Obras

MISSING IMAGE

Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Physical Description:
v. : ill. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Saco, José Antonio, 1797-1879
Torres-Cuevas, Eduardo, 1942-
Casa de Altos Estudios de Fernando Ortiz
Publisher:
Imagen Contemporánea :
Casa de Altos Estudios de Fernando Ortiz
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Cuban question -- To 1895   ( lcsh )
Slavery -- History -- Cuba -- 19th century   ( lcsh )
History -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Politics and government -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references and indexes.
Statement of Responsibility:
José Antonio Saco ; ensayo introductorio, compilación y notas, Eduardo Torres-Cuevas.

Record Information

Source Institution:
University of Florida
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 51337436
isbn - 9597078228 (obra completa)
ocm51337436
System ID:
AA00008627:00001


This item is only available as the following downloads:


Full Text

PAGE 1

BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOSOBRASEnsayointroductorio,LAHABANA,2001compilacinynotasEduardoTorres-Cuevas JOSESACOANTONIO(VolumenI)

PAGE 2

BIBLIOTECA DE CLSICOS CUBANOS CASA DE ALTOS ESTUDIOS DON FERNANDO ORTIZUNIVERSIDAD DE LA HABANAEsta obra se publica con el coauspicio de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANAJuan Vela Valds DIRECTOREduardo Torres-Cuevas SUBDIRECTORLuis M. de las Traviesas Moreno EDITORA PRINCIPALGladys Alonso Gonzlez DIRECTORA ARTSTICADeguis Fernndez Tejeda ADMINISTRADORA EDITORIALEsther Lobaina Oliva

PAGE 3

portadilla BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOSOBRAS SACOJOSEANTONIO(VolumenI)

PAGE 4

Responsable de la edicin: Gladys Alonso Gonzlez Realizacin y emplane: Viviana Fernndez RubinosTodos los derechos reservados Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 2001; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 12 ISBN 959-7078-22-8 obra completa ISBN 959-7078-23-6 volumen I Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, CubaDiseo grfico: Deguis Fernndez Tejeda Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC

PAGE 5

Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio Ensayo introductorio JOS ANTONIO SACO. LA AVENTURA INTELECTUAL DE UNA POCAEDUARDO TORRES-CUEVAS I. Una reflexin inicialSi un pensador tiene el privilegio de haber centrado, durante cerca de dos siglos, la polmica en torno a los ms definitorios problemas de la historia, la sociedad y el destino de Cuba, se es Jos Antonio Saco. Durante ms de 50 aos fue reconocido, por amigos y enemigos, no slo como “la primera figura poltica” entre los cubanos, sino, tambin, como el ms profundo, analtico y crtico pensador de la sociedad colonial y esclavista. Su fama, bien adquirida, como polemista cargado de una lgica elegante y una informacin demoledora, estaba unida a todos aquellos asuntos que resultaban vitales para entender la sociedad que era y, a la vez, las bases de la que l aspiraba a que fuese. Enemigo de toda metafsica estril, tambin lo fue de toda visin teleolgica. Junto con Flix Varela, Jos de la Luz y Caballero, Felipe Poey y Domingo del Monte, quera fundar una ciencia cubana como base cierta para formar una conciencia cubana. Su mtodo terico, definido por el antecesor de todos ellos, Jos Agustn Caballero, como electivo, lo llev a ser un consumidor permanente del conocimiento universal ms actual y verdadero.1 Con esta savia nutricia, amalgamada con la 1En esta misma coleccin de la Biblioteca de Clsicos Cubanos pueden verse los ensayos introductorios a Flix Varela, Obras de Eduardo Torres-Cuevas; Jos Agustn Caballero Obras de Edelberto Leiva Lajara, y de La polmica filosfica de Alicia Conde Rodrguez. En todos ellos se desarrollan diversas facetas o aspectos del pensamiento o filosofa electiva cubana. Para ms abundamiento, ver Eduardo Torres-Cuevas: Flix Varela, Los orgenes de la ciencia y la con ciencia cubanas Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997.

PAGE 6

2 \ 2 \ 2 \ 2 \ 2 \ OBRAS feraz brotacin de la sociedad patria, construye la universalidad singular de sus ideas cubanas. Un pensamiento crtico y constructivo emanado de una realidad especfica, para ser verdadero, slo poda autoconsevirse como antidogmtico, hereje y sin teleologismos; como una voluntad tica que tena como solitaria certeza la conviccin de un largo camino sin asideros y donde lo nico predecible era la lucha. Ferviente enamorado de las ciencias fsicas se consagr a las, an sin nombre, ciencias sociales; es decir, al estudio de la naturaleza social cubana. Sus conocimientos enciclopdicos, siempre actualizados, constituyen el sustrato de su capacidad de interrelacionar, en estudios especficos, los ms variados aspectos de la sociedad esclavista cubana, su objeto de estudios. Con sus mtodos novedosos —de todos los mtodos un nuevo mtodo— analiza todos sus resortes, mecanismos de sociabilidad y redes de funcionamiento. As, los temas de sus trabajos, piezas de un rompecabezas, toman su coherencia en el conjunto: forman un fresco impresionante en que las tonalidades ms fuertes las tienen las desfigurantes entraas de la sociedad esclavista. La vagancia en Cuba, consecuencia del sistema, es causante de la subutilizacin, depauperacin y degradacin moral de los posibles trabajadores del pas; la esclavitud como ncleo neurlgico que penetra la economa y la sociedad, adultera todo su funcionamiento; el problema de los capitales y su ptima utilizacin; el trfico de esclavos como suministrador artificial de todo el sistema; los pequeos productores que hacen que la vida y la cultura del pas no sean slo de azcar y caf; las endemias y epidemias que afectan las condiciones de los hombres que deben construir la nueva sociedad; entre otros muchos temas, forman la unidad de su obra. Pero lo que le da coherencia a sta, lo que explica ese sentido crtico, no es slo la comprensin de que el sistema esclavista, si bien engendra riquezas para una minora, econmica e ideolgicamente pasada de tiempo, no engendra un desarrollo integral. Superar el sistema es construir, desde las propias potencialidades del pas, la sociedad moderna que no necesariamente fuese una copia de un modelo especfico; es experimentar, con la propia inteligencia, como lo hace el Canad britnico. ste es el sentido positivo de la negacin: la creacin, la construccin de un camino nuevo desde el pensamiento propio. En sus trabajos estn los antecedentes de los estudios sociales en Cuba y los ms slidos anlisis realizados en su poca. Ante las caractersticas de sus mtodos y la magnitud de sus resultados, Saco ha sido calificado de positivista, por lo que tienen de predestinacin, pero la evidencia de que algunos de sus trabajos preceden a los de Augusto Comte, ha llevado a otros ha denominarlo prepositivista. Como no me gustan los pre por lo que tienen de pre destinacin, ni la

PAGE 7

JOS ANTONIO SACO / 3 / 3 / 3 / 3 / 3 obsesiva tendencia a las etiquetas, slo indicar que esa obra sociolgica de Saco es resultado del portentoso esfuerzo de pensamiento, estudio y anlisis que la pentarqua creadora —Varela, Saco, Luz, Del Monte y Poey— vena realizando para desarrollar una ciencia que permitiera penetrar en la especificidad cubana, la cual, en los moldes europeos, quedaba reducida cuando no alterada. La realidad de lo especfico determin y puli los mtodos, nico modo de hacer ciencia de lo real. Me queda, adems, otro pequeo reparo. La presencia consciente de los componentes espirituales e ideolgicos que siempre estaban presentes en sus intentos totalizadores. Pero Saco, estudioso de su presente, de la sincrona de la sociedad esclavista, al llegar a la madurez de su pensamiento, se transforma en el historiador de la esclavitud ms universal de su poca. En el esquema diacrnico del sometimiento directo del hombre por el hombre, encuentra todos los argumentos para desarmar todas y cada una de las tesis esclavistas. Su Historia de la esclavitud sigue siendo una de las ms monumentales escrita hasta hoy. En ella tambin devino un innovador. Pas de la historia cronolgica, hecholgica, lineal, poltica y de instituciones y hombres a la historia problema. Si su obra como socilogo e historiador, en su rigor, es de por s centro de inters y de debate, mucho ms, sus escritos polticos. En este terreno, el polemista se hace ms polmico. Sobre sus intencionalidades se han escrito, tanto en vida como a lo largo de los siglos XIX y XX, mltiples afirmaciones no coincidentes. Hay quien lo ha presentado como el exponente ms brillante de la nacionalidad cubana en su etapa formativa, pero no ha faltado quien lo haya acusado de todo lo contrario: de ser terico de una falsa nacionalidad; para unos era negrfilo y para otros, un posedo de la negrofobia; a la afirmacin de antiesclavista estaba la riposta de esclavista encubierto. Estas divergencias se agudizan al estudiarse algunos temas. Si unos pocos autores no dudan de su proyeccin hacia el independentismo, otros piensan que fue un perenne partidario de la dominacin espaola. Y, a pesar de su portentosa labor antianexionista, no ha faltado quien lo colocara dentro de la corriente anexionista. Sea cual fuese la actitud crtica que se asuma ante Saco, el volumen cuantioso de la produccin escrita acerca de l es tal, que confirma su importancia histrica. Polticos, historiadores, literatos, crticos, han definido, en su evaluacin de Saco, sus concepciones sobre Cuba, su formacin nacional y su destino. El bayams, como hombre de ideas, fue sincero; como tal, expres su pensamiento sin refugiarse en artificiosos recursos literarios que lo protegieran de los ataques de poderosos intereses polticos, econmicos

PAGE 8

4 \ 4 \ 4 \ 4 \ 4 \ OBRAS y sociales. El presente histrico nos permite valorar su figura con la fra y a la vez apasionante objetividad nacida del tiempo, de los cambios y de las realidades de hoy, no con el fin de recrearnos en una poca muerta, sino de conocer los latidos de su pensamiento vivo. Ese, que hoy es necesario conocer para estudiar las alternativas que, desde nuestra cultura, nos enlazan con el futuro humano. La decisin de la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz de la Universidad de La Habana de publicar ntegramente los papeles, escritos, obras y epistolario de Jos Antonio Saco, como parte de la Biblioteca de Clsicos Cubanos, constituye un acierto por diversas razones. La primera es que sin ese conjunto estara ausente, sin dudas, una de las piezas angulares para entender no ya una poca sino los subterrneos caminos por los que transitaron ideas, prejuicios y perspectivas para la construccin de la sociedad cubana. No menos importante resulta la incompletitud que hasta hoy ha tenido la publicacin de las obras de Saco. Por primera vez, la Biblioteca de Clsicos Cubanos da a conocer en su integralidad la obra de Jos Antonio Saco. sta se divide en varios grupos temticos a partir del respeto a como se conocieron cada una de las partes integrantes. Se inicia este conjunto con los tres tomos de Coleccin de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inditos que hizo imprimir su autor en Pars entre 1858 y 1859. Le sigue el tomo publicado por Vidal Morales y Morales, en 1881, en el cual se recopilan los trabajos de Saco posteriores a esas fechas bajo el ttulo de Coleccin pstuma de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inditos. Cierra esta obra compuesta de cinco tomos, el Epistolario transcrito y anotado, en 1921, por Domingo Figarola-Caneda, verdadera joya de un gnero literario que cultivaron con especial inters Saco y sus amigos. Algunas de las piezas incluidas casi se desconocen como es el caso del intento de autobiografa. Por su unidad y carcter temtico se publican, como un todo independiente, los seis tomos de la Historia de la esclavitud de Jos Antonio Saco. Esta edicin tiene un mrito especial: incluye el hasta hoy desconocido tomo sobre la esclavitud en las Antillas francesas, cuyo rescate se debe al investigador Orestes Grciga. La aventura intelectual y la desventura generacional que significaron la vida y obra de Jos Antonio Saco, requieren una presentacin, si se quiere somera, de la evolucin de los acontecimientos y de la actitud del hombre ante estos avatares que explican, en no poca medida, el cmo, el cundo, el qu y el porqu de su obra.

PAGE 9

JOS ANTONIO SACO / 5 / 5 / 5 / 5 / 5 II. El hombre y las desventuras de una generacinFAMILIA Y SOCIEDAD: LOS INICIOSA fines del siglo XVIII, un abogado santiaguero, Jos Rafael Saco y Anaya —hijo de Jos Saco y Quiroga, oriundo de Galicia, Espaa—, pas a la villa de Bayamo para ejercer all su profesin. En este lugar contrajo matrimonio con la seorita Mara Antonia Lpez y Cisneros. De esta unin nacieron dos hijos varones y una hembra; el mayor, Jos Antonio, el 7 de mayo de 1797. Al hermano menor lo nombraron Juan Nepomuceno, y a la hermana, Catalina. La familia lleg a contar con una buena posicin econmica, dada las actividades y los negocios de Jos Rafael Saco. Gracias a ellos, ste adquiri varias propiedades, entre las cuales se encontraban las heredadas del rico clrigo bayams doctor Antes de quien “haba sido muy amigo y defensor en todos sus negocios”.2 Lo cierto es que la familia gozaba, a la muerte del padre, de una alta posicin en la sociedad bayamesa de principios del siglo XIX. Los tres hermanos heredaron 11 haciendas de ganado y de labor, tres casas en la ciudad y “algunos esclavos de ambos sexos”. Las haciendas heredadas por Jos Antonio y sus hermanos eran de ganado y labor, tpicas de las zonas centro-orientales de Cuba, mantenidas todava en un universo ajeno al del mundo trgico y rico de la esclavitud en la plantacin moderna. Pertenecan a la sociedad patriarcal criolla pre-azucarera que, por entonces, estaba siendo sepultada en el occidente de Cuba bajo las relucientes espaldas de los negros esclavos. Por su origen, Jos Antonio Saco es un hijo de terrateniente nuevo, cuya fortuna, apoyada en viejas formas de produccin, no es ms que una riqueza local. Particular importancia debieron tener en el nio Saco las caractersticas de la esclavitud que lo rodeaba. Por lo general, estas familias tenan pocos esclavos, pues las concepciones productivas de las haciendas de ganado y labor, no exigan las grandes dotaciones que caracterizaron a las plantaciones azucareras y cafetaleras. Muchos esclavos eran domsticos. Por ello, Jos Antonio, muchos aos despus, seala que ellos —los Saco—, posean “ algunos esclavos de ambos sexos”.3El nio Saco observa —lo recordar en la vejez— que en el Bayamo de inicios del siglo XIX, todos los cargos pblicos y privados y la vida social, estaban dominados por los criollos. Escribi en su Autobiografa: 2Jos Antonio Saco: “Vida de Don Jos Antonio Saco. Escrita por l mismo en los primeros meses del ao 1878”, en Revista Cubana t. XX, 1894, p. 315, nota. 3Ibdem, p. 315.

PAGE 10

6 \ 6 \ 6 \ 6 \ 6 \ OBRAS ” Su nmero [el de los peninsulares] en Bayamo era entonces muy corto, casi todos catalanes, casi todos taberneros o tenderos; ninguno tena aspiraciones polticas, carecan de influencia social, no pensaban ms que en buscar dinero con su industria, y felizmente no existan entre ellos y los bayameses los odios patricidas que despus se despertaron con tanta fuerza. En aquel tiempo, y en algunos aos posteriores, todas las autoridades, desde el teniente gobernador hasta el ltimo capitn de partido, en toda la jurisdiccin de Bayamo, eran cubanas, y lo mismo aconteca con las corporaciones y empleados. Entre aqullas y stos solamente haba un peninsular, llamado don Ignacio Zarragoita, administrador de rentas reales. Era andaluz, arrogante mozo, inmoral hasta el escndalo, desfachatado, travieso, de espritu litigioso, y usurpador de los fondos pblicos que manejaba...”. Otra referencia permite establecer comparaciones: “el teniente coronel don Jos Coppinger (...) era entonces el digno habanero gobernador de Bayamo (...) a su carcter firme y enrgico, juntaba una probidad y desinters que honran su memoria”.4Estas impresiones infantiles, las de sus aos de formacin, justamente las que tienden a grabarse en los recuerdos y permanecen, aun sin tomar conciencia de ello, en la vida del hombre, parecen ser sustrato del pensamiento de Saco. Su lucha por una sociedad en la que los cubanos, incluso en el sentido limitado que l le dio al trmino, tuviesen en sus manos el destino del pas, parece tener sus races en estos aos infantiles. Pero aquel mundo idlico de la niez de Saco desapareci para l de forma violenta y cruel. La familia Saco Lpez se desintegr con la misma rapidez con que haba surgido. El 25 de noviembre de 1806, cuando Jos Antonio contaba 9 aos, muri la madre; cinco aos despus, el 30 de junio de 1811, falleca el padre. A los 14 aos y dos meses, Saco era hurfano de padre y madre, y tena dos hermanos menores a quienes proteger. Lo que ocurre inmediatamente despus de la muerte del padre de Saco resulta determinante en la vida del joven bayams. Sobre los hurfanos se lanzan “los falsos protectores” que deseaban convertirse en administradores de todo el caudal familiar. Como Jos Antonio haba cumplido los 14 aos pudo designar abogado, pero sus hermanos menores deban ponerse bajo tutela. El padre general de menores y el tribunal trataron de invalidar a la abuela y a un to de los nios, de manera que la tutela de los hermanos recayera en aqul y, con ella, el caudal familiar. Para lograr este objetivo se valieron de calumnias y utilizaron todos los medios posibles. Sin embargo, la aparicin de un pariente de los hurfanos dentro del cuarto grado de consanguinidad, hizo fracasar los planes de los ambiciosos funcionarios. 4Ibdem, pp. 311-312.

PAGE 11

JOS ANTONIO SACO / 7 / 7 / 7 / 7 / 7 Frustrado este primer intento, se pas a otro ms sutil. Se hizo inventario de los bienes, y esto permiti, segn el propio Saco, que “una turba de bandidos ” destrozara las haciendas de su padre. Once pleitos se formaron y durante tres aos de “angustias y dolores”, los Saco defendieron su patrimonio. Jos Antonio desempe un papel importante como auxiliar de su abogado. De todo ello escribe: “¡Cun amargas lecciones recib entonces desde tan temprana edad! Los ms ntimos amigos de mi padre, los que ante l se inclinaban y le besaban las manos, convirtindose en enemigos y verdugos de sus desventurados hijos”.5Del reparto de los bienes que pudieron salvarse correspondi a Jos Antonio slo 6 262 pesos, 7 reales y 28 maravedes.6La cada econmica de la familia y su enfrentamiento a estas poderosas fuerzas sociales, no pueden pasarse por alto a la hora de analizar la actitud intelectual de Saco. En estos hechos tambin pudiera hallarse la gnesis de su permanente rechazo a la burocracia colonial. Si por su origen perteneca a una familia de “nuevos ricos” locales, de terratenientes ganaderos, a los 14 aos deviene hombre de recursos limitados. Ha pasado a integrar esa amorfa, variable y cambiante pequea burguesa que se mueve dentro de los cnones del movimiento socio-ideolgico burgus como su fuerza de choque, formando, lo que pudiramos llamar, sus alas derecha e izquierda, y que en las dcadas posteriores dar origen al movimiento liberal. A esa pequea burguesa, llamada clase media, que aspira a ser lo que no puede ser y est condenada a ser lo que no quiere ser, a esa contradictoria clase media, perteneci Jos Antonio Saco. Su actitud intelectual se diferenci de la de los hacendados esclavistas; su indagacin cientfica, sociolgica e histrica penetr en los aspectos de la sociedad cubana con independencia y desde ngulos distintos. Saco tuvo las preocupaciones de los grandes hacendados y, adems, las de la clase media, en tanto los problemas que afectaban a los grandes y medianos plantadores repercutan, por extensin, en toda la sociedad cubana, desde el terrateniente ganadero hasta quienes viven de su oficio o profesin. Quiz por la amplitud de miras que fue adquiriendo desde temprana edad, lo que sobresale de su pensamiento est en la forma en que entronca inquietudes y desacuerdos con la elaboracin de un proyecto que asume la plenitud de la propuesta de modernidad capitalista desde la especificidad cubana. Su experiencia individual y social sientan las bases, a temprana edad, para la formacin de un buen receptor del 5Ibdem, p. 315. 6Jos Antonio Saco: Contra la anexin Recopilacin de sus papeles con prlogo y ultlogo de Fernado Ortiz, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 (nota de Fernando Ortiz, p. 19).

PAGE 12

8 \ 8 \ 8 \ 8 \ 8 \ OBRAS pensamiento crtico y germinante de una modernidad que es, ante todo, propuesta de cambios. Esta clara insercin social de Saco ha sido, no obstante, peridicamente escamoteada. No pocos autores intentaron definirlo dentro del ncleo de los hacendados esclavistas. A otros, los llev a ver en el polmico bayams, “grandes contradicciones”. Cabe al eminente intelectual cubano don Fernando Ortiz la primicia de distinguir que Saco no perteneca a la clase social hegemnica cubana, sino al sector medio de poblacin. Era, segn las palabras de Ortiz, un “profesional, modesto burgus, que por culto y decente y por su liberalismo de economas y de polticas, moderado pero sincero, resultaba esencialmente incompatible con aquel rgimen reaccionario y depredador, de intolerancia, esclavitud, autoritarismo, contrabando, desafuero, privilegio y corrupcin”.7La educacin inicial que recibi Saco fue la caracterstica de los pueblos y pequeas villas de la Isla. La comienza en una pequea escuelita contigua a su casa, de la cual eran dueas dos hermanas bayamesas de apellido Fontaine. En ella aprendi a leer y el catecismo, cosa tpica de la enseanza elemental de la poca. Con posterioridad pas a la escuela sostenida gratuitamente por el presbtero bayams don Mariano Acosta, con quien aprendi “algo de latn”, leer en letra impresa y manuscrita, y rudimentos de matemticas. stos eran los conocimientos de Saco, a principios de septiembre de 1814, cuando sali de Bayamo hacia Santiago de Cuba. Dejaba concluidos todos los pleitos de herencia e iniciaba estudios en el Seminario de San Basilio el Magno, el ms importante del Departamento Oriental. Aqu estudi filosofa y derecho. Durante su estancia en Santiago de Cuba vivi en la casa de sus tos Manuel Cisneros y Josefa Blanco Anaya, en la calle Baja de Santo Toms nmero 4. En esta poca ocurri uno de los episodios ms oscuros de su vida: sus amores con su prima Juana Cisneros. Saco no habl jams ni en su extenso epistolario ni en su autobiografa de estas relaciones. Slo Domingo del Monte y Jos Luis Alfonso, sus ntimos amigos, tenan conocimiento del incidente. El hecho no hubiera tenido importancia para este esbozo biogrfico, sino fuera porque demuestra ciertas caractersticas de su personalidad. Ya en La Habana, otorg poderes a su primo Hilario Cisneros, hermano de Juana, para que se llevase a efecto su matrimonio, el cual se realiz en la iglesia Catedral de Santiago de Cuba el 8 de octubre de 1816. Tres aos ms tarde, Saco defiende un trabajo suyo en el cual sostiene la tesis de que los matrimonios por 7Jos Antonio Saco: Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los pases amrico hispanos Prlogo de Fernando Ortiz, Cultural S.A., La Habana, 1933, p. XXXIX.

PAGE 13

JOS ANTONIO SACO / 9 / 9 / 9 / 9 / 9 poder no tienen validez. Nunca ms volvi al lado de Juana, pues estimaba, segn se desprende de su artculo, que nada lo ligaba a ella. Cuando en 1856 contrajo matrimonio con Dolores Fras, viuda de Narciso Lpez y hermana del conde de Pozos Dulces, an viva Juana Cisneros. Todo indica que este primer “matrimonio” de Saco tuvo su origen en alguna promesa hecha por l a la familia Cisneros en los tiempos en que estuvo en su casa. De sus estudios en Santiago de Cuba expresa Jos Antonio Saco: “Todos los que asistieron a mis conclusiones, que fueron en latn, decan que yo haba quedado lucidsimamente, y me colmaron de elogios, pero en mi interior no los aceptaba, porque confieso con toda franqueza que no entenda ni una sola palabra de lo mismo que haba defendido con tanta brillantez”.8Los estudios que se efectuaban en el Seminario de San Basilio el Magno se regan por la ms estricta observancia del mtodo escolstico de enseanza y sus contenidos respondan a ello. Saco los evalu con estas palabras: “confieso, que yo era uno de los que mejor los conservaba en la memoria; pero al mismo tiempo debo confesar, que yo sin tenerla mala, a los pocos aos de haber salido de aquella clase ya no me acordaba ni aun de la primera palabra de mis cuadernos de filosofa”.9No era raro este resultado, aun en un alumno tan brillante como l. La enseanza se ejercitaba sobre la base de textos ledos por el profesor, por lo que en la Real y Pontificia Universidad de La Habana, se le llamaba lector. Esta enseanza oral consista en hacer que el estudiante grabase de memoria los contenidos, sin que profesores y alumnos pudiesen ejercitar el razonamiento y la capacidad analtica. Un abogado espaol, Jos Villar, aconsej a Saco, a quien admiraba por su habilidad: “V. es todava muy muchacho y me intereso por V. Esta filosofa que V. estudia, de nada le servir. Procure V. ir a La Habana, en donde hay un clrigo muy joven, llamado Varela, que ensea verdadera filosofa moderna en el Colegio de San Carlos de aquella ciudad”.10Este encuentro, determinante en su vida, Saco lo destaca en su Autobiografa: “ Estas palabras me hicieron la ms profunda impresin en mi espritu, y puedo asegurar que a ellas debo el cambio y revolucin que experimentaron mis ideas”.11No pudo entonces ir a La Habana. Regres a Bayamo y en septiembre de 1815, de retorno a Santiago de Cuba, matricul derecho, aunque la idea de estudiar con el “clrigo muy joven, llamado Varela”, estaba 8Loc. cit., nota 2, p. 318. 9Ibdem, pp. 317-318. 10Ibdem, p. 318. 11Ibdem, p. 318.

PAGE 14

10 \ 10 \ 10 \ 10 \ 10 \ OBRAS grabada en su pensamiento. Despus de vencer “poderosos obstculos”, que no aclara, regres a Bayamo en marzo de 1816 con el propsito de pasar all el verano. Inmediatamente despus, sali para La Habana a continuar sus estudios. Ninguno de sus parientes aprob esta determinacin. Mas, Saco, “sin gua ni proteccin”, se traslad a la capital, siguiendo, como siempre, su conviccin personal. Aquel adis al oriente de la Isla era mucho ms profundo de lo que sus familiares podan pensar. Saco ser, a partir de entonces, un hombre llevado en pensamiento y accin por la problemtica del occidente de Cuba, esa locomotora que arrastraba tras de s a todo el resto del pas. Un nuevo espacio en su mundo material, y en su universo espiritual, absorber y elevar a alturas insospechadas al mozo de 19 aos que se lanzaba en busca de nuevos conocimientos. La Habana a la que arrib el joven Saco en 1816, no era slo el principal puerto-escala del crtico imperio espaol en Amrica, sino el lugar donde, desde haca varias dcadas, se efectuaba el recambio productivo, social y espiritual ms osado del mundo colonial espaol. Las ms modernas tcnicas, los ms variados conocimientos cientficos y la inquietud poltica e intelectual, se movan al reclamo de una economa floreciente, aparentemente sin lmites, generada por una asociacin benfica entre el mercado mundial y la capacidad interna. Era la “poca feliz” de la cual hablaba Francisco de Arango y Parreo, quien vea a Cuba destinada a ser la “Albin de Amrica”. Hombres de las ms variadas procedencias y culturas observaban los efectos del “fenmeno habanero” y dejaban constancia de la impresin que haba causado en ellos. El ingls Francis Robert Jameson escriba: “Estoy convencido que un gobierno hbil y vigoroso podra en el trmino de medio siglo dejar convertida la Isla de Cuba, en una nacin estable y con una perfecta disposicin social, con una poblacin activa y numerosa y con multitud de recursos, tanto para fines pblicos como privados, en comparacin con cualquier otro territorio de su extensin”.12Por su parte, el charlestoniano agente secreto de Estados Unidos, Joel Roberts Poinsett, anotaba en su diario: “Nunca he visto, en ningn puerto de los Estados Unidos, con excepcin de Nueva York, tanto bullicio de negocios”. Y agregaba: “Hay una apariencia de opulencia y de comodidad en los aposentos de los nobles y de los ricos, que nunca he visto en ninguna otra colonia espaola, debido, se puede suponer, a su comercio exterior. Encontr a los caballeros extremadamente hospitalarios, corteses y bien informados”.13 12Citado por Juan Prez de la Riva: El barracn y otros ensayos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 75-76. 13Joel Roberts Poinsset: Nota sobre Mxico Editorial Jus, Mxico, 1950, p. 279.

PAGE 15

JOS ANTONIO SACO / 11 / 11 / 11 / 11 / 11 Un destacado cientfico alemn, Alejandro de Humboldt, comparando La Habana de principios del siglo XIX con el resto de las capitales americanas, da una interesante relacin: “Me ha parecido que en Mxico y Bogot hay una tendencia decidida por el estudio de las ciencias; en Quito y en Lima, ms gusto por las letras y por todo lo que pueda lisonjear una imaginacin ardiente y viva; en La Habana y Caracas, mayor conocimiento de las relaciones polticas de las naciones y miras ms amplias sobre el estado de las colonias y de las metrpolis. La multiplicacin de las comunicaciones con el comercio de Europa y aquel mar que hemos descrito como un Mediterrneo con muchas bocas, han influido poderosamente en el progreso de la sociedad en la isla de Cuba y en las hermosas provincias de Venezuela; en ninguna parte de la Amrica espaola ha tomado la civilizacin un aspecto ms europeo”.14Jos Antonio Saco llega a La Habana en un momento especial. Eran los aos dorados del reformismo poltico en Cuba. La apertura de Fernando VII, en 1814, represent el predominio de los hacendados cubanos en la Isla y la continuidad de su influencia directa en la poltica colonial de Espaa.Si la oligarqua habanera, constituida por unas 500 familias, haba logrado una notable influencia en la Corona espaola, ello se debi a su riqueza incrementada de forma poco vista en estos aos y a su presencia dentro de las redes de poder en la Pennsula. Una simple ojeada a las recaudaciones espaolas por concepto de rentas de aduanas, nos da una idea no slo del florecimiento de la colonia de Cuba, sino tambin de los beneficios crecientes que reciba su metrpoli. En 1760, las rentas aduaneras fueron de 163 605 pesos; en 1816, de 4 114 708. Esta ltima cantidad resulta pequea en comparacin con lo recaudado en los aos posteriores.El auge econmico del occidente de la Isla tuvo su origen en varios factores internos e internacionales que confluyeron a fines del siglo XVIIIy principios del XIX: las guerras entre Espaa y Gran Bretaa (1779-1783), que permitieron el comercio con neutrales o aliados de Espaa; la independencia de las Trece Colonias Inglesas de Norteamrica (1783), que increment las demandas de ese mercado, siempre creciente, de los productos tropicales, a la vez que Cuba se converta en una consumidora de sus productos manufacturados y de su trfico de esclavos; la Revolucin Francesa (1789), que desvertebr el equilibrio comercial, y, muy en especial, la Revolucin Haitiana (1791), que hizo desaparecer al primer productor mundial de azcar y caf. 14Alejandro de Humboldt: Ensayo poltico sobre la Isla de Cuba Cultural S.A., La Habana, 1930, t. I, pp. 45-46.

PAGE 16

12 \ 12 \ 12 \ 12 \ 12 \ OBRAS Estos hechos histricos tuvieron, en su conjunto, la importancia de crear una situacin de mercado muy favorable, al convertir las demandas de productos tropicales en un dficit que las ofertas no podan cubrir, por lo que sus precios, con sus altibajos, resultaron cada vez ms altos. La zona occidental de Cuba pudo aprovechar, como ninguna otra, esta situacin internacional. Contaba con las condiciones internas para ello: 1 Una privilegiada posicin geogrfica, especialmente La Habana, cuyo puerto estaba ms cerca que ningn otro de los mercados norteamericano y europeo. 2 La existencia de capital producto de la funcin de puerto-escala durante los siglos anteriores y que serva para nuevas fuentes de riquezas. 3 Tierras frtiles y cercanas a las costas, lo cual disminuye los costos de transportacin. 4 Tcnica que logra obtener la Isla con la compra de equipos modernos, al contar con capitales para ello. 5 Fuerza de trabajo, de la cual haba carecido la Isla y que ahora entraba masivamente debido a las reales cdulas que autorizaron la libertad del trfico de africanos. 6 La disminucin o liberacin de los impuestos que permitieron mayores rangos de ganancia. Este proceso, si bien signific un movimiento sistemtico de incremento econmico, llevaba implcito serias contradicciones y paradojas que provocaron nuevas tendencias en los procesos demogrficos, regionales y sociales de la Isla. Desde el punto de vista regional, mientras occidente incrementaba su riqueza, centro-oriente se retrasaba. A mediados del siglo XIX, el 90 % del comercio exterior de la Isla se efectuaba en occidente y slo el 10 %, en la zona oriental. El 80 % de la zafra azucarera la llevaban a cabo los ingenios de occidente. El 90 % de los esclavos y el 75 % del campesinado estaban repartidos en esta regin. Las caractersticas del desarrollo azucarero-cafetalero cubano implicaban, por una parte, el incremento de la fuerza de trabajo esclava, destinada a las grandes plantaciones, y, por otra, el de un campesinado dedicado a la produccin para un mercado interno y para renglones productivos, como el tabaco, que necesitaban de cierta especializacin. Con el desarrollo agrario y la importante funcin de las ciudades-puertos, tambin se desarroll un amplio artesanado y una industria manufacturera citadina. La poca de formacin del pensamiento de Saco es la poca del desenfreno esclavista y de la inmigracin blanca dirigida a determinadas esferas productivas y de servicios, tanto del campo como de la ciudad. Entre 1762 y 1846 se introdujeron en la Isla alrededor de 636 465 esclavos. Si se toma como base la poblacin en 1757 puede entenderse la magnitud de este impacto; en la fecha citada, Cuba contaba con 149 170 habitantes. En 1846, la poblacin catalogada como “de color” —es decir, negros y mulatos— se elevaba al 52,2 % del total. La esclava constitua el 36 %. Cuba contaba con 898 754 habitantes.

PAGE 17

JOS ANTONIO SACO / 13 / 13 / 13 / 13 / 13 Pero indicadores tan reveladores como los anteriores son los siguientes. De los esclavos existentes en la Isla slo el 22,9 % estaba en ingenios y el 13,7 %, en cafetales. En los servicios domsticos, artesanales y de otros tipos estaba el 45 %. Los pequeos productores agrcolas, como los sitieros y vegueros tambin los posean, si bien en pequeas cantidades (el 18 %). Lo anterior demuestra que la esclavitud se hallaba extendida en toda la vida econmica y social del pas. No slo los grandes propietarios posean esclavos; ni siquiera la mayora de los esclavos estaban en las plantaciones, sino que la nefasta institucin se utilizaba por amplios sectores de la clase media urbana y rural. Incluso haba negros libres que posean esclavos. El enlace de la economa cubana con el mercado mundial capitalista generaba una particular contradiccin: producir mercanca con fuerza de trabajo esclava. Otra contradiccin se hallaba en el hecho de que toda la sociedad estaba comprometida con la institucin esclavista. Una particular caracterstica era que si bien la dinmica econmica cubana la trazaba la produccin azucarera-cafetalera, su sector ms dinmico, el grueso de la poblacin, incluida la esclava, no se vinculaba directamente con esta produccin. Una simple visin de los censos y padrones de la poca permite sealar que la produccin en pequeas parcelas constitua la forma ms extendida de explotacin agrcola en Cuba. En 1825, las tierras dedicadas al consumo producan 6 veces ms que los cafetales, 5 veces ms que las haciendas y 3 veces ms que los ingenios. El valor de los cultivos de los pequeos productores reunidos, representaba el doble que el de los ingenios y cafetales, pese a que estos ltimos empleaban un 35 % ms de capital. La propiedad de la tierra se mantuvo, sin embargo, en manos de la oligarqua que la explotaba de dos formas distintas: la plantacin esclavista y su reparto, en diferentes condiciones, a los campesinos. El nmero de trabajadores, en 1862, de un tipo u otro utilizado en los sitios (365 000) superaba al de los ingenios (220 000) y al de los cafetales (21 000). Sitieros, vegueros (34 000) y ganaderos (92 000) forman, por una parte, un amplio campesinado y, por otra, la base para su ampliacin.15 Las alternativas cubanas no slo pasaban por la esclavitud, sino que se imbricaban con el destino de la tierra y del campesinado. En torno a este particular alertaba, desde el siglo XIX, el cientfico alemn Alejandro de Humboldt, cuando adverta que crea necesario sacar del error que significaba para los europeos suponer que la mano de obra esclava se empleaba exclusivamente dentro de la produccin azucarera.16 15Heinrich Friedlaender: Historia econmica de Cuba Jess Montero, editor, La Habana, 1944, p. 175. 16Alejandro de Humboldt, ob. cit., p. 217.

PAGE 18

14 \ 14 \ 14 \ 14 \ 14 \ OBRAS Por tanto, el problema de la sociedad esclavista y el de su transformacin en una sociedad capitalista plena, no es slo el de la plantacin esclavista. La esclavitud como solucin del problema de la fuerza de trabajo, provoc que el inters por sta se generalizara en toda la sociedad cubana de la primera mitad del siglo XIX. La historia de la esclavitud rebasa la historia de la plantacin. Es la historia de todo el sistema productivo y de toda la vida social en Cuba, pues se extiende a todas las formas de sociabilidad, por lo que repercute en todas las proyecciones polticas en y sobre la Isla. En algunos sectores de la clase media colonial, de los productores agrcolas no plantacionistas y de la naciente intelectualidad se produjo, al influjo de las Ilustraciones europeas y americanas, del movimiento independentista norteamericano, de la Revolucin Francesa, del proceso libertador latinoamericano y del contradictorio flujo y reflujo de los liberalismos y constitucionalismos espaoles, un complejo sistema de ideas que fue creando un modo propio de pensar; un sistema de interpretacin de la realidad cubana enraizado en la tradicin criolla y nutrido del amplio espectro del pensamiento de la modernidad. Jos Antonio Saco devendr el analista ms profundo, completo y crtico de este complejo econmico, social y espiritual que es la sociedad esclavista cubana y quien ofrecer una propuesta coherente para su superacin.EL PERODO DE FORMACI"N IDEOL"GICA (1816-1828)Terminado el verano de 1816, Jos Antonio Saco llega a La Habana. A finales del mismo ao matricula derecho civil en el Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio. En este perodo de su vida podemos distinguir dos etapas bien definidas. La primera (de 1816 a 1821) caracterizada por su inmersin en el movimiento transformador que se generaba en el Seminario de San Carlos; la segunda (1821-1826) en la cual inicia sus primeras actividades intelectuales plenamente identificado con la corriente de pensamiento vareliana. Saco obtiene, despus de dos aos de estudio, el ttulo de Bachiller en Derecho Civil el 26 de abril de 1819. Con anterioridad, el 15 de febrero del mismo ao, haba optado por el premio instituido por el catedrtico de la asignatura en el Seminario, Justo Vlez, con La declaracin de prodigalidad y sus efectos jurdicos sobre la capacidad del prdigo para contraer matrimonio, para testar, y efectos de la mutacin de conducta del prdigo en su interdiccin. Es su primer trabajo conocido. Sobre estos tres primeros aos de su vida en La Habana apenas se tienen datos; su Autobiografa no llega a este perodo y en su Coleccin

PAGE 19

JOS ANTONIO SACO / 15 / 15 / 15 / 15 / 15 de papeles... casi no hay referencias.17 Si se observa la actividad de Saco a partir de 1820, resulta indudable que en esta etapa mantuvo relaciones personales en La Habana, efectu estudios intensos y conoci la realidad de la sociedad esclavista en su mayor expresin. Entonces qued definida la corriente intelectual con la cual se sinti afn por sus intereses, experiencia personal e inquietudes. Saco qued vinculado, desde estos aos iniciales de su vida en la capital, con el grupo formado por jvenes, que se autotitularan ilustrados y que provenan no slo de La Habana, sino de los principales centros urbanos de la Isla; con ellos compartira sus inquietudes intelectuales, su actitud crtica hacia la esclavitud y, sobre todo, el consenso de que era necesario fundar una ciencia cubana capaz de empezar a dar coherencia a una conciencia cubana, y, con ellas, crear una nueva sociedad sin las lacras de la esclavista y con todos los elementos dinmicos de la modernidad. Entre estos jvenes se destacan Felipe Poey, Domingo del Monte y Jos de la Luz y Caballero. Otro detalle interesante de esta etapa. Aunque estudi derecho, nunca quiso, pese a la insistencia de sus amigos, obtener los grados mayores de licenciado y doctor. Pero si atendemos a las palabras de Saco en su Autobiografa, una haba sido la razn por la cual l haba viajado a La Habana: estudiar con “el clrigo muy joven, llamado Varela, que enseaba verdadera filosofa moderna”. Al fin lo logra en 1820, cuando empieza su asistencia a las clases de filosofa que Varela imparta en el Seminario de San Carlos. Aunque stos son los datos que aparecen en los documentos, todo indica que, por lo menos desde haca tres o cuatro aos, Saco ya intimaba con Varela. Asista a la defensa de los exmenes y comparta con el grupo de predilectos alumnos del maestro su famosa “celda” del Seminario; verdadera matrona del movimiento, donde se discutan los ms variados temas polticos, sociales y filosficos. Desde entonces, y mientras vivi, l, no dado a prodigar elogios, reconoci a Varela como maestro, amigo y mximo expositor del pensamiento cubano: “el hombre ms virtuoso que he conocido sobre la tierra”. “El hombre que por muchos conceptos es el primero de los cubanos...”.18 17Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles cientficos, histricos, polticos, y de otros ramos sobre la Isla de Cuba, ya publicados, ya inditos, por Don Jos Antonio Saco, Direccin General de Cultura, Ministerio de Educacin, La Habana, 1960. A partir de aqu las notas se citarn de la forma siguiente: Coleccin de papeles... 18Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 72, y Domingo FigarolaCaneda: Jos Antonio Saco Documentos para su vida Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1921, p. 305. Otros muchos elogios formul Saco sobre Varela. En su testamento seala que su maestro fue “el regenerador de los buenos estudios en Cuba, el virtuoso y santo sacerdote”. Segn Fernando Ortiz, Saco expres que “siempre acarici la idea de erigirle un monumento” (Jos Antonio Saco: Contra la anexin ..., ed. cit., nota de Fernando Ortiz, p. 26).

PAGE 20

16 \ 16 \ 16 \ 16 \ 16 \ OBRAS De su Ctedra de Filosofa expres: “Es forzoso confesar que no cediendo la palma a ninguna de la nacin [se refiere a Espaa], ha sido el ornamento de La Habana y la gloria de la Isla de Cuba”.19La profunda amistad e identificacin que ya existan entre Varela y Saco quedaron en evidencia en 1821, cuando el primero fue electo diputado a las Cortes espaolas. En esa ocasin, al tener que ausentarse de La Habana, el presbtero decidi, de entre tantos excelentes alumnos y graduados, proponerle al obispo Espada que el estudiante Jos Antonio Saco ocupase su lugar al frente de la Ctedra de Filosofa. El gesto significaba colocar en manos del alumno su obra ms querida y admirada y el instrumento ms importante y til para la formacin de la juventud cubana. Si bien esta decisin resulta de por s significativa, tambin lo es que el riguroso y exigente obispo la aceptara. No fue impugnada la decisin. Todo ello demuestra hasta qu punto el joven Saco ya era reconocido, dentro la juventud ilustrada, como uno de sus exponentes ms brillante. El 20 de abril de 1821, Jos Antonio Saco tomaba posesin interina de la ctedra, mientras durara la ausencia de Varela. Poco despus, el 5 de mayo, se gradu. Otro gesto de Varela resulta an ms revelador; nombr a Saco su apoderado y representante, mientras durara su ausencia. Con Varela, Saco compartira una ntima correspondencia, ms de una empresa intelectual y en su defensa sostendra enconadas polmicas. Sobre la que lo enfrent al espaol Ramn de la Sagra, escribi: “Este hombre era el virtuossimo, el santo sacerdote, el benemrito D. Flix Varela, quien en la poca de las escenas que se acaban de leer, se hallaba en Madrid de diputado a Cortes por La Habana. Yo fui su caro discpulo, y uno de sus ms tiernos amigos; y confieso, que la ofensa ms grave que el seor La Sagra me hizo en esta ardiente polmica, fueron los insultos que estamp en su carta contra varn tan esclarecido. Esto provoc la vehemencia de mi lenguaje, y ciertamente que yo jams lo habra empleado, si a m se hubieran dirigido los tiros del seor Sagra”.20Resulta una verdadera ausencia, a la hora de entender las concepciones saquistas, pasar por alto la revolucin intelectual en la que se form y de la cual emergera, tras la ausencia de Varela, como su bandera. Qu ocurra en el Seminario de San Carlos y de qu era partera su Ctedra de Filosofa? Por qu el profundo crtico que haba en Saco slo prodiga elogios a su maestro y lo coloca como el ms insigne de los cubanos, el nico padre espiritual y mentor intelectual que reconoce? 19Citado por Fernando Ortiz en el Prlogo a Contra la anexin..., ed. cit., p. 26. 20Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles... ed. cit., t. I, p. 256, nota.

PAGE 21

JOS ANTONIO SACO / 17 / 17 / 17 / 17 / 17 Qu sueos y qu ciencias ofrecieron sus pechos nutrientes a aquellos jvenes sedientos de conocimientos y deseosos de cambiar su sociedad? El 23 de febrero de 1802 haba llegado a Cuba el nuevo obispo de La Habana, Juan Jos Daz de Espada y Fernndez de Landa. Poco despus tambin asuma la direccin de la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Como parte de las instituciones que regentaba su mitra estaba el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio. El obispo observa, estudia, pregunta, recorre el territorio bajo su jurisdiccin y comprueba el estado de atraso, miseria y pobreza espiritual en que vive la inmensa mayora del, desde ya, su pueblo. De inmediato inicia la reforma de ms profundo vuelo y de ms espaciosas consecuencias de toda la historia colonial porque stas no eran slo econmicas y sectorializadas.21 A su alrededor rene a lo que ms vale y brilla de la cultura de la Isla. A su lado estn el doctor Toms Romay y el padre Jos Agustn Caballero. Prohbe el enterramiento en las iglesias, crea el primer cementerio de La Habana y de otras villas, inicia cursos para superar al clero de su dicesis, promueve el desarrollo de la educacin —su gran estandarte— a travs de los mtodos ms modernos y del estmulo a los maestros, hace suya la campaa por la introduccin de la vacuna antivarilica, modifica y moderniza la Casa de Beneficencia, la de mujeres recogidas —que convierte en un verdadero taller de reeducacin—, crea el hospital para dementes, entre otras muchas actividades. El obispo, no obstante, tiene ms amplias miras. Hombre de una profunda formacin enciclopdica, es un entusiasta de las ideas modernas. Despus de un profundo estudio sobre Cuba, escribe, en 1808, un informe trascendente que contiene sus ideas para la transformacin de toda la sociedad insular. Contrapuesto, en muchos aspectos, al de los grandes hacendados, este documento puede considerarse la base de sus proyectos de modernizacin. Entonces escribe: “Si el Obispo llega a conseguir que sus meditaciones y vigilias (...) merezcan alguna atencin, para que se piense seriamente en hacer las aplicaciones adecuadas, superando vulgaridades, despreciando miras de intereses srdidos y dedicndose a favorecer a los pobres, habr logrado todo el premio y satisfaccin a que aspira”.22Al leer el texto, no resulta difcil comprobar que esos “intereses srdidos” no son otros que los de los esclavistas y tratistas. 21Un esbozo biogrfico y un breve estudio sobre su papel en la historia social, cultural y de las ideas en Cuba, puede verse en Obispo de Espada Papeles Ensayo introductorio, recopilacin y notas, Eduardo Torres-Cuevas, Biblioteca de Clsicos Cubanos no. 4, Imagen Contempornea, La Habana, 1999. 22Obispo de Espada, “Diezmos reservados”, en ob. cit., p. 256.

PAGE 22

18 \ 18 \ 18 \ 18 \ 18 \ OBRAS Sobre las concepciones de los primeros expresa: “Son unas cuantas haciendas grandes y opulentas, pero aisladas en que slo se conoce un propietario, que tira para la utilidad y que no se propone otro designio que el de sacar toda la ganancia posible con el menor nmero de brazos”.23 Ello lo lleva al parangn necesario: “Comprense los dueos de ingenios que infaliblemente han de ser ricos y opulentos (...) con el pobre labrador comn que paga un diezmo (...) y se ver cuanto ms desigual es la condicin poltica de los unos de la de los otros, y cuan perjudicial es esta enorme desigualdad”.24 En consecuencia, ofrece su solucin: “una abundancia y prosperidad de que todos puedan participar con proporcin y que lejos de reconcentrarla en pocas manos se propaguen y difundan cuanto ms fuera posible (...) Para que la agricultura florezca debe componerse el pas del mayor nmero de propietarios que sea posible”.25Sobre el trfico de esclavos anota: “La introduccin de negros no conduce ni ha conducido hasta ahora, a otra cosa que a una poblacin precaria y pasajera (...) este comercio, ha podido influir en la poblacin? Es necesario y til a la agricultura? La experiencia y la razn decidirn por la negativa (...) ”Este tan decantado comercio de negros debe desaparecer enteramente (...) No ms buques al frica, ni ms extranjeros con negros dentro de nuestros puertos”.26Si se estudia el conjunto de la documentacin del obispo y se une a los pasos que da, puede considerarse que es el iniciador de ese espacio crtico y, an ms, de esa “Revolucin Intelectual” de la cual hablan muchos de los hombres que conocieron a Flix Varela. Espada convierte el Seminario de San Carlos en un verdadero hervidero de ideas que rompe con la estructura gtica del pensamiento medieval y abre sus puertas a la modernidad. De la modernidad de las ideas depende, en su concepcin, la de la sociedad. Y acude entonces al Seminario con el criterio de que los viejos profesores ya no pueden cambiar su modo de pensar; en la muchachada inquieta y retadora est la posibilidad del recambio conceptual, de ideas y de proyectos para la sociedad cubana. Dentro de esa plyade hay un joven en especial que atrae al obispo por su inteligencia, amor al estudio y valenta: Flix Varela.27 23Ibdem, p. 231. 24Ibdem, p. 231. 25Ibdem, p. 223 y 239. 26Ibdem, p. 255. 27Para un estudio de la personalidad y las ideas de Flix Varela, ver Eduardo TorresCuevas: Flix Varela Los orgenes de la ciencia y con-ciencia cubanas ed. cit.

PAGE 23

JOS ANTONIO SACO / 19 / 19 / 19 / 19 / 19 En 1811, Varela asume la Ctedra de Filosofa. Desde su primer escrito, Varias proposiciones para ejercicio de los bisoos ya deja sentada las bases de su proyecto de cambio terico: “No seguimos a ningn maestro. Si por eso se entiende que no juramos sobre la palabra de nadie, concedo. Pero si se quiere decir que procedemos sin norma, sin gua y que de nadie aprendemos, niego. Lo que la filosofa eclctica quiere es que tengas por norma la razn y la experiencia, y que aprendas de todas, pero que no te adhieras con pertinacia a ninguna”.28Pese al atrevimiento del joven sacerdote, el obispo an no estaba satisfecho. Leyendo las Proposiciones le expres a su secretario: “Este joven catedrtico va adelantando, pero an tiene mucho que barrer”.29Al conocer estas ideas, Varela escribe: “Tom pues, la escoba, para valerme de su frase, y empec a barrer, determinado a no dejar ni el ms mnimo polvo de escolasticismo ni de inutilismo, como yo pudiera percibirlo”.30Cuando Jos Antonio Saco llega a La Habana en 1816, Varela ha pasado de los tanteos, bsquedas y reflexiones iniciales a la madurez de su proyecto de pensamiento, el cual, aunque aparece dentro del conjunto filosfico, abarca tambin lo poltico y social. En ese ao, su nuevo Elenco se adhiere a la corriente ideolgica —al estudio del modo en que se crean las ideas—; centra la relacin razn-experiencia en la superacin del concepto de sustancia escolstico, para situar el de naturaleza como fundamento de toda ciencia fsica o social, base de una ciencia y conciencia cubanas, y elabora, en el conjunto, no slo la liberacin de las ideas, sino tambin, el de las ideas de la liberacin del hombre, de la sociedad y de la patria. Tambin se debe a Varela colocar el concepto y la actitud patritica como objetivo y fin ltimo de toda aplicacin del conocimiento. En esos aos creadores que van de 1816 a 1821, Saco comparte con Varela y el resto del entusiasta grupo de jvenes la discusin sobre las ideas del maestro. En 1818, Varela publica los dos primeros tomos de su obra mayor Lecciones de Filosofa al ao siguiente publica los dos tomos siguientes y la obra que complementa la anterior, Miscelnea filosfica Cuando es designado como diputado a Cortes, se conoce la interioridad de su pensamiento poltico y social que slo es una convergencia con las expuestas por el obispo Espada: propone la extincin de la esclavitud, el fin de la trata, el reconocimiento a la independencia americana y un proyecto de descentralizacin poltica de Cuba. La relacin 28Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta y Mercedes Garca Rodrguez: Flix Varela. Obras Imagen Contempornea-Editorial Cultura Popular, La Habana, 1997, t. I, p. 3. 29Loc. cit., nota 27, p. 143. 30Ibdem, p. 143.

PAGE 24

20 \ 20 \ 20 \ 20 \ 20 \ OBRAS entre l y Saco, as como la actitud de este ltimo en lo mediato y en lo inmediato, demuestran que era un buen conocedor de lo ms ntimo del pensamiento de su maestro; uno de los ms entusiastas en las profundas reformas que en todos los terrenos promulgaban Espada y Varela. Cuando en 1821 Jos Antonio Saco asuma la Ctedra de Filosofa del Seminario de San Carlos no slo se responsabilizaba con mantener el espritu, las tendencias y los objetivos de la enseanza que haba impartido su maestro, sino que en sus manos Varela dejaba el liderato de toda una corriente de pensamiento en momentos harto difciles. Un ao antes, el 15 de abril de 1820, se haba iniciado el segundo perodo constitucional en Espaa y sus posesiones. Al calor de las nuevas condiciones emergieron violentamente las ms diversas corrientes polticas en Cuba. Los peninsulares quedaron divididos entre monrquicos absolutistas, carbonarios, anilleros, comuneros, liberales moderados y liberales radicales. Con independencia de las diferencias entre ellos —algunas con un sello progresista—, tenan en comn que, de un modo u otro, eran, como es lgico, partidarios del dominio espaol en Cuba. Lo que haca particularmente compleja la polmica con algunos de estos sectores era que insertaban sus ideas en una an no muy clara, incluso a veces romntica, concepcin liberal-radical. La divisin entre los criollos result an ms notable. Una tendencia, la de la alta burguesa esclavista, se enfrentaba, por una parte, a los sectores dependientes de los comerciantes gaditanos y habaneros que intentaban despojarlos del espacio de poder que haban tenido con la monarqua absoluta y, por otra, a un amplio movimiento que tena sus bases sociales en las capas medias tanto urbanas como rurales. En estas ltimas se observa una gama de tendencias. La de mayor repercusin est en los partidarios del movimiento independentista latinoamericano, quienes crearon organizaciones secretas como los Soles, la Cadena Triangular y los Caballeros Racionales. El enfrentamiento de los llamados jvenes ilustrados del Seminario de San Carlos, de amplios sectores de la juventud y de las clases medias tanto contra las tendencias espaolas como contra la oligarqua, gener un nmero creciente de simpatizantes. La inestabilidad poltica de la Isla, como consecuencia del enfrentamiento entre la oligarqua, los liberales espaoles, los partidarios de la independencia inmediata y la de quienes crean necesario lograr las condiciones previas para la independencia, haca temer un desenlace que separara definitivamente a Cuba de Espaa. Para las autoridades coloniales, salvo la oligarqua, todos los dems eran causantes de esa inseguridad poltica. En el turbulento ao de 1822, el capitn general de la Isla, Nicols Mahy Romo, declaraba, identificando como cubanos slo a los grandes propietarios: “¡Ojal no hubiesen sino cubanos! (...) En tal caso bien se

PAGE 25

JOS ANTONIO SACO / 21 / 21 / 21 / 21 / 21 podra responder hasta con la vida de la incontestable adhesin al gobierno espaol de esta Isla”.31Su sucesor, Francisco Dionisio Vives, consideraba a los propietarios cubanos los ms firmes vasallos de la Corona: “Hasta ahora a pesar de las infinitas declaraciones tomadas, no se ha descubierto la menor complicidad en los honrados propietarios y personas de juicio que tanto abundan en esta Isla y de quienes he recibido continuamente las pruebas ms positivas de fidelidad a la nacin, adhesin al gobierno de S.M. y el amor al orden”.32El cubano Francisco de Arango y Parreo confirm esas opiniones: “Contamos, no obstante, en todo caso y estudio con los grandes propietarios, con esos buenos vasallos y malsimos soldados. Y los dems? Los jvenes, los aventureros, los descamisados, la gente de color, los esclavos... ¡Cuntos enemigos, si un ejrcito de revolucionarios enarbola en nuestras playas la bandera de recluta!”33Cuando en 1823, como consecuencia de la cada del rgimen constitucional se origina una serie de conspiraciones, stas aparecen concentradas en la juventud, las clases medias y el campesinado. En una carta dirigida al Rey sobre las causas de la conspiracin de los Soles y Rayos de Bolvar, los grandes propietarios escriben: “los agentes ocultos de otras Provincias emancipadas, sembraron la fatal semilla, que acalor la imaginacin de jvenes alucinados, hijos, empero, de padres idlatras de su rey”.34El fiscal actuante en la causa seguida por esa conspiracin, Francisco Hernndez de la Joya, aclara que “el mayor nmero de los encausados” eran “jvenes irreflexivos” e “incautos y candorosos campesinos”.35Como nunca antes se produjo el enfrentamiento de ideas que tuvo en la prensa del perodo sus expresiones ms notables. Ms de 50 peridicos se editaron entre 1820 y 1823. Cada uno responda a una tendencia; El Argos por ejemplo, se editaba por latinoamericanos independentistas residentes en La Habana, mientras que el To Bartolo era seguidor del cura espaol Gutirrez de Pieres. En ese contexto surge el peridico El Americano Libre ttulo de por s revelador, asociado a 31Roque Garrig: Historia documentada de la conspiracin de los Soles y Rayos de Bolvar Imprenta El Siglo XX, La Habana, MCMXXIX, t. I, p. 117. 32Jos Luciano Franco: El gobierno colonial de Cuba y la independencia de Venezuela Estudios monogrficos, Casa de las Amricas, La Habana, 1970, p. 94. 33Francisco de Arango y Parreo: Obras Publicaciones de la Direccin de Cultura, Ministerio de Educacin, La Habana, 1952, t. II, p. 343. 34“Un recuerdo de la Sociedad Econmica de la Habana”, en Roque Garrig, ob. cit., t. II, apndice documental, el captulo XI, p. 260. 35Roque Garrig, ob. cit., t. I, p. 243.

PAGE 26

22 \ 22 \ 22 \ 22 \ 22 \ OBRAS los jvenes estudiantes y profesores del Seminario de San Carlos. Resultaba tan evidente la tendencia del diario que, poco despus, desapareci. En su lugar comenz a publicarse otro con el nombre de El Revisor Poltico Literario. Los artculos publicados en ambos diarios cubran amplias temticas tanto cientficas como literarias, pero, sobre todo, polticas y filosficas. Fue el primer intento, el ms modesto y de menos trascendencia de los que estn asociados con los nombres de Varela y Saco. No hay dudas que este ltimo ya emerge como una de las figuras ms notables de la corriente vareliana y que inmerso en las polmicas de la poca alcanz renombre entre los jvenes estudiantes ilustrados y sus an jvenes ilustrados profesores que lo llev a la Ctedra de Filosofa. En este perodo constitucional podemos ubicar la segunda etapa en la formacin del pensamiento de Saco (1821-1828). Se caracteriza porque en ella hace sus primeras publicaciones, adquiere renombre como polemista, como hombre de ideas agudas y bien argumentadas, y, sobre todo, como el digno sucesor de Varela en el ms notable centro de estudios de Cuba. El 23 de septiembre de 1820 publica su primer artculo de carcter poltico en el Diario del Gobierno Constitucional de la Habana con el ttulo “Contestacin al papel titulado Sesiones Pblicas, firmado por D. Antonio Mara Escobedo”. Por otra parte, su xito como profesor de filosofa fue rotundo y sus clases alcanzaron resonancia en toda la Isla. Comprendan, adems de la filosofa propiamente dicha, enseanzas de fsica, qumica, astronoma, cronologa y meteorologa. El historiador espaol Jacobo de la Pezuela —por quien Saco nunca sinti simpata— reconoce “Su aptitud para aquel ramo de enseanza y otros accesorios, se demostr bien claramente con el inesperado aumento de sus discpulos. Un maestro como Varela le haba dejado all solamente 24, y Saco dej ms de 300 a su sucesor, con la atraccin de su palabra y con la extensin que logr dar en aquella aula al estudio de la fsica.. ”.36Saco, que haba quedado como apoderado de Varela en La Habana, apoyaba al obispo Espada en todas las gestiones para el triunfo de la candidatura de Varela nuevamente propuesto como diputado a Cortes. En una extensa carta que le escribe a su maestro le comunica que su eleccin como diputado est asegurada, que el trfico de esclavos haba disminuido, que la Ctedra de Constitucin era un xito y le explica el intenso trabajo que desplegaba al frente de la Ctedra de Filosofa. El nmero de alumnos haba aumentado a 296 y la edicin del primer tomo de las Lecciones de Filosofa de Varela se haba agotado. 36Citado por Fernando Ortiz en el Prlogo a Contra la anexin..., ed. cit., pp. 26-27.

PAGE 27

JOS ANTONIO SACO / 23 / 23 / 23 / 23 / 23 Result tan brillante la actuacin de Saco como profesor de la Ctedra de Filosofa, que su imagen qued grabada como el exponente ms alto de los profesores laicos del Seminario de San Carlos. Al escribir, aos despus, su novela costumbrista Cecilia Valds, Cirilo Villaverde inserta, como una de las estampas de la vida cultural habanera de esa poca, la imagen del profesor Jos Antonio Saco. La descripcin de Villaverde es una de las pocas del joven profesor que ha llegado hasta nosotros: “De mediana estatura, de 28 a 30 aos de edad, rostro blanco, con el color bastante vivo, los ojos azules y rasgados, boca grande, labios gruesos y cabello castao y lacio, aunque copioso. Haba cierta reserva en su aspecto y vesta elegantemente a la inglesa”.37Pese al agitado ambiente poltico que lo rodea, en esta etapa de su vida, Saco tiene una marcada tendencia a las ciencias fsicas y naturales. No se observa en l, todava, la dedicacin por las ciencias sociales que lo va a caracterizar con posterioridad. En 1823 ve la luz su Explicacin de algunos tratados de fsica, obra de 454 pginas dedicada al obispo Daz de Espada. En ese mismo ao publica Observaciones sobre las propiedades ms notables del gas protxido de Azoe, que le sirve para desenmascarar a un norteamericano que estafaba a la poblacin de La Habana con ese producto. Este gusto por la fsica y la qumica lo conservar a lo largo de su vida. Prcticamente, l fue uno de los ms relevantes impulsores de estas ciencias en Cuba. Su preocupacin radicaba en que sas eran las bases para el conocimiento de la naturaleza del pas. Saco, vinculado a la juventud ilustrada de su poca, de la cual era su profesor a pesar de su corta edad, tuvo los mismos ideales que el resto de sus componentes ms positivos. Pero, en esta etapa de su vida, se mostr ms interesado en sus preocupaciones cientficas que en los problemas polticos. Nadie lo puede comprometer en conspiraciones. Su pensamiento progresista no se corresponde con la accin revolucionaria. Pese a que niega serlo, sus ideas hacan que sus amigos —y enemigos— lo identificaran con todo lo revolucionario e, incluso, independentista. Ello tambin se deba a que no ocultaba su rechazo a la arbitrariedad del poder y a su defensa de lo que estimaba los genuinos valores que podan dar forma a lo cubano. De muchas cosas puede discutirse sobre Saco, pero no hay duda que, para l, la defensa de lo que entenda por cubano estaba por encima de cualquier otra consideracin. Todo su trabajo en esta etapa de su vida se encaminaba a crear una verdadera ilustracin cubana; una cultura, una ciencia y una conciencia que desde el patriotismo —tal y como lo haba formulado Varela—, dieran forma a la nacin. 37Cirilo Villaverde: Cecilia Valds o La Loma del ngel Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1972, p. 210.

PAGE 28

24 \ 24 \ 24 \ 24 \ 24 \ OBRAS En 1822 se origina una polmica, y vale la pena ver como la interpret el propio Saco: “impugnolo por pasiones de partido un hombre que no haba nacido en Cuba [el Reglamento del Ayuntamiento]; y yo sal a defenderlo; pero mi adversario dio a la cuestin un giro poltico de perniciosa trascendencia. l era ya hombre mayor muy entrado en aos, y yo todava muy muchacho; mas, a pesar de la diferencia de edad, y de que muchos me daban ya la fama de revolucionario, yo di entonces pruebas de ser amigo del orden”.38Estas constantes, su defensa de lo cubano, su empeo por el desarrollo de las ciencias y la cultura y la perenne acusacin de revolucionario, pueden apreciarse en otros momentos de su vida como en su polmica con Ramn de la Sagra, en su defensa de la Academia Cubana de Literatura y en su debate con Vicente Vzquez Queipo, por slo citar algunos ejemplos. Uno de los aspectos que le ha dado trascendencia histrica es, justamente, que cuando pocos podan definir con claridad ese “sentimiento” de la nacionalidad cubana, Saco no slo lo tena arraigado, sino tambin racionalizado. Pedro J. Guiteras, escribe: “Igual a los cubanos ms distinguidos de aquella poca, en la pureza de sentimientos y el caudal de doctrinas, siempre en avanzada para descubrir y resolver los males de su pas, los aventaja a todos en la independencia de sus ideas y en el arrojo y valenta con que abrazaba las cuestiones de un inters trascendental”.39En 1823, el ejrcito francs de los Cien Mil Hijos de San Luis, bajo los estandartes de la Santa Alianza, invade Espaa. A principios de octubre cae Cdiz, ltimo reducto de los constitucionalistas. Condenados a muerte por el monarca espaol que ha derogado la Constitucin y todas las leyes promulgadas por las Cortes, los diputados tienen que huir, entre ellos, el cubano Flix Varela. Refugiado en Marruecos, ste pasa a Gibraltar y de aqu, a Estados Unidos. La represin se desata contra todos los partidarios del constitucionalismo tanto en Espaa como en sus colonias. En La Habana se produce una gran agitacin y conatos de insurrecciones. El gobierno colonial logra controlar la situacin. Al obispo Espada se le manda detener y enviar preso a Espaa bajo las acusaciones de constitucionalista, liberal, independentista, hereje, perturbador del orden pblico, masn, iconoclasta y jansenista. De igual forma, en el Vaticano se promueve contra l, con los mismos argumentos, un proceso de separacin de su dicesis y excomunin. Slo la habilidad de los amigos del obispo logra evitar su envo a Espaa. Por otra parte, muchos de los jvenes ms destacados del Seminario y amigos de Saco que 38Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. I, p. 20. 39Loc. cit., nota 6, p. 27.

PAGE 29

JOS ANTONIO SACO / 25 / 25 / 25 / 25 / 25 haban participado en conspiraciones o no, tienen que abandonar la Isla. Entre ellos, Jos Mara Heredia, Miguel Teurbe Toln, Gaspar Betancourt Cisneros, Jos Aniceto Iznaga y Francisco Sentmanat. El retiro de Espada coloc el obispado en manos de Juan Bernardo O’Gavan. ste haba sido uno de los hombres ms cercanos al obispo y haba participado en los intentos de reformas tanto de la filosofa como de la educacin. No obstante, quiz por el conocimiento que tena de la condena a muerte que el Rey haba dictado y que pesaba sobre Varela, actu de manera decidida contra los amigos y colaboradores del sacerdote perseguido. La primera vctima de O’Gavan fue justamente Jos Antonio Saco. Al gobernador del obispado le haba llegado un informe del gobierno en el cual se lo acusaba de desafecto. En realidad, ello era difcil de probar. En el nico documento pblico que se conoce enviado por los alumnos del Seminario a las Cortes espaolas en el cual se solidarizaban con la libertad y condenaban la tirana, no apareca la firma de Saco, a pesar de que en l estn las de otros destacados amigos suyos. O’Gavan aprovech la situacin de Varela y declar la Ctedra de Filosofa vacante dado el hecho de que Saco actuaba como interino. En su lugar nombr a Manuel Gonzlez del Valle. Obligado a sacar la ctedra a oposicin tuvo una desagradable sorpresa. Presentse Jos de la Luz y Caballero y derrot a Gonzlez del Valle. En su primera clase, Luz declar a Varela “Director Perpetuo” de ella. Saco, si bien no haba sido expulsado del pas, se vio hasta tal punto hostigado que tuvo que abandonarlo. El 24 de mayo de 1824 parta Saco hacia Estados Unidos. All se reuni con Varela. Permaneci junto a l hasta mediados de 1826. En estos dos aos, ambas figuras trabajaron intensamente para continuar desarrollando las ciencias y la cultura en Cuba. Por su parte, Jos de la Luz y Caballero en La Habana cerraba con ellos un tringulo cultural, poltico y acadmico que permita que la labor intelectual que efectuaban desde Estados Unidos se distribuyera y conociera en La Habana. En la nacin del Norte escribieron, tradujeron y editaron un grupo de libros en espaol destinados a Cuba. Varela traduce y edita el Manual de Prctica Parlamentaria de Thomas Jefferson y el libro Elementos de Qumica aplicada a la Agricultura de Davy. Tambin efecta la segunda edicin, corregida y aumentada, de sus Lecciones de Filosofa, que Luz mantena como texto en el Seminario habanero. Por su parte, Saco traduce del latn Elementos de Derecho Romano de Juan Heineccio. Lo ms significativo es, sin embargo, que en 1825 y 1826 Varela publica el peridico independentista El Habanero, un verdadero orientador de la opinin pblica cubana. Resulta dudoso que Saco, que comparta con Varela, no conociese las interioridades de esta empresa e, incluso, no colaborara con ella. Por lo menos as lo interpretaron sus enemigos en

PAGE 30

26 \ 26 \ 26 \ 26 \ 26 \ OBRAS La Habana. Segn el propio Saco: “All pas algo ms de dos aos; pero mis enemigos, que ya no me perdan pie ni pisada, empezaron a esparcir la voz de que mi ausencia de La Habana deba provenir de alguna causa poltica que me impeda volver a Cuba, y fortalecan este rumor con la circunstancia de hallarme yo en los Estados Unidos al lado de mi antiguo maestro”.40En 1826 retorna a Cuba, segn declara, para desmentir a sus enemigos, pero tambin haba otras razones. Se sabe que trajo numerosos ejemplares de las obras publicadas por l y Varela en Estados Unidos. Por otra parte, recorre la Isla y se rene con sus ms cercanos amigos; en especial, con Jos de la Luz y Caballero. A una conclusin llegan Luz y Saco: las condiciones han cambiado. Resulta significativo. Ese ao, el peridico El Habanero deja de publicarse.LA DCADA CREATIVA (1828-1838)En 1828, Saco regresa a Estados Unidos, ahora acompaado por Jos de la Luz y Caballero. Este ltimo se haba visto forzado a abandonar la Ctedra de Filosofa. No obstante, sta haba quedado preservada por los varelianos al ganar las oposiciones un amigo y seguidor fiel de Varela, Francisco Ruiz. Las Lecciones de Filosofa seguiran siendo el texto de la ctedra del Seminario. En Nueva York se renen Saco, Luz y Varela. De esos encuentros surge una muy interesante variacin tctica. Una evaluacin de la situacin cubana obligaba a recorrer otros caminos. Desde 1827, la Isla gozaba de un verdadero auge econmico y su produccin azucarera superaba ya los niveles de exportacin que haba logrado Hait. Analizando esta situacin, Varela escribe: “Solo el ataque a las bolsas puede alterar el orden poltico de la Isla”, y agrega: “no hay opinin poltica, no hay otra opinin que la mercantil. En los muelles y almacenes se resuelven todas las cuestiones de Estado”.41 Por otra parte, Mxico y Colombia haban dejado de promover la independencia de Cuba a cambio de que Espaa renunciara a sus pretensiones sobre esos territorios. Estados Unidos e Inglaterra haban acordado, tcitamente y por recelos mutuos, aceptar la soberana espaola en la Isla. El sueo bolivariano de una Amrica unida y fuerte se haca pedazos. Al propio Bolvar lo haban acusado de dictador y por doquier era visible el surgimiento de caudillos que asuman el poder como dictadores militares apoyados en las oligarquas regionales. 40Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 72. (El subrayado es nuestro.) 41Loc. cit., nota 28, t. II, p. 269.

PAGE 31

JOS ANTONIO SACO / 27 / 27 / 27 / 27 / 27 Por lo menos en los hechos, Saco pas a un primer plano, mientras Varela quedaba como asesor y orientador de l y del resto del grupo. El nuevo plan se concret: el peridico El Mensajero Semanal que vio la luz desde el 18 de octubre de 1828 hasta el 29 de enero de 1831. Aparecan como sus editores Jos Antonio Saco y Flix Varela. Su tono era muy diferente al de El Habanero Se trabajaba, en lo fundamental, en darle perspectiva y unidad consensuada a la expresin intelectual de una ciencia, de una literatura y de una cultura cubanas. En esta publicacin, Saco sostuvo una de sus ms enconadas polmicas con el espaol Ramn de la Sagra. A este respecto dijo: “El seor Sagra, a quien debo hacer la justicia de creer, que hoy no piensa como en aquellos tiempos, se present en La Habana bajo el concepto equivocado de que l era el nico hombre que saba en la isla de Cuba, y que l tambin era el nico que tena la misin de civilizar aquel pueblo. De aqu el empeo que mostr en escribir sobre todo, y en no permitir que nadie escribiese de nada. Esta conducta, como es natural, le ocasion muchos disgustos. El benemrito Varela y yo redactbamos a la sazn, en Nueva York, el Mensajero Semanal. Publicamos en l, acerca de las composiciones del eminente poeta cubano D. Jos Mara Heredia, un juicio crtico del literato D. Alberto Lista, y otro de los Editores de los Ocios, peridico en que se ocupaban en Londres algunos espaoles emigrados. Como en ambos juicios se celebrase a Heredia, el seor Sagra sali al frente con la censura, arrollando indistintamente a las poesas y al poeta. El Mensajero Semanal no pudo permanecer espectador pasivo de tamaa injusticia y uno de sus dos redactores [Saco] escribi entonces lo que sigue: ”Desde que el seor Sagra empez su crtica sobre las poesas de Heredia, conocimos claramente el espritu que le animaba, y sospechamos que llevara su severidad hasta el punto de tocar en injusticia; pero nunca pudimos figurarnos que lo hiciese tan abiertamente, y de un modo que nos parece poco delicado”.42El espritu que animaba la pluma del espaol, Saco supo reconocerlo con rapidez: atacar al insigne poeta cubano, por la cubana y americanidad de sus versos. La polmica adquiri matices ms encendidos, cuando el seor Sagra se atrevi no slo a atacar al poeta, sino que extendi sus ofensas a Flix Varela. Esto provoc que Saco se dedicara en sus artculos siguientes a rendir a su enemigo. Su lgica aplastante no se detuvo hasta que La Sagra se bati en retirada, dejando en el campo de batalla los jirones de su prestigio. Ello le conquist al bayams reputacin de formidable polemista y escritor de superiores dotes. Sus compatriotas lo admiraban y el Gobierno espaol no dud que se trataba de un 42Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. I, pp. 231-232.

PAGE 32

28 \ 28 \ 28 \ 28 \ 28 \ OBRAS enemigo de cuidado. En la polmica literaria se haba librado la polmica poltica. Una pregunta se impone: A quines representaba Ramn de la Sagra? Segn documentacin existente en el Archivo Nacional, quien prohibi la circulacin en Cuba de los artculos de Saco en esta polmica fue el superintendente de Hacienda, el cubano, Claudio Martnez de Pinillos, conde de Villanueva. Ramn de la Sagra era su protegido. Con respecto a Sagra, resulta justo consignar que fue un eminente estudioso y que leg varias obras ineludibles sobre Cuba, entre las cuales se encuentra Historia fsica, poltica y natural de la Isla de Cuba, dedicada justamente al “excelentsimo seor Don Claudio Martnez de Pinillos”. Importa destacar que su pensamiento fue variando desde posiciones conservadoras a posiciones de izquierda. Ms de una vez, La Sagra quiso hacer las paces con Saco, pero ste jams le perdon el incidente. Desde otro ngulo, su estancia en Estados Unidos origin en su pensamiento un efecto importante. Algunos cubanos no le vean manchas al sol y se declaraban partidarios de la anexin de Cuba a Estados Unidos. El propio Saco haba ido a la nacin del Norte atrado por su fama. Pero all empieza a variar sus criterios. Su pupila penetrante le permitir ver el trasfondo de aquella sociedad. Un ejemplo de la evolucin de sus ideas sobre el tema puede comprobarse en esta edicin de su Coleccin de papeles ... En el artculo titulado “El domingo en los Estados Unidos”, escrito en 1829, expresaba: “Yo no tengo embarazo en decir que prefiero en este punto las instituciones inglesas; y que un domingo en Filadelfia presenta en iguales circunstancias menos atractivo al vicio que un domingo en el clebre Pars”.43 Pero aos despus, aadi una nota: “Han cambiado tanto las cosas en Filadelfia, que en diciembre de 1857 no me atrevo a repetir lo que dije en febrero de 1829”.44 Al referirse a la moral religiosa, dira: “Este prrafo se debe leer con el correctivo de que ya los principios religiosos y morales han sufrido una alteracin lamentable en los Estados Unidos”.45No resulta difcil encontrar toda la argumentacin de Saco en contra de la anexin de Cuba a Estados Unidos, a partir de 1848. Las preguntas a hacerse seran: cundo surgen estas ideas? De seguirse su obra puede entenderse que es en este perodo de estancia en Estados Unidos: “A que no lo fuese [anexionista], contribuy sobre manera lo que vi en Nueva Orlens en 1832. Hallbame all de paso para La Habana en circunstancias de hacerse la eleccin de un diputado para la legislatura 43Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. I., p. 57. 44Ibdem, nota. 45Ibdem, p. 58.

PAGE 33

JOS ANTONIO SACO / 29 / 29 / 29 / 29 / 29 de la Luisiana. Dos eran los candidatos: uno, criollo francs, rico, y de las principales familias de aquella ciudad; otro, americano, y de raza anglo-sajona. La eleccin fue vivamente disputada; formronse dos campos; las dos nacionalidades estaban frente a frente; ningn americano votaba por el francs; ningn francs, por el americano. Agotadas las fuerzas de ambos partidos triunf al fin, por un cortsimo nmero de votos, el candidato francs, que era Mr. Marigny, suegro del valientsimo habanero Don Francisco Sentmanat. Cuando fui a cumplimentar al electo diputado y a su esposa, sta me recibi con los ojos arrasados de lgrimas y suspirando. ‘¡Ah, Mr. Saco, me dijo, stos son los ltimos esfuerzos del partido francs: ya estamos en las ltimas agonas, y dentro de poco seremos devorados por la raza que es ama de nuestro pas!’ Estas palabras hicieron en m una impresin muy profunda; y cuando dej las mrgenes del Mississippi, si bien llevaba en mi pecho la libertad, no me acompaaba por cierto la anexin. ”Mis ideas desde entonces permanecieron inalterables en este punto; y las rarsimas veces que ligeramente habl de l con algn amigo, ya en Cuba, ya en Europa, siempre fue manifestando mi repugnancia por la anexin”.46Cuando en 1832 regresa a Cuba era ya un firme convencido antianexionista y, justamente, no por desconocimiento de la realidad norteamericana, sino por todo lo contrario. En las nuevas circunstancias puede apreciarse un cambio en las temticas sobre las que escribe y reflexiona Saco. Ahora ya no se trata de dar a conocer los grandes textos universales, sino de aplicar, sobre problemas concretos del desarrollo de Cuba, los conocimientos adquiridos. El reto resultaba an mayor: a partir de la realidad cubana insertar lo ms moderno del pensamiento y las ciencias para producir un desarrollo propio segn las necesidades y caractersticas de la sociedad que era y de la que se quera que fuese. Lo que da coherencia a la variedad de temas de los trabajos de Saco es la bsqueda y propuesta de una sociedad capitalista desarrollada a partir de la experiencia diferente y universalmente singular cubana. Su primera obra importante, en la promocin de los cambios sustanciales que necesitaba Cuba, Memoria sobre caminos en la isla de Cuba, 1829, plantea la adaptacin de las experiencias de los pases ms desarrollados entonces —Inglaterra y Estados Unidos— a las condiciones cubanas. La descomposicin de los caminos en el trpico, la forma ms adecuada de construirlos, su direccin y anchura, las estructuras y materiales adecuados, y los medios de financiar estas obras, se estudian 46Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, pp. 333-334. (El subrayado es nuestro.)

PAGE 34

30 \ 30 \ 30 \ 30 \ 30 \ OBRAS en este trabajo Sugiere que los hacendados —y tambin los capitales extranjeros— contribuyan a los gastos necesarios para construir caminos en Cuba. La Memoria... constituy una pieza clave para todo lo que se hizo posteriormente. Cuando lleg a Cuba el tcnico francs Flix Lemaur, para estudiar la creacin del ferrocarril, se la solicit a Saco y ste se la facilit. El objetivo era consultarla para aplicar, en la medida de lo posible, sus ideas en la construccin del camino de hierro La creacin de caminos y muy en particular del ferrocarril en Cuba, era fundamental para la economa y la sociedad cubanas. Sus rutas uniran ingenios y puertos e incorporaran nuevas regiones a la produccin. Resultaba un eslabn para el desarrollo capitalista de Cuba. El origen de la Memoria... haba sido una convocatoria de la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Como el concurso era annimo result una sorpresa para muchos de sus miembros el nombre del triunfador. Entre quienes votaron a favor de Saco estaba Ramn de la Sagra. Una carta de Pedro P Sirgado de 19 de diciembre de 1829, expresa la sorpresa de La Sagra al saber quien era el autor: “Tengo la satisfaccin de anunciarte el triunfo de tu Memoria en la Sociedad Patritica no tanto por el justo premio que ha merecido, pues esto era consiguiente a un trabajo tuyo, cuanto por Don Ramn de la Sagra quien plido y sin aliento no se atrevi a articular una sola palabra desde el New York hasta el Jos Antonio Saco de tu oficio”.47En reconocimiento a la calidad de la Memoria..., la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas le otorg la medalla de oro, 200 pesos en efectivo, y la patente de Socio de Mrito, lo cual se expidi el 14 de diciembre de 1829. En un gesto que demuestra el carcter de Saco, renunci, el 14 de enero de 1830, en carta dirigida al secretario de la Sociedad, Joaqun Santos Surez, al premio en metlico a favor de las escuelas que sta sostena gratuitamente. Un ao despus de este trabajo en 1830, Saco escribe lo que, sin duda, lo sita entre los ms grandes estudiosos de la problemtica social cubana: la Memoria sobre la vagancia en la isla de Cuba. Este clsico de la literatura social de nuestro pas —y su iniciador indiscutible— deviene un ataque, sin precedentes, mediante un profundo estudio sociolgico, a los vicios, al juego, a la lotera diaria en los cafs, a los supuestos das festivos y de diversin —que en realidad servan para envilecer al pueblo—, y a la pereza oficial y de las clases hegemnicas que admitan —y promovan— aquella situacin. Un prrafo es revelador: “No hay felicidad sin la paz y el contento del alma, no 47Citado por Eloy G. Merino Brito: Jos Antonio Saco: Su influencia en la cultura y en las ideas polticas de Cuba, Molina y Compaa, Habana, 1950, p. 33.

PAGE 35

JOS ANTONIO SACO / 31 / 31 / 31 / 31 / 31 hay paz ni contento sin virtudes, sin virtudes no hay amor ni constancia en el trabajo, y sin trabajo no hay riquezas verdaderas”.48 La intencin saquista es clara. Si en la primera Memoria... la preocupacin por los caminos tiene como motivacin la necesidad de abaratar costos y dinamizar la economa, la de la vagancia indica que en la corrupcin del pueblo, en la promocin de los vicios y en el despego al trabajo est una de las causas ms profundas que impiden el desarrollo y la cultura para el desarrollo. Para l, la esclavitud sirve como sostn a estos males; sobre todo, a la vagancia y al desprecio al trabajo entre los blancos: “No son muchas las artes que poseemos, y stas por desgracia, jams han sido patrimonio de nuestra poblacin blanca, La agricultura que por s sola absorbera un nmero asombroso de brazos, ocupa en general a los esclavos”.49Fernando Ortiz, ms de un siglo despus, escribi: “La Memoria sobre la vagancia es una de las obras ms finas de Saco, ms patriticamente dolorosas. Su catilinaria contra el juego sigue siendo, tras una centuria, de actualidad tristsima y agravada por haberse elevado el juego a una institucin de las ms efectivas en la estructura poltica de la repblica, que habiendo ya logrado envilecerla; acabar por estrangularla...”. Y contina Ortiz: “La Memoria contra la vagancia debiera ser texto popularizado, como un cdigo cubano de tica y un programa de nacionalismo serio, sin efectismos y honrado. Esta filpica contra los elementos envilecedores del pas, naturalmente levant nuevos enemigos contra Saco, como l mismo escribi al capitn general Tacn”.50 Los males criticados por Saco siguieron siendo sustrato de la sociedad cubana. El 17 de diciembre de 1831 result premiada la Memoria sobre la vagancia por la Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas. Por segunda vez, Saco es nombrado Socio de Mrito. La Memoria..., como era de esperar, no se recibi bien por los esclavistas cubanos. No pasaron por alto que la obra era, en realidad, una crtica al sistema. Juan Bernardo O’Gavan, antiguo enemigo de Saco y aliado del superintendente de Hacienda, Claudio Martnez de Pinillos, conde de Villanueva, quien ostentaba la direccin de la Sociedad, crey oportuno que, antes de su publicacin, deba “revisarse y enmendarse uno que otro perodo que est en contradiccin con nuestras costumbres, encargndose este trabajo a la misma comisin calificadora, para que lo desempee de acuerdo al autor de la Memoria”.51 48Jos Antonio Saco: “Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba”, en Coleccin de papeles..., ed. cit., t. I, p. 222. 49Ibdem, p. 208. 50Jos Antonio Saco: Contra la anexin..., ed. cit., Prlogo de Fernando Ortiz, pp. 30-31. 51Eloy G. Merino Brito, ob. cit., p. 34.

PAGE 36

32 \ 32 \ 32 \ 32 \ 32 \ OBRAS La Revista Bimestre Cubana, publicada por la Sociedad Econmica, slo insert en el tomo segundo, nmero quinto, pgina 261, de 1832, la noticia del premio seguida de un extracto de ella. El acuerdo de la Sociedad de revisar y enmendar la Memoria... Saco lo estim como un borrn a su persona, por lo que se neg a ello. Sus ms poderosos enemigos estaban ya prevenidos. La batalla definidora estaba a las puertas. En febrero de 1832, Saco regresa a Cuba. El 7 del mismo mes y ao asumi la direccin de la Revista Bimestre Cubana El nombramiento se lo deba a su Comisin Permanente de Literatura. Los miembros de esta Comisin eran un sector muy especfico dentro de la Sociedad. En l predominaban los jvenes admiradores de Varela y Saco. Dos de ellos eran Domingo del Monte y Jos de la Luz y Caballero. Este sector tena planes de independencia terica e institucional de la vieja guardia de la Sociedad, dirigida por Juan Bernardo O’Gavan y compuesta por elementos afines a las viejas ideas y partidarios del orden establecido. El enfrentamiento de los dos sectores resultaba inevitable. El nexo entre Varela, Luz y Saco se hace evidente de nuevo al estudiarse la correspondencia que sostienen entorno a la Revista Sobre el nombramiento de Saco, le escribe Varela a Luz: “Mi estimado Luz, me alegro que convengamos en ideas acerca de la Revista ; y que los dems amigos convengan con nosotros. Han dado Vs. un paso acertadsimo en confiar la redaccin a Saco, yo estoy saltando de contento”.52 Pero, conociendo como nadie el temperamento polmico de Saco, le recomienda a Luz: “Deseo que los editores de la Revista no tiren chinitas a esa fiera. No se halla la tierna planta en tiempo de sufrir los fuertes huracanes, ni jams la dbil navecilla se arroj al agitado golfo, si ya no es que la condujo a su ruina la imprudencia de su piloto. En vano alegarn Vds. sus puras intenciones: en vano reclamarn contra la maliciosa interpretacin de sus palabras: todo, todo ser intil, si tienen la desgracia de tocar al limbo del gran torbellino; pues arrebatados en funestos giros, solo habr tiempo para perecer”.53 Saco no se atuvo al consejo y las advertencias de Varela tornronse en exacta prediccin. En manos de Saco, la Revista Bimestre Cubana alcanz una calidad literaria y terica como ninguna publicacin hasta entonces. Se reorient hacia un contenido crtico y consolid los valores cientficos y culturales cubanos. En ella colaboraron, adems de l, los ms importantes autores cubanos de la poca. Uno de los ms destacados conocedores de las 52Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones Legajo 603, no. 5. 53“Carta de Flix Varela a los redactores de la Revista Bimestre Cubana (28 de febrero de 1832)”, en Jos Ignacio Rodrguez: Vida del presbtero Don Flix Varela imprenta O Novo Mundo, Nueva York, 1878, p. 183, y Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones Legajo 604, no. 41.

PAGE 37

JOS ANTONIO SACO / 33 / 33 / 33 / 33 / 33 letras espaolas en la poca, el crtico Ticknor, escribi en carta a Domingo del Monte: “He sido sorprendido, desde que comenc a leer la Revista Bimestre Cubana, por la intensa capacidad literaria y cmulo de xitos en su Isla. Nada que pueda serle siquiera comparado, que yo sepa, ha sido nunca presentado en ninguna de las colonias espaolas, y hasta en algunos respectos, nada semejante se ha visto en Espaa. Jams ha sido intentada en Madrid una revista de tanto ingenio, variedad y fuerza”.54A pesar de los consejos de Varela, Saco atac el corazn mismo del sistema: la esclavitud. Su estudio est en una triloga de trabajos: Anlisis de un papel intitulado: Estado del comercio de la Gran Bretaa con referencia a los productos coloniales; Examen de un articulo del Lucero de la Habana del 6 de agosto de 1832, y el ms trascendente de todos: Anlisis por don Jos Antonio Saco de una obra sobre Brasil. En el primer trabajo, la lnea argumental de Saco va encaminada a demostrar que la eliminacin del trfico negrero no trajo aparejado el aumento del precio de los esclavos ni la disminucin de la produccin en las colonias inglesas. Llama la atencin acerca de otro problema que s amenaza a los productores cubanos: la tendencia a la baja de los precios del azcar, debido al incremento de la produccin mundial. Sobre este ltimo particular se pronuncia en su respuesta al artculo del Lucero del 6 de agosto de 1832. Expresa que, debido al aumento de la produccin de azcar de remolacha en Europa, se necesita que “sepamos dirigirnos en la crisis que nos amenaza”.55 A los ms agudos no escap el mensaje: el problema de la esclavitud no es slo un problema tico, era, ante todo, un problema econmico. Los mitos que la mantenan en Cuba ya haban cado en otras partes; an ms, en las nuevas condiciones del mercado se necesita un sistema moderno y flexible, en el cual salarios, precios, tecnologas, costos y ganancias se articularan. En su Anlisis de una obra sobre Brasil, pasa de la crtica a la esclavitud a la propuesta capitalista. El primer paso es, sobre la base de la historia brasilea y los problemas de la trata y de la esclavitud en ese pas, lanzar el ms atrevido de los ataques que poda dirigirse contra los traficantes de negros y sus cmplices, uno de los componentes ms poderosos de la sociedad esclavista cubana: “Rompamos pues el silencio, y trazando con mano breve la historia fatal de nuestro comercio africano, descubramos nuestra condicin presente, fijemos la vista en el cercano 54Jos Antonio Saco; Contra la anexin..., ed. cit., Prlogo de Fernando Daz, p. 32. 55Jos Antonio Saco: “Artculo del Lucero de la Habana del 6 de agosto de 1832 intitulado, Agricultura y Comercio de la isla; precios corrientes de los frutos, e influjo que en ellos puede tener el establecimiento de un banco”, en Coleccin de papeles ..., ed. cit., t. II, p. 20.

PAGE 38

34 \ 34 \ 34 \ 34 \ 34 \ OBRAS porvenir, y conjuremos la tempestad que ya se oye tronar en nuestra zona”.56Tras espaciosas razones que pueden leerse en esta Coleccin de sus papeles..., demuestra la imposibilidad, a corto plazo, de continuar con la trata y la esclavitud. Causas internacionales e internas haran que la trata resulte cada da ms difcil. A esta dificultad futura suma la imposibilidad del incremento natural de los esclavos en Cuba debido al desequilibrio entre ambos sexos. De aqu su propuesta: eliminacin total e inmediata de la trata y extincin gradual de la esclavitud. Estas conclusiones slo le sirven para abrir el camino a sus ideas fundamentales: “Y no convendra que fusemos haciendo algunos ensayos para ver la diferencia que hay entre el cultivo de la caa por esclavos, y los mtodos que podemos adoptar en adelante?”57Tres sugerencias sostienen sus soluciones. La primera es la sustitucin del esclavo por el asalariado, para lo cual: “algunos dueos de ingenios destinasen uno, dos, o ms caaverales, que desde la preparacin del terreno para sembrar la semilla hasta el envase del azcar producido por ellos, corriesen a cargo de hombres asalariados, y tomando en cuenta el tiempo que se emplea, la inversin e inters de los capitales, y todos los dems elementos que entran en clculos de esta especie, se formar entre los dos mtodos un paralelo, que ora adverso, ora favorable, nos diera resultados ciertos”.58La segunda, la creacin de una amplia red de pequeos productores agrcolas o colonos: “no podra tambin repartirse todo o parte del terreno de los ingenios entre hombres libres, que comprometindose a cultivar la caa, se diese a cada uno cierta cantidad del azcar producido? Este mtodo se sigue en algunas partes del Asia, y nos parece preferible al de salarios, pues dividida la tierra en pequeas suertes, el cultivo ser ms perfecto; si el ao es malo, ahorrar el hacendado los jornales que de otra manera pagara; y el agricultor, identificado en inters con el dueo de la heredad, se empear en aumentar el rendimiento de la caa que cultiva”.59 56Jos Antonio Saco: “Anlisis por don Jos Antonio Saco de una obra sobre Brasil, intitulada, Notices of Brazil in 1828 and 1829 by Rev. R. Walsh author of journey from Constantinople etc (Noticias del Brasil en 1828 y 1829 por el presbtero R. Walsh autor de un viaje a Constantinopla, etc., etc.)”, en Coleccin de papeles..., ed. cit., t. II, pp. 71 y 72. A partir de aqu en las notas este trabajo de Saco se citar de la forma siguiente: “Anlisis de una obra sobre Brasil”. 57Jos Antonio Saco: “Anlisis de una obra sobre Brasil...”, en Coleccin de papeles..., ed. cit., t. II, p. 88. 58Ibdem, p. 88. (El subrayado es nuestro.) 59Ibdem, p. 89.

PAGE 39

JOS ANTONIO SACO / 35 / 35 / 35 / 35 / 35 Para completar el sistema de innovaciones, Saco seal que los pequeos y medianos ingenios no resultaban competentes ni rentables, por lo cual sugiere que se unieran los capitales de los productores azucareros y crearan unidades industriales mayores. Lo cierto es que slo la ms moderna tecnologa estaba al alcance de grandes capitales. Como puede apreciarse, en este trabajo de Saco existen varias ideas bsicas que conforman todo un sistema para la sustitucin del complejo econmico-social esclavista y su reemplazo por las leyes del capitalismo: la abolicin inmediata y radical del trfico de negros; la sustitucin paulatina de la esclavitud sobre la base de la experimentacin del trabajo asalariado; la unin de los capitales para, de esta forma, crear sociedades que permitan un desarrollo industrial, y la disolucin de la plantacin esclavista en pequeas parcelas agrcola o colonato; la esclavitud en Cuba debe ser extinguida no destruida, pues debe tenerse en cuenta el inters de los propietarios y efectuar un trnsito de un sistema a otro sin que se produzca una crisis econmica o social. Este trabajo conmocion la Isla. Muchos, en voz baja, le daban la razn. Otros desataron su odio contra Saco. Nadie lo apoy pblicamente. Haba atacado los fundamentos del sistema y prcticamente todos los intereses creados; y eso no se perdona. De inmediato, Juan Bernardo O’Gavan, como presidente de la Sociedad Econmica, le propuso que renunciara a la direccin de la Revista La respuesta de Saco no se hizo esperar: “ yo no me tizno con mis propias manos; qutenme la Revista si quieren; pero yo no la renuncio en estas circunstancias ”.60En este artculo se halla el origen de su expatriacin. Aos despus escribi: “Pocos fueron los que entonces supieron leerlo con imparcialidad. La opinin del pas, dolorosamente extraviada, alz el grito contra su autor; viose ste calumniado y perseguido; maquinose la venganza, buscronse pretextos con que cohonestarla, y en castigo de sus sanas intenciones recibi al fin los honores de la expatriacin”.61 Y aade: “El artculo a que aludo (...) fue la causa fundamental de mi expatriacin en 1834; y si sta no se verific desde 1832, debiose a los altos respetos del benemrito D. Francisco Arango, quien (...) desbarat la conjuracin que muchos cubanos y europeos de gran valer haban formado contra m”.62El hecho de que Francisco de Arango y Parreo defendiera a Saco resultaba lgico. Arango, entre los grandes propietarios, fue el ms previsor y la personalidad de ms alto vuelo en las ideas. Los males que Saco describi en el artculo que comentamos, ya Arango los tema, y se haba pronunciado contra ellos. 60Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles. .., ed. cit., t. II, p. 161. 61Ibdem, p. 92. 62Ibdem, pp. 161-162. (El subrayado es nuestro.)

PAGE 40

36 \ 36 \ 36 \ 36 \ 36 \ OBRAS En el mismo ao de su retorno a Cuba, el 15 de septiembre de 1832, Saco reinici sus actividades docentes. Asumi, de acuerdo con la Sociedad Econmica, la direccin del Colegio Buena-Vista, propiedad de Mariano Cub Soler. A los pocos meses renunci debido a un incidente entre un alumno y un profesor. El primero abofete al segundo y ste le devolvi la afrenta. El padre del alumno acus al profesor. Saco lo defendi. Fue retirada la acusacin, pero Cub Soler, cediendo a la alta posicin social del padre del alumno, admiti a ste en el colegio. Saco le present la renuncia. Resulta imprescindible sealar que Cub Soler fue un hombre que promovi el desarrollo cultural y educacional cubano. Es uno de los fundadores de la Revista Bimestre Cubana El enfrentamiento decisivo entre Jos Antonio Saco y los representantes de la burguesa esclavista se present, al fin, al suscitarse la polmica acerca de la creacin de la Academia Cubana de Literatura. El movimiento de los “jvenes ilustrados” haba comenzado de manera discreta en 1829, cuando varios de ellos, miembros de la Sociedad Econmica, solicitaron formar una clase de literatura. La direccin de la Sociedad neg la autorizacin, pero permiti la formacin de una Comisin Permanente de Literatura bajo la tutela de la Seccin de Educacin de la Sociedad. Esta Comisin inici sus trabajos el 13 de febrero de 1830. Entre sus integrantes y activos miembros se destacaban Jos de la Luz y Caballero, Domingo del Monte, Felipe Poey, Manuel Gonzlez del Valle, Nicols de Crdenas, Blas Oss, Vicente Oss y Pedro Sirgado. Cuando en 1832 Jos Antonio Saco regres a La Habana, esta tendencia se vio reforzada con el ms ilustre y destacado miembro de la nueva generacin de pensadores cubanos. Ellos le haban propuesto la direccin de la Revista Bimestre Cubana.En 1833, los miembros de la Comisin dan un nuevo paso hacia su independencia de la Sociedad Econmica. Le piden a la Reina su conversin en Academia de Literatura, separada de la Sociedad Econmica. La Regente accedi a la peticin el 25 de diciembre de 1833. El 6 de marzo de 1834 qued instalada la Academia Cubana de Literatura. En su primera actividad, fueron electos Nicols de Crdenas como director y Blas Oss como vicedirector. La comisin que deba redactar el Reglamento qued formada por Blas Oss, Anastasio Carrillo, Manuel Gonzlez del Valle y Domingo del Monte. Se designaron a Jos Antonio Saco, Vicente Oss y Pedro Sirgado para redactar la accin de gracias a la Reina.El xito obtenido por los “jvenes ilustrados” de la Academia signific un abierto enfrentamiento entre dos corrientes de pensamiento: la reaccionaria, de la Real Sociedad, y la progresista, que se centraba en la Academia. La respuesta de la direccin de la Sociedad no se hizo esperar. Su secretario, Antonio Zambrana, public el 12 de abril, en el Diario de la

PAGE 41

JOS ANTONIO SACO / 37 / 37 / 37 / 37 / 37 Habana, un artculo bajo el seudnimo de “Socio Amante de la Literatura y del Orden”, en el cual intentaba demostrar que la Academia se haba instalado, cometiendo varias arbitrariedades en el procedimiento. Al da siguiente, Saco anunci la rplica a ese artculo y el 14 sali a la luz. Cuatro das despus, la Sociedad public un ataque en toda la lnea contra la Academia. Se sugera que tal separacin tena fines ocultos que no eran meramente literarios. Para Saco, la publicacin de esta exposicin significaba que “haba sonado la ltima hora para la Academia”. La direccin de la Sociedad logr del capitn general, Mariano Ricafort, una orden para el Diario de la Habana en la cual se prohiba la publicacin de cualquier papel que tuviese relacin con la Academia. En estas circunstancias, ya Saco tena escrito Justa defensa de la Academia Cubana de Literatura. Como consider que trataban de acallarlo, escribi: “pero mucho se equivocaron los enemigos de la Academia en figurarse, que yo, defensor de ella, me quedara en silencio, dejando indito mi manuscrito”.63Saco, con una osada que no tuvo ningn otro miembro de la Academia, imprimi en Matanzas, en el establecimiento de Tiburcio Campe, su Justa defensa... Para proteger al impresor se le puso un pie de imprenta falso que deca “Mr. St. Romes, oficina de El Courrier, Nueva Orlens”. Como la impresin demoraba, a los cuatro das de la orden del gobernador public un comunicado, que pasando por las manos del censor, ste no pudo darse cuenta de que era alusivo a la Academia. Dos meses ms tarde, asume el mando de Cuba el general Miguel Tacn y Rosique. Durante su mando es que ve la luz Justa defensa... (julio de 1834). Seal Saco: “circulacin [la de Justa defensa...], que hecha a un tiempo por muchas manos, sorprendi a los enemigos de la Academia, que dorman embriagados a la sombra de su mal ganado triunfo. Heridos en el corazn, huyeron de la palestra en que debieran combatir; y apelando a medios inquisitoriales, alcanzaron del violento Jefe que tan complaciente se les mostr, una atroz injusticia que llen de escndalo y terror a toda Cuba”.64La injusticia a la cual se refiere Saco es su destierro de La Habana. Pero antes de pasar a este suceso queremos detenernos en el anlisis de los verdaderos motivos que existan en la polmica alrededor de la Academia de Literatura. Sin lugar a dudas, sta trascendi, desde sus orgenes, el mbito literario. Como en la polmica con Ramn de la Sagra, aqu se trataba del enfrentamiento entre dos concepciones sobre la sociedad cubana, detrs de las cuales se oponan intereses muy concretos. Aos despus, Saco escribi en su Coleccin de 63Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 23. 64Ibdem, p. 24.

PAGE 42

38 \ 38 \ 38 \ 38 \ 38 \ OBRAS papeles...: “ Extrao parecer, que destinado este tomo a los papeles polticos que sobre Cuba escrib, empiece cabalmente por un asunto cuya naturaleza es puramente literaria; pero las tristes pasiones que en l se mezclaron, dironle desde el principio un carcter jurdico que muy pronto degener en poltico...”.65El principal contrincante lo era Juan Bernardo O’Gavan, presidente de la Real Sociedad Econmica. Como se ha visto, era, de antiguo, enemigo de Saco y “un hombre poderoso en La Habana por sus relaciones sociales, y ms todava, por su influencia con los que ejercan el poder”.66Pero quin era el poderoso O’Gavan? Cubano nacido en 1782, estudi en la Real y Pontificia Universidad de San Gernimo de La Habana. En 1805 ocup la Ctedra de Filosofa en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Introdujo en ella las ideas sensualistas. Fue profesor de Flix Varela, pero sus ideas eran diferentes a las de ste. Enviado a Europa por la Sociedad Econmica para estudiar el sistema de enseanza pestalozziano, hizo una Memoria que el Santo Oficio de Mxico desaprob. En 1812 fue electo a las Cortes de Cdiz y, junto con Andrs Juregui, fue uno de los dos cubanos firmantes de la Constitucin espaola. Pese a todas sus demostradas pruebas de fidelidad a Espaa, se le acus de desleal. En la carrera sacerdotal lleg a ser den de la catedral de La Habana, pero nunca acept cargos que significaran alejarse de esta ciudad. Se destac como defensor del sistema esclavista. Su opsculo Observaciones sobre la suerte de los negros del frica, considerados en su propia patria y trasladados a las Antillas Espaolas, deviene el documento ms preciado para conocer los argumentos de los esclavistas. En l se afirma que el esclavo era un “feliz labrador que no necesita pensar en su subsistencia ni en sus dems necesidades, pues todas las encuentra cubiertas por su benfico amo”.67La diferencia entre O’Gavan y Saco eran las surgidas entre el apologista del sistema y su profundo crtico. Pero O’Gavan no estaba solo. l expresaba los criterios de poderosos intereses que se agrupaban alrededor del todopoderoso superintendente de Hacienda, el cubano Claudio Martnez de Pinillos, sin dudas, una de las figuras ms interesantes y enigmticas de la primera mitad del siglo XIX. Su poder fue extraordinario. En l se personificaba el de los grandes hacendados de 65Ibdem, p. 1. (El subrayado es nuestro.) 66Ibdem, p. 11. 67Juan Bernardo O’Gavan: “Observacin sobre la suerte de los negros del frica, considerados en su propia patria y trasladados a las Antillas espaolas”, en Eduardo Torres-Cuevas y Eusebio Reyes: Esclavitud y sociedad Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, pp. 139-145.

PAGE 43

JOS ANTONIO SACO / 39 / 39 / 39 / 39 / 39 la Isla. Un viajero espaol escribe: “Despus del Capitn General hay en la actualidad una persona que goza de inmenso influjo, tal vez ms positivo que el de aquel (...) Es este personaje el seor Pinillos, conde de Villanueva (...) Su riqueza es casi fabulosa, su modesto modo de vivir, extrao. Fino en la conversacin, sagaz en el trato, entendido en su camino, la conducta de este ilustre americano es un enigma para el mundo entero (...) Querer en l es obrar. La opinin esta unnime en concederle superioridad”.68stos fueron los enemigos de Saco. El 12 de julio de 1834, O’Gavan dirigi al recin llegado capitn general, Miguel Tacn y Rosique, un oficio reservado en el cual le peda que tomara enrgicas medidas contra Saco, porque “no puede existir gobierno regular, orden, tranquilidad y seguridad pblica, tolerando entre nosotros hombres como el autor de la ‘Defensa de la Academia Cubana’ ”.69Cinco das despus, un ayudante del Capitn General interrumpi a Saco, mientras efectuaba unos exmenes a los alumnos de Francisco Ruiz en la Ctedra de Filosofa del Seminario, y le entrega un pasaporte para que “salga de esta plaza, y se traslade a la ciudad de Trinidad”.70Saco se dirigi de inmediato al Palacio de los Capitanes Generales y solicit audiencia a Tacn. En esta entrevista conoci las causas de la actitud del Gobernador: “Mi franqueza y desembarazo llamronle la atencin; y prestndome odo, nuestra pltica dur como diez minutos, resultando de ella, que mi destierro era, segn sus palabras, por haber ofendido al seor O’Gavan, y por tener mucha influencia en la juventud habanera”.71Aos despus, recordando el incidente, Tacn expresara: “ De todo lo que he hecho en Cuba lo que me pesar eternamente es el destierro de Saco; no por Saco, sino por el gusto que le di a ese perro... [aludiendo a Martnez de Pinillos] pues l fue quien me habl para que lo echase de Cuba ”.72Saco decidi no ir a Trinidad. Un querido amigo le pidi que dirigiera al Capitn General una representacin en su defensa. Saco se neg a escribir una sola letra. Su Representacin de Don Jos Antonio Saco al Excmo. Gobernador y Capitn General Don Miguel Tacn, en realidad, fue escrita por el amigo. Saco la firm. Todava en 1858, al publicar 68 Viajes de D. Jacinto de Salas y Quiroga Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1964, p. 73. 69Museo de la Ciudad de La Habana: “File contentivo de papeles en torno a la figura de Jos Antonio Saco”, copia mecanografiada. 70Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles... ed. cit., t. III, p. 66. 71Ibdem, p. 66. 72Ibdem, pp. 87-88.

PAGE 44

40 \ 40 \ 40 \ 40 \ 40 \ OBRAS su Coleccin de papeles... ocult el nombre del carsimo amigo. Slo lo dio a conocer al morir ste. Era su entraable Jos de la Luz y Caballero, quien haba escrito “Saco est en m y yo estoy en Saco”. Esta Representacin... de Saco la califica Ramiro Guerra como “el documento poltico ms importante de la poca” y Fernando Ortiz como “el ms decisivo documento para definir su ideologa poltica de entonces [la de Saco], y, de paso, la de su autor Luz y Caballero”.73Con la excepcin del anciano Arango y Parreo, los sectores de poder estuvieron de acuerdo con la expulsin del “revoltoso”. Slo la juventud estudiosa le mostr su gratitud. Su influencia en ella haba sido una de las causas de la medida. Una prueba de la admiracin que le tenan la dieron los alumnos y la direccin de la Academia Cubana de Pintura y Dibujo: “Habiendo llegado a noticia de los que abajo firmamos, Director y alumnos de la Academia de Dibujo y Pintura de San Alejandro, que debe usted ausentarse de esta ciudad dentro de pocos das, y por tiempo indeterminado, rogamos a usted encarecidamente tenga la bondad de destinar algunas horas para dejarse retratar por uno o ms que elegiremos al efecto entre nosotros, a fin de conservar en su imagen una memoria que pueda aliviarnos en parte el sufrimiento de ausencia, y dar a usted esta pequea muestra de la estimacin y afectuoso reconocimiento que le profesamos como amigos, discpulos y compatriotas. ”Dios liberte a usted de la injusta persecucin de sus enemigos que lo son de nuestra ilustracin y felicidad”.74La Representacin... escrita por Luz en nombre de Saco se present el 23 de julio de 1834. A los cinco das, Tacn se limit a expresar: “ que el seor Saco vaya a su destino ”.75 Saco se retir a la casa de un amigo, mientras Francisco de Arango y Parreo gestionaba el pasaporte. En este retiro temporal traz su plan de accin. En vez de amilanarse se propuso llevar su lucha a una escala mayor. En carta a Luz y Caballero explica su nueva estrategia: “1 En mis circunstancias, ms me conviene residir algn tiempo en la capital de la nacin espaola que no en un pas amrico-republicano Mi permanencia en ste no me da, ni a los ojos del gobierno, ni de mis enemigos, ni aun del mismo pblico, tanta garanta como mi residencia en Madrid. Sus aguas son inmundas, pero para la enfermedad que padezco, o que me quieren hacer padecer, son mucho ms eficaces que las del Potomac o el Tber. 73Ramiro Guerra y Snchez, ob. cit., p. 361; citado por Fernando Ortiz en el Prlogo a Contra la anexin..., ed. cit., p. 42. 74Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 88. (El subrayado es nuestro.) 75Ibdem, p. 89.

PAGE 45

JOS ANTONIO SACO / 41 / 41 / 41 / 41 / 41 ”2. Ni un momento debo perder de vista que mis enemigos han querido humillarme. —Frustrar, pues, sus deseos debe ser mi conato. Ellos han tratado de romper mi pluma; pero yo debo manifestarles que nunca est ms fuerte que ahora. Y para lograrlo qu teatro ms a propsito que Madrid? Mis papeles publicados en un pas estrangero [sic] y republicano, estaran expuestos a la censura y a las intrigas de La Habana, y los anatemas que lanzasen contra ellos quiz no dejaran de alcanzar a su autor. Es, pues, preciso ponerme a cubierto de estos tiros, y nunca lo estar por jida [sic] ms poderosa, como cuando escriba en Madrid”. El tercer aspecto del plan era recibirse como abogado, pese a su disgusto por esa carrera. No obstante, esta parte del plan no la realiz. El cuarto: ”Poco o nada hay que esperar de Espaa en cuanto a mejoras sobre nuestro sistema poltico. A veces se variarn los nombres, pero las cosas sern siempre las mismas. Sin embargo, en cuanto a ciertas medidas particulares algo se puede lograr, y yo all algo podr hacer”.76Luz y Caballero comprendi la estrategia de Saco. El 13 de septiembre de 1834, a las 6 de la maana, parta de La Habana para Falmouth, Inglaterra, en el bergantn Pandora correo ingls al mando de William Croke. No se tuvo clemencia con el expatriado. La Real Sociedad Econmica de Amigos del Pas lo expuls de sus filas y borr su nombre de la lista de miembros, pese a que se le haba otorgado en dos ocasiones el nombramiento de Socio de Mrito.LA DCADA CREATIVA EN EL DESTIERRO: EL EXPATRIADOEl 10 de octubre de 1834, Jos Antonio Saco desembarc en Inglaterra. Durante dos meses recorri este pas y Francia. El 16 de diciembre llega a Catalua, Espaa. En enero de 1835 ya est en Madrid. A los pocos das intent editar su primer trabajo de expatriado: Carta de un patriota o sea clamor de los cubanos dirigido a sus procuradores a Cortes. No se permiti su publicacin. Al cabo de un ao, estando ya en Pars, se imprimi en Cdiz. La publicacin fue annima, pues Saco quera que pareciera escrita por un cubano residente en la Isla. Carta de un patriota... deviene documento denuncia de las arbitrariedades cometidas en Cuba y de los males sociales que imperaban en la Isla. Ante todo, denunciaba el sistema desptico y expresaba que las facultades omnmodas de los capitanes generales los convertan en dictadores del pas. El documento denunciaba, adems, el abuso de la metrpoli en las contribuciones que pagaba la Isla, la situacin deplorable de la administracin judicial, la falta de libertad de imprenta, el deplorable estado de la educacin y, el punto capital, la trata de negros africanos. 76Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., p. 168.

PAGE 46

42 \ 42 \ 42 \ 42 \ 42 \ OBRAS En este documento, por primera vez, Saco planteaba una idea que despus desarrollar en otros trabajos: el gobierno de la colonia deba ejercerlo una junta integrada por cubanos. Un segundo intento de publicar otro trabajo —que pens titular Es probable que la Isla de Cuba se declare independiente de Espaa?— lo convenci de que en Madrid no poda escribirse nada en defensa de Cuba. En noviembre de 1835 march a Pars para continuar su labor poltica. Su opinin la estamp en una carta a Luz y Caballero en la cual expresaba: “Ni nos quieren, ni nos entienden, ni se acuerdan de nosotros, sino para robarnos y sacrificarnos. Reina contra nosotros una prevencin terrible. Resentidos de haber perdido las Amricas, se proponen encadenarnos ms de lo que nos tienen, para que nunca podamos escaparnos”.77En Pars se dedic al estudio. Su gusto por la qumica lo lleva a matricularla en la Sorbona. Lee incesantemente, pero no abandona su lucha. El centro de su nuevo proyecto es combatir la trata de africanos. Su plan consista en escribir: “1 Breve historia del comercio africano en la Isla de Cuba –2 Necesidad de declararlo piratera –3 Manifestar que la abolicin del trfico no causar la ruina de los hacendados ni menos la de la Isla”.78 Pero, cuando iniciaba este trabajo, se origin una crisis en Espaa que lo llevara, de nuevo, a la palestra poltica. En 1836 empez a librarse en Espaa y en Cuba una trascendental batalla poltica cuyas consecuencias duraran 30 aos. Los bandos enfrentados en la Isla eran los siguientes. El de los comerciantes y tratistas que desde 1834 tenan en el gobernador Miguel Tacn y Rosique su figura aglutinadora. ste era un general ayacucho —nombre con el cual se designaba a los derrotados en Suramrica—, por lo que era adverso a todo lo americano. Su poltica no se deba slo a ello, sino, como explicaremos ms adelante, a las concepciones del liberalismo moderado espaol. Tacn cerr las puertas del Palacio de los Capitanes Generales a los hacendados cubanos, y con los comerciantes espaoles form lo que se dio en llamar “la camarilla palaciega”. Entre estos comerciantes se destacaban Joaqun Gmez, Manuel Pastor, Jos Ildefonso Surez, Jos Antonio Olaeta y Jos Esteva, todos tratistas. El “comercio de negros” floreci. El propio Gobernador fue acusado de recibir grandes beneficios del negocio, en el cual, se deca, que hasta la Reina tena participacin. Frente al Capitn General, estaba el superintendente de Hacienda Claudio Martnez de Pinillos, conde de Villanueva. Alrededor del cubano se uni la tradicional y floreciente burguesa esclavista: “Una clase 77Ibdem, p. 174. 78Ibdem, p. 179.

PAGE 47

JOS ANTONIO SACO / 43 / 43 / 43 / 43 / 43 numerosa de patricios [que] ocupa el lugar ms distinguido, entre los moradores blancos. Protegidos por el nacimiento, por la fortuna y por la educacin, son estos nobles habaneros los verdaderos dominadores del pas”.79 El enfrentamiento entre las dos fuerzas se dio primero en forma sutil. De esta rivalidad, La Habana result beneficiada. Tacn inici un plan de obras —de poca utilidad econmica, pero, como la de algunos dictadores, de grandes pretensiones—, entre las cuales se encontraban la crcel de La Habana —la cual se anunci como la mayor de Amrica Latina—, el teatro Tacn, el paseo de Tacn, el mercado de Tacn (despus, Plaza del Vapor, hoy desaparecida), la calzada de San Luis Gonzaga (posteriormente, Reina, hoy Simn Bolvar), el Campo de Marte y los mercados del Cristo y Mara Cristina. A este plan de obras se le opuso el de Martnez de Pinillos con un contenido azucarero y con perspectivas ms modernas. En l ocup el primer lugar el ferrocarril. Se inaugur antes que Espaa tuviese este smbolo de la revolucin industrial. A ello, Villanueva uni la construccin del acueducto de La Habana. Y, como smbolo de su poder y del sentido de su obra, edific la terminal de ferrocarriles de La Habana que llev su nombre. La rivalidad entre Tacn y Pinillos —expresin de la de los sectores que representaban— lleg a extremos inusitados. Cuando el Capitn General coloc una lujosa fuente de mrmol, la Pila de Neptuno; el Superintendente ripost con otra de sabor americano, ms grande y costosa, la Fuente de la India. La tercera fuerza poltica significativa eran los “jvenes ilustrados”, que ante la ausencia de Saco, a quien seguan considerando como su mximo exponente, tenan en el habanero Jos de la Luz y Caballero y en el santiaguero Juan Bautista Sagarra sus ms activos representantes. En estas circunstancias, se produce en Espaa, en mayo de 1836, la convocatoria a Cortes, a la cual Cuba deba enviar sus delegados. El grupo de partidarios de Saco elabor una estrategia para lograr que ste fuese elegido frente a los candidatos de Tacn y Pinillos. El plan lo dirigi Luz y Caballero en un estrecho acuerdo con Juan Bautista Sagarra. Consisti en no postular a Saco por La Habana —donde no tena ninguna posibilidad de xito frente a los candidatos de Tacn y Pinillos—, sino por Santiago de Cuba. De Sagarra dijo Luz y Caballero: “A veces, y disimleseme que lo diga, se me cita como el ms entusiasta en la enseanza; justicia es decir, que en Santiago de Cuba hay una antorcha que ilumina con rayos ms luminosos: hablo, seores, de mi querido amigo D. Juan Bautista Sagarra, la lumbrera de Santiago de Cuba: me congratulo de decirlo aqu ante tanta concurrencia, por79Loc. cit., nota 68, p. 73.

PAGE 48

44 \ 44 \ 44 \ 44 \ 44 \ OBRAS que al hablarse en Cuba de instruccin, debe ir unido este nombre al de Sagarra”.80El santiaguero encontr apoyo en el general Lorenzo y en el Presidente de la Real Audiencia de Puerto Prncipe, ambos enemigos de Tacn. Saco result electo. Entusiasmado, Luz le escribe: “Es [Sagarra] quien ha obtenido la victoria; quien ha enderezado la opinin, acallando las hablillas de los malos y los temores de los ilusos o cobardes; quien empe todas sus fuerzas porque se hiciese justicia al mrito y honor eterno a su pas”.81La situacin econmica de Saco constitua, sin embargo, un impedimento para su diputacin a Cortes. Segn la legislacin electoral, para poder ser electo se necesitaba poseer una renta de 12 000 pesos. Luz reuni parte del dinero solicitado y el hermano de Saco, Juan Nepomuceno, pas a nombre de Jos Antonio varias propiedades. Pese a ello, no pudo tomar asiento en las Cortes. Cuando sus poderes llegaron a Espaa, stas haban sido disueltas por el ministro Istriz. En julio del mismo ao fue reelecto; tampoco pudo tomar asiento en ellas. El movimiento militar conocido como “el motn de la Granja” oblig a la Reina a abrogar el Estatuto Real y jurar la Constitucin de 1812. En octubre fue, por tercera vez, reelecto; tampoco pudo tomar posesin. Las causas que se lo impidieron fueron, ahora, de otro tipo y de trascendencia en las relaciones Cuba-Espaa. En las sesiones previas a las Cortes se discutieron algunas enmiendas a la Constitucin espaola y se acord que Espaa era slo el territorio peninsular y las islas adyacentes, mientras que los pases ultramarinos —Cuba, Puerto Rico y Filipinas— pasaban, de hecho, a la condicin de colonias. Durante los primeros meses de 1837, an nada se haba decidido acerca de si los delegados ultramarinos tomaran asiento o no. El 16 de abril, las Cortes acordaron por 90 votos contra 65, no admitir a los delegados de Ultramar. As, la batalla de Saco en Espaa result sumamente difcil. Tuvo que librarla contra la incomprensin peninsular y las intrigas de los esclavistas y los tratistas de Cuba. El 20 de enero de 1837 public Reclamaciones del diputado a Cortes por la provincia de Cuba sobre la aprobacin y desaprobacin de sus poderes. El 21 de febrero redact y firm —junto con los otros dos diputados cubanos, Juan Montalvo y Francisco de Armas— la Protesta de los diputados electos por la isla de Cuba a las Cortes generales de la nacin y, a los pocos das de su expulsin definitiva, su Examen analtico del In80Francisco Calcagno: Diccionario biogrfico cubano Imprenta y Librera de N. Ponce de Len, New York, 1878, pp. 569-570. 81Ibdem, p. 570.

PAGE 49

JOS ANTONIO SACO / 45 / 45 / 45 / 45 / 45 forme de la Comisin Especial nombrada por las Cortes, sobre la exclusin de los actuales y futuros diputados de Ultramar, y sobre la necesidad de regir aquellos pases por leyes especiales. Este ultimo trabajo suyo puede considerarse como un documento de alto valor histrico. En l, Saco refut todos y cada uno de los argumentos aducidos en el dictamen de las Cortes para excluir a los diputados de Ultramar. Puede estimarse como uno de sus principales escritos en lo referente a la poltica desasimiladora de Espaa, al resaltar la condicin colonial en que haba quedado la Isla, al ser excluida de la nacin espaola. Era la primera vez que Cuba no tena representacin en las Cortes. Saco destac en este trabajo que no era Cuba sino Espaa quien haba creado la frontera que las separara ms tarde o ms temprano. En medio de la batalla que libraba se vio atacado por la asociacin de Tacn y Pinillos. Tacn remiti al gobierno de Madrid un informe en el cual acusaba a Saco de representar un ayuntamiento insurgente que haba apoyado al general Lorenzo y, por tanto, que ste representaba las opiniones rebeldes. Tambin llegaba al gobierno una representacin firmada por 4 000 cubanos esclavistas y terratenientes, en la cual se oponan a sus ideas reformistas. Mas, pese a las derrotas, nuestro biografiado no se dio por vencido. Atac con ms fuerza. En este ao escribi dos obras que, junto al Examen analtico..., constituyen una triloga que resume su pensamiento poltico y, de hecho, son sus piezas angulares. Una de ellas, titulada Mi primera pregunta La abolicin del comercio de esclavos africanos arruinar o atrasar la agricultura? Dedcala a los hacendados de la isla de Cuba su compatriota Jos Antonio Saco, puede considerarse uno de los escritos ms memorables de este autor. En este trabajo aborda la misma temtica de su Anlisis de una obra sobre Brasil, profundizando su tesis en torno a la necesidad de abolir el trfico negrero y de tomar medidas para la extincin paulatina de la esclavitud. Importa destacar que el objetivo de la obra era ganar la buena voluntad de los dueos de esclavos e ingenios para sus ideas. De aqu, que Saco trate de introducir una cua entre los dueos de ingenios y los comerciantes peninsulares: de acuerdo con su tesis, la abolicin de la trata nada tena que ver con la de la esclavitud: “Pero esta distincin, tan marcada por la historia contempornea, no basta siempre en Cuba para poner a cubierto de los tiros de la calumnia, al hombre honrado, al patriota puro, que levanta la voz para advertir los peligros que amenazan a la patria. El criminal inters de unos, aprovechndose de la credulidad de otros, confunde e identifica las dos cuestiones; y no pudiendo defender el trfico de negros, porque los tratados y las leyes lo prohben, y la ilustracin del siglo lo resiste, hacen apare-

PAGE 50

46 \ 46 \ 46 \ 46 \ 46 \ OBRAS cer a quien lo ataca como abolicionista de la esclavitud cubana, como conspirador sanguinario”.82Pero acaso Saco poda ignorar que la abolicin de la trata llevaba implcita, en las condiciones especficas cubanas, como l mismo haba observado, la extincin de la esclavitud? El lenguaje de este trabajo, lgicamente, estaba acorde con el pblico al que iba dirigido. Ese pblico era el hacendado azucarero cubano dueo de esclavos. La obra no se escribi para un lector sin intereses esclavistas. Ello explica el lenguaje extremadamente cuidadoso empleado por Saco, su tono mesurado y el conservadurismo en la exposicin de las ideas, porque, segn Luz y Caballero, estaba escrita para que “le lean los hacendados, aun los ms prevenidos en contra”.83 Lo interesante es que muchos autores han tomado Mi primera pregunta..., o la edicin aumentada preparada posteriormente por su autor, como el catecismo de sus ideas en torno a la trata o a la esclavitud, sin tener presente los objetivos limitados del folleto. Saco no poda exponer aqu todo el profundo sentido de sus ideas, sin provocar con ello una reaccin contraria a sus intenciones. La obra slo deba convencer sobre lo perjudicial del comercio de esclavos. El tercer y ltimo trabajo de Saco de 1837 es su controvertido Paralelo entre la isla de Cuba y algunas colonias inglesas. En esta obra plantea una idea totalmente nueva con respecto a las relaciones con Espaa: no ms diputados a Cortes. En stas, qu fuerza tendran unos cuantos diputados cubanos contra una mayora abrumadora de diputados peninsulares? La solucin consiste en crear consejos coloniales, en los cuales los cubanos, desde Cuba, dicten las leyes necesarias al pas. El propio Saco dira, en 1862, que el Paralelo... slo es la apologa de los consejos coloniales. En este aspecto, nada nuevo agreg nuestro autor en los aos posteriores. Otro aspecto del Paralelo..., de consecuencias imprevisibles para su autor, era su contenido anticolonial. Tanto independentistas como anexionistas lo consideraron su antecesor ideolgico. El trabajo constituye el ms formidable escrito demostrativo de que la poltica de Espaa en Cuba era opresiva, estrangulaba el desarrollo del pas y tenda a la desasimilacin de Cuba. En el Paralelo... podan encontrarse todos los elementos ideolgicos para un movimiento contra la metrpoli. Los anexionistas lo tomaran como la obra que justificaba su accin poltica. El prrafo ms polmico a este respecto es el siguiente: “Si el Gobierno espaol llegase alguna vez a cortar los lazos polticos que unen a Cuba con Espaa, no sera yo tan criminal que propusiera uncir mi patria al 82Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles.. ., ed. cit., t. II, pp. 91-92. 83Manuel Moreno Fraginals: Jos Antonio Saco. Estudio y bibliografa Universidad Central de Las Villas, Las Villas, 1960, p. 99.

PAGE 51

JOS ANTONIO SACO / 47 / 47 / 47 / 47 / 47 carro de la Gran Bretaa. Darle entonces una existencia propia, una existencia independiente, y si es posible fuera tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza; he aqu cual sera en mi humilde opinin el blanco a donde debieran dirigirse los esfuerzos de todo buen cubano. Pero si arrastrada por las circunstancias, tuviera que arrojarse en brazos extraos, en ninguno podra caer con ms honor ni con ms gloria que en los de la gran Confederacin Norteamericana”.84Este prrafo requiere una explicacin. Resulta disonante con el resto de la obra de Saco. Todo parece indicar que ste estaba profundamente disgustado con la expulsin de los delegados cubanos de las Cortes y con el status colonial en que quedaba la Isla. l era partidario de la lucha en el plano de las ideas no de un movimiento armado, y, no obstante, escribi en esta poca: “T no puedes figurarte la injusticia, y el odio, y el desprecio con que se trata a nuestro pas (...) ”Nuestra cuestin ya no es de papeles, sino de espadas y balas. Podemos emplearlas y salir vencedores? Entonces seremos felices. No podemos resistir? Pues no nos queda ms recurso que inclinar la cabeza, y tender el cuello a las cadenas. Esto te lo dice uno que est en Espaa, y que conoce a Espaa”.85En esta turbulenta situacin, Saco elabor un plan de presin sobre Espaa. Con este objetivo utiliza el inters manifiesto de Estados Unidos sobre Cuba. Le escribe a Jos Luis Alfonso: “ Mis deseos siempre han sido que Cuba fuese para los cubanos; pero ya que tal vez no podr ser, porque este gobierno nos empuja a una revolucin, no nos queda otro recurso que arrojarnos en brazos de los Estados Unidos. sta es la idea que conviene difundir e inculcar en el nimo de todos”.86En su polmica posterior con los anexionistas veremos cmo se enfrenta a esa corriente. Aqu slo debe quedar claro que esto parece ser un juego poltico. La fecha de esta carta, 21 de enero de 1837, explica que se trata de un medio de presin con respecto a las Cortes que no quieren admitir a Cuba en ellas. No obstante, Luz y Caballero aprecia —quiz por estar fuera de la batalla poltica librada en Espaa, lo que le permite ponderar con ms frialdad la situacin— lo peligroso de emplear tal medio de presin poltica. Luz sugiere a Saco ponderacin. Pero ste, como siempre, no se atuvo al consejo. Cuando surgi el movimiento anexionista, los partidarios de este movimiento publicaron el Paralelo... como una reafirmacin de sus ideas. Llamaron a Saco a filas. Y, ¡oh sorpresa!, ste los rechaz. Les sali 84Jos Antonio Saco: “Paralelo entre la Isla de Cuba y algunas colonias inglesas”, en Coleccin de papeles. .., ed. cit., t. III, p. 187. 85Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., pp. 11-12. 86Ibdem, p. 9. (El subrayado es nuestro.)

PAGE 52

48 \ 48 \ 48 \ 48 \ 48 \ OBRAS como el ms decidido enemigo de la anexin. En su Coleccin de papeles..., el cubano explica el sentido del prrafo del Paralelo... citado: “Pero detente, me dirn: es posible que te atrevas a negar, que en otro tiempo fuiste anexionista? No est ah para condenarte el ltimo prrafo del Paralelo... que escribiste en 1837? (...) ”los que de anexionista me tacharon, en grave error incurrieron. El argumento en que todos se fundaron, son las palabras del ltimo prrafo del citado Paralelo (...) Lasele con cuidado, y en l se ver la gradacin que sigo en mis ideas. Lo primero que deseo, es que Cuba libre y justamente gobernada viva unida a Espaa. Lo segundo, que disuelta esta unin, ora por la madre, ora por la hija, Cuba trate de conservar su nacionalidad, y de constituirse en Estado completamente independiente. Lo tercero, que si las circunstancias le fueran tan adversas, que no pueda existir por s sola, ni salvarse de su total ruina sino arrojndose en brazos de los Estados Unidos, entonces y slo entonces lo haga como la nica tabla a que pueda asirse en su naufragio. ”Esto quise yo en 1837 cuando escrib el Paralelo: y al hombre que tal quiso, se le puede tachar de anexionista? Yo no acud a la anexin sino en un caso extremo, en el caso terrible de que ella y slo ella fuese para Cuba el nico salvamento”.87Los prrafos anteriores constituyen una explicacin clara de la posicin de Jos Antonio Saco. La poltica, como arte de lo posible, es, en Saco, ante todo, una gradacin de posibilidades determinada por las variantes especficas en que se halla Cuba. Segn l, por entonces, existen tres opciones polticas. A saber: a) mantenerse unida a Espaa, pero con todas las libertades; b) convertirse en un Estado independiente, y c) entrar a formar parte de la unin norteamericana como un estado ms. Estas tres opciones tambin se las plantea el resto de los cubanos, adhirindose, cada quien, segn intereses e ideas, a una de ellas. Saco entra a analizarlas. Pero su anlisis parte, a diferencia de otros muchos en aquella poca, de dos elementos fundamentales para l: la existencia en la Isla de una enorme masa de esclavos no nacidos en ella y la existencia de la nacionalidad cubana. En primer lugar, en sus condiciones de entonces, Cuba debe permanecer al lado de Espaa, porque la masa de esclavos es demogrficamente casi igual que la poblacin blanca. Espaa puede garantizar un proceso paulatino hasta que, eliminada la trata y extinguida la esclavitud, pueda la poblacin de Cuba valorar las determinantes polticas. Esta unin con Espaa est condicionada a que Cuba cuente con un consejo colonial, formado por cubanos, que dicte las leyes ms beneficiosas al pas y a que ste reciba los mismos beneficios que establecen 87Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles... ed. cit., t. III, pp. 331-333.

PAGE 53

JOS ANTONIO SACO / 49 / 49 / 49 / 49 / 49 las constituciones espaolas para la Pennsula. Por eso habla de una Cuba “libre y justamente gobernada” unida a Espaa. En segundo lugar, y aqu est el secreto de su frmula, Cuba debe constituirse en un “Estado completamente independiente”. De acuerdo a como establece la gradacin dentro de las opciones de su preferencia, la segunda lo es ms bien en el tiempo. Es decir, si este momento no resulta el de la independencia poltica —por la existencia de la esclavitud—, una vez solucionado el problema, la independencia poltica, que situar a Cuba “tan aislada en lo poltico como lo est en la naturaleza” —y ntese aqu que repite textualmente la frmula de su maestro Flix Varela—, sera en su “humilde opinin el blanco a donde debieran dirigirse los esfuerzos de todo buen cubano”.88Sus dos ideales polticos son: “Mis deseos siempre han sido que Cuba fuese para los cubanos”, y que “Cuba trate de conservar su nacionalidad”.89Por ltimo, y slo en caso de ruina total, de naufragio, entonces, y slo entonces, Saco contempla la anexin. Este ltimo planteamiento debe interpretarse, ms que como una idea de su gusto, como la resultante de una contingencia poltica: la expulsin de los delegados cubanos de las Cortes espaolas. Nunca ms, Saco contempl ni manej esta posibilidad poltica. Porque su antianexionismo, como ya vimos, tena profundas races desde sus aos juveniles. Al terminar su etapa en Espaa, en 1837, Saco haba formulado sus ideas sobre diferentes temas que, relacionados con Cuba, afectaban su desarrollo econmico, social, cientfico, cultural y poltico. Posteriormente, sus trabajos estaran dirigidos a defender, ampliar o profundizar sus conclusiones de esta etapa. Su ulterior polmica contra los anexionistas le sirvi para ahondar en su concepto de nacionalidad. Su Historia de la esclavitud, publicada a finales de su vida, demostraba la base histrica de sus posiciones acerca de la esclavitud y la trata. No hay duda de que, hasta entonces, Saco ha representado la corriente crtica de la sociedad esclavista. Ha sido el hombre que ha denunciado ms firmemente los desmanes tanto de los capitanes generales en Cuba, como del propio gobierno de la metrpoli. Ha demostrado la poltica desasimiladora de Espaa en Cuba y el status colonial de la Isla. Ha sido un luchador ardiente por la superacin cientfico-cultural del pas y ha denunciado con valenta inusual los vicios que imperaban en Cuba. Con perspicacia, el historiador espaol Jacobo de la Pezuela y Lobo expres, al comentar la importancia del Paralelo...: “ Si hasta entonces entre los cubanos haba pasado Saco por la primera capacidad filosfica 88Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 332. 89Ibdem, p. 332.

PAGE 54

50 \ 50 \ 50 \ 50 \ 50 \ OBRAS y literaria de todos ellos, adquiri tambin a sus ojos las dimensiones de su primera figura poltica”.90DE LA ACCI"N POLTICA A LA INVESTIGACI"N SOCIALPara Saco, la derrota poltica signific un brusco cambio en sus planes. Por lo pronto, slo vea ante s “un largo destierro y quizs una eterna expatriacin”.9l En carta a Jos Luis Alfonso escribe que el Gobierno espaol piensa que a un hombre de “ mis antecedentes y mis ideas no se le poda dar pasaporte para la isla de Cuba ”. En esta carta explicaba su crtica situacin personal: “Hubo una poca en que tuve bienes de fortuna; mas, stos perecieron, y t sabes como vivo yo, t sabes que vivo de la generosidad de algunos amigos”.92Ha valorado ir a Estados Unidos o a Mxico, pero al primero no desea ir porque no le gusta y al segundo no poda porque ello significara que los espaoles le cierren de manera definitiva las puertas de Cuba. Su plan, si resuelve su situacin econmica, sera conocer Europa, sus gentes, su cultura y su universo poltico, y “sentando mis reales en Pars, me pondra a escribir la historia de Amrica, y aguardar los acontecimientos de Cuba”.93sta constituye la primera referencia concreta de Saco de pasar, de la actividad poltica, a la creacin histrica. En este perodo, su primer plan es iniciar una historia de Amrica; sin duda, para demostrar lo que ha sido la historia del dominio espaol, no desde la perspectiva europea, sino desde la de los americanos. Una vez tomadas estas decisiones, el 17 de noviembre de 1837, sali de Espaa rumbo a Lisboa, Portugal. Aqu enferma y regresa a Cdiz. En este puerto espaol se entera que el Juez de Instruccin por la causa seguida por una supuesta conspiracin —conocida en nuestra historia como la Cadena Triangular y Soles de la Libertad— lo est localizando. Marcha entonces hacia Francia. En Barcelona recibe la noticia de la cada de Tacn. No se hace ilusiones. En febrero de 1838, estando ya en Marsella, le escribe a Alfonso: “ten todava por ms cierto que ninguna de mis ideas fundamentales en la materia seran adoptadas. Yo pedira la libertad, la verdadera libertad de mi patria; pero el Gobierno espaol, si es que llega a darnos leyes especiales, no busca en ellas sino una mscara con que disfrazar su tirana. ‘ Venga todo el dinero posible, 90Citado por Fernando Ortiz en el Prlogo a Contra la anexin ..., ed. cit., p. 52. 91Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., p. 21. 92Ibdem, p. 21. 93Ibdem, p. 22. (El subrayado es nuestro.)

PAGE 55

JOS ANTONIO SACO / 51 / 51 / 51 / 51 / 51 y vayan para los cubanos los menos derechos posibles’ he aqu encerrada toda la poltica de Espaa ”.94Durante el ao 1838 recorre la pennsula italiana y Francia. En todos estos lugares recopila datos para ms tarde incluirlos en su obra Viajes por Europa.95En marzo de 1839, estando en Roma, recibe carta de Gonzalo Alfonso. En ella le anuncia que el gobierno no permitira su regreso a Cuba. En sus cartas de entonces se muestra, por primera vez, confuso. Se pregunta: “Qu har, pues en el curso de mi vida? Estar siempre esperando ese por ahora, que quiz nunca llegar, o si llega sea muy tarde?”96En el verano de este ao lo encontramos en Pars, donde se dedica a estudios de tema histrico y, en particular, sobre el comercio de esclavos y de la esclavitud. Pero como el invierno resulta muy agresivo para l se traslada a ciudades mediterrneas. En octubre lo hallamos en Nimes y en diciembre, en Montpellier.97El ao 1840 transcurra en la misma montona espera y en la incertidumbre de su futuro. En marzo, y estando en Pars, an espera regresar a Cuba. Decidi marchar a Espaa. El 2 de septiembre hizo su entrada en Madrid, pero encontr un estado de convulsin poltica causado por el pronunciamiento del general Espartero. Resuelto a no pelear en “los barullos espaoles”, regres a Montpellier. A finales de ese ao, les pide a sus amigos datos en torno al comercio de negros y les indica que est trabajando en ello. ste es el primer indicio de que est preparando una historia del comercio de negros. En enero de 1841 le escribe a Jos Luis Alfonso: “entretanto no me olvido de mi comercio de negros. Verdad es que camino con mucha lentitud, pero mis achaques continuos, la constante movilidad a que me obligan las circunstancias, y la falta de algunos documentos y noticias me fuerzan a detenerme”.98 A continuacin le solicita una serie de datos y documentos: “Perdona t, y perdonen mis amigos tantas incomodidades, pero de quin me he de valer para una obra que puede ser til a la patria, sino de los buenos patriotas? Aunque la estoi [sic] escribiendo con toda templanza e imparcialidad, me temo que si la imprimo, no la dejen circular en Cuba. Este temor me inclina a hacerla publicar en ingls; mas, para esto hay tiempo, y ya veremos lo que convenga hacer”.99 94Ibdem, p. 29. 95Saco no lleg a publicar esta obra. Parte de ella vio la luz en la Revista de la Sociedad Geogrfica de Cuba (1928-1929), y en la Revista Bimestre Cubana (1929-1930). 96Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., p. 38. 97Ibdem, p. 40. 98Ibdem, p. 44. 99Ibdem, p. 45.

PAGE 56

52 \ 52 \ 52 \ 52 \ 52 \ OBRAS Se ha afirmado que Saco ya escriba, para esta fecha, la Historia de la esclavitud. En realidad, segn su documentacin, estaba enfrascado en demostrar, histricamente, la validez de sus tesis contra la trata. Un ao despus duda de seguir este trabajo. El 14 de enero de 1842, le escribe a Jos Luis Alfonso: “Mi obra duerme y dormir. He pensado acerca de su publicacin y por todas partes veo inconvenientes. Darla a luz en espaol, es imposible. Imprimirla en ingls, es fcil; mas, no por eso me librara de disgustos y compromisos. Hay casos en que ni la mayor sinceridad, ni la ms evidente justicia, ni la ms franca imparcialidad dan al hombre garantas. La materia abre campo a la calumnia; yo tengo enemigos, y no quiero darles armas ni pretextos para que me cierren las puertas de Cuba. Si por ellas llego a entrar, entonces me pondr con despacio a coordinar mis apuntamientos, a corregir los ya coordinados, y a fiar al tiempo la poca de su publicacin”.100En mayo de 1842, recibi la noticia de que las autoridades espaolas le permitan regresar a Cuba. Pero, por las sugerencias de Jos Luis Alfonso de que desembarque por Matanzas y que por el momento no radique en La Habana, interpreta que su regreso est condicionado a la no residencia en la capital. Rechaz de plano tal situacin. Sus amigos le aclararon que La Habana no estaba excluida. Saco se niega a regresar. Las causas aducidas para esta decisin no parecen convincentes. De sus cartas no puede sacarse nada claro en cuanto a sus motivaciones. Pero ellas pueden estar relacionadas con las posibilidades creativas que tiene en la capital francesa y el status poltico de la Isla. Saco sabe que uno de los impedimentos mayores que tiene su obra es la actitud de la burguesa esclavista cubana y de la burguesa comercial espaola, que lo dejaran regresar slo si su pluma silencie la situacin de la trata y de la esclavitud. Las causas de su expatriacin se hallaban en las ideas sostenidas sobre el sistema. No deba esperarse que la censura de La Habana pasara ahora por alto lo que antes haba prohibido. Un regreso a Cuba en esta poca era el retorno del desterrado con la cabeza baja y derrotado. Su orgullo personal debi haber desempeado un papel importante en su decisin. Resulta interesante conocer que l, despus de esta decisin, parece sentirse liberado de un gran compromiso. El 29 de julio le escribe a Alfonso: “En una carta que te escrib a principios de ao, te dije que haba mucho tiempo que no escriba ni una letra en la obra que proyectaba. Los motivos de esa conducta han cesado ya, y tengo la conviccin de que escriba yo o no escriba, hable o no hable, mis enemigos no se olvidaran de m. La persecucin tiene una memoria muy fiel (...) As, pues, en lo sucesivo, no me cuidar de escribir por compromisos perso100Ibdem, p. 46.

PAGE 57

JOS ANTONIO SACO / 53 / 53 / 53 / 53 / 53 nales, pues creo que esta precaucin es intil. Hacerle bien a la patria, ser mi nico objetivo, o por lo menos el que nunca perder de vista; y cuando yo escriba lo que me dicte mi conciencia, nada me importa el juicio contrario que puedan formar muchos de los cubanos. Yo nunca he sacrificado mi opinin a la de ellos cuando la he considerado extraviada; y si hubo un tiempo en que sus censuras, aunque injustas, me fueron dolorosas, hoy querido Pep, hoy te aseguro que me son indiferentes (...) Llevado de estas ideas, he vuelto a mi obra, y hace dos meses que trabajo en ella (...) Tengo noticias muy preciosas, y aunque hace tiempo que se habla de trfico de esclavos, creo que mi trabajo ser nuevo”.101En Pars conoce a la condesa de Merlin, Mara de la Merced Santa Cruz y Montalvo, quien haba nacido en Cuba. sta proyectaba escribir un libro sobre su patria de origen. En esa afamada obra, Saco tuvo una importante participacin: “Yo le he dado muchas noticias, y adems le escrib por deseos suyos, y a instancia de Carlos Drake, dos artculos, uno sobre foro, y otro sobre la forma de gobierno de la isla de Cuba. En este ltimo entr en algunas consideraciones, y me extend a proponer los medios que creo convenientes para darle buenas instituciones. Sospechando siempre que la Seora estaba sometida a ciertas influencias, quise eximirla de todo compromiso, facultndola plenamente para que omitiese, aumentase o alterase mis escritos, as en la forma como en el fondo. S que as lo ha hecho, y aunque ella ha procurado que yo vea su trabajo, siempre he sabido sacar el cuerpo, porque no quiero manifestarle mi aprobacin ni mi desaprobacin”.102El 24 de julio de 1843 llega a la capital francesa Jos de la Luz y Caballero y desde esta fecha hasta octubre, comparti con Saco. En el ltimo mes, el expatriado sali hacia Liorna donde pas el invierno. A principios de 1844 volvieron a reunirse los dos amigos. Saco se sinti feliz por esos das junto a Luz. El 27 de junio, Luz tuvo que partir rpidamente para La Habana porque el gobierno colonial lo haba sealado como uno de los promotores de una supuesta conspiracin, la de La Escalera. Un conjunto de factores que se desarrollan durante la dcada del 40, marca el inicio de la crisis del sistema esclavista en Cuba. sta comienza a perfilarse con la firma del tratado de prohibicin del comercio de esclavos entre Inglaterra y Espaa en 1838. La actitud inglesa se hizo ms agresiva. La actuacin de sus cnsules en La Habana, en particular la de David Turnbull, destacado abolicionista, signific una ms activa persecucin de la trata. La situacin se complic an ms debido a varias insurrecciones de esclavos en las zonas de Crdenas, La Habana 101Ibdem, p. 52. 102Ibdem, p. 58.

PAGE 58

54 \ 54 \ 54 \ 54 \ 54 \ OBRAS y Matanzas en los aos 1842 y 1843. La introduccin de esclavos descendi, en 1845, a la ms baja hasta entonces, 1 200. Desde otro ngulo, la situacin del mercado present una nueva tendencia. Por primera vez, una crisis del mercado mundial azucarero origin en este ao una cada en la produccin cubana. A ello se uni la ruina de la produccin cafetalera, la cual constitua, hasta entonces, el segundo rengln exportable de la Isla. La produccin de azcar de remolacha en Europa, subvencionada por los Estados, empezaba a desalojar el azcar de caa de sus mercados tradicionales. Esto plante la urgente necesidad de modernizar las unidades azucareras, lo cual implicaba otros problemas: la necesidad de capitales an mayores y resolver el problema de la mano de obra. La economa cubana se hizo ms dependiente del mercado norteamericano. Esta situacin hizo que muchos recordaran lo que Saco haba planteado 12 aos atrs. La terrible realidad de una crisis total de la esclavitud y de todo el sistema productivo, sembr la alarma entre los esclavistas. Y aquellos que hasta entonces lo haban visto como un peligroso abolicionista, comenzaron a llamarlo “profeta”. Ahora quisieron conocer sus ideas, porque no queran perecer junto con el sistema. Resulta importante sealar el momento en que ocurre, por fuerza de las circunstancias, el acercamiento de los dueos de esclavos e ingenios a Saco. Pero ste se desarrolla con reservas por ambas partes. Domingo del Monte es quien ahora intima con Saco. Le propone volver a publicar Mi primera pregunta... Le argumenta que se era el momento. La obra surtira el efecto esperado por Saco 12 aos antes con el trabajo Anlisis de una obra sobre Brasil. Accedi a la peticin de Del Monte, pero aprovech la oportunidad para profundizar algunos datos y aspectos de la obra, y mejorar su sentido persuasivo. Public la nueva versin con el ttulo La supresin del trfico de esclavos en la isla de Cuba examinada con relacin a su agricultura y a su seguridad. Como es lgico, esta edicin tambin estaba redactada para el mismo pblico que la primera: el hacendado cubano dueo de esclavos. Tena el mismo fin: convencerlo de la necesidad de eliminar la trata y de tomar las medidas para extinguir paulatinamente la esclavitud. La edicin de esta obra le permiti expresar la diferencia de actitud que se tuvo para con su autor, aos atrs: “Pero el tiempo y la verdad, ms poderosos que el hombre y la mentira, se encargaron de su desagravio; y hoy, corporaciones e individuos, cubanos y europeos, todos, con muy raras excepciones, todos desean lo mismo que pidi, doce aos ha, el proscrito autor del artculo de la Revista”.103 103Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles ..., ed. cit., t. II, p. 92.

PAGE 59

JOS ANTONIO SACO / 55 / 55 / 55 / 55 / 55 Si bien Domingo del Monte se mostraba cercano a sus ideas y la burguesa esclavista muy interesada en el exiliado de Pars, ste no corresponda con el mismo inters. Aos de expatriacin lo haban convencido de que su actividad deba ser sin compromisos. En estos aos ha crecido en l el inters por la investigacin histrica y sociolgica. Al parecer, ya consciente de que la batalla contra la trata estaba ganada, por lo menos en el terreno de las ideas, decide comenzar a escribir, no sobre sta, sino sobre la esclavitud en s. Ya no volveremos a hallar referencias de que est trabajando en “el comercio de esclavos”, sino de que prepara una Historia de la esclavitud. Este inters cientfico lo lleva a no inmiscuirse directamente en la poltica. En su Historia de la esclavitud podr responder a todos los contradictores, podr defender sus tesis para su eliminacin, podr, incluso, sobre la base de la experiencia mundial, encontrar cul resulta la mejor forma de lograr su extincin. En marzo de 1846, Saco retorna a Espaa. Despus de permanecer 12 das en Madrid, donde intercambia ideas con Domingo del Monte, va a Sevilla, al Archivo de Indias, para consultar la documentacin para su Historia de la esclavitud. Domingo del Monte se percat de que Saco haba cambiado mucho. Lo not desinteresado de los problemas contingentes. No le pareci el fogoso combatiente de los aos juveniles. Tena 49 aos. Jos Silverio Jorrn vio con ms claridad que Del Monte la transformacin sufrida en Saco: “Al arribar Saco a la mitad del camino de su vida, fecha que recuerda el proemio de la Divina Triloga de Dante, sufri en su espritu una extraordinaria evolucin. El hombre del pasado, atleta fogoso e inquieto; esgrimidor cual nadie del sarcasmo y la irona, a la vez que en perenne atisbo de los problemas de su nativo suelo, sintiose de golpe posedo de benedictina paciencia, de olmpica serenidad. ”A qu atribuir este radical y repentino cambio? A causa muy sencilla; a la mera circunstancia de haber concebido un magnfico pensamiento, que, si arraiga como todos los suyos en su lejana y queridsima patria, interesar a todo el mundo culto bajo diversos y trascendentales aspectos. Existan en Cuba centenares de miles de esclavos; hallbase circuida por un continente y un archipilago donde tambin pululaban millones de africanos cautivos; y natural consecuencia fue de estas premisas, que asaltase a nuestro compatriota la idea de investigar los orgenes de la institucin servil y de referir su histrico desenvolvimiento a despecho de la colosal tarea que iba a echar sobre sus hombros y aunque en ms de una ocasin desconfiara de sus fuerzas para llevarla a cabo. El caso no era para menos, supuesto que la imaginada obra deba moverse en etapas paralelas al desarrollo de la civilizacin de la humanidad. Los horizontes que se desplegaban ante semejante prop-

PAGE 60

56 \ 56 \ 56 \ 56 \ 56 \ OBRAS sito comprendan siglos tras siglos, y la silenciosa contemplacin de estas vastas perspectivas, produjo por inexplicable misterio el apaciguamiento de su combatividad ingnita”.104En realidad, no pensamos que la dimensin de la empresa causara una “domesticacin” de su carcter, pero s que la obra constitua para l la forma ms significativa y definitiva de derrotar a sus enemigos polticos. En el plano cientfico poda lograr la victoria poltica. Y ello lo entusiasm tanto, que no le daba importancia a otros enfrentamientos con sus enemigos. Su obra no slo sera para sus contemporneos, sino tambin para la posteridad, la cual podra reconocer en ella el sentido de su vida. El 26 de mayo de 1846 lo encontramos nuevamente en Sevilla, en el Archivo de Indias, recopilando datos para su Historia de la esclavitud. Pero si los proyectos de Saco eran unos, los de sus amigos —en particular, Domingo del Monte— eran otros. Cuando el fiscal de la Real Hacienda de La Habana, Vicente Vzquez Queipo, imprimi en Madrid, en 1845, su Informe sobre Fomento de la poblacin blanca de la isla de Cuba y emancipacin progresiva de la esclavitud Del Monte juzg que intentaba defender la trata. Decidi solicitarle a Saco que le respondiera. A ste no le interesaba, pero Del Monte insisti, ponindole, prcticamente, “la pluma en la mano”. Por fin, el proscrito cubano public, en diciembre de 1846, su impugnacin a las tesis del fiscal, con el ttulo de Carta de un cubano a un amigo suyo ste constitua su primer trabajo en los ltimos ocho aos, si se excepta la nueva versin de Mi primera pregunta ... El 27 de julio, Vzquez Queipo le replic en un artculo que apareci en la publicacin matritense El clamor pblico. En este trabajo acus al cubano de “revolucionario e insurgente”. Saco respondi con su Rplica de don Jos Antonio Saco a la contestacin del Sr. Fiscal de la Real Hacienda de la Habana Don Vicente Vzquez Queipo, con la cual puso fin a la polmica. En estos trabajos, Saco defendi sus tesis, ya expuestas, acerca de la trata y la esclavitud, rectificando algunos aspectos de los escritos suyos anteriores. Mas, slo le anunci a Vzquez Queipo que en su momento le dara cientfica respuesta a todos sus contradictores y a todas las tesis esgrimidas en favor de la trata y de la esclavitud. Resultaba evidente, pensaba en su Historia de la esclavitud. Pero las circunstancias histricas lo llevaron a librar una nueva batalla poltica, cuya significacin lo ha colocado como el ms formidable defensor de la nacionalidad cubana, aun en el sentido limitado que l le dio. 104Citado por Fernando Ortiz en el Prlogo a Contra la anexin ..., ed. cit., p. 63.

PAGE 61

JOS ANTONIO SACO / 57 / 57 / 57 / 57 / 57LA BATALLA CONTRA LA ANEXI"NJustamente cuando trabajaba en su acariciado proyecto en torno a la historia de la esclavitud, la situacin en Cuba empezaba a adquirir caractersticas peligrosas. Por primera vez, un conjunto de factores internos y externos comprometan no ya el presente, sino el futuro de Cuba. Desde el punto de vista interno, debe tenerse en cuenta que el quinquenio de 1845-1850 result el ms desastroso que hasta entonces haban conocido los ricos hacendados cubanos y los comerciantes espaoles. Una fuerte crisis econmica, una de las primeras del capitalismo industrial, ocurri en los pases ms desarrollados con los cuales comerciaba Cuba; en especial, Estados Unidos. El fenmeno, por entonces poco conocido y estudiado, repercuti en Cuba. En 1845, se origin una sensible baja en las demandas azucareras. Al ao siguiente, se logr un aumento, pero no se alcanzaron las cifras de 1844. En la zafra siguiente, y pensando en una recuperacin econmica, se estableci un nuevo rcord en las exportaciones, pero, cosa imprevista, los precios resultaron los ms bajos que se haban conocido. Si sta fue la situacin de la produccin azucarera, la cafetalera recibi un rudo golpe del cual no se recuperara. El caf, durante aos el segundo rengln de exportaciones de la Isla, sufri no slo la contraccin de los mercados consumidores, sino, adems, un fuerte huracn haba arrasado la produccin de este producto en la zona occidental de Cuba. En conjunto, en este quinquenio se exportaron 500 000 arrobas menos que en el anterior, y su precio result tan bajo, que los productores llegaron a la conclusin de que daba prdidas. Al finalizar el quinquenio, prcticamente no hubo exportaciones de caf. Al referirse a los efectos de esta crisis en el sector comercial, expresa Ramiro Guerra: “Numerosas casas comerciales dedicadas al comercio exterior, algunas de las ms fuertes y acreditadas, lucharon con dificultades que terminaron en quiebras. El temor de que otras muchas se vieran obligadas a tomar el mismo camino, cre un pnico financiero muy grande y una paralizacin casi completa de los negocios y de la refraccin para la agricultura”.105Esta situacin se agrav con un nuevo elemento: las presiones inglesas contra la trata y la esclavitud. Ello entre otras, trajo una consecuencia: el aumento desmedido del precio de los esclavos. Lo ms preocupante era que el Gobierno espaol mostraba la tendencia a ceder a las exigencias inglesas. 105Ramiro Guerra y Snchez, ob. cit., p. 457.

PAGE 62

58 \ 58 \ 58 \ 58 \ 58 \ OBRAS Un factor no menos importante estuvo en la creciente rebelda de los esclavos, materializada con insurrecciones que hicieron necesaria el empleo de todo un aparato coercitivo para sofocarlas. En la conjuncin de todos estos factores est la nueva actitud de los hacendados en esta poca. La seguridad en el porvenir y la prepotencia desaparecen del lenguaje de algunos de ellos. La actitud incierta del Gobierno espaol completaba las causas de las inquietudes. En este conjunto de problemas puede hallarse el origen, la causa principal, del surgimiento de la tendencia a la anexin de Cuba a Estados Unidos. Espaoles y criollos ricos se haban mantenido fieles a la metrpoli hispana, porque sta aseguraba el orden socioeconmico imperante. Este orden tena como base la esclavitud. Espaoles y criollos ricos, vinculados al sistema esclavista, empezaron a darse cuenta de las crecientes dificultades que confrontaban para su mantenimiento. Para ellos, una eliminacin radical de la trata y una abolicin inmediata de la esclavitud, era atentar contra sus propiedades y la destruccin de su poder econmico. Al comprobar la condescendencia y debilidad del gobierno peninsular ante las presiones inglesas, fuertes ncleos de la burguesa esclavista cubana y de la comercial espaola, no seguros de su capacidad para la independencia —por su inseguridad sobre las posibilidades de control de la masa de esclavos—, se inclinaron a buscar una nueva metrpoli poltica, con mejor capacidad represiva y esclavista. La bsqueda no era complicada, estaba a 90 millas y, por cierto, muy interesada en Cuba. Justamente en estos aos 40, Estados Unidos despoja a Mxico de los territorios al norte del ro Bravo. Este expansionismo norteamericano, as como los intentos de dominio del Caribe, fueron impulsados en lo esencial por los estados esclavistas del sur. Aventureros como William Walker intentaron apoderarse de las tierras de Centroamrica. Pero ambicionaban, en especial, a Cuba. Estados Unidos no slo era el principal defensor de la esclavitud, sino el Estado esclavista ms agresivo del orbe. En estas circunstancias nace y crece el movimiento anexionista en Cuba. Una tarde, en el palacio de Miguel Aldama, se reuni un grupo de potentados del “oro dulce” y a sugerencias de Jos Luis Alfonso, constituyeron lo que se dio en llamar Club de La Habana. La plataforma poltica de este grupo result muy sencilla: lograr, bajo cualquier forma, la anexin de Cuba a Estados Unidos. La razn de ser de tal posicin era una sola: mantener la esclavitud. En el Club de La Habana no hubo diferencias entre espaoles y cubanos, entre tratistas y productores. Todos, unidos por salvar sus intereses, demostraron lo poco que les importaban sus respectivas nacionalidades. Porque el anexionismo constitua, tanto para la aristo-

PAGE 63

JOS ANTONIO SACO / 59 / 59 / 59 / 59 / 59 cracia criolla como para los comerciantes espaoles, una solucin poltica a una cuestin econmica. Como uno de ellos expres, era un clculo no un sentimiento. El fenmeno de que los espaoles se unieran al anexionismo hizo que el capitn general de la Isla, Juan de la Pezuela, escribiera: “[son] unos miserables egostas que se suponen el verdadero partido peninsular, y teniendo su corazn en el oro, se daran al turco si ste les ayudara en sus ganancias”.106La actitud de estos sectores hegemnicos le hizo escribir a Jos Antonio Saco: “No tienen ms Cuba que su ingenio ; ni ms compatricios que sus esclavos”.107Al anexionismo se unieron otros dos grupos sociales por razones distintas. Uno de ellos, lidereado por Gaspar Betancourt Cisneros — El Lugareo —, estaba constituido por ganaderos centro-orientales, sin fuertes intereses esclavistas. La mirada de este grupo estaba puesta en los estados del norte y no en los del sur. El inters por el modelo capitalista en desarrollo arrastraba a este sector al anexionismo. El Lugareo lo expres as, en su polmica con Saco: “Cuba anexada adquirira riquezas slidas, sin escrpulos, zozobras ni peligros. Los 500 000 advenedizos como te place llamarlos no sern por cierto 500 000 salvajes africanos, malayos e indios, que es la gente que los Cubanos pueden esperar que les permita traer el gobierno de Espaa para cruzar, y perfeccionar su noble raza; sino que sern 500 000 Yankees, Alemanes, Franceses, Suizos, Belgas, Diablos y Demonios, pero Diablos y Demonios blancos, inteligentes, industriosos y adems con mquinas, instrumentos, industrias, mtodos, capitales y cuanto ms poseen y emplean los hombres libres en la produccin de la riqueza”.108Un tercer grupo de anexionistas estaba constituido por una parte de la pequea burguesa ilustrada, que haba formado filas entre los seguidores del propio Saco. Para este grupo, las motivaciones anexionistas radicaban en el sistema democrtico-republicano norteamericano. En esta supeditacin ideolgica no tuvieron en cuenta los factores fundamentales que Saco vio desde su juventud: que toda anexin implicaba la 106Ramiro Guerra y Snchez, ob. cit., p. 535. 107Jos Antonio Saco: “Rplica de D. Jos Antonio Saco a los anexionistas que han impugnado sus Ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos ”. La frase que hemos puesto en el texto es la que aparece en el original. al reimprimir el trabajo en su Coleccin de papeles ..., Saco la modific de la siguiente forma: “los ruines egostas que proclamando libertad, slo buscan su vil inters; y aquellos que no tienen ms Cuba que su ingenio ni ms compatricios que sus esclavos” ( Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 376). 108Gaspar Betancourt Cisneros ( El Lugareo ): Cartas a Saco Editorial Guimaro, La Habana, MCMXL, p. 45.

PAGE 64

60 \ 60 \ 60 \ 60 \ 60 \ OBRAS desaparicin de la nacionalidad cubana, y que aquella raza “devoradora de pueblos” tratara como seres inferiores a los cubanos. A esta fuerte corriente, con su pluma como nica arma, se enfrent Jos Antonio Saco. En enero de 1848, recibi una carta de Gaspar Betancourt Cisneros en la cual le propona la direccin de un peridico cuya edicin se hara en Nueva York. Le ofreca —conocedor de la difcil situacin econmica de Saco— nada menos que 10 000 pesos para la empresa. Pero ste, al conocer las ideas anexionistas del grupo impulsor del peridico, decidi declinar la oferta. El sector anexionista sigui en sus planes e involucraron, de cierta forma, a Saco. El peridico empez a editarse con el nombre de La Verdad y, para fundamentar sus posiciones antiespaolas, los anexionistas publicaron el Paralelo entre la isla de Cuba y algunas colonias inglesas de Saco Se inici la primera fase de la polmica sobre la anexin. Las principales figuras anexionistas, muchos amigos personales de Saco, o seguidores, admiradores, compaeros o discpulos suyos durante los aos 30, le escribieron para convencerlo de que se uniese al movimiento. Sus cartas-respuestas a estas proposiciones fueron, desde el principio, de oposicin al anexionismo. En la medida en que apreciaba que el peligro para Cuba aumentaba, sus respuestas fueron subiendo de tono. El 19 de mazo de 1848 le escribi a Betancourt Cisneros una carta histrica en la cual expone su credo antianexionista y cubano: “En cuanto a m, a pesar de que conozco las inmensas ventajas, que obtendra Cuba con esa incorporacin pacfica, debo confesar con todo el candor de mi alma, que me quedara un reparo, un sentimiento secreto por la prdida de nuestra nacionalidad, de la nacionalidad cubana. Somos en Cuba algo ms de 400 000 blancos. Nuestra Isla puede alimentar algunos millones de ellos. Reunidos al Norte-Amrica, la emigracin de ste a Cuba sera muy abundante, y dentro de pocos aos, los yankees seran ms numerosos que nosotros, y en ltimo resultado no habra reunin o anexin sino absorcin de Cuba por los Estados Unidos. Verdad es que la Isla siempre existira; pero yo quiero que Cuba sea para los cubanos y no para una raza extranjera. ”Nunca olvidemos que la raza anglo-sajona difiere mucho de la nuestra por su origen, lengua, religin, usos y costumbres, y que desde que se sienta con fuerza para balancear el nmero de cubanos, aspirar a la direccin poltica y general de todos los asuntos de Cuba; y la conseguir no slo por su fuerza numrica, sino porque se considerar como nuestra tutora o protectora, estando mucho ms adelantada que nosotros en materia de gobierno, ciencias y artes. La conseguir repito; pero sin hacernos violencia, antes bien, usando de los mismos derechos que nosotros.

PAGE 65

JOS ANTONIO SACO / 61 / 61 / 61 / 61 / 61 ”Ellos se presentarn ante las urnas electorales, nosotros tambin nos presentaremos: los norteamericanos votarn por los suyos, y nosotros, por los nuestros; pero como ellos estarn ya en mayora, los cubanos se vern excluidos, segn la misma ley, de todos o casi todos los empleos y pblicos destinos: y dolorosa situacin es por cierto que los hijos, los verdaderos amos del pas, se vean postergados en su propia tierra por una raza advenediza. Yo he visto esto en otras partes, y s que en mi patria tambin lo vera (...) yo deseara que Cuba no slo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese tambin Cuba cubana y no anglo-sajona La idea de la inmortalidad es sublime, porque prolonga la existencia de los individuos ms all del sepulcro, y la nacionalidad es la inmortalidad de los pueblos y el origen ms puro del patriotismo. (...) ”No, Gaspar, no por Dios. Apartemos del pensamiento ideas tan destructoras. No seamos el juguete desgraciado de hombres que con sacrificios nuestros quisieran apoderarse de nuestra tierra, no para nuestra felicidad, sino para provecho suyo (...) En nuestra crtica situacin (...) Suframos con heroica resignacin el azote de Espaa; pero sufrmoslo, procurando legar a nuestros hijos, si no un pas de libertad, al menos tranquilo y de porvenir. Tratemos con todas nuestras fuerzas de extirpar el infame contrabando de negros; disminuyamos sin violencia ni injusticia el nmero de stos; hagamos lo posible por fomentar la poblacin blanca; derramemos las luces; construyamos muchas vas de comunicacin; hagamos, en fin, todo lo que t has hecho, dando tan glorioso ejemplo a nuestros compatriotas, y Cuba, nuestra Cuba adorada, ser Cuba algn da”.109En esta carta de Saco estn expuestas las bases de su ideario poltico y de su antianexionismo. Como puede comprobarse, este ltimo parte de su concepcin de la existencia de una nacionalidad cubana y de su conviccin de que sta sera destruida “por una raza extranjera” que slo utilizara a los cubanos para apoderarse de la Isla y, despus, por medios sutiles, someterlos. La polmica epistolaria entre Saco y los anexionistas llega a un punto, que el expatriado de Pars —convencido de que sus argumentos no harn retroceder a las principales figuras anexionistas— decide pasar a una segunda fase: la polmica pblica. Con ella, espera persuadir a la mayora de los cubanos de que el peor crimen que poda cometerse contra la patria era, precisamente, anexarla a Estados Unidos. El 1 de noviembre de 1848, ante el incremento de la actividad anexionista, Saco imprime en Pars Ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos. 109Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., pp. 324-327.

PAGE 66

62 \ 62 \ 62 \ 62 \ 62 \ OBRAS Este trabajo puede conceptuarse como uno de sus escritos ms trascendentales. Los anexionistas, primero sorprendidos y despus irritados, escribieron numerosos artculos —empleando en muchos de ellos seudnimos— para impugnarlo; en estos intentos se destacaron Cristbal Madan, Lorenzo de Allo Bermdez, Gaspar Betancourt Cisneros y un supuesto doctor Quibs. Los anexionistas no tienen reparos en llevar la polmica poltica al plano personal. Los ataques llegan a inmiscuirse en la vida particular de Saco e intentan atribuirle sus ideas a problemas ntimos. Se trata de sus relaciones con Dolores Fras, esposa abandonada de Narciso Lpez. Por su parte, los espaoles no dejaron de considerarlo peligroso, porque, pese a todo, l mantena una tnica crtica hacia el rgimen colonial. El centro de su argumentacin en Ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos, es la misma que en la carta a Betancourt Cisneros, lo nico que fundamentada y profundizada. Para l, lo ms importante era la necesidad de salvaguardar la nacionalidad cubana —nacionalidad cubana limitada a los cubanos blancos en la concepcin no slo de Saco sino de la poca—, por estimar la anexin una absorcin y por no creer en las buenas intenciones del pas del Norte: “Yo quisiera que, si Cuba se separase, por cualquier evento, del tronco a que pertenece, siempre quedase para los cubanos, y no para una raza extranjera”.110El ataque de los anexionistas contra Saco se hace cada vez ms violento. Muchos de sus amigos dejan de considerarse como tales. El propio Jos Luis Alfonso le escribe el 1 de junio de 1849: “Es verdad que su papel nos ha sido muy sensible, pero aun ese pesar que nos ha causado a todos sus amigos, tiene por origen ms bien el dao que iba a causarse a s propio en la opinin de sus paisanos, que el desacuerdo presente de nuestras opiniones”.111Detrs de estas veladas amenazas confirm: “En suma, ha sido el paso ms impoltico y ms desgraciado que ha dado Ud. en toda su vida”.112La respuesta de Saco, a todos los ataques de los anexionistas, se la anunci al propio Jos Luis Alfonso, el 30 de diciembre de 1849: “mi rplica, al paso que es rplica, es tambin mi testamento poltico”.113En abril de 1850 se traslad a Madrid donde public su Rplica de Don Jos Antonio Saco a los anexionistas que han impugnado sus Ideas sobre la incorporacin de Cuba en los Estados Unidos, escrita 110Ibdem, p. 324. 111Jos Antonio Saco: Contra la anexin..., ed. cit., pp. 213-214. 112Ibdem, p. 214. 113Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., p. 83 (El subrayado es nuestro.)

PAGE 67

JOS ANTONIO SACO / 63 / 63 / 63 / 63 / 63 desde el 4 de septiembre del ao anterior. Este trabajo es el ms importante de todos los escritos por l en el terreno poltico. Junto con el anterior, devienen piezas clave contra toda tendencia anexionista, y una profesin de fe en la nacionalidad cubana y en su futuro: “Digo esto con referencia a Cuba. Si ella fuera una de las muchas islas que por su pequeez, esterilidad, e insignificancia jams pudiese figurar en el mapa geogrfico, entonces sin atender a lo pasado ni a lo futuro, y consultando slo a ciertas ideas y ciertos intereses, yo sera el primero en pedir su agregacin pacfica a los Estados Unidos. Pero una isla, que es una de las ms grandes del globo, y que encierra tantos elementos de poder y de grandeza, es una isla que puede tener un brillante porvenir. Cuando contemplo, que Fenicia, faja de tierra de pocas leguas, sobre las costas de Siria, fue la nacin ms comerciante de la antigedad; cuando contemplo, que en el rido y pequeo espacio del tica naci la gloriosa repblica de Atenas; cuando contemplo que la inmortal Venecia, saliendo del fango de sus lagunas, domin pueblos y mares; cuando contemplo que Gnova, su rival, extendi sus conquistas y su nombre hasta los confines del mar de Azof; cuando contemplo, en fin, que otros pases, muy inferiores a Cuba, ocupan un lugar respetable, en la escala de los pueblos, por qu he de cerrar mi corazn a toda esperanza, convertirme en verdugo de la nacionalidad de mi patria? Quince aos ha, que suspiro por ella: resignado estoy a no verla nunca ms; pero menos me parece que la vera, si tremolase sobre sus castillos y sus torres el pabelln americano. Yo creo que no inclinara mi frente ante sus rutilantes estrellas, porque si he podido soportar mi existencia siendo extranjero en el extranjero, vivir extranjero en mi propia tierra sera para m el ms terrible sacrificio”.114La conviccin que tiene Saco del fenmeno norteamericano, de su “destino manifiesto” y de su naturaleza expansionista, le hizo intuir, a finales de su vida, que esta parte de sus ideas era de trascendencia histrica. Para perpetuar eternamente su rechazo a la unin de Cuba a Estados Unidos, quiso que el epitafio de su tumba fuese el siguiente: “Aqu yace Jos Antonio Saco, que no fue anexionista, porque fue ms cubano que todos los anexionistas”.115El movimiento antianexionista comenz a tener sus ecos. El 18 de julio de 1850, Domingo del Monte le escribe que estaba tratando de publicar un peridico antianexionista. Pero algunos de los partidarios de la anexin seguan intentando convencer a Saco. El 7 de octubre, Victoriano Arrieta le escribe: “¡Hoy el partido anexionista, por mi me114Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 464. (El subrayado es nuestro.) 115Ultlogo de Fernando Ortiz a Contra la anexin..., p. 417.

PAGE 68

64 \ 64 \ 64 \ 64 \ 64 \ OBRAS dio, con mi dbil voz, clama por Saco!”116 En abril de 1851, Jos Aniceto Iznaga, despus de haberle escrito varias cartas, decide viajar a Montpellier. Al referirse a esta entrevista, Saco le escribi a Jos Luis Alfonso: “T que me conoces adivinars mi respuesta; y hoy te digo con toda la franqueza de mi carcter, que si supiera que el mar se ha tragado la expedicin con todos los expedicionarios, se sera para m uno de los das ms felices de mi vida”.117Del incidente naci una fuerte enemistad entre ambos. En la librera de Calignani, en Pars, Iznaga ofendiera a Saco y ste lo intentara agredir con el bastn que siempre portaba. En octubre, Saco public en Pars La situacin poltica en Cuba y su remedio, en que vuelve a plantear como nica solucin al problema cubano el otorgamiento de reformas. Sin duda, aprovechaba la coyuntura poltica. Si Espaa actuaba con inteligencia y valoraba la situacin de la posible anexin de Cuba a Estados Unidos y el descontento de los cubanos, resultaba posible cambiar la situacin poltica del pas. Algunos sntomas daban esperanzas. El 11 de noviembre del ao anterior haba sido nombrado el general Jos Gutirrez de la Concha gobernador de Cuba. ste inici un cambio poltico sobre la base de garantizar la esclavitud y hacer concesiones a los grandes propietarios cubanos. Anexionistas tan convencidos como Jos Luis Alfonso, abandonan ese partido y retoman de nuevo el reformismo. Concha olvid el pasado anexionismo de estas figuras y les dio importantes representaciones fuera y dentro del pas. Pero el status poltico de Cuba se mantuvo. A las seguridades dadas por Concha con respecto a la esclavitud, se uni el cambio en la situacin econmica internacional. De nuevo, el azcar increment su precio y su produccin. Se estuvo ante un nuevo boom azucarero. Y todos olvidaron el anexionismo, salvo los seguidores de Narciso Lpez. Por todo lo anterior, las nuevas gestiones reformistas de Saco cayeron en el vaco. No tena, de nuevo, el respaldo de los hacendados cubanos preocupados por el estado de sus capitales. El 21 de diciembre de 1851, el espaol Jos Luis Retortillo public en El Constitucional de Madrid, una rplica al trabajo de Saco. Por carta de Domingo del Monte, supo que las cosas haban cambiado; ste opinaba que Concha era un magnfico gobernador y que la Isla estaba en sus mejores momentos. En un trabajo que edit en marzo de 1852 con el nombre de Cuestin de Cuba decidi contestarle a Retortillo. Su lema “O Espaa concede a Cuba derechos polticos, o Cuba se pierde para Espaa”, result una verdadera profeca. 116Eloy G. Merino Brito, ob. cit., p. 88. 117Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., pp. 85-86.

PAGE 69

JOS ANTONIO SACO / 65 / 65 / 65 / 65 / 65 En las cartas de Saco de este perodo, la decepcin lo domina. Al parecer pensaba cerrar aqu su carrera poltica. En febrero de 1853 le escribi a Jos Luis Alfonso: “Hay casos en que el mayor patriotismo consiste en la inaccin del patriota, y en que ste se eclipse, y si es posible se anule, pues de este modo se conserva inclume para tiempos bonancibles”.118EL PERODO DE TRABAJO SILENCIOSOEn 1853, Saco se dedic, en lo fundamental, a trabajar en la Historia de la esclavitud. En los meses de marzo y abril se inicia la enfermedad que le ocasion el temblor en las manos, que con el tiempo le impedir escribir. Para terminar su obra tuvo que utilizar amanuenses. Los tres aos siguientes los pas trabajando y reuniendo datos para su obra. El 19 de julio de 1856 se cas con Mara Dolores Fras, viuda de Narciso Lpez. Una nueva motivacin encontr Saco en 1857 para interrumpir su obra sobre la esclavitud. En 1853 haba aparecido en Estados Unidos una compilacin de sus trabajos con el ttulo de Obras de Don Jos Antonio Saco. Compilados por primera vez y publicadas en dos tomos por un paisano del autor (Librera Americana y Estranjera de Roe Lockwood e hijos, Nueva York). Al parecer, cuando Saco la ley estuvo en desacuerdo con la forma en que se haba hecho la compilacin. Se refiri a ella como deficiente, incompleta y plagada de errores, por lo cual la desautoriz. Ello lo impuls a trabajar durante los aos 1857 y 1858 en la preparacin de la edicin de sus obras: Coleccin de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la Isla de Cuba, ya publicados, ya inditos por D. Jos Antonio Saco, impresos por la casa francesa D’Aubusson y Kugelmann. Esta edicin la realiz siguiendo un plan muy bien trazado. La obra, ms que una simple edicin de sus trabajos, constitua un montaje de todos sus papeles, incluidos los inditos, con numerosas notas y aclaraciones que ubican al lector en el contexto en que se escribieron y en sus objetivos. Era, en realidad, un conjunto que ofreca una visin muy coherente de la historia de Cuba durante las dcadas del 20 al 50. En los trabajos originales realiz numerosos arreglos y notas en consonancia con las nuevas circunstancias y como preludio de su Historia de la esclavitud. Esta obra, editada en tres tomos, obedeci a un plan poltico. El primer tomo tena por objetivo abrir el camino a los otros dos. Por ello, este tomo slo incluye los papeles cientficos y excluye los referentes a la esclavitud y a los problemas polticos. El plan result exitoso. El Capitn General de la Isla 118Ibdem, p. 99.

PAGE 70

66 \ 66 \ 66 \ 66 \ 66 \ OBRAS autoriz la circulacin de la obra en Cuba. Ello le permiti dedicar el tomo dos a sus trabajos contra la trata y sobre la esclavitud. El tomo tres contena los papeles polticos escritos por l hasta 1858. En esta poca, los hacendados cubanos vuelven a estrechar sus relaciones con Saco. Contaba el cubano con 62 aos de edad y tena todas sus miras puestas en su obra en torno a la esclavitud. Por entonces, 1859, escribi su Representacin de algunos cubanos a S.M. la reina Doa Isabel II. Este trabajo lo haba escrito a peticin del conde de Brunet. Saco slo expres lo mnimo que poda pedirse. Por eso escribi: “no es lo que pudiera ser, pero de otra manera quin lo firmara en Cuba?”119 Est escrito sin fe en la concesin de reformas por Espaa. Saco se limita a exponer, basndose en la propia legislacin espaola, su aspiracin a las mismas libertades para Cuba existentes en la metrpoli. Pero si Saco haba escrito esta representacin sin ningn entusiasmo, tena sus razones. Si bien algunos hacendados se haban acercado a l en este proceso —y esto importa subrayarlo—, no eran la mayora. As lo confirm Saco: “Cuba gozara de libertades, si hubiera 200 o 300 cubanos influyentes que hicieran lo que hace el Conde Brunet”.120El 2 de diciembre de 1860, despus de 26 aos de expatriacin, volvi a Cuba acogindose a la amnista otorgada por el Gobierno espaol. Se aloj en la casa de Miguel Aldama, donde se le ofreci un banquete en su honor, al cual asisti el capitn general de la Isla, Francisco Serrano y Domnguez, partidario de las reformas, quien se cas con la rica cubana duea de ingenios Antonia Domnguez y Borrell. La Habana que vio partir, en 1834, al joven de 37 aos, vio regresar al sexagenario. Qu haba motivado su regreso a Cuba, en esos precisos momentos? Las causas no estn claras en sus cartas. Al parecer, el deseo de poder ver, quien sabe si por ltima vez, la tierra que lo vio nacer. Pero sus actividades en La Habana hacen pensar en la existencia de otras razones, stas de carcter poltico. Las condiciones haban cambiado y se apreciaba un clima propicio para un movimiento reformista. Desde 1854, la poltica espaola en Cuba estuvo determinada por las necesidades de mejorar la situacin de la Isla por dos razones: la primera, el constante peligro de perderla en una anexin a Estados Unidos; los intentos del partido peninsular Unin Liberal por rehacer el imperio espaol, la segunda. Al mismo tiempo, la Isla se haba convertido en una de las productoras de riquezas ms importantes de toda Espaa y sus colonias. Los capitanes generales del perodo 1854-1866 sern relevantes figuras cercanas a los reformistas cubanos. 119Ultlogo de Fernando Ortiz a Contra la anexin..., ed. cit., p. 369. 120Ibdem, p. 370.

PAGE 71

JOS ANTONIO SACO / 67 / 67 / 67 / 67 / 67 La primera revelacin del cambio de poltica espaola fue el nombramiento, por segunda vez, de Jos Gutirrez de la Concha, quien asumi el cargo el 21 de septiembre de 1854. Fue recibido con un portentoso arco del triunfo. Desde su llegada a Cuba, dio plenas garantas a los esclavistas y consigui, un ao despus, una declaracin de las Cortes espaolas en la cual se afirmaba que “La esclavitud, esta forma especial de la propiedad en la Isla de Cuba, se considera esencial, y ser respetada como debe serlo”.121Las seguridades dadas por Gutirrez de la Concha y el Gobierno espaol, trajeron “la tranquilidad de los hacendados” que iniciaron un nuevo proceso inversionista. Un escritor norteamericano, Stanley Urban, escribi: “Como resultado de esta actitud conciliadora hacia aquellos que tenan un inters creado en la esclavitud, el fervor revolucionario disminuy [se refiere al anexionismo]. Personas pudientes, tanto criollos como peninsulares, apreciaron que la amenaza a la esclavitud haba disminuido y, fieles a su instinto de conservacin, se retrajeron del movimiento revolucionario [lase anexionista]. Entonces consagraron su talento al aumento de sus fortunas, asunto que entendan mejor que el arte de promover revoluciones. Tal fue la confianza del capital que, en el espacio de un ao, el nuevo rgimen atestigu de la fundacin de 136 bancos y sociedades annimas con un capital de 375 millones de pesos”.122Concha se mostr todo un gobernador reformista. Cambi el sistema de rentas y finanzas, dict un nuevo plan de educacin, promovi la reforma de la administracin de justicia, cre el Banco Espaol —con el privilegio de poder emitir billetes—, reorganiz la Polica, cre la Guardia Civil para los campos y otras medidas, en su mayora del agrado de los hacendados cubanos. La poltica de los generales unionistas era contraria a la aplicada por Baldomero Espartero; crearon una alianza de poder con los esclavistas cubanos de quienes recibieron un fuerte apoyo econmico. Los sectores contrarios a la Unin Liberal comenzaron a temer la influencia de los esclavistas cubanos en la Corona. De aqu, los bruscos y aparentemente inexplicables cambios de poltica de Espaa con respecto a Cuba. La creacin del Ministerio de Ultramar, en 1859, y el nombramiento de Concha como ministro, le permiti a ste dejar la Capitana General de Cuba para seguir, desde la propia metrpoli, dirigiendo los asuntos 121 Jos Antonio Saco. Acerca de la esclavitud y su historia Seleccin e introduccin de Eduardo Torres-Cuevas y Arturo Sorhegui, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, p. 162. 122C. Stanley Urban: “El temor a la africanizacin en Cuba, 1852-55”, en Revista Bimestre Cubana vol. LXXII, enero-junio de 1957, pp. 166-167.

PAGE 72

68 \ 68 \ 68 \ 68 \ 68 \ OBRAS de la Isla. En su sustitucin es nombrado el general Serrano. Su poltica result opuesta a la que hizo clebre a Miguel Tacn. ste les haba cerrado las puertas de palacio a los cubanos; Serrano se las abri: “Yo no he podido menos que reconocer (...) que las quejas de los cubanos son justas; que sus aspiraciones son legtimas; que no hay razn para que ellos; espaoles como nosotros, no tengan prensa ni representacin ninguna en su gobierno, ni una sola de las garantas constitucionales a que en la pennsula tenemos derecho”.123Serrano tuvo especial cuidado en atraerse a los cubanos. Cuando la muerte de Luz y Caballero, haba recin llegado a la Isla. Una escena, relatada por el marqus de Villa-Urrutia, nos trasmite su actitud: “Gan tambin mucha popularidad por haberse identificado con el sentimiento pblico cuando falleci el sabio cubano D. Jos de la Luz y Caballero, cuyo entierro dio lugar a una imponente manifestacin de duelo. ”Refiriose en La Habana que dos personajes cubanos, encargados de participar al Capitn General el fallecimiento de Don Pepe, que as llamaban al Maestro, y de obtener su venia para que el entierro pudiera verificarse con gran solemnidad y sin tropiezo, se presentaron en Palacio, y uno de ellos, sumamente conmovido, tom la palabra y dijo: ‘Mi general, ha muerto Don Pepe’. ” ’¡Qu desgracia! —exclamo Serrano—. Dar las rdenes necesarias para que se le tributen al finado los honores que merece y asistir al entierro, si me lo permiten mis ocupaciones’. Muy agradecidos y complacidos quedaron los dos personajes, que se despidieron para dar cuenta a sus comitentes del resultado de su entrevista. Y apenas haban salido del saln pregunt el General a su ayudante: ‘Sabe usted quin es Don Pepe?’ ”124La otra demostracin dada por Serrano en el sentido de agradar a los cubanos fue asistir al banquete que se le brind a Saco durante su estancia en La Habana. Saco permanece en Cuba seis meses. Durante este tiempo sostuvo conversaciones con las principales figuras reformistas. stos no quedaron satisfechos de l. El aspecto ms significativo de sus conversaciones se centr en la discusin sobre la creacin de un peridico que fuera vocero de las aspiraciones reformistas. Saco sostuvo la idea de que el peridico deba publicarse en Madrid y no en La Habana. Los nuevos 123Jos Antonio Saco: Coleccin pstuma de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la Isla de Cuba, ya publicados, ya inditos por D. Jos Antonio Saco Editor Miguel de Villa, Habana, 1881, p. 475. A partir de aqu en las notas esta obra se citar de la forma siguiente: Coleccin pstuma... 124Marqus de Villa-Urrutia: El General Serrano, Duque de la Torre Espasa-Calpe S.A., Madrid, 1929, pp. 119-120.

PAGE 73

JOS ANTONIO SACO / 69 / 69 / 69 / 69 / 69 reformistas acordaron enviarle el dinero para esta empresa. Pero de los 10 000 pesos prometidos slo llegaron a sus manos 990 en abril de 1862. En ese mismo mes y ao vea la luz, en La Habana, el peridico El Siglo Se coloc bajo la direccin del conde de Pozos Dulces de ideas mucho ms moderadas que las de Saco. No hay dudas, detrs de estos hechos se hallaba la discrepancia de puntos de vista. Los hacendados utilizaban a Saco, pero no estaban dispuestos a entregarle un arma tan eficaz. Anselmo Surez hace una valoracin de Saco durante su visita a La Habana, en carta al maestro de Jos Mart, Rafael Mara Mendive: “Saco fue por largo tiempo el caudillo en las filas de la oposicin; y en reclamar para nosotros el ejercicio de los derechos polticos y en condenar el trfico de esclavos, ninguno, no dir que lo haya excedido, mas tampoco igualado. Todava arde con pura llama en su corazn el amor a la patria, y si su pluma se hubiera vendido al gobierno, que hoy mismo tal vez se informa con recelo de cuanto sale de sus labios, lo estaramos viendo ostentar la cnica pompa de que hacen alarde los tribunos corrompidos. Pobre, como veintisis aos haba vivido devorando libros en las bibliotecas europeas, lleg entre nosotros no hace mucho; y pobre tambin se ha ido otra vez. Ningn uniforme viste; ninguna cruz decora su pecho; ninguna pensin cobra de los fondos pblicos; ningn empleo de real nombramiento desempea. Saba, mientras estuvo aqu, que los peninsulares, aunque conviniendo en que l haba sido quien haba dado golpes muy rudos a la anexin, siempre lo crean implacable enemigo del despotismo (...) Parti, al fin, despus de haber estudiado el pas en pocos meses, ms tal vez que todos nosotros juntos en cincuenta aos (...) Pintsele con ridculos rasgos, en una pobreza que ni siquiera tiene el mrito de las formas, y cfranse al parecer las esperanzas en otros estadistas (...) que en resumen no han hecho ms que comentar y perifrasear los textos de Saco”.125La actitud de los hacendados cubanos lo llev a escribir un trabajo que titul Hay en Cuba patriotismo?, el cual en definitiva no public. Estaba convencido de que el peridico editado en Madrid poda ejercer una influencia decisiva en la opinin pblica espaola y despertar en los polticos peninsulares un inters por mejorar las condiciones de Cuba. Pero los esclavistas de la Isla pensaban de otro modo. Saco cometi un error toda su vida, y an ahora lo mantena. Desde su ms temprana juventud haba cifrado todas sus esperanzas en lograr convencer a los esclavistas cubanos de la necesidad de transitar escalonadamente del sistema esclavista al capitalista. Pero stos, primero rechazaron todo intento de reforma; despus, slo les interesaron 125Citado por Fernando Ortiz en el Ultlogo a Contra la anexin..., ed. cit., pp. 370-371.

PAGE 74

70 \ 70 \ 70 \ 70 \ 70 \ OBRAS las que sectorialmente les convenan. Saco interpret la accin como una falta de patriotismo de los cubanos. En esto tambin cometa un error. La falta de patriotismo se ubicaba claramente en un grupo social: los esclavistas. Saco desconoca, y se sorprender por su aparicin, el desarrollo de una ideologa de oposicin que tomaba cuerpo en las capas medias, en los terratenientes centro-orientales y en el campesinado, justamente en estos aos. l, lejos de la patria, luchaba con los mtodos de 30 aos atrs. Su poca tocaba a su fin y, justamente, en el fracaso de Saco estaba la justificacin de las guerras de independencia. Despus de su estancia en La Habana volvi, en julio de 1861, a Pars. El 24 de mayo de 1862, comenz a colaborar con la revista La Amrica que diriga, en Madrid, Eduardo Asquerino. Public su trabajo —encaminado a demostrar la discriminacin que sufren las colonias espaolas— “Conformidad entre las instituciones de las provincias hispano americanas y su metrpoli en los tiempos pasados y contraste con el presente”. El 22 de junio le sorprendi la muerte de su ntimo amigo y la persona ms afn a sus ideas, Jos Cipriano de la Luz y Caballero. La vieja generacin reformista empezaba a desaparecer. Saco se quedaba cada vez ms solo. Pero continu la batalla poltica. En septiembre public en la misma revista La Amrica un segundo artculo en el cual demand derecho para Cuba y denunci la discriminacin en la Isla: “Motivos que influyeron a privar a Cuba de sus derechos polticos en 1837”. A este artculo le siguieron otros de la misma tnica: “Refutacin de los argumentos con que se pretende defender en Cuba el actual rgimen absoluto ” e “Inversin a favor de Cuba del producto de la venta de los bienes de las rdenes religiosas suprimidas”. No slo la denuncia poltica est en sus escritos. Vuelve al trabajo sociolgico y a la denuncia social. En este campo se insertan sus trabajos Los chinos en Cuba y La estadstica criminal de Cuba en 1862.UN VIEJO REFORMISTA ENTRE NUEVOS REFORMISTASLos artculos anteriores de Saco sirvieron de manera eficaz a la nueva causa reformista. Acaso resultaron ms efectivos que los publicados en El Siglo, porque tuvieron como pblico a los propios espaoles. Por ello, de nuevo los reformistas habaneros deciden proponerle crear un peridico cubano en Madrid, pero le introducen una enmienda. Junto a l existir un codirector. La desconfianza era evidente. Saco, por supuesto, declin participar en una empresa intervenida. Por fin, los reformistas acuerdan renunciar a la codireccin, pero ya era tarde. Dos concepciones reformistas estaban enfrentadas. l no lo ignoraba. Tanto los hacendados esclavistas cubanos como el Gobierno espaol tratan de “contratar” a Saco. El 28 de mayo de 1864, Jos Luis Alfonso

PAGE 75

JOS ANTONIO SACO / 71 / 71 / 71 / 71 / 71 le ofreci el regreso a Cuba y un cargo de consejero de la administracin en La Habana con un sueldo anual de 6 000 pesos. El 6 de octubre de 1865, Anastasio Carrillo Albornoz lo llam a un cargo consultivo en Madrid, anexo al Ministerio de Ultramar, con 50 000 reales anuales de sueldo, igual al que reciban los magistrados del Tribunal Supremo espaol. Pese a sus penurias econmicas, no acept ninguno de los ofrecimientos. Era lgico. En cualquiera de los dos casos quedaba comprometido con el Gobierno espaol o con los criterios de los hacendados cubanos. En el mismo ao 1865, el puertorriqueo Jos Mara Hostos, quien se hallaba en Madrid, le pidi su colaboracin, consejos y orientaciones para fundar una revista inspirada en el amor a “nuestras islas”. Ahora s, gustoso, prest la ayuda solicitada. Paralelamente, Antonio Angulo Heredia fund en Madrid, la Revista Hispano-Americana. Saco es uno de sus colaboradores. Un ao despus de rechazar el ofrecimiento del Ministerio de Ultramar, public en esta revista un ataque, mediante cartas, al ministro Manuel Seijas Lozano. Refut sus discursos en las Cortes sobre los problemas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Le demostr a Seijas Lozano su ignorancia sobre los asuntos de Cuba. De nuevo clama por la igualdad entre Espaa y Cuba: “Negarse, pues, por ms tiempo a conceder a Cuba libertad, es correr desbocadamente al abismo donde todos podemos perecer. El progreso de las sociedades modernas, y del que aquella Isla tambin participa, ha creado nuevas necesidades y nuevos sentimientos; y si hubo un tiempo en que los cubanos vivieron contentos con las ideas que heredaron de sus padres, hoy se consideran desgraciados, porque carecen de toda libertad”.126No se entienda que este reclamo de libertades para Cuba equivale a un pedido de independencia. Se trata de obtener que en Cuba rijan las mismas libertades polticas de que gozan los espaoles. Se trata de la eliminacin de la condicin de colonia y situar a Cuba en igualdad de condiciones que el resto de las provincias espaolas. El 25 de noviembre de 1865, la lucha reformista parece coronada por el xito. El ministro espaol Antonio Cnovas del Castillo convoca a una Junta de Informacin, a la cual los cubanos deban enviar sus representantes con el objetivo de debatir: “1 Sobre las bases en que deben fundarse las leyes especiales que al cumplir el artculo 80 de la constitucin de la Monarqua espaola deben presentarse a las Cortes para el gobierno de las provincias de Cuba y Puerto Rico; 2 Sobre la manera de reglamentar el trabajo de la poblacin de color y asitica, y los medios de facilitar la inmigracin que sea ms conveniente en las mismas provincias, y 3 Sobre los tratados de navegacin y de comercio que 126Jos Antonio Saco: Coleccin pstuma..., ed. cit., p. 208.

PAGE 76

72 \ 72 \ 72 \ 72 \ 72 \ OBRAS convenga celebrar con otras naciones, y las reformas que para llevarlas a cabo deban hacerse en el sistema arancelario y en el rgimen de las Aduanas”.127Desde el principio, Saco se mostr escptico con los resultados de la Junta. Se mantuvo retrado con respecto a la convocatoria. Todos reclamaban su participacin. Hasta el propio general Francisco Serrano, el 7 de diciembre de 1865, lo inst a ello. A los 12 das, Saco contest la cordial invitacin rehusando tomar parte y, aunque esgrimi cuestiones de ndole personal, no dej de expresar su falta de fe en los resultados de la reunin, as como su disparidad de ideas con el Gobierno espaol y con el resto de los comisionados cubanos. El 25 de marzo de 1866, se efectuaron las elecciones para designar los comisionados cubanos. Saco sali electo, 27 votos contra 18, por Santiago de Cuba, frente al candidato del Gobierno espaol, Juan Bautista Ustriz, gracias a la accin de un grupo de jvenes santiagueros dirigidos por Jos Mayner. A pesar de haber sido electo, Saco mantuvo su posicin. Ante las constantes solicitudes de su presencia en la Junta, por fin, decidi asistir. El 15 de junio de 1866, envi al ministro de Ultramar, Cnovas del Castillo, un artculo titulado La esclavitud poltica a que las provincias de Ultramar fueron condenadas por el gobierno y las Cortes constituyentes en 1837 fue un acto anticonstitucional y nulo. Le pidi a Cnovas del Castillo que este artculo se considerase como la “primera pieza” en las discusiones. Sin ningn inters en la actividad de la Junta, lleg Saco a Madrid en noviembre de 1866, cuando ya se haban iniciado las deliberaciones. La tardanza estuvo determinada por el retraso en recibir los viticos y dietas enviados por el ayuntamiento de Santiago de Cuba. Pero una vez en Madrid, tampoco acudi a las sesiones de la Junta. Las razones de esta actitud se las expresa al conde de Pozos Dulces: “A m no me enga ese pcaro [Cnovas del Castillo], con sus frases huecas, en el decreto de 25 de noviembre, y por eso escrib a La Habana lo que sin duda habr Ud. ledo”.128En la carta a Francisco Serrano expres: “Yo contraera tcitamente un grave compromiso con mi pas, hacindole concebir con mi entrada en esa respetable corporacin esperanzas que me seran imposible realizar, porque las atribuciones que a ella se han dado no son de naturaleza que satisfagan las justas aspiraciones a que Cuba y Puerto Rico tienen derecho”.129 127Ultlogo de Fernando Ortiz a Contra la anexin..., ed. cit., pp. 380-381. 128Ibdem, p. 381. 129Ibdem, p. 382.

PAGE 77

JOS ANTONIO SACO / 73 / 73 / 73 / 73 / 73 Y a Cnovas del Castillo: “Yo no pertenezco a ningn partido de Espaa, ni tampoco creo en ninguno: y slo empezar a creer en aquel que empezare por los hechos. Hombres notables de todos los partidos, cuando estn en la oposicin, claman contra el despotismo de ultramar; pero luego que suben al poder, todos marchan por la misma senda que sus antecesores”.130El 26 de enero de 1867, escribi una carta a Manuel Solrzano. En ella explicaba la razn de su inasistencia a sus sesiones: la inversin de los puntos a discutir que el Gobierno espaol haba hecho, relegando la cuestin poltica al ltimo lugar. Exista, sin embargo, otro problema de fondo en su actitud. Su discrepancia con el resto de los reformistas cubanos. El 29 de marzo, formul su voto particular, junto a Calixto Bernal, contra la frmula sostenida por el resto de los delegados cubanos de que las “provincias de ultramar” tuviesen representacin en las Cortes espaolas. Saco sostuvo su vieja idea, formulada desde 1834, de los consejos coloniales. Qu significaban unos pocos delegados cubanos en las Cortes contra una mayora peninsular? Siempre se estara en desventaja y siempre, independientemente de la razn de los argumentos cubanos, la mayora mecnica peninsular ahogara las demandas. Segn su punto de vista, resultaba absurda la peticin. No obstante, los consejos coloniales permitiran, crea l, que los cubanos dictaran las leyes en su propia patria. En medio de estas deliberaciones, se cumpli la premonicin de Saco. En abril de 1867, y como consecuencia de un cambio poltico en Espaa, qued disuelta la Junta de Informacin sin ningn acuerdo positivo para Cuba.LAS OPCIONES QUE SACO NO ASUME; EL CREPSCULO DE UN SUEOEl 10 de octubre de 1868 se iniciaban, en el ingenio Demajagua, las guerras de independencia cubanas. El movimiento, iniciado por Carlos Manuel de Cspedes y del Castillo, fue secundado, casi de manera simultnea, en varias jurisdicciones del Departamento Oriental de la Isla. El 18 de octubre comenz el sitio y toma de la ciudad natal de Saco, Bayamo. En esta poblacin se instal el gobierno insurrecto de Cspedes. El 4 de noviembre, los camageyanos iniciaron su alzamiento en el Paso de las Clavellinas, y el 26 del mismo mes, se cre el Comit Revolucionario del Centro. Los das 6 y 7 de febrero de 1869, los villareos, en un amplio movimiento, se levantaron en armas contra Espaa. La mitad del pas estaba insurreccionada. 130Ibdem, p. 384.

PAGE 78

74 \ 74 \ 74 \ 74 \ 74 \ OBRAS El nacimiento de una corriente independentista con posibilidades de romper los moldes anteriores, data del fracaso anexionista. Muchos, que ya no crean en el reformismo, comprendieron que el anexionismo haba sido un lamentable error. Hacia 1855, uno de estos hombres, Domingo Goicoura, escriba: “El deseo de poder contar con el concurso de la clase propietaria de Cuba y con la cooperacin directa de los norteamericanos, haba obligado a los revolucionarios a aceptar el principio de la anexin con el corolario indispensable de respeto a la esclavitud africana en la Isla. El cubano revolucionario deba reconocer y declarar abiertamente su error, adoptar como ideal nico la aspiracin a la independencia, prescindir de la cooperacin norteamericana pagada al precio de la anexin y de la esclavitud del negro (...) y a fiar del propio esfuerzo y a los propios medios la conquista de la libertad”.131Las libertades polticas concedidas por los generales Serrano y Dulce, resultaron un medio para la denuncia —ya por reformistas, ya por independentistas— del estado colonial: estas mismas libertades permitieron que, mientras se desarrollaba el movimiento reformista, surgieran y crecieran organizaciones con un marcado carcter independentista. En 1862 se cre el Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA). En este cuerpo, con todas las caractersticas de la masonera, se agruparon los cubanos. A su sombra surgieron los grupos conspiradores en toda la Isla. Las logias Buena Fe de Manzanillo, bajo la direccin de Carlos Manuel de Cspedes; Estrella Tropical de Bayamo, dirigida por Francisco Vicente Aguilera; Tnima de Camagey, donde militaban 72 de los 76 alzados en Las Clavellinas, y otras repartidas por todo el territorio insular, constituan el fermento revolucionario. El fracaso reformista en la Junta de Informacin elimin el ltimo obstculo que quedaba a la opcin independentista. La actitud de Saco hacia el movimiento independentista debe estudiarse con ponderacin. l haba formado su pensamiento poltico y social en la dcada del 20 del siglo XIX, 40 aos antes de la irrupcin de nuestras guerras de independencia. Por entonces, y frente al evidente fracaso de los movimientos separatistas, Saco inici sus actividades polticas y sociales sobre la base de la denuncia de la corrupcin establecida por el sistema esclavista en nuestro pas y del despotismo del rgimen colonial en Cuba. Nadie como l demostr la poltica discriminatoria de Espaa, nadie como l critic el comercio con seres humanos, su voz se alz contra la vagancia y sus causas, su pluma escribi los ms lgicos y contundentes argumentos contra la anexin de Cuba a Estados Unidos. l impugn a los gobernadores de la Isla y a los gobiernos de Espaa. Pero todo ello dentro de una concepcin... y un objetivo. Esta concepcin 131Ramiro Guerra y Snchez, ob. cit., p. 560.

PAGE 79

JOS ANTONIO SACO / 75 / 75 / 75 / 75 / 75 parta de la lucha pacfica y legal. Crea, como nadie, en la fuerza de la lgica y la razn. El colonialismo demostr que esto no era suficiente y que para los cubanos se necesitaba, adems de la lgica y la razn, la fuerza convincente de las armas. Sus puntos de vista permanecen invariables desde los aos 30. Ahora, a los 71 aos de edad no cambi. No obstante, resulta interesante recordar que, de todos los reformistas, el nico que no crey en los resultados de la Junta de Informacin fue el propio Saco. No crea en Espaa. A su pesar, fue uno de los hombres que contribuy al movimiento independentista. Primero, por su denuncia implacable del estado colonial de Cuba y de los abusos de la metrpoli; segundo, por su propio fracaso. Si a sus argumentos los gobiernos espaoles haban respondido cerrando ojos y odos, si las denuncias de 40 aos se respondan con la represin, no quedaba sino el camino de las armas. Para l, un movimiento revolucionario implicaba grandes riesgos. Tres eran los inconvenientes que desde la dcada del 30 haba sealado: a) la heterogeneidad de los elementos que convivan en la isla de Cuba, que desde su punto de vista resultaban difciles de conciliar y reunir; b) los deseos norteamericanos de apoderarse de Cuba; c) la fuerza que an tiene la metrpoli que puede, adems, en un momento determinado, contar con la ayuda de Inglaterra o Francia. Justamente, Saco no apreci el cambio de condiciones. Las guerras de independencia eran un resultado y, a la vez, el catalizador para la integracin de los elementos de nuestra actual nacionalidad, que ya no era la de Saco, porque era el resultado de un proceso de culturacin comn en las bases mismas de la sociedad. El movimiento independentista logr lo que l no pudo. Si bien el tiempo le dio la razn con respecto al peligro norteamericano, al plasmarse, en 1898, su intervencin en la guerra de Cuba; tambin el tiempo demostr que el pueblo cubano poda trazar su propio camino. En cuanto a su tercer temor, la fuerza de Espaa, se comprob que sta comparta su espacio con las debilidades ibricas. Pocas mentes se mantuvieron tan estacionarias en un criterio como la de Saco. Si se leen sus escritos de antao (1832-1838), se encontrarn los mismos argumentos de hogao. Su tiempo haba pasado. Los nuevos caminos eran demasiado violentos, novedosos y atrevidos como para que el anciano los pudiese compartir. No obstante ello, adopt una actitud desconcertante. Prefiri guardar un mutismo molesto para todos. Los espaoles esperaban que condenara al movimiento; mas, no lo hizo. Los cubanos independentistas pidieron su apoyo. Tampoco lo hizo. Pero resulta importante apuntar que, en los primeros aos, sus simpatas parecen inclinarse hacia los independentistas. Acaso se regodeaba en un pensamiento: l lo haba advertido.

PAGE 80

76 \ 76 \ 76 \ 76 \ 76 \ OBRAS En 1872 lo visita el iniciador de la conspiracin separatista, el benemrito Francisco Vicente Aguilera. El mamb lo halla solo, “muy viejo, nervioso, medio ciego y muy pobre”. Pero, a pesar de ello, le hizo referir “desde el principio cmo se form la revolucin” y, segn Fernndez de Castro, convino con Aguilera “en que llegadas las cosas al estado en que estaban, no haba ms remedio que seguir adelante hasta conseguir el triunfo”.132Todo parece indicar que durante la Guerra de los Diez Aos, Saco tuvo dos momentos. Uno de espera paciente de los resultados. Otro, cuando ve ya el desenlace desfavorable. En esta etapa surgen algunas de sus palabras crticas acerca de la insurreccin. Al parecer, crea que el movimiento haba sido prematuro. Del primer momento es su trabajo La esclavitud en Cuba y la revolucin en Espaa, publicado el 19 de noviembre de 1868, aun antes de conocer los sucesos de Cuba. Este trabajo resulta trascendente para conocer su verdadero pensamiento con respecto a la esclavitud. En l dice, por primera vez, que, si bien nunca haba aspirado al ttulo de abolicionista, lo fue cuando en Cuba nadie lo era. Aqu confirma lo que antes he planteado de que su esfuerzo estuvo dirigido a la eliminacin radical e inmediata de la trata, y a lograr convencer a los cubanos de la necesidad de extinguir “ no de golpe, sino gradual y progresivamente”, la esclavitud. Tanto l como Varela encubrieron, con la palabra extincin, su objetivo abolicionista. La razn era clara. En Cuba, la palabra abolicin se asociaba con las concepciones inglesas. Saco y su maestro tenan la suya propia. sta era resultado del conocimiento a fondo de los entretelones de la sociedad cubana. En este sentido abolicionista —dice— se encaminaron algunos de los artculos que, desde su primera juventud, empez a publicar. Otra vez se muestra contrario —pero ahora tardamente— a la abolicin inmediata. Y habla de un plan que ha elaborado para su extincin. Este papel tiene la importancia de que el abolicionista encubierto que hubo en Saco desde sus primeros aos —formado por Varela—, se descubre plenamente. En 1870, a los 73 aos, enfermo y casi ciego, tiene que huir de Pars por el acercamiento de las tropas prusianas. Se traslad a la ciudad de Caen. Cinco aos despus public en Pars el primer tomo de su Historia de la esclavitud desde los tiempos ms remotos hasta nuestros das. A finales del mismo ao, el tomo segundo. En esta obra, Saco declara de nuevo, pblicamente, ser enemigo de la esclavitud. En 1877, se traslad a Barcelona donde imprimi el tomo tercero de la obra. Dos aos despus public lo que deba ser el tomo cuarto, pero, 132Ultlogo de Fernando Ortiz a Contra la anexin ..., p. 400.

PAGE 81

JOS ANTONIO SACO / 77 / 77 / 77 / 77 / 77 en un cambio conceptual, aparece como el primer tomo de su Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo y en especial en los pases Amrico-Hispanos. ste fue el ltimo que Saco public en vida. El segundo tomo con este ttulo, quinto del conjunto, lo public Vidal Morales y Morales en 1893; con anterioridad, en l883, este editor haba dado a la luz la Historia de la esclavitud de los indios en el Nuevo Mundo que puede considerarse el sexto de la monumental obra. Al terminar la Guerra de los Diez Aos se fund el Partido LiberalAutonomista. En 1879 se celebraron elecciones para diputados a las Cortes espaolas. Saco es nuevamente electo, sin intervenir en ello, por la provincia oriental. Acept la eleccin, aunque estaba en desacuerdo con importantes puntos de vista autonomistas. Sobre todo impugn el trmino autonomismo. Y aclar que l nunca pidi la autonoma para Cuba. Los autonomistas, como les haba pasado antes a los anexionistas, quedaron sorprendidos. No comprendan, como los reformistas de la dcada del 60, la esencia del planteamiento de Saco. ste era opuesto a la eleccin de delegados a las Cortes espaolas donde la mayora peninsular, porque no entenda o por intereses de diversa ndole, no apoyara las demandas de los cubanos. sta constituira una nueva estructura de dominacin, pero ahora presentada como un mecanismo democrtico, lo que hara ms difcil la lucha al encubrirse su esencia colonialista. En su lugar, Saco propona la creacin de un gobierno en la Isla formado por cubanos que dictara las leyes, organizara la administracin y dirigiera sus asuntos internos. Acaso, esto no estaba ms cerca del independentismo que del autonomismo? Slo sus prejuicios y temores le impidieron dar el paso definitivo. El 8 de septiembre del mismo ao 1879, dirigi una carta a La poca de Madrid en la cual expresaba sus criterios contrarios a las concepciones autonomistas. El viejo reformista no se hallaba dentro del ambiente ambiguo, retrico y claudicante del autonomismo. El Diario de la Marina aprovech estas diferencias y public la carta de Saco. Ello origin que algunos autonomistas lo acusaran de haberlos traicionado; en realidad, su clculo era una premonicin que los autonomistas no queran oir: el anlisis exacto de su irremediable fracaso. Dieciocho das despus, el 26 de septiembre, a las 7 menos cuarto de la noche, expiraba en Barcelona en brazos de su mdico, Luis Perna y Salamo, Jos Antonio Saco y Lpez, la ms brillante figura poltica cubana de los primeros 60 aos del siglo pasado. Dos das despus fue embalsamado y enterrado. Para cumplir su voluntad testamentaria de ser inhumado en tierra cubana, se efectu la exhumacin del cadver el 23 de julio de 1880. El 17 de agosto del mismo ao, llegaron a La Habana sus restos mortales en el vapor Ciudad de Cdiz Su cadver fue tendido en los salones de la Real Sociedad de Ciencias Mdicas de La Habana. El 20 de agosto

PAGE 82

78 \ 78 \ 78 \ 78 \ 78 \ OBRAS se efectu el entierro en el cementerio de Coln. El gobierno colonial y en particular el alcalde habanero, el autonomista Gonzlez Llorente, prohibieron los discursos que haban preparado los representantes de distintas instituciones cientficas, culturales y polticas del pas para despedir el duelo. Los estudiantes de la Universidad de La Habana quisieron hablar en el acto fnebre; mas, les fue negado. Sus restos descansan en una tumba donada por Vidal Morales y Antonio Gonzlez. Tiempo despus, se erigi un modesto monumento consistente en un pedestal de piedra y un busto de mrmol hecho por el escultor Fernando Bossi. No se coloc el epitafio que l pidi. Entre los papeles de Saco se hall una hoja que deca textualmente: “Cuando en 1849 tuve una recia polmica con los anexionistas cubanos, unos me tacharon de retrgrado, y otros me acusaron de mal cubano, de traidor y hasta de haberme vendido a Espaa para escribir contra la anexin. Deplorando un da con un amigo [Jos de la Luz y Caballero] la injusticia de mis compatriotas, djele, que si antes que l mora yo, hiciese poner sobre la losa de mi sepulcro el siguiente epitafio: ”AQU YACE JOS ANTONIO SACO, QUE NO FUE ANEXIONISTA, PORQUE FUE MS CUBANO QUE TODOS LOS ANEXIONISTAS”.133Cuando Fernando Ortiz escribi el Ultlogo a Contra la anexin..., en 1928, seal: “El sepulcro del patricio todava no tiene el epitafio que su voluntad exige”.134Al escribir estas lneas sobre Saco, decid ir a su tumba. All est el epitafio. Pero me llam la atencin que no haba sido puesto por iniciativa de ningn gobierno o por alguna de las muchas respetables y rentables sociedades que en Cuba pululaban. Lo puso una humilde escuelita pblica de Marianao, con dinero obtenido en una colecta organizada por profesores y alumnos. El hecho no requiere comentarios, slo invita a la meditacin. Un ao despus de su muerte, en 1880, se decretaban las primeras leyes de abolicin de la esclavitud en Cuba. Veinte aos ms tarde, cesaba la dominacin espaola, pero se implantaba la norteamericana: se cumpla otro de sus temores y no se realizaba an su sueo: “una Cuba cubana”. En los momentos de su muerte, la imagen y la obra de Jos Antonio Saco eran los dbiles ecos de un lejano pasado; no tan distante en el tiempo como en el espritu que lo anim, en sus problemas paralizantes y en los componentes de las corrientes nutricias de toda sociedad. De la esclavitud a la plenitud del hombre, transcurre un largo proceso en el cual el debate de ideas sembr e hizo germinar la semilla de la cultura 133Ibdem, p. 417. 134Ibdem, 417.

PAGE 83

JOS ANTONIO SACO / 79 / 79 / 79 / 79 / 79 cubana. Sin su obra, la cultura de hoy y de maana, perdera un referente necesario para ese “concete a ti mismo” del cubano en su multiculturalidad multicolor. III. La totalizacin del pensamiento de SacoResulta indispensable comenzar por sealar que el pensamiento de Jos Antonio Saco fue uno de los ms coherentes, vigorosos y de mayor repercusin de los manifestados durante el predominio de la sociedad esclavista. La formacin de sus ideas se inicia con el siglo XIX en medio del mayor recambio intelectual, social, econmico y poltico mundial que se efectuara durante la poca colonial cubana hasta la segunda mitad decimonnica; recambio signado por las revoluciones polticas, industrial e ideolgicas. Su evolucin y madurez, no obstante, se mueven en el flujo y reflujo entre las tendencias modernas y las conservadorastradicionalistas. Formado en el pensamiento de la modernidad, visto y analizado por l desde una profunda raigambre criolla, result el exponente ms completo y profundo de un proyecto autctono de formacin integral para una sociedad capitalista surgida del seno y de las potencialidades de la amalgama social desintegrada que era la sociedad esclavista anclada en la isla de Cuba. Ello le da unidad, lgica y coherencia a todas y cada una de las partes de su obra. Esa coherencia del pensamiento de Saco no radica en ninguno de los aspectos ms destacados de sus textos; ellos son componentes, terrenos necesarios, de una estrategia con un objetivo nico. Ni el problema de la esclavitud, ni el del comercio de esclavos, ni la corrupcin administrativa —y an ms la social—, ni el antianexionismo, ni sus ideas democrticas limitadas frente al despotismo espaol, entre otros muchos aspectos que la componen, la explican ni explican a su autor. Todos son parte de un cuerpo ideolgico que tiene su columna vertebral en un concepto que Saco define en su polmica con los anexionistas, pero que est implcito en todos sus trabajos anteriores y posteriores. l parte de la existencia objetiva de una nacionalidad cubana, ms potencial que real, que es la suya y a cuya realizacin consagra todas sus fuerzas. Nadie antes que l estableci la diferencia entre una nacionalidad cubana y la espaola o la norteamericana, formulando as lo que todos sentan, pero nadie poda explicar de manera racional. Si en Europa la centuria del XVIII fue el Siglo de la Razn, en la Amrica hispana fue la de la r a cionalidad del hasta entonces indefinido sentimiento de pertenencia, permanencia y personalidad propia del criollo como americano. De los conceptos de “espaol peninsular” y “espaol americano”, hasta entonces utilizados, se pas a la supresin del

PAGE 84

80 \ 80 \ 80 \ 80 \ 80 \ OBRAS gentilicio unitario para adoptar, como nicos, los que diferenciaban: “peninsular” y “americano”. El pensamiento racional, sostn de la modernidad, no constituy en nuestro continente una simple imitacin servil del producto europeo. Flix Varela, el maestro de Saco, enseaba, como base primera, que de Europa lo que haba que tomar era el espritu de las ideas y de las reformas, cuidndose de la letra que responda a realidades, mentalidades, sociedades de evoluciones diferentes y de objetivos distintos. La modernidad era, ante todo, un conjunto de propuestas, que si bien se basaban en la crtica del feudalismo, del Antiguo Rgimen poltico (monarqua absoluta) y de todo su aparato jurdico, tena por objetivo la creacin de la sociedad y el Estado modernos, signados por el capitalismo industrial-comercial; era, sobre todo, un universo de sistemas de ideas y de ideas fuera de sistemas que podan tener diversas lecturas, segn el medio geogrfico-cultural y las clases, sectores y capas sociales que los formularan y recepcionaran. Tres ejemplos?: el jacobinismo francs, la Revolucin Haitiana y el bolivarianismo latinoamericano. Entre los elementos comunes y sustanciales de la cosmovisin moderna estuvo la transrelacin pueblo-nacin-Estado. En los nuevos contenidos que stos adquirieron se asent la mentalidad y la voluntad polticas modernas. Resulta casual que sea Jos Antonio Saco el primero en desarrollar, desde su concepto de nacionalidad cubana, la idea de la nacin y del Estado que no son pero que pueden ser, y que, a su vez, ofrezca una tan controvertida definicin de su pueblo? Que sea, tambin, uno de los primeros en utilizar sistemticamente el concepto de cubano y de definirlo? Tres razones explican la formacin en l de esa coherente y limitada concepcin de lo cubano: a) la evolucin de la sociedad cubana; b) el alcance y dimensin de las propuestas del pensamiento universal; c) las bases tericas del pensamiento vareliano. Durante los primeros siglos coloniales, la configuracin del imperio espaol, basado en la monarqua absoluta, tena su unidad en factores superestructurales: el rey como suprema encarnacin del Estado y en cuya real persona resida la soberana plena de la nacin, y la religin catlica como nexo espiritual, cultural e ideolgico. Las Espaas, ms que la Espaa, como acotaban muchos documentos de la poca, eran un conglomerado de pueblos y de territorios muchos an por colonizar. Con la lgica de la poca, se hablaba de una Espaa peninsular y de una Espaa americana. La definicin ms exacta y precisa de cada pueblo componente del imperio, vena dada por el concepto de patria ste se refera, ms que a su sentido etimolgico (“tierra de los padres”), a la regin, tambin llamada en algunos casos pas, que contena una comunidad humana unida por las costumbres, tradiciones, hbitos, modos de vida y destino comn. Esta idea de pa-

PAGE 85

JOS ANTONIO SACO / 81 / 81 / 81 / 81 / 81 tria-regin o patria-local estaba desprovista del sentido nacionalista y de los contenidos tericos e ideolgicos que le dieron la Ilustracin y las revoluciones de la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIXa la conceptualizacin de patria-nacin a travs de la elaboracin del segundo trmino; el patriotismo era, hasta entonces, un sentimiento colectivo, ms emocional que racional, que una a la comunidad con su lugar de origen y con sus compatricios. En Cuba, la configuracin ideolgica imperial estuvo unida a una gradacin de sentimientos. En primer lugar, al de la patria local, resultado de la fragmentacin con que se haban desarrollado las distintas villas. As, las patrias eran La Habana, Santiago, Bayamo, Puerto Prncipe, etc. No resultaba comn usar el trmino de cubano. En segundo lugar, estaba un sentimiento ms abstracto, el americano. Por entonces, y en mi opinin an hoy, este trmino nos pertenece a quienes posteriormente hemos sido denominados latinoamericanos y no a los entonces llamados angloamericanos. Y, por ltimo, el hispano, an ms abstracto y de contraposicin cultural con el agresivo avance anglosajn. Cuba, adems, se hallaba en la frontera geogrfica, poltica y militar de la pugna imperial, lo que le dio a sus habitantes una psicologa especial. Un concepto defini a estos hombres con patria pero sin nacin; con sentimiento patriticos pero sin racionalidad nacional: criollos. Ello slo significaba su pertenencia americana y regional. Eran, etimolgicamente, “los pollos criados en casa” para diferenciarlos de los que vienen de afuera. El criollismo de los primeros siglos tuvo una peculiaridad: no tena una connotacin racial ni tnica. El criollo poda ser blanco o negro, pues lo que lo defina era formar parte de la comunidad y compartir su destino. A diferencia de la raigambre tnica europea que da respuesta a la pregunta de quin eres hijo?, para definir una pertenencia nacional, el criollismo cambi la interrogante definidora por de dnde eres? El Espejo de paciencia, esa obra del siglo XVII que inicia nuestra literatura, nos presenta a Salvador Golomn, “negro criollo”, como uno de sus hroes. Cuando el ataque ingls a La Habana, en 1762, entre las tropas ms aguerridas que defienden la ciudad, estn los batallones de milicias de pardos y morenos (negros y mulatos). La Ilustracin europea produce el recambio conceptual. Al predominio de la fe se le antepone el de la razn. A la metafsica deductiva, abstracta y especulativa, ciencia de las ciencias, lmite de la investigacin, la transforman y confunden, paso a paso, las ciencias especficas fsicas y sociales, inductivas, experimentales y racionales que crean las bases del conocimiento de la naturaleza de lo real y de la tecnologa moderna. Los poderes del rey se dividen en el trptico ejecutivo-judicial-legislativo. La soberana pasa del monarca al pueblo. A este ltimo lo forman los ciudadanos de la nacin y no los vasallos del soberano. Los

PAGE 86

82 \ 82 \ 82 \ 82 \ 82 \ OBRAS gobernantes lo son por derecho natural, resultado de un pacto social entre l y el pueblo, y no por derecho divino, consecuencia de la voluntad de Dios; de violarse el pacto social, el pueblo tiene derecho a la rebelin. Pero estas propias formulaciones dejan abierto un amplio espectro de interpretaciones que llevara a sistemticos y violentos enfrentamientos sociales. El propio concepto de pueblo resulta universalmente restringido por medio de las constituciones aprobadas con mayora aristcrata-burguesa. No tienen derecho al voto, y mucho menos a ser electos, los analfabetos, las mujeres, los que no son propietarios o no tienen una renta aceptable, entre otras limitaciones. Pueblo es, pues, la minora. Lo otro, la amorfa, sin rostro y apestada masa ni siquiera tiene nombre, aunque sea la mayora. Las burguesas europeas, sobre la base de la existencia de fuertes vnculos econmicos, asentados en un territorio poltico, jurdico, cultural y socialmente unificado, aunque no necesariamente homogneo, encuentran en ellos los componentes justificativos de lo que se da en llamar la unidad nacional, sustituta de la monarqua absoluta unificada y personificada en el rey En la definicin del concepto de nacin en las precisiones de sus contenidos y en la ponderacin de sus valores, tiene su base el nacionalismo, ideologa de la modernidad. En la nueva concepcin, el pueblo es la unin que se efecta y mantiene por la voluntad libre y comn de todos sus integrantes; la nacin, el conjunto de elementos que le da sus rasgos especficos, y el Estado, la estructura jurdico-poltico-organizativa de la nacin en la cual se concentra el macropoder que domina y limita. Entre los aspectos ms destacados de la nueva concepcin est el papel activo del sujeto tanto individual como social. El individualismo le da fisonoma al prototipo del hombre de la modernidad, pero el socialismo ya presenta sus tanteos, tan utpicos como los sueos modernistas de los renacentistas. Juan Jacobo Rousseau expres una definicin que sirve para la identificacin ideolgica pueblo-nacin-Estado, a la cual se ajusta la dada por Saco para Cuba: “Son las instituciones nacionales las que forman el genio, el carcter, los gustos y las costumbres de un pueblo, las que lo hacen ser l y no otro, las que le inspiran ese ardiente amor de patria fundado en hbitos imposibles de desarraigar, que lo hacen morir de aburrimiento en otros pueblos, a pesar de hallarse en medio de placeres de los que estaba privado en su pas”.135 En estas concepciones se asentaron los presupuestos ideolgicos del nacionalismo stos son: a) la soberana del pueblo en el Estado-nacin; b) la independencia o la autonoma como expresin de la libertad colectiva del 135Nicola Abbagnano: Diccionario de Filosofa Edicin Revolucionaria, La Habana, 1966, p. 832.

PAGE 87

JOS ANTONIO SACO / 83 / 83 / 83 / 83 / 83 pueblo; c) la potencializacin de los elementos constitutivos de la nacin: tnicos, geogrficos, lingsticos, religiosos, de tradiciones, costumbres, hbitos, mentalidades y todos los elementos tradicionales que sirvieran de base diferenciadora, y d) los componentes subjetivos que conforman el llamado “destino colectivo” de la nacin (sentimiento, voluntad, conciencia comunes). En Cuba, el proceso de la modernidad, como sistema de ideas, tuvo sus primeras propuestas en la generacin del 92 o la Ilustracin Reformista Cubana, cuyas figuras ms destacadas fueron Francisco de Arango y Parreo, Jos Agustn Caballero y Toms Romay. Era un grupo intelectual que formaba parte de la elite econmica, social y cultural que bas su proyecto en las estructuras del Despotismo Ilustrado —liberalismo econmico y conservadurismo poltico-social—, en el desarrollo de la esclavitud y en las potencialidades del capital criollo-hispano. No obstante, situados en la frontera entre dos pocas y entre dos mentalidades, tenan por base cierta la propia configuracin del imperio espaol. Su diversidad y la preeminencia estratgica de Cuba les permitieron desarrollar una concepcin econmica propia y autctona por medio de sistemticas medidas reformistas tomadas, a pedidos suyos, por la Corona. La autoponderacin de sus fuerzas y potencialidades llev a Arango y Parreo a expresar que Cuba estaba destinada a ser “la Albin de Amrica”. El padre Jos Agustn Caballero dar uno de los pasos ms trascendentes en la historia de las ideas en Cuba.136Durante la dcada final del siglo XVIII, Jos Agustn Caballero produce las primeras crticas a los mtodos escolsticos, si bien no logra trascenderlos; acompaan a estos tanteos tericos una propuesta de reforma de la educacin, especialmente de la universitaria; y todo ello culmina en una idea, que no logra desarrollar pero que siembra la semilla de un pensamiento nuevo y propio, en tanto tiene su alfa y omega en la realidad cubana: la Filosofa Electiva .137En 1812, Flix Varela inicia lo que Saco llam “la Revolucin Filosfica”. Demuele la estructura gtica de la escolstica medieval; no reconoce en las ciencias otra autoridad que no sea resultado de la razn, la experimentacin y el anlisis inductivo-analgico; desarrolla la filosofa electiva —Jos de la Luz la definira como “todos los sistemas y ningn sistema, e ah el sistema”—; colocara el conocimiento en el estudio de la naturaleza fsica, social y humana, eliminando la especulacin metaf136Eduardo Torres-Cuevas: “De la ilustracin reformista al reformismo liberal”, en Instituto de Historia de Cuba: La Colonia Editora Poltica, La Habana, 1994, pp. 314-327. 137 Jos Agustn Caballero. Obras Ensayo introductorio, compilacin y notas de Edelberto Leiva Lajara, Biblioteca de Clsicos Cubanos no. 5, Imagen Contempornea, La Habana, 1999.

PAGE 88

84 \ 84 \ 84 \ 84 \ 84 \ OBRAS sica sobre las esencias; le dara a la teologa el terreno de Dios en cuanto Ser y a la filosofa el campo de la investigacin de la naturaleza; y, como la ciencia estudia lo concreto y especfico, es la naturaleza cubana y americana, especulada por los sabios europeos y desconocida por todos, el verdadero objeto de nuestros estudiosos y su contribucin al pensamiento universal, en tanto lo especfico contiene lo universalmente particularizado (mi universo es lo universal). De la liberacin del pensamiento, de la filosofa electiva, surge el pensamiento de la liberacin cubana que tiene por base una ciencia formadora de una conciencia cubana. Todo ello se resume en la idea patritica Sus Lecciones de Filosofa concluyen en una leccin nica de patriotismo y en una crtica acrrima al patrioterismo de los oportunistas de toda laya y de todo tiempo.138 Jos de la Luz y Caballero, ese discpulo mayor de Varela, definira la actitud intelectual de este grupo formador de la conciencia nacional: “El filsofo como es tolerante ser cosmopolita, pero debe ser ante todo patriota”.139Estas ideas de patria y patriotismo tienen tres caractersticas especficas en el caso cubano que las diferencian del uso europeo de ellas: la primera es la conviccin de que la sociedad esclavista, compartimentada, elitista, generadora de los peores vicios sociales, sin educacin para las mayoras, colonial y mentalmente colonizada es la del no ser, pero que, en su interior, estn las potencialidades de la Cuba que puede ser La segunda idea es que la patria cubana forma parte de un conjunto mayor, el americano que, a su vez, es componente importante de la humanidad. Por tanto, no constituye un patrioterismo de odios entre pueblos, tnicamente definidos, sino de amor a la humanidad que surge del que se siente, en primera instancia, por la parte de ella en que se nace. La sntesis de esta idea la ofreci, muchos aos despus, nuestro Jos Mart, cuando expres “Patria es humanidad”, “es unin dulcsima de amores y esperanzas”. La tercera es que su constitucin no parte de una raz tnica, sino de la pluralidad de origen de sus componentes, de su carcter multitnico. sta es la base terica de Jos Antonio Saco, a quien Varela, al partir para Espaa, considera capaz de continuar su obra formadora en el Seminario de San Carlos. Cuando se estudia la obra de Saco se comprueba que esa idea patritica que desarrolla las ciencias y las conciencias, que comparte con su maestro y con algunos de sus ms cercanos amigos, est explcita o implcita en sus trabajos, como motivacin o como exigencia. Pero, a diferencia 138Eduardo Torres-Cuevas : Flix Varela. Los orgenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas, ed. cit 139 Jos de la Luz y Caballero. Obras. Ensayo introductorio, compilacin y notas de Alicia Conde Rodrguez. (En proceso de edicin por la Coleccin de Clsicos Cubanos.)

PAGE 89

JOS ANTONIO SACO / 85 / 85 / 85 / 85 / 85 de Varela y Luz, se adentra en un terreno ms complejo: el relacionado con la nacin y la nacionalidad cubanas. Ello se explica porque, mientras los dos primeros se mueven en una concepcin humanista moderna, formadora de hombres, de sentimientos y de lgicas racionales, que cure —creando otra nueva— a la patria, que la transforme desde el interior de las conciencias con la aplicacin de las ciencias; Saco se concentra en una visin ms sociolgica y econmica. Se interna en la idea de cmo construir una modernidad capitalista en plenitud a la par que toma forma la nacin potencialmente. Sus ideas son clculos, y hasta el espritu del pueblo se integra en esa visin nacional-sociolgica. Se siente tan patriota como Varela y Luz, pero es, ms que todo, un nacionalista sin nacin; un nacionalista de la nacin pensada y no slo soada. Su tragedia radicaba en que no exista una burguesa nacional-nacionalista capaz de asumir un ideal que necesariamente tena que compartir con el resto de un pueblo que, por dems, o acaso ante todo, descasaba en los brazos de una poblacin esclava que lleg a superar el 45 % del total. De aqu su combate contra la trata y la esclavitud, pero de aqu, tambin, sus lmites, pues cree que en la transformacin de la clase dominante estaba la posibilidad del cambio. Para l, el hecho de que Cuba no sea independiente no niega la existencia de una nacionalidad cubana que puede llegar a constituirse, algn da, en Estado soberano: “ Pueblos hay que empiezan a desarrollarse: otros, en que se halla expirando; unos, en que est ms o menos comprimida, ms o menos desenvuelta; y otros, en fin, en que habiendo llegado al complemento de la fuerza, se ostenta por s sola en el rango de nacin soberana. Mas, porque las nacionalidades estn condenadas a sufrir todas estas vicisitudes, se afirmar, que slo existen cuando tienen una condicin independiente? Ah est la historia de los pueblos para desmentir error tan capital”.140Lo primero que salta a la vista en la concepcin saquista de la nacionalidad es la superacin del concepto de patria chica o patria regin para adoptar el de patria-nacin; es decir, la existencia de una nica patria cubana. De ah que sea de los primeros en utilizar con sistematicidad y conceptualmente el nombre de cubano. La segunda, que el hecho de que Cuba no sea un Estado no niega que, en su interior, estn los ingredientes definidores de la nacin. Durante su polmica con los anexionistas, Saco define su concepto de nacionalidad cubana. Los anexionistas, adscritos a una corriente poltica de netas proyecciones antinacionales, ignoran o no valoran o no comprenden, su propia nacionalidad. Y justamente en defensa de la na140Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 445. (El subrayado es nuestro.)

PAGE 90

86 \ 86 \ 86 \ 86 \ 86 \ OBRAS cionalidad cubana, Saco adquiere una trascendencia histrica poco comn. En medio de la polmica, afirma: “Si los anexionistas me dijesen, que nada les importa perder su nacionalidad con la anexin de Cuba a los Estados Unidos, entonces sellara mis labios, porque no tengo pretensin de inspirar tan grato sentimiento a quien de l carece, o en tan poco le estima. Pero que me nieguen, o den a entender, que no existe la nacionalidad cubana, y que quieran sostenerme, que aun en el caso de existir, ella no se perdera con la anexin, son errores que debo combatir. Para disipar la confusin en que mis impugnadores han envuelto esta materia, es preciso que antes sepamos lo que es nacionalidad ”.141Y aqu, por primera vez, un autor cubano intenta definir qu es nacionalidad —que en su caso son los rasgos distintivos de la nacin—, por qu los cubanos poseen la suya y el valor que ello tiene para su pueblo. Saco formula, primero, los elementos que deben tenerse presentes para identificar una nacionalidad. Ellos son: la existencia de un pueblo que habite un mismo suelo, que tenga un mismo origen, una misma lengua, y unos mismos usos y costumbres.142 Obsrvese que son los mismos usados por europeos y norteamericanos para definir la nacin. Una vez en posesin de la frmula, Saco la aplica a Cuba. Los resultados son sumamente interesantes. En primer lugar existe un pueblo, el cubano; en segundo lugar, este pueblo habita un mismo suelo el archipilago cubano; habla una misma lengua, el espaol; tiene los mismos usos y costumbres, los que durante los siglos XVI, XVII y XVIII fueron conformndose dentro del mbito de la sociedad criolla y que lo diferencia tanto de lo espaol peninsular como de lo norteamericano. Saco, heredero del sentimiento patritico de Varela, puede, a mediados del siglo XIX, con el instrumental terico aportado por el pensamiento europeo, definir la nacionalidad cubana. Desde Europa, Jorge Guillermo Federico Hegel expresaba que la nacionalidad es el “espritu de un pueblo”. Para Cuba, Saco escriba: “La idea de la inmortalidad es sublime, porque prolonga la existencia de los individuos ms all del sepulcro, y la nacionalidad es la inmortalidad de los pueblos y el origen ms puro del patriotismo”.143La oposicin decidida a la dominacin norteamericana en Cuba resulta una de las de mayor peso en el pensamiento nacionalista de Saco, porque para l la anexin es asimilacin, lo cual implica la destruccin de la nacionalidad cubana. El fin no slo del presente, sino, tambin, de la posibilidad de que Cuba pueda llegar a ser, algn da, una nacin 141Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. III, p. 442. (El subrayado es nuestro.) 142Ibdem, pp. 442-443. 143Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., p. 325.

PAGE 91

JOS ANTONIO SACO / 87 / 87 / 87 / 87 / 87 moderna e independiente. Despus de leer los argumentos anexionistas, escribi: “debo confesar con todo el candor de mi alma, que me quedara un reparo, un sentimiento secreto de la prdida de nuestra nacionalidad, de la nacionalidad cubana (...) ”Nunca olvidemos que la raza anglo-sajona difiere mucho de la nuestra por su origen, lengua, religin, usos y costumbres”.144De esta definicin de Saco sobre la nacionalidad cubana puede deducirse que existe un ncleo sociocultural diferenciado. Visto as, cubano es una unin esencialmente cultural. De ello se percatan los anexionistas. Exigen precisiones; Saco cae en la trampa. Restringe su frmula: “La nacionalidad cubana de que yo habl, y de la nica que debe ocuparse todo hombre sensato, es la formada por la raza blanca, que slo se eleva a poco ms de 400 000 individuos”.145Estas palabras de Saco son el centro ms agudo de la polmica en torno a l y a sus ideas. En realidad, el problema resulta mucho ms amplio y profundo. Saco es slo una de sus expresiones. Se trata de cmo se ven a s mismos los hombres de una poca y de los lmites que le imponen a una parte de la sociedad los velos sectoriales y sectarios, los juicios y prejuicios, que se interponen entre ellos y la realidad. El criollismo de los primeros siglos haba desarrollado una cultura de librrimas interpretaciones; sobre esas bases, haba dado configuracin a un conjunto de hbitos, costumbres y mentalidades que dejaban espacio a particularidades de sectores y grupos, en tanto no se constituan clases sociales, ni ideologas homogenizadoras, ni estructuras sociales estables. Slo una elite hegemnica, regionalmente compartimentada, posea un endeble y siempre crtico poder. La esclavitud era un elemento complementario y supletorio, no un sistema econmico, social e ideolgico. Por estas razones, la sociedad criolla tuvo una divisin marcadamente estamental; ms de razas que de clases. Como toda sociedad, la comunidad humana criolla posea elementos de unificacin y elementos de dispersin; conformaba una cultura internamente multicultural de lo cotidiano sin reflexin ni especulacin intelectual. En la segunda mitad del siglo XVIII se origina un profundo recambio de la sociedad criolla alterando todos sus parmetros. El desarrollo del proceso azucarero-cafetalero trajo consigo un cambio profundo en las estructuras productivas y la libertad para la introduccin masiva de esclavos. La frmula inicial, a ms esclavos ms azcar, invirti la composicin demogrfica de la Isla. Se impuso la economa de “la plantacin esclavista”, la cual, a su vez, fue creando una economa 144Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., pp. 324 a 327. 145Loc. cit., no. 141, p. 461.

PAGE 92

88 \ 88 \ 88 \ 88 \ 88 \ OBRAS nacional. De la fragmentacin regional se pas a pensar Cuba. El regionalismo siempre estuvo ms all de esta aspiracin nacional y del avance azucarero homogenizador, supeditador e incentivador. Fue el refugio de los miopes, porque, ahora, la nueva gradacin de sentimientos e intereses colocaba un inters colectivo, que iba conformando un criterio nacional, en el destino todo de la Isla y, a su vez, en el particular de la regin o localidad especfica. De ah el uso del concepto de cubano empleado por el bayams Saco y que se va generalizando por todo el pas, en su nueva acepcin, el de patria-nacin. Tres problemas se interrelacionan con esta nueva y definitoria situacin que tendrn espaciosas consecuencias para toda la historia posterior de Cuba. El primero es la castracin ideolgica de la burguesa esclavista cubana. Ello es resultado de un proceso que Carlos Marx defini como anmalo dentro del desarrollo mundial capitalista: “El que a los dueos de plantaciones en Amrica no slo los llamemos ahora capitalistas, sino que lo sean, se basa en el hecho de que ellos existen como anomala dentro de un mercado mundial basado en el trabajo libre”.146La anomala la explica de la forma siguiente: “En la segunda clase de colonias —las plantaciones que fueron desde el momento de su nacimiento especulacin comercial, centros de produccin para el mercado mundial— existe un modo de produccin capitalista, aunque slo de un modo formal, puesto que la esclavitud de los negros excluye el libre trabajo asalariado que es la base sobre la que descansa la produccin capitalista. Son, sin embargo, capitalistas los que manejan el negocio de la trata de negros. El sistema de produccin introducido por ellos no proviene de la esclavitud, sino que se injerta en ella. En este caso, el capitalista y el amo son una sola persona”.147En esta concepcin, la esclavitud moderna de los negros en Amrica es parte integrante del sistema capitalista en formacin, una de las piezas de la acumulacin originaria, si bien, en el desarrollo de ste, se convierte en un obstculo que debe eliminarse. Por estas razones, los esclavistas dueos de plantaciones constituyen una burguesa anmala, una clase a medias. De aqu todas sus inconsecuencias e incapacidades, incluso la de no poder encabezar un proceso nacional liberador ni poseer una ideologa nacionalista. Saco, por el contrario, es la mente que ve que esa anomala, a mediados del siglo XIX, debe eliminarse. Como proceso, la plantacin esclavista en Cuba implic la sistemtica destruccin de los viejos sistemas productivos, la verdadera coloni146Carlos Marx: Elementos fundamentales para la crtica de la economa poltica (Borrador), 1857-1858 Siglo XXI, Mxico, vol. I, p. 476. 147Nicolai Boljovitinov: “Los cliometristas y la esclavitud norteamericana”, en revista Ciencias Sociales no. 4, Mosc, 1976, p. 126.

PAGE 93

JOS ANTONIO SACO / 89 / 89 / 89 / 89 / 89 zacin de nuevas tierras y la intronizacin de los ms modernos mtodos de explotacin agraria, acompaados de las nuevas tcnicas y del avance cientfico. A ello debe Cuba tener la mquina de vapor y el ferrocarril antes que Espaa y el resto de Amrica Latina. En lugar del gran latifundio de tierras improductivas, la plantacin constituye una unidad territorial que se enmarca entre las 30 y las 40 caballeras; su explotacin no es extensiva sino intensiva; subsiste de acuerdo con la ganancia, segn costos, produccin y productividad, no como el viejo latifundio basado en la renta. La plantacin es monoproductora-exportadora, por lo que est vnculada a los mercados capitalistas ms importantes. Estas caractersticas la sitan ms como un negocio capitalista que como una concepcin feudal de la explotacin de la tierra. Pero su fuerza de trabajo, anomala del sistema, es esclava. Aunque poseen elementos capitalistas, sus dueos no pueden proyectarse totalmente como tales, porque no reproducen la dinmica capitalista.148Un proceso econmico anmalo no pudo menos que generar distorsiones en las estructuras sociales del pas, y una estructura social distorsionada tena, por fuerza, que dar por resultado una ideologa clasista adulterada. Si, por un lado, la sociedad esclavista destrua las viejas estructuras criollas, de las cuales haba surgido; por otro, generaba una nueva ideologa de contenidos burgueses anmalos. Capitalistas a medias, a medias definan las cosas. Adscritos a las corrientes de pensamiento burguesas, se vean forzados a redefinir los principios abstractos para ponerlos en consonancia con realidades concretas de una sociedad que no se ajustaba por completo a ellos. Todo el liberalismo que en economa exigan se opone y contrapone, violentamente, a todo liberalismo poltico-social. De ah que nunca pudieran asumir el papel de clase nacional-nacionalista. En el caso cubano hubo otros factores distorsionadores. Pese a la concepcin plantacionista, la esclavitud se generaliz en toda la sociedad. A diferencia de las Antillas inglesas y francesas, en Cuba la esclavitud se injert en una sociedad criolla pre-plantacionista. No slo era un problema demogrfico, sino tambin social. De aqu nace el segundo problema a tener en cuenta. El problema social tuvo varias aristas en la primera mitad del sigloXIX. Uno fue la destruccin de importantes bases del criollismo anterior, inoculndole al concepto una rabiosa concepcin racista. Otro, la disminucin de los criollos en el monto total de la poblacin, ya fuesen blancos, negros o mulatos, frente al alto nmero de africanos y espaoles. De aqu las tesis, tan manejadas por entonces, sin ninguna base real, de 148Loc. cit., no. 67.

PAGE 94

90 \ 90 \ 90 \ 90 \ 90 \ OBRAS una posible africanizacin de Cuba, de una potencial repeticin del fenmeno haitiano, o, por el contrario, de una anexin a Estados Unidos o de una identificacin represiva con el poder colonial espaol. Y, por ltimo, la estricta compartimentacin social-racial no slo jurdica sino, adems, ideolgica que cal en lo ms profundo de las mentalidades. El tercer problema resulta de una importancia trascendente para entender lo que no comprendi Saco. El proceso de formacin de la nacin cubana no era un resultado de las acciones superestructurales, ni de las ideas de la elite, ya fuera econmica o intelectual; sino la brotacin de la constante, cotidiana y profunda interaccin e intercomunicacin, de la atraccin o repulsin, entre los sectores marginados, medios e, incluso, en el interior de los hogares, entre criollos y recin llegados, esclavos y libres, amos y trabajadores, vagos y pcaros, entre otros componentes. El criollismo callejero, de traspatios, solares y campos, inocul las bases fundamentales de tal confluencia en tanto era el genuino producto del medio social y natural cubano, y a l fueron aportando todas las culturas llegadas al pas; aportes resultado de la decantacin, seleccin y modificacin del externo aadido. A este proceso Fernando Ortiz lo llam transculturacin; pero ello constituye slo la primera fase. La segunda, el surgimiento de una calidad cultural nueva, lo denomin culturacin. Ambos no son el resultado de un momento o de un hecho, sino de un proceso ininterrumpido de continuidades-rupturas que cubren centurias de evolucin, de estancos y de transferencias. As, durante siglos, se fue conformando lo cubano que transita del criollismo —mezcla incierta de elementos— a la cubanidad —la calidad de una cultura nueva—. A dificultar la comprensin de este proceso ha contribuido, lamentablemente, la confusin y mezcla de dos procesos diferentes: el de formacin y el de integracin socialcultural cubanas. Mientras el primero suceda de manera natural y en l participan, concientes o no, aceptados o no, todos los componentes sociales; el segundo result una barrera que no oculta ni sus cimientos; se asent en todo tipo de prejuicios, en lo profundo de las mentalidades y en ideologas racistas, incluso, asumidas por muchos que se presentaban como progresistas o revolucionarios humanistas.149Vase cmo se expresaban los cubanos blancos y ricos en este prrafo: “D. Toms afirma y jura con Aristteles y Moiss y la Historia Natural que el negro fue creado para ser esclavo del blanco, como es el caballo, como es el mono u orangutn, y como todos los animales, que no son el hombre blanco”.150 149Eduardo Torres-Cuevas: “La sociedad esclavista y sus contradicciones”, en Instituto de Historia de Cuba: La Colonia ed. cit., pp. 265-291. 150Gaspar Betancourt Cisneros ( El Lugareo ), ob. cit., pp. 60-61.

PAGE 95

JOS ANTONIO SACO / 91 / 91 / 91 / 91 / 91 Justo es reconocer que en el sector antiesclavista y antitratista existan muchos cuyas motivaciones eran netamente racistas. Aquellas oleadas de africanos introducidos en Cuba, le empezaban a dar un peso, cada vez mayor, a la llamada poblacin de “color”. “Blanquear” la Isla significaba, para ellos, preservarla de un predominio extrao y salvaje. Su nacionalidad era blanca, aunque vista desde la lejana europea, ello no resultara muy convincente. Saco, a diferencia de Luz y Varela, s participaba de este criterio. Por un lado, escriba: “De l [cese del comercio de negros] depende la salvacin y la futura felicidad de Cuba (...) El da que esto se logre, ya podremos decir patria tenemos”.151 Por otro, recomendaba: “No nos queda ms que un remedio: blanquear, blanquear, y entonces hacernos respetar”.152Es la valoracin de poca, que tiene como puntos de partida un criollismo ya transfigurado y deformado en el sector blanco de la poblacin, en la anomala de un sistema productivo, que al margen de sus beneficios econmicos, se ata cada vez ms a los resortes que impiden la modernidad capitalista, y en todos los prejuicios elaborados por la mentalidad racista, en que podemos encontrar la explicacin de las limitaciones no slo de la elite hegemnica colonial, sino, tambin —y quiz con ms irracionales temores—, en la llamada clase media colonial e, incluso, en no pocos campesinos y trabajadores blancos. El racismo ha sido una constante en la historia de Cuba, slo que, entonces, era abierto, pblico, desembozado y jurdicamente establecido; despus, malamente encubierto, falazmente presentado e ideolgicamente enmascarado. Fue falsa la nacionalidad de Saco? No. Fue hija legtima de una mentalidad asentada en lo ms ntimo y profundo de un sector de la poblacin cubana. La batalla por la igualdad social, apenas iniciada entonces, no slo le dar nuevas, diferentes y ms profundas dimensiones a la formacin nacional, y, con ello, su actual calidad a la nacionalidad cubana, sino que, en lo fundamental, har retroceder, lenta pero con una resistencia nacida de las deformaciones de las formaciones educativas —sobre todo, la del hogar—-, los ncleos que impedan, y aun oscurecen, la integracin nacional. Por ltimo, no existe ninguna base para atribuirles a Varela y a Luz estas ideas, aunque compartieran otras con Saco. Racismo vs. antirracismo fue y es una problemtica cubana, una de las ms complejas. Tampoco tiene sentido histrico extrapolar la mentalidad contempornea a hombres que nos antecedieron no ya en el tiempo cronolgico, sino en el intelectual y social. La idea de la nacionalidad cubana de Saco slo poda nacer del seno de una sociedad distorsionada, compartimentada, racista, excluyente y, por dems, ignorante 151Domingo Figarola-Caneda, ob. cit., p. 173. 152Ibdem, p. 274. (El subrayado es nuestro.)

PAGE 96

92 \ 92 \ 92 \ 92 \ 92 \ OBRAS y plagada de lacras y prejuicios. La creacin de una nacionalidad cubana de dimensiones integradoras fue fruto de una intensa lucha polticosocial. En los campos de batalla por la independencia adquiri su verdadera dimensin. En la Repblica volvieron a surgir serios obstculos que han ido retrocediendo ante un sostenido y siempre superador pensamiento por la creacin de una “Cuba cubana” que adquiri su fisonoma propia en la expansin espiritual de su calidad cultural nueva y en la cultura de la liberacin nacional y social. La defensa de la nacionalidad tiene en el bayams dos frentes de batallas. El externo, expresado en su antianexionismo y su posicin independiente del poder colonial, y el interno, en el que predominan sus combates contra la trata y la esclavitud. Para Saco, el comercio clandestino de esclavos constituye el mayor peligro para su nacionalidad. Expone sus razones: el aumento constante del nmero de esclavos, producto de la introduccin clandestina permanente, rompe el equilibrio demogrfico de la Isla. Este proceso lleva a que la balanza se incline a favor de los negros. De este modo, el sistema esclavista se fortalece y se desarrollan todos los males sociales que engendra. Por eso fue el ms decidido partidario de su eliminacin inmediata y radical: “Cuando tenemos a la vista un precipicio espantoso, y nos paramos en la carrera para retroceder del abismo que nos va a tragar quines son los imprudentes? Aquellos que levantan la voz para advertir el peligro, o los que tmidos y silenciosos ven correr un pueblo a su ruina? Si nuestros males fueran incurables, entonces no despegaramos nuestros labios, pues privaramos a muchos del consuelo de tener una muerte tranquila; pero cuando el enfermo, a pesar de su gravedad, tiene un temperamento vigoroso, y a merced de remedios fciles de aplicar, puede sacudir sus dolencias, crimen y crimen imperdonable sera en nosotros permanecer espectadores tranquilos. Digan de nosotros lo que quieran los egostas; censrennos los que se precian de discretos; acsennos los parricidas: nada, nada de eso nos importa. Nosotros cedemos a consideraciones de un linaje muy elevado; y honrando la noble misin de escritores, no nos cansaremos de repetir, que salvemos a la patria, salvemos a la patria”.153En cuanto a la esclavitud, sus ideas, disfrazadas tras la propuesta de extincin, eran, en definitiva, de abolicin. Para Saco, con el trabajo esclavo no puede desarrollarse un mercado interno, ni incentivar las relaciones mercantiles dentro de la Isla. Dicho de otro modo, Cuba estara condenada a una premodernidad. Slo el trabajo libre, el desarrollo de la pequea propiedad agraria y de la industria, podran romper la 153Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles..., ed. cit., t. II, p. 90.

PAGE 97

JOS ANTONIO SACO / 93 / 93 / 93 / 93 / 93 anomala del sistema y desarrollar estructuras capitalistas independientes que situaran al pas todo a la altura de los ms desarrollados. Se le ha atribuido ser idelogo de la clase dominante. Podan entender los dueos de ingenios y esclavos su posicin sobre la trata y la esclavitud? Si alguna vez se demostr la tremenda diferencia existente entre Saco y los dueos de ingenios y esclavos, fue durante la polmica anexionista. Los dueos de esclavos se reunieron en el llamado Club de La Habana. All estaban algunos amigos personales de Saco, como Jos Luis Alfonso. Su anexionismo tena como motivacin hacer perdurar la esclavitud en Cuba. Entonces con ms claridad, se demostr la ausencia de una concepcin patritica y, por supuesto, nacionalista, en los dueos de ingenios y esclavos. Colocados en la disyuntiva, prevalecieron en ellos sus intereses esclavistas por encima de cualquier otra consideracin. Saco los calific con estas frases histricas: “los ruines egostas que proclamando libertad, slo buscan su vil inters”; “no tienen ms Cuba que su ingenio, ni ms compatricios que sus esclavos. stos son, y no yo, quienes podrn dar amargos frutos a la patria”.154A veces, la relacin de Saco con algunos dueos de esclavos e ingenios se ha interpretado de manera superficial. Para Saco, los “hacendados” eran los nicos que podan, por su poder econmico y sus relaciones, eliminar de manera radical la trata y paulatinamente la esclavitud. Por eso busca su cooperacin. Nada ms esclarecedor a este respecto, que este prrafo suyo: “Lejos de nosotros la intencin de ofender a una clase tan digna de consideracin y respeto, y entre cuyos miembros se hallan algunos a quienes tenemos el honor de dar el dulce nombre de amigos. Indulgentes en muchos casos, nunca lo somos tanto como en las actuales circunstancias. Las ideas y los ejemplos recibidos desde la infancia, justifican en muchos la conducta que siguen; y la utilidad inmediata, y el remoto peligro autorizan en otros lo que no quisiramos se practicara. Salvando, pues, la intencin de los hacendados, nuestras funciones se reducen a decir que es forzoso adoptar otro partido, pues en la marcha que llevan los negocios polticos, el comercio ilcito de esclavos no puede continuar por largo tiempo”.155En sus textos va tomando mayor peso, con el tiempo, la crtica a esta clase social. En ellos, un buen lector, encontrar los argumentos que explican por qu la burguesa esclavista —que no debe confundirse con los terratenientes centro-orientales— no slo no pudo encabezar un movimiento independentista, sino que tampoco pudo ser nacionalista. 154Loc. cit., no. 107. 155Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles ..., ed. cit., t. II, p. 87.

PAGE 98

94 \ 94 \ 94 \ 94 \ 94 \ OBRAS La clase hegemnica en Cuba no era homognea. Por un lado, estaban los tratistas, comerciantes y prestamistas, casi todos espaoles, que, al margen de ser ajenos al sentimiento patritico, extorsionaban y compriman al sector de los dueos de ingenios, cafetales, etc. Por otro, la vieja guardia conservadora, formada a finales del siglo XVIII, y adscritos a las ideas del Despotismo Ilustrado, con los nuevos disfraces que los hicieron menos ilustrados y ms despticos. stos fueron los promotores de la expulsin de Saco de Cuba. Durante las Cortes de 1837, 4 000 propietarios cubanos enviaron una carta en la cual se desautorizaban sus gestiones. El grupo que se mostr ms interesado en l, estaba constituido por la generacin formada en los aos 20 bajo el influjo de las nuevas ideas liberales y del movimiento cientfico-tcnico generado por la Revolucin Industrial. Sus referentes polticos eran las revoluciones francesa y latinoamericana, el nuevo sistema poltico norteamericano y el contradictorio e inestable movimiento liberal espaol. A diferencia de la generacin anterior, pensaban y actuaban en el movedizo terreno, que, conscientes de las limitaciones de las “reformas desde arriba e impositivas” del Despotismo Ilustrado, se plantean la desestructuracin centralista del sistema en su totalidad —la esclavitud y el despotismo poltico en primeros lugares—para, por medio de reformas, crear una nueva estructuracin “desde abajo”. Es decir, desde un liberalismo poltico, social y econmico, no slo en lo referente a la libertad de comercio exterior —nica defendida por la generacin anterior—, sino a la creacin de una amplia base de propietarios, proletarios y campesinos, que dieran forma a la modernidad capitalista. Sobre esta concepcin vers, no ya la polmica conservadurismoliberalismo, sino la interna entre los propios liberales criollos. Aqu se hace necesaria una precisin. El trmino liberal, que de un modo u otro ser ampliamente usado en Cuba a lo largo del siglo XIX y por muy diversos sectores y personalidades, en la mayora de los casos, se refiere a “los partidarios de las libertades” y, pocas veces, al sistema de ideas del liberalismo ingls o norteamericano. Saco s era un conocedor de estas teoras, pero las estudiaba y transformaba de acuerdo con sus intencionalidades y la realidad cubana. Si Cuba, como deca Arango, poda ser “la Inglaterra de Amrica”, no era siguiendo sus caminos, por dems imposible, sino descubriendo y encontrando los suyos propios. Saco era un estandarte de esta concepcin. La actitud de este grupo hacia l responda a un bien calculado inters. Cuando lo expulsan de Cuba, nadie lo defiende. Tiempo despus, Gonzalo Alfonso le ofrece cierta cantidad de acciones de los ferrocarriles de La Habana para su sustento. En Cuba, Saco constitua un peligro para productores y tratistas, pero en Pars, resultaba inofensivo respecto de la anhelada tranquilidad

PAGE 99

JOS ANTONIO SACO / 95 / 95 / 95 / 95 / 95 de la Isla y, a su vez, un arma contra la poltica espaola. Pese a ello, de las diferencias entre Saco y el grupo pueden mostrarse varios ejemplos: el ya sealado con respecto al anexionismo; el, tambin explicado, sobre su pretensin de editar un peridico en Espaa; las discrepancias sobre la Junta de Informacin, y su rechazo al Partido Autonomista. Si lo ms espectacular de la obra de Saco son sus escritos antianexionistas, si lo ms monumental, su Historia de la esclavitud, lo ms constante y permanente son sus crticas y polmicas contra la poltica colonial espaola. En stas se encuentran los argumentos que pueden sustentar un movimiento independentista en Cuba. Este conflicto es, sin embargo, el menos comprendido en sus races y, quizs, el ms trascendente para la comprensin de la historia poltica cubana del siglo XIX. La accin poltica de Saco surge casi paralela a la crisis del Antiguo Rgimen en Espaa. El inicio del conflicto sucede cuando, en 1812, por primera vez en la historia de Espaa, se aprueba una constitucin que reconoce la soberana del pueblo, le da carcter legislativo a las Cortes e instaura, en lugar de la monarqua absoluta imperial, el concepto de nacin espaola Aunque en esta primera constitucin se reconoca a los americanos como parte de la nacin, el sistema electivo para las Cortes fue diferente para el Nuevo Mundo, garantizando en ellas una mayora peninsular. El influjo en stas de sectores de la burguesa comercial hispana y de los liberales que queran “modernizar” la estructura del imperio, sobre la base de la concepcin del nuevo colonialismo industrial capitalista, trajo, desde el inicio, el distanciamiento que termin en la ruptura independentista latinoamericana y en el enfrentamiento entre la burguesa esclavista de Cuba y la comercial peninsular. Trajo ms, las propias ideas liberales, sus contenidos, enfrentaron a los liberales criollos con los peninsulares, en tanto su lectura y sus fundamentos nacionalistas sirvieron para sostener aspiraciones diferentes. Este profundo cambio fue apreciado por todos en Cuba. Detrs de la armazn democrtico-liberal, haba una nueva concepcin metrpolicolonia en la cual slo primaban los intereses de la primera. Arango y Parreo, al apreciar la nueva poltica colonial, se expres en estos trminos: “Somos espaoles (...) Nuestros amados monarcas (...) dieron a estas poblaciones desde su nacimiento, la misma Constitucin, el mismo orden de gobierno y los mismos goces que tienen en general las dems de la Pennsula (...) esperamos recibir el lugar que nos tocare en la representacin nacional”.156No fue as. Esta poltica se agudiz y, en 1837, las Cortes constituyentes espaolas decidieron que los delegados de Cuba, Puerto Rico y Filipinas no tomaran asiento en ellas, al no considerarlas parte inte156Francisco Arango y Parreo: Obras ed. cit., t. II, p. 113.

PAGE 100

96 \ 96 \ 96 \ 96 \ 96 \ OBRAS grante de Espaa, dando la abierta connotacin de que eran colonias. Saco devino actor principal en este enfrentamiento. Defini entonces la poltica de los liberales espaoles como de desasimilacin El trmino indicaba que la accin espaola, al discriminar a Cuba, al segregarla, al negarle las libertades constitucionales y aumentar el sistema represivo de las facultades omnmodas de los capitanes generales, al incrementar los mecanismos de explotacin econmica, slo les dejaba el camino de la independencia o, en el menor caso, de la autonoma. Todas estas y otras acciones que, con diversas prcticas polticas, se desarrollan por los grupos de poder en Espaa durante el siglo XIX, tienen en su conjunto el influjo del inters modernista del inconsecuente e incompleto liberalismo hispano. En su concepcin ocupan un espacio decisivo las nuevas ideas de la nacin —con su corolario, el nacionalismo— y las del colonialismo decimonnico. Un aspecto resulta de especial connotacin en este conflicto. Particularmente por la confusin que puede crearse en el uso de los trminos. El estandarte de la poltica peninsular en Cuba durante el siglo XIX, fue la integridad de la nacin espaola que sustitua al viejo concepto de la unidad monrquica. Esta integridad se refera, y en la prctica se demostr, a que el territorio cubano perteneca a la metrpoli que, en el ejercicio de su soberana, poda dictar a su arbitrio cualquier medida, no a la igualdad de ambas partes. A sus sustentadores y partidarios, fundamentalmente los espaoles residentes en Cuba, se les dio en llamar integristas sta es otra de las razones por la que los cubanos prefirieron utilizar el concepto de patria ms querido, emocional y racionalmente prometedor. Desde las lecciones patriticas de Varela a las definiciones martianas, ste fue el concepto de unin y amor que tambin tuvo el valor de servir para socavar las fronteras de los compartimentos estancos internos cubanos. All, pues, los espaoles que defienden la nacin; los cubanos, lo hacen con la patria, pero pensando en la creacin de la nacin cubana. Conceptualmente, el liberalismo y el nacionalismo haban destruido, con la vieja idea imperial, la igualdad, aunque slo fuese jurdica y formal entre peninsulares y americanos. Por un lado, haban fortalecido el sentimiento de superioridad de ciertos sectores peninsulares sobre los americanos y haban dado preponderancia a los intereses de las burguesas perifricas y comerciales peninsulares sobre los intereses de las oligarquas criollas americanas; por otro, esas mismas ideas haban solidificado el sentimiento de los americanos, que tuvo dos expresiones notables: el de las oligarquas regionales que ahora se autoconciben como mxima expresin poltica y como representantes de la parte americana de la que forman parte, y, por otra, de amplios sectores no oligrquicos que aspiran, con la independencia, a ganar el espacio social del que hasta enton-

PAGE 101

JOS ANTONIO SACO / 97 / 97 / 97 / 97 / 97 ces haban estado privados. Amrica Latina se segrega de Espaa en la medida en que se hace ms agresivo el liberalismo econmico, social y poltico peninsular en el Nuevo Mundo, y crea los Estados independientes sin que existan an los componentes integrados de la nacin. El ejrcito y la Iglesia sern las nicas instituciones nacionales y el caudillo, la personificacin arbitraria de la concepcin que un sector del pas impone al resto. En estos casos, la nacin surge en el espacio del Estado independiente; en Cuba, de la formacin de una conciencia nacional surge la lucha por el Estado independiente. El caso cubano result diferente. Atados a la esclavitud, los propios hacendados cubanos reconocan que, polticamente, se haban convertido en esclavos de sus esclavos, porque sus temores ante esta fuerza social los haca endebles e incapaces ante el poder colonial. Ello les hizo descartar el camino de la independencia y adoptar las vas reformistas, autonomistas o anexionistas. Cuba, junto a Puerto Rico y Filipinas, quedaban como los ltimos jirones del otrora imperio espaol. Pero, a diferencia de las otras dos, la riqueza econmica que Cuba produca la converta en una de las piezas fundamentales para el desarrollo interno de la metrpoli espaola. Esto si, por un lado, era debilidad, por otro, les permita emplear la poltica de penetrar las esferas de poder peninsulares para ejercer en ellas su influencia. Saco, que bien comprenda esta situacin, at sus esperanzas a la supresin de la trata y de la esclavitud. Los liberales criollos se vieron enfrentados no slo a los conservadores peninsulares —por lo general influidos por las viejas concepciones y, por ende, siempre tendentes a un alianza con la burguesa esclavista cubana—, sino, con mucha ms violencia y virulencia, con los liberales peninsulares partidarios de reducir a Cuba a una simple regin de explotacin colonial condenada a ser un territorio econmicamente supeditado y cuyo desarrollo deba estar siempre limitado a los intereses de la metrpoli. A la hora de valoraciones resulta de suma importancia tener en cuenta que el autotitularse liberal —tanto en Espaa como en Cuba—, fue una moda y, por tanto, no es lo que define si se era o no realmente un partidario de estas frmulas econmicas, sociales y polticas. Ello slo se define cuando se estudian los programas y las polticas aplicadas o defendidas. La desesperada batalla contra la implantacin de la poltica liberal colonialista tuvo en Jos Antonio Saco, durante los primeros 70 aos del siglo XIX, su ms formidable contendiente. La expresin ms clara de estos enfrentamientos, tal vez porque fue uno de los ms torpes por parte de Espaa, se manifest durante el gobierno de Miguel Tacn. Presentado ste como un “general ayacucho”, resentido por la derrota americana, se pierde de vista que en realidad era un gobernador liberal que se rode de la burguesa comercial y tratista espaola de Cuba para aplastar a la aristocracia tradicional y al movimiento liberal criollo.

PAGE 102

98 \ 98 \ 98 \ 98 \ 98 \ OBRAS Ms notable, pero casi no estudiado, fue el enfrentamiento terico. Las polmicas con Ramn de la Sagra, sostenidas en distintos momentos por los alumnos de Varela, Cayetano Sanfeli, Jos Antonio Saco y Felipe Poey, tenan una raz profunda en las concepciones liberales de ambos bandos. El espaol no slo se present como el hombre de la superior cultura sobre estos “colonizados”, haciendo gala de su desprecio hacia ellos, como lo hizo con Varela y con Heredia, sino que era el ms acabado exponente del liberalismo peninsular. Sagra, incluso, deriv, en los aos finales de su vida, al socialismo, pero no cambi su visin liberal-colonialista. Dejemos a un lado al cientfico y veamos al poltico. Para Espaa se pronuncia a favor de una revolucin industrial; para la colonia —es decir, para Cuba—, sta debera ser una suministradora de materias primas que, por dems, deban procesarse en la metrpoli. Segn su definicin, “las regiones intertropicales parecen ser el laboratorio de la naturaleza, las templadas y fras las manufacturas del arte”. Y completaba la idea: “el destino natural de ambas regiones condiciona, a las primeras, a ser pueblos de agricultores o productores de materias primas para la subsistencia fsica y social de la especie humana, la otra para ser manufacturera o transformadora de aquellos productos artificiales necesarios en el estado actual de las sociedades para la vida de los pueblos civilizados”.157He aqu expresada la concepcin liberal-colonialista decimonnica que rompi, de manera definitiva, la unin de Cuba y Espaa al condenarnos, previa definicin de incapacidad, a ser perennemente un pueblo subdesarrollado. ste es el verdadero sentido del enfrentamiento SacoSagra. Los liberales peninsulares nunca cambiaron estas ideas. Cuando se funda la repblica espaola, Jos Mart, que tantas esperanzas haba albergado en ella, al comprender que no se producira ningn cambio positivo para Cuba, expresa desesperadamente “que no se conviertan en liberticidas de Cuba los libertadores de Espaa”. Jos Antonio Saco, desde el nacionalismo sin nacin; desde el patriotismo con patria; desde el liberalismo cubano —que no todos los liberalismos cubanos eran iguales—; y desde un ancestral anticolonialismo; conocedor profundo del sistema norteamericano; de las estructuras inglesas y de sus polticas hacia sus territorios como el Canad; estudioso, desde Pars, de lo ltimo de la produccin sociolgica y poltica europea; desde un profundo sentimiento cubano, con prejuicios y limitaciones; conocedor y estudioso de la realidad de su pas; es el perenne rebelde, hereje y crtico de la nueva poltica espaola iniciada y desarrollada en el siglo XIX. 157Ramn de la Sagra: Cuba: 1860 ..., Comisin Nacional Cubana de la UNESCO, La Habana, 1963, p. 189.

PAGE 103

JOS ANTONIO SACO / 99 / 99 / 99 / 99 / 99En realidad, se hallaban enfrentadas concepciones polticas diferentes. Una, aristocrtica interna; otra, colonialista externa, y, por ltimo, la democrtica limitada de Saco. Para la mayora de los dueos de ingenios, en Cuba slo se requera de gobernantes complacientes, de influencias de cmaras y recmaras en los gabinetes espaoles y de ciertas frmulas en las “leyes especiales”. Todo ello garantizara su predominio econmicosocial en la Isla. Para el poder colonial, se trataba de crear mecanismos que garantizaran la obtencin de los mayores beneficios de su soberana sobre Cuba, ya fuese mediante alianzas con la oligarqua insular o mediante la imposicin de leyes que slo respondieran a sus intereses. Para Saco se necesitaba un conjunto de garantas democrticas (libertad de imprenta, libertad de asociacin, municipalidades elegibles); es decir, todas las garantas que ofrecan las constituciones modernas y limitadas, incluidas las espaolas. Ello estaba asociado a la necesidad de crear los mecanismos de un liberalismo econmico sin fronteras legales. Frente al aristocratismo de la burguesa esclavista cubana y al despotismo del poder colonial se alz el democratismo limitado de Jos Antonio Saco.Jos Antonio Saco fue un hombre de ideas, de creaciones intelectuales y de polmicas agudas en un mundo que nada tiene que ver con el nuestro. Lo antecedi. De sus entraas esclavistas, en parto doloroso y difcil, naci el nuestro. Las luchas por la independencia y la igualdad social sepultaron, con la sangre derramada, el mundo del cual Saco haba sido su crtico. Para que Cuba pudiera al fin ser una “Cuba cubana” haba que pasar de la crtica de las palabras-conceptos a la crtica de las armas, y de sta a la crtica de la crtica de las palabras-conceptos. Tambin haba que superar los prejuicios de Jos Antonio Saco. l no era capaz de ello. Su crtica allan el camino, prepar las bases ideolgicas para el comienzo. Slo para el comienzo.

PAGE 105

Jos Antonio Saco (1797-1879) Untitled-38 14/08/01, 14:45 97

PAGE 106

Saco fue por largo tiempo el caudillo en las filas de la oposicin; y en reclamar para nosotros el ejercicio de los derechos polticos y en condenar el trfico de esclavos (...) l haba sido quien haba dado golpes muy rudos a la anexin (...) Ningn uniforme viste; ninguna cruz decora su pecho; ninguna pensin cobra de los fondos pblicos; ningn empleo de real nombramiento desempea. (...) Pintsele con ridculos rasgos, en una pobreza que ni siquiera tiene el mrito de las formas, y cfranse al parecer las esperanzas en otros estadistas (...) que en resumen no han hecho ms que comentar y parafrasear los textos de Saco. Anselmo Surez y Romero

PAGE 107

VID VID VID VID VID A DE DON JOS ANTONIO SACO A DE DON JOS ANTONIO SACO A DE DON JOS ANTONIO SACO A DE DON JOS ANTONIO SACO A DE DON JOS ANTONIO SACO (Escrita por l mismo en los primeros meses (Escrita por l mismo en los primeros meses (Escrita por l mismo en los primeros meses (Escrita por l mismo en los primeros meses (Escrita por l mismo en los primeros meses del ao de 1878.) del ao de 1878.) del ao de 1878.) del ao de 1878.) del ao de 1878.) Captulo IDESDE MI INFANCIA HASTA LA MUERTE DE MI PADREYa que algunas* personas han escrito mi biografa, yo tambin quiero escribirla. El motivo principal que me mueve, es que no perezcan en el olvido algunos hechos que ocurrieron mientras tom parte en los asuntos polticos de Cuba, tierra en que nac y me eduqu. Sin pasiones que me agiten, sin intereses que me ofusquen, y sin espritu de partido que todo lo tuerce y desfigura, puedo ser imparcial. Ni mentir, ni callar verdades cuando deba decirlas; y por ninguna consideracin de amistad, de parentesco, ni paisanaje, pintar a los buenos como malos, ni a los malos como buenos. El abogado D. Jos Rafael Saco y Anaya natural de Santiago de Cuba pas a fines del pasado siglo a la entonces villa del Bayamo a defender un pleito importante. All conoci a la seorita doa Mara Antonia Lpez y Cisneros y prendado de sus buenas cualidades y talento cas con ella, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos y una hija, siendo yo el primero que vine al mundo el 7 de mayo de 1797, y nico que sobrevive. En medio de mis juegos infantiles venanme con frecuencia dos ideas a la mente: una seria y otra risible. Aqulla era, porque si la gente se mora, era porque los dejaban morir, pues yo crea, que sacando los enfermos de su cama, llevndolos a la calle, y ponindolos de pie quedaran curados y echaran a andar. ¡Extraa confusin de ideas! Pues yo tomaba aqu el movimiento y los signos de la vida como medio de evitar la muerte. *Tomado de Revista Cubana Peridico mensual de Ciencias, Filosofa, Literatura y Bellas Artes, Establecimiento tipogrfico La Constancia, Habana, 1894. ( N. del E .)

PAGE 108

OBRAS 104\ 104\ 104\ 104\ 104\ La otra idea consista en que en aquellos tiempos, los nios, aun de las familias ms decentes de Bayamo y de otros pueblos de Cuba, si bien calzado, slo vestan una camisa larga que mantenindolos frescos en aquel clido clima, dejbales la ms completa libertad en todos sus movimientos, sin verse condenados, como torpemente se hace en Francia, a la inmovilidad de las piernas, por envolvrselas unas contra otras en los paales que las cubren. Pero la camisa tan cmoda a la que yo estaba acostumbrado, me la mudaban los domingos, ponindome pantalones para ir a la iglesia, que estaba frente a mi casa. Luego que me los ponan, empezaba a sufrir, y deseaba que la misa se concluyese prontamente para volver a mi casa y quitarme los pantalones, pues me daban una picazn irresistible. De aqu vena la idea de que cuando yo entrase en mayor edad, me vera forzado a tener puestos los pantalones todo el da, y tan triste perspectiva me llenaba de afliccin: afliccin hija de mi inexperiencia, porque en tan tierna edad no se conoce la influencia del hbito en modificar nuestras sensaciones. Lo notable es, que los nios, que por carecer de malicia, dicen cuanto piensan y oyen, yo guard siempre acerca de aquellas dos ideas el ms profundo secreto, pues jams me atrev a comunicarlas ni aun a mis padres. En mi inocencia y cuando an no contaba 4 aos, compromet a mi padre una vez. Habanse llevado presos de los campos a la crcel de Bayamo tres o cuatro vecinos pobres, casi oscuros y sin ninguna influencia, imputndoseles el crimen de querer alzarse con el pueblo. La mujer de uno de aquellos hombres acudi a mi padre para que defendiese a su marido, pero mi padre, que no conoca ni a ste ni a ella, ni tampoco quera mezclarse en tal negocio, rehus la defensa. No se dio la mujer por vencida: informose de las frutas que ms me gustaban, y comprando una sanda, psose en una esquina de la plaza donde estaba mi casa, a espiar el momento en que yo saliese a jugar, segn costumbre, al portal de ella. Luego que me vio, corri hacia m y partiendo en tajadas el meln con un cuchillo que llevaba, retirose: yo me lo com en presencia de mi madre y de mi abuela. Mientras pasaba esta escena, mi padre estaba fuera de casa; mas, luego que volvi, tuvo noticias de lo ocurrido; y como me amaba entraablemente, mand buscar a la mujer y luego que sta se le present djole: Seora, no slo defender a su marido, sino que lo har de balde. Mi padre era buen abogado, y fuele muy fcil demostrar que todo era calumnia, logrando, que as su defendido, como los dems supuestos conspiradores fuesen absueltos y puestos en libertad. Tal es la causa que entonces se llam en Bayamo causa de los alzados. Pero naci ella de alguna ruin venganza contra esos infelices? Naci del deseo de recomendarse algunos con el gobierno, hacindose salvadores del pas? A mi corta edad ni mi padre pudo informarme de lo que haba pasado ni yo poda comprender los resortes que

PAGE 109

JOS ANTONIO SACO /105 /105 /105 /105 /105 se movieron para tan falsa acusacin. Hoy se dira, que ella fue obra de algunos peninsulares; pero nada por cierto ms injusto que tal suposicin. Su nmero en Bayamo era entonces muy corto, casi todos catalanes, casi todos taberneros o tenderos; ninguno tena aspiraciones polticas, carecan de influencia social; no pensaban ms que en buscar di nero con su industria, y felizmente no existan entre ellos y los bayameses los odios patricidas que despus se despertaron con tanta fuerza. En aquel tiempo, y en algunos aos posteriores, todas las autoridades, desde el teniente gobernador hasta el ltimo capitn de partido en toda la jurisdiccin de Bayamo eran cubanas, y lo mismo aconteca con las corporaciones y empleados. Entre aqullas y stos solamente haba un peninsular llamado D. Ignacio Zarragoitia administrador de rentas reales. Era andaluz, arrogante mozo, inmoral hasta el escndalo, desfachatado, travieso, de espritu litigioso, y usurpador de los fondos pblicos, que manejaba, pero forzoso es decir, en gracia de la justicia, que tal hombre, a pesar de todas sus tachas, no tuvo la ms leve parte en la infame intriga de los alzados Ni tampoco la tuvo el teniente coronel D. Jos Coppinger que era entonces el digno habanero gobernador de Bayamo; pues a su carcter firme y enrgico, juntaba una probidad y desinters que honran su memoria. Mi carrera ha sido literaria; y, sin embargo, mis primeras ideas fueron contrarias a las letras, a lo menos en apariencia, pues cuando alguno de mi familia me deca que era menester que fuese a la escuela para aprender a leer, yo exclamaba, baado en lgrimas, no me mienten escuela, porque me muero. Mi padre, como he dicho, fue abogado; veale siempre entre libros, escribiendo o dictando, y rodeado de gente de pluma. Cmo, pues, propenso el hombre a imitar en todas edades, y nunca tanto como en la niez, mostraba yo tan grande aversin a la escuela? Al cabo de tantos aos, porque en la vejez, no puedo explicarme claramente lo que entonces en mi nimo pasaba; mas, creo que mi repugnancia no era a las letras, sino a la escuela en que ellas se enseaban; pues yo saba que all a veces se azotaba a los nios, y no quera que conmigo se emplease semejante castigo. Una casualidad produjo en mis ideas una revolucin repentina. Haba ido mi padre a la hoy ciudad de Puerto Prncipe, en donde resida la Real Audiencia de la isla de Cuba, a defender un pleito de intereses personales: despus de su llegada escribi una carta a mi madre, que haba quedado en Bayamo, y cuando sta la recibi, me dijo, “que como yo no saba leer, no poda enterarme de su contenido”. Estas palabras picaron tanto mi curiosidad, que sin ninguna excitacin, y cediendo a mi propio impulso, ofrec a mi madre ir a la escuela al siguiente da; y fui, en efecto, a una muy pequea contigua a mi casa, tenida por dos seoras bayamesas hermanas, de apellido Fontaine, amigas de mi familia, y en donde solamente se enseaba lectura y el catecismo.

PAGE 110

OBRAS 106\ 106\ 106\ 106\ 106\ La instruccin primaria en Bayamo y en toda Cuba yaca entonces en tan grande abandono, que ni el gobierno ni corporacin alguna cuidaban de ella; pero este mismo abandono dejaba a todo el mundo la ms completa libertad, porque el hombre y la mujer, el blanco, el negro y el mulato, todos podan abrir escuelas sin previo examen ni licencia de nadie. Muy poco y mal era lo que en ellas se enseaba; mas, distingualas una cualidad recomendable, porque en Bayamo, a lo menos, todas eran gratuitas; y slo algunos aos despus se fund una en que los discpulos pagaban. Era sta la de un peninsular llamado D. Diego Abreu y en la que se enseaba mejor que en las dems, pues se escriba con gallarda letra espaola, dbanse nociones de aritmtica y creo que aun de geografa. En la pobre escuela a que yo asista, empezaron a ensearme lo nico que all se aprenda: lectura en libro impreso y catecismo. Una de las dos seoras mis maestras, sola llevarme a la misa que se deca en la iglesia del Santo Cristo frente a mi casa. Gustbame orla de rodillas, y acurdome de que un da en que se dijeron muchas por el alma de un vecino difunto, yo o arrodillado 11 de seguida. Esto caus gran sensacin en todas las personas que lo supieron; y cuando me celebraban tal proeza, yo senta interiormente una especie de orgullo, no slo por mi devocin, sino por la resistencia que haba mostrado, estando tanto tiempo de rodillas. Luego que aprend a leer, pas a otra escuela, no lejos de mi casa, que gratuitamente tena el presbtero bayams D. Mariano Acosta. Todo lo que en ella se enseaba era leer en letra impresa y de pluma como se deca, escribir, latn, sirviendo de texto la psima gramtica de Nebrija, el Breviario para traducir y como complemento las Epstolas de San Gernimo; pues all no se conoca a ninguno de los clsicos latinos, de quienes hice despus en La Habana algn estudio. Ensebase, tambin, el modo de contar segn el calendario y letras de los romanos: conocimiento que me ha sido muy til en todo el curso de mi vida. Pronto recorr todos los ramos que en ella se enseaban y al cabo de algn tiempo, el mencionado presbtero dividi en dos bandos todos los alumnos que estudiaban latn, nombrndose por jefe o capitn de cada uno de ellos a dos de los estudiantes ms adelantados. Apellidbanse Roma y Cartago aquellos bandos, y yo fui el jefe de ste. Cada mes se examinaban mutuamente los alumnos de cada partido, y reunindose todos los puntos favorables y contrarios, aquel que obtena mayor nmero de los primeros, alcanzaba la victoria. Estas contiendas literarias sin excitar rivalidades, hacan estudiar y adelantar a todos los alumnos. Cuando mi madre muri el 25 de noviembre de 1806, yo solamente tena 9 aos de edad. En los cuidados materiales que prodigaba a sus

PAGE 111

JOS ANTONIO SACO /107 /107 /107 /107 /107 hijos, mi padre hizo las veces de ella, pues nos vesta, limpiaba la cabeza, cortaba las uas y lavaba nuestro cuerpo, bien que esto ltimo era con menos frecuencia, porque acostumbrbamos baarnos y a veces diariamente en el ro de Bayamo: aguas entonces limpias y puras, pero enrojecidas hoy con la sangre derramada desde que la funesta guerra civil estall en Yara el 10 de octubre de 1868. En las vacaciones de mis estudios llevbame mi padre al campo, y all saltaba, corra a pie y a caballo, nadaba, y dbame a otros ejercicios que, fortaleciendo mi constitucin, coadyuvaron poderosamente a la prolongacin de mi vida, pues a la hora que dicto estos renglones, cuento 80 aos, nueve meses y nueve das. Permanec en la escuela del presbtero Acosta hasta la muerte de mi padre, quien nunca quiso que yo pasase a cursar filosofa, aunque ya lo haban hecho otros menos aventajados que yo en la lengua latina. A decir verdad, nada perda en esto; porque la tal filosofa que en Bayamo se enseaba era una escolstica pura, llena de sutilezas y disparates. Perd, sin embargo, algn tiempo precioso de mi vida, porque si me hubiera hallado en La Habana, por ejemplo, habrame dedicado a otros estudios. Importa recordar aqu que el convento de los padres dominicos fundado y dotado por el seor Parada, rico vecino de Bayamo, era el nico establecimiento cientfico que haba en aquel pueblo, cuya enseanza por los referidos padres reducase toda al latn, a lo que se llamaba filosofa, y a la teologa escolstica. ¡Deplorable estado, por cierto, porque no se daba la menor atencin a ninguno de los conocimientos que podan influir en el verdadero progreso de aquel pueblo! Captulo IIDESDE LA MUERTE DE MI PADRE HASTA MI SALIDA DE BAYAMO PARA CONTINUAR MIS ESTUDIOS EN SANTIAGO DE CUBASi yo fuera superticioso, creera en sueos, pues so un mes antes de la muerte de mi padre, que l haba dejado de existir. Gozando de buena salud, atacole una fiebre, y privado repentinamente de la palabra, muri intestado el 8 de junio de 1811. Hallbame, pues, hurfano de padre y madre a la edad de 14 aos dos meses; y so color de ampararme, lo mismo que a mi hermano y hermana de menos edad que yo, metironse en casa el padre general de menores, y el tribunal compuesto de juez, asesor y escribano para formar el inventario de los bienes que habamos heredado. Consistan stos en 11 haciendas de ganado y de labor, tres casas en Bayamo, siendo de alto una de ellas, y algunos

PAGE 112

OBRAS 108\ 108\ 108\ 108\ 108\ esclavos de ambos sexos.1 Haba, pues, como vulgarmente se dice, pao por donde cortar, y los falsos protectores concibieron el proyecto de ser administradores de todo el caudal. Como yo haba cumplido ya 14 aos, facultad tena de nombrar de curador a quien quisiese; pero no as mis dos hermanos menores que yo, y que siendo pupilos, segn la frase de la ley, necesitaban de tutores, bien fuesen legtimos bien dativos stos no podan tener lugar sino a falta de aquellos, que deban ser parientes hasta el cuarto grado. An viva nuestra abuela materna y un hijo de ella, tocando a la primera, y en su defecto al segundo la tutela legtima de mis dos hermanos pupilos. Tratase, pues, de invalidar a la abuela y al to para que no ejerciesen aquel cargo, y que ste recayese entonces en el padre general de menores como tutor dativo. Inventronse, pues, negras calumnias contra aquellas dos honradas personas y aun formseles causas criminales, pero al fin quedaron frustrados tan infames proyectos con la presentacin de un pariente inesperado para ellos, y que hallndose dentro del cuarto grado reclam la tutela legtima de mis hermanos pupilos. Frustrado el golpe de la tutela, no hubo medio de atajar la formacin del inventario, pues ste, segn la ley, era de toda necesidad. ¡Cun amargas lecciones recib entonces desde tan temprana edad! Los ms ntimos amigos de mi padre, los que ante l se inclinaban y le besaban las manos, convirtironse en enemigos y verdugos de sus desventurados hijos. Formronles 11 pleito para despedazar sus bienes; y yo tuve entonces que interrumpir interinamente mis estudios, para convertirme en agente de los negocios de mi casa, pues era el amanuense de los escritos quien los presentaba al escribano, reciba todas las providencias que se dictaban, y las llevaba a nuestro defensor. Natural era que el inventario se comenzase por los bienes de la poblacin; y aunque mi padre haba dejado de ejercer la abogaca algunos aos antes de su muerte, conservaba muchos papeles, los cuales fueron tan minuciosamente inventariados que en esta operacin se emplearon ms de dos meses. Concluida que fue, pas el tribunal acompaado del padre general de menores y de una turba de bandidos, que no otro nombre merecen, a formar el inventario de las haciendas de mi padre; y ya se infiere el destrozo que haran en ellas. No pudieron, sin embargo, tantos desrdenes, tantas costas, ni los 11 pleitos que nos haban fra1No por vana ostentacin, sino por los recuerdos, ora gratos, ora tristes, que tienen con mi niez, y an mayor edad, permtaseme insertar aqu los nombres de aquellas haciendas: Manegua, Repeln, Angostura, Cura, Pnima-Abajo, Pnima-Arriba, Palmarito, Peladas, El Santsimo, Guabatuaba-Abajo, y los Jageyes. La mayor parte de estas haciendas adquiriolas mi padre por herencia que le dej el doctor Antes, clrigo rico de Bayamo, de quien haba sido muy amigo y defensor en todos sus negocios.

PAGE 113

JOS ANTONIO SACO /109 /109 /109 /109 /109 guado, acabar del todo con aquella herencia, pues todava qued a los hijos de Saco algn patrimonio con que vivir cmodamente. En esta vida de angustias y dolores pas tres aos; y cuando al fin vi ya seguros para m y para mis dos hermanos los restos de la fortuna que habamos salvado de tan terrible naufragio, me decid a continuar mis estudios, no en Bayamo sino en Santiago de Cuba. Me decid, he dicho, porque desde la muerte de mi padre fui rbitro de mis acciones. Mi curador jams se ocup de mi persona, y mi abuela materna, ya por el amor que me tena, ya por su avanzada edad, dejbame hacer cuanto yo quera. Por eso fue que entonces me lanc a un acto poltico que debo sealar como el primero de mi vida. Haban las Cortes constituyentes congregadas en 1810 concedido a las provincias de Amrica los mismos derechos polticos que a Espaa. Hecha que fue la Constitucin de 1812, promulgose tambin en Cuba. No es del caso hacer aqu la crtica de aquel cdigo fundamental; pero no debe omitirse que a su sombra se cometieron muchos abusos y desrdenes, pues sin fijar la edad a que el ciudadano poda ejercer sus derechos, mezclndose en las elecciones aun los muchachos de 12 y 14 aos. En una de ella era candidato para concejal en Bayamo el abogado D. Rafael Prez que careca de ciertas cualidades necesarias para desempear aquel cargo. Algunos de sus enemigos trataron de oponerse a su eleccin; pero no atrevindose a dar abiertamente la cara, buscronme para que fuese yo quien manifestase en la Junta las tachas de que adoleca. Llevronme efectivamente a ella, y luego que se pronunci el nombre del referido abogado, ped la palabra y expuse los motivos que le impedan ser concejal. Al cabo de tantos aos deploro mi imprudencia y osada; pero puede disculparse con mi cortsima edad que no me dejaba percibir todas las consecuencias de aquel acto. Aconteci este suceso en 1813, y permaneciendo en Bayamo, part al fin de esta mi tierra natal para Santiago de Cuba a principios de septiembre de 1814, en cuya ciudad haba ya estado antes por haberme llevado a ella mi padre para que conociese a sus hermanas y sobrinos. Captulo IIIMIS ESTUDIOS EN SANTIAGO DE CUBAExista desde tiempos anteriores en Santiago de Cuba un colegio seminario bajo el nombre de San Basilio el Magno. Ensebase en l lengua latina, de la que haba una ctedra de menores y otra de mayores, filosofa, dibujo, canto llano, y derecho civil y cannico bajo de una misma asignatura. Limitada enseanza era sta para llenar los deseos de la juventud estudiosa; pero al fin era algo ms de lo que se aprenda en Bayamo.

PAGE 114

OBRAS 110\ 110\ 110\ 110\ 110\ Mi objeto era cursar filosofa, lo que no se poda hacer sin previo examen de la lengua latina por los profesores del dicho colegio. Pusironme a leer y a traducir un fragmento del Breviario, y dndose por satisfechos, me aprobaron, considerndome apto para el estudio que aprenda. Abriose aquel curso, como de costumbre, el 14 de septiembre. El catedrtico todava joven llambase Bravo, hombre de luces claras y de fcil locucin en sus lecciones. Ningn autor serva de texto, pues el profesor haba formado unos cuadernos en latn en los cuales l pensaba haber reunido lo ms selecto de la filosofa. Dictaba diariamente a sus discpulos las lecciones que deban aprender de memoria, las que l ampliaba despus en sus explicaciones, que no eran en latn, sino en castellano. Formaban cuadernos estas lecciones, para que los alumnos no olvidasen lo que haban aprendido; y confieso, que yo, era uno de los que mejor los conservaban en la memoria; pero al mismo tiempo debo confesar, que yo, sin tenerla mala, a los pocos aos de haber salido de aquella clase ya no me acordaba ni aun de la primera palabra de mis cuadernos de filosofa. Al promedio de 1815 ya se haba enseado en aquella clase la lgica y la metafsica, sobre la que yo defend conclusiones pblicas. Costumbre era entonces que concluidos aquellos actos, el estudiante convidaba a las Rplicas que as se llamaba a las personas que le examinaban, a todos los profesores, condiscpulos y otros individuos, para que fuesen a tomar refrescos a su casa, en la que se pona una mesa ms o menos esplndida, segn las facultades y generosidad del alumno. Hago mencin de estas circunstancias, porque sin ellas no hubiera ocurrido lo que paso a referir. Todos los que asistieron a mis conclusiones, que fueron en latn, decan que yo haba quedado lucidsimamente, y me colmaban de elogios, pero en mi interior yo no los aceptaba, porque confieso con toda franqueza que no entenda ni una sola palabra de lo mismo que haba defendido con tanta brillantez. Tal era el enredo metafsico en que me haban metido. Hallbase a la sazn en Santiago de Cuba el joven abogado D. Jos Villar, nacido y educado en la Pennsula, donde haba hecho sus estudios. Como era instruido, convidbasele siempre para que arguyese en todas las conclusiones pblicas que sobre diversos ramos se tenan en Cuba. Fue, por consiguiente, uno de mis examinadores, y despus de terminado el refresco que a l y a otros yo les haba ofrecido en mi casa, llamome a un extremo de la sala y djome en sustancia: “V. es todava muy muchacho y me intereso por V. Esta filosofa que V. estudia, de nada le servir. Procure V. ir a La Habana, en donde hay un clrigo muy joven llamado Varela que ensea verdadera filosofa moderna en el colegio de San Carlos de aquella ciudad”. Estas palabras hicieron la ms profunda impresin en mi espritu, y puedo asegurar

PAGE 115

JOS ANTONIO SACO /111 /111 /111 /111 /111 que a ellas debo el cambio y revolucin que experimentaron mis ideas. No pude entonces trasladarme a La Habana segn deseaba; pero desist de continuar estudiando aquella filosofa. Como los cursos del colegio de Santiago de Cuba se haban cerrado, torn a Bayamo a pasar las vacaciones, y cuando en septiembre de 1815 volv a Santiago de Cuba, fue para cursar derecho. El catedrtico de esta ciencia era el abogado don Luis Mara Arce, quien rara vez asista a su clase, desempendola en su lugar uno de los estudiantes ms aventajados. Por esto se inferir, cuan poco derecho poda aprenderse en aquella clase. No est de ms decir, que cuando el catedrtico sola ir a desempear su ctedra, era ms bien para tener altercados con alguno de sus alumnos, para contar cuentos raros, pues era muy embustero, y hacer explicaciones, no de derecho civil, sino cannico y de teologa moral. Parceme que esto haca, no slo porque se senta flojo en las materias puramente jurdicas, sino porque miraba con disgusto que sus discpulos aprovechasen, y que abogados ms adelante, le aventajasen o hiciesen sombra en la abogaca. Por lo dems, el mencionado profesor era hombre de talento, de voz sonora, y de suma facilidad de palabra en todas sus explicaciones, pues con gusto se le escuchaba. De septiembre de 1815 a marzo de 1816 estudi all derecho, en cuyo perodo gan mi primer curso en esta ciencia. Poderosos obstculos detuvironme entonces en aquella ciudad; pero vencindolos todos pude al fin tornar a Bayamo, en donde permanec parte del verano de dicho ao con el propsito de seguir mis estudios en La Habana. Doloroso me es recordar todava que ninguno de mis parientes aprob mi determinacin, pues todos miraban con disgusto mi partida, creyendo que mi viaje sera la causa de mi perdicin. Yo, empero, estaba convencido de lo contrario, porque, aunque sin gua ni proteccin, senta dentro de m el firme convencimiento de que no se cumpliran los fatales pronsticos que me anunciaban. JOS ANTONIO SACO

PAGE 117

COLECCI"N DE PAPELES CIENTFICOS, HIST"RICOS Y POLTICOS Y DE OTROS RAMOS SOBRE LA ISLA DE CUBA, YA PUBLICADOS, YA INDITOS POR DON JOS ANTONIO SACO A la memoria de Domingo del Monte consagra el primer tomo de sus obras Jos Antonio Saco

PAGE 119

INTRODUCCI"NCediendo al impulso* generoso de algunos amigos mos, hoy formo la Coleccin de mis escritos, impresos en Amrica y Europa. Pero ella no constar de todo lo que he publicado en el discurso de mi vida, pues suprimo algunas de mis primeras producciones, y otras de tiempos posteriores. De una obra intitulada Explicacin de algunos tratados de Fsica que di a luz en La Habana, cuando fui catedrtico de aqulla ciencia, ni un solo rengln reimprimir. En 1825 traduje del latn en castellano, y puse muchas notas a los Elementos de derecho romano escritos por J. Heinreccio De esta traduccin, que con poca lealtad, y aun disfrazado nombre bajo de iniciales apenas inteligibles, se han hecho en Madrid dos o tres ediciones, no tomar para mi Coleccin sino tres de aquellas notas. Mayor nmero de artculos, aunque con supresin de muchos, me dar el Mensajero Semanal peridico que redact en Norteamrica por espacio de dos aos y medio, y que siempre circul en Cuba sin el menor tropiezo con permiso de la autoridad. De donde s sacar muchos materiales para esta publicacin, ser de la Revista Bimestre Cubana peridico habanero que ces en la segunda mitad de 1834, y cuya honrosa direccin me confi dos aos antes la malograda Comisin Permanente de Literatura Cubana. Tambin reimprimir los opsculos que sobre varios asuntos he publicado allende y aquende el mar; y as en ellos, como en los dems papeles que esta Coleccin encierra, seguir unas veces el orden cronolgico, y otras el de materias. De este modo podr compilar en el tercero y ltimo tomo todas las cuestiones polticas que sobre Cuba he tratado. Cuatro aos ha que sin mi consentimiento ni noticia se imprimieron en Nueva York dos tomos con el ttulo de Nueva publicacin de las *Esta obra se tom de Los Mejores Autores Cubanos, Direccin General de Cultura, Ministerio de Educacin, La Habana, 1960. ( N. del E .)

PAGE 120

OBRAS 116\ 116\ 116\ 116\ 116\ obras de don Jos Antonio Saco La tal publicacin, sobre ser muy incompleta, pues que carece de muchos de mis papeles, que el espurio editor pudo haber fcilmente conseguido, plagada est de errores y anacronismos, y termina con un discurso que se supone pronunci yo, cuando en 1822 abr en La Habana un curso de Filosofa. Lo que yo pronunci entonces, sin haberse impreso jams, fue un razonamiento sencillo del que tan slo reconozco algunos trozos; pero ese hinchado y ridculo discurso que se vende como mo, nunca sali de mis labios ni de mi pluma. Limpia de estos borrones quedar la presente edicin, y aumentada, corregida, y acompaada de noticias y documentos inditos, ser menos indigna del pblico cubano a quien la consagro. Del pblico cubano digo, porque en Cuba nac yo; porque a ella se refiere especialmente casi todo lo que esta Coleccin encierra; y porque el da que alguna pluma imparcial, europea o americana, quisiera escribir la historia de aqulla Antilla, hallar consignados en estos papeles, hechos verdaderos y noticias fidedignas que podrn interesarle. Pars y noviembre 30 de 1857. JOS ANTONIO SACO

PAGE 121

JURISPRUDENCIA JURISPRUDENCIA JURISPRUDENCIA JURISPRUDENCIA JURISPRUDENCIA Estudiante era yo en La Habana, cuando escrib el discurso que sigue; y aunque ningn mrito tiene, mrole con afecto, por haber sido el primer papel que publiqu. El presbtero D. Justo Vlez, catedrtico entonces de Derecho espaol, en el colegio de San Carlos, sola proponer a sus discpulos algunas cuestiones jurdicas, y a los que mejor las resolvan por escrito, adjudicbales un premio. Para ms estmulo, fundose en 1819 un peridico intitulado: Memorias de la clase de derecho patrio del Real y Conciliar Colegio Seminario de la Habana en el cual deban publicarse esas tempranas producciones de la juventud estudiosa. Pero desgraciadamente slo se dio a luz el primer nmero, y de los tres discursos que en l se insertaron, uno fue el que ahora reimprimo. Discurso de D. JOS ANTONIO SACO sobre estas cuestiones Primera : Un prdigo puede contraer matrimonio? Segunda : Un prdigo puede testar? Tercera : La declaratoria de prodigalidad tiene efecto retroactivo? Cuarta : La mutacin de conducta del prdigo bastar para que cese la interdiccin? Demostrar si un prdigo puede contraer matrimonio tal es la primera de las cuestiones que se presentan a nuestra discusin. Este contrato sin duda, el ms recomendable a los ojos de la sociedad, ora se considere como natural, ora como civil, ora en fin como elevado a sacramento, abre un vasto campo a la pluma del jurisconsulto. Yo no examinar todas sus relaciones, porque ni me es posible, ni mi deber lo permite; pero s expondr lo que crea necesario para la inteligencia de la cuestin. Apenas sali el hombre de las manos del Creador, cuando ya le vimos unido a una mujer. Atrado, por una parte, de los encantos del bello sexo y de las comodidades de la vida conyugal, y obligado, por otra, de las necesidades de reproducirse, fue preciso que cediera a tan fuertes estmulos, y que consumara la obra a que haba sido destinado por la naturaleza. Mas, como para efectuar esta unin fuese indispensable el consentimien-

PAGE 122

OBRAS 118\ 118\ 118\ 118\ 118\ to de los mismos que se unan, descubrimos aqu el fundamento de este contrato, y en lo que difiere del acceso de los brutos. stos ejercen los actos indispensables para su reproduccin; pero guiados de inclinaciones muy diversas, nunca puede decirse que son capaces de aquello que slo fue concedido al ms perfecto de los seres creados. Si hemos visto, que el consentimiento (supuesta la aptitud de las personas) es la base del matrimonio y el nico requisito que ste exige, considerado como contrato natural, claramente se conocer, que no puede celebrarse por aqullos que no pueden consentir. Por ahora, nada nos importa saber, si un prdigo puede contraerlo segn el estado natural. As que pasaremos a considerarlo segn las leyes civiles. La sociedad no pudo dejar al arbitrio de los hombres un contrato en que mir cifradas su conservacin y felicidad. Ella puso, desde luego, todos sus cuidados en arreglarlo: determin quienes podan o no contraerlo; seal la poca de la vida en que poda efectuarse adems de la voluntad de los contrayentes; exigi tambin hasta cierta edad el consentimiento de sus mayores; estableci la presencia de testigos como necesaria para su existencia: en una palabra, dio la ms firme garanta al ms grande de todos los contratos. Yo traspasara los lmites de una corta disertacin, si fuera a detenerme en el anlisis de cada uno de los puntos indicados. Pasndolos pues, en silencio, solamente tratar de ver, si encuentro al prdigo entre aquellos a quienes se prohbe el matrimonio. Por prdigo se entiende el hombre que sin tasa ni medida consume improductivamente sus bienes En el sentido legal, no basta su profusin para darle semejante nombre; es preciso tambin, que intervenga la declaratoria del juez. De este modo ser como yo le considerar. Ni las leyes romanas ni las espaolas declaran al prdigo incapaz de celebrar matrimonio. Esto me bastara para concluir, que puede contraerlo; mas, como pueden suscitarse algunas dudas por el temor de otras disposiciones, es necesario desvanecerlas. La ley 8 tt. 6, lib. 1; la 16 § 2, tt. 2, lib. 23 del Digesto ; y la 6, tt. 2, Partida 4, dicen expresamente, que el loco no puede contraer matrimonio. Los jurisconsultos romanos y los nuestros compararon los prdigos a los locos, e infirieron de aqu, que si stos no pueden casarse, tampoco aqullos. Tan dbil raciocinio queda a mi ver combatido, si se reflexiona, que toda disposicin derogatoria de los derechos del hombre, se ha de mirar como odiosa; y que, por tanto, lejos de ampliarse, debe restringirse. La comparacin que hace la ley entre los prdigos y los locos, es sin duda odiosa, pues coarta a aqullos el uso de sus derechos; y as, nunca debe extenderse a los casos que no prescribe: Ella solamente los equipara en cuanto a la administracin de sus bienes, y la ejecucin de otros actos

PAGE 123

JOS ANTONIO SACO /119 /119 /119 /119 /119 puramente civiles, como los arrendamientos, mandatos, hipotecas, etc.; mas, no en cuanto a la celebracin de un contrato que tiene su origen en la misma naturaleza. Si la ley quiso privar al prdigo de este derecho, por qu no lo expres? Por qu nos dice tan claramente, que no puede arrendar, hipotecar ni vender, y no nos dice lo mismo acerca del matrimonio? En vano apurar todos sus recursos el espritu sutilizador. Mientras la ley no prive expresamente a un hombre de los derechos que le competen, ningn magistrado se atrever a pronunciar una sentencia que le despoje de ellos. Sus facultades se circunscriben a ejecutar la ley; mas, no a interpretarla en perjuicio de un tercero. Estas razones por s solas convencen a cualquier que las examine; mas, los que pretendan sostener lo contrario, quiz recurrirn a otros argumentos. Dirn, que al matrimonio regularmente se llevan algunos bienes; que stos han de ser administrados por el marido como cabeza de la sociedad conyugal; y que no pudiendo esto verificarse por el prdigo, es evidente, que no puede contraer matrimonio. Dbil raciocinio en verdad. Ni los mezquinos bienes de fortuna forman el alto objetivo del matrimonio, ni aun cuando lo formasen, podra servir de impedimento para contraerlo la incapacidad de administrarlos. Segn el Derecho Romano, ningn hijo de familia administraba los bienes del matrimonio, pues no saliendo de la patria potestad, quedaba bajo el gobierno de sus mayores, cuyo nombre era el nico que sonaba en todos los contratos. En Espaa, el menor casado que an no ha entrado en los 18 aos, no puede administrar sus bienes ni los de su mujer; y, sin embargo, puede contraer matrimonio desde que ha cumplido los 14. Tampoco hace alguna fuerza la reflexin de que estando la mujer sujeta al marido, si ste no puede gobernar los bienes que son inferiores a ella, mucho menos podr dirigirla; resultando de aqu un obstculo para el matrimonio. Es cierto, que la mujer est bajo la autoridad del marido; pero este poder que tiene sobre ella, no es igual al que tiene sobre los bienes. De stos no puede disponer, ya vendindolos, ya permutndolos, ya de otro cualquier modo; pero nada de esto es aplicable a la mujer. Los bienes como incapaces de defenderse a s mismos, pueden ser dilapidados; mas, la mujer puede recurrir a sus parientes, implorar la proteccin de la justicia, y en caso necesario, separarse del hombre que llena su corazn de amargura. En las sociedades cultas, ya no se representan aquellas escenas horrorosas que envilecieron por tanto tiempo el tribunal domstico, el ms sagrado de los tribunales. La superioridad que las leyes han dado al marido, no debe considerarse como un medio de tiranizar a la mujer. La debilidad de su sexo, el decoro con que se debe comportar, y que no le permite mezclarse en los negocios que son propios del hombre, indujeron al legislador a tomar estas sabias medidas.

PAGE 124

OBRAS 120\ 120\ 120\ 120\ 120\ Todo hasta aqu, segn hemos visto, habla a favor del prdigo. Consultemos bien la razn y la conveniencia, y oigamos lo que nos dicen. Las leyes deben mover todos los resortes que estn en su mano para inclinar el hombre a la virtud. No han sido siempre los castigos el medio ms a propsito para conseguirlo. ¡A cuntos no vemos sumergidos en un abismo de vicios, slo por haberse preferido el rigor a la dulzura! Desndese la ley por un momento de esa severidad que la hace tan terrible a los ojos del sbdito, presntele objetos que al paso le sean gratos, propendan tambin a reforzar sus costumbres, y ella entonces podr gloriarse de conducirle a la felicidad. Y para lograr este fin, habr para el prdigo algn estmulo ms eficaz que el matrimonio? Regularmente vemos, que los hombres gastan sus bienes con ms profusin mientras permanecen en el celibato, que cuando se hallan casados. Exentos entonces del cuidado de su posteridad, libran su subsistencia, ya en su corto trabajo, ya en el favor de un amigo, ya en una multitud de recursos honestos o indecorosos, sin hacer ahorros que le pongan a salvo de los embates de la fortuna. La experiencia nos ensea, que esos mismos que corren desbocados en el furor de sus pasiones, esos mismos despus se refrenan, al verse rodeados de una porcin de miserables que esperan de ellos su socorro. El prdigo es hombre, y su alma es capaz de recibir los consejos que le inspire una mujer virtuosa; y cuando stos no basten, sus splicas, acompaadas de las lgrimas de sus inocentes hijos, penetrarn su corazn, le recordarn constantemente su deber, le traern a la memoria su vida antepasada, y harn, al fin, que rindindose a la vehemencia de tan tiernos afectos, la sociedad reasuma en su seno un miembro que reputaba perdido. Las leyes cannicas de acuerdo en este punto con las civiles, nada han dispuesto contra los prdigos. Por tanto, no dudo afirmar, que ya se mire la cuestin segn el derecho civil, ya segn el cannico, el prdigo puede contraer matrimonio. Desembarazado de la primera cuestin, entro con paso ms libre a tratar la segunda. Para conocer si el prdigo puede testar no es menester valerse de largos raciocinios ni de muchas autoridades. Con slo fijar la vista en la ley 18, tt. 1, lib. 28 del Digesto y en la 13, tt. 1, de la Sexta Partida quedamos convencidos de esta verdad. Las palabras de la primera son stas: El prdigo a quien la ley ha entredicho sus bienes, no puede hacer testamento; y si lo hiciere, sea nulo.1 Transcribamos tambin las de la segunda: Otros, el que fuese salido de memoria non 1“ Is, cui lege bonis interdictum est, testamentum facere non potest: et si fecerit, ipso jure non valet ”. Lo mismo dicen la Instituta de Justiniano, lib.2, tt. 12, § 2, y Ulpiano en sus Fragmentos tt. 20 § 13.

PAGE 125

JOS ANTONIO SACO /121 /121 /121 /121 /121 puede facer testamento, mientre que fuere fesmemoriado, nin el desgastador de lo suyo quien hobiese defendido el juez que non enagenase sus bienes. Y poda ser otro el lenguaje de la ley? De ninguna manera. Ella ha prohibido al prdigo la disposicin de sus bienes, y no hacindose en el testamento otra cosa que disponer de ellos, no pudo menos que privarle de la testamentificacin, o contradecirse a s misma. La tercera de las cuestiones propuestas se contrae a examinar, si la declaratoria de la prodigalidad tiene efecto retroactivo. Como la sentencia dada contra un prdigo recae sobre hechos anteriores (carcter propio de todas las sentencias), podr inferirse que ella se debe retrotraer. Yo no satisfar a esta duda con la distincin que vulgarmente se aplica, diciendo, que si el juez lo expresa, entonces se retrotraer; pero que si no lo ha hecho, ser lo contrario. En mi opinin, esto no resuelve la dificultad, porque la retrotraccin de los actos no proviene del arbitrio del juez, sino de la disposicin de la ley. Su deber es ceirse en todo a ella, y en caso que nada est prevenido sobre algn asunto que ocurra, debe consultar al legislador: quin ha autorizado al juez, para que invalide aquellos actos que la ley no ha declarado tales? Y, por ventura, hay alguna que anule los negocios celebrados por un hombre, antes de haber sido declarado prdigo? Todo lo contrario. La citada ley 18, tt. 1, lib. 28, del Digesto dice, que si el testamento fuere anterior a la interdiccin valdr :2 y no es menos terminante la referida ley 13, tt. 1 de la Sexta Partida Otros el que fuese salido de memoria non puede facer testamento, mientre que fuere desmemoriado, nin el desgastasor de lo suyo a quien hobiese defendido el juez que non enagenase sus bienes; pero si ante tal defendimiento hobiese fecho testamento, valdrie Quin, pues, a vista de unas decisiones tan terminantes se atrever a dudar de su contenido? Esta doctrina sobre testamentos es aplicable a todos los negocios entre vivos. Al prdigo se le prohben, solamente porque es prdigo; y no sindolo legalmente antes de habrsele declarado tal, cese el motivo de la prohibicin; y, por tanto, debe subsistir cuanto hizo con anterioridad a ella. Si no fuera as qu diferencia habra entre los actos que ha ejecutado antes de la interdiccin judicial y los posteriores a ella? Reflexinese tambin, que ninguna sentencia puede perjudicar a las partes que no han sido citadas, pues lleva en s el vicio de nulidad. Cuando se trata de declarar prdigo a un hombre, no hay juicio contradictorio entre l y los que con l han contratado; por consiguiente, los efectos de aqulla sentencia nunca pueden recaer sobre quienes no han tenido la menor intervencin en el juicio de la prodigalidad. 2 Quod tamen interdictione vetustius habuerit testamentum, hoc valebit.

PAGE 126

OBRAS 122\ 122\ 122\ 122\ 122\ Ni obsta el que se diga, que entonces los hombres sacaran partido de los desarreglos del prdigo. ste, antes de haber sido tal, tiene el mismo derecho de reclamar que aquellos a quienes se causa algn perjuicio. Si alguno le ha engaado, valindose de su malversacin, el contrato se anular; o se rescindir, si se le ha ocasionado lesin en ms de la mitad del justo precio, o si media otro justo motivo. De este modo se combina el inters del prdigo con el de los dems ciudadanos, se castiga al doloso, y se da aquella seguridad que promete la ley al que procede de buena fe. La ltima cuestin que tenemos que resolver, es, si la mutacin de conducta del prdigo bastar para que cese la interdiccin judicial Para proceder con acierto, debemos considerar, que las acciones no son suficientes por s solas para calificar a nadie de prdigo. Es necesario adems que intervenga la declaratoria del juez, por la cual se le prive de la administracin de sus bienes. Ninguno puede recobrar por s los derechos que perdi en virtud de una sentencia: es menester, que el juez que le despoj de ellos, sea quien se los restituya. La mutacin, pues, de conducta es tan insignificante por s sola, como lo es el acto de la prodigalidad; bien que ser suficiente motivo para que se suspenda el entredicho que se le puso, y se le rehabilite en el ejercicio de sus funciones. Esta doctrina podr impugnarse con la semejanza que suponen las leyes entre el prdigo y el loco, pues se dir, que as como ste no necesita de rehabilitacin, tampoco aqul. Aunque ya hemos explicado el sentido en que esas personas estn equiparadas, hay, sin embargo, una notable diferencia entre el modo con que se tiene a uno por loco, y a otro por prdigo. Para que se repute a uno por loco, basta la prdida del juicio; mas, para tenerle por prdigo, adems del desarreglo de sus acciones, se requiere la declaratoria judicial. Por tanto, nada ms justo, que si a aqul se le priva de sus derechos slo por haber perdido el juicio, se rehaga de ellos luego que lo recupere. Pero el prdigo, adems de ser culpable, y de haberse labrado su propia ruina, vese privado de sus derechos, no tanto por su desordenado manejo, cuanto por la sentencia de un magistrado. As es muy conforme a razn, que para volverlos a adquirir, no slo sus nuevas acciones desmientan las primeras, sino que una solemne reposicin pronunciada por el juez, le restituya a su antiguo estado. Una Sentencia del jurisconsulto Paulo,3 y la Novela 39 del emperador Len parece que destruyen cuanto he dicho. La primera declara vlido el testamento del prdigo, si lo hace despus de haber reformado su conducta. La segunda, no slo aprueba el testamento, sino los dems actos en que l dispone juiciosamente de sus bienes. Mas, a pesar de 3 Pauli Sentent ., lib. 3, tt. 4 (A), § 12.

PAGE 127

JOS ANTONIO SACO /123 /123 /123 /123 /123 que en Espaa nada tenemos que ver con lo que se observ en Roma, todava esto no probara lo que se pretende. De que la ley declare vlido el testamento o contrato de un hombre a quien se le prohben estos actos, no se infiere forzosamente que la firmeza que ella les da, provenga de la facultad que aqul tenga para hacerlos, sino de las razones de conveniencia que existen para aprobarlos. Ningn pupilo puede contratar sin la autoridad del tutor; pero si el contrato que hace sin ella, le es ventajoso, producir el mismo efecto que si el tutor hubiese intervenido; porque estando calculada su autoridad para evitar los perjuicios que de otra suerte se ocasionaran al pupilo, desde el momento en que ste hace por s mejor su condicin, ya cesa el motivo de la intervencin del tutor; y, por consiguiente, el contrato es vlido aun sin ella. Esto mismo acontece con el prdigo, pues el curador que la ley le da, es para frustrar los perniciosos efectos de su malversacin; y si l por s hace lo mismo que hara el curador, ya quedan acallados los temores de la ley, y sta debe suspender sus anatemas. Si, pues, el privar al prdigo de sus derechos ha sido, no para su dao, sino para su provecho, la equidad dicta, que los tribunales ratifiquen cuanto l haga, siempre que sea mejorando su condicin. Por otra parte, debe haber ms tolerancia con el testamento del prdigo, que con sus contratos; porque el dao que stos pueden ocasionar, recae inmediatamente sobre l: pero el testamento, por desatinado que sea, como no produce sus efectos sino despus de muerto el testador, qu perjuicio puede resultar a ste de la mala disposicin de sus bienes? Ni tampoco resultar a sus descendientes o ascendientes, porque a ellos les tiene la ley asegurada su legtima, aun contra la voluntad del prdigo. Tales son las razones que me han ocurrido al meditar sobre las cuestiones propuestas. Otra pluma ms diestra habr sabido presentarlas bajo de una luz ms clara; pero si an as se trasluce la verdad, habr sin duda logrado la nica recompensa a que aspiro. Habana y febrero 15 de 1819.LOS MATRIMONIOS POR PODER SON VERDADEROS MATRIMONIOS?Siendo yo estudiante de derecho, ocurri en La Habana un caso que llam la atencin pblica. Un oficial de la marina espaola cas desde Espaa por poder con una seora de aquella ciudad, cuyos nombres recordarn todava muchos de sus habitantes. Al cabo de algn tiempo, y antes de haberse reunido, acudieron de mutuo acuerdo ante la autoridad competente para deshacer el matrimonio. Mi catedrtico, que era

PAGE 128

OBRAS 124\ 124\ 124\ 124\ 124\ fiscal de la Curia eclesistica, diome entonces este tema: Los matrimonios por poder son verdaderos matrimonios ? Yo escrib, resolviendo la cuestin negativamente; y mi indito discurso es el que ahora doy a la prensa ligeramente retocado. No es posible, ni importa al objeto que me propongo, descubrir el origen de los matrimonios por poder que suelen celebrarse en los pases espaoles. Acaso se derivan de la legislacin de Roma, que en tiempos remotos rigi en Espaa, y cuya influencia an se siente en nuestros das. Los cdigos de aquella gran nacin permitieron, que los ausentes pudieran contraer matrimonio, ya por carta, ya por mensajero; y demustranlo evidentemente las leyes 5 y 6, tt. 2, lib. 23 del Digesto Que esto se hubiese permitido, nada de extrao tiene: porque en Roma el matrimonio nunca sali de la esfera de un contrato civil, al que daba toda su fuerza el simple consentimiento de los contrayentes;4 y as como los dems contratos pudieron celebrarse por poder, del mismo modo tambin el matrimonio. Es verdad, que en las nupcias por confarrearin que eran las ms solemnes de todas5 intervena el Flamen Dial;6 mas, esto fue, no tanto para imprimirles un carcter sagrado, cuanto para que la mujer pudiese participar de los Dioses Lares y Penates del marido. La honda huella que la legislacin romana dej en la espaola, an no se ha borrado de nuestros cdigos; y sin resolverlos todos, basta tender la vista sobre el de las Siete Partidas para descubrir, que la Cuarta tt. 2, ley 5, permiti, que los matrimonios se celebrasen en Espaa por poder. Mas, basta esto para concluir, que tienen la misma fuerza que los que se contraen entre presentes? 4 No el concbito, sino el consentimiento, constituye las nupcias (“ Nuptias, non concubitus, sed consensus facit ”, dice la ley 30, tt. 17, lib. 50 del Digesto ). Vase tambin la ley 15, tt. 1, lib. 35 del mismo Cdigo. 5Los romanos celebraron sus matrimonios legtimos de tres modos, a saber: por uso por confarreacin y por compra venta ( Usus confarreatio coemptio — Gaii Inst 1, § 109 a 113.) Por uso fue, cuando una mujer con consentimiento de sus padres o tutores viva un ao entero con un hombre, para casarse con l, sin ausentarse tres noches de su casa. De este modo llegaba a ser su mujer legtima o propiedad adquirida por prescripcin. Por confarreacin fue, cuando el hombre y la mujer eran casados por el Flamen Dial en presencia de diez testigos a lo menos, profiriendo cierta frmula de palabras, y probando una torta o pan hecho de sal, agua y harina, llamado far o pan farreo La compra venta se haca, dndose mutuamente el hombre y la mujer una moneda pequea, y mediando ciertas preguntas y respuestas entre los dos. 6Numa instituy tres grandes sacerdotes, el Flamen-Dial para Jpiter, el Flamen-Marcial para Marte, y el Flamen Quirinal para Quirino o Rmulo. Establecironse despus otros 12; mas, para no confundirlos con los tres primeros diose a stos el nombre de Flamines mayores y a los 12 el de Flamines menores Aqullos se sacaban de la nobleza; y stos, de la plebe.

PAGE 129

JOS ANTONIO SACO /125 /125 /125 /125 /125 Ante todas cosas debe advertirse, que en Espaa, y en todas sus posesiones ultramarinas siempre se ha decidido, no por las leyes civiles, sino por las eclesisticas, todo lo concerniente a la validez de los matrimonios y al modo de celebrarlos; de suerte que cuando se trata de dar fuerza al matrimonio, cualquiera ley civil que est en contradiccin con las eclesisticas, es como si no existiese. Obsrvese tambin, que en los pases donde rige la legislacin cannica, el matrimonio no se considera como contrato civil, sino como sacramento; y as lo han enseado siempre los Santos Padres, los Concilios, y la tradicin universal. El doble carcter del matrimonio contrato y de matrimonio sacramento que tiene en algunas naciones, no lo admite la Iglesia catlica. Ella los confunde e identifica de tal manera, que o el matrimonio es sacramento, o no es matrimonio “Si alguno dijere, son palabras del Canon primero sancionado en la sesin 24 del Concilio de Trento si alguno dijere, que el matrimonio no es verdadera y propiamente uno de los siete sacramentos de la ley evanglica, instituido por nuestro seor Jesucristo, sino que ha sido inventado por los hombres en la Iglesia, y que no confiere gracia, sea excomulgado”.7Si, pues, el matrimonio tiene necesariamente que ser sacramento, y gran sacramento segn la expresin de San Pablo,8 resta saber para la resolucin del caso, si una persona puede recibir por otra los sacramentos. El Canon que acabo de citar, declara, que siendo el matrimonio uno de los siete sacramentos, confiere gracia; mas, para que los cnyuges puedan recibirla, es menester que se purifiquen antes de casarse. Por eso, el Concilio de la provincia de Sens celebrado en Pars en 1528, mand que ellos se preparasen con la penitencia y el ayuno; y el Concilio de Trento los exhorta a que se confiesen y comulguen. Pero qu preparacin digna de tal sacramento podr hacer un hombre, que estando en Madrid, por ejemplo, se casa en La Habana por apoderado? Cmo podr recibir la gracia de un sacramento una persona que ni asiste a l, ni sabe cuando se hace, y que tal vez al tiempo mismo de celebrarse, puede estar cometiendo impurezas y pecados contrarios a la naturaleza y santidad del matrimonio? Si, pues, los ausentes no pueden recibir la gracia que producen los sacramentos, es inconcuso, que ya de aqu nace un obstculo poderoso para la celebracin de los matrimonios por poder. Telogos y canonistas de gran celebridad como nuestro Melchor Cano, Van Espen, Cayetano y otros, niegan que el matrimonio por poder sea sacramento, y negado esto, niegan tambin que sea matrimonio 7“ Si quis dierit, Matrimonium non esse ver et propri unum ex septem legis Evangelicae Sacramentis a Christo Domino Institutum, sed ab hominibus in Ecclesia inventum; neque gratiam conferre; anathema sit ”. —Esto declara tambin el mismo Concilio en el canon 1 de la sesin 7. 8San Pablo, Epist. ad Ephes, cap. 5, vers. 32, Sacramentus hoc magnum est

PAGE 130

OBRAS 126\ 126\ 126\ 126\ 126\ vlido. Van Espen no slo lo declara sin fuerza, sino que aconseja la abstencin de celebrarlo: y con razn, porque es absurdo pensar que los sacramentos se confieren por poder. Por ventura, el bautismo y la confirmacin se reciben por medio de esa persona? Acaso nos confesamos, comulgamos y oleamos por poder? Y cuando se confiere el orden sacerdotal, se hace alguna vez por medio de apoderado? Jams se ha visto ninguna de estas cosas; es porque todas ellas son sacramentos: luego sindolo tambin el matrimonio, evidentsimo, es que tampoco se puede contraer vlidamente por poder. Y que as es, la Iglesia catlica lo reconoce, pues ella exige, y la prctica sanciona, que cuando los cnyuges se renan, los matrimonios por poder se reiteren y ratifiquen ante el prroco y testigos, como si nunca se hubieran celebrado. Ahora bien: si los tales matrimonios son sacramentos, es decir, reales y verdaderos matrimonios, por qu se hacen de nuevo, cuando los cnyuges se hallan presentes? Acaso un bautismo, o una confirmacin bien hechos, se repiten por segunda vez para que sean vlidos ante la Iglesia? Aun saliendo de la esfera de los sacramentos, y entrando en la de los negocios puramente civiles, por qu un testamento, por qu un contrato cualquiera cuando estn legtimamente hechos, por qu no se repiten ni ratifican para que tengan fuerza ante la ley? Y si esto no acontece en el orden civil ni espiritual, por qu siempre se exige la repeticin en los matrimonios por poder? Se exige, porque no son sacramentos; y no sindolos, ya no son matrimonios. Ellos en rigor no son ms que una promesa solemne de contraer matrimonio, cuando el hombre y la mujer que prometen se hallaren presentes; pero promesa vana si alguno de los dos o los dos se arrepintieren. Maritalmente no pueden vivir, porque no hay verdadero matrimonio. Obligrseles a reiterarlo, esto es, a contraerlo, tampoco se puede, porque faltando el consentimiento, que es la base del matrimonio, sera nulo cuando se hiciese. De la invalidez de los matrimonios por poder, la historia nos ofrece un ejemplo notable. Maximiliano I, archiduque de Austria, rey de romanos e hijo de Federico IV, el Pacfico cas por poder con Ana de Bretaa, hija y heredera del rey Francisco II y de Margarita de Foix. Maximiliano no revoc el poder:9 celebrndose el matrimonio catlicamente y concluida la ceremonia, la princesa casada se acost en 9Cuando el poder se revoca antes de haberse contrado el matrimonio, es nulo todo lo hecho, aunque el apoderado y la novia ignoren la revocacin, pues falta el consentimiento que es la base del matrimonio, como lo dice la siguiente ley cannica: “ Sane si procurator antequam contraxerit, domino fuerit revocatus, contractum postmodum matrimonium ab eodem (licet tam ipse, quan ea, cum qua contraxerit, revocationem huismodi penitus ignorarent, nullius momenti existit, cum illius consensus defecerit, sine quo firmitatem habere nequivit )”. ( Sexti Decret lib. 1, tt. 19, cap. 9, De Procuratoribus .)

PAGE 131

JOS ANTONIO SACO /127 /127 /127 /127 /127 la cama, segn la costumbre que entonces rega, y el apoderado, en presencia de toda la corte, meti una pierna sin quitarse la bota, bajo las sbanas de la princesa. Pero antes de haberse reunido los cnyuges. Ana se cas en 1491 con Carlos VIII, rey de Francia, y a pesar de todas las gestiones de Maximiliano para romper este segundo vnculo, tvose siempre por valedero y legtimo. Antes de levantar la pluma, quiero desvanecer una duda ligera que puede suscitarse. Dirase, que si los matrimonios por poder no son sacramentos, y que por lo mismo no tienen fuerza, ¡por qu la Iglesia los celebra? Y, pues, los celebra sin reparo alguno, concluirse debe, que son tan vlidos como los matrimonios que se contraen entre presentes. Falsa consecuencia. Aunque la Iglesia prefiere el celibato al matrimonio, por juzgarlo un estado ms perfecto, no por eso pone obstculos a los que desean contraerlo, pues lo considera como uno de los fundamentos ms slidos del orden y la moral pblica. Llevada de estas ideas, ella abre sus puertas aun a los ausentes, no porque crea que stos contraen un matrimonio sacramental sino para que al menos reciban, si puedo expresarme as, una apariencia una iniciacin matrimonial Esta sombra de matrimonio la Iglesia no la rehsa, porque algunos se acogen a ella, ya por un deber de conciencia, ya por los estmulos del honor, ya, en fin, por otros motivos que aquella piadosa madre siempre sabe respetar.FIANZA DEL TUTOR TESTAMENTARIOLas leyes romanas y las de Partida mandaron, que los tutores legtimos y dativos diesen fianza para administrar la tutela; mas, eximieron de esta obligacin a los tutores nombrados en testamento, porque juzgaron, que el padre escogera persona de probidad y diligencia.10 Sobre este asunto hice yo las observaciones siguientes, cuando traduje del latn al castellano los Elementos de derecho romano escrito por J. Heinneccio. Yo creo que sera ms acertado mandar que tambin afianzasen los tutores testamentarios antes de recibir la tutela. El cario paternal, si bien es el mejor garante respecto de aquellos actos que dependen inmediatamente del padre, o que l mismo ejecuta en favor del hijo, no lo es respecto de aquellos que aunque emanen de l, se encomiendan para su ejecucin a las manos de un tercero, y cabalmente en una poca en que ya el padre no puede vigilar las operaciones de este tercero. Verdad es, 10 Instituta de Justiniano, lib. 1, tt. 24, principio. — Gaii Instit Comentar I, § 199 y 200. — Digesto lib. 26, tt. 2, ley 17. — Cdigo lib. 5, tt. 42, ley 3 y 4.

PAGE 132

OBRAS 128\ 128\ 128\ 128\ 128\ que el padre se empear en nombrar de tutor a la persona que juzgue ms interesada en el bien de sus hijos; pero esto se consigue con deseos y sanas intenciones? No sucede diariamente que los hombres se equivocan en el concepto que forman de otros, y que cuando vuelven en s, encuentran vendidos o abandonados por aquellos mismos a quienes consideraban como sus mejores amigos? No est el padre expuesto a correr la misma suerte, y tanto ms, cuanto mayores sean sus riquezas? Pero considrese enhorabuena exento de estos engaos y que su eleccin recaiga en una persona digna de su confianza, quin es el hombre que puede responder de la conducta futura del tutor? Si se reflexiona, que ste se halla despus de la muerte del padre en posesin de unos bienes que pertenecen a un nio dbil y desgraciado, y que los administra sin haber dado ms garanta que la confianza depositada en l; si se reflexiona que quizs puede ser un hombre sin responsabilidad pecunaria, o que aunque la tenga, sus intereses estn expuestos a mayores o menores prdidas; si se reflexiona, que puede contraer nuevas relaciones domsticas o aumentar las ya contradas, que la voz de la amistad empieza a debilitarse, porque ya no sale sino del fondo de un sepulcro, y que slo se oyen las del inters y utilidad personales; si se reflexiona, en fin, en las extraas revoluciones que causas fsicas, polticas y morales producen continuamente en el corazn humano, quin, repito, quin es el hombre que puede responder de la conducta futura del tutor? Hable por m la experiencia; pocos y muy pocos son los que saben resistir al poderoso influjo de circunstancias tan seductoras, y mantenerse firmes en la lnea de su deber. Las mismas leyes ofrecen la prueba ms convincente de la exactitud de estas ideas. Ellas conceden a los pupilos el beneficio de restitucin sin atender a la clase de tutor que administra la tutela; y cul es el fundamento de este beneficio? No es otro, sino la racional sospecha de que como el tutor maneja intereses ajenos, no pondr en los negocios del pupilo todo el cuidado y la vigilancia necesarios. Las leyes, pues, no depositan una ciega confianza en al tutor testamentario; y as, para remover la especie de contradiccin en que incurren en cierta manera, es preciso que obliguen a todos los tutores a que presten fianzas suficientes antes de recibir la tutela. Por mi parte, yo solamente eximira de esta obligacin a la madre o a otras personas que estn identificadas con los intereses y felicidad del pupilo. Es tambin de observarse, que en Espaa hay menos motivos que en Roma para eximir la fianza al tutor testamentario. La legislacin romana dio a la tutela un carcter que no tiene entre nosotros, pues la consider como un cargo pblico,11 que deba desempearse gratuita11 Instituta de Justiniano, lib. 1, tt. 25, principio.— Digesto lib. 1, tt. 6, 1. 9.

PAGE 133

JOS ANTONIO SACO /129 /129 /129 /129 /129 mente. De aqu result, que el tutor, y sobre todo, el tutor honrado, lejos de sacar provecho de la tutela, reciba un gravamen, no slo por los cuidados que dispensaba al pupilo, sino por la responsabilidad de los bienes que administraba. Mas, en Espaa, la tutela no es cargo pblico; y desde que las leyes del Fuero Juzgo y del Fuero Real sealaron al tutor la dcima parte del producto de los bienes del pupilo, ella, a pesar de las leyes de Partida, ya no es gravosa a aqul o al menos en tanto grado como en Roma.ATRIBUCIONES DEL CURADORAxioma jurdico es, que el tutor se da para la persona y los bienes del pupilo; mas, el curador, no para aqulla, sino para stos. Acordes estn en este punto las leyes romanas y las de Partida ,12 pero empezando la pubertad en el varn desde los 14 aos cumplidos, y en la hembra desde los 12, es acertado lo que ordenan las leyes de Espaa y Roma? He aqu lo que escrib, cuando hice la traduccin de Heinneccio ya citada. ¡Qu axioma tan contrario a los verdaderos intereses del menor y de la sociedad! El objeto primario de la curatela debe ser la persona del menor, pues la pubertad es el perodo ms peligroso de la vida del hombre. sta es la edad en que se asientan las bases de la conducta futura, en que las pasiones tienen un acceso ms fcil en el corazn humano, en que se entra en un nuevo mundo, a saber, en el mundo moral, y en que, por lo mismo, se necesita de una mano diestra que pueda conducir al hombre por la senda del honor y la virtud. Muchas veces, el menor queda abandonado porque carece de madre o de otro pariente inmediato, cuya voz est acostumbrado a or y respetar. En semejantes casos, quin negar que hay de extender las facultades del curador, armndole de la fuerza necesaria para dirigir las acciones del menor? Esta medida sera muy saludable, si se limitara la menor edad al trmino de 21 aos, porque ya desde entonces las facultades del curador, lejos de producir un bien, seran el manantial fecundo de disgustos y desavenencias entre l y el menor. Roma tuvo eminentes jurisconsultos; pero ellos se equivocaron, confundiendo el orden fsico con el moral. Por ms desarrollado que estuviese el cuerpo humano en aquel clima a los 12 y 14 aos, los progresos de la razn no pudieron correr a esa edad con la misma rapidez. Y la equivocacin es tanto ms notable, cuanto que habiendo acelerado por una parte la capacidad intelectual del menor para que pudiese dirigir su 12 Digesto lib. 26, tit. 7, lib. 12, § 3, y lib. 23, tt. 2, 1. 20. — Instituta de Justiniano, lib. 1, tt. 23, § 2. Partida 6, tt. 16, 1.1 y 13

PAGE 134

OBRAS 130\ 130\ 130\ 130\ 130\ persona, la retardaron demasiado para que administrase sus bienes, pues que de esta facultad le privaron hasta la edad de 25 aos. Ni par aqu la inconsecuencia. Dividieron los romanos en cinco perodos la duracin de la vida humana, a saber, puericia adolescencia juventud madurez y vejez La puericia terminaba a los 17 aos, y los muchachos generalmente no se despojaban hasta entonces de la toga pretexta para tomar la toga viril como smbolo de cordura. Es cierto que a veces la reciban a los 16 aos, pero otras no se les daba sino a los 20. Si, pues, la puericia duraba hasta los 17 aos; y si los menores ordinariamente no vestan hasta entonces la toga de los hombres, por qu se les consider tales desde la temprana edad desde los 14, dejndolos sin una gua que los dirigiese en el laberinto del mundo?AS COMO EN ROMA NADIE PUDO MORIR PARTE TESTADO Y PARTE INTESTADO, TAMPOCO EN ESPAALa opinin generalmente seguida, es que segn las leyes espaolas uno puede morir parte testado y parte intestado Yo pienso de un modo enteramente contrario; y como la cuestin es de grave importancia por las consecuencias que envuelve, quiero exponer, aunque brevemente, el fundamento de mis ideas. Segn las leyes romanas, ningn testamento vala sin que en l se hiciese institucin de heredero;13 ni institucin de heredero poda hacerse sino en testamento.14 Ambas disposiciones fueron adoptadas por el cdigo de las Partidas Mandose tambin, que cuando un heredero era instituido, sin coheredero, en una parte de los bienes, aqul lo heredase todo.15 Esto se llam derecho de acrecer ; derecho establecido, porque en Roma nadie poda morir parte testado y parte intestado.16 Lo mismo orden en Espaa la ley 14, tt. 3 de la sexta Partida Pero se dice, que esta ley fue derogada por la 1, tt. 18, lib. 10 de la Novsima Recopilacin Examinemos si esto es as. Morir testado segn las leyes romanas y de Partida es morir como heredero que sucede en los bienes en virtud de la institucin hecha en testamento. Morir intestado, es morir sin heredero testamentario, entrando en la herencia tan slo los herederos legtimos abintestato Por consiguiente, morir parte testado y parte intestado, es morir sucediendo a un tiempo en los bienes del difunto, heredero testamentario y 13 Instituta de Justiniano, lib. 2, tt. 25, § 34.— Digesto, lib. 28, tt. 5, 1. 1, 3. 14 Instit ., lib. 2, tit. 25, § 2, y Cod Justiniano, lib. 6, tt. 35, ley 2. 15 Instituta de Justiniano, lib. 2, tit. 14, § 5. 16Instit., ibd., y Digesto lib. 50, tit. 17, ley 7.

PAGE 135

JOS ANTONIO SACO /131 /131 /131 /131 /131 herederos abintestato Veamos, pues, lo que dice la tan decantada ley 1 de la Recopilacin Despus de establecer las solemnidades del testamento, ordena que ste valga en cuanto a las mandas y otras cosas contenidas en l, aunque el testador no haya nombrado heredero ; o si lo hubiere nombrado, ste no quisiere aceptar la herencia en cuyos casos suceder en los bienes aquel que segn derecho y costumbre de la tierra heredara si el testador no hiciera testamento Esta ley, pues, lo nico que manda contra el prlogo del tt. 3 de la Partida 6, es, que la institucin de heredero o la aceptacin de ste no sea necesaria para la existencia del testamento; y que los legados y dems cosas contenidas en l se sostenga, pasando la herencia a los herederos abintestato. Pero yo pregunto, en qu parte dispone esta ley que los herederos abintestato sucedan junto con el heredero instituido en el testamento? En ninguna, pues ella solamente llama a los herederos abintestato en defecto de heredero testamentario, ya porque no haya sido instituido, ya porque no quiera aceptar la herencia. Ahora bien; si morir parte testado y parte intestado, es morir sucediendo en los bienes del difunto el heredero instituido, junto con los abintestato, y en el caso presente solamente suceden stos con exclusin de aqul, cmo puede decirse que la ley recopilada permite morir parte testado y parte intestado? No se responda que dicha ley permite morir de este modo, porque los legados subsisten al mismo tiempo que los parientes suceden en el resto de los bienes. Semejante doctrina destruira el mrito de la innovacin que se supone a la ley recopilada. Jams pueden confundirse los legatarios con los herederos, ni menos suponerse que morir con legados es morir testado. Si as fuera, las leyes de otras especies de ltima voluntad en que sostenindose todo lo dispuesto en ellas, la herencia pasa a los herederos abintestato. Lo mismo dispone la ley 14, tt. 3, Partida 6, la cual dice expresamente, que si alguno fuere establecido heredero de alguna parte de los bienes del testador, y ste no deja otro heredero, aqul lo heredar todo; pero si se han dejado algunas mandas, stas se deben cumplir. Esta cuestin es importante, repito, no por lo que es en s, sino porque envuelve el derecho de acrecer derecho que puede dar origen a pleitos de la mayor consideracin. Por lo dems, no se crea que yo defiendo las sutilezas del derecho romano: condnolas como ridculas e impertinentes; pero debo advertir, que aqu no se trata de legislar sino de razonar segn las leyes establecidas.

PAGE 136

RECUERDO DE UNA POLMIC RECUERDO DE UNA POLMIC RECUERDO DE UNA POLMIC RECUERDO DE UNA POLMIC RECUERDO DE UNA POLMIC A A A A A ste es el lugar oportuno de hacer mencin de una polmica que sostuve en La Habana en 1822 y en la que se mezclaron varios puntos jurdicos. Public el Ayuntamiento de aqulla ciudad un reglamento sobre celadores de calles; impugnolo por pasiones de partido un hombre que no haba nacido en Cuba; yo sal a defenderlo; pero mi adversario dio a la cuestin un giro poltico de perniciosa trascendencia. l era ya hombre muy entrado en aos, y yo todava muy muchacho; mas, a pesar de la diferencia de edad, y de que muchos me daban ya la fama de revolucionario, yo di entonces pruebas de ser amigo del orden, y mi antagonista del desorden. Cort, pues, la polmica con las cuatro palabras que ahora reimprimo; y si omito el nombre de mi adversario, es por juzgarlo ya intil. Yo no s, si l vive o muere. Pero si est vivo, a qu sacarle de la oscuridad en que yace? Y si muerto, a qu revolver sus cenizas?AL PBLICO“D. Fulano de tal, bajo el nombre de Un vecino de esta ciudad ha sido el autor de varios artculos sobre Celadores publicados en el Noticioso ; y yo los he impugnado en la Gaceta de La Habana suscribindome el Amigo del orden Ya el pblico ha visto cuan diverso giro ha tomado la cuestin que nos ocupaba. Mi imprudente adversario ha salvado las barreras que el hombre reflexivo sabe respetar. Yo tiendo un velo sobre lo pasado, y mi pluma no trazar ni un solo rasgo sobre asunto tan desagradable. ¡Plegue al cielo que mis manos consagradas a la utilidad de la patria, jams desempeen el funesto ministerio de encender la tea fatal de la discordia! Habana 13 de septiembre de 1822.—JOS ANTONIOSACO”.

PAGE 137

EST EST EST EST EST ADO ADO ADO ADO ADO DE LAS CIENCIAS FSIC DE LAS CIENCIAS FSIC DE LAS CIENCIAS FSIC DE LAS CIENCIAS FSIC DE LAS CIENCIAS FSIC AS EN LA HABANA AS EN LA HABANA AS EN LA HABANA AS EN LA HABANA AS EN LA HABANA EN LOS AOS DE 1823 Y 1824 EN LOS AOS DE 1823 Y 1824 EN LOS AOS DE 1823 Y 1824 EN LOS AOS DE 1823 Y 1824 EN LOS AOS DE 1823 Y 1824Si ahora reimprimo los tres papeles que abajo aparecen, es porque los considero como muestras que dirn a la posteridad cubana, cul fue el estado de la enseanza de las ciencias fsicas en La Habana en 1823 y 1824. Es verdad, que all no haba sabios como en otros pases; pero tambin lo es, que la doctrina que entonces se enseaba en el Colegio de San Carlos, era la misma que en las naciones ms adelantadas de Europa. Y no se crea, que tan brillante progreso empezase en la poca mencionada, ni que tampoco a m se debiese. Dbese, s, a la gran revolucin literaria que desde 1812 hizo el venerable sacerdote, el esclarecido cubano don Flix Varela, de quien tuve yo primero el honor de ser discpulo, y despus el de sucederle en la ctedra. Experimentos que pblicamente han de hacer, y proposiciones que han de explicar 33 alumnos del Colegio de San Carlos de La Habana, en los das 9, 10, 11 y 12 de julio de 1823, bajo la direccin de don Jos Antonio Saco.“Los descubrimientos modernos sobre las propiedades de los gases no permiten ya a la Fsica aislarse de la Qumica; y as, en estas materias, el verdadero fsico es aquel que habla el lenguaje del qumico”. Hay. — Tratado elemental de Fsica .GASESFijar el sentido de la palabra gas. Explicar las botellas tubuladas, retortas, probetas, gasmetro, y otros aparatos necesarios para extraer los gases, ya en el agua, ya en el mercurio.

PAGE 138

OBRAS 134\ 134\ 134\ 134\ 134\ OxgenoExponer los distintos modos de obtenerlos. Este gas no tiene olor, color, ni sabor; es ms pesado que el aire, y apenas se disuelve en el agua, aunque se agite con ella. Es el gas ms a propsito para la combustin: 1 Introduciendo en l una vela apagada, pero con el pabilo encendido, se inflama prontamente. 2 Un carbn encendido por algunos puntos arde con mucha actividad. 3 El azufre se quema con mucha viveza. 4 El fsforo calentado se consume con una luz brillantsima. 5 Un hilo de hierro torcido en espiral con un pedacito de yesca puesto en l, arde con mucha fuerza y prontitud. 6 Los cocuyos brillan en l con ms claridad que en el aire. 7 Los vapores acuosos alimentan la combustin por medio del oxgeno que contienen. Aunque los experimentos indicados demuestran la propiedad que tiene el oxgeno de inflamar los cuerpos, probaremos que el fsforo, a pesar de su gran afinidad con este gas, no se inflama en l a temperatura ordinaria. Si en las circunstancias del experimento anterior se calienta la campana llena de oxgeno, o se introduce en ella un poco de hidrgeno, entonces se inflama el fsforo. Explicaremos el soplete, y probaremos que, cuando la llama se alimenta con el gas oxgeno, se derriten cuerpos que resisten a la del aire atmosfrico. El oxgeno no es el nico agente de la combustin, ni el nico principio engendrador de los cidos, como crey Lavoisier. Los animales introducidos en una campana llena de este gas, viven ms tiempo que otros de igual vigor en una campana semejante de aire atmosfrico. De aqu se infiere, que el gas oxgeno es el principio de la vida; pero guardmonos de pensar que en ella se prolongara, si los animales solamente lo respirasen en su estado de pureza. Se crey que este gas era favorable a los que padecen la tisis pulmonar ; pero una triste experiencia ha hecho ver cuan funesta es su aplicacin. Sin embargo, nosotros indicaremos el benigno influjo que tiene en ciertas enfermedades. HidrgenoManifestaremos los modos de extraerlo y purificarlo. Este gas en su estado de pureza no tiene color, olor, ni sabor, y es muy poco soluble en el agua, a no ser que se comprima fuertemente en ella. Apaga los cuerpos encendidos, y el fsforo no se inflama en l, a pesar de su combustibilidad.

PAGE 139

JOS ANTONIO SACO /135 /135 /135 /135 /135 Es muy ligero, y por eso sirve para llenar los globos aerostticos, los cuales nunca se deben confundir con los llamados Montgolfieres. Probar que este gas se inflama en el aire: 1 Por medio de un tubo lleno de l que se pondr unas veces con la boca hacia arriba y otras hacia abajo, para notar la diferencia con que se queman en los dos casos. 2 Con el experimento llamado lmpara filosfica de Poliniere. Este gas no se inflama al travs de un enrejado de alambres finos que cubra la boca del aparato que lo contiene. Aunque la llama del hidrgeno es poco brillante, produce mucho calrico, y mucho ms todava, si se mezcla con el oxgeno. De aqu el origen del soplete compuesto y su aplicacin para derretir los slidos que resisten a la llama del aire, y a la del oxgeno. Su llama produce diversos colores, segn su pureza o mezcla con otros gases. Mezclado con aire o con oxgeno en cierta proporcin, detona fuertemente, si se le aplica un cuerpo encendido o una chispa elctrica. Si al travs de una disolucin espesa de jabn se hace pasar una mezcla de oxgeno y de hidrgeno, se elevan muchos globitos de la superficie del lquido, los cuales detonan al contacto de una luz. El oxgeno y el hidrgeno mezclados, ni se inflaman ni detonan, cuando el calrico no se difunde en ellos repentinamente. Tampoco hay detonacin, introduciendo en una campana llena de oxgeno bien seco, un chorro de gas hidrgeno encendido; pero en este caso se forma agua. Tambin la formaremos, haciendo pasar una chispa elctrica o una corriente galvnica por una mezcla de ambos gases. Un chorro de gas hidrgeno inflamado e introducido en un tubo, produce varios sonidos. ste es el experimento que se llama armnica qumica Este gas es impropio para la respiracin; mas, no por eso se le debe atribuir una propiedad venenosa. En confirmacin de esta verdad, nosotros le inspiraremos en su estado de pureza, procurando encenderlo al tiempo de arrojarlo por la boca. zoeEste gas es inspido, sin color ni olor, casi insoluble en el agua, apaga los cuerpos encendidos y pesa menos que el aire. Aunque su accin no es venenosa, mata, sin embargo, a los animales que lo respiran; bien que las ranas y algunos insectos viven en l por algn tiempo. A pesar de su accin mortfera se aplica mezclado con aire para curar las enfermedades que provienen de mucha actividad en la respiracin y en la circulacin de la sangre.

PAGE 140

OBRAS 136\ 136\ 136\ 136\ 136\ Algunos piensan que este gas es muy favorable a la vegetacin; mas, nosotros opinamos lo contrario, exceptuando algunos casos. Expondremos los modos de extraerlo. AireExplicar la naturaleza y la razn en que estn los principios constitutivos del aire. Dar una idea de la mquina neumtica, manifestando las causas porque no se puede formar en ella un perfecto vaco. Tubo de Torricelli y experimentos de Pascal para probar el peso del aire. Esto se prueba adems: 1 Con un globo de cristal hueco, puesto en una balanza. 2 Con la taza de filtro. 3 Rompiendo una vejiga en la mquina neumtica. 4 Haciendo subir un chorro de agua en el vaco. Del mismo peso dependen los fenmenos del sifn y el ascenso del agua en las bombas aspirantes. Los efectos del barmetro provienen del peso del aire. Expondremos todas las circunstancias a que se debe atender para la construccin de este precioso instrumento. Igualmente manifestaremos su aplicacin para medir las alturas, las predicciones del buen o mal tiempo, y las variaciones que experimentan segn los lugares y las diferentes horas del da y de la noche. Explicar la mquina de compresin y los efectos que produce. La fuente de Hern opera en virtud de la presin del aire. Los hemisferios de Magdeburgo prueban que este fluido oprime en todas direcciones. Lo mismo se demuestra con un tubo lleno de agua o de otro lquido. La presin del aire influye en la formacin de los lquidos. El agua hierve en el vaco o en la cumbre de una montaa, a menor grado de calrico que en la atmsfera o a nivel de los mares. El aire est mezclado con el agua en cierta cantidad, y contribuye a darle un sabor gustoso. Extrado el aire de los lquidos, stos dan en su cada un golpe fuerte semejante a un slido. El martillo de agua comprueba esta verdad. El volumen del aire est en razn inversa del peso que le oprime: tal es la ley de Mariotte, que tambin se extiende a los dems gases; pero ella se altera, cuando la presin es muy grande.1 1Los experimentos de Dulong y Arago hechos en Pars en 1830 confirmaron la exactitud de esta ley hasta el peso de 27 atmsferas; pero Despretz, catedrtico actual de fsica en la Sorbona, demostr, que la ley de Mariotte no es rigurosa cuando los gases sufren una presin que se acerca a la que los transforma en lquidos. Regnault prob tambin, que esta ley no es igualmente aplicable a todos los gases, pues el hidrgeno se comprime un poco menos que la regla que ella establece; el zoe y el aire un poco ms; y el cido carbnico ni aun se aproxima a ella, desde que la presin es algo considerable.

PAGE 141

JOS ANTONIO SACO /137 /137 /137 /137 /137 El aire es impenetrable, y de esta propiedad depende la ingeniosa invencin de la campana del buzo La dilatacin del aire produce los efectos que se observan en las fuentes neumticas, ya de agua, ya de mercurio. De ella depende tambin la teora de los pulmones, el aumento de volumen en las frutas arrugadas, y los efectos de un huevo cuando se pone en el vaco. Esta fuerza de dilatacin suspende un peso considerable. Teora del ascenso y descenso de los ahogados en el agua. La accin de las ventosas aplicadas al cuerpo humano confirman as el peso como la dilatacin del aire. ste opone resistencia al descenso de los cuerpos, y por eso todos bajan en el vaco en tiempos iguales. El molino neumtico prueba la resistencia que opone el aire a los cuerpos que se mueven en l. Tambin se probar, que un cuerpo pierde en el vaco el equilibrio que tena en la atmsfera. La combustin casi nunca se verifica en el vaco. En ste no se trasmite el sonido. Se har ver la influencia del aire en la conservacin de los animales. El oxgeno y el zoe son los elementos constitutivos del aire. CloroModo de extraer el cloro. Este gas conocido tambin bajo el nombre errneo de cido muritico oxigenado es simple, amarillo-verdoso, de olor fuerte y desagradable, ms pesado que el aire, y muy soluble en el agua, la cual adquiere muchas propiedades de este gas. Apaga las velas encendidas que se introducen en l, pero antes hace tomar a la llama varios colores. Se prueba que la combustin se verifica en este gas: 1 Por la inflamacin del fsforo. 2 Por la del azufre. 3 Por la del sulfuro de hierro, del arsnico y del antimonio pulverizados. El papel y los lienzos de varios colores, introducidos en este gas se ponen blancos. Las flores pierden en l su color, y aparecen blancas con la mayor prontitud. De aqu naci su aplicacin a las artes para blanquear las telas de algodn e hilo. Este gas mezclado con el hidrgeno detona por medio de un cuerpo encendido o de la accin de los rayos solares. Entre todos los medios adoptados para desinfectar la atmsfera, ninguno es tan recomendable como las fumigaciones de este gas. Por tanto, manifestaremos el modo de hacerlas.

PAGE 142

OBRAS 138\ 138\ 138\ 138\ 138\ Inspirado este gas priva de la vida a los animales; pero disuelto en el agua, es til en los anfiteatros anatmicos. Protxido de zoeExponer los medios de preparar este gas. Es compuesto, no tiene olor, ni color, su sabor es algo dulce, ms pesado que el aire, y poco soluble en el agua; pero si sta se ha hervido, sucede lo contrario. Es muy a propsito para la combustin, lo que se prueba: 1 Introduciendo en l una vela apagada, cuyo pabilo tenga algunos puntos de ignicin. 2 Un carbn encendido. 3 El azufre. 4 El fsforo. 5 La yesca y un hilo de hierro torcido en espiral. Detona, mezclado con gas hidrgeno. Respiraremos este gas, para manifestar los singulares fenmenos que produce. Gas nitrosoExponer los principios de que se compone, y el modo de extraerlo. Este gas es inspido, sin color ni olor, y poco soluble en el agua. Es ms pesado que el aire, y apaga los cuerpos encendidos que se introducen en l, excepto el fsforo y el carbn. Mezclado con el aire forma vapores rojos muy hermosos. Estos vapores son un verdadero cido, como se prueba enrojeciendo el papel de tornasol. Sirve para reconocer la pureza del aire. Mata los animales que le respiran; pero las ranas y los insectos viven en l por algn tiempo. Entre las propiedades que caracterizan a este gas, ninguna es tan notable como la de impedir y aun retrogradar la putrefaccin de los cuerpos animales. cido carbnicoEste gas no tiene color, es de olor picante, de sabor un poco agrio y soluble en el agua. Apaga los cuerpos encendidos, y es ms pesado que el aire. Mata los animales que le respiran; pero este efecto se retarda en las ranas y en los insectos. Hablaremos de la curiosa gruta llamada del perro que se halla en las inmediaciones de Npoles.

PAGE 143

JOS ANTONIO SACO /139 /139 /139 /139 /139 Explicaremos la influencia de los vegetales en la descomposicin del gas cido carbnico de la atmsfera, y en la absorcin y exhalacin de sus principios. Es antiptrido de los cuerpos animales. La experiencia ha comprobado la feliz aplicacin de este gas en algunas enfermedades. Manifestaremos el influjo que tiene en la insalubridad de los teatros y dems parajes pblicos, que carecen de la ventilacin necesaria. El arte y la naturaleza proporciona este gas en abundancia. Por ltimo, nos ocuparemos en la preparacin de las aguas gaseosas artificiales. Gas hidrgeno protocarbonado y percarbonado2Expondremos el modo de extraer estos gases. El protocarbonado se produce naturalmente en las minas de carbn de tierra, y en el fondo de las aguas estancadas. De aqu viene tambin el nombre de gas pantanos que se le da. Ambos gases pesan menos que el aire, son casi insolubles en el agua, inspidos, sin color, y de olor desagradable cuando no estn puros. Apagan los cuerpos encendidos; pero ambos se queman al contacto del aire; el primero, con una luz azulosa; el segundo, con una llama brillante. De esta propiedad proviene de aplicacin de estos gases para el alumbrado de las ciudades. Tambin producen los efectos de la armnica qumica Mezclados con el oxgeno detonan violentamente por la accin del calrico. El mismo efecto producen mezclados con el cloro. No se inflaman al travs de un enrejado metlico muy fino. Este experimento es la base que sirvi a Davy para la formacin de su lmpara de seguridad tan til para preservar la vida de los mineros. La accin de estos gases es perniciosa a los animales que los respiran. Hidrgeno sulfuradoPreparacin de este gas. Explicar la naturaleza y proporcin en que estn los principios de este gas. Es muy ftido, bastante soluble en el agua, sin color, e impropio para la combustin, pues apaga los cuerpos encendidos. 2El percarbonato se llama hoy bicarbonato

PAGE 144

OBRAS 140\ 140\ 140\ 140\ 140\ Es ms pesado que el aire. Se quema tranquilamente con una llama azul al contacto del aire, y mezclado con l puede detonar. Este gas es el que le da a las aguas de S. Diego su virtud medicinal, y como son muy interesantes las haremos, ya aumentando, ya disminuyendo su accin.3Este gas y el agua saturada de l, producen los efectos de un cido dbil. Unas gotas de cido ntrico derramadas sobre este gas, al instante lo descomponen. Lo mismo se consigue, mezclndolo con el cloro. De la mucha afinidad que tienen estos dos gases, se ha derivado la feliz aplicacin del cloro para purificar las piezas infestadas por el gas hidrgeno sulfurado, y librar de la muerte a las personas expuestas a su pernicioso influjo. Su accin, en la economa animal, es de las ms funestas que se conocen, pues ya sea que se inspire puro, ya mezclado con gran cantidad de aire, mata prontamente. Los mismos resultados se obtienen, inyectndolo en las venas, o ponindolo en contacto con la piel de los animales. Gas hidrgeno fosforadoExplicar los diferentes modos de extraerlos. Este gas no tiene color, su olor es muy desagradable, pesa ms que el aire, y apenas se disuelve en el agua. Se inflama espontneamente al contacto del aire, formando anillos horizontales cuando la atmsfera est en reposo.4Si a la temperatura ordinaria se mezcla con el oxgeno, forma una nube blanca; pero si se hace la mezcla en un tubo ancho, la luz es ms viva. Un tubo de cristal lleno de este gas, e introducido en el agua por una de sus extremidades, produce el curioso fenmeno de arrojar llamas cada vez que se saca y se introduce en el lquido. Mezclado con el protxido de zoe, o con el gas nitroso, detona dbilmente, cuando se eleva su temperatura. 3En 1822 fueron analizadas estas aguas en el mismo San Diego por el habanero don Jos Estvez. Agotada la edicin de la Memoria que acerca de ellas public, yo la reimprim en el Mensajero Semanal del 3 de enero de 1828. 4La inflamacin espontnea del gas hidrgeno fosforado al contacto del aire, proviene de los vapores de un fsforo de hidrgeno lquido, ms cargado de fsforo que el mismo gas. As es, que cuando ste se halla libre de aqul, pierde la propiedad de inflamarse espontneamente.

PAGE 145

JOS ANTONIO SACO /141 /141 /141 /141 /141 La explosin es muy fuerte, si se mezcla con el oxgeno y con el gas nitroso. Una corta porcin de este gas que entre en un vaso donde haya otra de gas cloro, o al contrario, produce al instante una inflamacin muy viva. De este gas provienen las fuentes de agua encendida que el viajero observa en algunos lugares. Tambin es probable que a l se debe la formacin de los fuegos fatuos. Finalmente, mata los animales que le respiran.

PAGE 146

OB OB OB OB OB SER SER SER SER SER V V V V V ACIONES SOBRE LAS PROPIED ACIONES SOBRE LAS PROPIED ACIONES SOBRE LAS PROPIED ACIONES SOBRE LAS PROPIED ACIONES SOBRE LAS PROPIED ADES ADES ADES ADES ADES MS NOT MS NOT MS NOT MS NOT MS NOT ABLES DEL GAS PROT"XIDO DE ZOE ABLES DEL GAS PROT"XIDO DE ZOE ABLES DEL GAS PROT"XIDO DE ZOE ABLES DEL GAS PROT"XIDO DE ZOE ABLES DEL GAS PROT"XIDO DE ZOE En 1823 lleg a La Habana un aventurero norteamericano, con el objeto de manifestar en pblico los efectos que la respiracin del gas protxico de zoe produce en la economa animal. Como en este asunto se mezclaba el inters, procurose sorprender la credulidad pblica, con mengua de la civilizacin cubana. He aqu el mvil del papel que entonces imprim, y que ahora vuelvo a estampar. Cuando los hechos que dependen de causas cientficas, se presentan a la muchedumbre bajo de una forma misteriosa, lejos de propender a la ilustracin general, es muy fcil que degeneren en los ms groseros errores. El hombre se complace en todo lo que le admira, y avivando la novedad este deseo, puede suceder, que el inters de alguno se aproveche de la credulidad de otros para fomentar preocupaciones. Impedir esto, es el nico fin que me mueve a exponer las propiedades ms notable de un gas, que es hoy el objeto de la atencin pblica. Priestley, clebre qumico ingls, descubri en 1722 un gas1 al que algunos llamaron gas oxdulo de zoe y otros gas xido nitroso ; pero hoy todos le distinguen con el nombre de protxido de zoe o primer xido de zoe Se compone de 100 partes de oxgeno y 175,63 centsimas de zoe en peso, o de 100 partes de zoe y 50 de oxgeno en volu1“Gas es un cuerpo cuyas partculas estn muy separadas por el calrico; de suerte que aunque se sometan al fro ms intenso o a la presin ms fuerte, jams se renen en trminos de formar un lquido o un slido”.— Esto escrib yo en 1823; y tal era entonces el estado de la fsica y la qumica: pero los progresos que ellas han hecho de entonces ac, han demostrado cuan errnea era esa definicin. Aos ha, que aumentando la presin, y bajando la temperatura, se ha logrado convertir en lquido a casi todos los gases. Faraday fue el primero que liquid varios gases, a la temperatura cero, y bajo diferentes presiones. Otros qumicos y fsicos le siguieron adelantando mucho en esta materia. Thilorier en el aparato que construy, no slo redujo el gas cido carbnico al estado lquido a la temperatura de 15 y bajo la presin de 50 atmsfera, sino que dejando escapar una parte de l, sta se llev tanto calrico al volver a convertirse en gas, que la restante se solidific en la forma de copos blancos filamentosos, cuya temperatura haba llegado hasta 79 bajo cero.

PAGE 147

JOS ANTONIO SACO /143 /143 /143 /143 /143 men. Su peso es mayor que el del aire atmosfrico, no tiene olor ni color, pero su sabor es dulce azucarado. Puede disolverse en el agua, particularmente cuando sta se ha hervido, pues entonces la absorbe en gran cantidad; pero lo desprende fcilmente, si se la vuelve a hervir. Si en un tubo, campana, u otro aparato de vidrio o cristal, cerrado por una extremidad, y abierto por otra, se recoge este gas, y despus se introduce en l una vela apagada, pero con el pabilo todava encendido, al instante se inflama con una luz muy resplandeciente, la cual aparece rodeada de una llama azul pocos momentos antes de apagarse. Un carbn encendido arde en l con ms actividad que en el aire atmosfrico. El fsforo inflamado e introducido en un aparato que contenga este gas, se quema con una luz muy brillante. Un pedazo de azufre cuya llama azul sea dbil, se apaga en el momento que se introduce en dicho gas; pero si la inflamacin es viva, entonces arde con una luz fuerte de un bello color de rosa. Partes iguales de este gas y de hidrgeno se inflaman y detonan al contacto de un cuerpo encendido, o de una chispa elctrica. Como la detonacin es muy violenta, puede quebrantarse el aparato en que se opera, y causar algn estrago; as es preciso hacer el experimento en tubos o campanas de mucha consistencia, que para mayor seguridad, se pueden cubrir con un pao o con un enrejado de alambres. Para bien conocer la causa que produce estos efectos, es preciso fijar las proposiciones siguientes. 1 El oxgeno es el cuerpo ms a propsito para alimentar la combustin. 2 El gas protxido de zoe se compone de oxgeno y de zoe. 3 El gas protxido de zoe se descompone por la accin del calrico. De aqu se sigue, que los cuerpos encendidos lo descomponen, se combinan con el oxgeno que queda en libertad, y aumentan la llama, o la forman si no la haba. Pero cules son los resultados que nos ofrece este gas en los animales? La muerte o un contento extraordinario; ved aqu los extremos en que tocan los seres que le respiran, segn el mayor o menor tiempo que a su influjo estn sometidos; y en el hombre varan sus efectos con la constitucin particular de cada uno. El famoso qumico Humphry Davy fue el primero que se atrevi a respirarlo. “Despus, dice, de haber expirado el aire de mis pulmones, y de haberme tapado la nariz, respir casi cuatro litros de gas xido nitroso ( que es el protxido de zoe ); las primeras sensaciones que experiment, fueron vrtigos como en la primera experiencia; pero menos de medio minuto, continuando siempre en respirarle, disminuyeron por gra-

PAGE 148

OBRAS 144\ 144\ 144\ 144\ 144\ dos, y fueron reemplazadas por sensaciones anlogas a una dulce presin sobre todos los msculos, acompaadas de temblores muy agradables, particularmente en el pecho y las extremidades; los objetos que me rodeaban, llegaron a ser resplandecientes, y mi odo ms sutil. En las ltimas inspiraciones, la agitacin se aument, la facultad muscular fue ms grande, y al fin adquiri una propensin irresistible al movimiento. Yo no me acuerdo sino indistintamente de lo que sigui; y solamente s, que mis movimientos fueron variados y violentos. Estos efectos cesaron desde que suspend la respiracin del gas, y en diez minutos me hall en mi estado natural: la sensacin de temblor en las extremidades se prolong ms tiempo que las otras”. Tennant y Undervood sintieron los mismos efectos, y entre las muchas personas que lo respiraron en la ciudad de Kiel, una de ellas fue embriagada con la mayor prontitud, y arrebatada en el ms dulce embeleso. Una sociedad de aficionados confirm en Tolosa de Francia los resultados de Davy, pero algunas personas en vez de sentir alegra, experimentaron gran dilatacin acompaada de calor en el pecho, hinchazn en las venas, y aceleracin en el pulso, parecindoles al mismo tiempo, que los objetos giraban en torno suyo. Proust solamente sinti atolondramiento, y una incomodidad inexplicable. Vauquelin practic el experimento del mismo modo que Davy, y segn refiere Thenard, apenas hubo inspirado el gas, cuando cay casi sin fuerzas; su pulso estaba sumamente agitado, perciba un ruido considerable, sus ojos marchitos giraban en sus rbitas, el rostro desfigurado, la voz casi imperceptible, y las angustias que padeca eran mortales. En este estado permaneci casi dos minutos. Dos jvenes que trabajaban en el laboratorio de Thenard, tambin le tomaron mezclado con la cantidad de aire que pudieron contener en su pecho: su respiracin lleg a ser muy precipitada, y su rostro empez a perder los colores naturales, tindose de otros tristes y azulados: inspiraban el gas con mucho gusto; pero apenas se les retir la vejiga de la boca, cuando les faltaron las fuerzas, y quedaron sin movimiento por algunos segundos, con los brazos cados y la cabeza inclinada sobre las espaldas. Thenard lo respir, ya siguiendo el mtodo de Davy, ya el de sus dos preparadores, hasta haber consumido como 15 litros. Poco a poco se fue poniendo plido, y tomando un leve color morado; casi perdi las fuerzas, y ya no vea los objetos sino al travs de una nube, y todos en movimiento; de suerte que, segn su propia confesin, si hubiera respirado un poco ms de gas, se habra desfallecido lo mismo que sus preparadores Tambin experiment dolor de cabeza por algunas horas. Por ltimo, Orfila que quiso experimentar en s mismo los efectos de este gas, le purific perfectamente; y habiendo empezado a tomarlo, tuvo que suspender la experiencia, pues le atacaron vrtigos,

PAGE 149

JOS ANTONIO SACO /145 /145 /145 /145 /145 grandes fatigas, mucho calor en el pecho, y un sncope que le dur seis minutos. En vistas de estos resultados, yo concluyo con las palabras de este clebre autor: “Se suelen notar en los individuos que lo han respirado, una risa inslita y una alegra extraordinaria, que le han hecho dar el nombre de regocijante ; pero tambin suele causar en otros individuos vrtigos, cefalalgia, sncope, etc., y acabara por producir la asfixia, si se continuase respirndolo por algunos minutos”. Yo no puedo pasar en silencio algunas observaciones, a pesar de que todava no se pueden explicar completamente. Se sabe por repetidos experimentos: 1 que el gas protxido de zoe se compone de 50 partes de oxgeno y 100 de zoe en volumen: 2 que los animales viven y respiran con mucha facilidad en el gas oxgeno: 3 que dentro de dos minutos poco ms o menos mueren en el gas zoe: 4 que todos viven en el gas atmosfrico, el cual, prescindiendo de una mnima cantidad de cido carbnico, se compone, en un volumen como 100, de poco ms de 79 partes de zoe y casi 21 de oxgeno. De todas estas proposiciones se infiere, que a este ltimo gas debe el aire su propiedad respirable; y como los animales viven en el oxgeno puro, dando muestras de alegra, parece que el protxido de zoe debe ser ms favorable a la respiracin que el aire atmosfrico; pues que en aqul se aumenta la cantidad de oxgeno, que es el principio vivificante, y se disminuye la del zoe, que es el principio mortfero. Mas, la experiencia habla, y los raciocinios callan, porque muchos individuos han sentido sntomas fatales; y aun los que han experimentado gratas sensaciones, quedan como enajenados en una especie de delirio alegre, y moriran, si continuaran respirando el protxido de zoe; de suerte que en ningn caso puede ser este gas tan conforme a las leyes de la economa animal como el aire atmosfrico. Parece, pues, que los gases compuestos de oxgeno y zoe van perdiendo su propiedad respirable, al paso que aqul se aumenta y ste disminuye. Yo encuentro nuevas pruebas de esta verdad en el gas deutxido de zoe (segundo xido de zoe) llamado tambin gas nitroso ; pues constando de 100 partes de oxgeno y 87,815 milsimas de zoe en peso, o de volmenes iguales de oxgeno y zoe, est reconocido por todos los qumicos como gas venenoso, ya sea que se inspire puro, ya mezclado con aire. Sus propiedades mortferas se aumentan en este ltimo caso, porque combinndose con ms oxgeno, se transforma en cido nitroso, cuya accin es muy funesta a los animales. Luego si el aire atmosfrico sirve para mantener la vida de stos, es claro que las 79 partes de zoe que entran en su composicin, no se oponen a la accin saludable de las 21 de oxgeno: luego, el envenenamiento causado por el deutxido de zoe y por el cido nitroso parece

PAGE 150

OBRAS 146\ 146\ 146\ 146\ 146\ que proviene de la gran cantidad de oxgeno que encierran; y he aqu ya convertido en un veneno el ms activo a aquel mismo gas que consideramos como el nico vivificante. Pero si es verdadera esta ltima consecuencia, cmo no mueren, sino que al contrario viven alegremente los animales que respiran el oxgeno en su estado de pureza? A la verdad que hoy no se pueden explicar satisfactoriamente estos fenmenos; pero se puede decir, sin temor a equivocarnos, que el oxgeno no es el gas ms a propsito para la respiracin. A su descubrimiento, los fsicos se dieron la enhorabuena de haber encontrato un remedio poderoso contra la tisis pulmonar; y se recomendaron las cabaas donde deban ponerse los enfermos para recibir el gas que por medio de tubos se les haba de comunicar. Mas, una experiencia dolorosa frustr las halageas esperanzas que se concibieron, pues en medio del alivio engaador que sentan los enfermos, los sntomas del mal se presentaban con ms fuerza, y terminaban dando la muerte. Ni son los infelices, aquejados de esta grave enfermedad, las nicas vctimas que pereceran: el hombre mismo en el mayor estado de robustez sucumbira tambin a la fuerza irresistible de este gas, pues introducido en los pulmones, desprendera mucho calrico, elevara la temperatura de la sangre, estimulara con fuerza los rganos pulmonares, y a la manera que un combustible arde en l con una luz brillantsima, pero en breve se consume, as el hombre contento y festivo apenas saldra de la cuna, cuando ya descendiera al sepulcro. Pero no son stos los sntomas que se observan en la respiracin del aire atmosfrico. La naturaleza ha mezclado en l las cantidades de oxgeno y de zoe en tan justa proporcin, que fuera de ella no hay salud ni vida para los animales, y ora se aumente o disminuya el oxgeno, ora se aumente o disminuya el zoe, los resultados son siempre funestos. Para concluir estas Observaciones rstame indicar el modo sencillo de extraer el protxido de zoe. En una retorta, o a falta de ella, en una botellita de las que vienen llenas de aceite que aqu se llama de Florencia, se echa nitrato de amoniaco (azotato de amoniaco), y despus se le tapa perfectamente por un corcho, el cual es traspasado de un cabo a otro por un tubo de cristal encorvado. La extremidad de este tubo se introduce en la boca de una campana llena de agua, y que se asienta sobre el mismo lquido, procurando que sus bordes estn como una pulgada poco ms o menos bajo del agua para impedir la entrada del aire exterior. En este estado, se calienta suavemente la retorta o botellita que contiene el nitrato de amoniaco, y a poco tiempo se empieza a derretir, transformndose en agua y en gas protxido de zoe, el cual se eleva por su ligereza, pasa por el tubo, entra en la campana, sube a la parte superior de ella por ser menos pesada que el agua, y al fin desaloja a sta, hasta

PAGE 151

JOS ANTONIO SACO /147 /147 /147 /147 /147 que la campana queda enteramente vaca de agua y llena de gas. En vez de las campanas se puede usar de vejigas, botellas, o de otros aparatos. Recogido de esta manera, ya se puede aplicar a todo gnero de experimentos; y si se quiere respirar,2 se usar de una vejiga con llave, la cual se introducir en la boca del individuo, quien, tapndose la nariz, empezar a inspirar y expirar el gas contenido en la vejiga, hasta que se considere haber producido su efecto. Yo espero ensayar estos experimentos no menos divertidos que interesantes, y el pblico que ya otra vez ha acogido benigno mis esfuerzos, en sta me permitir que le anuncie el da en que los haya de repetir. En cumplimiento de esta promesa, repetilos varias veces, y sus efectos variaron segn la constitucin de los individuos que respiraron el gas. En unos produjo un desfallecimiento tan general, que a pocas inspiraciones ms, habran dado en tierra: en otros, una excitacin acompaada de risa y saltos alegres; y en otros, clera y carreras, descargando fuertes golpes con las manos en los objetos que encontraban. Notose en todos, que desde las primeras inspiraciones empezaban a cambiar de color, a palidecer, y a adquirir una sombra ms o menos lvida; pero algunos no permanecieron en este estado, particularmente aquellos que se encolerizaban, pues su rostro tomaba un color muy encendido hasta que volvan a su estado natural. 2Antes de respirarlo, debe purificarse muy bien, pues como el azotato de amoneaco, entonces existe en el protxido de zoe un poco de cloro, cuyo gas es muy nocivo a los rganos de la respiracin.

PAGE 152

ASTRONOMA ASTRONOMA ASTRONOMA ASTRONOMA ASTRONOMA En los das 16, 17 y 18 de marzo de 1824 sern examinados pblicamente varios alumnos del Colegio de San Carlos de La Habana, sobre las materias siguientes, bajo la direccin de don Jos Antonio Saco. “La Astronoma nacida en los campos y entre los pastores ha pasado de los hombres ms sencillos a los espritus ms sublimes: imponente por la grandeza de su objeto, curiosa por sus medios de investigacin, admirable por el nmero y la especie de sus descubrimientos, ella es quiz la medida de la inteligencia del hombre, y de lo que puede hacer con el tiempo y con el genio”. Baylly. — Historia de la Astronoma .Explicaremos las esferas inventadas por los astrnomos, y los crculos imaginarios que se suponen trazados sobre la celeste. Dividimos los astros en estrellas fijas, planetas y cometas. Determinaremos la situacin, nombre y nmero de las constelaciones, exponiendo tambin el juicio ms probable que se ha formado acerca de la va lctea, nebulosas, y estrellas variables. En el sistema planetario reconocemos hoy 29 cuerpos opacos que giran alrededor del sol, y se dividen en varios rdenes para la mejor inteligencia.1 1Los 29 cuerpos opacos a que me refer en 1824, fueron 11 planetas principales y 18 satlites. Aqullos son Mercurio Venus la Tierra y Marte planetas de tamao mediano; Jpiter Saturno y Urano planetas mayores; y Juno Vesta Ceres y Palas planetas pequeos que se hallan entre Marte y Jpiter Los satlites fueron uno de la Tierra, cuatro de Jpiter, siete de Saturno y seis de Urano. Pero de 1824 al 2 de noviembre de 1857, da en que escribo esta nota, el nmero de planetas principales sube a 58, y el de satlites, a 22. Entre aqullos, Halle, astrnomo de Berln, observ por la vez primera el 23 de setiembre de 1846, segn las indicaciones de Le Verrier, un gran planeta llamado despus Neptuno y que se halla a mayor distancia del sol que Urano. Hanse tambin ha descubierto entre Marte y Jpiter 46 pequeos; de manera, que si la antigedad slo conoci siete planetas, inclusos el sol y la luna, ya hoy tenemos descubiertos 80, a saber: Planetas mayores 4 Planetas de tamao mediano 4 Planetas pequeos entre Marte y Jpiter50 Satlites22 —80

PAGE 153

JOS ANTONIO SACO /149 /149 /149 /149 /149 Mercurio y Venus tienen atmsfera y montaas, giran sobre sus ejes, alternativamente se observan poco antes de romper el da o despus del anochecer, y a veces tambin se descubren pasando por encima del disco del sol. Venus aparece con frecuencia en medio de la luz del da; pero a su aspecto el vulgo insensato tiembla, y le mira como el precursor terrible de alguna calamidad. El color ensangrentado, las manchas particulares y la figura elptica o circular2 que presenta Marte a la tierra, no le dejan confundir con ninguno de los planetas. Expondremos las observaciones que se han hecho modernamente sobre los cuatro planetas descubiertos en este siglo, a saber: Juno Vesta Cres y Palas Jpiter brilla con una luz muy clara, tiene bandas transversales y atmsfera, gira rpidamente sobre su eje, y est rodeado de cuatro satlites que aparecen y desaparecen. En medio de las semejanzas que tiene Saturno con los dems planetas, y de los siete satlites3 que le acompaan en su carrera, todava ofrece un fenmeno el ms notable entre los cuerpos celestes. El anillo resplandeciente que le rodea, los crculos concntricos que le componen, su movimiento de rotacin, sus apariciones y desapariciones sucesivas, junto con otras particularidades que se advierten en l, exigen de nosotros que consagremos un rato a su explicacin. Urano est en los confines del sistema planetario y camina acompaado de seis satlites. Todava las observaciones no nos han podido decir si este planeta gira sobre su eje.4 El sol se halla en el centro del mundo, gira sobre su eje, y las manchas que le cubren, presentan fenmenos muy notables. Entre los planetas hay unos que solamente tienen dos conjunciones, pero otros adems de la conjuncin tienen tambin oposicin. Intil es decir que refutamos los sistemas de Ptolomeo y TichoBrahe. La astronoma entera es una serie continuada de demostraciones a favor de las ideas de Coprnico. El movimiento aparente de las estrellas, la formacin de los das y las noches, los equinoccios y solsticios, las diversas estaciones del ao, 2Hoy se sabe, que es una esferoide ms achatada que la tierra, y, segn Arago, el aplanamiento pasa de 1 130. 3Lassell de Liverpool descubri otro el 18 de septiembre de 1848. 4Segn lo que he dicho en la nota 1 no es ya Urano, sino Neptuno con su satlite, el planeta que se halla hoy para nosotros en los confines del sistema solar. En cuanto al nmero de satlites de Urano, ya se conocen ocho; bien que Herschel es el nico astrnomo que hasta ahora ha visto el 5, 7 y 8. Acerca de la rotacin sobre su eje, puede creerse que la tiene, porque su disco es un poco achatado, y su dimetro ms pequeo, casi est en la direccin del plano de la eclptica.

PAGE 154

OBRAS 150\ 150\ 150\ 150\ 150\ la detencin aparente del sol casi siete das ms en los signos septentrionales que en los meridionales, los apogeos y perigeos, los afelios y perihelios, la progresin, estacin y retrogradacin de los planetas, son fenmenos que tienen una explicacin clara y sencilla en el sistema copernicano Explicaremos la nutacin del eje de la tierra y la precesin de los equinoccios. Todos los planetas tienen paralaje sensible; lo contrario sucede en las estrellas.5Expondremos el modo de saber la longitud, latitud, declinacin, ascencin, acimut, y amplitud de los astros. Tambin daremos una idea de la excentricidad, anomala, ecuacin del tiempo, e inclinacin a la eclptica. La luna es una esferoide achatada por los polos y elevada por el ecuador. Tiene volcanes y montaas respectivamente ms altas que las de la tierra. Es muy probable que carezca de atmsfera, y que si acaso la tiene, sea sumamente enrarecida. Esto nos induce a creer, que las manchas que se advierten en ella, no proceden de mares, sino de cavidades profundas donde no puede penetrar la luz del sol. La luna ofrece diversos aspectos, y al mismo tiempo que se mueve alrededor de la tierra, gira tambin sobre su eje, presentndonos siempre una misma faz. La libracin que se observa en ella, es de tres especies; diurna de longitud y latitud Eclipse de sol y luna. Cuando la luna est en el horizonte, luce con un color rojo, y aparece mucho ms grande que cuando est en el cenit. Las fuerzas atractivas del sol y la luna, y el movimiento de rotacin de la tierra son la causa de las mareas. Ellas se retardan una por el meridiano del lugar donde se observan, algn tiempo antes o algn tiempo despus de este paso. Tambin se aumentan o disminuyen segn los diversos aspectos de la luna; pero nunca son tan considerables como cuando se verifican los equinoccios. 5Cuando yo escrib esta proposicin en 1824, todo lo que los astrnomos haban podido descubrir, era una paralaje anual, que en las estrellas ms inmediatas al sol no pasaba de 1”.—Bessel, director del observatorio de Koenisberg, lleg a determinar en 1838 la paralaje anual de la estrella, nmero 61, de la constelacin del Cisne, y la fij en 0”35. Estas observaciones fueron enteramente confirmadas en Rusia en el observatorio de Poulkowa; y all mismo descubrieron despus Struvio y Peters, que la paralaja anual de la estrella Wga, en la constelacin de Lyra, es de 0”23. Esta estrella y la nmero 61 del Cisne son de las que menos distan del sol; y como se sabe, que la luz corre en un segundo casi 77 000 leguas, y que emplea del sol a la tierra 8 minutos 18 segundos, se ha calculado, que la luz de la estrella nmero 61 necesita ms de nueve aos para llegar a nosotros, y que la de Wga casi 14. Otros astrnomos se han dedicado a trabajos semejantes; pero no los expondr, porque a mi propsito cumplen las indicaciones que acabo de hacer.

PAGE 155

JOS ANTONIO SACO /151 /151 /151 /151 /151 Los cometas son astros verdaderos que aparecen generalmente con una cola luminosa. Expondremos todo lo que hoy se sabe acerca de ellos. Kepler marc a los astros la ruta que deben seguir en los inmensos espacios. Esto lo comprueban sus leyes; pero quebrantndolas algunas veces, sus movimientos suelen perturbarse, y aunque el choque de un cometa contra la tierra raye en lo improbable, no por eso es imposible. Si en un momento desgraciado se alterara la relacin que existe entre la fuerza centrpeta y la centrfuga de los astros, el majestuoso edificio de los cielos se desplomara. Esa bveda aparente que nos cubre, y en la que piensa el hombre vulgar que estn engastados todos los astros, se rompe y despedaza a los ojos del filsofo, quien reconociendo la ilusin de sus sentidos, se ve forzado a confesar que ellos estn rodando en un espacio inconmensurable.CRONOLOGADividiremos el tiempo y explicaremos las diferencias que hay entre da natural, artificial, civil, astronmico y canicular. Los das se dividen en horas, pero stas han sido variables en muchos pueblos, as en su nmero como en su duracin. Hay meses solares, lunares, peridicos, sindicos, llenos, cabos e intercalares. Muchas han sido las variaciones de los meses en sus nombres, en su nmero y en el de los das que los componen. Pueblos hubo que dividieron el mes en tres dcadas, y en calendas, nonas e idus; pero la mayor parte sigui la divisin por semanas, que es la que comnmente se usa. Los aos son astronmicos, civiles, solares, lunares, comunes y bisiestos. Correccin gregoriana, y diferencia entre el viejo y el nuevo estilo. Explicaremos los ciclos solar, lunar y de indiccin, y tambin el ureo nmero. Perodos victoriano y juliano. Indicaremos los usos de uno y otro. Expondremos las eras ms notables.GEOGRAFA FSICALa tierra es una esferoide achatada por los polos y elevada por el ecuador. A la esfera artificial terrestre se le deben considerar tres posiciones: recta, oblicua y paralela. Explicaremos los fenmenos que resultan de cada una de ellas.

PAGE 156

OBRAS 152\ 152\ 152\ 152\ 152\ La tierra est dividida en varias zonas y climas, de los cuales unos son de horas o de medias horas, y otros de meses. Medir la longitud y latitud terrestre y la altura de polo. Explicar las plagas, su nmero, y el modo de encontrar las cuatro principales. Distincin de los habitantes de la tierra segn sus posiciones y sombras. Origen y causa de la formacin de las montaas. Temblores de tierra. Volcanes. Cavernas. La temperatura de la tierra no solamente vara en razn de la latitud y de las alturas, sino de las diversas profundidades. Las corrientes de algunos mares y su inmediacin a ciertos pases, influyen tambin de un modo notable en modificar su temperatura. Las altas montaas siempre presentan su cabeza cubierta de nieves aun bajo el clima abrasado del ecuador. La fsica puede explicar ya las causas de este fenmeno. La tierra es mucho ms fra en el hemisferio meridional que en el septentrional.METEOROLOGAFigura y elevacin de la atmsfera, variedad en su temperatura, en sus grados de humedad o sequedad, y oscilaciones diurnas que experimenta. Divisin de los meteoros. Los vientos son generales o constantes, peridicos o arreglados, y variables; pero todos se reducen a 32 que forman la rosa nutica. Huracanes y calmas. Nubes y lluvias. Mucha es la ignorancia del hombre que recurre a causas sobrenaturales para explicar las lluvias negras, rojas, amarillas y de otros colores que han cado algunas veces. Explicar la formacin de la nieve, su figura, y el color rojo que tiene en los Alpes y en otros parajes. Circunstancias que preceden, acompaan, y siguen a la cada del granizo. Escarcha, neblina, roco, y sereno. Arcos iris, lunar, marino y terrestre. Parelias o imgenes de la luna, y coronas luminosas. Aurora boreal. La luz zodiacal, las estrellas errantes, los aerolitos o piedras que caen del aire y los globos de fuego, son considerados por algunos fsicos

PAGE 157

JOS ANTONIO SACO /153 /153 /153 /153 /153 como fenmenos que no corresponden a la meteorologa. Nosotros nos inclinamos a la misma opinin; pero no nos atrevemos todava a borrarlos de una vez del catlogo de los meteoros. Al tiempo toca hacerlo, ofreciendo nuevos hechos y ocasiones de observar. Noctlica o mar luminosa, fuegos fatuos, lambentes y de Santelmo. Cuando leemos en los almanaques, que en tales y cuales das habr lluvias, vientos, calores y otros fenmenos atmosfricos, no podemos menos que rernos a nuestras solas. Tales predicciones son sin duda restos vergonzosos de aqulla falsa ciencia llamada Astrologa que ha sido por tanto tiempo la deshonra del gnero humano.6ELECTRICIDADDemostraremos las atracciones y repulsiones elctricas. Probaremos la diversa conductibilidad e inconductibilidad de los cuerpos. Explicaremos la mquina elctrica, la botella de Leyde, el cuadro mgico, la batera elctrica, los electrmetros, el descargador universal y los electrforos. Conmociones elctricas en una serie de individuos aislados o en comunicacin con la tierra. La chispa elctrica inflama los slidos combustibles. Tambin enciende los lquidos espirituosos. El gas hidrgeno mezclado con aire detona por la accin de electricidad. Esto se demuestra con la pistola de Volta La electricidad aumenta la evaporacin de los cuerpos, y acelera la salida de los lquidos por los tubos capilares. Su influjo es favorable a los vegetales. Se aplica a los animales enfermos, por bao, por corriente, por penacho, por chispa y por conmocin. Explicaremos los efectos admirables que producen el torpedo y otros animales que consideramos como mquinas elctricas naturales. Efectos de la electricidad en el vaco. Molino elctrico e iluminacin de varias figuras. Explicaremos el estado de la electricidad en la atmsfera, y la diferencia que se debe notar entre los relmpagos, rayos y truenos. La atmsfera de Cuba est generalmente ms cargada de electricidad que la de las zonas templadas. De aqu provienen las grandes tempestades que en ella se ven. Imitaremos un relmpago y un rayo. Haremos el experimento del choque en retorno 6Si en la meteorologa no se habl de los rayos, es porque su explicacin se reserv para los exmenes que sobre electricidad se hicieron al da siguiente.

PAGE 158

OBRAS 154\ 154\ 154\ 154\ 154\ Expondremos la accin de las puntas y de los globos para descargar un cuerpo electrizado, y todas las circunstancias a que se debe atender para la construccin de los pararrayos. Un pararrayo mal puesto puede arruinar un edificio. Esto se prueba con la casa de incendio y el almacn de plvora. Explicaremos el cometa elctrico, que no es ms que un pararrayo mvil, elevado a grandes alturas. Sin combatir la opinin de Franklin, ni defender la de los dos fluidos, creemos oportuno advertir, que nos acomodaremos a sta en todas nuestras explicaciones.

PAGE 159

MONTES O B MONTES O B MONTES O B MONTES O B MONTES O B OSQUES EN LA ISLA DE CUBA OSQUES EN LA ISLA DE CUBA OSQUES EN LA ISLA DE CUBA OSQUES EN LA ISLA DE CUBA OSQUES EN LA ISLA DE CUBA (Artculo publicado en el (Artculo publicado en el (Artculo publicado en el (Artculo publicado en el (Artculo publicado en el Mensajero Mensajero Mensajero Mensajero Mensajero Semanal Semanal Semanal Semanal Semanaldel 25 de agosto de 1828.) del 25 de agosto de 1828.) del 25 de agosto de 1828.) del 25 de agosto de 1828.) del 25 de agosto de 1828.)No es de ahora que los hacendados juiciosos de la isla de Cuba, lamentan la destruccin de sus montes. Treinta y dos aos ha que un hijo honrado de aquel suelo1 present a la Sociedad Patritica de La Habana una memoria sobre la conservacin de los bosques; y un espritu proftico parece que haba inspirado a su autor, cuando dijo desde aquella poca, que si no se tomaban medidas oportunas para contener el mal que amenazaba, La Habana, dentro de 30 aos, vera alejar sus montes hasta la distancia de 40 leguas. Una experiencia dolorosa ha venido a cumplir tan triste vaticinio, y el viajero que recorre los talados campos de aquella frtil regin, al paso que compadece la suerte infeliz de tantos propietarios, maldice la mano brbara que caus tales estragos. Hecho est ya el dao; mas, en parte puede remediarse; y aun cuando as no fuese, nosotros nunca callaramos, pues sabemos que el mal que pesa hoy sobre los habitantes de La Habana, an no sirve de ejemplo a los pueblos del interior de la Isla. Imperfecta como est en ellos la agricultura, y entregados casi exclusivamente a la cra de ganados, ni conocen todas las ventajas que disfrutan con la posesin de sus bosques, ni menos se precaven de las fatales consecuencias que traer su destruccin. Tiempo vendr en que la mayor parte de sus ganaderos se conviertan en agricultores, y as conviene ir aplicando, desde ahora, las reglas de una buena polica, para que nunca llegue el caso que se renueve la catstrofe que hoy envuelve a muchos hacendados.2 En ninguna parte son tan necesarias, como en las costas y sus inmediaciones, as porque los ingenios se deben hacer en esos parajes para facilitar la exportacin de los frutos, como porque en ellos es donde han existido y existen muchos cortes de madera. No podr tachrsenos de exageracin, si nos atrevemos a decir, que an en algunas partes de las menos pobladas y 1D. Jos Ricardo O’Farril. 2En aquel tiempo no se haca azcar en Cuba sin el consumo de mucha lea.

PAGE 160

OBRAS 156\ 156\ 156\ 156\ 156\ cultivadas de la Isla, ya se empieza la falta de los bosques. El puerto de Manzanillo que demora al sur de la Isla, interesante no slo por su situacin geogrfica, sino por los rpidos progresos que ha hecho en muy poco tiempo, ofrece la prueba ms convincente de la verdad que hemos sentado. No ha muchos aos que con sus montes abundaban las ms ricas maderas; pero tal ha sido el destrozo que se ha hecho en ellos, que hoy, para encontrar un palo de construccin, es menester internarse muchas leguas. Los vecinos de Bayamo empiezan ya a fijar su domicilio en este punto; mas, podrn dedicarse al cultivo de la caa, si desde el primer da carecen de combustibles, o por lo menos conocen que les faltar dentro de pocos aos? Pues lo que decimos de Manzanillo es aplicable a otros parajes de la Isla. No hay que alucinarse con la idea lisonjera, de que la Isla tiene todava bosques inmensos, y que stos sern suficientes para abastecer todas las necesidades. Volvamos la vista a la memoria citada, y observemos con su autor, que en el ao 1766, los montes slo distaban de La Habana de cinco a seis leguas en contorno; en 1797, es decir 31 aos despus, ya se haban retirado de 16 a 20; y en el da no se encuentran por algunas partes, ni aun a la distancia de 40: de manera que, en poco ms de medio siglo se ha verificado una transformacin tan notable. En el ao de 1797 existan en la jurisdiccin de La Habana, segn el seor O’Farril, 217 ingenios; y computando por trmino medio, el consumo de cada uno, en tres cuartos de caballera, llega al resultado, de que los 217 ingenios de aquella poca consuman anualmente en sus zafras dos leguas planas de montes. Es verdad, que atendiendo a las economas y mejoras que de algn tiempo a esta parte se han introducido en el sistema de reverberos, ya no se puede asignar a cada ingenio un tercio de caballera: pero como el nmero de ellos se ha aumentado considerablemente, el consumo de combustibles es muchsimo mayor. A la falta de bosques se debe atribuir en parte el corto nmero de mquinas de vapor que se encuentran en los dominios de la isla de Cuba, pues acaso no llegan a 20. Algunas personas acostumbradas a juzgar por las teoras de los libros, o queriendo someter a una misma regla pueblos, cuyas circunstancias son muy diversas, se atreven a concluir que los hacendados de Cuba no conocen sus intereses, supuesto que no se aprovechan de las ventajas del vapor. A los que as raciocinan, es menester responderles, que los hacendados de Cuba entienden sus intereses, y saben muy bien, que ganaran mucho en tiempo, en cantidad de azcar, y en ahorro de brazos; pero este mismo conocimiento les descubre el escollo en que se estrellaran sus intiles tentativas, pues a excepcin de unos pocos, los dems que se sirviesen del vapor, en breve destruiran sus montes y arruinaran sus ingenios. Mientras que en la Isla no se descubran minas de carbn, o la introduccin de ste se proteja con larga mano, o las mquinas de vapor se simplifiquen disminu-

PAGE 161

JOS ANTONIO SACO /157 /157 /157 /157 /157 yendo la cantidad de fuego, no debe esperarse que ellas se generalicen, pues el gran objeto es ahorrar; mas, no aumentar el combustible. Y ya que se trata de una economa tan saludable, permtasenos hacer, aunque de paso, una ligera indicacin, reservando para otros nmeros el darle ms amplitud. El humo no es otra cosa, que las partculas imperfectamente quemadas que se escapan del combustible; por consiguiente, si se recogiera el que sale por las chimeneas de las casas de caldera, y se hiciera entrar de nuevo en el hogar de las pailas o reverberos, se aprovechara esta materia, y el calrico se aumentara. Pero volviendo a los montes, debemos observar, que su destruccin no slo es perjudicial, porque disminuye el combustible necesario para los ingenios, sino porque deteriora el clima, disminuyendo las aguas. De aqu nacen en parte las sequas que suelen experimentarse en algunos puntos de Cuba, particularmente en estos ltimos aos. No es el momento de explicar las causas fsicas que producen este fenmeno; pero bstanos sentir sus efectos, para que tratemos de remediarlos.3 Intil es recomendar la necesidad de los montes para la construccin de los buques, para los edificios, y para otros usos indispensables. Todos estn persuadidos de esta verdad, pero la magnitud de su fuerza no se conoce, hasta que no se contemplan las circunstancias particulares en que se halla Cuba. Si bien es extensa, considerada como isla, su territorio es pequeo, comparada con los pases continentales; su poblacin aunque escasa, se va aumentando rpidamente; casi toda su riqueza consiste en la agricultura, y el ramo principal de sta es el cultivo de la caa, cuyo fruto no puede elaborarse sin el consumo de combustible. Tampoco se han descubierto todava minas de carbn de piedra, pues aunque se dice que un hacendado de Matanzas ha encontrado una en su heredad, esto nunca puede ofrecer ms que la esperanza de que se descubran otras, pero no servir de base a un sistema constante de operaciones. Es, pues, claro, que la pequeez de su territorio, el rpido progreso de su poblacin y agricultura, el carcter peculiar de sta, la falta de minerales combustibles, y, sobre todo, la necesidad en que est de mantener siempre una marina respetable, reclaman imperiosamente la conservacin de los montes, y aun la formacin de otros nuevos. Si con tiempo no se preparan para resistir la calamidad que amenaza, no est lejos el da, en que Cuba, para levantar una casa tenga que pedir las maderas del extranjero, convirtindose de este modo en tributaria, en msera esclava de otras naciones, la que por tantos ttulos parece destinada a figurar en los mares del Nuevo Mundo. Afortunadamente ya se han hecho algunas tentativas para formar bosques, pero como su necesidad donde ms se siente, es en los inge3Ms adelante har sobre este punto algunas indicaciones.

PAGE 162

OBRAS 158\ 158\ 158\ 158\ 158\ nios, los dueos de stos no han dirigido sus miras a los rboles de construccin, sino a aquellos que al paso que crecen rpidamente, se reproducen con facilidad. Con este fin, han propuesto algunos la caa brava, otros el mango, y aun no han faltado, quienes hayan pedido a este pas, la semilla de la falsa acacia para repartirla entre varios hacendados, e introducir en la Isla un rbol tan interesante. Sabemos que han sido muy pocas las semillas que se han podido remitir; pero es de suponer que con ellas se habr enviado alguna descripcin de la planta. No obstante, habiendo recogido nosotros algunas noticias sobre ella, y considerando til su publicacin, nos apresuramos a darlas a nuestros compatriotas.FALSA ACACIALa acacia llamada tambin Robinia pseudaiasia ,4 es un rbol nativo de Amrica. Cuando se introdujo en Europa, se crey que era una especie de la acacia all conocida; y como sus ramos espinosos y hojas aladas se asemejan a la Espina egipcia los griegos le dieron un nombre particular, que en latn significa acacia Segn el sistema de Linneo, no puede colocarse en la misma clase y orden que la acacia verdadera Por tanto, se le llam pseudo o falsa acacia Hoy se conocen de 15 a 18 especies diferentes, y todas se comprenden bajo la denominacin general de Robinia pues habiendo sido el botnico y mdico Juan Robin su primer introductor en Francia, en tiempo de Enrique VIII, los botnicos le aplicaron ese nombre, para inmortalizar su memoria. La falsa acacia crece en cualquier terreno, pero viene mejor en los ligeros y arenosos. Este rbol se propaga o por medio de gajos, o de races, o de semillas. Los mejores rboles nacen de stas, cuando se siembran a fines de marzo en un terreno ligero. Esta observacin que es aplicable a los climas fros, tal vez no lo ser a la isla de Cuba, porque en ella no se experimentan los rigores del invierno, que es la causa porque se recomienda, que las semillas no se siembren hasta principios de la primavera. Los ensayos que se hagan all por los hacendados, determinarn cul sea la estacin ms a propsito para los semilleros. Muchas veces acontece, que las semillas no nacen, aun cuando se siembren en un terreno a propsito. Esto depende, de que no se ha hecho buena eleccin de ellas. El mejor mtodo que se conoce para lograr un buen semillero, consiste en poner las semillas en un jarro, echarles agua caliente, dejarlas en ella por 24 horas, y vaciar despus el agua. Escjanse entonces las semillas que se han inflado por medio del calor y la humedad, y simbrense. Reptase esta operacin con las restantes, 4Pertenece a la familia de las Papilionaceas y a la clase decandria.

PAGE 163

JOS ANTONIO SACO /159 /159 /159 /159 /159 hasta que ya no se infle ninguna. Cuando se preparan del modo que acabamos de decir, nacen aun a los ocho y diez das. Debe tenerse gran cuidado en no lastimarles la raz, al tiempo de trasplantarlas; y para salvar este inconveniente, sera mejor sembrar las semillas separadas unas de otras. Este rbol crece con mucha rapidez, cuando es joven, y no es extrao que en un verano se eleve seis u ocho pies. Su altura es de 50 a 70 pies; generalmente es derecho, con pocos o pequeos gajos: su madera es dura, firme y de mucha duracin as en la tierra, como al aire libre: sus fibras son rectas y paralelas; y as se le puede rajar con mucha facilidad; tiene venas de un hermoso color amarillo u oscura: es buen combustible, y ofrece la ventaja de arder bien, aun desde el mismo da en que se corta. Los caballos y las vacas comen mucho sus hojas, por lo que las plantas chicas se deben preservar de estos animales. Los tallos de sus races tienen un olor agradable, cuando se les quita la cscara. Este rbol puede reproducirse, despus de cortado; lo que se consigue, arando el terreno alrededor del tronco. Esta operacin rompe todas las races que se hallan a poca profundidad de la superficie, y hacindolas salir de la tierra, retoan al cabo de algunos das y cubren el terreno de nuevos rboles. La madera se aplica a la construccin de la parte interna de los buques, y siempre que se necesita de mucha resistencia, se prefiere a la encina, pues los timones de sta se han quebrado en tiempos borrascosos; as es, que ya en Nueva York solamente se hacen de acacia, en los buques destinados a largas travesas. sase tambin para armaduras de sillas y otros muebles de lujo; para clavos, cercas y combustibles. sta quiz ser la propiedad que le har ms recomendable en la isla de Cuba, pues si, por una parte, abundamos de maderas de construccin, por otra, carecemos de combustible en muchos de nuestros ingenios. Pero no debemos alucinarnos. La acacia si bien promete muchas ventajas como madera de construccin, no ofrece las mismas como combustible aplicado a los ingenios de Cuba, pues le encontramos varios inconvenientes. 1 Que tiene espinas, y tan duras, que los indios hacen de ellas las puntas de sus flechas; por consiguiente, no slo lastimarn a los negros, sino que harn muy embarazosa la conduccin del combustible: 2 Que es un rbol de pocos gajos, y cortos, y por lo mismo, debe dar poca lea: 3 Que aunque crece rpidamente, es slo mientras es tierno; que es decir, cuando su tronco es todava muy delgado, y, por lo tanto, poco productivo: 4 Que la aficin que tienen a sus hojas los caballos y las vacas, no slo dificulta su propagacin, sino que aumenta los cuidados del ingenio. Con todo, a pesar de estos inconvenientes, nosotros estamos tan lejos de desalentar a nuestros hacendados, que les aconsejamos se dediquen a su cultivo, pues creemos que puede proporcionar-

PAGE 164

OBRAS 160\ 160\ 160\ 160\ 160\ les grandes ventajas, como madera de construccin, y aun tal vez como combustible. Con respecto a la caa brava, no hay duda que consigue un rpido crecimiento, y una reproduccin constante, a pesar de las sequas que puede haber; pero al lado de estas ventajas se encuentran graves inconvenientes. 1 Su misma combustibilidad debe tener en continua alarma al hacendado, pues es muy fcil que se prenda fuego. 2 La poca altura de la caa, su poca materia por ser hueca, y la ligereza de sus hojas disminuyen el combustible; de suerte que debe estar sembrado mayor espacio de terreno, para conseguir la cantidad necesaria. Y 3 que no puede aplicarse a muchos usos, a lo menos en la presente condicin de Cuba. Sea cual fuere el mrito de estas observaciones nosotros las sometemos gustosos al juicio imparcial de nuestros hacendados, pues ellos tienen medios y oportunidad de aplicarlas, ora rectificando los mtodos conocidos, ora descubriendo nuevas verdades.

PAGE 165

EL DOMINGO EN LOS EST EL DOMINGO EN LOS EST EL DOMINGO EN LOS EST EL DOMINGO EN LOS EST EL DOMINGO EN LOS EST ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS ADOS UNIDOS (Carta a un amigo publicada en el (Carta a un amigo publicada en el (Carta a un amigo publicada en el (Carta a un amigo publicada en el (Carta a un amigo publicada en el Mensajero Mensajero Mensajero Mensajero Mensajero Semanal Semanal Semanal Semanal Semanal, del 21 de febrero de 1829.) del 21 de febrero de 1829.) del 21 de febrero de 1829.) del 21 de febrero de 1829.) del 21 de febrero de 1829.)“Generalmente hemos odo decir a varias personas de las que han viajado por ese pas, que en medio de la tolerancia religiosa que reina en l, los domingos son muy tristes, y casi intolerables para un extranjero”. Tales son, amigo mo, las palabras de su apreciable carta; y ciertamente que ellas empean mi amistad en dar a usted mi opinin, sin que por esto se entienda, que trato de sostener ni menos de combatir las ideas de hombre alguno. Dir a usted francamente mi modo de pensar, y con esto quedar satisfecho. Pero antes permtame usted hacer algunas consideraciones, que deben servir de preliminar. No es tolerancia religiosa sino libertad absoluta la que existe en este pas. Una cosa es permitir sin castigar; pero imponiendo al mismo tiempo ciertas restricciones: y otra es dejar a la razn el libre ejercicio de sus derechos, sin coartarla bajo ningn pretexto. Aqulla existe en la Gran Bretaa: sta, en los Estados Unidos. El gobierno ingls consiente en su territorio toda especie de cultos: no impone castigos a los que profesan distintas religiones; pero al mismo tiempo establece una secta predominante: obliga a las dems a que paguen contribuciones para sostener la religin del Estado: excluye de ciertos empleos y prerrogativas a los que no la siguen; y en una palabra, oprime y tiraniza a unas para favorecer y exaltar a otras. Tal es el estado que nos presenta Inglaterra. Los protestantes son los verdugos; los catlicos son las vctimas.1 No es ste el cuadro que presentan los Estados Unidos. La nacin no reconoce secta predominante: el gobierno no puede establecerla, tampoco puede restringir ni favorecer alguna de las existentes: todas son iguales ante la ley; y en la omnmoda plenitud de sus derechos, el hombre rinde adoraciones a su Creador segn los impulsos de su conciencia. Tal es la obra de las leyes en este suelo dichoso. Pero tambin, amigo 1Esto ya no es as, pues Inglaterra, apartndose de la tortuosa senda que segua, ha realzado la condicin poltica y social de los catlicos.

PAGE 166

OBRAS 162\ 162\ 162\ 162\ 162\ mo, querr usted saber cul es la de la opinin. sta se halla en general acorde con aqulla; ni cmo podra ser de otra manera? La libertad de conciencia no es en rigor obra de las leyes; esto tan slo de la opinin: aqulla en vez de dirigir a sta, debe por el contrario, ser un eco suyo; y si los hombres no se hallan dispuestos para las innovaciones, intiles sern los esfuerzos del legislador. No quiero decir por esto, que las leyes no tengan absolutamente ningn influjo en las ideas religiosas: lo tienen, pero indirectamente; esto es, no embruteciendo al pueblo, ni desmoralizndole, sino ilustrndole e inclinndole a la virtud. Notar usted que al decir que la opinin se halla en este pas acorde con las leyes, he usado de la palabra en general ; y esto indicar a usted que existe alguna secta degradada, o que por lo menos no se halla en el mismo rango que las otras. Tal es la realidad de lo que sucede. Clasificando las religiones de este pas por los principios fundamentales de su creencia, solamente se conocen dos; a saber, la cristiana y la juda Aqulla se subdivide en catlica, episcopal, bautista, cucara, presbiteriana, metodista y en otras muchas denominaciones; pero todas gozan de una misma consideracin social; y si algunas tienen ms influjo que otras, en tal o cual pueblo, esto depende solamente, o de su nmero, o del carcter de las personas que pertenecen a ellas; mas, no acontece as respecto de los judos: ellos estn degradados ante la opinin pblica; y aunque es verdad que alguno u otro muy raro alterna en la sociedad, esto proviene de que sus talentos y otras cualidades personales debilitan la impresin que existe contra todos los de su clase. Personas hay que quieren negar lo que para m es evidente; pero si fuera necesario buscar algunas pruebas del desprecio con que a los judos se trata, desde luego las encontraramos, observando que muchos de ellos pertenecen a la clase nfima del pueblo, que otros niegan aun delante de los tribunales que son miembros de esa religin, y que cuando se hallan en sus sinagogas, reciben a los que van a ellas con ms poltica y atencin que los de las sectas cristianas, mostrndose como agradecidos al obsequio que se les hace. Ahora recuerdo que cuando varios amigos y yo empezamos a practicar el ingls en Nueva York, buscamos un muchacho, para que nos leyese. l era judo, y nosotros lo ignorbamos. Llegado el primer sbado, no fue a nuestra casa a la hora de costumbre; mas, despus que sali de su sinagoga, se nos present dicindonos, “que ya haba llegado el caso de manifestarnos la verdad: que l era judo ; y que as, tal vez nosotros no continuaramos con l nuestras lecciones”. Habra hecho esta confesin, habra tenido esos temores, si hubiera pertenecido a alguna secta cristiana? No se me oculta que l podra tener alguna prevencin contra nosotros por considerarnos intolerantes, pues que ste es el sello que generalmente llevamos los catlicos; pero otros fueron los motivos que le

PAGE 167

JOS ANTONIO SACO /163 /163 /163 /163 /163 obligaron a usar de este lenguaje. Yo he tenido y he visto a otros muchachos de distintas sectas empleados en el mismo ejercicio por catlicos espaoles, y ciertamente que a ninguno le ha ocurrido jams la idea, de que su creencia religiosa pueda hacerle desmerecer a los ojos de sus discpulos, por ms fanticos e intolerantes que se les quiera suponer. La conducta, pues, del muchacho judo prueba claramente, que ya l estaba penetrado desde tan tierna edad, del desprecio con que mira la opinin a los miembros de su clase. Pero si existe ese desprecio cul puede ser su causa en un pueblo de esta naturaleza? En un pueblo tan tolerante as por sus leyes como por su educacin? Provendr de su corto nmero, puesto que los judos acaso no llegan a 6 000 en toda la repblica? No por cierto. Provendr de la bajeza de sentimientos que se les atribuye? ste es el motivo que se alega, y a la verdad que es bien poderoso para alejarlos del trato de toda persona bien educada. Pero sta ser la causa de lo que hoy sucede, mas no de lo que ha sido, ni debido ser. Yo creo, que examinando esta materia a la luz de una sana crtica, la degradacin en que yacen, no es la causa sino el efecto de ese mismo desprecio con que se les persigue por todas partes. Cuando se observa que sean cuales fueren los pases en que habitan; que sean cuales fueren las instituciones de los gobiernos a cuya sombra viven; que sean cuales fueren las revoluciones que conmuevan el mundo poltico, los judos siempre permanecen en la misma condicin moral, menester es que exista una causa constante, cuya accin se extiende con ms o menos fuerza a todos los confines donde se encuentran miembros de esta raza infeliz. Esas leyes que no los favorecen, esa opinin que los degrada, sas fueron las causas que conspiraron en su principio, y que trabajando de concierto, borraron las ideas de honor, apagaron los nobles sentimientos, y hundieron en el polvo a una porcin de la especie humana. Reducidos a tan lamentable condicin, as han pasado siglos y siglos, y trasmitindose el mal de padres a hijos y de stos a sus descendientes, la sociedad se ve privada de muchos servicios que pudieran hacerle cuatro millones de hombres que sin patria vagan sobre la tierra.2 2Escrita fue esta carta en 1829; y de entonces ac ha mejorado notablemente la condicin legal de los judos entre las naciones civilizadas. Pero an resta mucho por hacer, y vese con dolor la obstinada lucha que las preocupaciones religiosas sostienen en Inglaterra contra la libertad y la justicia, pues aos ha, que abriendo la Cmara de los Comunes sus puertas a los judos para que puedan entrar en ella, la Cmara de los Lores se las cierra con una tenaz resistencia. Espectculo indigno de tan gran nacin y fuerza es reconocer, que en punto a igualdad religiosa, Francia es el primer pueblo del mundo, pues catlicos, protestantes y judos todos son iguales ante la opinin y ante la ley. Tiempo ha de que se han sentado en la Cmara de Diputados individuos de la comunin hebrea: uno de ellos fue miembro del gobierno provisional de la Repblica en 1848; y un sectario de la religin de Moiss ocupa hoy una silla entre los ministros del emperador Napolen III.

PAGE 168

OBRAS 164\ 164\ 164\ 164\ 164\ ¡Con cuanto gusto, amigo, dejara correr la pluma sobre una materia que abre campo a profundas reflexiones!, pero veo que me apartara demasiado del fin que me he propuesto; y usted a lo que cabalmente se refiere en su carta, es, a saber, lo que se practica los domingos en este pas. Levntanse todos a la hora de costumbre, y almuerzan entre 8 y 9 lo mismo que en los dems das. A las 10 ya empiezan a ir a sus iglesias respectivas, donde permanecen hasta las 11 y media o las 12. Luego que salen de ellas, se retiran a sus casas bien que algunos van a hacer alguna visita de confianza, o a dar algn paseo por las calles, si el das est agradable. La comida se sirve una hora antes de lo acostumbrado; pero como en algunas partes se come a las 3, y en otras a las 2, o antes, la hora se anticipa proporcionalmente. Esto se hace con el objeto de estar expeditos para volver a las 3, a sus iglesias, de las que salen entre 4 y 5; a cuya hora es ms comn pasearse, y hacer visitas de confianza. El t se toma tambin un poco ms temprano, pues a las 7 vuelven a las iglesias, hasta las 9 o poco antes. Algn paseo, si el tiempo lo permite, y el mismo gnero de visitas hasta la hora en que se acostumbran hacerse en los dems das; he aqu empleado el domingo en Boston, Nueva York, Filadelfia y otras ciudades populosas de los Estados Unidos Aunque he dicho que la gente concurre a las iglesias por la tarde y por la noche, esto no es tan general como por la maana, pues hay algunas sectas que cierran sus iglesias por la tarde, y muchas por la noche; y ¡ojal que ninguna las abriese a esta ltima hora! No crea usted que la observancia del domingo se reduce solamente a estas prcticas. Todos los teatros, talleres, tiendas, y casas pblicas se cierran, a excepcin de las boticas: no se publican gacetas, no hay mercado pblico; bien que en algunos pueblos se permite slo para la gente pobre. Es tal el escrpulo, que en muchos parajes no se hace ni aun pan. Los vapores y coches que corren de un pueblo a otro, llevando pasajeros, no viajan en ese da. Las administraciones de correos no reparten la correspondencia; pero en algunas ciudades populosas y mercantiles se permite el despacho dos horas por la maana; a saber, una antes de entrar, y otra despus de salir de las iglesias. Aun este arreglo tan necesario para la existencia y actividad del comercio ha sido censurado por algunas sectas, cuyo celo indiscreto quisiera que hasta los mismos correos cesasen los domingos. Tampoco se puede cantar, ni tocar instrumentos sin exponerse a la pblica censura; censura que no se extiende a la msica sagrada, como salmos, himnos, etctera. Con semejantes restricciones, ya me parece que le oigo a usted exclamar: verdad es lo que me han dicho: triste sin dudas es el domingo en los Estados Unidos. Triste es, repito yo; y acaso no tanto como ponderan. Yo no malgastar el tiempo empendome en probar que sea as, o que deje de serlo. sta es una cuestin que depende no tanto de la rea-

PAGE 169

JOS ANTONIO SACO /165 /165 /165 /165 /165 lidad de las cosas, cuando de los hbitos de las naciones, del carcter de los individuos, y de las diversas circunstancias en que stos puedan hallarse. Nada hay ms relativo que el significado de ciertas ideas morales, y tal vez ninguno lo es ms, que el de las palabras tristeza y alegra No piense usted que yo estoy por tantas y tantas restricciones, pues la experiencia comprueba que en vez de producir bienes, causan algunos males. Tampoco crea usted que lo que se dice de un pueblo, se debe aplicar absolutamente a todos. Hay algunos donde han cado en un rigorismo ridculo; tales son aquellos en que predominan los presbiterianos y metodistas; pero hay otros donde se permiten algunos desahogos. En Nueva York, y en Filadelfia por ejemplo, los vapores que en ese da no viajan de aquella ciudad a sta, ni de sta a aqulla, se ocupan en navegar en las aguas del Hudson, Raritan y Delaware, llevando muchos pasajeros que se embarcan slo por recreo, y que andan recorriendo los pueblecillos situados en las mrgenes de estos ros. Muchos eligen otra especie de diversin, y tomando un caballo, un quitrn, o un coche, se pasean por la ciudad o por los campos vecinos. Mas con todo, el domingo en los Estados Unidos no es el da que puede agradar a los franceses, italianos y todos aquellos que se hayan educado bajo un plan de ideas contrario a las inglesas. Pero ser esto motivo suficiente para condenar sus prcticas como absurdas, o despreciarlas como ridculas? No, amigo mo. El criterio de las instituciones sociales no debe consistir en el modo con que puedan afectarnos, ni en su conveniencia o discrepancia con nuestros hbitos y educacin. Puede ser buena una cosa, y, sin embargo, parecernos mala; puede ser mala, y, sin embargo, juzgarla buena. De esto ofrece mil ejemplos la vida humana. Es preciso, pues, despojarse de todo sentimiento, de toda preocupacin nacional, y graduar el mrito de las cosas por las ventajas que producen a la especie humana. Yo no tengo embarazo en decir que prefiero en este punto las instituciones inglesas; y que un domingo en Filadelfia presenta en iguales circunstancias menos atractivos al vicio que un domingo en el clebre Pars.3 Suspndense en ese da los trabajos de la semana, y quedan desocupadas todas las clases de la sociedad. Qu har el pueblo? Se le presentan placeres? Correr a ellos, y sern sus goces siempre inocentes? No puede ser. El banquete, el juego, la bebida, el amor le rodearn por todas partes, le pondrn mil precipicios, y flaca siempre la naturaleza humana, caer en lazos tan seductores. De aqu la infidelidad de la esposa; de aqu la seduccin de la doncella; de aqu el propietario arruinado; de aqu el robo para satisfacer las necesidades de la vida; y de aqu, en fin, el semi3Han cambiado tanto las cosas en Filadelfia, que en diciembre de 1857 no me atrevo a repetir lo que dije en febrero de 1829.

PAGE 170

OBRAS 166\ 166\ 166\ 166\ 166\ llero de vicios que corrompiendo la moral pblica y privada, producen los amargos frutos que se recogen. Tal es un domingo en Pars. Volvamos ahora la vista a un pueblo educado a la inglesa. No se le invita no, para que vaya a algn lugar de deleites. La campana le llama para que asista al templo de su Dios. Un ministro respetable le inspira desde la ctedra de la verdad, mximas de virtud: escchanlas a su lado la fiel esposa y la tierna hija: vuelven juntos al asilo domstico: all se entregan de nuevo a contemplaciones religiosas, o a conversaciones inocentes: fortifcanse los vnculos de la familia: la moral privada se cimenta; y acostumbrado el pueblo a este gnero de vida, todos guardan el domingo no como da en que van a dilapidar el fruto de los trabajos de la semana, sino como da de descanso y de reposo para continuar sus tareas con ms disposicin y fortaleza. Tal es un domingo en los Estados Unidos; y tales son las consecuencias que resultan de la verdadera religin.4 Aqu pudiera yo concluir mi carta; pero oblgame a continuarla el temor de que usted pueda sacar alguna consecuencia equivocada. No ha sido mi nimo decir, que un domingo a la francesa solamente produzca vicios, y que un domingo a la inglesa solamente produzca virtudes. No seor: estoy muy distante de eso. Aqu, aqu mismo, en Filadelfia, se cometen desrdenes en tales das, y todava mucho ms en la ciudad de Nueva York. Yo he considerado el influjo religioso sobre la gran masa de la sociedad; pero nunca he podido descender a considerarla en todos y cada uno de sus miembros. Semejante pretensin sera tan absurda como ridcula. Pues que los habitantes de esta repblica han dejado de ser hombres? No hay vicio que contagie a la especie humana, que tambin no se encuentre aqu en mayor o menor grado; y hasta el fanatismo y la hipocresa religiosa tienen su asiento en este pas. Esto, sin duda, parecer extrao: pero no por eso deja de ser menos cierto. Usted sabe que la ignorancia es el apoyo principal del fanatismo; y aunque es verdad que las luces estn aqu muy difundidas, con todo, sus rayos an no han penetrado por la Unin, con la fuerza necesaria para disipar completamente las tinieblas. Pocos meses ha que en el estado de Ohio se apareci un pcaro o un visionario, que vendindose por hijo de Dios, y llamndose Cristo, encontr ilusos que lo creyesen. Puede darse prueba ms clara de fanatismo? Pero no es necesario internarnos en los estados del Oeste para encontrar este azote de la especie humana. Encuntranse aun en el seno de las ciudades populosas e ilustradas. El mismo celo religioso suele producirlo muchas veces, pues empeadas las sectas en excederse unas a otras, es muy fcil que empiecen a formar escrpulos aun sobre las acciones ms inocentes, y a reprobar como pecados lo que en ciertos casos es 4Este prrafo se debe leer con el correctivo de que ya los principios religiosos y morales han sufrido una alteracin lamentable en los Estados Unidos.

PAGE 171

JOS ANTONIO SACO /167 /167 /167 /167 /167 una virtud. Comerciantes hay de la secta presbiteriana, que si reciben correspondencia el domingo, no la abren hasta el da siguiente. Si esto no es fanatismo, confieso que ignoro el sentido de esta palabra. Mayor fuerza debe hacer que en un pas donde reina una libertad religiosa ilimitada, exista tambin la hipocresa. sta proviene o del inters, o del temor. Yo prescindo del primer motivo; y limitndome slo al segundo, lo divido en temor que proviene de la ley o de la opinin. El primero no tiene aqu lugar, porque a nadie se molesta por sus principios religiosos; mas, el segundo obra con una vehemencia superior a la que tendran las leyes: quin sera el osado que se atreviera a predicar contra las verdades de la Biblia ? El desprecio pblico le perseguira por todas partes. Toms Payne hizo servicios sealados a la causa de la independencia de este pas: se granje el aprecio popular; pero en mala hora emprendi escribir su Edad de la razn El grito pblico se levant contra l, y el autor de los derechos del hombre, arrastr una vida miserable por todo el resto de sus das. Este y otros ejemplos que pudiera referir, sirven de freno para contener a cualquiera que pudiera desbocarse. Esta circunspeccin, este homenaje que se tributa a las opiniones religiosas, distan mucho de merecer el nombre de hipocresa; pero cuando veamos convertidos en celosos partidarios de alguna secta a hombres que no creen en ninguno de sus principios; cuando los veamos cortejando una popularidad religiosa que desprecian en su interior, entonces tenemos el signo ms seguro de que son hipcritas; y est usted cierto, amigo mo, que en el seno de este gran pueblo se encuentran esos especuladores. As conclu yo esta carta; pero ahora debo hacer una advertencia, y es, que cuando la escrib en 1829, yo no conoca la Europa sino por los libros. Habiendo resido despus en ella muchos aos, y tenido ocasin de ver y comparar los usos y costumbres de los pueblos catlicos y protestantes, hoy no apruebo cosas que en otro tiempo tuve por buenas. Cre que lo era el cerrar los teatros el domingo; pero la experiencia me ha enseado, que los que no van a ellos, no por eso son ms devotos y que muchos de los que pasaran entretenidos las primeras horas de la noche en un espectculo racional y decente, se ven forzados por la falta de distraccin a meterse en las tabernas, o en las casas de disolucin. A tal extremo se lleva la forzada observancia del domingo, que para compeler al pueblo a que acuda a la iglesia, se le cierran hasta los museos de pintura y de historia natural, y otros establecimientos donde pudiera emplear el tiempo con inocencia y con provecho. Y esto es tanto ms reprensible, cuanto las clases menesterosas, entregadas todas la semana a las penosas tareas que le proporcionan el pan, quedan privadas del nico da en que despus de llenar los deberes de la religin, pudieran darse a un placer tan puro como instructivo.

PAGE 172

MEMORIA SOBRE C MEMORIA SOBRE C MEMORIA SOBRE C MEMORIA SOBRE C MEMORIA SOBRE C AMINOS EN LA ISLA DE CUBA AMINOS EN LA ISLA DE CUBA AMINOS EN LA ISLA DE CUBA AMINOS EN LA ISLA DE CUBA AMINOS EN LA ISLA DE CUBA POR DON JOS ANTONIO SACO POR DON JOS ANTONIO SACO POR DON JOS ANTONIO SACO POR DON JOS ANTONIO SACO POR DON JOS ANTONIO SACO (Premiada por la R (Premiada por la R (Premiada por la R (Premiada por la R (Premiada por la R eal Sociedad P eal Sociedad P eal Sociedad P eal Sociedad P eal Sociedad P atritica atritica atritica atritica atritica de La Habana, e impresa en sus de La Habana, e impresa en sus de La Habana, e impresa en sus de La Habana, e impresa en sus de La Habana, e impresa en sus Memorias Memorias Memorias Memorias Memorias en 1830, en 1830, en 1830, en 1830, en 1830, y tambin en Nueva Y y tambin en Nueva Y y tambin en Nueva Y y tambin en Nueva Y y tambin en Nueva Y ork.) ork.) ork.) ork.) ork.)Observaciones y documentos relativos a esta MemoriaCuando la Sociedad Patritica de La Habana propuso en abril de 1829 el programa fue asunto de la Memoria que por tercera vez sale a la pblica luz, apenas eran conocidos los caminos de hierro en Amrica y Europa. Ella, pues, no pens entonces sino en la construccin de calzadas de que Cuba tanto necesitaba, porque en aquel tiempo an no haba en toda ella ni una sola legua de buen camino. La idea de hacerlos de hierro naci despus; pero naci sin duda del impulso comunicado por la Sociedad Patritica, pues el programa que ella propuso, y las Memorias que sobre l se publicaron, sacando a muchos de la inercia en que yacan, se empez a discurrir acerca de los caminos. Exista desde fines del pasado siglo el proyecto de abrir un canal que pusiese al partido de Gines en comunicacin con La Habana y el mar del sur; mas, este proyecto retardado de ao en ao, se transform en otro ms ventajoso, cual fue el de construir un camino de hierro. Formose al efecto, desde 1830, una Junta especial, compuesta de las dos primeras autoridades de la Isla, y de varios miembros del Ayuntamiento, del Consulado o Junta de Fomento de Agricultura y Comercio, y de la Sociedad Patritica de La Habana. Celebrronse sesiones, discutironse en ellas las noticias y datos reunidos; y asocindose la prensa a este movimiento saludable, la Revista Bimestre Cubana de que yo era rgano, alz tambin su dbil voz, y en un artculo que sobre caminos de hierro escrib en junio de 1834, me expres en estos trminos: “Aun las desgracias suelen ser origen de felices resultados. Adormecido el hombre con la realidad o con las apariencias de un bien slido o transitorio, deja correr el tiempo sin fijar la consideracin en el porvenir, ni siquiera recelar que las causas de su actual prosperidad son a veces un

PAGE 173

JOS ANTONIO SACO /169 /169 /169 /169 /169 efecto de las circunstancias y no de la previsin y combinaciones del entendimiento humano. Largos aos de ventura ha gozado la agricultura cubana, y el hacendado que contando ms bien con la feracidad del terreno que con los esfuerzos de su industria, sacaba de sus fincas gran provecho, hoy encuentra mil rivales que salen a disputarle la ganancia que antes tuviera casi monopolizada, y le hacen conocer a su pesar, que no obstante las ventajas naturales que posee este suelo privilegiado, tiene que buscar nuevos medios para presentarse en los mercados y salvarse de la ruina. Tal es sin duda el principal motivo que entre las economas ya introducidas en nuestros ingenios, nos obliga a pensar en la construccin de caminos de hierro, que a juzgar por el ejemplo que nos dan la Gran Bretaa y los Estados Unidos, naciones que tanto entienden sus intereses, parece que son los medios de comunicacin a que debe darse la preferencia. Si as fuere, no ser perdido el tiempo que emplearemos en escribir un artculo sobre una materia que lleva en s la mayor recomendacin, y que debe ser objeto de nuestro constante anhelo”. Tal fue entonces el lenguaje de la prensa cubana. Poco despus, la Junta de Fomento, con autorizacin del gobierno, y sostenida por la influencia de su presidente el conde de Villanueva, superintendente de la Real Hacienda de Cuba, negoci un emprstito en Londres, y con l pudo llevar a cabo la construccin del primer camino de hierro. Esta empresa, aunque costosa, como sucede generalmente con las nuevas, y con casi todas las de este gnero que acometen los gobierno, dio, sin embargo, un buen ejemplo. Los habitantes de Cuba conocieron entonces prcticamente las ventajas de tan cmodas y rpidas comunicaciones; el gobierno concibi en 1839 la acertada idea de vender aquel camino, segn aparece de las Reales "rdenes de 28 de abril y 30 de junio de aquel ao, y una compaa de opulentos capitalistas lo compr en pblica subasta el 11 de enero de 1842, en la cantidad de tres millones y medios de pesos fuertes, con la obligacin de construir en los dos primeros aos un ramal de San Felipe a Bataban para poner en comunicacin el mar del norte con el del sur; en los dos siguientes, otro ramal de Rincn o del Bejucal a San Antonio; y en los cuatros posteriores el de Gines a los de Palos. Tal fue el origen y progreso del primer camino de hierro construido en Cuba, camino que sirviendo de modelo y estmulo al espritu de empresa, abri la puerta a la formacin de otros tan tiles a sus dueos, como a la Isla que lo posee.Oficio de D. JOS ANTONIO SACO remitiendo su Memoria sobre caminos al Seor Director de la Real Sociedad Patritica de La HabanaCon esta fecha tenga el honor de dirigir a V.S. una Memoria sobre caminos en la isla de Cuba, conforme a uno de los programas que por

PAGE 174

OBRAS 170\ 170\ 170\ 170\ 170\ acuerdo de la Real Sociedad Patritica de La Habana se publicaron el 10 de abril del presente ao en el Diario de Gobierno de aquella ciudad. Si el cuerpo ilustre a quien la consagro, puede encontrar en ella una sola idea que contribuya a la gran empresa que medita, quedarn satisfecho mis deseos, y recompensado mi trabajo. Dios guarde a V.S. muchos aos. Nueva York y septiembre 16 de 1829. —JOS ANTONIO SACO.— Sr. Director de la Real Sociedad Patritica de La Habana.Dictamen de la comisin nombrada por la Sociedad Patritica de La Habana para calificar las Memorias que se le presentaron“Las Memorias, nmeros 16, 17, y 18 sobre el asunto octavo del programa para proponer el modo de construir y conservar los caminos, mantenerlos y mejorarlos con menos dispendio y ms pblica utilidad, han merecido todas una consideracin particular”. La nmero 16 con el epgrafe siguiente: “Despus de la influencia etc., en un trabajo distinguido, profundo y que manifiesta en su autor tan vastos conocimientos, como un celo no menos ilustrado que libre de ilusin. La Junta la cree, no slo acreedora al premio que est ofrecido en el programa, sino que para aprovechar las utilsimas y luminosas ideas del autor, en cuanto sea posible en nuestro estado actual, deben recomendarse al Exmo. Ayuntamiento de esta ciudad, y en particular a la Junta de Gobierno del Real Consulado, a fin de que si no en todo, en parte al menos, se realicen las mejoras que ha sabido proponer con tanto tino y acierto”. Cuando esta Memoria fue premiada, yo me hallaba en la ciudad de Nueva York; y el distinguido cubano D. Joaqun Santos Surez que entonces desempeaba con tanta brillantez las funciones de Secretario de la Sociedad Patritica de La Habana, fue quien me comunic la noticia de las muestras de aprecio con que aquella Corporacin haba acogido mi Memoria. El oficio con que este motivo recib, imprimiralo con mucho gusto; pero prohibindomelo la modestia, lo har tan slo del que pas en contestacin a l: “He recibido en honroso oficio en que V.S. me incluye la patente de socio de mrito que la Real Sociedad Patritica de La Habana me ha concedido por la Memoria que sobre el modo de construir y conservar los caminos, tuve el honor de presentar. Tambin me participa V.S. que como yo obtuve todo el premio ofrecido en el programa, puedo librar contra los fondos de aquella Corporacin hasta la cantidad de 200 pesos que constituyen el premio pecunario; y que no me remite V.S. la medalla de honor que tambin me corresponde, por no estar an grabada”.

PAGE 175

JOS ANTONIO SACO /171 /171 /171 /171 /171 “V.S. como rgano de la Sociedad se servir manifestarle, que acepto con el ms profundo respeto la patente de socio de mrito y la medalla que se ha dignado concederme, pues siendo entrambos para m el smbolo que me une a tan ilustre Corporacin, multiplican mis deberes para con la patria; pero que los 200 pesos que se ha servido adjudicarme, me permita cederlos a favor de las escuelas gratuitas que estn bajo de su inmediata inspeccin. ”Las medidas particulares que V.S. me anuncia haberse propuesto con respecto a mi Memoria, me son tan lisonjeras, cuando nacen de un cuerpo a quien caracterizan la ilustracin y la imparcialidad. ”Y ya que V.S. ha sido el conducto por donde he recibido tan agradable comunicacin, srvase V.S. la expresin ms sincera de mi gratitud por las finezas con que me honra. ”Dios guarde a V.S. muchos aos. Nueva York y enero 14 de 1830. — Seor don Joaqun Santos Surez, secretario de la Real Sociedad Patritica de La Habana”.Advertencias que pas a la Memoria al tiempo de imprimirla en Nueva YorkPRIMERA. En septiembre de 1829 dirig a la Real Sociedad Patritica de La Habana la Memoria que hoy ve la luz pblica, y por motivos que expresan al principio de ellas, supuse haberla escrito en aquella ciudad y no en Nueva York, donde ahora resido. SEGUNDA. El justo temor de que mi nombre fuese descubierto, me forz a callar el de la persona a quien debo las tres tablas itinerarias que acompaan esta Memoria. Cambiadas las circunstancias mi gratitud puede ya decir, que los obtuve de los curiosos manuscritos que sobre Cuba conserva el teniente coronel de artillera don Jos Mara Callejas. TERCERA. Juzgando que la Real Sociedad Patritica de La Habana no acelerara la publicacin de esta Memoria, me resolv a imprimirla en Nueva York, dndole la ltima lima que no pudo recibir en las apretadas circunstancias en que la escrib. Mas habiendo sabido, que aquella ilustre Corporacin est imprimiendo en La Habana el manuscrito que tuve el honor de remitirle, el pblico ver circular a un tiempo dos Memorias que debiendo ser idnticas, varan, sin embargo, en algunos puntos, pues que la impresa por m contiene algunas correcciones y adiciones importantes de que carece la que va autorizada con el nombre respetable de la Real Sociedad Patritica. CUARTO. La importancia de las leyes que sobre caminos acaban de publicarse en el estado de Nueva York, me han inducido a formar un extracto de ellas agregndolo al fin de esta Memoria. Si alguna de sus disposiciones pudiere aplicarse a la isla de Cuba, me contentar con decir que este nuevo trabajo no ha sido intil.

PAGE 176

OBRAS 172\ 172\ 172\ 172\ 172\ QUINTA. Patente de socio de mrito de la Real Sociedad Patritica de La Habana, una medalla de oro y 200 pesos, fue el premio ofrecido a la persona que mejor desenvolviese el programa sobre que recae esta Memoria. La comisin calificadora no slo le adjudic todo el premio, sino que la recomend al Exmo. Ayuntamiento y a la Junta de gobierno del Real Consulado de aquella ciudad: pero su autor, considerndose superabundantemente recompensado, acept tan slo la parte honorfica, cediendo la pecunaria a las escuelas gratuitas de su patria, la isla de Cuba.

PAGE 177

MEMORIA, ETC. MEMORIA, ETC. MEMORIA, ETC. MEMORIA, ETC. MEMORIA, ETC. “Despus de la influencia general de las estaciones y del clima, sin la cual no podramos satisfacer nuestras necesidades, ni proporcionarnos gran parte de nuestras comodidades, no hay quiz ninguna circunstancia ms interesante a los hombres en el estado de civilizacin, que la perfeccin de los medios de las comunicaciones internas”. Primer informe de la comisin nombrada por el Parlamento britnico sobre los caminos del Reino Unido en 1806.Laudable costumbre es la de la Sociedad Patritica de La Habana proponer a la entrada de cada ao, varios programas sobre objetos de gran importancia a la prosperidad cubana. A su resolucin convoca, no slo a los habitantes de este hermoso suelo, sino a los que han nacido en extraos y apartados climas. Ni el origen, ni la lengua, ni la diferencia de usos y costumbres, ni ninguno de aquellos obstculos que opone una poltica rastrera y sombra; nada de eso impide hoy, que sobreponindose la Sociedad a tan fatales preocupaciones, llame indistintamente a los hombres de todos los pases, y estimulndolos con recompensas, los convide a que vengan a depositar en las aras de la patria, el fruto de su aplicacin y sus talentos. Cubriranse de ofrendas esas aras, y entre tantas como aparecern dignas del numen a quien se consagran, yo tambin me atrevo a presentar la ma; y si no he acertado a escoger la mejor, ni tampoco he sabido prepararla cual conviene al noble fin que se destina, qudame por lo menos la satisfaccin de haber hecho cuanto mis fuerzas alcanzaron, por cumplir un deber que impone el suelo en que nac. Acaso no sera tanta mi desventaja, si mi pluma no encontrase ningn tropiezo en el campo que tiene que correr; pero queriendo el cuerpo patritico decidir con imparcialidad del mrito de las memorias que se le presenten, encarga que no aparezca en ellas el nombre de sus autores: y como ste, aun sin estamparle, podra descubrirse por algunos indicios; heme aqu en la necesidad de omitir varios hechos y referencias, que dando de una parte ms peso a mis razones, serviran de otra para desahogar mis sentimientos de gratitud. As, pues, pasando en silencio todo cuanto pueda oponer-

PAGE 178

OBRAS 174\ 174\ 174\ 174\ 174\ se a las rectas intenciones de la Sociedad, volver exclusivamente mi atencin al programa que me va a ocupar. Entre los 14 publicados en el Diario de la Habana el 10 de abril del presente ao, ninguno est a mi entender tan ntimamente enlazado con todos los ramos que constituyen la riqueza cubana, como el marcado con el nmero 8, cuyo tenor es el siguiente: “Se presentarn en una Memoria sobre caminos, las causas generales de sus descomposiciones y las particulares de esta Isla; y al presentar el mtodo conveniente para conservarlos en buen estado, se dar un proyecto de mejorarlos y mantenerlos siempre buenos con menos dispendio y ms pblica conveniencia”. La simple lectura de este programa claramente me indica, que debo dividir mi Memoria en cuatro partes principales. PRIMERA. Causas generales de la descomposicin de los caminos y particulares de la isla de Cuba. SEGUNDA. Modo de mejorarlos. TERCERA. Modo de mantenerlos siempre en buen estado. CUARTA. Lograr estos fines, a saber, su construccin y conservacin, con menos dispendio y ms pblica conveniencia. Pero mejorar los caminos, supone que ya existen; y dicha sea la verdad, an estn por hacerse. As permtaseme sustituir la palabra construirlos a la mejorarlos y convertir la segunda parte en la siguiente: modo de construir los caminos De esta manera, me parece que doy mayor ampliacin al programa, y sin mutilar ninguna de sus partes, entrar ms de lleno en las grandes miras del cuerpo ilustre que lo propone.PARTE PRIMERACAUSAS GENERALES DE LA DESCOMPOSICI"N DE LOS CAMINOS Y PARTICULARES DE LA ISLA DE CUBASu mala construccin debe de contarse como la primera causa general. Sea cual fuere el grado de polica con quien quieran conservarse, sea cual fuere la influencia o variedad de los climas, los caminos siempre cedern ms o menos pronto al impulso de esta causa irresistible. Que as debe suceder, cosa esta tan clara que no necesita de pruebas ni demostraciones: no lo es, empero, que todos la consideren como causa general, pues que su accin no se extiende a todos los pases, ni tampoco a todos los caminos. Mas, si prescindiendo de abstracciones, pasamos a observar las cosas, no como puede representarlas un espritu sutilizador, sino como realmente son, muy luego se conocer que tengo algn fundamento; porque todos los caminos estn expuestos al descuido o ignorancia de sus constructores, porque su deterioro en todas partes ms ha

PAGE 179

JOS ANTONIO SACO /175 /175 /175 /175 /175 provenido de esta que de las dems causas, y porque siempre que se construyan mal, su descomposicin ser un efecto necesario. Esto basta para que se numere entre las causas generales; y lo nico que podr decirse, es que su accin no es constante, porque cuando los caminos estuvieren bien construidos, ya no tendr lugar. Pero de aqu nada puede inferirse contra su generalidad, porque una causa bien puede ser general siendo inconstante, o ser constante, siendo particular. Ulteriores explicaciones sobre materia tan clara lastimaran la delicadeza del cuerpo respetable a quien tengo el honor de dirigirme. El trnsito es la segunda causa que contribuye a la descomposicin de los caminos; mas, sus efectos varan segn el mtodo de construirlos y el modo de usarlos, siendo evidente, que los caballos y dems animales causan menos dao que los carruajes; y que la carga de stos, el nmero y anchura de sus ruedas, y la rapidez con que corren, influyen notablemente en la descomposicin. Es tan palpable la existencia de este mal, que me parece superfluo detenerme a presentar sus pruebas; pero no sindolo el influjo que ejerce cada una de estas circunstancias, reservar su examen para lugar ms oportuno. Duda alguno que las aguas ablandan a veces los materiales de que se componen los caminos, que otras los arrancan o dislocan, y que casi siempre los penetran aflojando la trabazn que debe existir en todos ellos? Pues vase aqu la tercera causa general de su descomposicin tanto ms rpida, cuanto ms activo fuere el trfico y cuanto menos perfecta hubiese sido su construccin. Pero esta misma agua an puede producir mayores daos, cuando se congela; y como el fro predomina durante un perodo del ao en la mayor parte de los pases del globo, bien puede, sin mucha impropiedad, considerarse tambin como la cuarta y ltima de las causas generales. Sucede, que por una anomala tan extraa como sabia, el agua congelada ocupa mayor volumen que cuando se halla en estado de liquidez, haciendo tan grandes esfuerzos contra los obstculos que impiden su expansin, que si con ella se llena una bomba o un can de hierro, stos se tapan perfectamente, y se exponen a un fro que pueda helarla, ambos reventarn. Nace de aqu, que penetrando el agua los caminos por todos los intersticios que dejan los materiales de que se componen, y descendiendo muchas veces al fondo de ellos, all permanece libre o mezclada con la tierra hasta que entrando el invierno, adquiere el estado de solidez, y disloca los materiales, ya levantando unos, ya hundiendo otros, ya alterando por todas partes la superficie y estructura del camino. De todas estas causas, las tres primeras comprenden a la isla de Cuba; pero la ltima afortunadamente no extiende hacia ella su perniciosa influencia. Y somos acaso tan felices, que aqullas sean los nicos obstculos que tengamos que vencer? Esto nos induce a preguntarnos.

PAGE 180

OBRAS 176\ 176\ 176\ 176\ 176\CULES SON LAS CAUSAS PARTICULARES QUE DESCOMPONEN LOS CAMINOS EN LA ISLA DE CUBA?Antes de responder a esta pregunta, es menester advertir que varias de las causas generales ya expuestas, deben considerarse, por el modo con que obran, como particulares de la isla de Cuba, pues ciertamente producen efectos muy diversos de los que se observan en otros pases donde tambin existen. Sentada esta advertencia, ya podr marchar con paso ms libre, y entrando desde luego en materia, reducir a cuatro las causas particulares que en el estado presente ponen intransitables nuestros caminos en varios meses del ao. De esperar es, que la mano del hombre har desaparecer algunas con su industria y su constancia, pero otras sern tan durables como el clima de las regiones en que habitamos. A stas, pues, deben dirigirse principalmente nuestros esfuerzos, y ya que no nos es dado remover su influencia, empemonos al menos en prevenir sus estragos. He numerado las lluvias entre las causas generales; pero la cantidad que, y la fuerza con que cae en algunas regiones tropicales, exigen que se les considere como particulares de la isla de Cuba. Cantidad y fuerza, digo, porque hay pases donde podr llover tanto o ms que en ella, sin que por eso se deterioren sus caminos con la prontitud que sucedera entre nosotros. Y la razn es bien clara, porque repartidas las aguas en todo el ao, cada vez que llueve, cae menor cantidad, y, por consiguiente, se disminuye esa causa destructora. Mas, si toda su fuerza se reconcentra para un perodo del ao, y cada aguacero es como un torrente lanzado de las nubes, claro es que entonces los estragos sern mucho mayores; y esto es cabalmente lo que acontecera en la isla de Cuba. No hay duda que nosotros tenemos que luchar contra esta desventaja, pero ella lejos de acobardarnos, debe infundirnos aliento y osada. No se nos saque el ejemplo de la Francia y la Gran Bretaa, dicindonos que si sta tiene mejores caminos que aqulla, dbelos tan slo a la menor fuerza con que caen las lluvias; porque en los lugares montaosos del principado de Gales y en las regiones septentrionales de Inglaterra, las lluvias son tanto o ms fuertes que en Francia, y los caminos, sin embargo, se conservan en el mismo estado que los dems de aquella nacin. La diferencia, pues, slo consiste en el celo y espritu pblico del pueblo y del gnero britnico: y tal es el influjo de estas causas, que aunque se trocaran las circunstancias lluviosa, Gran Bretaa en este ramo no sera inferior a su rival. Y, pues, que los ingleses y aun otros pueblos, luchando con inconvenientes, han sabido proporcionarse un bien tan inestimable, imitemos nosotros su ejemplo; y ya que no podemos vencer la naturaleza, arrostremos sus obstculos y aprendamos a resistirla.

PAGE 181

JOS ANTONIO SACO /177 /177 /177 /177 /177 De las fuertes lluvias nace la segunda causa que consiste en las grandes avenidas de nuestros ros. Verdad es, que sus efectos ni son generales en toda la Isla, ni tampoco se producen en perodos fijos; pero ni lo uno ni lo otro basta para que dejemos de tomar algunas medidas contra los males que deben temerse. Necesitar yo probar que inundados nuestros campos por las avenidas de los ros, habr casos en que sufran detrimento los caminos? Si alguno lo duda, que recuerde la catstrofe causada por los ros de Gines y de Calabazal en los das memorables 21 y 22 de junio de 1790; y sin subir hasta aquella poca, el ao de 1810 nos present en lo interior de la Isla otra escena cuyos estragos fueron semejantes. Sucede a veces en los lugares bajos, que juntndose las aguas de los ros con las que caen en los campos, stos quedan inundados por algunos das, llegando hasta el extremo de cortar la comunicacin de un punto a otro. Que esto debe perjudicar los caminos, cosa es que no admite duda; pero este mismo obstculo es un nuevo motivo que tenemos para darles ms solidez, evitando los quebrantos de esta tercera causa. Contra la cuarta y ltima que consiste en el trnsito de los ganados que se llevan de un lugar a otro para abastecer las necesidades del mercado, y en las carretas que conducen los frutos y dems efectos mercantiles, fcil es hallar el remedio. Construidos que sean los caminos, cesarn del todo los perjuicios que causan aqullos, y los que producen stas, se disminuirn considerablemente, adoptando las medidas de que hablar en el discurso de esta Memoria. Ya no s si existe en la isla de Cuba alguna otra causa que no est comprendida en las que van indicadas. Si as fuere, a espritus ms sagaces o a personas ms versadas que yo en la materia, toca advertirla y remediarla. Lo que s s es, que aun una de esas mismas causas destructoras, a veces se convierte en un principio conservador de los caminos; la lluvia quiero decir, pues la misma fuerza con que cae, arranca el polvo de ellos, y los limpia perfectamente. No se logra esta ventaja, cuando las aguas no son fuertes porque entonces mojan el polvo, y no pudiendo arrastrarlo, se forma un lodo ligero que al paso que influye en la ms o menos lenta descomposicin de los caminos, retarda algn tanto las prontas comunicaciones.PARTE SEGUNDAMODO DE CONSTRUIR LOS CAMINOSPara tratar con acierto esta parte interesante de mi Memoria, dividerela en dos artculos principales; a saber: configuracin o

PAGE 182

OBRAS 178\ 178\ 178\ 178\ 178\ parte externa de los caminos, y parte interna, o ntima estructura de ellos. Bajo el primero comprender su longitud, anchura y forma de su superficie. Bajo el segundo, la preparacin del terreno, la naturaleza de los materiales y el orden en que deben colocarse. Artculo PrimeroConfiguracinLongitud La de los caminos puede considerarse o en la direccin vertical esto es, siguiendo una lnea recta; o en la horizontal ya sea que se extienda por una superficie plana, ya por una inclinada.Direccin vertical, o en lnea rectaNada parece tan conforme al fin con que se hacen los caminos como el cortar las distancias de un punto a otro. Los menores gastos de construccin y la prontitud de los viajes son razones suficientes para decidirse a favor de los que corren en lnea recta: pero ni siempre puede drseles esta rectitud tan decantada, ni tampoco es tan necesaria como generalmente se cree. Si volvemos la vista a los de la isla de Cuba, los encontraremos en aquel estado que corresponde a los pases donde sin haberse hecho jams buenos caminos, todos los esfuerzos del hombre solamente se han dirigido a abrir una senda por entre bosques para comunicarse de un lugar a otro: senda que sobre ser irregular e imperfecta, hubo tambin de ser tortuosa por necesidad, puesto que el estado anegadizo de algunos terrenos, el hondo o rpido curso de los ros, la altura de las montaas, la profundidad de los precipicios y otros muchos obstculos que a cada paso le present la naturaleza, hubieron de obligarle a torcer continuamente su primitiva direccin. Que stos deben enderezarse, acercando por decirlo as, nuestros pueblos y ciudades; que al viajero deben ahorrarle los gastos y fatigas de una jornada en que anda intilmente leguas y ms leguas, son puntos ni tan desconocidos ni tan olvidados entre nosotros que no hayan dejado de merecer la atencin pblica, y aun de ser el objeto de trabajos importantes. Entre los documentos que yacen sepultados en los archivos de Santiago de Cuba, existe una Memoria que sobre abertura y construccin de caminos extendi en 1797 D. Juan Francisco Salazar, entonces administrador tesorero de aquella ciudad. Acompanla varias tablas, y en una de ellas se demuestra la distancia que entre s tienen la mayor parte de los pueblos comprendidos entre La Habana y Baracoa: en otra se manifies-

PAGE 183

JOS ANTONIO SACO /179 /179 /179 /179 /179 ta la disminucin de las distancias de un lugar a otro, abriendo los caminos en lnea recta; y en la ltima se indica la diferencia de leguas entre los caminos viejos y los nuevamente propuestos. Y parecindome que estas tablas podrn derramar bastante luz en la materia que nos ocupa, me atrevo a insertarlas aqu, recomendndolas como dignas de consideracin de la Sociedad.

PAGE 184

OBRAS 180\ 180\ 180\ 180\ 180\TABLA PRIMERA. — Nmero de leguas de unos pueblos a otros segn los actuales caminosBaracoa. 111Bayamo. 315204Bejucal. 761/2341/2238Caney. 783323711/2Cuba. 37526455298297Filipinas. 319202523623561Guanabacoa. 30519482282276512Gines. 11052093231269207199Guisa. 315214623823760214209Habana. 9822199411/24027519421427215Holgun. 305194102282277081120610203Jaruco. 10471/2211271/226271209201521119201Jiguan. 294183232171/22168019151882119441190Matanzas. 16352158861/285213150161571525414259131Puerto-Principe. 32321062461/22455271521382121521727158San Antonio. 230119911531/213214583751248312175126646793San Juan de los Remedios. 31120082341/2233642102054202620717148981Santa Mara del Rosario. 31520622391/223856610209520611211211524856Santiago. 2161051021391/213815910410511099107891127853102159599Santo-Espritu. 233122841561/215514288761279012410612995708831868517Trinidad. 239128821621/216113610291133761/21306613565761/2921472892329Villa Clara.

PAGE 185

JOS ANTONIO SACO /181 /181 /181 /181 /181Baracoa. 171/2Bayamo. 1713/41241/2Bejucal. 281/2191431/4Caney. 30171/21413/411/2Cuba. 2001521/2321711/2170Filipinas. 1671191/251381/213733Guanabacoa. 4681201/281391/21384010Gines. 4241/21283/4131/2121571221241/2Guisa. 1891311/261401/213951212126Habana. 3319132231/2221601/21271/21281/2221201/2Holgun. 159119101301/229418111231/2101191/2Jaruco. 4071/21311/2111/21016012712841/2129181261/2Jiguan. 1531051/2183/41241/2123471415110161131/261121/2Matanzas. 781/231931/450481/21211/2881/2891/2351/2901/239801/238741/2Puerto-Principe. 1741261/261451/21442681513161341/2151331/221951/2San Antonio. 118701/2573/4891/2888653547555781/2457839391/260San Juan de los Remedios. 1631161/273/41361/2135303812131241/251231/211851/21050Santa Mara del Rosario. 1711221/221421/21413061012741/21301/2111291/217911/24566Santiago. 103531/2693/4741/2739864656066631/255531/250241/272156268Santo-Espritu. 120721/263911/29011566557768801/258791/252411/27326636517Trinidad. 118701/246891/28882493875517841771/235391/256946521517Villa Clara. TABLA SEGUNDA. — Distancia de unos pueblos a otros segn los nuevos caminos

PAGE 186

OBRAS 182\ 182\ 182\ 182\ 182\TABLA TERCERA. — Leguas que se ahorran por los nuevos caminos segn resulta de la primera y segunda tablaBaracoa. 631/2Bayamo. 1431/4793/4Bejucal. 48151/2951/4Caney. 48151/2951/20Cuba. 1751111/223127127Filipinas. 146821/20989828Guanabacoa. 1377308989252Gines. 681/2801/2191911285741/2Guisa. 146821/209898290283Habana. 653671818115661/2851/25851/2Holgun. 1461/275098982900821/20851/2Jaruco. 640791/2161611182731/2821811/2Jiguan. 141771/241/293933350785801/25771/2Matanzas. 841/221643/4361/2361/2911/2611/2611/2211/2611/215611/221561/2Puerto-Principe. 149831/401011012600842771/20831/26621/2San Antonio. 112481/2331/464645930214930421/2304825271/233San Juan de los Remedios. 146831/21/498982802840771/21831/26621/2031Santa Mara del Rosario. 144831/2097972600821/4751/20811/24600290Santiago. 113491/23265656133405033431/233581/228281/23003331Santo-Espritu. 113491/22165652722215022431/248701/243281/215523200Trinidad. 121571/236737354255358251/2511/225571/230363652637812Villa Clara.

PAGE 187

JOS ANTONIO SACO /183 /183 /183 /183 /183 Trescientas quince leguas de un camino penoso y casi insoportable; tal es la distancia que hoy tiene que andar el viajero desde La Habana a Baracoa, pero esta larga jornada quedara reducida por nuevos caminos a 169 leguas, resultando una diferencia de 146, o casi la mitad; que es decir, poco menos de la mitad de los gastos de conduccin y del tiempo que hoy se emplea en correr esa misma distancia, aun suponiendo que fuese por buenos caminos. Estos datos no slo prueban la facilidad y rapidez con que se haran los viajes, sino la grande reduccin de los costos y capitales que se necesitan para realizar la empresa. Nuevos reconocimientos, nuevas operaciones geodsicas darn quiz resultados ms favorables, y contribuirn de este modo a desvanecer la idea espantosa que nos aterra, figurndonos que la construccin de caminos en la isla de Cuba es un gigante contra quien no tenemos fuerzas para luchar. Pero seremos tan afortunados que todos nuestros caminos pueden hacerse en lnea recta, o por lo menos disminuirse en lo posible sus numerosas curvaturas? No encontraremos obstculos tan difciles de vencer que los gastos y trabajos sean mayores que la utilidad? Nacen estos obstculos o de la naturaleza, o del estado social en que vivimos; y a veces sucede que el vencimiento de stos es mucho ms difcil que el de aqullos. Una montaa elevada, un ro caudaloso, un torrente que se precipita, un campo anegadizo y que a cada paso se hunde bajo los pies del viajero, son embarazos que la mano del hombre est acostumbrada a burlar: pero destruir de un golpe y en un da la obra de muchos aos, las ideas del inters individual, los derechos concedidos por las leyes, sancionados por la prctica y confirmados por el comn consentimiento, he aqu lo que pocas veces suceder entre los hombres; y he aqu cabalmente el escollo donde casi siempre se estrellarn las tentativas del incauto legislador. Yo bien s que en lo interior y aun en casi toda la parte oriental de la Isla, la rectitud de los caminos no encontrar ms obstculos que los que le oponga la naturaleza; porque abiertos los campos, no poblados todava en la mayor parte, y dedicados generalmente a la crianza de ganados, muy rara vez podr haber algn tropiezo que impida su recta direccin; pero cuando vuelvo la vista hacia la parte occidental, cuando observo que los campos de la jurisdiccin de La Habana estn casi exclusivamente dados a la agricultura, que estn cercados y convertidos en propiedad particular, que varios pueblos se hallan en continuas comunicaciones, y que muchas de stas se hacen por sendas muy tortuosas, confieso que me siento inclinado a proponer que no se haga en ellos alteracin; o por lo menos, que si se trata de disminuir su curvatura, no se les d una rectitud que si bien parece muy conforme a los pblicos intereses, est expuesta, cuando se reflexiona, a males de grave trascendencia.

PAGE 188

OBRAS 184\ 184\ 184\ 184\ 184\ La primera cuestin que se presenta es, cul ser el nmero de propietarios por cuyas tierras hayan de pasar los caminos, y cul, el carcter o influjo social que tengan estos propietarios. El estado en que hoy se halla la agricultura de La Habana y Matanzas muestra bien a las claras que no ser corto su nmero, y que entre ellos se encontrarn algunos de alto carcter y representacin. Y cules sern en este caso las consecuencias? Seranlo, que estos individuos formarn una clase o cuerpo, y que unidos por el inters comn, que es el mayor de los vnculos, pondrn en juego todos los resortes que estn en sus manos, y cuando no paralicen, entorpezcan a lo menos toda tentativa para llevar a efecto la empresa proyectada. Necesitar yo decir cules son esos resortes? La Sociedad sabe mejor que yo cuan fecunda es la malicia en inventar recursos, y en nuestro suelo, donde por desgracia est tan difundido y tan arraigado el espritu forense,1 nada es ms fcil que dar entrada a las cavilaciones del inters, sembrando de obstculos aun los asuntos ms claros y sencillos. Pero la autoridad, se me dir, podr removerlos prontamente. Pero, la autoridad, contesto yo, si quiere ser justa, como siempre debe serlo, no puede proceder en esta materia sin guardar las frmulas legales, y estas frmulas que son la garanta de la propiedad, se convierten por la malicia en medios de entorpecer y embrollar. Concdase, enhorabuena, que todos los propietarios estn dispuestos a permitir que los caminos pasen por sus haciendas; todava queda por resolver otra cuestin de grave dificultad. Y al hablar de permiso, no se me atribuya la mala intencin de que los hacendados deban concederle gratuitamente. S muy bien cules son los inviolables derechos de un propietario, y que todo lo que puede exigirse de l, en obsequio del bien comn, es que se desprenda de su propiedad, y se prive de los goces que ella le proporciona; pero la eterna justicia clama por la completa indemnizacin de sus prdidas y quebrantos. Mas, cmo se har esta indemnizacin? Muy fcil es responder, que por mutuo acuerdo entre los propietarios y el gobierno, corporacin, o compaa encargados de la empresa de caminos. Pero cuando no pueda haber convenio entre las partes interesadas, cmo se decidir esta controversia, sin comprometer los sagrados derechos de la propiedad? Si el ejemplo de otros pueblos pudiera ser aplicable a nosotros, ciertamente que encontraramos en Inglaterra un modelo muy perfecto.2 Cuando all se quiere enderezar un camino por alguna parte, el inspector de l ajusta primero el precio con el propietario del terreno por donde ha de pasar; y si amigablemente no pueden convenirse, un juez 1Felizmente ya hoy, este mal no es tan grave como en los tiempos en que escrib esta Memoria. 2En el apndice a esta Memoria se ilustrar ms este punto importante.

PAGE 189

JOS ANTONIO SACO /185 /185 /185 /185 /185 de paz va entonces a reconocerle y a tomar todos los informes necesarios. Despus hace una relacin exacta a los jueces de paz, quienes reunidos en sesin especial, convocan al efecto un jurado de 12 personas. Estos 12 hombres imparciales, pesando detenidamente todas las circunstancias que puedan influir en el precio del terreno, fijan el que debe darse al propietario; y si ste rehsa recibirle, o est ausente, el dinero se deposita en la escribana del juez de paz de la parroquia a que pertenece el terreno comprado. Debe advertirse, que semejantes disposiciones jams se extienden a los edificios ni a los lugares cercados. Ni es sta la parte ms bella de la legislacin inglesa. Si bien respeta religiosamente el derecho de la propiedad, ha querido al mismo tiempo contener las demasas de los inspectores de caminos, e impedir las extravagancias de los propietarios. El precio que fija el jurado no excede al del inspector? El propietario paga entonces todos los gastos del reconocimiento. Excede el precio al sealado por el inspector? Los gastos se sacan de los fondos comunes, y a ste se obliga a pagar una suma igual a los gastos de la visita. De este modo se concilian los intereses pblicos con los individuales, resultando de aqu que muy rara vez sea preciso llevar al jurado disputas de esta naturaleza. Pero leyes tan sabiamente fundadas quedan para nosotros en la clase de una brillante teora. Es acaso Cuba, la Inglaterra? Y nosotros los cubanos somos por ventura los ingleses? Y pues que no lo somos, escribamos para Cuba, y slo como cubanos. Cul ser, pregunto yo, cul ser el partido que convendr adoptar cuando no pueda haber acuerdo amistoso entre los propietarios y los compradores del terreno? Se ocurrir a los tribunales? No quiera Dios que as sea. Esto sera revestirlos de facultades que no deben estar dentro de su esfera, sera hacer un ultraje al derecho sagrado de la propiedad, y sera abrir un campo inmenso donde se perdera todo proyecto, todo ensayo para mejorar los caminos. Se apelar a rbitros nombrados por las partes discordantes; he aqu una medida justa, pero que no puede llenar la expectacin pblica. Por ms que los interesados deseen terminar prontamente sus desavenencias, es imposible evitar las demoras, pues cada uno de ellos se tomar tiempo para ver quin es la persona o personas que ms les conviene nombrar; y transcurrido que sea este plazo, casos habr en que los rbitros, para alejar todo compromiso, todava no acepten este nombramiento. Entonces ser preciso hacer otro nuevo, y suponiendo que se haga con la mayor prontitud, y que le acepten las personas nombradas, quin responde de su imparcialidad?, porque los caminos se hacen o por cuenta del gobierno, o por empresas particulares, o por alguna corporacin. Si lo primero, se ponen en conflicto los derechos de un individuo con todo el poder del gobierno y con todo el prestigio que le rodea, siendo muy probable que todos los rbitros, temerosos de in-

PAGE 190

OBRAS 186\ 186\ 186\ 186\ 186\ currir en su desagrado, inclinen la balanza a su favor, y sacrifiquen al propietario. Puede a veces suceder lo contrario, porque si los rbitros nombrados por el gobierno conocen que l no se empea en la controversia, cesa el temor de ofenderle, y es muy fcil que se inclinen a favorecer al propietario, pues considerando a ste, respecto del gobierno, como a un ser digno de proteccin, y no teniendo ellos, por otra parte, ninguna responsabilidad, sentirn el doble placer de disponer a su antojo de los fondos pblicos y de labrar la fortuna o de aumentar el patrimonio de un hombre, padre quiz de una numerosa familia. Quisiera poner un candado a mi boca, antes de decir lo que acaso sucedera alguna vez. Pero quin puede impedir que algn propietario infame intente corromper por medio de ofertas y de ddivas la integridad de los rbitros, para que alcen el precio de los terrenos en perjuicio de los fondos del gobierno? Y quin podr asegurar que esos rbitros tendrn siempre bastante firmeza para resistir a las tentativas seductoras del inters? Se hacen los caminos por empresas particulares o por alguna corporacin? En ambos casos tendrn los rbitros ms libertad; y no hay duda que si se les dejara consultar nicamente a su conciencia, deberamos prometernos una justa decisin; pero esto no suceder con frecuencia, porque interesados, el propietario en vender sus tierras al ms alto precio, y los empresarios en comprarlas al ms bajo, no es de esperar que depositen este inters sino en personas de su confianza, y de quienes esperen una decisin favorable. De aqu resultar muchas veces, que los rbitros formarn causa comn con las partes que respectivamente los nombren, y no pudiendo acordarse entre s, ser preciso recurrir a otro remedio para dirimir la controversia. Se apelar al nombramiento de un tercero en discordia? Sea enhorabuena. Pero quin le nombra? Sern las partes? Y dependiendo de este individuo la resolucin definitiva, no opondrn los interesados mil dificultades para encontrar una persona que merezca su confianza, o que sea de su agrado? Y nombrada que sea, cun peligroso no ser poner intereses, que bien podrn ser de grave consideracin, en las manos de un solo hombre que no tiene a quien responder de sus operaciones, y que en muchos casos se ver estrechamente atacado por los empeos de las mismas partes? Libertarse de estos compromisos y salir con honor en tales lances, haciendo siempre resplandecer la justicia, es uno de los monumentos ms difciles que puede presentarse a la probidad de los hombres.3Y habr quien diga, que todos estos inconvenientes quedarn vencidos fijando un precio determinado a cada vara de tierra o a otra cual3Las ideas que acaban de leerse en el prrafo anterior, aunque de una rigurosa exactitud, cuando escrib esta Memoria, hoy sera injusto aplicarlas a Cuba, pues de entonces ac, ha cambiado mucho en ella la opinin en punto a caminos.

PAGE 191

JOS ANTONIO SACO /187 /187 /187 /187 /187 quiera medida que se tome por unidad? Nada sera tan fcil como hacer reglamentos de esta naturaleza; pero cuando de la teora se pase a los hechos y llegase el caso de aplicarlos, entonces se conocera cuan incompatibles son con los principios de la justicia; porque la naturaleza de los terrenos, el uso a que estn destinados, su mayor o menor distancia a los puertos, y otras muchas circunstancias de que es imposible prescindir, alterarn considerablemente su valor, y alejarn aun la posibilidad de determinarle por aproximacin. He manifestado aqu todos los inconvenientes a que estn expuestos los medios, que segn las leyes o la prctica admitidas entre nosotros, podran adoptarse para conciliar las disputas a que dara origen el proyecto de extender en lnea recta los caminos de la jurisdiccin de La Habana. Acaso podr haberme equivocado, y confieso de buena fe que tendra un gran placer en estarlo, porque as se conseguira el acierto con cualquiera de los medios indicados, pero si mis temores no son vanos, forzoso es, o resignarse a recoger todos los males que resultaran de su aplicacin, o apelar a nuevas disposiciones capaces de conciliar el derecho de propiedad con el inters y orden pblico. Bien quisiera aventurarme a proponer algunas de esas disposiciones; pero ni yo tendr la presuncin de aparecer aqu como legislador, ni aun cuando la tuviese, la Sociedad me ha llamado en calidad de tal. Prescindir, pues, de la parte legislativa de los caminos, y contentndome nicamente con recomendar la importancia del objeto, seguir el curso de la Memoria empezada. Dije tambin al principio de este artculo, que la rigurosa rectitud de los caminos no es tan necesaria como generalmente se cree. Edgeworth, a quien citar varias veces en el progreso de esta Memoria, observa que es muy extraordinario encontrar perfectamente derecho un camino de diez millas de largo, o sea, tres leguas y un tercio; y que aun cuando este camino fuese tan encorvado, que puesto el viajero en cualquiera de sus puntos, solamente alcanzase a ver la distancia de un cuarto de milla, todava su longitud no se aumentara ms de 150 varas. Por esa demostracin ya se infiere cuan corto ser el exceso de gasto y de tiempo empleados en los caminos que tengan algunas sinuosidades; mientras, por otra parte, se consigue darles ms variedad, pues pudiendo presentarse al viajero nuevas y agradables escenas, se apartar de sus ojos la monotona fastidiosa de una senda, que extendindose hasta el horizonte, le atormenta incesantemente con la idea de la larga distancia que an tiene que caminar.Direccin horizontal sta depende de las quebradas que presentare el terreno; y aunque la Isla es muy montaosa por algunas partes, principalmente por la re-

PAGE 192

OBRAS 188\ 188\ 188\ 188\ 188\ gin oriental, tambin es llana por otras muchas. Aun en aqullas, ni las montaas son inaccesibles, ni su configuracin es de tal naturaleza que siempre pongan al viajero en la necesidad de pasarlas, pues a excepcin de la parte oriental, entendiendo como tal toda la jurisdiccin de Baracoa y Santiago de Cuba por donde las cordilleras atraviesan la Isla desde el mar del norte hasta el cabo de Cruz sobre el mar del sur, las dems se extienden por la parte central de ella formando grupos ac y all, y dejando franco el paso as por un lado como por otro. Esta indicacin sencilla manifiesta claramente, que bien podr salvarse en muchas partes el escollo de las altas montaas dando otro rumbo a los caminos; pero en el estado imperfecto de los conocimientos que tenemos sobre la Isla, es imposible designar cules sern los lugares donde nos podremos desviar de la recta direccin, pues sta depende de la estructura, extensin y elevacin de las montaas. Mas, cuando sea preciso atravesarlas, cul es la inclinacin que debe darse a las subidas y bajadas? Aun entre los autores ms clebres, han sido varias las opiniones; pero en medio de esta incertidumbre presentar algunos datos que derramando alguna luz, podrn conducirnos al acierto. En Inglaterra, cuyos caminos son un modelo digno de imitacin, los caballos que tiran los coches, pueden subir y bajar al trote los terrenos quebrados; y a la verdad que esto no podra hacerse sino fuesen muy suaves las inclinaciones de los caminos. Edgeworth calcula que la mayor inclinacin de estas rampas debe ser una trigsima parte de todo el peso que se opone continuamente al tiro de los caballos cada 30. En tal caso opina tambin, que mientras se corre esta distancia de 30 pies, es preciso levantar la trigsima parte de todo el peso que tiene el coche, su carga, y los caballos uncidos a l, resultando, por consecuencia, que durante esta operacin, la trigsima parte de todo el peso se opone continuamente al tiro de los caballos; de manera, que un carro de seis toneladas debe experimentar una resistencia igual a la fuerza ordinaria de dos caballos. Telford refiere, que algunos de los caminos de la Gran Bretaa compuestos en estos ltimos aos, tenan una inclinacin de un pie en cada seis, siete, ocho, nueve o diez. Tan rpido descenso es incompatible con la seguridad del viajero y con la prontitud de las comunicaciones; y para impedir que en lo sucesivo se reproduzcan males de semejante naturaleza, propone como modelos, los caminos que bajo su direccin se han construido en los lugares montaosos del norte del principado de Gales, cuya inclinacin longitudinal generalmente es de casi un pie en cada 30; y aunque hay partes donde su declive es de un pies en 22, y de uno en 17, todava los coches y carros no experimentan inconveniente, porque el camino tiene en esos parajes gran consistencia e igualdad. El barn Dupin confiesa en una de sus obras, intitulada Viajes por la Gran Bretaa que no habiendo la Francia reducido todava la incli-

PAGE 193

JOS ANTONIO SACO /189 /189 /189 /189 /189 nacin de sus caminos a los lmites que ofrecen los del principado de Gales, recomienda que sera til darles una trigsima parte en las rampas largas, y una vigsima quinta en las cortas. ¡Felices nosotros, si enseados por la experiencia de pueblos que marchan a la vanguardia de la civilizacin, podemos evitar todos los escollos en que han cado, y sabemos aprovecharnos de las ventajas que han alcanzado! Casos hay en que las colinas tienen tan rpido declive, que no puede darse a las subidas y bajadas una suave inclinacin sin alargar la ruta demasiado. Para entonces convendr adoptar un mtodo distinto que consiste en rebajar la cima del collado, pues al paso que as se disminuye la altura que ha de subirse, los materiales de que se compone, pueden servir para rellenar los valles o partes inferiores del camino. Cuando stos hayan de correr por una extensa montaa, bueno ser hacer de trecho en trecho explanadas horizontales donde puedan las bestias pararse a descansar. Piensan algunos, que omitido este requisito, la senda no quedar bien trazada: pero si se trae a la memoria, que la inclinacin dada recientemente en Inglaterra a varios de los antiguos caminos que pasan por largas montaas, es por todas partes uniforme y sin interrupcin, entonces se conocer cuan equivocado es el concepto de los que as piensan. Aun entre hombres de mrito es vlida en Inglaterra la opinin de que las sendas ondulatorias o compuestas de pequeas inclinaciones, deben preferirse a las enteramente planas; y fndanse para esto en que la alteracin de subidas y bajada permite a los animales poner en accin distintos msculos, dando a los unos tiempo de descansar, mientras trabajan los otros: ventaja que dicen no se consigue, cuando los caminos son planos. Pero yo creo, que el examen de esta cuestin, despus de dar origen a brillantes teoras y a clculos cientficos, muy poca o ninguna utilidad podr ofrecer en la prctica; as que, contentndome con indicarla, pasar sin discutirla a tratar de laAnchura de los caminosUna latitud extrema y una estrechez reducida son los escollos en que puede caerse al tiempo de construirlos. Si son ms anchos de lo necesario, mayores gastos y tiempos para hacerlos y repararlos, y terreno perdido para la agricultura, son las consecuencias que se derivan. Si son ms estrechos de los que exigen las necesidades del pas, habr dificultad en el trfico, prdidas de tiempo considerables y grandes erogaciones que hacer para remediar estos males, comprando a los propietarios el terreno que se necesite para darles ms amplitud. Francia ha cado en la primera falta. Inglaterra, en la segunda, no obstante que en muchas partes tienen sus caminos la latitud suficiente. Cautos nosotros, y hallndonos en cir-

PAGE 194

OBRAS 190\ 190\ 190\ 190\ 190\ cunstancias muy ventajosas, por lo mismo que todava carecemos de ellos, bien podemos salvar ambos extremos, abriendo los nuestros conforme a las necesidades presentes y futuras de nuestra agricultura y comercio. Y pues que stos son la base en que debe fundarse su anchura, ya se deja percibir que no puede ser igual en todos ni por todas partes. Un camino muy transitado claro es que pide ms amplitud que otro de poco trfico. Un camino que conduzca a la capital, ciudades principales y puertos de mucho comercio, debe irse ensanchando a proporcin que se vaya acercando a ellos, puesto que son los puntos de gran confluencia. Ni ser nuestra norma en su construccin, el estado presente en que nos hayamos. Nuestras miras deben extenderse a lo futuro; y en aquellos lugares donde la naturaleza o la industria del hombre pueden llamar un gran concurso, all debemos trazar las rutas, no conforme a lo que hoy somos, sino a lo que con el tiempo seremos. No es posible prescribir desde ahora reglas fijas sobre la anchura que debe drseles, porque sta debe variar segn las circunstancias a que he aludido, y lo nico que puede hacerse, es dar el mximo y el mnimo, sujetando siempre estos trminos a las modificaciones que dicten la necesidad o la conveniencia. Si quisiramos guiarnos por el ejemplo de otros pueblos, Gran Bretaa nos ofrece un acta de su Parlamento en que se manda, que los caminos tengan en las inmediaciones a las grandes ciudades 60 pies de ancho. Todava es mucho mayor la de algunos caminos reales de Francia; pero sin deslumbrarnos con los brillantes modelos, tengo para m, que tanta amplitud no es necesaria entre nosotros fuera de los puntos de gran influencia, un camino de 16 varas castellanas es suficiente para permitir con bastante desahogo el trnsito simultneo de tres carros apareados y gente a caballo y a pie. La mnima anchura de los caminos reales, particularmente en los que sean de algn trfico, nunca debe ser menos de 10 a 12 varas, a fin de que as quede paso franco a dos carruajes y a los viajeros a caballo y a pie; debiendo contarse con que mejorados los caminos, habr muchos que emprendan esta marcha, ya por necesidad, ya por mera diversin. Estrechar los lmites que acabo de sealar, sera exponerse a los mismos males que todava se experimentan en algunas partes de Inglaterra, donde estando reducida su latitud a 20 pies, no solamente quedan muchas veces embarazados los caminos con los carruajes, sino que tambin suceden algunas desgracias. Bien s que el movimiento de los nuestros no es igual a los de aquella nacin, pero ninguno negar que ya en algunos parajes es muy considerable; y como de da en da ir aumentando, conviene darles desde ahora la forma que dentro de un perodo a caso no muy distante, vendr a ser necesaria. Hubiera la Gran Bretaa construido sus caminos desde un principio, no conforme al estado que tena entonces, sino al de sus futuras necesidades, seguro est que des-

PAGE 195

JOS ANTONIO SACO /191 /191 /191 /191 /191 pus hubiese tenido que hacer tantas y tan costosas alteraciones. ¡Qu este ejemplo no sea perdido para nosotros, y nunca olvidemos que la previsin ha de ser el fundamento de nuestra felicidad.Figura de la superficie de los caminosCinco son las que se les pueden dar: plana en todas direcciones; plana a lo ancho e inclinada a lo largo ; inclinada transversalmente esto es formando un solo declive de un lado a otro; cncava ; y convexa A primera vista parece que la superficie plana es la mejor, porque yendo los carruajes a nivel, su carga no se inclinar ms a una parte que a otra, las ruedas trabajarn por igual, sufrirn menos los caminos, y los viajeros gozarn de ms comodidad. Pero estas ventajas son puramente ideales, porque no teniendo los caminos ningn declive, las aguas se estancarn, y abriendo surcos las ruedas y baches los animales, en breve los descompondrn. As lo ha demostrado la experiencia en todos los pases donde se han construido calles y caminos de superficie plana en todas direcciones. Mas cuando solamente son horizontales en su anchura, y muy poco inclinados en su longitud, entonces cesan estos inconvenientes, porque las aguas pueden correr con libertad, las cargas no se inclinan ni a un lado ni a otro, sufren menos los carruajes y caminos, y stos son por todas partes igualmente transitables. La inclinacin transversal es muy poco usada en los caminos reales: ni conviene que lo sea, porque no pudiendo ir los carruajes en equilibrio, trabajarn ms de un lado que de otro, y se descompondrn ms pronto. Las personas que vayan en ellos sufrirn tambin bastante incomodidad, particularmente las que tomen asiento en el lado inclinado. Hay casos, sin embargo, en que la construccin de estos caminos se recomienda como ms segura que ninguna otra; y es, segn opina Edgeworth, cuando hayan de correr al costado de una montaa, pues dndoles entonces un declive contrario al borde exterior de ella, se dificulta la cada de los carruajes en el precipicio: cada que sin esta precaucin, es tanto ms fcil, cuanto conspiran a ella la fuerza centrfuga de las ruedas, el peso del carruaje, y el mpetu que llevan los caballos en su descenso. As se ha hecho en algunas partes de Escocia, y as conviene hacerlo en varias de nuestra Isla, principalmente en la regin oriental. Aumentarase la seguridad, poniendo al lado del precipicio una baranda de hierro o de madera, o levantando un muro pequeo de ms de vara de altura, el cual servira para mantener siempre a los caballos dentro del camino. Si slo en estos casos se recomienda la inclinacin transversal en los caminos reales, no sucede lo mismo con las veredas y otras sendas pri-

PAGE 196

OBRAS 192\ 192\ 192\ 192\ 192\ vadas, cuya anchura ya se sabe que es muy poca. Dbase a stas en Inglaterra la figura convexa, pero la experiencia manifest que a poco tiempo se formaban dos surcos profundos a los costados, en los cuales se depositaba el agua, y que en el centro se hacan baches con el trnsito de los caballos: mas, diseles una inclinacin transversal, y desde entonces se conservan en buen estado, pues corriendo el agua de un lado a otro, queda siempre seco uno de ellos para la gente a pie. Observa con razn el barn Dupin, que para impedir que las lluvias inunden esas sendas por el borde superior, ser menester abrir una zanja estrecha a lo largo de l; y que si el terreno lo permite, aun ser mucho mejor darles su declive por el lado donde corren las aguas de los campos vecinos. Lamntase Dupin de que no se siga en Francia una prctica tan provechosa. Lamentmonos tambin nosotros; pero deprequemos al cielo que nuestros lamentos no sean intiles. Yo no he visto, ni s que hoy exista algn camino de figura cncava La nica noticia que tengo, es que en el siglo pasado se construy en la Gran Bretaa bajo la direccin de Mr. Wilkes, y que comparado con el de distinta figura que exista antes, cost menos, y dur ms. Bakewel, que era partidario decidido de estos caminos, habla tambin de otros dos, que aunque cortos, se conservaron en mejor estado que los inmediatos; y para inducir a la formacin de otros bajo el mismo plan, recomienda las ventajas, de que se tiene agua a mano para regarlos, pues se deposita en el centro de ellos; y de que se presentan tres direcciones para los carros; a saber, una por el centro, y dos por los lados. Pero estas consideraciones tendran lugar en aquella poca, cuando todava se ignoraba el mtodo verdadero de construir buenos caminos. As es, que la misma Inglaterra donde se hicieron esos ensayos, no ha adoptado semejante construccin: y lo sera mucho menos en la isla de Cuba, porque es de advertir que los caminos cncavos tienen la desventaja de recoger en su centro todas las aguas que bajan de sus costados, y como el curso de ellas se hace por la lnea central, es preciso darles mucha solidez en sus puntos para que puedan resistir al desage ms o menos rpido. Presentan tambin el inconveniente de que o el centro est a perfecto nivel, o tiene alguna inclinacin. Si lo primero, el agua no correr libremente, y depositndose en algunos parajes, stos se descompondrn con el trfico. Si lo segundo, el curso acelerado que adquirirn las aguas con este declive, contribuir tambin a su descomposicin. Pero una causa todava ms poderosa influye entre nosotros. Las lluvias de Europa no pueden compararse a las tropicales, donde cada aguacero parece un torrente asolador; y muchos de los caminos que en Inglaterra y otros pases europeos pudieran resistir fcilmente a la fuerza de las lluvias, en nuestra Isla quedaran en breve destruidos, pues las aguas que all se deslizan blandamente por el centro de los caminos cncavos,

PAGE 197

JOS ANTONIO SACO /193 /193 /193 /193 /193 aqu presentaran la imagen de un ro impetuoso que arrastrando consigo aun materiales bastantes slidos, nos pondran a la forzosa necesidad, o de repararlos continuamente, o de darles una consistencia mucho mayor que la que podra exigirse construyndolos de otra manera. No hagamos, pues, tentativas que puedan costarnos caro; dejemos a otros pueblos ms adelantados el cuidado de hacer nuevos ensayos; y pues que nosotros somos principiantes, limitmonos a seguir el ejemplo que nos dan los que en este ramo casi han llegado a la perfeccin a fuerza de tiempo y de dinero. Altos por el centro, y bajos por los costados, o sea convexos he aqu la forma que generalmente se dan a los caminos, y he aqu la que en mi concepto conviene ms a los nuestros; porque en vez de bajar las aguas de los costados al centro, corren de ste hacia aqullos, y dividindose en dos porciones toda la cantidad que cae sobre su superficie, impiden su acumulacin en la parte central. Varias han sido las opiniones sobre el grado de convexidad que conviene dar a los caminos. Por un error funesto se crey en la Gran Bretaa que cuando es corta la curvatura, las aguas no podran correr hacia los costados; y partiendo de esta suposicin, se dio a muchos caminos una convexidad difcil y aun peligrosa para el trfico. Tan equivocado concepto se hubiera desvanecido con slo reflexionar: 1 Que un camino muy convexo impide la prontitud de las comunicaciones, pues expone los coches a volcar. 2 Que es muy incmodo a los viajeros por el grado de inclinacin que llevan. 3 Que esta misma inclinacin hace gravitar la carga mucho ms de un lado que de otro, y resistiendo una de las ruedas la mayor parte del peso, no solamente se descomponen pronto los carros, sino tambin los caminos: porque supngase que la consistencia de stos est calculada para resistir una tonelada por cada rueda; inclinado que sea el carro, parte de la carga del lado ms alto gravitar sobre la rueda inferior, y sta, en vez de soportar solamente su tonelada, tendr que sufrir el peso de sta y de una parte de la otra. 4 Y ltimo, que cuando los caminos no estn bien construidos, nada se adelanta dndoles mucha convexidad, porque abriendo surcos las ruedas de los carruajes, el agua siempre se deposita en ellos. De estas observaciones, hijas de una larga y costosa experiencia, claramente se infiere, que un corto grado de convexidad es suficiente para lograr el perfecto desage de los caminos bien construidos. As lo recomiendan Edgeworth, Telford y Mc Adam que son los hombres a quienes debe la Gran Bretaa la perfeccin de sus caminos; y as lo han ejecutado los dos ltimos en los construidos bajo su direccin. Edgeworth dice, que no debe drseles ms curvatura que la necesaria para impedir que lleguen a ser cncavos antes de repararlos. Pero cul es la elevacin que debe drseles para impedir que esto suceda? Ninguna se

PAGE 198

OBRAS 194\ 194\ 194\ 194\ 194\ determina: la regla, pues, es muy vaga, al menos para nosotros, que sin prctica en la materia, no podremos acertar sino despus de alguna experiencia. Telford se expresa en trminos ms explcitos, pues quiere que la seccin general del camino forme una elipse muy plana, dando a las partes centrales muy poca curvatura, y aumentando el declive hacia los extremos de los lados. De esta manera, un camino de 33 pies de ancho tendr del centro a las extremidades laterales, nueve pulgadas de inclinacin. Todava Mc Adam la reduce mucho ms, pues a los caminos de 33 pies de ancho, solamente ha dado tres pulgadas de declive; y por corto que parezca, la experiencia comprueba que facilita el curso de las aguas, y los mantiene siempre secos. Y esto no slo sucede en la Gran Bretaa, sino tambin en Suecia, cuyos caminos son los mejores de Europa, siendo tan poca su convexidad que a primera vista parecen enteramente planos. Nosotros, pues, tomando como mnimo de curvatura las tres pulgadas de Mc Adam, y por mximo las nueve de Telford en un camino de 33 pies de latitud, podremos construir los nuestros, ora ms anchos, ora ms estrechos, con el grado de convexidad proporcional a la amplitud que queramos darles. Artculo SegundoParte interna, o ntima estructura de los caminosSin duda he llegado al punto ms interesante de esta Memoria, y por largo y prolijo que parezca, yo no puedo menos que exponer los diversos mtodos que se han propuesto para la construccin de caminos. No me lleva, como pudiera pensarse, el ridculo empeo de ostentar una vana erudicin: impleme s, la urgente necesidad de manifestar los escollos en que cayeron nuestros predecesores y contemporneos, y en que a no conocerlos nosotros, tambin pudiramos hoy caer. Si levantamos nuestra consideracin a las pocas remotas de la antigedad, y buscamos en ellas modelos que imitar, el viejo mundo nos lo presenta en los restos venerables de la soberbia Roma, y el nuevo, en el opulento imperio de los Incas. La nivelacin y solidez, la rectitud y magnificencia que ostentaban los caminos romanos, son superiores a cuantas descripciones pudiera yo hacer. Hablando de ellos, Menestrier dice, que en algunos lugares encontr grandes masas compuestas de cal y pedernales del tamao de un huevo, formando hasta la profundidad de 18 pies, un slido tan duro como el mrmol; y que despus de resistir a las injurias del tiempo por espacio de 16 siglos, a penas pueden romperse al golpe del martillo o de otros instrumentos.

PAGE 199

JOS ANTONIO SACO /195 /195 /195 /195 /195 De Roma salan como centro, en radios divergentes, 11 grandes vas militares llamadas tambin consulares o pretorias Segn varios pasajes de algunos clsicos latinos y de Bergier en su obra, Caminos reales del Imperio Romano la construccin de ellos se empezaba por abrir un foso tan ancho como la parte que se destinaba al trnsito de los carruajes y de los animales que los tiraban, y tan profundo, cuanto fuese necesario, hasta encontrar un fondo bien slido, el que despus de nivelado, se cubra con una capa espesa de arena fina. Sobre sta se echaban generalmente cuatro capas ms de distintos materiales, llamndose la inferior fundamento (statumen); la segunda, ruderacin (ruderation, rudus); la tercera, ncleo (nucleus); y la cuarta, superficie o cubierta superior (summa erusta). El conjunto de estas cuatro capas formaba una masa de tres pies o tres y medio de grueso. La primera, que era el fundamento consista en una capa de argamasa de casi 25 milmetros sobre la cual se colocaban en hileras piedras planas y anchas, unidas entre s por un mortero que adquira gran dureza despus de seco. La ruderacin era una argamasa mezclada con piedras del tamao de un huevo ordinario de gallina, o con otras ms pequeas de todas formas y pedazos de tejas y ladrillos. Esta argamasa se apretaba fuertemente con pisones herrados hasta que quedase reducida al grueso de 245 milmetros. Sobre esta capa se echaba en muchos caminos otra de cal y arena gruesa, y que despus de comprimida con un rodillo de hierro, tena el espesor de 100 o 125 milmetros, ya hasta 300. Por ltimo, la cubierta superior se haca de tres modos. 1 Mezclando cascajo con un cimento fuerte, el cual se esparca sobre el ncleo hasta formar una capa, de 150 milmetros de grueso. 2 Cubriendo con esta capa, no el centro, sino solamente las partes laterales del camino, pues aqul se enlosaba para que los animales uncidos a los carruajes pisasen con ms comodidad. 3 Empedrando o enlosando todo el camino, lo que generalmente se haca en los ms grandiosos, y en las inmediaciones de Roma. Estas piedras, de naturaleza volcnica y de suma dureza, eran unos polgonos irregulares, cuyos dimetros variaban desde uno hasta tres y ms pies, y sus lados desiguales se ajustaban tan perfectamente, que segn la expresin de Procopio, todo pareca una sola piedra, y obra ms bien de la naturaleza que del arte. La anchura ordinaria de la calzada en los principales caminos era de 13 a 15 pies, y en los de segundo orden de 12 y aun de ocho. Esto provino de que habiendo sido los carruajes entre los romanos mucho ms angostos que en los tiempos modernos, necesitaron de menos espacio para correr libremente. Sin embargo, hubo caminos de mayor anchura que la que acabo de indicar, pues la va Appia tuvo en algunas partes 26 pies, y en otras hasta casi 60.

PAGE 200

OBRAS 196\ 196\ 196\ 196\ 196\ De los caminos del Per, dicen los seores D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa, que “todos fueron fabricados por los indios gentiles con gran prolijidad, la mayor parte de los cuales han sido arruinados por el descuido de los nuevos habitantes. En qu reino aun de los ms celebrados se han visto caminos de ms de cuatrocientas leguas de largo de un piso slido, de una misma anchura, y continuamente guardados sus costados con murallas o paredes de suficiente grueso y ancho sino en el Per? Los vestigios publican todava la grandiosidad de esa obra”. Pero ignorados hoy los mtodos que siguieron los peruanos en la construccin de sus caminos, y sin recursos nosotros para imitar los de los romanos, intil sera que yo viniese ahora a proponerlos como modelos. Qudense, pues, en la clase de aquellos monumentos que a paso que excitan la admiracin, humillan tambin el orgullo de las naciones modernas. Entre todas estas, Inglaterra es el pas modelo en punto a caminos, y sus mejores constructores distinguen dos operaciones: una que consiste en la preparacin del terreno que ha de servir de base, y otra en la formacin del camino propiamente dicho; o sea, en la colocacin de los materiales. Lo primero, pues, que recomienda Beatson (inventor del mtodo que voy a exponer), es que el terreno se prepare con los mismos materiales que se encuentren en l, y equivocadamente cree, segn veremos despus, que cuanto ms se acerquen a la calidad de la arcilla, tanto mejores son. Recomienda que al terreno no se d la figura convexa de costumbre, sino la angular, cuya cresta, formada por la reunin de los vrtices, quedar en el centro, siendo la inclinacin lateral de casi una pulgada en cada pie. A los costados tambin se abrirn zanjas pequeas para que sirvan de desaguaderos. Preparados as el terreno, se asentar con un gran rodillo de madera tirado por caballos, y que atraviese todo el camino; pero como si fuera macizo, no podra manejarse fcilmente, se ahuecar y llenar de piedras, las cuales podrn sacarse e introducirse cada vez que fuere necesario. Despus de aplanado y endurecido el terreno, se le echar una capa de arena, de cascajo menudo, o de otro cuerpo poroso, a fin de que el agua pueda penetrarle. Esta capa se extender a nivel por toda la anchura del camino, y se le echarn encima seis o sietes pulgadas de buen cascajo o de piedra partida en pedazos muy pequeos. Cuando se usare de stos, se les cubrir con arena o cascajo muy fino para llenar las cavidades; y, por ltimo, se asentarn todos estos materiales con un rodillo de hierro que tambin atraviese todo el camino. Beatson confiesa, que este mtodo nunca se ha practicado, y aunque hace algunos aos que hizo esta confesin, yo no he ledo, ni menos odo decir que se haya puesto en uso; y afortunadamente que no, porque no es dable, segn se ver ms adelante, que pueda concebirse un sistema ms contrario a la slida construccin de los caminos.

PAGE 201

JOS ANTONIO SACO /197 /197 /197 /197 /197 Si el terreno es arenoso, se emparejar su superficie, rellenando las cavidades que tenga; se asentar con el cilindro de madera; se echarn despus los materiales con que ha de hacerse el camino; y se proceder en todo lo dems del modo que se ha dicho en el prrafo anterior. Mas, si el suelo es un arenal profundo, entonces se trazar la anchura del camino, y se abrir a lo largo de su centro un foso de 18 o ms pulgadas de profundidad y casi de la misma latitud. Este foso se llenar de turba o de otras materias slidas; pero a cada 10 o 15 varas se formarn unas zanjas laterales para que el agua derrame por ellas. Hecho esto, ya cree el autor que los materiales no se esparcirn, cuya causa es la que principalmente contribuye a la pronta descomposicin de los caminos construidos en arenales. A veces exige la forma del terreno que en lugar de abrir un foso, se levanten dos paredes laterales casi tan altas como la superficie del camino; pero si los materiales han de ocupar toda la amplitud de la senda trazada, y adems hay cercas de un lado y otro, entonces no habr necesidad de paredes. Cuando el terreno sea blando o pantanoso, se procurar secarle bien; y esto se consigue, abriendo zanjas profundas de ambos lados en una direccin paralela al camino, y dejndole as, por el espacio de un ao a lo menos, a fin de que tenga tiempo de desaguar perfectamente, y de que aparezcan todas las desigualdades de nivel, producidas, o por la distinta naturaleza de los materiales que componen el terreno, o por la diversa profundidad del agua que le cubre. Estas cavidades se llenarn con los materiales de las partes prominentes rebajadas, o con otras sustancias; y sobre la base as dispuesta, se echar bastante turba u otro cuerpo equivalente. Entonces se trazar la anchura del camino; cubrirase toda ella con arena u otra sustancia porosa hasta el grueso de 10 o 12 pulgadas; y esta capa se comprimir con un rodillo tirado por caballos, o por hombres, si el terreno no tuviera la firmeza necesaria para resistir el peso de aqullos. De este modo, dice Beatson, se har un camino tan slido sobre un terreno cenagoso como sobre la base ms firme; y esta asercin no se funda en meras teoras, pues asegura haber visto convertidos por este medio en buenos caminos, varios tremedales que se tenan por intransitables. Piensa Edgeworth, que cuando no es firme el terreno que ha de servir de base, deben echarse en l ramos de pino o de otros palos duros; y que si pueden conseguirse piedras planas, se pondrn encima de ellos para dar ms solidez al terreno. Concluida que sea esta operacin, se echarn sobre las piedras otras de distinta figura y de seis o siete libras de peso; se las cubrir hasta la altura de ocho o diez pulgadas con otras partidas, cuyo dimetro no exceda de pulgada y media; y encima de stas se podr echar una capa ligera de cascajo limpio y angular para que se introduzca en los intersticios de las piedras, y adquiera el camino toda la consistencia posible.

PAGE 202

OBRAS 198\ 198\ 198\ 198\ 198\ Telford recomienda, que al terreno se d una forma elptica, y que se prepare con fragmentos de piedra de seis u ocho onzas de peso, pero que si el suelo es arcilloso o de otra sustancia elstica que retenga el agua, se cubra con tierra vegetal, siempre que lo permita la forma del terreno. Conviene, segn l, dejar la superficie primitiva, y donde hubiese desigualdades, llenarlas con tierra vegetal hasta que quede cortada toda comunicacin con la arcilla. Donde no es muy firme el terreno, deposita una capa de piedras muy unidas, y las asienta por el lado ms ancho que ser casi de cinco pulgadas. Sobre esta capa, echa, conforme lo exijan las localidades, o cascajo lavado, o pedazos de piedra; y, por ltimo, coloca del mismo modo una segunda capa de seis pulgadas de grueso. Es de advertir, que el cascajo debe lavarse o cernerse para quitarle la tierra y dems cuerpos extraos que le estn adheridos; cuyas operaciones se harn en el mismo lugar donde se recoja, pues as se evita el trabajo y costo de conducir sustancias intiles, y el de quitarlas despus de los parajes donde slo serviran de estorbo. Las piedras redondas que se encontraren en el cascajo u otras cualesquiera de que se usare, se rompern con un martillo, cuyo peso y tamao debe ser proporcional al de las piedras. Estas dos circunstancias y el modo de manejar este instrumento son, segn Telford, de ms importancia de lo que generalmente se cree, pues adems de lo que influyen en la perfeccin de los caminos, dan en el producto del trabajo una diferencia del 10 %. Tales son los mtodos ms comunes, propuestos o adoptados para construir los caminos, y todos ellos, salvo el ltimo, distan mucho de la perfeccin. Ningn pas moderno ha hecho tantos esfuerzos por llegar a ella como la Gran Bretaa; pero, por lo mismo, ninguno ha sentido tanto las fatales consecuencias de esas vanas teoras, y despus de gastos enormes y aun costosos sacrificios, el tiempo vino a manifestarle que era preciso abandonarlas, y buscar un nuevo sistema que pudiese conciliar la economa y duracin de los caminos, con la prontitud y seguridad de las comunicaciones. Tal fue la grande empresa que acometi el clebre Mc Adam; y al cabo de 30 aos de aplicacin y constancia, logr coronar sus desvelos con el xito ms ventajoso. Expondr sencillamente todas las reglas que l establece; y ya que la experiencia ha confirmado en aquella nacin la solidez de casi todos sus principios, yo me atrevo a presentar los trabajos de este benemrito ingls como un modelo digno de imitacin en nuestro suelo cubano. Si el hombre se ve en la necesidad de hacer caminos, es porque la humedad ablanda el terreno por donde transita. Pudiera ste mantenerse siempre seco, entonces nunca necesitara de composicin, porque sus materiales jams cederan al peso de los carruajes y animales. El gran objeto, pues, de la construccin de caminos consiste, primero: en secar bien el suelo natural que es el que realmente sostiene el peso del

PAGE 203

JOS ANTONIO SACO /199 /199 /199 /199 /199 trfico; y segundo, en conservarle siempre seco por medio de una cubierta impenetrable al agua, cuya cubierta es el camino artificial. En el conocimiento, dice Mc Adam, de las medidas necesarias para lograr estos fines estriba toda la ciencia de la construccin de caminos. Pero cules son estas medidas? Hablemos antes de las relativas al suelo natural, y despus de las pertenecientes a la cubierta; o sea, al camino artificial. Lo primero que debe hacerse, es elevar el suelo que ha de servir de base, procurando dejarle la cada suficiente para que derrame el agua por los costados, la cual, as como el terreno adyacente, deben quedar algunas pulgadas bajo del nivel del suelo destinado al camino. Esto se consigue, o haciendo desaguaderos a los costados para rebajar el terreno; o si no pudieren practicarse, porque el lugar no lo permita, echando algunos materiales sobre la cama o base del camino, hasta que quede ms alta que el nivel del agua que exista en los desaguaderos. Pero como la elevacin de ella depende de las localidades, la altura del terreno se aumentar o disminuir segn las circunstancias. Caminos hay en la Gran Bretaa que por estar expuestos a inundaciones o grandes humedades, tienen por el espacio de dos leguas una altura de seis y medio y aun diez pies. Por tanto, si el gran objeto que se busca, es mantener siempre seco el terreno natural, nada, concluye Mc Adam, puede ser ms contrario a su formacin, que el abrir fosos en su centro que sirvan de depsito, o de acueducto. Si esto es exacto, como me parece serlo, Patterson se equivoca, cuando recomienda que en los terrenos expuestos a grandes humedades o inundaciones, se abra a lo largo del centro del camino un foso muy angosto de dos a tres pies de profundidad; que se llene de piedras hasta nivelarle con la superficie del terreno, procurando que las del foso sean poco ms o menos de seis pulgadas de dimetro; y que desde este foso central salgan tambin a intervalos, otros construidos del mismo modo, pero en trminos que el agua derrame hacia las zanjas laterales del camino. Hay parajes donde las alcantarillas construidas para mantener seco los caminos, son de cuatro a ocho pies de profundidad, y casi tres de ancho. Formronse, poniendo en su fondo una cama de haces de arbustos espinosos de dos pies de grueso, echando encima turba o rastrojo, y cubrindolos despus con tierra. Estos sumideros, dice Dupin, duran 25 aos. El que escribe esta Memoria no tiene ninguna experiencia en la construccin de caminos; pero consultando a su sola razn, le parece que el mtodo recomendado por Patterson, ser nicamente aplicable a los caminos mal construidos que dan al agua libre acceso para que penetre hasta su fondo; mas, en el sistema de Mc Adam, semejantes sumideros sern costosos, intiles, y a veces perjudiciales, pues que el agua no penetra los caminos.

PAGE 204

OBRAS 200\ 200\ 200\ 200\ 200\ Aunque el suelo natural debe estar siempre seco, jams conviene que sea muy duro, pues la experiencia ensea que los caminos hechos sobre rocas, presentan las mayores dificultades para su construccin, y duran mucho menos que los formados sobre un suelo seco y algo blando. Y la razn es muy fcil de concebir, porque as como un yunque puesto sobre una piedra, dura menos que sobre un trozo de madera; del mismo modo, un camino artificial colocado entre el fondo duro del suelo y las ruedas de carros pesadamente cargados, se destruye ms pronto que otro construido sobre un terreno blando pero seco, porque aqul tiene que resistir todo el trfico sobre una base inflexible cual es la roca: mientras ste, hallndose como montado sobre un resorte, en virtud de la elasticidad del suelo blando y seco, puede soportar ms peso y sufrir menos detrimento. Siempre, pues, que haya de construirse algn camino sobre un suelo roqueo, ste debe rebajarse y cubrirse con una capa de tierra comn o de otro material blando y seco. No exigiendo Mc Adam para la slida construccin de los caminos, sino la sequedad del terreno que ha de servirles de base, condena como errnea y perjudicial la prctica de echar varias camas de piedras de distintos tamaos en los terrenos muy blandos, creyendo darles por este medio, no slo la consistencia de que carecen, sino impedir que penetren las aguas. A esta opinin atribuye l casi todos los defectos de los antiguos caminos de la Gran Bretaa, pues se ha observado que las piedras grandes suben poco a poco con el movimiento y choque de los carros; mientras las pequeas se hunden por tener menos resistencia; y destruido entonces el nivel de la superficie, el agua penetra hasta el fondo del camino, y acumulndose en l, ora se congele, ora permanezca lquida, sus estragos son inevitables. Huyendo Mc Adam de estos escollos, se atrevi a poner en prctica, y a consignar despus en sus obras, un mtodo enteramente contrario, aun en los terrenos pantanosos. Pens, y yo no s si piensa todava, que para construir un camino sobre un tremedal, no era necesario poner piedras grandes, ni palos, ni ninguna especie de materiales, sino que las piedras pequeas de que usa son suficientes, para que estando bien colocadas, formen un solo cuerpo tan compacto como un madero. Todava se extendi a decir, que cinco toneladas de piedras partidas en pequeos pedazos producan tan buen efecto, como siete sobre un terreno duro; pero la experiencia desgraciadamente ha venido a manifestar que es falsa esta parte de su sistema. As es, que aunque los hombres ms clebres de la Gran Bretaa, versados en la construccin de caminos, siguen generalmente su mtodo, creen que es necesario echar sobre los terrenos pantanosos camas de piedras planas o de otros materiales fuertes. Preparado ya el suelo natural, veamos de qu modo se mantendr siempre seco por medio de un camino firme y de superficie igual que

PAGE 205

JOS ANTONIO SACO /201 /201 /201 /201 /201 impida la filtracin del agua hasta su base. Conseguirase esto, eligiendo buenos materiales, dndoles el tamao correspondiente, y colocndolos en capas muy delgadas. Varios son los materiales con que pueden hacerse buenos caminos. El granito, los pedernales, los guijarros, y toda clase de piedras o de cuerpos duros que puedan resistir al trfico, servirn para su construccin; y aunque a veces han sido algunos desechados como intiles, esto ha provenido no de su naturaleza, sino de la impericia de sus constructores. Debe, sin embargo, darse a algunos la preferencia, ocupando el ltimo lugar las piedras calizas, porque si bien se consolidan ms pronto que los dems materiales, no son de muy larga duracin. Con las escorias de los hornos de las fundiciones de hierro, y con las cenizas de las estufas de las mquinas de vapor se ha suplido la falta de cascajo y de fragmentos de piedras, y hchose en algunas partes del principado de Gales caminos no menos slidos que duraderos; y a falta de buenos materiales tambin se han construido en varios parajes de Inglaterra e Irlanda con arcilla cocida a manera de ladrillos, y partida despus en pedazos pequeos. Mas, este recurso solamente ha sido adoptado por la necesidad, pues tiene contra s el grave inconveniente del combustible. El cascajo fue uno de los materiales ventajosamente empleado por Telford en algunas partes del camino de Irlanda, muy distantes de las canteras de piedra dura. El barn Dupin trae en su obra ya citada, la tabla que aqu inserto, y en ella se representa el lugar y grueso que ocupan las capas inferiores, y las distintas porciones de la superior. La anchura del camino es de 30 pies. En la construccin de caminos proscribe Mc Adam enteramente el uso de arena, greda, arcilla, u otra materia capaz de conducir o retenerGrueso de las capas Residuos de cascajo Cascajo menudo Cascajo grueso partido Cascajo grueso partido Cascajo menudo Residuos del cascajo 3 pulgadas3 pies4 pies8 pies8 pies4 pies3 pies 3 pulgadasCapa de greda 6 pulgadasCapa de cascajo 6 pulgadasCapa de greda Arcilla del terreno que sirve de base al camino

PAGE 206

OBRAS 202\ 202\ 202\ 202\ 202\ el agua, pues la prctica de mezclarlas con las piedras para dar firmeza al camino, ha sido una de las causas principales para su descomposicin. As es, que desterrndolas absolutamente de sus trabajos, y usando slo de piedras, ha logrado darles el mayor grado de consistencia. Pero cmo podr ser que las piedras por s solas se unan de manera que hagan el camino slido y sin asperezas? Uniranse, despojndolas perfectamente de todo cuerpo extrao, y partindolas en pedazos pequeos que estn en proporcin con el espacio que una rueda de dimensiones ordinarias ocupe en una superficie plana; y como este contacto, dice Mc Adam, es longitudinalmente de casi una pulgada, todos los pedazos de piedra que excedan de esta medida en cualquiera de sus dimensiones, deben considerarse como perjudiciales. Pedazos y no piedras enteras han de ser, porque aunque el cascajo tiene el tamao que se requiere, carece de puntos angulares para ponerse en perfecto contacto y dar solidez al camino. Es, pues, preciso romper las piedras, y para hacer esta operacin con provecho y economa, los operarios, que pueden ser hasta nios, ancianos y mujeres, se sentarn junto al camino donde los materiales estarn apilados en pequeos montones. El martillo con que se trabaje, ser de cabo corto, bien templado, la cabeza de casi una libra de peso, y su cara del tamao de un real de a ocho. Ciertamente, que las dimensiones del martillo son esenciales a esta operacin, porque si es ms grande o ms pequeo de lo que conviene, los pedazos de piedra no tendrn el tamao correspondiente, cuyo peso jams debe exceder de seis onzas: y para determinar as ste como el tamao, se darn a los operarios unos pedazos de hierro con agujeros circulares, y las piedras que no puedan pasar por ellos, no se echarn en los caminos. Los sobrestantes tendrn adems una balanza para pesar dos o tres de los fragmentos ms grandes de las piedras partidas, y saber de este modo si alguno excede del peso determinado. Pero a m me parece que esta ltima operacin no es tan necesaria como se cree, porque siendo desigual el peso especfico de las piedras, bien puede suceder, con frecuencia, que los fragmentos tengan el tamao que se requiere, y excedan, sin embargo, del peso de las seis onzas. Por tanto, el uso de la balanza solamente podr dar un resultado exacto, cuando todas las piedras sean de la misma naturaleza. Dispuestos as los materiales, se echarn en el camino con unas palas o cucharas de boca ancha; pero esta operacin debe hacerse con mucha cuidado, porque de ella depende en gran parte la perfeccin de los caminos. No se amontonarn, pues, sino que se echarn cucharada a cucharada, esparcindolos bien sobre la superficie hasta que tengan diez pulgadas de grueso. De este modo, y sin el auxilio de ninguna otra sustancia que pudiera agregarse so pretexto de rellenar los intersticios, las piedras partidas tienen desde el fondo del camino un tamao uniforme,

PAGE 207

JOS ANTONIO SACO /203 /203 /203 /203 /203 y reunindose por sus ngulos, forman una superficie igual, firme, e impenetrable al agua, cuyos materiales no podrn ser dislocados por las ruedas, puesto que les pasan fcilmente por encima.4 Pero como mientras los caminos nuevos no se consolidan, las ruedas, sea cual fuere su construccin, siempre han de abrir surcos en ellos, es preciso irlos rellenando hasta que se afirmen completamente. Observa Mc Adam, que el grueso del camino no contribuye a su duracin, porque si las capas de que se forma, son suficientes para impedir que el agua penetre hasta el fondo, le preservarn en buen estado, por ms delgadas que sean; pero si puede atravesarlas y depositarse en el terreno que sirve de base, entonces el camino se descompondr, sea cualquiera el grueso que se le d. Ni es esta asercin una mera teora, pues para comprobarla, cita el autor, el ejemplo de varios caminos de seis pulgadas de grueso, que expuestos, y particularmente uno, al trnsito continuo de carros pesadamente cargados por no distar mucho de Londres, todos se conservaron sin alteracin durante algunos aos: mientras otros construidos por un mtodo diferente, quedaron intransitables dentro de corto tiempo. Y con la particular circunstancia de que la reparacin anual de cada milla de estos ltimos costaba ms que la construccin de los nuevos segn el sistema Mc Adam. ste tambin hace mencin de otro, que por deberse variar su direccin, permaneci mucho tiempo sin ponrsele la mano. Con este motivo, qued reducido casi todo a slo tres pulgadas de grueso, sin llegar a cuatro por ninguna parte. Mas, observose, que el agua no le haba penetrado, y que el terreno primitivo estaba enteramente seco. No hay, pues, regla fija que determine con precisin el grueso de los caminos: pero como entre nosotros, las lluvias son tan fuertes y abundantes, parceme que para defender su base de la humedad, ser conveniente darles mayor espesor que el acostumbrado en la Gran Bretaa y en otros pases europeos. Acaso 10 o 12 pulgadas sern suficientes: acaso se necesitarn ms o menos; pero ste es un punto que con algunos ensayos hechos a poco costo y en corto tiempo, podr decidirse satisfactoriamente. Tal es el mtodo que me he atrevido a recomendar; mas, como podrn hacerse algunas objeciones sobre su aplicacin a la isla de Cuba, no quiero proseguir sin primero desvanecerlas. Bien conozco, que la causa que ms descompone los caminos en la Gran Bretaa y dems pases europeos, no existe entre nosotros. Congelndose el agua que se haya en el fondo y en las dems partes del camino, aumenta su volumen, y con su gran fuerza expansiva, ya levanta ac, ya hunde all los mate4Los caminos de Suecia son muy buenos, y sus materiales son fragmentos de granito tan pequeos, que ninguno pasa del tamao de una nuez.

PAGE 208

OBRAS 204\ 204\ 204\ 204\ 204\ riales, abre brechas por donde puede introducirse de nuevo, y congelndose a su vez, hace un empuje violento que al fin destruye los caminos. Pero estos hielos destructores, se dir, no existen entre nosotros, y dirigindose todas esta precauciones a prevenir sus estragos, necesarias no son en Cuba, donde nada hay que temerlos. Confieso que as es; pero no son los hielos los nicos enemigos que deben combatirse. El agua es nuestro formidable antagonista, y si los caminos no se construyen de manera que impidan su filtracin hasta el fondo, nuestras abundantes y fuertes lluvias se abrirn paso por entre sus materiales, llegarn hasta la base que los sostiene, y depositndose all, causarn tarde o temprano la descomposicin del camino. Y si todos los esfuerzos de Mc Adam se han dirigido a impedir la filtracin del agua hasta el fondo de ellos, y slo su mtodo, y no otro alguno ha podido lograrlo, no obstante que la lluvia cae suavemente en la Gran Bretaa, qu ser en la isla de Cuba, donde las aguas son tan fuertes y copiosos que abrindose las cataratas de los cielos, parece que sus campos van a sumergirse en una inundacin universal? Es, pues, evidente, que si recomiendo este mtodo, no es siguiendo el espritu de una ciega imitacin, sino porque realmente creo que existen razones para su aplicacin. Mas, no se piense por esto que mi nimo es proscribir toda innovacin o mejora que pueda hacerse. Alegrarame, por el contrario, que fusemos tan felices, que a las ventajas de que gozramos con los buenos caminos, unisemos tambin la gloria de haberlos sabido construir por un mtodo peculiar nuestro. Tampoco me atrever a negar que ninguno de los sistemas propuestos sea capaz de producir algn resultado favorable. Las palabras buen camino son muy relativas, y entre los diversos grados de su bondad, media una enorme diferencia; as no es extrao, que uno llame camino excelente al que otro llamar bueno y tal vez mediano o acaso malo Hago esta indicacin, porque acostumbrados nosotros a viajar por unos caminos casi intransitables en una parte del ao, es muy posible que consideremos como excelente y perfecto al que otros pueblos miraran como mediano y quizs malo Estas comparaciones pueden hacernos incidir en errores, adoptando como modelo digno de imitacin, no lo que en s sea mejor sino lo que pueda parecernos tal. No olvidemos, ni por un instante, que jams hemos tenido caminos, ni que tampoco hemos hecho ensayos capaces de darnos un resultado, por el cual podamos decidirnos en favor de este o aquel sistema; y si porque alguna vez se ha cegado aqu y all algn paso peligroso amontonando piedras y ms piedras, ya se cree que tenemos el mtodo de construir caminos, es menester confesar que estamos muy equivocados. Luces debemos recibir de otros pueblos, y de pueblos que despus de haber hecho un largo y costoso aprendizaje, han condenado como ruinoso y contrario lo que en otro tiempo practicaron como til y favorable.

PAGE 209

JOS ANTONIO SACO /205 /205 /205 /205 /205 Quizs podrn hacerse reparos de otra especie; a saber, el costo de las operaciones que exige el mtodo de Mc Adam. Pero cmo se sabe que ser ms barato cualquiera de los otros? A juzgar por comparacin, yo dira que es ms econmico que todos los dems, pues as lo comprueba la experiencia en la Gran Bretaa; y aunque los clculos de esta nacin no pueden aplicarse con exactitud a la isla de Cuba por la diversidad de sus elementos; con todo, pueden dar sino un dato, a lo menos una presuncin favorable; porque si dado cierto nmero de operarios y cantidad igual de materiales, los caminos construidos all segn el mtodo de Mc Adam, son mucho menos costosos que todos los dems, bien puede decirse que en circunstancias iguales tambin lo sern en la isla de Cuba. Convendr, pues, hacer algunos ensayos en pequeo, no slo para cerciorarse de la bondad de los caminos, sino para establecer sobre bases fijas el gasto comparativo. Pero es preciso que estos ensayos se practiquen por hombres inteligentes y versados en este gnero de construccin, pues de no hacerlo as, nos expondremos a cometer errores de grave trascendencia. “Jams, dice Mc Adam, jams ha habido una opinin ms errnea, ni que haya producido peores efectos, que la de pensar que la construccin de caminos puede aprenderse en los libros o leyendo descripciones”. He considerado hasta aqu los formados de varias capas de materiales, ya uniformes, ya distintos. Rstame ahora tratar de los empedrados o enlosados que se usan en algunas ciudades, y que suelen recomendarse para los caminos como preferibles a los primeros. Hanse adoptado varios modos, y aunque puestos en prctica en algunos pases, estn muy lejos de prevenir los males que quieren evitarse; y como el ensayo que se hizo en La Habana en la calle de Bernaza, se ha ganado muchos partidarios, y no es muy improbable que algunos deseen extenderle a nuestros campos, forzoso es entrar en todos sus pormenores para que se conozcan los defectos de que adolecen. De figura cuadriltera, no enteramente plana, de cinco a siete pulgadas de largo, y de cuatro a seis de ancho, colocadas en una direccin paralela, segn representa la figura 1; tales han sido las piedras comnmente usadas en varios caminos. Esta colocacin produce el inconveniente de que resbalando las ruedas (y sea a una de ellas) desde la parte superior de las piedras, y cayendo en la juntura de stas, lentamente las van gastando por los costados, hasta que forman surcos y destruyen el empedrado. Pens remediarse este mal, colocando las piedras alternadamente segn se ponen los ladrillos de una pared, y segn aparecen en la figura 2. Pero los obstculos se aumentaron, porque la rueda b subiendo la primera piedra c de la primera lnea, cae en los bordes o junturas de las que forman la segunda lnea, y despus de hacer un esfuerzo contra

PAGE 210

OBRAS 206\ 206\ 206\ 206\ 206\ ellas y contra la piedra inmediata n de la tercera lnea, sube y vuelve a caer. Esta alternacin de subidas y bajadas, abrir surcos cortos, pero tan anchos y profundos, que sin poder tocar las ruedas, ni en los costados de las piedras, ni en el terreno que se halla entre ellas, irn saltando y comunicando al carruaje un movimiento insoportable. Abandonose, pues, tambin este mtodo, y para obviar sus inconvenientes se invent otro que consiste en usar de piedras planas de 12 a 14 pulgadas de largo; y para impedir que las ruedas resbalen hacia las junturas, se colocarn oblicua o transversalmente, pero de modo que la juntura de dos piedras en una lnea no est contigua a la que forman otras dos piedras en las lneas que inmediatamente le siguen o preceden. Tal es el orden en que estn representadas en las figuras 3 y 4. Verdad es, que las ruedas anchas no causarn dao a este empedrado; pero las angostas caern algunas veces sobre las junturas de las piedras ms grandes, particularmente sobre las de la figura cuarta; y gastndolas por los costados llegar el caso en que las ruedas obren como cuas, y que al fin las arranquen. “Ningn empedrado, dice Edgeworth, por excelente que sea la piedra, podr resistir por largo tiempo la accin de una rueda angosta, y el nico medio de preservarle, consiste en dar a las ruedas una anchura de tres pulgadas a lo menos”. Para los pases donde sean angostas, propone Mr. Large y recomienda Edgeworth como barato y durable, el empedrado de piedras planas de tres pulgadas en cuadro, pues entonces es imposible que las ruedas se hundan en las junturas; pero es preciso que estas piedras tengan tambin ocho o nueve pulgadas de grueso para que puedan sostenerse mutuamente por los costados. Antes de colocarlas, se prepara el terreno con materiales slidos y uniformes; y esto se conseguir mejor que de ningn otro modo, echndole cascajo de buena calidad, y dejndole expuesto por algunos meses al trnsito de los animales y carruajes, segn lo hizo Taylor por primera vez en el empedrado de las calles de Dublin. Las piedras se asentarn entonces sobre este terreno, poniendo, si es posible, en perfecto contacto sus partes superior e inferior, pero no los costados, porque lo impedir una cavidad lateral que se les forma para llenarla de arena, y darles ms firmeza. Debe tambin nivelarse la superficie, y aun ser til cubrirla de arena, para que la presin desigual de las ruedas no descomponga el empedrado antes de consolidarse. Algo semejante a ste es el que propone Walker, bien que difiere de l en muchos puntos; y como su autor le recomienda mucho, yo no debo pasarle en silencio. Las piedras tendrn la figura de casi un prisma triangular; se clasificarn segn su tamao para no mezclar las ms grandes con las ms pequeas; pues de aqu proviene el hundimiento de algunas con notable perjuicio del camino: se colocarn muy unidas en una direc-

PAGE 211

JOS ANTONIO SACO /207 /207 /207 /207 /207 cin que forme ngulos rectos con los lados del camino, pero en trminos que las junturas de dos piedras en una lnea, no estn contiguas a las de otras en las lneas anterior y posterior. Colocadas que sean, se apretarn para nivelarlas perfectamente; y si alguna estuviere floja, se quitar y pondr otra en su lugar. Las junturas se rellenarn de cascajo muy fino, y si hay agua a mano, se dar ms consistencia al empedrado, empapando bien por la noche, lo que se haya trabajado en el da, y apretndolo otra vez a la maana siguiente. Cubrirase entonces la superficie con una pulgada de cascajo muy menudo, a fin de mantener siempre llenas las junturas, e impedir que las ruedas se pongan en contacto con las piedras, antes que el camino est firme. Aumentarase considerablemente su solidez, echando agua de cal en las junturas, pues combinndose sta con el cascajo que se halla entre y debajo de las piedras, formar una masa muy slida. Limaduras, o pedacitos delgados de hierro, mezclados en corta cantidad con el cascajo, producirn efectos semejantes a los del agua de cal, pues el agua sola los convertir en un xido de hierro que dar al cascajo la consistencia de una roca. No atinando la Gran Bretaa a remediar los males que la aquejaban, empez a adoptar el sistema de empedrados; y, en consecuencia, se construyeron stos en varias partes; pero ni los nombres respetables de los autores que los recomiendan, ni el ejemplo de esa gran nacin, deben arrastrarnos ciegamente comprometindonos en una empresa que despus de grandes sacrificios, slo vendra a darnos un funesto desengao. En aquel mismo pueblo ha probado la experiencia, que los empedrados ni son duraderos ni baratos. Los que se hicieron en las inmediaciones de Londres costaron diez veces ms que los caminos construidos en los distritos vecinos segn el mtodo de Mc Adam; y, sin embargo, se descompusieron casi todos dentro de poco tiempo. Los de Edimburgo, a pesar de ser formados de los mejores y ms baratos materiales, costaron muchsimo ms que los hechos por un mtodo ms seguro y econmico; y casi todos los de Lancashire, construidos con enormes gastos, siempre han existido en psimo estado. Pero donde son ms perjudiciales y gravosos, es en las subidas muy rpidas a los puentes y otros parajes semejantes, pues siendo resbaladizos, exponen el ganado de carga y tiro a caer frecuentemente. Existieron tambin estos empedrados en los suburbios de Bristol; pero hace algunos aos que fueron destruidos, y aprovechndose de sus materiales, se construyeron segn el mtodo de Mc Adam, caminos mucho ms slidos y baratos. La misma operacin se ha hecho en varios campos y poblados y siempre con gran ventaja, pues los gastos se han disminuido, y aumentndose la facilidad del trfico. Tal es la breve historia de los caminos empedrados de la Gran Bretaa, y tales las consecuencias que nosotros debemos evitar.

PAGE 212

OBRAS 208\ 208\ 208\ 208\ 208\ Aun en Londres se compusieron algunas calles segn el mtodo de Mc Adam; y si no ha producido en ellas el mismo resultado que en los caminos, por lo menos se han disminuido los males. Un suelo como el de esa ciudad, tantas veces removido con la formacin y reparacin de sumideros, tubos, etc., para conducir aguas y gases, y expuesto a la accin continua de un muchedumbre de carruajes que corren a todas horas, es muy difcil que permanezca por algn tiempo sin grandes alteraciones. De aqu sin dudas la necesidad de componer frecuentemente las calles de aquella inmensa capital, y de aqu el empeo de buscar nuevos modos de empedrarlas.5 Pases hay como Holanda, donde por falta de piedras, se usa de ladrillos puestos de canto, y cubiertos de una capa de arena; pero semejante mtodo, no siendo ni el ms perfecto, ni tampoco casi aplicable a los caminos de nuestra isla por la caresta de sus materiales, razn ser que lo omita. Acaso me he detenido en este artculo ms de lo que pens; pero la importancia del objeto fue empeando mi atencin, y no quise pasar a otro sin presentarle en todas sus fases, pues tenemos que salvar los escollos a que pueda arrastrarnos, o una brillante teora, o un ejemplo pernicioso. Cerrar, pues, esta parte de mi Memoria con las palabras del clebre Mc Adam: “La medida de sustituir empedrados a caminos cmodos y tiles, es un remedio desesperado a que ha recurrido la ignorancia. La escasez o mala calidad de los materiales no puede servir de excusa racional, porque la misma cantidad de piedra que se requiere para empedrar, esa misma basta para hacer un buen camino en cualquiera parte; siendo adems evidente, que los materiales de mejor calidad que se emplean en los caminos, se pueden obtener a menos costo que los que se usan en los empedrados”.6 5En el nmero XII del Peridico Trimestre de Ciencias, Literaturas y Artes de la Real Institucin de la Gran Bretaa acaba de publicarse por el subteniente de marina J. H. Brown un plan para mejorar los empedrados de Londres. Propone, que dispuesto el terreno en la forma conveniente, y asentada su superficie, no se le eche arena, cascajo, ni otros materiales semejantes, sino una capa gruesa de buen mortero, para colocar en ella ajustadamente las piedras, rellenando despus su junturas con una argamasa muy fina. Desea tambin que las dimensiones de las piedras sean de ocho pulgadas de largo, cinco de ancho, y un pie o ms de grueso; y exige adems otros requisitos, que no indica aqu, porque limitndose su plan al empedrado de calles, siendo el objeto de mi programa no stas sino los caminos, y reconociendo el mismo Brown la excelencia del mtodo de Mc Adam aplicados a ellos, no debo detenerme por ms tiempo. 6ste sera el lugar ms oportuno para aadir un artculo sobre los caminos de hierro; pero estando este gnero de comunicaciones internas ntimamente enlazado con la construccin de canales, porque es asunto muy importante el saber a cul de los se debe dar la preferencia, me es imposible entrar en su investigacin sin apartarme demasiado del objeto del programa propuesto por la Sociedad (a). (a)El tiempo transcurrido despus de escrita esta nota ha demostrado la superioridad de los caminos de hierro sobre los canales, y mucho ms en los climas fros.

PAGE 213

JOS ANTONIO SACO /209 /209 /209 /209 /209PARTE TERCERAPero no basta que ya tengamos caminos; menester es mantenerlos siempre en buen estado, y por eso la Sociedad quiere tambin que se la propongan losMEDIOS DE CONSERVARLOSSea el primero, prohibir a toda clase de personas que arrojen piedras, basuras, o tierras, que planten rboles, o que hagan otra cosa cualquiera que impida o embarace el libre trnsito de los caminos. Sea el segundo, mantener siempre limpias las zanjas laterales para que las aguas no se queden estancadas; y si se hallan entre cercas de piedras, ser conveniente abrir en ellas de trecho en trecho algunos conductos para que las aguas derramen en los campos inmediatos. Cuando los caminos son estrechos, proponen algunos como tercer medio, que la altura de las casas no pase de cinco pies, a fin de que no impidan la accin de los rayos solares ni la libre circulacin del aire. Fundados en estas ideas, opinan tambin, que deben prohibirse los rboles a la orilla del camino, pues a los motivos expuestos se agrega, que depositndose el agua en sus hojas, quedan goteando por algn tiempo, y mantienen hmedo el terreno. Telford asegura, que la quinta parte de los gastos que se hacan en Inglaterra para su reparacin, provenan de esta causa. Mas, yo, lejos de asentir a esta opinin, quisiera que se plantasen rboles a los lados de nuestros caminos para que sirviesen de hermosura, diesen abrigo a los viajeros, e inspirasen a los hacendados el deseo de formar bosques, cuya falta deploramos amargamente en la parte occidental de la Isla. Si all en Inglaterra, cuyo clima lluvioso y nublado cielo mantienen hmedos por largo tiempo la atmsfera y el terreno, han probado mal los rboles; ac en la isla de Cuba, deben considerarse como un bien inestimable, pues ni el calor ardiente de nuestro sol, ni la claridad de nuestro cielo, ni el soplo constante de nuestras brisas permitirn jams que la sombra deliciosa de nuestros rboles sea un principio destructor de los caminos. Bajo circunstancias menos favorables existe hacia la mitad de la Europa una nacin, la Holanda, digo, cuya atmsfera y suelo son de los ms hmedos de aquel continente; pues, a pesar de esto, todava sus caminos estn cubiertos por las ramas de los rboles, presentando al viajero en muchas partes la grata imagen de una alameda. Plantados tambin estn de rboles los caminos de Francia. Que estas dos naciones, pues, sean nuestro modelo; y si las desventajas en que laboran sus habitantes, no son obstculos para que tengan excelentes caminos, mucho menos lo sern entre nosotros que casi estamos libres de ellas.

PAGE 214

OBRAS 210\ 210\ 210\ 210\ 210\ No pienso decir por esto que la humedad media anual de la isla de Cuba sea menor que la de Inglaterra, Francia y Holanda. S muy bien que no es as, y lo que he querido dar a entender, es que sus perniciosos efectos son neutralizados en Cuba por el concurso de varias causas que no existen en Europa, y mucho menos en las naciones citadas. Hame sido preciso entrar en esta corta explicacin, porque el sentido general en que me expres en el prrafo anterior, pudiera dar origen a equivocadas interpretaciones. Pero en lo que se ha de poner particular cuidado, es en el cuarto medio que consiste en la forma y anchura de las ruedas de los carruajes, y hasta cierto punto, en el peso que han de cargar: y aunque no es fcil prescribir desde ahora reglas fijas sobre una materia que depende en gran manera de la perfeccin de los caminos, har, sin embargo, algunas observaciones que podrn servir de base. Varias han sido las opiniones sobre la forma ms conveniente que debe darse a las ruedas; pero despus de los experimentos decisivos de Cumming y Edgeworth, no cabe duda en que la cilndrica es preferible a la cnica, pues sta se arrastra mucho sobre el camino, y al paso que los descompone, fatiga y acaba los animales. Cuando una rueda se mueve por el eje, que es el centro de su movimiento, es arrastrada hacia delante en virtud de su gravedad; y si gira, es porque el terreno o superficie por donde pasa, se opone al movimiento que la arrastra; pero como esta oposicin nunca le destruye enteramente, resulta que toda rueda se arrastra, y que este efecto se aumenta en razn compuesta de la velocidad con que corre y de los pesos que carga. Sguese de aqu, que cuanto mayor fuere el nmero de puntos resistentes que encontrare, y cuanto menores su velocidad y pesos que conduzca, tanto menos se arrastrar, y al contrario; pero una rueda ancha encuentra ms puntos resistentes que otra angosta; luego en circunstancias iguales descompondr menos los caminos, y, por consiguiente, aqulla debe siempre preferirse a sta. As se hace en los carros destinados a cargar grandes pesos, y as tambin se observa en las carretas de la isla de Cuba. Pero cul es el ancho que debe drseles? Edgeworth dice, que una rueda de seis pulgadas puede resistir una tonelada, y que, por tanto, un carro de cuatro ruedas de esa dimensin puede cargar cuatro toneladas sin quebrantar la piedra caliza que es el material ms dbil que se emplea en la construccin de caminos. Una rueda, segn el mismo autor, de dos pulgadas y media o dos pulgadas y cuarto de ancho, cargada con media tonelada y movindose lentamente, no romper las piedras calizas, pero s las dislocar dentro de poco tiempo. Esta observacin tendr lugar, cuando el camino est compuesto de materiales de diversos tamaos, y haya entre ellos, algunos grandes; pero no cuando se construyan segn el mtodo de Mc Adam, porque no

PAGE 215

JOS ANTONIO SACO /211 /211 /211 /211 /211 excediendo ninguno de una pulgada, las ruedas les pasarn por encima sin tropezar con ellos; y como que tampoco van muy cargadas, no hay temor de que los hundan. Aunque una rueda de seis pulgadas de ancho puede resistir una tonelada sin romper los materiales del camino, aconseja Telford, que este peso se considere como el mximo, pues cuando es mayor las piedras ms fuertes sern dislocadas, o reducidas a pequeos fragmentos. No opina as Mc Adam, pues, cree, que cuando los caminos estn bien hechos, y las ruedas de los carros tienen seis pulgadas, muy poco dao podrn hacerles, sea cual fuere el peso que soportaren. Fndase, en que la descomposicin de los caminos proviene del choque de las ruedas con los materiales; mas cuando se evita este choque por la igualdad de la superficie, las ruedas lejos de tropezar con ellos y arrancarlos, les pasarn por encima, produciendo esta accin el beneficio de apretarlos entre s, y darles ms, consistencia. Fundada como es esta opinin, yo temera que se la aplicase a la isla de Cuba en los ilimitados trminos en que est concebida; porque sin saber todava cules son los materiales de que se compondrn nuestros caminos, cul ser el grado de perfeccin que se les dar, ni qu forma y nmero de ruedas se prescribir a los carruajes, me parece aventurado dictar reglas desde ahora sobre un punto que esencialmente depende de todos esos elementos. Cuando todos ellos existan, entonces debern hacerse algunos ensayos, y su resultado ser la nica norma a que deberemos atender. La Gran Bretaa, tantas veces citada en esta Memoria, por ser el pas normal en punto a caminos y carruajes, se ocupa seriamente en este negocio desde el siglo pasado, y por varias actas del Parlamento se determin en 1816, que cuando los carros tengan dos ruedas, stas sean de cinco pulgadas de ancho, y cuando cuatro, entonces se les den seis pulgadas. No basta que efectivamente tengan esa anchura; es preciso drsela tambin a las llantas, porque si stas son ms angostas que las pinas, la mayor anchura de las ruedas ser intil, y los caminos quedarn expuestos al dao que se quiere evitar. Se procurar, adems, que no sobresalgan las cabezas de los clavos con que se afirman las llantas, pues no slo descompondrn el camino, sino que impedirn la suavidad del movimiento. Para determinar la anchura de las ruedas, solamente se ha tomado por base el peso que han de cargar. Algunos piensan que es mejor atender al nmero de animales que tiren de los carros; pero esta opinin no puede conducir a resultados exactos, porque el tamao, condicin y fuerza de los animales, aunque sean de una misma especie, y los sentimientos compasivos de las personas que los manejan, son cosas imposibles de reducir a regla fija y general. Un caballo fuerte podr tirar 50 arrobas por ejemplo; mientras dos de menos fuerza sern tal vez necesarios para tirar el mismo peso. El detrimento del camino ser igual en ambos

PAGE 216

OBRAS 212\ 212\ 212\ 212\ 212\ casos; mas, lo que se pague en el primero para su reparacin, ser la mitad de lo que se pague en el segundo; y ciertamente que sta es muy grande desigualdad. Pero es preciso reconocer, que este mtodo tiene ventajas preferibles al que regula por pesos la anchura de las ruedas. Una entre ellas es la prontitud del trfico, pues si bien puede un carro andar muchas leguas sin necesidad de que le detengan para averiguar si lleva los pesos prevenidos por el reglamento, porque basta tender la vista sobre los animales que le tiran, para descubrir el fraude o contravencin. Pero no sucede as segn el otro modo, porque cmo se conocer que un carro lleva ms carga de la permitida? Cualquier partido que se adopte, ser embarazoso, porque si se establece que los envases de ciertos frutos como el azcar y caf tengan dimensin determinada, y que sta se tome como representante del peso, sin permitir llevar en cada carro ms que cierto nmero de ellos, todava para reconocer si efectivamente va ese nmero, y si tienen las dimensiones prescritas, ser necesario hacer algunas paradas que siempre redundarn en perjuicio del hacendado y del comerciante, y redundarn tanto ms, cuanto ms pequeos sean los envases, pues as se aumentar su nmero y con l la facilidad de cometer fraudes, resultando de aqu la mayor necesidad de reconocerlos. Redblanse los obstculos respecto de aquellos frutos que no se pueden someter a una medida comn; porque cmo se averiguar la carga que lleva un carro cargado de frutas, verduras, etctera? Se atender al volumen que ocupen? Esto sera muy injusto, porque la gravedad especfica de esos artculos es sumamente variable. Se apelar al reconocimiento de ellos, sometindolos a un examen riguroso? Esto sera un absurdo; pero absurdo que abrira la puerta a los mismos desrdenes que se quieren impedir, porque deseando los encargados de la polica itineraria evitar la molestia de tan repetidas operaciones, podran dejarse sobornar por los conductores o dueos de los carros, y aprovechndose stos de su mala fe, se burlaran impunemente de las mismas disposiciones establecidas para contener los abusos. Pero graduar, se dir, graduar la anchura de las ruedas por el nmero de los animales uncidos al carro, es permitir al propietario que los recargue en trminos, que puedan ser perjudiciales al camino. Cesarn estos temores si se reflexiona, que esta graduacin no es tan arbitraria como parece a primera vista, pues se distinguir la clase de animales de que se haga uso, y su nmero se establecer atendiendo siempre a lo que proporcionalmente puedan cargar: de forma, que el exceso que pueda haber en algunos casos, ser de poca consideracin. Y si bien es verdad, que el inters del propietario consiste en conducir los mayores pesos con el menor nmero posible de animales, esto producira entre nosotros el beneficio de que se hagan esfuerzos por mejorar las razas de caballos y dems bestias de tiro.

PAGE 217

JOS ANTONIO SACO /213 /213 /213 /213 /213 Para conciliar ambas opiniones sin grave perjuicio del pblico ni de los particulares, podra escogerse un trmino medio, mandando que la regulacin se haga por pesos en todos los frutos y efectos que puedan conducirse en grandes envases; pero que slo se atienda al nmero de animales, cuando no es fcil determinar el peso de aquellos artculos, ora se encierren en pequeos envases, ora se transporten sin ellos. El quinto medio de conservar los caminos es su oportuna reparacin. Jams se aguardar a que el detrimento que hayan sufrido, llegue a tomar cuerpo, sino que apenas se descubra el dao, cuando ya se aplique el remedio. Las reparaciones hechas a tiempo, sobre ser casi generalmente poco costosas, tienen la gran ventaja de hacer los objetos ms durables, dndoles siempre la apariencia de nuevos; y as como la diaria experiencia confirma en las familias los saludables efectos de esta costumbre, as las naciones ms econmicas y que ms avanzadas estn en la carrera de la civilizacin, ofrecen tambin en el orden pblico claros ejemplos de esta verdad. Dganlo si no la Gran Bretaa, la Holanda, la Suiza, los Estados Unidos de Norteamrica, y en cierto grado la Francia; mientras la Espaa (y sea dicho con dolor), la Italia, el Portugal, y otros muchos pueblos vienen a presentar, aunque en sentido contrario, un triste testimonio de lo que acabo de decir. Reprense, pues, los caminos pronta y oportunamente, y habremos encontrado el secreto de mantenerlos siempre buenos y a poca costa. Pero cmo repararlos? Usando de los mismos materiales con que fueron construidos, dando a stos el mismo tamao, y colocndolos en el mismo orden; y como para dar solidez al camino, es necesario que los nuevos materiales se adhieran a los viejos, stos se revolvern con picos a fin de romper la trabazn que tiene la superficie endurecida del camino. ltimamente, cuando ste se ha construido sobre un terreno pantanoso, y por lo mismo se le ha dado alguna altura, ser muy conveniente plantar entre las zanjas y el camino algunos arbustos muy unidos, pues esto, adems de dar fuerza al terreno, impide el vuelco de los carros. As se ha hecho con notable utilidad en algunos parajes de Inglaterra.PARTE CUARTAMuy poco se habra adelantado con exponer a la larga los modos de construir y conservar los caminos, si al mismo tiempo no se propusieran los medios de conseguir estos fines con el menos dispendio y ms pblica conveniencia Pero estos medios no se pueden conocer sin inquirir, primero, cmo y de dnde se sacan los fondos para realizarlos; ni esto tampoco se puede averiguar, sin saber a quin se confa la construccin de los caminos. As es, que estando ambas cuestiones ntimamente enlazadas, las comprender y discutir bajo la siguiente pregunta:

PAGE 218

OBRAS 214\ 214\ 214\ 214\ 214\CONVIENE QUE LOS CAMINOS SE HAGAN POR CUENTA DEL GOBIERNO, O POR EMPRESAS PARTICULARES?La primera dificultad con que se tropieza al responder a la primera parte de esta pregunta, es la falta de fondos para llevar a cabo esta empresa. Basta tender la vista sobre las tablas estadsticas que contienen las entradas y salidas de la isla de Cuba, para que desde luego se conozca, que en el estado en que se hallan sus rentas, el gobierno no puede destinar a este objeto importante las grandes sumas que se necesitan. Si volvemos los ojos al Consulado de La Habana a quien est especial, aunque no exclusivamente encargada la construccin de caminos, veremos que a pesar del celo que le anima por la pblica felicidad, aun no ha podido cumplir uno de sus principales deberes. Concedisele desde su fundacin en 1794 el derecho de avera que consiste en medio por ciento sobre el valor de los gneros, frutos y efectos importados y exportados; y las cantidades que ha percibido desde entonces hasta fines de 1828, ascienden a 2 277 611 pesos 6 y medio reales. Estableciose tambin a su favor en 1818, otro derecho con el nombre de caminos y su importe hasta el ltimo diciembre de 1828, lleg a 160 832 pesos 3 reales; de suerte que estas dos sumas forman el total de 2 438 444 pesos y 1 y medio real. Si esta cantidad hubiese entrado de un golpe en las arcas consulares, y sus atenciones todas hubiesen estado circunscritas a la construccin de caminos, con razn podramos culparle de abandono; pero habindola percibido en el largo camino de 34 aos, y teniendo que atender a otros ramos que gravitan sobre l, injusticia sera de nuestra parte suponerle negligente en el desempeo de sus deberes. Resulta, pues, que ni el gobierno ni el Consulado tienen fondos disponibles para acometer y concluir la gran empresa que nos ocupa. Pero el gobierno, se dir, puede inventar arbitrios; y he aqu vencido ya ese gran obstculo. Puede inventarlos, es verdad, puede imponer contribuciones, y de este modo conseguir los fondos que necesite. Pero no se trata aqu de las facultades que tiene el gobierno, sino de la conveniente aplicacin de ellas, y de la mayor utilidad que debe resultar al pblico y yo creo, que nada presenta tantas dificultades como la adopcin de esa medida. No es tan nuevo entre nosotros, como algunos pudieran pensar, el proyecto de construir caminos. Apenas abriera la Sociedad Patritica de La Habana sus primeras sesiones, cuando ya un miembro ilustre de su seno, el seor D. Nicols Calvo, le present un plan acerca de su construccin; y avanzando un poco hasta 1797, nos encontramos con el proyecto del seor Salazar, citado ya en las primeras pginas de esta Memoria. Pero si desde entonces y aun mucho antes existan entre nosotros deseos de mejorar las comunicaciones internas, forzoso es con-

PAGE 219

JOS ANTONIO SACO /215 /215 /215 /215 /215 venir en que todos han echado esta obligacin sobre los hombros del gobierno; y sin ocuparse (a lo menos que yo sepa) en los mtodos prcticos de construirlos, tan slo han tratado de inventar arbitrios para ponerlos a disposicin de aqul. Entre estos arbitrios, unos pertenecen a las contribuciones directas, y otros, a las indirectas. De los de esta especie no har expresa mencin, porque a todos los abrazar en las observaciones que tengo que hacer; pero s de los de aqulla, porque siendo de una naturaleza particular, dan margen a nuevas reflexiones. “Que los hacendados paguen anualmente, y mientras se concluyan todos los caminos dos reales por legua, de cada negro de ambos sexos, destinado a la agricultura, conforme a la distancia que sus haciendas se hallen de la ciudad, villa o lugar adonde lleva los frutos para su venta, esto es, de aquellas leguas nuevas que tuviere que transitar para expender dichos frutos ”: he aqu el primero de los arbitrios propuestos; y si un justo temor no me hiciese recelar que quiz podr proponerse por segunda vez, yo me contentara con slo mencionarle: pero fuerza ser manifestar todos los inconvenientes que tiene, para alejar de este modo aun la posibilidad de que se reproduzca. Consiste el primer inconveniente en que, como todos saben, la produccin de las fincas no tanto depende del nmero de negros empleados en ellas, cuanto de la calidad y uso de las tierras cultivadas, y de la vigilancia de sus dueos o administradores. Atender slo a uno de los elementos de la produccin, olvidndose enteramente del influjo que tienen los otros, es cosa, por cierto, que jams podr conducir a resultados justos, ni que merezcan la aprobacin publica. Y cules seran las consecuencias de una contribucin que lleva impreso en s el sello de la desigualdad y la injusticia? El cuerpo respetable a quien me dirijo, las percibe y conoce; y pues que las toca tan a las claras, mejor no ser cansarle con su triste enumeracin. Mas, aun suponiendo que el producto de las fincas fuese exclusivamente proporcional al nmero de negros, todava esta contribucin sera muy injusta; porque cmo puede ser, que la finca donde casi todos sean varones, produzca tan solamente lo que otra donde abunden ms las hembras? Cmo puede ser, que la produccin de unos negros jvenes, no sea mayor que la de otros ya viejos y cansados del trabajo? Pero concdase en teora lo que jams puede suceder en la prctica: esto es, que un nmero igual de negros produzca siempre en cualquiera hacienda la misma cantidad de frutos. Cmo podrn evitarse las desgracias que muchas veces ni dependen, ni puede alejar todo el cuidado y previsin humana? Un ao lluvioso, o un ao muy seco, que ya por exceso, ya por defecto destruya las cosechas; un trastorno de las estaciones, ya anticipndose, ya retardndose las lluvias; un incendio que arrase los

PAGE 220

OBRAS 216\ 216\ 216\ 216\ 216\ campos del labrador, son acaecimientos que ojal no presenciramos con tanta frecuencia en el suelo de nuestra patria. Y ser justo, que los hacendados que hayan perdido el todo o parte de sus cosechas durante uno, dos o ms aos, paguen en ellos la misma contribucin que en otros prsperos y abundantes, tan slo porque conservan todava el mismo nmero de esclavos? Un grito de indignacin se alzara contra la injusticia que los oprimiese; y el inters individual siempre fecundo en recursos, buscara medios de evadir tan injusta contribucin. Defectuosa es tambin, porque participando directamente del beneficio comn de los caminos, todos los hacendados, labradores, y aun otras muchas personas, la contribucin solamente se impone a cierto nmero de ellos. Quin ignora, que en todo el interior de la Isla, y aun en la misma jurisdiccin de La Habana, hay muchas haciendas de ganado y estancias de labor, que pertenecen, o estn a cargo de hombres blancos, y negros y mulatos libres? Pues segn los trminos en que se propone esta contribucin, claro es que no les comprende, porque solamente se extiende a los esclavos empleados en la agricultura. A los inconvenientes hasta aqu expuestos debe aadirse otro que no es de menos importancia. Uno de los puntos esenciales de toda contribucin debe ser la facilidad de colectarla, siendo necesario para esto, alejar en cuanto sea posible todo gnero de fraude, as de parte de los recaudadores, como de los contribuyentes. Y cmo se sabra el nmero de negros que tiene cada propietario? Se responder, que ocurriendo a cada uno de ellos; pero sta es una operacin que si la hace el gobierno, tiene que valerse de sus agentes, quienes deseando ahorrar trabajo, como es natural, formarn los padrones desde sus casas, segn lo han hecho otras veces; o descansarn en algunos informes del todo inexactos. Pero supngase en estos empleados todo el celo y actividad que se quiera; todava tienen que luchar con un obstculo el ms insuperable de todos; ste es, el inters individual. Cuntos sern los hacendados que confesarn el verdadero nmero de negros que poseen? S muy bien que hay algunos, cuya suma honradez les har decir la verdad; pero tambin s que la mayor parte la ocultarn, porque tratndose de contribuciones, sera un delirio pensar de otra manera. Ni se diga, que la utilidad del objeto desvanecer los temores que continuamente asaltan al propietario en punto a contribuciones. Formada entre nosotros la opinin de que son siempre gravosas, de que casi nunca bastan para lograr los fines con que se imponen, y de que muchas veces, administradores infames las han convertido en beneficio personal, qu confianza, ni qu garanta puede darse a los contribuyentes para que empiecen haciendo un sacrificio generoso, tan slo porque se les dice que es til y laudable el objeto a que se consagra? Las tristes y lamentables lecciones de lo pasado inspirarn en el nimo de todos el recelo y la descon-

PAGE 221

JOS ANTONIO SACO /217 /217 /217 /217 /217 fianza, y tratando slo de aminorar la contribucin, negarn el nmero de sus esclavos, y de este modo frustrarn las buenas intenciones del gobierno. Se apelar a la fuerza para descubrir los que posea cada propietario? Esto no es practicable, y aun cuando lo fuese, el remedio causara mayores daos que la misma enfermedad. Casos habr en que la malicia de algunos hacendados y la integridad de otros vendrn a completar el catlogo de males causados por esta contribucin. El que pague conforme al nmero de esclavos que posea, no podr ver con indiferencia, que otro con igual o mayor nmero pague menos. De aqu nacern quejas y reconvenciones; de aqu denuncias contra los vecinos; de aqu pleitos y aparatos judiciales; de aqu, en fin, una multitud de tropelas y vejaciones, que introduciendo el desorden y confusin en los campos, ahuyentaran la paz de su ms sagrado asilo. Yo no puedo continuar esta Memoria, sin hacer primero una leve insinuacin sobre las consecuencias polticas que hoy envuelve esta medida. En tiempos pasados, cuando era permitido entre nosotros el comercio africano, no exista el grave inconveniente que ahora embaraza la formacin de un censo de esta naturaleza; pero desde que en 1820 qued este trfico prohibido para siempre, las circunstancias han cambiado mucho; y el temor de ser descubiertos aquellos que han hecho y hagan nuevas adquisiciones, ser un obstculo invencible a toda especie de investigacin. No conviene decir ms sobre un punto, cuya importancia conoce mejor que yo el cuerpo patritico a quien tengo el honor de dirigirme, y a cuyas superiores luces me es grato recomendarle. Que los hacendados pagasen por tres cuatrienios un nuevo diezmo ; tal fue el segundo arbitrio propuesto. Prescindiendo de lo que pudiera ser all en 1795, que fue cuando se hizo esta indicacin, ya hoy va acompaada de graves dificultades que no existieron entonces; pues estando exentos de esta contribucin desde principios de este siglo los nuevos ingenios, cafetales, y vegas de tabaco, el peso vendra a recaer sobre las fincas viejas; fincas que as por haber estado sujetas al diezmo desde que se fundaron, como por tener ya cansadas sus tierras con el trabajo de tantos aos, lejos de imponrseles nuevas cargas, son dignas de alivio y proteccin. Bien veo, que este tributo podra extenderse a toda especie de fincas rsticas; pero establecerle y arreglarle en unos trminos que sean los menos onerosos a los hacendados, es cosa que est enlazada con materias del todo ajenas de esta Memoria, y que yo no podra ni aun ligeramente tocar, sin apartarme de mi objeto. Pero enhorabuena que as estas como las dems contribuciones de cualquiera especie se recauden con la mayor facilidad; enhorabuena que el gobierno tenga ya en sus arcas todas las cantidades que necesita. Todava quedan obstculos, que si no son absolutamente insuperables,

PAGE 222

OBRAS 218\ 218\ 218\ 218\ 218\ son a lo menos muy difciles de vencer. No pudiendo el gobierno intervenir por s mismo en la construccin de caminos, es preciso que se entregue a manos de individuos, cuyos conocimientos y actividad, cuyo desinters y patriotismo no pueden encontrarse en aquel sublime grado, y del que nicamente puede esperarse un xito ventajoso. Nacen, pues, de aqu como consecuencias necesarias, el nombramiento de una multitud de empleados con crecidos sueldos, la lentitud y poca economa en todas las operaciones, el descuido e imperfeccin de los trabajos, la malversacin de los fondos pblicos en algunos casos, y lo que es ms doloroso, el descontento universal del pueblo al ver que sus contribuciones, fruto precioso de sus sudores, pasan a enriquecer a un puado de individuos, dejando burladas sus esperanzas y la confianza del gobierno. No debemos alucinarnos. Una integridad a toda prueba, un patriotismo acendrado son virtudes que pueden encontrarse en este o en aquel hombre, pero pensar que ellas sean el distintivo de un conjunto de individuos nombrados al acaso, o por consideraciones de que no es muy fcil prescindir, de individuos que slo buscan una carrera o un sueldo con que mantenerse, sin acordarse jams de que el bien pblico debe ser el principio y fin de sus operaciones; pensar, repito, que estas virtudes sean el distintivo de tales hombres, es desconocer los resortes que mueven el corazn humano. No deben ser perdidas para nosotros las saludables lecciones de la experiencia. Gran Bretaa con todas sus virtudes pblicas, con la inflexibilidad de sus leyes, y con el enorme peso de la opinin, vctima ha sido de esos desrdenes; y entre nosotros, por ms eficacia, por ms energa que desplegase el gobierno, los males necesariamente haban de agravarse, pues sin aprendizaje anterior en la construccin de caminos, sin conocimiento exacto de los terrenos ni de los materiales que hayan de emplearse, forzoso es pasar por varios ensayos, que cuando no sean intiles, siempre sern muy costosos. No siendo probable que todos los caminos queden perfectos desde el principio, ser preciso reparar las faltas cometidas, y hacer, por consiguiente, nuevos gastos. Y si esto ha de suceder, sea quien fuere el encargado de la empresa, qu no ser cuando su direccin se encomiende a personas, que en vez de procurar disminuir estos males, o se muestran descuidados o apticos, o tienen inters en fomentarlos? Qu ancha puerta no se abrir a las especulaciones de mala fe? Qu difcil y tal vez imposible no ser averiguar los fraudes, y exigir la responsabilidad a los culpables? Ni paran aqu los males que se seguiran. El gobierno mismo, a pesar de sus buenas intenciones, sera el objeto de la execracin pblica. A l se imputaran todas las faltas y desrdenes que cometieran los empleados: a l se atribuira, si no complicidad, a lo menos tolerancia de los abusos; porque el pueblo siempre atiende a los resultados, y no se

PAGE 223

JOS ANTONIO SACO /219 /219 /219 /219 /219 ocupa en examinar las causas que los hayan producido. Y qu podemos esperar de un pueblo que despus de haber anticipado sumas considerables, todava se le exigen otras nuevas sin haber visto realizar el bien que se le prometi? Las murmuraciones pasaran a quejas, las quejas, a representaciones, y convencido el gobierno de los fundamentos de su justicia, o expresamente accedera a su solicitud, o tcitamente entrara con l en una transaccin, mandando suspender para mejores das todos los proyectos y trabajos. As vendran a morir todas las halageas esperanzas concebidas por el pueblo; as quedaran intilmente gastadas sumas considerables que pudieran haberse invertido en provecho pblico; as caera el gobierno en el descrdito, perdiendo gran parte de su fuerza moral; y as, en fin, se difundira el desaliento y desmayo, y se apagara en los habitantes el noble deseo de emprender obras de comn utilidad. Camina el gobierno con otra desventaja, y es que la odiosidad que lleva consigo toda contribucin, en el presente caso se agravara; porque siendo nueva, el pueblo no est acostumbrado a pagarla, y considerndola como un nuevo sacrificio, solamente puede tolerarla o por las utilidades inmediatas que le proporcione, o por la esperanza de verlas pronto realizadas. Pero si l no columbra el da en que ha de empezar a recoger el fruto de su contribucin, luego la condena como injusta, y creyndose autorizado para evadirla, pone en prctica cuantos medios le sugiere su inters. De este modo, el gobierno mismo, al paso que se expone a ser burlado por el pueblo, le ensea a mentir y engaar, dando as un fuerte ataque a los principios de la moral. El gobierno que quiere conservar su crdito, es menester que se maneje lo mismo que un deudor honrado. Las contribuciones que recibe, son un prstamo que el pueblo le hace para que le restituya su equivalente o en la seguridad y proteccin que le dispensa, o en obras de beneficio comn. Yo no puedo pasar en silencio una reflexin dolorosa, cuya exactitud ojal que no estuviese comprobada por la experiencia. Supngase que el gobierno ha vencido victoriosamente todas las dificultades que se presentaron; supngase que ya ha empezado los caminos, y que los contina con todo el esmero, prontitud y economa que pudiese desearse. Todava, bajo de tan halagea perspectiva, quin podr responder de la conclusin feliz de la empresa? Son tantas y tan vastas las necesidades de la isla de Cuba, son tantas y tan grandes las erogaciones que tiene que cubrir, son tantas y tan extraordinarias las circunstancias en que suele a veces encontrarse, que el gobierno se ve en la precisa necesidad de invertir en objetos que considera ms urgentes, los fondos destinados a ramos particulares. Y seremos tan felices que durante el transcurso de algunos aos que se necesitan para acabar los caminos, nunca ocurrir ningn acontecimiento que pueda interrumpir la marcha del

PAGE 224

OBRAS 220\ 220\ 220\ 220\ 220\ gobierno, obligndole a tocar los fondos consagrados a su construccin? Bien podr suceder; pero los hombres sensatos conocern que esto no est en el orden de las probabilidades. Si, pues, he demostrado a mi entender, cuan difcil y espinoso es que el gobierno sea quien construya los caminos de la isla de Cuba, a quin, es natural preguntar, a quin se confiar un objeto de tanta importancia? Confiarse debe al inters individual, permitiendo al hacendado, al comerciante, y a todo hombre industrioso que empleen sus capitales libre y seguramente en esta empresa. Libre y seguramente digo, porque si una mano extraa viene a dirigirlos en sus operaciones, ensendoles el modo de gastar sus fondos, y si no se les da la firme garanta de que las condiciones de sus compromisos sern cumplidas invariablemente, nada tenemos que esperar; pero si se les llega a infundir la ntima confianza de que estas dos grandes bases sern respetadas a todo trance, empezar debemos, desde ahora, a darnos los ms gratos parabienes. Los caminos por empresas particulares estn exentos de todos los obstculos con que tiene que luchar el gobierno, cuando los hace por su cuenta. No pudiendo l dirigir personalmente los trabajos, as por su posicin, como por estar recargado de atenciones, tiene que valerse de agentes pagados, y depositar en ellos su confianza y su dinero: mas, los empresarios, libres de cuidados, podrn velar noche y da; y siendo tesoreros de s mismos, no encomendarn a ningn extrao la peligrosa inversin de sus fondos. El gobierno tiene que nombrar una muchedumbre de empleados, que no haciendo en desempeo de sus funciones sino lo que baste para conservar sus destinos y disfrutar de sus sueldos, no hay que esperar de ellos, ni prontitud en las operaciones, ni economa en los gastos, y quizs ni aun solidez en los trabajos: mas, los empresarios, si nombran empleados, sern los que fueren absolutamente indispensables, asignndoles el menor sueldo posible, y hacindoles desempear sus deberes con actividad y constancia. Los trabajos sern slidos, porque a proporcin de su duracin, as ser la utilidad de los empresarios, y porque cada reparo que tengan que hacer, ser una disminucin de sus ganancias: todas las operaciones se harn con prontitud, porque cuanto ms se retarde la conclusin de los caminos, tanto ms tiempo estarn sin percibir el rdito de los capitales invertidos en ellos: en todo gnero de empresas, y baste decir que est de por medio el gran inters individual. El gobierno tiene que empezar pidiendo al pueblo sumas considerables, las cuales deben invertirse mucho antes que ste comience a disfrutar de sus utilidades; y si, por desgracia, como es factible que suceda, las obras no corresponden a las esperanzas concebidas, el pblico queda perjudicado con la prdida o mala inversin de sus fondos. Mas, los empresa-

PAGE 225

JOS ANTONIO SACO /221 /221 /221 /221 /221 rios nada piden al pueblo con anticipacin: cuentan solamente con sus recursos; y si los caminos quedan malos, ellos son los nicamente perjudicados, sin que el pblico pierda sus capitales. El gobierno se presenta con la desventaja de que el pueblo se convierte en censor severo de todas las operaciones de sus agentes, y como por ms empeo que ponga en evitar las negligencias de stos, o en reprimir sus desrdenes, jams lo podr conseguir; he aqu que se establecer una lucha entre el pueblo y el gobierno, pero lucha que no producir otros resultados que la desconfianza de aqul, el descrdito de ste, y la repugnancia de entrambos a todo proyecto de utilidad pblica. No acontece as con los empresarios. El pueblo y el gobierno tienen un mismo inters; caminarn ambos en la ms estrecha armona; y convirtindose en fiscales de los empresarios, stos, sin ms apoyo ni amparo que el fiel cumplimiento de las promesas que han hecho, agregarn a los estmulos del inters, el temor de dos jueces tan inexorables. ltimamente, los caminos por empresas tienen una ventaja que no se puede lograr por alguno de los otros medios que se adopten; sta es una igualdad relativa, la ms justa que puede desearse en cuanto a la contribucin que se exige. Porque quines son los que la pagan? Tan slo los que transitan por los caminos. Y cmo la pagan? En proporcin al uso que hagan de ellos. Si por cada carretera que pase, se cobran, verbigracia, cuatro reales; claro es, que el individuo por cuya cuenta pasen 20, har doble uso del camino respecto de otro que solamente haga pasar diez; y como que, por una parte, los descompone ms, y, por otra, saca doble utilidad, justo es que pague una suma proporcional a los perjuicios que causa y a las ventajas que recibe. S que hay algunos que estn prevenidos contra los portazgos, y que los consideran, si no imposibles, a lo menos muy difciles de establecer entre nosotros. A sus temores yo agregara el ejemplo de la Inglaterra, cuyo pueblo derrib las puertas del camino que va de Londres a Escocia, cuando se impuso este derecho por la vez primera; y fue tal contra l la indignacin popular, que el gobierno tuvo que recurrir a la fuerza armada para sostener sus determinaciones. En Francia tambin se repiti la misma escena, cuando en tiempo de la revolucin estableci portazgos el Directorio en los caminos reales. Bastara responder a estos ejemplos, que el pueblo de la isla de Cuba ni es, ni se halla en las circunstancias de los de Inglaterra y de Francia; pero esta respuesta general no satisfara las dudas que quiero desvanecer. Cuando en esas dos naciones se establecieron portazgos, ya existan caminos, que ms o menos perfectos, al fin proporcionaban al viajero bastante comodidad, sin exigirle por ella y sobre la marcha, ninguna contribucin pecuniaria. Pedrsela despus, era a los ojos del pueblo una injusticia notoria que en el espritu de libertad que reina en Inglaterra, y en el de extrema exal-

PAGE 226

OBRAS 222\ 222\ 222\ 222\ 222\ tacin que agitaba entonces la Francia, slo poda repararse con la violencia. Mas, todo vara en la isla de Cuba. Sin haber tenido la dicha de pisar jams sobre buenos caminos, la enorme diferencia que luego que se construyan, se encontrar en el tiempo, en la comodidad, y en lo barato de las conducciones, producir tal contraste con el estado actual, que lejos de temer aquellos excesos, nuestro dcil y tranquilo pueblo besar agradecido la mano que le proporcione tan insignes beneficios. Lo nico que podr suceder al principio, ser que algunos se resistan a pagar el portazgo; pero el pronto y condigno castigo que debe imponerse a los reos por el desacato contra las leyes y la propiedad del empresario, servirn de freno para contener cualquier desorden. Al temor del castigo ser conveniente aadir el de la opinin; y aunque sta no puede tener entre nosotros el influjo saludable que se experimenta en otros pases, por lo menos producir algn efecto. Publquese, pues, en los peridicos, el nombre del infractor, sea cual fuere su clase o jerarqua, y tambin la pena que se le imponga; y si se dice que estas medidas sern ilusorias, porque el hombre fuerte siempre arrastrar al dbil, no se olvide que los empresarios no sern personas desvalidas, pues que ya por sus capitales, ya por su nmero sern dignas de alto respeto; viniendo a ser la ltima consecuencia del choque del fuerte contra el fuerte; choque que estando de parte de uno acompaado de la justicia y de la opinin, siempre triunfar de los esfuerzos del otro. Hemos hablado hasta aqu en la hiptesis de que existan empresarios; pero supngase que no se presenta ninguno, o que en caso de haberlos, son tales, que ya por su corto nmero, ya por sus pocos fondos no pueden hacer los caminos que se necesitan. En estas circunstancias, se dir, forzoso es apelar a nuevas contribuciones, o abandonar el gran proyecto que nos ocupa. Ni uno ni otro, porque entre ambos extremos se encuentra un medio que nos libra de los males que se nos anuncian. Puede ocurrirse a los emprstitos, dividiendo las cantidades que se necesiten en muchas acciones de poco valor, para que aun los cortos capitalistas puedan tomar algunas si les parece. Abrirase tambin la puerta a los extranjeros, quienes halagados de la ganancia que les ofrece un pas, donde el inters del dinero es mucho mayor que en el suyo, volarn a tomar parte en nuestras empresas, y a derramar aqu sus caudales. Para ms comodidad de los prestamistas y utilidad del pblico, estas sumas se irn dando en ciertos plazos, a proporcin de los gastos que se vayan haciendo; porque si el costo de un camino se computa en cuatro millones de pesos, la exhibicin simultnea de toda esta cantidad pondra a muchos en la imposibilidad de suplir todos los fondos de que pudieran disponer parcialmente, y al pblico se gravara desde el principio con el rdito de un dinero que no se hubiese empleado todava. Hgase, pues, la contrata con los constructores del camino: exjase de

PAGE 227

JOS ANTONIO SACO /223 /223 /223 /223 /223 ellos que entreguen concluida, a perodos determinados, una parte de sus trabajos; y entonces se tomar de los prestamistas la cantidad necesaria para indemnizar a aqullos, o para hacerles alguna anticipacin segn los trminos de la contrata; bien que en este punto debe procederse con muchsima cautela. Concluida as una parte del camino, y pagado su costo, el todo o parte del rdito del dinero invertido se sacar del corto derecho que se imponga a todos los que le transiten, guardando la debida proporcin entre volantes, carretas, caballos, etc. Continuando as estas operaciones, el camino quedar concluido dentro de poco tiempo, y como el trfico se ha de ir aumentando, los derechos impuestos no slo sern suficientes para pagar el inters del dinero, sino que dejarn un sobrante anual con que redimir poco a poco el capital. De este modo, el pblico se encuentra insensiblemente con caminos, sin experimentar vejaciones, ni comprometer el respeto y decoro de la autoridad: se abre una nueva fuente abundantsima de riqueza pblica: se ofrece a los capitales un nuevo ramo de industria en que emplearse tilmente: se presenta ocupacin a las clases laboriosas: se convida al extranjero para que venga a invertir sus capitales en nuestro suelo, aumentando, por una parte, nuestra riqueza, y, por otra, engrosando nuestra poblacin blanca: en una palabra, se despierta al pueblo del letargo en que yace, dndole la til leccin de que empiece a combinar su inters con el de la patria, y a condenar como un crimen el detestable egosmo y la funesta apata.7 Pero tan halagea perspectiva desaparece de nuestros ojos con la triste reflexin de que esta patria querida nunca gozar de tantos bienes; porque quin ser el hombre que aventurar sus capitales en una empresa pblica, si no se le asegura, y l se convence de que sus derechos siempre sern religiosamente respetados? Aqu invoco yo ahora la autoridad y la palabra sagrada del gobierno; aqu el honor y el deber del Consulado de La Habana, de esa corporacin que tantas pruebas tiene dadas de su celo y desinters en obsequio del bien comn; aqu las luces y desvelos del cuerpo respetable a quien consagro esta Memoria, y cuyos esfuerzos por mejorar la fortuna pblica son bien patentes y conocidos; aqu, en fin, el inters y noble patriotismo de todo hacendado y de todo el que se honre con el distintivo de buen cubano. Cuando se desarrolle esta masa de poder y de fuerza moral, cuando se aplique toda la energa que encierran sus elementos al grandioso objeto que nos ocupa, cuando contribuyan unos con su autoridad y otros con su prestigio, unos con su crdito y otros con sus fondos, entonces se aumentar o renacer la confianza perdida, mil capitalistas nos ofrecern sus caudales, y 7El camino de hierro de Gines, que fue el primero que se construy en Cuba, ofrece la ms plena confirmacin de la exactitud de las ideas contenidas en este prrafo.

PAGE 228

OBRAS 224\ 224\ 224\ 224\ 224\ llenndose nuestras cajas de dinero, ya tendremos caminos y todo cuanto apetezcamos.8 Ved aqu, seores, el punto donde yo debiera terminar esta memoria; pero una inquietud secreta turba mi corazn, y yo no puedo soltar la pluma sin desvanecer, primero, cualquier concepto equivocado a que tal vez pudiera dar origen la mala inteligencia de mis palabras. Acaso se podr inferir, que porque yo doy la preferencia a los caminos construidos por empresas, mi intencin es alejar enteramente toda intervencin del gobierno. Debo decir con franqueza, que nada dista tanto de mis ideas, ni cmo podra ser de otra manera? El gobierno, como amigo y protector del pueblo, debe proponer y acalorar todo proyecto que redunde en beneficio comn. Y cul de ms importancia se puede presentar en la isla de Cuba? Ciertamente que ninguno; y es de tal naturaleza, que aun cuando se considerasen distintos el inters del pueblo y el del gobierno, todava ste sacara grandes ventajas. La prontitud y facilidad con que puede circular sus rdenes, la rapidez con que puede mover sus tropas de un punto a otro, y la mayor renta que entrar en sus arcas con el impulso que se da a la agricultura y dems ramos industriales, son consideraciones tan claras que saltan al entendimiento aun del hombre ms obcecado. El gobierno, pues, debe influir con su autoridad, inspirando confianza a los empresarios, respetando y haciendo respetar religiosamente los derechos que se les hubieren concedido en virtud de las contratas, compelindolos tambin, cuando fueren llamados a su presencia, a cumplir estrictamente todas las condiciones a que se hubieren comprometido: en una palabra, removiendo cuantos obstculos puedan impedir o detener el buen xito de un proyecto tan til y tan necesario. Si el gobierno, adems, pudiere disponer de algn sobrante, en nada debe emplearle con tanta preferencia como en esta grande obra: pero que no sea l quien se ponga a invertir estos fondos por su cuenta; que los entregue a nuestra digna Diputacin Consular, o a contratistas idneos; y tomando las precauciones necesarias, entonces habr hecho un bien que le colmar de eternas bendiciones. ¡Qu espectculo tan grandioso no presentara a los ojos del mundo el gobierno de mi patria, ejerciendo estas funciones verdaderamente paternales! Yo repetira de l, lo que del gobierno britnico dijo el barn Dupin en iguales circunstancias: “En Inglaterra, la autoridad suprema es la que concede a los ciudadanos crdito y fondos para que hagan por s lo que interesa, tanto a ellos, como al gobierno, mientras en otros pases, ste compele a los ciudadanos a que le entreguen sus fondos para ejecutar a su manera y cuando quisiera, lo que no pertenece sino a 8Yo tengo la satisfaccin de decir, que, a pesar de las dificultades con que se lucha, ya se ha cumplido una parte de este vaticinio.

PAGE 229

JOS ANTONIO SACO /225 /225 /225 /225 /225 los administrados”. ¡Que la sabia conducta del gobierno britnico sea el digno ejemplo de nuestra imitacin; que as se verifique entre nosotros, oh ilustre Sociedad Patritica; y que llegando el venturoso da en que se cumplan nuestros votos, podamos tambin decir, que as sucede en la isla por excelencia, en la hermosa y envidiable CUBA!

PAGE 230

APNDICE APNDICE APNDICE APNDICE APNDICE (Extracto de las leyes itinerarias del Estado (Extracto de las leyes itinerarias del Estado (Extracto de las leyes itinerarias del Estado (Extracto de las leyes itinerarias del Estado (Extracto de las leyes itinerarias del Estado de Nueva Y de Nueva Y de Nueva Y de Nueva Y de Nueva Y ork.) ork.) ork.) ork.) ork.)Los ciudadanos que tienen voto, celebran juntas anuales en cada pueblo del estado de Nueva York, y como una de sus obligaciones principales es la construccin de caminos, hacen entre otros nombramientos el de tres comisarios de caminos reales, y el de un nmero de sobrestantes, igual al de los distritos de caminos pertenecientes a cada pueblo. Estos caminos se deben distinguir de los que se hacen por compaas; y as tratar primero de ellos, y despus de los de portazgo.Artculo Primero. De los empleados a quienes toca el cuidado y construccin de los caminos reales y puentes, y de sus atribuciones y deberes generalesCOMISARIOSstos mandarn reparar los caminos y puentes de sus pueblos respectivos, arreglar los ya abiertos; abrir otros nuevos en los trminos que ms abajo se dir; dividirlos en distritos,9 para su ms cmoda composicin; interrumpir los que en su concepto y bajo el juramento de 12 propietarios territoriales no fueren ya necesarios; alterarlos segn convinieren todos o la mayor parte; y requerir a los sobrestantes para que citen a las personas obligadas a trabajar en los caminos. Informarn tambin anualmente a la junta de auditores10 acerca de las multas y dems cantidades que perciban, del estado de los caminos, de los trabajos asignados y hechos en el discurso del ao, y de las mejoras que con9Aunque la palabra distrito es muy limitada, aqu se toma por la divisin que se hace de las ciudades y pueblos para varios objetos, como escuelas, caminos, etctera. 10sta existe en cada pueblo, y se compone del inspector, del escribano respectivo, y de dos o ms jueces.

PAGE 231

JOS ANTONIO SACO /227 /227 /227 /227 /227 venga hacer, presentando el presupuesto de los gastos al inspector del pueblo, para que ste lo pase a la junta de inspectores en su sesin inmediata, la cual prorratear las contribuciones entre los habitantes de su pueblo respectivo, con tal que no pasen en un ao de 250 pesos. Debern poner tambin en todos los caminos pblicos piedras o tablas que a cada milla indiquen las distancias con letras claras y legibles, y en las encrucijadas fijarn postes con las inscripciones necesarias para marcar las direcciones.SOBRESTANTESstos deben reparar y conservar los caminos reales de sus distritos: citar, en virtud de aviso de uno o ms comisarios a todas las personas que deben trabajar en ellos: percibir las multas y el dinero del trabajo permutado: remover una vez al mes, desde abril hasta diciembre, todas las piedras flojas de la parte transitada del camino: arrancar dos veces al ao las yerbas que nazcan a los lados: mantener y renovar los mojones que demarcan los linderos para que todos sepan cul es la anchura del camino: en una palabra, ejecutar todas las rdenes legales de los comisarios. Cuando el trabajo sealado por stos a los habitantes de cualquier distrito, no fuere suficiente para conservar los caminos, el sobrestante de ese distrito har proporcionalmente una nueva asignacin, la cual nunca pasar del tercio del nmero de das de trabajo, sealados por los comisarios en el mismo ao a los habitantes de tal distrito. El cargo del sobrestante es gratuito; pero si alguno empleare en el desempeo de sus deberes ms das de los que se le hubieren sealado, recibir por cada uno la compensacin de seis reales.11 El sobrestante no podr permutar su trabajo por dinero en ninguno de los das que se le hayan sealado. Si el sobrestante nombrado rehusare el empleo, o ste vacare, los comisarios nombrarn otro. Cada falta que cometa un sobrestante, ser castigada con una multa de diez pesos aplicable a los caminos, la cual le exigirn los comisarios, ante quienes podr acusarlos cualquiera persona residente en el pueblo respectivo, dndoles fianza que baste a cubrir los gastos que se han de hacer en la persecucin del sobrestante. Si los comisarios no admitieren la acusacin, o fueren remisos en el procedimiento, se les castigar con la pena de diez pesos aplicables a la persona que se hubiese querellado y ofrecido la fianza competente. 11Cada real de stos equivale a la octava parte de un peso fuerte; o sea, dos reales y medio velln.

PAGE 232

OBRAS 228\ 228\ 228\ 228\ 228\Artculo Segundo. Personas que deben trabajar en los caminos reales, y modo de imponer esta contribucinTodo individuo, ya propietario, ya poseedor de tierras en el pueblo de su residencia, todo hombre de ms de 21 aos de edad residente en dicho pueblo, o que tenga tierras en l, aunque no resida, est sujeto a esta contribucin itineraria. Cada sobrestante dar al escribano del pueblo, dentro de 16 das despus de su nombramiento, una lista firmada que contenga el nombre de todos los habitantes de su distrito obligados a trabajar en los caminos. Los comisarios formarn tambin en la primera o en cualquiera de sus juntas otra lista de las tierras de los propietarios no residentes, por donde pase el camino, o que le sirvan de lindero, o que se junten con l. Las listas de los sobrestantes sern entregadas por el escribano a los comisarios, quienes arreglndose a ellas, determinarn el nmero de das de trabajo en el ao prximo, y las personas y tierras a quienes corresponden; y firmadas que sean por ellos, harn que el escribano saque copias autorizadas; y que las entregue a los sobrestantes respectivos. En esta regulacin se observarn las reglas siguientes: 1 El nmero total de das de trabajo se sealar en cada ao, y ser a lo menos el triple del nmero de habitantes que pueden contribuir en el pueblo respectivo. 2 Todo habitante varn de ms de 21 aos, excepto los ministros del Evangelio y de cualquier secta, los pobres, mentecatos y locos, contribuirn a lo menos con un da de trabajo, y los dems das que faltaren, se repartirn entre los propietarios residentes conforme al valor de sus bienes muebles o races. A las tierras de los no residentes solamente se le impondr esta contribucin, cuando los comisarios consideraren que aumentarn su valor por el trabajo hecho en el camino; y aun en este caso no se les gravar sino en la cuarta parte de un da de trabajo por cada 100 pesos que valgan las tierras, sin que pueda jams imponrseles una contribucin mayor que a las de igual valor que poseen los residentes. 3 Si despus de hecha esta asignacin, aun faltaren das para completar los trabajos, el nuevo gravamen recaer sobre los habitantes del pueblo. Si algn propietario no residente se considerare perjudicado con la determinacin de los comisarios, podr apelar dentro de 30 das a los jueces del tribunal del condado12 donde tuviere sus tierras, quienes decidirn definitivamente sobre la apelacin dentro de 20 das. Si la determinacin de los comisarios y sobrestantes fuere confirmada, la parte 12ste era antes en Inglaterra el distrito o territorio de un conde; mas hoy, tanto all como en los Estados Unidos de Norteamrica, es una divisin territorial para los negocios judiciales.

PAGE 233

JOS ANTONIO SACO /229 /229 /229 /229 /229 apelante pagar a cada juez dos pesos por cada uno de los das que hubiese estado empleado en la decisin del negocio; pero si fuere revocada, entonces se sacarn estos gastos de los fondos de los pueblos respectivos. Cuando uno ocupa tierras que no le pertenecen en propiedad, se debe distinguir la contribucin de las tierras, de la tasa personal impuesta al ocupante; pero si la contribucin se hubiere impuesto a estas tierras en nombre del ocupante, el propietario estar exento de todo trabajo en los caminos. A los arrendatarios por menos de 25 aos, se les rebajar la contribucin en proporcin a la renta que paguen por las tierras al propietario; y como los das de trabajo deben repartirse entre los dueos y los arrendatarios, slo recaern todos sobre stos, cuando as se hubiere estipulado.Artculo Tercero. Deberes de los sobrestantes con respecto a la ejecucin del trabajoCuando haya que trabajar en los caminos, los sobrestantes citarn, a lo menos 24 horas antes, a las personas residentes en sus distritos respectivos para que asistan al tiempo y lugar sealados con los instrumentos y utensilios que se les pidan. A los propietarios territoriales ausentes y sujetos a esta contribucin, se les citar por medio de sus agentes residentes en el pueblo, con una anticipacin de cinco das a lo menos; y si no los tuvieren, el sobrestante, 20 das a lo menos antes de empezarse los trabajos, fijar en la parte exterior de la puerta del edificio donde se haya celebrado la ltima junta, un cartel que contenga los nombres de las personas no residentes, la porcin de tierras que les pertenecen, el nmero de das de trabajo que les tocan, y el tiempo y lugar en que deben hacerse los trabajos. Todos pueden conmutar toda o parte de esta tarea, pagando al sobrestante dentro de las 24 horas despus de haber sido citados, cinco reales por cada da de trabajo, cuyas sumas se invertirn en los caminos y puentes de los distritos respectivos. Pero esta conmutacin no es permitida a los sobrestantes. A los que deben trabajar por tres o ms das, y no hayan permutado, puede el sobrestante obligarlos a que lleven a los caminos un carro, o un arado con dos o ms caballos o bueyes, y un hombre que los maneje; pero esto se entiende, siempre que los contribuyentes tengan en el respectivo distrito del camino dichos utensilios y animales. Cada da de este ejercicio se conmuta por tres. El trabajo de los caminos durar ocho horas diarias; y los individuos obligados a trabajar en ellos pueden tambin nombrar un sustituto, imponindoseles por cada hora que falten al trabajo un real de multa. Si asistieren al lugar donde

PAGE 234

OBRAS 230\ 230\ 230\ 230\ 230\ se les hubiere citado, pero permanecieren ociosos, o no trabajaren bien, o impidieren a otros su trabajo, pagarn un peso por cada falta. Si no comparecieren, tambin se les multar en un peso diario; y si se les pidieren los animales y utensilios mencionados, y no dieren ninguno, pagarn tres pesos diarios; pero si dieren algunos, omitiendo cualquiera de los dems, pagarn un peso diario por cada uno de los que falten. A los que sin excusa racional no hubieren asistido a los trabajos, los acusar el sobrestante dentro de seis das despus de cometida la falta, ante uno de los jueces de paz del pueblo, quien proceder contra los transgresores para imponerles la pena de la ley; de la cual se librarn cuando aleguen justa causa; pero sta nunca los eximir de los trabajos que deben hacer en los caminos, sino tan slo del castigo. Con respecto a los dueos de tierras no residentes en el pueblo, el sobrestante har constar bajo juramento ante uno de los jueces de paz, que ha verificado la citacin conforme lo previenen las leyes, y despus presentar al inspector del pueblo una lista de todas las tierras de los no residentes, de las personas desconocidas que no han pagado su contribucin, y de la suma de trabajo que debieron hacer. Si el sobrestante no entregare esta lista, o no hiciere la relacin jurada, pagar cinco pesos de multa y todos los trabajos pendientes a razn de cinco reales diarios. Entregada que sea la lista, el inspector la pasar a la junta de inspectores, quienes en su prxima sesin harn que las deudas se paguen en los trminos prevenidos por las leyes. Cada sobrestante presentar a uno de los comisarios, antes de la junta anual, una relacin jurada del ao en que ha sido nombrado, manifestando el nombre de todas las personas que han debido trabajar en los caminos, el de las que efectivamente han trabajado, y el nmero de das, expresando tambin quines han sido los multados y cules las cantidades en que lo han sido, quines han permutado sus trabajos por dinero, y cul la inversin de las sumas entradas en su poder, acompaando adems una lista de todas las tierras de los no residentes que no han pagado su contribucin. El sobrestante que no presentare al comisario esta cuenta, o no entregare el dinero que exista en su poder, ser perseguido por el comisario; y por cada una de estas faltas pagar cinco pesos aplicables al fondo de caminos.Artculo Cuarto. De la abertura, alteracin o descontinuacin de los caminos pblicos y privadosLos comisarios por s, o a peticin firmada por cualquiera de los contribuyentes de caminos pueden abrirlos, alterarlos, o descontinuarlos; pero en tales casos debern hacer reconocer los terrenos, dejando constancia del reconocimiento en la escribana del pueblo, y fijando el escribano en la

PAGE 235

JOS ANTONIO SACO /231 /231 /231 /231 /231 puerta del edificio donde se celebra la junta anual, la orden de los comisarios, para alterar, descontinuar o abrir el camino. Si ste pasare por un huerto o jardn formado cuatro o ms aos antes, o por edificios, o fbricas de cualquier gnero destinados al uso del comercio y manufacturas, o por patios o cercados necesarios para el uso de esas fbricas y edificios, en ninguno de estos casos podr abrirse sin consentimiento del dueo. Si hubiere de pasar por tierras cercadas, mejoradas o cultivadas, tambin se necesita del consentimiento del dueo o del poseedor, a no ser que 12 propietarios territoriales del pueblo certifiquen bajo juramento que es necesario hacerlo. Mas, antes de esta decisin se tomarn varias precauciones que aseguren el acierto. Los 12 propietarios no han de tener inters alguno en las tierras por donde haya de pasar el camino, ni ser parientes del dueo de ellas. Seis das a lo menos antes de reunirse, se fijar un cartel en tres de los parajes ms pblicos del pueblo; y reunidos que sean, prestarn juramento de obrar bien, reconocern personalmente el terreno, y oirn todas las razones que puedan alegarse en pro o en contra de la abertura del camino. Si creyeren que se debe abrir, extendern y firmarn un certificado que entregarn a los comisarios del pueblo, quienes tres das a lo menos antes de reunirse para resolver sobre la abertura, citarn por escrito al poseedor de las tierras, y en su ausencia le dejarn en su casa una papeleta, anuncindole el da y lugar en que han de juntarse; y si despus de haber odo las razones en pro y en contra, resolvieren que se abra el camino, firmarn un certificado en que se enumeren todos los parajes por donde haya de pasar, y archivarn este documento en la escribana del pueblo. La indemnizacin de los daos causados por la abertura del camino, puede hacerse por convenio entre los comisarios y el dueo de las tierras siempre que la suma no pase de 25 pesos; pero si no pudieren convenirse, o la cantidad fuere mayor, entonces los comisarios o el dueo de las tierras ocurrirn a dos de los jueces de paz del pueblo, quienes mandarn a un alguacil de otro pueblo, que no est interesado, ni sea pariente de alguno de los interesados en las tierras por donde pase el camino, que cite 12 propietarios territoriales desinteresados, no residentes en el pueblo por donde se ha de abrir aqul, y que no sean parientes del propietario, avisndoles tambin el da y lugar en que han de reunirse. Comparecido que hayan, los jueces de paz que expidieron la orden, sacarn por suerte seis de ellos, y formando stos el jurado, fijarn la indemnizacin, despus de pesar todas las circunstancias, y de prestar juramento de obrar con rectitud. Los jueces de paz recibirn y certificarn la opinin del jurado, y la entregarn a los comisarios respectivos, quienes darn una copia de ella, y tambin la cuenta de los gastos hechos al inspector del pueblo, y ste las presentar a la junta de ins-

PAGE 236

OBRAS 232\ 232\ 232\ 232\ 232\ pectores, la cual las examinar cuidadosamente, y atendiendo a los fundamentos de su justicia, aumentar o disminuir la cantidad que se ha de pagar por va de indemnizacin. As sta, como todos los dems gastos que se hayan hecho, se sacarn de los fondos del pueblo por donde pasare el camino. Cuando se hubiere de descontinuar un camino real que corre por las tierras de algn propietario, y el nuevo camino que se ha de abrir, pase tambin por las tierras del mismo propietario, el jurado rebajar de la indemnizacin que seale, el valor del camino descontinuado y el beneficio que de esta descontinuacin resulte al propietario. Si los comisarios de dos pueblos de un mismo condado o de condados distintos no convinieren en la abertura o alteracin del camino que haya de pasar por los dos pueblos o condados, los comisarios de ambos pueblos se reunirn para conferenciar sobre la materia a peticin de cualquiera de los que no hayan convenido. Para abrir un camino por el lindero de dos pueblos, se reunirn dos o ms comisarios de dichos pueblos, y le darn ya de un lado, ya de otro, la inclinacin que les perezca conveniente. Debern tambin dividirlo en distritos, asignando un nmero igual a cada pueblo, a fin de que la construccin y reparacin del camino pueda hacerse con ms comodidad; y cada uno de estos distritos se considerar, en punto a cualquier gnero de obras, como si exclusivamente perteneciera al pueblo respectivo. El propietario o poseedor de las tierras por donde pasare el camino real, podr usar racionalmente de los rboles en pie o tendidos que existan en ellas, a excepcin de los que se necesiten para construir o reparar los caminos o puentes situados en dichas tierras. Cuando se ocurra a los comisarios de algn pueblo para que abran un camino privado, citarn 12 propietarios desinteresados que residan en el lugar por donde pase el camino, y compareciendo en el da sealado (del cual se dar tambin aviso al propietario o poseedor de las tierras), jurarn, reconocern los lugares, y si creyeren necesario el camino, firmarn un certificado, segn se ha dicho, y los comisarios procedern a su abertura. La indemnizacin del terreno se har en los trminos ya prescriptos para los caminos pblicos, pero se pagar por la persona que haya ocurrido a los comisarios para la abertura del camino. Esa persona y sus herederos podrn usar de l, sin convertirlo en otro uso u objeto que el de camino privado. Ni el dueo de las tierras, ni el ocupante podrn transitar por l, a menos que lo hubieren manifestado a los comisarios o al jurado antes de fijar la indemnizacin de las tierras. La mnima anchura de los caminos pblicos ser 16 yardas y media;13 y esta misma ser la mxima de los privados. 13La yarda imperial inglesa es de 91 centmetros, 438 milmetros.

PAGE 237

JOS ANTONIO SACO /233 /233 /233 /233 /233 Siempre que alguno ocurra a los comisarios para que se descontine un camino viejo por ser ya intil, stos citarn 12 propietarios territoriales, desinteresados y residentes en el pueblo para que reunindose en cierto da, reconozcan el camino, y examinen cuanto pueda alegarse; y si opinaren que debe descontinuarse, firmarn su certificado, y lo entregarn a los comisarios, para que stos procedan conforme a lo determinado. Toda persona que se considere agraviada de cualquiera medida de los comisarios, relativa a caminos, podr apelar dentro de 60 das a tres jueces del tribunal del condado donde estuviere el camino. Pero la decisin que recaiga sobre la apelacin de una persona, en nada afectar los derechos de otra que tambin haya apelado dentro del plazo legal. Fijado que sea un camino por los jueces a quienes se ha apelado, no se descontinuar, ni alterar mientras todos o algunos de ellos permanecieren en comisin; pero stos reunidos a otro o a otros jueces para que todos formen el nmero de tres, podrn mandarlo alterar o descontinuar, y el juez o jueces adicionales sern nombrados por la persona que pida la descontinuacin o alteracin del camino. Si ninguno de los jueces mencionados estuviere ya en comisin, entonces se ocurrir a tres del mismo tribunal. Pero as en este como en el caso anterior, no admitirn peticiones sobre la alteracin o descontinuacin, sin que vayan acompaadas de un certificado firmado por los comisarios del pueblo respectivo, en que aprueben la tal peticin. Los jueces, antes de decidir, deben reconocer el camino. Cuando los comisarios hubieren trazado alguno pblico que ha de pasar por tierras cercadas y los interesados no hubieren apelado de la determinacin de los comisarios, stos les mandarn destruir las cercas dentro de 60 das; y si vencido este plazo, todava existieren, las harn derribar. Si se hubiere apelado, y confirmado la determinacin de los comisarios, stos las mandarn destruir dentro de 60 das despus de la sentencia. Todos los documentos relativos a caminos sern archivados por los comisarios en la escribana del pueblo respectivo.Artculo Quinto. Disposiciones y penas relativas a la obstruccin y usurpacin de los caminos realesTodo el que obstruyere los caminos reales, ya en el centro, ya en las zanjas laterales, pagar cinco pesos de multa. Cuando el poseedor de las tierras por donde pasa un camino real ya trazado, usurpare alguna parte de l, levantando cercas, los comisarios podrn mandrselas derribar dentro de 60 das, expresando en la orden la anchura sealada del camino, y el espacio y lugar o lugares usurpa-

PAGE 238

OBRAS 234\ 234\ 234\ 234\ 234\ dos. Si las cercas no fueren removidas dentro del plazo concedido, el transgresor pagar cuatro reales de multa por cada da que transcurriere sin derribarlas. Si el poseedor de las tierras negare la usurpacin, entonces uno o ms comisarios concurrirn a cualquiera de los jueces de paz para que convoque un jurado de 12 propietarios territoriales, sealndoles el da y lugar en que han de reunirse y avisndolo a los comisarios y al poseedor de las tierras. Si el jurado declarare que hay usurpacin, extender y firmar un certificado manifestando todos los particulares relativos a la usurpacin, e indicando la persona o personas que la hubieren cometido. A los 60 das de archivado el certificado, deber el poseedor derribar las cercas, ya hayan sido levantadas por l, ya por su antecesor; y si no lo hiciere, pagar cuatro reales por cada uno de los das transcurridos. Tambin deber pagar dentro de diez las costas del juicio. Si el jurado declarare que no hay usurpacin, mandar resarcir al poseedor los daos que le hayan ocasionado en virtud del procedimiento; y tanto ellos como las costas sern pagados por los comisarios, quienes sacarn estos gastos de los fondos del pueblo que los nombr. Si de algn terreno cercado cayere en el camino real, o fuere derribado un rbol por alguna persona, el poseedor del terreno de donde hubiere cado, deber quitarlo dentro de dos das despus que cualquiera le haya avisado; y si no lo hiciere, pagar cuatro reales por cada da, que despus del aviso, permaneciere el rbol en el camino. Si sin orden o consentimiento del poseedor de las tierras cortare alguno un rbol, y cayere en el camino real, o en algn ro, o arroyo por donde aqul pasare, el transgresor pagar al poseedor un peso por cada rbol, y otro peso por cada da que permaneciere en el camino, ro o arroyo. Todo el que cortare, o hiciere cortar algn rbol, y ste cayere en un ro o arroyo, declarado, o que en lo sucesivo se declarare parte integrante de un camino real, deber quitarlo dentro de 24 horas; y si no lo hiciere, pagar cinco pesos por cada rbol. El propietario de tierras contiguas a un camino real, puede plantar en el lindero rboles en lnea recta, y a la distancia de seis pies entre s: y cualquiera que los cortare o daare, pagar los perjuicios al propietario. Todo el que perjudicare algn camino real o puente, obstruyendo, o haciendo variar la direccin de alguna cala, zanja, o compuerta, o arrastrando trozos o maderas, pagar triplicados los perjuicios que causare. El que destruyere, quitare, o daare algn poste, piedra, o inscripciones puestas en los caminos para marcar las distancias o indicar las direcciones, pagar diez pesos por cada ofensa. Perseguirsele tambin por mala conducta, y convencido que sea se le multar en 50 pesos, o se le conde-

PAGE 239

JOS ANTONIO SACO /235 /235 /235 /235 /235 nar a arbitrio del tribunal a una prisin que puede ser hasta de tres meses. No se permitirn en los caminos reales puertas colgantes ni ningunas otras, a menos que las tierras por donde aqullos corrieren, estuvieren expuestas a ser inundadas por los ros vecinos, en trminos que para pasar, sea preciso romper las cercas. Estas puertas se pondrn y repararn por los sobrestantes a expensas del poseedor de las tierras, en cuyo beneficio se hagan; y si fuere necesario poner dos o ms, y el terreno intermedio estuviese ocupado en sus extremidades por uno o ms individuos a quienes sean tiles las tales puertas, todos los costos se prorratearn entre ellos a proporcin de la extensin de las tierras contiguas al camino que cada uno ocupe entre las puertas y las extremidades mencionadas. El sobrestante del distrito del camino donde existieren, presentar anualmente en la escribana respectiva una relacin jurada de todos los gastos hechos en su construccin y reparacin, indicando tambin el nombre de la persona que debe pagarlos; y si stas fueren dos o ms, tambin sealar la porcin que a cada una toque. Cobrar tambin de ellas, dentro de diez das despus de presentada la cuenta, las cantidades que deben, y si no las pagaren dentro de seis despus de ser reconvenidas, podr conseguirlas ante uno de los jueces de paz del pueblo. Si alguno abriere estas puertas, y despus de haber pasado por ellas, no las cerrare inmediatamente, o si pasare sin necesidad por los terrenos contiguos al camino donde existen, pagar a la persona ofendida el triple de los daos causados.Artculo Sexto. Construccin, reparacin y conservacin de los puentesSiempre que la junta de inspectores de algn condado considere que un pueblo puede quedar muy recargado con la construccin o reparacin de algn puente, har que las cantidades necesarias se saquen por contribuciones impuestas a todo el condado, las cuales nunca pasarn en un ao de 1 000 pesos. Si los comisarios no quedaren satisfechos con la determinacin de la junta de inspectores de su condado, en cuanto a las cantidades que se necesiten, esa determinacin podr, a peticin de los comisarios, ser revisada por el tribunal del condado, y la decisin de ste se cumplir. Todo el que daare algn puente sostenido a expensas pblicas pagar el triple de los daos. Existen tambin en el estado de Nueva York algunos puentes, por los cuales es prohibido andar a paso acelerado; y para que nadie alegue

PAGE 240

OBRAS 236\ 236\ 236\ 236\ 236\ ignorancia, los comisarios ponen en cada extremidad del puente un aviso, advirtiendo que el contraventor pagar un peso de multa.CAMINOS DE PORTAZGOSArtculo Sptimo. Autorizacin de las compaas de los caminos de portazgo, y eleccin y facultad de los directoresTodas las personas que quieran formar una compaa para construir caminos de portazgo,14 ocurrirn para su autorizacin al congreso del estado, el cual podr acceder a su solicitud, prefijando en una acta los trminos en que da el permiso, y el capital que ha de tener la compaa. Cada uno de los individuos nombrados, o sea comisarios, para recoger las suscripciones, conservar un libro, que estar abierto por espacio de dos aos, a menos que antes de este tiempo se rena la sptima parte del nmero total de las acciones. Los suscriptores entregarn a los comisarios, al tiempo de suscribirse, la dcima parte de la suma de la suscripcin; y las porciones restantes las satisfarn a su tiempo y plazo respectivos al presidente y directores que se nombrarn. Luego que se rena la sexta parte del total de las acciones que han de componer el capital de la compaa, los comisarios publicarn en dos gacetas de las ms inmediatas al camino, un aviso que contenga el da y lugar en que se renan los suscriptores para nombrar directores. Estas elecciones sern presididas por los comisarios presentes; y los suscriptores por s, o por sus apoderados nombrarn a pluralidad de votos nueve accionistas para directores en el ao prximo. Los accionistas presentes nombrarn tambin en esta junta tres individuos para que presidan las elecciones del ao entrante. Nombrados que sean los directores, los comisarios les entregarn los libros y las cantidades que hayan recibido a cuenta de la suscripcin. Esta junta se renovar anualmente para nombrar directores y presidentes; y si no pudiere verificarse en el da sealado, se celebrar cuanto antes, haciendo aqullos la convocatoria en los trminos ya dichos, y cesando en sus funciones desde el da en que la junta debi celebrarse, pues solamente se les reservan las facultades necesarias para efectuar las elecciones. Todo accionista tendr un voto por cada accin hasta el nmero de diez; y un voto ms por cada cinco excedente de aquel nmero. Cinco directores formarn junta para el despacho de los negocios, y los actos de la mayora obligarn a toda la corporacin. 14Estas compaas tienen alguna semejanza con las annimas establecidas por el Cdigo espaol de Comercio.

PAGE 241

JOS ANTONIO SACO /237 /237 /237 /237 /237 Los directores elegirn entre s un presidente en su primera junta; y si ste no asistiere, entonces se nombrar para cada una un presidente particular. Esta junta llenar las vacantes de director o de presidente, haciendo siempre sus elecciones a pluralidad de votos. El presidente y directores debern reunirse de tiempo en tiempo en el lugar que tengan por conveniente. Harn los reglamentos, y tomarn cuantas disposiciones crean oportunas para los negocios de la compaa. Nombrarn los oficiales subalternos, artesanos y operarios que juzguen necesarios. Continuarn recibiendo la suscripcin de las acciones hasta que entre en su poder todo el capital, a no ser que se conozca que una suma menor basta para llenar los objetos de la compaa. Pedirn a los accionistas al tiempo y en la proporcin que juzguen oportunos las cantidades que adeudan de sus respectivas acciones, so pena de perder stas y todo lo que a cuenta de ellas hubieren dado. Declararn por una disposicin particular el modo y las restricciones con que podrn transferirse las acciones del capital. Construirn, acabarn, y constantemente repararn el camino con todos los edificios necesarios y sus accesorios. Llevarn una cuenta exacta de todos los portazgos que reciban y gastos que hagan; y deducidos stos, declararn dos veces al ao el producto neto del camino, y lo repartirn entre los accionistas, dando los avisos oportunos por medio de una o ms gacetas. Presentarn en fin al contralor15 dentro de seis meses despus de concluido el camino, la cuenta de los gastos de su construccin; dndole tambin anualmente razn de los portazgos cobrados, y de las erogaciones y dividendos hechos en el discurso del ao. Ningn director podr, durante el tiempo de su direccin, hacer contratas directa o indirectamente para construir algunas obras del camino. Si dentro de dos aos despus de autorizada la compaa por el congreso del estado no hubiere empezado el camino, o concludolo dentro de cinco, perder la autorizacin recibida. El congreso del estado podr disolver estas compaas, cuando la renta de los portazgos hubiere sido suficiente para cubrir todos los gastos hechos en compras, construccin, reparacin y cuidado del camino, y hubieren recibido adems por trmino medio, el inters anual de un 10 %. Disuelta que sea la compaa, todos sus derechos y propiedades pasarn al pueblo del estado.Artculo Octavo. Construccin del camino y regulacin de los daosLa direccin del camino que ha de hacer la compaa, ser trazada por tres, o por dos de los tres comisarios que nombrar el gobernador 15ste es una especie de intendente.

PAGE 242

OBRAS 238\ 238\ 238\ 238\ 238\ del estado; pero la eleccin no ha de recaer en individuos que estn interesados en algn camino de portazgo, ni que vivan en el condado por donde pase el camino de que se trata. Los comisarios debern proceder imparcialmente segn su conciencia, y en los trminos ms conformes al objeto de la compaa y al inters pblico, haciendo levantar un plano exacto del camino reconocido en todos los condados por donde pasare, el cual se archivar en la escribana del condado respectivo. La compaa a quien pertenezca el camino, pagar a cada comisario un peso por cada da que estuvieren necesariamente empleados, y adems todos los gastos hechos en el reconocimiento y en los planos. El presidente y directores de la compaa darn al camino no menos de 22 yardas de anchura; y la faja por donde han de transitar los animales y carruajes, ser de 22 pies, cubiertos de piedras, cascajo u otros materiales slidos. Las zanjas y dems obras del camino se harn de modo que proporcionen seguridad y comodidad al viajero. La compaa pondr piedras o postes que marquen a cada milla la distancia que hay al lugar donde empieza el camino; y si ste fuere cortado por otro, se pondrn letreros en la encrucijada, indicando el nombre de los parajes a donde conducen dichos caminos. Si fuere necesario comprar algunas tierras, el presidente y directores de la compaa se ajustarn con el dueo de ellas; y si no pudieren convenirse, harn una representacin a uno de los jueces del tribunal del condado donde se hallaren las tierras, con tal que no tenga inters en el camino. Este juez nombrar de tasadores a tres propietarios territoriales del condado, que no sean habitantes de ningn pueblo por donde pase el camino, ni que estn interesados en l, o en las tierras. El presidente y directores participarn el nombramiento de los tres tasadores, y stos o dos de ellos sealarn el da en que han de ir a reconocer las tierras, no siendo ni diez antes de habrseles dado el aviso, ni 20 despus; siendo tambin obligacin del presidente y directores anunciar al propietario de las tierras, a lo menos diez das antes, el lugar donde se han de reunir los tasadores. Hecho el reconocimiento, stos fijarn la indemnizacin que se debe al propietario, y firmando su determinacin delante de uno de los jueces del condado, la archivarn en la escribana respectiva. Luego que el presidente y directores paguen el precio de las tierras, o lo depositen en la escribana por no quererlo recibir el propietario, tomarn posesin de ellas; y si no hubiere persona autorizada para percibirlo, ni tampoco hubiere sido reclamado dentro de diez das despus de haberse archivado el acta de reconocimiento, el presidente y directores podrn posesionarse de las tierras, con tal que se comprometan a pagarlas, luego que legalmente se les cobre su valor. Cuando la compaa compre algn camino real o parte de l, se proceder lo mismo que si fuera propiedad particular; pagando el presidente y directores su valor a los comisarios respectivos de los caminos reales.

PAGE 243

JOS ANTONIO SACO /239 /239 /239 /239 /239 Si el camino trazado por la compaa pasare por las tierras de algn camino viejo, usado como tal en virtud de prescripcin, los tasadores valuarn por separado el terreno y las mejoras hechas por el pueblo respectivo; de suerte, que el precio de las tierras se pagar a sus dueos, y el de las mejoras al pueblo que las ha hecho; esto es, a sus comisarios. El presidente y directores pagarn un peso al juez que nombre los tasadores, y a cada uno de stos, dos pesos por cada da que estuvieren necesariamente empleados. Artculo Noveno. De los portazgos y su recaudacinConcluido que sea el camino, o diez millas de l, el presidente y directores de la compaa lo avisarn al gobernador del estado, para que nombre tres propietarios territoriales que reconozcan los trabajos, y le informen por escrito, si estn conformes a los trminos que se prescribieron; y estndolo, el gobernador permitir al presidente y directores la ereccin de todas las puertas que crean convenientes para la recaudacin de los portazgos; pudiendo entonces nombrar los recaudadores que quieran. stos podrn impedir el paso a todos los que no paguen el portazgo; pero hay casos en que no podr cobrarse: tales son cuando uno vaya o venga de algn lugar destinado al culto pblico, de un funeral, de un molino donde muela los granos para el uso de su familia, de la herrera donde acostumbre ir para que le hagan algn trabajo, de algn tribunal que legalmente le cite como jurado o testigo, de los ejercicios militares a que la ley le compele a asistir, de alguna junta o eleccin en que tenga que votar, o finalmente en solicitud de algn mdico o partera. Tampoco se cobrar a las tropas empleadas en el servicio del estado de Nueva York o de la nacin, ni a los individuos que residen dentro de una milla de la puerta donde se cobra el portazgo, a no ser que se empleen en transportar los efectos pertenecientes a personas que no residan dentro de la distancia referida. Los carruajes, cuyas ruedas dejen un rastro de 12 pulgadas, no pagarn nada; pero si fuere de nueve, solamente pagarn la cuarta parte del portazgo; y si de seis, la mitad. El presidente y directores harn poner encima de cada puerta, y de un modo que fcilmente se lea, una lista impresa que contenga los derechos que deben pagarse en cada una de aqullas.Artculo Dcimo. Disposiciones generales sobre las compaas existentesEn todos los condados del estado de Nueva York donde hubiere caminos de portazgo, habr cierto nmero de inspectores que no tengan

PAGE 244

OBRAS 240\ 240\ 240\ 240\ 240\ inters en ninguno de esos caminos, existentes en el mismo estado; y su nmero no bajar de tres, ni exceder de cinco. Estos inspectores no ejercern sus funciones en los casos en que por el acta del congreso se hayan tomado medidas especiales para la inspeccin de los caminos, y estas medidas hayan sido ya ejecutadas. Cuando a un inspector se avisare por escrito, que todo o parte de algn camino de su condado necesita de reparacin, deber reconocerlo inmediatamente; y si encontrare justa la queja que se le ha hecho, dar el aviso competente al recaudador del portazgo, o al portero ms inmediato al lugar descompuesto, pudiendo, si lo cree conveniente, mandar abrir la puerta; pero esta orden deber comunicarse por escrito, y con anticipacin de tres das al portero respectivo, haciendo tambin particular mencin del lugar descompuesto. Abierta que sea la puerta, no se cerrar, ni se cobrar portazgo en ella, a menos que uno de los inspectores del condado certifique que el camino no est reparado, y mande, por consiguiente, cerrar la puerta. Cuando sta estuviere en comunicacin inmediata con la parte del camino descompuesto, y adems se hallare en un condado contiguo donde hubiere inspectores, stos, aunque fuera de su condado, podrn, en virtud de queja por escrito, reconocer el camino, y proceder como si ste se hallase dentro de su condado. Si el portero no obedeciere inmediatamente las rdenes del inspector, o cerrare la puerta sin su certificado, o si mientras debiere estar abierta, estorbare o detuviere el paso de cualquier viajero, o le pidiere o recibiere el portazgo, pagar en cada uno de estos casos diez pesos a la persona agraviada. El inspector, despus de haber reconocido el camino, y encontrado que necesita de reparacin, o que las puertas no estn situadas conforme a la ley, deber participarlo por escrito a uno o ms directores de la compaa, prefijando el tiempo en que se han de remediar estas faltas. Si el inspector fuere desobedecido, se quejar inmediatamente al fiscal general, o al del distrito del condado, para que persiga la compaa a nombre del estado; y si aqulla resultare culpable, se la multar en una suma que no pase de 200 pesos. A cada inspector se pagarn dos pesos por cada da que estuviere empleado en el reconocimiento del camino; y si ste necesitare de reparacin, los pagar la compaa, debiendo cobrarse al recaudador del portazgo ms inmediato al camino descompuesto, ya de los fondos que tenga en su poder, ya de los que hubiere de percibir; y si no los pagare, se le cobrarn con las costas causadas. Si el inspector declarare que el camino est bueno, entonces se le pagarn los dos pesos diarios por la parte querellante. Todo recaudador que injustamente impidiere el paso, o detuviere en las puertas a cualquier viajero o pasajero de los que deben pagar

PAGE 245

JOS ANTONIO SACO /241 /241 /241 /241 /241 portazgo, o pidiere ms de lo que debe cobrar, se le multar en cinco pesos para la persona ofendida; y si as en stos, como en los dems casos en que se le persiga por cosas que haga o deje de hacer en calidad de recaudador, no tuviere con que pagar, toda la responsabilidad pecuniaria recaer sobre la compaa, la cual pagar tambin las costas, si rehusare satisfacer la cantidad que se le pide. El presidente y directores de las compaas existentes o que se crearen, podrn conmutar de tiempo en tiempo con cualquiera persona que resida en un lugar contiguo o cercano del camino, el portazgo que hayan de pagar en la puerta ms inmediata; y aunque esta conmutacin no puede pasar de un ao, es lcito renovarla al fin de este perodo. Cualquiera persona que voluntariamente rompa o derribe alguna puerta, piedra o poste, que borre o descomponga lo escrito en ellos, que excave o dae el camino o cualquiera cosa que le pertenezca, o que a la fuerza o fraudulentamente pase por alguna puerta sin satisfacer el portazgo, pagar todos los daos que causare, y adems 25 pesos a la compaa. El que para eludir en la puerta la contribucin, saliere del camino, y despus volviere a entrar en l, pagar a la compaa cinco pesos, ya vaya en carruaje, ya a caballo. En ningn camino de portazgo se pondrn puertas colgantes, a menos que sean suspendidas por una cadena, y estn balanceadas por pesos iguales, pues de este modo ser preciso alzarlas o bajarlas con la mano. La compaa que contraviniere estas disposiciones, pagar por cada 24 horas que exista cada una de esas puertas, cinco pesos a cualquiera que se querellare, con tal que no sea director, accionista, ni agente de la compaa.

PAGE 246

DISCUSI"N ENTRE UN VECINO DE LA CIUD DISCUSI"N ENTRE UN VECINO DE LA CIUD DISCUSI"N ENTRE UN VECINO DE LA CIUD DISCUSI"N ENTRE UN VECINO DE LA CIUD DISCUSI"N ENTRE UN VECINO DE LA CIUD AD AD AD AD AD DE MA DE MA DE MA DE MA DE MA T T T T T ANZAS Y DON JOS ANTONIO SACO ANZAS Y DON JOS ANTONIO SACO ANZAS Y DON JOS ANTONIO SACO ANZAS Y DON JOS ANTONIO SACO ANZAS Y DON JOS ANTONIO SACO ACERC ACERC ACERC ACERC ACERC A DE UNO DE LOS P A DE UNO DE LOS P A DE UNO DE LOS P A DE UNO DE LOS P A DE UNO DE LOS P UNTOS QUE STE TRA UNTOS QUE STE TRA UNTOS QUE STE TRA UNTOS QUE STE TRA UNTOS QUE STE TRA T" T" T" T" T" EN SU MEMORIA SOBRE C EN SU MEMORIA SOBRE C EN SU MEMORIA SOBRE C EN SU MEMORIA SOBRE C EN SU MEMORIA SOBRE C AMINOS AMINOS AMINOS AMINOS AMINOS EN LA ISLA DE CUBA EN LA ISLA DE CUBA EN LA ISLA DE CUBA EN LA ISLA DE CUBA EN LA ISLA DE CUBAPublicada que fue esta Memoria, un vecino respetable de Matanzas imprimi en los peridicos de ella y de La Habana una Carta en que hizo algunos reparos a dicha Memoria. Yo contest a ellos; pero no satisfecho el autor de la Carta, replic esforzando sus razones; y como a la sazn me hallase en Nueva York, donde yo redactaba todava El Mensajero Semanal le merec el honor de que imprimiese su impugnacin en este mismo peridico. Mi segunda contestacin cerrar un debate tan grato para m, pues que me proporcion la ocasin de estrechar mi amistad con uno de los ms ilustrados catalanes que han pisado la isla de Cuba, y que vuelto a su pas natal, y nombrado diputado a Cortes por la provincia de Tarragona, tiene el raro mrito de ser uno de los muy pocos que han alzado en ella su voz para defender los derechos de Cuba.OBSERVACIONES DE DON JOS ANTONIO SACO, PUBLICADAS EN EL MENSAJERO SEMANALDEL 2 DE OCTUBRE DE 1830 SOBRE UNA CARTA IMPRESA EN LA ISLA DE CUBAEn los diarios de Matanzas y La Habana se ha publicado una Carta que un vecino de aquella ciudad escribi a un amigo suyo residente en Cuba hacindole algunas observaciones sobre caminos con motivo de remitirle la Memoria que acerca de ellos imprim. Despus de los elogios que el autor de la Carta hace al de la Memoria, parece que ste slo debiera coger la pluma para manifestarle su gratitud, dejando correr en silencio todas las ideas contenidas en la Carta; pero habiendo encontrado en ella un prrafo en que su digno autor padece algunas equivocaciones, me veo en la dolorosa necesidad de deshacerlas. Dice as: “Como mi propsito no es el de celebrar ciegamente en materias controvertibles, me parece que su trabajo (el del seor SACO) es suscep-

PAGE 247

JOS ANTONIO SACO /243 /243 /243 /243 /243 tible de observaciones detenidas (que no entran en los lmites de esta carta) sobre el sistema exclusivo de arbitrios que propone, porque dudo, que el de portazgos por s solo fuese suficiente en algunos puntos, y por esta razn principalmente no tengo por bastante victoriosas las razones del autor contra los impuestos indicados por los seores Calvo y Salazar en sus Memorias sobre caminos”. La primera equivocacin consiste en suponer, que yo propongo los portazgos como sistema exclusivo de arbitrios. El autor de la Carta sabe muy bien, que sistema exclusivo es aquel que siendo nico en su especie, no admite la concurrencia de otro alguno, ni principal ni accesoriamente: luego si yo pruebo, que adems del sistema de portazgos, propuse otros arbitrios, tambin quedar probada la equivocacin del autor. En un pasaje de la Memoria me expres as: “Ved aqu, seores, el punto donde yo debiera terminar esta memoria; pero una inquietud secreta turba mi corazn, y yo no puedo soltar la pluma, sin desvanecer primero cualquier concepto equivocado a que tal vez pudiera dar origen la mala inteligencia de mis palabras. Acaso se podr inferir, que porque yo doy la preferencia a los caminos construidos por empresas, mi intencin es alejar enteramente toda intervencin de parte del gobierno. Debo decir con franqueza, que nada dista tanto de mis ideas”, etctera. La palabra preferencia de que uso en el perodo anterior, manifiesta claramente que admito otros arbitrios, pues por lo mismo que prefiero uno, necesariamente supongo la existencia de dos o ms. El que prefiere escoge; y la eleccin jams puede recaer sino sobre pluralidad de objetos, dando a uno la primaca: luego si yo prefer el sistema de portazgos, tambin admit otros; y si los admit, no puede decirse que propuse aqul como arbitrio exclusivo Pero yo pienso fundarme slo en palabras. Citar ideas, y ellas sern mi mejor argumento. Despus de hablar de la intervencin del gobierno, dije en otra parte de la Memoria: “Si el gobierno adems, pudiere disponer de algn sobrante, en nada debe emplearle con tanta preferencia como en esta grande obra” (en la construccin de caminos). Si pues yo ped, que el gobierno emplease en ella el sobrante de sus fondos, es evidente que no propuse como exclusivo el sistema de portazgos. Esto se demuestra todava ms claramente, leyendo las palabras de la citada Memoria. Transcribmoslas: “Hemos hablado hasta aqu en la hiptesis de que existan empresarios; pero supngase que no se presenta ninguno, o que en caso de haberlos, son tales que ya por su corto nmero, ya por sus fondos no pueden hacer los caminos que se necesitan. En estas circunstancias, se dir, forzoso es apelar a nuevas contribuciones, o abandonar el gran proyecto que nos ocupa. Ni uno ni otro, porque entre ambos extremos se encuentra un medio que nos libra de los males que se nos anuncian.

PAGE 248

OBRAS 244\ 244\ 244\ 244\ 244\ ”Puede ocurrirse al sistema de emprstitos, dividiendo las cantidades que se necesiten en muchas acciones de poco valor, para que aun los cortos capitalistas puedan tomar algunas si les parece”, etctera. Puede caber prueba ms convincente de que el sistema de portazgos no fue propuesto exclusivamente ? Y para cerrar la puerta a interpretaciones, suponiendo que los emprstitos se hagan por individuos particulares con carcter de empresarios, repetir lo que dije. “Pero tan halagea perspectiva desaparece de nuestros ojos con la triste reflexin de que esta patria querida nunca gozar de tantos bienes; porque quin ser el hombre que aventurar sus capitales en una empresa pblica, si no se le asegura, y l se convence de que sus derechos siempre sern religiosamente respetados? Aqu invoco ahora la autoridad y la palabra sagrada del gobierno; aqu el honor y el deber del Consulado de La Habana, de esa corporacin que tantas pruebas tiene dadas de su celo y desinters en obsequio del bien comn; aqu las luces y desvelos del cuerpo respetable a quien consagro esta Memoria, y cuyos esfuerzos por mejorar la fortuna pblica son bien patentes y conocidos; aqu, en fin, el inters y noble patriotismo de todo hacendado y de todo el que se honre con el distintivo de buen Cubano. Cuando se desarrolle esta masa de poder y de fuerza moral, cuando se aplique toda la energa que encierran sus elementos al grandioso objeto que nos ocupa, cuando contribuyan unos con su autoridad y otros con su prestigio, unos con su crdito y otros con sus fondos, entonces se aumentar o renacer la confianza perdida, mil capitalistas nos ofrecern sus caudales, y llenndose nuestras cajas de dinero, ya tendremos caminos y todo cuanto apetezcamos”. Infirase, pues, que yo propuse como medios ms convenientes de construir los caminos: 1 El sistema de portazgos; o sea, el de empresas por compaas. 2 La aplicacin del sobrante de los fondos del gobierno. 3 El de emprstitos negociados por este mismo gobierno y las primeras corporaciones de la Isla. Si tales fueron los medios por m propuestos, es incuestionable, que el autor de la Carta se equivoc cuando dijo, que mi trabajo es susceptible de observaciones detenidas sobre el sistema exclusivo de arbitrios que propuse. Aun cuando solamente hubiese yo hecho mencin del sistema de portazgos, o sea, de caminos por empresas, todava no puede inferirse de mi silencio que le hubiese propuesto como exclusivo Para formar sobre esta materia un juicio verdaderamente crtico, es preciso atender a la naturaleza del trabajo que tuve que desempear. Mi pluma no pudo correr sin trabas en un campo ilimitado: hubo de circunscribirse al programa de la Real Sociedad Patritica de La Habana, y sta, no pidi en l que se le expusiesen en general todos los medios de que podran valerse en la isla de Cuba para construir los caminos, sino que entre estos medios se le propusiesen aquellos, que siendo menos dispendiosos, fue-

PAGE 249

JOS ANTONIO SACO /245 /245 /245 /245 /245 sen al mismo tiempo ms tiles al pblico Mi Memoria, pues, debi reducirse a presentar un sistema de arbitrios que conciliase estos extremos, y si el de portazgos que propuse, atendidas las circunstancias de nuestra Isla, y las razones que manifest en varias de sus pginas, no son suficientes para darle la preferencia sobre cualquier gnero de contribuciones, yo estoy dispuesto a borrar cuanto entonces escrib sobre este particular. Mi intencin no fue proscribir todos los arbitrios directos o indirectos que pudiese inventar el gobierno para construir los caminos: fuelo tan slo manifestar los graves inconvenientes que, segn nuestra posicin social, resultaran de un sistema de contribuciones, que sobre ser muy gravoso, sera de difcil ejecucin. Pero si fusemos tan desgraciados, que la isla de Cuba se viese reducida a la alternativa, o de carecer de caminos, o de apelar a las contribuciones para construirlos, yo no me opondra a la adopcin general de este ltimo arbitrio, bien que prestara mi consentimiento con alguna repugnancia. Despus de decir el autor de la Carta que duda que el sistema exclusivo de portazgos por s solo sea suficiente en algunos puntos concluye: “y por esta razn principalmente no tengo por bastante victoriosas las razones del autor contra los impuestos indicados por los Seores Calvo y Salazar en sus Memorias sobre caminos”. En esta consecuencia me parece que consiste la segunda equivocacin; porque aun cuando yo hubiese propuesto el sistema de portazgos como arbitrio exclusivo y aun cuando el de contribuciones se adoptase con preferencia a otro cualquiera, todava no encuentro mucha exactitud en deducir, que por esto principalmente no sean muy slidas mis razones contra el derecho impuesto a cada negro de ambos sexos destinado a la agricultura, que fue cabalmente uno de los arbitrios indicados por el seor Salazar. Puede adoptarse, y ser muy justo un plan general de contribuciones; pero al mismo tiempo ser muy gravoso, y quizs impracticable respecto de ciertos ramos particulares; de suerte, que stos pueden ser combatidos victoriosamente, sin que se niegue la justicia o utilidad de establecer el plan general. Si nos visemos en el caso de construir los caminos de Cuba tan slo por contribuciones, yo abrazara este sistema, y hacindolas recaer sobre el valor de las tierras, sobre el producto de los frutos, o sobre otros ramos, jams dara mi voto para que gravitasen sobre los negros en los trminos que propuso el seor Salazar. Si mi Memoria sobre caminos hubiese circulado por toda la isla de Cuba, me contentara con referirme a ella; pero no habiendo pasado por muchas manos, se me permitir, que repita aqu lo que en ella dije acerca de esa contribucin: “ Que los hacendados paguen anualmente, y mientras se concluyan todos los caminos dos reales por legua, de cada negro de ambos sexos, destinado a la agricultura, conforme a la distancia que sus haciendas se

PAGE 250

OBRAS 246\ 246\ 246\ 246\ 246\ hallen de la ciudad, villa o lugar adonde llevan los frutos para su venta, esto es, de aquellas leguas nuevas que tuviere que transitar para expender dichos frutos ”: he aqu el primero de los arbitrios propuestos; y si un justo temor no me hiciese recelar, que quiz podr proponerse por segunda vez, yo me contentara con slo mencionarle: pero fuerza ser manifestar todos los inconvenientes que tiene, para alejar de este modo aun la posibilidad de que se reproduzca. “Consiste el primer inconveniente en que, como todos saben, la produccin de las fincas no tanto depende del nmero de negros empleados en ellas, cuanto de la calidad y uso de las tierras cultivadas, y de la vigilancia de sus dueos o administradores. Atender slo a uno de los elementos de la produccin, olvidndose enteramente del influjo que tienen los otros, es cosa por cierto que jams podr conducir a resultados justos, ni que merezcan la aprobacin pblica. Y cules seran las consecuencias de una contribucin que lleva impreso en s el sello de la desigualdad y la injusticia? El cuerpo respetable a quien me dirijo, las percibe y conoce: y pues que las toca tan a las claras. Mejor no ser cansarle con su triste enumeracin. ”Mas, aun suponiendo que el producto de las fincas fuese exclusivamente proporcional al nmero de negros, todava esta contribucin sera muy injusta; porque cmo puede ser, que la finca donde casi todos sean varones, produzca tan solamente lo que otra donde abunden ms las hembras? Cmo puede ser, que la produccin de unos negros jvenes, no sea mayor que la de otros ya viejos y cansados del trabajo? Pero concdase en teora lo que jams puede suceder en la prctica: esto es, que un nmero igual de negros produzca siempre en cualquiera hacienda la misma cantidad de frutos. Cmo podrn evitarse las desgracias que muchas veces ni dependen, ni pueden alejar todo el cuidado y previsin humana? Un ao lluvioso, o un ao muy seco, que ya por exceso, ya por defecto destruya las cosechas; un trastorno de las estaciones, ya anticipndose, ya retardndose las lluvias; un incendio que arrase los campos del labrador, son acaecimientos que ojal no presenciramos con tanta frecuencia en el suelo de nuestra patria. Y ser justo, que los hacendados que hayan perdido el todo o parte de sus cosechas durante uno, dos, o ms aos, paguen en ellos la misma contribucin que en otros prsperos y abundantes, tan slo porque conservan todava el mismo nmero de esclavos? Un grito de indignacin se alzara contra la injusticia que los oprimiese; y el inters individual siempre fecundo en recursos, buscara medios de evadir tan injusta contribucin. ”Defectuosa es tambin, porque participando directamente del beneficio comn de los caminos, todos los hacendados, labradores, y aun otras muchas personas, la contribucin solamente se impone a cierto nmero de ellos. Quin ignora que en todo el interior de la Isla, y aun

PAGE 251

JOS ANTONIO SACO /247 /247 /247 /247 /247 en la misma jurisdiccin de La Habana, hay muchas haciendas de ganado y estancias de labor, que pertenecen, o estn a cargo de hombres blancos, y negros y mulatos libres? Pues segn los trminos en que se propone esta contribucin, claro es que no los comprende, porque solamente se extiende a los esclavos empleados en la agricultura. ”A los inconvenientes hasta aqu expuestos debe aadirse otro que no es de menos importancia. Uno de los puntos esenciales de toda contribucin debe ser la facilidad de colectarla, siendo necesario para esto, alejar en cuanto sea posible todo gnero de fraude, as de parte de los recaudadores, como de los contribuyentes. Y cmo se sabra el nmero de negros que tiene cada propietario? Se responder, que ocurriendo a cada uno de ellos; pero sta es una operacin que si la hace el gobierno, tiene que valerse de sus agentes, quienes deseando ahorrar trabajo, como es natural, formarn los padrones desde sus casas, segn lo han hecho otras veces, o descansarn en algunos informes del todo inexactos. Pero supngase en estos empleados todo el celo y actividad que se quiera; todava tienen que luchar con un obstculo el ms insuperable de todos; ste es, el inters individual. Cuntos sern los hacendados que confesarn el verdadero nmero de negros que poseen? S muy bien que hay algunos, cuya suma honradez les har decir la verdad; pero tambin s que la mayor parte la ocultarn, porque tratndose de contribuciones, sera un delirio pensar de otra manera. Ni se diga, que la utilidad del objeto desvanecer los temores que continuamente asaltan al propietario en punto a contribuciones. Formada entre nosotros la opinin de que son siempre gravosas, de que casi nunca bastan para lograr los fines con que se imponen, y de que muchas veces, administradores infames les han convertido en beneficio personal, qu confianza, ni qu garanta puede darse a los contribuyentes para que empiecen haciendo un sacrificio generoso, tan slo porque se les dice, que es til y laudable el objeto a que se consagra? Las tristes y lamentables lecciones de lo pasado inspirarn en el nimo de todos el recelo y la desconfianza, y tratando slo de aminorar la contribucin, negarn el nmero de sus esclavos, y de este modo frustrarn las buenas intenciones del gobierno. Se apelar a la fuerza para descubrir los que posea cada propietario? Esto no es practicable, y aun cuando lo fuese, el remedio causara mayores daos que la misma enfermedad. ”Casos habr en que la malicia de algunos hacendados y la integridad de otros vendrn a completar el catlogo de males causados por esta contribucin. El que pague conforme al nmero de esclavos que posea, no podr ver con indiferencia, que otro con igual o mayor nmero pague menos. De aqu nacern quejas y reconvenciones; de aqu denuncias entre los vecinos; de aqu pleitos y aparatos judiciales; de aqu, en fin, una multitud de tropelas y vejaciones, que introduciendo el desorden y confusin en los campos, ahuyentaran la paz de su ms sagrado asilo.

PAGE 252

OBRAS 248\ 248\ 248\ 248\ 248\ ”Yo no puedo continuar esta Memoria, sin hacer primero una leve insinuacin sobre las consecuencias polticas que hoy envuelve esta medida. En tiempos pasados, cuando era permitido entre nosotros el comercio africano, no exista el grave inconveniente que ahora embaraza la formacin de un censo de esta naturaleza; pero desde que en 1820 qued este trfico prohibido para siempre, las circunstancias han cambiado mucho; y el temor de ser descubiertos aquellos que han hecho y hagan nuevas adquisiciones, ser un obstculo invencible a toda especie de investigacin. No conviene decir ms sobre un punto, cuya importancia conoce mejor que yo el cuerpo patritico a quien tengo el honor de dirigirme, y a cuyas superiores luces me es grato recomendarle”. Si aun cuando se adoptase exclusivamente el sistema de contribuciones para construccin de caminos, las razones expuestas no son bastante victoriosas contra el arbitrio propuesto por el seor Salazar, yo me alegrara de verlas combatidas, pues al homenaje que siempre estoy dispuesto a tributar a la verdad, aadira la satisfaccin de recibir mi desengao de una persona a quien distingo con mi aprecio y consideracin. Pero esta persona ha dicho tambin en su Carta que yo combat los impuestos indicados por los seores Calvo y Salazar y he aqu la tercera equivocacin en que incurre. Verdad es que combat al segundo, pero mis ataques no se dirigieron contra el primero. Oigamos lo que dije sobre el arbitrio que ste propuso: “ Que los hacendados pagasen por tres cuatrienios un nuevo diezmo ; tal fue el segundo arbitrio propuesto. Prescindiendo de lo que pudiera ser all en 1795, que fue cuando se hizo esta indicacin, ya hoy va acompaada de graves dificultades que no existieron entonces; pues estando exentos de esta contribucin desde principios de este siglo los nuevos ingenios, cafetales, y vegas de tabaco, el peso vendra a recaer sobre las fincas viejas; fincas que as por haber estado sujetas al diezmo desde que se fundaron, como por tener ya cansadas sus tierras con el trabajo de tantos aos, lejos de imponrseles nuevas cargas, son dignas de alivio y proteccin. Bien veo, que este tributo podra extenderse a toda especie de fincas rsticas; pero establecerle y arreglarle en unos trminos que sean lo menos onerosos a los hacendados, es cosa que est enlazada con materias del todo ajenas de esta Memoria, y que yo no podra ni aun ligeramente tocar, sin apartarme de mi objeto”. La lectura de este prrafo indica claramente, que mi intencin no fue combatir este arbitrio, sino manifestar los inconvenientes que resultaran de adoptarle hoy en los mismos trminos en que se propuso a fines del siglo pasado. As se percibe de las palabras “prescindiendo de lo que pudiera ser all en 1795, que fue cuando se hizo esta indicacin, ya hoy va acompaada de graves dificultades que no existieron entonces ”. Y tan lejos estuve de oponerme a l, que lo contrario aparece de

PAGE 253

JOS ANTONIO SACO /249 /249 /249 /249 /249 las palabras: “ Bien veo, que este tributo podra extenderse a toda especie de fincas rsticas”. Y si no me detuve a indicar los medios de conseguirlo, fue porque segn dije entonces: “ el establecerle y arreglarle en unos trminos que sean lo menos onerosos a los hacendados, es cosa que est enlazada con materias del todo ajenas de esta Memoria, y que yo no podra ni aun ligeramente tocar, sin apartarme de mi objeto”. Manifestadas ya mis ideas, rstame tan slo hacer una splica, y es, que habindose impreso en los Diarios de Matanzas y La Habana la Carta a que contesto, los seores Editores de esos peridicos se sirvan insertar en ellos estas Observaciones pues as, no slo harn justicia, sino que adquirirn un ttulo a la gratitud de JOS ANTONIO SACOCuando estas Observaciones llegaron a manos del autor de la Carta l replic, segn he dicho, en el mismo Mensajero ; y yo al imprimir su artculo, puse al pie los siguientes renglones: “El artculo que aparece en las primeras pginas de este nmero, nos ha sido comunicado por su mismo autor. Consideramos como un deber el recomendar su lectura, porque est trabajado con mucha habilidad, y las razones en que se funda son juiciosas, y dignas de atencin. Expondremos, sin embargo, en otro nmero las nuestras, pues diferimos todava de la opinin que sigue el ilustrado autor de la Carta”. Este seor, despus de reconocer con un candor que le honra, que padeci alguna equivocacin, concluye su artculo con un prrafo que me es muy satisfactorio imprimir aqu, al cabo de 27 aos: “stas son las principales observaciones que yo tena que hacer en defensa de la contribucin propuesta por el seor Salazar; pero como estas son materias tan controvertibles, es muy posible que el seor Saco encuentre razones ms victoriosas que las mas para sostener y justificar su impugnacin; de todos modos, no me arrepentir de haber encontrado el menor desagrado en ella, he tenido el gusto de verme tratado por el seor Saco con una amistad que me complace sobremanera”.Contestacin al segundo artculo en que el autor de la Carta publicada en Cuba combate de nuevo las razones que don Jos Antonio Saco expuso en su Memoria sobre caminos, contra el arbitrio propuesto por el seor SalazarQue aun difera de la opinin del ilustrado autor de la Carta fueron palabras que estamp en el nmero 13 del Mensajero ; y ahora voy en ste a manifestar las razones que tengo para diferir. Las que expuse

PAGE 254

OBRAS 250\ 250\ 250\ 250\ 250\ en mi Memoria, han sido combatidas en el artculo a que contesto, pero como trato de sostenerlas, es necesario reproducirlas, para que se pueda formar una idea exacta de las objeciones presentadas contra ellas. RAZ"N 1 La contribucin del seor Salazar es injusta, porque la produccin de las fincas no tanto depende del nmero de negros empleados en ellas, cuanto de la calidad y uso de las tierras cultivadas, y de la vigilancia de sus dueos o administradores. Para combatir esta razn, dice el autor de la Carta, que la ms o menos vigilancia de esas personas no es motivo para que no se imponga la contribucin, pues el Estado no debe carecer de recursos por el abandono de los capitalistas. Hay proposiciones que enunciadas por s solas tienen un sentido muy distinto del que se les da, cuando dependen o forman parte de una idea principal. Mi intencin no fue decir, que el descuido de los hacendados sirviese de disculpa para eximirlos de esa o de otra contribucin; sino que los esclavos no deban considerarse como representantes de la produccin de las fincas, puesto que la calidad y uso de las tierras y la vigilancia de los dueos o administradores son tambin elementos esenciales de ella. Considerada de este modo mi proposicin, no tiene un sentido muy distinto del que podra drsele segn la presenta el autor de la Carta? Tan distinto, que en el primer caso es una verdad, y en el segundo, un error. Pero el autor de la Carta piensa, que el seor Salazar no consider a los esclavos como representantes de la produccin, sino que para imponrseles el gravamen atendera con preferencia al valor de cada uno de ellos. No me parece que as pensase el seor Salazar y si pens, los inconvenientes se multiplican; porque si los esclavos eran en su concepto un capital que poda mirarse como independiente de las fincas y existente por s solo, debi haber establecido algunas diferencias, aunque fuese adoptando trminos medios, para no herir con una misma contribucin a valores tan desiguales, pues que grande es la diferencia entre esclavos jvenes y ancianos, entre hombres y mujeres, entre sanos y enfermizos. Las mismas medidas que propone el seor Salazar son incompatibles con la suposicin que combato. Grav a cada esclavo con el tributo de dos reales, pero dos reales por cada legua que distasen los frutos de los puntos a donde debieran ser conducidos para su exportacin o consumo. Nace de aqu, que valores iguales sufriran cargas muy desiguales; porque la contribucin de 50 negros, por ejemplo, de un ingenio situado a una legua de Matanzas sera solamente de 100 reales, mientras que la de otros 50 del mismo valor sobre poco ms o menos, pero pertenecientes a un ingenio que distase diez leguas, ascendera a 1 000 reales: cul es, pues, la razn porque unos mismos capitales seran tan

PAGE 255

JOS ANTONIO SACO /251 /251 /251 /251 /251 monstruosamente gravados? Ninguna en realidad, y lo nico que cabe, es negar la suposicin de que el seor Salazar hubiese considerado a los esclavos, no como representantes de la produccin, sino como valores independientes de las fincas. La calidad de las tierras, es en el concepto del autor de la Carta, una excepcin justa cuando las contribuciones ataquen los productos rurales. l sabe muy bien, pues que es hombre de vastos conocimientos en economa poltica, que esos productos pueden ser atacados no slo directa sino tambin indirectamente, imponiendo un gravamen a los medios o elementos de la produccin. Los negros de los ingenios y cafetales tienen un valor, cuyo rdito est representado en el azcar y caf, y como estos frutos son los nicos que pueden dar al hacendado el inters de todos los capitales empleados en producirlos, poco importa para la sustancia de la cuestin, que el gravamen injusto recaiga sobre los mismos frutos, o sobre los medios de producirlos, porque el ingeniero y el cafetalista siempre sentirn de un modo o de otro sus perjuicios. Tampoco juzga el autor de la Carta, que el uso de las tierras pueda servir de obstculo, porque el legislador debe dejarlo al cuidado de sus dueos, pero no inspeccionarlo. Razn muy slida en verdad, pero inaplicable a nuestro caso, porque teniendo la palabra uso varias acepciones, el autor de la Carta la tom por el gnero de cultivo a que se destinan las tierras; mas, yo por el estado de depauperacin a que las haya reducido el servicio de largos aos, pues nadie ignora que, en igualdad de circunstancias, las tierras viejas no producen tanto como las nuevas. RAZ"N 2 Es injusta la contribucin, porque no hacindose diferencia entre el sexo y la edad de los negros, las fincas donde abunden las hembras y los viejos o rendidos del trabajo, pagarn tanto como otras donde proporcionalmente abunden los varones y los jvenes. En cuanto a la diferencia de sexos, dice el autor de la Carta, que “es una conveniencia que los propietarios se proporcionan con ms o menos desigualdad segn la clase de cultivo que adoptan, pero que el costo de los varones no es mucho mayor al de las hembras para que merezca establecer la pena de una excepcin”. Si la diferencia de sexos es una conveniencia para los propietarios, no por eso se les deben imponer injustas contribuciones. El gran tino del legislador consiste en combinar los distintos intereses para sacar partido de ellos sin ofender a los contribuyentes; pues atropellar los derechos y desentenderse de racionales consideraciones, es obra de gobiernos ignorantes o tirnicos, pero no de leyes sabias y justas. Que el costo de los varones no sea mucho mayor que el de las hembras, tampoco basta para justificar la contribucin, porque ya he dicho que el seor Salazar no pudo, sin caer en mayores inconvenientes, considerar

PAGE 256

OBRAS 252\ 252\ 252\ 252\ 252\ a los negros como un valor independiente de las fincas; y aun concediendo que fuese as, no confiesa el autor de la Carta, que el costo de los varones es mayor que el de las hembras? Y si lo es, por qu no se establece alguna diferencia entre la contribucin de stas y la de aqullos, para darle no slo ms justicia sino tambin ms popularidad, cerrando la boca al inters personal y aun a la maledicencia? Piensa el autor de la Carta, que la diferencia de edades es todava menos fundada, porque los esclavos longevos son pocos en las haciendas. Yo tambin pienso que esta razn no es de las ms victoriosas, y que ella por s sola tal vez no sera suficiente para establecer excepciones; pero no se olvide, que yo la he presentado como una de las muchas a que debe atenderse, y que todas reunidas dan abundante materia para fallar contra la contribucin propuesta. En el orden intelectual sucede a veces lo que en la arquitectura, que un edificio no puede ser sostenido por una sola de las columnas que contribuyen a sustentarlo, y si porque la fbrica se desplomara en tal caso, se quisiese inferir que esa columna no ayudaba a sostener el peso, llegaramos a una conclusin tan errnea, como si un conjunto de ideas se considerase falso, tan slo porque una de ellas no es bastante para servir de apoyo a todo el plan intelectual. RAZ"N 3 Un ao lluvioso o un ao muy seco, que ya por exceso, ya por defecto destruya las cosechas; un trastorno en las estaciones, ya anticipndose, ya retardndose las lluvias; y un incendio que arrase los campos del labrador, hacen tambin injusta esta contribucin. Pocos pases hay, segn el autor de la Carta, menos expuestos que la isla de Cuba a la irregularidad de sus producciones rurales por los inconvenientes del clima. No es el caso discutir ahora la exactitud que pueda tener esta proposicin; pero pues el autor confiesa que aunque menos est, sin embargo, expuesta a esas irregularidades, fundamento hay para atenderlas y graduarlas; y por mucho que se quieran disminuir, es incuestionable, que las zafras de los ingenios experimentan variaciones considerables, y ms todava las cosechas de los cafetales. Confiesa el autor, que los incendios son la desgracia ms frecuente de nuestras haciendas, pero cree que son muy difciles de fingir, y que semejante superchera excitara la indignacin de los vecinos que pagasen puntualmente el impuesto. Cuando yo habl de los incendios, no fue con relacin a los fingidos, sino a los que acaecen contra la voluntad de los hacendados; pero ya que se trata de la gran dificultad que hay en fingirlos, a m me parece muy fcil que pueda haberlos para libertarse de la contribucin, o, por lo menos, para disminuirla. No podra pegarse fuego a un caaveral viejo o mal acondicionado? No podra tenerse uno o dos de esta especie, que consumidos por las llamas fuesen el precio con que el hacendado se redimiese de la contribucin? Y habiendo en tales casos un fuego verdade-

PAGE 257

JOS ANTONIO SACO /253 /253 /253 /253 /253 ro, de qu valdra la indignacin de los vecinos? Harn denuncias? Helos aqu ya grangendose enemigos; y si este temor no los detiene, cmo probarn que el incendio fue de mala fe, y que el caaveral o caaverales quemados eran intiles? Y acaso que lo prueben, qu pasos no tienen que dar, qu incomodidades no tienen que sufrir de nuestros procedimientos judiciales? Los hombres honrados casi siempre son pacficos, y lejos de buscarse enemigos entre sus vecinos, y de lanzarse a nuestro torbellino forense, se contentarn con cumplir sus deberes sin mezclarse en la conducta de personas que probablemente quedarn impunes, o no sern castigadas, sino despus de haber hecho sufrir a sus perseguidores, algunas inquietudes fsicas y morales. Y si como es factible, los vecinos en vez de indignarse contra esos incendiarios se complacen en el ejemplo que les ofrecen, y algunos se apresuran a seguirlo, dnde est entonces la barrera que se quiere levantar para contenerlos? Pero desaparezcan enbuenhora todos estos inconvenientes; reine en todos los hacendados la mayor probidad y el ms ardiente espritu pblico, y no haya ms fuegos que los realmente casuales, qu medios se adoptarn, entonces, para salvar a los propietarios de la contribucin, as en este caso, como en el de la prdida de los frutos por malas estaciones? El autor de la Carta cree, que todo podra conciliarse, eximiendo del pago al hacendado que justificase cualquiera de estas desgracias con asistencia de testigos contribuyentes, y ante el juez pedneo. Bien pudiera yo decir, que esta medida no es ya una defensa del arbitrio propuesto por el seor Salazar, sino una adicin del autor de la Carta para suplir uno de los defectos del plan de contribuciones combatido en mi Memoria; pero una adicin que sirve para confirmar la solidez de mis argumentos, pues que para obviar las dificultades es necesario recurrir a medidas supletorias. Mas, stas, si no me engao, an dejan mucho que desear; porque si bien remedian el mal en el caso muy raro de que toda la zafra o cosecha se pierda, ya por incendio, ya por razn del clima, nos envuelven en graves inconvenientes cuando sea parcial la prdida ocasionada por ambas causas, que es lo que ocurre con frecuencia. Fcil es responder, que entonces tambin ser parcial la rebaja de la contribucin; pero cules son los elementos a que se deber atender para hacer sta? Claro es que para que sea justa, deber ser graduando la cantidad de frutos que el hacendado deje de percibir por las desgracias acaecidas; pero, quin hace, ni cmo se hacen estas graduaciones, evitando los errores a que estn sujetas aun con la mejor intencin de acertar? Porque, o se practican antes o despus de cosechado el fruto: si lo primero, ser preciso nombrar personas que anden de finca en finca, para que asignen a cada una lo que dejar de producir en los aos desgraciados; pero, ¡qu operacin tan delicada, cun peligrosa y sobremanera arbitraria! Si lo

PAGE 258

OBRAS 254\ 254\ 254\ 254\ 254\ segundo, entonces ser necesario atenernos al dicho de los hacendados, dejando, por consiguiente, una ancha puerta para que exagerando las prdidas, disminuyan a su antojo la contribucin. Obsrvese tambin, que ya sta variara de naturaleza entrambos casos, puesto que su base no dependera del nmero de negros, sino de la cantidad de frutos producidos. Advirtase igualmente, que esta misma medida confirma lo que dije, cuando negu que al proponerse esa contribucin, los negros no fuesen considerados como valores que se iban a gravar con independencia de la produccin, sino como representantes de sta; y a no ser as, por qu se atiende ahora a la disminucin de frutos causados por incendios, por secas, o por otras causas? Con tal que existiese el mismo nmero de negros, la contribucin debera ser invariable, ora mucho, ora poco produjesen las haciendas. RAZ"N 4 Segn los trminos en que se propuso la contribucin, no recaa sobre todos los que participasen del beneficio de los caminos, pues quedaban exentas de ella todas las haciendas de ganado y estancias de labor que perteneciesen o estuviesen a cargo de hombres blancos y gente libre de color Opina el autor de la Carta que esta objecin es justa, pero no bastante para debilitar el pensamiento del seor Salazar; porque esas haciendas son muy pocas en los parajes donde la riqueza y poblacin hacen ms posible y necesaria la construccin de caminos, puesto que conseguirlos para toda la Isla no es en su concepto obra de la generacin presente. Debe observarse, en primer lugar, que el autor de la Carta no est defendiendo sus ideas, sino las del seor Salazar que fueron las combatidas en mi Memoria; por consiguiente, para saber si este seor habl de la construccin de caminos en toda la Isla, o solamente en una parte de ella, nada importa lo que aqul pueda pensar, aunque sus pensamientos son muy juiciosos. Oigamos, pues, al seor Salazar, y repitamos lo que dijo en su Memoria: “Se pondrn pagaduras, para satisfacer sus jornales y otros gastos en Cuba, Bayamo, Puerto Prncipe, Sancti Spritu, Villa Clara y La Habana. Se pondrn tambin en cada uno de estos parajes, cuadrillas de 40 o ms trabajadores con un sobrestante y dos capataces o los que fuesen necesarios, segn se aumentaren o disminuyeren los peones. De la cuadrilla de Cuba, una parte empezar los caminos hacia Guantnamo, y otra a Bayamo: la cuadrilla de Bayamo los dirigir a Cuba y Puerto Prncipe; la de sta a Bayamo y Sancti Spritu; la de sta a Puerto Prncipe y Villa Clara; la de sta a Sancti Spritu y La Habana; y en cuanto a la de La Habana, que se dirija una parte a encontrarse con la de Villa Clara y otra hacia Filipinas; de suerte, que de este modo se trabajar con igualdad, y nadie tendr queja de preferencia”. Y despus de haber hablado en estos trminos el seor Salazar,

PAGE 259

JOS ANTONIO SACO /255 /255 /255 /255 /255 tendr cabida la razn con que quiere disculparle el autor de la Carta? Todos conocen que no. Obsrvese, en segundo lugar, que aun cuando el seor Salazar solamente hubiese tratado de la construccin de caminos en ciertos puntos de la Isla, todava no me parece bastante slida la disculpa, porque l escribi su Memoria o proyecto en 1797, y entonces aun en la misma jurisdiccin de La Habana, no era muy grande el nmero de ingenios y cafetales, ni corto el de las haciendas de ganado y estancias de labor pertenecientes o a cargo de hombres blancos y pardos y morenos libres. Resulta, pues, que la diferencia entre las dos pocas es muy considerable, y que en la excepcin que hoy es leve, entonces era muy grave. Pero esta levedad la subsana el autor de la Carta, proponiendo que los ganados y frutos de las haciendas pertenecientes a personas libres, paguen un tanto por el pasaje, puesto que slo se trata de favorecer el establecimiento de portazgos. Convengo en que ya de este modo queda removida la dificultad que propuse contra esta parte del arbitrio del seor Salazar, y si ste hubiese indicado esa medida, yo me habra abstenido de hacer objecin alguna contra ella; pero despus de haber examinado detenidamente el extracto que de su Memoria conservo, puedo asegurar, que nada dist tanto de sus ideas como el establecimiento de portazgos, quedando este arbitrio, por consiguiente, en la clase de una adicin, que hace el autor de la Carta a los medios por aqul propuestos. RAZ"N 5 Dificultad de averiguar el nmero de esclavos pertenecientes a las fincas Juzga el autor de la Carta, que sta es la objecin ms fundada, pero cree, que sus inconvenientes podran ser fcilmente removidos, confiando la formacin de este censo a los hacendados de notoria probidad y de ms representacin por su riqueza. No negar yo, que si a estas dos calidades renen esos hacendados, actividad y espritu pblico, los padrones no sern tan defectuosos como cuando los hacen los agentes del gobierno; pero me parece que tampoco darn un resultado satisfactorio, porque la inexactitud de nuestros censos no tanto proviene del descuido de algunas personas encargadas de su formacin, cuanto de la desconfianza de los vecinos, y de la resistencia que oponen a manifestar los bienes que poseen: desconfianza y resistencia que proceden del descrdito en que han cado las contribuciones. Mientras stas sean un nombre espantoso a los odos del pueblo, la causa principal de las dificultades que se tocan al imponerlas, siempre subsistir, y las personas que se encarguen de esta funcin, por graves y autorizadas que sean, no podrn vencer los esfuerzos del inters individual que lucha por libertarse de la mano que va a arrancarle parte de su propiedad. Ms de una vez suceder tambin, que esos individuos a quienes se confe la formacin de los censos, participarn de los senti-

PAGE 260

OBRAS 256\ 256\ 256\ 256\ 256\ mientos de la generalidad del pueblo; y por lo mismo que son ntegros y ricos, ni querrn comprometer sus bienes, gravndolos con contribuciones que tendrn por injustas, ni menos prestarse a ser los instrumentos de unas disposiciones cuya tendencia no ser en su concepto la utilidad de la patria, sino la de algunos individuos que invocan este nombre para ocultar sus designios. El ejemplo de los hacendados de Ro Nuevo que cita el autor de la Carta, me parece que no guarda paralelo con el caso que discutimos, porque la calzada que intentaron construir, era obra en que ninguna parte tena la autoridad: ellos mismos se impondran las contribuciones a su antojo: ellos mismos seran los depositarios de sus fondos: y ellos mismos los invertiran con todo el celo y economa que dicta el bien pblico, cuando va acompaado del inters privado. Pero en el plan de contribuciones que nos ocupa, las circunstancias son del todo diversas, debiendo esperarse, por consiguiente, que tambin lo sean los resultados. Ahora recuerdo lo que en su ingenio El Cercado me cont en 1827 el venerable anciano D. Toms de Cisneros natural de Puerto Prncipe. Tratose de construir un camino entre aquella ciudad y la poblacin de Nuevitas; todos los hacendados estaban dispuestos a contribuir, unos con su dinero, y otros con el servicio de sus esclavos; pero exigan por condicin, que el depositario y administrador de cuantos fondos se colectasen, fuese aquel hombre respetable. Desgraciadamente no se logr, y el plan fue abandonado. Este y otros ejemplos que pudieran citarse, confirman cul es el estado de la opinin entre nosotros; opinin que slo cambiar, cuando veamos que las contribuciones se invierten en los objetos para que son establecidas, y se emplean con parsimonia, y prontitud, y beneficio de los contribuyentes. Si estas ventajas no se logran, el pueblo siempre se juzgar autorizado para negar sus recursos al gobierno. Cree el autor de la Carta, que fijando en la puerta de la parroquia del partido la lista de los hacendados con el nmero de esclavos de cada hacienda, se impedirn los fraudes, porque con tan solemne notoriedad pocos sern los hacendados que se querrn exponer a la murmuracin de todo el vecindario, y lo que es peor a las reclamaciones judiciales de los dems vecinos, que no tolerarn semejantes hurtos con menoscabo de sus intereses. As es, concluye el autor, as es como en el pas que pisamos,16 se reprime la mala fe en los asuntos pblicos. Lejos de oponerme a la publicidad de nuestras estadsticas y contribuciones, aplaudo de corazn la medida que se propone; pero crea que nos equivocamos, si pensamos obtener de ella los mismos efectos que el dichoso pas que se nos presenta por modelo. De acuerdo en l, las leyes y la opinin, todos los vecinos creen de su inters y su deber decir en tales 16El autor de la Carta se hallaba entonces en los Estados Unidos.

PAGE 261

JOS ANTONIO SACO /257 /257 /257 /257 /257 casos la verdad; existen padrones menos imperfectos que los nuestros, y la publicidad de las listas no tanto se dirige a contener la mala fe de algn ciudadano, cuanto a rectificar algn error que hayan podido cometer los empleados del gobierno, asignando a alguno, mayor contribucin de la que debe pagar. As para deshacer estas equivocaciones, como para castigar los fraudes de algunos contribuyentes existen medios fciles y sencillos, y la certeza en que est el pblico de que pronta e irremisiblemente se har justicia, alienta a los vecinos a denunciar y perseguir a los usurpadores de las contribuciones. Pero son stas las circunstancias de nuestros pueblos? Sus vecinos empiezan por negar lo que tienen, todos o casi todos se renen para engaar al gobierno, y la publicacin de los censos en vez de ser el medio de reprimir los fraudes, slo servir para satisfacer la curiosidad de los hacendados, leyendo en las listas el nmero de negros, de animales y de caballeras de tierra que cada uno ha sabido ocultar. Yo tengo datos positivos para decir, que en pueblos enteros de la Isla se han reunido hacendados ricos para formar la estadstica; y que ellos han sido los primeros que se han inscrito en el censo con la mitad o el tercio de sus bienes. Ocurrirn a los tribunales algunos vecinos honrados pidiendo el castigo de los usurpadores, segn indica el autor de la Carta? Dios los libre de que tal hagan; y si lo hiciesen, “de aqu naceran, como dije en mi Memoria, quejas y reconvenciones; de aqu denuncias entre los vecinos; de aqu pleitos y aparatos judiciales; de aqu, en fin, una multitud de tropelas y vejaciones, que introduciendo el desorden y confusin en los campos, ahuyentaran la paz de su ms sagrado asilo”. Nunca, nunca debe olvidarse, que el foro de la isla de Cuba no es el foro de los Estados Unidos, y que los negocios que aqu se terminan en cuatro horas, all no se concluyen en cuatro aos. Aunque opino, que es til la publicacin de las listas que contienen los nombres de los contribuyentes y de las cantidades que pagan, acaso convendra omitirla en el presente caso por razones de poltica, pues, aunque nosotros siempre debemos saber el nmero de esclavos que tenemos, es peligroso dar armas a los extraos con que puedan herirnos algn da. “Si los temores del seor Saco, prosigue el autor de la Carta, no pueden ser jams desvanecidos con esfuerzos y constancia ilustrada, las haciendas rurales estarn siempre libres de todo impuesto”. Jams desespero del bien que se puede proporcionar a los pueblos; pero tampoco me alucino creyendo que entre nosotros se conseguir lo que resisten las circunstancias. Mientras las contribuciones sean lo que hasta aqu han sido, y no lo que deben ser, bien podemos estar seguros de que la opinin opondr obstculos poderosos, y si a stos se juntan los de un gravamen injusto en sus bases, cual es el que aqu combato, las dificultades llegarn al colmo. Llegue el pueblo a creer que las contribuciones le

PAGE 262

OBRAS 258\ 258\ 258\ 258\ 258\son tiles, y desde el momento cesarn todos los inconvenientes; pero si no se le inspira esta confianza, siempre, siempre existirn. Se paga el diezmo, dice el autor de la Carta, y se ocultar el nmero de esclavos por no pagar dos reales por cada legua? Se paga el diezmo, es verdad; pero cmo se paga? Respondan por m los diezmeros, y muchos de los hacendados sujetos a este atributo. La mayor de nuestras desgracias sera que las contribuciones se pagasen como diezmos. RAZ"N 6 Habiendo cesado el comercio de esclavos desde el ao de 1820 se haran necesarias las ocultaciones por el temor de ser descubiertos aquellos que han hecho y hagan nuevas adquisiciones. Cree el autor de la Carta, que sera difcil hallar un solo hacendado en la isla de Cuba a quien detuviese semejante temor. Si esos hacendados repasan el memorable tratado que entre SS.MM. el Rey de Espaa y el de la Gran Bretaa se concluy y ratific en Madrid el 23 de septiembre de 1817; si leen los artculos 1 y 3 de la Real Cdula expedida en aquella capital el 19 de diciembre del mismo ao; si reflexionan que en su mismo seno existe una comisin especial, exclusivamente encargada de vigilar y tomar cuantas noticias e informes se puedan adquirir sobre este negocio; si meditan que un gobierno, que verdadera o fingidamente blasona hoy de ser protector de la humanidad, puede algn da reclamar el cumplimiento de esa cdula y tratado, no tanto por razones de justicia, cuanto por motivo de su poltica; si despus, en fin, de todo esto, los hacendados de Cuba permanecen impvidos en medio de los peligros que los asaltan, yo confieso que esos hombres presentan una anomala en el orden moral. Pero no, ellos temen, y temen con razn, y la resistencia de mi pluma a transcribir los artculos citados, y las maldiciones que sobre mi nombre caeran si me aventurase a insertarlos, bien me anuncian cul es el temple de las almas de esos modernos estoicos. Y juzga el autor de la Carta que no deben temer, porque sin necesidad de la importacin, las fincas de terrenos depauperados se destruyen, y los brazos pasan a otras nuevas, a ms de que los esclavos de las haciendas se aumentan, por medio de la procreacin. Una y otra me parecen varias disculpas; y para conocer la debilidad de la primera, basta observar el aumento de propietarios rurales que de ao en ao se advierte, y la enorme diferencia que hay entre el nmero de fincas demolidas y las nuevas que se establecen. En cuanto a la segunda, todava hay razones y hechos ms victoriosos para combatirla, pues uno de los argumentos ms fuertes empleados por los enemigos del comercio africano, es la horrible mortandad de esa raza infeliz; y sin entrar de lleno en esta importante materia, porque ella me llevara a consideraciones impropias de este lugar, mencionar algunos hechos que sirvan para ilustrarla.

PAGE 263

JOS ANTONIO SACO /259 /259 /259 /259 /259 Bryan Edwards en el tomo 2, lib. 4, cap. 2 de su historia sobre las Antillas, computa la importacin total de negros en buques ingleses en las colonias britnicas del continente americano y las Antillas, desde el ao de 1680 al de 1786 en 2 130 000, que por trmino medio resultan 20 095 negros al ao. El mismo autor confiesa, que este nmero es mucho menor del que comnmente se supone, pues careci de datos para hacer un clculo exacto; pero, sin contar los dems negros introducidos desde 1786, cul es la poblacin de color que hoy tienen las Antillas inglesas? Causa asombro responder que entre negros y mulatos ya libres, ya esclavos, solamente inscriben en sus padrones poco ms de 700 000. Edwards asegura que de los 2 130 000 africanos, un tercio fue importado en Jamaica, que es decir, 710 000; y el barn Humboldt abrazando un perodo de tres centurias contadas desde 1521 hasta 1820 eleva la importacin a 850 000 negros. Aquella isla, empero, no posea 350 000 en el ao 1823; y aunque despus de la abolicin de ese comercio en ella la disminucin de la poblacin es casi nula, Jamaica perda anualmente 7 000 personas; o sea, un 2 %. Se asegura que de 78, o 80 000 esclavos que tiene la Martinica, la mortandad media anual es de 6 000; y segn datos oficiales que alcanzan hasta 1824, se computa en 12 %. Consta de documentos fidedignos, que, segn los padrones hechos en los aos de 1817 y 1820, las cuatro islas siguientes dieron un resultado contrario al aumento de la poblacin esclava. 17Hilliard d’Auberteuil, tomo II.Sin contar los nios ni los viejos, haba en Surinam a fines del siglo ltimo 50 000 esclavos tiles para el trabajo, siendo necesaria para sostener este nmero la importacin anual de casi 2 500. Es, pues, inconcuso, que los muertos excedan anualmente a los nacidos en 2 500, resultando una prdida de 5 % sobre el total, o lo que es lo mismo, la destruccin de una generacin sana y vigorosa de 50 000 individuos en el corto perodo de 20 aos. En los 96 contados desde 1680 hasta 1776 se introdujeron en Santo Domingo ms de 800 000 negros; pero en 1777 aquella isla no contaba sino 390 000, de los cuales, 140 000 eran criollos. Aparece, pues, de aqu, la gran reduccin que sufrieron en el trmino de menos de un siglo.17Ao de 18171820Disminucin en 3 aos Dominicana17 95616 554 esclavos1 045 Granada28 02425 6772 347 Santa Luca15 89313 0502 843 Trinidad25 94123 5372 404

PAGE 264

OBRAS 260\ 260\ 260\ 260\ 260\ Si de estos datos parciales nos elevramos a otros generales, yo repetira con un autor clebre, que sera fcil probar, que todo el archipilago de las Antillas en el cual no existe hoy 1 150 000 esclavos, ha recibido de 1670 a 1825 casi 5 000 000 de africanos. En medio de esta destruccin general, bien podra negarse que sus estragos se hubiesen extendido a Cuba, porque hay pases como los Estados Unidos, donde se han aumentado considerablemente los esclavos sin necesidad de importacin; pero nuestro suelo, por desgracia, no es uno de aquellos que pueden dar a la humanidad un resultado tan consolatorio. Las pginas de su historia estn escritas con tan negros colores, que si bien difieren mucho de otras de las Antillas, todava no pueden leerse sin hacer palpitar el corazn de todo hombre sensible. De varias partes y principalmente de la interesante representacin que por encargo de las corporaciones de La Habana extendi en 1811 el excmo. seor don Francisco Arango, sacar algunos datos para probar tan dolorosa asercin. De este y otros documentos y noticias parece, que el nmero total de africanos introducidos en toda la Isla desde 1521 hasta 1763 fue probablemente de 60 000. De 1763 a 1766, La Habana recibi de la Compaa 4 957 negros: por la contrata con el marqus de Casa Enrile, 14 132 desde 1773 hasta 1779: y por la contrata con Baker y Dawson 5 786 desde 1786 hasta 1789; cuyas tres partida forman la suma de 24 875. La importacin de negros en la parte oriental de la Isla, durante 27 aos corridos desde 1763 a 1789, se puede computar en 6 000, resultando de aqu, que Cuba recibi desde 1521 hasta 1789 inclusive el total de 90 875 africanos. Permitiose el comercio libre de stos en 1790, desde entonces hasta 1821 los registros de la aduana de La Habana nos ofrecen la informacin siguiente: AosNegrosAosNegros 1790 2 5341806 4 395 1791 8 4981807 2 565 1792 8 5281808 1 607 1793 3 7771809 1 162 1794 4 1641810 6 672 1795 5 8321811 6 349 1796 5 7111812 6 081 1797 4 5521813 4 770 1798 2 0011814 4 321 1799 4 9491815 9 111 1800 4 145181617 733 1801 1 659181725 841 180213 832181819 902

PAGE 265

JOS ANTONIO SACO /261 /261 /261 /261 /261 18039 671181915 147 18048 923182017 194 18054 9991821 4 122 Total 32 aos Total 240,721 negros Si las introducciones lcitas por los puertos de Santiago de Cuba y de Trinidad, los descuidos que pudieron cometerse en las aduanas, y las importaciones por contrabando se computan, segn piensa Humboldt, en una cuarta parte, tendremos un aumento de 60 180 negros durante los aos de 1790 a 1821. Formando, pues, un estado de los negros que en el perodo de tres siglos ha recibido Cuba, se obtienen las sumas siguientes: Esclavos Importacin en toda la Isla desde 1521 hasta 1763 60 000 dem desde 1724 hasta 1789 30 875 Por el puerto de La Habana desde 1790 hasta 1821240 721 Contrabando, omisiones de las aduanas, e importacin lcita por los dems puertos de la Isla desde 1790 hasta 1821. 60 180 Total 391 776 La importacin registrada en las aduanas en 1821 es muy corta, porque solamente se compone de los buques que habiendo salido de la Isla en un tiempo hbil, no pudieron rendir hasta entonces sus expediciones, as es, que para computar el nmero de negros introducidos ilcitamente, se debe empezar a contar desde aqul ao; y aunque yo carezco de datos positivos, creo que no me equivoc, pues procedo muy bajo, si desde 1821 hasta 1830 fijo la importacin media anual en toda la Isla en 10 000 negros, que es decir, 100 000 en los ltimos diez aos, que agregados a los 391 776 forman un total de casi 500 000 africanos introducidos en la isla de Cuba en poco ms de tres siglos. Limitando nuestro clculo hasta 1827, que fue cuando se hizo el ltimo padrn, y rebajando, por consiguiente, los 30 000 negros que hemos supuesto introducidos por contrabando desde aquel ao hasta 1830, resulta una importacin de 461 776 negros, cuyo nmero comparado con todos los pardos y morenos libres y esclavos que aparecen en toda la Isla, segn el censo de 1827, le hallamos representado en 393 036 almas, indicando una diferencia contraria a la poblacin. Y si tomada colectivamente toda la de color, su nmero no iguala al de los africanos introducidos en el perodo de tres siglos, qu ser, si

PAGE 266

OBRAS 262\ 262\ 262\ 262\ 262\ para no caer en groseras equivocaciones separamos a todos los pardos y morenos libres de los esclavos, y entre stos distinguimos a los de los pueblos de los que habitan en los campos? Porque es preciso reconocer, que nuestra esclavitud urbana difiere mucho de la rstica, no slo en el trato que los siervos experimentan de sus amos, y en el gnero de ocupaciones a que se dedican, sino en la proporcin en que se hallan los sexos, pues de todos los negros de las haciendas acaso no sern mujeres una quinta parte. Esta razn, aun prescindiendo de otras causa, sera suficiente por s sola para concebir, que la esclavitud rstica lejos de poderse aumentar entre nosotros por medio de la procreacin, necesita de refuerzos considerables para sostenerse sin prdidas. No se sabe con certeza a cuanto asciende sta anualmente en los campos; pero hombres muy versados en los clculos estadsticos la computan en un 7 o en un 8 %. Tal vez no ser este clculo exagerado, mas yo, rebajndolo todo lo posible, y reducindolo solamente al 5 %, llego a la triste consecuencia de que una generacin de hombres robustos y escogidos desaparece de nuestro suelo en el corto espacio de 20 aos. Ni citar ms hechos, ni har ms reflexiones sobre un asunto, que, aunque no fuera tan claro, nunca podra escaparse a la penetracin del ilustrado autor de la Carta. Aqu pudiera yo levantar la pluma poniendo trmino a este artculo; pero enemigo de la contribucin propuesta por el seor Salazar, y pudiendo considerarse como necesario el establecimiento de alguna para coadyuvar en cierta manera al sistema de portazgos, me parece que sera preferible el imponerla sobre los productos rurales, grabando cada res, cada caja de azcar, cada arroba o quintal de caf, etc., con un derecho proporcional a las distancias que fueren conducidos para llegar a los lugares de su consumo o exportacin. Podra cobrarse en estos mismos puntos o en sus inmediaciones, encargando su coleccin a hombres ntegros y vigilantes, y que mensual o semanalmente rindiesen una cuenta exacta de todas las cantidades que entrasen en su poder, publicndolas para satisfaccin del vecindario. Podra tambin mandarse, que todos los hacendados que hiciesen remisiones de frutos o animales, presentasen todos los meses una lista de la cantidad o nmero y clase de ellos, pues aun haciendo la suposicin injuriosa de que tanto los contribuyentes como los colectores estuviesen de mala fe, en el cotejo de las listas de aqullos con las cuentas de stos, servira para descubrir algunos fraudes, y, por consiguiente, para contenerlos, pues no es posible que todos ellos estuviesen siempre de acuerdo. Parceme, que esta contribucin est exenta de los inconvenientes que hacen tan embarazosa la propuesta por el seor Salazar. Ya sean las tierras de excelente o mala calidad, ya vrgenes o depauperadas con el transcurso de los aos; bien los negros sean jvenes o ancianos, bien hombres o mujeres; ora las lluvias y el orden de las estaciones favorez-

PAGE 267

JOS ANTONIO SACO /263 /263 /263 /263 /263 can la produccin, ora la sequa y los incendios destruyan todo o parte de las cosechas, el hacendado no tendr ningn motivo para quejarse, pues pagando solamente en razn de lo que produce, mirar esta contribucin como la ms justa de todas. No habr necesidad de inspectores que vayan a recorrer los campos, de informaciones ante testigos ni jueces pedneos, de tasadores que se conviertan en rbitros de la propiedad ajena para hacer rebajas proporcionales a la disminucin de las cosechas en los casos de incendios, de sequas, o de lluvias excesivas: no habr necesidad de denunciantes, de perseguidores, ni de estrpitos judiciales: no la habr para estar formando padrones continuamente, pues que las variaciones causadas en el nmero de negros, ya por su mortandad, ya por las frecuentes importaciones, haran indispensable esa operacin: no habr, en fin, necesidad de comprometer el decoro del gobierno ni el inters de los particulares, ponindolos en el duro conflicto de preguntar y de responder cosas que la razn no menos que la poltica mandan cubrir con un velo. Un hombre de bien sentado en una puerta de los lugares adonde se lleven los frutos para su exportacin o consumo, he aqu todo lo que se necesita para la contribucin que propongo. Acaso estar engaado, pero si no fuera as, al gusto que siempre inspira la defensa de la verdad, juntar la honrosa satisfaccin de haber estrechado por medio de esta controversia con el digno autor de la Carta los vnculos de la amistad que le profesa. JOS ANTONIO SACO

PAGE 268

MEMORIA SOBRE LA V MEMORIA SOBRE LA V MEMORIA SOBRE LA V MEMORIA SOBRE LA V MEMORIA SOBRE LA V AGANCIA EN LA ISLA AGANCIA EN LA ISLA AGANCIA EN LA ISLA AGANCIA EN LA ISLA AGANCIA EN LA ISLA DE CUBA DE CUBA DE CUBA DE CUBA DE CUBA (Escrita por don Jos Antonio Saco en 1830, premiada (Escrita por don Jos Antonio Saco en 1830, premiada (Escrita por don Jos Antonio Saco en 1830, premiada (Escrita por don Jos Antonio Saco en 1830, premiada (Escrita por don Jos Antonio Saco en 1830, premiada por la R por la R por la R por la R por la R eal Sociedad P eal Sociedad P eal Sociedad P eal Sociedad P eal Sociedad P atritica de La Habana atritica de La Habana atritica de La Habana atritica de La Habana atritica de La Habana en diciembre de 1831, publicada primero en la en diciembre de 1831, publicada primero en la en diciembre de 1831, publicada primero en la en diciembre de 1831, publicada primero en la en diciembre de 1831, publicada primero en la R R R R R evista evista evista evista evista Bimestre Cubana Bimestre Cubana Bimestre Cubana Bimestre Cubana Bimestre Cubana perteneciente al mes de abril perteneciente al mes de abril perteneciente al mes de abril perteneciente al mes de abril perteneciente al mes de abril de 1832, y despus en el de 1832, y despus en el de 1832, y despus en el de 1832, y despus en el de 1832, y despus en el Diario de la Habana Diario de la Habana Diario de la Habana Diario de la Habana Diario de la Habanade los das 29 y 30 de junio, y 1 y 2 de julio de 1834.) de los das 29 y 30 de junio, y 1 y 2 de julio de 1834.) de los das 29 y 30 de junio, y 1 y 2 de julio de 1834.) de los das 29 y 30 de junio, y 1 y 2 de julio de 1834.) de los das 29 y 30 de junio, y 1 y 2 de julio de 1834.)Observaciones sobre esta memoriaCuando la Sociedad Patritica de La Habana abri un pblico certamen en abril de 1829, uno de los asuntos que propuso, fue el de la vagancia cubana. Yo no pude entonces consagrarme a l, porque di la preferencia a la Memoria sobre caminos, que fue otro de los temas sealados en aquel programa; mas, como el de los trabajos que acerca de la vagancia se presentaron, ninguno llenase la expectacin de la Sociedad, sta volvi a proponer el mismo asunto para el concurso de 1830. Aprovechando yo esta ocasin, escrib en aquel ao la Memoria que ahora imprimo por tercera vez, y la que, para mejor guardar el annimo, supuse haber extendido en La Habana y no en Nueva York donde todava me hallaba. El oficio cerrado que entonces dirig al Director de la Sociedad, envindole mi Memoria fue el siguiente: “Una Memoria sobre la Vagancia en la isla de Cuba que empieza ‘ Tan graves son algunas’ que acaban ‘ devorando sus entraas’ es el corto homenaje que hoy tributo a la Real Sociedad Patritica de La Habana. Si l no fuere digno de su aceptacin, espero a lo menos que le conceder su indulgencia.—Dios guarde a V.S. muchos aos. —Nueva York y octubre 8 de 1830.—JOS ANTONIO SACO. —Seor Director de la Sociedad Patritica de La Habana”. El buque que conduca esta Memoria, corri un temporal; y cuando aqul arrib a La Habana, y sta fue presentada al Director de la Sociedad, ya se haba cerrado el concurso de 1830. Pero si, por una parte, el acaso retard la oportuna presentacin de mi Memoria; por otra, sucedi,

PAGE 269

JOS ANTONIO SACO /265 /265 /265 /265 /265 que ninguna de las dems que entraron de nuevo a disputar el premio, pudo alcanzarlo. Esto me dej franca la puerta para el certamen de 1831. Si el mar embravecido puso obstculos, para que mi Memoria llegase pronto a las playas de Cuba, asaltronla despus peligros de otro gnero, y mucho ms graves que el primero. Recibida que fue en La Habana, el primer paso que se dio, fue someterla confidencialmente a la consulta privada de una persona, muy respetable por cierto, para que dijese, si poda presentarse al concurso sin ningn compromiso poltico. Esta persona, que ya muri, y de cuyos labios recog lo que ahora estoy contando, fue don Justo Vlez, director entonces del Colegio de San Carlos, quien opin, que hallndose la Memoria enteramente ajustada al programa propuesto por la Sociedad, deba de presentarse al concurso. Presentose en efecto, y obtuvo el primer premio, que consista en patente de Socio de Mrito, una medalla de oro, y 200 pesos, los cuales ced a las escuelas pobres de La Habana del mismo modo que lo hice, cuando fue premiada mi Memoria sobre caminos. Pero la comisin nombrada por el Cuerpo patritico para calificar el mrito de las obras presentadas en 1831, a pesar de que consider a la ma como digna de todo el premio ofrecido, temi equivocadamente incurrir en el desagrado del gobierno, y para asumir su responsabilidad, o mejor dicho, para dar, si puedo expresarme as, el pasaporte a la Memoria, aadi en su informe, que sta, antes de imprimirse, deba de revisarse, para enmendar uno que otro perodo que estaba en contradiccin con nuestras costumbres, lo cual, yo mismo poda hacer de acuerdo con la comisin calificadora. No obstante que yo estaba ntimamente penetrado de las rectas intenciones de la comisin, pues que todos sus miembros eran amigos mos, y dos de ellos mis condiscpulos; no obstante que sus ideas en punto a la Memoria estaban enteramente de acuerdo con las mas; no obstante, en fin, que ellos llevaron conmigo su delicadeza hasta el extremo de autorizarme, para que yo por s solo hiciese las correcciones a mi manera, confieso que no pude resignarme al fallo que se haba pronunciado. l haba merecido la aprobacin de la Sociedad, y debiendo quedar consignado en sus actas, yo le consider como un borrn que me manchaba. Para limpiarme de l, mi primera diligencia fue, luego que llegu a La Habana, someter a la censura, sin ninguna enmienda ni alteracin, una copia exacta de la Memoria que se hallaba en poder de la Sociedad. Examinada primero por uno de los censores regios, y despus por el Excmo. seor Capitn General, entrambos me autorizaron sin el ms leve reparo, para que la imprimiese tal cual estaba. Imprimila en efecto, y a pocos das circul por toda la Isla en el nmero 6 de la Revista Bimestre Cubana. A m no se me ocultaba la situacin embarazosa en que la publicacin de esta Memoria haba puesto a la Sociedad Patritica, pues no le

PAGE 270

OBRAS 266\ 266\ 266\ 266\ 266\ quedaba ms alternativa, que o una retractacin, o un desaire. Sentalo yo sobremanera; pero me consolaba la idea de que en mi mano estaba el sacarla con honor, sin mancillarme yo. Para hacerlo, esper que ella tratase de imprimir la Memoria en su peridico, y cuando se me pidi el manuscrito con las correcciones que se supuso haba yo hecho, pas el oficio que sigue al venerable prcer cubano, al seor conde de Fernandina, Director entonces de la Sociedad Patritica de La Habana. “Excmo. seor: ”Cuando despus de mi regreso de los Estados Unidos de Norteamrica supe, que la Real Sociedad Patritica de La Habana se haba dignado tomar en consideracin la Memoria que sobre vagancia en la isla de Cuba tuve el honor de dirigirle a fines de 1830, tambin lleg a mi noticia, que en medio de los elogios con que la comisin calificadora se sirvi distinguirla, crey que antes de procederse a su impresin, deba de revisarse y enmendarse uno que otro perodo que est en contradiccin con nuestras costumbres encargndose este trabajo a la misma comisin calificadora, para que lo desempease de acuerdo con el autor de la Memoria ”Respetuoso y deferente al dictamen de las personas que compusieron aquella comisin, mi primera solicitud fue recoger el manuscrito que yo haba presentado a la Sociedad Patritica; mas, habindole repasado y meditado con el inters que exiga un asunto de tanta importancia, encontr, que lejos de advertir en mi Memoria perodos que estuviesen en contradiccin con nuestras costumbres, tan slo lo estaban con los vicios que en ella se combaten. No satisfecho todava con mi ntimo convencimiento, aun quise avanzar un poco ms; y sometiendo el mismo manuscrito al examen de uno de los seores censores regios, y despus a la aprobacin del excmo. seor gobernador y capitn general don Francisco Dionisio Vives, ambos estamparon sus firmas sin hacer ningn reparo, autorizndome para que lo imprimiese libremente. Dilo en efecto a luz en el nmero 6 de la Revista Bimestre Cubana ; y el juicio favorable que mereci mi Memoria de cuantas personas sensatas y honradas la leyeron, me confirm ms en la opinin, de que ella no contena ningn perodo contrario a nuestras costumbres. ”En estas circunstancias se me pide ahora, Seor Excmo., un ejemplo de ella para insertarlo en la coleccin de las Memorias de la Sociedad Patritica. Pero en qu trminos, seor Excmo., se ha de imprimir en ellas? Ser con las enmiendas que deben de hacerse segn el juicio de la comisin calificadora? Entonces quedarn desairadas la opinin del seor censor regio y la autoridad del Excmo. seor Gobernador y Capitn General, quienes me facultaron plenamente para que la publicase sin ninguna alteracin ni enmiendo. Sern sin stas? Ved aqu ya desatendido el dictamen de la comisin calificadora, y hasta cierto pun-

PAGE 271

JOS ANTONIO SACO /267 /267 /267 /267 /267 to comprometido el decoro de la Sociedad Patritica que adopt como suya la opinin de aquella junta. Y si para salvar ambos escollos, se determina no publicar la Memoria, cmo se me niega una justicia, y se me priva de un honor que la misma Sociedad me ha dispensado? ”En tan difcil situacin, ocurro a V.E. para que ponindose de acuerdo con la Sociedad, se sirva sacarme de los embarazos que me rodean, y sealarme la senda honrosa que debo seguir. ”Dios guarde a V.E. muchos aos. —Habana diciembre 10 de 1832. —Excmo. seor. —JOS ANTONIO SACO. —Excmo. seor Director de la Sociedad Patritica de La Habana”. Si mi corazn fuera capaz de abrigar el ruin sentimiento de la venganza, yo habra visto con cierta complacencia el embarazo en que este oficio puso a la Sociedad; pero apresurndome a ofrecerle la nica salida honrosa que tena, pas al mismo seor Director otro oficio que es el que va a continuacin. “Excmo. seor: ”Habindose publicado ya en la Revista Bimestre Cubana mi Memoria sobre la vagancia en la isla de Cuba, sin ninguna correccin ni enmienda, y pudiendo nacer algunas dificultades de la reimpresin de que ahora se trata, me parece que todo quedar conciliado, retirando yo el manuscrito que tuve el honor de presentar a la Sociedad Patritica. Si V.E. se digna acceder a esta solicitud, no slo llenar un deber de justicia, sino que me honrar con un favor. ”Dios guarde a V.E. muchos aos. —Habana y diciembre 15 de 1832. —Excmo. Seor. —JOS ANTONIO SACO. —Excmo. seor Director de la Sociedad Patritica de La Habana”. Este oficio explica, como habiendo alcanzado el primer premio mi Memoria sobre la vagancia, y como habindose impreso en la Revista Bimestre Cubana y en el Diario de La Habana no aparece, sin embargo, en las Memorias de la Sociedad Patritica de aquella ciudad.

PAGE 272

MEMORIA, ETC. MEMORIA, ETC. MEMORIA, ETC. MEMORIA, ETC. MEMORIA, ETC.Tan graves son algunas de las enfermedades morales que padece la isla de Cuba, que la Sociedad Patritica de La Habana se apresura a buscarles remedio; y llamando la atencin pblica hacia un objeto de tanto inters, desea que “expliquen en una Memoria las causas de la vagancia en esta Isla, y que se propongan las ideas ms oportunas para atacarla en su origen, mejorando la educacin domstica y pblica, e indicando tambin objetos a que puedan aplicarse los individuos que se hallan en tal caso”. A primera vista parece, que este trabajo debiera dividirse en tres partes, explicando en la primera las causas de la vagancia; exponiendo en la segunda, los medios de atacarla en su origen; e indicando en la tercera, los objetos a que puedan destinarse los vagos: pero como la primera y segunda partes estn ntimamente enlazadas, y su separacin no slo cortara el hilo de las ideas, sino que me forzara a volver sobre mis pasos, haciendo frecuentes repeticiones, me he determinado a refundirlas en una sola, pues que exponiendo al pie de cada causa los medios de removerla, doy ms enlace y brevedad a esta Memoria. Partirela, pues, en dos partes principales, y sea laPRIMERA EXPLICACI"N DE LAS CAUSAS DE LA VAGANCIA EN LA ISLA DE CUBA, E IDEAS MS OPORTUNAS PARA ATACARLA EN SU ORIGEN JuegoNo hay ciudad, pueblo, ni rincn de la isla de Cuba, hasta donde no se haya difundido este cncer devorador. La vagancia es quiz el menor de los males que produce, pues hay otros de naturaleza tan grave, que slo podrn mirarse con indiferencia, cuando ya se hayan apagado en el corazn los sentimientos de justicia y de moralidad. Las casas de juego son la guarida de nuestros hombres ociosos, la escuela de corrupcin

PAGE 273

JOS ANTONIO SACO /269 /269 /269 /269 /269 para la juventud, el sepulcro de la fortuna de las familias, y el origen funesto de la mayor parte de los delitos que infestan la sociedad en que vivimos. Si pudiramos empadronar las personas entregadas a este vicio infame, y computar el valor de lo que ganaran trabajando, durante el tiempo que emplean en el juego: si pudiramos saber, aunque fuese aproximadamente, a cunto ascienden las cantidades perdidas, y seguir la larga cadena de desastres que necesariamente acarrea, entonces conoceramos nuestra deplorable situacin, cesaramos de llamarnos opulentos y felices Puede ser opulento y feliz un pueblo donde muchos de sus habitantes son vctimas de las enfermedades morales? No hay felicidad sin la paz y el contento del alma, no hay paz ni contento sin virtudes, sin virtudes no hay amor ni constancia en el trabajo, y sin trabajo no hay riquezas verdaderas. Llmennos en buena hora opulentos y felices, aquellos que trastornando el nombre de las cosas, pretenden arrullarnos con el acento de esas palabras encantadoras; pero el hombre reflexivo que sabe distinguir las operaciones de la naturaleza, de los esfuerzos de la industria; y que no confunde las combinaciones de la prudencia con los resultados de la casualidad, jams dir, que es feliz un pueblo, donde hay dolencias morales tan difciles de curar, como de grave trascendencia. La que ahora lamento, es de las ms funestas, porque sus consecuencias son terribles: la ms general de todas, porque se juega desde la punta de Mais hasta el cabo de San Antonio; y quiz tambin la de ms difcil curacin, porque aunque este vicio no es de aquellos que tienen su fundamento en la naturaleza, est, sin embargo, muy arraigado entre nosotros, y no es probable que en todas partes se persiga con igual tesn; y aun cuando as sea, puede practicarse ocultamente, burlando algunas veces la vigilancia de la autoridad. Mas, a pesar de estos inconvenientes, yo creo, que si se le ataca con firmeza, en breve se producirn grandes bienes, pues aunque es imposible extinguirle, porque en todos los pases hay siempre hombres para todo, el mal quedar reducido a un corto nmero de jugadores. El feliz ensayo que de tiempo en tiempo se ha hecho en algunos pueblos de la Isla, es el mejor agero de las ventajas que se pueden alcanzar. Muchos juegan por la facilidad que en todas partes se les ofrece, y por la impunidad con que cuentan; pero cuando aqulla se obstruya, y sta no exista, el nmero de jugadores se disminuir. Nunca debe olvidarse, que el hbito tiene a veces en los vicios ms influjo que la perversidad del corazn, y de aqu es, que muchos hombres, conociendo el mal que hacen, y aun arrepintindose de sus acciones, no pueden, sin embargo, contenerse, y vuelven a perpetrar lo mismo que poco antes detestaran. ¡Cuntos padres de familia, que hoy viven dados al juego, no se alegraran de ver cerradas para siempre las mismas casas que hoy frecuentan a su pesar, y que son el origen de su ruina!

PAGE 274

OBRAS 270\ 270\ 270\ 270\ 270\ Otros, que juegan por especulacin, o que tienen cifrada la subsistencia en esta carrera infame, buscaran otra decente, al ver que aqulla ya no les produce lo que apetecen; y si todava perseveran en ella, las inquietudes que ha de causarles la persecucin constante de la justicia, el riesgo de perder su dinero si son sorprendidos por ella, y el temor al castigo que irremisiblemente debe imponrseles, retraern a muchos de una vida tan angustiada, quedando tan slo en ella, los que connaturalizados con el vicio, no den esperanza alguna de mejora. Aun el nmero de stos tambin disminuir, si se les aplican las penas de la ley, pues como miembros corrompidos, deben cortarse para que no infesten el cuerpo social. Pero es preciso que lo digamos con franqueza: tan grandes ventajas no pueden lograrse sin energa en las autoridades, y sin formar, por decirlo as, una conspiracin general contra el juego; porque si un alcalde persigue, y la opinin le censura; si otro protege o disimula, y la opinin le celebra: si los esfuerzos del que ha empeado la vara en el ao anterior, no son sostenidos por los del sucesor; y si mientras se cierra una de esas sentinas, se abren otras por empeos o consideraciones, entonces estamos perdidos, y yo confieso que malgasto el tiempo en escribir esta Memoria. Yo no slo quisiera ver cerradas todas las casas de juego, sino que ste tampoco se permitiese en las fiestas y ferias, que con varios pretextos se celebran en La Habana y fuera de ella. Que el pueblo baile y cante, que meriende y se pasee, racional y provechoso es; pero que casi nunca se oiga sonar una cuerda, ni se vean reunidas 10 o 20 personas sin que tropecemos con el vergonzoso espectculo de una mesa de juego, cosa es que jams se debe tolerar. Nada importa que estas prcticas viciosas quieran cubrirse con el velo de la religin, o con las apariencias de bien pblico. Ni aqulla, ni ste, deben sostenerse con tan infames recursos, pues cada moneda que a nombre del juego entra en el santuario o en las arcas pblicas, es una profanacin del mismo ser a quien se tributan, y una ofensa mortal que se hace a las leyes y a las costumbres. Tales juegos son muy peligrosos, porque expuestos a la vista del pblico, acompaados casi siempre de la msica o el canto, concurridos de nuestras seoritas y matronas, de nuestros jvenes y ancianos, y exentos del aire sombro que cubre las casas permanentes de juego, estimulan y halagan a muchos que en otras circunstancias no se atreveran a pisar ni aun sus umbrales. Si examinramos la historia de los individuos que han cado en vicio tan detestable, descubriramos que en estas ferias fue donde muchos de ellos dieron los primeros pasos. Empezaron quiz por mero entretenimiento, o por satisfacer una curiosidad; pero asaltndoles despus el deseo de ganar o de reparar las prdidas; y aumentndose este deseo con aquella especie de grata sensacin que causa la incertidumbre de los lances de cada juego, porque si bien atormenta, tambin complace el

PAGE 275

JOS ANTONIO SACO /271 /271 /271 /271 /271 espritu, fueron formando poco a poco el hbito, y encendiendo una pasin que ya no pueden reprimir. El gobierno, pues, debe mirar estas ferias como las escuelas donde la incauta juventud hace las ms veces su funesto aprendizaje; y si bien debe permitir en ellas que el pueblo se divierta sin desorden, jams debe consentir que se corra ni una carta. Mucho se habr adelantado, cuando ya no existan juegos, ni en las ferias, ni en las casas pblicas; pero este vicio no podr extirparse, mientras prevalezca la costumbre de jugar en casas particulares, porque gozando algunas de prestigio, y concurriendo a ellas personas de distincin, se presenta a las clases inferiores un ejemplo pernicioso. Este mismo prestigio y esta misma distincin quiz servirn de contrapeso a la autoridad, que no atrevindose a entrar en lucha con un enemigo que se cree fuerte, tan slo porque no se le combate, se ver reducida a sufrir en silencio el quebrantamiento de las leyes y la continuacin de los males que deploramos. Bien veo, que atendida nuestra condicin, no es probable que todas las autoridades tengan la energa de arrostrar respetos y consideraciones; pero tambin s, que ha habido, y habr algunas que cumpliendo su deber, ofrecern a las dems ejemplo digno de imitacin. Es innegable, que la persecucin ser uno de los medios ms eficaces para acabar con el juego; pero no debe fiarse a ella sola tan grande empresa. Es preciso ir haciendo una revolucin en las costumbres, que aunque lenta, no por eso dejar de ser cierta. Nada es ms comn entre nosotros, que emplear mucha parte del tiempo en juegos de baraja, que si bien estn permitidos, producen, sin embargo, bastante dao. Despus de concluidos los trabajos del da, juegan algunos por recreo; pero hay otros, que abandonando aun sus obligaciones ms sagradas, pasan muchas horas entregados a unos juegos que se llaman inocentes, a pesar de que a veces se pierden en ellos grandes cantidades de dinero. A tales hombres podr drseles el nombre que se quiera; pero en realidad no son ms que ociosos encubiertos. Ni paran aqu los daos que se originan con estos juegos, que yo llamara domsticos : el ms lamentable de todos es el que se causa a la niez; pues apenas empezamos a abrir los ojos, y a desenvolver nuestra razn, cuando ya no slo tenemos un conocimiento perfecto de los naipes, sino que tambin entendemos varios juegos. Aquella edad en que los nios debieran tan slo ver ejemplos de buenas acciones y escuchar los consejos saludables de la moral, es cabalmente la misma en que a todas horas se les presenta el espectculo de una mesa rodeada del padre, de la madre y de otras personas con los naipes en la mano, y en que resuenan en sus odos las plticas peligrosas que corren sobre los lances del juego. Cualquiera que reflexione sobre el influjo de los objetos en la formacin de las ideas, y sobre el de stas en las acciones humanas, muy pronto conocer, que con semejantes modelos, el vicio del juego debe estar muy

PAGE 276

OBRAS 272\ 272\ 272\ 272\ 272\ difundido entre nosotros. El amor y respeto que los hijos tienen a sus padres, dan a stos sobre el corazn de aqullos un ascendiente que los hace ser sus mejores institutores; pero si este ascendiente es de una tendencia perjudicial, poco podrn contra l las teoras de los libros y los preceptos de las leyes. Estas razones cobran ms fuerza si se atiende al estado de nuestra sociedad domstica. Hay pases, donde los vnculos de familia no son tan estrechos como entre nosotros, pues siendo comn que los padres fen a manos extraas la educacin de sus hijos, y todava ms comn, que stos abandonen desde una edad muy temprana la casa que los vio nacer, el influjo paterno est muy debilitado, y puede decirse, que el corazn de los hijos recibe del mundo ms que de los padres, gran parte de las impresiones que han de dirigir su conducta. Mas no sucede as en Cuba, pues separndose los hijos pocas veces del lado de sus padres, y viviendo y muriendo juntos bajo el mismo techo, los ejemplos paternales, ora beneficiosos, ora perniciosos, producen en los hijos un efecto ms trascendental. Convendra, pues, que los buenos padres de familia y todos los que se interesan en el bien del pas, hicieran el corto sacrificio, si es que tal puede llamarse, de abstenerse de los juegos domsticos, e influir con su ejemplo y sus consejos en crear y fortificar la opinin contra ellos. Para sostener este abuso, se dir que estos juegos forman, aun en los pueblos ms civilizados, una parte principal de sus entretenimientos domsticos; pero sin examinar ahora si todos los usos y costumbres de aquellos pueblos son dignos de aprobacin, creo que nosotros no debemos seguir su ejemplo; porque los pases donde el juego no es un vicio dominante, y donde las leyes y la opinin infaman a los jugadores, los juegos domsticos no producirn fatales consecuencias; pero en los pueblos donde esta pasin es una enfermedad casi general, y donde por lo mismo, ni las leyes pueden ejercer libremente su imperio, ni la opinin fulminar sus anatemas, los juegos domsticos nunca sern otra cosa sino las escuelas, donde haciendo unos su aprendizaje, otros se entregarn a rienda suelta a la pasin que los arrastra. El que esto escribe, no es visionario, y as no aspira a la perfeccin moral en la masa de los hombres. Sabe que stos siempre se han de divertir de aqueste o del otro modo; pero sabe tambin que lo que pide, es cosa muy practicable. Pues que es tan limitado el nmero de nuestros entretenimientos domsticos, que estemos reducidos a divertirnos con barajas? No pueden sustituirse a stas, con el canto, la msica, el baile, la buena conversacin y otras diversiones tan inocentes como provechosas? Todo esto puede hacerse, y pudese fcilmente con utilidad de los individuos y ventaja de la sociedad; pero es de temer, que triunfando los malos hbitos de los consejos de la razn, las cosas se queden en el estado que hoy tienen, y que echando el mal nuevas races, vaya cundiendo ms y ms.

PAGE 277

JOS ANTONIO SACO /273 /273 /273 /273 /273 Loteras diarias en los cafs y otros parajes pblicosSo pretexto que son una diversin honesta y autorizada por el gobierno, muchos pasan en ella casi todo su tiempo; pero qu razn plausible puede haber, para que las casas de lotera estn abiertas desde que amanece hasta las 10 o las 11 de la noche? Cuando me pongo a reflexionar en los motivos que pueden alegarse para justificar este abuso, tres son los que nicamente me ocurren; y cuento como primero, el proporcionar a los hombres laboriosos, algunos parajes donde vayan a divertirse, despus de concluidas sus tareas. Sin empearme en hacer aqu una clasificacin exacta de las personas laboriosas en esta Isla, puedo reducirlas a dos grandes fracciones: una que trabaja todo el da, como los artesanos; y otra, una parte de l, como los abogados, empleados, etc. Si las casas de lotera existen para divertir a las personas comprendidas en la primera clase, entonces slo debieran estar abiertas por la noche, pues es cuando nicamente pueden gozar de esta diversin; y si para las de la segunda, ya no hay motivo para tenerlas abiertas toda la maana, porque sus horas son cabalmente las que destinan para sus trabajos los individuos de esta clase: resultando en ambos casos la necesidad de contener el exceso de las loteras. Harase ms urgente esta medida, si se considera el estado particular de muchas de nuestras personas laboriosas. Por una desgracia harto lamentable, casi todas las artes se hallan en nuestra Isla en manos de la gente de color, y como sta no se roza con los blancos, resulta, que los artesanos no concurren a las casas de lotera, donde aqullos se renen. Algunas habr quiz donde se junten unos y otros; pero si las hay, sern tan pocas, y las personas de color en tan corto nmero, que ni pueden debilitar la asercin que acabo de hacer, ni menos dar fundamento para que tales casas se comparen con las perniciosas galleras pues stas, por un fenmeno social, forman entre nosotros una democracia perfecta, en que el hombre y la mujer, el nio y el anciano, el grande y el pequeo, el pobre y el rico, el blanco y el negro, todos se hallan gustosamente confundidos en el estrecho recinto de la valla.1 1Esto fue lo nico que pude decir sobre las galleras cuando escrib esta Memoria en 1830. Yo saba bien, que ellas eran una de las causas de la vagancia en los pueblos, y sobre todo en los campos de Cuba. Deb, pues, para completar mi trabajo, haber escrito un artculo especial sobre esta materia; pero fueme imposible en aquellas circunstancias, sin comprometer toda la Memoria. Gobernaba a la sazn aquella Isla el tolerante y prudentsimo capitn general don Francisco Dionisio Vives, quien para su recreo haba establecido una gallera en el terreno situado en La Habana, entre la casa de la Intendencia y el cuartel de la Fuerza. Sin duda que mis observaciones no se hubieran dirigido a ella, pues as por la calidad, como por el cortsimo nmero de personas que la frecuentaban, yo no poda sin injusticia, confundirla con las otras de distinta especie que tanto abundan en toda la Isla. Pero por ms templanza y destreza con que yo hubiese manejado la

PAGE 278

OBRAS 274\ 274\ 274\ 274\ 274\ Mas, supngase, que los artesanos frecuenten las loteras: esto todava debe mirarse como un mal considerable, porque en vez de presentarse a las clases laboriosas un lugar de recreaciones inocentes, se les incita a aventurar en este juego, el fruto de su trabajo; fruto que debe estar exclusivamente destinado a satisfacer sus necesidades. Si el artesano pierde hoy a la lotera, todo o parte de su salario, con qu se sostendr maana? Cules no sern las tentaciones que le asaltarn y cules los pasos que no dar para ponerlas en ejecucin? Si gana, el mal no por eso es menos grave. El trabajo es una virtud que solamente se practica, o por el placer que experimenta el espritu, o por los recursos que proporciona para satisfacer las necesidades de la vida. El trabajo intelectual no debe medirse por la misma escala que el trabajo mecnico, pues siendo ste casi siempre recio y penoso, no produce los placeres que aqul. El artesano y el jornalero que empiezan su tarea desde que raya el da, y sufriendo privaciones y angustias no la acaban hasta que se pone el sol, no pueden continuar en gnero de vida tan trabajoso, sino instigados del hambre y la desnudez. As es, que siempre estn dispuestos a trocar su condicin presente por otra que a sus ojos sea ms fcil y llevadera. Y no es bastante seductora la del juego de la lotera? La idea sola de que divertidos, y sin exponerse a ninguna pena legal, pueden ganar 10 o 20 pesos en el corto espacio de cinco minutos, es suficiente para entibiar en unos el amor al trabajo, e inspirar a otros el odio a esta virtud. Pero se me dir, que las casas de lotera no existen para estos hombres, sino tan slo para los abogados, mdicos, empleados, etc. Ellas por fortuna han cado en tal descrdito, que acaso no son frecuentadas por ningn hombre de bien. Vistanlas generalmente los ociosos y corrompidos, los que aborreciendo el trabajo, van a ellas a pasar el tiempo, o a buscar un diario con que mantenerse; y he aqu el segundo motivo que podr alegarse en su favor, pues dirn algunos, que sin ellas, los ociosos seran ms perjudiciales a la sociedad. Nunca se presenta el gobierno en una actitud ms gloriosa, que cuando combate contra el vicio y el crimen; pero ceder el campo, sin haber entrado en lucha, ni apurado todas sus fuerzas, es ofrecer un ejemplo tan ignominioso como contrario a los principios de la poltica y a las mximas de la moral. Pues que est el gobierno tan debilitado, que carezca de medios para emplear a los ociosos, de fuerza para contenerlos, y de energa para castigarlos? Dese al pueblo instruccin y ocupacin, alintese la industria, persgase la indolencia, rmese la ley para pluma, no era dable escapar del anatema que se habra fulminado contra la Memoria sobre la vagancia Si aun as, segn he manifestado ya, experiment dificultades para su admisin al concurso, y para su completa aprobacin por la Junta calificadora, qu no hubiera sucedido, si yo me hubiese arrojado a censurar las galleras? La Memoria de la vagancia hubiera sido proscrita.

PAGE 279

JOS ANTONIO SACO /275 /275 /275 /275 /275 herir a todo delincuente, y en breve quedar nuestro suelo purgado de la plaga que hoy le infesta. Las loteras diarias no deben existir por ms tiempo entre nosotros: tales casos no slo son el receptculo de hombres ociosos y depravados, sino una escuela de corrupcin quiz ms peligrosa que las casas de juegos prohibidos, porque estando expuestas al pblico, y autorizadas por el gobierno, ofrecen una tentacin ms seductora, ya presentando mayor oportunidad, ya alejando todo castigo. Muchos pobres e hijos de familia que no se atreven a entrar en una casa de juego, porque carecen de tres o cuatro pesos, tienen abiertas de par en par las puertas de las loteras, pues con un medio o con un real pueden comprar un cartn y divertirse: y si se considera que tan corto capital es a veces premiado con algunos pesos, entonces se conocer, que el corazn humano debe sentir en tales juegos los impulsos de una pasin que constantemente le arrastra. Y como si estos atractivos no fueran suficientes, todava se procura acalorar la imaginacin, halagando los sentidos, pues las cifras y colores de los cartones con que se juega, el aparato de un globo, puesto en continuo giro por la mano de un joven sentado en un lugar prominente, y el canto a veces agradable con que se procura deleitar a los circunstantes, son estmulos tan fuertes para la muchedumbre, que ni la inocente puericia, ni tampoco la mayor edad pueden siempre resistirlos. El que esto escribe, revolviendo en su mente los aos de su niez, recuerda que muchas veces pasaba largos ratos, escuchando gustoso desde las calles el canto de los nmeros y el desenlace de los juegos; y si nunca se atrevi a pisar los umbrales de esas casas inmundas, debiolo a circunstancias felices que hoy no sabe como celebrar. Pero esta leccin que recibi desde sus tiernos aos, le hizo conocer en mayores das cuan peligroso es un juego, que considerndose como inocente, ha llegado a ser por los abusos que le acompaan, una de las causas de la ociosidad y corrupcin cubanas. Puede alegarse como tercer motivo, el aumento de las rentas pblicas, puesto que las casas donde hay loteras, pagan una contribucin. Si alguna vez se crey que este juego proporcionaba al pueblo goces fsicos y morales, bien pudo sin injusticia habrsele impuesto algn derecho; pero sintindose ya los graves daos que produce, es de esperar que pronto se aplique el remedio, sin que pueda servir de obstculo una contribucin miserable. Porque si se computa el nmero de personas que pasan su vida, entregadas a las loteras, y el valor de las utilidades que pudieran rendir, si se dedicasen al trabajo, entonces se formar alguna idea de lo que pierde el Estado. Y aun cuando nada perdiese pecuniariamente hablando, los vicios que se adquieren, y los delitos que se engendran con este juego, son motivos poderossimos para despreciar cuantas sumas puedan entrar en las arcas pblicas. Cirrense, pues, las casas de loteras; y si a pesar del descrdito en que han cado, y de la degradacin de

PAGE 280

OBRAS 276\ 276\ 276\ 276\ 276\ casi todas las personas que las frecuentan, esta medida se considerase muy dura, corrjanse sus abusos, y restrnjanse en lo posible. BillaresNo es mi intencin, condenar un juego inocente en s, y saludable en sus efectos corporales. Al mencionarle entre las causas de la vagancia, aludo tan slo al abuso que de l se hace, as por el tiempo que se malgasta, como por las grandes cantidades que suelen perderse. Se negar que muchos individuos pasan en los billares casi todo el da y parte de la noche? Siendo as, se negar tambin que son un receptculo de ociosos? No se juegan adems cantidades que pueden arruinar a algunos padres de familia? No son a veces el escudo con que se cubren desrdenes de distinta especie? La realidad de estos hechos justificara en parte la sentencia que pudiera pronunciarse contra los billares pblicos. Pero me atrever yo a pedir que se cierren de una vez? Si ellos son inocentes en s, lo nico que debe hacerse, es corregir sus abusos, pero no prohibirlos, porque es muy peligroso privar al pueblo de semejantes entretenimientos. Mas, cmo corregir sus abusos? Se prefijarn horas en que solamente se pueda jugar? Esto me parece muy acertado, y como la noche es el tiempo en que todas las clases de la sociedad suspenden sus tareas, bien pudiera permitirse desde las 5 o las 6 de la tarde hasta las 10 de la noche, prohibindolo en todas partes durante el da. Dirase, que existiendo muchos billares en los cafs, y que no debiendo stos sujetarse a las restricciones de aqullos, los ociosos siempre acudirn a tales casas, y emplearn tiempo en fumar y charlar, quedndose tan ociosos como antes. Pero aunque as sea, siempre se gana alguna cosa, pues vale ms, que estos doctores de cafs consuman su tabaco y sus palabras, que no su dinero en las mesas de billar. Ni es la enmienda de los ociosos, el fin principal de esta medida: consiste, en impedir que se aumenten, quitando la ocasin a los que pasan por las calles, y a muchos que slo salen de sus casas con el objeto de jugar, o divertirse, apostando a las manos de un buen taco. Mas, a pesar de esta restriccin, podr impedirse que se jueguen cantidades considerables? Se prohibirn todas las apuestas, o se fijar el mximo de ellas? Todo esto bien puede hacerse con slo escribir dos renglones; pero cuando de la teora se pase a los hechos, entonces se tocarn las dificultades. Se nombrarn celadores para que velen sobre su cumplimiento? Vano recurso; pues aun suponiendo que fuesen los hombres ms ntegros y vigilantes del mundo, todava no conseguirn su objeto, porque los apostadores se valdran de palabras metafricas, de signos convencionales, y de otros medios que es imposible evitar. En estas materias no hay ms garanta que la moralidad de los individuos, y cualquiera medida que se adopte, ser ineficaz y opresiva.

PAGE 281

JOS ANTONIO SACO /277 /277 /277 /277 /277 Para disminuir el nmero de los concurrentes a los billares, deben tambin proporcionarse algunos parajes donde el pueblo se rena con ms provecho. Yo no puedo contemplar sin el ms profundo sentimiento, que contando ya la isla de Cuba ms de 300 aos de existencia poltica, todava no tenga uno de aquellos establecimientos que son tan comunes aun en pases mucho ms nuevos y de menos recursos. Causa admiracin que La Habana, ciudad populosa, ilustrada y con relaciones en todo el orbe, carezca de un Ateneo, donde puedan ir sus habitantes a leer una gaceta o un peridico cientfico, y donde se d a los extranjeros que visitan nuestras playas, una corta muestra de que apreciamos las letras. Una institucin de esta especie es ya urgente y necesaria; la pide el rango distinguido que ocupa La Habana en la escala de los pueblos, la pide el estado de sus costumbres, y la piden el honor y aun el orgullo de los habaneros. Pero no basta que ya tengamos un Ateneo: menester es fundarlos en otras ciudades de la Isla, estableciendo y multiplicando tambin los gabinetes de lectura, que tan comunes y tiles son en Europa y en Norteamrica. Cuando estas instituciones se generalicen en nuestro suelo, y reciban las mejoras de que son susceptibles; cuando la escasa y no bien situada biblioteca pblica de La Habana, nica que tenemos en toda la Isla, sea un establecimiento digno de la ciudad donde se halla, entonces la juventud, y la ancianidad, y todas las dems clases del Estado encontrarn en la lectura un consuelo contra el fastidio, y un refugio contra los vicios. No es verdad, que muchos se meten en los billares, particularmente de noche, porque no saben dnde ir a pasar un rato? Si tuviramos ateneos y gabinetes de lectura, muchas personas acudiran a ellos, y en vez de perder su tiempo, y quizs tambin su dinero, gozaran all del placer ms puro, ilustrando su entendimiento y rectificando su corazn. Estos ejemplos produciran un efecto saludable en la masa popular, y difundindose el gusto por la lectura y el estudio, pasaran muchos de la ignorancia a la ilustracin, del ocio al trabajo, y del vicio a la virtud. Y por qu siendo la isla de Cuba un pas tan abundante en producciones naturales, no tiene ya La Habana un museo donde mostrarlas al indgena y el extranjero? Por qu no habra de enriquecerse este museo con el tributo que le pagasen pueblos de contrario clima? Por qu tambin nuestras ciudades principales no habran de seguir el ejemplo de la capital? Cuando estos monumentos, levantados ya por tantos pueblos cultos, se erijan entre nosotros, Cuba ofrecer a las naciones que la observan, una prueba de la ilustracin; al amigo de las ciencias, un depsito con que enriquecerse; y a la generalidad de sus habitantes, un pasatiempo tan agradable como inocente, y tan vario como provechoso. Los paseos pblicos deben tambin considerarse como medios de disminuir, si no el nmero de billares, por lo menos el de sus concurren-

PAGE 282

OBRAS 278\ 278\ 278\ 278\ 278\ tes. Si exceptuamos dos o tres ciudades, no existe en toda la Isla ningn paraje pblico que merezca el nombre de paseo. Y hallndonos en tal estado, ser extrao, que se multipliquen los billares, y que se fomenten las diversiones peligrosas? Aun en La Habana, donde pudiera sacarse mucho partido de sus paseos, los habitantes apenas gozan de esta ventaja, porque la inmundicia de las calles, y el riesgo que de noche se corre en ellas, ahuyenta la poblacin de aquellos lugares. La alameda de extramuros, que as por su capacidad, como por su hermosa situacin, pudiera atraer una lcida y numerosa concurrencia, queda desierta desde que viene la noche; y el sitio, donde minutos antes rodaban esplndidos carruajes, y relucan el oro y los diamantes, se transforma repentinamente en una guarida espantosa de ladrones y asesinos. Para purgarla de tales monstruos, bastara iluminarla perfectamente,2 y tomando las dems medidas que requiere una buena polica, se impediran unas escenas que tanto nos desacreditan en los pases extranjeros. Cuando el pueblo sepa que ya ningn peligro le amenaza en los paseos, ni en las calles, entonces correr hacia ellos, pues en un clima, donde jams se sienten los rigores del invierno, y donde el calor echa de casa a los habitantes, las diversiones a campo raso son preferibles a las que se disfrutan en edificios cerrados y, por consiguiente, insalubres.Multitud de das festivos y diversin que en ellos se ofrece al puebloAdems de los 52 domingos del ao, cuenta la isla de Cuba gran nmero de das festivos, que reunidos a los primeros, absorben una cuarta parte del ao. Sera importante calcular la suma a que ascienden los quebrantos pecuniarios que sufre la Isla con la prdida de tantos das; pero careciendo de datos, y no tocndome examinar esta cuestin bajo sus relaciones econmico-polticas, me limitar a considerar su influencia en la vagancia. Si subimos al origen de la santificacin de las fiestas, muy pronto conoceremos, que las prcticas escandalosas con que hoy se profanan, son diametralmente contrarias a las sanas intenciones de la Iglesia. Ella mand que los trabajos mundanos cesasen en estos das, para que entregado el hombre a contemplaciones religiosas, depurase su alma de los afectos terrenales. La Iglesia supo muy bien, que la sociedad perdera una parte de los servicios industriales que sus miembros deben prestarle; pero considerando que estas prdidas seran superabundantemente re2Felizmente ya hemos visto realizada una parte de esta idea; y la gratitud pblica ser la mejor recompensa de los que han influido en su aplicacin.(Nota del autor a la edicin de esta Memoria en 1834.)

PAGE 283

JOS ANTONIO SACO /279 /279 /279 /279 /279 compensadas con las inmensas ventajas que resultaran de que los hombres fuesen virtuosos, crey conveniente establecer las festividades: porque quin ignora que si ellas fuesen guardadas conforme a las miras de su santa institucin, y los fieles las consagrasen a fortificar su espritu con los preceptos de una religin inefable, la sociedad no se vera tan combatida por las maldades de los hombres? Pero olvidndose stos de sus deberes, ofendieron a la religin, y a la patria: a la religin, quebrantando sus preceptos: a la patria, privndola de los beneficios que aqulla se propuso concederles con las virtudes que pens infundir a sus hijos. No son abusos recientes ni transitorios los que juntos deploran la Iglesia y el Estado: males son tan envejecidos y duraderos, que contando siglos de existencia, estn slidamente apoyados sobre unas costumbres, cuya tendencia es absolutamente incompatible con el fin para que se instituyeron las festividades. No ser yo tan injusto ni tan osado, que considere a todo el pueblo como cmplice de estos excesos; pero habr quien pueda negar, que las festividades son los das, en que muchos se dan al juego y a la embriaguez, al torpe amor y a otras licencias que la moral y las leyes severamente condenan? No son ellas, los das en que jornaleros y artesanos dejan sus tareas, no para ir al templo a rendir adoraciones a su Creador, no para quedarse en sus casas o divertirse inocentemente despus de haber llenado los deberes de la religin, sino para sacrificar en una hora todo el fruto de la semana, envolver a sus familias en el dolor y la miseria, y corromper con su ejemplo a las dems clases laboriosas? No son las festividades, las que sirven de pretexto para que hombres y mujeres corran a bandadas de barrio en barrio, y de pueblo en pueblo no en busca de las vrgenes de Regla y de Candelaria, de S. Pablo y de S. Antonio, ni de otros tutelares a quienes invocan para profanar, sino en pos del juego y del escndalo? No son las festividades, las que arrancando el arado de las manos del labrador, le arrastran con su familia a la parroquia rural, y all le fuerzan a hacer el sacrificio de su fortuna, de su honor, y de cuantos objetos le son caro? Es imposible, seores, que puedan existir por ms tiempo tantos vicios y desrdenes. La religin profanada se cubre con un velo, y huyendo de nuestra vista, abandona hasta el santuario. Si queremos aplacarla, y que vuelva a nuestros templos, es menester que purifiquemos nuestros altares, manchados con nuestras manos; pero esta expiacin no puede hacerse, sin cerrar para siempre sus puertas a la irreverencia y al escndalo. Ellos existirn, mientras existan tantos das festivos; y pues que no hay ms remedio que borrarlos del calendario, implrese la autoridad de la Iglesia, para que dejando nicamente aquellos que no puedan suprimirse sin menoscabo de la religin, sta recupere su antiguo brillo; y si el hombre todava no la respetare, qutesele a lo menos la ocasin de profanarla.

PAGE 284

OBRAS 280\ 280\ 280\ 280\ 280\ Falta de caminosA poco que se reflexione, muy bien se conocer la influencia de esta causa en la vagancia cubana. Trabaja el hombre por la utilidad que reporta; pero si percibe, que sus esfuerzos quedarn frustrados, o que no tendrn la debida recompensa, muy pronto desmaya y cae en abandono. La desidia que se advierte en muchos de nuestros campesinos, proviene, en gran parte, de que los productos de la agricultura no pueden ser llevados con facilidad a las poblaciones y dems puntos de consumo, pues el labrador muchas veces ve destruidas sus cosechas en los mismos campos donde reg las semillas. Si hubiera caminos, l podra conducir sus frutos a distintos mercados no slo en un tiempo mucho ms corto, sino tambin con menores gastos. Estas ventajas aumentaran su utilidad, y la utilidad le hara redoblar su industria. Las comodidades que este hombre gozara, serviran a otros de estmulo y de ejemplo, y empendose en imitarlo, nuestra poblacin rstica adquirira el hbito del trabajo, y alejara de sus hogares el desaliento y la pobreza. Si hubiera caminos, muchas personas que hoy yacen en el ocio, podran ocuparse en la conduccin de los frutos, y como stos habran de aumentarse con la conduccin de aqullos, necesariamente se emplearan nuevos brazos. Si hubiera caminos, los hombres que no encuentran acomodo en un lugar, y que por lo mismo, son una carga para la sociedad, podran trasladarse con prontitud y pocos gastos a otro paraje, donde se les proporcionase alguna ocupacin. Si hubiera caminos … pero necesito yo de manifestar su importancia cuando tengo el honor de hablar a una corporacin ilustrada? Caminos, pues, caminos, y entre los inmensos beneficios que nos producirn, uno de ellos ser el de disminuir la vagancia. Falta de casas de pobresHallar el pan sin trabajarlo, es una propensin del gnero humano; y ya que no es dable extirparla, el gobierno debe empearse en reprimirla, quitando al pueblo toda ocasin de satisfacerla. El establecimiento de casas de pobres ser uno de los medios ms eficaces para conseguir este gran fin, pues que ellas, no slo servirn de asilo a la humanidad desvalida, sino de freno para contener los desrdenes, que bajo el manto de la pobreza se cometen diariamente entre nosotros. Quin no sabe que un enjambre de vagabundos infestan nuestros pueblos, y que pretextando desgracias y enfermedades, excitan la compasin del vecindario y le arrancan sumas considerables? Quin no tropieza en nuestras calles, desde el toque de las oraciones, con una turba de mujeres, que envueltas en una mantilla y llorando penas y miserias,

PAGE 285

JOS ANTONIO SACO /281 /281 /281 /281 /281 andan de puerta en puerta pidiendo un bocado con que alimentarse? Y quin ignora, que muchas de estas mujeres se valen de tan infame recurso para presentarse en pblico, no con decencia, sino con escndalo, o para mantener a un marido holgazn o a unos hijos perdularios? Graves son sin dudas estos males, pero al mismo tiempo fciles de corregir. Nuestra posicin no debe confundirse con la de otros pueblos, donde agotados ya los recursos de la industria, o donde luchando el hombre con los rigores de un crudo invierno, la pobreza, no slo atormenta a los enfermos y ancianos, sino a muchos, que robustos y deseosos de trabajar no hallan donde acomodarse. Todo por fortuna, es nuevo en nuestra Isla, y sin temor de exagerar, puede decirse, que a do quiera que volvamos la vista, la naturaleza nos ofrece sus dones. No teniendo que combatir con enemigo tan formidable, el triunfo es positivo. Dados estn ya los primeros pasos: ensnchese la casa de pobres que se ha fundado en La Habana: establzcanse otras en toda la Isla: encirrense en ellas cuantos desvalidos existan: proporcineseles trabajo segn sus fuerzas, para que estos asilos no se conviertan en escuela de ociosidad y de vicio; y pudiendo entonces distinguirse los pobres verdaderos de los pcaros que usurpan este nombre, pronto nos libertaremos de una plaga que nos corrompe y arruina. Falta de asilo para los nios desvalidosEsta causa se refiere a lo que entre nosotros ha sucedido, y no a lo que con el tiempo ser, pues que ya existe en la Casa de Beneficencia un departamento donde se recogen los nios hurfanos y pobres desamparados. Si esta institucin hubiera existido entre nosotros, no se habran salvado del ocio y la perdicin muchos de los que hoy corrompen nuestras costumbres? Verdad es esta tan clara, que no necesita de ninguna prueba. Por eso ya se ha establecido en La Habana un asilo de esta especie; y aunque todava no tiene la extensin que reclama una ciudad populosa, ni uno solo es suficiente para dar abrigo a la muchedumbre de hurfanos que yacen abandonados por toda la Isla, es de esperar del celo que debe animar a las autoridades y corporaciones, y principalmente de la caridad de sus habitantes, que pronto alargarn su generosa proteccin hacia unos establecimientos, tan conformes a los principios de humanidad, como necesarios a la pureza de las costumbres y a la conservacin del orden pblico. Falta de disciplina en las crcelesHorrible es el estado en que se hallan las nuestras, y tan conocida es ya esta verdad, que la Sociedad Patritica de La Habana ha propuesto

PAGE 286

OBRAS 282\ 282\ 282\ 282\ 282\ al pblico un programa sobre esta materia importante. Examinar sus defectos, descubrir el origen de tantos vicios y delitos como se aprenden en ellas, y proponer su reforma, son puntos que deben tratarse en una memoria particular, y que si yo aqu menciono, es tan slo por la relacin que tiene con el objeto que desenvuelvo. Ocurre con frecuencia, que los hombres pasan encerrados en las crceles, aos y ms aos; pero como en ellas no se les da ninguna ocupacin, se ven reducidos a vivir en la apata. Cules, pues, no sern las consecuencias de este gnero de vida? Si el preso tiene algn oficio, ir perdiendo por grados la prctica que haba adquirido en l; y lo que es ms doloroso, el amor al trabajo. Si no tiene ninguno, la crcel que pudiera ser el taller donde lo aprendiese, es cabalmente el lugar donde acaba de hacerse ms incurable, pues de ocioso se convierte en criminal. Un joven que est aprendiendo alguna de las artes, y ya reo o inocente, sea puesto en la crcel cmo podr continuar en ella su aprendizaje? Las crceles, pues, vienen a ser entre nosotros una de la causas de la vagancia; y ojal que ste fuera el nico dao que de ellas resultase; pero mientras sean lo que son, estaremos condenados a sufrir sus fatales consecuencias. ForoYo no he podido hablar de las crceles sin acordarme del foro; pero tocndome solamente indicar su influjo en la vagancia, no vendr ahora a tratar de su reforma, pues si tal hiciese, me apartara demasiado del objeto de esta Memoria. Pero cmo influye el foro en la vagancia? Influye, patrocinando los vicios, y dejando impunes los crmenes; influye, haciendo interminables los pleitos, y convirtiendo en litigantes a muchos que pudieran emplearse en el cultivo de los campos, en el ejercicio de las artes y otras profesiones tiles a la sociedad; influye, arruinando a muchos padres de familia, sin dejarles ya recursos para educar a sus hijos; influye, encerrando en los calabozos a muchos inocentes, y forzndolos a vivir en ellos por largos aos en medio del ocio y la desesperacin; influye, en fin, llamando a su seno una muchedumbre de jvenes, que pudieran dedicarse a otras ocupaciones con honor suyo y gloria de la patria. As influye el foro en nuestra vagancia, y as influir, mientras no se corrijan tantos abusos; pero el mal es tan grave, sus relaciones tan extensas, y su origen tan profundo, que si no se hace una reforma fundamental en los hombres y en las leyes, en vano se esperarn felices resultados. Permtaseme examinar una cuestin, que aunque no est ntimamente enlazada con el plan de esta Memoria, no le es, sin embargo, del todo extraa. Piensan algunos, que la causa principal de la corrupcin

PAGE 287

JOS ANTONIO SACO /283 /283 /283 /283 /283 del foro procede de la multitud de abogados, y que as es necesario coartar su nmero; mas, yo creo que semejante medida lejos de contener los desrdenes, servir para aumentarlos. No fundar mis razones en el ataque que con esta restriccin se dara a la libertad de industria, pues, aunque a todo hombre debe serle lcito dedicarse a la carrera que ms le convenga, es innegable que la sociedad tiene derecho a impedir o coartar el uso de aquellas que le sean perjudiciales. Pero como este derecho est expuesto a muchos abusos y equivocaciones, nace de aqu el peligro de que se prohba o restrinja como perjudicial el uso de una cosa buena, o que no influya en los males que dependen de otras causas; y tal es, a mi entender, el escollo en que caeramos con la limitacin de abogados. Si se pregunta, cul es la razn porque debe reducirse el nmero de stos, y no el de los mdicos, sastres, etc., muy pronto se responde, que aqullos promueven los pleitos, pero que stos no aumentan las enfermedades ni la necesidad de vestidos; y que as, la restriccin de los primeros es necesaria; mas, no la de los segundos. Yo no negar, que hay abogados que fomentan pleitos, pero la imparcialidad me obliga a decir, que este mal se exagera mucho, pues se confunden las pasiones, las intrigas, y el espritu litigioso de muchos individuos, con la conducta de los abogados. Cuando un hombre se le mete a uno de stos por las puertas de su casa, y le hace una relacin falsa de hechos y circunstancias, cuya realidad no siempre se puede conocer desde el principio, sino con el progreso de la causa; cuando este mismo hombre le conjura por lo ms sagrado del cielo y de la tierra, que le defienda y ampare, quin da entonces origen al pleito? Y es por ventura ste un caso peregrino? ¡Quisiera Dios que as fuese!, pero el furor de pleitear, tan radicado entre nosotros, nos presenta tristes y repetidos ejemplos. Los que estn versados en el foro, conocen que la mayor parte de los desrdenes, no consiste en la seduccin o estmulo que emplean los abogados para buscar litigantes, sino en los incidentes que promueven y dems embrollos que causan despus de entablado el pleito, multiplicando las costas, y haciendo interminable el proceso. stas son las armas formidables de que se valen muchos abogados, y las que no se embotan ni quebrantan con la reduccin de su nmero. Pero supngase que en punto a pleitos, los abogados sean todo lo que se quiera. Se disminuirn aqullos, coartando el nmero de stos? Vana esperanza. El hombre que desea pleitear, siempre encontrar defensor; y como siempre ha de haber abogados ignorantes y pcaros, stos fomentarn los pleitos, y embrollarn las causas produciendo los mismos desrdenes que se quieren evitar. Dirase, que aunque stos existan, no sern en tanto nmero, porque si 100 abogados, por ejemplo, ocasionan 100 pleitos, 200 promove-

PAGE 288

OBRAS 284\ 284\ 284\ 284\ 284\ rn un nmero proporcional. sta es una materia, que no se decide por nmeros, sino por la naturaleza de los negocios forenses, por el carcter de los abogados, por los hbitos o vicios del pueblo, y por la tendencia y cumplimiento de las leyes. Si estas cosas no conspiran a reprimir los pleitos, 100 abogados producirn casi los mismos males que 200. Hasta poco tiempo han estado circunscritos en toda la Isla a un corto nmero; y a su sombra, sin embargo, se introdujeron y propagaron los antiguos abusos que se han trasmitido hasta nosotros. Cuando asombrado el seor marqus de la Torre, capitn general de la isla de Cuba, de la multitud de pleitos que haba en La Habana, mand que se le presentase una lista de todas las costas pagadas, y stas, con exclusin de las causadas en los juicios verbales, ascendieron en slo el ao de 1773 a la suma de 114 000 pesos. Existan por ventura muchos abogados en La Habana? Corto y bien corto era entonces su nmero, y aun me atrevo a asegurar, que comparando las circunstancias de aquella poca con las de la actual, no hay hoy ms desrdenes forenses que los que entonces haba. No afirmar yo por esto, que entonces hubiese tantos pleitos como hoy. S muy bien, que se han multiplicado; pero esto proviene del aumento de la poblacin y de la actividad del comercio y dems ramos industriales, pues multiplicndose de este modo las acciones humanas, los pleitos, en circunstancias iguales, deben tambin aumentarse. Si fuera dable saber cuntos hubo en una docena de aos del siglo pasado, verbigracia, de 1770 a 1780, y cuntos ha habido en la de 1820 a 1830, y despus comparsemos estos nmeros con la poblacin respectiva de ambas pocas, tomando tambin en consideracin el grado de actividad que de entonces ac ha adquirido la Isla, ya veramos, que el aumento de pleitos no procede del ilimitado nmero de abogados. Las necesidades fsicas pueden ser sometidas a clculo exacto o aproximado con ms facilidad que algunas de las morales o sociales. Dada la poblacin de un pas, bien puede computarse sin mucho trabajo la cantidad de sombreros, casacas, zapatos, etc., que anualmente necesita, porque a cada persona se le puede asignar por aproximacin un nmero determinado. Mas, se podr hacer lo mismo respecto de los pleitos? Cul es la razn en que se hallan con la poblacin? Estas cosas dependen de tantas y tan variables circunstancias, que es muy difcil llegar a un trmino aproximado. Infirese, pues, que el nmero de abogados que se sealare, siempre ser o mayor o menor que las necesidades de la poblacin, y en ambos casos, ya por exceso, ya por defecto, los habitantes sern perjudicados. Pero concdase, que el nmero sealado sea proporcional a las necesidades de la poblacin, se piensa que entonces no habr desrdenes? Ya he dicho que muchos de los abogados numerarios los fomentarn; y si ahora se reflexiona, que existe, y que mientras no se reforme radicalmen-

PAGE 289

JOS ANTONIO SACO /285 /285 /285 /285 /285 te el foro, existir un enjambre de pica-pleitos, unidos con los abogados pcaros o ignorantes; que siempre ha de haber una falange de bachilleres apostados en retaguardia, esperando las vacantes para colocarse en ellas; y que mientras no lo consigan, han de estar dictando providencias y haciendo escritos autorizados con la firma de letrados, entonces se acabar de conocer, que los abusos forenses no se corrigen, limitando el nmero de abogados, pues tal limitacin solamente sera nominal. Si el ejemplo de otros pueblos pudiera tener alguna influencia, yo le citara en apoyo de la ideas que defiendo, pues siendo en ellos ilimitado el nmero de abogados, los desrdenes forenses no son tan graves como entre nosotros. Pero lejos de mirar su ejemplo como el nico modelo por donde arreglemos nuestras operaciones, creo que, aunque fuese de naturaleza contraria, nosotros no deberamos seguirle. Cuba se halla en circunstancias que no guardan paralelo con la de aquellos pases. El nmero de carreras en que nuestra juventud est reducida a girar, es muy corto; y de este nmero, la abogaca emplea muchos jvenes, algunos de los cuales son abogados verdaderamente tiles. Cules no sern las consecuencias, si se les llega a coartar? Seranlo, que o se abstendrn de la carrera forense parte de los jvenes que se dedicaran a ella, o que siempre la continuarn. Si lo primero, cerramos la puerta a muchos que pudieran ser buenos abogados; excluimos a otros, que abrazaran esta carrera por honor, o para defenderse a s mismos y a sus amigos; nos exponemos a que algunos se entreguen a la ociosidad; y establecemos finalmente un monopolio literario, que tendra alguna sombra de justicia, si los que la ejerciesen fueran los ms meritorios; pero no ser as, porque basta decir que se aleja la concurrencia de los talentos. Si los jvenes persisten en la carrera forense, que es el segundo caso, se multiplicarn los bachilleres y pica-pleitos, y con ellos el nmero de litigios y de cuantos desrdenes se desean evitar. De los dos casos propuestos, probablemente se verificar el ltimo, porque envilecidas muchas de la profesiones a que pudieran dedicarse, no pudiendo ellas adquirir dentro de poco tiempo el puesto honroso que deben ocupar, y siendo la abogaca la carrera del dinero, del poder y los honores, la juventud volar en pos de ella, y como el inters es ms astuto que las leyes, siempre se burlar de sus mandatos. Pero restrnjase tambin el nmero de bachilleres, y el mal se disminuir. Restrnjase enhorabuena: pero no sera una inconsecuencia de la ley, que franqueando a todos la entrada en las aulas de derecho, permitiese a unos continuar en esta carrera, y a otros la prohibiese? Quines seran los escogidos y quines, los proscritos? Qu de empeos e injusticias no se cometeran en esta eleccin? Y suponiendo que todo esto fuese asequible, no incita la misma ley a los individuos excluidos a que sean pica-pleitos, puesto que ya estn iniciados, con su con-

PAGE 290

OBRAS 286\ 286\ 286\ 286\ 286\ sentimiento, en los principios de la legislacin? Pero limtese tambin el nmero de estudiantes; y he aqu ya arrancado el mal de raz. Mas, quines sern los admitidos? Cmo y quin los elige? Yo no quiero proseguir sobre una materia que basta enunciarla para conocer la funesta tendencia que envuelve. Parece, pues, que el medio ms seguro de restringir el nmero de abogados, es dejar a la juventud en libertad de seguir esta carrera. Por algn tiempo habr avenidas formidables, que parecer que van a envolver en sus olas a toda la poblacin; pero cuando en el mercado se presenten, si posible es, ms abogados que pleitos y litigantes; cuando muchos no tengan causas que defender, ni jueces que consultar; cuando empiecen a sentir las agonas del hambre que los atormente; entonces se vern forzados a buscar otras carreras, y sirviendo de escarmiento a los que aspiren a la abogaca, limitarn, de una parte, su nmero, y, de otra, les obligarn a estudiar con ms empeo, pues en la libre competencia de los talentos, el saber siempre ser preferido a la ignorancia. Abogado de la libertad del foro, me alegrara que cada uno pudiese serlo de s mismo, sin necesidad de recibir grados acadmicos, ni licencias de tribunales. Mis deseos en esta materia estn de acuerdo con las de algunos hombres ilustrados; y si fuese compatible con el objeto de esta Memoria, yo consagrara gustoso algunas lneas en apoyo de estas ideas. Pero mucho nos equivocamos, si nos atenemos al nmero limitado o ilimitado de abogados para corregir los abusos forenses. Mientras las leyes no se reformen, y los modos de enjuiciar se simplifiquen: mientras no se mejoren nuestros estudios, y los grados acadmicos y las licencias para abogar no se den con tanta facilidad: mientras no se sepa, que desde el magistrado supremo hasta el ltimo curial, todos sern pronta o irremisiblemente castigados por sus faltas o delitos: mientras la noticia de estas penas no se publique, para que cobrando fuerza la opinin, sirva de consuelo a unos, y de confusin a otros: mientras, en fin, no se presenten nuevas carreras a la juventud removiendo los obstculos que hoy las tienen cerradas, intil ser esperar la reforma de nuestro sistema forense. Antes bien, se aumentarn los abusos, y viniendo el tiempo a darles su formidable sancin, perpetuaremos en nuestro suelo una de las plagas ms funestas que puede caer sobre los pueblos. Corto nmero de carreras y ocupaciones lucrativasUna rpida ojeada que se eche sobre el estado social de la isla de Cuba, bastar para conocer la verdad de lo que digo. Si buscamos entre las ciencias, aquellas que han dado carrera a nuestra poblacin, no encontramos otras que la teologa, jurisprudencia, y medicina. El nmero de cubanos empleados en el comercio es todava tan corto, que si bien

PAGE 291

JOS ANTONIO SACO /287 /287 /287 /287 /287 esta carrera les presenta un vasto campo para lo futuro, es innegable que hasta muy poco tiempo han carecido de ella. Intil es mencionar las manufacturas, porque nunca han existido entre nosotros, ni tampoco puede sealarse la poca en que seamos fabricantes. No son muchas las artes que poseemos, y stas, por desgracia, jams han sido el patrimonio de nuestra poblacin blanca. La agricultura que por s sola absorbera un nmero asombroso de brazos, ocupa en general a los esclavos; y si a esta causa se agregan los obstculos que la rodean, no ser de extraar, que los blancos no se den a ella con el empeo que debieran. La ganadera que emplea muchos hombres, ni es la ocupacin exclusiva de los blancos, ni tampoco se dedican a ella en toda la Isla, pues est limitada a los pueblos pastores. La milicia llama algunos jvenes a la armas; y los empleos civiles son en tan corto nmero, que no deben contarse entre nosotros como carrera popular. Resulta, pues, que la Iglesia, el foro y la medicina, la agricultura, la ganadera y la milicia son las nicas carreras y ocupaciones que han empleado a nuestros jvenes; y como muchos no han podido colocarse en ellas, la consecuencia necesaria es, que ha debido quedar un nmero considerable de ociosos. Pero cules son las causas de que tan pocas ocupaciones existan entre nosotros? No faltar quien diga, que siendo los progresos de la industria proporcionales a la poblacin, y que siendo Cuba un pas nuevo, los medios que ofrece para ocupar al pueblo, deben ser muy reducidos. Es verdad, que ella no puede competir todava con otros pases ms adelantados, pero tambin lo es, que carece de muchas cosas que imperiosamente reclama el mismo estado en que hoy se halla. Aun concediendo, que atendida su poblacin, no deba de haber en ellas ms ocupaciones de las que actualmente existen, cul es la causa porque estas mismas ocupaciones no llaman y ejercitan a los ociosos? Otros afirmarn, gravemente, que el corto nmero de ellas, lejos de ser el principio, es el resultado de la ociosidad, y que si hubiramos trabajado, tendramos hoy ms destinos. Convengo hasta cierto punto con los que as raciocinan; pero same permitido preguntarles, cules son los motivos porque no hemos trabajado? He aqu la cuestin donde siempre venimos a parar, y la que cabalmente debemos discutir para poner el remedio a nuestros males. Varias son, a mi entender, las causas que han reducido a tan corto nmero las carreras y ocupaciones de nuestra poblacin blanca, y como primera debe sentarse el Estado imperfecto de la educacin popularNo me detendr a probar, que la instruccin pblica es la base ms firme sobre que descansa la felicidad de los pueblos. El Cuerpo ilustre

PAGE 292

OBRAS 288\ 288\ 288\ 288\ 288\ a quien presento esta Memoria, conoce muy bien esta verdad, y los esfuerzos que hace por difundir y mejorar la educacin en nuestro suelo, sern en todos tiempos los ttulos ms nobles de su gloria Pero si dignos son de aplauso estos esfuerzos, todava no han producido un resultado satisfactorio, porque sin recursos la Sociedad Patritica para extender su accin ms all del corto recinto de La Habana, yace tan abandonada la educacin en casi todos los pueblos y campos de Cuba, que gran parte de sus habitantes ignoran hasta el alfabeto. Y viviendo en tan msero estado, causar admiracin, que muchos pasen sus das en medio de la ociosidad? Yo he visto ms de una vez a varias personas, que por no saber firmar, han perdido las ocupaciones lucrativas que se les haban presentado. Si la gran masa de nuestra poblacin supiera por lo menos leer, escribir y contar, ¡cuntos de los que hoy arrastran una vida vagabunda, no estaran colocados en los pueblos o en las fincas rurales! Porque es incuestionable, que ensanchando la ilustracin la esfera del hombre multiplica sus recursos contra las adversidades de la fortuna. Establezcamos, pues, para los pobres que no pueden costear su educacin, el competente nmero de escuelas en todos los pueblos y campos; y aunque hay parajes donde los nios no pueden asistir diariamente a ellas, por hallarse muy dispersas las familias, y ser muy penoso el trnsito de los caminos en la estacin de las lluvias, bien podra introducirse en tales casos el sistema de escuelas dominicales llamadas as, porque el domingo es el nico da de la semana, destinado a la enseanza de los nios que no participan de otra instruccin. En varias partes de Europa y en los Estados Unidos de Norteamrica existen estas escuelas, y los millares de nios pobres que aprenden en ellas los rudimentos de una buena educacin, demuestran de un modo incontestable las grandes ventajas que ofrecen a la sociedad. Y dejarn tambin de ofrecerlas a nuestra patria, si nos empeamos en establecerlas? No se me oculta, que siendo entre nosotros los domingos, das de diversin y de placer, se tropezar en los pueblos con algunos inconvenientes: pero adems de que son en mi concepto fciles de vencer, y de que los esfuerzos que hagamos siempre producirn algn bien, mi principal intento es recomendar la fundacin de estas escuelas en aquellos puntos, donde siendo diversas las costumbres, o no oponiendo a lo menos los mismos obstculos que en los pueblos, la dispersin de los habitantes rurales nos pone en la alternativa, o de adoptar este sistema, o de dejarlos sepultados en la ms profunda ignorancia. Cuando los padres de familia vayan a la parroquia a cumplir con los deberes de la religin, podrn llevar a sus hijos, y reunidos stos en la iglesia, en la casa del cura, o en la de algn vecino, ejercern las funciones de maestro, ya el mismo prroco, ya alguno de los concurrentes,

PAGE 293

JOS ANTONIO SACO /289 /289 /289 /289 /289 pues no hemos de ser tan desgraciados, que falten personas caritativas capaces de desempear tan benfico instituto. Si no hubiera parroquia, o si habindola, no pudieren los nios asistir a ella, la escuela se podr dar los domingos y das festivos, en el punto que los vecinos juzguen ms conveniente. No siempre podrn los padres llevar todos sus hijos a la escuela; pero en tales casos elegirn uno o ms de entre ellos, para que asistiendo a las lecciones, puedan ser con el tiempo los institutores de sus hermanos, y quiz tambin de sus padres. ¡Cuntos de estos que hoy no entienden ni el alfabeto, escucharan gustosos de labios de sus hijos, los rudimentos de una instruccin que ya se abochornan de recibir de la boca de un extrao! Y al decir, que si los padres no pueden llevar todos sus hijos a la escuela, elegirn uno o ms de entre ellos, debe entenderse, que no slo hablo de los varones, sino tambin de las hembras. Da vendr en que stas lleguen a ser madres de familia; y entonces, cuando las ocupaciones que gravitan sobre el sexo masculino, no dejen al padre el tiempo suficiente para cuidar de la enseanza de sus hijos, la madre, dedicada a las tareas domsticas, podr velar en la educacin de ellos, dndoles dentro de casa los rudimentos que no podran alcanzar sin el auxilio de escuelas. Al esmero de la enseanza domstica debe atribuirse el fenmeno moral que se observa en Islandia, pues no habiendo en aquella isla sino una sola escuela, exclusivamente destinada a la educacin de los que hayan de ocupar puestos civiles y eclesisticos, es muy raro encontrar alguna persona que a los 9 o 10 aos de edad no sepa ya leer y escribir. Si contra toda esperanza, no hubiere alguno que gratuitamente quiera ensear en nuestros campos, me parece til asignar una corta pensin, por ser poco el trabajo, al que haga las veces de maestro, cuyo nombramiento podr recaer en alguno de los vecinos del partido o distrito donde se establezca la escuela, pues siendo sta respecto de l una ocupacin accesoria que ha de desempear en los das vacantes, sus servicios probablemente sern ms baratos que los de otro nombrado en distintas circunstancias. Sin embargo, como en esta materia no hay regla fija, siempre deber procederse, consultando la mayor utilidad. Pero estos deseos no son suficientes para dar impulso a la educacin pblica: es menester adoptar algunas medidas y las siguientes me parece que contribuirn a tan laudable objeto. 1 Inclquese la necesidad de promover la educacin primaria en toda la Isla, recomendndola por medio de la imprenta, y manifestando el nmero de escuelas, el de los alumnos que asisten a ellas, y la relacin en que stos se hallan con los habitantes de cada pueblo o distrito. Una demostracin de esta especie producir ms ventajas que todas las arengas y declamaciones, pues nos ensear a conocer nuestras necesidades intelectuales, y nos estimular a satisfacerlas.

PAGE 294

OBRAS 290\ 290\ 290\ 290\ 290\ 2 Tambin convendr, que los prrocos y dems ministros del Evangelio recomienden desde la ctedra de la verdad la importancia de la educacin. Esta medida es necesaria, no slo en los campos, sino tambin en muchos pueblos, porque no habiendo imprenta en ellos, la iglesia es el lugar ms a propsito para inspirar unas ideas, que as por la benfica tendencia, como por el paraje donde se enuncian, sern acogidas y respetadas. 3 Sera de desear, que todas las Sociedades y diputaciones patriticas de la Isla nombrasen, si es que algunas no lo han hecho todava, una seccin, a semejanza de la de La Habana, especialmente encargada del ramo de la educacin primaria; y que en los pueblos donde no existen aquellas corporaciones, se forme una junta compuesta de dos o tres individuos nombrados por las Sociedades respectivas, las cuales deben estar plenamente autorizadas para exigir de la junta, una o dos veces al ao, un informe sobre el estado de la educacin, y remover a las personas que no hayan correspondido a tan honrosa confianza. 4 Debe tambin excitarse el celo de los ayuntamientos, para que ponindose de acuerdo con las Sociedades Econmicas, apoyen las ideas de stas con sus luces, con sus fondos y con su autoridad. 5 Como la enseanza no puede generalizarse sin recursos para costear las escuelas, es preciso que las Sociedades Econmicas empleen en ella casi todos sus fondos, aun con preferencia a los ramos cientficos, pues por importante que sean, no son tan necesarios ni trascendentales como la enseanza primaria. La accin de sta se extiende a todo el pueblo, y nunca las Sociedades Patriticas3 llenarn tan bien este nombre, como cuando sus principales esfuerzos se dirijan a sacar de la barbarie a la masa de la poblacin. Pero no siendo los fondos de estas corporaciones suficientes para establecer el sistema de educacin primaria en toda la Isla, es forzoso ocurrir a algunos arbitrios, los cuales me atrevo a indicar, aunque con suma desconfianza. 1 Parceme, que si se examinaran detenidamente todos los ramos de nuestra administracin pblica, tal vez se encontraran algunos, que pudieran aplicarse a las escuelas con ms provecho que a los objetos que hoy estn destinados; y caso que esto no pueda ser, quiz se podrn introducir algunas economas, que disminuyendo los gastos, dejen libre algn sobrante para dedicarlo a las escuelas. 2 Suelen los testadores dejar alguna parte de sus bienes, para que se destinen a obras pas, reservando a sus herederos o albaceas la facultad de asignar objetos particulares. En tales casos convendra, que 3Sociedades patriticas o econmicas son nombres que indistintamente se les dan en Cuba. No crean, pues, los extranjeros, que son corporaciones diferentes.

PAGE 295

JOS ANTONIO SACO /291 /291 /291 /291 /291 valindonos de la imprenta y de cuantos medios sugiera la prudencia, se inclinase el nimo de los herederos o albaceas a favorecer las escuelas primarias: bien que es de esperar, que muchos de ellos no necesitarn de insinuaciones para hacer una obra tan recomendable. 3 Como hay casos en que nuestros reverendos obispos diocesanos pueden disponer libremente de algunos fondos destinados a objetos piadosos, debemos prometernos de su celo pastoral, que penetrados de la importancia de las escuelas primarias, las protegern y fomentarn, pues a los ojos de la religin no aparece ningn objeto ms santo ni ms po. 4 Cualquiera que haya observado la marcha del pueblo cubano, habr conocido, que la generosidad de sus habitantes raras veces se ha empleado en proteger los establecimientos literarios, y mucho menos la educacin primaria. Existen en toda la Isla varias instituciones civiles y eclesisticas ricamente dotadas; pero si buscamos los fondos consagrados al sostenimiento de las escuelas, casi no encontramos otros, que los de la establecida en el convento de Nuestra Seora de Beln, y los muy escasos de que dispone la Sociedad Patritica de La Habana. Es, pues, necesario hacer un llamamiento pblico a favor de la educacin primaria, y excitando la generosidad y beneficencia del pueblo cubano, inducirlo a que emplee estas virtudes en un obra tan eminentemente patritica. 5 Ya que las loteras (y al repetir este nombre, no se crea que hablo de las inmundas que se juegan diariamente en los cafs) existen por cuenta de la Real Hacienda, pueden servir de palanca para levantar la educacin del abatimiento en que yace en muchos de nuestros pueblos. Aunque sera de desear, que una parte del producto que ellas rinden, se dedicase al sostenimiento de las escuelas, pueden jugarse adems algunas extraordinarias para crear fondos, que aplicndolos exclusivamente a la instruccin primaria, contribuyan con sus rditos a sufragar los gastos de la enseanza. Cuntas sean las loteras, y cules las cantidades que hayan de jugarse, son cosas que dependen del nmero de escuelas que convenga establecer en toda la Isla y de otros datos que todava no estn reunidos. 6 Los conciertos, las funciones teatrales ejecutadas, ya por actores, ya por aficionados y otras diversiones pblicas deben tambin contarse entre los recursos con que puede sostenerse la educacin primaria. 7 No se crea que yo me atengo nicamente a estos recursos para establecer el sistema de educacin en toda la Isla. Poda apelarse a una contribucin directa, que aunque corta, fuese general, y por lo mismo, suficiente para cubrir todos los gastos de las escuelas. No es ste, como algunos pudieran pensar, un favor que el rico dispensa al pobre: es s, un deber que la patria, la religin y el inters individual imponen a los miembros de la sociedad. Cabe duda en que la ignorancia engendra los vicios y delitos, as como la ilustracin los reprime y disminuye? Y cuando

PAGE 296

OBRAS 292\ 292\ 292\ 292\ 292\ por falta de educacin, el pueblo se entrega a ellos, sobre quin pesan sus funestas consecuencias? Pesan sobre los bienes, la vida y el honor de los hombres que poseen estas joyas tan preciosas. El dinero, pues, que se da para la educacin del pueblo, es un seguro que se paga por los riesgos y prdidas que siempre causa la ignorancia. Esta contribucin pudiera imponerse por cabezas; pero como para que sea justa, es preciso que se atienda a los bienes y facultades de los contribuyentes, y esta clase de datos todava no existe entre nosotros, he aqu que parecer aventurado. Con todo, su misma pequeez puede allanar las dificulta des, porque fijando su mnimo, por ejemplo, en cuatro reales, y su mximo en cuatro pesos, se puede correr una gran escala, y como las gradaciones son casi imperceptibles, se puede alejar, o por lo menos disminuir considerablemente todo motivo de queja con respecto a desigualdades. Pudiera derramarse sobre las casas y fincas rurales, guardando la debida proporcin: y pudiera tambin recaer sobre otros objetos, que no me atrevo ni aun a mencionar, porque siendo una materia muy delicada, exige un cmulo de datos de que carezco. Recomiendo s, que sea cual fuere, procure generalizarse todo lo posible, porque siendo entonces ms corta respecto de cada individuo, ser tambin menos gravosa, y, por consiguiente, habr que vencer menos dificultades. Cuando se renan los fondos necesarios, y la educacin se difunda por toda la Isla, ¡cun distinta no ser la suerte de sus habitantes! Entonces, y slo entonces podrn popularizarse muchos conocimientos, no menos tiles a la agricultura y a las artes, que al orden domstico y moral de nuestra poblacin rstica. No pedir yo para esto, que se erijan ctedras, ni profesores en los campos. Un peridico, que quiz por va de ensayo pudiera ya establecerse en algn paraje, un peridico, repito, en que se publicasen mximas morales y buenos consejos sobre economa domstica, los descubrimientos importantes, las mquinas y mejoras sobre agricultura, los mtodos de aclimatar nuevas razas de animales y de perfeccionar las que ya tenemos; en una palabra, todo lo que se considere necesario para el progreso de los ramos que constituyen nuestra riqueza, contribuira sobre manera a la prosperidad de la Isla. Convendra que este peridico fuese semanal, para que las materias contenidas en l pudiesen ser ledas con detencin, y los labradores tuviesen tiempo de hacer algunos de los ensayos y experimentos que pudiera sugerirles su lectura. Debera ser redactado en un lenguaje muy claro y sencillo, para que todos pudiesen entenderlo fcilmente. Es tambin esencial que sea corto, porque de este modo, no slo ser barato, y, por consiguiente, se aumentar su circulacin, sino que sus idea se fijarn mejor en la mente, y ser ms fcil su lectura. Una o dos hojas de papel se leen en pocos minutos sin apurar la paciencia; pero un cuaderno largo pide tiempo y hbito en la lectura: y ni aqul ni ste pueden exigirse de hombres que tienen que vivir de su trabajo corporal.

PAGE 297

JOS ANTONIO SACO /293 /293 /293 /293 /293 Siendo un peridico de esta naturaleza el vehculo ms seguro para difundir los conocimientos, y mejorar las costumbres de la poblacin rstica, no cabe duda en que debiera estar bajo los auspicios de los ayuntamientos y Sociedades Patriticas. Su redaccin pudiera encomendarse a dos o ms individuos de su seno, o fuera de l, costeando de sus fondos la impresin, y haciendo repartir gratuitamente entre la gente del campo, el nmero competente de ejemplares, pues por barata que fuese la suscripcin, no es de esperar que contribuyan a ella hombres a quienes es necesario excitar y halagar para que lean. El costo no puede servir de obstculo, porque adems de ser poco, se prorratear entre todas las corporaciones que reciban el papel para repartirlo en su jurisdiccin; pero aun cuando fuese costoso, sus resultados seran tan favorables, que la Isla sacara con usura la recompensa de estos gastos. La verdadera economa no consiste en retener el dinero en las arcas, sino en saberlo gastar con provecho, y nunca lo ser tanto como cuando se emplee en labrar la felicidad del pueblo. Es cierto que la distribucin de este papel sera embarazosa; pero la dificultad quedar allanada, valindose de la mediacin de los curas rurales, o de los capitanes de partido, quienes fcilmente podrn repartirlo los domingos en la parroquia donde se congregan los feligreses. Sera til, que despus de la misa se leyese fuera de la iglesia en voz alta, por una persona respetable, porque as se le dara ms inters; sera el tema de las conversaciones; los ms instruidos aclararan las dudas de los menos inteligentes; y absorbida la atencin en tan recomendable objeto, muchos de nuestros campesinos no pasaran ya los domingos alrededor de una mesa de juego, o entregados a otras diversiones peligrosas. ¡Tan cierto es que la ilustracin es la madre de las virtudes, as como la ignorancia, el manantial fecundo de los vicios! Mucho se habr adelantado cuando se hayan dado todos estos pasos; pero aun queda un vasto campo que recorrer. Si contemplamos la condicin de nuestras instituciones literarias, las encontraremos muy abundantes de ctedras intiles o de poco provecho; pero muy pobres en las de verdadera instruccin. Por todas partes se han establecido clases de latinidad, por todas partes se ha compelido la juventud a que emplee tres o cuatro de los aos ms preciosos de su vida en la adquisicin de un idioma muerto; pero ni en la Universidad de San Gernimo, ni en el Colegio de San Carlos de La Habana, ni en el de San Alejandro en Santiago de Cuba, ni en ninguno de los conventos destinados a la pblica instruccin, jams se ha tratado de establecer una sola ctedra de lenguas vivas. Pensaran algunos, que yo me opongo a la enseanza del latn en nuestras instituciones literarias: muy lejos estoy de eso; y quisiera, por el contrario, que se ensease mejor de lo que generalmente se practica. Mas, aunque tal es mi deseo, quisiera tambin que a las

PAGE 298

OBRAS 294\ 294\ 294\ 294\ 294\ lenguas vivas se diese la preferencia, porque en el giro que han tomado los negocios del mundo, el latn es para la generalidad de los hombres ms bien un adorno que una necesidad, pues a excepcin de muy pocas carreras, las dems pueden pasar sin l; pero las lenguas vivas, y particularmente la francesa y la inglesa, son de importancia vital. Si su enseanza se hubiera difundido, no es verdad que estaran empleados en el comercio, o en otras profesiones lucrativas, algunos de los que hoy viven en la vagancia? De pocos aos a esta parte se han hecho en La Habana algunos esfuerzos para reformar este ramo importante de la educacin pblica. Hanse establecido academias y colegios particulares, donde se ensean varias lenguas vivas; y aunque pronto empezaremos a recoger el fruto de estos conocimientos, todava estamos en el caso de generalizarlos, estableciendo en nuestras instituciones literarias, clases de lenguas vivas. Tantas ctedras de derecho civil y cannico como existen en la Universidad de La Habana; tantas de una brbara filosofa, esparcidas por toda la Isla; tantas de sutilezas y cuestiones ridculas, impamente bautizadas con el sagrado nombre de teologa, de qu provecho son ni a la agricultura, ni a las artes, ni al comercio, ni a ninguno de los ramos que constituyen la felicidad social? Haya enhorabuena, como siempre debe haber, ctedras de aquellas ciencias; pero haya solamente las necesarias, y no se multipliquen con perjuicio de otras que debieran existir. Si a su nmero superabundante se hubieran sustituido las matemticas, la qumica, y las dems ciencias que estn enlazadas con la riqueza pblica, nuestras instituciones literarias habran ensanchado la esfera de los conocimientos, habra presentado a los jvenes nuevas carreras, y contribuido a disminuir el nmero de ociosos. Yo bien s que las ciencias no pueden ser el patrimonio de la muchedumbre, porque necesitando su largo aprendizaje de tiempo y de recursos, no son muchos los que pueden dedicarse a ella; pero sus puertas jams pueden cerrarse a este corto nmero, y nunca en verdad lo estarn tanto, como cuando se les prive de los medios de ilustrarse, restringiendo la enseanza de la ciencia. sta es una de las causas que han influido en la multiplicacin de nuestros abogados y mdicos, pues los jvenes que desean dedicarse a las carreras literarias, se ven en la dura alternativa, o de renunciar a ellas, o de estudiar jurisprudencia o medicina, contrariando a veces aun los votos de su corazn. Cuando pido la sustitucin de nuevas ctedras a las intiles existentes, no es con la mira exclusiva ni principal de formar sabios, aunque me alegrar sobremanera de que los haya. Mi objeto es iniciar en los rudimentos de algunas ciencias a una porcin considerable de la juventud, que de este modo podr ganar el pan honradamente, sin dictar escritos, ni tomar el pulso.

PAGE 299

JOS ANTONIO SACO /295 /295 /295 /295 /295 Lograrase esto, establecindose con preferencia ctedras de aquellas ciencias que sean ms anlogas a la condicin actual y prosperidad futura de la isla de Cuba: ensendolas, no en abstracto, como generalmente se ha hecho hasta aqu con las pocas que tenemos; sino con aplicacin a ciertos ramos particulares, y despojndolas de todas las cuestiones intiles que atormentan el espritu, y del lujo que slo sirve para brillar en las aulas y academias. Pero cules son estas ciencias? He aqu una pregunta a que yo no debo responder, porque siendo ella uno de los temas que la Sociedad ha propuesto para su resolucin, dejar a otras plumas el cuidado de desenvolverle. Sin decir, pues, cul o cules sean las ciencias a que haya de darse la preferencia, me parece que la nutica es uno de los ramos que deben llamar nuestra atencin, pues su estudio har, que muchos jvenes se empleen en la marina mercante; y como Cuba est llamada por la naturaleza a ser un pueblo mercantil es necesario que empecemos desde ahora a formar, no slo pilotos, sino tambin marineros. A esta carrera podran destinarse muchos de los nios, que abandonados por sus padres, o quedando en la orfandad y pobreza, tienen que recibir su educacin de la caridad pblica. Los ayuntamientos deberan encargarse del cuidado de recoger a los que se encontrasen en tal estado, y entregando cierto nmero de ellos a capitanes de buques mercantes, con todas las seguridades necesarias, haran el doble servicio de dar ocupacin a muchos seres infelices, y brazos tiles a la patria. Preocupacin de las familiasPor un trastorno funesto de las ideas sociales, generalmente se consideraron entre nosotros como ocupaciones degradantes las que son el apoyo ms firme de los Estados. Derivose de aqu, que nuestros jvenes huyesen de ellas, y que si queran abrazar alguna, fuese tan slo de las que en su concepto eran honrosas ; pero como stas solamente podan dar colocacin a un corto nmero, necesariamente hubieron de quedar muchos excluidos. Como viles se condenaron en Cuba los oficios de zapateros, sastres, carpinteros, herreros, albailes, y todos los dems que son altamente apreciados en los pueblos ms cultos de la tierra; y tan lamentable fue el extravo de la opinin, que esta mancha fatal se extendi a casi todas nuestras profesiones. Pero es menester que seamos imparciales, y que confesemos, que esa preocupacin de las familias es hasta cierto punto disculpable respecto de algunas profesiones. De algunas, digo, porque en cuanto a otras, es imposible encontrar razn que justifique el doloroso extravo de la opinin. Mas, cul es esta disculpa? Es lo que

PAGE 300

OBRAS 296\ 296\ 296\ 296\ 296\ Las artes estn en manos de la gente de colorEntre los enormes males que esta raza infeliz ha trado a nuestro suelo, uno de ellos es el de haber alejado de las artes a nuestra poblacin blanca. Destinada tan slo al trabajo mecnico, exclusivamente se le encomendaron todos los oficios, como propios de su condicin; y el amo que se acostumbr desde el principio a tratar con desprecio al esclavo, muy pronto empez a mirar del mismo modo sus ocupaciones, porque en la exaltacin o abatimiento de todas las carreras, siempre ha de influir la buena o mala calidad de los que se dedican a ellas. El transcurso de los aos fue acumulando nuevos ejemplos, y la opinin pervertida, lejos de hallar un freno que la contuviese y enderezase a buena parte, corri desbocada hasta hundirnos en la sima donde hoy nos encontramos. En tan deplorable situacin, ya no era de esperar que ningn blanco cubano se dedicase a las artes, pues con el hecho slo de abrazarlas, parece que renunciaba a los fueros de su clase: as fue, que todas vinieron a ser el patrimonio exclusivo de la gente de color, quedando reservadas para los blancos las carreras literarias y dos o tres ms que se tenan por honorficas. Levantada esta barrera, cada una de las dos razas se vio forzada a girar en un crculo reducido, pues que ni los blancos podan romperla, porque una preocupacin popular se lo vedaba; ni tampoco los negros y mulatos, porque las leyes y costumbres se lo prohiban. Tiempo ha que se publicaron leyes protectoras de la industria, ennobleciendo las artes; pero sin investigar ahora, porque no es del caso, los efectos que hayan producido en la Pennsula, forzoso es decir, que si se extendieron a Cuba, no hemos reportado de ellas ningn bien. Ni era de esperar otra cosa, porque cuando la ley entra en lucha abierta con las ideas de honor o de infamia que se han formado los pueblos, y no las combate con otras armas que las de su autoridad, aqullas por desgracia siempre quedan triunfantes. La ley en tales casos debe proceder con cautela, debe caminar a su fin por sendas tortuosas, y valindose de medios indirectos, ir minando la opinin, hasta que llegue el da en que pueda descargar un golpe decisivo. Para inducir la poblacin blanca a que se dedique a las artes, no me parece tampoco que el ttulo de nobleza es buen medio de conseguirlo. Las artes no necesitan para florecer de tan alta distincin; bstales no ser envilecidas, pues dejndolas en completa libertad, buscarn el puesto que las necesidades sociales les prescriban. Las artes son muy modestas: los artesanos no ambicionan ttulos de nobleza; buscan tan slo un pan con que alimentarse; pero pan que no est envenenado con el insulto del rico, y con el desprecio del grande. La nobleza es una calidad que no depende de las leyes; dala solamente la opinin, y si le falta la herrum-

PAGE 301

JOS ANTONIO SACO /297 /297 /297 /297 /297 bre de los siglos, no ser, ni aun a los ojos del pueblo donde se tenga en gran estima, sino un hombre insignificante y ridculo. Yo comparara la nobleza con los vinos que se sirven en las mesas de gran tono, pues por excelentes que sean, si no se sabe que tienen 40 o 50 aos, los convidados no les dan su completa aprobacin. Las circunstancias en que se halla Cuba, deben contemplarse con ojos muy perspicaces. En los pases, donde toda la poblacin es homognea, las diversas clases en que est dividida, solamente se hallan aisladas por barreras que a pocos esfuerzos pueden salvarse. Los individuos que pertenecen a unas, fcilmente pasan a otras, pues el talento, el valor y el dinero son las grandes palancas que incesantemente las mueven para elevarlos de una clase inferior a otra superior. Pero estas consideraciones son aplicables a Cuba? El ilustre cuerpo patritico sabe muy bien que no. Mas, nada adelantamos con llorar nuestras desgracias, si no les aplicamos el remedio: remedio tanto ms urgente, cuanto nuestra poblacin blanca se va aumentando con rapidez, y si no le abrimos nuevas carreras, yo no quiero pensar cul ser nuestro porvenir. Creen algunos que este mal es incurable; pero si se les pregunta por qu, jams dan una respuesta satisfactoria. Tales hombres no reflexionan, que muchas de las enfermedades morales son ms susceptibles de medicina que las fsicas, y que si descubren un carcter rebelde, es porque ni se atina con el remedio, ni tampoco se le sabe aplicar. No es dable que en un da, ni en un ao puedan arrancarse las preocupaciones que nos trasmitieron nuestros mayores, ni que presten su benfica influencia todos los que pudieran y debieran; antes habr algunos que contribuirn a fortificarlas con sus palabras y acciones parricidas; pero nada debe arrendrarnos, porque si acometemos y seguimos la empresa con prudencia y constancia, bien podemos contar desde ahora con el triunfo. Juzgan otros, que esta reforma debe ser obra exclusiva del tiempo, pues en su concepto son intiles cuantos esfuerzos se hagan. Apoyando su opinin con la historia de nuestros progresos industriales, dicen que ha muchos aos que no se vean artesanos blancos en nuestro suelo, pero que ya hoy se encuentran algunos forasteros, los cuales servirn de ejemplo a los cubanos. Sin duda que ste es un gran paso; pero jams debe fiarse a slo el tiempo la reforma que buscamos, porque careciendo aquellas personas de relaciones e influencia social, no pueden producir todo el bien que se desea. Para acelerar esta poca venturosa, es menester que empecemos por hacer una revolucin en las ideas. Los padres de familia deben ser los principales encargados de ella, pues las lecciones que dan a sus hijos en la niez, son casi siempre la norma de la conducta de stos. S muy bien, que el mal que nos aflige depende en gran parte de la educacin domstica, y as parecer una contradiccin, que yo vaya a buscar el remedio a las

PAGE 302

OBRAS 298\ 298\ 298\ 298\ 298\ mismas fuentes de donde nace la enfermedad. Cierto es, que hay padres de familia que fomentan preocupaciones orgullosas en el corazn de sus hijos; pero tambin lo es, que hay otros que les inspiran buenas ideas; y si no llegan a practicarlas, es porque no encuentran una mano generosa que les d el apoyo necesario. Mas, cuando estos padres vean, que ya se hacen esfuerzos por sostenerlos, y que la causa, lejos de retrogradar, diariamente gana terreno: cuando toquen las utilidades de convertir un hijo holgazn en un hombre laborioso, y que puede llegar a ser uno de los ciudadanos que ms honren a su patria, entonces ellos sern los primeros interesados en la reforma; otros se apresurarn a seguir su ejemplo, y aumentndose su nmero, formarn en breve una masa impenetrable, que los cubrir de los tiros de la insolencia. Yo no espero, que los ricos se conviertan en artesanos: pido tan slo que no los insulten con su necio orgullo: que no corrompan el corazn de sus hijos, infundindoles sentimientos brbaros y antipatriticos, sentimientos que quiz algn da podrn serles muy funestos; porque el hombre rico nutrido desde la infancia con estas ideas orgullosas, si llega a caer en pobreza, como ocurre con frecuencia, est condenado a vivir en la desgracia, pues mira como infames muchas ocupaciones con que pudiera ganar el pan. Hoy, hoy mismo, ¡cun tristes ejemplos no presentan a nuestros ojos las revoluciones de Espaa y de Amrica! ¡Y cuntos, cuntos de los que hora son vctimas de la miseria, no habrn llorado amargamente los extravos de su educacin! nanse, pues, los buenos padres; exhorten unos a sus hijos, para que abracen, y otros para que respeten y estimen las artes; muestren este respeto y estimacin con palabras y con hechos; contradigan, y, si fuere necesario, censuren a los indiscretos que en las conversaciones o de otro modo se produzcan en trminos ofensivos a profesiones tan honrosas; sean siempre sus valientes defensores, as por escrito, como de palabra; e intimidando con su conducto a unos, y dando aliento a otros, los padres de familia tendrn la gloria de contribuir a la verdadera felicidad de Cuba. Los preceptores que dirigen la educacin, son los segundos a quienes debe encargarse esta reforma. Por una desgracia harto lamentable, la mayor parte de los maestros creen, que sus deberes estn reducidos a dar a sus discpulos, algunas ideas puramente cientficas, o a facilitarles los medios de adquirirlas; pero juzgan, que la educacin moral, que es sin duda la ms importante en la primera edad, est fuera de su instituto. Es, pues, necesario recomendarles este ramo, como parte esencial de sus funciones, para que inspiren a sus discpulos el amor al trabajo fsico e intelectual, les manifiesten las inmensas ventajas que producen, y les pinten con vivos colores los gravsimos males que pesan sobre esta Isla, por haberse considerado como degradantes, las ocupaciones que se ejercen con provecho y con honor en todos los pases civilizados. A estas saludables

PAGE 303

JOS ANTONIO SACO /299 /299 /299 /299 /299 lecciones convendra aadir ejemplos sacados de la historia, presentando a los nios un breve catlogo de los hombres que han sobresalido de las artes, y de los que habiendo empezado por ocupaciones honrosas en s, pero injustamente envilecidas entre nosotros, han merecido los aplausos de la posteridad, y llegado a ser la gloria de los pueblos donde nacieron. De este modo, el hombre siempre dispuesto a imitar, y ms que nunca, en la infancia, sentir desde sus tiernos aos el noble deseo de alcanzar la misma celebridad que sus modelos. El departamento de nios pobres que existe en la Casa de Beneficencia de esta ciudad, ofrece a la patria el mejor plantel de donde saldrn laboriosos y honrados artesanos. Destituidos de recursos, exentos muchos de ellos del contagio que pudieran comunicarles las preocupaciones paternales, viviendo en un estrecho recinto donde no hay objetos que les inspiren las ideas de un necio orgullo, y confiada su educacin a personas no menos ilustradas que virtuosas, los nios de la Casa de Beneficencia me parecen unos ngeles bajados del Cielo para establecer entre nosotros el imperio de las artes, y esparcir en nuestro suelo las bendiciones de la industria. Las ocupaciones honrosas, que acosadas por nuestra vanidad, huyen despavoridas, encontrarn all un asilo, y fijando en l su mansin, extendern su benigno influjo por todo el mbito de la Isla. No est lejos el da en que al recorrer las calles de La Habana, contemplemos con placer a algunos de sus hijos trabajando en sus talleres, y dando a sus compatriotas el ejemplo ms laudable de honradez y despreocupacin; pero estos hijos, y ojal que me engaara, probablemente saldrn primero de la Casa de Beneficencia. Quiz pensaren algunos, que el ejercicio de las artes por nuestra gente de color, ser un obstculo insuperable para domiciliarlas entre los blancos. Estos temores son vanos, porque ilustrada que sea la opinin, el pueblo sabr distinguir las artes de las personas, y conocer que si stas pueden degradar a aqullas, tambin pueden realzarlas y ennoblecerlas. Pasando de los raciocinios a los hechos, Cuba nos ofrece claros ejemplos de esta verdad, pues vemos que los blancos tambin siguen ocupaciones en que se emplean los hombres de color. La ganadera y la agricultura estn en manos de unos y otros: juntos corren tras el toro y la novilla en la sabana y en el sao, y juntos tambin rompen los campos y se pasean por el surco que abren con el arado. La msica goza igualmente de esta prerrogativa, pues en las orquestas de los conciertos y teatros vemos confusamente mezclados a los blancos, pardos y morenos; y si los primeros tienen mrito, tan lejos estn de ser menospreciados, que son el adorno de las tertulias habaneras. En toda la Isla se encuentran costureras blancas, que pblica y honradamente ejercen esta profesin, mientras que en las personas del sexo masculino solamente se dedican a ella los pardos y morenos. Cul es, pues, la

PAGE 304

OBRAS 300\ 300\ 300\ 300\ 300\ causa de que nuestros blancos se dediquen sin repugnancia a ciertas ocupaciones que tambin siguen aqullos? Esto, que en algunas se extravi la opinin desde su origen; mientras en otras, pudo la razn ejercer su imperio saludable. Restityanse, pues, a sta, los derechos que le usurparon la preocupacin y el orgullo; y todas las artes sern ejercidas por los individuos de ambas clases. A los esfuerzos de la educacin convendra aadir el apoyo de todos los ayuntamientos, pues ni pueden ni deben mirar con indiferencia un objeto tan digno de sus funciones. Las Sociedades Patriticas pudieran tambin nombrar una seccin o comisin que exclusivamente se encargase de materia tan importante; y si juzgan que la reforma que deseamos, puede acelerarse, dando una muestra honrosa del aprecio con que miran a los hijos blancos de Cuba que abracen algn oficio, yo propondra, que las Sociedades de cada pueblo concediesen patente de Protectores de la industria cubana a cierto nmero de los primeros, que se dediquen a cualquiera de las artes. Digo de los primeros, porque como este premio solamente producir a los principios sus benficos efectos, ni es necesario prolongarlo hasta un tiempo en que ya descansemos sobre otras bases. Al proponer esta medida, no trato de formar un cuerpo de artesanos con privilegios sobre los dems que no obtengan la patente, pues semejantes prerrogativas seran destructoras de la reforma que necesitamos. Tampoco pido un ttulo de nobleza, sino un estmulo honroso, que acompaado de los esfuerzos que se hagan por destruir las preocupaciones contra las artes, produzcan a la patria un resultado feliz. La fertilidad y abundancia de la isla de Cuba?Ved aqu una de las causas a que muchos atribuyen la vagancia entre nosotros; pero en mi concepto no es ms que una frvola disculpa. Para qu, dicen ellos, para qu se ha de afanar el hombre en esta Isla dichosa, si con regar las semillas en el campo, la naturaleza, casi sin auxilio, viene a ofrecerle dentro de poco tiempo, el fruto regalado con que le ha de alimentar? Trabajen aqullos, cuyo suelo estril siempre est sediento del sudor humano; pero no nosotros, que a la naturaleza ms que a la industria debemos los productos de la agricultura. Aun cuando la isla de Cuba fuese el pas ms frtil y abundante del globo, todava este lenguaje se debe condenar como falso en sus principios y funesto en sus consecuencias. Cierto es, que la fertilidad extiende su benfico influjo a las operaciones de la agricultura; pero no habr quien pueda soar, que las artes florezcan, el comercio prospere, y la ilustracin se adelante en ningn pas, tan slo porque sus terrenos sean frtiles, y produzcan abundantes cosechas. Si el artesano en su taller, el comerciante en su escritorio, y el literato en su bufete, no trabajan con tesn, de poco podr

PAGE 305

JOS ANTONIO SACO /301 /301 /301 /301 /301 servirles la fertilidad de las tierras del pas donde habiten, pues, aunque ella favorece directamente a los agricultores, su beneficio es indirecto y muy secundario respecto de las dems clases de la sociedad. La riqueza natural del suelo cubano, lejos de servir de disculpa, es un argumento que puede emplearse contra el estado de nuestras costumbres. La condicin de los pueblos salvajes no debe confundirse con la de los civilizados. Aqullos fan a la naturaleza el cuidado de sustentarlos, pues sus esfuerzos industriales no tienen ms estmulos que el de acallar los gritos del hambre, y satisfecha esta necesidad, se entregan al sueo o a la guerra. Los civilizados, al contrario, como que tienen ms ideas, tienen ms necesidades, e imponindoles el orden social en que viven, el deber, y a veces el placer de satisfacerlas, la industria ms que la naturaleza viene a ser el apoyo de su conservacin. Si pues Cuba es un pas civilizado, los esfuerzos de sus hijos agricultores deben dirigirse, no a tener un pltano con que alimentarse, ni un caamazo con que cubrir sus carnes, sino a saber aprovecharse de las ventajas que les ofrece la naturaleza para vivir felices por medio del trabajo. Causa lstima recorrer los campos de Cuba, y observar el cuadro que en lo interior de ella presenta nuestra poblacin rstica. Parajes hay donde el viajero entra en la casa de una familia, y no encuentra en ella ni un jarro en que apagar la sed, ni una silla donde sentarse a reposar la fatiga, ni puede volver la vista a ninguna parte, sin que le atormenten la inmundicia y la miseria. Y para tener delante este espectculo, es que se alega la fertilidad de nuestro suelo? ¡Funesta y detestable fertilidad la que produce tantos males! Si fuera dable trasladar a nuestros campos una colonia de agricultores holandeses o ingleses ¡qu transformacin tan prodigiosa no experimentara nuestra Cuba en el discurso de un ao! ¡Qu situacin tan distinta no presentara su poblacin rstica! Y a qu podra atribuirse tan enorme diferencia? Atribuirase nicamente al hbito del trabajo en unos, y a la indolencia en otros; pues mientras sta exista, sea cual fuere el clima o regin en que el hombre habite, su patrimonio siempre ser la pobreza y la desgracia. Clima?Como causa poderosa de la indolencia se cita tambin el clima clido en que habitamos. Esta opinin errnea, engendrada en el cerebro de algunos visionarios, y sostenida falsamente por Montesquieu y otros autores, ha ido pasando de libro en libro, y adquirido con el tiempo, si no los honores de verdad, a lo menos los de una preocupacin popular. De buena gana entrara en el examen detenido de este punto importante; pero exigiendo de suyo una Memoria especial, me contentar con hacer algunas breves reflexiones.

PAGE 306

OBRAS 302\ 302\ 302\ 302\ 302\ Cierta y muy cierta es la influencia del clima en algunas calidades fsicas del hombre; pero extenderla a todos los usos y costumbres de los pueblos, y extenderla en tales trminos, que, a pesar de los distintos gobiernos, religiones y educacin, los habitantes de pases clidos estn condenados a ser dbiles, perezosos, cobardes, ignorantes, viciosos y esclavos, mientras los de climas fros estn llamados por la naturaleza a ser fuertes, activos, valientes, sabios, virtuosos y libres, es uno de aquellos delirios que ms prueban la flaqueza del entendimiento humano. Bastara para desengaarnos, abrir las historias y los viajes, y observando en ellos las vicisitudes de las naciones, conoceramos el distinto rango que alternadamente han ocupado en la escena del mundo. En pases clidos habitaron los partos, los asirios y los rabes, que con las armas en la mano sometieron a su imperio grandes y poderosas naciones. En pases clidos habitaron los fenicios, a quienes celebra la historia como los primeros comerciantes de la antigedad; y cuyo genio emprendedor, lo mismo que el de sus hijos los cartagineses, rivaliza con el de los pueblos modernos ms activos y ms osados. En los pases clidos habitaron aquellos valientes romanos que fuerza tuvieron para imponer su yugo a casi todos los pueblos de la tierra. En pases clidos habitaron los egipcios, cuyos monumentos y ciencias hicieron de su patria el centro del saber humano. Cuando los brbaros del Norte y del Oriente envolvieron la Europa en las tinieblas, quines la sacaron de la ignorancia en que por siglos yaci sumergida? Fueron cabalmente los pases ms clidos de ella, pues que estn situados en su regin meridional. Al tiempo del descubrimiento del Nuevo Mundo, los pases ms civilizados fueron Mjico y el Per, situados ambos entre los trpicos; pero desde entonces hasta hoy, quiz no se han encontrado otros tan brbaros como los habitantes del estrecho de Magallanes en las fras regiones del Sur y los esquimales en las heladas del Norte. Las vicisitudes polticas y morales que han experimentado las naciones en el transcurso de los siglos, no pueden explicarse por la teora de los climas. ¡Qu trastornos no ha sufrido esta misma Amrica desde el establecimiento de las colonias europeas! Las ideas y costumbres de los pueblos americanos varan aun bajo los mismos trpicos y en climas semejantes, segn el origen de los nuevos pobladores; y la gran repblica, que desde las mrgenes del San Lorenzo hasta las aguas del golfo mejicano, descuella por sus rpidos progresos sobre todas las naciones del globo, no debe su importancia a la naturaleza del clima, sino a la educacin que recibieron sus hijos, y al carcter de sus instituciones. ¡Qu diferencia, o mejor dicho, qu contradiccin entre los libres y valientes romanos de los das gloriosos de la repblica, y los dbiles esclavos de la poca calamitosa de la decadencia del imperio! La expirante dignidad de Roma solamente se sealaba entonces por la libertad y ener-

PAGE 307

JOS ANTONIO SACO /303 /303 /303 /303 /303 ga de sus quejas. “Si no podis, as suplicaba ella al virtuoso Tiberio, segundo emperador de Oriente, si no podis libertarnos de la espada de los lombardos, redimidnos al menos de la calamidad del hambre”. ¡As habl un da la dominadora del orbe! En qu se parecen el genio y la actividad de los antiguos griegos, a la ignorancia e indolencia en que hasta pocos aos han vivido sus descendientes? Qu hay de comn entre los ingleses de los tiempos de Csar, y el coloso que hoy domina los mares? Qu comparacin entre la cortesana y conocimientos de los franceses, y la ignorancia y rudeza de los galos, sus antecesores? Qu semejanza entre la industria y la ciencia de los actuales tudescos, y la pereza y la barbarie de los germanos, sus progenitores? Recorriendo la historia, bien pudiera yo ir acumulando ejemplos; pero los citados bastan para conocer que las calidades polticas y morales, y aun muchas de las fsicas no dependen del clima, y que sea cual fuere la influencia que se le quiera dar, sus efectos pueden ser modificados y aun destruidos por la forma de los gobiernos y un buen sistema de educacin. Aun concediendo que en los climas clidos no se pueda trabajar tanto como en los templados o fros, esto nunca puede aplicarse como causa del mal que padecemos, porque entre los esfuerzos de la actividad y el letargo de la apata, media un inmenso campo. Si el clima se opone a que sus hijos sean tan industriosos como los ingleses, de aqu no puede inferirse que debamos vivir en la indolencia. No tenemos en nuestro suelo muchos naturales y extranjeros, que son tan laboriosos como los habitantes de pases fros? Y cul es la razn porque el clima no se opone a sus esfuerzos? No se opone, porque tuvieron la fortuna de adquirir el hbito del trabajo, y cuando el hombre posee esta virtud, se burla del rigor de las estaciones. Inspiremos, pues, esta verdad a todos los cubanos con lecciones y con ejemplos, y no fomentemos una preocupacin que destituida de fundamento, slo sirve para agravar nuestros males.PARTE SEGUNDANo satisfecha la Sociedad Patritica con que se le expongan las causas de la vagancia en la isla de Cuba, y los medios de atacarla en su origen, mejorando la educacin domstica y pblica, pide tambin que se le indiquen los Objetos a que pueden aplicarse los vagosPara proceder con acierto en esta materia, deben distinguirse los vagos de los viciosos Establecida esta diferencia, resta saber si el programa se refiere a los vagos meramente tales, o a los vagos viciosos. Si

PAGE 308

OBRAS 304\ 304\ 304\ 304\ 304\ se atiende al sentido literal de sus palabras, parece que solamente habla de los primeros; pero si se entra en las intenciones del ilustre cuerpo patritico, no cabe duda en que se extiende a unos y a otros. Que la sociedad tiene derecho a corregir todos los vagos, es punto que nadie se atrever a disputar, pero aun los meramente tales la privan de los servicios que todo hombre est obligado a prestarle, y ofrecen a las dems clases un ejemplo pernicioso. Pero como en poltica y en moral no debe confundirse la posesin de un derecho con su ejercicio, porque pueden ser tales las circunstancias que le acompaen, que el buen legislador se vea forzado a renunciar o suspender su ejecucin, piensan algunos que la accin de las leyes solamente debe alcanzar a los vagos viciosos, y no a los meramente tales, pues el descubrimiento y persecucin de stos, puede conducir a un sistema de espionaje, que atacando la seguridad individual, turbe el reposo de la sociedad. Estas mximas pueden aplicarse sin ningn inconveniente a los pases donde el amor al trabajo ha llegado a ser una virtud popular, y donde la opinin persigue a los ociosos, pues apoyadas las leyes en tan firme garanta, bien pueden suspender su imperio, reservando sus castigos para los casos en que los vagos cometan algn delito. Pero los pueblos que se hallan en distintas circunstancias, deben seguir un rumbo totalmente contrario. Sucede con el cuerpo social lo mismo que con el humano, que cuando es robusto y bien constituido, puede preservarse por s solo con el socorro de la medicina; pero cuando es dbil y achacoso, necesita de remedios para sacudir la enfermedad. La tendencia de toda buena legislacin debe ser prevenir los males, antes que castigarlos, porque tal es el corazn humano, que llega a familiarizarse aun con las penas ms severas, y si bien el temor de ellas retrae a algunos de la perpetracin de ciertos actos, todava no es un freno suficiente para reprimir los malos hbitos, ni dominar las circunstancias peligrosas en que suele el hombre encontrarse. El cumplimiento de las leyes criminales es un triste ministerio: sus castigos, aunque saludables, excitan la compasin general, y participando los jueces de este sentimiento, se hallan casi siempre inclinados a favorecer la suerte de los reos. Estas reflexiones nos convencern, de que si deseamos purgar nuestra sociedad de muchos delitos, debemos tomar un partido contra los vagos, porque hombres sin oficio, ni ocupacin, ni bienes con que mantenerse, necesariamente han de jugar, robar y cometer otros delitos, que ya por falta de pruebas, ya por otros motivos, muchas veces quedarn impunes. Pero qu partido se tomar? Para proceder contra los vagos, conviene distinguir a los ociosos que tienen algunos bienes con que sostenerse, de los que carecen de ellos. Las medidas que voy a proponer, no deben abrazar a los primeros, porque aunque a la sociedad importa que cada miembro le haga algn servicio, con todo, el que tiene de que sub-

PAGE 309

JOS ANTONIO SACO /305 /305 /305 /305 /305 sistir, inspira la confianza de que no apelar a medios infames para satisfacer sus necesidades; y, al fin, si no da nada a la patria, por lo menos no le quita. Pero cuando el hombre carece de recursos pecuniarios o industriales, entonces existen contra l sospechas vehementsimas, y por lo mismo se deben tomar precauciones para impedir los daos que puede causar. Conocidos que sean los vagos de esta especie, la autoridad los compeler a que tomen alguna ocupacin; y para que no se diga, que atropella la libertad individual, dejar a su eleccin la que ms les convenga, prefijndoles un trmino perentorio, dentro del cual debern abrazarla. Si voluntariamente no lo hicieren, entonces ella proceder, ya entregando unos a los artesanos para que les enseen oficios, ya empleando otros en la marina mercante, ya, en fin, destinndolos a otras ocupaciones provechosas. Si tampoco quisieren abrazarlas, se les dar un corto plazo, para que salgan de la Isla, pues no teniendo ya la patria que esperar de ellos ningn bien, y s mucho mal, debe arrojarlos de su seno como miembros corrompidos. Pero si todava persistieren en ella, la autoridad, o los lanzar de nuestro suelo, o los condenar a trabajar en beneficio pblico, pues aun suponiendo que en este ltimo caso no se saque de ellos ningn provecho, la sociedad a lo menos se librar de los delitos que han de cometer. No es difcil averiguar quines son los vagos que existen entre nosotros, pues para esto basta tomar algunas medidas enrgicas confiando su cumplimiento a hombres ntegros, activos y dignos de la pblica confianza. Ellos podran formar una junta, que especialmente se encargue del descubrimiento de los vagos; y para lograrlo, convendra dividir todas las poblaciones en cuarteles, poniendo cada uno de stos al cuidado de uno de aquellos individuos para que hagan un censo en que se inscriba el nombre, patria, edad, estado, profesin, bienes, calle y nmero de la casa de cada uno de sus habitantes, exigiendo, adems, que los que digan que ejercen algn oficio o profesin fuera de la casa en que se hallan al tiempo de formar el censo, designen el edificio o paraje donde trabajan. Para facilitar estas operaciones y disminuir las cargas, repartindolas entre mayor nmero de individuos, podran hacerse subdivisiones de los barrios grandes que existen en algunas villas y ciudades. Mndese tambin, bajo una multa, que todo dueo o inquilino de casa d al individuo encargado del cuartel respectivo, aviso por escrito, a ms tardar dentro de dos das, de cualquiera persona que se mudare a ella o de ella, para que pudiendo tomarse los informes necesarios, se sepa quines son los que viven en cada barrio. Un examen de esta naturaleza solamente podr ser temible a los pcaros, porque el hombre de bien, no teniendo nada que le intimide, mirar cifradas en l su conservacin y seguridad. Estas medidas debern extenderse tambin a los

PAGE 310

OBRAS 306\ 306\ 306\ 306\ 306\ campos, encargando su cumplimiento, a los hombres que por su probidad y energa inspiren al pblico confianza. Pero si nuestros esfuerzos se encaminan a exterminar la vagancia, no basta saber quines son los vagos, ni que slo nos empeemos en reformarlos o castigarlos: es menester, adems, impedir que otros caigan en ella, y tanto bien no puede lograrse sin remover las causas que existen con mengua y deshonra nuestra. Mientras no se cierren de una vez todas las casas de juego, y se corrijan los abusos de las loteras y billares, ya con medidas directas, ya con paseos, y ateneos, bibliotecas y museos: mientras no se supriman tantas festividades, que no siendo ya lo que fueron, slo sirven para corromper las costumbres y profanar la religin que las estableci: mientras no se abran caminos, se construyan casas de pobres y de hurfanos, las crceles sufran una reforma radical, y los desrdenes del foro queden desterrados: mientras la educacin pblica no se mejore, ya difundiendo hasta los campos las escuelas primarias, ya multiplicando la enseanza de las ciencias tiles: mientras no se ensanche el estrecho crculo de ocupaciones en que hoy se ve condenada a girar la poblacin cubana, y las artes envilecidas se levanten a gozar de las consideraciones a que tan dignamente son acreedoras: mientras, en fin, los males que proceden de estas causas, se quieran cohonestar con la fertilidad y abundancia del suelo y con la influencia del clima, Cuba jams podr subir al rango a que la llaman los destinos. Sus campos se cubrirn de espigas y de flores; hermosas naves arribarn a sus puertos; una sombra de gloria y de fortuna recorrer sus ciudades; pero a los ojos del observador imparcial, mi cara patria no presentar sino la triste imagen de un hombre, que envuelto en un rico manto, oculta las profundas llagas que devoran sus entraas. Mientras yo permanec en Cuba, la Memoria sobre la vagancia fue respetada; pero a los dos meses de mi salida de aquella Isla, ella sirvi de pretexto para atacar cobardemente mi persona. El hombre que tal hizo, tuvo un trgico fin, y el respeto que me impone la desgracia, me obliga a callar su nombre. Ninguno menos que l debi haberse encarnizado contra m, tomando por tema aquella Memoria, pues escribi sobre el mismo asunto, y concurri conmigo a disputar el premio ofrecido por la Sociedad Patritica. Aunque ausente, no me faltaron amigos que saliesen a mi defensa, y los cubanos que deseen recordar las cosas que han pasado en su tierra, podrn leer los dos papeles que se publicaron en el Diario de La Habana del 26 de noviembre de 1834.

PAGE 311

POLMIC POLMIC POLMIC POLMIC POLMIC A ENTRE DON RAM"N DE LA SAGRA A ENTRE DON RAM"N DE LA SAGRA A ENTRE DON RAM"N DE LA SAGRA A ENTRE DON RAM"N DE LA SAGRA A ENTRE DON RAM"N DE LA SAGRA Y DON JOS ANTONIO SACO Y DON JOS ANTONIO SACO Y DON JOS ANTONIO SACO Y DON JOS ANTONIO SACO Y DON JOS ANTONIO SACOVeintiocho aos ha que me vi envuelto en esta desagradable controversia, y de seguro, que si se hubiese dirigido al seor La Sagra como individuo particular, yo no reimprimira ahora ni un solo rengln de ella. Contrjeme entonces, no al hombre privado, sino al profesor pblico, pues que el seor Sagra lo era entonces de historia natural en el Jardn Botnico de La Habana. Todava esta consideracin no sera bastante para que yo resucitase una polmica sepultada ya en el olvido. Mis rplicas a los papeles del seor Sagra estn sembradas de reflexiones polticas y morales; contienen la discusin de varios puntos cientficos; y abundan de datos y noticias que pueden servir algn da para ilustrar la historia literaria de Cuba. He aqu el nico mvil que hoy impele mi pluma, y no la idea de renovar hostilidades con un hombre que me tendi nueve aos ha una mano de reconciliacin. Leeranse ciertas palabras y frases duras, que me duele en el alma verme forzado a reproducir; pero no me es posible borrarlas, sin alterar la esencia de mis papeles, pues el objeto que en ellos me propuse, fue probar, que en los tiempos a que aludo, el seor Sagra careca de la aptitud necesaria para desempear la ctedra que se le haba confiado. Acaso pensarn algunos, que el lenguaje por m empleado en esta controversia, fue dictado por la pasin; y para confirmarse en su juicio, tal vez dirn, que mis observaciones, cargos, o acusaciones nunca han podido ser aplicables a un hombre que ha publicado la Historia fsica poltica y natural de la isla de Cuba La imparcialidad exige, que yo haga aqu dos breves reflexiones. La primera, que mi polmica con el seor Sagra fue de 1829 a enero de 1830, y la obra de que se trata, no apareci sino muchos aos despus: de manera, que lo que el seor Sagra sea en el segundo perodo, nada prueba contra lo que hubiese sido en el primero. La segunda reflexin es, que aunque ahora me abstengo absolutamente de toda averiguacin o examen acerca de los actuales conocimientos del seor Sagra, puedo decir, que la obra que se cita, ni destru-

PAGE 312

OBRAS 308\ 308\ 308\ 308\ 308\ ye, ni debilita los asertos consignados en la polmica. Qu es, en efecto, lo que aqulla nos ofrece? Divdese en dos partes. La primera comprende, en dos tomos que pueden reducirse a uno, la historia fsica y poltica, a saber: geografa, clima, poblacin, agricultura, comercio martimo, rentas y gastos, y fuerza armada. Estos ramos son trabajos del seor Sagra. La segunda, que aunque no concluida todava, consta de nueve tomos con sus lminas, abraza la historia natural. De esta ciencia, el seor Sagra slo trabaj los mamferos habiendo sido naturalistas franceses los que escribieron todos los dems ramos, segn aparece de la misma obra, en la que se leen los nombres de Richard, Montagne, Alcyde d’Orbigny, Bibron y otros. De aqu resulta, que habiendo sido la botnica el punto fundamental de nuestra controversia, y siendo los seores Richard y Montagne, mas no el seor Sagra, los que sobre aquella ciencia escribieron en la mencionada obra, es inconcuso, que sta no puede citarse contra m para invalidar los argumentos que present. Mas, de donde naci, preguntar naturalmente el lector, de dnde naci esta reida disputa que hoy deploramos el seor Sagra y yo? Fuerza es convenir que l fue quien la provoc. El seor Sagra, a quien debo hacer la justicia de creer, que hoy no piensa como en aquellos tiempos, se present en La Habana bajo el concepto equivocado de que l era el nico hombre que saba en la isla de Cuba, y que l tambin era el nico que tena la misin de civilizar aquel pueblo. De aqu el empeo que mostr en escribir sobre todo, y en no permitir que nadie escribiese de nada. Esta conducta, como es natural, le ocasion muchos disgustos. El benemrito Varela y yo redactbamos a la sazn, en Nueva York, el Mensajero Semanal Publicamos en l, acerca de las composiciones del eminente poeta cubano D. Jos Mara Heredia, un juicio crtico del literato D. Alberto Lista, y otro de los Editores de los Ocios peridico en que se ocupaban en Londres algunos espaoles emigrados. Como en ambos juicios se celebrase a Heredia, el seor Sagra sali al frente con una censura, arrollando indistintamente a las poesas y al poeta. El Mensajero Semanal no pudo permanecer espectador pasivo de tamaa injusticia, y uno de sus dos redactores escribi entonces lo que sigue: “Desde que el seor Sagra empez su crtica sobre las poesas de Heredia, conocimos claramente el espritu que le animaba, y sospechamos que llevara su severidad hasta el punto de tocar en la injusticia; pero nunca pudimos figurarnos que lo hiciese tan abiertamente, y de un modo que nos parece poco delicado. La idea que nos da de Heredia, es la de un muchacho principiante a quien otros de igual clase tienen por poeta, y a quien el seor Sagra tiene la bondad de instruir. ‘ Esperamos tales son sus palabras, que este joven leer con gusto y aprovechamiento el artculo que en su obsequio y en el de su pas hemos escrito’ Y en el mismo

PAGE 313

JOS ANTONIO SACO /309 /309 /309 /309 /309 artculo dice: ‘Por lo relativo a los defectos, hemos manifestado ms bien la clase que el nmero procurando siempre hallar el origen en cualidades fciles de corregir, y que en este ligero resumen reduciremos a cuatro. —Primera: Poco conocimiento y uso de la lengua castellana. —Segunda: Escasa lectura y pocas ideas aun para escribir. —Tercera: Mala eleccin en los modelos que se ha propuesto imitar, y en las fuentes donde ha bebido. —Cuarta: Sumo descuido en la correccin. ”En dos palabras, esto quiere decir, que Heredia es un tonto que se ha propuesto hacer versos, pues por tal debe tenerse al que los hace con pocas ideas aun para escribir ”En dos palabras, esto quiere decir, que Heredia es un tono que censurado, sin duda no le conoce; pero aun con esta restriccin es injustsima la censura. Los amigos de Heredia sentimos no poder hacer circular en La Habana las mejores de sus poesas por razones que nadie ignora, y que nos han obligado a suprimir tres estrofas de la Oda, que pondremos a continuacin, y que esperamos no disguste tanto al seor Sagra, cuyos artculos examinaremos en otro nmero de este peridico”. Apenas lleg a manos del seor Sagra el nmero del Mensajero que contena los tres prrafos anteriores, cuando nos dispar un tiro formidable en los Anales de ciencias artes agricultura y comercio de que l era redactor. La violencia del ataque exiga una repulsa vigorosa, y con la sangre encendida, tom la pluma, y escrib al fin del Mensajero del 2 de agosto de 1829 los siguientes renglones: “Acabo de leer la Carta que D. Ramn Sagra se ha dignado publicar en La Habana en el ltimo nmero de sus Anales y aunque quisiera contestarla desde ahora, la angustia del tiempo apenas me permite escribir estos renglones. Mi compaero de redaccin viviendo tranquilo y contento en la oscuridad en que Sagra le considera, no har esfuerzos por salir de ella; as es, que separndose enteramente de toda controversia con ese ilustre Seor, se queda muy gustoso en medio de las tinieblas, aun cuando no mediase esta razn, un principio de hidalgua nos obligara siempre a tomar este partido, porque siendo dos contra uno, el combate sera muy desigual; y como de los dos, yo soy el de menos fuerzas, a m me toca la suerte, pues que Hrcules jams descarga su clava sobre adversarios tan dbiles. Sagra incapaz de entrar con ningn hombre en una lid de razn, huye cobarde de la palestra literaria que se le presenta, y ocultndose en sus emboscadas, nos acecha desde all con armas bajas, para herirnos y mancharnos. Mas, yo le cargar de recio, y desalojndole de las posiciones en que se cree invulnerable, le sacar a campo raso, y all le har sentir que no se ofende impunemente a JOS ANTONIO SACO.”

PAGE 314

OBRAS 310\ 310\ 310\ 310\ 310\ En el prximo nmero del Mensajero que fue el de 3 de octubre de 1829, reimprim, y contest la Carta que el seor Sagra se sirvi dirigirnos.CARTA A LOS EDITORES DEL MENSAJEROQUE SE PUBLICA EN NEW YORKHabana 20 de agosto de 1829. Muy seores mos: —No puedo expresar bien a ustedes cual fue mi gozo al leer su artculo contra el seor Sagra, impreso en el Mensajero nmero 45, y al considerar de qu manera le castigan el atrevimiento de haber censurado las poesas del joven Heredia. Ustedes en esta parte, fueron extremadamente cautos, pues aun cuando les tocaba como a periodistas espaoles y compatriotas y camaradas del poeta, decirnos algo de su mrito, se atuvieron ms a la opinin del seor Lista y de los editores de los Ocios que no a la suya, en lo cual no hicieron muy mal. Limitronse ustedes a transcribir los artculos de aqullos (reservando los propios para mejor ocasin), porque aunque fuesen ms amargos y severos que los del seor Sagra, no ha ocurrido a sus autores el venir a La Habana a criticar producciones indgenas; delito atroz que jams expiar suficientemente el redactor de los Anales Mas, por listos que ustedes quisieran andar, ya les haban ganado una legua de camino otros escritores afamados, o a lo menos de tanto mrito y renombre literario como ustedes. El seor Sagra a ninguno ha contestado ni contestar a ustedes probablemente, porque es corto peine para tales cabezas y su orgullo no le permite entrar en cuestiones literarias con hombres oscuros y de mala fe: ¡razn pobrsima, como ustedes conocen, y que prueba la limitacin de sus fuerzas literarias! As es que ustedes han hecho un servicio eminente en humillar la vanidad del redactor de los Anales cuyo mrito, por ms que digan algunos tres o cuatro, est limitado a copiar. Cmo era posible si no, que saliesen de una misma pluma todos los artculos a cuyo fin vemos mensualmente la fastidiosas iniciales R.S.? Copias, seores Mensajeros, plagios sin consideracin a Dios ni al mundo; en lo cual ofrece una notabilsima diferencia el peridico de ustedes, pues lo que en sus nmeros aparece de original, que no pasa de tres o cuatro artculos (de lo bueno poco) no ocurrir a nadie el reclamarlo. Dgalo si no aquel discurso repleto de sabrosa erudicin en defensa de Moratin (nmero 40), las observaciones contra Bolvar (nmero 13), bribonazo que ya no desea el bien de la isla de Cuba como en 1825, y, en fin, el fresco y palpitante contra el seor Sagra, tan digno como los otros de engrosar la til coleccin de materiales inditos que ustedes reunieron en La Habana, para ir a publicar sin trabas ni censuras a esos Estados, haciendo despus pasar sus producciones por el aire salitroso del Ocano, precaucin muy til

PAGE 315

JOS ANTONIO SACO /311 /311 /311 /311 /311 para resguardarlas de las polillas de este clima enemigo y exterminador de los libros. Otro servicio eminente que hacen ustedes a su patria, es el de ir reimprimiendo diversas Memorias, que aun cuando se expenden en las libreras de La Habana, nunca est de ms el repetirlas. Esto al fin ahorra de otras cosas y contribuye a la variedad peritorial de su peridico, pues todo no haba de llenarse de Manifiestos del Gobierno del Per y Colombia. Discursos del Presidente libertador, de proclamas, exhortaciones y de otra porcin de materiales, muy tiles, sin embargo, con que ustedes saben a veces transformar su Mensajero en un archivo de bellos trozos oratorios, frutos del talento, de la civilizacin y del patriotismo de los hroes americanos. Entre los elogios que todo buen compatricio debe tributar a ustedes, se distinguirn siempre los merecidos por la parte cientfica que ustedes redactan, en la cual sin contradiccin descuellan, y particularmente en la qumica; y por si algn enemigo de sus glorias lo dudase, denle ustedes en las narices con aquellos anuncios para hacer tintas verdes, rojas y amarillas del nmero 22, para grabar sobre los huevos, nmero 32, y otros cientos que pueden citar, y que demuestran el hermoso y escogido acopio de obras cientficas y de peridicos que ustedes consultan para enriquecer el suyo. Por efecto de este mrito intrnseco rena el Mensajero muchos suscriptores en La Habana, cuando los Anales les digo a ustedes en secreto, slo tiene 50 mal contados, incluyendo en este nmero los de todos los pueblos de la Isla, cayos e islas adyacentes. Esto prueba que los Anales son un mal peridico, pues desde el erudito y sabroso Bartolo hasta la fecha, siempre el nmero de suscriptores a los papeles pblicos fue, en La Habana, en razn directa de su mrito. En lo que ustedes me parece, no andan acertados, es en limitarse a tirar chinitas a su redactor en varios nmeros de su Mensajero (nmeros 2, 27 y 41, etc.); pues si francamente se inscribiesen en la lista de los enemigos del seor Sagra (que a fe no es corta) haran ustedes negocio con su peridico, porque slo el artculo del nmero 45, parece que haba hecho pulular los ejemplares en La Habana, pues yo no iba a parte alguna donde no hallase uno, y no fresco, sino muy estropeado como de haber sido ledo y saboreado de muchos lectores. Si a esto agregasen el poner sus nombres al pie de los artculos contra el seor Sagra, no dejara de acrecentarse la gloria literaria de ustedes en honor de su pas y obsequio de sus amigos y protectores. Al fin doy a ustedes la enhorabuena por lo que han dicho, envidiando su facilidad y destreza en escribir, para lucirla tambin con un articulito contra el seor Sagra, cuya circunstancia da ya ganada la mitad de la aprobacin del pblico para quienes ustedes escriben. Entonces su nombre se hallar en la lista ilustre de literarios adversarios de Sagra, por

PAGE 316

OBRAS 312\ 312\ 312\ 312\ 312\ haberse atrevido a… a… no lo s bien, pero al fin fue una picarda digna del ejemplar castigo que ustedes y sus camaradas le han impuesto. ¡Plegue al cielo que sepan ustedes continuar sin mengua ni menoscabo, en tan noble y patritico uso de sus talentos, los luengos aos que les desea de vida S.S.Q.B.S.M.—El Ermitao del campo de Marte.1He manchado una pgina del Mensajero con la carta inmunda que precede; pero su reimpresin es necesaria para que el pblico conozca cules son las razones con que su autor se ha servido responder a la respetuosa censura que hicimos de su injusta y ofensiva crtica sobre las poesas de Heredia. No era de esperar que un hombre que se jacta de poseer tan vastos y tan profundos conocimientos en cuantos ramos abraza la humana sabidura, sacase el cuerpo a una cuestin puramente literaria; y en vez de presentarse a defenderla con razones, salvase las barreras que deban contenerle, y sin consideracin a las personas a quienes se diriga, sin respeto al pblico que le escucha, sin decoro a su misma persona, y sin acatamiento a los nombres que invoca al frente de su papel, consignase en sus columnas, insultos y groseras, que a no verlos estampados con los tipos de la imprenta, yo creyera que haban sido el vmito de la boca ms puerca y ms hedionda. Acaso la naturaleza de estos insultos podra servirme de honrosa disculpa para condenarlos al desprecio; pero hallndome a larga distancia de mi patria; asomndose en ellos ideas con que se pretende intimidarme, y siendo vertidos por un hombre que quiere alzar su reputacin literaria sobre el descrdito y la vergenza del pas en donde habita, no es dable, no, permanecer en silencio. Mi honor ofendido y la voz de la patria que altamente clama por el desagravio de tantas injurias amontonadas sobre ella por un hombre mal agradecido, son los mviles que hoy impelen mi pluma; y si bien procurar manejarla con templanza, todava sus rasgos sern valientes, pues que se trata de castigar a un desmandado, de hacerle ver su insignificancia, y de imponer silencio a las voces desentonadas con que a Cuba desacredita en pases extranjeros. Confieso francamente que jams he caminado por una senda tan fangosa como la que hoy se me presenta; pero siendo la nica que me queda abierta para buscar a mi adversario, me es forzoso recorrerla hasta encontrarme con l. Su Carta ser el texto de mis razones; su anlisis, los medios de mi defensa; y las consecuencias que sacar, el azote terrible con que lo he de escarmentar. 1As sola firmarse el seor La Sagra, porque viva en el Jardn Botnico, establecimiento que entonces estaba situado frente al campo de Marte.

PAGE 317

JOS ANTONIO SACO /313 /313 /313 /313 /313 “No puedo bien expresar a ustedes [as empieza la Carta] cual fue mi gozo al leer su artculo contra el seor Sagra, impreso en el Mensajero nmero 45, y al considerar de qu manera le castigan el atrevimiento de haber censurado las poesas de Heredia”. Ya entiendo que el gozo de Sagra es la rabia, la desesperacin de ver su orgullo abatido ante un pblico ilustrado. Pero sea lo que fuere de sus sentimientos, direle de paso, que el castigo que se le ha dado, es el que sanciona la opinin contra todo charlatn que tiene la audacia de criticar lo que no entiende, y de aparecer con el tono imperioso de maestro ante un pueblo, donde hay hombres que pueden ensearle a dar hasta los primeros pasos en la carrera de las ciencias. Pudo este castigo haber sido ms severo; pero llevados de un espritu de lenidad, nos contentamos solamente con hacer una indicacin razonada de sus errores, sin detenernos a darles los sombros coloridos con que pudimos haberlos presentado. “Ustedes [contina Sagra] en esta parte fueron demasiados cautos, pues aun cuando les tocaba como a periodistas espaoles y compatriotas, y camaradas del poeta, decirnos algo de su mrito…”. Sagra, sin duda, a pesar de haber sido editor de un papel en Madrid, en tiempo de la Constitucin, y de serlo hoy de los Anales en la isla de Cuba, todava ignora cules son la naturaleza y los lmites de un peridico, y cules, los deberes de un redactor. Quin le ha dicho, que porque seamos periodistas espaoles, y compatriotas, y camaradas del poeta, ya estamos en la obligacin de criticar sus poesas? El Mensajero no es un papel cientfico ni literario. Ni los materiales de que se compone, ni el corto perodo en que se publica, ni el nmero de sus pginas, pueden inducir a nadie a bautizarle con tales nombres. El Mensajero no es otra cosa que una gaceta destinada a dar noticia de los acontecimientos polticos, y a hacer ms variada su lectura, si las circunstancias lo permiten, con los progresos ms notables de algunas artes y ciencias, o con algunos artculos de til aplicacin a la isla de Cuba, o finalmente con los chistes y agudezas del ingenio. Esto es el Mensajero Para entrar en el anlisis de obras literarias como las de Heredia, u otras de distinta naturaleza, existen varias clases de peridicos que siendo ya mensuales, ya trimestrales, tienen campo y oportunidad para hacer una crtica juiciosa e instructiva. Aun semejantes periodistas, sean de la nacin que fueren, no estn obligados, como pretende Sagra, a ocupar sus plumas en el examen de todas las obras de sus compatriotas. Su deber es presentar al pblico artculos interesantes sobre el mrito de las que ellos consideran, o ms al alcance de sus conocimientos, o ms tiles al pblico, o ms conforme al gusto de sus lectores; y si bien es laudable que den la preferencia a los libros nacionales, todava esto no los pone en la precisa necesidad de hacerlo

PAGE 318

OBRAS 314\ 314\ 314\ 314\ 314\ con todos, porque las afecciones privadas que existan entre los autores y los editores, las consideraciones polticas que quiere constituirlos el redactor de los Anales branse sino, los numerosos volmenes de la Revista de Edimburgo de la Revista Trimestre de Londres de la Revista Trimestre Extranjera y de los peridicos de la Gran Bretaa que son, sin disputa, los primeros del orbe, y dganme despus cuntas son las obras de bretones ilustres cuyos nombres no aparecen todava en aquellas brillantes pginas. Y porque as sea, ha soado alguno acusar a sus dignos editores de mal desempeo o descuido en los deberes de su redaccin? Injusto y temerario sera el hombre que tal hiciese, porque el derecho que tiene el pblico sobre un escritor, solamente se extiende, a que cuando coja la pluma, sacrifique a la verdad todos sus afectos y relaciones pblicas o privadas; pero este derecho jams se podr convertir en la tirana de violentar las ideas y los sentimientos de un periodista, y compelerle a que escriba sobre un asunto en que l cree que debe guardar silencio. Y si esto sucede respecto de los redactores de papeles cientficos y literarios, qu no ser respecto de nosotros, cuyo peridico no pertenece a esa esfera? Que no ser cuando se sepa, que las poesas de Heredia publicadas hasta hoy, no son, por cierto, los ttulos ms gloriosos que han elevado a nuestro bardo hasta la cumbre del Parnaso? Qu no ser, cuando se sepa que l piensa publicar una coleccin completa de sus composiciones para envidia y tormento de su Crtico Analista ? Acusarnos, pues, de silencio en tales circunstancias, es uno de aquellos despropsitos que slo pueden tener cabida en el cerebro desconcertado de D. Ramn de la Sagra. Lo que s nos toca como a periodistas espaoles es salir al frente contra todo escritor que tenga la osada de disminuir las glorias de la patria; lo que s nos toca como a compatriotas del poeta es no tolerar que un hombre envidioso de su talento y de la celebridad que ya empieza a gozar en pases extranjeros, le muerda y le despedace con una crtica envenenada; lo que s nos toca como a camaradas del poeta es no permitir, que un hombre poco generoso, invocando y profanando el nombre sagrado de la amistad, escarnezca, en el suelo mismo que le vio nacer, a un joven que arrojado a lejanas tierras por una tempestad poltica, se consuela en su desgracia trasmitiendo a su familia y sus amigos las inspiraciones de su musa, y los dulces acentos de su lira. stos son los deberes que nos tocan; y stos son los que hemos sabido desempear. “Ustedes se atuvieron ms bien a la opinin del seor Lista y de los editores de los Ocios que no a la suya, en lo cual no hicieron muy mal”. Aun cuando todo lo dicho en el prrafo anterior no bastase a probar, que no estamos obligados a exponer nuestro juicio crtico sobre las poesas de Heredia, nuestro silencio nunca indicara otra cosa que

PAGE 319

JOS ANTONIO SACO /315 /315 /315 /315 /315 una moderacin considerable. Quin ha odo decir jams, o ha visto alguna cosa de la cual se infiera que nos preciamos de literatos? Sabemos muy bien lo que es saber, y lo que cuesta saber, pues no somos como Sagra, que invadiendo todas las artes y las ciencias, y el comercio y la agricultura, y cuantos conocimientos el mundo encierra, habla magistralmente de todo, desatina a rienda suelta, se pone en ridculo, el pblico se re de sus errores y tomando por aplausos, las zumbas y los silvos con que la envidia persigue el mrito de los hombres grandes, sigue impvido las reformas cientficas las reformas artsticas las reformas AGR"NOMAS, etc., etc., etc., que ha emprendido en obsequio de un pas, donde jams ha habido, y tampoco hay al presente ningn hombre que haya dado un solo paso en provecho y adelantamiento de la isla de Cuba. La opinin de Lista y la de otros literatos que han celebrado en Europa las poesas de Heredia, son hoy la causa de esta controversia, y de que Sagra est bebiendo los tragos amargos de la funesta copa que mi mano le presenta. Apenas tuviera noticia de los elogios tributados al poeta cubano, cuando ya medit el ataque, e instigado por la envidia que lo devora, cay a trompn y a bultos sobre las obras y el autor para que en ningn tiempo se dijese, que Sagra haba dejado de defender sus fueros, y que en la isla de Cuba, en ese pas de tinieblas, poda haber alguna cosa sin Sagra, o que no fuese Sagra. Todo por l, y nada sin l; ved aqu el plan de este sabio. “Limitronse ustedes a transcribir los artculos de Lista y de los Ocios reservando los suyos para mejor ocasin”. La franqueza literaria es una calidad tan caracterstica de los amantes de las ciencias, como es la social de los verdaderos hombres de bien; y por esta norma hemos siempre procurado dirigirnos. Cuando nuestras luces o nuestra posicin no han permitido hablar sobre algn asunto, lo hemos hecho francamente, sin dar a entender, con frases enfticas, o con arrogantes promesas, que todava nos quedan reflexiones que hacer, o trabajos de importancia que publicar. Tal ha sido nuestra conducta en la redaccin del Mensajero y en el curso anterior de nuestra vida. Y podr Sagra gloriarse de habernos imitado? No, por cierto. A l le ha sucedido lo que a un hombre pobre y vanidoso, que por ostentar riquezas promete grandes sumas de dinero, y cuando llega el caso de cumplir sus compromisos, se encuentra en descubierto, y desacreditado por los mismos que pens deslumbrar. Yo apelo a sus Anales que ellos no me dejarn mentir. En el nmero 1, pgina 9, publicado en julio de 1827, nos dijo, que se haba propuesto hacer en el Jardn Botnico de La Habana, una serie de ensayos cuyos resultados sirviesen de gua sobre el cultivo de la caa de azcar, llamada cinta o listada ; pero que habindosele perdido el

PAGE 320

OBRAS 316\ 316\ 316\ 316\ 316\ primer planto, suspendera el segundo hasta la buena estacin. Estamos ya en octubre de 1829, y a pesar de haber transcurrido dos aos y dos meses todava nos tiene aguardando el segundo planto que nos prometi y los resultados de sus ensayos. Pero de esto volver a hablar ms adelante. En el mismo nmero 1, pgina 21, artculo titulado: “Viaje a las cuevas de Yumur, cerca de Matanzas”, empieza as: Extracto de mis Memorias privadas .—Julio de 1821. Y quin se lo ha preguntado? A qu viene el anunciarnos que tiene memorias privadas? Estos anuncios son importantes cuando salen de la pluma de un hombre que ya por los incidentes de su vida, ya por la de aquellos con quienes est en relacin, puede descubrir verdades, o revelar misterios que interesen o agraden a los dems hombres. Pero que se nos presente con tal ropaje un ser insignificante, y todava mucho ms, en el tiempo a que se refieren sus Memorias imaginarias es una jactancia que slo queda bien castigada con la burla y el desprecio. Luego contina con 12 puntos reticentes, y cuando rompe la palabra es para hablarnos en estos trminos: “ el dibujo y la lectura no eran mis nicas ocupaciones en los molinos de tabaco: la fecundidad de la naturaleza me convidaba a su examen y la belleza de los insectos me excitaba a reconocerlos. Haca mis excursiones en su busca, con el objeto de reunir materiales para la obra que meditaba... ”. ¡Excelente prlogo para la descripcin de las cuevas de Matanzas! Lectura, dibujos, molinos de tabaco, reconocimiento de insectos, y acopio de materiales para la obra que meditaba sobre estos bichos. Mejor hubiera sido, que el tiempo que emple en amontonar estas y otras frusleras lo hubiese dedicado a hacer una buena descripcin de las cuevas, o a entretenerse en otra cosa que no hubiese dado motivo a la amarga censura que le hicieron los editores de la Revista Enciclopdica de Pars al hacer mencin del primer nmero de los Anales Oigamos lo que dicen: “La mineraloga y la geologa de Cuba son poco conocidas; pero para observar bien la una y la otra, para redactar convenientemente las observaciones, es indispensable conocer el estado de las ciencias en otros pases, su lenguaje actual, los medios de descripcin y precisin que han adquirido. Los redactores2 saben ya, sin duda, que hoy son poco curiosos unos hechos que se reproducen por todas partes por las mismas circunstancias; y as hubieran podido omitir los pormenores que dan sobre las grutas calcreas que no tienen nada notable… Es, pues, 2Los editores de la Revista Enciclopdica creyeron que los Anales tenan varios redactores, pues nunca pudieron imaginar, que un peridico que abraza las ciencias, la agricultura, el comercio y las artes, fuese obra de un hombre solo; pero yo disculpo su equivocacin, porque ellos no tienen noticia de los largos alcances de D. Ramn.

PAGE 321

JOS ANTONIO SACO /317 /317 /317 /317 /317 preciso desterrar de semejantes peridicos lo que no sea importante, o a lo menos recomendable por alguna circunstancia ”. En el nmero 2, pgina 34, artculo: “Reglas para el cultivo, la cosecha, la desecacin, y fabricacin del ail”, etc., se expresa en estos trminos: “Nada he credo ms esencial para la prosperidad futura de este pas, que el ensanchar la esfera de su agricultura e industria rural a muchos cultivos susceptibles de progresar en este clima. MIS ESCRITOS A DIVER-SAS CORPORACIONES ofrecen raciocinios sumamente concluyentes sobre las causas, etctera”. Lo primero que tengo que decir contra eso de mis escritos a diversas corporaciones es, que me da muy mala espina que no los haya publicado el seor D. Ramn, porque l es hombre que no guarda papeles. Lo segundo que debemos distinguir es, si esas corporaciones son nacionales o extranjeras. Lo tercero, que en caso de ser nacionales, todava es preciso subdistinguir, si son de la Pennsula, o de la isla de Cuba; y lo cuarto, que en caso de ser de la isla de Cuba resta que averigemos cules son. Sera al muy ilustre Ayuntamiento? Un seor Regidor que actualmente se haya en la ciudad de Nueva York, me ha asegurado que jams a odo hablar, ni menos visto semejantes Memorias en aquella corporacin. Sera al benemrito Consulado? Asserentis est probare dice un principio jurdico; y pues que el seor Sagra afirma, a l toca dar las pruebas. Sera a la respetable Sociedad Patritica? Lo niego. Sera a alguna de las corporaciones literarias, como el Colegio de San Carlos, o la Universidad de San Gernimo? Sera al protomedicato? Sera…? No fue a nadie; y todo lo que hubo fue un necio empeo de deslumbrar a hombres que ya conocen al autor de los tales escritos Refiriendo el caso de la precoz y extraordinaria pubertad de una negrita de La Habana perteneciente al seor D. Carlos Pedroso, se expresa nuestro Analista del modo siguiente: “Estas ligeras observaciones son parte de un trabajo que hace tiempo que me ocupa sobre la influencia de la esclavitud en la constitucin, el carcter y las pasiones del pueblo africano ”. Me hace Sagra el favor de decirme, qu inters tiene el pblico en saber si sus ligeras observaciones son parte de una gaceta, de un libro o de una Memoria que le ocupa desde mucho tiempo? Lo que al pblico interesa, es la publicacin de ella para juzgar de su mrito; pero no venirle con citas impertinentes, y referencias inmodestas de trabajos personales. Pasados son ms de dos aos desde que pic nuestra curiosidad con la noticia de esa Memoria, por qu, pues, no la ha dado a luz? Si algn da la publica, yo me comprometo desde ahora a demostrar todos los errores que necesariamente ha de contener. En el mismo nmero 2, pgina 58, hay un anuncio que dice as: “Memorias para servir de introduccin a la Horticultura cubana. Dedica-

PAGE 322

OBRAS 318\ 318\ 318\ 318\ 318\ das a la sociedad horticultural de New-York, por D. Ramn de la Sagra Memoria primera sobre el clima de la isla de Cuba”. Este anuncio se public en agosto de 1827, y la Memoria primera fue impresa en esta ciudad en julio del mismo ao. Pero de entonces ac todava no le hemos visto la cara a ninguna de las otras, y a la verdad, que no ha sido en esto muy escrupuloso el seor D. Ramn, porque habindolas dedicado a una Corporacin extranjera, estaba en el caso de hacer un esfuerzo, y publicar siquiera dos o tres ms, o por lo menos una, pues sta, reunida a la del clima, ya formaran dos, y dos en buena aritmtica es un plural muy redondo; de suerte que de este modo hubiera salido de apuro, y podido decir con verdad: Memorias dedicadas a la sociedad horticultural de New-York por D. Ramn de la Sagra Si ocurrir a mis lectores lo que a m? Ocrreme, que nuestro botnico horticultor ha hecho un descubrimiento que no dejarn de agradecer todos los que como l aspiran a ganarse el renombre de sabios con varias ofertas y promesas. Hasta ahora habamos visto, que las obras y toda especie de escritos literarios solamente se dedicaban, cuando estaban ya concluidos; pero presentar a una sociedad, y sociedad extranjera, en muestra de gratitud no las primicias del fruto de investigaciones sino Memorias imaginarias que al cabo de tanto tiempo an estn por escribirse, es, por cierto, uno de aquellos rasgos de cortesa y delicadeza que por siempre inmortalizarn el nombre de nuestro autor. Pero seamos ms indulgentes: l no tiene la culpa, sino el pblico habanero, que ni conoce sus intereses, ni sabe recompensar el mrito. Pues Sagra bien claro lo dijo en aquellas palabras de la pgina 59: “Como estas Memorias tienen por nico objeto a la isla de Cuba, yo espero que excitarn el inters de sus habitantes, en cuyo caso la publicacin ser tan regular y uniforme como la de los Anales de ciencias, agricultura, comercio y artes que he tomado a mi cargo” Y bien, seores habitantes de la isla de Cuba, dnde est el inters que ustedes han tomado? Ni caso siquiera le hicieron a la primera Memoria, pues, a pesar de haberse anunciado en todos los peridicos, con letras maysculas, y creo que aun por varios meses consecutivos, s por confesin de su mismo autor que no se le vendi ni un solo ejemplar. Acurdome de que me dijo un da con un tono muy lastimoso, que no era eso lo que ms senta, sino el haber perdido el dinero de la impresin, pues los impresores le haban apretado la mano, y que, tal vez por falta de fondos, no podra continuar una obra tan til a la isla de Cuba. Disculpndose nuestro autor en el nmero 3 de unos desatinos que sobre economa poltica dijo en el nmero 2 de los Anales estamp en la pgina 73 un prrafo que por s solo es bastante para pintar su carcter, y dar una idea completa de su orgullo y presuncin. Dice as:

PAGE 323

JOS ANTONIO SACO /319 /319 /319 /319 /319 “Yo me he ocupado de investigaciones muy profundas sobre los fundamentos de su existencia [de la industria cubana], para que mi imaginacin pueda presentrmela expuesta a ruina por la accin de tan dbiles agentes: yo he obtenido resultados demasiados halageos en el da, para hacerla depender de tan pequeas causas; y permtaseme decir, que el conocimiento positivo de las bases de la agricultura de este pas y de la preponderancia que alcanzar bajo una sabia direccin, ha despertado en mi alma ideas tan nobles y elevadas, que no podan dar entrada a temores tan mezquinos, a causas de paralizacin tan insignificantes”. ¡Excelente!, ¡excelente! Jams sabio ni estadista ha hablado en tono ms decisivo; pero ya que yo he permitido al ser D. Ramn explicarse en esos trminos, permtame ahora que le pregunte: Cules son, y dnde estn esas muy profundas investigaciones, en que se ha ocupado desde tiempos anteriores? Cules fueron esos resultados demasiados halageos que obtuvo desde septiembre de 1827, y cules los motivos que ha tenido para no presentarlos al pblico? Cul, en fin, es el conocimiento positivo que tiene de las bases de la industria cubana, cuando absolutamente no conoce la isla de Cuba, ni menos su agricultura, pues aun ignora las operaciones ms sencillas de ella? Que esto es as, yo lo demostrar en el progreso de este artculo. En el estudio que yo (as habla en el nmero 3, pgina 64, artculo: “Importancia del estudio de las gomas y resinas de la isla de Cuba”) he emprendido de las plantas cubanas, la carencia absoluta de anlisis qumicos hechos en el pas sobre los principios inmediatos recientemente obtenidos me ha precisado a dejar la historia de cada vegetal sin concluir, puesto que se ignora una parte tan esencial, cual es la composicin qumica de los tales principios”. Yo ruego al seor Sagra que me diga las causas que le impulsaron a darnos el aviso de que se haba visto precisado a dejar la historia de cada vegetal sin concluir, cuando nadie se lo pregunt, nadie le pidi la tal historia, ni nadie sino l, hablando de gomas y resinas, nos hubiera aturdido con esa campanada. Pero yo quiero todava irle al cuerpo un poco ms, y aun suponiendo que realmente hubiese trabajado la tal historia de cada vegetal, la razn que da para haberla dejado sin concluir, es falsa y absurda. Falsa y absurda, porque la carencia absoluta de anlisis qumicos hechos en el pas sobre los principios inmediatos recientemente obtenido de los vegetales, no puede servir de disculpa, puesto que conocidos esos principios en Europa, y consignados en las obras cientficas, Sagra pudo haber hecho uso de ellos, sin que se lo impidiese el que los tales principios hubiesen sido descubiertos por un anlisis practicado en la China o en la Francia. Falsa y absurda, porque aunque esta circunstancia pudiese haber tenido algn influjo, tan slo se limitara a los vegetales en que se han descubierto los tales princi-

PAGE 324

OBRAS 320\ 320\ 320\ 320\ 320\ pios, quedando siempre a nuestro autor un campo inmenso donde continuar sus trabajos. Falsa y absurda, porque aun por un trastorno de las leyes de la naturaleza, esos principios inmediatos recientemente obtenidos, entrasen en la composicin de todos los vegetales, su nmero, a la fecha en que Sagra habl, era tan corto en comparacin de los ya conocidos y analizados, que bien pudo haber hecho un trabajo importante, aun omitiendo los nuevos. Es, finalmente, falsa y absurda, porque siendo Sagra catedrtico de botnica-agrcola, su deber es, hacer la descripcin de las plantas, y manifestar y sealar el modo ms conveniente de cultivarlas; y cuando a estos objetos hubiese dirigido todos sus esfuerzos, y dado pruebas de sus conocimientos en ellos, ya entonces se le podra permitir que entrase en la esfera de la qumica, y que en algunos casos se valiese de las luces de esta ciencia para dar ms exactitud a su decantada historia vegetal. En el mismo artculo sobre gomas y resinas se encuentra en la pgina 65 otra fanfarronada literaria que tambin quiero castigar. Es como sigue: “Para reunir algo tambin en este gnero ruego encarecidamente a los habitantes del campo, que me remitan porciones de toda goma, resina o sustancia semejante que hallasen adherida a los rboles del pas expresndome en una nota, el nombre vulgar de la planta, la clase del terreno en que vegeta y la poca del ao en que han recogido la goma o resina…”. El cartel de desafo es muy gracioso, y propio slo de la pluma de D. Ramn. El hombre que est posedo de las ciencias y entusiasmado por ellas, jams solicita de un modo tan vago los objetos con que quiere satisfacer sus deseos, y si por s no puede conseguirlos, se vale de sus amigos o de otras personas determinadas, sin atenerse a lo que pueda hacer la generalidad de un pueblo, pues ste, sea el que fuere, no siente un inters directo en adelantos o descubrimientos cientficos, cuya utilidad no percibe. Esta reflexin obra todava con ms fuerza en las presentes circunstancias; porque cuando Sagra escribi su cartel, ya haba dicho muchas veces, que en la isla de Cuba no haba gusto por las ciencias, que reinaba una desaplicacin general, y que l tena que sufrir mil angustias y persecuciones, tan slo porque quera hacernos el bien de ilustrarnos. Y con tal certeza, no era intil que hubiese publicado aquella invitacin? Si en su concepto no poda producir efecto alguno, aun entre los habitantes de las ciudades, qu no sera con respecto a los del campo? Pero yo quiero cambiar todas estas circunstancias, y suponer que hubiesen sido las ms favorables a nuestro investigador. Todava en medio de ellas, fue muy ridcula la invitacin: porque los Anales en que se hizo, apenas tendran entonces en La Habana de 40 a 50 suscriptores, 12 por junto en Matanzas, y pare usted de contar. Siendo esto as, cmo quera Sagra que los habitantes del campo le llevasen

PAGE 325

JOS ANTONIO SACO /321 /321 /321 /321 /321 goma y resina, cuando nicamente se las peda por el rgano de su desacreditado peridico, que ni lean entonces, ni leen ahora, aun los mismos vecinos de los pueblos y ciudades? Infirese, pues, como clara consecuencia, que nada dist tanto de las ideas del seor D. Ramn, como el ocuparse en el examen de esas producciones vegetales, y que si las cacare en sus Anales fue para aparecer, por una parte, como hombre investigador a los ojos de pases extranjeros donde tiene buen cuidado de enviarlos, y para decir, por otra, que el pblico no le ayuda en las tareas que consagra a la utilidad de la patria. En el nmero 4, artculo: “Ideas sueltas sobre la utilidad que resultara de poseer una historia fsica, poltica e industrial de la isla de Cuba”, habla de este modo en la pgina 111: “Las obras pblicas que deben verificarse en la isla de Cuba para dar ensanche a su agricultura e industria [aqu hay una nota que pondr al fin del perodo], facilitando el transporte y las conducciones, requieren como preliminares las noticias locales que an no se han reunido”. Sigue ahora la nota: “Esta clase de obras lo mismo que la indicacin de los medios de hacer progresar la agricultura cubana, sern objeto de una Memoria particular”. Esto lo dijo Sagra en octubre de 1827; y aunque las obras que se anuncian son urgentsimas y de importancia vital, y aunque la Sociedad Patritica ha propuesto programas sobre ellas, ofreciendo medallas de honor y premios pecuniarios, todos estos estmulos no han sido suficientes para que Sagra desembuche su Memoria. Se quieren todava ms pruebas de la imputacin que le he hecho? Las dar. En el nmero 5, artculo: “Observaciones sobre los progresos de Matanzas”, pgina 142, aparece una nota en que hablando su autor de los efectos morales de una poblacin grande, concluye as: “Ideas de una Memoria indita que he escrito en 1821”. Y por qu no la ha publicado? Qu tenemos que ver con que la hubiese escrito en 1821 o en 1801? Pero reformo en cuanto a esta ltima parte, porque a m s me interesa saber en qu poca se escribi, pues habiendo sido en la de la Constitucin, yo s que Sagra tiene particular empeo en ocultar ciertos papeluchos que public por aquellos tiempos; y de que es as, le dar una prueba muy satisfactoria un poco ms adelante. Amigo Sagra, lleg el caso en que yo le diga a usted, que el vivo se cay muerto y el muerto arranc a correr. En la pgina 153 del mismo nmero y artculo citados concluye nuestro Analista con estas graves y autoriles sentencias: “Al proponerme escribir una ligera noticia sobre la prosperidad de Matanzas, tena a la vista muy pocos datos; y esta escasez me precis a recurrir a los archivos y a la misma ciudad, por otros muchos necesarios al plan que haba yo formado. Poco a poco se fue ste extendiendo, a proporcin que reuna mayor copia de materiales, y pasando de clculo

PAGE 326

OBRAS 322\ 322\ 322\ 322\ 322\ en clculo y de consideracin en consideracin, el inters de la materia y el deseo de deducir consecuencias halageas sobre la prosperidad creciente de un pueblo nuevo, transformaron mi artculo en una obrita sobre la riqueza, poblacin, estado de la industria y el comercio, producciones naturales, etc., de la jurisdiccin de Matanzas, demasiado extensa para los lmites de un peridico, y demasiado vasta para ser publicada de repente. Hube, pues, de limitarme a entresacar de todos los materiales, aquello puramente esencial para exponer los adelantos de esta comarca en los ltimos aos; y as notarn los que lean este artculo con detencin, que ms parece un extracto de otro trabajo ms extenso, que no una simple noticia anticipada ”. Lo que han notado todos los que han ledo ese artculo, es, que vous tes un ... dejo al lector que concluya el perodo. En el nmero 18, pgina 173 nos dice, que sabios muy distinguidos de Europa le han excitado a repetir en Cuba las experiencias que han inmortalizado a Haller, Ingenhouz y Teodoro Saussure, as en los vegetales dicotiledones, como en la tribu poco conocida de los monocotiledones, que comprende las palmas, los pltanos, los magueyes y otro gran nmero de plantas. “Pero as contina, como la expansin de estas observaciones sea demasiado extensa y abstracta, LA DEJAR PARA DIVER-SAS MEMORIAS PARTICULARES” Esto lo prometi Sagra algn tiempo ha; pero no ha podido dar cumplimiento por estar muy atareado con la historia de la Isla que trae entre manos. Yo, sin embargo, le suplico, que haga un huequecito para trabajar siquiera y dar a luz la Memoria de los pltanos, pues tengo un conuquito en tierra dentro, y quiero envirsela a mi mayoral, para que aprenda a sembrar cientficamente esa planta monocotiledn En el nmero 23, pgina 311, se public un extracto del informe sobre proyecto de reforma de la escuela nutica de Regla, presentado al Consulado de La Habana por el seor Sndico don Jos Pizarro. Pudo este seor hablar sobre educacin, y dejar Sagra de meter su cucharada? Imposible; por eso nos dijo en un prologuito que hizo: “Ofrecemos ocuparnos de este asunto importantsimo en lo sucesivo ”. El ofrecimiento fue en mayo; el asunto es importantsimo ; estamos ya en octubre; y todava, buenas noches. Aqu debo advertir a Sagra, que el nmero 23 del Mensajero contiene un discurso sobre instruccin pblica ; y yo le incito y le provoco a que, por lo menos, haga la crtica de aquel artculo, pues el campo es vasto, y el asunto digno de discutirse. Tales son los fundamentos en que me apoy para afirmar sin embozo que Sagra es un pedante y un charlatn. No hubiera sido tan rpida la lectura de sus Anales yo habra encontrado sin duda nuevas pruebas de mi asercin en ese mismo peridico. Rstame ahora llamar la atencin del pblico, y suplicarle se digne de comparar la marcha seguida en la

PAGE 327

JOS ANTONIO SACO /323 /323 /323 /323 /323 redaccin del Mensajero con la de los Anales No se encontrarn, no, en aquel peridico, ni vanas promesas, ni memorias secretas, ni obras inditas, ni elogios personales, ni palabras ofensivas a clases ni individuos. Una sola es la oferta hecha en el Mensajero cuyo cumplimiento an no se ha realizado; pero estando unida a una cuestin poltica muy delicada para la isla de Cuba, tuve por conveniente dejarla pasar por alto. Dir mi adversario, que yo tambin ofrec imprimir una obra de qumica, y que no lo he hecho, y qu importa que lo diga? Hay algo de comn entre un charlatn incansable, que siempre est prometiendo y faltando, y un escritor que ofrece publicar alguna obra ya preparada para la prensa, y que por una desgracia inevitable ve frustrados sus deseos? Juzgad, vosotros, cubanos: vosotros me conocis: y satisfecho con este sentimiento, despreciar los aullidos de ese hombre desesperado. Sagra prosigue en su Carta: “Porque aunque fuesen los artculos de Lista y de los Ocios ms amargos y severos que los del seor Sagra…”. ¡Ms amargos y severos! sta s que es osada. Los artculos de Lista y de los Ocios estn concebidos con aquel candor e imparcialidad que caracteriza a los literatos: expresados con un lenguaje respetuoso y moderado; colman de elogio al poeta; le animan para que contine en la senda del Parnaso; y si alguna vez censuran sus defectos, es con tanta dulzura y delicadeza, que ni el poeta ni el lector pueden darse por ofendidos. Dnde se encuentran en esos artculos, aquellas clusulas insolentes que Sagra estamp en el nmero 21, y en las que despus de ultrajar al poeta, toma el aire soberbio de maestro, y nos dice: “esperamos que este joven leer con gusto y aprovechamiento el artculo que en su obsequio y en el de su pas hemos escrito?” Que Lista censure a Heredia, que le instruya y le corrija, Lista es un literato; pero que usurpe estos derechos un atrevido pedante, he aqu lo que es insufrible. “No ha ocurrido, as prosigue, no ha ocurrido a sus autores [a Lista y a los editores de los Ocios ] el venir a La Habana a criticar producciones indgenas”. No es el lugar donde se ha hecho la crtica, sino la injusticia, el veneno de ella, y los insultos contra el pas, lo que nos oblig a coger la pluma. Sagra se presenta aqu enmascarado, haciendo una llamada falsa a los sentimientos nacionales, o mejor dicho, provinciales; y como el tono enftico que remeda, quiere aparecer como vctima perseguida por la envidia americana. No, seor D. Ramn. En La Habana, en la isla de Cuba no existe esa vil pasin: all se aprecia el mrito literario, se premian los desvelos de los profesores, y se agradecen los servicios hechos en obsequio de la ilustracin. Yo me complazco en este momento de repetir el nombre del seor D. Justo Vlez, director ahora, y antes catedrtico de derecho y de economa poltica en el Colegio de San Carlos de La Habana, el D. Pedro Abad Villa-Real, catedrtico de matemticas

PAGE 328

OBRAS 324\ 324\ 324\ 324\ 324\ en el mismo colegio, el del doctor D. Francisco Alonso y Fernndez, catedrtico de anatoma en el Real Hospital de San Ambrosio, y el de D. Juan Bautista Vermay, director de la Academia de Dibujo. Ninguno de stos ha nacido en la isla de Cuba; mas, todos, sin embargo, son apreciados del pblico, queridos y venerados de sus discpulos, y ni a los principios, ni a los fines, ni en ningn tiempo de su carrera, jams se han visto asaltados por el monstruo de la envidia. Cul es, pues, la causa de tan notable diferencia? Esto tan slo, que stos son hombres de mrito, y entienden lo que ensean; mientras que Sagra se halla en una posicin enteramente contraria. “Mas por listos que ustedes quisieron andar, ya les haban ganado una legua de camino otros escritores afamados, o a lo menos de tanto mrito y renombre literario como ustedes”. Yo supe que otros escritores haban ganado esa legua de camino, y confieso que lo sent, porque nuestro plan era dejar al crtico que desatinase para asentarle despus la mano; pero al fin se hizo, y el Mensajero perdi cuatro o seis pginas de materiales. El seor D. Ramn me permitir, que yo le devuelva atentamente el cumplimiento que nos hace, porque hablar de mrito y renombre literario, cuando l est de por medio, sera en nosotros una falta de respeto y aun de punible arrogancia. Hombre de mrito y de renombre literario ninguno en la isla de Cuba sino el SABIO D. Ramn; y por si alguno lo dudare, all van los comprobantes sacados de sus mismos Anales ; y de algunos papeluchos sueltos. 1 Es botnico ; y basta decir que es catedrtico nominal.32 Es gelogo ; y basta decir que tambin es catedrtico nominal de esta ciencia. 3 Es mineralogista por la misma razn anterior. 4 Es zologo por el mismo ttulo; pero en el ramo que ms sobresale es en el de los insectos, pues, desde 1821, ya meditaba una obra sobre ellos, segn se comprueba de los Anales nmero 1, pgina 21. Tambin quiso reconocer en deseo las larvas que vomit a principios de este ao de 1829 un negro de Puerto Prncipe; pero estaba tan lejos, que no pudo hacerlo (nmero 22, pgina 305). 5 Es metalrgico Trasladado a sus descripciones y ensayos docimsticos sobre los metales de una mina de Villa Clara, publicados en el nmero 11, pgina 324 y siguientes. 6 Es qumico Vase su anlisis sobre el carbn de piedra de Guanabo, en el nmero 11, pgina 331. Debo advertir que este anlisis se hizo con muchsimo escrpulo, pues el qumico nos dice en la pgina 336, que “durante cuatro das repas la mezcla veinte veces”. Esto se 3Llmole nominal porque como no tiene discpulos, es catedrtico slo en el nombre.

PAGE 329

JOS ANTONIO SACO /325 /325 /325 /325 /325 llama estar desconfiado. Ha analizado las tierras roja y negra del partido de Guara (nmero 13, pgina 5); y ha hecho muchas reformas importantes sobre la fabricacin del azcar. 7 Es fisilogo As aparece de las observaciones que public en el nmero 2 sobre la negrita del seor Pedroso; y como no se puede ser fisilogo sin saber de anatoma, se infiere que es 8 Anatmico 9 Es insigne meteorologista Comprubase con las observaciones que mensualmente publica, y sobre todo con su gran Memoria sobre el clima de la isla de Cuba, ayudndose, como Dios le dio a entender, de la que public Moreau de Jonns sobre el clima de las Antillas francesas. 10 Es agricultor ; y en este ramo puede decir que es el non plus ultra ; y por si acaso lo dudare algn envidioso, basta decirle, que es catedrtico de botnica agrcola; que tiene por oyentes de sus lecciones a los rboles del jardn; y que es el padre y fundador de las reformas agrnomas en la isla de Cuba. 11 Es astrnomo Papel publicado sobre los cometas en el Diario de la Habana en 1825; y aunque se lament de la falta de instrumentos para hacer varias observaciones sobre el que haba aparecido en el horizonte cubano, el joven ilustre, mi condiscpulo y buen amigo D. Jos de la Luz Caballero, le dijo en un papel que public en el mismo Diario y en que le dio una buena fraterna, que no carecera de ellos, pues hallara a su disposicin cuantos necesitase en la oficina de aquel peridico; mas, el seor Astrnomo tom el prudente partido de no pasar en algunos meses ni aun por la calle de aquella imprenta. Pero nadie puede ser astrnomo sin ser matemtico; luego por consecuencia necesaria, nuestro hombre tambin es 12 Matemtico 13 Es ecnomo-poltico branse por donde quiera los Anales y se vern deslucidos los trabajos de Smith, Say, y de cuantos hayan escrito, o puedan escribir en la materia. 14 Es poltico Aqu me hace falta para probarlo la coleccin del Conservador publicado en Madrid en la poca constitucional ao de 1820, por el seor D. Ramn Sagra. Entonces este personaje era liberal de echar chispas; pero hoy, con la madurez de los aos ha sabido templar el ardor y fogosidad de su juventud. 15 Es comerciante ; pero no de especulaciones de lleva y trae, sino de aquellas que poseen la ciencia por principios y que tratan de hacer reformas. 16 Es historiador pues est trabajando la historia de la isla de Cuba. 17 Es literato Dganlo si no varias poesas con que nos ha regalado; y aun sin necesidad de ellas, el juicio crtico de las de Heredia, sera bastante para asegurarle en la posteridad ese ttulo glorioso.

PAGE 330

OBRAS 326\ 326\ 326\ 326\ 326\ 18 Es anticuario Convnzase el que quiera, leyendo en el nmero 2 las observaciones arqueolgicas que hizo, cuando en 1828 se erigi en La Habana un monumento, en conmemoracin de la primera misa que all se celebr. 19 Es arquitecto Tales son sus palabras, hablando en el nmero 2 sobre este monumento. “Pudiera extender ms estas observaciones; pero opino sean suficientes para el objeto que me he propuesto, reducido a manifestar los principios artsticos que deben regir en la obra que se proyecta ”. 20 Es dibujante As nos lo dice en aquellas palabras del nmero 1, al darnos la famosa descripcin de las cuevas de Yumur. “La lectura y el dibujo no eran mis nicas ocupaciones en los molinos de tabaco”. 21 Es filsofo trascendental porque a principios de 1821 public en La Habana un trabajo muy interesante dedicado a la juventud habanera, en el cual expona una nueva clasificacin de los conocimientos humanos como fruto precioso de sus desvelos y meditaciones. Pero los muchachos del Colegio de San Carlos que no las tienen todas consigo, muy pronto descubrieron que el tal presente que les haca don Ramn, era el sistema del alemn Kant ; y aun no par aqu el negocio, sino que el demonio de los muchachos yo no s cmo husmearon que el tal papel haba sido publicado en cuerpo y alma en la Crnica cientfica y literaria de Madrid all por los aos 1818 o 19. El joven ilustrado don Cayetano Sanfeliu, cuya temprana muerte lloramos todava sus condiscpulos, fue el alumno de la clase de filosofa que sali a dar las gracias al generoso Sagra, por el honroso presente que hizo a la juventud; y quien quiera satisfacerse de que sta no fue ingrata, puede consultar los Noticiosos de La Habana publicados en aquella poca. En fin, para que nada falte a nuestro sabio, es hombre que tiene tambin: 22 Memorias privadas y secretas ; y no como quiera en tomos pequeos, sino en folio sta no es una suposicin ma; l mismo lo ha dicho en la pgina 20 del nmero 1. Oigamos sus palabras: “Me domina el fastidio, efecto siempre en m de las intrigas humanas y de los tiros alevosos de la envidia, abro en tal caso mi legajo en folio de memorias secretas, etc”. Debo advertir al lector, que aunque vea de bastardilla la palabra en folio es porque as est en el original, y yo no he querido hacer alteracin para no desvirtuar el texto. Y dnde y cundo, es natural preguntar, dnde y cundo adquiri el seor don Ramn tanta sabidura? Eso a m no me toca averiguarlo; lo que s s decir es, que desde sus primeros pasos en la carrera literaria, dio claros indicios de lo que haba de ser algn da. Corre en La Habana cierto rumor, sin que yo tome sobre m la responsabilidad de afirmarlo, de que apenas se hubiera presentado a exmenes en la universidad de

PAGE 331

JOS ANTONIO SACO /327 /327 /327 /327 /327 Alcal de Henares, cuando dicen que aquella ilustre corporacin ya premiara el talento de Sagra con la distincin honorfica de las calabazas ; y si esto fue as, vase como a veces la ms leve circunstancia decide de la suerte de los individuos, pues desde entonces hubo de quedar nuestro joven tan aficionado a la botnica, que no presentndole ya la Europa nada nuevo que descubrir en el reino vegetal, tom al fin, instigado del amor de la ciencia, la noble resolucin de surcar el Ocano y de venir a buscar aquende los mares un nuevo teatro ms vasto y ms esplndido. “El seor Sagra, as contina la Carta, a ninguno ha contestado, ni contestar a ustedes probablemente, porque es corto peine para tales cabezas”. Concedido, pues la razn es verdadera; debo s advertir, que el tal peine tiene los dientes tan cortos que apenas se le distinguen. “Y porque su orgullo [palabras de Sagra], y porque su orgullo no le permite entrar en cuestiones literarias con hombres oscuros y de mala fe”. ste, a la verdad, es un argumento muy fuerte para rebatir cuantas observaciones se hicieron contra la crtica de Sagra; pero si su orgullo no le permite entrar en cuestiones literarias con hombres oscuros y de mala fe, por qu dijo al principio del perodo que no contestara probablemente ? Probabilidad supone incertidumbre; las medidas que toma el hombre instigado del orgullo que en tales casos es el honor deben ser firmes y decisivas; y asegurarnos Sagra, que su orgullo o que su honor no le permiten entrar en cuestiones con hombres oscuros y de mala fe, cuando nos dice en el rengln anterior que probablemente no contestar, es dar la prueba ms convincente de que ni entiende el significado de esas palabras ni menos siente las nobles inspiraciones del principio que invoca, del honor “Hombres oscuros y de mala fe”, as nos llama Sagra. No quiera Dios que yo revuelva jams las cenizas de ningn mortal: duerman, s, duerman los progenitores ilustres de Sagra, duerman en paz el sueo eterno de la muerte, que mientras l perturba el reposo de los mos, yo no quiero dar a los hombres el vergonzoso espectculo de aparecer ante ellos manchado con ese crimen. Yo no s ms de mi linaje, sino que nac en la isla de Cuba en la villa de Bayamo, que mi padre fue un abogado hombre de bien, y mi madre una mujer honrada; y cuando ambos bajaron al sepulcro, principios de honor, mximas de virtud fueron los ttulos de nobleza que me legaron; pero ttulos que he procurado conservar limpios y sin mancilla, pues en la tormenta o en la calma, en el oriente o en el ocaso, siempre, siempre he sido el mismo. Hombres oscuros y de mala fe, as nos dice Sagra: y quin lo dice? Lo dice un hombre que desconocido en la Pennsula, sin talentos para abrirse una carrera de gloria, y ocupar uno de los puestos honrosos que la patria adjudica al mrito, apela a los medios indecentes de la humillacin y la bajeza. Recuerde Sagra, recuerde para su vergenza y confusin, los das y las noches que en la villa de Madrid se anduvo

PAGE 332

OBRAS 328\ 328\ 328\ 328\ 328\ arrastrando a los pies de uno de esos hombres a quienes hoy llama oscuros, para que interponiendo los respetos de su amistad con el seor Quintana que se hallaba entonces a la cabeza de la direccin general de estudios, ste le diese una colocacin literaria para la isla de Cuba: recuerde la vergonzosa escena que represent, cuando desengaado de que ese mismo hombre oscuro no acceda a sus ruegos, tom la resolucin de sorprender a Quintana, dicindole, que el hombre oscuro le enviaba a hablar con l, y despus de haber dado este paso humillante, volvi a la casa del hombre oscuro a contarle lo que acababa de hacer. Fuerte, poderoso, ilustre era entonces ese hombre a los ojos de su humilde pretendiente; pero hoy, que cado del alto asiento que ocupaba, envuelto en un torbellino poltico, y arrojado a playas extranjeras, sufre con honor y resignacin los duros golpes de la inconstante suerte, hoy, ese mismo hombre no es ya para Sagra sino un ser oscuro y despreciable.4“As es, sigue la Carta, que ustedes han hecho un servicio eminente en humillar la vanidad del redactor de los Anales” Concedido en todas sus partes, debiendo solamente advertirle, que cuando lea el presente nmero lo dir con ms verdad. ”Cuyo mrito [el de Sagra] por ms que digan algunos tres o cuatro, est limitado a copiar”. Concedido tambin en todas sus partes. “Cmo era posible si no, dice Sagra, que saliesen de una misma pluma todos los artculos a cuyo fin vemos mensualmente las fastidiosas iniciales, R.S.?” Sobre esto, quiero hacer unas breves observaciones. Sea la primera, que el seor D. Ramn se equivoca, si cree que sus Anales contienen muchos artculos originales. Le digo de buena fe, que hojeo mensualmente muchos peridicos cientficos, y que en ninguno de ellos encuentro tanta escasez de caudal propio como en los famosos Anales ; pero no es esto lo peor, sino que la escasez se va aumentando cada da, de manera que me he llegado a creer, que a causa de tantas tareas y desvelos se le est secando el cerebro. Cmo era dable si no, que en el nmero del mes de agosto, que es el ltimo que ha llegado a mis manos, y en el que 4Este hombre era el virtuossimo, el santo sacerdote, el benemrito D. Flix Varela, quien en la poca de las escenas que se acaban de leer, se hallaba en Madrid de Diputado de Cortes por La Habana. Yo fui su caro discpulo, y uno de sus ms tiernos amigos; y confieso, que la ofensa ms grave que el seor La Sagra me hizo en esta ardiente polmica, fueron los insultos que estamp en su Carta contra varn tan esclarecido. Esto provoc la vehemencia de mi lenguaje, y ciertamente que yo jams lo habra empleado, si a m slo se hubieran dirigido los tiros del seor Sagra. Al cabo de 28 aos, las circunstancias estn ya enteramente cambiadas: los dos campeones deploran la lucha; entrambos huyen de la arena en que combatieron; y el alma pura de Varela habiendo volado a la mansin de los justos, cinco aos ha que descansa en el seno de la eternidad.

PAGE 333

JOS ANTONIO SACO /329 /329 /329 /329 /329 trat el seor D. Ramn de echar el resto por ser el que contiene la Carta contra el Mensajero no tuviese ms que dos hojitas donde slo aparecen las iniciales R.S., mientras que los artculos ajenos ocupan nada menos que 28 pginas, que es decir, casi todo el papel? Yo le aseguro al seor D. Ramn, que el da que el doctor Oliver le afloje el puntal con que est sosteniendo los Anales muy apurado se ha de ver. Sea la segunda observacin, que en stos se encuentra formando cuerpo de obra una porcin de cosas que en los peridicos de Europa y de los Estados Unidos o no tienen lugar, o solamente se agregan como apndices; tales son las listas de libros que estn de venta en algunas libreras de Pars, Londres, Philadelphia, etc.; los anuncios de machetes, picos, hachas, azadones, y otros instrumentos que estn expuestos al pblico en las tiendas de las ciudades de Europa, de los Estados Unidos, y de La Habana. Si ellos fueran instrumentos de nueva invencin, y de alguna utilidad a la agricultura o a las artes, entonces seran dignos de mencionarse; pero no hallndose en este caso, es preciso que el seor D. Ramn nos llene con otra cosa las hojas de su peridico, pues, dicha sea la verdad, semejantes materiales en un papel tan cientfico como los Anales no acreditan mucho a su redactor. Sea la tercera, que aun los pocos y reducidos articulillos que su autor llama originales, son tan insustanciales, que si se comprimen en una prensa, no dan un adarme de jugo; y para que no se piense que hablo de memoria, ms adelante analizar uno o dos por va de muestra. Sea la cuarta y ltima, que el seor D. Ramn est tan desconfiado de la originalidad de sus artculos, que, a pesar de ser el nico redactor de los Anales y de poner su nombre al frente del papel, todava nos encaja al pie de cada cosita que escribe, las fastidiosas iniciales R.S. Sepa Sagra, que las iniciales solamente se ponen, cuando son varios los redactores, y se quiere saber quines son los autores de los artculos; y aun esta prctica es pocas veces seguida, particularmente en Inglaterra y en este pas. Ponga, pues, en lo sucesivo ms cuidado en darnos artculos interesantes, y gurdese sus iniciales para que las use en el legajo en folio de sus Memorias secretas. “Copias, seores Mensajero s, plagios sin consideracin a Dios ni al mundo”. En cuanto a copias, traslado a lo dicho en los prrafos anteriores: debiendo aadir que como la mayor parte de los materiales de que se compone el Mensajero son noticias polticas, stas no pueden tener el carcter de originalidad, a no ser que quiera el seor D. Ramn que las fragemos para tener entonces el gusto de decirnos, que tambin somos embusteros. Pero aun en esta parte, ni copiamos, ni traducimos, sino que redactamos, a excepcin de algunas piezas, cuya ntegra insercin nos parece conveniente. Los que hayan ledo el Mensajero habrn

PAGE 334

OBRAS 330\ 330\ 330\ 330\ 330\ encontrado en l, tantos o ms artculos originales que los que pueda contener cualquier otro peridico de su clase; y aun cuando su nmero se quiera reducir mucho, todava uno slo de ellos vale ms que todos los Anales juntos. Sagra ha hecho la mejor apologa del Mensajero en la Carta que public contra sus editores, porque habiendo recorrido, para escribirla, toda la coleccin, no pudo encontrar siquiera una sola idea que combatir. Yo le recomiendo que la lea ms despacio; que se detenga en los artculos originales; y que se presente a combatirlos, as como lo hago yo con sus Anales En cuanto a lo de plagios, traslado tambin a lo que he dicho sobre el papel que public Sagra en La Habana en 1821, dedicndolo a la juventud. De l aparece como la luz del medioda, que D. Cayetano Sanfeliu le prob en juicio contradictorio que era un plagiario. En el nmero 34 del Mensajero publicamos un artculo de Marmontel sobre el mismo asunto, y tambin unas observaciones de nuestra pobre cabeza; pero pudiendo haberlas criticado el seor D. Ramn, ni una palabra nos dice acerca de ellas. Yo respetar su silencio, porque en casa del ahorcado no se debe mentar soga. “Dgalo si no, habla nuestro sabio, aquel discurso repleto de sabrosa erudicin en defensa de Moratin, nmero 40”. Es Sagra tan limitado que no entiende ni aun lo que lee: quin le dijo que el discurso del nmero 40 se hizo en defensa de Moratin? Muy al contrario expresan aquellas palabras: “lejos, pues, de emprender la defensa de la literatura espaola atacada directamente por los autores del artculo que slo tiene por ttulo la crtica de Moratin, nos limitaremos, etc.” El fin que nos propusimos, fue llamar la atencin sobre los funestos efectos que produce el espritu de secta. Si contra esto tiene algo que decir el seor D. Ramn, que salga, que salga al campo. “Las observaciones contra Bolvar (nmero 13), bribonazo, que ya no desea el bien de la Isla como en 1825”. ¡Qu alegre estars, Sagrita!, ya me parece que te oigo decir, te cog, te cog. Anda, mentecato, que me vienes a echar carnadas envenenadas. Soy pez muy malicioso para picar en ese anzuelo. “En fin, el fresco y palpitante artculo contra el seor Sagra, tan digno como los otros de engrosar la til coleccin de materiales inditos que ustedes reunieron en La Habana, para ir a publicar sin trabas ni censuras a esos Estados, haciendo despus pasar sus producciones por el aire salitroso del Ocano, precaucin muy til para resguardarlas de las polillas de este clima enemigo y exterminador de los libros”. ¡Esto s que es tener fuerza lgica! Con este argumento ya ha destruido Sagra cuantas observaciones hicimos contra su crtica sobre las poesas de Heredia. ¡Pobre hombre! Por qu le duele tanto que yo hubiese reunido materiales inditos en La Habana? Pues sepa que est

PAGE 335

JOS ANTONIO SACO /331 /331 /331 /331 /331 muy equivocado, porque esos materiales no slo fueron inditos, sino editos, que en buen castellano quiere decir, publicados; no slo los reun en La Habana, sino en Matanzas, Trinidad, Puerto Prncipe, Bayamo, Manzanillo, Las Tunas, Jiguan, etc., etc. Sepa tambin que los conservo, para demostrar al pblico muchos de los errores que ha dicho sobre la isla de Cuba; sepa, en fin, que los conservo para impedirle que no d gato por liebre, vendindonos como producciones propias lo que ha mucho tiempo tiene amo. Por esto, por esto le duele tanto al seor D. Ramn que yo haya reunido esos materiales. Habla tambin de publicaciones sin trabas ni censuras, del Ocano, del aire salitroso, del clima y de las polillas. Pues sobre todo esto le dir: 1 Que a un escritor moderado y respetuoso, no le hacen las trabas ni las censuras, tanta mella como l piensa. 2 Que los que necesitan de esas trabas y censuras, son los escritores desbocados, como lo fue el seor D. Ramn Sagra, mientras estuvo redactando en Madrid, ao de la CONS-TITUCI"N 1820, el inmundo papel titulado El Conservador 3 Que el Mensajero no entra por debajo de las puertas, pues la moneda que usa, corre libremente en Cuba, en Madrid y en todos los mercados. “Otro servicio eminente que hacen ustedes a su patria, es el de ir reimprimiendo diversas Memorias, que aun cuando se expenden en las libreras de La Habana, nunca est de ms el repetirlas”. En primer lugar, es falso que en el Mensajero se hayan reimpreso Memorias que se expenden en La Habana, pues la nica que se public en el nmero 36 fue el anlisis de las aguas de San Diego por D. Jos Estvez,5 y siendo sta una sola, ya queda destruido el aserto de que fueron diversas segn se expresa Sagra. El segundo, que el motivo que nos indujo a reimprimir ese trabajo de nuestro qumico habanero, fue el haber escaseado tanto los ejemplares, que deseando mi digno amigo D. Jos de la Luz y Caballero llevar uno a Europa, escribi a La Habana al efecto; pero no pudo conseguir ninguno, a pesar de sus relaciones con el autor y con otras muchas personas respetables de aquella ciudad. Yo entonces me vi en el caso de deshacerme del nico que conservaba, y queriendo, por una parte, remediar la falta que se notaba en La Habana, y consignar, por otra, en el Mensajero una produccin cientfica que honra nuestro suelo, me decid a reimprimirla. Estos motivos, lejos de merecer una amarga censura, son, si no dignos de celebrarse, por lo menos acreedores a la indulgencia. En tercer lugar, que aun cuando no existiese razn alguna de las anteriores, todava el hacer semejante acu5Este habanero, de quien he hablado ya en pginas de este tomo, fue pensionado por la Sociedad Patritica de La Habana para pasar a Madrid a estudiar qumica. Lo hizo con sumo aprovechamiento bajo la direccin de Proust. Con su anlisis de las aguas de San Diego, facilit el modo de prepararlas artificialmente, y de usarlas en La Habana sin salir de ella.

PAGE 336

OBRAS 332\ 332\ 332\ 332\ 332\ sacin descubre la mayor ignorancia de parte del acusador. Pues porque en La Habana se venda alguna Memoria, ya no puede reimprimir en el Mensajero cuyo peridico se publica en un pueblo extranjero, y circula en otros pases? Porque en La Habana se venda una Memoria, yo no tengo ya derecho de dar a conocer en otros lugares por medio del Mensajero las buenas producciones que ms honran aquel suelo? En Inglaterra, en Francia, en los Estados Unidos y en otras naciones se publican en las gacetas, las memorias, los cuadernos, no ya expuestos de venta en pueblos o ciudades donde no residen sus autores, sino en los mismos puntos de su domicilio; y nada es ms comn que ver carteles fijados en las esquinas de las calles de Nueva York o Filadelfia anunciando la venta de algunos papeles sueltos, y leer stos al mismo tiempo en los peridicos de la maana y de la tarde. Y con razn, porque de este modo se generalizan los conocimientos, se llevan hasta las ltimas clases de la sociedad, y se ponen al alcance de muchos que no tendran con qu comprar aquellas memorias o cuadernos. Yo he visto en los Anales publicada casi ntegra la balanza del comercio de La Habana; y ni la circunstancia de hallarse de venta en las libreras de aquella ciudad, ni menos la cortsima circulacin de tal peridico han impedido a su redactor el que la reimprimiera en l. De esta conducta, Sagra no podr dar razones tan satisfactorias como yo de la ma. Dice tambin, que merecemos elogios por la parte cientfica que redactamos, y particularmente por la de qumica; y para probarlo habla en trminos vagos de las tintas rojas, verdes y amarillas del nmero 22, del modo de grabar en la cscara de los huevos (nmero 32), y de otros cientos que pudiera citar, pero que no cita. Para destruir tan despreciables objeciones, bastarame repetir lo que he dicho al principio de este artculo explicando la naturaleza del Mensajero y de los peridicos cientficos. Quiero, sin embargo, agregar, que el Mensajero contiene artculos cientficos muy interesantes, y quiz ms de lo que conviene a su esfera; y que aun esas mismas tintas rojas, verdes, etc., que tanto ofenden los ojos del Analista, al paso que son tiles, sirven tambin de recreo, pues debe saber, ya que lo ignora, que los resultados de las ciencias no slo se precian por la utilidad que ofrecen a los hombres, sino por los juegos y entretenimientos inocentes que muchas veces les proporcionan. S habr ocurrido a mis lectores lo que a m; y es, que cuando Sagra objeciona nuestros conocimientos cientficos, no habla en particular de otra ciencia que de la qumica. Pues esto lo hace por envidia, sindole muy doloroso que yo haya dedicado algunos ratos a su estudio, y que me haya valido de ella para poder conocer sus errores en esta ciencia. “Por efecto de este mrito intrnseco, rene el Mensajero muchos suscriptores en La Habana, cuando los Anales (les digo a ustedes en

PAGE 337

JOS ANTONIO SACO /333 /333 /333 /333 /333 secreto) slo tienen 50 mal contados, incluyendo en este nmero los de todos los pueblos de la Isla, e islas adyacentes”. Sagra insulta en este parrafito al pas generoso donde habita, pues cuando se queja de que siendo malsimo el Mensajero y bonsimos los Anales aqul tiene muchos suscriptores, y ste muy pocos, claramente da a entender que esto sucede porque el pueblo habanero es un ignorante. No es sta la vez primera que el seor D. Ramn nos ha hecho tan fino cumplimiento. Y qu razn alegar para cubrir la falta de suscripciones en otros pases? A fe, a fe que no ha sido por falta de diligencia, porque bien se han anunciado en Nueva York en la librera de los seores Lanuza y Mendia, y en Burdeos en la de Mr. Lavalle hijo; pero como los yankees y los franceses son tambin unos brutos, el seor D. Ramn no ha podido atrapar entre ellos ni un solo suscriptor. Yo atribuyo esta falta a otros motivos. 1 A la mala conducta que ha seguido, pues estando odiado en Cuba, as de naturales como de peninsulares, la consecuencia es bien fcil de inferir. 2 Al modo con que quiso formar la suscripcin, pues sin encomendarse a Dios ni al Diablo (y esto lo s por confesin de parte), cogi la Gua de forasteros, y arreglado a este calendario, empez a regar Anales en tales trminos, que a pesar de haberse tirado, si mal no me acuerdo de 5 000 a 6 000 ejemplares, ya a los siete das no le quedaba ninguno al seor D. Ramn; pero no fue esto lo ms particular, sino que vencido el primer trimestre, y habiendo destacado por las calles de la ciudad una cuadrilla de cobradores, estos infelices se vieron de repente abrumados con el peso de los Anales pues no haba casa donde no saliera un muchachito o un negrito con los papeles en la mano, diciendo: A pap no le gustan ; al amo no le gustan ; y entonces fue, cuando queriendo el seor D. Ramn detener la avenida de Anales que amenazaba inundarle la casa, se vio forzado a publicar un anuncio en el Diario de La Habana diciendo que el que no quisiera ser suscriptor, no era necesario que los devolviese, sino que pasase una nota a la imprenta advirtiendo que borrasen su nombre. ste es el agravio que el seor D. Ramn nunca puede perdonar al pblico cubano. 3 Al mrito intrnseco de los Anales pues desde el primer nmero, nuestro sabio entreg la carta. En l no slo public la descripcin de las cuevas de Yumur tan celebrada por los redactores de la Revista Enciclopdica de Pars sino otros artculos muy profundos de los que ahora prescindir para volver mi atencin a la parte agrnoma pues siendo el seor D. Ramn el primero y nico agricultor de la isla de Cuba, y adems predicador de reformas, y enseador de los ignorantes hacendados de aquella regin, justo es que manifestemos los extraordinarios conocimientos agrnomos que despleg en aquel nmero. En la pgina 9, hablando de las observaciones que pens hacer sobre la caa de cinta dice as: “pero el primer planto que se hizo fue mal dirigido, y

PAGE 338

OBRAS 334\ 334\ 334\ 334\ 334\ hallndose la estacin muy adelantada, cuando se me han franqueado nuevas caas, he credo deber suspender el segundo, ocupndome en el nterin de reunir cuantas noticias, etctera”. Se perdi el primer planto, pero no por mala estacin, sino por mal dirigido Y quin lo dirigi? Sagra. Luego Sagra, no sabe ni aun sembrar caa; pero es as, que no hay negro niguatejo de los ingenios que no sepa sembrarla; luego en materias de agricultura, Sagra sabe menos que los negros de los ingenios. Dice tambin, que no pudo hacer el segundo planto, porque ya la estacin estaba muy adelantada: y en qu mes dijo esto? en julio. Lo nico que en la isla de Cuba impide el sembrar caa en cualquier estacin del ao, es la falta de lluvias; pero pasando por delante del Jardn Botnico, donde Sagra habita, una gran zanja que siempre est llena de agua corriente, y teniendo adems, 10 o 12 negros a su disposicin, pudo, y debi haber hecho inmediatamente el segundo planto. Sagra, pues, si no lo hizo, es porque nada entiende del cultivo de la caa, y porque no quiere trabajar en ella. Que no quiere trabajar, claramente aparece de lo que nos dice en el nmero 18, pgina 153: “Yo me propona hacer un estudio riguroso del guarapo producido, as por la caa de Batavia, como por la amarilla de Otahit para deducir su riqueza respectiva en azcar cristalizada y en mieles. Pero la falta de un pequeo tren me ha impedido continuar en las observaciones sobre este objeto”. Si no tena tren, pudo a lo menos haber sembrado la caa y dndonos algunas ideas sobre su cultivo. Si no tena tren, pudo haber cortado la caa, y llevdola a un ingenio de los que existen en las inmediaciones de La Habana. Pero la falta de tren no puede servirle de disculpa. No dijo en el nmero 24, pgina 344 que “un trapiche de mano, un hornillo econmico construido de barro, un par de calderas y unos cajones de madera son suficientes para fabricar azcar?” No recomienda este tren como fcil de conseguir por las familias? No est entusiasmado por los adelantos de la agricultura? Pues, entonces, por qu no lo tiene?, porque ni hace lo que dice, ni cumple lo que promete. Pero volvamos al nmero primero. En el mismo artculo de la caa, pgina 10, despus de citarnos al barn Humboldt, dice as: “Este dato es curioso, pero no ofrece la base que yo necesitaba para establecer comparaciones. No obstante, como un dato general deducido de la produccin de varios ingenios, cuya extensin de terreno en cultivo es conocida, poda servirme, adopt el resultado medio de 1 500 arrobas de azcar blanco y quebrado, como el producto de una caballera de tierra de fertilidad regular”. Decir que el resultado medio de una caballera de tierra de fertilidad regular en la isla de Cuba son 1 500 arrobas de azcar blanco y quebrado, es uno de los ms grandes disparates que se pueden proferir en materias de agricultura. As fue, que escandalizados

PAGE 339

JOS ANTONIO SACO /335 /335 /335 /335 /335 los hacendados de tal absurdo, nuestro agricultor se vio en el caso de poner en el nmero 2, pgina 58, una nota aclaratoria; pero si disparate fue el primero, ms disparate fue el segundo. Despus de decir que aquel dato es el mismo que hall Humboldt, contina as: “Con este motivo debo decir, que ni aquel ilustre viajero ni yo ignoramos que hay terrenos de riego en la isla de Cuba que dan 3 y 4 000 arrobas de azcar por caballera, pero como los resultados generales se deducen y deben deducirse dividiendo el nmero que representa la produccin total por el que indica la extensin de terreno de cultivo, se infiere que no es falsa la asercin sentada como no lo sera hablando de la poblacin de la Isla, el decir que a cada legua cuadrada corresponden 200 individuos, aun cuando en algunas porciones muy pobladas resulten 1 000, 1 500 o ms para igual extensin”. Contra esto digo: 1 Que el dato que cit Sagra, lo tom de la obra de Humboldt sobre la isla de Cuba; y para cohonestar su ignorancia supone que su opinin coincide con la de tan ilustre viajero. 2 Que tanto ste como l ignoraban que en la isla de Cuba hubiese tierras que rindiesen por caballera 3 y 4 000 arrobas; pero con la diferencia que esta ignorancia es disculpable en Humboldt, que solamente estuvo de paso en la isla de Cuba; mas, no en Sagra, que a la larga residencia de algunos aos en el pas, une el magisterio de la ctedra de botnica-agrcola, y continuamente se nos presenta como el agricultor ms experimentado, ya aconsejando a los hacendados sobre la clase de cultivos que deben adoptar, ya dndoles reglas prcticas para que puedan dirigir sus trabajos. 3 Que la produccin de 3 o 4 000 arrobas que toma Sagra como el mximo de una caballera de tierra, est muy lejos de serlo, pues hay muchas que rinden ms de 4 000 panes de 30 a 35 libras. 4 Que este mismo mximo de produccin que adopta, donde menos se puede encontrar es en los terrenos de riego de que habla, pues por lo mismo que es preciso regarlos, ya se conoce que no son muy frtiles. 5 Que en los ingenios de la isla de Cuba no se siembra caa en los terrenos de riego, pues esto donde nicamente se hace es en algunas estancias, cuya caa es de la llamada criolla y destinada para comer; mas, no para hacer azcar. 6 Que el trmino medio de una cosa es el resultado que se saca despus de saber el mximo y el mnimo de ella, y Sagra absolutamente careca de estos elementos para poder obtener aquel trmino. Si la Junta de auxilios instalada en La Habana en estos ltimos aos jams pudo, no digo conseguir un resultado satisfactorio, pero que ni aun se aproximase a la verdad, cmo pudo adquirirlo Sagra, que siempre est encerrado en su jardn, que no conoce nada de la Isla, y que no trata ni aun con los hacendados? Sagra, pues, vindose cogido en la trampa, hizo esfuerzos por desenredarse, pero torpe y maniatado cay en un abismo insondable.

PAGE 340

OBRAS 336\ 336\ 336\ 336\ 336\ “Esto prueba, sigue la Carta, que los Anales son un mal peridico”. Concedido, con slo la adicin de que se lea, no malo, sino malsimo “Desde el erudito y sabroso Bartolo hasta la fecha, siempre el nmero de suscriptores a los papeles pblicos fue en La Habana, en razn directa de su mrito”. Aqu vuelve a insultar al pueblo habanero, suponindole tan incapaz de apreciar las buenas producciones, que segn el lenguaje del atrevido Analista, solamente gusta de papeles sucios y asquerosos. Insulta tambin a los editores del Diario del Gobierno y del Noticioso de La Habana; y como esta ciudad es la que marcha a la vanguardia de la civilizacin cubana, insulta, por consecuencia, a mis amigos los redactores de la Aurora de Matanzas y a cuantos periodistas existen en la isla de Cuba; pero los insulta tan slo porque todos cuentan mayor nmero de suscriptores que l. Y un hombre que aparece ante el pblico bajo tan negros colores, se atreve a comparar el Mensajero con el Bartolo ? Cundo ha ledo l, ningn peridico ni ms puro en sus ideas, ni ms respetuoso en su lenguaje? Si en los descarros de la imprenta hay algn papel que pueda parangonarse con el malhadado Bartolo sin duda es el inmundo Conservador de Madrid de que fue redactor D. Ramn Sagra en la POCA CONSTITUCIONAL, pues as como aqul fue el primero que en La Habana empez a profanar la libertad de escribir en 1820, as ste en la Pennsula dio la seal de alarma para acometer y despedazar la reputacin de sus compatriotas. “En lo que ustedes, me parece, no andan acertados, es en limitarse a tirar chinitas a su redactor en varios nmeros de su Mensajero (nmeros 2, 27 y 41, etctera.)”. Es bien extrao que Sagra diga, que se le estn tirando chinitas, cuando ya tiene en el pecho cuatro trabucazos, y el de ahora me parece que le dejar en la estacada. Sin embargo, l se refiere a los nmeros 2, 27 y 41, del Mensajero ; y as es preciso que examinemos qu espinas son stas que han hincado tanto al seor D. Ramn. En el nmero 2, no hay otra cosa sino un aviso que di sobre una obra de botnica que estaba preparando en La Habana una seora; y si porque dije, que me dola ver que esa obra fuese fruto extranjero, y no nacional, el seor botnico se dio por ofendido, con su pan se lo coma .6 6El anuncio de aquella obra en agosto de 1828 le reimprimo aqu por nota por considerarle til para la historia de las ciencias de Cuba. Dice as: Obra preliminar a la botnica de Cuba Con una sorpresa agradable hemos ledo en el nmero 4 del New York Farmer correspondiente al mes de abril del presente ao, la noticia de una obra que se ha de publicar en esta ciudad sobre los vegetales de la isla de Cuba. Grato nos es, que nuestro suelo empiece a ser el objeto de trabajos cientficos; pero mucho ms nos sera, que semejantes obras fuesen exclusivamente el fruto de un autor nacional que diese honor y gloria a

PAGE 341

JOS ANTONIO SACO /337 /337 /337 /337 /337 En el nmero 27, di tambin otro aviso sobre una Flora habanera que trataba de imprimir en La Habana D. Jos Antonio La Ossa. All recomend los trabajos de este botnico, manifest lo que haba visto con mis propios ojos, y cit, para dar ms peso a mi opinin, el irrefragable testimonio de mi caro amigo don Toms Po Betancourt, de quien dije entonces, y repito ahora, que puede llamarse por antonomasia el botnico cubano Hay en esto alguna ofensa contra Sagra? Ni siquiera lo mencion. Su enojo, pues, no puede provenir de otra causa sino de que no le elogi.7 Y pude yo hacerlo sin quebrantar las leyes de un la patria. Como quiera que sea, creemos que as la naturaleza de este trabajo como la persona que lo ejecuta, llamarn la atencin de nuestros compatricios sobre el artculo que insertamos. “Hace muchos aos que una seora se ocupa en dibujar y describir las plantas de aquella Isla interesante. Mr. Nathaniel H. Carter, secretario corresponsal de nuestra sociedad horticultural ha enviado de La Habana a Nueva York, tres volmenes en cuarto de descripciones y dibujos. El color de las figuras es conforme al de las plantas vivas; y parece que no slo se han ejecutado con propiedad, sino tambin con elegancia. La historia que acompaa a cada una de ellas, es breve, pero sentenciosa y comprensiva; y al mismo tiempo, contiene los hechos y circunstancias principales relativos a su produccin. Esta obra hermosa e instructiva se debe a Mrs. Walstoncraft, y puede decirse, que sus lminas son exactamente iguales a las que embellecen el libro clebre de Sybella Merian sobre los insectos de Surinom, y los vegetales de que se alimentan. La obra de Mrs. Walstoncraft se diferencia de aqulla, en que carece de la entomologa, o historia natural de los insectos, pero es mucha ms cientfica. La clase, orden, gnero y especie se determinan clara y distintamente, as conforme al sistema de Linneo, como al de Jussieu, poniendo muchas veces el nombre espaol, el sinnimo originario, o el comn. Esta obra interesante se publicar, si tiene suscriptores y despus de los felices resultados que han tenido las hermosas ediciones de Wilson y Bonaparte sobre ornitologa, debe esperarse que una adicin tan importante a la botnica, encontrar bastante patrocinio; y as llamamos sobre este objeto la atencin al bello sexo”. 7He aqu el aviso que di en febrero de 1829, y que ahora publico con el mismo fin que el de la nota anterior. Revisando los peridicos de La Habana pertenecientes al mes de enero, hemos encontrado un aviso que sin duda debe interesar a todos los amantes de las ciencias. Su objeto es la publicacin de una obra intitulada, Ensayo de una flora habanense en la que su autor don Jos Antonio de la Ossa se propone dar una noticia de las plantas que se encuentran en los caminos, bosques, y pueblos hasta la distancia de 30 leguas de La Habana; explicando al mismo tiempo sus usos comunes, virtudes medicinales, nombres vulgares, y correcciones de algunos gneros y especies, con inclusin de las plantas exticas antiguas o recientemente introducidas de otros pases y aclimatadas all. Cuando en nuestro nmero segundo anunciamos que una seora extranjera residente en La Habana pensaba imprimir en Nueva York una obra del mismo gnero; cuando entonces nos congratulamos de que la isla de Cuba empezase a ser objeto de cientficos trabajos, pero sentamos al mismo tiempo que estos trabajos fuesen el producto de talentos extranjeros; cuando pareca, en fin, que todos enmudecan y que aun se olvidaban de la gloria nacional, justo ser que expresemos nuestro contento, al ver que un habitante cubano va a publicar en aquel suelo una Flora Habanera Pero este contento no nace

PAGE 342

OBRAS 338\ 338\ 338\ 338\ 338\ hombre de bien? Esto era imposible. Yo saba que Sagra haba dicho francamente la vez primera que estuvo en La Habana en 1821, que l no entenda una palabra de botnica, y deb darle entero crdito, porque l no tena entonces inters en decir lo que no era. En aquella poca, aun no se nos haba aparecido en La Habana como catedrtico de ciencias naturales, pues su primer arribo a aquella ciudad fue en 1820 a la sombra del seor Aguilar, factor de tabacos, quien le dio un empleo en este ramo. Adems, yo saba por Betancourt, que el nombre de Sagra era absolutamente desconocido en la clase de botnica de Madrid (lugar donde dice el seor D. Ramn que estudi la ciencia), y tan desconocido, que durante la larga residencia de Betancourt en aquella capital, jams le vio asistir a las lecciones, ni jams oy hablar de tal individuo a ninguno de sus condiscpulos y amigos, ni menos a su digno catedrtico el seor Lagasca; siendo de advertir, que aunque ste en sus conversaciones privadas haca algunas veces mencin honorfica de sus antiguos discpulos, Betancourt nunca le oy pronunciar el nombre de Sagra. Mas, no se crea que yo me atengo a estos datos para fallar contra los conocimientos de ningn hombre. S muy bien, que muchos, sin haber pisado las clases, han llegado a ocupar un lugar distinguido en el templo de las ciencias; pero en el presente caso las circunstancias son muy diversas. Infiero, pues, de las noticias que adquir de la boca de Betancourt, y de la misma confesin de Sagra hecha en La Habana, durante su primer viaje a ella, que cuando fue nombrado de catedrtico de botnica a principios de 1823, todava no haba estudiado ni pblica ni privadamente la ciencia que fue a ensear a la isla de Cuba. del vano deseo de ver imprimir un libro; nace as de un principio ms noble y elevado, y del convencimiento en que estamos de que La Ossa, tiene fuerzas para desempear su tarea. Constante en sus trabajos, prolijo en sus investigaciones, y dedicado por largos aos al estudio de la botnica, La Ossa puede escribir con honor el libro que ha prometido; y aunque este aserto salga de la boca de unas personas cuyos conocimientos son pocos o ningunos en la materia, todava se atreven a publicar as su opinin, porque han sido testigos de lo que exponen, y porque tienen en su favor el voto de un juez que bien puede llamarse por antonomasia el botnico cubano ste es don Toms Po Betancourt, natural de la ciudad de Puerto Prncipe, y con cuya amistad se honra mucho, uno de los redactores del Mensajero Muvenos a escribir este artculo, un sentimiento de justicia, porque as tal vez contribuiremos a fijar la opinin acerca de los conocimientos botnicos de un hombre contra quien por un fatal error no han dejado de existir de cuando en cuando, conceptos poco favorables; muvenos el deseo de que la isla de Cuba vaya adquiriendo un caudal cientfico con que permutar las producciones literarias de la sabia Europa; muvenos, en fin, el laudable empeo de presentar a la juventud modelos que la estimulen al trabajo, para que llegue el gran da en que Cuba se levante en el orbe literario, hasta la altura en que hoy se halla por sus relaciones mercantiles. Hoy tengo el sentimiento de decir, que la muerte de La Ossa frustr la publicacin de esta obra interesante.

PAGE 343

JOS ANTONIO SACO /339 /339 /339 /339 /339 A estos hechos reuna yo otros de que fui testigo. Cuando Betancourt regres de Europa a La Habana en 1823, me incit a que tomase con l algunas lecciones de botnica, y accediendo yo gustoso a su invitacin, me reuna con l todas las maanas y las tardes para hacer algunas excursiones, siendo el Jardn Botnico el lugar de preferencia, con cuyo jardinero, que era un francs, tena ya amistad Betancourt. En una de esas tardes fue cuando ste y yo vimos a Sagra por la vez primera; y como uno fuese catedrtico, otro aficionado y otro discpulo, he aqu que convenimos en reunirnos todas las tardes en el jardn, para trabajar botnicamente. Volvimos Betancourt y yo a las 4 de la tarde del siguiente da, y ya encontramos a Sagra con una mesa puesta en el corredor que cae al campo de Marte, cubierta de plantas y de libros, y para dar una prueba de sus conocimientos, le dijo a Betancourt (sin duda, porque ignoraba el hombre que tena delante), que ya haba determinado una planta, y que sta era una bignonia catalpa Veremos, le contest Betancourt, y acercndonos todos tres a la mesa, cogi Betancourt la planta determinada por Sagra: pero apenas la hubiese visto, cuando le dijo, esto no es bignonia y comparndola con las descripciones de Linneo y otros autores, se encontr que difera tanto de esa planta que no guardaba con ella la ms leve semejanza. Equivocacin tan grosera no pudo menos de llamar la atencin de Betancourt y ma; pero prosiguiendo en la determinacin de otra planta, muy pronto se descubri que ignoraba hasta la nomenclatura. Betancourt conociendo entonces que no tena compaero, continu solo en su tarea, mientras Sagra, plido y trmulo, ya cogiendo, ya soltando las plantas, ya abriendo, ya cerrando el Linneo, ora haciendo esta o aquella pregunta, ora pensativo y silencioso, as pas toda aquella tremenda tarde. A los tres o cuatro das despus de esta escena procur Betancourt sacarle al jardn, y llevndole a uno de los cuadros, empez a preguntarle: conoce usted esta planta? Y Sagra respondi, no. Conoce usted aqulla?, tampoco, —y sa?, tampoco, —y la otra?, tampoco; y ninguna, ninguna, ninguna. Sagra hubiera podido sacar algn partido de Betancourt, pero en vez de aprovecharse de las lecciones que con gusto le hubiera dado en el secreto de la amistad, empez a desviarse de l, hasta que ya por ltimo le hua. En la ciudad de Puerto Prncipe reside D. Toms Po Betancourt; y si alguno quiere cerciorarse de cuanto acabo de decir, que tome la pluma y le pregunte. Con semejante hombre a la cabeza del jardn, qu frutos se podan esperar? As es, que la patria todava no ha visto realizada ni una sola de las muchas esperanzas que concibi con el establecimiento de la Ctedra de Botnica. Vergenza da decir, que el jardn est desierto, y que mientras su director nos anuncia y recomienda con descaro sus desvelos y sacrificios en obsequio de la isla de Cuba, no hay siquiera un solo estudiante que se siente en los bancos de su clase. No se atribuya, no, tan

PAGE 344

OBRAS 340\ 340\ 340\ 340\ 340\ msera condicin al desaliento de la juventud, pues ella tiene dadas pruebas suficientes de que sabe sobresalir en las artes y las ciencias. Si hoy desconoce los elementos de aquella ciencia, culpa es del hombre que se puso a dirigirla, pues no dndole lecciones de botnica descriptiva, como debi de hacerlo, sino de rasgos inconexos de fisiologa vegetal; echndole arengas de astronoma mal copiadas de las obras de La Place, para conjurar el cometa que en 1825 apareci sobre nuestro horizonte; hacindose unas veces muy recargado de negocios, y pretextando otras, achaque y dolencias; sacndola, en fin, al pblico en 1825, no para que luciese en el estadio en que estaba acostumbrada a campear, sino para hacerla revolver con encogimiento y embarazo en el estrecho circo en que la puso, as la desalent y ahuyent de un lugar que pareca destinado a ser el templo donde todos nos reunisemos a tributar culto a Minerva. “Si francamente, as prosigue, se inscribiesen ustedes en la lista de los enemigos del seor Sagra (que a fe no es poca)”. Y por qu no lo es?, porque desde que lleg a la isla de Cuba, siempre ha querido deprimir el mrito de los hombres que son acreedores al aprecio y estimacin pblica; porque ha ofendido a corporaciones ilustres; porque ha faltado al respeto a todas las clases de la sociedad; porque ha ultrajado a la juventud; porque ha sido ingrato con sus bienhechores; porque ha pintado el pas que le da pan y honra no con los colores de un pueblo ilustrado y generoso, sino brbaro y vengativo; porque est, en fin, posedo de la cruel pasin de la envidia, y el mrito de cualquier hombre es a sus ojos un crimen imperdonable. stas y no otras, stas son las causas porque hoy se mira tan odiado y abatido. Pero si en medio de tan fatal situacin, piensa que yo soy uno de sus muchos enemigos, debo decirle que se engaa. Mi corazn es ms noble de lo que l cree; y lejos de aborrecer y perseguirle, le compadezco como a un ser muy desgraciado. ¡Pueda esta leccin servirle de ejemplo saludable, y arrepentido de sus errores, reconciliarse sinceramente con la patria y con sus hijos! Ved aqu una conclusin feliz para este artculo; pero ahora me acuerdo que ofrec hacer el anlisis de una o dos de las producciones originales de Sagra y tambin manifestar que este seor tiene cierto empeo en ocultar algunas de sus obras. Lo primero ya no puedo hacerlo, porque empeado en la lucha, me dej arrastrar de su ardor, y sin advertir el campo que haba corrido, me encuentro ahora sin terreno donde poder dar un paso, pues que estn ya ocupadas todas las pginas del Mensajero Dir, sin embargo, en cuanto a lo segundo, que Sagra, anuncindonos el cumplimiento de una de sus profecas en una nota al nmero 25 de sus Anales pgina 344, se cita a s mismo, y se le escapan estas palabras: “se me permitir citar lo que dije en octubre de 1824, en el primer papel que he publicado despus de mi llegada de Europa”. Este papel es la oracin inaugural que ley el da que

PAGE 345

JOS ANTONIO SACO /341 /341 /341 /341 /341 tom posesin del Jardn Botnico; pero a m me consta, que l public a fines de 1823, existiendo todava la Constitucin, una memoria que dedic a la Sociedad Patritica de La Habana, en la cual hizo, por medio de una nota, mencin muy honorfica de los diputados a Cortes por la provincia de La Habana, incluyendo entre ellos al hombre oscuro Extrao sin duda es, que un sabio tan sediento de reputacin y gloria literaria, trate de ocultar y hundir en el olvido la primera produccin de sus talentos que consagr a la patria despus de su segundo viaje: y qu motivos pudieron impelerle a seguir tan anmala conducta? Que los adivine el lector; que yo al indicarlos, solamente quiero dar a entender a Sagra, que ora se presente con las armas de un caballero, ora con los puales de un asesino, siempre encontrar un campen denodado en JOS ANTONIO SACO No era de esperar, que el seor Sagra guardase silencio sobre un papel como el que se acaba de imprimir. As fue que contest; pero no bajo su firma, sino tomando el annimo de Unos amigos de la buena opinin habanera Luego que le su Contestacin y mientras preparaba mi rplica a ella, publiqu lo que sigue en tono burlesco. Nueva York, diciembre 16 de 1829PREMIO IMPORTANTEHa llegado a mis manos un folleto recin impreso en La Habana, que se intitula Contestacin al nmero sptimo del Mensajero semanal de New York Mas, como este folleto, cuya impugnacin ver pronto la luz pblica, dista mucho de ser lo que su ttulo anuncia; yo, que no quiero que el seor Sagra quede tan desvalido y desamparado, y sin un patrono que le defienda, llamo y convido a las plumas nacionales y extranjeras para que salgan a socorrer en sus cuitas a un BOTNICO PERSEGUIDO. Al que tan noble tarea desempeare contestando a dicho nmero sptimo del Mensajero se le premiar con el ttulo de alumno de mrito de la clase de botnica agrcola8 dirigida por don Ramn Sagra y con un tomo en folio que contenga todas las obras y Memorias secretas de este ilustre autor Es de advertirse, que el tomo en folio ser ricamente empastado en pellejo de verraco bayams,9 pues para tales casos conserva algunos de primera calidad. JOS ANTONIO SACO 8Esto alude a que en ella no haba ni un solo discpulo. 9Saco naci en Bayamo, y en los montes de la jurisdiccin de aquella villa abundan los verracos cimarrones o montaraces.

PAGE 346

IMP IMP IMP IMP IMP UGNACI"N POR DON JOS ANTONIO SACO UGNACI"N POR DON JOS ANTONIO SACO UGNACI"N POR DON JOS ANTONIO SACO UGNACI"N POR DON JOS ANTONIO SACO UGNACI"N POR DON JOS ANTONIO SACO A UN FOLLETO RECIN IMPRESO EN LA HABANA, A UN FOLLETO RECIN IMPRESO EN LA HABANA, A UN FOLLETO RECIN IMPRESO EN LA HABANA, A UN FOLLETO RECIN IMPRESO EN LA HABANA, A UN FOLLETO RECIN IMPRESO EN LA HABANA, E IMPROPIAMENTE TITULADO: CONTEST E IMPROPIAMENTE TITULADO: CONTEST E IMPROPIAMENTE TITULADO: CONTEST E IMPROPIAMENTE TITULADO: CONTEST E IMPROPIAMENTE TITULADO: CONTEST ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N ACI"N AL NMERO SPTIMO DEL AL NMERO SPTIMO DEL AL NMERO SPTIMO DEL AL NMERO SPTIMO DEL AL NMERO SPTIMO DEL MENSAJERO SEMANAL MENSAJERO SEMANAL MENSAJERO SEMANAL MENSAJERO SEMANAL MENSAJERO SEMANALDE NUEV DE NUEV DE NUEV DE NUEV DE NUEV A YORK A YORK A YORK A YORK A YORKAdvertenciaDespus de haber concluido esta Impugnacin conoc que a la demora indispensable, ocasionada por la falta de algunos datos y documentos que ped a la isla de Cuba, agregara la de la imprenta, si quisiese publicar ntegro todo mi trabajo. Esta consideracin y la de que el seor Sagra ha tocado en su folleto puntos enteramente nuevos y extraos a nuestra controversia, me han sugerido la idea de dividir en dos partes mi refutacin, abrazando en la primera todos los argumentos con que l pretende desvanecer los cargos que le hice, en el nmero sptimo del Mensajero ; y reservando para la segunda, cuanto dice con relacin a las materias polticas, y ttulos de sabidura con que piensa salir triunfante. No piense, no, ni por un momento, que ste es un subterfugio a que apelo para sacar el cuerpo a esas cuestiones. Bajo la prensa est ya la segunda parte, y bien puede estar seguro el seor Sagra, de que cuando la primera llegue a sus manos, ya aqulla ir navegando para el punto de su destino. Nueva York, enero 10 de 1830. Tal es la advertencia que precedi a la rplica que hice al segundo papel del seor Sagra. Entonces fue conveniente y aun necesario decir y probar muchas cosas para contener y corregir las demasas de aquel seor; pero siendo ya muy diferentes las circunstancias, he juzgado oportuno suprimir, no slo muchos prrafos, sino aun artculos enteros de mi Impugnacin

PAGE 347

IMP IMP IMP IMP IMP UGNACI"N, ETC. UGNACI"N, ETC. UGNACI"N, ETC. UGNACI"N, ETC. UGNACI"N, ETC. PARTE PRIMERAQue el autor del folleto que impugno, es el catedrtico de botnica agrcola D. Ramn de La Sagra, cosa es tan cierta y tan evidente, que en la vasta poblacin de la ciudad de La Habana, no hay un solo habitante que ponga en duda esta verdad. Conociendo cuan imposible le era rebatir los hechos y argumentos que present, tom el partido de esconder la cara, y suponiendo que salan a su defensa individuos cuyos nombres no aparecen ante el pblico, salta de nuevo a la arena, no con las armas de un atleta que confiado en sus propias fuerzas viene cuerpo a cuerpo con su contrario, sino rodeado de padrinos, disparando dardos envenenados, y cubierto con el escudo del poder y la autoridad. Con sumo desprecio de los primeros, sin temor a los segundos, y con acatamiento hacia los terceros, dar principio a esta Impugnacin; y destruidos que sean cuantos sofismas se han podido inventar en una causa mal defendida, cargar de nuevo a mi contrario para acabar de confundirle. Apenas da Sagra el primer paso, cuando ya le vemos hocicar. Intitula a su folleto, Contestacin al nmero sptimo del Mensajero Semanal de New York y por cierto que nada se encuentra en l, que corresponda a ese ttulo. Hubirale llamado, elogio inmodesto y ridculo de los pretendidos mritos de D. Ramn Sagra entonces s le habra dado su nombre verdadero; porque dnde est la contestacin a tantos cargos como le hice, a tantos errores como demostr, y a tanta jactancia que le saqu a la pblica vergenza? Un resumen de todos los puntos sobre que ha guardado el ms profundo silencio, dar a mis lectores la prueba ms convincente de cuanto acabo de decir. Puntos no contestados y razones de Sagra para su silencio1 Yo acus a Sagra de incapaz, porque, a pesar de haber sido redactor del Conservador de Madrid EN TIEMPO DE LA CONSTITUCI"N, y de serlo hoy de los Anales en la isla de Cuba, todava no sabe cules son la

PAGE 348

OBRAS 344\ 344\ 344\ 344\ 344\ naturaleza y lmites de un peridico, ni tampoco los deberes de un redactor. 2 Acusele de incapaz, porque habindosele demostrado la multitud de errores que contena su crtica envenenada sobre las poesas de Heredia, no se atrevi a responder ni tan slo a una de las justas observaciones que se le hicieron. 3 Acusele de incapaz, por haber dicho en los Anales que la carencia absoluta de anlisis qumicos practicados en Cuba, sobre los principios inmediatos recientemente obtenidos de los vegetales, le haba precisado a dejar sin concluir la historia de las plantas cubanas. 4 Acusele de incapaz, porque su conducta comparada con la de varios profesores de La Habana, ofrece el contraste ms triste y ms lamentable. 5 Acusele de incapaz, porque habiendo publicado en 1825 un papelucho sobre cometas mal extractado del Sistema celeste de La Place, y tenido el valor de decir, que no poda hacer varias observaciones sobre el que entonces se hallaba en nuestro horizonte, porque careca de los instrumentos necesarios, mi caro amigo don Jos de la Luz y Caballero, despus de haberle combatido sus errores, le advirti que en la imprenta del Diario del Gobierno encontrara a su disposicin todos los que necesitase. Sagra, empero, ni pas por aquella oficina, ni hizo observacin alguna astronmica, ni menos contest una sola palabra. 6 Acusele de incapaz, por el mal desempeo en la redaccin de sus Anales pues inserta en ellos como artculos principales los catlogos de los libros ms comunes que se hallan a la venta en las libreras de Pars, Londres y otras ciudades; y tambin los anuncios de hachas, picos, azadones y otros instrumentos que se hallan en las tiendas de La Habana. 7 Acusele de incapaz, por no haber entendido las claras y terminantes palabras del nmero 40 del Mensajero pues asegur que habamos salido a defender a Moratin, cuando slo nos limitamos a presentar los efectos perniciosos que el espritu de secta produce en la literatura. 8 Acusele de incapaz y de inexacto en sus asertos, por haber afirmado que las Memorias que se hallan de venta en algunas libreras de La Habana, ya no deben reimprimirse en un peridico que se publica en un pas extranjero; y por haber supuesto que esas Memorias fueron varias, cuando solamente fue una; a saber, la del anlisis de las aguas de San Diego por D. Jos Estvez. 9 Acusele de incapaz, por no haber conocido la utilidad que pueden tener, y efectivamente tienen, las tintas de varios colores, ni tampoco hecho distincin entre experiencias, cuyo fin es a veces la utilidad, y otras las recreaciones inocentes. 10 Acusele de incapaz, en el ramo de agricultura, porque l mismo confiesa que no supo dirigir un planto de caa, porque no supo cul era

PAGE 349

JOS ANTONIO SACO /345 /345 /345 /345 /345 el tiempo en que sta se siembra en la isla de Cuba, y por haber dicho primero, que una caballera de tierra de fertilidad regular, sembrada de caa, rinde en aquel pas 1 500 arrobas de azcar; y asegurado despus, que el mximo de la produccin se encontraba en los terrenos de riego, y que este mximo era de 3 o 4 000 arrobas por caballera. 11 Acusele de incapaz, por no haber podido hacer las observaciones y experimentos que prometi sobre el cultivo y guarapo de las caas de Batavia y de Otahit. 12 Acusele de incapaz, por haber ahuyentado la juventud del Jardn Botnico, con sus rasgos inconexos de fisiologa vegetal, con sus afectadas ocupaciones, y con las mezquinas conclusiones que ofreci al pblico en 1825. 13 Acusele de ingrato, por los pasos que dio con el seor Quintana y con uno de los hombres a quienes llam oscuros en su famosa carta del nmero 26 de los Anales 14 Acusele, en fin, de haber dicho estudiadamente en la pgina 344, nmero 25 de los Anales que la oracin inaugural que ley en 1824 fue el primer papel que public despus de su llegada de Europa; siendo as, que a fines de 1823, existiendo todava la CONSTITUCI"N, dedic a la Sociedad Patritica de La Habana una Memoria en que elogi altamente a los TRES LTIMOS DIPUTADOS A CORTES por la provincia de aquel nombre, en cuyo nmero est ese mismo hombre oscuro ultrajado ahora por l. Tales son las acusaciones que hice a Sagra en el nmero sptimo del Mensajero y tales son las mismas que ni siquiera se ha atrevido a mencionar. Y en medio de tan profundo silencio, habr quien diga que ese folleto puede llamarse contestacin al nmero sptimo? Sagra no pudiendo contestar a los argumentos con que demostr su incapacidad, particularmente en materias de agricultura, supone en la nota primera a la pgina primera de su folleto, que ellos recaen sobre artculos que se han inserto en los Anales bajo el annimo del Ermitao ; y que como el redactor no ha confesado que son suyos, es ridculo cuanto yo diga. No es cierto, que los artculos en cuestin sean annimos: firmados estn por el mismo Sagra, y en ellos se encuentra a cada paso el Yo, mis observaciones, mis ensayos etc. Para tener estas disculpas, Sagra oculta siempre la cara. Los cargos que yo le hice, son graves, y comprometida su reputacin literaria bien debi salir a defenderla. Sagra tampoco es consecuente en los motivos que expone para disculpar su silencio. Dice al principio del ltimo prrafo de su folleto, “que no entrar en el examen de todas las necedades y comentarios que amontona Saco, para demostrar que Sagra es un ignorante y un charlatn, pues el pblico no ser seducido por las falsedades de Saco”. Resulta,

PAGE 350

OBRAS 346\ 346\ 346\ 346\ 346\ pues, segn este prrafo, que l calla, porque mis razones son necedades, y el pblico no ser seducido: mientras, segn la primera nota ya citada, su silencio proviene de otra causa muy distinta, cual es, que los artculos impugnados por m, se insertaron en los Anales bajo el annimo del Ermitao Mas, yo quiero concederle la consonancia de ambas razones, cul es el fundamento que tiene, para decir que son necedades las pruebas presentadas por m? Y si lo son, por qu no las manifiesta para que el pblico juzgue de ellas, y yo aparezca a sus ojos como un impostor e ignorante? No dijo al principio de su Contestacin que hay asertos cuya falsedad necesita ser demostrada para no dejar fundamento alguno a la mordacidad de la envidia? Y el cargo que le hice sobre su conducta en Madrid entre el seor Quintana y uno de los hombres a quienes ultraj en su Carta, no es aserto cuya falsedad necesita ser demostrada?, y todos los datos y razones con que manifest claramente sus errores en materias de agricultura, y en cuyo ramo es nada menos que todo un Catedrtico, no son tambin asertos cuya falsedad necesita ser demostrada? S, lo necesitan: pero Sagra calla; y calla porque conoce que no puede rebatirlos. Lamntase amargamente de que yo me hubiese dirigido a su persona, y da por primera razn, que l no mencion en su Carta los nombres de los redactores del Mensajero Mas, yo pregunto a Sagra: quin es uno de los redactores de este peridico? Jos Antonio Saco. Luego habindose Sagra dirigido indistintamente a aquellos, que no son sino dos, es evidentsimo que tambin se dirigi a Jos Antonio Saco; y suponer que mi reputacin social y literaria no fue ultrajada en aquella insolente carta, tan slo porque no se estamp mi nombre, es un absurdo tan despreciable, como si yo, acusando de incapaz al catedrtico actual de botnica-agrcola de La Habana, quisiese dar a entender que no me dirijo a don Ramn de La Sagra. No cabe en ste ninguna disculpa, puesto que saba, y saba muy bien, que yo era uno de los redactores del Mensajero ; y si lo ignoraba, su falta fue entonces mayor, porque tuvo el arrojo de hacer imputaciones ofensivas a personas de cuya conducta pblica y privada no poda juzgar, por lo mismo que no las conoca. Da por segunda razn, que aquella carta fue firmada por el Ermitao del campo de Marte Y quin es este Ermitao ? don Ramn Sagra. don Ramn Sagra, pues, fue el autor de aquel insultante papel. Y si no lo fue, por qu se quiere escudar con vanos subterfugios? Por qu no dice francamente que no es suyo? Por qu, cuando yo se lo atribu desde el nmero 6 del Mensajero no advirti al pblico que l no era su autor? Es, pues, innegable, que el Ermitao del campo de Marte no es otro que don Ramn Sagra, y como hace algn tiempo que he aprendido a estimar las cosas por lo que valen, y no por lo que suenan, ech a un lado nombres

PAGE 351

JOS ANTONIO SACO /347 /347 /347 /347 /347 supuestos, y dirigiendo mi asalto contra el hombre que me haba ofendido, le arranqu la mscara con que pensaba ocultarse, para que sufriese a cara descubierta el escarnio y la vergenza pblica. Resptese el nombre de un escritor, cuando ste por modestia o por otros motivos racionales no quiere aparecer ante el pblico; cuando empeado en la defensa de una buena causa, la revelacin de su nombre, lejos de producirle alguna ventaja, pudiera causarle amargos sinsabores; cuando corrigiendo los vicios, o atacando los abusos, el descubrimiento de su persona pudiera traerle su ruina y perdicin. En tales casos y otros semejantes, el nombre de un escritor debe ser sagrado e inviolable; pero cuando se aparta de tan rectos fines; cuando slo emplea su pluma en denigrar a ciudadanos esclarecidos, en mancillar la conducta de hombres puros e integrrimos, en ofender ingrato a la patria que generosa le sustenta; cuando slo, en fin, se emplea en derramar por todas partes la vil ponzoa que le ahoga, un escritor tal est fuera de todas las reglas establecidas por la cortesana y delicadeza, es indigno de toda consideracin personal; pues su conducta es semejante a la de un salteador disfrazado, que atacando con pual en mano la vida y la fortuna del pacfico viajero, quiere buscar su impunidad en el silencio de su nombre, y reclamar su descubrimiento como una violacin de sus derechos. Ni adquirir ningn fuero ese escritor porque aparezca bajo su firma, insultando a su placer a todos los que sean el blanco de sus pasiones. El orden pblico y la moral exigen que se castigue a todo delincuente, ya por medio de las leyes, ya de la opinin; y como el imperio de aqullas no puede alcanzar a todos los delitos, menester es buscar en sta un nuevo freno que contenga a todos los transgresores. Pero si ni stos ni aqullos se denuncian al pblico, cmo podr la opinin ejercer su saludable influencia? Vase, pues, la necesidad de acusar y de perseguir ante este tribunal inflexible a todo escritor que quiere labrar su reputacin y su fortuna sobre el descrdito y la ruina de los dems hombres. Pero cmo acusarle, sin determinar expresamente las faltas o delitos que ha cometido? Ni cmo perseguirle si no se producen las pruebas de stos? Quiero acusar de charlatn a un hombre que se empea en pasar por sabio con mengua de los dems; quiero acusar de ignorante a un pblico profesor, qu har en tales casos? Me ser prohibido usar de las palabras charlatn e ignorante ? Arrstrase un criminal hasta el santuario de la justicia; llmasele all, ladrn, asesino: mil y mil veces resuenan estos nombres en los odos del tribunal; pero ste lejos de darse por ofendido, los considera como necesarios para descubrir la verdad, y llegar al fin benfico de la ley. Esta y no otra es la conducta que debe seguirse en las acusaciones que se someten a la opinin pblica; y esta y no otra ser la que yo seguir en las presentes circunstancias.

PAGE 352

OBRAS 348\ 348\ 348\ 348\ 348\ Puntos mal contestados por SagraSi despreciables son las excusas que ha dado para disculpar su silencio, todava son ms impotentes los esfuerzos que ha hecho para destruir las pruebas con que le castigu. Parceme conveniente ir presentando uno a uno esos puntos, pues de esta manera, el lector se penetrar mejor de mis razones, y podr juzgar con ms exactitud.PLAGIOYo acus a Sagra de plagiario por haber publicado como propio, y dedicado a la juventud habanera en 1821, un discurso sobre la clasificacin de los conocimientos humanos inventada por Kant: pero Sagra desfigura este cargo, y dice que yo di a entender que l copi de unas Crnicas de Madrid impresas en 1819, el discurso que en 1821 dedic a la juventud habanera. No di a entender porque claramente le dije que era un plagiario ni menos us de la palabra copiar pues s muy bien, que ni todos los plagios consisten en copias en razn de que pueden robarse los pensamientos, cambiando las palabras del autor; ni siempre que se copia hay plagio pues es preciso, adems, que el escritor se quiera apropiar las copias ; resultando de aqu la diferencia entre copiante y plagiario y entre copia y plagio Yo lo que dije fue, que el discurso que Sagra haba publicado en La Habana como suyo propio, ya haba sido impreso en las Crnicas de Madrid en 1818 o 1819; y aunque saba muy bien que estaba firmado por l, no quise expresar esta circunstancia, porque en su silencio consista el lazo que le tend, revelndome de la prueba de presentar las Crnicas para convencerle del plagio Mas, ya que ha confesado, que en ellas public el discurso, no como suyo sino como de Kant, resulta, que si en La Habana reimprimi ese mismo discurso, no como ajeno, sino como propio, el plagio est probado; y he aqu lo que hizo Sagra. Yo me hallo lejos de la patria, y as no puedo presentar ahora el peridico en que se insert; pero pues Sagra se halla all, y su reputacin literaria est vulnerada con la acusacin que le he hecho, tcale por las leyes del honor, producir ante el pblico ese mismo peridico para que se vea, si el discurso que dedic a la juventud habanera lo ofreci como suyo o como de Kant. Este plagio fue tanto ms grave para el ladrn, y tanto ms injurioso al pueblo cubano, cuanto aqul haba confesado en Madrid, que el discurso era ajeno; y atreverse despus en La Habana a venderlo como suyo, era no slo suponer que en ella se desconocan las obras de Kant, pero aun lo que un ao antes haba circulado en los peridicos de la capital de la nacin. Tiene Sagra el aliento de decir, que acometi la dificultosa empresa de dar a conocer a La Habana la filosofa alemana Y en qu

PAGE 353

JOS ANTONIO SACO /349 /349 /349 /349 /349 suelo dice esto? Dcelo en un pas donde haba desde entonces centenares de jvenes a quienes eran familiares las ideas de Bacon, Locke, Condillac, Tracy, y de cuantos otros han escrito sobre la materia: dcelo en un pas donde cualquiera de esos jvenes poda ensearle los mismos conocimientos que l pensaba difundir: dcelo, en fin, en un pas donde existe la clase de filosofa del Colegio de San Carlos, y que sea cual fuere la parte que yo haya tenido en ella, es forzoso confesar, que no cediendo la palma a ninguna de la nacin, ha sido el ornamento de La Habana, y la gloria de la isla de Cuba. Lectores, perdonadme esta efusin de mis sentimientos; pero perdondmela en obsequio de la justicia y del mrito violentamente ultrajados. Yo no puedo proseguir sin hacer una indicacin sobre la cita contradictoria y maliciosa de Sagra, cuando dice, que “habiendo llegado a La Habana, insert en un Diario el discurso indito mencionado”. Indito es una palabra derivada del verbo latino edo que significa dar a luz y de la preposicin in que en el presente caso equivale a no ; por consiguiente, discurso indito ser aquel que no se haya publicado; y como Sagra confiesa que el suyo se insert en las Crnicas de Madrid, resulta, que al paso que se contradice, manifiesta muy a las claras que no sabe ni aun lo que significa aquella palabra. No nos venga con que la aplic en el sentido de que el discurso no se haba impreso en La Habana, pues en tal caso diramos, que las obras que estn de venta en las libreras de aquella ciudad, son inditas tan slo por la circunstancia de que all no se han impreso; y a ningn hombre que est cuerdo, podr ocurrirle tal desatino. Es tambin maliciosa, porque supone que el discurso se insert a principios de 1821 en un Diario ; mas, como esta palabra es aplicable a cuantos peridicos se publican diariamente y adems hay en La Habana uno que se distingue de los otros con aquel nombre particular, el seor don Ramn quiere jugar con este doble sentido para llamar la atencin del pblico sobre este ltimo peridico, y ver si se escapa de que le descubran el plagio. Pero ste es un recurso miserable, pues debo advertir que el discurso no se insert en el Diario de La Habana sino en un papel, que segn deca, era redactado por el teniente coronel don Jos Antonio Roca Sancti Petri, y que si mi memoria no me engaa, llevaba por ttulo: El Indicador Ah, ah es donde se encuentra el delito, y ah, ah es donde yo remito al pblico. Debo tambin advertir, que este Indicador no es el que corra a cargo de la imprenta de D. Antonio Valds.CUEVAS DE YUMURDisclpase Sagra de la amarga censura que le hizo la Revista Enciclopdica de Pars sobre la descripcin de las cuevas de Yumur, dicien-

PAGE 354

OBRAS 350\ 350\ 350\ 350\ 350\ do, que el censor se equivoc, “ pues quera hallar un artculo de Geologa en un prrafo de pura sensibilidad ”. Vamos a cuentas, seor Sensible En primer lugar: el instituto de los Anales no es para dar entrada a artculos sensibles, sino cientficos o de la especie que indica su ttulo. En segundo, que aun cuando la diese, jams sera para sacar de su esfera a los artculos cientficos, desnaturalizarlos y convertirlos en sensibles. En tercero, que habindose publicado la descripcin de las cuevas en el primer nmero de los Anales, el nimo del redactor fue manifestar la riqueza de sus conocimientos; y para hacer ver que tambin los posea en aquel ramo, nos regal con un buen trozo geolgico. En cuarto, que aunque su publicacin no se hubiese hecho en el primer nmero sino en el ltimo, del tenor de la misma descripcin aparece, que la hizo como gelogo y no como sensible As se anuncia en el exordio. “El dibujo y la lectura no eran mis nicas ocupaciones en los molinos de tabaco: la fecundidad de la naturaleza me convidaba a su examen, y la belleza de los insectos me excitaba a reconocerlos. Haca, pues, mis excursiones en su busca con el objeto de reunir materiales para la obra que meditaba... En una de las ocasiones que baj a Matanzas, me hablaron de las cuevas situadas cerca del ro Yumur, a una legua de la ciudad. Esta noticia aviv mi curiosidad, y se ofrecieron a satisfacerla, etc.” Abstngome de hacer comentarios sobre este ridculo exordio, porque ya desde el nmero sptimo del Mensajero le tribut sus merecidos elogios; pero si simple lectura basta para conocer que Sagra visit las cuevas, no con el corazn de un sensible sino con los ojos de un naturalista Ms adelante dice: “Nos ocupamos desde luego en la provisin de cuerdas, antorchas, martillo” Y para qu era ste? Sin duda que para romper los minerales que quera examinar, como lo indican aquellas palabras, “ me llenaba de papel los bolsillos para petrificaciones que recogiese ” a la manera que Sancho provey sus alforjas, cuando tom la derrota de la famosa cueva de Montesinos. Emprendido que hubo la navegacin “por el sombro Yumur, observo que de sus mrgenes elevadas colgaban graciosos y floridos festones de ebanisteras y de ruselia sarmentosa y de aguinaldos matizados ...” Y yo tambin observo, que ya aqu se le haba excitado al seor don Ramn la sensibilidad botnica; pero como luego que salt en tierra, encontr “ el terreno erizado de madrporas y corales litofitos ”, se vio en el caso de madreporear ; bien que habiendo entrado inmediatamente en las cuevas, y “ empezado a reconocer estalactitas, y una galera matizada de incrustaciones calizas de una blancura incomparable ”, tuvo ya que geologizar ; y para hacerlo con ms primor pidi “ a uno de los guas un martillo y una soga ”, y atndose cual otro don Quijote cuando baj a la mencionada cueva, no sobre el arns, sino sobre el jubn de armar, “ descendi a varios pendientes y cortaduras, y recorri toda aquella vasta gruta ”.

PAGE 355

JOS ANTONIO SACO /351 /351 /351 /351 /351 Y despus de haber ostentado tan varios conocimientos, se atrever a repetir que describi las cuevas como sensible y no como naturalista? Es menester mucha indulgencia para creerlo. Concluyamos, pues, que la tal descripcin es una de aquellas piezas geolgicas que en Amrica y en Europa contribuir siempre a colocar su digno autor en el rango de los naturalistas ms eminentes del siglo XIX.Argumentos de Sagra para probar que estudi botnica en EspaaHe aqu uno de los artculos de mi Impugnacin ; pero como la reproduccin y refutacin de tales argumentos ya hoy no tienen inters, slo reimprimir uno, cuya naturaleza es puramente cientfica. Dice as: Sagra, siendo estudiante, hizo frecuentes excursiones por las montaas de Galicia, donde descubri por primera vez la propiedad fosfrica en el feldespato. Y dado que hubiese hecho tales excursiones, se infiere acaso de ellas que hubiese estudiado botnica? No pudieron haberle llevado la curiosidad, el ejercicio corporal, y otros motivos que no tengan la ms leve relacin con aquella ciencia? Si todos los que recorren las montaas, lo hiciesen solamente en busca de vegetales, entonces nos veramos en el caso de conceder el nombre de botnicos aun a los prfugos que buscan un asilo en aquellos lugares. Pero mis excursiones, me dice Sagra, fueron cientficas, puesto que descubr la propiedad fosfrica en el feldespato. Sea enhorabuena; mas, de aqu tampoco se sigue que hubiese estudiado botnica, porque un hombre bien puede saber ms mineraloga que el clebre Hay, y no conocer, sin embargo, ni una sola planta. Si el deseo de determinar stas fue lo que le llev a las montaas de Galicia, por qu no nos habla de vegetales que encontr o descubri, as como lo hace respecto de su descubrimiento fosfrico? Sin duda que nos habla de ste para recomendarse, y hacernos creer que no slo es botnico, sino mineralogista: y como tambin es catedrtico nominal de esta ciencia, estoy en el caso de manifestar que el descubrimiento que cita, aun cuando fuese cierto, no puede darle el ttulo que ambiciona. Yo siento no tener a la mano los nmeros 60 y 61 de las Memorias de la Sociedad Patritica de La Habana, en que public su descubrimiento; pero, ya que me es imposible conseguirlas para el fin que me propongo, tendr que buscar mis razones en otra fuente. Mucho se engaa el seor Sagra si cree, que los descubrimientos son siempre la escala por donde se ha de medir el mrito cientfico de los hombres. Muchas veces dependen de la casualidad, y otros muchos se hacen por personas que no tienen ni aun la ms ligera tintura de las

PAGE 356

OBRAS 352\ 352\ 352\ 352\ 352\ ciencias. El retozo de dos muchachos con unos vidrios dio rigen a la gran invencin del telescopio; y aun hay quien crea, que el descubrimiento del imn se debe al cayado de un pastor que caminaba por el monte Ida. Qu glorias ni qu derechos pueden aqullos ni ste reclamar, cuando la razn no tuvo parte alguna en sus felices casualidades? Descubrimientos que son el fruto de previas combinaciones, y que el hombre, por decirlo as, va forzando la naturaleza a que le entregue sus arcanos, sos s son ttulos que pueden darle lugar distinguido en la carrera de las ciencias, o elevarle a la inmortalidad. Y son por ventura los de Sagra de esta o de aquella especie? Muy lejos estn de serlo. Haber encontrado en un mineral llamado feldespato la propiedad de emitir por un corto tiempo una luz dbil en medio de las tinieblas: he aqu todo el descubrimiento; pero descubrimiento tan insignificante por sus aplicaciones a los usos de la vida, como destituido de toda combinacin en los medios de conseguirlo. Si recorremos la historia de las ciencias, ya encontramos desde principios del siglo XVI un tratado sobre platera escrito por Benvenuto Cellini,10 en el cual se contienen los primeros experimentos sobre la fosforescencia de los minerales. Avanzando hasta 1639, ya vemos que Vicente Cascariolo descubri que la piedra de Bolonia calcinada luce en la oscuridad. La misma propiedad observ Boyle en el diamante desde 1663; y fue conocida tambin en otros minerales por Baldwin de Misnia en 1677, por Francisco Haukesbee en 1705, y por Du Fay en 1724: en cuyo ao, o muy poco despus, observ Beccaria que muchos cuerpos de la naturaleza eran luminosos despus de expuestos al sol; y segn que nos venimos acercando a nuestra poca, por todas partes vamos tambin observando los trabajos de varios hombres sobre la fosforescencia de los minerales, y de otras sustancias; de suerte, que ya por los tiempos en que Sagra alega haber hecho su descubrimiento, se haban practicado muchas experiencias con una clase numerosa de aquellos cuerpos. Descubierta, pues, esa propiedad desde principios del siglo XVI, ensayada de varios modos por muchos naturalistas, y sobre muchos minerales, qu talento, ni qu sabidura tiene, que encontrando uno de stos, se le frote con un pao, se le caliente en un crisol, y se someta a las mismas pruebas que las anteriores para ver si da los mismos resultados? sta es una operacin que puede hacer cualquier nio y aun el hombre ms ignorante. Pues vase aqu todo el mrito que clama Sagra para que se le tenga por mineralogista. Pero ser yo temerario si digo, que ni aun ste le corresponde? Antes que Sagra naciera ya Wedgwood haba publicado en el tomo 82 de las Transacciones Filosficas de la Real Institucin de Lon10 Due Trattati dell’Orificeria

PAGE 357

JOS ANTONIO SACO /353 /353 /353 /353 /353 dres, perteneciente al ao de 1792, un trabajo importante sobre la fosforescencia de los minerales, y en la pgina 129, volumen 17 del compendio de dichas Transacciones se encuentran estas palabras de Wedgwood: “ El doctor Hoffmann descubri que la blenda (sulfuro de zinc) y el FELDESPATO, eran luminosos cuando unos pedazos se frotaban ”. Y si publicando Wedgwood sus experimentos en 1792 ya nos dice que Hoffmann haba descubierto la propiedad fosfrica en el feldespato, cmo es que Sagra se atribuye este descubrimiento en 1816 o 1817? Esta sustancia fue tambin objeto de las investigaciones de Wedgwood; y por eso se leen en el volumen citado, a la pgina 130, las clusulas siguientes: “ La greda...y el FELDESPATO despus de haber sido expuestos a un fuerte calor rojo en un crisol abierto, emiten una luz muy dbil sobre el calentador ”. Y ms adelante dice: “El FELDESPATO fue igualmente luminoso, ya sea que caliente, se hubiese puesto sobre el calentador, ya sea que enfriado primero, se hubiese puesto despus en l ”. Descubierta, pues, por Hoffmann la propiedad fosfrica del feldespato, y repetidos y variados sus experimentos por Wedgwood antes de 1792, qu motivos pudieron impulsar a don Ramn Sagra para apropiarse un descubrimiento hecho desde el siglo pasado? Es menester convenir en que, ignoraba su existencia, o la saba. Si lo primero, manifiesta que no haban llegado a su noticia unos conocimientos muy comunes y generalizados en Europa; y si lo segundo, aparece claramente que ha cometido un nuevo plagio, vendindonos como propios, descubrimientos ajenos. Antes de pasar a otra materia, debo advertir, que aun cuando Sagra hubiese descubierto la fosforescencia en el feldespato, no por eso es acreedor ni aun al simple ttulo de mineralogista; porque esa propiedad, si bien se observa generalmente en los minerales, ella en s no es mineralgica, sino fsica, as como lo es la electricidad y otras semejantes.Motivos del odio general con que Sagra es mirado en La Habanaste supone que semejante asercin es “ desesperada, y que son tantas las pruebas que de su laboriosidad y civismo podra amontonar, que al leerla, la pluma se le cae de la mano por temor de comprometer y confundir la opinin de un pueblo sensato con los aullidos feroces de un hombre preado de odio y devorado por la envidia ”. An no es tiempo de manifestar, que ni sta ni aqul han existido jams en m; pero s lo es de presentar las pruebas en que me fund para decir, que el Profesor Sagra es un hombre generalmente odiado en La Habana Sacarelas, no de las ofensas que en privado ha hecho a muchos indivi-

PAGE 358

OBRAS 354\ 354\ 354\ 354\ 354\ duos respetables, sino de sus propios escritos y de algunos actos a que l mismo ha dado publicidad. De las innumerables pruebas con que entonces demostr la verdad de mi aserto, ahora slo har mencin de una que aunque a primera vista parece puramente personal, est enlazada con los conocimientos qumicos y los progresos materiales de Cuba. Hela aqu: En 1827, el seor conde de Villanueva, intendente de La Habana, hizo una consulta a don Jos Estvez, sobre la accin qumica que pudiera tener el agua del ro Almendares en los caos de hierro por donde se pensaba entonces conducirla a la ciudad de La Habana. El seor Estvez dio su opinin con aquella solidez que caracteriza sus trabajos en estas materias; y el conde de Villanueva deseoso de recoger mayores luces, la pas al Protomedicato para que ste tambin le comunicase sus ideas sobre un punto tan ntimamente enlazado con la pblica salubridad. Esta corporacin solcita del acierto convoc a varias personas, para que todas reunidas manifestasen francamente su modo de pensar. Asisti a la junta el seor Sagra; pero apenas hubiese odo leer el papel del seor Estvez, cuando meti mano a un pliego escrito que llevaba, y por preliminar a su lectura, solt en voz alta estas palabras: “esos experimentos que cita el seor Estvez para ilustrar la cuestin, son inconducentes y groseros”. Qu motivos tuvo Sagra para expresarse en tales trminos, delante de un concurso respetable, contra un hombre que jams le haba ofendido, y que aunque ausente de aquel lugar, tena all varios amigos que le defendiesen? Obligole tan slo, el sentimiento de ver que el conde de Villanueva hubiese consultado a Estvez, y resuelto Sagra a vengar el agravio que supona habrsele hecho, dispar sus tiros contra un hombre, que si en materia cientfica tiene algn defecto, es su extrema modestia.11 11Yo publiqu en el nmero 20 del tomo 1 del Mensajero el anlisis de agua del ro Almendares que hizo el seor Estvez, tomada de la zanja, por donde corre a la ciudad de La Habana, pasados muchos das en que no haba llovido. Tres meses despus repiti el anlisis con otras porciones de agua; y los resultados dieron las siguientes sustancias: Yeso. Sal marina (cloruro de sodio). Hidroclorato de magnesia. Carbonato de cal. Carbonato de magnesia. cido carbnico. “Averiguado pues, dice el seor Estvez, cuanto se encierra en esta agua, se reduce todo a cortas porciones de algunas de las varias sustancias que poco ms o menos se encuentran en todas las aguas potables; no hay, por consiguiente, en la nuestra aquel nmero de cosas extraas que se crea: no hay ni se pudo esperar que hubiera ningn amonaco (lcali voltil), ni nada de hidrgeno sulfurado (cido hidrosulfrico), como se haba supuesto y se le dijo a Real Protomedicato. No deba esperarse que hubiera tales

PAGE 359

JOS ANTONIO SACO /355 /355 /355 /355 /355Ignorancia o malicioso silencio de Sagra acerca de la meteorologa cubanaYa que he hablado de la Memoria de Sagra sobre el clima de la isla de Cuba,12 impresa en 1827, imposible me es proseguir, sin hacer una resea histrica de las Observaciones meteorolgicas de La Habana, y las que el seor Sagra, o ignora, o procura ocultar con mengua de la civilizacin cubana. Afirma Sagra, que la “ meteorologa es una ciencia muy reciente para que existiesen all elementos reunidos dignos de examinarse: y que as, en lo que va a exponer no tendr otra gua que sus estados particulares Con que no existen en La Habana elementos reunidos dignos de examisustancias, porque ni podran existir a un mismo tiempo sin que se combinaran y formasen una sal, ni tampoco era creble que existieran alternativamente: y adems sera muy nuevo el hallazgo del amonaco, porque hasta ahora no se le ha encontrado en ninguna de cuantas aguas se han reconocido; y fuera muy raro el descubrimiento del hidrgeno sulfurado en una agua en la que nadie jams ha sentido el hedor que distingue a este gas, y que lo pone de manifiesto en donde quiera que se halle. ”Con el tiempo deja una de sus sales el agua de zanja; porque no pudiendo, segn queda dicho, mantener disuelto al carbonato de cal, luego que se la priva del cido carbnico y como, por otra parte, este cido cuando se comunica con la atmsfera, tira continuamente a recobrar su elasticidad, y le basta la temperatura ordinaria para pasar poco a poco al estado de gas, sucede que a la larga el carbonato de cal, al paso que le va faltando su disolvente, se va reduciendo, y acaba por separarse enteramente. As es que esta agua, segn se ha observado, pasando das se mejora, o como solemos decir, se cura. Y as es tambin como se forman las concreciones que suelen encontrarse adheridas a algunos de los cuerpos que estn sujetos a ser frecuentemente mojados por el agua de la zanja. ”Tambin nuestras lavanderas embonan la que destinan al jabonado de la ropa, mezclndole anticipadamente un poco de ceniza; porque saben que as la disponen para que se disuelva el jabn sin que se pierda nada de esta apreciable sustancia. Y esta preparacin, aprendida tal vez a fuerza de experimentos, est fundada en la propiedad que tienen los carbonatos alcalinos de descomponer algunas de las sales terrosas; pues como las cenizas tienen una porcin de carbonato de potasa, introducido ste en el agua de la zanja, destruye el sulfato de cal o yeso, y el hidroclorato de magnesio; cuyo encuentro con el jabn acarreara la prdida de una parte de este compuesto, que por su reaccin sobre aquellas sales se descompone o, como se dice comnmente, se corta”. Hasta aqu el seor Estvez. Hoy que se hallan en La Habana dos qumicos distinguidos que poseen todos los adelantamientos que ha hecho la ciencia en estos ltimos aos, es de esperar que repitan el anlisis de aquellas aguas, y que den a este trabajo el grado posible de perfeccin. 12Uno de los muchos puntos que ahora he suprimido, es aquel en que habl de esta Memoria, no con respecto a su mrito cientfico, sino a las ofensas hechas en ella al pblico cubano.

PAGE 360

OBRAS 356\ 356\ 356\ 356\ 356\ narse? As lo public Sagra en su Memoria, no dudando calificar de imperfectas las observaciones de los seores Ferrer y Robredo; y siendo las nicas a que se refiere en su folleto, no se digna de indicar siquiera los resultados que obtuvo el ltimo, y aun respecto del primero se muestra tan lacnico, que cuanto dice de sus observaciones es: “ Habana segn Ferrer, 25 grados, 7 dcimos”, sin expresar a qu ao pertenece esta temperatura media, ni tampoco si corresponde a uno, dos, o ms. No es, por cierto, tan sucinto, cuando trata de conciliar la discrepancia que se advierte entre sus observaciones y las de aquel marino: pero la diferencia es bien clara, porque en el primer caso, se vera nuestro autor precisado a confesar que un hombre instruido trill antes que l este camino; y en el segundo, no tiene ms objeto que recomendar sus trabajos, atribuyndoles, no slo gran perfeccin, sino suponindolos como los primeros exactos que en este gnero se han hecho en nuestra Isla. Pero la intencin con que escribi aquella Memoria, le arrastr a cometer una injusticia. Expongamos algunos hechos. En la gaceta que hoy se llama Diario y que antes se denominaba Papel Peridico de La Habana se encuentran las observaciones meteorolgicas hechas en aquella ciudad en los aos 1791, 92, 93, 94, 95, 99 y 1800; y no se publicaron los resultados generales obtenidos en cada mes, como hace Sagra, sino la altura respectiva del barmetro y del termmetro en tres horas diferentes de cada da, agregndose a este prolijo trabajo la variacin de los vientos por la maana y tarde, e indicando al mismo tiempo el aspecto del cielo, los das de lluvia, y el estado elctrico de la atmsfera. Tanto era el empeo que se pona en aquellas observaciones, que en el papel del 14 de septiembre de 1794 aparece una relacin curiosa de todas las variaciones, que durante el temporal acaecido en agosto del mismo ao experimentaron de media en media hora el termmetro, el barmetro, el higrmetro, los vientos y el estado del cielo. Ni son stas las nicas observaciones publicadas en La Habana. Apenas hubo entrado el presente siglo cuando ya se encuentran de nuevo otras no menos importantes. Empezronse el 1 de junio de 1805, y se continuaron hasta enero de 1808: el termmetro era de Fahrenheit y estaba dividido en grados y dcimos de grados; as como el barmetro en pulgadas inglesas; dndose tambin al pblico una tabla del aspecto diario del cielo, de los vientos que soplaban cada da, y de los reinantes cada mes. Siguen las observaciones hechas por el seor Ferrer en los aos de 1810, 1811 y 1812; y continuando la lectura de los Diarios de La Habana, se encontrar otra serie correspondiente a los aos de 1814, 15 y 16. En ellas no slo se advierten las indicaciones termomtricas y baromtricas, sino que el seor Arambarry determin mensualmente

PAGE 361

JOS ANTONIO SACO /357 /357 /357 /357 /357 la cantidad de lluvia que cay en La Habana, en los cinco aos corridos de 1811 a 1815. Estos datos son suficientes para demostrar la ligereza con que Sagra se expres cuando dijo en su Memoria, que en la Isla no hay elementos meteorolgicos reunidos dignos de examinarse ; pero siendo mi objeto rebatir tan falsa imputacin, same permitido detenerme por un momento, aadiendo una nueva prueba. El barn Humboldt public en Pars en 1826 su Ensayo sobre la isla de Cuba Corto fue el tiempo que residi en La Habana este clebre viajero; mas, con todo, hall datos suficientes para escribir sobre el clima de la isla de Cuba un artculo entero compuesto de 29 pginas en 4 espaol, insertando entre otras las observaciones que le comunicaron los seores Robredo y Ferrer. El primero las hizo en el Wajay, en los aos de 1796, 97, 98 y 99, y tambin en La Habana durante el ao 1800. El segundo limit las suyas a esta ciudad, abrazando, como he dicho, el perodo de 1810 a 1812 inclusives. No contento con hacer estas indicaciones, quiero transcribir las mismas palabras de Humboldt: “Es una fortuna, dice, para el estudio profundo de la meteorologa, que en el estado actual de la civilizacin, ya se puedan reunir tantos elementos numricos sobre el clima de los lugares que estn situados casi inmediatamente bajo los dos trpicos Cinco de las ciudades ms grandes del mundo comercial, Cantn, Macao, Calcutta, La Habana, y Ro Janeiro se encuentran en esta posicin”. ¡Qu lenguaje tan contrario al que usa nuestro profesor de botnica! El barn de Humboldt se da en 1825 la enhorabuena de que ya existiesen tantos elementos numricos sobre el clima de La Habana; pero Sagra en 1827 se lamenta de la falta absoluta de ellos, pues no encuentra ni uno solo digno de examinarse El barn de Humboldt, sin observaciones propias, y descansando slo en los datos que le facilitaron varias personas instruidas de La Habana, escribe un artculo de 29 pginas en 4; pero Sagra despus de una residencia de ms de cuatro aos en aquel pas, y de haberse propuesto desde su llegada a l un plan de tareas que abrazase toda la historia fsica y natural de ese suelo desconocido no puede tirar ni una sola lnea, sin recurrir a sus estados particulares, pues ellos son, segn se explica, la nica gua que ha tenido. Sagra antes de publicar su Memoria ya haba ledo el ensayo de Humboldt sobre Cuba; por qu, pues, no se aprovech de las ideas de este autor, e hizo justicia al pas donde habita?, porque su intencin fue aparecer ante la Sociedad Horticultural de Nueva York como el primer hombre que ha observado en aquella Isla el termmetro y el barmetro. No se atribuya, no, a ninguna otra causa, el silencio que guard en su Memoria sobre este particular. En una nota que se halla en la pgina 60 del nmero 2 de los Anales correspondiente al mes de agosto de 1827,

PAGE 362

OBRAS 358\ 358\ 358\ 358\ 358\ dice as: “de todas las observaciones hechas en diversos aos de este siglo por sujetos dignos de ser citados slo una nota manuscrita del seor Robredo menciona la temperatura de 34”. Si en diversos aos de este siglo se han hecho observaciones por sujetos dignos de ser citados, por qu no los mencion? Por qu dijo que en La Habana no existan elementos dignos de examinarse ? Por qu tuvo la arrogancia de afirmar, que en todo lo que iba a decir, no tena ms gua que sus estados particulares ? Porque Sagra quiere aparecer como el nico que sabe en Cuba, y como el primero que ha ido a civilizarla. Saltando por encima de varios artculos de mi Impugnacin me apresuro a llegar a la Segunda Parte de ella, suprimiendo como en la primera muchas cosas que, si en otro tiempo fueron tiles, ya hoy no inspiran inters.PARTE SEGUNDACombatir las falsas imputaciones de odio y de envidia que Sagra me atribuye por su sabidura y por los servicios que supone haber hecho a Cuba; probar su incapacidad para desempear las funciones de catedrtico de botnica; y convencer al pblico del culpable abandono con que este profesor ha mirado las obligaciones que contrajo con el Consulado y la Sociedad Patritica de La Habana, cuando tom posesin del Jardn Botnico: tales son los puntos principales que abrazar la Segunda Parte de esta Impugnacin y tales los mismos que ir presentando en el orden que acabo de indicar.Motivos en que Sagra funda el odio y envidia que yo le tengoAfirma Sagra, que estas dos pasiones fueron el mvil de mi pluma antes y al tiempo de escribir el nmero 7 del Mensajero ; y entre las causas a que atribuye tan viles sentimientos, cuenta como primera un folleto annimo que l public en La Habana en 1825 con el ttulo de Una pgina para la historia de la poca actual Mas, como Sagra para dar fuerza a estas calumnias llama en su favor el apoyo del gobierno, yo tambin le invoco para rebatirla; y haciendo aqu una protestacin solemne de mi respeto a la autoridad, producir a su sombra las razones de mi defensa y las imposturas de mi contrario. Cubierto, pues, con esta gida, hablar francamente el lenguaje de la verdad, quitando de este modo todo motivo a siniestras interpretaciones.

PAGE 363

JOS ANTONIO SACO /359 /359 /359 /359 /359 “El odio de Saco, tales son sus palabras, a la persona de Sagra y el que le tienen muchos de sus amigos, proviene de un papel que el segundo escribi en 1825, y que se public sin nombre de autor, con el ttulo de Una pgina para la historia de la poca actual y el cual tena por objeto refutar unos cuadernos subversivos que publicaban en Norteamrica”. De sentir es que Sagra no hubiese sido ms explcito; pero ya que no lo fue, no pondr en trminos ms claros toda la sustancia de su prrafo. Saco es enemigo de Sagra porque aqul es independiente, y ste public en 1825 un papel annimo contra la independencia : he aqu lo que Sagra quiso decir. Hagamos, pues, algunas reflexiones, y presentemos algunos hechos sobre este particular. Si subo a los motivos que pudieron haber inducido a Sagra a expresarse en este lenguaje, hallarelos sin duda en el deseo que tiene de comprometerme con el gobierno ; y dgolo as, porque habiendo empezado esta cuestin por una materia puramente literaria, Sagra procur desde el principio darle un giro poltico, y ora tendiendo redes, ora dando asaltos alevosos, trata de cerrarme las puertas de mi patria, o de impedir que en ella circulen mis escritos. Pero si prescindiendo de los motivos que pudieron impulsarle a verter tal proposicin, me vuelvo a considerar los fundamentos en que descansa, hllolos dbiles y socavados. Fui yo enemigo de Sagra porque l hubiese escrito en La Habana Una pgina para la historia de la poca actual ? Y por qu dice entonces al principio de la primera nota a su Contestacin que el motivo de la irritacin del seor Saco, o sea, el motivo de tomar la pluma, fue una carta crtico burlesca que se insert en el nmero 26 de los Anales ? Si esta Carta fue la causa que me irrit contra Sagra, claro es que mi irritacin contra l no proviene de la Pgina como supone; y si proviene de la Pgina ya no tiene su origen en la Carta, resultando en ambos casos que Sagra se contradice sin atinar con una razn plausible para acusarme ante el pblico de odio a su persona. Mas, sea lo que fuere, fui yo, vuelvo a preguntar, fui yo enemigo de Sagra porque l hubiera escrito la Pgina ? Este papel apareci sin firma, y al tiempo de su publicacin, yo me hallaba en Filadelfia. Recibiose en Nueva York; mas, yo no tuve noticia de l hasta que pas de aquella ciudad a sta; y aun entonces vagaba mucho la opinin acerca de su verdadero autor, pues unos lo atribuan a don Juan Agustn Ferrety, otros al coronel don Feliciano Montenegro, y otros al licenciado don Diego Tanco; pero andando el tiempo, todas las sospechas, aunque infundadas e injustas por el descubrimiento que ahora se ha hecho, recayeron en el ltimo, y tanto el autor de los cuadernos a que alude Sagra como los dems espaoles americanos y peninsulares que entonces residan aqu, quedaron persuadidos de que la Pgina era obra del abogado Tanco. Debo decir en honor de la verdad, que aunque

PAGE 364

OBRAS 360\ 360\ 360\ 360\ 360\ nunca he sido ntimo amigo de este seor, siempre por lo menos le he conservado buen afecto; y la creencia equivocada en que estaba de que l haba sido el autor de aquel papel, sean cuales fueren las opiniones que Sagra me quiera suponer, jams me habran llevado al extremo de considerarle como mi enemigo. Siempre tolerante, y aun indulgente en materias polticas, o respeto las ideas, o las miro con indiferencia, o las condeno al desprecio; y si alguno de estos sentimientos pudieran inspirarme las contenidas en la Pgina confieso que seran los de este ltimo gnero. Si, pues, yo no aborreca, al que en mi concepto era autor de la Pgina cmo pude por ella aborrecer a Sagra? y aun concediendo que hubiese aborrecido a aqul, cmo pude aborrecer a ste, cuando absolutamente ignoraba que fuese su verdadero autor? Pero Sagra asegura, que yo fui su enemigo, y que lo fui desde que public la Pgina en 1825, puesto que ese papel fue, segn sus palabras “ como la alarma de conjuracin y el centro de unin de odio personal a l para todas las personas de opiniones contrarias ”. Dejemos correr as esta proposicin para desmentirla con la misma conducta de Sagra. Yo regres de Nueva York a La Habana en diciembre de 1826, y a pocos das de mi llegada, ca enfermo. Dispensbame sus cuidados el joven recomendable y excelente mdico, doctor don Nicols Gutirrez, con quien el seor Sagra fue a visitarme una maana. Recibilo con agrado y con toda la atencin que en tales casos debe usar una persona bien criada. La conversacin corri casi toda sobre materias cientficas, y acercndose el ltimo con este motivo a una mesa donde haba libros y papeles, cogi un tomo de los Diarios de La Habana correspondiente a uno de los ltimos aos del siglo pasado, y habiendo encontrado en ellos varias observaciones meteorolgicas hechas en aquella ciudad, me dijo que deseara verlas con despacio, pues tena entre manos un trabajo de esa naturaleza. Contestele, que los Diarios no eran mos,13 pero que, sin embargo, podra facilitarle, as aquellos como otros que tambin contenan las observaciones de otros aos. No quisiera equivocarme, pero me parece que tambin le regal un ejemplar de una obrita que imprim en La Habana sobre algunos tratados de fsica, o un tomo de la traduccin de Heinneccio que acababa yo de publicar en Filadelfia. Sagra se despidi entonces de m en compaa del doctor Gutirrez, y hacindome varias expresiones de afecto y urbanidad, quedamos ambos en la mejor inteligencia. Quin, pues, descubrir en esta mi franca y generosa conducta, no ya los sntomas de una enemistad encarnizada, pero ni aun siquiera los de frialdad o la tibieza? Ninguno por cierto. Mas, no 13Pertenecan a un ilustre habanero, a un hombre no menos venerable por sus aos y por su carcter, que por sus vastos conocimientos, pertenecan al doctor don Jos Agustn Caballero.

PAGE 365

JOS ANTONIO SACO /361 /361 /361 /361 /361 sucede as respecto de la de Sagra. l, segn su propia confesin, me reputaba ya como su enemigo. Qu motivos, pues, pudieron inducirle a visitarme? Habale yo hecho antes ese cumplimiento? No; porque habiendo enfermado muy pocos das despus de mi llegada, apenas tuve tiempo para cumplir con mis amigos verdaderos. Ira a llenar una de las frmulas de la poltica, pagndome la visita de despedida que yo le hice antes de partir para los Estados Unidos en 1824? Tampoco, puesto que desde que Betancourt se retir para su pas a principio del mismo ao, yo no volv a pisar el jardn. Ira a rendir homenaje a mis empleos o a mis honores? Jams he gozado ni de los unos ni de los otros. Ira a reconciliarse conmigo? Ni entonces, ni despus hablamos una palabra acerca de ofensas reales o imaginarias: ni era posible que as fuese, porque naciendo de m, la enemistad, segn su lenguaje, y hallndose l injustamente ofendido a m y no a l era a quien tocaba la iniciativa de la reconciliacin. Llegamos, pues, a los extremos de que o Sagra me visit en el concepto de que yo no le tena mala voluntad, o en el de que era su encarnizado enemigo. Si lo primero, resulta que es falso todo cuanto ha dicho: y si lo segundo, da la prueba ms demostrativa de que con las apariencias de franqueza y amistad, y prevalindose de la consideracin con que yo miro al doctor Gutirrez, trat de tentar mi sufrimiento o de sondear mis intenciones, a pesar de hallarme postrado en una cama. Que yo no tena ningn rencor personal contra Sagra, ni menos la envidia que me supone, aparecer todava ms claramente de mi conducta posterior. Apenas me hube levantado de la cama, cuando ya trat de pagarle su visita, y como en aquellos das l hubiese abierto una especie de clase de Mineraloga escog para ir al jardn una de las tardes en que hubiese leccin, pues, al paso que de este modo cumpla con el deber de la poltica, llenaba los deseos que tena de orle. Ole en efecto, y debo decir por mi honor que si yo hubiera sido su enemigo, o tendole alguna envidia, qu mejor ocasin poda presentrseme para hacerle la guerra? Quin poda impedir que hubiese publicado en La Habana o en Norteamrica, con mi firma o sin ella, un papel intitulado Una tarde en el Jardn Botnico ? Quin impedirme, que hubiese contado a la larga todas las escenas que all pasaron entre mi amigo don Toms Betancourt y l? Quin, en fin, que hubiese tratado de destruirle la clase, cosa que me era muy fcil, as porque el nmero de concurrentes era muy corto, como porque casi todos, o eran mis amigos, o haban sido mis discpulos, y de cuya deferencia a mis insinuaciones estaba ntimamente penetrado? Nada de esto hice: hice s, lo contrario; pues dejando mis ocupaciones, y exponindome a veces, como sucedi, a encontrar cerradas las puertas de la clase, fui varias tardes a ella. Y fui, no por aprender mineraloga, porque despus de haber odo en Filadelfia al profesor Keating, y a Silliman en New Haven, con qu gusto poda escuchar, ni

PAGE 366

OBRAS 362\ 362\ 362\ 362\ 362\ qu podra aprender de un hombre que apenas conoca los principios de aquella ciencia? Fui tan slo, porque saba, que pudiendo reunir con mi asistencia al jardn a algunos de mis antiguos discpulos, coadyuvara de algn modo a sostener una clase ya muy prxima a su ruina. De esta manera contribua yo, no slo a la reputacin literaria de Sagra, sino que aun lisonjeaba su amor propio, pues por mucho que me quiera rebajar, no poda menos de alegrarse de ver confundido entre sus discpulos a uno que antes que l, y con honor se haba sentado en una ctedra. Son stas las armas con que atacan la enemistad y la envidia? Si es cierto que ya por aquellos tiempos yo fui enemigo de Sagra, mi conducta respecto de l fue de un linaje tan noble, que renunciando a mi carcter pacfico y obsequioso, deseara la enemistad para proceder siempre de aquella misma manera. Disolviose por fin la clase de mineraloga, como era de esperar, y disolviose tan slo por culpa del profesor, pues fingindose unas veces achacoso y otras muy ocupado, los concurrentes a ella acabaron de disgustarse, y se retiraron del jardn. Yo, sin embargo, continu haciendo de cuando en cuando mis visitas a Sagra, hasta que part para tierra adentro a principios de mayo de 1827. Regres a La Habana el ltimo de julio del mismo ao, y a muy pocos das sal para Matanzas donde a fines de agosto lleg a mis manos su clebre Memoria sobre el clima de la isla de Cuba Confieso que cuando la le, mi pecho se llen de indignacin, pues no era dable contemplar a sangre fra tanto orgullo y necedad, tantas injusticias, y tantos ultrajes a un pueblo generoso. Sentime dispuesto por algunos das a contestarla, y as me lo aconsejaban varios amigos; pero fluctuando en la incertidumbre, abandon al fin mi primer intento. En prueba de la franqueza de mi carcter, yo apelo a Sagra para que diga, si es cierto que jams le visit despus de la publicacin de esa Memoria, pues, aunque tambin lo es, que desde aquella poca hasta mi partida a los Estados Unidos resid muy poco tiempo en La Habana, pude, sin embargo, haberlo hecho algunas veces. Mas, no lo hice, porque ya Sagra con su Memoria me haba dicho claramente que no quera ser mi amigo; y yo sin aborrecerle, cre que deba ser fiel a lo que mi honor me prescriba, retirndome del jardn. Sagra por esto, conocer, si habiendo yo sido su enemigo por la Pgina que escribi en 1825, pude haberle visitado y asistido a sus lecciones de mineraloga a principio de 1827. Debo tambin aadir, que dondequiera que nos veamos, nos saludbamos y aun conversbamos: cosa que bien puede estar seguro que yo no habra hecho, si aun despus de la Memoria hubiese sido su enemigo o envidindole su talento. Y de haber sido as, cmo habra dejado escapar una oportunidad tan preciosa para atacarle y confundirle, as como lo hago ahora? No habra salido al frente, cuando l public

PAGE 367

JOS ANTONIO SACO /363 /363 /363 /363 /363 en abril de 1828 en el nmero 10 de sus Anales un desafo, diciendo: “En mi Memoria sobre el clima de La Habana he indicado ligeramente algunas consecuencias de su influencia, que han sido censuradas por algunas personas, sin que se dignasen tomar la pluma para refutarlas, que es el medio legtimamente usado por los hombres de talento, cuando leen proposiciones errneas o perjudiciales?” No se public este desafo en vspera de mi segundo viaje a los Estados Unidos donde pude haberle vibrado un rayo inmediatamente despus de mi llegada? No fue ste el pas donde Sagra imprimi la tal Memoria, y donde por lo mismo tena yo un honroso motivo para combatirla? No hace ms de un ao que soy redactor del Mensajero ? No tena toda la facilidad para haber escrito contra ella? Todo estaba de mi parte; pero desoyendo la voz de la justicia, el clamor de la patria, el dictamen de mi conciencia, y el consejo de mis amigos, call y tanto call por un hombre que hoy dice, que yo aborreca su persona y envidiaba su talento. El lector imparcial a cuyas manos llegare esta Impugnacin, juzgar del mrito de esta verdad, y conociendo que mi pecho ni estaba agitado por los sentimientos que Sagra me atribuye, ni mucho menos por los motivos que me supone, conocer tambin, que tan falsa imputacin slo pudo tener su origen en el deseo que tiene Sagra de comprometerme con el gobierno. Sagra no contento con habernos descubierto que es el autor de la Pgina se tributa elogios que ruborizaran a cualquier hombre modesto. “La Pgina as dice, papel lleno de verdad y fuerte de elocuencia, obtuvo en Europa una aprobacin unnime e hizo enmudecer al escritor de Norteamrica”. No dar yo el gusto a Sagra de calificar ese papel por sus opiniones polticas; pero considerndolo bajo el aspecto puramente literario, debo confesar que es uno de los frragos indigestos que han abortado las prensas; y cuando me dijeron, que era obra del licenciado Tanco, lo extra sobremanera, porque siempre he tenido mejor opinin de sus talentos. Ser verdad que la Pgina obtuvo en Europa una aprobacin unnime? Sagra nos da las pruebas en una nota donde nos dice, que la Pgina se insert en el Ensayo estadstico que sobre la isla de Cuba public en Pars Mr. Huber. Segn esto, Pars es la Europa, y la opinin de Mr. Huber, la aprobacin unnime de toda Europa. Para sacar semejantes consecuencias, es menester ignorar los principios de toda lgica, pues slo as se puede decir, que porque un hombre reimprima en Pars un papelucho cualquiera, ya ste merece la opinin unnime de la Europa. Aun la opinin misma de Mr. Huber es de muy poca vala, pues deseando este seor escribir alguna cosa sobre la isla de Cuba, tuvo la fortuna de encontrar quien le sacase del apuro, dndole algunas noticias acerca de aquel pas; y como stas no fuesen muchas, ni pudiesen dar a su trabajo el carcter de una obra, ech mano de la Pgina que

PAGE 368

OBRAS 364\ 364\ 364\ 364\ 364\ encontrara en algunos Diarios de La Habana, o que le regalara alguna persona; de modo que, si como dio con este folleto, hubiese tropezado con otro de naturaleza contraria, sin duda que tambin lo hubiera inserto en su Ensayo Para acabar de conocer el aprecio que merece la reimpresin de la Pgina en la obra mencionada, basta reflexionar, que llevando sta por ttulo Ensayo estadstico sobre la isla de Cuba y no conteniendo la Pgina ni un slo dato de esta naturaleza, se agreg a ella tan slo para formar volumen. Y ser tambin cierto, que la Pgina hubiese hecho enmudecer al escritor de Norteamrica? Es falso, falssismo, pues todos saben que ste continu sus cuadernos; y todava en 1826 public otro en contestacin a cierto papel impreso en La Habana en abril de aquel mismo ao. Me he detenido en estos pormenores, as para demostrar, que ni la Pgina fue papel elocuente, ni obtuvo la aprobacin unnime de la Europa, ni menos hizo enmudecer al escritor de Nueva York, como para que se conozca, que la intencin de Sagra no es otra que darse importancia poltica. Yo no puedo pasar adelante sin deshacer una grande equivocacin. Piensa Sagra, que ni su Pgina ni ningn otro papel que pudiera haber publicado, eran capaces de detener el movimiento revolucionario que sacudiendo el continente americano de un polo a otro, parece que tambin quera comunicarse a la isla de Cuba? Mucho se engaa si lo piensa. Libertaron a la Isla de un movimiento poltico causas que Sagra sabe muy bien, y que son harto conocidas; un conjunto de circunstancias que complicando o combinando la poltica europea con la americana, detuvieron el golpe, que ya que estn pasados sus temores, same permitido decir, que estuvo pronto a descargarse. stas fueron las causas salvadoras de la isla de Cuba, y no Pgina ni papeles, ni folletos.14 Para probarme que es noble, hidalgo y bien criado me dice, “que aunque el autor de los folletos incendiarios publicados en espaol en Norteamrica fue bastante necio e imprudente para poner su nombre al frente, no le citar; y que por esto yo conocer si l usa de represalias”. Efectivamente, que el ejemplo que me saca, es muy buena demostracin de los nobles sentimientos que me quiere inspirar. Con que no cita al autor de los folletos? Pues ya por esta razn bien puede estar Sagra convencido de que nadie en La Habana ha llegado a adivinar quin es el autor de ellos. Acsale tambin Sagra de necio e imprudente por haber firmado esos cuadernos; pero en honor de la justicia y la verdad debo decir, que 14En 1824 y 1825, las Repblicas de Mjico y Colombia se concertaron para invadir la isla de Cuba; pero la invasin se frustr por haberse opuesto a ella la Inglaterra y los Estados Unidos.

PAGE 369

JOS ANTONIO SACO /365 /365 /365 /365 /365 nunca mostr su autor ni ms cordura ni ms prudencia, que cuando estamp en ellos su nombre. Las materias que contenan, eran muy delicadas y comprometidas: las ideas que se anunciaban, haban alarmado los espritus: hallbanse en los Estados Unidos muchas personas de la isla de Cuba que pronto deban volver a sus hogares, y otras que, aunque desterradas de aquel suelo, tenan en l sus familias y sus amigos. En tales circunstancias, qu conducta ms recomendable que aquella que con una sola firma libert a tantos inocentes de los tiros de la calumnia, la venganza, la adulacin, el espritu de partido, y cuantas pasiones agitan el corazn humano en las efervescencias polticas? Si Sagra hubiera imitado tan magnnima conducta, ni la equivocacin ni la maldad habran jams levantado su voz para atribuir la Pgina a un hombre que ninguna parte tuvo en ella. Tiempo es ya de dar al desprecio la Pgina para la historia de la poca actual y de que pasemos a considerar los ttulos o argumentos en que Sagra funda su gloria y la envidia que yo le tengo. Largo es por cierto el catlogo que nos cita; pero queriendo perseguirle hasta sus ltimos escondrijos, tendr que recorrerlos uno por uno,15 seguro de que si los tales ttulos no son suficientes para constituirle sabio, ni til a Cuba, entonces quedar demostrada la calumniosa imputacin que me hace. Sagra es individuo corresponsal, miembro honorario y asociado extranjero de varias Academias y Sociedades: luego es sabio y til a la isla de Cuba Encargado Sagra de llevar la correspondencia del Jardn Botnico de La Habana, con otros de igual clase de Europa, nada es ms natural que el que hubiese recibido esos y aun otros muchos ms ttulos de los que anuncia. Puesto en contacto con algunas Sociedades europeas, y deseosas stas de adquirir algunas producciones cubanas, honraron a Sagra, no para recompensar el mrito cientfico de que carece, sino para estimularle y aun obligarle a que les enve plantas y otros objetos, pues les interesa conocer la historia natural del Nuevo Mundo. A este motivo juntose otro, y es, que dichas Sociedades, por un sentimiento de su propia dignidad, estaban en el caso de realzar a Sagra, aun cuando fuese ms pequeo de lo que es. Ni se diga que este sentimiento no puede tener cabida en el corazn de los sabios. Por encumbrada que sea la esfera en que el hombre se halle, jams puede despojarse de ciertos afectos y aun debilidades que siempre le acompaan. mase a s mismo, y, por consiguiente, a todo lo que tiene relacin favorable con l. De este amor nace la importancia que da a sus 15Aunque as lo hice en mi Impugnacin ahora omitir algunos de ellos.

PAGE 370

OBRAS 366\ 366\ 366\ 366\ 366\ obras; y de la importancia, el prestigio de que las rodea, y el respeto que les quiere conciliar. Frmese una corporacin literaria, y desde el momento, ya los miembros que la componen, empezarn a sentir una especie de superioridad, que aunque destituida de los medios fsicos de oprimir, es tanto ms grata al corazn, cuanto se funda en el convencimiento del mrito personal, y cuando est sostenida por los aplausos y la admiracin que se tributan a los talentos. Con estmulos tan poderosos, el sabio cede algunas veces a su influjo, y si bien se reprime por la ilustracin cuando obra fuera del crculo cientfico, en este, que es su verdadero elemento, y el nico teatro de su accin, se deja arrastrar de los impulsos que incesantemente mueven. Reflexinese tambin, que Sagra aparece como encargado del Jardn Botnico por dos corporaciones respetables de La Habana, cuales son la Sociedad Patritica y el Consulado, de cuyos fondos se costea aquel establecimiento. Estas corporaciones estn identificadas con la prosperidad del pas, y puede decirse, que tienen en cierta manera, aunque muy imperfectamente, una especie de representacin popular. Las Academias, pues, y Sociedades que han enviado a Sagra sus ttulos, tuvieron a la vista estas consideraciones, y queriendo dar un testimonio del aprecio con que miran los esfuerzos de aquellos dos Cuerpos patriticos en obsequio de la ilustracin, inscribieron en sus actas el nombre del individuo puesto a la cabeza del jardn, no por lo que l vale en s, sino por el prestigio que aquellas corporaciones le han dado. En el deseo de celebridad y de gloria que enciende el alma de los hombres, encuentro tambin otra razn plausible a que atribuir la concesin de esos ttulos acadmicos, sin contar para nada con la persona de Sagra. Individuos y corporaciones se complacen en ver publicados sus nombres y trabajos hasta en remotos y extraos pases; y creyendo algunos botnicos europeos que el jardn de La Habana poda contribuir de alguna manera a los fines que desean, asociaron sus nombres con aquel establecimiento, y buscaron en su director o encargado un eco, aunque dbil, que en Amrica los repitiese. Una ojeada que se eche sobre las corporaciones cientficas, bastar para convencernos de que ni todas son lo que suenan, ni todos sus miembros son lo que generalmente se cree. Muchas veces tienen su origen en la vanidad de algunos individuos, en la rivalidad con otras Sociedades ya establecidas, en el espritu de imitacin que siempre impele a los hombres, y aun en el influjo de la moda, pues que esta dominadora del mundo, tambin extiende su imperio hasta la mansin de las ciencias. Unas corporaciones compuestas de tales elementos sern el criterio infalible para juzgar del mrito de sus miembros o corresponsales? Respondan por m los que saben lo que son Academias y Sociedades. Aun respecto de aquellas que se han fundado por el amor de las ciencias, y

PAGE 371

JOS ANTONIO SACO /367 /367 /367 /367 /367 cuyos miembros se procura que siempre sean escogidos, no siempre puede decirse que stos merecen el ttulo de sabios. La sabidura no contenta con reunir bajo sus alas a todos los que la cultivan, parece que tambin ambiciona el imperio universal, y llamando a su seno el poder y el valor, los honores y las riquezas, el patriotismo y dems virtudes, quiere fijarlos en su santuario para presidirlos y dominarlos. Pero en medio de tan grata perspectiva, la naturaleza humana viene a descubrir sus flaquezas, y cediendo algunas veces a los ruegos de la amistad, a los empeos del poder, a las insinuaciones del amor, o a los halagos de la lisonja, abre las puertas del templo de la sabidura y da entrada en l a hombres indignos de pisar aun sus umbrales. Mas, entre Sagra enhorabuena, y dejmosle ocupar aun el puesto ms prominente; infirase por esto que es til a la isla de Cuba? Esos ttulos y condecoraciones podrn, si Sagra quiere, levantarle hasta las nubes; pero bien puede estar seguro de que con la excelsitud de su persona no se produce ningn bien a aquel pas. Los servicios que se hacen a los pueblos, no consisten en honores ni distinciones personales, sino en hechos o trabajos que contribuyan a mejorar su condicin fsica y social; y si no promueven tan grandes fines, en vano es reclamar ttulos pomposos y dictados acadmicos. Sagra emprendi solo y contina por s solo la redaccin de un peridico: luego es sabio Y cul es este peridico? Es uno que lleva por ttulo Anales de Ciencias, Agricultura, Comercio y Artes Yo no quiero dar a estos nombres toda la extensin que tienen en s; limitareme a tomarlos en el mismo sentido que el redactor, comprendiendo nicamente bajo de ellos las materias de que ofreci tratar en el prospecto inserto en el primer nmero de los Anales y del que transcribo las siguientes palabras. “El Redactor no se propone la simple publicacin de los hechos, sino un cuadro general de los adelantos modernos en todos los ramos, de los fundamentos en que estriban y de sus relaciones con la industria cubana presente y futura ”. No satisfecho todava con esta gran promesa, se explica ms adelante en trminos claros, y determinando las materias que abrazar su peridico, dice as: 1 “Los diversos ramos de la historia natural y particularmente la seccin de plantas de la isla de Cuba. 2 La qumica en sus aplicaciones a las artes econmicas e industriales, con los dibujos de las mquinas y la descripcin de los procederes. 3 La fsica y las matemticas aplicadas a la accin y economa de las fbricas. 4 La agricultura tanto en los nuevos descubrimientos hechos en Europa, como en las introducciones y mejoras que se consigan en los cultivos indgenas. 5 Las artes en

PAGE 372

OBRAS 368\ 368\ 368\ 368\ 368\ cuanto interesa a la industria futura de este pas. 6 La estadstica bajo el aspecto nacional y extranjero, comprendiendo en el cuadro de la riqueza pblica, los fundamentos de la prosperidad de la isla de Cuba; es decir, todos aquellos productos que puedan servir de base a futuras especulaciones. 7 Finalmente, bajo el ttulo Variedades se comprendern un gran nmero de objetos, que sin ser del plan directo de este peridico, interesan, no obstante, a la generalidad, instruyen a todas las clases, y contribuyen a formar un juicio recto y delicado en materias de buen gusto”. Ahora bien, es posible que un hombre solo, puede desempear con honor suyo y provecho del pblico un peridico que abraza tantos y tan profundos objetos, as en la parte terica, como prctica? Es posible que un hombre solo, y que cuando acometi esta empresa, si nos atenemos a lo que dice en su Contestacin, slo contaba 29 aos de edad, hubiese llegado a adquirir tan prodigioso caudal de conocimientos, cuando otros con ms luces, con ms aplicacin, y con ms recursos y oportunidad que l, apenas sobresalen en uno o dos ramos, sin pasar en los dems de la mediana? Y si posible es, por qu fenmeno cientfico, un hombre que naci y estudi en Europa, y adquiri all esa masa de sabidura, permaneci desconocido en el mismo teatro de sus glorias, y jams mereci ni un elogio, ni un recuerdo de los sabios de aquel continente? Por qu no obtuvo en la Pennsula, en Francia o en otro paraje de Europa, una colocacin literaria, y fij de una vez su residencia en el centro de las luces? Por qu se alej de ellas, para ir a sepultarse en un pas donde, segn su lenguaje, reina la ignorancia, y se persiguen los talentos? Hombre de tan extraordinario mrito como Sagra supone ser, habra llamado la atencin de los sabios europeos, stos le habran colmado de honras y favores, y compeldole con ellos a vivir siempre a su lado. La consecuencia, pues, que se deduce, es que Sagra carece de los conocimientos que nos vende, y que el peridico en que los anuncia, lejos de ser un ttulo de sabidura, es la prueba ms evidente de lo contrario. Concdase que Sagra es profundo en algunos ramos; todava es imperdonable su audacia al presentarse ante el pblico como nico redactor de los Anales Ni en Europa, ni en los Estados Unidos de Norteamrica existe ningn peridico cientfico que abrace, no digo tantos, pero ni la quinta parte de los ramos de aqul, y de cuya redaccin no estn encargados varios individuos. Es verdad, que hay casos en que slo aparece el nombre de uno al frente del papel; pero entonces se cuenta con el auxilio de colaboradores constantes. Esta razn debe influir con ms fuerza respecto de los Anales No dice Sagra, que sin tomar en cuenta la redaccin de su peridico, es tan conocida su docilidad para las tareas del bien pblico que lejos de ne-

PAGE 373

JOS ANTONIO SACO /369 /369 /369 /369 /369 garse a ninguna, ha echado sobre sus hombros tal cmulo de obligaciones voluntarias que parece ya no consulta sus fuerzas, sino sus buenos deseos y patriotismo ? Y si esta asercin es verdadera, no lo es tambin que todo su tiempo es muy corto para desempear tantas tareas de bien pblico y tanto cmulo de obligaciones voluntarias ? Y siendo su tiempo tan corto para stas y para aqullas, cul es el que entonces consagra a la redaccin de un peridico que para estar bien desempeado, exige por s solo todos los esfuerzos y constancia de varios sabios? Aumntase esta dificultad con las peculiares circunstancias en que se halla Sagra. Si habitara en Pars, en Londres, o en otras ciudades donde hay grandes recursos literarios, ya podra juzgarse con menos rigor la atrevida resolucin de ser el nico redactor de los Anales pues, al fin, all encontrara academias donde recibir nuevas luces, grandes bibliotecas pblicas que consultar, y sabios que le auxiliasen con su trato y sus producciones. El mismo progreso que han hecho en aquellos pases las ciencias, las artes y la agricultura, disminuye all los obstculos, y facilitando el camino al que emprenda recorrerlo, hace en Europa menos temeraria cualquiera tentativa de esta naturaleza. Pero no existiendo en la isla de Cuba ni las famosas bibliotecas, ni los sabios, ni las academias de las grandes capitales de aquel continente, ni tomado todava las ciencias, ni la agricultura el vuelo que en Europa, ya se conoce claramente, que el hombre que atenido a sus solas fuerzas acomete una empresa semejante, no es posible que la desempee con honor y pblica utilidad. Los Anales se establecieron bajo la proteccin de la Intendencia de La Habana; luego estn llenos de sabidura y su redactor es un sabio Sagra piensa oprimirme con el peso de una autoridad a quien yo sin elogiar tanto, respeto mucho ms que l. Estaba reservado a este seor el invocar la proteccin de la Intendencia de La Habana para probar su sabidura; porque en qu sano juicio cabe que el favor dispensado a un papel, sea efecto necesario de la sabidura de su redactor? Muchos son los motivos que pueden inducir al protector, sin que la sabidura de parte del protegido se mezcle con ninguno de ellos. Es menester no confundir ideas de proteccin con las de aprobacin. Los padres protegen a sus hijos; los esposos, a sus mujeres; los amigos, a sus amigos; mas, no por eso aqullos aprueban siempre las acciones de stos. Sucede lo mismo en el orden poltico, pues comnmente se observa, que aun los mismos gobiernos que protegen a sus ms fieles servidores, muchas veces desaprueban y censuran su conducta. Estas consideraciones son todava mucho ms aplicables, cuando se trata de materias cientficas en las cuales cada hombre puede pensar como quiere. Pues que porque la

PAGE 374

OBRAS 370\ 370\ 370\ 370\ 370\ Intendencia de La Habana dispense su proteccin a un peridico, ya ella aprueba las ideas que a su redactor se le antoje insertar? Ni cmo es posible que ninguna autoridad, ni ningn hombre sensato pueda aprobar con anticipacin cuanto bueno o malo, verdadero o falso, til o perjudicial pueda escribir un redactor tan slo por la circunstancia de que es protegido? Si esta doctrina fuera cierta, habramos llegado ya al lamentable extremo de que la Intendencia de La Habana est condenada a aprobar cuantos despropsitos puedan ocurrir a don Ramn Sagra, con tal que los inserte en sus Anales No, es necesario evitar en honor de la autoridad tan descabelladas consecuencias. La proteccin dispensada a los Anales por la Intendencia de La Habana es, a mi ver, una circunstancia que reagrava la conducta de Sagra en el mal desempeo de su redaccin, porque debiendo haber correspondido a la confianza que puso en l, elevando el peridico al rango que corresponda al Mecenas, se ha aprovechado de esta misma circunstancia para ofender a personas respetables y al generoso pas donde habita. Sagra tiene la arrogancia de decir, que la opinin acerca de la utilidad de los Anales es hoy da tan unnime como incuestionable. Opinin unnime, cuando las prensas de la isla de Cuba jams han abortado un peridico tan aborrecido! ¡Opinin unnime, cuando a pesar del prestigio que le dan los nombres respetables que aparecen a su frente, apenas cuenta 40 suscriptores en una poblacin de 140 000 almas! ¡Opinin incuestionable, cuando no hay un hombre de mediana razn que por dondequiera que abra los Anales no los encuentre plagados de absurdos y contradicciones! Los Anales han sido aprobados por S.M. como medio muy eficaz de difundir los conocimientos tiles: luego su redactor es un sabio No tranquilo Sagra con haberme asaltado valindose de una de las primeras autoridades de la isla de Cuba, me ataca tambin con el nombre augusto del Monarca; pero hallndome tan distante de la vil lisonja, como de la falta de respeto, expondr francamente mis razones en obsequio de mi defensa. Cualesquiera que sean las prerrogativas de la Corona sobre asuntos gubernativos, sus facultades jams se han extendido a las materias cientficas. Acatadas y cumplidas como deben ser sus disposiciones en cuanto a los primeros sera ridculo darles la misma fuerza en cuanto a las segundas. A los monarcas toca promover las ciencias; mas, no ser sus orculos: ellas dependen de la naturaleza o de la reflexin humana; pero no de las decisiones de los hombres. Dado fue la astronoma al sabio rey D. Alfonso, y si por ventura hubiese dicho que la tierra es un satlite de la luna, y que aqulla gira en torno a sta, habra por eso la

PAGE 375

JOS ANTONIO SACO /371 /371 /371 /371 /371 edad media respetado este error como ley? No; porque si los monarcas cultivan las ciencias, y tienen la dicha de acertar, sus opiniones no participan de ms mrito que el de un sabio que encuentra la verdad; y si tienen la desgracia de equivocarse, sus errores no dejarn de ser tales, porque salgan de los labios de un rey. Ahora bien; de qu se trata en el presente caso? Trtase de la aprobacin de un peridico cientfico, pero que por lo mismo, el sello que le ha estampado el Monarca, no puede darle la sabidura que le falta. No conviene alucinarnos. Es preciso distinguir la aprobacin real que recae sobre actos particulares, de la que recae sobre los objetos o causas que producen esos actos. Algunos ejemplos sacados de la misma isla de Cuba me servirn para ilustrar esta distincin. El Ayuntamiento de La Habana fue aprobado por el Rey, mas, de aqu se infiere que quiso aprobar todos sus acuerdos? No puede reprobar muchos y aun castigarlos? Aprobado fue el Consulado, y de aqu se infiere que aprob tambin desde entonces todos sus actos posteriores? Aprobada fue tambin la Real Audiencia, y aprobadas fueron por eso todas las sentencias pronunciadas desde la instalacin de aquel cuerpo, o que en lo adelante se pronunciaren? No se revocan muchas veces? No pueden ser depuestos o de otra manera castigados sus magistrados, cuando se desven de la senda de su deber? Y todo esto sucede y puede suceder a pesar de haber sido aprobadas por el Monarca todas esas corporaciones. Pues, otro tanto digo yo respecto de los Anales La real aprobacin de stos solamente recay sobre su existencia, o sea, sobre su establecimiento; mas, no sobre las ideas o materias cientficas que contengan, pues la mente de Su Majestad, ni fue ni pudo ser otra que decir, apruebo que en La Habana se publique un peridico con el ttulo de Anales de Ciencias, etc Esto, y no otra cosa fue lo nicamente aprobado por Su Majestad. Si cabe todava alguna duda, quedar desvanecida con slo reflexionar, que todos los artculos de los Anales tienen que pasar por la censura antes de su impresin, y sucedera esto si la aprobacin real se hubiese extendido a ellos? Quin sera el sbdito osado que se atreviese a tocar con su pluma ni una sola de aquellas letras sancionadas con la autoridad del Monarca? Es, pues, incuestionable, que la aprobacin solamente recay sobre la existencia que ya tenan los Anales; mas, no sobre las materias contenidas en ellos; y quedando stas exentas de la mencionada aprobacin, el nombre del Monarca que aparece al frente de ese papel, ni pudo darle sabidura, ni menos a su autor el ttulo de sabio. Sagra dice tambin, que los Anales fueron aprobados como medio muy eficaz de difundir los conocimientos tiles. Y piensa que sta es una calidad peculiar a su peridico? Sin duda que se engaa, pues todos,

PAGE 376

OBRAS 372\ 372\ 372\ 372\ 372\ todos sirven para difundir conocimientos, ya de esta, ya de aquella especie; y si no lo hacen, culpa es de los redactores; mas, no de los peridicos, pues tal es el gran beneficio que produce la imprenta. Si Sagra todava quiere recomendar su peridico entrando en los motivos de la real aprobacin, debo decirle, que publicndose bajo la proteccin de la Intendencia de La Habana, ya llevaban la mejor recomendacin a los ojos del Monarca; pues por lo que hace a los Anales en s, ni el seor don Fernando VII los lee, ni tampoco sus ministros; y por lo tocante al redactor, ni Su Majestad ni stos hacen el ms leve caso de l. Sagra afirme que “la real aprobacin a un peridico destinado a generalizar los conocimientos tiles en La Habana, ha congregado contra los Anales a todos aquellos sujetos que no quieren confesar beneficio alguno en el paternal gobierno que los sostiene y del cual dependen”. ste es un sofisma que no proviene de ignorancia, sino de malicia, pues su autor quiere enlazar la poltica con los disparates de sus Anales y convertir el desprecio general con que stos son mirados, en el odio particular de algunos individuos. Una breve reflexin bastar para conocer los siniestros fines de Sagra. En qu tiempo se establecieron los Anales ? En julio de 1827. Con qu nmero de suscriptores cont en toda la Isla desde el principio, que fue la poca del mayor auge de su papel? Por boca del mismo Sagra s, que solamente llegaron a 62, y con la advertencia que l mismo me hizo, que muchos los reciban por compromiso, y no por su voluntad. Cundo obtuvieron la real aprobacin? l nos dice en la introduccin al nmero 13 publicado en julio de 1828, que la Real Orden fue expedida en 21 de marzo del mismo ao, y as se confirma con los mismos Anales puesto que en ellos no se hace mencin de la aprobacin hasta el nmero dcimo correspondiente al mes del prximo abril, que es decir, diez meses despus de establecidos. Luego si desde el principio solamente tuvieron 62 suscriptores en toda la Isla, claro es, que la congregacin o conjuracin contra ellos existi mucho antes de la real aprobacin; y, por consiguiente, es falso que el corto nmero de suscriptores proviene de los motivos que supone su redactor. ste sin duda no percibi el abismo en que iba a hundirse al estampar semejante asercin; porque sino cmo hubiera dicho, que todos aquellos sujetos que no quieren confesar beneficio alguno en el paternal gobierno que los sostiene y del cual dependen, se han congregado contra los Anales tan slo por la circunstancia de haber merecido la real aprobacin? A ser esto cierto, resultara, que tanto los naturales como los no naturales de Cuba, de cualquier clase y condicin que sean, son desafectos declarados al gobierno de la metrpoli, pues que no bajando la poblacin de la isla de 800 a 900 000 almas, y contando ahora los Anales tan slo de 50 a 60 suscriptores en toda ella, la inmensa mayora, o sea, toda la Isla, quiere sacudir la dependencia peninsular. A la ver-

PAGE 377

JOS ANTONIO SACO /373 /373 /373 /373 /373 dad, que las tropas de la guarnicin, la marina, los empleados, y todos los dems que estn identificados con el actual sistema, deberan nombrar una comisin para que fuese a dar las gracias al seor don Ramn de la Sagra por el patritico cumplimiento que les hace. El desprecio, pues, de los Anales no procede de ideas polticas, sino de la conducta de su redactor; porque solamente as pudiera ser, que un peridico publicado bajo la Intendencia de La Habana, y bajo los auspicios del Monarca, circulase a la dbil sombra de 50 suscriptores. Sagra ha desempeado encargos del gobierno en pocas muy crticas y delicadas: luego es sabio y muy til a la isla de Cuba Ha salido alguna vez el seor don Ramn mandando la escuadra espaola para batirse con el Commodore Porter, o con los colombianos, o con los piratas?16 Le han confiado alguna vez el mando de algn batalln o regimiento para perseguir a los enemigos de la patria? Hanle encargado acaso el arreglo de la Real Hacienda para hacer correr las rentas pblicas por algunos canales que estuviesen obstruidos, y que amenazasen la muerte del cuerpo social? Yo agradecer al seor don Ramn que me diga, cules han sido esos importantes encargos desempeados en pocas muy crticas y delicadas, pues el pblico ninguna noticia tiene de ellos. Mas, aun suponiendo que hubiese desempeado algunos, se infiere de aqu que sea sabio? No, porque bien pudo haber recado la comisin sobre objetos que no sean cientficos; y aun cuando lo fuesen, no siempre se exige para su desempeo un gran fondo de sabidura, pues bastan y sobran algunos medianos conocimientos. Tampoco puedo conceder, que en virtud de tales encargos, sea el seor don Ramn un miembro til a la isla de Cuba, pues para eso es preciso que pruebe, no que los ha desempeado, sino que los ha desempeado bien, en lo cual, as como en todo lo dems, ha sido muy lacnico. Sagra ha hecho el Jardn Botnico de La Habana: luego es sabio y til a la isla de Cuba. Este aserto es falssimo, porque no sabiendo todava ni aun determinar las plantas, imposible es que haya hecho la obra que nos anuncia. Pero oigmosle con sus mismas palabras. “Otra obra, que jams perdonarn a Sagra sus enemigos, es el Jardn Botnico. Es notorio que al encargarle la direccin del establecimiento a principios de 1827 se ha16Por los tiempos en que escrib este papel, el Commodore Porter, marino norteamericano, se hallaba al servicio de Mjico, cuya independencia an no haba sido reconocida por el Gobierno espaol. Los colombianos a que aludo, infestaban con sus corsarios las costas de Cuba; y los piratas, para mengua nuestra, haban ocasionado pocos aos antes, graves males en las aguas de aquella Antilla.

PAGE 378

OBRAS 374\ 374\ 374\ 374\ 374\ llaba hecho un campo de malezas sin distribucin ni orden, y que Sagra solo sin la ayuda de jardinero ni de hombre alguno inteligente, ms que negros bozales, le ha puesto en el estado en que se halla”. Lo que s es notorio a todo el pblico habanero es, que la formacin del jardn se debe a don Jos Antonio La Ossa, y al jardinero Chapy; y que cuando Sagra lleg a La Habana en 1823, no slo encontr casa donde albergarse en aquel establecimiento, sino muchas plantas que determinar. Yo siento no poder ofrecer al pblico un catlogo de los vegetales sembrado por La Ossa; pero teniendo en mi poder el inventario de todos los que plant Chapy durante su residencia en el jardn, debo imprimirlo aqu, no tanto para rebatir la suposicin de Sagra, cuanto para hacer justicia al mrito de aquel jardinero. Vegetales plantados por don Nicols Chapy rboles N de plantas Una calle de nogales de la India ( Alevrites triloba ) 14 Calle de robles ( Ehretia ) 16 Interpolados de cerezas del pas ( malpighia ) Calle de ocujes ( calophyllum ) 17 Interpolados con grosellas ( cicca ) 26 Calle de zapotes negros ( Diospyros ) 28 Interpolados con siguarayas ( trichilia ) 26 Dos calles de uveros de la caleta ( coccolba uvifera ) de 20 cada una 40 Interpolados con igual nmero de palmas ( areca ) 40 Calle de almendros ( terminalia ) 20 Interpolados con cavalongas ( cervera ) 18 Calle de vomitel ( cordia ) 22 Interpolados con miraguanos ( corypha ) 22 Calle de yavas ( andira ) 30 dem de balsamos del Per ( myrospermum ) 8 Idem de cabellos de Venus ( mimosa ) 26 Interpolados con vomiteles ( cordia ) 26 dem de naranjos ( citrus aurantium ) 46 Interpolados con caobas ( swietenia ) 30 CERCAS.—Cuatro piezas cercadas de granados ROSALES.—Setenta y cinco rosales de las clases de blancos o mosquetas, de te y punz, distribuidos en las varias piezas o cuadros del jardn 75 Hay adems otros rosales de ms de 16 clases GESTROEMIAS.—Sesenta, distribuidas en las calles del jardn, y adems un plantel de 500560

PAGE 379

JOS ANTONIO SACO /375 /375 /375 /375 /375 NARANJOS.—Treinta, injertos en naranjos agrios del pas que adornan la calle mayor 30 Adems, otras clases como naranja-lima, de China, toronjas, y otras de hojas matizadas para servir de madres RESEDAS.—( Lawsonia ) Diez de la clase de arbustos 10 CASUARINAS.—Especie de rbol parecido al ciprs en nmero de 20, a la orilla de la zanja 20 RBOL DEL PAN.—( artocarpus incisa ) Uno de fruto macizo 1 GOMA ELSTICA.—( astillea elstica ) SEMILLEROS O PLANTELES.—Uno de limn del pas Uno de rosas de Jeric Uno de gastroemias Uno de caas de Indias Uno de naranjos agrios de 400 Uno de granados de flores moudas Uno de salvaderas, almendros y zapotes negros HIGUERAS.—Una pieza o cuadro con 26 De este catlogo aparece, que Chapy no slo plant muchos y preciosos vegetales, sino que los arregl en calles, dndoles orden y simetra; y si, como no es de esperarse, hubiese todava alguna persona que ponga en duda la verdad de este catlogo, yo le suplico que vuelva la vista al Jardn Botnico, y despus de contemplar el tamao que tienen aquellos rboles, me diga, si es posible que sembrados por Sagra en 1827, hubieran llegado a la altura que tienen y al estado completo de produccin en que hoy se hallan. Tan cierto es que todo o casi todo lo que existe en el jardn, se debe a los trabajos de la Ossa y de Chapy, que los vegetales ms preciosos que aparecen en el miserable informe que sobre las tareas del jardn ha presentado Sagra a la Sociedad Patritica de La Habana en diciembre de 1829, son cabalmente los mismos contenidos en el catlogo anterior; tales son el nogal de la India, el rbol del pan, los grocellas, cerezas de las Antillas, goma elstica, etctera. Si busco nuevas pruebas del deseo con que Sagra quiere alucinar al pblico, fuertes e incontestables me la ofrecen sus mismos escritos. Afirma en su Contestacin, que al encargarse de la direccin del jardn a principios de 1827, ste se hallaba hecho un campo de malezas sin orden ni distribucin Si es verdadera esta asercin, cmo se combinar con las otras que asent en su informe sobre el estado del jardn, ledo a la Sociedad Patritica de La Habana en 1825?17 All dice: “Mis primeras 17Este informe se imprimi y public en un cuaderno, y tambin en los Diarios de la Habana del 10, 11 y 12 de enero de 1826.

PAGE 380

OBRAS 376\ 376\ 376\ 376\ 376\ tareas se limitaron a establecer una escuela prctica de botnica, donde estuviesen exactamente clasificadas y distribuidas todas las especies cultivadas en el jardn, y donde hallasen su lugar todas las que en lo sucesivo pudiesen venir de la Isla, del continente de Amrica, de Europa, etc.” Luego Sagra confiesa en 1825, que ya el jardn estaba clasificado y distribuido en trminos de formar una escuela prctica botnica. Para cerrar la puerta a toda interpretacin, transcribir todo lo que l sigue diciendo en el mismo informe: “Con respecto a la distribucin he preferido el mtodo natural de familia… y slo el estar plantada la escuela con arreglo a sus principios, bastar para acreditarla entre los establecimientos cientficos del extranjero. Los cuadros destinados a ella no contienen an ms de 800 especies de plantas; pero este nmero no parecer tan corto, si se considera que apenas pasa un ao su existencia. Entre estos vegetales se encuentran especies muy tiles y curiosas ”. Ahora bien. Si en 1827, el jardn era un campo de maleza sin orden ni distribucin, cmo es que Sagra nos dice en 1825, que ya todas las especies cultivadas en l estaban clasificadas y distribuidas desde un ao antes, y formando nada menos que una escuela prctica botnica, escuela digna de crdito entre los establecimientos extranjero ? Cmo es que esa misma escuela contena ya 800 especies, que eran cabalmente todas las que encerraba el jardn? Cmo es, que en esa misma escuela no slo se encontraban vegetales muy tiles y curiosos, sino que estaba dispuesta de manera, que podan hallar en ella su lugar correspondiente todas las especies que en lo sucesivo se pudiesen enviar de la Isla, del continente de Amrica, de Europa, etc.? Una de dos, o es falso lo que Sagra dijo en su informe de 1825, o es cierto. Si lo primero, es un hombre que abus de la confianza del pblico y de la Sociedad Patritica de La Habana; y si lo segundo, entonces no slo resulta falso lo que ahora afirma en su Contestacin al nmero sptimo del Mensajero esto es, que el jardn se hallaba a principios de 1827 hecho un campo de malezas sin orden ni distribucin, sino que da la prueba ms inconclusa de su abandono, pues que hallndose el jardn bajo de un pie brillante en 1824 y 25, a principios de 1827 ya no era sino un campo de malezas sin orden ni distribucin. Si Sagra carece hoy de la ayuda de jardinero o de otra persona inteligente, culpa o voluntad suya es, porque cuando lleg a La Habana, encontr en el establecimiento a Chapy, hombre que ya conoca todas las plantas del jardn, que a un gran tino prctico en el ramo de su profesin rene una laboriosidad recomendable, que por sus relaciones con algunos hacendados de la Isla, haba conseguido, y podido conseguir en lo sucesivo vegetales muy preciosos, y que, adems, haba hecho a aquel establecimiento servicios dignos de alguna consideracin. Pero estas pruebas que le hacan acreedor a su permanencia en l, eran para Sagra defectos imperdonables, y procurando alejar de su lado a un testigo de

PAGE 381

JOS ANTONIO SACO /377 /377 /377 /377 /377 su incapacidad para dirigir el jardn, le declar la guerra ms injusta hasta que al fin logr lanzarle de l.Incapacidad de Sagra para desempear la clase de botnicaPara probar esta asercin, no repetir las escenas que pasaron entre don Toms Betancourt y don Ramn Sagra en 1823. Referidas por m en la Primera Parte de esta Impugnacin,18 servirn nicamente para demostrar que Sagra a su llegada a La Habana ignoraba aun los elementos de la ciencia que deba ensear; pero, como tambin he dicho, que de entonces ac, todava no ha adquirido los conocimientos necesarios para desempear la clase de su cargo, estoy en el caso de ofrecer a mis lectores nuevos hechos y razones. 1 Sagra empez desde el principio a sacar el cuerpo a la botnica descriptiva, que es la que ensea el conocimiento de los vegetales; y as fue, que en vez de dedicar su primero y nico curso a la enseanza de los principios elementales de aquella ciencia, lo emple casi todo en leer a sus discpulos varios trozos de fisiologa vegetal y de aplicaciones generales al cultivo Verdad es, que estos ramos son indispensables, o mejor dicho, forman parte de la agricultura, y que en la isla de Cuba interesa el saber sembrar y cultivar; pero tambin lo es, que le importa sobremanera, conocer lo que siembra y cultiva, pues sera una contradiccin pretender, que un pas funde toda o la mayor parte de sus riquezas en las producciones vegetales, y que al mismo tiempo descuide el conocimiento de estos mismos vegetales; o sea, el estudio de la botnica descriptiva. Si Sagra hubiera empezado por esta ciencia, no slo habra afirmado entonces las bases de la agricultura, sino que habra facilitado a los estudiantes de medicina el medio de conocer las virtudes medicinales de las plantas, y aun difundido entre las dems clases de la sociedad el gusto por una ciencia tan llena de atractivos. Por qu, pues, no lo hizo? Porque no conociendo los vegetales, y destituido de principios para determinarlos, temi que los alumnos u otras personas deseosas de saber los nombres de las plantas que encontrasen, las llevaran al seor catedrtico, para que les satisfaciese su curiosidad; y no pudiendo ste hacerlo, quedase entonces patente su insuficiencia. ste fue el nico motivo de su conducta, pues saba muy bien, que hablando de la influencia del agua, del calrico, de la luz y del aire en los vegetales, de la teora de los abonos o estircoles, y de los diversos medios de multiplicar las plantas por estaca, rama desgajada, barbado y acodo, y de otras y tales cosas que se llaman fisiologa vegetal y aplicaciones generales del culti18ste es uno de los artculos que ahora he suprimido.

PAGE 382

OBRAS 378\ 378\ 378\ 378\ 378\ vo, hay vasto campo para charlar mucho, sin comprometer la reputacin del botnico. 2 Si abro el elenco de las conclusiones pblicas que defendi en 1825, encuentro nuevas pruebas de su incapacidad, no slo en la naturaleza de las proposiciones, sino en el modo con que las sustent. Llegan todas al nmero de 30. Repartiolas en tres ramos, a saber: fisiologa vegetal aplicaciones generales al cultivo, y botnica descriptiva Muchas de las materias comprendidas en el primero eran familiares a casi todos los alumnos que las defendieron, pues ya muchos antes las haban estudiado en el Colegio de San Carlos de La Habana: las segundas recaen sobre objetos que Sagra entenda tanto, como cualquiera que hubiese ledo un libro que se tratase de ellos, pues no habiendo estudiado agricultura en la Pennsula, ni tenido tiempo de adquirir experiencia de ella de 1825 a 1825, claro es, que habl por inspiracin o por teoras. Las terceras estn reducidas a diez proposiciones: tres sobre los sistemas de Tournefort, Linneo, y Jussieu, seis sobre los caracteres y aplicaciones en la medicina de otras tantas familias, y una sobre los caracteres de las plantas criptopamas o acotiledones Esta parte de las conclusiones es tan defectuosa, que de todo lo que constituye los principios elementales de botnica, solamente contiene la explicacin de los tres sistemas mencionados, omitiendo todo lo relativo a los rganos vitales y los pertenecientes a la fructificacin sin cuyo conocimiento es imposible determinar planta alguna. Para que el pblico juzgue con ms exactitud, insertar una lista de los artculos esenciales omitidos. "rganos vitales .—1. Raz. 2. Tallo. 3. Ramos. 4. Pednculos. 5. Hojas. 6. Hojas espurias y otros rganos menos generales. 7. Yemas. "rganos de reproduccin .—1. Cliz. 2. Corola. 3. Receptculo, placenta, e inflorescencia. 4. Estambres. 5. Pistilo. 6. Fecundacin. 7. Fruto. 8. Pericarpio. 9. Semillas. Vase aqu lo que Sagra omiti, y lo omiti, porque esto no se puede ensear al discpulo con arengas ni con libros, sino con la planta en la mano. No me diga Sagra, que l en sus conclusiones prescindi de los medios, y slo ofreci resultados; porque en punto a enseanza, el mejor resultado es saber si se entienden los medios, pues muchas veces sucede que un estudiante presenta aqul, sin que su entendimiento perciba stos. Es adems innegable, que todos los resultados que Sagra ofreci, estn reducidos a seis familias, en las cuales solamente se encuentran muy pocos de los caracteres comprendidos en el largo catlogo que omiti. Sagra, por otra parte, pudo haber reflexionado, que estaba en un pas, donde por primera vez se ofrecan al pblico conclusiones de botnica, y que para acreditarse, deba al menos presentar, aunque slo fuese el corto catlogo de lo mismo que haba enseado bajo el nombre de botnica descriptiva, as como lo hizo con los otros dos ramos.

PAGE 383

JOS ANTONIO SACO /379 /379 /379 /379 /379 Y pasar yo en silencio una circunstancia que ocurri en estas conclusiones? No, porque ella por s sola basta para graduar los conocimientos botnicos de Sagra. Treinta fueron, segn he dicho, las proposiciones que defendi, y 18 los estudiantes que sac al pblico. Ya se ve que para tanto nmero de alumnos debi haber ms abundancia de materias; pero yo no de buena gana le perdonara esta falta, si no hubiese llegado al extremo de estampar al margen de cada proposicin el nombre del estudiante que deba defenderla. De este modo, no slo coart la libertad que en tales actos debe tener el examinador, sino que autoriz a toda La Habana para que dijese: Sagra ha desempaado tan mal su ctedra, que a pesar del talento de los 18 discpulos con que hoy se presenta al pblico, apenas ha podido ensearles una o dos proposiciones en el discurso de un ao Efectivamente, nunca hasta entonces vio La Habana un espectculo tan bochornoso para sus hijos, pues stos en mayor o menor nmero estaban acostumbrados a presentarse ante el pblico, defendiendo 100 o 200 proposiciones sobre diversos ramos cientficos, y dejando siempre a los examinadores la amplia libertad de preguntar por donde y a quien quisiesen. 3 El primer cuaderno de la traduccin que Sagra hizo de la Flora mdica de las Antillas por M. Descourtilz, ofrece tambin una prueba de su incapacidad. Cuando en los Diarios de La Habana anunci este trabajo, prometi aadir a los nombres botnicos los vulgares de las plantas de la isla de Cuba de que carece la obra original, y de este modo pudo conseguir algunos suscriptores; mas, habiendo aparecido el primero y nico cuaderno en 1827, nos dice en el prrafo segundo de la Advertencia: “Para hacerla til a toda clase de personas, he agregado los nombres vulgares cubanos a las plantas que he reconocido en la isla de Cuba; y si en todas no se encuentra, debe esto atribuirse a dos causas: 1 que no he hallado en este suelo algunas de las plantas citadas; 2 que de otras que he reconocido en mis herborizaciones, no me ha sido posible averiguar el nombre vulgar”. Ambas causas son infundadas; y si Sagra quiere que se le crea, es menester que manifieste cules son las plantas citadas que no ha hallado en Cuba, y cules las otras que ha reconocido en sus herborizaciones, cuyos nombres vulgares no le ha sido posible averiguar. En el prrafo cuarto de la misma Advertencia se expresa as: “Yo tendr el cuidado de anunciar por el Diario a los suscriptores, los nuevos nombres vulgares que averige para que los intercalen en el lugar correspondiente en las plantas que ahora llevan”. Esto lo dijo al principio o al promedio de 1827: entrado es ya el ao de 1830; y si me presenta un Diario en que haya hecho la publicacin de un solo nombre, entonces le disminuir una parte del cargo que ahora le hago. De extraar s

PAGE 384

OBRAS 380\ 380\ 380\ 380\ 380\ es, que habiendo transcurrido casi tres aos, y siendo un botnico tan laborioso, no haya podido todava satisfacer su curiosidad, ni llenado los deseos del pblico que tan generosamente le honr con su suscripcin. 4 Habindose inserto en el Diario de La Habana de 15 de julio de 1827 un artculo impreso en el Noticioso Comercial de Santiago de Cuba relativo a las virtudes medicinales del guaco Sagra se vio en el caso de desplegar sus conocimientos botnicos. Con este motivo public tres das despus en el Diario de La Habana un papel sobre la misma planta, en el cual se lee el prrafo siguiente: “El seor regente don Joaqun Bernardo de Campuzano, me mostr en 1824 una carta de Cuba, sobre las virtudes y la adquisicin del guaco en aquella ciudad, y despus he tenido la fortuna de hallarle en las inmediaciones de La Habana, a las mrgenes del ro Almendares, con otra especie del mismo gnero, la Mikania scandens muy abundante a la orilla de la zanja, y con la cual pueden equivocarle los que no conozcan bien al primero. Hace poco que me ha escrito el mismo seor Regente con todo el calor y entusiasmo que pueden distinguir a este virtuoso y respetable magistrado, incluyndome el esqueleto del guaco, de parte de mi amigo don Toms Po Betancourt, laborioso profesor de botnica y hallado por l en las inmediaciones de Puerto Prncipe; refirindome adems este joven, la poca de la introduccin y descubrimiento en Cuba, y las aplicaciones que de l haba hecho don Jos de la Caridad Ibarra”. Para que el lector pueda entender este prrafo, debo advertir, que antes de haberse publicado aquel artculo, Sagra me dijo una tarde en el jardn, que el seor Regente le haba asegurado que en la isla de Cuba exista el guaco; pero que l se lo haba negado: que habiendo regresado aquel seor a Puerto Prncipe, habl con Betancourt sobre el particular, quien se comprometi a buscarle la planta para que se la remitiese a Sagra; y que habindola recibido, ste conoci inmediatamente su equivocacin, pues haba confundido el guaco con la Mikania scandens Betancourt supo conocer el guaco; mas, Sagra al cabo de cinco aos de profesor, y tenindolo en las inmediaciones de La Habana, y vindolo con frecuencia, todava no pudo distinguirlo. Error tanto tan imperdonable, cuando la descripcin de esa planta se halla en las obras botnicas de Bonpland y Humboldt sobre los vegetales de Amrica. Sagra podr negar mis asertos; pero como yo no pretendo ser credo bajo mi palabra, forzoso es preguntarle. Si en las inmediaciones de La Habana encontr el guaco, con qu fin le remiti Betancourt dos esqueletos y la descripcin de la misma planta, refirindole la poca de su introduccin y descubrimiento en Cuba, y las aplicaciones que de ella haba hecho don Jos Caridad Ibarra? Remitiole los esqueletos, para que los comparase con las plantas de La Habana, y se desengaase con sus propios ojos. Remitiole la descripcin

PAGE 385

JOS ANTONIO SACO /381 /381 /381 /381 /381 para que aprendiese a distinguirla de otros vegetales que se le asemejan. Refiriole la poca de su introduccin, para que en lo sucesivo no ignorase la historia cubana de una planta tan conocida en otros parajes de la Isla donde no hay jardines ni catedrticos de botnica, pero tan ignorada en La Habana donde cuesta algunos millares de pesos el sostener unos y otros. Y si nada de esto es as, por qu siendo Sagra botnico, y asemejndose mucho el guaco a la Mikania scandens no public la descripcin de sta, manifestando los caracteres que distinguen una planta de otra para evitar equivocaciones? Y qu motivos tuvo Sagra para llamar a Betancourt, laborioso profesor de botnica ? Aqul sabe muy bien, que ste jams ha sido catedrtico, y que ni durante su residencia en La Habana, ni mucho menos en Puerto Prncipe, ha desempeado semejantes funciones. Apellidole con tal nombre, no por inadvertencia, sino porque le era muy doloroso confesar, que un aficionado, dado casi exclusivamente al cuidado de sus fincas rurales, haba encontrado en Puerto Prncipe lo que todo un catedrtico, despus de una larga residencia en La Habana, no haba podido descubrir en las inmediaciones de esta ciudad. 5 Los mismos Anales suministraban abundantes pruebas de la insuficiencia de Sagra. En el prospecto que acompaa al nmero 1 dice, que su peridico abrazar entre otras cosas, los diversos ramos de historia natural, particularmente la seccin de las plantas de la isla de Cuba Pero ha cumplido esta promesa? Regrstense los Anales y en todos ellos no se encontrar otro trabajo que merezca el nombre de botnico con respecto a la isla de Cuba, sino un catlogo de vegetales que de los partidos de Alquzar y Guanabo remitieron a Sagra el doctor don Juan Jos Olivier y el presbtero don Manuel Donoso. Este catlogo se public en los nmeros noveno y dcimo; y todo el servicio que Sagra pudo haber hecho, consista en que al nombre vulgar de aquellos vegetales hubiese aadido el botnico; pero limitose a los que ya estaban determinados muy de antemano por otros botnicos, pues es de saberse, que Sagra los tom, ya de las instrucciones que segn su propia confesin recibe del clebre De Candolle, ya, en fin, de varios autores, que adems de las descripciones y nombres botnicos de vegetales de Amrica, contienen tambin lminas donde estn representados con sus nombres vulgares. Que Sagra deriv de estas fuentes la erudicin botnica que quiso ostentar en los nmeros ya citados, aparece de las razones con que pretendi ocultar su ignorancia, y de la muchedumbre que de esos mismos vegetales dej sin nombre, siendo algunos tan conocidos en la historia de aquella ciencia, que slo puede ignorarlos quien jams haya estudiado aun sus rudimentos ms sencillos. Una de las razones que alega es, que a su llegada a la Isla en 1823 no exista libro alguno sobre los vegetales cubanos, a excepcin de un cat-

PAGE 386

OBRAS 382\ 382\ 382\ 382\ 382\ logo de nombres vulgares de algunos rboles de uso, impreso en Madrid y escrito por don Antonio Parra,19 sin ofrecer correspondencia alguna botnica, ni descripcin de ninguna especie para poderlos conocer. Con esto quiere Sagra dar a entender, que los nombres botnicos que aparecen en el catlogo que public en los Anales fueron puestos por l. Mas, esto no es exacto, porque aun cuando a su llegada a la Isla no hubiese ningn trabajo completo sobre los vegetales cubanos, muchos de stos se encuentran en Europa, donde largos aos ha que fueron tambin determinados; y otros, aunque no se hallan en aquel continente, son indgenas de las Antillas y de otros parajes de Amrica, los cuales tambin estn determinados y publicados, no slo con sus nombres botnicos, sino con los vulgares en varias lenguas. Yo no soy botnico, y, sin embargo, conservo en mi poder una obra intitulada: Bosquejo de un huerto-botnico-americano impresa en Londres en 1811, por el doctor Tifford, la cual contiene lminas y nombres botnicos y vulgares en espaol, francs, ingls, e italiano de muchas plantas nuevas e importantes, as de las Antillas y de la Amrica septentrional y meridional, como del frica y de las Indias Orientales. En ella he encontrado muchos nombres cientficos y comunes pertenecientes a los vegetales cubanos; y si Sagra desconfa de mi palabra, puedo, a la ms leve insinuacin que haga, remitir la obra a La Habana, para que exponindola en un paraje pblico, todos se satisfagan. Hace Sagra mencin de la obra del seor Parra; pero guarda un profundo silencio sobre los trabajos de La Ossa. Por qu no dice, en obsequio de la verdad y la justicia que a su llegada a La Habana, ya este botnico tena herbario, y haba adems determinado todos los vegetales de que Sagra hace mencin en su catlogo?, por qu no dice, que La Ossa tuvo la generosidad de ofrecerle sus trabajos, y l las complaca de aceptarlos, aprovechndose de las investigaciones que aqul haba hecho en el curso de varios aos? Otras de las razones con que se disculpa, consiste en que es “muy difcil averiguar las correspondencias vulgares, porque los hombres del campo dan muchas veces el mismo nombre a vegetales muy diversos en la realidad, aunque semejantes en la hoja, otras distinguen con denominaciones extraas a plantas idnticas, y las ms confunden y alteran, cambian y corrompen los tales nombres, de suerte que no es posible entenderse en la averiguacin”. Valdra esta razn, si Sagra quisiera aprender botnica con los hombres del campo; porque dndole ellos el nombre vulgar, y no ofrecindole ningn carcter determinado para conocer el vegetal a que se aplica, sera imposible que adivinase el nombre botnico; pero siendo l, como 19Vase al fin de esta Impugnacin la breve noticia que doy sobre la obra de Parra.

PAGE 387

JOS ANTONIO SACO /383 /383 /383 /383 /383 dice que es, un hombre que entiende la ciencia, debe partir, no del nombre vulgar al botnico, sino del botnico al vulgar, pues conocida que sea la planta, y presentando a cualquiera persona un ramo o una flor de ella, inmediatamente le dar el nombre vulgar, y nuestro botnico saldr del conflicto en que ahora se halla. Este y no otro es el orden de proceder en tales materias. Pero avancemos un poco ms. Del catlogo publicado en el nmero 9 de los Anales 47 vegetales quedaron sin nombres botnicos. No ser tan riesgoso que venga a exigirle el de todos en particular; mas, hay algunos que solamente pueden ser omitidos, cuando se carece aun de las primeras nociones de la ciencia. Sea entre ellos el nogal Quin es el botnico que ignora que este rbol se llama Juglans ?, quin es el que ignora su existencia en Europa y en Amrica, y que en sta se conocen varias especies con el nombre de Juglans baccata que es la que se da en Jamaica, Juglans nigra Juglans compuesa Juglans nigra oblonga Juglans alba oblonga Juglans alba acuminata, etc.? Pero ni de estas especies ni de su gnero tuvo noticia don Ramn Sagra al cabo de cinco aos de residencia en La Habana, y de haber cobrado 8 o 10 000 pesos por llevar el vano ttulo de catedrtico de botnica. Este silencio confirma la acusacin que le hice de que jams haba estudiado la ciencia que profesa. Las obras del espaol don Antonio Jos Cavanilles, catedrtico que fue en el Jardn Botnico de Madrid, y particularmente los Principios elementales de botnica que public en aquella capital en 1802, son tan familiares a todos los que en Espaa se dedican a esta ciencia, que es preciso no haberla saludado para ignorar su contenido. Pues vase aqu lo que cabalmente sucede con nuestro insigne profesor; porque hallndose a la pgina 494, tomo 2 de los Elementos citados la descripcin del nogal ( Juglans ), y empezando el ltimo prrafo de ella con las palabras: “rbol bien conocido, que crece a mucha altura” y concluyendo con estas otras: “Es natural de Persia: se cultiva en el jardn botnico, donde florece por mayo ”, nuestro eminente catedrtico jams ley lo que el ltimo estudiante sabe al poco tiempo de asistir a las clases. No se disculpe diciendo, que como este nombre pudo haberse aplicado a un rbol que no fuese el nogal verdadero, se expona a cometer una equivocacin; pues sta se salvaba, dando a esa palabra el nombre botnico correspondiente, y advirtiendo, que, por no tener a la vista el vegetal, no poda decir si era o no el nogal verdadero As habra llenado los deberes de botnico, y libertndose de la censura de los hombres inteligentes. Pero lo ms asombroso es, el no haber sabido el nombre botnico del guayacn s, del guayacn Increble parecer que este rbol tan conocido en toda la isla de Cuba, as por su dureza, como por las propiedades medicinales que se le atribuyen, y tan mencionado aun en las

PAGE 388

OBRAS 384\ 384\ 384\ 384\ 384\ obras que no son botnicas, hubiese sido ignorado de un hombre que a la residencia de cinco aos que ya entonces contaba en el pas, reuna el ttulo de profesor. Mas, por extrao que sea este fenmeno cientfico, se ve realizado en don Ramn de la Sagra. Sepa, pues, que hay dos especies de guayacn ambas indgenas de las Antillas, y que una se llama Guaiacum officinale y otra Guaiacum sanctum Espero que con esta leccin, podr el seor Catedrtico remediar en lo sucesivo la enorme falta que cometi en el nmero 9 de sus Anales Si de ste, paso al dcimo, encuentro las mismas faltas, y aun otras nuevas; pero no siendo ninguna tan grave como la ya manifestada, omitirelas en obsequio de la brevedad. Slo s aadir, que habiendo corrido dos aos desde la publicacin de los nmeros 9 y 10, y hecho el seor catedrtico algunas excursiones, o debido hacerlas, puesto que no tiene discpulos que reclamen su presencia en la ciudad, es muy extrao que no haya descubierto hasta el da, ni uno solo de los nombres que entonces ignoraba. Quin es, pregunto yo ahora, quin es el responsable de que la clase de botnica est desierta? Es la juventud cubana, o el catedrtico de esa ciencia? Que ste es, no lo probar con inducciones, sino con palabras vertidas por su misma boca. En el Diario de la Habana del 4 de abril de 1825 public el discurso que ley en la primera y nica apertura de la clase de botnica agrcola el da 10 de octubre de 1824; y en l se encuentra el siguiente rasgo: “Pero lo que ms debe estimular al pblico y a las corporaciones a proteger este nuevo establecimiento, es el concurso extraordinario que ha acudido a matricularse; el noble entusiasmo que en la interesante juventud habanera, ha producido el anuncio de una nueva fuente de conocimientos tiles y agradables; el bello inters que los anima, el generoso afn con que se lanzan a la senda de la ilustracin que conduce a la gloria. Doscientos treinta jvenes, alumnos ya distinguidos bajo el escudo de la diosa de Atenas, se disponen a dar a su hermoso pas das de justa celebridad. Su estudioso anhelo haba tropezado con las puertas de un templo, cerrado a la curiosidad ansiosa; y en vano el esfuerzo aislado de la aplicacin haba intentado quebrantarlas. Pero hoy da se abre a su vista el magnfico tabernculo, donde la naturaleza cubierta de mil espesos velos, oculta al vulgo sus medios creadores; velos que slo la constancia es capaz de descorrer; y a