFORME FISC AL SOBRE FOMENTO AL SOBRE FOMENTO AL SOBRE FOMENTO AL SOBRE FOMENTO AL SOBRE FOMENTO DE LA POBLACI"N BLANC DE LA POBLACI"N BLANC DE LA POBLACI"N BLANC DE LA POBLACI"N BLANC DE LA POBLACI"N BLANC A EN LA ISLA DE CUBA, ETC., A EN LA ISLA DE CUBA, ETC., A EN LA ISLA DE CUBA, ETC., A EN LA ISLA DE CUBA, ETC., A EN LA ISLA DE CUBA, ETC., (Presentado en La Habana en diciembre de 1844 (Presentado en La Habana en diciembre de 1844 (Presentado en La Habana en diciembre de 1844 (Presentado en La Habana en diciembre de 1844 (Presentado en La Habana en diciembre de 1844 a la Superintendencia General delegada de la R a la Superintendencia General delegada de la R a la Superintendencia General delegada de la R a la Superintendencia General delegada de la R a la Superintendencia General delegada de la R eal eal eal eal eal Hacienda, por el seor V Hacienda, por el seor V Hacienda, por el seor V Hacienda, por el seor V Hacienda, por el seor V icente Vzquez Queipo, fiscal icente Vzquez Queipo, fiscal icente Vzquez Queipo, fiscal icente Vzquez Queipo, fiscal icente Vzquez Queipo, fiscal de la misma, y publicado en Madrid en 1845.—Sevilla, de la misma, y publicado en Madrid en 1845.—Sevilla, de la misma, y publicado en Madrid en 1845.—Sevilla, de la misma, y publicado en Madrid en 1845.—Sevilla, de la misma, y publicado en Madrid en 1845.—Sevilla, imprenta de J. Gmez calle de las Sierpes, no. 13.—1847.) imprenta de J. Gmez calle de las Sierpes, no. 13.—1847.) imprenta de J. Gmez calle de las Sierpes, no. 13.—1847.) imprenta de J. Gmez calle de las Sierpes, no. 13.—1847.) imprenta de J. Gmez calle de las Sierpes, no. 13.—1847.)Gibraltar y diciembre 12 de 1846. Mi querido amigo: en vsperas de embarcarme, ha llegado a mis manos el informe que usted ha tenido la bondad de remitirme. Pdeme usted mi opinin acerca de l, e interesndome en drsela con la posible brevedad, suspender mi viaje por algunos das, hasta dejar sus deseos enteramente satisfechos. No espere usted, sin embargo, que yo siga paso a paso al apreciable autor del informe en su voluminoso y complicado libro. Para esto sera menester escribir mucho, y sobre materias muy diversas; y ni la naturaleza de esta Carta ni el corto tiempo de que puedo disponer, ni menos el lugar donde me hallo, permiten que me dedique a tan larga y penosa tarea. Muchas cosas contiene el informe, dignas de ser alabadas, y yo el primero en tributarles un justo elogio; pero al mismo tiempo no faltan otras, malas en mi concepto, y algunas de tanta gravedad, que ellas sern el objeto de esta Carta Dejando caer la vista sobre la frente del libro que examino, descubro al instante la falta de conveniencia entre su ttulo y su contenido. Aqul es, Informe fiscal sobre fomento de la poblacin blanca en la isla de Cuba y emancipacin progresiva de la esclava, con una breve resea de las reformas y modificaciones que para conseguirlo convendra establecer en la legislacin y constitucin coloniales. Dos, pues, son los puntos capitales del informe: fomento de la poblacin blanca y emancipacin progresiva de la esclava Todo lo dems es secundario, y por lo mismo no ha debido tocarse, sino por va de ilus-

PAGE 166

OBRAS 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ tracin, y slo en aquellos puntos que tengan un enlace directo con el asunto fundamental. Pero no es sta la marcha que ha seguido el autor: l transforma lo accesorio en principal, y la breve resea que nos promete de las reformas y modificaciones que convendran establecer, absorben casi todo el informe. Quien lo lea, se olvida enteramente de la poblacin blanca y de la emancipacin progresiva de la esclava que son los dos puntos que siempre debe tener delante; y sintindolo as el seor Queipo, se ve forzado a recordar de cuando en cuando, que la materia de que trata, est relacionada con la poblacin blanca Ni puede ser de otra manera, engolfndose en tantas cuestiones polticas, econmicas y administrativas, que o son del todo extraas al plan ideolgico de la obra, o que apenas tienen con l alguna remota conexin. Porque a la verdad, cmo dar cabida en su informe sobre poblacin blanca y emancipacin progresiva de la esclava, a las disertaciones y tratados que se introducen sobre el sistema hipotecario, sobre el culto, clero y dotacin, sobre monedas, costas procesales, insolvencia, recusaciones sustanciacin de causas, juicios de esperas, tutelas, curatelas y otra muchedumbre de cosas que aunque interesantes, son incoherentes entre s? No se diga, que algunas, o todas si se quiere, tienen algn contacto con el fomento de la poblacin blanca, o con la agricultura cubana, de cuyos progresos participa aqulla. De ah solamente se infiere, que tales materias han debido indicarse, sealando brevemente su influencia; pero sin excederse jams del punto hasta donde llegan sus relaciones con el asunto principal. Saberse contener a tiempo, para no traspasar los lmites del plan trazado, es una de las partes difciles de la composicin, y en que luce la habilidad del escritor. A dar rienda suelta a la pluma, no habra produccin literaria en que no pudiera tratarse de cuantos objetos encierra la naturaleza, pues que no hay ninguno que deje de tener con otro alguna relacin ms o menos directa, ms o menos remota. Segn la lgica del informe, yo pudiera haberle enriquecido con un artculo de botnica, cuya influencia en la agricultura, y, por consiguiente, en la poblacin, es mayor y ms directa que la de muchos de los puntos que en l se contienen. Pudiera tambin haber escrito un captulo sobre qumica, pues que esta ciencia ensea a conocer la naturaleza de los terrenos adecuados para el cultivo; y pudiera todava con ms razn insertar un tratado de arquitectura, pues que debiendo los colonos ser alojados en edificios cmodos, es necesario construirlos segn las reglas del arte para conservar su salud, y asegurar el aumento de la poblacin blanca. Parceme ver muy claro, que el extravo del seor Queipo procedi de haber querido dar unidad a lo que en rigor es una miscelnea, y tomado por modelo la Ley agraria de Jovellanos, sin advertir que en esta obra, todas las materias estn estrechamente enlazadas, viniendo a ser como otras tantas ramas que nacen de un tronco

PAGE 167

JOS ANTONIO SACO /161 /161 /161 /161 /161 comn. Por imitar un buen libro, un hombre de talento como el seor Queipo, comprometi todo el plan de su obra, e imponindose cadenas voluntariamente, sacrific la libertad de su pluma. Coleccin de informes, memorias y artculos sobre varios ramos polticos, econmicos y administrativos de la isla de Cuba ; tal es el ttulo que yo hubiera puesto y que cuadra perfectamente al libro del seor Fiscal de la Real Hacienda de La Habana. Pasando de los nombres a las cosas, se traza en la introduccin del informe un bosquejo histrico, que por lo mismo de ser histrico, exige mucha verdad. Hblese en l del empeo que pusieron los monarcas espaoles en conservar la poblacin indgena desde el descubrimiento de Amrica; y se aade que “por desgracia, la codicia de los particulares, la de muchos aventureros extranjeros que formaron parte de las primeras expediciones de los espaoles, y tal vez la de algunos de los jefes que las mandaron y dirigieron, hicieron ineficaces los filantrpicos y paternales sentimientos de nuestros soberanos ”. Cierto es, que stos, y que principalmente la reina Isabel, dictaron muchas medidas favorables a la conservacin de los indios: cierto, que la codicia de los particulares frustr tan laudables deseos; pero no lo es, que a la Amrica hubiesen pasado muchos aventureros extranjeros en las primeras expediciones. Esta muchedumbre era incompatible, no slo con la poltica adoptada desde el principio para alejar de aquellas tierras a todos los extranjeros, sino con el sistema restrictivo establecido aun respecto de los mismos espaoles. La reina Isabel haba mandado, “ que otros ningunos, sino los castellanos, pasasen a entender en aquellos descubrimientos, y pacificaciones, pues que con su sangre y vidas haban abierto el camino de ellas, llevando por gua al famoso primer almirante de las Indias don Cristbal Coln: allende que justsimamente juzgaba, que de nadie sera mejor obedecida que de sus propios vasallos, ni otros ningunos mejor ejecutaran sus rdenes ”.1 Y no se piense que aqu se toma en su sentido lato la palabra castellanos sino que se limita a los sbditos de la corona de Castilla, como aparece claramente del Real Permiso concedido a un aragons en 17 de noviembre de 1504, cuyo tenor es como sigue: “El Rey.—Por hacer bien merced vos Juan Snchez de la Tesorera, estante en la ciudad de Sevilla, natural de la ciudad de Zaragoza, natural del reino de Aragn, acatando algunos buenos servicios que me habeis fecho, espero que me fareis de aqu en adelante; por la presente vos doy licencia para que podais llevar a la isla Espaola, ques en el mar Ocano, las mercaderas otras cosas que pueden lle1Vase a Herrera en la dcada V, libro IX, cap. V.

PAGE 168

OBRAS 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ var los vecinos moradores naturales de estos nuestros reinos, segn las provisiones que para ello mandamos dar, no embargante que no seais natural dellos ; de lo cual vos mandamos dar la presente firmada de mi nombre”. Rarsimos, pues, son los nombres extranjeros que se encuentran en los anales de los 25, o 30 primeros aos de la conquista; y aun esos nombres no eran, sino de algn pobre marinero que por su infeliz condicin, ninguna influencia poda ejercer en la suerte de los indios, o de algn experto mareante que a la Amrica conduca las naves castellanas. Y estos hombres, lejos de ser intrusos, ni devastadores del Nuevo Mundo, fueron llamados por el Gobierno espaol, a quien prestaron grandes servicios, pues el reino de Castilla muy atrasado entonces en la ciencia nutica, careca de pilotos inteligentes. No soy yo quien lo dice: afrmalo as la reina doa Juana en el real ttulo de piloto mayor, expedido en 6 de agosto de 1508 al italiano Americo Vespucci, parte del cual insertar tomndolo del tomo 3 de la Coleccin de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los espaoles desde fines de siglo XV, obra dedicada por su autor don Martn Fernndez de Navarrete al Seor don Fernando VII, e impresa de orden de S.M. en la imprenta real de Madrid. “Doa Juana, etc.—Por cuanto a nuestra noticia es venido, por esperiencia habemos visto que por no ser los pilotos tan espertos como sera menester, ni tan estrutos en lo que deben saber que les baste para regir gobernar los navos que navegan en los viajes que se hacen por el mar Ocano a las nuestras islas tierra firme, que tenemos en la parte de las Indias, por defecto dellos, de no saber como se han de regir o gobernar, de no tener fundamento para saber tomar por el cuadrante estrolabio el altura, ni saber la cuenta dello, les han acaecido muchos yerros, las gentes que debajo de su gobernacin navegan han pasado mucho peligro de que nuestro Seor ha seido deservido, en nuestra hacienda, de los mercadores que alla contrata, se ha recibido mucho dao perdida; por remediar lo susodicho, etctera”. Este atraso lamentable fue tambin la causa de que en aos posteriores se echase mano de otro italiano, Juan Vespucci, sobrino de Amrico, para confiarle exclusivamente un trabajo importante cuando mand el gobierno que se hiciese un padrn general, que segn dice Antonio Herrera en la dcada 1, libro 10, captulo 11 deba estar “fijado en la Casa de la Contratacin, donde todos los pilotos le pudiesen ver y considerar, con orden, que nadie sacase traslados de l sino Juan Vespucio, quien se hizo merced de ello; porque por esperiencia se haba visto, que en la navegacin de las Indias se haban hecho muchos yerros, por no ser los pilotos tan diestros, ni plticos, como convena, ni saber por donde se haban de regir, ni por donde haban de tomar el cuadrante, y el astrolabio, y el altura, ni la cuenta de ello”.

PAGE 169

JOS ANTONIO SACO /163 /163 /163 /163 /163 El sevillano Pedro de Medina confiesa en su Arte de navegar impreso en 1545, que le haba movido a escribir el ver, que pocos “ de los que navegan saben lo que la navegacin se requiere, la causa es, porque ni hay maestros que lo enseen ni libros en que lo lean ”. Todava son ms terminantes las palabras del aragons Martn Corts en su Breve compendio de la esfera y de la arte de navegar publicado en Cdiz en 1554, pues dice, que “ pocos o ningunos de los pilotos saben apenas leer, y con dificultad quieren aprender y ser enseados” Y en otra parte habla as: “Considerando cuntos y cun grandes peligros de cada hora suceden, y muchos de ellos por la ignorancia, y falta de experimentados pilotos, de los cuales es de doler no tanto porque no saben, como porque pudiendo no quieren, ni procuran saber; acord ordenar este compendio de navegacin comn provecho para todos”. A principios del siglo XVI vino a reinar la casa de Austria, sentose en el trono un monarca extranjero, y rodeose de ministros tambin extranjeros; pero, como dice bien el clebre don Manuel Jos Quintana en su vida de Bartolom de las Casas, “este ministerio, que ha dejado una memoria tan ominosa en Castilla por los tristes resultados que tuvieron su avaricia y sus errores, prest, sin embargo, favorable acogida a las proposiciones de Casas, y se mostr respecto de los indios generoso, humano y liberal”. Durante el reinado de Carlos I se hicieron los descubrimientos ms importantes del continente de Amrica, y se consumaron las conquistas de aquellas vastas regiones; pero en todas partes no se vieron sino jefes, soldados y pobladores espaoles. Slo se concedi en 1528 a la casa alemana de los Belzares la gobernacin de Venezuela; mas, ellos, en vez de descubrir y poblar segn el asiento que ajustaron, se dieron a recorrer el pas no con gente extranjera, sino espaola, sindolo tambin algunos de los pocos gobernadores que nombraron; y si entre los alemanes hubo un Ambrosio Alfinger, hombre perverso, no faltaron otros, a quienes el mismo Herrera en la dcada 7, libro 10, captulo 16 y 17, llama “ templados y de buena condicin, honrados y buenos cristianos, y que gobernaban bien y dulcemente ”. Vase, pues, como los extranjeros que pasaron a la Amrica en los primeros tiempos de la conquista, adems de haber sido en muy corto nmero, no fueron tan malos como se pretende. Pero el seor Queipo, no slo atribuye la ineficacia de los filantrpicos y paternales sentimientos de nuestros reyes a la codicia de los particulares, y a la de muchos aventureros extranjeros, sino “tal vez a la de algunos de los jefes que mandaron y dirigieron las primeras expediciones de los espaoles”: es decir, que sin duda, segn lo indica el tal vez que hubiese jefes codiciosos, y que si los hubo, no fueron muchos, sino algunos. Esta frase, amigo mo, est en abierta contradiccin con toda

PAGE 170

OBRAS 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ la verdad de la historia. Ella nos muestra con hechos terribles, que casi todos los que tomaron parte en los descubrimientos y conquistas de Amrica, fueron malos y crueles en aquella tierra, y con desprecio de las repetidas leyes y ordenanzas del gobierno, apenas hubo empleado que no fuese cmplice del mismo crimen. En prueba de lo que afirmo, yo pudiera formar un libro, acumulando citas sobre citas, no de autores extranjeros o americanos, sino puramente espaoles; pero mientras recomiendo a usted su lectura en las obras de Casas, Oviedo, Herrera, Muoz, Fernndez de Navarrete, y otros que han escrito sobre las cosas del Nuevo Mundo, permtame transcribirle algunos pasajes que slo son un bosquejo de lo mucho que pudiera decir. El licenciado Alonso Zuazo pas a Indias de juez de residencia, y en una carta muy interesante que desde la isla de Santo Domingo escribi en 22 de enero de 1518 a Mr. de Chievres, el ministro de ms confianza de Carlos I, y que en extracto public el seor Quintana en el apndice a la vida de Casas, se lee el prrafo siguiente. “Y sepa vuestra ilustre seora que uno de los grandes daos que ac ha habido en estas partes, ha sido querer su Alteza del Rey Catlico dar a algunos facultad para que so color de descubrir fuesen con armadas a su propia costa, a entrar por la Tierra Firme las otras Islas; porque como tales armadores se gastaban para hacer las dichas armadas, llevaban terrible codicia para sacar sus espensas, gastos, propsito de doblallos si pudiesen; y con estas intenciones queran cargar de oro los navos, de esclavos, de todo aquello que los indios tenan de que pudiesen hacer dineros, para venir este fin no podan ser los medios sino brbaros, sin piedad, sin cometer grandsimas crueldades, abominables, crudas muertes, robos, asar los hombres como a San Llorente, aperreallos, escandalizar toda la tierra. hemos visto casi a todos los que de esta manera han entrado su costa morir muy crueles muertes, como fue Diego de Nicuesa, el capitn Becerra, otros muchos. En conclusin, muy magnfico seor, que las cosas de Tierra Firme estn agora de esta manera esperando la venida del fator del Ro—grande para haber cada uno de all su parte. Suplico vuestra seora que de esto avise S.M., porque irn muchos a se ofrecer su costa descubrir, porque el tal descubrir ntes es soterrar las tierras provincias debajo de la tierra, ntes escurecerlas que aclararlas descubrirlas”. De lo que eran los magistrados, hallar usted una muestra en la primera Audiencia de Nueva Espaa, de la que fue presidente el malvado Nuo de Guzmn. El hombre que habla contra ella es el famoso Hernn Corts en su carta 5 a Carlos I, fecha en Tezcuco a 10 de octubre de 1530. “Por tener como han tenido la tierra en tirana, que no hobiese en ella quien contradiccin les hiciese, para no obedecer, como hasta aqu no

PAGE 171

JOS ANTONIO SACO /165 /165 /165 /165 /165 han obedecido ni cumplido carta ni provisin de V.M. sino como absolutos seores de ella han robado as a los naturales como a los nuevos pobladores, y destrudola en tanta manera, que certifico a V.M. que si les durara, que en muy breve tiempo la pusieran en el trmino que a la Espaola y a las otras islas porque ya falta ms de la mitad de la gente de los naturales a causa de las vejaciones y malos tratamientos que han recibido, que ni han bastado para lo estorbar las ordenanzas que para defensa de esto V.M. mand hacer enviar, antes les han tenido suspensas sin cumplir ninguna dellas...; y ni tampoco ha bastado la proteccin que V.M. mand que tuviese el electo Obispo de Mjico, porque jams han querido cumplir ni obedecer las provisiones que para esto trajo: antes porque el dicho electo ha tratado de defender que no sean los naturales tan maltratados, le han maltratado y ofendido, as en la persona poniendo las manos en l, como en la fama levantndole mil testimonios falsos, siendo como es uno de los buenos religiosos, y de buena doctrina y ejemplo que pueden ser, y como tal V.M. le escogi para el cargo; mas porque si el dicho electo lo tuviera, ellos no pudieran haber tenido como tienen cada ciencuenta mil castellanos en un ao, sin casi otros tantos que han gastado en pagar muchas debdas que trageron, y enviar esos reinos como han envado en cabeza de otros, mucha suma de oro y joyas, y en banquetes y fiestas con mugeres y otras deshonestidades, que porque hay de estos muchos cronistas, y aun algunas de las cronicas han enviado a V.M. y su consejo, yo no me entrometo”. Quiere usted saber lo que eran entonces los empleados de Real Hacienda? Pues lea a Herrera en la dcada 7, libro 9, captulo 11 al principio, y captulo 13 al fin, en que refiere los sucesos del Ro de la Plata, ocurridos hacia el promedio del siglo XVI. “A quince das llegado a gobernador el Asumpcion, tenindose mortal dio los Oficiales Reales, porque los tena en freno, sin dejarlos usar del arrogancia imperio, que en todo queran tener, ni del avaricia que fue muy comn todos los oficiales pecuniarios, de este nuevo mundo por lo cual conjuraron contra l, y determinaron de quitarle el dominio; caso atroz y abominable, rebelarse contra el ministro, que representa la Persona Real y para ello engaaron a la gente que haba quedado en la ciudad... El ausencia del Rey que se hallaba fuera de estos reinos, era muy daosa, para que en los negocios de aquella provincia, ni de otras, no se pusiesen los prontos y convenientes remedios, porque convenan consultarle muchas cosas. Fue cierto que D. Sebastin Ramrez,2 como el que sabia 2Este buen espaol fue obispo de Cuenca, desempe en Amrica con una probidad ejemplar los altos destinos que le confi el gobierno, y lleg a ser presidente del Consejo de Indias; pero muri, a poco de haberse recibido en Espaa la noticia de los acontecimientos del Ro de la Plata.

PAGE 172

OBRAS 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ bien los atrevimientos insolencias de los oficiales de la Real Hacienda de las Indias, deca que no tenan remedio sino era castigando sus delitos con sangre, y no con penas pecuniarias”. Por ltimo, el virtuoso Casas, en un papel que present al consejo de 1542 sobre la esclavitud de los indios y que junto con otros del mismo autor fue publicado en Sevilla en 1552, dice as: “Nunca jams hasta hoy los espaoles guardaron mandado, ley, ni orden, ni instruccin que los Reyes catlicos pasados dieron: ni una ni ninguna de Su Majestad en esto de las guerras, ni en otra cosa que para bien de los indios proveido se oviese: y por una sola que se oviese guardado, ofrecera yo perder la vida. Para prueba de esto, vanse las residencias de todos los gobernadores pasados, y las probanzas que unos contra otros han hecho, y las informaciones que cada hora aun en esta corte se pueden hacer, y hallar Vuestra Alteza que uno ni ninguno gobernador ha habido, ni hoy lo hay (sacado el Visorey D. Antonio, y el Licenciado Cerrato de los presentes, y el Obispo de Cuenca D. Sebastin Ramrez en los pasados) que haya sido cristiano, ni temido Dios, ni guardado su ley, ni la de sus reyes, y que no haya sido destruidor, robador y matador injusto de todo aquel linaje humano”. ste es el lenguaje que sienta bien a castellanos imparciales; y si del seno de la Espaa salieron hombres que la infamaron, glorimonos de que a ella pertenecen tambin los varones venerables, que alzando su voz contra las maldades cometidas en Amrica, devolvieron su antiguo lustre al honor nacional mancillado. A mis ojos nunca aparece tan digno ni tan respetable el distinguido literato don Manuel Jos Quintana, como cuando en el prlogo que puso a las vidas de lvaro de Luna y Bartolom de las Casas, condena con una imparcialidad tan franca como severa la conducta de nuestros padres en la conquista del Nuevo Mundo. “A objecin ms grave [tales son sus palabras] es de recelar que est expuesta la vida de fray Bartolom de Las Casas. Se acusar al autor de poco afecto al honor de su pas cuando tan francamente adopta los sentimientos y principios del protector de los indios, cuyos imprudentes escritos han sido la ocasin de tanto escndalo, y suministrado tantas armas los detractores de las glorias espaolas. Pero ni la exaltacin y exageraciones fanticas del padre Casas, ni el abuso que de ellas ha hecha la malignidad de los extraos, pueden quitar los hechos su naturaleza y carcter. El autor no ha ido beberlos en fuentes sospechosas, ni para juzgarlos como lo ha hecho, ha atendido otros principios que los de la equidad natural, ni otros sentimientos que los de su corazn. Los documentos, multiplicados cuidadosamente con este objeto en los apndices, y la lectura atenta de Herrera, Oviedo, y otros escritores propios, tan imparciales y juiciosos como ellos, dan los mismos resultados en sucesos y opiniones. Qu hacer, pues? Se negar uno a

PAGE 173

JOS ANTONIO SACO /167 /167 /167 /167 /167 las impresiones que recibe, y repeler el fallo que dictan la humanidad y la justicia por no comprometer lo que se llama el honor de su pas? Pero el honor de un pas consiste en las acciones verdaderamente grandes, nobles y virtuosas de sus habitantes; no es dorar con justificaciones o disculpas insuficientes las que ya por desgracia llevan en s mismas el sello de inicuas inhumanas... El padre Casas lo menos, cuando tronaba con tal vehemencia, llmese frenes, contra los feroces conquistadores, no lo haca por defender de su prxima ruina generaciones enteras, que aun subsistan y se podan conservar. Y de hecho las conserv, pues que sus continuos e incansables esfuerzos se debieron en gran parte las benficas leyes y templada polica con que han sido regidas por nosotros las tribus americanas... Glorioso fue sin duda para nosotros el descubrimiento del Nuevo Mundo: blasn por cierto admirable, pero ¡a cunta costa comprado! Por lo que m toca, dejando aparte, por no ser de aqu, la cuestin de las ventajas que han sacado los europeos, de aquel acontecimiento singular, dir, que donde quiera que encuentro, sea en lo pasado, sea en lo presente, agresores y agraviados, opresores y oprimidos, por ningn respeto de utilidad posterior, ni aun de miramiento nacional, puedo inclinarme los primeros, ni dejar de simpatizar con los segundos. Habr puesto, pues, en esta cuestin histrica ms entereza o desprendimiento que el que se espera comnmente del que refiere sucesos propios, pero no prevenciones odiosas, ni nimo de injuriar ni detraer. Demos siquiera en los libros algn lugar la justicia, ya que por desgracia suele dejrsele tan poco en los negocios del mundo”. Los monarcas espaoles, dice el informe en la pgina segunda, permitieron la inmigracin de la raza africana, como un medio de preservar la india... “y lo que en un principio haba sido en ellos objeto de un acendrado celo por la vida de sus nuevos vasallos, hubo de convertirse ms tarde entre las manos de los asentistas y gobiernos extranjeros que los imitaron en una srdida especulacin mercantil”. Y cree el seor Queipo, que los espaoles y su gobierno no han sido tambin partcipes de esta srdida especulacin? Yo no inculpo ni acuso a nadie, y en lo que voy a referir, no hago ms que ilustrar un punto histrico. Los espaoles fueron los primeros que empezaron en Amrica el trfico de esclavos negros llevndolos de Espaa, donde abundaban desde pocas remotas, y mucha parte tuvieron en mantenerlo durante el siglo XVI. Fue debilitndose en el XVII, y puede decirse, que ces desde fines de esta centuria hasta el promedio de la XVIII. Despus ac, ajustaron asientos para introducir negros en sus colonias. Avivose su accin con las fraquicias concedidas desde 1789; y despus de la prohibicin de la trata de 1820, espaoles han sido casi exclusivamente los proveedores de esclavos en Cuba y Puerto Rico. Considerando,

PAGE 174

OBRAS 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ pues, que ellos introdujeron muchos negros en los siglos XVI y XVII, y que, en el presente, que es cuando el trfico tom el ms alto vuelo en aquellas dos islas, ellos han sido tambin casi los nicos importadores, no dudo afirmar, que su influencia, atendido el nmero, ha sido mayor que aun la de los mismos ingleses. Tal es la obra de los particulares: veamos la del gobierno. ste envi muchas veces de su cuenta esclavos a la Amrica; celebr asientos, ya con sbditos suyos, ya con extranjeros; y conserv por cerca de 300 aos el monopolio de vender en grande y en pequeo las licencias para introducirlos en sus colonias. A una suma considerable suben las cantidades que ingres el Real Erario con estas operaciones. Vendironse los primeros permisos de 1513, y desde entonces se cobraron 2 ducados por cada negro. Gravose a stos con nuevos tributos, que fueron creciendo hasta 30 o 40 ducados por cabeza, sin contar los 20 y aun 30 reales llamados de aduanilla cuyas gabelas se estuvieron percibiendo a lo menos, hasta 1655. En cuanto a los asientos, concedironse gratuitamente los dos primeros; mas, no as los posteriores. En los que se ajustaron de 1586 a 1631, los asentistas se comprometieron a pagar a la Real Hacienda ms de 5 millones de ducados ; y en los que se hicieron despus hasta 1713, la cantidad con que deban contribuir por cada negro importado, vari de 33 1/3 hasta 112 1/2 pesos fuertes; de manera, que con las contratas en la mano, saco por el clculo ms bajo, para este ltimo perodo, la suma de casi 11 millones de duros. Sin pasar ms adelante, estas indicaciones bastan para probar, que tanto los espaoles como su gobierno participaron de las srdidas especulaciones del trfico de esclavos. “Ya antes de ahora [prosigue el informe pgina 2], en 1817, y simultneamente la abolicin de la trata en la costa de frica, se haba ocupado el alto Gobierno del fomento de la poblacin blanca de la Isla”. He transcrito estas palabras, porque veo con dolor, que as en ellas, como en todo el prrafo que las contiene, se comete, involuntariamente sin duda, un olvido, y aun una injusticia contra el hombre que fue entonces el verdadero promovedor del fomento de la poblacin blanca en Cuba. Si el Gobierno Supremo, digno por cierto de elogio en lo que hizo, se ocup en este asunto, fue a impulsos del buen intendente D. Alejandro Ramrez, que iguales medidas haba antes propuesto y alcanzado para Puerto Rico, segn lo declara la Real Cdula de 21 de octubre de 1817. Y he dicho tambin, que se comete una injusticia, porque hablando el seor Queipo de las providencias que ha tomado a favor de la poblacin blanca el actual intendente conde de Villanueva, cuenta a Cienfuegos o Fernandina de Jagua entre las colonias establecidas por l. Este pueblo se fund en 1819 bajo los auspicios de Ramrez, y disele el nombre de Cienfuegos, para perpetuar el del honrado jefe que entonces gobernaba

PAGE 175

JOS ANTONIO SACO /169 /169 /169 /169 /169 en Cuba. Yo no fui ni amigo ni enemigo de aquel intendente; tampoco lo soy del conde de Villanueva, y lo que ahora hago, movido slo de un sentimiento de justicia por la memoria de Ramrez, maana tambin lo hara por la de Pinillos, si se hallase en iguales circunstancias. En el artculo Poblacin se empea el autor en probar, que de 1827 a 1842 los esclavos han tenido en Cuba poco o ningn aumento a consecuencia del trfico africano. Si ste, para honra y felicidad de nuestra patria, no estuviese hoy tan menguado y si solamente se tratase de disminuirlos, yo guardara silencio como otras veces; pero cuando se lleva el fin de rebajar la poblacin africana, para adormecernos con una vana confianza, y no considerar como necesaria y urgentsima la colonizacin blanca, Vd. conocer, querido amigo, que es forzoso destruir el edificio que se ha levantado sobre cimientos tan peligrosos. Examinemos, pues, los datos que presentan, y las consecuencias que de ellos se sacan. Segn el censo de 1827, la poblacin de toda la Isla ascendi a 704 487 almas, distribuidas as. Razn por 100 —————— Blancos 311 05144 Libres de color 106 49715 Esclavos 286 94241 Esta poblacin subi en 18423 a 1 007 624 almas, cuya relacin por castas es la siguiente: Razn por 100 ——————— Blancos 418 29142 Libres de color 152 83815 Esclavos 436 49543 “Es decir [palabras son del informe], que en los 14 aos del perodo ms prspero que ha tenido en la Isla el cultivo de la caa, y que se atribuye por nuestros implacables detractores al considerable aumento de la inmigracin africana, su relacin con la poblacin blanca apenas ha variado en dos centsimas, permaneciendo estacionaria la de la clase libre de color”. Aqu hay un sofisma escondido bajo el aparato matemtico. Para saber si la poblacin esclava ha crecido o menguado, no ha debido com3Yo no s por qu en vez de 1842, no se dice 1841, que fue cuando se hizo el ltimo censo. Sin embargo, dejemos correr esta pequea equivocacin, tal cual est en el informe.

PAGE 176

OBRAS 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ pararse con la blanca, sino con ella misma, en distintos perodos. De otra manera puede resultar, que aun cuando ella haya tenido grandes aumentos, stos no aparecern, si la poblacin blanca tambin los ha tenido. Un ejemplo sencillo ilustrar esta materia. Representemos por 10 la poblacin blanca, y tambin por 10 la esclava. Supongamos, que al cabo de 10 aos, aqulla sea 20, y sta tambin. A juzgar por comparacin, resultar que la poblacin esclava no habr aumentado, porque 10 es a 10 como 20 es a 20. Pero si prescindimos de toda comparacin y slo consideramos los esclavos en s, entonces se ver, que stos han duplicado, pues de 10 que era en un principio, ahora son 20. Supongamos que al cabo de los 10 aos, la poblacin blanca en vez de haber sido 20, haya llegado a 30: en este caso tambin se altera la relacin de los esclavos con ella, pues siendo antes igual, ahora es de 2 a 3. De este modo, la poblacin esclava aparece disminuida, cuando en realidad ha aumentado. A estos errores conduce la falsa argumentacin que se emplea, y para conocerlo, basta echar la vista sobre los mismos datos que se presentan. En 1827, la relacin de la gente libre de color con toda la poblacin fue de 15 %, y esta misma relacin se encontr en 1842. Pero cules fueron sus nmeros? 106 494 segn el primer censo, 152 838 segn el segundo. Mas, son iguales estas cantidades? Otro tanto sucede con los esclavos. En 1827 ascendieron a 286 942, y en 1842, a 436 495. Y comparando entre s estos guarismos, sern slo dos centsimas el aumento de los esclavos, como se asegura en el informe? Pero el seor Fiscal no quiere admitir ni aun este aumento, por pequeo que sea, pues asegura que el censo de 1842, est evidentemente exagerado “Este resultado, as se expresa en la pgina 7, est ciertamente tan lejos de ofrecer fundados motivos las vagas declamaciones de los abolicionistas, como de inspirar serios temores por la tranquilidad de la Isla de presente; y menos an para lo venidero si se establecen el orden y la polica de que no se cuid en un principio. Menos todava debe causrnoslos, sabiendo, como le consta a este ministerio por experiencia propia, que el ltimo censo est evidentemente exagerado en el nmero de esclavos; porque lejos de haber temores de ocultaciones, como en l se ha indicado, sucede en este pas cabalmente lo contrario, por la propensin proverbial que todos tienen hacer alarde de sus riquezas, especialmente los administradores y mayorales de fincas, que creen darse importancia aumentando el nmero de sus esclavos. Personas muy versadas en esta clase de investigaciones, y que hoy se ocupan con autorizacin del Gobierno en rectificar el censo, nos han asegurado y confiado datos que demuestran que el exceso pasar acaso de 50 000 esclavos; de suerte que rebajndolos, la proporcin sera exactamente como en el ao de 1827, de 44 blancos sobre 41 esclavos, quedando casi invariable la de la clase libre de color”.

PAGE 177

JOS ANTONIO SACO /171 /171 /171 /171 /171 Ni un momento dudo, que el seor Queipo habr visto los datos confidenciales de que nos habla; pero el homenaje que rindo gustoso a su veracidad, no se extiende en este caso a la exactitud de sus raciocinios. Dcenos al principio del prrafo que acabo de transcribir, que los “ negros que estn lejos de inspirar serios temores por la tranquilidad de la Isla”, y en la pgina 55 pide que no entren ms negros, porque “los recientes acontecimientos de Matanzas han puesto de manifiesto el crter sobre que se halla la Isla ”. ¡Palpable contradiccin! Porque si no hay serios temores de que se turbe la tranquilidad de Cuba, cmo se la considera sobre el crter de un volcn? Y si sobre ste se halla, cmo se sostiene, que no hay serios temores de que se altere su reposo? En punto a riquezas, hacer alarde de ellas, no es propensin exclusiva de los habitantes de Cuba, sino flaqueza comn al gnero humano. Todos aspiramos a ser, y si realmente no somos, queremos aparentarlo. Esto ha sido siempre el hombre, y esto siempre ser. No es, pues, extrao, antes s, muy natural que haya cubanos en Cuba que ostenten riquezas que no tienen, as como hay franceses que hacen lo mismo en Francia, ingleses en Inglaterra, y espaoles en Espaa. Pero si en las tertulias y en el estrado son impelidos del mismo sentimiento el cubano y el europeo, sucede muy al contrario, cuando uno y otro se presentan ante el gobierno a dar razn de sus intereses. Entonces nadie es ms recatado que el cubano, y de la ostentacin que se le imputa, pasa a la ms extremada modestia. Yo opondr al seor Fiscal el testimonio de los coroneles Crevant, y Valcour, encargados, el primero de la formacin del censo en el departamento occidental, y el segundo en el oriental. Crevant, en la advertencia preliminar, no. 3, a dicho censo publicado en La Habana en 1842, dice: “Al emprender este escrupuloso examen de casa por casa en los pueblos, de finca por finca en el campo para buscar el verdadero nmero de almas de cada distrito, con distincin de castas, condiciones, sexos, edades y estado, no se oscurecieron la seccin los motivos que por un equivocado concepto impelen los habitantes de todas clases poner en movimiento cuantos medios les sugiere la sagacidad y malicia para hacer ocultaciones ...”. Valcour, en el no. 7 que precede al censo, escribe en estos trminos: “Procurar la exactitud, del nmero de pobladores, particularmente en la esclavitud, es otra empresa que ofrece ms dificultades por la propensin que se tiene generalmente ocultar las propiedades ”. Estos seores, pues, y Valcour principalmente, por haber tomado parte en la formacin de la estadstica de 1827, y de la que se principi en 1838, tocaron prcticamente que los habitantes de Cuba lejos de exagerar sus riquezas en presencia del gobierno, se empean en disminuirlas, sustrayndolas en lo posible a las investigaciones oficiales. Y este inconveniente, efecto necesario de la falta de garantas en un pas despticamente gobernado, obra con ms fuerza, cuando se con-

PAGE 178

OBRAS 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ trae a los esclavos, porque hecho aquel censo bajo los recelos de que se impusiese algn tributo, y ms que todo, bajo la impresin terrible que causaron en Cuba las tentativas del gabinete ingls para entablar una pesquisa peligrosa, es muy improbable, por no decir moralmente imposible, que los hacendados hubiesen exagerado en 50 000 el nmero de sus esclavos. Pero concedamos la exageracin, y rebajndola del censo, queden en buena hora los esclavos reducidos para 1842 a slo 386 495. A pesar de esto, el seor Queipo no mejora la posicin en que se ha colocado. Segn el censo de 1827, Cuba contaba entonces 286 942 esclavos; y su nmero por mucho que se quiera disminuir, no podra bajar en 1833 de 330 000: de modo que la diferencia entre este ao y el de 1842 es solamente de 56 495. Ahora bien: cul fue la exportacin del azcar en los diez aos corridos de 1833 a 1842? Oigamos al mismo seor Queipo al principio de la pgina 28: “En nuestra Isla este aumento ha sido, si no tan rpido, bastante crecido para que doblase la exportacin en los diez ltimos aos, subiendo de 451 534 cajas que se registraron en 1833, a 889 103, que se exportaron en el prximo pasado de 1843”. Y cmo se combina esta doble cantidad de azcar con el mezquino aumento de 56 000 esclavos? Si 330 000 negros en 1833 no pueden dar a la exportacin sino 451 000 cajas, ser creble que slo 56 000 ms hayan duplicado aquel nmero en 1843? Se explicar este incremento por las mejoras introducidas en la fabricacin del azcar? Imposible. Se explicar por la demolicin de algunos cafetales, cuyos negros se hayan destinado al cultivo de la caa? En 1827 haba en toda la Isla 2 067 cafetales, y en 1841 estaban reducidos a 1 838, esto es, a 299 menos, o sea la novena parte: de suerte, que aun cuando todos los brazos de estas fincas se hubiesen empleado en los ingenios, no hubieran dado aproximadamente sino un aumento proporcional, y aunque se le calcule en una cantidad mucho mayor, jams ser equivalente a la exportacin de azcar en 1843. Es de observar, que si, por una parte, han disminuido los cafetales, por otra, han aumentado no slo los negros de los ingenios, sino el nmero de stos, pues de 1 000 que eran en 1827, llegaron en 1841 a 1 238. Adems, la explotacin de las minas, las vegas de tabaco, y los talleres de su fabricacin se han multiplicado considerablemente en estos ltimos aos, y, por consiguiente, han dado nueva ocupacin a muchedumbre de brazos africanos. Todas estas cosas bien pesadas demuestran hasta la evidencia, que las aserciones del seor Queipo son contrarias a la realidad de los hechos. No lo es menos la consecuencia que saca del corto nmero a que reduce la poblacin esclava de Cuba. Fijndola en 386 495 para el ao de 1842, trata de probar, que siendo entonces la proporcin como en 1827, de 44 blancos sobre 41 esclavos, stos no han tenido ningn au-

PAGE 179

JOS ANTONIO SACO /173 /173 /173 /173 /173 mento en todo aquel perodo. Aqu se comete de nuevo la equivocacin que ya he combatido, la de deducir los progresos de la poblacin esclava por su comparacin con la blanca. Si no fuera as, se vera, que a pesar del rebajo indicado, los esclavos han tenido en el espacio de los dos censos, un aumento de 99 553. Pero lo ms extrao es, que ni aun este nmero se atribuye al trfico clandestino, sino que contra los hechos ms patentes y notorios se afirma rotundamente en la nota de las pginas 9 y 10, que “en Cuba hay un exceso de nacidos sobre los muertos, y que la poblacin esclava ha debido, por consiguiente, aumentarse, cuando menos en la razn que la blanca”. Si son ciertas las causas en que se funda el seor Queipo, aplicables son tambin a los aos que precedieron al de 1827, pues que todas han existido en los tiempos anteriores; pero ellas estn en contradiccin con lo que todos saben en Cuba, y con los datos y documentos oficiales ms fidedignos de aquella Isla. Tomemos dos perodos, y sean los de 1791 a 1817, y de ste a 1827. Segn el censo publicado en 1791, haba en Cuba....... De aquel ao al de 1816 inclusive entraron slo por La Habana.................................................................................. cuyas dos partidas forman el total de............................... pero el censo de 1817 no eleva los esclavos en toda la Isla sino a ...................................................................................... luego en vez de aumento ha habido una disminucin de .... disminucin que aparecera mayor, si se hubiese agregado a este clculo las importaciones hechas por los dems puertos de Cuba. Dnde, pues, estn los progresos debidos a la reproduccin? Prosigamos De 1817 a principios de 1821 se importaron en La Habana........................................................................................ Y cuntos entraran en el mismo tiempo en Matanzas, Trinidad y otras ciudades de la Isla? Atendiendo al impulso que ya haba tomado la agricultura, y al empeo con que todos se apresuraban a comprarlos, pues que crean, que la trata iba a cesar inmediatamente, me quedo muy corto, si computo la introduccin en un dcimo de la de La Habana, esto es, en ......................................... que con la cantidad anterior, dan ....................................... Pero habiendo cesado el trfico legal desde fines de 1820, y hacindose despus por el contrabando todas las importaciones, las aduanas no pueden decirnos a Esclavos ———— 84 590 155 981 240 571 199 145 41 426 84 740 8 474 93 214

PAGE 180

OBRAS 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ cunto ascendieron. Fijmonos, sin embargo, en el cortsimo nmero de 8 000 esclavos anuales para toda la Isla; o sea....................................................................................... en los seis aos corridos de 1821 a 1826. Esta partida junto con la de ............................................ ofrecen la suma de............................................................... esclavos introducidos en Cuba desde 1817 hasta 1826. Esta suma, reunida a los ................................................. del censo de 1817, debera hacer subir los esclavos para 1827 a ..................................................................................... Mas stos, segn el censo de dicho ao de 27, no llegaron sino a............................................................................... dejando, por consiguiente, un dficit de ........................... Dnde, pues, estn, vuelvo a preguntar, dnde los progresos debidos a la reproduccin? Y cuando tenemos delante estas claras demostraciones, se nos viene a persuadir que el incremento de los esclavos en el perodo de 1827 a 1842 no es resultado del comercio clandestino, sino del aumento natural de ellos? Yo me complazco en repetir con el seor Vzquez Queipo, que no es la ferocidad con estos infelices el carcter distintivo de los cubanos: llnome de consuelo con l al leer en nuestros cdigos las leyes humanas que templan y suavizan el rigor de la esclavitud; pero la dulce ndole de los cubanos, y esas leyes benficas son acaso posteriores al ao de 1827? No han existido mucho antes, y cabalmente en los dos perodos en que tanta mortandad hemos visto? Ni son stas las nicas objeciones a que se expone el seor Queipo. Si aumento hay en los esclavos, debido solamente a la reproduccin, por qu se contradice a s mismo, presentando en el presupuesto de gastos que hace para un ingenio, en la pgina 19, una partida por la amortizacin del capital, cuya prdida computa l anualmente en 5 % de mortandad? Se habra inserto tal partida, si efectivamente los esclavos tuviesen el aumento que se pondera? Si ste existe por qu se habla de disminucin? Y si disminuyen, por qu se dice que aumentan? Al combatir las equivocaciones del autor en sus clculos sobre la poblacin esclava, repito a usted, amigo mo, que no me ha llevado el deseo de probar, que en Cuba se han introducido negros clandestinamente: mi nica intencin ha sido desquiciar la base en que se apoyan ciertas ideas, que son muy perjudiciales a Cuba. Yo hago justicia a la lealtad de los sentimientos del seor Queipo; pero a mi ver, l no desea el verdadero fomento de la poblacin blanca en nuestro pas. Porque en puridad, qu es lo que pide, qu es lo que propone para ella? Por todas partes no hace ms que oponer dificultades, asomar peligros, e infundir alarmas, y si alguna vez habla de la inmigracin de familias, es slo de 48 000 93 214 141 214 199 145 340 359 286 942 53 417

PAGE 181

JOS ANTONIO SACO /175 /175 /175 /175 /175 familias labradoras, y exigiendo al mismo tiempo, que vayan a establecerse por su cuenta y en terrenos propios Que el seor Fiscal no quiere el fomento de nuestra poblacin blanca, voy a probarlo con las mismas ideas que andan esparcidas por su informe. En el artculo Milicia pgina 12, dice, que la fuerza armada existente en Cuba, es bastante para contener la poblacin esclava; pero que siendo adems necesaria en aquella Isla como lo es en la Pennsula, para conservar el orden y la tranquilidad entre la misma poblacin blanca, es consecuencia forzosa del aumento de sta, el correspondiente del ejrcito permanente. La comparacin que aqu se establece entre Espaa y Cuba, es tan inexacta como mal trada. Con qu lgica se hace un paralelo entre un pas trastornado por la revolucin y otro que es de los ms pacficos y sumisos de la tierra? Dnde estn en Cuba los bandos encarnizados, las conspiraciones, y los pronunciamientos que mantienen en continuo sobresalto la atormentada Espaa? Y un hombre que tanta desconfianza tiene de la poblacin blanca de Cuba, pues que slo puede conservarla en paz por medio de las armas, puede ese hombre ser amigo ni fomentador de lo que tantos temores le inspira? En vano procura parar el golpe que ha descargado, elogiando la sensatez y cordura del pueblo cubano, y atribuyendo ciertos pensamientos slo a algunos jvenes mal dirigidos en su educacin, por habrseles facilitado inconsideradamente la entrada en las carreras cientficas, y colocndolos as en una posicin falsa y violenta respecto de la sociedad. Este dbil paliativo si para algo sirve, es para descubrir que el seor Fiscal no es consecuente consigo mismo. Porque si en su concepto es tan cuerda y sensata la poblacin cubana, si slo algunos aturdidos jvenes son los que pueden concebir proyectos de cierta especie, por qu les da tanta importancia, cuando sus imprudentes tentativas se estrellaran en la fidelidad y buen juicio de la gran masa de la poblacin? Por qu pedir un ejrcito numeroso, y en una proporcin siempre ascendente tan slo para contener algunos atolondrados mozuelos? Tales sugestiones hacen un dao inmenso a Cuba y a Espaa: ellas propenden a dividir los nimos, a sembrar la desconfianza entre los que deben amarse como hermanos, y a prevenir al gobierno contra los hijos ms fieles que jams tuvo colonia americana. No hablar nunca en Cuba de lo que no se quiere que suceda; he aqu la gran poltica que yo recomiendo al seor Queipo y a todos sus imitadores. Pero la medida propuesta, considerada bajo el aspecto econmico, es igualmente contraria al fomento de la poblacin blanca. S con el progreso de sta debe aumentarse el ejrcito, es claro que tambin se aumentarn los gastos para sostenerlo, y, por consiguiente, el gobierno se privar de las rentas que pudiera emplear en otros objetos importantes. De esto nacer, que l, por no invertir tanto dinero en la

PAGE 182

OBRAS 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ fuerza armada, en vez de proteger la colonizacin, o la impedir abiertamente, o la recargar de trabas equivalentes a una prohibicin. Y aun pudiera suceder, que se viere forzado a derramar directa o indirectamente nuevas contribuciones, que son sin duda muy mal aliciente para atraer pobladores. En el artculo Aumento de brazos se insertan varios datos, para probar, que si en otros pases no se han disminuido los esclavos, aun sin la trata, menos es de esperar que suceda en Cuba; y de aqu se desprende la consecuencia, que no hay necesidad de la inmigracin blanca, ni para la conservacin de las fincas actuales, ni para el rompimiento y desmonte de las tierras incultas. Transcribamos sus propias palabras: “ No es por lo tanto, de temer que falten brazos para lo sucesivo y menos de presente que nuestros negros no se niegan a trabajar, ni podran hacerlo sino en el caso de la emancipacin general como en las colonias inglesas. No puede decirse tampoco que si la inmigracin no es necesaria para la conservacin de las fincas actuales, lo es a lo menos para la roturacin y desmonte de las muchas tierras que an se conservan incultas, porque dejando para luego examinar, si estamos en el caso de emprender o no estos desmontes con probabilidad de buen xito, no es cierto que el cultivo est enteramente desatendido por falta de poblacin, puesto que la relativa de la parte occidental se aproxima a los 5/6 de la media de la Pennsula. Regulando la total de sta en cerca de 12 millones, corresponden a cada legua cuadrada de 20 al grado 750 habitantes, y 587 en el departamento occidental de la isla de Cuba, segn su ltimo censo”. Yo pregunto a todo hombre de buena fe, puede conciliarse tal lenguaje con el fomento de la poblacin blanca, ni la prosperidad de Cuba? Admitiendo que se aumenten los esclavos por su propia reproduccin, bastar su paulatino y casi imperceptible incremento para las grandes necesidades de la agricultura cubana? No estn sus muchas tierras incultas pidiendo a gritos brazos que las rompan, y hagan producir con mutuas ventajas de la colonia y la metrpoli? Pues qu, porque el cultivo no est enteramente desatendido en la parte occidental de la Isla, no debemos hacer esfuerzos para mejorarlo en esa misma parte, llevndolo tambin a las frtiles regiones que yacen todava en el mismo estado en que salieron de las manos del Creador? No es Espaa el tipo que se nos ha de citar en punto a poblacin. Ella en sus largas desventuras no ha podido fomentarla cual conviene a la feracidad de su suelo y al gran papel que debe representar en los destinos del mundo; pero aun as, la diferencia es enorme, y toda est contra Cuba. A Espaa entera, y no a una sola de sus provincias, corresponden por cada legua cuadrada 750 habitantes; mas, a Cuba, en su parte la ms poblada, no le caben sino 587. En Espaa, as en las ciudades como en los campos, toda la

PAGE 183

JOS ANTONIO SACO /177 /177 /177 /177 /177 poblacin es libre y toda blanca; pero en Cuba, y sobre todo en ese mismo departamento occidental, ms de la mitad es negra y sometida a la esclavitud. Ni es esto lo peor; lo es s, que el seor Queipo se olvida enteramente de considerar la cuestin bajo su influjo poltico, que es el ms grave e importante de todos. La colonizacin en Cuba es necesaria y urgente para dar a la poblacin blanca una preponderancia moral y numrica sobre la excesiva de color; es necesaria y urgente, para contraponerla en el departamento oriental al 1 200 000 haitianos y jamaicanos que desde las costas de las dos islas en que habitan, estn mirando atentamente las playas solitarias y los desiertos de Cuba; es necesaria y urgente, para neutralizar hasta cierto grado la terrible influencia de los 3 millones de negros que nos rodean, millones que van tomando incremento, y que pudieran tragarnos no en lejano da, si nos quedsemos estacionarios; es necesaria y urgente, en fin, para romper la palanca peligrosa que manejada por manos enemigas, puede poner a Cuba en trance muy amargo, cubrindola de luto, e inundndola de sangre. El mismo seor Fiscal lo ha dicho, y yo voy a repetir las palabras de que se sirve en el artculo Seguridad pblica pgina 78. “Si la Inglaterra, abolida ya la esclavitud, ha credo conveniente establecer una polica que no cuesta menos para la sola isla de Jamaica que 100 000 pesos anuales sobre una fuerza de 1 000 plazas, podramos desentendernos nosotros, rodeados de tantos y tan activos enemigos, de crear un cuerpo de 2 000 plazas a lo menos para proveer a la seguridad de los campos, poblados en la mayor parte por los esclavos, y al buen orden y polica de las ciudades, donde existe el foco de sus tenebrosos concilibulos? Que el gobierno no se haga ilusin. No se trata de combatir las maquinaciones de los negros, que en puridad no son nuestros enemigos, sino los instrumentos ciegos de otros ms tenaces, muy poderosos, y cuya constancia en sus planes les asegura a la larga un triunfo decisivo”. Y quien esto escribe, no es el mismo hombre que pone trabas por do quiera a la inmigracin blanca, privndonos as del nico recurso que nos queda para frustrar los planes tenebrosos que tanto terror inspiran? Se clama contra las contratas que puedan hacerse para llevar a Cuba jornaleros blancos de Espaa, y aun se pide que el gobierno no las tolere. Y por qu? Porque a veces se han cometido en otros pases algunos abusos. De esto lo que se infiere, es que se tomen precauciones para impedirlos; mas, no que se las condene absolutamente perdiendo el bien que puedan producirnos. De todo abusa el inters, y si por esto hubieran de proscribirse las instituciones a cuya sombra se cometen, ninguna existira en la sociedad. Imitemos los ejemplos que nos cita el seor Fiscal. Abusos hubo en el enganche de los colonos que se llevaban a las Antillas inglesas; pero el Gobierno britnico, lejos de prohibir su inmi-

PAGE 184

OBRAS 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ gracin, puso remedio al desorden, y la colonizacin contina. En el mismo informe se elogia la compaa belga, la de Tejas, la del Canad y otras: pues bien, as como stas se han podido organizar en trminos que merecen la aprobacin del seor Queipo, as tambin se podrn formar otras en Cuba o en Espaa, exentas de los vicios que es muy fcil corregir. Y hase en efecto formado en La Habana dos aos ha, no una compaa, sino contrata para introducir all labradores y artesanos de la Pennsula. A su ejemplo hubieran podido celebrarse otras; pero la pandilla de contrabandistas negreros, poniendo en juego todos los resortes que favorecen su inters, ha tratado de desacreditar la inmigracin blanca, para ver si fuerza la opinin a que retroceda, y vuelva a pedir negros. Tambin se anuncia que apenas hay fondos para costear el pasaje de los primeros colonos. El mal queda remediado, aplicando a tan til objeto una parte de las rentas de Cuba; mas, nada de esto se propone, y todo se reduce a pedir, que las familias labradoras vayan de su cuenta y a establecerse en terrenos propios Pero ser fcil, que familias pobres tengan con qu sufragar los gastos de un viaje tan largo y dilatado? Y aun suponiendo que haya quien les haga anticipaciones, darn la preferencia a nuestro pas, cuando hay otros que a las mismas cualidades fsicas renen ventajas polticas, que nosotros no podemos ofrecerles? Y caso que lo prefiriesen, encontrarn terrenos propios en qu trabajar? Tendrn siempre con qu comprarlos? y si tienen, habr siempre vendedores? Se compeler a los propietarios a que enajenen sus tierras? Pero el gobierno les repartir las suyas. En el mismo informe se reconoce la insuficiencia de este recurso, pues en la pgina 68 leemos estas palabras: “Dado que por este u otros medios, como el de compra, adquiriese el Estado algunos terrenos para repartir entre los primeros colonos, quedara siempre muy reducido su nmero”. Pedir, pues, que la colonizacin de Cuba slo se haga con familias labradoras, y bajo las condiciones que se exigen, es no ser amigo de lo mismo que se pide. Yo quiero que vayan familias y tambin simples colonos; quiero que vayan artesanos, comerciantes, literatos y sabios: en una palabra, quiero que vaya toda clase de personas con tal que tengan la cara blanca, y sepan trabajar honradamente. Querer esto, es lo que se llama querer el fomento de la poblacin blanca: lo dems es regalarnos el nombre, quitndonos la cosa. Para demostrar la imposibilidad de hacer azcar en los ingenios por medio de hombres libres, se arguye con la caresta de los jornales en las Antillas inglesas y en Cuba. Yo bien s que el trabajo de los esclavos, materialmente considerado, y atendidas las circunstancias del momento, es ms barato que el de los libres; pero los clculos del seor Queipo son inexactos por varias razones.

PAGE 185

JOS ANTONIO SACO /179 /179 /179 /179 /179 1 Tmase en ellos como un estado normal y constante de los jornales, lo que es puramente transitorio y efecto de causas extraordinarias. En las Antillas inglesas hubo despus de la emancipacin general una dislocacin de brazos, huyendo stos a las ciudades, y dejando los campos casi abandonados. De aqu result una gran escasez de labradores, y de la escasez, el alto precio de los jornales. 2 Respecto de Cuba, si de sus ingenios desapareciesen de un golpe todos los negros, y repentinamente entrasen a reemplazarlos operarios blancos, quizs entonces podran tener lugar las observaciones que se hacen; pero como los esclavos han de continuar en las fincas, y caso que se disminuyan, la disminucin ha de ser lenta, bien pueden irse reponiendo las prdidas que haya con brazos blancos, y equilibrarse poco a poco las cosas, sin que los hacendados se vean forzados a pagar todos los jornales que ocasionara una sustitucin repentina. 3 Al resolver el problema de las utilidades entre el trabajo libre y el trabajo esclavo, slo se ha tomado en cuenta uno de los elementos que lo componen, cual es el costo de los esclavos, prescindiendo enteramente del cmulo de circunstancias que lo alteran y modifican. Fuerza es repetir las ideas que sobre esto publiqu en Pars dos aos ha en un opsculo titulado Supresin del trfico de esclavos africanos “Cuando se trata de decidir si alguna empresa es til o gravosa, no basta atender a uno solo de sus elementos: es preciso adems que se pesen todas las circunstancias que puedan influir, bien sea de un modo favorable, bien contrario. Los hacendados que, para calcular la utilidad de los ingenios, slo toman en cuenta el valor de los jornales, parten de un principio equivocado, pues se figuran que porque stos no sean baratos, ya no se podr encontrar en ninguno de los otros elementos de la produccin ahorro alguno que compense su caresta. Afortunadamente hay en Cuba muchos medios a que se puede recurrir para balancear esta causa, causa que no se debe considerar como constante, sino meramente transitoria, pues que con la afluencia de colonos se restablecer muy pronto el equilibrio, y las cosas tomarn una marcha ms sentada. Los siguientes son algunos de los arbitrios que se pueden adoptar. ”Aligrense, o del todo suprmanse los impuestos que gravitan sobre el azcar y otros frutos cubanos. ”Exmanse de toda contribucin ciertos artculos de que el hacendado se sirve para el consumo de sus operarios. ”Extindase igual proteccin a todas las mquinas e instrumentos que se puedan emplear en la agricultura, y en la elaboracin del azcar. ”Simplifquense, y perfeccinense las operaciones agrcolas e industriales de los ingenios, ya introduciendo mquinas, que reemplacen el trabajo de tantos negros como hoy se emplean, ya mejorando la calidad

PAGE 186

OBRAS 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ del fruto, ya aprovechando los desperdicios de que sabe sacar partido un buen sistema de economa. ”Faciltense, en fin, los medios de comunicacin, no slo construyendo caminos en toda la Isla, sino rompiendo las trabas que impiden la libre navegacin de sus costas. Si en Cuba hubiera caminos, ¡cun diferente no sera la suerte de sus hacendados! ¡Cunto no ahorraran en el porte de sus frutos a los puntos de su embarque! Antes de la construccin del ferrocarril de La Habana a Gines, cuya distancia es de 12 leguas, los amos de los ingenios situados en aquel partido pagaban por la conduccin de cada caja de azcar a la capital 3 pesos fuertes, y a veces ms. Si un ingenio fabricaba 2 000 cajas, el porte de stas podra costar de 7 a 8 000 pesos; mas, ahora, con el camino de hierro se pueden ahorrar de 5 a 6 000, cantidad bastante para mantener con mucha decencia una familia respetable. ”Estas ideas se corroboran, observando lo que pasa en otros pases, donde, aunque no se hace azcar por jornaleros, sino por esclavos, el precio de stos es tan subido que excede en mucho al importe de aqullos. En los ingenios de la Luisiana solamente se emplean esclavos, y su valor es tan alto, que sobrepuja al de los de Cuba en el triplo, y an ms.4 Pues a pesar de esto, a pesar de que el clima mata la caa, y que es preciso resembrarla anualmente, a pesar de su escaso rendimiento, y de la mala calidad del azcar, todava sta ha podido competir en el mercado con la de la isla de Cuba; y ha podido, no por otra razn, sino por la facilidad de las comunicaciones, y por la proteccin que aquel gobierno supo dispensarle. Hgase otro tanto en Cuba, y sus ingenios subsistirn, sean cuales fueren los brazos que los sirvan. ”Compensacin de la caresta de jornales se encuentra tambin en ciertas ventajas que ofrece el servicio de colonos blancos, y que en vano se buscaran en el de esclavos. ”1 La mayor inteligencia de aqullos y el mayor inters con que trabajan, les da gran preponderancia sobre los esclavos africanos. ”2 Cuando una hacienda est servida por libres, si alguno de stos adquiere vicios, contrae alguna lesin, o se vuelve perezoso en el trabajo, el hacendado puede despedirle, reemplazndole con brazos tiles, o dejarle en su finca, haciendo un nuevo ajuste que le sea menos gravoso. Pero cuando los labradores son esclavos, el amo est condenado a sufrir los mismos gastos, sin poder disfrutar de los mismos servicios. ”3 La indolencia, y a veces la perversidad de los esclavos, es causa de muchos quebrantos en un ingenio. El animal que se suelta y estropea el sembrado, el caballo que se pasma, el buey que se desnuca, la chispa que salta y quema el caaveral, o incendia todo el ingenio, son males 4Vase la nota de la pgina 100 del segundo tomo.

PAGE 187

JOS ANTONIO SACO /181 /181 /181 /181 /181 que acaecern con menos frecuencia, cuando las haciendas no estn a merced de salvajes africanos. ”4 Con la fidelidad y responsabilidad personal de los colonos blancos se evitarn robos de azcar y de vveres, que en un ingenio grande equivalen al ao a centenares, y aun a millares de pesos. ”5 Las enfermedades, fugas, capturas, bautismos, matrimonios y entierros son gastos que recaen sobre el amo de los esclavos, y que en una hacienda de 100 negros, bien pueden calcularse anualmente, por lo bajo, de 500 a 600 pesos. Nada tendr que pagar el hacendado, el da que emplee cultivadores libres. ”6 Las sublevaciones de los esclavos llevan consigo prdidas que no afectan al que se sirve de libres. El nmero de negros que perecen en la contienda, y los gastos del procedimiento judicial, o las gratificaciones para impedirlo, son cargas que gravitan sobre el amo de los esclavos. ”7 Por miedo al trfico y a sus consecuencias, no se han resentido considerablemente todas las haciendas, y sealadamente los ingenios y cafetales? Y cul no sera el valor a que subieran, si en vez de esclavos, estuviesen servidas por brazos libres? No hay muchos hacendados que tienen fondos en los bancos extranjeros? No es verdad que esos capitales les rinden un inters muy bajo, respecto del que les produciran en Cuba? No han perdido algunos millones de pesos con las quiebras de los bancos de los Estados Unidos de Norteamrica? Y todo esto, no es un grave quebranto, que estn sufriendo por el fundado temor que les inspira la continuacin del trfico de negros? Yo ruego a los hacendados, que fijen la mente en estas consideraciones, y que cuando computen el gasto que les ocasionan sus esclavos, nunca olviden aquellas prdidas, ni el costoso seguro que estn pagando a los pases extranjeros”. Volviendo a los colonos del informe, a triste condicin los reduce el seor Fiscal. Condnalos a vivir en perpetuo celibato, pues siendo “ ‘proletarios’, sus matrimonios aumentaran la miseria de las clases desvalidas, y con ella el germen ms fecundo de los crmenes y peligros que circundan y atacan a la sociedad”. Si esto es cierto, slo deben casarse los propietarios, pues de permitirlo a los proletarios, resultaran las calamidades que se anuncian. Tengamos, amigo mo, una idea ms noble y elevada del matrimonio, y admirmosle como una institucin no slo moral y religiosa, sino eminentemente poltica. El matrimonio es una de las garantas ms firmes del orden social, pues organizando las familias con los vnculos ms dulces y ms fuertes de la naturaleza, estimula el hombre al trabajo, y con el trabajo a la virtud. Impdase el matrimonio a los proletarios, y al instante se conmovern profundamente la moral y la sociedad. Entonces s, que vendran sobre ella los crmenes y peligros que por un error

PAGE 188

OBRAS 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ funesto se quieren evitar con el celibato. As lo han entendido en todos tiempos los buenos legisladores, y as lo comprueba el asentimiento universal de los pueblos civilizados. Las pocas desgracias a que dan origen en el mundo algunos matrimonios infelices, qu peso pueden tener cuando se comparan con los inmensos bienes fsicos, polticos, y morales que de ellos reporta el linaje humano? Y si esto sucede en pases donde la poblacin es excesiva, donde la gran concurrencia hace muy difciles los recursos de la vida, qu no ser en Cuba, donde todo es nuevo, y casi todo est por crear? No es mi patria, no, la que presenta en sus campos y en sus calles el doloroso espectculo de personas cadas por el suelo, vctimas de la miseria. All hay pan y pltanos, y el hombre pobre que trabaja, aun sin apurar sus fuerzas, puede vivir contento y feliz con su familia. Como un mal grave mira tambin el seor Queipo las uniones ilegtimas de los colonos blancos con las mujeres de color. En esto convengo enteramente con l, considerando las cosas bajo el aspecto moral; pero bajo el poltico, me parece que exagera demasiado su importancia. Estos enlaces, dice el informe, pgina 33, fomentan la procreacin de las clases mestizas, que “ son mil veces ms temibles que la negra, por su osada y sus pretensiones de igualarse con la blanca ”. Y poco ms abajo se aade que la prdida de la isla de Santo Domingo “ ha dependido en mucho de la ntima familiaridad en que vivan los habitantes blancos de la parte francesa con sus esclavas, y la numerosa poblacin de color, fruto de estas funestas relaciones”. Tan abultados temores por la gente mestiza, algn valor podran tener en los tiempos pasados; pero despus que en este siglo se han esparcido ciertas ideas, se nos han dado ciertos ejemplos, y todos estamos pendientes de sus futuros resultados; lo mismo piensan, y a lo mismo aspiran los del color ms claro que los del color ms oscuro. Si los mestizos naciesen del enlace de blanca y negro, esto s sera de sentirse mucho, porque menguando nuestra poblacin blanca, la debilitara en todos sentidos; pero como sucede todo lo contrario, yo lejos de mirarlo como un peligro, lo considero como un bien. El gran mal de la isla de Cuba consiste en la inmovilidad de la raza negra, que conservando siempre su color y origen primitivo, se mantiene separada de la blanca por una barrera impenetrable; pero pngasela en marcha, crcese con la otra raza, djesela proseguir su movimiento, y entonces aquella barrera se ir rompiendo por grado hasta que al fin desaparezca. As ha sucedido en Cuba desde la poca de la conquista hasta nuestros das; y a no haber sido por esta continua transicin de una clase a otra, de seguro que hoy tendramos menos blancos y mucha ms gente mestiza. ste es el gran escaln por donde pas en Espaa y Portugal, y por donde actualmente est pasando en algunas repblicas hispanoamericanas. No

PAGE 189

JOS ANTONIO SACO /183 /183 /183 /183 /183 habiendo sido contraria a este cambio social la opinin cubana en siglos menos ilustrados, no es de esperar que venga hoy a cerrarle las puertas, imitando la intolerante e impoltica conducta de los Estados Unidos de Norteamrica. La clase mestiza no era tan numerosa, ni influy tanto como se cree en los trastornos de la parte francesa de Santo Domingo. Los censos de aquella isla nos presentan confundida toda la gente libre de color, sin hacer distincin entre negros y mestizos. As es, que no podemos saber a cunto ascendieron stos, ni tampoco aqullos; pero como unos y otros no pasaron en 1789 de 24 000, ya se colige que el nmero de los mestizos no pudo ser considerable, respecto de una poblacin que se compona de 30 000 blancos y 480 000 esclavos. Mas, sea cual fuese aquel nmero, la parte que aqullos tuvieron en las desgracias de Santo Domingo, no es de la magnitud que se nos pinta. “Al estallar la revolucin [as escriba yo en Madrid en 1837, refutando una comparacin que algunos diputados a Cortes haban hecho entre Cuba y la parte francesa de Santo Domingo], al estallar la revolucin, Santo Domingo solamente contaba la muy escasa poblacin de 30 000 blancos. Cuba, aun limitndose al censo de 1827, tena entonces ms de 311 000. Santo Domingo encerraba en tan corto espacio cerca de 500 000 negros. En Cuba, segn el mismo censo, toda la gente de color no lleg a 400 000 almas. En los diez aos anteriores a tan funesto trastorno, Santo Domingo haba recibido 200 000 koromantynos de la Costa de Oro, negros de un carcter endurecido y feroz. Cuba afortunadamente no tiene que luchar con tales enemigos. Mucho antes de empezar la Revolucin Francesa, se hallaban en Pars muchos negros y mulatos libres, y algunos recibiendo una brillante educacin; mientras que la condicin de los residentes en Santo Domingo era demasiado humillante. En Cuba, los individuos de igual clase, no viajan por pases extranjeros, ni se educan en colegios europeos, estn exentos de muchas cargas y vejaciones de las colonias francesas, y gozan del aprecio y consideracin de los blancos. En Santo Domingo, los esclavos eran cruelmente tratados; mas, en Cuba no se ve el espectculo de las atrocidades que en aquella isla cometan; y la esclavitud urbana ofrece entre nosotros con frecuencia el cuadro menos infeliz a que pueden estar reducidos los que viven bajo el cautiverio. En Francia reinaban entonces fuertes preocupaciones contra los blancos de las islas francesas. Por tener esclavos, se les mir como enemigos de la libertad y partidarios del despotismo; y para destruirlo en todos los puntos de la nacin francesa, trabajose por extender la revolucin hasta los puntos remotos de la colonias. La Sociedad intitulada Amigos de los Negros compuesta de muchos hombres de influencia y de talento, se puso en ntima relacin con los negros y mulatos libres de Santo Domingo, hizo crujir la prensa contra los colonos blancos: pidi la igualdad de

PAGE 190

OBRAS 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ derechos; clam por la inmediata abolicin de la esclavitud; y la Asamblea Nacional, de que eran miembros algunos de aquella Sociedad, arrastrada por el torrente revolucionario, pronunci, al fin, el terrible decreto de 15 de mayo de 1791. A poco tiempo conoci su error; pero cuando quiso volver sobre sus pasos, ya era muy tarde. La isla estaba minada por los revolucionarios de la misma Francia; y los blancos, divididos entre s, y hacindose la guerra con las armas en las manos, ya no era posible que resistiesen al inmenso nmero de negros acaudillados y sostenidos por los republicanos franceses, y aun quiz por los sordos manejos de alguna potencia extranjera... Desegamonos, y convengamos en que las circunstancias de Cuba y Santo Domingo son muy diferentes, y que la prdida de esta isla fue ocasionada, no por el espritu revolucionario de los negros, sino por los esfuerzos de los blancos, que excitndolos a la rebelin, los armaron y convirtieron en instrumentos de sus proyectos”. Estas y no otras fueron las causas verdaderas de la ruina de Santo Domingo. Y cuando tantos reparos se ponen a la inmigracin de colonos nacionales, cmo esperar que se abogue por la de extranjeros? Notable es el prrafo de la pgina 12 que a ellos se refiere. Insertmoslo. “La poblacin heterognea ha sido en todos tiempos uno de los mayores obstculos para la prosperidad de los pases que la han admitido; porque elementos tan discordes carecen siempre de la unidad y simpatas que forman la fuerza y el nervio de una nacin. Sin recordar lo que ha sucedido en otro tiempo en la Pennsula, cuyas consecuencias se tocan todava; ni la perpetua lucha entre la Irlanda y la Inglaterra; ni los disturbios de Bajo y Alto Canad entre las razas inglesas y francesas, bastar volver los ojos hacia nuestras antiguas e infortunadas colonias, sometidas y trabajadas en gran parte por la influencia de los extranjeros domiciliados en ellas; y presa alguna, como la de Tejas, de simples aventureros que la sustrajeron a la dominacin del mismo Gobierno que tan hospitalariamente los haba acogido. No recela el Fiscal que hubiese de suceder desde luego otro tanto en la Isla; pero es indudable que la colonizacin de extranjeros puede traer graves inconvenientes, sobre todo en la poblacin actual, en la cual aun sin este pretexto, no han faltado medios a los que tanto envidian a la Espaa esta preciosa joya, para trabajar la Isla y ponerla al borde del precipicio. El gobierno Supremo debe, pues, pensarlo, y mucho, antes de aventurarse en tan escabrosa senda”. Ante todas cosas, es de advertir, que las palabras poblacin heterognea son harto vagas, pues la heterogeneidad nace de causas distintas que obran en distintos grados, y por lo mismo dan resultados muy diferentes. Heterognea es la poblacin que se compone de dos o ms de las razas principales en que se divide la especie humana como

PAGE 191

JOS ANTONIO SACO /185 /185 /185 /185 /185 sucede en Cuba y otras partes de Amrica, donde existen la raza etipica y la caucsica: heterognea es la que procediendo de una sola raza, consta, sin embargo, de dos o ms de sus ramas o variedades, y tambin la que se forma de la subdivisin de stas. A tales diferencias, viene a juntarse la que establece la poltica y la religin, resultando que poblacin heterognea habr, cuyos elementos sean los ms opuestos entre s, mientras en otra, stos solamente estarn separados por algunos matices fciles de confundirse. Sentadas estas breves observaciones, pasemos a examinar el mrito de los ejemplos que se citan. En cuanto a Espaa, explcase el autor en trminos tan vagos, que ms bien adivino que entiendo lo que quiere decir. A qu poca de la historia se refiere, al choque de qu razas alude, y cules son esas consecuencias que todava se tocan? Todo lo que hemos vistos en nuestros das, las divisiones, los odios, la sangre derramada en los combates de una guerra civil no han emanado por cierto de la variedad de razas, sino de principios puramente polticos, combinados algn tanto con el fanatismo y ambicin religiosa; y si en Catalua o en las provincias Vascongadas que por la diferencia de su lengua y de sus fueros son los pueblos menos asimilados a Espaa, se encendiese de nuevo la discordia, no sera apellidando razas distintas, sino invocando ideas polticas o intereses mercantiles. La gran verdad que nos ensea la historia, es que mientras los pueblos heterogneos que hoy constituyen la Espaa estuvieron separados, presa fueron de todos sus invasores, a pesar de la resistencia que opusieron ms de una vez a la dominacin extranjera. Juntronse poco a poco, y cuando, al fin, se reunieron los cetros de Castilla y Aragn, entonces vimos subir la Espaa a una altura que jams haba tenido, llenando la tierra con la fama de su nombre en los reinados de Carlos I y Felipe II. Se habla tambin de la perpetua lucha entre Irlanda y la Inglaterra, ocasionada por la diversidad de razas. Pero qu hay de comn entre la posicin respectiva de estos dos pases y la colonizacin de Cuba? Por ventura es lo mismo poner una nacin al lado de otra, opresora aqulla, y sta oprimida, que fomentar la inmigracin, atrayendo todos los colonos a un centro comn de la poblacin que los modifique y absorba en su propio seno? Para conocerlo, bastar echar una rpida ojeada sobre la historia de Irlanda. Enrique II, rey de Inglaterra, emprendi la conquista de aquella isla en el siglo XII, y por una estipulacin, los irlandeses deban conservar el uso de sus leyes. Por este y otros motivos, los tribunales ingleses los miraron como extranjeros, y en ciertos casos como enemigos. Sometida estuvo Irlanda a Enrique y a sus tres inmediatos sucesores; pero la poltica que se sigui despus, fue diametralmente contraria a la fusin de los conquistadores y conquistados. Reprobose a los ingleses estable-

PAGE 192

OBRAS 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ cidos en aquella isla, que hubiesen adoptado la lengua, nombres y costumbres irlandesas, eximdose de las leyes de su pas natal, y casndose con mujeres de Irlanda. El duque de Clarence, hijo de Eduardo III, reuni un Parlamento numeroso en 1367, y en l se hizo pasar un estatuto severo prohibiendo, no slo el matrimonio entre ingleses e irlandeses, sino otros actos que se encaminaban a la fusin de las dos razas. Publicronse nuevos estatutos por aquellos tiempos, y en todos se trat a los vencidos como extranjeros, dndoseles comnmente el irritante dictado de “ el enemigo irlands ”. Ofendidas sus personas, y atacadas continuamente sus propiedades, tomaron las armas para defenderlas; en el curso de algunos aos recuperaron las provincias del Norte y partes de las del Sur; su triunfo fue casi completo en el siglo XV con las guerras civiles de Inglaterra entre las casas de York y de Lancaster; y en el reinado de Enrique VII ya la dominacin inglesa sobre Irlanda casi haba desaparecido. Pero la reconquista los volvi a subyugar, y la reforma religiosa de Enrique VIII llen la medida de sus infortunios. Fieles a la religin de sus padres resistieron firmemente las innovaciones del protestantismo. Desde entonces debe marcarse una nueva era en la historia de este pueblo desgraciado. A las animosidades nacionales se sustituyeron los odios religiosos, y entre perseguidores y perseguidos ya no hubo ingleses ni irlandeses, sino protestantes y catlicos. A nombre de la religin, y slo a nombre de ella se publicaron injustas y tirnicas leyes en los reinados de Isabel, Guillermo y Ana, y sin distincin de patria y origen, lo mismo alcanzaban al irlands que al ingls, si no eran miembros de la iglesia reformada. Al cabo de una larga lucha, el catolicismo se va levantando poco a poco, y un da vendr en que Inglaterra menos preocupada, y ms convencida de los peligros que la amenazan, acabe de borrar de su legislacin las ominosas diferencias que an existen entre sus hijos y los de Irlanda. Es, pues, un error, grave para la historia, y funesto para Cuba, imputar a rivalidades de razas los conflictos que nicamente proceden de la intolerancia religiosa. Mencinanse tambin disturbios en el Alto y Bajo Canad, entre las razas inglesa y francesa. Es de sentir, que no se hubiese designado el ao en que ocurrieron, porque yo slo tengo noticias de la insurreccin de 1839; y sta no fue entre aquellas dos provincias, sino entre el Bajo Canad y su metrpoli, sin que hubiese tenido por mvil la odiosidad de razas. La colonia francesa del Canad fue conquistada por Inglaterra en 1760. Diez y seis aos despus empez la revolucin de los Estados Unidos, habiendo terminado como todos saben por el establecimiento de una repblica federal. Favorable ocasin tuvo entonces el Canad para seguir el movimiento de su vecina, tomando parte en la lucha contra los ingleses, e incorporndose como Estado independiente en la confederacin; mas, en vez de esto, hizo todo lo contrario, pues no slo se

PAGE 193

JOS ANTONIO SACO /187 /187 /187 /187 /187 mantuvo fiel, sino que arroj de su territorio a los americanos que lo haban invadido. Para que mejor se aprecie la importancia de los servicios que entonces prestaron los canadienses a la Gran Bretaa, citar las palabras de un historiador ingls: “Al tiempo de la invasin no haba en la colonia britnica ms de 900 hombres de tropa de lnea, y la mayor parte de stos o se haban entregado en los fuertes Chambly y S. Juan, o haban sido cogidos en la barca que se retiraba de Montreal, mientras que no exista la milicia. Sin embargo, tales fueron los sentimientos de los canadienses, a consecuencia del trato honroso que recibieron del Gobierno ingls despus de la conquista de la colonia, que ellos gustosa y notablemente se empearon en conservar el Canad para Inglaterra”. La Confederacin Norteamericana en breves aos se present al mundo como nacin poderosa. Su ejemplo era envidiable, y si sentimientos hostiles a la raza de su metrpoli hubiesen agitado el corazn de los canadienses, el destino iba a ofrecerles la coyuntura ms propicia. El trueno del can en 1812 anunci que los Estados Unidos y la Gran Bretaa estaban en guerra; mas, cul fue la conducta del Canad en aquellas crticas circunstancias? Ser siempre fiel a su metrpoli, empuar las armas por ella, y aun preferir el estado de colonia al de pueblo independiente. "igase al mismo autor que acabo de citar. “El 24 de junio de 1812 se supo en Quebec que la guerra haba sido declarada entre Inglaterra y Amrica; los canadienses, aunque largo tiempo tachados de desafectos a su metrpoli, y oprimidos por gobernantes imbciles y arbitrarios, se alzaron con noble espritu en defensa de Inglaterra y de su pas; ellos pudieron haberse aprovechado de la apurada situacin de la Gran Bretaa respecto de la Europa; pudieron haberse unido a los Estados Unidos, y formado parte del Congreso; pero no, aunque sintiendo el peso de los agravios amontonados sobre ellos, sus esfuerzos fueron los de una naturaleza generosa que olvidndose de las injurias, slo se acuerda de los beneficios recibidos de Inglaterra. Cuatro batallones de milicia se formaron al instante; un cuerpo de cazadores canadienses (tropa brillante y especialmente adaptada para el pas) se organiz y equip en el corto espacio de seis semanas por la generosidad de la juventud de la clase media, de cuyo seno salieron los bizarros oficiales que se le dieron, y un entusiasmo militar se apoder de toda la poblacin, sirviendo a los pobladores del Alto Canad de ejemplo muy importante en una crisis en que la tropa de lnea inglesa se sacaba de las colonias para llevarla a pelear contra Napolen... El rompimiento de la guerra americana en 1812 demostr que los hombres tachados de infieles a la metrpoli no fueron rebeldes ni traidores, pues pelearon valientemente por Inglaterra, y si no hubiera sido por los canadienses, Inglaterra no estara ahora en posesin del Canad”.

PAGE 194

OBRAS 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ Esto prueba, que los habitantes del Bajo Canad, aunque de sangre francesa, han sido amigos de Inglaterra, y que si en 1839 se alzaron contra ella, este movimiento recibi su impulso, no del origen de razas, sino de causas polticas. Pero concedamos que slo hubiese provenido de la rivalidad de razas, podr nunca compararse la situacin del Bajo Canad con la colonizacin cubana? Inglaterra adquiri aquel pas por derecho de conquista; mas, los colonos que vayan a Cuba, no llevarn el carcter de conquistadores, ni menos el de conquistados. Cuando el Canad pas al poder de la Gran Bretaa, ya era una colonia respetable por su poblacin, con una nacionalidad formada, y con lengua, leyes, religin, usos y costumbres diferentes de los de la nacin que los acababa de conquistar: de manera, que de dueos y naturales del pas se encontraron repentinamente como sbditos, y sbditos extranjeros de la potencia bajo cuya dominacin haban cado. En Cuba sucede lo contrario: el amo, el natural del pas siempre queda sindolo, y el colono que llega, que es el extranjero, queda extranjero, mientras no abraza nuestras instituciones y se identifica con ellas. Tngase muy presente, que en Cuba no entrarn de un golpe 20 000 ni 30 000 colonos, aunque ojal que as fuese. La inmigracin se har gradualmente; los pobladores no se fijarn en un solo punto, sino que se esparcirn por los pueblos y los campos; iranse mezclando y enlazando con la raza espaola; los hijos que nazcan, sea cual fuere el origen de sus padres, espaoles tambin sern, y como la fuerza disolvente y asimiladora del cuerpo social es ms enrgica que la del fsico, Cuba que tiene ya una gran base de poblacin, absorber y confundir en su propia masa los elementos extraos que reciba. No hay, pues, temor de que permanezca una raza al lado de otra, como desgraciadamente ha sucedido con la africana, que nunca ha podido asimilarse a causa del funesto color que la distingue. Y tanto menos temor hay, cuanto que los extranjeros que vayan, han de pertenecer a naciones diferentes, cuya variedad es por s misma una nueva garanta para Cuba, porque no pudiendo formar un cuerpo compacto y homogneo, ellos mismos se equilibran, y la potencia mayor, que es la espaola, dominar cual astro poderoso a todas las dems, atrayndolas fuertemente a su centro. De ese mismo Canad que se opone como argumento contra la admisin de razas distintas para la colonizacin de Cuba, me valgo yo para defenderla. Hanos hablado el seor Fiscal de los males que ellas producen entre la Inglaterra y la Irlanda; y por esta razn, l considera los irlandeses como enemigos de los ingleses. Pues bien, qu es lo que ha hecho el Gobierno britnico? Fomentar cuanto ha podido la inmigracin de irlandeses en el Canad. Ni se ha limitado a stos: que tambin han pasado all millares de escoceses, raza tambin distinta de la inglesa:

PAGE 195

JOS ANTONIO SACO /189 /189 /189 /189 /189 de suerte, que donde ya haba, segn se supone, dos elementos de discordia, cuales son el francs y el ingls, se han juntado adems el irlands y escocs. Y creer usted, que un gabinete tan entendido como el britnico, fomentase la introduccin de razas diferentes en el Canad, si conociera que son contrarias a sus intereses coloniales? Las circunstancias en que me hallo, no me permiten ofrecer a usted un estado completo de la colonizacin anual en el Canad; pero los pocos datos que tengo a mano, y que inserto a continuacin, aunque atrasados, le darn una idea de sus progresos. En los aos 1825, 27, 29, 30, 31 y 32 entraron 36 000 colonos, sin contar los que fueron a Quebec y Montreal, que son los puertos principales por donde arrib el mayor nmero, segn lo indica el siguiente estado. 182918301831183218331834 ———————————— De Inglaterra3 5656 79910 24317 7315 1986 799 De Escocia2 6432 4506 3544 37912 01319 208 De Irlanda 9 61418 80034 13327 631 4 1964 591 De otras partes123451424164—— ———————————— 15 94528 50051 15449 90521 40730 598 Con Tejas tambin se nos infunden alarmas; pero no hay paridad entre lo que all ha sucedido y la colonizacin cubana. Tejas era una provincia desierta, casi perdida en los confines de una nacin despedazada por las facciones, puesta en contacto con una repblica poderosa; y con una dilatada e indefensa frontera que no poda contener el torrente de aventureros que prfidamente se preparaban a precipitarse sobre ella. Muy al contrario son las circunstancias de Cuba. Si su posicin insular en aguas tan ventajosas, y la excelencia de su suelo la hacen envidiable a muchas naciones, estas mismas cualidades son la prenda ms segura de su conservacin para Espaa, pues que contra la potencia que intentase quitrsela, se alzaran otras en su defensa. Acaso se piensa, que porque pasasen a ella 8 o 10 000 familias alemanas, otras tantas francesas, y aun igual nmero de inglesas, concebira la Alemania, la Francia, o la Inglaterra el necio proyecto de valerse de los colonos que en otro tiempo fueran sbditos suyos para apoderarse de Cuba? Tal pensamiento sera ridculo, y no puede caber en el cerebro bien concertado del seor Queipo. Lo ms extrao del caso es, que este seor, que tan pavoroso se muestra por la admisin de extranjeros, y que repetidas veces acusa a Inglaterra de miras siniestras sobre Cuba, no advierte, que oponindose a la pronta y franca colonizacin, propende al mismo mal que quiere remediar. Tiene sobre Cuba el Gobierno in-

PAGE 196

OBRAS 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ gls las intenciones que se le imputan? Pues entonces nada las favorece tanto como la actual situacin de aquella Antilla, porque siendo protector decidido de las ideas que halagan a ms de la mitad de su poblacin, en su mano est el arma terrible con que puede trastornarla en un momento. Uno, uno solo es el medio de arrebatrsela, y hacernos invulnerables: pedir sus hijos a la Europa y a la Amrica, llamarlos, convidarlos con instancia, y abrir de par en par las puertas de Cuba, a los blancos de todo el orbe. As lo han hecho los Estados Unidos de Norteamrica, y a ello deben el haber adquirido en pocos aos una prosperidad sin ejemplo en los fastos de la historia. El extraordinario incremento de su poblacin y riqueza, fruto es de la inmigracin europea; y si en la vasta superficie de aquella repblica se buscan las razas rivales y enemigas que pudieran turbar el reposo pblico, no se encuentra en toda ella sino una nacionalidad profundamente arraigada en el corazn de sus hijos. Se acusa, por ltimo, a los extranjeros domiciliados en las que fueron colonias espaolas de ser autores en gran parte de las desgracias que las afligen. Es menester distinguir los individuos de los gobiernos. Algunos de stos tal vez podrn haberlas fomentado por sus miras particulares en alguno de aquellos pases; pero los labradores, artesanos y comerciantes que hayan ido a establecer en ellos, lejos de ser instrumentos de intrigas ni discordias polticas, son esencialmente pacficos, porque slo a la sombra de la paz es como pueden trabajar y adquirir una fortuna o una cmoda subsistencia. Todas las turbulencias de las repblicas amrico-hispnicas se pueden reducir a dos causas principales. Una, que gobernadas despticamente por espacio de tres centurias, nunca pudieron hacer el aprendizaje de la libertad, y el da que proclamaron su independencia, si bien supieron pelear y vencer, se encontraron sin bases en que asentar sus nuevas instituciones. De aqu tantos tropiezos y cadas en la senda escabrosa por donde han caminado, pues no se pasa repentinamente del gobierno ms absoluto a la ms amplia libertad democrtica. La otra causa, y la peor de todas, es la ambicin de los jefes militares, que considerndose amos del pas, cada uno aspira al mando supremo para gobernar a su antojo. Esto es tan cierto, que las repblicas en que ha desaparecido la insolencia del poder militar, ha renacido la paz, y con ella empezado a florecer la agricultura, el comercio y las letras. Yo siento que un hombre del mrito del seor Queipo se muestre tan encarnizado contra la inmigracin de extranjeros en Cuba. Sus ideas emitidas con toda la autoridad que les da el alto puesto que ocupa, pueden tener eco en la Pennsula, y producir daos de mucha trascendencia. Es posible, que cuando la luces del siglo, la tolerancia de los principios polticos y religiosos, y la facilidad de las comunicaciones propenden hoy ms que nunca a disminuir las antipatas naciona-

PAGE 197

JOS ANTONIO SACO /191 /191 /191 /191 /191 les, y a estrechar los pueblos entre s, es posible, que se vaya a predicar en Cuba una cruzada contra los extranjeros, en Cuba, donde gran parte de lo que somos, lo debemos a ellos, y sin ellos pereceramos? Porque sin sus mercados, quin consumira nuestros frutos? Sin sus naves, quin los exportara, ni quin nos llevara, en cambio, todo lo que necesitamos para figurar en la escena del mundo como pueblo civilizado? Cuba nunca ha podido quejarse de los extranjeros que la han adoptado por madre. Adelantarla, enriquecerla, y aun servir de ejemplo a sus hijos, son bienes que les debemos, y de los que Espaa recoge ya grandes utilidades. De retrgradas pudiera yo tachar las ideas del seor Queipo, porque aun en los primeros tiempos de la conquista hubo espaoles ilustrados que abogaron por la colonizacin de extranjeros. En 1517 llegaron a Santo Domingo los tres religiosos gernimos, que con tanto acierto escogi el cardenal Jimnez de Cisneros, siendo regente del Reino, para que sosegasen las turbulencias de los castellanos en aquella isla; y en el memorial que uno de ellos, fray Bernardino de Manzanedo, present en febrero de 1518, se deca entre otras cosas, que “el fundamento para poblar es que vayan muchos labradores y trabajadores... que convendra pregonar libertad para ir a aposentar all a todos los de Espaa, Portugal y Canarias ”. Ntese, que los portugueses eran entonces tan extranjeros como hoy, pues ni la Corona de Castilla haba dominado todava el Portugal, ni esta dominacin pas del ao de 1640. Aun tuvo ideas ms liberales y conformes a la poblacin el licenciado Alonso Zuazo, juez de residencia en la isla de Santo Domingo. En la carta ya citada de 22 de enero de 1518 que escribi a Mr. Chievres, ministro de Carlos I, se leen estas palabras: “ Hay necesidad que puedan venir a poblar esta tierra libremente de todas las partes del mundo, que se d licencia general para esto sacando solamente moros judos, reconciliados, hijos nietos de ellos, como est prohibido en la ordenanza”. Antonio de Herrera, refiriendo los sucesos de Indias en 1520, dice en la dcada II, lib. 9, cap. 7, que la isla Espaola pidi al Rey que dejase pasar a ella gente de cualquier nacin para poblarla, y destruir la influencia de los negros. ¡Chocante contraste entre el lenguaje de un siglo que llamamos de oscurantismo, y el que hoy se emplea en medio de nuestra avanzada civilizacin, y cuando nos rodean peligros ms inminentes que nunca! Sin entrar en el fondo del artculo Educacin e instruccin pblicas hay en l una idea que no debe pasar desapercibida. Se dice, que el Gobierno Supremo orden costear de sus propios fondos la enseanza primaria donde escaseen los recursos de los pueblos y esto se llama una liberalidad sin ejemplo ¡Con que liberalidad sin ejemplo lo que no es un hecho, sino una promesa, y promesa condicional! Si fuese cier-

PAGE 198

OBRAS 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ ta esa liberalidad sin ejemplo, la educacin primaria de nuestra patria no ofrecera el triste estado que con harta razn deplora el mismo seor Queipo. l afirma con mucha verdad, que en los 12 aos que terminaron en 1844, Cuba envi al gobierno de la metrpoli 36 millones de pesos fuertes ; y a fe, que si en la educacin primaria se hubiera empleado, aunque solamente hubiesen sido los 6 millones, Cuba no tendra hoy tantos hijos infelices. El seor Queipo sabe, que yo pudiera decir mucho sobre este particular; pero su ilustracin y su conciencia, a cuyos jueces apelo, me eximen de ulteriores explicaciones. A leer el artculo Emancipacin mi espritu se llen de una curiosidad mezclada de sobresalto; pero muy pronto me tranquilic, porque todo el plan que se propone, bien puede reducirse a esta frase: “ que los esclavos se acaben, cuando el tiempo los acabe ”. Sea enhorabuena: y ya que esta carta se imprimir, deseo, amigo mo, que todos sepan, que en ella me abstendr de exponer ninguna idea sobre el fondo de la cuestin. En tan estricta neutralidad quiero encerrarme aqu, que si alguno me preguntase lo que siento, yo le respondera, que ignoro en este momento, si la emancipacin conviene o no conviene a Cuba. Tal vez, en el concurso de los acontecimientos humanos podremos vernos obligados a decir lo que entonces pensemos sobre este particular; pero mientras ese da no llegare, nadie tiene ni aun el ms leve pretexto para interpretar siniestramente la rectitud de mis intenciones. Hecha esta advertencia, mis cortos reparos se referirn nicamente al plan que se propone en el informe. “La idea de este ministerio [as se expresa el seor Fiscal en la pgina 57], para conseguir la extincin gradual y paulatina de la esclavitud, sin recurrir al medio violento, injusto y altamente impoltico de una momentnea emancipacin, consiste en fomentar la poblacin blanca, favoreciendo el establecimiento de las familias labradoras por medio del pequeo cultivo, nico apropiado a sus necesidades; y en gravar lentamente, luego que esto se haya conseguido, la mano de obra esclava, hasta el punto de equilibrar y aun minorar sus rendimientos comparativamente a los obtenidos por la de los blancos. Entonces cesando las ventajas que hoy se obtienen de su empleo, bajar naturalmente y en igual proporcin el precio de los esclavos, y subsistiendo como no puede menos, la benigna actual legislacin usual, que permite a stos coartarse o rescatarse por pequeas cantidades, nada les sera ms fcil que obtener su libertad, segn que fuesen ms o menos econmicos, ms o menos aplicados”. A rengln seguido nos dice tambin el seor Queipo, que la realizacin de su plan ser obra de muy largos aos; pero que su mrito consiste en esta misma lentitud, pues as fue como se acabaron los esclavos que las naciones antiguas trasmitieron a la Edad Media.

PAGE 199

JOS ANTONIO SACO /193 /193 /193 /193 /193 Lo primero que reparo en la medida filantrpica del seor Fiscal, es que todos los gastos de la emancipacin se hacen recaer exclusivamente sobre el amo y el esclavo, sin que el Estado tenga parte alguna, cuando su deber principal es tomar la iniciativa en asunto tan importante, y favorecerlo con los fondos de que puede disponer. Lo segundo es, que se causar a los hacendados un dao considerable. Por una parte, se propone, que se aumente progresivamente el impuesto sobre los esclavos hasta el punto de equilibrar y aun minorar sus rendimientos comparativamente a los obtenidos por los blancos; y, por otra, se asegura, que cesando entonces los provechos que hoy se obtienen de su empleo, bajar naturalmente y en igual proporcin el precio de los esclavos: es decir, que el amo recibe doble quebranto, uno con la disminucin de precio, y otro con la progresiva contribucin; quebranto tanto ms grande, cuanto sta ir aumentando, al paso que el capital o valor del esclavo vaya disminuyendo, siendo as que segn todas las reglas de equidad y justicia o no debiera cobrrsele el impuesto, o por lo menos disminursele. Para calcular la magnitud de estos perjuicios, debe recordarse que el seor Queipo ha prometido y asegurado a los hacendados en otra parte de su informe, que los esclavos han de aumentar; de suerte, que toda la ventaja que con esto se les ofrece, se convierte despus en un dao enorme, porque tendrn ms contribuciones que pagar, y ms capitales que perder. Es lo tercero, que la comparacin histrica que se hace con la emancipacin de los esclavos de la Antigedad, no es aplicable a los tiempos modernos. Entonces, la esclavitud era general; los principios que la combatan, se fueron desarrollando con suma lentitud; ninguna nacin se encarg de predicar la propaganda; ninguna dio el ejemplo de libertar en masa sus esclavos; ninguna empuj a otra en la carrera de la emancipacin. Todas marchaban a un mismo fin, pero todas pausadamente, y aun sin percibir el espacio que recorran: de manera, que al no contemplar con ojos filosficos esta revolucin social, ms parece obra del acaso que no de las instituciones. Pero son stas las circunstancias del siglo XIX? En Cuba se leer esta carta, y sus habitantes no necesitan que mi pluma les trace el cuadro de la edad moderna. Al tratar el autor del informe de cuestiones que l llama vitales para las colonias y la madre patria, se vale del siguiente lenguaje en la pgina 61: “Por fortuna en el desempeo de esta enojosa tarea, menos tendr el Fiscal que pedir la reforma de nuestra antigua legislacin colonial, fruto, en gran parte, de un profundo saber y filantropa en los consejos de nuestros monarcas, que la supresin de los abusos que en ella se han introducido por el transcurso del tiempo y de las vicisitudes polticas de la metrpoli. En suma, lejos de solicitar la abolicin de nuestro actual sistema colonial, su objeto ser promover el restablecimiento de la antigua legislacin indiana, en cuanto no se oponga a

PAGE 200

OBRAS 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ los progresos que en nuestros das han hecho la economa poltica y la administracin”. Y creer usted, mi caro amigo, que las reformas radicales que Cuba necesita, son conciliables con la legislacin indiana que tanto decanta el seor Fiscal? Los nueve libros que componen la Recopilacin de leyes de Indias no forman un cdigo poltico, civil, criminal, ni de ninguna especie. Como lo indica su mismo nombre, no son el fruto de un plan combinado, sino el conjunto de las numerosas disposiciones que para los vastos pases de Amrica se fueron dictando en diversas circunstancias, durante el espacio de casi dos siglos. Al cabo de este tiempo, tanta vino a ser la muchedumbre de cdulas, ordenanzas, cartas, provisiones y tanta su incoherencia y confusin, que a veces ni los gobernantes saban lo que mandaban, ni los gobernados lo que haban de obedecer. Para salir de este laberinto, mandronse compilar las disposiciones que andaban desparramadas por los archivos del Reino: mas, hecho este trabajo sin el debido discernimiento, se hacinaron leyes sobre leyes, resultando no un cdigo sencillo y filosfico, sino un centn en que se amonton lo bueno y lo malo que para la Amrica se haba ordenado. Ya desde el reinado de Felipe II se pens hacer una compilacin, pero con alteraciones considerables; y si esto sucedi en el siglo XVI, qu no ser hoy que nos hallamos a la mitad del XIX? Preciso sera rehacer enteramente las leyes de Indias; pero rehacerlas, sera destruirlas; y para destruirlas, mejor es levantar de nuevo el edificio. Importa mucho advertir, que Cuba no fue el punto de Amrica a que se dirigi la Recopilacin Indiana Clavados los ojos de Espaa en las minas de oro y plata del continente, carg hacia l la fuerza de la emigracin europea, y las cuatro grandes Antillas que se haban empezado a poblar desde fines del siglo XV y principio del XVI, quedaron casi abandonadas. Enflaquecidas con la prdida de gente y capitales, vironse olvidadas del gobierno, y en el cmulo de leyes que encierra aquella compilacin, rara vez se oye sonar el nombre de Cuba. Cmo, pues, aplicarle una legislacin que no se form para ella, y en que no se consultaron sus intereses ni necesidades? Dirase, que siendo parte de la Amrica, se encuentra en iguales circunstancias que los pases continentales, y que, por lo tanto, puede regirse por las mismas leyes? Fcil sera demostrar, que unas regiones tan dilatadas como las que abrazaron las colonias amrico-hispanas, bien difieren unas de otras bajo de muchas relaciones; pero sin entrar en esta discusin, porque ella me conducira a un trmino demasiado lejos, bastar observar, que una parte de la Recopilacin Indiana se refiere exclusivamente a la situacin peculiar de algunas de las colonias continentales, cuyas leyes, en razn de su misma especialidad, no pueden convenir a Cuba. Otra parte, mayor que la primera, tuvo por objeto principal la polica de los indios y el

PAGE 201

JOS ANTONIO SACO /195 /195 /195 /195 /195 arreglo de las relaciones entre ellos y los espaoles; y como hace ms de dos siglos que todos los indgenas perecieron en nuestra Isla, no puede aplicarse con acierto a sus actuales habitantes lo que se haba ordenado para una clase de hombres del todo diferentes. Aun cuando no existiese ninguna de las razones anteriores, nunca sera atinado regir a Cuba por las leyes de Indias. Si en los tiempos que siguieron a la conquista, se crey que con ellas se poda hacer feliz la Amrica, hoy pensarlo as, es una fatal ilusin. Las circunstancias polticas, mercantiles y morales han cambiado mucho, y condenar a Cuba a vivir bajo los restos del Cdigo indiano, sera perpetuar sobre ella el yugo de la esclavitud. La prosperidad material de Cuba empez con la abolicin de muchas leyes de Indias; y su importancia poltica y aun su dignidad moral claman por la extincin de las otras. No hay duda, que algunas honran la memoria del gobierno que las dict; porque se propusieron salvar la raza indgena de los horrores de la conquista. Por lo dems, amigo mo, y dgolo en alta voz desde la cumbre de la roca en que escribo, las leyes de Indias consideradas mercantilmente son protectoras del monopolio y enemigas de todo progreso; consideradas judicialmente son tan imperfectas, que no pudiendo decidirse por ellas ni en lo civil, ni en lo criminal, es menester acudir a los Cdigos de Castilla; consideradas literariamente, lejos de elevarse a la altura de los conocimientos modernos, contienen disposiciones que son la mengua de la ilustracin; consideradas religiosamente son un monumento de la intolerancia y persecucin del siglo XVI; consideradas, en fin, bajo el aspecto poltico son brbaras y tirnicas, pues que arman a los gobernantes de las facultades ms terribles. Tal es el Cdigo de Indias, y tal el cdigo que se recomienda para hacer feliz a Cuba. En el artculo Seguridad pblica y polica se dice a la pgina 77, que de “ dos modos puede atacarse la seguridad individual; o por el abuso de la autoridad de los tribunales, o por el de la fuerza de los particulares ”. Comtese aqu un grave olvido, pues no se hace mencin de los abusos del gobierno y sus agentes en los pueblos despticamente constituidos. En Turqua, sabe muy bien el seor Queipo, que el sultn y los mandarines de las provincias, prenden a su antojo, apalean, destierran, y aun matan a sus infelices sbditos. Otro tanto hacen en Rusia los gobernantes y sus satlites; y lo que desgraciadamente vemos en estas dos naciones tambin se prctica en otros pases. Oponindose a la institucin del jurado en Cuba, el autor del informe escribe as en la pgina 171. “Menos todava debera hacerse esto en la isla de Cuba, donde los empeos y recomendaciones en asuntos judiciales, han venido a ser una moda o necesidad de costumbre, segn la expresin de un alto magistrado, nada sospechoso ni desafecto a estos leales habitantes. En ella por lo mismo, ms que en ninguna otra pro-

PAGE 202

OBRAS 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ vincia de la monarqua, conviene la estricta observancia de la ley 17, ttulo 2, libro 3 de la Recopilacin de estos dominios ”. Y en una nota que pone al pie de estas palabras, prosigue “Esta disposicin que es sabia y acertada, aun para la Pennsula, es adems altamente poltica para las posesiones ultramarinas Entre sus habitantes y los de la metrpoli debe establecerse y fomentarse por cuantos medios estn al alcance del gobierno, un cambio recproco de relaciones e intereses que estrechen ms y ms los vnculos que deben unir a los hijos de la misma patria. Para conseguirlo nada tan conveniente como emplear de preferencia los naturales de Ultramar en los destinos de la metrpoli, y a la inversa respecto de stos”. Procedamos por partes, y prescindiendo del jurado acerca del cual habra mucho que discutir, detengmonos primero en la ley que se cita. Hela aqu: “Mandamos, que en ningn caso sean provedos en corregimiento, alcaldas mayores y otros oficios de administracin de justicia de las ciudades y pueblos de las Indias los naturales y vecinos de ellos, ni los encomenderos en sus naturalezas y vecindades y distritos de sus encomiendas, y a los que estuvieren provedos se les quiten los oficios: y asimismo no lo puedan ser los que en aquel distrito tuvieren chacras, minas, ni otras haciendas, y permitimos, que en los beneficios y rentas que hubiere en las ciudades, sean gratificados y premiados segn su calidad y mritos”. Lo primero que se nota es, que hablando esta ley solamente de los oficios de administracin de justicia parece traslucirse cierto deseo de extenderla a otros destinos. Lo segundo consiste en suponer, que la prohibicin es tan general, que una persona, con slo haber nacido en Amrica, ya no puede ejercer en ella, o al menos en la provincia de su nacimiento ningn oficio de judicatura; suposiciones entrambas, a cual ms forzadas, pues segn las palabras de la ley “ en ningn caso sean provedos en oficios de administracin de justicia de las ciudades y pueblos de las Indias los naturales de ellos ”; es claro, que este ellos no se refiere a las Indias, porque entonces dira ellas sino a los pueblos y ciudades del nacimiento; y como una ciudad o un pueblo jams puede tomarse por una provincia, el sentido natural de la ley es, que el hijo de Matanzas por ejemplo, no pueda ser juez en Matanzas, ni el de Guanabacoa en Guanabacoa; pero de aqu no se infiere, que el natural de sta no pueda ser juez en aqulla, y al contrario. Hasta ahora no he hecho ms que exponer claramente el verdadero sentido de la ley; pero si me elevo a buscar la razn en que se fund, encuntrola miserable; y miserable la llamo, porque ella revela la miseria de aquellos tiempos. La prohibicin no naci de ningn principio poltico, ni de un motivo de desconfianza contra la fidelidad de los naturales de Amrica, pues que la ley tanto comprende a stos como a los peninsulares

PAGE 203

JOS ANTONIO SACO /197 /197 /197 /197 /197 que tenan encomiendas de indios, minas y otras haciendas. Impedir las iniquidades que cometan los jueces, cediendo dbilmente al influjo de su familia o al de otras relaciones estrechas en el lugar de su naturaleza o vecindad: he aqu el fundamento de aquella prohibicin. Pero con ella misma se prueba, que si las leyes se hubieran cumplido en Amrica; si la judicatura se hubiera confiado a hombres dignos de la misin, jams se habra tenido que verla transformada en instrumento de viles pasiones y ruines intereses. En los pases donde se respetan las instituciones, donde la ley castiga infaliblemente a todo el que la quebranta, donde la responsabilidad judicial es una verdad y no una mentira hipcrita, en esos pases no se teme a la patria de los jueces ni a la influencia de las familias. Mas, ni Espaa, ni mucho menos la Amrica presentaban tan consoladora perspectiva cuando se public aquella ley; y en vez de haberse dedicado el legislador a combatir el mal en su raz, crey errneamente que le poda curar con tan pobre medicina. Y qu pensaremos de la idea que para estrechar los vnculos entre Cuba y Espaa, los naturales de Ultramar deben emplearse de preferencia para los destinos de la metrpoli, y al contrario? La segunda parte de los deseos del seor Queipo est ya completamente satisfecha, porque con rarsima excepcin todos los empleos de Ultramar estn en manos de hijos de la metrpoli. En cuanto a la primera, me parece que sus fraternales intenciones no podrn realizarse, porque ni al Gobierno metropolitano le ser dado complacerle, ni aun cuando le fuese, la generalidad de los ultramarinos est dispuesta a aceptar el honor que se les dispensa. Aceptaranlo sin duda, si las suertes fuesen iguales para todos los espaoles de ambos mundo; pero el seor Fiscal propone una reciprocidad leonina pues mientras deja abiertos a los peninsulares los dos mercados de Espaa y Amrica, cierra el de sta a los ultramarinos. En el de Espaa, stos harn muy pocas operaciones, porque sin tomar en cuenta otros motivos, tienen que luchar con una concurrencia formidable. Seamos francos, cual cumple a hombres que se saben respetar, y no agreguemos a la injusticia la burla de ofrecer un agravio por fineza. Lo que se propone con rodeos y frases estudiadas, no es otra cosa sino que no conviene dar a los americanos empleos en Amrica. Si hay personas que as lo juzgan, y aun se atreven a estamparlo en sus libros, publquenlo enhorabuena; pero publquenlo, no invocando la necesidad de estrechar los vnculos fraternales entre la metrpoli y sus colonias, sino a nombre de la desconfianza y de una poltica suspicaz y opresora. Hay en el informe un artculo intitulado Superior Gobernador Civil y su Consejo especial en que abogndose por la concentracin del poder, leemos lo siguiente a la pgina 184. “Convendra, pues, investir a los capitanes generales de la Isla, en calidad de tales y sin variar en

PAGE 204

OBRAS 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ nombre, que hace a la esencia de las cosas, de las omnmodas facultades, convenientemente modificadas que por las leyes de Indias se concedan a los virreyes, y se conceden an hoy en las colonias inglesas y francesas a sus gobernadores generales. Pero esta acumulacin de facultades, esta asimilacin de la primera autoridad colonial al supremo poder ejecutivo nacional, exige un contrapeso, una garanta, mejor dicho, del acierto que no puede encontrarse en la capacidad, por grande que sea, de una sola persona. As nuestra sabia legislacin indiana haba introducido desde sus principios un grande elemento de poder, de orden y de acierto en las facultades econmicas consultivas de que invisti a los acuerdos de las reales audiencias, convirtindolos en el Consejo especial del virrey, que ms tarde han imitado los franceses e ingleses en sus colonias para sus gobernadores”. Podramos preguntar, qu es lo que los virreyes de Amrica han hecho, que no hayan hecho tambin, o podido hacer los capitanes generales de las Antillas? El gran mal de las colonias espaolas nunca ha consistido en la falta de atribuciones de los que mandan, sino en el exceso de ellas. Escaseando al pueblo las garantas individuales, y negndole los derechos polticos, la balanza toda se inclin desde un principio hacia los gobernantes y por hacerlos fuertes, se les transform en tiranos. Partidario decidido soy de los gobiernos fuertes, porque temo mucho la anarqua; pero al mismo tiempo quiero, que esa fuerza tenga un gran contrapeso para que no degenere en despotismo. No se piense que estoy haciendo alusiones personales; respecto del jefe que manda en Cuba,5 y si mi intencin fuera censurar el ejercicio de su autoridad, no lo hara con indirectas, sino francamente y cara a cara. Si ahora me veo forzado a hablar del Capitn General de Cuba, entindase que ni remotamente me dirijo al hombre que all gobierna: contrigome nicamente al ser abstracto, a la entidad poltica que han formado las leyes con exclusin absoluta de todas las personas. Bajo de esta salvaguardia, dgame usted, amigo mo, cul es el equilibrio que establece el seor Queipo contra la inmensa acumulacin de facultades que da a los capitanes generales de Cuba? La Real Audiencia pretorial de La Habana. Pero por alta y respetable que sea esta corporacin, ser compatible con la ndole de sus funciones convertirla en elemento regulador del gobierno? Y aun cuando incompatibilidad no hubiese, tendr ella fuerza bastante para contener el arranque impetuoso de un poder que no se conoce lmites en su carrera? El error proviene de figurarse que un gobierno desptico puede sufrir contrapeso. Cabalmente lo es, porque no lo tiene; y el da que se le ponga, ya deja de serlo. Pero esta transfor5Este jefe era el capitn general don Leopoldo O’Donnell, hoy presidente del Consejo de Ministros.

PAGE 205

JOS ANTONIO SACO /199 /199 /199 /199 /199 macin jams se deber al voto meramente consultivo de una audiencia, que se nos dice haber sido en Mjico el Consejo especial del virrey imitado ms tarde por los franceses e ingleses en sus colonias para los gobernadores En punto a imitaciones, cada uno puede creer lo que le parezca; mas, yo tengo para m, que lo menos en que pensaron los Gobiernos francs e ingls al constituir sus colonias, fue en la audiencia de Mjico, ora como tribunal, ora como cuerpo consultivo. Tal vez, los franceses imitaran de los ingleses la idea de dar a los gobernadores de sus colonias un consejo que los ilustrase y encaminase al acierto; pero de seguro, que los ingleses al formar los Consejos ejecutivos de sus posesiones ultramarinas, no tuvieron a la vista otro modelo que el Consejo privado de los reyes de la Gran Bretaa. Se nos cita tambin el ejemplo de los ingleses y franceses en apoyo de la acumulacin de facultades en los capitanes generales. Pero ya que del extranjero se nos trae todo lo que contribuye a robustecer el poder, pudo tambin haberse hecho mencin de las garantas que aquellos dos gobiernos conceden a los habitantes de sus colonias para enfrenar ese mismo poder. Martinica, Guadalupe, Guayana y Borbn tiene sus Consejos coloniales; o sea, una miniatura de la Cmara de diputados en Francia. El Canad, Nueva Escocia, Bermudas, Jamaica y otras posesiones inglesas discuten libremente sus asuntos en sus Asambleas legislativas formadas segn el tipo del Parlamento britnico. Cuba entretanto, caro amigo, presenta un doloroso contraste con las colonias que la rodean. En medio de su esclavitud poltica, ella vuelve de cuando en cuando los ojos hacia el oriente para ver si descubre en lontananza el mensajero que ha de llevarle leyes de libertad y de consuelo; pero cansada de esperar, sufre con resignacin, y renovando aun con sacrificios las pruebas de su inalterable fidelidad, aguarda del tiempo, que Espaa convencida de sus verdaderos intereses, le conceda, al fin, la justicia que hoy le niega. Siempre de usted, JOS ANTONIO SACOA los cinco meses de publicada esta Carta la contest destempladamente en Madrid el seor Vzquez Queipo. Yo le repliqu en la misma capital, y esta Rplica puso fin a todo debate.

PAGE 206

RPLIC RPLIC RPLIC RPLIC RPLIC A A A A A DE DE DE DE DE DON JOS ANTONIO SACO DON JOS ANTONIO SACO DON JOS ANTONIO SACO DON JOS ANTONIO SACO DON JOS ANTONIO SACO A LA CONTEST A LA CONTEST A LA CONTEST A LA CONTEST A LA CONTEST ACI"N DEL SEOR FISC ACI"N DEL SEOR FISC ACI"N DEL SEOR FISC ACI"N DEL SEOR FISC ACI"N DEL SEOR FISC AL AL AL AL AL DE LA REAL HACIEND DE LA REAL HACIEND DE LA REAL HACIEND DE LA REAL HACIEND DE LA REAL HACIEND A DE A DE A DE A DE A DE LA HABANA, LA HABANA, LA HABANA, LA HABANA, LA HABANA, DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO DON VICENTE VZQUEZ QUEIPO EN EL EX EN EL EX EN EL EX EN EL EX EN EL EX AMEN AMEN AMEN AMEN AMEN DEL INFORME DEL FOMENTO DEL INFORME DEL FOMENTO DEL INFORME DEL FOMENTO DEL INFORME DEL FOMENTO DEL INFORME DEL FOMENTO DE LA POBLACI"N BLANC DE LA POBLACI"N BLANC DE LA POBLACI"N BLANC DE LA POBLACI"N BLANC DE LA POBLACI"N BLANC A, ETC., A, ETC., A, ETC., A, ETC., A, ETC., EN LA ISLA EN LA ISLA EN LA ISLA EN LA ISLA EN LA ISLA DE CUBA DE CUBA DE CUBA DE CUBA DE CUBA (Madrid: Imprenta de la Publicidad, a cargo (Madrid: Imprenta de la Publicidad, a cargo (Madrid: Imprenta de la Publicidad, a cargo (Madrid: Imprenta de la Publicidad, a cargo (Madrid: Imprenta de la Publicidad, a cargo de M. Rivadeneira, calle de Jess del V de M. Rivadeneira, calle de Jess del V de M. Rivadeneira, calle de Jess del V de M. Rivadeneira, calle de Jess del V de M. Rivadeneira, calle de Jess del V alle, no. 6. alle, no. 6. alle, no. 6. alle, no. 6. alle, no. 6. —1847.) —1847.) —1847.) —1847.) —1847.) “Ah est mi contestacin... El que la lea ver que no me he limitado a censurar la conducta del seor Saco para con la metrpoli, sino que he contestado a todos y a cada uno de sus argumentos, ya rectificando la equivocada inteligencia que daba a mis palabras, ya indicndole las fuentes de donde tom mis datos, ya poniendo de manifiesto sus contradicciones. El seor Orgaz, que ha salido a su defensa, nos dice que el seor Saco la prepara ms amplia. Mucho celebrara que pudiera sincerarse, mejor que lo ha hecho su amigo, de los cargos que le he dirigido, cuando no fuera ms que por el bien que de ello resultara a la isla de Cuba... ”. Tales son las palabras del seor Vzquez Queipo en su Contestacin al seor Orgaz, publicada en el Clamor Pblico de Madrid de 27 de julio de 1847. Uno de los mejores historiadores de la Antigedad, el juicioso Polybio, deca con razn, que lo menos a que puede resignarse la mayor parte de los hombres, es a una cosa muy fcil, al silencio; y ninguno, por cierto, ha debido guardarlo con ms motivos que el seor Vzquez Queipo, porque al cabo de algunos meses de fatiga y tormentos intelectuales por responder a las observaciones de mi Carta lo nico que ha respondido, es que no puede responder Este conflicto en que se halla, revela el plan de su papel contra m, cuyo objeto principal se reduce a tacharme de revolucionario e insurgente Pero deber yo sincerarme de estos cargos por graves que parezcan? No, que no lo debo; y no lo debo: 1 Porque se hacen con el

PAGE 207

JOS ANTONIO SACO /201 /201 /201 /201 /201 estudiado propsito de llamar mi atencin hacia otra parte, y que empeado en vindicarme, me distraiga y olvide de los errores del informe combatidos en mi Carta de ese informe que es hoy el potro de tormento del seor Queipo. 2 Porque aun suponiendo que fuese cierto cuanto l me imputa, todava quedan en pie todos mis argumentos, pues la cuestin que yo sal a debatir, no recae sobre mi persona o mis opiniones polticas, sino sobre las perniciosas ideas que contiene aquel documento. Yo podr ser cuanto quiera el seor Queipo; mas, no por eso dejarn de ser errores los errores de Su Seora. 3 Porque l sabe, tan bien como yo, que en Cuba nadie piensa en independencia; y nadie piensa, porque todos estn ntimamente penetrados de su absoluta imposibilidad. Opnense a ella con una fuerza irresistible los grandes intereses de la poblacin entera; y de aqu nace para la metrpoli, la mejor y ms firme garanta de que en Cuba es inalterable el orden actual de cosas. 4 Porque el seor Queipo, a pesar de cuanto ha escrito contra m, no me tiene por insurgente, ni revolucionario; y seguro es, que si en vez de censura, yo hubiese prodigado elogios a su informe, entonces, por lo menos, habra merecido de su pluma el consolatorio dictado de buen ciudadano Al seor Fiscal no se esconde que yo conozco las necesidades de Cuba y la opinin de sus habitantes, y que el hombre que all diese el grito de independencia, sera vctima de sus locas tentativas. Amo a Cuba ms de lo que el seor Queipo se figura, y el da en que me lanzara a una revolucin, no sera para arruinar mi patria y deshonrarme yo, sino para asegurar su existencia y la felicidad de sus hijos. 5 y ltimo. Porque el seor Fiscal ha echado muy mal sus cuentas, pensando que yo me enfurecera o acobardara, al verme encima con las negras e infamantes notas de revolucionario y pcaro insurgente Entienda Su Seora que ha malgastado lastimosamente el tiempo, empleando unas armas, que, aunque en su concepto muy temibles, para m han llegado a ser hasta ridculas y despreciables. Muchos aos ha que estoy oyendo la misma cantinela que el seor Queipo entona hoy contra m; hanme dicho de palabra y por escrito, oficial y gubernativamente que soy un gran insurgente ; lo he escuchado en Amrica y Europa, y hasta fraile agustino hubo que as lo dio a entender una vez en La Habana desde el plpito en que predicaba. A fuerza, pues, de estarme repitiendo por tanto tiempo las mismas vulgaridades, mi sensibilidad se ha embotado, y me encuentro convertido en su verdadero paquidermo ; pero paquidermo de tanta resistencia, que no hay pica ni lanza que pueda entrarme.1 1En zoologa se da el nombre de paquidermo a una clase de animales que tienen el pellejo sumamente duro, como el elefante, el rinoceronte, el hipoptamo y otros.

PAGE 208

OBRAS 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ Dcenos el seor Queipo en los primeros renglones de su Contestacin que “enemigo de entrar en polmicas sobre materias polticas que slo sirven a encender los nimos, hace nimo firme de no contestarme ms por el inters que tiene como espaol y empleado en la isla de Cuba en su prosperidad y en que no se extrave la opinin de sus habitantes”. Si tan enemigo es de polmicas en materias polticas, por qu ha huido de la polmica, que no es poltica en su esencia, y a la que nicamente ha debido circunscribirse, dando a su papel un giro enteramente poltico, y acriminando las ideas y los sentimientos polticos de un hombre que ha respetado los suyos, y trata en su Carta no slo con mesura y urbanidad, sino a veces hasta con elogio? Si como espaol y empleado en Cuba tiene inters en que no se extrave la opinin de sus habitantes, por qu hace el nimo firme de no contestarme ms cuando los mismos ttulos que invoca, le imponen el sagrado deber de combatir las peligrosas ideas de un revolucionario, que abriga contra Cuba tan daadas intenciones? Abandonar el campo “ a las prfidas sugestiones de algunos malsines y de los que atizan la discordia con sus folletos no es, por cierto, partida de buen espaol ni menos de empleado fiel. As lo ha reconocido el seor Queipo en las siguientes palabras del ltimo prrafo de su Contestacin “No me extender ms sobre estas materias, porque me precio de leal espaol para dejar correr con indiferencia ciertas expresiones y ciertas tendencias que no quiero autorizar ni con el silencio. Pronto siempre a levantar mi dbil voz en defensa de los intereses nacionales do quiera, allende o aquende los mares, que los encuentro olvidados o desconocidos, no me contendr para hacerlo ni la ingratitud de los unos, ni la oposicin de los otros”. Estos sentimientos, muy laudales sin duda cuando los inspira el patriotismo, no presentan al seor Queipo bajo de una luz tan ventajosa, cuando se consideran segn los principios de una buena lgica, pues que le ponen en abierta contradiccin consigo mismo. Si pronto est siempre el seor Queipo a levantar su voz en defensa de los intereses nacionales olvidados o desconocidos; si no quiere autorizar ni aun con el silencio ciertas expresiones y ciertas tendencias por qu ha hecho en los primeros renglones de su Contestacin el juramento de no contestarme ms ? A quin debemos creer, al seor Queipo que al principio de su papel se retira de toda polmica, a fuer de espaol y empleado, o al seor Queipo que al fin del mismo papel est pronto a entrar en lid para no autorizar ni aun con su silencio ciertas expresiones y tendencias? Perplejos debemos quedar a vista de tamaa contradiccin: mas, dejando a su autor enredado en el laberinto en que voluntariamente se ha metido, vengamos a liquidar las cuentas que tengo pendientes con l.

PAGE 209

JOS ANTONIO SACO /203 /203 /203 /203 /203Puntos esenciales de mi Carta sobre los cuales guarda el seor Queipo el ms profundo silencio 1 En apoyo de sus errneos clculos sobre la poblacin esclava, se dej decir, que los amos de esclavos haban exagerado el nmero de stos por la propensin proverbial que todos los habitantes de Cuba tienen a hacer alarde de sus riquezas. Yo le prob lo contrario con razones y con el testimonio irrecusable de las personas encargadas de la formacin del censo de 1841; pero a esto el seor Queipo me responde con el silencio. 2 Habiendo afirmado l en una parte de su informe, que los negros estn lejos de infundir serios temores por la tranquilidad de Cuba, y en otra, que aquella Isla se halla a causa de dichos negros sobre el crter de un volcn, yo le manifest que incurra en una palpable contradiccin. Mas, a esto el seor Queipo me responde con el silencio. 3 De que en pases donde no exista la trata no hubiesen disminuido los esclavos, y de que en Cuba deba suceder lo mismo, desprendi la psima consecuencia de que no hay necesidad en nuestra Antilla de la inmigracin blanca, ni para la conservacin de las fincas actuales, ni para el rompimiento y desmonte de las tierras incultas. Hcele ver, que semejantes ideas son incompatibles con el adelanto de la agricultura y de la prosperidad cubana. Pero a mis observaciones contesta el seor Queipo con un profundo silencio. 4 Hablando en su informe contra las contratas para introducir pobladores blancos, indic como grande obstculo la escasez de fondo de la Junta de Fomento. Advertile que el mal quedaba remediado aplicando a tan importante objeto una parte de las rentas de Cuba; mas, acordndose Su Seora de que es Fiscal de la Real Hacienda de La Habana, me responde con el silencio. 5 Para demostrar la imposibilidad de hacer azcar en Cuba sirvindose de gente libre, arguy con la caresta de los jornales en aquella Antilla y en las inglesas. Probele detenidamente la inexactitud de sus raciocinios; empero, sin darse por entendido, me responde con el silencio. 6 Quiso condenar los colonos a perpetuo celibato, fundndose en que como proletarios, sus matrimonios aumentaran la miseria de las clases desvalidas; y con ellas el germen ms fecundo de crmenes y peligros que circundan y atacan a la sociedad. Expsele las funestas consecuencias que acarrea tan peligrosa doctrina en el orden moral y poltico de los pueblos; y convencido de mis razones, me honra con su silencio. 7 Como grave mal poltico consider las uniones ilegtimas de los colonos blancos con las mujeres de color. Yo, al contrario, le manifest las ventajas de que Cuba obtiene de tales enlaces; y su silencio sobre este particular es la confesin ms completa del error que cometi.

PAGE 210

OBRAS 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ 8 Supuso que en la prdida de Santo Domingo haba tenido una parte muy grande, a causa de su nmero, la gente libre de color nacida de las relaciones entre los habitantes blancos y sus esclavas. Demostrele hasta la evidencia que la clase mestiza, ni fue tan numerosa, ni influy tanto como pensaba en los trastornos de Santo Domingo. Mas, qu me ha respondido el seor Queipo? Silencio, y slo silencio. 9 Enemigo de la colonizacin extranjera en Cuba, quiso combatirla, fundndose en que la poblacin vendra a ser heterognea, se encendera el odio de las razas entre s, y se destruira la fuerza y el nervio del Estado. Cit lo que en otro tiempo haba sucedido en la Pennsula, y las consecuencias que se tocan todava. Yo le manifest con la historia, que Espaa nunca fue tan poderosa como cuando se reunieron en cuerpo de nacin los pueblos heterogneos que entraron a componerla, y que la guerra civil que hemos presenciado, y las nuevas chispas que hoy vuelan sobre el horizonte espaol, no son efecto de la diversidad de razas, sino de principios polticos combinados algn tanto con el fanatismo y la ambicin religiosa. 10 Cit tambin contra la colonizacin de extranjeros, la perpetua lucha entre Inglaterra e Irlanda, ocasionada por la diferencia de razas. Hcele sentir el gravsimo error en que cay, comparando la colonizacin de Cuba con el estado de dos pases, conquistador el uno y conquistado el otro, opresor el uno y oprimido el otro, y atribuyendo a odios de raza los conflictos que procedan de la intolerancia religiosa. Pero a todas estas verdades, el seor Queipo me replica con el silencio. 11 Igualmente y con el mismo fin cit los disturbios en el Alto y Bajo Canad, entre las razas inglesa y francesa. Advertile que no hubo tales disturbios en aquellas dos colonias; detveme a explicarle que la insurreccin del Bajo Canad en 1839 no naci de la odiosidad de razas, sino de causas polticas; probele que no caba comparacin entre las circunstancias del Bajo Canad y la colonizacin cubana, y que ese mismo Canad, de que l se vala para oponerse a la admisin de razas distintas en Cuba, era cabalmente un argumento poderoso en su favor. Mas, a todos estos captulos importantes, el seor Queipo me responde con el silencio. 12 Alarmas y temores trat tambin de infundirnos con los acontecimientos de Tejas; pero a la demostracin que le hice, de que no haba paridad entre ellos y la colonizacin de Cuba, me replica con el silencio. 13 Y para acabar de derramar su veneno contra la colonizacin de los extranjeros, acus a los domiciliados, en las que fueron colonias espaolas, de ser autores en gran parte de las desgracias que las afligen. Yo los vindiqu de tan injusta acusacin; pero el seor Queipo, en su ardiente deseo de contestarme, me confunde con su silencio. 14 Afirm que la seguridad individual se atacaba solamente de dos modos: o por el abuso de la autoridad de los tribunales, o por el de la

PAGE 211

JOS ANTONIO SACO /205 /205 /205 /205 /205 fuerza de lo individuos. Corregile su error, manifestndole que en los pases despticamente regidos, la seguridad individual tambin se ve frecuentemente atacada por el gobierno y sus agentes; pero el seor Queipo por la decimacuarta vez me honra con su silencio. 15 Pidi que a los capitanes generales de Cuba se confiriesen las omnmodas facultades que tenan los virreyes. Yo impugn esta idea, as porque aquellos jefes hacen y pueden hacer en las colonias de su mando todo cuanto podan los virreyes en las suyas, como porque las atribuciones de que gozan, en vez de aumentarse, si es que aumentarse pueden, deben equilibrarse con un gran contrapeso que asegure al pueblo las garantas individuales. Pero este punto interesante, digno de una seria discusin, condnalo el seor Queipo al ms profundo silencio. 16 Asent magistral y resolutivamente en el tono del pedante maestro Antonio Gmez, que los Consejos ejecutivos de las colonias inglesas y francesas son una imitacin de la audiencia de Mjico, convertida por las leyes de Indias en Consejo especial de los virreyes. Impugn tan desconcertada idea; mas, su autor, no atrevindose a sostenerla, djala abandonada al silencio. 17 Para el buen gobierno y prosperidad de Cuba, propuso con empeo la aplicacin a ella de las leyes de Indias Entr en importantes consideraciones contra tan rancio y servil pensamiento, pero el seor Queipo, a pesar de los elogios que prodiga en su informe al cdigo indiano, en vez de presentarse a defenderlo como jurisconsulto y empleado, esconde la cara y se nos huye en silencio. Tales son los puntos esenciales de mi Carta a que el seor Queipo no ha podido responder ni una sola palabra: y, sin embargo, este hombre tiene la arrogancia de afirmar en el Clamor Pblico ya citado al principio de este papel, replicando al bien razonado artculo en que el seor Orgaz2 me hizo el honor de defenderme en mi ausencia; este hombre, repito, tiene la arrogancia de decir, “ que ha contestado a todos y a cada uno de mis argumentos ”. En pblica palestra estamos, y rtole a ella para que salga a desmentirme, presentando las razones con que haya rebatido uno siquiera de los 17 captulos mencionados. Pero mientras aguardo en vano que llegue ese momento, pasemos al examen de los Puntos mal contestadosPLAN DEL INFORME El primer reparo que hice al informe, fue la falta de conveniencia entre su ttulo y su contenido, pues su autor acumul tantas materias 2Tambin debo manifestar aqu mi gratitud al distinguido escritor don Rafael Baralt por la mencin honorfica que de m ha hecho en varios peridicos de la corte.

PAGE 212

OBRAS 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ ajenas del asunto principal, que transform su libro en una verdadera miscelnea. Para rebatir mis razones, dice, que la primera parte de su informe que termina en la pgina 61, est especial y exclusivamente consagrada a los medios que se deben emplear para el fomento de la poblacin blanca, y extincin progresiva de la esclava. El seor Queipo se equivoca. Su obra no est dividida en partes ; y no estndolo, no puede haber la primera de que nos habla. Aun cuando la hubiese, esto mismo probara la exactitud de mis observaciones, porque constando su libro de 195 pginas casi en folio, sin los apndices, y de 523 con ellos; y reducindose, segn l nos acaba de confesar, todo lo relativo al fomento de la poblacin blanca y a la emancipacin de la esclava a solas 61 pginas, es claro que la mayor parte de su informe se emplea en materias extraas al objeto que se propuso. Y las tales 61 quedaran reducidas a un nmero mucho menor, si borrsemos todo lo que en ellas se insert inoportunamente. Pretende enderezar los extravos del plan de su obra, ponindolo bajo el manto protector de la Real Junta de Fomento. “ He sido inducido [lenguaje suyo es] al examen de esas cuestiones por aquella respetable corporacin... El plan o divisin de mi informe ha sido propuesto por la ilustrada comisin de la Real Junta, a la cual, y no a m, se diriga en esta parte la impugnacin del seor Saco; pues que me he visto forzado a seguirla en el examen en las diversas cuestiones que ha tocado en su extenso informe”. Si el seor Queipo se ha visto forzado a seguir el plan que le traz la Junta de Fomento, cmo es que al mismo tiempo se considera libre de esas trabas, para seguir su propia inspiracin? As lo afirma l mismo en las siguientes palabras:—“La primera parte de mi informe... est especial y exclusivamente consagrada a examinar los medios que se han adoptado por la Real Junta de Fomento y los que en mi opinin deberan emplearse para el fomento de la poblacin blanca”. El seor Queipo, pues, hablndonos de su opinin y dicindonos que ha examinado segn ella los medios que deberan emplearse, nos da la prueba ms convincente de que lejos de haberse visto forzado tuvo bastante libertad, y aun us de ella para introducir en su informe materias que no le fueron dictadas por la Junta de Fomento. No a nombre de esta corporacin, sino en el suyo propio imprimi su libro el seor Queipo, y desde el momento en que se nos present como autor, a l y slo a l es a quien debe pedirse cuenta del buen o mal desempeo de sus tareas. Con estos riesgos se compra la gloria de ser escritor. Dije en mi Carta que el ttulo que cuadra perfectamente a su obra es el de Coleccin de informes, memorias y artculos sobre varios ramos polticos, econmicos y administrativos de la isla de Cuba ; y como ltima y completa demostracin de esta verdad, mis lectores me perdonarn que reimprima aqu el ndice de las materias que contiene el informe del seor Queipo.

PAGE 213

JOS ANTONIO SACO /207 /207 /207 /207 /207 Introduccin ...............................................................................1 Poblacin ..................................................................................... 5 Milicia .......................................................................................... 11 Colonizacin ................................................................................ 14 § 1 Aumento de brazos o simples jornaleros ........................ 15 ” 2 Inconvenientes econmicos ............................................... 18 ” 3 Inconvenientes morales ..................................................... 30 ” 4 Falta de recursos ................................................................ 33 Sustitucin de la raza blanca por la esclava. —Inmigracin de familias.—Medios de conseguirla ..................................... 37 Cra de ganados .......................................................................... 50 Montes......................................................................................... 51 Minera........................................................................................ 52 Disminucin de la raza de color.—Emancipacin ................. 54 Obstculos que se oponen a la poblacin blanca ................... 62 Obstculos polticos ................................................................... 63 § 1 Aglomeracin y amortizacin de la propiedad ...............Id. ” 2 Privilegio de ingenios .........................................................69 ” 3 Sistema hipotecario ............................................................70 ” 4 Seguridad pblica y polica ...............................................77 ” 5 Culto, clero y su dotacin ..................................................81 ” 6 Educacin e instr uccin pblicas .....................................85 Obstculos econmicos ..............................................................90 § 1 Comunicaciones interiores.—Calzadas y ferrocarriles. —Correos martimos con la metrpoli .................................Id. ” 2 Capitales y su circulacin.—Moneda ..............................98 ” 3 Abastos y consumos interiores .........................................101 ” 4 Alcabalas ..............................................................................105 ” 5 Aranceles y toneladas ........................................................109 ” 6 Harinas .................................................................................116 ” 7 Sal.........................................................................................127 ” 8 Derechos de exportacin ...................................................129 Obstculos administrativos ......................................................137 Abusos del foro ...........................................................................138 § 1 Costas procesales ...............................................................140 ” 2 Insolvencia ...........................................................................143 ” 3 Recusaciones .......................................................................146 ” 4 Sustanciacin o tramitacin ..............................................148 ” 5 Juicios de espera .................................................................150 ” 6 Concursos y testamentaras concursadas .......................153 ” 7 Deudas .................................................................................155 ” 8 Entredichos .........................................................................156 ” 9 Juicios divisorios de familias, tutelas y curatel as..........157

PAGE 214

OBRAS 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ ” 10 Picapleitos, procuradores y letrados .............................161 ” 11 Escribanos y oficiales de causas ....................................164 ” 12 Jueces legos y sus asesores ............................................167 ” 13 Jueces letrados .................................................................169 ” 14 Reales A udiencias ............................................................173 ” 15 Fueros privilegiados.—Tribunales de segunda instancia para los mismos.—Junta de competen cias ....................174 Ayuntamientos ...........................................................................180 Superior gobernador civil.—Su consejo especial .................. 182 Junta de F omento ......................................................................183 Junta de A utoridades ................................................................188 Ministerio Universal de Ultramar ...........................................190 Conclusin ...................................................................................194 Y qu sera si insertsemos tambin el apndice ? Baste decir, que entre informes, consultas, memorias, etc., hay 47 piezas; que de ellas apenas hay cuatro o cinco que tengan un enlace directo con el objeto principal; y que las dems, tanto le pegan al informe sobre el fomento de la poblacin blanca, como a cualquier otro ramo poltico, econmico o administrativo, que pueda tratarse en Cuba. Ya que el seor Queipo quiso publicar cuanto escribi desde su llegada a ella, no ser yo quien le inculpe su deseo; pero pudo haberlo hecho en libro aparte, y bajo el ttulo que le he indicado. Al pasar de este punto a otro de su papel, escpase de su pluma la siguiente frase: “pero abandonando este estril campo de la falta de conformidad del objeto con el ttulo de la obra”. Yo pregunto al seor Queipo: si el campo es estril, por qu emplea una hoja entera de Contestacin detenindose en l mucho ms que en ninguno de los otros que tiene por fecundos? Tocar estos rpidamente, cuando son dignos de un serio examen, y fijarse slo en aquel que no lo merece, es destruir con los hechos lo que se sostiene con las palabras.EXTRANJEROS Y JEFES ESPAOLES EN AMRICAEn el bosquejo histrico que sirve de introduccin a su informe, asegur que la codicia de muchos aventureros extranjeros que formaron parte de las primeras expediciones de los espaoles a la Amrica, fue una de las causas que hicieron ineficaces los buenos sentimientos de los monarcas de Castilla. Probele con la historia en la mano, que los extranjeros que entonces pasaron a Indias, fueron muy pocos, y que lejos de haber sido tan malos como l pretende, algunos prestaron al gobierno grandes servicios. Mas, a esto, qu replica el seor Queipo? Replica, que no sabe a la verdad, qu relacin tenga con la

PAGE 215

JOS ANTONIO SACO /209 /209 /209 /209 /209 poblacin blanca la mayor exactitud del rapidsimo bosquejo histrico que traz y que “ no es su nimo entrar en una polmica ajena ya de este siglo ”. Esto es lo que se llama en buen castellano sacar el cuerpo a la cuestin O el bosquejo histrico no tiene relacin con la poblacin blanca, o la tiene. Si no la tiene, para qu lo traz? Y si la tiene, entonces es preciso que sea muy conforme al testimonio de la historia. Que el bosquejo haya sido rapidsimo o pesadsimo, esto nada importa. Exacto y muy exacto ha debido ser en todas sus partes, por pequeas que sean; y ridcula pretensin es la de considerarse el seor Queipo exento de rendir homenaje a la verdad, tan slo porque lo que escribe es de cortas dimensiones. Pero me dice, que la polmica es ajena ya de este siglo Cabalmente es todo lo contrario. El siglo XIX es un siglo histrico por excelencia; su espritu investigador alcanza no slo a las cuestiones no ventiladas, sino a las ya bastantemente discutidas, extendindose aun a las materias que las generaciones pasadas nos legaron como verdades. Y con razn, porque frecuentemente se ve, que puntos histricos considerados hasta hoy como ciertos e incontrovertibles aparecen enteramente falsos, cuando se examinan a la luz de una nueva antorcha. La cuestin que errneamente juzga el seor Queipo ajena ya de este siglo, todava no se ha tratado ni con la profundidad que requiere, ni con la imparcialidad que reclama la gravedad de la historia: y asunto muy interesante, muy propio, y muy digno del siglo XIX es determinar la parte que tomaron y la influencia que ejercieron los extranjeros en el descubrimiento y conquista de la Amrica espaola. Lo extrao del caso es, que si en el equivocado concepto del seor Queipo este punto es ya ajeno de nuestro siglo, no debi l por lo mismo haberlo introducido en su informe, y mucho menos acriminando injustamente y sin distincin la conducta de los extranjeros. Para atacarlos en su libro, el seor Queipo juzga el asunto muy conforme al siglo XIX; pero cuando yo salgo a defenderlos, entonces lo considera ajeno de nuestro tiempo. Y gustosamente los he defendido, no slo por amor a la verdad y a la justicia, sino porque desde el principio del informe descubr la tendencia de las impolticas preocupaciones que el seor Queipo abriga contra ellos. “Pero la justificacin [l es quien habla ahora] e imparcialidad del autor [Saco] no quedaban satisfechas con defender a los extranjeros; si adems no haca ver que no slo algunos como yo dije sino todos los jefes espaoles que tomaron parte en ella, haban sido malos y crueles en aquella tierra”. Aqu debo hacer dos rectificaciones importantes. Es la una, que el seor Queipo dice ahora lo que no dijo en su informe. En la pgina primera de ste, hablando de la codicia de los particulares y aventureros extranjeros, aade estas palabras en las lneas 11 y 12: “y tal vez la de algunos de los jefes”, frase muy distinta de “ la de algunos

PAGE 216

OBRAS 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ de los jefes ” que ha empleado ahora. La primera parte tiene un sentido dudoso como lo indica el tal vez; la segunda, por la supresin que se le hace de este tal vez, tiene un sentido afirmativo. La otra rectificacin, todava ms importante que la primera, es que el seor Queipo supone haber yo dicho, que todos los jefes espaoles que haban tomado parte en la conquista, haban sido malos y crueles en Amrica. Mis palabras fueron las siguientes, como puede leerlas todo el que quiera en mi Carta pgina 10, lneas 29 y 30: “Ella [la historia] nos muestra con hechos terribles, que ‘ casi todos los que tomaron parte’, etc.” La supresin que se ha hecho del adverbio casi altera esencialmente mi pensamiento; y el seor Queipo me permitir que usando yo de su mismo lenguaje, diga tambin a mi vez: “ si alterar y truncar as las frases es escribir con buena fe, lo dejo a la consideracin de mis lectores”. Muy a mal ha llevado Su Seora las citas que hice de varios autores espaoles contemporneos a la conquista; pero como lejos de impugnarlos, segn parece que deba hacerlo, no slo calla, sino que los califica de hombres ilustres ; es inconcuso que conviene con ellos, en que casi todos los jefes de las expediciones que tomaron parte en los descubrimientos y conquistas, fueron malos y crueles en Amrica. Y si esto es as, por qu se indigna tanto conmigo? Por qu fulmina contra m las acusaciones de “ingrato, mal hijo que deshonra la memoria de sus padres, y mal espaol que se complace en mancillar la inmarcesible gloria adquirida por nuestra nacin en la conquista y descubrimiento de Amrica con el recuerdo de los lunares que la afearon?” Pero cul es mi delito? El seor Queipo, o por no estar muy al corriente de la historia americana, o por algn olvido, o por otro motivo que l sabr, desfigur un punto de ella; advertile en mi Carta que su aserto estaba en abierta contradiccin con el testimonio irrecusable de los historiadores espaoles, coetneos a la conquista; y para mejor convencerle, le transcrib algunos pasajes de sus obras. Por qu, pues, enristra conmigo y no con ellos, cuando no he hecho ms que repetir lo que ellos publicaron tres siglos ha, lo que con licencia de los reyes y a veces por su expreso mandato imprimieron, y lo que esparcido desde entonces por el mundo ha sido ledo y reledo por muchas generaciones? Pero el seor Queipo los justifica a ellos y me culpa a m, fundndose en que ellos denunciaron abusos existentes y yo hechos que ya han pasado al dominio de la historia, los cuales l no toc de ex profeso para ilustrarla sino por incidencia y como resumen Si al hombre es lcito pensar como quiere, no siempre le es permitido hablar a su antojo. Yo no he denunciado abusos pasados, porque ni en mi Carta he hecho el papel de denunciador ni a ello tampoco se prestaba la naturaleza del asunto. He sido el impugnador y nada ms que el impugnador de los errores del seor Queipo, ya se refieran a lo presente, ya a lo pasado; y

PAGE 217

JOS ANTONIO SACO /211 /211 /211 /211 /211 si entre ellos cometi uno que bien podemos calificar de escandaloso, culpa suya es, y no de quien le combate en defensa de la ilustracin y la verdad. Si l justifica y celebra a los autores que cit, porque siendo contemporneos a la conquista hablaron de los asuntos existentes y yo de los pasados, por qu, antes de acusarme a m, no acusa tambin a Muoz, Fernndez de Navarrete y Quintana, espaoles esclarecidos, que han escrito en nuestros das repitiendo o denunciando los abusos pasados que son el secreto a voces que tan callado y tan culto quiere el seor Queipo que est? De dnde ha podido sacar la peregrina idea de que un escritor, ora impugnando, ora denunciando, ora haciendo de su pluma el uso que bien plazca, debe encerrarse en los estrechos lmites de lo presente sin poder volar hasta las regiones de lo pasado y dirigir a l sus miradas penetrantes y escudriadoras? Por lo mismo que los hechos han pasado al dominio de la historia, por lo mismo tienen ya todos los hombres el derecho de criticarlos; pues apagadas las pasiones, y desaparecidos de la escena los actores que figuraban, puede formarse sobre ellos un juicio ms imparcial y acertado. Pretender lo contrario, como lo pretende el seor Queipo, es avasallar el entendimiento humano, sometindole al yugo de la ms degradante tirana. Ni le sirve de disculpa el decir, que los hechos a que aludimos, no los toc ex profeso para ilustrar la historia, sino por incidencia y como resumen ; porque por incidencia y como resumen debi tambin referir los hechos como pasaron, siguiendo religiosamente la verdad de la historia. A las tachas de ingrato, mal espaol y mancillador de la gloria nacional responde mi Carta victoriosamente. En ella elogio a Espaa, elogio al gobierno cuando sus actos lo merecen, y elogio a muchos espaoles; pero slo a los buenos espaoles y no a los perversos. Hacer esto, es proceder con imparcialidad y nobleza: lo dems es adular ciegamente a pueblos, gobiernos e individuos. Yo no me cansar de repetir las palabras inmortales del clebre don Manuel Jos Quintana en su prlogo a la vida de Bartolom de las Casas; palabras que transcrib en mi Carta reimprimir aqu, y grabadas con letras de oro quisiera que estuviesen en las calles y plazas de Amrica y Espaa. Teniendo por algn tiempo delante de los ojos esta leccin provechosa, desapareceran las gticas preocupaciones que reinan desgraciadamente aun entre personas que se precian de ilustradas en la metrpoli y las colonias. “A objecin ms grave [as habla el buen espaol Quintana] es de recelar que est expuesta la vida de fray Bartolom de las Casas. Se acusar al autor de poco afecto al honor de su pas cuando tan francamente adopta los sentimientos y principios del protector de los indios, cuyos imprudentes escritos han sido la ocasin de tanto escndalo y suministrado tantas armas a los detractores de las glorias espaolas. Pero ni la exaltacin y exageraciones fanticas del padre Casas, ni el

PAGE 218

OBRAS 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ abuso que de ellas ha hecho la malignidad de los extraos, pueden quitar a los hechos su naturaleza y carcter. El autor no ha ido a beberlos en fuentes sospechosas; ni para juzgarlos como lo ha hecho, ha atendido a otros principios que a los de la equidad natural, ni otros sentimientos que los de su corazn. Los documentos, multiplicados cuidadosamente con este objeto en los apndices, y la lectura atenta de Herrera, Oviedo, y otros escritores propios, tan imparciales y juiciosos como ellos, dan los mismos resultados en sucesos y opiniones. Qu hacer, pues? Se negar uno a las impresiones que recibe, y repeler el fallo que dictan la humanidad y la justicia por no comprometer lo que se llama el honor de su pas? Pero el honor de un pas consiste en las acciones verdaderamente grandes, nobles y virtuosas de sus habitantes; no en dorar con justificaciones o disculpas insuficientes las que ya por desgracia llevan en s misma el sello de inicuas e inhumanas… El padre Casas a lo menos, cuando tronaba con tal vehemencia, o llmese frenes contra los feroces conquistadores, no lo haca por una ociosa ostentacin de ingenio y de elocuencia, sino por defender de su prxima ruina a generaciones enteras, que an subsistan y se podan conservar. Y de hecho las conserv, pues que a sus continuos e incansables esfuerzos se debieron en gran parte las benficas leyes y templada polica con que han sido regidas por nosotros las tribus americanas… Glorioso fue sin duda para nosotros el descubrimiento del Nuevo Mundo: blasn por cierto admirable, pero ¡a cunta costa comprado! Por lo que a m toca, dejando aparte, por no ser de aqu la cuestin de las ventajas que han sacado los europeos de aquel acontecimiento singular, dir, que donde quiera que encuentro, sea en lo pasado, sea en lo presente, agresores y agraviados, opresores y oprimidos, por ningn respeto de utilidad posterior, ni aun de miramiento nacional, puedo inclinarme a los primeros, ni dejar de simpatizar con los segundos. Habr puesto, pues, en esta cuestin histrica ms entereza o desprendimiento que el que se espera comnmente del que refiere sucesos propios, pero no prevenciones odiosas, ni nimo de injuriar ni detraer. Demos siquiera en los libros algn lugar a la justicia, ya que por desgracia suele dejrsele tan poco en los negocios del mundo”. Otra de las razones del seor Queipo es la siguiente: “Pero en m haba adems otra consideracin, que sabrn apreciar en su justo valor los sensatos y leales habitantes de Cuba. Escribiendo en un pas donde se hallan establecidos los descendientes de aquellos gloriosos conquistadores, pudiera sin faltar a todas las conveniencias echarles en cara que sus ilustres progenitores haban sido malos y crueles con la raza indgena americana? No ve el seor Saco que el baldn que intenta arrojar sobre la metrpoli, caera todo entero sobre la memoria de sus antepasados”.

PAGE 219

JOS ANTONIO SACO /213 /213 /213 /213 /213 Esta razn o disculpa es inadmisible. Si en Cuba existen descendientes de los conquistadores, muy pocos deben de ser, porque descubiertas las riquezas del continente, casi todos abandonaron aquella Isla para correr en pos de ellas, sin que bastase a contener el torrente de la emigracin, ni aun la pena de muerte y de confiscacin de bienes que se impuso. Despoblada Cuba, la inmensa mayora de los cubanos no trae su origen de los conquistadores, sino de la muchedumbre de espaoles honrados que han ido a establecerse en ella mucho despus de la conquista. En cuanto a m, puede estar seguro el seor Queipo de que no circula por mis venas ni una gota de sangre de ningn jefe, empleado, o soldado de los que contribuyeron a la dominacin del Nuevo Mundo. Por esto, ya conocer Su Seora que sobre m no puede recaer el baldn que supone intento arrojar sobre la memoria de mis antepasados. Mas, concdase que todos los cubanos seamos descendientes de los conquistadores; a pesar de eso, todava no nos habramos dado por ofendidos de lo que el seor Queipo hubiese dicho sobre la conducta de nuestros mayores. Son los cubanos naturalmente despreocupados; respetan la verdad cuando se le dice sin nimo de ultrajarlos; saben hacer diferencia de tiempos y circunstancias, y habran imitado el ejemplo de los Casas, Herreras y tantos otros que francamente han confesado en sus obras las culpas de sus progenitores y hermanos, sin considerarse por ello deshonrados, ni deshonrada su nacin. Confesar los pecados de nuestros padres, cuando es imposible justificarlos, antes realza que envilece: lo que s degrada, es defender a todo trance hechos indefendibles, porque as nos hacemos hasta cierto punto cmplices de las maldades que debemos reprobar. Blasona el seor Queipo en su informe y otros escritos de su firmeza y valor para decir la verdad. Mas, por qu le abandonan aqu estas bellas cualidades? Por qu ha temido decirla en el presente caso, dando no slo una pruebe de cobarda moral, sino ponindose en contradiccin con tantos y tan respetables historiadores? Si no quiso faltar a las conveniencias segn se expresa, debi haber tomado el prudente partido de callar, pues que nada le forzaba a hacer mencin de este asunto. Obrando as, hubiera conciliado perfectamente el respeto debido a la historia, con las consideraciones que dice quera guardar a los cubanos. Pero la disculpa que busca, en vez de favorecerle, le perjudica. Confesando francamente los abusos pasados y rindiendo homenaje a la verdad, no habra otra cosa que repetir lo que todos saben de Cuba, y lo que han dicho los autores nacionales. Abroquelado con ellos, quedaba de esta manera libre de toda responsabilidad y exento de la nota que tanto teme, de la nota de insultar a los cubanos. Y ya que tratamos de ofensas quisquillosas, reflexione el seor Queipo, que mucho ms ofensivo es hablar de los abusos presentes como lo hace l en su informe,

PAGE 220

OBRAS 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ que no de abusos pasados como lo hago yo en mi Carta porque aqullos recaen exclusivamente sobre la generacin actual, sobre los mismos que los estn cometiendo; mas, los pasados slo afectan a la generacin que ya no existe, sin que a la presente puedan imputarse culpas en que no ha incurrido. Me pregunta el seor Fiscal de la Real Hacienda de La Habana, si ignoro cmo los extranjeros han tratado y tratan en igualdad de circunstancias a la misma raza indgena. Como l no hace en su informe ni la ms remota alusin a este particular, y como por lo mismo yo tampoco me refer a l en mi Carta todos conocern, que cuanto dice, y cuanto quiere que yo le diga, nada viene el caso. Mas, para que no se figure que huyo a la cuestin, le convido a que la discutamos cuando tenga por conveniente, examinndola, no con el prisma de un nacionalismo ciego y fantico, sino imparcial y filosfico. Y para que desde ahora empecemos a ocuparnos en ella, all va ese programita, que nada dejar que desear a Su Seora. Las naciones europeas que conquistaron el Nuevo Mundo, trataron todas con igual rigor a la raza indgena, o hubo alguna que fuese con ella menos cruel que las otras? Vamos a ver si el seor Queipo es hombre que le pone el cascabel al gato.PROPORCI"N DE LAS CASTAS EN CUBAAfirma, que he tergiversado sus expresiones en lo que l dijo acerca de la proporcin de las castas en Cuba. El seor Queipo nunca ha tenido, ni nunca tendr un impugnador ms fiel que yo. Con sus propias palabras le he juzgado siempre, y despus de haberlas transcrito lealmente en mi Carta es como le he combatido. Vamos, pues, a la tergiversacin. Qu fue lo que dije yo? Helo aqu: “En el artculo Poblacin se empea el autor en probar, que de 1827 a 1842 los esclavos han tenido en Cuba poco o ningn aumento a consecuencia del trfico africano ”. Qu fue lo que dijo l? Despus de haber estampado en su informe la proporcin en que se hallan las razas en Cuba segn los censos publicados en 1827 y en 1842, se expres as: “Es decir, que en los 14 aos del perodo ms prspero que ha tenido en la Isla el cultivo de la caa, y que se atribuye por nuestros implacables detractores al considerable aumento de la inmigracin africana su relacin con la poblacin blanca apenas ha variado en dos centsimas, permaneciendo estacionaria la de la clase libre de color”. A esto, qu repliqu yo? “Fundarse en la relacin que tiene la poblacin blanca con la esclava para inferir de aqu el nmero de esclavos introducidos, es mala consecuencia”. Y obsrvese con cuidado, que yo no ataqu las cifras que representan aquella relacin, sino solamente la

PAGE 221

JOS ANTONIO SACO /215 /215 /215 /215 /215 consecuencia la consecuencia que de ella sac. “Para saber [as prosegu yo] si la poblacin esclava ha crecido o menguado, no debe compararse con la blanca, sino con ella misma en distintos perodos, pues de lo contrario puede resultar, que aun cuando ella haya tenido grandes aumentos, stos no aparecern si la poblacin blanca tambin los ha tenido”. Reforc mi objecin con ejemplos y con el resultado de los mismos censos; pero sobre todo esto el seor Queipo ha guardado el ms profundo silencio. Si, pues, l se fund en la relacin en que estn los blancos con los esclavos para inferir el nmero que de stos se ha introducido, y si dicha relacin apena vara en dos centsimas, evidente es, que tuve razn para decir que el seor Queipo se empea en probar, que de 1827 a 1842 los esclavos han tenido poco aumento a consecuencia del trfico. Pero el seor Fiscal, continuaba yo, no quiere admitir como procedente del trfico, ni aun el pequeo aumento de dos centsimas en los esclavos, pues asegura que el censo de 1841 est evidentemente exagerado en cuanto a ellos. Y el prrafo de su informe que transcrib, concluye con estas palabras: “Personas muy versadas en esta clase de investigaciones, y que hoy se ocupan con autorizacin del gobierno en rectificar el censo, nos han asegurado y confiado datos que demuestran que el exceso pasar acaso de 50 000 esclavos: de suerte, que rebajndolos, la proporcin sera exactamente como el ao de 1827, de 44 blancos sobre 41 esclavos, quedando casi invariable la de la clase de color”. Quien lea el informe, conocer que este nuevo clculo es una ampliacin que el seor Queipo hace de su argumento anterior; es decir, que se funda en la relacin de las castas para deducir de ella el nmero de negros introducidos; y como llega al resultado que la proporcin entre blancos y esclavos es exactamente como en 1827, la consecuencia forzosa a que su mismo raciocinio conduce, es que la poblacin esclava no ha recibido ningn aumento del trfico africano. Tuve, pues, sobrada razn para decir, que el seor Queipo se empeaba en probar, que de 1827 a 1842 los esclavos no han tenido en Cuba ningn aumento a consecuencia del trfico. stas son las tergiversaciones de que se queja el seor Queipo. Que su idea fue servirse de esta proporcin, como argumento para rebajar la cantidad de esclavos introducidos de frica, aparece tambin de las siguientes palabras del informe en la pgina 55. “Por fortuna, hace ya muchos aos que ste [el trfico de esclavos] se halla muy disminuido, y es casi nulo en la actualidad, segn lo hemos visto por el insignificante aumento que ha tenido la poblacin esclava comparativamente sobre la blanca”. Es, pues, claro que el seor Queipo deduce de la comparacin entre blancos y esclavos la disminucin o casi nulidad del trfico de stos.

PAGE 222

OBRAS 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ Afirm en su informe, que “ la poblacin esclava ha debido aumentarse por su propia reproduccin, cuando menos en la razn que la blanca ”. Esta escandalosa proposicin fue impugnada por m; mas, su autor, sin darse por entendido de mis argumentos, insiste en sostenerla, apoyndose en que “si la poblacin blanca aument por la reproduccin natural, pudo y debi suceder lo mismo con la de color ”; esto es, la esclava. ¡Singular e incontestable argumentacin! Pues que, porque una cosa pueda y deba suceder, ya se concluye que ha sucedido? Vuelva el seor Queipo la vista en torno suyo, y al instante conocer, que hay muchas cosas que pudieran y debieran ser; pero que realmente no son. Mas, vengamos a los hechos, y comprobmoslos con los censos de Cuba. En esta tarea, el seor Queipo me ha allanado el camino, puesto que confiesa en la pgina 7 de su Contestacin que el aumento de los blancos se debe en la mayor parte a la reproduccin natural. Lo que a m me toca ahora demostrar, es que la poblacin esclava, cuando no ha sido poderosamente auxiliada por el trfico, siempre ha sufrido grandes prdidas. 3Aunque este nmero es muy bajo, yo no quiero alterarlo, porque as doy ms fuerza a mi argumento.El primer censo que se public en Cuba fue en 1774 y los esclavos ascendieron a.................................................. Pero cul fue el nmero de los introducidos desde el principio del siglo XVI hasta dicho ao? La clebre representacin que las corporaciones de La Habana elevaron a las Cortes constituyentes en 1811, fija las importaciones hasta 1763 en3................................................................ Yo, sin embargo, para demostrar hasta la evidencia la exactitud de mis datos, las rebajo un tercio, viniendo, por consiguiente, a quedar en................................................... Computo por un clculo muy reducido las de 1763 a 1775 en............................................................................................ Tenemos, pues, que los esclavos introducidos en Cuba desde el principio del siglo XVI hasta 1775 llegaron a..... Y como los que representa el censo de aquel ao, son .... Resulta una disminucin de............................................ El censo de 1792 dio ......................................................... esclavos. De 1775 al mencionado ao, la menor cantidad que se introdujo, subi a ..................................................... que reunida a la de............................................................... del ao de 1775, aparece un total de................................. Pero como la poblacin esclava de 1792 fue de............ resulta una disminucin de................................................. 44 333 60 000 40 000 11 000 51 000 44 333 6 667 84 590 41 000 44 333 85 333 84 590 743

PAGE 223

JOS ANTONIO SACO /217 /217 /217 /217 /217 Al ver esta corta diferencia, debemos creer, o que en el perodo que corri de 1775 a 1792 entraron ms esclavos que los que llevo dichos, o que en el censo de 1775 se omitieron muchos que despus figuraron en el de 1792. Expondra las razones en que fundo esta conjetura, si fuesen necesarias para el objeto que me propongo; pero el resultado que obtengo, aunque tan pequeo como es, basta para conocer que en vez de aumento hubo disminucin. De 1792 a 1816 inclusive entraron, slo por La Habana, segn dije en mi Carta ........................................................ Los que haba en 1792, eran ........................................... Estas dos partidas suman ............................................... Pero el censo de 1817 solamente dio.............................. luego hubo una disminucin de .......................................... y esto, sin tomar en cuenta las importaciones que se hicieron por los dems puertos de la Isla. Calcul tambin en mi Carta y siempre lo ms bajo posible, las que hubo de 1817 a 1826, y ascendieron a...... esclavos, que reunidos a los ................................................ del censo de 1817, for maran el total de........................... mientras el censo de 1827 no present sino ..................... Qued, pues, un dficit de ............................................... Y sabe el seor Queipo cuntos buques de frica llegaron a La Habana y a sus puertos inmediatos de 1828 a 1840? Ms de 430. Sabe los que arribaron a otros puntos de la Isla? Sabe los esclavos que condujeron esas naves a las playas cubanas? Pues saque la cuenta Su Seora, y confiese, que si el censo de 1841 dio 149 553 esclavos ms que el anterior, el nmero de los introducidos en aquel perodo fue todava mayor. Resulta, pues, que la poblacin esclava, luego de haber crecido por su reproduccin en una razn igual o mayor que la blanca, ha menguado de una manera lamentable; y yo invito formalmente al seor Queipo a que me conteste, no con generalidades, sino contraponiendo datos a datos y nmeros a nmeros. El soado aumento de los esclavos por su propia reproduccin, fndalo tambin el autor del informe en el crecido nmero de matrimonios que hay entre ellos; en que el censo da ms de 90 000 nios ; en que la disminucin de los esclavos no es hoy lo que fue en otro tiempo porque los propietarios van conociendo sus intereses; y, por ltimo, en que efectivamente se han aumentado por la misma razn que se aumentaron por iguales medios en los Estados Unidos no obstante la supresin del trfico. Hablar del crecido nmero de matrimonios sin fijar cul es ese nmero, es cosa sumamente vaga. Aun despus de fijado, resta todava 155 981 84 590 240 571 199 145 41 426 141 214 199 145 340 359 286 942 53 417

PAGE 224

OBRAS 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ probar, no slo que es bastante para aumentar los esclavos, sino aumentarlos cuando menos en la razn que los blancos. Y ya que el seor Queipo toma los matrimonios como exponente de dicho aumento, yo pregunto a Su Seora: la poblacin esclava de Cuba no es mayor que la blanca? S. Pero segn el censo de 1841, no ascienden los matrimonios de sta a ms de 43 000 y los de aqulla a menos de 28 000? Tambin es cierto. Y si a pesar de ser mayor el nmero de los esclavos que el de los blancos, los matrimonios de aqullos no llegan ni aun a las dos terceras partes de los de stos, cmo puede sostenerse, fundndose en el nmero de matrimonios, que la poblacin esclava ha crecido en una razn igual o mayor que la blanca? En cuanto a los 90 000 nios de 1 a 15 aos, concediendo que no se hayan incluido entre ellos muchos de mayor edad, yo formar un argumento al seor Queipo, valindome de sus mismos datos. En 1841, todos los blancos ascendieron a ....................... 418 291 y los esclavos a ................................................................... 436 495 Cul fue el nmero de nios esclavos de 1 a 15 aos? ....98 998 Cul el de blancos de la misma edad? ........................... 172 452 Ahora bien: cmo es, que siendo la poblacin esclava mayor que la blanca, aumentndose por la reproduccin natural, a lo menos en la misma razn que sta, segn afirma el seor Queipo, y que siendo el total de nios el exponente infalible de esta reproduccin, o mejor dicho, la reproduccin misma, cmo es, repito, que entre los blancos aparecen 73 454 nios ms que entre los esclavos? Si fuera cierto que stos aumentan en la razn que se nos dice, sera forzoso que el nmero de nios esclavos fuese, no slo mayor que lo que es, sino mayor que el de los blancos. Es inconcebible que con una reproduccin tan inferior a la de la raza blanca, y cuando sta goza de todas las comodidades y medios de conservar la vida, mientras la miseria y los trabajos abruman a los esclavos, es inconcebible, que stos puedan haber crecido por su reproduccin en una proporcin que supere o iguale a la de los blancos. Que su disminucin no es hoy lo que fue en otro tiempo porque los propietarios van conociendo sus intereses, esto no prueba ms que lo que enuncian esas palabras; pero de aqu no se infiere que aumenten necesariamente, ni mucho menos en una proporcin igual o mayor que los blancos. Si la mortandad de otros tiempos ascendi por ejemplo al 10 %, y la de hoy al 4 o al 3 %, se dir por esto que multiplican los esclavos? De ninguna manera: lo que rigurosamente se infiere, es que la mortandad relativa ha disminuido; pero no que aqullos hayan aumentado. Que aumento han tenido en los Estados Unidos por su reproduccin natural, es un hecho incontestable. Mas, porque as sea, se

PAGE 225

JOS ANTONIO SACO /219 /219 /219 /219 /219 sostendr que lo mismo ha sucedido en Cuba? Adems de que en Norteamrica no se les trata con la misma dureza que antes de la abolicin del trfico, hay dos razones particulares que no existen en nuestra Isla. Una es, que en aquella repblica hay criaderos; o sea, esclavos destinados a la reproduccin para abastecer por medio del trfico interior las necesidades de aquel mercado. Es la otra, que all ha mucho tiempo que los sexos estn perfectamente equilibrados, mientras en Cuba haba, segn el ltimo censo, 281 250 varones y 155 245 hembras. No debemos por esto desconfiar del porvenir; bastante camino hemos adelantado ya, y nuevos pasos se van dando en la carrera que hemos emprendido; pero es menester confesar, que todava en Cuba la reproduccin no ha sido suficiente para reponer la prdida continua de los esclavos. Al empeo que pone el seor Queipo en disminuir el nmero de stos, le arg con la exportacin del azcar de Cuba; pues habiendo sta casi duplicado en los aos de 1833 a 1834, era imposible obtener semejante resultado, siguiendo los clculos del informe. Manifest que tan considerable aumento no poda explicarse, ni por las mejoras introducidas hasta entonces en la elaboracin del azcar, ni por la aplicacin a este ramo de los negros empleados en los cafetales ya demolidos; pero a mis observaciones, cmo responde el seor Queipo? Responde, que esto se debe, no slo a las 100 000 almas que ha tenido de aumento la poblacin esclava segn el censo de 1841 sino principalmente a las considerables mejoras en los mtodos de cultivo y elaboracin, pues eran muy contados los ingenios que aun con 300 y ms negros daban en otro tiempo una zafra de 2 000 cajas; cuando hoy con 100 o 120, hay muchos que llegan a esta produccin. Parece que el seor Queipo se ha propuesto caminar de contradiccin en contradiccin. Por un clculo muy bajo, fij en mi Carta el nmero de esclavos de Cuba para 1833 en 330 000. El seor Queipo le adopta como exacto, puesto que confiesa, que de aquel ao a la publicacin del censo de 1841, la poblacin esclava aument en 100 000. Efectivamente, los esclavos inscritos en sus columnas ascienden a 436 495, y comparndolos con los 330 000 que yo saco para 1833, resulta una diferencia de poco ms de 100 000, que es casi la misma cantidad del seor Queipo. Pero si l reconoce que la poblacin esclava ha tenido este aumento en el perodo indicado, cmo es que en la pgina 7 de su informe afirma, que el ltimo censo est “ evidentemente exagerado en el nmero de los esclavos, cuyo exceso pasar acaso de 50 000 ”? Si esta exageracin es cierta, entonces el aumento que han tenido los esclavos en el espacio transcurrido de 1833 a 1841, es solamente de poco ms de 50 000, y no de 100 000 como l asegura en su Contestacin Pero si al contrario, es exacto lo que en sta afirma, a saber, que el aumento es de 100 000, entonces quedan destruidas todas las aserciones de la pgina

PAGE 226

OBRAS 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ 7 de su informe. De estas dos cosas, si la una es verdadera, la otra es necesariamente falsa, y sostenerlas ambas, es caer en contradiccin. Las mejoras en los mtodos de la elaboracin del azcar, consideradas hasta el ao de 1843, es imposible, segn dije en mi Carta que hayan podido casi duplicar en 10 aos la cantidad de ella. Sin dejar de reconocer la influencia de aquellos mtodos, es preciso convenir en que el incremento de las zafras de los ingenios ha procedido en su mxima parte de la calidad de las tierras; y slo por esta circunstancia se han visto tan diferentes resultados en la produccin de las fincas de la vuelta abajo y la vuelta arriba no obstante de seguirse en todas los mismos mtodos de cultivo y elaboracin. Cogido el autor del informe en la contradiccin de que mientras exageraba, por una parte, el incremento de los esclavos, por otra, admita en su presupuesto de gastos para un ingenio, que aqullos experimentaban una mortandad de 5 % al ao, se duplica ahora con que slo quiso expresar la prdida sufrida por los dueos, sin consideracin a los nacidos, que en muchos aos, ms que tiles, son una carga para los amos Y por qu no tom en consideracin los nacidos, cuando segn l deben ser en mayor nmero que los muertos? Pues que, porque sean, no en muchos aos como se pretende, sino en los primeros de la vida intiles a sus amos, no tienen desde que nacen un valor que diariamente van aumentando, y que sirve para compensar la prdida de los muertos? Si es vlida la excusa del seor Queipo, entonces su presupuesto es errneo, pues que calcula como quebranto lo que realmente es utilidad. Disclpase tambin con que el clculo, que form es econmico y no de poblacin Un clculo, sea de la naturaleza que fuere, debe fundarse en bases ciertas; y si una de las partidas se refiere a la poblacin esclava, es menester que sea exactamente conforme al estado que ella tuviere. Si los esclavos aumentan, ser permitido decir que disminuyen?, o si disminuyen, ser lcito afirmar que aumentan, slo porque sea econmico el clculo en que de ellos se habla? Acepto el recuerdo y el elogio, aunque tardos, que tributa a la memoria del benemrito intendente don Alejandro Ramrez; pero no la protesta con que piensa justificarse. “No era, dice, el objeto de mi informe examinar la parte que cada empleado ha tenido en la prosperidad de la isla de Cuba, y tom colectivamente el nombre de Gobierno que los representa a todos, y sobre quien refluye as la ‘gloria’, como la responsabilidad de los actos administrativos”. Si efectivamente el seor Queipo hubiese empleado en el informe la palabra Gobierno por s sola, entonces tendra razn, pues siendo general, podra aplicarse indistintamente a todos sus agentes de aquende o allende al mar. Pero l ha suprimido, en el pasaje que he copiado, una palabra que altera esencialmente lo que escribi en la pgina 2 del in-

PAGE 227

JOS ANTONIO SACO /221 /221 /221 /221 /221 forme. “Ya antes de ahora [tal fue su lenguaje] en 1817, y simultneamente a la abolicin de la trata en la costa de frica, se haba ocupado el alto Gobierno del fomento de la poblacin blanca en esta Isla”. Los vocablos alto Gobierno tienen un sentido muy diferente de la palabra Gobierno simplemente expresada, pues por alto Gobierno slo se entiende, y lo mismo hoy que en vida de Fernando VII, el poder ejecutivo que reside en Madrid con exclusin absoluta de todos sus agentes. Si pues, no el gobierno tomado en general, sino nicamente el alto Gobierno segn la frase del seor Queipo, fue quien promovi el fomento de la poblacin blanca en Cuba, evidente es, que quita a Ramrez la iniciativa, y con ella el mrito principal de su accin. Pero si la excusa que alega es verdadera, por qu a rengln seguido hace tan sealada reminiscencia del conde de Villanueva, actual intendente de aquella Isla? Por qu le atribuye, no slo lo que realmente ha hecho, sino hasta la fundacin de Fernandina de Jagua, despojando a Ramrez de la gloria que en ella le cupo? Ya que el seor Queipo se olvid de los muertos, pudo tambin haberse olvidado de los vivos. Dcenos que aquel intendente fue vctima de la ingratitud de algunos pocos hijos desnaturalizados de Cuba; y yo aadir: y de un nmero mucho mayor de peninsulares tambin desnaturalizados y capitaneados por otro peninsular ms desnaturalizado y ms ingrato que ellos Cuando acaecieron aquellos sucesos, el seor Queipo an no haba tenido la fortuna de ir a Cuba con su empleo de fiscal de la Real Hacienda; y si ya que no los presenci, hubiese procurado tomar exactos informes bebiendo la verdad en fuentes puras, tal vez no se habra expresado con tanta acrimonia e injusticia. Lo que s debe sorprender a todos, es que un cubano a quien se supone enemigo de Espaa y de sus hijos, ese cubano sea quien vindique la memoria de un espaol que duerme en la tumba 26 aos ha, y que esta vindicacin la haga contra la injusticia de otro espaol, tambin empleado espaol, y aun desoyendo la voz del provincialismo que pudiera interesarse en la fama de Pinillos.COLONIZACI"N BLANCA Y TROPA VETERANA Que no desea el verdadero fomento de la poblacin blanca, dije en mi Carta y repito ahora. En vez de responder a mis argumentos, empieza por hacerse un elogio, y a m un cargo. El elogio consiste en el espritu proftico con que anunci el mal xito de la colonizacin proyectada por la Junta de Fomento, y despus de concluir su lamentacin sobre la suerte de los colonos, dice: “No s que la experiencia haya confirmado hasta ahora tan plenamente y en todas sus partes los vaticinios del seor Saco”. Confieso a la verdad, que no s cules son esos vaticinios, pues que nada he vaticinado. Ruego al seor Queipo que entre en

PAGE 228

OBRAS 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ pormenores, y me cite con mis propias palabras los tales vaticinios. En mi Carta me abstuve cuidadosamente de dar mi opinin sobre los proyectos de la Junta de Fomento; ni los aprob ni los desaprob. De la contrata que ella celebr con don Domingo Goicoura, y de los colonos que ste introdujo en Cuba, apenas habl por incidencia. Si el xito de esta empresa no correspondi a las esperanzas que se concibieron, culpa es de las preocupaciones sociales, pues no faltan personas que se consideran deshonradas de ver entre los colonos a algunos de sus parientes inmediatos; pero culpa es ms todava de las intrigas criminales de los contrabandistas negreros que se empearon en perjudicar al empresario, para que escarmentado en sus intereses, no encuentre imitadores; de esos contrabandistas que trabajan incesantemente por desacreditar la colonizacin blanca, que pintan como imposible sin negros la granjera del azcar, y que se alimentan con la esperanza de restablecer el infame trfico de esclavos. Se dice que con el nombre de colonos, o aprendices, se intenta por ahora llevar a Cuba 100 000 negros de la costa de frica. En vano sern promesas, en vano se harn juramentos, el pirata negrero los condena en sus clculos egostas a dura esclavitud, y esclavos sern, si la Espaa y la Inglaterra permiten semejante crimen. El cargo que me hace el seor Fiscal lo formula en los trminos siguientes: “Cierto es que yo no veo la poblacin blanca bajo el punto de vista que el seor Saco, en quien no hay ms que una idea fija, que lo persigue noche y da como una fantasma: la disminucin, la extincin, si posible fuera de la raza negra, que es su verdadera pesadilla”. Infinitas gracias doy al seor Queipo, porque, al fin, ha hecho, sin pensarlo, mi mejor apologa. Ignora que todos los enemigos de la verdadera prosperidad siempre me han acusado de negrfilo y de que mis diablicos planes se encaminaban a valerme de los negros para lograr la independencia de Cuba? Pues bien; l acaba de quebrantar el acero envenenado con que hasta ahora me han herido, desarmando completamente a la turba vocinglera de mis calumniadores. La verdad, tarde o temprano, saca la cabeza, y hoy la alza triunfante por la propia confesin de uno de mis nuevos enemigos. No lo niego, no; es cierto y muy cierto es, que deseo ardientemente, no por medios violentos ni revolucionarios, sino templados y pacficos, la disminucin la extincin si posible fuera, de la raza negra; y la deseo, porque en el estado poltico del archipilago americano, ella puede ser el instrumento ms poderoso para consumar la ruina de nuestra Isla. Si el seor Queipo slo ha visto esta inmensa cuestin con los ojos de un rutinero hacendado, hay otros, que sin la pretensin de estadistas, la contemplan bajo sus colosales proporciones. Ninguno menos que l ha debido tacharme el patritico deseo de que disminuya en Cuba la raza negra. No dice l mismo en la

PAGE 229

JOS ANTONIO SACO /223 /223 /223 /223 /223 pgina 12 de su informe, que la poblacin heterognea es un mal grave? No llama en otra parte lepra de la esclavitud ? No pide que todos los que se liberten, sea bajo la indispensable condicin de que abandonen la Isla? Al tratar de la disminucin de la raza de color en la pgina 54 de su informe no habla del modo siguiente?: “Mas, para llegar a este resultado, a que deben dirigirse constantemente las miras de un gobierno filantrpico y previsor, no basta procurar el aumento de la raza blanca, sino que tambin conviene dificultar cuanto sea posible, por todos los medios no reprobados por la moral, el desarrollo de la raza africana ”. Y en la pgina 59 del mismo informe vuelve a decir: “Pero el Gobierno puede pensar, y as lo cree tambin el fiscal, que no slo importa fomentar la poblacin blanca y extinguir la esclavitud, sino proveer adems a la seguridad futura de la Isla, disminuyendo cuanto sea posible, sin ofender la moral, el elemento de desunin y discordia que encierra siempre la presencia de dos razas tan diversas y casi antipticas ”. Desear esto el seor Queipo, y acusar a los que desean lo mismo, es cuando menos no ser consecuente en sus ideas. Me habla el seor Queipo de pesadillas y fantasmas ; pero aguarde un poco Su Seora, que antes de concluir la lectura de este papel, yo despertar de esa pesadilla ; y el fantasma que me persigue, ir tambin a presentarse a l bajo un aspecto terrible, para exigirle cuenta severa de los errores que han cometido sobre el trfico de negros. “La prevencin [as escribe en la pgina 9 de su Contestacin ] sin duda con que ha ledo mi informe, le ha hecho atribuirme lo contrario de lo que en l dije, pues lejos de aconsejar al Gobierno que no tolerase las contratas de los colonos; propuse al contrario que interviniese en ellas”. Yo probar lo que niega el seor Queipo con el prrafo de su informe a la pgina 21.—“Y no se diga que en Europa pueden hacerse contratas mucho ms beneficiosas, porque aunque esto sea desgraciadamente cierto, en ello consiste precisamente uno de los ms graves males de las inmigraciones de los jornaleros blancos, como lo ha reconocido el mismo Gobierno britnico, prohibiendo la emigracin de los indios a la isla Mauricio, por los abusos y engaos que se observaban en su enganche… No debe, pues, contarse con los ajustes de esta clase, y cuando que los hubiese el Supremo Gobierno no debera tolerarlos respecto de sus sbditos que no le merecen ciertamente menos proteccin que los indios a la Gran Bretaa”. Tales son sus palabras, Y tales las falsedades con que yo impugno al seor Queipo. Al hacerse cargo de lo que dije sobre el establecimiento de familias blancas de su cuenta y en terrenos propios exclama: “No s en verdad, qu admirar ms, si la candidez del seor Saco en la inteligencia que da a mis palabras, o la buena fe con que las interpreta, si es que las ha entendido. Porque, cmo, si no, era posible que la expresin por su

PAGE 230

OBRAS 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ cuenta (y no de su cuenta que tiene muy diversa acepcin) se entendiese relativamente a los colonos, en el sentido de adelantar ellos los gastos, cuando la frase contina: franquendose los auxilios necesarios en los primeros aos con cargo de su reembolso en los sucesivos? Si alterar y truncar as las frases es escribir con buena fe, lo dejo a la consideracin de mis lectores”. Si en el presente caso, las expresiones por su cuenta de su cuenta tienen en sentir del seor Queipo muy diversa acepcin debi habrmela explicado; pues sus simples afirmativas no son bastantes para convencerme. Confieso que no s en qu pueda haber alterado el sentido la aplicacin de una palabra por otra; y aun suponindole alterado, antes que a mala fe debi haberse atribuido a equivocacin. Y que no tuve mala fe, se prueba hasta la evidencia, con slo advertir que us indistintamente ambas palabras, cosa que no habra hecho si hubiese tenido daada intencin. “Que las familias labradoras vayan de su cuenta ”, dije en la pgina 33 de mi Carta ; pero ya antes en la 28 haba escrito, que vayan a establecerse por su cuenta Sin embargo, el seor Queipo prescinde enteramente de esta ltima expresin, y slo se ocupa de la primera, cuando pudo y debi haber confrontado la una con la otra, y explicado aqulla por sta. Pero la picarda que ms ha indignado al seor Queipo, es el haber yo supusto que los colonos adelantasen los gastos del viaje, cuando lo contrario aparece de la frase del informe, pgina 37: “de familias labradoras y honradas que vengan a establecerse por su cuenta en terrenos propios franquendoseles los auxilios necesarios en los primeros aos, con cargo de su reembolso en los sucesivos ”.—Al ver yo que se exige que las familias vayan por su cuenta a establecerse en terrenos propios y al ver tambin que ni una palabra se dice de los gastos de viaje, cre que los auxilios que se haban de suministrar a los colonos en los primeros aos, se referan solamente a los que necesitasen despus de su llegada; mas, no a los del dicho viaje. Si la frase en cuestin no se debe entender como yo la entend, por lo menos est confusa; y en vez del lenguaje en que su autor se expres, debi haber dicho: “ franquendoseles los auxilios del viaje y los dems necesarios en los primeros aos etc.” —De este modo, la frase tiene un sentido claro, y no deja lugar a interpretaciones. Pero concedamos que yo no la hubiese entendido, o que si la entend, obr de mala fe; a pesar de esto, el seor Queipo no adelanta en su favor ni una pulgada de terreno. Yo prev el caso de que a las familias labradoras se les sufragasen los gastos del viaje, y bajo de esta hiptesis fund toda mi argumentacin: argumentacin a la que todava est por responder el seor Queipo, y la que por lo mismo se me permitir reproducir aqu en obsequio de la verdad.

PAGE 231

JOS ANTONIO SACO /225 /225 /225 /225 /225 “Pero, ser fcil que familias pobres tengan con qu sufragar los gastos de un viaje tan largo y dilatado? Y aun suponiendo que haya quien les haga anticipaciones; darn la preferencia a nuestro pas, cuando hay otros que a las mismas cualidades fsicas renen ventajas polticas que nosotros no podemos ofrecerles? Y acaso que le prefiriesen, encontrarn terrenos propios en que trabajar? Tendrn siempre con qu comprarlos? Y si tienen, habr siempre vendedores? Se compeler a los propietarios a que enajenen sus tierras? Pero el gobierno les repartir las suyas. En el mismo informe se reconoce la insuficiencia de este recurso, pues en la pgina 68 leemos estas palabras: ‘Dado que por este u otros medios, como el de compra, adquiriese el Estado algunos terrenos para repartir entre los primeros colonos, quedara siempre muy reducido su nmero’. ”Pedir, pues, que la colonizacin de Cuba slo se haga con familias labradoras y bajo las condiciones que se exigen, es no ser amigo de lo mismo que se pide”. En el prrafo en que me ha tachado de hombre de cortas entendederas y de mala fe prosigue: “pero ya que el impugnador no ha comprendido la idea, tan claramente explanada en mi informe, voy a explicrsela en muy breves palabras. Sabe el seor Saco, y saben cuantos en esta materia se ocupan, que hay dos opiniones en ella. Quieren unos, como la Junta de Fomento y el mismo seor Saco, que vayan simples braceros o jornaleros que trabajen por cuenta ajena, mediante el salario o jornal que les pague el dueo del terreno; y deseo yo, y conmigo las personas que tienen algn conocimiento prctico de las cosas, que vayan familias”. Aqu hay dos pecados, no veniales, sino capitales. El primero es una contradiccin de la que ante todas cosas conviene descargar el entendimiento del seor Queipo. Acaba de asegurar, que yo no quiero que vayan a Cuba familias labradoras, sino solamente simples braceros o jornaleros; pero al principio de la pgina 5 de su Contestacin escribe as: “Para l [para Saco] son igualmente tiles como inmigrantes los labradores, los artesanos, los sabios, los literatos y aun los artistas y comediantes; en resumen, todo el que tenga la cara blanca ”. Y en la pgina 10 repite: “En esta parte confieso me ha sorprendido que una persona que slo desea el aumento de la poblacin blanca etc.” Si el seor Queipo me acusa de que admito como elemento de poblacin a tanta gente como menciona, con tal que tenga la cara blanca, cmo se atreve a decir que yo no quiero que vayan a Cuba sino simples jornaleros ? sta es una de las contradicciones en que cae frecuentemente el autor del informe. Pero dejndola a un lado, ser verdad que mi opinin es la que con aire tan magistral me atribuye el seor Queipo? Ser verdad que yo no quiero que vayan a Cuba familias labradoras, sino solamente

PAGE 232

OBRAS 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ simples braceros o jornaleros? Ved aqu las palabras que insert en la pgina 33 de mi Carta : “Yo quiero que vayan familias y tambin simples colonos; quiero que vayan artesanos, comerciantes, literatos y sabios; en una palabra, quiero que vaya toda clase de personas, con tal que tengan la cara blanca, y sepan trabajar honradamente. Querer esto, es lo que se llama querer el fomento de la poblacin blanca: lo dems es regalarnos el nombre, quitndonos la cosa”. Este pasaje manifiesta que, en punto a colonizacin, mis ideas no estn reducidas al estrecho crculo en que el seor Queipo encierra las suyas; pero en medio de la amplitud que les doy, siempre las he sometido a la condicin esencial de que todos los que tengan la cara blanca sepan trabajar honradamente. Y el suprimir estas palabras el seor Queipo en sus citas, y el intercalar la de vagos que es incompatible con mis escritos y mis sentimientos, me dan derecho a decir con ms justicia que l, que si “alterar y truncar as las frases es escribir con buena fe, lo dejo a la consideracin de mis lectores”. Uno de mis argumentos para probar que l no quiere el verdadero fomento de la poblacin blanca, lo saqu del artculo Milicia en su informe. Propuso en l la formacin de un ejrcito desmesurado, no ya para contener la poblacin de color, pues que el existente en Cuba basta para ello, segn su propia confesin, sino para reprimir la blanca, lo mismo que en la Pennsula. La sustancia de mis raciocinios fue como sigue: comparis mal un pas profundamente tranquilo, con otro completamente agitado: peds, por una parte, un gran ejrcito para contener a los blancos, y, por otra, decs, que son pacficos, sensatos y leales, luego no sois consecuente en vuestras ideas. Queris sujetar a los blancos con la fuerza de las armas, luego los temis; y si los temis, no podis ser amigo de su incremento. Adems, la medida que proponis, consumir gran parte de las rentas de Cuba, que pudieran emplearse en otros ramos: luego, el gobierno por no carecer de ellas, se opondr directa o indirectamente a la colonizacin. Y si se trata de impedir este mal derramando una nueva contribucin, ahuyentaris los nuevos pobladores. Sin rebatir esta argumentacin, el seor Queipo se limita a decir que yo me niego a la admisin de la tropa en Cuba ; que el ejrcito permanente es proporcionado en todos los pases al estado de su poblacin ; y que l no ha establecido comparacin entre Cuba y Espaa En cuanto a no querer yo que haya tropa veterana en Cuba, mucho se equivoca Su Seora. Quiero que la haya, porque la considero til; pero quiero que su nmero est en proporcin con las necesidades verdaderas del pas, y no con las quimeras de algunos visionarios; quiero que sea elemento de orden y seguridad poltica e individual, y no una amenaza continua a la poblacin blanca ni instrumento de opresin con-

PAGE 233

JOS ANTONIO SACO /227 /227 /227 /227 /227 tra ella. As quiero yo la tropa en mi patria y en los dems pases de la tierra. Que en todos ellos debe estar en proporcin con el estado de la poblacin es regla muy errnea, tomado en el sentido absoluto en que habla el seor Queipo. Hay muchas circunstancias que la alteran notablemente, pues la situacin insular o continental de un pas, sus relaciones internacionales, la forma de su gobierno, y la vecindad ms o menos peligrosa, son cosas que independientemente del estado de la poblacin deben influir en el aumento o disminucin del ejrcito. Niega rotundamente haber establecido comparacin entre Cuba y Espaa. Oigamos las razones en que funda su negativa. “La razn que para combatirla da el seor Saco se reduce a la inexactitud que yo he comparado la pacfica isla de Cuba con la Espaa trabajada por continuos trastornos y revoluciones. En primer lugar no es cierto que yo estableciese una comparacin entre la Isla y la Espaa, porque por ms que el seor Saco, por distraccin, sin duda, contraponga siempre aquellas dos palabras, yo que considero a la primera como parte integrante de la segunda, mal poda sin faltar a los ms sencillos principios de lgica comparar la parte con el todo Me he referido, pues, a la Pennsula y a ella deba haberse contrado para ser exacto mi impugnador”. El seor Queipo juega aqu con las palabras, pues Espaa, Pennsula, metrpoli, son palabras que usan indistintamente todos los que hablan la lengua castellana en Europa y en Amrica; y l mismo, a pesar de su censura, contrapone el nombre de Cuba, no al de Pennsula, sino al de Espaa. En el prrafo final de la pgina 14 de su Contestacin dice: “Pero el seor Saco quisiera que Espaa invirtiese en Cuba aun los sobrantes”. He aqu a mi censor hablando el mismo lenguaje que me corrije. Pero la razn poderosa que ha tenido para no comparar a Cuba con Espaa, es que considerando l a la primera como parte integrante de la segunda, mal poda, sin faltar a los ms sencillos principios de lgica, comparar la parte con el todo En lo que ha faltado el seor Queipo a los ms sencillos principios de lgica, es en pensar que la parte no se puede comparar con el todo. A poco que hubiese meditado, habra conocido que estas dos cosas se pueden comparar. Todo y parte son palabras muy relativas, pues lo que es todo bajo de una relacin, puede ser parte respecto de otra, y al contrario. La Europa considerada en s es un todo; mas, con referencia al mundo entero es una parte La Francia tambin lo es con respecto a Europa; mas, es un todo con relacin a los departamentos que la componen. Estas ideas son tan claras, que estn al alcance hasta de los nios de escuela. Pero si Europa es una parte respecto del todo que se llama mundo, no podr yo compararla con este todo ya en su tamao, ya en su poblacin, ora en sus riquezas, ora, en fin, bajo

PAGE 234

OBRAS 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ de otras relaciones? Espaa, o sea lo que se denomina Pennsula, es una parte del todo que se llama Europa; y no se podr comparar su dimensin, su comercio, su industria, su ilustracin, etc., con ese mismo todo de que ella forma parte integrante? Esta misma Pennsula, no es a su vez un todo respecto de Catalua, por ejemplo? Y Catalua, que es una parte, no podr comparar el producto de sus aduanas, el nmero de sus fbricas, el estado de sus luces, y otras muchas cosas con el todo a que pertenece? Comparar la parte con el todo, lejos de ser una infraccin de los principios de una buena lgica, es a veces el medio ms seguro de adquirir un conocimiento exacto y profundo de los objetos. A propsito de los planes que se suponen enlazados con la colonizacin blanca, escrib las siguientes expresiones en la pgina 29 de mi Carta : “No hablar nunca en Cuba de lo que no se quiere que suceda: he aqu la gran poltica que yo recomiendo al seor Queipo y a todos sus imitadores”. Ellas me han valido, a pesar de la inocencia con que las dije, una fraterna de parte del seor Fiscal. chame en cara, que adems de la mala fe con que procedo, cometo una grande falta en hablar de la materia sin conocimiento alguno de los antecedentes, pues debo saber, que no ha sido l, sino otros los que han hablado de tales planes. Yo, a mi vez, digo al seor Queipo, que l debe saber que tengo en la materia ms antecedentes de los que algunos quisieran, y que por ellos, y por las opiniones expresadas en su libro, es como le he juzgado. Lase su artculo Milicia y particularmente sus tres ltimos prrafos, y se conocer, que aunque el seor Queipo disiente en la forma de algunos de los precedentes informes a que alude, en el fondo conviene enteramente con ellos.MI LENGUAJE CON LOS ESPAOLES, Y ACUSACI"N QUE SE ME HACE DE INDEPENDIENTE Y ANEXIONISTA Tambin me imputa que yo, al hablar de los espaoles, de su gobierno y autoridades en Cuba, no encuentro en mi Carta otras expresiones que las de malos crueles y dspotas Todo lo contrario aparece de mi Carta Cuando de paso toqu la forma de gobierno que conviene a aquella Isla, expresamente separ las personas de las cosas. Fuerza es traducir lo que dije en la pgina 64: “No se piense que estoy haciendo alusiones personales; respeto al Jefe que manda en Cuba, y si mi intencin fuera censurar el ejercicio de su autoridad, no lo hara con indirectas sino francamente y cara a cara. Si ahora me veo forzado a hablar del Capitn General de Cuba, entindase que ni remotamente me dirijo al hombre que all gobierna: contrigome nicamente al ser abstracto, a la entidad poltica que han creado las leyes, con exclusin absoluta de todas las personas”. Quien emplea este circunspecto y respetuoso lengua-

PAGE 235

JOS ANTONIO SACO /229 /229 /229 /229 /229 je, insulta a las autoridades de Cuba? Ya han visto mis lectores cmo vindiqu la memoria del intendente Ramrez en la pgina 18, quien a su calidad de empleado, reuna la de asturiano. All mismo hice mencin del capitn general Cienfuegos, y le califiqu de “ honrado jefe que entonces gobernaba en Cuba”. Sin salir del mismo prrafo, se encuentran tambin estas palabras: “Si el Gobierno Supremo, digno por cierto de elogio en lo que hizo etc.” Ntese que aludo al ao de 1817, en que era absoluto el gobierno de la nacin, cuya circunstancia en un hombre de mis principios prueba mi imparcialidad, pues no me retraje de celebrar en un rey y unos ministros dspotas una accin que juzgu laudable. Y esta celebracin es en mi boca tanto ms meritoria cuanto no soy empleado, pues stos por los compromisos que los ligan con el poder, si no renuncian a sus destinos, tienen que conformarse con todos sus actos buenos o malos; y sus elogios por lo mismo no son siempre ni tan espontneos ni tan libres como los del hombre que no depende del gobierno. Al mismo seor Queipo le llamo al principio de mi Carta apreciable autor del informe ; hombre de talento en la pgina 5; hombre ilustrado en varias partes, y hasta hombre de mrito en la 52. Si yo hubiera celebrado ciegamente su informe, entonces, aun cuando no fuese ms que por gratitud literaria, sera a sus ojos un excelente espaol y uno de los mejores cubanos; pero tom la senda contraria, y de aqu los trabajos en que me veo. Por complemento de fraterna me acusa, no ya de independiente sino de predicador de independencia y lo que es ms criminal todava, de admirador de los Estados Unidos, en cuyos brazos deseo que arroje la isla de Cuba Si en esta acusacin slo se acriminasen mis opiniones, de seguro que no respondera, porque en mi posicin, aunque humilde y desgraciada, nada me importa el juicio favorable o adverso que de ellas forme el seor Queipo; pero cuando se trata de un hecho, de la interpretacin que se da a un pasaje de mis escritos, debo, no defenderme, sino explicarme ante el pas en que nac. El autor del informe funda sus dos acusaciones en un prrafo del Paralelo entre la isla de Cuba y algunas colonias inglesas que publiqu en Madrid en 1837; y para que yo quede eternamente confundido, insrtalo, pero con la saludable precaucin de truncarlo a su manera, para que as diga lo que cumple a sus fines. Por qu en vez de empezarlo por las palabras darle entonces una existencia propia independiente no lo hizo desde el principio? Ese prrafo notable es el ltimo del Paralelo ; y como una de las mximas de mi conducta ha sido el escribir siempre de manera, que en ningn tiempo ni circunstancia pueda arrepentirme ni avergonzarme de lo que haya escrito, hoy tengo al cabo de ms de diez aos, la satisfaccin y el honor de reimprimirlo aqu ntegramente.

PAGE 236

OBRAS 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ “Quizs me he extendido en este Paralelo algo ms de lo que pensaba; pero antes de levantar la pluma, debo prevenir una acusacin que algunos podrn hacerme. Dirn que soy partidario de la nacin inglesa, y que bien a las claras manifiesto los deseos de que Cuba empiece a girar entre los satlites de aquel planeta. Se equivocan los que as hablan, y no me conocen los que as me juzgan. Si el Gobierno espaol llegase alguna vez a cortar los lazos polticos que unen a Cuba con Espaa, no sera yo tan criminal que propusiese uncir mi patria al carro de la Gran Bretaa. Darle entonces una existencia propia, una existencia independiente, y si posible fuera tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza; he aqu cual sera, en mi humilde opinin, el blanco a donde debieran dirigirse los esfuerzos de todo buen cubano. Pero si arrastrada por las circunstancias tuviera que arrojarse en brazos extraos, en ningunos podra caer con ms honor ni con ms gloria que en los de la Gran Confederacin Norteamericana. En ellos encontrara paz y consuelo, fuerza y proteccin, justicia y libertad; y apoyndose sobre tan slidas bases, en breve exhibira al mundo el portentoso espectculo de un pueblo que del ms profundo abatimiento se levanta y pasa con la velocidad del relmpago al ms alto punto de grandeza”. Basta leer sin prevencin el prrafo anterior, para conocer que no es un sermn de independencia. El seor Queipo, que tan enemigo se muestra en su informe de los ingleses, lejos de afearme los sentimientos que manifiesto al principio, me los aplaudir cordialmente, y quizs por no verse forzado a tributarme este elogio que yo rehso, suprimi casi la mitad del prrafo transcrito. “ Si el Gobierno espaol dije yo, llegase alguna vez a cortar los lazos polticos que unen a Cuba con Espaa no sera yo tan criminal que propusiese uncir mi patria al carro de la Gran Bretaa”. Hay en todo este perodo una sola palabra que predique independencia, o que incite a Cuba a proclamarla? Al contrario: en vez de suponer que el golpe sale de la hija, le hago partir de la madre. Y por qu lo supuse as? La guerra civil despedazaba entonces las entraas de la Pennsula, hallbase el gobierno en grandes conflictos pecuniarios, y en tan terrible situacin lleg a mis odos el susurro de que cierta potencia deseaba comprar a Cuba. Falsa o verdadera esa voz, el hecho, por improbable que fuese, no era imposible, pues ya habamos visto ceder a la Francia a fines del pasado siglo, la parte espaola de Santo Domingo; traspasar en ste las dos Floridas a la repblica de Norteamrica; y abrirse negociaciones en 1830 y renovarse despus, para vender las islas africanas de Anobon y Fernando Po. Podra yo ver con indiferencia, que mi patria cayese bajo la dominacin del pueblo ingls, a pesar de las prendas relevantes que le distinguen, y de la libertad que gozan sus colonias? Esta consideracin fue la que dict las frases anteriores de mi prrafo,

PAGE 237

JOS ANTONIO SACO /231 /231 /231 /231 /231 y las que van a continuacin: “Darle entonces una existencia propia, una existencia independiente, y si posible fuera, tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza”. Las palabras darle entonces indican claramente que yo iba hablando bajo de una hiptesis, bajo el caso doloroso de que Cuba fuese vendida al extranjero. No ignoro que ella por s sola no podra luchar con la fuerza formidable de la nacin compradora; pero podra muy bien sustraerse a su imperio, dando a Espaa en rescate de su libertad las mismas cantidades que otros pudieran ofrecerle. La admisin o no admisin de este rescate, la mayor o menor repugnancia con que los cubanos soportasen la dominacin extranjera, caso de caer en ella, y ms que todo, las serias complicaciones que podran nacer entre algunos gabinetes por la perturbacin del equilibrio americano, bien pudieran poner a Cuba en situacin tan desesperada, que abandonada de su metrpoli, y sin fuerzas propias para existir por s sola, tuviese que arrojarse en brazos extraos como nica tabla de salvacin. He aqu los motivos que me arrancaron la frase relativa a la Confederacin Norteamericana; y que pasada la tormenta y restablecida la calma, Cuba habra encontrado en aquellos brazos paz y consuelo, fuerza y proteccin justicia y libertad es tan cierto como el abatimiento y consternacin en que se hallaban sus moradores, cuando mi pluma trazaba el Paralelo El seor Queipo, adolorido de que yo hubiese empleado la palabra abatimiento exclama en el artculo que public en el Clamor Pblico de Madrid de 27 de julio contestando al seor Orgaz: “Cmo, as se calumnia al Gobierno, as se desfiguran los hechos, suponiendo a la isla de Cuba sumida en el ms profundo abatimiento en 1837 en que tocaba el apogeo de su grandeza ? Y quien esto escribe puede blasonar de afecto a la metrpoli?” Dos espaoles peninsulares de ilustracin y talento que han residido en Amrica, nada sospechosos al seor Queipo en punto a independencia, diputados ambos, y que ambos tambin han tenido el honor de ser ministros en este ao, sern los textos de que me valdr para probar, que la isla de Cuba estaba en 1837, no en el apogeo de su grandeza como pregona el seor Queipo, sino en el ms profundo abatimiento como escrib yo en el Paralelo El seor Benavides en la sesin del Congreso de 9 de diciembre de 1837, sobre el prrafo 17 de la Contestacin al discurso de la Corona, dijo: “Y que si echamos una ojeada sobre la i*sla de Cuba, no nos sorprenderemos al ver cmo circunstancias particulares han hecho que el olvido de las leyes ms sagradas vaya en aumento, cuando debera en razn a estas mismas circunstancias prestarse el mayor desvelo en restablecer su imperio. En efecto, seores, solamente en este ltimo ao se ha empeorado la situacin de aquella Isla (y ser un cargo para

PAGE 238

OBRAS 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ los anteriores gobiernos y para el actual por no haber remediado el mal) establecindose ese sistema de terror en que se procede contra particulares sin orles, con secuestros o desterrndolos a pases remotos. Estremece la pintura que se hace de las islas por los que llegan de ellas. La palabra perdn all no se ha odo; la amnista no ha podido pasar los mares, y domina el despotismo y el sistema de terror ms impropio respecto de nuestras instituciones Estas palabras es necesario que lleguen all, y consuelen como un blsamo dulcsimo a aquellos habitantes que han peleado por nuestra causa y perecido en la demanda, que nos prestan sus auxilios, y que ahora mismo no dan 60 000 000 de contribucin ”. El seor Olivan, que acababa de llegar de La Habana, habl as en la citada sesin: “Dir pues la verdad; pero no toda porque es demasiado aflictiva : me ceir a decir lo bastante para que los seores diputados puedan inferir de lo que oigan cunto es lo que callo y me reservo... Durante el decenio de 1823 a 33, en que el brazo de hierro del absolutismo agobiaba todos los cuellos en la Pennsula, se disfrutaba en Ultramar de seguridad y aun de libertad. Despus de tan largo perodo de plcida paz, de los favores y mercedes de la corte, cul es su situacin en el da?” Al hablar el seor Olivan del general Tacn, que era entonces el tirano de Cuba, prosigue: “Como la perfeccin no est en la naturaleza humana, aquel jefe tiene la falta de creerse realmente perfecto e infalible. Su conducta diaria lo est demostrando. Sus mximas favoritas de gobierno son ‘tira, tira, tira y siempre tira, y quien manda no yerra’: mximas de que no hace misterio, sino que se las repite a quien las quiere or... As es, que aquel jefe ha llegado por sus pasos contados a ser, no el capitn general de Cuba, sino el GENERAL DE UN EJRCITO DE CONQUISTA Y OCUPACI"N; NO EL GOBERNADOR DEL PAS, SINO EL JEFE DE UN PARTIDO, DESPUS DE HABER DESUNIDO A LOS QUE ANTES ERAN HERMANOS... Sus facultades como las de los capitanes generales de Puerto Rico y Filipinas, son ilimitadas, omnmodas, las de un gobernador de plaza sitiada. Constituyen una verdadera dictadura, con la diferencia que la dictadura entre los antiguos, instituida para las grandes crisis, era de corta duracin, no pasaba de seis mes, y all pasa ya de diez aos As es que en la isla de Cuba, donde todo era paz, unin y alegra, todo es hoy inquietud desunin y tristeza Son muchas las familias que derraman lgrimas sin encontrar una mano que se las enjugue. ”No trazar, seores, el cuadro de aquel pas, porque desgraciadamente no podra emplear sino colores bien oscuros: la discrecin de los seores diputados penetrar lo que no creo deber patentizar. Mas, para hacer ver que no me apoyo en declamaciones, sino en hechos, voy a citar

PAGE 239

JOS ANTONIO SACO /233 /233 /233 /233 /233 dos, que son entre los que ahora me ocurren, los que me parecen menos odiosos. Y ruego al Congreso crea que por cada palabra que pronuncio me quedan de reserva mil, y por cada hecho cincuenta”. De los dos hechos que menciona el seor Olivan, omitir el primero en obsequio de la brevedad, pero no el segundo. “Otro hecho [son sus palabras] no menos significativo, se refiere a un capitn del partido que hace de esbirro o corchete para encarcelar a roso y velloso, para repetir visitas domiciliarias, y para amedrentar las gentes. Lo cual ejecuta de tan buena gana, que ha llegado a adquirir una especie de celebridad tan funesta como la de Chaperon tiempos pasados en Madrid: la execracin pblica acompaa todos sus pasos. Fue este hombre con aparato a registrar la casa de un propietario rico, respetable y aislado, con objeto de ver si encontraba mritos para prender a un dependiente suyo, en lo cual tuvo la pesadumbre de llevarse chasco. Despus de algunos incidentes que no son del caso, se propuso el propietario demandar judicialmente al capitn del partido; y sucedi, seores, que en una Habana, donde hay 400 abogados, algunos de ellos acostumbrados, muy acostumbrados a todo, no encontr con el oro en la mano uno solo que se atreviera a poner su firma en el escrito de demanda. ¡Tal es el terror, tal es el grado de estupor que la inquisicin poltica ha llegado a entronizar en un pas, donde antes se pasaba tan agradablemente la vida! ”¡Y esto lo he visto yo lo he visto precisamente despus de la creacin de un ministerio especial, para el mejor manejo de los negocios ultramarinos! Pero ese ministerio, por efecto de disputas de atribuciones, fue concebido en la debilidad, naci entre dudas, naci cadver; y ese cadver ha dejado establecer en Cuba el rgimen de los cementerios !” Dejo, pues, al seor Queipo el trabajo de continuar el apogeo de grandeza a que supone lleg Cuba en 1837 con la triste pintura que de ella hicieron en aquel ao sus amigos polticos los seores Benavides y Olivan. Acsame tambin el seor Fiscal de admirador de los Estados Unidos y de tener deseos de que Cuba se arroje en sus brazos. En punto a mi admiracin el seor Queipo me honra mucho con atriburmela, pues es prueba de que conozco lo que es digno de admirarse. Pero esta admiracin no es fantica ni sin lmites, y entre las eminentes cualidades que distinguen al pueblo norteamericano, no dejo de percibir los defectos de que en mi concepto adolece. Elgiole en la pgina 51 de mi Carta ; mas en las 40 y 50 le censuro. Aplaudir o reprobar por sistema, es efecto de pasiones; elogiar lo bueno y censurar lo malo, es fruto de imparcialidad, virtud de moda que llevan muchos en los labios, pero muy pocos en el corazn.

PAGE 240

OBRAS 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ Mis deseos de que Cuba se arroje en los brazos de los Estados Unidos los deriva el seor Queipo del prrafo citado del Paralelo Precisamente con l se prueba todo lo contrario. Si slo en el caso de verse Cuba arrastrada por las circunstancias es cuando me conformo con que caiga en los brazos de la Confederacin Norteamericana; cmo puedo abrigar los deseos que se imputan, cuando los hago depender de una fatal necesidad, producida por eventualidades imperiosas y arrastradoras ? Si se me acrimina por haber dicho que los esfuerzos de todo buen cubano se deben dirigir a dar a Cuba una existencia propia independiente y si posible fuera tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza cmo se asegura que deseo arrojarla en los brazos norteamericanos, cuando en ellos perdera infaliblemente esa misma independencia propia y aislada por la que se dice que tanto suspiro? Desear que Cuba logre una independencia propia y que se mantenga en lo poltico tan independiente tan aislada como est en la naturaleza es desear que no se adhiera a ningn pueblo de la tierra ; y acusarme a un tiempo el seor Queipo de ambos pecados, es caer en la ms grosera contradiccin. Por brillante y seductora que sea la perspectiva de los Estados Unidos, debo confesar con toda la franqueza de mi carcter que no soy de los alucinados ni seducidos. Sin profetizar cul ser el porvenir de la Amrica en el transcurso de los siglos, bien podemos asegurar que encerrndonos en el horizonte que nos rodea, la anexin o incorporacin de Cuba a la repblica norteamericana, si no es hoy una cosa imposible por lo menos va acompaada de gravsimas dificultades. Es de tal importancia la isla de Cuba, que su posesin dara a los Estados Unidos un poder tan inmenso, que la Inglaterra y la Francia no slo veran muy comprometida la existencia de sus colonias en Amrica, sino que aun sentiran menguar el poderoso influjo que ejercen en otras partes del mundo. Una incorporacin forzada producira una guerra desastrosa entre la repblica de Washington y la Espaa, Inglaterra y Francia. No es probable que la primera triunfase de las tres ltimas; pero aun cuando triunfase de las tres ltimas; cul sera la suerte de Cuba convertida en teatro de una lucha sangrienta y asoladora? Nunca olvidemos que si en ella se empeasen los Estados Unidos, sera por su engrandecimiento territorial y poltico mas no por la felicidad de los actuales habitantes de Cuba Que stos perecieran, con tal que ellos lograsen sus fines: nada, nada importara, pues Cuba sera repoblada por sus nuevos poseedores. Si la Confederacin Norteamericana desea que Cuba se le incorpore, debe abrir negociaciones con Espaa para ver si se la vende; debe tambin entenderse con Inglaterra y con Francia; y si fuere tan feliz que lograre allanar todas las dificultades, entonces Cuba tranquila y llena de esperanzas podr darle un abrazo. Pero mientras sean otros

PAGE 241

JOS ANTONIO SACO /235 /235 /235 /235 /235 los medios de que se valga aquella repblica, Cuba, en las delicadas circunstancias en que se encuentra, debe mantenerse firme en su actual posicin, sin dar odo a sugestiones lisonjeras que la conducirn a su ruina. Pretextos para mantener a Cuba esclavizada Que cese en ese constante y calculado sistema de recriminaciones contra la metrpoli si quiero sinceramente que a la isla de Cuba se le conceda ms libertad poltica, es consejo que me da el seor Queipo en su Contestacin A creer a mi buen consejero, parece que Cuba goza hoy de bastante libertad, y que con cuatro o seis granos ms que se aumenten a la dosis, ya est completa la medida. Conoc en un pueblo de Aragn a un mdico de muy cortos alcances, que asista a un enfermo de gravedad; y como ste sola quejarse, djole el doctor muy enfadado, que no poda darle ningn consuelo, mientras no cesare de ofenderle con sus quejidos. El seor Queipo, aunque con ms luces que el mdico aragons, aplica a Cuba la misma receta. Sean cuales fueren sus males, los cubanos deben sufrirlos en silencio como mrtires polticos, pues un suspiro que exhalen, se convierte en una recriminacin y una ofensa. Por lo que a m toca, pneme el seor Queipo en una situacin muy anmala. Si hablo de los abusos pasados me lo inculpa, porque segn su mxima, combatida por m en otra parte, slo deben denunciarse los abusos presentes ; pero si de los presentes hablo, entonces me acusa de que ofendo y acrimino al gobierno, a la nacin y a sus hijos. Qu partido, pues, me queda en tan dura alternativa? Empiece el seor Queipo por ser justo con Cuba; empiece por darle lo que no tiene, y lo que de justicia se le debe, y entonces no se quejarn los cubanos; pero azotar la vctima, y no suspender el sacrificio, tan slo porque los dolores le arrancan un lamento, es el colmo de la crueldad ms impa. El seor Queipo, ilustrado, tolerante y liberal en la Pennsula, en Amrica aparece preocupado, intolerante y defensor del absolutismo. Si ste es el gobierno que rige en Cuba, por qu se irrita contra quien lo dice? Por qu pretende condenar al silencio a los que pacficamente y sirvindose del rgano legal de la prensa, exponen con franqueza las dolencias de un pueblo, y piden su remedio? Que de parte poltica e integrante de la nacin que Cuba era en 1837, se la hubiese convertido repentinamente en colonia esclavizada; que con este golpe se la hubiese despojado de cuantos derechos polticos poesa; que vea en su mismo archipilago a otras colonias gozando de verdadera libertad, y afianzadas con ella todas las garantas individuales; que su madre Espaa le acabe de presentar el espectculo de su glorioso alzamiento contra un gobierno opresor; y

PAGE 242

OBRAS 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ que por premio de sus esfuerzos haya alcanzado una constitucin liberal; que de ella participen las islas Canarias y Baleares, aunque todas juntas no pesan hoy tanto como Cuba en la balanza poltica y mercantil; que todo esto haya sucedido, y que a pesar de tan gran movimiento y de las elocuentes lecciones que reciben de sus padres, deban los cubanos permanecer mudos e impasibles espectadores, es sin duda considerarlos, o como los hombres ms estpidos, o como los ms envilecidos de la tierra. “Tanta constancia en pechos varoniles No los hace leales, sino viles”. Mas, porque yo lance alguna vez un suspiro, o prorrumpa en una queja a nombre de mi patria encadenada, sigo por ventura un constante y calculado sistema de recriminaciones contra la metrpoli ? Atizo la discordia, y despierto los deseos de independencia y de odio a la madre patria, en los innumerables folletos que publico ? El seor Queipo no sabe lo que dice; y para que otra vez escriba con ms acierto, oiga una pequea historia. Cometiose contra Cuba en 1837 una solemne injusticia. Despus de haber hecho venir a Madrid a tres de los cuatro diputados que entonces le tocaron, las Cortes constituyentes de aquella poca resolvieron, de acuerdo con el gobierno, no darles asiento en ellas, y privar a Cuba en lo sucesivo de toda representacin. Desde aquel da fatal, ella qued condenada a la ms dura y desptica condicin. Algunos diputados muy influyentes entonces, no satisfechos con el rudo golpe que haban descargado sobre aquella infeliz Antilla, proclamaron desde la tribuna que ninguna metrpoli europea haba tratado jams a sus colonias americanas con tanta dulzura y libertad como Espaa. Yo, que haba tenido la honra de ser uno de los diputados excluidos, hallbame a la sazn en Madrid, y no debiendo permitir que se propagasen en silencio ideas tan falsas cuanto perniciosas, tom la pluma para combatirlas en el Paralelo de que ya se ha hecho mencin, y que escrib en abril de 1837. Con este papel puedo decir que cerr uno de los perodos de mi vida. Pasaron casi ocho aos sin que hubiese publicado ni un solo rengln; pero al cabo de tan largo tiempo, con qu me present de nuevo en la escena? Con el folleto que di a luz en Pars bajo el ttulo de Supresin del comercio de esclavos africanos Y podr el seor Queipo considerar aquel papel como incendiario y enemigo de la metrpoli? Sllanse de nuevo mis labios, y mi pluma se mantiene seca por dos aos ms. Pero qu es lo que entonces doy a la prensa? La Carta mesurada y respetuosa en que hice algunas observaciones al informe del seor Queipo. Y cuando en el transcurso de diez aos solamente he publicado dos papeles, y de

PAGE 243

JOS ANTONIO SACO /237 /237 /237 /237 /237 la naturaleza que son, se tiene aliento para proclamar que sigo un constante y calculado sistema de recriminaciones contra Espaa y que provoco a la discordia y a la independencia con mis innumerables folletos ? Tal lenguaje slo puede emplearlo un hombre que sintindose vivamente herido en el corazn por la fuerza de mis razones, pretende identificar los errores de su informe con los intereses de la patria. El seor Queipo se expresa as, porque aspira al monopolio de hablar sobre los asuntos de Cuba. Tiene la intolerable pretensin de que los cubanos inclinen la cabeza ante sus ideas exactas o equivocadas; y acostumbrado en La Habana, donde ha vivido algunos aos, a que nadie le replique, porque all nadie puede manifestar su opinin de palabra ni por escrito, debe serle hoy muy extrao que un hijo del cubano suelo le arrastre pblicamente a la arena, y le fuerce a combatir en ella, no con las armas del poder, sino tan slo con la razn y la verdad. Como prueba de mis recriminaciones, cita tambin las palabras finales de mi Carta ; pero intercalndolas y truncndolas de manera que alteran todo el sentido. Dice que pinto la isla de Cuba como vctima de la tirana, “volviendo sus (lnguidos y casi expirantes)4 ojos hacia el Oriente, para ver si descubre en lontananza el mensajero que ha de llevarle leyes de libertad y de consuelo ”. Aqu termina la cita el seor Fiscal; y las palabras finales de mi Carta son las siguientes: “Cuba entretanto, caro amigo, presenta un doloroso contraste con las colonias que la rodean. En medio de su esclavitud poltica, ella vuelve de cuando en cuando los ojos hacia el Oriente para ver si descubre en lontananza el mensajero que ha de llevarle leyes de libertad y de consuelo; pero cansada de esperar, sufre con resignacin, y renovando aun con sacrificios las pruebas de su inalterable fidelidad, aguarda del tiempo que Espaa convencida de sus verdaderos intereses, le conceda al fin la justicia que hoy le niega”. Qu hay, pues, en ellas de recriminacin contra la metrpoli? Dnde est escondida la revolucin o la independencia? El seor Queipo parece que ha descubierto estos dos monstruos por el rumbo del Oriente, donde sin duda mora la tierra que ha de enviar a Cuba las leyes de libertad y de consuelo. No se asuste el seor Queipo, que el pas a que aludo en el final de mi Carta es su querida Espaa, pues debe recordar que Coln descubri el Nuevo Mundo metiendo proa hacia Occidente y para volver a ella, tuvo que navegar hacia la Oriente Sernese, pues, el seor Queipo, que el enemigo revolucionario est ya descifrado. Aunque l no se ha dignado contestar ni una sola palabra a las observaciones con que refut el prrafo 12 de su informe, en que se opone a la colonizacin de los extranjeros, rompe, sin embargo, su silencio para 4Los dos adjetivos de mal gusto que he encerrado entre parntesis, no los he usado yo: son de la fbrica del seor Queipo.

PAGE 244

OBRAS 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ decir que yo no he ledo su informe, sino muy de prisa, y que en l ha defendido a los extranjeros con un calor y una valenta que acaso yo no hubiera desplegado. Que l es enemigo de la colonizacin de los extranjeros en Cuba, lo asegur en mi Carta y lo repito ahora. El prrafo 12 ya mencionado es la demostracin ms completa de lo mismo que niega; y aun cuando l no bastase, ah estn las palabras con que se defiende en su Contestacin Lemoslas: “Pero de esto a conceder a los extranjeros el derecho de naturalizacin hay una inmensa distancia, y soy todava bastante espaol para apreciar en algo y aun en mucho lo que encierra este nombre, y permitir que se prodigue a los que no se hagan acreedores a llevarlo por eminentes servicios o por grandes pruebas de fidelidad y amor a su nueva patria. En resumen, mi credo poltico en esta parte es, que no debemos hacer con los extranjeros ms ni menos que lo que hacen con los espaoles sus respectivas potencias”. Este lenguaje es terminante y decisivo. No hay colonizacin sin naturalizacin y conceder sta nicamente a los colonos que dieren, no pruebas como quiera, sino grandes pruebas de fidelidad y amor a su nueva patria; a los que hicieren, no servicios como quiera, sino eminentes servicios, es atacar y destruir en su esencia misma la colonizacin; pues de los extranjeros que van a cultivar la tierra, o a ejercer las artes u otras profesiones, muy pocos tendrn medios y ocasin de aspirar a esa grandeza de pruebas y a esa eminencia de servicios El seor Queipo confunde dos cosas muy distintas: la naturalizacin y la ciudadana Aqulla slo da los derechos civiles, sta se extiende a los polticos. En buena hora que para lo segundo se guarde ms circunspeccin que para lo primero en los pases que tienen derechos polticos que ofrecer; pero en Cuba, donde realmente no los hay, y donde es grande y urgente la necesidad de fomentar la poblacin, lejos de ponerse embarazos, y embarazos que equivalen a una prohibicin, se deben facilitar todos los medios conducentes a la naturalizacin de los extranjeros. Su credo poltico de no hacer con los extranjeros ms ni menos que los que stos hacen con los espaoles podr ser bueno en teora; pero en la prctica est sujeto a muchas excepciones, y su aplicacin puede ser en extremo perjudicial. Un pas muy poblado y adelantado no est en el mismo caso que otro, cuya poblacin, adems de ser escasa, se compone de elementos opuestos entre s, y que por hallarse atrasado todava, necesita para prosperar del auxilio de los extraos. La mxima de los hebreos, ojo por ojo diente por diente es a veces el suicidio de los pueblos. Hacer lo que nos convenga, y no lo que otros nos hagan sta debe ser la regla de nuestra conducta. Segn ella, y no segn las mximas retrgradas del seor Queipo, se expidi a solicitud del esclarecido intendente Ramrez la Real Cdula de 21 de octubre de 1817 sobre el fomento de la pobla-

PAGE 245

JOS ANTONIO SACO /239 /239 /239 /239 /239 cin blanca en Cuba, cuyo artculo 3 dispone, que “pasados los cinco primeros aos del establecimiento de los colonos extranjeros en la Isla, y obligndose entonces a permanecer perpetuamente en ella, se les concedern todos los derechos y privilegios de naturalizacin e igualmente que a los hijos que hayan llevado o les hubiesen nacido en la misma Isla, para que sean admitidos, por consiguiente, en los empleos honorficos de repblica y de la milicia segn los talentos de cada uno”. Las ideas del seor Queipo sentaran bien all en los tiempos de la caballera andante; pero hacer hoy alarde de ellas, es un anacronismo en el siglo XIX. Por ventura, cree que no hay otros hombres que tengan tanto nacionalismo como l? Piensa que los franceses, los norteamericanos y otros, no se enorgullecen de ser lo que son, tanto o acaso ms que l en ser espaol? Y aun as, vea con cunta facilidad abren los franceses las puertas de todos los extranjeros que quieren domiciliarse en Argel: vea como los norteamericanos naturalizan y conceden el ttulo de ciudadanos a los blancos de todas partes. Y al hacerlo as, ser porque ellos no tengan en alta estima el nombre de americanos? Tinenle en supremo grado, y en ms de lo que juzga el seor Queipo; pero al mismo tiempo conocen, que la naturalizacin no debe mirarse como un favor o un honor que se dispensa a los colonos. Fndase en la recproca utilidad de stos y de la nacin que los adopta, pues el extranjero que abandona su patria, va buscando su inters en la nueva que le admite, y sta encuentra el suyo en recibirle y fijarle en su seno. Esas ideas quijotescas que hoy se predican, son tan funestas a Cuba como a Espaa; y si los hombres que han de regir los destinos de ambos pases abrigaran tan aejas preocupaciones, por siglos permaneceran en el triste estado de hoy los campos que pudieran alimentar una numerosa poblacin. Oiga el seor Queipo para su instruccin y aprovechamiento lo que el insigne patricio cubano don Francisco Arango deca en julio de 1811, como noble rgano de las corporaciones de La Habana, a las Cortes constituyentes de la nacin, congregadas entonces en Cdiz. “Antes, por fin, permitirnos que para nuestras labores y nuestra amenazada seguridad busquemos, donde quiera que se hallen, cuantos blancos sean posibles... El mismo Portugal, nuestro compaero de errores y de desgracias... convida para el Brasil a los blancos extranjeros, y promete tolerar sus principios religiosos. Nosotros, seor, toleramos y hemos tolerado siempre que vengan negros infieles, e infieles se mueren muchos, y no podemos sufrir que vengan blancos catlicos, como no sean espaoles. Dispensamos la cuaresma slo por quitar a los ingleses la ganancia del bacalao que consumamos en ella, y mayores intereses no nos permiten tener menores condescendencias. ”Todas las naciones sabias nos estn haciendo ver que deben principalmente su casi increble engrandecimiento al empeo con que

PAGE 246

OBRAS 240\ 240\ 240\ 240\ 240\ atraen a su masa nacional e identifican en ella las personas, capitales y saber de otros pases, y nosotros, aun cuando vemos el nuestro en tal mortal flaqueza, alejamos todava estas adquisiciones con las armas de la ley y de la religin. Vemos crecer, no a palmos, sino a toesas, en el vecino septentrin de este mundo un coloso que se ha hecho de todas castas y lenguas, que amenaza ya tragarse, sino nuestra Amrica entera, al menos la parte del Norte; y en vez de tratar de darle fuerzas morales y fsicas, y la voluntad que es precisa para resistir tal combate; en vez de adoptar el nico medio que tenemos de escapar, que es el crecer a la par de ese gigante, tomando su mismo alimento, seguimos en la idolatra de los errados principios que causan nuestra languidez, y creemos conjurar la terrible tempestad quitando los ojos de ella, queriendo que todos los quiten, y llegando en esta parte hasta el extremo de or, si no con indignacin, al menos con desabrimiento, a los buenos espaoles que interesados cordialmente en la gloria de su origen y el bien de su nacin, han solido alguna vez hablar con tmidas frases de nuestra ceguedad imperdonable, de nuestro riesgo inmediato, y de su remedio nico”.5 En su odio a la colonizacin de extranjeros cit contra ella los disturbios del Alto y Bajo Canad ocasionados por la diversidad de razas. Impugn esta cita, y entre mis pruebas insert un prrafo del historiador Montgomery. El autor del informe me reconviene speramente por haber faltado al buen tacto que de mi prudencia deba esperarse, citando un pasaje que es cabalmente la stira ms punzante contra la lealtad de las antiguas colonias espaolas ¡Cuntas cosas pudiera yo decir al seor Queipo sobre este particular! Pero entre tantas, slo le dir: 1 que el prrafo a que se refiere no lo cit como prueba de lealtad sino de la no existencia de rivalidad entre razas, pues mal poda yo invocar en apoyo de lealtad el ejemplo de una colonia, que segn indiqu en mi Carta haba hecho en 1839 una tentativa armada por declararse independiente. 2 Que aun cuando as fuese, como yo no pertenezco a Mjico ni a ninguno de los pases espaoles que se han emancipado, sino a Cuba, que en medio de tantas vicisitudes se ha mantenido siempre fiel, nada arguye contra ella la stira punzante del seor Queipo. Lo particular es, que entre tantos tajos y reveses como tira Su Seora, pegando con medio 5Al pie de esta representacin se leen las firmas siguientes: Casimiro de la Madrid, Andrs de Zayas, Agustn Ibarra, director de la Sociedad Patritica, el conde de Santa Mara de Loreto, prior del Consulado. Francisco de Arango, el conde de Casa-Montalvo. El conde de Oreilly. El marqus Crdenas de Monte-Hermoso. El conde de Casa-Bayona. Ciriaco de Arango. Jos Mara Escobar. Jos Mara Xenes. Luis Ignacio Caballero. Joaqun de Herrera. Luis Hidalgo Gato. Francisco de Isla. Doctor Toms Romay. Rafael Gonzlez. Francisco Hernndez. Juan Jos de Iguarran, sndico procurador general. Gonzalo de Herrera. Jos Melchor Valds. Jos Nicols Arratez Peralta.

PAGE 247

JOS ANTONIO SACO /241 /241 /241 /241 /241 mundo, no pega con quien debe pegar, con los argumentos de mi Carta en la parte relativa al Canad. 3 Que hombres de ms alta categora y mucho ms autorizados que el seor Queipo a los ojos de la nacin y del Gobierno espaol, tiempo ha que temieron la independencia de las colonias del continente no por los innobles motivos de ingratitud y deslealtad a que la atribuye el seor Queipo, sino por causas justas y necesarias a la vida poltica de los pueblos. Don Manuel de Lyra, ministro de Estado en el reinado de Carlos II, habl as en una Memoria que elev a este monarca.6 “He ledo con toda la reflexin posible los votos de los ministros de la Junta, y veo que todos convienen en que los desrdenes de las Indias son la verdadera causa de los nuestros, y que todos dimanan de la poca integridad de los ministros que V.M. emplea en aquellos dominios tan distantes de nuestro continente. ”Yo no s, Seor, si los desrdenes de las Indias son ms bien efecto de los nuestros. V.M. sabe por las relaciones que vienen de aquellos dominios, y particularmente la del marqus de Mancera, que todos los virreyes que parten a Nueva-Espaa y al Per han enviado las informaciones hechas contra sus predecesores, y los autores de malversaciones fraudes y tiranas sin que jams el Consejo de Indias se haya ocupado seriamente en buscar un remedio conforme a las leyes y reglamentos hechos por los gloriosos progenitores de V.M.” Con tan poca integridad en los ministros empleados por el Rey en aquellos dominios; con tantas malversaciones fraudes y tiranas qu extrao es, que odiando las colonias del continente la dominacin espaola hubiesen sacudido el yugo de la dependencia el da que se les present una ocasin favorable? An entra ms en la cuestin el clebre conde Aranda en el dictamen que dio a Carlos III sobre la independencia de los Estados Unidos de Norteamrica, despus de haber hecho en Pars el tratado de paz de 1783. “Dejo aparte el dictamen de algunos polticos, tanto nacionales como extranjeros, en que han dicho que el dominio espaol en las Amricas no puede ser duradero, fundados en que las posesiones tan distantes de su metrpoli, jams se han conservado largo tiempo. En el de aquellas colonias ocurren an mayores motivos, a saber: la dificultad de socorrerlas desde Europa cuando la necesidad lo exige; el gobierno temporal de virreyes y gobernadores, que la mayor parte van con el nico objeto de enriquecerse; las injusticias que algunos hacen a aquellos infelices habitantes; la distancia de la soberana y del tribunal supremo donde han 6Esta Memoria se imprimi en Madrid en el tomo IV de la Biblioteca Espaola Econmico Poltica, por don Juan Sempere y Guarinos.

PAGE 248

OBRAS 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ de acudir a exponer sus quejas; los aos que se pasan sin obtener resolucin; las vejaciones y venganzas que mientras tanto experimentan de aquellos jefes; la dificultad de descubrir la verdad a tan larga distancia: y el influjo que dichos jefes tienen, no solamente en el pas con motivo de su mando, sino tambin en Espaa, de donde son naturales: todas estas circunstancias, si bien se mira, contribuyen a que aquellos naturales no estn contentos, y que aspiren a la independencia siempre que se les presente ocasin favorable”.EMPLEOS A LOS CUBANOSSi al tratar el seor Queipo en su informe de la provisin de empleos en Cuba, se hubiera expresado en los mismos trminos que en su Contestacin de seguro que yo no me habra contrado a este asunto. Mis observaciones nacieron de su propio lenguaje y de la tendencia anticubana de sus ideas, las cuales, en sentir de todos los que han ledo el informe, se dirigan a excluir a los ultramarinos de los empleos de Amrica. Supone que he tergiversado sus palabras, puesto que l, segn nos dice, se encerr dentro de los lmites de la ley 17 tt. 2 libro 3 de la Recopilacin de Indias Para probar que sali de ellos, compar las expresiones de su informe con las de la ley. Dice aqul a la pgina 171: “Si las leyes, as de Castilla como de las Indias, han dispuesto con tanto acierto que aun para los negocios civiles no pudiesen ser provistos en plazas de justicia los naturales de los pueblos y distritos en que las ejercen...”. Ntese bien, que segn estas ltimas palabras del seor Queipo, la prohibicin comprende, no slo a los naturales de los pueblos sino tambin a los naturales de los distritos Veamos ahora si la ley 17 justifica esta interpretacin. “Mandamos, dice, que en ningn caso sean provedos en corregimientos, alcaldas mayores y otros oficios de administracin de justicia de las ciudades y pueblos de las Indias, los naturales y vecinos de ellos...”. Aparece, pues, que la ley habla de ciudades y pueblos y el seor Queipo de pueblos y distritos Pero un distrito es lo mismo que una ciudad o un pueblo ? No tiene en el sentido vulgar y legal una acepcin mucho ms lata que la de ciudad o pueblo, pues que muchos de stos constituyen aqul? Cuba est hoy dividida en dos audiencias o distritos judiciales. Antes del establecimiento de la de La Habana, toda la Isla formaba un solo distrito; y hasta 1800, el de la Audiencia de Santo Domingo se extendi a Cuba y Puerto Rico. Hubo un tiempo en que provincias enteras componan un solo distrito judicial, y srvanos de ejemplo el de la misma Audiencia de Santo Domingo, pues no slo comprenda a las cuatro grandes Antillas, sino a la provincia de Venezuela, Ro de la Hacha y cabo de la Vela. Mas, el seor Queipo, a

PAGE 249

JOS ANTONIO SACO /243 /243 /243 /243 /243 pesar de haber tomado en su informe pueblos y ciudades por distritos niega que violent el sentido de la ley 17 del Cdigo de Indias, y me acusa de haber tergiversado sus palabras. Y quin que haya ledo mi Carta habr encontrado ni aun el ms remoto vestigio de que yo pretendo, como supone el seor Queipo, que los cubanos, los tristes hijos de una colonia, ocupen todos los empleos de las 49 provincias de su metrpoli? Hay cosas que de puro extravagantes no merecen refutarse. Ni refutar tampoco los vehementes deseos del seor Fiscal, para que en la provisin de empleos entre peninsulares y cubanos haya perfecto equilibrio. Obras son amores y que no buenas razones dice el proverbio espaol. Tengo por romnticos los tales deseos, y aunque en literatura me gusta un poco el romanticismo en poltica no lo admito. En la pgina 10, prrafo 2 de la Contestacin tropiezo con estas palabras: “No confundo la inmensa mayora leal y pacfica de Cuba con la insignificante minora turbulenta. Creo que el gobierno debe amar y proteger la primera, pero tambin contener y prevenir los deseos de la segunda”. Mirar yo los dos infinitivos contener y prevenir como una excitacin al gobierno para que tome alguna medida violenta contra m? Se desea que en Cuba me levanten alguna calumnia, y que so pretexto de independencia, me arrastren hasta all, y me hagan expiar en un horrible calabozo el crimen de haber combatido los errores de un empleado? Sin conocer ni de vista al seor Queipo, no puedo atribuirle tan villanos sentimientos; pero como las expresiones que ha soltado, son susceptibles de muy varia interpretacin, desde ahora las recojo y las tendr siempre presentes.PLAN DE EMANCIPACI"N Impugn en la pgina 56 de mi Carta el plan de emancipacin propuesto en el informe: 1 Porque pone exclusivamente a cargo del amo y del esclavo los gastos de ella, sin que el Estado tome parte alguna en asunto tan importante. Se me contesta, que aun cuando aqul la costease, no por eso dejaran de pagarla los habitantes, puesto que las retribuciones de stos son las que forman el tesoro pblico. Aunque esto ltimo es cierto, no lo es lo primero, porque cuando paga el Estado, lo hace con el producto de las contribuciones de todo el pueblo; pero cuando slo pagan el amo y el esclavo, entonces el gravamen recae exclusivamente sobre estas dos clases, quedando libres las dems. 2 Porque segn las medidas propuestas en el informe, los amos tendran que soportar dos quebrantos: Uno, con la disminucin del precio de los esclavos; y otro, con la progresiva contribucin que se les impone; quebrantos tantos ms grandes, cuanto aquella contribucin

PAGE 250

OBRAS 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ ir aumentando, al paso que el capital o valor del esclavo vaya disminuyendo; siendo as que segn todas las reglas de equidad y justicia, o no debiera cobrrseles el impuesto, o por lo menos disminurseles. Y para calcular, aada yo, la magnitud de estos perjuicios, debe recordarse que el seor Queipo ha prometido y asegurado a los hacendados en su informe, que los esclavos han de aumentar; de suerte, que toda la ventaja que con esto se les ofrece, se les convierte despus en un dao enorme, porque tendrn ms contribuciones que pagar, y ms capitales que perder. Pero a todo esto, qu ha replicado el seor Queipo? Nada, absolutamente nada. 3 Porque la comparacin histrica que hace con la emancipacin de los esclavos de la Antigedad, no es aplicable a los tiempos modernos. Pero a las razones que expuse, manifestando esta diferencia, ni una palabra responde. Resulta, pues, que de las tres objeciones que le hice, slo contesta malamente a la primera. Entre todas las cosas que contiene la Contestacin del seor Queipo, hay una que debe llamar la atencin. En Amrica, es tctica muy antigua de acusar de independiente, no slo a aquel contra quien haya la ms leve sospecha, sino hasta a los hombres que nunca han soado serlo; y de esta tacha no se escaparon ni aun los nombres inmortales de Coln y Corts. Como estamos en un siglo de progreso, ha debido aumentarse en Cuba el catlogo de las acusaciones; y hase enriquecido ltimamente con las de abolicionista y anexionista; o sea, partidarios de la reunin de ella a los Estados norteamericanos. Por supuesto que yo he cargado con todas tres; y con ms cargara, si ms captulos de acusacin hubiese. El seor Queipo, sin embargo, aunque me imputa los crmenes de insurgente y anexionista no me acusa de abolicionista En qu consiste esta anomala? Ser porque ya me ha acusado enemigo capital de la raza negra? Nada de eso. La verdadera razn estriba en que l se ha figurado que ambos somos hermanos de una misma cofrada o como se dice vulgarmente, lobos de una camada Si en alguno de mis escritos hubiese aparecido alguna vez aun la centsima parte de lo que se ha publicado en el informe sobre emancipacin de esclavos, qu estruendo no habran causado mis palabras? Qu inculpaciones tan terribles no me habra hecho el seor Queipo, pintndome como un demonio lanzado de los infiernos para trastornar los fundamentos de la sociedad cubana? A mi vez, yo pudiera aprovecharme de las circunstancias, y trazando un cuadro espantoso de la revolucin sangrienta que pudieran provocar las ideas consignadas en el informe, presentara a su autor como el corifeo peligroso que pregona en Cuba los principios alarmantes de la emancipacin. Pero no lo hago, ni lo har, porque quiero dar, tanto a l como a otros muchos, una leccin de liberalismo y verdadera tolerancia.

PAGE 251

JOS ANTONIO SACO /245 /245 /245 /245 /245EDUCACI"N PRIMARIA EN CUBACalific el seor Queipo de liberalidad sin ejemplo la simple promesa que hizo el gobierno de costear de sus propios fondos la educacin primaria donde escasean los recursos de los pueblos. A mis breves observaciones, replica “que el seor Saco, sin querer entrar en el fondo del artculo Educacin pblica ; esto es, sin ocuparse de lo que real y verdaderamente poda ser til a la Isla”. Es muy notable el empeo del seor Queipo en intercalar o truncar mis palabras. Yo escrib: “ sin entrar en el fondo ”; y l me pone “ sin querer entrar ”. Esta cua querer altera el sentido de la frase, pues parece que si no entr en el examen del artculo, fue slo por voluntad, cuando el motivo verdadero naci de un principio lgico, pues no deba consagrarme en un papel de la naturaleza de mi Carta a discutir bajo todas sus fases y punto por punto con los apndices del informe del plan general de estudios de la isla de Cuba. Numerosos ejemplos de grandes aberraciones me ha presentado el seor Fiscal en su libro; pero confieso que no he podido imitirle, porque mi conciencia lgica no es tan ancha como la suya. A mis palabras “si fuera cierta esa liberalidad sin ejemplo, la educacin primaria de nuestro pas” les puso el seor Queipo la siguiente glosa: “entiendo quiso decir pas o provincia pues patria por ahora no puede ser otra que Espaa”. Enmindame aqu la plana, y llvame muy a mal que a Cuba hubiese llamado patria Pero flaca memoria tiene el enmendador, pues l mismo, aludiendo a m, y hablando de los abusos del foro en Cuba, usa del siguiente lenguaje en la pgina 4 de su Contestacin : “Y quien que no haya estado muchos aos ausente de su patria ”. Vese, pues, claramente que el seor Queipo da tambin a Cuba el nombre de patria y fuerza es decir a mi buen maestro, que antes de ensear la leccin, es menester que la aprenda. Y mi patria es Cuba, y a Cuba llamar mi patria porque patria es aquella tierra donde el hombre nace y tiene sus afectos. Mas adelante prosigue: “Yo no dir que est en un buen estado la educacin primaria de Cuba, pero no es mejor tampoco el que tiene en la metrpoli, y digo ms, que la que hay hoy gratuitamente en la primera, se debe exclusivamente a la generosidad del Gobierno l es el que ha dotado la Sociedad Econmica con los fondos que destina a este objeto; y l es tambin el que por su cuenta dot las escuelas gratuitas de Regla y de la importante ciudad de Matanzas. stos son hechos, y no promesas Pero hay ms: la disposicin del Gobierno, a que llama promesa el seor Saco, no tiene, he dicho y repito, ejemplo. En Francia, en Inglaterra, en Alemania, en la Holanda y en la Blgica cuyas escuelas he recorrido en gran parte, no he visto que la educacin primaria estuviese costeada por el Gobierno; hay s muchos ciudadanos celosos que la

PAGE 252

OBRAS 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ costean de su cuenta; y por cierto que esto no es muy comn en la isla de Cuba. De los 5 607 nios que reciben la educacin primaria en la provincia oriental,7 los 2/7 o el 28 % los costea hoy la Real Hacienda, unos directamente, y otros por medio de los fondos entregados para este objeto a la Sociedad Econmica. Pues, esto es lo que no tiene lugar ni en la metrpoli, ni en ningn otro pas del mundo ; y por eso, aun prescindiendo de la ampliacin ltimamente acordada, digo y repito que la liberalidad del Supremo Gobierno para con la isla de Cuba no tiene ejemplo en esta parte”.8 Toda la sustancia de este prrafo se puede reducir a dos proposiciones. Primera. La educacin primaria que hay hoy gratuitamente en Cuba se debe exclusivamente a la generosidad del gobierno. Para probar esta proposicin, fndase su autor en tres razones, siendo la primera, que el gobierno es quien ha dotado la Sociedad Econmica con los fondos que ella destina a aquel objeto. Adems de que estos fondos han sido siempre tan mezquinos, que slo importan 11 o 12 000 pesos al ao, no es exacto decir que todos se deben al gobierno. Dervase una serie de ellos de la cuota de 25 pesos que cada socio paga a su entrada en la Sociedad; de la pensin mensual con que ellos siguen contribuyendo, y de 2 000 pesos que recibe anualmente del redactor del Diario de la Habana peridico que es propiedad de aquella corporacin. No siendo, pues, los recursos de la Sociedad Econmica suministrados exclusivamente por el gobierno, es claro que la educacin primaria gratuita que ella proporciona, tampoco est exclusivamente costeada por el gobierno. Aun admitiendo que todos los fondos de aquella corporacin procediesen del gobierno, sera menester, para que fuese exacto lo que con tanto nfasis se sostiene, que al mismo tiempo se hubiese presentado la prueba colateral de que en toda la isla de Cuba no hay ms educacin primaria gratuita que la que da la Sociedad Econmica ; porque bien pudiera suceder, como realmente sucede, que la diesen otros que no son ella. Dase por segunda razn, que el gobierno dot tambin por su cuenta las escuelas gratuitas de Regla y de Matanzas. Y por ventura se llega con esto al resultado que se busca? Se pretende que en una Isla que cuenta hoy ms de 220 poblaciones, la educacin primaria gratuita de toda ella depende exclusivamente del gobierno tan slo porque ste 7Se equivoc. Debi haber dicho Occidental 8Cuando el seor Queipo escribi su informe, la Sociedad Econmica estaba encargada de la educacin primaria. Sobre este punto se han hecho recientemente algunas alteraciones: pero como l prescinde de ellas en su Contestacin y considera las cosas como si se hallasen en el mismo estado que antes, es preciso que yo le siga en este terreno para combatirle. Hablar, pues, de la Sociedad, como si no se hubiese hecho ninguna innovacin.

PAGE 253

JOS ANTONIO SACO /247 /247 /247 /247 /247 la paga escasamente en tales o cuales puntos? Pero es la verdad, que ni aun en Matanzas, todo lo gratuito se debe al gobierno, pues de las tablas estadsticas sobre la educacin primaria de Cuba en 1844, publicadas por el mismo seor Queipo en el apndice 20 de su informe, aparece que los directores de las escuelas de aquella ciudad, no costeadas por el gobierno ni por la Sociedad Econmica, instruyen gratuitamente un nmero considerable de nios pobres. La tercera razn consiste en que de los 5 607 nios que reciben la educacin primaria en la provincia Occidental, los 1 602 los costea hoy la Real Hacienda, unos directamente, y otros por medios de los fondos entregados a la Sociedad Econmica. Pero de que el gobierno pague en la provincia Occidental la educacin primaria de 1 602 nios, se infiere que l la costea exclusivamente en toda Cuba? No emana aun en esa misma provincias de otras fuentes, que aunque pobres, anuncian que algn da podrn fertilizar el rido campo de donde brotan? Cinco mil seiscientos siete nios es el total que se educa en la regin occidental. De este nmero 1 602 reciben educacin a expensas del gobierno segn el seor Queipo. Las familias costean la de 3 363; quin, pues, paga la de los 642 que faltan para el completo de los 5 607? Pganla los ayuntamientos de aquellos pueblos, las fundaciones piadosas y suscripciones voluntarias de algunos vecinos, y la generosidad de los directores de algunas escuelas, quienes de los 642 nios ensean gratuitamente 439. sta es la gran verdad que resalta del estado general de la educacin primaria en la provincia Occidental; verdad que demuestra del modo ms patente, que la educacin gratuita que hay en Cuba no se debe exclusivamente al gobierno. Pero de los 1 602 nios del seor Queipo todava tenemos algo que decir, y algo que rebajar. Algo que decir, porque los 365 cuya educacin costeaba en La Habana la Real Hacienda, todos pertenecen a la escuela gratuita que estaba anexa al convento de Beln, y de cuyos fondos se sostena. Como stos, que eran considerables, han pasado con la extincin de aqul a la Real Hacienda, la escuela que cuenta ya casi centuria y media de fundacin, y en la que se educaban centenares de nios pobres, esta escuela no poda cerrarse para tantos infelices sin un escndalo pblico. Es, pues, innegable, que sin la reciente supresin de aquel convento, las cosas habran continuado como estaban, y parte de la gloria que el seor Queipo adjudica hoy al gobierno, sera de los religiosos belemitas. Empero, no se crea que dejo de agradecer la conservacin de la escuela de Beln. Pudo ella haber sido suprimida con el convento, y pues no se hizo, me complazco en publicar el mrito de esta buena accin, que por laudable que sea, jams dir yo como el seor Queipo que nace de un principio de generosidad El gobierno recibe del pueblo cubano enormes contribuciones, y al destinar una mnima e insignifi-

PAGE 254

OBRAS 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ cante parte de ellas a la educacin de algunos nios desgraciados, no ejerce un acto de generosidad sino que cumple con un deber sagrado que le imponen la religin y la sociedad. Lo que tengo que rebajar es, que entre los 1 602 nios que supone el seor Queipo reciban su educacin en 1844 a expensas del gobierno, se cuentan los 822 que costeaba la Sociedad Econmica, y de stos hay que reducir algunos centenares, pues segn he probado ya, una parte de los fondos de aquella corporacin proviene de varias entradas que no dependen del gobierno. Hechas estas observaciones, venimos a concluir, en que ni la educacin primaria gratuita que hay hoy en Cuba se debe exclusivamente al gobierno, ni que la que le atribuye el seor Queipo es de 2/7 o 1 602 nios, sino de un nmero mucho menor. Segunda proposicin. Lo que hace el gobierno por la educacin primaria de Cuba, no tiene ejemplo en ningn pas del mundo ; es decir, que ningn otro gobierno la costea en poco ni en mucho. Y cmo pruebe el seor Queipo proposicin tan atrevida? Asegurando que en sus viajes por Francia, Blgica, Inglaterra, Holanda y Alemania, cuyas escuelas ha recorrido en gran parte, no ha visto que la educacin primaria estuviese costeada por el gobierno. Muy pequeo es a la verdad el diccionario geogrfico del seor Queipo; y si en alguno de los pocos pases que contiene, no pudo ver lo que otros han visto, desgraciadamente estara muy enfermo de los ojos. A no escribir en Espaa, donde hay tanta falta de datos en punto a educacin primaria, yo podra enriquecer mi papel dndole en esta parte ms novedad e inters. Pero aun con esta desventaja creo que lo que dir, ser bastante para demostrar completamente los errores del seor Queipo. Si en Blgica est la educacin primaria costeada exclusivamente por los particulares, qu significa el artculo 17 de la Constitucin belga, sancionada en 7 de febrero de 1831? Dice aqul: “La enseanza es libre... La ley determina igualmente la instruccin pblica a expensas del Estado ”. Y como la instruccin pblica abraza la secundaria y la primaria, se negar que sta depende, ya en poco, ya en mucho, del gobierno? Ni dej ste de favorecerla, aun antes de haberse separado la Blgica de la Holanda. De los documentos de aquella poca consta que el gobierno dio subsidios en 1817 para plantar nuevas escuelas y mejorar las existentes en muchos pueblos. En 1818 gast 50 000 florines en 11 escuelas-modelos en las provincias meridionales; y de 1817 a 1828 se fundaron y reformaron 1 146 escuelas y 668 habitaciones o locales, no slo con los fondos de los pueblos y provincias, sino tambin con los del gobierno. En Francia dispuso la ley de 13 de septiembre de 1791, que el Estado costease la instruccin elemental de todos los franceses. La limitada extensin de esta ley y las convulsiones que agitaron la Francia, impi-

PAGE 255

JOS ANTONIO SACO /249 /249 /249 /249 /249 dieron su ejecucin. Sin detenernos en la historia de la enseanza primaria del pueblo francs, basta para convencernos de que una parte de ella es costeada por el gobierno, citar el artculo 8 ttulo 3 de la ley de 28 de junio de 1833, que dice: “Las escuelas primarias pblicas son aquellas que mantienen en todo o en parte los comunes, los departamentos o el Estado ”. Y si acaso hubiere todava algn incrdulo, consulte los reales decretos de 16 de julio de 1833 y 23 de junio de 1836, o lea cualquiera de los presupuestos que vota anualmente la Cmara francesa, pues en ellos encontrar una partida de algunos millones de francos consagrada especialmente al santo fin de la instruccin primaria. Casualmente tengo a la vista el que acaba de discutirse para 1848, y en l leo que las rentas generales de la nacin contribuirn con 2 400 000 francos. Sin contar con 4 235 000 que han de salir de los fondos departamentales, ni con 550 000 destinados sobre recursos especiales para las escuelas normales primarias. En Lombardia no recibi la instruccin primaria un impulso vigoroso hasta 1822. En 1832, el nmero de nios de 7 a 12 aos que asistan a las escuelas, era casi de 200 000. Ignoro lo que cuestan al Gobierno austraco en estos ltimos aos; pero en los anteriores costeaba las dos terceras partes de aquellas escuelas, y para sostenerlas, inverta anualmente por trmino medio 2 550 000 libras de Austria, que son muchos ms de 200 000 pesos fuertes. En Holanda, las escuelas primarias son de cuatro especies; a saber, inferiores; gratuitas para los pobres; intermediarias; y francesas, as llamadas porque en ellas se ensea el francs. El seor Queipo que viaj por aquella nacin, pudo haber observado que las escuelas gratuitas para los pobres se sostienen en parte con los fondos de una caja pblica del Estado, lo mismo que la escuela normal primaria de Harlem, una de las dos que existen en Holanda. El Gobierno prusiano ampliando despus de la paz general de 1815 la circular del gran Federico, publicada en 1 de enero de 1759, proporcion por una ley a los nios pobres que no podan asistir a las escuelas los vestidos y todos los objetos necesarios para su instruccin. Adems, las escuelas normales primarias costaron al gobierno en aos anteriores como 60 000 pesos fuertes. En Dinamarca, la mayor parte de las escuelas han sido fundadas por el gobierno; y aunque es verdad que las costean los propietarios avecindados en los pueblos donde ellas existen, tambin lo es que cuando carecen de fondos, entonces las sostiene el Estado. Pasando de Europa al continente de Amrica, vemos que los gobiernos de los Estados de la Confederacin Norteamericana derraman en la educacin primaria centenares de miles de pesos. Y tan brillante ha estado desde aos anteriores, y tanto dinero se ha consumido en ella, que no

PAGE 256

OBRAS 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ puedo menos de recordar lo que ya era en el Estado de Nueva York en 1829. Haba 8872 escuelas; frecuentbanlas 480 000 nios; y como toda la poblacin era entonces de milln y medio; llegamos al resultado admirable que casi la tercera parte de sus habitantes se hallaba en las escuelas. Las rentas que la legislatura de aquel Estado consagr a la educacin de los pobres en dicho ao, subieron a 214 840 pesos fuertes. Y no se diga que Nueva York es el Estado ms populoso ni ms rico de la Unin. Ah est el de Maine, que desde 1830, con slo 380 000 personas, tena 2 499 escuelas, educaba en ellas 137 931 nios y adultos, e inverta para sostenerlas 137 878 pesos fuertes. Si del septentrin saltamos al medioda, veremos que en 1843 el gobierno de la Repblica de Chile gast en la instruccin pblica, o sea, primaria y secundaria, la suma de 37 695 pesos fuertes; y en 1844, la de 96 326, siendo de advertir que todas sus rentas slo llegaron a 5 200 134. Pero dejemos ya las naciones independientes, y vengamos a considerar los pueblos que son colonias lo mismo que Cuba. En la capital de cada una de las islas Jnicas, hay una escuela primaria central costeada exclusivamente por el gobierno. Hay adems en cada isla otras escuelas en que l hace tambin los gastos de libros, pizarras, bancos, etc., y aun en algunas proporciona local. En Malta hay dos escuelas centrales en que se ensean gratuitamente ms de 1 000 nios y nias, y casi todos los gastos recaen sobre el gobierno. Segn datos oficiales, la isla de Ceiln tena en aos pasados 1 055 escuelas, y de este nmero costeaba 100 el Gobierno ingls. El de la colonia britnica, llamada Nueva Gales del Sur, invirti en 1833 ms de 36 000 pesos fuertes en la educacin primaria, siendo as que sus rentas en aquel ao slo fueron 800 000 pesos. En la isla de Van Diemen, o Tasmania, el gobierno colonial tambin costea parte de la educacin primaria. El de Jamaica sostiene algunas escuelas, y aos ha habido que ha empleado en ellas la cantidad de casi 50 000 duros; o sea, ms de la dcima parte de sus rentas. Al describir un historiador ingls el estado de varias escuelas en las Barbadas, se expresa as: “Y se han abierto otras ms por el obispo a expensas del Gobierno”. Hasta en el islote de San Cristbal, cuya rea no contiene 25 leguas, y cuando su poblacin blanca apenas era de 1 600 personas, y sus escasas rentas no llegaban a 7 000 libras esterlinas, el gobierno favoreca la enseanzas primaria. “Hay tambin [dice el autor citado] una institucin para alivio y educacin de los nios pobres y desvalidos, que se estableci por suscripcin particular en 1803 y ahora est sostenida por el tesoro pblico de la isla ”.

PAGE 257

JOS ANTONIO SACO /251 /251 /251 /251 /251 En el Bajo Canad es envidiable el estado de la educacin primaria, y a l contribuyen en gran parte los fondos pblicos de la colonia. Siento carecer de datos recientes, pero atrasados e incompletos como son, sirven mucho para el fin que me propongo. Presntolos, pues, en la siguiente tabla que he formado. Nmero deNmeros Cantidades invertidas en Aosescuelasde nios la educacin primaria ————————————————————— 1829. .18 4106 439libras esterlinas 183098141 79118 088 18311 21645 20317 317 18321 305. .23 324 1833. .. .24 000 De aqu resulta: 1 Que en los cincos aos anteriores el tesoro pblico del Bajo Canad gast en la instruccin primaria 89 168 libras esterlinas. 2 Que habindose invertido 24 000 libras en 1833, y llegado las rentas de la colonia en aquel ao a 200 000 libras, el gobierno emple en la educacin primaria casi la octava parte de dichas rentas. 3 Que como en 1831 hubiese en las escuelas 45 203 nios y la poblacin del Bajo Canad ascendiese, segn el censo de aquel ao, a 496 485 personas, es claro que la proporcin entre los nios que se educan y la poblacin total es casi de 1 en 12.9¡Qu contraste tan humillante entre estos resultados y los tristsimos que nos ofrece la isla de Cuba! En 1836 contaba ella una poblacin libre de 500 000 almas, y de todos los nios de 5 a 15 aos slo asistan a las escuelas 9 000 quedando absolutamente sin ninguna instruccin ms de 90 000 Ocho aos han corrido, y la provincia Occidental, que es la ms rica y ms populosa de aquella Isla, no enviaba a las escuelas en 1844 sino 5 607 nios cuando el total de ellos en la misma provincia, sin contar con los esclavos, lleg a 6 000 Y esto sucede en una Isla cuyas rentas suben a tantos millones de pesos fuertes, y que en ao comn dispone con el nombre de sobrantes de 60 000 000 de reales a favor de su metrpoli 9En 1853, haba en el Bajo Canad 2 352 escuelas, y 108 284 alumnos. El gobierno invirti en su educacin 45 823 libras esterlinas. En ese mismo ao gast el Alto Canad 55 512 libras esterlinas, habiendo ascendido sus escuelas a 3 127, y el de los discpulos a 194 736. De aqu aparece, que en 1853, el Alto y Bajo Canad contaban 5 479 escuelas, y 303 020 alumnos, habiendo empleado el gobierno por su parte, en la educacin de ellos, 101 335 libras esterlinas.

PAGE 258

OBRAS 252\ 252\ 252\ 252\ 252\INVERSI"N DE LAS CONTRIBUCIONES DE CUBA “Pero el seor Saco, contina el seor Queipo, quisiera que Espaa invirtiese en Cuba aun los sobrantes que enva a la Pennsula, y que yo regulo en 3 000 000 de pesos anuales en los 12 aos precedentes, sin tener en cuenta que todas las provincias, adems de sus gastos locales, contribuyen para los generales de la nacin con gruesas sumas, y que no es la isla de Cuba la que en mayor proporcin lo hace, supuesto que Galicia, incomparablemente ms pobre que ella, contribuye con cerca de 5 000 000, de los cuales dos a lo menos son sobrantes, que se invierten fuera de la provincia. Entindalo as el seor Saco y sepa que mi conciencia y mi ilustracin, a cuyos jueces apela, no me dicen otra cosa que lo que acabo de manifestar”. No he pretendido en mi Carta que se gasten en Cuba todos los sobrantes de sus cajas: lo nico que dije fue, que si de los 36 millones de pesos fuertes enviados a la Pennsula en los 12 aos que terminaron en 1844, se hubiesen empleado en la educacin primaria aun slo seis, sta no ofrecera hoy el triste cuadro que con harta razn deplora el mismo seor Queipo. De esto, a invertirse en Cuba todos los 36 000 000 hay una enorme diferencia. Pero es cierto que tales cantidades merecen el nombre de sobrantes? Y pues que el seor Queipo me cit un prrafo, aunque mutilado, de mi Paralelo yo voy ahora a citarle otro del mismo papel. “Pero tan inmensos sacrificios no los aprecia ni reconoce la misma mano que los exige, y para adormecer a los cubanos y hacerles menos sensibles sus profundas heridas, plumas... se afanan en publicar que todo el dinero que de Cuba viene a Espaa, es el sobrante de sus riquezas. Y sobrante puede llamarse lo que aquella Isla reclama imperiosamente para satisfacer sus necesidades? Sobrante puede decirse lo que sagradamente debiera emplearse en la ereccin de escuelas e institutos literarios, en la construccin de caminos, puentes y canales, en el fomento de la poblacin blanca, y en la proteccin de tantas y tantas cosas como a gritos est pidiendo esa Antilla abandonada? Afirmar que en Cuba hay sobrantes es lo mismo que decir que tambin los tiene un hombre a quien se deja hambriento y desnudo por habrsele quitado el dinero que necesita para alimentarse y vestirse”. Que as como todas las provincias de la Pennsula, despus de cubrir sus gastos locales contribuyen para los generales de la nacin con gruesas sumas, Cuba debe hacer tambin lo mismo, es un pernicioso sofisma. La igualdad que aqu se invoca, no es ms que aparente; y tanto en el hecho como en el derecho Cuba queda inmensamente perjudicada. En el hecho porque sin contar ms de 1 400 000 pesos fuertes que le cost la marina en el ao pasado; sin contar casi 3 millones de duros a

PAGE 259

JOS ANTONIO SACO /253 /253 /253 /253 /253 que ascendieron los gastos del ejrcito, ni tampoco las gruesas cantidades de dinero que anualmente enva a la metrpoli, sus cajas soportan exclusivamente otras cargas que debieran ser generales a toda la nacin. En el estado de entradas y salidas de la tesorera general de La Habana en 1846, aparecen las siguientes partidas: Ps. fs.Rs. plata ——————— Por costo de las legaciones y consulados de los Estados de la Amrica, pertenecientes al presupuesto de Estado ....................................... Por la asignacin de S. M. la Reina Madre vencida desde agosto de 1845 a fin de noviembre del cor riente ao .......................................... Por cuenta de los intereses y premios de demora de la deuda que el Gobierno espaol tiene con los Estados Unidos ................................. En libranzas giradas por el ministro de S.M. en Mjico en virtud de real mandato para asuntos importantes del servicio .............................. Otras muchas partidas de consideracin que figuran en aquel estado, pudiera yo mencionar, las cuales debiendo pagarse por el tesoro de la nacin, son una carga especial de las cajas de Cuba. Pero no es esto lo peor: esto s, que los sobrantes de las provincias de la Pennsula derraman en el arca nacional, sta se lo devuelve, al menos hasta cierto punto, en las obras o establecimientos pblicos que les consagra; mientras Cuba, que es la que ms contribuye, no recibe ninguna compensacin. Supongamos que con los sobrantes de toda la Espaa europea y ultramarina se establezcan en la Pennsula telgrafos por todas partes, tendrn ya por esto los pueblos de Cuba comunicaciones telegrficas? No. Y, sin embargo, han contribuido para ellas en la Pennsula con sus 3 000 000 de pesos fuertes, siendo necesario que si las quieren en su propio suelo, las costeen de sus fondos particulares. Supongamos tambin que el tesoro nacional se invierte en dar a la Pennsula un sistema ms o menos completo de calzadas, caminos de hierro y canales, reportar Cuba alguna utilidad de ellos a pesar de haber contribuido con sus 3 000 000 de duros? Si ella aspira a gozar de las mismas ventajas, tendr que imponer a sus habitantes nuevos sacrificios; y he aqu como esta decantada igualdad no es ms que una verdadera desigualdad. Igualdad habra si la Pennsula contribuyese con los fondos peninsulares para las obras de Cuba, as como Cuba contribuye con los suyos para las de la Pennsulas; y pues que esto no se hace, es forzoso confesar que no hay igualdad; y el 57 7987 222 000 30 906 100 000

PAGE 260

OBRAS 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ no haberla, es lo que constituye esencialmente a Cuba en el estado de colonia, y a Espaa en el de metrpoli. Predicarnos otra cosa, es engaarnos con palabras. Diferencia hay tambin en el derecho porque las provincias de la Pennsula estn todas legtimamente representadas en un Congreso general. Ellas son las que por medio de sus diputados se fijan a s mismas, despus de un maduro examen, las contribuciones que han de pagar; pero sucede lo mismo respecto de Cuba? Resuena la voz de sus representantes en el saln donde se discuten los intereses nacionales? Se oyen los acentos de sus hijos congregados en una asamblea all en el seno de la patria colonial? Sin conocimiento de sus verdaderos intereses, sin su voto, sin su ms leve intervencin, sin respeto al sagrado derecho de propiedad, y sin ms luz que la que derrama el oscuro rincn de una covachuela, chanse sobre sus cabezas los ms pesados tributos, y vense tratados, no como espaoles libres o hijos de libres espaoles, sino cual pueblo brutalmente conquistado.EL GOBIERNO ESPAOL Y EL TRFICO DE ESCLAVOS Imput el autor del informe a los extranjeros y a sus gobiernos la introduccin de negros en las colonias amrico-hispanas. Preguntele con este motivo, si crea que los espaoles y su gobierno no hubiesen sido tambin partcipes de tan srdida especulacin; y como di las pruebas de la parte en que ella tomaron, supone que los acus pintndolos con los colores menos favorables. Nada por cierto ms contrario a lo que aparece en mi Carta. “Yo no inculpo dije en la pgina 16, yo no inculpo ni acuso a nadie, y en lo que voy a referir, no hago ms que ilustrar un punto histrico”. Insistiendo el seor Queipo en negar, pero sin rebatir mis pruebas, que el Gobierno espaol y sus sbditos hubiesen sido partcipe de la especulacin del trfico, se expresa as en su Contestacin “En cuanto al gobierno, rechazo desde luego tan injusta acusacin; respecto de los particulares, ni lo creo ni lo dije; pero s indiqu, y sostengo con la historia en la mano, que los extranjeros que rodeaban a Carlos V fueron los que aprovechando una indicacin de ese varn venerable, el P Las Casas indujeron a aquel Monarca a concederles la contrata o asiento de la importacin de negros, que los ingleses y aun su Gobierno lo tuvieron por ms de un siglo; que las reinas Ana e Isabel10de Inglaterra se interesaron directamente en este comercio; que nuestros monarcas, si bien lo autorizaron con el loable fin que indiqu en mi 10El seor Queipo comete aqu un anacronismo espantoso. Debi haber dicho Isabel y Ana, y no al revs, Isabel subi al trono en 1558, y Ana en 1701.

PAGE 261

JOS ANTONIO SACO /255 /255 /255 /255 /255 informe jams hicieron de su cuenta este horrible trfico; y que tampoco autorizaron a sus sbditos para hacerlo hasta 1789, a causa de las guerras sostenidas con los ingleses”. Lleg el terrible momento en que la fantasma de los negros que me persigue da y noche se aparezca tambin al seor Queipo, y le anuncie por mi boca, que pocas veces se encontrarn amontonados tantos errores como en las pocas lneas que acabo de transcribir. Pasemos a demostrarlos. PRIMER ERROR. Suponer que los extranjeros que rodeaban a Carlos V fueron los que aprovechndose de una indicacin del virtuoso Las Casas, comenzaron el trfico de esclavos, y tuvieron este monopolio por largo tiempo. Hizo el gran Las Casas la indicacin a que se le alude en 1517, y a consecuencia de ella concedi el gobierno el mismo ao al flamenco Lorenzo Garrebod, mayordomo mayor de Carlos V, el privilegio de enviar 4 000 negros a las islas de la Espaola o Santo Domingo, Puerto Rico, Cuba y Jamaica; pero mucho se engaa el seor Queipo creyendo que ste fuese el origen del trfico de esclavos en Amrica. Exista por lo menos 15 aos antes. En 1501, los Reyes Catlicos nombraron a Nicols Ovando de gobernador de la Espaola, y en las instrucciones que le dieron, le encargaron que dejase introducir en ella esclavos negros nacidos en poder de cristianos. Introdujronse en efecto; pero al ver Ovando que se fugaban a los montes y pervertan a los indios, pidi al gobierno en 1503 que prohibiese su entrada en aquella Isla. Esto no obstante, el trfico continu segn lo confirma la orden expedida en 1506, para que no se consintiesen pasar a la Espaola ningn esclavo negro levantisco, ni criado con morisco Reservando para adelante citar algunos de los muchos datos que tengo sobre esta materia, limtome por ahora a recordar, que cuando el cardenal Jimnez de Cisneros empu en 1516 las riendas del gobierno en calidad de regente del reino, mand suspender la entrada de negros esclavos en Indias, y no por miras filantrpicas, como han credo algunos equivocadamente, sino por el inters de la Real Hacienda. Ni para aqu el error del seor Queipo: extindese tambin a la falsa importancia que da a la contrata celebrada con los extranjeros que rodeaban a Carlos V. El flamenco Garrebod vendi a unos genoveses el privilegio que se le haba concedido en 1517. De aqu naci el primer asiento, asiento que adems de haberse limitado a slo ocho aos y al nmero de 4 000 negros, fue casi nulo en sus efectos, porque ansiosos los empresarios de sacar grande utilidad sin armar expediciones, trataron de vender a un alto precio las licencias para llevar negros; y como hubiese muy pocos compradores, fue, por consiguiente, muy corto el nmero de esclavos introducidos. Ajustse nuevo asiento con unos alemanes en 1528 para

PAGE 262

OBRAS 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ importar en Amrica otros 4 000 negros. Llevronse algunos; pero la contrata ces, y no hubo otra hasta despus de algunos aos. De la narracin sencilla de estos hechos aparece que el comercio de negros en Amrica no empez con la indicacin de Casas, ni con los extranjeros que rodeaban a Carlos V, y que la contrata o asiento que ellos obtuvieron de este monarca, tampoco tuvo la duracin e importancia que el seor Queipo le da. SEGUNDO ERROR. Negar que el gobierno ha sido partcipe de la srdida especulacin de la trata. Habr quien niegue, que vender licencias para introducir esclavos en un pas y cobrar tributos por los introducidos, es participar de la especulacin del trfico? Pues ved aqu lo que hizo el Gobierno espaol; y como el seor Queipo se resiste a creer las aserciones de mi Carta invocar el testimonio de los historiadores y documentos nacionales. Aun no haba descubierto Coln el Nuevo Mundo, cuando ya los reyes de Castilla exigan contribuciones por los esclavos que a Espaa venan. Ortiz de Ziga en sus Anales eclesisticos y seculares de Sevilla libro 12, prrafo 10, ao de 1474, dice: “Haba aos que desde los puertos de Andaluca se frecuentaba navegacin a las costa de frica y Guinea ,11 de donde se traan esclavos negros de que ya abundaba esta ciudad, y que a la Real Hacienda provenan de los quintos considerables tiles ”. La reina Isabel en la cdula expedida en Valladolid a 19 de agosto de 1475, habla as: “Bien sabedes o debedes saber que los reyes de gloriosa memoria mis progenitores, de donde yo vengo, siempre tovieron la conquista de las partes de frica e Guinea e llevaron el quinto de todas las mercaderas que de las dichas partes de frica e Guinea se resgataban”. Y que entre estas mercaderas hubo esclavos, resulta no slo del pasaje de Ortiz de Ziga, sino del real ttulo de escribano mayor de todos los buques, expedido a favor de Luis Gonzlez en 6 de diciembre de 1476. Este quinto se exiga con tanto rigor, que para impedir fraudes, se mand que ningn sbdito de la corona de Castilla emprendiese viaje a aquellas regiones sin la licencia especial de los receptores de dicha contribucin so pena de la vida y de confiscacin de todos los bienes. A los pocos aos de haberse descubierto la Amrica, el gobierno convirti en objeto de lucro el trfico de esclavos que en ella se empezaba a hacer. Estableci el sistema de vender licencias para introducirlos a razn de 2 ducados por cabeza, y la primera clula se despach en 22 11Debo advertir que Ziga y otros autores de aquella poca daban este nombre, no a la verdadera Guinea, descubierta despus por los portugueses, sino a cierto espacio de la costa occidental de frica, situado al norte del cabo Bojador.

PAGE 263

JOS ANTONIO SACO /257 /257 /257 /257 /257 de julio de 1513. Con la necesidad de negros en Amrica se fue aumentando su valor, y con su valor, creci el precio de cada licencia. “Pagaban por ella12 a razn de 30 ducados por cada cabeza, y ms 20 reales del derecho que llamaban de aduanilla, y los que no podan pagar en Sevilla al tiempo de despacharlos, se obligaban en lugar de los 30 ducados en contado a pagar 40 en las Indias, y 30 reales por los 20 que llamaban de aduanilla... Y es de advertir, que estos derechos eran por lo tocante a la corona de Castilla dems de los cuales por lo que miraba a la de Portugal, se cobraba otro derecho, y tambin por la entrada en las Indias”. De las licencias particulares se pas a los asientos para llevar cargamentos de negros. “Tenindose, prosigue Veita, tan fija la renta que producan, que se situaron juros sobre ellos hasta la finca de los 50 cuentos, como se contiene en el informe de 1655 y en los libros de las rentas de esclavos que paran en la contadura”. En la pgina 17 de mi Carta dije, que en los asientos que se ajustaron de 1586 a 1631, los asentistas se comprometieron a pagar a la Real Hacienda ms de 5 000 000 de ducados, que son ms de 2 millones y medio de pesos fuertes; y para que no me lo vuelva a negar el seor Queipo, a fuer de fiscal de la Real Hacienda, voy a darle la demostracin: AosDucados —————— Por el asiento de1586 3 240 Por el de1595900 000 Por el de1601 y 16041 380 000 Por el de1615920 000 Por el de1623960 000 Por el de1631900 000 ———— 5 063 240 Dije tambin, que los empresarios de los asientos celebrados de 1662 a 1713 inclusive, deban contribuir al gobierno por cada negro introducido con una cantidad que variaba de 33 hasta 112 pesos. Y para que no se crea que exagero o hablo sin datos, quiero transcribir parte del artculo 1 del asiento hecho en Madrid a 25 de diciembre de 1674 con Antonio Garca y Sebastin Siliceo. Dice as: “Y en caso de pasar con ellos [con los negros] de Panam adelante, ha de pagar de los que vendieren en el Per todos los derechos que se 12As lo dice don Jos Veitia Linage, del Consejo de S.M. y juez oficial de la Real Audiencia de la Casa de la Contratacin de las Indias, en el libro 1, captulo 35 de su obra, Norte de la Contratacin de las Indias Occidentales impresa en Sevilla en 1672.

PAGE 264

OBRAS 258\ 258\ 258\ 258\ 258\ hubieren pagado, as reales como municipales y no otros, si se impusieren nuevamente: esto dems de los 112 pesos y medio que es obligado por cada pieza conforme a este asiento; y de los que vendiere en dichos puertos de Portovelo y Panam, no ha de pagar derechos algunos ms que los dichos 112 pesos y medio ”. Si no temiera ser difuso, enumerara uno por uno todos los asientos que se ajustaron desde 1662 hasta fines del pasado siglo; pues en ellos consta, que los contratistas se comprometieron a derramar en las cajas reales muchos millones de pesos fuertes. Casos hubo en que el gobierno adems de las contribuciones que perciba, compr esclavos a los empresarios. Por el asiento de 1662 se obligaron ellos a vender al Rey 1 500 negros por su costo, y a entregarlos en La Habana en los tres primeros aos de su contrata para el servicio de aquel astillero. Estipulose tambin, que si los empresarios importasen en las colonias mayor nmero de negros que el convenido, entonces por cada 1 000 de exceso, deberan vender 100 al gobierno para el mismo servicio. Y despus de esto, y de tantos millones como entraron en el real tesoro, se negar que el gobierno particip de la especulacin del trfico? Probar esta verdad no es inculparle ni ofenderle. Para ser imparciales, no debemos juzgar con los principios y las luces del siglo XIXlos errores y las preocupaciones de las pocas pasadas. Revolviendo la historia de los pueblos antiguos y de la Edad Media, yo no s si se podr encontrar uno solo que no haya incurrido en el mismo pecado: y aun en los tiempos modernos no son, por cierto, los espaoles ni su gobierno los nicos, ni los que ms se han manchado con el horrendo trfico de carne humana. Si se dice que toda la participacin del gobierno se limit a vender licencias y asientos y a cobrar tributos por los esclavos al tiempo de introducirlos, henos aqu ya en el TERCER ERROR: que consiste en asegurar, que el gobierno o los monarcas espaoles jams hicieron de su cuenta el trfico de esclavos. Sin traer a cuenta los 16 que el gobierno envi en 1505 a Nicols Ovando, gobernador de la Espaola, para el laboreo de las minas de cobre, Diego Nicuesa13 llev a ella en 1510, a bordo de su nave la Trinidad 36 negros por orden y cuenta del Rey 13Dcenos el seor Queipo en la pgina 52 de su informe, que el ramo de la minera empez a cultivarse en Cuba a fines del siglo XVII. Escaso anda de la noticias el seor Fiscal, pues en cualquier historia de Amrica que hubiese ledo, habra encontrado que la explotacin de sus minas fue en Cuba coetnea a la conquista: y Su Seora recordar que sta se hizo muy a principios del siglo XVI. Parece que se ha empeado en ratificar su error, pues lo repite en el apndice 5 a dicho informe con las siguientes palabras: “Cpole esta suerte a las minas de cobre de la isla de Cuba, que descubiertas en el siglo XVII, etctera”. Mucha indulgencia es menester para perdonar tanto extravo en puntos tan senci-

PAGE 265

JOS ANTONIO SACO /259 /259 /259 /259 /259 En abril del mismo ao se introdujeron all a la consignacin del almirante y oficiales reales, ms de 100 negro que el Rey haba comprado en Lisboa. El ayuntamiento de Santiago de Cuba, en carta de septiembre de 1531, escribi a Carlos V lo siguiente: “Utilsimos seran los negros que V.M. dice manda pasar. Sea presto...”. En 1595 se ajust asiento con Pedro Gmez Reynel para que introdujese en Amrica, en nueve aos, 38 250 negros. Deba cesar en 1604; pero el empresario le renunci a favor del Rey en mayo de 1600; y por esta renuncia, tenemos ya al monarca convertido en asentista de esclavos. En 1609 termin el asiento que se haba hecho con Gonzalo Vaez Cutio en 1 de mayo de 1604; y desde entonces, uno de los oficiales de la Casa de Contratacin de Sevilla continu la provisin de negros por cuenta y encargo del Rey hasta que se ajust nuevo asiento con Antonio Fernndez Delvas en 27 de septiembre de 1615. Muerto Delvas, la Casa de Contratacin, es decir, el gobierno, se volvi a encargar de la provisin de negros, hasta que se celebr nuevo asiento. Por ltimo, a la misma Casa estuvo confiada la remisin de esclavos para Amrica desde 1639 hasta 1662. Estos datos son ms que suficientes para probar que los monarcas espaoles hicieron de su cuenta el trfico de esclavos CUARTO ERROR. Los ingleses y aun su gobierno tuvieron por ms de un siglo el asunto de la importacin de negros en la Amrica espaola. En 1713, el Gobierno britnico ajust con el espaol un asiento que deba durar 30 aos, para introducir negros en las colonias hispanoamericanas. Estuvo interrumpido varias veces a causa de las guerras entre las dos naciones, y las factoras inglesas cesaron aun antes de vencido aquel plazo. Desde entonces, el Gobierno espaol no volvi a celebrar contrata con ingleses hasta 1784, en que Baker y Dawson, comerciantes de Liverpool, se obligaron, no a surtir de negros todas las colonias espaolas, sino a introducir solamente 4 000 en Trinidad y la provincia de Caracas. Renovose esta contrata con ms extensin en 1786 y 1788; pero aun as, ni tuvo el carcter de un privilegio exclusivo y general a toda la Amrica, ni aun cuando lo hubiese tenido, habra podido continuar, porque las disposiciones que empezaron a regir desde 1789 eran contrarias a todo monopolio. Resulta, pues, que como el Gobierno britnico apenas ejerci 30 aos los derechos que haba adquirido por el asiento desde llos de la historia cubana; extravo que si siempre es lamentable en un simple individuo, lo es mucho ms en un seor Fiscal de la Real Hacienda de La Habana, quien debe tener un conocimiento profundo de los ramos a que est llamado a informar en razn de su ministerio.

PAGE 266

OBRAS 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ 1743, y las tres contratas de 1784, 86 y 88 slo duraron cinco aos, queda demostrado, que el perodo en que los ingleses tuvieron, en virtud de sus asientos o contratas, el monopolio de proveer de esclavos a la Amrica espaola, lejos de ser ms de un siglo, como supone el seor Queipo, no lleg ni aun a 40 aos. QUINTO ERROR: El gobierno no autoriz a sus sbditos para hacer el trfico de esclavos hasta 1789, a causa de las guerras sostenidas con los ingleses. Este error es gemelo, pues no slo es falso el hecho en s, sino la causa a que se atribuye Siglos antes de haberse descubierto la Amrica, ya los espaoles estaban muy familiarizados con el trfico de esclavos negros; y al permitirles sus monarcas que lo continuasen en aquellas regiones, no tenan por cierto que empezar una nueva granjera. Las primeras autorizaciones son coetneas a la conquista, pues al lado de sta vimos marchar siempre el comercio de esclavos. Sin hacer mencin de los que llevaron los primeros pobladores, los documentos de aquella poca nos ofrecen innumerables concesiones a favor de los espaoles, para que enviasen y vendiesen negros en Amrica. Por la capitulacin que Juan Snchez de la Tesorera hizo con la reina Isabel en Toledo a 12 de septiembre de 1502, se le permiti llevar a Indias cinco carabelas, y otra a Alonso Bravo con mercancas y esclavos de Castilla, libres de derechos. Los gobernadores del Reino dieron permiso a don Jorge de Portugal para que enviase al Nuevo Mundo 400 esclavos negros, libres tambin de derechos; mas, habindose credo conveniente que no se llevasen tantos, limitose esta merced a 200 por Real Cdula de 10 de agosto de 1518. En este ao, el secretario Villega y Francisco Cobos obtuvieron cada uno el permiso de introducir en Amrica 50 esclavos; y este mismo Cobos alcanz otro de 200 en 1529. Al marqus de Astorga se le autoriz en 27 de septiembre de 1518 para enviar 400 esclavos negros. Permitiose tambin al licenciado Figueroa importar algunos; y por cdula de Toledo de 8 de julio de 1525 se dio licencia al bachiller lvaro de Castro para introducir 200. Antonio de Herrera, hablando en la dcada 3, libro 10, captulo 9, de las cosas que dispuso el gobierno en 1526, dice: “Que enviasen embajada al rey de Portugal, para que mandase que fuesen castigados ciertos portugueses que mataron a unos mercaderes castellanos, que con cantidades de dinero se haban embarcado en su navo en Sevilla para ir a Cabo Verde a comprar negros”. La isla de Santo Domingo pidi entre otras cosas que se diese libertad para que pasasen a ella 2 000 negros, y que pudiese llevarlos todo

PAGE 267

JOS ANTONIO SACO /261 /261 /261 /261 /261 vecino de ella Carlos V accedi a esta solicitud con consulta del Consejo de Indias en Madrid a 12 de septiembre de 1540. Si el seor Queipo cree todava que los espaoles no hacan el trfico de esclavos, oiga al padre Mercado en su obra Suma de tratos y contratos libro 2, captulo 20, impresa en Sevilla en 1587. Hablando de los negros que se compraban en frica, dice: “Los portugueses y castellanos dan tanto por un negro sin que haya guerra, andan a caza unos de otros como si fuesen venados... Dems destas injusticias y robos, que se hacen entre s unos a otros, pasan otros mil engaos en aquellas partes, que hazen espaoles engaandolos, y trayndolos en fin como a bozales...”. Don Bernardo de Ulloa en la parte 2, captulo 5 de su obra Restablecimiento de las fbricas, trfico y comercio martimo de Espaa publicada en Madrid en 1740, escribi as: “Para desatar esta y otras ftiles dificultades, que sirven de velo a nuestro descuido, es necesario retroceder al principio de la introduccin de negros en la Amrica, y hallaremos, que antes que Francia ni Inglaterra tuviesen este asiento pblico o sigilado, le tuvieron varios particulares, negociantes del comercio de Andaluca, naturales o naturalizados en aquel comercio, con ms o menos crditos, o con ms o menos fortuna en aquel negociado: que en nuestros propios puertos armaban y equipaban los navos de que se haban de servir; y en ellos cargaban de aquellas brujeras y relumbrones, que siendo de corta estimacin se la daban grandes aquellos brbaros, pagndolas por el inestimable precio de la libertad de sus hijos, parientes o paisanos, y tal vez por la de los enemigos que aprisionaban en sus reencuentros, rias o guerras. ”Para estos contratos iban nuestros navos a la costa del frica, y al abrigo de cualquier cala, ensenada, baha o puerto despoblado paraban, y dando aviso a los habitantes del terreno, acudan a la novedad, e instruidos de las mercaderas que llevaban y lo que se pretenda por retorno de ellas, empezaban a traer los esclavos, y hacer las permutas; hasta que llenos los navos soltaban velas a la Amrica, donde hecha la venta, se volvan a Espaa a buscar nuevo surtimiento para volver a viajar y continuar el negocio”. An persiste en su error el seor Queipo? Pues oiga ms todava. En 10 de febrero de 1676, ajust el gobierno un asiento con el comercio y consulado de Sevilla para que ste introdujese en Amrica 30 000 negros. Por Real Cdula de 18 de diciembre de 1740, se fund en La Habana la Compaa Mercantil compaa eminentemente espaola, y que en el transcurso de algunos aos import en aquella ciudad 9 943 negros. Al ao siguiente de 1741, don Martn Ulibarri y Gamboa, vecino de La Habana, hizo una contrata para introducirlos all durante dos aos.

PAGE 268

OBRAS 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ Celebr otra en 1760 don Miguel Uriarte, para llevar a la Amrica 15 000 negros. La casa de Aguirre, Arstegui y Compaa ajust tambin asiento en 12 de marzo de 1765. Por ltimo, en 13 de febrero de 1780 permiti el gobierno a la mayor parte de sus sbditos de Amrica, que se proveyesen de negros de las colonias francesas, mientras durase la guerra entre Inglaterra y Espaa. Y despus de tantos datos, se atrever todava a decir el seor Queipo, que el Gobierno espaol no autoriz a sus sbditos para hacer el comercio de esclavos en Amrica hasta 1789? La Real Cdula de 28 de febrero de aquel ao no vino a conceder por primera vez a los espaoles el permiso de introducir negros. Lo que mand fue, que sin licencia especial para cada importacin, como antes se exiga por ser este comercio un monopolio del gobierno, pudiesen, as los nacionales como los extranjeros, llevar por dos aos negros libres de derechos a las islas de Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y provincia de Caracas. No fue, pues, aquella cdula otra cosa, sino el primer paso que se dio en la carrera de la libertad del trfico de negros, libertad que poco a poco se fue ampliando por nuevas disposiciones. Pero si errado anduvo el seor Fiscal en el hecho que asent, no estuvo menos infeliz en la causa que le atribuye; a saber, que la autorizacin concedida a los espaoles en 1789 fue ocasionada por las guerras sostenidas con los ingleses. Nunca menos que entonces pudo influir esta causa, porque en paz octaviana estaba Espaa con Inglaterra, y la lucha que trab con ella en 1779 termin en 1783. Lejos de haberse interrumpido la paz, el Gobierno espaol se lig con la Gran Bretaa para combatir la repblica francesa, hasta que triunfando sta, Espaa se vio forzada a separarse de la coalicin, y a ceder a la Francia por el tratado de Basilica en 1795 la parte que dominaba en la isla de Santo Domingo. Vase, pues, como la Real Cdula de 1789 no naci de las guerras sostenidas con los ingleses. Otras de diferente linaje fueron las causas que la motivaron, y los cubanos me permitirn que inserte aqu un pequeo fragmento de un trabajo en que me ocupo. “A romper las cadenas del monopolio africano haban influido varias causas, y entre ellas no fue la menor el decreto de 12 de octubre de 1778. Ministro universal de Indias era entonces don Jos Glvez, y a solicitud suya se aboli el monopolio mercantil de las flotas y galeones franquendose para el comercio entre los espaoles de ambos hemisferios 11 puertos en la Pennsula y 24 en Amrica. Los adelantos que en breve produjo esta medida, trajeron en pos de s el convencimiento de que mayores seran las ventajas si tambin se daba libertad para el trfico de negros, cuyos brazos eran la palanca poderosa que ms empuje daba a los pro-

PAGE 269

JOS ANTONIO SACO /263 /263 /263 /263 /263 gresos de la agricultura. Por otra parte, el pueblo ingls haba empezado a preocuparse seriamente en la abolicin del trfico desde 1787, y los interesantes debates que sobre este asunto se abrieron en el Parlamento el 9 de mayo de 1788, haban alarmado a las colonias espaolas. Teman stas que de un da a otro se publicase la ley que lo prohibiera, y publicada, ya los ingleses no podran llevarles esclavos, ni tampoco permitir que nadie los exportase de sus dominios. Cuba vea con espanto la tempestad que asomaba; y creyendo inevitable su ruina, si llegaba a descargar, trat de conjugarla. A sus esfuerzos, pues, se debi en gran parte la libertad del comercio de negros; pero libertad que al principio estuvo reducida a un trmino muy corto. Avezado el gobierno a su antiguo sistema restrictivo, no pudo abandonarle de un golpe, ni marchar por franqueza por la nueva senda que se le abra. As le vemos regatear el tiempo, mostrarse mezquino en sus primeras concesiones, y no soltar su presa de una vez, sino cuando ya no pudo resistir al imperio de las circunstancias”. LOS COLONOS INGLESES SON, SEGN EL SEOR QUEIPO,TRATADOS COMO ILOTAS Refut el pensamiento de convertir a la Audiencia pretorial de La Habana en cuerpo regulador del gobierno de Cuba, y parece que mis razones han debido ser slidas, cuando no se les contesta. Indiqu tambin que aquella Isla necesitaba de una organizacin poltica, semejante en lo posible a la de las colonias inglesas o francesas; pero el autor del informe, en vez de entrar en discusin, la alude con una idea peregrina. Oigamos como se explica. “Esto es fcil de decir; pero si se quiere esta organizacin, es preciso quererla con todas sus consecuencias, y no s cmo el autor que tan celoso se muestra de la igualdad civil, que yo deseo y pido tambin para todos los espaoles, pudiera llevar en paciencia la humillacin de que a sus paisanos se los tratase en la Pennsula como ilotas, a la manera que lo hace la Inglaterra con sus colonos”. Si es fcil de decir que Cuba se organice segn las colonias inglesas, tambin es fcil de hacer y la dificultad slo sta en la falta de querer. Asegura el seor Queipo, que l desea y pide la igualdad civil para todos los que llevamos el nombre de espaoles; pero si esto es as, por qu pide en su informe que se amplen las inmensas facultades de los capitanes generales de Ultramar, sin establecer ningn contrapeso? Por qu no propone la concesin de derechos polticos a ciertas clases del pueblo cubano que por tantos ttulos las merecen? Por qu se empea en que el Cdigo fundamental de Cuba sea la Recopilacin de Indias cuyas leyes por ser contrarias a la Constitucin que rige en la Pennsula destruyen precisamente esa misma igualdad?

PAGE 270

OBRAS 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ No tema por mi paciencia el seor Queipo: muchos aos ha que est a prueba, y a trueque de que mis paisanos lograsen en su propia tierra una asamblea colonial o provincial, no en el nombre sino en la sustancia hara muy gustoso el sacrificio de verlos humillados y tratados como ilotas en la Pennsula. Adems, yo no propuse exclusivamente para Cuba la organizacin de las colonias inglesas. Mencion tambin las francesas, y pues que el seor Queipo no habla del ilotismo de sus naturales en Francia, bien pidiera organizrsenos, aunque fuese a la francesa.14Por otra parte, no hay un enlace ntimo e inseparable entre la libertad de los colonos en sus colonias, y su esclavitud en su metrpoli. Espaa puede imitar a Inglaterra en lo bueno, y no seguirla en lo malo; y haciendo libres a sus hijos o colonos en Amrica y Europa, adquirira doble honor y doble gloria. Pero ser cierto que los colonos ingleses son tratados como ilotas en Inglaterra? Para decir tal absurdo, es menester ignorar o lo que eran los ilotas en Grecia, o lo que son los colonos ingleses en su metrpoli. Ciertos pueblos del Peloponeso, vencidos por Esparta, despojados de todos sus derechos polticos, reducidos a la condicin de siervos o semiesclavos, vctimas siempre de la crueldad de sus seores, y aun sufriendo a veces la muerte ms injusta, tales fueron los ilotas Un hombre que puede disponer de todas sus facultades fsicas e intelectuales, un hombre que goza de todos los derechos individuales y garantas polticas, un hombre libre, en fin, que vive a la sombra de la ley y que teme slo a la ley, ste es un colono ingls en su colonia y en Inglaterra. Entindalo as el seor Queipo, y sepa, que si yo llevase en mi frente la marca ignominiosa del ilotismo britnico mi pluma en este momento no correra trmula sobre el papel, pensando en las tristes consecuencias a que puede dar origen esta polmica. Entonces, desde el centro de la capital grandiosa de aquel opulento imperio, en presencia del trono, del Parlamento, y de todo el pueblo ingls, yo podra clamar enrgicamente contra la opresin de mi patria, y en vez de perseguidores y verdugos slo encontrara amigos y defensores de la libertad colonial.Origen del movimiento anexionista en Cuba.—Ideas de Saco acerca de la anexin.—Motivos de su oposicin a ella En 1837 qued Cuba enteramente esclavizada. Ni las Cortes ni el gobierno, que la despojaron de todos sus derechos, cumplieron la promesa de darle instituciones especiales. Pasaba un ao tras otro, y ella sufra 14Tngase presente, que yo escrib este papel en 1847, y que entonces las colonias francesas tenan consejos coloniales los cuales fueron abolidos por la repblica en 1848.

PAGE 271

JOS ANTONIO SACO /265 /265 /265 /265 /265 en silencio todos los males del despotismo. Buscbales un remedio, pero al mismo tiempo conoca que sus propias fuerzas no eran bastantes para conseguirlo. Aumentaba su dolor el ejemplo de su metrpoli que ya empezaba a gozar de alguna libertad; y este contraste, tan injusto como humillante, avivaba en Cuba los deseos de mejorar de condicin. Por otra parte, en la vecindad de aquella Antilla existe un pueblo que presenta un espectculo seductor. Su inmensa libertad, y su extraordinario y rpido engrandecimiento son estmulos muy difciles de resistir, y para completar la seduccin de los cubanos, la esclavitud de la raza negra fue sancionada en las instituciones de los Estados Unidos, viniendo de esta manera a identificarse en punto tan vital para Cuba los intereses de sus hijos con los de aquella repblica. La idea de la anexin fue labrando en silencio; pero en 1846 todava no era ms que un simple y vago deseo que nadie intentaba realizar. La injusta guerra que la confederacin americana declar a Mjico en aquel ao, y el triste desenlace que tuvo para esta repblica, pues que perdi una porcin considerable de su territorio, transformaron de pronto la opinin de muchos cubanos. Los que anhelaban por la anexin, creyeron que as como los Estados Unidos haban triunfado de Mjico, con la misma facilidad se apoderaran de nuestra Antilla; y enarbolando pblicamente su nueva bandera, apareci en Cuba desde 1847 un partido numeroso, que pasando de las ideas a los hechos, trat de ejecutar sus proyectos valindose de las armas. Mientras estas cosas pasaban, estall en febrero de 1848 la revolucin de Francia, y proclamada la repblica, los anexionistas de Cuba cobraron nuevo bro juzgando que el momento decisivo haba llegado ya. Otro partido mucho ms formidable que el primero alz tambin la cabeza de los Estados Unidos; juntose con el cubano, y declarndose, no ya el protector, sino el ejecutor de la anexin, se aprest a invadir a Cuba para seorearse de ella. Yo desde Europa segua paso a paso, y con suma ansiedad, todos esos movimientos. Ligado por antiguos y estrechos vnculos de amistad con algunos de los corifeos anexionistas, ellos trataron desde el principio de incorporarme en sus filas, y aun me ofrecieron 10 000 pesos para que fundase y dirigiese un peridico en Nueva York; mas, yo, lejos de dar odo a sus invitaciones, aunque confieso que se las agradec, hice cuanto pude por apartarlos de una senda en que slo vea males para ellos, y desgracias para Cuba. “No tengo, escriba yo de Pars, el 19 de marzo de 1848, a uno de los principales anexionistas, residente entonces en Nueva York, no tengo que andar contigo con prembulos. Conoces a fondo mi corazn y mis ideas, y por lo mismo, es intil que te haga mi profesin de fe poltica”. Si los amigos de la Isla, me preguntas, te pusiesen aqu 10 000 pesos

PAGE 272

OBRAS 266\ 266\ 266\ 266\ 266\ para que redactases un peridico, aceptaras la honrosa responsabilidad? “Con la mano puesta sobre la conciencia, y con los ojos clavados en la patria, francamente respondo que no. Oye mis motivos, pues t y mis dems amigos tienen derecho a saberlos”. Y entrando en ellos, conclu mi carta con el siguiente prrafo: “No, caro amigo, no por Dios. Apartemos del pensamiento ideas tan destructoras. No seamos el juguete desgraciado de hombres que con sacrificio nuestro quisieran apoderarse de nuestra tierra, no para nuestra felicidad, sino para provecho suyo. Ni guerra, ni conspiracin de ningn gnero en Cuba. En nuestra crtica situacin, lo uno o lo otro es la desolacin de la patria. Suframos con heroica resignacin el azote de Espaa; pero sufrmoslo, procurando legar a nuestros hijos, sino un pas de libertad, al menos tranquilo y de provenir. Tratemos con todas nuestras fuerzas de extirpar el infame contrabando de negros; disminuyamos sin violencia ni injusticia el nmero de stos; hagamos lo posible por aumentar los blancos; derramemos las luces; construyamos muchas vas de comunicaciones; hagamos, en fin, todo lo que t has hecho, dando tan glorioso ejemplo a nuestros compatriotas, y Cuba, nuestra Cuba adorada ser Cuba algn da. stos son mis ardientes votos, y stos deben ser los tuyos y los de todos nuestros amigos”. Mis esfuerzos fueron intiles. Los anexionistas llenos de esperanza se separaron enteramente de m; y como persistiesen en llevar adelante sus proyectos, yo me hall entonces en la dolorosa necesidad de anunciarles con toda franqueza, que iba a escribir contra la revolucin anexionista. Pero antes de reimprimir el papel que publiqu en 1848, conviene decir algo acerca de mis opiniones particulares, y de los motivos que a escribir me impulsaron. Hcelo acaso por odio a la anexin? Aunque nunca he sido anexionista, confieso que ese sentimiento no fue el mvil de mi pluma; y juro por mi honor, que si yo la hubiera considerado como necesaria e indispensable para la salvacin de Cuba, en vez de combatirla, le habra dado mi dbil apoyo. Pero detente, me dirn: es posible que te atrevas a negar, que en otro tiempo fuiste anexionista? No est ah para condenarte el ltimo prrafo del Paralelo que escribiste en 1837? Cuando digo que nunca fui anexionista, no es porque yo piense que el haberlo sido en un tiempo, y dejado de serlo en otro, puede mancillar el honor de quien en tal caso se hallare. Mientras no se sacrifican los principios polticos y morales, y las bases que sirven de fundamento a la libertad y al progreso de los pueblos; mientras las variaciones solamente recaen sobre los medios que de buena fe se adopten para lograr resultados ms ventajosos; lcito es al hombre, y a veces muy meritorio, el renunciar a sus opiniones, y abrazar otras nuevas. Numerosos ejemplos

PAGE 273

JOS ANTONIO SACO /267 /267 /267 /267 /267 de este cambio feliz nos ofrecen la religin y la poltica. San Pablo, el apstol de los gentiles, y perseguidor de los cristianos, abjur el paganismo, y se convirti a la nueva religin de Jess. El gran San Agustn, renunciando los errores de los manicheos, no slo fue la columna ms firme del catolicismo, sino que combati la misma secta a que haba pertenecido. En la edad moderna, en nuestros mismos das, dos de los hombres ms clebres de la Inglaterra han debido gran parte de su fama al cambio de sus ideas polticas. Wellington y Peel fueron los constantes enemigos de la emancipacin de los catlicos; pero ellos fueron tambin los que en 1829 tuvieron la gloria de abrir a stos el Parlamento, y otras carreras del Estado. No fue ese mismo Peel uno de los adversarios de la reforma mercantil? Y no fue tambin l, quien subi a la inmortalidad, renunciando a sus anteriores ideas, y abrazando y planteando las que por tantos aos haba combatido? Saco, pues, ser incomparable a esos hombres eminentes, pudo sin mengua suya, y con beneficio de su patria dejar de ser anexionista. Aun pudo suceder ms. Supngase que yo fui anexionista en 1837, o antes, si se quiere: supngase, que hubiese permanecido en las mismas ideas y sentimientos en 1848; todava pude, a pesar de eso, haber escrito, como lo hice, contra la anexin sin ser inconsecuente; porque siendo ella entonces imposible, razn tuve para combatirla como inoportuna y peligrosa. Pero yo nunca me he hallado en tal caso; y los que de anexionista me tacharon, en grave error incurrieron. El argumento en que todos se fundaron, son las palabras del ltimo prrafo del citado Paralelo ; pero en mi Rplica al seor Vzquez Queipo, a las pginas 230-231 de este tomo expliqu el verdadero sentido de aquel prrafo. Lasele con cuidado, y en l se ver la gradacin que sigo en mis ideas. Lo primero que deseo, es que Cuba libre y justamente gobernada viva unida a Espaa. Lo segundo, que disuelta esta unin, ora por la madre, ora por la hija, Cuba trate de conservar su nacionalidad, y de constituirse en Estado completamente independiente. Lo tercero, que si las circunstancias le fueran tan adversas, que no pueda existir por s sola, ni salvarse de su total ruina sino arrojndose en los brazos de los Estados Unidos, entonces y slo entonces lo haga como la nica tabla a que puede asirse en su naufragio. Esto quise yo en 1837 cuando escrib el Paralelo : y al hombre que tal quiso, se le puede tachar de anexionista? Yo no acud a la anexin sino en caso extremo, en el caso terrible de que ella y slo ella fuese para Cuba el nico salvamento. Pero esto, y esto cabalmente fue lo mismo que quise en 1849, cuando repliqu a los anexionistas: “No se crea, empero, por esto [dije yo

PAGE 274

OBRAS 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ entonces] que siempre y en todos casos combatira yo la anexin. Hay uno, al contrario, en que le prestara todos mis servicios. Si condenados los cubanos por un adverso destino a perder sus fortunas, sus vidas y nacionalidad, no encontrasen otro medio de salvarse que incorporndose en los Estados Unidos, entonces yo sera el primero que en el duro trance de perderlo todo, los exhortara a que sacrificasen su nacionalidad, y buscasen su salvacin en el nico puerto donde pudieran encontrarla”.15Tal fue mi lenguaje en 1849, en los momentos mismos de estar combatiendo la anexin: y no cuadra l perfectsimamente con lo que dije en 1837? Si, pues, entonces yo fui anexionista, forzoso es, que los que de tal me acusaron, tambin convengan en que lo fui en 1849, porque en ambas pocas expres la misma idea segn acabo de probar; y si en 1849 no fui anexionista, por identidad de razn tampoco lo fui en 1837. A que no lo fuese, contribuy sobre manera lo que vi en Nueva Orlens en 1832. Hallbame all de paso para La Habana en circunstancias de hacerse la eleccin de un diputado para la legislacin de la Luisiana. Dos eran los candidatos: uno, criollo francs, rico, y de las principales familias de aquella ciudad; otro, americano, y de raza anglo-sajona. La eleccin fue vivamente disputada; formronse dos campos; las dos nacionalidades estaban frente a frente; ningn americano votaba por el francs; ningn francs, por el americano. Agotadas las fuerzas de ambos partidos triunf al fin, por un cortsimo nmero de votos, el candidato francs, que era Mr. Marigny, suegro del valientsimo habanero don Francisco Sentmanat. Cuando fui a cumplimentar al electo diputado y a su esposa, sta me recibi con los ojos arrasados de lgrimas y suspirando. “¡Ah, Mr. Saco, me dijo, stos son los ltimos esfuerzos del partido francs: ya estamos en las ltimas agonas, y dentro de poco seremos devorados por la raza que es ama de nuestro pas!” Estas palabras hicieron en m una impresin muy profunda; y cuando dej las mrgenes del Misisipi, si bien llevaba en mi pecho la libertad, no me acompaaba por cierto la anexin. Mis ideas desde entonces permanecieron inalterables en este punto; y las rarsimas veces que ligeramente habl de l con algn amigo, ya en Cuba, ya en Europa, siempre fue manifestando mi repugnancia a la anexin. Mucho antes que ella se presentase en toda su fuerza, ya empec en mis escritos a dar claros indicios de que no era anexionista. En mi Carta sobre el informe fiscal del seor Vzquez Queipo, dije a la pgina 189 de este tomo, abogando por la colonizacin: “Con Tejas tambin se nos infunden alarmas; pero no hay paridad entre lo que all ha sucedido y la colonizacin cubana. Tejas era una provincia desierta, casi 15 Rplica a los anexionistas

PAGE 275

JOS ANTONIO SACO /269 /269 /269 /269 /269 perdida en los confines de una nacin despedazada por las facciones, puesta en contacto con una repblica poderosa, y con una dilatada e indefensa frontera que no poda contener el torrente de aventureros que prfidamente se preparaban a precipitarse sobre ella”. Estas ltimas palabras bien dan a entender que yo no era partidario de la anexin. Y cuando desde principio de 1847 trasluc que las cosas iban tomando un carcter alarmante, me aprovech de la primera ocasin que se me present, para exponer mis ideas con toda claridad, a fin de que todos supiesen cmo pensaba yo. En mi Rplica al mismo seor Vzquez Queipo me expres as: “Por brillante y seductora que sea la perspectiva de los Estados Unidos, debo confesar con toda la franqueza de mi carcter que no soy de los alucinados ni seducidos. Sin profetizar cul ser el porvenir de la Amrica en el transcurso de los siglos, bien podemos asegurar que, encerrndonos en el horizonte que nos rodea, la anexin o incorporacin de Cuba a la repblica norteamericana, si no es hoy una cosa imposible por lo menos va acompaada de gravsimas dificultades. Es de tal importancia la isla de Cuba, que su posesin dara a los Estados Unidos un poder tan inmenso, que la Inglaterra y la Francia no slo veran muy comprometida la existencia de sus colonias en Amrica, sino que aun sentiran menguar el poderoso influjo que ejercen en otras partes del mundo. Una incorporacin forzada producira una guerra desastrosa entre la repblica de Washington y la Espaa, Inglaterra y Francia. No es probable que la primera triunfase de las tres ltimas; pero aun cuando triunfase, cul sera la suerte de Cuba convertida en teatro de una lucha sangrienta y asoladora? Nunca olvidemos que si en ella se empeasen los Estados Unidos, sera por su engrandecimiento territorial y poltico, mas no por la felicidad de los actuales habitantes de Cuba Que stos pereceran, con tal que ellos lograsen sus fines: nada, nada importara, pues Cuba sera repoblada por sus nuevos poseedores. Si la Confederacin Norteamericana desea que Cuba se le incorpore, debe abrir negociaciones con Espaa para ver si se la vende; debe tambin entenderse con Inglaterra y con Francia; y si fuere tan feliz que lograre allanar todas las dificultades, entonces Cuba tranquila y llena de esperanzas podr darle un abrazo. Pero mientras sean otros los medios de que se valga aquella repblica, Cuba, en las delicadas circunstancias en que se encuentra, debe mantenerse firme en su actual posicin, sin dar odo a sugestiones lisonjeras que la conducirn a su ruina”. He aqu lo que yo escrib en julio de 1847; y he aqu el poderoso motivo que me oblig a combatir la anexin. Para m era evidente, que ella no se poda conseguir, pues la ocasin que se haba escogido, era de las ms inoportunas. Cuba por s no tena fuerzas para realizar sus deseos. Tampoco poda lograrlos con auxilio de los Estados Unidos, sin

PAGE 276

OBRAS 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ que stos entrasen en guerra con Espaa, Inglaterra y Francia. Pero desconoce tantos sus intereses aquella repblica que se hubiese lanzado a tan desigual y funesta lucha? Nunca lo cre. Declarada la guerra, inmediatamente se hubieran cerrados para los Estados Unidos los tres grandes mercados de Inglaterra, Francia y pases espaoles. Con la superioridad de las escuadras combinadas de aquellas dos naciones se hubiera puesto un bloqueo a los puertos de la Unin. Dominados por ellas el estrecho de Gibraltar y el angosto paso del Sund, ningn buque americano hubiera podido entrar en el Mediterrneo, ni en el Bltico, y su bandera hubiera desaparecido de todas las costas que baan esos dos mares. Arrojadas de Europa las naves americanas y perseguidas hasta sus ltimos escondrijos por los numerosos buques de guerra e infinitos corsarios que cubriran todas las aguas del globo, el comercio de la repblica hubiera sido completamente aniquilado. Ni son stas las nicas desgracias que ella hubiera llorado. Tan terrible situacin la hubiera conmovido hasta sus fundamentos, y en el conflicto de todos los partidos, es muy probable que la confederacin se hubiera disuelto. Nada importa que un ejrcito de sus esforzados voluntarios hubiese invadido a Cuba: otros ejrcitos enemigos, tambin valientes, la hubieran defendido; hubirasela bloqueado hermticamente; y cayendo sobre ella con espantoso furor todas las calamidades de la guerra, pronto se hubiera convertido en un montn de ruinas, sin conseguir la anexin. Desgraciadamente se cometieron tres errores en tan peligrosa cuestin. El primero fue haberse imaginado, que con los elementos inconciliables de su poblacin, Cuba poda resistir el terrible embate de una revolucin. El segundo, haberse figurado que la inmensa mayora de los cubanos seguira la bandera anexionista, arriesgando su fortuna, su vida y sus familias. El tercero, haber credo que la anexin por las armas era un asunto aislado que slo se haba de decidir entre Espaa y los Estados Unidos; que stos romperan lanzas con todo el mundo; y que la Inglaterra y la Francia que se hallaban en paz y en perfecta inteligencia, y que tantos intereses tienen que defender en Amrica, hubieran permitido en silencio que aquella repblica arrancase a Cuba de la corona de Castilla. Los tristes acontecimientos que sobrevinieron disiparon las ilusiones; y al recordarlo ahora, no es para celebrar el triunfo de mis ideas sobre antiguos amigos, compaeros y compatricios, sino para que sirvan de leccin y ejemplo, y que ms circunspectos en el porvenir, si algn da se acomete una revolucin, sea solamente, cuando se tenga la certeza de que redundar en bien y gloria de nuestra patria.

PAGE 277

IDEAS IDEAS IDEAS IDEAS IDEAS SOBRE LA INCORPORACI"N SOBRE LA INCORPORACI"N SOBRE LA INCORPORACI"N SOBRE LA INCORPORACI"N SOBRE LA INCORPORACI"N DE CUBA DE CUBA DE CUBA DE CUBA DE CUBA EN LOS EST EN LOS EST EN LOS EST EN LOS EST EN LOS EST ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS POR POR POR POR POR DON JOS ANTONIO SACO DON JOS ANTONIO SACO DON JOS ANTONIO SACO DON JOS ANTONIO SACO DON JOS ANTONIO SACO ( ( ( ( ( Imprenta de P Imprenta de P Imprenta de P Imprenta de P Imprenta de P anckoucke, en P anckoucke, en P anckoucke, en P anckoucke, en P anckoucke, en P ars, ars, ars, ars, ars, calle de P calle de P calle de P calle de P calle de P ointevins, 14 ointevins, 14 ointevins, 14 ointevins, 14 ointevins, 14 .) .) .) .) .)“El da que me lanzara a una revolucin, no sera para arruinar mi patria, ni deshonrarme yo, sino para asegurar su existencia y la felicidad de sus hijos”. (Rplica de Saco a Vzquez Queipo)Confieso, con toda la sinceridad de mi alma, que nunca se ha visto mi pluma tan indecisa, como al escribir este papel; y mi indecisin procede, no del asunto que voy a discutir, sino de la situacin particular en que me hallo. Consideraciones que pesan mucho sobre mi corazn, me imponen un respetuoso silencio, y guardaralo profundamente, si ellas fuesen las nicas que mediasen en la grave cuestin que debemos resolver; pero, cuando me veo en presencia de un peligro que puede amenazar a la patria, me juzgara culpable, si habiendo hablado en ocasiones menos importantes, no manifestase en sta mis ideas. En mi favor invoco el derecho que todos tienen a emitir las suyas, y as como soy indulgente, aun con los de opiniones contrarias a las mas, hoy reclamo para m, no la indulgencia que a otros concedo, sino tan slo la tolerancia. A m personalmente una revolucin en Cuba, lejos de causarme ningn dao me traera algunas ventajas. Desterrado para siempre de mi patria por el despotismo que la oprime, y aun errante en mi destierro, la revolucin me abrira sus puertas, para entrar gozoso por ellas: pobre en Europa, y abrumado de pesadumbres por mi condicin presente y un triste porvenir, la revolucin podra enriquecerme, y asegurar sobre alguna base estable el reposo de mi vida: sin empleos, honores ni distinciones, la revolucin me los dara. Si, pues, tanto me da la revolucin, por qu no marcho bajo sus banderas? Por qu vengo a combatirla, renunciando a sus favores? S que algunos dirn que mis opiniones son retrgradas; otros que soy un apstata; y aun no faltar quien pregone, que he

PAGE 278

OBRAS 272\ 272\ 272\ 272\ 272\ vendido mi pluma, para escribir contra la anexin Pero a los que estas y otras cosas digan, si las dicen de buena fe, los perdono; y si de mala, los desprecio. Contemplando lo que Cuba es bajo el Gobierno espaol, y lo que sera incorporada en los Estados Unidos, parece que todo cubano debera desear ardientemente la anexin ; pero este cambio tan halageo ofrece, al realizarse, grandes dificultades y peligros. La incorporacin slo se puede conseguir de dos modos: o pacficamente o por la fuerza de las armas Pacficamente si verificndose un caso improbable, Espaa regalase, o vendiese aquella Isla a los Estados Unidos; en cuya eventualidad, la transformacin poltica de Cuba se hara tranquilamente, y sin ningn riesgo. Por lo que a m toca, y sin que se crea que pretendo convertir ningn cubano a mi opinin particular, debo decir francamente, que a pesar de que reconozco las ventajas que Cuba alcanzara, formando parte de aquellos Estados, me quedara en el fondo del corazn un sentimiento secreto por la prdida de la nacionalidad cubana No llegamos en Cuba a 500 000 blancos, y en la superficie que ella contiene, bien pueden alimentarse algunos millones de hombres. Reunida que fuese al norte de Amrica, muchos de los peninsulares que hoy la habitan, mal avenidos con su nueva posicin, la abandonaran para siempre; y como la feracidad de su suelo, sus puertos magnficos y los dems elementos de riqueza, que con tan larga mano derram sobre ella la Providencia, llamaran a su seno una inmigracin prodigiosa, los norteamericanos dentro de poco tiempo nos superaran en nmero, y la anexin, en ltimo resultado, no sera anexin sino absorcin de Cuba por los Estados Unidos. Verdad es, que la Isla, geogrficamente considerada, no desaparecera del grupo de las Antillas; pero yo quisiera que, si Cuba se separase, por cualquier evento, del tronco al que pertenece, siempre quedase para los cubanos y no para una raza extranjera. “Nunca olvidemos [as escriba yo hace algunos meses a uno de mis amigos anexionistas] que la raza anglo-sajona difiere mucho de la nuestra por su origen, por su lengua, su religin, sus usos y costumbres; y que, desde que se sienta con fuerzas para balancear el nmeros de cubanos, aspirar a la direccin poltica de los negocios de Cuba; y la conseguir, no slo por su fuerza numrica, sino porque se considerar como nuestra tutora o protectora, y mucho ms adelantada que nosotros en materias de gobierno. La conseguir, repito, pero sin hacernos ninguna violencia, y usando de los mismos derechos que nosotros. Los norteamericanos se presentarn ante las urnas electorales; nosotros tambin nos presentaremos; ellos votarn por los suyos, y nosotros, por los nuestros, pero como ya estarn en mayora, los cubanos sern excluidos, segn la misma ley, de todos o casi todos los empleos: y doloroso

PAGE 279

JOS ANTONIO SACO /273 /273 /273 /273 /273 espectculo es, por cierto, que los hijos, que los amos verdaderos del pas, se encuentren en l postergados por una raza advenediza. Yo he visto esto en otras partes,1 y s que en mi patria tambin lo vera; y quizs tambin vera, que los cubanos, entregados al dolor y a la desesperacin, acudiesen a las armas, y provocasen una guerra civil. Muchos tacharn estas ideas de exageradas, y aun las tendrn por un delirio. Bien podrn ser cuanto se quiera; pero yo deseara que Cuba no slo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese Cuba cubana y no anglo-americana La idea de la inmortalidad es sublime; porque prolonga la existencia en los individuos ms all del sepulcro; y la nacionalidad es la inmortalidad de los pueblos, y el origen ms puro del patriotismo. Si Cuba contase hoy 4 o 5 millones de blancos, ¡con cunto gusto no la vera yo pasar a los brazos de nuestros vecinos! Entonces, por grande que fuese su inmigracin, nosotros nos los absorberamos a ellos, y creciendo y prosperando con asombro de la tierra, Cuba sera siempre cubana. Mas, a pesar de todo, si por algn acontecimiento extraordinario, la anexin pacfica de que he hablado, pudiera efectuarse hoy, yo ahogara mis sentimientos dentro del pecho, y votara por la anexin. El otro medio de conseguirla, sera por la fuerza de las armas Pero podemos los cubanos empuarlas, sin envolver a Cuba en la ms espantosa revolucin? Con qu apoyo slido contamos, para triunfar de la resistencia que encontraramos? Entramos solos en la lid, o auxiliados por el extranjero? Examinemos separadamente lo que sucedera en cada uno de estos dos casos. De raza africana hay en Cuba como 500 000 esclavos y 200 000 libres de color. Los blancos, unos son criollos, y otros peninsulares, y aunque aqullos son ms numerosos, stos son ms fuertes no slo por la identidad de sentimientos que los une, sino porque tienen exclusivamente el poder, el ejrcito y la marina, y ocupan adems todas las plazas y fortalezas de la Isla. Ilusin sera figurarse, que los peninsulares se adhiriesen en las actuales circunstancias al grito de los cubanos en favor de la anexin. Habra tal vez, entre los ricos, un cortsimo nmero, que, deslumbrados con la idea del valor que pudieran adquirir sus propiedades, depusiesen su espaolismo, y se acogiesen al nuevo pabelln. Pero la inmensa mayora se mantendra fiel al estandarte de Castilla. Opondranse, pues, porque fuerza es confesar, que los espaoles en Amrica, son ms espaoles que en Espaa; porque, habiendo perdido ya sus admirables colonias en el nuevo continente, el orgullo nacional los obliga a defender a fuego y sangre el ltimo punto importante que les queda; porque, desde Cuba, pueden fomentar todava su comercio en varios pases de Amrica, y aun adquirir en ellos alguna influencia poltica; porque todas las industrias, 1Ya he referido en la pgina 268 de este tomo lo que vi en Nueva Orlens.

PAGE 280

OBRAS 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ que hoy los enriquecen, pasaran a los norteamericanos, pues no podran entrar en competencia con rivales tan activos y tan diestros; porque, en fin, de amos de Cuba descenderan a un rango inferior; y si a todos los hombres siempre es duro este sacrificio, al espaol le sera insoportable, no slo por el recuerdo de lo que fue en aquellos pases, sino por la intolerancia de su carcter y el odio con que mira la dominacin extranjera. Si los espaoles deploran, y en mi sentir con razn, el triunfo de los Estados Unidos en Mjico, que ya no les pertenece, cmo podran unirse a los que vienen a despojarlos de una propiedad que tanto estiman? No hay, pues, que contar con su apoyo, ni aun con su neutralidad; y tengamos por cierto que, en cualquier tentativa armada por la anexin, los encontraremos en el campo enemigo. Pero yo he supuesto lo que no es. He supuesto que todos los cubanos desean, y estn dispuestos a pelear por la incorporacin. Es muy fcil que los hombres se engaen, tomando por opinin general la que slo es del crculo en que ellos se mueven; y yo creo que en este error incurriran los que se imaginasen que los cubanos piensan hoy de un mismo modo en punto a la anexin. En La Habana, Matanzas, y algunas otras ciudades bien podrn existir, en ciertas clases, tales o cuales ideas; pero, si consultamos el parecer de la poblacin esparcida en otras partes, conoceremos, que todava no ha penetrado en ella tanta filosofa. Si el pas al que hubisemos de agregarnos fuera del mismo origen que el nuestro, Mjico por ejemplo, suponiendo que este pueblo desventurado, pudiese darnos la proteccin de que l mismo carece, entonces por un impulso instintivo, y tan rpido como el fluido elctrico, los cubanos todos volveran los ojos a las regiones de Anahuac. Pero, cuando se trata de una nacin extranjera, y ms extranjera que otras, para la raza espaola, extrao fenmeno sera, que la gente cubana en masa, rompiendo de un golpe con sus antiguas tradiciones, con la fuerza de sus hbitos y con el imperio de su religin y de su lengua, se arrojase a los brazos de la Confederacin Norteamericana. Este fenmeno slo podr suceder, si persistiendo el Gobierno metropolitano en su conducta tirnica contra Cuba, los hijos de esta Antilla se ven forzados a buscar en otra parte la justicia y la libertad que tan obstinadamente se les niega. Aun en las ciudades de la Isla, donde ms difundida pudiera estar la idea de la anexin, miraran sta con repugnancia, los que viven, y medran contentos a la sombra de las instituciones actuales; los que obligados a pasar por el nivel de la igualdad americana, perderan el rango que hoy ocupan en la jerarqua social; y si a ellos se junta el nmero de los indolentes, de los pacficos y de los tmidos, resultar que el partido de la anexin no ser muy formidable. Y esta fraccin, que seguramente encontrara al frente suyo, a otra ms poderosa, esta fraccin es la que podra salir vencedora en empresa tan arriesgada?

PAGE 281

JOS ANTONIO SACO /275 /275 /275 /275 /275 Admitamos por un momento, que ella llegase a triunfar. Seguirase de aqu, que habiendo sido los cubanos bastante fuertes para sacudir por s solos la dominacin espaola, deberan constituirse en Estado independiente, sin agregarse a ningn pas de la tierra. As pensaran unos, pero otros estaran por la anexin; y esta divergencia de pareceres, en punto tan esencial, encontrar las pasiones de los partidos, y podr ocasionar grandes conflictos. Mas, concdase que todos los cubanos caminan de acuerdo, y piden a una la anexin; todava quedan pendientes otras dificultades muy graves. En la confederacin americana, los Estados del Norte, justamente alarmados de la preponderancia que van adquiriendo los del Sur, estn resueltos a combatir la agregacin a la repblica de nuevos Estados de esclavos; y la reciente determinacin que se acaba de tomar, prohibiendo la esclavitud en el Oregn, es un anuncio de los obstculos que encontrara la incorporacin de Cuba, pues que no hay duda, que con ella se rompera de una vez el equilibrio entre el septentrin y el medioda. Encarnizada sera la contienda entre partidos tan opuestos; y si cuando la cuestin se presentase, no estuviese reunido el cuerpo legislativo americano, nico juez competente para decidirla, sera menester aguardar, a que de nuevo se juntase, quedando Cuba, entretanto, entregada a la ms terrible incertidumbre, y expuesta a los combates de los elementos internos y externos, que podran conjurarse contra ella. Reflexionemos, por otra parte, que la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos turbara necesariamente las relaciones pacficas entre ellos y Espaa. Sabido es que all hay un partido de la guerra, de la funesta escuela de Jackson; pero tambin hay otro, muy numeroso y muy respetable, de la paz; y la lucha que se trabase entre los dos, bien podra conmover hasta los fundamentos de la repblica. No es, pues, tan fcil como se cree, aun suponiendo a Cuba triunfante, su agregacin a los Estados Unidos. Pretendemos, acaso, parodiar la anexin de Tejas? Pero el caso es absolutamente desigual. Cuando Tejas se alz contra Mjico, su poblacin se compona de norteamericanos; no haba potencias interesadas en evitarlo; careca de negros y de esclavos; y su independencia, no slo fue reconocida por los Estados Unidos, sino por Inglaterra y otras naciones. Seran stas las circunstancias de Cuba, que para echarse en los brazos de la repblica americana, escoge el momento crtico de hacer su insurreccin, sin aguardar a constituirse en gobierno independiente, ni a ser reconocida por otras potencias? Y si resultase, lo que nadie puede tener por imposible, si resultase, que los Estados Unidos no nos recibiesen como miembros de su gran familia, qu sera entonces de Cuba, cuando en el concepto de los mismos anexionistas, ella no puede existir por s sola? Forzosa consecuencia sera, o tender de nuevo el cuello al yugo espaol, o condenar la Isla a una ruina inevitable.

PAGE 282

OBRAS 276\ 276\ 276\ 276\ 276\ Pero te engaas, me dirn, los Estados Unidos nos protejen, y con su auxilio triunfaremos. La nueva frmula con que ahora se presenta la cuestin, lejos de inspirarme confianza, aumenta mis temores. Si los auxilios son morales se reducirn a buenos deseos, a vagos ofrecimientos, y a palabras pomposas, que alucinando a muchos, no salvarn a nadie en la hora del peligro. Sern fsicos los auxilios, nicos que pudieran ser eficaces en nuestra angustiada situacin? Mas, quin los da? Ser aquel pueblo? Ser su gobierno? En los hbitos utilitarios y espritu positivo de aquella repblica, no es posible que ella arriesgue su dinero en empresa tan aventurada. Atrvome a asegurar que, mientras sean cubanos los que dieren la cara, quedndose al pao los norteamericanos, toda su proteccin consistir en la tolerancia de ciertos actos, que aunque reprobados por el derecho de gentes, no comprometan la paz entre ellos y Espaa.2 Yo quisiera infundir mis ideas a todos mis compatricios; quisiera que desconfiasen de todas las promesas, aunque saliesen de la boca del mismo Presidente; y quisiera que ninguno se prestase incautivamente, a pesar de la mejor intencin, a ser juguete de planes e intrigas, que si se frustran, slo perjudicarn a Cuba y a sus hijos; y si se realizan, aprovecharn a los que nada pierden, ni arriesgan. A ser yo conspirador por la anexin, exigira al gobierno de los Estados Unidos, que si realmente la desea, ya que Cuba por s sola no puede conseguirla, empezase por preparar una escuadra y un ejrcito de 25 o 35 000 hombres; y que el primer acto de su declaracin de guerra contra Espaa fuese la invasin de Cuba. Este golpe atrevido, aunque en mi concepto, arruinara la Isla, tendra al menos el mrito de la franqueza y el valor. Esta invasin es la suposicin ms favorable que puedo hacer para el triunfo de las ideas anexionistas. Pero cules seran hoy las consecuencias? Mucho se engaan los que piensan, que el Gobierno espaol se dejara arrebatar la importantsima isla de Cuba, sin una defensa desesperada. Mal calculan los que se fundan en la debilidad de Espaa. Dbil es ac, en Europa, en una guerra ofensiva; dbil all, en Amrica, para reconquistar las posesiones que ha perdido; pero en Cuba es fuerte y muy fuerte para arruinar a los cubanos; y su fuerza principal estriba en los heterogneos y peligrosos elementos de su poblacin. Por ventura est el gobierno de Cuba tan destituido de recursos, que dueo, como es, de toda ella, no pueda resistir por algn tiempo a los invasores? No cuenta con un ejrcito respetable y fiel, pues que todo se compone de espaoles europeos? No armara a miles a los peninsulares residentes en aquella Isla, y que sin familia cubana que los ligue, serviran gustosos en la causa de la madre patria? Y prolongada la lucha, no meses, sino slo semanas, qu brazo poderoso podr impedir la des2Los hechos posteriores comprobaron esta verdad.

PAGE 283

JOS ANTONIO SACO /277 /277 /277 /277 /277 truccin de Cuba... para los cubanos ? Empeada la guerra, cualquiera de los dos partidos que flaquease, y sobre todo el espaol, no llamara en su auxilio a nuestro ms formidable enemigo? No lanzara el grito mgico de libertad, reforzando sus legiones con nuestros propios esclavos? Y cuando esto sucediese, que infaliblemente sucedera; dnde est la ventura que encontraran los cubanos, peleando por la anexin? Aun cuando ninguno de los partidos beligerantes llamase en su socorro auxiliares tan peligrosos, ellos no permaneceran tranquilos. Si hoy lo estn, en medio de la ardiente atmsfera que respiran, debido es a la unin saludable en que viven todos los blancos; pero el da en que el trueno del can los separe, ese da podrn renovarse en Cuba los horrores de Santo Domingo. Moveranse all los africanos por la fuerza de sus instintos; moveranse por el fanatismo de las sectas abolicionistas, que no dejarn escapar la preciosa coyuntura, que entonces se les presenta para consumar sus planes; moveranse, en fin, por los resortes de la poltica extranjera, que sabr aprovecharse diestramente de nuestros errores y disensiones. Bulle en muchas cabezas norteamericanas el pensamiento de apoderarse de todas las regiones septentrionales de Amrica, hasta el istmo de Panam. La invasin de Cuba por los Estados Unidos descubrira en ellos una ambicin tan desenfrenada, que alarmara a las naciones, poseedoras de colonias en aquella parte del mundo. Yo no s si todas ellas, sintindose amenazadas, haran causa comn con Espaa; pero Inglaterra, que es cabalmente la que ms tiene que perder, mirara como una fatalidad, que Cuba cayese en todo su vigor y lozana, bajo el poder de los Estados Unidos. Ella, pues, abierta o solapadamente, segn creyera que mejor cumpla a los fines de su poltica, se mezclara en la contienda, y sus parciales en Cuba, seran ms numerosos que los de la repblica americana; pues sta, a lo ms, slo contara con los cubanos; mas, aqulla reunira en torno suyo a los peninsulares, porque defendera los intereses de Espaa, y a los individuos de raza africana, porque stos saben que ella hace a los esclavos libres, y a los libres ciudadanos; mientras los Estados Unidos mantienen a los suyos en dura esclavitud. No proporcionara recursos a Espaa, para que continuase la guerra? No le permitira que en Jamaica, y en sus otras islas vecinas reclutase soldados negros, que simpatizaran con los africanos de Cuba? Y qu sera de esta infeliz Antilla, destrozada por la guerra civil, y sometida a un tiempo a la perniciosa influencia de dos naciones rivales o enemigas? Y triunfaran, al cabo, los Estados Unidos? Triunfen enhorabuena, pero su triunfo sera sobre las cenizas de la patria. Quedarales el punto geogrfico: pero sobre ese punto se alzaran ms de 600 000 negros, baados en la sangre de sus seores, y ofreciendo a los Estados meridionales de aquella confederacin un ejemplo terrible que imitar.

PAGE 284

OBRAS 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ No hay pas sobre la tierra, donde un movimiento revolucionario sea ms peligroso que en Cuba. En otras partes, aun con slo la probabilidad de triunfar, se pueden correr los azares de una revolucin, pues por grandes que sean los padecimientos, siempre queda el mismo pueblo; pero en Cuba, donde no hay otra alternativa que la vida o la muerte, nunca debe intentarse una revolucin, sino cuando su triunfo sea tan cierto, como una demostracin matemtica. En nuestras actuales circunstancias la revolucin poltica va necesariamente acompaada de la revolucin social; y la revolucin social es la ruina completa de la raza cubana. Sin duda que los oprimidos hijos de aquel suelo tienen muchos agravios que reclamar contra la tirana metropolitana; pero por numerosos y graves que sean, los hombres previsores jams deben provocar un levantamiento, que antes de mejorar nuestra condicin, nos hundira en las ms espantosas calamidades. El patriotismo, el puro e ilustrado patriotismo debe consistir, en Cuba, no en desear imposibles, ni en precipitar el pas en una revolucin prematura, sino en sufrir con resignacin y grandeza de nimo los ultrajes de la fortuna, procurando siempre enderezar a buena parte los destinos de nuestra patria. Ni en la presente situacin de Cuba, ni en los extraordinarios acontecimientos que han perturbado la Europa en 1848, encuentro ningn motivo de los que se llaman vitales, que nos fuercen a buscar la anexin por medio de las armas. Ser que los cubanos consideran su suerte tan insoportable, que ciegos y desesperados, quieran entregarse a la venganza y a otras pasiones indignas de sus pechos generosos? Si tal hicieran, las consecuencias pesaran ms sobre ellos que sobre los enemigos de quienes intentaran vengarse. Se buscar la incorporacin, por temor de que Espaa, en sus revueltas intestinas, mande libertar a los esclavos? De las cinco razones que tengo para creer lo contrario, slo apuntar cuatro. 1 Tal vez, en el curso de los aos, Espaa pensar lo mismo que Inglaterra, Francia y otras naciones: pero hoy no est, ni en sus ideas, ni en sus intereses, el abolir la esclavitud; y lo mismo piensan en cuanto a ella progresistas y moderados, que republicanos y absolutistas. Dganlo, si no, aquellos ingleses, que en sus correras por Madrid, Barcelona y otras ciudades de la Pennsula, anduvieron regando la semilla abolicionista, y en todas partes se encontraron un terreno estril e ingrato. 2 A no haber sido por las continuas y enrgicas reclamaciones del gabinete ingls, todava Espaa estara inundando a Cuba de esclavos africanos. En la cuestin negrera se observan dos perodos muy marcados: el de la supresin del trfico, y el de la emancipacin. Aqul siempre precede a ste; y si Espaa apenas ha entrado en el primero, y eso a impulso de una fuerza exterior poderosa, cmo se la podr considerar tan adelantada, que ya est en el ltimo trmino del segundo? 3 Pero aun cuando hubiese lle-

PAGE 285

JOS ANTONIO SACO /279 /279 /279 /279 /279 gado a l, su propio inters le servira de freno, pues ella conoce que la abolicin en masa atacara violentamente las propiedades de cubanos y europeos, y que, reunindose todos, para defenderlas, no temeran declararse independientes, o reunirse a otra potencia. 4 Espaa sabe que los millones de pesos fuertes y los dems provechos que saca anualmente de Cuba, son producto del trabajo de los esclavos. Cmo, pues, en sus apuros pecuniarios, cortar ella de un golpe el rbol frondoso, que tan sazonados frutos le presenta? Ser la anexin para libertarnos de las tentativas de Inglaterra contra Cuba? En nuestra posicin no debemos adormecernos con una vana confianza ni tampoco exagerar los peligros. Cierto es que los hacendados de las Antillas britnicas desearan que los de Cuba no fabricasen azcar con ms ventaja que ellos; cierto que el Gobierno ingls se alegrara de que las ideas de su propaganda alcanzasen tambin a nuestra Isla: pero se infiere de aqu que l pretenda realizar sus deseos, apoderndose de Cuba, o destruyndola? Nunca menos que ahora puede l emprender esta tremenda cruzada: y no lo digo con relacin al estado en que se halla la Europa; no lo digo porque el abatimiento en que han cado las Antillas britnicas, a consecuencia de la emancipacin repentina de sus esclavos, ha entibiado algn tanto en Inglaterra el fervor de los abolicionistas, y disminuido el nmero de sus proslitos; dgolo, s, porque esta nacin sabe que, aun cuando Espaa le vendiese a Cuba, los Estados Unidos se opondran vigorosamente a que pasase a sus manos una isla que no slo domina todas las aguas del golfo mejicano, sino parte de las costas orientales de aquella repblica. La esclavitud misma de Cuba dara a Inglaterra algunos embarazos para su adquisicin, porque en el acto que la poseyera, habra de proclamar la libertad, ora indemnizando a los amos el valor los esclavos, ora sin indemnizarlos. Si no los indemniza, el descontento general de aqullos ser tan grande, que considerndose arruinados, nada les impedira hacer una revolucin, que sera sumamente provechosa a los Estados Unidos. Si los indemniza, aun a precios muy bajos, forzoso le ser aadir al valor, que pagara por Cuba, la suma de muchos millones de pesos fuertes. Y para qu tantos sacrificios? Para entrar inmediatamente en una guerra desastrosa con la Confederacin Norteamericana. Tranquilicmonos, pues, y no temamos vernos convertidos en sbditos ingleses. Lgannos con la Gran Bretaa tratados solemnes sobre el trfico de esclavos; cumplmoslo religiosamente, y ella se abstendr de ciertas aspiraciones que, llevando en s el carcter de una intervenci n en nuestros asuntos doms ticos, provocara al punto la de los Estados Unidos. stos, y no Espaa, stos, no por nuestro bien, sino por su propio inters, stos son en nuestra situacin actual el escudo ms fuerte que nos cubre contra cualquiera desleal tentativa del Gobierno britnico. Pero si nosotros, rompiendo

PAGE 286

OBRAS 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ imprudentemente este equilibrio conservador, llevamos a nuestro suelo el azote de la guerra, entonces aquel gabinete podr realizar cuantas miras siniestras se le quieran suponer; pues que nosotros mismos le ofrecemos la ocasin ms favorable. Harn los cubanos le anexin para libertar sus esclavos? Slo pensarlo es un delirio, y si lo pensasen por un trastorno completo de las leyes morales que rigen el corazn humano, no deberan empezar por encender en su patria una guerra asoladora; sino por ponerse de acuerdo con su metrpoli, y ejecutar pacficamente sus benficas intenciones. Ser, al contrario, para reanimar el trfico de esclavos, introducindolos, no de frica sino de los Estados Unidos? Esto, que a muchos parecer un bien, yo lo tengo por un mal, como dir ms adelante. Ser slo para mantener la esclavitud? Pero quin trata de emancipar los esclavos? Espaa no suea, y la Inglaterra ni tiene derecho para mezclarse en esta cuestin, que es peculiarmente nuestra, ni tampoco presenta una actitud amenazadora; y si la tomase, encontrara las graves dificultades que acabo de manifestar. Es, pues, evidente, que haramos la revolucin por un temor imaginario. Y los que la hicisemos, cmo no advertimos, que la guerra por la anexin sera el medio infalible de perder nuestros esclavos? Y los conservaramos, aun en el caso de reunirnos pacficamente a la confederacin americana? Acaso el porvenir no es tan brillante ni tan slido como generalmente se cree, pues la incorporacin no pone los esclavos de Cuba a cubierto de todas las eventualidades. Nadie me negar que es muy posible una guerra entre los Estados Unidos y la Gran Bretaa, y muy posible la hace la poltica belicosa de un partido que desea expulsarla del septentrin de la Amrica. Crece esta posibilidad, si en las prximas elecciones para la presidencia de la repblica llega a subir al poder el general Cass. En estas circunstancias, cul sera la suerte de Cuba si incorporada en los Estados Unidos se rompiesen las hostilidades entre las dos potencias? Dominando Inglaterra los mares con sus escuadras formidables, bloqueara nuestros puertos, impedira los socorros que pudiera darnos la confederacin, nuestros frutos no podran exportarse, y por colmo de infortunio, echara sobre nuestras costas un ejrcito de negros, ms temibles por sus simpatas y sus ideas, que por sus bayonetas y caones. Cuba, pues, perecera, y perecera asida a la bandera que habra enarbolado como smbolo de salvacin. Pero ni salvacin muy segura me parece que habra para la conservacin de la esclavitud aun en medio de la paz. No negar que la agricultura cubana tomara, con la anexin, un vuelo prodigioso; pero este vuelo sera debido, en mucha parte, a los esclavos procedentes de los criaderos americanos; y lo que tan ventajoso fuera para la prosperidad

PAGE 287

JOS ANTONIO SACO /281 /281 /281 /281 /281 material de Cuba, complicara su posicin poltica y social. La raya que separa los Estados del Norte de los del Sur, va ahondndose de da en da. La cuestin de la esclavitud se est hoy debatiendo en ellos con ms vehemencia que nunca, y la fogosa polmica de la prensa, sostenida por oradores entusiastas en las juntas pblicas que se celebran, hacen ya palpitar las entraas de la repblica. Si Cuba formase hoy parte de ella, estar incomparablemente ms inquieta que al presente; y aun quizs se vera obligada a tomar violentas precauciones para impedir que en ella cundiese el contagio de la propaganda. Acaso no dista mucho el da en que los Estados del Norte fulminen su anatema contra las regiones del Sur: su separacin ser entonces inevitable, y Cuba arrastrada por la necesidad de conservar sus esclavos, seguira la suerte de la nueva nacin que al Sur se formar. Entrando en ella, no slo echar menos en su nueva alianza todo aquel grado de fuerza y proteccin que fue a buscar en los brazos de la disuelta confederacin, sino que quedara reunida a la parte de ella menos civilizada, menos industriosa, y, por desgracia, compuesta de distintas razas, tanto ms antipticas, cuanto una de ellas es blanca y dominadora, y otra negra y esclava. Los pueblos de la Antigedad pudieron vivir muchos siglos, rodeados de la esclavitud; pero las modernas sociedades de Amrica, que llevan en su seno esta gangrena, estando constituidas sobre bases muy diferentes, preciso es que sufran las consecuencias de su viciosa organizacin, o que se atemperen a los principios dominantes de nuestra edad. Y me permitirn mis compatricios que les hable aqu con toda franqueza? Se indignarn contra m lo mismo que en aos pasados, cuando habl sobre los peligros del comercio de los esclavos? Las lecciones de la experiencia, no los habrn hecho ms tolerantes y previsores? Conjurarn la tempestad apartando la vista de la nube, o enmudeciendo a su aspecto? No se me tache, pues, de abolicionista, porque no lo soy; yo no soy ms que un mensajero del tiempo, un mensajero pacfico del siglo XIX, que es el nico abolicionista. Las voces penetrantes que resuenan en Europa, y que incesantemente atraviesan los mares; el clamor continuo que baja del septentrin de la Amrica, y los ejemplos irresistibles que ofrecen las Antillas extranjeras y las repblicas hispanoamericanas, anuncian a Cuba, que su verdadera salvacin y estabilidad consiste, no en injertarse en un tronco enfermo como el suyo, sino en arrojar el veneno, que roe sus entraas. Diranme algunos que pienso as, porque no tengo esclavos; pero por lo mismo que no los tengo, veo las cosas bajo de un punto de vista ms claro, pues ni me ciega el inters, ni me alucinan falsas esperanzas. No propondr una marcha precipitada como la de los ingleses y franceses, porque en nuestro estado no slo es imposible, sino injusta, impoltica y desastrosa. La ley publicada en Colombia, en 1821, ha sabido conciliar, sin sacudimientos ni violencias los gran-

PAGE 288

OBRAS 282\ 282\ 282\ 282\ 282\ des intereses que juegan en esta delicada cuestin; y tomndola por base de nuestra reforma social puede modificarse segn las circunstancias: y una de las modificaciones que yo hara, si alguna parte tuviese en tan importante trabajo, sera la de dar otra patria a todos los nuevos libertos, pues harto crecido es ya el nmero de los que hay en nuestro suelo. Bien se me alcanza que al leer el prrafo anterior, muchos dirn que estoy abogando indirectamente por la independencia, pues a no ser por los esclavos, mucho tiempo ha que los cubanos la habran proclamado. As lo cree el gobierno, y por eso ha escogido como piedra angular de su poltica en Cuba la esclavitud de los negros y el trfico de ellos, que tan criminalmente ha protegido. De aqu la repugnancia a fomentar la poblacin blanca, y el empeo en introducir una nueva raza de Asia o de Amrica, para ms complicar la situacin. Este error, no menos funesto a la colonia que a la metrpoli, nace de haber identificado a Cuba con las posesiones del continente de Amrica, cuando sus circunstancias son tan diversas, pues lo que fue en aqullas un suceso inevitable, en Cuba, aun sin esclavos, es sobremanera difcil. Las colonias continentales de Espaa estaban asentadas en vasta superficie que se extiende desde las Californias hasta la Patagonia y desde las aguas del Atlntico hasta las playas del Pacfico; mas, Cuba slo ocupa un espacio muy pequeo en el mar de las Antillas. La poblacin de aqulla era muy superior en nmero a la de su metrpoli; mas, la de Cuba, sobre ser muy escasa, est compuesta en mucha parte de peninsulares. Defendan a aqullas de los ataques exteriores la inmensa distancia que las aparta de Europa, la dificultad de sus comunicaciones internas, la espesura de sus bosques y la fragosidad de sus montaas; mas, Cuba dista menos de Espaa, y menos todava por los prodigios del vapor, apenas entonces conocidos; es de fcil acceso por todas sus costas, y en razn de su misma pequeez, est cortada de caminos en casi todas direcciones. Propagado en aqullas el fuego de la insurreccin, cmo sujetar a un tiempo pases tan inmensos y tan lejanos? Si todo el gran poder de Inglaterra no hubiera podido someterlos, sera bastante a conseguirlo una nacin empobrecida, sin ejrcitos ni escuadras, y que acababa de salir tan postrada de la sangrienta lucha con el Capitn del siglo? Cuba, empero, por su corta extensin tiene menos recursos para su defensa, pues estrechado por la naturaleza el crculo de sus maniobras militares, puede el gobierno reconcentrar con ventaja en un solo punto todas las fuerzas de la nacin, y cargar con ellas sobre una dbil Antilla, abierta por todas partes a los golpes del enemigo. Reflexione el gobierno, que al mal que teme, es menos grave que el que pretende evitar, pues aun en el caso de que sus temores pudieran realizarse en el largo transcurso de los tiempos, siempre le quedara en

PAGE 289

JOS ANTONIO SACO /283 /283 /283 /283 /283 Cuba una rama espaola y un buen mercado espaol. Reflexione, que la raza africana es tan irreconciliable con los europeos como con los cubanos, y que si funesta puede ser para los unos, tambin puede serlo para los otros. Reflexione, que as como l se apoya en los esclavos para evitar la independencia, otros pueden tambin servirse de ellos para conseguirla. Reflexione, que son un grande embarazo en sus relaciones diplomticas, y que si, por desgracia, tuviese que sostener una guerra con alguna potencia martima, los esclavos seran los enemigos ms formidables de Cuba. Reflexiones, que tarde o temprano llegar el da en que la esclavitud ha de sufrir profundas modificaciones; y que si poco a poco no las va preparando, podr verse forzado a resolver de un golpe el problema, perdiendo entonces a Cuba por los mismos medios con que intent preservarla. Reflexiones, en fin, que si hay algn inters que pueda reunir los peninsulares a los cubanos para hacer la independencia, este inters es la esclavitud. Unos y otros estn muy inquietos por el temor de perderlos repentinamente. Sus temores crecen con los acontecimientos que pasan en derredor suyo; y como el vacilante estado de la poltica de Espaa no les inspira confianza, no sera extrao que en un momento de conflicto, entendindose cubanos y europeos, por la comunidad de intereses y peligros, o se declarasen independientes, o se pusiesen bajo el amparo de algn pueblo vecino. As vendra a suceder, que la misma esclavitud, en que el Gobierno espaol se apoya, para dominar a Cuba, fuese el instrumento escogido por la Providencia, para castigar su pecado. Si aquella Isla se pierde por un levantamiento de los esclavos, o por una revolucin anexionista el Gobierno espaol ser el nico responsable de cuantas desgracias puedan acaecer. A m no me consta, si en Cuba ha habido conspiracin o conspiradores a favor de la anexin: lo que s me consta es, que reina en todos los cubanos un profundo descontento y un vehemente deseo de salir de la esclavitud poltica en que se hallan. Y no me vengan a citar en contra las serviles representaciones que all se acaban de hacer, ofreciendo al trono vidas y haciendas en prueba de fidelidad. En Cuba, ya por la pusilanimidad de unos, ya por la extrema docilidad de otros, ya, en fin, por la divergencia de las opiniones, no hay ms voz ni voluntad que la de los hombres que mandan, y muy templada ha de ser el alma del cubano, a quien presentndole uno de esos documentos, vergenza de mi patria y de la historia, se resista a poner su firma en ellos. Por ms que digan los parciales y aduladores, la isla de Cuba apenas es una sombra de lo que pudiera y debera ser. Aun la misma agricultura, que tanto nos ponderan, pues que en ella consiste sus riquezas; no est todava en su infancia, reducida a una esfera muy pequea, y asentada exclusivamente sobre el deleznable cimiento de la esclavitud?

PAGE 290

OBRAS 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ Pero, aun suponiendo que estuviese en el ltimo grado de perfeccin, piensa el gobierno, que toda la felicidad de los cubanos debe estar cifrada en vender azcar, caf y tabaco, en pasearse en un carruaje por las tardes, y en divertirse en bailes y teatros? Los pueblos, al paso que adelantan en civilizacin, van adquiriendo nuevas necesidades, y los que antes vivieran contentos con slo los goces fsicos, ya hoy tienen exigencias intelectuales, polticas y morales que satisfacer. La sabidura de un buen gobierno consiste en observar atentamente estos progresos sociales, para poner en armona con ellos las instituciones; pues resistir ciegamente, permaneciendo en la inmovilidad, es provocar una revolucin. Cuba se va acercando ya al punto crtico, en que la cultura de sus moradores, y lo que es ms alarmante todava, la injusticia y los ultrajes que estn sufriendo sus hijos, hacen imperiosa en ella una reforma poltica. Americanos isleos, y continentales, han sentido en todos tiempos el cruel azote de su metrpoli; pero mientras sta no tena instituciones liberales, caba en la apariencia la disculpa de que los espaoles corran igual suerte en todas las Espaas. Mas hoy, qu excusa podr alegar el gobierno en justificacin de la bastarda poltica que sigue en Cuba? Esta colonia, aunque con suma repugnancia de la madre patria, goz de algunos derechos polticos en tres intervalos que corrieron de 1812 a 1836; pero desde entonces cay de nuevo, y de una vez, bajo el despotismo colonial. En la Constitucin promulgada en 1837, se ofreci gobernar a Cuba por leyes especiales ; y aunque ms de 11 aos ha3 que la nacin congregada en Cortes constituyentes, le hizo esta solemne promesa, a la hora en que esto escribo, ni los gobernantes de Cuba tienen menos facultades, ni los gobernados ms derechos que en los tiempos de Carlos IV. Nada exagero al afirmar, que menos oprimidos vivan los cubanos bajo el cetro absoluto de los monarcas de Castilla, que en los das constitucionales de la reina Isabel II. Ellos pagaban entonces menos contribuciones relativamente a sus riquezas; de hecho gozaban de cierta tolerancia y libertad, que hoy sera delito practicar; la persecucin poltica era desconocida, porque el gobierno era menos suspicaz; a pesar de que hoy existen honrosas excepciones, la generalidad de los empleados, que de Espaa pasaban a aquel pas, eran menos insolentes y corrompidos; ejercan los cubanos en su propia tierra todos los empleos municipales, llambaseles a la carrera de las armas, a la magistratura y aun al gobierno civil y militar de los pueblos. Pero hoy la peor tacha que para ocupar estos puestos, se puede poner a un cubano, es la de haber nacido en Cuba; y si alguno por casualidad los alcanza, es a 3Ya hoy van corridos, no 11, sino 21 aos, y todava no ha cambiado el sistema poltico con que a Cuba se gobierna.

PAGE 291

JOS ANTONIO SACO /285 /285 /285 /285 /285 fuerza de paciencia, de empeos y de dinero. El talento y la instruccin, la honradez y el patriotismo, prendas tan estimadas en otros pases, son en Cuba un crimen imperdonable, y mientras la suerte de la patria est confiada a manos torpes e impuras, los cubanos de buena ley, o arrastran su vida proscritos en tierras extranjeras, o para escapar de la persecucin, tienen que buscar un refugio en la oscuridad o en el silencio. Tal es la brillante posicin que ocupa hoy el cubano en el suelo que le vio nacer; tales las caricias con que le agasaja la mano paternal del gobierno. Yo he observado en Amrica y Europa, que los criollos de las colonias de Francia y de Inglaterra se glorian en llevar los dictados de ingleses y franceses, y a mucha honra tienen el identificarse con sus progenitores de sus respectivas metrpolis. Por qu, pues, no sucede lo mismo a los cubanos? Porque la ley eterna que escribi naturaleza en el corazn del hombre, prohbe que amemos al tirano que nos oprime, aunque sea nuestro propio padre. Lstima da or los motivos que se alegan para gobernar a Cuba despticamente. Afirman, en primer lugar, que la libertad concedida a las colonias del continente por la Constitucin de 1812 fue el origen de la independencia.4 Absurdo mayor con dificultad se comete. La idea de la independencia se puede decir que empez con la conquista, y as lo comprueban los recelos y desconfianza del gobierno contra Coln y Corts; las ambiciones personales de los jefes que en ellas mandan, y las guerras civiles del Per. Gritos de independencia resonaron en el siglo XVIII; independencia era el noble sentimiento que arda en el pecho de los americanos desde las mrgenes del San Lorenzo hasta el estrecho de Magallanes; y por independencia deban suspirar tantos pueblos esclavizados. “Dejo aparte [as deca el clebre conde de Aranda en su famoso informe secreto a Carlos III en 1783], dejo aparte el dictamen de algunos polticos, tanto nacionales como extranjeros, en que han dicho que el dominio espaol en las Amricas no puede ser duradero, fundados en que las posiciones tan distantes de su metrpoli, jams se han conservado largo tiempo. En el de aquellas colonias ocurre an mayores motivos, a saber: la dificultad de socorrerlas desde Europa cuando la necesidad lo exige; el gobierno temporal de virreyes y gobernadores que la mayor parte van con el nico objeto de enriquecerse; las injusticias que algunos hacen a aquellos infelices habitantes; la distancia de la soberana y del tribunal supremo donde han de acudir a exponer sus quejas; los aos que se pasan sin obtener resolucin; las vejaciones y venganzas que mientras tanto experimentan de aquellos jefes; la dificultad de descubrir la verdad a tan larga distancia; y el influjo que dichos jefes tienen, no solamente en el 4Esta idea se refuta con ms extensin en la Situacin poltica de Cuba y su remedio.

PAGE 292

OBRAS 286\ 286\ 286\ 286\ 286\ pas con motivo de su mando, sino tambin en Espaa, de donde son naturales: todas estas circunstancias, si bien se mira, contribuyen a que aquellos naturales no estn contentos, y que aspiren a la independencia siempre que se les presente ocasin favorable”. Vanse aqu trazadas en compendio las causas verdaderas de la independencia de las colonias espaolas. Lo nico que les faltaba para realizar sus deseos era una coyuntura favorable, y sta se les present con la invasin de Espaa por las tropas francesas en 1808. As fue, que desde entonces se empez a descomponer el edificio gtico colonial, y algunas de las columnas que lo sustentaban, se desplomaron, aun antes de haberse publicado la Constitucin de 1812. Lo admirable es, que tan inmensos pases, tan arbitrariamente gobernados, y tan distantes de Europa, hubiesen permanecido encadenados hasta el siglo XIX a una metrpoli tan decadente como Espaa. Y ya que esta nacin desventurada, en medio de las tormentas que la sacuden, lucha por regenerarse, procure afianzar su poder en Cuba bajo los principios conciliadores de una libertad racional. La independencia de aquella Isla es un acontecimiento muy improbable; y tanto ms improbable cuanto ms justo y templado sea el gobierno que la dirija. Tome Espaa lecciones de los pueblos que estn ms adelantados que ella. Vea como ni Inglaterra ni Francia han temido conceder derechos polticos a sus colonos. Aqulla perdi los Estados Unidos; mas, no por eso priv de libertad a las colonias que la gozaban; ni menos dej dispensarla al Canad, que careca de ella, cuando lo gan por conquista, a pesar de su contacto inmediato con la repblica americana. Ese mismo Canad se sublev contra su metrpoli en 1839; pero sta, despus de haberlo subyugado, no apel al despotismo para gobernarlo, sino a las mismas libres instituciones que le haban concedido. Pero Inglaterra, y sta es la segunda razn que invocan para oprimirnos, Inglaterra es una nacin poderosa y puede sujetar las colonias que se alcen; mas, Espaa, siendo dbil, perdera las que le quedan, si renunciase al despotismo. Cabalmente de aqu se infiere todo lo contrario, pues por lo mismo que Inglaterra es fuerte, podra abusar de su poder, esclavizando sus colonias, sin cuidarse del enojo que les causara; mas, Espaa, que siente sus pocas fuerzas, debe ser ms moderada y circunspecta en el ejercicio de su autoridad, pues en la hora del peligro cuenta con menos recursos para someter los pueblos que su tirana ha irritado. Dicen, por ltimo, que, como en Cuba hay esclavos negros, no es dable que los blancos tengan libertad poltica. Once aos ha que examin detenidamente esta materia,5 y trabajo me cuesta resistir a la tenta5E xamen analtico etc., publicado en Madrid en 1837.

PAGE 293

JOS ANTONIO SACO /287 /287 /287 /287 /287 cin de insertar aqu todas las razones que expuse entonces; pero omitindolas, en gracia de la brevedad, me contentar con transcribir lo relativo a las Antillas inglesas: “Pero estrechemos ms las distancias, y pasemos a considerar las colonias inglesas en el mismo archipilago de las Antillas. Regidas estn por un gobierno liberal, y en casi todas se congrega anualmente una asamblea legislativa nombrada por el pueblo, sin que la gente de color haya tomado nunca parte de su formacin. La prensa no est sujeta a trabas ni censura; y no slo es libre como en Inglaterra, sino que est exenta de ciertas cargas que sufre en la metrpoli. Para hacer ms patente el punto que estoy demostrando, muy importante ser enumerar la poblacin blanca y de color de esas colonias, pues as aparecer la enorme diferencia que hay entre ellas y Cuba y Puerto Rico. Y como el establecimiento de las asambleas anglo-coloniales no es de fecha reciente, dar ms fuerzas a mis razones, citando siempre que pueda, no los ltimos censos de esas islas, sino otros formados en aos anteriores” PoblacinProporcin entre AosBlancosde colorblancos y de color —————————— ———————— Jamaica1817 35 0006375 0001 por ms de10 Antigua17741 59037 8081 por ms de23 18281 98033 9051 por ms de17 Tabago180590015 8831 por ms de17 183045013 7191 por ms de30 Barbadas1786 16 16762 9531 por ms de 3 183212 80088 0841 por casi 7 S. Cristbal18261 61021 8811 por ms de13 Bahamas18314 500 12 0001 por casi 3 Dominica17881 23615 4121 por ms de12 183184020 0001 por ms de23 Monserrate17911 30010 0001 por ms de 7 18283157 0651 por ms de22 S. Vicente18121 05326 4021 por ms de25 18251 30126 6041 par ms de20 Granada 1827783428 3341 por ms de33 6ste es el mximun exagerado de la poblacin blanca, pues muchos creen, que solamente llegaba a 30 000. 7A fines del siglo pasado la proporcin era mayor.

PAGE 294

OBRAS 288\ 288\ 288\ 288\ 288\ ”El estado que precede demuestra evidentemente, que las colonias inglesas, teniendo una poblacin de color que comparada con los blancos es muchsimo ms numerosa que la de Cuba y Puerto Rico, gozan, sin embargo, de las ventajas de un gobierno liberal. Y cuando este espectculo hiere incesantemente todos nuestros sentidos, qu razones se podrn alegar para que en las provincias hispano-ultramarinas, no se establezcan instituciones semejantes?” Espaa oprimiendo a sus colonias, ha perdido un continente. Ensaye ahora para los restos preciosos que le quedan, un nuevo modo de gobierno, el nico compatible con sus actuales instituciones, y con las urgentes necesidades de Cuba. La libertad que a sta se concede, en vez de relajar los vnculos que la ligan con su metrpoli, servir para apretarlos, pues reparando injusticias y agravios envejecidos, desarmar la clera de un pueblo que hoy gime encadenado. Engaan al gobierno los que le dicen, que ese pueblo est contento. Por mal que suene mi voz a sus odos, imprtale mucho escucharla, pues exenta de todo temor y de toda esperanza, le habla francamente la verdad. Si en el mundo hay alguna colonia que no tenga simpatas con su metrpoli, Cuba es esa colonia. Crame el gobierno, porque soy cubano, y porque adems de ser cubano, s como piensa mi pas. Tiempo es todava de ganarse el corazn de aquellos moradores; pero esto no se consigue con bayonetas, proscripciones, ni patbulos. Comience una nueva era para todos, cese la mortal desconfianza con que se mira a los cubanos, dnseles derechos polticos, branseles libremente todas las carreras, y frmese una legislatura colonial para que ellos tomen parte en los negocios de su patria; pero si en vez de este camino, sigue el gobierno la marcha tortuosa que hasta aqu, tenga por cierto que el descontento crecer, y da podr llegar en que, pospuestos los intereses materiales, nico dique que al presente contiene los justos deseos de libertad, estalle una revolucin, que sea cual fuere el resultado para Cuba, a Espaa ser siempre funesto. Vivimos en una poca de grandes acontecimientos, y nadie puede pronosticar hasta dnde llegarn las cosas, si Espaa se hallase envuelta en una guerra europea, o despedazada por la anarqua. La palabra anexin empieza a repetirse en Cuba; el extraordinario engrandecimiento de los Estados Unidos y la plcida libertad de que gozan, son un imn poderoso a los ojos de un pueblo esclavizado; y si Espaa no quiere que los cubanos fijen la vista en las refulgentes estrellas de la constelacin norteamericana, d pruebas de entendida, haciendo brillar sobre Cuba el sol de la libertad. Pars, 1 de noviembre de 1848. La publicacin de este papel concit contra m a todo el partido anexionista; y mientras que ni entonces, ni despus, jams sali de mi

PAGE 295

JOS ANTONIO SACO /289 /289 /289 /289 /289 pluma un nombre propio, muchos de mis adversarios polticos me trataron de servil, apstata, traidor y vendido a los intereses espaoles. La prensa desencadenada se encarg de repetir desde los Estados Unidos esos eptetos que yo siempre despreci; y dando slo mi atencin a cuatro folletos all publicados, aunque algunos, con mucha acrimonia, los contest detenidamente, para que el pueblo cubano acabase de conocer cun equivocados andaban los que queran lanzar a Cuba en una revolucin prematura. Mi contestacin o rplica, aunque escrita en Francia, cre conveniente imprimirla en Madrid; pero este paso que aconsejaba la prudencia, me puso, segn dir despus, en un compromiso que pudo ser para m de funestas consecuencias.

PAGE 296

RPLIC RPLIC RPLIC RPLIC RPLIC A A A A A DE DE DE DE DE JOS ANTONIO SACO JOS ANTONIO SACO JOS ANTONIO SACO JOS ANTONIO SACO JOS ANTONIO SACO A LOS ANEXIONIST A LOS ANEXIONIST A LOS ANEXIONIST A LOS ANEXIONIST A LOS ANEXIONIST AS QUE HAN IMP AS QUE HAN IMP AS QUE HAN IMP AS QUE HAN IMP AS QUE HAN IMP UGNADO UGNADO UGNADO UGNADO UGNADO SUS SUS SUS SUS SUS IDEAS SOBRE LA INCORPORACI"N DE CUBA IDEAS SOBRE LA INCORPORACI"N DE CUBA IDEAS SOBRE LA INCORPORACI"N DE CUBA IDEAS SOBRE LA INCORPORACI"N DE CUBA IDEAS SOBRE LA INCORPORACI"N DE CUBA EN LOS EST EN LOS EST EN LOS EST EN LOS EST EN LOS EST ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ( ( ( ( ( Madrid.—Imprenta de la Compaa Madrid.—Imprenta de la Compaa Madrid.—Imprenta de la Compaa Madrid.—Imprenta de la Compaa Madrid.—Imprenta de la Compaa de Impresores del R de Impresores del R de Impresores del R de Impresores del R de Impresores del R eino.—1850.) eino.—1850.) eino.—1850.) eino.—1850.) eino.—1850.) Advertencia La diferencia que se nota entre la fecha de este escrito (septiembre 4 de 1849), y la de su impresin (1850), consiste en que yo no quise que se publicara, mientras no se supiese positivamente en Espaa, que se haba frustrado la explicacin que de la isla Redonda deba salir contra Cuba, y calmdose en ella la agitacin que deba producir tan extraordinario acontecimiento. A proceder as, movironme dos razones: una, que yo no quera que mi papel circulase en medio de la efervescencia de las pasiones: otra, que me hubiera sido doloroso, que l hubiese servido de pretexto para perseguir a algn cubano. En junio (de 1849) llegaron a mi poder dos impugnaciones a mis Ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos ; y el 14 de julio recib otras dos, impresas, como las primeras, en la ciudad de Nueva York. Pasaron muchos das sin que pudiese dedicarme a tan desagradable lectura; pero repuesta algn tanto mi quebrantada salud, tomo la pluma para contestar. La 1 de las cuatro impugnaciones es de un caballero que se firma Freemind ; la 2 de otro que se dice mi Amigo ; la 3 de un Discpulo mo, o que al menos se vende por tal, y que lleva las iniciales E. D. L. T.; y la 4 se supone escrita en La Habana con fecha 29 de abril. Prescindiendo del autor de la 1, por ser idnticas sus razones a las de los otros, tres son los adversarios que tengo delante, el Amigo el Discpulo y el annimo de la carta de 29 de abril, a quien, para distinguirle de los dems, llamar el Compatricio Como a veces se encaminan todos tres a un mismo punto, y otras cada uno de ellos toma sendas

PAGE 297

JOS ANTONIO SACO /291 /291 /291 /291 /291 diversas, forzoso ser refutarlos, ya juntos, ya separados. Pero antes de dar principio a esta tarea debo hacer algunas observaciones. 1 No se espere que yo impugne todos los errores de que abundan los folletos anexionistas: para esto sera menester escribir un libro; y no pudiendo ni debiendo consagrar mi tiempo a tan estril trabajo, me limitar a entresacar los concernientes a la cuestin que se debate, y que por su mala tendencia merecen ser refutados. 2 En mi papel no me propuse combatir indistintamente toda especie de anexin. Mi nico objeto fue oponerme a los medios que se quieren emplear para conseguirla, a la revolucin a la guerra civil Despjese la anexin de este aparato formidable, y en Cuba ms formidable que en ningn otro pas, y entonces permanecer neutral. Neutral digo, porque yo no puedo ser partidario de una anexin, que aunque pacfica y ventajosa por muchas razones, matara infaliblemente dentro de pocos aos la nacionalidad cubana No se crea, empero, por esto, que siempre y en todos casos yo la combatira. Hay uno, al contrario, en que le prestara todos mis servicios. Si condenados los cubanos por un adverso destino a perder su fortuna, sus vidas y su nacionalidad, no encontrasen otro medio de salvarse que incorporndose en los Estados Unidos, entonces yo sera el primero que en el duro trance de perderlo todo, los exhortara a que sacrificasen su nacionalidad, y buscasen su salvacin en el nico puerto donde pudieran encontrarla.1 Pero estamos hoy en tan terrible situacin? Probar lo contrario ser el asunto de este papel. 3 Ya que por desgracia existe en Cuba un partido anexionista no caigamos en el error de considerarlo como homogneo y animado de unas mismas ideas. Compnese de elementos contrarios, pues los individuos que lo constituyen, unos desean la anexin, slo por el sentimiento generoso de gozar de la libertad de los Estados Unidos; otros slo por el inters de tener esclavos, pues juzgan que as podrn comprar cuantos necesiten, y conservarlos indefinidamente; y otros, que participan simultneamente de este deseo y del primero. Mas, se inferir de aqu que todos los anexionistas, amos de esclavos, van llevados nicamente del inters de la esclavitud, y que son incapaces de buscar la anexin tan slo por amor a la libertad? No permita Dios que yo cometa tan grave ofensa contra las personas benemritas que puedan hallarse en semejante caso. Conozco hacendados anexionistas y antianexionistas, que sacrificaran gustosos hasta el valor del ltimo de sus esclavos por ver feliz a su patria; y esta pblica confesin que me complazco en hacer, no me la arrancan afectos ni simpatas, sino un sentimiento de rigorosa justicia. Ruego, pues, al lector, y rugole encarecidamente, que 1Este lenguaje concuerda perfectamente con el que emple en el ltimo prrafo del Paralelo Nunca anexin sino en el ltimo caso.

PAGE 298

OBRAS 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ nunca pierda de vista esta importante distincin, porque en el discurso de este papel me ver forzado a emplear un lenguaje a veces duro, y que refirindose exclusivamente algunos anexionistas, jams debe entenderse a todos. 4 Mis impugnadores no han refutado los argumentos de mi anterior papel, ni menos contestarn al que ahora publico. Persuadido a que la cuestin no adelantar un paso ms, he determinado cerrar toda polmica con ellos, pues habiendo dicho lo bastante para los hombres imparciales, seguir escribiendo para los anexionistas, sera perder el tiempo intilmente. Se discute con quien escucha la razn, pero no con quien la desprecia y apela slo a la fuerza. Rplica al Amigoste es el primer personaje que se presenta en la escena. Pobrsimo de argumentos, su folleto casi todo se reduce a hablar difusa y desordenadamente, como l mismo confiesa, con una ingenuidad que le honra, de la nacionalidad de la Luisiana, de la constitucin e historia constitucional de aquel Estado, de la prosperidad y engrandecimiento de Norteamrica, y de la tirana del Gobierno espaol en Cuba. De estos cuatro puntos pudo el Amigo haber omitido los tres ltimos, porque ni negu que aquella Isla alcanzara, despus de incorporada, muchas ventajas, aunque a costa de su nacionalidad ; ni tampoco defend al gobierno, antes censur amargamente la funesta poltica que sigue en Cuba. Hace mi Amigo su brillante entrada en esta polmica, anuncindome que algn da me ser muy penoso reconocer que la parte proftica de mi papel adolece de la falacia que ms de una vez acompa a mis vaticinios polticos No habiendo sido, ni aspirado nunca a ser profeta, mi papel no contiene profecas: pero si este nombre quiere darse a las verdades que en l manifest, debo decir a mi Amigo que contiene dos profecas infalibles. Una que la nacionalidad cubana perecer con la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos, sea cual fuere el modo con que hoy se haga. Otra que en nuestro estado actual la guerra civil por la anexin sera muy fatal a los cubanos y provechosa slo a los extranjeros. En cuanto a la falacia que ms de una vez acompa a mis vaticinios polticos conozco que ningn hombre est ms sujeto que yo a equivocarse; pero como no doy ningn valor al simple dicho de mi Amigo tcale acompaarlo de pruebas sacadas de mis escritos, y hacindome hablar, no con palabras suyas o ajenas, sino con las propias mas. Qujase de que me he separado voluntaria y espontneamente de las filas del partido verdaderamente cubano; es decir, del partido de mis amigos. Esta queja, lejos de ofenderme, me ofrece la ocasin de explicarme

PAGE 299

JOS ANTONIO SACO /293 /293 /293 /293 /293 francamente. Mi posicin, como la de mis adversarios, tiene un doble carcter: el de individuo privado y el de ciudadano. Como individuo privado soy todo de mis amigos; no tengo ms opinin que la suya, y pronto estoy a sacrificar por ellos hasta mi sangre. Pero si stos son mis deberes en las relaciones de amigo a amigo, no son menos sagrados los que me ligan con mi patria. En la cuestin que nos ocupa, ni mis amigos ni yo aparecemos en calidad de individuos privados sino en calidad de ciudadanos ; y como tales, si ellos tienen el derecho de servir a la patria segn sus propias convicciones, yo tambin lo tengo, para hacerlo, siguiendo las mas. Juzgar de otra manera, es confundir las relaciones privadas con las pblicas, las del individuo con las del ciudadano, y los intereses personales con los de la patria. Ahora bien, es verdad que yo me he separado del partido verdaderamente cubano? Pero quin me responde de que los anexionistas son los nicos representantes de ese partido? Si veo buenos cubanos en l, tambin veo buenos cubanos en el contrario. En qu fundan los anexionistas la infalibilidad de sus juicios? Ser en la superioridad de sus talentos? Pero otros que tienen tantos talentos como ellos, y mucho ms que yo, piensan de un modo contrario. Ser en el patriotismo? Pero son ellos los nicos, a quienes el cielo ha concedido el privilegio de poseerlo exclusivamente? Otros que son tan patriotas como ellos se oponen a sus ideas. Cul es, pues, entonces el ttulo que invocan para arrastrarme a su partido? Ser la amistad? Pero la amistad nunca ha sido ni puede ser jams in yugo ni una cadena que esclavice al hombre, y le convierta en servil instrumento de proyectos polticos que su conciencia reprueba. Si mi Amigo no lo entiende as, sepa que hay otros para m mejores amigos que l, que lo entienden como yo. Sigan en buena hora su bandera de guerra civil y de sangre aquellos a quienes guan, y pueden servir de disculpa sus errores y sus ilusiones; pero yo que no los tengo, sera muy criminal, si me incorporase en sus filas. Acusa mi buen Amigo al desgraciado Saco, como le place llamarme con una compasin altanera que le devuelvo con todo el desprecio que ella merece, acsame de estar “ avasallado por un ciego fanatismo abolicionista ”, el cual, segn la frase de que se vale, “ es el motivo de mi aversin a la anexin a un gobierno que no da una importancia absoluta a mi negrofilismo ”. Este cargo no slo es falso, sino que envuelve otro mucho ms grave y ofensivo, pues supone que enga al pblico, hacindole creer que escrib por patriotismo, cuando ocult los verdaderos sentimientos que me movieron. Para repeler esta calumnia, bastarame observar, que viene tan destituida de toda prueba, que ni siquiera trae el nombre del calumniador; pero como al propagarla se lleva el perverso designio de desconceptuarme ante el pueblo cubano repitiendo hoy contra m, uno que se llama mi Amigo el mismo grito que antes sala del bando de mis perseguidores, yo debo aho-

PAGE 300

OBRAS 294\ 294\ 294\ 294\ 294\ gar ese grito, demostrando hasta la evidencia, que ni soy, ni nunca he sido abolicionista fantico y que el hombre que de tal me acusa, o no siente lo que dice o no entiende lo que lee. Para mejor inteligencia del punto a que me contraigo, dividir en dos perodos mi carrera de escritor. El primero empieza con el primer papel que publiqu siendo todava estudiante en el Colegio de San Carlos de La Habana, y cierra con el ao de 1846: el segundo, desde entonces hasta el momento en que trazo estos renglones. Circunscribindome al primero, desafo a mi acusador, a todos los anexionistas, y si es preciso, al mundo entero, a que repasando todos mis papeles, me citen uno solo, o un prrafo, o una frase de ellos, en que yo haya pedido directa o indirectamente la abolicin de la esclavitud en Cuba. Y ntese bien, que a m me es muy fcil convencerme, si miento en lo que afirmo, porque nunca he escrito enmascarado, como lo hace mi valiente Amigo sino poniendo mi nombre y apellido al frente de mis obras. Y cuando en tan largo espacio he discurrido sobre materias tan varias; cuando estuve redactando un peridico en los Estados Unidos por ms de dos aos, donde pude dar vuelo a mis pensamientos; cuando vuelto a La Habana, la Comisin de Literatura de aquella ciudad me honr con su confianza, poniendo a mi cuidado la publicacin de la Revista Bimestre Cubana ; cuando en Amrica y Europa he tomado muchas veces la pluma contra el funesto contrabando de esclavos; cuando, en fin, colocado sobre este terreno, ya no tena ms que dar un paso para encontrarme en mi asunto favorito, cmo es que un abolicionista fantico pudo contener su furor, sin entregarse jams al tema de su fanatismo, ni pedir siquiera una vez la inmediata abolicin de la esclavitud? ¡Oh, no, tan injusta acusacin es imposible contra m! y el hombre que me la ha hecho, o no siente lo que dice o no entiende lo que lee Sociedades abolicionistas existen en Inglaterra y en otros pases, y a estar yo posedo de las ideas que se me atribuyen, bastantes ocasiones se me han presentado para ser uno de sus miembros. Y no es muy extrao y ms que extrao, inexplicable, que siendo yo abolicionista fantico no pertenezca, ni haya querido pertenecer jams a ninguna de esas sociedades, a pesar de la grandsima facilidad que he tenido para entrar en ellas? Pero no slo no he entrado, sino que nunca he asistido, ni aun llevado de la curiosidad, a ninguna de las juntas generales que anualmente celebran. Esta conducta es incompatible, no ya con el fanatismo abolicionista, pero aun con el abolicionismo ms moderado porque prueba en m una circunspeccin y una reserva, que no pueden avenirse con el fanatismo que se me imputa. El segundo perodo se abre con mi Carta impresa en Sevilla en enero de 1847, en que hice algunas observaciones al informe fiscal sobre fomento de la poblacin blanca en Cuba, por el seor Vzquez Queipo.

PAGE 301

JOS ANTONIO SACO /295 /295 /295 /295 /295 De entonces ac he publicados dos folletos ms; uno en Madrid, replicando en aquel ao al mencionado seor Queipo, y otro en Pars en noviembre de 1848, que es cabalmente el que tanta indignacin ha causado a la gente anexionista. Ya en ambos papeles, por la naturaleza misma del asunto que se discuta, me vi forzado a romper el silencio que durante toda mi vida haba guardado acerca de la abolicin; pero veamos si mi lenguaje en ellos presta materia al cargo que se me ha hecho. Uno de los puntos que toc en su informe el seor Queipo fue el de la emancipacin de los esclavos en Cuba. Presentbanse aqu dos cuestiones; una de principios, y otra de aplicacin; y en verdad que a un abolicionista fantico no se poda ofrecer ocasin ms oportuna para desplegar su entusiasmo en favor de los esclavos y en odio a los amos. Mas, en vez de seguir este camino, no slo prescind enteramente de la cuestin de principios, sino que con respecto a la de aplicacin me opuse a los medios que se propusieron, y la razn principal fue el considerarlos como gravosos a los dueos de esclavos. Acerca de la cuestin de principios dije en las pginas 54 y 55 de mi Carta2 lo que ahora voy a transcribir. “Al leer el artculo Emancipacin mi espritu se llen de una curiosidad mezclada de sobresalto; pero muy pronto me tranquilic, porque todo el plan que se propone, bien puede reducirse a esta frase: que los esclavos se acaben cuando el tiempo los acabe Sea enhorabuena: y ya que esta Carta se imprimir, deseo, amigo mo, que todos sepan que en ella me abstendr de exponer ninguna idea sobre el fondo de la cuestin En tan estricta neutralidad quiero encerrarme aqu, que si alguno me preguntase lo que siento, yo le respondera que ignoro en este momento si la emancipacin conviene o no conviene a Cuba Tal vez, en el curso de los acontecimientos humanos, podremos vernos obligados a decir lo que entonces pensemos sobre este particular; pero mientras ese da no llegare, nadie tiene ni aun el ms leve pretexto para interpretar siniestramente la rectitud de mis intenciones ”. Despus de estas palabras, yo pregunto a todo el pueblo cubano, y particularmente a los amos de esclavos, si es posible expresarse en un lenguaje ms circunspecto ni ms contrario al fanatismo abolicionista que se me imputa. Y que abrac tambin la defensa de los dueos, aparece de la misma Carta As habl en ella: “Lo primero que reparo en la medida filantrpica del seor Fiscal, es que todos los gastos de la emancipacin se hacen recaer exclusivamente sobre el amo y el esclavo, sin que el Estado tenga parte alguna, cuando su deber principal es tomar la iniciativa en asunto tan importante, y favorecerlo con los fondo de que puede disponer Lo segundo 2Corresponden a las pginas 192 y 193 de este tomo.

PAGE 302

OBRAS 296\ 296\ 296\ 296\ 296\ es, que causar a los hacendados un dao considerable Por una parte, se propone que se aumente progresivamente el impuesto sobre los esclavos hasta el punto de equilibrar y aun minorar sus rendimientos comparativamente a los obtenidos por los blancos; y, por otra, se asegura, que cesando entonces los provechos que hoy se obtienen de su empleo, bajar naturalmente y en igual proporcin al precio de los esclavos: es decir, que el amo recibe doble quebranto uno con la disminucin del precio, y otro con la progresiva contribucin; quebranto tanto ms grande, cuanto sta ir aumentando, al paso que el capital o valor del esclavo vaya disminuyendo, siendo as que segn todas las reglas de equidad y justicia, no debiera cobrrsele el impuesto, o por lo menos disminursele. Para calcular la magnitud de estos perjuicios, debe recordarse que el seor Queipo ha prometido y asegurado a los hacendados en otra parte de su informe, que los esclavos han de aumentar; de suerte que toda la ventaja que con esto se les ofrece, se convierte despus en un dao enorme porque tendrn ms contribuciones que pagar y ms capitales que perder ”. Dgame ahora todo lector imparcial: el hombre que se opone a un plan de emancipacin, porque el Estado no contribuye con sus fondos al rescate de los esclavos, y porque lo juzga perjudicial a los amos; ese hombre merece la tacha de abolicionista fantico ? Todo abolicionista verdadero mira la esclavitud como la ms atroz injusticia, al amo como al tirano ms cruel, y al esclavo como la vctima ms infeliz. Y entonces, por qu trastorno de sentimientos en medio de la rabia fantica que me devora, me olvido yo de la vctima, y me declaro en favor del verdugo? Libertad, libertad para el esclavo, hubiera sido mi grito, y ruina y castigo al opresor. Avancemos un poco ms, y recordemos lo que dije en la pgina 183de mi Rplica al referido seor Queipo, publicada en Madrid en 1847. "iganse mis palabras. “No lo niego, no; cierto y muy cierto es, que deseo ardientemente no por medios violentos ni revolucionarios, sino templados o pacficos, la disminucin la extincin, si posible fuera, de la raza negra ; y la deseo, porque en el estado poltico del archipilago americano, ella puede ser el instrumento ms poderoso para consumar la ruina de nuestra Isla”. ¡Y quien as habla es abolicionista fantico! ¡Abolicionista fantico, y no soy amigo de los negros! ¡Abolicionista fantico y deseo ardientemente ver extinguida en Cuba la raza africana! Llegamos, por fin, al papel que ha motivado tan torpe acusacin. Si, como asegura mi Amigo mi aversin a la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos proviene de mi abolicionismo fantico menester 3Corresponde a la pgina 222 de este tomo.

PAGE 303

JOS ANTONIO SACO /297 /297 /297 /297 /297 es que yo crea que la anexin ha de frustrar la pronta abolicin de la esclavitud en Cuba. Por consiguiente, en mis fanticos intereses est propender con todas mis fuerzas a cuanto pueda contribuir al triunfo inmediato de mis ideas, y oponerme con el mismo empeo a cuanto pueda contrariarlas o retardarlas; pero mi papel sobre la anexin ofrece cabalmente la prueba ms victoriosa de que soy enemigo declarado de la abolicin en masa; o sea, a la inglesa o a la francesa En mi papel distingu dos especies de anexin; una pacfica y otra por la fuerza de las armas Pero cul de las dos combat? La segunda. Cul de las dos acept, a pesar de la prdida de la nacionalidad cubana? La primera. Pero con cul de las dos es ms fcil llegar a la emancipacin en masa? Con la anexin pacfica es imposible, porque Cuba conservara sus esclavos por un tiempo indefinido: mas, con la revolucionaria, el resultado sera cierto, porque encendida la guerra civil, los esclavos, ora movidos por los abolicionistas, ora arrastrados por sus instintos o por los partidos beligerantes, alcanzaran de un golpe la libertad: luego yo, abolicionista fantico, en vez de oponerme, como lo he hecho, a la incorporacin por la fuerza de las armas y de aceptar la pacfica deb combatir sta y declararme por aqulla. Este argumento sacado del espritu de mi papel, es incontestable; pero todava lo es ms, el que nace de mis propias palabras. En la pgina 10,4 hablando de la emancipacin, me expres as: “No propondr una marcha precipitada como la de los ingleses y franceses, porque en nuestro estado no slo es imposible sino injusta impoltica y desastrosa La ley publicada en Colombia en 1821 ha sabido conciliar sin sacudimientos ni violencias los grandes intereses que juegan en esta delicada cuestin; y tomndola por base de nuestra reforma social, puede modificarse segn las circunstancias”. Y bien, es abolicionista fantico el hombre que reprueba la marcha precipitada de Inglaterra y de Francia? Es abolicionista fantico quien considera en Cuba la emancipacin en masa, no slo como moralmente imposible sino injusta impoltica y desastrosa ? Es abolicionista fantico, el abolicionista que propone como base de abolicin la ley de Colombia, empezada a ejecutar desde 1821, y que al cabo de 28 aos no ha podido libertar todava todos los esclavos de aquel pas? Pero mi acusador me da sin advertirlo la ms completa absolucin. En su inagotable locuacidad, de la que sacar gran partido en esta Rplica se le escapan las siguientes palabras: “Sus partidarios [los de la emancipacin de los negros, a cuya escuela fantica dice que pertenezco], sus partidarios sentaron por base la mala fe de los propietarios de esclavos, interpretando por tal su demanda de tiempo y medidas pre4Corresponde a las pginas 281-282 de este tomo.

PAGE 304

OBRAS 298\ 298\ 298\ 298\ 298\ paratorias al cambio ”. Mi Amigo pues, confiesa aqu que los propietarios de esclavos pidieron tiempo y medidas preparatorias para la emancipacin; y no acabo yo de probar que tambin he pedido tiempo y medidas preparatorias ? Luego, si he pedido lo mismo que los propietarios de esclavos, preciso es uno de dos: o que ellos sean tambin, en el concepto de mi Amigo abolicionistas fanticos, lo que es un absurdo espantoso, o que si ellos no lo son, yo tampoco lo sea. De este dilema no puede escapar mi adversario; y dejndolo entregado a una vergonzosa confusin, repetir con toda confianza, que mi Amigo acusador, o no siente lo que dice o no entiende lo que lee. Al lado de su acusacin siembra un error de primera magnitud que no quiero pasarle en silencio. Dice as: “Durante los pasados 20 aos calmadas las pasiones polticas de los pueblos europeos, y disfrutando todos de una paz prolongada, la exageracin del liberalismo, ms bien especulativo que profundo o activo, adopt en Europa por causa la emancipacin de los negros ”. Slo la ms profunda ignorancia sobre estas materias ha podido encerrar en el estrechsimo espacio de los ltimos 20 aos los esfuerzos que se han hecho en favor de la emancipacin de los negros. Sin detenerme a mencionar las ideas esparcidas en diferentes naciones, desde los siglo XV y XVI, contra la esclavitud de los negros transportados a la Amrica, puede decirse que ya en el XVII se form en Europa una escuela que tom bajo su amparo la causa de los africanos. Inglaterra fue el pas donde naci y ech profundas races, pues a ello contribuyeron en aquel siglo y el siguiente con sus predicaciones y escritos en prosa y versos, Morgan Godwin, Ricardo Baxter, el doctor Primatt, Foster, Wallis, Pope, Thomson, Ricardo Savage, Granville Sharp, el famoso economista Adam Smith, el historiador Robertson, Gregory, Santiago Ramsey, y otros muchos que pudiera citar. La sociedad de los qukeros, siguiendo las huellas de Jorge Fox, su fundador, abraz tambin con entusiasmo la defensa de los negros en Europa y en Amrica. Esparcidas en Francia estas semillas por escritores muy clebres, ya no era posible evitar el choque entre los partidarios y los enemigos de la esclavitud. La gran lucha empez en el ltimo tercio del pasado siglo con los memorables y largos debates del Parlamento britnico sobre la extincin del comercio de esclavos. Coincidieron con ellos los grandes acontecimientos de la primera revolucin francesa, y volando hasta el Nuevo Mundo los principios de libertad, en ella proclamados, la esclavitud colonial fue abolida por la Convencin. Inglaterra, sin marchar tan precipitada como la Francia, iba ms derechamente a su fin; pues minando poco a poco los cimientos en que descansaba tan antigua institucin, hizo inevitable su cada. As es, que todo lo que hemos visto en nuestros das en las Antillas extranjeras, ha sido el resultado

PAGE 305

JOS ANTONIO SACO /299 /299 /299 /299 /299 forzoso de la obra de los siglos anteriores, y no el fruto de la exageracin del liberalismo de los ltimos 20 aos como pretende mi Amigo “ Quisiera el seor Saco [afirma mi impugnador] que Cuba antes fuese independiente ”. Falsa suposicin. Lo nico que el seor Saco ha dicho, es, que con los elementos que Cuba encierra, no quiere revolucin en ella. Si no es as toca a mi Amigo probar la verdad de su aserto. Mi Amigo para darse la importancia de impugnador filosfico, inventa cosas que ni he soado decir. Hablando de las diferencias que existen entre la raza anglo-sajona y la cubana, mencion de paso la religin; y de aqu toma pie para dispararme un prrafo pomposo en que supone que yo expreso temores por la religin catlica; y para tranquilizarme eleva hasta las nubes al clero de los Estados Unidos, abate y ultraja sin piedad al de Cuba, ensalza la libertad de cultos, y declama, por ltimo, contra la incredulidad, la indiferencia religiosa y el desenfreno de las pasiones. Pero qu es lo que ha podido motivar en mi Amigo tanto celo y fervor apostlico? Las sencillas palabras que voy a transcribir. “Yo quisiera, que si Cuba se separase por cualquier evento del tronco al que pertenece, siempre quedase para los cubanos y no para una raza extranjera. Nunca olvidemos que la raza anglo-sajona difiere mucho de la nuestra por su origen, por su lengua, su religin sus usos y costumbres; y que desde que se sienta con fuerza para balancear el nmero de cubanos, aspirar a la direccin poltica de los negocios de Cuba”. Hay por ventura en todas estas clusulas una sola palabra que justifique el prrafo estrepitoso de mi Amigo ? El lector ver claramente que yo no expres temores por la religin catlica, sino que solamente habl de ella como uno de los rasgos distintivos de las dos razas. Siguiendo mi impugnador su lgica severa, pudo tambin haberme tachado de enemigo, o por lo menos de temeroso de todos los orgenes, de todas las lenguas, y de todos los usos y costumbres que no son espaoles, pues que tambin habl de la diferencia de origen, de lengua y de usos y costumbres entre las razas espaola y anglo-sajona. Pero si absurda sera esta consecuencia, no lo es menos la primera. Supone igualmente mi Amigo que todos los criollos son anexionistas. Muy engaado est, y mucho ms cuando se trata de provocar la guerra civil. Si l dijese que todos los criollos suspiran por la libertad y detestan la tirana que los oprime, entonces estaramos acordes; pero ste es un punto en que cubanos y peninsulares pueden entenderse y unirse, para alcanzar lo que desean. Sigue mi Amigo disertando a la larga sobre las ventajas que Cuba obtendra con la anexin. Ya indiqu desde el principio que ste es uno de los errores lgicos que cometen todos mis impugnadores; pues habiendo yo concedido que Cuba progresara rpidamente despus de su anexin, intil es que tanto se empeen en convencerme de lo que s tan bien

PAGE 306

OBRAS 300\ 300\ 300\ 300\ 300\ como ellos. En lo que debieron haber puesto todos sus esfuerzos fue en sealar los medios de conseguir la empresa sin desastres ni ruinas; pero en vez de esto, han perdido el tiempo en ponderarnos las delicias del cielo, cuando para subir a l tenemos por delante un infierno. Hablando de la nacionalidad cubana, de la que discurriremos en otra parte, dice el Amigo “Puede, pues, votar [Saco] por la anexin en su caso ahogando en el pecho los sentimientos de nacionalidad; y para disminuir su intensidad procurar apuntarle aqu algunas de las innovaciones que desde su ausencia de la isla de Cuba ha sufrido su administracin”. Contestar a mi maestro apuntador apuntndole tres cosas: 1 Que no es l de quien puedo recibir las lecciones que piensa darme. 2 Que tales lecciones podrn a lo ms tener cabida all en las columnas de su peridico anexionista intitulado La Verdad ; pues no habiendo yo defendido la administracin colonial, son insoportables tan pesadas digresiones en un papel consagrado a refutar el mo. 3 Que es muy extrao se haya tenido l guardados hasta ahora tan vastos conocimientos sobre la isla de Cuba, y que tantas ocasiones como se ha ofrecido escribir acerca de ella, mi buen Amigo a pesar de todo el patriotismo de que hace hoy tanto alarde, haya dejado exclusivamente a los ausentes el trabajo de defenderla, sin dignarse ni una sola vez de coger la pluma para comunicarles siquiera una mnima parte de los preciosos datos que tiene atesorados. Entre las innovaciones que me apunta, una es “que ni la escasa instruccin religiosa que nuestros padre daban a sus esclavos, reciben los nuestros de nuestras manos. En efecto, apenas se practica el bautismo: el matrimonio se va haciendo ms raro cada da; y al corazn del infeliz esclavo no llega si quiera el consuelo de la fe”. Mi Amigo no acusa con esto al gobierno, sino a los amos de esclavos, porque aqul nunca se ha opuesto a los bautismos, a los matrimonios, ni a la instruccin religiosa de los negros. Hartos pecados tiene el gobierno cometidos en Cuba, para que tambin se le atribuya ste. Ni se figure tampoco mi Amigo que el remedio de estos males consiste en la anexin: ya que es amo de esclavos, haga la prueba de bautizar, casar e instruir religiosamente a los suyos, y ver como no encuentra el ms leve obstculo de parte del gobierno. Los esclavos, en sentir de mi Amigo ningn temor deben inspirar a los cubanos aun en medio de la guerra civil, porque los Estados Unidos “ vigilarn e impedirn tentativas para insurreccionarlos ”. Pero est cierto mi Amigo de que aquel gobierno se har cargo de tan grave responsabilidad, apoyando los proyectos anexionistas? Respondan por m los sucesos que estn pasando. Mas, aun cuando los apoyase, cmo impedir esas tentativas, cuando se suelten todas las pasiones y se desenfrene la revolucin? Cmo, cuando alguno de los partidos, o probablemente los dos, den las armas a los esclavos y los pongan en sus filas?

PAGE 307

JOS ANTONIO SACO /301 /301 /301 /301 /301 Cmo, cuando empiecen a maniobrar, en tan terribles circunstancias, las sectas abolicionistas, los intereses de los colonos de algunas Antillas extranjeras y las intrigas de la diplomacia? El da tremendo en que reventase aquel volcn, las primeras vctimas de su lava devoradora seran algunos de los mismos cubanos, que provocasen su explosin. Sacando mi Amigo el cuerpo a mis argumentos, procura tomar la ofensiva para dar as a su papel el tono de refutacin; y en el conjunto de materias inconexas que amontona, sale a relucir un prrafo sobre el comercio libre, y al concluir pregunta: “Cmo ha de emanar [el comercio libre] de las disposiciones de Espaa, cuando toda ella, y aun el mismo Saco parece estar de acuerdo en fomentar el comercio espaol por medio de esta Isla, lo que presupone derechos protectores y caresta ?” Nadie respeta ms que yo la libertad de escribir y el derecho de un escritor para publicar o reservar su nombre; pero cuando l se prevale del annimo para ofender alevosamente a su adversario, bien puedo exigirle como caballero, que se quite la mscara que le cubre, que se muestre ante el pblico sin disfraz, y que se presente conmigo ante el altar de la patria, para ver si puede asentar sobre sus aras la mano tan firme como yo. Se adelanta tambin a decir que el antiguo editor de la Revista Cubana parece no est penetrado del retroceso poltico que se ha operado en Cuba desde los tiempos lejanos en que se poda escribir como l lo haca El antiguo editor de la Revista Cubana asegura a su Amigo que en aquellos tiempos lejanos no haba ms libertad de escribir que en los que l ha campeado de guerrero anexionista; y la prueba es, que en aquellos tiempos lejanos me desterraron porque escriba. Pesaba entonces sobre la prensa de Cuba una doble censura, y en el gobierno del general Ricafort se triplic; pues adems de la firma del censor regio, cada manuscrito se someta al examen severo de un militar, sin cuyo permiso no poda presentarse a la aprobacin del jefe gobernador. Lo que haba en aquellos tiempos lejanos era un escritor decidido, que bajo su responsabilidad personal saba eludir, hasta cierto punto, los rigores de la censura; un escritor que tena ms carcter y menos temor de comprometerse que el que nos muestra el Amigo y algunos de su comparsa escritoril. La gran verdad que salta a los ojos de todos los cubanos, es, que yo sal desterrado en aquellos tiempos felices, mientras mi Amigo vive y goza de la patria en estos tiempos calamitosos. “Ojal [as prosigue] que este distinguido cubano, olvidando el amor propio, que si le mantiene en el terreno escogido por l, pudiera dar amargos frutos a su patria no insista en contrariar la marcha del siglo”. Nunca ha sido el amor propio el mvil de mi pluma, ni mi patria recoger jams amargos frutos de mis escritos. Podr recogerlos, s, pero ser de las atroces ideas que publican algunos de los anexionistas

PAGE 308

OBRAS 302\ 302\ 302\ 302\ 302\ revolucionarios; de algunos ilusos que las siguen y se prestan a ejecutarlas; de los ruines egostas que proclamando libertad, slo buscan su vil inters; y de aquellos que no tienen ms Cuba que su ingenio ni ms compatricios que sus esclavos. stos son, y no yo, quienes podrn dar amargos frutos a la patria. Rplica al Discpulo Si el papel de ste conviene con el del Amigo en sus frecuentes divagaciones y en la debilidad de sus argumentos, se distingue, sin embargo, por su mayor dimensin y por la ilimitada confianza que trata de inspirarnos en la revolucin anexionista, pues l tiene ya tomadas las medidas ms eficaces para asegurar su triunfo. Agradzcole todo el inters que toma por salvarme de una suerte igual a la de nuestro malogrado Heredia; y aunque me intima la terrible sentencia de que casi he perdido el buen concepto que tena entre los amantes de la libertad y me recomienda, que para reponerlo me traslade a Norteamrica para trabajar all con los buenos patriotas, no me es dado complacerle, porque cuanto ms reflexiono en la revolucin anexionista, tanto ms errneas y peligrosas encuentro las ideas de mi Discpulo Empieza ste su impugnacin por la inmortalidad del alma, pues supone que yo he dicho, que la de las naciones es lo mismo que la de aqulla. Para sacarme de tan grande error, no slo se enreda en un tratado de metafsica, sino que invoca las “ colosales pirmides de Egipto, las reliquias de las antiqusimas ciudades con que tropiezan los viajeros entre los bosques y desiertos de Asia, frica y Amrica, y hasta los cadveres de Menfis, Tebas, Palmira, Babilonia, Herculano, etc.” Pero al cabo de tan largos viajes y de tan tristes peregrinaciones sepulcrales venimos a parar en que mi Discpulo no ha comprendido mi pensamiento. Yo no compar la inmortalidad de las naciones con la del alma: lo que compar fue la sublimidad de la idea de la inmortalidad del alma con la sublimidad del sentimiento de la nacionalidad; pues as como la primera es grata al corazn del hombre, porque alarga la existencia ms all del sepulcro, as la segunda engrandece los pueblos, prolongando su duracin, no eternamente, sino slo de aquel modo que es dado a las cosas terrenales. Esta y no otra fue la idea que expres. Tchame de que “exagero muchsimo las cosas, que trato de espantar y amilanar con visiones de una imaginacin asustadiza, y que formo un paralelo muy inexacto entre los recursos de los cubanos y los del Gobierno de la Isla”. Para demostrar estas proposiciones, considera mi Discpulo el estado de los blancos y negros de Cuba. Respecto de los primeros, dice: que todos los criollos estn por la revolucin anexionista; que la mayo-

PAGE 309

JOS ANTONIO SACO /303 /303 /303 /303 /303 ra de los peninsulares sigue la misma bandera, y que los dems emigrarn o permanecern pasivos espectadores de la lucha. Del ejrcito asegura, que poco hay que temer, porque est disgustadsimo, se halla en un estado violento, y los soldados odian el servicio, a los oficiales y jefes. En cuanto a los negros no es menos lisonjera la perspectiva que nos presenta, pues que no son tan numerosos como se pretende, y en caso de revolucin sern muy tiles a los criollos. Por estas y otras razones que examinar ms adelante, afirma haber disipado hasta la sombra del vergonzoso miedo que yo les quiero infundir con el COCO de los negros Para que se conozca toda la ligereza con que escribe mi Discpulo oigamos cmo se contradice en la misma pgina donde trata de este asunto: “Bien pudiera Saco haber excusado esta parte siquiera, de su imprudente e intempestivo papel, sabiendo que sus paisanos hace mucho tiempo estn convencidos de que por s solos no pueden conquistar su independencia sin grandes dificultades trastornos y riesgos ; pues a no ser este convencimiento, largos aos habra que la hubieran solicitado y alcanzado, y no pensaran anexarse a nadie; pero aunque confesamos que las fatales circunstancias que nos rodean no nos permiten romper nuestras cadenas con nuestras propias y solas fuerzas, sin destrozarnos las manos, vamos a probar que en un caso urgente o desesperado podemos alcanzar la libertad, aunque a costa de tiempo y de grandes sacrificios ”. Pero si en la firme creencia de mi Discpulo todos los criollos desean la revolucin; si la mayora de los peninsulares se adherir a ella, y los dems permanecern neutrales; si del ejrcito poco partido puede sacar el gobierno, y si los negros no inspiran ningn temor, por qu nos hace entonces tan triste pintura de la situacin de los cubanos, en caso que ellos se lanzasen a una revolucin? De dnde nacen las grandes dificultades y las fatales circunstancias que nos rodean ? De donde los trastornos riesgos y grandes sacrificios que sera preciso sufrir? A qu mendigar el peligroso auxilio de los extranjeros, cuando existen en Cuba tantos elementos favorables para hacer un cambio poltico? Curiosa es la revista que pasa el Discpulo de las fuerzas blancas que componen el ejrcito anexionista. Presntanos por una parte 186 113 criollos; por otra 14 336 canarios; y recogiendo los naturales de Santo Domingo, Puerto Rico, Colombia y otras regiones de Amrica, que andan esparcidos por la Isla, “ formaremos, nos dice, un total de 203 615 hombres ”. Pero si bajo sus rdenes marcha ejrcito tan formidable, y al que nada puede resistir en Cuba, por qu nos revela tan a las claras su impotencia, confesando, como ya hemos visto poco ha, que los cubanos por s solos nada pueden y que por eso necesitan del auxilio extranjero? Mas, ya que l nos ha formado su estado militar, permita que yo tambin le forme el mo, y que siguiendo su ejemplo, empiece como l

PAGE 310

OBRAS 304\ 304\ 304\ 304\ 304\ por deducir de los 186 113 criollos, los nios, ancianos, intiles, cobardes e indiferentes. Rebajar tambin de los restantes, el nmero muy considerable de cubanos, que aunque amigos todos de la libertad, y de ver a su patria regida por otras instituciones, son enemigos de la anexin revolucionaria. Hechas estas dos deducciones, muy menguado viene a quedar el gran ejrcito de los 186 113 guerreros criollos. Mal conoce mi Discpulo la inclinacin de los canarios cuando los considera de su bando, y es muy probable, que donde los encontrase, fuese en las filas enemigas: as, apunto por primera partida en contra 14 336 canarios; por segunda 24 469 peninsulares, compuestos en su mayora, no de mujeres, nios, ancianos e indiferentes, sino de hombre en aptitud de tomar las armas; por tercera 18 a 20 000 hombres de tropas veteranas, de que nos habla el Compatricio ; y por cuarta, la marina: de suerte que llego a formar con todos estos elementos un ejrcito blanco ms numeroso que el suyo, gran parte del cual tiene la ventaja de estar acostumbrado al manejo de las armas. Me he detenido en estas observaciones, para que se conozca la inexactitud de los clculos anexionistas, pues por lo dems, s muy bien que para revolver a Cuba, y aun conducirla a su ruina, basta una banda de aventureros armados. Empeado mi Discpulo en demostrar cun infundado es el temor que se tiene en Cuba a la raza africana, recurre a datos matemticos. Empieza por rebajar las hembras de los varones, y de este modo llega a disminuir los negros a tal punto, que todos, segn nos dice, “ forman un total de 273 662; esto es, 426 338 enemigos menos de los 700 000 con que nos hacen el coco ”. Mas, como todava le quedan en pie 273 000 enemigos, trales con la pluma un tajo tan terrible, que deshacindose (palabras suyas son) “de los nios, ancianos, intiles, cobardes, indiferentes y amigos de los blancos, la baja es tan considerable que la fantasma queda reducida a una dbil sombra ”. Pero aqu vuelve a dar mi Discpulo una nueva prueba de sus repetidas inconsecuencias porque excluyendo a las mujeres, a los nios y a los ancianos como intiles para el combate, cuenta, sin embargo, con todos ellos cuando enumera las fuerzas blancas que han de militar bajo la bandera anexionista. Escuchmosle en la pgina 10. “Y advirtase que cuando los pueblos se levantan por la libertad, las mujeres, los nios y los ancianos se prestan valientes a la empresa, porque un santo entusiasmo los anima y redobla su valor, su actividad y sus fuerzas”. Y cree mi Discpulo que ese santo entusiasmo no animar y redoblar el valor de las mujeres, nios y ancianos negros, cuya opresin es incomparablemente ms dura e insoportable que la que sufren los blancos? Y si esto es as, por qu ha de excluirlos en un caso y contar con ellos en otro, cuando precisamente suceder lo contrario? Imagnase que esas mujeres, esos nios y esos ancianos, aun cuando no se mezclasen en la

PAGE 311

JOS ANTONIO SACO /305 /305 /305 /305 /305 pelea, carecen de manos con que coger una antorcha y convertir en cenizas los hermosos campos de Cuba? ¡Infeliz patria ma, entregada a los proyectos insensatos de hombres como mi Discpulo Y cierto ser, que segn la prolija estadstica de la Isla, correspondiente al ao de 1846, formada por el gobierno, slo existen 149 126 individuos libres de color, y 323 759 esclavos ? Para valerse en materia tan grave como la de una revolucin en Cuba, del falaz testimonio de un censo inexacto, es preciso no haber hecho ni aun el ms superficial estudio sobre los progresos de la poblacin cubana. Asegura mi Discpulo que en 1846 slo haba en Cuba 149 126 individuos libres de color; pero la estadstica publicada en 1842 eleva su nmero a 152 838. Y cmo es que cuando esta clase aumenta considerablemente en nuestro suelo, no slo por su propia reproduccin, sino por las frecuentes manumisiones de los esclavos, ha podido disminuir de 1842 a 1846? Esto es lo que no se digna de explicarnos nuestro buen Discpulo Pero menos nos explicar la enorme diferencia que se nota en la poblacin esclava. Segn sus clculos, sta lleg en 1846 a 323 759; pero a cunto ascendi en el censo de 1842, no obstante las grandes omisiones, reconocidas por los mismos agentes del gobierno encargados de formarlos? A 436 495; es decir, 112 736 menos que en 1846. Y es posible que cuando no ha habido peste ni otra causa de mortalidad extraordinaria, los esclavos de Cuba, a pesar de los nacimientos y de las introducciones de frica, hayan menguado en el cortsimo espacio de cuatro aos en ms de la cuarta parte? Esto es inconcebible. Pero tan vacilantes andan mis impugnadores en sus datos estadsticos, que voy a refutar a los unos por los otros. El Discpulo ha dicho que los libres de color ascienden a........................................... 149 126 y los esclavos a ..................................................................... 323 759. El Compatricio fija a los blancos en........................... 425 767; por consiguiente, la poblacin cubana es segn ellos de .... 898 652. Pero el Amigo la hace subir a...................................... 1 200 000; luego si este dato es exacto, falsos son los del Discpulo y Compatricio ; y si los de stos son verdaderos, falso es entonces el del Amigo En dos razones se funda el Discpulo para contar con el apoyo de los esclavos en la revolucin anexionista. La primera es la simpata que l dice tienen stos por sus amos los criollos. Parece que mis impugnadores al coger la pluma se propusieron contradecirse, porque mientras el Discpulo confa en las simpatas de los esclavos por sus amos, el Amigo cree lo contrario. Hablando ste de la esclavitud en los Estados Unidos, se expresa del modo siguiente: “De semejante orden de cosas nace el cuidado de las madres, de las cras y de los enfermos esclavos, la mayor libertad que disfrutan individualmente, el aumento de goces y

PAGE 312

OBRAS 306\ 306\ 306\ 306\ 306\ las relaciones de confianza y afecto entre el siervo y su seor, que desaparecieron en Cuba ”. Que el lector combine estas ltimas palabras del Amigo con la simpatas de que nos habla el Discpulo La segunda razn consiste en el deseo de libertad, que anima a los esclavos. Conviene que oigamos al Discpulo en su propio lenguaje. “Lejos de ser [los esclavos] en una revolucin el sostn de nuestros enemigos, nos serviran de un grandsimo recurso, como sucedi a los valientes hijos de Colombia, cuando el ejrcito espaol cometi el atentado de valerse de los esclavos en la guerra de la independencia; pues stos se fueron al momento con los patriotas, como era natural que sucediese, porque los gritos mgicos de ¡libertad!, deben causarles ecos y ms entusiasmos que los de esclavitud y tirana”. Yo no disputar si los esclavos sern de este o de aquel partido, y aun quiero conceder al Discpulo que estn por los cubanos; pero aqu renace la cuestin en toda su fuerza. Puestas ya las armas en las manos de los negros, sea por el gobierno o por los mismos anexionistas, y empundolas aqullos a los gritos mgicos de libertad no est proclamada de un golpe la abolicin de la esclavitud? Y si ste es el resultado forzoso a que ha de arrastrar a los anexionistas la anexin revolucionaria, por qu dicen entonces que sta es indispensable para preservar la esclavitud de su extincin repentina? Si conceder a los esclavos la libertad en masa ha de ser funesto, aun en medio de la paz, seralo mucho ms en las terribles circunstancias de una guerra civil, porque armados los africanos, orgullosos de ser los auxiliadores necesarios de un partido, y encontrando divididos a los blancos, no limitaran sus pretensiones a slo la libertad, sino que apoyados y aun capitaneados por los libres de su raza, que tan advertidos y tan numerosos son en Cuba, aspiraran a la igualdad de los derechos polticos con los blancos, igualdad que no permite el estado de nuestras ideas y costumbres, ni que tampoco les conceden los Estados meridionales de la Confederacin Norteamericana. Imptame el Discpulo5 haber dicho que los negros seran los amos de Cuba, a consecuencia de la lucha entre los Estados Unidos y Espaa; y no satisfecho con imputrmelo, aade, que “pensarlo no es un error, es mucho ms, es un disparate”. Si mi respetuoso Discpulo hubiera entendido mis palabras, que a la verdad son bien claras, habra percibido que mi idea es contraria a lo que l supone. Yo dije, que los africanos se baaran en la sangre de sus seores, y que ofreceran un ejemplo terrible a los Estados del Sur de la confederacin americana; pero al mismo tiempo expres, que despus de la ruina de los cubanos, los Estados Unidos, en el caso de tomar parte su gobierno en la guerra de 5Imputacin que tambin me hace equivocadamente mi Compatricio

PAGE 313

JOS ANTONIO SACO /307 /307 /307 /307 /307 anexin, triunfaran y se apoderaran de la isla de Cuba. Para confusin de mi Discpulo le repetir mis palabras. “ Y triunfaran al cabo los Estados Unidos? Triunfen enhorabuena pero su triunfo sera sobre las cenizas de la patria. Quedarales el punto geogrfico ; pero sobre este punto se alzaran ms de 600 000 negros baados en la sangre de sus seores, y ofreciendo a los Estados meridionales de aquella confederacin un ejemplo terrible que imitar”. Vese, pues, claramente que yo doy por sentado el triunfo de los Estados Unidos, y la dominacin por ellos del punto cubano. Pero acaso este triunfo y esta dominacin despus de una lucha sangrienta, salvaran las vidas y las haciendas de los cubanos, ni menos los intereses de la esclavitud que se quieren conservar con la revolucin anexionista? Esto es lo que importa a los cubanos, y no que despus de arruinados, un pueblo extranjero dispute a los negros la presa de Cuba, la arranque de sus garras, y se apodere de ella. Como yo hubiese preguntado, si los cubanos haran la anexin por libertar sus esclavos, y responddome a m mismo, que si tal pensaren no deberan empezar por encender en su patria una guerra asoladora, sino por ponerse de acuerdo con su metrpoli, y ejecutar pacficamente sus benficas intenciones; el Discpulo cree que me contradigo, porque dos prrafos antes prob que la emancipacin de los esclavos no est en las ideas ni en los intereses de Espaa. Mi Discpulo confunde aqu dos cosas muy distintas; la abolicin en masa y la abolicin gradual Cuando afirm, que la emancipacin no est en las ideas ni en los intereses de Espaa, me contraje a la primera; y cuando dije, que los anexionistas podan ponerse de acuerdo con la metrpoli, fue con referencia a la segunda, pues es moralmente imposible, que entre ellos y el Gobierno espaol pudiese existir semejante acuerdo, para libertar de un golpe sus esclavos. Y que no puede haberlo, es tan cierto, que el mismo Discpulo reconoce que “ la existencia de los cubanos est tan enlazada a esa necesidad [la de los esclavos], que quererla destruir de pronto sera suicidarnos ”. Un prrafo ms debajo de estas palabras vuelve a confundir las dos especies de abolicin, pues si habl en mi papel de los progresos que ella hace en el siglo XIX, fue, no para que los cubanos libertasen repentinamente sus esclavos, sino para que tratasen de irla preparando poco a poco sin oponerse obstinadamente al torrente irresistible que combate sin cesar la esclavitud. Entre los pueblos abolicionistas cuenta el Discpulo a Portugal y a sus colonias. De sentir es que no nos haya indicado cules son los pasos que aquella metrpoli ha dado para abolir la esclavitud en ellas. Mi Discpulo sin duda ha tomado un quid pro quo y atribuye a Portugal lo que ha odo decir de Dinamarca, a pesar de que estas dos naciones se hallan en los extremos opuestos de Europa.

PAGE 314

OBRAS 308\ 308\ 308\ 308\ 308\ Indiqu de paso, que Inglaterra no tiene derecho a mezclarse en la abolicin de la esclavitud cubana, estableciendo una pesquisa sobre los negros importados desde 1820: mas, el Discpulo me replica, que s lo tiene muy cierto muy eficaz y reconocido Esto es afirmar, pero no probar lo que se niega: pruebas se quieren, y no vanas afirmaciones. Llam la atencin sobre la posibilidad de que los Estados del Norte de la confederacin americana se separasen de los del Sur, y que en este caso, Cuba quedara agregada a la parte meridional. El Discpulo considera esta separacin como imposible, puesto que la idea de una guerra desastrosa para ambos partidos es incompatible con la civilizacin de aquel pueblo, y que dividida la confederacin en dos repblicas, la del Norte se encontrara “ con el golfo mejicano cerrado a su comercio, y en posicin muy desventajosa para su tranquilidad y progreso”. No hay duda, que la civilizacin es un elemento poderoso de orden y de paz; pero ella no es siempre bastante para preservar los pueblos de la influencia de las pasiones y de los intereses que desgraciadamente arrastran al hombre. Mas, por qu ha de suponer el Discpulo que la separacin de aquellos Estados no podr verificarse sin las calamidades de una guerra? De desear es, y esperar debemos de las dotes eminentes, que caracterizan a sus habitantes, que sobreponindose a tristes pasiones, entrambas partes se separarn en buena armona. Cultivando sus antiguas relaciones, seguirn su comercio entre s; los productos del Sur se llevarn al Norte, y los del Norte al Sur, y las naves de ambas regiones frecuentarn libremente los mismos mares, donde hoy ondea su pabelln. De dnde, pues, ha podido sacar mi Discpulo que los estados del Norte quedaran excluidos del golfo mejicano? Estanlo acaso Inglaterra, la Francia, ni ninguna de las otras naciones que hoy entran y salen francamente por l? Los mismos Estados Unidos no crecieron y prosperaron extraordinariamente aun mucho antes de haber adquirido un solo puerto en aquel extenso litoral, y cuando todo perteneca a Francia y a Espaa? Consulese mi Discpulo y sepa desde ahora, que tarde o temprano, con guerra o sin ella, vendr el da en que no slo los Estados del Norte se separarn de los del Sur, sino que los pases occidentales, que ya lindan con el Pacfico, tomarn una nueva existencia, y que del seno de aquella gloriosa confederacin saldrn con el tiempo tres o ms grandes naciones. Cundo ser, cmo ser, por qu ser son cosas que nadie puede predecir, ni es del caso examinar. En la pgina 116 de mi papel form un contraste entre las antiguas colonias espaolas y la isla de Cuba, para manifestar cun difcil es que sta se declare independiente; y conclua el prrafo diciendo: “Cuba, empero, por su corta extensin tiene menos recursos para su defensa, 6Corresponde a la pgina 282 de este tomo.

PAGE 315

JOS ANTONIO SACO /309 /309 /309 /309 /309 pues estrechado por la naturaleza el crculo de sus maniobras militares, puede el gobierno reconcentrar con ventajas en un solo punto todas sus fuerzas de la nacin, y cargar con ellas sobre una dbil Antilla, abierta por todas parte a los golpe del enemigo”. A esto me contesta el Discpulo que l y los suyos “ se ren de este despropsito; porque si se trasladan aqu [Cuba] todas las fuerzas de la nacin cmo se quedar la Pennsula?” ¡Triste condicin la ma, pues me veo forzado a contender con hombres que as raciocinan! Cuando se dice, que un gobierno puede reconcentrar en un punto todas las fuerzas de la nacin, se subentiende que slo se trata de las fuerzas disponibles Pensar de otra manera es ignorar hasta el modo comn de hablar. “chasenos en cara [prosigue el Discpulo] que no tenemos hombres que poner a la cabeza. ¡Ay, cunto se equivocan!” ¡Ay!, replico yo: ¡cunto se equivoca el Discpulo levantndome ese falso testimonio! En ninguna parte de mi papel he vertido tales palabras ni otras equivalentes; y si me las cita, desde ahora me declaro en recompensa tan guerrero anexionista como l. Buena reprimenda me da por haber llamado raza advenediza a la muchedumbre de norteamericanos, que despus de la anexin se avecindaran en Cuba. Prubeme con el Diccionario de nuestra lengua que “ advenedizo se dice por menosprecio al que viene de afuera a establecerse en cualquier pas o pueblo, sin empleo ni oficio ”. Bien pudo, y debi, haber visto mi Discpulo que el mismo Diccionario aade a rengln seguido: “ Advenedizo el extranjero o forastero”. Y si tan distintas son las acepciones de aquella palabra, por qu ha de suponer que la emple en el primer sentido, y no en el segundo? Es sta la justicia y la imparcialidad con que se impugna a un escritor de buena fe? Aun concediendo que el Diccionario diese solamente al vocablo advenedizo la significacin en que lo toma el Discpulo debo advertirle, que si ese libro es para l un texto irrecusable, yo no lo tengo en tanta veneracin; y que muy errado anda quien lo considera como nico tipo de buen castellano. Advenedizo trae su origen del latn advenire advena; esto es, aquel que viene de un paraje a habitar en otro. Es palabra contrapuesta a la de indgena nacida tambin del latn inde gnitus Advenedizo por tanto, equivale rigurosamente a forastero o extranjero; y Cicern lo emplea en este sentido, hablando de los dioses del paganismo en su tratado de Legibus : deos advenas ,7deca, dioses advenedizos o extranjeros para distinguirlos de los de Roma. Raza advenediza dije yo tambin, hablando de los norteamericanos, en contraposicin a la raza de Cuba. 7Ccero de Legibus, lib. 28, cap. 8. Separtim nemo habssit deos; neve novos, sive advenas, nisi pblice adscritos privatin colunto Ninguno tenga dioses aparte; ni adore a los nuevos o advenedizos (extranjeros) en particular, si no son admitidos por el Estado.

PAGE 316

OBRAS 310\ 310\ 310\ 310\ 310\ Reposando siempre mi Discpulo en la ms slida confianza invita a los cubanos a que acudan pronto a las armas, pues nadie se mezclar directa o indirectamente en la guerra anexionista. Y funda sus dogmas polticos en que “ ya no existe la Santa Alianza de los reyes, y que est abolido el sistema de intervencin ”. ¡Cun atrasado de noticias est mi Discpulo La Santa Alianza nunca fue una amenaza a las libertades, que Cuba hubiera podido adquirir; y aun suponiendo que hoy se renovase bajo su antigua forma desptica, nada tendramos que temer de ella. Tambin sostiene mi impugnador que “ est abolido el sistema de intervencin ”. ¡Absurdo escandaloso! Vuelva mi Discpulo los ojos a la Europa, y contemple lo que hoy mismo est pasando en ella. No se hallan los prusianos interviniendo en el Norte y Sur de Alemania? No estn los franceses en Roma, los espaoles y napolitanos en las inmediaciones de aquella capital, y los austracos en Toscana y en los Estados Pontificios? No han bajado los rusos a las llanuras de Hungra, y dado all sangrientas batallas? Cllese, pues, mi Discpulo y no hable ms de intervencin. “Saco [prosigue el Discpulo] viajando por Europa, y libre del dogal angustioso e infame que nos oprime, se olvida de cmo est regida Cuba, y nos insulta en nuestra desgracia”. Y de qu boca sale este lenguaje? De la de un hombre enmascarado que no sabemos quin es,8ni de dnde viene, ni a dnde va. Ser l capaz en sus ideas y sentimientos, ser capaz de comprender mi verdadera situacin? Si viajero contento y feliz me considera, por qu se contradice tan torpemente, llamndome al principio de su papel “ desterrado y errante por extraas tierras apstol y mrtir de Cuba ?” La palabra expatriacin est escrita en el Diccionario de nuestra lengua; pero su verdadero sentido no se encuentra sino en el corazn de un proscrito, amante de su patria. Para justificar la revolucin cubana invoca el Discpulo las razones que expuse en mi anterior papel; pero mis razones prueban, que la revolucin es all desastrosa; mis razones prueban, que aunque Cuba est mal gobernada y oprimida, la revolucin en vez de mejorar su suerte, hundira a sus hijos en las ms espantosas calamidades; mis razones prueban, que sin echar mano del arma terrible que hoy acarreara necesariamente la guerra civil, nuestros males pueden curarse con el trabajo y la constancia; mis razones prueban, en fin, que el puro e ilustrado patriotismo debe consistir en Cuba, no en precipitar el pas en una revolucin prematura, sino en sufrir con resignacin y grandeza de nimo los ultrajes de la fortuna, procurando siempre enderezar a buena parte los destinos de nuestra patria. 8Yo saba muy bien quin era: pero no quera comprometerle con el gobierno; y aunque ya muri, hoy guardar el mismo silencio.

PAGE 317

JOS ANTONIO SACO /311 /311 /311 /311 /311Refutacin de algunos puntos que tratan en comn el Amigo y el DiscpuloCualquier que lea las impugnaciones de estos dos seores, podr creer que soy enemigo de los extranjeros, y que me opongo a su inmigracin en Cuba; suposiciones entrambas tan ofensivas como calumniosas. Cuando habl de la muchedumbre de norteamericanos, que pasaran a Cuba despus de la anexin no fue en un espritu hostil hacia ellos, sino solamente para manifestar, que atendida nuestra poblacin actual, la raza cubana, dependiente ya de una potencia que lleva el arranque de los Estados Unidos, perecera anegada en la avenida irresistible de extranjeros que se precipitaran sobre ella. Y ya que mis dos impugnadores han sido tan injustos conmigo, derecho tengo a decirles, por repugnante que sea a mis principios, que de mi aprecio a los extranjeros honrados, y de mis deseos que vayan a establecerse en Cuba he dado ms pruebas que ellos; y para convencerlos, me basta citarles dos trozos de mis escritos. En mi Carta sobre el informe del seor Vzquez Queipo, escrib lo siguiente en la pgina 51,9 “Uno, uno solo es el medio de hacernos invulnerables: pedir sus hijos a la Europa y a la Amrica, llamarlos, convidarlos con instancia, y abrir de par en par las puertas de Cuba a los blancos de todo el mundo As lo han hecho los Estados Unidos de Norteamrica, y a ello deben haber adquirido en pocos aos una prosperidad sin ejemplo en los fastos de la historia”. Y ms adelante prosegua. “Yo siento que un hombre del mrito del seor Queipo se muestre tan encarnizado contra la inmigracin de extranjeros en Cuba. Sus ideas emitidas con toda la autoridad que le da el alto puesto que ocupa, pueden tener eco en la Pennsula, y producir daos de grave trascendencia. Es posible que cuando las luces del siglo, la tolerancia de los principios polticos y religiosos, la facilidad de las comunicaciones propenden hoy, ms que nunca, a disminuir las antipatas nacionales y a estrechar los pueblos entre s, es posible que se vaya a predicar en Cuba una cruzada contra los extranjeros, en Cuba, gran parte de lo que somos lo debemos a ellos, y sin ellos pereceramos? Porque sin sus mercados, quin consumira nuestros frutos? Sin sus naves, quin los exportara, ni quin nos llevara en cambio todo lo que necesitamos para figurar en la escena del mundo como pueblo civilizado? Cuba nunca ha podido quejarse de los extranjeros, que la han adoptado por madre. Adelantarla, enriquecerla, y aun servir de ejemplo a sus hijos, son bienes que les debemos, y de los que Espaa recoge ya grandes utilidades”. Ahora resta, que mis dos impugnadores me presenten los papeles, en que hayan abogado como yo por la admisin de extranjeros en Cuba. 9Pginas 190 y 190-191 de este tomo.

PAGE 318

OBRAS 312\ 312\ 312\ 312\ 312\ Mas, no porque haya abogado, llega mi fanatismo por ellos, hasta el punto de que se hagan amos de Cuba, destruyan la raza cubana y aniquilen nuestra nacionalidad. Mis adversarios, para darse la importancia de fuertes impugnadores, me atribuyen cosa que no he dicho. As es que me hacen formar una liga de todas las naciones europeas, que poseen colonias en Amrica, para sostener a Espaa en la guerra de anexin contra los Estados Unidos. Mis palabras en el prrafo ltimo de la pgina 6 de mi folleto, son la contestacin ms victoriosa que puedo darles. “La invasin de Cuba por los Estados Unidos descubrira en ellos una ambicin tan desenfrenada, que alarmara a las naciones poseedoras de colonias en aquella parte del mundo. Yo no s si todas ellas, sintindose amenazadas, haran causa comn con Espaa Pero Inglaterra, etc.” Las palabras “yo no s” de que me serv, prueban hasta la evidencia, que no expres, sobre este punto, ninguna opinin, y, por consiguiente, no pude formar la liga, que han imaginado mis impugnadores. Figranse los anexionistas, que diciendo que la anexin es til a los peninsulares, ya stos son de su partido. ¡Estratagema ridcula de que se burlan completamente los espaoles! stos son anexionistas como yo, anexionistas a su pesar, anexionistas en el caso de extrema necesidad, y en que conocieran que para Cuba no habra absolutamente otra salvacin que los Estados Unidos. Si llegase esa eventualidad ellos no aguardaran a las vanas predicaciones con que hoy se les quiere convertir, sino que se anticiparan a buscar a los cubanos: pero mientras as no sea, tengan por cierto los anexionistas, que con los pronunciamientos de guerra y llamamientos a las armas, que tan alto suena en sus escritos, lejos de ganarse la confianza de los peninsulares, stos no vern en ellos sino los enemigos ms encarnizados de sus intereses, de la prosperidad de Cuba y de la supremaca de Espaa. El Amigo y el Discpulo eludiendo mis razones sobre las dificultades que encontrara la anexin de parte de los Estados Unidos en los momentos crticos de una insurreccin anexionista, procuran embrollar todas las ideas, confundiendo la incorporacin pacfica con la revolucionaria Todas mis reflexiones se refirieron a sta, y, por consiguiente, para combatirlas debieron ellos haberse encerrado en este terreno, y no venir a argumentarme con la anexin pacfica Pero mis dos impugnadores dignos son de disculpas, porque caminan en medio de las tinieblas. El Amigo afirma que la opinin de los Estados Unidos es unnime sobre la anexin de Cuba. “Los Estados del Norte [as dice] por sus manufacturas y vveres, los del Oeste por sus granos, y los del Sur por la homogeneidad de instituciones especiales, todos tienen una sola voz, todos claman por la isla de Cuba Polk, entrando desde luego en nego-

PAGE 319

JOS ANTONIO SACO /313 /313 /313 /313 /313 ciaciones con el candidato del Sur, y Taylor el presidente electo son igualmente esclavos de la voluntad popular; y respecto de este ltimo, a la hora que escribo habr llegado a los odos del seor Saco lo que dijo el senador Foote hace cosa de dos meses... Si Tejas tena la ventaja de que sus habitantes fuesen ciudadanos americanos en su mayor nmero, contaba, por otra parte, con oposicin marcada en vez de la unanimidad con que Cuba ser recibida por todos los Estados y partidos ”. ste es el lenguaje del Amigo ; oigamos ahora al Discpulo “La idea de anexin hace aos naci en los Estados Unidos... all es una idea general que bulle con grande entusiasmo entre los habitantes de todos los Estados en el Congreso y el Gobierno porque Cuba es el complemento de su grandeza, y el antemural de su tranquilidad.” Los dos trozos que acabo de copiar son la demostracin ms completa del alucinamiento de mis dos adversarios. Cuentan para su revolucin, no ya con el partido de aquella repblica, sino con los habitantes de todos los Estados, con el Congreso y con el Gobierno. A estos delirios, la mejor respuesta que doy es la Proclamacin que el presidente Taylor acaba de publicar contra los belicosos proyectos de los anexionistas. Este documento me bastara para imponer silencio a mis impugnadores; pero como no aspiro a vencerlos con el peso de la autoridad, sino con la fuerza de la razn, quiero examinar los dbiles argumentos de que se valen para sostener sus errores. Se quiere saber cul es en concepto de mi Discpulo el motivo principal que tienen los Estados Unidos para desear la anexin de Cuba? Helo aqu: “Los Estados que se denominan Norte y Sur no tienen celos en la cuestin [la anexin]; pues si stos poseern aqu [en Cuba] esclavos, e introducirn los suyos para el cultivo de la caa, ms fcil, rico y seguro que all [en los Estados Unidos], aqullos vern con gusto desaparecer los esclavos del continente ”. Mi Discpulo, pues, mostrndose tan anexionista, tiene la gloria de trabajar por convertir a Cuba en una sentina donde los Estados Unidos vayan a depositar las inmundicias de la esclavitud, y a purificarse de ellas por medio de la anexin. ¡Brillante y honroso porvenir el que reserva a su patria el patriota anexionista! El Amigo se empea en probarme la unanimidad de la opinin de los Estados Unidos en favor de la anexin, del modo siguiente: “Asegurando al seor Saco que hasta peridicos defensores del terreno libre ( Free soil ) en los Estados Unidos se manifiestan favorables a la adquisicin de la isla de Cuba; y con recordarle que en varias ocasiones, algunas nada remotas, se han contenido los oradores del Senado de la Unin por temor a embarazar con la discusin de aquel objeto, creo dejar probado lo atrasado que est nuestro compatriota ausente acerca de las opiniones en los diferentes partidos polticos de aquella repblica ”.

PAGE 320

OBRAS 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ Contra esto digo: 1 Que si mi ausencia es causa de mi atraso acerca de las opiniones de los diferentes partidos de la Confederacin Norteamericana, l, que tambin est ausente de ella, puesto que su papel prueba que habita en Cuba, no estar ms adelantado que yo. 2 Que aun cuando residiese en los Estados Unidos, nada ganara con eso, porque comnmente sucede que muchos de aquellos que viven en un pas, no son siempre los que ven ms claro los objetos que los rodean. 3 Que la menor distancia de Cuba a los Estados Unidos respecto de Europa, que es donde me hallo, nada influye en el menor conocimiento que l pueda tener de la marcha de aquella repblica; porque tan continuas y rpidas son hoy las comunicaciones entre ella y la Europa, que abundan los medios para informarse desde aqu de las ocurrencias de aquella confederacin; de suerte que mi Amigo no por estar en Cuba, tiene ms facilidad que yo para adquirir noticias. 4 Que a pesar de mi ausencia, puedo estar an ms al corriente de la poltica de los Estados Unidos que un habitante de Cuba, porque en Inglaterra y en Francia no slo se reciben los peridicos de aquel pas, sino que se comentan libremente por la prensa de ambas naciones; circunstancia que no puede verificarse en Cuba por la ndole de su gobierno. Todas estas consideraciones harn conocer a mi Amigo que mi ausencia lejos de ser causa de mi atraso ; puede serlo de mis adelantos acerca de las opiniones de los diferentes partidos de la repblica americana. De que hasta los peridicos defensores del terreno libre se muestren favorables a la anexin, no se infiere que sea unnime en cuanto a ella la opinin de los Estados Unidos. Advertir tambin a mi Amigo que el fuerte apoyo que l cree encontrar en los defensores del terreno libre es porque no conoce los principios ni las tendencias de ese partido; y yo s de miembros pertenecientes a l, que si desean la anexin, es porque juzgan llegar de este modo al trmino de la esclavitud en Cuba. Que oradores del Senado de la Unin se hayan contenido por temor de embarazar con la discusin de aquel objeto, no prueba ms sino que hay senadores partidarios de la anexin, as como hay otros, que no lo son. Otro de los argumentos del Amigo sobre la unanimidad consiste en las siguientes palabras: “Harto sabido es que la incorporacin de Cuba se considera como objeto nacional que no puede servir de distintivo a ningn partido”. Yo quiero conceder que la incorporacin de Cuba no pueda servir de distintivo a ningn partido; mas, se seguir por esto que el Norte y el Sur de la Unin piensen de un mismo modo sobre este particular? Si mi Amigo cree que no hay divergencia de opiniones oiga cmo habla el anexionista Freemind cuya impugnacin a mi papel no he tenido a bien refutar, pero de la que ahora me valdr, seguro de que mi Amigo o habr de respetar el texto que le cito, o se pondr a contradiccin con otro anexionista, tambin impugnador mo. As se expresa

PAGE 321

JOS ANTONIO SACO /315 /315 /315 /315 /315 Freemind “Debe saber [Saco] tambin y an mejor que yo, que esa cuestin se agita hace mucho tiempo en las Cmaras de los Estados Unidos: y en la prensa, y que hay un gran partido por la anexin: unos por compra, otros por la fuerza armada”. Si pues, segn Freemind hay un gran partido por la anexin, claro que hay otro que no la quiere. Freemind dice tambin, y con razn, que hay unos que la quieren por compra y otros por la fuerza de las armas. De aqu nace la consecuencia, que lejos de haber en los Estados Unidos la unanimidad que supone el Amigo hay tres partidos sobre la adquisicin de Cuba: uno que la desea por la guerra, otro por la compra, y otro que no la quiere. Dcenos el Amigo por complemento de argumentacin, que “ las masas de los Estados Unidos sobrellevan con desagrado la opresin individual que se sufre a las puertas de la tierra clsica de libertad ”. Inocente y muy inocente se muestra mi Amigo cuando se figura que el pueblo norteamericano est animado del sentimiento quijotesco que l le atribuye. Recuerde que ese mismo pueblo, apoyando a su gobierno, contribuy a frustrar 24 aos ha la proyectada invasin de Cuba por las armas combinadas de Mjico y Colombia, que queran libertarla de Espaa. Ocasin muy ventajosa se le present entonces para interponer su poderoso influjo en favor de un pueblo esclavizado; pero no consultando sino su inters, prefiri que Cuba continuase arrastrando su antigua cadena. Sepa mi Amigo que todo lo que haga aquel gran pueblo en la cuestin de Cuba, no ser por simpatas de libertad ni por afecto a los cubanos, sino slo por su propio engrandecimiento. Tampoco olvide, que ese mismo pueblo que habita en la tierra clsica de libertad tiene, sin salir de ella, amplsimo campo donde ejercitar sus sentimientos liberales. All gimen bajo el yugo de la esclavitud personal ms de 3 millones de criaturas humanas;10 y si tanto le desagrada la opresin poltica de los cubanos, empiece antes por purgar su propia tierra, y no por apoderarse de la ma. Hice algunas reflexiones sobre la influencia que podra ejercer el gabinete ingls, si el Gobierno norteamericano intervena con sus armas en favorecer la insurreccin anexionista; pero el Discpulo y principalmente el Amigo confundiendo de nuevo la anexin pacfica con la revolucionaria, saltan de la una a la otra, y aplican a la primera lo que slo dije con relacin a la segunda; pues s muy bien, que si Espaa vendiese la isla de Cuba a los Estados Unidos, Inglaterra no podra oponerse, y “ la transformacin poltica se hara tranquilamente y sin ningn riesgo ”. Tan cauto fui, a pesar de mis convicciones, que aun en el caso de que los Estados Unidos declarasen la guerra a Espaa slo 10Hoy deben pasar de 3 millones y medios, pues, segn el censo de 1850, hubo 3 204 489 esclavos.

PAGE 322

OBRAS 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ por la anexin, no asegur de un modo explcito y terminante, que Inglaterra entrase en lucha con ellos, sino que “se mezclara en la contienda, abierta o solapadamente segn creyera que mejor cumpla a los fines de su poltica”. Tan distante me hallo de pensar lo que me atribuyen mis impugnadores, que me parece, que si los Estados Unidos, teniendo la justicia de su parte viniesen, por desgracia de Espaa, a un rompimiento con ella, Inglaterra permanecera neutral. Mis adversarios, sin embargo, suponen que siempre habl de guerra de la Gran Bretaa con los Estados Unidos, y guerra, no slo en el caso de anexin pacfica, sino en cualquier otro evento. Disipada la nube con que mis dos impugnadores han pretendido oscurecer mis ideas, pasemos a considerar las razones en que se fundan para afirmar con tanta confianza, que aun en el caso de ser Cuba invadida por el Gobierno norteamericano, Inglaterra permanecera espectadora tan pasiva, que ni franca, ni solapadamente ejercera ninguna influencia.11 En la pluma de mis dos contrincantes, Inglaterra es a veces una nacin poderosa y admirable; pero otras, tan pobre y tan flaca, que “ vive sobre el crdito [como si el crdito pudiera tener una nacin empobrecida]; que su pueblo carece de trabajo y pan al menor amago de guerra; que diseminada en las cuatro partes del mundo siente bullir en su seno el germen de la desorganizacin social; que necesita le lleguen de fuera los alimentos, y que el da que una mano robusta le d una sacudida, vendr al suelo como todas las dems de Europa ”. ¡Con cunta pesadumbre he copiado estos renglones! Duleme en el corazn que hijos de Cuba se presenten tan ridculos a los ojos del mundo, y que ellos sean los prohombres de un partido que aspira a salvar la patria. Si mi Amigo y mi Discpulo no han visitado la Inglaterra, invtoles por caridad a que vengan a conocerla; pero si han estado en ella, y aun as escriben como escriben, entonces son dignos de la ms lastimosa compasin. Y quin no ha de compadecerlos al ver que una de las plumas que tan triste pintura acaba de hacernos de la Gran Bretaa, esa misma pluma se contradice escribiendo en el mismo prrafo lo que sigue: “Por ventura [dice el Discpulo] la Inglaterra es el remedio de D. Quijote, que se lanza ciega en los peligros, para perecer o salir burlada? No, no es as la primera nacin del mundo en poltica; la que ha sabido a fuerza de previsin, prudencia, sabidura y patriotismo, enseorearse de los mares, influir como soberana sobre la suerte de las dems naciones y vencer y aherrojar al ms formidable de sus enemigos, al grande genio que ha llenado su siglo con su nombre, y admirar a los venideros”. 11Del lamentable error en que estaban mis adversarios polticos, sacolos con sorpresa la conducta posterior de Inglaterra y de Francia.

PAGE 323

JOS ANTONIO SACO /317 /317 /317 /317 /317 El Amigo y el Discpulo pregonan a do que Inglaterra cedi el campo a los Estados Unidos en la guerra de 1812 en las cuestiones de lmites del Canad de Mac-Leor y del Oregn : luego, aunque ellos invadan a Cuba para apropirsela, Inglaterra no ejercer ninguna influencia directa ni indirecta, pblica ni secreta. Repugnante es entrar en cuestiones de esta naturaleza, disputando si los Estados Unidos son ms fuertes que Inglaterra, o sta ms que aqullos. Entrambas naciones son grandes y poderosas, entrambas ofrecen al mundo el ejemplo ms admirable de civilizacin y libertad, entrambas son dignas del respeto y los aplausos de todo el gnero humano; pero cuando con sana o daada intencin se hacen odiosas comparaciones entre estas dos potencias con el fin de extraviar la opinin de los cubanos, preciso es que nos detengamos un instante en restituir a los hechos alterados su primitiva verdad. Si en la guerra que empez en 1812, la Gran Bretaa fue la primera que tendi una mano generosa a su enemigo, atenderse debe a las circunstancias extraordinarias en que entonces se hallaba el continente europeo, pues dominado por el inmenso poder de Napolen, Inglaterra tena que combatir con este coloso formidable. Hubiera estado ella libre en sus movimientos, la guerra habra continuado, y con la guerra la confederacin se hubiera disuelto, porque los Estados del Norte reunidos en la Convencin de Hartford trataban de separarse de los del Sur, y de constituirse en nacin independiente. Si esto no sucedi, gracias sean dadas a Napolen, y no a la superioridad de los Estados Unidos sobre la Gran Bretaa. En la cuestin de lmites del Canad, no hubo triunfos de una parte, ni humillaciones de otra: fue una negociacin en que deseosas ambas potencias de llegar a un acomodamiento, se hicieron mutuas concesiones. El asunto de Mac-Leor, a pesar de los clamores de la prensa inglesa y americana, no mereca que se hubiese mencionado: porque tan buena armona reinaba entre los dos gabinetes, que el clebre Daniel Webster, entonces ministro de Estado, haba dado al Gobierno ingls la seguridad de que Mac-Leor no corra ningn peligro, pues aun cuando le condenasen los tribunales, el presidente de la repblica, usando de su prerrogativa, le salvara la vida. No fue necesario que las cosas llegasen a este extremo, porque Mac-Leor, aun sin defenderse, fue absuelto por el jurado americano. En cuanto al Oregn, admrome de que los anexionistas se empeen en dar la palma a los Estados Unidos, cuando Inglaterra fue quien la gan. Qu era lo que pretendan aqullos? Que todo el Oregn les perteneciese. Qu reclamaba el Gobierno ingls? Que tena derecho a l, y que deba repartirse entre los dos; pero la cuestin se resolvi en el sentido que deseaba Inglaterra, y no como queran los Estados Unidos.

PAGE 324

OBRAS 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ Inglaterra es un pas que vive del comercio: la guerra es su muerte : he aqu un argumento al que mi Amigo da grande importancia, y del que concluye, que aquella nacin, por temor de comprometer sus relaciones mercantiles, no se mezclara en manera alguna en la cuestin de Cuba. Pero dgame mi Amigo : no podra ella influir subterrneamente, sin comprometer sus relaciones mercantiles? Cierto que s. Y entonces, dnde est la fuerza del argumento? No se alucine, no, mi Amigo : el da en que en Cuba se desencadenen los elementos revolucionarios, Inglaterra y quien no es Inglaterra, podrn hacernos un mal inmenso, a la hora que se les antoje; y si aquella potencia se propusiese consumar la ruina de los cubanos, llegara a su fin sin tirar un caonazo, y conservando sus relaciones pacficas con todos los pueblos de la tierra. Prescindiendo ahora de la influencia pblica o secreta que Inglaterra podra ejercer en los trastornos de Cuba, y considerando en s la proposicin que ha sentado mi Amigo es menester que reconozca, que las consecuencias que saca de ellas son enteramente falsas. Por lo mismo que Inglaterra es un pas eminentemente mercantil, por lo mismo que su vida depende del comercio, este comercio es el principio fundamental de su poltica, y el que la arrastrar a los combates, ora para conservarlo, ora para engrandecerlo. Si no fuera as, ella habra sido la nacin ms pacfica del mundo; pero su historia nos ensea lo contrario. No vendr yo a presentar aqu el largo catlogo de sus guerras; mas, es preciso recordar algunas, que no han tenido otro origen ni otro fin que los intereses puramente mercantiles. Las dos sangrientsimas contra la Holanda en la segunda mitad del siglo XVII, qu otro mvil tuvieron sino la rivalidad mercantil entre las dos naciones? No nacieron tambin de intereses mercantiles en Amrica las que declar a Espaa en 1739 y en 1761? Y la reciente con la China, no la hizo para abrir en aquel pas los puertos que se haban cerrado a su mercanca de opio? Abra, pues, los ojos, mi Amigo y tenga entendido, que si el comercio es en la Gran Bretaa un principio de paz, tambin es a veces una mquina de guerra. El Amigo mo, siempre fecundo en slidos argumentos, me dispara otro que literalmente transcribo. Dice as: “Y en cuanto a emplear los negros en la lucha la mancha estampada sobre el carcter nacional [de Inglaterra], segn la bella expresin de lord Chatham, por haber alistado en la pasada guerra a los salvajes contra sus hermanos, no se producir en esa gran nacin, que despus de ms de medio siglo de progreso, es hoy modelo de cuanto hay de noble y humanitario”. Mi Amigo fundndose en unas palabras de un discurso pronunciado 70 aos ha en el Parlamento britnico por un miembro de la oposicin, tiene tanta fe en ellas, que sean cuales fueren los acontecimientos que puedan sobrevenir sobre Cuba, el Gobierno ingls nunca echara

PAGE 325

JOS ANTONIO SACO /319 /319 /319 /319 /319 mano de ciertas armas. Permtame mi Amigo que le diga, que no conoce las cosas ni los hombres; y que sin salir de los Estados Unidos, all puede ver que esos mismos ingleses incendiaron a Washington, y se volvieron a servir de los indios salvajes en la guerra de 1812. Pero quin entiende a los anexionistas? Hasta aqu han estado haciendo esfuerzos para probar que Inglaterra no se mezclar en nada: ahora los oiremos hablar en un lenguaje absolutamente contrario; pues Inglaterra es a veces para ellos un ngel consolador, y otras un dragn infernal, que pronto va a devorarlos. El Amigo dice: “Mientras esto no suceda [la anexin] el crter que por razn de aquel reino o sus dependencias, vea bajo nuestros pies el seor Saco hace 15 aos, y que hoy se ha ocultado a sus ojos sbitamente, existe en nuestra opinin ms peligroso que nunca porque tenemos la desgracia de no fundar esperanzas, ni creer en los agentes de gobierno ni gabinete de Madrid, que a juzgar por los hombres de su devocin que han venido a la Isla en muchos aos, estarn a la merced de intrigas y seducciones”. El crter, pues, que yo vea 15 aos ha, y que mi Amigo supone que se ha ocultado sbitamente a mis ojos, existe en su opinin ms peligroso que nunca ; y por qu existe?, porque l cree que los agentes y el gobierno de Madrid estarn a la merced de intrigas y seducciones Pero de dnde pueden venir estas intrigas y seducciones ? Los anexionistas han vociferado repetidas veces que viene de Inglaterra. El Discpulo en la pgina 17 de su folleto habla as: “Pregunta Saco, que quin trata de emancipar los esclavos? Y le respondemos: Inglaterra y sus colonias etc .” Y ms adelante en el mismo prrafo prosigue: “La Inglaterra tiene un derecho muy cierto, muy eficaz y reconocido para examinar si se ha cumplido o no el tratado de 1817 que le cost su dinero, y exigir su exacto cumplimiento; lo que suceder el da meno s pensado porque esta nacin careciendo del carcter quijotesco de otras, jams echa roncas a sus contrarios, no los amenaza tontamente, sino que calla y sufre, cuando debe callar y sufrir, para operar de un modo decisivo y conveniente en el momento oportuno”. Pero si tanto temen mis impugnadores en tiempo de paz, a qu punto no subirn sus temores el da que estalle en Cuba la revolucin y la guerra civil? Ellos, segn sus vaticinios, han de convenir forzosamente en que entonces se ofrece a Inglaterra el momento ms oportuno para ejercer sus intrigas y seducciones. El Compatricio dice: “En qu cuestin de Amrica no se han entremetido Inglaterra y Francia? Cunto no intrigaron por oponerse a la anexin de Tejas, a la guerra de Mjico, al tratado de paz y cesin de California, en que Inglaterra tena sus miras particulares?” Y todava es ms concluyente en la pgina 5. “ Pero dejar Inglaterra escapar

PAGE 326

OBRAS 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ cualquier ocasin favorable que se le presente de hacerse pago de su dinero y de consumar su obra de abolicin ?... Todava corre sobre la cabeza de Cuba la espantosa nube que lleva en su seno el rayo que puede aniquilarla. Todava est pendiente, y no retirada, la solicitud de Inglaterra para que el Gobierno espaol declare libres los negros introducidos del ao de 1820 a la fecha... No ha mucho que un lord de Inglaterra se dej decir en pleno Parlamento, que era preciso atacar a los znganos en su nido [a los negreros de Cuba, quiere decir la metfora], darles la libertad a los esclavos y de un solo golpe poner fin a la trata Es probable que en el da, por las circunstancias en que se ve Inglaterra, no se entremeta, como lo ha y tiene de costumbre en negocios ajenos, o en lo que nada le vaya ni le venga; pero perdnenos el seor Saco que esta cuestin negrera o sea la abolicin de la esclavitud, es suya, y muy suya... Ya ve, pues, el seor Saco, que muy lejos de estar libre Cuba del eminente peligro en que Espaa la ha puesto, a la hora menos pensada, en aquellos momentos de conflicto harto frecuentes en Espaa, y que Inglaterra sabe acechar y aprovecharlos para hacer sus negocios y castigar a los que la burlan o la insultan est corriendo el riesgo de que la poderosa Albin pronuncie aquel terrible ultimtum : o ‘accedes a lo que te pido, o te declaro la guerra’ ”. Y recomendando mi Compatricio la urgencia de la revolucin anexionista, pregunta: “Cundo se har? Cuando las interminables revueltas de Espaa y sus conflictos con Inglaterra y Francia nos traigan el decreto fatal que de golpe y repentinamente nos arruine como les ha sucedido a las otras colonias ?” De las citas anteriores sacadas de los papeles de los anexionistas aparece demostrado que ellos se contradicen, pues mientras que aseguran, por una parte, que Inglaterra permanecer pasiva espectadora de cuantos acontecimientos polticos puedan ocurrir en Cuba; por otra, publican los temores que les infunde la perniciosa influencia que puede ejercer sobre los negros. Hasta cundo sufriremos la opresin ?, me preguntan el Amigo y el Discpulo Aqu estn mis adversarios revelando su flaqueza. Pues que, porque a ellos les faltan fuerzas para sufrir, ser patriotismo entregarse a la desesperacin, y lanzar su patria a una revolucin desastrosa? Un patriota fuerte debe sufrir resignado hasta la muerte por ella, si este sacrificio es necesario para salvarla. Funesto error es pensar, que no hay ms patriotismo, que aquel que consiste en pelear a nombre de la patria en los campos de batalla: hay otro todava ms grande y ms heroico: el del ciudadano, que dominando las pasiones de su flaca naturaleza, resiste aos y aos con serenidad y constancia los tormentos de la tirana; y antes que aventurar la suerte de su patria, ofrece su vida en holocausto al reposo y las esperanzas de ella.

PAGE 327

JOS ANTONIO SACO /321 /321 /321 /321 /321 Rplica al CompatricioDesembarazado ya del Amigo y del Discpulo pasemos a razones con mi querido Compatricio Empieza ste su papel aconsejando a Cuba la revolucin, para que no corra la suerte de Santo Domingo. Pero de dnde provino la ruina de aquella isla? Cabalmente de la misma causa, que invoca mi Compatricio para salvar a Cuba, pues sin la revolucin, los negros no se hubieran levantado, ni convertido en cenizas la colonia ms floreciente que haba entonces en las Antillas. Ante sus ojos tienen los cubanos esa terrible leccin, y el da en que la olvidaren, una catstrofe sangrienta vendr a recordarles las desgracias de un pueblo vecino. No revolucin ni guerra civil sino paz y unin en Cuba Es la gran enseanza que los cubanos deben sacar del ejemplo de Santo Domingo. En su impetuosidad belicosa asegura mi Compatricio que Saco defiende el statu quo los hbitos arraigados la inaccin : es decir, que yo no quiero en Cuba ningn progreso y que soy estacionario Si pido a mi Compatricio la prueba de sus asertos, no me da otra sino que en Cuba es un deber patritico “aconsejar la ms pronta y determinada accin”. Pero qu entiende l en Cuba por accin ? sta, segn su papel, no es otra que la guerra civil para lograr la anexin. Y por ventura, entre el statu quo que l me atribuye, y la accin belicosa que aconseja, no hay una serie de acciones intermedias, que sin ser belicosas sean acciones? Accin es todo lo que encamina a adelantar la agricultura, las artes y el comercio; todo lo que propende a mejorar la condicin de nuestro pueblo, y como sabe hasta el vulgo, todo lo que hace en el mundo, sea bueno o malo, con objeto o sin l. Es, pues, evidente que aunque yo no predico en mi papel la ms pronta y determinada accin de guerra de ninguna manera se infiere que soy un hombre estacionario ; porque bien puedo ejercer otras acciones pacficas y por lo mismo pertenecer, sin ser revolucionario, a la categora de hombre de accin Pero se me replicar que como no muestro ninguna, en mi papel estacionario me quedo. Estacionario me quedo, y escribo un papel, en que, por la vez primera, se somete a la pblica discusin, y se examina imparcialmente un asunto en que estn cifrados los intereses ms vitales de la sociedad cubana? Estacionario me quedo, y rompiendo el silencio de toda mi vida sobre la delicada cuestin de la esclavitud, pido que se hagan pausada y progresivamente las innovaciones, que demandan las imperiosas necesidades del siglo? Estacionario me quedo, y digo al gobierno que resistir ciegamente, permaneciendo en la inmovilidad es provocar una revolucin en Cuba; que all es necesaria una reforma poltica ; que ensaye para las colonias que le quedan un nuevo mundo de gobierno; y que, comenzando una nueva era cese la mortal

PAGE 328

OBRAS 322\ 322\ 322\ 322\ 322\ desconfianza con que se mira a los cubanos; se den a stos derechos polticos; se les abran libremente todas las carreras, y se forme una legislatura colonial, para que ellos tomen parte en los negocios de su patria? Estacionario en fin, me quedo, y olvidndome de m mismo y con los ojos clavados en el porvenir de Cuba, lucho por arrebatar a mis hermanos del espantoso precipicio donde pueden hundirse en una hora sus caudales y sus vidas, y con ellas hasta las ltimas esperanzas de la patria? No, jams, jams sali de mi pluma papel tan progresivo, ni que mejor haya sabido conciliar los progresos que pido con los slidos intereses cubanos. Donde s est, no el statu quo y la inaccin y mucho menos el progreso, sino el retroceso y retroceso tremendo es en las peligrosas doctrinas del folleto de mi Compatricio ; pues un hombre de sus generosos sentimientos slo en la embriaguez de su liberalismo ha podido escribir, que a permanecer un da ms como estamos en Cuba, es preferible que “ perezcamos todos los hombres, mujeres y nios en el campo de batalla ”. Mi Compatricio para probar que la anexin se debe hacer por la fuerza de las armas, saca sus argumentos de algunos escritos mos, creyendo que de este modo me pone en la alternativa, o de contradecirme, o de reconocer la necesidad de la revolucin anexionista. Repase de nuevo mi Compatricio todos mis papeles, estdielos por largos das y largas noches, y al cabo de tantas vigilias slo encontrar en ellos pruebas y desengaos de su errada pretensin. Cundo ha sido el objeto de ninguna de mis publicaciones recomendar la anexin, y menos por la guerra? Ni cundo, tampoco, he instigado directa ni indirectamente a la revolucin? Atacar el despotismo, deplorar los males de Cuba, pedir legalmente su libertad, y desear su adelantamiento; he aqu cul ha sido el constante anhelo de mi vida; pero excitar a la insurreccin, jams lo he intentado porque estoy ntimamente convencido de que con los elementos de destruccin que Cuba encierra en su seno, las consecuencias seran desastrosas para sus hijos. Mi conducta puede compararse a la de un abogado que defiende una buena causa, y que, con la ley en la mano, pide justicia ante un tribunal justo; mas, porque ste se muestre sordo a la razn, se dir, que aqul incita su cliente a la violencia, y le aconseja que mate a sus jueces, y despus se suicide asesinando tambin a su familia? Lamentable sera el extravo de quien as discurriese; y ni ms ni menos discurre conmigo mi estimado Compatricio Pero veamos cmo desempaa el plan que se ha propuesto.ARGUMENTO PRIMEROSaco ha dicho en un papel impreso en 1845, “que la continuacin del trfico de esclavos, lejos de afianzar la seguridad de Cuba, la conduce

PAGE 329

JOS ANTONIO SACO /323 /323 /323 /323 /323 irremediablemente a su propia perdicin”. De aqu infiere mi Compatricio que no queriendo el Gobierno espaol poner trmino a tan infame contrabando, y que siendo l a quien corresponde exclusivamente cortarlo porque slo l tiene facultad y poder para ello, es forzoso que los cubanos, para conseguir este fin, tomen las armas, y se agreguen a los Estados Unidos. Antes de rebatir este argumento, aclaremos el sentido de las palabras pronta perdicin o mejor dicho, el adjetivo pronta en que se apoya con fuerza mi Compatricio para persuadir la necesidad en que estamos de hacer inmediatamente la revolucin. Pronto es uno de aquellos vocablos que tienen un significado muy relativo; pues pronto es lo que ha de suceder dentro de un minuto, una hora, un da, un mes, un ao o aos: as es, que en lo que en unas circunstancias se llama pronto en otras se dice lento y al contrario. Si recorremos la escala de la vida de los animales, veremos que la duracin de su existencia, comparada entre s, ofrece las mayores variaciones. El ser que slo vive un da, se destruye pronto si se compara con el que vive un ao; pero ste, que tiene respecto de aqul una existencia larga se destruye pronto si se compara con otro que vive 10 o 20 aos. Continuando esta progresin, llegaremos al punto, en que se pueda decir exactamente que la destruccin de un ser que ha vivido medio siglo, es pronta respecto de otro que tiene una existencia mucho ms larga. Pero la vida de los pueblos no debe medirse por la misma escala que la de los individuos: sta, comparada con aqulla, es fugaz e instantnea, y la del hombre que desciende al sepulcro a la edad octogenaria, aunque ha sido en un perodo muy largo, respecto de la especie humana, habr sido pronta si se compara con la vida de los pueblos. Estas ideas fijan el sentido, en que deben tomarse las palabras pronta perdici n, de que me serv, pues no porque pronosticase esa pronta perdicin en caso de continuar el contrabando de esclavos, se debe inferir, que Cuba perecera dentro del brevsimo plazo a que mi Compatricio la condena. Vengamos ahora al fondo del argumento. De que yo hubiese anunciado males a Cuba con la continuacin del trfico de esclavos, se deduce, que ella debe acometer una revolucin desastrosa para agregarse a los Estados Unidos? La consecuencia rigurosa que se desprende, es que cese aquel contrabando. Pero mi Compatricio dice, que la anexin revolucionaria es indispensable; porque el Gobierno espaol, que es a quien corresponde exclusivamente cortarlo, pues slo l tiene facultad y poder para ello, no quiere ponerle un trmino. Aqu, aqu est la falacia del argumento. Es cierto, que al gobierno corresponde exclusivamente y que slo l tiene facultad y poder de extinguir el contrabando de esclavos? Es cierto, que aun suponiendo que Cuba se salvase con la revolucin, y se agregase a los

PAGE 330

OBRAS 324\ 324\ 324\ 324\ 324\ Estados Unidos, cesara trfico tan criminal, que es precisamente uno de los poderosos motivos que se alegan para la revolucin anexionista? A entrambas preguntas respondo que no La cuerda que voy a tocar es delicada, porque me expongo a que me hagan dos cargos: uno, que ya empiezo a retroceder, disculpando algn tanto la conducta del gobierno: otro, que ofendo a los cubanos; que cuando se escribe con una conciencia pura, no se temen cargos ni calumnias. Los cubanos no tienen mejor amigo que yo, ni ninguno defiende con ms celo que yo sus intereses, sus vidas y su honor. Hoy ser franco como siempre lo he sido, y diciendo respetuosamente la verdad, sin referirme a clases ni personas, creo que har un servicio a mi pas. Nadie ha reprobado ms severamente que yo la marcha del gobierno respecto del trfico de los esclavos, y ahora me ratifico en todo lo que he dicho, sin retractar ni modificar una sola de mis palabras; pero la imparcialidad exige, que cuando el pecado anda repartido en varias cabezas, no cargue todo exclusivamente sobre una sola, declarando inocente a las dems. Hasta fines de 1844, la conducta del Gobierno metropolitano fue muy culpable. Entr el ao de 1845, y con l se abri un nuevo horizonte; pues el gobierno empez a tomar un rumbo distinto del que antes haba seguido. Por fortuna, no es la polmica en que ahora me veo la que me obliga a hablar as por primera vez. Con motivo del debate que hubo en las Cortes a principio de 1845 sobre el proyecto de ley penal, presentado por el ministerio contra los traficantes de esclavos de la costa de frica, escrib en febrero de aquel ao lo siguiente:12 “No entrar en el examen de esta discusin, pero la justicia exige que felicite al gobierno de S.M. y en particular al seor ministro de Estado D. Francisco Martnez de la Rosa, no slo por ser el autor de aquel proyecto, sino que sta es la vez primera que en cuestin tan importante como la trata el Gobierno espaol comprendiendo los verdaderos intereses de la isla de Cuba, ha condenado francamente el contrabando africano como contrario a la religin y a la filosofa, y como incompatible con la seguridad de aquella Antilla”. Vase, pues, como no es de ahora, sino que me serv del mismo lenguaje algunos aos ha; sin ser el Gobierno metropolitano, de entonces ac, todo lo que ha debido ser en tan importante negocio, sus ideas, sin embargo, han experimentado alguna modificacin, y hoy marchara resueltamente por la nueva senda, ni no recibiese de Cuba un impulso que lo hace vacilar, y a veces retroceder. Uno de los males que produce el despotismo es, que coartando demasiado las facultades del hombre, acostumbra a los que viven bajo su influencia, a figurarse que nada pueden obrar por s, y que todo debe hacer12 La supresin del trfico de esclavos africanos en la isla de Cuba Nota final pgina 65. —Esta nota se halla como apndice a la pgina 132 del segundo tomo de esta coleccin.

PAGE 331

JOS ANTONIO SACO /325 /325 /325 /325 /325 se por el gobierno. ste es un error capital, que domina el papel de mi Compatricio ; pues aunque l nos ha dado tan magnficos ejemplos de lo contrario, supone, sin embargo, que los cubanos no pueden dar por s un solo paso, sin que el gobierno los lleve constantemente de la mano, en todos los asuntos de la vida. Las trabas y restricciones que impone el despotismo, no son suficientes motivos para que todo un pueblo, o al menos los hombres bien intencionados, se entreguen a la indolencia; pues con la constancia y el trabajo se consigue mucho bien, y se evita mucho mal. Casos hay, en que los esfuerzos de los sbditos, no pueden impedir los golpes de un gobierno absoluto; pero hay otros, en que les es ms fcil eludirlos. Contrayndonos a Cuba, nunca debemos confundir los actos que nacen exclusivamente del gobierno, y que l ejecuta armado de su autoridad, sin que el pueblo pueda resistirse a la obediencia, con aquellos que traen su origen del mismo pueblo, en que ste puede o no puede participar de ellos, segn mejor le parezca, y en que el gobierno no emplea una fuerza competente. En las contribuciones, por ejemplo, todo es obra del gobierno, todo lo ejecuta l, y el pueblo sin poder reclamar, tiene que sufrir en silencio las exacciones del Fisco. Mas, sucede lo mismo con el contrabando de esclavos? No es, por cierto, el gobierno quien enva sus naves y su dinero a las costas de frica, sino especuladores que habitan en tierra de Cuba, y en otros pases; y cuando los negros arriban a nuestras playas, tampoco es el gobierno quien va a buscar compradores, ni obliga a stos con rdenes ni bayonetas a que compren los esclavos. Su pecado es de otro gnero; pero en los tratos que celebran vendedores y compradores, l no tiene intervencin. Seguro est que se llevasen negros a Cuba, si no hubiera quien los comprase. Hay en el mundo algn comerciante, que enve a ella cargamentos de azcar? El que lo hiciese, perdera su dinero, y quedara escarmentado; pues otro tanto sucedera a los negreros, si all no hubiese quien les tomase su infame mercanca. Yo s que hay sus dificultades para abstenerse de hacerlo: nadie las conoce mejor que yo; pero ellas no son ms que circunstancias atenuantes ; y si en los moradores de Cuba existiera el firme propsito de cortar de raz el contrabando africano, en su mano est el medio infalible de conseguirlo: no comprar negros no comprar negros Doloroso me es decirlo; pero debo confesar que el obstculo mayor para la extincin de la trata no nace hoy y ntese bien que digo hoy del Gobierno metropolitano, sino de las reclamaciones que le dirigen de Cuba. Hubo un momento en que aterrados sus habitantes por la conspiracin de 1844, todos pidieron la cesacin del trfico; pero disipado el temor, muchos volvieron a pensar, como pensaban. Cosas de tres aos habr, que de Cuba se pidi al ministerio que permitiese introducir en ella colonos de frica; esto es, esclavos con otro nombre. Mas, qu hizo el gobierno en tales circunstancias? Negarse abiertamente a la solicitud de Cuba.

PAGE 332

OBRAS 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ Despus se le volvi a pedir, por conducto del Capitn General de aquella Isla, que tolerase la importacin de negros procedentes del Brasil; y as en esta como en la primera vez, se procur influir en el nimo del gobierno, manifestndole falsamente que la Isla se arruina si no entran nuevos esclavos. Ignoro cul fue la resolucin del gabinete de Madrid;13 pero de todos modos resulta, que si el trfico se ha renovado con fuerza, no tanto procede de la conducta del Gobierno metropolitano, cuanto de las gestiones que de Cuba se hacen para continuarlo, y de nuestra persistencia en los hbitos envejecidos. Que no compren esclavos que no compren esclavos ; tal es el consejo que mi Compatricio debe dar a los cubanos, para que acaben con el contrabando de negros; pero que no se acometa una revolucin anexionista, que aun suponindola feliz, en vez de extinguir la trata le dara nuevo impulso. Y que se lo dara, es una verdad innegable; pues al paso que los cubanos compraran esclavos, para reponer los muertos, aumentar la produccin de sus haciendas, y fomentar otras nuevas, los norteamericanos deseosos de utilizar las feraces tierras de Cuba, pasaran a ella con sus negradas, y aun es ms probable, que el trfico no se limitase a los esclavos procedentes de los Estados Unidos, sino que tambin se introduciran de frica, porque teniendo los primeros un valor muy alto, el inters del comprador est en dar la preferencia a los africanos, y no faltaran especuladores que se los llevasen en abundancia. Si mi Compatricio duda que el trfico continuara, oiga lo que me dice uno de sus amigos anexionistas y compaero de impugnacin. “Los hacendados o plantadores de caa de los Estados Unidos, transportarn aqu sus negradas y capitales para establecer ingenios de fabricar azcar... La anexin de Cuba en semejante crisis [la de separarse los Estados Unidos del Norte de los del Sur], los aplacara, y vendra a ser el iris de paz, el lazo de unin ms fuerte de todos los Estados. Y la razn es muy clara; en primer lugar, porque se transportaran aqu muchos millones de esclavos del Sur etctera”. 13Si el gobierno ha dado el permiso, culpable y muy culpable sera; porque no es probable que en mi ausencia, los contrabandistas se atreviesen a introducir en Cuba negros de frica diciendo que son del Brasil. ¡Del Brasil! Cmo es posible que este pas tenga esclavos sobrantes para la exportacin, cuando l los introduce anualmente para sus necesidades interiores en mayor nmero que ningn otro pueblo de la tierra? Pero supngase que sean nacidos y criados en el Brasil, piensan por eso los negreros que pueden removar lcitamente el extinguido trfico? Si ellos slo han ledo el tratado de 1817, yo quiero ponerles a la vista el artculo 1 del de 1835. Dice as: “ Por el presente artculo se declara nuevamente por parte de Espaa, que el trfico de esclavos queda de hoy en adelante total y finalmente abolido en todas las partes del mundo”. De aqu aparece que los negreros son tan contrabandistas introduciendo en Cuba esclavos de frica como del Brasil o de cualquier otro punto del orbe

PAGE 333

JOS ANTONIO SACO /327 /327 /327 /327 /327 Todo esto prueba, que el trfico continuara con la anexin; y habiendo de continuar, es evidente que cese el filantrpico motivo que alega mi Compatricio para la revolucin anexionista. Ni puede decirme, que aunque siga, ya ser sin los peligros que hoy lo acompaan; porque al lado de los nuevos esclavos que entren a Cuba, irn muchos colonos blancos. Otro pudiera replicarme as, pero l de ninguna manera; porque habiendo sacado la cuestin de la esfera de los intereses materiales, y elevndola a la regin de los principios filosficos, no slo condena el trfico como inhumano, sino que se declara abolicionista decidido. Repitamos las nobles palabras que pronuncia en la pgina 4 de su folleto. “Dominan ya las inteligencias, y se desenvuelven cada vez con ms vigor los principios ms liberales, ms filantrpicos o humanitarios: la democracia y la civilizacin cristiana se apoderan de los tronos, y no pueden permitir que a su lado coexista la institucin de la esclavitud. En vano, los individuos reclaman con ttulos antiguos la propiedad en el hombre; las naciones responden al reclamo: ¡El hombre es libre! La cuestin ha llegado a un punto de donde no puede volver atrs, y tan difcil, sera hacer retrogradar los pueblos cristianos al paganismo como a la esclavitud. La cuestin del principio est resuelta, y slo se trata de la aplicacin de la prctica, que se haga sin desastres, ruinas ni retroceso a la barbarie”. Este lenguaje nos revela en mi Compatricio un enemigo del comercio de esclavos; pero como ste, segn la confesin de los mismos anexionistas que me impugnan, ha de continuar con la anexin, claro es que ella, en vez de favorecer las miras humanitarias de mi Compatricio va a contrariarlas y destruirlas. Ya que l se vale de aquellas palabras mas: “la continuacin del comercio de esclavos, lejos de afianzar la seguridad de Cuba, la conduce irremediablemente a su pronta perdicin ”: y ya que tambin las interpreta en favor de la revolucin anexionista, permita al autor de ellas, al que sabe mejor que nadie los motivos que tuvo para decirlas, que le exponga amistosamente la razn principal que entonces le movi. ste fue el triste presentimiento; el fundado temor de que la exaltacin de unos, la obcecacin de otros, la mezcla de las buenas pasiones con las malas, la de los nobles con los viles sentimientos, sin reparar en los inmensos peligros de una revolucin en Cuba, a causa de la muchedumbre de esclavos amontonados en ella por ese mismo trfico, fue el temor, repito, de que tan contrarios elementos pudiesen juntarse en nefasto da, marchar en la apariencia bajo una sola bandera, maquinar un trastorno en Cuba, y conducirla irremediablemente a su pronta perdicin En su laudable deseo de abolir la esclavitud en Cuba, nos propone el Compatricio a la Confederacin Norteamericana, como el modelo ms digno de imitarse, porque all todos los Estados, siguiendo uno a uno las huellas de los del Norte, que “estaban plagados de la lepra de la esclavitud no ha muchos aos, y ya no lo estn, acabaran por no tener escla-

PAGE 334

OBRAS 328\ 328\ 328\ 328\ 328\ vos”. Que as ser, crolo firmemente, y as lo he manifestado otras veces; pero de ninguna manera puedo convenir en que se nos presente a los Estados Unidos como pas modelo de abolicin. A juzgar por los resultados, l es entre los pueblos civilizados uno de los ms anti-abolicionistas de la tierra; pues aunque los Estados del Norte han emancipado los pocos esclavos que tenan, ya quisiera la Gran Confederacin poderse comparar en esta materia con Mjico y otros pueblos hispanoamericanos. Es una vergenza, y dgolo con profundo dolor, es una vergenza, s, que en la patria de Washington y Franklin, en la tierra clsicamente llamada de libertad, al cabo de 75 aos de independencia la esclavitud personal, antes de haber cesado o disminuido, se haya propagado a regiones donde no exista, y que hoy mismo se est trabajando por introducirla en el Nuevo Mjico y la California. Slo el entusiasmo de mi Compatricio por aquella repblica, ha podido ocultarle la realidad de los hechos. Proclamaron aquellos Estados su independencia en 1776; pero de entonces ac, es menor el nmero de los que se hallan plagados de la esclavitud? Y caso de serlo, ha disminuido o aumentado la masa esclava? Respondan por m los documentos siguientes: En los Estados del Norte, no slo hubo siempre pocos esclavos, pero algunos no los tuvieron absolutamente. El primer censo que se hizo en la confederacin, despus de la independencia, fue en 1790, y segn l, los Estados que entonces tenan esclavos, fueron los siguientes: Nmero Estadosde esclavos ————————— New Hamsphire ............................................158 Rhode Island ..................................................952 Connecticut .................................................... 2 759 Vermont..........................................................17 New York ........................................................ 21 324 New Jersey .................................................... 11 423 Pennsylvania ..................................................3 737 Delaware .........................................................8 887 Maryland ........................................................ 103 036 Virginia........................................................... 293 427 North Carolina .............................................. 100 572 South Carolina ............................................... 107 094 Georgia...........................................................29 264 Kentucky ........................................................ 11 830 Tennessee .......................................................3 417 ———— 697 897

PAGE 335

JOS ANTONIO SACO /329 /329 /329 /329 /329 Aparece que en 1790, 15 eran los Estados de esclavos, a pesar de incluir en ellos a Rhode Island, que slo tena 952; a New Hamsphire, 158; y a Vermont, 17. Mas, hoy, cuntos son los Estados de esclavos? Consultemos el censo de 1840, que es el ltimo que se hizo, y no olvidemos a Tejas, que ya forma parte de la Unin.14Nmero Estados de esclavos —————————— Delaware .........................................................2 605 Maryland ........................................................89 737 Distrito de Columbia ....................................4 694 Virginia........................................................... 448 987 North Carolina .............................................. 245 817 South Carolina ............................................... 327 038 Georgia........................................................... 280 944 Florida............................................................25 717 Alabama.......................................................... 253 532 Misisipi ............................................................ 195 211 Arkansas.........................................................19 935 Luisiana .......................................................... 168 452 Tennessee ....................................................... 183 059 Kentucky ........................................................ 182 258 Missouri..........................................................58 240 Tejas ................................................................— ————— 2 486 226 14Debo advertir, que en la tabla siguiente no hago mencin de los Estados y territorios, que segn el censo de 1840 an tenan esclavos; a saber: Nueva Hampshire ......................1 Rhode Island ..............................5 Connecticut .................................17 Nueva York .................................4 Nueva Jersey ..............................674 Pennsylvania ...............................64 Ohio .............................................3 Indiana ........................................3 Illinois ..........................................331 Wisconsin ....................................11 Iowa .............................................16 ——— 1 129

PAGE 336

OBRAS 330\ 330\ 330\ 330\ 330\ Como de 1840 a la fecha, ninguno de los Estados ni territorios ha abolido la esclavitud, resulta de la tabla anterior, que su nmero asciende hoy a 16 mientras en 1790 slo eran 15 entre los cuales haba algunos, segn he observado ya, que apenas tenan esclavos. Veamos ahora si la cantidad de esclavos ha disminuido. Las dos tablas anteriores demuestran, que aqullos llegaron en 1790 a 697 897; pero en 1840 subieron a 2 486 226, sin contar la muchedumbre considerable introducida en Tejas, y que no pudieron figurar en el censo de 1840, porque aquel pas an no se haba incorporado en los Estados Unidos. Puede darse una demostracin ms completa de que mi Compatricio no debi presentarnos a la Confederacin Norteamericana como modelo abolicionista? Refutado en todas sus partes el primer argumento, pasemos alSEGUNDO Saco ha dicho en 1845: “Cuba para hacer frente al porvenir, no slo debe terminar al instante y para siempre todo trfico de esclavos, sino proteger con empeo la colonizacin blanca”. Luego, segn Saco, forzoso es para conseguir estos dos objetos, hacer la revolucin anexionista. Sacar esta consecuencia, es la mayor de las inconsecuencias. De mis palabras slo se infiere lo que ellas expresan; esto es, que se acabe el trfico de esclavos y se fomente la colonizacin blanca. En cuanto a lo primero, ya he dado a los habitantes de Cuba la receta ms infalible; no comprar negros no comprar negros : en cuanto a lo segundo, conviene que nos expliquemos. No soy yo quien vendr hoy a justificar al gobierno, despus de haberlo acusado tantas veces. Firme siempre en mis acusaciones anteriores, debo observar al mismo tiempo, que aqu se vuelve a incurrir en el error que ya he combatido, en el de hacer recaer exclusivamente toda la culpa sobre el gobierno, suponiendo que l y slo l es quien puede y debe hacer todo lo que contribuya al fomento de la colonizacin blanca. Cul es el obstculo principal que sta ha encontrado siempre en Cuba? El comercio de esclavos. Y por qu? Porque segn dije en el mismo papel de que se vale mi impugnador, el trfico, plantando negros en aquellas tierras, quit a los blancos, y les quita todava el puesto que hubieran podido ocupar en ellas; luego, el obstculo poderoso para la colonizacin, ha sido hasta aqu el comercio de esclavos; pero yo he probado ya, que el suprimirlo radicalmente depende de los mismos cubanos, con slo abstenerse de comprarlos: luego, de ellos tambin depende, si no en el todo, por lo menos en gran parte, en remover la mayor dificultad que se opone al fomento de la poblacin blanca.

PAGE 337

JOS ANTONIO SACO /331 /331 /331 /331 /331 Extincin del comercio africano y colonizacin blanca, son hoy, y han sido siempre en Cuba trminos correlativos. Y la razn es muy clara; porque si no hubieran entrado negros, necesariamente hubieran entrado blancos; y necesariamente habran entrado, porque ni los propietarios hubieran dejado arruinar sus haciendas por falta de brazos que las cultivasen, ni el gobierno habra podido resistir al clamor de todo un pueblo que se los pidiese: y no habra podido resistir, no slo por la fuerza de la opinin, sino por su propio inters; pues siendo la agricultura la riqueza de aquella Isla, l habra carecido de los inmensos provechos de Cuba, nico trmino a donde vienen a parar todas las combinaciones de su poltica. Mas, qu es lo que hemos hecho a favor de la colonizacin blanca? Hemos cesados ya de comprar esclavos? Nos reunimos en compaas, o empleamos nuestros capitales para armar expediciones que salgan a buscar blancos, lo mismo que se ha hecho y hace para introducir negros? La pura verdad es, que ni el gobierno por su parte, ni nosotros por la nuestra, hemos querido fomentar la colonizacin y que entreambos hemos caminado a un mismo fin, aunque movidos por distintos intereses. Todos saben cul es el gobierno y el nuestro no ha sido otro, que el de sacar la mayor utilidad posible, pues el trabajo de los esclavos es en Cuba mucho ms barato que el de libres jornaleros. Seamos francos, y confesemos, que influyendo ms en nuestro corazn una ganancia inmediata, que los peligros del porvenir, hemos preferido el comercio de los negros a la colonizacin de los blancos.ARGUMENTO TERCERO Saco escribi en 1837, “que al contemplar el msero estado en que Cuba yaca hubiera trocado, a fuer de cubano, la suerte de su patria por la del Canad”. “Y de 1837 a 1849 [pregunta mi Compatricio], ha mejorado en algo el msero estado en que yaca Cuba? Todo lo contrario ”. Concedamos por el momento que esto sea exacto; se infiere de aqu la necesidad de una revolucin que arruinara hoy a los cubanos? Por ventura, ped yo trastornos, ni guerra anexionista? Pero ser cierto, como asegura, que Cuba ha retrogradado de 1837 a 1849? Si esto es as, respndame el Compatricio lo que voy a preguntarle. La poblacin blanca de Cuba es menor en 1849 que en 1837? La agricultura en general, la fabricacin del azcar, y la industria minera, no estn en 1849 mucho ms extendidas y adelantadas que en 1837? Las artes y el comercio, a pesar de las convulsiones de Europa, no estn hoy ms florecientes que en 1837? Existan entonces los caminos de hierro que cortan hoy los campos de Cuba, conduciendo los viajeros y las mercancas de un modo desconocido a aquellos habitantes; y el nmero de vapores que recorren nuestras costas, es acaso el mismo que en 1837? De aquel

PAGE 338

OBRAS 332\ 332\ 332\ 332\ 332\ ao a 1849, no ha recibido notables mejoras la educacin pblica, pues que se han abierto nuevos establecimientos literarios, y fundado nuevas ctedras? El despotismo mismo, no ha templado su ferocidad, descargando sus golpes con menos rigor que cuando Cuba temblaba en 1837 bajo el tirano ms insolente que jams haya pisado sus playas? Responda mi Compatricio responda; pero l no puede responder, sin combatirse a s mismo, y darme a m la razn. Escuchmosle en la pgina 20 de su papel. “Hay en Cuba algunos caminos de hierro que se han construido y estn construyendo por empresas particulares. Cbele al adelantado cubano conde de Villanueva, la gloria de haber sido el que promovi y llev a cabo el ferrocarril de Gines, y desde entonces no se ha dejado de trabajar en este ramo de progreso cubano, en que tan adelantada est la colonia de su metrpoli, que mientras en Cuba hay ya centenares de millas construidas, en Espaa apenas habr 26”. Y en la pgina 22 prosigue: “En vano pretende atribuirse el gobierno colonial los progresos de la Isla ; porque si hay algo que paralice los progresos de un pueblo, es el sistema poltico y econmico del Gobierno espaol y sus desmesuradas exigencias. Cuba prospera en despecho y a pesar de Espaa, como crece y se robustece un nio de naturaleza privilegiada; Cuba prospera porque el gobierno no puede impedir la concurrencia del comercio extranjero, de la civilizacin y el movimiento que fecundan a Cuba ; porque no puede esterilizar su suelo feraz, ni evitar los efectos del inters individual y los esfuerzos de los habitantes de Cuba a pesar de la opresin y las trabas del gobierno. Si Cuba no prospera tanto o ms que Luisiana y otros Estados de la Unin, es porque est gobernada por Espaa. Si en Cuba se ha prosperado relativamente ms que en otros Estados de la Amrica espaola, es porque Cuba est ms americanizada que ellos, porque participa ms de las ideas, de la educacin, del movimiento, de la actividad y del ejemplo del pueblo americano ”. He aqu a mi Compatricio confesando los progresos de Cuba. Pero no slo lo confiesa l, sino otros de su comunidad poltica; pues al elogiar stos, en el nmero del 3 de abril de La Verdad peridico fundado y redactado en Nueva York por cubanos anexionistas, las dos primeras impugnaciones publicadas contra m, dicen: “Todo esto convence de que el pueblo cubano piensa ya con su cabeza: que su opinin es propia, uniforme, apoyada en la razn y que por ms grande que sea su amor, su respeto al ilustre autor del folleto, es ya bastante capaz para sobreponerse a estos afectos y juzgar por s... De todo corazn y con entusiasmo verdadero, felicitamos a nuestros hermanos de Cuba por esta muestra palpitante de su progreso social e intelectual”. El Amigo se explica en estos trminos: “Un solo bien, uno solo, pero bello como el sol de Cuba, ha trado tanta opresin y desprecio. El

PAGE 339

JOS ANTONIO SACO /333 /333 /333 /333 /333 sentimiento de dignidad y decoro Los cubanos han aprendido ya a sufrir en silencio, y a despreciar a los tiranos que se anteponen a sus derechos y prerrogativas. Espaa no hallar otra vez a la mayora de los cubanos prostituida delante de un poder opresor”. Y un pueblo, pregunto yo, que ha recobrado el sentimiento de dignidad y decoro o que lo ha adquirido, si no lo tena, no es un pueblo que ha hecho ya un progreso inmenso en el orden poltico y moral? En el mismo sentido habla el Discpulo como vamos a ver. “Saco nos contempla, y nos pinta hoy, como cuando el despotismo espaol lo arrebat de nuestros brazos; pero es preciso que sepa que hemos variado mucho ”. Y ms adelante dice: “para que no nos absorban los extranjeros tan temidos de Saco, sin embargo de que a sus luces debe Cuba su civilizacin, su engrandecimiento actual, y sus adelantos en agricultura y dems ramos de industria que se ejercen en el pas ”. Si, pues, los anexionistas reconocen, que Cuba ha hecho en estos ltimos aos, progresos materiales, intelectuales y sociales, encrgoles para lo sucesivo, que no nieguen en una parte, lo que en otra pblicamente confiesan.ARGUMENTO CUARTO Saco dijo en 1837, “que la milicia nacional no existe en Cuba y que debera organizarse en los campos para aumentar la seguridad de la Isla”. “Y de 1837 a 1849 [pregunta mi Compatricio], se ha organizado la milicia nacional en Cuba?” Respondo que no; mas, porque no se haya organizado, se deber hacer la revolucin anexionista? No concibo esta consecuencia. Si todos debemos desear la formacin de la milicia nacional en los campos para contener a los esclavos, preveo que el cumplimiento de estos votos se nos aleja hoy ms que nunca con la conducta de los anexionistas, pues anunciando ellos en sus papeles, que todos los cubanos son de su partido, y que es necesario hacer una revolucin saliendo al campo de batalla no slo alarmar a las autoridades, a los peninsulares, y a todos los cubanos que temen un trastorno, sino que el gobierno se retraer de poner las armas en las manos de los hombres a quienes les representan como sus enemigos. Crame mi buen Compatricio : los proyectos anexionistas son muy perjudiciales a la libertad de Cuba. sta no puede medrar all, sino a la sombra de la paz y de la mutua confianza entre el gobierno y sus habitantes; pero ni aqulla ni sta se consiguen esparciendo la alarma en todos los nimos, proclamando furiosamente la revolucin y la guerra civil. La precipitacin y la violencia son dos grandes escollos, que en vez de favorecer la libertad, la perjudican ms que el despotismo.

PAGE 340

OBRAS 334\ 334\ 334\ 334\ 334\ Examen de otros puntos del papel de mi Compatricio Creo haber contestado los argumentos que mi Compatricio sac de mis escritos para probarme la urgente necesidad de la revolucin anexionista. Ahora resta, que me ponga a examinar otros puntos de su papel. El ardor patritico que anima a mi Compatricio le hace mirar bajo un prisma muy oscuro todas las cosas de nuestra patria. Afirma “que la poblacin blanca de Cuba apenas logra conservar lo que la naturaleza da por virtud de la procreacin hasta en los pases ms brutalmente gobernados, pues debiendo ser a lo menos el 3 % al ao, no queda ms a favor de la poblacin de Cuba que 0,36, o sea, poco ms de la tercera parte de un individuo por cada 100, segn se demuestra de la comparacin del censo de 1846 con el de 1841”. Me asombra de que un entendimiento tan claro como el de mi Compatricio no haya percibido la inexactitud de sus observaciones. l sabe, que los cinco aos corridos de 1841 al 1846 son un perodo sumamente corto para decidir por l si la poblacin blanca de Cuba adelanta o retrocede en su marcha general. Pudo tambin haber reparado, que los dos censos que cita son muy defectuosos, y que sin rectificarlos para aproximarse a la verdad, son muy errneas todas las comparaciones que se hagan. Pero suponindolos muy exactos, tomndolos como ltimo trmino de la poblacin blanca, yo obtengo resultados muy contrarios a los suyos. La formacin del primer censo de Cuba sube al ao de 1775, y los blancos de entonces ascendieron a 96 000. Su nmero se elev en 1846 a 425 000. Segn estos datos, la poblacin blanca de Cuba ha tenido en el perodo de 71 aos un aumento de 329 000; o sea, casi cuatro veces y media tanto como en 1775. Ya ve mi Compatricio que el cuadro no es tan triste como l nos lo presenta; y risueo, muy risueo sera, si el funesto comercio de esclavos no hubiese quebrantado las fuerzas, y hecho torcer a otra parte la corriente de la emigracin europea. Mi digno Compatricio dispensndome un honor que no me merezco, pone mi nombre al lado de los Ramrez y de Arango, y lo pone para decir, que aunque estos y otros nclitos patriotas “se han pasado la vida enderezando a buena parte los destinos de nuestra patria, el gobierno de Espaa y sus agentes le han ido tomando las vueltas, y, arrastrando la patria y su destino al borde del precipicio, donde hoy la vemos, prxima a su irremediable y pronta perdicin ; claro est que el ilustrado patriotismo cubano slo ha logrado condenarse voluntariamente al mprobo e infructuoso trabajo de Sisifo ; y que la madre Cuba, cual otra leal Penlope, se est eternamente tejiendo y destejiendo la tela de su salvacin”.

PAGE 341

JOS ANTONIO SACO /335 /335 /335 /335 /335 Segn estas frases, la conclusin lamentable a que llegamos es, que tan esclarecidos varones perdieron su tiempo intilmente, y que nada, nada consiguieron. Conque nada consigui Ramrez, cuando director de la Sociedad Econmica de La Habana sac la educacin primaria del vergonzoso estado en que se hallaba? Nada consigui cuando despus de haber fundado nuestra Academia de Dibujo, estableci una ctedra de Economa Poltica en el Colegio de San Carlos? Nada consigui, cuando por primera vez dot a nuestro suelo de otra ctedra, la de Anatoma prctica que tan sazonados frutos ha producido? Nada consigui, cuando las poblaciones de Nuevitas, Cienfuegos y otras, son monumentos que atestiguan el triunfo de sus esfuerzos en favor de la colonizacin blanca? Y Arango, D. Francisco Arango, ese habanero eminente, es verdad que tampoco consigui nada en la larga carrera de sus patriticos servicios? Cul fue el brazo fuerte que siempre luch contra el monopolio gaditano? Quin si no l rompi la cadena fatal de la esclavitud mercantil, que por tres centurias arrastr nuestra Cuba? Y a quin si no a l, debe la generacin presente los grandes beneficios que est recogiendo de su comercio con todos los pases cultos de la tierra? Y Varela, nuestro virtuoso y predilecto Varela, ha participado tambin de la desgracia comn a los dems patricios? De nada han servido a Cuba sus admirables lecciones y sus escritos filosficos, derramando una nueva luz sobre el horizonte cubano, y enseando a la juventud las reglas del buen pensar, los principios de la moral ms pura, y los arcanos de la naturaleza? Perdidos son tambin los desvelos y sacrificios que por la santa causa de la educacin ha hecho y est haciendo Jos de la Luz y Caballero, conjunto extraordinario de vastos y profundos conocimientos? Estriles habrn sido los fervientes deseos de Domingo del Monte, que con la buena doctrina, pulcritud y elegancia de sus escritos, con la sensatez y elevacin de sus consejos a la muchedumbre de jvenes, que respetuosamente le escuchaban, y con el ejemplo de sus patriticas virtudes ha contribuido poderosamente a difundir en nuestra tierra el buen gusto literario, y a inspirar en ellas los sentimientos de la ms generosa libertad? Intiles son, en fin, todos los trabajos, todos los beneficios que con una constancia heroica ha sabido derramar sobre Puerto Prncipe su patria, aquel hijo esclarecido, que en vez de llamarle por su nombre bautismal, todos lo conocemos bajo el dictado de Lugareo? No, que no son perdidos, sino muy aprovechados los esfuerzos de estos y otros insignes varones que a nuestra Cuba han servido; y yo me complacera en mencionarlos, haciendo a todos la debida justicia, si no me viese encerrado dentro de los estrechos lmites de este papel. En la pgina 6 de su folleto pregunta mi Compatricio “Habremos de seguir el consejo del afligido Proscrito: Sufrir con resignacin los

PAGE 342

OBRAS 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ ultrajes de la fortuna ? No, y setenta veces siete no; que jams la fortuna les sonri a cobardes”. Si el alegre anexionista no hubiera truncado con su alegra el perodo que cita, no habra podido decir entonces que yo aconsejo a los cubanos a una aptica resignacin Mis palabras fueron: “El patriotismo, el puro e ilustrado patriotismo debe consistir en Cuba, no en desear imposibles, ni en precipitar el pas en una revolucin prematura, sino en sufrir con resignacin y grandeza de nimo los ultrajes de la fortuna, procurando siempre enderezar a buena parte los destinos de nuestra patria ”. Agregadas ya a este perodo las palabras suprimidas, se restablece el verdadero sentido de la idea que expres, pues lejos de predicar a los cubanos una aptica y cobarde resignacin trat de infundirles, no slo un sentimiento heroico, cual es el de sufrir con grandeza de nimo los ultrajes de la fortuna, sino el ms puro patriotismo, excitndolos a que procuren siempre enderezar a buena parte de los destinos de su patria Y que, para enderezarlos, no hay otro medio que la revolucin anexionista, como pregona mi Compatricio ? No, y mil veces no; que si l y los suyos en su rabiosa impaciencia no alcanzan a ms, hay otros, que por entre las nubes que oscurecen el horizonte divisan muy claro el puerto de salvamento. En sentir de mi Compatricio las palabras, ultrajes de la fortuna son una metafsica que l no puede comprender, porque no proviniendo los males de Cuba, de huracanes, terremotos, inundaciones, pestes asoladoras, etctera, sino del despotismo, no son, ni pueden llamarse ultrajes de la fortuna ¡Cun severo y castizo castellano se nos muestra aqu el Compatricio La palabra fortuna tiene muchas acepciones y se puede tomar en sentido fsico, poltico y moral, como equivalente de estado destino o condicin No se podr decir con muchsima propiedad, hablando, por ejemplo, de los Estados Unidos, pas afortunado, y comprenderse entre su fortuna la buena forma de su gobierno? Y si esto es as, por qu tambin no se ha de poder decir con exactitud, en sentido inverso, pas infortunado, pas sin fortuna aquel que es desgraciado a consecuencia de su mal gobierno? Si esto es cierto aun hablando en general, lo ser mucho ms cuando nos contraigamos al caso que apliqu aquellas expresiones, pues determinadamente las refera al despotismo de Cuba, como lo prueban los renglones que precedan. “Sin duda [escrib yo] que los oprimidos hijos de aquellos suelos tienen muchos agravios que reclamar contra la tirana metropolitana ; pero, etc.” Despus de estas declaraciones, mi Compatricio conocer, que las palabras ultrajes de la fortuna pueden aplicarse exactamente a los males del despotismo, ora hablemos en un sentido propio, ora en un sentido figurado. Y ya que de citas truncas hablamos, debo mencionar otra de mayor trascendencia. Hllase en la pgina 15, donde copia mi Compatricio las

PAGE 343

JOS ANTONIO SACO /337 /337 /337 /337 /337 palabras finales del Paralelo que publiqu en Madrid, en 1837; y valindose de ellas, dice que yo indiqu desde entonces con el dedo a los cubanos el astro luminoso que deben seguir. El pensamiento de mi impugnador se presenta aqu muy embozado, y aunque hago justicia a la lealtad de sus intenciones, no faltarn personas maliciosas que aprovechndose de la oscuridad en que l ha envuelto su idea, puedan echarme en cara que en 1837 fui anexionista, y que ya no lo soy. Ignora l que en 1837 se me acus por la prensa de ardiente anexionista? Ignora que la acusacin se fund en aquellas mismas palabras del Paralelo y que yo la refut con razones incontestables? Ignora que para hacrmela, fue preciso truncar el prrafo que las contiene? Y entonces, por qu incurre l ahora en el mismo pecado, mal he dicho, por qu comete un pecado mayor mutilando todava ms mis palabras, y dndoles de este modo un sentido tan diverso del que tienen, cuando se confrontan con los perodos suprimidos? Fuerza es transcribir parte del prrafo en cuestin, y de las explicaciones que publiqu en Madrid en mi Rplica al seor Vzquez Queipo; y cuando se hayan ledo, todos se convencern de que hoy pienso lo mismo que entonces, y entonces lo mismo que hoy. “Si el Gobierno espaol [dije yo en el Paralelo] llegase alguna vez a cortar los lazos polticos que unen a Cuba con Espaa, no sera yo tan criminal que propusiese uncir mi patria al carro de la Gran Bretaa. Darle entonces una existencia propia, una existencia independiente, y si posible fuera tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza ; he aqu cual sera en mi humilde opinin, el blanco donde debieran dirigirse los esfuerzos de todo buen cubano. Pero si ar rastrada por las circunstancias tuviera que arrojarse en brazos extraos, en ningunos podra caer con ms honor ni ms gloria que los de la Gran Confederacin Norteamericana”. Al cargo de anexionista que se me hizo, contest lo siguiente en la pgina 2515 de mi Rplica al seor Queipo. “ Mis deseos de que Cuba se arroje en los brazos de los Estados Unidos los deriva el seor Queipo del prrafo citado del Paralelo Precisamente con l se prueba todo lo contrario. Si slo en el caso de verse Cuba arrastradas por las circunstancias, es cuando me conformo con que caiga en brazos de la Confederacin Norteamericana, cmo puedo abrigar los deseos que se me imputan, cuando los hago depender de una falsa necesidad, producida por eventualidades imperiosas y arrastradoras ? Si se me acrimina por haber dicho que los esfuerzos de todo buen cubano se deben dirigir a dar a Cuba una existencia propia independiente y si posible fuera tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza cmo se asegura que deseo arrojarla en los brazos norte15Ahora corresponde a la pgina 234 de este tomo.

PAGE 344

OBRAS 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ americanos, cuando en ellos perdera infaliblemente esa misma independencia propia y aislada por la que se dice que tanto suspiro? Desear que Cuba logre una independencia propia y que se mantenga en lo poltico tan independiente, tan aislada como est en la naturaleza es desear que no se adhiera a ningn pueblo de la tierra ”.16 Hice ver en mi papel, que la opinin de los cubanos no es unnime en favor de la anexin; y a esto me responde el Compatricio que todos son independientes; pero como independencia no es anexin, la respuesta es fuera del caso. Y aqu debo notar, que ste es otro de los puntos en que mis impugnadores no estn acordes; porque mientras el Amigo se presenta slo como anexionista mi Compatricio y mi Discpulo a veces no son ms que independientes puros y a veces se nos transforman en guerreros anexionistas Y la equivocacin de mi Compatricio no slo consiste en fundir la anexin con la independencia, sino en creer que la revolucin no sera prematura segn indiqu. Fndase para decirlo, en que en ninguno de los pases amrico-hispanos “estuvo mejor preparada la opinin para una revolucin, ni ms diseminada, ni mejor entendida la idea de independencia y la teora del gobierno propio”. Con esto, lo nico que se prueba es, que aquellos pases no estaban entonces ms adelantados que Cuba hoy; pero no que sta ha llegado ya al grado de madurez perfecta para acometer la obra difcil de la revolucin y salvarse de los peligros y desgracias de las repblicas sus hermanas, cuando lleva en sus entraas ms principios destructores que ellas. Por preparada que est la opinin, por diseminada y bien entendida que pueda estar la idea de independencia y la teora del gobierno propio, nuestro mismo Compatricio debe desear que estas cosas estn todava mejor preparadas, ms diseminadas, y mejor entendidas en Cuba y convendr conmigo en que lo estarn ms y ms en el transcurso de los aos; porque los colonos como somos, y a pesar de todo, vamos adelantando. El tiempo es nuestro mejor amigo, y auxiliados por l alcanzaremos infaliblemente la libertad, si trastornos prematuros no frustran tan halageas esperanzas. Aludiendo yo a la eventualidad de que Cuba pudiese quedar agregada a los Estados del Sur de la confederacin americana, manifest que su futura estabilidad debe consistir en irse deshaciendo poco a poco de la esclavitud, y no injertarse en un tronco enfermo como el suyo. Esta inocente observacin ha excitado a tal punto el entusiasmo anexionista de mi Compatricio que me notifica no en estilo forense, sino potico y muy potico, que “ese tronco enfermo en que yo no quiero ver injertada a mi Cuba, es la frondosa encina que desde la cumbre 16Lase lo que digo acerca de esto en el prrafo que empieza: “Pero yo nunca” y en los dos siguientes de las pginas 267-268 de este tomo.

PAGE 345

JOS ANTONIO SACO /339 /339 /339 /339 /339 de Alleghany, sombrea con las ramas de sus lozanos injertos las aguas del Atlntico y del Pacfico, las de los Grandes Lagos y el golfo mejicano, etc.” A mi vez, yo tambin me permito notificar dos cosas a mi buen Compatricio : una, que l habla en esta metfora pomposa de toda la confederacin americana, y yo slo me refer a la repblica que se formara en el Sur, si los Estados de esta regin llegasen a separarse de los del Norte. Otra, que l es quien ha llamado al tronco de sus frondosa encina, no ya enfermo de simple enfermedad, sino enfermo de lepra pues siendo ste el nombre que l da en la pgina 4 de su folleto a la esclavitud, leproso y muy leproso debe estar el tronco frondoso de cuyas ramas cuelgan ms de 3 millones de esclavos infelices. Danos tambin la grata nueva de que muchos ciudadanos de los Estados Unidos, aun sin tomar la iniciativa aquel gobierno, irn a favorecer a los cubanos en la obra patritica de la guerra anexionista. De tan terrible verdad, prueba dolorosa es lo que est sucediendo; y si mi Compatricio lo mira como un bien, yo lo contemplo como una calamidad, pues preferira mil veces que el gabinete de Washington interviniese directamente, y no que los norteamericanos tomasen parte por su propia cuenta en tan temeraria empresa. En el primer caso, la guerra sera menos irregular, porque aquel gobierno sera responsable de sus operaciones ante una nacin, y ante el mundo civilizado; costeara todos los gastos para que no gravitasen sobre el pueblo a quien ira a socorrer; y procurara mantener sus tropas bajo la disciplina militar. Mas, en el segundo caso, pasaran a Cuba hordas de aventureros americanos y extranjeros, sin responsabilidad de ningn gnero, sin recursos propios de que subsistir y sin respeto ni disciplina militar; y hombres que en tales circunstancias invaden un pas, preciso es que roben, maten, incendien y cometan otras atrocidades. Mi Compatricio exclama con asombro, que los anexionistas “jams hubieran esperado verme resuelto y decidido a pronunciarme por las medidas violentas, por las vas del hecho, etc.” Al leer estas palabras, cualquiera pensar que he defendido en Cuba el despotismo, y a fe que es todo lo contrario, pues en el mismo papel que tanto me impugnan, he atacado la poltica del gobierno. Por lo que yo me he pronunciado es por la unin y tranquilidad de Cuba, sin las cuales no hay salvacin para sus habitantes ; y contra lo que me he pronunciado es contra la guerra civil y las desastrosas consecuencias que necesariamente producira en las actuales circunstancias. Varias veces me pregunta el Compatricio que le explique de qu manera “nos pondremos en Cuba de acuerdo con la metrpoli para pedirle el sol de la libertad, la luz vivificante de la justicia, derechos, garantas, proteccin y otras cosas”. Permita mi Compatricio le observe, que l me imputa lo que no he dicho, y que cuando se impugna a un

PAGE 346

OBRAS 340\ 340\ 340\ 340\ 340\ escritor, es menester ajustarse al sentido de las palabras y las ideas que l ha expresado. Si habl de acuerdo entre la metrpoli y los cubanos, fue solamente contrayndome al caso en que se deseara la anexin para emancipar los esclavos. Habindome preguntado yo mismo, si los cubanos haran la anexin para liberarlos respond: “Slo pensarlo es un delirio; y si lo pensasen por un trastorno completo de las leyes morales que rigen el corazn humano, no deberan empezar por encender en su patria una guerra asoladora, sino por ponerse de acuerdo con su metrpoli y ejecutar pacficamente sus benficas intenciones ”. Si en alguna otra parte de mi papel hice mencin de los acuerdos que me supone el Compatricio muy fcil le es citrmelos. Y no me replique, que ese acuerdo es necesario para obtener el sol de la libertad la luz vivificante de la justicia y las dems cosas a que alude, porque la cuestin no es, si para conseguirlas habr o no habr necesidad de tal acuerdo, sino si yo habl de l en el sentido que equivocadamente se me atribuye. En la pgina 6 se expresa tambin en estos trminos: “Que Espaa suee o no suee en emancipar los esclavos, no es de ms seguridad para Cuba que los ensueos de Saco en la libertad que Espaa ha de darles a los cubanos”. En la pgina 14 escribe lo siguiente... “nuestro candoroso compatriota todava acaricia en su corazn la esperanza lisonjera de que Espaa cambiar de poltica”: y prosigue en la pgina 16... “el folleto antianexionista... en vez de alcanzarnos representacin nacional,17 derechos, libertad, ni nada de lo que en sus buenos deseos y fatales delirios espera Saco...”. Estos tres pasajes manifiestan, que yo soy a los ojos de mi Compatricio un soador un delirante y un simple y mentecato, que estoy creyendo en visiones. Pero oigamos ahora lo que l mismo ha publicado en la pgina 22. “ l [Saco] no cree ni es capaz de esperar que Espaa salve a Cuba ; y por eso agota los recursos de su hidalga fidelidad y persuasiva elocuencia para ver si logra que el Gobierno metropolitano lo escuche y lo crea ”. Y en la pgina 27 repite: “si hay algn cubano desesperanzado y completamente desengaado de que nada tiene Cuba que esperar del gobierno de Espaa, ese cubano es D. Jos Antonio Saco”. A cul, pues, de los dos Compatricio s debo dirigirme, al que me toma por un soador y visionario o al que me juzga desesperanzado y completamente desengaado de que nada tiene Cuba que esperar del gobierno de Espaa ? De la perplejidad en que me ha puesto mi Compatricio con su palpable contradiccin, el lector me sacar con el fallo que pronuncie. Asegura mi Compatricio que mi papel “dividir y subdividir ms las opiniones, sin dejarnos fijar a un principio, ni reunirnos bajo de una bandera poltica”. 17Yo no ped representacin nacional, esto es, diputados para Cuba a las Cortes de Espaa, sino una legislatura colonial como en las posesiones inglesas.

PAGE 347

JOS ANTONIO SACO /341 /341 /341 /341 /341 Ha reflexionado bien mi querido impugnador cul es la tendencia de sus ideas? La de una intolerancia y exclusivismo absolutos, incompatibles con los libres sentimientos que abriga su corazn. Divido y subdivido a los cubanos, porque disiento de los anexionistas? Entonces lo que se pretende es, que yo no tenga opinin propia y que piense, y obre como ellos. A imitar su ejemplo, dirales a mi vez que se adhieran ellos a los que seguimos otro rumbo, y que no prediquen la anexin por la fuerza de las armas, pues “dividirn y subdividiran ms las opiniones sin dejarnos fijar a un principio, ni reunirnos bajo de una bandera poltica”. Pero lejos de m semejante pretensin: por el contrario, dejo a todos el derecho de que piensen, y escriban libremente; y as como no aspiro a erigirme en corifeo, ni a imponer silencio a nadie, tampoco quiero ir al remolque de ideas, que condeno como fatales. Por lo mismo que la cuestin es de suma gravedad, deb someterla a un examen pblico e imparcial, no para dividir y subdividir la opinin, sino para ilustrarla, y que el pueblo cubano viese al lado de las ventajas que se le pintan, los inmensos peligros que le amenazan con la guerra anexionista. Si conmigo est la razn, no por eso busco partidarios; y si estuviere equivocado, todos pueden despreciar mis errores. Los cubanos en esta materia son rbitros de su destino; pero es necesario, que en cualquiera resolucin que tomen, no procedan a ciegas, sino con pleno conocimiento de todo lo que tienen que esperar, y que temer. Y puede mi Compatricio hacerme el cargo de que mi papel divide y subdivide las opiniones de los cubanos? Si me responde que s, entonces se contradice, porque en la pgina 15 ha escrito las siguientes palabras. “Pero si nuestro amado compatriota no nos tranquiliza con esas demostraciones, o no nos da otras esperanzas que las que nos ha dado en sus Ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos, est seguro de que todos los cubanos como un solo hombre fijaremos la vista sobre el astro luminoso [el Norte de Amrica]...”. Si mi Compatricio est cierto de que, a pesar de mi papel, todos los cubanos como un solo hombre siguen la bandera anexionista, entonces es claro que ese papel no divide ni subdivide la opinin de los cubanos. Pero si l cree que la divide y subdivide por qu asegura que todos ellos como un solo hombre fijarn la vista en el astro americano ? “Qu seguridad [pregunta mi Compatricio] nos dar el seor Saco de que Espaa podr prolongar algn tiempo, y cunto tiempo, no diremos el bienestar, sino el malestar presente de Cuba? Quin predice el resultado de la guerra de principios [y hoy de dinasta tambin], que hace 40 aos que est rasgando las entraas de la madre patria?” He aqu una de las pruebas de la falibilidad de los juicios de los anexionistas; y he aqu, por qu no me inspiran confianza sus predicciones, ni puedo adherirme a sus ideas. Creyeron ellos, desde el ao pasado de 1848, que ya haba llegado el momento crtico de lanzarse a la revolucin, pues

PAGE 348

OBRAS 342\ 342\ 342\ 342\ 342\ slo con ello poda salvarse Cuba de la ruina inmediata que la amenazaba. Pero la revolucin no se hizo; Cuba est tranquila, y lo estar, si no la turban proyectos de anexin;18 sus habitantes gozan de los bienes que posean, los esclavos siguen esclavos, y los hacendados han vendido su azcar a precios que no esperaban. Espaa, exclama por otra parte, “se halla envuelta en una guerra civil en que se combaten principios opuestos, no est lejos de la anarqua, y Cuba va a perecer”. Pero ni esa guerra existe ya, ni en ella han luchado en realidad principios contrarios como en la primera, sino intereses dinsticos, puesto que el nuevo pretendiente enarbol tambin el estandarte de la libertad; ni Espaa ha cado en la anarqua: por el contrario, hoy est muy distante de ella, pues su gobierno acaba de fortalecerse, publicando una amnista tan completa que ha merecido los elogios hasta de sus mismos enemigos. Muy convencidos estaban los anexionistas en que el actual gobierno de los Estados Unidos protegera abiertamente sus proyectos revolucionarios; pero la conducta que acaba de tener, les ha dado el ms cruel desengao, sacndoles de las ilusiones en que vivan. Y cuando en el punto cardinal de todos sus planes caminaban sobre el terreno falso, que de repente se les ha hundido bajo sus pies, cmo pueden inspirar confianza sus promesas de que la guerra anexionista no convertir a Cuba en un teatro de desolacin y de sangre? Como yo dije, que Espaa en medio de sus debilidades es fuerte en Cuba para arruinar a los cubanos y que su fuerza principal estriba en los heterogneos y peligrosos elementos de su poblacin, el Compatricio me contesta: “No quiera nuestro Compatriota Saco intimidarnos con espantajos de gorriones que si Espaa es dbil all en Europa para resistir a la revolucin que la invade; si es dbil ac en Amrica para reconquistar a nadie; todava es ms dbil para salvar a Cuba de los peligros en que la ha puesto, y slo podr ser fuerte para arruinarnos, si nosotros nos resignamos estpida y cobardemente a dejarnos arruinar. La fuerza de Espaa en Cuba, los cubanos son quienes se la dan. El da que se pongan de acuerdo para retirrsela, acabrase la fuerza de Espaa en Cuba para hacer el mal”. Son espantajos de gorriones los 18 o 20 000 hombres de tropas de que l habla en su impugnacin, y que estn apoderados de todos los castillos y plazas fuertes en Cuba? Son espantajos de gorriones el nmero, las riquezas y la influencia de tantos peninsulares, por cuyas venas circula sangre pura espaola? Son espantajos de gorriones ms de 600 000 africanos, que en oyendo la campana de juicio, rompern la cadena que los ata, y estremecern los fundamentos de Cuba desde la punta de Mais hasta el C. de San Antonio? Si quiero intimidar a los cubanos con espantajos de gorriones por qu tambin los intimida l temiendo fundadamente, como 18Cabalmente, esto es lo que ha sucedido.

PAGE 349

JOS ANTONIO SACO /343 /343 /343 /343 /343 dice en la misma pgina 23: “Muy en el orden est que un gobierno inmoral aspire a dividirnos, y afecte una confianza que en s no tiene. Muy propio de l sera que echase mano de sus tropas, y de los espaoles que no tienen familia ni propiedades en Cuba, y hasta de los negros ”. Y todos estos peligros son espantajos de gorriones en la imaginacin de mi Compatricio ? Si “La fuerza de Espaa en Cuba son los cubanos quienes se la dan”, por qu se busca entonces el auxilio de los extranjeros, por que se ha sufrido tanto tiempo el yugo espaol, cuando nuestro mismo Compatricio nos dice, que todos suspiran por sacudirlo? Por qu otro campen anexionista, amigo suyo, y tambin impugnador mo, por qu el Discpulo lo contradice, expresndose en la pgina 8 de su folleto en los trminos siguientes, que aunque ya he copiado en otra parte, es forzoso repetir aqu? “Bien pudiera Saco haber excusado esta parte siquiera, de su imprudente e intempestivo papel, sabiendo que sus paisanos hace mucho tiempo estn convencidos de que por s solos no pueden conquistar su independencia sin grandes dificultades, trastornos y riesgos; pues a no ser este convencimiento, largos aos habra que la hubieran solicitado y alcanzado”. Cmo combinaremos estas palabras del Discpulo anexionista con los espantajos de gorriones y con la fuerza del Gobierno espaol para arruinar a los cubanos, derivada nicamente de la que stos le dan? Lo admirable es, que hable as el Compatricio el hombre que en la pgina 5 de su impugnacin ha escrito las alarmantes clusulas que se van a leer: “Preciso es que los cubanos abran los ojos, que acaben de desengaarse, y comprendan que para arruinarles su Isla basta una plumada ”. ¡Conque basta una plumada para arruinar a Cuba! ¡Y as lo siente y publica el Compatricio! Y, sin embargo, l es quien predica a la guerra civil en Cuba quien trabaja para someterla al violento choque de una revolucin, al embate terrible de todas las pasiones desencadenadas, y a la influencia perniciosa de individuos, naciones y gabinetes extranjeros! La conducta de algunos anexionistas es semejante a la de un demente, que por el incierto y vago temor de que alguno pueda incendiarle su casa, l para salvarla del incendio, empieza por pegarle fuego. Revlame, por ltimo, mi Compatricio el secreto de que mi papel ha prestado un gran servicio al Gobierno espaol; que ste no me lo retribuir; que es la primera obra poltica ma que ha merecido los honores de una circulacin tolerada por el gobierno de Cuba; que esto debe ser para m “una gran demostracin del mal efecto que ha producido mi escrito en la opinin de los hombres que en Cuba tienen opinin; y que grande debe ser mi pesar de verme elogiado por el gobierno, por las autoridades y sus paniaguados de todas clases”. Cuando escrib contra la anexin revolucionaria, lo hice por el bien de mi patria, y con tal de que sta quede bien servida, nada tengo que cuidarme del provecho de unos, ni de la clera de otros. Obrar del modo contrario,

PAGE 350

OBRAS 344\ 344\ 344\ 344\ 344\ es conducta de hombre de partido, pero no de buen ciudadano. Que el gobierno no me retribuir, cierto y muy cierto es, porque yo escribo por deber, y no por recompensa. Que el folleto sobre la anexin sea el primer papel poltico mo, cuya circulacin ha tolerado el gobierno de Cuba, es un olvido de mi impugnador, porque l debe recordarse, que all corrieron libremente todos los artculos de igual clase que publiqu en la Revista Bimestre Cubana : la Supresin del trfico de esclav os que imprim en Pars en 1845; y mi Carta sobre el informe del seor Vzquez Queipo, publicada en Sevilla en 1847. En cuanto al mal efecto que ha producido mi papel en la opinin de los que en Cuba tienen opinin consulame mucho la idea de que en punto a opiniones, cada hombre juzga que la suya es la nica verdadera, y falsas las dems. Lo que mi Compatricio dice de m, yo y los que piensan como yo, podemos decirlo de l, y de los que piensan como l. No hay cosa ms falible en el mundo que la opinin de esos hombres que se tienen por representantes de la opinin, pues ni siempre lo son, ni aun cuando realmente lo sean, ella debe ser siempre el mvil de la pluma de un escritor buen patricio. Acordmonos todos del grito furibundo que se alz en La Habana contra m, cuando en 1832 publiqu en la Revista un papel sobre los peligros con que a Cuba amenazaba el comercio de esclavos; y ese grito sali de los pulmones y boca de los hombres ms ricos y ms influyentes de aquella Isla, de los hombres que, segn se deca entonces, formaban la opinin de los que tenan opinin. Pero corri el tiempo y el tiempo hizo justicia al cubano que haba sido pregonado por casi todos sus paisanos como enemigo de la patria. No sera, pues, extrao que algn da sucediese lo mismo con la cuestin que hoy nos ocupa.19Por ltimo, sepa mi aventajado Compatricio y toda la falange anexionista, que los elogios del Gobierno espaol, de las autoridades y sus paniaguados no me causan el ms leve sentimiento. Causaranmelo, si fuesen en compensacin de las alabanzas que yo les hubiese tributado; pero lanse y relanse mis Ideas sobre la incorporacin de Cuba y ellas mejor que mis palabras dirn quin soy. Nunca ha sido el norte de mi pluma el agrado o desagrado del gobierno, ni la aprobacin o desaprobacin de los cubanos. El bien de Cuba ha sido siempre mi nica gua, y tranquilo con el testimonio de mi conciencia, escuchar con frente serena los aplausos de los unos, y los silbos de los otros.Motivos urgentes que alegan los anexionistas para la revolucin Todos estos motivos se pueden reducir a dos principios contrarios: esclavitud, de una parte, y libertad, de otra. Examinemos primero los 19Yo creo que en punto a anexin, Cuba tambin me ha hecho ya justicia.

PAGE 351

JOS ANTONIO SACO /345 /345 /345 /345 /345 intereses de aqulla, y despus los de sta; pero antes es preciso recordar la distincin que hice al principio de este papel, pues recomend con particular empeo, que nunca se confundiesen los anexionistas que slo tienen por mvil la libertad, con aquellos que slo aspiran a mantener y fomentar la esclavitud de los negros. Ahora insisto de nuevo en esta distincin, para que en ningn sentido se refiera a los primeros lo que exclusivamente se dirige a los segundos.ESCLAVITUD Esta palabra tomada en toda su latitud comprende varios intereses que debo examinar bajo todas sus relaciones. Dganme los anexionistas francamente y sin rodeos; cul es el fin que se proponen? Renovar el comercio de negros, sirvindose del pabelln norteamericano como miembros de aquella repblica? Emancipar poco a poco los esclavos para purgar nuestra tierra de la plaga que hoy la infesta? Mantener perpetuamente la esclavitud? Impedir que Espaa les d la libertad de un golpe? Sea cual fuere de stos el motivo, ninguno basta hoy para justificar la revolucin anexionista. Renovar el comercio de negros ? Y entonces, por qu se invoca la libertad, cuando se lleva en el corazn el principio de la esclavitud? Son los libres anexionistas los anexionistas que ya no pueden soportar la opresin poltica de Espaa, son ellos los que desean hacerse cmplices de los crmenes inseparables del trfico de esclavos, e imponer las ms crueles de las tiranas sobre una raza infeliz? Si a esto aspiran, presntense como son, y no engaen al mundo, proclamando la libertad. Se har la anexin, para terminar la esclavitud, emancipando poco apoco a los esclavos ? Aqu repito lo que dije en mi papel anterior: si tal piensan los anexionistas, deberan empezar, no por encender en Cuba la guerra asoladora, sino por ponerse de acuerdo con su metrpoli, y ejecutar pacficamente sus benficas intenciones. En vano se empea en probar uno de mis impugnadores, que este acuerdo es imposible. Si imposible es, la imposibilidad nace, no del Gobierno metropolitano, sino de la misma colonia. No estn los anexionistas publicando continuamente sus temores de que aqul liberte de pronto los esclavos, y que para impedir esta catstrofe, es menester apresurarse a hacer la revolucin? Luego, si esto que tanto pregonan es verdad, entonces aparece demostrado, segn su propia confesin, que la tendencia a emancipar est de parte del gobierno, y la resistencia de parte de ellos. Y siendo sta la forzosa consecuencia que se conduce de la conducta de los anexionistas, por qu han de sostener que la emancipacin gradual es imposible, mientras Cuba permanezca dependiente de Espaa? Por el contrario, Cuba en su estado actual puede resolver mejor esta cuestin que incorporada a los Estados Unidos, porque en stos se

PAGE 352

OBRAS 346\ 346\ 346\ 346\ 346\ encontraran con todas las exigencias del partido abolicionista norteamericano; exigencia de que est libre en su presente condicin. Bien preveo que los anexionistas mirarn estas ideas como delirios y disparates; mas, yo les pregunto: qu gestiones han hecho, ni qu proyectos han presentado para cerciorarse de que el Gobierno metropolitano no acceder a su humana solicitud? Pero qu gestiones se han de hacer, ni qu proyectos se han de presentar, cuando hoy mismo se ha renovado el contrabando de esclavos con tanta fuerza como escndalo? Yo desafo a los anexionistas, a que me digan pblicamente, si estn dispuestos a admitir la emancipacin lenta y gradual ; y si lo estn, desde ahora me comprometo con mi honor, a conseguirles del Gobierno metropolitano cuantas reformas quieran introducir en punto a la emancipacin. Aqu tienen ellos un agente, que sin desviarse ni en una letra de las instrucciones que se sirvan darle, y sin pedirles un solo maraved, los servir, con celo y lealtad. A la obra, pues, seores anexionistas, a la obra; pero en vano los provoco a que presenten su programa: quiz me contestarn que no soy digno de su confianza; mas, a esto les replicar que mutuamente nos conocemos. Pretenden conservar perpetuamente sus esclavos con la anexin ? A esta pregunta respondan por m los escritos de los mismos anexionistas. Mi Compatricio habla as en la pgina 4: “ la democracia y la civilizacin cristiana se apoderan de los tronos, y no pueden permitir que a su lado coexista la esclavitud... La cuestin ha llegado ya a un punto de donde no puede volver atrs y tan difcil sera hacer retrogradar los pueblos cristianos al paganismo, como a la esclavitud”. Y contrayndose particularmente a los Estados Unidos, prosigue: “Los Estados Delaware y Kentucky, distritos y territorios estn preparndose para la prudente abolicin de la esclavitud y la gradual emancipacin de sus esclavos As uno a uno, siguiendo las huellas de los Estados del Norte, que estaban plagados de la lepra de la esclavitud, y ya no lo estn; y marchando con paso lento, pero seguro y constante, mano a mano con la civilizacin y el poder de la humanidad blanca, cada Estado llagar al trmino de su carrera” El Discpulo en la pgina 18 se expresa en este lenguaje: “Llegar el tiempo en que los Estados Unidos, ni Cuba ni ningn otro pueblo civilizado del mundo, conserve un esclavo ; pero este bien no ser debido al furor de la guerra, sino a la propaganda ms o menos pacfica o entusiasta de las ideas humanitarias y civilizadoras que la Providencia ha desenvuelto en nuestro siglo ”. Si los anexionistas tan claramente confiesan, que la esclavitud no puede existir en medio de la civilizacin de nuestro siglo, entonces es intil que para perpetuarla, hagan la revolucin anexionista. Aun los hombres sensatos de los mismos Estados del Sur y del Oeste contemplan como inevitable la abolicin de la esclavitud en la Confe-

PAGE 353

JOS ANTONIO SACO /347 /347 /347 /347 /347 deracin Norteamericana; y en pos de una vana sombra correran los cubanos, que por huir de la emancipacin se agregasen a los Estados Unidos, pues se encontraran con mayores peligros en el seno mismo a donde iran a refugiarse para evitarlos. Jorge Tucker, profesor de filosofa moral y de economa poltica en la Universidad de Virginia, dice en su obra:20 “Estas y otras causas, no previstas ahora pueden prolongar o abreviar la existencia de la esclavitud en los Estados Unidos, pero ninguna de ellas parece capaz de impedir su ltimo destino. Podemos decir de ella lo que del hombre: la sentencia de su muerte, aunque no sabemos ni el tiempo ni el modo, es cierta e irrevocable ”. Se har, en fin, la revolucin anexionista para que Espaa no liberte de un golpe a los esclavos? A este punto, slo puede llegar el Gobierno espaol, o movido por sus propias ideas, o arrastrado por un impulso exterior. En cuanto a lo primero, expuse en mi papel varias razones; pero como hasta ahora ninguno de mis adversarios se ha dado por entendido de ellas, quiero presentrselas de nuevo para que se sirvan impugnarlas. “Se buscar [pregunto yo] la incorporacin, por temor de que Espaa, en sus revueltas intestinas, mande libertar los esclavos? De las cinco razones que tengo para creer lo contrario, slo apuntar cuatro. 1 Tal vez en el curso de los aos, Espaa pensar lo mismo que Inglaterra, Francia y otras naciones; pero hoy no est ni en sus ideas, ni en sus intereses, el abolir la esclavitud; y lo mismo piensan en cuanto a ella progresistas y moderados, que republicanos y absolutistas. Dganlo, si no, aquellos ingleses, que en sus correras por Madrid, Barcelona y otras ciudades de la Pennsula, anduvieron regando la semilla abolicionista, y en todas partes se encontraron un terreno estril e ingrato. 2 A no haber sido por las continuas y enrgicas reclamaciones del gabinete ingls, todava Espaa estara inundando a Cuba de esclavos africanos. En la cuestin negrera se observan dos perodos muy marcados: el de la supresin del trfico, y el de la emancipacin. Aqul siempre precede a ste; y si Espaa apenas ha entrado en el primero, y eso a impulso de una fuerza exterior poderosa, cmo se la podr considerar tan adelantada que ya est en el ltimo trmino del segundo? 3 Pero aun cuando hubiese llegado a l, su propio inters le servira de freno, pues ella conoce que la abolicin en masa atacara violentamente las propiedades de cubanos y europeos, y que, reunindose todos, para defenderlas no temeran declararse independientes, o reunirse a otra potencia. 4 Espaa sabe que los millones de pesos fuertes y los dems provechos que saca anualmente a Cuba, son producto del trabajo de los esclavos. Cmo, pues, en sus apuros pecuniarios, cortar ella de un golpe el rbol frondoso, que tan sazonados frutos le presenta?” 20 Progreso de los Estados Unidos en poblacin y riqueza en 50 aos.

PAGE 354

OBRAS 348\ 348\ 348\ 348\ 348\ Emancipar el Gobierno espaol de un golpe los esclavos, cediendo al impulso de una fuerza exterior ? Pero cul es esta fuerza? Ser el siglo XIX? Pero si el siglo XIX no emancipa de pronto sino paulatinamente, y su espritu emancipador no ha penetrado todava en Espaa. Ser la repblica francesa? Ser el gabinete ingls? Veamos cmo pueden obrar estas influencias. La repblica francesa, lejos de hostilizar a Espaa, le ha dado muchas pruebas de la buena armona que desea guardar con su actual gobierno. Se teme al partido rojo-socialista? Aun concediendo que ste llegase al poder, su accin no sera en Espaa tan peligrosa como aparece a primera vista, porque l tendra que reconcentrarse para hacer frente a la guerra civil que estallara en Francia. Es cierto que procurara llevar su propaganda fuera del territorio francs; pero sus esfuerzos correran hacia las fronteras del Norte y Oriente, que es por donde la Europa coaligada vendra sobre l para destruirlo. Admitamos que diese la mano a algn partido en Espaa; mas, este partido encontrara en ella otro muy numeroso y muy fuerte que le disputara la victoria. Supongamos que, al fin, fuese vencido. Se seguir por esto, que los nuevos hombres que subiesen al poder, libertaran repentinamente a los esclavos de Cuba? De dnde se infiere, que tendrn semejantes ideas? Y aun dado que las tuviesen, no es muy natural que acosados por las urgentes necesidades de su nueva posicin y que trastornada entonces completamente la hacienda de la metrpoli, volviesen los ojos a Cuba, para obtener de ella, como de costumbre, los recursos que Espaa no les podra proporcionar? Y tan estpidos seran que no percibiesen, que la emancipacin les cegara de un golpe la nica fuente de donde manara para ellos el agua de la vida? Quiero conceder que tal hiciesen: todava est por resolver la gran cuestin. El nuevo gobierno enviara a Cuba su decreto revolucionario; pero como ste atacara los intereses ms vitales de cubanos y peninsulares, todos ellos se uniran ntimamente; el decreto abolicionista sera desobedecido; los esclavos no podran alzarse, porque encontraran a los blancos formando un cuerpo compacto y poderoso; y Cuba sin partidos que la despedaz en, se salvara por la libre y unnime voluntad de todos sus moradores. Quin podra entonces contrariar su marcha irremisible? Espaa? Pero Espaa, destrozada en el caso a que aludo, por la mano de sus propios hijos, en vez de hostilizarnos, volvera hacia atrs, y aunque tarde, tratara de contentarnos. La auxiliaran contra nosotros Francia e Inglaterra? Pero ni la Inglaterra ni Francia lo intentaran; y si lo intentasen, no faltara quien les saliese al paso para frustrar sus proyectos. Reflexinese, por otra parte, que si el partido rojo-socialista llegase a dominar en Francia, no sera amigo de Inglaterra; y es casi cierto, que esta potencia se pondra a la cabeza de la coalicin, que se formase contra aquel gobierno sanguinario.

PAGE 355

JOS ANTONIO SACO /349 /349 /349 /349 /349 Ser Espaa compelida por el Gobierno ingls a emancipar de pronto los esclavos? ste es otro de los urgentes motivos, que emanado de la esclavitud, alegan los anexionistas para la revolucin. El Discpulo en la pgina 6 de su folleto dice: as como Espaa accedi a la cesacin de la trata desde 1817, ahora que se puede decir que Cuba est sola sosteniendo la esclavitud, es ms probable y ms fcil que acceda a la abolicin en masa de los esclavos A esto respondo: 1 Que es un error pensar que Cuba est sola sosteniendo la esclavitud: porque sin referirnos al viejo continente, ni a los restos de ella, que todava quedan en algunas repblicas hispanoamericanas, existe en toda su fuerza en las Antillas holandesas y suecas, en el Brasil y en los Estados Unidos, cuyos dos ltimos pases no slo tienen muchos millones de esclavos, sino que trabajan para aumentarlos. 2 Que propiamente hablando, Espaa accedi a la cesacin del trfico desde el tratado que celebr con la Inglaterra el 5 de julio de 1814, no habiendo hecho otra cosa por el de 1817, que proclamar de un modo solemne a la faz de las naciones, los principios que antes haba adoptado. 3 Que habindolos adoptado desde entonces, y no habiendo cesado legalmente la trata sino a fines de 1820, la extincin de ella no fue decretada repentinamente, puesto que transcurrieron algunos aos; y si para sta, que era mucho ms fcil, y en la que slo haba comprometido muy pocos intereses, se dieron treguas, con cunta mayor razn no se daran mucho ms largas para la emancipacin de los esclavos, aun en el evento de que sta se realizase? 4 Que es muy inexacto comparar la cesacin de la trata de frica con la abolicin de la esclavitud. Con aqulla no se atacaba ninguna propiedad, no se cometa ningn despojo ni se empeaba la existencia fsica y social de ningn pueblo. Lo nico que se prohiba era, que el hombre civilizado pasase a los mercados de frica a convertir en nueva propiedad suya al ser infeliz de aquellas regiones. La abolicin en masa por el contrario, llevara en cierta manera el carcter de un violento despojo, atropellara las leyes bajo cuya proteccin el hombre compr al hombre, trastornara las bases de la sociedad cubana, y aun podra destruir su existencia. Siendo, pues, tan distintos los motivos entre la cesacin de la trata y la extincin en masa de la esclavitud, no es de inferir que Espaa accediese a sta atolondradamente, cuando para aqulla no procedi sino con alguna lentitud y cautela, a pesar de que entonces no haba ms voluntad que la de Fernando VII. Y creo firmemente que no acceder, no obstante los nuevos temores que nos anuncia el Compatricio ste exclama en su tribulacin: “el gabinete ingls pidi aos pasados, que se diese la libertad a todos los esclavos introducidos en Cuba desde 1820; y como es muy de temer que ella renueve su peticin, y Espaa la consienta, la revolucin anexionista es indispensable para salvarnos”.

PAGE 356

OBRAS 350\ 350\ 350\ 350\ 350\ En qu circunstancias pidi el Gobierno ingls que se libertasen los esclavos introducidos en Cuba desde 1820? Cuando despus de haber estado reclamando por muchos aos el cumplimiento de tratados, el contrabando de negros no se interrumpa. Sin esta causa, aquel gabinete jams hubiese pasado semejante nota; pero ya hubiese tenido la intencin de conseguir lo que poda, ya hubiese echado mano de aquella arma para intimidar al Gobierno espaol y a los compradores de esclavos, lo cierto es, que encontr una vigorosa resistencia en Espaa y en Cuba, y que no logr sus pretensiones. Tememos que las renueve? Si somos honrados, nada debe alarmarnos; porque en abstenindonos de comprar esclavos, aun cuando nuestro gobierno tolere o autorice su introduccin, seguro est que el gabinete ingls no nos inquiete con ninguna reclamacin. Acaso ha pasado nuevas notas de la naturaleza de la primera, en el transcurso de nueve aos, a pesar de haber seguido en Cuba el contrabando africano? Y si no lo ha hecho en medio de la continua infraccin de los tratados, lo har cuando nuestra leal conducta le convenza de que los cumplimos religiosamente? Yo sospecho que los temores, no dir de todos, porque sera mucha injusticia, pero s de algunos anexionistas, nacen de su propia flaqueza; pues sintindose sin fuerzas para resistir a la seductora tentacin de comprar negros saben que han de reincidir en su antiguo pecado; y para evitar las reclamaciones de Inglaterra, buscan la ocasin de romper sus juramentos y cubiertos con la bandera americana, que ninguna responsabilidad tiene ante el pabelln britnico, entregarse sin escrpulos y con todo el desenfreno al trfico de carne humana. Nunca olvidemos que en la presente cuestin es de grande importancia tener la justicia en nuestra parte. Una cosa es, que los africanos introducidos en Cuba desde 1820, sean o no esclavos religiosa y moralmente considerados, y otra que el gobierno de la Gran Bretaa tenga derecho para exigir una pesquisa en nuestro propio territorio, y hacer que se declaren libres. Ninguna clusula de los tratados vigentes le da este derecho, pues todas se reducen a perseguir los buques negreros en el mar y a salvar del cautiverio los negros apresados; pero cuando aquellos burlando la vigilancia de los cruceros ingleses hayan desembarcado sus cargamentos en nuestro territorio, entonces la jurisdiccin espaola, y sola espaola, es la nica que puede pronunciar su fallo. Mas, me dicen que Inglaterra no respetar el derecho, y podr abusar de su fuerza; as lo dije yo tambin en otro tiempo; pero de entonces ac la situacin de Europa y de Amrica ha cambiado mucho, y si el gabinete ingls tratase de violar al espaol, ste le opondra la ms firme resistencia. Accedi a sus pretensiones en 1840? La mejor respuesta es, que la esclavitud existe en Cuba en 1849. Mis impugnadores sin conocer toda la altivez del carcter espaol, aunque la llamen quijotesca, tiemblan de pavura al contemplar que Espaa es un servil instrumento en manos de

PAGE 357

JOS ANTONIO SACO /351 /351 /351 /351 /351 Inglaterra. Reflexionen para su consuelo en los sucesos recientes que acaban de presenciar, y en ellos vern que Espaa, en medio del trastorno general de la Europa, en medio de la insurreccin de los partidos que amenazan destrozar sus entraas, y en medio de la orfandad en que se le crea haber cado por hallarse privada repentinamente del apoyo que le daba la casa reinante de Francia, esa Espaa no slo resiste las aspiraciones polticas de la poderosa Albin, que lanza de su territorio en pocas horas al embajador que mereca la confianza de aquel gabinete. Y sa es, sin embargo, la nacin que a los ojos de los anexionistas est prosternada a los pies de Inglaterra para obedecer sus mandatos. No los obedecera, no; y no los obedecera, porque ste sera el caso en que llevando las exigencias de la Gran Bretaa el carcter de una intervencin en nuestros asuntos domsticos, el gobierno de los Estados Unidos tendra entonces el derecho de mezclarse tambin, y por su propio inters alargara a Espaa una mano amiga, y defendera la causa de Cuba. Me adelanto ms, y aun me atrevo a asegurar, que un gabinete tan sagaz como el ingls, jams llevara las cosas al extremo que se imaginan los anexionistas; porque l sabe que todos los habitantes de Cuba, ora naturales, ora europeos, haran una tenaz resistencia, y que l mismo los empujara a buscar el amparo de la vecina confederacin, y a caer de este modo entre sus brazos. Tan equivocados andan los anexionistas, que si yo fuera partidario suyo, lejos de precipitar a Cuba en una revolucin para impedir que Espaa fuese compelida a libertar de un golpe a los esclavos, aguardara a que lo mandase, y aun me alegrara de que lo hiciese; porque entonces se presentara ocasin muy favorable al logro de las ideas anexionistas. Pero nada de eso basta para tranquilizar a mis conturbados impugnadores, pues pregonan, que “ el gabinete ingls trata de apoderarse de Cuba para consumar sus planes abolicionistas y arruinar a los cubanos ”. Si Inglaterra abriga estos proyectos de abolicin, yo saco entonces una consecuencia contraria; porque un gobierno tan entendido como el de aquella nacin, sabe que para lograr su objetivo, le es infinitamente ms ventajoso no poseer a Cuba, que poseerla. Su adquisicin le costara muchos millones de pesos fuertes; y no se diga que seran pocos, fundndose en que l descontara lo que Espaa le debe. La gran deuda de Espaa es ms bien a los sbditos ingleses; y si el Gobierno britnico quisiera comprar a Cuba con los crditos de ellos, claro es, que tendra que indemnizarlos. Adems de estos millones serale forzoso emplear otros muchos en indemnizar tambin a los amos el valor de sus esclavos; pues por las leyes inglesas, la esclavitud no puede existir en ningn pas perteneciente a la Gran Bretaa. Si no los indemnizase, o si slo lo hiciese respecto de aquellos cuyos esclavos fueron introducidos antes de 1820, en ambos casos se encontrara, como dije en mi anterior papel, no slo con una revolucin provocada por los vitales intereses de la es-

PAGE 358

OBRAS 352\ 352\ 352\ 352\ 352\ clavitud cubana, sino con los graves conflictos que de ella se seguiran. No se crea, pues, que la adquisicin de Cuba ser el medio que l escoger. El ms barato, el ms sencillo, y el ms fcil de todos, lo hallara en la conducta de los anexionistas, quienes a pesar de las mejores intenciones, provocaran la guerra civil, y ofreceran a todos un campo libre para que realizasen, si quisiesen, sus proyectos abolicionistas. Pero creen seriamente mis impugnadores que Inglaterra piensa apoderarse de Cuba? El Amigo asegura, que despus de 1841, un ministerio progresista trat de vender a Cuba. Como esta noticia no tiene ms fuerza que la de un escrito annimo, indigna es de toda fe. La equivocacin de mi Amigo nace de que l oira hablar, en la poca que alude, del proyecto de venta de las islas africanas de Anobon y Fernando Po por un ministerio progresista, y trascordado sin duda, aplica hoy a Cuba negociaciones relativas a puntos muy diferentes. Otro de los anexionistas, mi Compatricio se expresa as: “ Cuba ser vendida, cedida, trocada, sacrificada. Y no se nos diga, que el Gobierno espaol no ceder, ni vender, ni trocar a Cuba, etctera ”. Empezar por contestar a mi Compatricio valindome del testimonio de persona para l ms autorizada que yo, pues al ttulo de anexionista agrega el de ser uno de mis impugnadores. El caballero Freemind piensa en su Carta de un modo absolutamente contrario. Oigmosle. “La incorporacin pacfica de la isla de Cuba a la Unin Americana por negociacin, sera la ms ventajosa... Pero... este medio es imposible Espaa no consentira jams en desprenderse de esta preciosa joya, fuente inagotable de recursos”. Dejo, pues, a mi Compatricio que decida quin de los dos tiene razn, si l o su compaero Freemind Empeado aqul en dar fuerza a los rumores de venta, hace una resea histrica de las posesiones, que Espaa ha perdido en el transcurso de los tiempos, y a la verdad que no siempre es muy exacto. “Luisiana, dice, Santo Domingo, Jamaica eran de Espaa, y se las cedi y troc a Francia e Inglaterra”. Luisiana, propiamente hablando, nunca fue colonia espaola. Espaa la adquiri una vez por casualidad y slo por algunos aos, volviendo despus al poder de la Francia, que fue la metrpoli que la fund, y ocup casi siempre hasta su venta a los Estados Unidos. Jamaica no fue trocada ni cedida a Inglaterra por Espaa, como dice mi impugnador, sino conquistada por aquella potencia en 1655, durante el protectorado de Cromwell. Para alarmar la poblacin cubana, aldese a las negociaciones secretas entre el Gobierno espaol y el ingls “ sobre cambios y cesiones de Gibraltar por Ceuta y Cuba, y sobre pago de deudas espaolas con territorio cubano, y sobre cierto proyecto de repblica de negros en Cuba ”. Y para que nadie ponga en duda esos manejos misteriosos ctanos el Compatricio la Carta que Mr. Reynolds, secretario de la Legis-

PAGE 359

JOS ANTONIO SACO /353 /353 /353 /353 /353 lacin Americana acerca de Madrid, public en el Mercurio de Charleston en 1849. Con todas las consideraciones debidas a ese caballero confieso que no he sido de los incautos, que han dado crdito a su romance. Yo le su Carta y tambin las juiciosas observaciones que le hizo el Times de Londres: y de todo bien pesado, no resulta otra cosa, sino que Mr. Reynolds lleg a su pas, cuando algunos peridicos se ocupaban de las negociaciones entre los Estados Unidos y Espaa sobre la compra de Cuba; y esta circunstancia, reunida al innato deseo que tenemos de darnos alguna importancia, y a la facilidad con que solemos halagar las ideas del partido a que pertenecemos, o queremos pertenecer, le indujeron a escribir lo que escribi. Yo descubro una especie de contradiccin en las pocas palabras de mi Compatricio ; pues al hablarnos del cambio y cesin de Cuba por Gibraltar, nos revela cierto proyecto de repblica de negros en aquella Isla Si la Inglaterra trocase a Gibraltar por Cuba, sera para que sta fuese colonia suya, porque slo as podra sacar de ella todo el partido posible, poltica, militar y mercantilmente. Y si colonia suya haba de ser, cmo pretende mi buen Compatricio que Inglaterra transformase a Cuba en una repblica de negros, cuando para esto sera necesario que ya no le perteneciese y no pertenecindole, dnde est la compensacin que ella encontrara por la perdida de Gibraltar? Se dir que aquella repblica quedara sujeta al protectorado de Inglaterra; y ¡qu!, por este nombre que le sera disputado por otra nacin, cambiara ella la preciosa llave del Mediterrneo? Si en todos los tiempos ha defendido la Gran Bretaa la posesin de Gibraltar, hoy tiene nuevos y poderosos motivos; y mucho ms, cuando no puede hallar equivalente en Cuba ni en Ceuta; no hay duda de que la ocupacin de la Isla le sera muy til como posicin militar; pero de ninguna manera le es necesaria, porque duea de muchas colonias americanas, tiene puntos muy importantes en que apoyar su influencia poltica y mercantil en aquellas regiones, sin necesidad de Cuba. Ser Ceuta la rica joya con que Espaa podr deslumbrar a Inglaterra para arrancarle a Gibraltar? Ni aun geogrficamente se pueden poner en el paralelo estos puntos, a pesar de que el uno se halla frente del otro. Gibraltar, adems de ser montaa de roca, es una pennsula que slo toca al continente por una lengua de tierra tan estrecha, que a la hora que se quiera, se la puede transformar en una isla perfecta; ventajas de alto valor de que Ceuta carece. Bajo del aspecto poltico, la disparidad es mucho mayor: basta decir, que Ceuta est en frica y Gibraltar en Europa. La superioridad de la Gran Bretaa depende de la influencia que ejerce en sta, y no en aqulla. Dando a Gibraltar por Ceuta, ya no estar en el continente europeo, sino slo en el de frica; mientras que con Gibraltar pisa firmemente sobre el primero, y con sus escuadras y Malta vigila todo el septen-

PAGE 360

OBRAS 354\ 354\ 354\ 354\ 354\ trin del segundo. Por otra parte, ella posee en frica varias colonias, y puede adquirir otras sin compromisos ni guerras. No as en Europa; y siendo Gibraltar el nico punto por donde tiene asentado el pie en ella, es polticamente imposible que lo levante, perdiendo de un golpe, y por su propia voluntad, las inmensas ventajas de tan importante posicin. Y hoy menos que nunca la levantar, porque han sobrevenido nuevos acontecimientos, que encarecen a sus ojos el pen de Gibraltar. Francia ha conquistado todo el territorio de Argel, y establecida ya en las puertas del Mediterrneo, Inglaterra tiene un inters vital en mantenerse en su inexpugnable atalaya. Hasta estos ltimos aos, de poco servicio le era Gibraltar para la conservacin y comercio con su vasto imperio de la India; pues la nica va practicable era la que descubri Vasco de Gama, doblando el cabo de Buena Esperanza; mas, el vapor, abriendo nuevas sendas por las tierras y los mares, ha dado un valor inestimable a la roca de Gibraltar, pues el Mediterrneo es hoy el fcil y cortsimo camino por donde Inglaterra se comunica en pocos das con sus ricas posesiones del Oriente. Si nada de esto hace impresin en el perspicaz entendimiento de mi Compatricio recuerde que en mi anterior papel manifest, que una de las ms fuertes razones, para que Inglaterra no intente apoderarse de Cuba, es la oposicin vigorosa que encontrara en los Estados Unidos. Extrao es, que l se muestre tan alarmado, y quiera alarmar a los dems, cuando l mismo corrobora mi pensamiento, expresndose as: “Y todo esto, qu quiere decir? Quiere decir claramente, que si Espaa e Inglaterra no han hecho su negocio, no ha sido por falta de ganas, ni de necesidad, sino porque el Argos Americano est de centinela avanzada, y con sus 100 ojos abiertos para darles el ¡quin vive! Tan luego como intenten traspasar una lnea ms ac de su hemisferio oriental ”. Si, pues, el Argos Americano est de centinela avanzada con sus ojos abiertos para dar el ¡quin vive! Y si mi Compatricio tiene tanta confianza en ese Argos, que nunca permitir que Cuba caiga en poder de Inglaterra, por qu mete entonces tanto ruido con los cambios y recambios, cesiones y contracesiones de Cuba, cuando l no las cree, puesto que tiene la certeza de que los Estados Unidos, son una barrera insuperable? Muy laudable habra sido su conducta, si en vez de esparcir voces tan infundadas, y a las que l no da crdito por la misma imposibilidad que alega, hubiese tratado de desmentirla, contribuyendo con su honradez y prestigio a restablecer la verdad, y a restituir a los nimos la serenidad que han perdido.LIBERTAD He aqu el motivo verdaderamente noble que impele a muchos cubanos a buscar la anexin, porque con ella gozaran de la ms completa

PAGE 361

JOS ANTONIO SACO /355 /355 /355 /355 /355 libertad. Pero si este generoso sentimiento se realizara, aunque fuese pacficamente, sacrificara la nacionalidad cubana. Mis deseos son que Cuba, dependiente de Espaa, sea libre, y no esclava como es; pero que separada de ella, no slo goce de libertad, sino de una existencia poltica que asegure en el porvenir la conservacin y preponderancia de la raza blanca que hoy la habita. Esto me induce naturalmente a demostrar contra mis impugnadores la siguiente verdad:Incorporada Cuba en los Estados Unidos, su actual nacionalidad perecera irremediablemente Si los anexionistas me dijesen, que nada les importa perder su nacionalidad con la anexin de Cuba a los Estados Unidos, entonces sellara mis labios, porque no tengo pretensin de inspirar tan grato sentimiento a quien de l carece, o en tan poco le estima. Pero que me nieguen, o den a entender, que no existe la nacionalidad cubana, y que quieran sostenerme, que aun en el caso de existir, ella no se perdera con la anexin, son errores que debo combatir. Para disipar la confusin en que mis impugnadores han envuelto esta materia, es preciso que antes sepamos lo que es nacionalidad Confieso, que no es fcil definir claramente esta palabra; y en vez de valerme de definiciones imperfectas y oscuras, me servir de ejemplos y dir: que todo pueblo que habita un mismo suelo, y tiene un mismo origen, una misma lengua, y unos mismos usos y costumbres, ese pueblo tiene una nacionalidad Ahora bien; no existe en Cuba un pueblo que procede del mismo origen, habla la misma lengua, tiene los mismos usos y costumbres, y profesa adems una sola religin, que aunque comn a otros pueblos, no por eso deja de ser uno de los rasgos que ms le caracterizan? Negar la nacionalidad cubana, es negar la luz de los trpicos en punto de medioda. Pero que se alega contra tan patente verdad? El Amigo camina tan a tientas que ora niega la nacionalidad cubana, ora la concede. La niega, cuando dice, que “si fuera posible crear una nacionalidad hispano-cubano lo primero que habra que hacer, sera borrar el pasado”. Estas palabras suponen que en Cuba no hay nacionalidad, porque si la hubiera, no se hablara de la posibilidad de crearla puesto que no se crea lo que ya existe. La concede, cuando se empea en probar con la Luisiana, que as como la nacionalidad de sta no se ha destruido, a pesar de haberse incorporado en los Estados Unidos, la nacionalidad cubana tampoco perecera con la anexin. El Discpulo la niega redondamente. Oigmosle. “Nacin no es otra cosa que la reunin de varias provincias y pueblos con derechos y obligaciones recprocas, regidos por un gobierno comn y propio. Ahora bien, est Cuba en ese caso? No, porque ni tiene gobierno propio, ni

PAGE 362

OBRAS 356\ 356\ 356\ 356\ 356\ comn con el de Espaa, ni tiene derechos, ni obligaciones iguales a las de los espaoles. Luego, no es ni nacin, ni parte de una nacin, sino una colonia esclava de la metrpoli, a cuyas leyes obedece ciegamente, compelida por la fuerza. Dnde est, pues, su nacionalidad? Ni es cubana, ni es espaola. Qu es entonces lo que Saco tanto teme perder? Una creacin de su fantasa, que no ha existido y que no existe”. La definicin que nos da el Discpulo de lo que es nacin, es muy inexacta; porque entre otras cosas, le falta el constitutivo esencial de una nacin verdadera, cual es su soberana o completa independencia, pues bien puede gozar de un gobierno comn y propio y estar, sin embargo, sometida a un poder superior y extrao. ste es el caso en que se hallan el Egipto, la Moldavia y la Valaquia. Mas, dejemos correr la definicin, tal cual ha salido de la pluma del Discpulo Si, segn l, la nacionalidad no puede existir sino cuando hay nacin, entonces resultar, que en cada nacin no podr haber ms de una nacionalidad; pero esto es un absurdo, y absurdo que consiste en haber confundido el Discpulo la nacin con la nacionalidad. Toda nacin supone nacionalidad; pero toda nacionalidad no constituye nacin, porque s hay muchas naciones que se componen de pueblos diferentes, teniendo cada uno de ellos una nacionalidad propia, sin que a ninguno pueda darse el nombre de nacin, ni aun en el sentido en que la define el Discpulo Ilustremos esto con ejemplos. El Reino Unido de la Gran Bretaa e Irlanda se compone todava de tres grandes nacionalidades, la anglo-sanjona, la escocesa y la irlandesa. Y, por ventura, forman ellas hoy tres naciones diferentes como en tiempos anteriores? En aquel reino poderoso, la nacionalidad son varias: pero la nacin es slo una, porque slo hay un Parlamento, un solo poder ejecutivo, y un solo embajador acreditado cerca de las otras potencias. Cuando Napolen reuni a la Francia, la Blgica y una parte de Italia, no se compuso aquella nacin de las nacionalidades francesa, belga e italiana? Y se dir por eso, que la Francia estaba entonces dividida en tres naciones? De 1815 a 1830, la Holanda y la Blgica formaron una sola nacin; pero no entraron en ella dos nacionalidades muy distintas que, al fin, se separaron? No es la Suiza una repblica y una sola nacin? Pero no se hablan en ellas tres lenguas, que caracterizan tres nacionalidades diferentes, la francesa, la alemana y la italiana? El imperio otomano es una sola nacin poltica, y, sin embargo, se compone de nueve razas o nacionalidades principales, que difieren en origen, lengua y costumbres. All existen turcos, eslavos, armenios, griegos, albaneses, vlacos, kurdos, judos y rabes, sin contar otras nacionalidades secundarias. Una sola es tambin la nacin poltica que se llama imperio de Austria; mas, entran a formarlo las nacionalidades alemana, hngara o mogiara, bohemia, croata, polaca, italiana y otras muchas. Si no temiera ser difuso, yo podra citar

PAGE 363

JOS ANTONIO SACO /357 /357 /357 /357 /357 nuevos ejemplos, porque quiz no hay en el viejo continente ninguna nacin antigua o moderna de alguna consideracin, que no haya sido formada de la agregacin de pueblos o nacionalidades diferentes. Supone tambin el Discpulo que nacionalidad cubana slo la tuvieron los indgenas antes de la conquista; que la nuestra, si la tuvisemos, sera espaola, y que la perderamos, hacindonos independientes, como la perdieron en Mjico, el Per, y todo el continente americano, porque nosotros los criollos no hemos estado ni estamos constituidos en nacin, de haber confundido sta con la nacionalidad, emanan los nuevos errores que comete el Discpulo Yo pudiera comparar las nacionalidades de los pueblos a seres animales, cuya existencia pasa por distintos grados de vitalidad. El nio desvalido que acaba de nacer, el adulto que vive bajo la autoridad paternal, o bajo el ltigo de un verdugo, el hombre robusto que pisa la tierra con pie libre e independiente, y aun el caduco anciano que con vacilante paso se acerca al sepulcro, todos viven, y todos tienen una existencia propia; pero existencia, que ofrece grandes modificaciones, segn los distintos estados y circunstancias, en que cada uno de ellos se encuentra. Lo mismo acontece con la nacionalidad. Pueblos hay en que empieza a desarrollarse; otros en que se halla expirando; unos en que est ms o menos comprimida, ms o menos desenvuelta; y otros, en fin, en que habiendo llegado al complemento de la fuerza, se ostenta por s sola en el rango de nacin soberana. Mas, porque las nacionalidades estn condenadas a sufrir todas estas vicisitudes, se afirmar, que slo existen, cuando tienen una condicin independiente? Ah est la historia de los pueblos para desmentir error tan capital. Mjico, el Per y los dems pases americanos no perdieron su nacionalidad al hacerse independientes, como suea el Discpulo sino que la desarrollaron y robustecieron elevndose al grado de pueblos soberanos. Tampoco estas nacionalidades son ni han sido puramente espaolas como l las bautiza. La de Cuba es hispano-cubana; la de Mjico, mjico-hispana; la del Per, hispano-peruana, y as las dems. Tan cierto es, que las colonias, aun las ms esclavizadas, tienen nacionalidad propia, que hay algunas donde existen dos. Cuba nos ofrece un triste ejemplo de esta verdad, pues all habitan por nuestra desgracia, dos razas enemigas. En igual caso se hallan las dems Antillas, el Brasil, y otros pases de Amrica. En el Canad viven tambin dos nacionalidades, la francesa y la britnica, tomando esta palabra en su ms lato sentido. Prosigue el Discpulo diciendo: “Mas, supongamos, que constituidos ya en nacin libre e independiente, se le antojase a la mayora dar otro nombre a la Isla, llamndola por ejemplo Tropical o de Cubanacn, como la llamaban los independientes de 1823, variara nuestra nacionalidad en tropical o cubanaquea; de suerte, que la cuestin viene a ser de nombre, y es en verdad muy triste, que tratndose de una materia

PAGE 364

OBRAS 358\ 358\ 358\ 358\ 358\ gravsima, por su inters y trascendencia, se vengan a interponer cuestiones de palabras”. Lo muy triste en verdad es, que un hombre que se dice mi Discpulo venga a argumentarme en una materia gravsima con lgica tan miserable. Ignora l, que los nombres no son otra cosa sino los signos de que nos valemos para expresar los objetos? Ignora que aqullos nunca han sido los elementos constitutivos de stos? Qu es, por ejemplo, lo que constituye la nacionalidad francesa? Su origen, su lengua, sus usos, costumbres y tradiciones; y que se llame francesa o de otro modo, esto en nada cambia su ntima y esencial naturaleza. Si a la actual nacionalidad cubana se le llamase tropical o cubanaquea, no se le variara ms que el nombre; pero ella en s permanecera inalterable. Supongamos que al hombre que hoy se le denomina Pedro, maana se le llamase Antonio; el individuo siempre sera el mismo, sin que el cambio de nombre le hiciese perder sus antiguas cualidades, ni adquirir otras nuevas. Que un hacendado de Cuba llame hoy verde al ingenio que ayer llam blanco se alterar por eso la naturaleza de sus terrenos, de sus negros, ni de las mquinas y edificios para la fabricacin del azcar? Es evidente, que no, y que todo se quedar en el mismo pie que antes. En Amrica hay pueblos que han variado de nombre sin que hayan variado sus nacionalidades. Los pases que formaron la repblica de Colombia no perdieron la que tenan por haber tomado aqulla nueva denominacin; y cuando despus reaparecieron bajo los nombres de Venezuela, Nueva Granada y el Ecuador, no cambiaron tampoco de nacionalidad. Bolvar dio al alto Per el nombre de Bolivia; a Guatemala, despus de la independencia, la llamaron sus habitantes Centro Amrica; y a Montevideo o Banda Oriental, repblica Uruguay. Pero quin se atrever a sostener, que estos pueblos perdieron sus nacionalidades primitivas, luego que tomaron otros nombres? Casos hay, por el contrario, en que habindose conservado stos, aqullas han perecido y perecido por haberse alterado los elementos que la constituan, sustituyndose una raza u otra. Esto es lo que ha sucedido en Cuba, y en casi toda la Amrica, porque las nacionalidades indias, que en ella existan, fueron absorbidas o aniquiladas por las nuevas razas conquistadoras; y suerte igual correra la actual nacionalidad cubana, si nuestra Isla cayese en las garras del guila del septentrin, ora conservase el nombre de Cuba, ora se le diese otro distinto. Mi ilustre Compatricio tampoco se olvida en su impugnacin de la nacionalidad cubana, y empieza manifestando, que no ha podido comprender, si hablo de la nacionalidad poltica, o de la natural o de raza. Siento no ser de su opinin; pero no puedo admitir la distincin que establece. Nada entiendo de nacionalidad poltica; lo que s entiendo es, que la poltica influye en reanimar, comprimir o sofocar las nacionalidades existentes. Tampoco conozco la nacionalidad natural o de raza; lo

PAGE 365

JOS ANTONIO SACO /359 /359 /359 /359 /359 que s conozco es, que la raza es un elemento esencial, que agregado a otros, constituye la nacionalidad. Creen mi Discpulo y mi Compatricio que en naciendo los hombres en Cuba, sea cual fuere su origen, y sea cual fuere el gobierno que all rija, cubanos han de ser, y conservarn la nacionalidad cubana. Mucho se equivocan entrambos, tomando los nombres por las cosas. La nacionalidad cubana de que yo hablo, y que me intereso en trasmitir a la posteridad, mejorndola en lo posible, es la que representa nuestro antiguo origen, nuestra lengua, nuestros usos y costumbre, y nuestras tradiciones. Todo esto constituye la actual nacionalidad que se llama cubana porque se ha formado y arraigado en una isla que lleva el nombre de Cuba; pero si a ella viniese una nueva raza incomparablemente ms poderosa que la nuestra, con otra lengua, otras costumbres y tradiciones, seguramente que, aunque a la nueva nacionalidad que se formase se la llamase cubana esta nacionalidad sera muy distinta de la hispano-cubana que existe hoy en aquella Isla. Los indios de Cuba tuvieron una nacionalidad cubana; mas, porque nosotros hemos nacido tambin all, tenemos la misma nacionalidad que ellos? Acaso, los mejicanos de hoy, porque hayan nacido en Mjico, tienen la misma nacionalidad que los mejicanos del imperio de Moctezuma? No, que son muy diferentes; porque habindose sustituido una raza a otra, una nacionalidad reemplaz a otra, aunque entrambas se llaman mejicanas. Esto es lo que ha sucedido en otros pases del nuevo continente; y esto lo que sucedera, si Cuba se agregase a los Estados Unidos. Pases hay en Amrica, donde han existido ya tres nacionalidades diferentes. En Jamaica vivi la nacionalidad india hasta su ocupacin por los espaoles: empez despus la nacionalidad hispano-jamaicana, que se extingui con la conquista de aquella isla por los ingleses en el siglo XVII, en que se form otra nueva nacionalidad. Por iguales vicisitudes ha pasado la isla de la Trinidad. En la de Santo Domingo existi tambin la nacionalidad india. A sta se sustituy la espaola; con el tiempo se introdujo y puso a su lado otra que fue la francesa; y sta, por ltimo, fue aniquilada por la africana. Quin podr afirmar, a menos de ser un delirante, que todas estas nacionalidades son idnticas, porque hayan existido en las mismas islas? Mi Compatricio con un acento de dolor que le honra, dice que los cubanos no son amos de Cuba, porque carecen de patria bajo la tirana que los oprime. Mi Compatricio confunde aqu el hecho y el derecho En cuanto al hecho tiene razn; mas, no en cuanto al derecho. Si su casa fuese invadida por alguno, y ste le privase de ejercer en ella las facultades de amo, dirase por eso, que realmente no lo es? De ninguna manera, pues la violencia empleada contra l, jams podra despojarle de los derechos que le dieron la ley y la naturaleza.

PAGE 366

OBRAS 360\ 360\ 360\ 360\ 360\ Asegura el Discpulo que yo me avengo a que Cuba se agrege a Mjico, sin advertir que con esto no slo ofendo a los cubanos, considerndolos tan destituidos de sentimientos que se prestasen a ser una provincia de Mjico, y a ser gobernados por los mejicanos, sino que me contradigo, puesto que Cuba perdera la nacionalidad que tanto deseo conservar. Mi Discpulo comete aqu tres errores. El primero consiste en suponer que estoy dispuesto a que Cuba forme parte de Mjico. Para probar lo contrario, bstame citar lo que escrib. “Si el pas a que hubisemos de agregarnos, fuese del mismo origen que el nuestro, Mjico por ejemplo, suponiendo que este pueblo desventurado, pudiese darnos la proteccin de que l mismo carece entonces por un impulso instintivo y tan rpido como el fluido elctrico, los cubanos todos volveran los ojos a las regiones de Anahuac”. Estas palabras manifiestan que yo habl hipotticamente, y que consider la agregacin a Mjico como irrealizable, porque aquel pas no puede darnos la proteccin de que necesitamos. El segundo error nace de haberse imaginado el Discpulo que Mjico es una repblica central, cuando es federal, compuesta de varios Estados, en que cada uno tiene un gobierno particular; y tenga entendido que si Cuba pudiera reunirse a ella, no sera una provincia, como Catalua respecto de Espaa, sino un Estado como Nueva York o Virginia de la confederacin americana. El tercer error proviene de creer, que Cuba perdera su nacionalidad, si se agregase a Mjico. Reflexione mi Discpulo que Cuba y Mjico son ramas de un mismo tronco, que hablan la misma lengua, profesan la misma religin, y participan en gran manera de los mismos usos y costumbres: cosas todas muy distintas entre Cuba y los Estados Unidos. Incorporada aqulla en Mjico, conservara su nacionalidad, porque formada sta de los mismos elementos de la mejicana, no encontrara ninguna causa que la destruyese; y si algn da quisiera separarse de ella, aparecera entonces como pueblo independiente, y con una nacionalidad, no mejicana, sino con la misma que hoy tiene. Supongamos que los Estados de Massachussetss o Vermont se constituyen por s solos en pueblos soberanos, no se presentaran con la misma nacionalidad amrico-anglo-sajona que tuvieron al salir de la condicin de colonias de la Gran Bretaa? Y en qu consiste, que a pesar de haber formado parte de la Confederacin Norteamericana por el espacio de 73 aos, renaceran hoy con su primitiva nacionalidad? Consiste, en que todos los miembros que se reunieron en 1776 para formar una sola nacin, tuvieron un mismo origen, una misma lengua, y unos mismos usos y costumbres. Pues, por identidad de razn, en Cuba se obtendran iguales resultados, si ella se reuniese a Mjico, caso de verificarse una reunin, que hacen imposible las desgraciadas circunstancias de aquella repblica. Dije, que la muchedumbre de norteamericanos que pasasen a Cuba, haran caer en sus manos dentro de poco tiempo, todos o casi todos los

PAGE 367

JOS ANTONIO SACO /361 /361 /361 /361 /361 empleos, y que los cubanos tendran el dolor de verse postergados en su propia tierra por una raza advenediza. Mi Compatricio piensa, y el Amigo en cierta manera opina tambin como l, que este mal se evitara, exigiendo a los electores y a “ los elegidos ciertas condiciones y requisitos de residencia edad propiedad estado servicio etc .” Pero no hay condiciones ni requisitos que valgan; porque en un gobierno francamente liberal y democrtico como sera Cuba, las restricciones deberan limitarse al mnimo posible, y aun cuando se ampliasen, el suceso que se teme, slo se retardar algunos aos; porque una nacionalidad dbil como la nuestra no es posible que resista el torrente formidable que se despeara sobre ella. De pecho ms ancho y alma ms filosfica se nos muestra el Discpulo en este particular, porque, segn sus ideas patriticas, los cubanos soportaran con paciencia bajo el gobierno de los Estados Unidos, que los extranjeros ocupasen los empleos, puesto que hoy estamos despojados de ellos por el sistema que nos rige. Y son stos los nobles sentimientos que l se digna conceder a sus compatriotas? Pues que, porque bajo de Espaa estemos privados de los empleos, deberemos contentarnos con vivir en tan dolorosa condicin bajo el gobierno libre de la repblica americana? Hay en el mundo algn pueblo, que sintiendo su propia dignidad, se somete con tanta vileza a sufrir, en el suelo en que naci, la dominacin de una raza advenediza? Ideas tan ruines son incompatibles con los elevados pensamientos de libertad e independencia nacional. Para probar que la emigracin no sera considerable, que los cubanos no seramos absorbidos por los extranjeros, y que nuestra nacionalidad no perecera, mis impugnadores se valen de muchos argumentos. Empecemos por los de mi Compatricio ste, fundndose en una comparacin equivocada, asegura que el torrente de los extranjeros no destruira ni debilitara la actual nacionalidad cubana, as como no se ha destruido ni debilitado la de Norteamrica, a pesar de que las inmigraciones de Europa figuran hoy en ms de la mitad de la poblacin de aquella repblica pues slo los alemanes pasan de 5 millones, de mayor nmero los irlandeses, ingleses y holandeses juntos, y de 2 millones los de otras naciones europeas; es decir, que los extranjeros establecidos en la confederacin americana exceden de 12 millones De dnde ha podido sacar estos datos un hombre tan ilustrado como mi Compatricio y que con tanto provecho ha visto los Estados Unidos? Por qu no concurri a las fuentes puras de donde hubiera obtenido la verdad? El doctor Seybert, cuya obra es muy conocida y apreciada en aquel pas, computa el nmero de colonos, entrados all en los 20 aos corridos de 1790 a 1810 en 120 000; o sea, 6 000 al ao por trmino medio. El

PAGE 368

OBRAS 362\ 362\ 362\ 362\ 362\ profesor Tucker en su obra ya citada, sobre el progreso de la poblacin y riqueza de los Estados Unidos, calcula segn las noticias y documentos oficiales que recogi y compar juiciosamente, que la inmigracin de los colonos europeos lleg en el decenio de 1810 a 1820 a ........................... 114 000 1820 a 1830 a ........................... 200 000 1830 a 1840 a ........................... 427 727 Agregando aqu la inmigracin de 1790 a 1810 que fue, segn hemos dicho ya, de ............................ 120 000,resulta un ———— total de ..................................... 906 727 En cunto se quiere graduar el nmero de colonos introducidos de 1840 a 1849? Quiero elevarlo hasta un milln. Pues, aun as, toda la emigracin europea de 1790 a 1840 no sube a 2 millones. Reducidas las cifras a su verdadero valor, y considerando que en 50 aos corridos de 1790 a 1840 slo entraron en los Estados Unidos poco ms de 900 000 colonos, cmo podran stos conservar sus nacionalidades respectivas, ni dejar de ser absorbidos, cuando poco a poco han ido cayendo, y derramndose por la superficie de una repblica, que rompi su marcha desde 1790 con una poblacin de ms de 3 200 000 individuos de raza anglo-sajona? Y aqu es de hacerse una observacin muy importante. Nunca se olvide, que el mayor nmero de colonos europeos, que han pasado a los Estados Unidos, son hijos de la Gran Bretaa e Irlanda; y como all han encontrado la misma lengua, leyes, usos y costumbres que en su pas natal, la inmigracin lejos de haber destruido ni debilitado la nacionalidad norteamericana, la ha robustecido, dndole un apoyo poderoso, pues que las ramas son de la misma familia que el tronco en que se injertaron. Juzga mi Compatricio “que por abundante que supongamos la inmigracin de americanos y europeos, no podrn ellos absorberse de repente, y como por ensalmo, poblacin, propiedades, profesiones, religin, costumbres, usos, gustos y hbitos de un milln de habitantes que tiene hoy Cuba”. A esta observacin de mi Compatricio contestar con lo que l dice en la pgina 26, “Entonces [hecha la anexin] descenderan sobre Cuba con entera confianza, sin que nadie fuese a buscarlos, ni pagase contribuciones por traerlos, 100 000 y ms europeos cada ao que con su industria, con su adelantada civilizacin, con sus capitales improvisaran, por decirlo as, nuevas y hermosas ciudades, tanto en el interior como en los puertos donde hoy slo existen incultos e improductivos desiertos”. Y quien estas palabras pronuncia, no confiesa la pronta

PAGE 369

JOS ANTONIO SACO /363 /363 /363 /363 /363 absorcin de la actual raza cubana? Cuando sobre Cuba cayesen anualmente 100 000 y ms europeos sin contar con la inmensa inmigracin americana, qu sera de nuestra nacionalidad al cabo de pocos aos de anexin? Vengamos a examinar los argumentos del Discpulo 1 “La influencia norteamericana ser contrabalanceada por la muchedumbre de peninsulares, que de Espaa emigrarn a Cuba, as como ha sucedido en toda la Amrica espaola”. Caso de haber la numerosa emigracin de peninsulares, que se nos promete, ella apenas podr compensar la muchedumbre de los que abandonasen a Cuba con la anexin, segn lo reconoce el mismo Discpulo Pero yo no creo, que enjambres de peninsulares volaran a asentarse en aquella Isla; y no lo creo por varias razones. 1 Porque la espaola no es raza emigradora, sino muy apegada a su suelo natal. 2 Porque la poblacin de Espaa es todava muy escasa respecto de la extensin de su superficie, y como sus actuales instituciones van proporcionando al hombre nuevos y fciles medios de subsistencia, lejos de esperar de la Pennsula una emigracin considerable, muchos extranjeros irn a establecerse en ella, como ya empieza a hacerlo. 3 Porque no hay paridad entre lo que ha sucedido o podido suceder en la Amrica espaola, despus que sta proclam su independencia, y lo que sucedera en Cuba, agregada que fuese a los Estados Unidos; porque los peninsulares que han pasado a aquellas repblicas, viven entre sus hijos y sus hermanos, y encuentran por todas partes la patria espaola que tanto aman: pero los que emigrasen a Cuba, sentiran el tormento de habitar en un pas que fue suyo, y que ya pertenecera a una raza extranjera, con la que, por cierto, no tiene mucha simpata. Ah est Jamaica, Trinidad y la Florida: pueblos fueron de origen y dominacin espaola; mas, no emigraron muchos de sus habitantes, luego que aquellos puntos pasaron a una potencia extranjera, sin que nuevos espaoles hubiesen corrido a reemplazar a los que salieron? Por qu no se han establecido en la Florida, a pesar del libre gobierno, del clima suave, y de los terrenos frtiles, vrgenes, y baratos que tanto nos pondera el Discpulo ? No se han establecido porque aquel pas depende de un poder extranjero, y ste es un obstculo que obra en los espaoles con ms fuerza que en la generalidad de los hombres. 2 “La emigracin americana no ser tan numerosa, como se imagina Saco, porque no es tan fcil que los hombres que estn bien en un punto, se transporten a otro en bandadas crecidas; y la prueba la tenemos en la Florida y Tejas”. Si esto es exacto, cmo es que en tan poco tiempo se han poblado en aquella repblica tantos estados y territorios? Por qu se estn poblando hoy mismo, como por encanto otros nuevos? Si la emigracin a ellos ha sido prodigiosa, no dude mi Discpulo que tambin lo

PAGE 370

OBRAS 364\ 364\ 364\ 364\ 364\ sera a Cuba. Tampoco se imagine, que estn bien todos los que emigran, pues muchos lo hacen porque estn mal, y aun de los que estn bien, muchos van a probar fortuna para ver si estn mejor. Advierta adems mi Discpulo que la raza norteamericana es impelida a su transmigracin, no tanto por el deseo de mejorar de suerte cuanto por una pasin irresistible de moverse y derramarse hasta las ms incultas y salvajes regiones de aquel continente. Si Tejas est todava casi desierta debe ser a que es un Estado de mucha extensin y que no hace ms de cuatro a cinco aos que forma parte de aquella repblica; pero aun as, su poblacin ha crecido ya de un modo asombroso. Verdad es que la Florida no ha adelantado tan rpidamente como otros Estados, porque la colonizacin ha corrido a otros puntos ms ventajosos; pero siendo Cuba una isla de tanta importancia, la emigracin a ella sera extraordinaria. Lo que s debe llamar nuestra atencin es, que, no obstante el progreso comparativamente lento de la Florida, la nacionalidad florido-hispana que all exista, ha desaparecido, y en breve se aniquilarn hasta sus ltimos vestigios. 3 “A Cuba incorporada en los Estados Unidos, no slo iran los naturales de ellos, sino los de otros pases”. Este argumento se vuelve contra mi Discpulo porque la nacionalidad cubana se vera asaltada a un tiempo por la raza anglo-sajona y por otras de Europa; y si entregada tan slo a la influencia de la primera perecera dentro de pocos aos, qu no ser sometida tambin a la accin destructora de las segundas? 4 “Nuestro clima, nuestras costumbres, nuestro idioma, la escasez y caresta de todos los renglones de primera necesidad... y nuestros terrenos, que estn ya repartidos, y que tomaran un alto valor, sern otros tantos obstculos para que caigan de repente esos grandes enjambres de pobladores que teme Saco nos absorban”. Nuestro clima no es tan malo como supone mi Discpulo ; y aun concedindole que lo fuese, peor es el de la Luisiana, y, sin embargo, aquel Estado se ha engrandecido prodigiosamente. Ni menos servirn de obstculo nuestras costumbres y nuestro idioma. Hanlo sido por ventura en esa misma Luisiana las costumbres y la lengua francesa?; por otra parte, l nos predica en su folleto, que el sentimiento de la nacionalidad “ es un egosmo ajeno de la filosofa y la poltica, porque ambas consideran en masa a la humanidad ... y que ya esos das ominosos [los de la ignorancia] pasaron, pues hemos comprendido perfectamente que nuestra raza es una que todos los hombres somos iguale y hermanos...”. Si, pues, mi Discpulo reconoce, que nuestra raza es una, que todos somos iguales y hermanos, y si los sentimientos de fraternidad son en su concepto los que gobiernan al gnero humano, por qu se contradice entonces, considerando como obstculo a la inmigracin de los norteamericanos en Cuba nuestras costumbres y nuestro idioma?

PAGE 371

JOS ANTONIO SACO /365 /365 /365 /365 /365 Ellos iran a Cuba como a tierra de hermanos y a vivir entre hermanos En cuanto a la escasez y caresta de los renglones de primera necesidad que tanto aterran a mi Discpulo, ellas provienen de que hoy el hombre en Cuba no tiene brazos libres, y de que gravitan pesadas contribuciones sobre las carnes, harinas, y otros artculos indispensables para el alimento de la poblacin; pero es innegable, que estas causas se removeran con la anexin, y que a ellas sucederan la abundancia y la baratura. Respecto de los terrenos que estn ya repartidos y que tomaran un alto valor conviene distinguir los que se hallan en la jurisdiccin de La Habana y Matanzas de los dems de la Isla. Aqullos no slo estn repartidos, sino fraccionados casi todos en pequeas suertes; pero los de las regiones del Centro, y principalmente de Puerto Prncipe, Bayamo y otras partes orientales, estn en general incultos y desiertos, y repartidos en porciones tan grandes que algunas tienen muchas leguas: de manera, que son susceptibles de divisiones y subdivisiones, las cuales podrn hacerse vendindolas, o dndolas a censo o en arrendamientos a los nuevos pobladores. Sin duda que esta reparticin aumentar el valor de las tierras; pero este aumento nunca pasar el lmite de las utilidades que ellas puedan rendir. Estas observaciones harn comprender a mi Discpulo que ni el estado de repartimiento en que hoy se hallan nuestros terrenos, ni el valor que adquiriran, podran atajar la inmigracin norteamericana. Obsrvese tambin, que la forma insular de Cuba, su ventajosa posicin geogrfica, y los muchos y admirables puertos que realzan su importancia, la destinan a ser, no un pas puramente agrcola sino eminentemente mercantil; y que, por tanto, la colonizacin se compondra de labradores, comerciantes, y de toda clase de gente industriosa. Lo particular es, que el Amigo en vez de apoyar al Discpulo disiente de sus ideas. As habla aqul. “Apenas se vislumbrase el alza que las nuevas instituciones daran a los terrenos y bienes races, cuando los capitalistas peninsulares seran los primeros a disputar al extranjero las especulaciones de este gnero”. Vase aqu, que mientras el Discpulo considera el alto valor de los terrenos como una causa que alejara de Cuba a los extranjeros; el Amigo por el contrario cree, que ella llamara a stos y a los espaoles. Pero si errado anduvo el Discpulo en su juicio, no lo est menos el Amigo en figurarse que los capitalistas peninsulares disputaran a los extranjeros la especulacin de los terrenos de Cuba. Los franceses, que son ms especuladores que los espaoles, disputaron a los anglo-americanos la tierra de Luisiana?; libre les dejaron el campo sin ponerse en competencia con ellos; y de seguro que ms libre lo dejaran nuestros peninsulares, porque es imposible que entrasen en lucha con rivales ms ricos, ms diestros, y ms emprendedores que ellos. 5 y ltimo. “Con la anexin se aumentar extraordinariamente el alquiler de las casas, y esta caresta impedir la inmigracin”.

PAGE 372

OBRAS 366\ 366\ 366\ 366\ 366\ ¡Qu argumento tan ridculo! Ignora el Discpulo que el alto precio de los alquileres de las casas atraera los capitales a este gnero de industria, y que se fabricara en proporcin a las nuevas necesidades? Ignora, que en La Habana se alquilaban las casas 25 y 30 aos ha por un valor mucho ms alto que hoy; sin embargo, de que entonces era mucho menor la poblacin? Y no se debe este cambio al gran nmero de edificios construidos en los extramuros de aquella ciudad? Pues sepa el Discpulo que nuevas casas y nuevas poblaciones se formaran con la anexin, y que los norteamericanos que pasasen a Cuba, no habitaran bajo los rboles y las cavernas de ella. Consideremos, por ltimo, los argumentos del Amigo ; mas, como algunos de ellos son idnticos a los del Discpulo me abstendr de repeticiones. Mi Amigo, para convencerme de que Cuba, agregada a Norteamrica, conservara su nacionalidad, escoge a la Luisiana, pues “esta ltima [palabras suyas son] tiene tantos puntos de semejanza y contacto con nuestra Cuba, y su historia contradice de tal manera las inferencias del seor Saco, que nos ha parecido la ms victoriosa contestacin citarle hechos que son algo ms que infundados pronsticos ”. Yo examinar estos hechos uno por uno, y el lector se penetrar de que, o nada prueban, o que si prueban algo, es contra el mismo hombre que los cita. 1 “El comercio entre la Francia y la Luisiana es hoy mucho mayor que cuando sta era colonia de aqulla”. Ni la existencia, ni el aumento de relaciones mercantiles entre dos pueblos son signo de nacionalidad. Cuba ha aumentado su comercio en este siglo con Inglaterra, Alemania, los Estados Unidos, y otros pases; mas, quin soar decir por esto, que all existe alguna de esas nacionalidades? Si entre la Francia y la Luisiana se han multiplicado las relaciones mercantiles, dbese nicamente al engrandecimiento que sta ha adquirido con la colonizacin y actividad americana, y al caudaloso Misisipi que es la gran arteria por donde varios Estados del Oeste derraman sus productos en Nueva Orlens para ser transportados a otros pases. 2 “Las costumbres y maneras de la Luisiana, las diversiones pblicas del domingo, que no tienen lugar en ese da en los dems Estados de la Unin, el teatro y la pera francesa, todo atestigua que sus habitantes son franceses todava”. O mi Amigo no conoce la Luisiana, o piensa que yo no la conozco, cuando me arguye de esta manera. l aplica a toda la Luisiana lo que slo existe en Nueva Orlens, o mejor dicho, en una parte de ella. El rpido incremento de la poblacin de aquel Estado se debe exclusivamente a los ciudadanos de la Unin, porque son muy pocos los franceses que emigran a l. Los nuevos pueblos que se han alzado en su vasta

PAGE 373

JOS ANTONIO SACO /367 /367 /367 /367 /367 superficie se componen de elementos extraos al origen francs. La poblacin realmente francesa que habitaba la Luisiana al tiempo de su venta en 1803, no llegara a 30 000 almas, puesto que en 1810 el total de blancos, contando con los norteamericanos all establecidos, slo era de 34 311. Segn el censo de 1840, que fue el ltimo que se hizo, la poblacin blanca ascendi a 158 457. De entonces ac ha tenido creces considerables; y siendo stas las condiciones en que se halla la Luisiana, cmo se pretende que sus costumbres, usos, diversiones, habitantes sean franceses todava? Aun contrayndonos a Nueva Orlens, que es donde estuvo y est reconcentrada la poblacin francesa, es muy errneo decir que sus usos, costumbres, diversiones y habitantes sean franceses. En aquella ciudad, hablando con exactitud, hay dos ciudades, una antigua y otra moderna: en la primera habitan las familias francesas; en la segunda, todo, todo es norteamericano, y como ste es el principio que ya predomina en aquella capital, pronto acabarn de perecer los restos de la agonizante nacionalidad francesa, que en ella se conservan. 3 “El idioma de la Luisiana es francs. Mr. Gayarr acaba de publicar en esta lengua la historia de aquel pas. No es esto conservar la nacionalidad?” As piensa el Amigo ; ¡pero cun equivocado est! Si Mr. Gayarr ha escrito los dos primeros tomos de su historia en francs, no es porque este idioma sea ya el de Luisiana, sino porque quiere, como observa en el prlogo de su obra, hacer revivir todos los personajes que figuraron en aquella antigua colonia francesa, y que hablen en su propia lengua. “Mi objeto [dice] era hacer reaparecer cada poca con su color local, y en alguna manera, cada personaje con el traje del tiempo. Yo conoc que mi obra en ingls carecera de su encanto que yo no le daba, a mis ojos al menos, tomando al menos el lenguaje de los primeros colonos”. Otro, entre los dems motivos que le impulsaron a escribir en francs, fue agradar a las seoras francesas de la Luisiana, que ignorando el ingls, no podran leer su obra si la hubiese escrito en este idioma. “Cmo podra yo resistir [exclama] a esta consideracin! Ella era para m ms que una razn; era una seduccin”. Mi Amigo deriva la nacionalidad de la Luisiana de la lengua que en ella se habla; y como afirma que sta es francesa, concluye que aqulla tambin lo es. Yo voy a probar lo contrario, fundndome en su propio argumento, y en el mismo autor y obra que cita. Si el idioma de la Luisiana constituye su nacionalidad, claro es, que si aqul, en vez de ser francs, es ingls, sta no ser francesa sino inglesa; pero el mismo Gayarr confiesa, que el ingls es la lengua de la Luisiana; luego, su nacionalidad es tambin inglesa Oigmosle: “Desde luego, yo quera escribir, esta obra en ingls La razn es muy simple: l es la lengua del pas y adems, la obra hubiera tenido la fortuna de una circulacin ms

PAGE 374

OBRAS 368\ 368\ 368\ 368\ 368\ extensa Pero cuando llegu al modo de composicin me vi embarazado en la determinacin que haba tomado”. Dnde, pues, pregunto yo, ha ido a parar la lengua francesa de la Luisiana? Y si ella, segn mi Amigo es el constitutivo esencial de la nacionalidad luisianesa, evidentsimo es, que sta ya no es francesa sino inglesa. Algunos restos de aqulla quedan todava en Nueva Orlens, pero menguados de da en da, irremediablemente desaparecern bajo la fuerza absorbente que los devora. 4 “El Oregn, la California, el Nuevo Mjico, y otros Estados libres ofrecen mayores estmulos que Cuba a los emigrados blancos sin la rivalidad del esclavo”. Como mi Amigo afirma estas cosas sin probarlas, yo pudiera, a mi vez, asentar la proposicin contraria. Pero aun concedindole lo que dice, la nica consecuencia sera, no que la nacionalidad cubana se salvase de la muerte, sino que prolongara su vida un poco ms. En cuanto a la rivalidad del esclavo que contribuira a desviar de nuestro suelo a los emigrados blancos, me contentar con observar a mi Amigo que la colonizacin blanca ha sido muy rpida en la Luisiana y otros Estados, no obstante la rivalidad del esclavo. Lea mi Amigo para su desengao la siguiente tabla que he formado. EstadosAosBlancosEsclavos ——————————————— Kentucky179061 61311 350 1840590 253182 258 Tennessee179032 0133 417 1840640 627183 059 Georgia179052 88629 264 1830296 806217 531 1840407 695280 944 Luisiana181034 31134 660 1840158 457168 452 Misisipi18005 7193 489 183070 44365 659 1840179 074195 211 Esta tabla demuestra, que la rivalidad del esclavo no ha impedido el rpido incremento de la colonizacin blanca; ni tampoco impedira que los extranjeros se precipitasen sobre Cuba el da que ella fuese un Estado de la confederacin americana. Ntese, adems, que el Amigo se halla en abierta contradiccin con el Compatricio ; pues mientras ste eleva a ms de 100 000 individuos libres la emigracin anual a Cuba, aqul asegura que no ser muy considerable.

PAGE 375

JOS ANTONIO SACO /369 /369 /369 /369 /369 5 “En la eleccin de empleados del poder ejecutivo de la Luisiana en 1843, todava conservaban la preponderancia los nombres de las antiguas familias francesas”. Y en una nota que pone trata de comprobar su asercin, citando los nombres siguientes: “A Monton, gobernador Nicholas, De Buys Bringier, Amant Preston, Toledano Penn, Garca Derbigny.” De estos seis nombres, slo el primero y el tercero son verdaderamente franceses, porque el ltimo, aunque tiene algo de tal, el apellido Garca que le precede, es rigurosamente espaol; de suerte que debe tomarse, a lo menos, como hispano-francs. En cuanto a los otros seores, sus nombres son muy ingleses. Ricardo y Nicholas se llamaba el ingls que quit la Nueva Amsterdam a los holandeses en 1664; y le dio el nombre de Nueva York en homenaje al duque de York su protector, hermano de Carlos II. Preston no es apellido raro en Inglaterra ni en los Estados Unidos. Obras inglesas hay escritas por autores que llevan este nombre. Preston se llama una ciudad de la Gran Bretaa; y aun recuerdo que en 1823 se apareci en La Habana un Preston, norteamericano, de raza pura anglo-sajona, con la especulacin de dar a respirar gas protxido de azoe. Penn tampoco ha sido jams nombre francs, y todo el que tiene una tintura de la historia de Norteamrica, sabe que Penn se llam el fundador de la Pennsylvania. Pero admitamos que los seis nombres que se citan, sean todos franceses puros; qu adelanta con esto mi Amigo en favor de la existencia de la nacionalidad francesa en la Luisiana? Cuntos son los empleados del poder ejecutivo, no en la ciudad de Nueva Orlens, sino en todo aquel Estado, cuya poblacin en 1840 ya subi a 352 411? Cuntos, los de origen francs, y cuntos, los de otra raza? Si pudiramos desde aqu averiguar su nmero, ya veramos que son muy pocos los empleados que pertenecen a la expirante nacionalidad francesa. 6 “Saco quiere alarmar la raza espaola con la palabra absorcin, por qu se han de absorber los americanos un pueblo de 1 200 000 habitantes, cuando no lo lograron respecto de 76 000 que era la poblacin de la Luisiana en 1810?” Mi Amigo supone aqu, que la nacionalidad luisianesa est en su vigor; y mis observaciones anteriores manifiestan, que de ella slo quedan algunos vestigios que en breve desaparecern. Tambin supone que nuestra nacionalidad est representada por 1 200 000 habitantes sin advertir que este nmero es en extremo exagerado, porque comprende hasta los esclavos africanos. La nacionalidad cubana, de que yo habl, y de la nica que debe ocuparse todo hombre sensato, es de la formada por la raza blanca, que slo se eleva a poco ms de 400 000 individuos. Pero qu es esta cantidad en comparacin de los extranjeros que acudiran a Cuba? Cmo podra una nacionalidad tan dbil como la nues-

PAGE 376

OBRAS 370\ 370\ 370\ 370\ 370\ tra, conservarse al lado de la robusta y poderosa anglo-sajona? Mi Amigo sin pensarlo confirma mis ideas, cuando dice: “El pueblo de los Estados Unidos aumenta su riqueza, su civilizacin, su industria y su poder de una manera desconocida en los anales del mundo. Su poblacin se duplica cada 25 aos, y tan estupenda progresin burla los clculos humanos acerca de lo que ser su futuro poder e influencia entre las naciones... ¡Veinte millones de almas hoy! ¡Cuarenta en 1873, y as sucesivamente hasta 320 millones en un siglo!... Nacidos hay individuos que vern aquella vasta confederacin poblada de 200 millones de habitantes!” Y despus de haber escrito estos renglones, se atrever su autor a negar, que nuestra nacionalidad morira ahogada entre los brazos del coloso americano? Morira s, y morira, porque muchedumbre de cubanos y peninsulares abandonaran a Cuba; morira, porque muchos extranjeros se casaran con cubanas, y cubanos con extranjeras; y morira, en fin, porque un nmero prodigioso de familias norteamericanas se estableceran en aquella Isla, y mantenindose separadas de nuestra raza seran para ella el antagonista ms formidable. Lo curioso es, que resistindose mi Amigo a creer, que los Estados Unidos nos absorberan, por haberse imaginado que en ellos viven y medran todas las nacionalidades, despus se contradice, hablndonos en otra parte de su papel de la tendencia absorbedora de aquella repblica. Para manifestar el futuro engrandecimiento de ella, ctame un trozo del informe que el conde de Aranda present a Carlos III en 1783, y celebrndolo e identificndose con las ideas de su ilustre autor, prorrumpe en este elogio. “Privilegio fue siempre de los ingenios de un orden superior anticipar los grandes sucesos. As el conde de Aranda, estimando en su valor la libertad de conciencia, las instituciones de los Estados Unidos, como Estado impulsivo a un futuro engrandecimiento y absorcin de los Estados vecinos y el orador Chatham en el Parlamento ingls... Prestaron ambos un homenaje previsor y sagaz a la influencia moral superior a todas las influencias sobre todo en este siglo, y que parece desconocer el seor Saco”. Al pronunciar estas palabras, mi Amigo reconoce, que la confederacin americana absorber en su futuro engrandecimiento a los Estados vecinos Y si l lo confiesa, por qu niega entonces que Cuba ser absorbida luego que se incorporase en ella? Pero tambin nos habla de absorciones ya consumadas en el siguiente pasaje: “Los holandeses poblaron a la Nueva York; los suecos, a la Nueva Jersey y al Delaware; los alemanes, a la Pennsylvania”. Mas, respndame ahora el Amigo : la lengua y la nacionalidad reinantes en Pennsylvania, son alemanas o anglo-sajonas. En los Estados de Nueva Jersey y del Delaware, la lengua y la nacionalidad, son suecas o anglosajonas? Anglo-sajonas. En Nueva York, la lengua y la nacionalidad, son holandesas o anglo-sajonas? Anglo-sajonas. Pues, tenga por cierto

PAGE 377

JOS ANTONIO SACO /371 /371 /371 /371 /371 mi Amigo que as como en aquellos Estados han perecido todas las nacionalidades que precedieron a la anglo-sajona, as tambin perecera en Cuba la actual nacionalidad cubana con la anexin a la repblica de Norteamrica. Antes de levantar la pluma sobre esta materia, no puedo menos de llamar la atencin de mis lectores hacia una frase en que mi Amigo con el tono de filsofo humanitario-socialista nos ensea, que la nacionalidad es un pensamiento que las tendencias del siglo borran para bien de la humanidad ”. Para escribir as, es menester cerrar los ojos a los acontecimientos del mundo, y dejarse guiar por las teoras de autores visionarios. La frase a que me contraigo se puede considerar bajo de dos aspectos, o por el de su tendencia, o por el de su verdad o falsedad. Por su tendencia, es de una inmoralidad poltica que siento no tener amplio espacio para combatirla como merece; pero, aunque sea de paso, dir a mi Amigo que si una nacionalidad intolerante y salvaje por sus instintos, puede producir muchos males, una nacionalidad ilustrada y que respeta a los dems, es el origen de inmensos beneficios y de acciones ms nobles y ms grandes que honran la especie humana. En cuanto a la frase en s, voy a demostrar que es completamente falsa. Las tendencias del siglo borran las nacionalidades ? Cabalmente se observa todo lo contrario. Desenvolverse las nacionalidades, luchar, por separarse unas de otras, y adquirir una existencia soberana, he aqu la gran verdad que proclama el siglo XIX, La emancipacin de la Amrica espaola y portuguesa, qu otra cosa fue sino el esfuerzo de aquellas colonias por dar a sus nacionalidades comprimidas la independencia que deseaban? Pases americanos, que bajo la dominacin espaola slo formaban una nacionalidad, se han separado despus, y constituido otras nuevas. La nacionalidad peruana que era una, se ha dividido en dos con la separacin del Bajo y el Alto Per. De la nacionalidad guatemalteca se han formado tantas, cuantas son las provincias que se han convertido en Estados independientes; y diez aos ha, que el Bajo Canad hizo una tentativa para desarrollar su nacionalidad francesa, y erigirse en pueblo soberano. Pero pasando del Nuevo Mundo al viejo continente, no han recobrado la Grecia y la Blgica sus nacionalidades, sacudiendo la primera el yugo otomano, y separndose la segunda de la Holanda? La desgraciada Polonia, no ha combatido con el coloso del Norte por restablecer la suya? El Egipto no ha peleado tambin por la misma causa? Irlanda no ha hecho intiles esfuerzos? Y viniendo a los recientsimos sucesos de 1848 y 1849, qu nos ofrece la Europa? El extraordinario espectculo de nueve guerras entre 23 pueblos, que hablan 17 lenguas diferentes, y en que cada uno ha deseado constituir una nacionalidad independiente. Estas guerras o luchas de ms o menos duracin, han sido: 1 La

PAGE 378

OBRAS 372\ 372\ 372\ 372\ 372\ de los napolitanos contra los sicilianos. 2 La de los vlacos y moldavos contra los turcos. 3 De la Italia contra el Austria. 4 De los alemanes contra los bohemos. 5, 6 y 7 Tres guerras sucesivas de los alemanes contra los polacos en la Posnania, Galitzia y Cracovia. 8 Los mismos alemanes contra los dinamarqueses. 9 Los hngaros contra los servios, croatas y otras razas. Estas breves indicaciones manifiestan cuan desgraciado estuvo mi Amigo al anunciarnos en un tono filosfico, que la nacionalidad es un pensamiento que las tendencias del siglo borran para bien de la humanidad ”. Sin que se entienda que yo apruebo los esfuerzos que hagan todas las nacionalidades para recobrar una existencia aislada, pues la conservacin y prosperidad de algunas, dependen de estar enlazadas con otras, tampoco apruebo el empeo de destruir aquellas que pueden mantenerse y vivir por s solas en ciertas eventualidades. Digo esto con referencia a Cuba. Si ella fuera una de las muchas islas que por su pequeez, esterilidad, e insignificancia jams pudiese figurar en el mapa geogrfico, entonces sin atender a lo pasado ni a lo futuro, y consultando slo a ciertas ideas y ciertos intereses, yo sera el primero en pedir su agregacin pacfica a los Estados Unidos. Pero una isla, que es una de las ms grandes del globo, y que encierra tantos elementos de poder y de grandeza, es una isla que puede tener un brillante porvenir. Cuando contemplo, que Fenicia, faja de tierra de pocas leguas, sobre las costas de Siria, fue la nacin ms comerciante de la Antigedad; cuando contemplo, que en el rido y pequeo espacio del tica naci la gloriosa repblica de Atenas; cuando contemplo, que la inmortal Venecia, saliendo del fango de sus lagunas, domin pueblos y mares; cuando contemplo, que Gnova, su rival, extendi sus conquistas y su nombre hasta los confines del mar de Azof; cuando contemplo, en fin, que otros pases, muy inferiores a Cuba, ocupan un lugar respetable, en la escala de los pueblos, por qu he de cerrar mi corazn a toda esperanza, convertirme en verdugo de la nacionalidad de mi patria? Quince aos ha, que suspiro por ella: resignado estoy a no verla nunca ms; pero menos me parece que la vera, si tremolase sobre sus castillos y sus torres el pabelln americano. Yo creo que no inclinara mi frente ante sus rutilantes estrellas, porque si he podido soportar mi existencia siendo extranjero en el extranjero vivir extranjero en mi propia tierra sera para mi el ms terrible sacrificio.Qu deben hacer los cubanos para conseguir la libertad, y Espaa para no perder a Cuba? Uno de los prrafos del folleto de mi Compatricio dice as: “En 1837 escribi Saco: ‘Contra tantos males ya no queda ni aun la esperan-

PAGE 379

JOS ANTONIO SACO /373 /373 /373 /373 /373 za de remedio, pues condenada Cuba a la esclavitud colonial se le castigarn como crmenes hasta los suspiros que exhale’. Y de 1837 a 1849, ha nacido para Cuba la esperanza consoladora que ha de remediar los males? No ha visto el seor Saco huyendo por esos mundos, espantado de Cuba, a patriotas muy leales por haber intentado, nada ms que preparado representaciones legales para elevarlas al Jefe superior de la Isla, suplicndole que emplease todo su poder en suprimir el trfico negrero?” Este prrafo me ha sugerido las reflexiones con que terminar este papel. Por qu ha de figurarse mi Compatricio que la suerte de Cuba es en 1849 tan terrible como cuando gema bajo la espada de Tacn? Por qu ha de suponer, que en el transcurso de 12 aos, tan fecundos en grandes acontecimientos, no ha podido resucitar ninguna de las esperanzas muertas entonces, ni nacer otras nuevas? Por qu ha de renunciar al progreso constante de los pueblos modernos, y desconfiar de aquella fuerza latente y poderosa, que incesantemente los empuja hacia su mejoramiento y perfeccin? Yo creo que Cuba lleva en su seno este germen de vida y de libertad, y que sin trastornos ni revoluciones se podr ir desarrollando hasta que cobre una existencia vigorosa. Pero el gobierno lo impedir, me dicen los anexionistas. El gobierno contesto yo, podr poner obstculos, podr retardar la marcha; pero su accin no pasar de aqu, porque tiene que luchar con un principio superior, que ya empieza a dominarlo, y que se burlar de sus esfuerzos. Uno de los fatales errores de los anexionistas, consiste en haberse imaginado que Cuba, bajo del poder de Espaa, permanecer eternamente en la inmovilidad poltica, porque el gobierno nunca le conceder instituciones liberales. Yo tengo ms fe que ellos en la influencia de la libertad y en la experiencia de los siglos. Por qu fueron tan libres los colonos norteamericanos bajo la dominacin de su metrpoli? Por qu lo son los canadienses y los habitantes de otras regiones inglesas? Porque la Inglaterra es la nacin ms libre de Europa. Por qu fueron despticamente regidos hasta los primeros aos del presente siglo todos los colonos franceses? Porque la Francia no empez a gozar hasta entonces de alguna libertad; pero desde el da en que cesaron de presidir a sus consejos las ideas del antiguo despotismo, se concedieron a los franceses de Ultramar legislatura y otros derechos polticos. Por qu gobern Espaa tirnicamente al Nuevo Mundo? Porque Espaa era un gobierno absoluto. Pero Espaa ha hecho su revolucin en estos ltimos aos; y en el de 1849 acaba de obtener un triunfo completo. Asentada ya en ella la libertad sobre una base slida, y esparcindose e infiltrndose sus benficos principios en el corazn de los espaoles, imposible es, que la situacin poltica de Cuba permanezca eternamente inalterable como piensa mi Compatricio Y podr ya revelar aqu un triste pensamiento

PAGE 380

OBRAS 374\ 374\ 374\ 374\ 374\ que siempre he llevado escondido, y sin atreverme jams a expresarlo en el papel? Dudan los cubanos de mi estimacin y respeto hacia ellos? Podrn ni remotamente concebir, que yo sea capaz de ofenderlos, cuando slo para su bien escribo la verdad? Pues, si tanto nos conocemos, y si tan antiguos y buenos amigos somos, permtanme, aunque sea por ltima vez, que les diga lo que siento. Con sobrada razn nos quejamos, de algunos aos ac, de la tirana metropolitana, y ningn cubano se ha quejado ms amargamente que yo; pero qu hemos hecho para prepararnos contra sus golpes? Nada, absolutamente nada. Entregados a la ventura, siempre hemos esperado que la corte de Madrid, llevada slo de su buen querer, enviase a Cuba el presente de su libertad, lo mismo que caa el man en el desierto sobre el pueblo escogido de Dios. En nuestro olvido, ni aun siquiera hemos procurado imitar a los colonos de las Antillas francesas, quienes, no obstante de haber tenido sus consejos coloniales hasta la revolucin de febrero de 1848, nombraban adems, de entre los miembros de la Cmara francesa, dos apoderados con una asignacin pecuniaria, para que defendiesen sus intereses en el mismo seno de la representacin nacional. Verdad es, que alguno que otro cubano ha levantado de cuando en cuando la voz en favor de su patria; pero de este cortsimo nmero, tildados unos de insurgentes, perseguidos otros como revolucionarios, y lo que es peor todava aislados todos en sus esfuerzos e impotentes por su desventajosa posicin, el gobierno, en vez de considerar sus clamos como la expresin verdadera de los sentimientos del pueblo cubano, los ha escuchado como el aullido de unos facciosos, dignos slo de persecucin y castigo. Desea Cuba, y por Cuba entiendo aqu todos sus habitantes de aquende y allende el mar, desea salir de la opresin en que vive? Desea derechos polticos y una legislatura colonial? La justicia est de su parte. La Constitucin de 1837 solemnemente le prometi gobernarla por las leyes especiales ; pero estas leyes no pueden ser las que hubiera podido darle el tirano Felipe II, sino las que son conformes al espritu del siglo, a las libres instituciones de que goza Espaa, y a la civilizacin y progresos de Cuba. Los inmensos peligros que la amenazan, y la urgente necesidad de salvarla exigen que se pongan de acuerdo los hombres influyentes de ella, as criollos como peninsulares; que tomen una actitud estrictamente legal y pacfica, pero al mismo tiempo digna de la causa que defienden; que formen un fondo con que subvenir a los gastos indispensables en empresas de este gnero; y que nombren de ellos mismos una o dos personas que pasen a la Pennsula a servir de fieles intrpretes del pueblo cubano. Quin impedir dar estos pasos tan justos y tan legales? El gobierno de Cuba? Un gobierno como aqul, slo puede impedir estas combinaciones, cuando tomen un aparato revolucionario o nazcan de la aislada voluntad de un corto nmero de indivi-

PAGE 381

JOS ANTONIO SACO /375 /375 /375 /375 /375 duos; pero cuando se funden en el voto de los hombres ms respetables apoyados en la opinin del pas, entonces aquel gobierno ya se aguardar de empear un combate desigual en que sabe quedar vencido. Tan es as, que como prueba voy a ofrecer al mismo caso que me cita mi Compatricio Alude l a “un patriota muy leal que anduvo huyendo por estos mundos, espantado de Cuba, slo por haber preparado una representacin legal para elevar al Jefe superior de la Isla, suplicndole que emplease su poder en suprimir el trfico negrero ”. Yo no slo vi, sino que tuve el gusto de abrazar en estos mundos a ese patriota muy leal, doblemente caro a mi corazn por sus relevantes cualidades y por ser hijo de un padre a quien am tiernamente, y cuya muerte lloramos todava los que fuimos sus amigos. Pero ese patriota, que al cabo de un ao de ausencia, volvi al seno de la patria, nunca hubiera salido de ella como sali, si personas de mayores aos, ms ricas y ms autorizadas que l, no se hubiesen quedado a retaguardia, dejando en la primera fila a un joven de tan generosos sentimientos y que apenas costaba 24 o 25 aos de edad. Aun as, l solo, slo l fue nicamente perseguido, a pesar de que firmaron aquella representacin 93 vecinos de la ciudad de Matanzas. Y por qu no fueron tambin stos perseguidos? Porque el gobierno se encontr con hombres a quienes por su nmero y su influencia no se atrevi a atacar. Y si esto sucedi en un negocio en que solamente intervinieron algunos vecinos de aquella ciudad; qu no ser cuando la opinin se expresa majestuosamente sobre un terreno constitucional por el rgano de las personas ms notables de la Isla? Ni en ella, ni en Espaa hay fuerza capaz de resistirla, pues hasta en el juego mismo de las instituciones representativas encontrara Cuba un auxiliar poderoso. El partido de la oposicin en las Cortes se apoderara de nuestra justa causa; el despotismo que nos abruma sera en sus manos una arma terrible contra el gobierno; y ste, aun cuando intentase resistir, sucumbira a los golpes combinados de la opinin de Cuba y de la oposicin peninsular. Cuntas veces contemplando en mi destierro las vejaciones que cometen las autoridades de mi patria, me he dicho a m mismo: “Estos ultrajes se sufren en Cuba, porque no hay unin ni firmeza en sus habitantes. Si ellos sintieran como yo, si yo pudiera hacer lo que ellos pueden, ya seran ms respetados. Con una o ms personas principales, ricas e instruidas que autorizadas por Cuba, viniesen a Madrid, a reclamar enrgicamente ante el gobierno y la opinin pblica de la metrpoli contra las arbitrariedades del poder y los desrdenes del actual sistema poltico que all rige, estoy seguro de que mucho se lograra. Quin ms poderoso en Cuba que Tacn? Pues bien, este coloso vino a tierra al solo embate de un diputado de talento, que se propuso derribarlo. Dos o tres de estas lecciones que los habitantes de Cuba hubiesen dado a sus gobernantes, y la actitud respetuosa, pero impo-

PAGE 382

OBRAS 376\ 376\ 376\ 376\ 376\ nente que siempre guardaran, les habra asegurado ciertos fueros de que hoy carecen”.