Obras

MISSING IMAGE

Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Physical Description:
v. : ill. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Saco, José Antonio, 1797-1879
Torres-Cuevas, Eduardo, 1942-
Casa de Altos Estudios de Fernando Ortiz
Publisher:
Imagen Contemporánea :
Casa de Altos Estudios de Fernando Ortiz
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Cuban question -- To 1895   ( lcsh )
Slavery -- History -- Cuba -- 19th century   ( lcsh )
History -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Politics and government -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references and indexes.
Statement of Responsibility:
José Antonio Saco ; ensayo introductorio, compilación y notas, Eduardo Torres-Cuevas.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 51337436
isbn - 9597078228 (obra completa)
ocm51337436
System ID:
AA00008627:00002


This item is only available as the following downloads:


Full Text

PAGE 1

BIBLIOTECA DE CLASICOS CUBANOSOBRAS ANTONIO(Volumen II) Untitled-48 14/08/01, 15:10 1

PAGE 2

BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOS CASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANAEsta obra se publica con el coauspicio de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTORA ARTSTICADeguis Fernndez Tejeda ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva Untitled-48 14/08/01, 15:10 2

PAGE 3

Ensayo introductorioLA HABANA, 2001compilacin y notasEduardo Torres-Cuevas BIBLIOTECA DE CLASICOS CUBANOSOBRAS ANTONIO(Volumen II) Untitled-48 14/08/01, 15:10 3

PAGE 4

Responsable de la edicin: Gladys Alonso Gonzlez Realizacin y emplane: Viviana Fernndez RubinosTodos los derechos reservados Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2001; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 13 ISBN 959-7078-22-8 obra completa ISBN 959-7078-24-4 volumen II Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Deguis Fernndez Tejeda Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC Untitled-48 14/08/01, 15:10 4

PAGE 5

Jos Antonio Saco (1797-1879) Untitled-48 14/08/01, 15:10 5

PAGE 6

La forma vigorosa, agresiva a veces, altiva siempre, y desdeosa en no pocas ocasiones, con cierta ostentacin de superioridad intelectual que campeaba en los escritos de Saco, lo convertan en el adalid de la causa cubana, dolo admirado de sus amigos y de la juventud. Ramiro Guerra y Snchez

PAGE 7

COLECCI"N DE PAPELES CIENTFICOS, HIST"RICOS Y POLTICOS Y DE OTROS RAMOS SOBRE LA ISLA DE CUBA YA PUBLICADOS, YA INDITOS POR DON JOS ANTONIO SACO A la memoria de Domingo del Monte consagra el segundo tomo de sus obras Jos Antonio Saco

PAGE 9

OB OB OB OB OB SER SER SER SER SER V V V V V ACIONES SOBRE UN COLEGIO ACIONES SOBRE UN COLEGIO ACIONES SOBRE UN COLEGIO ACIONES SOBRE UN COLEGIO ACIONES SOBRE UN COLEGIO DE EDUC DE EDUC DE EDUC DE EDUC DE EDUC ACI"N FUND ACI"N FUND ACI"N FUND ACI"N FUND ACI"N FUND ADO EN LA CIUD ADO EN LA CIUD ADO EN LA CIUD ADO EN LA CIUD ADO EN LA CIUD AD AD AD AD AD DE PUER DE PUER DE PUER DE PUER DE PUER TO PRNCIPE, EN LA ISLA DE CUBA TO PRNCIPE, EN LA ISLA DE CUBA TO PRNCIPE, EN LA ISLA DE CUBA TO PRNCIPE, EN LA ISLA DE CUBA TO PRNCIPE, EN LA ISLA DE CUBA (Publicadas en La Habana en el nmero 6 (Publicadas en La Habana en el nmero 6 (Publicadas en La Habana en el nmero 6 (Publicadas en La Habana en el nmero 6 (Publicadas en La Habana en el nmero 6 de la R de la R de la R de la R de la R evista Bimestre Cubana en 1832.) evista Bimestre Cubana en 1832.) evista Bimestre Cubana en 1832.) evista Bimestre Cubana en 1832.) evista Bimestre Cubana en 1832.) Esta institucin,* cuyo anuncio hemos ledo en la Gaceta de aquella ciudad de 28 de marzo de este ao de 1832, y cuya apertura debi haberse hecho en abril, est a cargo de don Santiago Atanasio Fernndez, ex catedrtico del colegio imperial de San Isidro de Madrid, y de don Emilio Peyrellade, profesor de primeras letras en Puerto Prncipe. Los ramos que se ensearn los indica el artculo 1 del reglamento formado. Dice as: “Artculo 1 Se admitirn alumnos a pupilo y externos, a los que se darn lecciones de doctrina cristiana, lectura, escritura, aritmtica, gramtica, tenedura de libros, geografa, historia antigua y moderna, matemticas, filosofa moral, retrica, oratoria, latn, francs, griego, dibujo, msica vocal, y baile. ”En el mismo establecimiento se darn clases de los idiomas ingls e italiano y de msica instrumental a los alumnos que los soliciten; para cuyos ramos ofrecen los directores valerse de individuos de acreditado mrito e idoneidad, en el concepto de que slo en stos habr profesores auxiliares, pues los dems ofrecen desempearlos por s mismos”. Vivamente interesados en los progresos de la juventud, mal podramos asomar ni aun la ms remota idea que se encaminase a entibiar el celo de los padres de familia, ni el fervor de los hijos de aquel suelo; y si a nuestro pesar hacemos algunos reparos, es solamente impulsados del sano deseo que nos anima, esperando que se mirarn, no como una censura maligna sino como unos consejos inocentes, dictados por la franqueza y el patriotismo. *Esta obra se tom de Biblioteca Bsica de Cultura Cubana, Editora del Consejo Nacional de Cultura, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1962. ( N. del E .)

PAGE 10

OBRAS 4\ 4\ 4\ 4\ 4\ Chcanos sobremanera que, debiendo ensearse a todos los alumnos a pupilo, medio pupilo y externos, nada menos que 18 ramos, se quiera recomendar como un mrito que stos sern desempeados por los mismos profesores sin necesidad de auxiliares. Quin que sepa, no ya lo que es ensear, pero aun siquiera aprender, podr figurarse que dos personas solas podrn desempear la enorme tarea que se imponen los dos directores del colegio de Puerto Prncipe? De los 18 ramos que se anuncian, hay unos que exigen varias subdivisiones y clases particulares, y otros, que aunque menos extensos y complicados, necesita cada uno de por s, de un profesor, para que los discpulos puedan aprender y el pblico quedar bien servido. Yo creo que los seores Fernndez y Peyrellade estn penetrados de esta verdad; y que si no hubieran cedido al espritu de imitacin, el catlogo de los ramos de su enseanza hubiera sido ms corto, pero tambin ms perfecto. Cayeron, a nuestro entender, en el vicio comn del da. Raro es el maestro o director que no se empee en captar el favor pblico por medio de grandes promesas, y muchos se consideran deslucidos, si no suenan los nombres rimbombantes en que pretenden fundar la bondad de sus establecimientos. La calidad ms que la cantidad debe ser la norma de todos ellos. Si ambas pueden reunirse, hgase enhorabuena; pero cuando no pueden conciliarse, limtese la enseanza para que as sea til. Vale ms sentarse a una mesa frugal, cuyos pocos platos estn bien sazonados, que no a un banquete donde relumbrando la vajilla, los alimentos estn crudos o muy mal condimentados. Otro de nuestros reparos es, que se omiten algunos ramos, y que a otros se da una prelacin que no merecen. Se ensear filosofa moral, matemticas, oratoria, etc., pero ni una palabra se dice acerca de la lgica, ciencia necesaria para dirigir nuestras ideas, y que si se enseara como debe, podra ponerse al alcance de los discpulos, pues si bien es complicada y atormentadora en los libros, es sencilla en la boca de un buen maestro. Se ensear oratoria en aquel colegio; pero se podr ensear bien, si el discpulo no sabe todava el modo de arreglar las ideas, sin las cuales no puede orar? Algo diramos sobre el estudio de la oratoria en estos colegios; pero la naturaleza de este artculo nos prescribe un estrecho lmite. El griego, el baile, la msica vocal, y otros ramos se ensearn tambin a todos los alumnos del colegio; pero el ingls, el italiano, y la msica instrumental slo a quienes lo soliciten. Quisiramos que estos tres ltimos ramos, y principalmente el ingls, se sustituyesen a los tres primeros; porque, en realidad, de qu provecho puede ser el estudio del griego a un joven de Puerto Prncipe? Quiz no sacar otro en todo el curso de su vida, que el de la lectura de algunos clsicos de la Grecia; pero en la marcha de los negocios de aquella ciudad no se le encontrar

PAGE 11

JOS ANTONIO SACO /5 /5 /5 /5 /5 aplicacin. El ingls, por el contrario, es la lengua del comercio y de uno de los pueblos ms grandes de la tierra; y aun cuando prescindiramos de estas consideraciones, el estado particular de Puerto Prncipe debe inducir a sus habitantes a darle la preferencia, porque casi todo su comercio est en poder de los norteamericanos, cuyas relaciones se irn aumentando cada da. No se ensea en el colegio la tenedura de libros? No indica esto que se les quieren dar rudimentos para que sigan la carrera del comercio? Y siendo as, por qu se les escasea con mezquina mano el conocimiento de una lengua, que puede llamarse mercantil por esencia? El italiano, aunque no tan necesario para nosotros como el ingls, ocupa un lugar mucho ms preferente que el griego, pues la riqueza de su literatura, la variedad de sus descubrimientos cientficos y su armona y delicadeza para el canto, son otros tantos motivos que tenemos para cultivar una de las lenguas ms hermosas y sonoras. Y si a la enseanza del griego debe anteponerse la del ingls e italiano, no deber tambin preferirse el estudio de estas dos lenguas al del baile? ste es un adorno, que de puro comn, nada tiene de particular; y no ofrece carrera ni ocupacin aun a los ms aventajados, pues dos o cuatro maestros de baile bastan para satisfacer las necesidades de un pueblo numeroso. Si nuestros colegios han de ser el plantel donde se forme la juventud, es menester organizarlos conforme a nuestras necesidades. Qu importa a los padres de familia, que despus de haber tenido a sus hijos cuatro o seis aos en uno de esos establecimientos, y gastado en ellos centenares o millares de pesos, salgan traduciendo a Demstenes y Homero, o bailando una gavota, si cuando llegue el da de darles alguna carrera, de nada les sirve lo que aprendieron? Bastante tiempo han perdido los hombres. Largo ha sido el divorcio entre las ideas y los hechos, entre la teora y la prctica. Mil veces se ve que un pueblo sabe una cosa, conoce su utilidad, y, sin embargo, no la aplica, aun cuando tenga medios para ello. Tal conducta proviene en mucha parte del sistema de la educacin, pues ensendose una muchedumbre de cosas que no se pueden jams realizar, el entendimiento se acostumbra a un plan de teoras; y como el hombre forma su carcter mucho ms temprano de lo que generalmente se cree, las ideas que recibi en la juventud, extienden su influjo a la mayor edad. En ningn pueblo se debe trabajar ms que en el nuestro para lograr la feliz asociacin de la teora con la prctica Por desgracia siempre tenemos un proyecto entre manos; lo discutimos, lo reglamentamos; pero cuando de las palabras se pasa a la ejecucin, todo se suspende y se difiere para un trmino indefinido. Hablemos menos y operemos ms. Por largos aos hemos sido los hombres de las teoras ; empecemos ya a ser los hombres de los hechos

PAGE 12

ANLISIS ANLISIS ANLISIS ANLISIS ANLISIS POR DON JOS ANTONIO SACO DE UN POR DON JOS ANTONIO SACO DE UN POR DON JOS ANTONIO SACO DE UN POR DON JOS ANTONIO SACO DE UN POR DON JOS ANTONIO SACO DE UN P P P P P APEL INTITULADO: APEL INTITULADO: APEL INTITULADO: APEL INTITULADO: APEL INTITULADO: ST ST ST ST ST A A A A A TE OF THE COMMERCE OF TE OF THE COMMERCE OF TE OF THE COMMERCE OF TE OF THE COMMERCE OF TE OF THE COMMERCE OF GREA GREA GREA GREA GREA T BRIT T BRIT T BRIT T BRIT T BRIT AIN WITH REFERENCE TO COLONIAL AIN WITH REFERENCE TO COLONIAL AIN WITH REFERENCE TO COLONIAL AIN WITH REFERENCE TO COLONIAL AIN WITH REFERENCE TO COLONIAL AND AND AND AND AND OTHER PRODUCE, FOR THE YEAR 1831 OTHER PRODUCE, FOR THE YEAR 1831 OTHER PRODUCE, FOR THE YEAR 1831 OTHER PRODUCE, FOR THE YEAR 1831 OTHER PRODUCE, FOR THE YEAR 1831. PUBLISHED IN LONDON B PUBLISHED IN LONDON B PUBLISHED IN LONDON B PUBLISHED IN LONDON B PUBLISHED IN LONDON B Y TRUEMAN AND COOK Y TRUEMAN AND COOK Y TRUEMAN AND COOK Y TRUEMAN AND COOK Y TRUEMAN AND COOK (Estado del comercio de la Gran Bretaa (Estado del comercio de la Gran Bretaa (Estado del comercio de la Gran Bretaa (Estado del comercio de la Gran Bretaa (Estado del comercio de la Gran Bretaa con referencia a los productos coloniales y de otra con referencia a los productos coloniales y de otra con referencia a los productos coloniales y de otra con referencia a los productos coloniales y de otra con referencia a los productos coloniales y de otra especie, para el ao 1831. Publicado en Londres especie, para el ao 1831. Publicado en Londres especie, para el ao 1831. Publicado en Londres especie, para el ao 1831. Publicado en Londres especie, para el ao 1831. Publicado en Londres por Trueman y Cook.) por Trueman y Cook.) por Trueman y Cook.) por Trueman y Cook.) por Trueman y Cook.)(El anlisis se imprimi en 1832, en el nmero 6 de la Revista Bimestre Cubana .) El ttulo del pequeo cuaderno que tenemos a la vista, basta por s solo para llamar la atencin de nuestros lectores cubanos. Trtase en l nada menos que de la importacin, exportacin y consumo de azcar, caf, algodn, ail, etc., en estos ltimos cuatro aos. No todos estos frutos merecen entre nosotros la misma consideracin; pero, pues, se habla de azcar y caf, a ellos ms que a los otros debemos dedicar las pginas de este artculo. Las importaciones de azcar hechas en la Gran Bretaa, han sido en los cuatro aos siguientes: 1828182918301831 ToneladasToneladasToneladasToneladas De las colonias britnicas198 400195 230185 600183 500 Isla Mauricio18 57014 58023 74025 100 Bengala6 6358 70010 1807 870 Siam y Manila1 1751 6005 6003 870 Cuba1 9005 3006 0606 610 Brasil4 9404 6805 48020 960 Azcar quebrado, extrado de la miel de purga 13 0109 9505 6208 920 Toneladas244 630240 040242 340256 830

PAGE 13

JOS ANTONIO SACO /7 /7 /7 /7 /7 Las exportaciones de azcar en bruto hechas por la Gran Bretaa en los mismos cuatro aos, fueron Agregando a estas sumas las cantidades de azcar refinada, se obtiene un total de exportacin: Los sobrantes que al fin de cada ao quedaron en los depsitos de la Gran Bretaa, ascendieron De estos datos resulta que el consumo de la Gran Bretaa fue Aunque el consumo de 1829 fue menor que el de 1828, el de 1830 y 31 ha excedido a los dos anteriores. Sin los graves derechos que paga el azcar en aquella nacin, su consumo habra sido mucho mayor; pero, a pesar de esto, se ha aumentado considerablemente, pues de casi 100 000 toneladas a que llegaba en 1800, hoy sube a ms de 180 000; y los revisores de Edimburgo opinan, que, a no haber sido por los derechos tan excesivamente opresivos, su consumo ascendera hoy por lo menos a 250 000 toneladas. Subiendo a perodos anteriores, nos encontramos con el dato importante de que siendo el consumo de la Gran Bretaa en 1700 de 10 000 toneladas, ya en 1830 se haba elevado a 179 000; esto es, a casi 17 veces ms que en aquel aos; mientras que de entonces ac, la poblacin solamente se ha aumentado uno y medio, pues el Reino Unido tena en 1700 poco ms o menos de 9 millones, ahora cuenta de 22 a 23. Los derechos impuestos sobre el azcar han subido, durante los 130 aos indicados, de 3 300 libras esterlinas a 4 576 000. Las importaciones de las Antillas inglesas en 1831, comparadas con las de 1830, presentan un dficit de 2 160 toneladas; y las de las Indias1828182918301831 Toneladas18 55016 30019 55025 090 1828182918301831 Toneladas59 08027 72066 55071 540 1828182918301831 Toneladas53 63565 32560 20063 980 1828182918301831 Toneladas177 880168 670179 270181 510

PAGE 14

OBRAS 8\ 8\ 8\ 8\ 8\ Orientales, de 4 040; formando una baja de 6 200 toneladas. sta ha sido compensada con la importacin de la isla Mauricio que excedi a la del ao anterior en 1 360 toneladas; con la de Cuba, y principalmente del Brasil, en 16 030; y con la del quebrado extrado de la miel de purga, que ascendi a 3 300 toneladas. De todo esto resulta, que el ao de 1831 tuvo sobre el de 1830 un aumento de 14 490 toneladas. Las convulsiones polticas que han agitado la Europa, y el terror infundido por el clera morbo han disminuido all las importaciones de 1831 respecto de las del ao anterior, en 19 350 toneladas; y aunque se aumentaron en la Gran Bretaa, todava no fueron suficientes para llenar el vaco que se advierte en las importaciones del continente. stas ascendieron en toda Europa: Toneladas ————— En1830 a ...................................................... 488 340 1831 a ...................................................... 483 480 ————— Dficit ..............................................................4 860 Las cantidades que quedaron en depsito en 1831, fueron 12 480 toneladas menos que en 1830. As se comprueba, examinando los estados siguientes: Los autores del cuaderno que examinamos, conocen la dificultad de dar una idea exacta del azcar que necesita el mundo para su consumo. Presentan, sin embargo, respecto de Europa los datos siguientes.Importacin Gran BretaaFrancia Alemania y Bltico Pases Bajos y Holanda MediterrneoTotal ToneladasToneladasToneladasToneladasToneladasToneladas 1828244 63093 50082 00035 00019 000474 430 1829240 040102 50070 00044 00023 500480 040 1830242 340100 00085 00033 00028 000488 340 1831256 830 99 00065 64029 06032 950483 480 Cantidades que quedaron en depsito 182853 63520 00024 5004 8006 200109 135 182965 32522 00016 60011 0006 400121 325 183060 20034 00030 8005 00013 800143 800 183163 98029 00023 1405 2809 920131 320

PAGE 15

JOS ANTONIO SACO /9 /9 /9 /9 /9 Toneladas ————— Gran Bretaa e Irlanda ................................................. 185 000 Francia .............................................................64 000 Idem azcar de remolacha ............................6 000 Mediterrneo y mar Negro .......................................... 40 000 Pases Bajos y Holanda.................................................47 000 Alemania ..........................................................................43 000 Espaa, Portugal, etc. ...................................................10 000 Rusia y puertos del Bltico ...........................................18 000 Dinamarca, Noruega y Suecia .....................................8 000 ————— 421 000 Juzgan tambin que la Amrica necesita ms de 70 000 toneladas; y aunque no determinan cantidades respecto del golfo Prsico, de la Nueva Gales del Sur, Tierra de Van Diemen y otros pases, dicen que el consumo no deja de ser considerable. En medio de la incertidumbre que ofrece la tabla anterior, no podr menos de notarse, que siendo la poblacin de la Gran Bretaa de 22 000 000 y la de Francia de 33 000 000, el consumo de aqulla asciende a 185 000 toneladas, y el de sta, slo a 70 000. Aumentado considerablemente el consumo, no slo en la Gran Bretaa, sino tambin en las dems naciones, parece natural que el precio del azcar, lejos de haber bajado, debiera haber subido. Tal habra sido el resultado, si los productos no hubiesen excedido las necesidades generales; pero aqullos se han aumentado tanto, que pases que antes, o no daban o producan poco azcar, hoy derraman cantidades considerables en varios puntos del globo; y aunque el abatimiento del precio ha puesto este fruto al alcance de muchos que antes no podan consumirlo, el equilibrio est tan alterado, que sin ms consumo o menos produccin, su precio no podr levantarse. No falta quien piense, que ste an tiene que bajar; y cuando contemplamos la rapidez y extensin que su elaboracin va tomando, no sera extrao que as sucediese. Veinte aos ha que la Luisiana apenas produca azcar; pero de entonces ac ha sido su aumento tan considerable, que Nueva Orlens export en los aos de1827 a 281828 a 291829 a 301830 a 31———————————— Bocoyes60 00085 000 48 20090 000 Id. de miel de purga25 00038 00019 20034 000 70 000

PAGE 16

OBRAS 10\ 10\ 10\ 10\ 10\ La produccin de 1831 a 1832 no ha sido tan abundante como la de 30 a 31, porque las lluvias excesivas, y los vientos recios del ao prximo pasado, causaron mucho estrago en la Luisiana. Demerara casi ha duplicado su produccin en nueve aos, pues en 1816 rindi 323 443 quintales, y en 1824, 613 990. Todava este aumento ha sido mayor en Berbice durante el mismo perodo, pues habiendo dado en 1816, 15 308 quintales, su producto fue cudruplo en 1824, a saber 64 608. No tenemos datos positivos para fijar las cantidades que de entonces ac ha producido; pero bstanos saber que su aumento ha continuado. La isla Mauricio export 4 630 toneladas en 1825, y 30 000 en 1830. La de Java, 960 toneladas en 1825, y 4 400 en 1830. Manila, Filipinas, Siam y Bengala han aumentado tambin su produccin. El Brasil la ha ms que duplicado en 17 aos, y Cuba ha tenido tambin un aumento considerable. No tememos equivocarnos, si decimos que toda su produccin no lleg en 1800 a 200 000 cajas; mientras que en 1830, si no excedi, por lo menos subi a 600 000; es decir, que en el espacio de 30 aos se ha ms que triplicado. Para dar una idea de sus progresos, recordemos, que de 1760 a 1767 la extraccin de La Habana fue por trmino medio anual, de 13 000 cajas; pero cajas cuyo peso era, no como las de hoy, sino mucho menos. Si subimos a los aos anteriores, veremos que en la poca de la Compaa de la Habana fundada por Real Cdula de 18 de diciembre de 1840, la exportacin era tan miserable, que en un cuatrienio no alcanzaba ni aun a 21 000 arrobas. La tabla siguiente contiene el nmero de cajas exportadas por La Habana desde fines del pasado siglo hasta el ao de 1831.AosCajasAosCajasAosCajas 1786 63 2741802204 4041818207 378 1787 61 2451803158 0731819192 743 1788 69 2211804193 9551820219 593 1789 69 1261805174 5441821236 669 1790 77 8961806156 5101822261 795 1791 85 0141807181 2721823300 212 1792 72 8541808125 3751824245 329 1793 87 9701809238 8421825207 919 1794103 6291810186 6721826271 014 1795 70 4371811150 2681827264 940 1796120 3741812118 3121828268 586 1797118 0661813173 9401829260 857 1798134 8721814176 3521830315 757 1799165 6021815214 1111831275 001 1800142 0971816200 487 1801159 8411817217 009

PAGE 17

JOS ANTONIO SACO /11 /11 /11 /11 /11 Cuando se considera la extensin que todava se puede dar al cultivo de la caa en los pases mencionados, entonces se conoce el fundamento que tienen algunos para decir “que aunque la demanda de azcar fuese diez veces mayor que la cantidad presente, bien podran venderse sin ningn aumento material en el precio”. Las alteraciones que ha experimentado la produccin del azcar en 17 aos son tan extraordinarias, que la siguiente tabla comparativa se leer con inters. En 18141830 ———————— Colonias britnicas. T oneladas .............. 190 000185 000 Isla Mauricio...... ....................... ................6 00030 000 Colonias francesas ...................................60 00095 000 Colonias holandesas y dinamarquesas.35 00030 000 Cuba...........................................................50 00090 000 Brasil ..........................................................30 00070 000 Norteamrica ............................................10 00038 000 Posesiones britnicas y de otras naciones en la India ................................. 20 00025 000 Azcar de remolacha ...............................6 000 ———————— Toneladas ............ 401 000569 000 Esta tabla manifiesta, que desde la terminacin de la guerra europea, ha habido un aumento de 168 000 toneladas. Cuba, en este perodo, casi ha duplicado su produccin; pero el Brasil nos ha excedido proporcionalmente, pues de 30 000 se ha elevado a 70 000 toneladas. Las posesiones de la India solamente han aumentado un quinto; mas, la isla Mauricio ha quintuplicado su produccin en el mismo tiempo. Dbese esta diferencia, a que los ingleses pueden establecerse libremente en Mauricio, mientras que las restricciones que existen en el vasto territorio de la compaa de la India, cierran la puerta a la industria britnica, dejando la produccin de aquel precioso artculo en manos de los pobres, indolentes e ignorantes naturales. El da que la Inglaterra rompa las trabas que hoy detienen el progreso de su industria colonial en las frtiles regiones de la India, se abrir una nueva fuente a los mercados de Europa, y las copiosas avenidas de este fruto causarn algunas alteraciones en la balanza mercantil de los pueblos. “Pero el punto ms importante que ofrece esta tabla, dicen los autores del cuaderno que revisamos, es que mientras se ha producido tanta azcar en las posesiones extranjeras, se ha disminuido en nuestras colonias. Este contraste manifiesta claramente, cuan perjudicial debe haber sido al hacendado britnico la continuacin del comercio de esclavos por otras naciones: y de los documentos presentados ltimamente a

PAGE 18

OBRAS 12\ 12\ 12\ 12\ 12\ la Cmara de los Comunes aparece, que mientras un esclavo cuesta en las colonias britnicas 87 libras esterlinas, un africano recin importado se compra en Cuba, el Brasil, etc., por casi 45 libras”. Sin negar que esta causa haya influido algn tanto en los males que se lamentan, juzgamos que se le da ms influjo del que realmente ha tenido. Es cierto que los africanos importados en Cuba se han vendido en estos ltimos aos a precios muy baratos; pero tambin lo es, que ella ha progresado, aun en circunstancias en que el valor de los esclavos era subido. Disposiciones anteriores a la abolicin del trfico africano, y nacidas de una poltica equivocada, son las causas principales que hoy amagan la existencia de las Antillas britnicas. La importancia poltica de estas islas, el riesgo inminente que corren, y los 150 millones de capital que se suponen invertidos en ellas por sbditos ingleses, han despertado al fin la atencin pblica y dirigdola a investigar el origen de sus males. El abatimiento en que hoy se hallan las colonias inglesas, no depende, como piensan algunos, del estado floreciente de la isla de Cuba, del Brasil y otros pases que producen azcar, sino de su exclusin de los mercados ms baratos donde podran comprar sus vveres y maderas, y de los exorbitantes derechos que pagan sus frutos, cuando son importados en la Gran Bretaa. Antes de la guerra de la independencia de los Estados Unidos, stos provean enteramente a las colonias inglesas de maderas, harina, caballos, carne y otros artculos que no slo eran all mucho ms abundantes y baratos que en el Canad, sino que su flete era tambin menos costoso, por ser mucho ms corta la distancia. Siguiendo este sistema, nos dijo Bryan Edwards desde el siglo pasado, que el azcar y el ron de las colonias se aumentaron maravillosamente, y que las rentas, navegacin y comercio general de la Inglaterra se multiplicaron y extendieron. Pero emancipados los Estados Unidos, se les priv de comerciar en buques propios con las colonias; y so pretexto de favorecer el comercio nacional y la exportacin de harinas y maderas canadienses, se dio a las Antillas un golpe mortal. Heridas profundamente, alzaron el grito hasta la metrpoli, y penetrado Pitt de la justicia de sus clamores, present un bill para restablecer las interrumpidas relaciones entre las colonias y Norteamrica. El srdido inters de los comerciantes y navieros canadienses, y la animosidad nacional que entonces reinaba contra los Estados Unidos, prepararon sus armas para calumniar a los habitantes de las colonias, y destruir los planes que trazaban la justicia y la sabidura. Destruyronlos en efecto, y desechado al bill que Pitt present al Parlamento, las colonias se vieron condenadas a sufrir las tristes consecuencias de un mezquino monopolio. A los males ocasionados por la poltica se juntaron los de la naturaleza. Las tierras de Jamaica y de otras Antillas inglesas no son tan frtiles como las de Cuba y del Brasil, y cansadas adems por un largo

PAGE 19

JOS ANTONIO SACO /13 /13 /13 /13 /13 trabajo, es evidente que en igualdad de circunstancias han de producir menos. Por otra parte, los furiosos huracanes que azotan a las Antillas, las reducen casi siempre a la escasez, y a veces tambin al hambre. Ante que sus puertos no estuviesen cerrados para los Estados Unidos, apenas llegaban a ellos la triste noticia de alguno de estos accidentes, cuando veleras naves volaban a darles pronto socorro; mas, luego que cambiaron las circunstancias, el nico consuelo que les quedaba, ya no poda venirles sino de pases lejanos, y cuya navegacin est obstruida por los hielos en mucha parte del ao. Tremendos huracanes soplaron en Jamaica de 1780 a 1787; y la miseria fue tan grande, que 15 000 negros murieron vctimas del hambre y de los malos alimentos. Pero tantos sacrificios redundaban a favor de la Gran Bretaa, ni se comparaba con ellos la exclusin del comercio entre las colonias y los Estados Unidos? No, que no podan: porque incapaces los canadienses de abastecer las necesidades de aquellos mercados, tuvieron que ocurrir a Norteamrica para obtener los frutos que haban de llevar a las colonias, las cuales venan, al fin, a proveerse por un medio indirecto y a caros precios, de los artculos norteamericanos, que tan pronto como baratos hubieran debido recibir directamente. Los revisores de Edimburgo piensan, que tan violento estado no hubiera podido subsistir por largo tiempo sin la catstrofe de Santo Domingo; pero habiendo desaparecido repentinamente del consumo la gran masa de azcar que produca aquella isla, pues que entonces era la fuente principal que abasteca los mercados, sus precios se levantaron a tal altura, que a despecho de la ruina con que el monopolio amenaza a las colonias, pudieron sacar por algn tiempo ventajas considerables; ¡cun cierto es, que la prosperidad tempornea de los pases no siempre es el resultado de las disposiciones de los gobiernos, sino de contingencias que el hombre o no prev, o no puede evitar! De las ruinas de Santo Domingo sali el impulso con que Cuba y otros pueblos han volado rpidamente, y establecindose una competencia productora, los altos precios que enriquecieron a algunos hacendados, empezaron a bajar hasta que, en 1806, volvieron a su antiguo nivel. Sintironse otra vez los males; pero los colonos ingleses, lejos de buscar el verdadero remedio, trataron de forzar los precios con medidas inconducentes, echando sobre ajenos hombros la carga que los oprima. As continuaron las cosas hasta 1821, en que empezando los ministros de la Gran Bretaa a dudar de la bondad del sistema establecido, lograron que se hiciesen algunas modificaciones. Tratose de nuevo esta materia importante en 1825, y nos complacemos en repetir lo que M. Huskisson dijo en su discurso al Parlamento: “Yo conozco claramente, que el sistema de exclusin y monopolio ha impedido la prosperidad de las colonias... todo lo que se dirige a aumen-

PAGE 20

OBRAS 14\ 14\ 14\ 14\ 14\ tar la prosperidad de las colonias, no puede menos por ltima consecuencia, que adelantar en igual grado los intereses generales de la madre patria... A excepcin de algunos artculos que ser necesario prohibir, tales como armas de fuego, pertrechos de guerra, azcar, ron, etc., yo propongo que haya un comercio libre entre todas nuestras colonias y los otros pases”. Estos esfuerzos no produjeron ningn efecto saludable, porque, aunque se permiti la importacin de artculos extranjeros en las colonias, fueron enormes los derechos, que el sistema anterior, si bien fue abolido nominalmente en muchas partes, qued ntegro en realidad. Mandose que las contribuciones se empleasen en beneficio de las colonias; pero su resultado fue tan pequeo, que habiendo ascendido el ao de 1829, ltimo a que alcanza la liquidacin de estas cuentas, a 75 340 libras esterlinas, los gastos de su recaudacin importaron 68 028, que es decir un 90 %; quedando, por consiguiente, a favor de las colonias el residuo miserable de 7 312 libras. Resentidos los norteamericanos del sistema britnico, continuaron un comercio indirecto con las colonias, enviando sus efectos a las islas neutrales, y principalmente a San Toms, transbordndolos de all a buques ingleses, y llevndolos ltimamente a Jamaica, donde entraban recargados de los gastos inherentes a tantos manejos y demoras. Tan graves son los prejuicios ocasionados por este sistema, que, segn los papeles presentados al Parlamento, ascienden anualmente a ms de un milln de libras esterlinas. “El hecho es, usando del lenguaje de un clebre peridico ingls, que nosotros no tenemos sino una alternativa, o abolir enteramente el sistema del monopolio, o abandonar las islas que hacen azcar...”. Pero no basta destruir las cadenas que oprimen al comercio colonial. “Lo que inmediatamente debe hacerse, contina el mismo peridico, es disminuir los derechos del azcar y de otros artculos coloniales. La cortsima reduccin de 27 a 24 chelines por quintal ha producido en el consumo del semestre que acaba el 5 de julio de 1831, un aumento de 33 936 000 libras de azcar, comparado con el semestre correspondiente al ao anterior”. Al concluir esta parte de nuestro artculo, relativa al azcar, no podemos menos que transcribir un prrafo en que la Revista de Edimburgo del prximo diciembre, hablando de los intereses coloniales, se expresa as: “Los hacendados de nuestras colonias ansan con extremo, que si es posible, se ponga un trmino a las importaciones de negros en Cuba, el Brasil y otros pases. Su ansiedad en este punto no es por cierto mayor que la del gobierno; pero nosotros no podemos dar la ley a otros pueblos, y si hemos de obtener algn resultado, debe ser por medio de negociaciones. Sin embargo, debemos de esperar, que miras ms exactas y menos limitadas acerca de sus propios intereses, inducirn a todas las naciones, dentro de un perodo no distante, a abolir este trfico infame,

PAGE 21

JOS ANTONIO SACO /15 /15 /15 /15 /15 as en el hecho como en el nombre, concedindose mutuamente el derecho de registrar los buques, y de tratar como piratas a los que hicieren este comercio. Nada menos que esto es lo que conviene hacer; y confiamos en que una medida de esta especie ser universalmente adoptada”. ¡Quiera Dios que los habitantes de la isla de Cuba lean estos renglones con toda la atencin que merecen; y que penetrados de la fuerza de su sentido, vayan haciendo con prudencia las reformas que ya pide el tiempo, y arranca la necesidad. No hay que alucinarnos con quimeras. El inters seductor levantar su engaosa voz para adormecernos, pero el amor a la patria debe despertarnos, para que empleando desde ahora nuestros esfuerzos, aseguremos la felicidad de nuestros hijos, y la existencia del pas que nos dio el ser. Pasando del azcar al caf, se encuentran en el cuaderno que examinamos algunos datos interesantes. Desde fines de 1830 se presagi, que el precio de este fruto adquirira un aumento considerable, y la experiencia ha venido a confirmar tan halagea conjetura. Nivelado el consumo con la produccin, y abatido el precio a tal punto que ya no recompensaba los gastos y fatigas del hacendado, razn haba para esperar la feliz mudanza que hemos visto. Las importaciones de caf en Europa han sido menores en 1831 que en 1830. As lo indica la tabla siguiente: Aparece, pues, que aunque la importacin en la Gran Bretaa fue en 1831 mayor que en 1830, hubo, sin embargo, en la importacin total de aquel ao un dficit de 19 060 toneladas. Esta diferencia depende principalmente de las grandes cantidades que fueron llevadas a los Estados Unidos, pues los norteamericanos compraron en Batavia mucha parte de la cosecha; y de las 17 000 toneladas que se exportaron de La Habana y Matanzas en 1821, los norteamericanos embarcaron para su pas 11 900; siendo as que de las 14 200 de 1830, solamente sacaron 4 200. A fines del ao pasado se haban ya extrado de Ro Janeiro 28 000 toneladas, y de este nmero, 8 000 fueron exportadas para Norteamrica; mientras que durante el mismo perodo de 1830, an quedaba por extraer la mitad de la cosecha que ascenda a casi 30 000 toneladas.Gran Bret. Amberes Hamburg Bremen Amsterd. Roterd. 1830Toneladas18 28521 20020 2504 960 9 000 4 500 183119 355 5 13017 3804 33010 70011 740 Francia Mediter. S. Petersb. Copenhague Total 1830Toneladas15 00012 100 5001 10010 6895 183110 000 6 4301 2001 570 87 835

PAGE 22

OBRAS 16\ 16\ 16\ 16\ 16\ Entre los pases que producen caf, la isla de Java que tanto medra en otros ramos, va disminuyendo su cultivo. Por noticias oficiales sabemos que su exportacin fue desde 1825 en los trminos siguientes: En 182518261827182818291830 ——–——–——–——–——–——– Toneladas16 50020 19023 69024 80017 8106 300 Este dficit no procede de malas cosechas, como pudiera creerse equivocadamente, sino de que los habitantes de Java se dan con preferencia al cultivo de la caa y del ail. Desde que la Gran Bretaa disminuy los impuestos sobre el caf, su consumo se ha aumentado considerablemente, pues habiendo sido de 1 100 000 libras en 1807, ya en 1825 fue de 22 millones; y las rentas de este ramo han subido de 160 000 libras esterlinas a 600 000. Si se rebajasen los 58 chelines que paga todava por quintal, que es decir, un 150 % el de inferior calidad, y un 100 % el de buena, no cabe duda en que su uso se extendera extraordinariamente. Mas, a pesar de esto, y de la alza que han experimentado los precios, su consumo se ha aumentado, pues en 1829 ascendi a 7 985 toneladas; en 1830, a 9 695; y en 1831, a 9 865. No correspondiendo la exportacin a la importacin que se hace en los Estados Unidos, es preciso que el consumo sea considerable. Efectivamente, si comparamos el de 1821 con el de 1831, veremos que se ha triplicado en el trmino de diez aos, pues en aqul fue de 6 680 toneladas, y en ste se cree que lleg a 20 000. Este aumento procede, en gran parte, de la reduccin de 5 a 2 centavos por libra. El consumo general de caf en Europa durante el ao 1831 an era desconocido a los autores del cuaderno que nos ocupa. Respecto de los sobrantes que quedaron en Europa los dos aos anteriores, se observar por la tabla siguiente que en 1831 hubo 11 700 toneladas menos que en 1830. No soltaremos la pluma sin tirar algunos rasgos sobre el cultivo del ail en la isla de Cuba. Muchos aos ha, que se estn haciendo ensayosGran Bret. Amberes Hamburg Bremen Amsterd. Roterd. 1830Toneladas13 4204 00010 7002 0005 8003 600 183112 5302 7507 3701 8005 0704 600 Francia Mediter. S. Petersb. Copenhague Total 1830Toneladas5 3004 300 30085050 270 18312 000 9601 00049038 570

PAGE 23

JOS ANTONIO SACO /17 /17 /17 /17 /17 entre nosotros para extraer la tinte preciosa de esa planta, y abrir con ella una nueva fuente de riqueza pblica. No es del momento trazar la historia de estos ensayos, ora felices, ora desgraciados; pero s lo es, hacer algunas indicaciones que sirvan para conocer si el cultivo del ail en Cuba ser til o perjudicial. Para que los capitales se empleen en la produccin de algn fruto, no basta contar con la capacidad del terreno, ni con la influencia favorable del clima, sino que es preciso, adems, atender a las circunstancias en que se hallan otros pases respecto del mismo cultivo. Sabemos que la calidad del ail de la isla de Cuba no es igual a la del de la India o Guatemala; pero aun suponiendo que lo sea, bastar esto para que nos presentemos como rivales en los mercados de Europa? Reflexionemos por un instante que Guatemala, la isla de Java, Madras y otros puntos de la India Oriental producen ail; pero este ramo lejos de florecer en todos ellos, unos han sido de tal manera perjudicados por la concurrencia de otros, que su cultivo ha ido decayendo en Guatemala y Madras. Este pas ha reducido su produccin en los tres ltimos aos a menos de la cuarta parte, pues habiendo sido de 3 000 cajas en 1829, ya en 1830 fue de 2 000 y en 1831 solamente lleg a 700. Guatemala que se hizo clebre por sus ailes, export a fines del siglo pasado una cantidad mucho mayor que en todos los aos del presente. En el decenio de 1791 a 1800 produjo 8 752 562 libras; mas, en el decenio de 1809 a 1818 ya la produccin estuvo reducida a casi la mitad, a saber, 4 594 078. Y tal ha sido de entonces ac el impulso dado a los ailes de la India con la abolicin parcial del monopolio que absolutamente rigi en aquellas posesiones hasta el ao de 1814, que la tinte preciosa de Guatemala se vio despreciada en los mercados de Europa. “Todo el comercio y manufactura del ail,1 que produce una exportacin de casi dos millones al ao, es una creacin del sistema libre. l es casi el nico ramo de industria que a los ingleses se ha permitido ejercer en la India; y la consecuencia ha sido, que con los adelantos notables introducidos en esta manufactura, por su habilidad, capitales y energa, el ail ha tenido tales mejoras, que el artculo americano casi ha sido expulsado del mercado, y nuestro comercio se ha extendido sobre las bases ms seguras”. Nada importa decir que la disminucin del ail de Guatemala proviene de las disensiones polticas que la han agitado; porque adems de que su produccin empez a disminuir considerablemente desde mucho antes de la revolucin, esta causa solamente habra influido en la menor cantidad de sus producciones, y no en el abatimiento de los precios europeos. stos, al contrario, deberan haberse levantado, pues que disminuidas las cosechas americanas, la concurrencia general era menor. 1 Revista de Edimburgo perteneciente a diciembre de 1828.

PAGE 24

OBRAS 18\ 18\ 18\ 18\ 18\ Pero qu importa, se dir, qu importa que otros pases se hayan perjudicado? Est Cuba por ventura en las circunstancias que ellos? Cabalmente por no estarlo, nos parece arriesgado este cultivo. La India, que sera nuestro rival formidable, ofrece un campo inmenso, donde pueden escogerse los mejores terrenos y comprarse a precios muy baratos; est regada de ros caudalosos por donde puede conducir fcilmente sus frutos; y tiene muchos brazos, cuyos jornales son muy bajos. Un pas que se presenta con tantas ventajas, qu esperanza puede dejar al que carece de ellas como el nuestro? Si los excelentes ailes de Guatemala se han visto menospreciados en Europa por la concurrencia de los de la India, qu sera de los nuestros, que ni probablemente sern buenos, ni se podrn producir con menores o iguales gastos? Ni seran los pases fabricantes de ail nuestros nicos enemigos, pues que existen sustancias vegetales y preparaciones qumicas con que puede suplirse el color de aquella planta. Tales son los obstculos con que, a nuestro entender, tropezara el hombre que acometiese la empresa del cultivo del ail; mas, no por esto se crea que pensamos desalentar a los que de buena fe y por el bien de la patria quieran hacer algunos ensayos. Desearamos de corazn que este cultivo produjese un resultado feliz, y que elevndose a la altura de los otros que forman nuestra riqueza, emplease grandes capitales, y diese ocupacin a tantos brazos como hoy la necesitan.

PAGE 25

I.— I.— I.— I.— I.— MEMOIRE SUR LE SUCRE DE BETTERA MEMOIRE SUR LE SUCRE DE BETTERA MEMOIRE SUR LE SUCRE DE BETTERA MEMOIRE SUR LE SUCRE DE BETTERA MEMOIRE SUR LE SUCRE DE BETTERA VES, VES, VES, VES, VES, ADRES ADRES ADRES ADRES ADRES S A M. D’ARGOUD, MINISTRE S A M. D’ARGOUD, MINISTRE S A M. D’ARGOUD, MINISTRE S A M. D’ARGOUD, MINISTRE S A M. D’ARGOUD, MINISTRE DU COMMERCE ET DES TRA DU COMMERCE ET DES TRA DU COMMERCE ET DES TRA DU COMMERCE ET DES TRA DU COMMERCE ET DES TRA V V V V V A A A A A UX P UX P UX P UX P UX P UBLIC UBLIC UBLIC UBLIC UBLIC S, S, S, S, S, P P P P P AR AR AR AR AR LE SIEUR ARSTIDES VINCENT LE SIEUR ARSTIDES VINCENT LE SIEUR ARSTIDES VINCENT LE SIEUR ARSTIDES VINCENT LE SIEUR ARSTIDES VINCENT F F F F F ABRIC ABRIC ABRIC ABRIC ABRIC ANT ANT ANT ANT ANT, ,ETC ETC ETC ETC ETC. AOUT 1831. AOUT 1831. AOUT 1831. AOUT 1831. AOUT 1831. ( ( ( ( ( Memoria sobre el azcar de remolacha, dirigida Memoria sobre el azcar de remolacha, dirigida Memoria sobre el azcar de remolacha, dirigida Memoria sobre el azcar de remolacha, dirigida Memoria sobre el azcar de remolacha, dirigida a M. D’Argoud, ministro de Comercio y de Trabajos a M. D’Argoud, ministro de Comercio y de Trabajos a M. D’Argoud, ministro de Comercio y de Trabajos a M. D’Argoud, ministro de Comercio y de Trabajos a M. D’Argoud, ministro de Comercio y de Trabajos Pblicos, por el seor Arstides V Pblicos, por el seor Arstides V Pblicos, por el seor Arstides V Pblicos, por el seor Arstides V Pblicos, por el seor Arstides V incent, fabricante, incent, fabricante, incent, fabricante, incent, fabricante, incent, fabricante, etc. Agosto 1831.) etc. Agosto 1831.) etc. Agosto 1831.) etc. Agosto 1831.) etc. Agosto 1831.) II.— AR II.— AR II.— AR II.— AR II.— AR TCULO DEL TCULO DEL TCULO DEL TCULO DEL TCULO DEL LUCERO DE LA HABANA LUCERO DE LA HABANA LUCERO DE LA HABANA LUCERO DE LA HABANA LUCERO DE LA HABANADEL 6 DE AGOSTO DE 1832 INTITULADO DEL 6 DE AGOSTO DE 1832 INTITULADO DEL 6 DE AGOSTO DE 1832 INTITULADO DEL 6 DE AGOSTO DE 1832 INTITULADO DEL 6 DE AGOSTO DE 1832 INTITULADO : : : : : “ “ “ “ “ AGRICUL AGRICUL AGRICUL AGRICUL AGRICUL TURA TURA TURA TURA TURA Y COMERCIO DE LA ISLA; PRECIOS CORRIENTES Y COMERCIO DE LA ISLA; PRECIOS CORRIENTES Y COMERCIO DE LA ISLA; PRECIOS CORRIENTES Y COMERCIO DE LA ISLA; PRECIOS CORRIENTES Y COMERCIO DE LA ISLA; PRECIOS CORRIENTES DE LOS FRUTOS, E INFL DE LOS FRUTOS, E INFL DE LOS FRUTOS, E INFL DE LOS FRUTOS, E INFL DE LOS FRUTOS, E INFL U U U U U JO QUE EN ELLOS P JO QUE EN ELLOS P JO QUE EN ELLOS P JO QUE EN ELLOS P JO QUE EN ELLOS P UEDE UEDE UEDE UEDE UEDE TENER EL EST TENER EL EST TENER EL EST TENER EL EST TENER EL EST ABLECIMIENTO DE UN BANCO” ABLECIMIENTO DE UN BANCO” ABLECIMIENTO DE UN BANCO” ABLECIMIENTO DE UN BANCO” ABLECIMIENTO DE UN BANCO”Cuando al principio del siglo que corremos, omos por la vez primera que Francia se empeaba en sacar azcar de la remolacha, quin haba de decirnos que un suceso feliz coronara sus esfuerzos, y que en el transcurso de pocos aos, esta raz, al parecer tan miserable, habra de entrar en competencia con las doradas caas de los trpicos? Quin haba de decirnos, que el incremento de su cultivo dara ocasin a los fundados temores de los hombres ms sensatos, y que el cristal precioso de nuestros ingenios sera sustituido en algunos mercados de Europa por el tosco grano de la remolacha? No son estas preguntas hijas de un vano recelo, ni de un cerebro exaltado; son s, la inspiracin de la verdad, que franca y sencilla viene a hablarnos, para que, conociendo nuestra situacin, sepamos dirigirnos en la crisis que nos amenaza. Despus de hacer el autor de la Memoria que nos ocupa algunas breves observaciones sobre la agricultura en general, pasa a dar la historia del azcar de remolacha, y a exponer el estado en que se halla su fabricacin en Francia. Achard, resucitando los planes de Margraff, hizo sus primeros ensayos en Castelnaudary, y de vuelta a su patria anunci

PAGE 26

OBRAS 20\ 20\ 20\ 20\ 20\ el xito de sus experiencias. “Es innegable, as se expresa el seor Vincent, que si Napolen hubiera apreciado menos la utilidad de este descubrimiento para la Francia, y no hubiera obligado a los sabios y fabricantes a crear esta nueva industria para la Europa, las aserciones de Achard an se tendran por quimeras, y este descubrimiento correra la misma suerte de tantos otros sepultados en el olvido. Pero gracias a la enrgica voluntad del grande hombre, la fabricacin del azcar se estableci en Francia, y se desenvolvi maravillosamente, cuando los acontecimientos de 1814 y 1815 vinieron a destruir todas las esperanzas que se haban podido concebir. La concurrencia, formidable entonces, de los azcares coloniales, haciendo imposible la lucha, abati el precio del azcar, y la industria indgena sucumbi. En 1820, las pocas fbricas que an no se haban arruinado, se preparaban para cerrarse, cuando en 1823, M. Crespel, hbil fabricante de Arras, poniendo ms cuidado en las operaciones, desplegando ms actividad, y haciendo algunas rectificaciones, volvi la vida a esta industria moribunda”. El ao de 1823 abri una nueva era para la fabricacin del azcar. Personas muy inteligentes se dedicaron a estudiar este ramo importante; abandonaron algunas de las prcticas establecidas; adoptaron el mtodo de la cochura del jugo; emplearon el carbn animal; e hicieron otras innovaciones y reformas, econmicas en los medios, y provechosas en sus resultados. A ellas se debe, segn dice el autor, que el azcar de calidad superior casi tan hermoso como el refinado se obtiene al mismo precio que el azcar bruto. Francia contaba el ao pasado ms de 200 fbricas de azcar de remolacha, y la produccin ascendi a 25 millones de libras.1 La remolacha contiene de 8 a 9 % de azcar en peso; pero la cantidad que se extrae de ella, solamente llega a 5 %. Trtase, pues, de perfeccionar los instrumentos para aprovechar los 3 o 4 % de azcar que se pierden en el estado actual de las fbricas. Un cilindro a manera de sierra, con dientes en la superficie exterior, y que se llama rpe es el instrumento de que se ha usado en Francia hasta ahora. Para operar con l, se le hace girar rpidamente, y empujada la remolacha contra el cilindro, se desbarata y convierte en una pasta blanda que se comprime en fuertes prensas hidrulicas. Si de este modo no extrae todo el jugo, es porque la remolacha se compone de unas esferas infinitamente peque1El nmero de fbricas en actividad desde el principio de la zafra en 1857 hasta fin de diciembre del mismo ao fue en Francia de 338, con un aumento de 45 respecto de igual perodo en 1856. Las fbricas que no trabajaron en 1857 fueron cinco, y todas se hallan en el departamento del Paso de Calais (Pas-de-Calais). El del Norte es el que tiene ms fbricas, y despus vienen los del Paso de Calais, del Aisne, y del Somme. La cantidad de azcar que se hizo en 1857, ascendi a 82 451 625 kilogramos; o sea, 28 471 759 ms que en 1856.

PAGE 27

JOS ANTONIO SACO /21 /21 /21 /21 /21 as, cuyo tamao las hace resistir a una presin muy fuerte. El jugo que contiene es de 98 % en peso, pues las capas o parenquimas de la remolacha solamente forman un 2 %. “Cuando se supiere, pues, extraer, as nos habla el seor Vincent, todo el jugo de la remolacha, se pueden conseguir 2 o 3 % ms de azcar que hoy, sin aumentar los gastos de fabricacin. Aun cuando no se obtuviere sino 1 %, esto sera un beneficio, y el precio del azcar bajara a seis y medio, o siete sueldos de libra. Se debe esperar que no est lejos la poca en que podremos venderla a cinco sueldos de libra.2 No tiene nada de quimrica la suposicin que hago aqu; M. Clement ha obtenido todo el jugo de la remolacha, o sea 98 %, pasndola por una rueda de molino. No siendo esto imposible, estoy autorizado para pedir al gobierno que ofrezca recompensas a los mecnicos que la hicieren practicable”. El autor hace un paralelo entre el azcar de la remolacha y el de la caa en las Antillas francesas, y cree que aqulla bien puede luchar ventajosamente con sta. Dos son los puntos en que se apoya para probar su asercin. 1 Una hectrea3 de tierra en las Antillas no contiene sino de 1 650 a 1 700 kilogramos4 de azcar; y de esta cantidad solamente se pueden extraer 1 500 kilogramos; pero el mismo espacio de tierra, sembrado en Francia de remolacha, contiene 2 300 kilogramos de azcar, y aunque no rinde sino 1 500, bien podr dar, cuando se rectifique el mtodo de su extraccin, de 2 000 a 2 500. 2 La caa ocupa exclusivamente el terreno durante 15, 18 y aun 20 meses; mas, la remolacha solamente lo ocupa seis. Nace de aqu, que en un ao se pueden obtener dos cosechas de remolacha; que mientras en las Antillas se consigue una de caa, en Francia se logran, adems de las dos de remolacha, otra de cereales; y que una hectrea de tierra sembrada de remolacha en Francia produce doble cantidad de azcar que el mismo terreno plantado de caa en las Antillas, pudiendo llegar al rendimiento de aqulla hasta el triple, luego que se introduzcan las mejoras que pide el estado de su elaboracin. Mas, podr la remolacha dar a la Francia todo el azcar que necesita para su consumo? He aqu una pregunta interesante. Ella consumo anualmente 60 millones de kilogramos. El producto del terreno es muy varia2Veintisiete aos han transcurrido, y todava no se ha realizado esta esperanza. El pueblo francs se dara por muy contento si pudiera comprar la libra de azcar, no en las fbricas, sino en el mercado, a diez o doce sueldos, y la de buena calidad jams la he visto pagar en Pars y en otras ciudades de Francia a menos de 15 o 16 sueldos. 3Es un cuadrado de 100 metros por lado. 4El kilogramo equivale a ms de dos libras castellanas: aqul tiene 1 000 grammas; y la libra, 460 09 grammas.

PAGE 28

OBRAS 22\ 22\ 22\ 22\ 22\ ble. Una hectrea rinde de 10 000 a 80 000 kilogramos de races. El resultado ordinario es de 25 a 30 000 kilogramos. Estos 30 000 dan 1 500 kilogramos de azcar; de suerte que para obtener los 60 millones de kilogramos que la Francia consume anualmente, se necesitarn 40 000 hectreas sembradas de remolacha; o sea, una superficie de casi 18 leguas. Este terreno, lejos de perder con el cultivo de la remolacha, producir cosechas de cereales ms ricas que antes. Es importante saber cules son los capitales, rendimientos y brazos empleados en el cultivo de la remolacha. Las 200 fbricas que haba en Francia el ao pasado, necesitaron para su creacin de un desembolso de 30 millones de francos; de los cuales, 10 000 se invirtieron en los gastos de cultivo y de los jornaleros. El nmero de stos asciende a 14 000, y las 8 000 hectreas sembradas de remolacha ceban casi 15 000 bueyes o vacas. Las 200 fbricas rinden casi 12 millones de kilogramos de azcar, y las ms tiles son las que producen de 50 000 a 225 000 kilogramos al ao. Las primeras necesitan de 70 jornaleros, esto es, un hombre para cada 750 libras de azcar; mientras que, en las colonias francesas, un negro produce 500 libras. Supuesto que el consumo anual de Francia se computa en 60 millones de kilogramos, ser preciso emplear, para obtenerlos, 80 000 jornaleros por el espacio de siete a ocho meses al ao, y construir 1 000 fbricas de la especie que hemos mencionado, en las cuales se podrn cebar 75 000 bueyes. Este ramo de industria ofrece la gran ventaja de ocupar a muchas mujeres y muchachos, que teniendo poca ocasin de trabajar para ganar la vida, se entregan a la vagancia. Pero qu capital se necesita para establecer las 1 000 fbricas que hayan de producir los 60 millones de kilogramos de azcar que consume la Francia anualmente? El autor de la Memoria cree que se deben emplear 150 millones de francos distribuidos en el orden siguiente: Millones ————— Edificios, casi ..................................................................40 Calderas y otros utensilios ...........................................30 Gastos de cultivo ............................................................15 Salarios de jor naleros ....................................................12 Tierras.............................................................................20 Compra de ganado .........................................................30 Otros gastos ....................................................................3 ————— 150

PAGE 29

JOS ANTONIO SACO /23 /23 /23 /23 /23 “Estos 150 millones, dice el seor Vincent, daran un inters que racionalmente se puede valuar en 15 %, o sea 22 500 000 francos, representando un capital de 450 millones con que se enriquecera la nacin”. A esas ventajas se agregan las que gana la agricultura francesa con el cultivo de la remolacha. Segn el lenguaje del autor, al paso que esta raz se va extendiendo, las tierras que no daban sino cosechas medianas de cereales, ya las producen muy abundantes; y el valor de las tierras y su arrendamiento suben mucho, porque los productos del arrendatario y del propietario aumentan. Multiplicando las plantas nutritivas, Francia se pondr al abrigo de las escaseces ficticias que la amenazan cada siete u ocho aos: se criar y alimentar mayor nmero de ganado, y los franceses cesarn de ser tributarios de la Alemania en cuanto a los animales, bajando, por consecuencia, el precio de ellos de tal manera, que los habitantes del campo que en las dos terceras partes de la Francia nunca comen carne, podrn alimentarse con ella. El ejrcito tampoco necesitar de comprar los caballos alemanes; ni la nacin de surtirse de cueros en los mercados de Buenos Aires y del Brasil. Para fomentar la fabricacin del azcar de remolacha en Francia, y hacer bajar el precio de este fruto de 8 o 10 sueldos a 5 o 6 la libra y an ms, propone el autor varias medidas; y entre ellas es la 1 Que el gobierno fije prontamente y de un modo invariable la suerte de esta industria nacional, mandando por una ley, que los derechos de entrada impuestos sobre el azcar no se alteren sino cuando la fabricacin estuviere nivelada con el consumo, o cuando las mejoras hechas permitan bajar el precio del azcar indgena, y, por consiguiente, los derechos en una suma equivalente. 2 Que las nuevas fbricas que se establecieren, queden exentas de impuestos por el espacio de cinco aos. 3 Que el gobierno d un premio de 20 000 francos a todo hombre industrioso que estableciere una fbrica en un departamento donde no haya ninguna. 4 Que el gobierno proponga un premio de 10 000 francos para el artesano que hiciere un instrumento que, sin exceder del precio de 1 000 francos, pueda extraer casi todo el jugo de la remolacha, o sea, un 95 %, en el mismo tiempo que los instrumentos actuales, y sin alterar en nada la calidad del jugo. 5 Que el gobierno d un premio de 50 000 francos al fabricante que encontrare el medio de convertir en grano el azcar de remolacha valindose de la evaporacin continua, de manera que sea tan buena, y tan idntica al azcar de caa como la obtenida por el mtodo de la cochura y del filtro de Dumont; o al que encontrare el principio a que las azcares formadas por la evaporacin continua, deben la insipidez y sabor desagradable que las distingue de las de caa.

PAGE 30

OBRAS 24\ 24\ 24\ 24\ 24\ 6 Que el gobierno d un premio de 10 000 francos al que encontrare una materia comn ms barata que el carbn animal, y que tenga las mismas propiedades qumicas y mecnicas. Los habitantes de las colonias francesas claman enrgicamente contra toda medida que se encamina a proteger la fabricacin del azcar de remolacha. Si as lo hacis, tal es su lenguaje, vais a arruinar completamente las colonias que habitadas por franceses, no son sino departamentos franceses que sacrificis a los otros. Al mismo tiempo sacrificis la marina, porque si no tenis ya colonias, vuestra marina mercante, ya dbil, ser reducida a la nada, y cuando entraris en guerra, no tendris marineros con que armar los buques que hayan de defender la nacin. Por otra parte, las colonias no producen sino azcar y caf; los colonos sacan de Francia las sustancias y los productos manufacturados de que necesitan: por tanto, renunciis a un ramo de vuestro comercio de exportacin, las colonias ofrecen en tiempo de paz grandes facilidades al comercio, y en tiempo de guerra un asilo a los buques de guerra. Las colonias, pues, y la marina se prestan mutuo socorro. El autor de la Memoria responde a estas objeciones, y empieza preguntando si la Francia tiene colonias. Confiesa, que s las tiene, y da como prueba de ello los 30 millones de francos que su administracin y su tarifa le cuestan anualmente; pero niega que las posee, si se trata de las ventajas que recibe. No se equivoca en pensar, que no pudiendo ni queriendo las colonias resistir a la primera guerra martima con Inglaterra, llegaran a ser presa suya el da que esta nacin lo proyectara. La experiencia de las ltimas guerras ha probado que el inters de las colonias es hacer causa comn con la Inglaterra. “Ellas pues, as se expresa, son una propiedad inglesa que nosotros nos complacemos en alimentar y proteger”. No niega que las colonias estn habitadas por franceses; pero por cuntos?, interroga. Dice que todos los blancos no poblaran un departamento de Francia y que el inters de los 86 de que se compone la nacin, no debe sacrificarse a uno solo. l cree, que con buenos gobernantes, siempre habr buques y marineros. Cita el ejemplo de los Estados Unidos que sin una pulgada cuadrada de colonias, poseen una marina mercante mucho ms respetable que la francesa: sus naves flotan en todos los mares, y su comercio est ms desenvuelto y tanto o ms protegido. “En fin, as concluye, me parece que si debemos hacer sacrificios por alguno, es ms bien por el habitante de nuestro propio suelo que divide con nosotros el peso de las cargas sociales, que no por hombres medio extranjeros. Es tan irracional establecer un privilegio en favor de las colonias, como dar a uno o muchos departamentos el monopolio de la produccin del trigo, del vino, de las maderas, etc. La distancia, lejos de legitimar el monopolio, es una razn para destruirlo; y as,

PAGE 31

JOS ANTONIO SACO /25 /25 /25 /25 /25 no slo debemos dejar luchar el azcar indgena con la colonial, sino fomentar por todos los medios posibles la fabricacin indgena, pues la de ultramar puede faltarnos a la primera apariencia de guerra”. No negaremos que el autor lleva fundamento en algunas de las razones que alega; pero sin entrar a discutir la fuerza que puedan tener, es preciso confesar, que habla como un hombre apasionado a quien arrastra su inters. Pues qu? Porque Francia gaste 30 millones en sus colonias, ya se infiere que le son onerosas? No podr recibir su equivalente o en las utilidades comerciales, o en las ventajas polticas que le da su posesin, conservando sino la preponderancia, al menos alguna influencia en las grandes cuestiones que presenta el Nuevo Mundo? No puede apostar en ellas sus escuadras, y hacerlas salir de all para que recorran nuestros mares, e infundan respeto a los que pretenden ultrajar el pabelln tricolor? Pero dejemos esta materia, y ya que hablamos de azcar, no perdamos la ocasin de decir alguna cosa, aunque sea brevsimamente, sobre un artculo intitulado “Agricultura y comercio en la isla; precios corrientes de los frutos e influjo que en ellos puede tener el establecimiento de un banco”, publicado en el Lucero de la Habana del 6 de agosto del presente ao. Nuestras observaciones sern concisas, y esperamos que los redactores de ese peridico, que son los autores del artculo, no interpretarn siniestramente nuestros reparos, pues la discrepancia de opiniones en puntos controvertibles, lejos de irritar los nimos, debe ser el medio de conciliarlos, encontrando juntos la verdad. Se afirma en aquel peridico, que el precio del azcar ha tenido este ao un aumento de ms de 30 %. Esta asercin nos parece exageradsima, y quisiramos que en vez de haberla indicado, se le hubiese dado todo el grado de evidencia que exige una materia de tanta importancia. En nuestro concepto, no habr llegado al 14 %, porque aunque es verdad que algunas partidas de calidad superior comparadas con las de inferior han tenido en arroba un aumento de 2 rs. o 2, esto nada prueba contra la verdad constante de que el hacendado que ms ventaja ha logrado, ha sido la de 1 rs. en arroba. Cualquiera que oiga que el precio del azcar ha subido ms de un 30 %, creer, y con razn, que ya cesaron nuestros trabajos; pero aun suponiendo que fuese cierto este soado incremento, todo se reducira a que el ingenio que nada produjo a su amo el ao anterior, en ste rendira el 2 % del capital; infirindose de aqu, no que su condicin sea prspera, sino menos triste que el ao pasado. Para saber si el hacendado se halla en circunstancias ventajosas o desfavorables, debe atenderse a las ganancias que logre, despus de deducidos todos los gastos de su finca; pero no a la diferencia de precio que puede haber de un ao respecto de otro, porque este dato por s solo conducira a resultados muy errneos. Supongamos que el dueo de

PAGE 32

OBRAS 26\ 26\ 26\ 26\ 26\ un ingenio necesita para sostener su finca, y sacar alguna utilidad, de vender su fruto a diez. Si un ao tiene la desgracia de venderlo a seis, es claro que sufre un quebranto considerable; y aunque al ao siguiente pueda venderlo a nueve, que es decir un tercio ms, no por eso se considerar feliz, pues el aumento de precio en el ltimo ao, apenas alcanza para indemnizarle de sus prdidas anteriores. Y ya que sin atender a los gastos de produccin se quiere decidir en abstracto de la felicidad de nuestros hacendados, considerando solamente el precio de nuestros frutos, por qu se toma el corto transcurso de un ao, y no se tiende la vista a pocas anteriores, para compararlas despus con estos ltimos aos calamitosos? Entonces se conocera que la suerte de los hacendados ha cambiado mucho, y que el cuadro de su felicidad es una ilusin muy funesta. Las causas de la subida del precio del azcar en este ao no son las que designan los redactores, sino las muy notorias de las revoluciones del Brasil y Jamaica, y las cortsimas cosechas de las islas inglesas de Barlovento y Nueva Orlens; pero, a pesar de esto, se ve que el aumento de precio ha sido tan pequeo, que sentimos no poder lisonjearnos con el Lucero de sus anuncios anteriores. Estas causas siendo extraordinarias, nunca pueden tomarse como base de nuestros clculos futuros. No convenimos tampoco en que el precio del azcar se mejore por el aumento del consumo. Esto sera cierto si la produccin se disminuyese o quedase estacionaria; pero ser probable que suceda alguna de las dos cosas? A juzgar por lo pasado diramos positivamente que no, pues a pesar de que muchos aos ha, que el precio del azcar va bajando, la produccin ha ido siempre subiendo; y tanto, que desde el ao de 1815 a 1831 ha tenido casi 40 % de aumento. Podr venir el da, o haya llegado ya si se quiere, en que por falta de produccin desaparezcan de los mercados del mundo algunas cantidades de azcar; pero esta falta ser siempre efmera, y mil fuentes obstruidas por algunos momentos, se abrirn de nuevo, y corrern a rebosar los pequeos vacos que se formaron. No podemos menos que transcribir aqu lo que dijimos en el nmero 6, de la Revista Cubana “Aumentado considerablemente el consumo, no slo en la Gran Bretaa, sino tambin en las dems naciones, parece natural que el precio del azcar, lejos de haber bajado, debiera haber subido. Tal habra sido el resultado, si los productos no hubiesen excedido las necesidades generales; pero aqullos se han aumentado tanto, que pases que antes, o no daban, o producan poca azcar, hoy derraman cantidades considerables en varios puntos del globo, y aunque el abatimiento del precio ha puesto este fruto al alcance de muchos que antes no podan consumirlo, el equilibrio est tan alterado, que su precio solamente se podr volver a levantar, si acaecimientos desgraciados borrasen del catlogo de la

PAGE 33

JOS ANTONIO SACO /27 /27 /27 /27 /27 produccin agrcola a alguno de los pases que ms azcar envan a los mercados de Europa”. Efectivamente, cuando se considera el estado presente de la elaboracin de azcar, y el aumento que todava puede darse al cultivo de la caa en los pases donde se dedican a esta planta, entonces se conocer el fundamento que tienen para decir los revisores de Edimburgo, que, aunque la demanda de azcar fuese diez veces mayor que la cantidad presente, bien podra venderse sin ningn aumento material de precio. En cuanto al caf tambin se comete una grave equivocacin, suponiendo que su precio ha subido 1 %, cuando si se toma un trmino medio, apenas llegar al 50. El Lucero nos da la enhorabuena de haber visto cumplidas sus predicciones acerca del aumento que tendra el valor del caf; pero ya mucho antes, todos lo sabamos por los interesantsimos datos y noticias que publicaron los corredores de Londres, y esperbamos con seguridad la resurreccin de este importante ramo de nuestra agricultura. Celebramos todo lo que dicen los seores redactores con respecto al influjo de un banco en los precios; pero habr quien desconozca las ventajas de semejante establecimiento? Todos estn persuadidos de ellas; y as, lo que debe hacerse, es presentar los medios de vencer las dificultades que la fundacin de los bancos ha encontrado hasta ahora en los dominios espaoles. Entonces s, se har al pas un verdadero servicio, y la pluma de la Revista Cubana ser tambin entonces la primera que pagar su deuda de gratitud a los autores de este trabajo.

PAGE 34

ANLISIS POR DON JOS ANTONIO SACO ANLISIS POR DON JOS ANTONIO SACO ANLISIS POR DON JOS ANTONIO SACO ANLISIS POR DON JOS ANTONIO SACO ANLISIS POR DON JOS ANTONIO SACO DE UNA OBRA SOBRE EL BRASIL, INTITULAD DE UNA OBRA SOBRE EL BRASIL, INTITULAD DE UNA OBRA SOBRE EL BRASIL, INTITULAD DE UNA OBRA SOBRE EL BRASIL, INTITULAD DE UNA OBRA SOBRE EL BRASIL, INTITULAD A: A: A: A: A:NOTICES OF BRAZIL IN 1828 AND 1829 B NOTICES OF BRAZIL IN 1828 AND 1829 B NOTICES OF BRAZIL IN 1828 AND 1829 B NOTICES OF BRAZIL IN 1828 AND 1829 B NOTICES OF BRAZIL IN 1828 AND 1829 B Y REV Y REV Y REV Y REV Y REV R. WALSH A R. WALSH A R. WALSH A R. WALSH A R. WALSH A UTHOR OF A JOURNEY FROM UTHOR OF A JOURNEY FROM UTHOR OF A JOURNEY FROM UTHOR OF A JOURNEY FROM UTHOR OF A JOURNEY FROM CONST CONST CONST CONST CONST ANTINOPLE, ETC ANTINOPLE, ETC ANTINOPLE, ETC ANTINOPLE, ETC ANTINOPLE, ETC. (Noticias del Brasil en 1828 y 1829 por el presbtero (Noticias del Brasil en 1828 y 1829 por el presbtero (Noticias del Brasil en 1828 y 1829 por el presbtero (Noticias del Brasil en 1828 y 1829 por el presbtero (Noticias del Brasil en 1828 y 1829 por el presbtero R. W R. W R. W R. W R. W alsh, autor de un viaje a Constantinopla, etc.) alsh, autor de un viaje a Constantinopla, etc.) alsh, autor de un viaje a Constantinopla, etc.) alsh, autor de un viaje a Constantinopla, etc.) alsh, autor de un viaje a Constantinopla, etc.)1 1 1 1 1Los dos volmenes que componen esta obra, fueron escritos durante la residencia del autor en el Brasil, en calidad de capelln de la embajada que el gobierno britnico nombr cerca de aquella corte en 1828, para ajustar las diferencias que existan entre el Brasil y Portugal, acelerando la ratificacin del matrimonio, que por poder haba celebrado don Miguel con su sobrina doa Mara de Gloria, hija del emperador don Pedro. El doctor Walsh, valindose de las ventajas de su posicin poltica, se propuso recoger cuantas tiles noticias llegaran a su alcance para trasmitirlas a un amigo suyo residente en Inglaterra; y supo sacar de ellas tan buen partido, que si bien su obra no puede compararse en el plan ni en sus consecuencias a los clebres viajes de Humboldt y de Volney, todava ha escrito un libro que es para nosotros de mucha importancia. De sentir es que, en todo el discurso de la obra no nos haya dicho ni una sola palabra acerca del cultivo de la caa, ni la elaboracin del azcar; pero en medio de este silencio, nos revela, por otra parte, noticias tan interesantes, que despertando nuestra atencin, nos anuncia que Cuba tiene en el Brasil su rival ms formidable. Parcenos, pues, que ser aceptable a nuestros lectores el bosquejo poltico y econmico de un pas, que saliendo del abatimiento en que yaca, se ha elevado en el transcurso de pocos aos al rango de un imperio poderoso, y que si el genio fatal de la discordia no destruye los elementos de su grandeza, figurar antes de mucho, entre los grandes pueblos de la tierra. A la casualidad, madre de tantos descubrimientos, se debe tambin la del Brasil. Cuando Vasco de Gama regres a Europa en 1499, crey 1Aqu fue donde por primera vez se trat la grave cuestin del contrabando de esclavos africanos en Cuba, y a su examen se dedic casi la tercera parte de este artculo.

PAGE 35

JOS ANTONIO SACO /29 /29 /29 /29 /29 que haba encontrado la suspirada navegacin a la India, y Manuel, rey de Portugal, despach al ao siguiente varios buques al mando de Pedralvez Cabral, para que hiciese un tratado de comercio con el rey de Calicut. La escuadra, por huir de las calmas, hizo rumbo hacia el oeste, y hallndose a fines de abril a la latitud de 17 grados al sur, su comandante se asombr de ver ciertas plantas flotantes que eran en su concepto seales de tierra. Al anochecer del siguiente da descubri en el horizonte una montaa elevada; y si el genio y la intrepidez de Coln no hubieran surcado el Atlntico, ocho aos antes que el navegante portugus, Pedralvez Cabral guiado por la estrella de la fortuna, habra descubierto el Nuevo Mundo, y privado de sus timbres y laureles a uno de los hombres ms grandes que honran la especie humana. El 3 de mayo, da de la Santa Cruz, desembarc Cabral en Puerto Seguro, y levantando en la playa el signo de nuestra redencin, hizo celebrar una misa al pie de l. He aqu la razn por qu se llam aquel pas Terra Nova da Vera Cruz Tierra Nueva de la Veracruz; y he aqu tambin el nombre con que solamente fue conocida de Camoens. “co o po vermelho nota, Da Sancta Cruz o nome lh poreis”. Cam. Cant. X. V. 140. Encontrose en aquellos bosques un rbol muy abundante, que por asemejarse al fuego en su color, se le llam Palo de Brasas y tambin Fernambuco por haber sido de este puerto, denominado hoy Pernambuco, de donde sali para Europa en 1815 el primer cargamento de esta madera, que con el tiempo vino a dar su nombre al pas que la produca, perdindose poco a poco el dictado de Santa Cruz en el de Brasas o Brasil Nitherohy llamaron los naturales al puerto de Ro Janeiro, descubierto por Martn Alfonso de Souza el 1 de enero de 1531; y como le tomase equivocadamente por la boca de un ro caudaloso, le dio la denominacin de Janeiro palabra derivada de la latina Januarius con alusin al mes que lo descubri. Esto nos indica cuan errneo es juzgar siempre de la exactitud de las cosas por sus etimologas, pues los nombres dependen muchas veces del capricho, de la ignorancia, y de otros motivos que no tienen relacin con el objeto a que se aplican. Muchos aos corrieron sin que este hermoso puerto hubiese llamado la atencin de Portugal. Francia, deseosa de adquirir posesiones en el Sur de Amrica, envi en 1558 a Villegagnon para que ocupase aquel punto, y habiendo cumplido este marino con las rdenes de su gobierno, se trat de convertir a Ro Janeiro en asilo de los hugonotes. Vino en efecto una

PAGE 36

OBRAS 30\ 30\ 30\ 30\ 30\ colonia de protestantes; pero las persecuciones que stos experimentaron de parte de Villegagnon, y los esfuerzos de los portugueses para arrojar a los extranjeros que usurpaban su territorio, acabaron con la nueva raza de pobladores, ahogando las esperanzas de los protestantes que pensaron introducir desde entonces la reforma en los pases del Nuevo Mundo. Fundose despus de estos acontecimientos la ciudad de Ro Janeiro. Sus progresos fueron lentos por muchos aos; pero erigida en obispado en 1676, empez a tomar incremento; y a principio del siglo pasado, ya tuvo riquezas capaces de excitar la codicia de algunas naciones. Francia proyect de nuevo otra expedicin en 1710, y confindola al general Clerc, sus resultados fueron tan funestos como los de la primera. No sucedi as con el famoso corsarista Du Guay Trouin, pues aprovechndose de circunstancias favorables, atac y tom la ciudad, cuya posesin mantuvo hasta que fue rescatada por sus habitantes, quienes todava recuerdan con horror aquella poca calamitosa. Baha fue la capital de Brasil hasta 1763 en que los virreyes trasladaron su residencia a Ro Janeiro, y dando entonces nuevo impulso a las ventajas naturales de esta ciudad, lleg a ser la primera de toda la colonia. “Pero la circunstancia, dice el doctor Walsh, que influy ms que ninguna otra en sus adelantamientos, fue la emigracin de la familia real de la metrpoli al Brasil. Desde entonces empez la carrera de su actual prosperidad, pues cesando de ser provincia, adquiri nombre y carcter nacional. La idea de trasladar la corte al Brasil, como asilo de un gobierno dbil contra la opresin de sus vecinos ms fuertes, fue concebido por el marqus de Pombal desde 1761, en cuya poca se hicieron preparativos para verificarlo, pero desvanecidos los temores de la invasin, el proyecto se reserv para cuando se renovasen otras crticas circunstancias. stas ocurrieron en 1807, pues invadido el pas por un ejrcito extranjero, la corte resolvi por fin abandonar la Europa”. Como este acaecimiento ha formado una poca muy sealada en la historia del Nuevo Mundo, nos detendremos a referir algunas de sus principales circunstancias. “El bergantn Guerra Volador as dice Walsh, anunci en Ro Janeiro, que los franceses y espaoles haban entrado en Portugal, con el objeto de apoderarse de la persona del Prncipe regente, y que ste se haba embarcado en Lisboa el 29 de noviembre con toda la familia real para establecer su corte en Ro Janeiro. Esta noticia se recibi all con una mezcla extraordinaria de tristeza y alegra: de tristeza, por las calamidades que deban oprimir a la madre patria, a la que el buen pueblo brasileo an estaba gustosamente unido, y de alegra, porque un augusto monarca de quien tenan las ideas ms exaltadas y extravagantes, se dignaba visitar a su humilde pas, y fijar en

PAGE 37

JOS ANTONIO SACO /31 /31 /31 /31 /31 l su residencia... El 17 de enero se anunci que la escuadra estaba sobre la costa; pero asaltada y dispersa por una tempestad, el nico buque que lleg, fue el que traa algunas personas de la familia real. Esto acaeci la noche de la festividad del patrn S. Sebastin, en que se acostumbra iluminar la ciudad; y en conmemoracin de tan feliz acontecimiento, se continu la iluminacin por tres noche ms, tocndose tambin rogativas por la seguridad del monarca y dems personas, cuya suerte an se ignoraba. En este estado de suspensin, los personajes reales permanecieron un mes a bordo de su buque, para no violar la etiqueta ni el respeto debidos al Prncipe regente, desembarcando primero que l, y aun hubieran estado ms tiempo, si una barca de Baha no hubiese trado la agradable noticia de que la escuadra haba escapado de la tempestad, y refugindose en aquel puerto”. Poco habra importado a la prosperidad del Brasil la pompa y esplendor de la nueva corte, si el monarca que vena a regir sus destinos, no hubiese quebrantado las cadenas que por tantos aos haban detenido la marcha de sus progresos. Apenas pis las playas de su nuevo imperio, cuando aboli el odioso sistema colonial, abriendo por su decreto del 28 de enero de 1808, los puertos del Brasil a todas las naciones amigas; y despus de haber ejecutado este gran acto de justicia y de poltica, se despidi de Baha para Ro Janeiro, en donde entr el 7 de marzo, en medio de los aplausos de un pueblo entusiasmado. El segundo paso que marc su conducta en beneficio del pas, fue el decreto de 1 de abril del mismo ao, por el cual se permiti a todos los brasileos, toda especie de industria, ya en grande, ya en pequeo, sin reserva ni excepcin alguna ¡Que contraste entre este decreto y las disposiciones anteriores! Tanta era su dureza, que apenas se permita al habitante del Brasil, manufacturar con algodn indgena, muy pocos artculos de tejido grosero para el uso de los esclavos. En el mismo ao se estableci tambin una imprenta, de cuyas ventajas haba carecido el pas hasta entonces. “El mayor bien, as se expresa el autor, que el buen Prncipe regente pens hacer a su nuevo pueblo, fue el de introducir este medio de ilustrarlos acerca de su intereses, con respecto a las artes, ciencias, agricultura, manufacturas y todos los dems beneficios que deseaba concederles. Por tanto, el da en que entr en sus 41 aos, lo celebr, estableciendo una imprenta real, y publicando por la vez primera una gaceta en el Brasil. Nada puede marcar ms decididamente el deplorable estado de oscuridad e ignorancia en que se hallaba este hermoso pas, o los rpidos progresos que ha hecho despus, que esta notable circunstancia. Casi no es posible concebir que en un pas, donde ha 20 aos que no se permita ni una sola gaceta, haya hoy una ciudad en que existan, circulen y se lean nada menos que 11 peridicos.

PAGE 38

OBRAS 32\ 32\ 32\ 32\ 32\ Inmediatamente despus hizo establecer una fbrica de plvora y la historia, por segunda vez, viene a presentarnos la extraa asociacin de dos cosas tan contrarias entre s, pues que en Europa tambin aparecieron casi simultneamente el arte de la imprenta y la invencin de la plvora. Fund tambin una escuela de medicina, anatoma y ciruga, y un laboratorio de qumica: abri una biblioteca pblica con las obras de su pertenencia que trajo de Portugal: construy un lazareto y un hermoso teatro; introdujo la vacuna no slo en la capital, sino en varias provincias; y tom medidas tan enrgicas como juiciosas, ya para civilizar a unas tribus de indios, ya para reprimir a otras, que feroces y canbales como los botecudos, difundan la desolacin y la muerte en las frtiles regiones de Ro Dulce. El 16 de diciembre 1815 es uno de los das que harn poca memorable en los fastos del Brasil. En l apareci el decreto por el que cesando de ser provincia, fue elevado a la dignidad de reino, formando con los de Europa, la monarqua conocida bajo el nombre de Reino Unido de Portugal los Algarves y el Brasil Esta determinacin fue aprobada por todos los monarcas que formaron el congreso de Viena; de manera que la condicin del Brasil qued tambin sancionada por los votos de una asamblea diplomtica que tanto influjo ha tenido en los destinos de Europa. Los brasileos celebraron con demostraciones de jbilo el feliz decreto que elevaba su pas al rango de nacin; y cuando todo pareca anunciar un porvenir halageo, la inestabilidad de las cosas humanas, como si se complaciera en desbaratar los proyectos mejor concertados, arrebat para siempre de entre los mortales a la reina doa Mara primera. El Brasil haba gozado hasta entonces de tranquilidad; mas, apareciendo ya sntomas de descontento, el 5 de marzo de 1817 estall una insurreccin en Pernambuco con el objeto de establecer una repblica en las provincias del Norte; pero no encontrando apoyo en la generalidad de los brasileros, sus planes fueron destruidos, y condenados a muerte los caudillos principales. El 5 de febrero de 1818 fue el Prncipe regente aclamado primer rey del Brasil. Este modo de coronar por aclamacin es uno de los usos ms antiguos de los portugueses. Cuando se celebraba esta ceremonia, el candidato se pona en pie sobre un escudo, y alzndole los soldados por encima de sus cabezas, le proclamaban monarca. De esta manera, don Alfonso Heriquez, que a principios del siglo XII gobern a Portugal bajo el ttulo de Prncipe, fue aclamado rey por sus soldados despus de la victoria que alcanz sobre los moros en el campo de Ourique. Tiempo ha que fue abolido el uso del escudo, pero la aclamacin an se conserva. El ltimo acto con que don Juan cerr su carrera en el Brasil, fue el juramento que prest al nuevo cdigo fundamental hecho por las Cor-

PAGE 39

JOS ANTONIO SACO /33 /33 /33 /33 /33 tes portuguesas; y su hijo don Pedro que ya empezaba a figurar, tom en este suceso una parte muy distinguida. Este personaje, no menos clebre por los acaecimientos polticos del Brasil, que por la influencia que puede tener en la suerte de Portugal, naci en Lisboa el 12 de octubre de 1798. Hijo segundo de don Juan VI y de Carlota Joaquina, hermana de Carlos IV, rey de Espaa, lleg a ser heredero presunto de la corona de Portugal por la muerte prematura de don Antonio, su hermano primognito. Aunque de temperamento dbil, cuando nio, dio desde muy temprano seales de aquella vivacidad de carcter que le ha distinguido en varias ocasiones. Educado por el padre Antonio de Arrabida, eclesistico instruido, recibi desde su tierna edad los sentimientos religiosos que an se cree que conserva; pero su instruccin, segn se expresa el doctor Walsh, en nada fue notable sino en que adquiri algn conocimiento del latn. Amenazada la existencia de la casa de Braganza por el poder del hombre extraordinario que subyug la Europa, don Juan pens enviar al Brasil a su hijo don Pedro, bajo el ttulo de Prncipe de Beira; pero al aproximarse a la capital las tropas francesas mandadas por Junot, logr el lord Strangford, embajador ingls cerca de Lisboa, persuadir al mismo regente don Juan a que se embarcase con su familia, y buscase un asilo en sus posesiones del Brasil. En estas circunstancias, nos representan a don Pedro, como un muchacho vivo y resuelto, que se complaca en asistir a los trabajos del buque, con una actividad y destreza mecnica, que todava le caracterizan. En los ratos desocupados se le observaba a solas, al pie del palo mayor, leyendo en Virgilio el viaje de Eneas, cuya suerte, deca, era semejante a la suya. Diez aos contaba de edad, cuando salt en las playas del Nuevo Mundo. Psole entonces su padre bajo el cuidado de Juan Rademack, hombre de conocimientos, y que hablaba con facilidad muchas lenguas de Europa; pero muerto repentinamente, el pupilo qued privado de su buen preceptor; y su padre con una apata tanto ms culpable, cuanto recaa en un hijo, a quien la fortuna llamaba a ceirse la diadema de un gran pueblo, abandon su educacin, dejndole seguir los impulsos de su naturaleza. Por fortuna despleg mucho gusto por las artes mecnicas, y aun se conservan muestras de su precoz ingeniosidad; tales son el modelo de un buque de guerra y una excelente mesa de billar. Pero la msica es el ramo a que ms se dedic desde la niez, pues no slo aprendi a tocar varios instrumentos, sino que compuso muchas piezas, distinguindose entre todas un himno patritico, que as por los sentimientos que expresa, como por ser la letra obra suya, ha sido en el Brasil la ms popular de las canciones. Ni pasaba su vida entregado a estos tranquilos entretenimientos, que tambin daba muchos ratos de ella a los violentos y peligrosos ejercicios de la caza y la carrera. Habiendo llegado a la edad en que los prncipes deben casarse,

PAGE 40

OBRAS 34\ 34\ 34\ 34\ 34\ y proporcionndole la paz de Europa la feliz ocasin de escoger una buena esposa, su padre pens enlazarle con la archiduquesa Leopoldina, hija de Francisco I, emperador de Austria, y hermana de Mara Luisa, la mujer de Napolen. Ajustado el matrimonio por el marqus de Marialva, embajador portugus cerca de aquella corte, se celebr por poder el 13 de mayo de 1817, y el 5 de noviembre del mismo ao lleg a Ro Janeiro la Princesa austriaca, menos llena de gracias que de virtudes; pero virtudes que supo conservar hasta la muerte, a pesar de la indiferencia con que su esposo la trat. En 1820 estall la revolucin de Portugal, y produciendo una sensacin profunda en el Brasil, don Pedro, que se haba identificado con todas las mudanzas polticas de este pas, tom un partido decisivo en su favor. Dbiles los ministros, no tenan resolucin ni firmeza en sus deliberaciones; y el rey, tmido y sin un hombre que le aconsejara lo que pedan las circunstancias, se content con anunciar que tomara en consideracin el nuevo orden de cosas, y que enviara a su hijo don Pedro a Lisboa para que conferenciase con las Cortes. Pero esta medida tan problemtica como dilatada no pudo restablecer la calma ni la paz. Un movimiento causado por la divisin auxiliar portuguesa puso a la capital el 25 de mayo de 1821 al borde de un precipicio espantoso. Cuando en Pernambuco se dio el grito revolucionario, el gobierno del Brasil acudi por tropas a Portugal; y, en consecuencia, llegaron a Ro Janeiro en octubre de 1817 cuatro batallones de lnea, uno de infantera ligera, y una brigada de artillera. Oigamos la descripcin que nos hace el autor de la obra que revisamos: “El movimiento revolucionario de Pernambuco, haba sido sofocado antes de la llegada de las tropas, y sin hacer ningn servicio al pas ni al gobierno, tomaron un aire insolente de superioridad, trataron como desafectos a todos los habitantes entre quienes vivan, y se manejaron con ellos como si solamente hubiesen venido a humillarlos y oprimirlos. Exigieron que los oficiales brasileos que pasaban del grado de capitn, fuesen licenciados y reemplazados solamente por portugueses: los soldados se presentaban en las paradas, y hacan guardias, vestidos con ricos uniformes, mientras que los naturales, empleados en el mismo servicio, aparecan andrajosos, y con pedacitos de madera en la llave de los fusiles, como si se desconfiara de que llevasen pedernales. En efecto, todo anunciaba al pueblo que esta divisin auxiliar trataba de extinguir los sentimientos que los habitantes haban fomentado desde que el Brasil fue erigido en reino, y de reducirles otra vez al estado de insignificancia de que acababa de salir. Continuamente se oan quejas de una parte y otra, y el descontento se convirti en enemistad declarada. Los soldados entonces se armaron en sus cuarteles, grupos tumultuarios del pueblo recorran las calles en el mayor grado de agitacin, y todo

PAGE 41

JOS ANTONIO SACO /35 /35 /35 /35 /35 pareca anunciar un prximo rompimiento. Los ministros consternados se retiraron al palacio de S. Cristbal a conferenciar con el rey que se hallaba entonces all; pero don Pedro, montando a caballo, se dirigi inmediatamente a los cuarteles, hizo deponer las armas a los soldados, recorri las plazas y calles, areng a la gente reunida, y logr por fin que se retirase. Despus de haber llenado tan importante deber con slo sus esfuerzos personales, se present en el palacio para anunciar que todo estaba tranquilo”. Al da siguiente, las tropas auxiliares salieron de sus cuarteles, se apoderaron de la plaza del Roco, en la que est situado el teatro, y todo por segunda vez amenazaba una explosin en la ciudad. La Cmara se reuni en el saln del teatro, y el pueblo ocup las calles. Los brasileos y las tropas deseaban con ansia la nueva ley establecida en Portugal, y se crea que si el rey la aceptaba, todos los partidos quedaran reconciliados. As lo manifest el prncipe a su padre en los trminos ms enrgicos; y el bien intencionado monarca, que parece no deseaba sino la verdadera utilidad de sus sbditos, autoriz a su hijo para que obrase en las actuales circunstancias segn tuviese por conveniente. ste al instante corri a caballo a la plaza del Roco; anunci a todos que el rey estaba pronto a deferir a sus deseos; arregl las cosas de manera, que las tropas brasileas, las auxiliares y el pueblo se reunieron y nombraron una diputacin para que suplicara al rey que mudase el ministerio, y jurase el nuevo cdigo; conferenci otra vez con su padre; eligironse nuevos ministros; sali al balcn del teatro; proclam sus nombres a la faz del pueblo; le manifest la aquiescencia del rey, y prestando el juramento en su nombre, ste le ratific despus. El pueblo y el ejrcito entusiasmados clamaron entonces por verle; don Pedro corri al palacio para suplicarle que se presentase, y el tmido y sencillo monarca accedi a los deseos del pblico y de su hijo; pero como al ir a la plaza del Roco, viese que algunos quitaban los caballos del coche, y se unan a l para tirarlo, e ignorase por otra parte el objeto de esta ceremonia, se alarm sobre manera. Yo he odo decir a los que se hallaban presentes, que se puso tan plido como la muerte, y que casi se desmay de susto. Los horrores de la Revolucin Francesa estaban delante de sus ojos, y tema correr la misma suerte que el desgraciado Luis XVI, a quien se asemejaba en irresolucin y bondad. ”No as don Pedro: l mostr durante toda esta crisis un ardor y una energa que marcaron su carcter decidido e intrpido. Corri con espada en mano de un lugar a otro, tom el mando de las tropas, y se le cayeron muertos dos caballos entre las piernas. Cualesquiera que hubiesen sido sus sentimientos particulares, esta conducta pblica fue la nica que debi seguir. Entonces era imposible contrarrestar el torrente de la opinin; y as obr con mucha prudencia, dirigindola y hacin-

PAGE 42

OBRAS 36\ 36\ 36\ 36\ 36\ dose el dolo del pueblo. Movimientos populares de la misma especie acaecieron tambin en Baha y otras ciudades principales, y en corto tiempo el nuevo gobierno de Portugal fue reconocido con aparente entusiasmo en todo el Brasil”. Acostumbrado don Juan a gobernar en medio del silencio de la paz y de la mansedumbre de sus sbditos, su espritu se atribul al contemplar las borrascas que haban de combatir la nave del Estado; y sin fuerza para dirigirla en los peligros que la amenazaban, acept gustoso la invitacin que le hizo el Congreso de Lisboa, para que volviese al seno de su patria. Nuevas revueltas causadas por cobardes asesinos hicieron derramar la sangre brasilea en el santuario mismo de las leyes. El angustiado monarca, tan condolido de los males que pesaban sobre su pas adoptivo, como incapaz de remediarlos, apresur su partida, y dejando a su hijo de Prncipe regente con un consejo de tres ministros, y a la princesa Leopoldina de sucesora, para el caso en que aqul muriese, se hizo a la vela el 24 de mayo de 1821 acompaado de muchos nobles y opulentos, que llevaron consigo ms de 50 millones de cruzados. Nada puede, segn el lenguaje del doctor Walsh, formar un contraste ms fuerte que la entrada de don Juan VI en el Brasil y su partida. Recibironle sus sbditos con el entusiasmo de respeto y amor que inspiraba la persona de su rey, y con la compasin que excita la suerte de un desterrado. Todos sus primeros actos fueron reconocidos como los dones generosos de un ser benfico; y ciertamente que pocas naciones debern ms a sus monarcas que el Brasil a don Juan VI por los justos y saludables decretos que sealaron los primeros aos de su residencia entre los brasileos. l fue echando gradualmente los cimientos de la existencia poltica de que ahora gozan, y los prepar por una serie de actos que se encaminaron a mejorar y enriquecer el pas; pero tan suave de carcter, como tmido e irresoluto en sus medidas, no pudo contener ni dirigir el espritu revolucionario. Echronse en olvido sus bondades, su capacidad mental puesta en ridculo, y sus disposiciones, desatendidas y burladas. La aureola de respeto y veneracin que rodeaba a su persona, se disip como el humo, y los tristes das que le quedaron, slo fue para ver que sus sbditos le perseguan, y se empeaban en detenerle como a un ladrn fugitivo. Ausentose para siempre el rey don Juan de las playas del Nuevo Mundo; y a pocos das despus de su partida se empez a debatir la cuestin de cortar de una vez los lazos polticos que unan al Brasil con Portugal. Luego que la noticia de estos sucesos se supo en Lisboa, las Cortes expidieron dos decretos: uno, mandando organizar un gobierno provisional que redujese el Brasil al estado de provincial; y otro, ordenando que el Prncipe regente volviese cuanto antes a Portugal, para que viajase por Europa con el objeto de ilustrarse. El Prncipe aparen-

PAGE 43

JOS ANTONIO SACO /37 /37 /37 /37 /37 t que estaba dispuesto cumplir estos decretos, y para dar a sus ficciones el aire de verdad, mand preparar la fragata Unin para su partida. Entonces fue cuando los sntomas y movimientos parciales se hicieron tan generales, que todos los brasileos parecan animados de un mismo espritu, y ponindose a la cabeza los paulistas y mineros, dirigieron al Prncipe una representacin, suplicndole que no saliese del pas, ni consintiese en viajar a Europa, rodeado de ayos y espas. La Cmara de Ro Janeiro le hizo tambin una representacin concebida en los mismos trminos; y el Prncipe respondi, que accediendo al voto general, estaba dispuesto a permanecer entre ellos. Este paso era comprometido, pues habindolo dado sin sondear primero el espritu de las tropas portugueses, se expona a las consecuencias de una revolucin militar. Efectivamente, luego que ellas supieron cual fue la conducta del Prncipe, no slo la desaprobaron, sino que considerndose obligadas a cumplir con las rdenes de Portugal, formaron el plan de sorprenderle en el teatro, y embarcarle inmediatamente para Europa; pero desconcertados sus proyectos, se vieron a su vez compelidas a abandonar el pas, cediendo al valor y actividad que despleg don Pedro en aquellas circunstancias. Libre ya el Brasil de soldados portugueses, era de esperar que reinase la tranquilidad; pero las Cortes de Lisboa insistiendo en sus ideas trataron de sembrar la discordia entre los brasileos, y para mejor conseguirlo, enviaron tropas a Baha, cuya ciudad fue ocupada por ellas en febrero de 1822. La conducta de don Pedro, as en proporcionar auxilios para repeler al enemigo exterior, como en reprimir los movimientos parciales que agitaban el pas, le granjearon del pueblo el honroso ttulo de “Prncipe regente constitucional y defensor perpetuo del Brasil”. Irritadas cada da ms y ms las Cortes de Portugal, renovaron sus decretos, mandando que don Pedro volviese a Europa perentoriamente dentro de cuatro meses, y declarando traidores a todos los comandantes militares que obedeciesen sus rdenes. Cuando l recibi estos documentos, permaneci por algn tiempo absorbido en la ms profunda meditacin y volviendo despus en s, prorrumpi en estas palabras: “ Separacin eterna o muerte ”, cuya exclamacin fue repetida por todos los que le rodeaban. Arrojada ya la mscara que le cubra, no le quedaba ms partido que obrar abiertamente. As fue, que al punto convoc, a propuesta del consejo que haba reunido, una asamblea general constituyente, y proclamado por el pueblo, emperador constitucional el 12 de octubre de 1822, qued desde aquel da levantada tambin por la poltica la barrera eterna con que la naturaleza separ al Brasil de Portugal. No vendremos aqu a discurrir acerca de las consecuencias que haya producido la conducta poltica de don Pedro; pero cuando la consideramos en s misma, aparece llena de duplicidad y mala fe, e indigna de un

PAGE 44

OBRAS 38\ 38\ 38\ 38\ 38\ hijo respetuoso a un padre. Desde que ste parti para Europa, aqul mantuvo con l una correspondencia constante en que le informaba de todos los acontecimientos del Brasil. Las cartas de don Pedro fueron presentadas a las Cortes por don Juan, y como corren impresas, en algunas se encuentran pruebas evidentes de la asercin que acabamos de hacer. En la de 21 de septiembre de 1821 se lamenta con hipocresa de los embarazos de su situacin, y encarecidamente le ruega que le llame a Portugal. Oigmosle. “Yo he suplicado a V.M. por todo lo que hay de sagrado en el mundo, que me exima de las penosas funciones que gravitan sobre m, pues acabarn con mi vida. Pinturas horrorosas me rodean continuamente: siempre las tengo delante de m. Ruego a V.M. me permita ir con la brevedad posible a besar su real mano, y a sentarme a los pies del trono, pues solamente deseo una tranquilidad feliz”. En otra carta de 4 de octubre del mismo ao se expresa as: “Ellos desean, y dicen que desean proclamarme emperador. Yo protesto a V.M. que nunca ser perjuro ; que nunca ser falso con V.M., y que si alguna vez cometieran esa locura, no ser sino despus que me hayan destrozado a m y a todos los portugueses. Yo he escrito con mi sangre este solemne juramento; juro ser siempre fiel a V.M., a la nacin portuguesa y a la constitucin ”. Pero habiendo llegado al trmino de sus deseos, y rendido homenaje a la nueva ley fundamental hecha por la asamblea constituyente del Brasil, restbale tan slo que su padre renunciase a los derechos que tena sobre este pueblo. Es muy probable que el influjo poderoso de alguna potencia europea hubiese allanado todas las dificultades que se presentaron, pues sin emplear las armas de la guerra, ni las artes de la intriga, vemos que el padre y el hijo se dan un sculo de paz, y reconcilian en una hora dos pueblos, que ligados por los fuertes vnculos de origen, religin, idioma y costumbres, parecen destinados a vivir en perpetua amistad. Estrechronse estos nudos por el tratado que se hizo en agosto de 1825, y reconociendo D. Juan la independencia del Brasil, se reserv el derecho de gobernar como emperador, declar a D. Pedro sucesor a la corona, y le exigi por va de remuneracin la cantidad de casi 9 millones de pesos. Luego que tan felices nuevas llegan al Brasil, y se extienden por sus vastas regiones, la tranquilidad se restablece como por encanto, y soltando los disidentes de Pernambuco y Ceara las armas de las manos, se echan gustosos en los brazos de su monarca. Desde entonces, “los grandes recursos y creciente prosperidad del pas, fueron tan apreciados en Europa, que sus fondos llegaron a ser una seguridad favorita para invertir capitales; y muchos espectadores emplearon en ellos su dinero, no slo con preferencia a los otros Estados del Sur de Amrica, sino aun al suyo propio, pues estando, por una parte, ms seguros, daban, por otra, un inters ms subido”.

PAGE 45

JOS ANTONIO SACO /39 /39 /39 /39 /39 Pero la ambicin que muchas veces ciega a los hombres encargados de regir los destinos de las naciones, precipit al Brasil en una guerra injusta, cuyas consecuencias fueron no menos contrarias a su honor nacional que a sus adelantamientos internos. La banda oriental, de la que fue y es hoy cabeza Montevideo, perteneci desde el principio al virreinato de Buenos Aires; y cuando ste fue erigido en obispado en 1620, toda la banda oriental se le agreg, de manera, que tanto en lo civil como en lo eclesistico, dependa del gobierno de Buenos Aires. As continu por espacio de dos siglos, y cuando estall la revolucin en aquellos pases, la banda oriental fue declarada parte integrante de ellos. El general Elo ocupaba a la sazn a Montevideo con una fuerza respetable; pero derrotado por Artigas en la batalla de las Piedras, y reunido ste con Rondeau, puso sitio a aquella ciudad. En el conflicto en que se hallaba, Elo recurri al gobierno de Ro Janeiro, y entonces fue cuando los portugueses concibieron el proyecto de incorporar en sus vastas posesiones esta parte del territorio espaol. Cuatro mil hombres fueron enviados por el Brasil para socorrer a Elo; pero habiendo aceptado ste proposiciones de paz, se convino en que ambas partes se retirasen y dejasen solos a los habitantes de la banda oriental. Luego que el nuevo gobernador Vigodet recibi refuerzos de Espaa, se renov la guerra; pero volviendo Artigas a sitiar a Montevideo, y rindindose las tropas que lo ocupaban, el territorio fue evacuado por segunda vez. En estas circunstancias, los brasileos determinaron apoderarse de l, y so pretexto de que Buenos Aires haba enviado emisarios a las provincias fronterizas y a las misiones de los indios para atizar la revolucin, marcharon sobre Montevideo con un ejrcito de 10 000 hombres, entraron en la ciudad el 20 de enero de 1817, y declararon a la banda oriental parte integrante del imperio brasileo. Nunca los hijos de ella fueron adictos a los nuevos conquistadores, y la conducta que stos siguieron en su gobierno, les fue granjeando cada da mayor nmero de descontentos. Fructuoso Rivera, aunque portugus, fue el primero que enarbol el estandarte de la revolucin; y auxiliado por Lavalleja con 300 hombres de Buenos Aires, siti a Montevideo, y recorri en poco tiempo casi toda la provincia. El pueblo form entonces un gobierno provisional, anul el decreto por el cual la banda oriental haba sido agregada al Brasil, y manifest que su deseo era reunirse a Buenos Aires. Ya se deja conocer la satisfaccin que experimentara este pas al recibir la noticia de unos acontecimientos en que sordamente haba influido. El Congreso declar a la banda oriental parte integrante de la repblica Argentina, pidi su restitucin, y empez a prepararse para sostener con las armas sus pretensiones, caso que no pudiesen lograrse pacficamente. El Brasil, dispuesto a mantener su conquista, envi refuerzos, y no oyndose ya desde entonces ms voz que la de la guerra,

PAGE 46

OBRAS 40\ 40\ 40\ 40\ 40\ los dos pases se vieron envueltos en todas las desgracias que ella necesariamente acarrea. Como los Estados beligerantes no tenan grandes recursos de que disponer, jams presentaron ejrcitos numerosos en los campos de batalla, ni tampoco cubrieron sus mares con escuadras formidables. Escaramuzas, marchas y contramarchas, encuentros parciales y fugas precipitadas que mancillaron las glorias del Brasil, fueron los medios que emple su emperador para sostener la injusticia de sus proyectos. Oprimido el pas con pesadas contribuciones, derramada la sangre inocente del pueblo, y amenazada la existencia del trono, don Pedro comprometi tambin con naciones extranjeras las relaciones amistosas de su imperio. Con una corbeta, dos bergantines armados y algunas lanchas caoneras declar a principios de 1826 en estado de bloqueo riguroso una costa de 20 grados de latitud; pero la insuficiencia misma de los recursos con que cont para llevar a efecto esta medida, la haca nula y despreciable a los ojos de las naciones que comerciaban con Buenos Aires. As fue, que Francia, Inglaterra, y particularmente los Estados Unidos de Norteamrica, alzaron el grito contra un bloqueo que tan abiertamente violaba el derecho de gentes. Fermentando en las provincias meridionales del Brasil cierto espritu democrtico, privado el emperador de un nmero considerable de las tropas con que poda continuar la guerra, a causa de la insurreccin de los soldados alemanes e irlandeses acuartelados en la capital, y cansados ambos pases de una lucha tan incierta, empezaron a negociar la paz. El comisionado de Buenos Aires traspasando sus facultades, celebr un tratado en que reconoci a Montevideo como parte integrante del Brasil; mas, no aprobndolo aquel gobierno, las hostilidades se renovaron; pero sin recursos para continuar la guerra, los Estados beligerantes concluyeron la paz en 1828, reservando su ratificacin definitiva para cinco aos despus, y dejando a la banda oriental en libre facultad de constituirse por s sola, a reserva de agregarse, si quisiese, pasados los cincos aos, al Brasil o a Buenos Aires. As termin una guerra dictada por la ambicin, sostenida por la temeridad, y fenecida bajo los auspicios ms tristes para el pas que la provoc. Ella, como dice muy bien el doctor Walsh, detuvo los progresos de la poblacin y agricultura, suspendi la propagacin de los conocimientos tiles, retard la formacin del carcter nacional, y distrajo la atencin del pueblo de todos los proyectos tiles que estaban preparados; empobreci al pas, caus una enorme deuda nacional, extrajo de la circulacin todos los metales preciosos, y sustituy una moneda de papel y cobre, de las cuales la ltima no corra, sino a un descuento espantoso; envolvi al gobierno en serias disputas con Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, a quienes tuvo que pagar sumas considerables por los perjuicios

PAGE 47

JOS ANTONIO SACO /41 /41 /41 /41 /41 que les ocasion con el absurdo ensayo de bloquear el ro de la Plata; y degrad, en fin, el carcter militar del pueblo, puesto que la sola ciudad de Bueno Aires con una poblacin que no llega a la mitad de la de la capital del Brasil, pudo burlar todos sus esfuerzos, y hacer que un gran imperio sucumbiese a un puado de soldados y marineros argentinos.La muerte de D. Juan acaecida el 10 de mayo de mayo de 1826 fue un suceso de mucha trascendencia para los negocios del Brasil y Portugal. La noticia oficial lleg all el 25 de abril, y al da siguiente D. Pedro tom el carcter de rey de Portugal; y confirm el nombramiento de regente que su padre haba hecho en la infanta Isabel. Public tambin una amnista para la nacin portuguesa, hizo una carta constitucional que su padre haba prometido desde 1823, expidi 77 patentes para la creacin de una cmara de pares, y despus de haber sido monarca de Portugal tan slo por seis das, abdic el 2 de mayo a favor de su hija doa Mara de Gloria. Todos estos documento fueron llevados a Europa por el caballero ingls Carlos Stuart que se hallaba entonces de embajador en Ro Janeiro. “Esto, dice el doctor Walsh, dio margen a la conjetura de que la carta constitucional fue formada con intervencin, y promulgada con la cooperacin del ministerio ingls; pero aunque ste pudiera aprobar sus principios, no aparece que hubiese tenido en este asunto ms parte que la de la cortesana accidental del embajador cerca del Brasil, pues para que llegase con ms seguridad y prontitud, la llev a Europa en el buque de guerra que le conduca”. Las cortes de Lamego que se reunieron a mediados del siglo XII, y cuyas decisiones llegaron a ser las leyes fundamentales de la nacin portuguesa, establecieron desde entonces, que siendo heredero del trono la primognita del rey, se casara con un portugus, para que la corona no pasase a las sienes de un extranjero2. Deseoso don Pedro de cumplir con este antiguo estatuto y de dar a su hermano una prueba de su aprecio, determin enlazarle con su primognita doa Mara.3 No fue ste un proyecto nuevo; antes parece que le concibi desde el nacimiento de su hija, segn lo indica la carta 2 Tales son las palabras de la ley que en el rudo latn de aquellos tiempos se expresa as: “Sit ista lex im sempiternum, quod prima filia Regis accipiat maritum de Portugalle, ut non veniat Regnum ad estraneos, et si casaverit cum Principe estraneo, non sit Regina ”. Gurdese por siempre esta ley, que la hija primera del rey reciba marido portugus, para que el reino no pase a los extraos; y si casare con prncipe extranjero, no sea reina. 3Naci el 4 de abril de 1819, siendo su padre prncipe de Beira; y dironla por nombre el siguiente almanaque: Mara de Gloria, Juana, Carlota, Leopoldina de la Cruz, Francisca Javiera de Paula, Isidora, Micaela, Gabriela, Rafaela, Gonzaga. Adems de esta hija Don Pedro tiene a doa Yanuaria, que naci el 11 de marzo de 1821. Doa Paula Mariana, el 17 de febrero de 1823. Doa Francisca Carolina, el 2 de agosto de 1824. Don Pedro Alcntara, actual emperador del Brasil, el 2 de diciembre de 1825.

PAGE 48

OBRAS 42\ 42\ 42\ 42\ 42\ que con fecha 19 de junio de 1822 escribi a su padre; dice as: “Suplico a V.M. que permita venir aqu a mi querido hermano Miguel del modo que juzgue ms a propsito; porque est muy querido en este pas y los brasileos desean que me ayude a servir al Brasil; y a su tiempo oportuno casar con mi linda hija Mara ”. Todava dio don Pedro a su hermano otras seales de afecto. El conflicto de las opiniones que reinaban en Portugal, tenan agitada la nacin; y don Pedro, as para tranquilizarla, como para dar a su hermano una nueva prueba de su estimacin, le nombr regente del Reino por el decreto de 3 de julio de 1827, confirindole todas las facultades que le pertenecan como a rey de Portugal y los Algarves. Todos saben cul fue entonces, y cul ha sido despus la conducta de don Miguel; pero aun cuando fuese desconocida, no podramos seguirla sin introducir un largo episodio en este artculo, y olvidarnos del Brasil. Ni eran los negocios de Portugal los nicos que inquietaban el nimo de don Pedro. La condicin interna del Brasil iba siendo ms crtica cada da, y todo se preparaba para acelerar la cada de su emperador. Son, en fin, para l la hora fatal, la voz terrible de la opinin le hizo descender del trono, y confiando el cetro a las dbiles manos de su hijo Pedro Alcntara, poco ha que le vimos surcar los mares, y presentarse en Europa ms bien como un campen de los derechos de su hija, que como un rey destronado y aborrecido del pueblo que antes le amaba. La Europa, entretanto, espera con ansiedad el xito de la lucha que pronto va a decidir los destinos de Portugal; y la Amrica, con los ojos clavados en el Brasil, contempla los elementos contrarios que encierra en su seno, y teme que haciendo una violenta explosin, se vea sumergido en los horrores de una guerra civil espantosa. Despus de haber trazado rpidamente el bosquejo histrico del Brasil, tiempo es que volvamos nuestra atencin a su estado civil o domstico; y sin seguir paso a paso al autor, entresacaremos aquellos pasajes que inspiren ms inters, o que tengan ms analoga con el pas que escribimos. Divdese el clero del Brasil en secular y regular, y est gobernado por un arzobispo, seis obispos y dos prelados que son obispos in partibus Las rentas que stos disfrutan son tan escasas, que a no ser por los derechos que perciben en los tribunales de sus dicesis respectivas, no se podran sostener ni aun con mediana decencia. “Aquellos, dice el doctor Walsh, a quienes he tenido el gusto de visitar, me parece que viven con mucha moderacin y sencillez; y lejos de abundar en superfluidades, creo que no gozan ni aun de lo que en Inglaterra se considera necesario, para los hombres de rango”. Si tal es la situacin de los obispos, ya se infiere cul ser la de los simples sacerdotes: y ella no proviene, como se pudiera pensar, de la

PAGE 49

JOS ANTONIO SACO /43 /43 /43 /43 /43 escasez de los diezmos, sino de causas que nacieron al principio de la colonizacin del Brasil. El clero se sostena entonces del mismo modo que en Portugal; pero siendo muy corta la poblacin, el producto de los diezmos tambin lo era para llenar las atenciones de la Iglesia. Hzose, pues, un tratado entre las cortes de Roma y Portugal, cediendo aqulla todos los diezmos del Brasil, y comprometindose sta por va de compensacin, a sostener el clero, sealando a cada cura 200 pesos al ao. Esta cantidad reunida a los derechos parroquiales de bautismos, entierros, y matrimonios, fue bastante en aquellos tiempos para que viviesen con toda comodidad; pero aumentada la poblacin, y encarecidas las subsistencias, el clero en general se halla hoy en la pobreza, pues que los 200 pesos apenas le alcanzan para cubrir sus necesidades. Si volvemos la vista a lo que pasa en Cuba, observaremos, que aunque los diezmo han bajado considerablemente, el clero por fortuna no presenta una condicin tan lastimosa, pues adems de la congrua que tiene cada uno de sus individuos, muchos gozan de bienes patrimoniales; y aun respecto de los que se han ordenado a ttulo de curatos, la disminucin de la renta decimal ha sido en muchos casos superabundantemente compensada con el rpido incremento de la poblacin, que ha influido en el mayor nmero de bautismos, matrimonios, etc. Las personas que no estn en datos, creern que los diezmos se han aumentado; y as lo estamp errneamente el barn de Humboldt en su Ensayo poltico sobre la isla de Cuba y para comprobarlo, inserta las tablas del producto de las rentas decimales en el obispado de La Habana durante 15 aos, a saber: AosPesos De1789 a 1792 .................. 792 386 1793 a 1796 ..................1 044 005 1797 a 1800 ..................1 595 340 1801 a 1804 ..................1 864 464 Pero si el ilustre barn hubiera avanzado hacia los aos posteriores, puesto que public su obra en 1826, entonces habra conocido su disculpable equivocacin. Efectivamente, se ha observado de algunos aos a esta parte, que cuanto mayores han ido siendo entre nosotros los progresos de la agricultura, tanto ms se han disminuido los diezmos, y este fenmeno que, a primera vista, parece tan contradictorio, depende de causas harto sencillas. Si se recuerda que el ail, caf y algodn se declararon desde 1792 exentos de este tributo por el trmino de diez aos, que esta gracia temporal se hizo perpetua en 1804, y que en el mismo ao se extendi tambin al azcar; que los ingenios existentes en

PAGE 50

OBRAS 44\ 44\ 44\ 44\ 44\ aquella poca fueron los nicos que entonces quedaron sujetos a su pago, pero slo en los aumentos que tuviesen sus zafras posteriores comparadas con las del ao de 4; que en 1805 se eximi al tabaco de esta contribucin; que mientras algunos de los ingenios viejos han sido demolidos,4 otros rinden ya poco por estar sus tierras cansadas; que el precio de nuestros frutos ha sufrido una disminucin considerable de algunos aos a esta parte; y, finalmente, que muchos hacendados y arrendatarios se creen moralmente autorizados a negar la contribucin que se les exige, entonces a nadie se ocultarn los verdaderos motivos que han trado los diezmos a tanto abatimiento. Helo aqu demostrado en la tabla siguiente, la cual manifiesta el total de la gruesa de diezmos, distribuida entre los partcipes de este obispado. AosPesosRsNsOs ———————————————— En el de .......1789 198 0964 En................1790 198 0964 En................1791 198 0964 En................17925198 0964 En................1793 259 456 En................1794 260 082 En................1795 261 561 En................1796 262 9061 En................1797 397 83572 En................1798 399 43177 En................1799 401 02233 En................1800 401 02233 En................1801 466 14373 En................1802 466 14374 En................1803 466 14374 En................1804 466 14374 En................1805 392 03014 En................1806 389 487513 En................1807 377 27613 En................1808 386 26473 En................1809 352 45874 En................1810 367 7275 4Desde el ao de 1800 hasta 1824 inclusive se demolieron en el obispado de La Habana 49 ingenios. 5El producto del cuatrienio de 1789 a 1792 ascendi a 792 386 pesos, que repartidos en los cuatro aos, dan para cada uno de ellos la cantidad media anual de 198 096 pesos 4 reales.

PAGE 51

JOS ANTONIO SACO /45 /45 /45 /45 /45 En................1811 379 8743 En................1812 382 4295 —————————— 8 327 823583 En................1813 336 752 En................1814 384 8164 En................1815 409 3224 En................1816 429 40751 En................1817 449 58732 En................1818 405 20816 En................1819 359 1645 En................1820 341 01336 En................1821 337 43262 En................1822 347 07436 En................1823 338 58312 En................1824 357 97412 En................1825 288 87252 En................1826 212 40014 En................1827 226 1732 —————————— 13 551 60523 Lo mismo ha sucedido en el arzobispado de Santiago de Cuba. El ltimo cuatrienio de 1827 a 1830 ha sido la mitad menos que el de 1819 a 1822: aqul ascendi a 39 595 pesos, y ste, a 79 010. En el afligido estado en que se halla nuestra agricultura, ni la lengua de ningn patricio, ni la pluma de ningn escritor debe emplearse en proponer medidas que se encaminen a aumentar el enorme peso que oprime a nuestros productos coloniales; pero si los diezmos han de existir, forzoso es cimentarlos bajo de otras bases. Quiz convendra extenderlos a toda clase de fines rurales, pues de esta manera crecera en masa total; se aligerara la contribucin, reducindola al 2, o al 1 %, y aun a menos si posible fuese; y el clero, o mejor dicho, los prrocos tendran con que sostenerse decentemente sin reclamar de los fieles los derechos que hoy les exigen. Pudieran tambin las haciendas viejas quedar exentas de todo diezmo, o pagar proporcionalmente una contribucin menor que las nuevas, pues no siendo ya tan productivas, y habiendo estado sujetas por tantos aos a las cargas decimales, imploran hoy la proteccin del gobierno. No es numeroso el clero del Brasil. Muchos de sus miembros son ancianos, y como, segn una ley que no ha mucho tiempo se public, nadie puede tomar rdenes sin licencia del gobierno, la cual no se con-

PAGE 52

OBRAS 46\ 46\ 46\ 46\ 46\ cede fcilmente, resulta que muchos curatos van quedando sin pastores. El obispado de Ro que se compone de las cuatro provincias Ro Janeiro, Espritu Santo, Santa Catalina y Ro Grande del Sur, es el que est mejor provisto de pasto espiritual, pues para una poblacin de 800 000 personas hay casi 1 000 eclesistico. El doctor Walsh dice, que este nmero es escaso; mas, nosotros le juzgamos suficiente, pues casi a cada 800 personas puede asignrsele un ministro del culto. No hay ningn pueblo donde haya ms religin, o por lo menos ms ostentacin de ella que en los Estados Unidos de Norteamrica; y, sin embargo, el clero se halla en una proporcin menor. El nmero de sus individuos se computa en 13 000, y como la poblacin de aquel pas llega a 13 millones, resulta, que a cada 1 000 personas cabe un eclesistico. Cooper en sus elementos de economa poltica, seala a cada uno de ellos, siguiendo un trmino medio, 1 000 pesos de renta anual; es decir, que el gasto total del clero asciende anualmente en los Estados Unidos a 13 millones de pesos. Esta suma se saca toda entera de las limosnas que voluntariamente se dan, pues no reconociendo el Estado ninguna religin preferente, se desconocen diezmos y todo gnero de impuestos en beneficio del culto religioso. El clero regular del Brasil es todava mucho ms corto que el secular. Los religiosos que existen son franciscos, antiguos y reformados, capuchinos misioneros, carmelitas, y benedictinos. Estos dos ltimos son los ms ricos, principalmente los benedictinos, pues slo en Ro Janeiro tienen 700 casas. La fama de sus riquezas es un peligro que los amenaza; la opinin pblica del pas no los favorece; y as generalmente se considera como justo y necesario el aplicar sus bienes a las urgencias del Estado. De la ilustracin del clero brasileo habla Walsh con una imparcialidad que honra sus sentimientos. Si en general, sus miembros no son instruidos, no lo atribuye a causas vergonzosas, sino a falta del estmulo en la carrera eclesistica, a la escasez de medios para ilustrarse, pues a excepcin de la capital carecen de seminarios donde puedan recibir la educacin que conviene a las altas funciones de su ministerio. Alejadas las personas de mrito, los candidatos que se presentan, son por lo comn hombres indignos de pisar los umbrales del templo, contndose a veces en este nmero aun negros y mulatos, sin virtudes ni talento. Este hecho, que bajo de otras circunstancias pudiera mirarse como prueba de la sensatez de los brasileos, identificando las partes heterogneas de su poblacin, y afirmando para siempre las bases de su existencia poltica, no viene a darnos aqu sino un sntoma fatal de la postracin en que ha cado la carrera santa del sacerdocio. El abandono en que yace la educacin eclesistica, no se extiende por fortuna a la primaria y cientfica de las otras clases del Estado.

PAGE 53

JOS ANTONIO SACO /47 /47 /47 /47 /47 Todas las ciudades del Brasil tienen escuelas, y casi todas una o ms clases de latinidad. En Ro Janeiro apenas hay calle donde no se encuentre alguna escuela dotada en 300 pesos al ao, y en que gratuitamente no se ensee a leer, escribir y las primeras reglas de aritmtica. Hay adems otras muchas, en que los discpulos tambin aprenden de balde las gramticas castellana y francesa, y toda la aritmtica. En punto a establecimientos cientficos, hay un seminario en Mariana, una universidad en San Pablo, y otra en Pernambuco, ambas de muy reciente fundacin. En Ro Janeiro existen instituciones literarias que ya nos daramos el parabin de tener en nuestra Habana, donde tanto se necesitan, y donde por desgracia se han mirado con bastante indiferencia. Un habanero esclarecido,6 que en todos tiempos ha hecho servicios sealados al pas que le dio el ser, ms de tres aos ha que elev al Gobierno Supremo el plan general de estudios que se le mand formar para la isla de Cuba; pero pendiente su ejecucin de causas que no le es dado remover, an suspiramos por el da en que se empiece a realizar. ¡Ojal que la enumeracin de las instituciones literarias del Brasil pueda encender el espritu pblico de los buenos cubanos, y proporcionar a la patria las ventajas de la ilustracin! Tiene aquella capital dos seminarios eclesisticos en que se ensean latn, griego, francs, ingls, retrica, filosofa y teologa. Una academia naval, de la que salen los alumnos al cabo de tres aos para embarcarse; y otra militar, en que se dan por espacio de siete aos, cursos de matemticas, fortificacin y otros ramos. Los alumnos de ambas academias son examinados anualmente, y si no quedan bien, pueden repetir los mismos estudios por otro ao; pero si todava no respondieren con lucimiento, entonces sern despedidos como incapaces. Cuando son aprobados desde el primer examen, y desean incorporarse en el ejrcito o en la marina, llegan a ser aspirantes, reciben una pensin mensual, y despus son promovidos en el orden que corresponden. El rasgo ms noble que caracteriza estas academias, es que no estn exclusivamente destinadas a recibir cierta clase de individuos, sino que todos los blancos pueden entrar en ellas, y adquirir gratuitamente los conocimientos necesarios para ser tiles algn da. La gran escuela mdico-quirrgica se halla en el hospital de la Misericordia. Anteriormente, los cirujanos eran los nicos que estudiaban en el pas, pues los mdicos se graduaban en Portugal en la Univeridad de Coimbra. Existe en el Brasil una costumbre que tambin quisiramos ver ms generalizada. Mandose por un edicto particular, que las recetas se escribiesen en lengua nativa, y que la cantidad del medica6Este gran habanero, cuyo nombre no ment cuando escrib este artculo, es el ya difunto don Francisco Arango y Parreo.

PAGE 54

OBRAS 48\ 48\ 48\ 48\ 48\ mento se expresase en letras y no en nmeros. Nunca hemos podido encontrar razones suficientes que autoricen la prctica contraria; antes siempre nos ha parecido ridculo que se compela a los mdicos a usar de un lenguaje misterioso, cuyos signos solamente pueden entender aquellos a quienes es permitido conversar con sus orculos. Los alumnos de la escuela mdica tienen que estudiar cinco cursos de ocho o nueve meses cada uno; y no pueden matricularse, sin saber antes el francs. Esta disposicin nos parece mucho ms racional que la que sguimos en nuestras universidades, obligando a los jvenes a que estudien el latn; pues sin oponernos a que se adquiera el conocimiento de esta hermosa lengua, nadie, sin estar muy preocupado, negar que un estudiante de medicina saca incomparablemente ms ventajas del francs, en cuyo idioma quiz se encuentran las mejores obras sobre esta ciencia, que no del latn, cuyo uso est ya relegado de los buenos libros de medicina. Al fin de cada curso, sufren los discpulos un examen por todos los profesores, y despus de concluidos los estudios, son examinados por la facultad mdica, la que si los encuentra capaces, les da, no grados, sino un diploma o licencia para que inmediatamente empiecen a ejercer su profesin. No suceda antes as, pues era necesario obtener un permiso del mdico o cirujano mayor del imperio, pagndole ciertos derechos, pero abolidos estos dos empleos, en el ao de 1827 o 28, se cerr la puerta a los abusos que existan. En 1824 se fund en Ro Janeiro una Academia de Bellas Artes, en que se ensea la pintura, escultura y arquitectura. Abriose bajo los auspicios del emperador, y por eso se le honr con el nuevo ttulo de Fundador y protector de la Academia Imperial de Bellas Artes Aunque la instruccin es gratuita, el nmero de alumnos es muy corto; pero entre ellos se cuentan algunos, que prometen mucha esperanza. Imposible no es proseguir, sin volver la vista a nuestra decadente Academia de Dibujo. Decadente digo, no porque se haya apagado en su digno director el entusismo que por muchos aos ha ardido en su pecho, ni entibindose en los alumnos el fervor con que emprendieron un estudio tan til como agradable. Decadente es, porque sin recursos para sostenerse, necesita de auxilios que la socorran, y libren de la muerte que la amenaza. En dnde est la generosidad de los habaneros, que ven perecer a sus ojos una de las instituciones que ms gloria y honor dan al suelo en que nacieron? Dir la historia algn da, que nuestros grandes y ricos hombres niegan con mezquina mano un corto donativo a la patria menesterosa ¡Ah, no! Nosotros no podemos figurarnos que el historiador cubano est condenado a conseguir en sus obras una relacin tan vergonzosa. A la Academia de Bellas Artes de Ro Janeiro est unido el museo nacional, que contiene una coleccin de cuadrpedos, aves, pescados,

PAGE 55

JOS ANTONIO SACO /49 /49 /49 /49 /49 conchas y minerales, con otros objetos de curiosidades europeas y americanas. Existen tambin en la capital ctedras de Filosofa, Botnica, Qumica y Mineraloga, y dos bibliotecas pblicas, una situada en el convento de San Bento, y otra en un edificio pblico. sta consta de 70 000 volmenes en todas lenguas antiguas y modernas, con estampas, cartas, mapas y manuscritos; pero se distingue particularmente por una coleccin de Biblias la ms extensa quiz que se encuentra en todo el mundo. Hllase entre ellas un ejemplar de la primera que se imprimi. Est en vitela muy hermosa, y perfectamente consevada. La impresin se hizo en la ciudad de Metz, y se concluy en 1492. “Yo pas, dice el autor que revisamos, mucha parte de mi tiempo en este establecimiento, y aunque tiene menos libros que algunos de los de Europa, creo que no es inferior a ninguno de ellos en punto a comodidad y a la liberalidad que lo distingue. No slo se admite a toda clase de personas, sino que stas son invitadas a entrar y leer. La subida se hace por una ancha escalera de piedra, decorada con hermosas pinturas del Vaticano; y la pieza de lectura es un hermoso saln de bveda que se extiende de un extremo a otro del edificio, y que siempre est ventilado por las brisas que lo refrescan. Junto a una larga mesa, cubierta con un pao verde, y que tiene recado de escribir, como en el Museo Britnico, se sienta el lector; y los bibliotecarios que se hallan en distintos puntos del saln, estn prontos para darle el libro que pide. En ella se reciben todos los peridicos que se publican en la capital y en las provincias: est abierta desde las 9 de la maana, excepto los das festivos; y yo no s si hay algn paraje donde el calor meridiano se pueda pasar con ms agrado o provecho, que en este fresco, silencioso y elegante retiro”. ¡Con cunta envidia no leer estos renglones un cubano aplicado! ¡Y con cunto sentimiento no contemplar el contraste que ofrecen la biblioteca imperial de Ro Janeiro y la de la Sociedad Patritica de La Habana! Pero mientras no se haga un esfuerzo generoso para elevarla a la altura que debe tener, nos veremos reducidos a la triste suerte de desear y sufrir. “No es pues, as prosigue nuestro autor, no es pues, amigo mo, la cosa ms injusta el acusar a los catlicos de enemigos de los conocimientos? Aqu existe una noble y pblica institucin literaria, llena de libros de todas clases, fundada por un rgido catlico monarca, atendida y manejada por eclesisticos catlicos, bajo un plan an ms liberal y menos exclusivo que todos los establecimientos de esta especie, que existen en nuestro pas protestante”. Antes que don Juan VI hubiese declarado francos a todos los puertos del Brasil por su benfico decreto de 28 de enero de 1808, no se vean en Ro Janeiro otros buques extranjeros sino los poqusimos que so pretexto de hacer vveres o de reparar averas, traficaban por contrabando. Pero los efectos saludables de aquella medida fueron tan

PAGE 56

OBRAS 50\ 50\ 50\ 50\ 50\ Buques extranjeros que entraron en Ro Janeiro AosInglesesAmericanosFrancesesSuecos ———————————————————— 181580 18161309 181714714 18181608 1819153622916 1820173733112 1821204773819 1822190993721 18232241042315 18242491594130 1825222933529 18261561183716 18272111383924 18282661513914 La entrada de los buques de los Pases Bajos y de otras naciones es casi igual a la de los suecos. Cuando la noticia de la libertad del comercio brasileo lleg a la Gran Bretaa, fue tal la sensacin que produjo, que muchos capitalistas, sin atender a las circunstancias del clima, ni a las necesidades del Brasil, enviaron cargamentos de cuantos efectos haba en las fbricas y almacenes ingleses. “As fue, que cuando se abrieron en las aduanas las cajas que los contenan, los brasileos quedaron asombrados a la vista de cosas tan extraas como se les presentaron, cosas que solamente podan ser tiles para los canadienses o groelandeses, o para las regiones polares. Entre los raros artculos que se enviaron, haba un surtido de calentadores de cama; y para llegar al trmino del absurdo, tampoco se olvidaron los patines con que los brasileos haban de divertirse sobre el hielo en un pas donde nunca se ha visto ni la escarcha ni la nieve”. Despus que pasaron estos delirios del espritu mercantil, los ingleses limitaron sus giros a los efectos que se podan introducir con utilidad; y como los manufacturados son los que forman la parte principal repentinos, que en 1809 entraron 760 portugueses y 90 extranjeros; y en 1810, 1 240 portugueses y 422 extranjeros. Ignoramos cul fue el nmero de buques que llegaron a aquella capital en los cuatro aos posteriores; mas, este vaco no existe desde 1815 hasta 1828 inclusive, pues el autor nos presenta datos con que llenarlo, segn se ve en la tabla siguiente:

PAGE 57

JOS ANTONIO SACO /51 /51 /51 /51 /51 del comercio de importacin en el Brasil, no es extrao que, teniendo los ingleses tantas ventajas, as por la perfeccin de sus fbricas, como por sus relaciones polticas con aquel pas, sean los que introduzcan mayor cantidad de manufacturas. stas ascendieron en Ro Janeiro, en 1828, a unos 14 millones de pesos; y de esta suma, ms de 9 millones fueron de artefactos ingleses. Hay tambin otros artculos que alimentan el comercio de importacin. Tales son la harina, cuyo consumo anual en Ro Janeiro y sus dependencias es de 80 a 90 000 barriles, procedentes casi todos de los Estados Unidos de Norteamrica: la cera de la costa de frica, que se consume en gran cantidad en las iglesias: el pescado seco, que casi todo es introducido por los ingleses: el jabn, pues es el del pas generalmente de tan mala calidad, que parece arcilla blanda amarilla: el camo y cordelera rusos, el hierro sueco, mucho vino cataln, y algunos efectos de la India. Estos ltimos solamente podan ser importados por los brasileos; pero desde 1827 qued abolida toda restriccin. El aceite de ballena, cuya introduccin estaba reservada a una compaa de naturales, ces de estar bajo las trabas del monopolio, y todas las naciones fueron convidadas a gozar de la libertad que se les conceda. Los principales artculos de exportacin consisten en caf, azcar, cueros, tabaco, algodn, cuernos e hipecacuana. El caf se cosecha dos veces al ao; a saber, en febrero y agosto. Los hacendados lo venden a ciertos traficantes intermedios, de quienes lo compran los comerciantes en unos sacos de 160 libras. Es tanta la probidad con que se hacen estas ventas, que jams ha ocurrido un caso en que se haya descubierto algn engao, y aun la aduana cobra sus derechos sin pesar el fruto. El azcar es de dos calidades, una de Campos en el norte, y otra de Santos en el sur. Se guarda en cajas y barriles: aqullas son de 20 a 80 arrobas portuguesas;7 stos de 6 a 8. Sentimos que no sean completos los estados que vamos a insertar; pero siendo los nicos que trae el autor, y escaseando mucho las noticias de esta especie respecto del Brasil, esperamos que no dejarn de leerse con algn inters. Exportacin de Ro Janeiro CAF AosLibras ——————— 1818................................................................. 11 874 304 1819................................................................. 8 600 548 1820................................................................. 14 910 240 7La arroba portuguesa tiene 32 libras, o poco ms de 14 kilogramos.

PAGE 58

OBRAS 52\ 52\ 52\ 52\ 52\ 1821................................................................. 16 861 892 1822................................................................. 24 318 304 1823................................................................. 29 599 168 1824................................................................. 36 688 673 1825................................................................. 29 291 664 1826................................................................. 41 600 000 1828................................................................. 58 871 360 AZCAR Cajas dedem de 50 arrobas20 a 25Barriles ————————————— 1823..............................24 185 1825..............................21 5381 650 1826..............................19 8551 348 1828..............................19 12646513 867 CUEROS Cueros ———— 1823................................................................. 273 540 1825................................................................. 261 910 1826................................................................. 384 178 1828................................................................. 207 277 TABACO Rollos de 75 libras ————— 1823.................................................................26 896 1825.................................................................21 165 1826.................................................................27 064 1828.................................................................24 620 ALGOD"N Serones de 128 libras ————— 1823.................................................................8 898 1825.................................................................3 401 1826.................................................................4 449 1828.................................................................2 440

PAGE 59

JOS ANTONIO SACO /53 /53 /53 /53 /53 ZAFRA DE AZCAR EN SANTOS Arrobas de 32 libras ————— 1824................................................................. 450 000 1825................................................................. 550 000 1826................................................................. 600 000 EXPORTACI"N DE AZCAR POR EL PUERTO DE BAHA Cajas8———— 1819.................................................................29 775 1820.................................................................38 688 1821.................................................................48 814 1822.................................................................35 660 1823.................................................................10 272 El medio circulante del Brasil consiste en cobre, plata, oro y papel moneda. Las cuentas se ajustan por medio de una moneda pequea nominal, llamada rei de la que un duro espaol contiene 800; pero cuando ste pasa por la casa de moneda y se le imprime el cuo brasileo, ya entonces vale 960 reis Hubo un tiempo en que circul en Portugal una moneda de valor tan bajo, que solamente llegaba a rei y medio; mas, hoy ha desaparecido casi totalmente, porque los pobres a quienes se daba la limosna, la arrojaban al Tajo. El cobre est dividido en monedas que valen 10, 20, 40 y 80 reis La plata, en media patacca una patacca dos pataccas y un pataccan : el valor de la media patacca es de 160 reis ; el de la patacca de 320; el de las dos pataccas de 640; y el del pataccan de 960. El oro consta de una pieza que vale 4 000 reis ; de media onza que contiene 6 400 reis ; y de una onza que asciende a 12 800 reis Cuando Walsh resida en el Brasil, eran tan escasos el oro y la plata, a pesar de estar prohibido su extraccin, que el medio circulante era cobre. El papel moneda corra tambin; pero su circulacin estaba limitada a la provincia de Ro Janeiro, y andaba con tanto descrdito, que su cambio por plata, cuando sta poda encontrarse, sufra un descuento de un 60 %; y de 25 y aun 50 % si se permutaba por cobre. Aunque el Brasil se considera como pas saludable, est, sin embargo, expuesto a ciertas enfermedades en la estacin calurosa; tales son las fiebres biliosas remitentes, la disentera y la inflamacin del hgado. Las viruelas, llamadas por el pueblo vegigas causan a veces muchos estragos. La vacuna no se introdujo hasta el ao de 1811; pero no con8Las cajas de Baha tienen 40 arrobas.

PAGE 60

OBRAS 54\ 54\ 54\ 54\ 54\ servada en su pureza, ni difundida por todo el pas, la peste atac en 1828 a las provincias de Ceara y Espritu Santo, quedando casi despoblados algunos distritos, y pereciendo aun muchos de los que fueron inoculados con el virus de la capital. Pero la enfermedad ms repugnante a la vista es la que causa unas inflamaciones locales, a manera de elefanca. Es muy comn en Ro Janeiro, y parece que es peculiar a los linfticos: a veces empieza con un desorden en el sistema, y otras, con dolores en la parte que ha de ser afectada, seguidos de sntomas febriles. Cuando ataca alguna de las piernas, casi siempre se descubre primero en el tobillo interno, y se extiende prontamente por toda la pierna y muslo hasta las glndulas inguinales, corriendo en la direccin de los vasos linfticos, los cuales se ponen muy sensibles al tacto, y aparecen sealados por una lnea roja. Hay casos en que la enfermedad empieza ms arriba, y entonces se extiende a las glndulas axilares que se hinchan y supuran. Cuando la inflamacin cede, deja, ya las piernas hinchadas, ya un tumor enorme en forma de hidroceles, ya una cosa y otra, cuyas tristes reliquias generalmente acompaan al enfermo en el resto de sus das: bien que no le dejan otra pensin, sino la de cargar una masa enorme de carne, que parece ser linfa coagulable, arrojada por los vasos cuando fueron excitados; pero ya inertes e insensibles. Nada se exagera en decir que al paso que esta enfermedad ataca en forma de hidroceles a la dcima parte de la poblacin de Ro Janeiro, es casi desconocida en las altas regiones del interior. Los corpulentos tenderos de la capital, hombres de vida sedentaria y de disposiciones indolentes, estn ms expuestos a ella que ninguna otra clase de la sociedad. El doctor Walsh refiere varios casos de tumores, pero ninguno tan extraordinario como el que vio en el hospital de la Misericordia. Oigmosle con sus mismas palabras. “Era un negro de casi 25 aos, y sin ningn motivo o causa aparente que explicase la enfermedad. El tumor empez a crecer, y continu sin mucho dolor hasta llegar al suelo. Cuando el paciente se pona de lado, el saco que cubra el tumor, apareca tan grande como el resto de su cuerpo; y cuando se volva de espaldas, ocultaba sus piernas aunque las tena enormemente hinchadas. De la cintura para abajo presentaba el espectculo ms extraordinario que puede ofrecer la naturaleza humana; pero de la cintura arriba era muscular y bien proporcionado, y de aspecto sano y alegre. Hallbase libre de otros achaques, y tan contento que siempre estaba cantando y danzando. De esta manera soportaba el peso de una excrecencia de ms de 30 libras”. En las alturas del Brasil padecen los habitantes con mucha frecuencia, una enfermedad que llaman paperas y que en los Alpes se conoce bajo el nombre de gotre derivado del latn guttur garganta. En Europa se atribuye al agua de nieve que se bebe; pero esta causa no puede

PAGE 61

JOS ANTONIO SACO /55 /55 /55 /55 /55 producirla en el Brasil, porque las personas atacadas jams han visto, y puede decirse que ni aun tienen idea del hielo, ni la nieve. Creen, por tanto, algunos brasileos que procede de alguna mala calidad del agua; pero otros opinan, con ms fundamento, que proviene de la falta de sal, pues las personas ricas que se proveen de este artculo, no padecen la enfermedad; y aqu aun se refieren varios casos de personas curadas con slo retirarse a las costas, y beber el agua del mar. Los naturales aplican al tumor una cataplasma de calabazas, y toman el agua que se halla sobre el polvo trreo, formado en las cuevas de las hormigas. Esta agua tiene una calidad cida derivada de una secrecin glutinosa del insecto, que parece le comunica su virtud medicinal.9La historia natural del Brasil ofrece un vasto campo a las investigaciones del filsofo; pero ni el autor de los viajes que revisamos, se detiene mucho en ellas, ni aun cuando lo hiciese, nosotros dejaramos correr la pluma libremente sobre una materia que de suyo pide un artculo. Nos limitaremos, pues, a indicar algunos de los objetos que nos parecen ms dignos del conocimiento pblico. Abunda en el Brasil una especie de garrapata venenosa, y los brasileos estn expuestos a las peligrosas consecuencias de sus picadas. Est armada de seis garras agudas y corvas, con las cuales prende prontamente los objetos que se le acercan, y tiene un hocico compuesto de un manojito de cerdas, endentado hacia dentro, y de un aguijn con que penetra la carne de cualquier animal. Luego que introduce la cabeza en la herida que hace, las cerdas se abren en forma de tringulo, cuya base queda hacia dentro, oponiendo a su extraccin una resistencia a veces insuperable. Si al tiempo de extraerle, no se le saca la cabeza, se origina una inflamacin violenta que degenera en una lcera peligrosa; y si se le deja sin tocar, se alimenta con sangre, hasta que se infla y llega a un tamao enorme. Sucede, con frecuencia, que la mera punzada produce inflamacin, y absorbido el veneno por las glndulas de los miembros, stas se hinchan y causan dolores muy agudos. “Estos insectos horribles son, segn el autor, una plaga tan mala como cualquiera de Egipto, y abundan a veces tanto, que matan rebaos de ganado. Son tan elsticos, que no se les puede reventar, tan llenos de vitalidad que no se ahogan en el agua, y tan adherentes que no se les puede arrancar de la piel”. Diez y ocho especies de murcilagos se conocen en el Brasil, y nueve de ellos son chupadores de sangre. Los hay tan voraces, que de noche se 9Las paperas o gotre son muy comunes en la Saboya, en el bajo Valais, en los valles de los Alpes, y en otras partes. Hoy se cree, que esta enfermedad proviene del uso de alimentos indigestos, del agua de nieve, caliza, magnesiana, o selenitosa, y ms generalmente, de las sustancias que carecen de yodo. ste, y la pomada de hidriodato de potasa son los remedios ms eficaces que hasta ahora se han empleado contra el gotre

PAGE 62

OBRAS 56\ 56\ 56\ 56\ 56\ pegan al dedo pulgar de la mano, o al grueso del pie, de la persona que duerme, y batiendo blandamente sus alas para impedir que despierte, le chupan la sangre, pudiendo a veces ocasionarle la muerte. Ni es el Brasil la patria exclusiva de estos vampiros: existen tambin en Colombia y otras partes de Amrica; y bien sabido es el suceso de Cabeza de Vaca, que cuando en 1543 andaba explorando los orgenes del Paraguay, fue atacado una noche por uno de ellos en el dedo grueso del pie, y cuando despert ya tena la pierna acalambrada y fra, y la cama llena de sangre. Existen en el Brasil algunas serpientes muy venenosas, y como remedio eficaz contra sus picadas se recomienda la flor de las especies del embeaporba, llamadas Cecropia pellata y palmata Pero el antdoto ms acreditado en aquel pas contra las mordeduras de la serpiente jacaraca es cierta haba ( Favila cordifolia ) que se encuentra en los bosques. Los naturales la llevan, con frecuencia, para el triste caso en que se vean obligados a usarla. Hay una planta llamada congonha que es el mate del Paraguay, y se usa generalmente en lugar del t. Crece en los lugares pantanosos, y llega a la altura del naranjo. Las hojas se secan o tuestan al fuego, y as se guardan en jarros o botellas. Los mineros del Paraguay lo toman con abundancia para neutralizar los efectos daosos de los vapores de las minas; mas, en el Brasil no se le atribuye esta propiedad. No ha muchos aos que el rey don Juan hizo introducir en Ro Janeiro el t de la China con una colonia de naturales de aquel pas para que lo cultivasen; mas, a pesar de que el clima y el terreno son favorables a su propagacin, la planta est abandonada sin producir los resultados ventajosos que pudieran sacarse de ella. Tiene el Brasil minas de oro, hierro y otros metales; pero dados los brasileos a la explotacin del oro, jams trataron de trabajar el hierro, que en cambio de aquel mental, reciban del extranjero. Entre los grandes beneficios que el rey don Juan dispens al Brasil, se recordar siempre con gratitud el establecimiento de una fundicin en 1818, dirigida por mineros suecos, que como expertos en estos trabajos, procur aquel monarca atraer a sus dominios. Se encuentran tambin piedras preciosas. Los diamantes se consideran como parte del tesoro pblico. Se trabajan en un edificio abierto, y en donde se admite a todo el mundo sin ningn reparo. Con razn dice el doctor Walsh: “me pareca extraordinario, que un establecimiento donde existen tantas y tan preciosas riquezas, estuviese tan abierto como un mercado pblico, se permitiese a todos entrar, y pasearse por l, coger los diamantes, y aun se les convidase a examinarlos mientras los trabajaban; y todo esto sin la menor sospecha o interrupcin”. El gobierno los suele vender en bruto; pero el pueblo casi siempre prefiere

PAGE 63

JOS ANTONIO SACO /57 /57 /57 /57 /57 comprarlos ya pulidos, porque entonces se descubren mejor las imperfecciones que puedan tener. Encierra tambin el Brasil minas de topacio, cuya calidad es la mejor que se conoce en el mundo. Los hay blancos, oscuros y azules. stos son muy raros y, por consiguiente, muy apreciados. Las piedras calizas son muy escasas en el Brasil. Un alemn descubri una cantera; pero no habindosele permitido beneficiarla sino bajo de gravosas condiciones, se volvi a Europa sin indicar el paraje en que la encontr. Las noticias que nos da el autor acerca de la poblacin del Brasil, no concuerdan con las que hemos adquirido por otros conductos. l supone que en 1829 constaba de 3 350 000 habitantes, a saber: Blancos ............................................................ 850 000 Mulatos libres ................................................ 430 000 Negros libres ................................................. 160 000 Esclavos ..........................................................1 910 000 ————— 3 350 000 Es decir, que la poblacin de color excede a la blanca en razn de tres a uno. El clebre Correa de Cerra juzga que los habitantes del Brasil debieron de llegar en 1776 a 1 900 000. Segn los padrones formados por los capitanes generales y gobernadores de las provincias en los aos 1816, 1817 y 1818, la poblacin ascendi a 3 617 900 almas, a saber: Blancos ............................................................ 843 000 Indios de diversas tribus .............................. 259 400 Negros libres ................................................. 159 500 Libres de sangre mezclada .......................... 426 000 Negros esclavos.......... ................... ............... .1 728 000 Mulatos esclavos ............................................ 202 000 ————— 3 617 900 Comparando este censo con el clculo que el doctor Walsh hizo para el ao de 1829, resulta a favor de aqul una diferencia de 267 900 almas; y si se atiende al aumento que ha tenido la poblacin en estos ltimos aos, as por el exceso de los nacidos sobre los muertos como por la introduccin de europeos y africanos, entonces aparecer ms clara la equivocacin que comete. Es verdad que l omite el nmero de indios; pero ascendiendo stos segn los censos de 1816, 17 y 18 a 259 400,

PAGE 64

OBRAS 58\ 58\ 58\ 58\ 58\ Por el patrn de 1825 se dio a Ro Janeiro una poblacin de 130 000 almas; pero este clculo es quiz ms defectuoso que el anterior, porque hallndose entonces el Brasil en guerra con Buenos Aires, los habitantes tenan inters en evadirse del servicio militar. El doctor Walsh, partiendo de datos menos falibles, comput la poblacin para 1829 en 150 000 almas, de cuyo nmero, dos tercios son gentes de color. Tales son las noticias que tenemos acerca de la poblacin del Brasil; y ya que hemos tocado esta materia importante, permtasenos detener algunos momentos en la breve historia del comercio de esclavos que aquel pas, o mejor dicho, su madre patria, ha tenido con las costas africanas. resulta que aun cuando los rebajramos de ellos, la poblacin del Brasil en los aos indicados habra sido de 3 358 500, que comparada con los 3 350 000 a que supone Walsh que ascendi en 1829, todava da una diferencia de 8 500 almas; cosa que no se puede concebir en un pas que, como el Brasil, ha tenido desde 1818 hasta 1829 aumentos tan considerables en su poblacin. El barn de Humboldt confiesa que en su Ensayo poltico sobre Nueva Espaa exager mucho la poblacin del Brasil; mas, piensa, que fundado en los datos que le comunic el veneciano Adriano Balbi, sera en 1823 de 4 000 000 de habitantes. Saint Hilaire calcul la poblacin del Brasil para el ao 1820 en 4 396 132 almas; pero l mismo dice, que el nmero de los indios y de las personas libres est muy exagerado, al paso que el de los esclavos est disminuido. En medio de datos tan divergentes, el observador no encuentra punto alguno donde fijarse, pues, aunque haya algunos censos y clculos que inspiren menos desconfianza que otros, todos, sin embargo, distan de la verdad. Si en pases donde la poblacin est reconcentrada, donde el gobierno se empea en saber exactamente su nmero, donde las comunicaciones son fciles y baratas, y donde los habitantes no temen que violentas contribuciones vayan a caer sobre sus personas y bienes, se escapan muchas faltas, y se padecen errores, qu no suceder en los pueblos donde todo conspira a frustrar esta especie de investigacin? Ni se limita esta incertidumbre a la poblacin general del Brasil, pues tambin se extiende a la capital. En 1648 era tan escasa que solamente se computaba en 2 500 almas. En 1811 se hizo un censo, y de l aparece que haba: Blancos ............................................................22 780 Indios..............................................................4 701 Negros y mulatos libres ...............................9 888 Mulatos y negros escl avos ...........................14 276 ———— 51 645

PAGE 65

JOS ANTONIO SACO /59 /59 /59 /59 /59 10Cuando yo escrib este artculo en 1832, pocos conocimientos tena acerca de la historia del comercio de esclavos africanos; pero habiendo profundizado despus este asunto, debo decir, que ni los portugueses fueron los primeros europeos que hicieron el trfico, ni Manuel Ribeiro el primero que alz su voz contra l. Los portugueses empezaron desde temprano a esclavizar a los naturales de aquellas regiones. El historiador Barros dice, que habiendo Dionisio Fernndez armado un buque, salido en 1445 a descubrir tierras en frica, y encontrado unas barcas de negros pescadores ms abajo del ro Senegal, les dio caza, y alcanz una de ellas con cuatro negros, que fueron los primeros que llegaron a Portugal. Otros afirman que esta raza infeliz fue introducida en aquella nacin tres aos antes de este suceso. Oigamos como se expresa Bryan Edwards en el cap. 2, lib. 4, tom. 2 de su historia de las Antillas inglesas. “Mientras los portugueses andaban explorando la costa de frica en 1442 bajo los auspicios de su clebre prncipe Enrique, Antonio Gonzlez que dos aos antes haba cogido algunos moros cerca del Cabo Bajador volvi por orden de aquel prncipe a llevar a frica sus prisioneros; y habindolos desembarcado en Ro del Oro recibi de los moros por va de rescate una cantidad de oro en polvo y diez negros, con los cuales regres a Lisboa. El suceso de Gonzlez, no solamente excit la admiracin, sino que estimul la avaricia de sus paisanos, quienes en el transcurso de pocos aos equiparon nada menos que 37 buques para hacer un comercio tan lucrativo. En 1481 construyeron los portugueses un fuerte en la Costa de Oro; otro, poco despus, en la isla de Arguin, y otro en Loango de San Pablo en la costa de Angola; tomando por ltimo el rey de Portugal el ttulo de seor de Guinea”. Si los portugueses fueron los primeros que en los tiempos modernos mancharon su memoria con el horrible comercio de carne humana, dicho sea en honor de la verdad, ellos fueron tambin los primeros que alzaron su voz contra l. En vano repetir la Inglaterra el grato nombre del filntropo Wilberforce: en vano se empear en disputar la palma a naciones que mucho antes cieron su frente con ella; la historia imparcial, haciendo severa justicia, siempre la adjudicar al benemrito portugus, Manuel Ribeiro.10 Este virtuoso eclesistico, atacando con denuedo, ms bien los viles intereses de especuladores infames que las preocupaciones generales de la nacin en que viva, public en Lisboa en 1758 una obra intitulada Etiopa Resgatada ; o sea, frica Redimida En ella pint con vivos colores las atrocidades del comercio africano, y a fin de impedir su continuacin, propuso que se castigase como crimen de piratera; pero corrieron aos y ms aos, y no se hizo alteracin alguna en materia de tan gran momento hasta el 23 de enero de 1815 en que se firm en Viena un tratado, por el cual se prohibi a los

PAGE 66

OBRAS 60\ 60\ 60\ 60\ 60\ portugueses el comercio de esclavos en todos los puntos hacia el norte del Ecuador, reservndose para otra poca su completa abolicin. El 18 de julio de 1817 se celebr otro tratado con el objeto de impedir que se continuase el trfico en los lugares ya prohibidos; y, en consecuencia, se autoriz a los buques de guerra para que pudiesen registrar a los mercantes sospechosos, y caso que encontrasen esclavos en ellos, detenerlos y enviarlos a una de las dos comisiones, que compuestas de igual nmero de ingleses y portugueses, deban de residir en el Brasil y en los dominios que la Gran Bretaa tiene en la costa de frica. Cuando el Brasil se separ de Portugal, el emperador de aquella nacin y el rey de la Gran Bretaa renovaron los compromisos existentes para poner trmino al comercio de esclavos; y el 3 de noviembre de 1826 celebraron en Ro Janeiro un tratado por el cual se convino que al expirar tres aos contados desde el da en que se canjeasen las ratificaciones, cesase enteramente el trfico so pena de ser considerado como pirata el sbdito brasileo que lo hiciese. El Parlamento ingls confirm este tratado el 2 de julio de 1827, y desde el 23 de marzo de 1830 qued abolido para siempre en el Brasil un comercio que, degradando a la especie humana, ha destruido ya una de las Antillas, y puesto a otras al borde de su ruina. Firmado que fue este tratado, los brasileos se sobresaltaron, en gran manera, al contemplar las consecuencias que recaeran sobre su pas. De aqu fue, que en el corto tiempo que les qued, emplearon capitales enormes en el comercio de esclavos; y de aqu tambin el crecido nmero de los que introdujeron ltimamente. La tabla que insertamos, manifiesta el total de los importados en el puerto de Ro Janeiro en el transcurso de algunos aos. AosEsclavos ———————— 1817................................................................. 18 032111818.................................................................19 802 1819................................................................. 1820.................................................................15 020 1821.................................................................24 134 1822.................................................................27 363 1823.................................................................20 349 1824.................................................................29 503 1825.................................................................26 264 1826.................................................................33 999 11En 1817 entraron en la ciudad de Baha 6 070 esclavos. La importacin de 1806 ascendi en todo el Brasil a 38 000 africanos.

PAGE 67

JOS ANTONIO SACO /61 /61 /61 /61 /61 1827.................................................................29 787 1828.................................................................43 555 1829.................................................................13 459 ————— 301 267 Si en los tres primeros meses de 1829 entraron en Ro Janeiro ms de 13 000 esclavos, bien puede suponerse que su nmero en los nueve restantes del ao no slo guardara proporcin con los tres primeros, sino que se aumentara, pues que, tocando ya este comercio a su trmino, es muy natural que los brasileos hubiesen redoblado sus esfuerzos para abastecer de negros todas sus heredades. Mas, aun concediendo, que en los ltimos nueve meses de 1829 no hubiese entrado en Ro sino un nmero proporcional al de los tres primeros, resultar, que el total de aquel ao asciende a ms de 52 000 esclavos. Esta superabundancia hizo bajar tanto los precios, que los negros se llegaron a vender muy baratos y a diez aos de plazo, quedando, por consiguiente, arruinados muchos de los empresarios. No se crea que los brasileos se limitaron a los puntos meridionales del frica en que an les estaba permitido el trfico, sino que contraviniendo a sus tratados con la Gran Bretaa, se extendieron al norte del Ecuador. El capitn ingls Arabin, que estuvo cruzando tres aos sobre aquellas costas, dice que de agosto de 1826 a mayo de 1829 encontr a bordo de los buques que reconoci 3 894 negros; y que en 14 de ellos, a saber, nueve con bandera brasilea, tres con espaola, uno con portuguesa, y otro con francesa y holandesa, apres 2 465 esclavos que fueron enviados como libres a Sierra Leona. De los informes presentados al Parlamento britnico consta, que desde junio de 1819 hasta julio de 1828 los cruceros ingleses han apresado y dado libertad a 13 281 africanos que por trmino medio son 1 475 al ao. Para abolir de una vez el trfico clandestino, desean algunos, que el mutuo acuerdo de reconocimiento concedido por los tratados a los cruceros ingleses, espaoles, portugueses, holandeses y brasileos, se extienda tambin a los de otras naciones. Como los buques negreros solamente pueden ser apresados, cuando tienen a bordo su cargamento, resulta que permanecen anclados en la boca de los ros, o en otros parajes, y teniendo escondidos a los negros cerca de la costa, acechan en el momento en que pueden embarcarlos y hacerse a la vela, burlando la vigilancia de los cruceros. Los interesados en impedir estos fraudes, desean tambin que se adopten las medidas establecidas en el artculo adicional al tratado que Inglaterra celebr con los Pases Bajos en 1818. Por l se mand, que todo buque que estuviere cruzando la costa de frica dentro de un grado al oeste, y entre los 20 grados al norte y 20 al

PAGE 68

OBRAS 62\ 62\ 62\ 62\ 62\ sur de la lnea, o que, anclado en alguna baha, ro, o cala tuviere las escotillas enrejadas y no cerradas, y ms divisiones que las necesarias a la calidad del buque, o se encontraren en l grillos, esposas, o cadenas, tablas para una segunda cubierta, gran batera de cocina, o una cantidad de agua, harina o arroz mayor que la que puede consumir la tripulacin de un buque, se considere como actualmente empleado en el comercio de esclavos, y se haga buena presa, aunque no los tenga a bordo. Y ya que estamos tratando de una materia que tanto nos interesa, no sera reparable que disemos todo nuestro tiempo a la contemplacin de los pueblos extranjeros, y que nos olvidsemos de la Isla en que vivimos? Si tal hiciramos, nosotros mismos no podramos perdonarnos tan culpable omisin. Rompamos pues el silencio, y trazando con mano breve la historia fatal de nuestro comercio africano, descubramos nuestra condicin presente, fijemos la vista en el cercano porvenir, y conjuremos la tempestad que ya se oye tronar en nuestra zona. Ahora importa poco saber, cundo se introdujeron los primeros negros en la isla de Cuba, y harto probable nos parece, que los pobladores que vinieron de Santo Domingo, donde ya abundaban los africanos por aquellos tiempos, trajesen consigo algunos. Consta a lo menos, de documentos oficiales, que en 1515 ya se haban introducido en Cuba algunos negros esclavos, y que continuaron llevndose a ella, ya en virtud de las licencias que el gobierno empez a conceder desde 1513, ya por contrabando. Otros, adems, fueron importados conforme a los cuatro asientos que se ajustaron en el siglo XVI, para proveer a la Amrica de esclavos: el primero, con unos genoveses en 1517; el segundo, con unos alemanes en 1528: el tercero, con Gaspar Peralta en 1586: y el cuarto, con Pedro Gmez Reynel en 1595.12El siglo XVII puede llamarse el siglo de los asientos, pues en l se celebraron 19 con los portugueses; y Cuba fue uno de los puntos de Amrica donde se introdujeron. Apenas se hubo sentado Felipe V en el trono de Espaa, cuando ya la compaa francesa de Guinea alcanz el privilegio de importar negros en las colonias espaolas, y durante la guerra de sucesin, Cuba recibi algunos en cambio de tabaco. Hecha la paz, este privilegio pas a los ingleses, y la Compaa del mar del Sud formada al efecto, se comprometi, con exclusin absoluta de espaoles y extranjeros, a introducir anualmente en las colonias hispano-americanas 4 800 negros, por el espacio de 30 aos consecutivos. 12En el bosquejo histrico que estoy trazando, he alterado gran parte de lo que escrib en 1832. Siento que los lmites de este artculo no me permitan dar a este asunto la extensin que merece; pero me consuelo con la esperanza que podr hacerlo, si no soy muy desgraciado, cuando publique la Historia de la esclavitud desde la Antigedad hasta nuestros das que tengo ya casi concluida.

PAGE 69

JOS ANTONIO SACO /63 /63 /63 /63 /63 Segn la representacin que don Martn de Arztegui hizo a la Corte contra los asientos, en 1739, la Isla contaba entonces unos 50 000 esclavos; pero debiendo de ser criollos muchos de stos, tan precioso dato no puede servirnos para computar el nmero de los importados en tiempos anteriores. Fundose en 1740 la Compaa Mercantil de la Habana ; disele permiso para introducir algunos negros, y Arrate que escribi la historia de esta ciudad en 1761, nos dice, que el nmero de los importados ascendi entre grandes y pequeos a 4 986. En 1762 cay La Habana en poder de los ingleses, y durante el ao que la ocuparon, introdujeron muchos negros en la Isla. En 1764, 65 y 66, recibi La Habana por cuenta de la Compaa 4 957 negros. Segn la contrata con el marqus de Casa Enrile se introdujeron 14 132 en los seis aos corridos de 1773 a 1779. Declarose entonces la guerra entre Espaa y la Inglaterra, interrumpiose el trfico de negros, celebrose la paz en 1783, hzose una contrata con Baker y Dawson, y de 1786 a 1789 se importaron 5 786 negros. Estas tres partidas forman la suma de 24 875 africanos, introducidos todos por el puerto de La Habana. La importacin en la parte oriental de la Isla, durante los 25 aos contados desde 1764 a 1789, se puede calcular, a lo menos, en 6 000 negros. Permitiose el comercio libre de stos en 1789, y antes de expirar el trmino de su concesin, fue prorrogado segn Real Cdula de 22 de abril de 1804, por 12 aos para los espaoles y seis para los extranjeros, contados unos y otros desde el da de su publicacin. En 1814 hizo la Inglaterra sus primeras tentativas con el Gobierno espaol para que aboliese el trfico de esclavos africanos; pero todo lo que entonces obtuvo, fue que se prohibiese a los espaoles la introduccin de negros en pases extranjeros. En 1816 renov aquella nacin sus negociaciones con Espaa; y el 23 de septiembre de 1817 se concluy y ratific en Madrid entre los dos gobiernos un tratado, por el cual el ingls se comprometi a pagar al espaol 400 000 libras esterlinas, y ste a renunciar para siempre al comercio de esclavos africanos hacia el norte del Ecuador, y a prohibirlo en todos sus dominios desde el 30 de mayo de 1820. Las 400 000 libras esterlinas no eran para el Gobierno espaol como muchos creen equivocadamente, sino para indemnizar a los comerciantes de los perjuicios que deba ocasionarles la cesacin del trfico africano. Los documentos oficiales de La Habana nos ofrecen un estado interesante del nmero de negros que por este puerto se introdujeron desde 1790 hasta principios de 1821. Es muy digno de copiarse aqu. AosNegrosAosNegros ————————————— 1790...................2 5341806...................4 395 1791...................8 4981807...................2 565 1792...................8 5281808...................1 607

PAGE 70

OBRAS 64\ 64\ 64\ 64\ 64\ 1793...................3 7771809...................1 162 1794...................4 1641810...................6 672 1795...................5 8321811...................6 349 1796...................5 7111812...................6 081 1797...................4 5521813...................4 770 1798...................2 0011814...................4 321 1799...................4 9491815...................9 111 1800...................4 1451816...................17 733 1801...................1 6591817...................25 841 1802...................13 8321818...................19 902 1803...................9 6711819...................15 147 1804...................8 9231820...................17 194 1805...................4 9991821...................4 122 ———— 240 721 Esta tabla demuestra, que las importaciones se aumentaron extraordinariamente en los ltimos cinco aos, pues ascendieron a 95 817 esclavos. El nmero de stos, registrados en las aduanas en 1821, es muy corto, porque solamente se compone de los cargamentos de los buques que, habiendo salido de la Isla en tiempo hbil, no pudieron rendir hasta entonces sus expediciones. As que, para computar el nmero de negros introducidos clandestinamente, se debe empezar desde aquel ao.13Si las introducciones lcitas hechas por los puertos de Trinidad y Santiago de Cuba, los descuidos que pudieron haberse cometido en las aduanas, y las importaciones por contrabando, se computan, segn piensan algunos prudentemente, en la cuarta parte de los 240 721 negros introducidos en La Habana desde 1790 hasta principios de 1821, tendremos durante este tiempo un aumento de 60 180. Formando un resumen de los datos anteriores y de otros que poseo, se puede decir, que Cuba ha recibido aproximadamente en el transcurso de tres siglos los esclavos siguientes: Importacin en toda la isla desde su colonizacin hasta 1595 .............................................................. 12 000 De 1595 a 1740 ........................................................... 40 000 De 1740 a 1789 ........................................................... 46 684 Por el puerto de La Habana desde 1790 hasta principios de 1821 .................................................. 240 721 13Aunque algunos de estos datos se hallan en las pginas 160 y 161 del tomo I, me ha sido preciso reproducirlos aqu, dndoles ms exactitud.

PAGE 71

JOS ANTONIO SACO /65 /65 /65 /65 /65 Contrabando, omisiones de las aduanas e importacin lcita por los dems puertos de la Isla desde 1790 hasta principios de 1821.......60 000 ———— Total ............................. 399 405 Si el trfico de esclavos hubiera cesado desde que se prohibi, ya podramos saber, si no con exactitud al menos aproximadamente, el nmero de los introducidos en toda la Isla; pero continuado clandestinamente, con desprecio de las leyes, con ultraje de la humanidad y con riesgo inminente de la patria, carecemos de datos fijos en que fundar nuestros clculos. Para el fin que nos proponemos, es necesario considerar los progresos que en pocas anteriores han tenido las clases que componen la poblacin de la isla de Cuba.LibresTotalTotal AosBlancosEsclavosde colorde colorgeneral—————————————————— 177596 44044 33330 84775 180171 620 1791133 55984 59054 152138 742272 301 1811274 000212 000114 000326 000600 000 1817239 830199 145114 058313 203553 033 1825325 000260 000130 000390 000715 000 1827311 051286 942106 494393 436704 487 La poblacin de los aos 1775, 1791, 1817 y 1827 es la que aparece de los censos hechos en dichos aos: la de 1811 es el resumen de los clculos formados por las corporaciones de La Habana, cuando en aquel ao elevaron a las Cortes una representacin, sobre el trfico y esclavitud de los negros;14 y la de 1825 es el cmputo hecho por el barn de Humboldt en vista de los censos anteriores y de otros documentos sobre la materia. No es del caso discutir la exactitud relativa de estos clculos y padrones; pero teniendo motivos suficientes para desconfiar de stos, damos la preferencia a aqullos, pues que fueron formados bajo circunstancias que favorecen, sino un resultado cierto, al menos muy cercano a la verdad. A bien que no importa mucho, a nuestro propsito, el saber a punto fijo, cul ha sido la poblacin cubana en los aos mencionados; bstanos tener una idea aproximada de su totalidad y de las oscilaciones que han experimentado las distintas clases de que se 14El autor de esta importante representacin, acompaada de documentos, fue el gran patricio cubano don Francisco Arango y Parreo.

PAGE 72

OBRAS 66\ 66\ 66\ 66\ 66\ compone. Establezcamos, pues, las proporciones en que stas se han encontrado. LibresTotal AosBlancosEsclavosde colorde color ————————————————— 177556 p. %26 p. %18 p. %44 p. % 179149312051 181145 35 1954 181743372057 182546361854 182744411556 Por esta tabla se ve, que en 1775 la poblacin blanca exceda en ms del duplo a los esclavos, y que stos reunidos a todos los mulatos y negros libres, todava no igualaban a los primeros, pues que los blancos formaban un 56 %, y toda la gente de color un 44 solamente, pero ya desde 1791 aparece que los blancos perdieron su preponderancia numrica, porque no llegan sino a 49 %, y mientras que la poblacin de color sube a 51 %: y al paso que venimos descendiendo a los ltimos aos, se observa dolorosamente que la gente de color ha ido ganando sobre la blanca; y ganando en tales trminos que ya en 1827 los blancos y los esclavos casi se balancearon, llegando aqullos a 44 %, y stos a 41. No se me oculta, que este censo no contiene todo el nmero de nuestros blancos; pero habr quien se atreva a decir que ha inscrito en sus columnas a todos los esclavos? Las negligencias que se advierten en l son mucho mayores respecto de la poblacin de color que de la blanca, y basta para comprobarlo fijar la vista en la partida de los negros y mulatos libres, pues suponindose equivocadamente que slo forman un 15 %, ofrece un resultado mucho ms bajo que el de todos los aos anteriores. Aun a pesar de esto, si comparamos el total de blancos con el de la gente de color en 1827, aqul es de 44 %, y ste, de 56. En nuestro concepto, la isla de Cuba pasa hoy de 800 000 almas, y no tememos equivocarnos si aseguramos, que el nmero de esclavos no baja de 350 000, y el de libres de color, de 140 000; es decir, que en una poblacin donde hay pocos ms de 300 000 blancos, se cuenta casi 500 000 personas de color. Estas indicaciones son por s bastantes para conocer que nos hallamos gravemente enfermos, y que si no aplicamos el remedio con mano firme, la muerte puede sorprendernos en medio de la aparente felicidad de que gozamos. Todava nuestra situacin ser ms comprometida, si volvemos los ojos al horizonte que nos rodea. Con ellos vemos ya el humo y el fuego que se levantan de los volcanes que han reventado; y el horrendo com-

PAGE 73

JOS ANTONIO SACO /67 /67 /67 /67 /67 bustible que devora las entraas de las Antillas, amenaza una catstrofe general en el archipilago americano. Leed, compatriotas, leed la historia del porvenir en los padrones que sometemos a vuestro examen, y despus de haberlos meditado con la detencin que merecen, decidnos si no os los profundos quejidos de la patria agonizante. Estado de la poblacin de las Antillas inglesas en 1791 BlancosEsclavos ———————— Jamaica .......................................... 30 000250 000 Barbada.........................................16 16762 115 Granada.........................................1 00023 926 San Vicente ...................................1 450 11 853 Dominica .......................................1 23614 967 Antigua ..........................................2 59037 808 Monserrate...................................1 30010 000 Nieves............................................1 000 8 420 San Cristbal ................................1 90020 435 Las Vrgenes .................................1 200 9 000 Bahamas........................................2 000 2 241 Bermudas......................................5 462 4 919 ———————— 65 305 455 684 Edwards comput en 10 000 el nmero de libres de color de Jamaica, y en otros 10 000 el de todas las dems islas. Estas sumas agregadas a las anteriores dan para las islas inglesas un total de 540 989 almas. Segn los juiciosos clculos de Humboldt, las Antillas inglesas tenan en 1823 el total de 776 500 almas; y comparando la poblacin de este ao con la de 1791, se obtienen los resultados siguientes: En 1791En 1823 ———————— Blancos ..........................................65 30571 350 Esclavos ......................................... 455 684626 800 Libres de color .............................20 00078 350 ———————— Total ............................... 540 989776 500 De estos estados aparece, que prescindiendo de pequeas fracciones, haba en 1791 en las Antillas inglesas, 12 % de blancos, 84 % de esclavos, y 3 % de libres de color; mas, en 1823, los blancos formaban 9 %, los

PAGE 74

OBRAS 68\ 68\ 68\ 68\ 68\ esclavos 81 %, y los libres de color 10 %. Es pues evidente, que durante las dos pocas, los blancos se han disminuido; y si bien los esclavos han bajado un poco, los libres de color han subido en una proporcin muchsimo mayor. De todas las Antillas inglesas, Jamaica es la que ms nos interesa conocer: y cul es la marcha que ha seguido su poblacin entre los perodos indicados? Vemoslo aqu. 17911823 —————— Blancos ..........................................30 00025 000 Esclavos ......................................... 250 000342 000 Libres de color .............................10 00035 000 Resulta, pues, que los blancos han disminuido una sexta parte, los esclavos aumentado numricamente en 90 000, y los libres adquirido un incremento dos veces y media mayor. En el estado siguiente aparece la poblacin que tuvieron las Antillas francesas en varios aos del siglo pasado.LibresTotal IslasAosBlancosde colorEsclavosgeneral ———————————————————— Sto. Domingo15 ......177932 6507 055249 098 Martinica ............. 177611 6192 892 71 268 Guadalupe ........... 177913 2611 382 85 327 Sta. L uca ............ 1776 2 3971 050 10 752514 847 Tabago16 ..........................17762 3971 050 10 752 Cayena ................. 17801 35810 539 ————————— 63 68213 429437 736Si de esta tabla rebajamos a Santo Domingo, la poblacin de las dems islas quedar reducida a Blancos ............................................................31 032 Libres de color ...............................................6 374 Esclavos .......................................................... 188 738 ———— 226 144 15Aqu se habla de la parte francesa solamente. 16Se supone que tiene la misma poblacin que Santa Luca.

PAGE 75

JOS ANTONIO SACO /69 /69 /69 /69 /69 Comparemos ahora la poblacin de estas islas (excepto Santo Domingo) en los diversos aos ya mencionados del siglo pasado con la de 1823, segn el clculo de Humboldt. Aos del siglo pasado1823 —————— ———— Blancos ...............................31 03223 000 Esclavos ............................. 188 738178 000 Libres de color ..................6 37418 000 ———————— 226 144219 000 Esta tabla manifiesta que el total de la poblacin ha disminuido en ms de 7 000 almas; que los blancos han experimentado una baja de 8 000 personas, y los esclavos de ms de 10 000; pero la de estos ltimos ha sido ms que compensada con el aumento de 11 626 mulatos y negros libres. De aqu resulta que la poblacin de color ha permanecido casi estacionaria, pues habiendo llegado en varios aos del siglo anterior a 195 112 almas, en 1823 fue de 196 000; pero si incluimos a Santo Domingo, entonces obtenemos un resultado espantoso. Comparemos, pues, la poblacin de esta isla en los aos de 1779y1823 —————— Blancos ...............................................32 65030 000 Esclavos .............................................. 249 098 Libres de color ..................................7 055790 000 —–—————— 288 803820 000 Estas sumas, reunidas a la poblacin de las dems Antillas francesas, dan para los aos ya mencionados del siglo pasado, el total de 514 847 almas, y para fines de 1823, el de 1 039 000; esto es, ms del duplo: ¡pero qu duplo, gran Dios! 63 000 blancos, y 451 000 personas de color entre libres y esclavos tenan todas las Antillas francesas a fines del siglo pasado; mas, en 1829, incluyendo aun la parte espaola de Santo Domingo, ya esos blancos estaban reducidos a 53 000, y la gente de color elevada al terrible nmero de 986 000. Si volvemos la vista a las Antillas dinamarquesas y suecas, observaremos, que, aunque su poblacin no es tan numerosa como la de las inglesas y francesas, los blancos forman una parte muy pequea. Nos fijaremos en el ao de 1823, as porque los datos que corresponden a l

PAGE 76

OBRAS 70\ 70\ 70\ 70\ 70\ son ms generales y menos falibles que los posteriores, como por reducir los clculos a un mismo ao, en todas las Antillas. Islas dinamarquesas y suecas en 1823 Blancos ......................................................16 150 Esclavos ....................................................61 300 Libres de color .........................................7 050 ———— 84 500 Humboldt public en su Ensayo poltico sobre la isla de Cuba un resumen de la poblacin de todo el archipilago americano. Nosotros no podemos menos que insertarlo aqu.EsclavosLibres negrosde color Poblaciny algunosmulatos DIVISI"Ntotalmulatosy negrosBlancos ———————————————— Antillas espaolas ............943 000281 400319 500342 100 Hait ...................................820 000790 00030 000 Antillas inglesas ...............776 500626 80078 35071 350 Antillas francesas .............219 000178 00018 00023 000 Antillas holandesas .......... Dinam. y suecas ...............84 50061 3007 05016 150 ———————————————— Total de Antillas ...............2 843 0001147 5001 212900482 600 (40 %)(43 %)(17 %) Aparece, pues, que en 1823 haba 40 % de esclavos, 43 de libres de color, y 17 de blancos; es decir, que para cada 17 de stos ya tenamos 83 de color!!! Y si tal fue entonces la poblacin del archipilago americano, cul no ser en el porvenir? Mucho se engaa quien piensa, que por haber cesado ya el trfico de esclavos en casi todas las Antillas, la raza africana retroceder o quedar estacionaria. Esto tal vez suceder en una u otra isla pequea; pero la masa general de la poblacin del archipilago ir en aumento cada da. No debe juzgarse de los tiempos presentes por los pasados: entonces se cuidaba poco de los esclavos, porque los amos podan reparar sus prdidas en un mercado abundante; pero ya que han cambiado las circunstancias, el inters, ms que la humanidad, los ha obligado a tratarlos con menos rigor. La proporcin en que se hallan los sexos en muchas de las islas, contribuir tambin a su conservacin. De los 627 000 esclavos que con-

PAGE 77

JOS ANTONIO SACO /71 /71 /71 /71 /71 taban las Antillas inglesas en 1823 haba 308 000 varones, y 319 000 hembras, cuyo exceso respecto de aqullos es de 3 1/5 %: y este nmero no se halla acumulado en dos o tres puntos, sino esparcido en todos, a excepcin de Trinidad, Antigua y Demerara, donde hay ms hombres que mujeres. Jamaica tena en aquel ao 170 466 esclavos varones, y 171 916 hembras, y aunque antes de la abolicin del trfico en las colonias inglesas, las prdidas anuales llegaban en aquella isla a 2 %, despus de aquella poca han sido nulas o casi nulas. En aos anteriores se computaba el decrecimiento anual de los esclavos en algunas de las pequeas islas britnicas de 5 a 6 %; y en las Antillas francesas todava era mayor; pero estas prdidas, adems de haber sido reparadas por el aumento de los mismos esclavos en otras islas, y por el de los libertos, cada vez irn siendo menores, ya con la suavidad del trato, ya con las reformas que piden la fuerza de las circunstancias y la ilustracin del siglo. Estas consideraciones reunidas a la certeza en que estamos de que los libres de color abundan en algunas islas, y de que su nmero ha de aumentar, as por la tendencia de las disposiciones europeas, como por no influir en ellos las causas que disminuyen la poblacin esclava, deben alejar de nuestro pecho una esperanza tan engaosa como funesta. Consultemos a la experiencia, y ella nos dir, que en vez de entregarnos a delirios agradables, la poblacin blanca ha disminuido, y la de color aumentado en algunas de las Antillas. Poco nos importara que la raza africana se minorase con la abolicin del trfico en algunos islotes del archipilago: lo que s nos importa mucho, es saber si se multiplica en nuestra vecindad, pues desgraciadamente nos hallamos casi en contacto con las islas ms grandes y populosas de estos mares. Cuando en 1808 qued cerrada la puerta para la introduccin de negros en las colonias inglesas,17 Jamaica tena en su seno 323 817 esclavos; pero este nmero, en vez de disminuir, ya en 1823 haba subido a 342 382. Aunque ignoramos a cuanto ascendi la gente de color en 1808, podemos asegurar que se ha aumentado, pues en 1823 subi a 35 000, y hoy no baja de 40 000. Como a nuestras manos no ha llegado censo alguno en que se hable de la poblacin de Jamaica en estos ltimos aos, no podemos ofrecer cantidades determinadas. En 1789 tena Santo Domingo, segn Moreau de Saint-Mery, 452 000 esclavos: segn Bryan Edwards, 480 000; y segn la opinin de Prieur, emitida en la Asamblea Nacional de Francia en aquel ao, 500 000. Pero 17El Parlamento britnico estuvo discutiendo este punto desde 1788 hasta el 23 de marzo de 1807. Entonces mand que desde el 1 de mayo de aquel ao no saliese de los dominios britnicos ningn buque en solicitud de esclavos, y que ninguno de stos pudiera ser introducido en las colonias inglesas, desde el 1 de mayo de 1808.

PAGE 78

OBRAS 72\ 72\ 72\ 72\ 72\ tomando un trmino medio, fijaremos la poblacin esclava en 476 000 que agregada a los 30 000 blancos, y a los 24 000 mulatos y negros libres que existan entonces, dan el total de 530 000 almas en la parte francesa. Juntando a stas los 15 000 esclavos y 110 000 personas libres de la parte espaola, resulta que la isla entera tena al principio de la Revolucin Francesa 655 000 almas. Hzose un censo general en 1824, y de l aparece, que no obstante la guerra desastrosa y las facciones sangrientas que por largos aos despedazaron la isla, su poblacin lleg a 935 335 habitantes,18 en cuyo nmero apenas se cuentan 30 000 blancos. Y si a pesar de tantas causas contrarias ha tenido un aumento tan extraordinario en el espacio de 35 aos, a dnde no llegar, cuando trocadas ya las circunstancias, todo parece que conspira a darle un vuelo ms rpido? Inferidlo, vosotros, cubanos que mi pluma tiembla al contemplarlo. Y como si no bastara tener en nuestras puertas 900 000 haitianos y 400 000 jamaicanos, la repblica de Norteamrica, el pas ms libre de la tierra, presentando una de las anomalas ms extraas, viene a ofrecernos tambin por complemento de nuestros temores una poblacin de color casi toda reconcentrada en sus Estados meridionales, que son los ms cercanos de nosotros. Un pas que desde su descubrimiento hasta el da solamente ha recibido 300 000 negros de las costas africanas, cuenta ya 2 011 320 esclavos, y 339 360 libres de color: y cuando se considera la rapidez con que se propagan, nuestra ansiedad debe aumentarse, ms por el influjo que podrn ejercer en los aos venideros, que por la fuerza numrica que hoy tienen. Segn los clculos de Alberto Galatn, los esclavos ascendieron en 1770 a 480 000, y por los censos hechos despus de la independencia norteamericana consta que la poblacin era la siguiente: Libres AosBlancosde colorEsclavosTotal —————————————————— 17903 172 46159 466697 8973 929 827 18004 304 489108 395893 0415 305 925 18105 862 004186 4461 191 3647 239 814 18207 872 711238 1971 543 6889 654 596 183010 537 378319 5592 009 04312 866 020 De la tabla anterior aparece el aumento que han tenido en 40 aos los blancos, los libres de color, y los esclavos; y la proporcin relativa de estas tres clases, en cada censo, es como sigue: 18 Revista de Edimburgo 1825.—Hoy dudo de la exactitud de aquel censo, pero 100 000 negros ms o menos nada influyen en la verdad de las observaciones que hice.

PAGE 79

JOS ANTONIO SACO /73 /73 /73 /73 /73 Aos 1790 1800 1810 18201830 —————————————— Esclavos .................. 17,816,416,41615,6 Libres de color ......1,52,1 2,12,52,5 Blancos ................... 80,781,18181,581,9 Debe advertirse, que a excepcin de 30 000 negros que adquirieron los Estados Unidos en 1803 con la venta de la Luisiana, y de otros 30 000 que de 1804 a 1808 fueron introducidos en la Carolina del Sur por un permiso fatal que concedi su legislatura, todo el incremento que ha habido de 1790 a 1830, procede exclusivamente de la reproduccin de los mismos esclavos.19 Hasta ahora solamente hemos considerado la fuerza numrica de la poblacin de color que nos rodea. Cul no sera el cuadro que pudiramos trazar, si considersemos esta enorme masa sometida al influjo de causas polticas y morales, presentando al mundo un espectculo desconocido en la historia de los tiempos? No lo haremos por cierto; pero seramos reos de lesa patria, si nos olvidramos de los esfuerzos que se estn haciendo para producir un cambio social en la condicin de la raza africana. Leyes filantrpicas dictadas por algunas naciones europeas; sociedades compuestas de bretones distinguidos; peridicos exclusivamente consagrados a tratar de esta materia; elocuentes debates parlamentarios cuyos ecos resuenan incesantemente en este lado del Atlntico; predicaciones, a veces imprudentes, de algunas sectas religiosas; principios polticos que con la fuerza del rayo se proclaman en ambos mundos; y recientes conmociones en varios puntos del archipilago, todo, todo viene a despertarnos del sueo profundo en que yacemos, y a decirnos con voz solemne que salvemos a la patria. Pero si esta madre querida nos preguntara, cules son las medidas que tomamos para sacarla del peligro, qu le responderan los que se precian de buenos hijos? El horrendo trfico de carne humana prosigue a despecho de las leyes, y hombres que quieren usurpar el ttulo de patriotas cuando no son ms que parricidas, inundan nuestro territorio de vctimas encadenadas; y como si tanto no bastara, una apata criminal deja vivir en nuestro seno a los africanos que redimidos del cautiverio por la poltica in19Segn el censo de 1840, la poblacin de los Estados Unidos fue la siguiente: Blancos ....................14 189 555=83,1 % Libres de color ........ 386 348=2,3 % Esclavos ................... 2 487 355=14,6 % Total ...................17 063 353 Siento no tener a la vista el censo de 1850; pero s que hubo entonces 3 204 489 esclavos, y hoy su nmero debe pasar de 3 millones y medio.

PAGE 80

OBRAS 74\ 74\ 74\ 74\ 74\ glesa, arriban a nuestras costas. ¡Qu conducta tan contraria no siguen nuestros vecinos los norteamericanos! A pesar del vuelo prodigioso que ha tomado su pas; a pesar de que su poblacin blanca ha sido siempre cuatro quintas partes mayor que la de color, y que para balancear sus 2 millones de esclavos cuenta hoy 10 y medio de blancos; a pesar de que la importacin de aqullos est prohibida de un extremo a otro de la repblica,20 y que es muy numerosa la inmigracin de europeos; a pesar de que los pueblos limtrofes casi no tienen esclavos que puedan infundirles temor, organizan sociedades, renen fondos, compran terrenos en la costa de frica, establecen all colonias, fomentan la emigracin de gente de color, y redoblando siempre sus esfuerzos, si no han conseguido cuanto desean, han hecho todo lo que pueden para merecer el ttulo de amigos de la humanidad y de la patria. Y no contentos con estas medidas generales, son tantas las precauciones que toman algunos Estados, que el de la Luisiana prohibi en diciembre de 1831 aun la introduccin de esclavos procedentes de otros Estados de la misma Unin Norteamericana.21Ved aqu los pasos de un gran pueblo que busca su conservacin, y ved aqu tambin el modelo que debiramos imitar. Pero en vano os empeis, as nos dirn muchos, en vano acriminis nuestra conducta: nuestras heredades necesitan de brazos; y si slo encontramos negros, a quin hemos de recurrir? Lejos de nosotros la intencin de ofender a una clase tan digna de consideracin y respeto, y entre cuyos miembros se hallan algunos a quienes tenemos el honor de dar el dulce nombre de amigos. Indulgentes en muchos casos, nunca lo somos tanto como en las actuales circunstancias. Las ideas y los ejemplos recibidos desde la infancia, justifican en muchos la conducta que siguen; y la utilidad inmediata, y el remoto peligro autorizan en otros lo que no quisiramos se practicara. Salvando, pues, la intencin de los hacendados, nuestras funciones se reducen a decir que es forzoso adoptar otro partido, pues en la marcha que llevan los negocios polticos, el comercio ilcito de esclavos no puede continuar por largo tiempo. Todos saben los esfuerzos que por inters y humanidad ha hecho y hace la Inglaterra para llevar sus tratados a efectivo cumplimiento. Ya no es ella sola la encargada de trabajar en la abolicin del trfico, pues la Francia se empea tambin en extin20Virginia, siendo ya Estado independiente, prohibi el comercio de esclavos africanos desde 1778. Los Estados de Pensylvania, Connecticut, Rhode Island y Massachusetts, lo abolieron tambin en 1780, 1787 y 1788. El congreso llamado antes, Americano Continental y el tercero de los Estados Unidos (cuyo nombre se dio a esta asamblea por la Constitucin federal), prohibi desde el siglo pasado el trfico de esclavos. 21De cuando escrib este artculo a hoy, la opinin, lejos de haber avanzado en los Estados del Sur, ha retrocedido tanto, que se trata de restablecer el abolido trfico de esclavos negros.

PAGE 81

JOS ANTONIO SACO /75 /75 /75 /75 /75 guirlo. Los Estados Unidos se presentarn antes de mucho en la palestra a vindicar los derechos de la humanidad, y en consorcio de aquellas naciones, dictarn medidas fuertes, y perseguirn con rigor a los piratas negreros. Cul de ellos podr escapar entonces a la vigilancia de enemigos tan activos y tan poderosos? Y dado que algunos puedan, cul ser el precio del fruto de su piratera? Es innegable, que siendo entonces muy corto el nmero de negros introducidos, y muy arriesgada su importacin, el valor de ellos ser muy alto; de manera que cesarn los motivos que hoy impelen a los hacendados a usar de brazos comprados. Aconsjanos, pues, nuestro bien entendido inters, que tratemos desde ahora de suplir de otro modo a nuestras necesidades, porque si continuamos como hasta aqu, nos exponemos a una paralizacin repentina, cuyas consecuencias podrn ser funestas. Si los sexos estuvieran balanceados en los esclavos de los campos, y el tratamiento se mejorara, a esto podra fiarse no slo la conservacin, sino aun el aumento de brazos en nuestras fincas; pero siendo tan desigual el nmero entre varones y hembras, no debemos entregarnos a tan lisonjera esperanza. Mucho lograremos, sin embargo, renunciando a ciertas prcticas del da, y estableciendo un sistema ms compatible con los buenos principios que deben regirnos. Y no convendra que fusemos haciendo algunos ensayos para ver la diferencia que hay entre el cultivo de la caa por esclavos, y los mtodos que podamos adoptar en adelante? Porque en este punto no hay ms obstculo que el inters; y si nuestros hacendados se pudieran convencer de que sin esclavos sacaran mayores o iguales ventajas, no cabe duda en que voluntariamente abrazaran cualquier partido que se les presentase. Desearamos, pues, que algunos dueos de ingenio destinasen uno, dos, o ms caaverales, que desde la preparacin del terreno para sembrar la semilla hasta el envase del azcar producido por ellos, corriesen a cargo de hombres asalariados, y tomando en cuenta el tiempo que se emplea, la inversin e inters de los capitales, y todos los dems elementos que entran en clculos de esta especie, se formara entre los dos mtodos un paralelo, que ora adverso, ora favorable, nos diera resultados ciertos. Pero quin querr aventurarse a perder parte de su cosecha con experimentos, que si son felices, redundaran tambin en beneficio de otros, y si perjudiciales, recaeran solamente sobre el hacendado que los hiciese? Para salvar estos inconvenientes, frmese un fondo por las corporaciones o por los buenos patricios, y confiando su inversin a manos puras, squense de l todos los gastos que puedan redundar en quebranto de los hacendados que se dediquen a este gnero de ensayos. Y sin necesidad de pagar jornales, no podra tambin repartirse todo o parte del terreno de los ingenios entre hombres libres, que com-

PAGE 82

OBRAS 76\ 76\ 76\ 76\ 76\ prometindose a cultivar la caa, se diese a cada uno cierta cantidad del azcar producido? Este mtodo se sigue en algunas partes del Asia, y nos parece preferible al de salarios, pues dividida la tierra en pequeas suertes, el cultivo ser ms perfecto; si el ao es malo, ahorrar el hacendado los jornales que de otra manera pagara; y el agricultor, identificado en inters con el dueo de la heredad, se empear en aumentar el rendimiento de la caa que cultiva. Si todos nuestros hacendados se pudieran penetrar de la importancia de esas ideas, entonces los veramos dedicados a promover la introduccin de hombres blancos, y a impedir la de africanos; y formando juntas, reuniendo fondos, y trabajando con calor en un objeto tan eminentemente patritico, removeran los obstculos que se oponen a la colonizacin de extranjeros, y convidaran a stos con la garanta de las leyes y la proteccin del pas. Mas, no faltar quien diga que los mtodos propuestos son teoras impracticables. A los que as piensen, responderemos, que son ensayos muy fciles de realizar; que de ellos resultarn grandes ventajas y no perjuicios, pues que si los hay, sern reparados con el fondo que al efecto se formar; y que si ahora no los practicamos voluntariamente, da podr venir en que, o los hagamos a la fuerza, o nos veamos en la terrible necesidad de abandonar el cultivo de la caa. El marino, que navegando en un mar proceloso, se prepara para conjurar la tempestad, raras veces perece en ella; pero el que improviso se entrega a la fuerza de los elementos, casi siempre es vctima de las olas enfurecidas. ¡Qu imprudentes habis sido, as gritarn muchos, qu imprudentes, en haber tomado la pluma para escribir sobre un asunto que siempre debe estar sepultado en el ms profundo silencio! Ved aqu la acusacin que generalmente se hace a todo el que se atreve a tocar esta materia. Por desgracia se ha formado entre nosotros una opinin funesta que llamaremos de silencio Todos sienten los males, todos conocen los peligros, todos quieren evitarlos; pero si alguno trata de aplicarles el remedio, mil gritos confusos se lanzan a un tiempo, y no se oye otra voz que la de callad callad Tal conducta se parece a la de ciertas personas tmidas, que atacadas de una enfermedad, la ocultan y corren a la muerte, por no or de la boca de los mdicos la relacin de sus males, ni el medio de curarlos. Cuando tenemos a la vista un precipicio espantoso, y nos paramos en la carrera para retroceder del abismo que nos va a tragar, quines son los imprudentes? Aquellos que levantan la voz para advertir el peligro, o los que tmidos y silenciosos ven correr un pueblo a su ruina? Si nuestros males fueran incurables, entonces no despegaramos nuestros labios, pues privaramos a muchos del consuelo de tener una muerte tranquila; pero cuando el enfermo, a pesar de su gravedad, tiene un temperamento vigoroso, y a merced de remedios fciles de aplicar, puede sacudir sus dolencias, crimen y crimen imperdonable

PAGE 83

JOS ANTONIO SACO /77 /77 /77 /77 /77 sera en nosotros permanecer espectadores tranquilos. Digan de nosotros lo que quieran los egostas; censrennos los que se precian de discretos; acsennos los parricidas: nada, nada de eso nos importa. Nosotros cedemos a consideraciones de un linaje muy elevado; y honrando la noble misin de escritores, no nos cansaremos de repetir, que salvemos a la patria, salvemos a la patria Doce aos despus de publicado en La Habana el artculo anterior, imprim otro en Pars, que por el ntimo enlace que tiene con l, lo inserto a continuacin, y cuyo ttulo es el siguiente.

PAGE 84

LA SUPRESI"N LA SUPRESI"N LA SUPRESI"N LA SUPRESI"N LA SUPRESI"N DEL TRFICO DE ESCLA DEL TRFICO DE ESCLA DEL TRFICO DE ESCLA DEL TRFICO DE ESCLA DEL TRFICO DE ESCLA V V V V V OS OS OS OS OS AFRIC AFRIC AFRIC AFRIC AFRIC ANOS EN LA ISLA DE CUBA, EX ANOS EN LA ISLA DE CUBA, EX ANOS EN LA ISLA DE CUBA, EX ANOS EN LA ISLA DE CUBA, EX ANOS EN LA ISLA DE CUBA, EX AMINAD AMINAD AMINAD AMINAD AMINAD A A A A A CON RELACI"N A SU AGRICUL CON RELACI"N A SU AGRICUL CON RELACI"N A SU AGRICUL CON RELACI"N A SU AGRICUL CON RELACI"N A SU AGRICUL TURA TURA TURA TURA TURA Y A SU SEGURID Y A SU SEGURID Y A SU SEGURID Y A SU SEGURID Y A SU SEGURID AD, POR DON JOS ANTONIO SACO AD, POR DON JOS ANTONIO SACO AD, POR DON JOS ANTONIO SACO AD, POR DON JOS ANTONIO SACO AD, POR DON JOS ANTONIO SACO1 1 1 1 1 Advertencias IEn 1837 publiqu en Madrid una Memoria intitulada Mi primera pregunta con el objeto de probar que la abolicin del comercio de negros no poda arruinar, ni atrasar la agricultura de la isla de Cuba. Accediendo gustoso a los deseos de un amigo, e ilustrado compatriota,2que juzga oportuna su reimpresin, la he examinado de nuevo, y despus de quitarle y aadirle lo que me ha parecido conforme a las actuales circunstancias, he formado el papel que ahora doy a la prensa.IIBajo tres aspectos principales se puede considerar la abolicin del trfico de negros en Cuba: agrcola o material, moral, y poltico. En cuanto a ste, sin examinarle de lleno, me contentar con hacer aquellas reflexiones que basten para despertar la atencin de Espaa y de su gobierno sobre los peligros que amenazan a Cuba. Acerca del moral, guardar un profundo silencio: he preferido combatir el inters con el inters, pues siendo esta arma la que ms hiere el corazn, el triunfo es ms seguro. 1En honor de la justicia y la verdad debo decir, que este papel circul libremente en Cuba, con expreso consentimiento del capitn general don Leopoldo O’Donnell. 2Este amigo y compatriota fue don Domingo del Monte, quien tuvo la generosidad de costear la impresin de ese papel.

PAGE 85

JOS ANTONIO SACO /79 /79 /79 /79 /79IIITodos saben que, en punto a esclavos, hay dos especies de abolicin : una del trfico con la costa de frica, y otra de la misma esclavitud Aunque ambas tienen relacin entre s, jams deben confundirse, y bien puede la primera tratarse, y aun lo que es ms, realizarse, con absoluta independencia de la segunda. Aqulla empez a debatirse en el Parlamento britnico desde 1788, y largos aos corrieron sin que se agitase la segunda. Dinamarca y los Estados Unidos de Norteamrica condenaron el comercio africano desde los fines del pasado siglo, y en la centuria que corre, condenronle tambin Francia, Suecia, Holanda, y el Brasil. Esto no obstante, esas naciones se hallan todava en plena posesin de sus esclavos. Pero esta distincin, tan marcada por la historia contempornea, no basta siempre en Cuba para poner a cubierto de los tiros de la calumnia, al hombre honrado, al patriota puro, que levanta la voz para advertir los peligros que amenazan a la patria. El criminal inters de unos, aprovechndose de la credulidad de otros, confunde e identifica las dos cuestiones; y no pudiendo defender el trfico de negros, porque los tratados y las leyes lo prohben, y la ilustracin del siglo lo resiste, hacen aparecer a quien lo ataca como abolicionista de la esclavitud cubana como conspirador sanguinario que empezando por dar de un golpe la libertad a todos los esclavos acabar por degollar a los blancos de su propia raza, y proclamar la independencia. La mano que ahora traza estos renglones, escribi en La Habana en 1832 un artculo3 en que prob la necesidad de dar fin a tan degradante y peligroso comercio. Pocos fueron los que entonces supieron leerlo con imparcialidad. La opinin del pas, dolorosamente extraviada, alz el grito contra su autor; viose ste calumniado y perseguido; maquinose la venganza, buscronse pretextos con que cohonestarla, y en castigo de sus sanas intenciones recibi al fin los honores de la expatriacin. Pero el tiempo y la verdad, ms poderosos que el hombre y la mentira, se encargaron de su desagravio; y hoy, corporaciones e individuos, cubanos y europeos, todos, con muy raras excepciones, todos desean lo mismo que pidi, 12 aos ha, el proscrito autor del artculo de la Revista Mas, a pesar de estos deseos generales; a pesar de las voces que recabo de San Antonio; a pesar de la saludable tendencia de este papel, y de la templanza con que le he escrito, tales son las circunstancias de Cuba, y tanto puede ser el rencor de algn contrabandista negrero, que nada tendra de extrao, que comprando ste un vil denunciante o dos testigos falsos, 3Publicose en el nmero 7 de la Revista Bimestre Cubana. ste es el artculo que en esta Coleccin precede al presente.

PAGE 86

OBRAS 80\ 80\ 80\ 80\ 80\ sorprendiese algn tribunal, y me formasen causa por conspirador abolicionista.4IVAunque el fin principal de este papel es ilustrar la opinin en Espaa, me alegrara que tambin circulase en Cuba entre la clase respetable de los hacendados; pero quisiera que esta circulacin no fuese furtiva, sino consentida por la autoridad. Y debo esperar que lo ser, porque su prohibicin slo podra recaer, o sobre la naturaleza del asunto, o sobre el modo de tratarlo. La naturaleza del asunto, lejos de merecer censura, es digna de todo elogio. Pues que: cuando el Gobierno espaol ha condenado el trfico de esclavos por dos tratados solemnes con Inglaterra, uno en 1817, y otro en 1835; cuando el mismo anatema ha lanzado en varias leyes y reales rdenes, publicadas algunas en Cuba desde 1818; cuando en sus respectivas notas al gabinete britnico ha protestado a la faz de Europa contra la continuacin de esa maldad; cuando, en fin, por el mundo andan impresas las reiteradas circulares, en que a los gobernadores de Ultramar recomienda el puntual cumplimiento de los tratados, y las leyes contra el trfico de esclavos; cmo se podr impedir la circulacin de un papel que envuelve a un tiempo la defensa de los principios proclamados por el gobierno, y el laudable deseo de salvar la ms preciosa de las colonias espaolas? Tal prohibicin, pues, ya no podra recaer sino sobre el modo de tratar asunto tan importante; pero acerca de esto, cuanto tengo que observar es, que delante tienen el papel, que lo lean, y despus me digan si es posible escribirlo con ms imparcialidad, ni con ms moderacin.Vpoca es la presente de regeneracin para Espaa, y cul puede ser ms propicia para que Cuba tambin se regenere, dando fin a un comercio que mancha nuestro carcter, y conduce nuestra Antilla a una situacin que nos puede ser muy funesta? Ruego, pues, a todos los periodistas nacionales, de cualquier opinin poltica que sean, que den treguas por un momento a sus disputas de partido; que se ocupen en este asunto con un inters verdaderamente espaol, y que abrindole francamente las columnas de sus peridicos, suplan y enmienden con sus luces las faltas y los errores en que yo pueda haber incurrido. De este modo harn a la patria un servicio sealado, y a mi persona un favor que siempre agradecer. Pars, y diciembre 23 de 1844. 4Cuando escrib esta frase en 1844, geman bajo el peso de la acusacin ms infame algunos distinguidos cubanos; pero la calumnia era tan patente que el tribunal militar proclam su inocencia.

PAGE 87

LA SUPRESI"N, ETC. LA SUPRESI"N, ETC. LA SUPRESI"N, ETC. LA SUPRESI"N, ETC. LA SUPRESI"N, ETC.Al ver que prohibida la importacin de esclavos negros de frica en todos los dominios espaoles desde el 30 de mayo de 1820, ha continuado en la isla de Cuba sin interrupcin, forzoso es admitir que algn gran inters la ha sostenido en el transcurso de tantos aos. Pero cul puede ser este inters? Seralo el de la agricultura? Seralo el de la seguridad de aquella Isla? Yo probar en la primera parte de este papel5 que la agricultura cubana no necesita del comercio de negros esclavos, y en la segunda, que su continuacin, lejos de afianzar la seguridad de Cuba, la hace correr grandes peligros.PARTE PRIMERA. LA ABOLICI"N DEL TRFICO DE NEGROS NO PUEDE ARRUINAR NI ATRASAR LA AGRICULTURA CUBANACaa de azcar, tabaco y caf son los ramos principales que hoy la constituyen. Harto fcil y sencillo es el cultivo de las dos ltimas plantas, y en ellas no me detendr, puesto que en Cuba todos saben y confiesan, que bien pueden conservarse y extenderse sin el auxilio de negros. Mas, no sucede as con respecto al azcar. Propietarios honrados, aunque por fortuna en corto nmero, piensan todava como pensaron sus mayores; y apegados al funesto sistema que durante tres siglos ha dominado en las Antillas, creen que la ltima hora del trfico africano ser tambin la de la existencia de sus ingenios. Estos hombres, por lo mismo que son de buena fe, merecen todo mi respeto; y de su justicia espero que, no porque tengamos ideas diferentes, consideren las mas como contrarias a sus intereses o a la felicidad positiva del pas. Cuando subo a las fuentes de donde se ha derivado tan fatal preocupacin, descubro que son tres los errores que han influido en el extravo de la opinin: 1 calidad del trabajo en los ingenios, por s tan duro, que 5Este papel fue traducido en francs por los redactores de la Revue Colonial de Pars, e inserto en ella ntegramente en 1845.

PAGE 88

OBRAS 82\ 82\ 82\ 82\ 82\ slo pueden resistirlo los esclavos africanos; 2 que stos son los solos, que destinados a esas tareas pueden soportar el clima de Cuba; 3 que en esta Isla son muy caros los jornales. Examinemos detenidamente cada uno de estos puntos.1 DUREZA DEL TRABAJO EN LOS INGENIOSEste trabajo debe dividirse en dos partes: agrcola o sea, el cultivo de la caa; y fabril que consiste en el conjunto de las operaciones necesarias para la elaboracin del azcar. La primera es un trabajo igual a muchos, y an ms fcil que otros de los cultivos en que se ocupa la gente blanca en Cuba: y el hecho ms victorioso que se puede alegar es, que no solamente hubo desde los tiempos pasados, sino que tambin hay hoy muchos labradores blancos, dedicados a sembrar, cortar y vender esa misma caa para el consumo abundante que de ella se hace en todos los pueblos de la Isla, donde se come como otros vegetales. De manera que, en cuanto, a la primera parte, lejos de haber imposibilidad o dificultad, existe una prueba en contrario. Respecto de la segunda, ninguno que conozca el arte de la fabricacin del azcar, se atrever a decir que es tan penoso como se le supone; pues la decantada dureza de sus operaciones ms bien procede del abuso que algunos hacen, recargando demasiado a los esclavos, que de su difcil naturaleza. Habr quien pueda negar, que las herreras, la construccin de caminos, puentes y canales, la preparacin de ciertos productos qumicos, la explotacin de las minas, etc., son trabajos mucho ms recios que la elaboracin del azcar? Y si todo esto se hace en todos los pases, incluso la isla de Cuba, por hombres blancos, por qu tambin no han de poder stos ocuparse en las fciles y sencillas tareas de un ingenio ? Y tanto ms fciles y sencillas, cuanto la introduccin de nuevos instrumentos y mquinas, y los progresos que se van haciendo en la fabricacin del azcar, simplificarn ms y ms cada da un arte que de suyo no es penoso. Ni es esto la nica ventaja que tiene a su favor. Hllase tambin exento de los peligros y enfermedades que regularmente acompaan a otros trabajos, pues ni la influencia nociva de la humedad, ni los rigores de la intemperie, ni el contacto fatal de sustancias venenosas, ni la accin mortfera de gases y vapores que atacan la mquina animal, jams comprometen la vida, ni quebrantan la salud de los fabricantes de azcar. Yo no puedo omitir aqu una reflexin importante. El hbito del trabajo, adquirido desde la infancia, es un elemento que nunca debe olvidarse al calcular el xito de las operaciones industriales. No es del caso entrar en la cuestin de si la fortaleza fsica del negro africano es mayor o menor que la del hombre de otros pases; pero, por ms robusto y bien constituido que a aqul se suponga, preciso es confesar que carece de la

PAGE 89

JOS ANTONIO SACO /83 /83 /83 /83 /83 prctica del trabajo, de aquel trabajo pacfico, fruto exclusivo de la civilizacin. Verdad es que el africano, a la manera de otros salvajes, sabe correr y saltar, y vencer tambin en los combates a sus semejantes y a las fieras; pero, cuando cesan los gritos del hambre, y se calma el furor de sus pasiones, entonces se entrega a la ms profunda y estpida indolencia. Y si tal es la msera condicin en que yace, podrn sus esfuerzos industriales entrar en paralelo con los del hombre acostumbrado desde sus primeros aos a las fatigas del trabajo, y cuando le estimula a vencerlas, ya el inters personal, ya otros incentivos poderosos, que no tienen influencia alguna en el abatido africano? El largo aprendizaje que stos tienen que hacer despus de su arribo al Nuevo Mundo, y la desesperacin en que muchos caen, arrancndose la vida, son pruebas incontrastables de esta dolorosa verdad. Si vuelvo la vista a otros pases donde tambin se hace azcar, encuentro muchos ejemplos que ilustran esta materia. Sin esclavos africanos se elabora en varias partes del Asia, y no en corta, sino en grande cantidad. Las posesiones inglesas de la India exportan anualmente para la Gran Bretaa millones de arrobas.6 La isla de Java, que cuando los holandeses acabaron de conquistarla en 1831, casi nada produca, diez aos despus lleg a exportar 1 138 000 quintales; o sea, 56 millones de kilogramos. El mismo impulso se prepara bajo la administracin holandesa en las Molucas, Clebes y Sumatra.7 La exportacin de Manila en 1843 ascendi a 356 141 pecules.8Si del Asia pasamos a Europa, vemos que sin esclavos africanos tambin se extrae de la remolacha, y con ms trabajo que de la caa. Prusia tiene como 100 fbricas. Segn las memorias de la Sociedad de Agricultura de Moscou, haba en Rusia en 1840 no menos que 158, las que rindieron 3 millones de kilogramos. La Asociacin de Aduanas de los Estados de Alemania contaba en el mismo ao 141 fbricas cuya produccin lleg a 12 168 000 kilogramos. CantidadCantidadCantidad Aosen kilog.Aosen kilog.Aosen kilog. —————————————————— 18156 379 948182413 804 44118343 890 611 18166 451 70118257 413 62618355 145 588 6Importante es conocer no slo las cantidades exportadas en estos ltimos aos, sino las fluctuaciones que ha experimentado esta misma exportacin en los anteriores. Los datos que publico, son sacados de los documentos impresos por orden del Parlamento. 7 Java Sungapore et Manile par Maurice d’Argout, Pars, 1841. —Este viaje se hizo por orden del Gobierno francs. 8El pecul equivale a 133 libras y 1/3.

PAGE 90

OBRAS 84\ 84\ 84\ 84\ 84\ 18176 392 84718267 920 96818367 730 189 18188 246 41818286 739 623183715 065 360 181910 436 66118298 837 548183821 777 206 182014 077 638183010 841 225183926 351 012 182113 668 04618318 215 138184024 518 412 182211 495 11918324 481 695184157 851 064 182311 150 27218335 673 700184247 361 100(*) El kilogramo equivale a 2 libras, 2 onzas, 12 adarmes y 15 granos de Castilla.Mucho mayor cantidad que sta elabora Francia anualmente. De la caa, en fin, tambin la sacaron sin el auxilio de negros las provincias de Mlaga y Granada, y a pesar de las desgracias de Espaa, todava se conservan vestigios de sus fbricas en Vlez, Torr, Almuecar, Frijiliana y Nerja. La Amrica tambin nos presenta pruebas incontestables de la fabricacin del azcar sin esclavos africanos. El coronel Flinter, en un opsculo que public en Londres en 18349 sobre la isla de Puerto Rico, dice que en 1832 haba 300 ingenios servidos por esclavos, y 1 277 plantos pequeos de caa con trapiches, o molinos de madera, cultivados casi todos por hombres libres. Dice tambin que Puerto Rico hizo en aquel ao 414 663 quintales de azcar, y que de esta cantidad, 80 000, a lo menos, fueron producto del trabajo libre. Despus ac su exportacin ha crecido considerablemente, y como se han importado pocos esclavos, es evidente que gran parte del aumento procede de brazos libres, nacidos en el pas. Los primeros ingenios de Mjico fueron casi coetneos a la conquista. Hernn Corts, en la clusula 40 del testamento que otorg en Sevilla en 18 de agosto de 1548, hace mencin de unas tierras que aos antes haba cedido a su criado Bernardino del Castillo, para que hiciese, como efectivamente hizo, un ingenio cerca de Cuyoacn. Lpez Gomara, al describir el estado de las colonias espaolas a mediados del siglo XVI, dice que ya Mjico produca tanta azcar, que de Veracruz y Acapulco se exportaba para Espaa y el Per. Si no todas, por lo menos la mayor parte de aquellas haciendas se fomentaron con negros esclavos introducidos de frica, y yo tengo noticias de una, cuyo nmero subi casi a 200: tal fue el ingenio de San Nicols Tolentino situado en la jurisdiccin de Izucar, que compr en 1808 el habanero don Jos del Cristo. ste, en carta que original conservo, escrita en 9 de junio de 1831, al benemrito cubano don Francisco Arango, le asegura que de antiguos avalos hechos por los dueos primitivos, consta que el ingenio haba tenido como 200 negros esclavos; pero que, cuando l lo adquiri, ya slo haba tres o cuatro viejos, a quienes dio inmediatamente la liber9 An account of the present state of Puerto Rico.

PAGE 91

JOS ANTONIO SACO /85 /85 /85 /85 /85 tad. Desde entonces este ingenio, que era uno de los principales de Mjico, qued enteramente servido por brazos libres mejicanos. No sucedi all como en Cuba. En esta Isla, los ingenios se multiplicaron en razn directa de la introduccin de esclavos; mas, en Mjico se fomentaron al paso que stos disminuan. En 1793 el nmero de esclavos negros no lleg a 6 000 en toda la Nueva Espaa. Por entonces acaeci la catstrofe de Santo Domingo; y elevndose los precios del azcar a una altura prodigiosa, construyronse en Mjico nuevos ingenios, as en las tierras calientes como en las templadas En la intendencia de Puebla llegaron algunos a producir anualmente ms de 20 y 30 000 arrobas, y despus de abastecer todo aquel virreinato, cuyo consumo se calcula como en 2 millones de arrobas, todava se exportaron los sobrantes por Veracruz; sobrantes que, en 1802, subieron a 439 122 arrobas; en 1803, a 490 292, y en 1804, a 381 509. Pero no es lo ms notable, que casi todo este azcar hubiese sido producto del trabajo libre; esto s, que se hubiesen fomentado sin esclavos grandes ingenios, y que los que se fundaron y crecieron con slo el auxilio de tales brazos, ya desde la segunda mitad del siglo XVIII, hubiesen renunciado a ellos, y servdose casi exclusivamente de libres jornaleros. Si Mjico no elabora hoy el azcar que a los fines del pasado siglo y a los principios del presente, debe atribuirse, no a la falta de esclavos negros, sino al envilecimiento de los precios de aquel fruto, a la caresta de los transportes, y a los trastornos polticos que agitan las entraas de aquella repblica. Pero, pues produce todava azcar, y en otro tiempo la ha producido en gran cantidad, ofrecemos una prueba evidente de que su fabricacin no necesita de brazos africanos. Aun pudiera citar nuevos ejemplos; pero los hasta aqu presentados bastan para demostrar la verdad que he sentado. Y cuando en tantos pases, as del viejo, como del nuevo continente, se fabrica azcar sin negros esclavos, y en la mayor parte de dichos pases se obtiene la caa, y bajo latitudes y climas semejantes a los de las Antillas, sern los habitantes de Cuba tan desgraciados, que no puedan hacer lo que otros hacen, y que no lo puedan, tan slo por la dureza del trabajo de los ingenios ? Yo apelo a la conciencia de mis lectores, y confiado en que me darn una respuesta favorable, paso a combatir el segundo error.2 S"LO LOS NEGROS AFRICANOS PUEDEN RESISTIR LOS RIGORES DEL CLIMA DE CUBAPara fundar esta proposicin, que es falsa en todas sus partes, se invocan la analoga y los hechos. frica es un pas caliente. Cuba tambin lo es; he aqu la analoga. Los habitantes de climas fros estn expuestos a la fiebre amarilla, pero los hijos de frica no; he aqu los hechos.

PAGE 92

OBRAS 86\ 86\ 86\ 86\ 86\ Si los negros de aquella regin transportados al Nuevo Mundo, solamente tuvieran que luchar con los efectos del clima, seguro es que entonces la analoga podra servir de argumento; pero sometidos al mismo tiempo al imperio de circunstancias fsicas, polticas y morales, que neutralizan y destruyen la influencia favorable que sobre ellos pudiera ejercer el clima, la analoga no puede tener fuerza alguna. Qu importa que el calor no fatigue al africano, si, por otra parte, le asaltan causas de otro linaje, que no le es dado resistir? Cierto es que la fiebre amarilla no ataca los negros africanos; mas, esto, acaso es un privilegio de que gozan exclusivamente? No estn exentos tambin de ella todos los cubanos, los naturales de las dems Antillas, los de gran parte de la Amrica espaola, y de otros pases, cuyo clima es semejante al de Cuba? Aun respecto de los mismos que han nacido y habitado en temperamentos fros, es preciso hacer algunas consideraciones, pues la fiebre en Cuba, ni es tan general como vulgarmente se dice, ni tan destructora como se supone. 1 Ya no debe infundir tanto temor como en tiempos anteriores, porque conocindose mucho mejor, tambin se sabe curar mejor. 2 No reina en la mayor parte del ao, sino en los meses ms calurosos. 3 Hay aos, como el presente de 1844, en que es menos maligna, no slo porque aparece con pocas fuerzas, sino porque empieza muy tarde, y acaba muy temprano.10 4 El peligro no es indefinido, pues pasado el primer esto, es probable que no ataque en el segundo, y si tampoco invade en ste, ya entonces deben cesar los temores, pues es rarsimo el caso que ocurre en tales circunstancias. 5 La mayor parte de los extranjeros recin llegados en la estacin calurosa no padecen la enfermedad, y de los invadidos solamente mueren muy pocos. 6 Aun esta corta mortandad no tanto proviene de la naturaleza del clima, cuanto del gnero de vida de los recin llegados, pues muchos se visten de pao, 10El ao de 1857 ser memorable en La Habana por la extraordinaria duracin de la fiebre amarilla, pues se prolong hasta los meses de invierno. Esto forma contraste con lo acaecido en el esto de 1794, en que la fiebre ces enteramente con el huracn del 28 de agosto, conocido all con el nombre de tormenta de San Agustn por ser ese el da en que la Iglesia catlica celebra la fiesta de tan insigne Doctor. Es de creer, que el terrible sacudimiento que entonces experiment la atmsfera, la purific de las miasmas que producan la enfermedad. Igual efecto observ Moultrie, en la Carolina, con la variacin repentina de la temperatura atmosfrica, pues la epidemia de fiebre amarilla que la desolaba en 1745, desapareci con el fro intenso que sobrevino el 21 de septiembre de aquel ao. Si ella ces en La Habana, en 1794 desde fines de agosto, segn el respetable testimonio del mdico distinguido y elocuente escritor doctor don Toms Romay, l tambin nos dice en papel que public en el Aviso de La Habana en junio de 1800, que en este ao fue cuando por primera vez se observ en aquella ciudad la aparicin de la fiebre amarilla desde el mes de marzo, yo no s, si l se refiere a sus propias observaciones o a las de pocas anteriores; pero de cualquier modo que sea, es til para la historia de la medicina consignar aqu estos datos.

PAGE 93

JOS ANTONIO SACO /87 /87 /87 /87 /87 aun en los das ms calientes, se exponen al sol a todas horas, y se dan a bebidas fuertes y otros excesos, que, ya en ms, ya en menos grados, son daosos en todos los pases. Cuando se evitan estos desrdenes, entonces hay mucha probabilidad de que el mal no invadir. 7 y ltima. La fiebre est confinada a una estrecha faja alrededor de las costas, pues alejndose un poco de ellas, el mal desaparece. Aun la villa de Guanabacoa, que apenas dista media legua de la famosa baha de La Habana, ha servido algunas veces para preservar de la fiebre a las tropas enviadas de Espaa; y entre los casos favorables que se pueden citar, mencionar uno muy notable, que recuerdo haber ledo en un diario de La Habana de 1802. Llegaron a ella en aquel ao los regimientos llamados, Irlanda Sevilla Espaa y Navarra Los dos primeros se encerraron en La Habana, y sufrieron mucho de la fiebre; mas, los dos ltimos fueron acuartelados en Guanabacoa, y todos se salvaron. Los cubanos saben por una larga experiencia, que la fiebre amarilla es enfermedad exclusiva de algunos puntos de las costas, y que no se conoce en el interior de la Isla. Esta consideracin, por s sola, es de gran importancia; porque debiendo establecerse los colonos, no en los pueblos martimos, sino fuera del espacio fatal en que se aspiran las semillas de la fiebre, no hay temor de que perezcan. Examinemos ahora la cuestin bajo de otro punto de vista. Si es verdad que los negros no padecen de fiebre amarilla, tambin lo es que estn expuestos a otras enfermedades, que ya les sean peculiares, ya comunes a los dems hombres, causan siempre en ellos ms estragos que en la raza blanca. Qu cubano ignora, que la disentera es una de las plagas que atormentan a los esclavos africanos, y que sacrificados por ella, perecen en los buques y en los barracones ?11 Quin no sabe que son muy propensos a las bubas, a las llagas, a ciertos males cutneos de un carcter pernicioso, al vicio de comer tierra, y a la erupcin venrea conocida en algunas Antillas con el nombre de pian y que los nosologistas llaman frambosia ? Cuando el clera invadi a Cuba, all fuimos tristes testigos de la crueldad con que se ceb en los infelices africanos; y al recordar sus horrores, yo llamo desde la distancia que me separa del suelo patrio, yo llamo a los hacendados cubanos para que me digan de buena fe, si en aquellos aciagos das, en que la muerte asolaba sus campos, no lloraron con amargas lgrimas el sistema de esclavitud que los haba trado a tanta desventura. Tan importante como curioso sera tener un censo de todos los blancos y negros que durante medio siglo han entrado en la isla de Cuba, y tambin el de todos los que han muerto de uno a dos aos de su llegada. 11As se llaman los edificios (grandes barracas ) donde se depositan hasta su venta los negros recin importados de frica.

PAGE 94

OBRAS 88\ 88\ 88\ 88\ 88\ Entonces se vera cunto se inclina la balanza hacia los africanos, no slo en el nmero absoluto, puesto que su introduccin ha sido incomparablemente mayor que la de blancos, sino en el relativo a las entradas de unos y otros. Ni puede ser de otra manera, porque los individuos de raza blanca que se establecen en Cuba, emigran voluntariamente de su pas; no sufren en la navegacin las privaciones que los esclavos africanos, y trabajando despus que llegan por s, y slo para s, son ms solcitos de su inters y de su vida. La mortandad, que es inseparable del trfico de negros, ha aumentado desde que las leyes lo prohibieron. En tiempos que era permitido, cada cinco esclavos ocupaban el espacio de dos toneladas; los cargamentos que llegaban, se sometan al rgimen severo de una polica sanitaria; vacunbanse los negros para preservarlos de la viruela; curbaseles en sus enfermedades; y si haba temores de que el mal se propagase, se les dejaba en cuarentena. Estas medidas contribuan a que se diese a los esclavos durante la navegacin un trato menos riguroso, y a que, por consiguiente, su mortandad disminuyese, pues no pasaba de 10 a 15 %. Mas, todo esto se acab con la prohibicin del trfico. Desde entonces, el contrabandista negrero slo trat de amontonar en sus buques el mayor nmero posible de esclavos, y surcando con ellos los mares, los lleva hasta Amrica, con una mortandad en sus cargamentos de 25 y a veces de ms de 33 %. Pero si muchos expiran en la navegacin, muchos perecen tambin tendidos en las playas de Cuba, porque arribando clandestinamente, no se toma ninguna precaucin sanitaria; y quedando expuestos a la viruela y a otras enfermedades, mueren en gran nmero por hallarse destituidos de los socorros que encontraban en tiempo del comercio lcito. Ni son los males fsicos los nicos enemigos de los esclavos africanos. Las preocupaciones religiosas y el terror que les infunden sus brujos y hechiceros, son tambin origen de muchas desgracias. Obeah u Obia es el nombre que dan los negros a esas prcticas supersticiosas; y el que quiera convencerse de sus funestas consecuencias, puede consultar la historia de las Antillas. Si los males procedentes de esta causa se hubiesen observado con ms atencin, ya se vera todo el influjo que ejerce; pues de ella ha provenido en varios casos una mortandad, que o no se ha podido explicar, o que equivocadamente se ha atribuido a otros principios. Y ya que tanto se pondera la resistencia de los negros africanos al clima de Cuba, bueno ser traer a la memoria lo que all se ha visto con frecuencia, y lo que por lo mismo nadie podr negar. No emigran a Cuba a centenares los isleos de Canarias? No llegan en cargamentos despus de una larga travesa? Y cuntos mueren en ella? Cuntos en los primeros das, despus de su arribo, aun en la estacin ms calurosa? Cuntos despus que se entregan al cultivo de los campos, o a otras ocupaciones? Un nmero cortsimo, un nmero insignificante comparado

PAGE 95

JOS ANTONIO SACO /89 /89 /89 /89 /89 con el de los esclavos africanos. Y si tenemos este dato irrefragable, por qu se empean algunos en repetir que el clima cubano se opone a que las tareas de un ingenio sean desempeadas por otros brazos que esclavos africanos? La observacin que he hecho respecto de los canarios, es todava ms aplicable a los mismos blancos cubanos, porque, adems de estar exentos de la fiebre amarilla, nada es ms comn que verlos en los campos, sufriendo da y noche los rigores de la intemperie, y vencindolos todos con una fortaleza superior a la del ms robusto africano. Ensanchando el crculo de estas reflexiones, aun podemos preguntar: Acaso impide el clima que millares de espaoles europeos, de norteamericanos, franceses, ingleses, alemanes, y otros habitantes de fros, fijen en Cuba su domicilio, y se dediquen al comercio y a las artes, o a otras profesiones lucrativas? No van casi todos ellos a establecerse en los puertos de mar, y particularmente en La Habana, que es el punto de la Isla donde en la estacin calurosa estn ms expuestos a los ataques de la fiebre? Fiebre hay tambin en otras Antillas; y hablando de las francesas, un escritor12 que residi muchos aos en ellas, y que ciertamente no es partidario de sus climas, se ve forzado a reconocer la aptitud de los europeos para los trabajos coloniales. Oigmosle: “Hemos visto en Santo Domingo, en la Guadalupe y en Martinica, al principio de este siglo, cuerpos de tropas blancas, siempre alertas y en movimiento, ejecutar en escala mayor fortificaciones de campaa, y concluir estas faenas con tanta prontitud y con tan buen xito como si hubieran vivido bajo el cielo de Europa. Ellas resistan a la invasin de las enfermedades tropicales, aun mucho mejor que los soldados de las guarniciones que vivan en el descanso y la ociosidad”. Todava es ms concluyente lo que en otra parte refiere. “En 1807, como impidiese el bloqueo de los puertos de la Martinica proveer de vveres la isla, fue preciso ocurrir a recursos extraordinarios para alimentar su guarnicin. Diose a los soldados, cuyo servicio no era de absoluta necesidad, licencia para ir a trabajar en los campos por su cuenta. A pesar de las crticas circunstancias de aquel tiempo, su salario mensual, segn los ajustes que hicieron, no baj de 12 pesos fuertes adems de la manutencin, y para un gran nmero fue mucho ms considerable. Los hacendados quedaron tan satisfechos de su buena conducta y de su trabajo, que los pedidos que hacan de nuevos trabajadores, excedan en mucho al nmero de los que se les podan conceder”. No ya de la aptitud, sino aun de la superioridad de los blancos sobre los negros para ciertos trabajos recios tropicales, nos dan un ejemplo los vapores del Gobierno ingls, que sirven de correos entre diversos 12 Recherches statistiques sur l’exclavage colonial par M. Alex. Moreau de Jonns, Pars, 1842.

PAGE 96

OBRAS 90\ 90\ 90\ 90\ 90\ puntos de las Indias occidentales. Creyose al principio, que los europeos empleados, en los climas fros, en atizar el fuego de las calderas de las mquinas de vapor deban ser reemplazados por negros; pero la experiencia demostr que la organizacin del blanco resiste mejor que la del africano a la alta temperatura de aquellas mquinas. A las transiciones del calor al fro en las Antillas son los negros mucho ms sensibles que los blancos. Acostumbrados a los rigores del ardiente sol de su pas, echan de menos su accin en las Antillas, y a pocos grados que baje el termmetro, en los meses que en ellas se llaman impropiamente de invierno, andan encogidos y trmulos, y en las horas que no duermen o trabajan, se les ve colocados junto al fuego. Y esto debe acontecer en Cuba con ms frecuencia que en otras Antillas, porque estando situada en el lmite septentrional de la zona trrida, y slo separada del continente por el estrecho canal de Florida, est expuesta durante algunos meses a los vientos fros del norte y del noroeste.13Las preocupaciones a que el comercio de negros ha dado origen contra el clima de las Antillas, se refutan tambin victoriosamente con su colonizacin primitiva, y con las oscilaciones que en ellas ha experimentado la raza blanca. Se ha visto que sta, en las mismas 13Lanse los resultados que varios observadores han obtenido acerca de la temperatura de algunas Antillas, en parajes situados al nivel del mar. Todas las observaciones estn reducidas a la escala del termmetro centgrado. Temp. Temp.Temp.media en todo mximamnimael ao ——————————— Jamaica (Kingston) .............. 32, 7820,5626,67 Jamaica en las costas ........... 32, 2220,5627,22 Trinidad ................................. 33,8925,37 Barbadas ............................... 27,5922,1826,37 Dominica ............................... 33,3326,00 Puerto Rico ........................... 35,0018,75 Martinica ............................... 35,0020,5627,24 Guadalupe ............................. 39,3018,5027,51 Sto Domingo (en Cabo Francs).....................................35,0020,0027,22 Cuba (en La Habana) ........... 32,03 10,00*25,55 (*) En el pueblo de Ubajay, a cinco leguas de La Habana, y a 38 toesas sobre el nivel del mar, observ Robredo en 1801 que el termmetro centgrado haba bajado a 0. En la tabla inserta se notar, que la temperatura mnima es en Cuba ms baja que en todas las Antillas citadas, y que, a excepcin de Barbadas, la mxima es menor que en las dems. No inferir, por esto, que Cuba sea ms templada que aquellas islas, pues los trminos extremos no son los que constituyen el clima de un pas; pero s podr afirmar que lo es, fundndome en las temperaturas medias, pues de la tabla aparece que es menor en Cuba que en las dems Antillas.

PAGE 97

JOS ANTONIO SACO /91 /91 /91 /91 /91 islas, ora ha menguado, ora ha crecido, ora ha quedado casi estacionaria, y todas estas alternativas han acaecido con absoluta independencia del clima. Cuando Francia extendi su imperio a las Antillas, en la primera mitad del siglo XVII, no se vali de negros para fundar sus primeros establecimientos. De la Normanda pasaron a centenares los colonos, que por algunos aos se destinaron a todos los trabajos de las islas francesas; y como se comprometan a servir por tres aos, llamseles engags a 36 mois Andando el tiempo, aquellos campos dejaron de cultivarse exclusivamente por gente blanca: mas, esto acaeci, no porque el clima lo resistiese, sino por los desrdenes de la administracin, por la crueldad con que se trataba a los colonos, y por el ejemplo de otras colonias, en que ya se empleaban negros africanos, que producan grandes ganancias a hacendados y traficantes. Sin este fatal aliciente, la inmigracin europea hubiera continuado, pues su enemigo mortal no ha sido el clima de las Antillas, sino el trfico de esclavos. Poca gloria cupo a los ingleses en la colonizacin de aquellas islas. Casi todas las que hoy poseen, las conquistaron de otras naciones; pero las pocas que poblaron ellos, recibieron por primeros cultivadores, no negros africanos, sino colonos europeos. Espaa, a quien se debe el descubrimiento del Nuevo Mundo, fue tambin la primera que dio el ejemplo de la colonizacin blanca. Con el brazo de sus hijos pase triunfante por aquellas vastas regiones el estandarte de Castilla; con ese mismo brazo desec lagos, enfren ros, abri caminos y levant ciudades y fortalezas; y con l tambin descuaj los bosques, y rompi las tierras, que en su seno recibieron las primeras semillas de las plantas europeas. Algunos aos despus de la conquista se importaron los primeros negros; pero debe observarse que esta introduccin fue para aliviar a los indios, y no porque se considerase a los espaoles incapaces de resistir el clima americano. Cuando el gran Bartolom de las Casas pidi en 1517 algunos negros para Santo Domingo, pidi igualmente que se enviasen labradores de Castilla : prueba bien clara de que en aquellos tiempos, en que el clima de las Antillas deba ser an menos salubre que hoy, la raza europea se miraba como muy til para las faenas de la agricultura. Contemporneamente a Las Casas, tambin clamaron por negros los pobladores, los empleados civiles y militares, y aun las comunidades religiosas de aquellas islas. Pero jams se fundaron en la insalubridad de su clima, sino en la falta de brazos que se experimentaba con la muerte de los indios: y lejos de considerar su influencia como perniciosa, la isla de Santo Domingo, alarmada por los negros, pidi al gobierno desde 1520, que dejase pasar a ella gente de cualquier nacin.14 14Herrera: Dcada II, lib. IX, cap. 2.

PAGE 98

OBRAS 92\ 92\ 92\ 92\ 92\ Las alternativas que en algunas de dichas islas ha experimentado la poblacin blanca, no se pueden explicar por la influencia del clima. Inglaterra se apoder de Jamaica en 1655. Ignrase cul fue entonces su escasa poblacin blanca; pero sbese que mengu mucho con la guerra y con la emigracin de las familias espaolas que la habitaban. Los trastornos de la Gran Bretaa despus de la muerte de Cromwell, y los temores de sus partidarios al ver desde 1560 los sntomas ciertos de la restauracin de los Estuardos, hicieron pasar a Jamaica muchos sbditos britnicos. Con este impulso, la poblacin blanca lleg a los siete aos de la conquista a 4 500. Al mismo tiempo, la isla se convirti en guarida de los piratas, que al paso que infestaban el mar de las Antillas, saqueaban tambin las colonias espaolas. Afluyendo a ellas las riquezas, los blancos aumentaron; y segn carta escrita por Toms Lynch, su gobernador, al lord Arlington, ministro de Estado, ascendieron en 1673 a 7 786. Mas, habiendo cesado enteramente la piratera, la poblacin blanca perdi el estmulo que entonces la fomentaba, y menguando ms bien que creciendo en los 60 aos posteriores, todava en 1734 no baj de 7 644. Encendida la guerra entre Inglaterra y Espaa en 1739, las escuadras y los cruceros britnicos renovaron sus ataques contra los buques y los establecimientos espaoles; y volviendo Jamaica a enriquecerse, la poblacin blanca cobr nuevas fuerzas, elevndose en 1742 al total de 14 000.15 Reanimose tambin con la independencia de los Estados Unidos; pues algunos de los ciudadanos que se mantuvieron fieles a la madre patria, se fijaron en aquella isla. Con estos auxilios, la poblacin blanca subi en 1791 como a 30 000.16 Yo no s si despus tuvo algn aumento, pero lo cierto es que, abandonando muchos blancos la Jamaica, su nmero no llega hoy a 16 000. Y se atribuirn al clima tantas oscilaciones en los nmeros de la raza blanca? No es claro que solamente han provenido de causas polticas, y que si stas hubiesen sido siempre favorables, aqulla habra prosperado rpida y constantemente? Los blancos de Granada y las Granadinas ascendieron en 1700 a slo 251. Elevronse a 1 262 en 1753, y a ms de 1 600 en 1771. Pero desde entonces empezaron a disminuir en tales trminos, que en 1827 estaban reducidos a 834. “Si esto se debe atribuir, dice Bryan Edwards, a los acontecimientos de la guerra, a las disensiones domsticas, o a las calamidades enviadas por la mano de la Providencia, yo no lo s; pero aparece que la poblacin blanca de Granada y las Granadinas ha disminuido considerablemente desde la primera vez que estas islas cayeron en poder de los ingleses”.17 Si este historiador hubiera escrito despus de la Revolucin 15Montgomery Martin: History of the British Colonies vol. II. 16 History of the West Indies vol. II, lib. III, cap. 2. 17Montgomery Martin : History of the British Colonies, vol. II.

PAGE 99

JOS ANTONIO SACO /93 /93 /93 /93 /93 Francesa, no habra vacilado en afirmar que las desgracias de Granada procedieron inmediatamente de la mano del hombre y no de la Providencia. Otro historiador de las colonias britnicas, despus de mencionar la insurreccin que all dur desde marzo de 1795 a julio de 1796, asegura, que los asesinatos y devastaciones que causaron los rebeldes, dieron a la isla un golpe tan tremendo, que nunca ms se ha podido reponer.18 Vese, pues, como la poblacin blanca creci en los dos primeros tercios del pasado siglo, y como de entonces ac ha menguado mucho, sin que en esto haya tenido el clima influencia alguna. San Cristbal empez a ser colonizada por los ingleses en 1624. A pesar de las invasiones y otras desgracias que sufri en el siglo XVII, su poblacin blanca fue de algunos millares; mas, decreciendo gradualmente, apenas lleg en 1832 a 1 612. Y se har al clima responsable de esta disminucin, cuando en tiempos anteriores no se opuso al aumento de los blancos, y cuando aquella isla tiene fama de ser en extremo seca y saludable?19Los ingleses ocuparon la Dominica en 1759, y su posesin les fue confirmada por el Tratado de Pars, concluido en febrero de 1763. A slo 600 llegaron entonces los blancos. El Parlamento concedi a la isla franquicias mercantiles; repartiose la mitad de sus tierras, y a los compradores se impuso la condicin de que empleasen en su cultivo cierto nmero de blancos. De aqu result, que stos subieron diez aos despus, o sea, en 1773, a 3 350. Pero invadida la isla por los franceses, y dominada por ellos hasta la paz de 1783, en que la restituyeron a la Gran Bretaa, muchos colonos emigraron, y ya por aquellos tiempos la poblacin blanca qued reducida a 1 236. He aqu como influyeron causas polticas por s solas, ora en aumentar, ora en disminuir la raza europea. Si no temiera ser difuso, yo recorrera una por una las Antillas inglesas para probar, que prescindiendo del clima, la poblacin blanca ha crecido en todas, siempre que se le ha fomentado, y disminuido cuando se la ha contrariado. Mas, ya que las paso en silencio, permtaseme por lo menos detenerme algunos momentos en las Barbadas, pues sta fue en otro tiempo la Antilla britnica ms importante por su comercio y su poblacin blanca. Empezaron los ingleses a colonizarla en 1624. Con la revolucin de Inglaterra, muchos buscaron un refugio en las Barbadas, y tan grande fue la emigracin, que en 1650 se comput que haba 20 000 hombres blancos, de los cuales 11 000 se hallaban en estado de tomar las armas. En el entretanto, las tierras se repartieron, abriose un vasto comercio con Holanda y otros pases, y libre la isla de trabas y restricciones, pues 18Bryan Edwards: History of the West Indies vol. I, lib. II, cap. 5. 19Montgomery Martin, vol. II.

PAGE 100

OBRAS 94\ 94\ 94\ 94\ 94\ que no obedeca al gobierno recin instalado en la metrpoli, lleg a un alto grado de prosperidad. “Que el suelo de esta isla es naturalmente muy frtil [as se expresa Bryan Edwards],20 debemos necesariamente reconocerlo, si damos crdito a las noticias que han llegado hasta nosotros acerca de su antigua poblacin y opulencia. Se nos ha asegurado que por los aos de 1670 las Barbadas tenan 50 000 blancos, y ms de 100 000 negros, cuyos trabajos, segn se dice, empleaban 60 000 toneladas en la exportacin. Yo sospecho que esta noticia es muy exagerada. Sin embargo no puede dudarse que los habitantes de esta isla han menguado con una rapidez pocas veces conocida en ningn otro pas”. Efectivamente, los blancos haban bajado en 1724 a 18 295, y los negros en 1753 a 69 870. En 1786 aqullos estaban reducidos a 16 167, y stos, a 62 115. Y esta disminucin acaeci cabalmente en la poca en que el comercio de esclavos que hacan los ingleses con la costa de frica, se hallaba en el estado ms floreciente. Pero, en qu consisti tan grande decadencia? Tres fueron sus causas principales. 1 Destruida la repblica inglesa, y sentado Carlos II en el trono de sus mayores, se impuso a la colonia en 1663 una contribucin permanente a favor de la corona de 4 % en dinero, sobre el producto neto de todos los frutos que exportase. Este grave tributo, afectando de ao en ao los intereses de la agricultura, no pudo menos que producir desastrosos resultados. 2 Debiose a la repblica el origen de la famosa acta de navegacin y Carlos II no slo la adopt, sino que tambin ampli sus disposiciones. De aqu fue que la isla de las Barbadas, que hasta entonces se haba servido de la marina holandesa para exportar sus frutos a Europa, vio interrumpido su comercio; y los colonos, en los gritos de desesperacin que lanzaron, predijeron con bastante acierto que aquella acta acompaada de la funesta contribucin del 4 %, causara grandes males a la poblacin y agricultura. 3 La superficie de aquella isla slo es de 106 470 acres de tierra; y dados casi todos al cultivo desde el siglo XVII, no hubo ya espacio suficiente para los ingenios que entonces se empezaban a fomentar. Encarecidas las tierras, algunos pequeos propietarios vendieron sus suertes a un precio muy elevado, y trasladndose a otros pases donde podan comprarlas ms barato, contribuyeron tambin a disminuir el nmero de los blancos. As fue como stos, sometidos siempre a la influencia de un mismo clima, crecieron y menguaron extraordinariamente en las Barbadas. Si echamos una rpida ojeada sobre las Antillas francesas, veremos que la poblacin blanca de Guadalupe y de sus dependencias (las Santas, San Martn, la Deseada, y Mari-Galante) ascendi en 1700 a 3 825. Fue aumentando paulatinamente hasta 1819, en que subi a 14 143, 20 History of the West Indies vol. II, lib. III, cap. 1.

PAGE 101

JOS ANTONIO SACO /95 /95 /95 /95 /95 mximo de su incremento. Despus ac empez a bajar, y en 1835 ya no haba sino de 11 a 12 000 blancos. stos llegaron, en Martinica, en 1700, a 6 597. Suben a su ms alto punto, o sea, a 12 450, en 1767. De aqu menguan hasta 1784: vuelven a subir un poco hasta 1790; y desde entonces han ido disminuyendo constantemente: de manera, que en 1835 estaban ya reducidos a menos de 9 000. Y proceden acaso del clima tantas alternativas? Las invasiones extranjeras, las vicisitudes del comercio, las disensiones intestinas, la mayor o menor fertilidad de las tierras, la facilidad o dificultad de adquirirlas, y los rivales que han encontrado sus frutos aun en los mercados de Francia; tales son las causas que han influido en las oscilaciones de la poblacin blanca. Lleguemos, por fin, a las Antillas espaolas. La poblacin blanca de Cuba ascendi en 1841 a 418 291. Y tan considerable nmero, no es producto exclusivo de la colonizacin europea? No es verdad que si sta hubiese sido mayor, tambin lo habra sido aqul? El clima que hoy nos da 418 000 blancos, ese mismo nos dara una cifra muy superior, si nuestro suelo no se hubiera contaminado con la inundacin de tantos africanos. Aqu es de hacerse una reflexin de muy consoladora esperanza. La colonizacin de Cuba empez en 1511, y desde aquel ao hasta 1775, en que se hizo el primer censo, todos los blancos no llegaron sino a 96 000. Hemos visto que stos ascendieron en 1841 a ms de 418 000; pero el espacio transcurrido de 1511 a 1775 es de 264 aos, mientras el de 1774 a 1841 es slo de 66. De modo, que en este ltimo perodo aparece la poblacin blanca ms de cuatro tantos mayor que en todo el primero. Y de dnde provienen tan notables diferencias? Nace por ventura del clima el lento progreso de los blancos en los primeros 264 aos? Y si se dice que s, cmo es que ese mismo clima no se ha opuesto a su rpido incremento en los ltimos 66? Subamos a otras causas, y desaparecern las contradicciones. Desde la conquista hasta 1778, Cuba estuvo gimiendo bajo el monopolio de los negociantes de Sevilla y Cdiz; y en ese largo perodo muy poco pudo adelantar. Mas, en aquel ao se le abri una nueva era. El gobierno ilustrado de Carlos III, renunciando a la poltica mezquina de sus antecesores, derog los monstruosos privilegios de aquel monopolio, habilitando 13 puertos de Espaa, para que comerciasen con Amrica. Aumentronse despus las franquicias, y Cuba, o ms maosa o ms afortunada que las otras colonias hispanoamericanas, logr al fin que se le permitiese abrir relaciones directas con los pases extranjeros. Desde entonces, a pesar de que no se foment la colonizacin blanca, a pesar de que el enemigo ms formidable de sta siempre ha sido la trata de los negros, pues que sin ella, el nmero de blancos se hubiera aumentado mucho ms; la influencia vivificadora del comercio ha sido tal, que

PAGE 102

OBRAS 96\ 96\ 96\ 96\ 96\ la poblacin blanca cubana, que en el ltimo tercio del pasado siglo slo lleg a 96 000, en poco ms de media centuria se ha levantado al alto nmero de 418 000. Este ejemplo no necesita de comentarios, y la historia de lo pasado nos anuncia el porvenir. Por los aos de 1509 asentaron los espaoles su primera colonia en Puerto Rico; y en los 285 que corrieron hasta 1794, los blancos slo llegaron a 30 000. Para el objeto que me propongo, es muy importante conocer el progreso de la poblacin, y en la tabla que inserto, se leer el resultado de los censos hechos desde aquel ao. AosBlancosMulatos lib.Negros lib.EsclavosTotal —————————————————————— 179430 00017 500 180278 28155 16416 41413 333163 192 1812 85 662 63 98315 83317 536183 014 1820102 43286 26920 19121 730230 622 1827150 31195 43025 05731 874302 672 1830162 311100 43026 85734 240323 838 1836188 869101 27525 12441 818357 086 Haciendo abstraccin de la gente de color, y contrayndome slo a los blancos, aparece, que stos en los 18 aos de 1794 a 1812 adelantaron casi dos veces ms que en los 285 anteriores; y que en los ltimos 24, esto es, de 1812 a 1836, tuvieron un aumento mucho mayor que en los 303 que corrieron desde la conquista. Este resultado asombroso, sea cual fuere la causa por la que se quiera explicar, nos demuestra del modo ms victorioso que la raza europea se puede propagar rpidamente en el archipilago de las Antillas. Y antes de alejarme de Puerto Rico, observemos, aunque sea de paso, que siendo esta isla donde la poblacin blanca ha crecido proporcionalmente ms que en todas las otras, tambin es donde proporcionalmente los esclavos han aumentado menos. Citar, por ltimo, un pas situado al noroeste de Cuba, y cuyo clima es mucho peor que el de la ms insalubre de las Antillas. La Luisiana ocupa un territorio muy bajo, expuesto a las frecuentes inundaciones del caudaloso Misisipi, y en muchas partes siempre cubierto de aguas estancadas y corrompidas. En medio de estos parajes que exhalan la muerte, reina endmicamente la fiebre amarilla, y su capital Nueva Orlens experimenta sus estragos en ciertos meses del ao. La primera colonia europea establecida en la Luisiana, fue en la primera mitad del siglo XVII; y desde entonces al ao de 1800, los blancos no llegaron sino a 18 850. Y tan escasa poblacin se atribuir a la insalubridad del clima? Los hechos responden que no. Los Estados Unidos compraron la Luisiana en 1803, y a los siete aos, o sea, en 1810, ya la poblacin blanca casi haba duplica-

PAGE 103

JOS ANTONIO SACO /97 /97 /97 /97 /97 do, pues ascendi a 34 311 En 1830, sta lleg a 89 441; en 1840, a 158 457; y la ciudad de Nueva Orlens, que al principio del siglo contaba un cortsimo nmero de habitantes, ya en 1840 tuvo 102 193. Es pues inconcuso, que la marcha, ora lenta, ora rpida de la poblacin blanca de la Luisiana no ha dependido del clima, sino de causas puramente polticas y econmicas. De los datos hasta aqu presentados, y del estudio imparcial de la historia del archipilago americano aparecen dos grandes verdades: una, que la poblacin blanca de las Antillas extranjeras ha sido mayor en tiempos anteriores que en nuestros das; otra, que mientras en ellas menguaba, en las espaolas creca. Pero de dnde provienen tan contrarios resultados? Adems de las causas particulares que ya tengo explicadas, existen otras generales, que es preciso exponer. Si se excepta la Jamaica, todas las dems Antillas extranjeras son muy pequeas. Cuando en tiempos pasados se foment en ellas la colonizacin, los europeos estaban seguros de encontrar tierras vacantes en que establecerse; pero despus que todas fueron repartidas, o que las que quedaron, eran de mala calidad, necesariamente hubo de atajarse la corriente de la emigracin. Es cierto que sta, aun siendo mayor de lo que fue, pudo haber cesado ms tarde; pero el trfico de esclavos plantando negros en aquellas tierras, quit a los europeos el puesto que hubieran podido ocupar. Por otra parte, las destinadas a la agricultura desde el primer siglo de la colonizacin, tiempo ha que estn muy cansadas, o al menos la ciencia de los que las labran, es incapaz de fertilizarlas incesantemente; y no habiendo otras en que renovar los cultivos con ventaja, la poblacin blanca ha debido encontrar en su progreso obstculos poderosos. No as en Cuba y Puerto Rico. Ambas tienen, y sobre todo la primera, una vasta superficie, que excede, incluida Hait, al conjunto de todas las Antillas extranjeras. Sus terrenos son fertilsimos; la mayor parte de ellos estn esperando todava el primer golpe de la mano del labrador, y todo el que quiera dedicarse a la agricultura, puede hacerlo con tanta facilidad como provecho. Tambin debe considerarse la posicin respectiva de las metrpolis europeas. Francia, adems de los puntos que ocupa en frica y en Asia, posee la Guayana en el continente de Amrica; ha conquistado a sus puertas todo el territorio de Argel, y aun empieza a dominar algunas islas del mar Pacfico. La Gran Bretaa, no cabiendo en el estrecho recinto dentro del cual la encerr la naturaleza, se ha extendido con una fuerza prodigiosa, llevando su poder y su civilizacin hasta los confines de la tierra. Dilatada la esfera colonial de estas dos grandes naciones, los franceses y los ingleses en vez de correr hacia las Antillas, se han desviado de ellas, esparcindose por anchos y nuevos canales. Otra ha

PAGE 104

OBRAS 98\ 98\ 98\ 98\ 98\ sido la suerte de Espaa. Seora un tiempo de las ms vastas y opulentas colonias del mundo, sus hijos se derramaban por las inmensas regiones de Amrica; mas, habindose stas separado de su metrpoli, las dos Antillas que siempre se han mantenido fieles, no slo sirvieron de refugio a muchos espaoles, que abandonaron aquel continente, sino que desde entonces se ha reconcentrado en ellas gran parte de la emigracin de Espaa. Finalmente, hay todava otra razn de ms alta trascendencia. En general, los europeos que han pasado a las Antillas extranjeras, no han tenido otro objeto que adquirir fortuna, para volver a Europa a gozar de ella. Considerndose siempre como transentes, han huido al matrimonio; y cegada, por una parte, la fuente ms legtima, al par que ms fecunda de la reproduccin humana, y existiendo, por otra, una constante emigracin, es imposible que la raza blanca haya podido prosperar. Al contrario en Cuba y Puerto Rico. Muchos de los europeos que a ellas van, se casan, se arraigan, y puede decirse con mucha verdad, que son pocos los que despus de haberse enriquecido, o ganado una cmoda subsistencia, vuelven a pasar los mares en pos de la antigua patria. Si el nmero a que lleg en otros tiempos la poblacin blanca de las Antillas extranjeras, si la disminucin que stas han experimentado despus, y si el aumento constante que aqulla ha tenido en las espaolas, se han de explicar por la influencia del clima, forzoso es caer en dos absurdas consecuencias. La primera, que mientras el clima de todas las Antillas es contrario a la raza blanca, slo le es favorable el de Cuba y Puerto Rico, puesto que en estas dos es donde nicamente ha hecho progresos considerables. La segunda, que hubo un tiempo en que el clima de todas las Antillas extranjeras fue benfico a la raza blanca, pues que la dej crecer, y otro en que le fue malfico, pues que la ha hecho menguar. A estos errores, o mejor dicho imposibles, nos arrastra la teora de los climas, cuando se quiere aplicar a las oscilaciones de la poblacin blanca en el archipilago americano. Acabemos, pues, de desengaarnos, y reconozcamos de una vez, que el clima cubano no se opone a la introduccin de hombres blancos, ni menos a que stos se ocupen en los trabajos de los ingenios. Cuba encierra en su seno tesoros envidiables, y sus campos vrgenes llaman a todas horas al colono industrioso; pero el contrabando africano le ahuyenta de nuestras playas, llevndole a fecundar con el sudor de su frente otros pases americanos, o forzndole a morirse de miseria en la excesivamente poblada Europa. Cirrense para siempre las puertas a todos los negros: branse libremente a todos los blancos; y Cuba tendr en recompensa una prosperidad duradera, y Espaa, la gloria de poseer una de las ms brillantes colonias a que puede aspirar metrpoli europea.

PAGE 105

JOS ANTONIO SACO /99 /99 /99 /99 /993 CARESTA DE LOS JORNALES De cuantos motivos se alegan para continuar el contrabando africano, ste es el nico que tiene alguna apariencia de verdad; y no vacilo en confesar francamente, que al bajo precio en que se venden en Cuba los esclavos introducidos de frica, el hacendado saca ms provecho del trabajo de ellos que del de libres jornales. Pero en la crisis a que han llegado las cosas, se funda acaso ese provecho en una base firme y permanente? No es por el contrario un bien fugaz y engaoso, una ilusin fatal, que sorprendiendo los sentidos, desconcierta la razn, y no la deja percibir sus verdaderos intereses? Quin ser el hombre sensato, que prefiera ganar hoy diez, para perder maana toda su fortuna, y aun su vida y la de su familia, a contentarse con una ganancia menor, pero del todo segura, y por lo mismo trasmisible a su posteridad? Aun sin fijar la vista en el porvenir, y contrayendo la cuestin a slo el pecuniario inters del momento, yo demostrar que a pesar de la caresta de los jornales en Cuba, bien puede continuarse ventajosamente la elaboracin del azcar. 1 En la sola enunciacin de las palabras caresta de jornales se descubre un sofisma que alucina, pues se toma como origen lo que no es sino efecto de los daos que produce el comercio de negros. Por qu son caros en Cuba los jornales de los labradores? Porque hay pocos que se dedican al cultivo de los campos en clase de jornaleros. Y de dnde proviene que haya pocos? Proviene de que no habindose necesitado nunca por estar previstos de esclavos todos los ingenios y cafetales, las personas libres que hubieran podido hallar ocupacin en ellos, han tenido que emplearse en tareas de otra clase. Luego, la caresta de los jornales nace de la escasez de jornaleros; y la de stos, de la introduccin de esclavos africanos destinados al cultivo de los campos; luego, mientras contine el comercio de negros, continuarn tambin los mismos inconvenientes; y si se desea removerlos, es menester atacar el mal en su raz. Los hechos vienen en apoyo de este raciocinio. En Puerto Prncipe de la isla de Cuba bajaron en 1841 los salarios de los labradores blancos, con slo haber llegado de Catalua 200 colonos; y alquilbanse en aquella ciudad y en los campos de su jurisdiccin hasta por seis y siete pesos al mes. 2 De que los jornaleros de brazos libres sean algo ms caros que el servicio de los esclavos, no se infiere absolutamente que sin ellos ya no se puede hacer azcar. Para esto debera probarse, que los jornales son tan crecidos, que necesariamente han de arruinar al hacendado; y mientras no se suministre esta prueba, la cuestin cambia de naturaleza, viniendo a quedar reducida, no a la ruina inevitable del hacendado, sino a la mayor o menor utilidad pecuniaria que momentneamente sacar segn que emplee, ya esclavos, ya jornaleros.

PAGE 106

OBRAS 100\ 100\ 100\ 100\ 100\ 3 Cuando se trata de decidir si alguna empresa es til o gravosa, no basta atender a uno solo de sus elementos: es preciso, adems, que se pesen todas las circunstancias que puedan influir, bien sea de un modo favorable, bien contrario. Los hacendados, que para calcular la utilidad de los ingenios slo toman en cuenta el valor de los jornales, parten de un principio equivocado, pues se figuran que, porque stos no sean baratos, ya no se podr encontrar en ninguno de los otros elementos de la produccin ahorro alguno que compense su caresta. Afortunadamente hay en Cuba muchos medios a que se puede recurrir para balancear esta causa; causa que no se debe considerar como constante, sino meramente transitoria, pues que con la afluencia de colonos se restablecer muy pronto el equilibrio, y las cosas tomarn una marcha ms sentada. Los siguientes son algunos de los arbitrios que se pueden adoptar. Aligrense, o del todo suprmanse los impuestos que gravitan sobre el azcar y otros frutos cubanos. Exmanse de toda contribucin ciertos artculos de que el hacendado se sirve para el consumo de sus operarios. Extindase igual proteccin a todas las mquinas e instrumentos que se puedan emplear en la agricultura, y en la elaboracin del azcar. Simplifquense, y perfeccinense las operaciones agrcolas e industriales de los ingenios, ya introduciendo mquinas, que reemplacen el trabajo de tantos negros como hoy se emplean, ya mejorando la calidad del fruto, ya aprovechando los desperdicios de que sabe sacar partido un buen sistema de economa. Faciltense, en fin, los medios de comunicacin, no slo construyendo caminos en toda la Isla, sino rompiendo las trabas que impiden la libre navegacin de sus costas. Si en Cuba hubiera caminos, ¡cun diferente no sera la suerte de sus hacendados! ¡Cunto no ahorraran en el porte de sus frutos a los puntos de su embarque! Antes de la construccin del ferrocarril de La Habana a Gines, cuya distancia es de 12 leguas, los amos de los ingenios situados en aquel partido pagaban por la conduccin de cada caja de azcar a la capital 3 pesos fuertes, y a veces ms. Si un ingenio fabricaba 2 000 cajas, el porte de stas podra costar de 7 a 8 000 pesos; mas ahora, con el camino de hierro se pueden ahorrar de 5 a 6 000, cantidad bastante para mantener con mucha decencia una familia respetable. Estas ideas se corroboran, observando lo que pasa en otros pases, donde, aunque no se hace azcar por jornaleros, sino por esclavos, el precio de stos es tan subido que excede en mucho al importe de aqullos. En los ingenios de la Luisiana solamente se emplean esclavos, y su valor es tan alto, que sobrepuja al de los de Cuba en el triplo, y an ms.21 Pues a 21De 1844 a 1858, el valor de los esclavos ha ms que duplicado en La Habana; y, por consiguiente, el salario de los que se alquilan para las tareas del campo, ha crecido extraordinariamente.

PAGE 107

JOS ANTONIO SACO /101 /101 /101 /101 /101 pesar de esto; a pesar de que el clima mata la caa, y que es preciso resembrarla anualmente; a pesar de su escaso rendimiento y de la mala calidad del azcar; todava sta ha podido, no por otra razn, sino por la facilidad de las comunicaciones, y por la proteccin que aquel gobierno supo dispensarle. Hgase otro tanto en Cuba, y sus ingenios subsistirn, sean cuales fueren los brazos que los sirvan. Compensacin de la caresta de jornales que se encuentra tambin en ciertas ventajas que ofrece el servicio de colonos blancos, y que en vano se buscaran en el de esclavos. 1 La mayor inteligencia de aqullos, y el mayor inters con que trabajan, les dan gran preponderancia sobre los esclavos africanos. 2 Cuando una hacienda est servida por libres, si alguno de stos adquiere vicios, contrae alguna lesin, o se vuelve perezoso en el trabajo, el hacendado puede despedirle, reemplazndole con brazos tiles, o dejarle en su finca, haciendo un nuevo ajuste que le sea menos gravoso. Pero cuando los labradores son esclavos, el amo est condenado a sufrir los mismos gastos, sin poder disfrutar de los mismos servicios. 3 La indolencia, y a veces la perversidad de los esclavos, es causa de muchos quebrantos en un ingenio. El animal que se suelta, y estropea el sembrado, el caballo que se pasma, el buey que se desnuca, la chispa que salta y quema el caaveral, o incendia todo el ingenio, son males que acaecern con menos frecuencia, cuando las haciendas no estn entregadas a salvajes africanos. En estos ltimos meses se ha visto en el ingenio San Francisco, de Hernndez, situado en la jurisdiccin de Matanzas, que los negros, en vez de apagar el fuego que se haba prendido, lo fomentaban, corriendo de un caaveral a otro con haces encendidos de hojas secas de caa. Todo el ingenio, menos la casa de purga, fue devorado por las llamas. 4 Con la fidelidad y responsabilidad personal de los colonos blancos se evitarn robos de azcar y de vveres, que en un ingenio grande equivalen al ao a centenares, y aun a millares de pesos. 5 Las enfermedades, fugas, capturas, bautismos, matrimonios y entierros son gastos que recaen sobre el amo de los esclavos, y que, en una hacienda de 100 negros, bien pueden calcularse por lo bajo de 500 a 600 pesos. Nada tendr que pagar el hacendado, el da que emplee labradores libres. 6 Las sublevaciones de los esclavos llevan consigo prdidas que no afectan al que se sirve de libres. El nmero de negros que perecen en la contienda, y los gastos del procedimiento judicial, o las gratificaciones para impedirlo, son cargas que gravitan sobre el amo de los esclavos. Con la reciente conspiracin, la prdida de cada hacienda en la jurisdiccin de Matanzas se puede calcular en tres negros por trmino medio. Los severos castigos han inutilizado a muchos; y los grillos y la maza

PAGE 108

OBRAS 102\ 102\ 102\ 102\ 102\ que se han impuesto a otros, ya por sentencia judicial, ya por voluntad de sus amos, privan a stos de su trabajo. 7 Por miedo al trfico y a sus consecuencias, no se han resentido considerablemente todas las haciendas, y sealadamente los ingenios y cafetales? Y cul no sera el valor a que subiran, si, en vez de esclavos, estuviesen servidas por brazos libres? No hay muchos hacendados que tienen fondos en los bancos extranjeros? No es verdad que esos capitales les rinden un inters muy bajo, respecto del que les produciran en Cuba? No han perdido algunos millones de pesos con las quiebras de los bancos de los Estados Unidos de Norteamrica? Y todo esto, no es un grave quebranto, que estn sufriendo por el fundado temor que les infunde la continuacin del trfico de negros? Yo ruego a los hacendados, que fijen la mente en estas consideraciones, y que, cuando computen el gasto que les ocasionan sus esclavos, nunca olviden aquellas prdidas, ni el costoso seguro que estn pagando a los pases extranjeros. Yo estoy tan ntimamente penetrado de los inmensos beneficios que ha de producir a Cuba la abolicin del trfico africano, que lejos de temer que con ella mengen nuestros frutos, firmemente creo que aumentarn. Cerrada que sea la puerta a la introduccin de esclavos, los colonos que vayan a Cuba, si se les deja, como siempre debe dejrseles, la libre facultad de aplicarse a lo que quieran, se dedicarn a la profesin que ms ventajas les ofrezca. Pero entre tantas como Cuba presenta, la agricultura se llevar la preferencia, pues a ella convida la fertilidad de sus campos, y el premio con que paga las fatigas del labrador industrioso. Inculta yace todava la mayor y mejor porcin de las tierras cubanas: sus propietarios, imbuidos hasta aqu en el error de que sin negros no se pueden cultivar, y careciendo muchos de medios para comprarlos, ningn beneficio sacan de ellas. Con otro sistema de agricultura, estos propietarios no esperaran que frica les enviase sus mseros labradores: pediran los suyos a la culta Europa, a la Amrica y al Asia; y con muy corto capital, y a veces sin ninguno, podran destinar sus campos improductivos a las ms pinges cosechas. No faltarn entonces, si conocen que les conviene, quienes den algunas suertes al cultivo de la caa; y ora hagan azcar en grande, ora en pequea cantidad, no por eso ser menos cierto el provecho personal que saquen, y el pblico beneficio que dejen. Hay en Cuba, por desgracia, una prevencin general contra la elaboracin del azcar en pequeo. Acostumbrados a ver grandes ingenios, parece a muchos que sin ellos ya no ser posible fabricarla; pero en la India, en la China, y en otras partes del Asia, la caa se ha cultivado y cultiva en pequeo, y el azcar se hace tambin en pequeo. En grande y en pequeo se elabora tambin en las colonias francesas. Martinica tiene para 60 ingenios grandes 335 muy pequeos. Mayor es el nmero de stos en Guadalupe, y mucho mayor todava en

PAGE 109

JOS ANTONIO SACO /103 /103 /103 /103 /103 Borbon. Esta isla contaba en 1838, segn un estado presentado al gobernador de ella por el consejo colonial, los ingenios siguientes: De400a500 esclavos ......................................3 De300a400—......................................4 De200a300—......................................31 De100a200—......................................17 De50a100—......................................141 De20a50—......................................462 De10a20—......................................688 De1a10—......................................4 063 ——— Total ..................................................5 409 En Puerto Rico tambin se fabrica en grande y en pequeo. Y Cuba misma, sin salir de su recinto, nos ofrece la demostracin ms patente. Cul fue el origen del azcar? Cuntos negros hubo en los primeros ingenios de La Habana y Matanzas? Con ocho, con seis, y aun con menos, as empezaron esas haciendas, y sirvieron de modelo a las colosales que hoy se admiran. Y si nos paseamos por el interior de la Isla, encontraremos hoy mismo en Puerto Prncipe, Bayamo y otros puntos, muchos hacendados que con cinco o seis negros, no slo hacen azcar, sino que al mismo tiempo destinan sus tierras a varias culturas y al pasto de ganado. Por qu, pues, no se ha de poder reducir todava a una esfera ms estrecha la siembra de la caa, y la elaboracin del azcar? No lo est entre nosotros la del tabaco, y la de otras muchas semillas? Lejos de haber inconvenientes, se obtendrn grandes ventajas, porque cultivndose las tierras con ms economa y esmero, rendirn ms utilidad. El labrador, sin ocuparse exclusivamente en la caa, podr dedicarse a otros cultivos; y no dependiendo su fortuna de una sola granjera, hallar en los otros frutos una compensacin de las prdidas que el envilecido precio del azcar pudiera ocasionar. No se diga, pues, por ms tiempo que, para hacer mucha azcar, es menester trabajarla en grande. Haya muchos que se empleen en ella, y no importa que estn reunidos o separados. Cuando abogo por la produccin del azcar en pequeo, no es porque yo tema que sin esclavos no se haga en grande. Creo, por el contrario, que habr propietarios que a ella se dedicarn, bien sea pagando jornales, bien limitndose a construir las fbricas y mquinas necesarias para su elaboracin, y dejando a colonos el cuidado de cultivar la caa de su cuenta. Este ltimo sistema se sigue en varios pases, y casos habr en que sea entre nosotros preferible al primero; porque dividida la tierra en pequeas suertes, la cultura ser ms perfecta: si el ao es

PAGE 110

OBRAS 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ malo, ahorrar el hacendado los jornales, que de otra manera pagara; y como el inters del colono no est limitado por un salario fijo, se empear en cultivar mejor para que la caa rinda ms, pues que este rendimiento ser la medida de sus ganancias. As es como las colonias que Holanda tiene en Asia, han prosperado rpidamente, en estos ltimos aos. Oigamos lo que dice un hombre digno de fe:22 “En Batavia, donde los propietarios son ricos, y han hecho establecimientos considerables, las propiedades que se componen de 300 acres y an ms, estn arrendadas por chinos que residen all. stos subdividen las propiedades en suertes de 50 o 60 acres, y las subarriendan a trabajadores libres bajo la condicin de sembrarlas de caa; los cuales reciben una cantidad determinada por cada pecul de azcar que producen. De este modo, el arrendador sabe con certeza lo que le costar cada pecul ; no necesita de inquietarse pensando en el trabajo que otros han de hacer; y cuando la caa est en sazn, operarios empleados al efecto vienen a cortarla y a conducirla al molino o trapiche. Entonces no quedan en la hacienda, durante siete meses del ao, sino los labradores que preparan la cosecha siguiente”. En la isla de Java tambin estn separadas las funciones de agricultor y de fabricante. Cultvase all casi toda la caa de cuenta del gobierno holands,23 quien la da a los fabricantes para que la muelan; y stos, por un precio moderado, le entregan despus el azcar elaborada. Porter refiere tambin lo que sucede en las Indias orientales. “A veces, dice, el fabricante compra directamente las caas al labrador; otras, ste recibe por ellas, segn el convenio que hace, una parte del producto. sta es de dos tercios, si el labrador lleva la caa al molino; pero si su porte es de cuenta del fabricante, entonces slo se le da la mitad. Hay casos en que el labrador recibe una parte de los productos accesorios, el ron por ejemplo; pero esto no es lo comn: semejantes pormenores son objeto de convenios particulares”. En las provincias de Mlaga y Granada, las fbricas y los molinos no pertenecen a los que cultivan la caa. Del azcar que se hace, se paga al fabricante la mitad en unas partes, y en otras una porcin diferente. Por lo menos, as era, cuando en 1835 viaj por aquellos puntos de Espaa. Aunque en las colonias francesas, lo mismo que en Cuba, las funciones de agricultor y fabricante estn reunidas bajo una sola mano, hay, sin embargo, casos en que, si un hacendado francs no puede acabar su 22Porter: On the culture of sugar cane 23No pertenece al gobierno el cultivo de la caa, ni tampoco la propiedad del azcar, en las tierras libres repartidas por los ingleses durante su dominacin en aquella isla. Los prncipes indgenas que no han sido depuestos, tambin conservan el derecho de cultivar caa, hacer azcar y venderla libremente. — Java, Sungapore et Manille, par Maurice d’Argout, Pars, 1842.

PAGE 111

JOS ANTONIO SACO /105 /105 /105 /105 /105 cosecha por cualquier accidente, lleva el resto de la caa al ingenio de su vecino, quien la muele por la mitad del producto. Lo mismo hacen algunos hacendados hortelanos ( habitants viviers ; en Cuba sitieros ) que cosechan caa, pues muelen en el ingenio ms inmediato la porcin que les queda, dando la mitad del azcar elaborada.24Finalmente, en las Antillas inglesas empieza ya a introducirse este sistema; y en Santa Luca est ya establecido. Una de las ventajas que produce, es el ahorro de capitales en la elaboracin del azcar. La comisin nombrada por el Gobierno francs para examinar las cuestiones relativas a la esclavitud y a la constitucin poltica de sus colonias, se expresa en los trminos siguientes por el rgano respetable del duque de Broglie, su digno presidente, y autor del informe presentado a aquel gobierno en marzo de 1843. “En efecto, si debemos atenernos a los hombres de la profesin, a los hombres experimentados en semejantes materias, ilustrados por los inmensos progresos que ha hecho entre nosotros la industria del azcar indgena (de remolacha), una fbrica bien montada, cuyos edificios son de un tamao regular, y las mquinas de una fuerza media, puede elaborar fcilmente cada ao de 1 a 2 millones de kilogramos de azcar. La Martinica fabrica anualmente casi 24 millones, y la Guadalupe casi 37. Veinte fbricas, pues, bien montadas, bastaran cumplidamente a la Martinica, y 30 a la Guadalupe. La primera tiene hoy 494 ingenios y la Guadalupe 518: en otros trminos, existen en cada colonia tantas fbricas, cuantas son las heredades en que se cultiva caa. Desde luego salta a la vista la considerable prdida que debe causar semejante estado de cosas. ¡Qu cuantiosa suma de capital fijo debe hallarse absorbido intilmente en terrenos, edificios, mquinas, y aparatos de toda especie! ¡Qu enorme cantidad de capital circulante debe hallarse intilmente disipada cada ao en reparacin, en conservacin, en salarios personales, y en gastos generales de toda clase! ¡Qu enorme cantidad de trabajo humano en cada hacienda debe sustraer intilmente la fabricacin a la labranza! —Renuncien pues en fin los hacendados a este sistema ruinoso y aejo; entindanse entre s, asciense en grupos de 20, 30, 40, ms o menos, renan su crdito y sus capitales para sustituir a esa muchedumbre de fbricas dispendiosas y mezquinas, de trenes anticuados, en que todava hoy hacen el azcar como se haca 150 aos ha, un corto nmero de fbricas bien situadas, bien construidas, provistas de todos los aparatos que la ciencia ha inventado, y la industria ha perfeccionado. Para esto bastar una reunin de capitales que no exceda de algunos millones (de francos ) en cada colonia”. 24 Question coloniale sous le rapport industriel, par Paul Daubr, Pars, 1841.

PAGE 112

OBRAS 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ El autor del informe, cuyas palabras he transcrito, dice que si los hacendados de las colonias francesas, para instalar las nuevas fbricas, y dirigir la elaboracin del azcar segn el mtodo que hoy se emplea, mandan buscar a Europa algunos centenares de buenos obreros, de obreros inteligentes en la fabricacin del azcar de remolacha, no slo podrn restituir al cultivo los vastos terrenos ocupados por edificios intiles, sino que ahorrarn anualmente ms de la mitad de los gastos que hoy hacen improductivamente, y que obtendrn de la caa un rendimiento doble del que hoy consiguen. Aunque la perspectiva no sea tan risuea para los hacendados de Cuba, porque no se hallan en tan tristes circunstancias, pueden, sin embargo, alcanzar grandes ventajas, y muchas ms todava, los que en lo sucesivo se dediquen a la granjera del azcar, pues que no han hecho los gastos que hoy gravitan sobre los actuales amos de ingenios. Aqu pudiera levantar la mano, y cerrar la primera parte de este papel; pero no debo proseguir, sin antes desvanacer ciertas dudas y temores que pudieran asaltar a algunos que, deslumbrados con lo que pasa en las colonias inglesas, teman ligeramente iguales consecuencias entre nosotros, si se pone trmino a la trata Un momento de reflexin bastar para disipar estos temores y tranquilizar los nimos atribulados. En aquellas colonias, la ley de emancipacin ha introducido una novedad esencial, y cambiado enteramente la posicin de los hacendados; mas, en Cuba, como que no se trata de EMANCIPAR LOS ESCLAVOS,SINO S"LO DE ABOLIR EL CONTRABANDO AFRICANO, es inconcuso, que no se pueden aplicar a ella los mismos resultados. En las colonias inglesas, las tierras no son tan frtiles como en Cuba, y siendo muy desiguales los productos, las circunstancias en que el hacendado ingls se pierde, el cubano se enriquece. Lo que s debe llamar fuertemente la atencin, es que todas las dificultades con que ahora lucha el colono britnico, son efecto de la ley de emancipacin o mejor dicho, de la precipitacin con que se dict pues no se tomaron medidas que asegurasen, o los mismos brazos que hasta entonces se haban empleado, u otros nuevamente introducidos. De aqu naci, que en muchas islas los negros abandonaron a millares las haciendas, para establecerse en las ciudades, o trabajar de su cuenta en tierras que compraron muy baratas. La escasez repentina de brazos produjo la caresta repentina de salarios, y esta caresta, las consecuencias que hoy se deploran. Pero las islas donde no hubo ese trastorno, ni esa dislocacin de brazos de los campos a los pueblos, sas han seguido una marcha firme, y aun aumentado sus productos. En Antigua, la produccin de azcar de 1827 y 1833, ltimos siete aos de esclavitud, ascendi a 1 009 851 quintales; mas, en los siete primeros de completa libertad, esto es, de 1834 a 1840, lleg a 1 258 750. En las Barbadas tambin se ha fabricado ms azcar despus de la

PAGE 113

JOS ANTONIO SACO /107 /107 /107 /107 /107 emancipacin que antes de ella. La isla Mauricio export en los ocho ltimos aos de esclavitud, contados desde 1826 a 1833, la cantidad de 158 677 040 kilogramos de azcar, y en los ocho primeros de libertad, a saber desde 1834 a 1841, 234 008 207 kilogramos. Verdad es que entraron bastantes colonos en este perodo; pero el aumento de azcar no ha sido proporcional a su nmero, y aun cuando lo hubiese sido, esto siempre probara que la emancipacin no ha sido funesta en Mauricio. Y si tal es el prspero resultado que nos presentan algunas de las colonias inglesas que han pasado por la prueba difcil de la emancipacin, cul no ser el de Cuba, que se halla en pleno goce de todos sus esclavos? ste es el punto cardinal de la cuestin, y encerrndome dentro de sus lmites, probar, que en las colonias inglesas y francesas se hizo ms azcar despus de la abolicin del TRFICO DE NEGROS que antes de ella. El gobierno ingls prohibi el comercio de esclavos de frica en 1807; y sus colonias de las Indias occidentales exportaron en los seis aos anteriores las siguientes cantidades de azcar: AosKilogramos ——————— 1801208 838 784 1802.............................................. 230 712 160 1803.............................................. 163 822 400 1804.............................................. 165 681 040 1805.............................................. 163 646 280 1806.............................................. 205 690 072 ——————— T otal .................. 1 138 390 73625Despus de abolido el trfico continuaron los colonos ingleses en la posesin de sus esclavos hasta el ao de 1834. Veamos ahora el azcar que exportaron en los tres sexenios; o sea, en los 18 aos que precedieron a la emancipacin. AosKilogramosAosKilogramosAosKilogramos————————————————————————————————————1817186 837 4951823191 619 7521829210 879 946 1818191 713 7461824199 821 9411830198 715 749 1819198 405 1281825177 795 0491831208 388 222 1820191 413 0771826203 243 1931832192 163 961 25Este estado, que se sac de los registros de la aduana de Londres, se halla en el Rapport sur les questions coloniales por Jules Lechevalier, impreso en la imprenta real de Pars en folio imperial, por orden del Ministro de Marina y Colonias de Francia.

PAGE 114

OBRAS 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ 1821198 395 7841827180 315 6161833185 631 977 1822174 432 3981828219 035 9751834195 210 711 —————————————————— 1 141 197 6281 171 831 526 1 190 990 56626Aparece, pues, de estos estados que las colonias de la Amrica inglesa, a pesar de no haber recibido esclavos de ningn pas del mundo, ni colonos de ninguna especie, aumentaron la produccin de azcar con slo el trabajo de los negros que les quedaron despus de abolido el trfico. Si de las colonias britnicas pasamos a las francesas, cuales son la Martinica, Guadalupe y sus dependencias, Guayana y Borbon, encontramos un resultado igualmente satisfactorio. La trata clandestina no ces en ella hasta 1832; y comparando la exportacin de su azcar, en los siete aos anteriores, con los siete que siguieron, se obtiene la prueba ms concluyente. AosKilogramosAosKilogramos————————————————————————182553 616 523183277 307 799 182673 266 291183375 597 243 182765 828 406183483 049 141 182878 474 978183584 249 890 182980 996 914183679 326 022 183078 675 558183766 535 563 183187 872 404183886 992 808———————————————— 518 731 074 553 058 46627Queda, pues, demostrado, que las colonias francesas hicieron en el segundo septenio de 1832 a 1838, 34 327 392 kilogramos ms que en el primer septenio de 1825 a 1831, en que an se introducan negros de frica.28 26Este estado se public por orden del Parlamento, y se insert, haciendo la reduccin de quintales a kilogramos, en el informe citado del duque de Broglie. 27 Notices statistiques sur les colonies franaises imprimes par ordre du Ministre de la Marine et des Colonies. Appendix a la 4 partie, Pars, 1840. 28Las mismas colonias francesas exportaron: En1839 .....................87 664 893 kilogramos 1840 .....................75 543 696 1841 .....................85 850 823

PAGE 115

JOS ANTONIO SACO /109 /109 /109 /109 /109 Pero supngase que sin la introduccin de nuevos esclavos africanos no sea posible sembrar caa ni en grande ni en pequeo. Dos consecuencias resultarn de aqu: una, que no por eso se atrasar la agricultura cubana, pues se emprendern nuevos cultivos, y se extendern y perfeccionarn los ya establecidos. Adems, en el estado de abatimiento en que se halla el precio del azcar, y en la rpida extensin que este ramo est tomando en el Asia y otros pases, no es acertado continuar en Cuba como hasta aqu, lanzndose a ciegas en la construccin de tantos y tan costosos ingenios. La prudencia aconseja que se haga una pausa para dar tiempo a que aclare el horizonte, dedicndose a otros cultivos, que sin necesitar de tan considerables capitales, dejen un provecho mayor y ms seguro. La otra consecuencia es, que la abolicin del trfico, lejos de perjudicar a los actuales hacendados, debe serles favorable. Favorable, digo; porque no tratndose de privarles de sus esclavos, continuarn con sus ingenios, mientras a los dems habitantes se les impida hacer otros nuevos. De esta manera, siendo ellos solos los que pueden producir azcar, pues que, segn su falsa creencia, no se puede hacer sin esclavos, se establece, por decirlo as, un monopolio en su favor, cuyo efecto necesario ha de ser el alzamiento del precio de aquel fruto: y tanto ms alto ser, cuanto este monopolio no se circunscribe a la isla de Cuba, sino que se extiende a todas las colonias inglesas; porque si es verdad que en las Antillas no se puede hacer azcar sin esclavos africanos, abolida ya la esclavitud en las britnicas, y estando para abolirse en las francesas, claro es que quedar un vaco enorme en la produccin del azcar; vaco que llenarn en parte los actuales hacendados de Cuba, sacando grandsimo provecho. Aun les resultar otra ventaja, y es que, cesando el contrabando africano, los esclavos existentes adquirirn una estimacin considerable; y el hacendado que haya empleado en ellos 20 000 pesos, por ejemplo, dentro de muy poco tiempo ver duplicar y aun triplicar su valor. As ha sucedido en la Luisiana, donde hay esclavos que se venden hasta en 2 y 3 000 pesos. Pero te engaas, replicarn: dentro de breves aos perecern nuestros esclavos, y nuestra ruina es inevitable. ¡Vanos temores! La historia de lo que no ha pasado en los pases donde hace mucho tiempo que se prohibi el comercio africano, y donde las leyes han sido observadas sobre este particular, debe infundir aliento a nuestros temerosos compatriotas. Abriendo esa historia, sus pginas nos descubren una verdad importante. sta es, que si en unas partes ha disminuido la poblacin esclava, en otras ha aumentado; y que esta misma disminucin ha sido tan pequea, y tan dependiente de causas que hubieran podido evitarse, que no hay riesgo que comprometa la fortuna del hacendado.

PAGE 116

OBRAS 110\ 110\ 110\ 110\ 110\Disminucin general de los esclavos en las colonias inglesas de AmricaMuy importante sera saber el nmero de esclavos que stas tenan al tiempo de la abolicin del trfico, pues comparando entonces los estados de aquella poca con los posteriores, se formara un cuadro completo. Pero no existiendo tan preciosos documentos, me reducir a establecer una comparacin entre los primeros censos que se hicieron despus de abolido el trfico, y los ltimos que se publicaron antes de la emancipacin. Colonias ....................... AosEsclavosAosEsclavos ———————————— Antigua ........................181732 269183129 537 Barbadas.....................181777 493183281 500 Bermudas....................1822 5 24218313 915 Berbice .........................181824 549183120 645 Demerara y Esequibo181777 867182969 467 Dominica .....................181717 959183114 232 Granada.......................18 1728 029183123 604 Jamaica........................ 1808323 8271829322 421 Monserrate.................1817 6 61018286 262 Nieves..........................18 17 9 60218319 142 San Cristbal ..............1817 20 168183119 085 Santa Luca .................181516 285183113 348 San Vicente .................1817 25 218183122 997 Tabago......................... 181915 470183212 091 Trinidad....................... 180821 985183121 302 Las Vrgenes ...............18186 89918285 399 Bahamas......................18 2210 88818319 705 ———————— 720 360 684 652 Esta tabla indica una disminucin de 35 708 esclavos. Mas, deber considerarse como el exponente verdadero de la mortandad? Para no caer en graves errores, es preciso rebajar el nmero de libertos que ha habido entre las dos pocas; pues es innegable que, no habiendo perecido, sino pasado a otra clase, no pueden contarse en el nmero de esclavos muertos. Nada dir de los libertos que hubo en Jamaica desde 1808 hasta 1817, y en la isla de Trinidad desde el mismo ao de 1808 hasta 1815, porque no he podido encontrar ningn dato ni noticia; y aunque pudiera calcular aproximadamente este nmero, prescindir de ellos, pues de este modo se conocer mejor cun distante estoy de incurrir en exageraciones. Contrayndome, pues, a los aos posteriores, esto es, empezando a contar

PAGE 117

JOS ANTONIO SACO /111 /111 /111 /111 /111 desde 1815 para unas colonias, y desde 1817 para otras, y sin pasar nunca de 1832, resulta que hubo 19 582 libertos. Rebajndolos del total 720 360, quedan 700 778, cuya cantidad, comparada con la de 684 652, da una diferencia de 16 126, que es el exponente verdadero de la mortandad. He dicho que los esclavos ascendieron segn los primeros censos a 20 360; y como la mortandad que hubo desde entonces hasta la formacin de los ltimos, fue de 16 126, aparece que la disminucin solamente ha sido, en todo este intervalo, de 2,23 %, nmero que, si se prorratea entre cada uno de los 17 aos transcurridos, viene a dar 13 centsimos, fraccin insignificante en clculos de esta especie. Mas, por corta que sea esta disminucin, aun pudo ser menor, o no haberla habido absolutamente, si todos los hacendados hubiesen puesto ms empeo en la administracin de sus heredades; pero entregndolas muchos al cuidado de administradores, y retirndose a vivir en Europa, los esclavos sufrieron lo que la presencia del amo no hubiera permitido. Observar tambin, que casi todas las colonias que han tenido ms mortandad, son cabalmente aquellas donde se ha recargado a los esclavos de un trabajo excesivo. No es verdad, que si se hubiera adoptado otro sistema, la disminucin habra sido casi nula? No hubieran podido aumentar tambin los esclavos? Cuando en algunas colonias ha sucedido as, no hay razn para negar que en las dems pudiera haber sucedido lo mismo.Aumento que han tenido los esclavos en varias colonias, despus de abolido el trficoEmpezando por las francesas, dice una autoridad irrecusable:29 “La abolicin de la trata, suprimiendo todo reclutamiento exterior, ha hecho mucho en favor de la poblacin negra: ha sido preciso tratarla mejor, tener gran cuidado con las mujeres en cinta, y con los nios pequeos. As es que esta poblacin, que hasta poco ha disminua cada ao casi un 3 %, hoy se mantiene naturalmente, y aun parece que ya empieza a aumentarse”. Entre las colonias britnicas hubo algunas que, aunque en la apariencia tuvieron disminucin, en realidad sucedi lo contrario. Cuando Inglaterra proscribi el trfico en 1807, Jamaica contaba 319 351 esclavos. Mas, a cunto ascendi su nmero segn los censos de 1829? A 322 421, es decir que, en vez de haber disminuido en los 22 aos corridos, hubo aumento de ms de 3 000 esclavos. Dirase que provendra de los que se introdujeron de frica en todo el ao de 1807, pues 29 Rapport fait au ministre de la marine et des colonies franaises par la commission institue pour l’examen des questions relatives a l’esclavage p. 131. —Pars, 1843.

PAGE 118

OBRAS 112\ 112\ 112\ 112\ 112\ la prohibicin no empez a tener fuerza hasta 1808. Aun concediendo esto, siempre se obtiene un dato muy satisfactorio, porque habiendo llegado los esclavos en 1808 a 323 827, todava en 1829 su nmero no baj de 322 421, o lo que es lo mismo, su disminucin en los 21 aos fue solamente de 1 406. Pero si se atiende a los que adquirieron la libertad durante ese perodo, y a los que fueron llevados a otras islas, entonces se llega a diferentes resultados. Yo no he podido averiguar a cuntos subi el nmero de unos y otros en los primeros nueve aos de la abolicin del trfico; pero empezando a contar desde 1817 hasta 1829, aparece, que en estos 12 aos hubo 755 exportados y 6 030 libertos; o sea, un total de 6 785. Es pues claro, que la muerte por s sola no fue bastante a menguar la poblacin esclava, y que sin las manumisiones y exportaciones, habra llegado en 1829 a 329 206; esto es, a 5 379 ms que en 1808. De los censos de la isla de Dominica en 1817 y 1826, consta que en la primera poca hubo 17 959, y en la segunda, 15 392. Esta diferencia no fue causada por la muerte, pues habindose libertado 400 esclavos en los nueve aos transcurridos, y exportndose a otros pases 2 182, estas dos cantidades reunidas a los 15 392 dan la suma de 17 974, suma a que habran llegado los esclavos en 1826, a no haber sido por las manumisiones y exportaciones; y aunque de ellas se rebajen cuatro negros que fueron introducidos de otras islas en dichos nueve aos, siempre queda para 1826 un total de 17 970; o sea, 11 esclavos ms que en 1817. En este mismo ao contaba las Barbadas 77 493 esclavos; mas, en 1829, ya se haban elevado a 81 902. Este aumento no puede atribuirse a las importaciones de otras colonias inglesas, puesto que en el intervalo de los 12 aos solamente se introdujeron 91 esclavos, y rebajados que sean, queda todava un total de 81 811. Si a l se agregan los 1 400 libertos y los 248 exportados que hubo en aquellos 12 aos, resulta para 1829 la suma de 83 459; o sea, un aumento de 5 966. Las islas de Bahamas tenan en 1825, 9 284 esclavos; mas, en 1831 llegaron a 9 705. Todo este aumento provino de la reproduccin natural, pues los nacidos durante este tiempo excedieron en gran nmero a los muertos y libertos. Los ingleses se apoderaron por segunda vez de cabo de Buena Esperanza en 1806, cuya colonia tena entonces 29 119 esclavos. Ces el trfico, y su nmero se ha ido aumentando, en virtud de su propia reproduccin. En 1810 haba 30 421, y en 1833 llegaron a 33 622, sin contar con los prfugos y libertos que hubo en todo ese intervalo. A los Estados Unidos se les computaron en 1770, 480 000 esclavos; y los censos hechos despus de la independencia prueban el rpido incremento que han tenido:

PAGE 119

JOS ANTONIO SACO /113 /113 /113 /113 /113 En1790697 897En18201 543 688 1800893 04118302 009 043 18101 191 3641840 2 847 35530Aparece, pues, que el aumento de esclavos de 1790 a 1800fuede 27,96 % De1800 a 1810de 33,40 1810 a 1820de 29,57 1820 a 1830de 30,75 1830 a 1840de 23,81 Dirase, empero, que en Cuba, en vez de aumentar, los esclavos menguarn, y que su disminucin no ser tan pequea como en algunas colonias inglesas, puesto que los sexos no se hallan en la debida proporcin. No negar, que si estuviesen balanceados como en aqullas, la reproduccin sera mayor de lo que podr ser; pero aun con esta desventaja, creo que si su nmero no se aumenta, puede muy bien conservarse. No es, por cierto, la desproporcin de los sexos la que ha disminuido los esclavos en algunas colonias. El exceso de trabajo y la falta de cuidado, stos son, si no los nicos, por lo menos los motivos principales de su mortandad. Por eso es que, examinando los estados de la poblacin esclava, se encuentran algunas colonias en que habiendo ms hembras que varones, los esclavos, sin embargo, han disminuido; y por el contrario, otras en que han aumentado, a pesar de haber menos hembras.Disminucin de la poblacin esclava con ms hembras que varones; y aumento, con ms varones que hembrasCuando en las colonias francesas menguaba constantemente la poblacin esclava, Martinica y Guadalupe tenan ms hembras que varones. As consta del censo de 1835, con respecto a los esclavos de 14 a 60 aos. VaronesHembras ———————— Martinica ..................23 43525 398 Guadalupe................30 01831 482 ———————— Total ..........................53 45356 880 30Acerca de la poblacin de los Estados Unidos, vase la pgina 73 de este tomo.

PAGE 120

OBRAS 114\ 114\ 114\ 114\ 114\ Acerca de la colonias inglesas, he formado la tabla siguiente: AosVaronesHembrasTotalAosTotal ————————————————— Granada............ 181713 73714 29228 029183123 604 Monserrate......18173 0473 5636 61018286 262 Nieves............... 18174 6854 9179 60218319 142 San Cristbal...18179 68510 48320 168183119 085 Santa Luca ......18157 3948 891 16 285183113 348 Bermudas.........18222 6202 6225 24218313 915 Tabago.............. 18197 6337 83715 470183212 091 Vrgenes...........18183 2313 6686 89918285 399 Antigua .............181715 05317 216 32 269183129 537 Lo contrario ha sucedido en los Estados Unidos. En 1820, tenan 1 543 688 esclavos; a saber, 752 723 hembras, y 790 965 varones. Mas, a pesar de la preponderancia de stos, el total de esclavos en 1830 pas de 2 millones, y hoy excede de 2 millones y medio. En el cabo de Buena Esperanza, el nmero de varones siempre ha sido muy superior al de las hembras; pero esto no ha impedido que los esclavos hayan aumentado por la sola reproduccin. VaronesHembrasTotal ————————— En1806 hubo18 95610 16329 119 181019 82110 60030 421 183319 37814 24433 622 An hay colonias donde, a pesar de haber disminuido la totalidad de los esclavos, su nmero, sin embargo, creci en unas haciendas, mientras mengu en otras. Demerara, antes de la emancipacin, ofrece casos muy particulares, y con ellos se prueba incontestablemente, que la mortandad de los esclavos procede, en gran parte, del modo con que se los trata. En las haciendas de crianza de ganado fue de un 2, y aun de 1 %; en los cafetales de 3 1/10 %; en algunos ingenios, de 5 %. Pero en los algodonales, en vez de disminuir, tuvieron un aumento de 1 1/16 %; siendo de notar, que mientras en estas ltimas haciendas los varones excedan a las hembras en ms de 5 %, en los ingenios las hembras excedan a los varones en la misma proporcin. Demustrase, pues, como no es la preponderancia del sexo femenino la que aqu influy en el incremento de los esclavos, porque cabalmente hubo disminucin donde haba ms hembras, y aumento donde ms varones. Ingenios hubo en aquella misma colonia, y tales son los del partido de Ana Regina donde

PAGE 121

JOS ANTONIO SACO /115 /115 /115 /115 /115 siendo el nmero de varones mayor que el de las hembras, los esclavos tuvieron en los aos de 1829, 1830 y 1831, un aumento de 2 %. Y sin andar buscando ejemplos extraos, la misma isla de Cuba nos da una leccin importante. Haciendas de primer orden hay all, y yo pudiera mentarlas, en las que, a pesar de la desproporcin de los sexos, los esclavos han aumentado sin nuevas introducciones. En general, la mortandad anual de las haciendas es menos que en tiempo anteriores, pues los hacendados, entendiendo ya mejor sus intereses, estn persuadidos de que el modo de producir mucho, es tratar bien a sus esclavos. Qu habitante de la isla de Cuba no se alegra al contemplar el cambio feliz de la opinin, de algunos aos a esta parte, y que a l debe atribuirse la grande diferencia que se toca entre la mortandad de hoy y la de los tiempos pasados? Y ms grande podr ser todava, si se reflexiona que, recayendo casi todas las prdidas sobre los negros recin importados, se disminuirn considerablemente con la abolicin del trfico, pues aclimatados los unos, y nacidos en el pas los otros, estn exentos de los peligros que corren los nuevamente introducidos. Considerando, pues, las cosas en su curso ordinario, no hay temor de que mengen los esclavos; pero aun cuando menguasen, esto no puede comprometer la fortuna de ningn propietario. Si la mortandad fuese de un golpe, entonces s podran ser muy dolorosas sus consecuencias; mas, como en caso de haberla, no ha de venir sino con mucha lentitud, sobrado tiempo queda, y sobrada facilidad hay para reponer sin ningn quebranto las levsimas prdidas que vayan ocurriendo. No fueron muy graves las causadas por el clera en 1833? Cabe alguna comparacin entre la muerte repentina de tantos negros, y la lenta cuanto incierta disminucin que el fin de la trata pudiera producir? Y si pudimos salvarnos de aquel terrible naufragio, con cunta ms confianza no debe abrirse nuestro corazn a un venturoso porvenir? Si prdidas puede haber, sern prdidas pequeas, insignificantes, o mejor dicho, aparentes. Quizs, que no lo temo, dejaran de hacerse por dos o tres aos un corto nmero de cajas de azcar; pero si tal fuere, ellas sern la ofrenda ms aceptable que quemaremos en las aras de la patria para alcanzar nuestra salvacin. Yo he probado que ni la calidad del trabajo de los ingenios, ni el clima de Cuba, ni la caresta de los jornales en ella, pueden servir de pretexto para continuar el comercio africano, ni menos impedir la colonizacin de labradores blancos. He probado tambin, que en las colonias inglesas y francesas, la produccin del azcar ha crecido despus de la abolicin del trfico de esclavos: y he probado, por ltimo, que, si stos han sufrido en algunos pases una lenta y casi imperceptible disminucin, en otros han aumentado a pesar de la desproporcin de los sexos, y que lo mismo puede suceder en Cuba si se adoptan medidas conservadoras.

PAGE 122

OBRAS 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ Pero, aun suponiendo que ninguna de estas cosas sea lo que es; aun suponiendo que, sin nuevos esclavos africanos, Cuba ya no pueda adelantar, ni tampoco sostener el rango que hasta aqu ha ocupado en la escala de los pueblos agricultores, tal es la fuerza irresistible de las circunstancias, que Espaa se halla en el dilema, o de acabar para siempre con el contrabando de negros, o de comprometer la existencia de la ms hermosa de sus colonias. Y este punto interesante, elevando la cuestin a una esfera poltica, formar el complemento de este papel.SEGUNDA PARTE. LA SEGURIDAD DE CUBA CLAMA URGENTSIMAMENTE POR LA PRONTA ABOLICI"N DEL TRFICO DE ESCLAVOS En demostracin de esta verdad, ni dir todo lo que pudiera, ni aun lo mismo que dir, ser en el tono que algunos esperarn. No siendo mi nimo hablar a las pasiones, sino slo a la razn, mis ideas irn revestidas de toda la templanza que conviene a una materia, que se debe discutir con calma y sin prevencin. Dos cosas es preciso contemplar en Cuba: su situacin interna y su situacin externa Si para el examen de la primera, se consultan los censos all formados, al primer golpe se descubre que los elementos de su poblacin se han ido invirtiendo, y que, en los ltimos 50 aos, los blancos han perdido la ventaja numrica que desde la conquista tuvieron sobre la raza africana. Leamos los guarismos que nos dan aquellos documentos. LibresTotalTotal AosBlancosEsclavosde colorde colorgeneral ————————————————————— 177596 44044 33330 84775 180171 620 1791133 55984 59054 152138 742272 301 1817239 830199 145114 058313 203553 033 1827311 051286 942106 494393 436704 487 1841418 291436 495152 838589 333 1 007 62431Los dos ltimos censos son ms defectuosos que los anteriores, con respecto a la poblacin de origen africano. Hecho el de 1827 bajo los fundados temores de una nueva contribucin que se pensaba derramar entre los propietarios, no aparecen en l todos los esclavos que entonces contena la Isla. Tampoco se inscribi en sus columnas el nmero 31Este total representa la poblacin permanente: la eventual se computa en toda la Isla en 38 000 individuos, que, reunidos a la primera, dan 1 045 624.

PAGE 123

JOS ANTONIO SACO /117 /117 /117 /117 /117 verdadero de la gente libre de color. Baste decir que, habiendo llegado sta en 1817 a 114 058, en 1827 la vemos descender a 106 494, sin que, en este intervalo, hubiese sufrido ms mortandad que la ordinaria, sin que tampoco hubiese emigrado, ni menos interrumpido la marcha progresiva de sus aumentos. Si en la formacin del censo de 1841 no influyeron temores de contribucin, hubo motivos polticos para rebajar la suma de los esclavos. Mas, prescindiendo de estas inexactitudes, y aun dando por cierto el resultado de los censos, veamos cules son las proporciones en que estn las distintas clases que componen la poblacin de Cuba. LibresTotal AosBlancosEsclavosde colorde color —————————————————— 1775 56 % 26 % 18 % 44 % 179149312051 181743372057 182744411556 1841 41 43 15 58 Aparece, pues, que en 1775 la poblacin blanca era muy superior a toda la raza africana. En 1791, aqulla empieza a perder su preponderancia numrica. En 1817 ya se rompe todo equilibrio, pues que la gente de color llega a 57 %. Sigue la desproporcin en 1827; y viose entonces por la vez primera que los esclavos, por s solos, casi igualasen a los blancos. Y tanto se ha ido inclinando la balanza hacia aqullos, que ya stos se hallan hoy reducidos a una dolorosa minora.32Estas simples consideraciones nos indican cuan violento y peligroso es el estado de un pueblo en que viven dos razas numerosas, no menos distintas por su color que por su condicin, con intereses esencialmente contrarios, y por lo mismo, enemigas irreconciliables. Y cuando para alejar el conflicto, que a todas horas las amenaza, hubiera debido ponerse el ms constante empeo en dar un vigoroso impulso a la poblacin blanca, llega nuestro delirio hasta el punto de mantener abierto nuestro seno para recibir en l las arpas que ms tarde pudieran desgarrarlo? 32Segn el censo de 1850, los blancos ascendieron a 479 491; los libres de color, a 171 733; y los esclavos, a 322 519. El total, pues, fue de 973 743, que agregados a las 50 000 almas en que se calcul la poblacin flotante, se obtiene la suma de 1 023 743. Si estos nmero fueran exactos, resultara: 1 Que la poblacin cubana, ora se cuente, ora se excluya la flotante, fue menor en 1850 que en 1841. —2 Que en esos nueve aos, los blancos aumentaron; mas, los esclavos disminuyeron 113 976, excediendo aqullos a stos en 156 272. —3 Que los libres de color tambin aumentaron, y que reunidos a los esclavos, formaron el total de 494 252; es decir, 95 081 menos que las dos clases juntas en 1841. —4 y ltimo, que a pesar de esta disminucin, la poblacin de color en 1850 todava excedi a la blanca en 14 761.

PAGE 124

OBRAS 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ Ms previsin que nosotros, tuvieron nuestros mayores. Desde la primera mitad del siglo XVI, el emperador Carlos V, temiendo la muchedumbre de negros en sus posesiones del Nuevo Mundo, mand que su nmero no superase la cuarta parte de la poblacin, y que los blancos adems estuviesen bien armados. El inters quebrant tan saludable ordenanza; y los africanos, transportados a millares, siguieron cubriendo las tierras de Amrica. Un siglo despus deplor esta calamidad el entendido jesuita fray Alonso de Sandoval en su obra De instauranda thiopum salute impresa en Sevilla, por la primera vez, en 1627; y en la parte I, libro 1, captulo 27, se leen las siguientes palabras que yo quisiera ver grabadas en el corazn de todos los cubanos: “No hay duda, sino que en las repblicas cristianas se pueden permitir esclavos; lo que se pretende, es que las que tratan de buen Gobierno, deban atender a que el nmero de ellos no crezca demasiadamente; porque, siendo excesiva la cantidad, ella misma provoca el alboroto, como les sucedi a los romanos, que por estar tan llenos de ellos, no pudieron impedir que se les levantasen 60 000 debajo del dominio de Espartaco, aunque los venci tres veces en batallas campales. Y el recelo que tuvo Faran del pueblo de Dios, por verle multiplicar con tanto extremo, es argumento de que, por floridos que sean los reinos, no se deben tener por seguros de guerras serviles, mientras no procuraren sujetar los esclavos, y no estar a su cortesa. Por lo cual deberan poner tasa los magistrados, a quien toca, a la codicia de los mercaderes, que ha introducido en Europa, y no menos en estas Indias, caudalossimos empleos de esclavos, en tanto grado, que se sustentan y enriquecen de irlos a traer de sus tierras, ya por engao, ya por fuerza, como quien va a caza de conejos o perdices, y los trajinan de unos puertos a otros como holandas o cariseas. De aqu se sigue el dao muy considerable, de que se hinchen las repblicas de esta provisin, con peligros de alborotos y rebeliones. Y as como la cantidad moderada se puede tratar sin estos escrpulos, y con notables utilidades, comunes a esclavos y seores, el exceso es muy ocasionado a cualquier desconcierto”. Estas palabras son una triste profeca de lo que ha sucedido en la vecindad de Cuba. La muchedumbre de esclavos, amontonados por un trfico sin lmites, perdieron a Santo Domingo, y Jamaica ha estado muchas veces al borde de su ruina. Sin detenerse en las largas y sangrientas lides que esta Antilla sostuvo contra sus negros en los siglosXVII y XVIII, en slo el primer tercio del XIX ha experimentado cinco grandes insurrecciones. En la de 1832, que fue la ltima, murieron 200 personas en el campo de batalla, y casi 500 negros fueron ajusticiados. Los gastos y quebrantos sufridos ascendieron a ms de 6 millones y medio de pesos fuertes, y el Parlamento ingls tuvo que votar un emprstito de 500 000 libras esterlinas a favor de los propietarios arruinados. Ja-

PAGE 125

JOS ANTONIO SACO /119 /119 /119 /119 /119 maica, en medio de sus desgracias, pudo consolarse con los auxilios que su rica metrpoli le proporcion; pero, quin enjugara las lgrimas que Cuba derramase en sus horas de tribulacin? Espaa, enflaquecida con tantos desastres como ha experimentado, ningn socorro pecuniario podra dar a su colonia; y sta en vano lo implorara de pases extranjeros, porque comprometida su existencia, todos la abandonaran, dejndola entregada a su fatal destino. Bien conozco (al menos tal es mi juicio) que por alarmante que sea el nmero a que ya suben los negros en Cuba, si se les deja aislados y reducidos a sus propios recursos, no pueden destruir la raza blanca ni enseorearse de la Isla, como sucedi en Santo Domingo. En nuestro favor estn ms de 400 000 blancos, un ejrcito valiente, una marina que puede prestar sealados servicios, los castillos y las plazas fuertes, el saber, la riqueza, la influencia que siempre da un gobierno organizado... en una palabra, todo el poder poltico, reunido a una gran fuerza material; y si, lo que Dios nunca permita, los dos elementos chocasen alguna vez, la victoria no sera dudosa. Pero esta misma victoria es la que debemos evitar, porque ella ocasionara nuestra ruina. Las vctimas que cayeran bajo la metralla del can, esclavos nuestros seran; y nuestros campos, privados repentinamente de los nicos brazos que hoy los fecundan y enriquecen, tendramos que llorar nuestra miseria sobre la misma arena del triunfo. Aun sin apelar a las armas, ni dirigir sus ataques contra la vida de los amos, no pueden fcilmente los esclavos, arrastrados de sus propios instintos, incendiar en una noche los hermosos campos de Cuba? Y despus que los hayan convertido en cenizas, se repararan los daos con el castigo? No se agravan, por el contrario, con el suplicio de los mismos criminales? Si el trfico de negros contina, ya en Cuba no habr paz ni seguridad. Alzamientos de esclavos se han visto all en todos tiempos; pero siempre han sido parciales, reducidos a una o dos haciendas, sin plan ni fin poltico, y slo a impulso de la desesperacin, o la venganza de un amo despiadado o un cruel administrador. Muy distinto es el carcter de los levantamientos que de 1842 a 1843 se han sucedido a muy cortos intervalos; y la ltima conspiracin descubierta es la ms horrible que nunca se ha tramado en Cuba, ya por sus vastas ramificaciones entre los esclavos y la clase libre de color, ya por el principio de donde naci, y por el trmino a que se encaminaba. Una feliz casualidad nos salv de las desgracias que hoy lamentaran Cuba y Espaa; pero ciertamente tendremos que deplorarlas, si no se da pronto trmino al contrabando africano. No es menester que los negros se levanten de un golpe en toda la Isla: no es menester que sus campos ardan todos de un extremo a otro en un solo da: movimientos parciales, repetidos aqu y all, bastan

PAGE 126

OBRAS 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ para destruir el crdito y la confianza. Entonces empezar la emigracin, huirn los capitales, la agricultura y el comercio menguarn rpidamente, bajarn las rentas pblicas, el vaco de stas y las nuevas necesidades que impone un estado continuo de alarma, harn crecer las contribuciones; y aumentados, por una parte, los gastos y disminuidas, por otra, las entradas, la situacin de la Isla se ir complicando, hasta que llegue a su ms terrible desenlace. Los temores que nos inspira nuestra situacin interna adquieren una magnitud espantosa, si volvemos la vista al horizonte que descubrimos. Examinando las tablas de la poblacin de las Antillas extranjeras en la ltima media centuria, aparece que, mientras los blancos han menguado, la raza africana ha crecido. Dejemos que hablen los nmeros: AosBlancosDisminucin ———————————— Antillas francesas33................178854 015 183521 00033 015 Antillas inglesas .....................1788 59 843 183251 962 7 88134———— Disminucin total40 896 Funesto es para Cuba este resultado, y mucho ms lo ser, cuando se contemple el cuadro de la raza africana en aquellas mismas Antillas.Total de Libresraza Aosde colorEsclavosafricanaAumento ————————————————— Antillas francesas......178831 293673 487704 780 1835799 000 174 39835973 398268 618 33Bajo este nombre incluyo a la Martinica, Guadalupe con sus dependencias, una parte de Santo Domingo, y a Santa Luca, ocupada entonces por la Francia. 34Esta disminucin habra sido mayor, si la poblacin blanca no se hubiese engrosado con la conquista de varias islas, que hizo Inglaterra despus de 1791. 35La gran disminucin de esclavos y el gran aumento de libres provienen de que, con la revolucin de Santo Domingo, los primeros pasaron a la clase de los segundos. Cuando acaeci aquella catstrofe, los esclavos llegaron, segn Moreau de Saint-Mery a 452 000; segn Byran Edwards a 480 000; y no falt diputado en la Asamblea Nacional que los elevase a 500 000. El censo que se hizo en 1824 en la parte francesa de aquella isla, dio un resultado de 935 335 negros. Jzgole muy exagerado; y reducindole, a pesar del tiempo transcurrido, a slo 750 000, se conocer que si en esto hay algn error, es ms bien en menos que en ms.

PAGE 127

JOS ANTONIO SACO /121 /121 /121 /121 /121Antillas inglesas .......... 178812 960467 353480 313 1832118 888573 120692 008211 695 ———— Aumento total480 313Para dar a esta materia todo el grado de importancia que merece, presentar en resumen una tabla de la poblacin de todas las Antillas extranjeras en estos ltimos aos.Total Libresde raza BlancosEsclavosde colorafricana ———————————————— Antillasfrancesas ..................... 21 000174 398799 000973 398 —inglesas ....................... 51 962692 008692 008 —holandesas ..................4 00020 5009 90030 400 —dinamarquesas ...........3 00030 0003 00033 000 —suecas36........................1 0006 5001 5008 000 Parte espaola de Santo Domingo37................................ 26 000110 000110 000 Isla Margarita en 1820 ................1 50012 0003 50015 500 ——————————————— 108 462243 3981 617 9081 862 306Si a este total formidable de 1 862 306 se agrega la numerosa poblacin de color esparcida en el litoral de la antigua Colombia, y los 170 000 negros de las Guayanas inglesa, francesa y holandesa, y del golfo de Honduras, la situacin de Cuba se presenta bajo un aspecto ms alarmante. Y como si tanto no bastara, la repblica de Norteamrica, nos ofrece, en medio de sus libres instituciones, la dolorosa anomala de tener reconcentrados en sus regiones meridionales, y como si dijramos, a las puertas de Cuba, casi 3 millones de negros, de cuyo nmero yacen 2 millones y medio en dura esclavitud.38Quin, pues, no tiembla al considerar que la poblacin de origen africano, que circunda a Cuba, se eleva a ms de 5 millones? Aun limitando nuestros clculos a las Antillas, con inclusin de Puerto Rico, su nmero pasa de 2 millones Pero no es esto lo peor; esto s, que habiendo los ingleses manumitido a sus esclavos, esta circunstancia reagrava 36Moreau de Jonns, en sus Recherches statistiques sur l’esclavage colonial eleva la poblacin de origen africano en las islas holandesas, dinamarquesas y suecas a guarismos mayores que los que yo ofrezco; pero como l confiesa que los censos de donde sac sus datos, adems de no ser exactos, algunos son de fecha remota, y como los esclavos han menguado en ellas de entonces ac, me ha parecido conveniente, para acercarme a la verdad, reducir aquellos nmeros segn las noticias ms fidedignas que he podido recoger. 37sta es la poblacin que haba en 1819. Ignoro si despus se ha hecho otro censo. 38Ya he dicho que hoy debe de haber ms de 3 millones y medio de esclavos.

PAGE 128

OBRAS 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ el estado de Cuba, no slo por la importancia poltica que aquellos libertos van adquiriendo, sino por el aumento que han de tener; aumento que procede de dos causas: una, de la misma libertad en que se hallan, pues su nueva condicin, al paso que les impone menos trabajo, les proporciona ms medios de subsistencia. ¡Ojal que Santo Domingo y otras Antillas no probasen superabundantemente esta verdad! La otra causa es la introduccin de negros libres de la costa de frica. La vez primera que los pidieron los colonos de algunas Antillas, el Gobierno ingls se opuso, fundndose en que este permiso fomentara el comercio de esclavos en lo interior del frica.39 Pero arrastrado por el impulso de las sectas religiosas, ya en 30 de diciembre de 1840 tuvo que ceder, y en 1841 dict tales medidas, que los negros libres de Sierra Leona, se hallaron en la alternativa, o de emigrar a las Indias occidentales, o de no percibir en lo adelante los socorros que hasta entonces les haba suministrado aquel gobierno.40 Posteriormente se han expedido nuevas rdenes para remover algunos obstculos que se oponan a la fc il emigracin africana.41 Los misioneros encontrando en los negros ms docilidad, y por lo mismo ms elementos de dominacin religiosa que en los colonos blancos, dan la preferencia a la inmigracin de origen africano. En los pases espaoles no se concibe hasta qu punto influyen, entre los ingleses, los principios religiosos. Hay una Inglaterra poltica, y una Inglaterra religiosa; y en muchos casos, aqulla se ve forzada a ceder a las exigencias de sta. Mas, si dos grandes principios que mueven la Gran Bretaa, en vez de combatirse, se renen y conspiran a un mismo fin, entonces sus efectos sern proporcionales a la fuerza irresistible con que obran. Si las sectas religiosas hallan su inters en fomentar en las Antillas la introduccin de libres africanos, el Gobierno britnico tambin podr hallar el suyo en favorecerla, pues que, de este modo, compromete ms la existencia de las islas extranjeras, y aumenta los temores de los Estados del sur de la confederacin norteamericana. Tengamos, pues, por cierto que los negros han de crecer en aquel archipilago, y que Cuba, para hacer frente al porvenir, no slo debe terminar al instante, y para siempre, todo trfico de esclavos, sino proteger con empeo la colonizacin blanca. Y esta colonizacin es preciso derramarla por toda aquella Antilla, dando la preferencia a los puntos que demandan mayor nmero de brazos para el cultivo, y a los que es39Vase el despacho de lord Normanby, ministro de las colonias britnicas, al gobernador Light, en 15 de agosto de 1839, inserto en el Rapport sur les questions coloniales por Lechevalier, parte II, cap. VII, p. 236. 40Despacho de lord John Russell al gobernador de Sierra Leona, en 20 de marzo de 1841. 41Despachos del lord Stanley, ministro de las colonias, al gobernador de Sierra Leona, en 5 de junio y 10 de diciembre de 1843, y en 10 de febrero de 1844.

PAGE 129

JOS ANTONIO SACO /123 /123 /123 /123 /123 tn ms amenazados de un enemigo exterior. Por esto debemos apresurarnos a fundar poblaciones en las costas del Norte, Este, y Sur del departamento oriental. En pocas horas se cruza el canal que separa esta regin de Jamaica y Santo Domingo, islas que adems de ser, despus de Cuba, las ms grandes de aquellos mares, son tambin las que tienen mayor nmero de negros, y ms medios de aumentarlos. Mientras Jamaica cuenta hoy 362 000, y Santo Domingo 900 000, el departamento oriental de Cuba no puede contraponer a tan formidables nmeros, sino 600 000 blancos. Santo Domingo no ha ejercido hasta ahora una influencia poltica, proporcional a los altos nmeros que representa su poblacin. Las potencias europeas que poseen colonias en aquellos mares, miraron su revolucin como un ejemplo peligroso; y temiendo el contacto de los rebelados con los esclavos de sus islas, les cortaron toda comunicacin, encerrndolos, por decirlo as, dentro de su propio territorio. Pero habiendo cambiado de poltica la nacin ms preponderante, y la que por su mayor nmero de esclavos tena tambin ms que perder, salvadas estn para siempre las barreras que contenan a los haitianos; y establecidas ya relaciones mercantiles entre ellos y los negros de las Antillas inglesas, se ha comenzado una nueva era en los fastos del archipilago americano. Dicta, pues, la prudencia, que nos aprovechemos de las circunstancias en que hoy se encuentra aquel pas, para neutralizar, con poltica previsora, en cuanto sea dado al Gobierno espaol, la influencia de la raza negra dominicana en la tranquilidad futura de nuestra Isla. Partida en dos la de Santo Domingo desde el siglo XVII, la parte francesa consum, a fines del pasado, la funesta revolucin que todos conocen. La parte espaola, a pesar de las vicisitudes que sufri, se mantuvo fiel a su metrpoli, hasta el ao de 1822, en que proclam su independencia; pero esta independencia fue nominal, porque su peligroso vecino, mucho ms fuerte que ella, le hizo sentir muy temprano su precaria condicin. Con las nuevas revueltas de la parte francesa, la espaola ha sacudido el yugo que aqulla le impusiera, y proclamado por segunda vez su independencia. Espaa, que no la ha reconocido todava, tiene un derecho incontestable a someterla con la fuerza. Pero es de su inters el hacerlo? Aunque en la parte espaola hay ms negros que blancos, stos fueron los que se alzaron en aos anteriores, y los que ahora tambin se han puesto a la cabeza de la nueva insurreccin. Esta circunstancia le da un carcter de suma trascendencia, porque la isla, no slo queda dividida en dos gobiernos independientes, sino en dos gobiernos de origen contrario, pues que uno representa el principio blanco y otro el principio negro Si Espaa, en vez de hostilizar, deja tranquila, y protege con su reconocimiento tcito, o expreso, la parte espaola, el go-

PAGE 130

OBRAS 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ bierno de sta se podr consolidar, y la raza blanca adquirir con el tiempo una fuerza material y poltica, de que hoy carece. De este modo se presenta a la parte francesa un rival que, ya por la diversidad de razas, ya por la diferencia de lenguas, podr inquietarla, mantenerla en continuo sobresalto, y alejar los temores de cualquier tentativa que contra Cuba pudiera concebir. Pero si se sigue una conducta contraria, no slo se debilita la parte espaola, sino que se corre el riesgo de que se eche en los brazos de su vecina para buscar en ellos amparo y defensa contra Espaa. Con este paso se fortificara a nuestro enemigo, se establecera la unidad donde hoy reina la divisin; y como las hostilidades, por una parte, engendraran en el corazn de aquellos isleos odio contra el Gobierno espaol, y, por otra, se tratara de impedir que ste las renovase, la tranquilidad de Cuba pudiera verse gravemente comprometida. La poltica colonial de 1844 no es la que rega al principio de este siglo. Desde que Inglaterra aboli la trata todas las metrpolis europeas debieron prever la trascendencia de esta medida, y prepararse con tiempo a la mutacin que tarde o temprano haba de acaecer. Las bases de la propaganda que aquella potencia empez a predicar, se asentaron con firmeza en el Congreso de Viena; y de entonces ac, las naciones europeas y americanas, unas voluntariamente, otras con ms o menos repugnancia, todas han condenado el comercio de esclavos africanos; y tal ha sido la fuerza de este impulso arrastrador, que hasta el bey de Tnez le ha abolido ya en sus Estados. Si a la cesacin de la trata se hubieran limitado los esfuerzos de la Gran Bretaa, la continuacin del contrabando de negros en Cuba no ira acompaada de los graves males que hoy pesan sobre sus destinos. Pero aquella nacin, ora movida por sentimientos religiosos, ora combinando stos con sus futuros intereses, dio en 1834 un golpe tan atrevido, que mientras ella consolid su dominacin en sus Antillas, hizo temblar por los cimientos muchos pases americanos, que de repente se encontraron entre los peligros del ejemplo que se les presentaba, y la enorme dificultad de imitarlo. Francia lucha por salir de la posicin desventajosa en que se halla, no tanto por principios de humanidad, cuanto por una poltica previsora; y a pesar de que sus esclavos, en Amrica, no llegan a 200 000, y de que cuenta con inmensos recursos para someterlos en caso de rebelin, lejos de aumentarlos con nuevas introducciones, ya se prepara a seguir las huellas de su rival. Dentro de poco tiempo, la tribuna francesa nos ofrecer un solemne debate, y sus ecos penetrantes resonarn hasta en las playas y en los montes del Nuevo Mundo42 Por la misma senda se 42La emancipacin de los esclavos de las Antillas francesas se decret violentamente, poco despus de haberse proclamado la Repblica en 1848.

PAGE 131

JOS ANTONIO SACO /125 /125 /125 /125 /125 dispone a marchar la Dinamarca. En el entretanto, las sociedades abolicionistas se extienden, y redoblan sus esfuerzos. Adems de las que existen en la Gran Bretaa y en Francia, se ha establecido una en la isla de Malta para propagar sus mximas en los pueblos septentrionales del frica. En Holanda se han fundado dos, una en La Haya y otra en Rotterdam, con el fin de llevar la emancipacin a las colonias holandesas. Aos ha que el germen de estas ideas fermenta en los Estados Unidos. Las provincias del Norte predican la libertad, las del Sur sostienen a todo trance la bandera de la esclavitud, y el mundo espera con ansia el desenlace del drama que se prepara en aquella confederacin. Acogidos estos principios por las naciones ms ilustradas y poderosas de la tierra, y difundidos por la prensa, el comercio, el entusiasmo religioso, los clculos de la poltica, y aun por el vano espritu de la moda, precisamente, han de ensanchar la esfera de su accin. Y cuando tenemos delante perspectiva tan horrible, osaremos todava con codicia tan ciega que ya toca en estupidez, importar nuevos esclavos africanos en nuestra Cuba? Nos esforzaremos en internarnos ms en la senda misma de donde el mundo todo va retrocediendo? En 1817 juramos poner fin a la trata desde el 30 de mayo de 1820; y sellamos nuestro juramento con el nuevo tratado de 1835. Ligados por este doble vnculo, y aun por las leyes del honor nacional, podremos eximirnos del cumplimiento de tan sagrados deberes? Quin responde que Inglaterra, armada con el derecho indisputable que le hemos dado de reclamar las infracciones de esos mismos pactos, siempre se encerrar dentro de los lmites de la estricta justicia? No podr abusar de l, asestando contra Cuba las formidables bateras con que puede destruirla en una hora? Pensemos da y noche, pensemos a cada instante, que tenemos que haberlas con la nacin ms poderosa en la guerra, y acaso la ms hbil en la diplomacia; y que no nos es dado resistirla, ni en los campos de batalla, ni en las intrigas del gabinete. A Espaa interesa sobremanera la conservacin de Cuba, no slo por los millones de duros que de ella recibe anualmente, y las ventajas que saca su comercio y navegacin, sino por la influencia poltica que puede ejercer en el continente americano. Vase a cunto ascendi en los tres ltimos quinquenios el comercio en bandera espaola con la isla de Cuba.Ao comnAumento ————————— Quinqueniode 1826 a 1830 ..... Importacin1 810 000duros Exportacin1 779 000 de 1831 a 1835 ..... Importacin7 198 000 298 % Exportacin3 056 00041 de 1836 a 1840 ..... Importacin10 956 00052 Exportacin4 378 00043

PAGE 132

OBRAS 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ Veamos ahora cul fue la navegacin en buques espaoles de Espaa a Cuba, y de Cuba a Espaa. En el quinquenio de 1826 a 1830: entraron en ao comn ................................ 323 buques Su porte en toneladas ..................26 734 Buques que salieron .....................................306 Su porte en toneladas ..................22 367 Aumento Quinquenio de 1831 a 1835 en ao comn, entraron buques ........................ 710 120 % Su porte en toneladas ............70 149163 salieron buques ........................................622103 Su porte en toneladas ............65 426192 Quinquenio de 1836 a 1840 entraron buques en ao comn .............................82516 Su porte en toneladas ............90 74029 Salieron buques .......................................75822 Su porte en toneladas ............83 05227 Con la independencia de Amrica, las Antillas han adquirido una importancia poltica que antes no tenan, pues los nuevos Estados que han nacido en aquel continente, estn llamados por la Providencia a ocupar un alto puesto entre las naciones del globo. Inglaterra, Francia, Holanda, Suecia y Dinamarca estn representadas en aquellas regiones por medio de las islas, y otros puntos que ocupan. Espaa todava conserva un resto precioso del grande imperio que all perdi; y apoyada en Cuba, podr aumentar y proteger el vasto comercio que abrir con las que fueron sus colonias. Al paso que Espaa se vaya robusteciendo, podr ir desplegando su influencia en aquellos nuevos Estados; y como la posesin de Cuba le pone en las manos la llave del golfo mejicano, podr cerrar la entrada en aquellas aguas, y aun extender su accin al Sur y al Norte del continente. Pero si pierde a Cuba, prdida que llevar consigo la de Puerto Rico, quedar privada de las ventajas que hoy disfruta, y de los inmensos beneficios del porvenir. Y mientras otras naciones se disputarn las riquezas de Amrica, desde las colonias que all poseen, Espaa, confinada a Europa, pasar por el tormento de verse excluida, para siempre, del esplndido teatro que ella misma abri a los ojos del mundo, y en que, por ms de tres siglos, ostent su gloria y su poder. Si Cuba fuera menos interesante, no debera temerse tanto por ella; pero sus riquezas naturales, sus puertos magnficos, y ms que todo, su

PAGE 133

JOS ANTONIO SACO /127 /127 /127 /127 /127 situacin geogrfica, la hacen muy envidiable. De aqu los sordos manejos y oscuras maquinaciones que se pueden urdir para arrancrsela a Espaa; mas, de aqu tambin el empeo que sta debe poner en conservarla. Y acaso se logra este fin, hacindola cada da ms y ms vulnerable a los ataques de sus adversarios? Se consigue, fomentando los elementos de discordia, y engrosando el nmero de los que siempre estarn dispuestos a reunirse con los enemigos de Espaa? Aun dejando a Cuba tranquila, el choque entre algunas potencias puede agravar terriblemente su condicin. Una guerra entre Francia y la Gran Bretaa puede causar graves trastornos en las Antillas francesas. Un rompimiento entre los Estados Unidos y su antigua metrpoli puede dar origen a la sublevacin de los esclavos de aquella repblica. Y estos funestos ejemplos producirn en Cuba perniciosas consecuencias. Afortunadamente, ninguna guerra amenaza hoy a Espaa. En amistosa relacin est con todos los pueblos; pero el mar poltico es muy proceloso, y el deseo de vivir en paz no siempre basta para disfrutarla. Suspirando por ella, hay casos en que una nacin se ve forzada a la guerra. Mil incidentes imprevistos pueden nacer, 1 000 pretextos se pueden buscar para arrastrar a Espaa a los combates. Y cul no sera su consternacin por la suerte de Cuba, si se hallase en una lucha con Francia, y particularmente con Inglaterra? sta invadira aquella Antilla desde Jamaica, y las tropas invasoras seran por su color y por su origen, las que encontrasen las simpatas de ms de 600 000 habitantes de Cuba. ¡Cun cierto es que, si esta Isla depende de Espaa, esta misma dependencia, por el estado actual de las cosas, es hasta cierto punto la esclavitud de su metrpoli, pues su poltica con las potencias fuertes tiene que atemperarse, y aun someterse a los temores que le inspira la condicin de Cuba! Muchos se alucinan con la idea del equilibrio poltico, creyendo encontrar su seguridad en que ni los Estados Unidos podrn apoderarse de Cuba, porque Inglaterra y Francia lo impedirn, ni tampoco ninguna de estas potencias, porque las otras dos se opondrn. Yo confieso que a m no me tranquiliza esta idea. Cuba es de tal importancia, que su posesin bien vale una guerra; y no me parece muy exacto el pensar que, si desgraciadamente se turbase la paz entre Inglaterra y Espaa, aqulla dejara de hostilizar a Cuba, y aun de hacer tentativas para ocuparla, tan slo por temor a los Estados Unidos, que son los que tienen en la cuestin un inters mucho ms grande que Francia. No sera improbable, que Inglaterra trabase nueva lucha con ellos, y siendo Cuba el campo donde se librarn los combates, su destruccin sera inevitable. Perdida entonces para los cubanos y para Espaa, qu importa a sta, ni a aqullos, que el deseado equilibrio se conserve, o que Cuba caiga en poder de cualquiera de las naciones beligerantes? Dos casos muy dife-

PAGE 134

OBRAS 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ rentes hay que distinguir aqu: uno, que la Isla pase de la dominacin de Espaa a la de otra potencia; y otro, que sin pasar a la de ninguna, deje de pertenecer a ella. Lo primero es ms difcil; porque, segn acabamos de decir, la nacin conquistadora podra encontrar resistencia de otros rivales: pero lo segundo no presenta tantos obstculos. Protestando solemnemente la nacin enemiga, dando garantas a los gabinetes interesados de que no se ocupar la Isla, sino que solamente se reducir a hostilizar a Espaa, derrocando all su poder, y que despus que lo haya conseguido, Cuba se declare pas hansetico o se someta al protectorado de las principales naciones martimas, en este caso tambin, Cuba se pierde para Espaa. Aun, sin que truene el can europeo, y cubrindose con el velo de la amistad, una nacin que quiera perder a Cuba, no podra sordamente influir en que ya por este, ya por aquel motivo, alguno de los gobiernos de Amrica provocase a Espaa hasta el extremo de una guerra, para que Cuba fuese la vctima, no apoderndose de ella, sino dando la mano a sus enemigos internos? Dos aos ha que el Gobierno espaol envi contra Hait las fuerzas martimas del apostadero de La Habana, para exigirle reparacin del ultraje que un buque de aquella repblica haba hecho al pabelln castellano. Por fortuna, Hait estaba de buena fe; pero si hubiese sido instigada a cometer aquel insulto por alguna potencia; si, obedeciendo al mismo impulso, se hubiese resistido a toda satisfaccin; y si, llevando adelante el proyecto de daarnos, hubiese redoblado sus insolentes agresiones, en qu aprieto tan terrible no se habra encontrado Cuba? No nos engaemos con la debilidad actual de los Estados americanos. En el caso a que aludo, no faltara quien les diese auxilios,43 y aun sin ellos, siempre podran hacernos un mal incalculable, porque contra Cuba, tal cual la han parado sus ntimas relaciones con Guinea, hasta los ms dbiles, son fuertes y terribles. La continuacin de la trata es un proceso criminal, abierto contra Cuba. Hasta ahora, Inglaterra slo ha desempeado el oficio de fiscal; pero de un da a otro puede revestirse del carcter de juez, y de juez inexorable. De esta transformacin ya vimos una sombra en los memorables acontecimientos de 1840. En 25 de mayo de aquel ao, el gabinete ingls mand a su embajador en Madrid, que pasase al Gobierno espaol una nota, pidindole que ampliara las facultades de la comisin mixta residente en La Habana, para que procediese a la pesquisa y libertad de todos los negros introducidos en Cuba desde el 30 de octubre de 1820. Igual instancia renov en 17 de diciembre del mismo ao; y 43La exactitud de esta reflexin acaba de confirmarse con las tristes desavenencias ocurridas entre Mjico y Espaa, pues los Estados Unidos desean un rompimiento para mezclarse en la cuestin, y hostilizar a Espaa, cubiertos con el pabelln mejicano.

PAGE 135

JOS ANTONIO SACO /129 /129 /129 /129 /129 en 20 de enero de 1841, contest el gobierno de Madrid que, siendo el asunto de muy grave naturaleza, deba or, antes de resolverlo, a las autoridades de Cuba. Estas ocurrencias causaron en La Habana una sensacin profunda; y como no hay cosa que rena ms las opiniones que la identidad de intereses, los blancos todos, de aquende y allende el mar, formando una masa compacta, no slo se opusieron a las pretensiones britnicas, sino que, entre los mismos europeos hubo algunos muy influyentes y acaudalados que concibieron el proyecto de emancipar a Cuba, si la metrpoli asenta a los deseos del ingls. Cumple a mi propsito transcribir aqu las notables palabras de un Ayuntamiento tan fiel como el de La Habana, en la representacin que elev al Gobierno Supremo en aquellas crticas circunstancias: “Esa dependencia ser perpetua, si se conservan los elementos de orden, que por fortuna existen en la inviolabilidad de las propiedades; ser perpetua, cuando el gobierno ilustrado de Espaa extienda su mano protectora a este pas; y si sus habitantes han sabido resistir al ejemplo, y aun a las sugestiones de otros puntos de Amrica; si han sabido, en defensa del gobierno, derramar su sangre, e invertir cuantiosas sumas de pesos, no slo en Europa, sino en las vecinas provincias de los que antes eran sus hermanos, no podr haber temor alguno de que desmientan su acrisolada fidelidad sino en el caso, imposible en justicia de que hayan de ceder a la imperiosa ley de su propia conservacin”. El gobierno conocer cun peligroso es que en un pas donde nadie piensa en independencia, porque todos conocen que no puede haberla, se formen tales planes, bajo cualquier pretexto que sea; y mucho ms, que estos planes sean engendrados en el corazn de opulentos peninsulares. El cielo sabe cun distante estoy de acriminar la intencin de sus autores; pero del error en que cayeron, y del funesto ejemplo que presentaron, la causa debe atribuirse a la tenaz y escandalosa continuacin del trfico de negros. Sin este contrabando, el gabinete ingls jams habra pasado aquella nota, ni Cuba sufrido tanta angustia ni consternacin. S muy bien que en este particular se atribuyen miras siniestras a los ingleses. Lejos de encargarme de su defensa, detesto con toda la indignacin de mi alma las tentativas criminales de los malvados que pensaron inundar en la sangre de mis hermanos el suelo en que nac. Si en Cuba hay una humanidad negra tambin hay otra humanidad blanca muy superior a la primera por muchos ttulos sociales, y por lo mismo ms digna de la vida y bienestar. Pero volvamos a la nota del Gobierno ingls, que es punto que interesa, y empecemos por preguntar: Si el ministerio que entonces gobernaba en Inglaterra no hubiese cado, y si, como es de presumir, se hubiese empeado en llevar a cabo su pretensin; o si, aun despus de cado, el de su sucesor la hubiese renovado, qu sera hoy de la isla de

PAGE 136

OBRAS 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ Cuba? Y qu ser, vuelvo a preguntar, si aquel gabinete revive su primer proyecto, y se propone realizarlo? Y no se piense que sta es una suposicin sin fundamento. Persuadido estoy a que, si la trata cesa, el Gobierno ingls se dar por satisfecho, y el negocio quedar sepultado en el olvido; pero tambin creo que si el trfico sigue, aquella pretensin podr renacer con ms fuerza, y bajo de una forma ms peligrosa. Queridos compatriotas, cuando me hallo en este momento con la pluma en la mano defendiendo vuestros intereses, no es posible que yo os engae; y mi conciencia me grita que lo hara, si no os revelase toda la verdad. Permitid, pues, que la diga, no para su desahogo, sino para vuestro provecho, un hombre que ha dado un adis eterno a su cara patria, y que est resignado a morir en la tierra extranjera. No pensis que aquella borrasca se ha deshecho ya; aun corre sobre vuestras cabezas la espantosa nube que os lanz aquel rayo; y si dudis de mis palabras, od las que el Ministro de Estado de la Gran Bretaa dirigi al embajador espaol en Londres en la nota de 12 de febrero de 1842: “El infrascrito [lord Aberdeen] suplica al general Sancho que manifieste a S.A., el regente, que el gobierno de S.M. no trata al presente [do not intend at present] de apremiar al gobierno de Espaa acerca de la cuestin de un tratado con el objeto de examinar en general la condicin de los negros en Cuba, etctera”. Las palabras no trata al presente descubren los planes que abriga el gabinete de Saint James, y a efecto los llevar, si obcecados los espaoles siguen marchando por la senda que hasta aqu. Pero se me dir que, aun cuando la trata continuase, Espaa jams accedera a las aspiraciones de Inglaterra; y que si accediese, entonces es llegado el caso de que todos los blancos reunidos proclamen la independencia de Cuba. Que el Gobierno espaol opondr la ms firme resistencia a las pretensiones britnicas, sinceramente lo creo, pues que su consentimiento envolvera desastrosos resultados. Pero, no podra Inglaterra suscitar a Espaa dificultades y embarazos hasta conducirla a una crtica situacin? No podra escoger el momento de un gran conflicto, en que, aun a los ministros ms leales, fuese moralmente imposible resistir? No olvidemos que la misma Espaa, y tambin Francia y Portugal se negaron por algunos aos a la abolicin de la trata y que todas al fin prestaron su consentimiento, ya por las urgentes instancias del gabinete ingls, ya por el cambio en las ideas de aquellos mismos gobiernos. Pero admitamos que Espaa se mantenga inflexible en su oposicin, y que la trata no haya cesado todava: no es muy probable que, irritado el orgullo de la poderosa Albin, y prevalida del derecho que le dan los tratados, dicte a Espaa un ultimatum terrible en que le diga: O accedes a lo que te pido, o te declaro la guerra ? Qu har entonces el Gobierno espaol? Persiste en su resistencia? He aqu la guerra, y con ella la ruina inevi-

PAGE 137

JOS ANTONIO SACO /131 /131 /131 /131 /131 table de Cuba. Cede, por evitarla? Mas, Cuba, qu partido tomar en este caso? Obedecer a Espaa? Su prosperidad recibe un golpe mortal, y las consecuencias polticas pueden ser de funesta trascendencia. Resistir, y se declarar independiente? Mas, los que han concebido este plan, piensan que as se salvan del naufragio? No ven que semejante paso es el medio ms infalible que los lleva a su perdicin? Porque, prescindiendo de lo ominoso que sera proclamar una independencia a nombre de la esclavitud, y teniendo slo por mvil la esclavitud, a Espaa ninguna nacin puede disputarle el derecho de reconquistar a Cuba. Si careciera de recursos, el gabinete ingls se los proporcionara en abundancia; la Isla se vera invadida por su misma metrpoli; y encendida la guerra, Espaa se matara con su propia mano, clavando en las entraas de Cuba el pual con que la armara la astuta Inglaterra. En conclusin de todo lo dicho se deduce, que, si los habitantes de la isla de Cuba quieren conservar los esclavos que hoy poseen, es preciso que para siempre se abstengan de todo trfico africano. Cerrando las puertas a nuevas introducciones de negros, quedan abiertas para los blancos; y con ellos, al paso que aumentaremos el nmero de nuestros amigos, disminuiremos el de nuestros enemigos. Cumplamos religiosamente los tratados que nos ligan con la Gran Bretaa, pues que a ello nos impelen, ms que nuestro honor, nuestra conservacin. Con esta prueba de lealtad, desarmaremos la clera del gabinete que hoy turba nuestro reposo; y libres de su peligrosa intervencin, si el tiempo nos llamare alguna vez a resolver un gran problema, entonces, apoyados en el gobierno de nuestra metrpoli, y entregados a nuestras propias inspiraciones, podremos hacerlo con prudencia y con acierto, consultando slo nuestro bien y la honra de nuestra patria.

PAGE 138

APNDICEPars, 15 de febrero de 1845.IEstando ya en prensa este papel, llegaron a mis manos los peridicos de Madrid de fines de enero y principios de febrero, que contienen el interesante debate del Congreso espaol sobre el proyecto de ley penal contra los traficantes de esclavos de la costa de frica.44 No entrar en el examen de esta discusin; pero la justicia exige que felicite al gobierno de S.M., y en particular al seor ministro de Estado don Francisco Martnez de la Rosa, no slo por ser autor de aquel proyecto, sino porque sta es la vez primera que, en cuestin tan importante como la de la trata el gobierno espaol, comprendiendo los verdaderos intereses de la isla de Cuba, ha condenado francamente el contrabando africano, como contrario a la religin y a la filosofa, y como incompatible con la seguridad de aquella Antilla. Llevado del mismo sentimiento de justicia, aplaudo y recomiendo el acertado y luminoso discurso que el seor Olivan pronunci en la sesin del 29 de enero. Igual elogio quisiera tributar sin reserva al informe que el seor Pacheco, uno de los miembros ms distinguidos de las Cortes, ley en la sesin de 24 de enero, a nombre de la comisin encargada de dar su dictamen acerca del mencionado proyecto. Pero si bien encuentro ideas que celebrar en aquel notable documento, tambin hallo otras en que no convengo; y dejaralas correr todas en silencio, si no considerase que algunas de ellas son de mala trascendencia, ya para la historia del trfico, ya en sus aplicaciones a Cuba. Mis observaciones, sin embargo, sern muy breves, y slo les dar la extensin de que son susceptibles, si alguno las pusiere en duda. 1 Equivcase la comisin, cuando dice, que el venerable fray Bartolom de las Casas fue el promovedor del comercio de negros en Indias. Mucho se ha disputado sobre este punto; pero la verdad se ha puesto ya en claro, y la historia ha absuelto a Las Casas del pecado que se le impu44Vase el apndice II.

PAGE 139

JOS ANTONIO SACO /133 /133 /133 /133 /133 taba: baste decir, que los primeros negros no se llevaron a Indias, sino a fines del siglo XV; que continuaron introducindose en los aos posteriores, y que fray Bartolom no propuso que trasladasen algunos a ellas, sino en 1517. Las Casas, pues, no fue el promovedor del trfico, y su pecado slo consisti en pedir que entrasen en aquellas partes algunos negros ms, despus de establecido aquel comercio. 2 Es muy sensible, que personas tan ilustradas como las que componen la comisin, hayan calificado las ideas, emitidas en el Congreso de Viena contra el trfico africano, de teora trastornadora, que lanz la alarma y la destruccin en la sociedad de las Antillas espaolas Con trminos, no menos duros, reprueba el tratado concluido entre Espaa e Inglaterra en 23 de septiembre de 1817, y, segn su lenguaje, la comisin quisiera que aun continuase la trata. Verdad es que pide que cese; pero lo pide, no por un sentimiento sublime de religin y de moral, sino por ser una triste necesidad, emanada de los tratados pendientes, los cuales deben deplorarse como una calamidad para las colonias hispanoamericanas. ¡Cun distinta y cun noble es la actitud que ha tomado el gobierno en este solemne debate! Presntase a combatir el trfico, no slo en cumplimiento de compromisos diplomticos, sino a nombre de un principio ms elevado, a nombre de la justicia y de la humanidad: vase lo que dijo el digno rgano del gabinete espaol en la sesin del 27 de enero: “Ahora en general, seores, cuando se habla de la abolicin del trfico de negros, cuando se habla de disposiciones adoptadas por otras potencias, nuestra suspicacia se dirige a buscar un mvil poltico e interesado, una mira ulterior. Pero si esto es exacto, es necesario tambin reconocer y confesar, que todos los principios de justicia y de beneficencia, que todas las luces de la filosofa y el espritu del siglo estn conformes en esta cuestin. Puede decirse que la abolicin del trfico de negros no naci de una idea interesada; fue el resultado de las luces de la filosofa, fue el resultado de los principios regeneradores que tanta influencia ejercieron en aquella poca en la Europa, y que vinieron a introducirse hasta en la misma Espaa”. Un celo laudable por la suerte de las colonias espaolas extravi, sin duda, a la comisin en punto tan esencial; pero no habiendo tenido tiempo suficiente para enterarse a fondo en la materia; ignorando, por lo mismo, todas las atrocidades que se cometen en el trfico africano, y de las que hizo una breve pintura el seor Olivan; y creyendo, aunque infundadamente, que sin nuevos esclavos Cuba y Puerto Rico pereceran, no slo es disculpable, sino bajo ciertas consideraciones plausibles, la equivocacin que padeci. 3 Afirma la comisin, que desde 1713 hasta nuestros das el Gobierno ingls ha gozado de la prerrogativa y exclusin del trfico de negros en las colonias espaolas, en virtud del tratado de Madrid de 26 de marzo de aquel ao, prorrogado posteriormente en estipulaciones particulares.

PAGE 140

OBRAS 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ Permtame la comisin que le observe, que el tratado a que alude, despus de haber tenido algunas interrupciones, a causa de las guerras entre Inglaterra y Espaa, ces por otro que se celebr en Madrid el 5 de octubre de 1750, y que nunca despus se prorrog aquel monopolio a favor del Gobierno ingls, ni de ninguna compaa inglesa. Aun desde 1740, la Compaa Mercantil de La Habana obtuvo permiso para introducir negros, y sigui importndolos en Cuba de tiempo en tiempo, hasta el ao 1766. En este intervalo, tambin el Gobierno espaol ajust varios asientos con sbditos espaoles, y en 1773 se hizo la contrata con el marqus de Casa Enrile. Concluida que fue, Carlos III facult a sus sbditos de Amrica, para que se surtieran de negros de las colonias francesas: y hasta 1784 no volvemos a or sonar el nombre de ninguna contrata inglesa, en cuyo ao se permiti a Baker y Dawson, comerciantes de Liverpool, no un asiento como el de 1713, sino slo introducir 4 000 negros en dos puntos de Amrica; permiso que fue renovado con ms extensin en 1786 y 1788. Ya desde 1789 se concedi indistintamente a espaoles y extranjeros la libre facultad de introducir negros, por dos aos, la que fue prorrogada repetidas veces, hasta que, al fin, se declar libre del todo el comercio de esclavos africanos. Estos simples datos manifiestan que la comisin no tuvo fundamentos para decir, que el Gobierno ingls ha gozado desde 1713 hasta nuestros das de la prerrogativa y exclusin del trfico de negros en las colonias espaolas. 4 Para suplir la falta de brazos en Cuba y Puerto Rico, la comisin propone, como eficaz recurso, la inmigracin de negros libres. Yo no puedo negar el asombro que me causa semejante propuesta. Ignora la comisin las disposiciones vigentes acerca de este asunto? Y si a su noticia llegaron, por qu no se dign de tomarlas en consideracin, ya que su voto es tan contrario a ellas? Desde las revueltas de Santo Domingo, los capitanes generales de Cuba empezaron a dictar algunas medidas, y tan grandes fueron sus temores, que se extendieron aun a los esclavos. El bando publicado en La Habana en 25 de febrero de 1796 prohibi bajo de ciertas penas la introduccin de esclavos que hubiesen vivido en las colonias extranjeras. Igual prohibicin renov el general Vives por la circular de 9 de julio de 1829, que fue aprobada por Real Orden de 8 de octubre del mismo ao. Reiterronse las prohibiciones en 6 de agosto de 1831, y en 28 de julio de 1832, a consecuencia de la alarma que difundi en Cuba la situacin de Jamaica. Creciendo siempre los temores, la Real Orden de 12 de marzo de 1837 recomend que por ningn motivo ni pretexto se introdujesen negros libres en Cuba. Prctica haba sido hasta entonces, que todos los de esta clase que all llegaban, de cualquier nacin que fuesen, bien como pasajeros, ya como marineros o criados de los buques, se pusiesen en custodia en un lugar seguro, hasta la salida del

PAGE 141

JOS ANTONIO SACO /135 /135 /135 /135 /135 barco que los condujo; pero una circular del general Ezpeleta, en 12 de junio de 1838, mand, adems, que el capitn o el consignatario del buque, a cuyo bordo se encontrase algn negro o mulato libre prestase una fianza de 1 000 pesos, de que ste no desembarcara; y en caso de no otorgarla, se procediese como antes, ponindolo en arresto, hasta que saliese del puerto en la misma nave que lo import. Pero supongamos que no existiese ninguna prohibicin: ser buena poltica introducir en Cuba gente libre de color? Aunque a esta pregunta responde toda la SEGUNDA PARTE de este papel, quiero dar todava un paso ms adelante. Ignora la comisin, que los peligros de Cuba, no tanto provienen de los esclavos, cuanto de la muchedumbre de negros y mulatos libres? Ignora que algunos de stos han sido los principales instigadores de los ltimos acontecimientos de Cuba? Ignora que el gobierno de esta Antilla acaba de lanzarlos, a decenas de su territorio? La comisin no indica los lugares de donde se han de importar en Cuba los negros libres. Ser de frica? Y puestos en contacto con los esclavos, sus compatricios, no se establece un contraste revolucionario entre hombres que, a la semejanza de color renen la comunidad de origen, de usos y costumbres, y aun en muchos casos la identidad de idiomas? Ser la procedencia de las colonias extranjeras? El mal es infinitamente ms grave, pues aquellos negros son ms ilustrados que los africanos, llevan en su corazn el germen de la propaganda ; y pueden emplearse eficazmente para sublevar los esclavos de Cuba. Ya que se cita el ejemplo de Inglaterra, tratemos de imitarla. Si ella introduce hoy negros libres en sus colonias, es porque ya no tiene esclavos en ellas; pero mientras los tuvo, nunca abri la puerta a aqullos, y bien supo impedirles toda comunicacin con Santo Domingo. Igual prohibicin existe tambin en algunos de los Estados de la Confederacin Norteamericana, en que hay esclavitud. Lo que se debe extraar es, que siendo el pontn ingls en La Habana, a los ojos de la comisin, un principio perdurable de alarma, no para el trfico de negros, sino para la esclavitud interior de la Isla, puesto que su tripulacin se compone de negros libres, aunque incomunicados con los de tierra, esa misma comisin, sin embargo, pida que se introduzcan all hombres de esta especie, en absoluto contacto con los esclavos. Aun prescindiendo de principios, este punto presenta en la prctica dificultades tan grandes, que rayan en lo imposible. Todos los indicios que bastan para apresar un buque como sospechoso de hacer el contrabando africano, esos mismos, o casi todos se encontrarn en otro cualquiera que se emplee en el transporte de negros libres. Si el uno lleva muchas camas o tarimas, muchos vveres, muchas pipas de agua, grandes calderas para cocinar, etc., el otro tambin lleva los mismos artculos. Cmo, pues, distinguir entre el buque que navega furtivo y de contrabando, y el que surca los mares en pos de libres africanos? Y aun cuando esta distincin pudiera

PAGE 142

OBRAS 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ hacerse, cmo se convence al Gobierno ingls de que los negros que se embarcan para Cuba, son enteramente libres, y que emprenden el viaje por su propia voluntad? Cmo inspirarle la confianza de que tales colonos no podrn ser esclavizados en Cuba? Tan difcil, tan escrupuloso es aquel gobierno en esta materia, que vase aqu lo que sucedi en idnticas circunstancias. Holanda acostumbraba sacar de la costa de frica algunos negros para destinarlos al servicio de las armas en sus posesiones del Asia, no como esclavos, sino en calidad de libres: pues a pesar de esto, y de que jams redujo a esclavitud ni a uno solo de estos africanos, el gabinete ingls, fundndose en que la prima o recompensa que Holanda pagaba en frica, era una venta o un verdadero trfico, reclam tan repetidas veces, desde 1836, que al fin aquella nacin renunci en 1841 al sistema de reclutar africanos. An hay ms. La vez primera que los hacendados de las Antillas inglesas, despus de haberse proclamado en ellas la ley de emancipacin, pidieron negros libres de frica, el gobierno se opuso alegando que la exportacin de ellos sera un medio de fomentar la trata. Y si esto hizo respecto de sus mismos sbditos y de sus mismas colonias, qu no har respecto de los extraos? Cierto es, que por ltimo accedi a los deseos de aquellos hacendados; pero fue despus de haber tomado precauciones, para que en ningn caso se exportase africano que no fuese completamente libre, y gozase de la misma libertad en la colonia donde fuese introducido. La comisin desea, con un patriotismo que la honra, que el pabelln espaol recobre su antigua independencia; pero ella debe conocer que, pidiendo negros libres para Cuba, no hace otra cosa que complicar ms las cuestiones, aumentar los compromisos, y dar margen a que la intervencin de Inglaterra no slo se ejerza en los mares, sino que se extienda con nuevas pretensiones hasta nuestro territorio cubano.IIEn el artculo 2 del tratado concluido en 28 de junio de 1835 entre el Gobierno espaol y el ingls para poner trmino al contrabando de esclavos africanos, se estipul, que dos meses despus del canje de las ratificaciones se promulgara en todos los dominios espaoles una ley que castigase severamente a todos los sbditos de S.M. Catlica, que bajo de cualquier pretexto tomasen parte alguna en ese contrabando. Muchos aos pasaron sin que la tal ley se hubiese promulgado; y cuando trat de hacerse, a instancias del gabinete ingls, el Gobierno espaol nombr al efecto una comisin en 1843, la que opin, que antes deba orse al Capitn General de la Isla de Cuba. Pidiose entonces a ste, que informase, por Real Orden de 2 de junio de aquel ao; pero l a su vez quiso explorar la opinin de algunas de las personas ms influyentes del pas “a fin de que [tales son sus palabras], con la reunin de estos datos

PAGE 143

JOS ANTONIO SACO /137 /137 /137 /137 /137 que dirigir a S.M. recaiga la resolucin ms conveniente a los intereses y prosperidad de esta Isla”. Entre los informes que entonces se le presentaron, es muy notable por sus slidos razonamientos y por su franqueza contra el trfico africano, el de 2 de marzo de 1844, firmado por el seor don Domingo Aldama, uno de los hacendados ms opulentos de Cuba. Debiose su redaccin a la pluma de su hijo poltico el seor D. Jos Luis Alfonso, otro tambin de los ms ricos propietarios de aquella Antilla, y hoy, digno representante del esplendor habanero en Pars. Estos sentimientos en hombres, cuya fortuna casi toda consiste en ingenios, hnrales sobremanera, y ofrecen gratas esperanzas al porvenir de la patria. Yo s que piensan como ellos muchos ricos hacendados de Cuba; y entre las pruebas que tengo de esta verdad, puedo citar la exposicin que 94 de los vecinos ms influyentes de Matanzas hicieron al capitn general D. Leopoldo O’Donnell, contra el trfico africano, en 29 de noviembre de 1843. Otra por igual estilo, y extendida tambin por el mismo seor Alfonso en 26 de diciembre de aquel ao, debi de presentarse al mismo seor Capitn General, firmada por 50 o 60 de los principales hacendados de La Habana; pero tan laudable proyecto se frustr, no por culpa de ninguno de ellos, sino por tristes ocurrencias que no me es dado referir aqu. Dulce es para los buenos cubanos y amigos de la humanidad el contemplar el cambio feliz de la opinin, en el transcurso de 11 aos. En 1843 ya todos clamaban en Cuba contra el trfico de esclavos africanos; pero cuando en 1832 publiqu en la Revista Bimestre Cubana el artculo que aparece en este tomo, desde la pginas 28 a la 75, poqusimas fueron, segn he dicho ya, las personas que simpatizaron en La Habana con mis sentimientos. La Comisin Permanente de Literatura me haba confiado, por acuerdo de 7 de abril de 1832, la redaccin de aquel peridico. El presidente de aquella corporacin, no participando de mis ideas, segua el torrente de la opinin extraviada, y aun me insinu que renunciase a la redaccin. Yo le respond: “yo no me tizno con mis propias manos; qutenme la Revista si quieren; pero yo no la renuncio en estas circunstancias”. El artculo a que aludo, a pesar de haber sido publicado con expresa aprobacin de la primera autoridad de la Isla, fue la causa fundamental de mi expatriacin en 1834; y si sta no se verific desde 1832, debiose a los altos respetos del benemrito D. Francisco Arango, quien manifestando la rectitud de mis intenciones al general Ricafort que entonces gobernaba en Cuba, desbarat la conjuracin que muchos cubanos y europeos de gran valer haban formado contra m. Entrambos personajes han muerto ya; y de las maquinaciones que entonces se urdieron para lanzarme de mi tierra, exactas noticias tuve en La Habana por el primero, y en Barcelona por el segundo; en diciembre de 1834.

PAGE 144

RENUNCIA POR SACO A LA DIRECCI"N RENUNCIA POR SACO A LA DIRECCI"N RENUNCIA POR SACO A LA DIRECCI"N RENUNCIA POR SACO A LA DIRECCI"N RENUNCIA POR SACO A LA DIRECCI"N DEL COLEGIO DE BUENADEL COLEGIO DE BUENADEL COLEGIO DE BUENADEL COLEGIO DE BUENADEL COLEGIO DE BUENAVIST VIST VIST VIST VIST A, EST A, EST A, EST A, EST A, EST ABLECIDO ABLECIDO ABLECIDO ABLECIDO ABLECIDO EN LA HABANA EN LA HABANA EN LA HABANA EN LA HABANA EN LA HABANALa Seccin de Educacin de la Real Sociedad Patritica de La Habana me confiri en 1832 la direccin del colegio de Buena-Vista. Pocos meses despus ocurri un suceso muy desagradable entre un profesor y uno de los alumnos. ste, no slo ofendi a aqul de palabra, sino que le dio una bofetada, la que el profesor le devolvi inmediatamente. El padre del discpulo era hombre de influencia, y valindose de ella, se present criminalmente ante un tribunal para que se castigase al profesor. Mi declaracin y la de todos los que presenciaron el hecho, fueron favorables a ste, y conociendo entonces el acusador el falso terreno en que se hallaba, tuvo la cordura de retirar su demanda; pero antes que hubiese dado este paso, yo renunci a la direccin de aquel colegio, as por este motivo, como por otros que no quera que el pblico trasluciese. Esto dio margen a la correspondencia que entonces se public en el Diario de la Habana del 1 de diciembre de 1832, y que es la siguiente.Real Sociedad Patritica Inspeccin del colegio de Buena-VistaEn el Noticioso y Lucero de ayer se insert el siguiente artculo: “Tengo el honor de anunciar al pblico, que me he separado de la direccin del colegio de Buena-Vista. Si desagradables circunstancias me compelieren a manifestar las causas que me mueven a dar este paso, el pblico sabr entonces el fondo de la verdad. Entretanto, bstame decir, que yo no podra continuar en el colegio de Buena-Vista sin comprometer mi decoro, y faltar a mi conciencia y a mi patria. —JOS ANTONIO SACO”. Y deseando salvar la mala inteligencia que puede haberle dado el pblico, se dan a luz el oficio y contestacin siguiente con una protesta de mi parte, de que no he sospechado en el seor don Jos Antonio Saco, miras hostiles contra el colegio de Buena-Vista, porque teniendo de l una opinin muy distinguida, yo hubiera faltado con tal sospecha a

PAGE 145

JOS ANTONIO SACO /139 /139 /139 /139 /139 mis propios sentimientos. Mi nico objeto es el que explica mi citado oficio, con el cual y su respuesta, creo que se desvanecern las especies que circulan sobre un particular en que el colegio no ha debido padecer. —JUAN AGUSTN DE FERRETI. Por el oficio que usted se sirvi dirigirme ayer, me impuse de que haba determinado separarse de la direccin del colegio de Buena-Vista. De acuerdo con el seor presidente de la Seccin de Educacin, vi a usted esta maana, interesndole en que desistiera de aquel propsito, toda la vez que, segn usted me manifestaba, no tena quejas ni del propietario del colegio, ni de sus inspectores, ni de la Seccin de Educacin; pero usted, asegurndome que, conservara su amistad al establecimiento, cuya marcha no poda menos que seguir perfectamente por la excelencia de los profesores que en l estn empleados, concluy diciendo, que ya haba mandado el anuncio de su separacin a las imprentas, que su nimo era deliberado, y que pensara, dndome aviso, en alguna persona que pudiese ocupar la direccin. Despus de esto, y no sabiendo yo que usted hubiese tenido para resolverse ms causas que la de un disgusto entre un alumno y un ayudante del colegio, me ha sorprendido el anuncio publicado en el Lucero y Noticioso de este da, porque la reticencia con que est escrito, ha llamado la atencin del pblico en perjuicio de Buena-Vista, puesto que segn usted se explica, no poda continuar dirigindolo sin falta a su decoro, a su conciencia y a su patria En tal supuesto suplico a usted se sirva decirme en contestacin las causas que le han impulsado a separarse, en el concepto que mi objeto es publicarlas en el momento para salvar, si me es posible, la impresin que ha hecho en el pblico el anuncio de que he hablado, el cual si no se aclara, podr perjudicar al colegio, a sus inspectores, y aun a la Seccin de Educacin. Espero que usted no considerar esta paso como una de las circunstancias desagradables que le obliguen a instruir al pblico del fondo de la verdad de lo ocurrido, sino que, penetrado de la consideracin que me merece, se servir atribuirlo a un justo deseo de que el colegio de Buena-Vista no padezca en su crdito, y a la obligacin que como uno de sus inspectores he contrado con la Seccin de Educacin de la Real Sociedad Patritica que me honr con este encargo. Dios guarde a usted muchos aos. Habana 28 de noviembre de 1832. —JUAN AGUSTN DE FERRETI.—seor D. JOS ANTONIO SACO. Contestacin de don Jos Antonio Saco al oficio anteriorAnoche a las 7 y media lleg a mis manos el oficio que V.S. se sirvi dirigirme, y a cuyos particulares contestar con mucho gusto.

PAGE 146

OBRAS 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ Cuando publiqu el aviso de mi separacin del colegio de BuenaVista, nada dist tanto de mis ideas como perjudicar este establecimiento. Identificado con l, aunque por muy corto tiempo, unido por relaciones de afecto con su honrado empresario y con el digno sujeto que desempea las funciones de su gobierno econmico; y persuadido a que algn da puede ser un monumento de gloria para nuestra patria, cmo puede haber quien diga sin injusticia, que yo tengo miras hostiles contra un colegio que por tantos ttulos debe interesarme? No: yo me complazco en repetir a V.S. lo que ayer dije verbalmente “Soy un amigo del colegio de Buena-Vista ”. De mi respeto a la Seccin de Educacin y de mis consideraciones a V.S. creo que tengo dadas algunas pruebas. Tratar de reproducirlas, sera ofenderme a m mismo. Al suplicarme V.S. que le exponga las causas de mi separacin, para salvar, si le es posible, la impresin que mi anuncio ha hecho en el pblico, tambin me dice que no sabe, tuviese yo para mi separacin ms motivo que el de un disgusto entre un alumno y un ayudante. Y piensa V.S. que este acaecimiento no ha sido por s solo bastante para obligarme a renunciar la direccin? V.S. sabe que el ruido de este suceso no qued encerrado dentro de las paredes de Buena-Vista: V.S. sabe que se dieron pasos, cuya tendencia deba ser funesta, no slo al colegio contra quien se daban, sino a todos los establecimientos de educacin de la isla de Cuba: V.S. sabe en fin estas y otras cosas; y si V.S. las medita todas hasta llegar a sus ltimas consecuencias, V.S. convendr conmigo en que tuve sobrada razn para decir, que yo no poda continuar en el colegio de Buena-Vista sin comprometer mi decoro, y faltar a mi conciencia y a mi patria. Que son excelentes los profesores que hoy ensean en ese colegio, es una verdad que no me cansar de repetir. Entre ellos se cuentan algunos que me honran con su amistad; y a su buena conducta renen todos una vasta capacidad para llenar sus funciones. Yo los tuve por compaeros de mis tareas, y esto basta para probar que merecieron mi confianza. Espero que V.S. quedar penetrado de la franqueza de mis sentimientos, y de las consideraciones con que siempre le he mirado. Dios guarde a V.S. muchos aos. Habana y noviembre 28 de 1832. —JOS ANTONIO SACO.—Seor intendente honorario de provincia don Juan Agustn de Ferreti, inspector del colegio de Buena-Vista.

PAGE 147

PARA EL LBUM DE UNA SEORIT PARA EL LBUM DE UNA SEORIT PARA EL LBUM DE UNA SEORIT PARA EL LBUM DE UNA SEORIT PARA EL LBUM DE UNA SEORIT A A A A A DE LA HABANA EN 1832. DE LA HABANA EN 1832. DE LA HABANA EN 1832. DE LA HABANA EN 1832. DE LA HABANA EN 1832. LA MU LA MU LA MU LA MU LA MU JER JER JER JER JERDbil por naturaleza, constantemente aspira a ser ms fuerte que el hombre: siempre ligera e inconstante, se gobierna por el capricho y no por la razn: desprecia a quien la ama, y ama a quien la desprecia: besa la mano que la ofende, y escupe la que la colma de favores: la dulzura y el buen trato la irritan y envanecen: la aspereza y el desdn la sosiegan y la humillan: sin fe y sin palabra, su profesin es mentir y burlarse de sus promesas: el artificio es su elemento, y su arma la hipocresa: tan interesada como ingrata, jams se duele de la miseria, ni estima los beneficios: la envidia y la venganza son dos monstruos, que siempre alberga en su pecho; y cuando estas furias la agitan, es ms cruel que todas las fieras.—¡Ah!...¡ La mujer es un demonio! ¡Pero no, sexo amable y encantador! ¡No, numen benfico y celestial! Perdona, s, perdona los extravos de mi razn, y escucha propicia la voz humilde de un joven que se prosterna ante tus altares. La mujer es la criatura ms interesante a los ojos de la naturaleza. Inocente, cndida como la paloma, desconoce la maldad y las viles artes de la intriga. Tan modesta como delicada, su alma es susceptible de las impresiones ms profundas: la impudicia le repugna: la virtud la encanta: el crimen la horroriza: la injusticia la desespera; y el infortunio la hace verter lgrimas sobre la tumba del desgraciado. Firme y resuelta en su propsito, no la acobarda el temor, ni la espanta dificultades. Tan prudente como osada, sabe medir los peligros para evitarlos o acometerlos; y lanzada al torbellino, antes muere que retrocede. Rodeada de aduladores y fementidos amantes, se burla de unos y otros; pero sensible y constante en sus afectos, su amor es invariable. Fiel compaera del hombre, se desvive por complacerle; y olvidndose aun de s misma, identifica su corazn con el del dolo a quien adora. Con l re, y con l canta: con l solloza y suspira; por l recorre la tierra; por l navega los mares; y si en ellos no le encuentra, gustosa se sacrifica en las aras del amor. Sin ms poder que su belleza y encantos, arrebata al hombre de las manos el cetro que le dio naturaleza; y postrado a sus pies el rey de la creacin, rinde adoraciones al ser que le avasalla. ¡Ah! La mujer es una deidad!

PAGE 148

CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T A A A A A SOBRE LA C"LERA MORB SOBRE LA C"LERA MORB SOBRE LA C"LERA MORB SOBRE LA C"LERA MORB SOBRE LA C"LERA MORB O ASITICO O ASITICO O ASITICO O ASITICO O ASITICO (Escrita por don Jos Antonio Saco a un amigo suyo (Escrita por don Jos Antonio Saco a un amigo suyo (Escrita por don Jos Antonio Saco a un amigo suyo (Escrita por don Jos Antonio Saco a un amigo suyo (Escrita por don Jos Antonio Saco a un amigo suyo residente en la isla de Cuba, e impresa en La Habana, residente en la isla de Cuba, e impresa en La Habana, residente en la isla de Cuba, e impresa en La Habana, residente en la isla de Cuba, e impresa en La Habana, residente en la isla de Cuba, e impresa en La Habana, en el nmero VIII de la en el nmero VIII de la en el nmero VIII de la en el nmero VIII de la en el nmero VIII de la R R R R R evista Bimestre Cubana evista Bimestre Cubana evista Bimestre Cubana evista Bimestre Cubana evista Bimestre Cubana, perteneciente a julio de 1833.) perteneciente a julio de 1833.) perteneciente a julio de 1833.) perteneciente a julio de 1833.) perteneciente a julio de 1833.)Por fin, caro amigo, por fin lleg a nuestras playas el azote que ha recorrido tantos pueblos. La Habana ha sido el primer punto de la Isla, asaltado por el clera y los millares de vctimas que ha arrastrado al sepulcro, nos han trado el funesto desengao de que no hay sexo ni edad, estado ni condicin, a quien perdone esta epidemia asoladora. Con razn, mi buen amigo, desea V. tener noticias acerca de una enfermedad tan misteriosa: y ya que el campo es vasto y la materia interesante, yo quebrantara las leyes de la amistad, si en esta vez dejase de complacerle. Recoger, pues, cuantos datos han podido venirme a la mano; y mezclndolos con mis reflexiones, los derramar en el papel con el orden posible y claridad. No espere V., sin embargo, que yo me propase a caracterizar la enfermedad, ni tampoco a exponer mtodos curativos que exclusivamente pertenecen al imperio de la medicina: queden reservadas estas cosas para los facultativos, que ni yo lo soy, ni menos me siento dispuesto a dar a V. imperfectas nociones de lo que ya est consignado en tantas obras como sobre la materia se han escrito. Mi plan es otro, y V. lo ver desenvuelto en el progreso de esta carta. Origen del clera morbo asitico pestilencialDesde tiempo inmemorial existe en el Asia y en otros pases cierta enfermedad llamada clera morbo : nombre compuesto de la palabra latina morbus que significa enfermedad, y de la griega chol que quiere decir bilis; de suerte que siguiendo la etimologa de las palabras, clera morbo no es otra cosa que enfermedad biliosa o de la bilis La semejanza de algunos de sus sntomas con la epidemia que hoy est asolando el gnero humano, dio ocasin para que se pusiese un mismo nombre a enfermedades del todo diferentes. La que ahora se denomina clera

PAGE 149

asitico pestilencial apareci por la vez primera en las posesiones britnicas del Indostn, en el ao de 1817. Acerca del punto y mes hay divergencia de opiniones. Dicen unos, que estall en junio, en los confines orientales de la India, sobre las mrgenes del ro Burhampouter o Brahmapoutra; que ya por entonces reinaba en Nuseerabad, as como en Patna y Dinapore desde la primera mitad de julio; y que desde principios de agosto asolaba a Dacca y a Behar. Pero la opinin ms acreditada es, que su cuna fue Jessora, ciudad plantada en el delta del Ganges, poco ms de 30 leguas al nordeste de Calcuta. Descubriose all el primer enfermo el 17 de agosto de 1817, y confundido el mdico que le asista al aspecto de sntomas tan extraos y horrorosos, los atribuy a un envenenamiento. Pero repitindose los casos, y cundiendo el mal por otras partes, muy pronto se conoci que el mundo empezaba a gemir bajo un azote hasta entonces desconocido. No es muy fcil de decidir si esta enfermedad es del todo nueva, o si existi en los siglos anteriores; y a tomar las opiniones de los hombres por la verdad de las cosas, no dudaramos concluir, que el gnero humano la ha padecido en otras pocas. Montbrion piensa, que es la misma que hizo perecer desde Dan hasta Ber-sabe 70 000 sbditos del rey David; y cree tambin encontrar vestigios de ella en la historia hebrea de Josefo, y en las obras de Hipcrates y de Areteo de Capadocia, diciendo que de ella muri el emperador Trajano en el ao 177. La peste negra que recorri en el siglo XIV el antiguo continente, matando segn unos la tercera parte, y segn otros las tres quintas de los hombres, es en concepto de algunos autores el mismo clera asitico que hoy padece la presente generacin. De este sentir es tambin el clebre doctor Broussais, quien enunciando su opinin como muy probable, se contenta con citar el testimonio de Villani historiador italiano. Aunque poco se me alcanza en materias de medicina, pues que nunca me he dado a este gnero de estudios, todava me atrevo a disentir de la opinin de profesor tan distinguido; y llevando por antorcha la historia de los tiempos en que apareci la peste o muerte negra describir sus sntomas, para que cotejados con los del clera morbo a primera lectura se conozca que no hay identidad entre las dos enfermedades. Oigamos a Sismondi en su Historia de las repblicas italianas de la edad media. “En 1348 la peste infest toda la Italia, excepto Miln y algunos cantones al pie de los Alpes donde apenas se sinti. El mismo ao salv las montaas, se extendi a Provenza, Saboya, el Delfinado, Borgoa, y por Aigues-Mortes penetr en Catalua. En el mismo ao abraz todo el resto de Occidente hasta los ros del mar Atlntico, la Berbera, Espaa, Inglaterra y Francia. Slo el Brabante pareci salvarse, pues apenas sinti el contagio. En 1350 avanz hacia el Norte, e invadi a los frisones, alemanes, hngaros, dinamarqueses y suecos. Entonces fue,

PAGE 150

OBRAS 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ cuando la repblica de Islandia qued destruida, pues fue tan grande la mortanda en esta isla glacial, que esparcidos los habitantes dejaron de formar cuerpo de nacin. ”Los sntomas no fueron por todas partes los mismos. En el Oriente, la sangre por la nariz anunciaba la invasin de la enfermedad, y al mismo tiempo era el presagio cierto de la muerte. En Florencia apareca al principio, en las ingles y en el sobaco, una hinchazn ms grande que un huevo. Esta hinchazn que se llam gavcciolo (bubon), se present despus indiferentemente en todas las partes del cuerpo. Luego ms tarde, los sntomas mudaron, y el contagio se anunci las ms veces por manchas negras o lvidas, grandes y raras en unos, pequeas y abundantes en otros, manifestndose al principio en los brazos o las piernas, despus en el resto del cuerpo, y que como el gavcciolo eran el inicio de una muerte prxima. El mal se burlaba de todos los recursos del arte: la mayor parte de los enfermos moran al tercer da, y casi siempre sin fiebre, o sin ningn accidente nuevo”. Y habr quin diga que hay, no ya identidad, pero ni semejanza entre el clera asitico y la peste negra del siglo XIV? Pero veamos si puede encontrarse alguna en el Boccacio y en otros autores contemporneos, que as lo describen. “Los sntomas del mal variaban segn los pases. En Oriente experimentaban un flujo de sangre por la nariz: en Florencia, una hinchazn en las ingles y en los sobacos que se llamaba gavcciolo y este tumor apareci en lo sucesivo en las dems partes del cuerpo. Los indicios o seales precursores de la enfermedad variaban aun en los pases de poca extensin, pero generalmente el contagio se daba a conocer por cierto nmero ms o menos grande de manchas negras o lvidas. Los enfermos sufran al principio laxitudes, desmayos y desganos; continuos vmitos les trastornaban el estmago; y, finalmente, la sangre de los vasos sala por la nariz, por los pulmones, por los intestinos y por la va de la orina”. Segn esta descripcin, ya se ve claramente, que los vmitos son el nico sntoma en que convienen las dos enfermedades; pero basta esto para tenerlas por idnticas ni semejantes? No aparecen vmitos en dolencias de distinto gnero? No dice el mismo Broussais que a la epidemia reinante se le dio el nombre de clera por la semejanza que tienen algunos de sus sntomas con otra enfermedad distinta de ella? Pues entonces, por qu uno solo, tan vago y tan comn como el vmito, ha de servir de fundamento para confundir dos epidemias, cuyos sntomas son tan iguales? Si recorriendo la historia de las pestes, encuentro alguna que sea, no idntica, sino que tal vez se asemeje a la muerte negra, es la que desol la tierra en el siglo VI de la era cristiana, cuando el emperador Justiniano

PAGE 151

JOS ANTONIO SACO /145 /145 /145 /145 /145 ocupaba el trono de Oriente. Gibbon la describe en su Historia de la decadencia del imperio romano y sus palabras son dignas de traducirse: “La fatal enfermedad apareci primero en el ao 542, en las cercanas de Pelusio entre el pantano Serboniano y el canal oriental del Nilo. De all, trazando dos caminos, se extendi al Este, pasando por la Siria, Persia y las Indias y penetr al Oeste a lo largo de la costa de frica y del continente de Europa. En la primavera del segundo ao, Constantinopla fue invadida de la peste por el espacio de tres o cuatro meses; y Procopio que observ sus progresos y sntoma con los ojos de un mdico, compiti con la habilidad y diligencia de Tucdides en la descripcin de la plaga de Atenas. La infeccin se anunciaba algunas veces por las visiones de una imaginacin desordenada, y la vctima desesperaba al punto que oa la amenaza, y senta el golpe de un espectro invisible. Pero el mayor nmero era sorprendido en sus camas, en las calles y en sus ocupaciones ordinarias por una fiebre ligera; pero tan ligera, que ni el pulso ni el color del paciente daban ningn indicio del prximo peligro. Al primero, al segundo o al tercer da se declaraba por la inflamacin de las glndulas, particularmente las de la ingle, sobaco y debajo de las orejas; y cuando estos bubones o tumores se abran, se encontraba un carbn o sustancia negra del tamao de una lenteja. Si llegaban a hincharse enteramente y supuraban, el paciente se salvaba por medio de esta suave y natural salida del humor morbfico; pero si continuaban duros y secos, inmediatamente se segua un dolor, y el quinto da era comnmente el trmino de la vida. La fiebre iba acompaada muchas veces de letargo o delirio; el cuerpo de los enfermos se cubra de pstulas o carbunclos negros, sntomas de una muerte inmediata; y en las constituciones muy dbiles para producir una erupcin, al vmito de sangre segua dolor en las entraas. La plaga fue generalmente mortal para las mujeres: sin embargo, un nio fue sacado vivo de su madre muerta, y tres madres sobrevivieron a la prdida de sus tres fetos infestados. La juventud era la edad ms peligrosa, y el sexo femenino era ms susceptible que el masculino; pero todas las clases y profesiones fueron atacadas indistintamente con furor, y muchos de los que escaparon, fueron privados del uso de la palabra, sin quedar seguros de que el mal no volvera a invadirlos. Los mdicos de Constantinopla eran hbiles y celosos; pero su arte quedaba burlado con la variedad de sntomas y vehemencias de la enfermedad: los mismos remedios producan efectos contrarios, y el xito burlaba caprichosamente sus pronsticos de vida o muerte”. Tales son los sntomas de la peste que asol la tierra en los das de Justiniano: y no es verdad que tiene ms semejanza con la peste negra, que no sta con el clera morbo? Por lo menos, en la peste del siglo VI y tambin en la del XIV, vemos tumores en las ingles y en los sobacos, que

PAGE 152

OBRAS 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ parece constituan el sntoma principal de la enfermedad, habiendo tambin en algunos casos vmitos de sangre. Mejores fundamentos tiene el mdico Casas para asegurar, que habr siglo y medio que el clera se padeci en las islas Filipinas, pues las memorias de este pas describen una epidemia bastante mortfera que iba acompaada de vmitos y evacuaciones abundantes, dolores en las entraas, frialdad en el cutis, y muerte pronta. Si consultamos a los mdicos de la India Oriental acerca del origen del clera del siglo XIX, ellos confiesan que no pueden dar una razn satisfactoria; pero en medio de la oscuridad que los envuelve, han encontrado algunos documentos, de los cuales se infiere que existi en tiempos muy remotos. Marcha o historia geogrfica de la enfermedadNacido el clera en el Indostn en 1817, mat 6 000 personas en Jessora, una de las dos cunas que se le dan; y extendindose por varios puntos, lleg en septiembre a Calcuta, capital de las posesiones britnicas. All permaneci algunas semanas, y como la ciudad es muy populosa, hubo da de sacrificar 500 habitantes. En su marcha, corri por un rumbo hasta los montes de Himalaya, subiendo a la altura de 8 000 pies sobre el nivel del mar; y por otro sigui la direccin de los caminos, y el curso de las aguas del Ganges y otros ros tributarios. Las grandes ciudades de Behar quedan despobladas por la muerte y la fuga: Benares, la ciudad santa de la India, pierde 15 000 habitantes: Allahabad, la mitad de los 20 000 de su poblacin; y Lucknow, Agra, Delhi y otros pueblos se ven furiosamente atacados. Remite algn tanto sus fuerzas en la provincia de Bareilly, pero como si las reservara para saciarse en nuevas vctimas, asalta a mediados de noviembre el centro del ejrcito ingls, primero en Mundelah, y despus en los distritos de Jubbulpore y Saugor. Tan horrible fue la mortandad en 12 das, que de los 10 000 hombres de que constaba, perecieron 3 000 por el clculo ms bajo; y mientras algunos computan la prdida en 5 000, otros la elevan hasta 8 000. Ved aqu una pintura que traducimos de aquella escena espantosa: “Despus de haberse arrastrado por algunos das en su manera insidiosa entre los que seguan el campamento, gan en un instante nuevo vigor, y de golpe estall en todas direcciones con una violencia irresistible. Viejos y jvenes, europeos y naturales, todos, todos estaban expuestos a sus ataques, y todos caan igualmente bajo sus garras. Del 14 al 22 la mortandad fue tan grande, que abati a los espritus ms fuertes. Los enfermos eran ya tan numerosos, y aun continuaban cayendo en todas partes, que aunque los mdicos estaban da y noche en sus

PAGE 153

JOS ANTONIO SACO /147 /147 /147 /147 /147 puestos, no podan dar abasto a las necesidades. Todo el campo tom el aspecto de un hospital. El ruido y bullicio casi inseparable de las grandes masas de gente reunidas, apenas se perciba; nada se va sino individuos que ansiosamente pasaban de una divisin a otra del campo para inquirir por la suerte de sus compaeros muertos o moribundos, y los grupos melanclicos de los indios que llevaban al ro los fretros de sus difuntos parientes. Al fin, aun quedaron privados de este consuelo; porque la mortandad lleg a ser tan grande, que no habiendo manos ni tiempo para retirar los cadveres, se arrojaban a la quebrada inmediata, o se enterraban a la carrera en el sitio en que expiraban, y aun alrededor de las tiendas de los oficiales. Todos los negocios haban cedido al cuidado de los enfermos. Ni poda atreverse una sonrisa, ni escucharse ms sonido que los lamentos de los moribundos, y el llanto sobre los cadveres. Especialmente durante la noche, reinaba un triste y universal silencio, interrumpido solamente por los acentos dolorosos de los infelices que geman bajo los sntomas del mal. Muchos de los enfermos moran antes de llegar al hospital; y aun sus camaradas, mientras los llevaban de los puestos avanzados, para darles socorro, caan tambin repentinamente atacados. Los naturales, creyendo que slo podan hallar su seguridad en la fuga, empezaron a desertar en gran nmero; y los caminos reales y los campos por muchas millas alrededor quedaron regados con los cadveres de los que habiendo abandonado el campo, ya invadidos de la enfermedad, sucumban prontamente bajo sus efectos destructores”. De all pasa a Nagpore, corre atrozmente por el Dekkan, hace en Hussingabad estragos horrorosos, se escapa por el ro Nerbuda, derrmase por varias ciudades y distritos, entra en Panwel, y por fin llega a la costa occidental de la India, presentndose en Bombay a principios de septiembre de 1818, un ao despus de haber aparecido en Calcuta. Pero como si ya estuviera cansado de tanta mortandad, aquella ciudad que contaba 140 000 habitantes, pierde entonces un nmero poco considerable. Mientras esto suceda, la peste tambin avanzaba hacia el extremo meridional del Indostn; y siguiendo el rumbo de las costas orientales, llega a Madras en octubre de 1818, pasa a Pondichery donde ataca la mitad de las 40 000 personas que entonces formaban su poblacin, y de all se extiende casi hasta el cabo de Comorin, trmino de la pennsula. Recorrida toda ella en el espacio de un ao, la epidemia que haba viajado sin cesar desde su primera irrupcin, abati algn tanto sus fuerzas con la entrada de la estacin impropiamente llamada invierno en aquellas regiones; pero reanimada con los calores del verano de 1819, invadi nuevos lugares del Indostn, y repiti sus ataques en otros que ya haba visitado.

PAGE 154

OBRAS 148\ 148\ 148\ 148\ 148\ Como el delta del Ganges fue el foco primitivo de esta enfermedad, tambin se fue propagando por la costa oriental de la baha de Bengala. En 1819 entr en Aracan; de all pas a la pennsula de Malaca: en 1820 acometi al reino Birmn, y Bankok su capital perdi 40 000 personas. En el imperio Birmn le introdujeron las tropas inglesas que marcharon contra l. Sucesivamente fueron invadidos los pases de Cambodja y Cochinchina; que estando cercanos al imperio de la China, abrieron la puerta para que la enfermedad penetrase en sus vastos territorios. Cantn se vio ferozmente asaltado en 1820; y radicndose la peste al paso que cunda por varios puntos de aquella nacin, Nankn y Pekn fueron en 1823 el teatro de la ms horrible mortandad. A los estragos del clera en la China, dice un clebre peridico ingls, atribuyeron los comerciantes rusos en 1825 la disminucin del comercio de Kiachta, emporio ruso-chino; y una carta del 27 de abril de 1827 escrita all por el director ruso de las aduanas, asegura, que la epidemia haba atravesado la gran muralla china, e invadido a los habitantes de la ciudad de Cocu-Choton situada en el gran desierto de Cobi. Ni se limitaron al continente los estragos de la peste: que tambin fueron progresivamente atacadas muchas islas del ocano ndico. Infestadas desde 1818 las costas de Coromandel, el clera pas el estrecho de Manaar. En enero de 1819 apareci en la isla de Ceiln; y de aqu fue llevado a la de Francia o Mauricio por la fragata inglesa Topacio donde estall en Puerto Luis en noviembre de 1819. Sus habitantes fueron atacados con tanta violencia, que personas sanas y robustas expiraban en las calles dentro de pocos minutos. Los partes enviados al Parlamento britnico por el gobernador Farquhar, fijan la mortandad en el nmero de 7 000 personas, que es casi la deudcima parte de la poblacin de la isla; pero hay tambin quien asegura como testigo ocular, que murieron 20 000 personas; o sea, la cuarta parte de la poblacin. De la isla Mauricio fue introducido en la de Borbn por un buque que desembarc en enero de 1820 un contrabando de negros cerca de la ciudad de San Dionisio; pero tan prontas y saludables fueron las medidas que se tomaron por el gobernador francs Milius, que solamente fueron atacadas en toda la isla 256 personas, y de este nmero no murieron sino 178, que es decir, un individuo, por cada 1 500 de los que componan entonces la poblacin. De varios puntos del continente se difundi en el espacio de pocos aos a otras muchas islas. Singapur y Penang fueron invadidas en 1819, y la ltima, segn dicen algunos, perdi en tres semanas las tres cuartas partes de su poblacin. ¡Mortandad espantosa, y que para creerse necesita de pruebas ms slidas que el simple testimonio de los viajeros! Sumatra, Java y Borneo sufrieron la peste por la vez primera en

PAGE 155

JOS ANTONIO SACO /149 /149 /149 /149 /149 1821. Java perdi ms de 100 000 personas, y Batavia, su capital, ms de 17 000. Su primera invasin en Filipinas fue en 1820, y el 4 de octubre se presentaron en Manila los primeros casos a orillas del ro caudaloso que divide la ciudad y sus extramuros. A los siete das, ya se haba propagado por toda ella y los pueblos inmediatos; y siguiendo con fuerza en todo aquel mes y parte de noviembre, se retir, internndose en las dems islas, y robando a Manila en 14 das 15 000 habitantes. En fin, Macao, Amboina, Molucas y otras islas fueron cayendo a su vez bajo el azote de la epidemia. Despus de haber recorrido los pases orientales del Asia, veamos cules invadi en vuelta del occidente. En marzo de 1821 reinaba otra vez en Bombay; y en junio del mismo ao apareci en la guarnicin inglesa de las islas de Ormus y Kism puestas a la entrada del golfo Prsico. En julio fue atacada la ciudad de Mascate en al costa oriental de Arabia. Opnase que all murieron 10 000 personas; y si damos fe al testimonio de algunos marinos ingleses, no habiendo ya brazos suficientes para enterrar los cadveres, muchos fueron conducidos al mar y sepultados en sus olas. Mientras de Mascate se extenda a otros pueblos de la Arabia, situados sobre la costa de aquel golfo, e invada la isla de Bahrein, punto de gran concurrencia para la pesca de perlas; tambin se propagaba por la banda de la Persia, haciendo en julio de 1821 su entrada en Bender-Abouschir, Kosrom o Gombroom, emporio de las mercancas de aquella nacin y de la India britnica. Despus de haber matado all la sexta parte de los habitantes, y apareciendo cada vez ms y ms sediento de vctimas, tendi sus brazos para internarse a un tiempo por la Persia, y seguir su carrera a lo largo de las costas de Bassora. Shiras que contaba 40 000 habitantes, perdi 16 000 en menos de 20 das. Yerd, Tabres y otras ciudades grandes y pequeas de la Persia fueron cayendo sucesivamente bajo la plaga destructora; pero en medio de la desolacin general, Tehern, la moderna capital del reino, cortando toda comunicacin con las comarcas vecinas, se salv por entonces de los estragos de la peste. Incansable en su carrera, llega a las orillas del mar Caspio en el verano de 1823, y asolando muchos de sus pueblos, se presenta en Astracn, ciudad plantada en la embocadura del Volga. Consternada la Rusia con la aparicin de tan formidable enemigo en las fronteras de su territorio, dict las providencias ms acertadas, y ahogado el mal, por aquella vez al favor de un crudo invierno, carg de nuevo sobre el oriente, derramndose por los anchos espacios de Tartaria. Entretanto que iba recorriendo las regiones de la Persia, nunca detuvo su marcha por las costas de aquel golfo. Las provincias turco-asiticas son invadidas en 1821. De sus 60 000 personas pierde Bassora ms

PAGE 156

OBRAS 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ de 16 000 en 14 das. En Bagdad sucumbe la tercera parte de los habitantes que parece llegaban a 80 000. Subiendo por el ufrates, lleg a la ciudad de Anah, situada en los confines del desierto que aparta la Arabia de la Siria; pero aproximndose el invierno, durmi hasta el verano de 1822. Entonces despert con nuevo furor en las inmediaciones del Tigris y del ufrates, se desva del desierto, toma el derrotero de las caravanas, atraviesa la Mesopotamia, traspasa la frontera de Siria, rompe por Alepo, inunda aquella parte de la Turqua hasta la Palestina, y resollando en 1823 por varios puertos del Mediterrneo, levanta la cabeza para infundir terror a la Europa. Con la peste ya en sus cercanas, Egipto viose tambin peligrosamente amenazado; mas, establecidas las reglas sanitarias que por la mediacin del cnsul francs recibi de Francia el virrey Mehemet-Al, conjur por aquella vez la tempestad que tan cerca tena de sus fronteras. Por aquella vez, digo, porque ocho aos despus fue invadido con furor. En mayo de 1831 azotaba la epidemia las provincias de Siria y Arabia. Congregados en sta los millares de peregrinos que de frica, Turqua, Persia y otros puntos van anualmente a la Meca, para cumplir con los preceptos de la religin de Mahoma, la peste hizo en ellos estragos espantosos; y aterrados con las tremendas escenas de Arafat, Medina y la Meca, huyeron a sus hogares derramando el contagio y la muerte por los pueblos donde pasaban. Por pronto que anduvo Mehemet-Al en cerrar las puertas de Egipto, ya la peste haba entrado en su territorio, pues el 1 de agosto de aquel ao haban muerto ms de 100 personas en el istmo de Suez. A mediados del mismo mes se present en El Cairo; y esta capital que no bajaba entonces de 200 000 personas, perdi 32 000. Segn el testimonio de personas fidedignas, hubo da en que la mortandad lleg a 1 400: nmero que si bien es asombroso, no por eso improbable, pues Volney hablando de la peste de Levante acaecida en El Cairo en 1783, dice, que se vieron sacar por sus puertas 1 500 cadveres en un da. Horrorizados sus moradores con los estragos de la enfermedad, se dan a la fuga, y conducidos por las aguas del Nilo, llevan el mal a rumbos opuestos del Egipto, pues Roseta y Damieta, asentadas en las embocaduras de aquel ro, son no menos invadidas que las regiones de Syut. Mas, dejmosle sepultado por ahora en este punto africano; y apresurndonos a llenar el vaco que se advierte en el discurso de esta narracin, pasemos a trazar los progresos de la epidemia en los pases europeos. Errante por las naciones asiticas, repeta sus ataques en los pueblos ya invadidos; pero encerrada en aquellos lmites, luchaba por abrirse un nuevo teatro donde ensayar su fuerza destructora. Rompi al fin las barreras que la contenan, y haciendo su irrupcin por tres puntos diferentes de la Rusia, entr primero por Oremburgo a fines de agosto de 1828. Extendiose a toda la provincia de este nombre; pero las medidas

PAGE 157

JOS ANTONIO SACO /151 /151 /151 /151 /151 sanitarias que tom el Gobierno ruso, y ms que todo, los rigores de un crudo invierno, lograron apagar aquel incendio e impedir sus estragos. El segundo punto fue por las riberas del mar Caspio. En junio de 1830 reinaba el clera en las provincias de Mazanderan y Chirvan: corri por la costa meridional y occidental de aquel mar: en Tauris mat 5 000 habitantes: cruz el ro Aras, penetr en la nueva Georgia, entr en Tflis, donde de 30 000 personas perecieron 5 000, y atravesando el Cucaso, encontr ya un vasto campo donde esparcirse. Astracn, invadida algunos aos antes, fue el tercer punto que le abri las puertas de Europa. Apareci en aquella capital en julio de 1830, y al mes ya haban muerto en ella ms de 4 000 personas, y en la provincia de su nombre ms de 24 000. De all se propag a las provincias internas de la Rusia, y recorrindolas con rapidez, lleg a Mosc el 28 de septiembre a los dos meses de haber entrado en Astracn. Aquella antigua capital del imperio ruso contaba entonces 300 000 habitantes, y desde el da de la aparicin de la epidemia hasta mediados de noviembre ya haban sido atacados 8 130, y muerto de este nmero 4 385; pero como el mal durase all largo tiempo, se comput la mortandad en 10 000. El clera se encaminaba sin cesar por distintos rumbos hacia los confines del imperio, y en el discurso de todo el ao de 1830 recorri las provincias que se extienden hasta las fronteras de Austria, Polonia y Prusia; invadi los puertos del Bltico, entr en el gran Ducado de Finlandia, y lleg hasta Arcngel sobre las aguas del mar Blanco. San Petersburgo fue atacado el 13 de junio de 1831, y esta hermosa capital, que segn el censo hecho en el mismo ao tena 448 221 habitantes, perdi 9 258. Prusia, Polonia, Austria y algunas provincias septentrionales de la Turqua europea fueron invadidas desde los dos primeros tercios de 1831. Es opinin comn que las tropas rusas procedentes de pases ya infestados, introdujeron el clera en Polonia, y lo comunicaron el 10 de abril al ejrcito polaco en la sangrienta batalla de Igania. El entusiasmo guerrero que arda en el pecho de estos valientes soldados, hizo pelear a muchos cuerpo a cuerpo con sus enemigos, y despus de haberlos vencido, hubo algunos que se vistieron con sus despojos. Desde entonces, o sea, desde el 12 de aquel mes, la epidemia se declar en el ejrcito: el 16 lleg a Praga; el 19, a Varsovia, y esta capital, vctima a un tiempo de la peste y de la guerra, pierde millares de sus habitantes, y trasmite el contagio a otros pueblos de aquella nacin desgraciada. De Polonia pas a Prusia desde fines de mayo, y ya en agosto haban sido infestados desde Varsovia hasta el golfo de Dantzick los pueblos que se hallan a las mrgenes del Vstula. El 15 de este mes entr en

PAGE 158

OBRAS 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ Custrin, y el 29, en Berln; y aunque rein cerca de seis meses en esta capital, la mortandad fue comparativamente muy corta, pues que a las 16 semanas an no haban perecido 1 500 personas. Segn el informe oficial de la Academia de Medicina de Berln, murieron 20 000 habitantes en las ciudades de la Prusia, y 80 000 en los pueblecillos y campos. La Galitzia fue invadida desde enero de 1831; pero las precauciones que se tomaron y los fros del invierno, impidieron su propagacin. Mas, sus habitantes no gozaron por largo tiempo de este beneficio, porque introducido el mal por unos fugitivos de Polonia, hizo una nueva explosin en el prximo verano, inundando sus poblaciones. Lemberg, su capital, fue asaltada a mediados de mayo. Tambin entr en Hungra, y este reino y la provincia de Galitzia son los dos pases de Europa donde el clera ha causado ms estragos. La poblacin de la Galitzia, al tiempo de la invasin, era de casi 3 millones, y a mediados de noviembre ya haba tenido 259 805 enfermos, y perecido de este nmero 97 654. En la Hungra enfermaron hasta mediados de abril 558 339 personas, y de ellas murieron 237 408. Apoderado el clera del Danubio, ya no fue posible contenerle, y Viena, la capital del imperio austraco, empez a sentir sus estragos desde el 1 de septiembre de 1831; pero, aunque el mal se radic por algunos meses haciendo dos erupciones, solamente cont 3 000 muertos. Turqua tampoco se libert de los horrores de la peste. Las provincias europeas de Moldavia, Valquia y Bulgaria fueron recorridas con gran mortandad. Jassy, capital de Moldavia, con la escasa poblacin de 30 000 almas, hubo da de enterrar 300 cadveres; y en la ciudad de Bucharest llegaron a morir de 400 a 500 personas diarias. Avanzando hacia el Oeste, el clera pas de Prusia a la ciudad de Hamburgo, y de aqu fue introducido en la Gran Bretaa por un buque que lleg a Sunderland en octubre de 1831. Aunque ya fra la estacin, la enfermedad se radica, y extendindose en el rigor del invierno por Inglaterra, Escocia e Irlanda, no perdona a Londres, Edimburgo, Dubln y otras ciudades principales. Los que han estudiado la historia del clera, saben que la Gran Bretaa es uno de los pases donde ha causado menos estragos, y no se oir sin asombro, que la gran capital de Londres con una poblacin de 1 474 000 habitantes, solamente hubiese perdido 3 242 Si de las islas britnicas volvemos al continente europeo, observaremos que la enfermedad corri de Prusia al reino de Hanover, y de Austria al de Baviera. Aproximndose cada vez ms a las fronteras de Francia, todo anunciaba que en breve entrara en esta nacin: y ya a fines de febrero de 1832 haba llegado casi a las mrgenes del Rhin. Pero ya fuese que desde aqu hubiese dado un gran salto, ya que atravesando, como es ms probable, el canal de la Mancha, hubiese llegado a Calais

PAGE 159

JOS ANTONIO SACO /153 /153 /153 /153 /153 desde Inglaterra, lo cierto es que el 26 de marzo apareci repentinamente en Pars con gran asombro de sus habitantes. Desde entonces vuela por los departamentos de Francia, e invadiendo la Blgica por el Norte para de all pasar a Holanda, por el Sur y el Este se propaga a varios puntos; pero caprichosa en su carrera, quiso respetar los Alpes y los Pirineos, detenindose a sus pies. Suiza e Italia, Espaa y Portugal, Dinamarca, Suecia y Noruega son las nicas naciones de Europa que hasta ahora se han escapado: ¡y plegue al Cielo que ms felices que las otras, puedan alejar de sus pueblos tan terrible calamidad! Buscando siempre el clera nuevas vctimas que inmolar, atraviesa los mares que le separaban del Nuevo Mundo; y conducido desde Dubln por un buque que lleg a Quebec, apareci en esta ciudad a principios de junio de 1832. De all pas inmediatamente a Montreal y a otros puntos del Canad, y siguiendo la lnea de las comunicaciones, penetr en los Estados Unidos de Norteamrica. La ciudad de Nueva York fue invadida desde fines de junio, pero oculto el mal por algunos das, no se descubri hasta el 3 de julio. Perecen all ms de 2 000 personas; pero antes de matarlas, se esparce por una muchedumbre de pueblos y ciudades, y en poco tiempo recorre los Estados de Pensylvania, Maryland, Virginia, las dos Carolinas y otros, llegando por ltimo a Nueva Orlens en noviembre del mismo ao de 1832. Dur en esta ciudad como tres semanas, pero desarroll tanta fuerza, que mat 3 000 personas sobre poco ms o menos. Desde que Norteamrica fue atacado, nuestros temores crecieron sobremanera: mas, algunas medidas sanitarias que se tomaron, fueron suficientes para impedir que en medio de nuestras continuas comunicaciones con aquellos pases infestados, el mal arribase a nuestras costas. Desaparece en unos puntos, afloja sus fuerzas en otros, dormita en muchos durante el invierno; pero tomndose estas alternativas engaosas como seales inequvocas de su absoluta extincin, nosotros abrimos de par en par nuestras puertas, cuando an viva en el corazn de aquella repblica el monstruo que nos haba de tragar. Cuba levanta sus cuarentenas el infausto 2 de febrero de 1833, y mi patria tiene que llorar a pocos das sobre millares de vctimas. Permtame usted, caro amigo, que suspenda la pluma por un rato sobre materia tan importante, y que manteniendo en expectacin su justa curiosidad, examine, antes de trazar la funesta historia de nuestros males, algunos puntos que servirn para ilustracin de usted y para prueba de mis razones. Duracin y repeticin del cleraDesde la aparicin de esta enfermedad en la India, en junio o agosto de 1817, hasta principios de junio de 1833 en que todava destroza

PAGE 160

OBRAS 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ la isla de Cuba, van corridos casi 16 aos. Pero se observa, que durante todo este perodo, no ha permanecido incesantemente en un pas, sino que despus de haberlo azotado por algn tiempo, o se retira para no volver a l, o solamente suspende sus rigores para atacarle de nuevo. En la India parece que ha echado profundas races, pues desde que all naci, repite anualmente sus ataques causando ms o menos estragos. En las ciudades que componen las tres presidencias en que est dividido aquel pas, ya se contaban hasta el ao de 1830, 433 irrupciones, a saber: 200 en las de la presidencia de Bengala; 178 en las Madras; y 55 en las de Bombay. Esta ciudad y la de Calcuta han sido atacadas 15 veces en el discurso de los 15 aos que tiene el clera de existencia. Madras, Pondichery, Benares, Dacca y otros pueblos la han visto renovar en varios aos. Las islas Filipinas la sufrieron en 1820, 1821, 1822, 1823 y 1830; pero Casas observa en su Memoria, que nunca se propag en ellas con tanta rapidez como en el primer ao de su invasin. La China, la Persia, y otras naciones del Asia, han sido tambin el teatro donde el clera ha hecho muchas veces sus destrozos, y de 1817 a 1830, este formidable azote ha corrido de Sur a Norte un rea de 2 250 leguas, y de ms de 2 000 de Oriente a Poniente. El perodo de cada irrupcin en las ciudades del Asia, y principalmente en las de la India, ha sido desde cinco hasta poco ms de 100 das; pero ordinariamente ha durado 40. Sin embargo, en Agra, Shiras, Bassora y en otros muchos parajes solamente fue de 18 a 20. En las ciudades muy populosas ha reinado 60; y en Calcuta no se extingui sino despus de 104. La invasin de Egipto fue en 1831; y la duracin del clera en los lugares invadidos no pas de 40 das. No tenemos noticias de que haya reaparecido; pero, si no se toman precauciones, es muy probable que haga una nueva irrupcin, porque infestada la Siria que ha sido el teatro de las batallas entre las tropas turcas y egipcias, ambos ejrcitos han contrado la enfermedad. En cuanto a la duracin del clera en Europa se deben distinguir tres perodos: 1 El de su duracin en cada nacin. 2 El de su duracin en cada ciudad; y 3 el de su duracin media en cada pas. Al trazar la historia de esta epidemia, manifest que no se haba introducido en Europa hasta 1830: ahora se ver con toda exactitud la poca de sus invasiones, los lugares primitivamente invadidos, y su duracin en los pases atacados. Moreau de Jonns ha publicado a principios de este ao tres tablas, que son las mismas que se insertan a continuacin. He aqu la primera:

PAGE 161

JOS ANTONIO SACO /155 /155 /155 /155 /155Lugares por poca de sudonde primeroDuracin de Pases introduccinha entradosu existencia —————————————————————————— Imperio Ruso13 de junio de 1830Derbent 2 ao 6 meses Poloniamarzo de 1831Horodla1 ao 10 meses Imp. de Austria3 de mayoTarnopol1 ao 8 meses Prusia27 de mayoPlau1 ao 7 meses Turqua europeajulioRonstchoult1 ao 6 meses Alemania7 de octubreHamburgo1 ao 3 meses Gran Bretaa13 de octubreSunderlan1 ao 3 meses Francia15 de marzo de 1832Calais10 meses Blgica21 de abrilCourtrai9 meses Holanda25 de junioScheveling6 mesesPara la mejor inteligencia de esta tabla conviene advertir, que el perodo que se seala a cada una de las invasiones, no es el de la duracin absoluta del clera en cada uno de los pases atacados, sino el del tiempo corrido en algunos de ellos desde el principio de la invasin hasta enero de este ao, fecha en que escriba Moreau de Jonns. Hago esta advertencia, no slo porque este autor dice que todava reinaba en aquel mes en algunas ciudades de Francia y en otras partes del Norte de Europa, donde las autoridades ocultaban su existencia, sino porque yo mismo he ledo en gacetas inglesas de este ao, que el clera haba continuado y reaparecido en las islas britnicas y particularmente en Irlanda. Es asunto de gran momento el saber si repetir en Europa lo mismo que en Asia. El tiempo es todava muy corto para decidir, puesto que desde su primera irrupcin hasta la fecha apenas han corrido tres aos, y el resultado de 1833 influir mucho en la resolucin de problema tan importante. Mientras llega tan fausto o funesto da, siendo muy probable que sea funesto, consolmonos por ahora con saber, que invadido el Norte de Europa en 1830 y 1831, la epidemia no ha hecho nuevas irrupciones en aquella dilatada regin; y que en las capitales de San Petersburgo, Mosc, y Varsovia desapareci absolutamente desde 1831. Moreau de Jonns observa, que comparando la tabla anterior con la duracin del clera en el Asia, no podr menos de notarse, que al paso que se va separando de su origen, y extendindose al Oeste, el perodo de su existencia va hacindose ms corto. Aunque la observacin es cierta en general, con todo, no es tan exacta como se supone, porque de la misma tabla aparece, que siendo la Polonia, Prusia y Austria pases ms occidentales que la Turqua europea, en sta haba durado menos que en aqullos. Las islas britnicas son la nacin ms occidental de la Europa, y aunque fueron invadidas desde octubre de 1831, todava en enero de este ao exista en varios pueblos de Irlanda; pero la Blgica y la Holanda que estn ms al Oriente, fueron visitadas, aqulla en abril y

PAGE 162

OBRAS 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ sta en junio de 1832; y en verdad que a los pocos meses de su invasin ya no se hablaba de clera en ellas. La duracin de cada una de las irrupciones del clera en las ciudades de Europa es generalmente mucho ms larga que en Asia. As se comprueba con la tabla siguiente: DasDas————————Edimburgo.............323 Arcngel .................110 Pars........................283Hamburgo.............107 Glasgow..................277Bruselas.................102 Dubln .....................250 Shefield ..................100 Londres.................. 250Mosc1 ...................................100 Varsovia..................230 La Haya .................80 Wilna .......................227Rotterdam.............72 Hull.........................200Amsterdam............65 Berln ......................164 Praga, 1 irrupcin45 Albo.........................150 2 dem ..............122 Viena, 1 irr upcin140Revel ......................50 2 irr upcin. ......120Magdeburgo..........41 Gante.......................140Memel....................40 Konigsberg .............133Lubeck...................35 Dantzick .................132 Roulers (Blgica)..27 Stettin .....................130 Esta tabla manifiesta que Edimburgo es la ciudad de Europa donde el clera ha durado ms, y Roulers en la que menos. Por consiguiente, la escala que ha corrido la duracin de la peste en las ciudades de Europa vara desde 27 hasta 323 das; esto es, desde poco menos de un mes hasta ms de diez y medio. En las villas y pueblos de Europa, y particularmente en las ciudades invadidas en vsperas de invierno, ha cesado pronto; pero en las populosas, y con muchas comunicaciones, ha prolongado su existencia, pues regularmente no ha desaparecido antes de 100 das. Moreau de Jonns ha sacado el trmino medio de la duracin del clera en las ciudades principales de cada nacin europea invadida por este mal; y el resultado aparece en su tercera y ltima tabla. DasDas————————En Rusia .................100En Inglaterra ........130 En Polonia ..............70En Escocia ............100 En Austria ..............100 En Irlanda .............180 1As lo dice Moreau de Jonns, pero la Revista Trimestre de Londres asegura que dur cinco meses.

PAGE 163

JOS ANTONIO SACO /157 /157 /157 /157 /157 En Prusia ...............100En Blgica .............90 En Alemania ..........80 En Holanda ...........70 Los fenmenos que en su duracin presenta el clera en Asia, Europa y Amrica, no se pueden explicar de un modo satisfactorio. Vsele en Asia con una tendencia a perpetuarse, pues que repite con frecuencia sus ataques, hacindolos anualmente en algunos parajes: mas, al mismo tiempo se observa que quiere alejarse, porque pronto se retira de los pueblos invadidos. En Europa, al contrario, parece que quiere ausentarse, porque en los pases que ha abandonado una vez, no se ha vuelto a presentar; mas, por otra parte, se empea en permanecer, prolongando su duracin en las ciudades invadidas. Por qu en las del Asia, donde hay menos polica y conocimientos, donde el clera tiene tanta fuerza, se detiene muchsimo menos que en las de Europa donde hay tantos recursos para combatirle, y donde no presenta en general un carcter tan atroz? Al contemplar esta diferencia, el entendimiento lucha por encontrar su causa, y se ve como impelido a decir, que quebrantadas por el poder humano, pero no destruidas las fuerzas de la epidemia, sta va disputndole terreno, y arrancndole por grados las vctimas que pretende libertar: mas, en Asia, cuyos hijos son tan inferiores a los de Europa, el mal no tiene contrario, y entregado a su furor, corre pronto sus perodos, llegando en breve a su trmino. Pero esta razn no cabe, cuando se reflexiona lo que ha sucedido en Amrica. Ya hemos visto cun rpidamente han pasado sus irrupciones en Quebec y Montreal; y en los Estados Unidos donde las luces estn tan derramadas, donde hay ms polica que en casi todas las naciones de Europa, y donde la masa del pueblo vive con ms comodidad que en todas ellas, la duracin de sus ataques en las ciudades populosas ha sido muy cortas con respecto a las de Europa. Por qu, pues, tanta variedad? Ni el clima, ni el terreno, ni el gnero de vida, ni la ilustracin de los pueblos, nada puede resolver el enigma. Mil dificultades asoman la cabeza por todas partes, y confundida la mente humana, no palpa sino tinieblas. Mas, se perpetuar el clera en el mundo, o desaparecer dentro de algn tiempo? Nadie puede resolver esta cuestin. De las pestes que han invadido a los hombres en el transcurso de los siglos, la viruela, el sarampin, la plaga, la sfilis se han trasmitido de generacin en generacin, y convertdose en funesto patrimonio de la especie humana. Pero otras han desolado la tierra por algn tiempo, y desaparecido despus, o para siempre, o para volver a visitar a los mortales en otra poca muy remota. A cual de estas especies pertenezca el clera, reservado est en los profundos designios de la Providencia.2 2Si esto se ignoraba cuando escrib esta Carta en 1833, ya hoy se sabe, que el clera se ha hecho endmico en la India, y que ha repetido sus irrupciones, no slo en varios pases del Asia y frica, sino en Europa y en Amrica.

PAGE 164

OBRAS 158\ 158\ 158\ 158\ 158\Influencia del clera en las castas, sexos, edades y diferentes estados de la vidaTodas las excepciones que hasta aqu se han hecho acerca del clera, han sido desmentidas por su misma historia. Nada hay ms falible que las reglas y proposiciones absolutas que se quieren establecer en una enfermedad tan caprichosa: as es, que los seres que han sido respetados en un pas, en otros han sido vctimas.CASTASHabiendo el clera recorrido ya las cuatro partes del mundo, todas las razas de que se compone la especie humana, han estado sometidas a su influjo, no slo en su pas natal, sino tambin en extrao suelo. En Asia han perecido indistintamente los naturales y los europeos. En Europa han sido sacrificados muchos de sus hijos. En frica, esto es, en el Egipto, han muerto los indgenas a millares, habiendo sucumbido tambin algunos europeos residentes. Lo mismo ha sucedido en las islas de Francia y de Borbn; y cuando el clera atraves los mares, y se present en el Nuevo Mundo, los europeos y los americanos, ya blancos, ya negros, fueron atacados en Quebec, en Montreal, Norfolk, Nueva Orlens y en otros pueblos de Norteamrica. Entr la epidemia en la isla de Cuba, y qu es lo que hemos visto en ella? Hemos visto al blanco y al negro, al cubano y al europeo, hundirse juntos en la huesa. Pero en medio de la generalidad con que este azote descarga sus golpes, todava se conoce que hay castas menos perseguidas. El mal parece que respeta, hasta cierto punto, a los europeos y sus descendientes, pero que se encarniza contra los asiticos y africanos. Y nacer tan notable diferencia de una predisposicin funesta que la naturaleza ha dado a estos ltimos? Ser que la suma de conocimientos que posee la raza europea, le proporcione ventajas sociales con que hacer frente a la enfermedad, y ya que no puede destruirla, puede a lo menos debilitarla? Para graduar con exactitud el influjo de ambas causas, sera preciso poner a los asiticos y africanos bajo de las mismas circunstancias en que viven los europeos; pero como esto no es asequible, debemos atenernos a conjeturas ms o menos fundadas. Que los climas de Asia y de Europa son diferentes, nadie lo negar; y si es verdad que esta causa influye poderosamente en modificar las enfermedades, se convendr tambin en que, aun prescindiendo del distinto grado de ilustracin en que se hallan ambos continentes, la constitucin fsica debe influir ya en favor, ya en contra de los individuos. Se sabe que cuando el clera entr en Calcuta la vez primera, respet a los europeos; y aunque al ao siguiente los invadi, parece que les tuvo alguna consideracin. No pre-

PAGE 165

JOS ANTONIO SACO /159 /159 /159 /159 /159 tendo sacar de aqu ninguna consecuencia favorable para ellos, pues su corto nmero en proporcin a los indios, su gnero de vida y sus decursos pueden explicar muy bien la diferencia que se not. Por otra parte, hay hechos contrarios que casi destruyen las razones que pudieran alegarse en su abono como favorecidos del clima. El ejrcito del general Hastings perdi en pocos das millares de ingleses, y los golpes que han experimentado en la India otros cuerpos europeos, claramente manifiestan, que, aunque la fatiga de las marchas propenda a su mortandad, el europeo cuando no est auxiliado de las reglas de higiene, sucumbe lo mismo que el asitico. Triste observador de los estragos del clera en la raza africana, puedo hablar de ella con mejores fundamentos que la asitica. No cabe duda en que parte de la mortandad que ha experimentado en nuestro suelo, proviene de la escasez e inmoralidad en que vive gran nmero de ellos; pero cuando se reflexiona que muchos, as libres como esclavos, gozan de ms comodidades que un nmero considerable de blancos, y que en medio de la juventud y robustez, y de todos los auxilios que sus familias o sus amos les han prodigado, han sido cruelmente sacrificados por la enfermedad, hay alguna razn para sospechar, a lo menos hasta ahora, que en la constitucin de la raza africana parece que existe algn principio predisponente para el clera. Pero todava este mal, como si se complaciera en quebrantar todas las reglas que se le quieren prescribir, viene a ofrecernos una anomala aun en esa misma raza. Se nos dice por los autores, que el clera generalmente se ceba en las personas dbiles y achacosas: as lo hemos visto; pero tambin hemos observado, que cuando ha invadido los ingenios, muchas y muchas veces ha sacado sus vctimas de lo ms florido de los negros, dejando ilesos a los que por sus aos y msera condicin ya la muerte reclamaba. Soy el primero en reconocer el poderoso influjo de la ilustracin; pero no me parece muy exacto erigir en principio, como algunos lo han hecho, que cuanto ms difundidas estn las luces en un pueblo, tanto menor es el nmero de individuos atacados, y al contrario. Grande, incalculable es el poder de la ilustracin; pero medir por l slo los estragos de una peste, prescindiendo del influjo del clima, de las localidades y de un cmulo de circunstancias que reagravando a veces el mal, suelen ser engendradas por esa misma ilustracin, es cerrar los odos a la voz de la experiencia. Son los hngaros y los hijos de la Galitzia menos civilizados que las hordas semibrbaras que pueblan muchas provincias de la Rusia? Y si no es as, por qu la epidemia fue ms cruel entre los primeros que entre los segundos? Es Pars menos ilustrada que las dems capitales del continente europeo? No saca por el contrario grandes ventajas a casi todas ellas en punto a civilizacin, y mucho ms en materias de medicina? Y entonces, por qu trastorno de principios la

PAGE 166

OBRAS 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ epidemia, atac y mat proporcionalmente ms gente en Pars que en Londres, Viena, Berln y otras capitales de Europa? Hay en Nueva Orlens y en La Habana menos luces esparcidas, que en muchos de los pueblos centrales de Europa? Y si tal no es, por qu ha sido la peste tan benigna con ellos, y tan cruel con los orleaneses y los habaneros? No se ha visto, con frecuencia, que a los mismos pueblos del Asia sujetos a sus repetidos ataques, el clera a veces los ha atacado ligeramente, y otras los ha despedazado con furia? Y podrn estos contrastes explicarse por slo el influjo de la ilustracin? Verdad es que sta facilita grandes recursos en todas las calamidades; pero de aqu no se sigue necesariamente la pronta aplicacin de sus medidas redentoras. Para esto se requiere actividad y patriotismo; y si faltan estos elementos de la felicidad social, bien puede ser, como desgraciadamente sucede, que un pas de menos saber tome mejores medidas sanitarias que otro que raye en el cenit de las ciencias. Convengamos, pues, en dar a la ilustracin todo lo que con razn se debe, pero nunca extendamos su imperio hasta una esfera donde no alcanza.SEXOSGeneralmente se ha observado, que el clera ataca ms a los hombres que a las mujeres. Esto no se puede atribuir a la desproporcin de los sexos, porque, aunque segn los censos de muchos pases nacen ms hombres que mujeres, stas en el decurso de la vida exceden en nmero a aqullos. Los recios trabajos, las guerras, los naufragios, y las penas capitales que casi siempre recaen sobre el sexo fuerte, menguan constantemente la poblacin masculina, y dan muchas veces a la femenina una preponderancia numrica. Sin pretender generalizar esta proposicin, hasta saber que es cierta respecto de casi toda la Europa, que es cabalmente donde los estragos del clera se han observado con ms inteligencia que en Asia. Atendiendo, pues, a la diferencia numrica de los sexos, la mortandad de los hombres, lejos de ser mayor, debiera ser menos que la de las mujeres. Prescndase, si se quiere, de toda diferencia numrica; concdase adems que no slo nacen, sino que tambin existen en todos los pases ms hombres que mujeres; esto todava dista mucho de la explicacin del fenmeno; porque siendo aun entonces muy corta la desproporcin de los sexos, la mortandad tambin debera de serlo; y a la verdad, que las tablas necrolgicas dan una enorme diferencia. En Astracn se observ, que fueron atacadas muy pocas mujeres, aun con respecto a lo que comnmente sucede; mas, en Oremburgo ocurri todo lo contrario, pues ellas fueron las ms expuestas a los rigores de la enfermedad; y en San Petersburgo hubo tambin en proporcin a los sexos muchos me-

PAGE 167

JOS ANTONIO SACO /161 /161 /161 /161 /161 nos hombres muertos que mujeres. Prescindiendo de estas y otras excepciones que pueda haber, es positivo, que la enfermedad tiene cierta tendencia a invadir a los hombres ms que a las mujeres. Si esto proviene del distinto temperamento de los sexos, o del gnero sosegado de vida de ellas, o de ambas causas reunidas, son cosas que se infieren, pero que no se saben con certeza. Recorriendo la historia de las pestes, el mundo presenta fenmenos contradictorios. Gentilis hace mencin de una que apenas toc a las mujeres, dirigiendo casi siempre sus ataques contra los hombres robustos. Botero refiere otra que solamente invadi a los jvenes. Dionisio de Halicarnaso habla de otra que slo atac a las solteras. La peste que sufrieron los rusos en 1738 respet a los nios que no pasaban de 8 aos; pero asalt particularmente a las muchachas que haban entrado en la pubertad y a las mujeres embarazadas: siendo muy digno de notarse que no eran invadidas, cuando no pasaban de tres meses; pero de las que estaban ms adelantadas, abortaron y murieron muchas.EDADESComo el clera ataca indistintamente a los adultos de todas las edades, no debe hacerse ms diferencia que respecto de los nios, en quienes se observa generalmente que hace menos estragos. Broussais dice, que la epidemia los ataca, cuando sube a un grado muy intenso, y as ha sucedido en La Habana, pues no empezaron a morir hasta que tom mucha fuerza. En algunos puntos de Europa, han sido a veces ms, a veces menos. En Dantzick, casi la mitad de los muertos fue de personas que no llegaban a 14 aos. En Francfort perecieron ms de dos tercios, pues de cada 33 muertos, 24 eran nios. De stos se compuso la quinta parte de la mortandad general en Berln, y la sexta en Posen.CLASES Y PROFESIONESLa gente pobre, as por su muchedumbre como por la falta de recursos, ya para precaverse y curarse, ya para huir de los lugares infestados, es la que en general sufre ms el rigor de la epidemia. Hay, sin embargo, pases, donde los ricos han sido ms perseguidos: as sucedi en Dantzick, cuya poblacin fue atacada en todas sus clases; y tambin en Viena, cuya mortandad entre los ricos y nobles fue extraordinariamente en proporcin a su nmero. Los mdicos y los asistentes de los hospitales, a veces han sufrido mucho, como se ver ms adelante, y a veces muy poco o nada. Los zapateros y tejedores fueron de las clases que ms sufrieron en Konigsberg. Los alfareros de Posen tuvieron mayor mortandad respec-

PAGE 168

OBRAS 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ tiva. Los empleados en la construccin de pozos, en las preparaciones mercuriales, y los carboneros que se creyeron exentos del clera, han perdido el privilegio que se les quiso dar, pues han sido atacados como las dems clases. Respecto de los carboneros y caleros, tenemos en La Habana repetidos ejemplos, as en los blancos como en los negros; y aun algunos han sido atacados en el acto mismo de apagar la cal. Aun las personas empleadas en la extraccin del gas cloro y en hacer sus preparaciones han experimentado algunas veces los rigores de la epidemia. Los militares ingleses e indgenas han sufrido mucho en la India; pero en Europa ordinariamente ha sucedido lo contrario con las tropas europeas. Parece a primera vista que no debiera acontecer as, porque viviendo amontonados, y dndose muchos soldados a vicios que se consideran como los mejores predisponentes para contraer el clera, ellos debieran ser los ms perseguidos; pero el hecho es, que generalmente salen mejor librados que muchas de las otras clases de la sociedad. Sin duda influye en esto la regularidad de sus comidas, y la severidad de la disciplina militar, pues sta hace cumplir estrictamente todas las medidas sanitarias que se crean conducentes para su preservacin. Esta causa deriva mucha fuerza de lo que sucedi en Berln y en otras ciudades de Europa, donde se observ durante la epidemia, que el nmero de enfermos y de muertos era mayor en los martes, mircoles y jueves que en los dems das de la semana, a consecuencia de los desrdenes que cometan los operarios los domingos y los lunes. Con todo, en algunas ciudades no ha dejado la tropa de padecer, pues en Konigsberg, la parte decimatercia de los enfermos, y la decimoctava de los muertos fueron militares; y en Dantzick, pertenecan a esta clase la quinta parte de los enfermos, y la sptima de los muertos. Las personas dadas a la bebida estn muy expuestas a ser atacadas del clera, y en todos los pases donde abunda su nmero, ha perecido gran parte. En La Habana, donde felizmente la embriaguez no es vicio popular, no hemos tenido hechos suficientes para decidir, si los ebrios han muerto en mayor porcin que los que pertenecen a otras fracciones del pueblo: antes parece, que atendido su nmero, que sin duda es muy corto para una ciudad de ms de 100 000 almas, perecieron menos de los que debieron morir segn las reglas generales. A m siempre me ha llamado la atencin, que en la Gran Bretaa y en los Estados Unidos de Norteamrica, donde el vicio de la bebida reina en la masa del pueblo, los estragos del clera hayan sido menores que en otros pases donde no se consumen tantos licores. No ignoro que la epidemia ha sacrificado all a muchos ebrios; pero al mismo tiempo observo, que sus ataques no guardan proporcin con el total de su poblacin, ni tampoco con el del nmero de personas entregadas a la

PAGE 169

JOS ANTONIO SACO /163 /163 /163 /163 /163 bebida. As me parece, que aunque la buena polica y gobierno de aquellas dos naciones son contra-causas poderosas que neutralizan los desrdenes que acarrea la botella en la epidemia del clera, todava se ha dado al uso de los licores una influencia exagerada, pues que al hablar de ellos se prescinde de la varia accin que ejercen los climas, y del distinto temperamento que stos y otras causas producen. Acaso se han confundido los males de la bebida en s con las miserables consecuencias que arrastra; pero si stas se separan de aqulla, para poder apreciar su verdadero influjo, quizs se encontrara, que llevo algn fundamento en las dudas que aqu expongo. Influencia del clera en los animalesLa accin mortfera de esta enfermedad se ha extendido tambin a ellos en algunos pases. En muchos gobiernos de Rusia y provincias de Polonia, y en toda la Galitzia perecieron millares de bueyes, vacas y caballos. Lengua negra y muy hinchada, sed ardiente y diarreas de color negro, tales eran los sntomas de la enfermedad en estos animales. En Prusia murieron muchos pollos y pichones; y en Berln, muchos estanques quedaron sin los peces que los habitaban. En Liverpool se not que desaparecieron casi todas las moscas, y en las cercanas de Pars murieron muchas aves. Segn dice Ranken, se observ en algunas partes del Asia donde reinaba el clera, que los camellos y cabras eran atacados de violentas diarreas. En una de las ltimas invasiones del clera en la provincia de Ghilan perteneciente a la Persia, todos los huevos de los gusanos de seda fueron destruidos. En La Habana y en algunas haciendas vecinas, han muerto, aunque en corto nmero, algunos caballos, perros, gallinas y otras aves; siendo de advertir, que algunos de estos animales murieron antes de haberse declarado la epidemia en la especie humana. Estos hechos guardan semejanza con los de otras pestes que han invadido tambin a hombres y animales. En el clera se ha observado, que los animales domsticos han sufrido ms que los salvajes; y la diferencia puede consistir, ya en el gnero de vida de unos y otros, ya en que viviendo los primeros en los recintos infestados por el hombre, estn mucho ms expuestos que los segundos a la accin mortfera de la peste. Conjeturas sobre las causas del cleraTodas las que se han hecho hasta aqu, se pueden reducir a la tierra, a la atmsfera y a los astros. Las examinar una por una, a fin de que se conozca que nada es ms fcil que precipitarse en el error, cuando se corre en pos de la verdad.

PAGE 170

OBRAS 164\ 164\ 164\ 164\ 164\EMANACIONES DE LA TIERRAPiensan algunos, que exhalando sta ciertos efluvios o vapores, ha dado origen al clera. Cuando hablan de vapores, entindase que no se contraen a los que emite la tierra continuamente de su superficie, sino a otros venenosos que arroja de sus entraas; y les parece que confirman su opinin, trayendo ejemplos de algunos pases donde se han sentido terremotos a tiempo de ser visitados por el clera, como dicen que sucedi en la India en 1820, en la Arabia en 1822 y en la Siria en 1823. En cuanto a los vapores, lo primero que ocurre inquirir es quin ha probado su existencia? Y dado que existan, resta todava averiguar, si tienen la propiedad que se les atribuye, porque la coincidencia de dos cosas no es razn concluyente para que una se suponga causa de la otra. Los terremotos, que se mencionan por algunos partidarios de esta opinin, prueban cabalmente todo lo contrario. Tembl la tierra en la India en 1820; pero no apareci el clera en ella desde 1817? Tembl en la Arabia en 1822; pero no se present en ella desde el verano de 1821? Tembl en la Siria en 1823; pero no estall en ella desde 1822? Si los temblores hubiesen precedido a la aparicin del clera, ya tendran algn pretexto los partidarios de esta opinin; pero habiendo sido muy posteriores a ella, no cabe razn que los justifique. Y si esto no basta para convencerlos, por qu los pases perseguidos de terremotos, y que por lo mismo estn ms expuestos a la exhalacin nociva de los internos efluvios de la tierra, no han experimentado todava la epidemia, a pesar de haber recorrido ya gran parte del mundo en el transcurso de 16 aos? Hay por ventura porcin alguna de nuestro globo ms agitada en sus entraas por la fuerza de los terremotos, que la Amrica espaola? Y se ha presentado el clera por eso en alguna de sus dilatadas regiones? La Islandia y otros pases del septentrin que coronan la tierra con los fuegos que arrojan de sus volcanes, por qu no han experimentado ya la funesta visita del atroz enemigo que nos devora? Y en sentido contrario, por qu han cado bajo su azote algunos pases donde nunca o rara vez tiembla? Por qu Francia, sin preceder ni acompaar ningn temblor, fue invadida del clera en marzo de 1832, y su pas vecino la Italia, donde se sintieron en el mismo mes y ao, ni entonces ni despus ha sido atacada? Por qu fue a buscar para su cuna un suelo bajo y anegadizo, y no los ridos y encumbrados terrenos, expuestos continuamente a las conclusiones de la naturaleza? Por qu no ha ido a fijar su mansin en los pases mineros, donde las entraas de la tierra son un laboratorio constante, y donde las materias que en ella se encierran, tienen tantos respiraderos por donde desahogarse? Mas, aun prescindiendo de estas consideraciones, yo no puedo concebir como proviniendo el clera de emanaciones terrestres, sea tan

PAGE 171

JOS ANTONIO SACO /165 /165 /165 /165 /165 lento en su carrera. La velocidad de un temblor es prodigiosa, y en una hora se propaga a largas distancias. Los efluvios que originan el clera, deben salir entonces por cuantos conductos encuentren, e infestando repentinamente un gran espacio, el mal hubiera de atacar en un mismo da a muchos parajes distantes entre s. Pero es esto lo que sucede? No vemos que invade un pueblo, y que all permanece das y semanas sin tocar a ninguno de los puntos inmediatos? Cmo puede explicarse que la tierra vaya arrojando sus hlidos venenosos con tanta lentitud y en tan cortos espacios, que atacado hoy un punto, otro cercano no lo sea hasta de aqu a diez das, otro que le sigue hasta 15, y as sucesivamente? Confieso que cuanto ms pienso en esta materia, tanta menos entrada puedo darle en mi entendimiento. Pues qu?, los terremotos y las erupciones que hoy presenta la tierra, son nuevos en la naturaleza? Han producido por ventura en otros tiempos los males que hoy afligen a la especie humana? Y si pueden producirlos, qu anomala, qu trastorno general ha sucedido, que en medio de la diversidad de materias que componen las distintas regiones de nuestro globo, en todas ellas se estn exhalando 16 aos ha vapores de una misma naturaleza, pues que no hay lugar donde no produzcan los mismos efectos, y exhalndose de un modo tan lento e incompatible con las violentas causas que debieran arrojarlos?AIREAunque esta causa influye en el hombre de varios modos, y es origen fecundo de muchas enfermedades, su influencia debe limitarse a los casos que apoya la razn y demuestra la experiencia. Que modifique los efectos del clera, ya aumentndolos, ya disminuyndolos, bien entendido lo tengo; pero que sea la causa primaria de donde nazca la enfermedad, he aqu lo que no puedo admitir. Examinemos la cuestin por partes, y veamos el grado de fuerza que merece.Calrico, o temperatura del aireSi se consultan las observaciones termomtricas hechas en varios pases, antes y al tiempo de reinar el clera, no se encuentra nada que justifique la conjetura de que este agente sea su causa. Si nace del mucho calrico, sus estragos debieran limitarse a los pases muy calientes, reapareciendo en las pocas calurosas. Si proviene de una baja temperatura, entonces debiera reducirse a los lugares fros y templados, invadindolos en el invierno. Pero la enfermedad ataca en todos tiempos y a todos los pases; y su historia nos ensea, que si en la India caus grandes desastres a los 106 grados del termmetro de Fahrenheit, en

PAGE 172

OBRAS 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ Java casi a los 100, y en Mascate a los 122, sus fuerzas no se quebrantaron en las fras montaas de Himalaya, ni en las regiones heladas de la Rusia. No hay en la naturaleza una causa ms constante que el calrico, y expuesto siempre el hombre a su accin, es muy extrao que esas mismas afecciones a que tan acostumbrado est, hayan venido a producir en la presente centuria un efecto tan singular. A pesar de las temperaturas, la enfermedad corre sus perodos; y entre los muchos ejemplos que pudiera citar, limtome a los dos siguientes. En Varsovia, hubo en abril, con una temperatura baja, ms muertos que nunca; y en julio, con otra mucho ms alta, menos que en abril, pero ms que en los meses intermedios. En La Habana empez con una temperatura algo templada, sta se mantuvo casi uniforme durante los primeros das, pero el mal se aument. Revent despus un noroeste, baj y subi el termmetro; mas, el clera, a pesar de estas mudanzas, creci ms y ms cada vez. Lleg por fin a su punto extremo, empez a disminuir, y aunque la temperatura aumentaba con la estacin, la epidemia segua declinando. Es, pues, forzoso confesar, que el calrico no es el principio creador de esta enfermedad; pero al mismo tiempo se debe reconocer, que modificando la causa que produce el clera, a veces influye en aumentar, y otras en retardar y aun impedir sus progresos, pues en algunos parajes ha enfrenado su furor durante el invierno, y en los pases asiticos donde se ha hecho endmico, repite sus ataques desde abril y acaso antes, hasta la entrada de los fros. Pero esto no es tan constante como algunos pretenden, porque en Rusia continu sus destrozos durante el invierno; y en el de 1831 a 1832 se fue acercando a las fronteras de Francia, en tales trminos, que ya en febrero casi haba llegado a las mrgenes del Rhin. En la Gran Bretaa atac en octubre, y sigui extendindose por todas partes, sin que los fros pudiesen contenerla.Peso de la atmsferaLas observaciones baromtricas no indican que el peso atmosfrico haya aumentado ni disminuido; y todas las que se han hecho en varios pases desde la aparicin del clera hasta la fecha, dan las fluctuaciones medias de costumbre. Si se dice, que aunque el barmetro no indique esas ligeras variaciones, no por eso se infiere que el hombre deja de sentirlas, entonces es menester que se explique, cmo estando l acostumbrado a experimentar otras mucho mayores, pues que en los pases situados fuera de los trpicos, la escala baromtrica marca en sus oscilaciones una diferencia de dos y tres pulgadas; cmo, repito, puede sentir la mquina humana aquellas que son tan ligeras, y no estas que son tan considerables? Que fluctuaciones atmosfricas de gran momento no produzcan en el hombre efectos notables, y que otras imperceptibles le

PAGE 173

JOS ANTONIO SACO /167 /167 /167 /167 /167 quiten la vida, es uno de aquellos milagros que la naturaleza rechaza, y la sana razn condena. Lo cierto es, que ora suba, ora baje el barmetro, el clera invade, mata y se retira; y que ni los valles profundos donde el aire pesa mucho, ni la cumbre de las montaas donde pesa poco, se escapan de este azote universal.Humedad atmosfricaSi el clera solamente hubiera atacado los climas hmedos, ya entonces habra algn indicio para atribuir a ella su origen; pero cuando aparece en los tiempos ms secos y en los lugares ms ridos, es preciso convenir en que fuera de la humanidad hay una causa que produce la epidemia. Cualquiera que sea el estado higromtrico de un pas, no por eso se ha libertado de la invasin del clera. En las regiones ecuatoriales donde la evaporacin media anual es de 80 pulgadas, en los pases tropicales del Asia donde es de 70, y en la Rusia donde solamente es de 20, en todos ha causado indistintamente grandes estragos. Y para no dejar entre nosotros ninguna duda, nos atac en los meses ms secos del ao, segn aparece de las tablas meteorolgicas impresas al fin del nmero octavo de la Revista Cubana y de las luminosas y profundas observaciones que por encargo del Excmo. seor D. Mariano Ricafort hizo acerca de ellas D. Jos de la Luz, las cuales tambin se han publicado en las pginas de la misma Revista Si la humedad es la causa primaria del clera, por qu no ha existido desde siglos anteriores? Por qu no naci en Cuba en los lugares pantanosos y enfermizos del interior y de las costas poco pobladas? Por qu nos invadi en la estacin ms seca del ao, sin aguardar a que las abundantes lluvias humedeciesen nuestra atmsfera y remojasen nuestros sedientos terrenos? Cuando se observa que han sido respetados de la epidemia general pases hmedos donde reinan enfermedades, hijas peculiares de la humedad, como la malaria o fiebres intermitentes en Roma y otras partes; cuando se observa, que en la misma India existen parajes donde estas fiebres son mortferas, y que el clera, o no repite en ellos sus ataques, o si los hace, no es con tanta fuerza como en otros secos: cuando se observa, en fin, que reinando el clera en una nacin, como aconteci en Prusia, hubo en septiembre de 1831 pueblos con fiebres intermitentes, pero sin clera; otros con ella, pero sin fiebres; y otros con las dos enfermedades a un tiempo; es forzoso concluir, que la cruel epidemia del siglo XIX no trae su origen de la humedad atmosfrica, ni tampoco de las ftidas exhalaciones de los sitios pantanosos. Abstenindome de hacer nuevas reflexiones, me contentar con transcribir lo que el doctor Scott dijo en un informe al gobierno de Madras, en un tiempo en que aun no existan hechos tan claros sobre esta materia.

PAGE 174

OBRAS 168\ 168\ 168\ 168\ 168\ “En las tablas meteorolgicas, as dice, se ver que las alturas medias del barmetro y del termmetro nunca variaron de una manera importante desde 1815 hasta 1821. En 1817 la enfermedad no apareci. En 1818 se present en las partes ms septentrionales. En algunos parajes el tiempo era entonces hmedo; en otros seco. En algunos reinaban las lluvias peridicas ordinarias. El clera progresaba en todas situaciones, y no se extendi a los puntos ms meridionales hasta 1819, cuando pudo decirse que las irregularidades de las estaciones anteriores ya no producan efecto. Despus de haber vuelto las estaciones a su orden regular, de haber prevalecido un estado enteramente opuesto al de 1818, esto es, una estacin de una seca extraordinaria causada por la falta de lluvias de los vientos del nordeste, el clera desgraciadamente ha continuado todava, espordicamente en todas partes, y epidmicamente y con mucha severidad y mortandad en muchas de las tropas en marcha. Por tanto, si la irregularidad de las estaciones en 1817 y 1818 han dado origen al clera, concebimos que solamente puede ser de un modo indirecto y desconocido para nosotros; y su continuacin, despus de haberse hecho epidmico, parece que no est unida en lo principal con ningn estado sensible del tiempo”.ElectricidadVed aqu la causa a que muchos atribuyen el clera morbo; y aunque nadie est ms dispuesto que yo a reconocer el papel importante que este agente poderoso representa en la naturaleza, todava no puedo seguir la opinin de los que as piensan, pues que no existen hechos ni slidas razones en que apoyarla. Si requerimos las mquinas y los instrumentos inventados para descubrir y graduar la electricidad, el fsico no responde desde su gabinete, que nada ve, nada observa en abono de tal conjetura. En qu, pues, se fundan entonces para afirmar lo que no saben? Recorramos brevemente las razones que presentan. 1 Dicen algunos que las mquinas elctricas no se cargan en tiempos colricos. Equivcanse enteramente, pues se cargan lo mismo que en tiempos no colricos; y si hay en esto alguna diferencia, proviene nicamente del estado ms o menos seco de la atmsfera, y de otras circunstancias harto conocidas de los fsicos. Mas, quiero concederles que las mquinas no se carguen. Qu se infiere de aqu? Infirese, segn ellos, que la atmsfera tiene muy poca electricidad; y partiendo de este dato, se dan la enhorabuena, creyendo haber encontrado la causa de la enfermedad. ¡Engaoso raciocinio! La mquina elctrica cuando se carga, recibe la electricidad, no del aire sino de la tierra. Si se asla enteramente de ella, cesan al punto los fenmenos elctricos que produce; si se restablece la comunicacin, renacen al instante los efectos in-

PAGE 175

JOS ANTONIO SACO /169 /169 /169 /169 /169 terrumpidos: luego, el aire no es quien provee a la mquina de electricidad; y no proveyndola, la abundancia o escasez del fluido elctrico que contenga, poco o nada influir en el experimento que se cita. No niego empero por esto, que el aire deje de influir muy directamente en las mquinas elctricas; pero esta accin es conservadora y no proveedora: se reduce a mantener por medio de su sequedad y peso la electricidad acumulada en el conductor de la mquina. De aqu es, que cuando una bien acondicionada no se carga, la nulidad o debilidad de sus efectos debe atribuirse a la humedad y poco peso de la atmsfera, pero no a la falta de electricidad en sta. 2 El clera ataca los parajes hmedos y pantanosos. Esto, en concepto de los partidarios del sistema elctrico, es, porque los vapores acuosos van cargados de electricidad, y puesta en contacto con el ser humano, produce el mal. Pero ste, no respeta a veces esos parajes hmedos y pantanosos, como veremos despus? No ataca tambin los secos y aun los desiertos? Las aguas corrientes y estancadas no han exhalado en todos tiempos vapores impregnados de electricidad? Y si as ha sucedido, por qu solamente ahora, y no en el transcurso de tantos siglos se ha presentado la desastrosa epidemia? No sera ms racional decir que, si el clera es muy destructor en muchos pases hmedos, es porque la humedad desentona nuestra mquina y la predispone a sentir los efectos de la causa oculta que produce el mal? 3 Los vestidos de lana son saludables en los das aciagos del clera: conducen muy mal el fluido elctrico: y como ste es el principio que engendra a aqul; he aqu bien clara la utilidad de la ropa de lana, pues que impide que la electricidad se escape fcilmente de nuestro cuerpo. Tal es otra de las razones que alegan. Cierto es, que los vestidos de lana son saludables; pero muy poco discernimiento se necesita para conocer, que su virtud salutfera consiste en que preservan de la humedad atmosfrica, en que abrigan muy bien el cuerpo, y en que mantenindole siempre seco y en calor, la transpiracin se conserva expedita; cosas que por experiencia precaven de los ataques de la enfermedad. Y saben los electricistas los errores a que los conduce su misma doctrina? Vanse aqu patentes. El primero es el pensar, que al hombre, vestido de lana, la atmsfera no le roba la electricidad que le falta; pero teniendo al descubierto las manos y la cara, y estando el aire en contacto con estas partes, no se escapar por ellos el fluido elctrico para establecer el equilibrio perdido? Figurmonos una barra de metal u otro cuerpo conductor de la electricidad; supongamos que para impedir que la pierda, se le cubre de lanas, dejndole, sin embargo, desnudo por algn paraje, se piensa por esto, que si dicho cuerpo se pone en comunicacin con otro sediento de su electricidad, sta no se derramar, a pesar de aquellos ropajes, por el punto que

PAGE 176

OBRAS 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ se dej descubierto? Pues lo mismo con corta diferencia sucedera respecto del hombre. Consiste el segundo error en que los vestidos de lana que se recomiendan como preservadores de la electricidad humana, produciran un efecto contrario. No mantienen el cuerpo en constante transpiracin? No comprueba la experiencia que los vapores alteran el estado elctrico del cuerpo de donde salen? Y si lo alteran, no nos exponemos, como sucede en muchos casos, a que pierda parte de su fluido elctrico? Y perdindolo, no caen en abierta contradiccin consigo mismo, recomendando como conservador de la electricidad humana, lo que cabalmente la arranca del cuerpo donde se quiere mantener? 4 En algunas partes del cuerpo, y principalmente en los pies y manos de algunos muertos del clera, se han observado contracciones semejantes a las del galvanismo. Confieso que de cuantas razones se alegan, sta es la nica que tiene algn fundamento: pero me parece que queda muy debilitada si se reflexiona: 1 que las contracciones solamente se notan en un cortsimo nmero de cadveres respecto del total de colricos: 2 que resta probar si son producidas por la electricidad, o por otro estmulo que excita las partes que se mueven; y 3 que, aun cuando efectivamente procedan del fluido elctrico, todava no se infiere que ste sea la causa primaria de la enfermedad, pues muy bien puede acontecer, que siendo otro su origen, los efectos elctricos que aparecen, sean el resultado del trastorno general de la mquina y de la alteracin de sus lquidos. Esto, y nada ms, creo que es lo que sucede. A juzgar por analoga, yo dira que esas mismas contracciones que suelen observarse despus de la muerte de algunos colricos, prueban que la electricidad no es la causa inmediata del clera. Los que sucumben heridos del rayo, caen en una inmovilidad absoluta, y los animales que el fsico y el qumico sacrifican al golpe de sus aparatos elctricos, no dan despus de expirar ningn sntoma de vida. Por qu, pues, no sucede lo mismo en todos los infelices inmolados por el clera? Guardmonos, guardmonos de sacar consecuencias sobre un punto tan incomprensible al hombre. La esfera de la electricidad abraza toda la naturaleza. La atraccin universal es quizs un efecto de ella, o quizs ella misma puesta en constante accin de un modo invisible para nosotros. Mas, porque su imperio se extienda a tan anchos lmites; porque nosotros no entendamos los medios de que se vale para producir sus grandes fenmenos, atinaremos con la verdad, suponindola autora de una epidemia que no puede explicarse por los principios elctricos? Los partidarios de esta opinin hablan vagamente de electricidad. No dicen si la atmsfera est cargada positiva o vitreamente, negativa o resinosamente en los das que preceden y acompaan el clera. No prueban si la atmsfera comunica al hombre su electricidad, o si, por el contrario, la quita: en una palabra, nada fijan, ni nada cierto establecen.

PAGE 177

JOS ANTONIO SACO /171 /171 /171 /171 /171 Mas, para negar su influencia como causa eficiente de la enfermedad, hasta contemplar, que siendo los fenmenos elctricos tan variables segn las alturas y profundidades de los pases, las estaciones y climas, la sequedad y humedad de la atmsfera y de la tierra, y otras circunstancias que todava el hombre no sabe apreciar, el clera no se presentara en todos los tiempos ni en todas partes a despecho de una causa tan variable, y que a veces, lejos de favorecer, contrara su aparicin. Ora se considere la atmsfera en tiempos colricos cargada de electricidad positiva o negativa, ora pasando repentinamente de un estado a otro, o produciendo por esto tan extraa impresin en el ser humano; todava no puedo concebir como el mal asalte tan en silencio, se fije en un punto por muchos das, y haga sus nuevas irrupciones con tanta lentitud. Ningn cuerpo es ms veloz en su carrera que el fluido elctrico, ni ninguno lucha con ms empeo por restablecer su equilibrio. Y cmo suponer un trastorno tan extraordinario en sustancia tan poderosa, sin que las nubes se despedacen, arda el cielo en sus incendios, retumbe la tierra con sus rayos, y se estremezca la naturaleza? Pero lejos de presenciar tan terrficas escenas, una suave temperatura, un viento el ms apacible, un cielo claro y sereno, un aire seco y confortador, tales son los risueos indicios con que muchas veces se presenta la traidora enfermedad. Todo parece que respira entonces vida y alegra, y en medio del contenido general esparcido por la naturaleza, el hombre, slo el hombre miserable es vctima de la muerte.VientosNinguna causa dista ms que sta del origen del clera. Recorriendo la rosa de los vientos, no se observa que la epidemia sea compaera de ninguno en particular. Aquellos que se distinguen en un pas por sus buenas cualidades, aquellos que son el feliz precursor de la salud y la vida, esos mismos han reinado por muchos das; y lejos de poder atajar la violencia del enemigo, parece que le han dado nuevas alas para que ms se extendiese. Sin salir a lugares extraos, nuestra desolada Cuba nos presenta ejemplos de tan amarga verdad. Entr la peste, y pasaron algunos das despus de invadida La Habana, sin que sus estragos se sintiesen en Regla, Guanabacoa y otros pueblos inmediatos. Soplaban con frecuencia las brisas ms agradables; baaban todos esos puntos antes que la capital; sus habitantes, empero, vivan, cuando nosotros moramos a centenares. Atcalos al fin el contagio, desarrolla entre ellos sus fuerzas, enrvase entre nosotros; y cuando en medio de estas alternativas volvemos los ojos para encontrar algn indicio en la mutacin de los vientos, la experiencia nos dice con voz muy alta, que los sures secos de la estacin y la brisa consoladora reinaban en todos esos luga-

PAGE 178

OBRAS 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ res. Y se podr decir que procede del viento una enfermedad, que reinando un mismo viento, aparece en un corto recinto, ya invadiendo unos puntos, ya retirndose de otros, ora encarnizndose aqu, ora perdiendo su furor all? Cuando en la Siria y el Egipto soplan los vientos calientes del desierto, aquellos vientos venenosos que impregnados de gases nocivos llaman mofeta los rabes, todos los animales sometidos a su influencia experimentan en todas partes sus perniciosos efectos. Por qu, pues, no sucede lo mismo respecto del clera morbo? Por qu se detiene tanto en su marcha, y no sigue la rpida carrera del viento? Por qu no se propaga siempre en su direccin, y no que muchas veces toma un rumbo contrario a su curso? No, no puede ser; la causa del clera morbo no depende de los vientos.Alteracin qumica del aire atmosfricosta resultara, si se aumentase o disminuyese el nmero de sus principios constitutivos, o si permaneciendo los mismos, variase la proporcin en que se hallan. Que no se ha aumentado ni disminuido, ni tampoco alterado sus proporciones, aparece de los diferentes anlisis que se han hecho en varios lugares infestados. Omitiendo fracciones, 21 parte de gas oxgeno, y 79 de azoe en volumen, con una corta cantidad de gas cido carbnico sujeta a variaciones, tales son los principios y la razn en que siempre se han encontrado en los valles profundos y en la cumbre de los montes en el esto y en el invierno, en el Ecuador y junto al polo, en el antiguo y en el nuevo continente. A las orillas del Ganges, cuna fatal del clera, se ha recogido y analizado el aire, pero se ha encontrado tan puro como el de los parajes ms saludables. Cuando en abril de 1832 caan en Pars ms de 800 vctimas por da, tambin se analiz el aire en los 12 barrios de la ciudad, pero toda la delicadeza y sagacidad de los qumicos franceses no pudo descubrir la ms leve partcula extraa que pudiese alterar su pureza. Qu, pues, se infiere de aqu? Qu no existen en la atmsfera partculas o miasmas capaces de producir la enfermedad que padecemos? Dios me libre de sacar tal consecuencia. Cuando se contempla en la imperfeccin de nuestros sentidos, en lo grosero de los instrumentos de que nos valemos para investigar la naturaleza, en la prodigiosa divisibilidad de la materia, y en los escasos medios de anlisis que actualmente tenemos para descubrir los elementos que la constituyen, una justa desconfianza debe presidir a todas nuestras operaciones; y lejos de afirmar, que ciertos corpsculos no existen en la naturaleza, debemos concluir, que siendo inexactos nuestros medios de investigacin, es muy probable, y en muchos casos cierto, que no hemos podido descubrir su existencia. S muy bien, que sin la intervencin de miasmas, los princi-

PAGE 179

JOS ANTONIO SACO /173 /173 /173 /173 /173 pios constitutivos de la atmsfera pueden por s solos producir sensaciones extraas y enfermedades ya por un cambio de temperatura, ya por otras alteraciones que experimenten; pero cuando se analiza el aire de las mortferas llanuras de Cayena, y el de las lagunas Pontinas en Italia, y no se encuentra en l ninguna partcula que pueda indicar su estado de insalubridad, quin podr decir sin temor de equivocarse, que en aquella atmsfera no existe ningn vapor que se haya escapado a los recursos de la qumica? La fetidsima atmsfera de algunos hospitales, y la de los cadveres expuestos al aire libre o encerrados de intento en una pieza, han sido tambin analizadas; pero ni se ha notado alteracin en la cantidad de sus principios constitutivos, ni tampoco descubierto ningn corpsculo extrao. Sin ser, pues, partidario de ninguna opinin, la experiencia me autoriza a decir, que el aire atmosfrico contiene sustancias que se esconden a nuestros sentidos, y que probablemente en estos principios ocultos yacen las semillas del mal que nos destruye.Bichos o pequeos insectos venenososMuchos siglos antes de haberse inventado el microscopio, pensaron algunos que el aire contena insectos, que por su pequeez se escapaban al sentido de la vista; y a ellos atribuy Marcos Varron el origen de las enfermedades. Sin dar a esta opinin tanta amplitud, algunos hombres de mrito la han adoptado entre los modernos, atribuyendo las pestes a los insectos que a veces pueblan los aires; y cuando entre sus partidarios se cuentan Alessandri, Reaumur, y nuestro eruditsimo Feijo, y en algunas universidades de Italia se ha sostenido que de esos animalillos procede la peste de Oriente, no debe causar extraeza que de ellos se haga provenir tambin por algunos el origen del clera morbo. Sin afirmar, pues, ni negar lo que pueda ser, me limito a decir que no es improbable que as sea. Se duda de la existencia de tales animalillos? Pues, nada es ms posible. Se inquiere el modo de trasmitirse? Pues, nada es ms fcil, porque adheridos a las personas y efectos, pueden viajar con el hombre. Esto cuadra muy bien con los hechos ya comprobados: 1 que independientemente de la direccin de los vientos y de otras afecciones atmosfricas, el clera invade y se extiende en todos pases y estaciones: 2 que la epidemia siempre sigue las lneas de comunicacin ya por agua, ya por tierra. Su propagacin en los lugares invadidos, puede consistir en la reproduccin de su especie; y la cesacin del mal, tal vez nacer de su transmigracin o muerte, pues hay insectos de corta vida. Si se me pregunta como daan al hombre, puedo responder, que introducindose por los poros, adhirindose a la superficie del cuerpo y derramando alguna sustancia venenosa, entrando por la boca o la nariz

PAGE 180

OBRAS 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ en el acto de la respiracin, asentndose sobre los alimentos que nos han de nutrir, o mezclndose con el agua o con otros lquidos que hemos de beber. La invisibilidad o extrema pequeez de estos insectos, nada prueba contra su existencia. Al hablar de la naturaleza qumica del aire, manifest cuan errnea es semejante opinin; y lo que entonces dije respecto de los corpsculos inanimados, es tambin aplicable a los seres vivientes. El microscopio ha abierto un nuevo mundo a los ojos del hombre; y aunque la fuerza de este instrumento no puede revelar a nuestros torpes sentidos los prodigios de la creacin, hasta lo que nos ensea para que nuestro entendimiento pueda formar alguna idea del inmenso poder de su autor. Malezieux descubri con un microscopio unos animalillos 27 millones de veces menores que un arador. Lewenoeck observ otros, cuyo dimetro era 1 000 veces ms pequeo que el de un grano de arena comn; y calculando sus magnitudes respectivas, result, que cada animalillo era 1 000 millones de veces ms grande que el grano de arena. Tan admirable era su pequeez, que segn dice el fsico Beudant, se podan sostener millares de ellos en la punta de una aguja. Wolfio refiere haber visto en un grano de polvo 500 huevos, de los que nacieron otros tantos animalillos: y yo pudiera tambin seguir refiriendo a usted otros casos; pero, como se hallan en varios autores que estn a su alcance, en ellos podr usted ver otros ejemplos tan instructivos como curiosos. Entindame usted bien, amigo mo; yo no creo que los insectos son la causa del clera: enuncio solamente una opinin, y no tenindola por absurda, he manifestado en su apoyo las razones que me han ocurrido. Raciocinar, no es creer; yo pruebo la posibilidad de una causa, pero no afirmo su existencia.INFLUENCIA DEL SOL Y DE LA LUNANo ha faltado quien atribuya a estos astros la causa del clera, pero Scott ofrece contra ella la prueba ms convincente que puede darse por medio de unas tablas que arregl, colocando de tal manera 120 ataques epidmicos de la enfermedad, acaecidos en distintos lugares, y casi 8 000 casos de clera en los hospitales, que cada uno de los das del mes lunar tiene al margen su mortandad respectiva. Una ojeada que se eche sobre estas tablas, bastar para conocer, que ni el sol ni la luna influyen en los ataques epidmicos ni en los casos individuales del clera.COMETASA estos astros, que en tiempos pasados se les consider como funestos precursores de grandes calamidades en la naturaleza y en la poltica, se ha atribuido tambin por algunos el origen de la epidemia terrible

PAGE 181

JOS ANTONIO SACO /175 /175 /175 /175 /175 que nos devora. Cuando las leyes que mantienen la armona del universo, eran un misterio para el hombre, y supuso que los cometas vagaban por la inmensidad del espacio, y que sus apariciones eran la triste seal de las desgracias con que el cielo quera afligir a la tierra. Pero descbrese la atraccin universal, calclanse sus leyes, y desde aquel da el errante cometa queda encadenado a nuestro sistema planetario. Desaparecieron entonces los temores, hijos de la ignorancia y la supersticin; pero la antorcha de las ciencias, alumbrando el camino que haban de correr aquellos astros, puso de manifiesto otros peligros, que si no son probables, por lo menos no son imposibles. Los astrnomos anunciaron para 1832 la aparicin de dos cometas; y como uno de ellos se haba de aproximar a la tierra en su carrera, algunos peridicos de Europa se atrevieron a decir que estos dos cuerpos chocaran. Muchos se alarmaron con tan triste vaticinio; mas, otros le miraron como una novelera de ignorantes gaceteros. Entretanto, el clera que aos antes haba estallado en Asia avanza hacia la Europa, entra en ella, la recorre; y el hombre que siempre est dispuesto a leer en los cielos la explicacin de los fenmenos cuyas causas no conoce en la tierra, en medio de su temor y su ignorancia, contempla a la epidemia como el mensajero funesto del choque tremendo que haba de experimentar la tierra en 1832. As pensaron muchos; y aunque nuestro despreocupado pueblo jams ha credo que el clera trae su origen de tan remoto principio, no estar dems hacer algunas breves reflexiones para impedir que algunos, extraviados por los mismos conocimientos que poseen, den a los cometas una influencia que no tienen. De dos maneras pueden ellos influir sobre la tierra: o por su fuerza atractiva, o por la emisin de sus vapores. Probemos que ni una ni otra causa influyen en la que producen el clera ni otra peste. El nmero de cometas descubiertos desde principios de la era cristiana llega a casi 500, y segn las observaciones que se han podido hacer, aparecen por trmino medio ms de dos al ao. Ahora bien: si de ellos nacen las pestes, por qu la tierra no las experimenta continuamente? Se dir, que es necesario que se acerquen a ella, pues no influyen cuando pasan a grandes distancias. Acrquense enhorabuena; pero entonces, por qu no hubo clera morbo en aquellas pocas en que se aproximaron? Y por qu lo ha habido desde 1817 sin la inmediacin de ellos? Ese mismo cometa que tantos temores ha causado, no es husped nuevo para los hombres. Vistalos con frecuencia; es uno de los tres, cuyos giros peridicos en torno del sol estn bien conocidos;3 y llmasele 3Cinco son hoy los cometas, cuyo giro peridico est bien determinado. 1 El de Halley que hace su revolucin en el espacio de 75 a 76 aos, y que apareci por ltima vez en 1835.

PAGE 182

OBRAS 176\ 176\ 176\ 176\ 176\ el cometa de los seis aos, nueve meses porque ste es el tiempo que emplea en hacer su revolucin; y siendo tan corto su perodo, cuntas y cuntas no habr hecho en el transcurso de los siglos, sin incomodar en ninguna de ellas con sus malficas influencias a los mseros mortales? La lentitud con que marcha el clera morbo, es incompatible con la rapidez de los astros. Los estragos de un cometa, cuya accin alcanzase hasta nuestro globo, apareceran simultneamente en distintos y lejanos pases. Si vivimos bajo el siniestro influjo de algn cometa, por qu el clera no se ha sentido en Cuba de un golpe, desde las costas del mar del Norte hasta las costas del mar del Sur, y desde la punta de Mais hasta el cabo de San Antonio? Pero aun se puede decir, que los cometas influyen en la peste por medio de sus efluvios. Veamos cmo. Estos astros son generalmente un punto ms o menos brillante, llamado ncleo y envuelto en una nebulosidad que casi siempre se extiende en forma de cola luminosa. Esta cola, que a veces se divide en dos y hasta en seis, como sucedi con un cometa que apareci en 1744, se compone de una materia tan enrarecida, que al travs de ella pueden verse los planetas y las estrellas. Tan grandes suelen ser las colas, que las ltimas partculas visibles de la del cometa de 1680 distaban de su nmero ms de 41 millones de leguas, y las de 1789 ms de 16.4 Se sabe, por otra parte, que la atraccin est en razn directa de la masa e inversa del cuadrado de la distancia; y como la masa de los cometas es poca, porque casi son un conjunto de vapores, resulta que es muy dbil la fuerza con que atraen a cada partcula de la cola, particularmente a las que se hallan distantes. En estas circunstancias, bien puede ser que la tierra, cuya densidad es mayor que la de algunos cometas, entre en la nube dilatada de vapores que forman la cola; o que atrayndolos, sin entrar en ella, con ms fuerza que el cometa a que pertenecen, caigan sobre nuestro globo, y ya por su naturaleza particular, ya por las nuevas combinaciones que puedan formar, den origen a epidemias. Nadie negar la posibilidad de estos sucesos; pero se ha probado su existencia? Ha coincidido la poca de las pestes con la aparicin de cometas cercanos a la tierra y que arrastran larga cola? Anunci algu2 El de Encke llamado ordinariamente cometa de corto perodo porque gira en torno al sol en 1 207 das. 3 El de Biela que emplea en su revolucin seis aos nueve meses. 4 El de Faye que gira casi en siete aos y medio. 5 El de Vico descubierto en Roma por este astrnomo en 1844, y cuya revolucin se hace en cinco aos y medio. 4La cola del cometa de 1680 ocupaba un espacio de 90 grados, la del de 1790 formaba un arco de 97 grados, y la del de 1618 se extendi hasta 104 grados.

PAGE 183

JOS ANTONIO SACO /177 /177 /177 /177 /177 nos de ellos a los habitantes del Asia el principio funesto del clera en 1847? Y si tales vapores han existido, por qu se ha de suponer que son mortferos, y no salutferos o indiferentes a los habitantes de nuestro globo? Caro amigo, el campo de las conjeturas filosficas es inmenso; pero ellas nacen del cerebro del hombre, y no del seno de la naturaleza. Yo creo, que las que se han formado acerca del influjo de los cometas en las epidemias, han tomado su origen en los extravos de aqul, y no en las lecciones de sta. Pero si el clera no proviene de ninguna de las causas mencionadas, de dnde trae entonces su origen? Ser de algn gas nuevamente desenvuelto, o de miasmas hasta ahora desconocidos que reproducindose continuamente, se han ido propagando por toda la tierra? Bien puede ser, pero no lo afirmo. Lo nico que creo es, que su causa es uniforme y trasmisible: uniforme, porque, a pesar de la diferencia de climas y de la diversa constitucin de los individuos, los caracteres principales de la enfermedad han sido siempre los mismos en Asia y en Europa, en frica y en Amrica: trasmisible, porque se comunica de los infestados a los no infestados. Este ltimo punto est ntimamente unido con la gran cuestin del contagio, cuestin que paso a examinar en la siguiente pregunta: El clera es contagioso?Para que no divaguemos, es preciso fijar el sentido de las palabras. El nombre contagio se deriva de las voces latinas con y tango que significa tocar una cosa con otra De aqu es, que contagio quiere decir contacto o tocamiento mediato o inmediato de un producto mrbido que propaga ciertas enfermedades. Distnguese el contagio de la infeccin en que sta se trasmite por miasmas y el contagio por virus palabra latina que significa veneno ; pero cuya naturaleza desconocida es todava un misterio para la medicina. Esta ciencia nos dice, que el virus se comunica por contacto inmediato o frotacin como la sfilis; por inoculacin como la viruela; y por el intermedio del aire y de otras sustancias, como en la escarlatina, sarampin, tos ferina, y otras enfermedades. Yo no vendr a discutir aqu acerca del modo de comunicarse el clera. Lo que s quiero es, que la realidad de las cosas no se sacrifique a los hombres, y que prescindiendo de la etimologa de las palabras, se atienda al fondo de las ideas que nos han de conducir al acierto, y no a los inexactos sonidos que nos pueden precipitar en el error. Bajo de esta explicacin, cuando hablo del clera como contagioso, entindase que quiero decir: una enfermedad que se trasmite, que se comunica de los infectados a los no infectados, sea del modo que fuere esta trasmisin o comunicacin Tal es mi creencia sobre este particular; y las pruebas en que me fundo, aparecern en las siguientes proposiciones.

PAGE 184

OBRAS 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ICuando el clera ha invadido algn pas, siempre se ha propagado en l, siguiendo la direccin de los caminos reales, el curso de los ros navegables, y el de las dems lneas de comunicacin por donde transita el hombre Probemos esta proposicin con la marcha de la enfermedad. Nacido el clera, segn la opinin ms acreditada, en el delta del Ganges, prontamente lleg a las mrgenes de este ro caudaloso, y conducido por los botes que navegan en l, fue recorriendo gradualmente los pueblos de ambas orillas hasta la distancia de 400 leguas. El Betiva, el Gogra, el Chamboul y el Jumna, que son sus ros tributarios, tambin le llevaron al interior: y de Allahabad, punto de confluencia del Jumna y del Ganges, se propag a los distritos regados por las aguas de los otros ros que desembocan en los ya mencionados. Extendiose igualmente a muchos puntos por el Burhampouter y por el famoso Indo o Sind. En la presidencia de Madras sigui los caminos reales, atacando sucesivamente a los pueblos principales por donde pas; y segn informe presentado al gobierno de aquel pas, recorri en la parte oriental de la pennsula, las ciudades situadas desde Aska a Palamcotah con una regularidad asombrosa, as en el tiempo como en la distancia. Partiendo de Nagpour, atac en su marcha los pueblos del trnsito hasta que lleg a Jalnah. De este punto salen tres caminos reales, y esparcindose por todos tres, invadi sucesivamente las ciudades de la carrera. Por el que conduce a Panwel, encontr con las montaas de Chautz; pero cruzndolas por un desfiladero como si estuviera animado de cierto instinto para no apartarse de las huellas del hombre, lleg a aquella ciudad, y de all pas a Bombay. Tal fue la marcha con que se propag el clera en la India. Pero, cul es la razn porque sigui el rumbo de los caminos y el curso de los ros por donde se hacen las comunicaciones con el interior del pas? Por qu fueron casi exclusivamente invadidos los pueblos situados junto a los caminos y mrgenes de los ros, dejando salvas tantas y tantas poblaciones como tiene la pennsula de la India? En el Asia oriental se propag tambin siguiendo los medios de comunicacin. Penetr en el interior del imperio Birmn corriendo por el ro Irawaddy. En el reino de Siam entr por el Melnam, y en la Cochinchina, por el Kambdoja. Como la China y la Tartaria son pases muy pocos conocidos, no es posible trazar en ellos su marcha. Retroceder pues al Asia occidental, y all encontrar abundante materia con que ilustrar el asunto que me propongo. Llevado el clera a la Persia por el puerto de Bender-Abouschir, o Gambrom, tom el camino de las caravanas, y con ellas se introdujo suce-

PAGE 185

JOS ANTONIO SACO /179 /179 /179 /179 /179 sivamente en Schiras, Yezd, Ispahan y Tehern.5 De aqu se extendi por los caminos hasta las orillas meridionales del mar Caspio; y como de estos puntos partiese para invadir la Rusia por la provincia de Astracn, es muy importante trazar la marcha que sigui. Presentronsele tres rutas para introducirse en ella, una por las comunicaciones martimas del Caspio, y dos por tierra desde la Georgia hasta el gobierno del Cucaso. De sta, una corre por la costa pasando por todas las ciudades martimas desde Baku hasta Kizlar, y desde aqu hasta Astracn; y la otra se dirige, al interior, atravesando por Tabris, Erivan, y Tflis, capital de la Georgia. De Tflis sale un solo camino que cruza por el monte Cucaso por el nico paso que existe, paso que se distingue con el nombre de Puertas del Cucaso. Los documentos oficiales, publicados por el Gobierno ruso, prueban indudablemente, segn dice el doctor Lichtenstadt, que el clera pas de la Georgia a la provincia de Astracn por los nicos tres medios de comunicacin que existen entre los dos lugares De las mrgenes del Caspio atac en el verano de 1830 las ciudades de Amol y Reshd, y desol a Tabriz o Tauris por segunda vez. A mediados de junio, la enfermedad estall primero en la provincia de Chirwan, y de all gradualmente se difundi por la provincia de Baku y Kuba, y por otros pueblos hasta el crculo de Elisabetopol. De aqu corri por las orillas del Kur, y se present en las inmediaciones de Tflis el 27 de julio. De Tflis pas a los pueblecillos situados al pie del Cucaso, en el mismo camino recto que conduce a las puertas de aquel monte, y tocando todos los puntos intermedios, apareci en Mozdok, Zerdrin y Kizlar, al otro lado de la cordillera. Por el golfo Prsico entr en Bassora, y de all subi por el Tigris hasta Bagdad, y por el ufrates hasta la ciudad de Anah sobre los confines del desierto de Siria. En ella se detuvo, y desapareci hasta que al ao siguiente tom el derrotero de las caravanas, pasando por Mosul, Diarbekir, Orafa y Bir, y entrando por fin en Alepo. El cnsul francs dice, que la aparicin del clera en cada uno de estos puntos coincidi con la llegada de las caravanas. De Alepo sigui, por una parte, la marcha de stas, entrando en Famia, Hama y Damasco; y, por otra, se extendi, vuelta arriba de las costas del Mediterrneo hasta Adana, y vuelta abajo hasta San Juan de Acre. De la Arabia atravesando desiertos, los peregrinos de la Meca le introdujeron en Egipto por el istmo de Suez; y corriendo por el camino del Cairo, entr en esta capital. De ella se difundi con los fugitivos por el Nilo, hasta que a pocos das lleg a Damieta, Roseta y Alejandra; y siguiendo las mismas aguas ro arriba fue atacando los pueblos situados en sus mrgenes. 5Tehern, habiendo cerrado sus puertas, se salv al principio de la peste, pero abrindolas de nuevo, el contagio la invadi.

PAGE 186

OBRAS 180\ 180\ 180\ 180\ 180\ Invadida la ciudad de Astracn, el clera penetr en el corazn de la Rusia por las aguas del Volga, cuyo ro caudaloso riega las provincias ms pobladas del imperio. Cuando lleg a Zaretzin, se dividi en tres ramales, tomando simultneamente los tres caminos que de aquella ciudad salen para el Norte, para el Sur y para el centro de la Rusia, destrozando a un tiempo las provincias septentrionales, centrales y meridionales. Pero sin abandonar nunca el curso del Volga, fue invadiendo sucesivamente las ciudades y provincias hasta llegar a las inmediaciones de Mosc. Los ros Don y Dnieper sirvieron tambin para conducirle a otros lugares. El Dwina occidental y oriental, llevando con sus corrientes los botes infestados que salan del interior de la Rusia, fueron el vehculo por donde se trasmiti hasta Riga en las costas del Bltico, y hasta Arcngel en el mar Blanco; de suerte que desde estas playas hasta el Carpio, la enfermedad atraves todo el imperio, conducida siempre por las comunicaciones de los ros. Apestada la Polonia por las tropas rusas que marchaban para oprimir a un pueblo desgraciado, Praga y Varsovia fueron invadidas, y corriendo desde entonces por las aguas del Vstula, las naves que bajaban hasta el golfo de Dantzick, derramaron el contagio por el resto de Polonia, y le introdujeron en la Prusia. De Custrim pas a Berln, parte por el ro Oder, y parte por el canal que comunica con l y con aquella capital, siendo sus primeras vctimas algunos de los boteros que traficaban entre los dos puntos. De Berln se extendi por el ro Spree, y siguiendo el curso de las embarcaciones que navegan en el Elba, fue visitando progresivamente los pueblos situados a sus mrgenes hasta entrar en Hamburgo. Marchando por los caminos reales, atac al Austria por la provincia de Galitzia, y ganando las aguas del Theis y de sus ros tributarios, visit los pueblos de sus mrgenes. Entra por fin en el Danubio; y apoderado ya de esta gran va de comunicacin, van cayendo sucesivamente Pest, Buda, Presburgo, Viena y otras ciudades del Austria. Un buque de Hamburgo llvole a Sunderland, puerto de Inglaterra, en octubre de 1831. De all se difundi por todo el Reino Unido de la Gran Bretaa e Irlanda, y atravesando el canal de la Mancha, llega a Calais, y se presenta en Pars, en marzo de 1832. Cuando invadi Amrica del Norte por el ro San Lorenzo apareciendo en Quebec, capital del Canad, introdjole un barco apestado, procedente de Dubln; y para extenderse en las vastas regiones del Nuevo Mundo, no escogi otro camino que las aguas de aquel ro. Los botes de vela y remo, y los buques de vapor que continuamente navegan en l, tocando en muchos puntos de las mrgenes del Canad y de los Estados Unidos, fueron esparciendo la enfermedad. De Quebec pas a Montreal, pero no inmediatamente, sino invadiendo antes a Santo Toms, Bertier,

PAGE 187

JOS ANTONIO SACO /181 /181 /181 /181 /181 Sorel y otros lugares intermedios, situados a la una y a la otra banda del San Lorenzo. De Montreal subi por el mismo ro a Cornwall, Prescott, Ogdensburgo y Kingston, atacando no slo a estos pueblos, sino a la tripulacin y pasajeros de los botes que navegan entre estos puntos y Montreal. De Kingston situado en el trmino oriental del lago Ontario, origen del San Lorenzo, fue la enfermedad visitando a Coburgo, York y otros puntos de aquel pequeo mar donde navegan varios vapores. De l se extendi a Bfalo, ciudad plantada al principio del lago Erie; y como de all salen casi diariamente vapores para Detroit, tambin se present la enfermedad en el territorio de Michigan.6Despus de presentar estos hechos, cmo puede explicarse, sin admitir el contagio, que el clera siempre se difunda por caminos reales y ros que sirven de medios de comunicacin? Cmo, que si slo se le presenta un camino, solamente avanza por l; si ste se divide en dos o ms ramales, l tambin se divide en otros tantos; si tiene que salvar montaas, y en stas no hay ms que un solo paso para el hombre, el clera es la nica senda que sigue? Cmo, que si los ros por caudalosos que sean, no tienen comunicaciones, entonces no se propaga por ellos, siendo as que cuando las hay, es el medio indefectible de que se sirve para esparcir sus estragos? Cmo, en fin, aparece siempre en su marcha, ya por agua, ya por tierra, compaero inseparable del hombre, sin elegir nunca para senda de sus invasiones, ni los bosques ni los montes a donde no penetra la planta humana? Estas razones cobrarn ms fuerza cuando se pruebe la siguiente proposicin:IICuanto ms fciles y frecuentes son los medios de comunicacin de un pas, tanto ms pronto se propaga el clera en l. En la pennsula de la India, que as por los ros caudalosos que la baan, como por pertenecer a los ingleses, es el pueblo del Asia que en punto a comunicaciones se acerca ms a la civilizacin europea, la enfermedad corri de Norte a Sur, 300 leguas en nueve meses; y atraves en un ao toda la pennsula de oriente a occidente desde la baha de Bengala hasta la de Cambay, cuya distancia es de 450 leguas. En Persia, donde las comunicaciones son menos frecuentes y ms lentas, la enfermedad no anduvo en la lnea que ms se extendi, sino 300 leguas en un ao; pero en el Caspio, donde la navegacin las facilita, se present el 15 de junio de 1830 en Baku, ciudad situada a las orillas de aquel mar; e invadiendo los pueblos martimos, lleg a los 44 das a Gourieff, que dista ms de 200 leguas de aquel punto. En Egipto corri por el Nilo en 6Ya no es territorio, sino Estado de la Confederacin Norteamericana.

PAGE 188

OBRAS 182\ 182\ 182\ 182\ 182\ mes y medio el espacio de mucho ms de 400 leguas, comprendido entre Syut y los puertos del Mediterrneo. Cuando invadi la Rusia por Oremburgo, su marcha fue muy lenta en esta provincia casi despoblada; pero cuando en julio de 1830 entr por Astracn, entonces se precipit como un torrente por el Volga y sus ros tributarios, inundando 12 gobiernos con una extensin de 46 500 leguas cuadradas, y subiendo hasta el Tver en poco ms de dos meses a la distancia de 550 leguas. Extendiose con igual rapidez por las mrgenes del Dnieper y del Don hasta Woroneje, y sin detenerle los fros del invierno, a los seis meses de su invasin ya haba recorrido el espacio de 700 leguas, atravesando la Rusia desde la provincia del Cucaso hasta los gobiernos del Tver y Joroslav. Las continuas relaciones que existen entre los distintos pueblos de Europa, llevaron en poco tiempo la enfermedad por un rumbo hasta las islas britnicas, y por otro hasta las fronteras de Italia y de Espaa; y a pesar de los medios con que intentaron atajarla, triunf de todos ellos, pues en el corto perodo de 20 meses recorri la Europa desde la embocadura del Volga hasta las costas occidentales de Irlanda, y desde las aguas del mar Blanco hasta las faldas de los Pirineos. Se ha observado en Asia, que el clera generalmente suspende sus estragos en el invierno; de aqu fue, que al notar Moreau de Jonns, que aquella epidemia no cesaba en Mosc a pesar de los fros rigurosos de la Rusia, crey hallar la explicacin de este fenmeno en el uso de las pieles de los habitantes de aquella ciudad, y en la temperatura caliente que mantienen las estufas y chimeneas; pero a m no me parece satisfactoria esta razn, porque lo mismo ha sucedido, no ya en ciudades particulares, sino en naciones enteras, y en naciones donde se usan pocas pieles. Opino, pues, que el fenmeno se debe atribuir a otras causas, ya que tal vez ser la principal, el rpido e incesante comercio que tienen entre s las naciones europeas. En octubre de 1831 se present en la Gran Bretaa: pero qu sucedi, no obstante de estar ya en la fra estacin? Sucedi, que sin embargo del aseo y admirable polica de ese pueblo, el clera se difundi por todas partes en los meses ms rigurosos del invierno: y a qu atribuir su propagacin? Quizs no me engaar, si digo, que al trfico inmenso de los pueblos de la Gran Bretaa. Es muy digno de llamar la atencin, que siendo el clera en el Asia de un carcter ms atroz que en Europa, que habiendo en sta mucha ms polica y medios infinitamente superiores con que combatirle, y que siendo los inviernos de los pases europeos invadidos mucho ms fuertes que los asiticos, pues que en la India, propiamente hablando, no hay inviernos, es muy digno de llamar la atencin, repito, que el clera regularmente enfrene su furia en el Asia en la estacin de los fros, y que en Europa invada y contine sus

PAGE 189

JOS ANTONIO SACO /183 /183 /183 /183 /183 ataques sin detenerse en su carrera. Cuando queremos levantar el velo que cubre esta enfermedad misteriosa, sombras y tinieblas nos rodean por todas partes; pero si decimos, que trasmitindose por medio del comercio humano, y que siendo ste incomparablemente mayor en Europa que en Asia, el mal no daba all treguas, no percibimos un rayo de luz, aunque no baste para conducirnos a la resolucin del problema, por lo menos nos alumbra algn tanto el tenebroso camino que pisamos?7Norteamrica, pas que excepto la Gran Bretaa, tiene ms comunicaciones internas que todas las naciones del mundo, ofrece un ejemplo muy convincente de la verdad que estoy probando. El 8 de junio estall en Quebec, y ya el 6 de julio haba llegado al fuerte Gratiot, hacia el noroeste, a mucho ms de 300 leguas de Quebec. Aunque en la ciudad de Nueva York no se declar hasta el 3 de julio, sin embargo, empezaron a ocurrir algunos casos desde el 27 de junio; y como su entrada pudo hacerse por varios caminos, la senda ms corta nunca sera menos de algunas 200 leguas. A fines de julio o principios de agosto se extendi hasta Norfolk; de suerte que en menos de dos meses recorri de Quebec hacia el Sur la distancia de ms de 300 leguas, y hacia el noroeste la de ms de 300 en slo 28 das. En noviembre apareci en Nueva Orlens; y como an no hubiesen pasado cinco meses desde su invasin en Quebec, resulta que viaj en tan corto tiempo desde un extremo a otro de la Repblica en la direccin de Norte a Sur la distancia de ms de 800 leguas. Si no es contagioso, por qu su marcha lenta o rpida en un pas estn en razn directa de la lentitud o rapidez de las comunicaciones humanas? Si depende de la atmsfera o de otras causas, por qu todas ellas ligan su carrera a los pasos del hombre; y olvidndose enteramente de su influjo propio, vuelan, si el hombre vuela; y se retardan, si el hombre se retarda? Todo esto nos anuncia que el mal avanza con las comunicaciones; y pues ellas son el medio de propagarlo, fundada es la consecuencia de que su naturaleza es contagiosa.IIIEl clera en su marcha jams ha saltado por encima de naciones dejando las ms cercanas, y atacando las ms remotas respecto de la lnea en que corre. De la India se propag por el Asia oriental entrando primero en el reino limtrofe de Aracan, y despus en Siam, en el imperio Birmn, en Camboya, y Cochinchina. De ste pas a la China, nacin fronteriza; y 7Las posteriores invasiones del clera en la Europa occidental, han probado ya, que l se propaga y generaliza en invierno mucho menos que en verano.

PAGE 190

OBRAS 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ de la China a la Mongolia. De Bombay fue llevado al golfo Prsico; y atacadas a un tiempo la Persia y la Arabia, recorri sucesivamente varias provincias de la Turqua asitica hasta llegar a Egipto. De los puntos infestados del Asia y contiguos a la Rusia pas a este imperio, de l se propag a la Polonia, al Austria, y a las provincias limtrofes de la Turqua europea; de Polonia corri a Prusia, y de Prusia a Holanda. De la Galitzia invadi el reino de Hungra, y del de Hungra el de Baviera. De Hamburgo atraves el mar vecino, y entr en las islas britnicas, de donde fue llevado a Francia, y trado despus al Nuevo Mundo; y apareciendo primero en las posesiones inglesas del Canad, pas de ellas a los Estados fronterizos de la Repblica Americana. Si esta enfermedad no es contagiosa, si depende de circunstancias atmosfricas o de otras causas fsicas, por qu sigue por mar y tierra, la marcha regular de las comunicaciones, de manera, que en algunos casos se puede pronosticar con acierto, hasta su aparicin en un pas? Desde que se observ el orden en que avanzaba en el Norte de Europa, muchos creyeron que Francia sera invadida en marzo de 1832, y funestamente el pronstico se cumpli. Pero dirase, que esta enfermedad algunas veces no ataca los lugares ms cercanos a una ciudad infestada, sino que salta de uno a otro dejando puntos intermedios; y tal ha sido su capricho en ciertos casos, que ha formado un crculo recorriendo muchos pueblos de un distrito, y volviendo despus a los que crean haber escapado. Pero como esta irregularidad solamente se nota en cortos recintos, y no en grandes espacios, pues siempre se le ve correr de distrito en distrito y de nacin en nacin, es menester que haya motivos particulares que produzcan esta diferencia. Y sin duda que se encuentran muy poderosos con slo reflexionar. 1 Que la inmediacin de un pueblo no apestado a otro que ya lo est, har que los habitantes de aqul tomen para preservarse ms precauciones que los de pueblos distantes, pues el peligro no es tan inminente. 2 Que los que huyen de una peste, procuran alejarse todo lo posible del lugar ya invadido, y no detenindose en el pueblo ms cercano a ste, pasan a otro ms distante, a donde la confluencia de personas procedentes del punto infestado puede introducir la peste fcilmente. 3 Que marchando el clera con el hombre, es muy regular que ataque de preferencia a los lugares que tengan relaciones con los infestados; de suerte que, dados dos pueblos, de los cuales uno diste media legua o un cuarto de legua de otro apestado, pero con el que no tenga ningunas o muy pocas relaciones; y otro que diste cuatro, seis, diez o ms, pero con el que se halle en comunicacin continua, claro es que el primero podr libertarse del contagio, cuando ya el segundo est devorado de la peste. 4 y ltimo. Que si a esto se agrega, como dice un escritor, la accin de otras circunstancias sobre la poblacin de un distrito, tales

PAGE 191

JOS ANTONIO SACO /185 /185 /185 /185 /185 como la situacin saludable de una ciudad particular, la limpieza o desaseo de algunos pueblos, y la abundancia o pobreza de sus habitantes, tendremos causas suficientes que expliquen la propagacin irregular del clera en algunos cortos recintos. Pero estas consideraciones no son aplicables a su marcha de nacin en nacin, pues las necesidades mercantiles y los medios de satisfacerlas favorecen la regularidad del movimiento en todas ellas, aunque el modo particular de propagarse pueda variar en cada una.IVCuando el clera ha invadido un pas por la vez primera, siempre se ha presentado por las costas o fronteras, atacando al principio un corto espacio, pero espacio que ha estado en comunicacin con lugares infestados. Empezando por las islas ms occidentales del mar de la India, se observa que en la de Francia o Mauricio atac primero por Puerto Luis, y en la de Borbn por la ciudad de San Dionisio, cuyos dos puntos se hallan sobre la costa y tienen relaciones mercantiles con la India. En la isla de Ceiln apareci primero en Jaffnapatan, y despus en Colombo, pueblos martimos muy cercanos a la costa de Coromandel con la que estn en comunicacin; pero es de notarse, que distando entre s estos dos pueblos ms de 80 leguas, no pudo descubrirse, a pesar de todo el empeo del gobierno, ni un solo caso de clera en ningn punto intermedio. En Sumatra fue Achem el primer puerto invadido, Batavia en la isla de Java, y Manila en las islas Filipinas. Si se recorren todas las dems que han sido visitadas por el clera, aparecer, que un punto martimo en comunicacin con pas apestado, ha sido siempre el primer invadido. En la Arabia entr por Mascate, puerto que de algunos aos a esta parte tiene bastante comercio en las costas occidentales de la India; y en la Persia por Bender-Abouschir o Gambron, plaza muy importante del golfo Prsico por sus relaciones comerciales. El istmo de Suez fue el primer punto atacado. En Rusia apareci primero en la ciudad de Oremburgo, donde la introdujeron los apestados kirghis-cosacos, y tambin entr por otros puntos del mar Caspio. En Polonia empez, segn Moreau de Jonns, por Horodla junto a las fronteras. En Austria por Tarnopol, ciudad tambin casi fronteriza en la provincia de Galitzia. En la Turqua asitica por Bassora, que por su inmediacin y comunicacin con el golfo Prsico, y por estar sobre las mrgenes del ro ufrates, se puede considerar como martima. As tambin debe serlo Hamburgo, que fue el punto de Alemania donde primero apareci. En Holanda entr por Cheveling, pueblo de pescadores; en Blgica, por Courtray a

PAGE 192

OBRAS 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ poca distancia de la frontera de Francia, y en sta, por el puerto de Calais. Las islas britnicas recibieron por Sunderland la peste importada de Hamburgo. En el Nuevo Mundo se present por la primera vez en Quebec, ciudad que se comunica con el mar por el majestuoso San Lorenzo. Finalmente, el primer punto atacado en la isla de Cuba ha sido La Habana, y de aqu se ha difundido a otros, siguiendo las comunicaciones martimas y terrestres. Estos hechos dan margen a serias reflexiones acerca de la naturaleza contagiosa de la enfermedad. Y si no por qu en los continentes o naciones no se presenta a un tiempo por varios puntos, ocupando un gran espacio, como parece que debiera ser, si dependiese de causas atmosfricas? Por qu su entrada la hace siempre por las fronteras o lugares a ellas inmediatos, y lugares que han estado en comunicacin con pases infestados? Por qu en las islas ha invadido siempre por las costas, sin consideracin ninguna a su sequedad, altura, ventilacin y dems causas que a veces influyen en su salubridad? Por qu nunca ha sacado primero la cabeza por el centro de las naciones o de las islas, o por parajes poco poblados, montuosos y de poca o ninguna comunicacin, cuando stos generalmente son los ms a propsitos para verificarse las grandes afecciones atmosfricas, pues que a ellos contribuyen los inmensos bosques, las copiosas lluvias, la abundante evaporacin y otras circunstancias que en muchos casos dan a esos sitios un carcter insalubre, y a veces mortfero? Como argumento contra los hechos y reflexiones anteriores podr alegarse la opinin comn de que el clera se present en Francia, primero por el centro que por las fronteras, puesto que Pars fue el primer punto atacado. As se crey al principio por algunos; pero investigaciones posteriores han manifestado, que el puerto de Calais frente a las cercanas costas de Inglaterra fue el primer lugar de Francia donde el clera estall. Mas, aun cuando as no hubiese sido, la anomala aparente que se cita, sirve para confirmar la naturaleza contagiosa de la enfermedad. Cuando ella entr en Pars, ya haba penetrado en Londres; y como el viaje de esta capital a la de Francia se hace en un da, desembarcando en Calais, nada extrao es que el contagio fuese llevado a Pars, o por los pasajeros, o por sus efectos, o de otro modo cualquiera, y que all se comunicase sin ofender a los mismos importadores, pues ms adelante se ver que esto ha sucedido algunas veces.8Aun prescindiendo de estos medios de introducir una peste, todava puede aparecer en el centro de un pas, y a grande distancia de los pun8Hoy, con la rapidez de las comunicaciones, bien pueden los viajeros procedentes de un pas apestado introducir el clera en las ciudades internas de una nacin, sin que estalle primero en sus fronteras.

PAGE 193

JOS ANTONIO SACO /187 /187 /187 /187 /187 tos donde reina, sin que pierda su carcter contagioso, porque los animales pueden contraerla y trasmitirla a los hombres. El padre Kircher hablando de una peste, refiere que el portero de los jesuitas de Roma fue invadido de ella por haber dado un puntapi a un perro que la tena; y en otra ocasin, un cuervo que cay muerto en una plaza pblica de una ciudad de Italia, comunic la peste a todos los nios que jugaron con l, propagndose despus a toda la ciudad. La larga distancia que medie entre el punto repentinamente atacado y los lugares donde reina la epidemia, no puede servir de obstculo, pues las aves corren con su rpido vuelo muchas leguas en pocas horas. Algunos ejemplos podra citar de su gran velocidad, pero me bastar el de un halcn de Enrique II rey de Francia, el que habindosele escapado, fue cogido a las 24 horas en la isla de Malta a 270 leguas del punto de donde parti. Si se considera que los halcones no vuelan de noche y que es probable que entre la llegada del fugitivo a la isla y su captura hubiese transcurrido algn tiempo, entonces se formar una idea de la rapidez de su vuelo. La muchedumbre de hechos contenidos en las proposiciones anteriores, me parece que dan sobrado fundamento para concluir que el clera es contagioso. Pero queriendo dar a esta materia toda la fuerza de que es susceptible, aadir nuevos datos que prueben: primero: Que individuos y pases no infectados, puestos en comunicacin con otros infectados, contraen la enfermedad; y segundo: Que individuos y pases rodeados de la infeccin, pero sustrados de todo trato con los apestados, se han escapado del mal. En obsequio de la claridad, llamemos positivo al primer gnero de pruebas; y negativo al segundo. Pruebas positivas del contagioEmpecemos por las tropas, las cuales a veces han recibido, y otras comunicado la enfermedad a los lugares por donde han pasado. Un regimiento de caballera que sali de Elora donde no haba clera, lleg a una villa donde reinaba; y habindose alojado un escuadrn en un templo viejo, por haber perdido sus tiendas, el clera se declar en el regimiento antes de haber salido de la villa: pero el escuadrn fue el que tuvo casi todos los enfermos. Un destacamento de Meerut entr en la ciudad de Delhi apestada entonces. Contrae la enfermedad, sigue su marcha, mzclase con otro cuerpo, y tambin se la comunica. El regimiento 34 que adquiri la peste en el camino de Bellary a Bengalore, fue trasmitindola a todos los pueblos por donde pasaba; y cuntase entre otras cosas, que un soldado indio que viajaba de Bengalore a Nundrigog, en cuyos dos lugares no exista el clera, fue atacado al pasar por el campamento del regimiento 34, y muri.

PAGE 194

OBRAS 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ Los cuerpos que salieron de Madras para reforzar el sitio de Chanda en 1818, contrajeron la enfermedad al pasar por un pueblo apestado en las inmediaciones de Nagpor; y en su regreso a Madras fueron esparciendo el mal por todos los puntos donde marcharon. Las tropas de Nagpor acampan en Gaongong, pueblo infestado, y el mismo da adquieren la enfermedad. Seis meses haba que no se presentaba en Gooty ni un solo caso de clera. Llega el primer batalln del regimiento 16 que a la sazn experimentaba gran mortandad, e inmediatamente reaparece, comunicndose tambin a los pueblos adyacentes. Contrjola asimismo un destacamento de artillera, que hallndose en el mejor estado de salud, acamp en el terreno que acababa de dejar el primer batalln del regimiento 8 donde exista la enfermedad. Cuando ocup sus posiciones, aun yacan tendidos en el campo los cadveres de algunos soldados. En noviembre de 1818 hallbase acampado sin novedad el ejrcito ingls en Terayt: renesele un destacamento que adquiri la epidemia al pasar por Jumna donde a la sazn reinaba, y cunde por todo el ejrcito con gran destrozo. En mayo de 1819 lleg apestado a Hydrabad un destacamento de tropas europeas. Acampa a casi 200 varas frente a los cuarteles de artillera, y la enfermedad se presenta en este cuerpo que hasta entonces se haba conservado sano. Las tropas rusas, que desde los apestados gobiernos de Kursk y Tchernigov marcharon contra la infeliz Polonia, infestaron las ciudades rusas por donde pasaron: introdujeron el mal en aquella nacin, y despus del combate glorioso de Igania, los soldados polacos contrajeron la peste, y la llevaron a Varsovia. Ni es ste el nico ejemplo de contagio que ofrecen los valientes polacos. Sauv, cirujano francs que estuvo muchos aos al servicio de Polonia, refiere, que habindose alojado el ejrcito en las barracas de los soldados rusos, y acostndose en la paja donde ellos haban dormido, el clera atac de nuevo a los polacos. Pudiera citar otros hechos; pero bastando los mencionados, los omito en obsequio de la brevedad. Respecto de los casos en que las tropas son invadidas por haber entrado en un lugar apestado, podr decirse que adquieren la enfermedad, no porque sea contagiosa, sino porque sometidos a las mismas influencias atmosfricas que los habitantes del pas infestado, deben experimentar efectos semejantes. Pero qu se responder cuando se pregunte, por qu las tropas apestadas trasmiten su enfermedad a los pueblos sanos por donde pasan? ¡Qu!, las circunstancias atmosfricas en los pases varan con la entrada de una compaa o de un batalln? Lo que hay de verdad es, que cuando el clera invade las tropas, las persigue por muchos das y largas distancias, aunque muden de posi-

PAGE 195

JOS ANTONIO SACO /189 /189 /189 /189 /189 cin y de clima; y que los lugares por donde pasan, no slo son partcipes de sus estragos, sino que son primeramente atacadas por los puntos ms cercanos al rumbo que llevan las tropas. Sin recurrir a stas, bien pudiera formarse un largo catlogo de los casos en que individuos han recibido y comunicado la enfermedad; pero hallndose esparcidos muchos de ellos en el discurso de esta carta, me abstendr de reproducirlos, limitndome a presentar algunos ejemplos ms. El doctor Blumenthal refiere el caso de una mujer que atacada del clera pari una nia invadida tambin de la misma enfermedad; y que salvada la madre, pereci la nia. En un puesto militar de la India se observ, que habiendo pasado un caballero parte de una noche con un colrico, fue atacado al da siguiente. Asistironle dos oficiales, y fueron tambin invadidos; pero nadie ms en todo el cuerpo experiment la enfermedad. Cuando se reflexiona que entre muchas personas, ninguna padece sino solamente aquellas que se pusieron en comunicacin inmediata con un colrico, este caso no deja de ofrecer una conjetura bastante fuerte a favor de la naturaleza contagiosa del clera. Majana fue el primer ingenio de La Habana donde se declar la epidemia; pero cmo apareci? Sacan del depsito de la Junta de Fomento, donde ya exista el clera, un negro perteneciente a aquella finca; llega a ella, atcale la enfermedad, muere, la comunica a los compaeros, y de all se propaga a otros ingenios del partido de Guanabo. A varios puntos de la jurisdiccin de La Habana ha sido llevado el clera por los arrieros que han venido a la capital durante la epidemia. Que ellos hubiesen contrado el mal con su entrada en un pueblo infestado, puede explicarse muy bien, ya se admita, ya se niegue el contagio; pero que retirndose del foco de infeccin, comuniquen la enfermedad a personas que distan muchas leguas de l, es un hecho que comprueba la naturaleza contagiosa del clera. Hubenthal dice, que habiendo un labrador de Arkatal, en los lmites de la Persia, ido a visitar a un to suyo en la villa de Neskutshne, fue invadido del clera la noche de su llegada. Las cuatro personas que le asistieron, enfermaron al da siguiente, y tres de ellas murieron. La polica tom inmediatamente las precauciones ms acertadas para contener los progresos de la epidemia, y surtieron tan buen efecto que desapareci enteramente. Si la enfermedad consiste en la atmsfera, por qu no fue atacado ninguno de los del pueblo que respiraba el mismo aire? y por qu solamente fueron invadidos los que asistieron a un colrico? No puedo pasar en silencio una observacin importante; y es que, cuando el clera invade una casa, casi nunca se limita a una persona, sino que se comunica a otras. “Yo a lo menos, dice Broussais, no tengo

PAGE 196

OBRAS 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ ejemplo de que se halla circunscrito a un solo individuo. No pretendo por esto que deje de haber alguna excepcin; pero a lo menos poseo muchas contrarias: cuando se me ha llamado a una casa para algn colrico, he tenido por cierto hallar dos, tres o cuatro al siguiente da o al tercero. De aqu es preciso deducir, que hay infeccin y comunicacin del clera a las personas que asisten y tienen relaciones inmediatas con el enfermo. Por otra parte, se ven personas en la misma casa, bajo las mismas influencias que no se contagian; pero tambin se advierte, que se declara en la misma casa, en diferentes pisos y en diferentes familias, cuyo gnero de vida no es el mismo; en fin, parece que en las casas atacadas hay una cosa particular que predispone al clera”. En algn pas se ha comprobado ms lo que dice Broussais, que en La Habana. Ejemplos hay de casas que solamente han tenido un colrico, pero casi siempre se ha verificado lo contrario. Muy comn ha sido ver cuatro y seis cadveres en una familia, y en algunas ha sido la mortandad tan espantosa, que han perecido 10 y hasta 13 individuos; y hubo una de distincin, en que murieron 11 personas en el espacio de 36 horas. La navegacin suministra un cmulo de casos en favor del contagio. En las pequeas embarcaciones que de Panwell pasan con frecuencia a la islita de Bombay, lleg un hombre con el clera, y desde entonces se propag all la enfermedad. En la isla de Francia la introdujo la fragata inglesa Topacio que tuvo en la navegacin varios casos colricos. A la de Borbn le llev el Pic-Var procedente de la de Francia donde reinaba el clera, por medio de un contrabando de esclavos que desembarc el 7 de enero junto a la ciudad de San Dionisio. El 14 del mismo mes perecieron en ella ocho esclavos, y el nmero de muertos se aument en los das posteriores. En agosto de 1820, el Leandro que sali de Pondichery lugar apestado, toc en el puerto de Trincomale, dej en l varios marineros atacados del clera, y la isla de Ceiln fue invadida por segunda vez. El 3 de julio de 1830 se present en un buque de guerra que de Baku, puerto infectado, haba arribado a Astracn: el 20 fueron invadido tres hombres en esta ciudad, y el 27 atac los suburbios. El 29 de julio lleg a Tchernoi-yar una barca con un marinero enfermo de clera: el 8 de agosto apareci la epidemia en la ciudad, y de all se propag a los pueblos vecinos. Aqu debo observar, que la primera vctima en uno de stos fue un soldado que llev unos presos a Zaretzin, donde contrajo la enfermedad, y al retorno fue atacado de ella. Tampoco omitir, que los dos primeros casos que ocurrieron en Kramoi-yar a poca distancia de Astracn, fueron un soldado y una mujer que acababan de llegar de este ltimo punto. En San Petersburgo le introduce un barquillo que baj el Neva. En l apareci el primer colrico, y los dos segundos fueron un negociante

PAGE 197

JOS ANTONIO SACO /191 /191 /191 /191 /191 que visit el buque, y un guarda que se puso a bordo para cortar toda comunicacin. A Riga le llevaron los marineros enfermos, que procedentes de los pases apestados de la Rusia, bajaron por el Dwina con un convoy de centenares de botes cargados de comestibles. El ruin inters de algunos hombres, que muchas veces sacrifican la salud de los pueblos a su utilidad personal, trat de ocultar aun por medios criminales el germen de la peste. Vlense de las sombras de la noche, arrojan al agua las vctimas que perecen; pero el contagio, ms poderoso que ellos, rompe al fin por todas partes, y descubre los manejos de la codicia ms detestable. Los individuos primeramente atacados en Berln fueron tres boteros de los que navegan en el canal que va a esa ciudad, y que haban llegado de puntos donde ya exista el clera. En Sunderland es importado por un buque de Hamburgo que tuvo en la navegacin algunos marineros muertos de clera; y cuando estall en aquella ciudad, los primeros enfermos vivan junto al muelle. La fragata inglesa Wellington sali de New Ross cargada de colonos irlandeses para Quebec. Antes de desembocar el ro Barrow, se declara el clera en ella; intimdanse los pasajeros, desembarcan por las mrgenes del ro, y en todos los pueblos a donde entran, aparece el clera inmediatamente despus de su llegada. En Quebec le introdujo el bergantn Carricks de Dubln, cuya ciudad padeca el clera al tiempo de su salida. Cuarenta y dos pasajeros murieron en la travesa, y apenas fondea en las aguas del San Lorenzo, cuando la epidemia invade las costas del Canad. Finalmente, a Nueva Orlens le lleva el vapor Constitucin que tuvo cinco colricos durante su navegacin en el ro Misisipi. Y a la vista de hechos tan decisivos, se negar todava que el clera es contagioso? Yo observo, que por ms estrechas que sean las comunicaciones entre dos pases no infectados, la epidemia nunca aparece en ellos, sean cuales fuesen sus climas, estaciones, y circunstancias atmosfricas; yo observo, que los mismos pases exentos de la enfermedad, la contraen, luego que se ponen en comunicacin con lugares infectados; yo observo, en fin, que a la llegada de un buque con enfermos colricos, se sigue la aparicin del mal en el puerto de su arribo. Que una nave salga de Dubln, ciudad apestada, que se lance al ancho mar, que all la invada el clera; que variando de vientos, de calor, de humedad, y de otras circunstancias atmosfricas, la enfermedad le persiga por muchos das, renovando constantemente sus vctimas; que despus de haber atravesado centenares de leguas llegue a un nuevo clima donde sus habitantes gozan de salud; que el mismo da o a pocos de su llegada, stos empiecen a padecer un nuevo mal; pero que cabalmente es el mismo que han sufrido los desgraciados huspedes que acaban de tocar en sus playas; y que estos casos se repitan en otros muchos lugares, es por

PAGE 198

OBRAS 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ cierto una serie de coincidencias, que solamente se pueden explicar por la naturaleza contagiosa de la enfermedad.9 Pruebas negativas o aislamientoCuando en 1821 reinaba la epidemia en Persia, Tehern, su capital, cort toda comunicacin con los pases infectados, y tomando las caravanas que haban de pasar por ella, el derrotero de Yerd, esta ciudad qued apestada, y libre Tehern. La historia de la enfermedad comprueba, que los mismos pases que se han preservado de ella mientras no han tenido comunicacin con los infectados, han sido atacados luego que la han permitido. En 1822 y 1834 se vio el Egipto amenazado del clera que desolaba las provincias limtrofes de la Siria. En la primera poca cerr sus puertas, y se salv; mas, en la segunda las dej abiertas, y fue invadido. En 1823 la Europa estuvo a punto de serlo por Astracn; pero cortada toda comunicacin, se escap. Aquella ciudad fue asaltada de nuevo en 1830; pero no habindose tomado entonces las mismas precauciones, la epidemia se difundi por casi toda la Europa. Tehern se preserv en 1821 por un completo aislamiento. En 1829 descuida estas medidas, y hela ya vctima de la peste. La Galitzia fue invadida en enero de 1831: aislose el mal, y Austria se salv, pero introducido de nuevo y propagado a mediados de aquel ao por los fugitivos de Polonia, recorri todo el imperio. Cuando la isla de Francia o Mauricio fue apestada en 1819 por un barco procedente de Ceiln, el gobernador que no crea en el contagio de la enfermedad, la dej propagar por toda la isla, causando su desolacin. Con tan triste ejemplo, el gobernador de la isla de Borbn estableci rigurosas cuarentenas, y aunque fueron burladas en 1820 por la maldad de los contrabandistas negreros, que introdujeron la peste en la ciudad de San Dionisio, se destin un hospital para los enfermos, y se cort toda comunicacin con el interior del pas. El resultado fue, que en toda la isla solamente fueron atacados 256 individuos, de cuyo nmero murieron 178. Cul es la razn porque dos islas que no distan sino 40 leguas entre s, que tienen un mismo clima y casi la misma especie de poblacin, el mal se propaga en una con mortandad espantosa, y en la otra apenas toca a un cortsimo nmero de sus habitantes, sepultndose en el mismo recinto donde apareci? Entre varias causas que pudo haber, una de ellas fue el aislamiento el aislamiento 9Esto escrib yo en 1833; y hoy en 1858, son ya tan innumerables las pruebas de que el clera se trasmite de los lugares apestados a los que no lo estn, que slo podrn negar tan patente verdad los muy ignorantes, los obstinados, o aquellos que deseen singularizarse por la rareza de sus ideas.

PAGE 199

JOS ANTONIO SACO /193 /193 /193 /193 /193 En medio de la mortandad espantosa de la isla de Francia, las haciendas que se aislaron, y entre ellas algunas de mucha consideracin, se salvaron de la epidemia. A pesar de las comunicaciones que tienen los buques de la India con el cabo de Buena Esperanza, y de la inmediacin a este punto de las islas de Francia y de Borbn, el clera nunca ha podido penetrar en l. Esto se atribuye con sobrada razn al rgido sistema de cuarentenas que all se observa. En un informe de Madras se leen estas notables palabras: “Las tripulaciones de los buques, y las tropas que se hallan a bordo, nunca han experimentado un ataque de clera, hasta que no se han puesto en comunicacin con la playa”. Todas las haciendas, jardines y pueblos, que se aislaron durante la epidemia que reinaba en Astracn, se preservaron de ella. Cuando el clera se paseaba por las ciudades que se hallan en las mrgenes del Volga, Sarepta se aisl de todas ellas, y aunque rodeada por todas partes de la enfermedad, el contagio la respet. En medio de la horrible mortandad de Manila en 1820, las tripulaciones de los buques, privadas de toda comunicacin con la ciudad, conservaron su buena salud. Con las mismas precauciones, dice Moreau de Jonns, se salv el pueblo Cavite situado en la baha de Manila a dos o tres leguas de la capital. Cuando el clera reinaba en Alepo en 1822, Mr. Lesseps, cnsul de Francia, convid a todos los europeos, para que le acompaasen a su quinta, situada en las inmediaciones de aquella ciudad. Encerrronse en un jardn, levantaron una muralla alta, abrieron un foso, y a pesar de haber ms de 200 personas entre naturales y europeos, y de la variedad de su temperamento y gnero de vida, ninguna fue atacada de la epidemia, que asolando los contornos de esta pequea colonia, en solo Alepo haba matado 4 000 personas. El cnsul francs de Lattaquia se encerr tambin en esta ciudad con todos los europeos; y sometiendo a una rigurosa cuarentena todo lo que entraba en su casa, el clera los respet. Estas medidas se tomaron en varios pueblos del Mediterrneo, y siempre produjeron los mismos felices resultados. El doctor Hawkins dice en su Historia del clera en Rusia que en Caramala Gubeewa, varios labradores rusos que vivan a unas cien varas de la villa, se encerraron en sus chozas al primer rumor de haber aparecido la enfermedad en sus inmediaciones; y habiendo establecido una rigurosa cuarentena durante el tiempo que aqulla rein, todos se preservaron. Cinco meses estuvo Mosc bajo el azote de la epidemia. El vasto establecimiento, que compone la academia de cadetes de aquella ciu-

PAGE 200

OBRAS 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ dad, cerr sus puertas; y en medio de la mortandad general ni un solo individuo fue atacado. El caso que voy a referir tiene en mi concepto una fuerza extraordinaria. El hijo de un aldeano, cochero de un noble ruso, muri del clera. Su padre que viva en una aldea del gobierno de Pensa en Rusia, fue al lugar donde haba muerto el hijo para recoger los efectos que ste haba dejado. Volvi a su casa, se puso la ropa del difunto, y usndola uno o dos das, fue atacado del clera, y muri. Tres mujeres que le haban asistido durante su enfermedad, y lavado el cuerpo despus de muerto, tambin fueron invadidas, y perecieron dos: mas, antes de expirar la ltima, lleg un mdico para socorrer a los habitantes de la aldea; y viendo que la enfermedad se difunda por el rumbo donde haban ocurrido los cuatro casos, hizo barrear la calle para impedir absolutamente toda comunicacin entre las dos partes de la aldea. Hecho esto, el resultado fue: que en la parte de la aldea en que estall la enfermedad, hubo ms de 100 casos de clera, de los cuales murieron 45; pero no se present ni un solo del otro lado de la barricada. Presos encerrados en crceles de altos muros, se han escapado del clera, en medio de pueblos infectados. En La Habana, hemos visto, que los cuatro monasterios de Santa Clara, San Teresa, Santa Catalina y Santa rsula, situados en barrios diferentes, no han sido invadidos de la epidemia, a pesar de que la muerte recorra da y noche sus alrededores. Cuntase un solo caso en Santa Teresa; pero en quin ocurri? Cabalmente en la ropera, persona muy expuesta a recibir el contagio por medio de los vestidos que reciba. Y no se diga que se han preservado por ser corto el nmero de las monjas, pues en el monasterio de Santa Clara donde yacen encerradas como 100 personas, no ha ocurrido ni un solo caso. Esto es tanto ms de notar, cuanto que dentro de sus muros habitan muchas criadas, y todas de color; gente que ms que ninguna otra ha sufrido en esta tierra los destrozos de la epidemia. Bien conozco que habr influido mucho el arreglo y la tranquilidad de espritu de estas buenas religiosas; pero muchas familias, en quienes adems de concurrir tan favorables circunstancias, estn compuestas de un nmero mucho ms corto de personas, no han visto entrar por sus puertas la funesta plaga, y difundir la consternacin en sus pacficos hogares? Cuando el clera ha llegado a las fronteras de un pas que tiene comunicacin con los lugares apestados, pasa a l sin detenerse; pero si hay cordones sanitarios, o no entra, o si entra, es despus de largo tiempo. La Silesia est lindando con la Polonia; y aunque apestada esta nacin, aquella provincia se salv por largo tiempo, valindose de cordones sanitarios.

PAGE 201

JOS ANTONIO SACO /195 /195 /195 /195 /195 Tambin se establecieron en el camino de Mosc a San Petersburgo; mas, no en el de Saratow: el clera se introdujo en San Petersburgo por esta ruta, y no por la primera. Atacada Berln, se aislaron muchos de sus establecimientos pblicos, y el clera los respet. Weisdo se aisl completamente, y aunque a poca distancia de Riga que estaba apestada, se preserv de la epidemia. La Galitzia es uno de los pases de Europa que ms ha sufrido; pues con todo, ninguno de los muchos pueblos que se aislaron completamente, fue atacado del clera. Aun en Lemberg, su capital, donde de cada 13 personas muri una, y de cada nueve fue una invadida, la princesa Lobkowitz, aislndose en su palacio, libert a su familia y a su servidumbre. El doctor Trachez, uno de los mdicos nombrados por el Gobierno francs para observar el clera en Polonia, public en su informe una tabla, de la que aparece que el nmero de enfermos y muertos en varias ciudades de Europa, fue mucho mayor en las que los sanos tuvieron libre comunicacin con los apestados, que en las que se prohibieron estas relaciones. He aqu un extracto de la tabla: Argumento contra el contactoIAlgunos se han acostado en la misma cama con los colricos: otros se han puesto sus vestidos, y aun varios mdicos han gustado la materia de los vmitos, e inoculndose con la sangre de los enfermos, sin que hayan contrado el clera. Para que una enfermedad ataque a un individuo, no basta que exista la causa que lo produce; es preciso, adems, que aqul est predispues-En cada mil habitantes En los primeros 42 das de la epidemia Lemberg.....79,9838,87 En estas ciudades los enfermos estuvieron en comunicacin con los sanos Riga.............108,7545,50 Mittau..........65,4233,50 Mosc..........14,877,43Severamente aislados Dantzick......10,757,98Casas cerradas En los primeros 32 das Brody...........193,2973,62Comunicados S. Petersburg............. 22,1911,33Comunicacin con personas sanas Dantzick......8,776,32 Casas cerradas Elbing..........12,237,95

PAGE 202

OBRAS 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ to para recibirla; y si falta este requisito, no por eso se dir que la causa no existe, ni que deja de ser contagiosa, sino que su influjo no alcanza a personas, que por circunstancias particulares no estn dentro de su esfera. Aun cuando no existiese esta razn, todava prueban muy poco los experimentos atrevidos de los mdicos que se han inoculado, pues para que tuviesen alguna fuerza sera preciso saber, primero: si el contagio est en la materia de los vmitos o en la sangre, porque puede consistir en efluvios que exhale el cuerpo, ya por el cutis o respiracin, ya por una u otra parte: y segundo, que aun cuando existiese en aquellas sustancias, resta averiguar si se ha tomado la cantidad suficiente, pues para ser afectado de un veneno no siempre basta tomarlo, sino tomarlo en la dosis suficiente. Magendie observ, que cuando inyectaba en las venas a los animales la cantidad de dos a cuatro onzas de sangre colrica, se producan los sntomas del clera; pero cuando era menor, entonces no se obtena ningn resultado. Si la enfermedad que se presentaba en los animales inyectados, era o no clera; y si los efectos de la inyeccin en ellos se pueden extender al hombre por analoga, son puntos no decididos: qudense, pues, en la clase de conjeturas, pero conjeturas que se encaminan a debilitar la fuerza del argumento. Aun cuando el contagio existiese en la sangre o en los vmitos, y estas circunstancias se tomasen en cantidad suficiente, no se sabe todava si la inoculacin es el modo de trasmitirlo, pues hay contagios que no se comunican de este modo. Y si tanto se ignora en esta materia, por qu se ha de fallar con tanta arrogancia en cosas que se esconden a la inteligencia humana? Yo siempre he celebrado la circunspeccin con que el doctor Broussais se expresa en su Memoria sobre el clera morbo; y ya que su opinin es la de un juez tan calificado, tengo el gusto de transcribir sus palabras: “Hay personas que se han inoculado con la sangre de los colricos, otras que la han gustado y tragado, y otras que han impregnado sus vestidos con los excrementos de los colricos: algunos han tenido el valor de acostarse a su lado en la misma cama y bajo las mismas sbanas; en fin, se ha hecho todo gnero de ensayos de esta naturaleza, y los que han practicado las experiencias, no han contrado el clera; pero es de advertir, que los hombres que han hecho estos ensayos, eran hombres de valor; porque segn todas las probabilidades, si iguales experiencias se hubiesen hecho por personas pusilnimes, es probable que se hubieran infestado”. Mas, a pesar del valor, el doctor Scoutetten de Berln refiere un caso que el doctor Calcagno repite en su tratado sobre el clera morbo, impreso en La Habana. El doctor Galow mdico de Berln no crea en el contagio. Untose en los labios sangre de un muerto colrico, sacada del corazn; restregose el da despus la frente con el sudor de otro enfermos; retirose a su casa, acostose a dormir en un sof, pero al despertar,

PAGE 203

JOS ANTONIO SACO /197 /197 /197 /197 /197 se sinti invadido de la enfermedad, y muri en pocas horas. Cito este caso, no porque yo lo tenga como decisivo, sino porque siembra algunas dudas sobre la cuestin que debato: y digo que no es decisivo, porque bien pudo el doctor Galow ser atacado de resultas de sus experimentos, o de la influencia general de la epidemia reinante a que otros muchos estaban expuestos sin hacer ningn ensayo. Si se pudiera probar que el doctor Galow solamente fue invadido por la accin de la sangre y sudor que se unt, su muerte sera un ejemplo victorioso; pero hay quien pueda asegurar que, aun cuando no hubiese hecho ningn experimento, el clera no le habra atacado?IISi el clera fuera contagioso, los mdicos y asistentes de los hospitales seran invadidos en una proporcin mayor que las dems clases de la sociedad. Aunque siempre fuese cierto lo que tan generalmente se enuncia, no por eso faltaran razones con que resolver el argumento, sin que la enfermedad perdiese su carcter contagioso. Todos convienen en que la gente pobre es la que ms sufre los ataques de la epidemia por falta de recursos para tomar medidas preventivas, que son el mejor y nico remedio conocido contra esta enfermedad. Los mdicos, por su posicin social, gozan de comodidades, y el buen rgimen de conducta a que casi necesariamente los obliga su misma profesin, debe darles hasta cierto punto una garanta contra los ataques de la peste. Los practicantes y asistentes de los hospitales se hallan, en cuanto a recursos para preservarse, casi en igual grado; de suerte que, generalmente hablando, se pueden considerar como una de las fracciones del pueblo menos expuestas a los tiros de la enfermedad. Ensea tambin la experiencia, que el terror es una de las causas que ms predisponen para contraer el clera; pero ninguna persona debe estar ms exenta de l que los mdicos y muchos de los asistentes de los hospitales, porque la costumbre de ver enfermos de todo gnero, los familiariza con los peligros de las enfermedades, y les da aquella impavidez, tan necesaria en los das de calamidad. No quiero decir, por esto, que todos, todos los mdicos estn comprendidos en esta regla: hablo solamente en general, pues s muy bien que, en sonando la campana de la muerte, hay facultativos que tiemblan como el hombre ms pusilnime. Pero si, a pesar de todas estas garantas se quebranta el escudo que parece debiera cubrirlos, qu dirn los que infundadamente les han dado la prerrogativa de invulnerables? Registremos los documentos, leamos los informes de algunos mdicos ingleses residentes en la India, examinemos las relaciones que nos han trasmitido otros facultativos

PAGE 204

OBRAS 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ sobre los estragos de esta enfermedad, y ellos nos ofrecern pruebas abundantes de los ataques que han sufrido en Asia y en Europa. Limitmonos, pues, a presentar hechos, y dejemos que por s hablen. Mr. Craw mdico de la India dice, que el hospital del regimiento 65 tena 30 empleados, y que todos fueron invadidos. En el hospital de Seroor fueron tambin atacados casi todos en una semana. En la presidencia de Bombay enfermaron 33 facultativos, y de este nmero perecieron 13; y para no repetir casos referentes a las posesiones britnicas de la India, basta decir, que los asistentes de los colricos fueron invadidos en mayor proporcin que el resto de los habitantes. En el lazareto de San Dionisio en la isla de Borbn murieron todos los asistentes, excepto dos esclavos; y en el hospital hubo tambin gran mortandad entre ellos. En las pequeas islas de Ormus y de Kism, los mdicos y cirujanos fueron las primeras vctimas. Tflis perdi, mucho antes de terminar la epidemia, la mitad de sus mdicos. En Astracn padecieron tambin algunos de ellos, y en el hospital murieron muchos de los asistentes. En Jassy solamente sobrevivi uno a la epidemia; y en Bucharest perecieron casi todos. A los 41 das de haberse presentado el clera en San Petersburgo, ya haban sido invadidos 25, y muerto nueve de los 246 que entonces contaba aquella capital; y de los muy pocos que residan en Cronstadt, ya haban perecido cuatro. En Mosc fueron atacados un 40 % de mdicos y cirujanos. En Saratow, los cuatro que haba, fueron invadidos desde el principio, y murieron tres. En Polonia, hubo gran nmero de enfermos entre los mdicos, asistentes y dems empleados de los hospitales. En proporcin a su nmero, los mdicos sufrieron ms que las otras clases en las capitales de Austria y de Prusia. Finalmente, Broussais vio en Pars, que cinco enfermeras de colricos fueron atacadas en menos de 24 horas. As pudiera yo ir acumulando nuevos casos; pero los expuestos bastan para probar la falsedad del argumento que con frecuencia se repite. Para formar ideas exactas sobre esta materia, nunca se debe prescindir del poderoso influjo de la predisposicin. Olvdanse de ella los que comnmente dicen: “el clera no es contagioso, porque no se me ha pegado, a pesar de haber tenido colricos, o de haberlos visitado”. Los que as discurren, no reflexionan, que las enfermedades contagiosas no lo son en igual grado, pues unas se trasmiten con ms facilidad que otras; ni que, aun cuando lo fuesen sin diferencia alguna, es imposible que sean atacados todos los individuos puestos en comunicacin con los colricos. Pues que son iguales todas las naturalezas? No vemos diariamente que una misma causa aplicada a distintos seres, obra en ellos de diverso modo, produciendo a veces aun efectos contrarios? Por va de ejemplo puedo citar uno muy comn entre nosotros. El guao, cuya planta es bien conocida en la isla de Cuba, inflama extraordinariamente la

PAGE 205

JOS ANTONIO SACO /199 /199 /199 /199 /199 piel de unos; muy poco la de otros; y nada la de algunos. Y se dir por eso, que el guao aplicado a la superficie del cuerpo humano no tiene propiedad de inflamarla? Pues lo mismo sucede respecto de la naturaleza contagiosa del clera, aunque haya muchos individuos, que puestos en contacto con los colricos, no reciban de ellos la infeccin.IIISe ha dicho tambin que la peste de Oriente, y la viruela, que son contagiosas, no siguen los perodos regulares de aumento, madurez, declinacin y extincin, sino que van aumentando hasta que ya no encuentran vctimas, o son reprimidas por algunos medios ms poderosos que ellas. De aqu infieren, que si el clera fuera contagioso, se ira reproduciendo de los efluvios o secreciones de los individuos afectados, y no correra los perodos regulares que se le observan. Este argumento es muy defectuoso por dos razones. Primera: porque se quieren someter a una misma marcha pestes que, siendo muy diferentes en su naturaleza y en sus efectos, no sera extrao que siguiesen distintas reglas. El mundo ha sido testigo de centenares de epidemias, y en ellas ha tenido campo para observar las variedades que en todos los tiempos ha presentado. Segunda: porque la irregularidad no es un carcter tan distintivo de las enfermedades contagiosas, como errneamente se pretende. La peste de Oriente, las viruelas, y otras epidemias reconocidas por tales, no son tan caprichosas en su carrera: antes al contrario, siguen una marcha regular, y para mejor probarlo, dejar que hablen por m Volney, en su Viaje a Egipto y Siria y los revisores de la Revista Trimestre de Londres El primero dice: “La peste ofrece variedad de fenmenos a cual ms dignos de notarse. En Constantinopla reina durante el esto, y se debilita o concluye en el invierno. En Egipto sucede cabalmente al revs; reina en el invierno, y junio siempre acaba con ella. Esta contrariedad aparente se explica por el mismo principio. El invierno la destruye en Constantinopla, porque el fro es muy riguroso; el verano la enciende, porque el calor es hmedo, a causa de los mares, bosques y montaas circunvecinas. En Egipto el invierno fomenta la peste, porque es hmedo y suave, el esto la aniquila por ser clido y seco; opera sobre ella como sobre las carnes a las que no deja corromper. El calor no es daino sino en tanto que se junta a la humedad”. Los revisores de la Revista Trimestre de Londres se expresan en los trminos siguientes: “Es imposible abrir un libro que contenga pormenores de la plaga viruela, escarlatina y sarampin, sin notar que cuando son epidmicas, siguen una marcha regular de aumento, madurez, y extincin. La plaga

PAGE 206

OBRAS 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ de Londres en 1665 empez en una familia en Westminster, aument gradualmente, se extingui aparentemente en el invierno, y revivi en la prxima primavera. La de Marsellas estall primero entre unos carretilleros, de quienes se propag la infeccin. Los primeros siete captulos de Russell, que contienen la historia de diferentes irrupciones de la plaga en distintos lugares, estn llenos de hechos que contradicen la asercin de que no sigue perodos regulares. Sydenham que vio la plaga de 1665, y que vivi antes que se practicase la inoculacin, describe la viruela como apareciendo a veces en un grado muy remiso, o no existiendo absolutamente; empezando despus a presentarse a la aproximacin del equinoccio de primavera, extendindose ms y ms cada da, llegando a ser epidmica casi al otoo, abatiendo a la entrada del invierno, y volviendo otra vez en el verano. El sarampin de 1670, dice el mismo mdico, empez muy temprano, esto es, al principio de enero, y aumentando diariamente, lleg a su altura en marzo: despus declin gradualmente, y se acab en julio prximo”. Al leer los dos prrafos anteriores, nadie negar, que enfermedades reconocidas por todos como contagiosas, guardan un orden regular en su incremento, declinacin y extincin; y siendo la falta de l, el apoyo en que algunos se fundan para negar la naturaleza contagiosa del clera, tienen que caer en el terrible dilema, o de negar su carcter contagioso a la viruela, el sarampin, y a otras enfermedades, o de concedrselo tambin al clera, a pesar de la regularidad que sigue en sus perodos.IVAlgunos pueblos cercanos a otros inficionados, y que han estado en comunicacin con ellos, se han libertado de la epidemia. Ved aqu un argumento que se repite con frecuencia, y que se tiene como incontestable; pero veamos si lo podemos responder. Para que un lugar sea apestado, no basta que est en comunicacin con otro donde reine la epidemia: es preciso adems que sea llevada a l, que encuentre sujetos predispuesto a recibir el contagio, y circunstancias favorables para propagarlo. Nadie duda que el fuego quema; pero si se esparce sobre cuerpos incombustibles, se apagar sin producir un incendio: caiga, empero, una sola chispa sobre un suelo regado de plvora, y al punto se seguir una violenta explosin. As como existe predisposicin individual parceme que puede decirse con bastante exactitud, que tambin la hay local ; y que as como muchas personas quedan ilesas, aun viviendo en medio de la peste, del mismo modo hay lugares que se escapan de ella, a pesar de tener comunicaciones con los pueblos infestados. Pero de dnde nace, que ciertos lugares resistan al contagio? Ved aqu lo que no se sabe.

PAGE 207

JOS ANTONIO SACO /201 /201 /201 /201 /201 Entre las circunstancias que pueden influir, una sola me atrevo a indicar, a saber, el estado atmosfrico; pues aunque niego el influjo de la atmsfera como causa primaria del clera, jams negar su accin como causa secundaria o modificadora. Sentadas estas ideas, es muy fcil concebir que un pueblo puede conservarse sano, aun teniendo relaciones con otro pueblo apestado, ya porque no haya contrado la enfermedad ninguno de los individuos que van a l, ya porque lo resistan las circunstancias meteorolgicas, geolgicas, o de otra especie que nos son desconocidas. Russell prueba con muchos hechos, que pases atacados de la peste de Oriente, han tenido relaciones con otros sin trasmitirles el contagio. Y si esto sucede respecto de una enfermedad cuya naturaleza contagiosa est generalmente admitida, por qu se ha de decir que el clera no lo es, fundndose en la razn de que a veces no se propaga a pueblos con quienes se est en relacin? Dentro de los muros de las mismas ciudades invadidas existen individuos y familias que recorriendo las calles, y aun visitando los enfermos, se preservan de la peste. Pero si hallndose en comunicacin tan estrecha, pueden pasearse triunfantes, por qu no tambin cantar victoria ciertos pueblos, que respecto de una nacin pueden equipararse a los individuos y familias de una ciudad? Porque el clera no es contagioso, me respondern, y porque nicamente proviene del estado atmosfrico. Pero no respiran todos la misma atmsfera? No estn sometidos a ella incesantemente? Y siendo as, por qu no enferman todos? Es, pues, forzoso confesar, que si muchos resisten a ella, a pesar de su incesante accin, con mayor motivo se salvarn a la causa contagiosa del clera que parece no ser tan constante ni tan extensa: no tan constante, porque el aire est obrando sin cesar sobre nuestro cuerpo, as interior como exteriormente: no tan extensa, porque la atmsfera existe en todas partes, y los corpsculos o miasmas que la infestan, por abundantes que sean, hllanse esparcidos en ella, sin formar tanta cantidad de materia venenosa.10Invoquemos los hechos en apoyo del raciocinio, y la cuestin recibir todo el grado de claridad de que es susceptible. El mdico ingls Haygarth en su Investigacin acerca del modo de prevenir la viruela enfermedad que todos reconocen como contagiosa, trae un pasaje en que describe una irrupcin de las que reinaron epidmicamente en Chester en 1777, y en la que se verifican todos los fenmenos que mu10Ora se considere el clera como contagio ora como infeccin importa saber, que aunque el nmero de inspiraciones que el hombre hace, y la cantidad de aire que consume por minuto, vara con la edad, con los individuos, y con otras circunstancias; se calcula, que absorbe en un da, por trmino medio, 3 500 litros o decmetros cbicos de aire. Eso prueba la enorme cantidad de veneno que inspira el hombre en tiempos epidmicos.

PAGE 208

OBRAS 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ chos consideran como incompatibles con la naturaleza contagiosa del clera. Helo aqu literalmente traducido: “La viruela fue epidmica en Chester desde mayo de 1777 hasta enero de 1778, esto es nueve meses, particularmente los seis ltimos, en cuyo tiempo observ atentamente sus progresos. 1 Al principio fueron atacadas dos o tres familias, no vecinas inmediatas, sino que vivan en el mismo barrio de la ciudad. 2 Despus fueron invadidos los nios de un barrio, pero la enfermedad no se difundi en ellos como de un centro. 3 En ninguna parte de la ciudad se extendi uniformemente de un centro, sino que se propag en alguna callejuela, donde todos los nios de una vecindad jugaban juntos. 4 Despus fueron acometidos los nios pobres en varias partes de la ciudad, a distancias considerables, y en algunos parajes, a media milla unos de otros. 5 Todava en noviembre no haban sido apestadas muchas partes de todas las calles principales; pero en diciembre y enero la enfermedad invadi a muchos que se haban escapado cuando estuvo en su vecindad algunos meses antes. 6 En Hambridge que es una parte de Chester, separada del resto de la ciudad por el ro Dee solamente, no fueron atacados durante la epidemia sino unos siete nios, aunque gran nmero de ellos son muy propensos en aquella parte a contraer la enfermedad. 7 En la calle del Rey, que est en el centro de la ciudad, de 24 nios que nunca haban padecido la enfermedad, solamente dos fueron atacados en una misma casa. 8 Durante el esto y el otoo de 1777, mientras la epidemia era general en Chester, una o ms familias de muchos de los pueblos circunvecinos, como Cristleton, Barrow, Tarvin, etc., y algunas ciudades ms grandes como Nantwich, Neston, etc., fueron visitados por la viruela; sin embargo, la enfermedad no se difundi generalmente en ninguna de estas poblaciones. Como el estado del aire y el veneno varioloso fueron en estos lugares los mismos que en Chester, por qu el aire de ellos no fue igualmente infestado que el nuestro? 9 En Frodsham empez la viruela en mayo, y gradualmente se fue aumentando hasta hacerse notablemente epidmica en una parte por varios meses ; con todo, casi la mitad de la ciudad todava se conservaba enteramente desinfeccionada el 18 de noviembre de 1777. Por el contrario, en Upton, pueblecillo a dos tercios de legua de Chester, de 24 nios que nunca haban sido atacados de la enfermedad, todos, excepto uno, que ciertamente estuvo tambin expuesto al contagio, padecieron la enfermedad en menos de dos meses. Dar la causa de la rpida propagacin en las mismas palabras del cirujano Mr. Edwards, habitante muy instruido del lugar. ‘La enfermedad no ha sido propagada por el aire o contigidad de casas, sino que ha aumentado en proporcin a la comunicacin que las familias han tenido entre s: ningn cuidado se tuvo en impedir su propagacin, sino, al contrario, parece que haba un deseo general en que todos los nios la contrajesen’ ”.

PAGE 209

JOS ANTONIO SACO /203 /203 /203 /203 /203 Y despus de haber visto que la viruela salta de un punto a otro, aun a larga distancia, que vuelve a los parajes de donde se haba retirado, y que ataca a los que antes no haba invadido; despus de haber visto que reinando en la mitad de una ciudad, la otra mitad se conserva ilesa por muchos meses, a pesar de estar en ntima comunicacin, y de ser la viruela una enfermedad contagiosa, se dir que el clera no lo es, porque presenta los mismos fenmenos?VEl clera ha entrado en pases donde haba cuarentenas; luego no es contagioso. El clera no ha entrado, respondo yo, valindome del mismo raciocinio, en pases donde ha habido rigurosas cuarentenas; luego es contagioso. Pero aun cuando hubiese entrado, poco prueba el argumento. Las cuarentenas casi nunca son lo que deben ser, ni aun cuando sean lo que deben, casi nunca puede lograrse un aislamiento perfecto, particularmente si ocupan por tierra una lnea extensa, y estn en la frontera de naciones que tienen mucha comunicacin entre s. Un militar desertor, un ciudadano fugitivo, un astuto contrabandista, un cmulo de sucesos que ocurren frecuentemente en el discurso de la vida, burlan a cada paso la vigilancia del hombre. Los cuadrpedos, las aves mismas susceptibles del contagio, volando por encima de las bayonetas que forman los cordones sanitarios, pueden introducir la peste en los pases mejor defendidos. Volney, hablando de la de Levante, nos dice en su Viaje por el Egipto y la Siria que los europeos residentes en El Cairo se preservan del contagio, encerrndose con sus familias, pero que una vez pas un gato por las azoteas de una casa a las viviendas de unos negociantes franceses, y comunic la peste a dos de ellos, de los cuales uno muri. Aun sin estas casualidades, bien puede trasmitirse una epidemia, cuando est muy difundida; pues a la manera que un gran incendio ya no encuentra lmites que puedan contenerle, as tambin una peste muy derramada en un vasto continente, romper por todas partes, e invadir aun los parajes mejor resguardados. Contagiada la atmsfera, el viento podr arrojarla sobre los pases vecinos, y burlndose entonces la naturaleza de las cuarentenas la peste estallar. Esto, sin embargo, no es lo comn, pues la experiencia ensea, como ya hemos visto, que los pases que han establecido buenas reglas sanitarias, o se han preservado de la enfermedad, o caso de ser atacados, ha sido por haberse quebrantado las cuarentenas. No se diga, pues, por ms tiempo, que stas son intiles, porque sino siempre pueden contener la peste, impdenla muchas veces, sobre todo, cuando las comunicaciones de un pas apestado con el que no lo est, se hacen por mar. Nuevos argumentos contra el

PAGE 210

OBRAS 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ clera pudiera reproducir aqu; pero siendo ms dbiles que los anteriores, no debo detenerme en ellos por ms tiempo. Despus de haber expuesto los hechos y razones que inducen a creer que el clera es contagioso, es natural inquirir: Primero: por cuntos medios se trasmite ; y segundo, qu tiempo puede correr entre el momento en que un cuerpo recibe el germen de la enfermedad, y los primeros sntomas de su aparicin. Medios de trasmisinEn cuanto a la trasmisin, tres medios se pueden sealar; a saber, el hombre, los animales y los objetos inanimados. En el hombre se pueden distinguir cuatro estados: el de enfermedad, el de muerte, el de convalescencia, y el de salud. En el de enfermedad no cabe duda que comunica el contagio, porque frecuentemente se ve, que a la llegada de un colrico a un pas sano, sigue generalmente la epidemia. En el de muerte, no tenemos datos tan positivos, pues lo nico que se sabe es, que de los empleados en los cementerios y en las funciones a ellos anexas, a veces mueren muchos, a veces pocos, y a veces ninguno. El doctor Labrosse asegura, que todos los presos de la crcel de San Dionisio en la isla de Borbn, empleados en conducir los cadveres al cementerio, murieron del clera. Mr. Jameson dice, que un soldado indio muri de la peste, y que los cinco compaeros que le llevaron a enterrar, todos fueron invadidos la noche siguiente, y murieron. En Buda murieron casi todos los carretoneros y sepultureros; pero estos casos y otros semejantes caen en el escollo de que, como todos los habitantes de un pas infestado estn ms o menos expuestos a la causa que produce la epidemia, no se puede saber si aquellas personas han bebido el contagio de los cadveres, o de la causa general predominante. Si un convaleciente del clera conserva todava las semillas del mal, es punto no decidido. Casos hay, sin embargo, en que esto parece cierto, pues el clera se ha presentado en pases sanos despus de haber llegado un buque que, si a su arribo al puerto ya no tena ningn enfermo, los tuvo antes en la navegacin. As sucedi con la fragata inglesa Topacio que lleg a la isla de Francia, con algunos convalecientes. stos saltaron en Puerto Luis; y aunque el clera estall all tres semanas despus, se cree con bastante fundamento que ellos fueron sus introductores. Esto, con todo, an deja en pie de duda de saber, si la enfermedad se introdujo por los convalecientes o por los efectos del buque. En cuanto a la trasmisin del clera por una persona sana, o aparentemente tal, no creo que haya imposibilidad. Bien puede uno recibir el contagio en sus vestidos o de otro modo, llevarlo a otra parte, y trasmitirlo sin que experimente sus sntomas fatales, ya porque su constitucin

PAGE 211

JOS ANTONIO SACO /205 /205 /205 /205 /205 tenga fuerzas para sacudir el mal, ya porque no haya tenido tiempo todava para hacer en l su explosin. Las comparaciones con otras enfermedades, acaso ms contagiosas que el clera, esparcirn un rayo de luz sobre esta regin tenebrosa. Russell, que como residente en Alepo escribi acerca de la peste de Oriente, dice: “los proveedores, empleados por las familias encerradas, frecuentemente llevan la plaga a sus casas algn tiempo antes que ellos mismos sean invadidos. Una persona empleada por m para traerme noticias, y para visitar algunas veces las casas contagiadas, comunic la plaga a su mujer, quedando l sano durante la peste”. Al testimonio de este observador distinguido, agregar como muy singular el caso que refiere Mead en su Discurso sobre el contagio pestilencial. En 1577 estaba reunido en el castillo de Oxford uno de los tribunales de la nacin inglesa; y as los jueces como todos los circunstantes que ascendan a 300, murieron por un vapor venenoso, que, segn algunos, sali de la tierra: pero el lord Bacon, aquel hombre tan profundo en sus conocimientos, como infame en su conducta, al observar, que slo quedaron ilesos unos reos que de la crcel fueron conducidos a aquel sitio, crey con razn, que la catstrofe naci de miasmas llevados all por ellos. Acerca de la trasmisin del clera por medio de los animales, nada cierto se sabe: que a veces lo contraen y mueren, es una verdad: que lo trasmiten a individuos de su especie, parece comprobado por muchos hechos; pero que les comuniquen a otros seres, no pasa de conjeturas. Cuando se ha visto, que el clera se ha introducido en algunas islas y en otros parajes, sin haberse descubierto ningn enfermo, a bordo de los buques que han arribado a ellos, temeridad sera negar que se trasmite por medio de cuerpos inanimados. Esta consideracin, unida a la marcha de las caravanas que en su rastro han ido sembrando el clera, y su reaparicin en algunos puntos, despus de haber estado adormecido por algn tiempo, dan bastante materia para concluir, que los objetos inanimados pueden trasmitirlo a los seres vivientes. Pero asimismo parece, que no se comunica con tanta facilidad como por el hombre. Algunos hechos vienen en apoyo de esta opinin; mas, no me fundar yo, en que habiendo aparecido el clera en la India desde 1817, y teniendo la Gran Bretaa un vasto comercio con ella, el mal nunca penetr all por esta va. Esto proviene de que la larga distancia que media entre los dos pases, destruye con el tiempo el germen del contagio; pues hemos visto, que mientras la Inglaterra se preservaba, algunas islas vecinas a los puntos apestados del Asia, tragaron el veneno introducido en los efectos mercantiles. Fundareme s en otros hechos observados hasta aqu. Del 1 de junio al 31 de diciembre de 1834 entraron en Inglaterra, de los puertos del Bltico invadidos del clera, 732 buques cargados de lino

PAGE 212

OBRAS 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ y camo. Durante este tiempo arribaron tambin otros muchos con lana y pieles; pero ni entre los marineros ni entre ninguna de las personas empleadas en los lazaretos para abrir y ventilar estos gneros, apareci caso alguno de clera. Mas, se inferir de aqu, que dichos gneros no adquieren el contagio, ni pueden trasmitirlo? Guardmonos de sacar tan absurda consecuencia. Lo nico que podemos decir, si queremos acertar, es, que en esos casos, los miasmas colricos no se adhirieron a las mercancas, o que si se adhirieron, muy pronto fueron esparcidos en el aire perdiendo su fuerza mortfera; o que, finalmente, las personas que estuvieron en contacto con ellos, no se hallaban predispuestas para contraer la enfermedad. No puedo omitir otros hechos interesantes, mencionados por la Junta Central de Sanidad de Londres. Observa esta corporacin, que a los muelles, donde se descarga el lino y el camo en San Petersburgo, llegaron en la primavera y el esto de 1831 millares de toneladas procedentes del interior de Rusia, donde reinaba el clera, al tiempo de salir aquellos gneros para la capital. Pues, a pesar de esto, cuando el clera estall en San Petersburgo, las personas empleadas en reconocerlos y clasificarlos, y que generalmente pasaban la noche en medio de los fardos, no fueron, ni los primeros atacados, ni los que sufrieron tan severamente como otras clases de la poblacin. Lo mismo sucedi en todas las cordeleras de San Petersburgo, y en la manufactura imperial del lino de Alejandrofsky. Parece, pues, inferirse de todos los hechos y reflexiones anteriores, que el hombre vivo es el mayor vehculo del clera; que si los muertos lo trasmiten, no es con tanta generalidad; que aunque los animales lo contraen y comunican a los de su especie, su influencia en el hombre es probable, pero no cierta; y, finalmente, que los objetos inanimados, si bien pueden trasmitirlo, no poseen esta funesta propiedad en grado tan eminente como el hombre vivo. Pero qu tiempo puede correr entre el momento en que un cuerpo recibe el germen de la enfermedad, y los primeros sntomas de su aparicin? He aqu el segundo punto que resta examinar. Un cuerpo de tropas auxiliares en la India al mando del coronel Adams, lleg en estado de salud a las inmediaciones de un pueblo invadido del clera, y la misma noche de su llegada enfermaron 70 soldados, y murieron 20 al siguiente da. Sin duda, que la fatiga de las marchas hizo que el mal estallase desde el instante en que empez a ejercer su influencia sobre individuos tan predispuestos. Las tropas de Nagpore fueron tambin invadidas el mismo da que acamparon en Gaongoug, pueblo inficionado. Un destacamento de Meerut entr en Delhi, y a los dos das apareci el mal en algunos soldados.

PAGE 213

JOS ANTONIO SACO /207 /207 /207 /207 /207 En el sangriento combate de Igania, que dur todo el da 10 de abril y parte de la noche, las tropas rusas comunicaron el contagio a las polacas; y los primeros enfermos aparecieron el 12 en la noche. Un regimiento de tropas que desembarc en Madras, en el mejor estado de salud, despus de 48 das de navegacin del cabo de Buena Esperanza, empez a ser atacado al tercer da de su desembarque. La Comisin Mdica de Gnova, enviada a Viena y Hungra, fundndose en largas observaciones y en la experiencia personal que adquiri en las cuarentenas del clera, asegura en sus informes al Gobierno sardo, que las personas que han absorbido el germen del mal, son generalmente atacadas antes de los tres das, y siempre antes de los cuatro. Proposicin enteramente falsa segn se probar ms adelante. La Comisin Mdica de Londres, que fue a San Petersburgo a observar el clera en esta capital, dice, que segn sus observaciones, el tiempo transcurrido entre una sola exposicin al contagio y el subsecuente desarrollo del mal fue de uno a cinco das. Pero a m me parece que todo esto es inexacto, porque en una ciudad apestada, casi nunca es posible determinar el momento preciso en que uno contrae la enfermedad. Se llamar momento preciso aquel en que alguno caiga enfermo en una casa, y desde entonces se suponga que ya han tomado el contagio los dems que viven en ella? Nada ms errneo. Se llamar momento preciso aquel en que se lleve un individuo a los hospitales, para hacer experimentos, se le someta all a varias pruebas, luego se le retire, y si tiene despus la desgracia de que le ataque el clera, se cuente como perodo de incubacin el trmino transcurrido entre la hora en que se le hicieron los experimentos, y el instante fatal de ser invadido? Nada en verdad, ms falible. Un hombre puede permanecer largo tiempo en el foco ms inmundo de infeccin, sin ser tocado de la peste; pero apartndose de este lugar, si se predispone al da siguiente o despus, la enfermedad podr asaltarle aun en medio de las ms fragantes aromas. Creo, por tanto, que para que esas observaciones fuesen decisivas, sera preciso que los sujetos saliesen de los pueblos apestados, y se embarcasen o marchasen a otros donde no haya reinado la epidemia: porque entonces si les ataca, ya tenemos un punto fijo donde empezar a contar el tiempo transcurrido entre la invasin del mal y el momento de la partida del individuo atacado. Y todava as, no se logra la exactitud posible, porque bien pudo el enfermo haber absorbido el germen del contagio antes de su partida: pero al fin, de cualquier modo que fuese, siempre sera til conocer el resultado. De algunos casos que he procurado recoger, claramente aparece, que las semillas del mal pueden permanecer en el hombre sin causar efectos sensible hasta 15 das, y aun cerca de un mes.

PAGE 214

OBRAS 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ Del 26 de mayo al 24 de septiembre de 1831, llegaron a Inglaterra de los puertos infectados del Bltico 18 buques; y habiendo tenido cada uno un enfermo o ms de clera en su pasaje, el mayor nmero de ataques ocurri antes de los cuatro das, contndose solamente uno al sexto de la partida. La fragata inglesa Bruto sali de Liverpool, ciudad entonces apestada, el 18 de mayo de 1832 con colonos para Quebec, y el primer caso de clera no se present hasta el 27; es decir, que de la salida del buque a la aparicin de la enfermedad corrieron diez das. En uno de los informes rusos est consignado el hecho de que habiendo salido dos personas de Oremburgo, donde reinaba la epidemia, y llegado a Uralsk donde no exista, hicieron una cuarentena de 14 das; pero pasado este trmino, fueron atacados y murieron. En otro informe dirigido al Gobierno ingls desde San Petersburgo por uno de sus mdicos comisionados, se lee el siguiente prrafo que a la letra transcribo: “Por el mes de noviembre del ao pasado, cuando el clera epidmico estaba declinando en Casan; y cuando se estaban reuniendo de diferentes partes del imperio los presos que se haban de transportar a Siberia, varios de ellos fueron enviados de Casan a Perm, adonde llegaron casi en 25 das Todos estaban sanos al tiempo de su partida: ninguna contingencia ocurri en el camino: el clera no exista en parte alguna del pas por donde pasaron; y cuando llegaron a Perm, ciudad principal del distrito o gobierno de aquel nombre, la enfermedad no se conoca all porque nunca haba llegado. Para que no pasasen por la ciudad, fueron llevados a la crcel hacindoles dar un rodeo. Pocos das despus de su llegada, el clera estall entre ellos, se comunic a los otros presos de la crcel, y murieron unos 15. Las otras personas atacadas fueron solamente dos soldados, uno de los cuales estuvo de centinela en la puerta de la crcel, y el otro acompa al cementerio los cadveres de algunos presos. En virtud de las precauciones que tom el gobierno de la ciudad y distrito, el clera nunca apareci fuera de la prisin, y la ciudad qued libre de la enfermedad”. El prrafo que acabo de copiar, prueba tres cosas: 1 Que el clera es contagioso, porque se comunica de persona a persona. 2 Que tambin lo es, porque cortndole toda comunicacin, se extingue sin propagarse. 3 Que su germen puede conservarse por muchos das, sin enfermar al individuo que lo lleva consigo. Ni se crea que sta es una anomala de la que puede inferirse cosa alguna contra la naturaleza contagiosa del clera. Enfermedades que poseen este carcter en el punto ms elevado, presentan iguales fenmenos. Russell, tantas veces citado en esta carta, porque su nombres es inseparable del de la peste de Oriente, se expresa as: “De lo que he

PAGE 215

JOS ANTONIO SACO /209 /209 /209 /209 /209 observado en Alepo, estoy inclinado a pensar que la plaga rara vez est oculta ms de diez das, pero mayor experiencia se necesita para determinar una materia de tanta importancia”. Todava son ms concluyentes las observaciones hechas con la viruela, en cuya enfermedad se puede saber con exactitud el momento en que se trasmite el contagio por la inoculacin. El barn Dimesdale, que en el siglo pasado se ocup mucho en este gnero de experimentos, logr saber que de los inoculados que llegaban a infestarse, en unos aparecan los sntomas a los seis, y en otros, a los 14 o 15 das. Ignorndose, pues, la naturaleza del clera, y pudiendo modificarse de mil maneras, segn el clima y la constitucin de los individuos, quin puede fijar todava con precisin el tiempo que podrn estar ocultas sus semillas sin brotar en el cuerpo humano? Mortandad causada por el clera en diferentes nacionesMoreau de Jonns y otros escritores han computado la mortandad general. Yo repetir lo que ellos dicen; pero sin darle crdito a todo. De agosto de 1817 a mayo de 1834 ha habido en Asia y en Europa 656 irrupciones del clera, sin contar con las que han acaecido en los pases brbaros del Asia, y de las que no se ha podido tomar una noticia exacta. Moreau de Jonns calcula, que en este perodo de 14 aos, han muerto en la India 35 millones de habitantes, que es decir, dos y medio por ao: pero queriendo limitarse a nmeros bajos, los reduce a 18 millones; y como la poblacin de la India se computa en 110,11 resulta, que ha perdido en 14 aos casi la sexta parte de sus habitantes. No falta quien disminuya todava este nmero, pues en una Memoria en que se habla extensamente del mtodo curativo seguido por Mr. Cravier mdico de Pondichery, la mortandad de toda la India desde 1817 hasta 1825 solamente se eleva a 4 millones y poco ms de medio; y suponiendo exageradamente, que en los seis aos restante hasta 1831 hayan perecido 4 millones ms, tendremos que la mortandad de la India, que, Moreau de Jonns hace subir en 14 aos a 14 millones por el clculo ms bajo, apenas llega segn otros, por el cmputo ms exagerado, a poco ms de 8 millones y medio. En la Arabia pereci un tercio de los habitantes de las ciudades atacadas. En la Persia, un sexto de los mismos. En Armenia, un quinto. En la Mesopotamia, de un tercio a un cuarto. En la Siria, un dcimo. De 16 000 atacados en la provincia del Cucaso perecieron 10 000. En Tflis murieron tres cuartas partes de los enfermos, y dos tercios en Astracn. En mayo de 1831 ya haba 11En 1857, la poblacin de toda la India se comput en 180 millones.

PAGE 216

OBRAS 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ perecido la vigsima parte de las provincias rusas atacadas. Finalmente, Moreau de Jonns, despus de haber calculado la mortandad de la India en 18 millones, dice, que la del resto del mundo desde la China hasta Varsovia se puede considerar en 36 millones, que reunidos a la suma anterior, dan un total de 54 millones de personas destruidas por el clera desde agosto de 1817 hasta mayo de 1831. Yo no negar que una peste pueda arrebatar del nmero de los vivientes esos millones, y cuantos ms se quiera. Pero dnde estn los datos en que se funda Moreau de Jonns para elevar a 56 millones la mortandad causada por el clera en el espacio de 14 aos? Yo creo que esto no puede saberse ni aun aproximadamente. Padrones con que se llenan los libros, nos dicen que la India, abrazando bajo este nombre los territorios ms ac y ms all del Ganges, tiene 110 millones de habitantes; la China, segn el lord Macartney, 333; la Persia, 20; la Arabia, 10; y as sucesivamente; mas, quin podr mirar estas cifras ni aun como resultados aproximados, cuando en unos pases son inexactsimos los censos, y en otros no existen, porque los pueblos que gimen bajo el pesado yugo de la religin de Mahoma, tienen preocupaciones supersticiosas contra la costumbre de empadronar? Y no sabindose su poblacin respectiva, cmo asegurar que en este pas, por ejemplo, pereci la tercera parte de los habitantes, y en aqul, la quinta? y dado que la supiesen cmo han podido averiguar la mortandad de cada pueblo, cuando no existen tablas necrolgicas que den razn de los muertos? Los mismos reparos se pueden hacer contra las 150 000 personas que se supone perecieron en Egipto; pero no son aplicables a la mortandad de algunas naciones de Europa, porque en ellas se sabe, con la exactitud que permiten estas materias, no slo el total de habitantes, sino el de vctimas inmoladas por el clera. Por ms empeo que he puesto en encontrar estados que representen la mortandad de las naciones europeas invadidas de la epidemia, mis esperanzas se han frustrado; y aunque he conseguido noticias fidedignas acerca de algunas ciudades, ellas no son tan satisfactorias en cuanto al total de muerte en las distintas naciones. Puedo, sin embargo, decir, que en 1830 fueron atacadas en Rusia 54 000 personas, y de ellas murieron ms de 31 000: pero como el clera continu sus destrozos en aquella nacin en 1831, resulta que el dato es parcial, y, por consiguiente, inexacto. En Prusia, cuya poblacin es de cerca de 13 millones, perecieron 100 000 habitantes; esto es, 1 por casi cada 130. La Hungra y la Galitzia han sido, los pases de Europa ms azotados del clera; la primera con una poblacin de casi 10 millones tuvo 537 199 enfermos, y 237 066 muertos; y la segunda con mucho menos de la mitad, 260 083 colricos, y 97 789 muertos. Francia, que inscribe en sus padrones 33 millones de individuos, tuvo desde el principio de la epidemia en enero de 1832 hasta el 1 de enero de 1833, 229 534

PAGE 217

JOS ANTONIO SACO /211 /211 /211 /211 /211 colricos, y de ellos 94 665 muertos. Los enfermos respecto de la poblacin fueron 0,69 %; los muertos respecto de la misma 0,28 %; y los muertos respecto de los enfermos 40 %. En varios puntos invadidos en la Gran Bretaa, durante los ocho primeros meses, hubo 22 744 enfermos y 12 158 muertos, siendo as que su poblacin es de 22 millones. Recopilando estos datos que he podido recoger acerca de la Europa, formar la tabla siguiente: CasosMuertos ———————— Rusia, en los cinco primeros meses ......54 00031 000 Prusia........................................................ 100 000 Hungra.................................................... 537 199237 006 Galitzia ...................................................... 260 08399 789 Francia ...................................................... 229 53494 665 Gran Bretaa en varios puntos invadidos durante los ocho primeros meses .......................................................22 7448 910 Londres durante toda la epidemia.......3 248 ———————— 1 103 560 574 67812Historia de la aparicin del clera en la isla de Cuba en 1833Preservados de la invasin de esta enfermedad durante la poca en que reinaba con fuerza en los Estados Unidos de Norteamrica, muchos se daban el parabin de que ya no visitara nuestras playas; y persuadidos, por una parte, a que el mal haba cesado enteramente, y deseosos, por otra, de favorecer los intereses del comercio, se suspendieron las cuarentenas desde el 2 de febrero. Los que conocen el carcter traidor de la enfermedad; los que saban que aun no estaban ahogadas en aquella nacin las destructoras semillas del contagio; los que contemplaban en la facilidad con que podan ser introducidas en nuestro suelo, pues que solamente se hallaban de nosotros a la distancia de cuatro o cinco das de navegacin; todos estos se penetraron desde entonces de los ms fundados temores; y cumplindose sus tristes vaticinios, La Habana fue vctima de la epidemia en el mismo mes de febrero. El primer caso de clera de que se tuvo pblica noticia, y que alarm a los habitantes de esta capital, ocurri el 25 de aquel mes en un cataln 12Al hablar de la poblacin de Francia y de otras naciones de Europa, no se olvide que yo escriba en 1833.

PAGE 218

OBRAS 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ llamado don Jos Soler, que viva en el barrio de San Lzaro en la alameda de extramuros; o sea, calle del Prado. A poca distancia de la habitacin de Soler, fue atacada una mulata en el mismo da 25; y ya en el anterior haba perecido una negra de la misma enfermedad, sin que hubiese trascendido al pblico la causa de su muerte. Djose casi desde el principio, y reptese generalmente como cosa cierta, que algunos das antes de haber ocurrido estos casos, exista en el mismo barrio de San Lzaro un barracn de negros recin introducidos de frica, y que casi todos murieron infestados del clera. Este hecho, y la coincidencia de haber estallado la epidemia por el mismo punto donde se hallaban aquellos africanos, dio origen al rumor popular de que estos infelices haban sido los introductores de tan cruel enfermedad. Si acerca de este punto se han hecho las indagaciones necesarias, confieso que han sido tan secretas, que, a pesar de mis esfuerzos por saber qu pasos se dieron, y cules fueron sus resultados, me hallo en tan completa ignorancia como los dems habitantes de La Habana. Vome, pues, reducido a buscar la verdad en otras fuentes, y valindome para encontrarla de los sanos principios de la crtica, mis conjeturas, aunque destituidas del prestigio que pudiera darles el nombre de la autoridad, no por eso tendrn menos fuerza, pues que van grabadas con el sello de la imparcialidad y la razn. De dnde vino el clera a La Habana? Fue trado de frica o de los Estados Unidos? stas son preguntas que todos se hacen, pero que se responden con variedad, pues unos dicen que del primer punto, y otros que del segundo. Ilustremos la materia, y tratemos de fijar la opinin pblica. Yo no creo que el clera fue introducido de frica. Que existiese un barracn de negros apestados, es un rumor popular; y aun cuando no quedase duda alguna en esto, todava se ignora, si la peste fue el clera y otra enfermedad de las que comnmente padecen los africanos, pues muchas veces hemos visto arribar a nuestras costas cargamentos apestados, y morir gran parte de ellos. Admtase que fuese el clera: aun resta probar que lo hubiesen importado los negros, porque es muy factible que lo contrajesen despus de su desembarco, mxime cuando su naturaleza enflaquecida y postrada con las privaciones y crueldades que sufren en la navegacin, se halla altamente predispuesta para adquirir el mal. Poco importa decir, que no existiendo entonces ningn caso de clera, sera imposible que se hubiese presentado en ellos; porque, en primer lugar, quin responde de que antes de haberse difundido la falta nueva de su existencia entre nosotros, no hubiese estado oculto por algunos das sacrificando en silencio esta o aquella vctima? No sucedi as en Nueva York, donde habiendo ocurrido los primeros casos desde el 27 de junio, estuvo el pueblo en completa ignorancia de la aparicin del mal hasta el 3 de julio? Y si esto sucede en pases donde se aguardaba de

PAGE 219

JOS ANTONIO SACO /213 /213 /213 /213 /213 un da a otro la llegada de tan formidable enemigo, y donde la publicidad es el elemento de sus acciones, qu no sera de un pueblo que muchos consideraban exento de todo peligro, y en donde se ha contrado el funesto hbito de hacer un misterio aun de las cosas ms sencillas? Es verdad, que durante la epidemia llegaron a las costas de la jurisdiccin de La Habana algunos cargamentos de negros que perecieron a pocos das de haber desembarcado; pero nunca debe olvidarse, que en nuestro suelo fue donde contrajeron la enfermedad, y que como los atacaba con violencia, formaban un foco de contagio que reagravando el mal en los puntos donde se hallaban, iban sucesivamente difundindolo por los lugares de su trnsito. De aqu los justos temores de los habitantes del campo a los contrabandos de negros, y de aqu tambin la resistencia que algunas veces opusieron a su desembarco. Resistencia digna de elogio, y que ojal siempre se hiciera, pues con ella no slo aseguraramos a la patria un slido porvenir, sino que lavaramos el pecado que nos envilece a los ojos del mundo. Si estas consideraciones no bastan, tngase presente, que el clera no ha visitado todava las costas africanas del lado del Atlntico. Apareci en Egipto en 1831; extendiose hasta las playas del Mediterrneo; pero no sabemos que se hubiese internado. Quizs atravesara los desiertos, e invadira las regiones centrales; pero si vive en ellas, an no se haba presentado a principios de este ao en la colonia de Sierra Leona, en Liberia ni en las dems partes de las costas occidentales. Si a estas noticias se agrega el hecho positivo, de que posteriormente han llegado sanos, varios cargamentos que han salido de distintos puntos del frica, se acabar de conocer, que los tristes africanos no han sido los introductores del clera morbo en Cuba. Yo creo firmemente que nos vino de nuestros vecinos los norteamericanos. Siguen algunos la opinin contraria, y fndanse, en que habiendo aparecido el clera en La Habana a fines de febrero, y no existiendo ya entonces en los Estados Unidos, imposible era que nos fuese de all introducido. Que no exista, as esfuerzan su argumento, consta de un oficio en que el seor Cnsul General de Espaa cerca de aquella repblica, particip la cesacin del clera en ella. Para responder con exactitud, transcribir las palabras del acta de la Junta de Sanidad de La Habana del 26 de enero de este ao (1833), en que se dio cuenta de ese oficio, y la que se public en el Diario del Gobierno del 2 de febrero. “Por ltimo se dio lectura a dos oficios, uno del seor Cnsul General de los Estados Unidos de Amrica, en que noticiaba a S.S. que en ningn puerto de aquella repblica exista ya la enfermedad del clera epidmico, ni otra alguna contagiosa; y que el rumor que haba corrido de haberse introducido en Mbila, no ha sido confirmado, y crea que careca de fundamento”.

PAGE 220

OBRAS 214\ 214\ 214\ 214\ 214\ Lo que de esto nicamente se infiere, segn el Cnsul General, es que ya el clera haba cesado en los puertos de aquella nacin; pero como los puertos no son ms que una parte de ella, es muy mala consecuencia el inferir que tambin hubiese cesado en todos los Estados Unidos. Y ni aun su lenguaje es decisivo, respecto de todos los puertos, porque no se desmiente el rumor del clera en Mbila, sino que se limita a manifestar, que “no haba sido confirmado, y crea que careca de fundamento ”. Pero dese al testigo del seor Cnsul toda la interpretacin que se quiera: eso nada vale contra la terrible verdad de que el clera, desde que invadi en Norteamrica en junio de 1832, ha permanecido en l hasta la fecha. He aqu las pruebas de esta asercin: El Correo Semanal e Investigador de Nueva York en el nmero correspondiente a la semana que corri desde el 17 hasta el 23 de febrero de 1833, inserta una noticia sacada de la Gaceta de Quebec del mismo mes. Tales son sus palabras: “La Gaceta de Quebec dice, que no hay duda en que la semana anterior ocurrieron en Montreal varios casos de clera, de los que dos o tres fueron fatales. La experiencia y el carcter de la persona que ha dado la noticia como asunto de deber pblico, es digno de todo crdito. A la verdad que no es nada improbable ni extrao que la enfermedad reaparezca aqu, como en otros pases, y as en el invierno del Canad, como en el de Mosc”. Tenemos, pues, el gran dato de que en una ciudad fronteriza a los Estados Unidos resucit el clera en medio de los fros ms rigurosos; y como en aquella estacin est helado el ro San Lorenzo, que es el nico que abre a Montreal su comunicacin con el mar, es forzoso concluir que las mal ahogadas semillas del contagio se conservaban todava, o en el mismo Canad a que pertenece aquella ciudad, o en la repblica de los Estados Unidos. Pero esto, se dir, da una conjetura, mas, no un hecho convincente de su existencia en ellos, que es lo que nos interesa saber. Pues vase aqu probado lo que se quiere negar. En la misma acta ya citada, de la Junta de Sanidad de La Habana, y que se public, como he dicho, en el Diario del 2 de febrero, se dice lo siguiente: “Se ley por el vice-secretario el oficio del seor Cnsul General de Espaa en los Estados Unidos de Amrica dirigido al Excmo. seor Presidente, participndole que haba llegado a su noticia haber muerto en la ciudad de Boston el 1 de diciembre 19 personas del clera maligno, como igualmente que an no se haba extinguido esta epidemia en Nueva Orlens?” En el mismo Correo Semanal e Investigador de Nueva York se public el siguiente anuncio: “sentimos saber, que esta terrible enfermedad [el clera] todava se prolonga en los Estados del Oeste En Nashville, en el Estado de Tennessee, ocurrieron nueve casos el da 21 de enero; y en la semana anterior, la Junta de Sanidad de aquella ciudad dio parte

PAGE 221

JOS ANTONIO SACO /215 /215 /215 /215 /215 de diez casos y seis muertos ”. Yo llamo muy particularmente la atencin sobre las palabras todava se prolonga Esto dice claramente, no que la enfermedad hubiese desaparecido y presentndose de nuevo en los Estados del Oeste, sino que desde su invasin hasta las ltimas fechas haba permanecido en ellos. Ni se crea que el clera de Nashville se redujo a ocho o diez das en que hubiesen ocurrido algunos casos sueltos, sino que alarg su duracin, pues todo lo que nos dicen las gacetas de Nueva Orlens, es, que el 11 de febrero iba cediendo Otros peridicos de los Estados Unidos anunciaron tambin desde principios de marzo, que en el mismo Tennessee, en el distrito de Gallatin, se haban presentado varios casos de clera. El que exista en Attaccapas, se fue desenvolviendo, y despus de haber tomado un aspecto serio en Franklin, todava el Boletn de Nueva Orlens del 22 de marzo nos asegura, que continuaba sus destrozos en las parroquias de San Martn y Santa Mara. Finalmente, la fragata Cincinnati que sali de Nueva York para Nueva Orlens a principios de febrero, fue invadida del clera a los cuatro das de su salida, y el 11 y el 12 de aquel mes tuvo diez marineros enfermos. Estos hechos reunidos en la reaparicin del clera en Nueva Orlens y a los estragos que est causando en varios puntos de aquel Estado, bastan para probar que desde junio del ao pasado en que entr en el Norte de Amrica, hasta la fecha en que escribo esta carta, el formidable azote del siglo XIX no ha salido de aquel vasto territorio. Y al contemplar las continuas comunicaciones que tenemos con los Estados Unidos, y la existencia del clera, no slo en las fronteras del Norte, sino en las costas de la Luisiana, habr quien pueda negar que nos vino de aquellos pases? No faltar quien lo niegue; y para ello preguntarn, dnde est el buque apestado que de all entr? Como ya no haba cuarentenas, no se pudo saber cul fue; pero es una verdad, que en un barco procedente de Portland, de Newport, o de Boston, muri despus de su arribo a La Habana, un marinero atacado de clera la semana antes de haber estallado aqu. Bien conozco que contra esto se podr decir: 1 que no habiendo clera en aquellas tres ciudades, mal podra introducirlo ningn buque procedente de alguna de ellas; y 2 que la navegacin por corta que se suponga, ser de 10 o 12 das, en cuyo tiempo hubiera debido aparecer el clera a bordo, y no despus de tan largo trmino. En cuanto a lo primero, hay quien crea que en Portland, existan entonces algunos casos de clera. De Boston ya se ha visto, que el 4 de diciembre murieron 19 personas; y es muy probable que en enero y principios de febrero hubiese todava algunos casos. Si el buque, pues, sali de alguno de los puertos apestados, ya queda, sino destruido, por lo menos muy debilitado el primer argumento; pero como no s fijamente si parti de Portland, de Boston o de Newport, me desentender de

PAGE 222

OBRAS 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ esta razn, y avanzar por otro lado. Para que un buque pueda llevar el clera a un pas, es necesario que el puerto de donde sale, est actualmente apestado durante la epidemia, y slo en estos ltimos das es cuando muy efectos que se envan? No puede tocar en algn paraje donde exista o haya existido el mal, y tomar all su germen? No puede contraerlo aun en alta mar, ponindose en comunicacin con otra nave que encuentre? No acabo de citar el ejemplo de la fragata Cincinnati que sali en febrero de Nueva York para Nueva Orlens, y en la navegacin se declar el clera? Pero exista entonces en Nueva York? Dios nos libre de responder por la afirmativa; y no quedndonos ms recurso, confesemos a nuestro pesar, que un buque puede introducir el clera en un pas, sin que el puerto de donde procede, se halle apestado al tiempo de su salida. En cuanto a lo segundo, esto es, que siendo 10 o 12 das el trmino ms corto de la navegacin de aquellos puntos a La Habana, el clera debi de haberse declarado a bordo; es muy fcil responder. 1 Que bien pudo haberse declarado, mantenindose oculto por la falta de cuarentena, y haberse presentado despus en el puerto el nuevo caso de que llevo hecha mencin. 2 Que si este mismo caso, a pesar de haber ocurrido entre nosotros, permaneci ignorado durante la epidemia, y slo en estos ltimos das es cuando muy pocas personas han tenido conocimiento de l, con cunta ms razn no estara oculto lo que pudo pasar en alta mar, y cuando habra inters en esconder esos mismos sucesos? 3 Que habiendo manifestado en las pginas anteriores de esta carta, que el hombre puede llevar consigo el germen del clera por ms de 25 das, sin atacarle los primeros sntomas, debe, desde luego, cesar la imposibilidad que se quiere suponer con una navegacin de 10, 15 o 20 das. Pero no valgan las razones que he expuesto; y aun crase, si se quiere, que el marinero, lejos de ser el introductor de la peste, la contrajo en esta ciudad: todava no se infiere de aqu, que ella hubiese dejado de venir de los Estados Unidos. No pudo entrar en nuestro territorio por medio de los efectos mercantiles? Sin haber aparecido ningn enfermo a bordo de los buques, que de los pases vecinos ya apestados llegaron a varios pueblos del Asia, el clera los invadi. As se introdujo en las islas de Ceiln, Sumatra, Java, Penang, Singapore, las Molucas, Luzn, Ormus, Kirm, y algunos puntos del continente. Habr, pues, quien niegue entre nosotros, que se pudo introducir del mismo modo? Esto sera el colmo de la obstinacin. Cuando se reflexiona que jams el clera ha atacado ningn pas, sin que ste haya tenido antes relaciones con otro apestado; cuando se reflexiona que antes y al tiempo de aparecer en La Habana, exista en algunos puntos de los Estados Unidos, y que varios de stos, como es el de la Luisiana, no slo se hallan a muy corta distancia de esta capital,

PAGE 223

JOS ANTONIO SACO /217 /217 /217 /217 /217 sino que tienen con ella continuas comunicaciones; cuando se reflexiona que, a pesar de tan activo comercio, nos preservamos de la epidemia, mientras se guardaron las cuarentenas, y que nos vimos asaltados por ella, luego que se suspendieron; cuando se reflexiona, en fin, que el pueblo de Matamoros situado en las costas del golfo de Mjico, y que tiene relaciones mercantiles con los norteamericanos, pero ninguna con la costa de frica, ha sido tambin invadido y experimentado muchos estragos, y que el mal ha reaparecido en Nueva Orlens y otros pueblos de la Luisiana; es necesario confesar, que la irrupcin del clera en la isla de Cuba trae su origen de los Estados Unidos de Norteamrica. Introducido ya el clera en La Habana, su propagacin fue gradual, pues no tom un carcter formidable hasta el 3 de marzo en que se enterraron 56 cadveres en el Cementerio General. A nuestros mdicos cupo el honor de conocer la enfermedad desde los primeros casos que se les presentaron, y ms felices en su pronstico que los facultativos de otros pases, dieron una alarma oportuna para que los habitantes se preparasen. Aunque en los primeros das gran parte del pueblo no creyese en la existencia del clera, nunca atribuy las muertes casi repentinas que ocurran a la maldad de algn envenenador, ni al influjo de causas siniestras. La Habana, afortunadamente, no ha visto en su seno los tumultos populares que agitaron a San Petersburgo en los das aciagos del clera, ni tampoco las sangrientas escenas que deshonraron a Pars, asesinando en las calles a los inocentes que la furia popular designaba como autores de sus desgracias. No, nuestro pueblo ha sufrido en silencio los horrores de la epidemia ms destructora que se encuentra en sus anales; y cuando el nmero de vctimas que diariamente expiraban, llevaron al corazn de todos el triste convencimiento de que el clera nos haba invadido, levant con resignacin los ojos al cielo, y adorando los decretos de la Providencia, unos buscaron asilo en los pueblos y campos vecinos, y otros esperaron la muerte sentados en sus hogares. Cuando se apague el incendio que devora las frtiles regiones de esta Isla sin ventura; cuando las noticias que puedan reunirse, prestaren material para trazar el cuadro de nuestras desgracias, quizs entonces escribir una pgina que agregada al pequeo volumen de nuestra historia, consignar a la posteridad la justa alabanza de las buenas acciones y la severa reprobacin de las malas. Entretanto, mi pluma se limitar ms bien a dar un bosquejo, que no una noticia completa de los estragos del clera en La Habana y en algunos de los parajes ya invadidos. Mortandad en La Habana, ocasionada por el clera en 1833Los datos acerca de la mortandad de La Habana se derivan de tres fuentes: 1 de los estados de los comisarios de barrio intramuros, y de

PAGE 224

OBRAS 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ los capitanes de partido extramuros; 2 de los asientos y cartas de oficio de las parroquias; 3 de los cementerios. Comparando estas noticias, se halla una diferencia muy notable en los resultados; pero entre todas, las que ms se aproximan a la verdad, son las de los cementerios. Al principio puse gran empeo en recoger los estados de los comisarios; mas, cuando tuve en mi poder nueve de los 16 barrios en que est dividida la parte intramuros de La Habana, y vi que solamente elevaban la mortandad a 688 personas, conoc que estaba perdiendo el tiempo, y que deba ocurrir a otras fuentes. Los estados de las tres capitanas principales de partido de la poblacin extramuros, aunque no representan toda la mortandad que hubo en ellos, merecen, sin embargo, alguna consideracin; y as me parece conveniente insertarlos aqu. Partido de San Lzaro desde el 25 de febrero hasta el 15 de abril Como ste fue el barrio donde el clera se desenvolvi primero, es importante saber la marcha que sigui en los primeros das. DasMuertosDasMuertos————————————Febrero25..................2Marzo1..................12 26..................02....................8 27..................23..................10 28..................44..................17 .....................5..................23 La mayor mortandad del barrio de San Lzaro fue el da 22 de marzo, y lleg a 60. Partido de Guadalupe desde el 3 de marzo hasta el 27 de abril BlancosPardosMorenoTotal————————————————————Adultos ...............17564642881 Prvulos............12334116273 ———————— 29898758 1 154Totales Blancos Pardos y morenos libres Pardos y morenos esclavos Negros emancipados Total general Varones Hembras Varones Hembras Varones Hembras Varones Hembras 2511911021412641594613 442243423591 167

PAGE 225

JOS ANTONIO SACO /219 /219 /219 /219 /219 La mortandad mayor de Guadalupe fue el 23 de marzo en que ascendi a 97. Como los dos barrios o partidos de San Lzaro y Guadalupe componen la parroquia de la Salud, resulta, que atendiendo a los dos estados anteriores, la mortandad que hubo en ella, fue de 2 324: pero con la notable diferencia, que siendo casi iguales los nmeros que indican los muertos de cada uno de los dos barrios, pues que solamente varan en 13, y computndose la poblacin de San Lzaro en un tercio menos que la de Guadalupe, ya se conoce cun atrozmente ha sido castigado aquel barrio. Jess Mara desde 1 de marzo hasta 21 de abril BlancosPardosMorenoTotal —–———————————— Adultos ...............20973613895 Prvulos............10232114248 ————————— 311105727 1 143 La mortandad que consta de los asientos y cartas de oficio parroquiales, est muy lejos de la verdad ; porque, habindose dado sepultura a muchos centenares de cadveres sin participarlo a las parroquias respectivas, en stas solamente aparece un resultado parcial, siendo, por consiguiente, errneos cuantos clculos se formen sobre bases tan falibles. Esto no obstante, incluyo un estado de las parroquias, el cual deber considerarse ms bien como una noticia curiosa, que como un resumen de la mortandad. ————

PAGE 226

OBRAS 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ Los das de mayor mortandad que hubo en las parroquias segn sus libros, fueron: DasMuertos —————— Catedral...................................29de marzo29 Santo ngel .............................2840 Espritu Santo ........................1846 Santo Cristo ............................2744 La Salud ..................................22157 Jess Mara .............................2778 13Del total de esta parroquia se ha deducido un corto nmero de personas que se sabe murieron de otras enfermedades. 14El gran nmero de gente de color que aparece en la parroquia del Cerro, proviene de que all se tom razn de los negros muertos en el depsito de la Junta de Fomento, los cuales ascendieron a 124 desde el 4 de marzo que fue cuando estall all la enfermedad, hasta el 13 de abril.BlancosLibres de colorEsclavos Total general Varones Hembras Varones Hembras Varones Hembras Catedral desde 3 de marzo hasta 17 de abril inclusive..6632253613671366 Santo ngel desde 1 de marzo hasta 13 de abril inclusive................................3938481044760336 Santo Cristo desde 3 de marzo hasta 16 de abril......4253568610088425 Espritu Santo desde 28 de febrero hasta 19 de abril inclusive.......................8112768204130158768 Jess Mara desde 1 de marzo hasta 20 de abril......1531852313881231161 196 Guadalupe desde 25 de febrero hasta 22 de abril inclusive13..............................4854223834774562972 520 Cerro desde 4 de marzo hasta 18 de abril14................30169441279280 Jess del Monte desde 4 de marzo hasta 14 de abril393013125317164 Ntra. Sra. del Pilar desde 3 de marzo hasta 24 de abril inclusive.......................87122551066749486 1 0221 0259731 4171 2398656 541 Totales generales................ 2 0472 3902 1046 541

PAGE 227

JOS ANTONIO SACO /221 /221 /221 /221 /221 Cerro y Jess del Monte....... 1921 Nuestra Seora del Pilar ......1933 Si estos resultados fueran exactos, o por lo menos discrepasen poco de la verdad, yo hara con gusto algunas comparaciones; pero cuando a estas cifras es preciso aadir algunos centenares, que por la incertidumbre de las clases que representan, vienen a trastornar todos los clculos, qu ser de las operaciones aritmticas que se funden en elementos tan inciertos? Yo podra formar una serie de columnas llenas de guarismos que aparentasen exactitud matemtica; pero cuando se acercase a examinarlas un hombre de buen sentido, al instante me dira: “En vano trabajaste, tus clculos son absurdos”. Pasemos, pues, a los cementerios, que son, sin duda, los que ms se aproximan a la verdad. Cementerio general desde el 25 de febrero hasta el 20 de abril BlancosDe colorTotal DasAdultosPrvulosAdultosPrvulosgeneral ————————————————————— Feb. 25835521 26536317 27425112 289124337 Marzo17120735 2613224 311240356 412451370 524650585 627105613106 7158798110 8206865117 93179012140 10386848136 11368129179 123268712137 1339610311159 143388910140 15321314614205 16381011116175 1739161129176 18472817118264 19442416017245 20381615617227

PAGE 228

OBRAS 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ 21342411526199 22782720919333 23602221517314 24572016243252 25542016522261 26723918330324 27462110212181 2859198215175 2930145316110 30315511299 3117823957 Abril 125823460 216623651 312217738 412514233 51015622 610612331 7627520 8642416 91067326 10333211 11538218 128511731 131414322 147314327 157310424 164311422 1747213 1863211 19654217 20258318 —————————— Totales1 2934843 4364735 686 Corren por la ciudad algunos estados manuscritos de la mortandad del Cementerio General que no concuerdan con ste; mas, yo le doy la preferencia: 1 porque cualquiera que se tome el trabajo de examinar aquello, encontrar algunas veces que la suma total de la mortandad diaria no conviene con las distintas partidas que la componen; y 2 porque la mayor discrepancia entre mi estado y los otros se halla en los ltimos das de febrero, das en que, como todos saben, empez el clera, y en que fueron muy raros los que murieron de l. El 25 solamente murieron dos en el barrio de San Lzaro: el 26 ninguno, y no

PAGE 229

JOS ANTONIO SACO /223 /223 /223 /223 /223 puede decirse que perecieron en otra parte, porque el clera an no haba salido de aquel recinto. El 28 ya ocurrieron ms casos; pero nunca para exagerar tanto la mortandad. En fuerza de estas razones, cmo podr creer que el 25 de febrero se enterraron en el Cementerio General 31 cadveres; el 26, 69; el 27, 28; y el 28, 81, que es cabalmente la mortandad que sealan aquellos estados? El que aqu inserto, es copia fiel del que conserva el capelln de aquel lugar, quien habiendo permanecido en l durante toda la epidemia, tuvo por estas circunstancias y por el ejercicio de sus funciones, la mejor ocasin de adquirir noticias exactas. La Marina perdi 63 hombres. De estos, 45 murieron en el pontn Teresa, se enterraron en su cementerio particular. Los 18 restantes, que expiraron en el hospital de San Ambrosio, fueron sepultados en el Cementerio General. Estado general de los cadveres enterrados en el cementerio de los Molinos del Rey desde el 27 de marzo hasta el 11 de abril inclusive El 18 de marzo se abri en el Arsenal un hospital para hombres. La mortandad empez el 20 de aquel mes, y ces el 19 de abril inclusive. El total ascendi a 62 blancos, 67 libres de color, y 105 esclavos; es decir, a 234. De este nmero se enterraron, unos en el Cementerio de la Marina, desde el 20 hasta el 24 de marzo; otros se quemaron desde el 25 hasta el 30; y otros se sepultaron en el Cementerio General o en los Molinos desde el 31 hasta el 19 de abril. Hallndose los cadveres queDas BlancosDe color Total general Adultos varones Id. hembras Adultos varones Id. hembras Adultos varones Id. hembras Adultos varones Id. hembras Marzo 2732610015153 28381813416206 29271515126231118181 30614483547812134 311914610513557147 Abril 11515862830137122 2141387223164105 313129511274485 4538310163250 55115813205370 681032131710568 7233310163842 86124482330 933426132437 10334111 1131610 Totales19911410070508295104611 451

PAGE 230

OBRAS 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ vinieron a stos, inclusos en los estados anteriores, se deben rebajar del total, y como ascienden a 52, los 182 restantes forman un nuevo estado que contribuye a aumentar la mortandad. Helo aqu:Libres de BlancoscolorEsclavosTotal ——————————————Sepultados en el Cementerio de Marina desde el 20 hasta el 24 de marzo.........................47223776 Quemados desde el 25 hasta el 30 de marzo.........................293146106 ————— T otales ..........................465383182 En Casa Blanca se hizo un cementerio para los que all muriesen, y desde el 17 de marzo en que se abri hasta el 17 de abril, da en que se hizo en este mes el ltimo entierro, hubo 14 blancos y 38 de color, formando el total de 54. En el cementerio del Cerro no slo se sepultan los cadveres de esta parroquia, sino tambin los de la del Pilar; y as los estados de l, como los de Jess del Monte, concuerdan con los asientos de las parroquias respectivas. Mas, es preciso confesar, que ni aqullos ni stos dan una noticia exacta de la mortandad en los das de la epidemia, ya porque muchos cadveres no fueron llevados a los cementerios, ya porque otros fueron enterrados sin haberse podido tomar constancia de su muerte. No habiendo, pues, diferencia alguna entre los asientos de estas tres parroquias y los de sus dos cementerios, no repetir lo que he dicho en el estado general de aqullas. Haciendo un resumen por colores de toda la mortandad de La Habana, segn los estados de los cementerios, se obtiene el siguiente resultado: BlancosDe colorTotal ————————— Cementerio general ........................1 7773 9995 686 Molinos.............................................4839681 451 Cementerio de Marina, los del pontn T eresa ...............................1545 En el mismo cementerio, parte de los muertos del hospital del Arsenal ....................................475976

PAGE 231

JOS ANTONIO SACO /225 /225 /225 /225 /225 Quemados del mismo hospital .......2977106 Casa Blanca .....................................133851 Cementerio del Cerro ....................255511766 Jess del Monte ..............................6995164 ————————— 2 6585 6578 345 Pero esta suma no da todava la verdadera mortandad de La Habana. Los centenares de cadveres que durante muchos das se llevaron al Cementerio General, no daban tiempo para contarlos, as fue, que las guardias que da y noche velaban a la puerta de aquel recinto, reciban los muertos segn las papeletas que les entregaban; y como muchas veces, a los carretones ya cargados de cadveres se les echasen algunos nuevos sin el requisito de la papeleta; he aqu que necesariamente hubo algunas omisiones; y no temo incurrir en ningn exceso, si las computo en 100. Ya he dicho, que en los cementerios de las parroquias del Pilar, Cerro, y Jess del Monte, tampoco se pudo tomar razn de todos los muertos; y all, sin duda, el nmero fue proporcionalmente mayor, pues hubo da de aparecer diez cadveres arrojados al cementerio del Cerro, y a los que se dio sepultura, sin haberse asentado en los libros. Para corregir, pues, estas omisiones, aadir solamente, por un clculo bajo, el nmero de 50, que viene a ser un poco ms del 5 % sobre el total que aparece de los estados de aquellas tres parroquias: y si reunimos esta cantidad a la anterior de 100, el gran total se elevar a 8 465. An es preciso hacer otra consideracin. Durante la epidemia salieron de La Habana millares de personas, cuyo nmero no me atrever a fijar, por ser materia muy incierta; y como stas se sustrajesen del influjo de la epidemia en la capital, claro es, que recayendo entonces su accin destructora sobre menor nmero de individuos, sus vctimas ya no pudieron ser tantas, como si todos los vecinos de esta ciudad hubiesen permanecido en ella. Si se pudiera saber cuntos se ausentaron, sera muy fcil llegar a un resultado exacto, rebajando aquel nmero del total de la poblacin y estableciendo despus las proporciones entre los restantes y la mortandad general. Mas, ya que esto no es dable, es preciso llenar este vaco del modo que se pueda; y creo que en parte se lograr, haciendo una distincin entre mortandad en La Habana y mortandad de los vecinos de La Habana Me explicar. Por mortandad en La Habana quiero decir, la que ha habido en la misma ciudad, limitando su poblacin a las personas que permanecieron en ella, durante la epidemia: y por mortandad de los vecinos de La Habana aquella que no slo comprende a los que se quedaron en ella, sino a los que salieron a los campos y pueblos inmediatos. Porque a la verdad, si alguno de stos ha muerto del clera, aunque fuera de la capital, deja sta por eso de haber perdido una parte de los individuos que

PAGE 232

OBRAS 226\ 226\ 226\ 226\ 226\ componan su poblacin? Si no se hubiesen ausentado de ella, es innegable que hubiera perecido mayor nmero; porque Guanabacoa, que fue el asilo general de las familias de La Habana, no sufri, proporcionalmente hablando, tantos estragos como la capital. Adems de que es bien sabido, que muchas personas que contrajeron el clera en ella, fueron a exhalar el ltimo suspiro a Guanabacoa. Lo nico que resta averiguar, es el nmero de personas que murieron fuera de La Habana, y, por fortuna, aquella villa nos ofrece un dato muy importante, pues habindose tenido el cuidado de clasificar los muertos de su poblacin y los de otros puntos que se refugiaron a ella, se encuentra en el estado general de su mortandad desde el 11 de marzo hasta el 8 de mayo una partida de 127, perteneciente a los que no eran vecinos suyos; y muy bien puede suponerse, que casi todos eran de La Habana. Si a este nmero se agregan algunas personas que tambin murieron en los pueblos y campos a donde huyeron, no se exagera nada en decir, que ms de 150 habitantes de La Habana perecieron fuera de ella en los das de la epidemia, resulta, pues, que desde el 25 de febrero hasta el 22 de abril, La Habana perdi 8 615 personas. Segn el censo de 1827, La Habana, entendiendo por tal la parte intramuros, Casa Blanca, La Salud, San Lzaro, Jess Mara, Horcn, Cerro y Jess del Monte, tena 92 225 almas de poblacin permanente, dividida en 44 087 blancos, y 48 138 de color. Comparando la poblacin blanca con los muertos blancos, resulta una prdida de 6,2 %. La poblacin de color con los muertos de color da 11,7 %. El total de la poblacin con el total de muertos, ascendente a 8 315, da 9,01 %. Mas, como aquel censo computa la guarnicin y los transentes en 18 000, y en la mortandad general no se ha hecho deduccin de ellos, es preciso agregar esta cantidad a la poblacin permanente para elevar el total a 110 225, que comparado con los 8 315 muertos, da una prdida de 7,5 %. Pero el nmero 8 315 no da el total de los vecinos de La Habana que perecieron durante la epidemia: es preciso agregarle los 150 cadveres en que computo las omisiones del Cementerio General, del Pilar, Cerro y Jess del Monte, y los 150 que murieron fuera de La Habana. Estas dos partidas reunidas a la primera, forman la suma de 8 645, que comparada con los 110 225 de poblacin, da 7,8 %. Tal es el resultado que se saca, suponiendo que el censo de 1827 represente la verdadera poblacin de La Habana; pero con el respeto debido a la autoridad que le mand formar, y con una justa consideracin a las personas que se encargaron de reunir sus materiales, same permitido disentir de las cifras que contiene, y elevar la poblacin de La Habana por un clculo prudente a 120 000 almas. Segn este cmputo, la mortandad general de 8 315, viene a ser de 6,9 %, y la de 8 613, de 7,1 %.

PAGE 233

JOS ANTONIO SACO /227 /227 /227 /227 /227 No se crea, empero, que todos los muertos que indican estos nmeros, han sido sacrificados por el clera. Perdido entre nosotros el dato precioso de los casos de esta enfermedad, no sabemos cuntas fueron las personas invadidas, ni tampoco las que murieron. As es, que en los censos necrolgicos aparecen confundidos los cadveres del clera con los de otras enfermedades. Y ser posible entresacar aqullos de stos, y formar un estado, que contenga solamente la mortandad causada por el clera? Veamos si podemos acercarnos a la verdad en asunto tan complicado. La mortandad media en La Habana en los cinco aos anteriores, contando solamente con el Cementerio General desde el 25 de febrero hasta el 20 de abril, y con la parroquia del Pilar desde el 3 de marzo hasta el 22 de abril inclusive, se computa en 680. Rebajando este nmero de la mortandad causada por la epidemia, el total queda reducido a 7 935. Esta disminucin sera mayor, si se hubiese incluido tambin la mortandad media de las parroquias del Cerro y Jess del Monte en el quinquenio anterior; pero como es de poca consideracin, no altera mucho los resultados. Aunque estos nmeros tuviesen toda la exactitud posible, caeramos, por otra parte, en un escollo insuperable. Cuando el clera invade con fuerza, muchas de las enfermedades ordinarias degeneran en ella; de manera, que la mortandad media de un pas, ya no puede servir para trazar la lnea divisoria entre los muertos de la epidemia reinante y los de las enfermedades comunes. Complcanse ms los datos si se reflexiona, que la degeneracin de stas, a veces es mayor, y a veces menor, pues no es tan cierto, como generalmente se cree, que cuando reina el clera, casi todos los enfermos mueren al fin de ella, aunque hayan sido otros los principios de las dolencias. En Pars hubo da de fallecer de enfermedades ordinarias el mismo nmero de gente que en tiempos comunes. Del 1 al 2 de mayo murieron 38 colricos y 71 de otros males, que es la mortandad ordinaria de Pars. Del 2 al 3 hubo 119 cadveres, y los colricos no pasaron de 40. En Nueva York, del 28 de julio, mes en que se declar el clera, al 4 de agosto en que todava reinaba con fuerza, murieron 580; de stos fueron de clera 383, y los restantes, de otras enfermedades. Del 4 de agosto al 11 del mismo mes hubo 467 muertos, y de ellos 281 de clera. El obispo Heber en su viaje a la India refiere, que en 1824 y 25, aos de su residencia all, el clera y las fiebres intermitentes reinaban a un tiempo en aquel vasto territorio. Lo mismo observ en Prusia el doctor Becker de Berln, segn se ha dicho ya en otra parte de esta carta. Finalmente, en la Arabia hacia las costas del mar Rojo, el pueblo sufri mucho en 1831 del escorbuto, fiebre y clera morbo que le atacaron simultneamente.

PAGE 234

OBRAS 228\ 228\ 228\ 228\ 228\ En medio de la incertidumbre en que nos hallamos para averiguar el nmero de colricos que perdi La Habana; y atendiendo, por otra parte, a que los ataques de la epidemia fueron tremendos entre nosotros, y que por la observacin de los facultativos, casi todas las enfermedades comunes degeneraron en clera, me aventuro a decir, que una dcima parte de los que mueren ordinariamente, vendra a escapar de la epidemia. Pero antes es menester rebajar de toda mortandad, los cadveres que positivamente se sabe que fueron colricos; tales son, los 33 de la Marina, los 183 del hospital provisional de mujeres, los 234 del de hombres en el Arsenal, los 191 de la tropa de lnea, y los 124 del depsito de la Junta de Fomento; que es decir, 765. Queda, pues, reducido el gran total de muertos a 7 850; y deduciendo de aqu, por una parte, el dcimo en que computo la mortandad causada por las enfermedades ordinarias y aadiendo, por otra, los 765 colrico antes rebajados, sacaremos un total de 7 830 colricos. Mas, sea de esto lo que fuere, no se piense que aqu ces ya la mortandad en La Habana. Los estados que empiezan el 25 de febrero, y acaban del 17 al 22 de abril, solamente representan los estragos del perodo ms calamitoso que sufrimos; pero el clera todava no ha desaparecido de entre nosotros. A fines de abril ocurrieron muy pocos casos: en mayo tuvo sus alternativas; y en junio ha continuado con ms fuerza que en el mes anterior. Los estados del Cementerio General dan una idea del aumento y declinacin del clera desde que se cant el Te Deum el 20 de abril hasta el 30 de junio. DasMuertosDasMuertos ———————————————— Abril2114 2211 239 248 259 2612 2713 2810 2913 3013 —— 112 —— Mayo110 27 315 48 510 66 713 88 97 109 119 1213 1311 1412 1513 1611 177 1810 1911

PAGE 235

JOS ANTONIO SACO /229 /229 /229 /229 /229 2011 2111 2215 2314 2420 2515 2616 2718 2810 2917 3017 3120 —— 374 —— Junio 111 210 325 49 57 628 728 822 922 1019 1116 1216 1323 1414 1518 168 1723 1812 1916 2024 2125 2228 2326 2415 2522 2614 2715 2814 2914 3017 —— 541 En mayo de 1832 se enterraron en el Cementerio General 425 cadveres, esto es, 51 ms que en mayo de este ao; y a no haber sido por los casos de clera que se presentaron, la mortandad habra bajado ms, pues disminuida la poblacin, y destruidos por la epidemia casi todos los enfermizos y dems gente en quienes se ceban las enfermedades ordinarias, stas habran encontrado poco pbulo durante algn tiempo. En junio de 1832 murieron, segn los asientos del Cementerio General, 363; mas, en el mismo mes de este ao hay un exceso de 178: consecuencia necesaria de la gran sequa que hemos pasado en la ciudad, de los calores extraordinarios que hemos sufrido, y del incremento que tom el clera por estas o por otras causas. Cuntas sean las nuevas vctimas de esta enfermedad, no se sabe a punto fijo. Desde el 25 de abril al 24 de junio inclusive ha llegado a mi noticia la muerte de 43 personas en la parroquia de Nuestra Seora de Guadalupe. Y si esto ha sido en una sola, qu no ser en las dems? Bien podemos decir, que desde el 20 de abril hasta el ltimo de junio han muerto del clera en toda La Habana, por un clculo bajo, 250 personas, que agregadas a la mortandad general, forman el total de 8 865; y

PAGE 236

OBRAS 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ 15Es de advertir, que de resultas de un fuego que hubo en la ciudad en los das de la epidemia, este batalln tuvo 49 enfermos, y de ellos murieron 17.comparado con los 92 225 de la poblacin permanente del censo de 1827, da poco ms de 9,6 %; con la de 110 225 a que asciende la totalidad de dicho censo, 8,04 %; y con la de 120 000 almas, poco ms de 7,3 %. Aqu tiene usted, amigo mo, la mortandad de La Habana, sino por trmino fijo, a lo menos muy aproximado a la verdad. Quizs se podr haber deslizado alguna leve equivocacin en estos clculos; pero si la hubiere, reservo rectificarla en el siguiente nmero de la Revista Circulan sobre este punto noticias muy exageradas. Citan estados de 11 086 muertos, y aun de 17 585; pero la mortandad que indican, no slo se refiere a La Habana, sino a varios pueblos y campos de su distrito. Una reflexin muy sencilla basta para salir del error. El estado que contiene los 11 086 muertos, empieza el 25 de febrero y acaba el 30 de abril inclusive. El de los 17 585 empieza tambin el 25 de febrero, pero acaba el 31 de mayo. Ahora bien: si hasta el 30 de abril solamente haban muerto 1 186, cmo pudo llegar la mortandad en La Habana el ltimo de mayo a ms de 17 000, cuando la epidemia perdi sus fuerzas desde abril, y de entonces ac ha sido muy corto el nmero de muertos en la ciudad? Mas, antes de soltar de la mano los censos necrolgicos de ella, dar a usted algunas breves noticias que considero importantes. Ya he dicho, que los militares sufren gradualmente menos estragos del clera que otras clases de la sociedad: pues esto tambin se ha verificado en nuestro suelo. De la tropa de lnea que guarnece esta plaza, murieron desde el 25 de febrero hasta el 16 de abril inclusive. Estado Mayor ................7 oficiales .......................................7 Habana...........................3 oficiales y.... 42de tropa....45 Espaa15.........................1 jefe y...........37 dem..........38 Primero de Catalua .........................19dem..........19 Voluntarios de mrito ........................15dem..........15 Lanceros del Rey ...............................8dem..........8 Barcelona .......................1 oficial ...........16dem..........17 Corona.................................................16dem..........16 Brigada de Artillera ....1jefe...............19dem..........20 ————— 13172185 Agregando a este nmero un jefe de milicias de infantera, otro de caballera, y cuatro oficiales del depsito de transentes, tenemos un total de 191. Si la tropa de lnea de esta plaza se computa en 6 500 hombres, y la comparamos con los 191 muertos, la mortandad que se saca, es de poco ms de 2,9 %. Mucho ha influido en este resultado el estable-

PAGE 237

JOS ANTONIO SACO /231 /231 /231 /231 /231 cimiento de hospitales en los cuarteles, y la prolija asistencia que se dispensaba en cada cuerpo a los que eran invadido del mal. La tropa de lnea que guarnece La Habana, ofreci en los das calamitosos de la epidemia un rasgo digno de elogio. Excitada por el Excmo. seor gobernador y capitn general D. Mariano Ricafort, puso a disposicin de S.E. algunos millares de pesos en calidad de donativo para socorrer a los infelices que perecan por falta de socorro; y La Habana, en medio del luto que la cubra, tuvo el consuelo de ver, que la tropa que se aliment de la sustancia del pueblo, derramase parte de esta misma sustancia en el seno de sus hijos necesitados. Esta accin generosa honrar siempre al jefe que la promovi, y a los sbditos que la ejecutaron. La Casa de Beneficencia contaba el 1 de marzo de este ao 424 personas de todas clases. De las 73 del departamento de nios salieron para sus casas 45, y de los 28 restantes murieron 18. Del departamento de nias en que haba 116, salieron 37, y de las restantes, solamente murieron dos. El de hombres dementes tena 92, y perecieron 25; y el de mujeres 48, de cuyo nmero murieron 11. Mortandad extraordinaria: y que no puede atribuirse al terror que el clera les infundiera. Finalmente, de las 424 personas de este establecimiento, o mejor dicho de las 342 que quedaron dentro de sus muros, perecieron 68. El hospital de San Lzaro, donde parece que el mal haba de causar muchos estragos por la naturaleza de la enfermedad que padecen los leprosos, nos ofrece una prueba demostrativa de todo lo contrario. Cuando el clera rompi all, haba 126 personas, y de stas, 102 eran enfermos. Con todo, solamente murieron 12 durante la epidemia, o mejor dicho, del 11 al 29 de marzo; y aun se cree fundadamente, que no todos perecieron de ella. Esto es tanto ms de notar, cuanto los leprosos salen a la calle segn lo permiten los reglamentos de la casa, y cuando sta se halla a muy poca distancia del Cementerio General, y al costado de la calle por donde pasaban diariamente centenares de cadveres. Por ltimo, amigo mo, cerrar el triste cuadro de la mortandad de La Habana con el estado de los que diariamente se enterraron en todos los cementerios. Mortandad diaria en todos los cementerios segn sus estados16DasMuertosDasMuertos ———————————————— 16Aunque la mortandad se extiende hasta el 22 de abril, se advierte que la de este da y la del anterior solamente comprende la de la parroquia de Nuestra Seora del Pilar.Febrero2521 2617 2712 2837

PAGE 238

OBRAS 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ Marzo135 221 357 480 5108 6118 7131 8120 9156 10160 11216 12174 13193 14153 15241 16202 17208 18296 19303 20267 21260 22388 23376 24326 25303 26396 27389 28435 29325 30261 31224 Abril 1196 2167 3143 496 5104 6114 773 852 969 1032 1135 1238 1327 1434 1527 1626 1720 1813 1918 2018 212 222 ——— 8 315 La mxima mortandad de Pars, cuya capital cuenta una poblacin de 700 000 a 800 000 almas, fue el 9 de abril, y ascendi a 861. La de Nueva York, con ms de 200 000, lleg a 108 el 24 de julio. La de Filadelfia, con ms de 160 000, subi solamente a 71 el 6 de agosto. Mas, La Habana, la infeliz Habana enterr el 28 de marzo 435 cadveres, contando slo con los estados de los cementerios. Para que se conozca toda la fiereza con que el clera nos ha invadido, he formado una Tabla que contiene la mortandad de algunas ciudades de Asia, Europa, frica y Amrica PoblacinCasosMuertosPor ciento ——————————————— Jessora.........................--6 000 Banda...........................20 000-10 00050

PAGE 239

JOS ANTONIO SACO /233 /233 /233 /233 /233 Benares........................ 582 000-15 0002,5 Erivan ..........................---20 Tflis .............................---20 Manila.......................... 150 000-14 0009,7 Basora..........................---30 Bagdad.........................---30 Trpoli ...........................---0,5 Shiras...........................40 000-16 00040 San Petersburgo ......... 448 00013 1529 258 2,06 El nmero de casos respecto de la poblacin fue de ...................--2,9 El nmero de casos respecto de los muertos---70,3 Mosc desde el 16 de septiembre hasta 3 meses despus ............ 250 0008 1304 385 Enfermos respecto de la poblacin .................---3 Muertos respecto de dem..............................--1,17 Varsovia desde el 12 de abril hasta el 21 de julio de 1831 ........... 100 0004 0652 144 Muertos respecto de la poblacin .................---2,1 Enfermos respecto de los muertos ..................---62 Muertos respecto de los curados ..................---75 ......................................---13 Lemberg......................42 0004 6663 230 Enfermos respecto de la poblacin .................--11,1 Muertos de dem ........--7,6 Konigsberg ..................60 0001 7141 034 Enfermos respecto de la poblacin ............---2,8 Muertos de dem ........---1,7 Riga..............................40 000-1 5383,8 Tilsit.............................9 000-2192,4 Posen............................16 000363275

PAGE 240

OBRAS 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ Casos respecto de la poblacin .....................---2,2 Muertos respecto de la poblacin .....................---1,7 Dantzick ......................60 0003 3331 000 Casos respecto de la poblacin .....................---5,5 Muertos respecto de la poblacin .................---1,6 Viena............................ 300 0003 0001 Amsterdam................. 200 000-8000,25 Pars por el clculo ms bajo ....................... 700 000-21 2123 Londres.......................1 474 000-3 2480,2 Cairo............................ 200 000-32 00016 Cairo (segn Volney).250 000-32 00013 Quebec desde 8 de junio hasta 5 de julio .............................. 37 000-1 4213,7 Nueva York desde 3 de julio hasta 17 de agosto........................... 214 000-1900,9 De la tabla anterior aparece, que Banda y Shiras son las ciudades que ms han padecido, y Londres, Nueva York, y Amsterdam las que menos. Las razones que he expuesto en las pginas anteriores de esta carta, me hacen desconfiar de los nmeros que indican la mortandad de algunos pueblos del Asia. Mortandad en varios pueblos y campos de la IslaDe La Habana se difundi el clera a otros pueblos y campos de la Isla. En Regla se present el 12 de marzo, y el 7 de mayo ya haban muerto 258 personas, sin contar con las que han sucumbido despus. He aqu el estado de su mortandad: Adultos varones ......................31BLANCOS.......dem hembras ........................37 Prvulos varones ...................30112 dem hembras ........................14 Adultos varones ......................10 dem hembras ........................12

PAGE 241

JOS ANTONIO SACO /235 /235 /235 /235 /235PARDOS..........Pr vulos varones ...................326 dem hembras ........................1 Adultos varones ......................52 dem hembras ........................58MORENOS......Pr vulos varones ...................7120 dem hembras ........................3 —— Total ...............258 El estado anterior comprende la mortandad desde el 12 de marzo hasta el 7 de mayo en que se declar oficialmente su cesacin; pero como antes de la primera fecha hubo algunos casos, y han ocurrido otros despus de la segunda, bien puede computarse el nmero de muertos en 280. En Guanabacoa ocurri el primer caso el 11 de marzo en un negro que el mismo da haba llegado de La Habana; y desde entonces hasta el 8 de mayo, en que oficialmente se dijo que haba cesado, murieron 474 personas. As consta del estado siguiente: Adultos varones ......................60BLANCOS.......dem hembras ........................36 Prvulos varones ...................28 dem hembras ........................10 Adultos varones ......................234 dem hembras ........................82DE COLOR......Pr vulos varones ...................18 dem hembras ........................6 —— Total............474 Debo observar: 1 Que como el mal no ces enteramente el 8 de mayo, sino que continu por algn tiempo ms, la mortandad es mayor. 2 Que del total de 474 se deben rebajar 127 a que ascienden los que de La Habana y otros puntos murieron en Guanabacoa. Hecha esta deduccin, todava la cantidad restando no indica el nmero de colricos, pues que no se hizo ninguna diferencia entre stos y los que murieron de otras enfermedades. Para aproximarse en lo posible a la verdad, debo sustraer tambin la mortandad ordinaria de Guanabacoa; y como en los dos meses de marzo y abril de los cinco aos anteriores, ha sido de 58 por trmino medio, el total de colricos muertos es de 289. Suponiendo que Guanabacoa tenga 11 000 almas, resultar que ha perdido 2,6 %.

PAGE 242

OBRAS 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ Pero es preciso considerar, que muchos de los que en tiempos ordinarios mueren de las enfermedades comunes, perecen del clera en los das de la epidemia, segn he dicho respecto de La Habana: as es, que lo menos en que debe computarse la disminucin de la mortandad por causas ordinarias, es en 2/3; y como he fijado en 58 la dicha mortandad de Guanabacoa para los dos meses de marzo y abril, he aqu que el total de muertos de clera se eleva casi a 328, que respecto de la poblacin dan una prdida de 2,9. No partiendo estos clculos de bases fijas, sera ridculo someterlos a una precisin matemtica. De fines de marzo al 20 de mayo, la mortandad de la villa de Gines y sus jurisdiccin fue la siguiente: Varones adultos ......................64BLANCOS.......dem pr vulos........................39 Hembras adultas ....................63202 dem hembras ........................36 Varones adultos ......................587 dem prvulos ........................82DE COLOR...... Hembras adultas ....................2781 011 dem hembras ........................64 —— Total..............1 213 En la segunda mitad de marzo empez el clera en el partido de Managua. El 16, pas por el pueblo de este nombre para su finca, huyendo de La Habana, el licenciado don Bartolom Vil; pero como ya llevaba en su cuerpo las semillas del contagio, pereci el 18 del mismo mes. El 21 se encontr muerto a un esclavo suyo, y sucesivamente murieron otros que se tuvieron por colricos. Atacado de la enfermedad un individuo que se hallaba en el campo, pas a curarse a la poblacin; y he aqu que desde entonces se introdujo en ella. Para no caer en equivocaciones, es preciso advertir, que la jurisdiccin eclesistica del partido de Managua no abraza el mismo territorio que la civil; pero ambas contienen las siguientes fincas: Potreros...........................................................................59 Cafetales ..........................................................................4 Ingenios con inclusin de algunos demolinos ............9 Estancias .........................................................................191 —— 263

PAGE 243

JOS ANTONIO SACO /237 /237 /237 /237 /237 Antes de la aparicin del clera se computaban en todo el partido 1 462 negros, a saber: 976 varones, y 486 hembras. La mortandad general causada por el clera en todo l, aparece de los estados siguientes: Jurisdiccin eclesistica y civil Adultos varones ......................9BLANCOS.......dem hembras ........................5 Prvulos varones ...................219 dem hembras ........................3 Adultos varones ......................56 dem hembras ........................41DE COLOR......Pr vulos varones ...................1100 dem hembras ........................2EN CUATROAdultos varones ......................81INGENIOS...... dem hembras ........................15 Prvulos varones ...................8104 dem hembras ........................ —— Total ...........................223 De Matanzas hablara largamente, si los lmites de esta carta me lo permitiesen. Bsteme decir, por ahora, que habiendo aparecido los primeros casos desde el 4 de marzo en tres negros esclavos que trabajaban en el barrio de Yumur, fue aumentndose cada da hasta llegar a un grado espantoso; y aunque hace algn tiempo que abati sus fuerzas, todava el 10 de junio se enterraron 13 colricos, y hoy mismo no est exenta la infeliz Matanzas del formidable enemigo que la ha despedazado. Hblase de la mortandad con mucha divergencia: quien la disminuye hasta 700, quien la eleva a 2 000; ora ste la computa solamente en 1 000; ora aqul la fija en 1 500; pero en el conflicto de tantas opiniones, yo me atrevo a decir que ya Matanzas se tendra por muy dichosa, si su mortandad no hubiese pasado de un millar. De los pueblos de Cuba atacados hasta ahora, ninguno, ninguno ha sufrido tantos estragos como Matanzas, y las escenas horribles que se representan en las pequeas poblaciones de su distrito, destrozan el corazn del hombre que las contempla. Vctimas y ms vctimas caen unas en pos de otras; y cuando al aspirar revuelven sus ojos para ver si hallan en torno suyo un mdico, un socorro, un amigo que los consuele, slo encuentran por compaero a la muerte que los aguarda al pie de su inmundo lecho.

PAGE 244

OBRAS 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ Los ingenios de Matanzas han sido tambin ferozmente azotados. Los 18 que hay en los partidos de San Andrs y las Sabanillas, ya haban perdido a principios de junio ms de 700 negros. Ignoro todava la mortandad de seis; pero la de los 12 restantes ha variado de un 23 a casi 60 %; siendo de advertir que el ingenio Santo Domingo, de don Domingo Aldama, cuyos negros eran los mejores de todas aquellas fincas, perdi ms que ninguno, pues de 130 murieron ms de 75.17No es dable calcular desde ahora las terribles consecuencias que el clera ha de producir entre nosotros. En los pases recargados de poblacin, y cuyos elementos sociales no son tan heterogneos como los de la isla de Cuba, las pestes, aunque contrarias a los individuos a quienes destruye, son favorables a la masa de la poblacin, porque pereciendo solamente vidas y no capitales, stos se reparten en menor nmero de personas, al paso que tambin se aumentan los medios de subsistencia; y como sta es la palanca principal de la poblacin, claro es, que a la mortandad causada por una peste, se sigue un aumento rpido de aqulla. Mas, esto no puede suceder en Cuba, porque cuando mueren esclavos, no slo mueren hombres, sino que perecen capitales, pertenecientes a familias; y como stas libran en ellos su subsistencia, quedan arruinadas y confundidas en la miseria. Ms de 10 000 esclavos llevamos ya perdidos, y las 500 000 cajas de azcar en que se computaba para este ao la produccin de La Habana y Matanzas, quizs vendrn a reducirse a 400 000, o a menos. Valuados los primeros a 300 ps., uno con otro, asciende a 3 000 000; y el dficits de las segundas a 20 ps. caja, esto es, 18 para el propietario, y 2 para la aduana, carretoneros, etc., suben a 2 000 000. Qu ser de nosotros si el clera se encarniza de nuevo, o si despus de extinguirse, repite sus ataques en los aos venideros? Esto me conduce a la siguiente pregunta:Muerto que haya el clera en Cuba, si es que llega a morir, resucitar para atormentarnos?No se espere de m respuesta decisiva: ni quin ser tan osado que pretenda darla en materia tan incierta? Al ver que la isla de Cuba se halla en las regiones tropicales del septentrin, y que la cuna fatal del clera est situada a la misma latitud que aquella isla, muchos creen que si como este azote recorre anualmente la India, as tambin repetir sus ataques en Cuba. Es verdad, que la posicin geogrfica es uno de los elementos principales a que se debe atender para juzgar del clima de un pas; y como 17Acerca de la mortandad de esclavos de otros partidos, vase el estado que publico al fin de esta carta.

PAGE 245

JOS ANTONIO SACO /239 /239 /239 /239 /239 Cuba se halla dentro de los trpicos, parece que hay razn para concluir, que tiene el mismo clima que muchas partes del Asia. Pero si se considera, que un cmulo de circunstancias influyen esencialmente en alterar y aun destruir los efectos que nacen de la situacin geogrfica, la identidad de climas que de ellas se quiere inferir, nos conducir a graves errores. No es mi intencin decir, que el clima de Cuba sea contrario al de la India. Si en sta hay calor, tambin lo hay en aqulla; si en sta hay un contraste entre los rigores del sol ardiente del da y la grata temperatura de la noche, en aqulla tambin lo hay; pero como la identidad de clima entre dos pases, no tanto proviene de que haya en ambos, calor, lluvias y humedad, cuanto de los grados en que estas cosas se encuentren, combinadas con los vientos reinantes, con la naturaleza de los terrenos, el estado de cultivo y de poblacin, la situacin insular o continental, la vecindad o larga distancia de los mares; he aqu como pases, que al parecer debieran tener climas semejantes, son diferentes entre s. Comprense todas estas circunstancias, y desde luego se conocer que la isla de Cuba y las tierras continentales de la India no son tan semejantes en su clima, como a primera vista parece. Aun en aquellos fenmenos en que ms concuerdan, todava se nota diferencia. Muchos aos pasan sin que suba el termmetro en La Habana a 92 grados de Farenheitd, que son 33,33 del centgrado; y en Santiago de Cuba suele subir hasta 34 grados; pero en algunas partes de la India comnmente pasa de 100; y cuando el clera atac al ejrcito ingls en 1817 en las alturas de Bengala, el termmetro indicaba de 106 a 112 grados, y el higrmetro de 90 a 100. En Cuba casi siempre soplan los vientos alisios llamados brisas vulgarmente; pero en las regiones tropicales de la India reinan los monzones que son unos vientos peridicos que soplan del sudoeste desde abril a octubre, y del nordeste desde octubre a abril. Esto basta para conocer, sin agregar nuevas razones, que no habiendo tan estrecha semejanza entre los climas de Cuba y de la India, la repeticin anual del clera en este pas no puede dar fundamento slido para concluir que lo mismo debe suceder en Cuba. La experiencia de las islas esparcidas en aquellos mares nos da un resultado consolatorio. Invadidas fueron muchas desde los principios del clera; pero a mi noticia no ha llegado que la epidemia haya repetido en ellas, a excepcin de la de Ceiln y las Filipinas. En la primera apareci en 1819, y fue introducido segunda vez el ao de 20 por un buque apestado. En las segundas se declar el 1820, y repiti en 1821, 22, 23 y en septiembre de 1830; pero nunca se propag con la fuerza y rapidez que al principio. Nuestras esperanzas se deben aumentar, cuando contemplamos, que muchas de aquellas islas estn muy inmediatas a un vasto continente, donde el clera se ha hecho endmico; que tienen relaciones mercanti-

PAGE 246

OBRAS 240\ 240\ 240\ 240\ 240\ les con sus puertos; y que ni el rgimen de vida de sus habitantes, ni las medidas sanitarias de sus gobiernos propenden a impedir la reaparicin del mal en ellas. Con todo, tan poderoso parece que es el influjo de las causas locales, que abandonado el hombre a ellas, fa enteramente su salvacin a los esfuerzos de la naturaleza. Lejos de nosotros el ejemplo de tan imprudente conducta, y ms lejos todava el que pensemos entregarnos a los delirios halageos de una vana confianza. Delante de los ojos debemos tener siempre la terrible verdad de que el clera no respeta climas, y que en los clidos donde ha llegado a entrar, repite con frecuencia sus ataques. Cierto es, que contribuye a tan funesto resultado la indolencia de los gobiernos del Asia y la barbarie de aquellos pueblos; pero nadie se atrever a negar la accin poderosa del clima, as en esta como en otras enfermedades.INFLUENCIA QUE SE DA A LAS LOCALIDADESAl ver que el clera ha destrozado en su marcha algunos pases, pero que ha sido menos severo con otros, se han formado las ms extravagantes conjeturas, y convertdose en realidades las ilusiones de la fantasa. Si nos preguntamos cul es la influencia de las localidades en el clera morbo? Responderemos con la experiencia, que nada sabemos. Los pueblos situados a las orillas del mar son invadidos lo mismo que los que distan centenares de leguas de la costa. Si los lugares bajos son el teatro de la epidemia, sus escenas tambin se representan en los pases elevados. En Asia subi a Cathmandou que se halla en los montes de Himalaya, a 8 000 pies sobre el nivel del mar. Recorri los pueblos de la mesa de Malwah a la altura de 3 000. Caus estragos horribles en el pas elevado del Dekkan, sin perdonar a la ciudad de Poonah a 2 000 pies sobre el nivel del mar. Invadi a Erzerum en Armenia, situado a 7 000. En la isla de Ceiln se remont hasta Candy que est encumbrado ms de 2 000 pies; y trepando por el Cucaso, se precipit sobre las llanuras de la Rusia. Pases hmedos y pantanosos han sido desolados; pero sus rigores tambin se han sentido en los parajes ms secos. stos fueron atacados en Hungra en la misma fuerza que aqullos. Ya se sabe que Calcuta, cuyo suelo es bajo y hmedo, ha padecido mucho; pero Madras, donde el terreno se compone de pea y arena, y cuya sequedad, segn la expresin del obispo Heber, es tanta, que la gente puede vivir y dormir sin peligro en el suelo, ha sido y es una de las ciudades de la India ms atormentadas del clera. En la ciudad de Mascate, donde la nica agua que se encuentra, es la de los pozos profundos que se hacen para remediar las necesidades de la poblacin; en los dems puntos de la Arabia, cuya rida pennsula no tiene ros, bosques ni pantanos; y en la ciudad

PAGE 247

JOS ANTONIO SACO /241 /241 /241 /241 /241 de Cocu-Chotou situada en el gran desierto de Cobi, el clera caus una mortandad espantosa. Para no caer en la misma equivocacin que estoy deshaciendo, es preciso advertir: 1 que no son hmedos todos los pases que contienen aguas corrientes y estancadas; y 2 que todos los hmedos no son siempre los ms perseguidos del clera. En cuanto a lo primero, puede un pas abundar de aguas, y no ser hmedo su clima, ya porque sea corta la evaporacin, ya porque aunque sea mucha, el aire puede venir de un punto muy seco, y renovndose continuamente, disipar los vapores que se formen, llevndolos a otras partes. Entre los ejemplos que pudiera citar, me contentar con el del Egipto, cuyo clima en general es muy seco, y en donde el clera atac con una fuerza extraordinaria. “Quiz, dice Volney, juzgarn algunos, que el Egipto, en razn de los calores y de ese estado pantanoso que dura tres meses, sea un pas insalubre. Cabalmente esto fue lo primero que me ocurri a mi llegada; y al ver despus en El Cairo las casas de nuestros negociantes situadas a lo largo del kalidj donde yace el agua estancada hasta abril, me confirm ms en mi juicio, y me persuad que los hlitos acuosos deban causarles muchas enfermedades; pero la experiencia desmiente esta presuncin: las emanaciones de las aguas posadas, tan nocivas en Chipre y en Alejandreta, no producen dao alguno en Egipto. La causa me parece ser la continua sequedad de la atmsfera, mantenida, ya por la vecindad del frica y de la Arabia, que sin cesar absorben la humedad, ya por las corrientes perpetuas de los vientos que no encuentran obstculos. En comprobacin, las carnes que se exponen al viento norte, aunque sea en el esto, lejos de corromperse, se resecan y endurecen como guijarro. En los desiertos se encuentran cadveres desecados, tan ligeros, que un hombre levanta fcilmente con una mano toda la osamenta de un camello”. Para probar lo segundo, esto es, que todos los pases hmedos no son siempre los ms azotados del clera, basta el ejemplo de la Holanda. Caudalosos ros, lagos y canales baan su superficie, y aun el terreno de algunas ciudades populosas est casi cubierto por las olas del mar; pero cules fueron los estragos del clera en esta nacin inundada? Entre todas las del continente europeo, ella y la Blgica han sido las que menos han sufrido. Mas, en qu consiste que otros pases hmedos han sufrido tanto? Yo no pretendo explicarlo; pero s me atrevo a indicar como concausas, la clase de alimentos, el gnero de vida, el aseo, cierto estado particular del aire que nos es desconocido, y un cmulo de circunstancias ocultas que pueden combinarse para aumentar o disminuir los efectos de la enfermedad. El poder de la naturaleza y el poder del hombre a veces trabajan de consuno, y a veces se ponen en lucha abierta. Si el clera entra en un clima que favorece su accin destructora, y

PAGE 248

OBRAS 242\ 242\ 242\ 242\ 242\ no es combatido por las causas que pueden debilitarse, sus estragos no tendrn trmino; pero cuando el hombre se prepara para resistirle, aunque no logre vencerle, por lo menos quebrantar sus fuerzas. No quiero decir por esto, que siempre que el clera invade un pas, y causa en l poco dao, es porque los recursos del hombre han disminuido sus efectos perniciosos: s muy bien, que el clera, as como las dems enfermedades, tiene diversos grados de intensidad, y que prescindiendo de toda precaucin humana, un pueblo puede ser invadido dbilmente, mientras otro lo sea con fuerza asoladora. Todava es imposible saber cul es la influencia de los terrenos hmedos en la propagacin del clera. No difieren ellos en su naturaleza? No son a veces meros depsitos de agua, y a veces pantanos que pueden tener distintas sustancias de putrefaccin? No podrn exhalar, ora vapores acuosos solamente, ora vapores combinados o mezclados con efluvios o gases de diferentes especies? Y en medio de tanta variedad, no producirn distintos efectos en la mquina humana? y siendo sta modificada por los alimentos, la educacin, y tantas, y tantas, tantas causas como influyen en convertir al hombre en un proteo fsico y moral, no habr pueblos que vivan bien en las mismas circunstancias en que otros pereceran? Aun la misma naturaleza nos ofrece ejemplos que estn en contradiccin con las ideas de salubridad comnmente recibidas. Cuando el obispo Heber visit en 1825 la isla de Ceiln, observ con asombro, en su viaje de Colombo a Candy, que no es en los parajes ms hmedos e incultos donde las fiebres interminentes reinan con ms fuerza, sino en las mrgenes de los ros, cuyas aguas cristalinas corren rpidamente sobre un lecho de rocas. A pesar de estas reflexiones, como los terrenos hmedos generalmente influyen en dar al clima un carcter hmedo; y como parece que la humedad atmosfrica favorece la propagacin del clera, en igualdad de circunstancias deben preferirse los lugares secos. Respecto de la humedad atmosfrica existen hechos que pueden ilustrar la materia. Es bien sabido, que el clera ataca principalmente de noche y por la maana; mas, ser esto, porque difundidos con el calor del da los efluvios que ocasionan la enfermedad, se condensen y bajen en mayor cantidad hacia la superficie de la tierra, durante la noche y maana? Bien puede ser; pero siendo la humedad ms sensible en esas horas que en las dems, no predispondr los cuerdos para recibir el mal, o no se desenvolver ste con ms energa para hacer sus ataques? Es innegable que las sustancias animales y vegetales se disuelven con la humedad atmosfrica ms fcilmente que sin ella. El alcanfor se volatiliza ms pronto en tiempo hmedo que seco. Lo mismo sucede con las piedras calizas que se queman, pues arrojan el cido carbnico en tiempo ms breve. Las cloacas y dems lugares inmundos son ms ftidos en los

PAGE 249

JOS ANTONIO SACO /243 /243 /243 /243 /243 das calurosos antes de la lluvia que despus de ella; y la razn es, porque la atmsfera est entonces cargada de humedad. He aqu tambin por qu las flores huelen ms por la noche y por la maana que despus que levanta el sol. Pasando de la humedad a la naturaleza de los terrenos, se encuentran tambin algunas falsas teoras. Hay quien crea, que siendo secos los terrenos de formacin antigua y primitiva, el clera apenas se propaga en ellos; pero adems de que la experiencia contradice estas ideas, el fundamento en que se apoyan es falso, pues ya se ha visto que el clera no se limita a los lugares hmedos. Tampoco gozan de privilegio los parajes que contienen aguas minerales, pues sin salir de esta Isla, Guanabacoa, San Pedro y Madruga, que son puntos elevados y muy secos, nos ofrecen una prueba de lo contrario. Al ver que los pueblos y haciendas de la jurisdiccin de La Habana, situados en tierra colorada, no fueron invadidos del clera al principio de la epidemia, hubo algn motivo para pensar que estaban exentos de ella; pero cuando se empez a difundir, muy pronto se conoci que atacaba los ingenios, sitios y cafetales, ora plantados en tierra negra, ora en tierra colorada. Sin embargo, todava se nota que su propagacin no es tan general ni sus estragos tan grandes como en otros terrenos; pero no provendr esto, de que siendo cafetales casi todas las fincas que se hallan en tierra colorada, el trabajo no es tan recio como en los ingenios de la misma tierra, y los negros, por consiguiente, tiene ms fuerza para resistir el mal? Por lo menos, en algunos ingenios de tierra colorada ha dado con tanta ferocidad como en los de tierra negra. An no es llegado el tiempo de sacar conclusiones generales: el clera sigue corriendo nuestros pueblos y campos; y presentando cada da nuevos fenmenos, va destruyendo los clculos y las esperanzas que se haban formado. En Siria, el territorio de Alepo hasta Antioqua ofrece un terreno semejante al colorado de la isla de Cuba; el clera, sin embargo, atac furiosamente aquellas ciudades y otros puntos del territorio. Parece, pues, que si el calor es toda la salvaguardia que se da, quebrantados estn los ttulos en que se funda.MEDIDAS QUE SE DEBEN TOMAR EN CUBA CONTRA EL C"LERANo ofreciendo hasta ahora ninguna garanta el clima ni los terrenos, es forzoso que los busquemos en nuestros propios recursos. Mas, no vendr yo a escribir aqu un cdigo sanitario, enumerando una por una todas las precauciones que se deben tomar. Usted no las ignora, mi buen amigo; y conoce tan bien como yo, que para libertar a ese pueblo de la calamidad que le amenaza, de nada vale publicar reglamentos, si stos no se ejecutan con anticipacin. Hechos son hechos, y papeles son pape-

PAGE 250

OBRAS 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ les. stos sirven muchas veces para alimentar la vanidad y otras pasiones rastreras; pero aqullos y slo aqullos son los que siempre socorren las pblicas necesidades. Hay, sin embargo, algunas medidas que nunca me cansar de recomendar, y ojal que se cumplieran en todos los puntos de la Isla. Sea una de ellas el reunir fondos del gobierno o de la caridad pblica, para emplearlos, no tanto en auxiliar a los enfermos pobres, cuando en prevenir que stos sean atacados del mal Aqu, aqu est el blanco a donde deben dirigirse todos nuestros esfuerzos. Nmbrense en cada barrio, o en cada manzana, o en cada cuadra, si menester fuere, vecinos honrados y amantes de la humanidad, para que visiten las chozas del infeliz, examinen sus necesidades, les extiendan una mano generosa, y los salven de la muerte. De este modo se disminuir el nmero de enfermos, y con su disminucin se impedir hasta cierto grado las terribles consecuencias que pesan sobre los pueblos heridos de la peste. Digna es de imitacin la conducta que se observ en Frankfort, ciudad de ms de 60 000 almas, situada en las mrgenes del Maine. Cada calle tena su comisin de clera, compuesta de dos o tres habitantes que merecan la confianza pblica. stos visitaban diariamente todas las casas para ver si sus piezas estaban blanqueadas, para remover todas las inmundicias y aun las frutas y dems vegetales corrompidos, y para hacer que en cada casa hubiere a lo menos una tina de estao donde baarse. Repartiose entre los pobres un alimento sano; dironseles vestidos de lana con que cubrirse; erigironse varios hospitales; preparose toda clase de medicinas; asignronse mdicos a cada cuartel; y en una palabra, se hizo todo lo que dicta la prudencia humana. Cul, pues, fue el resultado, cuando el clera invadi a Frankfort? Fue cual deba esperarse de tanta vigilancia y esmero, pues autor hay que asegura, que ha sido uno de los pueblos del continente europeo que ha sufrido menos estragos. Y sin ir a buscar ejemplos lejanos, Filadelfia puede tambin tomarse por modelo. El gobierno pagaba hombres para que cuidasen da y noche del aseo de la ciudad: sus calles, no se regaban, sino que se fregaban diariamente: por toda ella se prepararon hospitales: las gacetas y los carteles daban al pueblo consejos saludables, indicndoles el rgimen que deban guardar; y convertido el gobierno en padre amante de su pueblo, daba a los pobres los socorros necesarios para precaverlos de la peste. sta, al fin, entra en Filadelfia; mas, a pesar de hallarse en un terreno bajo, de estar entre dos ros caudalosos, y de contener una poblacin de 162 000 almas, el da de ms mortandad fue de 71. Si no se hubieran tomado tan saludables medidas, cul habra sido la suerte de Filadelfia? Lo mismo pudiera decir de Boston y de otros pueblos de los Estados Unidos.

PAGE 251

JOS ANTONIO SACO /245 /245 /245 /245 /245 Al recomendar el aseo personal y domstico, no se extienda usted a sacar la consecuencia, de que todos los pases limpios siempre sufrirn menos que otros sucios. En esto hay mucha variedad; y bien puede suceder, que por causas particulares, uno de stos salga mejor librado que otro de aqullos. Lo que yo quiero decir a usted es, que en igualdad de circunstancias, los pueblos aseados experimentan en general menos estragos que los inmundos; y que si la inmundicia no perjudica en algunos casos, por lo menos nunca aprovecha en los das de epidemia. Hzome grande impresin lo que dice el doctor Reimann, director de la polica sanitaria de San Petersburgo, recomendando el aseo; pues en un pueblo inmediato a Rusia, compuesto casi todo de puercos judos, de poco ms de 800 que fueron atacados, murieron 700. No ignoro que en el Indostn, patria del clera, el bao no slo es un deber religioso, sino un placer corporal; pero esta ventaja, no se halla ms que compensada con la desnudez del pueblo, la mala calidad de los alimentos, las malas habitaciones, la humedad y otras causas que favorecen los progresos de la epidemia? Observo, amigo mo, que al hablar usted del aseo, ostenta una confianza ilimitada en el uso de los cloruros y piensa que con ellos, ya est exento de la peste; pero oiga usted mis ideas, y acaso convendr conmigo. La utilidad de estas preparaciones consiste en el desprendimiento de un gas llamado cloro que tiene la notable propiedad de descomponer las ftidas partculas que exhalan ciertas sustancias. Esta descomposicin purifica la atmsfera; y de aqu el uso general de los cloruros como desinfectantes, desde que Fourcroy aplic como tal el cloro, en 1791. Yo tambin lo recomiendo; pero mi razn todava no queda enteramente satisfecha con la idea de que este gas neutraliza las causas que producen el clera. Que destruye el mal olor, es una verdad comprobada por la experiencia; pero hiede por ventura la atmsfera de los lugares infestados por el clera? No. Depende su causa de partculas animales y vegetales? Se ignora. Y aun cuando se supiese, podr decirse, no siendo ftidas, que son de la misma naturaleza que las ftidas? Y si no lo son, o si por lo menos, se duda que lo sean podr afirmarse en lgica rigurosa, que el cloro obra del mismo modo sobre unos que sobre otros? Bien conozco que la analoga es una de las razones ms poderosas de la fsica y de la qumica; pero la analoga en algunos casos es el recurso a que el hombre apela para cubrir su ignorancia, y no sera difcil de probar, con la historia de las ciencias, que, a veces, la analoga del hombre es la invencin de su cerebro, mas, no la verdad de la naturaleza. Si del raciocinio paso a los hechos, mi desconfianza se aumenta. Yo he ledo en autor fidedigno, que los empleados en las preparaciones del cloro que en Europa se consideraran al principio como exentos de la

PAGE 252

OBRAS 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ enfermedad, fueron despus vctimas de ella: yo he visto entrar el clera y apoderarse de varios miembros de algunas familias, en casas altas, secas, muy aseadas, y en que da y noche se exhalaban sin cesar porciones considerables de gas cloro: yo he sabido que personas aisladas, y que vivan, si puede decirse as, envueltas en una atmsfera de cloro, han inspirado con l, el germen de la muerte. Y a dnde ha volado en tales casos la virtud desinfectante de este gas? En la ignorancia absoluta en que estamos de las causas del clera, quin puede adivinar la influencia que ella y el cloro tienen entre s? Quin decir, si esta misma influencia es favorable o contraria al nacimiento y desarrollo de la enfermedad? En medio de tanta oscuridad, ya que se usa el cloro en los das de epidemia, debe ser con cierta medida, pues siendo un gas que cuando se respira puro, origina la muerte; si impregnado de aire atmosfrico no conduce inmediatamente a este resultado, por lo menos cuando se halla en porcin excesiva, causa tos, sequedad en la nariz, irritacin en la trquea-arteria, opresin en el pecho, y a veces dolor de cabeza y fiebre. Conviene guardar un justo medio para no caer en un escollo por huir de otro; y la mejor regla que se puede dar es, que el olor del cloro, se sienta, pero no incomode en la pieza donde se esparce. Gran empeo se debe poner en impedir toda reunin de un concurso numeroso luego que aparezca en ese pueblo el primer caso de clera. Si es verdad que la elevacin de temperatura favorece su propagacin, no se podr negar, que aumentando el calrico por el hacinamiento de cuerpos humanos, la epidemia se desenvolver con ms fuerza. Todos convienen en que la transicin repentina de una atmsfera caliente a otra fresca, predispone a la enfermedad; y he aqu lo que sucede en nuestro clima, principalmente si las reuniones son de noche. Debe tambin en tiempos de peste tenerse mucho cuidado en conservar la atmsfera lo ms pura que se pueda; pero encerrada mucha gente en las iglesias, en los teatros o en otros parajes, el aire no puede renovarse libremente. El oxgeno, que, por una parte, consumen las luces; los gases y vapores, que, por otra, se forman en el acto de la combustin; y, sobre todo, la cantidad de gas cido carbnico que engendra la respiracin, dan a la atmsfera, junto con las causas anteriores, un carcter muy daoso en los das de epidemia. Muchos hechos pueden citarse en comprobacin de esta verdad. Existen en el Indostn algunos templos y lugares santos donde se congregan los peregrinos para solemnizar los ritos de su religin: pero estas reuniones, dando pbulo a la enfermedad, han multiplicado el nmero de sus vctimas. Cuando estall en Tflis, capital de la Georgia, el pueblo aterrorizado acudi a las procesiones y a otras ceremonias religiosas; mas, la reunin de un gento inmenso favoreci los progresos del mal. Quin caus las escenas espantosas de Arafat y la Meca en 1831?

PAGE 253

JOS ANTONIO SACO /247 /247 /247 /247 /247 Los peregrinos que se congregaron en las ciudades de Arabia para cumplir con los preceptos de la religin de Mahoma. Las juntas polticas que se celebraron en Pars, mientras el clera reinaba, siempre aumentaron sus estragos. Y sin ir a buscar ejemplos de fuera, Guanabacoa nos ofrece algunos, pues se not, que las procesiones y reuniones en las iglesias propendieron a desenvolver el mal. No permita Dios que semejante conducta tenga imitadores en los dems pueblos de Cuba. Enhorabuena que se implore la proteccin del cielo en los das de calamidad; enhorabuena que se le rindan fervientes adoraciones desde el silencio de los hogares, o desde el retiro de los templos solitarios; pero las efusiones pblicas de la piedad, y la pompa solemne de un culto religioso, resrvanse para tiempos de menos turbacin y conflicto. Dirase, que influyendo las afecciones morales en el orden fsico del hombre, es necesario reanimar en medio de las epidemias el espritu abatido del pueblo; y que esto se conseguir, abriendo los teatros, y permitiendo todo gnero de diversiones. Tales son los ecos de las teoras; pero una voz ms profunda resuena en el fondo del corazn humano. En las horas de tribulacin y calamidad, el hombre ni busca los atractivos de la escena, ni apatece los encantos del estrado. Pensando en la muerte que por todas partes le rodea se olvida de los placeres; y sin poder elevar su contristado espritu a la esfera de donde ha cado, no pide sino consuelos. Vayan en buena hora a los teatros y pblicos divertimientos los que heridos de la peste, reciban sus golpes con blanda mano; pero nosotros, que hemos apurado el funesto cliz de la amargura; nosotros, que por das y noches enteros, hemos visto nuestras calles henchidas de los carros fnebres que conducan a nuestros difuntos hermanos a la mansin de la muerte; nosotros no podamos tener corazn sino para sentir y llorar. Otra de las precauciones indispensables es el establecimiento de rigurosas cuarentenas para todos los buques procedentes de pases apestados o sospechosos. En este punto es preciso que haya una firmeza, una severidad inflexible. Cuando se trata de la salud del pueblo, todos los intereses deben callar; y mucho ms, cuando nuestra posicin insular alza contra el clera una barrera para protegernos del contagio de los pases apestados. Leamos, releamos mil y mil veces las disposiciones que el Gobierno Supremo tom para impedir la entrada del clera en Espaa, desde que all circul el rumor de haber invadido a Portugal. Con fecha 28 de enero de este ao manda S.M. entre otras cosas, que si el general en jefe del ejrcito de observacin en la frontera de Portugal tuviese motivos fundados para temer que no sean vanas las sospechas de la aparicin del clera en Oporto, adopte con la mayor celeridad en su distrito las disposiciones ms eficaces y enrgicas, para que ninguna persona, por elevado que sea su rango, pueda internarse en el reino, sin sujetarse antes a una

PAGE 254

OBRAS 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ observacin de 15 das en Portugal y otros 15 en la raya de Espaa, en el lazareto provisional que se establezca al efecto. Para hacer S.M. esta saludable prevencin, no aguard a que el mal estallase en Portugal; bastole un rumor popular, y encarga que con slo motivos fundados para temer, se cierren las puertas del reino, y a nadie se permita la entrada sin hacer antes una rigurosa cuarentena.18 Cuarentenas mi buen amigo, cuarentenas : de ellas depende la salvacin de ese pueblo. Nosotros estamos aqu llorando con lgrimas de sangre los tremendos efectos de su suspensin. Pero se remediaran los estragos con nuestro tardo arrepentimiento? No se deje usted alucinar con las vanas declamaciones de que las cuarentenas destruyen el comercio entre nosotros: por el contrario, ellas lo favorecen, porque impide el trastorno de sus bases: lo aseguran, porque alejan la peste; y alejndola, se conservan ilesos los esclavos y capitales que constituyen nuestra riqueza. Qu hubiera perdido La Habana con la continuacin de las cuarentenas? Una cantidad muy insignificante, nacida solamente de la corta demora en el rpido giro de las operaciones mercantiles. Pero qu ha perdido ahora con la introduccin del clera? Al sacar la cuenta, la pluma se cae de esta trmula mano. Los pueblos ms comerciantes del mundo, los que mejor entienden sus intereses, como son los ingleses y los norteamericanos, establecen sus cuarentenas; y Nueva York, que es hoy la tercera plaza mercantil del mundo, las conserva en todos tiempos desde junio hasta octubre para todos los buques procedentes de las Antillas y de las costas hispanoamericanas donde reina la fiebre amarilla. Quebec, Quebec misma, esa ciudad fatal por donde primero invadi el clera al Nuevo Mundo, desengaada de la ligereza que cometi, ha establecido desde mayo de este ao un sistema riguroso de cuarentenas; y si las medidas que ahora exige, las hubiese adoptado antes, la Amrica no tendra que llorar la desgracia de tantos hijos. Como en materias de inters, los hechos son ms fuertes que los raciocinios, dar a usted una demostracin de que las cuarentenas de La Habana no perjudicaron nuestro comercio. Ni los precios de los frutos bajaron en virtud de ellas, ni la entrada de los buques se disminuy. Que los precios no bajaron, pblico y notorio es; y aun cuando hubiese habido alguna pequea diferencia, todos saben que procedera de causas que no tienen relacin con las cuarentenas. Que el nmero de buques hubiese disminuido, es tan falso, cuanto las entradas excedieron a las de aos anteriores en que no haba cuarentenas. Formando un pe18Fueme preciso invocar el nombre y la autoridad del monarca para que el Censor de imprenta me permitiese hablar sobre cuarentenas, pues stas haban sido suspendidas por el influjo del conde de Villanueva, intendente de La Habana, personaje entonces muy poderoso, no slo en Cuba, sino en Espaa.

PAGE 255

JOS ANTONIO SACO /249 /249 /249 /249 /249 queo estado de los meses en que generalmente vienen ms buques a comprar nuestros frutos, se obtiene una completa demostracin. AosEne.Feb.Mar.Nov.Dic. ———————————— 1881 9810311052 79 183211111311484105 1833118133 De este estado aparece que en noviembre y diciembre de 1832 en que existan cuarentenas, entraron ms buques que en noviembre y diciembre de 1831 en que no las haba; y que en enero y febrero de este ao y del pasado llegaron muchos ms que en los mismos meses de 1831 en que tampoco las hubo. An tenemos otra causa que es y debe ser objeto de los temores de las personas sensatas. A varios puntos de nuestras costas arribaban cargamentos de negros africanos Su introduccin clandestina burla todas las medidas sanitarias, y a ella se debe muchas veces la aparicin de la viruela, del sarampin, y sabe Dios de cuntas otras dolencias que aquejan la especie humana. Es verdad, que el clera no ha entrado todava en las costas occidentales del frica; pero quin negar la probabilidad de que las invada, cuando se hallan en relacin con tantos pases infestados, y particularmente con nosotros, que quiz tendremos la desgracia de ser sus introductores en aquella regin desventurada? Y si tal llega a suceder, qu ser de sus habitantes, y que ser de nosotros, que arrancndolos de sus hogares, los traeremos a infestar nuestros pueblos y nuestros campos? Aun sin suponer que la peste los ataque en su propio territorio, no corremos el inmenso riesgo de que, arribando sanos a nuestras playas, pisen las cenizas del incendio que nos ha devorado; y que saltando una chispa, prenda de nuevo en su naturaleza predispuesta, y encendindose otra vez la llama fatal, arda Cuba por largo tiempo hasta convertirse en pavesas? Tremenda es la crisis en que nos hallamos. Males fsicos nos destruyen, y males de otra especie amagan los restos de existencia que nos pudieran quedar. Un torrente despeado por la naturaleza y por la poltica viene sobre nosotros. Nuestras fuerzas son insuficientes para resistirle. La voz de la razn, las lecciones de la experiencia, los clculos del inters, todo se junta para decirnos, que la marcha que llevamos nos conduce a la perdicin. Si pasada esta primera borrasca, el clera repite, qu ser de nuestra agricultura? Y sin agricultura, qu ser de nosotros? Pero aun sin clera, qu ser de nosotros, vuelvo a decir, cuando rompa la nube que se estn tendiendo sobre los campos de Cuba? Los esfuerzos de una nacin poderosa, apoyados en la opinin general

PAGE 256

OBRAS 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ de la Europa, ahogarn nuestras dbiles voces; y volviendo entonces de su delirio los que se han alimentado de quimeras, reconocern la amarga verdad, de que si hubiramos promovido la introduccin de otros brazos, cesaran los temores del porvenir, florecera la agricultura, los padres de familia moriran con el consuelo de dejar a su posteridad un patrimonio seguro; y sentada la patria sobre bases slidas e indestructibles, premiara con el lauro de la inmortalidad a los hijos que le dieran una existencia perdurable. Nota primera a la carta sobre el cleraPars, mayo 30 de 1858 El Gobierno francs acaba de publicar una obra interesante acerca del movimiento de la poblacin en Francia, en 1854; y al examinar las causas de la extraordinaria mortandad acaecida en ese ao, cuntase el clera como una de ellas. Tres veces ha sido la Francia atacada por el clera. La primera estall en enero de 1832, en cuyo mes, la mortandad general excedi en 16 000 a la de igual mes del ao anterior. Lleg a su mximum en abril, en que reinaron fuertes calores, pues hubo 28 125 muertos ms que en abril de 1831. La mortandad colrica baj en mayo a 21 867. En junio sube a 24 500. En julio slo alcanza a 47 795. En agosto declina a 9 265; y en septiembre, ltimo mes de la epidemia, se detiene en 1 700. La segunda invasin comenz en marzo de 1849, en cuyo mes murieron ms de 3 000 personas. Los meses ms terribles fueron junio, agosto, y septiembre, pues en el primero perecieron 32 227; en el segundo, 29 415; y en el tercero, 35 637. Desde entonces, la epidemia entr en el perodo de declinacin, y ya en diciembre slo murieron 6 614. En la tercera invasin, los primeros casos de clera se presentaron en noviembre de 1853, y continuaron repitindose durante el invierno hasta que en mayo del 54 ya tom la enfermedad un carcter epidmico. Lleg a su mayor fuerza en agosto; y aunque empez a disminuir desde septiembre, sigui haciendo vctimas hasta los primeros meses de 1855. La ltima epidemia fue ms funesta que las dos anteriores, pues el nmero de muertos, en la de 1832, se calcula en 102 735: en 110 110 la de 1849; y en 150 000 la de 1854. Comparando la mortandad de este ltimo ao, con la de 1853, aparece que el clera hizo sus mayores estragos en las personas de 20 a 50 aos de edad, y principalmente entre las de 20 y 30: resultando lamentable, pues priv a la nacin de sus brazos ms tiles para el trabajo. As en la epidemia de 1854, como en las dos anteriores, se observ, que murieron ms personas del sexo femenino que del masculino.

PAGE 257

ESTADO que manifiesta las dotaciones de las fincas que han sufrido el clera, en los partidos de Madruga, Pipin, la Nueva Paz, y la p arte del de San Nicols, pertenecientes a la Jurisdiccin de La Habana, con el nmero de enfermos y muertos que ha habido en cada una de ellas hasta el 4 de septiembre del presente ao de 1833 NOTAS. 1 La parte del partido de San Nicols que pertenece a La Habana, solamente tuvo un muerto blanco en un sitio. 2 De la suma de las dotaciones de las fincas de la Jurisdiccin de Madruga que han sufrido el clera, comparada con la de la mortandad que han experimentado, resulta que la prdida ha sido de un 18,020 p. %, la de Pipin de un 20,623 p. % y la de la finca que lo ha sufrido en la de la Nueva Paz, de un 30,690 p. %. 3 En este estado no se incluye la mortandad del cafetal La Granja, porque a la fecha en que se nos remiti, an no haba cesado en l la epidemia, pero ya llevaba perdidos diez negros varones y ocho hembras. Clases de haciendas Dotacin ENFERMOSMUERTOS Total de muertos Partidos AdultosPrvulosAdultosPrvulos VaronesHembrasVaronesHembrasVaronesHembrasVaronesHembrasVaronesHembras Ingenio.......... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Cafetal........... Idem............... Ingenio.......... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Cafetal........... Idem............... Idem............... Potrero........... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Idem............... Ingenio.......... 241 113 157 116 145 135 150 226 68 30 77 70 100 42 40 162 22 55 21 23 4 6 2 6 13 4 19 10 13 137 99 7 52 50 35 58 78 15 12 80 24 92 33 27 128 12 53 10 5 2 1 2 4 2 6 4 2 78 129 44 39 60 36 56 50 67 50 6 41 36 75 24 15 61 16 16 5 10 1 4 1 2 2 12 5 6 70 39 4 19 13 11 8 25 5 1 49 4 79 8 11 48 5 19 2 1 1 1 1 37 4 4 3 1 5 4 1 13 17 2 5 1 1 1 1 2 11 1 5 8 15 51 18 16 13 10 28 22 16 24 1 19 14 20 12 9 42 9 6 3 6 1 1 1 1 2 2 4 41 12 1 8 3 6 4 7 3 1 15 3 16 1 1 21 4 6 2 1 1 25 1 2 3 6 5 2 2 1 1 4 1 5 6 66 19 25 13 16 34 26 23 27 2 41 18 36 13 10 74 13 23 5 6 1 2 1 1 4 2 2 2 2 66 292 Madruga 212 Pipian 66 La Nueva Paz Totales2 21697193939154513901411920570

PAGE 258

OBRAS 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ Observose igualmente, que si el clera tuvo ms fuerza en las dos epidemias anteriores, tambin se extendi menos, y por eso la mortandad en 1854 fue mayor que en 1849 y 1832. En estos dos aos, apenas sufrieron los campos, pues casi toda la intensidad del mal se reconcentr en las ciudades; mas, en 1854, aqullos y stas fueron azotados indistintamente. De los 86 departamentos en que se divide la Francia, el clera slo invadi 44 en 1832; 49 en 1849; y 80 en 1854. La regin central es la que siempre ha sufrido menos; mas, la del este, nordeste y sudeste padeci mucho en 1854. Si en 1832 slo fueron invadidos 44 departamentos; 49 en 1849; y 80 en 1854, esta doble extensin de la epidemia se puede explicar por el diferente estado de las comunicaciones en esos aos. En 1832, Francia careca de caminos de hierro; tena muy pocos en 1849; pero en 1854 ya casi toda estaba cortada por ellos. El clera, pues, encontr entonces vas fciles para propagarse y esta propagacin es en mi concepto uno de los innumerables argumentos que prueban la naturaleza contagiosa de la enfermedad. Nota segunda a la carta sobre el cleraCOMETAS DE REVOLUCI"N PERI"DICA CONOCIDAEn una nota a la pgina 175 de este tomo, dije, que son cinco los cometas, cuyo giro peridico estaba bien determinado: a saber, el de Halley el de Encke el de Biela el de Faye y el de Vico Ahora vuelvo sobre este punto, porque conviene aclararlo y aun rectificarlo. El cometa Halley hace su revolucin en torno del sol en 76 aos y un mes; y desde el ao 11 de la era cristiana al de 1835 en que apareci por la ltima vez, se ha presentado 24 veces a la tierra. Cuando digo, que este cometa acaba su revolucin en 76 aos y un mes, me refiero al trmino medio que da las siete apariciones que ha hecho desde 1378, y que han sido en el orden siguiente: AosMeses ———— De 1378 a 1456 emple en su revolucin .........777 De 1456 a 1531 .....................................................752 De 1531 a 1607 .....................................................762 De 1607 a 1682 .....................................................74 11 De 1682 a 1759 .....................................................766 De 1759 a 1835 .....................................................768 Tal es, en nmeros redondos, la marcha del cometa Halley en sus seis ltimas revoluciones.

PAGE 259

JOS ANTONIO SACO /253 /253 /253 /253 /253 El cometa de Encke fue descubierto por Pons, en Marsella, el 26 de noviembre de 1818. Llamsele, empero, de Encke porque este astrnomo de Berln fue quien calcul su rbita; y como emplea en correrla tres aos 3 meses, dsele tambin el nombre de cometa de corto perodo El de Biela fue descubierto por este astrnomo en Johannisberg, el 27 de febrero de 1826, y diez das despus por Gambart, en Marsella. Este ltimo calcul sus elementos parablicos, y reconociendo sus anteriores apariciones, predijo que las futuras se haran en seis aos, nueve meses. En estas y otras buenas razones fundose Arago para llamar al cometa, no de Biela sino de Gambart ; pero el uso general de los astrnomos ha sancionado ya el primer nombre. Las observaciones que se hicieron en 1826, condujeron al resultado de que este cometa, en su prxima aparicin de 1832 chocara con la tierra; pero cuando todos los elementos conocidos se sometieron a un nuevo clculo, entonces se vio cuan infundado eran esos temores, pues que el cometa, en su menor distancia de la tierra, deba siempre hallarse a ms de 20 millones de leguas. Faye descubri en Pars el 22 de noviembre de 1843, el cometa que lleva su nombre. Calcul, adems, los elementos de su rbita, y desde entonces se sabe, que hace su revolucin en siete aos y medio. El cometa de Vico fue as llamado por el astrnomo jesuita que lo descubri en Roma el 22 de agosto de 1844. Al principio, slo visible con el telescopio, fuelo despus a simple vista. Faye calcul en Francia los elementos de su rbita, y como deba de reaparecer a los cincos aos y medio, se le cont en el nmero de los cometas peridicos. Pero se ha vuelto a presentar? Espersele en la primavera de 1850; mas, considerndosele, no tan ventajosamente situado como en 1844, no fue posible descubrirlo con los mejores telescopios ni en Europa, ni en Amrica. Creyose que aparecera en el verano de 1855, y que an no se le podra observar a simple vista, pues segn los clculos de Brunnow, el 6 de agosto deba hallarse a su ms corta distancia del sol; pero todas las esperanzas de los astrnomos quedaron frustradas, pudiendo tenerse ya por ciento, que ha desaparecido del sistema celeste. Mas, cmo se explica esta desaparicin? Oigamos a Mr. Babinet miembro de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. “En el momento que un cometa baja hacia el sol para casi rasar su superficie, la materia ligera que compone aquel astro, se alarga en virtud de la accin del sol, que no doblega igualmente todas las partes de que se compone el cometa; y como esta masa muy ligera no tiene mucha fuerza para retener enrgicamente sus diversas partes, resulta, que ellas ceden con desigualdad a la influencia del sol que las dilata en colas, en cabelleras, y en apndices muchas veces mltiplos. Como estas colas se forman a expensas de la sustancia misma del astro, es evidente, que si

PAGE 260

OBRAS 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ 19Babinet: tudes et lectures sur les sciences d’observation t. IV. “L’Astronomie en 1855”.despus de formadas, su atraccin no es bastante fuerte para reunir de nuevo sus partculas separadas, el cometa perder una parte de su masa, la que quedar diseminada en polvo en el espacio celeste. Si por la accin del sol el cometa se ha prolongado mucho, podr suceder que toda su masa, as diseminada, no pueda reunirse en un solo globo, y que la concentracin de las partculas materiales se haga en torno de dos o muchos centros diferentes de atraccin. Es, pues, muy natural, que el cometa se divida entonces en dos, en tres, en cuatro, como probablemente ha sucedido con el cometa de Biela Esto debe acontecer con ms frecuencia en los cometas de corto perodo, que no tienen el tiempo de llamar hacia ellos sus elementos separados por la accin del sol, mientras que para el cometa de Halley por ejemplo, que emplea por trmino medio 76 aos en hacer su entera revolucin, estos elementos esparcidos tienen el tiempo de gravitar los uno hacia los otros. Es tambin evidente, que un cometa muy pequeo, cuya atraccin es poco fuerte, estar mucho ms expuesto a perecer por diseminacin que una masa ms considerable que tuviere la fuerza de retener o de llamar las partes que se hubiesen alejado”.19Dado que los cometas se compongan, como cree Babinet, de una ligera nebulosidad, la explicacin de la desaparicin de Vico no puede ser ms satisfactoria. Ni es ste el nico cometa que ha desaparecido; que tambin se echa menos el de 1770, llamado Lexell por el astrnomo que calcul su rbita, y al que suelen darle los ingleses el nombre de cometa perdido Si este cometa, que deba hacer su revolucin en cinco aos y medio, no se ha vuelto a ver, no debe atribuirse a su total destruccin como la de Vico sino a que habindose acercado a Jpiter, la fuerza atractiva de este gran planeta perturb sus rbita, y lo hizo invisible a los habitantes de la tierra. Si la extraordinaria desaparicin de Vico ha disminuido el nmero de los cometas peridicos, otro acontecimiento no menos extraordinario parece que viene a compensar esa disminucin, pues que el cometa de Biela se ha dividido en dos fragmentos. El 21 de diciembre de 1845 an no haba observado Encke en Berln ningn indicio de separacin en el cometa de Biela ; pero el astrnomo Hind ya haba notado dos das antes una especie de protuberancia hacia el Norte. Donde primero se vio la separacin fue en los Estados Unidos el 27 de diciembre, y despus en Europa en enero de 1846; habiendo permanecido visibles los dos fragmentos o cometas, el ms pequeo hasta fines de marzo, y el ms grande hasta el 24 de abril.

PAGE 261

JOS ANTONIO SACO /255 /255 /255 /255 /255 Plantamour calcul las distancias reales a que los dos cometas se hallaban entre s, del 10 de febrero al 22 de marzo. La del primer da fue de 60 260 leguas, y la del segundo de 62 030; pero la mayor de todas ascendi a 63 250, habindose verificado el 3 de marzo. Cuando el padre Sechi, astrnomo de Roma, observ en la segunda mitad de septiembre de 1852 la reaparicin de los dos fragmentos de Biela ya estaban mucho ms separados que en 1846, pues que la distancia era de 500 000 leguas. Esto autoriza a concluir, que del cometa de Biela se han formado ya dos. De la divisin de los cometas no es ste el nico caso que registra la astronoma en sus anales. Ephoro, orador e historiador griego, nos dice en su Historia del Peloponeso que en el ao 371 antes de la era cristiana un cometa se dividi en dos, tomando cada uno una direccin diferente. Dividiose tambin el segundo cometa que apareci en 1618, segn lo comprueban las observaciones de Kepler, Blancanus, y otros en varios pases. Y si de la Europa pasamos a China, veremos en las traducciones de algunos documentos importantes, hechas por Eduardo Biot, que los astrnomos de esa nacin observaron en el ao 896 de nuestra era tres cometas apareados, que recorrieron juntos sus rbitas, y que no podan ser otra cosa que partes o fracciones de un solo cometa.Noticia sobre algunos trabajos cientficos que se hicieron en La Habana, durante la primera aparicin del clera en ella, en 1833Adems de la Carta que precede, y que se public en La Habana, como he dicho ya, en el nmero 8 de la Revista Bimestre Cubana hubo otros escritores muy dignos de mencionarse. Cuando estall el clera en La Habana, el Real Protomedicato de aquella ciudad nombr una comisin para que observase los fenmenos meteorolgicos que acaeciesen durante la epidemia. Esta comisin se compuso de don Jos de la Luz y Caballero, del presbtero don Francisco Ruiz, catedrtico de filosofa en el Colegio Seminario de San Carlos,20 del doctor en medicina don Antonio Noval, y de don Jos Antonio Saco. Con este motivo, el capitn general don Mariano Ricarfort pidi al mencionado don Jos de la Luz las observaciones meteorolgicas hechas durante la epidemia, y que se las acompaase de las reflexiones que juzgase convenientes sobre el estado de la atmsfera para ilustrar la cuestin del clera morbo. El seor Luz satisfizo inmediatamente los deseos de la primera autoridad de la Isla; pero queriendo completar su 20Este hombre respetable, uno de mis ms fieles amigos, y que tan gratos recuerdos ha dejado en el corazn de cuantos lo trataron, ces de existir desde el ao de 1857.

PAGE 262

OBRAS 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ trabajo, puso, al imprimirlo, una advertencia que ahora debo insertar. Dice as: “La indispensable precipitacin con que hubo de extenderse el oficio siguiente, y el fin para que se escribi, fueron causa de que el autor no hiciera ms que indicar rpidamente sus ideas en muchos lugares. Mas, ahora que se destina a la prensa este trabajo, de muy buena gana lo refundira completamente, si no se lo estorbara el carcter oficial que desde un principio hubo de llevar. Para suplir, pues, estos vacos, se han esparcido algunas notas en el discurso de la memoria que se hallarn a continuacin”. Esas notas y ese oficio se publicaron en el nmero 8 de la Revista Bimestre Cubana y entrambos pueden considerarse como uno de los trabajos ms profundos y que ms honor hacen a la pluma de Luz Caballero. Publicose tambin un Tratado completo del clera morbo pestilencial por el doctor don Juan Francisco Calcagno: y al mencionarlo en el citado nmero 8 de la Revista me expres del modo siguiente: “Tal es el ttulo de un opsculo que se ha publicado en La Habana durante la epidemia que acabamos de pasar. Si los lmites de la Revista nos hubieran permitido formar un juicio crtico de l, habramos tenido la satisfaccin de generalizar por medio de ella las doctrinas que contiene, y de pagar a su autor el tributo de justicia a que le hacen acreedor su aplicacin y laboriosidad, por haber formado, como dice l mismo, un conjunto de lo mejor y verdaderamente til que se encuentra en los autores que han escrito sobre la materia. ”El doctor Calcagno divide su tratado en tres secciones. En la primera traza la historia general del clera, y examina su modo de propagarse. En la segunda, describe los sntomas de la enfermedad, y refiere las observaciones que se han hecho sobre los cadveres y sobre las causas y naturaleza del mal, exponiendo tambin los mtodos curativos seguidos en distintos pases. En la tercera trata de las medidas sanitarias que deben tomar los gobiernos y los particulares para preservarse del clera morbo. Del mrito de la segunda seccin, a los mdicos toca juzgar, pues nosotros que no lo somos, nos limitamos a decir en cuanto a la primera y tercera, que su lectura ofrecer ideas muy luminosas en la historia de la enfermedad”. Injusto sera yo, si pasase en silencio otro trabajo importante que no se imprimi, mientras permanec en La Habana. Yo no puedo asegurar, si fue el gobierno o el Protomedicato, quien nombr una comisin de facultativos para que informase acerca del clera en La Habana. Tampoco s cuntos fueron los individuos nombrados; pero lo que me consta, es que los distinguidos doctores don Nicols Gutirrez y don Agustn Abreu fueron miembros de ella, y tambin autores del informe que se

PAGE 263

JOS ANTONIO SACO /257 /257 /257 /257 /257 present. Creo que ste lleg a manos del general Ricafort, y que l lo elev al gobierno de la metrpoli, donde tal vez se conservar indito en algn archivo; pero acabo de saber, que todo o parte de l se imprimi en La Habana en el Repertorio Mdico Habanero cuya publicacin empez en noviembre de 1840, y concluy en 1843.

PAGE 264

CONTEST CONTEST CONTEST CONTEST CONTEST ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N DE DON JOS ANTONIO SACO DE DON JOS ANTONIO SACO DE DON JOS ANTONIO SACO DE DON JOS ANTONIO SACO DE DON JOS ANTONIO SACO A UN AR A UN AR A UN AR A UN AR A UN AR TCULO P TCULO P TCULO P TCULO P TCULO P UBLIC UBLIC UBLIC UBLIC UBLIC ADO EN EL ADO EN EL ADO EN EL ADO EN EL ADO EN EL NOTICIOSO NOTICIOSO NOTICIOSO NOTICIOSO NOTICIOSOY Y Y Y Y LUCERO DE LA HABANA LUCERO DE LA HABANA LUCERO DE LA HABANA LUCERO DE LA HABANA LUCERO DE LA HABANA, DEL 1 DE AGOSTO DEL 1 DE AGOSTO DEL 1 DE AGOSTO DEL 1 DE AGOSTO DEL 1 DE AGOSTO DE 1833, EN QUE SE IMP DE 1833, EN QUE SE IMP DE 1833, EN QUE SE IMP DE 1833, EN QUE SE IMP DE 1833, EN QUE SE IMP UGNA ALGUNOS P UGNA ALGUNOS P UGNA ALGUNOS P UGNA ALGUNOS P UGNA ALGUNOS P UNTOS UNTOS UNTOS UNTOS UNTOS DE SU DE SU DE SU DE SU DE SU CAR CAR CAR CAR CAR T T T T T A SOBRE EL C"LERA A SOBRE EL C"LERA A SOBRE EL C"LERA A SOBRE EL C"LERA A SOBRE EL C"LERA MORB MORB MORB MORB MORB O O O O OHabiendo ya hablado en esta Carta contra la suspensin de las cuarentenas en La Habana, medida dictada, segn indiqu ya, a influjo del conde de Villanueva, intendente de aquella ciudad, no era de esperar, que este punto hubiese pasado en silencio. Un escrito que se haba empeado en captarse la benevolencia de aquel personaje, se apresur a complacerle; y dando a luz su impugnacin, arranc de mi pluma el papel que ahora reimprimo, y que por la lentitud de una escrupulosa censura no apareci en el Diario de la Habana hasta el 8 de agosto de 1833.Cuando la salvacin de toda Espaa depende del cumplimiento de lo mandado por S.M. en la parte sanitaria, no basta ser vigilante, sino inexorable. ( Palabras de la Junta Superior de Sanidad de Andaluca )Copiar y extractar algunos trozos del nmero 8 de la Revista Bimestre Cubana hacer un dbil y ridculo esfuerzo para impugnar el benfico sistema de cuarentenas, y defender un cuaderno intitulado Tablas necrolgicas ; he aqu las materias que componen el artculo que sobre la Revista Cubana se public en el Noticioso y Lucero de la Habana del 1 del corriente mes. Algo pudiera decir acerca de la primera parte: mas, perdonando a su autor las faltas que ha cometido, volver exclusivamente mi atencin a los dos ltimos puntos. La pluma que escribi el artculo a que contesto, se empea en probar con sofismas que no debe haber cuarentenas; pero como la resolucin de esta materia depende de la naturaleza contagiosa o no contagiosa del clera morbo, evidente es, que a la abolicin del sistema de cuarentenas debe preceder el convencimiento o manifestacin de que la enfermedad no se comunica de pases infestados a pases sanos. Lleva-

PAGE 265

JOS ANTONIO SACO /259 /259 /259 /259 /259 do de estos principios, yo procur en mi Carta sobre el clera destruir todas las conjeturas formadas acerca de la causa primaria de esta plaga; y despus de haber probado con hechos y raciocinios la falsedad en que se fundan tan cacareadas opiniones, pas a manifestar, que el clera es contagioso, no en el sentido que se comunica por contacto, pues que sobre este particular nada decido, sino en el de que es una enfermedad que “ se trasmite, se comunica de los infestados a los no infestados, sea del modo que fuere esta trasmisin o comunicacin ”. Tan claro lenguaje rompe los grillos con que quisieran aprisionarme los que no creen en el contagio, pues mis palabras me presentan un vasto campo donde correr gritando siempre cuarentenas aun cuando la opinin general de los mdicos se pronunciase contra el carcter contagioso de la enfermedad. Sentada mi creencia, trat de fundarla en mi Carta y siguiendo paso a paso la marcha de la peste, no slo manifest con hechos y reflexiones, que en todos los pases del mundo visitados hasta hoy por ella, su introduccin se debe a la comunicacin de los infestados con los sanos, sino tambin que se preservaron de sus estragos, los que tomaron medidas enrgicas para libertarse: respond despus a los argumentos principales que se proponen contra el contagio; y por ltimo pas a recomendar la necesidad de las cuarentenas. Por esta breve relacin se ver, que cuando clam por aquella medida de salvacin, fue despus de haber estudiado detenidamente la materia, y de haber empleado en ella no menos de 32 pginas de la Revista El pblico, pues, tena derecho a esperar, que el hombre que se presentase a combatir las cuarentenas, empezara por destruir el edificio levantado por el Editor de la Revista ; pero declamar vagamente contra ellas, y hurtar el cuerpo a la cuestin fundamental, confesando que no se atreven a entrar en ella es lo mismo que pretender tomar una plaza por asalto, huyendo de los caones que la defienden. Contntase, sin embargo, el articulista con decir, que los que siguen la opinin del no contagio “alegan otros tantos hechos y raciocinios que creen igualmente concluyentes”; pero como esto es hablar con generalidades y yo soy amigo de particularidades le pido que entre en pormenores, y que me presente esos otros tantos hechos y raciocinios igualmente concluyentes. Aunque el articulista no pretende entrar en la cuestin del contagio, me dispara contra l como argumento triunfante, el pasaje siguiente de la nota sexta al oficio de mi amigo don Jos de la Luz. Dice as: “Cmo en la ciudad de Santiago, a cinco leguas de La Habana, atravesada no menos que por dos caminos frecuentadsimos, sobre todo durante la epidemia,21 no se ha presentado hasta ahora el enemigo, y esto 21Nos consta que ha habido da durante la epidemia de pasar ms de 200 personas, muchas de ellas de la capital, slo en la tienda del Rincn.

PAGE 266

OBRAS 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ habiendo invadido puntos intermedios y comarcanos? Tampoco ha visitado el Bejucal, una legua ms adelante, y si bien apareci muy a los principios en San Antonio, a dos ms all, fue tan efmera y benigna su influencia, que no pas de un par de das con otros tantos casos”. Cuando esto se imprimi en la Revista el autor de las notas y yo creamos, segn las noticias que nos haban dado, que Santiago no haba cerrado sus puertas a los viajeros que salan de La Habana durante la epidemia; pero mejor informado despus, he sabido por un sujeto fidedigno, y que est instruido de lo que ocurri en aquel pueblo por ser vecino de l, que a ninguna persona que sala de La Habana se le permita pasar por Santiago, a no ser que fuese a permanecer en l; en cuyo caso se le obligaba a guardar una rigurosa cuarentena en una casa destinada al efecto. Hago esta advertencia, as por el amor que profeso a la verdad, como para que se conozca que cambiadas las circunstancias, la no aparicin del clera en Santiago, lejos de ser un argumento contra el contagio, ofrece un nuevo ejemplo en su favor, pues que por medio del aislamiento se preserv de sus ataques. Relajronse, sin embargo, aquellas medidas saludables, introdujronse unos negros apestados, y he aqu, que ya aquel pueblo gime bajo tan terrible azote. Mas, aun cuando nada de esto hubiera ocurrido, piensa el autor del artculo del Lucero que me cogera de nuevo ese argumento? Si l hubiera ledo mi Carta con cuidado, ya habra visto que yo mismo present una objecin semejante, y que bien o mal procur contestarla en la Revista Para mejor convencerle, transcribir lo que all dije: “Algunos pueblos cercanos a otros inficionados, y que han estado en comunicacin con ellos, se han libertado de la epidemia. Ved aqu un argumento que se repite con frecuencia, y que se tiene como incontestable; pero veamos si lo podemos responder. ”Para que un lugar sea apestado, no basta que est en comunicacin con otro donde reine la epidemia; es preciso adems que sea llevada a l, que encuentre sujetos predispuestos a recibir el contagio, y circunstancias favorables para propagarlo. Nadie duda que el fuego quema; pero si se esparce sobre cuerpos incombustibles, se apagar sin producir un incendio: caiga, empero, una sola chispa sobre un suelo regado de plvora, y al punto se seguir una violenta explosin. As como existe predisposicin individual parceme que puede decirse con bastante exactitud, que tambin la hay local ; y que as como muchas personas quedan ilesas, aun viviendo en medio de la peste, del mismo modo que hay lugares que se escapan de ella, a pesar de tener comunicaciones con los pueblos infestados. Pero de dnde nace, que ciertos lugares resistan al contagio? Ved aqu lo que no se sabe. ”Entre las circunstancias que pueden influir, una sola me atrevo a indicar, a saber, el estado atmosfrico; pues aunque niego el influjo de la

PAGE 267

JOS ANTONIO SACO /261 /261 /261 /261 /261 atmsfera como causa primaria del clera, jams negar su accin como causa secundaria o modificadora. Sentadas estas ideas, es muy fcil concebir que un pueblo puede conservarse sano, aun teniendo relaciones con otro apestado, ya porque no haya contrado la enfermedad ninguno de los individuos que van a l, ya porque lo resistan las circunstancias meteorolgicas, geolgicas, o de otra especie que nos son desconocidas. Russell prueba con muchos hechos, que pases atacados de la peste de Oriente, han tenido relaciones con otros sin trasmitirles el contagio. Y si esto sucede respecto de una enfermedad cuya naturaleza contagiosa est generalmente admitida, por qu se ha de decir que el clera no lo es, fundndose en la razn de que a veces no se propaga a pueblos con quienes se est en relacin? Dentro de los muros de las mismas ciudades invadidas existen individuos y familias que recorriendo las calles, y aun visitando a los enfermos, se preservan de la peste. Pero si hallndose en comunicacin tan estrecha, pueden pasearse triunfantes, por qu no tambin cantar victoria ciertos pueblos, que respecto de una nacin pueden equipararse a los individuos y familias de una ciudad? Porque el clera no es contagioso, me respondern, y porque nicamente proviene del estado atmosfrico. Pero no respiran todos la misma atmsfera? No estn sometidos a ella incesantemente? Y siendo as, por qu no enferman todos? Es, pues, forzoso confesar, que si muchos resisten a ella, a pesar de su incesante accin, con mayor motivo se salvarn de la causa contagiosa del clera que parece no ser tan constante ni tan extensa: no tan constante, porque el aire est obrando sin cesar sobre nuestro cuerpo, as interior como exteriormente: no tan extensa, porque la atmsfera existe en todas partes, y los corpsculos o miasmas que la infesten, por abundantes que sean, hllanse esparcidos en ella, sin formar tanta cantidad de materia venenosa. ”Invoquemos los hechos en apoyo del raciocinio, y la cuestin recibir todo el grado de claridad de que es susceptible. El mdico ingls Haygarth en su Investigacin acerca del modo de prevenir la viruela enfermedad que todos reconocen como contagiosa, trae un pasaje en que describe una irrupcin de las que reinaron epidmicamente en Chester, en 1777, y en la que se verificaron todos los fenmenos que muchos consideran como incompatibles con la naturaleza contagiosa del clera. Helo aqu literalmente traducido: ” ‘La viruela fue epidmica en Chester desde mayo de 1777 hasta enero de 1778, esto es, nueve meses, particularmente los seis ltimos, en cuyo tiempo observ atentamente sus progresos. 1 Al principio fueron atacadas dos o tres familias, no vecinas inmediatas, sino que vivan en el mismo barrio de la ciudad. 2 Despus fueron invadidos los nios de un barrio; pero la enfermedad no se difundi en ellos como de un centro. 3 En ninguna parte de la ciudad se extendi uniforme-

PAGE 268

OBRAS 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ mente de un centro, sino que se propag en alguna callejuela, donde todos los nios de una vecindad jugaban juntos. 4 Despus fueron acometidos los nios pobres en varias partes de la ciudad, a distancias considerables, y en algunos parajes, a media milla unos de otros. 5 Todava en noviembre no haban sido apestadas muchas partes de todas las calles principales; pero en diciembre y enero la enfermedad invadi a muchos que se haban escapado cuando estuvo en su vecindad algunos meses antes. 6 En Hambridge, que es una parte de Chester, separada del resto de la ciudad por el ro Dee solamente, no fueron atacados durante la epidemia sino unos siete nios, aunque gran nmero de ellos son muy propensos en aquella parte a contraer la enfermedad. 7 En la calle del Rey, que est en el centro de la ciudad, de 24 nios que nunca haban padecido la enfermedad, solamente dos fueron atacados en una misma casa. 8 Durante el esto y el otoo de 1777, mientras la epidemia era general en Chester, una o ms familias de muchos de los pueblos circunvecinos, como Cristleton, Barrow, Tarvin, etc., y algunas ciudades ms grande como Nantwich, Neston, etctera, fueron visitados por la viruela; sin embargo, la enfermedad no se difundi generalmente en ninguna de estas poblaciones. Como el estado del aire y el veneno varioloso fueron en estos lugares los mismos que en Chester, por qu el aire de ellos no fue igualmente infestado que el nuestro? 9 En Frodsham empez la viruela en mayo, y gradualmente se fue aumentando hasta hacerse notablemente epidmica en una parte por varios meses; con todo, casi la mitad de la ciudad todava se conservaba enteramente desinfeccionada el 18 de noviembre de 1777 Por el contrario en Upton, pueblecillo a dos tercios de legua de Chester, de 24 nios que nunca haban sido atacados de la enfermedad, todos, excepto uno, que ciertamente estuvo tambin expuesto al contagio, padecieron la enfermedad en menos de dos meses. Dar la causa de su rpida propagacin en las mismas palabras del cirujano Mr. Edwards, habitante muy instruido del lugar: ‘La enfermedad no ha sido propagada por el aire o contigedad de las casas, sino que ha aumentado en proporcin a la comunicacin que las familias han tenido entre s: ningn cuidado se tuvo en impedir su propagacin, sino al contrario, parece que haba un deseo general en que todos los nios la contrajesen’ ”. Y despus de haber visto que la viruela salta de un punto a otro aun a larga distancia, que vuelve a los parajes de donde se haba retirado, y que ataca a los que antes no haba invadido; despus de haber visto que, reinando en la mitad de una ciudad, la otra mitad se conserva ilesa por muchos meses, a pesar de estar en ntima comunicacin, y de ser la viruela una enfermedad contagiosa, se dir que el clera no lo es, porque presenta los mismos fenmenos?

PAGE 269

JOS ANTONIO SACO /263 /263 /263 /263 /263 A las razones expuestas en mi Carta aadir otra que me parece importante. Supngase que todo lo dicho no sea suficiente para explicar el fenmeno que nos ocupa: se inferir de aqu que el clera no es contagioso? Jams debe confundirse la existencia de una cosa con la capacidad del hombre para comprenderla o explicarla. ste puede ignorar, como ignora muchas veces, las causas que producen un efecto, y los modos con que un cuerpo puede obrar en otros cuerpos; mas, porque todo esto se escuda a nuestro flaco entendimiento, se dir que tales cosas no existen en la naturaleza? En qu ciencia, en qu ramo del saber humano no se encuentran a cada paso mil prodigios que el hombre no puede explicar? Y porque a tanto no alcancen sus dbiles luces, se afirmar que no existen esos prodigios, cuando por otra parte hechos numerosos atestiguan su existencia? Pues, ni ms ni menos sucede con la naturaleza contagiosa del clera. Ejemplos repetidos prueban que participa de tan funesta propiedad, y este o aquel fenmeno incomprensible a la capacidad humana, slo debe arrancarnos la humillante confesin de nuestra impotencia para penetrar sus arcanos, sin que nos propasemos a despojar al clera de una cualidad que siempre le acompaa, y que sin duda es su ms terrible distintivo. Dice el articulista, que mdicos clebres de varias naciones creen que el clera, la fiebre amarilla y otras enfermedades no son contagiosas. Esto es repetir lo que todo el mundo sabe; pero no aadir ni un grano de peso a la cuestin que se debate. En materias controvertibles, no debe atenderse al nmero de los opinantes, sino a la fuerza de los hechos en que se fundan para pensar de aqueste o del otro modo; y si el articulista hubiera presentado los que tiene para decidirse por la opinin contraria, el pblico entonces habra podido compararlas con las que he dado en la Revista y graduar si son dignas de desecharse las mas por las suyas. Yo le convido a que haga un examen severo de la parte de mi Carta en donde se trata del contagio; y ya que es de contrario sentir, desbarate con hechos o con razones, o como Dios le diere a entender, todo lo que all he consignado, pues a la verdad, que entrar en luchas literarias desentendindose de los fundamentos en que estriba la obra que se quiere impugnar, no es muy honroso al campen que se presenta en la palestra a disputar la victoria. Afirma el articulista que no debe haber cuarentenas. Despojemos sus sofismas del follaje que los cubre, y el miserable esqueleto aparecer en sus ms horribles formas. Fndase, 1 en la incertidumbre de la naturaleza coantagiosa del clera, 2 en que las cuarentenas slo producen gastos y mortificaciones a los pueblos, 3 en que nunca han sido suficientes para impedir la introduccin de las enfermedades contagiosas, 4 en que inspiran al pueblo un terror profundo por la idea de contagio que envuelven.

PAGE 270

OBRAS 264\ 264\ 264\ 264\ 264\ I. Incertidumbre de la naturaleza contagiosa del cleraAsegura el articulista, que en semejante estado la prudencia aconseja que no haya cuarentenas. ¡Con que la prudencia aconseja que entre dos partidos, uno que conduce a la vida, y otro que arrastra a la muerte, aqul se abandone y ste se abrace sin vacilar! As lo proclama a la faz de un pueblo un hombre que aparenta defender los intereses de ese mismo pueblo. Lo que aconseja la prudencia humana, es que, cuando se presentan bienes y males, aqullos se escojan y stos se desechen; y si por todas partes solamente ocurren inconvenientes, que se sometan todos a un juicio severo e imparcial, y se elija aquel partido que cause menos daos. Esto y no otra cosa es lo que aconseja la prudencia. Qu se dira del hombre a quien se propinase una copa, y sospechando l que estaba envenenada, la apurase hasta las heces, tan slo por la razn de dudar, si puede o no causarle la muerte? Suicida, y no prudente, debera llamarse tal hombre. Figurmonos adems dos padres de familia, que recogidos en sus casas con sus esposas y sus hijos, quieren libertarse de los malhechores que infestan una ciudad: figurmonos que en las tinieblas de la noche tocan a sus puertas personas desconocidas, suplicando que se les de entrada so pretexto de reposar de la fatiga; figurmonos que alarmada una de las familias, su padre, antes de acceder al favor que se le pide, mantiene su puerta cerrada, y asomndose por un postigo de la ventana, trata de inquirir quines son; pero no pudiendo saber si es gente buena o mala, les dice que aguarden hasta que pueda reconocerlos con la luz del da: y cerrando otra vez la ventana, se retira a su alcoba para consolar a su familia. Mas, supongamos que el otro padre, a pesar de ignorar si los que han tocado a su puerta son hombres de bien o malhechores, se tira de la cama desde que oye el primer toque, y lanzndose a la puerta en medio de los lamentos y alaridos de su angustiada familia, la abre de par en par, y da entrada a las personas desconocidas; mas, stas apenas pisan los umbrales, cuando cargan de recio sobre los miembros de la afligida familia, hiriendo a unos, matando a otros, y esparciendo en los dems el luto y la desolacin. A vista de escenas tan desastrosas, cul de los dos padres, pregunto yo, cul de los dos ha procedido conforme a los dictmenes de la prudencia? Ser aquel que supo preservar a su familia por haberse mantenido encerrado durante la duda que le asista; o el que necio y ligero se dej arrastrar de la incertidumbre, trayendo sobre su familia tan terrible calamidad? No imprudente debe llamarse, sino parricida, el hombre que de tan brutal manera compromete la vida de una familia que por los ttulos ms sagrados est obligado a conservar; y no de otra manera, aunque s, bajo de circunstancias todava ms agravantes, incurrira tambin en la misma nota de

PAGE 271

JOS ANTONIO SACO /265 /265 /265 /265 /265 parricida del hombre pblico, que atropellando tan poderosas consideraciones, hundiese al pueblo en los horrores de la peste. Verdad es, que no est acorde la opinin de los mdicos en cuanto a la naturaleza contagiosa de algunas enfermedades; pero cuando de las opiniones se pasa a los hechos, se observa, que los gobiernos de las naciones europeas y americanas, desechando todas las teoras, y atendiendo nicamente a la salvacin de sus pueblos, establecen cuarentenas desde el momento en que temen la introduccin de alguna peste. A juzgar por las reglas del articulista, los gobiernos ms sabios del mundo, no slo han despreciado los consejos de la prudencia, sino ocasionado a sus pueblos uno de los daos ms enormes. Cuando el lector repasare estos renglones, solamente le suplico, que contemple por un instante en la conducta que siguen las naciones ms ilustradas del orbe; y que comparndola con las mximas del escritor del Lucero decida si stas o aqullas deben ser la norma de las acciones de un pueblo. Nuestro formidable antagonista, recogiendo todas sus fuerzas lgicas como para dar una carga decisiva, nos dice con cierto aire de triunfo, que “en los Estados Unidos de Amrica, pas donde se ha estudiado a fondo y por una larga serie de aos la fiebre amarilla, los mdicos contagionistas estn con los no contagionistas en razn de 4 a 81 ”. De aqu quiere inferir, que siendo incierta la naturaleza contagiosa de esa enfermedad, no debe haber cuarentenas para el clera. La primera inexactitud con que se tropieza en este pasaje, es que, se equipara el clera con la fiebre amarilla, siendo as, que de que haya pocos o muchos mdicos que crean o no en el contagio de sta, nada se deduce respecto de aqulla, porque bien pudiera ser que la fiebre amarilla fuese contagiosa sin serlo el clera, y al contrario. La segunda inexactitud consiste, en que el articulista no ha advertido el abismo en que se ha precipitado. Si de la incertidumbre de la naturaleza contagiosa de una enfermedad quiere inferir que no debe haber cuarentenas, cmo explica el hecho de que, a pesar de creerse generalmente en los Estados Unidos que la fiebre amarilla no es contagiosa, el sabio gobierno de aquella nacin impone cuarentenas a todos los buques procedentes de los pases en que reina esa enfermedad? Y si tales medidas exige por el remoto evento de que pueda ser contagiosa, qu no ser respecto del clera, cuyo azote considerndose all por muchos como contagioso, se comunica de un punto a otro con la mayor facilidad, y cuyos estragos, as en su extensin como en su intensidad, son incomparablemente mayores que los de la fiebre amarilla? No queda, pues, ms recursos a nuestro articulista sino decir, o que el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamrica no entiende las reglas de la prudencia, o que l mismo se ha traspasado el corazn con las armas que emple para ofenderme.

PAGE 272

OBRAS 266\ 266\ 266\ 266\ 266\II. Las cuarentenas slo producen gastos y mortificaciones a los pueblosSi el articulista, antes de asentar una proposicin tan errnea como antisocial, hubiera reflexionado por un instante en las funestas consecuencias que envuelve, sin duda se habra abstenido de trasmitirla a la prensa. Por qu no ley lo que sobre cuarentenas dije en mi Carta ? y si lo ley, por qu lo pasa tan en silencio? Por qu no se dign de examinar mis razones para que, confutndolas, hubiese obtenido una victoria completa? Mas, ya que nada de esto ha hecho, vome en la necesidad de reproducirlas, no slo para que sirvan de respuesta a la falsa proposicin que combato, sino de estmulo al articulista para que me manifieste su juicio acerca de ellas; y si no fuere favorable, espero que las impugne, no con vagas declamaciones segn tiene de costumbre, sino con hechos y raciocinios. “Otra de las precauciones indispensables es el establecimiento de rigurosas cuarentenas para todos los buques procedentes de pases apestados o sospechosos. En este punto es preciso que haya una firmeza, una severidad inflexible. Cuando se trata de la salud del pueblo, todos los intereses deben callar; y mucho ms, cuando nuestra posicin insular alza contra el clera una barrera para protegernos del contagio de los pases apestados. Leamos, releamos mil y mil veces las disposiciones que el Gobierno Supremo tom para impedir la entrada del clera en Espaa, desde que all circul el rumor de haber invadido a Portugal. Con fecha 28 de enero de este ao manda S.M., entre otras cosas, que si el general en jefe del ejrcito de observacin en la frontera de Portugal tuviese motivos fundados para temer que no sean vanas las sospechas de la aparicin del clera en Oporto adopte con la mayor celeridad en su distrito las disposiciones ms eficaces y enrgicas, para que ninguna persona, por elevado que sea su rango, pueda internarse en el reino, sin sujetarse antes a una observacin de 15 das en Portugal y otros 15 en la raya de Espaa, en el lazareto provisional que se establezca al efecto. ”Para hacer S.M. esta saludable prevencin, no aguard que el mal estallase en Portugal; bastole un rumor popular, y encarga que con slo motivos fundados para temer, se cierren las puertas del reino, y a nadie se permita la entrada sin hacer antes una rigurosa cuarentena. Cuarentenas mi buen amigo, cuarentenas : de ellas depende la salvacin de ese pueblo. Nosotros estamos aqu llorando con lgrimas de sangre los tremendos efectos de su suspensin; pero se remediarn los estragos con nuestro tardo arrepentimiento? No se deje usted alucinar con las vanas declamaciones de que las cuarentenas destruyen el comercio entre nosotros: por el contrario, ellas lo favorecen, porque impiden el trastor-

PAGE 273

JOS ANTONIO SACO /267 /267 /267 /267 /267 no de sus bases: lo aseguran, porque alejan la peste; y alejndola, se conservan ilesos los esclavos y capitales que constituyen nuestra riqueza. Qu hubiera perdido La Habana con la continuacin de las cuarentenas? Una cantidad muy insignificante, nacida solamente de la corta demora en el rpido giro de las operaciones mercantiles. Pero qu ha perdido ahora con la introduccin del clera? Al sacar la cuenta, la pluma se cae de esta trmula mano. Los pueblos ms comerciantes del mundo, los que mejor entienden sus intereses, como son los ingleses y los norteamericanos, establecen sus cuarentenas; y Nueva York, que es hoy la tercera plaza mercantil del mundo, las conserva en todos tiempos desde junio hasta octubre para todos los buques procedentes de las Antillas y de las costas hispanoamericanas donde reina la fiebre amarilla. Quebec, Quebec, esa misma ciudad fatal por donde primero invadi el clera al Nuevo Mundo, desengaada de la ligereza que cometi, ha establecido desde mayo de este ao un sistema riguroso de cuarentenas: y si las medidas que ahora exige, las hubiera adoptado antes, la Amrica no tendra que llorar la desgracia de tantos hijos. ”Como en materias de inters, los hechos son ms fuertes que los raciocinios, dar a usted una demostracin de que las cuarentenas de La Habana no perjudicaron nuestro comercio. Ni los precios de los frutos bajaron en virtud de ellas, ni la entrada de los buques se disminuy. Que los precios no bajaron, pblico y notorio es; y aun cuando hubiese habido alguna pequea diferencia, todos saben que procedera de causas que no tienen relacin con las cuarentenas. Que el nmero de buques hubiese disminuido, es tan falso, cuanto las entradas excedieron a las de aos anteriores en que no haba cuarentenas. Formando un pequeo estado de los meses en que generalmente vienen ms buques a comprar nuestros frutos, se obtiene una completa demostracin. AosEneroFeb.Mar.Nov.Dic. ————————————— 1831931031102579 183211111314484105 1833118133 ”De este estado aparece, que en noviembre y diciembre de 1832 en que existan cuarentenas, entraron ms buques que en noviembre y diciembre de 1831 en que no las haba; y que en enero y febrero de 1833 y de 1832 llegaron muchos ms que en los mismos meses de 1831 en que tampoco las hubo”. Cuando yo escrib la Carta sobre el clera, pens que estas razones bastaran para desengaar a los alucinados que hablan por rutina contra las cuarentenas; pero, pues, hay hombres que arrastrando el senti-

PAGE 274

OBRAS 268\ 268\ 268\ 268\ 268\ miento pblico, se atreven a asegurar que tales medidas sanitarias, slo producen gastos y mortificaciones a los pueblos forzoso es preguntarles. Cuando por medio de las cuarentenas se aleja la peste de un pas, y se salvan de la muerte 50 o 100 000 personas, se dir que aqullas slo producen gastos y mortificaciones a los pueblos? Cuando las cuarentenas se guardan en Francia, Alemania, Espaa, Italia, Gran Bretaa, Estados Unidos de Norteamrica y en otras naciones civilizadas, ser posible que todas estn pecando contra sus intereses, y que se obstinen en seguir, segn las mximas del articulista, unas medidas que slo producen gastos y mortificaciones a los pueblos ? Cuando el terrible azote se ha descargado ya sobre casi todas esas naciones y el tempestuoso horizonte se ha serenado en ellas, por qu, lejos de abolir las cuarentenas como ruinosas a sus intereses, vuelven y vuelven a ellas en las horas de conflicto como a la nica ncora de su salvacin? Por qu los pueblos que sin cuarentenas fueron sorprendidos de la peste, las establecen ahora y las cumplen rigurosamente? Por qu, en fin, en medio del clamor universal por cuarentenas que resuenan en los pueblos del viejo y nuevo continente, en medio de las enrgicas medidas con que el augusto monarca de las Espaas las recomienda como el ms eficaz preservativo de la peste, en medio de las lgrimas con que los habitantes de esta malhadada Isla suspiran por ellas, por qu, en fin, repito, se levanta entre nosotros una voz, que oponindose a la prctica general de las naciones, resiste a un tiempo a las rdenes supremas del gobierno, e insulta con su lenguaje la desgracia de sus hermanos?III. Las cuarentenas nunca han sido suficientes para impedir la introduccin de las enfermedades reputadas por contagiosasProposicin tan falsa como con tanta arrogancia expresada, pocas veces se encontrar en papeles destinados a circular entre hombres sensatos; y no contento el articulista con aplicarla al clera, la extiende a las dems enfermedades, que, aunque contagiosas, l no reputa por tales. Que las cuarentenas han impedido en muchos casos la introduccin del clera, aparece de la muchedumbre de hechos que he citado en la Revista ; mas, ya que el escritor del Noticioso y Lucero no se hace cargo de ellos, es preciso reimprimirlos para condenarle a perpetuo silencio. “Cuando en 1821 reinaba la epidemia en Persia, Tehern, su capital, cort toda comunicacin con los pases infestados, y tomando las caravanas que haban de pasar por ella, el derrotero de Yerd, esta ciudad qued apestada, y libre Tehern. ”La historia de la enfermedad comprueba, que los mismos pases que se han preservado de ella mientras no han tenido comunicacin con los

PAGE 275

JOS ANTONIO SACO /269 /269 /269 /269 /269 infestados, han sido atacados luego que la han permitido. En 1822 y 1831 se vio el Egipto amenazado por la peste que desolaba las provincias limtrofes de la Siria. En la primera poca cerr sus puertas, y se salv; mas, en la segunda las dej abiertas, y fue invadido. En 1823 la Europa estuvo a punto de serlo por Astracn; pero cortada toda comunicacin, se escap. Aquella ciudad fue asaltada de nuevo en 1830; mas, no habindose tomado entonces las mismas precauciones, la epidemia se difundi por casi toda la Europa. Tehern se preserv en 1822 por un completo aislamiento. En 1829 descuida estas medidas, y hela ya vctima de la peste. La infeliz Galitzia fue invadida en enero de 1831: aislose el mal y Austria se salv; pero introducido de nuevo y propagado a mediados de aquel ao por los fugitivos de Polonia, recorri toda el Austria. ”Cuando la isla de Francia o Mauricio fue apestada en 1819 por un barco procedente de Ceiln, el gobernador que no crea en el contagio de la enfermedad, la dej propagar por toda la isla, causando su desolacin. Con tan triste ejemplo, el gobernador de la isla de Borbn estableci rigurosas cuarentenas, y aunque fueron burladas en 1820 por la maldad de los contrabandistas negreros, que introdujeron la peste en la ciudad de San Dionisio, se destin un hospital para los enfermos, y se cort toda comunicacin con lo interior del pas. El resultado fue, que en toda la isla solamente fueron atacados 256 individuos, de cuyo nmero murieron 178. Cul es la razn por qu dos islas que no distan 40 leguas entre s, y que tienen un mismo clima y casi la misma especie de poblacin, el mal se propagase en una con mortandad espantosa, y en la otra apenas toca a un cortsimo nmero de sus habitantes, sepultndose en el mismo recinto donde apareci? Parceme que todos respondern: el aislamiento, el aislamiento ”En medio de la mortandad espantosa de la isla de Francia, las haciendas que se aislaron, y entre ellas algunas de mucha consideracin, se salvaron de la epidemia. ”A pesar de las comunicaciones que tienen los buques de la India con el cabo de Buena Esperanza y de la inmediacin a este punto de las islas de Francia y de Borbn, el clera nunca ha podido penetrar en l. Esto se atribuye con sobrada razn al rgido sistema de cuarentenas que all se observa ” En un informe de Madras se leen estas notables palabras. ‘Las tripulaciones de los buques y las tropas que se hallan a bordo, nunca han experimentado un ataque de clera, hasta que no se han puesto en comunicacin con la playa’. ”Todas las haciendas, jardines y pueblos que se aislaron durante la epidemia que rein en Astracn, se preservaron en ella. ”Cuando el clera se paseaba por las ciudades que se hallan en las mrgenes del Volga, Sarepta se aisl de todas ellas, y aunque rodeada por todas partes de la enfermedad, el contagio la respet.

PAGE 276

OBRAS 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ ”En medio de la horrible mortandad de Manila en 1820, las tripulaciones de los buques, privadas de toda comunicacin con la ciudad, conservaron su buena salud. Con las mismas precauciones, dice Moreau de Jonns, se salv el pueblo Cavite, situado en la baha de Manila a dos o tres leguas de la ciudad. ”Cuando el clera reinaba en Alepo en 1822, Mr. Lesseps, cnsul de Francia, convid a todos los europeos, para que le acompaasen a su quinta, situada en las inmediaciones de aquella ciudad. Encerrronse en un jardn, levantaron una muralla alta, abrieron un foso, y a pesar de haber ms de 200 personas entre naturales y europeos, y de la variedad de su temperamento y gnero de vida, ninguna fue atacada de la epidemia, que asolando los contornos de esta pequea colonia, en slo Alepo haba matado 4 000 personas. ”El cnsul francs de Lattaquia se encerr tambin en esta ciudad con todos los europeos, y sometiendo a una rigurosa cuarentena a todo lo que entraba en su casa, el clera los respet. Estas medidas se tomaron en varios pueblos del Mediterrneo, y siempre produjeron los mismos felices resulta dos. ” El doctor Hawkins, dice en su Historia del clera en Rusia que en Caramala Gubeewa, varios labradores rusos que vivan a una cien varas de la villa, se encerraron en sus chozas al primer rumor de haber aparecido la enfermedad en sus inmediaciones; y habiendo establecido una rigurosa cuarentena durante el tiempo que aqulla rein, todos se preservaron. ”Cinco meses estuvo Mosc bajo el azote de la epidemia. El vasto establecimiento que compone la academia de cadetes de aquella ciudad, cerr sus puertas; y en medio de la mortandad general ni un solo individuo fue atacado. ”El caso que voy a referir, tiene en mi concepto una fuerza extraordinaria. El hijo de un aldeano, cochero de un noble ruso, muri. Su padre que viva en una aldea del gobierno de Pensa, en Rusia, fue al lugar donde haba muerto el hijo para recoger los efectos que ste haba dejado. Volvi a su casa, se puso la ropa del difunto, y usndola uno o dos das, fue atacado del clera, y muri. Tres mujeres que le haban asistido durante su enfermedad, y lavado el cuerpo despus de muerto, tambin fueron invadidas y perecieron dos; mas, antes de expirar la ltima, lleg un mdico para socorrer a los habitantes de la aldea; y viendo que la enfermedad se difunda por el rumbo donde haban ocurrido los cuatro casos, hizo barricar la calle para impedir absolutamente toda comunicacin entre las dos partes de la aldea. Hecho esto, el resultado fue, que en la parte de la aldea en que estall la enfermedad, hubo ms de 100 casos de clera, de los cuales murieron 45, pero no se present ni uno solo del otro lado de la barricada.

PAGE 277

JOS ANTONIO SACO /271 /271 /271 /271 /271 ”Presos encerrados en crceles de altos muros, se han escapado del clera, en medio de pueblos infestados. ”En La Habana hemos visto los cuatro monasterios de San Clara, Santa Teresa, Santa Catalina y Santa rsula, que situados en barrios diferentes, no han sido invadidos de la epidemia, a pesar de que la muerte recorra da y noche sus alrededores. Cuntase un solo caso en Santa Teresa; pero en quin ocurri? Cabalmente en la ropera, persona muy expuesta a recibir el contagio por medio de los vestidos que reciba. Y no se diga que se han preservado por ser corto el nmero de las monjas, pues en el monasterio de Santa Clara donde yacen encerradas como 100 personas, no ha ocurrido ni un solo caso. Esto es tanto ms de notar, cuanto que dentro de sus muros habitan muchas criadas, y todas de color; gente que ms que ninguna otra ha sufrido en esta tierra los destrozos de la epidemia. Bien conozco que habr influido mucho el arreglo y la tranquilidad de espritu de estas buenas religiosas; pero muchas familias, en quienes adems de concurrir tan favorables circunstancias, estn compuestas de un nmero mucho ms corto de personas, no han visto entrar por sus puertas la funesta plaga, y difundir la consternacin en sus pacficos hogares? ”Cuando el clera ha llegado a las fronteras de un pas que tiene comunicacin con los lugares apestados, pasa a l sin detenerse; pero si hay cordones sanitarios, o no entra, o si entra, es despus de largo tiempo. La Silesia est lindando con la Polonia; y aunque apestada esta nacin, aquella provincia se salv por largo tiempo, valindose de cordones sanitarios. ”Tambin se establecieron en el camino de Mosc a San Petersburgo; mas, no en el de Saratow: el clera se introdujo en San Petersburgo por esta ruta, y no por la primera. ”Atacada Berln, se aislaron muchos de sus establecimientos pblicos, y el clera los respet. ”Weisdo se aisl completamente, y aunque a poca distancia de Riga que estaba apestada, se preserv de la epidemia. La Galitzia es uno de los pases de Europa que ms ha sufrido; pues con todo, ninguno de los muchos pueblos que se aislaron completamente, fue atacado del clera. Aun en Lemberg, su capital, donde de cada 13 personas muri una, y de cada nueve fue una invadida, la princesa Lobkowitz, aislndose en su palacio, libert a su familia y a su servidumbre”. Ni me limitar a los casos anteriores sobre el clera: que tambin quiero presentar algunos sobre otras enfermedades, para acabar de confundir al anticuarentenista escritor Ruffi dice en su historia de Marsella, que esta ciudad fue atacada 20 veces de la peste desde el ao 49 antes de la era vulgar hasta 1729. Se ha notado que el mayor nmero de invasiones ocurri en los siglos XV, XVI y

PAGE 278

OBRAS 272\ 272\ 272\ 272\ 272\XVII, pues se cuentan en ellos 16. Su frecuente aparicin naci del aumento de las relaciones mercantiles en el Levante, y de los establecimientos sucesivos de los franceses en aquella regin; pero el comercio que era el introductor de la peste, tambin le encontr el remedio, pues habiendo observado los negociantes franceses establecidos en Alejandra y en El Cairo, que los monjes cophtos, aislados de la peste, se preservaban del contagio, ellos tambin se aislaron, y obtuvieron los mismos felices resultados. Estas noticias llegan a Europa, Marsella y otros puntos establecen cuarentenas, y desde entonces se salvan. Segn informe de las personas encargadas de la polica sanitaria de Marsella, la peste de Levante ha aparecido muchas veces en el lazareto de aquella ciudad desde 1720; pero siempre ha sido ahogada en l, sin haberse extendido a la poblacin. Y con hechos tan positivos, se negar todava la utilidad de las cuarentenas? M. Deidier, probando que la peste de Marsella en 1720 haba sido efecto del contagio, refiere que los habitantes que fueron admitidos en la abada de San Vctor, y todos los conventos reclusos se libertaron de ella. Oigamos como habla Volney sobre la peste de Levante en su clebre viaje al Egipto y la Siria: “Algunos han querido asentar entre nosotros la opinin de que la peste era originaria del Egipto; pero esta asercin, fundada en vagas preocupaciones, parece desmentida por los hechos. Nuestros negociantes establecidos en Alejandra hace tantos aos, aseguran de concierto con los egipcios, que la peste jams viene de lo interior del pas,22 sino que primero se presenta sobre la costa de Alejandra; de aqu pasa a Roseta, despus al Cairo, luego a Damieta y, finalmente, al resto del Delta. Tambin han observado que siempre es precedida de la entrada de algn buque procedente de Esmirna, o de Constantinopla; y que si ha sido violenta en alguna de estas ciudades en el verano, crece el peligro para la suya en el invierno entrante. Parece demostrado que su foco es Constantinopla, que all se perpeta por la ciega negligencia de los turcos, la cual llega al colmo; pues se venden pblicamente los muebles de los apestados. Las embarcaciones que van luego a Alejandra, nunca dejan de traer abastos, y vestidos de lana comprados en esas ventas, cuyos gneros son expendidos en el bazar o mercado pblico desde donde propagan el contagio al instante: los griegos que hacen este comercio, son casi siempre las primeras vctimas: poco a poco van cundiendo la epidemia por Roseta, hasta que, finalmente, llega al Cairo, siguiendo el camino trillado por las mercancas. Al momento que se decla22Prspero Alpino, mdico veneciano, que escriba en 1591, dice asimismo, que la peste no es oriunda del Egipto; que de donde viene es de Siria, de Grecia y de Berbera; que los calores acaban con ella, etc. Vase su obra de Medicina Aegipptiorum p. 28.

PAGE 279

JOS ANTONIO SACO /273 /273 /273 /273 /273 ra, los negociantes europeos se encierran en sus kans o haciendas con sus familias, y no comunican ms con los de afuera. Los vveres, depositados a la puerta del kan los recibe un portero, que los coge con tenazas de hierro, y los sumerge en un barril de agua destinado al intento. Si se quiere hablar con ellos, se mantienen siempre retirados, de modo que no pueda hacer contacto con sus vestidos, ni aun alcanzarles el aliento; con tales precauciones logran preservarse de la peste, a menos que no se infrinja en algo este arreglo. Hace algunos aos que, habiendo pasado un gato por las azoteas a las viviendas de nuestros negociantes del Cairo, comunic el contagio a dos de ellos, de los cuales uno muri”. Y con hechos tan decisivos, se negar que las pestes se introducen? Se negar la necesidad de las cuarentenas? Si la peste, que es tan comn en Egipto, es mucho ms rara en Siria, esto no slo proviene de la diferencia de clima, sino de que son muy pocos los buques que de Constantinopla van all en derechura. El mismo autor se expresa as ms adelante: “La creencia arraigada en el fatalismo, y mucho ms la barbarie del gobierno, han estorbado hasta aqu a los turcos precaverse de esta plaga tan horrorosa: sin embargo, el buen suceso con que han visto coronados con esmero y prolijidad de los francos, ha causado bastante impresin a muchos de ellos de algn tiempo a esta parte. Los cristianos del pas que tratan con nuestros negociantes, de muy buena gana se encerraran lo mismo que ellos; mas, para esto sera menester permiso formal de la Puerta”. Quizs leera este pasaje el articulista, y penetrado de su sabidura, desea que vivamos a la turca; pero no a la turca de estos ltimos aos, sino de tiempos anteriores, pues, segn un clebre autor, ya “la mayor parte de los musulmanes empiezan a entregarse con menos seguridad al fatalismo; y si en Constantinopla y Esmirna no toman ninguna medida para precaverse de la peste, otras muchas ciudades toman semi-precauciones que podrn despus ser mejor ordenadas. Efectivamente, Volney, contrayndose a este particular, dice: “Que el gobierno de Tnez ha adoptado la medida de los lazaretos hace algunos aos; pero la polica turca es en todas partes tan detestable, que no debemos prometernos el mejor resultado de semejantes establecimientos, a pesar de su extrema importancia para el comercio y para la seguridad de los Estados del Mediterrneo. El ao pasado tuvimos de ello una triste prueba: cundi en Tnez una peste tan violenta, cual jams se haba experimentado, y fue llevada por buques procedentes de Constantinopla, que habiendo sobornado los guardas, entraron fraudulentamente, sin hacer cuarentena”. Estos y otros muchos hechos que pudiera citar, han desengaado a los hombres juiciosos, y hcholes clamar por las medidas sanitarias. “En

PAGE 280

OBRAS 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ Europa, as se explica el Diccionario de Ciencias Mdicas obra compuesta por los primeros facultativos de Francia; en Europa, la rgida observancia de los sabios decretos sobre sanidad es el nico medio de prevenir la peste; y se puede esperar, con razn, que mientras estos decretos se observen escrupulosa y rgidamente, jams aparecer esta enfermedad en nuestros pases”. Y hablando en otra parte de los lazaretos, dice as: “Los lazaretos se hallan ordinariamente en la inmediacin a los puertos de mar, y principalmente en las costas del Mediterrneo a causa del comercio de Levante. A estos establecimientos y a las leyes sanitarias que se guardan en ellos, con ms o menos rigor, deben los pases meridionales de Europa el no ser ya afligidos en lo interior de sus territorios durante las ltimas pestes, y la Espaa entera el haber podido evitar las terribles epidemias de fiebre amarilla que han desolado una parte de este reino”. Tan penetrados estn los pueblos de la necesidad de las medidas sanitarias, que muchos mdicos las recomiendan aun en aquellos casos en que creen que la enfermedad no es contagiosa. Yo no puedo menos que transcribir lo que la Sociedad Mdica de Nueva Orlens dice en la Relacin sobre la fiebre amarilla publicada en 1818, a pesar de que los autores no la reputan por contagiosa. “Esta enfermedad de naturaleza endmica, ha llegado a ser epidmica, por un conjunto de circunstancias que han favorecido su desarrollo y progresos; ella no ha sido contagiosa, pero se concibe que semejante a otras afecciones, puede adquirir este carcter funesto. En fin, el Estado de la Luisiana debe alejar, por medio de establecimientos sanitarios, todos los azotes morbficos que la marina de todos los pueblos est pronto a introducir a cada instante”. Y no contenta todava con esto, aconseja la misma Sociedad en el compendio de sus trabajos, la traslacin y aislamiento del cementerio, y la construccin de un lazareto. La comisin de la facultad mdica de Pars, consultada por el Ministro del Interior, respondi en 1818, “que era necesario continuar tomando contra la importacin de la fiebre amarilla, las precauciones ya establecidas en todos los puertos de mar europeos”. Haya pues cuarentenas, y hyalas, porque son necesarias para la seguridad de los pueblos; pero cmplanse como deben cumplirse. Por fortuna vivimos en una isla, y apartados por los mares de los pases que nos pueden infestar, no corremos el peligro de las naciones que habitan en un continente, donde esparcido el contagio, ya es muy difcil contenerle. Saquemos, pues, partido de las ventajas que nos da la naturaleza, y viviremos menos desgraciados.

PAGE 281

JOS ANTONIO SACO /275 /275 /275 /275 /275IV. La idea del contagio inspira al pueblo un terror profundo: luego no haber cuarentenas¡Peregrina lgica! ¡Bello modo de discurrir! El pueblo cree que hay contagio y le teme; mas, para curarle sus temores, el articulista desea que se le ponga en libre comunicacin con los pases infestados. Pero l me dir, que lo que quiere es, que al pueblo no se le diga que la enfermedad es contagiosa para no alarmarle. Acerca de esto me ocurren algunas reflexiones. 1 El terror del pueblo no tanto nace de la idea del contagio, como de la muerte que le amenaza, sea o no contagiosa la enfermedad; y esto se comprueba con la experiencia del gnero humano. Reine una epidemia mortfera, y pguese o no se pegue, se la teme en razn del nmero de vctimas que sacrifica. Aparezca otra muy contagiosa, pero que respeta la vida de los hombres; y el pueblo no temblar como en las circunstancias anteriores. Ha habido entre nosotros alguna epidemia ms general que la llamada el dengue en 1828? Familias enteras enfermaron, quedronse muchas casas sin criados que las sirviesen, rara fue la persona que se escap de la enfermedad; mas, a pesar de haberse visto La Habana convertida en un hospital general, sus habitantes no se alarmaron, porque muy pronto conocieron que la epidemia no era mortfera. Supngase que todos hubiesen credo que el dengue era contagioso, se habran por esto consternado, cuando contaban con la seguridad de su vida, y con los leves y cortos padecimientos que generalmente causaba? No, por cierto. La idea, pues, del contagio no es la que principalmente contribuye a aterrar al pueblo, sino la espantosa de la muerte pronta y terrible con que nos devora la enfermedad que nos asalta. 2 Aun suponiendo que para tranquilizar al pueblo se le diga que una enfermedad no es contagiosa, no por eso se le ha de entregar al peligro, privndole de los medios que puedan resguardarle. Si se desea seguir el sistema del engao, hagsele creer, en buena hora, que el clera no es contagioso; pero imtese al mismo tiempo la prudente conducta de los mdicos, que ocultando a los enfermos la gravedad de sus males, y representndoles como leves los que a veces son mortales, no los dejan abandonados a tan funesta ilusin, sino que procuran atajar la enfermedad valindose de los medios que el arte les sugiere. Cuando el pueblo ve que se toman medidas para preservarle, lejos de desalentarse, se anima; y si hay alguna por la que claman acordes, contagionistas y no contagionistas, sin duda es la de cuarentenas. 3 No puede ser conveniente engaar al pueblo, hacindole creer que no es contagiosa una enfermedad que lo es. Esto engendra una falsa confianza, que produciendo el abandono de todas las medidas de seguridad, acarrea al pueblo males mayores que los que se quieren evitar.

PAGE 282

OBRAS 276\ 276\ 276\ 276\ 276\ El general de un ejrcito, que rodeado de enemigos, hiciese creer a sus soldados que nada tienen que temer, y que depongan las armas con que pueden defenderse, no se expone a ser atacado y destruido en justa recompensa de su criminal abandono? Pues, ved aqu lo que aconseja nuestro famoso articulista. 4 La opinin del contagio debe inspirar al pueblo menos terror que la del no contagio. En las enfermedades contagiosas, el hombre tiene recursos para alejar la peste: puede huir del lugar infestado; puede aislarse de la manera que le plazca y preservarse de un modo u otro; pero cuando el mal reina en la atmsfera, entonces no hay seguridad en ningn paraje. De da y de noche, en la calle y en la clausura ms estrecha est expuesto a todas horas a ser vctima del mal: y en tales circunstancias, qu recursos le quedan al pueblo para salvarse de l? Ninguno, ninguno absolutamente. Pero en las enfermedades contagiosas y que no dependen de afecciones atmosfricas, puede interponer las cuarentenas y salvarse. En vano exagera el articulista los horrores del desamparo. No tema, no, que los hijos abandonen a los padres; los padres, a los hijos; los esposos, a las esposas, ni los hermanos a los hermanos. Tiernos y entraables sentimientos dominan el corazn humano, y la horrible epidemia que acabamos de pasar, ofrece numerosos ejemplos de familias, que ntimamente persuadidas de la naturaleza contagiosa del mal, antes que ausentarse del lado de tan caros objetos, prefirieron morir con ellos tendidos en un mismo lecho. Estos dulces afectos a que el hombre sacrifica tantas veces su vida, la idea consoladora que sin predisposicin no atacan las enfermedades, y la diaria experiencia de que salen ilesos muchos de los que estn en ntima comunicacin con los enfermos, son contrapesos que debilitan los motivos que pudieran inducir a muchos a tomar el partido de la fuga. Y si se reflexiona, que en los pueblos civilizados, en los gobiernos bien constituidos se toman medidas para socorrer al infeliz, ya se conocer cuan exagerados son los males que nos anuncia el intimidado articulista. Pero lo que debe llamar mucho la atencin de mis lectores, es el contraste de sentimientos que nos presenta en su papel. El mismo hombre que ahora se nos muestra tan solcito por la salud del pueblo; el mismo que ahora se empea en que no se turbe el sosiego de los tmidos con la mala noticia de que el clera es contagioso; ese, ese mismo hombre, olvidado de tanta filantropa, pide abiertamente la extincin de las cuarentenas para que la peste acabe de devorarnos. A las enfermedades contagiosas que el articulista no tiene por fatales, las califica de epidmicas; esto es, segn su lenguaje, “dependientes de una causa general cualquiera que sea, que obra uniformemente sobre una porcin ms o menos extensa de la superficie de nuestro globo, y que puede dilatarse a otras regiones o concentrarse en un pequeo

PAGE 283

JOS ANTONIO SACO /277 /277 /277 /277 /277 territorio”. Contra esto solamente se me ocurren dos leves reparos. Primero, que el articulista no sabe lo que quiere decir epidemia porque este vocablo no se puede emplear como contrario a la palabra contagio Epidemia no es otra cosa sino una enfermedad que ataca a un tiempo a muchos individuos, sea o no contagiosa: por consiguiente, el contraste u oposicin que se forma entre enfermedades contagiosas y epidmicas, es un absurdo. Segundo, que el articulista habla de una causa general cualquiera que sea; pero no se digna de mencionarla, ni menos de exponer alguna conjetura que le d visos de realidad. Decir que las enfermedades epidmicas dependen de una causa general cualquiera que sea, y decir esto para combatir la opinin del contagio slidamente establecida con hechos y con razones, es una de las nadas ms grandes con que se puede embarrar el papel. Djese usted, pues, de generalidades, Seor Articulista, hable ms contrado a la cuestin, y ya entonces le podremos tomar el pulso. Supone, que cuando en La Habana se suspendieron las cuarentenas, el clera estaba adormecido en todos los pases con los cuales tenemos relaciones mercantiles Falso. Despierto y muy despierto estaba todava en la nacin que ms temores deba inspirarnos, en la de nuestros vecinos los norteamericanos; y aunque es verdad que el Excmo. seor Gobernador y Capitn General permiti que se levantasen las cuarentenas, fue porque, segn los documentos oficiales recibidos de los Estados Unidos, y por haber venido ya las patentes limpias, crey de buena fe que haba desaparecido enteramente. Con muchos hechos he probado en mi Carta que aun en los rigores del invierno mantuvo erguida la cabeza en varios puntos de aquella repblica; y las tristes escenas que se representaron en los Estados de Tennessee y la Luisiana, imponen un imperioso silencio a los que pretenden negar tan dolorosa verdad. “Pero podamos haber continuado, as prosigue el autor, aquel sistema indefinidamente? No se nos presentaba este terrible dilema, o perecer de miseria, o exponerse a una enfermedad contagiosa, dado que efectivamente lo sea?” Sin perecer de miseria y sin exponerse a recibir la enfermedad contagiosa, bien pudieron haberse continuado las cuarentenas por todo el tiempo necesario, haciendo las modificaciones que dictasen las circunstancias. Viene un buque de un pas donde no hay clera, permtasele franca entrada: existen algunas sospechas, pngasele en observacin: procede de un lugar apestado muy distante de nosotros, tmese en cuenta el tiempo que ha pasado en la mar, y si durante la travesa no hubiese tenido novedad, su cuarentena no sea tan larga como la de otro que haya tenido enfermos. Viene, en fin, de un paraje vecino apestado, cuarentena rigurosa con l; y si en la navegacin o en nuestros puertos hubiese tenido enfermos, aslesele completamente. De este modo pro-

PAGE 284

OBRAS 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ ceden todos los gobiernos sabios que se interesan por la salud de sus pueblos; y de este modo tambin nosotros pudimos haber procedido sin caer en los horrores de la miseria. Todo lo contrario confirma la experiencia entre nosotros. Por ms de un ao vivimos con cuarentenas, y lejos de haberse disminuido el nmero de buques en los meses de ms ocurrencia, hubo ms entrada que en los correspondientes a pocas en que no haba cuarentenas. Ya hemos pasado por stas que tambin por los rigores de la peste. El pblico tiene delante de s los hechos y puede juzgar con exactitud. A quin de nosotros arruinaron las cuarentenas durante su existencia? A quines costaron la vida? Cules fueron las familias que se hundieron repentinamente en la miseria? Pero, cul es el cuadro que se nos presenta con la invasin del clera? Propietarios arruinados, ancianos desvalidos, viudas llorosas, hurfanos inconsolables, responded, responded por m al hombre que insulta la humanidad, asegurando que para alejar la miseria de los pueblos, nos debemos exponer a los horrores de una peste. Levntame el articulista un falso testimonio cuando valindose de mi dicho, quiere dar a entender que en mi concepto, los males causados por la peste en la isla de Cuba, son fciles de reparar. Cabalmente dije todo lo contrario, y para evitar siniestras interpretaciones, transcribir el prrafo en que habl de la materia. “No es dable calcular desde ahora las terribles consecuencias que el clera ha de producir entre nosotros. En los pases recargados de poblacin, y cuyos elementos sociales no son tan heterogneos como los de la isla de Cuba, las pestes, aunque contrarias a los individuos a quienes destruye, son favorables a la masa de la poblacin, porque pereciendo solamente vidas y no capitales, stos se reparten en menor nmero de personas, al paso que tambin se aumentan los medios de subsistencia; y como sta es la palanca principal de la poblacin, claro es, que a la mortandad causada por una peste, se sigue un aumento rpido de aqulla. Mas, esto no puede suceder en Cuba, porque cuando mueren esclavos, no slo mueren hombres, sino que perecen capitales, pertenecientes a familias; y como stas libran en ellos su subsistencia, quedan arruinadas y confundidas en la miseria”. Este prrafo tambin ha sido objeto de la censura de nuestro juicioso articulista, y torciendo su sentido, saca de l varios sofismas. En primer lugar, mide con una misma vara a todos los pases, mientras que yo distingo a los que tienen esclavos, de aquellos en que nos los hay, y aun respecto de stos distingo tambin a los que no estn recargados de poblacin de los que lo estn. En los primeros pases, el hombre es propiedad de otro; mas, no en los segundos; de aqu es, que dije entonces y repito ahora, que cuando mueren esclavos, no slo se pierden vidas sino capitales. Mas, replica el articulista, en segundo lugar, “que la muerte

PAGE 285

JOS ANTONIO SACO /279 /279 /279 /279 /279 de un hombre libre acarrea siempre la prdida de un capital proporcionado a su industria y habilidad, pues si la muerte de un esclavo que da 5 reales diarios de jornal, se vala en una prdida de 500 pesos, la de un hombre que gane 100 pesos de sueldo mensual equivale a la destruccin de un capital de 3 200 pesos”. El primer sofisma que aqu se comete es, que se confunden las palabras, capital industria en una cuestin en que representan cosas diferentes. La palabra capital as como otras muchas, tiene un sentido muy vago; pero hay casos en que es preciso darles una significacin limitada, y precisa, fijando el verdadero sentido de lo que se quiere decir. Por esto es, que no slo en el lenguaje vulgar, sino en el econmico-poltico y en el jurdico, capital e industria se consideran como cosas diferentes. Dase el nombre de capital en el lenguaje vulgar a los bienes materiales, al dinero y otros fondos ms o menos trasmisibles; y el de industria a la habilidad o capacidad de hacer tal o cual cosa. Los capitales pasan de unos a otros, y no se destruyen por sola la muerte del poseedor o propietario: la industria es intrasmisible, y perece con el individuo que la posee; pues lo nico que se hace en las operaciones de la vida, es vender o alquilar sus servicios; mas, no manejar la facultad que los produce. Hasta ahora, a nadie le haba ocurrido llamar capitalistas a los artesanos y jornaleros slo por razn de sus industrias: sin embargo, ya desde hoy podr drseles este nombre, segn el lenguaje correcto de nuestro castizo articulista. branse las obras de economa poltica, y por donde quiera se tropezar con la diferencia entre capital e industria y entre capitalistas y hombres industriosos y si de los libros de esta ciencia pasamos a los de derecho, las leyes nos dicen, que entre los varios modos de hacer compaas, uno de ellos es, poniendo un socio el capital y otro slo la industria Es pues claro, que confundir estas dos palabras, es cometer un error muy grosero. Y a vista de esto, qu fuerza puede tener la cuenta que nos saca el articulista sobre los jornales de su esclavo que vale 500 pesos, ni sobre los 100 pesos mensuales que gana un hombre industrioso? Lo que s debi haber considerado es, que cuando muere ste, el valor de su industria no lo pierde ningn propietario, porque ninguno lo ha comprado; y si bien la sociedad queda privada de un individuo, esta prdida es en los pases recargados de poblacin, que fue a los que especialmente me contraje cuando escrib sobre este particular, esta prdida, repito, es fcil y prontamente reparada por otros que ejercen la misma industria, pudiendo ser esto en algunos casos con ventaja notable de la misma sociedad. Pero sucedera los mismo, si el hombre industrioso pasase a la esclavitud? En tal caso, su muerte no slo privara de su industria a la sociedad y a su amo, sino que causara a ste un perjuicio directo, hacindole perder el capital en que compr esa misma industria. ¡Cun distinta, cun distinta sera hoy la suerte de

PAGE 286

OBRAS 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ nuestros hacendados, si en vez de brazos comprados se sirvieran de asalariados! La muerte de stos solamente podra privarles por un muy corto tiempo de los servicios de su industria, sin comprometerles su propiedad: pero la de aqullos, los empobrece y arruina. As lo conocen todos, y as lo deploran muchos. No crea, pues, el articulista, no crea, segn le plugo expresar, “que las reflexiones del Editor de la Revista son la stira ms amarga de varios ricachos holgazanes que se creen sujetos de mucha importancia porque poseen algunos centenares de millares de pesos, y cuya muerte no produce otro efecto apreciable que la simple traslacin de capital de una manos a otras”. El Editor de la Revista se complace en saber que varios de esos mismos ricachos hacen justicia a sus sentimientos, y que lejos de mirar en sus escritos las stiras amargas, que con sus empaados ojos descubre el articulista, leen en ellos las efusiones ms puras de un corazn que jams se ha humillado ante el poder, ni servido de vil instrumentos a las pasiones de un perverso. El haber dicho yo, que cuando muere un esclavo, no slo perece un hombre, sino que se pierde un capital, ha causado grande escozor a nuestro articulista; y as es que le omos prorrumpir azorado: “sta es la primera vez que se han valuado a ms alto precio los esclavos que los hombres libres”. Yo compar los efectos que bajo un punto econmico produce la muerte en unos y otros; pero no me extend a evaluarlos. De dnde, pues, se infiere que yo tas a los esclavos en ms alto precio que a los libres? sta es una suposicin muy gratuita; pero pues la ha querido hacer el articulista, dgole, ya que lo ignora, que a veces los esclavos valen ms que los libres. Si uno de stos, dado a vicios y maldades, se compara con un esclavo industrioso, quin duda que ste vale mucho ms que aqul? Nota tambin el articulista algunas faltas de lenguaje en la Carta del Editor de la Revista La primera es “la palabra plaga tomada en sentido absoluto como sinnima de peste, lo cual es un puro anglicismo, pues en castellano no se dice nunca la plaga sino una plaga ”. La palabra plaga tomada en sentido absoluto como sinnima de peste no es un puro anglicismo sino un puro castellanismo El Diccionario de la Academia Espaola, explicando las diferentes acepciones en que se toma la palabra plaga dice en una de ellas: “ plaga la calamidad grande que ordinariamente enva Dios a las provincias, reinos o lugares en castigo y pena de sus culpas; como la langosta, peste etc.” Luego plaga usada en lugar de peste es palabra muy castellana. Y en qu se funda nuestro remilgado crtico para decir que en castellano nunca se dice la plaga sino una plaga ? Si nos diera algunas razones, ya sera menos descabellada su pretensin; pero querer que a su voz inclinemos la cabeza cuando le acabamos de coger un punto en con-

PAGE 287

JOS ANTONIO SACO /281 /281 /281 /281 /281 tra, es una majadera que por ms indulgencia que tengamos, debe ser castigada con un par de palmetazos. Es la Biblia seor crtico, el libro que tengo en las manos; pero est traducida al castellano por el reverendsimo padre Felipe Scio de San Miguel, obispo electo en Segovia; abro por el xodo, que es el segundo libro de los que componen el Viejo Testamento, y en la cabeza del captulo 11, me encuentro con estas palabras: “ Manda Dios a Moiss que despojen a los egipcios. Se anuncia y describe la muerte de los primognitos que fue la dcima y ltima plaga ”. Ahora bien, se sabe por reglas gramaticales, que el artculo la siempre acompaa a los nombres sustantivos, pero jams a los adjetivos; de suerte, que cuando se encuentra precedindolos, es porque el adjetivo se halla antepuesto al sustantivo. Resulta, pues, de esta explicacin, que las palabras la dcima y ltima plaga colocadas en el orden gramatical, deberan leerse, la plaga dcima y ltima En el mismo libro, al captulo 12, versculo 13, dice Dios: “...Y ver la sangre, y pasar ms all de vosotros: ni habr en vosotros la plaga destruidora ”. ¡Qu tal, seor Grammatista Se puede o no se puede decir la plaga ? Consultemos al maestro don Toms Iriarte, cuyo voto es irrecusable en materias de lenguaje. En sus lecciones de historia y geografa se expresa as: “Padeci Egipto diez terribles plagas, de las cuales la primera fue convertirse las aguas en sangre; la segunda, una multitud de ranas; la tercera, otra multitud de mosquitos que perseguan a hombres y animales; la cuarta, unas moscas de gran tamao; la quinta, una horrible mortandad de ganados; la sexta, lceras o llagas que atormentaban as a los brutos como a los hombres; la sptima, granizo con truenos y rayos; la octava, una infinidad de langostas; la nona, espesas nieblas”. Aplicado aqu lo que ya hemos dicho acerca del artculo la cuando precede a los adjetivos, tendremos que Iriarte repite en un solo prrafo los vocablos la plaga no menos que nueve veces. El tomo 5 del Diccionario de la lengua castellana de la primera edicin en 1737, despus de dar la significacin de la palabra plaga trae una cita en que sanciona el uso de este vocablo con el artculo la Dice as: “Convencido con esto el Rey, le vino a dar licencia para que le sacase al desierto en que haba de sacrificar, con condicin que no pasase de all adelante, y rogase a Dios que cesase la plaga de las moscas”. Otros ejemplos y aun algunas razones pudiera alegar; pero la cosa es tan clara y de tan poco momento, que no vale la pena de que nos detengamos ms en ella. Pasemos, pues, a la segunda y ltima falta, que consiste en el uso de la frase, las personas dadas a la bebida Dice el apuntador, que “sta es una frase expresiva si se quiere; pero vulgarsima, y poco digna de figurar en una obra cientfica y literaria”. ¡Cuntos absurdos en pocas palabras! Un nuevo artculo necesitara para demos-

PAGE 288

OBRAS 282\ 282\ 282\ 282\ 282\ trarlos completamente; mas, no debiendo malgastar mi tiempo, me contentar con hacer algunas breves indicaciones. Por qu no se manifiesta si la vulgaridad de esta frase consiste en algunas de sus palabras o en el conjunto que la forman? Por qu no se la sustituyen palabras no vulgares, y se nos dice el modo de presentarla elegante? Acaso las frases comunes estn proscritas de los escritos cientficos y literarios? Citemos algunos ejemplos que justifiquen el uso de la frase que se nos tacha. En el Diccionario de la primera edicin ya citada se lee lo siguiente: “ Darse Vale tambin entregarse o inclinarse a alguna cosa: como a la virtud, al vicio, al juego, etc. Ribadeneira Fl. Sanct. Vida de San Gernimo. Quiso quedar libre para poder en la soledad llorar sus pecados, y para darse ms enteramente al estudio, de las divinas letras”. Sols en su historia de Nueva Espaa, lib. 3, cap. 17, dice: “Entre aquella desordenada licencia con que se daban al vicio”. Hable Jovellanos en su excelente Memoria sobre las diversiones pblicas de Espaa. “As que, no se conserva memoria alguna que yo sepa de semejantes juegos en el tiempo de su dominacin, ni la historia los presenta en la paz dados a otra diversin que la caza Ni es tampoco probable que se introdujese en unos tiempos, en que nobleza y plebe andaban muy fatigadas en la guerra, y en que eran demasiado breves los perodos de la paz para darse a pasatiempos ms estudiados ... y el pueblo que apenas conoca otra profesin, dado a arrendar sus ganados ... La nobleza pasaba en la caza los breves intervalos de paz que permita la dura condicin de los tiempos: dada tambin al ejercicio y estrpito de las armas ... En un da festivo, claro y sereno, el esparcimiento y la cesacin del trabajo hacan su mayor delicia, y si en l se daba a la carrera, al asalto y a la lucha”. Innumerables citas de este tenor pudiera acumular; pero cuando un Sols y un Jovellanos usan con frecuencia la frase que se me tacha en obras que los han inmortalizado qu caso deber hacer del presumido maestrico que quiere darme lecciones de lenguaje culto y elegante? Hblase tambin de las Tablas necrolgicas ; y al ver el empeo que se pone en defenderlas, bien pudiera sospecharse que los Editores de aquel peridico no son los padres del artculo que firman. Para lavarlas de las manchas que tanto las afean, no su autor, sino su padrino nos dice magistralmente, que “las operaciones estadsticas se apoyan siempre sobre datos ms o menos aproximados, y que la exactitud matemtica se reserva para los clculos y deducciones subsecuentes”. Dos proposiciones ha sentado el autor, y cabalmente ha cometido otros tantos errores. Es falso que todas las operaciones estadsticas se apoyan siempre sobre datos ms o menos aproximados. Muchos casos

PAGE 289

JOS ANTONIO SACO /283 /283 /283 /283 /283 hay en que esto es lo que sucede; pero hay otros en que se llega a un resultado exacto. El nmero de casas de una ciudad con la distincin de si son altas o bajas, el de los ingenios, cafetales, y otras fincas, el de los buques que anualmente entran en un puerto, el de las tropas que guarnecen una plaza, los gastos que se hacen para sostener varios ramos de la administracin pblica, y otros objetos que pueden contarse como pertenecientes a la estadstica, se saben y pueden saber con exactitud en todos los pases donde se pone algn cuidado en recoger esta especie de noticias. Ni es menos falso decir que la exactitud matemtica se reserva para los clculos y deducciones subsecuentes: porque si los datos que sirven de base a las operaciones son falsos, cmo pueden ser exactas las consecuencias que se fundan en ellos? Las operaciones aritmticas que se hagan, podrn ser exactas; pero como stas son los medios de llegar a los resultados mismos, stos sern falsos siempre que tambin lo sean las bases en que se apoyan. Cuando Feuill hizo unas malas observaciones baromtricas en el pico de Tenerife, el clebre Bernouille public un trabajo matemtico bastante exacto sobre los resultados y aplicaciones de estos hechos; pero habindose descubierto despus que eran falsos, el edificio levantado se desplom repentinamente. Supone el articulista, que yo aspiro a que haya una exactitud matemtica en la averiguacin de los muertos en una epidemia, que l califica de cruelsima y de corta duracin. A lo que yo aspiro es, a que se trabaje por llegar a la exactitud matemtica en los casos que se pueda; y si no se puede, que tratemos de aproximarnos a ella; y si an esto no se pudiere conseguir, que ofrezcamos nuestros resultados como inexactos, abstenindonos de entrar en clculos errneos, y de darles un aire de verdad para engaar a los que no han tenido ocasin de examinar los datos fundamentales. Pone gran empeo el articulista en aproximar la mortandad que aparece de las Tablas necrolgicas a la que saqu yo; y despus de decirnos que el autor de ellas obtuvo un total general de 8 253, prosigue as: “al cual debemos aadir todava los 51 muertos del Cementerio de Casa Blanca, y tendremos finalmente 8 304, que slo defiere en 11 de la suma sacada por el Editor de la Revista ”. ¡Qu cada tan atroz ha dado nuestro articulista! y el porrazo ha sido tan fuerte, que habindosele cado la mscara, aparece al descubierto en el lance en que ms oculto deba estar; pero dejmosle seguir haciendo el papel de incgnito, y que permanezca escondido detrs de las cajas de la imprenta del Lucero Vamos, pues, al caso. Se dice que al total general de 8 253 se deben aadir los 51 muertos del Cementerio de Casa Blanca; pero quin dice esto?, los editores del Lucero ? Si son ellos, es preciso preguntarles, con qu autoridad se atreven a tocar las Tablas necrolgicas sin permiso de su autor? No fueron ellas en das pasados muy elogiadas en el Lucero por

PAGE 290

OBRAS 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ el mismo autor del artculo que impugno? Se hizo entonces mencin de los 51 muertos de Casa Blanca? Por qu, pues, sale ahora con una novedad que debe lastimar la delicadeza literaria del autor de las Tablas ? Y aseguro que da lastima, porque con la adicin de los 51 muertos de Casa Blanca no slo manifiesta al pblico que el autor de las Tablas anduvo muy descuidado en su formacin, puesto que se le pasaron por alto nada menos que todos los muertos de un cementerio, sino que las proporciones y trabajos aritmticos de las Tablas quedan alterados con la aparicin de los 51 difuntos de Casa Blanca. Mejor hubiera sido que el articulista no hubiese turbado el reposo de sus cenizas, y que antes de evocarlos de las tumbas en que duermen, hubiese repasado las tablas para no caer en tan palpables contradicciones. Los 51 muertos de Casa Blanca no pueden agregarse bajo de ningn pretexto al total de los 8 253 que dan las Tablas ; porque habindose formado stas segn las partidas y cartas-oficios de las parroquias, aqullos fueron incluidos en la mortandad de la Catedral en donde se tom razn de ellos mucho antes que el autor de las Tablas hubiese ido a sacar las noticias que necesitaba: por consiguiente, la adicin que ahora se hace, es una duplicacin de los mismos muertos de Casa Blanca. ltimamente, seores Editores del Lucero ya que ustedes tuvieron la condescendencia de firmar un artculo sobre la Revista Cubana o mejor dicho contra la Carta de su Editor, y que en l se muestra tanto empeo por defender las Tablas necrolgicas tengan ustedes la bondad de decir en mi nombre a su autor y a su padrino, que las Tablas son errneas en sus bases, errneas en sus aplicaciones, y errneas aun en las operaciones aritmticas; y que si quieren las pruebas de esta asercin, me lo avisen por medio de algn peridico, pues en esta y otras materias semejantes estar siempre dispuestos a complacerles. JOS ANTONIO SACO.

PAGE 291

EX EX EX EX EX AMEN AMEN AMEN AMEN AMEN DE LAS DE LAS DE LAS DE LAS DE LAS TABLAS TABLAS TABLAS TABLAS TABLAS NECROL"GIC NECROL"GIC NECROL"GIC NECROL"GIC NECROL"GIC AS AS AS AS AS DEL C"LERA MORBUS DEL C"LERA MORBUS DEL C"LERA MORBUS DEL C"LERA MORBUS DEL C"LERA MORBUS EN LA CIUD EN LA CIUD EN LA CIUD EN LA CIUD EN LA CIUD AD AD AD AD AD DE LA HABANA Y SUS ARRABALES, FORMAD DE LA HABANA Y SUS ARRABALES, FORMAD DE LA HABANA Y SUS ARRABALES, FORMAD DE LA HABANA Y SUS ARRABALES, FORMAD DE LA HABANA Y SUS ARRABALES, FORMAD AS AS AS AS AS A EX A EX A EX A EX A EX CIT CIT CIT CIT CIT ACI"N DEL EX ACI"N DEL EX ACI"N DEL EX ACI"N DEL EX ACI"N DEL EX CMO CMO CMO CMO CMO SEOR INTENDENTE SEOR INTENDENTE SEOR INTENDENTE SEOR INTENDENTE SEOR INTENDENTE DEL EJRCITO CONDE DE VILLANUEV DEL EJRCITO CONDE DE VILLANUEV DEL EJRCITO CONDE DE VILLANUEV DEL EJRCITO CONDE DE VILLANUEV DEL EJRCITO CONDE DE VILLANUEV A, A, A, A, A, POR DON RAM"N DE LA SAGRA POR DON RAM"N DE LA SAGRA POR DON RAM"N DE LA SAGRA POR DON RAM"N DE LA SAGRA POR DON RAM"N DE LA SAGRA (Habana, Imprenta del Gobierno, Capitana General y (Habana, Imprenta del Gobierno, Capitana General y (Habana, Imprenta del Gobierno, Capitana General y (Habana, Imprenta del Gobierno, Capitana General y (Habana, Imprenta del Gobierno, Capitana General y R.S.P R.S.P R.S.P R.S.P R.S.P por S.M., 1833.) por S.M., 1833.) por S.M., 1833.) por S.M., 1833.) por S.M., 1833.)Un cuaderno compuesto de 45 tablas y de tres hojas de introduccin; he aqu los materiales que constituyen las Tablas necrolgicas de don Ramn Sagra. Es innegable que su autor ha tenido gran paciencia y laboriosidad en su formacin; pero tambin lo es, que el resultado no ha correspondido a sus intenciones, pues por donde quiera que se abra el cuaderno que vamos a revisar, se encontrarn observaciones inexactas y clculos errneos. Si la materia no fuese importante, dejaramos correr en silencio las equivocaciones que contienen las Tablas necrolgicas ; pero habindose ocupado tanto la atencin pblica acerca de su objeto, y refirindose a un suceso que nuestros descendientes recordarn con asombro, la Revista Cubana faltara a su deber, si no levantase la voz en tan graves circunstancias. Empecemos, pues, nuestra tarea, y sea la imparcialidad, la imparcialidad que siempre nos ha caracterizado, el mvil que dirija nuestra pluma. Tablas necrolgicas del clera morbus es el ttulo que da el autor a su cuaderno. Si hubiese dicho clera morbo entonces habra usado de un nombre castellano, pues la palabra morbus es puramente latina; y como las tablas estn escritas en lengua nativa, aquella voz nunca debi haber entrado ni al principio ni en ninguna otra parte del cuaderno. Su nombre, pues, sea en lo sucesivo: “Tablas necrolgicas del clera morbo y no del clera morbus ”. Para la formacin de ellas prefiri el autor las noticias sacadas de los asientos parroquiales, y fundose principalmente para esta preferencia en que los estados de los cementerios, “solamente indican el nmero absoluto, bajo una clasificacin de blancos y de color, prvu-

PAGE 292

OBRAS 286\ 286\ 286\ 286\ 286\ los y adultos, varones y hembras demasiado vaga”. A primera vista, esta razn parece muy satisfactoria, pues que los estados de los cementerios no contienen las circunstancias de la edad, del estado, etc., de cada uno de los muertos; pero cuando se reflexiona en la naturaleza del trabajo que el autor se propuso desempear, se descubre la debilidad de su fundamento. Si los asientos parroquiales no discordasen de los estados de los cementerios, entonces habra sido indiferente que no los hubiese tomado en consideracin; mas, prescindir enteramente de ellos cuando exceden a las noticias de las parroquias en casi 800 muertos, y cuando contienen algunas clasificaciones importantes, es querer alejarse del grado de certidumbre a que nos permiten llegar los datos de esta especie. Es verdad, que los cementerios no habran suministrado al autor materia para formar las minuciosas clasificaciones de que tanto abundan sus Tablas pero pudo haber determinado con ms exactitud no slo el nmero de cadveres ya blancos, ya de color, ya prvulos, ya adultos, sino tambin el de la mortandad diaria durante la fuerza de la epidemia. Tratando todava de disculpar su omisin con respecto a los estados de los cementerios, dice en otra parte de su introduccin: “Como el principal resultado a que iba destinado este trabajo no era el de averiguar el nmero absoluto de muertos del clera, sino las proporciones entre los sexos, castas, etc., creo que no pueden influir en aqul de una manera notable, las omisiones de cartas de oficio para algunos enterrados en los cementerios”. Si el principal resultado que se propuso el autor, fue el de averiguar las proporciones entre los sexos, castas, etc., sa es cabalmente la razn ms poderosa que existe para que se hubiese empeado en determinar el nmero absoluto de muertos, pues siendo ste el dato fundamental de donde haban de partir todas las operaciones, sera imposible que pudiese haber exactitud en las proporciones que buscaba, desentendindose del total que las haba de formar. Si un hombre tratase de repartir una cantidad entre cierto nmero de individuos, y deseando que la divisin fuese exacta, dijese que su objeto principal era el de averiguar la parte que a cada uno deba caber, mas no el total que se haba de repartir, qu concepto formaramos de semejantes operaciones? El mismo sin duda a que nos induce el autor de las Tablas necrolgicas Las palabras algunos enterrados de que usa en el prrafo que acabamos de transcribir, dan a entender, que la diferencia que aparece entre los asientos parroquiales y los estados de los cementerios no es corta, o de poca consideracin: pero en realidad no lo es, pues l mismo confiesa que stos exceden a aqullos en 704; cuyo nmero influye de una manera notable en alterar los resultados que se obtienen de la suma 7 549, sobre la cual funda el autor todos sus clculos.

PAGE 293

JOS ANTONIO SACO /287 /287 /287 /287 /287 Como prueba que hace de la mortandad fija el nmero de blancos en 2 365; y aunque a esta suma se agreguen los 114 muertos en los cuarteles, las fortalezas y el pontn, cuya partida pone al autor por separado, el total nunca ser sino 2 479, cantidad inferior a la de 2 658 que aparece de los estados de los cementerios. Mayor es la diferencia que resulta en el nmero de personas de color, pues elevndose solamente a 5 070, consta de los cementerios que murieron 5 667. En la pgina quinta de la Introduccin dice, que el nmero de nios que fallecieron hasta la edad de 10 aos durante la epidemia lleg a 948. Si hubiera seguido los estados de los cementerios, habra notado que dos de ellos solamente, a saber, el Cementerio General y el de los Molinos, presentan nada menos que la suma de 1 292. La tabla que contiene el resumen de la mortandad general por das, toda est equivocada desde el principio al fin; y cualquiera podr convencerse, comparndola con la que se ha publicado en el nmero 8 de la Revista Cubana Bstanos, pues, decir, que habiendo acaecido la mayor mortandad el 28 de marzo, el seor Sagra la fija en 374 cadveres, siendo as, que en ese funesto da se enterraron en los cementerios 435. Si stas son las noticias que nos dan las Tablas necrolgicas mejor sera que nunca se hubiesen publicado. El poco aprecio con que mir el seor Sagra los estados de los cementerios, le hace incurrir en otra falta; y sin entrar en pormenores, nos asegura, que el nmero de fallecidos que de ellos aparece, asciende a 8 254. Transcribamos aqu el resumen publicado en el nmero 8 de la Revista y veremos que aquella cantidad est equivocada. Cementerio General .......................................................5 686 Molinos ............................................................................1 451 Cementerio de Marina, los muertos en el pontn Teresa y parte del hospital del Arsenal ....................... 91 Quemados del mismo hospital ...................................... 106 Casa Blanca .....................................................................51 Cerro................................................................................766 Jess del Monte ..............................................................164 —— 8 315 Aunque esta suma solamente difiere de las del seor Sagra en 62, basta para probar que no examin con detencin los elementos que le sirvieron para la formacin de sus Tablas Si contemplamos las clasificaciones que hizo, muy pronto se advertir, que, por una parte, omiti algunas, que si no son necesarias por lo menos son tiles; y que, por otra, abrum al lector con una muchedum-

PAGE 294

OBRAS 288\ 288\ 288\ 288\ 288\ bre de divisiones tan frvolas como inconducentes. Se encuentra en las Tablas algn estado que contenga la mortandad de la tropa de lnea? Se encuentra alguno que hable de la prdida que sufri la Marina? Pues ved aqu clasificaciones que el seor Sagra omiti, pero que se han hecho y deben hacerse en todos los pases, que desean saber los estragos causados por el clera. Que son frvolas e inconducentes muchas de las que contiene el cuaderno que revisamos, aparece de la simple inspeccin de sus pginas. Ni basta decir que as se da mayor grado de exactitud a los trabajos de esta naturaleza. Las clasificaciones deben tener su trmino. Llevadas hasta cierto punto, sirven para dar orden y claridad; pero cuando traspasan sus lmites, recargan los trabajos literarios de divisiones intiles, se introducen en ellos la confusin. En vano nos advierte el autor de las Tablas que observaciones estadsticas como las suyas, solamente tiene noticias de que se hayan hecho en el barrio de Luxemburgo en Pars. Pues que piensa que ni en Amrica ni en Europa ha ocurrido jams a ningn gobierno, ni escritor la idea de formar estados sobre el clera en el orden que los suyos? Si no existen de esa manera, es porque todos estn convencidos de su inutilidad; pero inutilidad que desgraciadamente no previ el autor de las Tablas Bien podra perdonrsele la futilidad de algunas clasificaciones en obsequio de su exactitud; pero cuando les falta esta cualidad esencial, no nos es permitido sancionarlas con nuestro silencio. Una de las divisiones que hace el autor, es por edades, llenando con ella no menos que nueve tablas: empieza desde 0 a 1 ao, sigue de 1 a 3, de 3 a 5, de 5 a 7, y, por fin, llega hasta la edad de 90. Mas, cul es el resultado de clasificaciones tan minuciosas? Ved aqu los defectos que contiene. 1 No guarda uniformidad, porque en unas tablas el perodo de 0 a 7 aos est dividido en cuatro clases, a saber, de 0 a 1, de 1 a 3, de 3 a 5, de 5 a 7; y en otras solamente contiene una clase, esto es, de 0 a 7. Tampoco la guarda, porque en el resumen que se hace de la mortandad por edades, se omiten tres de las clases particulares, a saber, de 0 a 1, de 1 a 3 y de 3 a 5. Cierto es, que el autor las comprende bajo la clasificacin general de 0 a 7; pero con el hecho de no expresarlas, ya da una prueba bien clara de la poca importancia que le merecen. 2 El total de muertos que aparece de los asientos parroquiales, es casi 800 menos que el de los cementerios; y como las edades solamente se pudieron averiguar consultando aqullos, es claro, que en semejante clasificacin no se cont con el nmero de exceso que ofrecen los cementerios. 3 Aun cuando el total de muertos hubiese solamente sido el que resulta de los asientos parroquiales, todava sera inexacta la clasificacin, porque de aquel mismo total hubo 2 105 cadveres, cuyas eda-

PAGE 295

JOS ANTONIO SACO /289 /289 /289 /289 /289 des no se pudieron determinar. Si esta suma se agrega a la de 704 en que el autor de las Tablas computa el exceso de los cementerios sobre las parroquias, tendremos 2 809 muertos, cuyas edades no se pudieron averiguar; y como el gran total que aparece de las Tablas es de 8 253, he aqu que la edad de ms de una tercera parte de los cadveres qued indeterminada. Y bajo de tales circunstancias, cul es el crdito que merecen unas clasificaciones, que aunque se fundasen en los datos ms exactos, siempre pecaran de minuciosas e intiles? Cmo se pudo concebir, que se llegaran a obtener resultados verdaderos sobre un punto tan incierto? Aun prescindiendo de los obstculos que a la averiguacin de las edades presentaba la muchedumbre de cadveres, la sola consideracin de que muchos de stos eran africanos, bastaba para convencer a cualquier de la imposibilidad de conseguir un resultado satisfactorio. Porque, cmo saber la edad de unos hombres, cuyo nacimiento ignoramos? Apelaramos a las apariencias fsicas? Nada a la verdad ms falible, pues la constitucin, el gnero de vida, la clase de alimentos, la raza a que pertenecen, producen tan notables alteraciones, que a veces los jvenes tienen el aspecto de ancianos. Buffon y Mungo Park aseguran, que la longevidad es muy rara entre los africanos, pues envejecen desde una edad muy temprana; y Bruce dice, aunque con alguna exageracin, que una mujer de Shungalla est a los 22 aos ms llena de arrugas y acabada, que una Europa a los 60. Y si esto sucede en los que gozan de salud, qu no ser en aquellos que de la vida pasan a la muerte, a una muerte que trastornando las facciones, nos ofrece el ejemplo de la transformacin ms horrorosa? Convengamos, pues, en que la clasificacin por edades que hace el autor de las Tablas es inexacta en todas su partes; y que aun cuando no lo fuese, algunas de sus divisiones seran inconducentes e intiles. Llevando adelante su deseo de clasificar, nos dice al fin de la Introduccin: “El pormenor de las noticias que he extractado, ofrece la patria de los fallecidos, y parecindome a lo menos curioso, si no llega a ser til para lo sucesivo, la consignar aqu”. Consignola en efecto, y por fruto de su consignacin nos encontramos con una muchedumbre de clases, que a su inutilidad renen la inexactitud. La inexactitud, porque ha omitido algunas, y porque los nmeros que representan las que ha expresado, difieren mucho de la realidad: la inutilidad, porque, de qu provecho puede servirnos la noticia de que han muerto tantos franceses, tantos alemanes, etc., si no sabemos el nmero que de ellos exista entre nosotros? De este modo solamente podramos hacer comparaciones, y averiguar su mortandad respectiva, que es la nica que puede darnos tiles resultados. Decir, por ejemplo, que murieron 20 franceses y 10 alemanes, y asegurar por esto que la mortandad entre aqullos fue

PAGE 296

OBRAS 290\ 290\ 290\ 290\ 290\ mayor que en stos, es exponerse a una mala consecuencia: as que, para caminar sobre un terreno firme, no basta enunciar el nmero absoluto de los muertos, sino que es preciso aadir el total de los vivos, pues, a pesar de que 20 es mayor que 10 absolutamente hablando, si los franceses que existan en La Habana al tiempo de invadirnos el clera, eran 100, ejemplo, y los alemanes 30, la mortandad entre aqullos habra sido solamente la quinta parte; mas, entre stos, la tercera. Al tender la vista sobre la clasificacin que hace acerca de los oriundos de la Pennsula, tropezamos con una falta muy reparable; y consiste en que no considera a los portugueses como extranjeros, sino como espaoles. Es verdad, que Espaa y Portugal, geogrficamente tomadas, forman una pennsula; pero en el sentido poltico son naciones diferentes, y cuando en Cuba se dice la Pennsula entindese que slo se habla de Espaa. Que el seor Sagra no considera a los portugueses como extranjeros, sino como espaoles, prubase con la lista que ha publicado, pues nos dice que murieron, andaluces 78, gallegos 67, castellanos 19, asturianos 15, portugueses ocho, valencianos nueve, navarros cinco, etctera. Al ver a los portugueses figurando entre los asturianos y valencianos y dems hijos de otras provincias de Espaa, estamos autorizados para concluir que el autor de las Tablas considera a los portugueses como espaoles, y que borrando a Portugal del catlogo de las naciones, lo ha convertido en provincia de Espaa. Prubase tambin con la enumeracin que hace de los extranjeros que murieron. Oigmosle con sus mismas palabras. “En 43 extranjeros que dan las partidas como fallecidos, fueron respectivamente franceses 10, norteamericanos ocho, italianos siete, ingleses cuatro, alemanes cuatro, suizo uno, holands uno, sueco uno, y griego uno”. Aparece, pues, claramente, que aqu no se menciona a los portugueses y como el pasaje anterior est exclusivamente destinado a hablar de los extranjeros, el silencio del autor indica, que en su concepto son espaoles. Pero estos y otros pecados capitales pudieran perdonarse, si el prurito de clasificar no se extendiese hasta el extremo de decirnos: “Finalmente en 2 583 negros africanos muertos del clera, eran ”De nacin carabal.......... ...................................536 Conga....................................................................457 Gang....................................................................285 Lucum ..................................................................258 Mandinga..............................................................213 Mina ......................................................................128 Arar.....................................................................49 Macu .................................................................... 20 De nacin indeterminada ................................... 637”.

PAGE 297

JOS ANTONIO SACO /291 /291 /291 /291 /291 Clasificaciones de esta especie son insoportables en trabajos que deben tener algn grado de exactitud; y nos fundamos para proscribirlas en las siguientes razones: 1 El nmero de muertos que contiene cada una de esas clases, es muy inferior al que realmente hubo en cada una de ellas. 2 Aun cuando representasen el total verdadero, el nmero de 637 indeterminados que hubo, trastornara todos los clculos, pues es cabalmente la cuarta parte del total de los 2 583 africanos. 3 Que aun cuando no hubiese algunos determinados, todava no se podra llegar a resultado alguno; porque no expresndose el nmero de los que de cada nacin existan antes de la epidemia, es imposible hacer comparaciones, y, por consiguiente, saber, si los congos, por ejemplo, sufrieron ms que los carabales, o al contrario. 4 y ltima: que aun prescindiendo de todas las inexactitudes anteriores, la misma materia en s presenta dificultades que impiden aun la aproximacin a la verdad. De qu manera averiguar la patria de los distintos africanos que vienen al Nuevo Mundo? Conducidos muchos de ellos de las regiones interiores del frica hasta las costas del Atlntico, amontonados all con los de las naciones litorales, vendidos a centenares, transportados despus a la Amrica, y repartidos, por fin, en lotes, van pasando de mano en mano, sin que se conserve ningn vestigio del nombre de la nacin a que muchos pertenecen. Y si en medio de tanta incertidumbre, no es posible, ni aun en tiempos de bonanza, averiguar la patria de tantos africanos como han llegado a nuestras playas, cmo pretender averiguar en das tan turbulentos como los que afligieron a La Habana durante los rigores de la epidemia? An no contento el seor Sagra con todas las clasificaciones que ha hecho, exclama con dolor: “No he podido hallar noticias sobre las profesiones de los individuos muertos, su gnero de vida, su domicilio, etc.” Con qu no ha podido hallar noticias sobre su domicilio? Y La Habana, ciudad donde vivan y murieron, no era el lugar de su domicilio? El autor parece que solamente entiende por tal, el nombre de las calles y el nmero de las casas donde cada uno habitaba; y a la verdad, que si hubiese podido averiguarlos, le aconsejaramos que, en vez de haber escrito unas Tablas necrolgicas hubiese trabajado un plano de la ciudad con todas las casas de intra y extramuros, pues nicamente de este modo hubiera podido conseguir el objeto que se propona. Y si adems de haber averiguado las profesiones de los individuos muertos, tambin hubiese adquirido las noticias que deseaba sobre su gnero de vida, a dnde habramos ido entonces a parar? Seguramente que el cuaderno de las Tablas necrolgicas se habra transformado en una masa enorme de cuentos y biografas.

PAGE 298

OBRAS 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ Al examinar los resultados de las 14 comparaciones que hace entre la mortandad y la poblacin respectiva de cada casta, condicin y sexo, hallamos muchos defectos que notar. 1 Omiti insertar los nmeros a que ascienden las 14 clases en que se divide la poblacin. Este dato es necesario, no slo para saber cules son las bases de donde ha partido, sino tambin para juzgar del mrito de las operaciones aritmticas. 2 Dcenos, que para estas comparaciones se sirvi del censo hecho en 1828. El seor Sagra est equivocado. El censo a que alude, ya estaba concluido en 1827; y nadie mejor que l debiera de saberlo, pues que como historiador econmico y poltico y estadstico de la isla de Cuba ha tenido bastante ocasin de examinarlo. 3 En el nmero 8 de la Revista Cubana nos expresamos as: “Con el respeto debido a la autoridad que mand formar el censo de 1827, y con una justa consideracin hacia las personas que se encargaron de reunir sus materiales, same permitido dudar de las cifras que contiene”. Efectivamente, todos los que conocen algn tanto la ciudad de La Habana, nota que es muy bajo el cmputo de la poblacin hecho en aquel censo. Por tanto, los clculos que se funden en l, han de ser equivocados; y tal sin duda es la suerte que ha cabido a los del autor de las Tablas Pero en vano me censuran, responder ste: “yo he dicho en ellas, que aunque los nmeros del censo se han reputado como mnimos existiendo tambin omisiones en los de la mortandad, por el clera, no puede ser muy notable el error que resulte de compararlos”. Si las omisiones de aquel censo fuesen proporcionales a las de la mortandad, quizs entonces tendra alguna fuerza la razn que alega: y digo, que quizs entonces, porque, aunque el error pudiese quedar compensado en la comparacin general que se hiciese de un total con otro; esto es, el de la poblacin con el de la mortandad, todava no se podra salvar cuando se descendiese a las comparaciones particulares; porque haciendo el autor 14 clases, bien puede ser, como realmente es en algunos casos, que recayendo las mayores omisiones del censo, por ejemplo, en las clases A, B, C, las de la mortandad sean en las clases D, E, F, y no pudiendo haber entonces compensacin en las clases respectivas, el resultado de las comparaciones particulares es errneo. 4 El censo que sirvi de base a estos clculos, se hizo en 1827. De entonces ac han transcurrido seis aos; y como en este tiempo se ha aumentado la poblacin de La Habana, era muy natural, que el autor de las Tablas hubiese tratado de hacer, si no en las clases particulares, por lo menos en los totales, alguna comparacin entre la mortandad y la poblacin que aproximadamente tendra La Habana cuando fue invadida del clera. El aumento proporcional que indican los censos anteriores y otras noticias de esta especie le hubieran servido para este trabajo.

PAGE 299

JOS ANTONIO SACO /293 /293 /293 /293 /293 5 y ltimo: el total de muertos, que dividido en 14 clases, tom el autor por base de sus comparaciones, es inferior en nmero de casi 800 a la cantidad que debi tomar. Despus de estos clculos inexactos, pasa a comparar la mortandad entre los sexos en tiempos comunes, deducida del quinquenio de 1825 a 1829, y la que acaeci durante el clera, sirvindose para estas operaciones de varios estados, que segn nos dice, se hallan en su Historia econmico-poltica y estadstica de la isla de Cuba Mas, a pesar de que invoque el nombre pomposo de este libro, nos vemos forzados a repetir, que estas nuevas proporciones contienen tambin varias faltas. 1 El quinquenio que se toma por base, est ya algo distante. En vez de 1825 a 1829, deba ser de 1829 a 1832 inclusive. De esta manera, el autor se hubiera apartado menos de la verdad, pues la poblacin de La Habana en el primer perodo es inferior a la del segundo. 2 La mortandad del quinquenio de 1825 a 1829, solamente comprende, segn aparece de los mismos estados que citamos, los muertos enterrados en el Cementerio General; es decir, los pertenecientes a las cuatro parroquias de intramuros, y a los de Nuestra Seora de Guadalupe, y Jess Mara; pero la mortandad durante el clera, no slo contiene la de esas seis parroquias, sino la de Nuestra Seora del Pilar, del Cerro y Jess del Monte. Habiendo, pues, en uno de los perodos de la comparacin, tres parroquias ms que en el otro, ya se infiere cul ser la exactitud de los resultados. 3 Aunque para el cmputo de la mortandad en tiempos comunes no tome el autor todas las parroquias, sino solamente seis; se observa, sin embargo, que desde el principio hasta el fin del perodo que abraza, incluye a las seis sin omitir ni un solo da la mortandad de cada una de ellas. Mas, en el clculo que hace para el clera, cuyo trmino reduce en sus Tablas a 54 das, no comprende todas las parroquias desde el primero hasta el ltimo, sino que el 26 de febrero empieza solamente por una, el 27 sigue con dos, el 28 cuenta tres, y hasta el 2 de marzo no las incluye todas. De aqu resulta, que la mortandad que acaeci en las parroquias desde el 26 hasta el 2, no se ha tomado en consideracin; y, por consiguiente, aunque corta, manifiesta que en las Tablas necrolgicas se cometieron inexactitudes que fcilmente pudieron evitarse. Nada importa decir, que no se empez a contar con todas las parroquias desde el 16 de febrero, porque todava el clera no se haba declarado en ella, pues en las Tablas se contiene la mortandad general sin hacer distincin alguna; y si para salir de este apuro, se quiere sostener lo contrario, entonces caemos en el escollo de que una parte de las Tablas solamente abraza la mortandad del clera, y otra, la general causada por todo gnero de enfermedades. 4 La mortandad que indican los asientos parroquiales en tiempos comunes, es exacta, pues a ningn catlico se da entonces sepultura sin

PAGE 300

OBRAS 294\ 294\ 294\ 294\ 294\ que se tome razn de su muerte en la parroquia respectiva. Mas, esto no sucedi durante la fuerza del clera; y de aqu naci la diferencia de casi 800 de exceso que ofrecen los estados de los cementerios sobre los asientos parroquiales; exceso de que ha prescindido el autor de las Tablas en esta comparacin, y la que por lo mismo es errnea. Aunque ya es tiempo de pasar al examen de las operaciones aritmticas, nos detendremos todava en hacer algunas breves observaciones sobre varios puntos que no pudiendo enlazarlos bajo de un plan general, los iremos tocando en el orden que nos fueren ocurriendo. Se dice, que el objeto de las Tablas es dar noticia de las circunstancias de los fallecidos, durante la existencia activa del clera en La Habana; o sea, desde el 26 de febrero hasta el 20 de abril. ¡Existencia activa del clera! Pues qu tienen por ventura las enfermedades existencia activa y pasiva ? En estas cosas no hay medio. O existe la enfermedad, o no existe, y si existe, ha de ser activamente, esto es, atacando a los vivientes, pues slo en el caso imposible de que stos obrasen sobre aqulla, podra decirse que una enfermedad existe pasivamente Suprmase, pues, en lo adelante la palabra activa y lase tan slo durante la existencia del clera Equivcase tambin cuando supone, que esta enfermedad empez el 26 de febrero. La Habana se alarm desde el 25 con los casos de don Jos Soler y una mulata; y muchos saben, que desde el 24 pereci una negra del clera. Verdad es, que la diferencia es de un da o dos; pero este corto trmino basta para probar que en las Tablas necrolgicas se ha cuidado poco de la exactitud. En uno de los prrafos de la Introduccin se dice, “que las aserciones de muchos negros, al ver los sntomas y la muerte rpida de sus compaeros, inducen a sospechar que este mal es conocido en el frica”. Si el autor ha procurado seguir la marcha del clera desde las orillas del Ganges, y al mismo tiempo confiesa que el Egipto es parte del frica, entonces no debe sospechar sino afirmar que el clera es conocido en aquel continente; pero si por frica solamente quiere dar a entender, como parece fue su intencin, aquellas regiones habitadas por negros, su sospecha es la ms infundada que se puede formar. Bien sabido es, que aqullos son muy propensos a la diarrea, y al ver que sta siempre acompaa a los colricos, nada es ms natural que el que unos hombres ignorantes confundiesen un mismo sntoma con enfermedades diferentes. Si el autor de las Tablas hubiera reflexionado, que, a pesar del comercio de negros que por tantos aos ha tenido la Amrica con frica, el clera no se ha presentado en ella hasta en estos dos ltimos aos; si hubiera reflexionado, que las personas empleadas en las innumerables expediciones que han salido para las costas africanas, jams han hecho mencin de tal enfermedad; si hubiera,

PAGE 301

JOS ANTONIO SACO /295 /295 /295 /295 /295 en fin, reflexionado, que todos los viajeros que de algunos aos a esta parte han recorrido distintas partes del interior de aquel continente, guardan acerca de este punto el ms profundo silencio, seguramente que se habra abstenido de consignar en sus Tablas una conjetura tan destituida de fundamento. Bien pudiramos seguir todava indicando nuevas faltas; pero no queriendo incurrir en la nota de severos, nos apresuramos a manifestar los errores que aparecen en las operaciones aritmticas. ntimamente convencidos de que nada es tan fcil como el cometer equivocaciones en trabajos de esta especie, estamos acostumbrados a mirarlas con la mayor indulgencia; pero cuando el autor no slo las rehsa, sino que salvando cinco erratas, nicas que cree haber cometido, se lisonja victoriosamente de la exactitud de sus resultados, entonces hay derecho para examinarlos; y atribuir los errores que encuentren, o a ignorancia, o a descuido. A ignorancia en el seor Sagra, en materia tan sencilla, no lo atribuiremos por cierto; pero s a un gran descuido. Juzgumosle, pues, con sus mismas palabras. Dice as: “Para evitar equivocaciones ajenas en esta complicada y minuciosa tarea, me propuse desempearla, sin el auxilio de persona alguna extractando por m mismo 7 435 partidas y cartas de oficio, y verificando todos los clculos que suponen los estados, cuya formacin tampoco he confiado a escribiente El mtodo de nobles sumas que he seguido comparando las que se hallen en los extremos de las lneas horizontales y de las columnas, me permita descubrir cualquiera equivocacin y por esta causa juzg este trabajo exento de errores de clculo” Examinemos, pues, y veamos si est exento de tales errores. En la tabla a -2, que es la segunda del cuaderno, correspondiente a la mortandad diaria de la Catedral, con distincin de castas, condiciones y sexos, se lee el total general del da 7 de abril la suma de tres muertos; pero repasando todas las columnas en que est comprendida la mortandad de aquel da, solamente se hallan dos a saber, una mujer blanca y un negro libre. En la misma tabla y da, penltima columna que consiste el total de mujeres, se comete otra equivocacin, pues se ponen dos en lugar de una En la misma tabla se da como total general del da 14 de abril el nmero uno ; mas, debe ser tres puesto que de las columnas 2 y 9, aparece, que en aquel da murieron una mujer blanca, y dos negros esclavos. El total de varones correspondiente al mismo da, tambin est equivocado, segn se ve en la columna antepenltima, pues se puso cero en vez de dos El total general del 15 de abril es cero en lugar de dos ; y el total de varones correspondiente al mismo da tambin es cero ; pero debi de ser dos pues otros tantos fueron los negros esclavos muertos.

PAGE 302

OBRAS 296\ 296\ 296\ 296\ 296\ Al fin de esta tabla se encuentra en la columna de los negros esclavos varones que murieron en la Catedral desde el 2 de marzo hasta el 17 de abril la suma de 129 para los varones, y la de 70 las hembras; pero ambas estn equivocadas, pues la primera debe ser de 133, y la segunda de 69, segn aparece de las tablas a -1 y a -2; o sea, la primera y segunda del cuaderno.23Queda, pues, demostrado, que la segunda tabla del cuaderno contiene ocho errores. Procedamos al examen de otras. La a -4, en que se habla de la mortandad del Espritu Santo, presenta en el total general para el 15 de abril la suma de dos ; pero como en ese da no hubiese muerto sino una mujer blanca, la suma debe ser uno El total general que ofrece la misma tabla para el 18 de abril, es cuatro; mas, como solamente hubiesen perecido dos negras libres, he aqu que debe ser dos. El total general de la misma tabla para el 19 de abril es dos; pero como no muri sino una negra libre, el resultado debe ser uno. El total general de la mortandad diaria de dicha tabla y de la anterior que forma parte de ella, est representado por 754; mas, la cantidad que aparece de sus nmeros es 758. Aparece, pues, que en la tabla cuarta se han cometido cuatro errores. En la tabla a -6 correspondiente a la mortandad del Santo Cristo, se advierten tres equivocaciones. La primera consiste en que la suma de la columna de los negros esclavos varones de esa tabla y de la anterior a -5, se fija en 100, debiendo ser 110. La segunda equivocacin aparece en la suma del total de varones, pues se puso 198 en vez de 208. La tercera equivocacin se descubre en la suma del total general por das; pues expresndose por 426, debe ser 436. En la tabla a -9, que contiene la mortandad diaria de Jess Mara, se representa por 22 el total de varones muertos el da 26 de marzo, siendo as que hubo 23. En el total general de la misma tabla se indica por el nmero 55 la mortandad de dicho da; pero debe ser 56. —As lo manifiestan las cantidades que se hallan en la lnea horizontal del mencionado da 26 de marzo. En la tabla a -171, columna antepenltima, se dice, que el total de varones muertos el 23 de marzo en la parroquia de Guadalupe, fue de 58, habiendo sido de 59. Vanse los nmeros de la lnea horizontal de aquel da. 23Cuando publiqu el “Examen de las tablas necrolgicas” en el nmero IX, de la Revista Bimestre Cubana insert una por una las partidas que formaban muchas de las sumas equivocadas. Ahora las he suprimido, contentndome con ofrecer slo los resultados, pues lo que en 1834 me fue necesario para convencimientos del pblico, ya hoy no lo es.

PAGE 303

JOS ANTONIO SACO /297 /297 /297 /297 /297 El total de mulatos esclavos varones, representado en la tabla es de 113; pero debe ser de 114. Examnense las cantidades parciales de la lnea horizontal perteneciente a dicho 23, y se advertir el error. En la misma tabla se fija en 50 el total de varones muertos el 24 de marzo; pero fueron 54, segn indica la lnea horizontal de aquel da. El total general de muertos que se dan en dicho da, es de 111; pero debe ser de 112, segn resulta de las diferentes partidas que lo forman. El total de mulatos esclavos varones, representado en la tabla a -12 es de 13; mas, revisando todos los nmeros de esa columna y los de la correspondiente que se halla en la tabla anterior a -11, resultan 15. En la columna antepenltima de la tabla a -16 de los hospitales reales y provisionales, se expresa el total de varones muertos el da 18 de abril por tres, debiendo de ser cuatro, pues las cantidades parciales dicen que murieron tres varones blancos, y un mulato libre. El total general de ese mismo da se representa por tres; mas, debe ser cuatro por la razn que se acaba de exponer. El total 26 que al fin de la tabla a -16 aparece como resultado de los nmeros comprendidos en la columna destinada a los mulatos libres varones, y en la correspondiente de la tabla anterior a -15, debe ser 27. Vase la tabla. El total que se da en ella a la mortandad de los negros libres varones, es de 213; pero el que resulta de los nmeros de esa tabla y de la anterior a -15, es de 223. El total general que se saca de la mortandad de las referidas tablas a -15 y a -16, es de 907; pero como dos de las sumas parciales que lo forman, estn equivocadas, puesto que acabamos de manifestar, que la de 26 que presenta a los mulatos libres varones, debe de ser 27; y la de 213 que comprende a los negros libres varones, debe ser de 223, el total general que resulta no es 907, sino 918. La tabla b -5, en que se manifiesta la mortandad de Jess Mara, por edades, castas, condiciones y sexos, tiene cuatro equivocaciones. Helas aqu todas. BlancosTotales VaronesHembrasVaronesHembras —————————————— 20202045 19134833 1131314 651913 671618 792227 3142044

PAGE 304

OBRAS 298\ 298\ 298\ 298\ 298\ 123083 135 202573122 24147782 9194061 6111228 28728 2439 452332 ———————— Suma por el autor de las Tablas.......... 153185507689 Correccin ..............151187505691 La tabla b -7, correspondiente a la mortandad por edades, castas, etctera, de los hospitales reales y provisionales, da por total general de muertos indeterminados la suma de 885; pero como las cantidades que la forman, son 333 varones y 54 hembras, debe ser solamente de 384. El total general que se saca de los muertos de todas las edades en la misma tabla, es de 907. Este resultado es exacto, si se atiende a las cantidades de la lnea horizontal que indica los diferentes totales; pero si se compara con las de la columna que representa el total general de cada una de las edades, castas, etc., aparece un error muy grave. As lo comprueban los nmeros de esa columna. 5 7 11 31 165 111 80 70 26 13 5 884 —— Suma por el autor de las Tablas .................................. 907 Correccin .......................................................................1 407 La tabla d-c en que se habla de la mortandad por estados y sexos, en la parroquia de Guadalupe, representa por 90 la de las viudas debiendo ser 190.

PAGE 305

JOS ANTONIO SACO /299 /299 /299 /299 /299 En la tabla d -4, donde se manifiesta la mortandad por estados y sexos en el Santo ngel, se dice que el total de mujeres solteras es de 87 cuando es 97. En la tabla d -7, relativa a la mortandad por estados y sexos en Nuestra Seora del Pilar, Jess del Monte y Cerro, se expresa por 289 el total de hombres solteros, cuando es de 279. En la tabla d-8, que contiene el resumen de la mortandad general por das y sexos, se lee lo siguiente: DasVaronesHembrasTotal ——————————— Febrero26315Correccin4 27436dem7 ltimamente, la tabla d -10, destinada al resumen de la mortandad por edades, castas, condiciones, y sexos, ofrece tambin errores. El total de varones que se saca, es de 4 609; pero ya sea que se compare con las cantidades de la lnea horizontal, ya de la columna que contiene las sumas de los varones de todas las edades, siempre da un resultado falso. Cantidades o totales de varones de la lnea horizontal 1 450 225 30 983 1 384 ——— Suma por el autor de las Tablas....................... 4 609 Correccin ............................................................4 069 Totales de varones de la columna 606 95 114 152 555 400 337 235 117 51

PAGE 306

OBRAS 300\ 300\ 300\ 300\ 300\ 20 1 387 ——— Suma por el autor de las Tablas....................... 4 609 Correccin ............................................................4 069 El total general que se saca de dicha tabla, es de 8 253; pero como es un resultado del total de varones, del total de hembras, y de la cantidad 704 que en concepto del seor Sagra representan las omisiones de las parroquias, el error que se comete, es muy grave. He aqu la demostracin. Total de varones ..............................................4 609 dem de hembras........... ..................................3 480 Omisiones ......................................................... 540 ——— Suma por el autor de las Tablas................... 8 253 Correccin ........................................................8 793 Diferencia ......................................................... 540 Tales son los resultados a que nos ha conducido el examen de las Tablas necrolgicas Las observaciones que hemos hecho, y los errores que hemos anotado, merecen que el autor los mire con alguna consideracin; y si aprovechndose de nuestras advertencias, se determinare a refundir su cuaderno, limpindole de los borrones que ahora manchan sus pginas, ser para entonces un trabajo digno del objeto de que trata y del pblico a quien se consagra.

PAGE 307

SOBRE LOS CIEGOS SOBRE LOS CIEGOS SOBRE LOS CIEGOS SOBRE LOS CIEGOS SOBRE LOS CIEGOSManifestacin al pblico de los administradores de la institucin de la Nueva Inglaterra para la educacin de los ciegos, Boston, 1833Adress of the Trustees of the New England institution for the education of the Blind to the public, Boston, 1833 Al reimprimir este artculo, que se public en el nmero IX de la Revista Bimestre Cubana correspondiente a enero de 1834, bien pudiera yo hacer muchas alteraciones y adiciones; pero me abstengo de ellas, porque quiero darles un carcter histrico, marcando el estado o condicin que en 1833 tenan las instituciones de los ciegos en Europa y en Amrica. El objeto del pequeo cuaderno que tenemos delante, y del que vamos a dar una breve idea, es llamar la atencin de los habitantes de la Nueva Inglaterra, y particularmente de los de la ciudad de Boston hacia una institucin que ya por sus miras benficas, ya por ser la primera que existe en los Estados Unidos, reclama el patrocinio de todos los que all se interesan por la doliente humanidad. Antes de hacer este llamamiento pblico, las personas que hoy alzan la voz recomendando la importancia y necesidad de este establecimiento, enviaron a Europa un sujeto digno de tan honrosa confianza para que examinase las instituciones que all existen; y despus de haber vuelto enriquecido con un caudal de observaciones, procedieron a plantear su benfica obra, reservando anunciarla al pblico para cuando ya se hubiesen empezado a recoger algunos frutos. “Los administradores, tales son sus palabras, tienen ya la satisfaccin de anunciar, que su establecimiento ha estado en actual ejercicio por espacio de cinco meses; y que sus ms fervientes esperanzas acerca de la capacidad de los ciegos para recibir educacin, han sido plenamente realizadas con los progresos de los seres interesantes que estn a su cuidado”.

PAGE 308

OBRAS 302\ 302\ 302\ 302\ 302\ Si tratramos de probar la aptitud que stos tienen para adquirir conocimientos, no slo ofenderamos la humanidad, sino que insultaramos la desgracia de unos infelices que deben por tantos ttulos excitar nuestra compasin. La historia nos presenta ejemplos de ciegos, que pueden mirarse como muestras portentosas de lo que alcanza el genio del hombre aun en las circunstancias ms tristes de la vida; y sin dejar correr la pluma en materia de suyo tan interesante, nos contentaremos con citar algunos casos. Como los sentidos se rectifican al paso que se ejercitan, se ha visto con asombro, que un ciego ha podido distinguir los colores por medio del tacto. Len Africano y otros autores hacen mencin de un ciego que serva de gua para conducir a los comerciantes por las arenas y desiertos de la Arabia; y en las Transacciones de la Sociedad de Manchester se refiere un caso no menos maravilloso, el cual repetiremos en la mismas palabras del doctor Bew. “Juan Metcaff, natural de las inmediaciones de Manchester, donde es bien conocido, ceg desde una edad tan tierna, que ignoraba enteramente lo que era luz y sus varios efectos. Este hombre pas de carretonero la parte ms joven de su vida, y a veces tambin de gua en los caminos intrincados durante la noche, o cuando las sendas estaban cubiertas de nieve. Por extrao que parezca a los que tienen vista, la ocupacin que l ha tomado desde entonces, es todava ms extraordinaria, pues es una de las ltimas a que pudiramos suponer que un ciego se dedicara. Su actual ocupacin es la de trazar y reconocer los caminos reales en los parajes difciles y montaosos. Con slo el auxilio de un bastn largo, he encontrado varias veces a este hombre, atravesando los caminos, subiendo precipicios, explorando valles, e investigando su extensin, forma y situacin del modo que ms cumple a sus designios. Los planos que forma, y los cmputos que hace, estn trabajados de un modo peculiar a l, y cuya idea no puede explicar bien a otros. Sin embargo, su capacidad en este punto es tan grande, que est constantemente empleado. La mayor parte de los caminos del Pico de Derbyshire han sido por su direccin, particularmente los de la vecindad de Buxton: y ahora est construyendo uno nuevo entre Wilmslow y Congleton, con la mira de abrir una comunicacin con el gran camino de Londres sin necesidad de pasar por las montaas”.1No entraremos en todos los pormenores del cuaderno que revisamos, porque muchos estn al alcance de nuestros lectores; pero s nos contraeremos a aquellos puntos que son a nuestro juicio dignos de su atencin. Los ciegos por enfermedad o accidente son mucho ms numerosos que los de nacimiento; y la frecuencia del mal vara en diferentes cli1Despus de este artculo dar una idea del extraordinario ciego Serrano nacido en Bayamo, villa del departamento oriental de la isla de Cuba.

PAGE 309

JOS ANTONIO SACO /303 /303 /303 /303 /303 mas. En la parte de la zona templada contigua a la trrida es muy comn; pero va siendo menor al paso que nos acercamos a los polos. Por censos exactos que se han hecho en algunos pases de Europa, se sabe que su nmero es muy grande; y que aunque no expuestos a la expectacin pblica, existen en casi todos los pueblos y ciudades. En la Europa central hay un ciego por cada 800 habitantes. En algunas provincias austracas se ha averiguado con exactitud que hay uno por cada 850. En Zurich uno por cada 747, avanzando hacia el Norte, entre los 50 y 70 grados de longitud se hallan en menor proporcin. En Prusia hay uno por cada 900, y en Dinamarca uno por cada 1 000. Egipto es el pas donde abundan ms los ciegos, y se puede calcular sin temor de equivocacin, que hay uno por cada 300 personas. Volney en su viaje a aquel pas, nos da una idea de la extensin del mal, y de las causas que en su concepto le producen. Sus observaciones nos parecen tan interesantes que dejaremos hablar al autor en su propio lenguaje. Dice as: “El mal que ms llama la atencin es la multitud prodigiosa de vistas perdidas o viciadas: llega a tal grado, que pasendome muchas veces por las calles del Cairo, entre 100 personas que he encontrado, 20 eran ciegas, 10 tuertas, y otras 20 tenan los ojos encendidos, purulentos o manchados. Casi todo el mundo lleva vendas en los ojos, indicio cierto de una oftalma naciente o en estado de convalecencia; pero lo que ms me ha maravillado es ver la frialdad o la apata con que sufren una desgracia de tanta consideracin: ‘estaba escrito’ dice el musulmn: ‘Dios sea loado!’ ‘Dios lo ha querido’ exclama el cristiano, ‘¡bendito sea!’ Esta resignacin es sin duda el mejor y nico recurso luego que llegado el mal: mas, por un abuso funesto a la humanidad, impidiendo investigar las causas de la dolencia, ha venido a ser otro azote no menos cruel. Entre nosotros ha sido tratada la cuestin por algunos mdicos; mas, como hayan ignorado las circunstancias del caso, no han podido menos de aventurar especies demasiado vagas: tratemos de presentar los datos fundamentales, a fin de contribuir a la solucin del problema. 1 ”Las fluxiones de ojos y sus consecuencias no son peculiares al Egipto; tambin en Siria se adolece de ellas; pero con esta diferencia, que se hallan menos extendidas; y es de observar que slo se padecen en la costa del mar. 2 ”La ciudad del Cairo, siempre rebosada de inmundicias, est ms expuesta que todo el resto de Egipto;2 el pueblo ms que las personas acomodadas; los naturales ms que los extranjeros; y por rareza son atacados los mamelucos. Finalmente, los campesinos del delta son ms propensos que los rabes beduinos. 2Debe advertirse, que los ciegos de los pueblos acostumbran establecerse en la mezquita de las Fores (el-Azhar), donde tienen una especie de hospital. La voz lazareto me parece que sale de el-Azhar

PAGE 310

OBRAS 304\ 304\ 304\ 304\ 304\ 3 ”Las fluxiones no tienen estacin fija, por ms que haya dicho Prspero Alpino; es una endemia comn a todos los meses y a todas las edades. ”Discurriendo sobre estos preliminares, me ha parecido, que no poda atribuirse como causa principal a los vientos del medioda; porque en tal caso la epidemia debera ser peculiar al mes de abril, y los beduinos seran atacados lo mismo que los campestres: tampoco puede atribuirse al polvo fino esparcido en el aire, pues las gentes del campo estn ms expuestos a l que los vecinos de la ciudad: el hbito de dormir en las azoteas parece una causa ms eficaz para producir esta dolencia; pero dicha causa ni es nica ni simple; porque en los pases internos y lejos del mar, como en el valle de Balbek, el Diarbek, las llanuras de Hauran y en las montaas se acuestan a la intemperie, sin que la vista sufra nada. Luego si en El Cairo, en todo el delta y sobre las costas de la Siria es peligroso el dormir al raso, es indispensable que la atmsfera adquiera alguna cualidad nociva por la proximidad del mar: esta cualidad, sin duda, es la humedad, que combinndose con el calor, viene a ser entonces el origen de las enfermedades. Las propiedades salinas de este aire que tanto se observan en el delta tambin contribuyen a ello por la irritacin y picazones que causan en los ojos, como lo he experimentado yo mismo; por ltimo, el rgimen de los egipcios me parece ser uno de los agentes ms poderosos. El queso, la leche cortada, la miel, el agraz, las frutas verdes, las legumbres crudas, que son el sustento ordinario del pueblo, producen en el bajo vientre cierta perturbacin, que segn observan los prcticos, extiende su influencia hasta la vista: entre estos alimentos, las cebollas crudas de que abusan, tienen una virtud peculiar para irritarla, segn me lo han hecho notar en m mismo los frailes de Siria. Unos cuerpos alimentados de este modo, abundan en humores corrompidos, que buscan sin cesar por donde evacuarse. Apartados de las vas internas por el continuo sudor, brotan por la superficie exterior, y se fijan donde hallan menos resistencia. Es regular prefieran la cabeza, porque como los egipcios se la rasuran semanalmente y se la cubren con un ropaje excesivamente clido, la hacen el foco principal de la transpiracin. Ahora bien, por leve que sea la impresin del fro que recibe esta cabeza al descubrirse, se interrumpe la transpiracin, y refluye a los dientes, o con ms facilidad a los ojos, respecto de que son partes menos resistentes; y estas fluxiones reiteradas debilitan el rgano y acaban por destruirle. Esta indisposicin trasmitida por la generacin, llega a ser una nueva causa de la enfermedad; y de aqu proviene que los naturales estn ms expuestos que los extranjeros. Es tanto ms probable que la excesiva transpiracin de la cabeza sea uno de los agentes principales de estos desrdenes, cuanto los antiguos egipcios, que la

PAGE 311

JOS ANTONIO SACO /305 /305 /305 /305 /305 llevaban cubierta, no han sido citados por los mdicos como tan perseguidos de oftalma;3 y los rabes del desierto que se la cubren muy poco, sealadamente en la infancia, estn as mismo libres de este achaque”. Todava no existe en los Estados Unidos de Norteamrica ningn censo que manifieste el verdadero nmero de los ciegos. Los administradores de la institucin de que hablamos, han conocido por experiencia su inexactitud sobre este particular, pues ciudades pequeas que no pasan de 2 000 almas, y a las que el censo solamente seala uno o dos ciegos, han resultado con cuatro, cinco y seis. Fundados, pues, en las noticias que han adquirido, no dudan afirmar, que en los Estados Unidos viven ms de 8 000 personas privadas de la vista No se crea, empero, que el laudable fin de aquellos hombres benficos es encerrar a los ciegos infelices en un costoso edificio para que vivan en la inaccin a expensas de la caridad pblica: sus deseos se encaminan a objetos ms laudables, a ensearles una ocupacin o industria para darles una subsistencia independiente, y que lejos de ser una carga, se conviertan en miembros tiles a la sociedad. Cuarenta aos ha que se hicieron los primeros ensayos para educar a los ciegos. El abate Hay nos present tan benfico ejemplo, enseando en su propia casa a sus hijos que geman bajo de esta enfermedad; y tan importantes fueron sus resultados, que el gobierno de Francia le emple para fundar una institucin en Pars. Fundada que fue, llamole a S. Petersburgo con el mismo fin el Emperador de Rusia; y despus de haber planteado all su sistema, estableci en Berln una escuela. Aqu invent el mtodo de imprimir en caracteres en relieve para hacerlos tangibles y sensibles a los ciegos; hizo mapas, notas de msica, y otras cosas, las cuales quedaron en un estado muy imperfecto por haberle sorprendido la muerte en medio de sus tareas. Establecironse despus instituciones semejantes, en Amsterdam, Viena, Dresde, Londres, Edimburgo, Glasgow, Liverpool y otros lugares; y existentes todas, se hallan en un pie ms o menos brillante, segn aparece del precioso informe que extendi el doctor Howe despus de haber concluido la comisin que le encargaron los administradores del establecimiento que hoy da materia a este artculo. “Las instituciones europeas, dice Howe, para la educacin de los ciegos, se pueden dividir en dos clases: unas establecidas y costeadas por los gobiernos; y otras fundadas y mantenidas por los esfuerzos caritativos de los individuos. stas son mucho ms tiles que aqullas. ”El fin de estas instituciones es dar a los ciegos los medios de sostenerse; y esto se consigue con ms o menos xito. Yo he visitado todos los establecimientos de Europa destinados a la educacin de los ciegos; y 3Sin embargo, la historia observa que muchos de los faraones murieron ciegos.

PAGE 312

OBRAS 306\ 306\ 306\ 306\ 306\ en todos he hallado mucho que admirar e imitar; pero tambin mucho que desechar”. La institucin de ciegos en Pars, fundada por Hay, es la ms antigua de Europa: pero, aunque excelente para aquellos tiempos, porque apenas existan otras, hoy se halla en el mismo estado en que la dej su fundador. Sostiene y educa casi 100 jvenes ciegos; y como no hay otra en toda Francia, el resultado es que de cada 300 ciegos uno slo es el que recibe educacin. El defecto capital de este establecimiento consiste en la diversidad de ocupaciones a que se destinan los alumnos, y el empeo que se pone en que hagan cosas maravillosas pero intiles. As es, que despus de pasar siete aos en la institucin, y de destinar cinco horas diarias a las ocupaciones mecnicas, salen sabiendo muy poco de ellas, puesto que al fin del ao que emplean en aprender una cosa, ya se les ha olvidado casi todo lo que alcanzaron en otros ramos del ao anterior. Dseles tambin a todos una misma educacin intelectual, sin atender a las necesidades de cada ciego; y un muchacho pobre que ha de ganar un sustento, tejiendo o dedicndose a otra ocupacin semejante, estudia las matemticas y la literatura lo mismo que otra que tenga recursos para seguir la carrera de las letras. En la institucin de Pars hay ms ostentacin que en ninguna otra, y se la ha considerado como la mejor de Europa, pero “si el rbol se ha de juzgar por su fruto y no por sus flores y follaje, entonces se formar de ella una opinin muy distinta”. Sin embargo, en medio de estos defectos no han dejado de salir algunos jvenes tiles a la sociedad; y entre otros se cuenta Mr. Paingeon, que habindose presentado como candidato en el certamen pblico de los premios de matemticas ofrecidos en Pars, tuvo la gloria de llevrselos todos, y de haber sido nombrado catedrtico de la Universidad de Angers. Cinco establecimientos de esta especie existen en Alemania. El de Dresde est muy abandonado, y basta decir, que no se ensea a leer ni escribir a los discpulos. En Viena hay uno que se halla en buen estado; y en Berln, otro, bajo la direccin del distinguido profesor Zeune. En ste, as como en otros bien gobernados, se pone gran empeo en ensear msica a los ciegos: pues, adems de la capacidad que tienen para este arte encantador, les abre recursos para ganar la vida, y pasar contento los ratos tristes y solitarios de su amarga condicin. Ensaseles tambin geografa, historia, lenguas, matemticas, y otros ramos, sin descuidar al mismo tiempo el aprendizaje de varios oficios. Esta institucin prospera a la sombra de algunos particulares que la sostienen con un celo laudable; pero este mismo celo a veces los extrava, y les hace cometer faltas que solamente pueden evitarse, sometiendo algunas teoras al crisol de la experiencia. La enseanza tiene ciertos escollos que la prctica solamente indica; y uno de los inconvenientes de la seducto-

PAGE 313

JOS ANTONIO SACO /307 /307 /307 /307 /307 ra uniformidad en los planes de instruccin pblica, consiste, en que a los profesores se les atan las manos, y se les obliga a ensear, no segn les manda su experiencia, sino segn las reglas muchas veces equivocadas a que se les quiere sujetar. Como el tacto es el sentido de que se sirven los ciegos para leer, las letras de los libros de la institucin de Berln estn formadas con puntas de alfileres; pero siendo costoso este modo de imprimir, es muy escaso el nmero de libros. La institucin de Londres para los ciegos indigentes es, en concepto del doctor Howe, un establecimiento que merece grandes elogios por los beneficios que produce. “El espectculo ms agradable, que se puede presentar, es el de tantos jvenes ciegos, reunidos en sus talleres, todos limpiamente vestidos, y con un semblante risueo, empleados en sus diferentes oficios, y todos ganando con su propio trabajo gran parte de su subsistencia. En vez de aquel ser solitario y desvalido que vemos con tanta frecuencia, el ciego nos presenta aqu el espectculo de un joven activo, industrioso y feliz, que encontrando una ocupacin constante en el ejercicio de sus facultades fsicas, y siendo estimulado por la esperanza de hacerse independiente de la caridad, no tiene tiempo ni ocasin para lamentar su suerte, ni para hacer comparaciones desagradables entre l y los que le rodean”. En esta institucin solamente se admiten los ciegos necesitados, a quienes no se da ninguna educacin literaria, pues excepto algunas nociones de msica, solamente se les ensean cosas mecnicas. No aplaudimos este sistema exclusivo; pero atendida la calidad de las personas que se educan en la institucin de Londres, reconocemos que trae muchos menos inconvenientes que el mtodo contrario seguido en Pars. Howe asegura, que de todos los establecimientos que vio en Europa, el de Edimburgo es el que ms se aproxima al gran objeto de las escuelas de ciegos, esto es, a ponerlos en aptitud de sostenerse por s mismos en el discurso de la vida. Es verdad, que esta institucin no tiene la magnificencia que la de Pars, ni que cuenta con los 60 000 francos de renta anuales que el Gobierno francs seala a la suya; pero en ella se practican las ocupaciones ms tiles, y recibiendo una suma de dinero proporcional al trabajo que hacen, hay algunos que ganan diariamente todo lo que necesitan para su subsistencia. Muchos viven al lado de algn amigo, van diariamente a la institucin, trabajan en ella, y perciben un salario conforme a las tareas que desempean. “Las esteras y colchones, dice Howe, que salen de la institucin de Edimburgo hechas enteramente por los ciegos, son sin disputa mucho mejores que ningunas otras de la ciudad, y, por consiguiente, se venden a un precio ms subido. Los discpulos se ocupan tambin de hacer cestos, cuyo trabajo, aunque aseado y agradable, no es tan provechoso como los

PAGE 314

OBRAS 308\ 308\ 308\ 308\ 308\ otros. Ellos manifiestan gran ingeniosidad, y hacen cestos muy finos y difciles, pero ste es un ramo en que tienen que competir desventajosamente con las personas que gozan de vista. Uno de los grandes defectos del sistema generalmente seguido en Europa, es el empeo de contrabalancear la natural enfermedad del discpulo por medio de la ingeniosidad, paciencia y excesiva delicadeza de sus otros sentidos, y de querer que compita con personas sanas, a pesar de la ventaja que stas le llevan. Mas, ste no debe ser el principio que sirva de gua: antes al contrario, concediendo como debemos conceder, que las personas de vista buena tienen una inmensa ventaja sobre los ciegos en todas las obras de mano, debemos tratar de emplearlos en aquellas ocupaciones que menos necesita del uso de la vista. Hay algunas, como el tejido y otras, en que un ciego puede trabajar casi tan bien como uno que vea; pero en la edad presente, la introduccin de las mquinas ha sustituido en gran manera a esta especie de industria. En la construccin de esteras, un ciego casi puede competir con un hombre que tenga vista; y, por tanto, se le debe ensear como medio de hacerse til y necesario a otros; pues, a pesar de todos los esfuerzos de las personas caritativas, esta clase desgraciada permanecer en una situacin precaria, mientras no llame la atencin por la utilidad que produzca: los hombres son caritativos por impulsos o accesos solamente; pero el inters personal nunca duerme, y si los ciegos pueden apelar a ste, bien pueden estar seguros de que sern odos”. La escuela de Glasgow es nueva, y todava muy inferior a la de Edimburgo, en punto a educacin intelectual. En Liverpool hay otra que se distingue por la preferencia que se da a la msica, y por el aprovechamiento de sus discpulos. stos dan conciertos pblicos, y sacan de utilidad 3 500 ps. al ao. La institucin de la Nueva Inglaterra, aprovechndose de la experiencia de las naciones europeas, ha empezado ya sus tareas: y sin seguir un espritu de rutina, adopta lo que juzga ms conveniente, y desecha lo que considera perjudicial. La enseanza de los ciegos est confiada a maestros ciegos. Uno de stos es un joven educado en la institucin de Pars, versado en el estudio de los clsicos, en el de la historia, matemticas, y otros ramos que honraran a personas de su edad que gozasen de las ventajas de la vista. El otro es un artesano, discpulo de la institucin de Edimburgo, y que ensea varias artes. El doctor Howe y los administradores de la institucin de la Nueva Inglaterra recomiendan la utilidad de que sean ciegos los maestros de estos establecimientos, y se fundan en la razn de que ninguna persona pueda entender y superar tan bien las dificultades que ha de encontrar un ciego en su aprendizaje, como uno que tropez con ellas, y tuvo que vencerlas por s mismo. “Yo considero, dice Howe, una escuela de ciegos sin maestros ciegos, como necesariamente imperfecta”.

PAGE 315

JOS ANTONIO SACO /309 /309 /309 /309 /309 Finalmente, para que formemos alguna idea de los frutos que promete la institucin de la Nueva Inglaterra, terminaremos este pequeo artculo con las palabras de los individuos a quienes est encargada la administracin de tan benfico establecimiento. “Plenamente satisfechos los administradores de la capacidad de los ciegos para recibir educacin, se determinaron a probarla por medio de un experimento, antes de hacer una excitacin pblica: as es, que despus de haber vuelto su agente de Europa con los maestros ciegos, tomaron siete ciegos de diferentes partes de este Estado, que contaban desde 6 hasta 20 aos de edad. Estos muchachos tomados al acaso, hace casi cinco meses que se estn instruyendo, y pueden leer correctamente con los dedos en los libros impresos para su uso: aprenden aritmtica ms pronto que la generalidad de los otros nios: adquieren ideas ms correctas y exactas de geografa en los mapas destinados para ello que los que tienen vista, puesto que carecen del auxilio de los nombres escritos: sus progresos en msica son muy notables; y por lo que respecta al trabajo manual, algunos de los discpulos ya pueden hacer mocasines4 y esteras de puerta, tan fuertes y durables, tan hermosas en la apariencia, como las que se hacen y venden en nuestras tiendas”. El ciego Serrano en CubaEn Bayamo, villa situada en el departamento oriental de la isla de Cuba, naci en la ltima o penltima decena del pasado siglo don Mariano Serrano. Vstago de una familia muy decente y acomodada, tuvo la desgracia de ser atacado de la viruela, a pocos aos de edad; y si bien escap con la vida, reventronsele los ojos, quedndole dos profundas cavidades, que nunca ocult con espejuelos. Este hombre, a quien yo conoc desde nio, es por su tino admirable, uno de los ciegos ms extraordinarios que se pueden presentar; y para darle a conocer, basta la enumeracin de algunas cosas que no slo le vi yo hacer, sino todos los habitantes de Bayamo. Este ciego, que no s si ha muerto ya, sala diariamente a la calle; pero jams, con lazarillo, pues su nica gua era un bastn que llevaba en la mano. De este modo visitaba las familias de su amistad, y recorra toda la poblacin; y aunque sta, cuando l ceg, no pasara de 20 000 personas, estaba derramada sobre una superficie cuatro o cinco veces ms grande que la que ocupa en Europa un nmero igual de habitantes. A los inconvenientes de la distancia se le juntaba otro mayor, cual es, la tortuosidad o irregularidad de las calles; pero tanta era su destreza, que sin tropezar, ni titubear, doblaba las esquinas, y entraba en cuantas casas quera. Si las personas de su amistad mudaban de habitacin, l 4Asi se llama una tela a manera de sarga.

PAGE 316

OBRAS 310\ 310\ 310\ 310\ 310\ segua visitndolas, sin necesidad de que nadie le condujese, ni aun la vez primera, a la nueva morada. En Bayamo, para dar salida de los patios a las aguas llovedizas, se construyen caos subterrneos que las derraman en la calle, y salen por su boca con tanta fuerza, que excavando a veces el terreno al pie de ella, suelen quedarse estancadas, formando charcos. Una tarde que haba llovido, hallbase uno de stos delante de la casa de una ta ma, a cuya puerta jugaba yo con otros muchachos. Alcanzamos a ver a Serrano que vena en lnea recta sobre el charco; y deseosos de que se mojase los pies, hicimos el ms profundo silencio. El ciego prosigui su marcha con paso firme; casi al emparejar con nosotros se sonri, y sin tocar el agua con el bastn, apoy la punta de ste del otro lado del charco, y dando un salto, pas sin mojarse con gran asombro nuestro. Cmo pudo saber este ciego, que all haba un charco de agua? Slo de dos modos, y cada uno, a cual ms extraordinario: o conociendo a palmos las calles de Bayamo; o teniendo un olfato tan delicado, que el olor del agua le advirtiese su presencia. De que esto ltimo puede suceder, refiere un caso de que fui testigo. A dos leguas de Bayamo, corre un riachuelo llamado Mabay que hace grandes y repentinas avenidas. Mi padre tena un esclavo criollo, hijo de padres tambin criollos, que siempre le acompaaba en sus viajes al campo. Un da en que de ste volva a la poblacin con tiempo muy asentado, luego que llegaron a cosa de un tercio de legua de Mabay el esclavo empez a decir, que le ola a agua, y que crea que Mabay estaba crecido. Como el tiempo estaba claro y sereno, y durante algunos das no haba cado ni una gota de agua en aquella comarca, mi padre no prest atencin a lo que el esclavo deca; pero ste, al paso que se iban acercando al riachuelo, se confirmaba ms y ms en su primera idea; y cuando llegaron a l, se conoci, que el olfato no haba engaado al esclavo. La experiencia ensea que este sentido se embota generalmente con la civilizacin, mientras que se afina, y a veces de un modo prodigioso, en hombres y tribus salvajes. Pero volvamos a nuestro ciego. l no slo andaba a pie, sin gua ni compaero, sino tambin a caballo montando indistintamente los propios y ajenos, as en los campos, como en la poblacin. En las fiestas de San Juan y Santiago que se celebran en Bayamo, y en las que entonces corran desaforadamente por las calles millares de personas a caballo, Serrano tomaba parte, sin que le arredrasen los peligros ni las desgracias que a veces ocurran. De este hecho, la poblacin entera de Bayamo me sirve de testigo. Encontrole tambin un da, a cuatro leguas de la poblacin, yendo slo, en un caballo negro, para una hacienda de su padre. Contaba yo esto a un mdico francs amigo mo, don Luis Bertot, casado con una seora espaola de Santo Domingo, y establecido en Bayamo con toda

PAGE 317

JOS ANTONIO SACO /311 /311 /311 /311 /311 su familia; y despus de haberme odo, me refiri asombrado lo que una noche le sucedi con Serrano. Como rara es la casa de alto que hay en Bayamo, Bertot habitaba en una baja. Cenaba con su familia en la sala, cuya puerta principal daba a la calle. Oy venir por ella un caballo a toda brida, que el jinete empez a recoger, segn que se acercaba a la casa, y parando de repente, y aun llegando a meter el caballo la cabeza en la puerta, Bertot ve y oye a Serrano que le deca: “Seor don Luis, en mi casa hay un enfermo de mucha gravedad. Hgame usted el favor de ir all ahora mismo”, y obtenido que hubo una respuesta favorable, volvi la rienda, y se march a escape en rumbo de su casa, que estaba algo distante, y en calle diferente de la del mdico. Que este ciego recorriese a pie calles de Bayamo, e hiciese visitas, bastante asombroso es: mas, al fin, l poda medir con sus pasos las distancias que andaba. Pero en el presente caso, cmo pudo, corriendo a caballo, graduar con tanta precisin la distancia que media entre su casa y la del mdico? Y no se diga, que el caballo le conducira; porque ni Serrano tena caballo particular, pues que montaba en cualquiera, o aun cuando lo hubiese tenido, l jams haba visitado la casa de Bertot, siendo por lo mismo imposible, que el caballo hubiese atinado con ella. ltimamente, hallndose una vez en la hacienda de su padre, hizo que un negro de su confianza le mancornase dos yuntas de novillos; y como deseaba venderlos sin noticias de su padre, fue a ocultarlos con el criado en la espesura de un monte. Seguro ya de su presa, se march a buscar comprador, y cuando lo hubo encontrado, volvi slo con ste a ensearle el paraje donde estaban los novillos. Otros rasgos admirables de don Mariano Serrano pudiera yo consignar aqu; pero bastan los mencionados para que se le tenga por uno de los ciegos ms extraordinarios. Su nombre y sus prodigios solamente son conocidos de los habitantes de Bayamo; pero la memoria de tal hombre exige un recuerdo especial, para que no quede como hasta aqu sepultado en el olvido.

PAGE 318

CLIMA CLIMA CLIMA CLIMA CLIMA DE LIMA Y SUS INFL DE LIMA Y SUS INFL DE LIMA Y SUS INFL DE LIMA Y SUS INFL DE LIMA Y SUS INFL UENCIAS EN LOS SERES UENCIAS EN LOS SERES UENCIAS EN LOS SERES UENCIAS EN LOS SERES UENCIAS EN LOS SERES ORGANIZADOS ORGANIZADOS ORGANIZADOS ORGANIZADOS ORGANIZADOSEl breve examen que hice de la obra, cuyo ttulo pongo a continuacin, se public en el nmero IX de la Revista Bimestre Cubana correspondiente a enero de 1834. Observaciones sobre el clima de Lima y sus influencias en los seres organizados, en especial el hombre, por el doctor don Hiplito Unane, catedrtico de prima de medicina en la Real Universidad de San Marcos, director del colegio de medicina y ciruga de San Fernando, protomdico del Per, etc Segunda edicin en Madrid, Imprenta de Sancha, ao de 1815. Con las licencias necesarias. No esperen nuestros lectores que de la obra, cuyo ttulo acabamos de estampar, hagamos un anlisis riguroso. Nuestro intento no es otro sino dar a conocer un libro, que, aunque pequeo en volumen, es grande por la variedad e importancia de las materias que encierra. Desde que en 1806 apareci en Lima por la vez primera, empez a llamar la atencin en todas las personas que le pudieron leer, pues que hallaban en l desenvueltos los fenmenos naturales de un pas, que agitado frecuentemente por la violencia de los terremotos, no experimenta las fuertes lluvias de los trpicos, ni el poder destructor de los rayos. Los justos elogios que se hicieron a esta obra, no quedaron confinados ac en las regiones del Nuevo Mundo; tributronsele tambin en el viejo continente, y desde la capital de Espaa se alz una voz, cuyos ecos nos complacemos en poder repetir en Cuba. “Las observaciones, tales son las palabras del no. 14 del Memorial Literario de Madrid del 20 de mayo de 1820, las observaciones publicadas por el doctor Unane no slo tienen el mrito de la originalidad, sino el de haber tratado esta materia con un orden cientfico, y cuando no ms, con tanta filosofa crtica como la que tienen los escritos de esta clase publicados en Europa, a lo menos lo que yo conozco. Divide su obra en tres secciones; en la primera trata de la historia del clima de

PAGE 319

JOS ANTONIO SACO /313 /313 /313 /313 /313 aquella regin; en la segunda, de las influencias de aqul sobre los seres organizados; y en la tercera, de la que tiene sobre las enfermedades”. “En estas observaciones se nota lo versado que est su autor en las ciencias naturales, y tambin que no le son extraas las humanidades; pero lo que se advierte con ms particularidad, es el caudal de buenos conocimientos anatmicos y mdicos de que est adornado, y la mucha erudicin, con particularidad de los autores ingleses. Es preciso confesar, no obstante, que el castellano es incorrecto, y que suele a veces el autor exaltar su imaginacin, de tal modo, que en las narraciones emplea el estilo propio de las descripciones poticas, y asimismo las frases son algunas veces angloglicas, ms bien que castellanas. Sin embargo, consideramos que su autor es digno de los elogios de todos los hombres instruidos y de la veneracin de los sabios; y no dudamos afirmar, que es uno de los mejores tratados que sobre este particular se han escrito en nuestros das; y que nos deberamos dar por muy satisfechos con tal que le imitara alguno de nuestros profesores ilustrados y que gozan de la pblica reputacin. ”Concluiremos, pues, nuestro juicio con decir, que es a la verdad muy extrao, que llevando nosotros a los peruanos muchos siglos adelantados en la ilustracin, y bastantes aos en la ereccin de ctedras de todas clases, se haya publicado el primer libro de esta clase en Lima, y no en Madrid”. Antes de pasar adelante, debemos hacer dos advertencias. Sea la primera, que el autor no solamente procur corregir la segunda edicin, sino que le agreg dos secciones ms: a saber, una sobre los medios de curar las enfermedades del clima; y la otra sobre la constitucin mdica de Lima en el ao 1799. Sea la segunda, que, aunque una que otra vez disentimos de las opiniones del autor, no emplearemos nuestro tiempo en combatirlas, pues ni son de mala trascendencia, ni el plan que nos hemos propuesto es confutar errores o deshacer equivocaciones, sino presentar algunas muestras de la obra, para que se pueda conocer su mrito. Empieza el autor haciendo unas ligeras observaciones sobre la influencia de la luz solar, considerada como uno de los principales estmulos externos de la vida del hombre; y cuando llega a contemplar su accin en la regin de los trpicos, hace una pintura animada de las costas del Per. Dice as: “Pero el Divino Arquitecto arregl de manera los planos de la formacin de la tierra, que el hombre en el centro mismo de la zona abrazada goza, no slo de los ms dulces temperamentos, sino lo que es an ms asombroso, sufre los eternos fros de los polos. En esta parte de la zona ardiente, que corre por la costa del Per del Ecuador al trpico de Capricornio, vemos al oriente levantados los enormes cerros de la cordillera de los Andes, desde cuyas faldas a la eminencia se sustituyen por grados todos los climas del universo. Los calores que abrasan en los

PAGE 320

OBRAS 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ valles, van perdiendo su actividad a proporcin que se sube; y el vigor y producciones del reino vegetal variando y disminuyndose, hasta encontrar en las cimas pramos helados, en donde no puede habitar ningn viviente. As debe ms bien aplicarse a los Andes, que al Sannine o Lbano lo que de ste cantan los poetas rabes: que tiene la cabeza coronada del Invierno, adornada la espalda de la Primavera, que el Otoo reposa en su seno, y que duerme a sus plantas el Esto. ”La falta comprendida entre aquella gran sierra y el ocano Pacfico, que con la latitud de 20 leguas ms o menos forma la costa del Per, siendo la ms baja, goza con todo un temple suave y agradable. Concurren a proporcionrselo su situacin encerrada entre la cordillera y un gran mar, los vientos australes que son en ella perennes, y la inmediacin del sol, que sin las circunstancias anteriores hara quizs inhospitables nuestras arenas. El soplo de los sures que corren una gran superficie martima trae a estos llanos el frescor y la humedad. Presto el calor del clima la reduce a vapores, que cerrados por la cordillera y sus ramos, queda formado, sobre la costa un toldo o tejido de nubecillas, que defendindonos del sol, nos hace disfrutar en casi todo el ao un temple de primavera. En el centro de este feliz pedazo del globo est el valle ameno de Lima, sitio de la rica y culta capital del Per”. Si tratramos de la historia poltica de este lugar, omitiramos los pormenores de su descripcin topogrfica; pero revisando una obra sobre el clima de un pas que presenta las anomalas ms extraas en el orden natural, no slo haramos defectuoso este artculo, sino en gran parte intil a nuestros lectores, pues que careceran de las noticias necesarias para entender las causas que producen los fenmenos meteorolgicos. Digamos, pues, con nuestro autor que “Lima, ciudad la ms rica y clebre de la Amrica meridional, est situada a los 12 3’15” de latitud austral: 70 50’ 50” de longitud al meridiano de Cdiz. Su situacin es austro-occidental, pues por el oriente y norte la abrigan los cerros, quedando descubierta a los vientos al sur y occidente. ”Todos aquellos cerros son ramas de la gran cordillera de los Andes, cuyo cuerpo pasa N.S. por el oriente a 20 leguas de la capital. Las ramas orientales descienden en degradacin de N. a S., formando valle a sus espaldas hasta acercarse a los muros de la parte alta de la ciudad. Las del norte acompaan de E. a O. la orilla derecha del Rimac con ms o menos inmediacin; y despus de separarse formando un semicrculo espacioso, para dar lugar al valle de Lurigancho, enfrente de la parte alta de Lima, revuelven tocando el principio del arrabal de S. Lzaro con la falda del cerro de S. Cristobal, por cuyo pie entra el Rimac separando esta poblacin de la principal. Al cerro de S. Cristbal continan encadenndose los de los Amancaes y bordeando los confines del arrabal mencionado, finalizan con l hacia el O.: a cuyo rumbo se distingue

PAGE 321

JOS ANTONIO SACO /315 /315 /315 /315 /315 una serie de colinas, que por descender a espaldas de la anterior, parece nacer de ella, y la va cerrando en forma de semicrculo, hasta terminar en la derecha del Rimac a de legua de la ciudad, demarcando con su extremo el punto preciso del ocaso del sol en el solsticio de invierno, visto desde el puente. Las cimas de S. Cristbal y los Amancaes son las ms altas de estas sierras. La primera tiene 470 varas de elevacin, y la segunda 960 sobre el nivel del mar. ”Por el O. mira la ciudad al mar Pacfico, que dista de ella dos leguas; y volviendo la vista al S.O., se descubre la isla de S. Lorenzo, que demora entre el ocaso equinoccial y del solsticio del esto. Pasando al sur se encuentra en la costa con Morro Solar o de los Corrillos, cuya mediana dista de milla de la plaza de Lima. De all para el E. se van levantando varias colinas de arena, que creciendo gradualmente van a unirse con las ramas de la cordillera. stos son los lmites que cien la vista al extenderla sobre el ameno y espacioso valle de Lima”. El terreno de la ciudad es un plano inclinado de oriente a occidente, cuya elevacin central es de 170 varas sobre el nivel del mar. El fondo del terreno del valle de Lima y de toda la costa es firme; pero desde cierta profundidad hasta poco ms o menos de dos pies de la superficie ya se encuentran sobrepuestas varias capas de arena y de guijarros, que estn cubiertas por otras de tierra vegetal de una fecundidad prodigiosa. El autor entra en muchas consideraciones acerca de la atmsfera de Lima. Ella es opaca, nebulosa y poco renovada, lo que depende, en gran parte, de la situacin de la ciudad. “Ceida, como dice l, por la serrana del norte, se apoyan contra sta, formndole un toldo, todos los vapores que se levantan de la costa y de la transpiracin feraz que la rodea: y como el sur por lo comn sopla con poca fuerza, no puede hacer que los vapores sobrepujen las cumbres de los cerros. De aqu se origina que los rayos del sol disipen con ms facilidad las nieblas de los lugares circunvecinos que los de Lima, y, por consiguiente, los inviernos sean en aqullos ms templados que en sta. Aun en el rigor del esto, mirndola desde los campos donde se presenta un cielo limpio. As es, que si en lo ms fuerte de los calores y del da sucede algn eclipse que debilite la accin del sol, al punto nuestra atmsfera se cubre de nubes. Todo esto manifiesta la cantidad de vapores acuosos que nadan sobre nuestras cabezas. Por estas causas, la atmsfera de Lima se halla en una variacin continua. El horizonte amanece cubierto de nieblas que no dejan percibir muchas veces los objetos, aun los que estn en la capital: conforme entra el da, se levantan estas nieblas, queda descubierto el campo; y cubierto el cielo de nubes, se hace ms o menos visible el sol. Al caer ste a su ocaso, vuelven las nieblas a extenderse sobre la tierra, viniendo del sur empujadas por el suave soplo de este viento. Si exceptuamos algunos das del fin del esto en que el sol alumbra de lleno, y

PAGE 322

OBRAS 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ otros de invierno en que se halla todo nublado, el resto del ao es una seguida alternativa entre la luz y las sombras”. Las observaciones meteorolgicas hechas por el autor manifiestan, que la variacin anual del termmetro de Reaumur es regularmente de 9 grados, siendo de 13 sobre cero el fro ms intenso, y de 22 el mximo de calor. Se dice, regularmente porque ha habido casos en que el termmetro ha llegado a 24 grados. Las variaciones ms notables en el discurso del ao se verifican a la entrada y salida del esto. En los das nublados, la variacin diurna es poco sensible; pero aquellos en que luce el sol, es de un grado, subiendo dos tercios hasta la 1 de la tarde, y un tercio ms hasta las 4 que es la hora de la mayor altura. Durante la noche, el termmetro baja poco ms o menos el mismo espacio que ha subido en el da, y este descenso es mayor o menor, segn se acerca la estacin del invierno o esto; o sea, los perodos en que la atmsfera de Lima llega a su mxima y mnima temperatura. La altura baromtrica es regularmente de 27 pulgadas, 4 lneas; y su variacin en todo el ao es slo de 2 a 4 lneas, subiendo en 2 en el esto, y bajando las mismas en el invierno. La mayor alteracin que observ Unane en el barmetro, acaeci el 30 de abril de 1808, en cuya maana subi de 2 a 3 lneas, y a la sazn en que soplaba el sur ms fuerte que hasta entonces se haba experimentado en aquella ciudad. En ella not el clebre Humboldt por vez primera, en diciembre de 1802, que las oscilaciones baromtricas guardan en la zona trrida un orden peridico y constante en el curso del da y la noche. Llega el barmetro a su mayor altura a las 9 de la maana: entre esta hora y las 12 se mantiene casi estacionario: luego sigue bajando hasta las 4 de la tarde en que llega a su mayor descenso. Vuelve a subir hasta las 11 de la noche, en que torna a bajar hasta las 9 de la maana. Tan arregladas son estas oscilaciones, en el concepto de Humboldt, que observando la altura de la columna baromtrica, se puede pronosticar la hora del da y de la noche con la misma exactitud que un reloj. El sur es el viento reinante en la costa de Lima, y el norte sopla con interrupcin, alternando segn las horas del da y las estaciones del ao. La marcha diurna de los vientos en aquel pas se hace en direccin contraria a la que lleva el sol. A su salida sopla por lo regular del ocaso un suave noroeste a sudoeste que constantemente va corriendo al sur segn que aquel astro se aproxima al meridiano; y cuando llega al ocaso, se inclina al sudeste, formando la brisa hacia las cinco de la tarde; la cual cesa a media noche, y se prepara de nuevo el viento de occidente. La mayor fuerza del sur es de las 11 del da a las 2 de la tarde; pero su polo es suave y grato. En el curso del ao se observa, que las calmas mayores del sur son en las inmediaciones del equinoccio de marzo. En las variaciones de la luna, en los solsticios, y en el equinoccio de sep-

PAGE 323

JOS ANTONIO SACO /317 /317 /317 /317 /317 tiembre sopla con violencia desde que empieza a caer la tarde hasta las 10 de la noche en que cesa. “Su fuerza, dice Unane, en el solsticio de junio, rompiendo los vapores, forma el veranito de S. Juan Su soplo activo en el equinoccio de septiembre y solsticio de diciembre parece destinado a elevar la masa de vapores y acopiarlos en la sierra, pues el primer repunte de nuestros ros es a principios de octubre, por lo que se llama cordonazo de S. Francisco Este cordonazo, cesa luego, porque tambin calman los sures hasta el solsticio, en que recuperando su vigor, se entablan las lluvias de la sierra”. Cuando sopla el norte, empieza entre 1 y 2 de la maana, y acaba regularmente de 9 a 10. Es suave y fro, y, por consiguiente, condensa los vapores acuosos que flotan en la atmsfera de aquel pas. Nace de aqu, segn el autor, que cuando sopla con alguna interrupcin en los fuertes colores y calmas del esto, condensa los vapores de la costa, enrarecidos por la fuerza del sol, y empujndolos a la sierra, la lluvia es muy abundante en ella. Pero si sopla con repeticin, disminuye el calor del esto, se anubla todo el horizonte, el otoo se anticipa en la costa, y prometiendo un invierno hmedo, en ella, hace que escaseen las lluvias en la sierra. Hay casos, aunque muy raros, en que se levanta el norte entre 9 y 11 de la maana: entonces se disipan los vapores, el sol aparece, y se limpia el cielo aun en medio del invierno; pero al siguiente da amanece ms cerrado, en especial, si sopla el sudoeste. El norte, dice Unane, lastima la cabeza; de aqu es que los que padecen de ella, pueden desde su cama indicar la hora en que comienza. Es bien extrao, sin duda, que un pas situado en la zona trrida, cubierto de nubes en mucha parte del ao, baadas sus costas por el vasto mar Pacfico, y teniendo a sus espaldas una elevada cordillera, cuyas cimas yacen envueltas en masas enormes de un hielo eterno, es bien extrao, repito, que casi nunca reciba en su seno el influjo benfico de la lluvia, sino bajo la forma de una llovizna ligera, a la que los naturales dan el nombre de gara Tan importante fenmeno no slo llama la atencin del fsico que procura investigar los arcanos de la naturaleza, sino que llena de asombro la mente de los hombres vulgares. Sigamos, pues, paso a paso a nuestro autor, hasta que lleguemos con l al conocimiento de las causas que producen un efecto para muchos incomprensible. “Mucho se ha escrito sobre la causa de no llover en Lima y esta costa del Per, sino luna ligera gara o llovizna: y excelentes filsofos han ejercitado su ingenio en inventar sistemas que la expliquen. Reunamos los hechos que nos ofrece la observacin, que ellos mismos aclararn el misterio. ”1. Entre abril y mayo empiezan las garas de Lima, y siguen con ms o menos interrupcin hasta noviembre. En el resto del ao repiten en las variaciones de la luna.

PAGE 324

OBRAS 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ ”2. En el esto suele acontecer el que llueva hacia las 5 de la tarde, pero entonces es lluvia gruesa, y dura poco. ”3. Por los aos de 1701-20-28-91 llovi tan copiosamente en la costa abajo, o los valles, en las noches del esto, que se siguieron muchos daos, porque precipitadas las lluvias en torrentes que no seguan las veredas de los que bajan de la sierra, arruinaron los sembrados y echaron por tierra los edificios. ”Los vientos suaves que corren por la maana del ocaso, y por la tarde del sur, son los que traen las neblinas, y cubren de ellas el horizonte. Entonces la lluvia que se siente, es propiamente un roco copioso, o unos mal formados vapores, que conforme los empuja el aire sobre la tierra y colinas, las van humedeciendo. Los nortes cuando soplan con viveza, levantan aquellas neblinas a alguna altura del suelo, y reunindolas en nubes espesas, llueve una gara gruesa. Cuanto ms frecuentes los sures en invierno y primavera, ms neblinas y lloviznas; cuanto ms activos los nortes, menos nieblas, y ms gorda la gara. ”En los aos en que han sobrevenido las grandes lluvias de las cabeceras de la costa, se ha notado, que eran fuertes los calores, soplaban con viveza los sures, y a ocasiones se alternaban y encontraban con los nortes. Segn estas observaciones, parece que, como estamos situados a las costas de un grande ocano, y rodeados de cerros por el oriente y norte, nos arrastran los vientos del S. y O. una porcin de vapores de la superficie del mar; y que hallndose distante el sol de nuestro cenit en el otoo e invierno, no es suficiente su calor para volatizarlos, y para que, segn las leyes de la gravedad recproca de los cuerpos, asciendan a la parte alta de la atmsfera. Quedan, por consecuencia, agazapados contra la tierra, humedecindola con un roco, que como sus gotitas no encuentran espacio en su descenso para reunirse, no forman lluvia gruesa. ”Soplando el norte en direccin contraria al sur, levanta las neblinas del suelo, las une y condensa a mayor altura, pero sin que excedan la que tienen nuestros cerros inmediatos. As la gara que cae entonces, es ms gruesa, porque descendiendo sus gotas de mayor altura, pueden reunirse unas a otras. ”Aunque en el solsticio de junio y equinoccio de septiembre toma tanta fuerza el soplo del sur que rompe la atmsfera, y disipa los vapores empujndolos a la sierra; como luego afloja, esto mismo motiva el que amontone ms vapores sobre los llanos, entonces bastantes fros por la frecuencia con que corren los nortes a la maana. ”En el tiempo del esto, la accin del sol es fuerte, la evaporacin martima, en consecuencia, muy abundante. En el esto, cuanto mayor el calor en la costa, tanto ms abundante la lluvia en la tierra Pero como los vapores son muy volatilizados, van a parar a la parte ms alta de la atmsfera, y superan las cimas de las cordilleras, donde condensa-

PAGE 325

JOS ANTONIO SACO /319 /319 /319 /319 /319 dos con el fro, vierten la enorme cantidad de agua que ha pasado sobre nuestras cabezas, sin que pudisemos percibirla por lo atenuado de sus vapores. En estas circunstancias, si al caer el sol, no ha podido pasar de Lima algn nubarrn que va a la sierra, se condensa con el fresco de la noche, y cae una lluvia gruesa, por descender de mucha mayor elevacin que en invierno, a causa del calor que eleva los vapores. ”Si a los fuertes calores se juntan frecuentes y recios vientos del sur; a las masas de vapores que eleva la accin solar, se une la que arrastran los vientos australes corriendo por las espaldas del ocano. En este caso estn reunidas las fuerzas evaporantes de los vientos y del sol, y ambas concurren a elevar y empujar las nubes espesas a la sierra; pero como la accin solar se disminuye en el ocaso, y el sur a las 10 de la noche, suelen en estas circunstancias quedar estancadas muchas nubes a la altura media de la cordillera y sus ramas, y entonces descargan los torrentes de agua que inundan los valles. Si a los calores y sures fuertes se juntan los nortes, las lluvias son mucho ms copiosas, por la mayor conglobacin y densidad que adquieren las nubes del austro, reprimidas y enfriadas por el breas. Si, lo que rarsima vez sucede, despus de bien cargada la atmsfera sigue el S.E. soplando de noche con alguna viveza, y el N.O. se adelanta, en este caso las nubes son desalojadas de la cordillera a la costa, y recibidos por el N.O. se forman las tempestades de relmpagos, truenos y rayos, que llenan de consternacin a los habitantes de estos valles, por no estar acostumbrados a orlos. ”Concluyamos, pues, que tres agentes concurren a formar la lluvia de los valles, y que segn la diversidad con que obran en su combinacin e intencin, se diversifica la forma de la lluvia. La llovizna es debida al soplo de los vientos australes y dbil accin del sol: la gara gorda al soplo de S. y N., faltando la accin solar. Las lluvias y tempestades extraordinarias de esto a la combinacin de los tres agentes en su mayor actividad”. Un rayo, relmpago es un meteoro tan extraordinario, en Lima y sus inmediaciones que su vista o su estruendo ponen en consternacin a los habitantes de aquella comarca. Hubo un tiempo en que Unane pens, que este fenmeno dependa: 1 del estado contrario en que se hallan la atmsfera de la costa y de la cordillera, pues suponiendo a aqulla positivamente electrizada, y a sta negativamente, los vapores llevan la electricidad a la cumbre de las montaas donde con frecuencia se ve la imagen de un combate elctrico; 2 de la estrechez de la faja comprendida entre el ocano y la cordillera, pues cuando es dos veces ms ancha que aquella en que est situado el valle de Lima, entonces hay una atmsfera muy dilatada sobre la costa, y no pudiendo estar igualmente electrizada, truena y relampaguea en ella, como acontece del Ecuador hacia el trpico de Cncer.

PAGE 326

OBRAS 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ “Tal era mi modo de opinar, as se explica el autor, hasta que el esto de 1803 me ense, que la causa principal de no tronar en esta parte del Per consista en no soplar vientos encontrados, ni haber el calor suficiente para producirse este fenmeno. El esto mencionado ha sido sumamente caluroso desde sus principios: el termmetro de Reaumur seal el grado 24 por muchos das: las calmas fueron continuas en enero y febrero. Por consiguiente, la evaporacin martima, la transpiracin de animales y plantas, y las exhalaciones de los cuerpos que se pudran, eran abundantsimas. La atmsfera estaba con todo despejada, aun en las noches, y era escasa la lluvia en la sierra. La fuerza del calor impeda la formacin de las nubes, hasta que empezando a soplar los nortes en las maanas de los ltimos das de febrero, condensaron los vapores, se nubl el cielo, y se siguieron copiossimas lluvias en la sierra en todo marzo y principios de abril. Comenzando a debilitarse en este mes la accin solar, por su trnsito a las regiones boreales, y creciendo el fro de otoo, qued sobre la costa una gran cantidad de vapores muy espesos, que del lado de la cordillera formaban una faja de nubes oscuras. ”La tarde del 19 de abril aparecieron por el austro algunas nubes negras de aspecto tempestuoso. Cerrose con la noche la atmsfera, y comenz a relampaguear a las 7. El S. cambi al S.E. y sigui soplando ms all de la hora en que cesa: y empujadas las nubes al N.O. se aumentaban los relmpagos, conforme se aproximaba la hora en que comienza a soplar el viento de este lado. A las 11 y media, un relmpago ilumin la atmsfera, llen de claridad las habitaciones oscuras, y siguiose un trueno formidable: a las 12 repiti el segundo, y cerca de la 1 de la maana tronaron los ms inmediatos. Despus siguieron algunos otros truenos que por la costa se alejaban al N. La nube elctrica, y que hizo las explosiones ms inmediatas pas entre el extremo inferior de la ciudad, y la costa con la direccin del S.E. al N.O., estando el cielo despejado en muchas partes. En la costa llovi algo, y casi nada en la ciudad, en cuyos suburbios corran despavoridos sus habitantes a la vista de un fenmeno que nunca observaron sus mayores. Siguiose a esta tronada cesar la lluvia de la sierra y comenzar abundantsima la gara de la costa: cuyas colinas y cerros se vistieron de tantos y tan hermosos pastos, que en 30 aos no se contaba otros de lomas tan frondosas. Me parece que el fro anualmente aminora la cantidad de calor en todo el globo, y que para restaurar el orden primitivo hay un perodo de estos muy calurosos en ambos continentes. En principios del siglo pasado y del presente han sucedido los ms notables de esta costa del Per. As, en el ao de 1701 tron y relampague en la ciudad de Trujillo, y en el de 1803, en la de Lima”. Despus de haber hablado acerca de los relmpagos y truenos, pasa el autor a tratar de los temblores de tierra tan frecuentes y peligrosos en aquella regin. Oigmosle:

PAGE 327

JOS ANTONIO SACO /321 /321 /321 /321 /321 “Si el cielo no nos asusta con los rayos que atemorizan nuestras serranas, stas en Cange rarsima vez sienten las violentas convulsiones con que nos aflige la tierra. El fenmeno terrible de los temblores es ms frecuente entre la primavera y el esto, que en el resto del ao, en el cual, si acontecen, es por el otoo. Sus horas son las de la noche: dos a tres horas pasado el ocaso del sol, y al apagarse la luz zodiacal, y con ms frecuencia en torno de la aurora. Los antiguos comparaban estas partes del da con el otoo y primavera: y la acorde verificacin de los temblores entre estas estaciones y aquellas horas, da valor a la comparacin. ”El curso de los temblores es S.N. siguiendo la cadena de los cerros. Una triste experiencia ha manifestado que sus ms violentas concusiones guardan un perodo de medio siglo en el espacio, que corre del Ecuador para el trpico de Capricornio, y que se suceden con cierto orden del trpico al Ecuador. Esto lo confirman las pocas de los terremotos, que de la conquista ac se han experimentado en Quito, Arequipa y Lima”.1El autor observ, que los das muy varios son los ms expuestos a temblores, y que por eso ocurren entre la primavera y el esto, y en el veranito de San Juan que all es en el otoo. Tambin not, que la frecuencia de pequeos temblores en primavera es indicio de que las entraas de la tierra se van descargando parcialmente, y que as hay menos recelos de grandes terremotos; pero si vienen unos tras otros en cortos intervalos, es seal de que sucesiva y parcialmente se van inflamando muchos combustibles, y que al incendio de su gran depsito ha de seguir un violento terremoto. Unane refiere el curioso no menos que importante hecho, de que el terremoto de 1687 esteriliz los campos para el trigo por el espacio de 20 aos; y que las semillas de las caas que prosperaban con lozana hasta echar espigas, se convertan despus en un polvillo negro, y las cosechas quedaban perdidas. Ms extrao es todava lo que sucedi en parajes ms remotos. Trujillo, que se halla a 100 leguas al norte de Lima, y donde apenas se sinti el ruido de aquel terremoto, experiment tambin sus malficas influencias, las cuales se extendieron hasta Paita a 200 leguas de distancia. Los campos, que eran los graneros de toda aquella costa 1Perodo de los grandes temblores del Per. ArequipaLimaQuito ———————— 158215861587 160416301645 168716871698 171517461757 178418061797

PAGE 328

OBRAS 322\ 322\ 322\ 322\ 322\ hasta Panam, y que llegaban a dar 200 fanegas por una, quedaron tan estriles, que no rendan ni aun la misma semilla que en ellos se sembraba. Pero a qu causa deber atribuirse este fenmeno? Sera, porque los terremotos hubiesen debilitado la virtud nutritiva de la tierra, o porque a ellos hubiese seguido algn trastorno en las estaciones? A esta ltima opinin se inclina Unane por parecerle ms fundada. Muy poco nos detendremos en considerar el influjo que ejerce aquel clima en los vegetales. El terreno es muy frtil en general, y la vegetacin es prodigiosa en los valles. En las inmediaciones de Lima hay algunos, que sin ms riego que las avenidas del esto y sin ms lluvia que las nieblas y ligeras lloviznas que caen de mayo a octubre, producen semillas en todo el ao, rindiendo desde 60 hasta 100 por una. Unane opina, aunque errneamente, que la costa del Per se asemeja mucho en clima y terreno al bajo Egipto. Las avenidas del esto empapan la tierra a manera del Nilo, cubrindola de un limo gredoso de mucho gluten. Esta tierra es arrastrada por las lluvias de las faldas de los Andes, y cree que contiene mucha materia animal por la muchedumbre de palomillas que la acompaan. Retiene el agua con tenacidad, y la suministra lentamente a las plantas frondosas que crecen en ella. Los habitantes de los valles de Chilca Asia, de la Imperial, y otros se aprovechan de las avenidas para regar sus ridas campias, empapndolas por 24 horas, y arndolas y sembrndolas al fin del esto. La humedad de la tierra, y las neblinas y lloviznas del invierno bastan para que el labrador recoja una cosecha abundante. Aun en medio de arenales estriles que no riega el cielo ni raudal alguno, se ven en las costas del Per, heredades de ricas vides y de muchas semillas que fructifican prodigiosamente. Formando aquel terreno un plano inclinado que corre de las cordilleras al mar, muchas aguas descienden subterrneamente a cierta distancia de la superficie: de manera, que todo el trabajo del labrador consiste en separar las arenas, haciendo unas pozas hasta que se encuentre con humedad. El autor dice “que prximo al puerto de Pisco est el valle de Hoyas as nombrado, porque sus muchas y excelentes vias estn plantadas en unas pozas, que formaron a mano los antiguos indios, separando y abriendo las arenas que cubren la costa: y como naturalmente se infiere, sus vinos son de un gusto exquisito. Los andenes y graderas formadas en las sierras para hacerlas cultivables, y las hoyas de la costa son unos monumentos que manifiestan la grande aplicacin y pericia de los antiguos peruanos en la agricultura”. Y qu no diremos ni una palabra acerca de la diversidad de temperamentos y producciones de la tierra que bajo una misma latitud nos presenta la gran cordillera de los Andes? Escuchemos al autor. “Cuatro zonas pueden distinguirse en ellos: 1 La ardiente. 2 La templada. 3 La fra. 4 La glacial. La primera corre al pie de los An-

PAGE 329

JOS ANTONIO SACO /323 /323 /323 /323 /323 des desde las llanuras que se hallan casi al nivel martimo hasta cerca de 4 000 pies sobre l. En todo el ao vara el termmetro de Reaumur de los 16 a los 24, y se puede tomar el grado 20 por el que indica su temperatura media. La humedad que acompaa al calor en estas tierras bajas, las hace productivas de densas y elevadas selvas, de flores y resinas aromticas. Aqu est la patria donde llegan a su perfecta maduracin las plantas americanas, y de pases ardientes. He aqu los sitios feracsimos de Amrica, donde, como dice Pombo, la naturaleza est siempre en accin. ”La segunda zona comienza desde los 4 000 pies de elevacin hasta cerca de los 12 000. La temperatura se halla entre 9 y 16 y su temple medio es de 13 que forman el de primavera y otoo, segn se halla ms alta o ms baja. En este benigno clima, los granos y plantas europeas crecen y producen con igual fertilidad que el maz americano: y se presenta aquel pas feliz, donde la naturaleza en sus liberalidades, o por mejor decir en sus profusiones, copia la imagen del Paraso terrenal ”Entre los 12 y 15 000 pies de elevacin est la zona fra. Aqu el aspecto del pas es enteramente diferente del que se presenta en los climas inferiores. Todo lo que en l se produce, es de estatura pigmea, pobre y miserable. La extrema Siberia y Kamtchatka no tienen que envidiar, dice el ilustre Haenk, a los habitantes de las cumbres del Per. stos son una nacin de esquimales de estatura pequea, de un color tostado por el fro, ojos pequeos y plegados al canto externo, y la frente corta y poblada de pelo; y a quienes la prvida naturaleza dot de estas facciones del rostro para defender sus ojos del reflejo que causan las nieves en los rayos solares: y para libertarlos con la agudeza y perspicacia de su vista de los frecuentes riesgos que se encuentran en las speras breas y precipicios en que moran. El termmetro en la estacin seca de mayo, junio y julio seala el grado de congelacin, en la lluviosa sube a los 8 sobre el hielo, y su temple medio puede reducirse a 4 de calor. La vegetacin manifiesta igualmente la inclemencia del temperamento en que se halla. Los arbustos que all nacen, son leosos, resinosos, y cubiertos de cortezas firmes, para que puedan sostenerse contra el fro. ”De los 15 a los 21 000 pies, en que terminan los ms altos picos de los Andes, corre una zona glacial, que siguiendo la direccin de la cordillera para uno y otro polo, va descendiendo con su limbo inferior a proporcin que se retira de la lnea. Al atravesar los trpicos baja a los 13 000 pies. A los 45 de latitud est slo a los 8 o 9 000 pies de elevacin; y a los 60 o 70 toca la superficie del globo, demarcando en todo su crculo el trmino de la vegetacin y la vida. En la cima de los Andes, lo mismo que en el polo, habitan y braman los vientos impetuosos.

PAGE 330

OBRAS 324\ 324\ 324\ 324\ 324\ ”Nimborum patria, loca foeta furentibus austris.—Virg”. El amor patrio no ciega al doctor Unane. Reconoce, que el Per no es a propsito para alimentar las muchas especies indgenas de animales que habitan en los bosques de la Amrica septentrional, ni tampoco para multiplicar las trasplantadas de Europa en aquel nmero prodigioso que pacen en los dilatados campos de Chile y Panam. Hllanse, sin embargo, en sus costas y montaas muchas tribus hermosas, cuya descripcin ocupar algn da las pginas de la historia natural. Al descubrimiento del Per se encontraron varios cuadrpedos indgenas, cuyas principales familias son el paco2 ( Camellus peruvianus ), el alco ( Canis americanus ), el puma len ( Felis puma ), el uturunco o tigre ( Felis onsa ), el ucumari u oso ( Ursus americanus ), y la taruca ( elaphus ). Acerca de estos animales, Unane nos da noticias muy curiosas. ”La Divina Providencia, que ha proporcionado a sus criaturas racionales en todas las partes del globo todos los medios para subsistir y cumplir los trabajos a que los destinaba, dio al indio habitante de los Andes, un don precioso en los pacos. Sus lanas le visten, sus carnes le alimentan: el veloz huanacu, y la tmida vicua le recrean, y entretienen en la caza; y la llama y la alpaca conducen con seguridad sus haberes por entre las angostas y speras sendas de la serrana del Per. El pescuezo largo y levantado de estos animales, su cara adornada de hermosos ojos, el urcu o penacho de su frente, y el paso sosegado con que camina mirando a todas partes, hace muy vistosa su marcha, en la que se colocan en lnea recta lo mismo que si fueran tropas disciplinadas. ”El alco es compaero fidelsimo del indio: su estatura es mediana, y tiene por lo general todo el cuerpo cubierto de lana negra, menos entre el pecho y la cola en que es parda. Estos perros son muy sentidos, y avisan con sus ladridos cualquier novedad que ocurra alrededor de la casa, o del hato; y tambin embisten con fuerza a las personas que no conocen. Hay de estos unos pequeos perritos, semejantes a los nuestros de faldas, que cargan las indias sobre sus quipes y abrigan en su seno, los cuales por ser taciturnos, han dado ocasin a que crean algunos que los alcos no ladran, y que, por tanto, no pertenecen a la clase de los perros. ”Los pacos y el alco habitan en las sierras: los domesticados descienden con sus amos a la costa, paran poco, y se regresan, porque no soportan ninguno de ellos el calor, a causa de la caracha o sarna que les acomete, y mata, efecto del mayor aumento de la circulacin en la su2 Paco o carnero de lana larga, palabra derivada de Ppaco (rubio, bermejo), por ser ste su color ms sobresaliente. Alppa-co carnero de la tierra; tiene la lana larga y muy suave, y es menos propio para la carga. Llama de Llamsccani carnero de trabajo: tiene la lana corta y spera, y es el ms alto y fuerte, y ms a propsito para cargar.

PAGE 331

JOS ANTONIO SACO /325 /325 /325 /325 /325 perficie, y falta de transpiracin por la densidad de su cutis. Tan hermosos son los ojos de las llamas y de las tarucas en las sierras, como pequeos y plegados al ngulo externo los de los indios, que moran en ellas, quienes por este medio se libertan, segn hemos dicho antes, de los riesgos de los precipicios por donde viajan, y de las impresiones fuertes de los reflejos de los rayos solares por la nieve, que en el pueblo blanco, y habitantes de la costa tienen los ojos grandes causan el zurumpe que es una molesta oftalma. ”La tarca o ciervo y el puma o len soportan el temperamento de la sierra, y el de la costa, y as peregrinan del uno al otro: los venados andan en tropas, y los leoncillos separados unos de otros. Los venados son de mediana estatura, y tienen hermosa cornamenta. Son de veloz carrera, y hacen la diversin de los cazadores que los acosan con perros: el oturuncu o tigre el ucumari u oso no habitan a este lado, sino al oriente de las montaas de los Andes con otras muchas y diferentes fieras”. De los cuadrpedos extranjeros, el ganado lanar se multiplic prodigiosamente en las grandes dehesas que hay en la cima de los Andes, y las ovejas de excelentes lanas abundan en las vastas regiones del Callao. Los burros, vacas y caballos que pacen en las costas y valles, son corpulentos y gallardos; pero los que habitan en la cima de la cordillera, son pequeos, y de un pelo suave y espeso con que los cubre a naturaleza para defenderlos de los rigores del fro. El ganado vacuno criado en las montaas no puede resistir el temperamento clido de las costas; y si baja a ellas, se toca; esto es, se atonta y muere prontamente. El hgado de estos animales se encuentran endurecido, y como si se hubiese pasado por ascuas de fuego. En el esto, su muerte es todava ms pronta que en el invierno. Muchedumbre de pjaros cubren las playas del mar Pacfico; pero ninguno de ellos es tan digno de admiracin como el cndor de los Andes. Veamos cual nos lo describe Unane, y como remonta su vuelo, ya para servir de gua a las aves inferiores, ya para hacer ostentacin del poder y majestad conque hiende las regiones etreas. ”Entre los pjaros, las gaviotas, garzas y patos, y algunas otras familias descienden a la costa, por el otoo, de las lagunas, de la sierra, y permanecen en ella hasta la entrada del esto, en que regresan. Para emprender este viaje se levantan a la maana en partidas numerosas, y como a poco espacio tropiezan con los cerros altos que no las dejan pasar, se elevan remolinndose, y formando con su vuelo unas curvas espirales hasta que superadas las cumbres pueden seguir el viaje en lnea recta. ”Es frecuente ver colocarse en medio de las espiras un cndor, o para servir de conductor, o para hacer alarde de la poderosa fuerza con que se remonta el mayor, y ms vigoroso de los voltiles. En su aspecto exterior lleva el macho muchas seales de dignidad, que le diferencian

PAGE 332

OBRAS 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ de la hembra; tales son la cresta que le sirve de corona, el cutis floja negruzca, que se pliega sobre la cabeza, y recogindose para atrs en forma de rizos, figura una peluca; y las manchas que le cubren las alas, que recogindose sobre la espalda del ave cuando se para, figuran una capa. Vase la excelente Memoria de los seores Humboldt, y Bonpland sobre la historia natural del cndor, impresa en Pars en 1807 Santiago de Crdenas, ms conocido con el nombre de Santiago el volador, observ por muchos aos el vuelo del cndor con el designio de imitarle, y dej escrito un tomo en cuarto, que ha depositado en la biblioteca del colegio de San Fernando. ”En esta obra distingue tres diferencias de cndores: 1 Moromoro con golilla y capa de color de jerga, o ceniciento: tiene de envergadura de 13 a 15 pies. ste es el ms fuerte, y el que extendiendo las nerviosas alas hace alarde de bregar contra el viento, balancendose majestuosamente sin aletear, y al que particularmente se le atribuye, que arrebatando los recin nacidos corderillos, se los pone sobre la espalda, afianza con el pico vuelto hacia atrs, y luego emprende el vuelo huyendo con su presa, 2 cndor de golilla y capa musga, color de caf claro: tiene de envergadura de 11 a 13 pies, es ligero y atrevido; 3 cndor de capa y golilla blanca, tiene de envergadura de 9 a 11 pies, y es el ms hermoso y numeroso de la especie. Habita el cndor en los altos picos de los Andes, y segn las observaciones de Santiago, hace diariamente dos viajes a la costa en busca de alimento, lo que denota su velocidad prodigiosa. En la anatoma que hicimos de esta ave, no encontramos, ni vaso areo que comunicase al pulmn con la sustancia esponjosa de las clavculas; ni comunicacin del buche a la trquea. La cavidad interior del pecho est rodeada de una pleura fina y transparente, que forma varias celdillas: los pulmones bajan hasta el vientre, y estn adherentes por su parte posterior a las costillas y espinazo, en cuya unin se hallan stas perforadas, y con comunicacin a lo interior de su cuerpo esponjoso. El tejido del pulmn es poroso, y as, luego que se sopla por la trquea y se le infla, despide mucho aire que llena todos los encondrijos grandes y pequeos que le rodean, y tambin los huecos del esternn y costillas. Las enjundias del cndor son un excelente resolutivo en los tumores duros de los pechos, y de otras partes del cuerpo; y los peruanos le atribuyen adems tantas virtudes cuantas los europeos al chibato, del que dice uno de sus mdicos que totus est medicamentosus”. Indios, blancos y negros son las razas del Per, como de otras partes de Amrica; pero mezcladas entre s, han dado origen a castas intermedias que varan mucho en su color. Las dos tablas que siguen, manifiestan todas las alteraciones que la especie humana ha experimentado en aquel pas.

PAGE 333

JOS ANTONIO SACO /327 /327 /327 /327 /327 Observaciones del color primitivo y regresos hacia l en sus degeneraciones Enlaces VarnMujer HijosColor Mezcla ——————————————— EuropeoEuropeaCriolloBlanco CriolloCriollaCriolloBlanco BlancoIndiaMestizoBlanco BlancoMestiza CriolloBlanco Blanco NegraMulato1/2 Neg. 1/2 Bl. BlancoMulataCuartern1/4 Neg. 3/4 Bl. BlancoCuarternQuintern1/8 Neg. 7/8 Bl. BlancoQuinternBlanco NegroIndiaChino Salta-atrs o degradaciones del color primitivo EnlacesHijosMezcla ————————— NegroNegraNegro NegroMulataZambo8/4 N. 1/8 B. NegroZamba Zambo prieto7/8 N. 1/16 B. Negro Zamba prieta Negro15/16 N. 1/16 B. NegroChinaZambo Unane hace algunas observaciones acerca de las propiedades que caracterizan a muchas de estas castas; pero nos parece que da al clima ms influjo del que realmente tiene, sin tomar en cuenta las causas polticas y morales que tanto han predominado en aquellos habitantes. Cuando trata de las enfermedades del nimo, considera a los indios como muy sujetos a la melancola; ved aqu como se expresa: “Si se contemplan las maneras y sentimientos generales que han dominado en todos los tiempos en los aborgenes del Per, se les ve profundamente marcados con el sello de este ltimo temperamento. El aire es triste, los modales tmidos, los pasos lentos, y aman la soledad y los colores sombros con preferencia a los vivos y relucientes. Su imaginacin tiene las excelentes dotes que hemos referido, y es dbil la estructura de sus cuerpos. Aunque hijos del sol por situacin y creencia, la variedad del clima les oculta por la mayor parte la clara brillantez de sus rayos, trasmitindolos desmayados la interposicin de los vapores, y a manera de la luz plida que debe acompaar a las meditaciones melanclicas.

PAGE 334

OBRAS 328\ 328\ 328\ 328\ 328\ ”Como la msica es el lenguaje ms significativo de los sentimientos del nimo, la de los peruanos es acaso la ms pattica de cuantas ha originado la pura expresin de la tristeza. Verdad es que tienen los tonos alegres y danzas animadas de un placer festivo; pero el yarav es la cancin favorita. Parece que desplegaron todas las fuerzas de su ingenio para copiar en estas elegas su ndole, y su corazn naturalmente sensible y apesarado. ”Los asuntos de la composicin son por lo comn infortunios de amor o de la suerte. El idioma conciso, dulce y sembrado de interjecciones de dolor, les da una forma armoniosa, tierna y penetrante. Los sentimientos salen con todo el fuego del pecho en que se forman, y abrasan con su calor a quien los oye. Los instrumentos cuya meloda acompaa los melanclicos cantares, son la flauta, la alta noche, sus sombras negras, y su silencio ttrico. En medio de esta escena propia del luto y del llanto, se oyen aquellos irresistibles ayes, que arrancan las lgrimas de los ojos a los mismos que no entienden el idioma en que se cantan”. Si furamos a recorrer el largo catlogo de las enfermedades que padecen los habitantes de aquel pas, seguramente que convertiramos este artculo en un tratado de medicina. Pasarmosla, pues, en silencio, y si alguna que otra vez nos detenemos, sea solamente en aquellas que puedan interesar a la generalidad de nuestros lectores. Parece que la primavera es en Lima la estacin destinada a dar origen a las enfermedades del ao, pues en ella no slo se presentan las que le son peculiares y terminan a su fin, sino que tambin indica las epidemias que le han de seguir. No puede, pues, decirse de ella el ver saluberrimum et minim exitiale de Hipcrates. El catarro es una enfermedad muy comn en aquellos pases, que a veces ha degenerado en una epidemia mortfera: as sucedi en todas las provincias del Sur en 1720, debilitando las fuerzas, y causando dolores muy agudos, especialmente en el costado, esputos de sangre, respiracin difcil, y poca fiebre. En 1759 repiti esta enfermedad con los mismos sntomas, aunque con menos estragos: bien que, es de notar que en ambas pocas, el catarro estuvo principalmente confinado a las sierras, o parte interna del Per. En 1749 apareci tambin en Lima, y caus bastante mortandad. Pero el sarampin es, en concepto de Unane, la enfermedad que ha atacado con ms frecuencia y generalidad, convirtindose en epidemia muy peligrosa. Segn las noticias que pudo encontrar, se desenvolvi con toda fuerza en los ao 1628, 1634, 1635, 1693, 1784, 87 y 95, habiendo arrastrado muchas vctimas al sepulcro en 1693, 1787 y 1795. As en esta, como en las dems pestilencias, la mortandad en los indios ha sido comparativamente mucho mayor que en los blancos, negros y dems castas: y aunque tanta desgracia proviene principalmente, como cree Unane, del abandono y miseria en que viven, debe tambin atribuirse

PAGE 335

JOS ANTONIO SACO /329 /329 /329 /329 /329 a que en ellos, como originarios del pas, abunda ms la clera y es mayor la relacin de las fibras y la debilidad nerviosa. Deca el doctor Bueno, clebre facultativo de aquel pas, que el indio tiene los huesos duros y las carnes blandas Con dificultad se les rompe la cabeza de un garrotazo, pero la menor fiebre los debilita en extremo. El catarro los conduce a la tisis, las disenteras les son casi incurables, las tercianas los postran, y las viruelas y el sarampin los destruyen. Afligen tambin a los peruanos otras dos enfermedades endmicas: el pasmo y las berrugas Nada diremos de la primera, porque es dolencia igualmente comn entre nosotros; mas, respeto de la segunda, repetiremos lo que ha escrito el autor: “Las berrugas son endmicas en las cabeceras de los valles circunvecinos de esta capital, las cuales son unas quiebras situadas al pie de la cordillera. Entre da hace en ellas mucho calor, por su profundidad y falta de ventilacin, vindose all circundado el ambiente por cerros muy elevados, y por la noche causa un fro fuerte, por la inmediacin de la cordillera, el S.E. o viento serrano que sopla a estas horas. Los que no teniendo el cuerpo abrigado, pasan del calor de las quebradas al fro de la serrana, o se exponen a ste aligerando la ropa, por la sofocacin que causa el temple entre da, contraen unos dolores semejantes a los reumticos y glicos, los cuales, al cabo de ms o menos das, terminan en un brote de berrugas de diferente magnitud, que por lo regular arrojan sangre y se caen, o se estirpan ligndolas. Si, como opinan un sabio americano, esta enfermedad es el grmen de la lue venrea, la inclemencia del fro sobre el cuerpo acalorado dara origen a este mal impuro. Para castigar los ardores de Venus, no podan encontrarse remedios ms a propsito que el hielo, y las nieves de los Andes”. El asma que oprime el pecho de algunos hijos de nuestra Cuba, es dolencia muy comn en Lima. “En las gentes jvenes, as se explica Unane, es seca, convulsiva, gravsima: en las ancianas, hmeda y ms tolerable. Les acomete a media noche al empezar el soplo del Norte: presagia la accesin el desvelo en las noches anteriores. El paroxismo comienza con fuerza, el enfermo demanda aire, se ahoga, y entre da se serena: en la noche siguiente se agrava y termina por lo regular de las 24 a las 40 horas por un blando sudor. El vientre constipado fomenta esta enfermedad, pero es difcil en la accesin poner una ayuda al paciente, pues al primer movimiento parece que se sofoca; no obstante, en las horas de algn reposo, que son las de la maana, se tantea con suavidad ejecutarlo. El pueblo resiste la sangra, porque dice que hace retornar los perodos, y tiene muchas veces razn por la debilidad que induce, pero con frecuencia se hace necesaria sin contar con el pulso, que se pone tanto ms dbil cuanto es mayor la opresin y angustia que impiden la circulacin de la sangre por el pecho. Precaven los retornos

PAGE 336

OBRAS 330\ 330\ 330\ 330\ 330\ de este mal: primero, dormir en habitaciones situadas en el campo, aunque entre da se est en la ciudad; segundo, evitar los refros; tercero, tener una terciana, y el uso de la quina. Alivian en la accesin: primero, el vientre expedido; segundo, el bao tibio de pies; tercero, el cuarto espacioso para que haya bastante aire; cuarto, el ponche tibio; quinto, la sangra; sexto, el vejigatorio; sptimo, la mistura antimonial, es decir, media dracma de vino emtico en cinco onzas de agua, y 20 gotas de ludano: de esta porcin se toma una cucharada en cada tres o cuatro horas, y encima se bebe un cocimiento emoliente diafortico, como es el de malvas y flor de saco, o de borraja; octavo, en lugar de la mistura antimonial puede darse una cucharada del jarabe de meconio a la maana, y otra a la noche, porque suele surtir buen efecto conciliando el sueo. La enfermedad regularmente se resiste a estos, y a cuantos remedios tiene la medicina, y slo cede completamente transportndose el paciente al temperamento de la sierra. A pesar de ser tan grave la accesin, es muy raro que el enfermo perezca en ella; pero arrastra para l y su familia la vida ms triste de este mundo. No cuenta con una hora segura de placer; esta noche se re, se divierte, y prepara una buena hora a su familia para el da siguiente, pero a la fatal hora de la 1 de la noche el asma le ataca, recuerda despavorido, y cree sofocarse”. Si el clera morbo que ha desolado el Asia, consternado la Europa, y afligido ya una parte de Amrica es o no la misma enfermedad que de antiguo se conoce en el Per, que lo resuelvan los facultativos. Apartndonos de esta cuestin, solamente nos reducimos a decir, que cuando en el Per son fuertes los calores en el esto, y van acompaados de sudores copiosos, entonces se experimentan insultos frecuentes causados por una dolencia que en aquel pas se llama clera morbo y cuyos sntomas y mtodos curativos nos describe Unane en los trminos siguientes: “El clera morbo que vulgarmente se llama lipiria es un mal frecuente en nuestro clima en la estacin del esto, por el abuso que se hace de las bebidas fermentadas, frutas y comidas en un tiempo, en que con el sudor se hallan debilitadas las fuerzas digestivas del estmago, las que siendo menores, luego que en la noche cesa la accin muscular con el sueo y reposo de la cama, es en esta hora cuando acomete. Principia por un mareo al que se siguen vmitos y evacuaciones copiosas, sudor fro, calambres, y la muerte, si no ha podido detenerse en su progreso. Los que quisieren precaverse de este funesto accidente, deben evitar los excesos mencionados, y acostarse con el estmago desembarazado; mas, si se sintiesen recargados de alimentos que no han podido digerir, o incomodados con agrio fuerte, deben procurar arrojar los alimentos indigestos, moviendo el vmito por medio del agua tibia, y estimulando las fauces con los dedos, o con alguna pluma: o en lugar de mover el vmito, pueden hacerse echar un par de lavativas purgantes, y luego

PAGE 337

JOS ANTONIO SACO /331 /331 /331 /331 /331 tomar un par de jcaras de agua caliente con azcar y algn estomacal, como la flor de manzanilla, triaca, corteza de naranja, etctera. ”Si esto no se ha practicado, y el clera morbo sobreviene en un grado remiso, la indicacin es disolver los humores del estmago y expelerlos, tomando con abundancia en bebida, y por ayudas, agua de pollo u otra equivalente, y despus que se juzgue el estmago descargado, se usar la bebida estomacal indicada. ”Mas, si el clera morbo ha sobrevenido con violencia, y el enfermo ha arrojado mucha cantidad de humores por arriba y por abajo, el remedio pronto para sacarle del conflicto en que se halla, es hacerle beber agua helada con nieve bien sea natural o de pollo, sola, o en forma de limonada, y tambin puede tragar nieve mojada. Es buen remedio para contener el vmito el antiemtico de Lzaro Riberio, que consiste en disolver un escrpulo de sal de trtaro en media onza de agua, y al dar sta al enfermo se la aade una cucharada de zumo de limn, para que la trague en el acto de la efervescencia, y se repite segn lo que exigiere el caso. En su lugar, he administrado la siguiente composicin: de jarabe de limones una onza, de sal de ajenjos un escrpulo, de ludano 20 gotas, se mezcla y se da a cucharadas, bebiendo encima el agua de nieve. Entre los alimentos, el que mejor soportan los estmagos en esta situacin, es el de mazamorra delgada de reciento.3”Las piernas y brazos se enjugan con paos calientes ahumados con almciga, romero, etc. a fin de que el calor estimule los vasos de superficie, y les haga restaurar el tono y tensin que han perdido”. El rpido examen que hemos hecho de la obra del doctor Unane, ha encendido en nosotros el deseo de analizar algunos trabajos sueltos que de tiempo en tiempo se han publicado acerca del clima de la isla de Cuba... ¡Ojal que pudiramos reunirlos, y formando de ellos un solo cuerpo, levantar a nuestra patria un monumento a nombre de las ciencias! 3As se llaman en Lima las mazamorras o majaretes hechos de maz fermentado.

PAGE 338

NECROLOGA NECROLOGA NECROLOGA NECROLOGA NECROLOGAUna de las vctimas del clera en La Habana, en 1833, fue el teniente coronel de artillera don Jos Mara Callejas. Nacido en Cuba, y ligado conmigo por vnculos de sangre, tuve el honor de conocerle y tratarle; y su familia, movida de estas consideraciones, me rog que escribiese el siguiente rasgo necrolgico que se public en el Diario de la Habana del da 31 de marzo de 1834.Al aniversario de la muerte del seor coronel de infantera, teniente coronel del Real Cuerpo de Artillera y comandante de la brigada de este departamento don Jos Mara Callejas, acaecida en 31 de marzo de 1833Finis vit eius nobis luctuosus, amicis tristis TCITO, en la vida de Julio Agrcola. Recomendar despus de la muerte las virtudes de los hombres que han sido tiles a la patria, no slo es permitir al corazn un desahogo por la prdida que lamenta, sino un acto solemne de justicia con que se premia el mrito de las buenas acciones. La fama pstuma, aunque nombre vano para los espritus mezquinos, ha sido siempre uno de los mayores estmulos, que encendiendo las almas grandes, las ha elevado a las virtudes ms sublimes y a los hechos ms gloriosos. Verdad es que los aplausos con que celebramos a los muertos, no pueden penetrar hasta el fondo de los sepulcros do duermen sus cenizas; pero la consideracin de que estos aplausos se tributan a su memoria ms all de la tumba, y que la posteridad se encarga de repetirlos para inmortalizarlos en el transcurso de los siglos, es un sentimiento generoso que inflama los corazones, y que debe fomentarse como uno de los principios ms slidos sobre que descansa la felicidad de los pueblos y la gloria de las naciones. Tales son los motivos, que en el triste aniversario de la muerte de Callejas, me hacen romper el silencio que hasta aqu he guardado: y ya que un distinguido militar llor con expresivos acentos la prdida de

PAGE 339

JOS ANTONIO SACO /333 /333 /333 /333 /333 su compaero y amigo, y que el horror de los estragos que desolaron la patria, me oblig a enmudecer en aquellos infaustos das; justo es que yo tambin como pariente y amigo riegue hoy algunas flores sobre su sepulcro, y consagre a su amistad esta pequea ofrenda. En San Luis del Caney, pueblo poco distante de Santiago de Cuba, patria de sus antecesores, naci don Jos Mara Callejas y Anaya el 1 de agosto de 1782. Si despus de haber fenecido su carrera, no hubiese dejado en pos de s un recuerdo durable de las virtudes que le adornaron, quizs entonces cedera yo a una preocupacin tan propia de la vanidad humana como contraria a la filosofa; y buscando en su claro linaje atavos engaosos con que engalanarle, le sacara a figurar en la escena del mundo. Pero los mritos de Callejas no necesitan del ajeno brillo que pudiera darles el nombre de sus ascendientes, y mi pluma consagrada en este da a pagarle una deuda de amistad, se guardar de ofenderle con la alabanza de su alcurnia. Imbuido desde tierna edad en los deberes de un buen ciudadano, conoci que para ser til a su patria, deba elegir alguna carrera. El brillo de las armas que tantas veces deslumbra a la inconsiderada juventud, y que la hace correr en pos de sus banderas, no fue, por cierto, el motivo que indujo a Callejas a seguir la profesin militar. Razones de otro linaje, principios de honor acrisolado, fueron los nicos resortes que movieron su corazn; y empuando la espada, no para verter injustamente la sangre de sus semejantes, sino para sostener sus derechos y asegurar la paz del Estado, sent plaza de cadete en el regimiento 7 de Cantabria el 21 de noviembre de 1797. Embarcose con su cuerpo para Espaa, y entrando en el colegio militar de Zamora, su aprovechamiento e irreprensible conducta le elevaron al grado de subteniente en agosto de 1803. Deseando ensanchar la esfera de sus conocimientos, continu de alumno en aquel colegio, hasta que examinado en el facultativo de artillera de Segovia, y obtenido una honrosa aprobacin, fue promovido en 1805 a teniente de aquel real cuerpo con opcin a la plana mayor facultativa, y con destino a las compaas veteranas de este departamento. Obstculos que no es del caso mencionar, retardaron su embarque para esta Isla; y hallndose todava en la Pennsula cuando las huestes formidables de Napolen invadieron su territorio, vol al instante a las filas del honor, inscribindose entre los valientes defensores de la patria. Pele denodadamente por ella, y los riesgos a que se vio expuesto, fueron en parte recompensados por la Junta Gubernativa de Galicia, que le confiri en septiembre de 1808 el grado de capitn de infantera. Ms necesaria que all su presencia en otros puntos, fue trasladado a la plaza de Cdiz; y ora desempeando comisiones facultativas, ora haciendo otros importantes servicios, fue nombrado en septiembre de 1809 ayudante mayor de la brigada de este departamento. Diose a la vela

PAGE 340

OBRAS 334\ 334\ 334\ 334\ 334\ para su destino en 1810; y despus de su arribo a esta ciudad, sirvi la oficina del detalle del cuerpo hasta el 1 de febrero de 1811, en que ascendi a capitn de la plana mayor facultativa. Al paso que el tiempo transcurra, Callejas se iba colmando de distinciones y honores; pero adquiridos por sus servicios, y no por los ruines medios de la adulacin o el favor. En 1812 reconoci el torren y las bateras de los puertos del Mariel y Bataban; y habiendo levantado los planos de sus nuevas formas, propuso con acierto todo lo necesario para ponerlos en el estado de defensa en que hoy se hallan. En mayo de 1815 obtuvo el grado de teniente coronel de infantera. En noviembre del mismo fue nombrado comandante interino de artillera de Santiago de Cuba; y movido, por una parte, del deseo de desplegar sus talentos en aquel nuevo teatro, y arrastrado, por otra, de los impulsos con que el corazn le llamaba a visitar los patrios lares despus de tan larga ausencia, pas a ocupar inmediatamente el puesto que se le haba confiado. All era de ver el celo y energa con que se entreg al desempeo de sus funciones. Apenas pisara las riberas de aquella ciudad, cuando tiende la vista por todas las dependencias de su destino; y conociendo el abandono en que yacan los puntos ms importantes, se apresura a sacarlos de la msera condicin a que los haba reducido la injuria de los tiempos. Sobre nuevas cureas monta la artillera de los castillos del Morro y Aguadores de aquella ciudad: artilla las bateras de la Estrella y Sardineros; arregla los almacenes de la plaza; corta los abusos que reinaban en ellos; ensea la nueva tctica de infantera a la compaa veterana y de milicias; perfecciona a entrambas en el servicio de can de plaza, en el de mortero y otros ramos facultativos: pone en el ms brillante estado de defensa a los puertos de Baracoa, Cabaas, Manzanillo, y dems de aquella provincia que se hallaban expuestos a ser la burla de los enemigos; introduce por la vez primera las cureas de costa, cuya construccin fue hasta entonces all desconocida: hace, en fin, una muchedumbre de cosas, que, aunque dignas de referir, alargaran demasiado los trminos en que debe encerrarse esta breve necrologa. Ni fueron stos los nicos servicios que prest Callejas durante su residencia en aquel destino. Nombrado vocal de la Junta de Fomento e Industria establecida en Santiago de Cuba el 17 de junio de 1821, manifest en todas las circunstancias el celo que le animaba por la prosperidad y engrandecimiento del pas que le vio nacer, y a ese celo sin duda se debe el utilsimo proyecto que despus se ha realizado de dar direccin a las aguas potables de aquella ciudad. Pero ya es tiempo de que arranquemos para siempre a Callejas de la tierra de sus antepasados, y que trasladndole de una vez a La Habana, sigamos ms de cerca todos los pasos de su carrera hasta verle hundir en el sepulcro. Restituido, por fin, a esta capital, no ces jams de ocuparse en el adelantamiento de su profesin, y sus esclarecidos servicios le granjea-

PAGE 341

JOS ANTONIO SACO /335 /335 /335 /335 /335 ron en octubre de 1823 el empleo de teniente coronel de artillera. La importancia del castillo de San Juan de Ula, ltimo punto a donde se retiraron las armas espaolas que por tres siglos haban dominado el imperio de Moctezuma, reclamaba la presencia de un oficial como Callejas; y destinado a mandar la artillera, se embarc en diciembre de 1824. Todos saben los tristes sucesos de aquella poca memorable, y nadie ignora, que despus de un dilatado bloqueo, y de haber luchado el valor espaol con los horrores del hambre y de la peste, cay al fin aquella fortaleza bajo las garras del guila mejicana. Once meses de privaciones y trabajos quebrantaron la salud de Callejas; pero la quebrantaron en tanto grado, que se vio en la dura necesidad de permanecer por algn tiempo en Veracruz, hasta que restablecido de sus males, pudo volver al seno de su angustiada familia. Ya por entonces adornaban su pecho las cruces de San Hermenegildo y de Isabel la Catlica; y los insignes servicios que tan heroicamente acaba de hacer en aquel castillo, no menos desgraciado que glorioso, fueron algn tanto remunerados con la cruz de segunda clase de San Fernando. Aunque debilitada su constitucin con las semillas de la enfermedad que all contrajo, jams se entibiaron ni su celo ni su constancia. Continuando con honor en su carrera, alcanz en octubre de 1830, el grado de coronel de infantera: en julio de 1832, se encarg por real orden del mando interino de la brigada de este departamento; y en febrero de 1833, ya en vsperas de morir, se le confirm la comandancia en propiedad. Mas, se creer que aqu termina el catlogo de sus merecimientos? No, por cierto: que si ya le vimos sereno y alentado en medio del estruendo del can y del furor de los combates; tambin se nos presenta ahora trocando la espada por la pluma, y discurriendo tranquilo en el bufete sobre objetos tan varios como tiles a la patria. Regstrense los peridicos de esta ciudad, y en los diarios de julio de 1811, se encontrar el luminoso discurso sobre la utilidad del estudio de los jvenes militares y sobre un nuevo establecimiento militar. Poco despus public unas observaciones muy juiciosas sobre la introduccin de la nueva tctica en esta Isla, y deshizo los reparos que siempre se levantan contra todo gnero de novedad, por ventajosa que sea. Ms adelante consagr sus tareas a la explicacin de las lminas del primer artculo correspondiente al tratado de Morla. En tiempos sucesivos form el proyecto de un Diccionario de artillera, y excitado por la invitacin que el Supremo Gobierno hizo a todos los inteligentes de la nacin, para que concurriesen con sus luces al proyecto del arreglo del ejrcito, elev sus ideas al Ministerio de la Guerra, en 30 de noviembre de 1820. Durante su residencia en Santiago de Cuba, hizo sobre la calidad del cobre y la resistencia de las maderas de esta Isla, una serie de experimentos tan acertados como sencillos, y cuya utilidad es tan clara, que yo malgastara el tiempo detenindome a recomendarlos. En

PAGE 342

OBRAS 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ 1824 insiste en el deseo de que se estableciese un colegio militar en las islas de Cuba y Puerto Rico. Los cohetes a la Congreve, acerca de los cuales hicieron los disidentes mejicanos algunos ensayos en Veracruz, llamaron al punto el talento observador de Callejas, y nombrado por el seor subinspector de artillera para hacer algunas pruebas sobre tan incendiarios proyectiles, present un consorcio de un benemrito jefe y de un hbil oficial del ramo, una Memoria que fue altamente aprobada. La Sociedad Econmica de La Habana, deseando aprovecharse de sus conocimientos, le incluye en el nmero de sus miembros; y si las rectas intenciones bastasen siempre para producir el bien, ninguno por cierto se hubiera presentado en mejores ttulos en aquella asamblea patritica. Asiste despus a la formacin de la estadstica cubana con los vastos conocimientos que le haban proporcionado sus largas observaciones en diversos puntos de la Isla, y con la muchedumbre de noticias importantes, que sac del polvo de los archivos de Santiago de Cuba, donde estaban sepultadas desde fines del pasado siglo. La Junta de Fomento e Industria de aquella ciudad se enriquece con sus ilustradas y patriticas producciones. Tambin reforma los equivocados planos de ella y de esta capital. Acomete, en fin, la grande obra del Diccionario enciclopdico militar, que con 19 lminas exactamente delineadas, ocup los ltimos cuatro aos de su laboriosa vida; pero antes de llevar al cabo tan importante trabajo, la muerte le sorprendi, desbaratando sus proyectos, y frustrando las esperanzas de sus compaeros y amigos. Si de la vida pblica en que por tantos aos figur, pasamos a contemplarle en sus relaciones domsticas, encontraremos un modelo digno de ser imitado. Su conducta jams se apart de las mximas que prescribe la santa moral de Jess. Constante y tierno con su adorada esposa, mostr en todos tiempos la mayor solicitud por labrar su felicidad. Digno padre de diez hijos, los amaba con aquel cario que la naturaleza sabe inspirar en los corazones sensibles, y queriendo legarles despus de sus das el indestructible patrimonio de las virtudes, cifr todo su empeo en dar a la patria ciudadanos honrados y buenas madres de familia. La muerte vino a privarle del consuelo de ver coronados sus deseos, y precipitndole en el sepulcro junto con las vctimas que a centenares devoraba entonces la plaga asoladora, su alma vol a descansar en el seno de la eternidad, dejndonos ac en la tierra los despojos mortales que la cubran. Venid, esposa desventurada, prendas queridas del corazn de Callejas, venid todas a llorar sobre estos restos preciosos; venid a cumplir con la triste ceremonia que vuestro dolor os impone en este da; y despus de haber regado con nuestro llanto la losa de su sepulcro, permitid que mis lgrimas se mezclen con las vuestras, y que aceptando la fnebre recordacin que hoy consagro a su memoria, os consolis con saber, que vuestro esposo y vuestro padre vive y vivir en los anales de la patria y en el corazn de sus amigos.

PAGE 343

SOCIED SOCIED SOCIED SOCIED SOCIED AD FILARM"NIC AD FILARM"NIC AD FILARM"NIC AD FILARM"NIC AD FILARM"NIC A A A A APor complacer a una seora de mi amistad publiqu el siguiente articulillo, en el Diario de la Habana del 4 de abril de 1834. Quejas de un socio de la Sociedad FilarmnicaCreo que nadie me disputar el derecho que tengo para reclamar justicia; pero despojndome de estos ttulos, quiero que solamente se me escuche en el suave acento de las quejas. Qujome de la msica que siempre ha tocado desde el primero hasta el ltimo baile de la Sociedad. Seoras y caballeros se lamentan amargamente de la mala ejecucin de sus piezas; pero cul es la medida que se ha tomado para complacerlos? Ulpiano y siempre Ulpiano. Ya que la msica se paga con el dinero de los socios, debe consultarse al gusto de ellos; y si una no les agrada, que se busque otra; y si ni sta tampoco, que venga otra y otra hasta que al fin queden complacidos, o por lo menos se vea, que los seores directores han hecho cuanto de su parte est para remover fundadas quejas. Qujome del mal suelo de la sala de baile, porque se levanta un polvillo colorado, que siendo un principio de desaseo, perjudica la salud, y mucho ms todava a los zapatos y medias de las seoras que danzan. En toda sala destinada a bailar, lo primero que debe hacerse es preparar el piso del modo ms conveniente; y no deja de ser bien reparable, que cuando se han invertido centenares y hasta quizs millares de pesos en balcones de hierro y otras obras que nada importan a los socios, el piso de la sala del baile permanezca en tan deplorable estado, y tanto ms deplorable, cuanto los bailes son la principal, sino la nica diversin que hasta ahora ha proporcionado esa casa. Si pues existen fondos considerables, constryase desde luego un buen piso de caoba o de otra noble madera, que reuniendo la duracin a la hermosura, sea digno de las bellezas que en aquel estrado se presentan. Qujome de que, no habiendo podido darse bailes durante los meses en que nos afligi la terrible epidemia que hemos pasado, y ddose sola-

PAGE 344

OBRAS 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ mente uno desde que empez el luto nacional, cuya duracin se ha de prolongar hasta junio, qujome, repito, de que no se haya dado, ni menos trate de darse, un solo concierto, o de proporcionar a los socios alguna recreacin compatible con las actuales circunstancias. Qujome de que en ese ltimo baile, a pesar del largo tiempo transcurrido sin que hubisemos tenido otro, a pesar de los fondos considerables que deben existir, y a pesar de hallarnos en aquellos das celebrando la proclamacin de la Augusta Isabel II, no se hubiese brindado ni aun a las seoras un refresco o un suspiro. No nos qued, pues, ms recurso, que aguantarnos a palo seco, o navegar comprando el viento. Qujome de que, debiendo invertirse parte de la suscripcin en los bailes que mensualmente haban de darse, y no habiendo podido verificarse, ni tampoco sustituido ninguna diversin equivalente, se haya cobrado, se cobre y siga cobrando ntegra la suscripcin como si efectivamente se dieran las funciones que no se dan. As sucedi durante los meses del clera, y as est sucediendo con el luto, y parece que suceder hasta que acabe. Yo creo, que bien pudo haberse adoptado alguno de estos dos partidos: o rebajar la suscripcin, limitndola a la cantidad precisa para el sostenimiento de la Sociedad, y luego que cesaran las causas de esta medida, elevar de nuevo la suscripcin a su precio primitivo; o supuesto que antes del luto existan ya fondos cuantiosos, haber eximido enteramente a los socios del pago de la suscripcin; pues para estos y otros casos debe servir el dinero con que han contribuido los miembros de la Sociedad. Qujome, en fin, de que contando ya sta 18 meses de existencia, no se haya dado a los socios ninguna noticia del estado de los fondos. A los que leyeren estas quejas, rugoles encarecidamente que no perviertan el sentido de mis palabras. Satisfecho y muy satisfecho de las personas que manejan los caudales de la Sociedad Filarmnica, me complazco en tributarles pblicamente el homenaje debido a su integridad y pureza; pero estas bellas cualidades que los adornan, jams podrn relevarlos de la deferencia y consideracin que se debe a los socios que tan generosamente depositaron en ellos su confianza.

PAGE 345

RUINAS DEL PALENQUE EN LA AMRIC RUINAS DEL PALENQUE EN LA AMRIC RUINAS DEL PALENQUE EN LA AMRIC RUINAS DEL PALENQUE EN LA AMRIC RUINAS DEL PALENQUE EN LA AMRIC A CENTRAL A CENTRAL A CENTRAL A CENTRAL A CENTRALEn las noticias y variedades cientficas y literarias de la Revista Bimestre Cubana perteneciente a enero de 1834, publiqu un corto artculo sobre las ruinas del Palenque Ahora lo reimprimo, refundido, con las adiciones que me sugiri en 1856 la lectura de los manuscritos que acerca de ellas se conservan en la riqusima biblioteca del Museo Britnico de Londres. Alguna idea tenamos ya de estas clebres ruinas por los informes que nos haban dado algunos hijos de Guatemala; y las noticias que se comunicaron al Liceo de Historia Natural de Nueva York el 23 de septiembre de 1833, son dignas de la atencin de los hijos del Nuevo Mundo. El doctor don Francisco Corroy, vecino de Tabasco, en su tercera carta al doctor Akerly de Nueva York, fecha 30 de noviembre de 1832, escribe lo siguiente: “Yo estaba en el Palenque en mi tercera visita, explorando estas ruinas admirables, cuando el 21 de julio de 1832 recib su carta de marzo... Es imposible dar a usted en una carta los pormenores de las cosas tan maravillosas, descubiertas en esta ciudad arruinada. Por ahora, solamente puedo decir a usted, que desde septiembre de 1819 hasta fines de octubre de 1832 he estado trabajando constantemente en recoger los materiales y en preparar una obra que he de publicar. Los materiales son abundantes, y formarn dos volmenes en forma de cartas, que dedico a usted, y cuyo homenaje le suplico se sirva aceptar. Ni don Antonio del Ro ni ningn otro ha dado una descripcin de estas ruinas como la que yo tengo... Poseo muchos dolos, y algunos de ellos estn formados de tierra cocida, otros de piedra, uno de una materia que se supone ser petrificacin de jaspe o de mrmol, y otro de oro, pero desgraciadamente para m, su valor es solamente de cuatro pesos. ”Tengo tambin un plano del palacio principal de las ruinas, el cual es ms grande que las Tulleras de Pars”. El doctor Corroy cree, que las tribus que habitaron esas ruinas, se componan de fenicios, egipcios, griegos, rabes, chinos y otros asiti-

PAGE 346

OBRAS 340\ 340\ 340\ 340\ 340\ cos. Cuales sean los fundamentos de esta creencia, ni Corroy los supone, ni en esta breve noticia hay tiempo para examinarlos. El Palenque est situado en la provincia de Chiapa en una llanura elevada, y sus ruinas son de una gran ciudad construida de piedra, y que yace bajo un espeso bosque. Se ignora el nombre antiguo de esta ciudad; pero los escritores y nuevos habitantes del pas la llaman Ruinas del Palenque cuya denominacin se deriva de un establecimiento cercano. El doctor don Pablo Flix Cabrera, natural de Guatemala, se ha empeado en probar que el nombre antiguo de esa ciudad era Huchuett-Tapallan ; y el profesor Rafinesque, que tambin ha examinado sus ruinas, la llama Otulum cuyo nombre todava se da a un arroyo que corre en aquellas inmediaciones. No es de ahora que el Palenque ha sido objeto de la ms laudable curiosidad. Luego que el seor Estachera, capitn general de Guatemala, tuvo en 1875 noticia del descubrimiento de las ruinas cerca del pueblo del Palenque, mand reconocerlas; y concluido que fue este trabajo, lo elev al gobierno de S.M. El marqus de Sonora, en carta fecha en el Pardo a 1 de marzo de 1786, dijo a don Juan Bautista Muoz, que el Presidente de Guatemala en cartas de 13 de febrero y 26 de agosto de 1785 haba dado cuenta de haberse descubierto en la provincia de Ciudad Real de Chiapa las ruinas de una gran ciudad, acompaando el expediente original con cuatro planos relativos al citado descubrimiento, los cuales l remita a Muoz por orden del rey, para que en su vista informase lo que juzgase conveniente.1El 7 de marzo del mismo ao de 1786 extendi Muoz su informe, del que se conserva una copia en la preciosa coleccin de manuscritos del Museo Britnico de Londres;2 y en l dice: que los reconocimientos hechos por el teniente Caldern y el arquitecto Bernasconi son de alguna utilidad: que por esas ruinas se pueden averiguar los orgenes y la historia de los pueblos americanos: que ellas demuestran la veracidad de los conquistadores e historiadores primitivos espaoles en orden a los edificios hallados en Nueva Espaa y sus cercanas, especialmente en la parte meridional: que no es improbable, que aquella ciudad fuese la capital de una gran potencia algunos siglos antes de la conquista: que en la provincia de Yucatn se encontraron tambin ruinas de grandes edificios, cubiertas de tierra, y sosteniendo rboles de maravillosa grandeza: que entre los zapotecas, al occidente de Chiapa, se hall an en pie el gran pueblo de Mixtlan, cuyo templo aventajaba en arquitectura 1Museo Britnico M.S. Vol. Descubrimientos en el pueblo del Palenque N. 17 571 —Plut. CXCVIII-C. 2Museo Britnico M.S. Vol. 17 571, intitulado Descubrimientos, etc —Plut. CXCVIII-C.

PAGE 347

JOS ANTONIO SACO /341 /341 /341 /341 /341 al de Mjico, y que hacia el oriente, a poco de entrar en la provincia de Honduras, se hallaron vestigios de otra gran poblacin con soberbios edificios, adornados de estatuas y relieves muy parecidos a los que ahora se han descubierto, segn consta de la relacin que de aquello hizo en 1576 el licenciado Palacio, oidor de Guatemala.3A consecuencia del informe de Muoz, se mand por Real Orden de 15 de marzo de 1786, que se hiciese nuevo reconocimiento; y para verificarlo, nombr Estachera en 1787 al capitn de artillera don Antonio del Ro, quien empez sus trabajos el 6 de mayo de aquel ao. Terminados que fueron, present su informe, y el doctor Cabrera, en el comentario que le puso, se expresa as: “Antonio del Ro, capitn de artillera; fue enviado, en virtud de una orden de S.M. Carlos II, fecha 15 de marzo de 1786, por S.E. don Jos Estachera, capitn general de Guatemala, y examinar las ruinas de una ciudad de muy grande extensin y antigedad, cuyo nombre se ignoraba, y que se haba descubierto en las cercanas del Palenque, distrito del Carmen, frente a Chiapa; y en ella encontr edificios magnficos, templos, torres, acueductos, estatuas, jeroglficos, y caracteres desconocidos que han resistido la injuria del tiempo y el transcurso de los siglos, y de los cuales sac muchos planos y dibujos”. El informe de Del Ro se tradujo del espaol al ingls junto con el comentario de Cabrera, y ambos se imprimieron en Londres en 1822. Desde entonces, los sabios de Europa desearon adquirir ms noticias acerca de estas ruinas; la Sociedad Geogrfica de Pars ofreci un premio de 4 000 francos a la mejor relacin que de ellas se presentase; y en estos ltimos aos se han publicado obras interesantes sobre tan curiosos descubrimientos. Ni son stas las nicas ruinas que se encuentran en aquellas regiones de la Amrica. Las que existen en Yucatn se llaman Casas-Piedras ; y a 20 leguas al Sur de la ciudad de Mrida se hallan varios de estos edificios de piedras, de los cuales, sin duda tuvo noticias Del Ro, cuando dice: “Uno muy grande ha resistido la injuria del tiempo, y aun se conserva en buen estado: los naturales le dan el nombre de Oxmutal Est situado en una eminencia de 20 varas de altura, y tiene 200 en cada frente. Los aposentos, el corredor exterior, las columnas con figuras de medio relieve, y decoradas con serpientes, lagartos, etc., son de estuco, y detrs de ellas hay estatuas de hombres con palmas en las manos en el acto de tocar tambores y de danzar, asemejndose en todo a las que se observan en los edificios del Palenque”. Estas y otras ruinas, al Este y al Oeste del Palenque, indican la existencia y destruccin de un pueblo, que levant y habit estos edificios 3Despus de este artculo imprimir la relacin de Santiago Palacio.

PAGE 348

OBRAS 342\ 342\ 342\ 342\ 342\ de piedra mucho tiempo antes del descubrimiento de Coln, pues cuando los espaoles conquistaron aquella parte del Nuevo Mundo, vieron que algunos de sus edificios todava no arruinados, estaban habitados por hombres, que ni los construyeron, ni menos saban dar razn del pueblo que los levant y adorn, ni de la poca de su construccin. El padre Roca, en carta que el 27 de noviembre de 1793 escribi de Guatemala a don Miguel Jos de San Juan, le repite las palabras que pronunci don Fernando Gmez de Andrade cuando visit las ruinas del Palenque. “Son fbricas de mucha solidez, de mucho arte, y que manifiestan peinar muchas ms canas que la situacin de estos que llamamos naturales en estas tierras; porque hay bveda de edificio, donde se ha criado cedro, que dos hombres no pueden abarcar su tronco”.

PAGE 349

RUINAS DEL COPN RUINAS DEL COPN RUINAS DEL COPN RUINAS DEL COPN RUINAS DEL COPNCarta del licenciado Palacio a Felipe II, escrita en Guatemala el 8 de marzo de 15761En el primer lugar de la provincia de Honduras, que se llama Copn, estn unas ruinas y vestigio de gran poblacin de soberbios edificio de tanto arte, y suntuosidad: es ribera de un hermoso ro, tan brbaro ingenio como tienen los naturales de aquella provincia, edificio de tanta arte i suntuosidad: es ribera de un hermoso ro i en unos campos bien situados i estendidos, tierra de mediano temple, harta de fertilidad, e de mucha caza e pesca. En las ruinas dichas hay montes que parecen haver sido fechos a manos, i en ellos muchas cosas de notar. Antes de llegar a ellos, est seal de paredes gruesas, i una piedra grandisima en figura de guila, y fecho en su pecho un quadro de largo de una vara, i en l ciertas letras que no se sabe que sean. Llegados a las ruinas, est otra piedra en figura de gigante, dicen los indios antiguos que era la guarda de aquel santuario: entrando en l se hall una cruz de piedra de tres palmos de alto con un brazo quebrado. Ms adelante van ciertas ruinas i algunas piedras en ellas labradas con harto primor; y est una estatua grande de ms de cuatro varas de alto labrada como un obispo vestido de pontifical con su mitra bien labrada i anillos en las manos. Junto a ella est una plaza muy bien fecha con sus gradas a la forma que escriven del Coliseo romano, i por algunas partes tiene 80 gradas, enlosada i labrada por cierto en parte de mui buena piedra e con harto primor: estn en ella seis estatuas grandsimas, las tres de hombres armados a lo mosaico con ligagambas e sembradas muchos labores por las armas; i las otras dos de mugeres con buen ropage largo, i tocaduras a lo romano; la otra es de obispo que parece tener en las manos un bulto como cofrecito: devan de ser dolos, porque delante de 1Esta carta es copia de la que existe en la Coleccin de Manuscritos de la Biblioteca del Museo Britnico.

PAGE 350

OBRAS 344\ 344\ 344\ 344\ 344\ cada una de ellas hava una piedra grande que tena fecha una pileta con su sumidero donde degollavan los sacrificados corra la sangre: tambin tenan sendas cazolejas donde sacrificaban con sus sahumerios, i en medio de la plaza hava otra pila mayor que parece de bautizar, donde ansimesmo devan de hacer en comn sus sacrificios. Pasada esta plaza se sube por muchas gradas a un promontorio alto que deva de ser donde hacan sus mitotes i rictos: parece fue hecho i labrado con mucha curiosidad, porque aun siempre se hallan all piedras mui bien labradas. A un lado de este edificio aparece una torre o terrepleno alto que cae sobre el ro que por all pasa; hace cado i derrumbado un gran pedazo, i en lo cado se descubrieron dos cuevas debajo del dicho edificio mui largas y angostas, i fechas con harta curiosidad: no he podido averiguar de que servan i para que se hicieron: hai una escalera que baja hasta el ro por muchas gradas; i sin lo dicho muchas cosas que demuestran haver havido all gran poder e concurso de hombres e pulica, i mediana arte en la obra de aquellas figuras i edeficios. He procurado con el cuidado posible saber por la memoria derivada de los antiguos, qu gente vivi all, e qu saben y oyeron de sus antepasados: no he hallado libros de sus antigedades, ni creo que en todo este destricto hai ms que uno que yo tengo: dicen que antiguamente hava venido all i fecho aquellos edeficios un gran seor de la provincia de Yucatn, a que al cabo de algunos aos se bolvi a su tierra e lo dej solo e despoblado; i esto parece que de las patraas que cuentan es la ms cierta, porque por la memoria dicha parece que antiguamente gente de Yucatn, conquist y subjet las provincias de Ayajal, Lacander, Verapaz i la tierra de Chiquimula i esta de Copn i ansi la lengua Apai que aqu hablan, corre y se entiende en Yucatn i las provincias dichas. Y ansi mesmo parece que el arte de los dichos edeficios es como la que hallaron en otro los espaoles y que primeramente descubrieron la de Yucatn a Tabasco, donde hubo figuras de obispos, hombres armados, i cruces, i pues en ninguna parte se ha hallado tal si no es en estos lugares dichos: parece que se puede creer que fueron de una nacin los que hicieron lo uno y lo otro.

PAGE 351

TTULO DEL PRIMER LIBRO EN QUE EL NUEV TTULO DEL PRIMER LIBRO EN QUE EL NUEV TTULO DEL PRIMER LIBRO EN QUE EL NUEV TTULO DEL PRIMER LIBRO EN QUE EL NUEV TTULO DEL PRIMER LIBRO EN QUE EL NUEV O O O O O MUNDO SE DIO EL NOMBRE DE AMRIC MUNDO SE DIO EL NOMBRE DE AMRIC MUNDO SE DIO EL NOMBRE DE AMRIC MUNDO SE DIO EL NOMBRE DE AMRIC MUNDO SE DIO EL NOMBRE DE AMRIC A A A A AIlacmilo (Martin), seudnimo por Waldsemller Cosmograpioe introductio, cum quibusdam geometrioe ac astronomic principiis, ad eam rem necessariis.—Insuper quatuor Americi Vespucci navigatones (Introduccin a la cosmografia, con algunos principios de geometra y astronoma, necesarios para ella.— Adems, las cuatro navegaciones de Americo Vespucio.) Este libro se dio a luz en Saint Di ( oppido divi Deodati ), en el ao de 1507.1 1Saint Di es una ciudad de Francia que se halla en el departamento de Vosges.

PAGE 352

SOBRE SAL SOBRE SAL SOBRE SAL SOBRE SAL SOBRE SAL UDOS UDOS UDOS UDOS UDOS AL CASTILIO NUEV AL CASTILIO NUEV AL CASTILIO NUEV AL CASTILIO NUEV AL CASTILIO NUEV O O O O O DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANA DE LA HABANALa copia de la siguiente Real Cdula, expedida en el Pardo a 13 de julio de 1579, la saqu de la biblioteca de la Academia de la Historia de Madrid. El Rey. Por cuanto Nos hemos mandado hacer una fortaleza en la villa de La Habana en la isla de Cuba para la defensa y seguridad, e que sean amparados, y defendidos de corsarios los navos que surtieren en aquel puerto, es nuestra voluntad, que las naos, flotas y armadas, que en l entraren, guarden en el hacer las salvas la orden siguiente. Primeramente, que todos los navos que vinieren de alta mar para entrar en el dicho puerto sean obligados a tirar dos tiros en llegando al Morro de la Atalaya, para que se entienda que son amigos, y entrando dentro del puerto hagan salva cuando llegaren a la fortaleza con otras tres piezas, y si no trajeren artillera, hagan humada guindamaina en la tela de gavia mayor, la una vez llegando al Morro descubriendo la fortaleza, y otra vez en emparejando con la fortaleza. tem, que ningn navo, ni vaxel sea osado de entrar por el puerto de noche, ni salir del puerto sin surgir fuera de la boca del puerto, y enviar la barca a dar aviso a la fortaleza qu navo es, de dnde viene; y si entrare o saliere de noche, incurra en pena de 30 ducados, e que la fortaleza pueda abatir con las piezas, que quisiere, e sea a su dao. tem, que si fuere armada real, que la Capitana en llegando al Morro de la Atalaya ya tire un pieza, en cuando llegare a la fortaleza tire tres piezas: e la fortaleza salude otras tres; y si fuere flota, la Capitana llegando al Morro de la villa tire dos piezas, y llegando a la fortaleza tire tres piezas; y la fortaleza le salude con dos. tem, que ningn navo solo, ni en flota, ni en armada, no surja, ni eche ancla para quedar desde la fortaleza hasta el Morro de la vela; sino que todos pasen desde la fortaleza para la baha dentro del puerto, e dejen vaco e descombrado toda la mar del puerto, desde la fortaleza a la boca para que pueda la fortaleza guardar los navos que estuvieren dentro del puerto, e batir, e echar en fondo los corsarios, que entraren

PAGE 353

JOS ANTONIO SACO /347 /347 /347 /347 /347 por el puerto a dentro: porque si surgen los navos hasta la boca del puerto no podra la fortaleza, teniendo los navos delante, hacer dao a los que entraren, sin dar a los que all estuviesen surtos. Y esto se guarde infaliblemente, so la pena, que le pusieren, para reparos, y municiones de la fortaleza; al que fuere inobediente la fortaleza le tire a los rboles. tem, que al salir del puerto los dichos navos saluden a la fortaleza a lo menos con dos piezas, y los capitanes hagan lo mismo: salva al mar, y al salir, y la fortaleza a ellos. tem, todos los cables, anclas, mstiles, palos, maderas, que quedaren perdidos en el puerto, as en la mar, como en la tierra, y el navo o navos que se fueren, o lo dejaren perdidos: que la fortaleza lo pueda recoger, e sacar a su costa, o sea de la dicha fortaleza, para reparos de ella. E para que lo susodicho sea pblico, y notorio, e se guarde, y cumpla, como se contiene en esta nuestra Cdula, mandamos, que sea pregonada en la ciudad de Sevilla, y la villa de La Havana, y en los dems puertos de las nuestras Indias, para que ningn general, capitn, ni almirante de los navos de nuestra armada, e flotas, ni de otro ningn navo que navegare para aquellas costas pueda dello pretender de ignorancia. Fecha en el Pardo a 13 de julio de 1579 aos.—Yo el Rey —Por mandato de su Majestad.—Antonio de Erazo.

PAGE 354

MILICIAS EN CUBA MILICIAS EN CUBA MILICIAS EN CUBA MILICIAS EN CUBA MILICIAS EN CUBAReglamento para la guarnicin de La Habana, castillos y fuertes de su jurisdiccin.—De orden de S.M., Madrid. En la imprenta de Juan de Ariztia. Ao de 1719. Folio de 26 pginasPor este reglamento se trat de regularizar el servicio de la plaza de La Habana, los castillos y fuertes de su jurisdiccin. Se dispuso, que la guarnicin se compusiere de un batalln de siete compaas de infantera, inclusa una de granaderos, ms, una de caballos y otra de artilleros, con los oficiales de estado mayor competentes. El artculo 12 dispone que, por la dificultad que hay en obtenerse reclutas, se permite, que en cada compaa de infantera y de artilleros, haya 20 soldados, hijos de la Isla, que sean descendientes de Espaa, con la calidad de ser solteros, sin oficio, y que vivan en el cuartel. Este Reglamento se conserva en Madrid, en la biblioteca de la Academia de la Historia, estante 4, gr. 3, D. no. 88. En el tomo XIX, pgina 273, de la Miscelnea Coleccin de Ayala existente en la biblioteca particular de S.M. la reina de Espaa, se halla tambin un manuscrito en cinco fojas en folio, cuyo asunto es el siguiente: “Relaciones de los gneros, calidad, divisa, y colores de los uniformes de los oficiales y soldados de todos los cuerpos y tropas de infantera, caballera, dragones, y milicias de la isla de Cuba y plaza de La Habana, y respectivos valores que se han calculado tienen por clases: formadas, la una por el inspector de las mismas tropas don Juan Dabau; y la otra por el comandante de artillera don Vicente Garcini; y remitidas por el Gobernador y el capitn general don Diego Jos Navarro en cumplimiento de Real Orden de 1 de mayo de 1779”.

PAGE 355

EL OBISPO MOREL Y LA COLECCI"N DE AY EL OBISPO MOREL Y LA COLECCI"N DE AY EL OBISPO MOREL Y LA COLECCI"N DE AY EL OBISPO MOREL Y LA COLECCI"N DE AY EL OBISPO MOREL Y LA COLECCI"N DE AY ALA ALA ALA ALA ALARelacin, en 1757 de la visita eclesistica de la ciudad de La Habana y su partido en la isla de Cuba, hecha y remitida a S.M.C. (que Dios guarde) en su Real y Supremo Consejo de las Indias, por el doctor don Pedro Agustn Morel de Santa Cruz, obispo de la Santa Iglesia Catedral de la ciudad de Santiago ed la misma isla. Manuscrito1A pesar de mis esfuerzos, nunca pude ver en Madrid el original de esta Relacin que existiera en el archivo de la Secretara del Consejo de Indias; ni tampoco la copia que sac de ella para su Coleccin en 1729, don Manuel Jos de Ayala, del dicho Consejo, la cual se halla en el tomo 2 de su Miscelnea y comprende desde la pgina 16, hasta la 71. Esta Coleccin se compone de 52 tomos en folio, comprehensivos de discursos, descripciones, derroteros, proyectos, etc. Hay adems 88 tomos en folio grueso de reales cdulas, decretos, rdenes, reglamentos, oficios, consultas, y pareceres. Esta preciosa Coleccin para hoy, o por lo menos, pocos aos ha, en la biblioteca particular de la Reina, en su palacio de Madrid, bajo la jurisdiccin del Mayordomo de dicho palacio, siendo entonces bibliotecario el presbtero don Miguel Salv. El mismo Ayala “puso 4 500 notas en las 6 251 Leyes y 191 autos acordados, que contienen los 4 tomos de la Recopilacin de Indias acerca del origen o motivo de su establecimiento, ampliacin, restriccin o derogacin e inteligencia de dudas consultadas; corrigi los anacronismos de sus citas marginales; explic las voces con que estn vestidas algunas leyes que no se hallan en los diccionarios; y aadi la concordancia con las de Castilla, partida, fuero, y ordenamiento, y con las ordenanzas del ejrcito y armada: de modo, que esta obra es la historia de la legislacin indiana”. 1La vida del obispo Morel se public en las Memorias de la Sociedad Econmica de La Habana, en el nmero perteneciente a mayo de 1847.

PAGE 356

OBRAS 350\ 350\ 350\ 350\ 350\ Este trabajo lo hizo Ayala sobre un ejemplar de las Leyes de Indias de la edicin de 1774, divididos los cuatro tomos en ocho volmenes. Este ejemplar nico cost en Madrid 100 pesos, en enero de 1848, al siempre memorable cubano don Domingo del Monte, quien poco antes de su muerte lo regal al seor don Bernardo de la Torre.

PAGE 357

EL TERREMOTO DE 1766 EN SANTIAGO DE CUBA, EL TERREMOTO DE 1766 EN SANTIAGO DE CUBA, EL TERREMOTO DE 1766 EN SANTIAGO DE CUBA, EL TERREMOTO DE 1766 EN SANTIAGO DE CUBA, EL TERREMOTO DE 1766 EN SANTIAGO DE CUBA, Y LA P Y LA P Y LA P Y LA P Y LA P ASTORAL DEL OBISPO MOREL ASTORAL DEL OBISPO MOREL ASTORAL DEL OBISPO MOREL ASTORAL DEL OBISPO MOREL ASTORAL DEL OBISPO MORELHe aqu el ttulo de este documento: Carta pastoral del Illmo. Sor. Obispo de Cuba a su dicesis, con motivo del terremoto acaecido en la ciudad de Santiago, y lugares adyacentes En el ao de 1766 Con licencia. Impresa en la Havana, en la imprenta del Cmputo Eclesistico. Cuaderno en 4 de 11 pginas. Fue autor de esta Pastoral el obispo doctor D. Pedro Agustn Morel de Sta. Cruz. Como documento histrico revela este papel varios hechos de importancia para el conocimiento ntimo de su poca. En primer lugar, es una de las raras muestras que nos quedan del arte tipogrfico en aquel tiempo en Cuba; y nos descubre la existencia de otra imprenta en La Habana, fuera de la de la Capitana General. Adems, en la Pastoral se indica el da en que aconteci el terremoto de Santiago de Cuba que fue la noche del 11 de junio, con las circunstancias de extenderse a la villa de Bayamo y dems lugares de su jurisdiccin: la catstrofe fue horrorosa, pues en pocos momentos redujo a un montn de ruinas muchos edificios, y caus algunas muertes. Algunos creen que las ltimas vibraciones del terremoto se extendieron hasta La Habana. De las fervorosas declamaciones del venerable Prelado contra los pecados reinantes en aquellos tiempos, puede barruntarse el estado de las costumbres, y el espritu de la sociedad que alcanzaron nuestros abuelos; pero en grave error incurriramos, si tomsemos a la letra las exageraciones de la Pastoral, arrancadas sin duda por el terror que aquella catstrofe haba infundido en todas las almas. “La funesta irrupcin de los ingleses (dice S. Illma.) que padecimos en el ao de 62, con ser as que se ven todava las manchas de la sangre derramada, y se mantienen abiertas las llagas hechas en el corazn de este pblico; con todo no se encuentran en l seales algunas de su reforma. Podr ser que los vicios decretasen alguna suspensin de armas al tiempo que los viciosos las tenan en las manos para disputar su vida y su fortuna. Pero no es as; que ste fue un breve parntesis, que pare-

PAGE 358

OBRAS 352\ 352\ 352\ 352\ 352\ ce sirvi ms bien de reposo a una maldad ya cansada, para volver con mayor mpetu a sus antiguos desrdenes... La pompa, el lujo, las galas y dems superfluidades del adorno exterior, se mantienen en todo su punto, aun cuando desangrados los caudales, apenas pueden suministrar lo necesario. Con el pretexto de moda, se canonizan todas las profanidades de los trajes, de suerte que ya no se sabe que decencia christiana es esta en que va cabiendo cuanto la vanidad inventa de telas, alhajas, colgaduras, carrozas, etc. Y lo ms lamentable es que no slo los ricos visten prpura y comen esplndidamente como el del Evangelio, sino que los empeados, los quebrados y aun los pobres tienen a menos valer, que otro les aventaje en el brillo del hbito y la simetra de las mesas. ”El espritu de disensin que engrendra los litigios, las rias y los odios, de que abunda esta ciudad, tan lejos est de enflaquecerse que ms bien se ha recrudecido, y saca la cabeza triunfante, en medio de tantos males que nos cercan. Todos los das se ven nacer nuevos pleitos, y levantarse facciones dentro de las familias hasta armarse los hijos contra los padres, romperse los lazos de la fraternidad, y aflojarse los del santo matrimonio, abusando, para todo esto de las acciones y derechos que nos conceden las leyes santas, para reprimir los verdaderos desrdenes, y redimirse los inocentes de las opresiones de la injusticia. El poderoso chupa la sangre del pobre, se engrosa con el sudor de su frente, se hace fuerte con sus jornales, falta a la fe de los contrarios, traspasa el trmino de los plazos, extuerce unas usuras desmedidas, y nada perdona por apagar una infame sed del oro, y todo lo logra impunemente con mantener unos pleitos de por vida, de que no se desenvuelven los nietos. Los pobres, acosados de semejantes tiranas, se entregan al ocio, y no trabajan, sino es en vencer sus necesidades con los hurtos, las rapias, contemplaciones criminales y juramentos falsos; y en vez de acudir a Dios por el socorro, lo hacen insensibles a sus clamores por la impaciencia con que los levantan y la impuridad del corazn de donde salen. De la incontinencia no hay que decir, sino que parece que se han franqueado las puertas a la disolucin, y que se ha roto de una vez aquella barrera, que tiene levantada entre los dos sexos las leyes naturales del pudor, las civiles de la honra, y las divinas de la honestidad. El galanteo, el cortejo, las conversaciones amorosas del estrado, los bailes, de manejo ms inmediato y bullicioso, estn admitidos como unos rasgos de marcialidad, poltica y buena crianza; y lo peor es, que a vueltas de estos desenfados, lo tienen para condenar la compostura, el recato y la modestia, como unos golpes broncos de gente, que resiste la cultura, cortesa y civilidad...”. Concluye el santo Obispo proponiendo a sus ovejas extraviadas, para expiacin de sus culpas, una procesin solemne de penitencia, en que depuestas las galas del mundo, se presenten vestidos de saco y cilicio rociados de sangre y ceniza. La fecha de esta Pastoral, es en nuestro

PAGE 359

JOS ANTONIO SACO /353 /353 /353 /353 /353 palacio de esta ciudad de la Havana en 5 de julio de 1766. La firma + Pedro Agustn obispo de Cuba. Por mandato del obispo mi Seor + doctor Juan Garca Barreras, pro secretario. El raro y curioso ejemplar de donde tom los fragmentos anteriores, perteneca a mi difunto amigo don Domingo del Monte, y ste lo hubo de la gentil cortesa del erudito don Francisco Adolfo Varnhagen, secretario entonces de la Legacin del Brasil en Madrid. En la biblioteca de la Academia de la Historia de Madrid, bajo la rbrica “Jesuitas” legajo 22, se halla un papel de 8 hojas en folio, que contiene 66 octavas, y cuyo ttulo es el siguiente: “Tragicmica descripcin, que bosqueja la momentnea desolacin lamentable de la muy noble y muy leal ciudad de Santiago de la isla de Cuba, causada por el horrendo terremoto, acaecido a las 11 y 50 minutos de la noche del mircoles 11 de junio de 1766”. Del mrito potico de esta composicin, podr juzgar el lector por la primera octava que inserto: Si Enas, de Troya monarca esclarecido, En triste llanto su sesin termina, Al referir del reino la gran ruina En los estrados de la reina Dido: Qu har mi numen de angustias posedo Si de la pluma el vuelo infausto inclina A bosquejar de Cuba la derrota, Siendo de ella el ms fino compatriota? Despus de las octavas sigue un pliego con dcimas al mismo asunto. Empieza as: En un minuto, ¡qu horror! Que en junio el once tembl, Cuba en su noche se vio Con el estrago mayor. La tragedia del dolor Vieron todos sus vivientes, Muertos, muchos inocentes, Y en su universal rotura Fue de muchos sepultura Y un campo raso de gentes. Santiago de Cuba y su jurisdiccin es un pas donde tiembla la tierra con mucha frecuencia; pero desde 1766 nunca se han sentido conmociones tan violentas, ni que tanto hayan consternado a sus habitantes como las que acaecieron en agosto de 1852.

PAGE 360

SIMULACRO SIMULACRO SIMULACRO SIMULACRO SIMULACROBloqueo y sitio de Atars plaza supuesta: verificado en La Habana el 12 de abril de 1773. Dispsolo el seor marqus de la Torre, su gobernador y capitn general, etc., a quien lo dedica su ms reverente sbdito Francisco Loiset Con licencia de los Superiores. En La Habana en la imprenta de don Blas de Olivo, el mismo ao. Folleto en 4 de 16 pginas. El autor celebra en 32 octavas el simulacro de bloqueo dispuesto por el marqus de la Torre contra el castillejo de Atars. Como composicin potica es muy mala; ni invencin, ni pensamientos, ni imgenes: los versos carecen de armona, y el lenguaje es pedestre. Se conoce que en aquella poca se haba extinguido ya el estro que animaba en el siglo anterior al poeta canario Silvestre Balboa, vecino de Puerto Prncipe, cuando cantaba con tan buena gracia a Jcome Milans y dems hroes de Bayamo, mi tierra, vencedores del pirata francs Gilberto Girn.1 El plan del simulacro fue el siguiente: la guarnicin compuesta de 5 000 hombres se dividi en dos cuerpos: el uno, que compona el ejrcito sitiador, desembarca, y acampa inmediato a las playas. El marqus de la Torre recorre a caballo con 12 edecanes a la 1 y media del da el campamento sitiador: el ejrcito se embosca en los uveros: salida de la plaza en solicitud de forraje y vveres: hacen alto las tropas y toman la eminencia: extienden sus partidas de resguardo: empiezan la fagina: los atacan las partidas del enemigo. Se empiezan a retirar los del forraje: sale a la campaa el destacamento enemigo en tres columnas: se apodera de la llanura: forma una columna: desplega en batalla y ataca al cuerpo de la plaza: trascienden a ella los vveres, mientras los cuerpos se baten. Sigue el uno su retirada: toma otra altura, y el enemigo intenta cortrsela. Pasa los puentes en tres columnas. Tiene la caballera su escaramuza para facilitrselos. Forma luego en batalla este cuerpo ata1El poema que transcribe el obispo Morel en la Historia, indita, de la Isla y catedral de Cuba En el nmero 2 del Plantel peridico mensual de La Habana en 1838, se publicaron algunos trozos del poema.

PAGE 361

JOS ANTONIO SACO /355 /355 /355 /355 /355 cado. Pasa los puentes el enemigo, y finge que va a cortar la retirada. El cuerpo de la plaza toma una casa que fortifica, y defiende una compaa de granaderos. Mayor nmero de tropa la ataca fuertemente. Capitula la casa pidiendo ventajas. Son negadas: ellos se obstinan, y los modera la persuasin del marqus de la Torre. Vuelven a capitular. Se les concede salir prisioneros de guerra. Btense los dos cuerpos, y el de la plaza se parapeta de una calzada, que le disputa el enemigo, a quien, por fin, la cede. Segunda escaramuza de la caballera. Hace fuego Atars. Teme el ejrcito, y levanta el sitio. Se unen las tropa, y desfilan ante el virrey don Pedro de la Cerda, que se hallaba de paso en La Habana. El autor es probablemente el mismo don Francisco Antonio de Loiset, natural de San Cristbal de la Laguna, en Canarias, y vecino de La Habana, que en 1760 propuso al gobernador don Juan de Prado, entrar de cadete en la milicia, e ir a su tierra, autorizado, a fin de reclutar soldados, naturales de all, para la guarnicin de La Habana.

PAGE 362

RAZ"N DE LOS CRONIST RAZ"N DE LOS CRONIST RAZ"N DE LOS CRONIST RAZ"N DE LOS CRONIST RAZ"N DE LOS CRONIST AS DE LAS INDIAS AS DE LAS INDIAS AS DE LAS INDIAS AS DE LAS INDIAS AS DE LAS INDIASSegn consta en las secretaras del Consejo de Indias Juan Lpez de Velasco22 deoctubrede 1571 Licenciado Arias de Loyola10 deoctubrede 1591 Pedro Ambrosio Onderiz19 deseptiembre de 1595 Antonio de Herrera20 demayode 1596 Licenciado Pedro de Valencia11 demayode 1607 Licenciado Luis Tribaldos de Toledo12 dejuniode 1625 Don Toms Tamayo de Vargas27 demarzode 1635 M Gil Gonzlez Dvila23 deoctubrede 1643 Licenciado Antonio Len Pinelo9 dejuliode 1658 Seor don Antonio Sols13 deenero de 1661 Doctor don Pedro Fernndez del Pulgar21 deenero de 1677 Don Flix Lucio de Espinosa23 dejuniode 1686 Don Luis de Salazar 30 de septiembrede 1691 Don Miguel de Herrero y Ezpeleta8 defebrero de 1736 Don Lorenzo Boturim y Benaduci10 dejuliode 1747 M fray Martin Sarmiento1 deagostode 1750 La Real Academia de la Historia18 de octubrede 1755

PAGE 363

COSM"GRAFOS DE INDIAS COSM"GRAFOS DE INDIAS COSM"GRAFOS DE INDIAS COSM"GRAFOS DE INDIAS COSM"GRAFOS DE INDIASSegn consta en las secretaras del Consejo de Indias Pedro Ambrosio de Onderiz 9 de septiembrede 1591 Doctor Cerrofino: italiano 30 de septiembrede 1595 Andrs Garca Cspedes15 demayode 1596 Doctor Juan de Cedillo5 defebrero de 1611 El Colegio Imperial de Madrid 10 de septiembrede 1628 M Carlos de la Reguera (jesuita) 22 deabril de 1633 P. Juan Carlos de la T alle20 de noviembrede 1638 P. Pedro de Ulloa 26 deoctubre de 1715 P. Alejandro Bruneto 13 de septiembrede 1722 M Nicasio Gramatici13 defebrero de 1727 M Manuel de Campos23 dediciembre de 1728 M Carlos de la Reguera 22 deabril de 1733 P. Pedro Fresneda 3 defebrero de 1743 M Juan Wendlingen1 defebrero de 1750 M Cristiano Rieger11 deenero de 1761 Colegio de la Compaa de Jess22 deagostode 1765 Don Juan Bautista Muoz 28 deoctubre de 1770

PAGE 364

NOTICIAS NOTICIAS NOTICIAS NOTICIAS NOTICIAS ACERC ACERC ACERC ACERC ACERC A DE LA COLECCI"N DE MUOZ A DE LA COLECCI"N DE MUOZ A DE LA COLECCI"N DE MUOZ A DE LA COLECCI"N DE MUOZ A DE LA COLECCI"N DE MUOZEn 7 de julio de 1779 se mand a don Juan Bautista Muoz por Real Orden, escribir la historia de Amrica, franquendose al mismo tiempo todos los papeles y documentos necesarios. Por Cdula de 27 de marzo del ao de 1781 se le habilit para registrar todos los archivos, oficinas y bibliotecas, tanto del gobierno, como de corporaciones civiles y religiosas. En su virtud visit, con poco fruto, la secretara del Consejo de Indias y otros depsitos de papeles existentes en Madrid; pas despus a Simancas, y en aquel archivo descubri, segn su propia expresin, “un tesoro, que as puede llamarse, un cmulo de papeles originales de toda especie, como sepultado all, de que no se tena idea. Intentar escribir la historia de Amrica sin este auxilio, aade, fuera veleidad pura”. Animado con tan feliz hallazgo, pas a Sevilla, donde dice, que hall ms de lo que se haba prometido; registr el archivo antiguo de la Casa de Contratacin, el de la Ciudad, de la Cartuja de las Cuevas, y otras comunidades, y las bibliotecas de varios particulares, entre otras la rica en manuscritos del conde del guila. En Cdiz complet la parte de papeles antiguos que faltaban en el archivo de la Contratacin, sacndolos del de la Contadura Principal de la Audiencia de Indias. Visit con utilidad la Torre do Tombo, o Archivo General de Portugal, situado en San Benito de Lisboa. Recorri, en fin, varias partes de la Pennsula, donde dice que encontr “papeles preciosos, algunos originales, por lo comn copias o autnticas de mano segura”. Al mismo tiempo logr “gran nmero de relaciones e historias particulares inditas, escritas por hombres fidedignos, autores o testigos de los hechos, otros contemporneos que bebieron las noticias en la misma fuente, otros, en fin, poco posteriores, a cuyas manos llegaron los papeles originales que despus se han perdido”. Para ello recorri tambin las bibliotecas reales de Madrid y del Escorial, la del monasterio del Monserrate de Madrid, los colegios de San Bartolom y Cuenca en Salamanca, el de San Gregorio de Valladolid, la catedral de Palencia, el Sacro Monte de Granada, los conventos de San Francisco de Tolosa en Guipzcoa, de Santo Domingo de Mlaga, de San Acacio, San Jos y San Isidro del Campo de Sevilla.

PAGE 365

JOS ANTONIO SACO /359 /359 /359 /359 /359 Con tan prodigioso cmulo de documentos y noticias empez a escribir la historia del Nuevo Mundo, y en 1793 public el primero y ltimo tomo, pues muri en 1799. No es del caso formar el juicio crtico de esa obra; pero como quiera que se la juzgue, la verdadera gloria de Muoz consiste en la inmensa Coleccin que form, y que es uno de los tesoros que encierra la biblioteca de la Academia de la Historia de Madrid.

PAGE 366

ADICI"N ADICI"N ADICI"N ADICI"N ADICI"N A LA PGINA 442 DEL TOMO I, DE EST A LA PGINA 442 DEL TOMO I, DE EST A LA PGINA 442 DEL TOMO I, DE EST A LA PGINA 442 DEL TOMO I, DE EST A LA PGINA 442 DEL TOMO I, DE EST A A A A A OBRA, EN QUE SE HABLA DE LA FECUNDID OBRA, EN QUE SE HABLA DE LA FECUNDID OBRA, EN QUE SE HABLA DE LA FECUNDID OBRA, EN QUE SE HABLA DE LA FECUNDID OBRA, EN QUE SE HABLA DE LA FECUNDID AD AD AD AD AD DE ALGUNAS MULAS EN CUBA DE ALGUNAS MULAS EN CUBA DE ALGUNAS MULAS EN CUBA DE ALGUNAS MULAS EN CUBA DE ALGUNAS MULAS EN CUBADespus de impreso aquel tomo, he hallado entre mis papeles otro caso de aborto de una mula en Cuba. Acaeci en la villa de Guanabacoa el 21 de noviembre de 1832, y diose noticia de l en el Diario de la Habana de 1 de diciembre del mismo ao. He aqu lo que entonces se public: “El da 21 de noviembre, en la villa de Guanabacoa, como a las 3 de la tarde, una mula color valla de veta, cabos negros, de seis y media cuartas de alto y 6 aos de edad, perteneciente al capitn D. Santiago Ganusa, vecino de esta ciudad, abort un feto que indica ser hembra y de casta mular: aqulla se halla en poder de su dueo, y ste, conservado con la preparacin necesaria en la tienda de albeitera frente a la caja de agua de la puerta de Tierra correspondiente a D. Manuel Deu, subdelegado del Real Protoalmeiterato de Madrid, el cual se hizo cargo de dicho fenmeno por encontrarse casualmente en la expresada villa y haber sido llamado al efecto. El que guste cerciorarse de la verdad, puede pasar a la citada tienda, donde se manifestar gratis al pblico por el espacio de otros 15 das en vista de la mucha concurrencia, a fin de que todos queden complacidos.—Habana y noviembre 24 de 1832.—( Remitido )”. Agregando, pues, este caso a los cuatro que mencion en la referida pgina 442, resulta, que del 13 de febrero de 1795 al 21 de noviembre de 1832, han sido fecundadas cinco mulas en Cuba.

PAGE 367

AD AD AD AD AD VER VER VER VER VER TENCIA TENCIA TENCIA TENCIA TENCIADebo advertir, que los dos artculos que empiezan en la pgina 19 de este tomo, fueron publicados en 1832 en el nmero VII de la Revista Bimestre Cubana Si al reimprimirlos no lo dije, fue por una omisin involuntaria.

PAGE 369

NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO NDICE ONOMSTICO —A— Aberdeen, lord: 130. Abreu, Agustn: 256. Achard: 19, 20. Adams, coronel: 206. guila, conde del: 358. Agustn, san: 86. Alcntara, Pedro: 41, 42. Aldama y Arechaga, Domingo de: 137, 238. Alessandri: 173. Alfonso de Souza, Martn: 29. Alfonso, Jos Luis: 137. Alpino, Prspero: 272, 304. lvarez Cabral, Pedro: 29. Akerly, doctor: 339.

PAGE 370

OBRAS 364\ 364\ 364\ 364\ 364\Antonio: 33. Antonio, san: 79. Arabin, capitn: 61. Arago, Francisco: 253. Arango y Parreo, Francisco de: 65, 84, 137. Areteo de Capadocia: 143. Arguot, Mauricio d’: 83, 104. Arias de Loyola, Juan: 356. Ariztia, Juan de: 348. Arlington, lord: 92. Arztegui, Martn de: 63. Arrabida, Antonio de: 33. Arrate y Acosta, Jos Martn Flix de: 63. Artigas, Jos Gervasio: 39. Ayala, Manuel Jos de: 348, 349, 350. —B— Babinet, Jacques: 253, 254. Bacon, Francis: 205. Balbi, Adriano: 58. Balboa, Silvestre: 354. Baker, negrero: 63, 134. Barn. Ver Humboldt, Alejandro de. Barros, Joo de: 59. Becker, doctor: 227. Bernasconi: 340. Bernouille: 283. Bertot, Luis: 310, 311. Beudant, Francisco Sulpicio: 174. Bew, doctor: 302. Biela: 176, 252, 253, 254.

PAGE 371

JOS ANTONIO SACO /365 /365 /365 /365 /365Biot, Eduardo: 255. Blancanus: 255. Blumenthal, doctor: 189. Boccacio, Juan: 144. Bonaparte, Napolen: 20, 34, 333. Bonpland, Aim: 326. Botero: 161. Boturim y Bonaduci, Lorenzo: 356. Braganza, casa de: 33. Broglie, duque de: 105, 108. Brosse, Guido de la: 204. Broussais, Francisco: 143, 144, 161, 189, 190, 196, 198. Bruce: 289. Bruneto, Alejandro: 357. Brunnow, Francisco Federico Ernesto: 253. Bueno, doctor: 329. Buffon, Jorge Luis Leclerc (conde de): 289. —C— Cabeza de Vaca, lvar de Nez: 56. Cabrera, Pablo Flix: 340, 341. Calcagno, Juan Francisco: 196, 256. Caldern, teniente: 340. Callejas y Anaya, Jos Mara: 332, 333, 334, 335, 336. Camoens, Luis Vaz de: 29. Campos, Manuel de: 357. Capitn General. Ver O’Donnell y Jorris, Leopoldo. Crdenas, Santiago de: 326. Carlos II de Espaa: 340, 341. Carlos III de Espaa: 95, 133. Carlos IV de Espaa: 33.

PAGE 372

OBRAS 366\ 366\ 366\ 366\ 366\Carlos V de Espaa: 118. Carlos II de Inglaterra: 94. Carlota Joaquina: 33. Carvalho y Mello, Sebastin Jos: 30. Casa Enrile, marqus de: 63, 134. Casas, mdico: 146, 154. Casas, Bartolom de las (fray): 91, 132. Castillo, Bernardino del: 84. Cerda, Pedro de la: 355. Cedillo, Juan de: 357. Cerrofino: 357. Clement, M.: 21. Clerc, Clement M.: 30. Coln, Cristbal: 29, 342. Cooper, Toms: 46. Corts, Hernn: 84. Correa de Cerda: 57. Corroy, Francisco: 339, 340. Cravier, doctor: 209. Craw: 198. Crespel, M.: 20. Cristo, Jos del: 84. Cromwell, Oliverio: 92. Congreve, William (sir): 336. —D— Dabau, Juan: 348. Daubr, Paul: 105. David: 143. Dawson, negrero: 63, 134. Deidier, M.: 272.

PAGE 373

JOS ANTONIO SACO /367 /367 /367 /367 /367Deu, Manuel: 360. Dido: 353. Dimesdale, barn de: 209. Dionisio de Halicarnaso: 161. Dios: 69, 92, 93, 118, 119, 126, 139, 140, 157, 172, 216, 217, 247, 249, 263, 280, 281, 303, 313, 324, 349, 352. Divina Providencia. Ver Dios. Divino Arquetipo. Ver Dios. Doctor. Ver Agustn, san. DuGauy-Trouin, Ren: 30. Dumont: 23. —E— Editor. Ver Saco, Jos Antonio. Edwards: 202, 262. Edwards, Bryan: 12, 58, 67, 71, 92, 93, 94, 120. Elo, Francisco Javier de: 39. Emperador. Ver Pedro I de Brasil. Encke, Juan Francisco: 175, 252, 253, 254. Eneas: 33, 353. Enrique, prncipe: 59. Enrique II de Francia: 187. Ephoro: 255. Erazo, Antonio de: 347. Ezpeleta y Enrile, Joaqun de: 135. Espinosa, Flix Lucio de: 356. Estachera, Jos: 340, 341. Excmo. Seor Gobernador y Capitn General. Ver Ricafort y Palacn de la Barca, Mariano. —F— Fahrenheit, Daniel Gabriel: 165, 239. Farquhar: 148.

PAGE 374

OBRAS 368\ 368\ 368\ 368\ 368\Faye, Herv: 176, 253. Feijo, Benito Jernimo (fray): 173. Felipe II de Espaa: 343, 346, 347. Felipe V de Espaa: 62. Fernndez del Pulgar, Pedro: 356. Fernndez, Dionisio: 59. Fernndez, Santiago Atanasio: 3, 4. Fernando, san: 335. Ferreti, Juan Agustn de: 139, 140. Feuill: 283. Flinter, coronel: 84. Fondesvilla y Ondeano, Felipe: 354, 355. Fourcroy, Antonio Francisco (conde de): 245. Francisca Catalina: 41. Francisco I de Austria: 34. Fresneda, Pedro: 357. —G— Galatn, Alberto: 72. Galow: 196, 197. Gama, Vasco de: 28. Gambart, Juan Flix Adolfo: 253. Ganusa, Santiago: 360. Garca Barreras, Juan: 353. Garca Cspedes, Andrs: 357. Garcini, Vicente: 348. Gentilis: 161. Gernimo, san: 282. Gibbon, Eduardo: 145. Girn, Alberto: 354. Gmez de Andrade, Fernando: 342.

PAGE 375

JOS ANTONIO SACO /369 /369 /369 /369 /369Gmez Reynel, Pedro: 62. Gonzlez, Antonio: 59. Gonzlez Dvila, Gil: 356. Gramatici, Nicasio: 357. Gutirrez, Nicols Jos: 256. —H— Haenk, Tadeo: 323. Halley, Edmundo: 175, 252, 254. Hasting, general: 159. Hay, Renato Jess: 305, 306. Hawkins, doctor: 193, 270. Haygarth: 201, 261. Heber, obispo: 227, 240, 242. Hermenegildo, san: 335. Heriquez, Alfonso: 32. Hernndez: 101. Herrera y Tordesillas, Antonio de: 91, 356. Herrero y Ezpeleta, Miguel de: 356. Hind, Juan Russell: 254. Hipcrates: 143, 328. Howe: 305, 307, 308. Hubenthal: 189. Humboldt, Alejandro de (barn): 28, 43, 58, 65, 67, 69, 70, 316, 326. Huskisson, M.: 13. —I— Ilacmile (Martn). Ver Waldsemller, Martn. Iriarte, Toms: 281. Isabel, infanta: 41. Isabel, la Catlica : 335. Isabel II de Espaa: 338.

PAGE 376

OBRAS 370\ 370\ 370\ 370\ 370\—J— Jameson: 204. Jesucristo: 336. Jess. Ver Jesucristo. Josefo: 143. Jovellanos, Gaspar Melchor de: 282. Juan VI de Portugal: 32, 33, 34, 35, 36, 38, 41, 49, 56. Juan, san: 310. Julio Agrcolo: 332. Junot, Andoche: 33. Justiniano: 144, 145. —K— Kepler, Juan: 255. Kircher, padre: 187. —L— Lavalleja, Juan: 39. Lechevalier, Jules: 107, 122. Len Africano: 302. Len Pinelo, Antonio: 356. Leopoldina, archiduquesa: 34, 36. Lesseps: 193, 270. Lewenoeck: 174. Lexel: 254. Lichtenstadt, doctor: 179. Light: 122. Lobkowitz, princesa: 195, 271. Lpez de Velasco, Juan: 356. Lpez de Gomara, Francisco: 84. Luis XVI de Francia: 35. Luz y Caballero, Jos de la: 167, 255, 256, 259.

PAGE 377

JOS ANTONIO SACO /371 /371 /371 /371 /371Lynch, Toms: 92. —M— Macarthey, lord: 210. Magendio, Francisco: 196. Mahoma: 150, 210, 247. Malezieux, Emilio: 174. Manuel, rey de Portugal: 29. Mara de Gloria. Ver Mara de Gloria, Juana, Carlota, Leopoldina, de la Cruz Francisca Javiera de Paula, Isidora, Micaela, Gabriela, Rafaela, Gonzaga. Mara de Gloria, Juana, Carlota, Leopoldina de la Cruz, Francisca Javiera de Paula, Isidora, Micaela, Gabriela, Rafaela, Gonzaga: 28, 41, 42. Marialba, marqus de: 34. Mara Luisa de Habsburgo: 34. Mara I de Portugal: 32. Margraff, Andrs: 19. Martnez de la Rosa, Francisco: 132. Martnez de Pinillos, Claudio: 248, 258. Mead, Ricardo: 205. Mehemet-Al: 150. Metcaff, Juan: 302. Miguel: 28, 42. Milans, Jcome: 354. Milius, Pedro Bernardo (barn de): 148. Moctezuma: 335. Moiss: 281. Monarca. Ver Juan VI de Portugal. Montbrion: 143. Monte, Domingo del: 78, 350, 353. Montgomery Martn, R.: 92, 93. Moreau de Jonns, M. Alex: 89, 121, 154, 155, 156, 182, 185, 193, 209, 210, 270.

PAGE 378

OBRAS 372\ 372\ 372\ 372\ 372\Moreau de Saint Mery, Mederico Luis Elas: 71, 120. Morel de Santa Cruz, Pedro Agustn (obispo): 349, 351, 352, 353, 354. Moultrie: 86. Mungo Park: 289. Muoz, Bautista Juan: 340, 341, 357, 358, 359. —N— Navarro, Diego Jos: 348. Normanby, lord: 122. Noval, Antonio: 255. —O— Obispo de Cuba. Ver Morel de Santa Cruz, Pedro Agustn. O’Donnell y Jorris, Leopoldo: 78, 137. Olivn, Alejandro: 132, 133. Olivo, Blas de: 354. Onderiz, Pedro Ambrosio: 356, 357. —P— Pacheco: 132. Paingeon: 306. Palacio, Santiago: 341, 343. Paula Marina: 41. Pedro I de Brasil: 28, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 40, 41, 42. Pedro Agustn. Ver Morel de Santa Cruz, Pedro Agustn. Pedralvez Cabral. Ver lvarez Cabral, Pedro. Peralta, Gaspar: 62. Peyrellade, Emilio: 3, 4. Pitt, William: 12. Plantamour, Emilio: 255. Pombal, marqus de. Ver Carvalho y Mello, Sebastin Jos. Pons, Juan Luis: 253. Porter: 104. Prado, Juan de: 355.

PAGE 379

JOS ANTONIO SACO /373 /373 /373 /373 /373Prelado. Ver Morel de Santa Cruz, Pedro Agustn. Prncipe de Beira. Ver Pedro I de Brasil. Prncipe regente. Ver Pedro I de Brasil. Procopio: 145. Providencia. Ver Dios. —R— Rademack, Juan: 33. Rafinesque: 340. Ranken: 163. Reaumur, Renato Antonio Forchault: 173, 316, 320, 323. Reguera, Carlos de la: 357. Reimann: 245. Rey. Ver Felipe II de Espaa. Rey. Ver Juan VI de Portugal. Ribeiro, Lzaro: 331. Ribeiro, Manuel: 59. Ricafort y Palacn de la Barca, Mariano: 137, 167, 231, 255, 256, 277. Rieger, Cristiano: 357. Ro, Antonio del: 339, 341. Rivera, Fructuoso: 39. Robredo: 90. Roca, padre: 342. Romay y Chacn, Roms: 86. Rondeau, Jos: 39. Ruffi: 271. Ruiz, Francisco: 255. Russell, Henry Noris: 200, 201, 205, 208, 261. Russell, John: 122. —S— Saco, Jos Antonio: 138, 139, 140, 255, 259, 280, 283, 284. Sagra, Ramn de la: 284, 287, 288, 290, 291, 292, 295, 300.

PAGE 380

OBRAS 374\ 374\ 374\ 374\ 374\Salazar, Luis de: 356. Salv, Miguel: 349. Sancha: 312. Sandoval, Alonso de (fray): 118. San Juan, Miguel Jos de: 342. Santiago, el Volador Ver Crdenas, Santiago de. Santiago, san: 310. Santo Obispo. Ver Morel de Santa Cruz, Pedro Agustn. Sarmiento, Martn (fray): 356. Sauv: 188. Scio de San Miguel, Felipe: 281. Scott, doctor: 167, 174. Scoutetten, Roberto Jos Enrique: 196. Sebastin, san: 31. Sechi, Angelo (padre): 255. Serrano, Mariano: 302, 309, 310, 311. Sismondi, Leonardo de: 143. Soler, Jos: 212, 294. Sols, Antonio: 356. Sols y Ribadeneyra, Antonio de: 282. Sonora, marqus de: 340. Stanley, lord: 122. Strangford, lord: 33. Stuart, Carlos: 41. S. Illma. Ver Morel de Santa Cruz, Pedro Agustn. S.M. Ver Carlos II de Espaa. Sydenham, Toms: 200. —T— Tcito: 332. Talle, Juan Carlos de la: 357. Tamayo de Vargas, Toms: 356.

PAGE 381

JOS ANTONIO SACO /375 /375 /375 /375 /375Toledo, Luis Tribaldos de: 356. Torre, Bernardo de la: 350. Torre, marqus de la. Ver Fondesviela y Ondeano, Felipe. Trachez: 195. Trajano: 143. Tucdedes: 145. —U— Ulloa, Pedro de: 357. Ulpiano: 337. Unane, Hiplito: 312, 316, 317, 319, 321, 322, 324, 325, 327, 328, 329, 330, 331. —V— Valencia, Pedro de: 356. Varnhagen, Francisco Adolfo: 353. Varron, Marcos Terencio: 173. Venus: 329. Vespuccio, Americo: 345. Vico, Francisco: 176, 253. Vigodet, Gaspar: 39. Vil, Bartolom: 236. Villani, Juan: 143. Villanueva, conde de. Ver Martnez de Pinillos, Claudio. Villegagnon: 29, 30. Vincent, Arstides: 20, 21, 23. Virgilio: 33, 324. Vives, Francisco Dionisio: 134. Volney, Constantino (conde de): 28, 150, 199, 203, 234, 241, 272, 273, 303. V.S. Ver Ferreti, Juan Agustn de. —W— Walsh, R. (reverendo): 28, 30, 33, 36, 40, 41, 42, 46, 53, 54, 56, 58.

PAGE 382

OBRAS 376\ 376\ 376\ 376\ 376\Waldsemller, Martn: 345. Wedlingen, Juan: 357. Wilberforce, William: 59. Wolfio: 174. —Y— Yanuaria: 41. —Z— Zuene: 306.

PAGE 383

NDICE NDICE NDICE NDICE NDICE OBSERVACIONES SOBRE UN COLEGIO DE EDUCACI"N FUNDADO EN LA CIUDAD DE PUERTO PRNCIPE, EN LA ISLA DE CUBA................................................ ANLISIS POR DON JOS ANTONIO SACO DE UN PAPEL INTITULADO: STATE OF THE COMMERCE OF GREAT BRITAIN WITH REFERENCE TO COLONIAL AND OTHER PRODUCE, POR THE YEAR 1831 PUBLISHED IN LONDON BY TRUEMAN AND COOK................................................................................................ MEMOIRE SUR LE SUCRE DE BETTERAVES, ADRESS A M. D’ARGOUD, MINISTRE DUCOMMERCE ET DES TRAVAUX PUBLICS, PAR LE SIEUR ARSTIDE VINCENT,FABRICANT, ETC. AOUT 1831 .............................................................. ARTCULO DEL LUCERO DE LA HABANA DEL 6 DE AGOSTO DE 1832 INTITULADO: “AGRICULTURA Y COMERCIO DE LA ISLA; PRECIOS CORRIENTES DE LOS FRU-TOS, E INFLUJO QUE EN ELLOS PUEDE TENER EL ESTABLECIMIENTO DE UN BANCO”............................................................................................. ANLISIS POR DON JOS ANTONIO SACO DE UNA OBRA SOBRE EL BRASIL, INTITU-LADA: NOTICES OF BRAZIL EN 1828 AND 1829 BY REV. R. WALSH AUTHOR OF A JOURNEY FROM CONSTANTINOPLE, ETC. .......................................LA SUPRESI"N DEL TRFICO DE ESCLAVOS AFRICANOS EN LA ISLA DE CUBA, EXAMI-NADA CON RELACI"N A SU AGRICULTURA Y A SU SEGURIDAD, POR DON JOSANTONIO SACO.................................................................................. 3 6 19 19 28 78

PAGE 384

78 81 82 85 99 110 111 113 116 132 138 138 139 141 142 142 146 153 158 158 160 161 161 163 Adver tencias .................................................................................. PRIMERA PARTE. La abolicin del trfico de negros no puede arruinar ni atrasar la agricultura cubana ........................................................... 1 Dureza del trabajo de los ingenios .................................... 2 Slo los negros pueden resistir los rigores del clima de Cuba.......................................................................................... 3 Caresta de los jor nales ...................................................... Disminucin general de los esclavos en las colonias inglesas de Amrica .......................................................................................... Aumento que han tenido los esclavos en varias colonias, despus de abolido el trfico ........................................................................ Disminucin de la poblacin esclava con ms hembras que varones; y aumento, con ms varones que hembras .......................... SEGUNDA PARTE. La seguridad de Cuba clama urgentsimamente por la pronta abolicin del trfico de esclavos .......................................... APNDICE............................................................................................... RENUNCIA POR SACO A LA DIRECCI"N DEL COLEGIO DE BUENA-VISTA, ESTABLECI-DO EN LA HABANA............................................................................ Real Sociedad Patritica. Inspeccin del colegio de BuenaVista ............................................................................................... Contestacin de don Jos Antonio Saco al oficio anterior ........... PARA EL LBUM DE UNA SEORITA DE LA HABANA EN 1832. LA MUJER.......... CARTA SOBRE EL C"LERA MORBO ASITICO...................................................... Origen del clera morbo asitico pestilencial .............................. Marcha o historia geogrfica de la enfer medad ........................... Duracin y repeticin del clera ................................................... Influencia del clera en las castas, sexos, edades y diferentes estados de la vida ........................................................................... Castas....................................................................................... Sexos ........................................................................................ Edades ...................................................................................... Clases o profesiones ............................................................... Influencia del clera en los an imale s............................................

PAGE 385

163 164 165 165 166 167 168 171 172 173 174 174 177 187 192 195 204 209 211 217 234 238 240 243 250 252 252 255 Conjeturas sobre las causas del clera ......................................... Emanaciones de la tierra......................................................... Aire........................................................................................... Calrico, o temperatura del air e...................................... Peso de la atmsfera .......................................................... Humedad atmosfrica ........................................................ Electricidad ........................................................................ Vientos ................................................................................ Alteracin qumica del air e atmosfrico ........................... Bichos o pequeos insectos venenosos .......................... Influencia del sol y de la luna.................................................. Cometas .................................................................................... El clera es contagioso? .............................................................. Pruebas positivas del contagio ...................................................... Pruebas negativas o aislamiento .................................................. Argumentos contra el contagio ..................................................... Medios de trasmisin .................................................................... Mortandad causada por el clera en diferentes naciones........... Historia de la aparicin del clera en la isla de Cuba en 1833.... Mortandad en La Habana, ocasionada por el clera en 1833...... Mortandad en varios pueblos y campos de la Isla....................... Muerto que haya el clera en Cuba, si es que llega a morir, resucitar para ator mentarnos?........................................................... Influencia que se da a las localidades ..................................... Medidas que se deben tomar en Cuba contra el clera........ Nota primera a la Carta sobre el clera ........................................ Nota segunda a la Carta sobre el clera ....................................... Cometas de revolucin peridica conocida ........................... Noticia sobre algunos trabajos cientficos que se hicieron en La Habana, durante la primera aparicin del clera en ella, en 1833 ..........................................................................................

PAGE 386

258 264 266 268 275 285 301 301 309 312 332 332 337 337 339 343 343 345 346 CONTESTACI"N DE DON JOS ANTONIO SACO A UN ARTCULO PUBLICADO EN ELNOTICIOSO Y LUCERO DE LA HABANA, DEL 1 DE AGOSTO DE 1833, EN QUE SE IMPUGNA ALGUNOS PUNTOS DE SU CARTA SOBRE EL C"LERA MORBO.... I. Incertidumbre de la naturaleza contagiosa del clera .............. II. Las cuarentenas slo producen gastos y mortificaciones a los pueblos ........................................................................................... III. Las cuarentenas nunca han sido suficientes para impedir la introduccin de las enfermedades reputadas por contagiosas.... IV. La idea del contagio inspira al pueblo un terror profundo: luego no haber cuarentenas ............................................................... EXAMEN DE LAS TABLAS NECROL"GICAS DEL C"LERA MORBUS EN LA CIUDAD DE LAHABANA Y SUS ARRABALES, FORMADAS A EXCITACI"N DEL EXCMO. SEOR INTENDENTE DEL EJRCITO CONDE DE VILLANUEVA, POR DON RAM"N DE LA SAGRA.......................................................................................... SOBRE LOS CIEGOS......................................................................................... Manifestacin al pblico de los administradores de la institucin de la Nueva Inglaterra para la educacin de ciegos. Boston, 1833................................................................................................ El ciego Serrano en Cuba .............................................................. CLIMA DE LIMA Y SUS INFLUENCIAS EN LOS SERES ORGANIZADOS...................... NECROLOGA................................................................................................. Al aniversario de la muerte del seor coronel de infantera, teniente coronel del Real Cuerpo de Artillera y comandante de la brigada de este departamento don Jos Mara Callejas, acaecida en 31 de marzo de 1833 ................................................................ SOCIEDAD FILARM"NICA................................................................................ Quejas de un socio de la Sociedad Filar mnica........................... RUINAS DEL PALENQUE EN LA AMRICA CENTRAL.......................................... RUINAS DEL COPN........................................................................................ Carta del licenciado Palacio a Felipe II, escrita en Guatemala el 8 de marzo de 1576 ....................................................................... TTULO DEL PRIMER LIBRO EN QUE AL NUEVO MUNDO SE DIO EL NOMBRE DEAMRICA........................................................................................... SOBRE SALUDOS AL CASTILLO NUEVO DE LA HABANA.......................................

PAGE 387

348 348 349 349 351 354 356 357 358 360 361 363 MILICIAS EN CUBA........................................................................................ Reglamento para la guarnicin de La Habana, castillos y fuertes de su jurisdiccin ........................................................................... EL OBISPO MOREL Y LA COLECCI"N DE AYALA............................................... Relacin, en 1757 de la visita eclesistica de la ciudad de La Habana y su partido en la isla de Cuba............................................. EL TERREMOTO DE 1766 EN SANTIAGO DE CUBA, Y LA PASTORAL DEL OBISPOMOREL............................................................................................. SIMULACRO................................................................................................... RAZ"N DE LOS CRONISTAS DE INDIAS............................................................... COSM"GRAFOS DE INDIAS............................................................................... NOTICIAS ACERCA DE LA COLECCI"N DE MUOZ............................................. ADICI"N A LA PGINA 442 DEL TOMO I, DE ESTA OBRA, EN QUE SE HABLA DE LA FECUNDIDAD DE ALGUNAS MULAS EN CUBA.......................................... ADVERTENCIA............................................................................................... NDICE ONOMSTICO......................................................................................