Obras

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Material Information

Title:
Obras
Series Title:
Biblioteca de clásicos cubanos ;
Uniform Title:
Works
Spine title:
José Agustin Caballero
Physical Description:
567 p. : ill. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Caballero, José Agustín, 1762-1835
Leyva Lajara, Edelberto
Publisher:
Imagen Contemporánea
Place of Publication:
La Habana
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Logic   ( lcsh )
Theology   ( lcsh )
Social conditions -- Cuba   ( lcsh )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Bibliography:
Includes bibliographical references (p. 519-526) and index.
Statement of Responsibility:
José Agustin Caballero ; ensayo introductorio, compilación y notas, Edelberto Leyva Lajara.

Record Information

Source Institution:
Biblioteca Nacional José Martí
Holding Location:
Biblioteca Nacional José Martí
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 47752029
lccn - 2001388340
isbn - 9597078090
ocm47752029
Classification:
lcc - B1029 .C3 1999
System ID:
AA00008625:00001


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Full Text

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portadilla BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOSOBRAS CABALLEROJOSEAGUSTIN

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B IBLIOTECA DE C LSICOS C UBANOS C ASA DE A L TOS E STUDIOS D ON F ERNANDO O R TIZ U NIVERSIDAD DE L A H ABANA Esta obra se publica con el auspicio de la Oficina Regional de Cultura de la UNESCO para Amrica Latina y el Caribe R ECTOR DE LA U NIVERSIDAD DE L A H ABANA Y P RESIDENTE Juan Vela V alds D IRECTOR Eduardo Torres-Cuevas S UBDIRECTOR Luis M. de las Traviesas Moreno E DITORA PRINCIP AL Gladys Alonso Gonzlez D IRECTOR AR TSTICO Earles de la O Torres A DMINISTRADORA EDITORIAL Esther Lobaina Oliva

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BIBLIOTECADECLASICOSCUBANOSOBRASEnsayointroductorioLAHABANA,1999compilacinynotasEdelbertoLeivaLajara JOSECABALLEROAGUSTIN

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Responsable de la edicin: Norma Surez Surez Realizacin y emplane: Beatriz Prez Rodrguez Todos los derechos reservados Sobre la presente edicin: Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA, 1999; Coleccin Biblioteca de Clsicos Cubanos, No. 5 ISBN 959-7078-09-0 Ediciones IMAGEN CONTEMPORNEA Casa de Altos Estudios Don F ernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba Diseo grfico: Earles de la O Torres Composicin de textos: Equipo de Ediciones IC Ilustracin interior: Vicente Escoba r realizada hacia finales de 1799

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E E nsayo nsayo introductorio introductorio JOS AGUSTN CABALLERO: EL ESPRITU DE LOS ORGENES E DELBER TO L EIV A L AJ AR A Yo no quisiera ms sino que el alma pursima de ese varn privilegiado, de ese padre mo en el espritu, me comunicara un destello de aquel vivo fuego. (Jos de la Luz y Caballero, Diario de la Habana, abril 20 de 1835) La necesidad de ahondar en la trayectoria histrica del pensamiento cubano es una de las ms actuales para nuestra historiografa en este fin de siglo. Numerosas razones pueden aducirse para justificar un inters sin duda abocado a aproximaciones que en no pocos casos implican la urgencia de una relectura, inserta en ese constante retorno a las bases fundacionales de su cultura y su pensamiento, que parece ser una necesidad ntima del devenir intelectual de lo cubano, una condicin primaria de su vitalidad. Vrtice de la bsqueda de respuestas conceptuales y tericas a las problemticas especficas de la sociedad insula r ha sido tambin una ventana abierta a una prctica social obstinada y legtimamente aferrada, en sus exponentes ms relevantes, a la bsqueda de los rumbos propios de la nacionalidad cubana. En los orgenes mismos de ese modo de pensar la realidad del pas, inserta en lo universal que nos regala generosa nuestra condicin de nsula privilegiada por la geografa, se hallan algunas figuras que, de hecho, resultan casi desconocidas para los cubanos de ho y No me refiero, por supuesto, al nombre que ha trascendido como obligatoria referencia escola r o a los calificativos, justos o no, que se les ha endilgado de atributos. Es la obra, esa que ha dejado alguna huella, ya sea de las claramente perceptibles u otra que no alcanzamos a dis-

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OBRAS 2 \ 2 \ cerni r la que se hace imprescindible conoce r Es ineludible desentraar el papel desempeado por cada uno de ellos en su poca, as como los aportes que han trascendido al acervo cultural en el sentido ms amplio de la nacionalidad. Incluso, una figura tan emblemtica como la de Flix V arela fue durante largo tiempo vctima del olvido, sobre todo lo que se refiere a la autoctona que emana de lo ms radical de su pensamiento, porque precisamente durante mucho tiempo, toda interpretacin consecuente fue demasiado radical. 1 Su rescate en la actualidad debe servir de un buen punto de partida no slo hacia el pensamiento que lo hereda y sucede, sino hacia aquel que le antecedi, el cual fue creando aunque tmidamente las bases para la ruptura que signific la labor filosfica, pedaggica, patritica del presbtero V arela. La perspectiva con que ha sido enfocada, sobre todo en los ms recientes resultados historiogrficos, la evolucin de la sociedad criolla en Cuba durante la segunda mitad del siglo XVIII muestra con claridad que los procesos econmicos y sociales que tienen lugar crean las condiciones internas adecuadas para el despegue plantacionista azucarero de fines de esa centuria. Esto, sin debilitar la percepcin de la importancia de los factores coyunturales internacionales que propician y aceleran este proceso, ni las circunstancias que permiten caracterizarlo como un verdadero fenmeno de irrupcin o implantacin, llamado a propiciar drsticas transformaciones en las estructuras tradicionales de la sociedad criolla. Pero, por otra parte, stas se hallaban ya profundamente afectadas por los cambios que venan producindose desde mucho antes; elemento nada despreciable a la hora de valorar los efectos reales de las nuevas circunstancias en las estructuras sobre las que se imponen. La vida econmica, la composicin tnica, la estructura demogrfica, clasista y estamental de la sociedad colonial, la cultura y las mentalidades, la vida cotidiana, todo se va a permear desde entonces por la fiebre del azca r del caf, de los precios, de las ganancias, de los esclavos. La brusquedad del cambio es perceptible a simple vista. Grandes extensiones de bosques se desmontan. El arribo de negros esclavos se incrementa de modo fabuloso. Cuba entra a la modernidad, por decirlo de algn modo, de la mano del esclavo. El dilema de la esclavitud se plantea antes que el 1. Acerca de las diversas interpretaciones, omisiones, adecuaciones del pensamiento vareliano a los intereses de los sectores sociales que lo asumen desde diferentes perspectivas y perodos histricos, as como los efectos que esto produjo en cuanto a la difusin y conocimiento real de la obra de Flix Varela en su integralidad; confrontese: Eduardo Torres-Cuevas: Introduccin, Flix Varela, Obras, La Habana, Imagen Contempornea-Editorial Cultura Popular, 1997, pp. IX-XLI V.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 3 / 3 dilema de la independencia. El crecimiento azucarero y esclavista es concebido framente y ejecutado con eficiencia, aunque con esto la oligarqua criolla define y empea su futuro a largo plazo. Nada ms natural, entonces, que el pensamiento que genera la poca sea tambin capaz, por su fuerza y su vocacin, de urgente ruptura, de subrayar la relativa insignificancia de lo logrado en este terreno en la etapa precedente. Es una exigencia que se plantea sin opciones. Hay experiencia de cmo producir azcar en plantaciones de colonias de plantaciones, pero no de convertir a la plantacin en la principal unidad econmica de una colonia que nunca haba sido plantacionista. Hay genio, un genio innegable, en Francisco de Arango y Parreo cuando piensa a la Albin en Amrica; intelecto poderoso en muchos representantes de la primera oleada del reformismo criollo. Si sobresalan individualmente en algn campo, tambin es cierto que son intelectos abiertos a todas las ramas del sabe r Algunos, como Nicols Calvo de la Puerta y OFarril estaban siempre, segn describe Caballero en su elogio pstumo, ...rodeados de mquinas, de libros, de planos y de instrumentos. El clave, la cmara oscura, la mquina elctrica, la mquina neumtica, la piedra imn, las esferas celeste y terrestre, el barmetro, el termmetro, el aermetro, todo un aparato de Qumica, una coleccin de las preciosidades de la botnica y de la pintura, el prisma de Newton, el telescopio, un microscopio sola r y qu se yo qu otros mil artificios propios de las ciencias exactas... 2 En s mismo, un reto como el que se les presenta, no puede ser aceptado sobre la base de los cnones de pensamiento hasta entonces predominantes. Pero tampoco puede perderse de vista que, desde hace algn tiempo, se estn emitiendo dbiles seales de potencial renovado r. El pensamiento que precede en Cuba a la audaz renovacin, de finales del siglo XXVIII y comienzos del siglo XIX ha sido frecuente y acertadamente caracterizado como anquilosado y estril, deudor inamovible del viejo Peripato, contrario a la innovacin y a los vientos de revuelta intelectual muy pronto revuelta poltica y social, muy pronto revolucin que soplaban de Europa. El cuadro general, al lanzar una ojeada sobre los planes de estudio de las instituciones educacionales ms importantes, no desmiente estas afirmaciones. La escolstica mantena inclumes sus fueros en la Real y Pontificia Universidad de San Gernimo de La Habana; Aristteles reinaba de modo indiscutible en las ctedras; el latn, que muy poca utilidad representaba en la vida cotidiana de la colonia, en especial en una ciudad como La Habana, era la lengua insoslayable en la enseanza. 2. Jos Agustn Caballero: Elogio del seor Don Nicols Calvo y OFarril, Escritos varios, La Habana, Editorial de la Universidad de La Habana, 1956, t. I, p. 179.

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OBRAS 4 \ 4 \ No obstante, como para el conjunto social en general resulta obligado reconocer que, al menos a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII e incluso antes, es posible constatar los elementos que crean las condiciones para el cambio, en un movimiento que semeja un forcejeo an dbil entre la modernidad que se atisba y la tradicin sobre la que se asienta la vida de la colonia. Numerosas son, por ejemplo, las imprecisiones que an subsisten acerca del carcter y el alcance real de la enseanza jesuita en Cuba entre 1720 y 1767, momento este ltimo de su expulsin de los dominios espaoles. La biblioteca del Colegio San Jos, recinto jesuita que gan las preferencias de la oligarqua habanera cuando de la educacin de sus vstagos se trataba, contena muchos libros interesantes, y posiblemente otros que no aparecieron en la relacin que se hizo despus de la expulsin, 3 y que pasaron a formar parte de bibliotecas privadas. Digna de mayor inters es tambin la figura del obispo Santiago Jos de Hechavarra, santiaguero de nacimiento y primer natural de la Isla que obtuvo en propiedad la mitra de Cuba. Fundador del Seminario de San Carlos y redactor de sus Estatutos, falleci en 1789 en el obispado novohispano de Puebla de los ngeles, para el que fuera nombrado ya al final de su vida. Despus de su muerte, acaecida a un ao escaso de ocupar aquella mitra, la biblioteca del antiguo obispo de Cuba fue confiscada por el Santo Oficio de la Inquisicin, por contener numerosos libros prohibidos. 4 Si logr reunirla en Puebla, o si la traslad desde La Habana lo cual parece ms probable es poco significativo, ante las inquietudes espirituales que demuestra el hecho. Muchos otros ejemplos pudieran traerse a consideracin, pero con posterioridad volveremos a la poca y sus caractersticas. Lo que nos importa dejar sentado, desde el inicio, son estos dos momentos: primero, algo que es inevitable y necesario: mientras ms hurguemos en los orgenes de nuestra cultura, de nuestra herencia intelectual, de nuestro pensamiento, ser necesario retrotraerse a etapas cada vez ms alejadas de la poca que tradicionalmente han explorado los estudiosos de estas manifestaciones, para comprender qu es superado, qu huella permanece y en qu modo, cunto puede haber de herencia en la ruptu3. Gobierno Superior Civil, legajo. 275, no. 24 265. Esta relacin de los libros que fueron hallados en la biblioteca del colegio jesuita de San Jos en la ciudad de La Habana fue realizada durante los trmites para entregar el edificio del colegio al Obispado en 1773, seis aos despues de la expulsin. Para entonces la biblioteca contaba con unos 600 ttulos, que incluan textos de Matemtica, ciencias naturales, Fsica Experimental, etctera. 4. Jos Antonio Portuondo: Proyeccin americana de las letras cubanas, Crtica de la poca y otros ensayos, La Habana, Editorial del Consejo Nacional de Universidades, 1965, p. 172.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 5 / 5 ra, al menos como deuda ante la imprescindible necesidad, siempre planteada a los pobladores de esta Isla, de poner los pies sobre la tierra esta tierra, evidentemente y comenzar a ordenar en el pensamiento lo que desde el comienzo fue casi un imperativo de subsistencia. Segundo: existe un pensamiento de transicin, deudor de ritmos menos forzados de evolucin y caracterstico del criollismo dieciochesco, que se cuestiona tmidamente las principales limitaciones de la escolstica y accede, por vas no muy claras an para nosotros, a algunas manifestaciones de la renovacin de las ideas que est teniendo lugar en Europa desde el siglo anterio r La irrupcin de la plantacin esclavista azucarera y cafetalera, que introduce abruptamente a Cuba en el marco abiertamente burgus y moderno del mercado mundial, genera a su vez manifestaciones de pensamiento cuyo rasgo comn ms general es la intencin de superar las limitaciones de la escolstica predominante. Los ritmos de esta renovacin son ya mucho ms acelerados que los de la transicin a que hacamos referencia, se hace incluso muy difcil no diferenciarla como una etapa en s misma en la historia del pensamiento cubano. Las relaciones de continuidad con la etapa anterior simulan desaparece r sobre todo en el pragmatismo econmico que personifica Arango y Parreo. En l no existe nada del anquilosamiento anterio r Todo es energa, empuje, novedad, conocimiento. Lo esencial es en ese momento lo inmediato, lo que no puede espera r la oportunidad que brinda a la emprendedora oligarqua criolla el derrumbe haitiano como productor de azca r En el pensamiento econmico, desde Arango, no hay nada del antiguo modo de pensa r. En otros terrenos, sin embargo, no es as, y habra que especificar siempre, cuando se habla de la renovacin del pensamiento en Cuba a finales del siglo XVIII y primeras dcadas del XIX que no en todas sus manifestaciones los ritmos son iguales. Es mucho ms difcil vencer la resistencia escolstica detrs de los muros de la Universidad, y en general de los planteles educacionales, entre otras razones, porque es el fundamento tradicional, no slo de toda la construccin ideolgica del imperio, sino del orden interno establecido en la colonia. En la renovacin filosfica s es posible discernir con ms claridad las cuestiones transicionales, las resistencias, las concesiones necesarias, la audacia o timidez de la innovaciones, hasta llegar a V arela. Supera r en el terreno filosfico, la herencia aristotlica, significaba superarla completa y definitivamente. Mientras hay figuras de la generacin que irrumpe con fuerza en la vida de la colonia en la dcada del 90 del siglo XVIII sobre todo aquellas que se relacionan ms directamente con las urgencias de tipo econmico, que portan un pensamiento de esencias renovadoras ms radicales, hay otras en las que se revelan con ms claridad rasgos

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OBRAS 6 \ 6 \ de un pensamiento de transicin cualitativamente distinto a los tmidos esbozos de etapas anteriores, pero atrapado an entre los valores del criollismo y el empuje de la sociedad esclavista que va definiendo sus perfiles. El ms notable de los pensadores de este ltimo tipo, y quien puede adems considerarse el ltimo de los pensadores criollos en el sentido pleno que tuvo el criollismo como expresin integral del ser de la comunidad insular de la transicin, fue el presbtero Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera. L A POC A LA VID A El que mira la vida y la muerte con los ojos que l las mir, lejos de ser un hombre ttrico o un calculador egosta, vive ms contento consigo mismo, es ms til a sus semejantes; y llenando mejor su fin sobre la tierra, marcha por el camino ms directo al cielo. (Jos de la Luz y Caballero. Diario de la Habana, abril 20 de 1835) I Don Jos de la Luz dedicaba a la memoria de su to, Jos Agustn Caballero, la frase anterio r en abril de 1835. El 6 de ese mes haba fallecido, entre los muros del Seminario de San Carlos y San Ambrosio donde vivi casi toda su vida y el 7 fue sepultado en el Cementerio General de la ciudad. Llova a cntaros, aunque esto no impidi segn refiri el propio Luz que una gran cantidad de personas acudiera a la ceremonia. Figura venerable para muchos de sus contemporneos, la vida, las ideas y las obras del padre Caballero ejercieron profunda influencia en una generacin que protagoniz uno de los trnsitos ms importantes en la historia de Cuba: el trnsito hacia la sociedad esclavista, tpica del siglo XIX cubano, con todo lo que esto implic desde el punto de vista econmico, social y cultural, en el sentido ms amplio. F ue una etapa plena de contradicciones, frontera en la que se fundieron generaciones, ideas, modos de pensar e interpretar el universo insular y tambin el otro, ms amplio, en que ste estaba inmerso. Pero parecan estar creadas ya desde entonces, en torno a Caballero, las bases de ese olvido profundo en que han cado algunas personalidades que, en su momento, desempearon papeles importantes en nuestra historia. Premonitorias resultaron las palabras de Luz, cuando afirmaba que la dificultad del necrologista creca ...para con los jvenes de la nueva generacin, cuya mayor parte acaso no conoce

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 7 / 7 a nuestro personaje ms que por la voz de la fama, as por la circunstancia de haber escaseado sobremanera los ejemplares de sus principales producciones, cuanto porque la edad y achaques consiguientes, si bien no le haban sustrado del todo de la escena pblica, no le dejaban empero agitarse sino en una esfera forzosamente ms reducida y menos visible. 5 El padre Caballero fue convirtindose, para las generaciones posteriores, en un total desconocido. Pudiera pensarse que la magnitud de la obra llevada a cabo, en los terrenos ms diversos, por otras figuras de su generacin y las poster iores, contribuy a oculta r en cierto modo, la constancia y el denuedo que caracterizan su labo r. Lo cierto es que, cien aos despus del escrito de Jos de la Luz en el Diario de la Habana y desde las pginas del primer nmero de los Cuadernos de Historia Habanera, dedicado al centenario de la muerte de Jos Agustn Caballero, Emilio Roig lamentaba que los intelectuales cubanos hubieran olvidado la figura, en muchos aspectos fundacional, del destacado sacerdote. 6 La relacin de escritos vinculados con el centenario resultaba ms que exigua, y lo peor es que reflejaba de manera fiel el lugar y la importancia concedida a Caballero en la historia del pensamiento cubano. En la revista Carteles aparecieron dos artculos del propio Roig, de quien public tambin un trabajo la Revista Bimestre Cubana, junto a varios escritos del padre Caballero; F rancisco Gonzlez del V alle public, en las pginas de la Revista Cubana, un estudio sobre el presbtero; en el peridico hablado La V oz del Aire, el doctor Antonio Garca Hernndez ofreci una conferencia; en la Catedral, el presbtero Guillermo Gonzlez Arocha pronunci un sermn. Es casi innecesario menciona r por obvio, que la mayor parte de los cubanos slo haba escuchado el nombre de quien fuera profesor de Flix V arela y de tantos otros inquietos intelectos en el Seminario habanero de San Carlos. En las dcadas posteriores se hicieron algunos intentos por rescatar la obra y valorar la contribucin que haba hecho Caballero a las jornadas fundacionales de nuestra cultura y nuestro pensamiento. La Biblioteca de Autores Cubanos empeo de la Universidad de La Habana al frente del cual estaba Roberto Agramonte public, por primera vez, el cuaderno escrito por l en 1797 que sirviera de texto en las lecciones de Filosofia en el Seminario habanero. La edicin 5. Jos de la Luz y Caballero: A la memoria del doctor don Jos Agustn Caballero, Escritos literarios, La Habana, Editorial de la Universidad de La Habana, 1946, p. 179. 6. Emilio Roig de Leuchsenring: El centenario de la muerte de Jos Agustn Caballero y Rodrguez, Homenaje al ilustre habanero pbro. Dr. Jos Agustn Caballero y Rodrguez en el centenario de su muerte, 1835-1935, Cuadernos de Historia Habanera No. 1, Municipio de La Habana, 1935, pp. 7-8.

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OBRAS 8 \ 8 \ bilinge de Philosophia electiva, 7 escrito del cual se conserva un solo manuscrito aunque en su momento debieron circular varios ejemplares entre los estudiantes del plantel donde enseaba, puso en manos de los especialistas un elemento esencial para definir los contornos iniciales y los primeros replanteos ms adelante intentaremos apreciar cun tmidos o no eran de las concepciones hasta entonces dominantes en la enseanza filosfica en los principales centros educacionales de la colonia. Al mismo tiempo, la obra iba precedida de un Estudio preliminar 8 de Roberto Agramonte, de una interesante Introduccin 9 de Jenaro Artiles y un trabajo de Francisco Gonzlez del V alle. 10 A la publicacin de Philosophia electiva siguieron dos tomos de Escritos varios, 11 en los cuales fueron antologados diversos trabajos del presbtero habanero. En su estudio La Filosofa en Cuba, de 1948, Medardo Vitier dedica interesantes reflexiones a la figura de Caballero. 12 En 1952 aparece la obra Jos Agustn Caballero y los orgenes de la conciencia cubana, 13 de Roberto Agramonte, una interesante aproximacin al hombre y su poca, que bien pudo haber gozado de mejor suerte, como incentivo para el anlisis de la etapa de formacin del pensamiento cubano. Ninguno de los intentos posteriores y no ha habido muchos alcanza el vuelo de esta ltima mencin, digna sin lugar a dudas, con sus virtudes y sus defectos, de ser consultada y mencionada con ms frecuencia. Por otra parte, es una verdad evidente que, a pesar de los intentos acadmicos, la situacin en torno a Caballero es, a fines de siglo, no muy diferente a la que constataba Emilio Roig en 1935. La mayor parte de los cubanos, en el mejor de los casos, le conoce slo por la voz de la fama. En la actualidad contamos con muy pocos estudios que exploren su obra en busca de claves que parecen hallarse muy cerca, si no en 7. Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, La Habana, Editorial de la Universidad de La Habana, 1944. 8. Roberto Agramonte: Estudio preliminar, en: Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed.cit., pp. LV -C. 9. Jenaro Artiles: Introduccin, en: Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., pp. XIII-XL. 10. Francisco Gonzlez del Valle: Jos Agustn Caballero, en: Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., pp. XLI-LI V. 11. Jos Agustn Caballero: Escritos varios, ed. cit. 12. Medardo Vitier: Las ideas y la filosofa en Cuba, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1970, pp. 71-74, 191-194, 329-339. 13. Roberto Agramonte: Jos Agustn Caballero y los orgenes de la conciencia cubana, La Habana, Universidad de La Habana, 1952.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 9 / 9 los orgenes mismos de la cultura filosfica, pedaggica, literaria y cientfica cubanas. Y por sus atisbos renovadores atisbos de frontera epocal, donde lo inseguro e incompleto son deudores del freno puesto a la razn por la tradicin y la necesidad, tambin parece hallarse Caballero en los orgenes de esa curiosa cultura poltica cubana, en cuyas ms genuinas representaciones se han fundido los ideales y las aspiraciones ms elevadas, con una clara percepcin de las realidades del momento y de las posibilidades de hace r. Y si no fuera suficiente incentivo el constatar en qu medida lo anterior est avalado por la vida y la obra de Jos Agustn Caballero, siempre quedan las expresiones de quienes lo conocieron, frecuentaron sus clases en el Seminario, conversaron o intercambiaron con l correspondencia. V arela, el Hrcules de sus discpulos, 14 se refera en una ocasin al incomparable D r Caballero, consideraba necesaria una edicin completa de sus escritos, sin dejar absolutamente nada, en la inteligencia de que todo es oro. 15 Jos de la Luz y Caballero lo llam hijo predilecto de Amrica, Nstor literario de Cuba, y dej a la posteridad un motivo para retornar al presbtero Jos Agustn cuando afirm rotundamente de l que haba sido ...entre nosotros el que descarg los primeros golpes al coloso del escolasticismo [...] Caballero fue el primero que hizo resonar en nuestras aulas las doctrinas de los Locke y los Condillac, de los V erulanios y los Newtones; Caballero fue el primero que habl a sus alumnos sobre experimentos y Fsica Experimental... 16 Caballero escriba ms adelante siempre fue el primero en el santuario de las letras y en el santuario del patriotismo. 17 Y ningn otro, sino nuestro Jos Mart, brevemente y como de pasada, afirm del sublime Caballero que haba sido el padre de los pobres y de nuestra Filosofa, y que haba declarado, ms por consejo de su mente que por el ejemplo de los enciclopedistas, campo propio y cimiento de la ciencia del mundo el estudio de las leyes naturales... 18 14. As se refiri Luz y Caballero a Varela en ocasin del trabajo que dedic a la memoria de su to. Confrntese Jos de la Luz y Caballero: A la memoria del doctor Don Jos Agustn Caballero, Escritos literarios, ed. cit., p. 186. 15. Flix V arela: Carta a Jos de la Luz y Caballero (2 de junio de 1835), Obras, ed. cit., p. 215. 16. Jos de la Luz y Caballero: A la memoria del doctor Don Jos Agustn Caballero, Escritos literarios, ed. cit., p. 186. 17. Ibdem, p. 188. 18. Jos Mart: Antonio Bachiller y Morales, Obras completas, La Habana, Editorial Nacional de Cuba, 1963, t. V p. 145.

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OBRAS 10 \ 10 \ II El 9 de septiembre de 1762, el bachiller Joseph Gonzlez del lamo, teniente de cura beneficiado de la Parroquial Mayor de La Habana, bautiz a un nio nacido el 28 del anterior mes de agosto. El nombre del nio, segn la ortografia ms usual de la poca, era Joseph Agustn. 19 Sus padres, Bruno Jos Vicente Caballero y Mara Manuela de la Soledad Rodrguez de la Barrera Sotomayo r ambos naturales de La Habana, haban contrado matrimonio el l o. de agosto de 1746, en la ciudad de Matanzas. 20 El recin nacido poda, desde entonces, respirar con cierta tranquilidad de espritu. Cumpla con el requisito de ser hijo legtimo de legtimo matrimonio, formalmente imprescindible para ascender en la estrictamente reglamentada pirmide social del mundo hispano. Cierto que, por estos lares, de todo ocurra, pero para el futuro servidor de la Iglesia era sin dudas beneficioso llegar al mundo por la puerta de la legitimidad. Ms an, su sangre estaba limpia de todo vestigio de mala raza, lo cual muchos testigos, aos despus, estaran dispuestos a declara r Bruno Caballero, el padre, era ingeniero milita r Primer Teniente del 2 do. Batalln del Regimiento de Infantera de San Cristbal de La Habana cuando nace Jos Agustn. 21 Al mori r en 1771, ostentaba el grado de Teniente Coronel. 22 Haba nacido en octubre de 1724, en la capital de la colonia, a donde su padre, tambin ingeniero milita r arrib hacia 1721. Bruno Caballero, el abuelo, era natural de V alencia, y al ser destinado a Cuba tuvo a su cargo segn Pezuela las obras del Castillo de Jagua, y con posterioridad la culminacin del recinto amurallado de La Habana, adems de la reconstruccin de sus lienzos de muralla desde el baluarte de la Tenaza hasta el de Paula. 23 En 1721 contrajo matrimonio, 19. Partida de bautismo de Jos Agustn Caballero(copia). Expediente docente de Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera. Archivo Histrico de la Universidad de La Habana, Expediente Antiguo no. 1865, folio 9. Existen algunas diferencias, aunque no del contenido esencial, entre la copia que se conserva en este expediente y la extendida en febrero de 1935 por el presbtero Rogelio Monet Rodrguez. Esta ltima fue publicada en el nmero 1, ya citado, de los Cuadernos de Historia Habanera, p. 29. 20. Partida de matrimonio de Bruno Jos Caballero y Mara Manuela de la Soledad Rodrguez(copia). Expediente docente de Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera, loc. cit., folio 7. 21. Emilio Roig de Leuchsenring: ob. cit., p. 9. 22. Con este grado hacen referencia al padre de Jos Agustn Caballero los testimoniantes que acreditan su limpieza de sangre y buenas costumbres cuando optaba por el grado de Bachiller en Filosofa. Expediente docente de Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera, loc. cit., folios 2, 3 y 4. 23. Jacobo de la Pezuela: Diccionario geogrfico, estadstico, histrico de la isla de Cuba, Imprenta del Establecimiento de Mellado, Madrid, 1865-1866, t. III, p. 185.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 11 / 11 en la misma ciudad, con Leonarda del Barco y Marn. El militar espaol alcanz el grado de Coronel, y lleg a ser nombrado Ingeniero en Jefe, responsabilidad que desempe hasta su muerte, acaecida en 1745. La ascendencia materna, como la del padre, se nutre de militares. El abuelo, Ignacio Rodrguez y Escudero, tuvo a su cargo, como ingeniero milita r la construccin del Castillo de San Severino, en Matanzas, del cual fue Comandante hasta su muerte, acaecida en diciembre de 1747. El 5 de enero de 1721, Ignacio Rodrguez contrajo matrimonio con Gregoria de la Barrera Sotomayor y Arencibia, hija de Juan de la Barrera, tesorero contador del Tribunal de Cuentas de La Habana. 24 De toda la ascendencia afirmaban los testigos, presentados en 1781, para avalar con su declaracin la limpieza de sangre necesaria para que el futuro profesor del Seminario pudiera optar por el grado de Bachiller en Filosofa, que les constaba: ...q. e asi los nominados como todos sus ascendientes son y han sido christianos viejos limpios de toda mala rasa de Moros, Judios, Herejes Mulatos [...] q. e no han sido penitenciados por el S to O fo dela Ynquisicion ni por otro algn Tribunal ni incurrido en infamia ni dado mala nota en sus procedim. tos antes si estimados por su buena Conducta y conocidos por personas nobles, q. e han obtenido p. r una y otra linea assi en lo Eclesistico como en lo secular empleos honorficos... 25 Jos Agustn fue el ltimo de ocho hermanos. La trayectoria vital de la familia ilustra con fidelidad las opciones que tenan los vstagos de familias con alguna posicin en la pirmide social de la colonia. En particula r lo anterior se refiere a los descendientes varones, pues en el caso de las mujeres las posibilidades se reducan al matrimonio o al claustro. Dos de los hermanos de Jos Agustn, Rafael Joseph y Bruno Joseph, siguieron la carrera de las armas, y ambos llegaron a ser oficiales de infantera. Un tercero, Manuel Antonio, ingres en la Orden de Predicadores Dominicos, cuyo convento de San Juan de Letrn, en La Habana, haba sido desde mucho tiempo atrs uno de los ncleos fundamentales de formacin de un clero criollo, comprometido con los intereses de la oligarqua local. Los lazos familiares eran uno de los soportes esenciales de ese compromiso y de la actitud que, ante diferentes circunstancias, asume este clero poco vinculado a la poltica y los objetivos metropolitanos. Manuel 24. Emilio Roig de Leuchsenring: ob. cit., p. 10. 25. Expediente docente de Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera, loc. cit., folio 2.

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OBRAS 12 \ 12 \ Antonio fue, adems, profesor de la Universidad, de la que lleg a ser Rector a comienzos del siglo XIX El propio Jos Agustn, por su parte, sigue tambin la carrera eclesistica, aunque su destino se enlaza al clero secula r directamente subordinado al prelado ordinario. Tenemos, entonces, la ms tpica de las situaciones de la poca en el ambiente familiar: dos hijos militares, dos hijos sacerdotes. Ejrcito e Iglesia, garantes del ordenamiento social y por cierto, tambin de la solidez, estabilidad y posibilidades de mantenimiento o ascenso de la familia. Muy poco se sabe de las hermanas de Jos Agustn. Sus nombres eran Mara Ignacia, Leonarda Josefa y Mara Gregoria. De Luis Ignacio tenemos algunos datos recogidos fundamentalmente en un trabajo de Jos Augusto Escoto. 26 Naci en la ciudad de Matanzas poblacin donde sus padres contrajeron matrimonio y vivan an en virtud del servicio de las armas el 18 de mayo de 1748, pas a La Habana desde nio. No se conoce que haya seguido estudios universitarios, ni la carrera milita r ni la eclesistica, pero ocup algunos cargos de cierta importancia en la municipalidad. En 1777 era uno de los alcaldes de la Santa Hermandad; en 1781, Regidor del juro por heredad en el Ayuntamiento habanero; en 1785 ocup el puesto de Primer Alcalde de La Habana y desde 1784 hasta su muerte, en 1819, fue Regidor Supernumerario. Todo esto parece indicar que Luis Ignacio tena una posicin econmica suficientemente slida, e incluso que su ocupacin principal podra ser la de administrar esos bienes, tal vez patrimonio familia r, como era usual por entonces. Una hija suya, Manuela Teresa Caballero, fue la madre de Don Jos de la Luz. El nacimiento de Jos Agustn se produce en un momento significativo de la historia colonial de Cuba. Desde junio de 1762 faltaba algo ms de dos meses para el alumbramiento la ciudad de La Habana estaba sitiada por una escuadra inglesa, la ms poderosa que potencia europea alguna hubiera hasta entonces organizado y dirigido a las aguas del Caribe. No se conoce nada acerca de la posible participacin de los miembros de la familia Caballero en la defensa de la plaza, ni si la futura madre abandon la ciudad entre la lluvia y el lodo que acompa, dificultndolo sobremanera, el cumplimiento del bando de evacuacin emitido el 8 de junio. Tal vez no lo hizo debido a su estado. De cualquier modo, el 12 de agosto de 1762 se firma la capitulacin, a tenor de la cual los ingleses comienzan la ocupacin de la ciudad el da 14, y el 28 catorce das despus Mara de la Soledad da a luz. 26. Jos Augusto Escoto: Un matancero ignorado: don Luis Ignacio Caballero, Cuba intelectual, La Habana, 1910, vol. I, 1909-1910, pp. 145-148. Los datos que se refieren a la vida de este hermano de Jos Agustn se basan en este trabajo.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 13 / 13 Cuando nace Jos Agustn an no est en marcha el violento proceso de reconversin de los fundamentos econmicos de la sociedad colonial, sobre la base del sistema de plantaciones. Su generacin ser la protagonista. Pero el episodio ingls en La Habana, si bien no se extendi por mucho tiempo, s dej huellas profundas en la vida de la colonia, condicionando el inicio de una serie de transformaciones emprendidas, despus de la recuperacin de la ciudad. En primer trmino, porque la prdida de la capital de Cuba demostr la vulnerabilidad de una de las ms importantes posesiones, estratgicamente hablando, de la corona hispana. La Habana, en poder de una potencia como Inglaterra era un peligro real para la estabilidad de todo el imperio colonial americano de Espaa. Se hicieron realidad las premoniciones de quienes desde mucho antes sealaban las debilidades de las defensas habaneras, por lo que se haca necesario realizar un vasto plan de fortificacin y reorganizacin de las fuerzas que deban defender la poblacin, que hiciera prcticamente imposible, en el futuro, que la capital de Cuba cayera en manos de otra potencia europea. Ms an, era necesario lograr todo esto a partir de los propios recursos de la colonia. El cumplimiento de estos objetivos estara a cargo de un grupo numeroso de funcionarios y militares espaoles, que en julio de 1763 recibi de manos inglesas la ciudad de La Habana, en cumplimiento de lo acordado en el Tratado de Pars, que puso fin a la Guerra de los Siete Aos. Al frente de ellos vino Ambrosio de Funes y Villalpando, Conde de Ricla, nuevo Capitn General y Gobernador de la Isla. Con su arribo se iniciaron las reformas de tipo militar y administrativo, reflejo en Cuba de lo que ha dado en llamarse el Despotismo Ilustrado de Carlos III. Este grupo estaba estrechamente relacionado con Pedro Pablo de Abarca y Bolea, Conde de Aranda, figura clave en la poltica espaola de la poca y verdadero artfice de los cambios que se producen en la poltica colonial. A las medidas adoptadas para lograr un estado satisfactorio de las defensas de la ciudad construccin de los fuertes de La Cabaa, Atars y del Prncipe, reconstruccin del Morro, reorganizacin de las milicias se unieron otras que propician cambios sumamente importantes en el orden econmico, administrativo y cultural. La apertura del comercio con varios puertos de la Pennsula en 1765, la mayor afluencia de esclavos, la supresin del monopolio mercantil de la Real Compaa de Comercio de La Habana, fueron creando condiciones favorables para un desarrollo ms dinmico de la agricultura de tipo comercial y el desmontaje de formas arcaicas de explotacin de la tierra. Se hace notable, a partir de entonces, el incremento de las fbricas de azca r de la cantidad de esclavos introducidos en la Isla, del ritmo de disolucin de los fundos ganaderos, de los contactos comerciales, a partir ya no slo del omnipresente contrabando, sino de la apertura escalonada de

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OBRAS 14 \ 14 \ las posibilidades legales del comercio con los puertos espaoles, y con posterioridad, en las condiciones creadas por las guerras europeas, con los nacientes Estados Unidos. Pero si desde su nacimiento no pueden haber dejado de influir en Jos Agustn los cambios que se van produciendo en todos los rdenes en la vida de la colonia, la poca es mucho ms trascendente en el plano de los acontecimientos que conmocionarn al mundo, anunciando el inicio de una nueva era. Es la poca del ascenso impetuoso de la burguesa y de los sistemas de ideas en los cuales bas sus aspiraciones a la direccin de las sociedades, que con posterioridad seran llamadas modernas y por supuesto, de ese otro mundo que medraba en la periferia europea: las colonias. Caballero fue contemporneo de la Guerra de Independencia de las Trece Colonias y del posterior nacimiento de Estados Unidos, que cambiara el orden poltico, econmico y comercial americano; de la Revolucin Francesa con su Declaracin de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y su larga secuela de guerras en Europa y fuera de ella; de la Revolucin Haitiana, interpretacin aterradora para los sectores dominantes del trptico revolucionario francs. Tambin lo fue de la invasin de Espaa por los ejrcitos de Napolen, que propici, en condiciones casi increbles, las primeras manifestaciones del liberalismo peninsula r, y cre una coyuntura excepcional para el inicio de las luchas emancipadoras en las colonias, que culminaran con la desintegracin definitiva de la hispanidad entendida como imperio; no de los restos que continuaron recibiendo ese nombre hasta finales del siglo XIX sino de las grandes posesiones continentales que dieron a luz una serie de nuevos estados, polticamente constituidos. Este convulso panorama internacional, que impera desde las dcadas finales del siglo XVIII influir de modo decisivo en el resultado de los cambios que estn ocurriendo en Cuba. De hecho, las reformas que se llevan a cabo entre 1763 y 1790 implicaron la ruptura con muchos de los parmetros y valores de la sociedad criolla, propiciando, al menos en el occidente de la Isla, un debilitamiento significativo del papel de la actividad ganadera, del carcter patriarcal de la esclavitud y otros elementos caractersticos de la misma. Y a entonces, con anterioridad a la coyuntura de finales de siglo, el incremento de la produccin azucarera haba estado en el centro del inters de los sectores ms emprendedores de la oligarqua habanera. Un ao antes de la ocupacin de La Habana por los ingleses, la produccin azucarera de la regin era de 4 265 toneladas; en 1792, ya alcanzaba 13 800 toneladas. 27 Las cifras relacionadas con la introduc27. Manuel Moreno Fraginals: El ingenio. Complejo econmico-social cubano del azcar, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1978, t. III, p. 43.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 15 / 15 cin de esclavos africanos son tambin demostrativas, en alto grado, de la direccin emprendida por la economa y la sociedad cubanas de la poca. Si para los dos siglos y medio anteriores a 1762 se calcula fueron trados a la Isla unos 60 000 africanos, entre esa fecha y el ao 1792 aos se introdujeron 64 516; es deci r ms que en toda la historia precedente de la colonia. 28 Cuando a comienzos de la dcada del 90 de esa centuria se crea una coyuntura internacional compleja, que incluye, en lo que al mercado azucarero se refiere, la ruina total de la produccin haitiana, hasta entonces la mayor del mundo, la oligarqua criolla tiene una percepcin clara de la oportunidad que se le ofrece, y pone en el logro de sus aspiraciones, desde tiempo atrs incubadas, todo su empeo y todos sus recursos. Existen condiciones bsicas para esto, como el capital disponible en manos de un reducido grupo de familias, las amplias extensiones de tierra frtil que slo esperan ser desmontadas, la relativa cercana de todas las tierras a puertos seguros y cmodos. Y a, en 1789, se elimina un obstculo en el aseguramiento de la mano de obra necesaria al boom azucarero cubano: se emite la Real Cdula que concede libertad en el comercio de negros a espaoles y extranjeros con Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Caracas privilegio otorgado por dos aos, que despus sera renovado, y al ao siguiente se exime de contribuciones a los ingenios que se fomenten en un plazo de diez aos. En los aos posteriores se crear toda una institucionalidad vinculada a los intereses y aspiraciones de los sectores que participan en la aventura del azca r En 1795 se funda el Real Consulado de Agricultura, Industria y Comercio de La Habana, con una Junta de Comercio anexa. La Real Sociedad Econmica existe desde 1792. Se promueve, se fomenta, se elaboran proyectos, se elevan demandas a la Corona. El trasfondo de todo este movimiento est en lograr las condiciones ptimas para el continuo crecimiento de la produccin azucarera, que es la riqueza de la Isla, de la burguesa esclavista. F avorecida coyunturalmente la lite criolla por la poltica metropolitana, desde que es recuperada La Habana, en 1763, comienza un proceso de aproximacin entre sus intereses y los de las autoridades coloniales. Parece materializarse el anhelo que recorre la Llave del Nuevo Mundo, de Jos Martn Flix de Arrate: traducir la fidelidad y las obras de los criollos de Cuba en el servicio de la Corona, que no demeritan de las de los espaoles nacidos en la Pennsula, en el consecuente ascenso en la estructura jerrquica del imperio. La alianza de poder que se conforma 28. Juan Prez de la Riva: El monto de la inmigracin forzada en el siglo XIX La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1979, pp. 41-44.

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OBRAS 16 \ 16 \ rendir sus frutos a ambas partes. La Corona podr conta r a partir de este momento, en sus numerosas campaas militares, con los recursos econmicos y financieros de la Isla; en los tiempos difciles que vendrn, tendr su colaboracin ms o menos encubierta para detener e infligir costosos reveses a los liberales peninsulares; en sus sueos de reconquista contar con una base para organizar un vasto sistema de espionaje y para el aseguramiento de sus tropas en el continente. La oligarqua criolla antes y despus de su metamorfosis esclavista goz de posibilidades, ms o menos amplias, en el control de las condiciones de produccin en el pas y en la complicidad de las autoridades coloniales en el trfico ilegal de africanos; se cobij a la sombra poltica y militar de Espaa ante el temor de una sublevacin masiva de esclavos; aprovech la incapacidad econmica de la metrpoli para desarrollar en los marcos de su subordinacin poltica una actividad econmica con un alto grado de independencia. En realidad, no obstante las complicadsimas y paradjicas condiciones en que subsiste esta alianza de pode r slo la crisis de la monarqua y el ascenso del liberalismo espaol, con sus intentos de colocar el ordenamiento colonial sobre bases modernas entindase burguesas en detrimento de la hegemona de la burguesa esclavista, la va socavando en el transcurso de la decimonovena centuria. Es, sin duda, un tipo de relacin en extremo compleja la que se establece entre los sectores dominantes de la sociedad insular y los grupos de poder metropolitano. En ella se da durante dcadas la paradoja de una lite insular esclavista poderosa, controladora de puestos claves en la administracin colonial, con una libertad de accin y una influencia de la que jams goz grupo social alguno en el mundo colonial hispano y que, al mismo tiempo, imagin la garanta y continuidad de su preponderancia, el logro de sus objetivos mediatos e inmediatos, en la conservacin del status colonial. III El lapso que transcurre entre la recuperacin de La Habana en 1763 y la cuarta dcada del siglo XIX es una etapa plena de acontecimientos en todos los rdenes de la vida econmica, poltica y social, tanto a nivel insular como internacional. Y la referencia es obligatoria, no slo porque todo ese camino fue recorrido en vida por la generacin de Jos Agustn Caballero, sino porque su dinmica, violenta y cambiante, marc profundamente la formacin, las concepciones, la accin de la primera plyade de reformistas y reformadores cubanos. La etapa tambin es importantsima en todo lo relacionado con el mundo cultural, intelectual, educacional, que es, desde una perspectiva ms concreta, el que ms de cerca nos atae en esta aproximacin a la vida y obra de Caballero.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 17 / 17 La aplicacin del proyecto concebido para Cuba por los ministros de Carlos III el Conde de Aranda en primer trmino, y los vnculos que tenan los funcionarios espaoles llegados a la Isla con los crculos ilustrados espaoles, facilitaron el contacto de la lite criolla con la versin peninsular del pensamiento iluminista. No debe olvidarse que, en sentido general, el reformismo de los Borbones en Espaa fue inspirado por figuras como el fraile benedictino Benito Gernimo F eijo, Gernimo de Uztariz, Miguel de Zabala, Joseph Campillo y otros, que, al tanto del pensamiento europeo contemporneo, intentaron buscar soluciones a problemas propios de Espaa a partir de sus particularidades, cultura y tradiciones. Es importante tener esto en cuenta, porque, pocas dcadas ms tarde, van a resonar con mucha frecuencia, en los reclamos de los ilustrados cubanos, las singularidades de Cuba y su sociedad con respecto a la peninsular y las del resto de la Amrica hispana. El siglo XVIII cubano va a ser comparado con las centurias anteriores mucho ms rico en manifestaciones de tipo artstico y literario. La oratoria sagrada cuenta con nombres como los del jesuita habanero Jos Julin Parreo, Francisco Javier Cond y Oquendo, Rafael del Castillo y Sucre y Juan Bautista Barea. La poesa fue cultivada por sacerdotes como fray Jos Rodrguez Ucres, conocido con el seudnimo de Padre Capacho, Juan Miguel de Castro Palomino, y laicos como el villaclareo Jos Sur y guila. Pero el gnero que con mayor vigor se desarrolla a lo largo de la decimoctava centuria en Cuba es, sin dudas, la literatura de tipo histrico. Nicols Joseph de Ribera con su Descripcin de la Isla de Cuba, el obispo Morell de Santa Cruz con Historia de la Isla y Catedral de Cuba, la Llave del Nuevo Mundo, del regidor habanero Jos Martn Flix de Arrate, son claros ejemplos de la bsqueda de la inteligibilidad del universo insula r con las armas de una racionalidad que tiene sus races, ms que en cualquier otra influencia, en la experiencia compartida de habita r ya por ms de dos siglos, esta isla. Y que busca ya en su pasado, sus hechos, su historia, en definitiva, la explicacin de ese ser diferente que singulariza a la comunidad insular en el edificio de la hispanidad. Una intencionalidad tal implica ya, en s misma, la necesidad de una racionalidad puesta en funcin de los objetivos que se persiguen. Porque no hay ingenuidad de intencin en estas primeras historias escritas en Cuba. Cada una lleva el sello representativo de los intereses de un grupo social o regional, de sus aspiraciones, de su percepcin del medio que habitan y lo ms importante, del modo en que se representan su futuro posible. Tal vez el rasgo que mejor caracteriza esta literatura es que la exploracin del pasado histrico se emprende en tanto se adivina en l la posibilidad de justificar y fundamenta r de un modo u otro, los diferentes proyectos concebidos por una comunidad insular

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OBRAS 18 \ 18 \ que se percibe conocedora de su medio y al mismo tiempo, capaz y merecedora de obtener de l mayores ventajas, sin que ello implique un replanteo de sus relaciones esenciales con la metrpoli. Presupuestos en cuya elaboracin prctica se va a manifesta r por primera vez en la historia del pensamiento en Cuba, cierto paralelismo entre las posiciones de los autores criollos y la historiografa iluminista. Se destaca, entre otros momentos de inters, la coincidencia en la magnificacin de la importancia del clima como causa material de fenmenos sociales y de idiosincracia, que se da entre Bernardo de Urrutia y Matos y Montesquieu, el inters por la historia del comercio y la industria, por la historia natural, etctera. 29 Visto de ese modo, la cuestin que se plantea ineludiblemente es la de buscar las vas a travs de las cuales ciertos sectores de la colonia entablan contacto, as sea superficial, con las corrientes de ideas que genera la Ilustracin europea, y la funcin que desempea este flujo si hubiere alguna de significacin en relacin con el status de la teorizacin hegemnica; es deci r qu difusin y profundidad pudieron adquirir en la sociedad criolla las ideas iluministas, en la etapa que antecede al auge reformador de finales del siglo XVIII y primeras dcadas del XIX Porque, en principio, esto sera esencial para comprender cmo fue conformndose una base mnima sobre la cual se asienta en sus comienzos la accin renovadora de los pensadores de la generacin a la que pertenece Jos Agustn Caballero. Es difcil establecer los canales por los que penetraron primariamente en la Isla las ideas modernas. Uno de ellos parece haber sido el colegio de la Compaa de Jess, entre 1720 y 1767. Y a nos referamos a la biblioteca del colegio, que reuna entre sus ttulos obras de Newton y Montesquieu, unidas a las del padre Feijo. Otros autores, como Locke y Condillac, parecen haber sido manejados por los jesuitas. El problema del carcter de la enseanza jesuita en La Habana an no del todo esclarecido adquiere importancia incluso cuando se trata de valorar las condiciones, en que hacia finales del siglo XVIII se desarrollan los ataques contra la escolstica por parte del padre Caballero, pues la escolstica tomista de los dominicos de la Universidad se contrapona directamente a las propuestas de la Ilustracin, en tanto las posiciones que sustentaban los ignacianos, que en dcadas anteriores ensearon en el colegio San Jos, pudieran considerarse en cierto sentido intermedias. La valoracin que hace en su momento el obispo Morell de Santa 29. A las relaciones entre la historiografa criolla del siglo XVIII cubano y la Ilustracin, est dedicado el artculo de Arturo Sorhegui: Historiografa e Ilustracin en Cuba, Debates Americanos, no. 2, La Habana, julio-diciembre de 1996, pp. 87-91.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 19 / 19 Cruz, de la prctica docente de los jesuitas de La Habana resulta, por cierto, interesante, al sealar que ...el modo con que lo practican ha producido tanta emulacin hacia las letras, que la Habana se ha hecho teatro verdadero de las ciencias. 30 En relacin con el carcter de la prctica pedaggica realizada por los jesuitas en La Habana, subsiste hasta hoy un serio problema de fuentes que permitan hacer un anlisis exhaustivo. Habra que partir no slo del conocimiento de las proyecciones pedaggicas e intelectuales de la Compaa, sino del modo probable en que estas proyecciones se insertaron en el universo sociocultural del criollo. Pocos de los profesores, que en distintos momentos ensearon en el colegio San Jos, ocupan un lugar importante entre los pensadores y escritores jesuitas del siglo XVIII La excepcin ms notable es la del padre Francisco Javier Alegre, nacido en Nueva Espaa en 1729 y fallecido en el exilio en 1788, quien permaneci en Cuba entre 1750 y 1757, aproximadamente. Alegre es autor de una amplia y abarcadora obra escrita, en la que destaca sobre todo su Historia de la Compaa de Jess en Nueva Espaa, 31 y ha sido considerado, intelectualmente, como uno de los primeros representantes de un pensamiento religioso moderno que ya no se satisface con lo tradicional y existente, sino que desea incorporar a la rbita de lo cristiano la sensibilidad poltica y social de su movido tiempo. 32 De cierto relieve puede considerarse tambin al jesuita Pedro Rothea, novohispano al igual que Alegre, residente en La Habana entre 1751 y 1766, quien imparti Retrica, Poesa y ms tarde, Filosofa y Teologa. En 1766, Rothea pas al colegio jesuita de Mrida, donde ocup el puesto de Recto r. La ausencia de nombres conocidos, sin embargo, no reduce la posibilidad de que la prctica pedaggica de los jesuitas en La Habana haya sido uno de los componentes importantes de un primer resquebrajamiento del orden intelectual regido por la escolstica de los 30. Pedro Agustn Morell de Santa Cruz: La visita eclesistica, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1985, p. 14. 31. Francisco Javier Alegre: Historia de la Compaa de Jess en Nueva Espaa, Roma, Ediciones Burrus et Zubillaga, 1956-1960, 4 tomos. Alegre es tambin autor de unas Memorias para una historia de la Provincia que tuvo la Compaa de Jess en Nueva Espaa, escritas despus de la expulsin de 1767, sin las fuentes con que cont para la anterio r Esta obra fue publicada en dos tomos en Mxico, en 1941. Su bibliografa es mucho ms amplia, desde unas Instituciones Theologica, en siete volmenes, hasta los Elementos de Geometra, y los tratados sobre Secciones cnicas y gnomnicas, pasando por sus sermones, la traduccin al castellano del Arte potica de Boileau, poesas, un tratado de retrica y otras obras. 32. Mariano Picn Salas: De la conquista a la independencia, Mxico, D. F ., Fondo de Cultura Econmica, 1944, p. 190, nota 10.

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OBRAS 20 \ 20 \ dominicos de la Universidad de San Gernimo. No hay nada que justifique la afirmacin de que Alegre introdujo en La Habana, modernas tendencias filosficas, alejndose del ergotismo, 33 pero s es cierto que en su Provincia de Nueva Espaa, los jesuitas desarrollaron una fecunda actividad intelectual, impregnada de un espritu mucho ms inquieto e inquisitivo que todo lo que hasta entonces se pudo haber visto en La Habana. Este grupo mexicano, con posterioridad en el destierro, hace que Europa descubra el universo americano que ellos tan bien conocan, se compone de nombres como el del ya mencionado Alegre, Francisco Javier Clavijero, Andrs Caro, Pedro Jos Marqus y otros. En el perodo que precedi a la expulsin, ellos eran quienes estudiaban, escriban y enseaban en los colegios jesuitas de Nueva Espaa. Y fue la Nueva Espaa la regin de Amrica con la que ms fuertes vnculos de todo tipo tuvo el Caribe espaol, en particular Cuba, lo cual incluye tambin una poderosa influencia de tipo cultural. Por otra parte, entre los 27 planteles educacionales que tena la Compaa de Jess en su provincia novohispana, el de La Habana ocupaba el cuarto lugar en cuanto a nmero de ctedras. Slo tres de los principales: el Colegio Mximo de San Pedro y San Pablo, el de Guatemala y el de Mrida lo superaban en este aspecto. 34 Esto parece indicar que San Jos era un eslabn concebido, dentro de la red educacional de los jesuitas de la provincia de Nueva Espaa, como parte esencial de una estrategia que les deba permitir consolidarse dentro de la sociedad colonial cubana, que ya entonces, para ojos avizores, se presentaba prometedora y fecunda, incluso en los nexos que se establecan entre las ms poderosas familias criollas y los crculos de poder metropolitanos. Lo anterio r unido a las particularidades de la pedagoga jesuita, que demostraba un inters esencial en la personalidad de cada joven que ingresaba a sus colegios, 35 as como la composicin de la biblioteca, a la que hacamos referencia anteriormente, parecen justificar de modo general la opinin acerca de la calidad de la enseanza en el colegio jesuita de La Habana, sobre todo si tomamos como referente para la 33. Roberto Agramonte: ob. cit., p. 141. 34. De acuerdo a la informacin que ofrece Gerrd Decome, en el colegio jesuita de La Habana haba ctedras de Moral, Teologa, Filosofa, Retrica, Poesa y Gramtica. No las haba de Sagradas Escrituras, Derecho Cannico ni Lenguas Indgenas, ausencia obvia esta ltima. Confrntese: Gerrd Decome: La obra de los jesuitas mexicanos durante la poca colonial, Mxico, Antigua Librera Robredo, G. Porra, 1941, t. II, p. 142. No obstante, en el colegio eran comentadas las Sagradas Escrituras y se impartan algunas nociones de Teologa Moral. 35. Confrntese al respecto a Alberto Jimnez: Historia de la universidad espaola, Madrid, Alianza Editorial, 1972, pp. 235-237.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 21 / 21 comparacin la situacin en la Universidad dominica. En San Jos no se encontr una sola obra de Aristteles, lo cual hace pensar en un uso muy limitado de sus concepciones. Se hallaron cinco tomos de obras de Newton, el Teatro crtico universal del padre Feijo, una Fsica Experimental y unos Elementos de Fsica. En resumen, textos de Matemtica, ciencias naturales, novelas, biografas, sermones, etc., completaban unos 600 ttulos que hacan de la biblioteca jesuita de La Habana, sin duda, una de las mejores, si no la mejor de su poca, en la Isla. No obstante, la actividad de la Compaa de Jess en Cuba, interrumpida abruptamente por la expulsin decretada contra ella por Carlos III en 1767, no signific la ruptura de los moldes conceptuales y tericos de la escolstica predominante. Incluso, en la certeza que no existe de que los jesuitas de La Habana hubieran actuado como difusores de un pensamiento moderno, decididamente antiescolstico, no estaban dadas las condiciones para ponerlo en funcin de una realidad insula r susceptible de ser transformada. De cualquier modo, la presencia durante 47 aos del colegio San Jos de la Compaa de Jess en La Habana, constituy un hecho cultural relevante, que pudo adems, como elemento de presin, ejercer una influencia favorable sobre otros centros educacionales, en particular la Universidad. Y a en 1750, fray Juan Francisco Chacn durante su primer perodo rectoral propuso reformar los Estatutos de la Universidad, modernizndolos e introduciendo algunos cambios importantes en los planes de estudio. En 1761, el mismo religioso pidi que se dotasen nuevas ctedras, una de ellas de Fsica Experimental, que no fue aprobada por Carlos III, segn consta por Real Cdula de 15 de noviembre de 1767. 36 F racasados estos intentos, San Gernimo continu siendo un bastin del tradicionalismo ms severo, sin las ms mnimas concesiones visibles al pensamiento moderno. No ocurre lo mismo, sin embargo, con otro de los establecimientos educacionales de La Habana, fundado en la segunda mitad del siglo XVIII : el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Aunque no es hasta finales de la centuria, y en particular en las primeras dcadas del siglo XIX que el Seminario se convierte en la fragua de un pensamiento audaz, moderno y patritico; su propio origen se encuentra bajo el signo de los intentos de renovacin a nivel de la monarqua espaola, as como de la figura compleja y casi desconocida del obispo Santiago Jos de Hechavarra y Elguzua, su fundador y autor de sus Estatutos. 36. Antonio Bachiller y Morales: Apuntes para la historia de las letras y de la instruccin pblica en la Isla de Cuba, La Habana, Cultural S. A., 1936, t. I, p. 316.

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OBRAS 22 \ 22 \ La creacin del Seminario de San Carlos est relacionada con la expulsin de la Compaa de Jess de todos los dominios de la Corona espaola. En La Habana, en junio de 1767, fueron embarcados hacia Espaa los religiosos del colegio jesuita San Jos. La poca que precede y el momento en que despus se produce a la expulsin, est en Espaa cargada de discusiones teolgico-filosfico-religiosas. Fue una poca caracterizada ms por inquietudes e interrogantes que por respuestas, en la que los criterios de Benito Gernimo Feijo, su crtica a la herencia medieval del pensamiento espaol, su preocupacin por la adecuacin del pensamiento universal moderno a las races de la hispanidad, resultan esenciales. Es necesario tener presente, sin embargo, que una de las particularidades de la Ilustracin espaola es que las polmicas y las inquietudes sociales y polticas se mueven dentro de la Iglesia, como patrimonio indiscutido e indiscutible de la hispanidad, y no desde el exterior y contra ella. Esto no fue bice para que la situacin, en algunas esferas de la actividad eclesistica, fuera sometida a crticas ms o menos severas. En este sentido, el dominio de las rdenes religiosas, en la esfera educacional, se presentaba como uno de los grandes obstculos a superar hacia la modernizacin de la sociedad espaola. La expulsin de los jesuitas, desde este ngulo, puede verse como parte de los intentos que se hacan de quebrantar el predominio que detentaban las rdenes religiosas en la esfera educacional. Aunque, unido a lo anterio r se realizaron intentos de secularizar la enseanza, en Cuba no se produce nada simila r Esto se debi, en primer trmino, a las circunstancias sui generis del funcionamiento de la sociedad colonial insular en este perodo, con la alianza de intereses que comienza a ganar solidez despus de la restauracin de la soberana espaola sobre La Habana, en 1763, unido al papel que desempeaba la Iglesia en el proyecto social de la oligarqua criolla. Se defini, internamente y con relativa independencia de la situacin en el resto de la monarqua, una oportunidad en la cual el Obispado pudo disponer no slo de los edificios del colegio y la iglesia que haban pertenecido a los jesuitas, sino de una parte considerable de los ingresos que stos perciban por diversos conceptos vinculados a las propiedades que les fueron confiscadas a la Compaa, 37 para la mate rializacin de proyectos 37. Al ser afectada por el decreto de expulsin de 1767, la Compaa de Jess posea en Cuba un patrimonio considerable, valorado en unos 466 455 pesos fuertes. Las propiedades incluan estancias, haciendas ganaderas, propiedades urbanas y, adems, tres ingenios de azca r Por entonces, eran los jesuitas la nica orden religiosa que posea ingenios en la Isla, y esta particularidad de su actividad econmica tampoco puede desvincularse de la posibilidad de que en sus aulas se impartieran conocimientos de Fsica y Qumica, muy necesarios, como bien comprendi con posterioridad la burguesa esclavista cubana, para mejorar la produccin y el rendimiento azucarero.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 23 / 23 que llenaran vacos en la vida social y cultural habanera. Uno de estos proyectos fue el del Seminario. El 14 de agosto de 1768, Carlos III firmaba la Real Orden que autorizaba la creacin del plantel, pero no fue hasta el 11 de junio de 1773 que se hizo efectiva la voluntad del soberano, y slo el 3 de octubre de 1774 comenzaron a impartirse clases. Sin embargo, los Estatutos, elaborados por el obispo Hechavarra, datan de 1769. 38 Hechavarra es una de las personalidades que, en cierta forma, resume los rasgos culturales y psicolgicos que tipifican el trnsito de la sociedad criolla cubana hacia la sociedad de plantaciones esclavistas. En efecto, criollo l mismo, nacido en Santiago de Cuba, el obispo forma parte de la lite insular cierto que, originalmente, no de la habanera, a la que lo vincular sobre todo su ascendente carrera eclesistica que, con el fortalecimiento de sus posiciones econmicas, ha asumido como motivo de orgullo su aspiracin a se r tambin, ilustrada. Estudi en el Seminario de San Basilio el Magno, de su ciudad natal, en el cual los estudios transitaban la misma senda escolstica de los de la Universidad. De all pas a La Habana, donde asisti al plantel de los dominicos; curs Filosofa, Derecho Cannico, Romano y Teologa. Se licenci en Cnones en 1750, y se doctor ese mismo ao. Cuatro aos despus lo hizo en Derecho Civil. En los comienzos de 1757 logr, por oposicin, la ctedra de Prima de la F acultad de Cnones de la Universidad. Su carrera eclesistica decurs con xito. Se orden de presbtero por la misma poca en que se doctor. Goz de la confianza del obispo Morell, quien en 1759 lo elev a Provisor y Vicario General de la dicesis. En 1769 ocup la mitra de Cuba, que detent hasta su traslado a Puebla de los ngeles en 1788. Numerosos indicios parecen colocar a Hechavarra en una encrucijada, a medio camino entre el eclesistico educado en los cnones del pensamiento escolstico anterio r y el representante de una aristocracia en perodo de trnsito econmico, de seores de hatos a plantadores, con todo lo que implica para su perfil ideolgico, cultural y psicolgico. Intelectualmente no escapaba a inquietudes modernas, y esto parece demostrarlo la presencia en su biblioteca ya se ha hecho referencia a ella con antelacin de obras de V oltaire, Rousseau, Helvetius, junto a la Enciclopedia y otros ttulos prohibidos por el Santo Oficio. No deja 38. Estatutos del Real Seminario de San Carlos que con la aprobacin de Su Magestad, bajo su regio patronato y jurisdiccin del ordinario, se ha fundado en el Colegio Vacante de los regulares expatriados de la Compaa de Jess en la ciudad de La Habana, formados en 1769, por el Ilustrsimo Seor Don Santiago Jos de Hechavarra Yelguzua, dignsimo obispo de Cuba, Jamaica y Provincias de la Florida, del Consejo de Su Magestad, etc., Nueva Y ork, Imprenta de D. Guillermo Newell, 1835.

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OBRAS 24 \ 24 \ de ser sugerente el que uno de los hechos ms relevantes de su obispado: la celebracin en 1778 del Segundo Snodo Diocesano en la historia de la Iglesia en Cuba, est hasta hoy rodeado de una aureola de misterio, pues sus resultados nunca llegaron a ser aprobados por el gobierno metropolitano, 39 sin que se conozcan los motivos. Por ltimo, los Estatutos que redacta para el Seminario de San Carlos resultan muy ilustrativos del tipo de personalidad y de pensamiento que representa el obispo Hechavarra. IV El 4 de abril de 1774, Jos Agustn Caballero, con doce aos de edad, ingresa en el Seminario de San Carlos. Con su entrada en el recin creado plantel, bajo la jurisdiccin directa del obispo de Cuba el Obispado de La Habana no ser creado hasta 1789, el joven colegial, becado con el nmero 7, prcticamente ha dado el paso ms importante de su vida. Y a nunca abandonar el Seminario. Primero como estudiante, despus como profeso r su trayectoria estar indisolublemente vinculada a la del que devino, sin lugar a dudas, el principal recinto educacional de las primeras dcadas del siglo XIX cubano. El obispo Hechavarra haba dotado al Colegio Seminario de bases estructurales y funcionales que podan ser muy bien aprovechadas, en funcin de una educacin de tipo ms moderno que la que hasta entonces se ofreca en el resto de las instituciones educacionales de la Isla, incluyendo la Universidad. No significa esto que los Estatutos se apartaran considerablemente de la tradicin escolstica, pero s que dejaban entrever fisuras notables vinculadas a las ideas y textos de la poca. Su redactor dej en ellos constancia de su inters por las inquietudes intelectuales del siglo, al afirmar en la Introduccin que los Estatutos estaban concebidos a la manera de las luces, que rayan por todas partes en un siglo de tanta ilustracin. 40 A pesar de esto, algunos 39. Los datos que se poseen no parecen ofrecer dudas acerca de que el Snodo se celebr. Existen, incluso, referencias a una Relacin de las actas de la Segunda Synodo Diocesana que de orden de S. M. ha celebrado el Illmo. Sr. D r D. S. J. de H... y E... obispo de Cuba, y con el mayor respeto, veneracin y rendimiento dedica al mismo soberano en Su Real y Supremo Consejo de Indias.-Havana-Ao de 1788.-Ms. Confrntese: Carlos M. Trelles: Bibliografa cubana de los siglos XVII y XVIII La Habana, Imprenta del Ejrcito, 1929, p. 57. En la respuesta a una de las consultas que le hacan, Jos Agustn Caballero hace referencia a lo dispuesto el ao de 1778 en el Snodo ltimo cuya aprobacin pende an en el Consejo. Jos Agustn Caballero: Escritos varios, ed. cit. 40. Estatutos..., Introduccin, ed. cit., p. 3.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 25 / 25 aspectos del sistema de estudios reforzaban los pilares esenciales de la escolstica tradicional, como es el predominio absoluto de la lengua latina en la enseanza, a tal extremo que desde el cuarto ao se le prohiba a los estudiantes comunicarse entre s, dentro y fuera del Seminario, en otro idioma que no fuera el latn. De ese modo, los primeros aos de Caballero en San Carlos estuvieron dedicados fundamentalmente al estudio del latn, que segn las referencias desarroll con brillantez. Dos episodios, uno de la poca en que era becario del Seminario, y otro posterio r muestran el xito de Jos Agustn en los estudios de latinidad. El primero aparece certificado por Matas de Boza, director de la institucin, quien afirma que a partir del 16 de mayo de 1778 y durante tres das, Jos Agustn procedi a decir de memoria lo que se le preguntase sobre cualquiera de los libros del Arte comn de Nebrija, tradujo de memoria una vida cualquiera seleccionada de las obras de Cornelio Nepote, tradujo a Cicern, relat de memoria Pro Ligario, Pro Manilio y la Filpica Segunda y realiz examen de retrica y de versificacin. Todo esto fue llevado a cabo por Caballero con expedicin, desembarazo y claridad, y result aprobado por votos secretos con plenitud, general aceptacin y aplauso de todos. 41 Procedimientos que, por otra parte, ilustran a la perfeccin los principios memorsticos en que se basaba la enseanza de la poca. El segundo hecho parece justificar el por qu el dominio que alcanz Caballero de la lengua del Lacio se hizo proverbial entre sus contemporneos. Se cuenta que, por supuesto muchos aos despus que culmin sus estudios en el Seminario, Alejandro Pomaroli, latinista nativo de Polonia, hombre que se saba todos los clsicos de memoria, de tal modo que para hacer la crtica de cualquier obra latina no necesitaba refrescar la memoria leyendo ningn texto, e improvisaba exmetros y pentmetros con la misma espontaneidad con que respiraba, afirmaba que los dos nicos maestros a quienes l tema, tocante al conocimiento de dicha lengua, eran Jos Agustn Caballero y Jos de la Luz. 42 Del mismo modo que con posterioridad proclamaba Caballero la importancia insoslayable del conocimiento de los idiomas como vehculo del conocimiento, le resultaba indispensable dominar las sutilezas del latn durante sus aos de estudiante, porque todas las asignaturas que cursara a partir de entonces le seran impartidas en ese idioma. Desde el quince de mayo de 1778 y hasta el mismo da de 1781, cursa Jos Agustn los estudios de Artes o Filosofa, en cuyo tiempo asis41. Roberto Agramonte: ob. cit., p. 35. 42. Ibdem, p. 40.

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OBRAS 26 \ 26 \ ti con puntualidad, y cumpli exactamente con las obligaciones de clase, de que sac un notable aprovechamiento... 43 Su profesor durante esos tres aos, Jos Anselmo de la Luz, afirma que el joven becario realiz dos actos pblicos de conclusiones, uno de Lgica y otro de todo el curso. 44 Los Estatutos no pueden darnos una idea absolutamente clara de cmo se desarrollaban los estudios de Filosofa en la poca en que Caballero asista a las clases de Anselmo de la Luz. Hechavarra los haba concebido en tres aos, o seis semestres; en el primero, se impartira Smulas y Lgica; un segundo de Metafsica; tres semestres del tercero al quinto de Fsica Experimental, y un ltimo semestre de tica. 45 Lo ms llamativo de esta concepcin es el peso que se le daba a la enseanza de la Fsica y que, por otra parte, al especificar en sta el carcter de experimental, la enseanza de la Filosofa parece colocarse sobre bases enteramente distintas a las de la Universidad. Incluso, los autores recomendados F ortunato de Brescia, Pedro Caylly estaban, independientemente de sus posiciones, ms cercanos al espritu del siglo que cualquiera de los utilizados en la Universidad. 46 Lo que disminuye, hasta donde se conoce, el alcance real de estos postulados, es que durante aos la Fsica que se imparti en San Carlos no era realmente experimental. La ausencia de los implementos necesarios, la de profesores capaces de emprender la compleja batalla contra la expresin terica por excelencia de la sociedad criolla, la escolstica, y la poco favorable disposicin por parte de las autoridades civiles y eclesisticas de la colonia hacia estas novedades 47 constituan, de por s, obstculos importantes. Pero, sobre todo, no se haba producido an la coyuntura de inicios de la dcada del 90, promotora de cambios que exigan con agudeza no slo el acceso a los logros fsicos y qumicos de 43. Expediente docente de Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera, loc. cit., folio 6. 44. Ibdem. 45. Estatutos..., ed. cit. 46. Para un anlisis ms amplio de la estructura de la enseanza filosfica concebida por Hechavarra para el Seminario de San Carlos, confrntese: Eduardo Torres-Cuevas: Flix Varela: los orgenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1995, pp. 54-62. 47. El obispo Hechavarra no pudo conta r para una posible materializacin de las ideas contenidas en los Estatutos, con la colaboracin de un gobernante que reuniera las caractersticas que despus tendra un Luis de las Casas. Este ltimo, por su parte, tuvo siempre en el primer obispo de la dicesis de La Habana, Felipe Jos de Trespalacios y Verdeja, una voluntad opuesta, en sentido general, a la orientacin modernizadora de su gobierno.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 27 / 27 entonces, sino toda una reconceptualizacin del universo insula r lo cual resultaba imposible que se diera a partir del instrumental terico y conceptual escolstico que sustentaba la ideologa del criollismo. De cualquier modo, la propia figura de Caballero, estudiante de los primeros aos de existencia del Colegio Seminario, demuestra, como veremos, que las inquietudes estaban presentes, se impartiera o no Fsica Experimental. En agosto de 1781, despus de haber cursado bajo la regencia de Anselmo de la Luz las asignaturas correspondientes, y vencidos los estudios de Filosofa que propiciaba el Seminario, Jos Agustn se dirige a las autoridades universitarias con la peticin de iniciar las diligencias necesarias para la obtencin del grado menor de Bachiller en Artes. 48 Para ello, ofrece practicar no solo los examenes correspondientes, segun Estatutos, y estilo, sino tanbien informacion autentica de mi legitimidad, y limpieza, q. e declararan los testigos, q. e presentare... 49 F ueron estos testigos el doctor en Sagrada Teologa fray Antonio Morales de Oquendo, el licenciado don Antonio de Flores, abogado de las Reales Audiencias de Mxico y Santo Domingo y don Francisco Bassave, de quien la documentacin no ofrece otro dato. 50 El 20 de agosto ofrecieron su declaracin, y ese mismo da qued resuelto por el Rector que se le confiriese el grado a que aspiraba, a reserva de usar la Uni v. d de sus dros como y quando le convenga... 51 Esta ltima formulacin responda a la relacin sui generis existente entre la Universidad de San Gernimo y el Seminario de San Carlos en cuanto a la concesin de grados se refiere. Como el plantel dominico era la nica institucin facultada para la concesin de los grados de Bachille r Licenciado y Docto r resultaba obligado para los educandos del Seminario realizar los trmites que en 1781 ocupaban a Caballero. Sin embargo, se haba logrado que los aspirantes provenientes de San Carlos no tuvieran que cursar en la Universidad las asignaturas de Texto del Filsofo, ni Maestro de Sentencias, para graduarse de las F acultades de Filosofa y Teologa. El da 22 el Fiscal de la Universidad, doctor Dionisio Vicente Matamoros, informa al Rector que, la vista, q. e se le ha comunicado de las dilig. s producidas p. r D.n Joseph Aug. n Cavallero [...] Dice q. e : en atenc. n a haber cumplido el pretend. te con los requisitos necesarios [...] p. a poder obtener el grado menor de B. er en Artes, q. e aspira, no se le 48. Expediente docente de Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera, loc. cit., folios 1 y 1 v. 49. Ibdem. 50. Ibdem. 51. Ibdem.

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OBRAS 28 \ 28 \ ofrece reparo p. a q. e V S. M. proceda las demas dilig. s de dro q. e hagan efectiva su solicitud... 52 La decisin se hace efectiva el da 25 de agosto y el joven Caballero se grada nemine discrepante, de Bachiller en Artes por la Universidad de San Gernimo. 53 Requisito que es necesario obtene r pero que no ha tenido relevancia alguna en su formacin. S lo tiene, en cambio, como reflejo de una opcin de por vida, el hecho de que el 10 de noviembre de ese ao viste hbitos clericales. Del mismo modo que acabamos de referi r en abril de 1785 presenta Caballero en la Universidad la solicitud para el grado de Bachiller en Sagrada Teologa. Acompaan la solicitud nuevos informes de sus profesores. Con uno de ellos, Santiago Godo y Presb. o Lic. do en Sagrada Theologia, D. r en ambos dros. Cathedrtico de Historia, y Liturgia p. r su Mag. d en este R. l Seminario de S n Carlos, interino de la de Melchor Cano, y Angelico D. or cursa el entonces clrigo Subdicono la ctedra de Melchor Cano, 54 entre el 14 de septiembre de 1781 y el 21 de abril de 1782. Lo ha hecho cumpliendo exactam. te con todas las obligaciones desu Cargo, argullendo y sustentando las materias que le pertenecian, con particular estudio y aprovechamiento. 55 Con el mismo maestro, y en la misma ctedra, curs estudios desde el 15 de mayo hasta el 21 de julio de 1782. 56 Del 14 de septiembre al 15 de noviembre de 1782, es alumno de Jos Anselmo de la Luz en la clase de Escritura, 57 y del 14 de septiembre de 1783 hasta el 15 de enero de 1784, nuevamente con Santiago Godo y de la del Anglico Docto r. 58 En 1784 haba asistido, adems, a las lecciones de Historia Eclesistica y Liturgia. En la Universidad cursa, entre el 14 de septiembre de 1784 y el 14 de marzo de 1785, 52. Ibdem, folio 10. 53. Ibdem, folio 11. 54. Melchor Cano (1509-1560) es uno de los ms importantes representantes de la brillante plyade de telogos espaoles del siglo XVI Alumno de Francisco de Vitoria, lo sustituy ms tarde en la ctedra de Teologa de la Universidad de Salamanca. Su principal obra fue De Locis Theologicis, publicada en 1563. Su labor teolgica se caracteriza por su filiacin tomista, aunque se manifest de modo crtico respecto de algunos de los problemas que tradicionalmente se haban planteado los escolsticos. 55. Expediente docente de Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera, loc. cit., folio 13. 56. Ibdem, folio 14. 57. Ibdem, folio 15. 58. Ibdem, folio 16. Con el sobrenombre de Anglico Docto r Doctor Anglico, o ngel de las Escuelas, es conocido el telogo dominico Toms de Aquino (1225-1274), canonizado por la Iglesia catlica. Su obra, entre las cuales las ms notables son: Suma Teolgica y Suma contra gentiles, marc profundamente toda la reflexin teolgica posterio r a tal extremo que el tomismo devino ideologa oficial de la Iglesia catlica.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 29 / 29 la ctedra del Maestro de las Sentencias, regida por el dominico fray Agustn Fernndez. 59 No es hasta 1787, sin embargo, que se le concede el grado de Bachiller en Sagrada Teologa, no obstante constar que el ltimo curso lo finaliz en 1785. 60 Precisamente, en 1785, comienza la carrera profesoral de Jos Agustn Caballero en el Seminario de San Carlos. En febrero de ese ao queda vacante la ctedra de Filosofa, debido a la renuncia del D r. Antonio Domenech, y el joven clrigo, que tena entonces 23 aos de edad, la ocupa de modo interino por espacio de nueve meses. El 23 de noviembre la obtiene por oposicin. La valoracin que de los aos de estudiante de Caballero hace Juan Garca Barrera, quien era director de San Carlos, en el momento en que el primero comienza su vida docente, es altamente satisfactoria. Seala que no se le haba notado defecto alguno en su vida y costumbres, sino al contrario siempre observ una vida ejemplar acompaada de constante aplicacin en las clases, en las que obtuvo premios y logr especiales luces; por lo que el Seminario se gloria de este alumno, y aun reconoce que es el primero entre muchos. 61 No sera de extraar que, en realidad, la referida oposicin haya sido simplemente formal, y que se hubiera decidido con antelacin que el profesor interino pasara a serlo con carcter permanente. No sabemos si era sta una prctica ya establecida en el Seminario, pero al menos, de haber ocurrido as, no fue la nica ocasin. Cuando, aos despus, el obispo Espada encontr en el joven Flix V arela la figura que buscaba para revolucionar los fundamentos mismos del estudio y la prctica de la Filosofa en Cuba, las oposiciones fueron claramente manejadas. 62 El caso de Caballero parece haber sido simila r aunque evidentemente sin las motivaciones que tuvo Espada. De cualquier modo, y salvando las distancias que hemos sealado, pudo haber sido favorable para el nuevo profesor que el obispo Hechavarra an estuviera en Cuba. Si tomamos en consideracin lo que someramente se ha reseado acerca de la personalidad de este prelado, no deba resultarle 59. Ibdem, folio 19. 60. Al respecto existe cierta confusin en la informacin que brinda el expediente. Como se ha sealado, hay una notificacin de fray Agustn Fernndez que indica que Caballero culmin los estudios de Maestro de las Sentencias el 14 de marzo de 1785 (vase nota anterior). Sin embargo, en 1788, cuando se abre el expediente para otorgarle el grado de Docto r el Secretario Ignacio Fernndez de Velasco certifica que la fecha de vencimiento del ltimo curso para la obtencin del grado de Bachiller fue el 16 de enero, y no el 14 de marzo. 61. Roberto Agramonte: ob. cit., p. 36. 62. Al respecto confrntese: Eduardo Torres-Cuevas: Flix Varela: los orgenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas, ed. cit., pp. 124-125.

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OBRAS 30 \ 30 \ desagradable que la ctedra de Filosofa quedara bajo la gida de un joven capaz, constante en sus estudios, con inquietudes que, aunque no se expresaban an ms o menos abiertamente, deban estar ya presentes. Caballero reuna caractersticas que lo hacan potencialmente capaz de materializar algunas de las posibilidades que, tanto desde el punto de vista docente como de la prctica cognoscitiva, podan atisbarse en los Estatutos de 1769. El 21 de febrero de 1787 recibe el profesor la Real Orden en la que se reconocen y aprueban los resultados de la oposicin. Desde ese momento, Caballero es catedrtico de Filosofa del Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, con un salario de 550 pesos anuales y a perpetuidad, porque as es la merced y la voluntad del Re y Se le comunica tambin a las autoridades de la Isla, a las ms altas, el Capitn General en primer trmino. Se hace, para que todas las dems personas de cualquier estado y condicin que sean, no os pongan ni consientan poner embarazo ni impedimento en el uso y ejercicio de este empleo, sino que antes bien os le dejen usar y ejercer libremente, segn va expresado, caudrndoos y haciendo que os guarden las honras, gracias y preeminencias que os corresponden, sin limitacin alguna. 63 Caballero aspira ahora a obtener el grado de Docto r En realidad, no podra aspirar hasta 1789, pues deben transcurrir cuatro aos desde que concluye el ltimo curso en la Facultad de Teologa para que sea lcito abrir expediente para el grado mayor de Doctor; pero desde 1787 est en poder de Caballero un documento que puede cambiar la situacin. Se trata de una Real Cdula, fechada en el Pardo el 22 de marzo del ltimo ao mencionado, mediante la cual se ha logrado del Rey la dispensa de un ao, de los cuatro de intersticios que establecen los Estatutos de la Universidad de San Gernimo. 64 En realidad, Caballero haba solicitado mucho ms que un ao de dispensa. Las gestiones comenzaron en 1785, cuando cubri interinamente la ctedra de Filosofa, lo que refuerza la idea de que desde entonces se pensaba en l para ocuparla a perpetuidad. En otra Real Cdula, fechada en diciembre de 1787, se hace referencia a una carta dirigida a la Corona por el Rector y Claustro de la Universidad, en la cual se informaba que Antonio Claudio de la Luz, catedrtico jubilado de Vsperas de Derecho Cannico, haba hecho dejacin del derecho que le corresponda a una segunda borla de Doctor en favor del Bachiller Jos Agustn Caballero, que la acept, con los requisitos del previo exmen, que estaba dispuesto y expedi63. Documentos para la vida de Jos Agustn Caballero, Cuba Contempornea, t. XXIX, La Habana, pp. 81-82. 64. Expediente docente de Jos Agustn Caballero y Rodrguez de la Barrera, loc. cit., folios 25, 25v y 26.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 31 / 31 to por sus notorias circunstancias de nobleza, calidad, origen, modestia, y literatura... 65 Al ocurrir esto en 1785, Caballero haba solicitado la dispensa de todo el tiempo que le falta. En aquel momento, eran ms de tres aos. La respuesta, recibida como se ha sealado en 1787, lo puso en situacin de esperar hasta el ao siguiente para llevar adelante los trmites necesarios. A comienzos de abril de 1788, presenta ante las autoridades universitarias la instancia para comenzar las diligencias de exmenes previos para los grados de Licenciado y Doctor en Sagrada Teologa. 66 El 3 de ese mes, el Fiscal da su aprobacin ...como se halla la sombra, de dos Soberanas dispocisiones... y recomienda dar pronto expediente al ascenso grados mayores en Sagrada Theologia. 67 En correspondencia, se cit a claustro mayor el da 7 de abril, a las ocho y media de la maana. Durante los das 7, 8, 9 y 10 de abril, en horas de la maana, se abrieron puntos para los cuatro quodlibetos. Cada da, hasta el 9 de abril, en horas de la tarde, Caballero ley y respondi a los argumentos de los jueces. El da 10, a las veinte y cuatro horas ley p r una entera de relox y pr otra respondio a los argum. tos q. e le propusieron [...] y pasando dela censura, se hall estar aprobado nemine discrepante; reparti propinas; y entre las tres y las quatro de la tarde del propio da le confirio el Rmo S. r Rector con las solemnidades de estylo..., 68 los grados mayores de Licenciado y Doctor en Sagrada Teologa. V El padre Jos Agustn Caballero se doctora en la Universidad de San Gernimo de La Habana en 1788, vspera de acontecimientos que dislocarn el ordenamiento sociopoltico imperante en Europa; estos hechos tendrn repercusiones importantsimas en Amrica, sobre todo por la situacin que cre en Espaa la invasin napolenica de 1808. Para Cuba, en medio del complejo panorama internacional que se conforma a partir del estallido de la Revolucin Francesa en 1789, y sin obviar las innumerables dificultades que se sortearon, se inicia una etapa caracterizada por el triunfo indiscutible de la plantacin esclavista sobre el resto de las opciones econmicas. Irrumpe en todos los rdenes de la vida social, adems, una primera e intelectualmente brillante generacin de reformistas criollos, en la que es claramente visible la 65. Ibdem, folio 27. 66. Ibdem, folios 23 y 23 v. 67. Ibdem, folio 29. 68. Ibdem, folio 34.

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OBRAS 32 \ 32 \ impronta de la Ilustracin, sobre todo en la interpretacin e intentos de aplicacin, a la realidad insula r de las doctrinas polticas generadas por la burguesa europea en ascenso. En general, la vida adquiere, en primer trmino en La Habana, una dinmica nueva, en funcin de solucionar los urgentes problemas que plantea la produccin orientada hacia el mercado mundial. El 8 de julio de 1790 toma posesin de su cargo el Gobernador y Capitn General Luis de las Casas y Arragorri, cuyos vnculos con la lite criolla sirvieron de fundamento a una poltica orientada a la satisfaccin de reclamos socioeconmicos y culturales. Su paso por el gobierno de la Isla entre 1790 y 1796 est signado por la creacin de varias instituciones que desempearon papeles importantes en la historia posterior del pas: la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, el Consulado de Agricultura, Comercio e Industria, el Papel Peridico de la Havana, son deudoras, en buena medida, del inters que puso Las Casas en eliminar los obstculos que pudieran surgi r Se rode de un grupo de colaboradores criollos, de lo ms capaz entre los sectores oligrquicos locales: Toms Roma y Luis de Pealver y Crdenas, el propio Caballero, fueron sus consejeros; todos ponan el amplio conocimiento que tenan de las realidades de la Isla, en funcin de su gestin de gobierno. No resulta extrao que al elaborar los fundamentos de su propia historia, la burguesa esclavista cubana asumiera el perodo de gobierno de este Capitn General en realidad muy fecundo, as como su personalidad, de forma idealizada. El propio Caballero, al hacer su Elogio... ante la Sociedad Econmica (1801), lo compara con Pedro el Grande de Rusia: No hay pgina vaca de su nombre; no hay Junta que el no hubiese presidido; no hay negocio en que no hubiese intervenido... 69 La epopeya de la Revolucin Francesa, el terrible paraso esclavista del azcar cubano, el gobierno ilustrado de don Luis de las Casas en la Isla, y el profesorado del padre Jos Agustn Caballero en el Seminario de San Carlos, se inauguraban casi paralelamente. En 1789, adems, se divide el Obispado de Cuba y se crea, junto a la sede existente en Santiago, el Obispado de La Habana. Este hecho tendr importantes efectos para la posterior historia insular de la Iglesia de la que formaba parte Caballero. Si hay una aventura en la vida del profesor de San Carlos, no es por cierto la que pone en tensin sobre todo las fuerzas fsicas, sino la aventura del intelecto, la espiritual, que ni es menos peligrosa, ni exige me69. Jos Agustn Caballero: Elogio que a la inmortal memoria del Exmo. S. D. Luis de las Casas y Arragorry escribi y ley en Junta ordinaria de la Real Sociedad Patritica de La Habana, el 15 de enero de 1801, el D r Jos Agustn y Caballero..., Escritos varios, ed. cit.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 33 / 33 nos, pues necesita de todas las fuerzas. Y realmente, Caballero pone todas sus fuerzas en los empeos en que lo encontramos envuelto a partir de este momento. Hay un lapso, de algo ms de 20 aos entre 1790 y 1811, aproximadamente, en el cual el sacerdote desenvuelve una amplia y multifactica actividad. Ensea en el Seminario, redacta el Papel Peridico, preside la Clase de Artes de la Sociedad Patritica, presenta informes y mociones, propone reformas, cumple con sus funciones de Censo r escribe su Philosophia electiva, y por supuesto, estudia, toda su vida estudia. El Papel Peridico de la Havana fue uno de los instrumentos ms eficaces en la difusin de las ideas y doctrinas que inspiraron la iniciacin reformista criolla. F undado el 24 de octubre de 1790 por iniciativa de don Luis de las Casas, y con una frecuencia semanal, se convirti en un til vehculo para la expresin de las ideas renovadoras que ganaban cada vez ms espacio entre los sectores oligrquicos, bajo el empuje de la metamorfosis esclavista de la sociedad colonial. Aunque, por otra parte, tampoco quedara completamente claro su lugar y significacin, sin tomar en cuenta que a nivel de la Amrica espaola no es la creacin de este peridico un hecho exclusivo. Desde la dcada del 80 del siglo XVIII se van creando papeles similares al de La Habana en distintos puntos del continente, deudores todos de la actividad de las Sociedades Econmicas y del desarrollo de un pensamiento de esencias antiaristotlicas y antiescolsticas. F ue esa la orientacin de la Gazeta de Literatura, que se publica en Mxico entre 1788 y 1795. En la Gazeta de Goathemala, que circula de 1797 a 1810, son frecuentes las referencias de filiacin cartesiana, y se citan Newton, Condillac, y otros autores modernos. El Papel Peridico de Bogot ve la luz entre 1791 y 1797. Tambin se edita en esa poca el Mercurio Pe ruano, de cuyas pginas tom el Papel habanero, para reproducirlo, el informe del Oidor Cerdn, escrito dirigido contra la escolstica predominante. 70 El padre Caballero se convirti, desde la concepcin misma del Papel Peridico, en uno de sus principales colaboradores. Segn Jos Antonio Saco, fueron el padre Caballero y Nicols Calvo de la Puerta sus primeros redactores. 71 Emilio Roig afirma que Caballero redact el peridico desde el primer nmero hasta 1797. 72 Sin embargo, en el Informe que el profesor del Seminario presenta a la Sociedad Patritica 70. Informe de Cerdn, Papel Peridico de la Havana, 4 y 8 de noviembre de 1792. 71. Jos Antonio Saco: Coleccin de papeles cientficos, histricos, polticos y de otros ramos sobre la isla de Cuba, ya publicados, ya inditos, La Habana, Direccin General de Cultura, 1960, t. I, p. 385. 72. Emilio Roig: ob. cit., p. 17.

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OBRAS 34 \ 34 \ el 2 de septiembre de 1794 sobre los cuatro aos transcurridos desde la fundacin del Papel, se seala que desde octubre de 1790 ste estuvo a cargo de un patricio distinguido y erudito, quien lo dirigi hasta el mes de abril de 1793. 73 En 1801 refiere que Las Casas, madurando el proyecto del peridico, puso sus ojos en Calvo, y ste a su vez en l. 74 Todo ello, aunque reafirma la vinculacin de Caballero al proyecto del peridico, incluso antes de su materializacin, introduce cierta confusin en la cuestin de si fue su primer redacto r Luz afirm que a l estuvo reservada la incomparable dicha para un alma patritica de ser el primero en derramar luz en nuestro suelo por medio de la prensa peridica, 75 pero esto puede referirse a la autora de numerosos trabajos que marcaron desde un inicio la orientacin del Papel Peridico. La Sociedad Patritica se hizo cargo del peridico en abril de 1793; y nombr una comisin para que estudiara y formulara sus proyecciones a partir de entonces. Caballero no form parte de la comisin, pero ese mismo ao fue incluido en la que le sucedi, integrada adems por Jos Pealve r Jos Anselmo de la Luz, y fray Juan Gonzlez, de la orden dominica. 76 Desde entonces la publicacin comenz a aparecer los jueves y domingos; adems, contribuy con sus fondos a la creacin de la biblioteca pblica promovida por la Sociedad. En 1797 se elige un Consejo Editor formado por doce miembros, cada uno de los cuales ejerca durante un mes la redaccin del peridico; a Caballero le correspondi el de mayo, al tiempo que funga como presidente de la comisin de redactores. Poco despus desaparece esta modalidad organizativa, y l queda nuevamente como redacto r acompaado en esta ocasin por el doctor Toms Roma y De un modo u otro, el padre Jos Agustn permanece en la redaccin del Papel Peridico hasta el 29 de agosto de 1799, ao en que renuncia debido al nuevo orden establecido por la Sociedad. 77 Los aos a que hacemos referencia fueron, sin dudas, los ms fecundos en la produccin intelectual de Caballero. No hay dudas de que 73. Jos Agustn Caballero: Informe a la Sociedad Patritica sobre el Papel Peridico desde su fundacin (2 de septiembre de 1794); en: Antonio Bachiller y Morales: Apuntes para la historia de las letras y de la instruccin pblica en la Isla de Cuba, ed. cit., t. II, p. 23. Se supone que Caballero haca referencia a Diego de la Barrera y Navarro. Confrntese: Roberto Agramonte: ob. cit, p. 89. 74. Jos Agustn Caballero: Elogio de Nicols Calvo y OFarrill, Escritos varios, ed. cit., p. 179. 75. Jos de la Luz y Caballero: ob. cit., p. 187. 76. Jos Agustn Caballero: Informe a la Sociedad Patritica sobre el Papel Peridico desde su fundacin (2 de septiembre de 1794), p. 23 77. Roberto Agramonte: ob.cit., pp. 95-96.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 35 / 35 muchos de los trabajos que aparecieron en las pginas del Papel Peridico se deben a su pluma, aunque la sombra de los seudnimos con que se acompaaban los artculos no permita hacer una relacin completa de ellos. No existe la certeza de su autora, incluso en escritos de ndole filosfica para los cules era uno de los ms capacitados si no el ms en La Habana. El objetivo que tiene para mantenerse vinculado a la redaccin de la publicacin queda muy claro. Desde el Papel puede expresa r incluso con mayor libertad que en el Seminario, sus preocupaciones en torno al atraso de la colonia en materia de educacin, ciencia, comercio, ideas polticas, ilustracin en general, incluyendo el estado de los conocimientos filosficos. Es muy posible que se deba a su iniciativa la insercin en el Papel de escritos como el informe ya mencionado de Cerdn, publicado en el Mercurio Peruano, y de clara proyeccin antiescolstica. Pero la actividad que realiza en el Papel Peridico es slo una de las mltipes ocupaciones del padre Caballero. Cercano colaborador del Gobernador y Capitn General, Luis de las Casas, quien a los ojos de la lite criolla encarnaba la cuasi realizacin del ideal de autosuficiencia insular bajo el manto de la monarqua espaola, participa en la gnesis de casi todos los proyectos de utilidad social de la etapa. En la segunda Junta de la Sociedad Patritica, celebrada el 17 de enero de 1793, el padre Caballero ingresa como miembro. 78 El 27 de febrero es nombrado Censor de la Sociedad cargo que ocupar nuevamente entre 1795 y 1796; el 25 de julio se le designa Presidente de su Seccin de Ciencias y Artes, posteriormente transformada en Seccin de Educacin; el 9 de diciembre de 1796 lo designan Secretario, por sustitucin, de la Sociedad. En la Seccin de Ciencias y Artes encuentra una tribuna desde la cual aboga por la urgente reforma de la enseanza en la Isla. En 1794 elabora unas Ordenanzas para las escuelas gratuitas de La Habana; 79 se trata de un proyecto para crear dos escuelas de este tipo, una para varones y otra para nias, que adems conforman un plan de estudios para la primera enseanza, en el cual se ponen de manifiesto sus ideas pedaggicas. El 6 de octubre de 1795 pronuncia el conocido Discurso sobre reforma de estudios universitarios; 80 compendio insuperable de 78. La creacin de una Real Sociedad Patritica en La Habana, segn el modelo de las que existan en Espaa, fue aprobada por Real Cdula de 27 de abril de 1792, y su primera sesin o Junta se celebr el 2 de enero de 1793, presidida por don Luis de las Casas y Aragorri. 79. Jos Agustn Caballero: Ordenanzas para las escuelas gratuitas de la Habana, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 19-36. 80. Jos Agustn Caballero: Sobre la reforma de estudios universitarios, Escritos varios, ed. cit., pp. 40-44.

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OBRAS 36 \ 36 \ las crticas que los ilustrados de la generacin de Caballero dirigen a los mtodos de enseanza y a las doctrinas atrincheradas tras los muros de la Universidad dominica de San Gernimo. En septiembre de 1796 redacta una Representacin que es elevada a la metrpoli, en la cual pide la creacin de una clase de Gramtica castellana, y el 2 de noviembre de ese mismo ao pronuncia, en la Sociedad, un discurso en defensa de la enseanza en la lengua materna. 81 Como orado r fue considerado uno de los ms notables de su poca. Sus piezas ms conocidas son los siguientes Elogios: de Cristbal Coln pronunciado en 1796, Nicols Calvo de la Puerta y OFarrill, Luis de las Casas y Manuel Gonzlez Cndamo, estos tres del ao 1801. Del primero de ellos, pronunciado en ocasin del traslado a La Habana de los supuestos restos del Almirante, afirmaba Luz y Caballero no haber visto jams una composicin que fuese ms conforme al espritu de la elocuencia del plpito; jams o hombre ms empapado en el roco fertilizador de las sagradas letras; no hay frase ni pasaje donde no resalte el gusto acendrado, el alma tierna y sublime, la maestra consumada del orador. 82 Su activa participacin en la vida social, canalizada por medio de la Sociedad Patritica, y su cercana a Luis de las Casas, van a generarle dificultades con la autoridad episcopal, bajo cuya jurisdiccin se encuentra. Las relaciones entre el gobernador y el primer obispo de La Habana, Felipe Jos de Trespalacios y V erdeja, se desarrollaron de manera conflictiva, siendo esto un reflejo, ms que de la intransigencia del prelado rasgo de su carcter que se constata a lo largo de su gobierno eclesistico, de dos tipos de confrontacin. Primero, de una confrontacin de tipo jurisdiccional siempre latente entre las autoridades eclesisticas y el gobierno colonial, con prerrogativas de Vicerreal Patrono en la persona del Capitn General y Gobernado r En este caso, parece haber influido el hecho de que el Obispado de La Habana era de creacin reciente, as como la personalidad del prelado. En otro orden, la confrontacin se enmarca en la reaccin de un tradicionalismo acendrado ante la renovacin y la modernizacin, aunque en realidad bastante limitadas, que implicaba el accionar de Las Casas y el grupo que lo rodeaba. El conflicto dio lugar a episodios como el surgido en torno a un trabajo de Toms Roma y que fue premiado por la Sociedad, y que precisaba de la autorizacin del prelado para ser publicado. Trespalacios demor tanto la respuesta, que fue81. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre la necesidad de un mejor conocimiento de la lengua castellana, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 113-122. 82. Jos de la Luz y Caballero: ob. cit, p. 180.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 37 / 37 ron solicitadas las gestiones de Las Casas para obtener el permiso. El obispo se neg a dar explicaciones acerca de las razones por las que retena el escrito, y la Sociedad escribi al Monarca requiriendo diera solucin al caso. La respuesta de Madrid lleg acompaada de una reconvencin al prelado, en la cual se le exiga consultara sus censuras con la autoridad superio r Caballero haba sido uno de los miembros del jurado que otorgara el premio a Romay en este escndalo, en el que el Gobernador estuvo a punto de expulsar de la Isla al prelado y que fue slo uno de los muchos enfrentamientos entre ambas autoridades. 83 En este contexto es perfectamente explicable que surgieran diferencias entre el obispo y los miembros del clero que participaban en las actividades de las recin creadas instituciones. En 1796 se da un caso que involucra directamente al padre Caballero, pues el obispo emiti un auto que ordenaba a los profesores del Colegio Seminario recogerse por las noches un cuarto de hora despus del toque de nimas, con lo cual prcticamente obligaba a quienes eran miembros de la Sociedad a no asistir a las Juntas, que frecuentemente se extendan hasta ms tarde. Requerido, por acuerdo de la Junta, Caballero explic los motivos de su ausencia, lo cual gener un cruce de correspondencia en torno al tema en la que participa el propio Caballero, el obispo y miembros de la Sociedad. Despus de una resistencia bastante enconada, que Trespalacios bas en la necesidad de mantener la disciplina reglamentada en el plantel educacional, ste accedi a dar al Censor y a otros catedrticos del Seminario la libertad que le solicitaban para permanecer hasta el final en las Juntas, con independencia de la hora en que terminaran. El obispo tambin provech la ocasin para echar en cara a Caballero sus salidas del Seminario a Santiago, no slo en las temporadas largas de vacacin sino en muchos das de fiesta, sin licencia y sin notificarle al prelado, as como la autora de un oficio que consideraba ofensivo a su autoridad. 84 Caballero fue, al mismo tiempo, expresin de un pensamiento que intentaba liberarse de ataduras seculares y censo r tanto eclesistico como civil. Esta actividad la desarroll de manera continua, casi sin interrupcin, durante largos aos. Y a sealbamos que en distintos momentos fue censor de la Sociedad Patritica. En cuanto a su nombramiento como censor eclesistico del Papel Peridico, llama poderosamente la atencin que se produce slo trece das despus de la muer83. Acerca de este episodio, y en general sobre los conflictos entre el Gobernador y el obispo Trespalacios, confrntese: Jorge Le Roy y Cass: Historia del Hospital San Francisco de Paula, La Habana, 1958, pp. 247-261. 84. Correspondencia entre Jos Agustn Caballero y el Illmo. Seor Obispo D. Felipe de Trespalacios, Revista Bimestre Cubana, vol. XLVI, octubre de 1940, pp. 245-255.

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OBRAS 38 \ 38 \ te del obispo Trespalacios. El 16 de octubre fallece el prelado, y el 29 Caballero es designado en el cargo por el Provisor y Vicario General que gobierna la sede vacante, considerando que las muchas y graves ocupaciones del gobierno eclesistico de este Obispado de que nos hallamos encargados, no nos permiten atender con el espacio y reflexin convenientes a la censura del Papel Peridico, y que concurren en usted las circunstancias de instruccin y dems que requiere esta ocupacin... 85 Ante todo, esto refleja un cambio en la situacin. El censor de la Sociedad Econmica Amigos del Pas, Jos Agustn Caballero, puede ser ahora, tambin, censor eclesistico, algo impensable en vida del anterior prelado. El prximo segundo obispo de La Habana ser Juan Jos Daz de Espada, y con l la mitra alcanzar un esplendor irrepetido durante el resto de la historia colonial de Cuba. Espada fomenta la ilustracin, la cultura, la reforma del pensamiento. En 1802, ao de su llegada a La Habana, nombra nuevamente al preceptor de San Carlos censor del peridico habanero. No hay incompatibilidad entre la libertad de pensar que profesa Caballero, que es la libertad de pensar lo mejor para su sociedad la oligarqua se asume a s misma como portadora y portavoz de los intereses de toda la sociedad cubana del momento, y la funcin de censor que asume sin reparos. l es un celoso guardin de las costumbres, un centinela de las costumbres, en palabras de Jos de la Luz. Y las costumbres, la moral, el respeto a los dogmas esenciales del catolicismo forman parte del buen ser de su sociedad, tal como l la imagina. No debe olvidarse que l es un espritu del trnsito, muy cercano an espiritualmente a los valores de la sociedad criolla, y aunque ataca al escolasticismo, teorizacin por excelencia de la etapa del criollismo, as como los males particulares de su contemporaneidad, su verdadero ideal es el de la conciliacin de la tradicin y la innovacin. Porque y es importante la innovacin puede tambin a la larga ser revolucin, destructora de las tradiciones morales en las que se basa la sociedad insula r como parte indivisible de la hispanidad. Y por otra parte, nada en l existe por s mismo, sino en funcin de objetivos concretos; es, al decir de Luz, un filsofo prctico, y esa percepcin de lo que rompe la armona del fin imaginado, lo acompaar siempre dictando sus modos de actuacin. Se conserva un cuaderno que contiene las respuestas de las consultas que se le hacan a Caballero acerca de diversos escritos: obras de teatro, poesa, etc., y que muestra la amplitud de los temas que eran sometidos al juicio del sacerdote habanero, as como su conocimiento sobre temas 85. Eusebio Valds Domnguez: Los antiguos diputados de Cuba, La Habana, 1879, p. 87.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 39 / 39 teolgicos e histricos, entre otros. 86 No es un censor ni despiadado ni destructivo. Sus explicaciones acerca de los motivos que lo llevan a recomendar la mutilacin o cambio de un escrito para su publicacin, o la prohibicin total de hacerlo, son casi siempre amplias. Como censor eclesistico, fue siempre un defensor de la pureza de los dogmas catlicos, pero no rehye la crtica cuando trata de establecer la veracidad de alguna referencia, por muy edificante que desde el punto de vista espiritual pueda se r Las censuras, o respuestas a las consultas que se le hacan, constituyen una prueba fehaciente del alcance de su tica cristiana y de su preocupacin por los efectos que ciertas opiniones pueden tener en el ordenamiento social existente. Durante el gobierno del Marqus de Someruelos, y en plena ocupacin francesa de Espaa, Caballero es nombrado de febrero de 1811 conjuez de una recin creada Suprema Junta de Censura, destinada a regular y contener la libertad excesiva y el abuso de la prensa. Es una de las paradojas del momento, porque la Junta de Censura es creada cuando se ha concedido la libertad de imprenta, por disposicin de las Cortes espaolas. En ese mismo ao surgieron desavenencias entre el Gobernador y el sacerdote, segn puede observarse en la correspondencia que intercambiaron, entre agosto de 1811 y el 30 de septiembre de ese mismo ao. Todo el asunto gir en torno a un artculo publicado en el peridico Correo de las Damas, en el cual se criticaba la administracin del cementerio de Espada. En relacin directa con esto, el Conde de OReilly propuso en el Cabildo se dejara fuera de la Junta a los vocales eclesisticos, pues su condicin no les permita asumi r de modo objetivo, la crtica de los trabajos que afectaran de un modo u otro, tanto a personalidades de la jerarqua eclesistica, como la poltica seguida por la mitra. La respuesta de Caballero, as como del doctor Domingo Mendoza, tambin juez eclesitico miembro de la Junta de Censura, fue presentar su renuncia al cargo que desempeaban, en el caso del primero desde el 12 de agosto, para dejar as el campo libre a los que han credo que nuestro estado se halla en conflicto con el acierto que se desea en las providencias de la citada junta. 87 En su respuesta, Someruelos se limita a informar que ha dado cuenta al Consejo de Regencia, ante lo cual Caballero y Mendoza vuelven a insistir en lo firme de la decisin que han 86. El cuaderno se conserva en la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional Jos Mart, Coleccin de Manuscritos, formando un tomo en el que cada documento est catalogado de modo independiente. La mayor parte de estos trabajos fueron publicados en Jos Agustn Caballero: Escritos varios, ed. cit., t. II. 87. Controversia con Someruelos, Jos Agustn Caballero: Escritos varios, ed. cit., t. II, p. 231

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OBRAS 40 \ 40 \ tomado. El forcejeo se extendi hasta septiembre de ese ao, cuando en una nueva misiva Caballero trae a colacin, en respaldo de su renuncia, las L eyes de Indias, que otorgaban a los funcionarios la posibilidad de renuncia r con causa justa y decente, a sus cargos, sin que esto implicara desacato a la autoridad superio r. 88 Aunque es importante analizar cada actividad en la que se involucr para as valorar el conjunto de su vida y de su obra, sin dudas una de las ms importantes, y a la que dedic toda su vida, fue a la educacin de la juventud. Nunca descuid su labor docente en las aulas del Seminario de San Carlos. Para aquilatar la magnitud de su obra en ese recinto, es necesario dilucidar en qu medida puede considerarse a Caballero iniciador del movimiento por la reforma filosfica en Cuba, algo a lo que se har referencia en la segunda parte de este Ensayo introductorio. Pero no hay dudas de que por sus manos de maestro pasaron los intelectos ms brillantes de las primeras dcadas del siglo XIX cubano, ni de que stos siempre lo recordaron con respeto y admiracin. En 1797 escribe, con fines docentes, Philosophia electiva, que comenz a utilizar como texto en su ctedra desde el 14 de septiembre de ese mismo ao. Es ste el primer intento de sistematizacin de los conocimientos filosficos en Cuba, y en l se muestra, como en ningn otro trabajo de Caballero, el alcance real, en el contexto cubano, de su actitud filosfica. Su enseanza fue altamente valorada por alumnos y contemporneos en general. En 1815, el Diario de la Habana public unos versos escritos por Jos Antonio de la Ossa, cuyos escasos valores literarios son compensados por la visin que ofrecen de la obra del maestro Caballero. Alma grande del sabio Caballero, Que romper supo la servil cadena De aquel Estagirita, A quien ya toda la Ilustracin condena! T fuiste el primero Que al nuevo estudio la pasin incita, De aquel que solicita En propiedad filsofo llamarse. Y en el aula que docto regenteabas, Vimos al aplicado dedicarse A descubrir verdades que indicabas, La licencia de las ciencias propagada. 89 88. Ibdem. 89. Citado por Roberto Agramonte: ob. cit., p. 170.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 41 / 41 El manuscrito de Philosophia electiva constituye, adems, la materializacin, por vez primera, de uno de los ms interesantes aspectos reflejados por el obispo Hechavarra en los Estatutos del Seminario de San Carlos y San Ambrosio. En efecto, el fundador de San Carlos haba incluido en los Estatutos de 1769 la obligacin que tena cada profesor de escribir sus propios textos para la enseanza. Antes de Caballero, ningn profesor pudo tal vez ni siquiera se lo propusieron cumplimentar algo simila r de utilidad innegable para la actividad pedaggica, tanto como para la expresin de las tendencias que potencian un pensamiento propio, un pensamiento cubano. Philosophia electiva fue utilizada por su autor como texto en su ctedra durante varios cursos. En 1804, cuando Caballero tiene 42 aos de edad, queda vacante la ctedra de Escritura y Teologal Moral del Colegio Seminario, por ascenso de Jos Anselmo de la Luz. El profesor de Filosofa se presenta como nico aspirante, y el 19 de enero el tribunal lo aprueba. Desde entonces, y hasta su muerte, ocupar esa ctedra. En la de Filosofa su sucesor ser Juan Bernardo OGavan, otra de las figuras importantes en el camino hacia la renovacin del pensamiento en Cuba. La celda que ocupaba en el Seminario de San Carlos nunca fue suficientemente estrecha como para aislar al presbtero habanero de las realidades de la Isla, de sus problemas ms acuciantes. No obstante, y aunque nunca se alej totalmente de la vida social, a partir de 1811 se observa en l un cierto retraimiento en algunas actividades. De ese ao data el proyecto de gobierno autonmico concebido por Caballero para Cuba, nico documento en que despliega su interpretacin de las doctrinas polticas iluministas; esto completa, si se quiere, su imagen como reformador en un amplio espectro de problemticas de la colonia. Pero es, tambin, la ltima expresin importante de un pensamiento original. Cierto es que ya para entonces tiene casi 60 aos, que su discpulo V arela irrumpe en la vida intelectual del pas. Y a estn cercanos los das en que revolucionar las aulas de San Carlos con su radicalismo bien entendido para la poca y lugar filosfico y despus, con sus ideas polticas, que no tardarn en convertirlo en un permanente desterrado. Toda una nueva generacin liberal, formada a la sombra del obispo Espada, coloca sobre bases mucho ms amplias los reclamos que se hacen a la metrpoli. El panorama interno tambin se hace ms complejo con el despliegue de las opciones polticas, con la aparicin de diversas visiones acerca de los rumbos a seguir por el pas en su desarrollo futuro, por las presiones internacionales en torno al problema de la trata y la esclavitud. La integridad del imperio se desvanece, la hispanidad como construccin poltico-ideolgica est en su ocaso. Y a no es, en realidad, la poca de Caballero. En pocos aos, consumado el derrotero hacia la

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OBRAS 42 \ 42 \ economa de plantacin y la explotacin intensiva del trabajo esclavo, cimentada la sociedad esclavista decimonnica que l ayud a concebi r, el mundo en que se form Jos Agustn Caballero es, en casi todos los aspectos, un recuerdo. Ha dejado de existi r La subversin de las estructuras, de la institucionalidad, de los valores tradicionales del criollismo, fue minando, paradjica pero irremisiblemente, el potencial creador de un hombre, de un pensamiento de frontera epocal, algo que no tiene absolutamente nada que ver con sus capacidades individuales, sino con el agotamiento de las fuentes nutricias. No obstante, su figura no dej de ser emblemtica para los contemporneos, ni l mismo dej de ser el patricio atento al pulso de su sociedad. Hasta su muerte ejercita, con la censura, el cuidado de los dogmas y la pureza de la doctrina cristiana; en el Cuaderno de consultas a que se ha hecho referencia hay escritos que llegan hasta 1826. En 1813 se hace cargo de la educacin de su sobrino Jos de la Luz y Caballero. En 1820 colabora con el Observador Habanero. En 1828, la Sociedad Patritica acude al presbtero con la solicitud de escribir una historia de Cuba, encargo que rechaza alegando problemas de salud. Dos aos ms tarde, la propia Sociedad lo nombra Socio de Mrito, como reconocimiento a su labor en el seno de la institucin. En 1832 redacta un epitafio en verso a la muerte del obispo Espada, ocurrida el 13 de agosto de ese ao. Queda poco por hace r En 1834 enferma, y a pesar de los requerimientos de la familia porque se refugie en su seno, prefiere terminar sus das en su verdadero hoga r el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Acerca de su actitud ante la enfermedad, relata Jos de la Luz que a pesar de ir viendo por espacio de ms de dos aos, que se desplomaba lentamente su mquina, siempre daba vado a todas sus atenciones, y siempre la misma respuesta a los fervientes ruegos de su amante familia [...] En el colegio he vivido, y en el colegio he de morir. 90 All muri, el 6 de abril de 1835. VI Un ltimo y fugaz acercamiento al hombre, en sus perfiles fsicos y morales. Cuando Roberto Agramonte publica, en 1952, su obra Jos Agustn Caballero. Los orgenes de la conciencia cubana, se lamentaba de la ausencia de documentos que nos permitieran conocer el aspecto fsico del padre Caballero. Las referencias escritas son pocas, y dibujan, ms bien, su fisonoma moral. En una Poesa dedicada a la memoria del D r D. Jos Agustn Caballero, cuyo autor fue Gabriel de Castro 90. Jos de la Luz y Caballero: ob. cit., p. 196.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 43 / 43 Palomino, se habla del rostro grave y digno de respeto del profeso r de su presencia, tan dulce, tan amable como la blanda y la serena brisa. 91 Nuestra suerte al respecto, en la actualidad, no ha sufrido muchos cambios. Tal vez, uno slo trascendental, pues ha permitido a los cubanos observar el rostro del presbtero Caballero. Aunque desconocido para Agramonte en el momento en que se publica su libro, entre diversos objetos de la coleccin que haba pertenecido al doctor Manuel Prez Beato, se encontraba un pequeo retrato hecho a plumilla, con una inscripcin que afirma ser esta la imagen de Jos Agustn Caballero. Lleva el retrato, adems, la firma de Vicente Escobar 92 y la fecha 1800. En el reverso aparece una nota que reza: Apunte para un retrato al leo de este buen Padre Caballero.Habana, noviembre 27-1799. V Escobar. El dibujo, hecho sobre papel de hilo y colocado entre dos lminas de vidrio de 10,5 x 7 centmetros, ha sido reproducido con posterioridad en todas las oportunidades en que se ha requerido ilustrar con la imagen del presbtero habanero. La publicacin, por primera vez, de este retrato, con las explicaciones y los datos que se han referido, fue realizada por el doctor Luis Felipe Le Roy y Glvez, acompaada de la reproduccin de una litografa de Jos de la Luz y Caballero, lo que le permiti hacer notar el innegable parecido fsico existente, de acuerdo a los dos retratos, entre el padre Caballero y su sobrino Jos de la Luz. 93 Desde otro ngulo, el conocimiento que del catedrtico de San Carlos tuvieron sus ms cercanos colaboradores y familiares, plasmado en algn momento por escrito, as como algunos hechos de su vida, muestran con claridad la estatura moral de Caballero. Don Jos de la Luz, sobrino y discpulo, figura extraordinaria en la historia de nuestro pas, de nuestra cultura, de nuestra pedagoga, de nuestra filosofa y de nuestra ciencia, dej, en medio del dolor causado por la desaparicin fsica del anciano venerado por todos, frases que pesan ms que gruesos tomos. El padre Ca ballero escribe Luz era de aquella rara estirpe de hombres que nunca ni a nadie teme declarar la verdad, que no guarda contemplaciones con la causa de Dios y de los 91. Citado por Roberto Agramonte: ob. cit., p. 26. 92. Vicente Escobar (1762-1834). Pintor y retratista, su vida presenta hoy muchos aspectos desconocidos y oscuros. Su obra no tiene un valor artstico relevante, aunque es destacable en el contexto colonial cubano de la poca. Como retratista, no hay otra figura que lo supere en la primera mitad del siglo XIX De l se ha dicho que dibujaba fcilmente a la memoria, una sola vista le bastaba para un retrato. (Francisco Calcagno: Diccionario biogrfico cubano, New Y ork-La Habana, N. Ponce de Len, D. C. F ., 1878-1886, p. 67.) Es el primer pintor cubano enteramente profano. 93. En nuestro poder obra una fotocopia de la referida pgina, facilitada por el historiador Heriberto Hernndez Gonzlez, responsable del Archivo Histrico de la Universidad de La Habana. De ella se ha tomado la informacin.

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OBRAS 44 \ 44 \ hombres. 94 stos afirmaba ms adelante son los hombres a cuyo influjo duran y florecen las instituciones: ni halagaba a los superiores, ni tiranizaba a los subalternos, y era a un tiempo espada y escudo... 95 Slo esas cualidades explican que el hacedor de patriotas que fue Luz pudiera llamarlo padre mo en el espritu. Y slo stas explican que Flix V arela hablara de su mrito y del constante ejercicio de su gran influencia, sin que a su muerte tuviera enemigos. Aqu est escriba V arela el 2 de junio de 1835 querido Luz, aqu est el gran prodigio y el mayor elogio que pueda hacrsele al incomparable Caballero. Debe agregarse que con un carcter semejante al de San Ambrosio, atacaba sin reserva cuanto crea injusto, y tal era su dignidad, tal la idea que todos formaban de su alma grande, que todos sus golpes, lejos de desvia r atraan a los heridos. Jams busc la popularidad, antes procur ahuyentarla, mas ella le persigui siempre y reclamndole como su natural objeto. Cunto podra yo decir! 96 Como muchos representantes de su generacin porque las pocas modelan a sus hombres, Caballero dio muestras de una frrea voluntad, de tesn, de actividad continua en funcin de lograr sus objetivos, que nunca estuvieron marcados por la mezquindad de intereses individuales. Profes con devocin sus sacerdocios, el que lo lig para siempre a la Iglesia, y el del bienestar de su Patria, tal como lo entendi, sin poder desprenderse de la profunda huella de los siglos netamente criollos, y tambin sin comulgar expresamente con muchas de las novedades de la sociedad esclavista que vio surgir y a la conformacin de cuyos perfiles econmicos, sociales, culturales y polticos contribuy de modo notable. Cuando su Elogio de Coln le propici el favor del Duque de V eragua, descendiente del primer Almirante de la Mar Ocana, y ste le ofreci el puesto que deseara, con oportunidades para su carrera que difcilmente se le ofreceran en su propia tierra, Caballero se niega, aduciendo problemas de salud. Catorce aos despus se repiten el ofrecimiento y la negativa. Rechaz honores tambin en su Cuba. V arela asegura que la direccin del Colegio estuvo tres veces en sus manos, si lo hubiera querido, y tambin que el obispo Espada que a nadie chiqueaba, siempre que vac alguna canonga, le hizo hablar o habl directamente para que aceptase, hasta que se convenci que era intil proponerle dignidad alguna. 97 94. Jos de la Luz y Caballero: ob. cit., p. 190. 95. Ibdem, p. 193. 96. Flix V arela: Carta a Jos de la Luz y Caballero (2 de junio de 1835), Obras, ed. cit., t. III, p. 215. 97. Ibdem.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 45 / 45 Tanto V arela como Luz consideraban que las jvenes generaciones deban tener un ejemplo en la vida del presbtero Caballero. Sobre todo, crea Luz que era imprescindible asimilar ...la ms importante de cuantas lecciones pueden darse al linaje humano. El que mira la vida y la muerte con los ojos que l las mir, lejos de ser un hombre ttrico o un calculador egosta, vive ms contento consigo mismo, es ms til a sus semejantes; y llenando mejor su fin sobre la tierra, marcha por el camino ms directo hacia el cielo. Ved aqu conciliados los intereses de Dios con los del hombre; ved aqu la obra exclusiva del Evangelio; y ved aqu la vida del hombre que nos acaba de arrancar la muerte. 98 E L PENS AMIENTO Caballero era la imagen viva del filsofo prctico, pero filsofo cristiano. (Jos de la Luz y Caballero Diario de la Habana, abril 20 de 1835) I Cualquier intento de aproximacin a la obra del presbtero Jos Agustn Caballero nos lleva, de modo inevitable, a la problemtica de su lugar en la historia del pensamiento en Cuba. No es esta una cuestin que pueda ser desarrollada a partir de ciertos apriorismos, movindose en un terreno desbrozado donde pocos cuidados hay que tene r Pienso que, en el caso del padre Caballero, queda an mucho por dilucida r e importante, pues su figura concentra y resume las caractersticas de la expresin intelectual del criollismo tardo, a la vez que prefigura las principales direcciones en que se debatir el pensamiento de la generacin que le sucede y en algunos casos, ms all incluso. V arias han sido las opiniones vertidas en relacin con el papel desempeado por Caballero en la renovacin de las ideas en Cuba. En 1942, en su libro sobre Flix V arela, Antonio Hernndez Travieso lo valora como el necesario eslabn entre el escolasticismo y las nuevas ideas, sin romper definitivamente con la tradicin, cuyo lenguaje an emplea en su texto... 99 Aunque Philosophia electiva no es publicada hasta 1944, 98. Jos de la Luz y Caballero: ob. cit., pp. 196-197. 99. Antonio Hernndez Travieso: V arela y la reforma filosfica en Cuba, La Habana, Jess Montero editor, 1942, p. 46.

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OBRAS 46 \ 46 \ Hernndez Travieso parece haber conocido el manuscrito, y posiblemente pudo consultarlo mientras se preparaba la edicin bilinge. La posicin de Roberto Agramonte, quien publicara con posterioridad el ms amplio estudio dedicado a la vida y obra del presb tero Caballero, queda ya sentada, en trminos generales, en el Estudio preliminar que acompa la publicacin del texto de filosofa redactado en 1797: Si con el Discurso del Mtodo escribe Agramonte entra la Filosofa europea en la Edad Moderna, con la Philosophia electiva y la actitud filosfica del presbitero Jos Agustn Caballero, se incorpora nuestro pensamiento filosfico al pensamiento moderno occidental e ingresa nuestra sociedad definitivamente, guiada por esas lucecillas que son las ideas, en la Edad Moderna. 100 Ocho aos ms tarde expresa la misma idea, aunque con matices diferentes: As como con el Discurso del Mtodo entr la Filosofa europea en la Edad Moderna, con la Philosophia electiva y la actitud reformadora del padre Caballero, se incorpora nuestro pensamiento al pensamiento moderno europeo y americano. Fijamos slo una analoga de actitudes y no de valencias entre ambos libros renovadores... 101 La visin del papel, que le asignaba Agramonte al catedrtico de San Carlos, en la historia de la Filosofa en Cuba se complementa con sus afirmaciones acerca de la notable reforma filosfica debida al incomparable Caballero, a quien consideraba el pregonero en Cuba de la nueva idea racionalista y experimental. 102 En el tiempo que medi entre estos dos trabajos de Agramonte fue emitido, al menos, un juicio valorativo diferente. En 1948, Medardo Vitier pona en duda, si no la importancia que para la historia de la Filosofa en Cuba revesta el manuscrito de Caballero, s la validez de la opinin sostenida por el profesor de la Universidad de La Habana. Segn Vitie r Agramonte atribua a la Philosophia electiva del presbtero una excesiva importancia y consideraba que slo haba fundamentos para coincidir con Jos Manuel Mestre cuando, en el discurso con 100. Roberto Agramonte: Estudio preliminar, en: Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., p. L V. 101. Roberto Agramonte: Jos Agustn Caballero y los orgenes de la conciencia cubana, ed. cit., p. 221. 102. Roberto Agramonte: Estudio preliminar, ed. cit., p. L VI.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 47 / 47 que inaugur el curso acadmico de 1862 en la Universidad, afirm que Caballero haba sido el primero con propensiones reformadoras entre nosotros. 103 Ms adelante, el mismo autor ofrece una valoracin del presbtero en la que considera que Caballero representa bien el tipo de mentalidad fronteriza. Sus criterios de pensador tienen altibajos [...] Lo que no hallamos en su Philosophia electiva es congruencia de conjunto. 104 Opinin por dems bastante cercana a la expresada por Hernndez Travieso. Si se intentara, de modo simplificado, definir los lmites en que se han movido las opiniones en torno a la obra de Caballero, quedaran enmarcadas, en los extremos, entre la posicin que le concede el rango pleno de reformado r incluso de revolucionador de los estudios filosficos en Cuba que es, pese a todas sus referencias a la importancia de la obra de Varela, la visin que trasmiten los escritos de Agramonte y aquella que, bien entendida, slo le concede el haber sido portador de tendencias reformistas que era muy comn encontrar entre los miembros ilustrados de la oligarqua criolla. En realidad, para dilucidar en qu medida era Caballero portador de ideas y doctrinas novedosas en el mbito insula r y cul pudo ser su incidencia en su momento no sera suficiente el anlisis aislado de sus proyecciones filosficas. stas, al igual que otras manifestaciones en los diversos terrenos de su actividad, forman parte de una concepcin que presenta ya rasgos de lo que ser en V arela una vis i n totalizadora de su realidad, capaz de desplegar potencialidades en cada situacin concreta. Pero si en el continuador ha sido posible delimitar un perodo filosfico y un perodo poltico, 105 en Caballero, el precurso r no se pueden establecer fronteras de este tipo. No ha y en realidad, predominio notable de una esfera de actividad sobre otra, ni razones para afirmar que su influjo en el despertar de la inquietud filosfica haya sido superior a su incidencia en la problemtica educacional, o en las cuestiones de moral pblica. En todas, su influjo fue importante en una etapa, y evidentemente, si no alcanz porque adems no existan las condiciones para ello la audacia reformadora de un V arela, aspir a ms de lo que obtuvo. Comenzar en este caso por la cuestin filosfica no es ms que un modo de desbrozar el camino hacia otras direcciones. 103. Medardo Vitier: Las ideas y la filosofa en Cuba, ed. cit., p. 332. 104. Ibdem, p. 333. 105. Confrntese: Eduardo Torres-Cuevas: Flix Varela: los orgenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas, ed. cit. La propia estructura de la obra en cuestin parte de una periodizacin de la obra y la accin de Varela en los perodos sealados.

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OBRAS 48 \ 48 \ II La bancarrota del aristotelismo no es exclusiva, en tiempos de Caballero, de Cuba. Tardamente, como todo lo que a las ideas se refiere hasta entonces en Amrica, haba comenzado a manifestarse, en las universidades y otras instituciones educacionales del continente, la influencia de los movimientos de ideas y las doctrinas que, en Europa, libraron la batalla contra la escolstica. La penetracin de las ideas cartesianas, de las obras de Newton, Locke, Condillac, de la Enciclopedia, no obstante las prohibiciones existentes al respecto, van dando, de modo lento pero irremisible, una tnica nueva al ambiente que se respira en los hasta entonces recintos sagrados del silogismo y los ergos. El enfrentamiento a la vetusta estructura de la escolstica, y especficamente de la escolstica criolla, constitua precisamente el mayor de los obstculos a superar en el camino hacia la renovacin del pensamiento en Cuba. Cuando nos referimos a la escolstica criolla, tenemos en mente la elaboracin, durante los siglos del criollismo, de un cuerpo terico que, sobre la base de la tradicin escolstica tarda, en su variante hispana, fuera capaz de hacer inteligible el mundo insular y la sociedad que se iba formando, con todas sus complejas relaciones. Esta variante de la escolstica, tal como se desarroll en Cuba, no ha sido an suficientemente estudiada. Es innegable, sin embargo, que tuvo manifestaciones, como modo de aprehensin de la realidad circundante, en todas las esferas de la actividad social, y que su funcin principal era la de conservar el ordenamiento sociopoltico y econmico imperante. 106 Como toda escolstica que se respete de ayer o de hoy, esa misin justificativa se va realizando a s misma a travs de un estrechamiento permanente de los lmites, en los cuales es lcito poner en duda los resultados de un conocimiento adquirido por medio de la autoridad consagrada de algn maestro. Al mismo tiempo, establece de modo rgido el modo, el camino a recorre r para acceder a una verdad, que slo ser aceptada como tal en la medida en que pueda demostrarse haber llegado a ella sin violar ninguno de los prerrequisitos que se le plantean. De ah que toda posible innovacin encuentre en su camino obstculos difciles de supera r Al presbtero Caballero le correspondera, de acuerdo a la expresin de Luz, descargar los primeros golpes contra ese coloso. Para dilucidar la posicin de Caballero en relacin con la escolstica, no basta con acudir al cuaderno de Philosophia electiva. Es imprescindible tener en cuenta los artculos publicados en el Papel Peridico, 106. Sobre la escolstica criolla, confrntese Eduardo Torres-Cuevas: ob. cit., pp. 90-102.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 49 / 49 as como las frecuentes referencias al respecto en sus discursos y otros escritos. Tampoco puede obviarse que la discusin en torno a la escolstica est inmersa en un ambiente de general inters por abrir derroteros a las ciencias, sobre todo las necesarias al desarrollo azucarero de la Isla. Ni es Caballero el nico interesado ni, evidentemente, el nico que expresa sus opiniones. Se supone que muchos de los escritos filosficos aparecidos en el Papel Peridico se deben a la pluma de quien fuera su redacto r pero tambin en muchos casos ha resultado imposible corroborarlo de modo fehaciente. De no ser as, es deci r de pertenecer a otros autores, habra necesariamente que concluir que ya en el momento de la creacin del peridico estaban bastante difundidas en La Habana las posiciones antiescolsticas. Desde que comienza a circular el Papel se publican artculos de esa inspiracin. Son publicados, adems, trabajos de autores de otros lugares del continente, donde ya es un hecho la crisis del aristotelismo. Tal es el caso del informe del oidor Cerdn, ya mencionado, que ha sido considerado un documento importante en la revolucin filosfica en Per. Del 1 o de septiembre es el Discurso sobre la Fsica, atribuido a Caballero, artculo de inspiracin cartesiana en el que se ataca directamente a la escolstica. La Fsica afirma el autor del Discurso no fue otra cosa durante veinte siglos que un laberinto ridculo de sistemas apoyados unos sobre otros, y por lo comn opuestos entre s. 107 nicamente Descartes logr librarla de la oscuridad con que se haba establecido en las escuelas bajo la autoridad de Aristteles, descubriendo el camino para sacudir el yugo escolstico de la opinin, de la autoridad, de las preocupaciones y de la barbarie. 108 Y expresa, con conviccin, que el mtodo para estudiar la naturaleza no es adivinando sus secretos, sino interrogndola por las experiencias y estudindola con observaciones continuas y bien meditadas. 109 El Discurso filosfico, publicado en 1798, es un ataque descarnado contra la escolstica, tambin atribuido al presbtero Caballero. Las ideas que se expresan son las de la muerte del escolasticismo en Europa y el triunfo de la Filosofa racional, la Fsica Experimental, la Qumica metdica y todas las dems ciencias naturales; la crtica a los filsofos escolsticos por desentenderse de la observacin y el estudio de la naturaleza entregados del todo al discurso, miserables 107. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre la Fsica, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 10. 108. Ibdem, p. 11. 109. Ibdem, p. 12.

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OBRAS 50 \ 50 \ ergotistas, espectros ergotistas y la magnificacin de la experimentacin como mtodo de conocimiento. Por ltimo, el autor lamenta la situacin en La Habana, donde la escolstica sigue gozando de sus fueros, a pesar de algunos sujetos que superando preocupaciones inmensas han llegado a tocar por s la luz de la verdadera Filosofa. 110 En mayo de ese mismo ao, en la Pintura filosfica, histrica y crtica de los progresos del espritu, Caballero se declara ms amante de la experiencia que del vulgar escolasticismo, y aboga por desterrar de la Filosofa las conjeturas y las hiptesis, y [...] someter esta ciencia a las experiencias. 111 El mismo espritu de abierto rechazo a los mtodos escolsticos se observa en el reclamo de reformas en la educacin e instruccin que se da a las jvenes generaciones. La absoluta falta de libertad en la ctedra, que limita la iniciativa de los maestros, lo lleva a absolverlos de responsabilidad por el estado deplorable del sistema actual de la enseanza pblica de esta ciudad [que] retarda y embaraza los progresos de las artes y ciencias. Sera necesario plantea que se les permitiese regentear sus aulas libremente sin precisa obligacin a la doctrina de la escuela, 112 porque no le queda ningn recurso a un maestro, por iluminado que sea, a quien se le manda ensear latinidad por un escritor del siglo de hierro y jurar ciegamente las palabras de Aristteles. 113 En otro trabajo critica a las facultades de la Universidad de San Gernimo, destinatario evidente de sus reclamos reformadores, por mantenerse tributarias escrupulosas del Peripato. 114 En el Prefacio a Philosophia electiva, el profesor del Seminario declara que, al elaborar el texto, ha prescindido de gran nmero de cuestiones intiles y hueras, que con razn podramos llamar minucias de la Filosofa y que se ensean comnmente en las escuelas [...] Quin podra soportar aquellas disquisiciones sobre el principio de individuacin, sobre la diferencia entre la cantidad y la cosa cuanta, lo mximo y lo mnimo o acerca de otras mil cuestiones de igual naturaleza...? 115 En 110. Jos Agustn Caballero: Discurso filosfico, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 129134. 111. Jos Agustn Caballero: Pintura filosfica, histrica y crtica de los progresos del espritu, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 144. 112. Jos Agustn Caballero: Sobre la reforma de estudios universitarios, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 41. (La cursiva es nuestra.) 113. Ibdem. 114. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre el mismo asunto (reforma de estudios), Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 46. 115. Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., p. 5.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 51 / 51 otros momentos de la obra manifiesta sus diferencias con la interpretacin escolstica de determinados problemas, as como con las sutilezas del silogismo. Todo lo anterior seala hacia una manifiesta intencionalidad antiescolstica por parte del padre Caballero. Ntese, sin embargo, que el reconocimiento expreso de la absoluta ineficacia de la escolstica, el triunfo del conocimiento basado en la experimentacin, la exaltacin de los pensadores ms notables en el camino hacia la emancipacin de la ciencia, no es un elemento que nos permita ir ms all. Es deci r si bien el crtico asume de modo consciente, e incluso agresivo acdase a los pasajes en los que, sobre todo en el Discurso filosfico, califica duramente a los escolsticos, las limitaciones del mtodo antiqusimo de las escuelas, en el que por dems fue l mismo educado, y explicita la aspiracin de superarlo poniendo las artes y las ciencias del pas a la altura de lo que se hace en Europa, no hay en estos trabajos elaboracin alguna de tipo terico, o aplicacin prctica de los principios generales que defiende. Si acaso, en el Discurso filosfico hay pinceladas en torno al mtodo del conocimiento, cuando seala que el objeto de las ciencias naturales es conocer la naturaleza como es en s, y afirma que el anlisis es el modo de conocerla. No de otra manera dice Condillac adquirimos los conocimientos en que entramos con la edad, que analizando. El que ms y mejor analiza, tiene mayor y ms claro talento, y puede hacer mejor sntesis, o reproducir mejores ideas combinadas. 116 No debe olvidarse, por otra parte, que se trata de trabajos de los que, por su naturaleza, no es posible esperar ms. Los artculos periodsticos tienen la ventaja de que en la prctica permiten, bajo la sombra de seudnimos, declarar abiertamente la guerra al Peripato. En la Universidad, e incluso en el Seminario de la poca de Trespalacios recurdese que San Carlos est bajo la jurisdiccin directa del prelado ordinario era imposible llevar las cosas hasta ese extremo. Si nos atenemos al carcter y al contenido de los escritos del Papel Peridico, entonces puede coincidirse con Roberto Agramonte en la idea de que Caballero acta como pregonero de la idea racionalista y experimental. Mucho ms, si se asume que el primer paso a emprende r si se pretenda una reforma de los estudios filosficos, y en general de los mtodos de enseanza, era difundir entre los sectores que detentaban el monopolio del conocimiento la necesidad que exista de innovar en ese terreno. Ese fue, de hecho, uno de los roles ms significativos desempeados por el Papel Peridico en la ltima dcada del siglo XVIII cuando Caballero se ocup casi constantemente, de un modo u otro, de su redaccin. 116. Jos Agustn Caballero: Discurso filosfico, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 130.

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OBRAS 52 \ 52 \ Otra cuestin muy distinta es la de hasta qu punto fue capaz de supera r en el ejercicio de un pensamiento puesto en funcin de objetivos concretos, la herencia escolstica de la que se haba nutrido en sus estudios. V arios momentos iniciales debemos tener en cuenta en una valoracin de este tipo. Primero, que aunque desde 1791 est Caballero pronuncindose contra la escolstica y el conocimiento casi fosilizado que transmite la Universidad dominica, l mismo tuvo una formacin esencialmente escolstica, incluso en el Seminario, en cuya historia no se conoce de magisterio alguno anterior al suyo que fuera portador de ese germen de libertad filosfica que sin dudas el presbtero habanero supo asentar profundamente en sus discpulos, y que estuvo en definitiva en la base de actitudes radicales de estos ltimos en terrenos muy diferentes al del pensamiento abstracto. l mismo reconoce haber sido escolstico con anterioridad, y lo difcil que resulta desprenderse de este mtodo, ya que es una llave maestra de hablar de todo; llave que se lleva sin que estorbe en un rincn, el ms pequeo del entendimiento. 117 En segundo trmino, debemos considerar que esta generacin de ilustrados criollos tiene necesariamente que asimila r a ritmos forzados, todo un proceso de evolucin del pensamiento que en Europa abarc dos siglos, eso si tenemos en cuenta slo a Descartes y sus sucesores, incluyendo la Enciclopedia y en general la Ilustracin inglesa y francesa. Todo un poderoso torrente de ideas y sistemas que de repente se vierte sobre las mentes despiertas de la oligarqua del pas, creando una situacin en la cual la libertad de pensa r la libertad sobre todo de escoger entre varias opciones, en el estrecho margen que daba la condicin colonial de la Isla, se convierte en una necesidad, en un imperativo, para poder encauzar por derroteros propios un pensamiento que haba visto la luz en diversas latitudes, y se haba desarrollado en funcin de intereses e inquietudes en nada relacionadas con los habitantes de esta Isla. Isla en la cual, adems, no existe hasta entonces una tradicin de pensamiento que propicie un lugar adecuado para la interpretacin de ideas y sistemas forneos, as hallan sido concebidos con pretensiones de universalidad. En este instante fundacional lo que est en juego es, en gran medida sin saberlo sus protagonistas, el propio futuro de la Filosofa en Cuba. Por tanto, la respuesta que se elabore va a marcar pautas a largo plazo. III Tal vez los aspectos ms significativos de la obra del padre Caballero, ms all de la cuestin de si ejercieron o no influencia renovadora inmediata sobre su medio, sean aquellos con los que abri rumbos que 117. Ibdem, p. 133.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 53 / 53 despus seran audazmente explorados por sus continuadores. En este sentido, fue el iniciador de la ms importante tradicin en la historia del pensamiento en Cuba, la tradicin electiva. Iniciado r en tanto es consciente de la bsqueda que emprende, y al mismo tiempo de la actitud que adopta ante los diferentes autores y sistemas de pensamiento en que puede fundamentar esa bsqueda de respuestas. El ms importante presupuesto, con el que comenzar Caballero a levantar la columna central de un pensamiento autnticamente cubano, es la percepcin de que ninguno de esos sistemas es capaz, por s mismo, de ofrecer las soluciones que requiere la realidad insula r Slo son vlidos en tanto portan principios generales, universales, flexibles y capaces de ser aplicados a cualquier situacin, no como frmulas acabadas, sino como eficaz gua en el camino hacia la solucin. Hay un requerimiento implcito de libertad en los orgenes mismos de la tradicin electiva. 118 Y en esos mismos orgenes encontramos tambin el por qu los padres fundadores de la Filosofa en Cuba no asumieron como misin la elaboracin de sistemas abstractos de ideas, sino de un mtodo para la aprehensin e interpretacin de la realidad cubana. Habra que reconoce r sin embargo, que con anterioridad a Caballero existe, al menos, un antecedente importante en la definicin de los principios ms generales del electivismo, recogido en los Estatutos de Hechavarra para el Seminario de San Carlos y que hace an ms interesante la personalidad de su redacto r Este prelado criollo recomendaba en 1769 a los profesores del Seminario, en relacin con los autores que deban utilizar en sus clases, no jurar en las opiniones de ninguno, ni hacer particular secta de su doctrina, sino enseando las que les parezcan ms conformes a la verdad, segn los nuevos experimentos que cada da se hacen y nuevas luces que se adquieren en el estudio de la naturaleza. 119 Planteamiento importantsimo, sin dudas, visto como antecedente, en el que, independientemente de cualquier otra consideracin, se est otorgando status reconocido a la libertad de eleccin, al tiempo que se 118. No es casual que los autores que han tratado el tema con mayor amplitud identifiquen el principio electivo con el de libertad de pensamiento, libertad de filosofar vs autoridad, etc. Confrntese: Roberto Agramonte: Jos Agustn Caballero y los orgenes de la conciencia cubana, ed. cit., pp. 226-229; confrntese tambin a Eduardo Torres-Cuevas: ob. cit., pp. 210-216, en el cual se hace adems un anlisis muy til del sustrato reaccionario latente en los intentos de identificacin del electivismo con el eclecticismo, que han tenido lugar en diferentes momentos, sobre todo durante la polmica filosfica que tuvo lugar en La Habana a finales de la dcada del 30 del siglo pasado. 119. Estatutos..., Parte Segunda, Seccin octava, no. 6.

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OBRAS 54 \ 54 \ v alida el experimento como mtodo en el conocimiento de la naturaleza. Sin embargo, no es hasta la poca de Caballero, y en muchos aspectos hasta la de V arela, que se materializan las posibilidades que portan los Estatutos de San Carlos. En 1791, seis aos antes de comenzar a utilizar el texto de Philosophia electiva en sus clases del Seminario, Caballero expresa en las pginas del Papel Peridico su profundo respeto y reconocimiento hacia los grandes hombres que nos han comunicado sus discursos y enriquecido con sus descubrimientos, pero aclara de modo categrico que no hemos de ser esclavos de la autoridad. Aquel autor ha de seguirse con preferencia, que demuestre mejor su opinin con experiencias ciertas, o por reglas seguras, sin preocuparnos de que es francs, ingls o espaol. 120 La duda hacia el principio de la autoridad, el magister dixit de los escolsticos, es el primer paso, una primera manifestacin de libertad de pensamiento. Es, en principio, lo mismo que dicen los Estatutos, pero con una vocacin de empresa inmediata. Lo que se anuncia es que el derecho a negar la autoridad va a hacerse efectivo, y no se refiere slo ni siquiera tanto al autor del escrito, sino a la poca que va a inaugurar para la F ilosofa y el pensamiento cubanos. La elaboracin que posteriormente hace Caballero de este principio en su Philosophia electiva, no es todo lo radical que se hubiera esperado despus de su declaracin de 1791. Pero habr que tener en cuenta nuevamente que los antecedentes que existen no son prcticos; nadie ha intentado dar una expresin concreta, en la prctica pedaggica, a los principios elementales del electivismo. El camino escogido por l es demostrar que es conveniente al filsofo, incluso al cristiano, seguir varias escuelas a voluntad, que elegir una sola a que adscribirse, 121 empleando todos los argumentos que se puedan encontrar para convencer a los herejes. Esto justifica que el filsofo cristiano pueda extrar argumentos de todos los sistemas filosficos. Se puede afirmar escribe ms adelante que es conveniente el conocimiento hasta de los principios que son contrarios entre s, puesto que, aunque la religin catlica, como dice San Agustn, es una sola y deba defenderse con razones adecuadas, es necesario, no obstante, conocer los dogmas de las otras religiones que nos oponen los herejes, para mejor defender la verdad de la doctrina catlica contra los sofismas de las dems, al mismo tiempo que se demuestra la falsedad de stas. Otro tanto se puede decir de la Filosofa. 122 120. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre la Fsica, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 13-14. 121. Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., p. 209. 122. Ibdem, p. 215.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 55 / 55 Lo anterior es, como puede verse, una curiossima fundamentacin, casi teolgica, del derecho a la libertad de eleccin que asiste a la Filosofa. La percepcin ms cercana a la realidad del problema tal como lo entenda Caballero parece esta r sin embargo, en una frase que introduce cuando desarrolla la cuestin. En ella el presbtero afirma que la ventaja de elegir se prueba tambin por la razn: elegir una sola escuela con preferencia a las otras nos priva de libertad para filosofa r porque el cario a la escuela y a su maestro nos oscurece el juicio y pone obstculos en el camino del logro de la verdad. 123 El desarrollo que alcanza con posterioridad la concepcin electiva, en la obra de Flix V arela, es mucho ms consecuente que en Caballero, pero se basa en los mismos presupuestos. As, ya en 1812, afirmar que lo que la Filosofa eclctica pretende es tomar de todos cuanto la razn y la experiencia aconsejan como norma, sin adscribirse tenazmente a ninguno. 124 Y ms adelante sostiene que la libertad de filosofar consiste en librarnos de la servidumbre de cualquier maestro y en buscar exclusivamente la verdad dondequiera que se encuentre. 125 El contenido real que adquiere en V arela el concepto de eclecticismo, as como las tergiversaciones de que se le hizo objeto en el contexto de la defensa de las ideas de Cousin y los intentos de revalorizacin de la autoridad en Filosofa que tienen lugar durante la polmica de la dcada del 30 del siglo XIX han sido aclarados en un estudio reciente. 126 Ese mismo contexto, y esos mismos intereses, sirvieron en el intento que se hizo de afiliar la obra de Jos Agustn Caballero temprana muestra del movimiento de las ideas filosficas en Cuba a un eclecticismo de estirpe ntidamente reaccionaria. El principio de la libre eleccin nace, si se quiere, de una premonicin revolucionaria, es la expresin cubana y tambin americana de la liberacin del espritu que plante, como una de sus primeras y fundamentales exigencias, el ascenso de la burguesa en Europa. El primer acto de libertad que se realiza es el de elegir la eleccin como actitud filosfica, porque esto implica reinterpreta r reelabora r, reconceptualiza r los sistemas existentes y en definitiva, la posibilidad de una produccin intelectual original y plena de vitalidad. IV Hasta qu punto la obra de Caballero refleja una realizacin consecuente de las posibilidades latentes en la eleccin que ha hecho; hasta 123. Ibdem, pp. 209-211. 124. Flix Varela: Propositiones variae ad tironum exercitationem (varias proposiciones para el ejercicio de los bisoos escritas originalmente en latn), Obras, ed. cit., t. I, p. 3. 125. Ibdem, pp. 3-4. 126. Eduardo Torres-Cuevas: ob. cit.

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OBRAS 56 \ 56 \ d nde es posible afirmar no slo que se lo propuso, sino que llev a cabo una notable reforma filosfica, tal como planteaba Roberto Agramonte, 127 es otra cuestin. En ocasiones se ha planteado que Philosophia electiva no refleja los verdaderos puntos de vista de su auto r Poca sera su utilidad, entonces, si se trata de delinear el perfil de pensador del padre Caballero. Sin embargo, no parece ser ese el caso. Si lo que se tiene en cuenta es que el texto de 1797 no cubre las expectativas que pueden despertar los escritos del Papel Peridico en cuanto al radicalismo de las posiciones de Caballero en relacin con la herencia escolstica, el desliz no es, por supuesto, del profesor de San Carlos. Las posiciones del Peridico son, sin dudas, demostrativas de lo que se aspira a logra r pero en ningn momento pueden alterar el hecho de que Caballero es un hombre de formacin esencialmente escolstica, y que l mismo no es ms que uno de los primeros eslabones aunque insoslayable de una secuencia de ruptura que no puede alcanzar su objetivo pleno de inmediato. Lo que devendra un absurdo sera supone r por ejemplo, que la profunda labor renovadora de un V arela no es en absoluto deudora de la obra y las enseanzas de quien fuera su maestro. Incluso, habra que tener en cuenta que no todos los contemporneos se expresan como Luz, en el sentido de que Caballero asest los primeros golpes al edificio de la escolstica. Otros lo asumieron como reformador pleno, y esa es, en esencia, la posicin que se reproduce, convirtindose en punto de partida, en las obras de Agramonte. Un ejemplo elocuente es el de los versos de Jos Antonio de la Ossa que se han ledo con anterioridad. No se trata, ciertamente, de una joya potica, pero trasmiten la idea a que se haca referencia de modo muy claro. Philosophia electiva es el primero de cuatro libros que su autor tena proyectado escribi r y de los cuales slo uno, el cuaderno en cuestin, ha llegado a nosotros. Su intencin se fundamenta en la divisin corriente de la Filosofa. En el primer libro tratar de la Lgica; en el segundo, de la Metafsica, apartndome en esto de los peripatticos; en el tercero, de la Fsica, y en el cuarto desarrollar la tica. 128 Aunque se seala que no seguira el mismo orden que los dems, lo cierto es que, tanto en los Estatutos del Seminario como en los de la Universidad dominica, los estudios de Lgica estaban en primer luga r E, independientemente de lo estatuido, nada era ms consecuente con el intento de alcanzar un mtodo capaz de develar los secretos de la naturaleza que comenzar por la Lgica, que prepara el espritu para alcanzar la verdad en cualquier lugar y en todo tiempo. 129 Ms de cuarenta aos despus, brindando su 127. Roberto Agramonte: Estudio preliminar, en: Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., p. L VI. 128. Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., p. 5. 129. Ibdem, p. 29.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 57 / 57 opinin a un discpulo sobre la polmica filosfica, Flix V arela afirmara que, siendo la Lgica la ciencia que dirige el entendimiento para adquirir las otras, es claro que debe precederlas, o por lo menos acompaarlas, pues lo contrario sera lo mismo que aplicar la medicina, cuando ya el enfermo est sano, o traer una antorcha para alumbrar el camino cuando ya el viajero ha llegado a su trmino. 130 No es posible, en los trminos en que se concibe este Ensayo introductorio, analizar todas las proyecciones de pensamiento en Philosophia electiva. Existe, no obstante, un conjunto de problemas que pueden ser suficientemente ilustrativos de las ideas que profesaba el catedrtico de San Carlos, as como de los sistemas filosficos que estn influyendo en su labor sistematizadora. Philosophia electiva muestra un Caballero profundamente influido por las ideas de Descartes, aunque con frecuencia es un Descartes previamente reelaborado por otros pensadores y escuelas. De ese modo, mucho de la influencia de este pensador francs parece haber llegado a Caballero a travs de su conocimiento de la escuela de Port Royal; abada ubicada en las cercanas de Pars donde se desarroll todo un movimiento de ideas fundamentalmente relacionadas con el mtodo del conocimiento, con la Lgica. Jos Zacaras Gonzlez del V alle anotar despus de leer el manuscrito de Caballero: Hay mucho de la escuela de Port Royal: ms podra habe r Es lo mejor. La Lgica de los monjes de Port Royal intenta dar una rplica racionalista a los excesos escolsticos, a la futilidad de sus contiendas, a lo huero de su conocimiento petrificado, pero se conserva formalmente aristotlica. Algo similar es posible observar en Philosophia electiva. El planteamiento formal de las cuestiones no trasciende, en muchos casos, la estructura silogstica, aunque est consciente de sus defectos, como lo estuvo ya todo el siglo XVII Junto a las elaboraciones que hacen los monjes de Port Royal en el terreno de la Lgica, Caballero parece haber experimentado la influencia de otros intentos de teorizacin de fundamento cartesiano, como son los casos de Franois Jacquier y Benito Daz de Gamarra, mencionados por V arela. En ambos casos se trata de eclesisticos; el primero pertenece a la Orden de los Mnimos y el segundo al clero secula r Su obra presenta puntos notables de coincidencia, sobre todo por su modo de asumir los postulados de Descartes y el valor que le conceden a Galileo como instaurador de la mecnica. Su racionalismo, de corte cartesiano, enfatiza en el conocimiento que es posible alcanzar por la sola luz de la razn. Entre las obras de Jacquie r que deben haber dejado su impronta en Caballero, tenemos la interpretacin de la doctrina newtoniana que apa130. Flix V arela: Obras, ed. cit., t. III, p. 234.

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OBRAS 58 \ 58 \ reci en 1739, en Roma, bajo el ttulo: Isaaci Newtoni Philosophiae Naturalis principia mathematica perpetuis commentariis illustrata, as como sus Institutiones Philosophiae ad studia theologica potissimum accomodatae, que fue utilizada como texto en seminarios de la Pennsula (tuvo impresiones en V alencia en 1787 y 1815). En cuanto a Gamarra, quien fuera perseguido en Mxico por sus ideas poco confiables a los ojos de un catolicismo ortodoxo, escribi Elementos de Filosofa moderna, que junto a Errores del entendimiento humano debieron ser los que mayor influencia ejercieran en Caballero. En el cuaderno de 1797, Jos Agustn define la Filosofa como el conocimiento cierto y evidente de todas las cosas por sus ltimas causas, logrado con la sola luz natural. 131 La filiacin cartesiana de esta definicin es evidente. En Los principios de la Filosofa publicado en 1644 en latn, y en 1647 en francs, Descartes afirma de la Filosofa que este soberano bien [...] no es otra cosa que el conocimiento de la verdad por medio de sus causas primeras, esto es, la sabidura, cuyo estudio es la filosofa. 132 El conocimiento cierto y evidente equipara al claro y distinto de Descartes. La luz natural no es sino la luz de la razn, que diferencia este conocimiento de la Teologa. No obstante, la propia definicin es una prueba palpable de que en Caballero no se ha producido an la emancipacin de la Filosofa. Si bien en un momento afirma que sta accede al conocimiento de los objetos y fenmenos las cosas por medio de la dilucidacin de sus causas, que son meramente naturales, acto seguido reconoce que no se debe buscar el origen de la Filosofa sino en Dios, de quien la recibi Adn, aislado de todo hombre y sin esfuerzo alguno por su parte. 133 Ms adelante seala que la causa eficiente primera de la Filosofa es Dios, que la infundi al primer hombre. 134 El hombre, a su vez, es una causa eficiente secundaria. La Filosofa de Adn sigui fluyendo, como de una fuente perenne hacia su descendencia; mas poco a poco decay por negligencia de los hombres, cultivndola algunos varones singulares en diversas pocas [...]; luego los hombres, mediante su razonamiento, son la causa secundaria de la Filosofa. 135 La Lgica de Caballero es una construccin en la cual coexisten, casi sin distincin, principios y elementos aristotlicos, con ideas, con131. Jos Agustn Caballero: ed. cit., p. 9, tambin, textualmente, p. 171. 132. Descartes: Los principios de la Filosofa, en: Obras de Renato Descartes, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro, 1971, p. 151. 133. Jos Agustn Caballero: ob. cit., p. 9. 134. Ibdem, p. 183. 135. Ibdem, p. 187.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 59 / 59 ceptos y clasificaciones aportadas por otros pensadores y sistemas filosficos. Esta promiscuidad del pensamiento, tan caracterstica de etapas tempranas de bsqueda intelectual, puede observarse tambin en los primeros escritos varelianos, que fueron superados con posterioridad. En el caso de Caballero, no es posible constatar los derroteros posteriores de su reflexin filosfica, pues no existe documento alguno capaz de lanzar luz sobre una cuestin, por dems, no carente de importancia. Al clasificar las ideas, el presbtero habanero muestra nuevamente su vocacin cartesiana. La reproduccin es casi literal. Estn las ideas innatas, impresas en el espritu del hombre por el propio Dios en el momento mismo de la creacin, las adventicias, que se adquieren a travs de los sentidos y las facticias, que son aquellas que nosotros mismos formamos de las adventicias, poniendo o quitando algo. 136 Las mismas denominaciones de Descartes, con algunas diferencias insignificantes en el fundamento de la clasificacin. Es cierto que Caballero trae a colacin, inmediatamente, otra clasificacin de las ideas, deudora sta de Locke, pero que conserva siempre el innatismo cartesiano. Y es que hay suficiente atractivo, para el sacerdote catlico, en esta propuesta del pensador francs. Es un camino en el cual no es posible negar la existencia de Dios; es el perenne dualis mo de Descartes ante los peligros que acechan por doquie r en un siglo que ha producido demasiados filsofos ateos. En este sentido, la eleccin de Caballero estar siempre a tenor con sus convicciones religiosas. Asume el racionalismo con entusiasmo, como ha dejado sentado en el Papel Peridico en el Discurso filosfico celebra el triunfo de la Filosofa racional, luminosa y brillante, afirma en Philosophia electiva que el mtodo del raciocinio mecnico ha sido aceptado en Europa con tal inters y adhesin, que nadie considera dignos de ser tenidos por filsofos a quienes siguen otro camino en la explicacin de los fenmenos fsicos, 137 pero es consecuente y cartesianamente dualista. Dualista y tomista es tambin el anlisis que hace Caballero sobre la verdad. Diferencia tres clases de verdad: metafsica, moral y lgica. La verdad metafsica se define por la conformidad de una cosa bien existente, bien posible, con la idea arquetipa que Dios tiene de la misma; la moral resulta de la conveniencia de las palabras y de los signos exteriores con lo que piensa el espritu; la verdad lgica es la correspondencia de nuestras ideas con su objeto. 138 La verdad metafsica es, 136. Ibdem, p. 39. 137. Ibdem, p. 23. 138. Ibdem, p. 58.

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OBRAS 60 \ 60 \ pues, una especie de garante de la legitimidad de las otras dos clases, pues todo razonamiento debe lleva r en definitiva, a la correspondencia con la idea arquetipa de Dios, creador de todo lo que existe y nica entidad omnisciente. De ese modo, si alguna sentencia filosfica se encuentra en contradiccin manifiesta con una verdad revelada por autoridad sagrada, la primera es indudablemente falsa porque la Filosofa, como la razn humana, debe estar subordinada a la autoridad sagrada como un juez que la corrija 139 Santo Toms no lo hubiera dicho, no ya con tanta conviccin, sino con tanta elegancia como el sacerdote habanero. En lo que al silogismo se refiere, no existe en Caballero la intencin de superarlo como modo de argumentacin. Lo que pretende es exorcizarlo de las complicaciones intiles de las sofisticaciones escolsticas. Cuando explica el silogismo, prefiere dejar sentado que considera absurda toda una serie de elaboraciones escolsticas al respecto. Deberamos tratar aqu escribe de las varias figuras y modos del silogismo y de la reduccin de los mismos, tal como lo ensean los escolsticos; pero prescindo deliberadamente de todo ello por no ser necesario para argumentar correctamente y porque las reglas, inventadas en forma arbitraria por los escolsticos, son confusas y hasta formuladas con muchas palabras absolutamente brbaras. 140 En Philosophia electiva, cuando se expone un tema especfico, es frecuente hallar primero las formulaciones de tipo ms tradicional, y despus se introduce la opinin de pensadores de filiacin no escolstica; se trata de un modo particular de manifestacin de las influencias modernas que no debe ser tomado superficialmente. Por ejemplo, al hacer referencia al ente, subraya que se divide en sustancia y accidente, y a continuacin explica las subdivisiones que tradicionalmente se hacan de uno y otro. Al escribir sobre el accidente, el presbtero lo divide en espiritual que afecta a la sustancia espiritual y corpreo que afecta al cuerpo, as como en absoluto el que est en el sujeto sin necesidad de que pongamos este mismo sujeto en relacin con otro y relativo que no se puede concebir en el sujeto sin referirlo a otro. El accidente absoluto, a su vez, lo divide en modal y no modal. La culminacin de toda esta cadena de menciones por supuesto, mucho ms extensa en Philosophia electiva por las explicaciones es la declaracin que hace Caballero de que esta es la doctrina escolstica, y enseguida incluye que los modernos no admiten ms 139. Ibdem, p. 217. 140. Ibdem, p. 129

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 61 / 61 accidentes que los modales, que dividen en primarios [...]; y secundarios [...] 141 En relacin con las categoras, Caballero tambin aclara que expone la doctrina escolstica, y termina de forma tal que resulta en extremo revelador: Tales son las categoras de Aristteles que los escolsticos tratan como si constituyeran un misterio. Pero los modernos, con pocas excepciones, encuadran todas las cosas que existen en el mundo, tal vez ms acertadamente, en el siguiente dstico: Espiritu-medida-quietud-movimiento posicin, figura Son, con la materia, los principios de todas las cosas. 142 Lo ms probable es que este tipo de frases, breves, que semejan casi interpolaciones del texto, han sido utilizadas con toda intencin por el autor como instrumento para despertar la inquietud de sus educandos. Recurdese nunca estar de ms repetirlo que estamos en presencia de un texto dirigido a estudiantes del Seminario de San Carlos, y en l hay que valorar no slo la actitud filosfica del auto r sino su actitud pedaggica, en la que ciertamente est llamada a trascender toda intencin renovadora del profeso r pero condicionada por numerosas circunstancias de poca y medio social. Ms cercano por conviccin a las ideas modernas no se a suma como afirmacin de que es un pensador moderno, Caballero expone las doctrinas escolsticas, posiblemente por encontrarse bajo la presin del medio acadmico, y porque, en realidad, su intencin desde el punto de vista filosfico es salvar lo que considera salvable en la escolstica, conciliar la tradicin con la corriente poderosa del pensamiento ms moderno. Actitud que en gran medida lo define, en el terreno filosfico, como pensador transicional. En Philosophia electiva hay otros momentos importantes para valorar las posiciones del presbtero Caballero. Una es su actitud ante la cuestin de los universales, expresada con una claridad meridiana. Por va deductiva prcticamente no hace referencias al mtodo inductivo, lo cual es llamativo intenta demostrar que ...las naturalezas universales de las cosas no existen en ninguna parte, sino que las forma el entendimiento cuando separa la naturaleza singular existente en un sujeto singula r de todas sus circuns141. Ibdem, p. 55 142. Ibdem, p. 65.

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OBRAS 62 \ 62 \ tancias, quedando as, una vez abstrada o concebida por el entendimiento, indiferente a varios objetos en el se r. 143 La posicin nominalista de Caballero, el reconocimiento del carcter abstracto de toda generalizacin, reviste en Cuba a finales del siglo XVIII una importancia similar a la que tuvo para la emancipacin del pensamiento en Europa. Es igual a la validacin de la individualidad, del carcter irrepetible de lo concreto y singular en que se expresa, en definitiva, la existencia, el ser verdadero. Emanciparse del realismo de los universales significa entreabrir la puerta a toda emancipacin posible, y en especfico a la emancipacin de ese espritu burgus que con intensidad irrumpe en la sociedad cubana de la poca. En la historia del pensamiento en Cuba resulta muy importante el modo en que se recepcionan las ideas sensualistas. A Caballero se le ha atribuido ser partidario del sensualismo al estilo de pensadores que le resultaban conocidos, como Locke y Condillac. Philosophia electiva, sin embargo, brinda una imagen totalmente diferente, tal como lo seal en su momento Roberto Agramonte. V arela en 1840 afirmaba en una carta a Jos de la Luz que cuando estudiaba en el Colegio Seminario de San Carlos mi insigne maestro doctor Jos Agustn Caballero siempre defendi las ideas puramente intelectuales, siguiendo a Jacquier y a Gamarra. 144 La afirmacin que hace V arela puede introducir alguna confusin, si se asume la defensa de las ideas puramente intelectuales como un alejamiento absoluto de las ideas sensualistas. Por ese camino, habra que atri buirle a Caballero una actitud hacia el proceso de conocimiento que en realidad no se corresponde, ni con el tratamiento que da a la cuestin en Philosophia electiva, ni con su constante defensa de una ciencia de tipo experimental, cuya instauracin requiere, por supuesto, el reconocimiento de la importancia de los sentidos en el conocimiento del mundo fsico. Tambin es cierto que las ideas recogidas en las pginas de Philosophia electiva se alejan de modo notable de la doctrina personificada por Locke y Condillac. La ciencia experimental, la nueva Fsica y la nueva Qumica a las que aspira Caballero a las que aspiran los sectores estrechamente vinculados al auge azucarero no son posibles sin confiar en los sentidos, en los instrumentos que nos vinculan con el mundo circundante. Pero, de inicio, la afirmacin de ideas congnitas, innatas la idea de Dios la primera y si fuera necesario, la nica, pero suficiente, exige al pensador poner un freno al sensualismo extremo. Los rganos de los 143. Ibdem, p. 43. 144. Flix V arela: Carta a Luz de 27 de octubre de 1840, Obras, ed. cit., t. III, p. 237.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 63 / 63 sentidos no son nuestra nica fuente de conocimiento, existen y coexisten las ideas ms o menos divorciadas de la experiencia sensista, incluso aquellas que pudieran llamarse, en propiedad, puramente intelectuales. Y adems, los sentidos no dictan las reglas o las normas de nuestro conocimiento. Este ltimo depende de ellos enteramente, pero slo como de cierto prerrequisito que excita el conocimiento, 145 es un estmulo que pone en juego todo un mecanismo que nos conduce a la aprehensin del mundo circundante. Aprehensin intelectual en resumidas cuentas, en la que el rol esencial corresponde a la razn, que es la capacidad crtica de discernir los peligros que pueden acechar tras la magnificacin sensista. En efecto, para Caballero los sentidos no slo no son dictadores de las reglas de nuestro conocimiento, sino que pueden engaarnos. Esto ocurre, no por su propia naturaleza, sino por accidente, porque a veces no son suficientemente agudos o no estn bien preparados. 146 La superacin de ambos estados negativos constituye premisa para poder confiar en la informacin que del mundo exterior nos llega por esa va. Los sentidos perciben las cosas sencillas, y tal como las perciben las muestran al espritu, sin discernir si son o no en s mismas como las muestran: esto es misin de la razn. 147 El dualismo que permea toda la construccin terica cartesiana, su mtodo racionalista, su defensa del innatismo de ciertas ideas y representaciones, se avienen al universo ideolgico del padre Caballero mucho mejor que las elaboraciones de otros sistemas. No es la lnea que evoluciona de Gassendi a Locke, y de ste al radicalismo sensualista de Condillac, la que satisface los reclamos de un pensamiento que an no ha sellado una ruptura decisiva con la ontologa en que se diluye el pensar filosfico de la poca del criollismo. Es una opcin que debi parecer a sus ojos peligrosa, aunque poco despus su suceso r OGavan, no tuviera reparos en difundirla en el propio Seminario. La etapa en que Caballero ocupa la ctedra de Filosofa es, como sealara ya en su momento V arela, la del predominio de un sensualismo moderado, uno de cuyos rasgos caractersticos es la potenciacin del papel de la razn en definitiva, no es ste un don que nos concede magnnimo el Creador? en la obtencin y elaboracin del conocimiento. Hay toda una tradicin en el pensamiento insular que toma su punto de partida, ante la ausencia de antecedentes ms lejanos, en la actitud con que el presbtero habanero transita por los principios funda145. Jos Agustn Caballero: ob. cit., p. 167. 146. Ibdem. 147. Ibdem.

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OBRAS 64 \ 64 \ mentales del sensualismo. La valoracin positiva del papel activo del sujeto en el proceso de conocimiento que por dems se explicita en varios momentos en Philosophia electiva, es un principio importantsimo al valorar el aporte de Caballero al pensamiento que le sucede, sobre todo si no se pierde de vista que el elemento central para cualquier interpretacin actual de las ideas filosficas del presbtero es esencialmente un texto de Lgica: la disciplina de la razn, que prepara el espritu para alcanzar la verdad en cualquier lugar y en todo tiempo, 148 o, lo que es lo mismo, una doctrina o teora del conocimiento, de los medios necesarios para la interpretacin de la realidad. Y ese es el principio de los principios de todo el pensamiento genuinamente cubano; necesidad que capt V arela el ms poderoso intelecto entre los discpulos del padre Caballero cuando dedica gran parte de su esfuerzo a desarrollar una teora cubana del conocimiento o, tal vez mejo r de una teora para el conocimiento de lo cubano, con lo cual se concretan las condiciones de utilidad del instrumental lgico, algo que en el autor de Philosophia electiva an no es posible hallar. 149 En esta direccin, como en tantas otras, Caballero es un precursor; es el iniciador que plantea las interrogantes, e incluso esboza soluciones que despus sern continuadas y profundizadas por sus antiguos educandos. No obstante las diferencias, fcilmente apreciables, entre la gnoseologa de V arela y las ideas que profesaba Jos Agustn Caballero, hay entre ellos ms puntos de contacto de los que en ocasiones se sealan. Uno de ellos es la actitud ante el sensualismo, en la que, no obstante, se ha querido ver en ocasiones una diferencia notable. Caballero no rechaza, en modo alguno, la funcin importantsima que cumplen los sentidos en el proceso de conocimiento, pero no comulga con extremos que parecen degradar a sus ojos la dignidad de la razn. Prefiere la tesis de Descartes, segn la cual los sentidos no estn en condiciones de asegurarnos nunca cosa alguna si no interviene el entendimiento. V arela tambin seal, tempranamente, que los sentidos pueden estar mejor o peor dispuestos, con lo cual condicionan la exactitud de sus informaciones, 150 as como crece el valor de las operaciones intelectuales. V arela ser siempre un crtico convencido de los excesos sensualistas. El curso posterior de sus ideas lo alejar inmensamente, por la amplitud y profundidad que logra, de los tmidos inicios de Caballero, pero su deuda con el maestro es innegable. 148. Ibidem, p. 29. 149. Acerca de la significacin que tienen las elaboraciones gnoseolgicas de Varela para el desarrollo de un pensamiento autnticamente cubano, confrntese: Eduardo TorresCuevas: Flix Varela: los orgenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas, ed. cit. 150. Flix V arela: Instituciones de Filosofa Eclctica, Obras, La Habana, ed. cit., t. II, p. 24.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 65 / 65 Tambin parece innegable, por otra parte, el hecho de que Caballero s difundi las doctrinas de Locke y Condillac. La afirmacin que se ha manejado de V arela slo es categrica en cuanto a que el presbtero era partidario de las ideas puramente intelectuales, que su sensualismo era moderado, pero no es explcita en cuanto a la exclusin de opiniones ms radicales en su prctica pedaggica. Las opiniones de Luz y de la Ossa al respecto son tan categricas como puedan considerarse las del autor de las Lecciones de Filosofa. Por ltimo, no estara de ms echar una ojeada a la cuestin con la cual el propio Caballero puso punto final a su obra, la del criterio firme y seguro para alcanzar la verdad. En sta, definitivamente, se ponen de manifiesto las inconsecuencias de un pensamiento ansioso por acceder a las alturas de lo moderno, pero incapaz an de deshacer los vnculos con su pasado intelectual. El artculo final de Philosophia electiva es, sin duda, una demostracin palpable de la timidez con que Caballero asume, desde el punto de vista de la elaboracin terica, la renovacin, cuya necesidad proclama desde otras tribunas y por las que batalla arduamente en otros terrenos. Es, en sus escasas lneas, un compendio de cmo las inercias mentales, la fuerza de la tradicin, el inters por conciliar lo inconciliable, pueden encontrar su expresin definitiva en la solucin de problemas claves en todo sistema de pensamiento. En su momento, el modo en que es asumida por el presbtero la bsqueda de un criterio eficiente de la verdad, fue interpretado desde la perspectiva que intentaba demostrar que con la obra de Jos Agustn Caballero se haba llevado a cabo, en La Habana, una revolucin filosfica de inspiracin cartesiana. 151 En realidad, aunque no se suscriba una afirmacin tan categrica incluso el racionalismo de Descartes, en general tan fcilmente moldeable a los requerimientos del pensamiento transicional que personifica Caballero, result fuertemente limitado por la tradicin escolstica en que ste se form, la posicin que asume el presbtero habanero ante la cuestin del criterio eficiente de la verdad es una elaboracin lgicamente emanada de las ideas de Descartes al respecto. El padre Caballero reproduce, apartndose de toda influencia sensualista en este aspecto, los principios bsicos planteados por el pensador francs. Descartes escribe estableci como criterio la regla siguiente: de las cosas ciertas y manifiestas se debe dudar una vez en la vida. Ms tarde escribi que el principio y el fundamento de toda Filosofa es ste: pienso, luego existo. Finalmente estableci este criterio: es verdad todo aquello que concebimos clara y distintamente. Por lti151. Roberto Agramonte: Estudio preliminar, en: Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., p. LXXIX.

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OBRAS 66 \ 66 \ mo, plantea que el conocimiento deducido, de manera evidente, de principios conocidos con evidencia, es conocimiento cierto y evidente. 152 Caballero pretende, sin embargo, introducir mayor claridad en sus definiciones, de modo tal que cumplan con el principio de sencillez y claridad que exige para la exposicin de los conocimientos adquiridos. Es por eso que, ms que rectifica r ampla el ltimo planteamiento cartesiano, afirmando que el entendimiento, en posesin de las reglas de la Lgica, es suficientemente apto para distinguir lo verdadero de lo falso. 153 No se aleja de la esencia matemtica de la lgica de Descartes, claramente perceptible en su elaboracin del criterio de la verdad. Si puede afirmarse que la proposicin de Caballero encierra a las ideas nuevamente en el plano de su relacin con las propias ideas, convirtindolas en criterio del valor de s mismas, no es menos cierto que Descartes, al tomar de las matemticas el criterio de la verdad, ha levantado un obstculo poderoso a la experiencia, que no se circunscribe al campo especfico y abstracto de esa ciencia, cercenndole el paso a toda pretensin sensualista. Esa es la posicin a que se adscribe Caballero, posicin congruente, adems, con lo que anteriormente se ha visto en relacin con su sensualismo moderado. Las reglas de la Lgica no estn aqu llamadas a confirmar en qu medida son principios conocidos con evidencia los que sirven de fundamento a la adquisicin de un nuevo conocimiento, sino a garantizar que la adquisicin de este nuevo conocimiento se realice de modo tal que no se produzcan desviaciones o tergiversaciones debidas a un mal uso del instrumental lgico. Evidentemente, el apego al aspecto formal de la cuestin, tan caro a la escolstica, salta a la vista, pero esto no debe sorprende r porque es uno de los rasgos de Philosophia electiva que revelan su filiacin con la tradicin de pensamiento anterio r como se ha sealado antes. Tampoco implica un retroceso de Caballero, en relacin con todo el pensamiento moderno, sino slo en relacin con el que, desde una ptica sensualista, critic determinadas aristas de la propuesta racionalista cartesiana. Es necesario conclui r entonces, que el texto redactado por Caballero para sus lecciones de Filosofa en el Seminario de San Carlos refleja las inquietudes propias de un intelecto en constante bsqueda, al que las novedades cientficas y filosficas a su alcance y entindase como novedad incluso lo que en otras latitudes ya no lo era desde haca mucho le permitan asumir aspectos importantes del pensamiento moderno. Una valoracin de los momentos que mayor peso puedan haber 152. Jos Agustn Caballero: ob. cit., p. 267. 153. Ibdem.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 67 / 67 tenido en la elaboracin de la obra no puede dejar de reconoce r sin embargo, que la tradicin, la formacin escolstica del pensado r las propias circunstancias del mundo acadmico y el entorno institucional en que se desenvuelve, tiene una incidencia importante y limitan su osada intelectual. Ante la ausencia de otros escritos de naturaleza puramente filosfica no sabemos si escribi esa Metafsica en la que prometa apartarse de los Peripatticos, estas conclusiones habra que integrarlas a su perfil general de pensado r al tiempo que, haciendo honor a Descartes, dejemos siempre un espacio a la duda, a la posibilidad de que el precursor haya detentado, en realidad, aristas mucho ms radicales de pensamiento, las que, por las ms variadas razones, no encontraron una va de expresin en su Philosophia electiva. V Caballero es un espritu optimista en una poca en que la confianza de la recin estrenada burguesa esclavista alcanzaba los lmites de la soberbia. Todo era posible, todo se hallaba al alcance de la mano, si se saba cmo aspirar a ello, y se hallaban las formulaciones prcticas pragmticas para la solucin de cada aspiracin concreta. No se trataba de edificar opciones ideales. Se contaba con los recursos y la energa necesarias para acometer las grandes transformaciones capaces de acercar a la sociedad cubana una nueva sociedad ilustrada y solvente a los modelos de sociedades modernas. Y el maestro de San Carlos es un ejemplo fehaciente de la posibilidad de portar todo ese entusiasmo renovado r al tiempo que se intenta salvaguardar los valores esenciales del criollismo. Una Filosofa que se aleje de las necesidades humanas no tiene objetivo para l, y en ello est expresado el principio esencial de una tica social y cientfica que encontrar continuidad en una parte importante del pensamiento cubano posterio r sobre todo del pensamiento comprometido con la causa de la transformacin social. Hay una lgica contundente en su exposicin de la utilidad de la Filosofa. Toda Filosofa se encamina en provecho del hombre. Es el objetivo final, el para quin de toda reflexin filosfica. El conocimiento de la verdad y la prctica de la virtud constituyen el fin prximo de la Filosofa. Y la verdad, slo la verdad, nos hace vivir honradamente, distinguindola de lo falso, separando lo malo de lo bueno. El fin remoto de la Filosofa es el logro de la felicidad natural, y su fin ltimo, es Dios. 154 En la prctica, el perfeccionamiento del hombre, que es en definitiva el camino hacia el logro de 154. Ibdem, pp. 195-200.

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OBRAS 68 \ 68 \ estos objetivos, slo puede lograrse por medio de un perfeccionamiento de la sociedad que le permita desarrollar sus potencialidades. El sentido concreto de una concepcin de este tipo, en la Cuba de finales de la decimoctava centuria, coincida plena y justificativamente con los reclamos de los sectores oligrquicos de mentalidad burguesa. El pensamiento cubano, en sus exponentes ms representativos, no se ha visto a s mismo como predestinado a la produccin de grandes abstracciones, sino como instrumento, primero, de develacin del ordenamiento social, entendido en toda su amplitud y segundo, de la transformacin posible de ese ordenamiento. Los que pudiramos catalogar como nuestros grandes pensadores han sido todos, de hecho, reformadores o revolucionarios. El padre Caballero no slo no es una excepcin, sino que es uno de los primeros pensadores cubanos que incorporan orgnicamente, sin violentar su disposicin natural la prctica reformadora a su actividad intelectual. Filsofo prctico lo llama su sobrino Jos de la Luz, y con ello est previniendo a la posteridad del excesivo nfasis en la bsqueda de profundidades tericas. Es en el plano terico-filosfico slo un iniciado r un precurso r Su figura adquiere, en cambio, dimensiones mucho ms radicales en su actividad prctica de reformado r Desde el Papel Peridico de la Havana, o desde la Seccin que presidi en la Sociedad Econmica de Amigos del Pas, labor constante y convencidamente por la aplicacin de reformas cuya urgencia proclam en numerosas oportunidades. Sus reclamos en materia de reforma educacional, as como los llamados constantes a desarrollar en La Habana la ciencia experimental en estrecha relacin unos con otros, as lo demuestran. Y a en el Discurso sobre la Fsica ha dejado claro que no est interesado en una ciencia erudita que se deleite en su propia indiferencia. Si es necesario desarrollar la Fsica, es porque cada nuevo descubrimiento tiene una aplicacin que redunda en beneficio de la sociedad. Todas las artes, oficios y ciencias la necesitan. En todo se mezcla, todo lo facilita y todo lo lleva a su debida perfeccin. 155 A partir de entonces, en cada nueva oportunidad, se manifiesta como un convencido defensor de la experimentacin y el desarrollo de una ciencia puesta en funcin de las necesidades vitales de su sociedad. Es un eficiente portavoz de las aspiraciones de los sectores azucareros cubanos, interesados en los ms recientes progresos aplicables, en primer trmino, al fomento agrcola, y por extensin por ilustracin, podra decirse a todas las esferas de la vida social. 155. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre la Fsica, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 13.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 69 / 69 El modo en que se entienden y plantean las necesarias innovaciones, se observa ntidamente en una serie de trabajos que publica en la ltima dcada del siglo XVIII Varias ideas son comunes a todos ellos. En primer luga r la urgencia de introducir la enseanza de las ciencias experimentales y exactas, estimular el aprendizaje de las lenguas extranjeras, perfeccionar los mtodos de enseanza. Tambin se incluye la ampliacin del acceso a la enseanza elemental, porque la sociedad que se pretende lograr necesita no slo de abundancia de mano de obra servil, sino de un sector capaz de asumir funciones que requieren ciertas habilidades y conocimientos elementales. En segundo luga r nada de ello es posible si no se somete el sistema de enseanza a una reforma profunda. No es una pretensin fcilmente alcanzable, y Caballero, como en general toda la membresa de la Clase de Ciencias y Artes que preside en la Sociedad Patritica, est consciente de ello. Se emprende el camino con el valiossimo respaldo de la ms alta autoridad civil y militar de la Isla, pero se deben sortear importantes dificultades. Entre ellas, la casi nula colaboracin si no abierta oposicin de la mxima autoridad eclesistica, obstculo impresionante por muchos conceptos. La reforma a que se aspira es afirma Caballero una empresa, la ms ardua quiz, pero ciertamente la ms til a nuestra patria. 156 Su realizacin se equiparara a una feliz y deseada revolucin. 157 La Sociedad Patritica asume tempranamente, entre sus objetivos, la creacin de escuelas pblicas y gratuitas, a partir del estudio de la situacin en La Habana. En los comienzos del decenio final del siglo XVIII funcionaban en La Habana treinta y dos escuelas de nias, en la mayora no se enseaba a lee r En siete escuelas para varones se enseaba a leer y escribi r y en algunos casos a conta r. 158 De todas stas, la nica escuela pblica y gratuita era la que radicaba en el colegio de Beln, a la que asistan unos 600 alumnos. En 1794, con la esperanza de fundar centros educacionales del tipo sealado, y tras acudir al Monarca solicitando aprobacin para sus planes, la Sociedad design a tres de sus miembros para que estudiaran detenidamente la situacin y las posibilidades reales para la creacin de escuelas de primera enseanza. Al mismo tiempo, esta comisin deba redactar una propuesta de Ordenanzas que sirvieran para regular 156. Jos Agustn Caballero: Sobre reforma de estudios universitarios, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 40. 157. Ibdem, p. 42. 158. Roberto Agramonte: Jos Agustn Caballero y los orgenes de la conciencia cubana, ed. cit., p. 292.

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OBRAS 70 \ 70 \ el proceso docente, de modo que quedara garantizado el cumplimiento de los objetivos de la Sociedad. Las Ordenanzas de las escuelas gratuitas de la Habana llevan la firma de Jos Agustn Caballero, F rancisco de Isla y fray Flix Gonzlez; pero por las coincidencias que se observan con otros escritos, constituyen un reflejo fiel de las concepciones de Caballero, y no parece ofrecer dudas el hecho de que al catedrtico de San Carlos y presidente de la Seccin de Ciencias y Artes de la Sociedad Econmica le correspondi la mayor responsabilidad en la elaboracin del documento. El escrito comienza con el reconocimiento de que La Habana necesita de escuelas patriticas de primeras letras, cuya creacin es concebida como un acto patritico que debe ser sometido al obispo y al cuerpo municipal de la ciudad para que contribuyan con fondos a la realizacin de la obra. 159 Toda la primera parte est dedicada a aspectos organizativos generales y a la enumeracin de las posibles vas de financiamiento del proyecto. Se prevea la creacin inicial de slo dos escuelas gratuitas, una de nias y otra de varones, en las cuales seran admitidos slo los de raza blanca, hasta el nmero de 200. 160 Esto es una manifestacin de la sociedad esclavista que consolidaba, tempranamente, rgidas barreras segregacionistas, cuya profundidad y amplitud eran desconocidas por los siglos del criollismo. Los maestros y ayudantes deban ser nombrados por el Gobernador y Capitn General. Para que velen y cuiden por la enseanza, seran designados miembros de la Sociedad Patritica, nombrados en las Juntas Generales con el ttulo de Curadores de las escuelas. 161 El socio Curador de la escuela se consideraba una especie de autoridad mxima en sus asuntos, aunque esta no fuera, segn las Ordenanzas, sino la de un vigilante padre de familia. Su jurisdiccin abarcaba tanto a los alumnos, sobre cuyas costumbres, aplicacin y aseo deba vela r como todo lo relacionado con los gastos de la escuela. El dinero, los textos, todo deba pasar por sus manos. l tena la potestad de proponer cambios a los estatutos de las escuelas pblicas, presentndoselos a la Sociedad. 162 El espritu que preside las Ordenanzas es marcadamente homogeneizado r lo cual debe ser visto como parte de un inters por superar la arbitrariedad hasta entonces reinante en el mbito de la enseanza elemental. Por esa razn, se prescribe que las escuelas, a ma ne159. Jos Agustn Caballero: Ordenanzas de las escuelas gratuitas de La Habana, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 19. 160. Ibdem, p. 22. 161. Ibdem. 162. Ibdem, pp. 35-36.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 71 / 71 ra de las llamadas normales, tengan constantemente un arreglo invariable y que los maestros estn sujetos al mtodo de enseanza que le prescribe la Sociedad a los Curadores. 163 A partir de esta concepcin, el margen de iniciativa de los maestros es muy limitado; uno de los rasgos ms notorios de las Ordenanzas son la minuciosidad y el detallismo con que se norma cada paso del proceso docente. Especial atencin se le presta a los fundamentos de la enseanza religiosa. Cada da, de rodillas frente a la imagen de San Casiano bajo cuyos auspicios se colocaba la escuela, se da inicio a la clase con una oracin, cuyo texto tambin se incluye en el documento. 164 Despus se ensea a los nios cmo formar la Santa Cruz, signarse y santiguarse con ella y otros elementos de la doctrina cristiana. Los sbados por la tarde se reza el Rosario, se ensea el modo de ayudar a misa y tambin, a los que tuvieren edad para ello, cmo confesarse. 165 En ambas escuelas la de nias tanto como la de varones los educandos deban aprender a lee r escribir y conta r La educacin de las nias inclua, adems, la clase de costura, que los comisionados se abstienen de reglar dejando constancia de su absoluta ignorancia al respecto. Sobre la base de los contenidos a imparti r se establece una divisin en escuelas de lee r escribir y conta r La de lee r a su vez, quedaba dividida en tres clases: de cartilla, de deletrear y propiamente de lectura. En cada caso se hacen indicaciones tendentes a superar las deficiencias ms comunes en la enseanza que hasta ese momento brindaban las escuelas de la ciudad. Esto incluye desde llamados a eliminar la repeticin de cada letra antes de pronunciar una slaba dada, hasta una exacta descripcin de la posicin a adoptar al escribi r. Los textos recomendados para la clase de lectura incluan las lecciones de catecismo del abate Fleurt, el compendio de la religin por Pinton, el de h istoria de Espaa por el padre Isla, el Nuevo Robinson. Una vez que los discpulos hubieren perfeccionado estas lecturas, se les dara a leer obras manuscritas. 166 En este caso se aclara que existen muchos otros libros que pueden ser utilizados, pero su eleccin no la hace el maestro, sino el Curado r. En cuanto a la clase de contar, su contenido es el de las operaciones, es deci r suma r resta r etc. En caso de que, despus de esto, la Sociedad considerase necesario introducir mayores conocimientos de Aritmtica, los redactores consideran apropiado el texto del P Paulino, 163. Ibdem, p. 25. 164. Ibdem, p.36. V enid, Espritu Divino, alumbrad nuestro entendimiento y encended en nosotros la llama de nuestro amor. Amn. 165. Ibdem, p. 27. 166. Ibdem, p. 29.

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OBRAS 72 \ 72 \ que es muy metdico, y continuar despus con el compendio de W olfio u otra de igual mrito. Si se nos permite diremos que ninguno ms a propsito que la de Benito Boils. 167 Con la introduccin de lo elemental de las Matemticas en el nivel de las primeras letras, se daba un paso nada ingenuo en vista del contenido de las transformaciones que se intentaba acomete r En el discurso que pronuncia Caballero ante la Clase de Ciencias y Artes de la Sociedad el 6 de octubre de 1795, arremete contra el sistema de enseanza pblica de la ciudad, entre cuyas escuelas no hay una que instruya en un slo ramo de Matemticas, en Qumica, en Anatoma Prctica. El sistema actual de la enseanza pblica de esta ciudad afirma sin cortapisas, retarda y embaraza el progreso de las artes y las ciencias. 168 Igual crtica, repitiendo exactamente las mismas palabras, dirigir muy poco despus a la Universidad de San Gernimo. 169 Porque se aspira a una reforma general de estudios, pero el modo en que est concebida la educacin en la colonia requiere, en primer lugar e inevitablemente, que la reforma comience por la Universidad dominica. Primero, porque la enseanza superior est, independientemente de sus deficiencias, mucho mejor establecida que las instancias primarias de instruccin. Segundo, porque la primera es el espejo donde se miran todas las instituciones de la Isla, la de ms alto rango; y sus mtodos, las materias, su estructura docente en general, son reproducidas a todos los niveles. Caballero est consciente de esta ltima circunstancia. Nadie como l insisti en la renovacin de la ms alta casa de estudios de la Isla. La lgica que preside su reclamo muestra que lo consideraba piedra angular hacia mayores aspiraciones. Es indispensable expresa a sus consocios de la Clase de Ciencias y Artes una reforma general, la que deber comenzar por la primera de las academias, la ilustre, regia y pontificia Universidad, a causa de la dependencia que tienen de ella las otras en el orden, tiempo y materia de los cursos. Y ms adelante reafirma su opinin asegurando que mientras los estudios de la Universidad no se reformen, no pueden reformarse los de las otras clases; mientras los unos y los otros no se reformen, no hay que esperar mejoras en ninguno de ellos; y mientras la Sociedad no adopte este proyecto, trate o insista en realizarlo, no se prometa adelantamiento en esta Clase, ni la pida memorias sobre alguno de los vastos objetos de este instituto. 170 167. Ibdem, p. 33. 168. Jos Agustn Caballero: Sobre reforma de estudios universitarios, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 40. 169. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre el mismo asunto, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 46. 170. Jos Agustn Caballero: Sobre reforma de estudios universitarios, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 44.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 73 / 73 Los resultados inmediatos e importantsimos de la reforma que se esboza deban ser la introduccin, en los planes de estudios, de la enseanza de las ciencias, en particular con carcter experimental, tal como reclama ba Caballero en las pginas del Papel Peridico desde su fundacin, as como el definitivo destierro de la escolstica de su reducto ms slido, la Universidad. As sera mucho ms sencillo acometer una obra ms amplia en materia de educacin, tanto desde el punto de vista de las instituciones como de los mtodos y el contenido de la enseanza. No hay realmente en esto nada contradictorio con las posiciones que se han analizado de Caballero. Su actitud ante las ciencias experimentales entronca con las exigencias concretas de su tiempo y lugar histricos, y para lograr su afianzamiento en La Habana es preciso derribar los obstculos que se le oponen. El primero, la tradicin educacional imperante. Es, por supuesto, un complejo cultural mucho ms amplio el que sostiene la estructura universitaria, pero muchas de sus partes componentes no estn tan ntidamente contrapuestas con la modernizacin del pensamiento, ni parecen se r a los ojos de Caballero, incompatibles con ella. Lo que se pide en concreto, para la Universidad, es la formacin de un plan libre de estudios, segn el estado actual de los conocimientos humanos, elaborado por el claustro pleno del centro, con la colaboracin de cuatro miembros de la Sociedad. 171 Con la materializacin de la reforma se deberan alcanzar las aspiraciones de lograr en los jvenes una mejor instruccin en latinidad, al tiempo que estudiaran la verdadera Filosofa, penetraran el espritu de la Iglesia en sus cnones, y el de los legisladores en sus leyes; aprenderan una sana y pacfica Teologa, conoceran la configuracin del cuerpo humano, para saber curar sus enfermedades con tino y circunspeccin. 172 Si uno de los pilares esenciales de la reforma, tal como la entiende el profesor del Seminario de San Carlos, es implementar a gran escala los principios de la experimentacin, no hace menos hincapi en la cuestin del aprendizaje de idiomas. Es sta una cuestin con dos vertientes importantes. Una, implica la lengua materna. La segunda, las lenguas extranjeras. Son estas ltimas expresa Caballero en ms de una ocasin vehculo imprescindible para acceder a los tesoros de las ciencias y el pensamiento, tanto del pasado como de la contemporaneidad. A Nicols Calvo de la Puerta l e elogia su amplio conocimiento de las lenguas, que fue siempre su pasin favorita. Y con razn explica, 171. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre el mismo asunto, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 47. 172. Jos Agustn Caballero: Sobre reforma de estudios universitarios, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 41.

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OBRAS 74 \ 74 \ porque ellas sirven como de otras tantas llaves para abrir todas las puertas del santuario de la erudicin. 173 La inteligencia de las lenguas se lee en otro trabajo, de 1796 debe mirarse como el primer principio de la sociedad entre los hombres de diferentes naciones [...] Es tambin como una llave que alienndonos la ilustracin de los que sobresalieron en todos los siglos y pases, nos franquea la entrada al conocimiento de las ciencias y las artes. 174 Es por eso que las recomienda como el ejercicio ms til para todo aquel que aspire a penetrar el mundo de las ciencias y las letras. Sin ellas no sabremos pensar ni discurriremos bien; no gustaremos los primores de las ciencias y de las artes; vanamente trabajaremos por adquirirlas; el velo majestuoso que las cubre sera impenetrable a nuestros ojos; nadie, en fin, podra aprovecharse de las luces de otro ni comunica r por decirlo as, con los escritores de todos tiempos y pases. 175 Caballero es personalmente un defenso r como se ha visto, del estudio de las lenguas en general, pero su atencin est centrada en gran medida, en el contexto insula r en las problemticas relativas al castellano y al latn, por dems estrechamente relacionadas con la cuestin general de la reforma de estudios. En septiembre de 1796 redacta, por encargo de la Sociedad Patritica, una Representacin al Monarca, en la cual solicita la creacin de una clase de Gramtica Castellana. 176 En la misma se presenta, como aspiracin de la Sociedad, el que la juventud americana, instruida metdicamente en los fundamentos de su lengua, llegue algn da a hablarla con dignidad y elocuencia. 177 Con anterioridad a la elaboracin de este documento, se haba propuesto a las distintas casa de estudio de la ciudad, que los preceptores de latinidad interpolaran nociones de Gramtica castellana junto a la de la latina. La respuesta positiva de casi todos los superiores, incluyendo el Rector de la Universidad, muestra que ya entonces la enseanza de la lengua materna era una cuestin que se planteaba con cierta fuerza. Resulta por dems curioso que, en el momento que precede a la Representacin, slo el Director del Colegio Seminario de San Car173. Jos Agustn Caballero: Elogio de Nicols Calvo y OFarril, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 183. 174. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre la necesidad de un mejor conocimiento de la lengua castellana, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 114. 175. Ibdem, p. 115. 176. Jos Agustn Caballero: Representacin al Monarca solicitando la reforma de los estudios, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 49-52. En esta edicin aparece bajo el ttulo de Representacin al Monarca solicitando la creacin de una clase de gramtica castellana. 177. Ibdem, p. 49.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 75 / 75 los se muestra reacio a establecer estos estudios. Sobre todo, si se tiene en cuenta que la institucin, fundada en tiempos del obispo Hechavarra, haba sido la nica en la Isla donde se intent aplicar la Real Cdula de 23 de junio de 1765, emitida por Carlos III, en la que se ordenaba que la enseanza de primeras letras, latinidad y retrica se hiciese generalmente en castellano, utilizando, en lugar del Arte de Nebrija, uno castellano, en este caso el de Juan Iriarte. 178 El alcance de estas propuestas se hace comprensible slo si se tiene en cuenta el contexto de predominio absoluto de la lengua del Lacio en la esfera acadmica, que se extender, sin fisuras de consideracin, hasta que el presbtero V arela comienza a impartir en espaol sus lecciones de Filosofa en el Seminario de San Carlos. Caballero en 1796 pide a la Corona la creacin de una ctedra especial en donde se ensee el conocimiento radical de nuestra lengua. 179 Casi simultneamente, en noviembre de ese mismo ao, sugiere introducir modificaciones de importancia en los mtodos de enseanza del latn, lengua que considera de gran utilidad, porque sin ella careceramos de los conocimientos casi primitivos de las ciencias y de las bellezas de las artes. 180 El sentido de la propuesta consista en la crtica del Arte... de Antonio de Nebrija, por el cual se enseaba el latn mediante la exposicin de las reglas idiomticas esenciales en esta propia lengua. Este mtodo considera Caballero fatiga demasiado al discpulo que a un tiempo ha de entender el precepto y el lenguaje en que est escrito, y aumenta los afanes del lecto r que se halla en la precisin de hacerle comprender primero la regla por donde ha de conducirse para entender la misma regla. En su luga r propone sustituirla por gramticas elementales latinas en la que las explicaciones sean dadas en lengua castellana. 181 Nuevos mtodos de enseanza equivalente ya, de hecho, a un debilitamiento considerable de la posiciones de la escolstica, introduccin de las ciencias experimentales y de la enseanza de lenguas extranjeras, as como la concesin de un lugar importante a la lengua materna en la prctica docente, constituyen para Caballero las innova178. Lo anterior lo afirma Caballero en su Discurso sobre la necesidad de un mejor conocimiento de la lengua castellana, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 119. En la presente recopilacin se publica bajo el ttulo de Discurso sobre la necesidad de la enseanza en lengua castellana. 179. Jos Agustn Caballero: Representacin al Monarca solicitando la reforma de los estudios, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 50. 180. Jos Agustn Caballero: Discurso sobre la necesidad de un mejor conocimiento de la lengua castellana, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 115. 181. Ibdem, pp. 118-119.

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OBRAS 76 \ 76 \ ciones ms urgentes, y hacia ellas dirige sus esfuerzos. Es esa, en esencia, la reforma del sistema de enseanza que propugna. La propuesta, en el contexto colonial cubano de finales del siglo XVIII tiene un alcance considerable, y slo aos despus podrn materializarse algunos de sus puntos. Junto a sus constantes esfuerzos por lograr una modernizacin de los estudios en Cuba, es posible discernir en Jos Agustn Caballero una faceta propiamente pedaggica. Es l uno de los iniciadores de una tradicin de larga vigencia y significacin en el pensamiento cubano, que por haber pretendido siempre ser gua, ha debido siempre ser maestro. Es una expresin ms ntima, por decirlo de algn modo, del espritu reformador que anim al presbtero habanero en relacin con la problemtica general de la educacin. Est en estrecha comunin con las ideas y propuestas para las que el Papel Peridico de la Havana haba servido de vehculo. Desde muy temprano, aparecen en esta publicacin escritos en los que se analizan determinados aspectos de la educacin de los nios y jvenes de la ciudad. De un lado est la crtica, de otro, el ansia constructiva, la idea de cmo y con qu suplantar lo existente. Por muchas razones, aunque no es posible afirmarlo con absoluta certeza, puede suscribirse la afirmacin hecha por Roberto Agramonte hace ya ms de cuarenta aos de que muchos de los escritos de contenido educativo aparecidos en el Papel Peridico pertenecen a la pluma de Caballero. 182 Y a en 1791, en un artculo titulado La educacin de los hijos, el autor hace hincapi en la importancia de dar una educacin adecuada, como un eslabn importante en el camino hacia la asimilacin de valores, como el honor y la virtud. El escrito transpira una marcada influencia de las ideas sostenidas por Locke en materia de educacin. El alma y este pasaje es una de las mejores ilustraciones de lo anterior es una tabla rasa dispuesta a recibir los colores, y ser culpa del pintor a quien se encomienda no poner en ella las imgenes de que es capaz. De las maderas, unas son blandas y se dejan labra r otras tan duras que resisten a la mano del maestro; pero al fin, de todas hace el estatuario sus figuras. Las costumbres sobre el bien y el mal, no tanto se transfunden con la sangre como con el ejemplo. Por eso dicen los que han escrito sobre este asunto, que los padres slo dan al hijo un ser un poco ms ventajoso que los brutos; ms en el buen ejemplo, que es la ms poderosa educacin, se lo pueden dar casi igual al de los ngeles. 183 182. Roberto Agramonte: Jos Agustn Caballero y los orgenes de la conciencia cubana, ed. cit., p. 295. 183. Papel Peridico de la Havana, 20 de mayo de 1792.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 77 / 77 Y sin esa educacin, sin la virtud que nace de una educacin esmerada y sensata, no puede haber hombre til a la Patria. He aqu sentadas, con claridad meridiana, las bases de por qu no es suficiente la creacin de escuelas, de casas de estudio, sin la presencia insoslayable del educado r entendido sobre todo como el ejemplo que forja hombres. No en balde insiste Caballero en la figura del maestro, al que brinda toda una serie de consejos para su actividad. Las Ordenanzas de las escuelas gratuitas de la Habana son profusas en orientaciones que revelan, a ms de las ideas de sus redactores, alguno s de los males ms comunes a la educacin de la poca. A los maestros se les prescribe sanar la voluntad de sus discpulos y sobrellevar con paciencia las faltas propias de la edad, y al mismo tiempo no llamarlos con apodos ni palabras que los hagan despreciable a los otros. Mucho ms radical es la intencin, que se declara quisiera establecerse como estatuto fundamental, de jams usar el castigo. La salvedad que se hace posteriormente, en torno a que esto sera propiciar excesos debido a la certidumbre de la impunidad, demuestra que existan diferentes opiniones entre los redactores. De cualquier modo, se recomienda hacer uso de la paciencia, el celo, varios ardides que dicta la prudencia, y sobre todo el ejemplo, para evitar la ocasin del castigo. 184 Ms adelante se les recomienda que, al corregir errores cometidos por los discpulos, se haga con mucha curiosidad, paciencia y humanidad. 185 Estas ideas coinciden plenamente con las que se exponen en un pequeo escrito que apareci en el Papel Peridico en enero de 1792. Se trata de pensamientos, o tesis, acerca de los medios que se utilizaban en las escuelas cubanas. La crtica acerba a la frula, los bofetones, los tiramentos de orejas y el azote, incluye aqu la afirmacin de que el maltratar a los nios realmente es un delito. El sptimo pensamiento resulta sumamente interesante: Es cierto seala el autor, que es ms fcil y ms pronto para el grosero educado r castigar a un nio, que cogerle por el honor de que es susceptible aun en la tierna edad, o hablarle la razn; pero la gloria de educar por este ltimo medio es la ms brillante. Y el ltimo, no obstante el anonimato que acompaa al texto, no puede sino recordar el humor que despliega en muchas ocasiones el profesor de San Carlos: Los sabios no ignoran que hay un cierto modo en las cosas. Qu lstima que no sean sabios los maestros de escuela! 186 184. Jos Agustn Caballero: Ordenanzas de las escuelas gratuitas de la Habana, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 25. 185. Ibdem, p. 32. 186. Papel Peridico de la Havana, 19 de enero de 1792, pp. 23-24.

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OBRAS 78 \ 78 \ Tambin en Philosphia electiva encuentran espacio las reflexiones, dirigidas en particular a maestros y estudiantes. En los captulos dedicados a las cuestiones de mtodo, Caballero realiza una diferenciacin entre el mtodo lgico-analtico y el lgico-sinttico. El primero es el mtodo de investigacin; el segundo, el mtodo de trasmisin del conocimiento, el instrumento para llevar a otras personas el conocimiento adquirido. Es este ltimo que es sin dudas el que ms de cerca toca a los educadores, ante todo, un mtodo para demostrar y convence r, que l pertrecha de cuatro reglas fundamentales: a) el empleo de trminos claros, rectamente explicados y definidos; b) el uso de una palabra, una vez definido su significado, debe ser cuidadoso, para no incurrir por negligencia en un empleo con sentido distinto; c)se deben evitar las digresiones y exponer todo con orden, y d) toda proposicin de la cual se va a inferir algo como consecuencia, debe ser evidente por s misma o deducida como consecuencia necesaria de otras premisas. 187 Al mtodo de trasmisin del conocimiento acompaa, adems, la elaboracin de un mtodo de estudio destinado a extrae r por nosotros mismos, de la lectura de los libros, la disciplina que investigamos. Las reglas, la obtencin de este objetivo, son varias. Ante todo, Caballero recomienda no emprender ningn estudio hasta purgar la mente de prejuicios adquiridos, bien en la lectura de malos libros, bien en el trato con gentes vulgares. Se debe escoger un buen auto r y leer mucho, pero no muchas cosas. No se debe prescindir de nada, ni aun de aquello que parezca de poca importancia. Entre las ltimas recomendaciones destaca no desechar a los autores que sostienen tesis contrarias a la nuestra hasta haber comprendido perfectamente el sistema de aquel a cuyo estudio nos hemos aplicado. 188 Las reglas anteriores estn dirigidas a lograr una aplicacin directa, en primer trmino, en la relacin entre educador y educando. Son reglas que tienen como objetivo garantizar la calidad de la enseanza y del aprendizaje, como partes de un mismo proceso. Estas elaboraciones, producidas en el marco del estudio de la Lgica, constituyen, ms que otra cosa, reglas de contenido pedaggico. El reconocimiento de la dignidad de la labor del educado r del potencial educacional del ejemplo, de la utilidad y necesidad de apelar a la conciencia del alumno, a su sentido del hono r son principios sobre los cuales se sustentar la ms genuina pedagoga cubana en toda su evolucin posterio r Plantearlos y establecerlos, como premisas, obliga a 187. Jos Agustn Caballero: Philosophia electiva, ed. cit., p. 153. La filiacin cartesiana de la ltima regla es evidente. 188. Ibdem, pp. 156-157.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 79 / 79 iniciar con el padre Caballero cualquier genealoga del pensamiento pedaggico en Cuba. VI La reflexin poltica y social es continuidad de los principios bsicos de cualquier elaboracin terica y metodolgica desarrollada por un pensado r En algunos casos, es evidente la trayectoria intelectual que, coherentemente, explica la adopcin de determinadas opciones polticas, sociales, etc. Las aspiraciones reformistas cubanas o de los sectores que en su momento se asumieron a s mismos como representantes de las aspiraciones de la sociedad insular en su conjunto se mueven a partir de la generacin de Caballero, en un amplio y complejo espectro de reclamos polticos, sociales, econmicos y culturales. El peso que adquieren en cada momento los que tienen una naturaleza especfica, depende de circunstancias coyunturales que cambian aceleradamente a lo largo del siglo XIX La primera generacin reformista cubana actu en una situacin privilegiada en ms de un sentido. Durante la dcada del 90, del siglo XVIII pudo contar con el apoyo, e incluso la iniciativa, de la ms alta autoridad del gobierno colonial en la Isla. En Espaa, an no se haban producido los acontecimientos que marcaran el inicio del ascenso del liberalismo peninsula r que tan funestos efectos tendra a la larga para la burguesa esclavista cubana. Cada paso, cada informe, cada representacin, llevaba el sello de la confianza en la comunin de pareceres que no slo es posible, sino casi natural, entre los intereses locales y los del gobierno metropolitano. Las tensiones, suspicacias, rejuegos, no tenan entonces el significado que adquirirn en las dcadas siguientes. La sociedad que se metamorfosea an no ha dejado de sentirse espaola sincera, no cnicamente espaola en virtud de la urgencia de un brazo armado que reprima, y esto se manifiesta an entre los ms radicales intelectos. El padre Caballero posea una fina percepcin de su entorno sociocultural y poltico. Opin y su opinin influy en torno a casi todos las asuntos importantes en la Cuba de su poca. En algunos terrenos su obra es mnima, y refleja sobre todo preocupaciones generalizadas en su medio y no se caracteriza por la profundidad de anlisis que s tuvieron otros representantes de su generacin. Tal es el caso, por ejemplo, de las cuestiones de tipo econmico, que aborda ms bien de modo disperso, sin sitematizacin, en algunos de sus trabajos, o en escritos de carcter muy puntual. De estos ltimos, por ejemplo, es el dedicado a las ferias, 189 en el cual hace un anlisis del surgimiento e 189. Jos Agustn Caballero: Ferias, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 219-230.

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OBRAS 80 \ 80 \ importancia de las mismas para el desarrollo de la agricultura y los oficios ms diversos. En cuanto a su implementacin en Cuba, l considera necesario, antes de dar una respuesta, analizar a profundidad la situacin real de la agricultura e industria de la Isla, la influencia negativa de gravmenes e instituciones sobre el comercio interior y la del comercio ultramarino sobre el domstico. 190 En este trabajo, sin embargo, no hay un anlisis consecuente de las cuestiones que se plantean como esenciales. Desde otro ngulo, que pudiramos convencionalmente identificar como terico general, Caballero parece haber compartido las influencias y concepciones econmicas de la mayor parte de los ilustrados cubanos de entonces. En su inters por el desarrollo de la agricultura, como principal fuente de riqueza de la Isla, es evidente la huella fisicrata. Es tambin partidario de la mayor liberalizacin posible del comercio. Respecto a Cuba, considera que las leyes deban abrir ms puertas a la industria y tenerla ms libre y desembarazada que cualquier otro pas, debido a las caractersticas de su economa. V emos, sin embargo contina, que ciertas especies de industrias nos son enteramente prohibidas o en mucha parte restrictas o sujetas a tantas formalidades que equivalen a una prohibicin [...]; tales son el cultivo del tabaco; el uso de las tierras y bosques mientras conservan maderas privilegiadas, el beneficio de acarreo de maderas en los montes, la construccin de buques mercantes... 191 La libertad de comercio, de golpe o mediante la paulatina liquidacin de los obstculos que la legislacin colonial impona a esta actividad, ser una de las reformas ms ansiadas por la naciente burguesa esclavista cubana. Entre los problemas que planteaba a la sociedad insular la radical transformacin de los fundamentos econmicos, sobre los que se asent la sociedad criolla de los siglos anteriores, el de la esclavitud ocupar rpidamente un plano de importancia primordial. El desarrollo econmico acelerado, la posibilidad de convertir a Cuba en el primer productor azucarero, con los beneficios consiguientes para los sectores que detentan el poder econmico, no se concibe sin un crecimiento desmesurado de la mano de obra servil. Es, como se ha sealado con frecuencia, un medio y no un fin, una va para lograr una acumulacin acelerada de capital. Pero las repercusiones en las estructuras profundas de la sociedad van a marcar toda la historia posterior de Cuba. La explotacin intensiva del esclavo, el empeoramiento de sus condiciones de vida, 190. Ibdem, p. 229. 191. Jos Agustn Caballero: De la consideracin sobre la esclavitud en este pas, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 150.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 81 / 81 la elevacin increble de los ndices de mortalidad, el fro clculo de la rentabilidad de la esclavitud de plantacin, comienzan ya a resultar determinantes para los contornos de la sociedad en que, a finales de la decimoctava centuria, se desarrolla la etapa ms fecunda de la actividad de Caballero. No puede el sacerdote, por tanto, obviar esta problemtica. Su crculo el de la Sociedad Patritica es el de los dueos de ingenios y esclavos, el de los creadores de la sociedad esclavista. Con respecto a la esclavitud y sus secuelas, no sera prudente acercarse a la posicin de Caballero sin algunas consideraciones previas. Primero, en relacin con el proceso que tiene lugar en el interior de la Iglesia institucin a la que pertenece el reformador ante un problema tico cuya magnitud est dada, de modo muy simplificado pero muy evidente, en las cifras elevad simas de esclavos que labraron el esplendor azucarero cubano a costa de sus vidas. La esclavitud, institucin en Amrica con la misma edad que el sistema colonial, no era por s misma el problema. ste radicaba en el nuevo carcter asumido por el esclavismo ante la irrupcin del sistema de plantaciones. La respuesta de la Iglesia no fue homognea, ni doctrinalmente, ni en la actitud de sus miembros. De un lado, se inicia un rpido proceso de readaptacin doctrinal, uno de cuyos ejemplos ms curiosos es la elaboracin de una doctrina justificativa de la esclavitud de los africanos, a partir de las ventajas que para la salvacin de su alma pese a todos los males les ofrece estar en contacto con una sociedad cristiana. Es la versin que puede rastrearse desde Duque de Estrada, con su doctrina cristiana para los negros bozales, hasta el acrrimo esclavismo de los escritos de Juan Bernardo OGavan, una de las figuras eclesisticas ms importantes de la dicesis habanera durante las primeras dcadas del siglo XIX La legitimidad de estos principios no fue compartida por todos los sectores eclesisticos. Hay que partir del hecho de que la esclavitud era una realidad que formaba parte, desde siempre, del ser mismo de la sociedad insula r Por tanto, en este momento no es lgico esperar reacciones de condena radical a la esclavitud como institucin, sobre todo econmica. Las va a habe r eso s, con un fundamento tico que, en definitiva, se pliega al fatalismo de lo que existe, independientemente de que sea o no moralmente justificable. No hara justicia a la poca hablar de una crtica moderada. En Cuba, es sta la nica crtica posible, y lo ser durante dcadas, si se considera que el abolicionismo de V arela fue y lo fue, en su momento, una excepcin. Es el presbtero Jos Agustn Caballero uno de los principales representantes de la actitud crtica ante la esclavitud de plantaciones, con un profundo trasfondo tico-cristiano. Y su actitud es, por dems, un espejo de las contradicciones en que se sumerge su espritu transicional,

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OBRAS 82 \ 82 \ al intentar convencer sin ataca r demostrar sin impone r desautorizar sin que parezca que lo hace. Todo lo que l escribi que no fue mucho, de acuerdo a lo que se conoce acerca de la esclavitud, nos parece transido de un intento de conciliacin de algunos rasgos de la esclavitud patriarcal de la etapa del criollismo con la situacin que se impone en las grandes dotaciones, y que se manifiesta en el reclamo de una actitud humanitaria hacia el esclavo, que de hecho es incompatible con la naturaleza del plantacionismo. Dejemos sentada, de inicio, esa expresin de Caballero con la que califica a la esclavitud como la mayor maldad civil que han cometido los hombres, porque es la nica ocasin en que se expresa con tanta vehemencia. El artculo que en el Papel Peridico de la Havana dirige en fecha tan temprana como 1791 a los Nobilsimos cosecheros de azca r seores amos de ingenios, mis predilectos paisanos, 192 es una pieza interesantsima en la que se hacen evidentes todas las dificultades que implicaba un planteamiento de esa especie y la habilidad con que Caballero se mueve en un terreno sumamente escabroso. En principio, este es un escrito que tena el objetivo de lograr mejoras en el trato que daban a sus esclavos los dueos de ingenios. Al referirse a estos ltimos, Caballero los considera la ms noble y selecta porcin de esta Repblica, los vecinos ms tiles al Estado y a la Patria de toda la Isla. A ellos acude, intentando convencerlos de los beneficios que obtendran de un mejor trato a los esclavos, que excluya los castigos ms crueles. V eamos la lgica del razonamiento. El autor les recuerda, con harta sensibilidad que en nuestros ingenios hay unos calabozos, y en ellos un cepo donde ponen a los negros de prisiones para que pasen la noche, y evitar por este medio su fuga. 193 Cierto seala que slo sufren ese castigo quienes cometen delitos graves, que las penas no son perpetuas, y que el africano, en general, propende a la huida, debido a su carcter indcil, suspicaz e infiel. Cuando huyen a los montes, se convierten en foragidos, salteadores, ladrones. Por eso la existencia de medios para el castigo est justificada, aunque se pueden elegir otros medios ms suaves para los mismos efectos, porque la caridad tiene muchos recursos. 194 Por otra parte, en la eliminacin de los calabozos hay un inters tanto pblico como particula r ya que son piezas muy enfermizas y perjudiciales, y como resultado es forzoso que acorten la vida de los esclavos, o la hagan muy trabajosa, lnguida y enervada. Como es natural, para mantener la cantidad de esclavos 192. Jos Agustn Caballero: En defensa del esclavo, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 3-9. 193. Ibdem, p. 4. 194. Ibdem, p. 5.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 83 / 83 necesaria a la agricultura y al comercio, se deben adquirir nuevos lotes, lo que ocasiona gastos elevados que, en definitiva, van a parar a manos de los extranjeros que controlan la trata. Mejorar las condiciones sanitarias y evitar los excesos en el trabajo fsico y los castigos, permitira a la Isla contar con una fuerza de trabajo ms estable, al tiempo que por clculo exacto llegara tiempo, y no muy tarde, que no necesitaramos traerlos de la costa de frica, o seran muchos menos. 195 Todo lo anterior justifica, en inters de los hacendados, la aspiracin a que no quede piedra sobre piedra de los calabozos. La lnea central en la argumentacin de Caballero puede lleva r lgicamente, a la conclusin de que en realidad, ms que los intereses de los esclavos, se estn defendiendo los intereses de los esclavistas. Y en realidad, qu motivo tendra para no hacerlo, toda vez que en esta clase y es a ella a la que permanece vinculado Caballero por medio de su actividad intelectual, educativa y reformadora radica el potencial para la materializacin de las reformas que exige la modernizacin de la sociedad cubana; es ella la que protagoniza el auge azucarero, el crecimento del comercio, el fomento en general de la cultura. Caballero es, aunque tal vez de modo ms contradictorio que orgnico, defensor de los intereses de esta clase. Otra cuestin totalmente diferente es que, de hecho, el discurso de Caballero es, como sealbamos, el nico discurso crtico posible. Y, dentro de lo posible, es notoriamente crtico. Y no tanto por las descripciones de los sufrimientos de los esclavos y de lo insalubre de los calabozos, como porque el presbtero habanero, al declarar que los esclavos son entes de nuestro mismo calibre [...] nuestros hermanos y prjimos que debemos tributar la ms sincera compasin y benevolencia, al poner al Seor por testigo de lo mucho que amo a mis hermanos, 196 a todos entonces, hacendados y esclavos, expone el fundamento tico de por qu la esclavitud es la mayor maldad civil que han cometido los hombres. Y es un argumento que se nutre en la raigambre cristiana de la conciencia de Caballero. La razn y la experiencia, que el maestro reclama colocar en el centro del anlisis y del estudio de la naturaleza, son tambin armas que emplea para adentrarse en el mundo del hombre en sociedad. Y las aplica al fenmeno de la esclavitud cuando intenta demostrar lo absurdo de una opinin emitida en torno al matrimonio entre esclavos, 197 as como 195. Ibdem, p. 7. 196. Ibdem, pp. 8-9. 197. Jos Agustn Caballero: Matrimonio entre esclavos, Escritos varios, ed. cit., t. II, pp. 3-10.

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OBRAS 84 \ 84 \ en sus consideraciones acerca de los efectos de la esclavitud en el pas, en trminos generales. 198 En cuanto a esto ltimo, resultan de inters las observaciones que hace el sacerdote. En primer luga r califica como una grave consecuencia de la esclavitud el hecho de que la poblacin servil de la Isla no sigue una lgica reproductiva natural, sino que depende de los capitales que se inviertan en la adquisicin de esclavos. La agricultura no se desarrolla de acuerdo a las posibilidades de la poblacin del pas; se sostiene con los caudales invertidos, caudales que van a manos de los extranjeros que desarrollan el comercio de negros. La conclusin es que nuestra metrpoli se ha empeado en hacer de esta colonia un pas cultivado r sin tener medios directos ni proporcionados para sostener la agricultura, y que por consecuencia vivimos en una total dependencia de las naciones extranjeras rivales de la nuestra. 199 Una segunda consideracin, que ya hemos mencionado con anterioridad, hace hincapi en la necesidad de liberalizar el comercio, debido al carcter especulativo o de aventuras humanamente regidas por los inconvenientes inseparables de las esclavitud que tiene toda empresa econmica en la Isla. 200 Y ms adelante, considera inadecuado que la poblacin libre no tenga una educacin en correspondencia a la situacin tan elevada y superior de stos sobre aquellos; una educacin que templase el vigor del despotismo que el amo naturalmente propende a ejercer sobre su esclavo. 201 La orientacin de estas reflexiones es bastante clara. En ellas se utiliza el problema de la esclavitud recurso por cierto bastante frecuente desde ese momento para presionar a las autoridades metropolitanas, buscando la satisfaccin de determinados reclamos o aspiraciones reformadoras. Caballero se apoya adems, nuevamente, en la idea de que las mayores ventajas del modo en que est establecido el comercio de esclavos las reciben los extranjeros. Con ello, independientemente de sus opiniones acerca de la esclavitud y la trata, desde el punto de vista tico, el presbtero reproduce una aspiracin comn a toda la oligarqua azucarera de la poca: eliminar todas las trabas al libre comercio de esclavos, incluyendo por supuesto que pudiera llevarse a efecto por sbditos espaoles. Inconsecuencias reales de su pensamiento, deudoras de la compleja dialctica entre patrones anteriores 198. Jos Agustn Caballero: De la consideracin sobre la esclavitud en este pas, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 148-152. 199. Ibdem, p. 149. 200. Ibdem, pp. 149-150. 201. Ibdem, pp. 151-152.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 85 / 85 de pensamiento, que no han sido abandonados totalmente, y la nueva mentalidad que emerge, a ritmos acelerados, de la eclosin plantacionista. De ese modo, su actitud ante el fenmeno de la esclavitud se mueve entre incongruencias aparentes y reales: ticamente condenable, la esclavitud es un hecho, un mal necesario opinin reiterada hasta el cansancio por los esclavistas cubanos del que depende la agricultura entindase la produccin azucarera y el progreso de la Isla. A lo ms que puede aspirarse es a mejorar las condiciones de vida de las dotaciones de esclavos, con lo cual se benefician tambin los hacendados. Esto permitira reducir las entradas de africanos, o, incluso, eliminar la trata. El humanitarismo de Caballero no encuentra no era posible que encontrara, en la prctica, una expresin fuera de los marcos de una vocacin de caridad. Es, si pudiera haberlo, el humanitarismo esclavista aunque sincero humanitarismo del amigo de los esclavos. VII En los escritos de Caballero es frecuente encontrar importantes espacios dedicados al anlisis del hombre como ente individual; son intentos de explorar la naturaleza humana con una explicable tendencia a la abstraccin. No hay dudas, sin embargo, de que lo ms sobresaliente en este terreno es su permanente inters por el hombre en sociedad; el hombre visto en relacin con sus semejantes, y los vnculos que nacen de esta relacin. El estudio de la sociedad, y de los modos de perfeccionarla, es no slo uno de sus temas permanentes, sino, en gran medida, el leimotiv de toda su obra. Era necesario conocer para poder reformar en la mejor direccin. Lo anterior es totalmente aplicable a las cuestiones de tipo poltico, aunque en la obra de Caballero no sean muchos los lugares donde es posible encontrar una expresin, ms o menos amplia, de sus posiciones al respecto. No es hasta 1811, en una coyuntura poltica de excepcin, que elabora un documento de extrema importancia no slo para dilucidar algunos puntos claves en torno a sus concepciones polticas, sino, en otra dimensin, para la historia del pensamiento poltico en Cuba. Se trata de la Exposicin a las Cortes Espaolas, concebida por el presbtero y entregada al diputado Andrs de Juregui para su presentacin y discusin en dicha asamblea. Se trata, a todas luces, de un documento que expresa no slo el resultado de un proceso individual de reflexin poltica, sino la opcin que en este terreno adopta una parte importante de la oligarqua de la colonia ante la incertidumbre que presenta el panorama poltico espaol, tanto en la Pennsula como en el mundo colonial. En efecto, la Espaa peninsular ha sufrido rudamente los embates de la convulsin europea

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OBRAS 86 \ 86 \ provocada por la Revolucin Francesa. No es slo la ocupacin y la guerra de independencia que se inicia en 1808. Desde 1792 en una trayectoria de veleidades, Espaa recibe golpe tras golpe. Slo el genio poltico de un Aranda pudo prevee r en el breve lapso entre febrero de 1792 en que sustituye al Conde de Floridablanca y noviembre de ese mismo ao cuando es sustituido por Godoy, la necesidad y la utilidad de una poltica de coexistencia con la Francia revolucionaria. Muy pronto la Convencin declara la guerra a Espaa, poniendo fin al tercer Pacto de Familia y acelerando la firma de un acuerdo de alianza hispano-britnico. En 1795, en la forzosa Paz de Basilea, Espaa recupera los territorios ocupados por los ejrcitos franceses, pero al precio de ceder Santo Domingo y el reconocimiento de privilegios comerciales. En 1796, Godoy firma una nueva alianza estratgica, esta vez con el Directorio francs, dirigida sobre todo contra Inglaterra. Guerras, tratados e intrigas llenan todo el perodo que sigue, hasta que al fin el 20 de octubre de 1805 la escuadra franco-espaola, al mando de Villeneuve, sufre el rudsimo golpe de Trafalga r Del podero naval espaol no quedan huellas: las colonias americanas quedan a merced de sus propias fuerzas, y tambin a la deriva poltica; al decir de Pierre Vilar se disocia el bloque del mundo hispnico. 202 Entre 1805 y 1808, la situacin espaola se hace cada vez ms comprometida. Su adhesin al bloqueo continental en 1807, la firma del Tratado de Fontainbleau y la autorizacin de la entrada en Espaa de 28 000 soldados franceses, todo en el mismo ao, son momentos claves de la etapa. La amenaza a la independencia del reino es evidente, y la oposicin a la poltica de Godoy se hace creciente, al extremo de provocar un complot cortesano que no fructifica. El prncipe Fernando, quien al ser descubierto denuncia al resto de los participantes, goza, sin embargo, de una ascendente popularidad. El 17 de marzo de 1808, mientras las tropas de Murat se dirigan a Madrid, un motn de inspiracin fernandista termina con el poder de Godo y Carlos IV abdica el 19 y Fernando es proclamado re y Bajo la presin de Murat, los protagonistas de los hechos se ven obligados a marchar a Bayona, donde, ante Napolen, dirimiran su querella. En junio de ese ao Napolen proclama rey de Espaa a su hermano Jos. El peligro que todo esto representaba para la soberana espaola no pas inadvertido para los madrileos, y el 2 de mayo de 1808, enfrentndose a las tropas de Murat, el pueblo espaol da inicio a la Guerra de Independencia. No interesa, a los objetivos de este esbozo, referir los acontecimientos de la epopeya liberadora de esos aos. Lo ms importante, desde muchos ngulos, fue el hecho de que, ante la incapacidad institucional y 202. Pierre Vilar: Historia de Espaa, Paris, Librairie Espagnole, 1974, p. 74.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 87 / 87 la pasividad de una parte importante de la nobleza, son los sectores populares quienes determinan el carcter de la guerra. En esas condiciones, no es extrao que junto a la aspiracin de mantener la independencia, las expresiones de reformismo poltico y social encuentren un espacio significativo en las Juntas Provinciales y luego en la Junta Central Suprema. Expresiones que estn en la base de la convocatoria, en 1810, de Cortes no estamentales. El 24 de septiembre de 1810, en un pas ocupado casi en su totalidad por las tropas francesas, abren sus sesiones las Cortes de Cdiz. Nada ms representativo del espritu que anim los inicios del liberalismo espaol que ese legislar para un estado cuya existencia futura era slo un supuesto. El 9 de diciembre de ese ao se nombr una comisin encargada de redactar un proyecto de Constitucin. A mediados de 1811 comenzaron las discusiones, y el 19 de marzo de 1812 fue jurada la Constitucin de Cdiz, de carcter liberal, tan radical como era posible en las circunstancias especficas de Espaa. En la Constitucin es notable la impronta de las ideas de la Ilustracin, de la Constitucin francesa de 1791, pero sobre todo es evidente la conciencia de lo particular espaol, el deseo de no imita r sino adaptar y crear teniendo en cuenta tanto las circunstancias de la Espaa del momento como la tradicin. La situacin en las colonias es tan complicada como las condiciones en que sesionan las Cortes. Es peo r porque de hecho no existe poder capaz de ejercer en ellas un control efectivo. Comienza, casi al mismo tiempo que la lucha del pueblo espaol por su independencia, la de los pueblos americanos. En pocos lustros, muy poco quedar del otrora inmenso imperio colonial espaol. En Cuba no tendrn gran resonancia los ecos emancipadores, pero durante el gobierno de Someruelos son descubiertos los conatos separatistas de Romn de la Luz, y se desarticula el movimiento dirigido por el carpintero tallador Jos Antonio Aponte. No hay tampoco calma en esta colonia, y cada vez habr menos, aunque el movimiento sea subterrneo. Este complejo panorama tendr repercusiones importantes en la formulacin de las proyecciones polticas del reformismo cubano de la poca. stas sern, en definitiva, las resultantes del proceso de adecuacin de los principios y doctrinas fundamentales, elaborados por el pensamiento ilustrado, y desarrollado por el liberalismo. La soberana popula r el derecho natural, el Contrato Social, pasarn a travs del prisma de una oligarqua que se mueve desde entonces en un plano de complejos problemas sustancialmente distintos a los que llevaran a sus similares del continente a plantearse la independencia como opcin inmediata. El proyecto de 1811 es la ms elaborada exposicin de las conclusiones a que arriba esta clase, para la cual la defensa de la integridad del imperio es, ms que conviccin poltica, necesaria prueba de

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OBRAS 88 \ 88 \ fidelidad y por extensin, garanta de continuidad de las circunstancias de su xito econmico y su amplsima libertad de accin. Esto no significa, en modo alguno, que el idelogo reproduzca concientemente la frmula, en exceso simplificada, que acabamos de presenta r Vista desde otro ngulo, la Exposicin a las Cortes espaolas 203 permite observar cmo se refleja todo lo anterio r de modo especfico, en el pensamiento de Jos Agustn Caballero. Y ya se ha visto que las condicionantes de este pensamiento culturales, polticas, sociales son mltiples, as como irrepetible su resultante en la medida que lo es su portado r como individualidad. Si se intenta explicar las manifestaciones polticas del pensamiento de Caballero, habra que plantearse qu significado adquieren para el presbtero los acontecimientos ms relevantes de su poca ante todo, la Revolucin Francesa a partir de esa manifiesta contradiccin entre la tradicin y lo moderno en que constantemente se mueve su mundo mental e ideolgico. 204 l es un ilustrado criollo-cubano, y el universo de sus significados culturales, sociales y polticos rara vez se aviene a las derivaciones ms radicales de las corrientes de pensamiento que influyen en su medio. La equivalencia entre radicalismo y ruptura y toda opcin de ruptura es a su vez violenta, ya implique violencia fsica o de otro tipo no es viable para un pensamiento en esencia continuista como el de Caballero, cuya razn de ser es la conciliacin, no obstante expresiones prcticas concretas y localizadas de mayor o menor potencial renovado r La utilidad pblica, el xito econmico, el potencial de mejoramiento casi ilimitado de su sociedad, son posibles sin ruptura. Para esto hace falta ser prctico filsofo cristiano, pero filsofo prctico pragmtico si se quiere, ilustrado, capaz de asumir riesgos, pero nada de ello implica ineludiblemente renegar de la tradicin religiosa, cultural, poltica, de la hispanidad. Y poco importa que pueda ponerse en duda hoy en da si esto existi; lo que realmente otorga validez a la afirmacin es que estaba entonces vigente la percepcin de que esa unidad exista. Ilustracin-tradicin; ruptura-continuidad; religin-impiedad: todo en Caballero son dicotomas que encuentran soluciones diferentes pues son diferentes las implicaciones que puedan tener esferas especficas del pensamiento y el accionar social, en el resultado global a que aspira el pensado r. 203. Jos Agustn Caballero: Exposicin a las Cortes Espaolas, Escritos varios, ed. cit., t. I, pp. 248-287. 204. Se asume aqu, sin pretensiones definitorias, el universo mental como el de las representaciones no codificadas, a diferencia de la sistematizacin que, independientemente del grado que alcance, caracteriza toda construccin de tipo ideolgico.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 89 / 89 Desde esta perspectiva, los resultados de la Revolucin Francesa son absolutamente inaceptables para Caballero. Se trastoc el ordenamiento social y poltico, se atac a la religin, se violaron los principios ms sagrados para la unidad del organismo social. Por todo esto, no es en las hediondas heces de la Revolucin Francesa donde hemos de ir a buscar documentos que nos sirvan de gobierno en las grandes crisis en que nos hallamos. All todo fue petulancia e imprevisin en la prctica, pasiones desenfrenadas en lugar de patriotismo, concusiones en lugar de economa, usurpacin de poderes y ambicin en lugar de equilibrio y moderacin, persecucin e intolerancia en lugar de libertad, inmoralidad y ruina en lugar de regeneracin... 205 A esa conclusin se arriba despus de definir el sistema poltico que se considera ms adecuado para regir los destinos de Espaa: la monarqua constitucional. La influencia del modelo ingls no slo resulta evidente, sino que se declara sin aprehensiones. Donde est, pues se lee en la Exposicin la doctrina pura y saludable que nos debemos proponer sino en la Constitucin que fundaron los ingleses hace cinco siglos y han perfeccionado en los que han mediado desde entonces a fuerza de sacrificios? 206 La versin inglesa de las doctrinas polticas de la Ilustracin, en particular las elaboraciones de Locke, resulta determinante en las concepciones expuestas en el documento, aunque no a partir de un valor absoluto de sus postulados el pensamiento electivo de Caballero recela del valor per se de las verdades humanas, sino porque la realidad y la tradicin espaolas la validan. As, la extensin del imperio, el carcter nacional habituado hace tantos siglos a la monarqua, y los ejemplos que demuestran los espantosos extravos de la democracia o gobierno popular, sirven de fundamento a la propuesta de un gobierno monrquico hereditario y limitado. 207 A esto habra que aadi r como elemento coyuntural, que se trata con valor justificativo, el hecho de que Inglaterra es aliada en la lucha contra Napolon. Una de las preocupaciones ms urgentes de Caballero y evidentemente, de los sectores oligrquicos insulares que alientan el proyecto autonmico es la prevencin de los excesos a que puede llevar la concentracin del poder en manos de una persona o un grupo limitado de ellas; aspiracin que adems, bien entendida, se combina con el rechazo a las expresiones democrticas que no impliquen una delimitacin clara y restrictiva de quines y en nombre de quines se ejerce la democracia. Al 205. Jos Agustn Caballero: Exposicin a las Cortes Espaolas, Escritos varios, ed. cit., t. I, p. 253. 206. Ibdem. 207. Ibdem, p. 252.

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OBRAS 90 \ 90 \ respecto, hace referencia a la imprudente, arbitraria y odiosa acumulacin de poderes que se arrogaron los diferentes cuerpos legislativos que sucesivamente gobernaron y dirigieron la Revolucin Francesa y aun la nuestra, y afirma que de ah han dimanado todos los desaciertos y estragos cometidos por esos propios cuerpos. 208 La nica va para evitar estos males estriba, de acuerdo al documento, en la teora de la divisin de poderes formulada originalmente por Locke; por cierto, uno de los pensadores que ms influy en Caballero en todos los terrenos. La adhesin al principio de la divisin de poderes es uno de los pilares de la concepcin poltica reflejada en la Exposicin, y est vinculada, como todo en el texto, con el problema colonial. Esto ltimo est expresado de modo muy claro cuando se exhorta a las Cortes una vez asumido el principio de la divisin de poderes a ocuparse no en limitar la duracin de sus servicios, sino en declara r cules sean los lmites de su poder legislativo con respecto a los dominios ultramarinos, cuya importante doctrina aclarar, precisamente, la otra no menos luminosa, a saber: cules sean tambin los del poder legislativo que con respecto a la organizacin de su Gobierno local y domstico corresponden respectivamente a las Provincias Espaolas de ambos hemisferios. 209 Estos son los principios polticos que permitiran cumplimentar los objetivos del proyecto. El primero de ellos, conservar en todo evento la independencia y la integridad del nombre espaol en el Nuevo Mundo, impedir el desmembramiento de la Espaas Ultramarinas, vindolas divididas entre s o entregadas a la ms horrible anarqua, cuando no expuestas a la invasin de sus enemigos o envidiosos. 210 Claro que difcilmente hubiera podido encontrarse una formulacin ms acorde para un proyecto a ser analizado por las Cortes espaolas, pero en el caso de Caballero es preciso, adems, tener en cuenta otra circunstancia: en su pensamiento est vigente, con su contenido casi intacto, el complejo entramado conceptual ideolgico que vincula al mundo del criollo con lo que pudiera llamarse los peldaos de la hispanidad. En la Exposicin aparecen reflejados todos los niveles. La Patria, cuya salvacin se pretende, es la que est al uno y otro lado del ocano, la Espaa imperial, la Madre Patria. Pero, al mismo tiempo, hay una diferencia entre la antigua Espaa y las Indias Espaolas, las Espaas Ultramarinas. Estas ltimas tienen su propio se r definido y diferente, y es necesario hacerles justicia. El fundamento de la peticin que se har, la de establecer gobiernos locales, se encuentra preci208. Ibdem, p. 258. 209. Ibdem, pp. 258-259. 210. Ibdem, p. 248.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 91 / 91 samente en que estos pueblos son gobernados por diferentes usos y costumbres, fundados en su diversa localidad, poblacin, industria y recursos naturales. De esto se desprende que a ellos les asiste, en primer luga r el privilegio de prestar el sello de su consentimiento y sumisin a las leyes universales que han de ligar todos los miembros con la cabeza y en segundo, consultar sus propias leyes provinciales y reglamentos domsticos, que slo ellas pueden conocer y dictar para su propia conservacin y conveniencia. 211 Ms adelante, cuando se justifica la necesidad de ese gobierno para la isla de Cuba, se reafirma que no es posible a la distancia que est el Nuevo Mundo del Antiguo, pueda Gobierno, situado en Europa, gobernar a los pueblos con conocimiento de sus necesidades locales y con arreglo a ellas. 212 Hay una diferencia notable, a pesar de todo, con el uso que hace Caballero de la palabra Patria en otros escritos. Y decimos palabra, y no concepto aunque con conciencia de la arbitrariedad porque en esos artculos, discursos y elogios, la carga emocional con que se utiliza supera toda pretensin teorizante, acercndola con nitidez a la percepcin tpica de los siglos del criollismo. En el Proyecto de 1811, sin embargo, se observa una clara intencin racionalizadora, que carga el concepto de un contenido diferenciador econmico, poltico e incluso cultural. El instrumental terico de la Ilustracin, del que hace uso para el anlisis de las complejas circunstancias polticas en que se enmarca el documento, y que en definitiva le sirven de fundamento para la demanda en extremo delicada de la creacin de un gobierno local con amplia autonoma en la toma de decisiones relativas a la colonia, se encuentra ya en el presbtero habanero como lo estuvo en toda su generacin y en mayor medida an, en sus continuadores sometido a las adecuaciones y correcciones que les dictaba la percepcin y la conciencia de la particularidad de su entorno socioeconmico, poltico y cultural. Un ejemplo insuperable del modo en que teoras y doctrinas, con pretensiones de universalidad, sern tempranamente reelaboradas por el pensamiento insula r en funcin de determinados objetivos y en la bsqueda de respuestas propias a problemas de la misma ndole, es el tratamiento que se da en la Exposicin a las Cortes Espaolas a la teora del Contrato Social; tratamiento que abrir el camino a todas las elaboraciones posteriores que en este terreno realiza el pensamiento reformista cubano. En trminos generales, los principios bsicos de la teora del Contrato Social no son revisados por Caballero. No se somete a dudas el 211. Ibdem, p. 262. 212. Ibdem, p. 266.

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OBRAS 92 \ 92 \ hecho primario del surgimiento de la organizacin poltica de las sociedades, como resultado de la cesin voluntaria de una parte de la libertad individual en virtud de un bien comn. De hecho, la Exposicin ni siquiera transita de modo directo por complejidad terica alguna, aunque la eleccin del modelo poltico ingls, como ejemplo en las importantes definiciones que tenan ante s los constituyentes de Cdiz, implica en el caso especfico de Caballero como hombre de amplia cultura y conocedor de la obra de los pensadores ingleses no slo el conocimiento, sino la aprobacin de los fundamentos tericos de la estructura monrquica constitucional britnica. Pero de lo que se trata, de modo inmediato, no es de definir relaciones entre la sociedad y la estatalidad, sino de concretar el alcance de las doctrinas iluministas en la esfera de las relaciones coloniales, para la cual, dicho sea de paso, no fueron concebidas. Se plantea as, de inicio, un escenario propicio al despliegue de potencialidades creadoras del electivismo en el campo de lo poltico. Resultaba indispensable explica r en primer trmino, a partir de las elaboraciones tericas disponibles, las manifestaciones de los principios bsicos del Contrato Social en el mbito colonial. En este sentido, uno de los rasgos que caracterizan la Exposicin es la ausencia de todo intento de fundamentacin en abstracto, sin referencias en la prctica. Si algo da carcter al documento, desde el punto de vista de la lgica expositiva, es precisamente un continuo recurrir a los ejemplos que pueden ser tiles a la demostracin de las tesis que se manejan. Y esos ejemplos son constantemente extrados de los modelos polticos que el presbtero considera posible adecuar a la realidad del mundo colonial hispano. El elemento clave en la argumentacin es el intento de fundamentar las relaciones que deben establecerse entre la metrpoli y las colonias. La reinterpretacin que se hace con estos fines, de los elementos tericos que brinda la Ilustracin, amplan su esfera de validez. El punto de partida es que, de hecho, la unidad de la monarqua es una unidad integrada por partes diferentes, y el reconocimiento de esa diferencia es suficiente para plantearse, como problema, el carcter de los vnculos que deben garantizar la indivisibilidad de lo hispano como construccin poltica. Se trata de obligaciones y derechos recprocos que existen entre la cabeza y cualquiera de los miembros del Cuerpo Nacional, 213 y el esclarecimiento de los mismos es uno de los temas centrales de la Exposicin. Para esto se toma el ejemplo britnico y se desarrolla una teora en torno al error ingls en relacin con las colonias de Norteamrica. 213. Ibdem, p. 252

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 93 / 93 En efecto, despus de mostrar su admiracin por el sistema poltico de Gran Bretaa, se seala que cometi su Gobierno, en 1774, un error de donde dimana el desasosiego poltico que agita a todo el orbe desde la citada poca. La utilidad que se espera del anlisis de ese error es importante, porque alrededor gira la cuestin siguiente: a sabe r hasta dnde debe extenderse la soberana u omnipotencia de una nacin o de un gobierno general sobre los diversos y distantes miembros que componen el cuerpo total y viven bajo de una dependencia e imperio. 214 En lo fundamental, la clave del problema para Caballero est en el hecho de que Gran Bretaa, que concedi a las colonias de Norteamrica una gran independencia en la administracin local, les neg en un momento dado la representacin a que tenan derecho en las instituciones del gobierno central. Obtenida la independencia, las colonias se organizaron con una Constitucin que estima similar a la de Gran Bretaa, e incluso superio r si no dominara en ella la ms chocante democracia y no se hubiere preferido un Presidente amovible cada cuatro aos, con facultades muy limitadas, en lugar de un monarca hereditario. 215 No obstante, al referirse al sistema federal y a sus rganos ejecutivos y legislativos, se seala que en conjunto acuerdan las leyes que han de ligar universalmente la obediencia de los Estados individuales a aquella porcin de soberana que cada uno de ellos hubo de ceder a la cabeza suprema de la nacin. 216 La aprobacin de esta frmula est dada en el contenido elogioso del comentario que se hace acerca del xito econmico y comercial de la nueva repblica, en un perodo de tiempo muy corto. Y culmina con el razonamiento acerca de la necesidad de discurrir algn instituto parecido para precaver la dispersin y discordia de las Espaas ultramarinas y enlazarlas con el Supremo Gobierno. 217 Al mismo tiempo, se maneja el caso de Jamaica, que segn Caballero, ejerce bajo la proteccin de la Augusta y Magnnima Albin [...] la legislacin domstica, sin ofensa del supremo imperio, aunque, como en el caso de las antiguas colonias norteamericana, no tiene representacin en el Parlamento Britnico. 218 Con lo anterior queda planteado el requerimiento esencial de la Exposicin: el modo ms adecuado de establecer las relaciones entre el gobierno central y los dominios ultramarinos es dotar a estos ltimos de 214. Ibdem, p. 254. 215. Ibdem, p. 255. 216. Ibdem, p. 262. (El subrayado es nuestro.) 217. Ibdem. 218. Ibdem, pp. 259-260.

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OBRAS 94 \ 94 \ un gobierno local, para el cual no slo estn capacitados, sino que lo exigen las particularidades de cada uno de ellos, como se ha visto antes. Lo contrario, el control central desmedido y sordo a los reclamos locales, se califica como el miserable sistema que desde la conquista sacrific los grandes y naturales recursos de estos vastos dominios al inters privado de un gremio particular. 219 En las promesas nunca cumplidas de igualdad de derechos a las Amricas, hechas en una forma poco reservada, se encuentra la causa de que los pueblos han podido creer que ya que nada se les conceda en la prctica de esta teora, era tiempo que ellos mismos se tomasen la mano. 220 Por tanto, la mejor medida preventiva que podan tomar las Cortes era conceder a las colonias el derecho que nos asiste de conocer de nuestros asuntos domsticos y de acordar para ellos lo conveniente. Slo de ese modo se lograra reunir y reconcentrar las fuerzas nacionales, por medio de un estrecho vnculo efectivo de unin entre la cabeza y los miembros, lo que equivale a declarar que la estabilidad poltica del imperio estaba en dependencia de las concesiones que en este aspecto estuviera dispuesto a hacer el gobierno central. Planteamiento que desde entonces, y en diferentes circunstancias, se convertir en uno de los elementos de presin ms utilizados por los sectores dominantes de la colonia, que pretendan, junto al logro de la autonoma local, gozar adems de los privilegios de representacin que no gozaban las colonias inglesas en los rganos centrales de gobierno. El razonamiento seguido por Caballero hasta este momento pretende establecer principios vlidos, al menos, para las relaciones de Espaa con todo su mundo colonial. Ahora bien, cmo se entiende para Cuba, en lo que se refiere al principio descentralizado r cuyo objetivo declarado es conservar la integridad del imperio, la organizacin de un gobierno local? En primer luga r se plantea como una necesidad de la defensa del territorio por la difcil situacin en la Pennsula, los conatos independentistas en Amrica, y en general toda la compleja trama internacional de la poca. Por tanto, se considera que los proyectos de defensa del pas son el primero de todos los empeos. Si hubiera en esta Isla se lee en el acpite 38 un Gobierno Provincial, quiere deci r que con toda seguridad y casi sin gastos, pudiera atender a la defensa efectiva de la Isla en casi cualquier punto de sus dilatadas costas [...] se formara la defensa ms segura de la Isla contra un golpe de mano de cualquier enemigo que se atreviese a insultarla. 221 219. Ibdem, p. 250. 220. Ibdem, pp. 250-251. 221. Ibdem, pp. 270-271.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 95 / 95 En contraposicin, se hace hincapi en el lamentable estado en que supuestamente se halla la administracin, la actividad econmica, y en general todas las esferas de la vida social, debido a la ineficacia del orden imperante. En especial, se dedica un acpite al problema de la esclavitud, en el que se afirma que siendo la esclavitud desconocida en Europa, y existiendo en varias provincias del Nuevo Mundo, tienen stas ltimas un derecho tendiente a considerar esta materia como privativa de su propio conocimiento y por consecuencia, totalmente ajena al de los Supremos Legisladores... 222 En este aspecto, la Exposicin refleja sin dudas el sentir de los oligarcas criollos ante un problema vital. La moderacin que en general caracteriza al documento cede lugar a un planteamiento radical que implica negarle a la Metrpoli el derecho a legislar sobre la esclavitud, pues se prevee posibles ataques a la institucin desde posiciones ajenas a sus intereses inmediatos. Hay que tener presente que al proponer un gobierno local para Cuba, se parte del principio de que todas las partes integrantes de la monarqua deben gozar del status de Provincia, interpretacin que nace de las caractersticas seculares del colonialismo espaol y que no se corresponde en absoluto con la concepcin que posteriormente tratarn de aplicar los liberales espaoles, en sus intentos por colocar el sistema de explotacin colonial sobre bases modernas, es deci r capitalistas. As, para Cuba se solicita 223 la creacin de Cortes Provinciales, con facultad para legislar en todo aquello que no est concebido como de obligatorio cumplimiento para toda la nacin espaola. Al mismo tiempo, el poder ejecutivo en la Isla, personificado en los Capitanes Generales, deba tener un Consejo adjunto, al que se le supona acuerdo y conocimiento en las decisiones y acciones del mximo representante del gobierno central, o, lo que es igual, una funcin dirigida a limitar sus facultades. Para las Cortes Provinciales se propona una composicin de sesenta diputados, treinta de ellos por la jurisdiccin de La Habana, nueve por Santiago de Cuba, seis por Puerto Prncipe, y tres por Trinidad, Sancti Spritus, San Juan de los Remedios, Villa Clara y Matanzas, respectivamente. Estos diputados deban ser elegidos exclusivamente por espaoles de sangre limpia entindase por tales, claro est, tambin a los cubanos, propietarios de tierras o bienes inmuebles rurales o urbanos y mayores de 25 aos. No resultaba suficiente, para ser electo r poseer mercancas, esclavos, ganado u otros bienes muebles. 222. Ibdem, p. 275. 223. Ibdem. Lo relativo a la estructura que se propone para el gobierno local, que ser analizada a continuacin, est recogido en los acpites del 46 al 60, pp. 276-286.

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OBRAS 96 \ 96 \ Se estableca una cuota de tres mil pesos para ser electo r lo cual incrementaba sustancialmente los sectores de la poblacin excluidos de la posibilidad de elegi r Las ideas de Caballero al respecto son, como se observa claramente, cercanas al espritu que anim la Constitucin francesa de 1791. Con este derecho al sufragio, la oligarqua habanera se garantizaba a s misma como controladora de los principales resortes econmicos y polticos de la Isla la posicin preponderante en las futuras y supuestas Cortes. Tngase en cuenta que no es la misma situacin que se da en dcadas posteriores del siglo XIX en este momento la oligarqua nativa concentra en realidad la mayor parte de la riqueza de la colonia. Mucho ms evidente resulta esta tendencia al condicionar el derecho a ser elegido a las Cortes a la posesin de una fortuna de, al menos, doce mil pesos en bienes races. En cuanto al Consejo adjunto al Gobernador y Capitn General, deba estar formado por doce vocales, elegidos a partir de ternas nombradas por las Cortes para cada plaza, con la decisin final, en el individuo que ms le acomodase, como privilegio del propio Gobernado r. A las Cortes Provinciales se les otorgaran amplias facultades, concentrando en ellas todas las funciones gubernamentales que hasta entonces haban correspondido a la Intendencia, Junta de Real Hacienda, Tribunales de Cuentas, Junta de Derechos de la de Maderas, de temporalidades y otras. Sus decisiones, sin embargo, no tendran fuerza de ley hasta tanto no fueran aprobadas por el Gobernador Capitn General en un plazo mximo de tres semanas, transcurridas las cuales, de no estar de acuerdo, deba enviar a las Cortes la explicacin de su discrepancia. stas a su vez, si lo considerasen necesario, elevaran la ley pendiente a la consideracin del gobierno metropolitano. El proyecto de gobierno autonmico para Cuba, concebido por el presbtero Jos Agustn Caballero en las circunstancias sui generis generadas por la ocupacin de la Pennsula y la reunin de las Cortes de Cdiz, muestra la coincidencia de sus puntos de vista polticos con los de la ascendente burguesa esclavista cubana. Sus limitaciones y sus mritos son deudores de su tiempo as como de sus convicciones individuales. Al expresar la confianza en la posibilidad de un gobierno local con una autonoma relativamente amplia, Caballero iniciaba junto a su generacin, pero imprimiendo la huella de su personalidad un largo y difcil derrotero por el que iba a transitar una buena parte del pensamiento reformista cubano en el siglo XIX en la bsqueda de opciones polticas cada vez ms ambiguas, cada vez menos novedosas, en el inters por conservar sus posiciones econmicas y sociales. La generacin de Caballero, sin embargo, es la primera, y su audacia es la de quienes desbrozan el camino, aunque no puedan prever las sorpresas del futuro.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 97 / 97 S OBRE LA PRESENTE COMPILACIN Con esta recopilacin, se pone en manos del lector lo fundamental del conjunto de la obra del padre Jos Agustn Caballero. Algunos de los escritos del presbtero son prcticamente imposibles de identificar de modo fehaciente debido a la abundancia de seudnimos que pueblan el Papel Peridico de la Havana. Otros se han perdido, tal vez de manera definitiva. Ni una ni otra circunstancia limita, sin embargo, el valor de la obra conocida, a partir de la cual es posible analizar el papel que corresponde a Caballero en la historia del pensamiento en Cuba. Y, lo que no es menos importante, este trabajo contribuye a poner nuevamente al alcance de estudiantes, investigadores y pblico en general, escritos que ya no resultaban de fcil acceso. Se consider conveniente ordenar temticamente los trabajos, y subordinar lo cronolgico como subestructura dentro de cada uno de los grupos. Las caractersticas de la obra de Caballero as lo justifican, y se facilitan adems los objetivos de esta compilacin como instrumento para el estudio de las distintas aristas del pensamiento del autor de Philosophia electiva. La nica excepcin la constituye precisamente esta ltima obra mencionada, la cual, por sus particularidades y extensin, conforma ella sola una parte independiente, la primera de la recopilacin. Se ha considerado til incluir algunos elementos adems de los textos de Caballero. Uno de ellos es la transcripcin de su expediente docente, conservado en el Archivo Histrico de la Universidad de La Habana y que se introduce como Anexo. Un ndice onomstico, debido a la paciencia y profesionalidad de la editora, debe facilitar considerablemente la labor en bsquedas con cierto nivel de especificidad. Desde otro ngulo, resulta indispensable sealar que como decisin editorial, aplicable a toda la Biblioteca de Clsicos Cubanos de la que forma parte esta obra, se ha actualizado la ortografa y la puntuacin de los materiales que se publican. Se ha respetado, en cambio, el estilo del auto r En casi todos los casos ha sido posible revisar y cotejar las ediciones anteriores con los originales manuscritos o las publicaciones donde vieron la luz, lo cual ha permitido corregir algunos errores. Agradecemos, en este sentido, las facilidades otorgadas por la Direccin de la Biblioteca Nacional Jos Mart en relacin con los materiales que atesora la Sala Cubana de esta institucin, en particular su Coleccin de Manuscritos. Por supuesto, que llevar a trmino juzgue a quien va dirigida si es buen trmino una obra como la que se le brinda al lector ha requerido de un esfuerzo colectivo. Lo nico que puede valer de real estmulo a todos los que de un modo u otro estuvieron vinculados a la labor no

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OBRAS 98 \ 98 \ siempre en las condiciones ms favorables, es que el uso que se le d corresponda con los objetivos que la inspiran. La obra de Caballero es la obra de un fundado r y slo es til si se la conoce. Pero quien aspire a ello debe estar preparado adems a iniciar un recorrido que no culmina. Quien comience a entender con l lo que es la Patria imaginada del cubano, ha escogido sin dudas el mejor de los caminos, siempre que contine adelante. Es por eso que resulta til acercarse a los trabajos reunidos en este volumen, en los cuales el presbtero Jos Agustn Caballero, como los mejores de sus contemporneos y sucesores de todas las pocas, nos habla, a veces al odo con el humor de quien conoce ciertos secretos de nuestra insular cosmogona, a veces con voz recia porque los padres tambin suelen hablar fuerte, pero siempre con pasin, de lo que fuimos, de lo que somos, y de lo que queremos ser los cubanos.

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JosAgustnCaballero (1762-1835)

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Padre de los pobres y de nuestra filosofa. Jos Mart

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PREF A CIO Al comenzar una exposicin general de la Filosofa, es muy conveniente, queridsimos alumnos, que, para que podais comprender gran parte de lo que habr de deci r escriba previamente algo acerca del nombre, del origen, del desarrollo, de los perodos, de las diversas opiniones y de los cultivadores ms importantes de la Filosofa. Confieso con franqueza que no hay nada que me irrite ms que el mtodo seguido por algunos de hablar de Filosofa sin que los jvenes, incluso despus de haber terminado su enseanza, sepan qu es, cul fue su origen, a quin se comunic por primera vez y con qu aportaciones se fue enriqueciendo, as como otras nociones necesarias, mejor dira que preliminares, para los que se dedican a esta disciplina; extremos todos que he tenido buen cuidado de no pasar por alto. He prescindido, en cambio, de gran nmero de cuestiones intiles y hueras, que con razn podramos llamar minucias de la Filosofa y que PRIMERA P AR TE P HILOSOFIA ELECTIV A

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OBRAS 102 \ 102 \ se ensean comnmente en las escuelas al explicar nuestra ciencia. A qu conduce, por ejemplo, discutir con tanto encono, como profusin, acerca del objeto de la Lgica? Para qu nos sirve saber si lo universal depende del entendimiento o no? Quin podra soportar aquellas disquisiciones sobre el principio de individuacin, sobre la diferencia entre la cantidad y la cosa cuanta, lo mximo y lo mnimo, o acerca de otras mil cuestiones de igual naturaleza, de que yo mismo, que no me considero torpe y que he dedicado largas horas y mi mayor empeo a comprenderlas, no me atrevera ni a intentar dar cuenta siquiera? Y yo me avergonzara de decir que no las entiendo, si las entendieran aquellos mismos que han tratado de ellas. Aceptamos, por ltimo, la divisin corriente de la Filosofa, pero no habr de seguir el mismo orden que los dems. As, en el Primer Libro tratar de la Lgica; en el Segundo, de la Metafsica, apartndome en esto de los peripatticos; en el Tercero, de la Fsica, y en el Cuarto desarrollar la tica. Pero antes invoco al Supremo Hacedor y dispensador de todo bien para que no me permita escribir nada que caiga fuera de la Iglesia romana y de sus leyes, y me ilumine con su luz a fin de que os pueda guiar por camino recto. Y os ruego, amables discpulos, que invoqueis humildemente la ayuda de Dios y le pidais con fervor que os preste fuerza para comprender: porque, creedme, slo imbuyendo vuestro espritu de los mandamientos de Dios, llegareis a alcanzar la verdadera Filosofa. Salud. Y tened benevolencia conmigo en gracia a mi intencin. Aparato o propedutica filosfica La palabra griega Filosofa significa en castellano 1 amor de la sabidura. Se dice que Pitgoras fue el inventor de la palabra al proclamarse modestamente filsofo, es deci r amante de la sabidura. Y o prefiero definir esta ciencia as: el conocimiento cierto y evidente de todas las cosas por sus ltimas causas, logrado con la sola luz natural. Ahora bien, pudiendo ser muchas las causas por las cuales conocemos estas cosas, si aqullas son las ms altas y universales, su conoci1. En la obta Philosofia electiva aparece el siguiente texto: Arreglada para la enseanza en el Real Conciliar de San Carlos y San Ambrosio por el Doctor Don Jos Agustn Caballero, Catedrtico Real, con la ayuda de Dios. Habana, 14 de septiembre del ao del Seor de 1791. En la versin latina latine En la traduccin se emple castellano. [Todas las notas al pie de la Philosofia electiva son de la autora de Jenaro Artiles, transcriptor del original del siglo XVIII y de la versin en espaol. ( N. del E. ) ]

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 103 / 103 miento se llama sabidura; si son sobrenaturales, Teologa, esto es, ciencia 2 de Dios; si son, por ltimo, meramente naturales, se llama Filosofa propiamente dicha o ciencia natural. No busquemos el origen de la Filosofa sino en Dios nuestro seo r, porque es una y la misma la fuente y el principio del hombre y el de la sabidura. En efecto, recordad que nuestro primer padre, Adn, aislado de todo otro hombre y sin esfuerzo alguno por su parte, recibi de Dios omnipotente la Filosofa. Pero habiendo sido condenado Adn con toda su descendencia, entre otras penas de su pecado, a las tinieblas de la ignorancia por haber violado la ley de Dios, decay en tal grado la facultad filosfica, que apenas qued vestigio de aquel excelente don del cielo. Mas, andando el tiempo, algunos hombres eminentes, libertndose de la desidia ambiente, movidos de la admiracin hacia las cosas bellas y aleccionados por la observacin frecuente de los fenmenos particulares, 3 que es lo que constituye la experiencia, emprendieron trabajosa y fervientemente, la tarea de levantar desde sus cimientos la Filosofa. Y de esta manera fue poco a poco restaurada por ellos en el transcurso de varios siglos. No sabemos nada del estado de la Filosofa antes del Diluvio. Despus del Diluvio, en casi todos los pases brillaron hombres amantes del saber y doctores de la verdad, como los rabinos entre los hebreos, los caldeos en Babilonia y Asiria; los magos entre los persas; los hierofantes entre los egipcios, o como los druidas entre los galos. Por ltimo, la Filosofa pas de los egipcios a los fenicios y a los griegos: Tales de Mileto la aprendi en Egipto y la introdujo en Grecia. Se reconoce a los griegos la gloria ms alta en la Filosofa porque ellos profundizaron ms acuciosamente en cada una de sus partes. Por lo cual hay que ir a buscar a Grecia las sectas 4 ms famosas de filsofos. Se llama secta al conjunto de hombres que, separado en cierto modo y como dividido de los dems, acepta determinado cuerpo de doctrina bajo la direccin de un jefe. De aqu el nombre de secta: de secare 5 o de sectare 6 Los filsofos ms antiguos de Grecia se agrupan en dos escuelas: 7 la Dogmtica y la Acadmica. 2 En latn, sermo ; ciencia mejor que discurso 3. Fenmenos particulares En latn, affectuum singularium Puede tratarse de una errata por effectuum ; el sentido, sin embargo, cambia poco. 4. Secta En latn secta Se conserva aqu esta palabra por ser necesaria para la inteligencia de la definicin posterio r. 5. Secare En castellano, cortar Comprece con segar y con seccin. 6. Sectare En castellano, seguir 7. Escuelas. En latn, secta. En adelante traduciremos el latn secta por el castellano escuela

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OBRAS 104 \ 104 \ La Dogmtica comprende a aquellos filsofos que afirman que han alcanzado la verdad, por lo menos en la mayor parte de los casos. La escuela Dogmtica se divide en Jnica e Itlica. El jefe de la escuela Jnica fue Mileto, quien tuvo entre sus discpulos 8 a Demcrito. El ms importante de los de la Itlica fue Pitgoras de Samos, que cont entre los discpulos a Zenn de Elea. Se dice que ste y Mileto de Samos fueron los creadores de la Dialctica. Se dedicaron a la Fsica principalmente hasta el comienzo de la antigua Academia, poca en la cual los filsofos, siguiendo el ejemplo de Scrates, se apartaron de los estudios fsicos para dedicarse a la ciencia de las costumbres. La escuela Acadmica tom este nombre de la Academia, lugar sombreado de uno de los suburbios de Atenas consagrado por Academos, noble ilustre, 9 a los ejercicios de los filsofos. Estos filsofos no afirmaban nada de nada, y se dividen en Academia antigua, Academia media y Academia nueva. Los creadores de la antigua fueron Scrates y Platn, por lo cual los acadmicos antiguos se llaman platnicos y tambin escpticos o inquisidores porque, aunque admiten que la verdad nos es desconocida, dicen que 10 no desesperan de alcanzarla y estn dedicados constantemente a su busca. Tambin se les ha llamado pirrnicos, del nombre del acadmico Pirrn. Entre los discpulos de Scrates sobresali extraordinariamente Platn, que fue su sucesor y tuvo entre sus discpulos a Aristteles, famoso despus de la muerte de Platn (acaecida a los ochenta aos, en el mismo aniversario de su nacimiento). Los otros sucesores de Scrates formaron la escuela Peripattica, la de los Estoicos y la Epicrea. El jefe de los Estoicos fue Zenn de Citio, que ense en Atenas, en un stoa o prtico con gran renombre, los dogmas de una Filosofa ms rigurosa. Se dice que Sneca fue uno de sus oyentes. La escuela Epicrea debe su nombre al jefe de la misma, Epicuro, expositor de las doctrinas de Demcrito. Lucrecio expres en versos latinos la filosofa de Epicuro, y la cultivaron muchsimos maestros 11 hasta la poca de Augusto. En nuestros das la ha refutado vigorosamente el Cardenal Polignac en una obra excelente titulada L Anti-Lucrce. 8. Discpulos En latn, sectatores 9. Noble ilustre En latn, heros nobilis 10. Dicen que El subjuntivo desperarent autoriza y fuerza esta traduccin. 11. Cultivaron muchsimos maestros En latn, quamplurimi perlustrarunt magistri Ilegible en el manuscrito original, se ha deducido del contexto y suplido por conjetura.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 105 / 105 Los Peripatticos se glorian de tener por maestro a Aristteles, y adoptaron este nombre porque discutan paseando por su Liceo, es deci r en un peripato. Arcesilas impuls la Academia media, aadiendo a la doctrina de Scrates que, no slo no sabemos nada, sino que ni siquiera podemos saber nada. De aqu que los Acadmicos se llamen Acatalcticos. Los continuadores de Arcesilas fueron Lacides, fundador de la tercera Academia o Academia nueva, Evnder y Carneades, que explic con gran elocuencia la doctrina de los Acadmicos nuevos en Roma, donde tuvo entre sus discpulos a Clitmaco, a Filn y a Antoco, maestros de Cicern. 12 El ms importante de los filsofos de la escuela Eclctica fue Potamn de Alejandra, a quien siguieron Amonio, Hiern, Porfirio, Orgenes, Gregorio Taumaturgo y sobre todo Clemente de Alejandra. Estos filsofos, sosteniendo que la verdad no est adscrita a determinada escuela, la buscaban en todas ellas. La Filosofa aristotlica no logr imponerse durante los primeros siglos de la Iglesia; pero hacia el final del siglo VIII y principios del IX comenzaron a cultivarla los rabes de Espaa, la resucitaron ilustrndola con gran cantidad de comentarios, y la introdujeron en las escuelas pblicas. 13 La doctrina de Platn fue la ms generalmente seguida desde el nacimiento de Cristo hasta alrededor del siglo VIII Muchos Padres de la Iglesia la adoptaron, sobre todo Agustn, que la utiliz con xito para demostrar la verdad de la religin cristiana y refutar los errores de los tnicos. De este modo empez a correr la fama de Aristteles, de frica a Europa y de Europa al mundo entero, 14 hasta que fue aceptada y ampliada con tanto entusiasmo y firmeza, que apenas si se explicaba en las escuelas ms que a Aristteles. De aqu naci la escuela Escolstica esto es, la de los que piensan que hay que acudir a Aristteles en busca de toda verdad. La escuela Escolstica se divide en otras tres: la primera, la de los Tomistas; la segunda la de los Escotistas; y la tercera la de los Nominalistas. El maestro indiscutible de los Tomistas es Santo Toms de Aquino, el Doctor Anglico, llamado Prncipe de las Escuelas por antonomasia. Los Escotistas tienen por maestro a Juan Duns Escoto, el 12. Cicern En el original en latn, M. T solamente. 13. Escuelas pblicas En latn, publicas scholas 14. Mundo entero En latn, universum Ilegible en el original en latn, debido a que el papel se halla guillotinado en exceso. Se ha deducido del contexto y suplido por conjetura.

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OBRAS 106 \ 106 \ Doctor Sutil. El de los Nominalistas, por ltimo, es Guillermo de Occam, ingls, asimismo de la Orden de los Hermanos Menores y discpulo de Escoto. Se le llama el Doctor Invencible y vivi hacia mediados del siglo XIV La escuela Escolstica conserv la supremaca sin disputa alguna, hasta la muerte de Guillermo de Occam, poca en la cual sentaron los fundamentos de la nueva Filosofa Galileo Galilei, de Florencia; en Etruria, Francisco Bacon; Conde de V erulan, en Inglaterra; y el famossimo mdico Antonio Gmez Pereira, en Espaa. Estos fueron los primeros que, rompiendo el yugo de una tradicin escolstica inveterada, abrieron nuevas vas por donde muchos hombres notables por su cultura llegaron a la reinstauracin de la Filosofa mecnica, cultivada ya en otros tiempos por Demcrito y Epicuro. As surgieron, entre otras, dos escuelas famosas: la de los Gassendistas y la de los Cartesianos. Aqulla tuvo por jefe a un hombre sapientsimo, el sacerdote Pedro Gassendi, que concili el sistema filosfico de Epicuro con la religin. La segunda, a Renato Descartes, que sobresali extraordinariamente en el estudio de las Matemticas. En estos ltimos tiempos se ha impuesto otra escuela: la de Isaac Newton, noble ingls y matemtico insigne, quien por un lado admite los razonamientos de los Escolsticos, y prescinde por otra parte de otras hiptesis ms recientes y sin insistir en la investigacin de la naturaleza interna de las cosas, se preocupa solamente de sus apariencias. La realidad es que el mtodo del raciocinio mecnico ha sido aceptado en toda Europa con tal inters y adhesin, que nadie considera dignos de ser tenidos por filsofos a quienes siguen otro camino en la explicacin de los fenmenos fsicos. Son innumerables los hombres esclarecidos que han adoptado tal mtodo y gracias a sus experimentos, ha sido enormemente ilustrada la Filosofa. En el transcurso de nuestra explicacin habremos de citar repetidamente y con elogio sus nombres, si no los de todos, s los de los ms conocidos. Pero baste lo dicho por ahora. V eamos a continuacin las partes principales de la Filosofa propiamente dicha: la que dirige el espritu hacia el conocimiento de la verdad, se llama Lgica; la que estudia las cosas insensibles, Metafsica; la que se ocupa de las sensibles, se llama Fsica. Y la que nos da reglas de costumbres, tica. Esta va a ser vuestra tarea y vuestro trabajo.

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LIBRO PRIMERO LIBRO PRIMERO PRIMERA P AR TE DE LA FILOSOFA O LGIC A La palabra griega Lgica, racional en latn, significa la disciplina de la razn, que prepara el espritu para alcanzar la verdad en cualquier lugar y en todo tiempo. Se la llama tambin Dialctica, esto es, disciplina de la discusin. 15 Se divide en natural, la facultad de discurrir nacida en nosotros de la propia naturaleza; y artificial, o facultad lograda mediante el uso y el esfuerzo, y que encierra los preceptos que nos dirigen en el raciocinio correcto. Tambin se divide en Lgica docente y usual: la primera ensea las reglas del bien exponer; la segunda consiste en la aplicacin de aquellas mismas reglas. 16 Los Escolsticos dividen adems la Lgica en Mayor y Menor: aqulla contiene cuestiones; sta, preceptos. Se atribuye generalmente a Zenn de Elea el restablecimiento de la Lgica; pero fue Aristteles quien la elev a la perfeccin y la ha expuesto de manera tan clara y tan bella, que con razn ha sido considerado por algunos como su creado r. Dividiremos la Lgica en tantas partes cuantas son las operaciones del espritu. 15. Disciplina de la discusin En latn, disputativa. 16. De aquellas En latn, istarum con su valor en bajo latn.

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PRIMERA P AR TE DE LA LGIC A PRIMERA OPERA CIN DEL ENTENDIMIENTO Captulo I Naturaleza del entendimiento y sus operaciones en general Antes debemos saber que potencia, en general, es aquella virtud o facultad que tiene una cosa de hacer algo o de producir algn efecto. Operacin o acto es, por el contrario, el realizar mismo o el producir dicho efecto. La primera potencia de nuestro espritu es el entendimiento, es deci r la facultad que percibe, juzga, raciocina, ordena, etc., y por ello se llama potencia intelectiva o cognocitiva. Y el hecho de entende r de percibir y de conocer es la operacin del entendimiento, llamada tambin inteligencia, percepcin y conocimiento. Comnmente se asignan al entendimiento tres operaciones: la simple aprehensin, el juicio y el discurso. La aprehensin (llamada por los filsofos forma intelectual de una cosa, imagen espiritual, reproduccin, figura impresa, palabra mental o idea) es el conocimiento de un objeto sin afirmar ni negar nada acerca de l, como cuando pensamos en el sol sin atribuirle nada expresamente. Juicio es el conocimiento de un objeto afirmando o negando algo, como cuando consideramos la idea de hombre y la de blancura diciendo que el hombre es blanco. Discurso es la operacin mediante la cual, de uno o de varios juicios extraemos otro, v. g r. : El hombre es animal; luego tiene algo comn con el caballo y con el len. El entendimiento procede generalmente de la primera operacin a la segunda y de la segunda a la tercera. As, en el primer paso aprehende el objeto y forma en su interior la idea del mismo; luego juzga acerca de l afirmando o negando que es realmente tal como se le aparece; y en tercer luga r de uno o de varios juicios deduce otro enlazado con ellos.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 109 / 109 C aptulo II Origen diverso y propiedades de las ideas Nuestras ideas se dividen por razn de su origen en adventicias, facticias e innatas. Son adventicias las que se adquieren mediante el empleo de las sentidos, como la idea de len; facticias, las que nosotros mismos formamos de las adventicias, poniendo o quitando algo, como monte de oro. Se llaman innatas las que fueron impresas en el espritu del hombre por el propio Dios en el momento mismo de la creacin. Se llama idea simple la que no contiene sino una nocin, como la idea de hombre. La que por el contrario consta de varias nociones se llama compleja, como hombre sabio. Llamamos adecuada o comprensiva a la que muestra al espritu todo lo que hay en el objeto, e inadecuada a la que muestra al espritu parte tan slo de la cosa. Captulo III Extensin de las ideas. Los universales de Porfirio Toda idea es o universal, o particula r o singula r Es universal aqulla en que convienen otras varias, como la idea de animal. Particular es la que se refiere a un objeto solo numricamente, pero lo presenta de manera vaga e indeterminada, como la idea de hombre. Y es singular la que muestra a la mente un solo objeto 17 concreto y determinado, como la idea de Pedro. La idea universal se convierte en particula r si se le aade otra que la limite de suerte que no sea aplicable sino a un nmero ms reducido de cosas. As, la idea de animal, que es comn a los hombres y a las bestias, se limita a slo los hombres, si le aadimos la idea de racional. Y, si se le agregan nuevos accidentes o circunstancias, se llegar a formar una idea singular e indivisible. Por el contrario, si el entendimiento abstrae y separa en orden inverso aqullas circunstancias sobrepuestas, subir de una idea singular a otra universal, esto es, har que la idea singula r que en cierto modo est inseparablemente unida a la cosa, se convierta en universal y convenga a muchas cosas. Esta operacin se llama abstraccin. De aqu se deduce lgicamente que las naturalezas universales de las cosas no existen en ninguna parte sino que las forma el entendimiento cuando separa la naturaleza singular existente en un sujeto singula r de 17. Objeto por sujeto, como exigira el latn subiectum

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OBRAS 110 \ 110 \ todas sus circunstancias, quedando as, una vez abstrada o concebida por el entendimiento, indiferente a varios objetos en el se r. Los universales o predicables son cinco: gnero, diferencia especfica, especie, propio y accidente. Gnero es un atributo universal comn a varios objetos de diferente especie, v. g r. : animal respecto de hombre y de bestia. S egn los escolsticos se predica el gnero in quid incomplete: in quid porque se predica de la esencia; incomplete porque an no est completa en l la esencia de la cosa. Diferencia especfica es un atributo esencial, comn a varios objetos, que caen bajo un mismo gnero y por la cual se diferencian esencialmente de los dems contenidos tambin en el mismo gnero, como la racionalidad. Entre los escolsticos se predica in quale quid: in quale porque cualifica o denota cul es el gnero; in quid porque pertenece a la esencia. Especie es un atributo que consta de gnero y diferencia, es comn a varios objetos, diferentes slo en nmero, y respecto de los cuales se enuncia como la esencia ntegra y completa. As, la naturaleza humana, que consta intrnsecamente de gnero y de diferencia, la animalidad y la racionalidad, y constituye la totalidad de la esencia de cuanto le est subordinado, es una especie. Se predica in quid complete, segn los escolsticos. Individuo, correlativo de especie, es aquello bajo que no se encuentra nada de que se pueda enunciar aqul, ya como su esencia completa, ya como parte de su esencia. Los individuos de la misma especie se diferencian entre s, no segn la esencia, sino porque hay algo en ellos que los hace diferentes el uno del otro; los escolsticos llaman a ese algo lo individual o diferencia numrica. Esta diferencia individual se define como una reunin tal de determinadas propiedades y circunstancias, que no sea posible que se den las mismas en dos objetos. He aqu lo que determina la diferencia individual de un hombre: la forma, la figura, el luga r el tiempo, el linaje, la patria, el nombre. Propio es un atributo comn a varios objetos diferentes en nmero o en especie y de los cuales se enuncia accidental y necesariamente, o como dicen los escolsticos, in quale necessario: in quale porque no pertenece a la esencia; necessario porque no se puede privar a las cosas de un atributo que les es propio. El propio se aplica de cuatro modos: primero, si conviene slo a la especie, pero no a toda ella, como el ser mdico; segundo, si conviene a toda la especie, pero no slo a ella, como el ser bpedo; tercero, si conviene a toda y a ella sola, pero no siempre, como el hablar en el hombre; cuarto, y a que nos hemos referido ya, si compete a toda y a sola la especie y adems siempre, como la facultad de hablar en el mismo hombre.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 111 / 111 Accidente es el atributo comn a varios objetos respecto de los cuales se predica accidental y contingentemente, en el sentido de que es posible privarlo de tal accidente sin que se altere la naturaleza de los mismos. De esta manera est la blancura en Pedro, de la cual se le puede privar sin que se altere la naturaleza de Pedro. Y baste lo dicho acerca de los cinco universales de que con tanto aparato hablan los escolsticos. C aptulo IV Las categoras de Aristteles, llamadas vulgarmente predicamentos Antes de explicar las categoras, expondr la divisin general del ente. Se llama ente real todo aquello a que no repugna el se r Se divide el ente, primero en sustancia y accidente o, como se dice ho y en cosa y en modo. Sustancia es el ente que subsiste por s, como la piedra, y accidente lo que no puede existir por s sino en algn sujeto, como la blancura. La sustancia se divide en espiritual, que por su propia naturaleza est dotada de la facultad de pensa r como el alma racional; y en corprea o material, la que es esencialmente extensa e impenetrable, como la madera. La sustancia espiritual puede ser absolutamente perfecta, Dios solamente; y otras imperfectas; unas de naturaleza completa: el ngel; otras incompletas: el alma racional. La sustancia corprea o cuerpo puede ser simple o compuesta. Es simple la que no est formada intrnsecamente de otras dismiles por naturaleza, como el agua; esta sustancia se llama tambin homognea. Compuesta es la que consta de otras de diferente naturaleza, como el cuerpo humano; se llama tambin sustancia heterognea. El cuerpo compuesto se divide en viviente y no viviente o animado e inanimado: animado es el que se traslada de lugar con movimiento interior y propio; inanimado, el que se mueve con movimiento exterio r. El cuerpo vivo que en principio est dotado de movimiento progresivo, se llama animal; el que carece de l se llama planta, de las que hay innumerables especies. El animal puede estar dotado de razn y se llama hombre, el cual no tiene bajo s sino individuos; o carecer de ella y se llama bestia, de las que hay diversas especies. Se puede ver grficamente todo esto en el rbol de Purchot del cuadro siguiente :

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Espritu Cuerpo Ente Cosa o Sustancia Dios ngel Espritu humano Animal Cielo. Los astros La planta Hombre El alma despus de la muerte Irracional: Bestia Divisin del ente segn Purchot Espiritual Corprea Infinito No vivo Separada del cuerpo Unido al cuerpo Dotado de razn Carente de razn Incompleto Completo Finito Dotado del principio de movimiento progresivo Carente del principio de movimiento progresivo Vivo

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 113 / 113 El accidente se divide en espiritual, que afecta a la sustancia espiritual; y corpreo, que afecta al cuerpo. Asimismo se divide en absoluto, el que est en el sujeto sin necesidad de que pongamos este mismo sujeto en relacin con otro, como los colores; y respectivo o relativo, que no se puede concebir en el sujeto sin referirlo a otro, como la semejanza. El accidente absoluto se divide en modal y no modal: es modal el que ni puede existir ni se puede concebir sin el sujeto de que es el modo de se r como la redondez; no modal, aqul que podemos concebi r y por el poder de Dios puede existi r independientemente del sujeto en que se encuentra, como el olo r el sabo r etc., en la Eucarista. Esta es la doctrina escolstica. Los modernos no admiten ms accidentes que los modales, que dividen en primarios, aqullos de que provienen otros, como la magnitud, la figura, etc.; y secundarios, que se derivan de los primarios y se dividen a su vez en tantas clases como sentidos externos ha y. Los modos son, por ltimo, unos positivos, los que significan una perfeccin real, como la luz; y otros negativos, que sealan la negacin de alguna perfeccin, como las tinieblas. Pero pasemos ya a las categoras, inventadas, segn Boecio, por Arquitas Tarentino o por Aristteles, en opinin de otros. Categora en griego, y praedicamentum en latn, es cierta distribucin de las cosas todas en determinadas clases en las que los filsofos encuadran los objetos de nuestro conocimiento. Aristteles enumera diez: sustancia, cantidad, cualidad, relacin, accin, pasin, donde, cuando, situacin y hbito. Y a hemos definido la sustancia, y en el rbol de Purchot figura su divisin. Sus propiedades son: no tener contrario, ser sujeto de contrarios, no admitir ms ni menos. Cantidad es el accidente que hace que las cosas se extiendan en partes: si las partes estn unidas, se llama continua; si por el contrario las partes estn separadas, se llama discreta, como el nmero. La cantidad continua o es sucesiva, aqulla cuyas partes se suceden la una a la otra, como el tiempo, o permanente, cuando las partes existen todas al mismo tiempo, como el cuerpo. Esta ltima es de tres clases: la lnea, la superficie y el cuerpo o slido. Pero esta divisin es puramente matemtica y aqu no tratamos de las Matemticas. Las propiedades de la cantidad son: ser fundamento de la igualdad y de la desigualdad; no tener contrario; no admitir ms ni menos, porque lo uno no se puede decir en igual sentido 18 de lo otro, sino mayo r. La cualidad es el accidente que prepara la cosa para algo, 19 como la salud prepara al hombre para vivir bien. 18. En igual sentido En latn, eodem modo Ilegible en el original. Se ha deducido por conjetura, a partir del contexto. 19. Algo En latn, aliquid Conjetura; ilegible en el original.

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OBRAS 114 \ 114 \ 20. Pasible En latn, patibilem Conjetura; ilegible en el original. 21. La segunda En latn, ista con su valor en bajo latn. 22. Cierta En latn, certa con su valor en bajo latn. La cualidad se divide en hbito y disposicin; en potencia natural y en impotencia; en cualidad pasible 20 y en pasin; en forma y figura. Hbito es cierta facilidad para obra r aadida a una potencia activa y lograda mediante el uso y el ejercicio. Disposicin es, por el contrario, cierta propensin a obra r. Potencia natural es una fuerza infundida en nosotros por la misma naturaleza, y mediante la cual obramos o resistimos a las cosas contrarias, como la agudeza de ingenio en el hombre, la dureza en la piedra. Impotencia natural es la carencia de facultad para obrar o para resistir a los contrarios. Cualidad pasible es una disposicin sensible firmemente adherida al sujeto, como la blancura en el cisne. Pasin es una afeccin sensible que pasa rpidamente del sujeto como el rubor en el rostro, originado de la vergenza. Forma es la adecuada disposicin y figura de los miembros, y se encuentra en los seres naturales. Figura es el lmite dentro del cual est el cuerpo circunscrito por todas partes, y se da en las cosas artificiales. Las propiedades de la cualidad son: ser fundamento de la semejanza y de la desemejanza, tener contrario, admitir ms y menos, o sea ser susceptible de aumento y de disminucin. Pero estas dos ltimas propiedades no son comunes a todas las cualidades, puesto que la primera no se da en la luz y no encontramos la segunda 21 en el crculo, no obstante ser la luz y la figura dos clases de cualidades. Relacin es la ordenacin de una cosa hacia otra, como la del padre al hijo. La relacin puede ser real, esto es el orden inherente a las cosas en s mismas; en este sentido dos cosas blancas son parecidas sin que nadie piense en ellas; y de razn, esto es, el establecido por la mente entre algunas cosas, como el de la especie al gnero. La real es de dos clases: una procede de dentro y otra viene de fuera. Se dice que procede de dentro la que aparece entre los extremos relacionados, tan pronto como aqullos se dan en la naturaleza, como la semejanza entre dos cosas blancas. Procede de fuera la que depende de una condicin externa, como la relacin entre el agente y el paciente, que depende de cierta 22 aproximacin. En opinin de los escolsticos, en toda relacin hay que distinguir cuatro cosas: sujeto, o sea aquello que se refiere a otra cosa; trmino, o aquello con que se compara el sujeto; fundamento o razn en cuya virtud se relacionan entre s las dos cosas dadas; y la relacin misma, esto es, la ordenacin en s y la manera de ser de los trminos.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 115 / 115 Las propiedades de la relacin son: primero, las cosas relacionadas son convertibles: esto es, que si lo blanco A es semejante a lo blanco B, lo blanco B ser tambin semejante a lo blanco A. Segundo, existir simultneamente en el tiempo y en la naturaleza: en efecto, no puede haber padre sin que haya hijo o viceversa. Tercero, estar presentes al mismo tiempo en el conocimiento: no se puede conocer lo uno sin lo otro. Accin es el acto del agente en cuanto agente. Pasin es la accin del agente recibida en el paciente. Se diferencia de la pasin de la cualidad 23 en que dura ms. Donde es la relacin de la cosa con el luga r como Estoy en la Academia. Cuando es la relacin de la cosa con el tiempo, v. g r. : Cundo se escribi esto? En el ao 1797 de nuestra era. Situacin es la disposicin de las partes en un luga r como estar sentado. Hbito es la disposicin de las cosas en relacin con el vestido, como llevar tnica. Tales son las categoras de Aristteles que los escolsticos tratan como si constituyeran un misterio. Pero los modernos, con pocas excepciones, encuadran todas las cosas que existen en el mundo, tal vez ms acertadamente, en el siguiente dstico: Espritu, medida, quietud, movimiento, posicin, figura Son, con la materia, los principios de todas las cosas. Captulo V Los pospredicamentos Aristteles enumera cinco pospredicamentos: la oposicin, la prioridad, la simultaneidad, el movimiento y 24 el modo de se r. Oposicin es la repugnancia de una cosa respecto de otra. Prioridad 25 es aquello en que una cosa est antes que otra. Puede ser de cinco clases: de tiempo, de naturaleza, de orden, de dignidad y de causa. Est primero 26 en el tiempo lo que precede a otra cosa en determinado intervalo de tiempo, como la juventud 27 a la vejez. Primero en natura23. Pasin de la cualidad En latn, passione qualitatis 24. Movimiento y... En latn, motus et... Conjetura. Roto en el original. 25. Prioridad En latn, prioritas Conjetura. Roto en el original. 26. Est primero En latn, Est prius Conjetura. Roto en el original. 27. La juventud En latn, iuventus Conjetura. Roto en el original.

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OBRAS 116 \ 116 \ 28. Esencia En latn, essentia Conjetura. Roto en el original. leza, lo que se deduce de otra cosa, de suerte que esta otra no pueda colegirse de aqulla. En este sentido, el gnero est antes que la especie, puesto que, dado el gnero, se da la especie; pero no lo contrario. Se dice que est primero en el orden una cosa que precede a otra en alguna serie. As en los nmeros, est el segundo antes que el cuarto. Primero en dignidad es lo que est antes que otros en el hono r como el obispo en relacin con los presbteros, que le son subordinados. Primero en la causa es lo que produce realmente a otro: el padre est, en este sentido, antes que el hijo. De otras tantas maneras se dice igualmente que una cosa es posterior a otra, as como son otras tantas las maneras de poderse enlazar varias cosas para que existan al mismo tiempo, toda vez que las cosas opuestas se explican por medio de razonamientos opuestos. El movimiento corresponde a la Fsica. Y el modo de ser no tiene nada especial para que merezca que hable de l. Captulo VI Signos de las ideas Signo sensible es, segn la definicin de San Agustn, aquello que, aparte la imagen que lleva a los sentidos, hace que venga al conocimiento alguna otra cosa. Puede ser natural, el que por su misma naturaleza anuncia la cosa: en este sentido es la respiracin signo de la vida; y arbitrario o caprichoso, el que sugiere el objeto por la libre voluntad de los hombres, como el olivo simboliza la paz. El signo se divide en prctico, que produce la cosa que significa, como los sacramentos respecto de la gracia; y especulativo, el que significa la cosa, pero no la produce, como el cuadro sugiere el pinto r Se divide adems en demostrativo, si significa una cosa presente; en pronstico, si seala una cosa futura; y rememorativo, que nos sugiere una cosa pretrita. Se dice que el signo es verdadero, si el objeto es congruente con el propio signo. De lo contrario, se considera falso. Signo cierto es el que nunca engaa, como los signos naturales establecidos por Dios; incierto o dudoso es el que siempre y por su esencia, 28 engaa. Y signo probable es el que engaa slo en contadas ocasiones: las nubes en el cielo durante la noche son signo probable de una maana serena.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 117 / 117 Captulo VII La voz como signo: el trmino V oz tomada la palabra en su sentido estricto, es un sonido animal 29 emitido por la boca con intencin de significar algo. Puede ser articulada, la que se expresa mediante slabas y como por artculos; e inarticulada, la que no es posible separar en slabas, como el ladrido y el gemido. Estas ltimas voces son comunes a los hombres y a los animales; aqullas son propias de solo los hombres. La voz articulada o trmino, en el sentido que aqu damos a esta palabra, es el signo de una cosa percibida por la simple aprehensin. Se divide en categoremtico, el que slo y por s significa alguna idea, como hombre, y sincategoremtico, el que, aislado, no significa nada, pero s, si se une al categoremtico, como todo. Se divide tambin en concreto, si significa un sujeto dotado de forma, como blanco y abstracto, que expresa una forma subsistente 30 sin el sujeto, como blancura. Trmino definido es el que significa una cosa concreta y determinada, como Pedro; indefinido o infinitante, 31 el que, mediante la anteposicin de la partcula no no significa nada concretamente sino que se limita a excluir algo determinado, como no-hombre. Digamos, de paso, que unos trminos son negativos en la voz, pero positivos en la significacin, como inmensidad; otros por el contrario, son positivos en la voz y negativos en su significacin, como mortal, y otros, finalmente, son negativos tanto en la voz como en el significado, como impo. Los trminos se dividen adems en transcendentes e intranscendentes. Aquellos convienen a todas las cosas, como ente, verdadero, bueno, algo, uno, con cuyas iniciales se compone una palabra clebre entre los escolsticos, aunque brbara: reaubau; stos no convienen a todas las cosas. El trmino de primera intencin significa la cosa segn es en s, como Pedro; el de segunda intencin denota la cosa segn el estado que le atribuye el entendimiento, como gnero. Se llama 32 trmino unvoco el nombre cuya significacin es exactamente la misma en todos los objetos a que conviene. De esta forma se 29. Sonido animal emitido por la boca o sonido emitido por la boca de los animales En latn, sonus animalis ore prolatus 30. Subsistente Con esta palabra se suple una ausencia en el texto original, necesaria para la comprensin del mismo y omitida por evidente descuido. 31. Infinitante En latn, infinitans Se emplea este latinismo para mayor claridad. 32. Se llama En latn, dicitur Conjetura. Roto en el original.

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OBRAS 118 \ 118 \ 33. De una constelacin En latn, sideris cuiusdam 34. Esta En latn, ista con su valor en bajo latn. 35. Alienacin, empleando el latinismo en castellano. enuncia hombre de Pedro y de Pablo. Trmino equvoco es el nombre comn cuya significacin es totalmente diferente en cada uno de los objetos de que se predica, como la palabra can respecto de un animal domstico, de un animal marino y de una constelacin. 33 Trmino anlogo es el nombre cuya significacin es en parte la misma y en parte diferente en los mismos objetos a que se refiere, como sano, que se dice del alimento y de la medicina: de sta 34 porque produce la salud y de aqul porque la conserva. Los trminos anlogos son de dos clases: de atribucin y de proporcin. Trmino de atribucin es el que se atribuye cuando consideramos de distinto modo la idea significada por una misma palabra, como sano. De proporcin, el que se atribuye a diversos objetos en cuanto guardan la misma relacin con cosas distintas, como el nombre cabeza que se aplica a la parte superior del cuerpo humano y a la de un monte. Las propiedades principales de los trminos son las siguientes: suposicin, que es el empleo de un trmino en lugar de alguna cosa representada por dicho trmino. Se divide en material, que es el empleo del trmino en sustitucin de s mismo como Hombre es una palabra; y formal, que es el empleo del trmino en lugar de su significado, como El hombre es un animal que discurre. Puede ser colectiva, o empleo del trmino en lugar de los varios objetos significados, tomados conjuntamente, como Los Apstoles son doce; distributiva, o empleo del trmino por todos y cada uno de los objetos significados, como El hombre es un animal; y disyuntiva, o empleo del trmino por varios de los objetos significados, tomados separadamente, como El hombre es blanco. Ampliacin es la extensin del trmino de una significacin menor a otra mayo r como Cristo muri por todos. Restriccin es la reduccin del trmino de un significado ms amplio a otro meno r como Orador por Cicern. Alienacin 35 es el traslado del trmino de su significacin propia a otra ajena a l, como La justicia es la sal de la vida. Apelacin es la adicin de un trmino a otro. Pero baste con lo dicho sobre la primera operacin.

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SEGUND A P AR TE DE LA LGIC A DE LO RELA TIV O A LA SEGUND A OPERA CIN DE LA MENTE Captulo I Naturaleza del juicio y de la proposicin El juicio interno de la mente expresado por medio de palabras se llama proposicin o enunciacin, y se define diciendo que es la oracin en la cual se enuncia una cosa de otra, bien afirmando, bien negando. La proposicin est formada por nombres y un verbo. Los nombres de la proposicin se llaman sus trminos y tambin sus extremos; el verbo es su cpula. De aqu que el trmino se define: el extremo de la proposicin; y el verbo, la unin o el nexo de los extremos. De los dos trminos de la proposicin, uno se llama sujeto, el otro predicado o atributo. Sujeto es el trmino del que se enuncia otro. Predicado, el que se enuncia de otro afirmando o negando. Captulo II Diversas divisiones de la proposicin Podemos considerar la proposicin ya en s misma ya en lo que le es anejo. Considerada de la primera manera, se puede distinguir la materia acerca de la cual, la forma, la cantidad y la cualidad. Materia acerca de la cual son todas las cosas que abarca la mente con su juicio, y por este concepto se divide la proposicin en necesaria, contingente, posible e imposible. Se dice que una proposicin es necesaria cuando su predicado conviene necesariamente al sujeto o le repugna necesariamente, como El hombre es racional, La piedra piensa; y as las dems divisiones, puesto que las denominaciones se explican por s solas. La forma de la proposicin la constituyen la afirmacin y la negacin; y as se divide, por razn de la forma, en afirmativa y negativa. Es

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OBRAS 120 \ 120 \ a firmativa aquella en la cual el predicado se une al sujeto, como Dios es justo. Negativa es aquella en la cual apartamos el predicado del sujeto, como Dios no es mentiroso. Cantidad de la proposicin es la extensin que tiene su sujeto, y por razn de ella se divide la proposicin en universal, particular y singula r divisiones que son suficientemente claras. La cualidad de la proposicin son la verdad y la falsedad, y por ella se divide la proposicin en verdadera y falsa. Es verdadera la que est conforme con su objeto; falsa, la que no lo est. Por lo que le es anejo se dividen las proposiciones: primero, segn la materia de que estn compuestas; y segundo, por razn del modo de predicarse. La materia de que de la proposicin son los trminos de que consta, y por esta razn se divide en simple o categrica, que consta de un sujeto, un predicado y una cpula, como Todo avaro es miserable; y compuesta o hipottica, que consta de varias simples unidas por alguna partcula, como Pitgoras afirma que el alma pasa de un cuerpo a otro y que no es lcito comer carne. Por razn del modo de predicarse, se dividen las proposiciones en absolutas, en las que no se explica la manera de ser del predicado en relacin con el sujeto, como Antonio es ilustrado, y en modales, en las que se explica tal modo, como Antonio es circunstancialmente ilustrado. Las dems divisiones de la proposicin, condicional, causal, copulativa, etc., no necesitan explicacin. Captulo III Propiedades de la proposicin Las propiedades de la proposicin son tres: oposicin, conversin y equipolencia 36 o equivalencia. Oposicin es la repugnancia entre dos proposiciones que tienen el mismo sujeto y el mismo predicado, por ejemplo: Todo hombre es justo; Todo hombre no es justo. Es de cuatro clases: contradictoria, contraria, subcontraria y subalterna. Oposicin 37 contradictoria es la repugnancia entre dos proposiciones, una de las cuales es universal y la otra particula r o las dos singulares, y una afirmativa y otra negativa, como Todo hombre es blanco; 36. Equipolencia En latn, aequipollentia empleando el latinismo en castellano. 37. Oposicin. Con esta palabra se suple una ausencia en el texto original, necesaria para la comprensin del mismo y omitida por evidente descuido.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 121 / 121 Algn hombre no es blanco; Antonio es justo; Antonio no es justo. Una de estas proposiciones es siempre verdadera y la otra, falsa. Oposicin contraria es la repugnancia entre dos proposiciones universales, una de las cuales es afirmativa y la otra negativa, como Todo hombre es blanco; Ningn hombre es blanco. Estas proposiciones no pueden ser nunca verdaderas al mismo tiempo, pero pueden muy bien ser las dos falsas al mismo tiempo en materia contingente. Oposicin subcontraria es la repugnancia entre dos proposiciones particulares, una de las cuales afirma y la otra niega, como Algn hombre es blanco; Algn hombre no es blanco. La regla para stas es que nunca pueden ser falsas al mismo tiempo, pero s pueden las dos ser verdaderas en materia contingente. Oposicin subalterna, que en rigor no es una verdadera oposicin, se da entre dos proposiciones, una de las cuales es universal y la otra particular y ambas afirmativas o negativas, como Todo hombre es blanco; Algn hombre es blanco; Ningn hombre es blanco; Algn hombre no es blanco. De estas proposiciones algunas veces una es verdadera y otra falsa; otras veces una y otra son verdaderas; y en ocasiones, ambas falsas. Pero para que se entienda mejor todo esto y se aprenda de memoria con ms facilidad, examnese el paradigma siguiente: Conversin de una proposicin es su inversin, que se hace cambiando el sujeto en predicado y el predicado en sujeto, pero de suerte que se conserve la verdad de las dos proposiciones, como Algn hombre es blanco; Algo blanco es hombre. La conversin es simple, si se mantiene la misma cantidad, y per accidens, si cambia la cantidad. Las proposiciones universales afirmativas no se convierten porque en ellas el predicado supone 38 disyuntivamente, como Todo hombre es animal: sera incorrecta la conversin (porque aqu animal supone slo para algunos), si dijramos Todo animal es hombre. Pero en las negatiContrarias Subcontrarias Todo hombre es blanco [A] Algn hombre es blanco [I] Ningn hombre es blanco [E] Algn hombre no es blanco [O] Subalternas Subalternas Contradictorias Contra dictorias 38. Supone En latn, supponit Se emplea el latinismo generalmente admitido entre los escolsticos.

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OBRAS 122 \ 122 \ vas se podr hacer perfectamente bien, porque el predicado supone distributivamente. Equivalencia o equipolencia 39 es la reduccin de dos proposiciones opuestas a una misma significacin mediante el empleo de la partcula no, que en las contradictorias se antepone al sujeto; en las contrarias se pospone y en las subcontrarias se antepone y se pospone, como se expresa en el verso siguiente: Ante, contradic; pos contra; ante-pos, subalte r. Pondr un ejemplo para que se entienda mejor la equivalencia: Todo hombre es justo; Algn hombre no es justo. Estas dos proposiciones son contradictorias y para que haya equivalencia, se debe anteponer la partcula no, de este modo: No todo hombre es justo, que equivale a esta otra: Algn hombre no es justo. Pero para que distingais bien la fuerza y el valor de las negaciones que se anteponen o se posponen, aprended estos versos mnemotcnicos: No todo; alguno, no ; todo, no, como ninguno; No ninguno, alguno; pero ninguno equivale a todo; No alguno, ninguno; no alguno no, equivale a todo. Captulo IV Definicin y divisin Entre las proposiciones, la definicin y la divisin son muy tiles para crear la ciencia; es ms 40 son necesarias. La primera muestra la nocin esencial de una cosa; la segunda separa sus partes, y a ello se debe que la definicin y la divisin se llamen los modos del saber y tambin raciocinio, porque son oraciones que ponen en claro lo desconocido. La definicin es, pues, una proposicin que explica lo que se encierra oculto y oscuro en el objeto o en la palabra. Puede ser de nombre, que explica precisamente el significado exacto del nombre; y de cosa, que explica el propio objeto significado por la palabra. Una es esencial, la que explica la cosa por los principios que constituyen su naturaleza, y otra accidental o descriptiva, que explica la cosa por medio de otras que le son anejas. La definicin esencial es de dos clases: fsica, que explica el objeto por sus elementos fsicos, esto es por su materia y su forma, como El hombre est compuesto de cuerpo y de alma; y metafsica, que lo expli39. Equipolencia En latn, aequipollentia 40. Es ms En latn, immo Conjetura. Roto en el original.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 123 / 123 ca por sus elementos metafsicos, es deci r por el gnero y la diferencia, como El hombre es un animal racional. Para que haya verdadera definicin, debe ser sta ms clara que lo definido; no debe ser ni superflua ni deficiente; debe consta r en cuanto ello sea posible, de gnero prximo y de ltima diferencia; la definicin podr sustituir a lo definido y viceversa. Lo definido no debe entrar en la definicin. De lo dicho surgen los axiomas siguientes: Lo definido conviene a todo aquello a que conviene la definicin. La definicin conviene a todo aquello a que conviene lo definido. Lo definido excluye todo aquello que excluye la definicin. La definicin excluye todo aquello que excluye lo definido. La divisin es una proposicin que resuelve el todo en sus partes. El todo que se divide se llama miembro dividido. Las partes en que se divide un todo se llaman miembros dividentes. El todo se llama unas veces potencial, otras esencial, otras integral y otras accidental; consiguientemente, la divisin puede ser asimismo de todas estas clases. Todo potencial, 41 llamado tambin lgico, es cualquier atributo universal que por medio de las diferencias se concreta en las diversas cosas que encierra en s. Del mismo modo divisin potencial es la distribucin de lo superior en sus partes inferiores: del gnero, por ejemplo, en sus especies, y de la especie en sus individuos. Las partes de este todo se llaman subjetivas. Se llama todo esencial a todo aquello cuya naturaleza o esencia consta de otras varias. De aqu que la divisin esencial es la distribucin de una cosa en las partes de que en realidad est esencialmente compuesto, ya fsicas, como el cuerpo y el alma en el hombre, ya metafsicas, como la animalidad y la racionalidad en el hombre asimismo. Todo integral es lo que consta de varias cosas colocadas mutuamente la una fuera de la otra y ninguna de las cuales depende de las dems en cuanto a su existencia. Estas partes, que reciben el nombre de integrantes, son u homogneas o heterogneas. Divisin integral es, pues, la distribucin de un todo en sus partes integrantes tanto homogneas como heterogneas. Por ltimo, todo accidental es aquello que resulta del sujeto y su accidente. La divisin accidental es por consiguiente de tres clases: del sujeto en los accidentes, como el cuerpo que se divide en blanco y en negro; del accidente en sustancias, como lo blanco en nieve y en papel; del accidente en otros accidentes, como lo blanco en amargo y en dulce. 41. Todo potencial En latn, potentiale

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OBRAS 124 \ 124 \ Las reglas de la buena divisin son las siguientes: la divisin debe ser lo ms breve posible; debe ser adecuada; los miembros dividentes han de excluirse mutuamente; hgase primeramente la divisin en sus partes prximas e inmediatas, y luego divdanse stas 42 en otras hasta que se llegue a las ltimas, y hasta la atomizacin, como si dijramos. De lo dicho se deducen los siguientes axiomas: De cuanto se afirma lo dividido se pueden afirmar a su vez los miembros dividentes. De cuanto se niega lo dividido se niegan tambin todos y cada uno de sus miembros. De la afirmacin de lo dividido no se deduce la afirmacin de algn miembro determinado. De la afirmacin de algn miembro determinado se infiere la afirmacin de lo dividido. Captulo V Defectos en los juicios y sus remedios Al formular nuestros juicios debemos evitar ciertos vicios que nos impiden formar juicio correcto acerca de las cosas. Debemos, en primer luga r percibir muy bien las palabras 43 que se emplean para expresar las ideas; limpiar el entendimiento y la voluntad de sus preocupaciones; no formular jams un juicio en el que entre el ms pequeo elemento de afecto, de odio o de simple sospecha de que lo haya. Hay que evitar con sumo cuidado, al considerar las cosas, la precipitacin de la mente, pues es temerario formular juicio sobre cosas ignoradas o no suficientemente investigadas, puesto que abundan los impacientes que no son capaces de detenerse en la consideracin reposada de las cosas. La mente emplea frecuentemente los sentidos, no como auxiliares cuyos defectos deba corregi r sino como heraldos en quienes confa demasiado; y lo que es ms, como instrumentos de medida del conocimiento. Por eso los sentidos engaan de varias maneras a nuestros juicios y son la causa de que nos equivoquemos. No se puede, por ello, prestar asentimiento firme a todo lo que percibimos con los sentidos, a no ser que stos estn debidamente preparados y sean perfectamente eficaces. 42. stas En latn, istas con su valor en bajo latn. 43. Percibir las palabras En latn, percipere voces Conjetura. Roto en el original.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 125 / 125 F ormlese el juicio de acuerdo con el conocimiento adquirido, previo un examen suficiente de la cosa, de manera que, si el conocimiento es claro y distinto, el juicio sea estable y firme. Y por el contrario, si el conocimiento fuere oscuro o confuso, el juicio ser nulo o a lo ms, vacilante. De aqu se deducen los cuatro principios siguientes: Principios del juicio afirmativo: s e debe afirmar de una cosa con toda certeza, cuanto clara y distintamente veamos que est comprendido en ella. No se puede afirmar de una cosa, sino en forma dubitativa, lo que no aparezca en ella a la mente que lo considera sino en forma confusa y oscura; o se debe suspender el juicio hasta que la mente vea con ms claridad si est contenido efectivamente en la cosa. Principios del juicio negativo: h ay que negar en forma absoluta de una cosa todo aquello que claramente se vea que le es contrario. No se debe negar de una cosa en forma absoluta lo que no se vea que est comprendido en ella o que le repugna; en este caso se debe suspender el juicio hasta que aparezca con claridad a la mente la repugnancia o la conveniencia. Hasta aqu hemos hablado del juicio y de las proposiciones. Pasemos ahora al raciocinio o discurso.

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TERCERA P AR TE DE LA LGIC A DE LO A T AEDERO A LA TERCERA OPERA CIN DE LA MENTE Captulo I Naturaleza de la argumentacin y principios de la misma Se llama argumentacin el discurso expresado mediante palabras, esto es, la oracin que consta de varias proposiciones dispuestas y relacionadas entre s en forma que una de ellas se deduzca de las otras. Los tratadistas de Lgica distinguen tres elementos en toda argumentacin: el antecedente, el consiguiente y la consecuencia. Se llama antecedente el juicio del cual se infiere otro; y consiguiente el juicio que deducimos de otros. Consecuencia o ilacin es la propia consecucin del consiguiente, que se seala con la partcula luego 44 o por consiguiente. 45 La consecuencia no se dice nunca verdadera o falsa, sino buena o mala, porque el consiguiente puede ser verdadero sin que la consecuencia sea buena, y viceversa. Cuando el antecedente es la causa o raz del consiguiente, la argumentacin se llama a priori. Cuando es el consiguiente el que es causa del antecedente, la argumentacin se llama a posteriori. Y si el antecedente y el consiguiente estn en conexin, pero ninguno de ellos es raz del otro, la argumentacin se llama ex concomitante. Atendiendo ahora a la naturaleza del consiguiente, se divide la argumentacin en afirmativa y negativa. Es afirmativa aquella cuyo consiguiente es una proposicin afirmativa; y negativa aquella cuyo consiguiente es una proposicin negativa. De aqu que sean diversos los principios de una y otra argumentacin a tenor de la diversidad de estas mismas proposiciones. Principios de la argumentacin afirmativa: l as cosas que convienen con una tercera convienen entre s, o como dicen los escolsticos: dos cosas iguales a una tercera son iguales entre s. 44. Luego En latn, ergo 45. Por consiguiente En latn, igitur

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 127 / 127 Cuanto se afirma de una idea universal tomada en toda su extensin, se puede afirmar de cada una de las cosas que estn contenidas en ella. Los escolsticos llaman a este principio dici de omni. Principios de la argumentacin negativa: s i de dos cosas, una es igual a otra tercera y no lo es la otra, las dos primeras, evidentemente, no son iguales entre s. Lo que se niega de una idea universal tomada en toda su extensin, se niega de cada una de las contenidas en la extensin de la misma. Los escolsticos llaman a este principio dici de nullo. La consecuencia es de dos clases: formal y material. La formal se funda en la misma forma o disposicin del argumento, de manera que en cualquier materia concluya por razn de la propia forma. Y material, la que tan slo tiene valor por razn de la materia, de suerte que, si cambia, no es concluyente. Para que sea legtima la consecuencia, obsrvense las reglas siguientes: De lo verdadero se deduce siempre lo verdadero. Lo falso no se deduce sino de lo falso. De lo falso, no obstante, puede algunas veces deducirse lo verdadero. Todo lo que se deduce del consiguiente se deduce tambin del antecedente. Lo que repugna al consiguiente repugna al antecedente, y de la misma manera, de lo opuesto al consiguiente es legtima la consecuencia a lo opuesto al antecedente. Captulo II Clases de argumentacin La primera es el ejemplo, en el cual la deduccin se realiza de lo semejante a lo semejante, como El amor profano sedujo a David y a Salomn; luego te seducir a ti tambin, si no eres enrgico con l. La segunda es la induccin o argumentacin en que, de varias cosas singulares enumeradas correctamente, se deduce una proposicin universal, como Pedro siente, Juan siente, Pablo siente, etc.; luego todo hombre siente. La tercera, el sorites, argumentacin que consta de varias proposiciones dispuestas en tal forma, que el atributo de la precedente sea sujeto de la siguiente, hasta que se unan el sujeto de la primera con el predicado de la ltima. V gr .: El prudente no se perturba; el que no se perturba no se entristece; el que no se entristece es feliz; luego el prudente es feliz. La cuarta es el dilema o argumentacin bicorne, en la cual, de cada una de las partes de la proposicin disyuntiva que le sirve de antecedente, consideradas sucesivamente, se deduce algo inconve-

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OBRAS 128 \ 128 \ n iente, como El hombre o se somete a sus deseos o no se somete; si se somete, es desgraciado; si no se somete, ocurre lo mismo; luego el hombre es desgraciado. La quinta es el epiquerema, argumentacin que envuelve en s misma la prueba, como Toda sustancia espiritual, por carecer de partes en que pueda disolverse, es inmortal; ahora bien, el alma racional es una sustancia espiritual, toda vez que quiere y entiende; luego el alma racional es inmortal. Los lgicos emplean poco esta forma de argumentacin, y lo mismo ocurre con la precedente. La sexta argumentacin se llama entimema o silogismo imperfecto, y consta de slo dos proposiciones, una de las cuales se deduce de la otra, por lo que la primera se llama antecedente y la segunda consiguiente. Ejemplo: t odo lo que se compone de elementos contrarios es corruptible; luego el cuerpo humano es corruptible. La sptima es el silogismo, que es la argumentacin que consta de tres trminos y de tres proposiciones dispuestas, de acuerdo con sus leyes, de forma que de dos premisas se deduzca una tercera proposicin, como t odo hombre es racional; Antonio es hombre; luego Antonio es racional. Los tres trminos del silogismo se llaman extremo mayo r extremo menor y trmino medio. El extremo mayor se encuentra de predicado en la conclusin y el meno r de sujeto. Se llama extremo mayor el que se encuentra en la premisa mayo r y menor el que aparece en la premisa meno r Trmino medio es el que, uniendo los extremos en las premisas, no aparece nunca en la conclusin. Ejemplo: Todo racional es dcil; todo hombre es racional; luego todo hombre es dcil. En este silogismo, los trminos hombre y dcil, que encontramos en la conclusin, son los extremos; dcil est de predicado en la premisa mayor; hombre, de sujeto en la meno r Y racional, que no aparece en la conclusin, pero s en las premisas, es el trmino medio. En todo silogismo hay que distinguir la materia y la forma. La materia puede ser remota, los trminos, o prxima, las proposiciones. Las proposiciones se forman con los trminos y de las proposiciones se forma el silogismo; la primera de aqullas se llama mayo r la segunda, meno r y la tercera, consiguiente 46 o conclusin. F orma es la disposicin artificial de la materia, y puede ser tambin de dos clases: la que se refiere a la materia remota se llama figura, la que se refiere a la prxima, modo. Figura es la disposicin del trmino medio en las premisas con relacin a los extremos. Modo es la combinacin de las proposiciones segn su cantidad y su forma. 46. Consiguiente En latn, consequentia, por consequens

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 129 / 129 Atendiendo a la materia, el silogismo es adems demostrativo, que consta de proposiciones verdaderas por necesidad; probable o tpico, que consta de proposiciones verdaderas slo probablemente; y sofstico, cuyas proposiciones son aparentemente verdaderas, pero en realidad falsas. Deberamos tratar aqu de las varias figuras y modos del silogismo 47 y de la reduccin de los mismos, tal como lo ensean los escolsticos; pero prescindo deliberadamente de todo ello por no ser necesario para argumentar correctamente y porque las reglas, inventadas en forma arbitraria por los escolsticos, son confusas y hasta formuladas con muchas palabras absolutamente brbaras. En su lugar expongo lo que se ver en el captulo siguiente. Captulo III En el que se expone el principio universal del conocimiento y si es legtimo el silogismo, sin que se tengan en cuenta ninguna de las reglas conocidas He aqu la clebre regla ideada por Arnaldo, el famoso autor del Arte de pensar : para que la conclusin se deduzca correctamente, es necesario que est contenida en alguna de las premisas y esto debe mostrarse en la otra, que se llama aplicada o indicada, al paso que la primera se llama continente. La razn es obvia. Como quiera que la conclusin se deduce de las premisas como el efecto de su causa, es necesario que una de las premisas contenga a la conclusin. Y debiendo surgir este contenido con toda claridad de los trminos mismos (de otra manera la conclusin no sera distinta de las premisas), la otra de las premisas debe expresarlo y como ponerlo de manifiesto. En el silogismo afirmativo se debe considerar como proposicin continente la ms universal; y por exponente o indicada aquella a la que se atribuye menor extensin. 48 En los negativos, la proposicin continente 47. Los escolsticos han resumido las figuras del silogismo en el siguiente verso mnemotcnico: Sub-prae ; sed altera, bis prae; tertia, bis sub. Y los modos en los versos conocidsimos formados con las palabras Barbara, celarent, Darii, ferio, Celantes, dabitis, fapesmo, friseos [morum], etc., en que las vocales indican la materia de cada una de las proposiciones del silogismo, segn el convenio siguiente: A, universal afirmativa; E, universal negativa; I, part. Afirmativa; O, part. Negativa. 48. Como quiera ... menor extensin Texto reconstruido en gran parte, debido al estado del original en latn.

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OBRAS 130 \ 130 \ ser siempre la premisa negativa, cualquiera que sea el lugar en que aparezca, porque la conclusin es una proposicin negativa y porque la negacin no puede estar contenida en una afirmacin; la exponente ser, a su vez, la afirmativa. El Evangelio promete la salvacin a los cristianos; algunos impos son cristianos; luego el Evangelio promete la salvacin a algunos impos. Si examinamos las premisas de este silogismo, es evidente que la conclusin no est contenida en la mayo r aunque parezca por la menor que efectivamente se halla contenida en aqulla. Porque no a todos los cristianos promete el Evangelio la salvacin, sino slo a aqullos que observan los mandamientos de Cristo, cosa que no hacen los impos. Todo hombre es animal; pero el caballo no es hombre; luego el caballo no es animal. Este 49 silogismo no es legtimo porque la conclusin no est contenida en una premisa negativa. El siguiente, por el contrario es perfecto: l os que estn dominados por la codicia son desgraciados; los avaros estn dominados por la codicia; luego los avaros son desgraciados, porque la conclusin est contenida en la mayor como lo pone claramente de manifiesto la meno r. De lo dicho se deduce evidentemente que, cuando tengamos que demostrar una proposicin, lo nico que hace falta es buscar otra ms conocida en que est contenida aquella y luego dar con otra que ponga como ante los ojos que la una est contenida en la otra. Para entender mejor las reglas de la argumentacin que hemos expuesto, tnganse presentes los siguientes axiomas: No se emplee el trmino medio dos veces con carcter particular en la argumentacin sino una vez por lo menos con carcter universal. 50 No se empleen los trminos en la conclusin con extensin ms universal que en las premisas. 51 De dos proposiciones negativas no se deduce nada. 52 Una proposicin negativa no se puede demostrar por medio de dos afirmativas. 53 La conclusin sigue la parte ms dbil, esto es, si una de las proposiciones es negativa, la conclusin ser tambin negativa; si una es particula r ser particular asimismo la conclusin. Todo lo que concluye en general, concluye en particula r. 54 De dos proposiciones particulares no se deduce nada. 55 49. Este En latn, iste con su valor en bajo latn. 50. Los escolsticos dicen: Aut semel aut iterum medius generaliter est. 51. Idem: Ampluis hoc quam praemisse conclusio non vult. 52. Idem: Utraque si praemissae neget, nihil inde sequatur. 53. Idem: Ambae affirmantes nequeunt generare negantem. 54. Idem: Peiorem sequitur semper conclusio partem. 55. Idem : Quod concludit generale concludit particulare.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 131 / 131 De lo imposible se puede deducir lo que se quiera. 56 El argumento que prueba demasiado no prueba 57 nada. 58 Captulo IV Vicios de argumentacin Hay ciertos razonamientos falsos que se llaman vulgarmente sofismas o paralogismos. El orden que nos hemos impuesto en este trabajo exige que veamos ahora cmo puede engaar la argumentacin por razn de la materia. Engaa, en primer luga r por equivocacin de algn nombre, como El gallo es un ave; El hombre francs es un Gallus; 59 luego el francs es un ave. En segundo lugar engaa cuando se pasa del gnero a la especie, como Sempronio es un animal; pero el burro es un animal; luego Sempronio es un burro. En tercer luga r porque se ignora el cuadro general de la discusin, cuando por ejemplo se impugna una cosa distinta de la que est en la conclusin, o cuando se atribuye al adversario algo que l no afirma, o se desconoce el estado de la cuestin. A este gnero de falacia 60 pertenece el cambio de medio, como si proponindonos proba r por ejemplo, que debemos amar a Dios porque es bueno, abandonramos como medio el trmino bondad y tomramos el de sabidura. En cuarto luga r por peticin de principio, cuando se da por cierto precisamente lo que deba ser probado: es sofisma de esta clase el razonamiento con que se prueba lo ignorado por medio de lo igualmente ignorado, o lo incierto por lo incierto o por otra cosa ms incierta an. La peticin de principio se puede cometer bien de manera inmediata, cuando se pone la conclusin como razn, bien de manera mediata, como cuando se aduce una falsedad manifiesta o meras palabras para probar una tesis. En quinto lugar hay falacia 61 cuando no se da la causa como causa, v. gr .: Pedro disip sus bienes en estudios que no le fueron de provecho alguno; luego no se debe perder tiempo en estudios. 56. Idem: Nihil sequitur geminis ex particularibus unquam. 57. Idem: Quod nimis probat nihil probat. 58. Nada En latn, nullum 59. Gallus galo, francs. En latn, gallus Se conserva el latinismo porque no tendra sentido el ejemplo en otro caso. 60. Falacia Se utiliza la palabra para suplir ausencia en el texto original, necesaria para la comprensin del mismo y omitida por evidente descuido. 61. Ibdem

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OBRAS 132 \ 132 \ En sexto luga r por imperfecta enumeracin de las partes. De esta forma razonar muy mal quien atribuya a toda la clase una falta cometida por unos cuantos alumnos. En sptimo luga r se engaa con falacia de accidente cuando juzgamos de la naturaleza de una cosa fundndonos en algo que le afecta accidental mente. En este sentido se atribuyen a la medicina todos los males que provienen de equivocaciones de los charlatanes. En octavo luga r cuando se argumenta de secundum quid a simplicite r, 62 como El etope es blanco de dientes, luego es blanco. En noveno luga r por equiparacin inadecuada, cuando del hecho de que dos cosas 63 tengan uno o dos predicados comunes, deducimos que la una es igual a la otra. En dcimo luga r por ltimo, cuando impugnamos una proposicin hacienda burla del autor que la defiende. 64 Y baste con lo dicho acerca de la tercera operacin. 62. Secundum quid en un aspecto determinado. Simplicitur pura y simplemente. 63. Dos cosas En latn, duae res Conjetura. Roto en el original. 64. Que la defiende En latn, quam defendit Conjetura. Roto en el original.

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L TIMA P AR TE DE LA LGIC A El mtodo Siendo el mtodo una especie de modo de proceder ordenadamente en el conocimiento de la verdad, debemos distinguir ante todo tres clases de verdad: metafsica, moral y lgica. Se dice verdad metafsica a la conformidad de la esencia de una cosa, bien existente, bien posible, con la idea arquetipa que Dios tiene de la misma. Verdad moral es la conveniencia de las palabras y de los signos externos con lo que piensa el espritu. V erdad lgica, que es de la que tratamos aqu, es la conveniencia de nuestras ideas con su objeto. Hay dos clases de mtodo: el lgico-analtico o de investigacin y el lgico-sinttico o de trasmisin de conocimientos. Captulo I El mtodo lgico-analtico Mtodo lgico-analtico o de investigacin es el arte de ordenar nuestros pensamientos de manera que, dentro de los lmites de la condicin humana, lleguemos a descubrir una verdad que nos es desconocida. Se llama analtico, esto es de resolucin, porque para encontrar la verdad resuelve las cuestiones en sus principios, busca los efectos en sus causas, divide el todo en sus partes, etctera. He aqu las reglas que conviene seguir en la investigacin de la verdad: Se debe determina r en primer luga r con toda precisin y claridad el objeto a que se va a encaminar nuestra investigacin. Entindase bien la cuestin y formlese con exactitud y con la mayor sencillez posible, esto es, elimnese de ella todo lo que no haga al caso. Divdase en cuanto sea posible el gnero en sus especies y seprese lo que sea diferente. Debemos comparar lo que nos es conocido en la cuestin con lo que nos es desconocido: y si de aqu surge alguna verdad, insstase con diligencia hasta que lleguemos a la que buscamos.

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OBRAS 134 \ 134 \ En la investigacin, y mientras 65 no demos con la verdad, debemos proceder gradualmente de lo fcil a lo ms difcil; reptase el examen de la cuestin, y si lo emprendemos de nuevo, no se proclame la cosa como falsa o poco probable, cuando no la comprendemos a no ser que queramos ponernos en el ridculo 66 de pretender dejar nuestra mente vaca de toda verdad y de toda falsedad. Captulo II El mtodo lgico-sinttico o de trasmitir los conocimientos Una vez que se ha investigado y se ha llegado a la verdad por el mtodo analtico, se expone a los dems siguiendo el mtodo sinttico: esto es lo que se llama sntesis. El hecho de demostrar tiene tal virtud de estimular a los dems a raciocina r que aquel con quien se discute no puede seria y sinceramente dejar de prestar su asentimiento. Para lograr de manera segura el convencimiento de los dems, se deben observar las siguientes cuatro reglas: Emplense trminos claros y rectamente explicados y definidos. Una vez definida una palabra, debe cuidarse de no emplearla por negligencia, en el transcurso de la argumentacin, con sentido distinto. Evtense las digresiones y dispngase todo con orden. Toda proposicin de la cual se va a inferir algo como consecuencia, debe ser o evidente por s o deducida como consecuencia necesaria de otras premisas Captulo III El mtodo de estudio Llamo mtodo de estudio al que debe presidir nuestros estudios para extraer por nosotros mismos, de la lectura de los libros, la disciplina que investigamos. Y o estimo realmente que por falta de un buen mtodo, muchos hombres agudos aprovechan poco en sus estudios, no obstante dedicarles bastante tiempo. He aqu las reglas con cuya aplicacin se extrae el fruto de la lectura de un libro. No se debe emprender ningn estudio sino despus de haber purgado la mente de los prejuicios temerarios que hayamos adquirido, a travs bien 65. Mientras etc. Conjetura. Roto en el original. 66. Ponernos en el ridculo Conjetura. Roto en el original.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 135 / 135 de lecturas de malos libros, bien del trato con gentes vulgares. Debemos escoger un buen auto r Lase mucho, pero no muchas cosas. No pasemos de una cuestin a otra sino despus de haber comprendido bien la primera. No se debe prescindir de nada, ni aun de aquello que nos parezca de poca importancia. No se deben desperdiciar las ocasiones de tratar los asuntos con otras personas para comprender con claridad lo que se sepa de cada uno. No se debe prescindir de los autores que sostienen tesis contrarias a la nuestra hasta haber comprendido perfectamente el sistema de aqul a cuyo estudio nos hayamos aplicado. Conviene, por ltimo, consultar una y otra vez los conocimientos que hayamos adquirido en nuestro estudio, con personas doctas. 67 Captulo IV El mtodo de discusin Toda discusin se desarrolla entre dos personas, una de las cuales se suele llamar mantenedo r el que defiende la conclusin, al paso que la otra la combate, por lo que se llama oponente. Ha y adems, el que asume el partido del mantenedor y se llama presidente. Expondr a continuacin brevemente lo que debe hacer cada uno de los disputantes para proceder con correccin y que no se conviertan en disputadores 68 desagradables. Consejos comunes a todos los disputantes: e l que vaya a discutir debe ir con el nimo lleno de liberalidad; debe precaverse de la ira, de la mordacidad y de los chistes envenenados; debe comprender plenamente el asunto que se va a discutir; los adversarios deben defender sus proposiciones hasta donde se pueda realmente hacer sin obstinacin contumaz. Consejos para el oponente: antes de entrar en su oposicin, el oponente debe interesar del mantenedor explicacin de los trminos, para evitar logomaquias; debe oponerse a la tesis con un silogismo cuya conclusin sea la contradictoria de aqulla. Vyanse demostrando las premisas con nuevos silogismos hasta llegar a uno cuyas dos premisas conceda el respondente. Consejos para el mantenedor: e l mantenedor debe recoger el silogismo propuesto por el oponente; repetir las premisas; advertir en re67. No se debe emprende r ... personas doctas Prrafos reconstruidos en parte por conjetura, debido al estado del original. 68. Disputadores En latn, disputatores por conservar el sentido peyorativo de la palabra.

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OBRAS 136 \ 136 \ lacin con cada una, si la concede, la niega o la deja pasar provisionalmente, empleando las frmulas siguientes: concedo la mayo r niego la meno r pase la mayo r Si en un aspecto concede una premisa y en otro la niega, debe hacer uso de la distincin y emplearla para argumenta r. Pero hasta ahora no hemos hablado sino de los preceptos de la Lgica. Pasemos ahora a las cuestiones.

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CUESTIONES QUE SE SUELEN PLANTEAR A CERC A DE LA FILOSOFA Y DE LA LGIC A EN S MISMAS D ISER T ACIN PRIMER A L A F ILOSOFA EN GENER AL Artculo I Existe la Filosofa? S, existe la Filosofa. Prueba: Filosofa es el conocimiento cierto y evidente de las cosas por sus causas ms altas. Ahora bien, conocemos muchas cosas con certeza y con evidencia por sus causas ms altas. Luego, s existe la verdadera Filosofa. Prubase la menor: el conocimiento deducido de manera evidente de principios conocidos con evidencia, es conocimiento cierto y evidente. Mas conocemos gran nmero de principios y de stos se deducen otros muchos de manera evidente; luego conocemos muchas cosas de manera cierta y evidente. Aclaracin de la menor: en Lgica conocemos con evidencia el siguiente principio: d os cosas iguales a una tercera son iguales entre s, del que se deducen las reglas de la argumentacin; en Metafsica: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, de donde se deducen muchos principios relativos al ente comn. Y lo mismo ocurre en las restantes partes de la Filosofa. Luego conocemos muchos principios y de stos, etctera. Resolucin de objeciones: se puede objetar: todo nuestro conocimiento es incierto y oscuro; pero si esto es as, no existe la verdadera Filosofa; luego no existe la verdadera Filosofa. Pruebo la mayor: nuestro conocimiento depende enteramente de los sentidos; pero los sentidos se engaan y nos engaan; luego nuestro conocimiento es todo incierto y oscuro. Distingo la mayor: nuestro conocimiento depende enteramente de los sentidos, como de cierto prerrequisito que excita el conocimiento, concedo; como de reglas de nuestro conocimiento, niego.

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OBRAS 138 \ 138 \ Y distingo asimismo la menor: los sentidos se engaan y nos engaan por s y por su misma naturaleza, niego. Por accidente, porque a veces no son suficientemente agudos o no estn bien preparados, concedo. En efecto, los sentidos perciben las cosas sensibles, y tal como las perciben las muestran al espritu, sin discernir si son o no en s mismas como las muestran: esto es misin de la razn. Pero en la Metafsica trataremos ampliamente de esta forma de razonamiento 69 que depende de los sentidos. Se objetar: en toda la Filosofa abundan opiniones contrarias. Luego no hay nada cierto... 70 Respondo diciendo que el argumento no prueba sino que la Filosofa es imperfecta en el hombre, pero en ningn modo inexistente. Ha y, en efecto, muchas cosas en que todos convienen y muchas que no comprendemos, de donde nace la conocida sentencia: El arte es duradero y la vida breve, la ocasin es imprudente, la experiencia engaosa y el juicio difcil. Artculo II Qu es la Filosofa? La pregunta qu es? es posterio r segn el Doctor Anglico, a la de existe? Una vez, pues, demostrada la existencia de la Filosofa, corresponde hablar de la esencia de la misma. La Filosofa se define diciendo que es el conocimiento cierto y evidente de las cosas por sus causas ms altas, logrado por medio de la sola luz natural. Prueba: por la palabra Filosofa se entiende la sabidura natural; pero la sabidura natural es el conocimiento natural, cierto y evidente de todas las cosas, por sus causas ms altas, logrado por medio de la sola luz natural. Luego esta definicin de la Filosofa es legtima. Prueba de la menor: decimos que la sabidura es conocimiento, porque se trata de una especie de conocimiento; lo llamo cierto y evidente para distinguirlo del erro r que es el conocimiento falso; de la opinin, que es el conocimiento dudoso e incierto; y de la fe, que es el conocimiento no evidente. Digo por sus causas ms altas, para distinguirlo de la ciencia en su sentido corriente, y se aade, logrado por medio de la sola luz natural, para distinguirlo de la Teologa. Luego, la sabidura natural es el conocimiento de todas las cosas, etctera. 69. Forma de razonamiento En latn, forma ratiocinationis Conjetura. Roto en el original. 70. ...Roto en el original.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 139 / 139 Objeciones: primera: la Filosofa abarca en su mayor parte cosas falsas, oscuras y dudosas. Luego, no es el conocimiento cierto y evidente. Distingo el antecedente: la Filosofa abarca en su mayor parte cosas falsas, oscuras y dudosas, como objetos propios a los que hay que prestar asentimiento, niego; como objetos extraos sobre que juzga, concedo. Pertenecen a la Filosofa slo las cosas que se desprenden de manera cierta y evidente de principios conocidos y de proposiciones demostradas. Segunda: la Filosofa se ocupa del conocimiento de Dios; pero Dios no tiene causa; luego, la Filosofa no es el conocimiento por las causas ms altas. Distingo la menor: Dios no tiene causa de que dependa, concedo; por donde se le pueda conoce r niego. En efecto, la Filosofa conoce a Dios por sus criaturas y por principios conocidos naturalmente, como causas del conocimiento que tiene de l. Artculo III Divisin de la Filosofa Establezcamos antes la divisin de la ciencia natural. La ciencia natural se divide en racional o lgica y real. La real se divide en Metafsica, Fsica (en que se incluye la Medicina: de donde la sentencia de donde acaba el fsico comienza el mdico), Moral y Ciencias Matemticas. Se llaman Matemticas puras las que tratan de la cantidad separada de la materia; y mixtas, las que consideran la cantidad concreta y sensible. Son puras la Geometra, que estudia la cantidad continua, y la Aritmtica, que se refiere a los nmeros. Son mixtas, la Msica, que considera el ritmo en los sonidos; la Astronoma, que mide la cantidad y el movimiento de los cuerpos celestes; la Geometra llamada especial, que mide la tierra; la ptica, que estudia los rayos visuales, y la Mecnica, que examina las fuerzas y las leyes de las mquinas. CONCLUSIN: la Filosofa se divide adecuadamente en Lgica, Metafsica, Fsica y tica. Demostracin: Filosofa es el conocimiento cierto y evidente por las causas ms altas, logrado por medio de la sola luz natural; pero entre las ciencias naturales slo estas cuatro tienen por objeto los primeros principios de las cosas; luego, la Filosofa se divide adecuadamente en Lgica, etctera. Explicacin de la menor: la Lgica investiga los principios ms altos del raciocinio; la Metafsica se ocupa de las cosas ms altas, Dios y las almas; la Fsica estudia el movimiento y el origen remoto de la naturaleza; la Moral examina las acciones del hombre y sus causas y fines ms altos. Luego entre las ciencias naturales slo estas cuatro, etctera.

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OBRAS 140 \ 140 \ Confirmacin de la conclusin: la Filosofa se refiere o a las cosas que estn en el alma, o a las que estn fuera del alma. Si lo primero, o se refiere a las operaciones del espritu, y es la Lgica, o a las acciones del hombre y es la Moral. Si lo segundo, o se refiere a las cosas separadas de toda materia, y es la Metafsica, o a las cosas sumidas en la materia y es la Fsica. Luego la Filosofa se divide adecuadamente en Lgica, Fsica, Metafsica y tica. Se puede objetar: una sola forma no se puede dividir correctamente en varias partes; pero la Filosofa es en cierto modo una sola forma. Luego, no se puede dividir correctamente en cuatro partes. Distingo la mayor: una sola forma simple, concedo; una sola forma compuesta, niego. La Filosofa, en su totalidad, es una forma compuesta de distintos conocimientos particulares, de los cuales unos constituyen la Lgica, otros la Metafsica, etctera. Se argir de nuevo: pero la Filosofa es una sola forma simple; luego estamos en el mismo caso. Prueba: donde no hay sino un solo objeto formal, a sabe r la conocibilidad natural de las cosas, no hay sino una sola forma simple; luego, no hay ms que una forma simple. Pero conviene que haga algunas advertencias para que se comprenda este argumento y su solucin. El objeto de las ciencias es de tres clases: uno material, esto es, la materia sobre que versa la ciencia y a que se refieren todos los preceptos de la misma; otro formal, que consiste en la manera de llegar la ciencia a su objeto, o sea la formalidad o la razn que se enfoca del mismo. Segn esto, el objeto material de la Filosofa lo constituyen todas las cosas naturalmente conocibles; el formal, por el contrario, la conocibilidad de las mismas. Otro se llama objeto total, adecuado o de atribucin, esto es, el que resulta del material y del formal. As, el objeto de atribucin de la Filosofa son todas las cosas naturales. Entre la ciencia y el objeto media algo gracias a lo cual se alcanza el objeto, como entre la Filosofa y las cosas naturales median los principios por los cuales conocemos aquellas mismas cosas. Este medio se llama razn bajo la cual. As, el objeto formal de la Filosofa es genrico y comn a todas sus partes; poco ms o menos como la animalidad es comn a los hombres y a los animales... 71 preexistentes. Distingo la mayor: hay una sola forma simple donde hay un solo objeto formal y especfico, concedo; genrico, niego. Y todava se argir: la memoria es tambin una facultad del alma; luego, por lo que a ella se refiere, tenemos que admitir que se la puede incluir en la Filosofa. Distingo el antecedente: la memoria es una facultad activa del alma, susceptible de ser sometida a reglas, niego; es una 71. ... Roto en el original.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 141 / 141 facultad pasiva y receptiva, no susceptible de ser sometida a reglas, concedo. 72 Tengamos en cuenta que estas partes en que hemos dividido la Filosofa son partes integrantes, si se considera la Filosofa como el conjunto de todas las facultades necesarias para vivir rectamente; pero si se la considera como la sabidura en general, aquellas partes sern especficas. Artculo IV Origen y causa eficiente de la Filosofa Para que resulte ms clara la cuestin es necesario saber qu causa eficiente es aquella que produce una cosa. Puede ser primera, la que la produce primeramente; y segunda, la que o bien restaura una cosa ya producida y destruida, o bien la extiende, acrecentndola. DE AQU LA PRIMERA CONCLUSIN: la causa eficiente primera de la Filosofa es Dios, que la infundi al primer hombre. Se prueba con el XVII del Eclesistico, donde se dice de nuestros primeros padres: Les dio Dios la voluntad de pensar y los llen de la disciplina del entendimiento (Lgica); les infundi la ciencia del espritu (Metafsica); llen de sentido su corazn (Fsica); y les mostr el mal (tica). Y se prueba adems por la razn: Dios cre a Adn perfecto dotndolo de alma y de cuerpo; pero no hubiese sido perfecto en cuanto al alma si no hubiese estado dotado de la Filosofa, que constituye una de las mayores perfecciones del espritu humano; luego, del mismo modo que desde un principio fue creado perfecto en cuanto al cuerpo para poder procrear hijos, ocurri otro tanto en lo que se refiere al espritu mediante la Filosofa y otras ciencias tiles al hombre, para que pudiera gobernarlos. Se opondr, primero: todo pecador es ignorante; ahora bien, Adn pec; luego era ignorante; luego no tena Filosofa. Distingo la mayor: todo pecador es ignorante habitualmente y siempre, niego; lo es de hecho, concedo, puesto que lo es porque no emplea en una ocasin y en un momento determinados su ciencia; as Adn pec, no porque no tuviera ciencia, sino porque no hizo uso de ella cuando su voluntad se vio arrastrada por el objeto del pecado. Y segundo: ningn filsofo ha podido pensar que la serpiente hubiese hablado; pero Adn, segn la narracin bblica, pens que la serpien72. Y todava se arguir ... concedo Prrafo reconstruido en parte por falta del texto en latn.

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OBRAS 142 \ 142 \ te haba hablado; luego, no tena Filosofa. Distingo la mayor: ningn filsofo ha pensado que la serpiente hubiese hablado, por su propia naturaleza, concedo; como instrumento de una naturaleza superio r niego. Adn y Eva creyeron en efecto que por boca de la serpiente hablaba algn ser superior; y en esto no se engaaron, sino en haber dado crdito a lo que dijo. Tercero: leemos en el Gnesis que despus del pecado se abrieron los ojos de Adn y de Eva, esto es, adquirieron el conocimiento de que carecan; luego antes eran ignorantes. Distingo el antecedente: se les abrieron los ojos en cuanto a los conocimientos naturales o filosficos, niego; en cuanto al conocimiento experimental de la rebelin del cuerpo contra el espritu, concedo. La Escritura habla de excitaciones de la concupiscencia, que no haban experimentado antes Adn y Eva. La Filosofa se fue apagando poco a poco durante muchos aos y fue restaurada por los hombres, que son as su causa eficiente secundaria. Demostracin: la Filosofa de Adn sigui fluyendo, como de una fuente perenne hacia su descendencia; mas, poco a poco decay por negligencia de los hombres, cultivndola algunos varones singulares en diversas pocas, como queda explicado en el aparato filosfico; luego los hombres, mediante su razonamiento, son la causa secundaria de la Filosofa, tanto cuando investigan con su propio esfuerzo, como cuando aprenden algo de otros. Artculo V Otras causas de la Filosofa Debe tenerse en cuenta que causa eficiente es aquella por la cual existe la cosa; la material, de qu, la formal, por qu; y la final para qu. La material es de tres clases: de que, en que y acerca de que. La primera es aquello de lo cual se hace algo; la segunda es el sujeto en que est contenido algo; la tercera, el objeto acerca del cual trata la ciencia. La Filosofa no tiene causa material sino que el entendimiento es el sujeto en que est contenida. Se prueba la primera parte: el hbito puramente espiritual y que reside en una facultad puramente espiritual no tiene materia de que, porque lo espiritual difiere esencialmente de lo material; ahora bien, la Filosofa es un hbito puramente espiritual que reside en una facultad puramente espiritual luego no tiene, etc. Pruebo la segunda parte: la potencia que es capaz de discurso y de conocimiento cientfico, es susceptible de recibir la Filosofa; el entendimiento es capaz de discurso y de conocimiento cientfico; luego es sujeto en que puede ser recibida la Filosofa.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 143 / 143 CONCLUSIN SEGUNDA: e l objeto material de la Filosofa est constituido por las cosas todas, tanto divinas como humanas, conocibles de manera natural; el formal, en cambio, lo constituye la propia conocibilidad de aquellas cosas por sus causas ms altas. Pruebo la primera parte: e1 objeto material de la Filosofa es aquello sobre que versa; pero la Filosofa versa sobre todas las cosas, tanto divinas como humanas, conocibles de manera natural; luego el objeto material de la Filosofa est constituido por las cosas todas, etctera. Demostraremos ahora la segunda parte: el objeto formal de la Filosofa es aquella razn formal de que la Filosofa verse sobre todas las cosas, a tenor de lo que queda expuesto anteriormente en el artculo tercero; pero la conocibilidad de las cosas por sus primeras causas es aquella razn formal de que la Filosofa verse sobre todas las cosas, tanto divinas como humanas; luego, el objeto formal de la Filosofa es la conocibilidad o comprensibilidad de las cosas por sus primeras causas. Se podr argir en contra, primero: Dios y sus obras principales son el objeto de la Teologa; luego no son objeto de la Filosofa. Distingo el antecedente: Dios es el objeto de la Teologa en cuanto es conocible mediante el razonamiento natural, niego; mediante razonamientos basados en la revelacin, concedo. En efecto, es el objeto de la Filosofa en cuanto se le puede conocer por medios naturales, esto es, como causa primera y autor de la naturaleza; en cuanto autor de la gracia, es objeto de la Teologa. CONCLUSIN TERCERA: obsrvese ante todo que fin es aquello para lo que se hace algo. Es de dos clases: el fin que o por qu, aquello que se quiere alcanzar; y el fin para quien, esto es, la persona a quien aqul est destinado. El fin que puede se r a su vez, prximo, lo que se persigue de manera inmediata; y remoto, al que se llega por medio del primero. As tendremos que el fin para quien de la Filosofa es el hombre; el fin que prximo es el conocimiento de la verdad y la prctica de la virtud; el fin remoto, la felicidad natural; el fin ltimo es Dios. Pruebo la primera parte: toda la Filosofa se encamina al provecho del hombre; luego ste es el fin para quien de aqulla. Pruebo la segunda parte: el fin que prximo es el bien a que se tiende en Filosofa; pero filosofamos para conocer la verdad y para vivir honradamente; luego el fin que prximo de la Filosofa es el conocimiento de la verdad y la prctica de la virtud. La prueba de esta parte facilita 73 la de las otras. Pruebo la tercera parte: la felicidad natural consiste en la unin perfecta del hombre con Dios, conocido y amado en cuanto puede serlo de 73. La prueba de esta parte facilita Conjetura. Roto en el original.

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OBRAS 144 \ 144 \ manera natural; pero la Filosofa y las dems ciencias dirigen el espritu del hombre de manera que lo induzcan al conocimiento y al amor de Dios; luego, la felicidad natural es el fin remoto. Y ahora pruebo finalmente la cuarta parte: como quiera que toda Filosofa se encamina en ltimo trmino a Dios, ste es indudablemente el fin ltimo de aqulla. Se puede replicar: dice el Apstol que no tienen excusa los filsofos porque conocen a Dios por medio de la Filosofa; luego sta, lejos de hacer felices a los hombres, aumenta su desgracia. Distingo el consiguiente: la Filosofa aumenta la desgracia de los hombres por s, niego; por accidente y a causa de una inclinacin viciosa de los mismos, concedo. La Filosofa nos muestra suficientemente el bien y reprueba el mal. Si el hombre, imbuido en su luz, obra mal (y en este caso no tiene excusa puesto que no puede alegar ignorancia), la malicia es exclusivamente suya. Contra la ltima: muchos se dedican a la Filosofa por vanagloria, por ser bien vistos, etc., lo cual desva al hombre de Dios. Luego, Dios no es el fin ltimo de la Filosofa. Distingo el consiguiente: luego Dios no es el fin de la Filosofa, esto es, no es el fin de la operacin, niego; no es a veces el fin del filsofo operante, pase. La Filosofa se encamina por s a Dios, mas los que se aplican a ella descuidan con frecuencia este fin. Artculo VI Naturaleza de la Filosofa Trataremos aqu nicamente de la necesidad y de la utilidad de la Filosofa; por lo cual sealamos dos maneras de ser necesaria una cosa: una absoluta, de medio o simple; es deci r aquello sin lo cual no se puede lograr la cosa, como el alimento para la vida; otra condicionada o de utilidad o secundum quid, segn la cual se dice que algo es necesario para poder lograr una cosa con menor dificultad; en este sentido son necesarios el caballo y el dinero al viajero. Debemos advertir igualmente desde ahora que se puede considerar al hombre de tres maneras: en sentido privado, en cuanto es hombre; polticamente, como ciudadano de un Estado, y en sentido cristiano, como fiel de la Iglesia. En las conclusiones que siguen expondremos cun necesaria es la Filosofa al hombre, considerado bajo cada uno de estos tres aspectos. CONCLUSIN PRIMERA: la Filosofa es necesaria con necesidad de medio para completar la perfeccin natural del hombre. Prueba: el hombre, para ser perfectamente completo en el orden natural, debe adornar su entendimiento con verdades y su voluntad de buenas costumbres; pero el hombre no puede lograr esto de manera

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 145 / 145 cabal sin la Filosofa, que distingue la verdad de la mentira y lo bueno de lo malo; luego la Filosofa es necesaria 74 con necesidad de medio 75 para completa r etctera. Pero se dir: en la Escritura se llama a la Filosofa afliccin del espritu y ocupacin muy mala. Se lee asimismo: e l que aade ciencia, aade dolo r y la ciencia volvi fatuos a todos los hombres; luego, la Filosofa es nociva al hombre y no completa, por consiguiente, su perfeccin. Explico los testimonios sagrados: el estudio de la ciencia es extraordinariamente agradable en s; pero se la llama afliccin del espritu porque al descubrir las miserias humanas hace que nos entristezcamos y nos aflijamos por ellas. Se llama a la ciencia o estudio de las cosas ocupacin muy mala, en el sentido de trabajosa y difcil, porque aunque los frutos de la ciencia son muy agradables, tiene races amargas. En cuanto a las palabras la ciencia volvi fatuos a todos los hombres, respondo que Jeremas (cuyas son tales palabras) habla por comparacin a la ciencia divina, en relacin con la cual es tan pequea nuestra ciencia en su conjunto, que se la puede tener por inexistente. CONCLUSIN SEGUNDA: la Filosofa es muy til al hombre en cuanto miembro del Estado. Es evidente: el hombre, o gobierna la nacin, o est a su servicio dedicado a la Jurisprudencia, a la Medicina, a las Armas o a alguna otra profesin. Pero la Filosofa es muy til al ciudadano considerado bajo cualquiera de estos aspectos; por consiguiente la Filosofa es muy til, etctera. Pruebo las distintas partes de la menor: corresponde a los prncipes y a los magistrados establecer el orden en el pueblo; pero el establecer el orden es ocupacin propia de sabios y la Filosofa es la sabidura; luego aqullos deben ser sabios en grado superior al de los dems ciudadanos. Esto es evidente tambin en cuanto a la Medicina, por estar subordinada a la Fsica, as como en lo tocante a la Jurisprudencia, que es parte de la tica. Del Arte Militar indica lo mismo la Escritura cuando dice: En la guerra vale ms la ciencia que la fuerza; y es mejor el sabio que el fuerte. En una palabra, Cicern nos dice que 76 la Filosofa fue el origen y el fundamento de todas las disciplinas; luego, la Filosofa es 74. Luego la Filosofa es necesaria. En latn, ergo, Philosophia est necessaria Conjetura. Roto en el original. 75. Con necesidad de medio. En latn, necessitate medii Conjetura. Roto en el original. 76. En una palabra, Cicern nos dice Traduccin dudosa por defecto del texto latino.

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OBRAS 146 \ 146 \ muy til al hombre como miembro del Estado o considerado en su aspecto poltico. CONCLUSIN TERCERA: l a Filosofa es tambin muy til a los hombres 77 para defender la Religin. Demostracin: la misma Escritura emplea con frecuencia argumentos 78 filosficos; los Santos Padres ponderan muchas veces la utilidad de la Filosofa para la defensa 79 de la fe; muchos Doctores de la Iglesia descollaron en las Ciencias Naturales; los mismos Concilios apoyan sus decisiones 80 en argumentos filosficos. 81 Por ltimo: gracias a la Filosofa son atrados a la fe con ms facilidad los infieles instruidos. Sin la Filosofa, mal se pueden desenmascarar los sofismas de los herejes. Las sagradas enseanzas son ms agradables cuando las vemos confirmadas por el conocimiento humano. La Teologa es necesaria para la conservacin de la fe; pero la Filosofa es una preparacin a la Teologa, y por ello lo es tambin para la fe; luego es muy til al hombre considerado como fiel de la Iglesia, etctera. Se objetar: San Pablo advierte a los fieles, en la segunda Epstola a los Colosenses, que se guarden de la Filosofa como de una seductora. Luego, no es til al cristiano. Respondo que San Pablo habla, no de la verdadera Filosofa cristiana, sino de la frvola, sofstica y plagada de errores contrarios a la fe. La misma interpretacin se ha de dar a los Santos Padres cuando desaprueban la Filosofa por engaadora de cndidos y creadora de supercheras. Artculo VII Sob re si conviene ms al filsofo seguir una sola escuela y a un solo maestro en cuya autoridad se apoye, que estudiarlos todos seleccionando lo que haya dicho cada uno de verdad o por lo menos de ms verosmil, dando modestamente de lado a lo dems CONCLUSIN NICA: Es ms conveniente al filsofo, incluso al cristiano, seguir varias escuelas a voluntad, que elegir una sola a que adscribirse. 77. Hombres En latn, Hominibus Conjetura. Roto en el original. 78. Emplea con frecuencia argumentos En latn, utitur argumentis Conjetura. Roto en el original. 79. Defensa En latn, defensionem Conjetura. Roto en el original. 80. Decisiones En latn, conclusiones Conjetura. Roto en el original. 81. Filosficos En latn, philosophicus Conjetura. Roto en el original.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 147 / 147 Se prueba primero, con un texto de San Agustn refirindose a la Teologa, pero que se puede aplicar a nuestro objeto: No vacilemos en emplea r no uno sino todos los argumentos que podamos encontra r porque tanto ms firmemente convenceremos a los herejes, cuanto con ms salidas contemos para escapar a sus trampas. Luego, tambin est permitido al filsofo cristiano extraer argumentos de todos los sistemas filosficos. Se prueba tambin por la razn: elegir una sola escuela con preferencia a las otras nos priva de libertad para filosofar porque el cario a la escuela y a su maestro nos oscurece el juicio 82 y pone obstculos en el camino del logro de la verdad. Oigamos a Sneca: Tened siempre en cuenta esta sola sentencia: no encomiendes esto a la curia sino hazlo t mismo. Y Cicern: n inguna escuela ha sido tan falsa que no haya tenido algo de verdadero; ningn erro r por el contrario, tan tenaz, que no se pueda decir que tiene algo de verdad. Luego es ms conveniente, etctera. 83 Agregar algunas sentencias de Santo Toms para que vean hasta los propios aristotlicos cunto nos conviene seleccionar de todos los filsofos, incluso de los paganos. En la primera parte de la Summa Theologica, cuestin 84 a artculo 5, dice expresamente que en las cosas que no ataen a la fe es lcito seguir a cualquier filsofo sin adherirse a uno determinado... puesto que Basilio y Agustn y muchos santos siguen la opinin de Platn en cuestiones filosficas que no afectan a la fe. En el tercero de los Quatlibetorum, cuestin 4 a artculo 1 o dice que cada cual puede, a su arbitrio, opinar comoquiera, para que sea un hecho lo que dice San Pablo a los Romanos: Sea cada uno rico de sus opiniones. En otra parte dice: Por lo que a esto se refiere (las opiniones de los filsofos), n o debemos preocuparnos mucho porque el estudio de la Filosofa no tiene por objeto conocer el pensamiento de los hombres, sino cul es la verdad de las cosas. Se puede objetar: cada ciencia alcanza su mxima perfeccin con la unidad de los principios; luego conviene ms al filsofo adscribirse a una sola escuela. Distingo el antecedente: con la unidad de principios, propia y absoluta, concedo; relativa, niego. Los principios deben ser unos y verdaderos en sentido absoluto y en s mismos; mas no tienen que ser unos en sentido relativo, sino tomados de todas las escuelas a voluntad, siempre que no sean contradictorios entre s. 82. Nos oscurece el juicio En el original, tenebras efficit Conjetura. Roto en el original. 83. Oigamos a Sneca... Luego es ms conveniente, etc. Prrafo reconstruido por conjetura, debido al estado del orignal en latn.

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OBRAS 148 \ 148 \ Se objetar: el navo en el mar peligra, si se ve azotado por vientos de dos direcciones; el perro que persigue a dos liebres no caza ni la una ni la otra; luego, con la mezcolanza de principios distintos no se forma el espritu sino que se le deforma. Distingo el consiguiente: si los principios son distintos, no slo por razn de la escuela, sino tambin en s mismos, concedo; si, por el contrario, aunque de distinta escuela, tienen conexin entre s, niego. Se puede afirmar que es conveniente el conocimiento hasta de los principios que son contrarios entre s, puesto que, aunque la religin catlica como dice San Agustn es una sola y deba defenderse con razones adecuadas, es necesario, no obstante, conocer los dogmas de las otras religiones que nos oponen los herejes, para mejor defender la verdad de la doctrina catlica contra los sofismas de las dems, al mismo tiempo que se demuestra la falsedad de stas. Otro tanto se puede decir de la Filosofa. 84 Artculo ltimo Sobre si le est permitido al filsofo filosofar desdeando la autoridad sagrada Respondo negativamente, porque la verdad no es sino una y simple por ser su autor el propio Dios; pero la verdad no se puede oponer a la verdad; luego, si alguna sentencia filosfica se encuentra en contradiccin manifiesta con una verdad revelada por autoridad sagrada, la primera es indudablemente falsa porque la Filosofa, como la razn humana, debe estar subordinada a la autoridad sagrada como a un juez que la corrija. Se objetar: si ello es as, por este solo hecho queda anulada toda libertad de discurso; pero esto va contra nuestra conclusin anterior; luego, es lcito al filsofo filosofar incluso prescindiendo de la autoridad sagrada. Niego la mayor porque la libertad de filosofar no se da para admitir los errores sino que tiene sus lmites y dependiendo de la razn humana, que es falible, debe conocerse a s misma y acatar con reverencia la altsima autoridad sagrada. 84. Se puede decir... Filosofa. Prrafo reconstruido por conjetura, debido al estado del original en latn.

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DISER T A CIN SEGUND A DE LA LGIC A EN S C UESTIN P RIMER A P RIMER A P AR TE DE LA L GIC A Artculo nico Sobre si la idea puede ser falsa La verdad lgica, llamada tambin de conocimiento, consiste segn queda dicho, en la conveniencia de nuestras ideas con su objeto. De donde resulta que, sea cual fuere la idea, su verdad consiste solamente en la conformidad con la cosa representada, y no en la afirmacin o la negacin. En el juicio, por el contrario, la verdad, llamada de composicin, est precisamente en la afirmacin y la negacin. La verdad lgica se llama tambin verdad de representacin. SENTADO LO ANTERIOR DIGO: l a idea, tanto simple como la compleja, puede ser verdadera. Prueba: se dice que una idea es verdadera cuando corresponde a su objeto; pero la percepcin, sea simple o compleja, puede estar conforme con su objeto; luego puede ser verdadera. Pruebo la menor: la percepcin de un monte, que es una percepcin simple, y la de un monte escarpado, que es compuesta, pueden estar conformes con su objeto, como todos sabemos; luego, tanto la percepcin simple como la compleja, etctera. Digo EN SEGUNDO LUGAR: de esta misma percepcin no se puede decir nunca, hablando con propiedad, que sea falsa. Prueba: debera llamarse percepcin falsa aquella que no estuviese conforme con su objeto; pero la percepcin no puede dejar de estar conforme con su objeto puesto que, si representa la cosa presente tal cual es, est conforme con el objeto; y si no la representa tal cual es, sino otra cosa distinta, v. gr.: si nos muestra como si fuera oro el oropel, la percepcin del oro es verdadera realmente; mas la idea de oropel no es falsa sino inexistente. Luego de esta misma percepcin, etctera.

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OBRAS 150 \ 150 \ DIGO POR LTIMO: De la percepcin se puede decir que es falsa materialmente, como suele decirse, y esto con motivo del juicio subsiguiente. Prueba: para que una percepcin pueda llamarse falsa en el sentido indicado, basta que pueda constituir la materia y la ocasin de un juicio falso; pero la percepcin, especialmente la compleja, puede dar lugar a ello. Y se prueba: la percepcin de oro en presencia de slo oropel puede ser motivo de que alguien juzgue que es oro lo que no es sino oropel; luego, de la percepcin se puede deci r etctera. Objecin contra la primera: ninguna 85 percepcin, sea simple o compleja, afirma ni niega nada; pero la verdad consiste en la afirmacin o en la negacin; luego, la idea no puede ser verdadera. Distingo el consiguiente: no puede ser verdadera con verdad de composicin, concedo; con verdad simple o de conocimiento, niego. La verdad simple no est sino en la conveniencia de la idea con el objeto ms bien que en la afirmacin o la negacin. Objecin contra la segunda: hay el mismo motivo para que una percepcin pueda ser falsa que para que pueda ser verdadera; pero puede ser verdadera por nosotros; luego puede ser tambin falsa por nosotros. Niego la mayor porque la percepcin sera falsa si no estuviese conforme con el objeto representado; pero la percepcin est siempre conforme con su objeto; luego, siempre es verdadera y nunca falsa por s misma. En efecto, si no estuviese conforme con su objeto, no sera falsa sino inexistente. Se dir: la idea que no representa el objeto tal cual es, es falsa por s; pero la idea de oro, en presencia de slo oropel, no representa el objeto tal cual es; luego, es falsa por s misma. Distingo la menor: la idea de oro en presencia de slo oropel no representa el objeto presente tal cual es ni lo que debera de representa r esto es, el objeto determinativo, concedo; no representa el objeto percibido o terminativo tal cual es, niego. El objeto de la idea es de dos clases: uno terminativo y otro determinativo. Es objeto terminativo de la idea, nico objeto propiamente dicho, aquel en el cual se termina la idea o aquello que la idea representa; objeto determinativo de la idea, que no es propiamente objeto aunque de manera impropia se le llame objeto de la idea, es aquello que es causa o motivo de que surja tal idea en el espritu. As, si a la vista de slo oropel surge en nosotros la idea de oro, el objeto terminativo de la idea, llamado con verdad y con propiedad objeto de la idea, ser el oro; y el oropel ser el objeto determinativo de aqulla, un objeto poco menos que extrao en realidad a nuestra idea. 85. Ninguna En latn, Omnis... nihil.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 151 / 151 Las ideas no tienen, pues, por s mismas conexin necesaria con la existencia de las cosas que representan, de donde resulta que por la sola idea de un objeto no se puede afirmar ni negar nada sobre la existencia de dicho objeto. Y la razn de todo esto est en que hay muchos cuerpos distintos por su naturaleza, que por ser del todo semejantes en lo se que se refiere a algunas de sus cualidades sensibles ms destacadas, excitan en nuestros sentidos efectos y movimientos iguales. Ahora bien, es indudable que de impresiones parecidas producidas en los sentidos surgen necesariamente en el espritu iguales ideas. Luego, no podemos evitar que cuerpos dismiles produzcan a veces ideas semejantes y por tanto, no podemos impedir que una idea presente algunas veces a la mente una cosa distinta de aquella que la suscita. Finalmente: la percepcin de un Dios injusto es falsa. Luego hay alguna idea falsa. Niego la hiptesis, esto es, que se pueda dar la percepcin de un Dios injusto: en efecto, o bien por la palabra Dios entendemos, como es debido, un ente sumamente perfecto, o no: si lo primero, la idea de un Dios injusto no existe porque sera en realidad contradictoria; si lo segundo, no hace al caso, toda vez que no es falsa la idea que atribuye la injusticia a un ente imperfecto. Y lo mismo se puede decir de las percepciones llamadas quimricas. C UESTIN SEGUND A S EGUND A P AR TE DE LA L GIC A Artculo I S obre si toda proposicin tiene necesariamente que ser verdadera o falsa Todos en general se preguntan si la proposicin o juicio es un concepto simple o compuesto. Pero comoquiera que la misma pregunta se formula por todos acerca de la tercera operacin de la mente, lo que habremos de exponer en su lugar correspondiente aportar gran luz a la inteligencia de la cuestin propuesta, pues no podemos, ni es posible respecto a todas, tratarlas por separado. DIGO POR TANTO: absolutamente toda proposicin lgica, esto es, toda proposicin que exprese algn juicio, es o verdadera o falsa. Prueba: toda proposicin lgica o est conforme con el objeto que significa y con el pensamiento que interpreta, o no lo est ni con el uno ni con la otra; pero, si est conforme con su objeto y su pensamiento, es verdadera; si no lo est, es falsa. Luego, toda proposicin lgica, etctera.

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OBRAS 152 \ 152 \ Se objetar: las proposiciones prcticas, aquellas de que decimos que producen lo que significan, como sucede con las sacramentales, no son verdaderas porque antes de que se expresen no tienen objeto ninguno; tampoco son falsas porque producen su objeto; luego, no toda proposicin lgica, etctera. Respondo que las proposiciones prcticas son verdaderas porque, apenas se expresa su ltima slaba, alcanzan su verdad y estn de acuerdo con la cosa significada. Y se volver a objetar: hay algunas proposiciones de cuya verdad se sigue su propia falsedad y viceversa; as, si digo de pronto: Miento, sin haber pronunciado antes una palabra, si es verdad, es tambin falso al mismo tiempo puesto que si digo la verdad no miento; si es falso, es tambin verdad al mismo tiempo, porque es verdad que miento. Respondo que esta clase de proposiciones, llamadas insolubles, son ms gramaticales que lgicas puesto que hablando con propiedad no expresan ningn juicio. Artculo II Sobre si una proposicin verdadera puede convertirse en falsa y viceversa Nos referimos aqu solamente a las proposiciones contingentes porque son verdaderas de suerte, que en el mismo momento en que lo son pudieron ser falsas. As DIGO: n inguna proposicin verdadera puede convertirse en falsa ni viceversa. Se prueba respecto de las proposiciones de pretrito: el objeto de la proposicin de pretrito es inmutable porque no hay poder capaz de hacer que lo pasado no haya pasado; luego tambin lo es la misma proposicin. Respecto de las proposiciones de presente: todo lo que existe, cuando existe, tiene que ser lo que es en ese momento puesto que es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo. Luego, el objeto de la proposicin de presente es tambin inmutable, y por tanto lo es tambin la misma proposicin. En cuanto a las proposiciones de futuro: en el momento que se designa en la proposicin el predicado o es lo que se enuncia en relacin con el sujeto, o no lo es ; si lo primero, es verdadera todo el tiempo anterior al momento sealado; si lo segundo, es falsa. Luego, ninguna proposicin etctera. Se objetar: la verdad y la falsedad son accidentes de la proposicin; luego la verdadera se puede convertir en falsa y al contrario. Distingo el antecedente: son accidentes de la proposicin, en el sentido de

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 153 / 153 que no son de su esencia, concedo; en el sentido de que cualquier proposicin verdadera puede ser falsa y cualquiera falsa ser verdadera, niego. Toda proposicin contingente pudo en un principio ser verdadera o falsa; pero una vez que fue verdadera, ya no puede ser despus falsa. Se dir: una pared blanca se puede convertir en negra; luego, una proposicin verdadera se puede convertir en falsa, puesto que la verdad se da en la proposicin de manera contingente como la blancura en la pared. Niego la consecuencia y la paridad: la diferencia est en que en la proposicin no se mantiene el mismo sujeto con el que se pueda comparar el predicado de manera que una vez sea falsa y otra verdadera, al paso que se mantiene la misma pared que puede ser privada de su blancura y pintada de negro y por lo tanto se puede realmente decir de ella que ha cambiado. Y se insistir: una proposicin puede ser indiferente para significar este o aquel momento del tiempo; pero en este caso puede ser verdadera para uno y no serlo para otro; luego, una proposicin verdadera puede cambiarse, etc. Distingo la mayor: una proposicin puede ser indiferente para significar este o aquel momento del tiempo antes que se formule juicio sobre su verdad o su falsedad, concedo; una vez que se ha formulado inicio sobre su verdad o su falsedad, niego. C UESTIN TERCER A T ERCER A P AR TE DE LA L GIC A Artculo I Sobre si el raciocinio es un acto simple del espritu o, por el contrario, algo compuesto Hablamos aqu solamente del raciocinio interno o discurso, no de la argumentacin o raciocinio externo, esto es el oral y el escrito, acerca de los cuales no hay duda de que sean compuestos. Tngase en cuenta adems que el raciocinio, tomado en este sentido, puede ser considerado o bien como un tipo de oracin que abarca las premisas y la conclusin, o bien como una consecuencia solamente. En el primer caso es compuesto; en el segundo, simple. Se prueba la primera parte: el concepto formado de varios actos, es algo compuesto de los mismos; pero el raciocinio tomado en el primer sentido est constituido por el asentimiento de la mayo r el de la menor y el de la consecuencia, que constituyen varios actos; luego, es algo compuesto. La segunda parte es clara porque la consecuencia se forma en un solo acto. Luego, es algo simple.

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OBRAS 154 \ 154 \ Se objetar: el juicio es un acto simple del espritu; pero el raciocinio es una especie de juicio por ser la propia razn afirmando o negando; luego es una cosa simple. Distingo la menor: el raciocinio es una especie de juicio, nico y simple, niego; compuesto o mltiple, concedo: en efecto, el raciocinio no es un solo juicio con unidad de simplicidad sino con unidad de composicin. Y se volver a objetar: el discurso consiste formalmente en el juicio del consiguiente; pero este juicio es nico o simple; luego, el raciocinio tambin ser una cosa simple. Distingo la mayor: el discurso, tomado en su conjunto y correctamente considerado, consiste formalmente en el juicio del consiguiente, niego; el discurso considerado como mera consecuencia, concedo: en este ltimo sentido, es realmente algo simple puesto que se verifica en un solo acto. Artculo II Como la demostracin produce la ciencia La demostracin produce realmente la ciencia. Se discute slo sobre si la produce como causa eficiente de la misma. En consecuencia afirmo como cuestin nica: el asentimiento a las premisas en la demostracin produce, como causa eficiente, el asentimiento a la conclusin. As lo expresa Santo Toms cuando dice: Las premisas tienen carcter de causa eficiente y activa de la conclusin. Se prueba por la razn: se admite que el acto por el cual la causa eficiente se encamina hacia otro acto concurre a l de manera efectiva; pero el entendimiento, mediante el asentimiento a las premisas, se encamina al asentimiento, a la conclusin; luego, el asentimiento a las premisas en la demostracin, etc. La menor es cierta y conviene que lo sea en opinin de todos. La mayor tambin porque por el mismo hecho de que un acto se encamine hacia otro, este segundo es como su criatura y su descendiente, y procede, por tanto, de aquel de manera efectiva. Se objetar: lo que no existe no puede ser causa de otra cosa; pero el asentimiento a las premisas no existe en el momento en que asentimos a la conclusin porque no puede haber dos asentimientos al mismo tiempo en un mismo entendimiento. Luego, el asentimiento a las premisas no es la causa del asentimiento a la conclusin. Distingo la menor: el asentimiento a las premisas no existe en s mismo, concedo; no existe en su virtualidad, esto es, en la claridad o en la determinacin con que induce al entendimiento a asentir a la conclusin, niego. Y se replicar: ningn acto vital de una sola potencia concurre de manera activa a otro acto de la misma potencia: la visin, por ejemplo,

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 155 / 155 no produce otra visin; luego el asentimiento a las premisas no produce como causa eficiente, etc. Distingo el antecedente: ningn acto vital de una potencia concurre de manera activa fsicamente, concedo; moralmente, niego. El entendimiento y el objeto son principio suficiente para producir sus actos; pero uno de estos actos puede dirigir el entendimiento y excitarlo a otro, lo cual es concurrir moralmente. Artculo III Sobre si el entendimiento, dadas las premisas de un silogismo legtimo, tiene que asentir necesariamente a la conclusin DIGO: d adas las premisas de un silogismo legtimo, el entendimiento tiene necesariamente que asentir a la conclusin. Los maestros de una y otra escuela estn de acuerdo en la verdad de esta proposicin. El Doctor Anglico dice: e l entendimiento admite natural y necesariamente los principios, y las conclusiones que tienen con ellos una conexin necesaria. Y el Doctor Sutil confiesa con claridad que asentimos necesariamente a la conclusin a causa de los principios. Prueba: el entendimiento no puede dejar de asentir a la verdad que se le manifieste claramente; ahora bien, dado el asentimiento a las premisas, la conclusin que se desprende por s sola de aqullas, se presenta al entendimiento como evidente y manifiestamente verdadera; luego dadas las premisas, etctera. Confirmacin: la conclusin est virtualmente contenida en las premisas; luego, quien haya asentido a las premisas de la demostracin no es posible que pueda impedir el asentimiento a la conclusin. Se opondr: el entendimiento tiende a la verdad de la misma manera que la voluntad tiende hacia el bien; pero la voluntad puede dejar de amar lo bueno; luego, puede tambin el entendimiento dejar de asentir a la conclusin. Distingo la mayor: en cuanto al acto, concedo; en cuanto al ejercicio, niego. Del mismo modo que la voluntad no puede odiar el bien, el entendimiento no puede juzgar verdadero lo que es falso; pero se diferencian la una y el otro en que la voluntad tiene libertad de ejercicio en cuanto al bien, al paso que el entendimiento carece de ella cuando se trata de la verdad. Se objetar adems: 86 para que el entendimiento asienta a una conclusin deducida de premisas que se refieren a la fe, se requiere el consentimiento previo de la voluntad; luego, el entendimiento puede no 86. Se objetar adems En latn, Item.

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OBRAS 156 \ 156 \ asentir a esta clase de conclusiones. Distingo el antecedente: para asentir a las premisas, concedo; para asentir a la conclusin, despus de haber asentido a las premisas, niego. Aunque sea necesario el consentimiento previo de la voluntad para admitir premisas oscuras e inevidentes, no hace falta cuando se trata de la conclusin. Artculo IV Sobre si al mismo tiempo puede haber en un mismo entendimiento acerca de un mismo objeto y considerado bajo el mismo aspecto, ciencia, fe y opinin SEA PUES: en un mismo entendimiento puede habe r al mismo tiempo, acerca del mismo objeto, ciencia, fe y opinin, en cuanto a los argumentos o medios en que aquel se apoya; pero en este caso slo la ciencia afecta el espritu. Pruebo la primera parte: para ello bastar con que se conozcan los argumentos o medios que emplean acerca de un mismo objeto la ciencia, la fe y la opinin; pero esto es posible; luego, en un mismo entendimiento puede haber al mismo tiempo, etctera. Pruebo la menor: se pueden conocer los argumentos con que se demuestra la existencia de Dios, sea la revelacin por la cual se cree, sea el consenso de los hombres ms sensatos, que la admiten como verosmil; luego, se pueden conocer los argumentos, etctera. Pruebo la segunda parte: una cualidad por s sola afecta el espritu en el caso de que por ella sola quede convencido, en forma tal, que no lo pueda estar ms; pero de este modo afecta la ciencia al entendimiento puesto que ella elimina la duda que deja la opinin y disipa las tinieblas que encierra la fe; luego, en este caso slo la ciencia, etctera. Se objetar: del mismo modo que lo cierto y lo incierto son opuestos entre s, lo son la alegra y la tristeza; ahora bien, la voluntad puede tener alegra y tristeza por el mismo objeto puesto que la voluntad de Cristo estaba alegre y triste por su pasin. Luego la ciencia y la opinin, etc. Distingo la prueba de la menor: estaba alegre y triste por su pasin considerndola desde distintos puntos, concedo; bajo el mismo aspecto, niego, porque la pasin, en cuanto tormento del cuerpo llenaba a Cristo de tristeza; en cuanto era la redencin de los hombres, lo llenaba de alegra. Se dir: el filsofo cristiano sabe por demostracin que hay Dios y, no obstante esto, lo sabe por la fe, pues siendo cristiano debe creer los artculos de fe; luego, la ciencia y la fe, etc. Niego la segunda parte del antecedente, y en cuanto a la prueba, distingo: el cristiano debe

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 157 / 157 creer los artculos de fe mientras sean objeto de fe, concedo; cuando le son evidentes, niego: en efecto, en este ltimo caso dejan de ser artculos de fe en relacin con l puesto que la fe se da slo respecto de cosas oscuras y no evidentes. Y por ltimo: la misma evidencia de una cosa puede ser el motivo que determine el espritu a cree r puesto que nuestro seor Jesucristo dijo a Santo Toms que dudaba de su resurreccin: Crees, Toms, porque me has visto; luego, se pueden dar ciencia y fe en un mismo entendimiento, etc. Distingo la prueba: Santo Toms crey porque vio de tal manera que fue uno mismo el objeto de la visin y el de la fe, niego; de manera que vio una cosa y crey otra, concedo, puesto que tocando la carne de Cristo, crey en su divinidad. Cuestin ltima Criterio de verdad y de falsedad A R TCULO NICO C U AL SEA EL CRITERIO FIRME Y SEGURO P AR A ALC ANZAR LA VERD AD Hay ciertos caracteres llamados criterios de verdad porque sirven para diferenciar lo verdadero de lo falso, y acerca de los cuales difieren las opiniones de los filsofos. Epicuro fija tres criterios: el sentido, la anticipacin o ideas recibidas de los sentidos y las pasiones o apetitos con que se distingue lo moral. Asclepades seala slo el sentido; Anaxgoras la mente; y lo mismo los pitagricos. Platn y la mayor parte de sus discpulos lo establecieron en las ideas innatas, y de ellos tom ms tarde Descartes su doctrina. Entre los discpulos de Platn, Cipo y Xencrates establecieron los sentidos como criterio para las cosas sensibles y el entendimiento para las inteligibles. Este mismo fue el parecer de Aristteles, pero agregando que el entendimiento es el principal criterio. Descartes estableci como criterio la regla siguiente: De las cosas ciertas y manifiestas no se puede dudar sino una vez en la vida; ms tarde escribi que el principio de toda verdad y el fundamento de toda la Filosofa es ste: Pienso, luego existo. Finalmente estableci este criterio: Es verdad todo aquello que concebimos clara y distintamente. Algunos modernos con los peripatticos, han sealado como criterio de verdad la evidencia o, lo que es lo mismo, esta proposicin: s e debe afirmar con toda certeza de una cosa todo aquello que est comprendido en la idea clara y distinta de la misma. Huet crey que el criterio

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OBRAS 158 \ 158 \ estaba en la palabra de Dios, y Espinoza que en la razn humana; Malebranche cree que el espritu se une esencialmente a Dios, viendo en l todas las cosas, y considera que el criterio de verdad es la inspiracin divina. Mi parecer es el siguiente: el entendimiento, en posesin de las reglas de la Lgica, es suficientemente apto para distinguir lo verdadero de lo falso. Prueba: el que demuestra que un predicado conviene a un sujeto distingue lo verdadero de lo falso; pero para esta demostracin basta el entendimiento en posesin de las reglas de la Lgica, toda vez que la demostracin consiste en el enlace de silogismos cuyas premisas son las definiciones, los axiomas, los principios, etc., y cuyos consiguientes estn necesariamente enlazados con aquellos y de ellos se deducen de manera evidente, todo lo cual se ensea en la Lgica; luego, el entendimiento en posesin de las reglas de la Lgica, etctera. Se objetar: lo que necesita de otro criterio no es el criterio de verdad; pero las reglas de la Lgica necesitan de otro criterio, puesto que para demostrarlas es necesaria la evidencia; luego, el entendimiento en posesin de las reglas de la Lgica no es criterio suficiente. Distingo la menor: se necesita una evidencia tal, que ms tarde haya que confirmarla por medio de las reglas de la Lgica, concedo; que no haya que confirmarla, niego. Toda dificultad desaparece, si se llega a entender el estado de la cuestin. Se objetar adems: el criterio de verdad puede consistir en este principio: e s imposible que una cosa exista y no exista al mismo tiempo; luego hay algo, fuera de las reglas de la Lgica, que puede ser criterio de verdad. Distingo el antecedente: y la proposicin que haya que demostrar tiene que ser reducida a aquel principio por medio de las reglas de la Lgica, concedo; de otra manera, niego. La respuesta a esta objecin es la misma que la dada a la precedente. Y a contis, jvenes amables, con las reglas y con las cuestiones de Lgica que os he enseado por estimar que os sern tiles en alto grado. Espero que, si os aplicis ahincadamente a ellas, como es debido, con toda vuestra capacidad y con vuestro natural deseo de aprende r no os resultarn penosas. Puede que a alguien le parezca poco. A m se me antoja suficiente, habida cuenta de vuestra preparacin; pero no os costar gran trabajo aprender muchsimo ms con la sola lectura de los autores.

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APNDICE NOT AS MANUSCRIT AS POR GONZLEZ DEL VALLE AL FINAL DEL CU ADERNO DE PHILOSOFIA ELECTIV A DEL P JOS AGUSTN CABALLERO O BSER V ACIONES 1. Se comienza por la historia de la Filosofa y no por el estado actual de la ciencia. 2. El criterio de unidad en la eleccin de las cuestiones y su solucin se echa de menos: no se halla. 3. Hay mucho de la escuela de Port Royal: ms poda haber; es lo mejo r. 4. Hay de la Escolstica; hay intenciones de entrar en la va nueva a vueltas de algn resabio de anti... en doctrinas y en el modo de presentar las objeciones y contestarlas. En fin, hay que estudiar el cuaderno. Despus del Pbro. D r D. Agustn Caballero, hoy catedrtico de Teologa en el Colegio Seminario, entr el Pbro. D. Bernardo Ogavn; luego el S r D. Flix V arela, que abri una poca a la Filosofa en la Isla. En Santo Domingo y la Merced se //[explica] por Roselli, escolstico puro. En San Francisco, donde estudi D. Pepe de la Luz bajo la direccin de Fr. Luis Gonzaga V alds y F r Francisco Villegas, era representada y mejor servida la ciencia con la enseanza por el texto del S r Altieri. Es notable ac, como en Europa, que la Orden F ranciscana aparezca con ms crdito filosfico que las otras rdenes, despus de las glorias de Santo Toms y acaso en su mismo tiempo, preparando la emancipacin de la ciencia. En San Agustn, el texto era de Purchot, de quien se muestra no poco apasionado el D r Jos Agustn Caballero. No hay que olvidar tampoco al Pbro. D r D. Ricardo Ramrez, catedrtico tambin de Teologa en el R. Colegio de San Carlos, eminente por los buenos estudios, por su deseo de infundir aliento, y paciencia en seguirlos y por no temer que el error pueda tener el tiempo por su//yo, como deca con frecuencia. Sabe ingls, francs y con no comn perfec

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OBRAS 160 \ 160 \ cin, el latn. Fue de entre los catedrticos del Colegio de San Carlos el ltimo Directo r Pertenece a la plyade de los calificados sacerdotes que formaban el foco de luces que all junt el Excmo. e Ilmo. S r Obispo D r D. Jos Daz de Espada y Landa, de patritica y piadosa recordacin. Pro. D. Manuel Garca Domnguez, catedrtico de Perfeccin de La/ /tn y Humanidades. Filosofa Pbro. D. Flix V arela. Teologa Pbro. D r D. Agustn Caballero. Pbro. D r D. Ricardo Ramrez. Derecho Patrio Pbro. Licdo. D. Justo Vlez. Licdo. D. Jos Agustn Gobantes. La Teologa de texto era la Lugdunense. De Locis Theologicis, por el Ilmo. Obispo electo de Canarias Melchor Cano. LGICA Captulo I No se acord el D r Caballero de lo que ya se haba mostrado el punto de la p ercepcin. Captulo II F alta de mtodo. Primero es el examen de la actualidad y luego el origen. Captulo III La cuestin de Nominalistas y Realistas Captulo IV De las categoras, que cayeron en descrdito hasta que en 1840 // comenz a hablarse entre nosotros de Kant. Captulo V Manent vestigia raris. Captulo VI Insisto en que hay que asignar una parte en la cuestin al don de hablar y otra al hecho posterior de irse formando idiomas. No todo aqu es obra del hombre. Captulo I Segunda parte La proposicin es al juicio lo que el trmino a la idea. ... ... ra el trabajo mecnico de las proposiciones y el cap. III Tercera Parte Hay no poco que aprovecha r. Remito la obra del abate Para, donde hay puntos que pueden compararse con los que toc el D r D. Jos Agustn Caballero, en 1797 y 1798.

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ESCRITOS FILOSFICOS ESCRITOS FILOSFICOS I Discurso sobre la Fsica 1 Una ciencia, que no contiene ms que frvolas cuestiones sin decidir las que parecen importantes, sino nicamente con probabilidades apoyadas sobre hiptesis, slo puede interesar a un pequeo nmero de ignorantes, siendo como imposible que extienda sus lmites, porque el deseo de saber que nace con el hombre, naturalmente le conduce hacia 1. Este trabajo fue publicado el 1 o de septiembre de 1791, de modo annimo. Una copia del mismo se hallaba en el archivo de Francisco Gonzlez del Valle. Aparece publicado en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 10-14. SEGUND A P AR TE A R TCULOS D ISCURSOS I NFORMES

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OBRAS 162\ 162\ l a verdad, y por lo mismo todo lo que carezca de ella no le puede fijar la atencin. Cerca de veinte siglos no fue otra cosa la Fsica, que un ridculo laberinto de sistemas apoyados unos sobre otros, y por lo comn opuestos entre s. Cada filsofo se crea en la obligacin de formar uno nuevo, y esta multiplicidad de errores redundaba en descrdito de las opiniones filosficas. Se aadir a esto que los profesores de esta ciencia ponan particular cuidado en producirse con expresiones enigmticas, que slo ofreca ideas confusas, inteligibles nicamente a los que queran convencerse, no por razn, sino por capricho. Los maestros se valan en sus explicaciones de palabras que carecan de sentido y una docilidad mal entendida las admita ciegamente, sin ms razn que porque se introducan. La reforma de Descartes sac a esta ciencia tan mal cultivada, y tan poco conocida, de las tinieblas en que tanto tiempo permaneci, librndola de la oscuridad con que se haba establecido en las escuelas bajo la autoridad de Aristteles. La Metafsica de Descartes ech sus fundamentos sobre la buena Fsica, y la sana moral, probando slidamente la existencia de Dios, la distincin del cuerpo y del alma y la inmortalidad del espritu. Forzado a crear una Fsica nueva no pudo darla mejo r Su plan es harto noble e inteligente, y aunque el siglo en que vivio no se hallaba en estado de suministrarle mejores materiales, descubri a lo menos el camino para sacudir el yugo escolstico de la opinin, de la autoridad, de las preocupaciones y de la barbarie. No logr el fin de su reforma sin muchas contradicciones, porque la preocupacin pudo al principio ms que la razn. Prueba la revolucin y encono que incit en los nimos esta novedad, la resolucin que tom la Universidad de Pars de hacer frente al Parlamento, que crey era conveniente se prohibiese la enseanza de Descartes, porque de lo contrario peligraba la quietud del Reino, y acabaremos de formar una idea del exceso de estas revoluciones si damos crdito a la opinin, que con algn fundamento se sigue, de que la envidia procur con un veneno acabar la vida de este hroe, ponindolo en ejecucin los gramticos de Estocolmo durante el tiempo que permaneci en esta capital por condescender a los ruegos de la Reina Cristina, que deseaba pusiese en prctica varios proyectos en favor de las ciencias. Pero como la verdad siempre luce, no faltaron en medio de estas controversias sectarios ilustres que abrazaron el partido de Descartes, contndose, entre otros, el P Malebranche, Arnauld, Rgis, F ontenelle, con cuyo ejemplo, ya amortiguado el primer ardor que exalt la novedad, se fue adoptando poco a poco el sistema, reformndose las escuelas y admitiendo la nueva doctrina.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 163 / 163 Poco tiempo despus Newton, que debi los primeros conocimientos de la Filosofa a los escritos de Descartes y Keplero, juzg su tiempo oportuno para acabar de desterrar de la Fsica las hiptesis y conjeturas, sometindolas a las experiencias y a la Geometra; con cuyo medio puso a la Fsica en estado de mucha perfeccin, dejando campo abierto para hacerla continuamente ms interesante y til. Luego se mostraron newtonianos, maupertuis y V oltaire, quienes encontraron muchas dificultades para vencer la resistencia del partido de Descartes; pero sea que el sistema de Newton influa sobre las opiniones de la escuela, o que tena fundamentos ms slidos, se admiti generalmente. Todas estas reformas contribuyeron para establecer un mtodo constante y verdadero, que condujo al nico medio de estudiar la naturaleza, no adivinando sus secretos, y suponindola tantos fines y virtudes cuantos eran los fenmenos que deban explicarse, sino interrogndola por las experiencias y estudindola con observaciones contnuas y bien meditadas. Y a no deben admitirse en la clase de los conocimientos naturales sino los que evidentemente parezcan verdaderos. Este mtodo ha formado sabios, y los nuevos descubrimientos han excitado un gusto general a la Fsica. Todos desean ya que sus principios sean familiares. Los muchos talentos que se han dedicado a su enseanza y estudio la han perfeccionado, los descubrimientos se multiplican, los errores se corrigen, las dudas se aclaran y se obliga a la Naturaleza a descubrir sus secretos. Cada nuevo descubrimiento tiene una aplicacin que redunda en provecho de la sociedad. El patrocinio que muestran los reyes a esta ciencia, el establecimiento de tantas academias, los muchos profesores a esta facultad y los aplausos y veneracin que merecen, entre todas las naciones los que la cultivan, son otros tantos testigos que prueban su utilidad. Esta es manifiesta por s. Todas las artes, oficios y ciencias la necesitan. En todo se mezcla, todo lo facilita y todo lo lleva a su debida perfeccin. Estamos persuadidos que la palabra Filosofa, que significa amor a la sabidura, no puede tener otra base que la verdad. Esta es la que busca la Fsica, y el medio nico de encontrarla es ser amante de ella, y abrazarla como tal, de cualquiera parte que venga, sin preciarse de ser newtoniano o cartesiano. Debemos penetrarnos del ms profundo respeto y reconocimiento hacia los grandes hombres que nos han comunicado sus discursos y enriquecido con sus descubrimientos, pero no hemos de ser esclavos de la autoridad. Aquel autor ha de seguirse con preferencia, que demuestre mejor su opinin con experiencias ciertas, o por reglas seguras, sin preocuparnos de que es francs, ingls o espaol; pues todos los que aman y profesan la Fsica deben mirarse como conciudadanos.

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OBRAS 164\ 164\ II Discurso filosfico 2 Muri para siempre el horrsono escolasticismo en Europa. Tal guerra le hicieron F eijo, Torres, Quevedo, el Apologista Universal y el Padre Centeno. Desaparecieron con l las negras sombras que oscurecan los delicados entendimientos. Entr en su lugar la antorcha de la verdad: el experimento. Repitironse stos. Concordronse sus efectos. F ormse la experiencia, y de las sucias mantillas del ergotismo sali sacudindose el polvo de los entes quimricos, luminosa y brillante, la filosofa racional, la fsica experimental, la qumica metdica y todas las dems ciencias naturales. Hasta este punto anduvieron vagantes y sin domicilio. Cada filsofo opinaba segn su capricho porque faltaban datos constantes que reuniesen sus opiniones en un punto. De aqu la diversidad de stas, y de aqu las de todos los que discurriendo sobre una misma materia no partan de principios uniformes. Ahora fijaron sus slidos cimientos para muchos siglos. Conocer la naturaleza como es en s, es el objeto de las ciencias naturales. Analizarla es el modo de conocerla. No de otra manera dice Condillac adquirimos los conocimientos en que entramos con la edad, que analizando. El que ms y mejor analiza, tiene mayor y ms claro talento y puede hacer mejor sntesis, o reproducir mejores ideas combinadas. Qu diferente camino el que siguieron los filsolos antiguos de ste! Entregados del todo al discurso, dejaron a un lado la naturaleza. No vean lo que tenan a los pies, y andaban indagando lo que haba sobre los cielos. Consumieron toda su vida disputando de las voces, y no de las cosas. Vana sabidura que no consista en conocer las cosas, sino en jugar de las voces. Que es ver a un aristotlico armado de ergo tala r, queriendo probarlo todo sin experimentar nada. As quera Don Quijote vencer soberbias peleas sin ms ejrcito que su brazo, ni ms armas que su lanza y escudo. Pero qu caros le costaban en la prctica estos osados acometimientos! Aqu cae herido en tierra. All es apaleado por todo el cuerpo. Acull sufre un candilazo en la mollera. En la otra parte le hacen rodar por el monte los brazos de los pretendidos gigantes. As andis vosotros, miserables ergotistas! Enristrando el ergo y embrazando el distingo, acometis la soberbia hazaa de introduciros en ciencias que nunca habis saludado. Pero con qu efecto? Con el 2. Publicado en el Papel Peridico de la Havana, el 1 o y el 14 de marzo de 1798. La autora de este artculo, aparecido bajo el seudnimo de El Filsofo, fue atribuida a Caballero por Jos Augusto Escoto, Trelles y Francisco Gonzlez del Valle. Aparece publicado en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 129-134.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 165 / 165 ms ridculo imaginable, porque aqu cais en una contradiccin, all soltis un desatino, acull confunds lo blanco con lo negro y en todas partes hablis mucho y no decs nada. Pensabais con dos reglitas de barbara celarem haberos hecho dueos de todas las ciencias? No, seores filosofastros. No se comparan a tan poca costa los conocimientos de ellas. Es menester leer las obras de los Padres. Es necesario repetir sus experimentos. Es preciso quemarse las cejas en los hornillos y en los bufetes. Es indispensable comparar los resultados, y en fin, no hay otro medio que seguir el consejo de Horacio: Qui cupit optatam cursu contingere metam Multa tulit, fecitque puer sudavit et alxit. Pero ya, a Dios gracias, dir el pblico, estamos libres de este gnero abominable de insectos. Y a qued orillado el ente de razn, y cedi todo el lugar al Real. Slo se trata de las cosas como son en s. En fin, ya no se disputa sino se demuestra. Y a no se ergotea, sino se dogmatiza. A y seores! As es en toda la Europa sabia, y as deba ser en todo el mundo. Pero es as en la Habana? Respndame el que lo entienda, que al que no, lo recuso. Y o no quiero pronunciar afirmativamente que no, porque hay algunos sujetos que superando preocupaciones inmensas han llegado a tocar por s la luz de la verdadera filosofa. Me abstendr de asegurar que en los ms discursos entran como perfiles indispensables el sed sic est, el ergo y el subsumo. No me sera difcil probarlo; pero como quod per se patet demostratione non indiget, lo omito. Slo s dir que hace pocos das se me present delante uno de estos espectros ergotistas, que habiendo conocido en el olor de los reactivos que yo era fsico experimental y qumico moderno, requiri al momento sus armas escolsticas, y me embisti con un denuedo sin pa r Del primer bote de ergo me quiso hacer consentir en que el medio ms seguro de hallar la verdad es el raciocinio y discurso y no el experimento. Pero vindome inmvil, acometi con otro segundo en que aseguraba que de nada vale un qumico sin la forma silogstica, pues no es ms que un ente lleno de especies indoctas y sin digestin. Permanec tan sordo como la luna cuando le ladran los perros, y viendo mi frialdad exclam en alta voz como compadecido de m: Ah, ciegos filsofos, ustedes son la causa de la decadencia de las ciencias, y vendran a ser la destruccin de ellas! La oracin ira a seguir as: si no hubiese quijotes escolsticos tan aguerridos como yo que las sostuviesen, pero se detuvo. Entonces volv la cara, le mir, me sonre un poco y segu a paso lento mi camino.

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OBRAS 166\ 166\ Qued el ergotista hecho un energmeno, pues tambin sta es una de las circunstancias del buen ergotista. V omitaba por aquella boca silogismos como paja. Y o no tuve cuidado con lo que deca, porque no tuve por qu tenerlo; pero como caminaba despacio, siempre me sonaba al odo la cantaleta que repeta con grande fervo r y repartiendo saliva de accidente, substantia, esentia, quiddidad, qualidades, entes, palabras de tal virtud en la secta ergotista que entretejidas al derecho o al revs, dispuestas en pebre o estofado, matizadas con uno u otro sed sic est, unos cuantos ergos, y en medio algn retorqueo apoyado en dos o tres subsumos, forman el grupo de todos sus discursos, la masa de todos sus guisados, el man de sus entendimientos y el proteo de todas las formas. Porque a todo se acomoda, a todas las materias alcanza, y en fin es horma que hace a todos pies aunque sean tuertos, y el que una vez llega a cogerla, ya tiene licencia para tratar de omni scibili. Y o no extrao que sientan el desprenderse de esta prenda preciosa los poseedores de ella. Que no hay ms que abandonar una llave maestra de hablar de todo, llave que se lleva sin que estorbe en un rincn, el ms pequeo del entendimiento, que la aprende a usar a la primera leccin un muchacho a trueque de haber de adquirir las infinitas que necesita el que haya de abrir de uno en uno los registros de las ciencias experimentales. Un muchacho? Seamos ingenuos. Y o fui en mis primeros aos de esta secta, y la amaba tiernamente; mas la recomend y ense a mis discpulos. Qu vanidad no tena del poder de mi entendimiento! Cmo revolva todo el universo y lo sujetaba al discurso! Experiencia! Lo mismo era orla nombrar que cerraba y apretaba los ojos hasta arrugarlos. Pero los abr al fin, y la vi con tiempo; me avergonc mucho de no haberla visto antes. Desert de las banderas del engao, y pas a las de la verdad, y mis discpulos mismos pusieron a la puerta de mi estudio el siguiente epitafio que quisiera yo poder fijar a la puerta del de cada uno de los ergotistas de esta ciudad: EPITAFIO Y ace aqu un entendimiento Que ayer de todo entendi, Y hoy que vio lo que no vio Vio que cuanto vio era viento. El Filsofo.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 167 / 167 III Discurso apologtico 3 Muri para siempre el horrsono escolasticismo en Europa. Muri? Pues requiescat in pace. Y a quin se le atribuye esa muerte? No se sabe si fue natural? Dijo un filsofo experimental, y de ms a ms qumico moderno, que result de las guerras con Feijo, Torres, Quevedo, el Apologista Universal y el Padre Centeno. Pues seo r no queda duda. Vlgate Dios, qu desgracia! Pero s hay quien niegue, no el hecho, sino el gnero de muerte. Y de qu dicen que muri? Dale! Que slo en la guerra hay muerte? Muri de viejo. Pues ya que muri es muy justo que honremos la memoria de los ancianos. Y cul es ese horrsono escolasticismo? Porque si el nuestro es tan perjudicial como nos lo pintan, silencio jaceat, y si no pudiese ser por aquello de horrisonaque pereat ejus memoria cum sanito. Pero, por el contrario, si no es tan malo como se dice, y hay algunos hurfanos interesados en que se le hagan las honras, es razn apologizar su mrito pstumo. Ea, vamos adelante; chanzas a un lado, y hablemos de verdad, de verdad. Al primero y segundo prrafo del Peridico del da primero de marzo, no hay cosa que responder porque todas son pinturas halageas, y tan ciertas como las que le hace un amante a una fea cuando la quiere burla r mucho de tinieblas disipadas, y nada, seo r algo de ilustracin, sucil de Condillac, y poco ms de nada. El tercero me est revolviendo la gana de preguntar al Filsofo si se atreve a sostenerlo. Y se lo he de pregunta r Dgame V seor qumico moderno o de moda que es lo mismo: es verdad que jur nuestras banderas? No le consta a V que para nosotros la experiencia, de acuerdo con la razn en la filosofa natural, es el primero y ms slido argumento?, que el mismo Aristteles nos ense que nihil est in intelectus quod prius non fuerit in sensu ? Pues con qu justicia larga V aqul mentirn? Qu no hay ms experiencia que la que se adquiere en las hornillas quemndose las cejas y los dedos algunas veces? En qu hornillas se las quem Newton y otros muchos sabios de estos ltimos tiempos? Qu para V todas las ciencias 3. Este Discurso apareci, como contestacin al anterio r bajo el seudnimo de El Peripattico, en el Papel Peridico de la Havana, los das 12, 15 y 19 de abril de 1798. Es difcil determinar si se trata de una rplica real o supuesta al Discurso filosfico. Exista una copia de este trabajo en el archivo de Francisco Gonzlez del Valle, y bien pudiera de un escrito del mismo presbtero Caballero, en un intento por presentar los argumentos que, a favor o en contra, podan manejarse en el incipiente debate filosfico de finales del siglo XVIII en Cuba. Aparece publicado en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 135-142.

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OBRAS 168\ 168\ necesitan hornillas? Esta inmediacin al fuego lo tendr a V tan irritado contra nosotros hasta el extremo de llamarnos filostrofastos. Pues, seor filosofito, vamos derecho sin andar tomando esquinas. Hay ciencias reales y racionales. De las primeras unas necesitan hornillas, como la Qumica, la Mineraloga, etc., porque exigen el fuego por sus resoluciones que es todo su encargo, y otras no se acuerdan de hornillas para nada, y son casi todas las dems como la Botnica, la Hidrulica, etc. Las ciencias racionales, no me har V el favor de decirme en qu parte exige hornillas? Pero basta de esto. La Fsica, seor Filsofo, es una ciencia muy universal, y bajo la razn genrica de un objeto se comprenden todas las ciencias naturales. Y a se ve que todas stas se perfeccionan con la experiencia, y eso fue lo que dijo Aristteles nihil est, etc., y ratific Santo Toms, 4 pero sta puede ser o natural o artificial. La primera no necesita de instrumentos porque la indica la naturaleza, y as para saber yo que el fuego quema, me basta haberme quemado; la artificial s, pero no siempre las hornillas sino tubos, cilindros, pndulos, cuadrantes, telescopios, etc., cada uno para su fin. Todo esto nos ensea la escuela peripattica, y porque no me rehuse V le ofrezco no mencionar lo de antao sino los frasquitos de la aguja. Usted, o por malicia o por qu s yo, ha incurrido en dos equivocaciones: la primera, que nosotros lo disputamos todo y nada experimentamos, y la segunda, que ustedes al contrario todo lo experimentan y nada disputan por la fijeza de su ciencia. Una y otra es falsa por algunas partes. Vamos con nosotros. Es cierto que hay muchas materias discutibles, y de ellas disputamos; pero tambin es cierto que hay otras inconcusas sobre que no se ventila sino para ensear a los nios a inquirir la verdad; por otra parte es totalmente falso que nada experimentamos, y que no hacemos caso de ellas para nuestras doctrinas. Escuche V una conclusin que la transcribir literalmente de la Suma filosfica del Padre Roselli. 5 Propotitio prima: Philosophia naturalis non modo experimentis, sed et ratione niti, qua saltem conjici possint causoe rerum naturallium. Propotitio secunda: Si autem ratio causarum non potest, nihilominus experimenta utiliter instituenda ad explorandos rerum naturalium effectus et proprietates. Quiere V saber en qu se funda? Pues dice en una de sus pruebas que porque la filosofa natural estriba en la evidencia de los sentidos como el legtimo criterio de la verdad. Lo mismo dice Goudn, 4. Opeso. 70 q. 5, art. 1. [Nota del autor.] 5. Tom. 2, q. I, art. 4. [Nota del autor.]

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JOS AGUSTN CABALLERO / 169 / 169 Babenstuber y Juan a Santo Toms, y todos los de la escuela. Y tendr V valor para asegurar otra vez que todo lo disputamos y no hacemos caso de los experimentos? V aya otra razoncita para justificar el motivo por que llamamos a la razn y a la disputa en el tribunal de la experiencia. Una cosa es ver el efecto y otra deducir de l la causa. Por los experimentos puedo conocer aqul, pero sin el raciocinio jams se sabr si es esto o aqulla la causa; v.g.: consta que los fluidos suben por la cavidad del tubo; ste es el experimento; unos dicen que es por la pensantez del aire que oprime el agua. 6 Newton lo atribuye a la virtud atractiva y nosotros a la repugnancia que tiene la naturaleza al vaco. Pregunto, quin sentencia este pleito? Porque mientras no se seale la verdadera causa no podemos arrebatarnos. V amos ahora con ustedes. Primeramente, dicen que todo lo experimentan. Enhorabuena. En segundo luga r que nada disputan por la fijeza de sus investigaciones. Esto es ms que falso, y lo ver V saltar en este momento. Cules son el sistema de V o en su ciencia los principios naturales de los cuerpos? Dir V que sal, azufre, mercurio, stos son activos; y agua o flegma y tierra, o caput mortuum, stos son pasivos. Pues mire V ., en una cosa tan trivial disputan y se hallan divididos los mejores qumicos. Pedro Severino, Boquino, Pascalso y Daniel Senerto slo admiten los tres activos; Wilisio aade el espritu y la tierra; Helmonsio todos los reduce al agua; el autor del libro que se intitula De Saggi Anatomice admite cidos, lcali, azufre, flegma y tierra; Tachennio todo lo revuelve en cido y lcali. Tanta est discordia fratrum. Y habr justicia para quejarse de nosotros? Pues si en los principios estn discordes, qu ser en sealar las causas? De aqu inferir V ., seor Filsofo, cun distante estamos fsicos y qumicos, y tuti le mundi de comprender la naturaleza por sus causas; millones de experimentos hay hechos sobre los metales. Las propiedades estn manifiestas, pero y lo dems? V amos ahora a satisfacer el agravio si es cierto el cuentecito del ergotista. Y o confieso a V que tiene mil razones para despreciarlo porque oliendo los reactivos deba suponer a V entretenido en algunas de las ciencias que he dicho necesitan experimentos de fogoncito, y as fue una gana de alborota r bien que aquello de que el medio ms seguro de hallar la verdad es el raciocinio y el discurso, como acabo de deci r no va tan descabellado para que volviera V la cara, lo mirase, se sonrese un poco, y siguiera con paso le nto su camino, porque esa sonrisita est un poco picarona, y tiene sus humitos de amor propio. Supuesta esta confesin que es cuanto se puede hacer en caridad debemos convenir en que porque haya algunos bien llamados 6. In Tentamin. Acad. Cimentine. [Nota del autor.]

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OBRAS 170\ 170\ ergotistas por majaderos, o por majadores, no es motivo para calificarnos de energmenos a los que tal vez tenemos demasiada flema en habla r Y ya es tiempo de responder que el Padre Feijo, Torres, Quevedo, y otros, no trataron de ridiculizar nuestra Filosofa, sino hablaron de los abusos de algunos cursos acadmicos que corren impresos muy defectuosos, o de los abusos de las disputas verbales, o de algunos errores que ha querido introducir uno u otro autor escolstico, pero ya V ve que la voz abuso est diciendo lo que es. A pesar de todo, yo le confieso a V ingenuamente que muchos asertos recibidos por nosotros me chocan en extremo, y privadamente nunca los sostendra; pero tambin es cierto que se hallan impregnados por otros autores modernos de la escuela. Lea V al sabio Roselli, y sabr lo que es bueno. Todo esto quiere decir que no es nuestra Fsica la que ha muerto para siempre en Europa, sino que como fue la primera que se redujo a mtodo, despus de la divisin de Aristteles con Platn, y todos los das se van descubriendo nuevos conocimientos, ha llegado el caso en que los ms axiomas recibidos en aquel tiempo por verdaderos, en el da son falsos, pero nosotros, al menos yo, en vista de la verdad, lo confesamos siempre que la razn compare y apruebe los resultados. Por lo que respecta a las voces accidente, sustancia, esencia, quiddidad, cualidad, etc., y las invenciones de V sobre ellas, me da lugar a que yo vuelva la cara, lo mire, me sonra un poco y siga a paso lento mi camino. Porque, seor Filsofo, de ellas reza todo hombre que no es mudo, y son tan esenciales para explicarse en la misma qumica de que blasona ser profeso r, que de su risita estoy tentado a hacer un mal juicio porque... ms vale calla r. Tambin es necesario prevenir a V que si el no ver instrumentos en nuestras clases le hizo creer los desprecibamos, se enga seguramente porque son otras las causas. Lo primero porque, segn perjudicialsima costumbre, slo se ensea la Fsica general, o los conocimientos universales de las sustancias de los cuerpos, del modo de producirse por la generacin de sus movimientos, etc., y de todas aquellas ideas en que debe instruirse un joven para discernir en los experimentos. Lo segundo porque como no es nuestra profesin inventa r sino hacer aprender lo que otros hacen inventando nos valemos de lo que trabaj Newton, Descartes, Gassendi, Leibniz, Locke y todos los que han hablado de Filosofa; combinamos segn convienen con nuestro experimento, lo mismo que har V si sobre lo que dijo Homberg del sulfure metallorum, que es fuego, halla un experimento opuesto, y lo mismo que hace todo viviente racional cuando consulta con s mismo. Aquello del ente de razn quisiera perdonrselo a V ., y en efecto lo hago, pero proponindole que el desprecio de esa cuestin no recae so-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 171 / 171 bre el ente, sino sobre el mal empleo que hacen del tiempo los que se ocupan en matracar de una cosa que tanto importa saberla como ignorarla. Desprecio muy parecido al que han hecho algunos hombres de juicio de los peridicos a que me contraigo con el titulo rimbombante de Literatura, porque es verdad que slo tienen de tal el tener muchas letras. Y hubo quien me indujera a servirle a V con el epitafio siguiente, ya que V nos ha dedicado el que le pusieron sus discpulos sobre la puerta del estudio, bien que uno y otro le caen como pintados, EPITAFIO Y ace aqu si bien divisas qumico tan sencillo, tanto estuvo al hornillo, se redujo a cenizas. El Peripattico. IV Pintura filosfica, histrica y crtica de los progresos del espritu 7 Dominado de inclinacin a la Filosofia, y ms amante de la experiencia que del vulgar escolasticismo, despus de haber asistido a las exequias del ente de razn, cuya oracin fnebre quiza pronunci el padre Centeno, observo que el restablecimiento de la Fisica Experimental es un objeto sobre que ya debemos discurri r En efecto, cualquiera se maravillar de ver el modo con que alternativamente trasladan las cosas de una regin a otra, y como cada pueblo pasa por todos los grados sealados en el sistema pblico. Las formas mismas de los sabios no estn libres de esta inconstancia que forma el carcter de los humanos. Y Aristteles, al cabo de dos mil aos de triunfos y de glorias, cede por fin al impulso tenaz de tres siglos de guerra, vindose precisado a sufrir el desprecio, el olvido y la muerte. Despus de los tres Bacones, es visto que Descartes, Galileo, Leibniz, Locke, le cercaron por todas partes; pero Newton fue quien le dio el golpe mortal: Newton, as al medio del siglo XVII sin ms que elevar los ojos al cielo, desencastill los cuatro elementos de aquel Jefe, sustituyendo en su lugar los conocimientos ms altos de que es capaz el hombre, y fundando una nueva Filosofa, en la que ense a distinguir las 7. Publicado en el Papel Peridico de la Havana, los das 24 y 27 de mayo de 1798, bajo el seudnimo Apeles post tabulam. Exista una copia en el archivo Caballero de Francisco Gonzlez del Valle. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 143-147.

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OBRAS 172\ 172\ causas de sus movimientos, y a calcularlos con una exactitud que no se poda haber exigido sino al trabajo de muchos siglos. 8 Ahora si examinamos sin preocupacin el estado actual de los conocimientos de Europa, es preciso convenir en los progresos que la Filosofa ha hecho en la pennsula de Espaa; y aunque no me atrever a decir que dejen de recibir culto las manos irritadas del sabio estagirita, sin embargo, las Reales Academias y Sociedades ms ilustres conocen que ha llegado la poca del buen gusto en que se deben desterrar de la Filosofa las conjeturas y las hiptesis, y de someter esta ciencia a las experiencias. En efecto, ella es la que da los conocimientos al paso que adquiere nuevas luces, y la Geometra, adelantando sus lmites, ha introducido su antorcha en las partes de la Fsica que se hallaban ms cerca de s; el verdadero sistema del mundo, despus que el siracusano dio las primeras nociones, ha sido conocido, desenvuelto y perfeccionado, 9 la misma sagacidad a que se haban sujetado los movimientos de los cuerpos celestes, se ha extendido sobre los cuerpos que nos rodean, aplicando la Geometra al estudio de estos cuerpos, o procurando aplicarla, se ha sabido advertir y fijar las ventajas y los abusos de este empleo; en una palabra, desde la Tierra hasta Saturno, desde la historia de los cielos hasta la de los insectos, la Fsica ha cambiado su semblante, y con ella casi todas las otras ciencias han tomado en Espaa una nueva forma, y cierto gusto que acaso no han tenido hasta ahora. En la invencin y el uso del nuevo mtodo de filosofar no hay adelanto en esta facultad que no se le deba al profesor ingls. Enriqueciendo la Filosofa con una gran cantidad de bienes reales, ha merecido sin duda todo su conocimiento; pero l an ha hecho ms que ella, enseando a ser sabia, circunspecta, moderada, y a contener en sus justos lmites esa especie de audacia que los mismos franceses desaprueban en Descartes, especie de entusiasmo que acompa los descubrimientos de los sabios nacionales, 10 esa cierta elevacin de ideas que produjo el Teatro Crtico, el ejemplo de los Soberanos protectores, y puedo decir 8. Muchos sabios de la Europa, no sin graves fundamentos, han querido adjudicar a Leibniz la gloria de los descubrimientos de Newton en este gnero; pero como nunca el que publica puede llevar con justicia la corona del que inventa, Leibniz, el filsofo alemn, disputa el clculo diferencial al ms bello genio que ha tenido Inglaterra. [Nota del autor.] 9. Nicitas, filsofo tuanesa, dej a Coprnico las primera nociones de su sistema y hoy el Coprnico newtoniano es tan comn como antes lo era el de Tycho Brahe y el de Ptolomeo. [Nota del autor.] 10. Los Excelentsimos Sres. D. Jorge Juan y D. Antonio de Ulloa. [Esta nota apareca marcada con una (c) originalmente, pero con el objetivo de mantener la homogeneidad la hemos incorporado a la numeracin empleada.]

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JOS AGUSTN CABALLERO / 173 / 173 11. Peridico nmero 17. [Esta nota apareca marcada con una (d) originalmente, pero con el objetivo de mantener la homogeneidad la hemos incorporado a la numeracin empleada.] 12. El Excelentsimo S r D. Luis de las Casas. [Esta nota apareca marcada con una (e) originalmente, pero con el objetivo de mantener la homogeneidad la hemos incorporado a la numeracin empleada.] profesores de la Fsica Experimental, y de las Matemticas, son otras tantas causas que han debido excitar en los espritus una fermentacin viva, y esta fermentacin, en todas sus fuerzas, se ha conducido sobre lo que se le presenta, del mismo modo que un ro cuando rompe sus diques. Y qu, nosotros, meros expectadores de los estudios de Europa, nos abstendremos de seguir sus huellas, alucinados con el vano aparato de admirarla? Siempre estaremos expuestos a que se nos pregunte, pero es as en la Havana? 11 Est reservado para ella el enfadoso talento de disputarlo todo sin aplicar mucho? Bien conocemos que los adelantos de la Sociedad Patritica (ese ltimo amparo de las Musas) son superiores a lo que podra prometerse su benemrito fundador 12 que el ms amable de los soberanos ha dado muchas pruebas del aprecio con que la mira; que unidos en este cuerpo respetable, los hombres ms instruidos del pas se prestan, sin envidia, sus auxilios y su amistad, esforzndose para mantener el honor de los tres ramos que pueden serles til en las tres clases de Agricultura, Comercio y Artes; que bajo la sombra del mismo soberano se han visto experiencias provechosas, monumentos erigidos a la virtud y a la industria, planes de ciudades, clculos polticos, etc. Pero qu es esto seores? O qu se han hecho las altas ciencias que tanta conexin tienen con las bellas artes? Y o advierto progresos (y cualquiera los advertir) en la msica, en la pintura, en la escritura, en la poesa. Pero dnde estn las luces que se han debido introducir despus que se desenterraron esas mal decantadas tinieblas de Aristteles? Cul es nuestra Qumica? Cul nuestra Fsica Experimental? Cules son nuestras Matemticas? Cules son...? Quiz yo inquiero demasiado. Pero se me querr quitar el anhelo de que se sepa lo que deseo? Es verdad que la introduccin de esas ciencias, y la reforma de otras no menos tiles que interesantes al gnero humano, es asunto que adems de su gravedad exige promoverse por sujetos dotados de fuerza y autoridad, para dar a su voz cierto hechizo encantado r que sin dejar de ser y mantenerse en su decoro del desembarazo y la indiferencia de que debe estar adornado todo espritu. De aqu es que no me contradigo ni pretendo otra cosa que ver si con mi pintura intereso de algn modo la docilidad de los jvenes habaneros, para que ratifiquen sus ideas, pren-

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diendo en su seno aquella noble pasin por los estudios, que ha sido el verdadero estmulo de nuestros padres, hasta el punto de que brillando ellos en este otro hemisferio de la dominacin espaola, a manera de un incendio de luces, se transmitan y se derramen resplandeciendo sobre el trono de nuestro augusto monarca para que le adornen y le eternicen. Apeles post tabulam.

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ESCRITOS SOBRE EDUC ESCRITOS SOBRE EDUC ACIN ACIN I Ordenanzas de las escuelas gratuitas de La Habana 1 Es indisputable que la Habana necesita de escuelas patriticas de primeras letras. Las que hasta ahora han enseado al pblico ni han tenido los requisitos necesarios para proporcionar aprovechamiento y ahorro de tiempo, ni la generosidad de ensear gratuitamente. La escuela de Beln, aunque puede de algn modo exceptuarse del nmero inconveniente, est comprendida en las primeras. La Sociedad Patritica, de ocurrir a unos y otros, consult el nimo de S. M. casi desde su ereccin, y habiendo logrado la aprobacin soberana procedi a nombrar socios que se dedicasen a trabajar sobre el establecimiento de esta obra. Y formasen una memoria donde se comprenda el mejor plan de estudios para un establecimiento teniendo presente las circunstancias que caracterizan nuestro suelo y tambin los fondos que en auxilio de la Sociedad, segn indica el Real Decreto, pueden someterse al celo y patriotismo del Ilmo. S r Diocesano y del cuerpo municipal de esta ciudad. El nombramiento cay sobre nosotros, aunque no tuvimos derecho a esperarlo. La utilidad que resultar al pblico, y el honor que ilustrar a la sociedad en la realizacin de esta nueva obra, son motivos que han avivado nuestra gratitud y patriotismo. Quiz no habremos acertado en el plan que hoy ponemos delante del Cuerpo que nos ha diputado; pero hemos hecho cuanto nos inspiran el celo, el deseo y la obligacin de la Patria. Nuestros primeros pasos se han dirigido hacia las escuelas que hay en el da en la ciudad; nos hemos impuesto de su situacin, del m todo de su enseanza, de los gastos del estipendio que tiran los maestros; 1. Estas Ordenanzas fueron publicadas en las Memorias de la Sociedad Patritica, La Habana, 1794, pp. 71-101. Posteriormente fueron reproducidas en el tomo XVIII de las Memorias, La Habana, 1844, pp. 31-44. Aparecen tambin en Jos Agustn Caballero: Escritos varios, ob. cit., t. I, pp. 19-36.

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OBRAS 176\ 176\ por ltimo, no hemos omitido consideracin ninguna sobre los fondos de la Sociedad y arbitrios pecuniarios; para sostener estas obras hemos deducido por fruto de nuestras consideraciones y especulaciones el resultado siguiente: I. Los escasos fondos y arbitrios slo permiten establecer por ahora dos escuelas gratuitas: una de nios y otra de nias. II. En atencin a que la escuela de Beln se halla situada en el extremo de la ciudad, por cuyo motivo los que viven en el otro no pueden disfrutar el beneficio de ser enseados gratuitamente, nos parece que la escuela de nios se site entre los barrios de San Juan de Dios y el ngel, para que quedando los dos en los extremos, a todos sea igualmente fcil el concurso. III. No habiendo escuelas gratuitas para nias es preciso que la que se va establecer se ponga en el centro de la ciudad, y as deber ser su situacin por las inmediaciones de San Agustn. I V Tal vez ser dificultoso hallar en cada uno de los barrios sealados dos piezas independientes y apropsito para la enseanza; por lo que nos parece mejor que la Sociedad alquile dos casas de extensin suficiente en donde se den las lecciones y vivan sus respectivos maestros. Calculamos que el alquiler de estas dos casas ascender anualmente a 800 pesos. V Para evitar el que alguna ocurrencia suspenda ni un solo da las tareas de la escuela, y para que aqullas se lleven con ms arreglo y comodidad, ser muy al caso asignar al maestro principal un ayudante que supla en sus indispensables ausencias y lo ayude en el trabajo. Por esta consideracin y la del beneficio de la casa de que ha de gozar el maestro, es buen salario el de 40 pesos mensuales, y 20 al ayudante. VI. Es difcil encontrar una maestra que ensee a escribir y a contar con la perfeccin que queremos, y as opinamos, se pague otro maestro con el salario de 20 pesos mensuales, quien deber ir diariamente a la escuela a dar aquellas lecciones, quedando al cargo de las maestras el rezo, la lectura y costura, por cuyo trabajo tasarn 25 pe sos cada una. VII. La escuela costear de su fondo las mesas y bancos y surtir a los discpulos de pauta, papel, plumas y tinta, cuyo gasto, segn el consumo que sabemos tiene la escuela de Beln, montar 300 pesos anuales; siempre que los fondos lo permitan deber dar gratuitamente los libros de la enseanza. VIII. Las circunstancias de ser estas escuelas gratuitas traer sin duda porcin innumerable de nios de ambos sexos, de donde resultar el inconveniente de no ser suficiente un solo maestro; y no sufriendo los fondos otro sueldo para otro maestro, ser til, a fin de evitar la demasiada concurrencia, se admitan solamente en estas escuelas nios y ni-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 177 / 177 as blancas hasta el nmero de 200, reservando admitir en nmero indeterminado cuando lo permita el fondo. IX. Deducimos que el gasto fijo y anual de las dos escuelas es de 2 360 pesos. X. Los maestros y ayudantes sern nombrados por el Gobernador y Capitn General. XI. Ser conveniente que la Sociedad sujete a estas escuelas a un mtodo fijo de enseanza. Y para que este mtodo tenga mejor observacin sugerimos a la Sociedad dipute socios que velen y cuiden de la enseanza. Nos parece que sern bastante seis socios que se nombren en las juntas generales y que lleven el ttulo de Curadores de las escuelas gratuitas. XII. La dificultad de este trabajo est y consiste en asignar de qu fondos poda echar mano la Sociedad para el establecimiento de que se trata. Esta ha sido a la verdad la parte ms dificultosa de nuestro trabajo. Pero proponemos los que siguen: 1 La venta del Peridico deja mensualmente, despus de satisfechos todos sus gastos, desde 45 hasta 62 pesos ms o menos. Destnense 40 de este residuo al objeto presente y juntaremos anualmente 480 pesos. 2 Si la Sociedad tiene a bien agregar a esta cantidad la de 40 pesos anuales, que puede sacar de sus propios fondos, sumaremos en cada un ao 880 pesos. 3 Nos parece conveniente que la Sociedad haga por pasar por manos de sus secretarios cartas polticas a los Sres. Curados y Sacristn mayor de esta ciudad, consultando si gustan ceder de sus rentas alguna porcin para esta obra verdaderamente piadosa. 4 Tambin ser til este mismo paso con los Prelados de los monasterios, y no proponemos se d con los de los conventos porque stos contribuyen gratuitamente a la enseanza de la juventud en sus clases de latinidad, retrica, etctera. 5 Si todos estos arbitrios surten el efecto que es de espera r desde luego que recogeremos el total indicado en el prrafo XX, porque contamos siempre con que el Ilmo. Ayuntamiento debe suplir de sus propios arbitrios de esta ciudad cuanto faltase para el establecimiento de estas escuelas. 6 En el entretanto se allanen las dificultades que pueden ocurrir al realizar estas propuestas, y aun en el caso de que fallasen algunas de ellas, las escuelas podran plantificarse y mantenerse en este ao si la Sociedad aplica 1 000 pesos de los 1 411 pesos y un real que se cuentan como residuo existente del fondo de peridicos. Casi todos los arbitrios hasta aqu propuestos son casuales y estn expuestos a la alta y baja, nada a propsito para fundar sobre ellos un

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OBRAS 178\ 178\ establecimiento que debe ser perpetuo. De esta clase hemos descubierto muy pocos, tales son: 1. En consideracin a que la Sacrista mayor de esta ciudad se halla vacante, la Sociedad puede elevar splica a Su Majestad a fin que los propietarios que fuesen en tiempo contribuyan, con la cuota de 200 pesos anuales, para estas escuelas. 2. La mitra de esta ciudad contribua por Real Orden al D r Juan Miguel de Castro Palomino, ya difunto, con 300 pesos anuales; pida, pues, la Sociedad al Re y mande continuar esta exhibicin con el aumento de igual cantidad a favor de las escuelas gratuitas. Da. Mara Miranda dispuso en su testamento que, por muerte de Da. Teresa Chvez, se impusiera una porcin de su caudal a favor de la Congregacin de la Buena Muerte. Mas comoquiera que la Congregacin se hallaba radicada en la Iglesia de los Regulares expulsos, S. M. se dign facultar a su Sra. Illma. para que destinase aquella porcin a alguna obra piadosa que fuese de agrado. La que pensamos establecer es, sin duda, de las ms piadosas: por lo que nos parece muy oportuno la ocasin para que el tribunal eclesistico cumpla la disposicin de S. M. Estos son los arbitrios que hemos podido descubrir para facilitar a la Sociedad la creacin de una obra tan deseada y necesaria. Este ha sido el plan que hemos juzgado ms conforme a las circunstancias y a los fondos de la Sociedad. I NTRODUCCIN Convencida la Sociedad que sus desvelos y afanes sobre la institucin de Escuelas Gratuitas de primeras letras, seran infructuosos y malogrados si dejase al arbitrio de los maestros, que han de ser en tiempo el mtodo de la enseanza, ha resultado que estas escuelas, a manera de las llamadas normales, tengan constantemente un arreglo invariable, a menos que la misma Sociedad, para darle nueva y mayor perfeccin, acuerde alterarlo. Esta ha sido la segunda parte de la comisin, con que ha querido honrarnos la Real Sociedad. Primera parte 0bligaciones de los maestros Estatuto Primero I. Estarn sujetos al mtodo de enseanza que le prescribe la Sociedad a los Curadores de ello, y a stos daran parte de cualquier novedad que ocurra. II. Trabajarn por sanar la voluntad de sus discpulos y sobrellevar con paciencia las faltas propias de la edad, no los llamarn con apodos ni palabras que los hagan despreciables a los otros.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 179 / 179 III. Quisiramos establece r como estatuto fundamental, que jams usasen el castigo: pues esto sera dar ansias a los excesos con la certidumbre de la impunidad. La paciencia, el celo, varios ardides que dicta la prudencia, y sobre todo el ejemplo, quitarn a los maestros la ocasin de castiga r Las amonestaciones, escribi Quintiliano, mientras ms frecuentes ahorran ms a los maestros la necesidad del castigo. Con los contumaces, tardos y desaplicados, debern tener presente esta mxima: todo el trabajo ha de ser de los maestros: ellos no deben perdonar fatiga ni diligencia, a trueque de suavizar a los discpulos lo escabroso del camino y de hacerlos entrar por l sin repugnancia. I V No habr predileccin por ninguno de los discpulos, excepto aquellos que sobresaliesen en sus respectivas clases. V Debern salir a la calle con sus discpulos los das que se le sealen, procurando andar aseados. VI. Llevarn un libro en que se asientan los nombres de los discpulos, los das de sus entradas y salidas, los premios que se les asignen en los exmenes y el tiempo que pasan de una a otra clase. De este libro extraern, en lista separada, las altas y bajas de los discpulos y la presentacin mensualmente al Curado. VII. Cuando se le presente algn nio, para que se le admita en la escuela, lo admitir y dar cuenta al Curador; entendindose este estatuto en el caso que no est completo el nmero de discpulos marcados; si se halla completo, el maestro lo asentar en otro libro que tendr al efecto, para solicitar por el orden de asiento, inmediatamente que haya alguna vacante. Parte segunda Horas y das de escuela, mtodos de enseanza I. La escuela durar por la maana desde las 8 hasta las 11, y por la tarde desde las dos y media hasta las 5. II. No habr ms das de asueto que los festivos. III. Se dar principio a la clase por el rezo que va puesto al fin, de rodillas delante de la imagen del glorioso San Casiano, bajo cuyos auspicios ser erigida esta escuela. Despus se les ensear a formar la Santa Cruz, a signarse y a santiguarse con ella y los dems conocimientos de la doctrina cristiana. I V Los sbados por la tarde se rezar el Rosario, se les ensear el modo de ayudar a misa, y el resto del tiempo se emplear en ver los que en toda la semana se han proporcionado a subir de una a otra clase y en asignar distinciones a los aprovechados y prescribir reglas de civilidad y buena crianza. Se ensear el modo de confesarse a los que tuviesen edad para ello. V Si el sbado fuera da festivo se cumplir el estatuto en el ltimo da de la semana que se tuviera clase.

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OBRAS 180\ 180\ VI. Toda la escuela se divide en escuela de lee r escribir y conta r. Escuela de leer VII. Est dividida en tres clases: de cartilla, de deletrear y de lee r. Clase de cartilla VIII. Para esta clase el maestro dividir el alfabeto en cuatro partes por el orden que aqu se pone. Cada una de estas partes se escribir en un cartel grande con letras bien formadas y abultadas, de manera que puestas en la pared los discpulos las perciban claramente. No hay dificultad en multiplicar estos carteles segn el nmero de nios. IX. Comenzando por el primer cartel, el maestro har que los nios fijen la vista, tomar un puntero, sealar y nombrar en voz alta la primera letra, haciendo que los nios la repitan. Este ejercicio se debe repetir para ayudar la memoria de los nios; y despus que tengan conocimiento de la primera letra se seguir con las otras. X. Conociendo las letras se proceder a hacer conocer las rdenes de slabas que componen la lectura. XI. A este fin se formarn otros carteles en donde estn todas las combinaciones de las letras para formar las palabras y el maestro seguir las reglas anteriores para hacerlas comprender a los discpulos. XII. Se advierte a los maestros, no han de ensear segn la prctica comn en esta ciudad, hacindoles repetir cada letra de por s, y luego juntarlas para formar y pronunciar la slaba, sino industrindolos desde el principio, y dirigindoles para que las pronuncien de una vez; as pa-dre; y comenzar por las ms fciles. Con este mtodo se ahorran todo el tiempo que gastara el nio en pronunciar tres veces cada slaba si las deletrease segn la prctica ordinaria. A a N n B b C c O o D d P p E e Q q F f R r G g S s I i U u J j V v K k X x L l Y y LL ll Z z M m H h T t da fe re li mo di fo ro lu ma do fu ru la me de fi ri lo mu du fa ra le mi pa se ne ti yu pe si ni to ya pi so no ta te po su nu tu yi pu sa na te yo

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JOS AGUSTN CABALLERO / 181 / 181 Clase de deletrear XIII. Como el deletrear silbico es el que parece ms cmodo al discpulo, y el que ahorra ms tiempo, es el mtodo que establecemos en nuestras escuelas. Y careciendo en esta ciudad de un repuesto suficiente de libros de esta especie, se hace preciso que la Sociedad trate de hacer reimprimir la segunda parte del libro segundo que compuso el profesor de primeras letras D. Antonio Corts y Moreno, bajo el ttulo de la Urbanidad y cortesa. Clase de leer XI V Luego que los nios estn bien impuestos en el silabeo pasarn a la clase de lee r Aqu no tenemos nada que advertir sobre el mtodo, pero s que los maestros celen mucho la pronunciacin y que eviten ciertos sones e inflexiones de voz que arraigados en la tierna edad duran siempre. X V Nos parecen libros al propsito para las lecciones de catecismo del abate Fleurt, el compendio de la religin por Pinton, el de Historia de Espaa por el padre Isla, el Nuevo Robinson. La asignacin de estos libros no excluye otros muchos que podrn aparece r lo dejamos al arbitrio y discernimiento del curado. XVI. Perfeccionados los discpulos en estas lecturas se les har leer obras manuscritas. XVII. La experiencia ensea que cuando los discpulos son numerosos, el maestro pierde mucho tiempo en tomarles las lecciones. Para obviar este inconveniente, har que todos sigan al que lee con atencin para que cuando ste se equivoque lo puedan corregir y adems para que siga leyendo en cualquier parte que el maestro mande a parar al que lee. De esta suerte, el temor de que los cojan desprevenidos les har estar alerta. Escuela de escribir XVIII. Aunque algunos autores han hablado con indiferencia acerca de las pautas, nosotros aprobamos y establecemos su uso. XIX. Lo primero que deben aprender los nios es la postura del cuerpo, la de la mano, la del papel y el manejo de la pluma. XX. El brazo y la mano del que escribe se debe dejar caer naturalmente de modo que el codo quede separado del cuerpo y no salga fuera de la mesa tres o cuatro dedos para que tenga libertad. Pongamos los dedos tendidos sin violencia, en especial los que llevan la pluma, el cuarto algo encogido de suerte que descanse sobre el ms pequeo, que es el que recibe todo el peso de la mano y el que la gua. El cuerpo y la cabeza recta. El papel que mire con el ngulo inferior de la izquierda al medio del pecho del que escribe.

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OBRAS 182\ 182\ XXI. No nos determinamos en sealar cul ha de ser la casta de letra: pero por lo comn se cuentan en nuestra Espaa tres especies de ellas, bastarda o concellarza, redonda o aragonesa y seudorredonda. Nosotros preferimos una forma de letra entre la bastardilla y la redondilla. XXII. La circunstancia es que la buena letra sea igual o pareja y uniforme. De estas propiedades debe cuidar el maestro. XXIII. Como la cualidad de la letra depende del paralelismo de los cados, y la m y la u son las que tienen en s esta propiedad, debe comenzarse por ellas, a que se agrega que son las ms propias a indicar el verdadero asiento de la pluma. Despus se proceder a la formacin de las otras indistintamente. XXI V Ser muy til que luego siga una muestra en donde se halle todo el abecedario de maysculas y minsculas mezcladas entre s. XX V A continuacin se les ejercitar en otro abecedario de palabras arbitrarias, sin significacin y difciles de pronuncia r V C. Zu. Ings. Ro. XXVI. ltimamente se les ensear a formar los nmeros y los signos de puntuacin. XXVII. Segn el maestro va conociendo el adelanto del escribiente, sabr cuando sea tiempo de pasarlo de una letra a otra meno r hasta llegar al tamao que se usa en el trato humano. XXVIII. Antes de introducirlos a esta letra convendr escriban los primeros das con el auxilio de una sola lnea, y cuando se vea la forma ya igual lo harn sin el socorro de dicha lnea. XXIX. El maestro tendr cuidado que las plumas estn bien cortadas, porque de lo contrario los discpulos aborrecen el escribi r. XXX. Siempre se cortarn delante de ellos y los impondrn del modo de darle el corte que se necesita. XXXI. Es conveniente que el maestro escriba mucho delante de los discpulos, como tambin el que cuando les corrija la plana (lo cual ejecutar con mucha curiosidad, paciencia y humanidad) sea con la muestra a la vista para hacerles cargo si no imitan la letra. Esta ocasin es muy oportuna para ensear la prctica de la buena ortografia. Escuela de contar XXXII. Los nios no pasarn a otra escuela hasta que no sepan escribir decentemente, figurar los nmeros y conocerlos. XXXIII. Segn que los nios vayan adelantando se dividir la clase en clase de numera r suma r resta r etctera. XXXI V El maestro tendr un gran lienzo encerado, u otro equivalente, para que poniendo los nios en su presencia, escriban en l, con una barrita de yeso mate, la cuenta que les hubiere de ensea r y despus que

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JOS AGUSTN CABALLERO / 183 / 183 h ayan entendido la explicacin la borrar con una esponja, y proceder a hacerla sacar de nuevo por ellos; as conocer quien es el que adelanta. XXX V Cada muchacho tendr un cuaderno y escribir en l las cuentas conforme est dispuesto en el encerado, la que traer sacada para la tarde o al otro da. XXXVI. Como esta cuenta que los nios llevan en su cuaderno debe tambin quedar en el encerado, el maestro podr ver si los nios han cumplido y si la operacin que traen corresponde con la que resulta en el encerado. XXXVII. Uno de los de esta escuela dir en voz alta la tabla todas las maanas a la hora que fijara el maestro. XXXVIII. Al dar las lecciones de cuentas, ser muy til que el maestro escoja uno de los ms adelantados, para que ste gue o corrija a los dems: de este modo los unos y los otros repasan las cuentas y operaciones. XXXIX. Si adems de haberles enseado las cinco reglas comunes, quisiera la Sociedad se les ensee los mayores conocimientos de Aritmtica, ser bueno ponerles en las manos los del P Paulino, que es muy metdico, y continuar despus con la superio r por el compendio de W olfio u otra de igual mrito. Si se nos permite diremos que ninguno ms a propsito que la de Benito Boils. XL. El ejercicio de las cuentas no ha de impedir los otros ramos de la enseanza, y as concluidas aqu llas, deber el nio volver a escribi r lee r, etctera. Parte tercera Sobre los exmenes I. Cada seis meses deber el maestro presentar a examen a todos los nios, dividindolos en sus respectivas clases. II. Este acto se har en presencia de los Curadores de las escuelas. III. Para los exmenes de las nias en costura, bordados, etc., nos parece necesario se llame alguna persona inteligente en aquellas obras. Queda establecido como estatuto asistir siempre una de las maestras de educandas, las que debemos suponer peritas. I V Del fondo de la escuela se costearn los premios que se distribuyesen en cada clase. V Segn el aumento de aqullos podrn aumentarse stos, bien entendidos que nunca exceda de tres premios cada clase. En los exmenes pueden asistir los padres de los [...] Parte cuarta Das en que las escuelas de nios debern salir a la calle I. Siempre que se explique la doctrina cristiana en la Parroquia, asistir toda la escuela, y contestar de memoria los tratados que pidiese el prroco.

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OBRAS 184\ 184\ II. Asistir a las cuatro Rogaciones anuales. III. En los domingos de cuaresma irn a or alguna Feria y sta que sea de la Iglesia ms inmediata. I V Podrn usar un estandarte en las ocasiones que saliesen al pblico. Este permiso es casi con el fin de que se mire como premio. V Si se presenta algn caso en que sea preciso que la escuela salga a la calle, el Curado r como advertimos, lo har presente al maestro. Quinta parte Sobre las maestras de nias I. stas debern ser electas por la Sociedad y estar adornadas de las circunstancias que exigimos en los maestros. II. Quedan comprendidas, en todo lo que se ha prevenido, a los maestros sobre exmenes, manejos con los nios, mtodos de enseanza a rezar y lee r. III. La Visitacin de Ntra. Sra. ser la imagen ante la cual rezarn las nias; queda establecida por Patrona la Virgen Mara. I V Nunca saldrn a la calle con las nias, excepto los das en que se lleve a cumplir el precepto pascual. V En tales das no llevarn pendn o estandarte. VI. Nada podemos prevenir sobre la costura y bordados, materia muy desconocida a nosotros. Sexta parte Sobre los Curadores I. Aunque el socio Curador de esta escuela es el superior inmediato de ella, su autoridad no es otra que la de un vigilante padre de familia. II. V elar sobre las costumbres, aplicacin y aseo de la juventud y advertir a los maestros los defectos que les notare. III. A l tocan tomar el tesoro de la Sociedad bajo recibo, el dinero que se necesita para los gastos de la escuela, entregando al maestro los avos de papel, plumas, etctera. I V Por sus manos han de pasar los libros de la enseanza, cuidar de que sea de til instruccin, de buen lenguaje y ortografa. V Cada Curador presentar en la primera junta ordinaria, despus de concluido su mes, una lista de las altas y bajas de los nios, la cual deber entregarla al maestro, segn se previno en el estatuto hecho de la Parte Primera. Esta lista ha de ir acompaada de la cuenta del gasto del mes y del producto de la venta de las planas diarias de los nios, llamadas cobertores. VI. Avisar a la Sociedad cuando se acerque el tiempo de los exmenes y participarlo al pblico en el primer perodo.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 185 / 185 VII. En la junta en que el Curador avise el tiempo de los exmenes, tratar la Sociedad de los premios, y stos quedarn al cargo del Curado r. VIII. Siempre que el Curador juzgue conveniente variar alguno de estos estatutos (como suceder en muchos casos que no podemos prevenir ahora) lo presentar a la Sociedad. Oracin que ha de rezarse antes de comenzar la escuela: V enid, Espritu Divino, alumbrad nuestro entendimiento y encended en nosotros la llama de vuestro amo r Amen. Jos Agustin Caballero. Francisco de Isla.Fray Flix Gonzlez. II Sobre la reforma de estudios universitarios 2 Y o os convido esta noche, amigos mos, a intentar una empresa la ms ardua quizs; pero ciertamente la ms til a nuestra patria y la ms digna de las especulaciones de nuestra Clase. La confianza que tengo en el buen espritu que os anima, y en la favorable disposicin que mostris a desempear los objetos todos que nos ha cometido la Sociedad madre, me alientan y estimulan a producir aqu un proyecto mucho tiempo ha concebido y agitado por la Clase. El sistema actual de la enseanza pblica de esta ciudad retarda y embaraza los progresos de las artes y ciencias, resiste el establecimiento de otras nuevas, y por consiguiente, en nada favorece las tentativas y ensayos de nuestra Clase. Esta no es paradoja; es una verdad clara y luminosa como el sol en la mitad del da. Mas confieso simultneamente que los maestros carecen de responsabilidad sobre este particula r porque ellos no tienen otro arbitrio ni accin que ejecutar y obedece r Me atrevo a afirmar en honor de la justicia que les es debida, que si se les permitiese regentear sus aulas libremente sin precisa obligacin a la doctrina de la escuela, los jvenes saldran mejor instruidos en la latinidad, estudiaran la verdadera F ilosofa, penetraran el espritu de la Iglesia en sus cnones, y el de los legisladores en sus leyes; aprenderan una sana y pacfica teologa, conoceran la configuracin del cuerpo humano, para saber curar sus enfermedades con tino y circuns peccin, y los mismos maestros no lamentaran la triste necesidad de condenar tal vez sus 2. Discurso pronunciado en la Clase de Ciencias y Artes de la Sociedad Patriotica de la Habana el 6 de octubre de 1795, publicado en las Memorias de la Sociedad Patritica. La Habana, 1814, t. XI V pp. 421-422. Reproducido en El Observador Habanero, 1820, no. 6, pp. 15-18; en la Revista Bimestre Cubana, marzo-abril de 1935, p. 190 y ss., y en Homenaje al ilustre habanero Pbro. Jos Agustn Caballero y Rodrguez..., vol. I, pp. 34-36. Aparece adems en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 40-44.

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OBRAS 186\ 186\ propios juicios, y explicar contra lo mismo que siente. Qu recurso le queda a un maestro, por iluminado que sea, a quien se le manda ensear la latinidad por un escritor del siglo de hierro, jurar ciegamente las palabras de Aristteles, y as en las otras facultades? La misma Sociedad matriz debe constituirse garante de lo que acabo de pronuncia r. No ha muchos das trato de perfeccionar la enseanza de la gramtica latina, promoviendo nuevas honras a sus preceptores y establecer que stos, insensiblemente, fuesen comunicando a sus discpulos algunos rudimentos de la lengua espaola, y todos los superiores de las casas de estudio (excepto la de S. Agustn) contestaron aplaudiendo la utilidad de los proyectos; pero se confesaron no autorizados para alterar el plan a que les sujetan sus respectivas constituciones. He aqu, amigos, por lo que dije y repito, que no pende de los maestros el atraso que tenemos en las ciencias y artes, y he aqu tambin la razn en que me fundo para espera r que pues este papel contiene ideas anlogas o idnticas a las suyas, ellos mismos, lejos de censurarme, auxiliarn con sus sufragios y contribuirn con sus luces a esta feliz y deseada revolucin El proyecto, a la verdad, trae consigo una mscara de dificultades y aunque la Sociedad no pueda derribarlas todas, sin embargo, puede influir muy eficazmente en el allanamiento. Es de creer y de esperar que si el Cuerpo P atritico, creado para promover oportunamente la educacin e instruccin de la juventud, levanta sus esfuerzos hasta el pie del trono, haciendo presente que entre la multitud de casas de enseanza pblica que se numeran en esta ciudad, no hay una que instruya en un solo ramo de Matemticas, en Qumica, en Anatoma Prctica; y que en las facultades que ensean siguen todava el mtodo antiqusimo de las escuelas, desusado ya con bastante fundamento y por repetidas Reales rdenes, a vista de su poca utilidad, de los recientes descubrimientos y nuevos autores que acaban de escribir con una preferencia decidida y palpables ventajas, y que por tanto es indispensable una reforma general, la que deber comenzar por la primera de las academias, la ilustre, regia y pontificia Universidad, a causa de la dependencia que tienen de ella las otras en el orden, tiempo y materias de los cursos; es de espera r vuelvo a deci r que representadas estas verdades de hechos al Soberano, franquear permiso para introducir una novedad tan til y apetecida, como se mand establecer en las Universidades de Alcal, Salamanca, V alencia y otras, dentro y fuera de la Pennsula. Bien s, y ninguno de vosotros lo ignora, que uno de los rectores de esta Universidad trat de la reforma de que hablo, 3 y efectivamente 3. Se refiere Caballero a los proyectos del dominico habanero fray Juan Chacn, quien fuera rector de la Real y Pontificia Universidad de San Gernimo de La Habana. A comienzos de la segunda mitad del siglo XVIII Chacn intent algunas reformas tendentes a modernizar los estudios universitarios, entre ellas la creacin de una ctedra de Fsica Experimental.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 187 / 187 hizo traba jar un nuevo plan; mas estos primeros pasos, o se detuvieron por algunos embarazos, o quedaron del todo suspendidos, pasando el tiempo precioso en que el empleo proporcionaba arbitrios y recursos que despus hubieron de faltar: lo cierto es que el proyecto yace hoy en el polvo del olvido, y que nosotros, bien como miembros de la Universidad (muchos lo son), bien como individuos de la Clase de Artes y Ciencias, debemos clama r proponer y solicitar una reforma de estudios, digna del siglo en que vivimos, del suelo que pisamos, de la hbil juventud en cuyo beneficio trabajamos, y de los dos ilustres Cuerpos a quienes pertenecemos. Das felices! poca gloriosa y saludable aquella en que nosotros o nuestros descendientes lleguen a ver reformadas las academias pblicas, y or resonar en sus mbitos los ecos agradables de la buena literatura y de los conocimientos esenciales de las ciencias y las artes, sustituidos a la antigua jerga y a las sonoras simplezas del rancio escolasticismo! Y por qu no, amigos mos?, por qu no hemos de acelerar la llegada de ese da afortunado, promoviendo cuanto antes la reforma de los estudios? Habr alguna preocupacin que nos ciegue? Juzgo que no; y si la hubiera, sacudmosla como tal: fijmonos en estos principios: mientras los estudios de la Universidad no se reformen, no pueden reformarse los de las otras clases; mientras los unos y los otros no se reformen, no hay que esperar mejoras en ninguno de ellos; y mientras la Sociedad no adopte este proyecto, trate o insista en realizarlo, no se prometa adelantamiento en esta Clase, ni le pida memorias sobre alguno de los vastos objetos de este instituto. Este es el ingenuo sentir de vuestro amigo Presidente. III Discurso sobre el mismo asunto 4 Amigos: La Real Sociedad Patritica, que se dign aprobar unnimemente el proyecto que le propusimos en nuestra Memoria del 6 de octubre, se ha designado tambin encargar a esta misma Clase el mejor modo de dirigir a S. M., e instruir el recurso que anuncia dicha Memoria, sobre reforma de estudios. Y correspondiendo a los positivos 4. Al pasarse a la Sociedad la Memoria que antecede, sobre reforma de estudios universitarios, sta la aprob de modo unnime, acordando que la Clase de Ciencias y Artes elaborase los principios en que deban fundamentar la respectiva representacin al Monarca, encargo que da origen a este escrito. Fue publicado en las Memorias de la Sociedad Patritica, La Habana, 1814, t. XI V y reproducido en el Homenaje al ilustre habanero Pbro. Jos Agustn Caballero y Rodrguez... vol. I, pp. 37-39. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t.I, pp. 45-48.

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OBRAS 188\ 188\ deseos que tiene la Sociedad de favorecer nuestras miras, y por mi parte, a la confianza que hace de mi Clase, me parece que la Sociedad debe elevar este asunto a los pies del trono, por las manos propicias y poderosas de su Excmo. S r Presidente. Ninguno de los socios (voy a pronunciar una verdad solemne y tan respetada de todos, que a nadie inferir agravio), ninguno de los socios comunica ms calor a nuestras especulaciones; ninguno ms celoso ni ms autorizado para asegurar xito, aunque su profunda penetracin y el conocimiento que posee de los establecimientos del pueblo que tan digna y atinadamente gobierna, parece deberan eximirme de informarle sobre la materia: con todo, me es ms gustoso obedecer que rendirle mi homenaje, por otra parte grato y lisonjero. As, pues, yo indico como preliminar a nuestra solicitud hacer ver a S. M. que la educacin de la juventud es uno de los objetos del instituto de la Sociedad; que sta a imitacin de la de Madrid, se halla dividida en cuatro clases. La primera es la de Ciencias y Artes, a cuyo cargo corre formar Memorias para traer aqullas a nuestro suelo, promoverlas y fomentarlas; que en la ltima que acaba de presenta r he hecho ver a la Sociedad madre, que la Clase no puede trabajar con fruto, porque el sistema actual de la enseanza pblica pugna con los conocimientos esenciales de las ciencias y de las artes. Con esta relacin, si no me equivoco, quedar a cubierto la Sociedad de la nota de intrusa. Que esta reforma debe comenzar por la Universidad es otro de los puntos de nuestra solicitud. Para ameritarlo convendr representar que de otra suerte la reforma no podra ser extensiva a las otras casas de pblica enseanza, porque stas todas guardan dependencias de aqulla en tiempo, orden y materia de los cursos; que tanto las unas como la otra siguen todava el mtodo antiqusimo de las escuelas, se mantienen tributarias escrupulosas de Peripato y no ensean ni un solo conocimiento matemtico, ni una leccin de Qumica, ni un ensayo de Anatoma Prctica; que la ilustre Universidad, al cabo de 57 aos, no ha querido reconocer la necesaria vicisitud de los establecimientos humanos, y ha carecido de energa para desembarazarse de antiguas preocupaciones, desterradas mucho tiempo ha de las academias ms respetables de Europa, de quien es y debe ser mula la Amrica; que bastara leer sus estatutos para formar juicio del estado en que deben hallarse las artes y ciencias y del adelanto de que son susceptibles; que la decadencia de ambas es tan notoria como necesario el remedio, porque este mal es de una naturaleza nociva a la utilidad pblica y al rigor en que debe conservarse el orden poltico, y no deben ya disimularlo ni las leyes de la probidad ni las del patriotismo que gobiernan el cuerpo de la Sociedad; que sera una providencia, capaz ella sola de eternizar la gloria del reinado de S. M., ordenar que la Universidad junta, en claustro pleno, tratase de formar un plan libre de estudios, segn el estado ac-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 189 / 189 tual de los conocimientos humanos, y concluir pidiendo a S. M. en nombre del Cuerpo Patritico, que aceptando los buenos deseos que ste tiene de emplearse en beneficio de la patria, le faculte para disputar cuatro de sus miembros, que asociados a los doctores que hubiere de nombrar la Universidad, coadyuven a la formacin del nuevo plan; empresa que concibe la Sociedad muy digna de sus afanes y sudores. La circunstancia de ser muchos de los socios graduados en la misma Universidad, disipa cualquier sospecha de un Cuerpo contra otro, lo que no es presumible en fuerza del convencimiento en que se hallan ambos sobre la necesidad de este plan. Se me olvidaba indicar que ser muy conducente informar tambin a S. M. sobre el plan, que segn dije en mi primera Memoria, trabaj el R. Caldern. Este plan, ni se form, ni se mand formar con consulta del claustro; algn amigo del difunto Caldern lo vio quizs; el Cuerpo de la Universidad no intervino en l, ni tuvo al menos el gusto de verlo. Dicen que el da de hoy para en el Consejo; no s, sin embargo, de tener la honra de ser individuo de aquel Cuerpo mucho antes que de ste y me atrevo a aadir que tampoco lo sabe ninguno de los doctores que me estn honrando con su atencin. Estos particulares representados y extendidos con la solidez y circunspeccin que usa en sus escritos nuestro amigo Presidente (yo no temo llamarle as, aunque parezca irrespetuoso; vosotros sabis que S. E., olvidado en nuestras juntas de todos los altos caracteres que tan merecidamente le adornan, slo se gloria de ser el mejor de nuestros amigos): representados, digo, estos particulares de aquella manera, surtirn sin duda el efecto que desea la Sociedad, que anhela la Clase, y que ha propuesto vuestro amigo Presidente. IV Representacin al Monarca solicitando la reforma de los estudios 5 Seor: Uno de los objetos sobre los que ha puesto su mira la Sociedad Patritica de la Habana, es el establecimiento de una escuela de Gramtica Castellana. A imitacin de los antiguos griegos y romanos, que no contentos con el uso, aspiraban a perfeccionar su idioma por medio del arte, aspira tambin la Sociedad a que la juventud america5. Esta Representacin fue redactada por Caballero por encargo de la Sociedad Patritica el 14 de septiembre de 1796. Publicada en las Memorias de la Sociedad Patritica, t. XIX, pp. 422-424; fue reproducida en El Observador Habanero, 1820, no. 6, pp. 18-20, en la Revista Bimestre Cubana, marzo-abril de 1935, pp. 190 y ss., y en el Homenaje al ilustre habanero Pbro. Jos Agustn Caballero y Rodrguez... vol. 1, pp. 39-41. Aparece adems en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t.I, pp. 49-52.

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OBRAS 190\ 190\ n a, instruida metdicamente en los fundamentos de su lengua, llegue algn da a hablarla con dignidad y elocuencia. A fin de aventurar su proyecto, consult primero el dictamen del pblico, hacindole ver por medio de un impreso los vicios notados en su pronunciacin y escritura; y simultneamente dirigi oficios polticos a los superiores de las casas de estudios para que los preceptores de latinidad se tomasen el trabajo de interpolar algunos rudimentos de la Gramtica Castellana con los de la latina. El pblico ley con agrado esta especie de tentativa que contena el impreso; y los superiores contestaron a una, reconociendo las ventajas de la solicitud; bien que presentaron el inconveniente que ellos mismos prometieron allanar con el tiempo. Algunos, como el Padre Rector de la Universidad y el Prelado de S. Agustn, sealaron un da en cada semana para dar las precitadas lecciones; y aqul aadi en su respuesta deseaba ver establecida en su aulas una ctedra especialmente destinada a la enseanza del idioma nativo, por lo que quedaba dispuesto a suscribir con la Sociedad la instancia que pareciese conducente al logro de este objeto. Uno y otro superior hubieran ya hecho comunicar a la juventud muchas de estas lecciones, si la escasez de ejemplares por donde ensea r no hubieran malogrado sus esmeros. La Sociedad no puede omitir al representar a S. M. que slo el Director del Colegio seminario ha probado como superfluo el establecimiento de la enunciada ctedra. Los fundamentos de su negativa no parecieron al Cuerpo Patritico dignos de hacer suspender las gestiones que haba iniciado; pero por si acaso ella no hubiera sabido apreciarlos, quiso que se acompaase reverentemente la misma respuesta original del Director con esta representacin. Tan felices antecedentes han excitado los deseos de la Sociedad, y animndola a perfeccionar el proyecto tratando de exigir una ctedra especial en donde se ensee el conocimiento radical de nuestra lengua. Mas ella sabe muy bien que las ventajas que se propone no son asequibles sin el poderoso y eficaz influjo de S. M. Mientras los esclarecidos antecesores de V M., los Sres. D. Fernando y Doa Isabel, no dispensaron su Soberana proteccin a este ramo de literatura espaola, no comenz a pulirse entre nosotros el lenguaje nacional, y no hubiera tomado el alto puesto de perfeccin con que se le ha visto en la ltima mitad de la centuria corriente, si el augusto padre de V M. (Q. S. G. H.) no hubiera acogido bajo de su Real patrocinio las tareas del Cuerpo literato que tan tilmente se ocupaba y todava se ocupa en limpiarle y perfeccionarle Estos datos, Seo r suministrados por la experiencia, hacen creer a la Sociedad que mientras V M. no interponga su mano Soberana, la Amrica carecer de un taller adonde los jvenes se conduzcan a conocer el valor de nuestra lengua, sus bellezas y sus primores. Y las repetidas pruebas que V M. nos pone a la vista de ser digno heredero del trono, de las virtudes y de los laureles del siempre augusto Padre de

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JOS AGUSTN CABALLERO / 191 / 191 V M., le dan sobrado motivo para esperar que V M., llevando adelante el empeo que por casi tres siglos han tenido los gloriosos antecesores y progenitores de V M. en perfeccionar el idioma espaol, V M. acceder a su solicitud, gracias que ella reconocer y aclamar como una gloria que reserv el cielo para la poca afortunada del reinado de V M. Los fondos con que ha de entretenerse esta escuela, es objeto de mucho momento para que pudiera la Sociedad haberla alejado de sus especulaciones. Ella no ha encontrado en su caja lo que requiere el proyecto para plantificarse; por eso ha extendido sus miras hacia afuera, y slo se ofrecieron a su consideracin los cuerpos de la Universidad y del Colegio seminario. Aqulla siente actualmente en sus fondos un atraso increble al cabo de 58 aos de fundacin; ste, por el contrario, cuenta una existencia fsica de pesos tan considerable, como lo demuestra el adjunto documento que respetuosamente incluyo, franqueado a peticin de la misma Sociedad. Se agrega, que siendo la propuesta de la Sociedad en beneficio de la juventud, a cuya instruccin son destinados sus fondos, no se ofrece incompatibilidad alguna con sus otras ctedras, ni el costo de que quedara recargado podra serle gravoso, siempre que esta nueva ctedra corriese la misma suerte de las otras de Gramtica Latina, a saber: quinientos pesos anuales; casa y comida, erogaciones de poca cuanta, atendiendo el valor de su arca y el aumento que necesariamente va a recibi r. En esta virtud, Seo r la Sociedad Patritica suplica a V. M en la forma ms rendida, se digne mandar crear esta nueva ctedra, dotarla de los indicados fondos, y acogerla bajo la Real sombra e inmediata proteccin de V M. As me ha mandado lo represente humildemente, y as lo ejecuto gustoso exaltado a los pies del trono de V M. S eor Doctor Caballero. V Discurso sobre la necesidad de la enseanza en lengua castellana 6 Amigos: Todo el empeo de las clases en que se ha dividido la Sociedad Patritica debe, en lugar primero, ser el establecimiento de iguales principios elementales que hacen el oficio de races respecto de aque6. Este Discurso fue pronunciado en la Sociedad Patritica el 2 de noviembre de 1796 en la fecha que se indica. Una copia del mismo se encuentra en la Coleccin de Manuscritos de la Biblioteca Nacional Jos Mart, fondo Vidal Morales, al no. 6. Fue publicado en Jos Agustn Caballero : ob. cit., t. I pp. 113-122. El editor lo present entonces bajo el ttulo de Discurso sobre la necesidad de un mejor conocimiento de la lengua castellana, pero atenindonos al contenido estricto del trabajo, consideramos ms adecuado el que le damos en la presente edicin.

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OBRAS 192\ 192\ llos ramos que para nacer y fructifica r ha de regarlos la Clase con el sudor de sus tareas. As comenz mi antecesor su oracin inaugural la primera vez que nos juntamos los socios de esta Clase. Clusulas harto recomendadas por s mismas para que yo me detenga ahora en su recomendacin; clusulas que siempre hemos tenido a la mira en nuestras especulaciones y que espero influyan esta noche en el acierto de la mocin que vengo haceros. La inteligencia de las lenguas debe mirarse como el primer principio de la sociedad entre los hombres de diferentes naciones. Ninguna cosa prueba mejor (dice el autor de la Enciclopedia) la poca comunicacin que haban tenido entre s todos los americanos en general, como aquel nmero casi increble de lenguas o idiomas que hablan los indios de diferentes tribus. Es tambin como una llave que alienndonos la ilustracin de los que sobresalieron en todos los siglos y pases, nos franquea la entrada al conocimiento de las ciencias y de las artes. Por eso escribi el famoso preceptor del Duque de Parma: el arte de hablar es el arte de pensa r el arte de pensar es el arte de discurrir y ste se va aumentando segn que se van perfeccionando las lenguas hasta que perfecto ya en todas sus partes y adornado de la exactitud de que es susceptible, se convierte en arte de escribi r de forma que el que no sabe escribir no sabe discurrir; el que no sabe discurrir no sabe pensa r, y el que no sabe pensar no sabe habla r Las lenguas, pues, son el fundamento de las ciencias y de las artes. Podramos decir que los progresos de stas en nuestra centuria son superiores a los que hicieron en la antigedad porque nosotros cultivamos ms el estudio de las lenguas que los antiguos. Nadie ignora que los griegos se contentaban slo con saber su idioma nativo, y que los romanos, adems del suyo, slo aprendan el griego; pero hoy vemos que un espaol, no contento con entender la lengua que le es propia, aprende tambin la latina, la francesa y la inglesa, la italiana y la griega, cuyas nociones ciertamente son aquellos principios elementales, races de los diversos ramos que ha de brotar el rbol de la Clase de ciencias y artes si no le escaseamos el riego, si nuestros sudores. Cundo veremos, no digo perfeccionarse, sino aparecer en ms academias estos benficos ramos: Matemticas, Dibujo, Fsica, Qumica, Historia Natural, Botnica, Anatoma! Pero est cerca o distante el momento venturoso de su aparicin, nosotros debemos entre tanto destina r con buena cuenta, alguna parte del tiempo a estudiar las lenguas y penetrar su dialecto; de otra manera no sabremos pensar ni discurriremos bien; no gustaremos los primores de las ciencias y de las artes; vanamente trabajaremos por adquirirlas; el velo majestuoso que las cubre sera impenetrable a nuestros ojos; nadie, en fin, podra aprovecharse de las luces de otro ni comunica r por decirlo as, con los escritores de todos tiempos y pases.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 193 / 193 Y o alego todas estas razones con tanta ms confianza, cuanto he visto a esta Clase dedicarse desde su ereccin a facilitar y perfeccionar la inteligencia de las lenguas que merecen entre nosotros la primera consideracin, a sabe r la espaola y la latina; la una porque es la que contiene los signos con que ms comnmente representamos nuestras ideas y porque es vergonzoso que un espaol no hable su idioma con propiedad y pureza; la otra, porque sin ella careceramos de los conocimientos casi primitivos de las ciencias y de las bellezas de las artes. Ambas utilidades se admiran todava y nunca se admirarn dignamente en los autores clsicos latinos, ora recorramos el siglo de Augusto, ora los anteriores y posteriores a esta primera poca del idioma romano. El amigo Espnola hizo ver a la Clase la importancia de ensear por reglas gramaticales el lenguaje nativo; el amigo Romay escogi y propuso nuevas honras a los maestros de latinidad a fin de empearlos con ms calor en la instruccin de sus alumnos. Y aunque la Clase no ha tenido el gusto de ver realizados ninguno de estos utilsimos proyectos, sin embargo, satisfechos siempre con tentar lo importante y provechoso y manifestarlo as a los conciudadanos, no ha desmayado en el curso de sus tareas ni jams se suspendern stas porque los efectos no correspondan a los buenos deseos que lo animan. Siempre nos contentaremos con poner en ejecucin las sagradas obligaciones a que nos ci el Cuerpo Patritico y derramar para todos las luces que podamos recoge r El que se cerrare los ojos para no recibir su agradable sensacin o se lamente de su tiniebla; imptese a s mismo su ignorancia. Lo que puede la preocupacin! Y qu funesto es su poder! Ella puede mucho: todos la hemos visto resistir (y a veces para nuestra desgracia, con triunfante suceso) la fuerza y solidez de la innoble verdad y casi desmentir la misma experiencia. Suda ms un filsofo en disipar una rancia preocupacin que en revolver todo el seno de la naturaleza para alcanzar sus misterios. Qu funesto es su poder! S, amigos mos; lo ejerce a favor de la ignorancia; lo ejerce contra los adelantos de la Ilustracin; es un tirano de nuestras mentes y creo que, si la sabia osada de algunos hombres privilegiados no le hubieran disputado el antiguo dominio con que se haba seoreado en el orbe literario, el entendimiento humano estara siendo todava ludibrio de las ficciones y errores de la antigedad. Pero no; nos nos quejemos con demasa; el tirano ha perdido mucho de su desptica autonoma y si se conservan an ciertos entes pusilnimes que siguen arrastrando la pesada y larga cadena de sus preocupaciones, no faltan otros bastantes fuertes y a propsito para romperlas. Si nosotros furamos de esta escogida porcin, qu utiles seramos a nuestra Patria!, qu dignos del nombre de Amigos del Pas! Vuelvo a decirlo:

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OBRAS 194\ 194\ contentmonos al menos con segui r proponer y producir lo[ilegible] desatendida cualquiera preocupacin. Esta mxima es la que me conduce hoy que vengo, no a proponeros alguna brillante especulacin o algn nuevo descubrimiento que os sorprenda, s a excitar vuestros ingenios para que cooperis conmigo a desterrar la preocupacin que reina an entre nosotros a favor del arte de Antonio de Nebrija, o hablando en buena crtica, del P Juan Luis de Cerda. Sin embargo, de que esta gramtica nunca se ha considerado como la ms correcta, su autor logr desalojar de las escuelas de Espaa las gramticas brbaras por donde se instrua entonces a la juventud en el idioma latino, y puede aadirse introdujo en nuestra Pennsula el bello gusto de la latinidad. Mas ciento sesenta y nueve aos ha que el maestro Gonzalo de Correa dio los primeros gritos para alejar de las academias al que haba antes lanzado de ellas a Juan Pastrn, a Villa de Dios, a Balb, a Garfrido y Everardo, que no han faltado imitadores tales como Vesio en Holanda, Lancelet en Francia [...] Po en Italia y Alemania, Alvares en Portugal, y en nuestra Pennsula Snchez, Abril, Zamora, Martn, Pasto r Mayans, Iriarte, el autor del Nuevo mtodo. [...] 7 ...ra cualquiera con facilidad. El seor D. Martn de Montiano, del Consejo de S. M., Secretario de la Cmara de Gracia y Justicia y Director de la Real Academia Espaola de la Historia, escribiendo al Licenciado D. Francisco Lobn de Salazar sobre el atraso en que se hallaba la inteligencia de la gramtica latina, le dice: Algo contribuye al embarazo que se nota (en hablar latn), si no lo pienso mal, que estn las reglas en el propio idioma que se va a adquirir porque no las comprenden bien los muchachos... Fueron muy respetables los que as lo establecieron, pero ya somos singulares en la Europa en esta observancia, y hasta en las lenguas vivas que son ms fciles, ninguno imagin hacer [ilegible] la dificultad de poseerla. V ed aqu, amigos mos, todo el argumento de esta Memoria. El arte de Nebrija atrasa los adelantos que podran lograr los jvenes estudiantes del latn; fatiga demasiado al discpulo que a un tiempo ha de entender el precepto y el lenguaje en que est escrito, y aumenta los afanes del lecto r que se halla en la precisin de hacerle comprender primero la regla por donde ha de conducirse para entender la misma regla. No puede haber preocupacin ms extraa y ofensiva a la instruccin de los jvenes. Cualquiera de ellos gastar un d a entero en entender este solo rudimento: En duum sexum quod claudit utrumque. Para entenderlo es menester tener ya noticias de casi todas o a lo menos las principales partes de la Gramtica, de suerte que lo recite a manera de 7. En el original falta una hoja.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 195 / 195 papagayo, a fuerza de or repetir la traduccin que le inspira el maestro. Al contrario, con qu facilidad comprendera perfectamente este mismo rudimento si lo leyera en estos trminos: Aquel nombre que se aplica al hombre y a la mujer comn de dos ha de se r. Sin embargo, de esta demostracin, se sigue aplaudiendo a Nebrija! Podamos decir de l lo que uno escribi de Herclito: Clarus ob linguam obscuram. Semejantes utilidades se propuso nuestro Monarca y Seor Carlos III (que santa gloria haya) que mand en su Real Cdula de 23 de junio de 1765 que la enseanza de primeras letras, latinidad y retrica se hiciese generalmente en lengua castellana, donde quiera que no se practicase, cuidando de su cumplimiento las Audiencias y Justicia respectivas, recomendndose tambin por el Consejo a los Diocesanos, Universidades y Superiores regulares su exacta observancia y diligencia en entender el idioma general de la nacin para su mayor armona y enlace recproco. La Universidad de Alcal parece haber sido la primera en dar obedecimiento a la citada Real Cdula, pues a los tres aos, que fue el de 1771, present en el Consejo un plan general de estudios y uno de sus particulares fue que la Gramtica latina se ensease en verso espaol, proponiendo como ms acomodada al uso de la juventud la que compuso uno de sus catedrticos de latinidad, D. Juan Francisco Pasto r obra que se conservaba todava indita en la Secretara del Despacho Universal de Gracia y Justicia. El Consejo accedi a la puesta de aquel claustro dejndole libertad para elegir entre la Gramtica castellana de D. Gregorio Mayans y Siscar y la de D. Juan Iriarte de Cisneros. Posteriormente, adoptaron las Escuelas Pas de Castilla este mismo mtodo enseando la latinidad por un arte espaol extractado de las famosas gramticas de Vesio, Nebrija, el Procense y de la de Puerto Real escrita para la instruccin del Serensimo Delfn, por el P Claudio Lancelot, el primero que en F rancia aboli la costumbre tan ridcula como poco juiciosa (segn dice un escritor de aquella nacin) de dar a los nios las reglas de latn escritas en el mismo latn. As se ha ido poco a poco desvaneciendo la preocupacin a favor de Nebrija. Nuestro Real Colegio Seminario fue el primero que dio aqu el ejemplo de obedecer la predicha Real Cdula y conformarse con algunas universidades de Europa instruyendo a sus alumnos por un arte castellano, que lo fue el de D. Juan Iriarte; mas este autor rein poco tiempo en los Liceos del Colegio; y no s si la falta de ejemplares suficientes para todos los estudiantes, tanto colegiales como seculares, o las habli-

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OBRAS 196\ 196\ llas difundidas por los sectarios de Nebrija contra la enseanza del Colegio hicieron abandonarlo y que volvisemos a seguir la antigua rutina. Permtaseme decir que si el Colegio entonces se hubiera desatendido de aquellas hablillas como supo desentenderse despus cuando sus primeras lecciones de Filosofa, Nebrija contara hoy un corto nmero de proslitos habaneros, igual al que cuenta ya Aristteles. Puede ser que la gloria de ver perfeccionada la enseanza de la lengua latina se haya reservado para la poca de la Sociedad Patritica, como lo han estado otras muchas que admiramos en el da y aclamamos frutos dignos de este Cuerpo benemrito. Reunamos, pues, nuestros ingenios y nuestras fuerzas para hacer entender a nuestros paisanos estas reales ventajas o estrechmolos con la razn, con la ley y con la experiencia, tres poderosos apoyos de nuestra solicitud y tres enemigos de esa envejecida preocupacin. Si la madre Patria reconociera las utilidades que le brindamos y aceptara nuestros buenos deseos, la Sociedad Patritica no padecera dificultad en hacer venir por su cuenta ejemplares de la Gramtica de Pastor; y yo avanzo esta proposicin sin perjuicio de la preferencia que merezca alguna otra que se haya impreso novsimamente. Sin embargo, advierto que los trminos en que se explic la Universidad de Alcal me inducen a creer la de Pastor como la ms a propsito para la juventud. Si as sucediera, yo me presentara otra vez en esta Clase para exitaros de nuevo a rectificar la enseanza de la latinidad, recomendndoos la Gramtica elemental como su escaln indispensable para pasar despus a la Gramtica sublime, que es la que nicamente se ensea en nuestras aulas. Pero el edificio que intentamos levantar no puede aparecer de un golpe: es muy conveniente que el pblico examine primero el diseo que nos ha de gobernar y reconozca los materiales que van a entrar en su formacin. La Clase, entre tanto, debe esperar con circunspeccin, no para suspender el curso perenne de sus tareas, caso que logren mala acogida estos exhortos e insinuaciones, s para decidir los pasos ulteriores que deba dar en honor de la Patria, en utilidad de la juventud y en fomento de nuestra literatura; todo (si me es lcito explicarme de esta manera y merezco yo alguna consideracin) para un rasgo de generosa condescendencia con su Censo r que as se lo propone y suplica. Habana y noviembre 2 de 1796. Don Jos Agustn Caballero.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 197 / 197 VI Pensamientos sobre los medios violentos de que se valen los maestros de escuela, para educar a los nios. 8 Cuidado, no lastimeis a a alguno de estos parvulitos. De la Biblia. 1. El maltratar a los nios, realmente es un delito. 2. A ms de ser inhumanidad golpear seres delicados, es necesario hacer comprender a los maestros de escuela que la frula es un castigo peligroso, que produce debilidades, y temblores de manos, que lastiman el pecho 3. Los bofetones hacen contraer un vicio de pronunciacin, que algunas veces dura toda la vida, y acarrean la apopleja, y el frenes. 4. Los tiramentos de orejas reiterados, les inducen sordera, o les causan un zumbido perpetuo. 5. La costumbre del azote establecida en todas las escuelas, a ms de lastimar el pudor y la decencia, tiene un inconveniente, que los institutores, puede ser que no lo conozcan; y en esto deben consultar a los fisilogos. stos aseverarn todos a una voz, que el tal castigo es muy propio para manifestar en los rganos, una disposicin peligrosa a las costumbres, y que el ejercer en los jvenes la vergonzosa flagelacin es disponerlos al libertinaje. 6. A la verdad, no se puede ver sin indignacin, que reine todava el azote, en el santuario de la educacin. 7. Es cierto, que es ms fcil y ms pronto para el grosero educado r, castigar a un nio, que cogerle por el honor de que es suceptible aun en la tierna edad, o hablarle la razn; pero la gloria de educar por este ltimo medio es la ms brillante. 8. Es de observacin que los castigos vergonzosos que se emplean en las escuelas hacen detestar las artes a un jovencito, que tiene una centella de genio, o alguna elevacin del alma. 9. Los sabios no ignoran que hay un cierto modo en las cosas. Qu lstima que no sean sabios los maestros de escuela! Annimo 8. Publicados en el Papel Peridico de la Havana, no. 6, 19 de enero de 1792, pp. 23-24, estos Pensamientos... constituyen un magnfico ejemplo de las inquietudes pedaggicas presentes en determinados crculos de la sociedad criolla de la poca. No existe certeza absoluta en cuanto a que su autora corresponda a Caballero, pero su preocupacin por la problemtica pedaggica y la correspondencia de estas ideas con los intereses reformadores de los cuales era un conocido defensor permiten suponerlo.

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OBRAS 198\ 198\ ESCRITOS SOBRE ECONOMA, ESCRITOS SOBRE ECONOMA, POLTIC POLTIC A Y SOCIED A Y SOCIED AD AD I En defensa del esclavo 1 Nobilsimos cosecheros de azca r seores amos de ingenios, mis predilectos paisanos: Muy persuadido de mis cortos talentos, poco ejercitada mi pluma en asuntos polticos, nada adornado del espritu de economa con que deben tratarse las materias domsticas, y muy desconfiado de poseer el tino filosfico necesario a mi asunto, dirijo mis toscos pero ingenuos caritativos ecos a vuestra generosa piedad. Desesperara del remedio si no os conociese: sofocara en mi pecho, y ahogara en su cuna las ideas que me punzan si no supiera que el amor a nuestros semejantes es la mayor y ms favorecida de nuestras virtudes. As me lo ensean vuestras operaciones; as lo practicasteis con la oficialidad y empleados del gran comboy de tropas y marinera que vino a este puerto en la ltima guerra, cuyo testimonio dan ellos mismos desde Europa en sus cartas y tertulias; as, en fin, lo acredita todo havano, que saca esta dote del vientre de su madre, la bebe con la leche de sus nutrices y alimenta con el ejemplo de sus padres. A vosotros, pues, que sois la ms noble y selecta porcin de esta Repblica, los vecinos ms tiles al Estado y a la Patria de toda la Isla, los que fabricis el ms precioso grano que produce nuestro suelo feroz, los que cargis la multitud de embarcaciones que zarpan de esta amplia baha para Europa, los que con vuestra industria, inmensos gastos y sudores de muerte cubrs de exquisitos dulces y sabrosos caramelos las mesas de la Corte, los que mantenis el comercio de la Havana, y dais movimiento a la rueda mercantil de exportacin e importacin, toca remediar luego un mal que en vuestras mismas azucareras ejecutan 1. Publicado en el Papel Peridico de la Havana, 5 y 8 de mayo de 1791, bajo el seudnimo El Amigo de los Esclavos. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t.I, pp. 3-9.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 199 / 199 vuestros dependientes, y en que acaso hasta ahora no habis hecho alto. El amor que os debo tributar a todos respectos, la caridad sola, y no una gloria vana, pasajera de aparentar patriotismo, esfuerza mi dbil voz, y os acuerda con harta sensibilidad que en nuestros ingenios hay unos calabozos, y en ellos un cepo donde ponen a los negros de prisiones para que pasen la noche, y evitar por este medio su fuga. Bien s yo que en los ingenios slo se ponen prisioneros por delitos graves; que stas no son perpetuas, sino duran el tiempo necesario en la correccin y castigo de los delincuentes para impedir la desercin a que tanto propenden estos africanos; que su carcter indcil, suspicaz, infiel, recalcitrante sobre aleve, exige estos castigos; que el silencio y oscuridad de la noche los convida a profugar; que a no encerrarlos sera preciso velasen muchos en su custodia, lo que no puede ser; y vemos que en las crceles pblicas se toman precauciones nocturnas contra los aprisionados, que constituidos en medio de un vasto campo sin puertas, y atrados del amor innato a la libertad, acechan continuos lances, y aprovechan los momentos de descuido para repetir sus ruinosas huidas, y desmandarse en los montes, forajidos, salteadores, robando cuanto pueden, y aun cometiendo homicidios; pero se pueden elegir otros medios ms suaves para los mismos efectos, porque la caridad tiene muchos recursos. No es mi nimo hacer una descripcin pattica y horrible de estos calabozos, ni poner en uso coloridos sangrientos, para pintarlos ms crueles que mazmorras de mahometanos; ya se ve, que siendo prisioneros no pueden respirar un olor santo, ni tener camas de rosas; pero al mismo tiempo que proscribo su prctica, me guardo de no acreditar con mi pluma las imposturas que se han elevado a la Corte representndonos ms crueles con los negros que con los cristianos, los enemigos antiguos del nombre de Jess. Ah!, si yo dibujase la inflexibilidad de ellos, veramos si necesitan grillos, cepos, azotes; remedios que imponen las leyes y ordenanzas contra los criminales. Con todo, para que dichos calabozos exciten mi compasin basta saber que In his jacet multitudo languentium, cludorum, aridorum, y para inflamaros a destruirlos, que reflexionis si interesa a vuestra propia utilidad, y el bien pblico: aqulla, porque estas prisiones son muy malsanas; el aire demasiado craso e impuro de tales encierros, las espurcicias que exhalan los cuerpos negros, el gran calo r la vecindad a la casa de calderas, los excrementos que dejan, todo esto produce efectos perniciosos, e influye mucho en la salud. Y o he visto sacar uno sofocado del calabozo, vivir muy pocas horas y expirar sin confesin. No tengo los principios qumicos que necesita la operacin del aire extrado de all: me atrevera a asegurar tiene ms de ocho grados menos de origen (o aire vital que respiramos) que el de la plazuela de las Claras por ejemplo; as lo creo,

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OBRAS 200\ 200\ es un aire encerrado donde jams se pone hombre para rarefacerlo, nunca se zahuman los sitios, no se riegan con vinagre, ni se usa algn antimeftico. Dije que en destruir los calabozos se interesaba el bien pblico, porque siendo imperdonable mantener a muchos negros con prisiones por algn tiempo, y de consiguiente que duerman en estas piezas; dejando persuadido que son muy enfermizas y perjudiciales, es forzoso acorten la vida de los esclavos, o la hagan muy trabajosa, lnguida, enervada. Y qu resulta? Que esos brazos menos tiene la agricultura, el comercio, la populacin, y esa plata ms a los extranjeros, porque a proporcin de los que mueren o se inutilizan, que es ms de lo que se piensa, necesitamos nuevas colonias de armazones, al paso que cuidndolos, curndolos oportunamente, no agobiamos demasiado con el trabajo a los que entran, e inoculndolos, a pesar de lo que dice la preocupacin, contra esta saludable prctica, tendramos al cabo un surtido de negros capaz de talar los campos, cultivarlos y construir la azcar de modo que por clculo exacto llegara tiempo, y no muy tarde, que no necesitramos traerlos de la costa de frica, o seran muchos menos. Por todas estas razones os suplico coloquis un cepo fuerte en parte ventilada para que duerman seguros los presos; no quede piedra sobre piedra de calabozos, destruyan hasta su memoria, indigna del marcial nombre havano, y no sepa la posteridad que hubo tiempos de hierro en que se usaron. Cuando he visto a estos miserables que, despus de haber sufrido el peso del da, haraposos, encadenados, y tal vez hambrientos, bajan la escalerilla de la casa de molienda para entrar en su prisin, no he podido menos que volver el rostro para no mirarlos, horrorizado de que nuestros antiguos nos dejasen esta prctica. Prctica nociva que a la madrugada los extrae de aquellos lgubres encierros, y exhalados en sudo r abiertos los poros, los saca al campo, al aire hmedo, al fro, y les produce constipaciones, pulmonas, dolores pleurticos que acaban con ellos, y nuestro dinero. Tan tristes efectos, y el clamor de estas infelices vctimas de la malicia humana (que as los llamo porque creo es la esclavitud la mayor maldad civil que han cometido los hombres cuando la introdujeron), que desde el fondo de sus prisiones parece que me dicen: Educ de custodia animan meam. Es lo nico que me mueve a escribir esta carta esperanzado de mejorar la suerte de estos desgraciados, y contribuir segn puedo a la felicidad comn; si no se remediare, no ser porque call; conozco el dao, penetro sus efectos, quiero precaverlos, escrupulizo ocultarlos, y creo no ofendo: Non contristavi in epistola. Muchos lo conocen mejor que yo, porque no se necesita para ello talentos superiores; pero no quieren hablar; y aunque hace algn tiempo que vivo penetrado de esta calamidad, no me he resuelto hasta que la

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JOS AGUSTN CABALLERO / 201 / 201 generosidad de los juiciosos diaristas del Peridico han brindado su papel para que cada uno, sin ser descubierto, estampe sus producciones. Hasta ahora no se haba visto en la Habana igual franquicia. Slo sus luces y cortesana la ofreciera. Quiera Dios que esta hojilla produzca los buenos efectos que me propongo y espero ver coronados, en los que me sigan cuando oigan del Supremo Juez, estaba encarcelado y me visitaste, esto es, me aliviaste redimiendo de estrecheces tan amargas a unos entes de nuestro mismo calibre, a nuestros hermanos y prjimos que debemos tributar la ms sincera compasin y benevolencia; a unos brazos que sostienen nuestros trenes, mueblan nuestras casas, cubren nuestras mesas, equipan nuestros roperos, mueven nuestros carruajes, y nos hacen gozar los placeres de la abundancia. Desmienta nuestra dulzura con ellos la sevicia insana con que nos han afrentado a los ojos de la Metrpoli, y pueda cada amo decir con ingenuidad a sus esclavos: Testis mihi est Deus, quomodo cupiam vos in visceribus Jesu Christi. V os, Seo r sois buen testigo de lo mucho que amo a mis hermanos, en las entraas de Jesucristo, quien guarde a V V S. S. los muchos aos que desea. El Amigo de los Esclavos. Servi obedite dominis carnalibus... servientes sicut Domino. Et vos domini... remittentes minas scientes... quia personarum acceptio non est apud Deum. S. Paul. II De la consideracin sobre la esclavitud en este pas 2 Resultan de la esclavitud de los africanos graves consecuencias que merecen la mayor atencin. Es la primera, que el pie de nuestra poblacin o, por mejor deci r la de la clase servil, no sigue el curso ordinario conocido de la natural multiplicacin de la raza humana, sino que dicha clase de hombre se aumenta o se puede aumentar conforme al nmero ms o menos crecido de nuevos esclavos que de Ultramar se introducen en el pas, o, en otros trminos, que conforme fuesen mayores los capitales que se dedicasen a la introduccin de esclavos, mayor sera en esta parte nuestra poblacin; circunstancia que distingue a nuestra agricultura y no existe en los pases donde no es admitida la esclavitud. En estos ltimos, al cabo, el cultivo no puede contar ms que con un nmero de brazos proporcionado a la poblacin total y propia del pas, cuando ac el cultivo no tiene ms lmite, que el de los fondos que se le aplican, o lo que es lo mismo, que la agricultura es 2. Este informe fue presentado ante la Sociedad Patritica el 24 de noviembre de 1798. Aparece publicado en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 148-152.

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OBRAS 202\ 202\ o debe ser una empresa cuyos progresos caminan, precisamente, en proporcin del caudal que a ella se dedican. Nuestro comercio metropolitano no hace el comercio de negros, y los extranjeros son los que de ellos nos proveen. El comercio de la Habana no tiene en sus manos fondos tan cortos y escasos que apenas bastan a levantar las cosechas, cuanto menos a fomentar al hacendado que todava no logra cosecha r De manera que se debe inferi r precisamente, que nuestra metrpoli se ha empeado en hacer de esta colonia un pas cultivador sin tener medios directos ni proporcionados para sostener la agricultura, y que por consecuencia vivimos en una total dependencia de las naciones extranjeras rivales de la nuestra; reducida, por consiguiente, a no esperar otros aumentos en nuestra agricultura que los que resulten de los ahorros de una corta poblacin, pues es evidente que los capitales empleados en la compra de esclavos proceden, o de frutos sobrantes de fondos ahorrados, o de fondos prestados; ahora bien, no teniendo nuestro comercio los necesarios, como lo comprueba el alto precio del dinero anticipado sobre frutos hipotecados, es claro que las nuevas empresas han de comenzar con fondos ahorrados en el pas mismo y no suplimos por el comercio nacional. S EGUND A CONSIDER ACIN SOBRE LA ESCLA VITUD La segunda consideracin que arroja de s la esclavitud es que gozando todos, los libres o seores, del derecho de compra de esclavos, siempre que tengan con qu pagarlos, el dinero proporciona para las empresas en este pas una palanca artificial que no se halla en otra parte, es deci r que aqu no basta la inteligencia, la industria y la inteligencia sin el dinero; que todas las empresas llevan por esta misma razn el carcter de especulaciones o aventuras humanamente regidas por los inconvenientes inseparables de la esclavitud. Que, por consecuencia, nuestras leyes deban abrir ms puertas a la industria y tenerla ms libre y desembarazada que con otro pas alguno. V emos bien, sin embargo, que ciertas especies de industrias nos son enteramente prohibidas, o en mucha parte restrictas o sujetas a tantas formalidades que equivalen a una prohibicin, retrayendo de estos ramos a los hombres acaudalados que son los que en todas partes dan el tono y pueden correr el riesgo de las grandes empresas; tales son el cultivo del tabaco; el uso de las tierras y bosques mientras conservan maderas privilegiadas, el beneficio de acarreo de maderas en los montes, la construccin de buques mercantes; mientras otras, las dems que se consideran en clase de libres, estn gravadas y obstruidas en la disposicin que ms adelante se habr de explica r.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 203 / 203 T ERCER A CONSIDER ACIN SOBRE LA ESCLA VITUD Otra consideracin de la mayor importancia en la materia es que siendo admitida la esclavitud en nuestro suelo, es deci r habiendo entre nosotros una clase de hombres que no tienen estado, persona, ni propiedad, parece que deba esmerarse la legislacin en dar a los hombres libres o seores una educacin proporcionada a la situacin tan elevada y superior de stos sobre aqullos; una educacin que templase el vigor del despotismo que el amo naturalmente propende a ejercer sobre su esclavo; que le inspirase aquellas virtudes, aquella alta dignidad propias del hombre que est llamado a poseer un derecho tan peligroso como el de reconocer dominio y propiedad sobre sus semejantes; que le ensease desde muy tierna edad aquellos conocimientos propios de una industria activa e ilustrada; igual deba ser inherente a los hombres que gozan del insigne privilegio de ejercer de su cuenta, en su solo y propio beneficio, las tiles y pinges empresas de la industria; en lugar de este recomendable y saludable sistema, qu providencias se han tomado: la educacin de nuestra poblacin campestre, la mayor en nmero y quizs la ms juiciosa comparada con la de otras islas extranjeras, yace en total abandono. Aun la de nuestros urbanos no est calculada con ms acierto, pues aunque tenemos universidades y seminarios para el estudio de lo que se llama las cuatro facultades mayores, destinadas a un cortsimo nmero de hombres en la Repblica, los que componen el cuerpo de la poblacin, lejos de lograr en su pas la ms leve trinchera de aquellos otros conocimientos elementales, ms indispensables en las diversas carreras a que son destinados, carecen hasta de escuelas de primeras letras constituidas como era necesario. V erdad que a nadie mejor consta, ni nadie lo deplora ms que el Cuerpo Patritico a que se dirige este discurso. Qu trastorno de ideas! Qu orden tan inverso al que convena! Lo que hemos dicho hasta ahora est cedido a la clase de los seores; si pasamos a examinar la condicin del siervo, podemos decir quizs con verdad que el Cdigo que las protege peca quizs por la extrema benignidad. En efecto, por un impulso que manifiesta ms religin y humanidad que experiencia o meditacin, abre acaso demasiadas puertas a la manumisin, atribuye a los libertos derechos y privilegios demasiado extremos, pues en todo se igualan a los del hombre que naci en la clase de seores; mientras, por otro lado, ni las leyes generales que rigen estos dominios, ni las particulares de esta Isla, nada contienen que al caso venga para mejorar la condicin o la felicidad de estos ltimos, como aparecer ms extensamente en el curso del presente examen

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OBRAS 204\ 204\ III Industria de la isla 3 Si tratamos de analizar ahora la actual industria de la Isla, notaremos que siendo la superficie total de ella, sin contar los cayos que la rodean de [ilegible] leguas cuadradas de a 5 000 varas en cuadro, slo hay entregado al cultivo un pao de tierra alrededor de la capital, en la parte de la Isla quizs ms estril y la menos bien regada que puede medir 400 de aquellas leguas. Que el referido pao de tierra, con un solo embarcadero a la costa del su r tiene en la del norte gran nmero de puertos y bahas donde slo se cuenta a ms de la capital, la nica poblacin de Matanzas. Entregadas por un clculo medio de 15 000 a 16 000 caballeras al cultivo de la caa, donde en el espacio de 17 aos que se cuenta desde la libre introduccin de esclavos hay 400 ingenios de azca r fomentados por los principales vecinos y con un exclusivo empeo de llegar a fabricar ahora, con poco ms de 30 000 esclavos, 800 000 quintales de aquella sal; 500 cafeteras emprendidas con un ardor singular y una total inexperiencia en el espacio de seis u ocho aos (la sombra de una franquicia de [roto] y derechos que todos podrn ocupar 55 000 caballeras y no dan todava cosecha que merezca nombre de tal Las 40 000 caballeras restantes, ocupadas en potreros, sitios y estancias de labo r En los pueblos del interior hallaremos que Cuba posee como 40 pequeos ingenios con poco ms de 2 000 esclavos empleados en el cultivo de la caa y algunos cafetales; que los dems guardan por su importancia el orden siguiente: Trinidad, Bayamo, Puerto Prncipe, Villa Clara, y poseen todava menores fuerzas y menor industria. Todo el resto de la Isla, es deci r de 16 avos los 15 avos estn montaosos y ocupados en la crianza de ganado de asta, mula r caballa r y de cerda, que fue la primera ocupacin de sus vecinos desde la conquista, exceptuando aquellos primeros aos que se emplearon en ensayar nuestras minas, hasta que otras ms ricas descubiertas en S anto Domingo y en el continente desengaaron a sus descubridores e hicieron abandonar esta Isla a sus propias fuerzas. As que veget en la crianza de ganado, hasta que llamaron la atencin del Prncipe el ramo de tabaco y el de las maderas de construccin. Comienzan ambos ramos en manos de varios particulares que contrataban con el Re y hasta que especulando los... 4 3. Este trabajo ha sido atribuido a Caballero por Zayas. Apareci publicado en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 153-154. 4. T runco el manuscrito.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 205 / 205 IV Dictamen en el concurso para premiar la mejor memoria sobre la cra de las abejas y el cultivo de la cera 5 Con el motivo de haber recomendado S. M., en Cdula de 5 de octubre de 1795 dirigida al Excelentsimo Seor Gobernador y Capitn General y al Seor Intendente de Ejrcito y Real Hacienda, el fomento de la cosecha de cera, la Junta de Gobierno del Real Consulado, queriendo contribuir por su parte a las benficas miras de S. M., acord asignar un premio de trescientos pesos fuertes a la memoria que mejor manifestase los defectos y errores introducidos en el cultivo de la cera, cual se practica actualmente en el pas, e indicase ms claramente el mtodo que se deba seguir con preferencia, tanto en la cra de colmenas, como en el modo de castrarlas y beneficiar su producto, indicando adems las enfermedades de las abejas y su curacin, los insectos y otros animales que las ofenden y persiguen, con el modo de precaver ambos daos. La misma Junta que en todas ocasiones da pruebas del aprecio con que considera el gran inters que la une con esta Real Sociedad Patritica, acord tambin suplicar a aquel cuerpo, se encargase de calificar el mrito preferente de los escritos que se presentasen aspirando al premio ofrecido. Aceptado este encargo por el Cuerpo Patritico, y llegado el oportuno tiempo, seal para el examen de los manuscritos una Diputacin compuesta de cinco Ministros, a sabe r el Seor Don Juan Manuel O F arrill, Director; el Doctor Don Joseph Agustn Caballero, Censor; el Seor Don Andrs de Juregui, Contador; el Seor Don Joseph Mara Pealve r Tesorero; el Seor Don Antonio Robredo, Secretario; a los cuales se agregaron cuatro socios ms, que lo fueron los Seores: Don Ignacio O F arrill, el Conde de Jibacoa, Doctor Don Antonio Moreno y Don Francisco Pealve r. En repetidas sesiones examin esta Diputacin nueve escritos que se disputaron el juicio; al cabo decidi por la que ahora sale a luz; y comunicndolo por medio del informe siguiente a la Sociedad Madre, sta lo hizo comprender a la Real Junta del Consulado. Quiera el cielo sean fructuosas las tareas de estos dos cuerpos! 5. La Memoria sobre la cra de las abejas y cultivo de la cera, a que se refiere este trabajo, fue premiada por la Junta de Gobierno del Real Consulado de La Havana. Su autor fue el bachiller Eugenio de la Plaza, cirujano en la villa de Santa Clara. Fue publicada en La Habana, en 1796, a expensas de la misma Junta, en la imprenta de Don Esteban Joseph Boloa, con licencia del Gobierno Superio r El presente Dictamen... fue publicado en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 123-128.

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OBRAS 206\ 206\ Seores: la diputacin encargada de calificar el mrito de la Memoria que mejor hiciera ver los defectos y errores introducidos en el cultivo de la cera, informa hoy a la Sociedad Madre, que la que mejor ha desempeado el asunto es la que lleva en el frente y al pie las iniciales E. D. P. Si se atiende al objeto que se propuso el Real Tribunal del Consulado cuando ofreci sus premios, y al que otro cualquiera buscara en esta clase de escrito, no parecer aventurado el juicio de la Diputacin. Desde el momento en que sta empez a revisar los diversos manuscritos que aspiraban al premio, propuso, como un principio fundamental, que deba darse la primaca al que reuniese mayor porcin de conocimientos esenciales en la materia, ms conformes a la experiencia, y de la mejor calculada utilidad, desatendida por entonces cualquiera otra perfeccin de que pudiera hallarse adornado o destituido. Con este presupuesto previno la Diputacin un gran inconveniente que deba evitarse, en no premiar ninguna de las memorias, porque hubiera sido un motivo para desalentar al pblico y retraerlo de la aplicacin y de la industria que queremos promove r. Convenimos en preferir la obra que ms se acercase a lo perfecto: era demasiado, segn el estado actual de la ilustracin de la Isla, pedir una que fuese enteramente perfecta. En la que dejamos citada hemos encontrado ms de lo que esperbamos: estn desempeadas todas las ideas del Real Consulado con prolijidad, con extensin y con datos casi decisivos. V amos a hacerlo ve r bien que superficialmente, para que constndole a la Sociedad Matriz los fundamentos en que se apoya nuestro juicio, cuando no merezca su aprobacin, al menos no lo grade de ligero y parcial. El autor siempre se hace cargo de combatir los errores que se cometen en los diversos tiempos del cultivo de la cera, circunstancia que desde el principio comenz a inclinar nuestro sufragio, por ser muy conducente a los fines que se solicitan. En los artculos segundo y tercero impugna las erradas prcticas de muchos colmeneros en la plantificacin de las colmenas, en la manera de asistirlas, en la preparacin de las maderas para cajas, en la figura y posicin de sta, y presenta simultneamente las respectivas correcciones sobre aquellos particulares, o mejor dicho, sobre aquellos errores que se atrevi a introducir la ignorancia, la preocupacin y la desidia de los primeros cultivadores. Las repetidas observaciones que cita, dan a este papel un cierto aire de veracidad y magisterio, que no es muy fcil desatenderlo. Cuando se lee el artculo quinto sobre el alimento de las abejas, es menester confesar que cualquier hombre aplicado tendr siempre recursos en qu asegurar la subsistencia de estos insectos, y adelantar sus productos de cera y miel. En efecto, el autor teje una larga y her-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 207 / 207 mosa nomenclatura de vegetales a propsito para alimentarlas, e indirectamente hace inferir cules sern los intiles y daosos, recomendando con buen raciocinio lo interesante de este punto en el cultivo de la cera. La castracin de las colmenas no poda omitirse entre tantos tiles conocimientos: expresamente est indicada en el asunto propuesto. El autor la mira como de conocida importancia: y le da en el artculo noveno ilustraciones muy provechosas. Aqu se tocan ciertas nociones, de que o han carecido nuestros cosecheros, o infundadamente las omitieron con atraso de este ramo de comercio. Cuando el pblico los lea, reconocer con cunta justicia han merecido nuestro aprecio. En los artculos cuarto y octavo sobre enfermedades y curaciones de las abejas, y sobre animales que las ofenden, no slo ley la Diputacin las noticias necesarias, sino tambin vio demostrados algunos errores en que incurren los hombres poco observadores. Acerca del mtodo que prescribe el artculo dcimo para separar y beneficiar los productos de las colmenas, dicta con qu asegurar la utilidad y no malograr los trabajos emprendidos al cabo de algn tiempo. Todas estas circunstancias constituyen un escrito muy digno del premio ofrecido, tanto por desempear los objetos propuestos cuanto por las nuevas luces que recibir el pblico para perfeccionar la cera, artculo que debe mirarse con toda aquella atencin a que es acreedor uno de los ramos de nuestro comercio. No niega la Diputacin que, en las otras memorias que se han examinado, se encuentran igualmente casi las mismas ideas, pero bajo otra forma menos propia a la naturaleza del escrito, o con poca prolijidad: a que se agrega carecen tambin de algunas advertencias muy interesantes. La que hemos aprobado rene cuanto nos parece puede buscarse en el cultivo de un fruto, que aunque conocido ha mucho tiempo, no se haba reducido todava a una terica exacta. Asimismo, confiesa la Diputacin, que aparecen algunos clculos no conformes a las experiencias hechas por algunos de sus individuos; pero no he credo deba deducir de aqu concepto poco ventajoso a la Memoria, porque tuvo a la vista que, segn su teno r se escribi en uno de los lugares interiores de la Isla, y no hay repugnancia en que esta diversidad provenga de la diversidad del terreno. Finalmente, advierte la Diputacin, que en el caso de imprimirse la Memoria, debern cercenrsele ciertas superfluidades de que se halla recargada y rectificrsele los vicios del lenguaje. As lo juzga, y me encarga lo haga presente, como lo ejecuto, a la Sociedad Madre. Habana, diciembre 11 de 1796. D r Jos Agustn Caballero

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OBRAS 208\ 208\ V F erias 6 I NTRODUCCIN La cuestin que sobre ferias ha presentado la Real Sociedad Patritica a la meditacin de los amantes del bien pblico de este pas, en el Peridico de 2 de enero de 1805, No. 1, es mucho ms compleja de lo que aparece a primera vista, porque bajo el humilde traje de un punto trivialsimo en otros parajes de ambos hemisferios, abraza entre nosotros las diversas relaciones del atrasadsimo problema del comercio interior o prosperidad domstica de la colonia. Asunto, sin duda alguna, peregrino por su novedad y el inmediato inters que en l debe tomar todo buen vecino; pero estril y quizs peligroso, por cuanto siendo preciso para desatar la cuestin, hablar con santa y severa ingenuidad de cada uno de nuestros institutos ms respetables, o al menos ms respetados hasta ahora, parecer a muchos procacidad lo que en seguimiento de la noble y pblica lid abierta a presencia de la superioridad, no es ms que integridad y obedecimiento, fundados en la confianza que nos debe inspirar el puro y prvido celo del digno jefe que patrocina la presente indagacin, en la cual debemos presuponer que, encargado por el Monarca de la conservacin y prosperidad de esta importante colonia, quiere or y saber la verdad, siempre que venga vestida con modestia y decoro. Comenzaremos, pues, por dar una idea general de la voz feria, de su sentido particular contrado a nuestro asunto, del origen de las ferias entre nosotros y del estado de las que ahora hay en Espaa. Feria se llama, en sentido general, toda concurrencia de vendedores y compradores que en paraje y das determinados se renen para permutar los efectos que son el objeto del trfico de la feria y en este sentido feriar es vender a plata o por trueque y cambio cualquier efecto en ella vendible. En este sentido, feria se puede llamar el pequeo mercado semanal de una aldea en que se giren doscientos pesos de valores, como el clebre mercado de Jalapa o el de Acapulco, donde se feriaban millones de pesos en valores. Mas en un sentido ms contrado, se entiende por feria aquellas concurrencias extraordinarias y peridicas establecidas en un pas para proporcionar la venta de frutos o manu6. Segn Alfredo Zayas, este trabajo fue escrito por Caballero como proyecto de respuesta a una consulta del Gobierno sobre el tema. Cf r Alfredo Zayas: El presbtero Don Jos Agustn Caballero..., ob. cit., t. I, p. 24. Una copia que se hallaba entre los papeles de Zayas fue utilizada para su publicacin en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 219-230.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 209 / 209 facturas sobrantes de aquel suelo, o la de otros efectos trados de otras provincias del mismo continente, o de pases ultramarinos, cuya venta no se activara tan pronto ni tan fcilmente sin aquella concurrencia. As, la Feria de Jalapa en el Reino de Nueva Espaa, ya citada, era determinada por la llegada de las flotas, y era su objeto feriar o permutar de primera mano con los frutos, gneros y efectos trados de Espaa, los frutos sobrantes de dicho reino, cuales la plata, los granos, la vainilla y dems producciones naturales o artificiales de la industria mexicana. Mas la Feria de Jalapa se estableci por eleccin y por la voluntad espontnea de los comerciantes, sin que fuese efecto de alguna gracia o peculiar incentivo concedido al efecto por el gobierno. As pudiramos nosotros, por convenio general de los habitantes de esta Isla, establecer ferias, o sea, mercados determinados para la venta del tabaco en nuestras poblaciones, si su trfico no estuviera estancado en manos del fisco; otras para la venta del ganado, tanto ms oportunas cuanto su conduccin de los lugares internos a la capital, no se puede hacer durante todos los meses del ao sino en estaciones determinadas, y ciertamente se hubieran ya establecido si no lo repugnaran los gravmenes que sufre hoy la conduccin y venta de los ganados, por cuya razn parece que no pudiendo evitar la paga de estas contribuciones, no se encuentra estmulo suficiente para el establecimiento de ferias; e hizo bien al contrario la esperanza de poder escapar al rigor del fisco, como en las negociaciones sueltas que ocurren entre individuos. Segn es la naturaleza de los frutos que son el objeto de las ferias, ellas se respeten con ms o menos frecuencia hasta ser semanales o diarias, y en este caso ms bien se llaman mercados que ferias porque, efectivamente, el recinto de su movimiento es generalmente ms contrado en proporcin de la frecuencia de los das sealados para su celebracin. Pero las ferias que son el objeto de estas indagaciones son las privilegiadas o agraciadas por leyes del Prncipe, con objeto de activar y favorecer un comercio que sin semejante gracia o privilegio no pudiera fomentarse. Las ferias, en este sentido, son un indicio seguro de la opresin habitual en que se hallan la agricultura y el comercio, pues deben su establecimiento al convencimiento en que est el Prncipe de ser necesario mitigar o suspender momentneamente las trabas que se oponen a la libre permuta que se ha de verificar entre las producciones de la tierra y los artefactos de la industria nacional o extranjera. Ser garante de esta verdad el remontar al origen de las ferias. Se hallar que ya sea en nuestra Espaa, ya sea en las dems monarquas de Europa, se debieron al restablecimiento del podero real en los siglos XIII y XIV Eran aquellos tiempos, restos del sistema feudal introducido para remediar la tirana militar de los godos y visigodos, en que pretendan todava los seores y vasallos competir con los reyes, y man-

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OBRAS 210\ 210\ tener oprimidos a los labradores y mercaderes, con aquellos derechos de servidumbre tan generales que slo eximan de su gravamen al milita r Se sabe que la emancipacin de los pueblos comenz por las ciudades, mediante los privilegios que poco a poco y bajo la proteccin de nuestros reyes, fueron ellos obteniendo de sus seores. En este tiempo nacieron y se sancionaron las ferias como un establecimiento especialmente dimanado de la prerrogativa real. Por las Leyes del Ttulo Sptimo de la Sptima Partida del Rey D. Alonso el Sabio, y por otras concordantes recopiladas posteriormente en Castilla, cual se hallarn anexas bajo el No. 1 del apndice, consta todo el sistema que en orden a las ferias se propusieron nuestros reyes en aquellas eras de tirana feudal. Se conoce claramente por ellas que no pudiendo el Prncipe proteger abiertamente a la clase de los villanos labradores en general, sin ofender los fueros de los seores de quienes dependan, y teniendo adems que cuidar mucho de la provisin y felicidad de las ciudades emancipadas, dedicaba una atencin muy seria a las ferias urbanas, declarando que era regala de la Corona autorizarlas en calidad de francas; prohibiendo por tanto a los seores cobrarles derecho alguno aunque se celebraren en sus territorios, dejando al arbitrio de los Consejos y Justicias la eleccin de los parajes designados para ferias; ofreciendo proteccin y salvoconducto a todos los traficantes que concurrieren a ellas hasta en el trnsito para llegar a la feria; y por ltimo, haciendo responsables a los Jueces Reales de cualquier robo o insulto que aconteciere a los mercaderes feriantes. Tal era en aquellos tiempos el abatimiento servil de los labradores villanos que no posean tierras en propiedad ni aun en arrendamiento, sino a ttulo de precisa servidumbre; ni menos poda la industria ni el comercio girar libremente sus operaciones. La emancipacin general comenzada en las ciudades bajo la proteccin real, fue la capa que a su sombra quebr paulatinamente las cadenas del estado llano. La libertad, las artes, el comercio y sobre todo la agricultura siguieron en toda Europa por las mismas causas un orden inverso al que hubiera convenido al bien comn, pues habiendo sido las ciudades la cuna donde an con mucha debilidad y lentitud fueron robustecindose, quedaron los campos y han quedado hasta nuestros das sujetos a una invencible opresin, de la que se resiente todava la agricultura en los pases ms cultos, a pesar de los constantes esfuerzos que los estadistas y los cuerpos han empleado para restaurarla al grado de honra, de libertad y de esplendor que ella merece como madre de todas las artes y fuente primordial de la pblica opulencia y felicidad. V olviendo ahora a nuestra Espaa, diremos que aunque despus de aquellas desdichadas y lamentables pocas, se fueron mejorando con rapidez nuestras cosas, pues conseguimos, en el espacio de dos siglos,

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JOS AGUSTN CABALLERO / 211 / 211 echar de la Pennsula a los moros y reunir sus diferentes provincias en una sola Corona, adquiriendo con justo ttulo el renombre y la gloria de los primeros guerreros de la Europa; fuimos luego entregados a una serie de desgracias y rivalidades, nacidas de nuestro propio engrandecimiento, que nunca nos permiti durante cuatro siglos restaurar en el debido orden los cimientos de la pblica felicidad, cuales deban existir en la agricultura y las manufacturas; unas y otras han quedado hasta nuestros das sujetas a las trabas de alcabalas, millones, cientos, portazgos, aduanas interiores y otros que, con bastante individualidad y tesn, lamentan nuestros escritores econmicos, desde Moncada hasta Jovellanos. As que hacindose intolerable el gravamen habitual de los pueblos, ha sido conveniente mantener las ferias francas interiores y establecer otras nuevas para facilitar el giro de las producciones territoriales de las diversas provincias, en trueque de los artefactos extranjeros y nacionales por una escala bastante extensa que manifiesta la conveniencia del remedio. En efecto, son en el da ms de 150 en Espaa los pueblos que gozan por privilegio real del derecho de mantener de una hasta tres ferias en pocas del ao, como se convence de las listas que tradas al apndice bajo el No. 2. Un comerciante espaol, actualmente residente en la Habana, hombre observador y de muy buena instruccin que ha seguido prcticamente las ferias de Espaa por muchos aos, nos ha puesto en estado de dar alguna noticia fidedigna del orden que guarda el comercio en ellas. Las casas de comercio ms respetables de Madrid y Toledo en las Castillas, Portugal, Catalua, V alencia y dems plazas capitales de las Provincias, son las que principalmente concurren por medio de sus personeros a las ferias de ms concurso con el fin de expandir y beneficiar las manufacturas nacionales y extranjeras. Comienzan las ferias con el mes de febrero y concluyen en noviembre, trasladndose los traficantes con sus gneros de unas en otras, por medio de arrias que conducen a distancias de hasta 60 leguas las cargas de 6 a 7 arrobas, a razn de 6 reales de poco ms o menos por arroba. El objeto principal de estas ferias es feriar el ganado de casta mular y caballa r y dems frutos del pas, al paso que las lenceras, sederas y quincallas y dems artefactos que a ellas traen esos mercaderes viajantes. La feria de mayor giro en gneros es la de V aldemoro, pueblo distante cuatro leguas de Madrid, que se celebra en octubre despus de recogidas todas las mieses. Se calcula que a ella se mandan por cerca de un milln de pesetas en ropas contndose que la sola Casa de Codobriz de Madrid sola remitir hasta 500 cargos de cuenta propia, para el expendio de gneros nacionales y extranjeros. Son tambin muy recomendables las ferias de Medelln, V alladolid, Zafra, Consuegra, Almagro, Trujillo, vila,

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OBRAS 212\ 212\ Zamora, Len, Burgos, Siria, Lugo, Salamanca y Guadalupe. Los comerciantes suelen hacer en estas ferias, con la Real Hacienda, unos encabezamientos considerados con equidad, pagando solamente de la porcin de gnero beneficiada y no de la que qued sin vende r Algunas de estas ferias, como la de Lugo en Galicia, Lrida y Guadalupe son enteramente libres de derechos reales, ms la ltima que se verifica bajo el patrocinio de un convento de Monjes Bernardos, con motivo de la comn devocin de su santuario, contribuye con un corto derecho al convento, siendo tambin ste quien provee y alquila las tiendas y almacenes que sirven para la feria. U TILID AD DE LAS FERIAS Y EN QU CIRCUNST ANCIAS No hay duda que las ferias francas han dado al comercio interior de Espaa un gran fomento desde mediados del siglo pasado en que comenzaron a acreditarse. Con la moderacin de los encabezamientos por pago de los Derechos Reales que en ellas se cobraban, se activ el giro de los ganados, gneros y frutos del pas por parte de los labradores, ganaderos y fabricantes, y el de los gneros nacionales y extranjeros por parte de los traficantes. Tom en ellas un principal inters el Seor Don Carlos III (que Santa Gloria haya), quien protegi especialmente la de V aldemoro tan inmediata a la Corte. Se facilitaron al comercio grandes consumos, a los vecinos buena provisin y buenas ventas a los labradores. Apresurronse los pueblos en solicitar iguales gracias; las obtuvieron y con estos puestos de reunin y de contacto, donde tomaba cada vez ms extensin y pujanza el comercio domstico, se entabl la confianza y el crdito, hijos constantes de la prosperidad. Obtuvo el traficante plazos para el pago de sus compras en las fbricas nacionales y extranjeras, y los dio tambin en sus ventas feriales, de manera que aun hasta ahora las mayores ferias se llaman de plazo, porque de una en otra se giran letras de crdito hasta seis meses de espera. Pero, por grandes que fuesen las ventajas de estos establecimientos, ha querido nuestra desgracia entorpecer las de este ramo como de otros muchos de igual importancia; las urgencias de la Corona, ocurridas despus de la paz de 1783, han obligado al Gobierno a introduci r hasta en el giro de las ferias, nuevos gravmenes, con ttulo de reventas e internacin que han hecho sentir en ellas una notable decadencia. Tal es el estado actual de las ferias en Espaa. De lo dicho hasta aqu se infiere que las ferias francas o privilegiadas, es deci r las que en los das fijos de su duracin no contribuyen con los ordinarios derechos, o contribuyen con una gran rebaja, son al cabo un mero paliativo, administrado por un Gobierno, porque no se halla capaz de curar de raz el vicio que ataca y obstruye a un tiempo la agricultura y la industria de

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JOS AGUSTN CABALLERO / 213 / 213 su pas. Es una especie de abdicacin muy corta que hace el Fisco de su acostumbrado rigo r inducido a hacer ste, que mira como gran sacrificio por no resecar enteramente las fuentes de la pblica prosperidad. Evidente prueba de los cortos progresos que ha hecho entre los estadistas la ciencia econmica, o de las dificultades que embarazan el remedio de los establecimientos, inveteradas en las sociedades antiguas de la Europa. Al contrario de las sociedades nuevas donde por fortuna, por casualidad o por combinacin, el Fisco cuenta su principal entrada con el producto de los derechos que paga el comercio exterior o ultramarino, y donde se ha procurado desembarazar toda traba interior al labrado r al artesano, al fabricante y al comerciante, no se conocen ni se necesitan las ferias francas o privilegiadas. Son innumerables, s, los mercados, ferias o concurrencias habituales que para la conveniencia recproca de compradores y vendedores se forman en todas partes. Mas ellas se instituyen por espontneo convenio y voluntad de los interesados, y sin necesidad de acudir al Gobierno, pues ste ninguna gracia tiene que conceder ni gravamen que dispensa r En aquellos pases se puede decir que ofrece el comercio una feria continuada y perenne durante todo el ao, menos en aquellos frutos que, cosechados en ciertas estaciones, fijan pocas determinadas en que comienza su expendio, o en aquellos artculos de introduccin ultramarina que dependiendo igualmente de las estaciones, estn ceidos por la propia razn a pocas prefijas. T R ANSICIN A LAS FERIAS EN EST A I SLA Ahora, contrayndonos a esta Isla, diremos que no se puede resolver el problema que es el objeto del presente escrito, sin indagar: 1) cul sea verdaderamente la situacin de nuestra agricultura e industria, tanto en la parte poblada de la Isla como en la montuosa y las costumbres de nuestros vecinos en ambas; 2) cules sean los gravmenes e institutos que embarazan y obstruyen el giro de nuestro comercio interior; 3) qu influencia tiene el comercio ultramarino exterior en el domstico. Hecho esto, estaremos en estado de formar un juicio ms fundado sobre la presente cuestin, y si acaso vemos que nuestros males sean tan graves o radicados, que su total remedio sea demasiadamente dilatado o inasequible, quizs convendremos en que nos interesa, en situacin tan desesperada, acudir en solicitud de un paliativo que los mitigue, como lo es el de las ferias. P REVIO EX AMEN DE LA SITU ACIN INTERIOR DEL P AS Entraremos, pues, en la referida indagacin por el orden que hemos indicado, protestando de nuevo que si en la pintura de nuestra situa-

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OBRAS 214\ 214\ c in apareciere alguna expresin imprudente u osada, no la habr inspirado ni la maledicencia ni la stira, sino la noble pasin del amor al bien del Estado y al de este suelo que sus vecinos debemos considerar como nuestra patria, pues en ella vivimos bajo la proteccin de nuestro Monarca y con igual derecho a su beneficencia que sus vasallos europeos. Si echamos una vista general sobre la configuracin fsica de la Isla que habitamos, debemos reconocer en ella un pas casi virgen, situado en uno de los climas ms felices del globo, dotado de dilatadas costas, y de medianas montaas, de algunos ros caudalosos, de multitud de puertos excelentes y capaces, y cmodas bahas, de tierras que cuando no las hubiere por s de superior calidad, merecen este ttulo por ser nuevas, de exquisitas maderas que desde muy temprano excitaron la atencin de nuestra potencia naval, de cuantas producciones preciosas ofrecen ambos hemisferios, pues los que del antiguo se trasplantaron a nuestra Isla, y los indgenas del Nuevo Mundo, se multiplican todos en ellas con asombrosa feracidad. La vemos poblada de hombres blancos, descendientes todos de Europa, y de hombres negros africanos, cuyas dos clases producen por su mixtura otras muchas de diversas denominaciones, pero divididos en dos grandes clases principales: libres o seores, y siervos o esclavos, destinados los primeros a manejar por su cuenta todas las empresas de la industria humana, y los segundos a ejecutar las duras faenas de la industria bajo el dominio de aqullos. VI Exposicin a las Cortes Espaolas 7 A las Cortes Espaolas, por manos de nuestro Representante en ellas. 1. La salvacin de la Patria, sin duda, consiste en defenderla de los dos grandes e inminentes peligros que la amenazan, al uno y otro lado del ocano; el primero, de ver ltimamente vencida la antigua Espaa e invadida por Napolen, si no se consigue echar a sus ejrcitos de la Pennsula; el segundo, de ver las Indias Espaolas, o sea, las Espaas 7. La Exposicin a las Cortes Espaolas, Ideas y bases, originales del presbtero Caballero, para una Constitucin de la Monarqua y sus Colonias, y que el autor entreg al diputado Juregui, en 1811, para su presentacin a dichas Cortes. Publicada en Alfredo Zayas: El presbtero Don Jos Agustn Caballero..., ob. cit., t.I, Apndice B. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t.I, pp. 248-287.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 215 / 215 Ultramarinas, desmembradas de su antigua madre: divididas entre s o entregadas a la ms horrible anarqua, cuando no expuestas a la invasin de sus enemigos o envidiosos, si no se logra reunirlas en un cuerpo de nacin capaz de conservar en todo evento la independencia y la integridad del nombre espaol en el Nuevo Mundo. 2. Las Cortes Nacionales que desde el 24 de septiembre ltimo han tomado las riendas del Gobierno, estn asistidas, en la primera de estas dos empresas, por la poderosa alianza de la nacin Britnica, que hasta ahora concurre magnnimamente con sus fuerzas, su dinero y su sangre a la defensa de la Pennsula y a la proteccin de sus posesiones ultramarinas. 3. Nosotros, situados a tan inmensa distancia, no hemos podido contribuir a la causa comn sino con unos cortos auxilios que no guardan proporcin, ni con nuestros buenos deseos, ni con los recursos de la Isla; y siempre fieles a nuestro Gobierno, como lo hizo el Ayuntamiento de la Habana en acuerdo de 4 de septiembre ltimo, puesto en noticia de las Cortes en 16 de diciembre siguiente, mantenemos nuestra pronta disposicin a contribuir con la cuota proporcional que se nos seale para el sostenimiento de la causa comn. 4. Sin meternos, pues, a discurrir sobre la guerra ni sus vicisitudes, lo que nos corresponde es manifestar nuestras peticiones sobre el segundo punto, no menos difcil y urgente para el inters comn del Estado y el nuestro en particula r es deci r el del Gobierno local que conviene dar a las Espaas ultramarinas, como forzosa consecuencia de las repetidas declaraciones hechas con respecto a ellas por nuestro Gobierno Supremo en sus ltimas y sucesivas transformaciones. 5. Pareca, en efecto, que hurfana la Nacin de su monarqua desde el principio de la Revolucin Espaola, deba ser sta la ocasin favorable de alterar en nuestra antigua Constitucin lo necesario, para que en ella no pudiesen los delegados de la pblica autoridad abusar de su pode r ni de los pueblos, al paso que de subsistir al miserable sistema que desde la conquista sacrific los grandes y naturales recursos de estos vastos dominios al inters privado de un gremio particula r o a la invencible superioridad de las naciones que siempre se mostraron rivales de nuestro comercio e industria, otro sistema liberal que hubiese llamado en auxilio de la Madre Patria y de su justa causa toda la fuerza fsica y moral de sus posesiones ultramarinas. stas han permanecido, no obstante, hasta ahora entregadas a la insignificancia y debilidad de su antiguo gobierno, sin poder arreglar su economa interior en proporcin a su nueva situacin y necesidades, ni menos ayudar dignamente a su metrpoli en la generosa lucha que est sosteniendo. 6. Los diferentes gobiernos que tuvo la Espaa en este medio tiempo cometieron la imprudencia de prometer a las Amricas, en una for-

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OBRAS 216\ 216\ ma poco reservada, la igualdad de derechos, o sea el goce de todas sus prerrogativas e inmunidades que por tal naturaleza nos correspondan, sin advertir el grande inters y preferencia con que deban hacer desde luego efectivas estas promesas, por la fecunda y prctica aplicacin de este gran dogma poltico a la reforma de los abusos y gobierno de los negocios pblicos de cada una de las provincias de este hemisferio. De ah nace que los pueblos han podido creer que ya que nada se les conceda en la prctica de esta teora, era tiempo de que ellos mismos se tomasen la mano. No todos tienen la prudencia y la moderacin necesaria para esperar el evento; adems, ninguna de esas provincias tena modo alguno de entablar de modo conveniente las justas peticiones que deban haberse provocado sobre este importante punto. 7. Es cierto que las Cortes Nacionales, apenas sentadas en la Isla de Len, declararon la divisin de poderes como la primera salvaguardia contra el poder arbitrario. Confirmaron seguidamente las declaraciones anteriores en orden a los derechos de los americanos, y ofrecieron perfeccionar su representacin en el Congreso. Sin duda, no puede ser ms magnnima ni recta la intencin de las Cortes, ni nosotros ms confiados en su justicia. Conocemos la magnitud de los cuidados y peligros de la guerra y del gobierno que las ocupan exclusivamente; pero notamos que no se ha tratado de declarar hasta dnde se extienden los poderes legislativos del Congreso Nacional con respecto a las Amricas. Ha quedado intacto este gran escollo de todo nuevo gobierno, y la ilimitada acumulacin de estos poderes es doctrina sentada en algunos, hasta el grado de cree r como un principio evidente, que mientras no se acabe la guerra o se forme la Constitucin, no puede ni debe el Congreso Nacional ocuparse en los pormenores de Amrica, y por consecuencia forzosa, que nada se puede hacer entre tanto para mejorar nuestra condicin. 8. Nosotros conocemos, s, como una verdad muy obvia, que hasta que las Cortes Nacionales fijen la forma del gobierno universal de un modo estable y apoyado por el consentimiento general de la Nacin, mal se puede determinar el particular y permanente que se haya de dar a las Provincias ultramarinas. Mas, al propio tiempo, nosotros, que hacer las alteraciones absolutamente precisas y necesarias para cortar los abusos locales ms chocantes y atender a los negocios generales del Estado y particulares de cada Provincia. 9. Ms: nos proponemos hacer ver que en ello tiene el Supremo Gobierno o la Nacin, tanto o ms inters que nosotros mismos, y seguidamente demostraremos cules son, en nuestro concepto, las obligaciones y derechos recprocos que existen entre la cabeza y cualquiera de los miembros del Cuerpo Nacional, y por consecuencia, cun justo es que las Cortes generales nos declaren y confirmen prcticamente

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JOS AGUSTN CABALLERO / 217 / 217 el que nos asiste de conocer de nuestros negocios domsticos y de acordar para ellos lo conveniente, a reserva siempre de la ulterior sancin por la Suprema Potestad nacional. I. I NTERS QUE EN ELLO TIENEN LAS C OR TES Y EL E ST ADO 9 ( bis ). Sin pretender que prevalezca nuestro dictamen, comoquiera que todo el que propone sus ideas ha de sentar su opinin, sanos permitido manifestar como la nuestra que, supuesta la inmensa extensin del imperio espaol en ambos hemisferios, supuesto el carcter nacional habituado hace tantos siglos a la monarqua, y supuestos los fatales y vecinos ejemplares que tenemos de los espantosos extravos de la democracia o Gobierno popula r el que nos conviene es el monrquico hereditario y limitado. 10. No es, pues, en las hediondas heces de la Revolucin Francesa donde hemos de ir a buscar documentos que nos sirvan de gobierno en las grandes crisis en que nos hallamos. All todo fue petulancia e imprevisin en la prctica, pasiones desenfrenadas en lugar de patriotismo, concusiones en lugar de economa, usurpacin de poderes y ambicin en lugar de equilibrio y moderacin, persecucin e intolerancia en lugar de libertad, inmoralidad y ruina en lugar de regeneracin, en trminos que, comenzada la Revolucin, en 1789, corri en menos de quince aos el gobierno de aquella Nacin por todos los diferentes extremos, desde la monarqua hasta la ms fiera oligarqua, y otra vez desde all hasta volver de repente al despotismo de uno solo en 1804. 11. Dnde est, pues, la doctrina pura y saludable que nos debemos proponer sino en la Constitucin que fundaron los ingleses hace cinco siglos, y han perfeccionado en los que han mediado desde entonces a fuerza de sacrificios? En ella es donde encontraremos los varoniles fundamentos del derecho pblico que mejor nos conviene en el presente estado de nuestros negocios. La F rancia, al principio de su Revolucin, se propuso imitarla, mas no hubo bastante virtud para ejecutarlo, y vilmente malogrado este ensayo por el pueblo ms ligero de la Tierra, es el que abri la puerta a la tirana de Bonaparte y ha puesto a la Espaa en el presente conflicto, al paso que vemos trasplantado, y quizs radicado para siempre en el Nuevo Mundo, el derecho pblico de los ingleses, con ms o menos modificaciones. As que, puestos nosotros frente a tan memorables ejemplos, deba sernos fcil aprovechar los errores ajenos, si es que el hombre sea capaz de escarmentar con las lecciones de la historia. 12. Mas no obstante la perfeccin de las doctrinas inglesas, y el entusiasmado tesn con que se ha elevado la potencia de la Gran Bretaa hasta el punto asombroso en que la vemos, es de notar que por una fatalidad tan comn entre las naciones como entre los individuos, co-

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OBRAS 218\ 218\ meti su Gobierno, en 1774, un error de donde indubitablemente dimana el desasosiego poltico que agita a todo el orbe desde la citada poca. Sin desconoce r pues, lo que contiene de admirable la Constitucin inglesa, nos conviene observar cul ha sido este erro r porque gira sobre la grave e importante cuestin siguiente, a sabe r hasta dnde debe extenderse la soberana u omnipotencia de una nacin o de un gobierno general sobre los diversos y distantes miembros que componen el cuerpo total y viven bajo de una dependencia e imperio. 13. La nacin britnica form a la verdad, las ms de sus primeras colonias en el norte de Amrica, y aun en las islas, por empresas particulares que corrieron por cuenta de individuos o compaas; mas pronto concedi a todos un gobierno provincial o domstico, tan libre e independiente dentro de los lmites de cada uno como lo era el de la Metrpoli en los suyos. Constituidas ya las Provincias de la Nueva Inglaterra, hoy los Estados Unidos, en el goce de todos sus privilegios, disputaron la omnipotencia de la Gran Bretaa en orden a contribuciones sobre su comercio. Se empe la contienda, sin que bastase la ilustracin de Lord Chatham y de los mejores polticos de Inglaterra a prevenir el cisma poltico, 8 y el resultado fue que despus de siete aos de guerra, en que fueron los nuevos Estados poderosamente auxiliados por las potencias rivales de la Gran Bretaa, tuvo sta que reconocer la independencia y soberana de los mismos, por no haberles querido conceder la parte que en justicia les perteneca en la representacin nacional. As es como se estableci a los cuatro aos de la paz de 1783 un Gobierno Universal en los Estados Unidos, cuya Constitucin, muy parecida a la de la Gran Bretaa, sera quizs ms perfecta que sta si no dominara en ella la ms chocante democracia, y si por un efecto de la suspicacia propia del Gobierno popula r no se hubiere preferido un Presidente amovible cada cuatro aos, con facultades muy limitadas, en lugar de un Monarca hereditario. Vase 9 acta constitucional de su Gobierno Supremo. 14. Nos encontramos hoy con respecto a nuestro Supremo Gobierno en situacin absolutamente inversa a la en que se hallaban las Provincias angloamericanas con relacin al suyo. Es deci r que despus de haber Inglaterra dado a stas en su infancia un gobierno domstico e independiente, no quiso concederles en la virilidad la representacin que les corresponda en el Gobierno Central. 8. Razones que, sin fruto, dieron Chatham y dems miembros ilustres del Parlamento Britnico, para no emplear la violencia ni las armas contra Nueva Inglaterra, hoy los Estados Unidos del Norte de Amrica. (Nota del autor.) 9. Acta que constituy en 1787 el Gobierno Universal de los Estados Unidos, que eran a la sazn trece y hoy son diez y seis. (Nota del autor.)

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JOS AGUSTN CABALLERO / 219 / 219 15. A nosotros, los espaoles ultramarinos, se nos concede esta ltima con magnanimidad indisputable; pero al cabo de tres aos de revolucin y de desgracia, que amenazan las ms deplorables divisiones entre los miembros y la cabeza del Gobierno Supremo, no tenemos, ni se ha tratado de darnos, un gobierno local, a pesar de las inducciones precisas que en la prctica deban descender as de la declaracin de igualdad como de nuestra representacin en Cortes. 16. Si a pesar de la debilidad y desacierto de los diferentes gobiernos que se han sucedido unos a otros en Espaa; a pesar de la falta de experiencia y de doctrina en asuntos polticos, ha podido la Nacin resistir a las fuerzas de Napolen, parece que ste, fatigado ya de sus esfuerzos hasta ahora incompletos, trata de cambiar sus primitivos planes, y sacrificando los empeos de su orgullo, se abate hasta el grado de prepara r a la sombra del nombre de Fernando, la guerra ms cruel, es deci r la discordia civil, con la que se promete acabar la subyugacin de Espaa. 17. Por otro lado, esta ltima semilla, cundida ya en el seno de algunas Provincias americanas, se asoma tambin entre el Gobierno Supremo y alguna de ellas. 18. En estado tan crtico, sanos permitido creer que la salvacin de la Patria exige ms que nunca hacer justicia a las Amricas. Sanos permitido representar respetuosamente a las Cortes Nacionales, como ahora lo ejecutamos, que conviene reunir y reconcentrar las fuerzas nacionales por medio de un estrecho vnculo efectivo de unin entre la cabeza y los miembros, y que para ello no hay otro medio sino el de conceder a las Provincias ultramarinas lo que se les ha ofrecido y no se les puede negar sin injusticia, es deci r un gobierno local establecido sobre los principios que estamos recomendando, y es el objeto de esta representacin explicar con claras y especficas propuestas. Quiera el cielo que por nuestra voz aparezca el ramo de olivo que todo lo pacifique! 19. No tan slo es justicia que as se haga, sino que la antigua Espaa es acaso la ms interesada en la estricta observancia de estos claros principios de derecho pblico; pues si, por un favor de la Divina Providencia, llegase a salir triunfante de la presente lucha, se hallara en el mismo caso que las Provincias americanas, es deci r sin gobierno propio, porque los Representantes que han mandado a las Cortes extraordinarias estn llamados para dar leyes universales a la monarqua, para formar y constituir el Gobierno General y Supremo de la Nacin, no para organizar el domstico que ha de regir las diferentes Provincias de la Pennsula en un solo cuerpo provincial. Los espaoles europeos, as como los americanos, tienen un derecho eminente a consultar por s el derecho poltico que mejor les convenga, y aunque para establecerlo necesitan de la sancin del supremo poder legislativo, la iniciativa les pertenece por el natural derecho

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OBRAS 220\ 220\ de peticin. Es, quizs, una desgracia que desde el principio no se hayan organizado dos congresos en Espaa, es deci r uno general, nacional, compuesto, como las Cortes, de los Representantes de todas las Provincias del imperio, y otro Provincial, peculiar a la Espaa europea. Por no haberse hecho tan necesaria distincin entre las dos representaciones que ha de tener toda Provincia, se acumularon confusamente en la Junta Central todos los poderes, y aun en las actuales Cortes, comoquiera que los Diputados de las Provincias europeas renen o creen reunir en s los dos caracteres de Representantes de la Provincia que los eligi, y de legisladores universales de la Nacin, se conserva en la cabeza de muchos cierta oscuridad que les oculta la fuerza y extensin de los derechos y deberes recprocos que deben obrar sin colisin entre la cabeza y los diferentes miembros del Cuerpo Nacional 20. Por estas fundadas consideraciones, no fue poca nuestra perplejidad a tiempo de extender nuestros poderes e instrucciones al Representante de la Habana en las Cortes. Desconocidos estos principios de Derecho Pblico en la misma Espaa, cuando ya los vemos prcticamente reconocidos en varias partes del Nuevo Mundo tan vecinas de nuestro suelo, era difcil senta r a la sazn, la verdadera doctrina de la materia; y no nos qued ms arbitrio, como se puede ver en el antes citado acuerdo del Ayuntamiento, que el de mantener el oscuro velo, que esperbamos no se podra rasgar sino por la sabidura y magnanimidad de los Padres de la Patria. 21. Los invocamos, pues, ahora, para que tomando en consideracin la imprudente, arbitraria y odiosa acumulacin de poderes que se arrogaron los diferentes cuerpos legislativos que sucesivamente gobernaron y dirigieron la Revolucin Francesa y aun la nuestra, reconozcan que de ah han dimanado todos los desaciertos y estragos cometidos por esos propios cuerpos, y han conducido ltimamente al pueblo francs a doblar la cerviz bajo el yugo militar de Napolen, as como han expuesto al nuestro a sucumbir bajo los golpes de sus maquiavlicos ataques. 22. Vivimos, pues, persuadidos de que adhirindose las Cortes Nacionales a la magnnima teora que desde sus primeras sesiones establecieron sobre la divisin de poderes, se ocupen, no como hemos visto que se ha tratado, en limitar la duracin de sus servicios, que es una cuestin prematura e inoportuna, sino de declarar cules sean los lmites de su poder legislativo con respecto a los dominios ultramarinos, cuya importante doctrina aclarar, precisamente, la otra no menos luminosa, a saber: cules sean tambin los del poder legislativo que con respecto a la organizacin de su gobierno local y domstico corresponden respectivamente a las Provincias Espaolas de ambos hemisferios.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 221 / 221 23. Pronto reconocern las Cortes generales en esta interesante discusin que, compuesto el imperio espaol de tan remotas y separadas posesiones, situadas en opuestos climas del globo y gobernadas por diferentes usos y costumbres, fundados en su diversa localidad, poblacin, industria y recursos naturales, debe respetarse, en estas remotas Provincias, el privilegio inherente que las asiste en primer lugar: para prestar el sello de su consentimiento y sumisin a las leyes universales que han de ligar todos los miembros con la cabeza; y en segundo lugar: para consultar sus propias leyes provinciales y reglamentos domsticos, que slo ellas pueden conocer y dictar para su propia conservacin y conveniencia, siempre a reserva de la ulterior sancin del Monarca, o sea Poder Ejecutivo, y del Poder Legislativo Supremo de la Nacin. 24. Jamaica, nuestra recomendable rival en industria, ejerce bajo la proteccin de la Augusta y Magnnima Albin, y por medio de 42 Representantes del pueblo, electos por ste en las veinte parroquias de la Isla, la legislacin domstica, sin ofensa del Supremo Imperio, a cuya sancin somete ltimamente sus Reglamentos Provinciales. Ejerce este pode r de acuerdo con el Capitn General, Delegado o Representante del Monarca, asistido de Doce Consejeros electos por dicho jefe entre los ms benemritos y condecorados vecinos del pas. 10 25. Proponemos con particular gusto el ejemplo de Jamaica, no porque creamos que podamos ni nos convenga imitar ciegamente su organizacin interio r sino porque ella, bajo del trpico, goza del mismo clima que nosotros, cultiva los mismos frutos, tiene en su poblacin las mismas jerarquas de libres, esclavos y libertos; con cuyo ltimo y local conocimiento, dicta las leyes ms apropiadas a su seguridad y conservacin, sin que jams se le haya ocurrido al Parlamento Britnico privar a los ingleses que emigraron a sta, y dems islas, del derecho inajenable que les compete, por su naturalidad, de ejercer el referido derecho, que es el trmino de toda racional legislacin. 26. Pero tambin es cierto que Jamaica no tiene representacin en el Parlamento Britnico. Nosotros, que debemos a la justicia y magnanimidad de nuestro Supremo Gobierno el goce de tan esencial prerrogativa, tenemos ya adelantado este poderoso vnculo, de ms que aquella Isla, para estrechar el indisoluble nudo que ha de enlazar las Provincias americanas con las europeas en un solo y bien organizado cuerpo. Cuando solicitamos ahora la otra prerrogativa, podemos decir que pedimos mucho menos de lo que ya hemos obtenido, y pedimos un privilegio que ms que a nosotros mismos ha de asegurar al Gobierno Supre10. Constitucin de Jamaica extractada del historiador Edwards, y alguna ms razn de su situacin y circunstancias ho y (Nota del autor.)

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OBRAS 222\ 222\ mo la consecucin de nuevos auxilios y socorros, que hasta ahora no hemos podido proporcionar por la moral impotencia y debilidad de nuestro propio Gobierno. 27. Habiendo sentado en los trminos referidos cul sea el derecho pblico que gozan Jamaica y las dems islas inglesas en las Antillas, oportuno ser referir los hechos relativos a las Provincias que antes formaban la Nueva Inglaterra. Despus de haber obtenido su independencia por el Tratado de Paz de 1873, tard el pueblo hasta el 1787 en organizar su Gobierno General. Acababa esta Nacin de salir de una guerra que comenz con el mismo impulso popular que en 1808 siguieron las provincias de Espaa, aunque con motivo menos urgente y honroso. Los desrdenes de la anarqua y los estragos causados por una fabricacin de cerca de 100 millones de pesos de papel moneda, haban sumergido al Gobierno en un estado de debilidad o nulidad temible y vergonzoso. Faltaba un Gobierno Supremo que, revestido de poderes especiales para reunir bajo su mando la totalidad de los diferentes estados, formase de todos un solo cuerpo armonioso. Los principios democrticos que haban formado aquella revolucin, no les permitieron pensar a la sazn en una monarqua limitada, y por tanto, confiaron el poder ejecutivo de su gobierno general, como antes lo dijimos, a un Presidente electo cada cuatro aos, y el poder legislativo a dos Consejos, con nombre de Senado y Cmara de Representantes, ambos compuestos de vocales electos por los diversos estados de la Repblica federada. stos, en unin con el Presidente, acuerdan las leyes que ligan universalmente la obediencia de los estados individuales a aquella porcin de soberana que cada uno de ellos hubo de ceder a la Cabeza Suprema de la Nacin. Tales son los fundamentos de su derecho pblico; son los mismos que los de la Constitucin Inglesa, con la diferente modificacin que en ellos ha introducido el espritu popular que caracteriza su repblica y la distingue de la monarqua britnica. En el espacio de cuatro aos, y al abrigo de semejante instituto, han casi triplicado su poblacin y aumentado su industria, navegacin y recursos en la maravillosa proporcin que es bien notoria. 28. Si, pues, fue menester adoptar aquella forma de gobierno para reunir y ligar en un solo cuerpo trece Provincias independientes, aunque contiguas, bajo de una cabeza que lgicamente las representase a todas, cunto ms necesario no ser discurrir algn instituto parecido para precaver la dispersin y discordia de las Espaas ultramarinas y enlazarlas con el Supremo Gobierno, cuando estn separadas por tan inmensas distancias y por costumbres y hbitos tan diversos. 29. Juzgamos, pues, que con slo un instituto tan arreglado al derecho natural y poltico, podr nuestro Supremo Gobierno asegurar en todo evento sus dominios ultramarinos contra las acechanzas exterio-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 223 / 223 res, a que los exponen la codicia y la poltica demasiadamente verstil de las naciones extranjeras. 30. Podra, slo con la fuerza moral que semejante sistema le proporcione, desarmar el espritu de faccin y la petulante ignorancia de los perturbadores de la tranquilidad pblica en Amrica y restituirlos al conocimiento de su natural afecto y amor al nombre espaol. Demasiado desgraciados son los pueblos que sin asegurar antes el respeto de la legtima y legal autoridad, se entregan a los riesgos de un nuevo gobierno, sin ms apoyo exterio r Es de esperar que las Provincias extraviadas no hallarn por ahora ninguno entre nuestros aliados; mas tambin es desgraciadamente cierto que la fuerza fsica de la Espaa, distrada como la vemos en la Pennsula, no es la que puede pone r con las armas en la mano, un trmino a estas convulsiones. La Inglaterra, a pesar de su gran pode r no bast a sujetar a los angloamericanos en su rebelin, porque stos encontraron luego los apoyos exteriores que son notorios. Quin nos responde de que aquellas de nuestras Provincias americanas que se pongan en rebelin abierta, no encontrarn, donde menos se piensa ahora y segn la variedad que pueda haber en nuestra situacin, iguales apoyos? No ser, pues, ms prudente reconocer y facilitar desde ahora aquella parte de los reclamos de estos sbditos extraviados, que llevan fundamentos de justicia, es deci r el derecho de gobernarse a s mismos en el crculo de su economa domstica, ya que este derecho es una consecuencia forzosa de las repetidas declaraciones sobre igualdad de prerrogativas entre las Espaas Americanas y Europeas? No sera ms oportuno concederles, desde luego lo que se les ha prometido, y darles, con el consentimiento del Supremo Gobierno, aquel auxilio paternal y exterior que necesita todo nuevo gobierno, que no exponerlos a que obtengan, quizs por caminos sangrientos y siempre lastimosos para la causa nacional, una independencia absoluta, a la cual acaso no aspiraban al principio? No es probable que por este camino, ms bien que por cualquier otro, pueda la fuerza moral y la opinin pblica desarmar a los facciosos que, por medios violentos y reprobados, hayan usurpado el poder de gobernar a sus ciudadanos, quizs sin su consentimiento ni aplauso? Por ltimo, no permiti r por la reflexin, la ms obvia: todo lo que sea interrumpir las relaciones del Gobierno Supremo con algunas Provincias de Amrica, que no es abdicar virtualmente su supremaca. El tratarla por este motivo como rebelin transitoria, sin comunicacin con la Madre Patria y con las dems Provincias sumisas, sin proporcionar remedio en seguida, eso es abdicar virtualmente su supremaca. Y sobre todo, con esas discordias civiles, dnde estn los auxilios que necesita la Pennsula para perseguir la guerra? El nuevo sistema que proponemos sustituir al antiguo es una nueva fuerza.

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OBRAS 224\ 224\ 31. Por otro lado, comoquiera que estas convulsiones domsticas, manifestadas en varias partes de Amrica y especialmente en el reino de Nueva Espaa, han de agotar los recursos naturales de cada Provincia, es visto que ya es preciso buscar en este nuevo sistema de gobierno una nueva fuerza poltica capaz de organizar la Real Hacienda en Amrica en tal disposicin, que cada Provincia, despus de arreglar sus gastos domsticos, con la debida economa, pueda auxiliar a la causa comn no tan slo con la cuota que se seale por las Cortes generales, sino con otros muchos servicios que no se pueden an sospechar ahora, porque yacen ocultos e ignorados en la inaccin y letargo en que hasta ahora los han mantenido. 32. ltimamente, recuperar la Espaa, por medio de este instituto, no tan slo con sus aliados, sino hasta con sus enemigos, el respeto y la consideracin exterior que siempre se pierden en medio de la debilidad y de la desgracia. Tendr Napolen que renunciar de una vez a las esperanzas que nuestras desgracias acreditan en l, de seducir la credulidad e ignominia de los pueblos americanos, y concurriendo stos eficazmente al intento de la causa comn, con la cual se hallarn identificados, sabrn discernir y practicar los medios ms directos para su logro. 33. No sabemos si un celo quizs indiscreto nos engaa; pero movidos por ese magnfico prospecto de nuestras futuras esperanzas, diremos, con el fervor de los votos que dirigimos al Todopoderoso por su ms pronto realizacin: pensad los que esta antigua Espaa desconozcan en la sagrada reciprocidad de tan injustos deberes, de tan precisos y respetables derechos o los pretendan confundir; perezcan tambin, volvemos a repeti r los que en ambas Amricas se desentiendan de este armonioso y necesario vnculo que slo nos puede salvar de la borrasca deshecha en que est ahora casi sumergida la nave pblica; unos y otros son enemigos de la razn, de la justicia, de la poltica bien entendida, en una palabra, son ms que todo enemigos de la Espaa y del nombre espaol. I. I NTERS QUE EN ELLO TIENEN LAS C OR TES Y EL E ST ADO 34. Ni es razn, ni es posible, que a la distancia en que est el Nuevo Mundo del antiguo, pueda gobierno ninguno, situado en Europa, gobernar a los pueblos con conocimiento de sus necesidades locales y con arreglo a ellas. Podr, s, restringir sus necesidades exteriores a cierto objeto de inters propio suyo, o que crea propio, como lo hizo la Espaa con sus Amricas, sujetando su industria y prosperidad al particular engrandecimiento de un gremio privilegiado, en cuyo obsequio sacrific los grandes y naturales recursos de estos vastos dominios, y los en-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 225 / 225 treg a la rivalidad e invencible superioridad de las naciones mulas de nuestra industria y comercio, que fundaron su adelantamiento y prosperidad, para aprovechar nuestros mismos errores. Aunque los ingleses fundaron sus primeras colonias en la Nueva Inglaterra y aun en las islas por concesiones hechas a particulares. II. I NTERS QUE EN ELLO TIENE EST A I SLA 35. Al considerar el peligroso xito de la lucha que sostiene la Nacin en la Pennsula, los azares de la guerra, la situacin aventurada de las Cortes generales en el paraje civil en las Espaas europeas, y ltimamente las semillas de grave discordia que van preparndose en las ultramarinas, no se nos puede ocultar que en caso de un desgraciado suceso, est expuesta a recelar de los presentes enemigos de las naciones amigas o aliadas, segn el torrente y las vicisitudes de las circunstancias; inquieta de los progresos martimos del Gobierno de Hait; sobresaltada por el carcter de nuestra plebe, y sobre todo, por la falta de un gobierno domstico bastante slido para atender eficazmente a la defensa del pas y conservacin de sus ms preciosos intereses; observando, por ltimo, los progresos agigantados que van preparando en el Norte de Amrica esos hijos emancipados de la Gran Bretaa, nuestro Supremo Gobierno debe apresurarse a dar al conjunto de sus posesiones en este hemisferio una organizacin que, vivificando en igual grado que entre aqullos, nuestra poblacin e industria, nos ponga en estado de contrarrestar en tiempo aquellos sntomas de ambicin que se van asomando por momentos y amenazarn algn da hasta el poder martimo de la Gran Bretaa; si bien por ahora tenemos un garante seguro en la impotencia de su Gobierno democrtico, mientras con el transcurso del tiempo no llegue el caso de vigorizar su poder excesivo hasta el punto necesario. 36. Qu de sustos, qu de temores presentes y futuros, qu de consideraciones urgentes y personales, tras de las de inters personal que se han explicado en el captulo anterio r En tales circunstancias, no ser justo esperar que la autoridad de las Cortes, nica respetable y legtima a quien podamos acudi r nos conceda lo que a todos conviene, lo que urge por momentos, lo que solicitamos en virtud de aquel derecho que las Cortes generales nos han reconocido, o al menos organizado hasta ahora, aunque han proclamado el mucho menos importante y quizs prematuro de la imprenta; aquel derecho que por casualidad existe aqu en este Consulado, por la prerrogativa que se le concedi de representar directamente y sin intervencin de otra autoridad hasta los pies del Trono? Decimos que semejante rgano existe aqu por casualidad, porque aunque se establecieron en otras partes de Amrica Consulados

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OBRAS 226\ 226\ constituidos con la misma planta, no est en ellos observado el equilibrio de las dos clases de hacendados y comerciantes. Estos mismos, que mantienen todava en este Continente su crdito y su pode r ocupan todas las plazas de las Juntas econmicas, y poco acostumbrados a la ilustracin y liberalidad de sentimientos y de principios que ms bien asiste a las dems clases de vecinos, conservan inalterable el espritu de restriccin y rivalidad que ha causado a este Consulado tanta emulacin e injusta persecucin. Mas comoquiera que los favores de la Providencia nos ponen en situacin de ser odos, debemos desempear esta parte de nuestros deberes con aquella respetuosa libertad propia de la urgencia de las presentes circunstancias. 37. Para remedia r pues, los males que amenazan a esta Isla por dentro y por fuera, examinemos qu recursos tenemos en nuestro actual Gobierno. Al entrar en esta consideracin, qu no tendremos que decir del deplorable estado de debilidad en que se mantiene? En medio de hallarse vacante el Trono desde el principio de la Revolucin Espaola, y de estar toda la atencin del Gobierno Supremo empeada en los peligros y vicisitudes de la guerra, permanecen las diversas autoridades, entre las cuales se halla dividida la representacin del Monarca, con la misma separacin e independencia unas de otras que en tiempo de los Reyes y del favoritismo. Esto poda ser conveniente cuando se supona que recibiendo estas autoridades, en situacin propicia y tranquila, directamente del Prncipe y de su Consejo de Estado, las rdenes e instrucciones, sta haba de ser una cuestin de deliberacin y de movimiento que todo lo combinase y proveyese para el bien de la monarqua. Mas en tiempos en que hace tres aos que anda vacante el Trono, en tiempos de tantas adversidades en que ha desaparecido nuestro comercio y nuestra marina, en tiempos en que se proyecta restituir a los pueblos algunos de sus derechos, entre los cuales es el primero el de saber lo que pagan, cmo lo pagan y por qu lo pagan, y en qu se invierten, apenas se hace, es en lo que semejantes autoridades quedasen independientes y absolutamente arbitrarias, caso ste bien reciente, precisamente de autoridad y acuerdo en la Isla, que pudiese sujetar los gastos, y cada ramo, al plan general de economa y operaciones que fueren ms convenientes, con vista y combinacin del estado presente del pas, y de las necesarias atenciones en todos los ramos de la pblica normalidad. 38. Los proyectos de la defensa del pas, en la presente situacin, son el primero de todos los empeos. Se componen las guarniciones en la Isla de varios regimientos de lnea totalmente incompletos, y acaso de menos fuerza que ahora 40 aos ya ocurra, y de varios cuerpos de milicias disciplinadas de infantera y caballera, asalariadas cuando entran en activo servicio. Segn el estado de la Intendencia que se contie-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 227 / 227 ne en la nota, nos ha costado este ramo de los gastos pblicos, slo en la Habana, $ 1 714 318, 03 en treinta meses que corresponden a $ 685 722 anuales. La primera cuestin que se presenta es si convena organizar entre las gentes de nuestros campos, naturalmente adictas al ejercicio del caballo, una milicia de este orden, voluntaria, que se ha tratado varias veces en estos ltimos aos de organizar con el nombre de Legiones Rurales, sobre lo que se formaron varios proyectos muy racionales por la subguarnicin entonces ocupada por el Conde de Jaruco. Mas el Capitn General, vindose sin apoyo y entregado a sus propias fuerzas, ha desconfiado siempre de estos recursos, hasta el punto de no querer entregar el completo de fusiles an a los 1 500 hombres que reparti l mismo, en enero de 1808, en 28 compaas cubanas, compuestas, no comoquiera, de vecinos espaoles, sino divididas por Provincias de la Pennsula, como son de catalanes, de vizcanos y navarros, de gallegos, de isleos canarios, de asturianos, de andaluces, etc. Si hubiera en esta Isla un Gobierno Provincial, quiere deci r que con toda seguridad y casi sin gastos, pudiera atender a la defensa efectiva de la Isla en cuasi cualquier punto de sus dilatadas costas, con el establecimiento de compaas ligeras de voluntarios de artillera de a pie y de a caballo, que reguladas por el estado actual de la poblacin pasaran de los 20 000 hombres, slo de esta arma, se formara la defensa ms segura de la Isla contra un golpe de mano de cualquier enemigo que se atreviese a insultarla. 39. A pesar de la completa aniquilacin de nuestros navegantes, siguen no obstante en la Marina los sueldos intiles y desproporcionados en un tiempo en que habiendo perdido la Espaa, hace muchos aos, su antiguo rango en sus dos potencias martimas, se ignora cundo podr recuperar sus pasadas fuerzas. Siguen los gastos de los cortes de madera, aunque hace ms de 14 aos que se ech al agua la ltima fragata, construida en el Arsenal La Anfitrite. Los cuatros navos de lnea que ltimamente han venido de Cdiz yacen intiles en el puerto, donde acabarn por podrirse, y entre tanto, carecemos de buques menores para limpiar nuestras costas de los piratas franceses que la infestan. Siguen las restricciones y los abusos de la matrcula, que slo pueden ser tiles cuando el Real Servicio exige multitud de marineros para las escuadras. Sigue, adems de los costos de los cortes, la intervencin de un inspector en el uso urbano de las maderas, en perjuicio de la agricultura y poblacin, como se demostr totalmente en el expediente instruido de orden del Consejo de Indias por este Gobierno, y remitido con fecha de..., el cual se ha quedado sin resolucin. Sigue, en fin, el monopolio de los marineros matriculados, tan odioso y contrario al inters pblico, tanto acerca de la pesca de toda clase de peces como del cabotaje y la construccin de barcos mercantes, en trminos que comamos el pescado fresco, que

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OBRAS 228\ 228\ deba ser el alimento de la plebe en esta Isla, al precio habitual de tres reales libra, o sea, 37 pesos fuertes el quintal, y no es permitido a nuestros patronos costeros navegar con esclavos propios en un pas donde todas las faenas subalternas son desempeadas por los siervos, ni tampoco construir nuevos barcos sin vejaciones y molestias excusadas. 40. La Intendencia distribuye arbitrariamente los gastos del Erario sin previa combinacin ni concierto; sin que haya conocida separacin entre los fondos que ingresan como producidos de las contribuciones de la Isla y los que recibe de Mxico o de otros, ignorando si tampoco la hay entre los gastos meramente provinciales y domsticos y los de la atencin general de la Nacin o del Gobierno Supremo; de modo que ni aun a la Isla se le hace mrito alguno en lo que por este ltimo ttulo rija. Nada se sabe de las entradas ni de los gastos de los pueblos de la tierra adentro, y slo se oye de tiempo en tiempo que la plaza de Santiago de Cuba pide socorro a la capital, porque no le alcanzan sus ingresos locales. Siguen a destiempo los gastos de obras y fortificaciones sin previa consideracin a su urgencia o necesidad, como ahora, que careciendo de muelles el comercio, que es el que da las entradas al Erario, se ha concluido con inmenso gasto la casa que ha de contener sus oficinas. Siguen las contratas de materiales, hospitales y reparar las fortalezas sin la debida economa, como lo ha demostrado con respecto a las ltimas este Consulado, con fechas..., las cuentas de toda la Provincia, entregadas directamente al Tribunal de Cuentas, vienen a revisarlas cuando ya no existen los que las rindieron. En fin, por el adjunto estado, bajo el nmero cinco, que la Intendencia ha impreso, con una publicidad cuando menos inconducente en la presente crisis, infiere este pblico que habiendo sido los ingresos propios de la Isla de ms de siete millones de pesos en treinta meses, y los situados juntamente con los prstamos y depsitos, cerca de tres millones, no tan slo no ha ayudado este Erario al sostenimiento de la guerra en las agonas de la Pennsula, sino que se ha echado mano del fondo de subvencin destinado para Espaa en la manera que ya debe saber el Consejo de Urgencia por expedicin de este Consulado. Tal es la falta de orden, de economa y de concierto que existe en el ramo ms esencial que disfruta sobre todos los dems de la pblica gobernacin. 41. Si echamos ahora la vista sobre la autoridad econmica que debe resolver y dictar los Reglamentos interiores y Municipales de la Isla, es preciso confesar que est en igual debilidad y abandono. Los de comercio, en este tiempo en que la Espaa europea no puede atender a la provisin de sus Amricas, han padecido las escandalosas vicisitudes que son bien notorias, y recordaremos de la nota 6ta. 11 En ellos tienen 11. Vicisitudes que han padecido los Reglamentos de este Gobierno sobre el comercio de esta Isla. (Nota del autor.)

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JOS AGUSTN CABALLERO / 229 / 229 la Intendencia y la Administracin de las dos Aduanas un voto y una influencia que no les pertenecen. Enhorabuena que la Real Hacienda en los haberes del fisco tenga un privilegio para perseguir el fraude y hacer los cobros y exacciones con todo rigor; pero parece que en la parte econmica o reglamentaria no deben ser los oficiales de la Real Hacienda ms que unos meros ejecutores de la le y o unos meros informarios sobre pasados hechos. Las Intendencias del Ejrcito y Real Hacienda, desconocidas en nuestra antigua Legislacin Nacional, se introdujeron en Espaa por el genio militar y arbitrario de Luis XI V que quera tropas y dinero. En Jamaica ni el Congreso Americano reconocen Ministros con semejantes facultades. Sus Cuerpos Legislativos dictan los Reglamentos Municipales de exaccin, y publicada la le y los colectores la ejecutan puntualmente, sin arbitrariedad ni interpretacin. Aquella Isla, que tiene cosecha de mucho ms consideracin que la nuestra, cubre sus gastos provinciales con 400 000 pesos; es verdad que los de tropa regular y los de la Real Marina los paga el Tesoro de la Gran Bretaa, porque siendo gastos generales del Imperio le conviene sostenerlos. Mas los pagos del Erario Provincial se libran por el Gobernador en Consejo, con arreglo a los presupuestos y apropiaciones acordadas por el Cuerpo Legislativo, y con este requisito lo paga el Tesoro de la Isla. El Gobierno Americano, que rene el general y comn de los diez y seis Estados de la Nacin, hace sus gastos generales de administracin con diecisis millones de pesos. 12 La mquina de este Gobierno atiende a la defensa y relaciones generales de 8 millones de almas y sus ingresos son producidos por las contribuciones, que slo a su introduccin paga el comercio, que ascendi en cada uno de los aos anteriores al embargo de 60 a 80 millones de pesos en valores, 13 y los derechos del monto anual de 10 a 12. 42. Los reglamentos de Polica general sobre esclavos y libertos, materia tan privilegiada sobre la cual ha dirigido al Consejo de Estado este Consulado las convenientes splicas con fecha 24 de febrero ltimo, es quizs el punto que por su gravedad y delicadeza exige ms vigo r firmeza y energa, as como la polica de los reos y malhechores que tanto interesan a la pblica tranquilidad y merecen la atencin, a la pa r, de la Real Hacienda y el comercio. Aqu es donde invocamos de nuevo la necesidad de establecer en los poderes legislativos que se atribuan al Congreso Nacional las convenientes aclaraciones para demarcar el 12. Gastos que causa la administracin del Gobierno General de los Estados Unidos, y el particular de sus estados individuales. (Nota del autor.) 13. Estado del comercio de introduccin que tuvieron los Estados Unidos antes del embargo de diciembre de 1808 y productos que rinden los derechos con que contribua dicho comercio. (Nota del autor.)

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OBRAS 230\ 230\ verdadero deslinde entre la legislacin universal y la provincial, pues siendo la esclavitud desconocida en Europa, y existiendo en varias provincias del Nuevo Mundo, tienen stas ltimas un derecho tendiente a considerar esta materia como privativa de su propio conocimiento y, por consecuencia, totalmente ajena al de los Supremo Legisladores, como lo reconoce abiertamente, segn lo hemos insinuado, el Parlamento Britnico con respecto a las Antillas, tanto en este punto como en los dems intereses domsticos. En prueba de ello se puede ver la doctrina que profesa la Asamblea de Jamaica en una reciente exposicin al Parlamento. 14 43. De la propia clase consideramos tambin los Reglamentos sobre extranjera y naturalizacin, una vez de arreglados por la legislacin universal; puntos importantes en que desgraciadamente han quedado ofendidas y desacreditadas la opinin y la fe pblica de este Gobierno, as como en materia de comercio, con respecto a las naciones extranjeras. 15 44. La educacin de la juventud y los establecimientos piadosos; la construccin de puentes, caminos, muelles y dems obras pblicas; la subdivisin de parroquias y mejor distribucin de la renta vecinal para el socorro fsico y moral de los parajes hoy importados y especialmente en la parte oriental de la Isla, que merece toda nuestra atencin como punto de precaucin y defensa contra los indgenas de Hait; el repartimiento de tierras, el fomento y perfeccin de la ganadera, de la agricultura y de las artes; los hbitos y la aplicacin al trabajo y a las ocupaciones tiles, son puntos igualmente interesantes, que no pueden estudiarse por las Cortes Generales ni por otro Cuerpo Legislativo universal, sino por los propiamente municipales de cada Provincia, interesados en el mejor acierto por obligacin y conveniencia propia; siendo exigido observar que un Gobernador y Capitn General amovible cada cuatro o cinco aos, no puede ni quiere trabajar con empeo semejantes materias, ni tampoco tiene autoridad suficiente para establecerlas y planificarlas. 45. En vista de tan indubitables hechos y de tan palpable demostracin, de tanta debilidad y abandono, de tantos recursos y medios de prosperidad malogrados y desperdiciados sin utilidad; de tantas necesidades y justos remedios enteramente desatendidos, esperamos que las Cortes Nacionales se convencern de que por su propio inters y por el nuestro conviene dar a esta Isla un Gobierno local sobre el que nos toca ahora como en todo presentar especficas 14. Cuenta de la Asamblea de Jamaica, relativa al comercio de esta Isla. (Nota del autor.) 15. Errores cometidos en la naturalizacin de extranjeros en esta Isla y en los posteriores procedimientos de esta Junta de Represalias. (Nota del autor.)

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JOS AGUSTN CABALLERO / 231 / 231 P ROP UEST AS 46. Cul sea la forma de Gobierno que nos convenga, cuando ya no lo hubisemos insinuado al hablar de Jamaica, nos lo dira el mismo Instituto Nacional de las Cortes Generales y E xtraordinarias. De dnde le ha venido la grande opinin que disfrutan, de dnde la autoridad no disputada que en ellas reside, sino de que fueron electas por el pueblo? Ante esta autoridad plena, directa, universal, desaparecen o, al menos, se someten todas las corporaciones, todas las caballeras, todas las dems autoridades. Ninguna otra que no sea dimanada del pueblo, se cree pueda ejercer el poder legislativo con ms acierto, como que siendo el objeto de las leyes el constituir la felicidad del pueblo, y disponer de los haberes pblicos que salen de l, parece ms conforme a la razn que se consulte por los mismos representantes del pueblo, electos por l en nmero proporcional y suficiente para dispone r, reunidos en el perodo legislativo, las mejores luces y conocimientos de la Nacin. No as con el Poder Ejecutivo, encargado de la ejecucin de las leyes y de la defensa del Estado. Su operacin est cifrada en la unidad, prontitud y vigor de la accin, que este otro poder exige una sola y visible cabeza dotada de una accin que desembarace para obrar con arreglo a la voluntad nacional, y la ejecute por medio de los miembros que le estn subordinados. El Poder Legislativo representa, en el Cuerpo Poltico, lo que la voluntad o intencin mental en el cuerpo humano; el Ejecutivo, la accin y movimiento corporal de donde dimana. 47. Debemos, por consecuencia, de conformidad con el sistema general que netamente se ha manifestado, ser el ms arreglado a los presentes intereses y situacin de nuestros negocios, suplicar al Congreso Nacional que constituya aqu una Asamblea de Diputados del Pueblo con el nombre de Cortes Provinciales de la Isla de Cuba, que estn revestidas del poder de dictar las leyes locales de la Provincia en todo lo que no sea prevenido por las leyes universales de la Nacin, ya sean dictadas nuevamente por el Congreso Nacional, ya sea por el antiguo establecimiento de la Legislacin Espaola en todo aquello que no sea en ella derogado. 48. Debemos, asimismo, suplicar que al primer Jefe de la Isla, nico y eficiente representante del Monarca, o sea del Poder Ejecutivo, se le d un Consejo, con cuyo acuerdo y conocimiento pueda imprimir a la gobernacin general de este pas la seriedad de accin y energa de que carece. 49. El Cuerpo Legislativo podra componerse, vista la extensin de la Isla y de su presente poblacin, de 60 Diputados; los 30 correspondientes a la jurisdiccin territorial ms necesaria por su opulencia, po-

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OBRAS 232\ 232\ blacin e ilustracin, quizs menos iguales al resto de la Isla. Los otros 30, en esta proporcin: 9 de la jurisdiccin de Santiago de Cuba; 6 de la Villa de Puerto Prncipe y 3 por cada una de las cinco jurisdicciones de Trinidad, San Juan de los Remedios, Sancti Spritus, Villa Clara y Matanzas. 50. En cuanto al modo o las instrucciones, conviene, antes de proponerlo, analizar el mtodo que se ha adoptado en Espaa para la eleccin de Diputados en Cortes por la Instruccin del mes de enero de 1810. En ella, el derecho del sufragio que ejerce el pueblo est trasmitido por cinco escalas o elecciones intermedias de unas manos en otras hasta llegar a la ulterior de los Diputados en Cortes. Despus de que los vecinos, cabezas de familia, han usado de su derecho del sufragio en cada parroquia para elegir en cada una doce electores, la segunda eleccin es que estos doce electores se reducen a uno solo por cada parroquia. La tercera consiste en que, congregados tantos electores como parroquias haya en cada Partido, en la carencia de ste, reducen su nmero a uno proporcional que no baje de doce electores. La cuarta, es que estos electores de Partido elijan un corto nmero, tambin proporcional, que concurren juntamente con los de los dems Partidos de la Provincia a la Capital de ella, donde, en quinto luga r hacen en las formas indicadas la eleccin del nmero de representantes que corresponde a la Provincia. La instruccin dada no exige para los vecinos del primer sufragio y los electores, de cualquier clase que sean, otra calificacin que la que sigue: Que sean mayores de 25 aos y que tengan casa abierta, comprendiendo en esta clase de eclesisticos seculares; y slo excluir del derecho activo y pasivo del sufragio a los que estuvieren procesados por causa criminal, los que hayan sufrido pena corporal aflictiva o infamatoria, los fallidos, los deudores a los caudales pblicos, los dementes y los sordomudos, y tambin a los extranjeros, aunque estn naturalizados, cualquiera que sea el privilegio de la naturalizacin. La calificacin para Representante en Cortes se reduce a que se pueda ser persona natural del Reino o Provincia, aunque no venda ni tenga propiedades en ella, como sea mayor de 25 aos, cabeza de casa, soltero, casado o viudo, que sea noble, plebeyo o eclesistico secula r de buena opinin y fama, exento de crmenes y reato; que no haya sido fallido, ni sea deudor a los fondos pblicos, ni en la actualidad domstico asalariado de cuerpo o persona particular. 51. Nos parece que en pas donde existe la esclavitud y tantos libertos como tenemos, conviene que el derecho primitivo de sufragio descanse exclusivamente en la calidad de espaol de sangre limpia, con bienes de arraigo en tierras o casas urbanas y rurales, sin que por ello sea suficiente la propiedad en mercancas, ganados, esclavos u otros bienes muebles; que la cuota sea fijada en 3 000 pesos para los pueblos de

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JOS AGUSTN CABALLERO / 233 / 233 Ayuntamientos o lugares y Partidos del campo, y en 3 000 pesos para las Capitales de la Habana y Santiago de Cuba. 52. Creemos que el derecho del sufragio, as amarrado, no conviene que tenga en esta Provincia ms que una sola escala o eleccin intermedia entre el sufragio primitivo del pueblo y la eleccin de los Representantes en las Cortes Provinciales; y suponiendo que tengamos, lo que se puede duda r 100 000 cabezas de familia en toda la Provincia, se podra establecer la escala intermedia a un elector por 100 vecinos con derecho del sufragio; y con respecto a la gran desigualdad de poblacin en los Partidos o Parroquias dedicados a la crianza de ganado, en comparacin de los ocupados en cultivo, se podran establecer las reglas siguientes: que pasando los vecinos de 50, aunque no llegasen a 100, tuviesen un electo r y lo mismo en pasando de 100 hasta llegar a 150; y tuviesen dos desde 150 a 250; entendindose que todo Partido que tuviese menos de 50, se reuniese con el ms inmediato para las elecciones primarias. 53. Los electores se juntaran en los territorios de Justicias ordinarias o seoriales en el pueblo donde stos residiesen, y en cada uno de stos habra una Junta de Presidencia, a la manera de las indicadas en la Instruccin Octava; y respecto a que en la parte de Sotavento de la Habana y otros Partidos populosos no hay pueblo alguno de Ayuntamiento, podra comisionarse a una Junta de Presidencia en los pueblos principales del campo para presidir las elecciones primarias y segundas, como verbigracia: Guane, en Pinar del Ro, Guanajay y Gines. Para arreglar ltimamente la proporcin que se hubiere de guarda r en el nmero de electores con respecto al de Representantes por elegi r, convendra se formasen de antemano, aunque con breve trmino se remitiesen a las siete capitales citadas como Provincias o Distritos principales de la Isla, para que con vista de ellas se arreglase la distribucin de electores con proporcin al cupo respectivo de Representantes en cada Distrito, a fin de evitar a los electores la demora, fatigas y gastos de ms largo viaje a las dos capitales de Cuba, tan remotas de las dems partes de la Isla. 54. Se ve que por la notable desigualdad que hay entre la poblacin y la extensin de terrenos en las Parroquias y el corto nmero actual de stas en la Isla, no se puede guardar el orden establecido en Espaa, donde cada Partido contiene varias Parroquias; siendo aqu a la inversa, que hay Parroquias tan extensas en territorio, no en poblacin, que ha sido preciso que el Gobierno, para la comodidad del servicio, las divide en varios partidos pedneos. 55. Siguiendo el mismo principio de arraigo como historial esencial del derecho de sufragio pasivo de vecinos y el de sangre limpia, adems, para los electores en la forma referida, nos parece todava ms

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OBRAS 234\ 234\ necesario asignar una considerable cuota para los Representantes. Est en nuestro senti r en pas como ste, que deba se r cuando menos, de 12 000 pesos en bienes races, que es un caudal mediano aun entre los ganaderos de reses menores, o sean corrales de cerdos. En cuanto a la calificacin de estas cuotas, a fin de evitar trmites judiciales y dilatados, convendra que saliera de la misma comisin de los vecinos en las Juntas de elecciones en que los Magistrados que presidan, entre las recomendaciones... prevenidos por la Instruccin ya citada, al artculo... sobre cohechos, agregasen la de denunciar cualquiera falta que se notara en la cuota de propiedad ya conocida, o al menos, presente por las listas preparatorias mencionadas en el Artculo 51. 56. Estos son los medios provisionales que en las primeras elecciones se podran usar para remediar la falta de frmula de padrones regulares, que no tardaran en hacerse despus, as como se estudiaran las dems perfecciones asequibles en esa nueva Constitucin, luego que tuvisemos un Gobierno Provisional. 57. El Consejo Ejecutivo que hubiese de asistir al Gobernador Capitn General en sus deliberaciones, como segundo brazo de la Legislacin Provisional, podra componerse de doce vocales, y para asegurar mejor su buena opinin en el concepto pblico, convendra que por cada una de estas plazas nombrase el Cuerpo Legislativo o Cortes Provinciales una terna entre los sujetos ms recomendables del pas, eligiendo el Gobernador en cada terna al individuo que ms le acomodase. 58. Constituidas las Cortes Provinciales, seran soberanas en el recinto de la Isla, y se refundiran en ellas todas las funciones gubernamentales de la Intendencia, de la Junta de la Real Hacienda y Tribunales de Cuentas, las de la Junta de Derechos de la de Maderas, la de temporalidad y dems gubernativas que hubiese en la Isla. Elegiran su Presidente y dems miembros necesarios para la divisin y despacho de las tareas. Y respecto a que las Audiencias tienen el tratamiento de Alteza, deba ser el mismo el de las Cortes Provinciales, en consideracin a sus altas y soberanas facultades. 59. Las disposiciones acordadas por esta Asamblea a pluralidad no absoluta, sino de los dos servicios de sus votos, no tendran fuerza de Ley Provincial hasta que estuviesen aprobadas por el Gobernador Capitn General, Regente nato a nombre del Monarca, o sea, del Poder Ejecutivo constituido por las Cortes Nacionales. ste la habra de dar con precisa deliberacin en el Consejo Ejecutivo, en el espacio de tres semanas despus de la remisin a sus manos, con obligacin, en contrario evento, de explicar por escrito a las Cortes Provinciales los fundamentos de la discrepancia, a fin de que en tal caso se pudiese, por ambas partes, dar cuenta de la ley pendiente al Gobierno Supremo, segn pareciese conveniente o necesario. Al Gobernador en Consejo pertene-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 235 / 235 cera la promulgacin y publicacin de todas las Leyes y Reglamentos Provinciales. 60. Con arreglo a la divisin de poderes promulgados por las Cortes Nacionales, sera condicin constitutiva de las Provincias de esta Isla no entrometerse en las atribuciones que haya tenido o tuviere el Gobernador como cabeza nica y central del Poder Ejecutivo en esta Isla, ni menos en la Administracin de Justicia. No obstante, y para mejor asegurar esta ltima, considerando que las diferentes investiduras del Gobernado r como Juez de diversos Tribunales civiles, le quitan mucho tiempo, emplendolo, sin utilidad alguna al pblico, en poner simples firmas, distrayndolo de las altas atenciones que merecen los negocios militares y legislativos o econmicos, conserve slo como Capitn General el Juzgado milita r y trasldense las dems investiduras judiciales a un Corregidor independiente, a quien tambin se encargue especialmente el Juzgado de la Polica criminal, conforme el plan promovido por este Cabildo secula r. Este plan es el mismo que la Nacin ve plantificado en sus Cortes Generales. stas, con establecerlo aqu, recogeran todas las ventajas que antes hemos anunciado. Podran contar con la constancia y armona que guardara un Cuerpo subalterno, que se considerara como hijo de los mismos principios, rama del mismo tronco; estara seguro el Gobierno de encontrar en ste un instrumento fiel de sus voluntades, un ejecutor obediente y celoso de sus preceptos, que le facilitara con eficacia la cuota de socorros que nos cupiese mandar a Espaa en proporcin de las dems Provincias. Por otro lado, por la ntima unin y concierto de los brazos de la autoridad provincial, las operaciones generales de defensa que dictara el Poder Ejecutivo Nacional, adquiran un grado de accin y energa hoy desconocido. Nosotros, en el crculo de nuestro territorio, bendeciramos la magnanimidad del Supremo Gobierno, a quien debamos creer capaz de remediar los males existentes, y de poner en movimiento una multitud de manantiales de pblica y privada felicidad. Nacera en la Hacienda la economa y el buen orden que en ella debe haber; se hara respetable a poca costa la fuerza pblica, y la defensa de la Isla, en caso de futura invasin, tanto por las tropas regladas mejor mantenidas, cuanto por el establecimiento de una milicia que ya sin inconveniente ni recelo se podra establece r Se simplificara nuestro comercio por la claridad y sencillez de las ejecuciones, y desapareceran los subterrneos ataques que contra l dirige un brazo interesado y preocupado. Se fomentara en nuestras costas el cabotaje, la pesca, la construccin de embarcaciones, y en medio de la valla de nuestro poder martimo, conservaramos aquel que bastara a mantener nuestra defensa, quiz no despreciable, y til a la marinera, que vendra a ser ocupacin tan favorita de estos natura-

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OBRAS 236\ 236\ les como la agricultura. V eramos, despus de tres siglos de estudiado abandono, nuestros hijos recibir en su patria una educacin adecuada a su nueva situacin, con importancia en el orden poltico; se poblaran en breve tiempo nuestras tierras yermas, con grandes creces de la fuerza y opinin pblica; se perfeccionaran nuestra agricultura y nuestras artes; se ejecutaran por la protegida unin y natural espritu de individuos particulares, en asociaciones que siempre ha desanimado el poder arbitrario, multitud de caminos, puentes y otras obras pblicas y piadosas; en fin, la fe y el crdito pblico, sentado sobre bases respetables y permanentes, no seran por ms tiempo el juguete de la inconsecuencia y de la inmoralidad de unas Cortes corrompidas y unos Ministros arbitrarios en sus operaciones. Presentara, en fin, nuestra Isla, un teatro vivificado por la industria, la buena fe y la confianza, en lugar de la apata, de la desconfianza y del desaliento. Por ltimo, estamos persuadidos, etctera. VII Discurso con motivo de la traslacin de las educandas a la Casa de Beneficencia 16 Excmo. seor: Desde la tarde que tuve el honor de acompaar a V. E. en la tierna ceremonia de trasladar las treinta y una nias educandas a la nueva casa de Beneficencia, desde que presenci el dulce espectculo de humanidad que represent V E. conduciendo personalmente una grey arrancada del centro de la pobreza hacia el asilo sagrado de ese alczar de la inocencia y caridad, que ha ya casi del todo realizado el ingenioso celo de V E.; desde que not las muestras que dio V E. de mirar aquel piadoso acto como un triunfo con el que V E. se crea ms honrado que cuando cieron sus sienes los laureles que cort V E. en las ardientes playas de Argel, 17 y ms ennoblecido que si le hubieran coronado con las guirnaldas de Minerva; desde entonces, digo, me he sentido sofocado de unos sentimientos que mil veces han hecho humedecer mis ojos. Y o, o no he querido reprimirlo, o me ha sido imposible, o nunca me lo permiti la ley sagrada de la gratitud y del patriotismo. Por eso trat inmediatamente de manifestarlos al pblico en el primer Peridico; mas valga la verdad, aquellos dbiles y apresurados rasgos 16. Pronunciado el 8 de diciembre de 1794. Publicado en las Memorias de la Sociedad Patritica, La Habana, 1794, pp. 178-183; fue reproducido en el tomo XVIII, p. 115 y ss. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 15-18. 17. Se refiere a Don Luis de las Casas.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 237 / 237 18. En las Memorias de la Sociedad Patritica aparece la siguiente nota: Sin duda que a esta indicacin del respetable Dr. Caballero se debe el gran cuadro que existe en la Sala de Juntas de la Real Casa de Beneficencia, y que se dice pintado por Ros, profesor de crdito en aquellos das. Lo hemos examinado muchas veces: hay verdad en el objeto, idea y gusto en el conjunto. Las personas que se figuran all estn trazadas con semejanza, segn la tradicin, as como los vestidos de gala de aquella poca, los carruajes, etc. Este cuadro histrico es un monumento digno de mayor aprecio, y quisiramos que el tiempo destructor lo respetara para que llegara al conocimiento de la no fueron intrpretes fieles de unos sentimientos tan dignos, tan nuevos, tan agradables. Ahora es cuando se le presenta a mi alma afectuosa un teatro donde los explaye libremente recomendando una accin de V E. capaz ella sola de ilustrar toda una centuria. Aqu, en medio de este Liceo respetable, a presencia de un cuerpo noble, distinguido, literato, patritico, para decirlo todo de una vez, aqu es donde debo aclamar la humanidad de V E. seguro de que cada uno de estos amigos transmitir a los odos de todos los vecinos de la Habana, cuando no la noticia de la humanidad de S. E. por ser tan pblica, al menos este esfuerzo que estoy haciendo por exagerarla y ameritarla. He juzgado que no deba hacerlo valindome de comparaciones, como acostumbran regularmente los ms hbiles oradores. Y o no hara nada igualando a V E. con Augusto, con V espasiano, y Theodosio, porque sera muy poco glorioso para V E. haber hecho lo que otros hicieron mucho tiempo ha, y mi discurso perdera una parte de su mrito si careciendo del atractivo de la novedad, recayese nicamente sobre acciones comunes y anticuadas. As, pues, me atrevo a decir que V E. ha sido un original en esta demostracin, cuya memoria quisiera yo perpetuar en los fastos de mi patria. V E. fue quien la dict; V E. fue quien lo previno; fue V E. quien la dispuso, los dems slo tuvimos la gloria de imitar el ejemplo de V E. S, S r Excmo., este argumento de la terneza del corazn de V E., esta prueba de su sensibilidad, este ejemplo, en fin, de humanidad fue tan eficaz que nadie se excus de asociarse a la ceremonia; a medida que V E. segua las huellas de las educandas, un gran pueblo segua las de V E.; segn que V E. transitaba por la carrera, as se iba arrastrando a todos los espectadores hasta logra r V E. haber hecho comn y general la funcin. Santa humanidad, lo que t puedes en el corazn del hombre! As pudiera, Seo r mi elocuencia acertar a describir dignamente este solo rasgo de la humanidad de V E.! As tuviera yo en mis manos la direccin y el manejo de los corazones de mis amigos socios para representar con vivos y permanentes colores este acto admirable, envidia de la posteridad! Entonces, yo llamara a mi auxilio una de las bellas artes, y hara que en un cuadro hermoso pintase toda la ceremonia de la traslacin de las nias educandas, expresando un afecto en cada colo r un sentimiento en cada matiz. 18 Esta

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OBRAS 238\ 238\ demostracin, demostracin, si la hiciese la Sociedad, sera el mejor premio con que ella podra recompensar el mrito de V E., as como la clebre Atenas deseosa de premiar los merecimientos del hijo de Cimn, Milcades, juzg suficiente y digno premio de tal hroe fijar en el prtico Poecil un cuadro que representaba la imagen de Milcades, a la cabeza de los diez Pretores, en ademn de exhortar a los soldados y comenzar la batalla Marathonia. La sabia Atenas mir este premio como el mejo r porque al mismo tiempo de eternizar la memoria del General, ofreca al Universo un estmulo con que incitar a los hombres a que fuesen imitadores de Milciades. Y qu mayor utilidad, qu premio ms ventajoso para V E. por no decir ms lisonjero, que una pintura que representando a V E. a la cabeza de sus socios y de un numeroso concurso, en ademn de conducir las educandas a la casa de Beneficencia, servira de continuo recuerdo, de perpetuo estmulo para que todos los que entrasen en dicha casa se sintiesen movidos y excitados a imitar la humanidad de V E. y a cooperar a un edificio que ser sin duda el honor de nuestra patria. Pero ya que mi voto es por s solo muy ineficaz para realizar mi pensamiento, admita V E. la oblacin de mi buen deseo. Sepa V E. que su acreditada modestia me obliga a sellar el labio; y que aun cuando mi oracin hubiera corrido libremente, y ella sola hubiera consumido todo el tiempo de nuestros tres juntos generales, yo siempre hubiera concluido en obsequio de la verdad, en honor de V E. y en testimonio de mi ingenuidad, que la reciente prueba de la humanidad de S. E. jams puede alabarse dignamente. VIII Las mujeres 19 La mujer es una mquina muy exquisita y muy complicada. Sus muelles son infinitamente delicados, y se distinguen de los de los hombres como un reloj de repeticin se distingue de una torre. Observadle el cuerpo a una mujer: con qu delicadeza est formado! Examinadle sus sentidos: qu finos! Y su entendimiento?: qu sutil!, qu agudo! Renueva generacin que se levanta. No hace mucho que por nuestros deseos, vimos dispuestos a los laboriosos impresores litgrafos Costas hermanos, a copiar esta pintura. Ojal que as lo hagan! Ello merece perpetuarse, si no por su mrito artstico, que se resiente del atraso de aquella poca, a lo menos por el grato recuerdo de un acontecimiento digno de conservarse en la memoria. 19. Escrito publicado pstumamente en el Diario de Avisos, de La Habana, en 3 de febrero de 1844.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 239 / 239 gistrmosle tambin el corazn. Aqu es donde est la mquina del reloj, compuesta de piezas tan pequeas y combinadas con tal maravilla, que se necesita de un buen microscopio para verla con toda claridad. La comprensin de las mujeres es tan rpida como un relmpago; su penetracin es una ojeada, es casi un instinto. En un abrir y cerrar de ojos deducen una conclusin exacta y profunda; y si se les pregunta cmo la han deducido, no contestan. A la manera que su comprensin es tan admirablemente vvida, as tambin su alma y su imaginacin es extraordinariamente susceptible de diversas afecciones. Es verdad que entre ellas son pocas las que tienen toda la cultura necesaria para escribir bien; pero en las que saben escribir qu animadas son sus pinturas!, qu patticas sus descripciones! Mas, aunque todas no son escritoras, todas son habladoras, y dan fe de esta proposicin todos los hombres que las tratan en las tertulias. Aquel espritu que muestran en su conversacin depende enteramente de su grande imaginativa, y en todas partes hablan mejor que los hombres. Si tienen algn carcter que pintar o representar alguna figura, en dos o tres pinceladas que dan ya conocis el tal carcter y ya os parece estar viendo la tal figura. De qu proviene esto? De que tienen un cerebro muy susceptible de las afecciones; se impresionan con gran viveza de los rasgos principales, y he aqu que los presentan como los sienten ellas mismas. Cuando una de estas mujeres de fantasa se acalora en una conversacin, produce mil imgenes agradables, ninguna baja ni grosera. Pongamos a un hombre en el mismo caso: se podr encontrar alusiones ms fuertes, pero no sern ni tan puras ni tan brillantes. IX Sobre la venenosidad de la yuca 20 I Al Edito r. Muy seor mo: Siempre he admirado la facilidad que tienen algunos escritores de comunicar al pblico noticias, que no se han pesado antes en la balanza de un maduro examen y juiciosa crtica: este es un 20. Los escritos que siguen, agrupados por el editor de los Escritos varios de Caballero bajo el ttulo que conservamos en esta edicin, fueron publicados en el Papel Peridico de la Havana en los nmeros del 4 de agosto de 1791, 12 y 15 de abril de 1792, firmados por (E. D.) J. A. C. R. Han sido atribuidos a Caballero. Aparecen en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 292-306.

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OBRAS 240\ 240\ agravio que se hace al pblico, porque es, o suponerle ignorante, o no haber tomado todas las medidas necesarias para hablarle con circunspeccin. En esta mala nota ha incurrido el autor de la Gazeta de la Imperial Corte de Mxico, dando a luz un artculo en el que trata de preocupacin y tradicin popular la venenosidad del zumo de la yuca, con una pregunta vaca de conocimientos fsicos; todo constante en el peridico N 57. V oy a demostrarle que no es tradicin popular; que los autores la refieren como noticia positiva, hija de la experiencia, y algunas otras cosillas, que no le pesar saberlas, si quiere corregir su artculo. El Diccionario manual de las voces francesas, y de los nombres y propiedades de la mayor parte de los animales y plantas (obra no comn con esta ciudad), explicando la voz manioc, que equivale a yuca, dice: Arbusto muy torcido, cuyo tronco se divide en muchas ramas, tan blandas como el mimbre. Sus hojas se suceden continuamente, y esto le conserva siempre verde. La yuca se cultiva en frica y Amrica, y de su raz se hace una especie de pan de buen gusto, y muy nutritivo. Lo extrao de este arbusto es que el jugo de su raz es venenoso, y conserva esta cualidad hasta veinte y cuatro horas despus de extrado. Ser esta tradicin popular? Guillermo Raynal, que es casi el mejor historiador de la Amrica, pues ha merecido que su obra se traduzca a nuestra lengua, expurgada de ciertas doctrinas, nos dice: El alimento que especialmente se asigna a los negros es la yuca, alimento muy peligroso; mata con mucha prontitud a los animales que le comen, sin embargo de que por ellos, por una contradiccin muy ordinaria en la naturaleza, gustan de l. Si esta raz no produce efectos tan funestos en los hombres, debe atribuirse a que la usan despus de preparaciones que le quitan la cualidad venenosa; y en otra parte dice tambin: Cuando las races de la yuca han llegado al debido grueso y madurez, se arrancan, y se las hace sufrir diferentes preparaciones, para que puedan servir de alimento al hombre. Es menester raspar primero su corteza, lavarlas y ponerlas despus en la prensa, a fin de extraer el jugo, que es un veneno muy activo; con la misma coccin ltimamente se le hace evaporar el residuo del principio venenoso que contenan. La Enciclopedia, en el anlisis de la yuca, concluye: La corteza de la yuca es delgada, de color pardo o casi rojo que tira a violado; la pielecilla que cubre las races, participa de este color segn la especie, aunque el interior es siempre extremadamente blanco y lleno de un copioso jugo como de leche, ms blanco que la de almendras, y tan daino antes de cocerse, que los hombres y los animales han sufrido muchas veces efectos funestos, no obstante que el jugo no parece ser cido ni corrosivo... El agua exprimida de la yuca, o el zumo daino, de que aca-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 241 / 241 bamos de habla r se destina a varios fines; las gentes del campo le echan en sus salsas, y despus de haberle hervido, la usan frecuentemente sin resentir alguna incomodidad; esto prueba que el jugo pierde su cualidad malfica por medio de la ebullicin. Preguntar ahora el autor de la Gazeta de Mxico, cmo podr el caldo de la yuca deponer su venenosidad pasando por el fuego? Quin no sabe que este elemento altera la configuracin de los cuerpos, trastorna el enlace natural de sus molculas, y las deja por algn tiempo, o para siempre, cualidades que no tuvieron antes? La experiencia nos hace ver todos los das que ciertos licores bebidos en el estado de frialdad relajan las fibras y membranas del estmago, y al contrario le comunican o ayudan a conservar su natural ndole cuando los bebemos calientes o tibios. El zumo de la cicuta es venenoso, y despus de preparado por la accin del fuego sirve para algunos remedios. Entre las sustancias ponzoosas hay unas que matan por su demasiada frialdad, porque sta coagula la sangre, tal es la cicuta acuatil; otras matan por su excesivo calo r porque ste, enrareciendo demasiado la sangre, la disuelve de una vez, tales son el arsnico, el solimn y otros venenos minerales. Pues, qu inconveniente habr para que la yuca sea una de las sustancias venenosas por estar llena de un humor fro en grado intenso, y que perdiendo despus esta cualidad debe ser mortfera? Y o no s si nuestra yuca es diversa del guacamote; lo cierto, es que el mismo autor asegura que su suco cocido al vapor del agua se vende en los mercados de Nueva Espaa sin detrimento de la salud, en lo que supone se rectifica al fuego. Por qu no le venden antes de aquella coccin? Pero por si acaso fuere nominal la diferencia entre yuca y guacamote, advierto hay tambin otra especie de yuca que se cra casi en todas las Islas; el jugo de sta no es peligroso; sus races, asadas bajo las cenizas, se comen sin riesgo alguno; y aunque esta especie es mucho ms hermosa y fuerte que la otra, con todo es de poco uso, sin duda porque gasta ms tiempo en vegeta r y no rinde tanto cazabe o harina. Srvase V ., seor Edito r comunicar al pblico este papel, no para que sepa que el jugo de la yuca es venenoso, pues esto es tan sabido aun de los nfimos de la plebe, y est tan acreditado por la experiencia, que no habr podido falsificarlo el autor de la Gazeta de Mxico, ni la Memoria de M r N., sino para tener yo el gusto de ofrecerle este cortsimo obsequio. Havana 22 de julio de 1791. B. L. M. de V. E. D. J. A. C. R.

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OBRAS 242\ 242\ II Al Edito r. Muy seor mo: Aunque no gusto de esgrimir la pluma para escribir obras polmicas, odiosas por su naturaleza, y a ocasiones fastidiosas a los lectores, sin embargo, luego que le reimpresa en los dos ltimos peridicos de marzo la Gazeta de Literatura, publicada en Mxico el 17 de enero del presente ao, en la que su auto r falsificando el Peridico de la Havana del 4 de agosto prximo pasado, insiste en llamar idea vulgar y cantinela de la plebe la venenosidad del zumo de la yuca, cre no debe r en obsequio de la verdad, dejar impunes los agravios que se irrogan a la experiencia y a sus sectarios. En esta virtud, abstenindome de contestar ciertos perodos, frases y eptetos, que el autor (as llamar al editor de la Gazeta de Mxico) ha dirigido contra mi persona, responder nicamente a lo sustancial de la disputa. Nunca olvidar los versculos 4 y 5 del captulo 28 del libro de los Proverbios... Inculca ufano el auto r que no he presentado experimentos decisivos a favor de la idea vulgar de la malignidad de la yuca. Y o juzgu que unas autoridades, hijas de la frecuente experiencia, y testimoniadas por eruditos escritores de una nacin, que ha ms de un siglo cultivan la yuca, hubieran bastado a fundar la idea controvertida, y a convencer no era cantinela del vulgo; pero el autor las desatendi, e imprimi no tenan lugar en la fsica. Se acabaron ya las autoridades de los sabios, que nos ofrecen en sus obras los tiles frutos de sus desvelos y observaciones; ya nadie debe creer la estupenda divisibilidad de la materia, las varias y admirables modificaciones de la luz, las diversas rutas de los astros, las elipses de los cometas y dems descubrimientos que sabemos por la autoridad de Letenoch, Newton, etc.; es menester para asenti r que cada uno maneje los instrumentos de la ptica, y examine por sus propios ojos. Y o tampoco creo ya que el guacamote es inocente mientras no verifique la experiencia; de nada sirve la autoridad de los que me aseguran haberlo comido sin experimentar alguna fatal consecuencia. Ah!, con mucha ligereza llev la pluma el autor! Hay una autoridad, que no tiene lugar en la Fsica, y sta es el dictamen particular que sigue un autor segn la razn que ocurri a su entendimiento; y hay otra que decide en la naturaleza, hija, o mejor dicho, idioma de la misma experiencia que nos habla en boca de los que la estudian; tal fue la que alegu en mi escrito, y por eso dije que los autores refieren la maleficencia de la yuca como noticia positiva, hija de la experiencia. Todos los inconvenientes, y otros muchos que pudiera haber citado el autor entre los de su cuarta nota, son efectos de la primera autoridad, porque no satisface en la Fsica que alguno afirme tal o cual hecho, lo concibe de esta o de la otra manera, debe hacer presente el por qu lo afirma, y en qu se funda.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 243 / 243 Mas pasemos a presentar los experimentos decisivos, que no quiso reconocer el autor bajo los respetables nombres de Raynal, Enciclopedia y Diccionario manual, experimentos recientes que hice yo mismo en un sitio distante nueve leguas al sur de esta ciudad, en presencia de otros dos sujetos que me acompaaron, y de toda la familia residente en l. El 26 del pasado, a la una y 31 minutos de la tarde, derram entre la boca de un polluelo de gallina cerca de tres cucharadas de caldo de yuca, acabado de extraer de la prensa: el animalito qued por tres minutos en la misma postura que se le dio al principio, a sabe r echada la cabeza hacia atrs y en cuclillas; apenas haban corrido los tres minutos cuando excrement, lanz la mitad de lo que se le haba infundido, cerr los ojos e hinc el pico; as permaneci hasta los 25 minutos, en cuyo tiempo arroj otra porcin del lquido bebido, y muri entre algunas ligeras convulsiones de pies y alas. Seguidamente reiter mi observacin en otro polluelo: vert en su buche otras tres cucharadas de aquel ltimo caldo que escasamente gotea la yuca en las ltima vueltas del husillo, y el animal no tuvo otra novedad por espacio de 25 minutos, que mantenerse en pie, y como azorado; un muchacho le espant, y anduvo entonces cerca de dos varas vacilante, a manera de ebrio; continu parado cerrando y abriendo los ojos de cuando en cuando, por tan largo rato, que llegu a dudar de su muerte; a la media hora excrement, poco a poco se fue echando alicado y triste; tendise a la largo de una vez, vomit una pequea porcin del venenoso humo r y expir con demasiada lentitud al cabo de tres cuartos de hora. Son stos los experimentos decisivos que me ha pedido el autor? Pues yo espero que, segn promete en su tercera nota, corregir su artculo, y se arrepentir de las agrias expresiones que le sugiri contra mi inocente persona la fiebre de su indignacin. Y o debera soltar aqu la pluma, y dar por evacuada la disputa a vista del clamor de la experiencia; pero, S r Edito r permtame V dilate algo ms mi carta a fin de castigar ciertas notas del auto r que en mi juicio slo merecen consideracin para que se refuten. En la segunda nota dice que l ha hablado de la malignidad de la yuca con duda, y que en esto procedi segn lgica cartesiana. Y o pregunto: decir luego es falso sea venenosa, la noticia de Raynal no es exacta, la Enciclopedia sabe poco de la Amrica, es creencia vulga r preocupacin, tradicin popular, son frases que indican duda de parte del que las pronuncia? Sin duda, si permanece en indiferencia, segn escribe en la nota tercera, cmo me aja en su papel, desprecia y ridiculiza las poderosas autoridades que le cit? El que duda, habla con moderacin, aprueba lo que afirma el partido opuesto, venera la razn de otro, pero suspende el juicio; el autor ha hecho lo contrario, y creo ha

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OBRAS 244\ 244\ contribuido algo la mala aplicacin de la regla de Descartes. Una cosa es dudar antes de resolver y otra resolver dudando: lo primero aconseja Cartesio cuando corrige los vicios llamados en la Lgica preocupacin y precipitacin de la mente; lo segundo no: el autor es verdad que parece dudar antes de resolve r mas como no ha sabido duda r tambin parece a ocasiones que ha resuelto dudando. En la misma nota impugna la venenosidad de la yuca, porque si as fuera su cultivo y manejo no se fiara a negros, gente asalariada, etc., y se verificaran diarias muertes. Todo es cierto: la yuca es venenosa, la manejan los esclavos, y se verifican desgracias. Ha tres mesas muri un negro de la seora doa Catalina Sanabria; a mitad del ao pasado murieron dos y enferm uno en el partido de Melena. Son frecuentes las prdidas de animales; todava llora cierta persona un famoso caballo que casualmente bebi el caldo de que hablamos. A esto se agrega, que se aplica mucho el da en que se exprime la yuca, se cuida de mantener cubierta la poza en donde destilan los sacos hasta el da siguiente, y ltimamente si son descuidados, pagan la pena. Los franceses, quienes dice el autor en su cuarta nota que no han manejado la yuca, la manejan con tal preocupacin, que en los artificios de exprimirla forman unos hondos sumideros, a donde va a parar todo el caldo. Las notas 3, 4, 5, 6 y 7 ya estn plenamente contestadas. V eamos la 8: refuta en ella que el zumo de la yuca pierda la cualidad venenosa pasando por el fuego, y cree me convence con un smil, que milita a mi favo r Si se pone al fuego as me arguye una vasija con aguardiente, las partculas emborrachadoras se separan, se volatilizan, y por resto slo queda un caldo o fluido que bebido no causa embriaguez. No es esto lo mismsimo que yo di a entender de la yuca? Lo pruebo con su mismo smil: si se pone al fuego una vasija con caldo de yuca, las partculas envenenadoras se separan, se volatizan, y por resto slo queda un caldo o fluido que bebido no envenena. Puede haber smil ms smil? Sin embargo, al autor hizo mucho escozor que la yuca pasada por el fuego perdiera su nociva virtud, y por eso en la nota 9 concluye en que si la cicuta es temible despus de haberse beneficiado al fuego, el zumo de la yuca lo ser siempre. La ilacin es mala: los cuerpos pierden ms o menos grados de sus virtudes segn la configuracin de sus masas que resisten ms o menos a la invasin del fuego, o segn que los qumicos les aplican mayor o menor cantidad de calo r conforme a los usos que han de tener despus de la calcinacin; y he aqu la razn por qu unos quedan del todo inocentes y otros conservan alguna reliquia de la ponzoa. La experiencia ensea que el caldo de yuca se despoja de la cualidad venenosa al primer hervo r.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 245 / 245 III Se finaliza. Dije como de paso, en el primer papel, que el arsnico y dems venenos minerales mataban por su excesivo calo r Esta verdad la impugna el autor en su nota dcima; dice que quiere ver lo que respondo al siguiente argumento: si el arsnico, el solimn, matasen por su excesivo calo r una disolucin de estos ingredientes refrescada por medio de la nieve, lo que es muy difcil de practicarse en la Habana (qu puerilidad!) pero que puede conseguirse por otras industrias de la Qumica, sera inocente, cuanto ms seguro es el decir: el solimn, el arsnico, estn formados por partculas agudas semejantes a las agujas y alfileres, y as en virtud de sus agudas puntas hieren a los intestinos, y los agrangrenan, y de aqu depende la muerte. Concedo de muy buena gana el caso figurado, y cualquiera lo conceder. Quin no sabe que cualquier cuerpo venenoso, si se mezcla con otro de opuesta cualidad pierde algo o el todo de su eficacia? Quin ignora que de una porcin de agua muy fra, mezclada con otra muy caliente, resulta una agua, que ni es muy fra ni muy clida? No hay pues dificultad alguna en que el arsnico disuelto en nieve, temple su ardenta, como la templan los venenos minerales con las substancias [roto] y los vegetales, a causa de su cualidad narctica, se debilitan con las medicinas estimulantes. Perdneme el autor si le digo, que le hacen poco honor las ltimas clusulas. El solimn no mata por excesivo calo r sino por las partes agudas a manera de alfileres que lo forman. Qu otra cosa es el calor sino esas mismas partecillas delgadsimas y aguzadas, a modo de alfileres y agujas, dotadas de un movimiento rapidsimo, perturbado y expansivo, las que entrando en la textura de un cuerpo la desordenan, hieren, punzan, y rasgan, segn lo que expuse en el prrafo anterior? De suerte que lo mismo importa deci r el solimn mata por su excesivo calor que afirmar consta de esas aguzadas partculas semejantes a los alfileres, etctera. No tengo que contestar a la nota 11, porque estamos acordes. Ojal que el autor hubiera siempre procedido con la misma moderacin! En la nota 12 me acusa de poco reflexivo, porque l dijo que la raz del guacamote cocida al vapor del agua se venda en los mercados, y yo escrib: lo cierto es que el mismo autor asegura que su suco cocido al vapor del agua... Toda la falta de reflexin est en que l dijo raz de guacamote, y yo suco. Deba considerar el autor que tanto vale decir: la yuca es venenosa, como el suco de yuca es venenoso; el guacamote es inocente, el zumo del guacamote es inocente; son frases casi sinnimas, y la materia de poco momento para que le hubiera hecho perder la paciencia.

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OBRAS 246\ 246\ La pregunta que le hice, por qu no venden el guacamote antes de la coccin? no ha sido excusada, segn exclama en su nota 13, pues yo iba hablando de sus sustancias rectificadas al fuego, y el autor me haba dicho que el guacamote, con el beneficio de la coccin se haca comible y vendible. Ms excusada es la respuesta, porque decir: lo venden cocido porque sta es la prctica, es lo que llaman los lgicos ignoratio elenchi. Escribe despus en la nota siguiente que l slo rebati la venenosidad de la yuca, en caso de ser de la misma especie que la de Mxico. Estamos en paz: l habl de su guacamote y yo de mi yuca; son de diversa especie: ac hay ambas; y aun se conoce otra llamada yuquilla, tambin nociva, pero apenas crece el alto de un palmo. Ni ahora ni antes fue oportuna la descripcin de las yucas; es verdad que sera muy til, mas el autor sabr que no todo lo til es lcito: bastante las distingu en el penltimo prrafo de mi primer papel. Concluyo diciendo que el prrafo primero de la ltima nota es una calumnia: yo no he convocado a la plebe a que decida la malignidad de la yuca; solamente he citado a clebres autores que estudiaron la naturaleza y la experiencia, y he probado, por razones fsicas, aplicadas segn lgica, que puede una sustancia venenosa quedar inocente despus del beneficio del fuego. Por lo que toca a la remesa que me pide el auto r contstole que si todava duda, le dar gusto; comisione un sujeto a quien yo entregue las races, y desengese por sus propios ojos; o si gusta de viaja r venga a la Habana, llevarle a un cangre, beber el caldo de la yuca, y yo le pagar el entierro, y le encomendar a Dios el alma. A V llamo, Seor Edito r para que sentencie el ltimo prrafo de la Gazeta de Literatura, porque yo no le hall conexin ninguna con el asunto de que tratamos. Qu tienen que ver la venenosidad de la yuca, las preocupaciones del vulgo sobre su cualidad, la poca instruccin de los autores y la Lgica de Descartes con que la Nueva Espaa sea abundante en vveres? Cmo se conoce aqu, y en la nota dcima, que en el autor reina el amor a la patria! En m siempre ha reinado el amor a la verdad, la moderacin y la ingenuidad, la misma con que B. L. M. de V. E. D. J. A. C. R. (Somos, 2 de abril de 1792)

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JOS AGUSTN CABALLERO / 247 / 247 X Informe a la Sociedad Patritica sobre el Papel Peridico desde su fundacin 21 El establecimiento del Papel Peridico es debido al celo y buenos deseos del excelentsimo seor presidente de la Sociedad. Apenas S. E. haba tomado las riendas del gobierno de esta ciudad, cuando trat de establecerlo, y a los tres meses, esto es un 31 de octubre del ao 1790, comenz a circular el Papel Peridico de la Havana por las manos de muchos suscriptores, y de todo el pblico. Desde entonces estuvo al cargo de un patricio distinguido y erudito, quien lo dirigi hasta el mes de abril de 1793. El mismo excelentsimo seor presidente, viendo ya erigida con real aprobacin la Sociedad Patritica, que haba promovido sus desvelos por el bien de este pblico, propuso al nuevo Cuerpo se encargase de la edicin de peridicos. La Sociedad no pudo manifestar renuencia a una propuesta tan racional, y a su consecuencia nombr una diputacin, compuesta de los amigos Ibarra, Santa Cruz, Robredo y Roma y ordenndoles formasen un plan sencillo y el ms conforme a los objetos de este Papel. Al mes inmediato, los diputados presentaron a la Sociedad un plan del tenor que sigue: En nuestro peridico se insertarn todos los discursos, tratados, etc., que se nos dirijan, prefiriendo siempre los que traten de agricultura, comercio y artes, como materias de utilidad ms conocidas. No se excluirn los rasgos hermosos: ancdotas, noticias de invento en ciencia y artes, ni los dems artculos dignos de conocimiento del pblico. Mensualmente imprimiremos el arancel de los precios por mayo r y comprados de primera mano que tengan los principales comerciantes y dems corriente consumo de esta ciudad. Igualmente se pondrn los avisos de hallazgos y prdidas, compras y ventas; bien entendido que antes de imprimirse debe constarnos quien es el sujeto que solicita su publicacin. Tambin debern ponerse las noticias de entradas y salidas de embarcaciones, y a fin que stas se logren circunstancialmente, se destinar uno, que mediante la corta gratificacin de cuatro o seis pesos, se haga cargo de suministrrnosla de la misma administracin. Convidaremos a las muchas personas instruidas de esta ciudad a que nos provean de materiales con que poder desempear nuestro encargo; y cuando stos nos faltaren, llenare21. Este informe fue presentado por Caballero a la Sociedad Patritica el 2 de septiembre de 1794, y es una de las fuentes importantes acerca de la historia del Papel Peridico de la Havana en sus primeros cuatro aos de existencia. Fue reproducido en Antonio Bachiller y Morales: Apuntes para la historia de las letras y de la instruccin pblica en la Isla de Cuba, La Habana, Cultural S. A, 1936, t. II, pp. 20-23.

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OBRAS 248\ 248\ mos el hueco con producciones propias, o con las que hallremos esparcidas en varias obras de que pensamos valernos. Para esto nos parece conveniente que la Sociedad se suscriba a los diferentes Papeles Peridicos que se dan a la luz en la pennsula de Espaa, en Amrica y tambin (si fuera posible y permitido) a los que se publiquen en los pases extranjeros y que slo traten de asuntos literarios. Con el dinero existente y el que se fuere acumulando se harn venir de Espaa los libros que se juzguen conducentes a formar una biblioteca selecta como lo tiene determinado la Sociedad para que pueda servir a los tiles fines que se propone en este establecimiento. Para el aseo de esta pieza y cuidar de los libros, ser necesario emplear un hombre con el ttulo de portero, que se encargue de todo esto mediante el estipendio que se considere bastante; cuyo gasto como el de los estantes para los libros, el del adorno y composicin de la referida pieza, se harn del fondo del peridico. Este es el plan que hall establecido y realizado en todas sus partes cuando la Sociedad, en una de sus juntas del ao prximo pasado, se sirvi nombrarme en consorcio de los amigos, maestro Pealve r Luz, y presentado Caldern (por cuyo fallecimiento nombr al amigo Gonzlez, de la Orden de Predicadores) para suceder a la precitada diputacin. No puedo dejar de hacer presente en este luga r que nuestro peridico ha promovido en los cuatro aos de su publicacin la aplicacin a las letras, ciencias y artes, ha corregido ciertos defectos que lastimosamente notbamos en nuestros profesores, y me atrevo a asegurar que pondr a esta ciudad en el grado de ilustracin en que admiramos a la Europa, despus que la serensima repblica de V enecia invent en el siglo XVII el til uso de los papeles pblicos. Podra decirse para recomendar los dichos papeles, que si China ha sabido llevar tan tempranamente sus manuscritos al colmo de la perfeccin, y ha hecho envidiable su industria, es porque en ella se mira como de tiempo inmemorial el establecimiento de estos papeles que comunican siempre las noticias concernientes a los diversos ramos de la ms peregrina invencin. Otra prueba de la conocida utilidad de nuestro peridico, es el aprecio con que el pblico lo ha mirado. Contamos ya hasta 126 suscriptores. De aqu un gran producto. Cada suscriptor paga seis reales al mes, gozando el beneficio de que se le lleve a su casa en los das de su publicacin, domingo y jueves. El producto de estas suscripciones, unido al de la venta que se hace en la imprenta, a razn de medio real cada uno, produce mensualmente $ 148,00, $ 145,00 y $ 162,00 poco ms o menos. Todo este producto se distribuye de la manera siguiente: El impresor tir desde el principio un tercio de la total contribucin de los peridicos suscritos, y dos de los vendidos por l en su imprenta; al repartir se asign otro tercio del primer producido al conductor de

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JOS AGUSTN CABALLERO / 249 / 249 las noticias de la Administracin, $ 6.00 (todos asignacin mensuales), y el residuo se puso en manos del excelentsimo seor presidente, quien lo deposit en el impresor para subvenir a los gastos extraordinarios de algunos papeles, que se imprimen en calidad de suplementos al peridico, cuya escasa venta no resarce los costos de la impresin, y para erigir la biblioteca pblica. Este deposito ascendi a fines de abril del ao prximo pasado a $ 1 188,70, y considerando entonces S. E. era ste un fondo suficiente para tratar de la creacin de la biblioteca, lo propuso a la Sociedad. Slo ocurrieron algunas dificultades en hallar una pieza al intento, pero el amigo Robredo las allan, ofreciendo gratuitamente la casa que vive, y en el mes de julio del ao pasado del 93 se abri la biblioteca bajo la direccin del citado Robredo y se puso de portero a Mariano Aljovin con el estipendio de $ 10,00 mensuales, pagaderos del fondo de peridicos. El mismo fondo ha costeado la pintura de la sala, una mesa forrada de pao, dos estantes, un juego de tinteros, cuyo importe total mont a $ 175,00; 67 volmenes, valor de $ 184,00. Adems de estos, componen nuestra biblioteca otros muchos volmenes debidos a la generosidad del excelentsimo seor presidente, del seor director y censor de la Sociedad, de los amigos Montehermoso, Basave, Pealve r Robredo, Garca, en trminos de contarse hasta el 18 de julio de este ao, 1 402. As continu el repartimiento del producto de los peridicos hasta el mes de febrero del ao que corre, cuando a instancia del presidente de la diputacin, maestro fray Jos Mara Pealve r hecha en junta de Sociedad el 16 de enero del mismo, se reunieron las plazas de portero de Biblioteca y repartidor de peridicos, en Mariano Aljovin, con sueldo de $ 40,00 mensuales, que acord la Sociedad a propuesta del ilustrsimo seor directo r y bajo la obligacin de asistir a la biblioteca todos los das que no sean festivos, desde las nueve hasta la una, por la maana, y desde las tres hasta las cinco, por la tarde; cuidar del aseo de los libros, repartir los peridicos a sus respectivos suscriptores, y repartir en los das sealados los papelitos de citacin, correspondientes a las clases. Despus de haberse satisfecho a todos los gastos que dejo referidos, hay existentes del fondo de peridicos, segn la ltima cuenta del tesorero, $ 1 411 10, con cuya noticia dispuso la Sociedad que las clases enviasen a esta diputacin una lista de los libros que juzgasen necesarios y conformes a sus respectivos Institutos, para que se costeasen del dicho residuo. Y habiendo mandado la Sociedad que esta diputacin explique sumariamente el plan establecido para el gobierno del peridico, d una idea sucinta del provecho que ha producido en todas partes la introduccin de estos papeles pblicos, y que trate de la inversin de sus fondos en una biblioteca o en otros objetos tiles, le hago presente para cumplir

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OBRAS 250\ 250\ con el ltimo particular de su acuerdo, que ella misma ha mirado como su primero y ms til objeto el establecimiento de escuelas gratuitas de primeras letras, para lo que me parece contribuyo a sus miras y deseos, si digo que la mitad o la porcin del residuo mensual a los peridicos debe destinarse al entretenimiento de dicha escuela. Tal ha sido el establecimiento y progresos del Papel Peridico; tal su producto, tal es y debe ser su inversin. Todo lo cual informo a la Sociedad en cumplimiento de su acuerdo y por ausencia del amigo maestro Pealve r el socio ms antiguo de esta diputacin. XI Reflexiones sobre los espectculos pblicos 22 Seor Edito r. De un mismo objeto pueden formarse diversos y aun contrarios discursos, segn los puntos de vista de donde se examinan, porque la diversidad de respetos aparta la contrariedad. El hombre es todo lo que de l quiera decirse, y no hay inconveniente de llamarle tambin un conjunto de nadas, y la misma nada; pero el que ms ha estudiado al hombre slo alcanza a ver la dificultad de conocerle, y el que ostente ms desengao de la flaqueza de su propio se r apenas llega a la antesala del Nosce te ipsum. Seguramente habra en la populosa Atenas hombres ms sensatos que Digenes, a tiempo que este orgulloso cnico no encontraba uno slo en mitad del da, y de la plaza a la luz de su candil. Lo que no tiene duda es que un oculto impulso de la naturaleza nos incita a procurar el placer dondequiera que se halle, y ninguno dir que no es comn este apetito. Cada cual puede probar en s mismo que, de cuantas cosa desea, muchas estn en su eleccin, sin que su alma sienta inquietud, descontentamiento o incomodidad que le obligue al acto de aquel deseo, como pretende el sutil filsofo Locke en su tratado del entendimiento. Es cierto que, cuando la pasin domina, suele ser el disgusto la causa motriz; pero la razn es suficiente a [m]overrnos sin que nuestro interior padezca alguna desazn. La novedad es un principio vigoroso para producir en nuestro espritu delectacin y maravilla, y por un instinto natural amamos la belleza y buen orden, es la variedad reducida a unidad, y puede hallarse en infinitos objetos tanto corporales como espirituales. 22. Todo parece indicar que la autora de este escrito, publicado bajo el seudnimo M. Laposamat, es de Jos Agustn Caballero. Apareci en el Papel Peridico de la Havana, no. 38, 10 de mayo de 1792, pp. 149-151, y no. 39, 13 de mayo de 1792, pp. 153-155. No conocemos de su reproduccin posterio r.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 251 / 251 Sentados estos vulgares principios, disclpeme V que desco[roto] hombre moral que nos describe la edicin del examen histrico del Mercurio Peruano en el peridico nmero 29. Aquel igual martirio que sufre con la memoria de los males pasados, y la incertidumbre de las felicidades que espera, es para m una extraa filosofa porque frecuentemente hace el hombre un entretenimiento de los mayores peligros y males que ya pasaron, y saca un gusto particular de la culminacin, lstima, o cualquier otro gnero de inters, que toman los oyentes en su relacin; y si algo consuela al hombre en la actualidad de los trabajos, es la esperanza de que han de pasa r de suerte que, lo presente, bueno o malo es lo que ntimamente conmueve el corazn humano. No puede concebirse un viviente sin amor propio, y sera desnaturalizado aquel hombre que no aspirase a la felicidad; pero contra este prurito le asiste y modera la razn. Un sabio escritor exorna y amplifica este pensamiento: En la naturaleza del hombre reinan dos principios, el amor propio para excita r y la razn para retener; ambos caminan a su fin, el uno mueve, y el otro gobierna. El amor propio, origen del movimiento, impele al alma, y la razn tiene la balanza, y arregla todo. Sin el amor propio, el hombre no podra obra r y sin la razn no obrara con un fin. El principio que mueve debe ser ms fuerte, l es el que obra, el que inspira, impele, fuerza; el principio que gobierna es ms tranquilo, ste debe prevee r deliberar y contene r. No es posible considerar en otro estado al hombre sociable, racional y poltico de que tratamos, porque dejado a su impulso fantstico y maquinal, sera un juguete de los engaos, un hipocondriaco eterno, y sus ideas no pararan hasta el reinado de la inmortalidad y omnipotencia. Desengamonos, pues, el hombre que nos presenta el Mercurio Peruano nunca ha existido, aunque supongamos falsamente que la felicidad temporal consiste en las inmensas adquisiciones. Epicuro, que nada crea menos que la Providencia, escribe a Idomeneo de esta manera: Si quieres hacer rico a Pitocles no le des riquezas; qutale s, la codicia de tenerlas. Una elocuente pluma dice de otro: Colmado de riquezas y de honores, se hallaba cada da ms infeliz que antes, esto es, senta que la vida pesa mucho al hombre que ya no teme ni desea, y he aqu desvanecido el concepto que se nos pretende dar en aquel rasgo pe[roto] de las pasiones del hombre, pues cuando ste ha llegado a equilibrar sus deseos, con los halagos de la fortuna, cae de repente en un profundo abatimiento, se aburre y amortece, como sucede respectivamente en su constitucin fsica a los atletas de la salud, porque no hay vida sin movimiento, y si la esperanza lo recibe de la incertidumbre, mejor [roto] al hombre para ser feliz, el contraste de afectos, que una posesin plensima, lnguida, y sedentaria de todos los bienes terrenos.

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OBRAS 252\ 252\ Este discurso es un manantial inagotable de reflexiones, que se dejan a la capacidad de los lectores, para no faltar al decoro. l mismo nos insta a concluir la primera parte del razonamiento, asegurando que es una fase puramente nominal, una paradoja improbable, y un estril modo de habla r el que produce el Mercurio Peruano en la especie de que el hombre busca la diversin, por huir de su presencia. Si esto se dijese de una forma susceptible, por su temperamento, de todo gnero de sensaciones, podra tolerarse; pero no que se afirme del hombre en comn, que nunca suele estar ms solo que en medio del bullicio, y de una compaa numerosa, y all es en donde, por lo regula r se suscitan incidentes que le melancolizan, y le hacen entrar en s mismo, deseando el punto de escapar a su retiro, y protestando interiormente que ms le gustara en el reposo de su casa y mesa un manjar ordinario, que los platos de un magnfico convite, y el que se tenga por ms hombre, esto es, por filosofo, discurrir, y obrar as, porque en el teatro del mundo, cada uno hace de comediante y el filosofo hace propiamente de mirn, o auditorio, porque ms bien que otros sabe observar y juzgar cuando representa bien o mal su papel. Y a hemos visto que el hombre, por lo general, no ha inventado ni busca las pblicas o privadas diversiones por atolondrarse, y sacudirse de su mismo peso. Ahora indicaremos, contra el sentir propuesto en dicho Mercurio, unos principios ms ciertos de los teatros, y espectculos, censurando de paso el dictamen que se forma en la materia sobre el gusto e inclinacin favorita de las naciones, y principalmente de la espaola. La educacin pblica, o por mejor deci r la forma del gobierno puede varia r o depravar los sentimientos morales, y hasta la idea de la hermosura real. Y o creo que, en los hombres unidos, nacieron de golpe los encuentros, las luchas, carreras, y tripudios, en los que los competidores en la pujanza, y en los lances de agilidad se hacan expectables, e interesaban sus apuestas. Estos primeros rudimientos se fueron extendiendo progresivamente hasta reducirse a un arte, y profesin, en que no poda menos que intervenir la autoridad pblica para arreglar los fuegos, asignar los das de su ejercicio, y los premios que llegan a ser excepcin. Una religin compatible con los vicios que ms degradan la humanidad, produjo el uso de los tirsos en las fiestas bacanales, los fuegos florales, y dio mucho valor a cierta clase de rameras. Irritado con esta licencia de costumbre el apetito, se refin la extravagancia hasta el punto de inmolarse millares de gladiadores al placer que presenta la vista de un combate, exigiendo las mismas damas de los atletas heridos, que al tiempo de expira r cayesen en una postura gentil y graciosa. La malicia tan natural, y caracterstica de los hombres es el principio de la comedia. Nosotros vemos por ella en accin los defectos y vi-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 253 / 253 cios de nuestros semejantes, y nos hacen rer estas imgenes de la locura y necesidad humana, cuando los dardos de esta maliciosa complacencia estn afilados por la sorpresa, dispuesta a hacer tiro seguro en lo ridculo; de aqu saca la comedia toda su fuerza, y sus medios, aunque hubiera sido sin duda ms provechoso transformar esta alegra viciosa, en una lstima filosfica. La sensibilidad humana es el principio en que nace la tragedia, lo pattico es su medio y el honor de los graves crmenes, y el amor de las virtudes sublimes, son los fines que se propone. Es una pintura sacada de la historia: cuando la comedia es un retrato, no de un solo hombre, como la stira, sino de una especie de viciosos esparcidos en la sociedad, cuyo carcter comn se halla reunido en una misma figura. Los antiguos romanos, aunque compusieron tragedias, no sabemos que las hubiesen representado; sus comedias se formaron sobre el modelo de las griegas, que tuvieron su rudeza, indecencia y desnudez, y reinaba en los actores la libertad lasciva, y en los escritores la insolencia, y mordacidad; pero los espritus romanos eran superiores a estas imgenes brutales, y por eso Livia Drusia, mujer de Augusto, con esfuerzo y agudeza varonil, deca que no las diferenciaba de las estatuas. Prevaleci en los ltimos siglos, entre los italianos, el gnero de comedias que llamaron mmico, que es una accin muda, que alguna vez con expresiones vivas y burlescas, y comnmente con gestos que hacen al hombre parecido a la mona, se sostiene una trama o enredo dbil, flaco, y pobre de arte, e ingenio; pero deben distinguirse las tragedias, peras tan atractivas, y seductoras por los hechizos de la msica, y la magnificencia del espectculo. El papel de Lima adopta a los ingleses el malsimo gusto de preferir a otras mil diversiones, una comedia de Sehakespeare (sic) en que se representan espectros, ngeles, y demonios, cuando no hace mucho tiempo que los dos teatros de Inglaterra y Francia disputaron la preferencia, y aun no se ha decidido este problema. No se puede negar a los ingleses el talento oportuno para la tragedia, tanto respecto del genio nacional, que se complace de espectculos atroces, cuanto por el carcter de su lengua, que es propsima para grandes expresiones. La afectacin de no parecerse a nadie es causa de que los ingleses no se asemejen, ni aun a s mismos: de aqu el que no sean corrientes estas ridiculeces, sino singularidades personales que ofrecen materia a la chanza, y graciosidad. Tal viene a ser el origen del cmico ingls, bastante simple, natural, y filsofo, donde est observada la verosimilitud, aunque a expensas de la decencia y pudo r En su ensayo sobre la poesa pica dice un autor clebre que, cuando comenz a aprender la lengua inglesa, no poda comprender como una nacin tan sabia y esclarecida admirase las obras de Sehakespeare (sic); pero luego que adquiri mayor

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OBRAS 254\ 254\ conocimiento del idioma, penetr muy bien que los ingleses tenan razn, y tambin que no es posible que toda una nacin se engae en punto de sentimiento. Si el teatro de Olanda es ridculo, y aun lo son sus representaciones, responder por los agraviados M r Zuylichen secretario que fue de decretos del Prncipe de Orange, protector de la musas sabias de Olanda; como las llama el gran Corneille, restaurado r y padre del teatro francs en el prlogo de su comedia El mentiroso. Los poetas espaoles han sido, si no tan observantes de las reglas teatrales, los ms fecundos, apasionados, y felices en la invencin; han compuesto innumerables tragedias, y sus obras dramticas han enriquecido el teatro de Francia, y a toda la Europa. Tenemos muchas comedias de carcte r de situacin y de ternura. El cmico de carcter es el ms til a las costumbres, el mas fuerte, y el ms raro porque ofrece el origen de los vicios, y los sofoca en su cuna, pone a los ojos un espejo en que se vean las ridiculeces de los hombres, y se avergencen de su imagen, y supone en el autor un estudio consumado, un discernimiento exacto, y pronto, y una fuerza de imaginacin que rene bajo un solo punto de vista todos los rasgos que su penetracin no pudo asir sino por meno r Luego hace honor a los espaoles la preferencia con que distingue estas piezas, segn el Mercurio Peruano. El teatro espaol est en un pie muy delicado por las providencias que a este fin se estn tomando desde la poca de la Seora Reina Doa Brbara que protegi, e hizo venir a Espaa los profesores ms diestros que se conocan. Y a no se aprecian generalmente las comedias de vuelos, encantos y apariciones; se ven representar con grandes aclamaciones piezas de mucha moralidad e ingenio, as traducidas como compuestas por los naturales. Las corridas de toros que el papel peruano vincula al gusto de los espaoles, no merecen, por cierto, esta predileccin que dio motivos el siglo pasado a la censura vehemente de Quevedo; un tiempo en que tambin los disciplinantes embobaban las gentes y eran requebrados de las damas, a quienes agradaba este deforme galanteo. Conque es menester distinguir el estado de la instruccin y literatura nacional; los progresos de la sociabilidad, y el gusto casi uniforme de la Europa en las buenas letras, para incidir en iguales equivocaciones. Es tiempo ya de acaba r y de ofrecerse a la disposicin de V. con todo afecto. M. Laposamat.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 255 / 255 23. Esta carta, escrita no como respuesta, sino con la intencin de interceder en una polmica desatada en el Papel Peridico de la Havana, de dudosa utilidad pblica segn la opinin de su auto r apareci en el propio Papel Peridico de la Havana. No. 15, 22 de abril de 1792. Algunos pasajes de la misma hacen pensar en la autora de Caballero, sobre todo aquellos en que llama a la moderacin y a centrar la discusin en los hechos y no en las personas. No conocemos de su reproduccin posterio r. 24. Lo distingo con este ttulo porque as lo he hallado; lo uso sin justificarlo. [Nota del autor.] En el texto original aparece sealada con una (a), pero con el objetivo de conservar la uniformidad en las notas la hemos numerado. XII Sobre polmica entre el Cnico y el Peregrino 23 Seor impreso r. Si yo tratara de manifestar los sentimientos patriticos y lisonjeras esperanzas que me inspir el establecimiento del Papel Peridico, sera preciso excederme de los cortsimos lmites que me permito cuando otros iguales virtuosos impulsos me ponen hoy la pluma en la mano. Baste decir que me promet, sino que se ilustrara mi amada Patria, a lo menos que despertara del letargo que embota las conocidas felices disposiciones que nos hacen susceptibles de todos los conocimientos. Yo prevea las tinieblas disipadas, desterradas las preocupaciones, difundida la luz, sembrados los corazones de las mejores mximas de la ms sana moral, y las almas imbuidas de todo el herosmo de la virtud. De todo esto me parece capaz un buen papel, y V debe ser el ms constante apologista del suyo en la aplicacin de estas ventajas. Tan persuadido estuve de las utilidades que ofreca, que he ahogado mas de cuatro sugestiones de mi orgullo que me dirigan a escribir para el pblico, por no desanimar otros ms provechosos escritores con la concurrencia de las flacas producciones que podan presentar mi corta edad, e inexperiencia, por no consumirme de la secreta vergenza de ver mis letras justamente destinadas a dormir sin imprimirse hasta que faltara de que llenar el Peridico, y por consagrar al estudio el tiempo que hubiera empleado en escribir tonteras. Pero como cuento muy pocos que piensen de este modo, y observo la indulgencia con que V los trata, me he animado a distraer mi espritu de las tristes representaciones de que salimos, tirando algunos brochazos que hagan resaltar las pinceladas de Peregrino y del Cnico. 24 Estos hombres hechos para amarse por aqul como parentesco que debe haber entre los literatos, que por el talento que manifiestan sus obras, haban de ofrecer al pblico el glorioso til sacrificio de ser vigilias, que debieran proceder de acuerdo, comunicarse sus ideas, compararlas, rectificarlas, y dirigirlas al beneficio comn, y cuyo admirable

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OBRAS 256\ 256\ concierto sera bastante a desempear solo el plano de mis alegres esperanzas, y a llenar el sagrado objeto de V Estos hombres, en quienes pudiera resplandecer la dignidad de la sabidura, arrastran mi atencin cuando los miro desunidos, recprocamente agraviados, ocupados de nieras y hechos las ms miserables vctimas de aquella perniciosa emulacin literaria. Desde el nmero 17 estn Peregrino y el Cnico tan pendientes uno de otro que solo piensan y escriben para s mismos. Qu le importa al pblico que ste tenga jaqueca, y aqul atrabilis? Qu hacemos con or que uno es tristsimo Matemtico, y otro Metemuertos? Qu utilidad logramos de que se digan Francisco Estevan y pobre Peregrino? A la verdad (bien a pesar mo) no se saca ms resultado de todos los papeles que han seguido al mtodo. Qu ejemplo, qu impresiones para un pueblo que debemos considerar en la cuna de la luz! Si los menos prudentes, si los idiotas adoptan esta conducta de dos hombres por muchas partes dignos de imitarse; si notan que el fruto de su aplicacin y el fin de sus desvelos es injuriarse, ridiculizarse [roto], no ser consiguiente que incapaces de discernir el verdadero mrito [roto] fijarn en el ruinoso y execrable empeo de oscurecer y deprimir las ideas que no sean suyas? Deplorable extravagancia a que nos precipita el desordenado amor propio! El colmo del despotismo no haba pretendido hacerse rbitro de la razn de cada cual; pero por desgracia de las letras, las ms veces despreciadas o temidas, parece que hay hombres destinados a perpetuar la ignorancia. Qu fuertes son las pasiones, qu invencibles cuando aquellos mismos que conocen las ventajas de la instruccin de un pueblo hacen de sus parcialidades una barrera casi inaccesible a los ms contnuos esfuerzos del entendimiento humano! Si Peregrino present su mtodo oscuro ininteligible, o no acabado como ha dicho despus; si este mtodo abrazaba un asunto tan importante, un objeto tan recomendable como el del fomento de esta Isla en la rectificacin de los ingenios; si un indiscreto celo por el bien pblico lo hizo quejarse de la diferida impresin de la carta de Franklin para prevenir igual suerte al mtodo, por qu haba de tomarse el S r Cnico la voz del pueblo que en nada resultaba ofendido? Y por qu si se concedi el honor de hacerse intrprete de la causa pblica lo hizo tan a su costa? Desde luego da motivos de pensar que era suyo alguno de los escritos que supuso Peregrino brochazos de dibujantes de banderas; sin este principio parece ms ociosa y criminal la acrimonia con que critic el mtodo, como que de agraviarlo no haba de seguirse otra cosa que las odiosas, desabridas y tal vez interminables contestaciones en que se han empeado. Y qu ha ganado el pblico? Quedarse los ingenios en el mismo estado; continuada la ignorancia, y los bobos con deseo de hallar aplicacin en sus contiendas a las bravatas de Francisco Estevan. Cunto mejor

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JOS AGUSTN CABALLERO / 257 / 257 hubiera sido que sacrificando el Cnico el mal que dijo Peregrino, al bien que propuso, humedeciendo su pluma del jugo dulce de la caa, en vez de el de Pimientos con que escribi, lo hubiese convidado a la paz ofrecindole su auxilio para glosar el texto de M. D. C. X! Son innumerables las utilidades 25 que habra conseguido el pblico de este modo; pero al Cnico le pareci un triunfo acusar un plagio de intencin, y esta puerilidad escolstica caracteriz sus reflexiones. No menos reprensibles han sido la dplica y rplica de Peregrino: ha desmentido vergonzosamente algunos rasgos de sana Filosofa que entrevea en sus papeles; y cuando veo que no ha sabido disminuirse el mal que le hacen con no volverlo, cuando lo veo darse el tormento de retribuir palabras, aseguro que ha ledo algo de la virtud, pero no lo ha sentido. Siendo legtimo el celo de que ha apadrinado sus ganas de escribi r habra despreciado los primeros estorbos que se presentaron a su loable objeto; continuando pacficamente su mtodo, y tal vez delicioso espectculo! se habra hecho el Cnico mulo de la moderacin de Peregrino, como lo ha sido de sus dichos. Todo lo contrario, porque era preciso desfogar un espritu ya inquieto; suponer confederaciones para el ms pequeo despreciable fin que pueden formarse, declamar amos, distinguir esclavos, afear en vez de hermosear el suelo que pisamos, y aadir otras ms reprensibles por extemporneas mximas de que abundan sus papeles. Ahora me acuerdo que ofrec al principio no extenderme, voy a conclui r pero antes permtame V que repita que si el Cnico y Peregrino no hubieran olvidado sus verdaderos intereses habran dado ms provechosas resultas; los conozco y trato mucho: tengo noticia de la extensin de sus conocimientos que comunicados pueden formar un cuerpo capaz de iluminar las tinieblas en que vivimos; y como estoy seguro de que si al Cnico no hubieran hecho tantas cosquillas los brochazos, ni a Peregrino exaltado tanto las reflexiones que concluyeron en hacerlo tristsimo matemtico, estara adelantado el mtodo; como s que estas provocaciones continuadas alejan la importante unin de sus corazones que distrados del verdadero rumbo solo tratan ya de acreditarse con ms tino en la stira, no he podido menos que representarles su lastimosa situacin. Soy amigo de ambos, pero ms de la verdad, cuyo sagrado carcter que me parece brillar en mis observaciones espero que justificara mis intenciones hacindoles la impresin que deseo: un olvido eterno de sus agravios y la ms inalterable eterna armona de sus almas. 25. No seria la menor haber excusado al pblico estas declaraciones, y a m la ocupacin de las horas que pudiera haber destinado mejo r Pero hecho el dao es preciso remediarlo. [Nota del auto r .] En el texto original aparece sealada con una (b), pero, como en el caso anterio r la hemos numerado.

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OBRAS 258\ 258\ Tales son mis votos: pudiesen a costa ma realizarse estos y todos los que formo por mi Patria! Viendo el fruto, todo me parecera pequeo sacrificio; mi propia existencia sera corta precio de la verificacin de mi deseos. La Havana despierta ilustrada... Dulce ilusin que embriaga deliciosamente mis sentidos... Adorable idea que me bosqueja toda la felicidad que cabe en los mortales... Por qu ha de ser tan pasajeral, por que tan difcil, por qu?... Dejo la pluma por no convencerme de la imposibilidad que voy descubriendo. V ale. Un Buen Habanero

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CRTIC CRTIC A A Crtica del teatro de Urrutia 1 A los seores diaristas: Muy seores mos: Casualmente han llegado a mis manos unos cuadernos impresos en la Oficina de D. Esteban Boloa, comprensivos de la historia de la Isla de Cuba, y en especial de esta ciudad, bajo el ttulo de Teatro cubano histrico, jurdico, poltico, milita r, su autor el D r D. Ignacio Urrutia; obra que segn parece se ha dado a luz como el primer ornamento de esta especie, capaz de hacer honor a nuestra Patria. As sera si no adoleciera de ciertos defectos, que, en mi juicio rebajan mucho de su mrito, y que deben indispensablemente corregirse en un monumento tan pblico y duradero como la historia. Si Vms. que estn dedicados a la instruccin de este pueblo, me dispensan la honra de publicar en sus peridicos los reparos que me han ocurrido sobre la dicha obra, ofrezco remitirlos segn los vaya explanando, lo que har con la mayor brevedad, modestia y prudencia que debo, sin contraerme nunca a lo personal del auto r para m muy venerable, ni ofenderle en la menor palabra, lo mismo que si criticase una produccin annima impresa en Maroc o en Amsterdam, previa la aprobacin superio r. Mi nimo el cielo lo sabe no es darme a conocer al pblico por medio de la prensa; estoy muy distante de esto, y en prueba, protesto desde ahora ocultar siempre mi nombre, y no franquear a ninguno de mis manuscritos. Si Vms., pues, se sirven concederme el permiso que solicito, o tienen a bien el negrmelo, espero la respuesta por el Peridico aceptando siempre esta splica como hija del deseo que me anima de contribuir por mi parte al nuevo establecimiento de peridicos. Queda siempre de V V y B. S. S. M. M. Un Crtico. 1. Publicado en el Papel Peridico de la Havana, bajo los seudnimos Un crtico y Un fulano de Tal, en 1795 o 1796. Posteriormente fue reproducido en la Revista de Cuba, La Habana, 1877, t. I pp. 230-239. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 53-70.

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OBRAS 260\ 260\ A L E DITOR Odi profanum vulgus, et arceo. Muy S r mo: Aunque dicen que no es bueno comenzar los discursos por oraciones de habiendo o estando, yo digo que, traduciendo cierto espaol la Oda primera del Libro tercero de Horacio, de las que he tomado las palabras que van de lema, advierte que los cuatro primeros versos parece no tienen conexin alguna con el resto de la Oda; temo haga V el mismo reparo o advertencia despus que haya ledo mi carta, y por eso advierto antes que en ella propongo censurar una obra cuya lectura se ha ido extendiendo no s si con aceptacin, aun entre sujetos quibus inclyta borla molleras hondis speciebus adornat; y como tambin hay vulgo entre esta especie de seores, y voy a esgrimir la pluma contra sus dictmenes, no deja de venir bien: lejos, lejos de m, vulgo profano. Vd. ha examinado bien el Teatro histrico, jurdico, poltico, militar de la Isla Fernandina de Cuba? Y qu juicio ha formado Vd. de su mrito? Ser ya la Habana ms famosa por este monumento montoyano que Roma por la pluma de Tito Livio? Las dems Islas, envidiarn a la Fernandina, que ha merecido esta nueva gloria, como envidi Alejandro a Aquiles, por haber ste logrado se contasen sus proezas al son de la Epopeya de Homero? Nada de eso, S r mo, aun cuando la Habana no fuese ya, como lo es, participante de las ilustraciones del siglo XVIII el estado actual de la literatura espaola requiere un pincel tan delicado como el de Mery para dibujar el cuadro hermoso de la historia de esta Isla. El mo no es tampoco lo confieso ingenuamente capaz de levantar un monumento de erudicin en el Liceo respetable de Minerva, pero s de hacer ver la imperfeccin de la citada obra. Comenzar desde los dos huevos, y cigame en hora buena sobre la cabeza todo el peso de la autoridad de Horacio. Los ttulos de los libros deben ser tan claros, sencillos y naturales que a la primera vista entienda cualquiera la materia que contienen; es ridcula pedantera encadenar cuatro o cinco adjetivos, cada uno con su esdrjulo corriente, para comprender en el solo ttulo todas las materias, aun las ms menudas que se tratan en el discurso de la obra, y he aqu el primer vicio del Teatro histrico, jurdico, poltico, moral, cronolgico, legal: bastara haber dicho Historia de la Isla de Cuba y en especial de la Ha b ana y el ms topo hubiera quedado impuesto, sobre la marcha, del escopo, de la obra y del obrero. Cuando le esos ttulos rimbombantes de Teatro histrico, etc., me acord de la trisca que hizo cierto escritor de nuestra n acin de una obra titulada: A nfiteatro de la sabidura eterna, nica verdadera, cristiano-cabalstico, divino-mgico, fsico-qumico, uni-trino catlico, fabricado por Henrico Conrash; se parecen bastante, con la diferencia que el uno

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JOS AGUSTN CABALLERO / 261 / 261 es teatro y el otro anfiteatro, el uno se fabric en tiempo de mis rebisabuelos y el otro en los ltimos das del siglo ilustrado. V eamos la dedicatoria: abraza muchos objetos, sabe a prlogo y tiene mucho de filauca. El autor no ha sabido bautizar el justo ttulo de dominio con que nuestros Reyes poseen nuestra Isla, y por eso lo llama derecho de ocupacin, que propiamente se entiende de mueble o terreno abandonado, sin obstar a esto otras ampliaciones que se le acostumbran dar: Tu es magister in Israel, et haec ignoras? El salto que da en el segundo prrafo desde el descubrimiento de la Amrica hasta el ao 1763, es una de aquellas transiciones atrevidas y pindricas que asustaron, das ha, a Don Toms Iriarte. Para explicar el reconocimiento que debemos al Seor Don Carlos III, nuestro Padre dos veces son sus mismas palabras por haber restaurado esta plaza el ao citado, dice: Con qu caudal podremos satisfacer esta doble paternidad si no es con un perpetuo clamor de su reconocimiento? Y a se ve que el reconocimiento no es del Rey sino nuestro: conque debi decir de nuestro reconocimiento. Los dos ltimos prrafos necesitan de comento: el hiprbaton es muy extrao: cuatro veces los he ledo para lograr comprender lo que quiso decir el historiador fernandino. Qu pesado est el prlogo! Cuando yo cre hallar en l una noticia breve, pero clara, de la organizacin de la obra y de los puros manantiales en donde bebi el historiado r me encontr con una carta, mejor dicho, una folla de latn y espaol, un revoltillo de Sneca y San Mateo, de San Juan y Ovidio, del Eclesistico y del Ars Amandi, de Jeremas, Terencio, Horacio, Ausonio, Tito Calpurini y Halicarnaso, unos empujando a los otros, porque no caben. Baste decir que he contado al Prologazo 64 textos latinos y 7 espaoles; cmo llueven versos, elogios de la abogaca, disertaciones judiciales, cotejo de reales cdulas, consultas de un cierto abogado, fuero activo y pasivo de los militares y ancdotas sobre la vida del autor; ni de propsito se hubiera hecho mejor Prlogo macarrnico! Hablando de la Historia de la Habana, escrita por el Regidor D. Flix de Arrate, la desestima en estos trminos: y la segunda padece equivocaciones por superficial y limitada... Est muy buena la causal: qu tiene que ver lo superficial con la equivocacin? Tomara el autor que as fuera; la Historia de Arrate superficial, y gasta casi ocho hojas de un tomo en cuarto manuscrito describiendo la naturaleza del suelo de esta Isla! Superficial y nos emboca siete hojas de la misma marca para decirnos cul fue el asiento primitivo de la poblacin de la Habana! Superficial y se cansa el lector cuando lee la descripcin de los fuertes Morro, Apstoles, Pastora, Punta y Fuerza! Superficial y para recomendar la nobleza de los espaoles fundadores de nuestra Isla escribe tanto, que l mismo llega a confesar su misma prolijidad!

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OBRAS 262\ 262\ Parceme que nuestro carsimo Doctor no ha ledo tal obra; ella s es limitada, como lo son todas al cabo de treinta o cuarenta aos de escritas, y confieso tambin no lleva el mejor orden. Haber dicho que Arrate no da nociones de la historia ni de los derechos de la Isla es falso; yo he ledo ambos particulares, tratados con una menudencia a veces fastidiosa; omite, es cierto, muchas noticias histricas sobre el descubrimiento de la Isla, pero as debi hacerlo un autor que slo se propuso escribir la Historia de la Habana; sobre derechos habla sin omitir los que estaban establecidos hasta el ao 1756. Advierto al S r Docto r pues lo ha ignorado, que el manuscrito de Ilmo. S r Morel comprende la historia profana y eclesistica de esta Isla. Por eso se titula Historia de la Isla y Catedral de Cuba. La divisin que hace nuestro Autor de toda su obra es mala y apesta a la ms rancia escolstica, cosa muy impropia de un historiado r Como las operaciones del entendimiento as dice son tres, aprehensin, juicio y discurso; la aprehensin es para lo pretrito (parece que lo presente no se aprehende), el juicio para lo presente y el discurso para lo futuro. La primera parte trata de lo que ha sido la isla de Cuba, la segunda de lo que es y la tercera de lo que ser (otro parntesis, porque no puedo calla r que ardo por leer esta tercera parte para verle tirar clculos, proyectos y barruntos); en la primera, lo histrico; en la segunda, lo jurdico, y lo poltico en la tercera. Luego subdivide la parte primera en cronolgica porque en ella dar por el orden de los tiempos los hechos civiles y militares con las reales resoluciones: he aqu cmo vuelve a incluir la segunda y tercera parte en la divisin de la primera; esta subdivisin la subdivide en partes, las partes en pocas, las pocas en libros, los libros en captulos. Bien pudiera haber seguido dividiendo los captulos en artculos, stos en prrafos, los prrafos en renglones, los renglones en vocablos, los vocablos en letras; y las letras?, son indivisibles, pero el Autor no ignora que para estos casos es la divisin de razn. He concluido mi carta seor Edito r pero no mi crtica; la semana que viene diremos algo contrado precisamente a lo que es historia, que yo he ledo a Pizarro, a Sols, algo de Acosta, tengo mi tintura de Herrera, hojeo de cuando en cuando a Raynal y casi conservo en la memoria a todo Robertson; no digo esto por ostentacin sino para que V se digne orme con algn aprecio. Por ahora no descubro quin so y Luego firmar. Entre tanto B. S. M. de Vd. A L E DITOR Muy S r mo: Supuesto el mismo tema y prembulo de mi carta anterio r har ver ahora que el Teatro histrico, etc., considerado precisa-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 263 / 263 mente como historia no tiene mrito particula r Bastante siento escribir y convencer sobre una proposicin que hace poco honor a su paisano aplicado y deseoso de la ilustracin de su Patria, pero... Amicus Plato, et magis amica veritas. Dos cosas hemos de considerar en una historia para juzgar de su mrito: la claridad del estilo y la de los hechos. Por lo primero desmerece mucho el Teatro histrico: recopilar todos sus defectos diciendo que tiene un estilo muy gerundio, por consiguiente oscuro, spero, alegrico y endiantrado. Aquello de libro eterno engaste y piedra preciosa, no se entiende. Puede haber clusula ms oscura que la de la ua del Len, del Dragn, de la India Oriental, de la cueva del ratn, del anzuelo y de la carnada? Qu quiere decir que el siglo XV ganaba los aos de su senectud moral? Que amaneci la siguiente aurora anunciando mejores luces a Cuba, pues en su da del Seor naca para l mismo en la primera preparacin de su Ley Anglica? Transcribir aqu una clusula entera, que es de las ms gerundias del Teatro histrico: para decir nuestro Doctor que los Reyes Catlicos ocurrieron al Pontfice Alejandro VI, habla as: y con tan cristiano objeto ocurrieron al que es en la tierra Prncipe de los Obispos, heredero de los Apstoles, Abel en la primaca, No en el gobierno, Abraham en el patriarcado, Melchisedech en el orden, Aran en la dignidad, Samuel en la judicatura, en la potestad Pedro y en la unin Cristo. (Aqu divide prrafo y contina la alegora o algaraba comenzando el prrafo inmediato: Gozaba estas preeminencias con el Pontificado Romano Alejandro VI.) Qu tal? Estamos en C ampazas o en la Habana? Hago esta pregunta porque un cierto Predicado r predicador de Campazas, para decir cultos consagrados a San Ignacio de Loyola, trabaj un clausuln parecidsimo al que acabo de copiar; dijo as: Al Marte ms sagrado de Cantabria (...) al que en las venas del nativo suelo, para morrin, peto y cota forma encontr, y materia inmarcesible (...) a la Bomba, al Can, al Rayo ardiente (...) al que naci soldado (...) al que naci Alejandro de la Gracia, al grande Ignacio, digo, de Loyola, reverentes consagran estos cultos... No cre yo, S r Edito r hubiese dos ingenios tan parecidos ni dos cholas tan iguales. Pero aun no escampa todava, y es menester orle, cuando su religiosa piedad le hace introducirse a interpretar la Providencia Divina; me edifica a la verdad cuando dice que la Nacin Espaola era la prevista ab eterno para que grabando en las columnas de sus Armas el Plus ultra, que tanto ilustra nuestro doctsimo Solrzano, introdujera el Evangelio en el Nuevo Mundo, a fin de que se cumpliera este decreto infalible sin violencia del libre albedro, por cuya razn obtuvo Coln para con ella, y a influjo de amigos, el don Divino de la perseverancia. Parece que no ha dicho nada, y a fe que ms de cuatro historia-

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OBRAS 264\ 264\ dores no entendern los decretos infalibles de Dios, sin perjuicio del albedro, como se deja ver que los ha entendido nuestro telogo historiado r Todava est ms piadoso y edificativo diciendo: que contaba el viejo Mundo 1 490 aos de nuestra salud y Luz Evanglica, cuando en los infinitos arcanos de la Providencia lleg el tiempo de comunicarla al nuevo con sus misericordias inefables. La entrada del captulo IV es ms propia de sermn que de historia. V emosla: Son de tal calidad los bienes de la tierra, que deseados atormentan, posedos inquietan y perdidos lastiman, conforme sinti de ellos la dulzura del melifluo S. Bernardo. Buen texto para decir que Coln volvi al reconocimiento de la Isla de Cuba el ao de 1494! Advierto de paso al S r Doctor que no ha traducido bien las palabras latinas de San Bernardo que pone al pie de la llana porque posessa inquinant no quiere decir que los bienes posedos inquietan, sino que manchan o ensucian a nuestra alma. Inquino, as, significa manchar o afea r no inquietar; vlgame Dios! En el prrafo 7 de la parte 1 a de la Historia cronolgica, legal, poca 1, libro 1, captulo 1 (si el autor no hubiera dividido tanto, no hubiera sido tan larga la cita) hay un perodo, cuya alegora animada por la religiosa piedad de nuestro Autor da la ltima prueba de que no ha escrito la historia en estilo histrico; no lo omitir porque l solo vale ms que todos los copiados: refiere, pues, que Coln agreg por capitana a las dos carabelas: la Nia y la Pinta otro pequeo navichuelo (pequeo navichuelo es lo mismo que navichuelito: buena va!) llamndole Santa Mara, nombre dulcsimo que analogado en el pursimo bajel en que naveg el verbo Divino desde el cielo a la tierra para el establecimiento de la Ley evanglica, deba justificar capitanear su trnsito al Nuevo Mundo. Baste de estilo, que harto nos ha dada que hacer; examinemos los hechos. Dije ya que lo otro que debe considerarse en la historia para juzgar de su mrito es la calidad de los hechos que se refieren. stos deben ser contextados e interesantes: interesantes, para no hacer pesada y fastidiosa la lectura con la relacin de noticias vacas de curiosidad e instruccin; contextados, para no engaar al lecto r Hay ciertas menudencias que no deben omitirse en la historia ni mirarse como intiles, aunque pequeas; por ejemplo, que el perro que vio Coln en esta Isla no ladraba; porque sta es una noticia muy singula r y as hizo bien nuestro historiador en no haberla omitido; pero haber gastado casi una llana en pintar la fisonoma de Coln! fue un trabajo superfluo e intil. Qu utilidad saca el lector de saber que Coln era de nariz aguilea o roma, de ojos garzos, pardos o negros? Estas noticias nada interesan los hechos de la historia, ni la moralidad de las acciones. Cuando dije que los hechos de la historia deben ser contextados, no quise decir que slo han de referirse aqullos en los que convienen to-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 265 / 265 dos o la mayor porcin de los historiadores; entonces las historias quedaran reducidas a un contadsimo nmero de sucesos. Cuando el hecho es til e interesante debe exponerse, aunque no sea contextado, advirtiendo s, al lecto r la variedad con que lo refieren los autores y los motivos de asentir ms bien a ste que aqul. Ningn historiador podr desempear estos deberes si no entiende de crtica, voz que, segn lo que he ledo del Teatro crtico, es muy extraa y desconocida de nuestro carsimo Doctor; de aqu ha resultado que estableciendo todos los hechos con una misma confianza, satisfecho con haber citado al margen a Solrzano, a Rivadeneyra, a Herrera, etc., da lo dudoso como cierto, y no distingue lo cierto de lo dudoso, y a veces juzgo escribe falsedades. Dar algunas pruebas para que no se piense que escribo solo por crtica. En el prrafo 4 de la parte 1 a dice con gran confianza: Todos vienen en que teniendo Coln casa en la Madera, recibi y hosped en sta a Alfonso Snchez, quien le dej por su fallecimiento y en premio de sus servicios los diarios y cartas de esta navegacin (...) los que convencieron a Coln de la existencia de este nuevo mundo. Es falso que todos convengan en tal suceso; as lo ha hecho ver un crtico muy grave: se cree que Gmara ha sido el primero que dio a luz este cuento en el captulo XIII de su Historia General de Indias. 2 Todas las circunstancias que lo adornan carecen de las pruebas necesarias a h acerlo probable; no se tiene noticia cierta del nombre, ni del destino del bajel que condujo al tal Alfonso Snchez. Unos pretenden era perteneciente a un puerto de Andaluca, y que iba con destino a las Canarias o la Madera; otros dicen era vizcano y que haca ruta a Inglaterra; no falta quienes afirmen que era portugus, que traficaba en las costas de Guinea. Tampoco consta el ao en que hizo este viaje el citado piloto, ni Andrs Bernaldes, ni Pedro Martn, contemporneos de Coln, hablan de tal p iloto ni de sus descubrimientos. Herrera lo pasa en silencio y Oviedo lo refiere como un cuento bueno y a propsito para divertir al pueblo. 3 Concluiremos que cada autor ha querido despojar a Coln de la gloria de descubrido r para apropirsela a algn nacio2. Aventurse a navegar en mares y tierras que no saba, por dicho de un piloto, y si fue de su cabeza, como algunos quieren, merece mucha ms loa (Gomara: Historia general de las Indias, primera parte, p. 172 del primer tomo de los Historiadores primitivos de Indias, de la Biblioteca de Autores Espaoles de Rivadeneyra, Madrid, 1852 (Nota de la Revista de Cuba). 3. Movido, pues, Coln con este deseo, como hombre que alcanzaba el secreto de tal arte de navegar (cuanto a andar el camino), como docto varn en tal ciencia, o por estar certificado de la cosa por aviso del piloto que primero se dijo que le dio noticia desta oculta tierra, en Portugal, o en las islas que dije (si aquel lo fue as). Oviedo: Historia general y natural de las Indias, segunda parte, cap. 4, p. 118 del primer tomo de la edicin de la Academia de la Historia de Madrid, 1853 (Nota de la Revista de Cuba).

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OBRAS 266\ 266\ nal. 4 En el prrafo 3 dice nuestro historiador que a la primera tierra que descubri Coln llamada entre los indios Guanahan, puso por nombre San Salvado r y despus la llam Espaola. Este es mucho erro r porque nunca San Salvador se llam Espaola. Coln lleg a San Salvador el 12 de octubre de 1492, despus descubri a Santa Mara de la Concepcin, a Fernando e Isabel, a Cuba y al cinglar para Hait lleg el 6 de diciembre a un puerto que nombr San Nicols, a cuya Isla dio el nombre de La Espaola, hoy Santo Domingo. Y a se deja ver la poca exactitud de esta historia. Escribe en el captulo y prrafo 5 que Ojeda trajo en calidad de mercader a Amrico Vespucio; y que ste se atribuy artificiosamente la gloria de los descubrimientos que haba hecho Coln llamando a este nuevo mundo Amrica. Lo primero se ignora todava; despus de una larga inquisicin Pizarro en la obra Varones ilustres del Nuevo Mundo dice que Amrico V espucio vino de cargador; y en las noticias histricas que ha publicado el ao de 1774 una sociedad de Literatos se lee que Amrico V espucio parti de Cdiz el ao de 1497, con cuatro b ajeles que le dio el Rey D. Fernando. Lo segundo es constante, lo tercero es falso. V espucio nunca llam a este nuevo m undo Amrica, ni tuvo el arrojo de darse por el primer descubridor de este Continente; hizo una relacin de su viaje, artificiosa y elegante, adornada de juiciosas observaciones sobre las producciones naturales, las costumbres y habitadores de estos pases; y como esta era la primera descripcin del Nuevo Mundo que apareca en el principio, obra tan propia de satisfacer la pasin de los hombres por lo nuevo y maravilloso, se divulg con rapidez y reley con admiracin. Poco a poco fue introducindose el uso de llamar estas comarcas con el nombre del que se supona haberlas descubierto. Y as se extendi el nombre de Amrica por todas las naciones, perpetundose un error que usurpa la gloria al inmortal Coln. Parece que nuestro escritor ignoraba esta noticia cuando escribi este pasaje. Quisiera hacer algunas reconvenciones al Autor sobre los nombres de Alpha y Omega que dice dio Coln a la que hoy se nomina Punta de Mais, pero baste decir que l mismo resiste el asenso a este pasaje y no 4. Segn el Catlicon de Marina de Roding, impreso en La Habana el ao de 1753, pgina 131, el clebre andaluz Alfonso Snchez de Hueva public en 1484 un compendio del Arte de navegar, el cual suministr luces preciosas al inmortal Coln para sus descubrimientos. Esta obra espaola es muy anterior a cuantas han publicado sobre esta materia ingleses, holandeses y dems naciones de Europa. Vanse las Glorias de la Marina espaola traducidas al francs el ao de 1803, pgina 173. (Esta nota parece haberse agregado aos despus de la publicacin del presente trabajo, pues se encuentra anexa a l en hoja suelta y con diversa letra y tinta).

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JOS AGUSTN CABALLERO / 267 / 267 le encuentra alusin por ms que haya ido hasta Patmos a traer el Ego sum alpha et omega del Apocalipsis. Concluir con otros dos reparos que he notado en el Compendio de memorias para la historia de la Isla Fernandina, obra que ha comenzado a publicar nuestro historiador sin haber rematado la primera. Entra diciendo que olvidado de los habitantes de las tres partes del Viejo Mundo esta cuarta, la Amrica, intent descubrirla Coln. Y erro garrafal! Cmo dice que el Antiguo Mundo haba olvidado al Nuevo, cuando l mismo escribi en el prrafo 2 de su Teatro histrico, que el conocimiento de la existencia de estos pases fue un arcano cerrado al Viejo Mundo? Pues qu, lo que se ignora, lo que no se conoce, se olvida? El prrafo debi haber comenzado as: Ignorado de los habitadores, etc. Al fin del prrafo 14 teje la serie de los seores Obispos de esta Isla, comenzando por D. Francisco Bernardo de Meza, lo que me confirma en la sospecha de que el Autor no ha ledo la historia del S r Regidor Arrate, pues este sujeto convence, mediante una clara discusin, que el primer Obispo fue D. F Juan de Umite. Si nuestro escritor ha procedido previo el conocimiento y balanceo de las razones del citado Arrate, comunquenos lo que sabe de ms y se lo agradeceremos. No se me esconde que muchos sufragan por el Teatro histrico decantado, refundiendo toda su utilidad en la coleccin que hace de Reales Cdulas; no niego esta utilidad, y por lo tanto digo que el autor hubiera desempeado mejor sus buenos deseos de servir a la Patria, si hubiera trabajado solamente una compilacin de todas las Reales Cdulas comprehensivas de esta Isla, obra que no hubiera salido tan defectuosa y que hubiera proporcionado a su Autor un asiento despus de Portugus y Coln; pero decir y sostener que est buena la Historia porque trae todas las soberanas instituciones, o es proposicin digna de castigarse, o es confesar que la historia no sirve al mismo tiempo que se llama buena. Sin embargo, S r Edito r yo insto a Vd. por la impresin de los siguientes pliegos; no dejar de ir enflaqueciendo mi bolsa real a real. Cmo es eso me dir Vd. despus de haberla censurado tan de cabo a rabo? Por lo mismo que no est buena, y vaya un ejemplo: cuentan que Carlos V, cuando quera le leyesen algo de las obras de Fleidas o de Paulo Jove deca: venga ac mi mentiroso; esto aluda a que el primero le haba elogiado con demasa y el segundo le haba imputado muchos defectos, de suerte que ambos mentan. Aplique Vd. el cuento, dispense los deslices de mi pluma, sepa B. S. M. y que soy Un Fulano de Tal

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ELOGIOS Y EPIGRAMA ELOGIOS Y EPIGRAMA I Sermn fnebre en elogio del excelentsimo seor don Cristbal Coln 1 Muy ilustre Ayuntamiento de esta ciudad de la Habana. Muy ilustre seor: Si yo hice el sacrificio de mi salud y de algunas de mis ocupaciones cuando me encargu de formar el elogio fnebre del siempre famoso Almirante Dn. Cristbal Coln, ahora que V S. M. I. se ha servido pedirme el cuaderno para darlo a la pblica luz, sacrifico toda la fuerza de mi genio y quiz la tranquilidad de mi espritu. Aquel primer sacrificio fue un homenaje que rend gustoso y justamente a mi amigo el S r D. D. Diego Jos Prez Rodrguez, cannigo de merced de esta Catedral; este segundo es una poltica deferencia a los deseos e insinuaciones de V S. M. I. para m muy respetables. De uno y otro podra yo deducir derechos incontestables a reclamar un doble patrocinio. Pero ya que V S. M. I. aade a las finezas con que se me honra en su oficio del 29 de enero prximo, la de querer se imprima mi sermn, sin duda para que no ignore el mundo ni la menor de las demostraciones que ha hecho la Habana en honor y obsequio del Descubridor de las Amricas, V S. M. I. debe quedar constituida a franquearme su proteccin; condescendencia, que siendo en V S. M. I. una mera franquicia de 1. Primer Almirante, Virrey y Gobernador General de las Indias Occidentales, su descubridor y conquistador, pronunciado con motivo de haberse trasladado sus cenizas de la Iglesia Metropolitana de Santo Domingo a la Catedral de la Habana, por el doctor don Jos Agustn Caballero, maestro de Filosofa en el Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, de la misma ciudad, el 19 de enero del ao 1796. La Habana, Imprenta de Don Esteban Joseph Boloa, 1796. Fue reproducido en Memorias de la Sociedad Patritica, t. VII, pp. 455-469; en Antonio Jos V alds: Historia de la isla de Cuba y en especial de la Habana, La Habana, Oficina de la Cena, 1813 y en Evolucin de la cultura cubana, La Habana, 1928, Vol. VII, t. I, p. 5 y ss. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 71-96.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 269 / 269 su generosidad, ser en m una honra y un provecho. Una honra. Quin no se realzar con la estampa del esclarecido nombre de V S. M.I.? Un provecho. Y o espero confiadamente que los Aristarcos que mordieron mi sermn y los Zoilos que lastimaron entonces y despus mi reputacin, embotarn sus dientes a vista del digno Mecenas que abriga mi produccin. Tenga yo la gloria de ser autor de la primera obra que sale impresa bajo los poderosos auspicios de V S. M. I., y tenga V S. M. I. la bondad de aceptarla y protegerla tambin, si alguna luz maligna la ofendiere de nuevo. V S. M. I. sabr sincerarme y excusar mis yerros, mientras yo no s ms que complacer a V M. S. I. entregndole el cuaderno que me pide. Ms trmula mi mano en este acto que la de Tefilo cuando puso sobre las aras del Capitolio las obras de Marco Tulio. M. I. S. Queda de V S. M. I. su ms atento servidor y capelln, D r. Jos Agustn Caballero. Putasme vivent ossa ista? Ezeq. Cap. 37, v 3. Qu os parece, vivirn o no estos huesos? Qu diversa es, esclarecido Cristbal Coln, grande Almirante de las Indias, qu diversa es la entrada que acabas de hacer por las calles y plazas de la Habana, de la que hiciste en la Isla deliciosa de Guanahan, por los aos de 1492! Qu distintos los motivos de la una y la otra! Qu desemejantes son sus objetos! All, entonando festivo hacimiento de gracias, rodeado de un aparato de triunfo, msica militar y banderas desplegadas, fuiste el primero en pisar las mrgenes incultas de aquel nuevo territorio; ac, en medio de una pompa fnebre, enrollados los pabellones nacionales, sorda la msica, destempladas las cajas y apagado el resplandor de su alta dignidad, eres conducido en ajenos brazos hasta el interior del Santuario. All se incit el deseo de ver realizadas tus conjeturas y comprobadas tus profundas meditaciones sobre la existencia de un Nuevo Mundo; ac te trae el derecho que exclusivamente asiste a los americanos, de conservar tus cenizas y escaparlas del insulto que podra inferirles algn envidioso. All, en fin, fuiste a engrandecer los timbres del Evangelio y dilatar el imperio de los Reyes Catlicos; ac, vienes a recibir decorosamente los sufragios que merece tu digna alma. Santo Dios! Dios inmortal! Bendito seas, porque mediante una cadena de sucesos inesperados, te vales hoy de los huesos del clebre Coln para presentarnos un contraste asombroso de gloria y humillacin, de flaqueza y poder! Pero qu?, n o es verdad, seores, que el hombre, aun el ms noble y el ms distinguido, puede reducirse a polvo? N o es verdad que este mismo polvo puede elevarse a la cumbre excelsa de los honores? Subamos, si

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OBRAS 270\ 270\ queremos desengaarnos, al origen de la verdadera grandeza; veremos confirmadas estas aparentes contradicciones y justificada la ceremonia que estamos practicando sobre los huesos siempre vivos del famoso Coln. El cuerpo humano, esta obra admirable del Omnipotente, ni es tan precioso como se lo figura el sectario de Epicuro, que lo idolatra, ni tan despreciable como se lo cree el impo que lo desatiende; ni merece el aroma que se le quema a su hermosura, ni los ultrajes de que suelen cubrirse sus reliquias; l es un objeto til o funesto, odioso o respetable, segn el uso a que se aplica; la virtud le atrae honores, el pecado lo llena de horror; el cumplimiento de las obligaciones escriba San Gregorio Nacianceno lo exalta y lo ennoblece; el vicio lo denigra y lo difama. Paraso, infierno, las almas solas no son las que gustan vuestras delicias o vuestros tormentos; bien podra suceder que os habitasen los espritus, como acaeci cuando la obediencia o desobediencia separ a los ngeles malos de los buenos; mas Dios ha querido que los cuerpos, a quien se unen las almas, aumenten nuestra luz o nuestra tiniebla. Cuando l venga sobre las nubes, a pesar en su fiel balanza las operaciones de los vivos y de los muertos, su trompeta reanimar las yertas cenizas de los sepulcros, para que las criaturas congregadas al pie de su tribunal oigan y vean ejecutar sobre sus propios cuerpos la sentencia que pronunciar. Lejos, lejos de aqu el que sospechare que yo trato de prevenir el juicio que formar Dios y el destino que dar al cuerpo de Coln el da de la retribucin general. Mil anatemas estampadas en el Nuevo y Viejo Testamento caeran sobre m, si yo delinquiese en este punto. Mi nimo ha sido justifica r segn las doctrinas de la religin que profesamos, los honores que rendimos a los huesos de Coln, omitiendo, como superfluos, muchos ejemplos que nos suministran los egipcios en el vestbulo de sus sepulcros, los atenienses en el cadver del vencedor de Samos, Pericles, y los mismos hebreos, en el funeral de Josafat; Osas y el general Abne r Y si esta justificacin se deriva de la dignidad de los objetos a que se aplicaron los difuntos cuando vivos, ningunos honores ni ms justos ni ms merecidos que los que estamos haciendo a las cenizas del descubridor de la Amrica. V osotros me preguntaris: y cules fueron esos objetos, esas ocupaciones? Y o respondo: Dios y el Estado, una multitud de virtudes morales y cristianas. V ed aqu el plan del elogio que se me ha encargado forme a la memoria de Coln. Si mi fantasa y mi pobre elocuencia igualasen el estupor que me causan las acciones de este hroe tan singula r mi discurso correspondera a vuestra expectacin, a mis deseos y a su gloria. Sin embargo, por grande que l haya sido en la opinin de los hombres, no recibir de m el homenaje servil de una adulacin engaosa. La verdad simple,

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JOS AGUSTN CABALLERO / 271 / 271 pura, ingenua, es el lenguaje que debe escucharse en la ctedra del Espritu Santo. As, pues, con todo el respeto debido a este luga r y con arreglo a los mandatos de la Silla Apostlica, en especial la de Urbano VIII, 2 comenzar diciendo que ms de cuatro ciudades 3 se disputan todava la cuna de Coln, como disputaron la de Homero los colofonios y chos, los salaminos y esmunios; prueba incontestable del aprecio con que todos miran el verdadero mrito. Desde muy temprano le encierran sus padres en la Universidad de Pava, mientras logra poseer completamente la lengua latina, la cosmografa, la astronoma, el diseo. Su genio le inclina despus a la navegacin, hasta el extremo de considerar como esfera muy reducida el Mediterrneo todo; l quiere visitar los mares del norte y las orillas de Islandia. Su curiosidad lo arroja all al crculo pola r y se asocia a un perito capitn que haca entonces el corso a los venecianos y turcos, rivales de los genoveses; si le vierais con qu presencia de espritu se sostiene entre las llamas que incendian su buque, con intrepidez salta al agua y nada dos leguas, dirais que el Altsimo lo protega y reservaba para algunas grandes proezas, as como preserv en otro tiempo de las corrientes del impetuoso Nilo al que destinaba para jefe de su pueblo. El ansia por descubrir nuevos pases lo describe al servicio de Portugal, fija su residencia en Lisboa, y all contrae matrimonio con Felipa Muiz Perestrello. Las delicias del nuevo estado ni relajan la integridad de sus costumbres ni enervan la actividad de su espritu. Dijo muy bien San Juan Crisstomo: el matrimonio no se opone a las costumbres; y para Coln, fue un motivo de nuevas ocupaciones. Su suegro gozaba entonces la reputacin del mejor nutico entre los portugueses. Los diarios y observaciones de este capitn inflaman y lisonjean su pasin, y lo llevan a la Madera, donde establece comercio por mucho tiempo con las Canarias, las Azores y las posesiones portuguesas en Guinea y en el continente de frica. Insensiblemente hemos arribado ya a la famossima poca de la vida de Coln, aquella, digo, en que los ms expertos nuticos atormentaban sus ingenios por descubrir un trnsito a las Indias Orientales; ste fue el importante asunto que ocup entonces los entendimientos humanos; pareci sera costoso costear toda la punta del frica, derrotero desconocido, muy dilatado, dificultoso e incierto. El sabio Coln tent si era posible hallar otro ms corto y ms derecho. Reflexionando profundamente sobre la materia, no me atrevo a proseguir; este paso de mi discurso exige una lengua menos balbuciente que la ma, unos retorismos ms hermosos y una energa de que carecen mis tibios la2. Decreto de 5 de junio de 1631. (Nota del autor.) 3. Gnova, Plasencia, Savona, Nervi, Cugurco. (Nota del autor.)

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OBRAS 272\ 272\ bi os. Cmo podr yo pintar la situacin del cerebro de Coln en este momento, disipando preocupaciones, revolviendo unas ideas y creando otras, las ms tiles que ha formado la mente del hombre! Cmo podr representar vivamente a un sabio que barrunta y conjetura, a un cosmgrafo que mide, a un astrnomo que calcula, a Coln, en fin, que navega idealmente hacia el mar Atlntico! Sumergido en la ms alta meditacin, trae a riguroso examen los principios de la Fsica reinante y la doctrina de la Teologa; cmo podrn caminar con las cabezas abajo hombres colocados en un hemisferio opuesto al nuestro! Cmo es posible que unos hombres separados de nosotros por los abismos del ocano tengan nuestro mismo origen, desciendan de Adn y participen del beneficio de la Redencin? Podr habitar la especie humana bajo la zona trrida, donde es tan violenta la accin directa de los rayos solares? Por otra parte, la figura esfrica de la tierra me hace concluir que los continentes de Europa, Asia y frica slo componen una pequesima porcin del globo terrestre. La sabidura y beneficencia del Autor de la Naturaleza me prohiben pensar que el vasto espacio no conocido sea cubierto enteramente de un estril ocano; no hay dificultad en inferir que el continente del mundo conocido, puesto sobre las costas del globo, es contrapesado por una cantidad igual casi de tierra en el hemisferio opuesto. Qu otra cosa comprueban esos fragmentos de madera labrada, procedente del oeste, que se han visto flotar sobre las aguas? Qu otra cosa denotan esos rboles desarraigados, esos hombres de extraa fisonoma vomitados por el mar sobre las costas de las Azores? As filosofaba, seores, nuestro profundo nutico, a veces convencido, a veces indeciso, cuando se acuerda de los consejos del Libro de los proverbios: no fes de tu prudencia; no seas sabio en tu estimacin; pregunta, busca la consulta de otros. Rendido a estos dictmenes ocurre a su cuado, Pedro Correa, testigo ocular de los hechos referidos en los papeles pblicos, y a Pablo Toscanelli, mdico florentino, muy clebre por sus conocimientos en la cosmografa. Si el tiempo me lo permitiera me detendra de buen grado en recomendar las excelentes virtudes escondidas en este pasaje de la vida de Coln, su modestia, su humildad, la desconfianza de s propio, la confianza en Dios, la deferencia a sus semejantes; os hara ver que estas virtudes slo nacen y florecen en los terrenos baados y fertilizados con el roco del Evangelio; y que cuando la ciencia no se apoya en el temor santo de Dios, hincha el corazn, no ilustra al alma, antes bien la oscurece y ridiculiza al hombre, como le sucedi a cierto presumido filsofo, que desnudas sus carnes, se jactaba de un descubrimiento, gritando por las calles pblicas: Inveni! inveni!; pero ms adelante no faltar coyuntura oportuna para exagerar la religiosidad de Coln. Correa y Toscanelli aprueban el novsimo proyecto, y el autor resuelve pasar de la teora a la prctica. Concibe que sta ha de ser muy

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JOS AGUSTN CABALLERO / 273 / 273 costosa; conoce la escasez de sus facultades y que es indispensable la proteccin de algn potentado de la Europa. Por una especie de patriotismo se dirige a Gnova: la repblica le trata de visionario. Convierte despus sus recursos a los tronos de Juan II de Portugal, Enrique VIII de Inglaterra y Luis XI de Francia: todos califican sus propuestas por sueos de una imaginacin enferma y acalorada. No obstante, inflamado siempre de aquel marcial entusiasmo que sugiere grandes empresas, y sostenido siempre de su cristiana sabidura, devora interiormente los insultos y los apodos, y comienza a negociar con Espaa. La dura guerra que mantena entonces nuestra nacin contra el reino de Granada, el carcter de Fernando el Catlico, que no entraba ligeramente en negocios graves, sino con mucha premeditacin; los gritos que dieron algunos presuntuosos y pusilnimes, le ahuyentaron del territorio de Espaa. Y a haba entrado en la Puente de Pinos, cuando los Reyes Catlicos, mejor informados por los buenos oficios que practicaron cuatro espaoles de no vulgar instruccin 4 hacen que Coln retroceda a la Corte. Es imponderable, seores, la rapidez con que Isabel arregla y formaliza el plan del viaje. Sus arbitrios y subsidios de siete mil florines que presta el escribano S. ngel, aprontan tres carabelas en el puerto de Palos, y Coln queda despachado para parti r Mas l no quiere todava hacerse a la vela: en su juicio carece de los primeros preparativos. l sabe muy bien que si Dios no edifica, trabajan en vano los arquitectos, y que el hombre que nada puede sin el auxilio divino, lo puede todo confortado de la gracia. Pode r proteccin, riqueza, armas, qu sois todos vosotros en la presencia del Seor del Universo? Su vista es capaz de estremecer el globo; el contacto de su dedo hace humear los montes ms slidos, y entonces vosotros desaparecis como sutiles pajas atropelladas del viento. Lleno el pecho de Coln de estos religiosos sentimientos, invoca por un acto pblico de devocin, el patrocinio del cielo. En consorcio de los otros viajeros entra procesionalmente en el Monasterio de la Rbida: todos confesados y absueltos, reciben del prior Prez aquel pan sagrado, con que se alientan los hroes cristianos. Coln, seores, ha venido aqu a solicitar la fortaleza y el asiento, no como los hroes del paganismo, despedazando el vientre de los animales para registrarles las entraas y leer en ellas la suerte que les esperaba, sino recibiendo el cuerpo de Jesucristo, como lo usaron Stiro, Alfonso VIII y Graciano. Cuando yo me figuro la escuadra de Coln singlando el mar hacia el o este en pos del Nuevo Mundo, me parece veo salir de los campamentos de Israel aquella porcin de varones escogidos de cada una de las tribus, 4. Luis de S. ngel, Alonso de Quintanilla, don Pedro Gonzlez de Mendoza y Fray Juan Prez, confesor de la Reina. (Nota del autor.)

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OBRAS 274\ 274\ para descubrir y explorar la nueva comarca de Canan. Es muy parecido el viaje de los unos y de los otros; aqullos, murmurando toda la jornada contra Moiss y Aarn, y deseando ms bien haber permanecido en el Egipto; stos, rebelados contra Coln, casi decididos por el regreso a Europa; los primeros, intimidados de los rumores que corran sobre el carcter y corpulencia de los habitantes de la tierra que iban a descubrir; los segundos, resfriados de haber emprendido el descubrimiento de unos pases ignorados de los mismos nuticos. En un solo particular difieren estas dos expediciones, a saber: en que Dios castig a los detractores de Moiss, y ahora no quiere escarmentar a los que vejan, amenazan de muerte a Coln y le juran abandonarlo si al tercer da no avistan tierra. Qu estrecho, qu terrible estrecho para Coln! l apura cuantos medios le inspira la humanidad y alega cuantas razones le dicta su pericia naval; ya les pone delante las glorias del Todopoderoso, ya el suelo que iba a tomar el nombre espaol sobre todas las naciones del orbe: nada logra. Ciertamente que ningn hombre hasta entonces se haba visto en empeo tan apretado, tan sin recursos. Bien s el estrecho en que se vio Julio Csar con todas sus huestes a las orillas del Rubicn, pero tambin se hall el feliz recurso de vadear a nado las aguas. Tampoco ignoro el conflicto de Atenas, cuando Daro acamp repentinamente doscientos mil infantes y diez mil caballos a mil pasos de los muros poco ms; pero se sabe que la intrepidez del joven Milcades eludi un lance que pareca inevitablemente funesto. La historia sagrada nos refiere la triste situacin en que puso Licias a Judas Macabeo, hasta hacerlo llorar delante del Seor; pero seguidamente nos dice que aparecindose un ngel de improviso, arroll el ejrcito y los infantes de Licias. Mas el estado actual de las cosas, y las anteriores ocurrencias, no permiten a Coln tomar algn partido. Se arrojara al agua como el Csar? Ese sera un suicidio prohibido por las leyes todas. Acampara de repente, como Milcades? No haba tropas. Invocara algn ngel como el Macabeo? Estos espritus aguardan la voz del Altsimo. No le resta otro arbitrio que silencia r, sufrir con paciencia, y exclamar al cielo con el profeta David: mi suerte, Seo r sea la que fuere, est en tus manos. En efecto, Dios, que jams abandona las rectas intenciones, les presenta a los treinta y tres das de navegacin la isla de Guanahan; al punto, Coln, siguiendo el ejemplo de Judas, bendice la misericordia del Seor; los ecos agradables del himno Te Deum resuenan por la carabela Santa Mara, y en este venturoso momento se acallan las hablillas de la tripulacin, se serenan los nimos, queda confundida la errada fsica de los antiguos, superados los deseos de Alejandro y premiada la virtud de Coln. Ah! Ah! Y o no s habla r Dios mo; yo soy muchacho; es menester que t me ensees, a la manera que enseaste en la antigua ley al tartamudo Moiss; comuncale a mi expresin el vigor que necesita para que

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JOS AGUSTN CABALLERO / 275 / 275 este rasgo que voy a produci r de los merecimientos de Coln, no pierda de su valor al salir por mi boca. Qu gustoso espectculo para Coln estar pisando unas arenas hasta entonces desconocidas! V erse en la playa de la nueva isla, y que uno vierte un torrente de lgrimas sobre su cuello, de regocijo, otro le estrecha afectuosamente entre sus brazos, aqul le imprime a los pies un sculo de reconocimiento, ste le besa las manos, y todos de rodillas le piden perdn de su incredulidad, de su ignorancia y de su indolencia. Coln mira estas honras como dones gratuitos de Dios; su corazn no se engre en la prosperidad, y muy distante de aquella feroz arrogancia que inspira en las almas bajas el feliz suceso, congrega a su gente, y delante de un crucifijo rinde la ms religiosa accin de gracias, e invoca nuevos auxilios para las empresas futuras. Al otro da bojea toda la isla, descubre a Santa Mara de la Concepcin, a la Fernandina, a la Isabela y a Juana, que es sta en que nos hallamos al presente, conocida con el nombre de Cuba. En la primera singlatura que hace de aqu hacia el este, avista la Tortuga, y no pudiendo acercarse por los vientos contrarios, se mantiene dando vueltas a la Isabela. Despus de corridas ciento siete leguas al levante, por la costa de Cuba, dirige el rumbo a la punta oriental de all, fondea en el puerto de San Nicols, pasa por delante, vuelve al norte, y entra en la Concepcin y en La Espaola, antes Tortuga. Y o querra viviesen hoy los naturales de Hait para que ellos fuesen mismos los pregoneros de la humanidad y amor con que los trataba Coln. Tambin querra viviese el cacique Guacanahar, para que l recomendase las virtudes que admir en Coln, cuando desde la isla de Santo Toms le hizo venir al cabo Francs, por medio de polticos cumplimientos. Si seores, Guacanahar no podra callar la prudencia con que el Almirante manej las estipulaciones que celebraron entre s, la diligencia con que levant el fuerte Navidad y el acierto en nombrar a Diego de Arana por su comandante, con 38 hombres de guarnicin. El cacique lo llora cuando se despide; pero a Coln le precisa retirarse, sus miras son otras, las comarcas que va descubriendo son para sus reyes, es menester les d cuenta como buen vasallo; y tomando el rumbo del e ste descubre todos esos puertos del Septentrin. Y a estn de vuelta en el desierto de Faran los exploradores de Egipto: traen consigo higos hermosos, gruesos racimos de uvas y granadas; aseguran que el pas descubierto es amensimo, y que por su pavimento fluyen raudales de leche y de miel. He aqu un retrato del descubridor Coln, que presenta a los Reyes Catlicos y les habla sobre las maravillosas producciones de la Amrica: hombres de extraordinaria corpulencia, metales exquisitos, piedras preciosas, frutos nunca vistos, ros de plata, costas de oro. F ernando e Isabel, an no satisfechos con el magnfico aparato que dispusieron para su entrada, agregan nuevas

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OBRAS 276\ 276\ marcas de distincin, y le confirman los privilegios estipulados en el Tratado de Santa Fe. 5 Estas muestras de buen suceso del viaje de Coln despiertan a los espaoles; la curiosidad los avispa, y el 25 de septiembre vuelve a salir Coln con una escolta ms numerosa que la primera. Ahora sigue una multitud increble de descubrimientos, y para no cansar vuestra atencin imitar a los cosmgrafos, que en sus mapas representan una gran ciudad en un pequeo punto; as lo hizo un obispo, prncipe de Ginebra, elogiando las proezas del gran Felipe Manuel de Lorena. 6 Quiero deci r seores, no har ms que nombraros la isla deseada, la Dominica, Marigalante, la Guadalupe, Antigua, San Juan de Puerto Rico, y qu se yo qu otras muchas hacia el norte. Coln visita a Diego de Arana y halla atrasada la poblacin, por desavenencias entre indios y espaoles; trabaja de nuevo para pacificarlos; su prudencia resiste las malignas persuasiones de los que quieren se apodere de la persona del cacique; traslada la colonia a Santa Isabel y consume el tiempo restante en precaver con ciertos reglamentos nuevos disturbios. Los seis meses siguientes fueron una serie de peligros y naufragios, sin adelantar otro hallazgo que la isla de Jamaica y los Jardines de la Reina. Castigado as de la fortuna, se vuelve a la Isabela. El encuentro inesperado con su hermano Bartolom alivia sus pesares, y las adoraciones que recibe de todos los colonos le llenan de gloria y satisfaccin: se le mira como un numen bajado de los cielos. Pero qu es lo que escucho? Si me engaar mi imaginacin? Rato ha me parece estoy escuchando los susurros de la envidia. As ser, porque no puede hablarse de los hroes sin or pronunciar este nombre. Qu enfermedad tan vil y cruel, desgraciadamente conocida en todos tiempos, en todos lugares! Los siglos, escriba el mejor orador de Francia, las artes, las leyes, los usos, todo, todo, se muda, menos la envidia: enemiga eterna e 5. Fernando e Isabel, como soberanos del o cano, hacan a Coln G ran Almirante de todos los mares, islas y continentes que descubriese, dignidad que pasara a sus herederos con las mismas prerrogativas que el Gran Almirante de Castilla. Coln queda nombrado Virrey de todas las islas y continentes que descubriese, y si para el despacho de los negocios fuese necesario establecer algunos otros gobernantes, Coln estaba autorizado a nombrar tres sujetos: el uno escogido por Fernando e Isabel. Este oficio de Virrey sera tambin hereditario en la familia de Coln. Fernando e Isabel concedan a Coln para siempre el diezmo de las utilidades del comercio y dems producciones de los pases que descubriese. En caso de querellas o pleitos suscitados sobre materias mercantiles en el territorio recientemente descubierto, Coln las terminara por s o por fuerzas nombradas a su arbitrio. Se le permita a Coln adelantar algo para los gastos de la expedicin, y fondos del comercio que iba a establecerse, por lo que tirara una octava parte de todos los emolumentos. (Nota del auto r .) 6. San Francisco de Sales. (Nota del autor.)

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JOS AGUSTN CABALLERO / 277 / 277 irreconciliable de todo lo que es grande, combate el talento o la virtud apenas se presenta. Ella fue la que mat a Alcibades, desterr a Temstocles, tizn la reputacin de Dtames, y viene ahora a oscurecer los mritos de Coln. Aguado, Aguado, es el fatal instrumento de que se vale; mas el Almirante, siguiendo el consejo del Evangelio si os persiguieren en una ciudad pasaos a otra, remite la administracin en las manos de su hermano y se restituye a Europa. La tranquila y modesta confianza con que aparece previene en favor de su virtud y su inocencia, y hacen ver que segn ensea el libro de la sabidura, Dios proporciona en los justos estos recios combates, para que se conozca es ms fuerte la virtud. Baste decir que Coln se presenta otra vez en la Isabela, triunfante de la envidia, ms grande a mi ve r ms respetable que lo que pareci despus con los laureles ganados en el descubrimiento de la isla de Trinidad, de Cubagua y de Margarita. Sin embargo, aquella fiera venenosa, como la llam Crisstomo, vuelve a vomitar su veneno: un nuevo torbellino se forma otra vez sobre la cabeza de Coln. Algunos portugueses y espaoles, que se han aparecido en Amrica, a idea de descubrir tambin nuevos pases espesan el nublado; tales fueron Gama, Ojeda y Amrico Vespucio. Suspendamos por un rato el elogio de Coln, empleemos alguna parte del tiempo en lamentar la injusticia ms atroz que han cometido los hombres con otro hombre. Levntate t, grande Almirante; levntate de ese sueo augusto de la muerte; sal de esa noche eterna, y ven a reclamar tus derechos violados, tus mritos desatendidos y tus trabajos premiados en ajena cabeza; sal de ese majestuoso panten y reclama la injusticia con que estos continentes descubiertos a fuer de tus meditaciones, de tus desvelos y de tus afanes, llevan hoy el nombre de un viajero intruso y envidioso que los visit siete aos despus que t. Injusta, desagradecida antigedad! Por qu no llamaste a estas islas colombianas, si Coln fue quien las descubri? Por qu con una sola palabra has ajado el primer laurel de su corona, le has usurpado toda su gloria? Me permites decir lo que quiero? Quisiera que las naciones todas, congregadas en pleno consejo, tratasen de restituir a Coln este derecho imprescindible a la verdad; por ms que los hombres pronuncien siempre a Amrica, yo quisiera que reproduciendo la sentencia definitiva pronunciada por el Supremo Consejo de Indias el ao de 1508... Pero, a qu me detengo en intiles exclamaciones y vanos esfuerzos, si el mismo nombre de Amrica recordar siempre la injusticia de su aplicacin y los merecimientos del Almirante, como los ha recordado a mi memoria slo el haber proferido Amrico Vespucio? Iba diciendo que un nuevo torbellino se haba levantado sobre la cabeza de Coln. Bobadilla es ahora el pesquisido r el encargado del proceso; y desempea su comisin con tal abuso, que lo declara reo y lo

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OBRAS 278\ 278\ manda cargar de cadenas para enviarlo a Espaa. Lo creeras, seores? Nadie, nadie de los que estn en derredor del Almirante se atreve a ponerle los grillos; todos, segn la frase del Crisstomo, hasta los enemigos, admiran la virtud; la ejecucin de la sentencia se dilata, porque no hay uno que no compadezca, que no respete a Coln; por ltimo, es menester que venga un monstruo de la especie humana, no queris conocerlo, a dar cumplimiento al brbaro decreto fallado por Bobadilla. Coln encadenado entra en el buque. Su capitn, Alonso V allejo, apenas pierde de vista la tierra de Santo Domingo, le ofrece quitar los grillos si se lo permite. No bien haba acabado de habla r cuando le contesta Coln: No, mi amigo, yo los cargo por orden de mis Reyes; debo obedecer este mandato como he obedecido los otros; ellos han querido despojarme de mi libertad, ellos mismos me la restablecern. Virtudes sagradas, virtudes evanglicas, hijas de la religin de Jesucristo, vosotras solas comunicis al corazn de las criaturas unos afectos como los que resplandecen en las palabras que ha eructado el virtuoso Almirante. Si en nuestros tiempos, seores, hubiera habido muchos hombres maestros y profesores de la moral de Coln, no hubiramos tenido que lamentar todos esos desastres, esas extravagancias que han asombrado la faz del globo y deslucido para siempre el siglo en que vivimos. Confesemos que hay mucho de excelente y cristiano en la respuesta del Almirante, y que ste es uno de aquellos rasgos que, partiendo del corazn, caracteriza a un hombre al natural; no merece se le sepulte en el silencio y en el olvido; yo lo estimo digno de grabarse con letras de oro, y ms digno de la inmortalidad, que todas las otras hazaas de que abunda su vida. V osotros sabis muy bien las sentencias de ambos Testamentos, que recomiendan la sumisin a los reyes, la obediencia a sus soberanos decretos, la necesidad de someterse a un hombre que sea el ms sublime de todos, y otras doctrinas contenidas en el libro del Eclesiasts, en los salmos de David y en las cartas de San Pablo a los romanos y a Tito. Muy pronto premi el cielo la generosa resistencia del prisionero. Apenas arriba a Espaa, cuando los reyes rompen sus cadenas, le surten de mil ducados y vuelven a enviarle a la Amrica para satisfacerle y desagraviarle. Oportunamente me ocurre lo que escribi el Crisstomo exponiendo la conducta de Nabucodonosor con Daniel y los tres nios, a saber: que la virtud es tan respetable, que el mismo rey se avergonz de adorar a los cautivos. Un azar hace que Coln ancle en La Espaola. Su gobernado r, Ovando, le niega la hospitalidad: no importa, l tiene bastante con aquel Dios de quien cont David jams haba desamparado al justo. Inmediatamente se hace a la vela, descubre la Guayana, el Darin, toda la costa del continente, desde el cabo de Gracia hasta Puerto Bello, y funda una pequea colonia en la provincia de V eragua, a las rdenes de su

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JOS AGUSTN CABALLERO / 279 / 279 hermano. El ms furioso temporal descalabra su escuadra, lo arroja a Jamaica y lo pone en la triste necesidad de encallar a propsito por no verse nufrago. Podra decirse que aqu se agrav la mano del Todopoderoso, y como que se agotaron sobre Coln aquellas que llam el Real Profeta inmisiones de los ngeles malos. Distante de La Espaola, sin buques en que salir a procurarse socorros, escasos los vveres, si por fortuna los naturales le franquean sus pequeas canoas, y Mens y Fieschi salen en pos del remedio, el corazn de Ovando est cerrado a los se ntimientos de la humanidad; ocho meses detiene a los emisarios sin despacharlos. Entre tanto, Coln, el anciano y virtuoso Coln, abandonado de algunos de los suyos, insultado como autor de aquellos trabajos y hecho ya husped pesado para los indios, mendiga el sustento intimidndolos artificiosamente con el pronstico de un eclipse. Un bajel aparece en esta coyuntura: es un espa del gobernador Ovando; lo monta Escoba r enemigo inveterado de Coln. Despus de fingidos cumplimientos epistolares, se retira a sangre fra, sin remediar la extrema necesidad. Para apurar ms, mejor dicho, para probar Dios ms y ms la constancia del Almirante, esa virtud, que, como habis visto, ha sido la arquitectnica de todas sus operaciones, le aflige con la gota, hasta el extremo de no poder ir a sofocar una sedicin entre indios y espaoles. Al cabo se ablandaron los cielos: llovi la misericordia sobre el inocente, aparecindose el socorro de La Espaola. All se transporta Coln, luego, a ejercitar su paciencia con la hipocresa poltica de Ovando, y all, creo yo que al llegar le jura Dios la misma verdad que jur en otro tiempo a David, prometindole que ira all a descansar de sus enemigos, porque l no trata de otra cosa que de regresar a Espaa de una vez. Cuando arrib, acababa de fallecer doa Isabel. Sinti su muerte, mas no extra su proteccin. Fernando le ofrece dar no slo los privilegios que le pertenecan, sino otras muchas mercedes de la Real Hacienda; e insina, sin embargo, que no quiere resolver sin el conocimiento de su hija Juana, a quien esperaba con su esposo Felipe II. Mientras Fernando esperaba el Laredo, Coln reside en V alladolid. Qu corta, qu breve fue su residencia! Ay! ya me acerco, seores, al momento fatal que va a suspender para todos los hombres, y principalmente para aquellos a quienes ciertos lazos honrosos y brillantes, como que los mantienen ms atados a la tierra; buen testigo de lo que hablo fue el temblor y consternacin con que un rey de Amaleo exclamaba al morir: con que la muerte me arranca as del mundo por una cruel separacin! Cansado ya el cuerpo del Almirante de haber corrido y recorrido los dos mundos; no pudiendo ya su cabeza sostener ms tiempo el peso de los laureles, arrebatados ora de las sienes de Minerva, ora de las de Marte; entorpecidas con la gota aquellas manos que con tanto acierto manejaron la brjula por el espacio continuo de diez aos, aque-

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OBRAS 280\ 280\ llos pies que haban estampado sus huellas en el suelo americano, con preferencia a todos los europeos, manda buscar los ministros del Dios vivo y los profetas, no para imitar a Ochosas en manifestarles flaquezas y pesadumbres, s para pedirles el pan de vida eterna, como gaje sagrado de su futura inmortalidad; lleno, en fin, segn la frase del Paralicmenon hablando de David, lleno, de das de gloria, de merecimientos, en buena vejez y asistido de los sacramentos de la Iglesia, expira el da de la Ascensin, 20 de mayo de 1506. Tal ha sido, seores, el hroe cuyas cenizas honramos; tales fueron los objetos de esos ridos huesos cuando los anim el espritu; tales las ocupaciones del Almirante Coln, cuyos restos, presentes a nuestros ojos, nos arrancan justas lgrimas, como a Jacob la vista de la tnica ensangrentada de su hijo Jos; si bien podis derramar lgrimas, ciertos de que las derramaris sobre el mismo Coln, lo repito adrede, sobre el mismo Coln. La antigedad, justa alguna vez, ha conservado para nosotros las mismas reliquias de ese personaje que la realz con sus glorias. Est comprobado, con testimonios autnticos, que Coln mand trasladar sus huesos de las cuevas de Sevilla, en donde se sepultaron, a la ciudad de Santo Domingo; que sta los encerr en el presbiterio de su Catedral, junto al ambn del Evangelio. As lo escribe el historigrafo Antonio de Herrera y Diego Ortiz de Ziga, autor de los Anales eclesisticos y seculares de Sevilla; as aparece en el padrn general de noticias y documentos existentes en los archivos de ambos cabildos de Santo Domingo; as lo leemos en el ttulo quinto del Sinodo de aquella Metrpoli; as, en fin, lo ha escrito fuera del reino el barn Samuel Pufendorf en su Introduccin a la historia general de viajes. Enhorabuena sean stos los mismos huesos de Coln, est bien todo cuanto hemos hablado acerca de los objetos y ocupaciones a que se destinaron en los das de la vida; es verdad que fueron muchas y nuevas; pero el elogio queda trunco y preterido el tema, si se cierra aqu el discurso. Justifquese, pues, la dignidad de esos objetos y de esas ocupaciones. Ah! Puede haber mayor dignidad en los objetos que la de producir tantas glorias al cielo y a la tierra, a Dios y al Rey; a la Religin y al Estado? Ninguna sin duda ms excelente, y ninguna otra fue la de las ocupaciones de Coln. Cuntos nuevos alumnos del catolicismo! Cuntas almas salvadas, que hubieran siempre yacido en la ignorancia del verdadero Dios! Cuntos mrtires del Evangelio!, qu multitud de nuevas aras, de nuevas oblaciones!, cuntos nuevos testimonios de la Divina Omnipotencia!, qu reforma en las ciencias y en las artes, que hasta entonces no haban comenzado a acercarse a su verdadera constitucin! Desde el inmortal Coln estoy hablando con las mismas ex-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 281 / 281 presiones de un historiador 7 desde el inmortal Coln hasta el incomparable Cook, la geografa, la historia natural y todas las ciencias experimentales han logrado documentos superiores a los que haban tenido desde su origen, en la ms remota antigedad. La inmensa copia de metales, los nuevos ramos de comercio y las nuevas osadas navegaciones, varan hasta el sistema moral del mundo; los mares, antes desiertos, se pueblan de inmumerables flotas; descubri r conquistar y comerciar vienen a ser los caminos del honor y de la gloria, y toda esta revolucin, seores, comenzaba por un hombre solo, por la sabidura, desinters y constancia de Cristbal Coln. Ahora s es tiempo oportuno de aplicar a los huesos de Coln el texto de su elogio. Alguno dir que he desordenado el discurso; pero advierta que la muchedumbre de hechos autoriza a veces el desorden. Responded, pues, a la pregunta que os hice al principio: Estos huesos vivirn o es posible mueran estos huesos? Y o no siento exclamaba el pontfice de Nacianzo elogiando a Cesreo, su hermano, no siento que el cuerpo de mi hermano, cuando muera, se corrompa y se reduzca a polvo; lo que siento es que un cuerpo, obra de las manos divinas, un cuerpo adornado de un espritu racional, sujeto a una ley y alentado de la ms lisonjera esperanza, perezca como el de los brutos y sea de la misma condicin. As tambin sentira yo, seores, que estos huesos que ejercieron tantas virtudes, que nivelaron sus operaciones por el contexto de la le y y que obraron tantos prodigios, quedaran ahora confundidos con los de las bestias, o con los de aquellos otros hombres que procedieron a manera de irracionales que carecen de entendimiento. Pregunto por la ltima vez: vivirn o morirn? V aticinad, vaticinad sobre esos huesos, vaticinari de ossibus istis. Qu es lo que respondis? Mas yo entiendo bien vuestro silencio: mucho habis prevenido mi pregunta, mucho habis dado a entender que los huesos de Coln no morirn, que se conservarn siempre vivos en vuestro reconocimiento. Y o he visto, y todava estoy viendo, las pomposas demostraciones con que se quiere perpetuar en los fastos de la nacin la memoria del clebre descubridor de las Amricas. Quin ignora la magnfica exhumacin que hizo la Metrpoli de estos dignos huesos? Quin no sabe la brillante acogida, el honroso recibimiento que acaba de hacer la Habana a estas esclarecidas reliquias? Apenas su Excelentsimo Seor Gobernador informa al muy noble Ayuntamiento se hallan en la baha, cuando el ilustre C uerpo, acalorado de un entusiasmo de gratitud y lealtad caractersticas, e imitando a Joseph, que solicita el permiso del soberano de Egipto para enterrar a su padre, si inveni gratiam in conspectu vestro ascendam 7. Don Juan Bautista Muoz. (Nota del autor.)

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OBRAS 282\ 282\ & sepeliam patrem meum, pide costear de sus propios toda la ceremonia de la sepultura, convoca todas las jerarquas, y las clases, providencia como a porfa con los otros cuerpos, cuanto conduzca a la mayor pompa con que deben sepultarse los fragmentos del gran Coln; y echando el resto de su reconocimiento, acuerda suplicar a la piedad del Rey no salga jams de esta Catedral el estimable depsito que acaba de entrar por sus puertas, y que ser desde hoy el timbre ms alto, el primer blasn de la ciudad. El fuego elctrico del entusiasmo se comunica de unos a otros, y yo los veo a todos en una santa agitacin exhalando ahora sus alientos sobre Coln, como para sacar cada uno un retrato segn se lo figure su fantasa y mantenerle siempre viva en sus corazones. Si la ma no me alucina, me parece que as como los huesos que vio Ezequiel en los campos de Sennar se reanimaron con el impulso del viento que sopl sobre ellos el espritu del Seo r as digo, me parece estar viendo los de Coln reanimados al calor de nuestras oraciones y sufragios; reanimados al golpe de las vibraciones de ese aire que conmueve hoy estos tumultuosos afectos de que nos sentimos sobrecogidos; reanimados para pedirnos miseracin. Plegue al cielo le veamos el da del juicio final, no como acaba de representrnoslo la imaginacin, recibiendo los honores del funeral, ni moviendo nuestros pechos a piedad y compasin; s como vio en sueo San Gregorio Na c ian ce no a su hermano Cesreo, refulgente, gozoso, impasible, lleno de gloria. Y o se lo deseo para que descanse en paz. II Elogio a la inmortal memoria del Excmo. S. D. Luis de las Casas y Arragorry 8 Parecer extrao sin duda as oraba Marco Tulio Cicern comenzando la defensa de Sixto Roco Amerino; parecer extrao sin duda que cuando se mantienen sentados y callan sobrecogidos de temor tantos excelentes oradores e ilustres personajes, sea yo el nico que deja mi asiento para tomar la palabra; yo que no merezco compararme con ellos ni en los aos, ni en el talento, ni en la autoridad. Y qu ser el ms atrevido de todos? De ninguna manera. Mi juventud y mi mayor representacin me hacen ms libre para hablar; a que se agrega 8. Pronunciado en Junta Ordinaria el 15 de enero de 1801. Publicado en Memorias de la Sociedad Patritica, La Habana, 1839, t. VIII, pp.344-357. Reproducido en El Observador Habanero, 1820, no. 13, pp.11-20, no.14, pp.41-50. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 155-178.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 283 / 283 habrmelo suplicado algunos de mis amigos, cuya amistad, cuyos beneficios y cuya autoridad exigen de m este sacrificio. No me consideris, pues, como a un patrono escogido entre todos por su preferente ingenio, sino pospuesto a los dems por su ineptitud; no como un amparo que se le haya buscado a Sixto Roco, sino como un mero recurso para que quede menos desamparado. V ed aqu, seores, el exordio de mi discurso cuando comienzo el elogio del Excmo. S r D. Luis de las Casas, sin haber sido llamado al trabajoso oficio de orador delante de tantos socios ms benemritos, de mayor edad, ms capaces que yo, y lo que es ms, despus que el sufragio universal ha recado sobre uno de ellos, 9 cuya acreditada pericia en la oratoria me hace espera r con bastante fundamento, que llenar las ideas del Cuerpo Patritico, sobrepujar la expectacin comn y deslucir tambin todos mis esfuerzos. Sin embargo, yo puedo excusar mi osada, como Cicern la suya, con la amistad, los beneficios y las honras que merec del dignsimo amigo que hemos perdido. Esta es una verdad tan clara como la luz del medio da, tan reconocida y admirada de vosotros, que me pone a cubierto de toda censura y me infunde una slida confianza que perdonaris a mi gratitud los derechos que os hubiere usurpado, tomndome la mano para hablar; y supuesto que vosotros admirasteis ms de una vez sus bondades conmigo, sus otras virtudes y casi todos sus mritos en estas juntas patriticas, y aqu fue donde l despleg con mayor energa su propia alma, yo no me atrever a separar por un momento en toda mi oracin los esclarecidos nombres de Casas y Sociedad Patritica de la Habana. V ed aqu tambin la razn por qu, trazando en mi fantasa el crculo que formasteis tantas veces en nuestras juntas sociales, me colocar en su centro, y no traspasarn su circunferencia los rayos luminosos que pienso tirar sobre el digno objeto de mi discurso. Es verdad que a primera vista aparece muy reducida la provincia que debe correr el panegirista de un socio como el Excmo. S r Casas; pero esta ilusin se desvanecer cuando toquemos de cerca los puntos de su elogio, y vemos que la esfera de la Sociedad, aunque corta, fue a manera de un planto fecundo donde sus manos dichosas y benficas echaron las semillas de aquella pblica felicidad que brot despus, creci y se extendi por dilatado espacio de la ciudad y de la Isla. No temis que porque yo reduzca mi asunto, mutile el cdigo de sus alabanzas. Bien s que el filsofo de Farney recorri todo un siglo para componerle el panegrico al clebre Luis XV; pero ni yo vengo aqu en calidad de historiado r ni me he propuesto representaros todas las fases de mi 9. El Dr. Toms Roma y (Nota del autor.)

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OBRAS 284\ 284\ o bjeto. Enhorabuena ensalcen otros los esclarecidos blasones de la prosapia gloriosa del Excmo. S r Casas; otros recomienden su tctica milita r, perfeccionada en los estados de la emperatriz Catalina, bajo las rdenes del general Romanzow y acreditada ya en los ridos arenales de Argel, donde le vieron a la cabeza del ala izquierda del ejrcito espaol resistir y rechazar la caballera de los moros con aquella firmeza e inmovilidad que hizo el carcter de los soldados de Catalina; ya en el bloqueo de la ciudadela y Pen de Gibralta r ya en la toma de Puerto Mahn al mando de una de las divisiones de las huestes triunfadoras; otros celebren su acertado manejo en el desempeo de la sargenta mayor de la plaza de Nueva Orleans, durante las crticas y arriesgadas circunstancias de pasar aquella provincia al dominio espaol. Est bien le alaben algunos cuando gobernador del presidio de Orn para trasladar a las razas futuras un ejemplo de la gran ciencia de gobierno que posey, y admiramos nosotros en nuestro Excelentsimo socio. S, seores; en la historia de su vida no debe omitirse un pasaje ocurrido en aquel presidio que adornar siempre su memoria, a saber: cuando restablecido de su salud, a cuyo logro se haba ausentado de Orn, y caminando a instalarse de nuevo en el gobierno, rein en los moradores un jbilo tan general, tan caliente y tumultuoso que fue preciso cerrar el rastrillo de la puerta de Tremecn, porque la confusa caterva de moros mogataces y de la misma guarnicin impedan el trnsito al palacio; y el fuego de los fusiles y pistolas, los vivas, clamores y ademanes de alegra formaban una especie de triunfo en medio del agradable desorden, mucho ms plausible que la sangre de las hostias y el feliz vuelo de las aves con que se anunciaba en Roma la entrada de los buenos prncipes. Finalmente, recomienden otros las dems buenas calidades del socio que lloramos, y reunidas sus alabanzas a las que yo pienso tributarle esta noche, me sobrar motivo para decir de l lo que Plinio de Trajano: Algunos brillaron en la guerra, pero se oscurecieron en la paz; a otros honr la toga y los desacredit la milicia; unos se conciliaron reverencia con el terro r otros se granjearon amor por su humanidad; algunos perdieron a los ojos del pblico la gloria que haban adquirido en la prctica de los negocios domsticos, y otros perdieron dentro de sus casas en el concepto que se haban ganado en el pblico. Jams hubo uno cuyas virtudes no se resintiesen del contacto y vecindad de los vicios; mas en nuestro prncipe qu concordia de virtudes! Qu armona de alabanzas, de todo gnero de glorias! La misma exclamacin haremos nosotros despus que concluyamos el sincero elogio que tributo y consagro a la inmortal memoria del Excmo. Seor D. Luis de las Casas. Y o creo que este elogio debe pronunciarse delante de la estatua de Pedro el Grande, porque las copias se conocen mejor y se admiran ms delante de sus modelos. No quiero decir por esto que la Habana, en el ao de 1700, hubiese presentado el Excmo. Seor Casas el mismo as-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 285 / 285 pecto brbaro, inculto y desaliado que present la Rusia al Zar de Moscovia en el ao de 89 del siglo pasado. No, amigos; en la Habana haba costumbres, ciencias, literatura, artes, patriotismo; pero estaban como aquellas margaritas que no ha bruido la mano de un hbil lapidario; pero estos ornamentos de su gloria no brillaban an, faltos de la luz que deba traspasarlos, al modo que las piedras preciosas no resplandecen hasta que no las penetran los rayos del sol. Nuestro orbe literario poda compararse con el antiguo caos de que habla Ovidio, donde se hallaban las semillas y principios de las bellas naturalezas; pero que figuraba una mole grosera y mal combinada, porque todava no alumbraba Titn, ni F ebo reparaba los desmedros de sus cuernos: Nullus adhuc mundo prbdebat lumina Titan, Nec nova crescendo reparabat cornua Phbe; hasta que la mano del Creador sacudi la inepcia y pesadez que las tena entorpecidas, las orden y rectific, e hizo aparecer cada uno en su respectivo lugar y nativo esplendo r. Esta mano creadora, esta luz hermosa y este hbil lapidario fue el Excmo. S r Casas. Apenas toma las riendas del gobierno, da seales claras de la elevacin de genio que constituy a Pedro, el reformador de su pueblo. Curioso se acerca a examinar el estado y caudal que tenan los tres manantiales que traen la felicidad a los pueblos: artes, agricultura, comercio. Su perspicacia descubre algunos vestigios de nuestro patriotismo, y en ellos la feliz disposicin de los habaneros a trabajar en obsequio de la Patria. Extendida por toda la ciudad la noticia de sus averiguaciones y de sus saludables fines, veintisiete generosos vecinos se ofrecen a nombre de la Habana, y a nombre de todos ellos uno solo, 10 el ms digno de servir de directo canal por donde se hiciese comprender a S. E. que los habaneros deseaban ver establecido en su suelo uno de aquellos rganos instruidos y patriticos, que en sentir del Excmo. S r Conde de Campomanes son los que adelantan la industria popula r. En efecto, luego que S. E. escucha a este verdadero patriota (vosotros le conocis muy bien y yo no quiero pronunciar su nombre, no sea que arrebatado de la dulce sensacin que ha producido siempre en nuestros odos me extrave de mi asunto, gastando el tiempo en elogiar su memoria, en lamentar su ausencia, y tal vez en rebatir las preocupaciones infundadas que, de cuando en cuando, asoman sobre este particular contra la profesin eclesistica), luego que le escucha, vuelvo a deci r, encuentra en l como Pedro, el Za r en Francisco L Fort, la conformidad de humor y de sentimientos, que le confa sus designios los ms secretos, y se deja auxiliar de sus luces; lo dir mejo r le pide el auxilio de sus luces para la ejecucin del plan que medita. 10. El ilustrsimo seor D. Luis de Pealve r hoy dignsimo obispo de Nueva Orleans.

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OBRAS 286\ 286\ Acordaos ahora del placer que sentisteis a principio del ao de 93 cuando visteis realizado este mismo plan, el plan de una Sociedad Patritica, y el recuerdo de este placer sea el mejor elogio de nuestro fundado r y el ttulo ms decoroso que le haga merecedor de nuestro aprecio; porque aquel hombre es para nosotros ms apreciable, que nos trae la felicidad y nos la proporciona a fuerza de sudores y desvelos, a costa de penosos sacrificios. Cuntas veces le vimos incansable en luchar por largo tiempo contra los obstculos que impedan o retardaban el logro de sus benficos proyectos! Cuntas veces sacrific su genio, su carcter y su autoridad para sostener y fomentar principios indispensables para afianzar la pblica felicidad! Y no era quiz esta constancia la que ms admirbamos en nuestras Juntas. Aun le aplaudimos ms cuando nacan partidos y entre ellos fluctuaba la razn; cuando se batan las opiniones, y como que se despedazaba la verdad entre los mismos que la procuraban; entonces veamos al imparcial Arstides reuniendo los sufragios y conciliando los enemigos de Pausanias con su moderacin, con su dulzura y con su justicia, segn escribe Barthelem y. Digamos algo de la complacencia que recibi su alma en or hablar a sus consocios de los nuevos descubrimientos, o de los arbitrios que pudieran servir al bien de la Madre Patria. El ms husped en la historia crey muchas veces que vea a Pedro el Grande hablando y conferenciando con los sabios y acadmicos de Copenhague. Tucdides, en la historia de Epaminondas, dijo que este general gustaba mucho de or a los otros. Studiosus audiendi; y yo puedo aplicar este mismo epgrafe a nuestro Excmo. Presidente. S. E. saba expiar las coyunturas oportunas, facilitar las materias, yqu s yo cmo empear a los circunstantes a que hablasen y raciocinasen con tan bizarra libertad, que cada uno, cual si viviera en los das felices de Augusto, hablaba sin reserva lo que mejor le pareca, y todos eran escuchados de l sin fastidio, sin interrupcin. De esta suerte lograba extrae r digmoslo as, el espritu de las materias para aprovechar nicamente lo saludable. En medio de estos patriticos afanes recibe de S. M. la cdula aprobatoria de nuestro instituto social, y en la primera de sus Juntas disputa al Secretario el gusto y la honra de comunicarla al Cuerpo. No se inflam tanto La F ontaine al leer una oda de Malesherbes, ni Malebranche leyendo uno de los libros de Cartesio, como nuestro Excmo. Presidente cuando nos lea el documento que consolidaba de una vez nuestra constitucin. Y con justicia, porque deba ser muy satisfactorio al que deseaba promover la felicidad, verse ya autorizado para hacerla efectiva. La lstima es, seores, que estos congresos patriticos no son ejecutores, que slo pueden desear el bien y darlo a conocer por cuantos medios averigua la agudeza del entendimiento; pero la ejecucin pende de las circunstancias, y stas son ms o menos deli-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 287 / 287 cadas, ms o menos gravosas. Dice con razn Luis Muratori: es fcil concebir deseos, y muy difcil y aun casi imposible verlos ejecutados. Mil veces los hemos visto malogrados, y desvanecidos otras tantas las fundadas esperanzas que habamos derivado de un exacto discurso y de una seria meditacin. Al contrario, la casualidad nos ha trado alguna vez un beneficio que ni en sueo le habamos barruntado. Jams olvidar que las muchas utilidades del telescopio se deben al retozo de dos muchachos. Ojal que las manos estuvieran siempre asidas de la razn y las facultades del talento! Ojal que la ocasin siguiese necesariamente a la invencin! Entonces s podramos lisonjearnos de ver establecido en nuestra Patria el magnfico edificio de la pblica felicidad. V osotros no sentiris movimientos de pirronismo cuando yo os diga que fueron muy grandes y vivos los deseos y el desvelo del Excmo. S r. Casas por hacernos felices, y que a este fin practic cuanto estuvo de su mano. l se pareca, en medio de sus esfuerzos, a aquellos atletas que, dotados de una energa real y verdadera, no podan desarrollarla toda por no haber tomado an la actitud conveniente. Aseguro que si como el cielo le concedi el talento de proyectar y el don de la elocuencia (entendiendo por elocuencia el arte de persuadir); si como la naturaleza le dio aquel golpe de ojo, aquella especie de instinto decisivo y tino mental tan admirable e infalible, que a ocasiones quisimos ms bien errar con l que acertar con otros, segn deca Tulio de Platn, si a todos estos ornamentos y bellas disposiciones se le hubiese agregado un numerario suficiente, yo no permitira esta noche que l hubiese sido menos clebre que su modelo, el Zar de Moscovia. Es ya tiempo de fundar el elogio de nuestro Excmo. Presidente, contrayndonos a los hechos; y esta parte la ms gloriosa para l ser la ms fcil para el orado r Abrid las actas de la Sociedad, leedlas todas hasta devorarlas con vuestra vista, y decidme despus si su gloria necesita mendigar los adornos postizos de la oratoria. No hay pgina vaca de su nombre; no hay Junta que l no hubiese presidido; no hay negocio en que no hubiese intervenido; no hay proyecto o que no hubiese sido suyo o al que no hubiese concurrido con su sufragio o en cuya ejecucin no se hubiese arrebatado una mxima parte. Tal era la conducta de Temstocles: asista a las Juntas del pueblo; ningn asunto de gravedad se ventilaba sin su intervencin; al punto descubra los recursos que se necesitaban: tan veloz era en ideas como en practica r As tambin se manejaba Pedro, de quien refiere su historia que arengaba frecuentemente; amaba los proyectos vastos; los persegua con increble ardor y constancia, y tena ambicin por crea r. Muros altos y respetables de la Casa de Beneficencia, nias tiernas e inocentes, vrgenes desamparadas y ancianos miserables que respi-

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OBRAS 288\ 288\ ris hoy el sagrado aire de su recinto; rato ha estaba yo escuchando vuestros clamores, y de propsito me haca sordo por no detenerme eternamente con vosotras. Y o saba que vuestra subsistencia, vuestra educacin, vuestra felicidad actual y futura bastaban ellas solas a suministrar materia con qu tejerle a vuestro fundador un elogio inmenso, porque cualquiera que se acuerde de la sensibilidad de corazn con que llam y convoc a los vecinos poderosos de la Habana, para instituir de mancomn un capital a favor de vuestra mendicidad y dbil sexo, del ejemplar tesn con que llev este designio hasta ver existente un fondo de casi doscientos mil pesos, de su desinters en hacer constar al pueblo la caridad de los vecinos mandando imprimir las listas de sus nombres y de sus limosnas, como escribe Cornelio que haca Epaminondas cuando colectaba de los suyos los socorros que peda para dotar las vrgenes griegas; cualquiera que se acuerde del cuidado que tuvo en nuestras primeras Juntas, de poner la direccin de vuestras fbricas y de vuestro gobierno interior al cargo de la Sociedad, para que los adelantos de la una y del otro fuesen ms ciertos y continuos; de aquel dulce delirio que tena con vosotros, ya por hablaros, aconsejaros e instruiros, ya en vuestro refectorio y dormitorio para celar el aseo, la urbanidad y la honestidad, ora en vuestros talleres para avivar vuestra aplicacin, y en los intermedios de vuestras recreaciones para haceros ms apreciable el trabajo; ora en vuestros exmenes para examinar y premiar vuestras labores y vuestros progresos; ora y siempre con vosotros; cualquiera que se acuerde de la generosidad con que adems de la accin de quinientos pesos dados al fondo principal renunci en obsequio vuestro todos los emolumentos que le pertenecan del juzgado de Alzadas, y la porcin de carne que sus antecesores perciban al mismo nfimo precio que la tropa, y de la exquisita prudencia con que os aplic algunos arbitrios de aqullos que sabe escogitar un gobernador economista, sin perjuicio del buen orden, y sin ofender los derechos inviolables de aquella deidad, que solo habit en la tierra por los das afortunados de la edad de oro; cualquiera, en fin, que se acuerde de este honroso grupo de merecimientos, no podr menos que admirarlos, y prorrumpir en afectuosas exclamaciones: Oh, digno bienhechor de la grey desamparada! Oh, digno maestro de las virtudes patriticas! Cuntos son tus mritos! Qu amables! Qu duraderos! Y o no s, nias tiernas, por qu los muros de vuestra casa no estn adornados de pinturas y emblemas alusivos a todas estas virtudes de vuestro fundado r. Y o hubiera hermoseado de otra forma la orla de su retrato: aqu hubiera pintado la cabeza de Argos, para denotar en sus cien ojos la vigilancia que tuvo siempre sobre vosotras; all un pelcano que nutriendo sus hijuelos de su propia sustancia, significase su insigne caridad; ac una mano toda horadada, de donde cayesen mil dones que recorda-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 289 / 289 sen su gran beneficencia; all un sol siempre rodando de oriente a occidente, smbolo, expresivo de su constancia; pero me voy dilatando mucho; con razn no quera yo acercarme a hablaros de vuestro antiguo padre, temeroso de que mi apstrofe se alargase demasiado, y mortificase la atencin del digno jefe y benemritos amigos que me escuchan. Bendecid, pues, la buena memoria de vuestro bienhecho r y dejadme ir a continuar el elogio que determin consagrarle. Despus que nuestro Excmo. Presidente logr incorporar la Casa de Beneficencia en el Cuerpo Patritico, propuso que se hiciese lo mismo con el Papel Peridico, como si no contento con haber sido su auto r, tambin quisiese ser su conservado r y dando cuenta del producto de la venta y suscripciones hasta la fecha, simultneamente entreg el residuo existente de mil pesos fuertes. En mi sentir esta fue la primera muestra que dio S. E. de su genio y de sus vastas ideas. Y si los moscovitas nunca olvidarn que debieron toda su ilustracin a los elementos de la escritura rusa y latina que les ense su Emperado r la Habana tampoco echar en olvido el incremento de luces que debi a la institucin del Papel Peridico. Al punto que se estableci, vimos felicitarse recprocamente todos los vecinos: el comerciante por tener ya un vehculo seguro y autorizado para comunicar sus especulaciones mercantiles; el hacendado para dar noticia de los productos y adelantos de la economa rural; el artesano y el artfice para noticiarnos los nuevos inventos en las primeras y segundas materias de sus respectivas artes. No puede negarse que la circulacin de este papel era como una distribucin de las tareas que nos impona la Patria para trabajar en su prosperidad. Unos lean, otros escriban; stos enseaban, aqullos aprendan; cul procuraba corregir los defectos del lenguaje y ortografa; cul indicaba los vicios de nuestras costumbres y de nuestras ciencias, y todos se sintieron incitados de una escribomana desconocida antes y conservada hasta nuestro tiempo. Entonces tambin dio a luz nuestra imprenta el censo de nuestra poblacin, nuestro Almanaque y nuestra Gua de forasteros. Se os habr ocurrido mientras habl del Peridico el mismo reparo que a m? Que este papel creado, protegido y arraigado ya entre nosotros a influjo de nuestro Excmo. primer Presidente; que este papel destinado a anunciarnos todos los sucesos capaces de interesar nuestra atencin, y empleado otras veces en lamentar la prdida de sujetos menos acreedores al reconocimiento de los habaneros; que este papel, repito, nada nos haya dicho de la prdida de su fundado r Ni nos ha anunciado su muerte, ni nos ha recomendado sus mritos, ni lo que le cost su institucin. Perdname, socio distinguido, 11 que tan a gusto 11. Manuel de Zequeira, Ayudante Mayor del Regimiento fijo de la Habana. (Nota del auto r .)

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OBRAS 290\ 290\ nuestro desempeaste la confianza de redactar; pero perdname si te digo que dormitaste en esta ocasin (porque tambin dormitan los Homeros); y si del labio del mejor de tus amigos, de tus condiscpulos y conclegas (qu ttulos tan gloriosos para m!) han fluido expresiones que no sean para ensalzar tus bellas prendas; perdname, en fin, si acalorado del celo que me inspira la buena causa que defiendo, he salido de los lmites de un mero panegirista. La Sociedad, despus, no ignorando que en las antiguas repblicas eran muy considerados los sacerdotes, los magistrados y los nios, trat de instituir seminarios donde stos recibiesen los principios genuinos de las ciencias y de las artes, para disponerlos desde temprano a ser algn da miembros de la Patria, a la manera que el prvido Labrador cra plantas en tiempo oportuno, y sustituirlas a las ya secas y caducas. Qu empeo tan tenaz finc S. E. en plantificar este proyecto! Algunos pensaron que el escribir correctamente era una simple curiosidad, o mera industria, que no elevaba el hombre a la atmsfera de los ilustrados. Mas no pensaba as S. E.: se propona una real utilidad en la fundacin de las escuelas patriticas, a pesar del dictamen de Mandeville y de los elocuentes discursos de Rousseau; de aqu fue que para su logro no perdon ninguno de los recursos que pudo sugerir el patriotismo ms exaltado: yo apelo a los mismos acuerdos de nuestras Juntas, ellos son otros tantos testimonios invencibles de la justicia con que hablo, en medio de la desgracia que lloramos, por no haber cogido el fruto de sus patriticas faenas. stas fueron ms felices cuando nuestro Excmo. Presidente dispuso la Biblioteca Pblica, y la someti al cuidado de la Sociedad con la misma confianza que Julio Csar puso a cargo de Marco V arrn la que instituy en Roma. La cesin espontnea que S. E. hizo de un nmero considerado de volmenes, con la que hicieron otros socios que tuvieron el honor de imitarle, nos ha proporcionado una coleccin de obras que sirven de alimento a la curiosidad de los aplicados y de remedio gracioso a la necesidad de algunos individuos, que faltos y deseosos de la instruccin carecan de arbitrios para surtirse de los libros necesarios. Y qu, t, gloria de los Tulios y Demstenes, embeleso de los hombres y de las fieras, dulce elocuencia, t no tendrs lugar en el elogio que dedico a la grata y plausible memoria del Excmo. Seor D. Luis de las Casas? S, amigos; la elocuencia tiene aqu un lugar sobresaliente, porque nuestro Excmo. S r Presidente juzgaba que no poda perfeccionar las ideas sin perfeccionar el lenguaje; que hablar bien, pensar bien y escribir bien eran tres perfecciones inseparables, segn lo haba enseado el famoso preceptor del Duque de Parma. A este fin ofreci el premio de una medalla de oro, valor de cien pesos, a la pieza de elocuen-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 291 / 291 cia que mejor demostrase quines eran los varones que ms justamente hubiesen ganado la gratitud de la Habana; y para cerrar la entrada a cualquiera sospecha, o de ambicin en l, o de lisonja en el orado r excluy a los sujetos que la servan entonces. La tentativa correspondi a la intencin; se present una pieza, 12 cuyo mrito convenci de plano el grado de perfeccin en que se hallaban entre nosotros los fundamentos y aun las gracias de la oratoria, y el esfuerzo venturoso que se haca para brillar en un arte necesario en el foro, en el santuario, en el estrpito de la guerra, en el ocio de la paz, siempre necesario. Los dems genios se resintieron al momento de las bellezas de la elocuencia, y la Sociedad trat de crear una academia donde se diesen a conocer las bases de la buena locucin, enseando metdicamente los principios del idioma espaol. Las casas pblicas de enseanza abrigaron el proyecto del Cuerpo Patritico: la juventud comenz a disfrutar algunas utilidades; y si el justo Rey a quien servimos se digna acceder a nuestra solicitud, ser ms slido y efectivo el beneficio que deber la Habana a los afanes de su antiguo gobernado r. Interrumpamos por un rato la dilatada serie de estos afanes benficos; convirtamos nuestra atencin a objetos de diversa naturaleza; de esta manera descansar algo nuestra admiracin. V amos a ver ahora a los atenienses, que penetrados del reconocimiento ms fervoroso a las buenas acciones con que Trasbulo haba ilustrado la patria, le ofrecieron una corona cvica de ramos de oliva; vamos a admirar un fenmeno portentoso, a sabe r la gloria de Trasbulo sin su compaera la envidia, y la moderacin de un jefe que en el centro de las honras no se repute mayor que sus inferiores. V osotros sois, seores, los reconocidos atenienses, y Luis de las Casas. No es verdad que en una de vuestras Juntas os penetrasteis de tanta gratitud, que acordasteis ceirle sus sienes con una corona ms duradera que la de los frgiles ramos de oliva, levantndole una estatua lapdea en el paseo pblico extramuros? No es verdad que la ejemplar moderacin del Mecenas resisti y frustr los conatos que haca la gratitud de todo el Cuerpo? No es verdad que este hono r cun grande, cun extraordinario era, no irrit la envidia de ninguno de vosotros? Qu espectculo tan tierno! Qu representaciones tan patticas registraron entonces nuestros ojos alterados! El mrito pugnando con la recompensa, la virtud con la virtud, la cabeza con sus propios miembros; convertido el taller de la felicidad general en una escuela prctica de nobles sentimientos, y el numen activo y bienhechor que nos dominaba, confundido en la misma arena de sus triunfos! Confieso que esta escena fue demasiado afectuosa e igualmente honorfica a ambos partidos, que exige un pincel ms delicado 12. Discurso del D r Toms Roma y premiado por la Sociedad. (Nota del autor.)

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OBRAS 292\ 292\ que mi tosca pluma, y que yo quedo con la pena de haber sabido condecorarla con todos los esplndidos atavos de la retrica. No obstante, quiero ms bien que me acusis de no haber cuidado de sus adornos, que no de haberla sacrificado al calor de una imaginacin inventora. No siempre podemos dar a los objetos su nativo color: tal vez no conviene revestir hechos que por s solos tienen todo el tamao, el atractivo y la actividad suficiente a conquistar nuestro asombro. Si despus de esta ingenua confesin os dais por satisfechos slo con que yo os diga sencillamente que el Excmo. S r Casas, teniendo grabada en su corazn la mxima de oro del ya citado Excmo. S r Conde de Campomanes: La felicidad pblica se ha de conseguir por una atencin universal a todos los ramos que la constituyen, se aplic con increble tesn a promoverlos todos, desde luego bastar que para clausular su elogio os refiera sin tropos, sin exclamaciones y sin hiprboles sus repetidas propuestas hechas en la Sociedad para derramar el beneficio por toda nuestra Isla. Y a nos induce a tomar medidas sobre el acopio de piedras que faltaban para llevar a cabo el empedrado de nuestras calles; ya promueve el cultivo del tabaco de Virginia, apoyado en la slida razn de la preferencia que se le da en el cantn de frica, donde este fruto hace el rengln principal para el trfico; ya nos habla, dije mal, nos pone delante un pequeo haz de lino verde, que sus manos haban arrancado de un planto que casualmente haba descubierto no muy lejos de la ciudad; demuestra que esta planta poda considerarse como indgena, y calcula las grandes ventajas que nos redundaran si se adelantase su cultivo hasta hacerla servir a los usos comunes; ya dicta leyes sobre la mejor redaccin del Papel Peridico, y eleccin de asuntos para los premios anuales. l mismo seala los problemas que todava no se han resuelto. El primero: cules eran las materias propias de este suelo que ms fcilmente pudieron prestarse a los procedimientos de la industria. El segundo: cul es el signo ms cierto de nuestras riquezas, la multitud de esclavos o la multitud de tierras. Y a nos insta por que hagamos una revisin de las actas del Cuerpo, para conocer as las tareas que se hallaban pendientes, y reducirlas a su debido cumplimiento; ya promueve la excavacin de una cantera al parecer de jaspe, encontrada en las inmediaciones de Guanabacoa; ya nos ensea el camino seguro que deba tomar la Sociedad en el caso de resultar igualdad de sufragios en sus votaciones; ya corrige uno de nuestros acuerdos, slo porque en todo su contenido no se haba hecho memoria honrosa de un socio benemrito y acreditado; 13 ya lo vemos incluirse l mismo en la diputacin que se nombraba para presenciar el ensayo que iba a practicar un artesano 13. Don Antonio Robredo, secretario entonces del mismo Cuerpo.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 293 / 293 francs con la nueva mquina de exprimir la caa sin el costo y embarazo de los bueyes, y entonces fue cuando le vimos como a uno de nosotros en la choza de M r Lafaye tanteando los resortes de la mquina, graduando sus potencias, tomando lecciones de mecnica e interesndose en el resultado de un artificio que presentaba todo el aspecto de sencillez y utilidad que pudieran desearse. Pedro el Grande, inscrito en la matrcula de los carpinteros de Amsterdam, trabajando en sus atarazanas y tomando en sus hospitales lecciones de ciruga y anatoma, no era tan espectable a mis ojos como nuestro Excmo. Presidente en la actual ocasin; porque all el nombre supuesto de Pedro Michelof ocultaba los resplandores del carcter y representacin imperial; y ac resaltaban los timbres y las insignias como los colores vivos sobre un fondo oscuro, cuando el ilustre fundador y Presidente de la Sociedad Patritica, el Excmo. Gobernador y Capitn General de toda la Isla no se desdeaba de alternar con sus inferiores, y lo que es ms, con los artesanos. Oh fuerza del patriotismo! V olvamos a la Sociedad. Si nosotros tratbamos de establecer nuevos molinos de agua y viento, para aligerar las tardas y costosas operaciones de la elaboracin de nuestro azcar y nuevas mquinas para facilitar la molienda del maz, del arroz y del tabaco; si acordbamos promover la cra de una especial raza de cerdos que surtiese el abasto de carnes en las pocas infelices de la escasez; si juzgbamos conveniente a nuestra juventud, bien la noble, bien la de otras clases, las escuelas de Qumica, de Botnica, de todos los varios ramos de Matemticas; si fue preciso una nueva polica interior en el matadero para abolir ciertas prcticas perjudiciales a la salud pblica; si la Sociedad conceba propio de su incumbencia hacer alguna poltica insinuacin al muy ilustre Ayuntamiento sobre la iluminacin de la ciudad, que decaa poco a poco; si pensaba en consultar tal decoro de los templos y del Dios que los habita, y a la sanidad de una numerosa poblacin formando cementerios fuera de los muros; si el cultivo del algodn, del ail, del caf, de la cera y colmenas aparecan como puntos de la mayor consideracin para el fomento de la industria popular; si a fin de adelantar la agricultura se trataba de buenos caminos, puentes y calzadas; si, finalmente, se propona o ventilaba en nuestras Juntas cualquier materia que pudiese tener conexin directa o indirecta con la felicidad de nuestro territorio, todo lo consideraba nuestro Excmo. Presidente como de propio inters. Si fuese necesario dirigirse a otros cuerpos, a otros jefes, o al mismo Soberano, l ceda sobre la marcha; sus contestaciones eran los argumentos con que gustaba probarnos la prspera disposicin que lo asista de contribuir a nuestras ideas, argumentos que se conservan archivados en el registro de la Sociedad, y que hoy deben ser otras tantas piezas justificativas de la imparcialidad con que le elogio.

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OBRAS 294\ 294\ Y qu dir de aquella memorable sesin que celebramos despus que la suprema autoridad del Rey mand desatar los vnculos polticos y patriticos, que por ms de cinco aos nos tenan ligados con nuestro meritsimo Presidente? Todo el Cuerpo aprobaba con la posible solemnidad los notorios benficos procedimientos de su fundado r, los consagraba para la prosperidad ms remota, y en la efusin de su tierna gratitud le renda por mi boca el ms brillante hacimiento de gracias, cuando S. E. echando el resto de su sensibilidad y de su patriotismo nos reitera sus propicias intenciones, nos protesta sus buenos deseos y la duracin de ellos, y se ofrece a servirnos de agente en su ausencia para la pronta y favorable expedicin de los recursos que haba elevado el Cuerpo al pie del trono. Y todo esto con qu pudor!, con qu energa! Su discurso concebido en el momento, era producido con una sencillez que nos haca admirar en l aquella hermosura que compar Cicern, hablando del estilo de Julio Csa r a la de una mujer medio desnuda. Muy pronto vimos cumplidos sus votos y sus protestas. Apenas llega a la Pennsula hace que el genio y el talento vuelvan a tomar su primera direccin, su antiguo ejercicio. Por escrito dio cuenta a la Sociedad del estado en que haba puesto la solicitud del maestro de Qumica, y la lisonjea con la fundada esperanza de obtener los arbitrios para el entretenimiento de la Casa de Beneficencia; la exhorta con la ms poderosa persuasin a que no desfallezca, y la... Mas qu es esto?, qu es lo que veo? Un espectro horrible ha ocupado de improviso el vaco de mi imaginacin: impensadamente han desaparecido de ella las ideas alegres y lisonjeras que yo estaba recordandoos, otras nuevas y lgubres la agitan ahora; y una sombra que ha cado sobre mis ojos me roba el placer de veros. Si sern stos los manes de Luis? No hay duda, ellos son; Luis ha muerto, y yo estoy viendo su imagen triste, as como el padre Eneas vio la de Hctor lloroso, denegrido, cubierto de lgrimas, de sangre y de polvo. Qu horror! Cunto difiere este instante de los que acaban de correr mientras yo lea su panegrico! Qu diferencia entre ste y el otro Aquiles, entre aquel Luis que antes nos presida y el que ahora perturba mi cerebro! Su sombra me est hablando: si querr recomendarnos su religin, sus aras, sus penates, al modo que los recomend Hctor al hijo de Aquiles para que los arrebatase si fuese preciso de las manos de los griegos: Sacra suos que tibi commendat Troja Penates. Escuchemos: Si acaso, ilustres patriotas, mis desvelos no acertaron a plantar en vuestro pas el rbol de la pblica felicidad; si mi patriotismo, acaso, no igual el tamao de vuestras ansias y de vuestras necesidades, disclpenme siquiera el mrito de haber establecido entre vosotros el rgano por donde pueden veniros todos los bienes apeteci-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 295 / 295 b les. Y si Epaminondas crey haberse ameritado con la Patria, y hecho eterno su nombre con la victoria que report junto a los campos de Leutra, porque deba ser para los griegos fructfera de muchas conveniencias, a m tambin me ser permitido exigir de vosotros que mi nombre viva siempre en vuestra gratitud, porque os di la Sociedad Patritica, digno instrumento para llevar hacia vuestro suelo todas las conveniencias que hacen felices a los pueblos. Cultivadla, pues; conservadla como verdaderos patriotas. Mis amigos, me es imposible proseguir: estoy horrorizado: un pavor general embarga mis miembros: Luis... Sombra de Luis... el horror me hiela la lengua; mi sensibilidad se ha convertido en estupidez, y mi admiracin en gemidos. Apenas puedo decirle lo que algunos romanos dijeron al ver la imagen de Julio Bruto: Ojal viviera! Utinam viveres! III Elogio del S r D. Nicols Calvo y O F arril 14 Pulchrum eminere est inter illustres viros. Sneca. Octavia, act. 2. Esc. 2 (verso 474) Esta noche no debis esperar de m un discurso de carcter sublime, como el que tuve el honor de haceros en enero prximo pasado; porque no es lo mismo venir yo a elogiar al amigo Dn. Nicols Calvo por nombramiento del Cuerpo Patritico, que haber venido por un movimiento propio de gratitud a tributar homenaje a la inmortal memoria del Excmo S r Dn. Luis de las Casas nuestro primer Presidente, y autor de nuestra constitucin. Entonces, sin reconocer otras reglas que las comunes del arte de hablar bien para persuadi r pude dejar correr libremente el panegrico, valerme de los recursos de los Plinios, Tulios y Demstenes, que estuvieren a mi alcance, y hacer resplandecer en mi oracin todo el lujo oratorio que merecan las acciones importantes de mi hroe. Pero ahora milita circunstancia muy diversa. Yo debo sujetarme a los preceptos que dio para esta especie de composiciones el padre de las sociedades patriticas. Excmo S r Conde de Campomanes, sancionados en uno de nuestros acuerdos, o presentados como un modelo que debamos imitar cuando uno de nuestros me j o14. Pronunciado el 5 de marzo de 1801 en Junta Ordinaria de la Sociedad Patritica. Publicado por Jos Augusto Escoto en la Revista de Literatura Cubana, Matanzas, 1916, t. I, pp. 35-48. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 179-196.

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OBRAS 296\ 296\ res amigos 15 elogi con general aplauso a M r Lecomte. No me culpis, pues, si trayendo hoy un asunto tan digno de los rasgos brillantes de la elocuencia, y tan difcil de desempear al tamao de su grandeza, si debiendo hablar de un socio que fue tan til y aun capaz de empresas mayores que las que tent; de un socio, mi paisano, mi apreciado r mi maestro y mi amigo, para decirlo de una vez, sacrifico todos estos recomendables ttulos, sacrifico tambin mi genio, mis deseos y mis obligaciones para con l, a las sencillas reglas de un elogio social. Mas ya que no debo ser sublime, me permitiris sea un poco largo. Y si alguna vez os pareciese que yo abrigo sentimientos de mi amor propio, os suplico encarecidamente los atribuyis a mis muchas relaciones literarias con el socio que vengo a elogia r. Naci Dn. Nicols Calvo en esta ciudad el 5 de noviembre de 1758. Fueron sus padres D r Pedro y Da. Catalina OFarril. Dn. Pedro fue un hombre, si me es lcito decirlo as, de la antigua virtud. Haba seguido la carrera de las letras y obtenido el grado de Doctor en Derecho Civil. Despus, entre las ocupaciones de su empleo de Regidor Alguacil Mayor y las dems que rodean a un Magistrado, conserv siempre el gusto por las letras, sin exceptuar las sagradas. Da. Catalina fue una seora todo piedad y circunspeccin: jams desminti la cristiana nobleza de su origen, pues la familia de OFarril es reputada en Irlanda por benemrita del Estado y de la religin: me explico as porque he ledo y traducido algunos pergaminos del archivo pblico de aquel reino. Muy muchacho visti los hbitos clericales y comenz la carrera de la ilustracin. En este convento de predicadores curs latinidad, retrica y filosofa con aprovechamiento tan pblico, que inmediatamente obtuvo por oposicin la ctedra del texto de Aristteles, y por ella la borla de Maestro en Artes. 16 Estudi despus todos los cursos acadmicos en que est repartido el estudio de la Teologa, bien la escolstica, bien la moral, bien la escrituraria. Con asombro de los condiscpulos, ilustraba las lecciones diarias, dndoles noticias de las doctrinas de San Agustn que lea en su casa. Debo advertir que en aquella poca viva un eclesistico de conocida probidad, de profunda inteligencia en las ciencias sagradas y de extraordinaria aplicacin, un eclesistico verdadero ornamento del clero secula r. 17 A su lado se educaba D. Nicols, coman juntos, casi vivan bajo un propio techo, y estudiaban de mancomn las obras de Cicern, la expositiva de San Agustn y Alapide y la Historia romana que escribi el abate Rollin. 15. Dr. Domingo Mendoza. (Nota del autor.) 16. Se gradu de Doctor en Filosofa el da 3 de septiembre de 1776. Memorias de la Universidad de La Habana, del ao 1873-1874. Apndice, p. 6. (Nota de Jos Augusto Escoto.) 17. Bachiller Dn. Juan Bautista Barca, cura ms antiguo de esta ciudad. (Nota del autor.)

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JOS AGUSTN CABALLERO / 297 / 297 En el estudio del Maestro de las Sentencias consumi mucho tiempo nuestro socio. Desencuadern el volumen, dividindolo en tantas partes cuantos son los libros que componen la obra, para poder traer as ms fcilmente en la faltriquera el tratado de la obligacin; y mand a su memoria casi todos los cuatro libros. Coron todas estas tareas con la oposicin clebre que hizo a la Ctedra que lleva el ttulo de aquel auto r Ms adicto a San Agustn que al mismo Pedro Lombardo, sostuvo pblicamente la famosa opinin del Obispo de Hipona sobre la pena de fuego eterno que se reserva a los prvulos muertos sin el agua del bautismo, y habiendo superado la expectacin general y merecido el sufragio de los Jueces qued constitu i do catedrtico de Maestro de las Sentencias. Tal investidura allan el inconveniente de no estar ordenado in sacris para recibir luego al punto la borla egregia de la Sagrada Teologa. En medio de estos aplausos apenas contaba Calvo veinte y cuatro aos. Sigui, en fin, el estudio del derecho cannico; y no he podido averiguar los motivos por que no concluy todos los cursos. Sus adelantos en los estudios privados fueron mayores y aun ms rpidos que en los pblicos. El conocimiento de las lenguas fue siempre su pasin favorita; y con razn, porque ellas sirven como de otras tantas llaves para abrir todas las puertas del santuario de la erudicin. Ya entenda la francesa; y la latina le mereca el primer lugar: Tulio y Quinto Curcio, Horacio y Ovidio le ensearon las primitivas bellezas de las letras humanas. F ortalecido ya su espritu con esta muchedumbre de conocimientos, lleg el tiempo oportuno de estudiar las ciencias de combinacin, siempre amadas de Calvo como por una especie de instinto. Dije el tiempo oportuno, o porque este grande estudio requiere una singular sagacidad y ms consistencia en el talento, dotes que no se hallan en los tiernos aos, ni se logran hasta despus de haberse perfeccionado en el uso y ejercicio de las otras ciencias; porque stas de que voy hablando embargan y arrastran el entendimiento de tal manera, que miran todos los otros conocimientos con disgusto e incertidumbre, por lo que conduce mucho adquirirlo antes, si es que se trata de saber las letras y las ciencias. Me acuerdo que Blas Pascal sustraa a su hijo, muchacho an de doce aos, los libros de Geometra, dicindole: La aprenders cuando seas ms digno: aprende primero las lenguas antiguas: para ser gemetra es menester ser un hombre. Las primeras tentativas de Calvo en este nuevo estudio se debieron a la buena amistad que cultiv de un individuo bastante aprovechado y de un crdito pblico en este ramo de instruccin. 18 18. El seor Dn. Benito Pardo, Ayudante Mayor del Regimiento de Navarra. (Nota del autor.)

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OBRAS 298\ 298\ Desde entonces no dej pasar un solo da sin trabajar sobre los libros maestros de las Matemticas, bien las puras, bien las mixtas, y siempre fue un espa incansable para indaga r atisbar y conciliarse el trato y el aprecio de cualquier persona que profesase, aunque fuese medianamente, cualquier parte de las ciencias exactas. Por los aos de 1782 vari de una vez la profesin de nuestro socio, y perdi el clero un ordenado que le hubiera sido de mucho honor y utilidad. A fines de 1783 contrajo matrimonio con una seora digna de su calidad y de su genio. Haremos aqu un parntesis para correr algunos aos antes de considerarle en la clase de padre de familia: lo consideraremos primero como uno de los magistrados de esta ciudad en calidad de Teniente de Regido r y de Alguacil Mayor por espacio de doce aos. Las comisiones que libr el Ilustre Ayuntamiento sobre la aptitud y patriotismo de este su distinguido miembro me excusan de reflexiones acerca de su mrito. l se obliga a constituir un matadero contiguo al que exista para que la matanza de las reses del abasto se verificase a la vista del Caballero Regidor diputado y evitar as algunas faltas perjudiciales al pblico; l realiza la fbrica, suple de su bolsillo el dinero necesario y merece despus la aprobacin del Senado. Trabaja ordenanzas para el arreglo de la carnicera de cerdos y se le comisiona para que las haga observa r Cuando el fuerte aluvin del ao de 1791 se le encarg el reparo de los Puentes Grandes, y la distribucin de las limosnas colectadas en socorro de mil infelices que moraban en el territorio comprendido desde el Husillo hasta la boca de la Chorrera. A m me entreg trescientos pesos de su bolsa para que yo socorriese a una seora viuda, encargndome ocultase a la beneficiada el nombre del bienhecho r As lo cumpl. Y si hoy lo manifiesto, es porque han cesado los motivos que me signific, porque he credo que este rasgo de humanidad es el colofn de su elogio. En cinco meses dio una razn prolija y cientfica del puente flotante que haba fabricado en el ro de la prensa por disposicin del gobierno. En el mismo ao se agitaba expediente entre el Ilmo. Diocesano y el Ilmo. Ayuntamiento sobre la reedificacin del Coliseo, y Calvo fue uno de los dos diputados que se nombraron en circunstancias de alguna delicadeza y gravedad. Casi al mismo tiempo le manifest el Cuerpo Capitular su alta gratitud y el aprecio de sus servicios certificndolos solemnemente para que l pudiese usar de la gracia que acababa de dispensarle el Rey de vestir el hbito de la Real y distinguida orden de Carlos Tercero. Nuestro magistrado, en medio de las graves atenciones de la poltica, no abandonaba su estudio privado: dibujaba, pintaba, taa el clave, segua adelante en las Matemticas, progresaba en las lenguas italiana, inglesa, y siempre sobre todo en la latina. En los anales de Tcito aprenda el derecho de las gentes y los principios de la legislacin. Re-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 299 / 299 peta la lectura de la vida de Agricola, escrita por aquel auto r para aprender las virtudes polticas, la prudencia y la intrpida energa con que se hizo tan amable aquel Gobernador de la Gran Bretaa. F ue una lstima, Seores, que Calvo, imitador de un modelo tan honroso no hubiera continuado en la magistratura, porque teniendo este empleo tanta conexin con la felicidad de la Patria, su amado dolo jams hubiera carecido de un canal directo por donde comunicarla incesantemente. Sin embargo, l solo, como un mero particula r trabajaba por hacerla veni r Conociendo que el medio indispensable es la ilustracin de la nobleza, instituye una escuela pblica de Matemticas; llama y convoca los nobles jvenes de la ciudad, y los matricula en esta nueva academia, que con permiso del Superior Gobierno regenta un extranjero, cuya pericia en la materia acreditaban la voz general, y las frecuentes concurrencias que tuvo con nuestro amigo. 19 Mas parece que no se haba fundado bien su crdito en la moral, porque este hombre estimado del pblico, bien rentado, y exorbitantemente remunerado, fue un ingrato e impoltico con Calvo; y Calvo tan generoso, que ni aun pens contestarle sus insultos por escrito, ni reembolsar las anticipaciones pecuniarias que le haba hecho durante su residencia aqu. Casi en estos mismos das trat el Excmo. S r D. Luis de las Casas de establecer un Papel Peridico, y a este fin puso los ojos en Calvo: Calvo recargado de ocupaciones, los pone en m; yo, tan convencido de mi insuficiencia como de su aptitud, acept con la precisa condicin del auxilio de sus luces, y fui siempre como un eco suyo. Por los aos de 1793, proyectaban el Excmo. S r Gobernador y el Ilmo. S r D r D. Luis Pealver y Crdenas la institucin de una Sociedad Patritica a pedimento de algunos distinguidos vecinos. Uno de ellos fue el amigo Calvo. Y como uno de los fundadores fue tambin uno de los apstoles del patriotismo, digmoslo as, encargado de atraer individuos que incorporar al nuevo establecimiento. Desgraciado quien le hubiera dicho entonces que su proslito haba de ser su panegirista despus de su muerte! En la primera sesin se nombraron los ministros, y la censura, que requera sujeto que poseyera los idiomas y gran caudal de conocimientos humanos, recay sobre Calvo. El concepto ventajoso que el Cuerpo se haba formado de l, no quedaba satisfecho con esta distincin: siempre se vala de sus luces en todas las tareas patriticas. Para no molestaros y no traspasar las leyes que estoy forzosamente observando, dar slo el ndice de sus principales comisiones, a sabe r la suscripcin para costear la nueva mquina de moler caa sin auxilio de los animales, presentada por M r Lafaye, la diputacin de los cuatro socios 19. Mr. Dillon. (Nota del autor.)

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OBRAS 300\ 300\ que haban de presenciar aquel ensayo e informar de su resulta, la traduccin de las obras de Corbeaux y Dutrone de la Couture para mejorar la elaboracin del azca r el establecimiento de una escuela pblica y gratuita de Qumica y Botnica; el cuidado de la fbrica del hospicio que se levantaba extramuros, varias observaciones sobre las causas que retardaban el progreso de la industria, agricultura y poblacin de la parte oriental de nuestra isla, y los medios que seran convenientes para reducirla a su mayor auge, todo a consecuencia de la Real Cdula, que se sirvi pasarnos el Seor Intendente visitador; una memoria demostrativa de la necesidad que tena la economa rural de caminos, que facilitasen la importacin de nuestros frutos y nuestro comercio interior; el plan del establecimiento de un jardn botnico; un instituto habanero ceido a ensear precisamente las ciencias exactas de que con harto dolor suyo careca la Patria; la idea y direccin del cuadro, que yo, el menos digno de vuestros censores, os propuse mandaseis pintar para perpetuar en honor del Excmo. S r Dn. Luis de las Casas la ceremonia de la traslacin de las nias educandas; y la diputacin a cuyo cargo haba de correr la crianza de estas nias y dems pobres. Aado a esta serie de merecimientos patriticos la donacin de algunas obras a favor de la biblioteca pblica, la cantidad de mil pesos que ofreci para habilitar al maestro de Qumica que deba venir de Cdiz, y el haber logrado del botnico Dn. Martn Ses se encargase de la instruccin de un joven habanero. 20 En todas nuestras juntas siempre escuchamos su voto con particular consideracin; conocimos que ningn asunto le era extrao, ninguna dificultad era insuperable a su genio y a su talento; que la energa en sus discursos le era natural; que siempre hablaba persuadiendo; y entre la solidez y amenidad de sus raciocinios y la dulce gravedad con que los deca, nos era imposible negarle nuestro sufragio. El discurso que nos hizo promoviendo una escuela de Qumica y Botnica, su oracin cuando se abri la Clase de Ciencias y Artes, de la que fue Presidente, y su oda leda en una de nuestras juntas generales en elogio del antiguo Padre de las educandas, son obras que se conservarn con honra suya en los archivos de nuestra Sociedad. Todava trabaj ms nuestro socio por la pblica felicidad. Un nuevo teatro se present a su patriotismo y a su ilustracin tal fue la Junta Econmica del Consulado, que acababa de establecerse en nuestro suelo 21 y que al tiempo de su ereccin le haba nombrado por uno de sus conciliarios. Pero yo no puedo en la sucesin de las apariciones de este astro dejar de contemplarle de cuando en cuando dentro del recinto de su esfera, quiero deci r que vuelvo a contemplarle dentro de su gabinete. 20. Jos Estvez. (Nota del autor.) 21. Fue creado por Real Cdula de 4 de abril de 1794. (Nota de Jos Augusto Escoto.)

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JOS AGUSTN CABALLERO / 301 / 301 Siempre le encontr su actual ejercicio, o acompaado de personas instruidas, o rodeados de mquinas, de libros, de planos y de instrumentos. El clave, la cmara oscura, la mquina elctrica, la mquina neumtica, la piedra imn, las esferas celeste y terrestre, el barmetro, el termmetro, el aermetro, todo un aparato de Qumica, una coleccin de las preciosidades de la Botnica y de la pintura, el prisma de Newton, el telescopio, un microscopio sola r y que s yo qu otros mil artificios propios de las ciencias exactas, eran las alhajas que adornaban su incesante aplicacin. Me parece que ley si no todos, ciertamente la mayor parte de los clsicos latinos: su memoria inmensa y tenaz le serva con oportunidad para citar sentencias y perodos enteros de las obras ms selectas de escritores espaoles, latinos, franceses, ingleses e italianos, ora hablemos de los poetas, ora de los prosistas. En fin, si yo dijera que el Horacio, la Vida de Agricola por Tcito su yerno, y los Oficios de Cicern fueron los libros que ms manose, que ms ley y que ms estudi, no faltara a la verdad; y se me creera con tanto ms fundamento, cuanto sabemos que aquellos autores fueron sublimes maestros de las virtudes sociales, tan inseparables de las operaciones de Calvo. Entremos ya en la Real Junta del Consulado. Este congreso de poderosos patriotas necesit fijar desde el principio los objetivos de su conferencia, y a este fin nombr una diputacin que deba tomar el trabajo de indicarlos. Calvo mereci la preferencia entre los hacendados. Contentaos con orme deci r que todava no se ha tratado en aquella Junta un solo punto de utilidad a la agricultura y al bien pblico, que no est indicado en la memoria de Calvo. Mas nunca ella llenar las ideas de su instituto, si no dirige sus pasos por los caminos que le traz la diestra mano de su conciliatorio. Seguidamente crey que deba volver a insistir en la construccin de nuevos caminos, y no satisfecho de la Memoria que sobre este particular haba trabajado en la Sociedad, trabaja otra en esta Junta Econmica, ms difusa, llena de ms fuego y ms abundante en arbitrios. Ilustrada as la Junta, incitada por una funesta experiencia, y llamada por el grito de algunos infelices, intent derogar la calicata del pan y dems comestibles establecida aqu por los municipales 4 y 45. Era muy ardua esta pretensin: las circunstancias de tener que chocar con la ley y sus ejecutores, requeran sin duda otra autoridad y energa y ms confianza en el logro de la empresa. El amigo Calvo, escogido para aplicar sus luces en favor de semejante tentativa, form un discurso a medida de su patriotismo, y exhort a amb o s Cuerpos a redimir al comercio, a los panaderos y a todo el pueblo, de esta como traba en sus respectivas ganancias. Si las razones que le dict su deseo de fomentar la industria, si sus arbitrios y sus esfuerzos fueron intiles, digamos con Horacio: A todos nos deslumbra la apariencia del bien, decipimur specie recti.

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OBRAS 302\ 302\ Calvo, en fin, lleg a creer que nuestra agricultura alcanzara demasiado si se estableciesen ingenios de agua en tierras que solo fructificaban tabacos, a pesar de las manifiestas proporciones para elaborar azca r Con esta mira compra cuarenta y ocho caballeras de tierra en la llanura de los Gines, en ms de noventa y ocho mil pesos, pagndolas, no al precio regular de su tasacin, sino al que corresponda a la gran bondad que haba concebido en ellas. Su ejemplo y sus insinuaciones sostenidas por el dictamen de un hombre perito, a quien haba hecho venir de Jamaica, y quien en aquella Isla haba manejado por quince aos las haciendas del Conde de Coustines, determinaron a otros vecinos acaudalados a comprar tierras en el mismo paraje para fabricar molinos de agua. Impensadamente se detiene el curso de esta novsima industria. La Real Factora de tabacos entredicha a los propietarios de vegas: ninguno puede vender sin previo acuerdo del administrado r En este embarazo ocurre Calvo a la Junta especialmente encargada por S. M. de socorrer y mejorar todas las especulaciones agrarias; a veces, mis amigos, es menester ser intrpidos para hacer un bien. La Junta le ordena haga ver las utilidades de su plan, y la parte en que poda perjudicarle el entredicho de la Real Factora. As lo verifica en su representacin de 6 de setiembre de 1797, representacin que ser siempre una muestra de la grande alma, de las vastas ideas, del odio a las preocupaciones y de la sed insaciable por aumentar la industria, que siempre animaron a su digno auto r Al cabo vino a quedar la cuestin indecisa, y decidida; porque ambos Cuerpos acordaron pedir al Rey la final determinacin, y el meritsimo jefe 22 que cuidaba entonces de los intereses del fisco, y que jams dej de protegerlos, amparando siempre las operaciones de nuestra agricultura con la misma franqueza que las de nuestro comercio, juzg deba permitirse entretanto la venta de unas tierras, que ni estaban sembradas de tabaco, ni la Real Factora determinaba comprarlas. Tal xito tuvieron los conatos de patriotismo de Calvo, y esto me hace acordar de las clusulas que omos de su propia boca, cuando promovi en una de nuestras Juntas la institucin de una escuela de Qumica y Botnica: no es lo mismo tener buenos deseos en favor de la Patria, que concebir para satisfacerlos ideas provechosas, buscar medios asequibles con qu plantificarlos, y expresiones felices con que se rena la voluntad de los ciudadanos, sin cuyo auxilio fracasa casi siempre desde su mismo origen los ms aventajados intentos. Sin embargo, Calvo prosigue su nuevo ingenio hasta invertir cerca de seiscientos mil pesos, y al tercer ao cosecha en primera molienda nueve mil arrobas de azca r dato infalible que desminti los temores de unos y las hablillas de otros. Este resultado de los afanes y gastos de 22. El seor Dn. Jos Pablo Valiente. (Nota del autor.)

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JOS AGUSTN CABALLERO / 303 / 303 un patriota que an no haba concluido el fomento de una de las mayores haciendas de la Isla, el Cangre, cuya zafra le acababa de rendir veinte y cinco mil arrobas de azcar; este resultado digo, en ocasin que segn confes l mismo en la citada representacin, no le era oportuno por sus considerables empeos a emprender tan vasto proyecto, le hace hoy acreedor de una gloria, a que slo puede aspirar un hombre de su pecho y de su cerebro. Agregad ahora la comisin que le confi la Capitana General para erigir en villa la numerosa poblacin de los Gines. A fin de desempearla con todo acierto, se impuso la nueva y pesada tarea de leer una porcin de antiguos expedientes, que se haban actuado en la materia, el cdigo entero de las Leyes de Indias, y algunos autores de la poltica indiana. Sus primeros pasos se dirigieron a la Iglesia. Ella no es, dijo a sus vecinos, digna del Dios que la habita. A sus expensas la retoca y adorna. Despus que ha tomado un conocimiento experimental de la conducta de cada uno y de la excelencia del terreno, levanta su plan, seala los empleos, indica los sujetos capaces de desempearlos, determina los propios, y en cuanto pende de su mano, deja evacuado el honroso encargo a contento del jefe y del vecindario. La justicia me obliga a advertiros que Calvo no ha sido slo un fundador de la villa de Gines: l fue tambin padre de aquel dilatado territorio: su posicin en cualquiera de sus haciendas era una felicidad general. Remediaba el hambre y la desnudez; pacificaba las desavenencias; el mismo Juez pedneo le remita los litigantes para que cortase los pleitos. Cuntas veces los cort con el sacrificio de su bolsa! Me ocurre en este momento D. Jos Martnez y el artfice M r Lardiere. Cuntas veces me signific su pensamiento de hablar con el S r Provisor y Vicario Capitular para levantar la iglesia desde sus fundamentos, ofreciendo suplir de su peculio las cantidades a que no alcanzase la renta de la fbrica! Mas la voz de su familia me est llamando, y es menester cerrar el parntesis que interpuse entre esta poca y la de su matrimonio. Calvo, mis amigos, estim siempre a su consorte, siempre la am, siempre conserv con ella una armona ejemplar y admirable: el propio la instruy segn el consejo de Scrates a Ischon, que leemos en la Economa de Xenofonte. Jos Mara, la nobleza del sentimiento no debe ser un privilegio para que el hombre sea intil a su Patria. Ved aqu la mxima que inculc de mil maneras a su tierno hijo delante de m y de algunos otros. A este objeto le mantuvo constantemente ocupado. Jams le admiti en su presencia, ni a l ni a la hermana, sin preguntarles antes si haban dado y sabido la leccin. En los ratos de recreo le haca manejar los instrumentos que preparan las materias de las artes mecnicas, y le

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OBRAS 304\ 304\ daba ocupaciones que actuaban el cuerpo y el alma. Una vez le encontr estudiando como un muchacho los rudimentos de la lengua griega, y me asegur ser aquella nueva tarea, ms por tener el gusto de ensearla a su hijo, que por su propia utilidad. Mientras leamos los Oficios de Cicern sola decirme: Cundo tendr yo el placer de que mi hijo entienda el latn, para hacerle aprender de memoria todo este libro! Ojal que esta conducta de nuestro socio, mereciese la honra de que la imitasen muchos de su misma clase, que parece no aprueban iguales principios! Algo til nos presenta Calvo si le consideramos como seo r Yo le vi asistir personalmente a los criados enfermos, le vi leerse tratados y volmenes de medicina, de anatoma y farmacia para contribuir a las curas de sus dolencias. Pero, qu no le vi, y le vi siempre, de honesto y virtuoso? Siempre hablndome de las ciencias, del aprecio que le mereca la virtud, del bajo concepto con que miraba a los que no servan a la Patria, ni con sus luces porque no las buscaban, ni con su dinero, porque no les gustaba sacarlo de arca, y siempre abriendo su mano generosamente, para bien del pblico, o para bien de los privados miserables. Sin hablar aqu de los quinientos pesos que don para la construccin de una de las fuentes extramuros, se calculan sus piadosas erogaciones a diez pesos diarios inclusos los mil anuales para los gastos de la ltima guerra y el salario del maestro de su hijo. Si el trato antiguo y familiar que tuve con l me facilitaba coyunturas de ver y observar tan honestas acciones, tambin me proporcionaba tristes sucesos que me hacan desconfiar de la duracin de su vida; porque no poda haber temperamento que resistiese tanta fatiga de espritu y de cuerpo. De aqu la propensin a tercianas, aquellos vrtigos que le obligaban a buscar apoyo para sostener su delgada mquina, y aquella modorra que le haca usar del caf a horas extraordinarias para excitarse. Era preciso, mis amigos, que un hombre de tan continua aplicacin y tan temprana, que joven an perdi los adornos de su boca y de su bien organizada cabeza de la lmpara de Cleante; que un hombre siempre devorado del fuego del patriotismo y en la frecuente agitacin que exiga el cuidado de sus grandes intereses; que un hombre, en fin, cuyas facultades as intelectuales como corporales se haban casi agotado en la fbrica de la Holanda, sobreviviese pocos aos a estos heroicos esfuerzos del genio y de la reputacin. No fue as? Una fiebre de maligno carcter le asalta, y nunca intermite. l llega a conocer que el arte tiene sus lmites, que no los puede traspasar ni el mejor deseo, ni la mayor pericia, ni la ms exquisita diligencia del mdico. Antes que ste le manifestara el peligro y le insinuase las obligaciones de su religin, ya l ha tratado de cumplirlas. En efecto, recibe los sacramentos, testa, y en menos de veinte das, el 15 de diciembre de 1800,

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JOS AGUSTN CABALLERO / 305 / 305 se arruina de una vez su salud y su vida a los cuarenta y dos aos y un mes de su edad. Qu perodo tan breve para un amigo que se ilustr tanto, que hizo tanto bien y que iba a hacer otros muchos bienes! Pero siempre he odo decir que los monstruos viven poco tiempo. Y o le pondra esta inscripcin a su memoria: Don Nicols Calvo, el mejor modelo, la vctima del patriotismo. IV Elogio fnebre del Ilmo. Seor Doctor D. Joseph Manuel Gonzlez de Cndamo 23 In fine hominis denudatio operum ejus. Eccles. Cap. II v. 29. Luego que el hombre muere, se descubren todas sus obras. Abismos de la futuricin! Sendas impracticables de la Providencia! Dios incomprensible! Permtame V S. Seor Presidente Gobernador y Capitn General, desahogue as mi dolo r Dios incomprensible! Nadie entiende tus decretos! Porque quin hubiera entendido el ao prximo pasado, cuando presenciamos la instalacin del Ilustrsimo Seor Doctor Don Joseph Manuel Gonzlez de Cndamo en la Silla de su Canonga; y cuando le veamos tomar en sus sagradas manos las riendas del gobierno de esta Iglesia viuda, que ho y a los catorce meses habamos de reunirnos para sufragar por el reposo de su alma? Quin nos hubiera dicho cuando le vimos humillado al pie del altar all en el Sancta Sanctorum invocando los auxilios divinos, que dentro de un ao, muy poco ms, habamos de volver a verle humillado de una vez, sirvindole de sepulcro el mismo Sancta Sanctorum? Y quin me hubiera dicho a m entonces que fuese recogiendo las adelfas y cipreses con que haba de cubrir su tmulo, porque en breve tiempo sera yo el destinado a formarle su elogio fnebre? Pero no: no soy yo quien vengo a formarlo, aunque me lisonjeo de que lo desempeara bien, si es cierto que un orador tiene buen suceso cuando elogia lo mismo que haba antes amado. No soy yo, repito, quien vengo a tejerle el panegrico. Sus acciones presentadas en toda su realidad son suficientes a suplir por mi talento, y elevarle a la esfera de los hombres que la religin llama de virtud. Me acuerdo que los antiguos egipcios en sus parentaciones exponan el fretro en el vestbulo del Sepulcro para que el pblico juzgase de las operaciones del difunto. Si stas resultaban contrarias a los documentos de la tica, unas voces tumultuarias interrumpan la lgubre ceremonia, y el cadver no se acostaba en el monu23. Pronunciado en la Iglesia Catedral de La Habana el 13 de octubre del ao 1801. Publicado por la Imprenta de Don Estevan Boloa, Ao de 1801. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 197-218.

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OBRAS 306\ 306\ mento de sus mayores ; mas si sus hechos aparecan conformes a la le y, resonaban las declamaciones encomisticas, el humo oloroso de los aromas perfumaba todo el mbito del templo, y las lgrimas de los circunstantes humedecan las cenizas del hroe muerto. Los atenienses solemnizaron la parentacin de Pericles coronando de yerbas su Sepulcro, y aplaudiendo su memoria con una arenga fnebre despus de referidas una por una sus virtudes. Tan persuadidos estuvieron siempre los pueblos de que la mejo r la verdadera alabanza se fundaba en las mismas acciones demostradas en un tiempo en que no puede disfrazarlas ni el temor ni la lisonja del panegirista, ni la modestia del elogiado. Esta general persuasin tiene el apoyo de la Escritura Santa en ambos Testamentos. San Pablo escriba a los Corinthios que no se anticipasen a formar juicio de otro antes de tiempo. Salomn advirti que su herona no deba ser alabada por las hazaas de sus abuelos, ni por sus riquezas, ni por sus timbres, sino por sus operaciones personales, reconocidas y admiradas cuando ella hubiese arribado a las puertas de la muerte. El hijo de Sirac en su Eclesistico, nos impone silencio acerca del concepto que deba hacerse sobre la conducta de un hombre, hasta que ste no haya muerto, porque entonces es cuando se desnudan sus obras, se rasga el velo que las ocultaba, y se descubre lo bueno o lo malo. V amos, pues, nosotros a desnudar ahora al que vimos antes revestido del sagrado Ephod, empuando la vara inflexible de la justicia, formando un coro edificativo con los dems piadosos Ministros designados a mantener el culto divino; vamos a desnudarle, y bajo la seda, la prpura y el lino descubriremos la piedad de un Cannigo, la integridad de un Proviso r toda la santidad de un Obispo, in fine hominis denudatio operum ejus. Quisiera llegar cuanto antes a estas tres pocas memorables de su vida, porque deseo vehementemente manifestaros el mrito y tamao de sus acciones para sonrojar al que se hubiere atrevido contra las doctrinas de San Pablo, de Salomn y de Jess, a formar juicio de ellas antes del caso de muerte. Y si en ellas no se comprenden ni el nacimiento, ni el brillo, ni la prosapia, yo no faltara al plan propuesto si omitiera deciros, que el Ilustrsimo Seor Doctor Don Joseph Manuel Gonzlez de Cndamo naci el ao de cincuenta y cuatro en Morzn, un lugar del Principado de Asturias: que sus padres fueron Don Manuel y Doa Manuela Caunedo; que su familia gozaba los privilegios de la nobleza de Oviedo, donde era Regidor su Padre, y donde haba sido Juez primero por el estado noble, y Alcalde Mayor de la Rivera de abajo. Dije que no faltara al plan propuesto si omitiese estas noticias, porque no son acciones del difunto, no porque piense hacer desprecio de la nobleza: la reconozco con el Cardenal Borromeo como un singular beneficio de Dios; confieso que contribuye mucho al brillo del espritu, y que produce ad-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 307 / 307 mirables efectos, porque el lustre de la sangre, la virtud de los antepasados, sus hechos gloriosos sirven de estmulo al noble para que los imite; y l se halla ms dispuesto al ejercicio de lo bueno, ora por la conformidad de su temperamento con el de sus progenitores, ora por la memoria de unas acciones tanto ms apreciadas de l, cuanto las considera resplandecientes entre los suyos, ora en fin porque de padres nobles haya recibido una noble educacin. Tal fue la que recibi Don Joseph de su padre Don Manuel. Este ilustre asturiano crea, y crea bien, que nada figuraban los talentos que no se empleaban en la felicidad de la Patria, y que el estudio de las ciencias contribua a su fomento lo mismo que el filo de las espadas, porque vale ms la sabidura que la fuerza, y el varn sabio ms que el fuerte. Conducido de estas generosas ideas inclina a su hijo a la profesin literaria. En el clebre Ateneo de Oviedo le hace aprender la Latinidad, la Retrica, la Filosofa, la Jurisprudencia Cannica y Civil. Siempre se le observaba al nuevo alumno en estas carreras facilidad para entender y acordarse, que es lo que llam ingenio Marco Tulio, y una inclinacin a todo lo bueno, cualidades muy parecidas a las que adornaron el alma de Saln, puer eram ingeniosus, et sortitus sum animan bonam. En su porte familiar era un remedo del muchacho Tobas, de quien dice la Escritura Santa, que no se adverta nada pueril, y que hua el consorcio de los otros muchachos que se acercaban a los dolos de Jerobon. Iniciado ya, se traslada a V alladolid; obtiene por oposicin una de las becas del Colegio Mayor de Santa Cruz; y por los aos de 83 es elegido su Rector y Conciliario. Estos empleos, y la experiencia de su instruccin y rectitud le proporcionaron el defensor de los derechos del mismo Colegio al pie del trono. All va expensado por el Cuerpo, y autorizado a representar por l en las dudas que haban ocurrido sobre el Rectorado de la Universidad. Su mansin en la Corte por espacio de ocho meses fue un vidrio de aumento, que hizo ver muy en grande su actividad, su pericia y su desinters. Si vierais la prolija cuenta de los gastos del viaje, asegurarais haba rebajado aun del nfimo valor de las partidas; y si leyerais la letra comendaticia que lleva para su Diocesano, exclamarais: no siempre fracasa la virtud en las Cortes, no falta alguna vez un Daniel que resista gustar de los manjares de la mesa de Nabuco. Pero quin escribi esta carta? La mano patriota del Gobernador entonces del Consejo de Castilla. Qu se deca en ella? Don Joseph Gonzlez de Cndamo es capaz de llenar todo el hueco de vuestro Obispado. Referir sus otros mritos con la misma rapidez que los adquiri. La Universidad de Toledo le confiere la Borla en Derecho Cannico; y restituido a Oviedo, se opone a la Penitenciara de su Catedral. Lo inmenso de su memoria, y su profundidad en la ciencia Eclesistica arrebataron el

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OBRAS 308\ 308\ sufragio de los que no le conocan. En abril de 89 se le franquea la entrada del Senado de aquella Audiencia, y queda solemnemente constituido uno de los rganos de la Le y Dos meses despus es admitido entre los abogados de los Reales Consejos, y el Colegio de los de Oviedo le admite tambin entre los suyos a fines del propio ao. En enero de 92, el digno Prelado Ilustrsimo Seor Don Juan de Llano Ponte, satisfecho de la idoneidad del Dicono Gonzlez, le despacha el ttulo de su Provisor y Vicario General con facultad de nombrar un Teniente en los casos de ausencia o enfermedad; y agotando sobre l toda la beneficencia de un pasto r le consagra las manos con la uncin sacerdotal. Al punto que esta luz se coloca en el candelero, y que esta ciudad se sita en la cumbre del monte, se convierten a ella todos los habitantes, unos a buscar la claridad, otro el asilo, y el nuevo Provisor se reputa una vctima honrosa destinada a sacrificarse por el bien del pueblo. Estrena su autoridad sofocando ciertos abusos de la bizarra; providencia que expeda contra el torrente de la costumbre, fue un presagio venturoso de la rectitud y desinters que reinaran en su tribunal. Creyeron algunos que no sera Juez integrrimo entre sus paisanos, mas se desengaaron muy pronto, cuando le vieron fallar contra una persona que se haca formidable por sus poderosos enlaces. Jams traspas los lmites sealados por Moiss a los jueces de Israel: haced siempre justicia a todos, bien sea ciudadano, bien peregrino; no hay diferencia entre ellos delante de la ley; od los derechos del pobre con la misma imparcialidad que los del potentado, pues el juicio es de Dios, y Dios no distingue sujetos. Me es imposible detenerme en examinar todos los expedientes de la Curia Eclesistica de Oviedo; los elogios que resultaran de este examen, resultarn tambin, cuando volvamos a ver al mismo Joseph en el mismo empleo. Contentaos por ahora con saber que ninguna de sus providencias judiciales fue revocada por ninguno de los tribunales superiores durante los seis aos de su Provisorato, esto es, hasta la fecha del ao de 1798. Gracias al cielo me acerco ya a los tiempos ms gloriosos del Provisor de Oviedo, los ms brillantes para l, y ms apreciables para nosotros!, porque si cuando omos, escriba el Orado r o leemos en la historia ejemplos de clemencia, de mansedumbre, de justicia y de sabidura, nos sentimos inflamados de una especie de afecto a personas que no conocemos; cules sern nuestros afectos al or estas propias virtudes ejercidas por el que conocamos, y poco ha tenamos tan presente como Tulio a Cayo Csar? Dilatad vuestros pechos, y disponedlos a estos nuevos sentimientos que viene a inspiraros el nuevo Obispo de Mylasa. S, seores: El Re y informado por un Ministro en quien se admiraban conciliados el talento de conocer a los hombres con el de saber emplearlos, nombra Auxiliar de este Diocesano al Doctor Gonzlez en considera-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 309 / 309 cin a su doctitud, a su experiencia, a sus virtudes, y a sus ningunas conexiones con nosotros, segn se explica el Real Despacho. Ni una ni otra dignidad le costaron un solo deseo; muy distante de ellas, trataba entonces de pasar a Salamanca a hacer oposiciones a la Doctoral. Omitamos inquirir si un Eclesistico dotado de las cualidades de un Obispo debi o no excusarse. San Agustn le deca a Eudoxio: si la Iglesia necesita de vuestro trabajo, no pospongis su utilidad a vuestro descanso. El Anglico Doctor ensea que tan propio es de una voluntad desordenada pretender el gobernar a los otros, como lo es rehusar el gobierno contra el precepto del Superio r San Gregorio aprob la conducta de Isaas, ofrecindose a la misin, y la de Jeremas que la resisti por no saber habla r El primero no poda alegar ignorancia de su aptitud; el segundo no poda alegarla; y Gonzlez estaba en la obligacin de obedecer al Re y A estas gracias se le aadieron la de consagrarse en Europa, y la de conferirle una Canonga de Merced que vacaba en nuestra Catedral. Poco antes el Ilustrsimo Seor Don Felipe Joseph de Trespalacios, dando cumplimiento a una orden del Soberano, le haba constituido su Provisor y Vicario General con el carcter de Visitador del Obispado, Juez de Testamento, Cofradas, y Obras Pas, y Vicario Castrense. En medio de esta lluvia de dones que el cielo derrama sobre la cabeza del Obispo electo, enviuda nuestra Iglesia el 16 de noviembre del ao de 1799. El Cuerpo V enerable, heredero y depositario de los derechos del Difunto Esposo, debe escoge r conforme a las cannicas instituciones, un individuo, el ms idneo, que ejerza los actos de aquella jurisdiccin que reside en l habitualmente. Los sufragios recaen unnimes en el Obispo de Mylasa, en el Cannigo Gonzlez, cuya reputacin llevaba sobre s el sello respetable de la calificacin del Re y De improviso se ha transformado a mis ojos la ciudad de la Habana en la de Beln, y el Ilustrsimo Gonzlez en el Juez de Israel, en el Pontfice, en el Profeta Samuel. A m me est pareciendo que cuando l entraba por nuestras puertas le preguntabais como los belemitas al hijo de Eleana: t, vienes de paz? Y que l os responda: s, vengo de paz: pacificusne est ingresus tuus? Pacificus. Y o vengo a ofrecer sacrificios al Seor; santificaos, y ayudadme a sacrifica r As me parece os hablaba, porque vi y admir que en los catorce meses de su gobierno se manej este nuevo Juez de Israel con la integridad de un proviso r este nuevo Pontfice con la santidad de un obispo, y este nuevo Profeta con la piedad de un cannigo. Qu es un Provisor? Un hombre que desempea el oficio ms ingrato; que como Melchisedech no reconoce padre ni madre ni genealoga; que inscribe en su corazn los cdigos de la Ley Divina, de la Eclesistica, de la Civil; que desenreda el laberinto de los procesos y arran-

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OBRAS 310\ 310\ ca las espinas de que siembra la malicia los negocios ms sencillos; que sostiene en sus manos la balanza de Astrea para inclinarla indistintamente al lado de la ley; que no consiente se hable en el recinto de su tribunal el infame lenguaje del inters; que siempre... yo me estoy haciendo tan ridculo como aquel filsofo que en presencia del guerrero Anbal se atrevi a dar lecciones de tctica milita r Para convencerse de la integridad de nuestro Provisor Capitula r no necesito dictar elementos de judicatura delante de un juez, cuya acreditada conducta me exime de este debe r y pone mis expresiones a cubierto de todo recelo. El Eclesistico alab la judicatura de Samuel diciendo: juzgo el pueblo, segn la ley de Dios, de nadie recibi dinero, ni regalo alguno, ni unos zapatos, siquiera pecunias usque ad caletamenta ab omni carne non accepit. Lo mismo dir yo del Ilustrsimo Gonzlez. Qu escrupuloso en la recaudacin de costas! Ms de una vez cuid de que los ministros inferiores no las tirasen en los casos privilegiados; ms de una vez repeli frvolos dones ofrecidos en coyunturas que no reprobaba la le y Qu pronto, qu generoso en condenar los excesos que a l su vista, y aun contra su sagrada representacin cometan las partes! Qu paciente en escuchar las molestas relaciones de litigantes inconsiderados! Qu amigo de simplificar los trmites judiciales! Muchas veces devolvi escritos injurdicos sin ponerles providencia, as aplicaba la segur a la raz de un vicio, que domina despticamente a algunos causdicos, tal es, el llenar sus libelos de mil inconducencias e importunas acriminaciones, que no guardan ni afinidad con la accin intentada, y obstruyen la expedicin de las causas. Lo que titubeaba, lo que sufra su espritu en las dispensas de los impedimentos matrimoniales! Siempre peda la consulta de otro para ilustrar ms y ms su entendimiento, y sosegar su tmida conciencia. Cunto aborreca la imposicin de penas pecuniarias! No hay cosa, escriba l una vez, no hay cosa en que se conozca ms expuesto al honor de los jueces que en la imposicin de multas, pues es sumamente difcil ejecutarlo de modo que se desvanezcan todas las sospechas de que en su imposicin y exaccin tiene ms parte el inters que el celo y la justicia. He copiado estas palabras de un manuscrito del Ilustrsimo difunto, en el cual explana las reglas con que deben proceder los Corregidores en la materia de que hablamos, obra de su talento, fruto de su aplicacin, y un argumento victorioso de que su autor posea todos los conocimientos y las virtudes de un juez de Israel. Si la Santa Escritura hizo el elogio de David con decir administraba justicia a todo el pueblo, sus puertas a ninguna hora se cerraban para que siempre pudiese entrar el infeliz a reclamar sus derechos, dad por repetida igual expresin, acordndoos de las ocasiones en que interrumpi su descanso por despachar vuestras extraordinarias ocu-

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JOS AGUSTN CABALLERO / 311 / 311 rrencias. Su despacho no se circunscriba a ciertas horas exclusivamente; firmaba de maana, haca justicia de tarde, decretaba de noche, siempre estaba juzgando. No es verdad? A vosotros apelo, ministros de su Curia, y de su Cmara; decid si no he repetido lo mismo que publicabais, y admirabais edificados? Decid, vosotros que tan de cerca tratasteis a este nuevo Samuel, decid delante del Seo r si alguna vez usurp el buey o el asno ajeno, si os hizo autorizar con vuestra rbrica la calumnia o la opresin de alguno, si sus manes se mancharon con el inters. Inters en el Tribunal del Ilustrsimo Gonzlez! Este hubiera sido un doble crimen, un doble escndalo, porque a la investidura de Juez, acompaaba la tremenda dignidad de Obispo, de Pontfice de Israel. Qu es un Obispo? Ser muy corta la respuesta: es un santo. No importan otra cosa las frases de San Pablo en sus cartas a Tito y Thimoteo: Es menester que el Obispo guarde sobriedad, castidad, hospitalidad, desinters; que no sea fcil en ordena r que estudie la sana doctrina para exhortar al pueblo, que trate santamente las cosas santas, que sea humilde, y que d siempre buen testimonio de s. Insensiblemente ha producido la relacin de la vida del Obispo de Mylasa. San Pablo encarga la sobriedad: nadie oy hablar jams de la mesa del Ilustrsimo Gonzlez. La castidad: ni con el motivo de los pediluvios ordinarios consinti que sus criados le viesen las carnes. La hospitalidad: su mesa, su casa y su bolsa estuvieron abiertas a los eclesisticos advenedizos destituidos de socorros. Aqu he de hablar de su caridad: a los principios de su gobierno supla de su peculio los derechos parroquiales de entierros, gracia que le imploraban algunos pobres insolventes; estos subsidios eran tan frecuentes que fue preciso manifestarle el estado de su arca, y la costumbre observada por nuestros prrocos, y ordenada por nuestro Snodo de perdonar semejantes derechos a los casos de una insolvencia calificada. Ningn pobre pis los umbrales de su palacio clamando misericordia, que no hubiese recibido consuelo: nunca, ni uno solo; parece haba hecho voto como F rancisco de Ass de no negar jams la limosna. El desinters: visteis ya a nuestro Samuel, que no admiti ni un par de zapatos, y ahora vais a verle escrupulizando percibir la pensin que le asignaron el Rey y la Silla Apostlica. Crey por mucho tiempo que era exorbitante. Tu eres buen testigo, inmortal Asara, de este escrpulo, que inquiet la conciencia del Obispo de Mylasa, y a tu patriotismo tantas veces acrisolado somos deudores de tan importante noticia. Bendito sea el Dios que alent y condujo tus trmulas manos para escapa r como el Jurisconsulto Esdras los antiguos monumentos de su nacin, la pieza justificativa del desinters que anim siempre al digno Obispo que hemos perdido! Las circunstancias han variado, la pensin debe cesa r deca l despus, olvidado de la elevacin de su dignidad, de la decencia que le corresponda; y este olvido retrajo

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OBRAS 312\ 312\ sus manos de cobrar una cuota alimentaria hasta dos meses antes de su muerte. Que no sean ligeros en ordenar: cuando Samuel entr en Beln se le presentaron algunos vecinos para recibir la uncin real: Isas llev a Eliab, Abinadab a Samma: ninguno de stos es, dijo Samuel; al cabo vino David, y por la hermosura de su rostro conoci Samuel que era el nico destinado a ser ungido. V ed aqu, seores, un pasaje muy parecido, un dechado de conducta de nuestro Ilustrsimo en la dispensacin del Sacramento del Orden; buscaba judicial y extrajudicialmente el ms hermoso entre los descendientes de Isas, el que reuna ms perfecciones de las que previenen los Cnones y Concilios; de otra suerte no les unga, y los dejaba confundidos entre los Eliab, los Abinadab y los Sammas. Todava era ms prolijo para el escrutinio en la colacin de beneficios: y con razn, es asunto muy arduo, de grave responsabilidad dar pastor a una grey: el Obispo que instituye cannicamente un pastor ignorante, o de malas costumbres, se hace reo de los pecados procedentes de aquella institucin; reato muy temible, y que procur evitar con inflexible rectitud el Samuel de nuestros das. Que estudie la sana doctrina para que pueda exhortar: todas las noches estudiaba el Ilustrsimo Gonzlez; sola interpolar la lectura con el sueo. De la imitacin de Cristo, de las empresas sagradas y de las delicias de la religin extraa la sustancia con que nutrir su corazn; e ilustraba su entendimiento con la slida Teologa del nunca bien alabado Patuzzi, timbre glorioso de la religin de predicadores. Los edictos que promulg el 20 de enero, y 11 de abril prximos fueron un documento bien notorio de su obediencia a este miembro principal del precepto del Apstol; en ellos manifest a los fieles, sin excluir a los prrocos, la esencial obligacin del catequismo, y a la de la confesin anual, el descuido de algunos confesores en estos preliminares del Sacramento de la Penitencia, la pureza de costumbres que deseaba resplandeciese en todos, mayormente en los eclesisticos, y el desdoro que recaa sobre stos cuando carecan de la congrua suficiente, y la necesidad les impulsaba a valerse de arbitrios indecentes en favor de su subsistencia; les record por fin las Constituciones Sinodales preventivas del domicilio de cada uno. Que traten santamente las cosas santas. Nosotros le vimos confesarse devoto la maana que se dispona a administrar solemnemente el Sacramento del Bautismo. Aprendan los dispensadores de los Ministerios de Dios a ejercer sus santas funciones con la santidad que prescribe San Pablo, que recomiendan los Concilios, el nclito San Carlos Borromeo, y las Leyes Sagradas del Levtico. Aprendan tambin a estudiar las ceremonias, y sus altas significaciones antes de confesar los Sacramentos; as lo practicaba este buen Obispo para encender su fe, y exaltar su devocin; porque no hay duda, diga lo que quiera Lutero, nuestra alma se llena de respeto y como que se espiritualiza cuando alcanza los misterios que encierran

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JOS AGUSTN CABALLERO / 313 / 313 las ceremonias de la Iglesia. Que sean humildes, y den siempre buen testimonio de s. La humildad del Ilustrsimo Gonzlez resalt sobremanera en la instalacin de su Canonga, y en el servicio de ella; se nos hace, pues, muy preciso contemplarle ya como Cannigo, como uno de los Profetas de Israel. Acurdate, augusto Captulo, de la conferencia que tuviste para ceder al ms digno de tus miembros el primer asiento despus de tu benemrita cabeza; y tambin acurdate del momento de su instalacin, aquel momento en que no quiso otro lugar que el que le corresponda por Cannigo de Merced, y en que resisti humildemente las insignias con que dispusiste condecorar su carcter episcopal. Trae a la memoria los oficios que te dirigi el primero de septiembre del ao inmediato. Con qu humildad te deca que conociendo su insuficiencia slo aceptaba el grave cargo de Provisor Capitula r fiado en que con tus acertados consejos y direccin podra desempearlo; que le sealases t el da que quisieses para entrar en ejercicio! Con qu sumisin te participaba haba determinado usar de los Pontificales en la festividad de Nuestra Seora de Covadonga, pero que su determinacin se entenda bajo tu beneplcito y voluntad! Recuerda todos estos sucesos constantes en su archivo, y publica que l tuvo la humildad de los Profetas, mientras yo paso a demostrar ejercit las otras virtudes de estos hombres singulares, a quienes el Seor pona en medio de los pueblos para que diesen buen testimonio, edificndolos con su vida incorrupta. En efecto, si examinamos las obligaciones de un Cannigo, veremos que ellos deben asemejarse a los Profetas de Dios. Oigamos al Concilio de Aquisgrana: As como la jerarqua de los cannigos es ms excelente que la de los otros eclesisticos; as tambin estn en la obligacin de sobresalir y aventajarles en lo irreprensible de sus acciones, en lo ejemplar de sus costumbres y en lo arreglado de su vida, para que edificando a los Pueblos los exciten a la imitacin. Estos eran los deberes de los Profetas d el Antiguo Testamento. Y pregunto: quin no se edificaba de ver al Ilustrsimo Obispo de Mylasa asistir a los oficios divinos siempre que se lo permitan las ocupaciones del Provisorato y Pontificado, alternar Salmos, e invocar el nombre de Dios a ejemplo de Samuel? Confundido entonces y apagado el resplandor de su Sacra Santa Dignidad, hecho el mnimo en la casa donde era el mayo r se me pareca, no a Samuel profetizando a las naciones, ungiendo a los Reyes, o juzgando los pueblos, sino a Samuel el nio, el prvulo orando siempre en el templo? Quin no se edificaba de verle visitar los hospitales, y suministrar por sus propias manos el alimento a las enfermas? De ms de esto, los antiguos Profetas mortificaban sus carnes con el ayuno, el saco, la ceniza, y la oracin: Elas se visti de pieles; Daniel slo se sustentaba con la poleada que le llevaba Habacuc; y otros vivan escondidos en las cavernas comunicando

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OBRAS 314\ 314\ c on Dios. Todos estos modelos imit Nuestro Ilustrisimo Cannigo: ayunaba los viernes y sbados del ao, e impona a su cuerpo las ms duras mortificaciones para reducirlo a servidumbre. Perdname, alma modestsima de Joseph, si me atrevo a descubrir en medio del Santuario lo que t no quisiste descubrir a ninguno de nosotros; si me atrevo a lastimar la rara modestia con que siempre cuidaste que ignorase tu derecha lo que haca tu siniestra; perdname, porque ha llegado el da en que se han de desnudar todas tus obras, y srvate de sufragio, si todava penas, el sacrificio que me cuesta la revelacin de estos Sacramentos. Nuestro Ilustrsimo, seores, reduca su cuerpo a servidumbre por la aspereza de un gran cilicio. Esta fue la alhaja que se encontr en uno de sus bolsillos con una pequea imagen de plata al parecer de Loreto. Por qu os habis sorprendido? No creis que bajo su rostro alegre, y su genio festivo, bajo la prpura y la seda pudiese cargar un instrumento de tan cruel mortificacin? Desengaaos, los hipcritas son los que desfiguran su semblante para que se sepa que ayunan, y los que alargan demasiado la orla de su capa para ostentar gravedad; los hipcritas son los que se paran en las plazas, en las encrucijadas y en las sinagogas a orar con descompasados gritos, hirindose el pecho con fuertes golpes para captarse as el aprecio del pueblo ignorante. Os habis sorprendido? Aguardad, que quiero subir de punto vuestra sorpresa: vosotros visteis muchas veces orar pblicamente al Ilustrsimo difunto: mas no sabais que oraba otras ocasiones segn el texto literal del Evangelio: cuando hayas de orar entra en tu aposento, y cerradas las puertas ora a tu Padre sin que nadie te vea; y tu Padre, el nico, que ve en la oscuridad, te remunerar el da del juicio. O d ahora. Luego que toda la familia estaba recogida sala del lecho el Ilustrsimo Gonzlez, y de rodillas en el Oratorio rezaba una, dos o tres partes del Rosario; y despus escapaban algunos suspiros; y el eco tierno de algunas exclamaciones anaggicas sola escucharse afuera como por casualidad; dije mal, por divina permisin, para que recibisemos hoy este buen ejemplo. Rendido su espritu, y su cuerpo, se restitua al lecho para volver despus a la madrugada a lavarlo como David con sus lgrimas, y a humedecer de nuevo el pavimento del Oratorio. En esta santa agitacin pernoctaba, sindole necesario cercenar algunas horas del da para el descanso de su cuerpo. Y nosotros, nosotros que ignorbamos estas vigilias, creamos que el Obispo dorma demasiado, y atribuamos a natural tibieza y flojedad los efectos del cansancio y de la falta de sueo. Su salud no poda menos de resentirse, porque el insomnio debilita los nervios, y exhala los espritus. Qu mucho se le detuviesen los

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JOS AGUSTN CABALLERO / 315 / 315 h umores de cuando en cuando ya en las manos, ya en los pies, ya en sus mejillas hasta que por ltimo hubiese aparecido una fiebre. Pero en qu circunstancias tan delicadas! Casi al instante en que iba a socorrer las necesidades primeras del Obispado; tales eran la consagracin de altares, y la multiplicacin de pilas rurales para facilitar el pasto espiritual a las ovejas y escasearle el cebo a la srdida avaricia. No hablo de las honrosas comisiones que el Cabildo Eclesistico acababa de confiar a su juicio y a su talento. En tan delicadas circunstancias, vuelvo a deci r le asalt la fiebre amarilla, tan mal indicada, que desde el principio desconfan los mdicos, y se hallan en el estrecho de anunciarlo al enfermo. l oye el triste fallo de su muerte, y no llora como Ezequas, no convierte el rostro a la pared; ni para que el Seor le prolongue la vida le recuerda las rectas sendas por donde haba siempre caminado. Todo al contrario: culpa de algn modo la demora de los facultativos en no haberle anticipado el saludable aviso, y prorrumpe: laelatus sum in his quae dicta sunt mihi, in Domum Domini ibimus. Confesemos, seores, que la virtud cristiana no consiste ni en conservar la vida, ni en destruirla; consiste en seguir la voluntad de Dios en la vida y en la muerte: es menester vivi r cuando Dios quiere; es menester morir cuando le agrada; por eso es que nuestro Ilustrsimo, con la fresca tranquilidad del justo que se siente preocupado de la muerte, no demora otorgar su disposicin testamentaria, y recibir los Sacramentos. Y o le veo de rodillas en el suelo, confortando su alma con el Vitico Celestial. Y o le veo hacer largas y frecuentes confesiones, alternar versculos afectuosos de la Salmodia Sagrada con los sacerdotes que le rodean continuamente: recomendar al escribano la prontitud, por que le resta poco que vivir; y suplica al mejor de sus amigos, su albacea, le entierre sin ms pompa ni aparato que el de un mero cannigo! Y o le veo imprimir mil sculos devotos al crucifijo reclinado sobre su pecho, y oigo tambin que le pide se cumpla en l todo el fruto de la Pasin, de la Sangre, y de la muerte de Jesucristo. Y o admiro la mayor paciencia entre las congojas ms amargas. Cre se haba olvidado de su cuerpo, ni las desagradables bebidas, ni la ardenta de los custicos, ni la afeccin del hgado, ni la tos, ni las mortales nuseas, ni la parlisis de la lengua, ni el singulto que le entorpece la respiracin, nada le hace perder su inalterable apacibilidad, su cristiana conformidad. Entretanto, asoma la gangrena; lejos de cede r se apodera de los slidos, burla la sabia vigilancia de los mdicos, triunfa de la vida del enfermo, y nos congrega a todos alrededor del cadver para llorar como los israelitas delante del difunto

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OBRAS 316\ 316\ Samuel: Mortuus est autem Samuel, et congregatus est universus Israel, et plangerunt eum. Permitidme aqu una reflexin. Cuando yo he visto desaparecerse de nuestros ojos un Obispo en buena salud, de las mejores cualidades para el gobierno, literato, desinteresado, manssimo, piadoso con el Coro, integrrimo en el Tribunal, un santo sobre la montaa de Sil; cuando he visto desaparecerse el que lisonjeaba nuestras esperanzas y deseos de ver a la Esposa del Cordero sin las arrugas y las manchas con que suele afearlas el libertinaje y la ignorancia; cuando digo me he sentido agitado de estas negras ideas, no he podido menos que exclamar como San Jernimo llorando la temprana muerte de Blesilla, hija de Santa Paula: De dnde viene que veamos a muchos inicuos llegar robustos a la edad anciana, y que los mozos inocentes y virtuosos sean arrebatados por una muerte precipitada? Que los hombres adultos, los sacrlegos y los impropios gocen de una feliz salud, y que la pierdan los justos? Mas yo me quejo de un mal inevitable. No debemos sentir el fallecimiento de los que aprecibamos por sus virtudes. Quiz se los llev el Seor para escaparlos de la corrupcin del siglo, para que la malicia no pervirtiese su buen entendimiento. Y quin sabe, seores, si el Altsimo se llev al digno de Mylasa tan temprana, tan arrebatadamente, para escaparle de aquellas preciosas ocasiones en que se ven los jueces de ser invadidos por espritus dobles y falaces, que presentndoles las mscaras de un bien, sorprenden su cando r y cavan a sus pies un abismo que los engulle? Quin sabe si Dios rob de nuestra vista a Salomn para escaparle de algn Achitofel, que le persuadiese abusar de las concubinas de su padre David; o para libertar al justo Enoch (le llamo as por su justicia, por su edad, segn me ensea San Agustn), para libertar al justo Enoch de las iniquidades de los Gigantes de su tiempo? No llores, pues, Augusto Captulo, ni tu Curia Eclesistica, ni vosotros todos; ninguno llore. Llorad solamente (voy a perorar con unas palabras del citado San Jernimo), llorad solamente por los que van a parar al Infierno, a ser devorados por el Trtaro, y para cuyo tormento el fuego eterno aviva su actividad; y alegrmonos de la muerte de aquellos otros a quienes en su salida acompaa el Coro de los ngeles, y se les hace encontradizo el mismo Jesucristo: interesmonos en la bienaventuranza de los que han pasado del valle de tinieblas a la mansin de la luz, de los que han merecido por su ardiente fe la corona inmarcesible que concede Dios al ejercicio de las virtudes. As lo creo piadosamente del Ilustrsimo Seor Doctor Don Joseph Manuel Gonzlez de Cndamo, que en paz descanse.

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JOS AGUSTN CABALLERO / 317 / 317 V Epigrama a la muerte del Obispo Espada 24 Eleemosynas illius enarrabit omnis Eglesia Sanctorum. Eccl. 31. 11 Pertransiit benefaciendo. Act. 10. 38 Omnibus omnia factus. Ep. ad Corint. 9. 22 Sacerdos magnus qui in vit sua suffulsit domun, et in diebus suis corraboravit templum. Ecle. 50. 1. D. O. M Escellens valde, Praesulque illustrissimus Dominus Doctor Dominus Joannes Jph. Diaz Espada et Landa Post primum Episcopus hujus ecclesiae habanensis Jacet hoc, proh dolor! cenotaphio tumulatus Illum Arroyave genui r Salmantica erudiit, Postmodum Habana tenui r, Semperque Habana memoria tenebit. Duobus supra triginta annis feliciter rexit. Vastam hanc dioecesim bis peragravit, lustravit, Omnia, quae fuerunt illi in itinere obvia, Et urbes, et pagi, civitates et oppida Ab ejus nequiverunt absondi calore, Quaeque in illis miserrima vidit, lenire sategit. Sodalitia, templa, monasteris scholas, Collegia, academias, dementium domos, Dommumque sequioris sexus erudiandi christiane, Et puerum egenorum quoque aetatis tenellae, Omnes, quae vocantur societates patriae, Etiam nosocomia, quam innumera sunt, Mortuorumque fossas, opus miraculum urbis, Ac mirabile visu! Artes, et scientias, et fabrilia officia Ipse vel invenit, vel inventis addidit, Polivit, vel ordinavit, vel ampliora fecit, 24. Publicado en Corona fnebre/ a la indeleble memoria/ del excelentsimo e ilustrsimo Seor Doctor/ D. Juan Jos Daz de Espada y Landa, Habana, Imprenta del Gobierno por su Majestad, 1834. Aparece en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. I, pp. 288-290.

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OBRAS 318\ 318\ Ac suis fere omnis sumptibus ditavit Scriptis tandem docuit sanos mores, sanam pietatem. Miseros spe latente idibus Augusti obiit A Verbi incarnatione anno millessimo Duobus cum triginta octigentessimo. Donet ei regnum, quod permanet omne per aevum Qui manet, et trinus regnat ubique Deue. D r J. A. Caballero

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1. Posterior al 7 de abril, 1796. TERCERA P AR TE C U ADERNO DE C ONSUL T AS I Matrimonios entre esclavos 1 Vlgame Dios! Qu defectuoso papel! Ni bien escrito ni bien formado: all van trminos, frases arrastradas al intento, textos y ms textos latinos; ya Teologa, ya Filosofa, ya Comercio, ya Diplomacia, ya Patriotismo, ya Oratoria; de todo sabe el P M. Ha viajado mucho, es hombre de edad, adornado de nfulas; ha escrito algunas obras adems de sta y por espacio de 30 aos ha guardado castidad contra viento y marea, segn da a entende r Pero vamos al papelejo. Dije mal, es papeln y papelote. Hablamos con libertad a bien que aqu nadie me oye. Yo slo conmigo mismo dir lo que me parezca sin el peligro de que llegue a sus odos, no crea que es emulacin porque no s tanto como l y me

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OBRAS 320\ 320\ destaque all desde Ro Blanco algn opsculo que me acabe. Aqu encerrado me desahogar de algunas cosillas y luego viva quien venza. Este ilustre maestro, creo yo, no se ha hecho cargo de la cuestin del Consulado y para eso la propone ya en un sentido, ya en otro. Una cosa es que los amos deban proporcionar matrimonio a sus esclavos, lo que nadie tiene contra la Iglesia, otra que necesariamente hayan de darles esposas, lo que no es permitido ni disputable. Cul, pues, viene a ser la disputa? Ambos puntos son muy sencillos: el segundo negado; el primero concedido. El mismp P M dice en su anteprlogo (como si dijramos, prlogo del prlogo de la carta familiar) que el Consulado mir como providencia menos costosa y conforme a nuestra naturaleza proporcionar a los negros matrimonio. Proporcionar no es forza r no es decidir las preferencias de nupcias sobre la virginidad ni es nada de toda caterva de doctrinas que amontona el P M. en los prrafos 6, 7. Los amos tienen obligacin de conciencia de dar esposas a sus esclavos que inclinan al matrimonio. Si no es as se debe impedirlo; incurriremos en los mximos inconvenientes que el P M. abomina en los citados prrafos con San Agustn y Santo Toms. Cualquier padre de familia est en la obligacin de observar la inclinacin de su hijo para favorecerla si se dirige a un estado bueno y que le asegure lo ms posible la tranquilidad de su espritu y su eterna salvacin. Pecara el padre si desde que el hijo toca la edad de la pubertad, lo mantuviese siempre desviado del trato humano [?] para que no se casase nunca, pecara tambin si expresamente lo mezclase con las mujeres dicindole: Csate con sta porque yo quiero, porque me conviene y has de hacerlo agrdete o no. Qu, pues, se ha de hacer? Dejarle ensee su inclinacin; si es continente, bueno; si es incontinente, proporcionarle matrimonio. Y para este caso es permitido un trato decente con las personas del otro sexo. Hay aqu alguna violacin de ley divina o humana? Qu prncipe no fomenta los matrimonios? Qu prncipe, queriendo pobla r cultiva r etc., un terreno til, no enva tantas mujeres y tantos hombres para que se vayan casando? No s qu disonancia hay en una cosa tan vieja. V eremos ahora si ser permitido que el Conde de Mopox haga venir de Guantnamo una cfila de isleas para darles esposas a los primeros colonos. Todo el Aquiles del P M. es que en habiendo matrimonios en los ingenios, habr adulterios. Doctsimamente! Pues prohbase tambin los matrimonios en las ciudades. V aya que esta especie es peregrina! Y o quisiera preguntarle al P M. qu debe hacerse cuando se presentan dos inconvenientes? Para ms claridad, supongo que lo tengo aqu delante y que le digo: P M., si se fomentan y se proporcionan los matrimonios en los ingenios, hay adulterios: negros y mayorales cambian sus mujeres. Si no hay negras con quien casarse, todos los negros son masturbadores, nefandistas y sodomitas. Qu haremos? Qu es lo que

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 321 / 321 ensea la Teologa en este extremo? V aya V y piense, que bastante tiene qu pensa r. El P M. dice que no haya matrimonios en los ingenios porque no se ha de hacer un bien de donde nazca un mal. Parceme que el P M. o no entiende bien el principio, o lo aplica mal. Si el mal se subsigue necesariamente del bien, de suerte que ste deba producirlo por su naturaleza, convengo con el P M.; si el mal que se subsigue es accidentalmente, por abuso y malicia del que lo ejecuta, contradigo al P M. Bien aviados quedaramos si para que alguno o muchos abusen de lo que es esencialmente bueno, se hubiera de prohibir absolutamente. Que los tales adulterios tan ponderados por el P M. no sean consecuencia necesaria del matrimonio, se puede convencer por ahora con lo que el mismo P M. asegura, diciendo que hay negras muy castas y honradas que no se dejan vencer an con el oro delante Y a ve P M., como habr matrimonios sin adulterio? No hablemos de los pecados de pensamiento porque V P es sujeto con quien no se puede tratar esta materia de pecados de ingenios. A la verdad que V P me escandaliza alguna cosa y mucho ms cuando afirma podra jurar la evidencia de ciertos pecados refractarios. En odio de los matrimonios en los ingenios dice V P que la religin no debe propagarse por medios violentos y ruidosos; da a entender V. P que el matrimonio es uno u otro o ambas cosas. Aqu s hay blasfemia teolgica. El matrimonio es un medio santo y pacfico. Dice V P ., en otra hoja, que conviene dar a los negros ocupacin el da feriado no constrindolos a ella sino mostrndoles sus utilidades e inducindoles amor a tener algo suyo. Lo mismo dice el Consulado acerca de los matrimonios: convendra darles mujeres a los negros, no constrindolos a tomarlas sino mostrndoles a los que inclinan a la liviandad los bienes, gracias y utilidades del matrimonio, que tambin fue instituido en remedio de la incontinencia, y que as elija alguna de las negras que hay en el ingenio la cual ms se conforme a su temperamento y a su carcter Hay en esto algo contra la religin? Creo que no. En la nota que aade el P M. a la posdata grita as: dejad casar a vuestros negros a su arbitrio. Muy buen grito, Padre Maestro! Y el Consulado, para dar gusto a V P juzga conveniente haya negras con quienes los negros se casen a su arbitrio. Qu arbitrio tendr un negro para casarse si no halla negras que elegir? En su ingenio no las hay porque as lo suponemos; tampoco en los otros ingenios porque V P no quiere que las haya en ninguno. Conque este negro, para casarse a su arbitrio, tendr que venir a la ciudad. Recurso poco asequible. Hay negro que en todo el ao no aporta por ac; y el que viene es a alguna diligencia que la despacha pronto. Ciertamente es ste un buen arbitrio, de escoger compaera y de tenerla consigo. Bien veo que lo que el P M.

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OBRAS 322\ 322\ ensea es buena Teologa, que l os negros del ingenio se casen con las negras residentes en la ciudad porque son ms aseadas, estn ms ladinas y no hay riesgo de frecuente coito que debilitara al negro y lo inutilizara para el trabajo, segn el texto y aforismos que cita. Pero prescindiendo de todas estas causales, discurro as: si V P dice que habiendo matrimonios en los ingenios, abundaran los adulterios, esto es, aun teniendo cada negro su muje r ira a buscar la del otro, qu har este negro cuya mujer reside en la ciudad? Si tenindola consigo dice V. P que adulterara, qu hara tenindolas ausentes? Y qu ha remediado V P con haberlo casado con esta negra aseada y ladina? Y o noto aqu grande implicancia. Sin duda que el P M. se deslumbr con el placer de explicarnos los efectos fsicos de la vida maridable y los dems misterios de la V enus fsica. V amos al pasaje de Wilberforce. Trat este parlamentario de extinguir el comercio de negros por las razones que seala el P M. Si se examina el tenor y el objeto de la proposicin de nuestro Consulado, se conocer que todo se dirige a ir poco a poco disminuyendo nuestro comercio de negros hasta extinguirlo de una vez, o por la misma razn que apunt Wilberforce, o por algunas otras que nos asisten ac. A este fin le pareci al Consulado sera conducente tratramos de asegurar en nuestra Isla la multiplicacin de los negros en trminos que no tuvisemos necesidad de traerlos del frica, lo que puede lograrse admitiendo por algn tiempo una numerosa importacin de negros que multipliquen la raza por el medio lcito del matrimonio. No alcanzo en realidad a qu ha trado el P M. el pasaje de Wilberforce cuando es tan anlogo a la proposicin del Consulado; toda la diferencia est en que aqul quiso se extinguiese en alguna parte. Dir de paso que el P M. da a la noticia de la Gaceta de Londres, de 3 de marzo inclusa en la nuestra de 7 de abril de 96, un aire de novedad que no merece, porque es muy sabido ha muchos aos que un cuquero de la Pensilvania hizo la misma propuesta contra el trfico de los negros, y peror tan felizmente que 11 de ellos quedaron libres en el acto. Extraa Teologa se lee en la pgina 74!: Bastara para proscribir los derechos parroquiales del Bautismo porque un negro que conduca a otro a bautizarlo gast en el camino los derechos y se volvi sin haberlo bautizado, diciendo que ya lo estaba, segn la historieta que nos refiere el P M. Conque es posible que unos derechos establecidos tan racionalmente y tan autorizados puedan proscribirse slo porque uno abus de ellos y dej sin Bautismo a un infeliz? Ciertamente que el P M. no hace a la Iglesia ni a sus ministros el honor que se les debe. En fin, insiste el P M. en que el Consulado ha desafiado pblicamente a los telogos sobre esta materia y graduado de ignorantes o condescendientes a los que opinaron de otra manera. Si yo debo entrar en el

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 323 / 323 nmero de esos que el P M. supone desafiados, puedo sin duda desmentirle. No ha llegado a m noticia de desafo alguno ni pblico ni privado. Es creble que el P M., como por una cierta especie de vrtigo de caballera andante (que tambin la hay en la repblica de las letras), se dio por desafiado y entuertado y ha querido con la pluma en ristre deshacer entuertos telogos y arremeter contra follones malandrines. Admtame, pues, una despedida quijotesca, ya que le agrada tanto esta profesin. Qudese a Dios P M., cruel, vireno, fugitivo, Eneas; Barrabs lo acompae; all se avenga. P D. y nota a estilo del P M. aunque ms corta que las suyas: Nada he querido hablar sobre las mximas de poltica e intereses nacionales en que se ha metido el P M. porque son materias tan ajenas de su profesin, que se conoce ya las ha estudiado por pura curiosidad, bastante para haberse extraviado. A que se agrega que el desafo es slo a los telogos y no a los polticos, aunque alguna vez suelen enredarse aqullos y stos y suele suceder que no hay quien los desenrede, porque es menester uno que rena ambos fueros sin estar adscrito a una u otra clase II Reflexiones sobre la obligacin que hay de abstenerse de carne el da sbado 2 Sin embargo de que la disciplina eclesistica acerca de la observancia del sbado ha sido siempre tan variable y alterada, que parece podra sostenerse una y otra opinin, con todo, entendidas ciertas poderosas razones, digo que en esta ciudad es punto decidido, es precepto la observancia del sbado. Nuestro Snodo diocesano celebrado ms ha de un siglo y cuyas Constituciones son otros tantos preceptos que debemos observar habla sobre este particular en la manera siguiente: Y porque estamos noticiados de que los esclavos, as de la ciudad como de los ingenios, hatos y corrales, no cumplen con esta calidad y obligacin en los dichos das el ayuno, y los viernes y sbados de todo el ao por decir que hay amos no les dan pescado y legumbres, y los dichos amos se excusan de drselo con ciertos motivos que muchas veces no son legtimos sino por excusar gastos, mandamos a los dichos amos que les den a comer pescado y legumbre en los dichos das de Cuaresma y vigilia, viernes y sbados 2. Mayo 10 de 1791.

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OBRAS 324\ 324\ del ao, pena del cargo de conciencia que tendrn lo contrario haciendo; y si causa o razn tuvieran para no poderles dar alimentos de pescado, nos la expresen con toda llaneza para que informados de la verdad, e imposibilidad no pretextada, se provea el remedio conveniente... Que esta Constitucin continuase despus en su vigo r acredita lo sucedido el ao 1745, siendo obispo el ilustrsimo S r Dn. F r Juan Lazo de la V ega. La Majestad del S r Dn. Felipe V ocurri a la Santidad de S. Benedicto XIV representndole que en muchos lugares de Castilla, de Len y de las Indias haba la costumbre inmemorial de comer en los sbados los extremos de las aves: pies, alas, cuellos; y que para arrancar los escrpulos que padecan algunas personas timoratas y refrenar a los poco piadosos, se dignase Su Santidad declarar lo que fuese conveniente sobre este particula r El Santo Benedicto, despus de un maduro y riguroso examen, deleg para este asunto al Arzobispo de Naciones, Nuncio Apostlico de Espaa, concedindole por letras, en forma de Breve, facultad para que permitiese el uso de toda carne de animal el da sbado en aquellas regiones donde realmente reinase la inmemorial costumbre que se alegaba. El Nuncio someti esta facultad en Amrica al Arzobispo de Mxico, quien pas carta con copia de Real Cdula de junio de 48 y de la del Nuncio y Breve de Su Santidad, a nuestro Ilustrsimo Lazo. Este seo r impuesto y ratificado con las ltimas pesquisas de la costumbre de su Dicesis sobre la observancia del sbado, contest al S r Arzobispo al margen de su misma carta: Vista la condicin precisa que se pone en el Breve para el uso de la dispensa y que en ste mi Obispado no se purifica, as por la costumbre de esta ciudad, de comer pescado el da sbado como porque en las dems partes de ella la que hay es de tomar en dicho da de todas las carnes sin distincin, por tanto aviso a V S. I. tan solamente el recibo de las mencionadas copias, etc. marzo, 29 de 1752. Hasta aqu es evidente nos comprende la obligacin de guardar el sbado. V eamos si despus ha sobrevenido alguna alteracin. El sucesor del S r Lazo fue el Ilmo. S r Agustn Morel, quien gobern hasta el ao de 1761. No sabemos ocurriese hasta entonces novedad sobre la costumbre del sbado. Sin duda, permaneci en el vigor en que se hallaba. Sigui despus el Ilmo. Seor Dn. Santiago Hechavarra, y en su gobierno tenemos dos testimonios a favor de la observancia del sbado. El primero, una declaracin verbal hecha por este Ilustrsimo predicando da Mircoles de Ceniza, cuyos trminos fueron: Declaro como pastor que no estamos en esta ciudad comprendido en el indulto del sbado. El segundo, lo dispuesto el ao de 1778 en el Snodo ltimo cuya aprobacin pende an en el Consejo; all se dijo que sobre la observancia del viernes y sbado nada haba que innova r. Ahora quisiera saber qu fundamento tiene el que no guarda el sbado contra el precepto sinodal, contra la declaratoria de sus Obispos y

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 325 / 325 contra una costumbre que segn acabamos de ve r no haba sido alterada hasta el ao de 78. Hay alguna nueva decisin? Alguno de nuestros pastores ha mandado comer carne el sbado? Y o creo que la razn en que se apoya la corruptela de comer carne los sbados es que hay un Breve de nuestro Santsimo Papa Po VI en la cual se permite comer de todo el cuerpo de los animales los sbados que no sean de Cuaresma o de ayuno. Pero esta objecin no podr hacerla el que tuviere a la vista el Breve como lo tengo yo ahora que escribo. Es constante se expidi tal Breve, es cierto el indulto concedido desde el 9 de febrero de 1779 a instancia del S r Dn. Carlos III; mas nada tiene que ver con los vecinos de la Habana. Copiar sus mismas palabras: A los venerables hermanos los Arzobispos y Obispos y los dems ordinarios locales de los Reinos de la Corona de Aragn y de la parte de Navarra sujeta a la dominacin de nuestro amado en Cristo hijo Carlos Rey Catlico de Espaa... me parece que este Breve nada tiene que ver con nosotros porque no somos ni aragoneses ni navarros. Concluyo, pues, que en esta ciudad es un precepto episcopal o sinodal. Habana, y enero 7 de 1791. Nota: Cesaron ya todas estas reflexiones; no tienen lugar desde el 28 de abril de este mismo ao de 1791, en cuyo da se ha publicado un Breve novsimo del S r Po VI expedido en Roma en Santa Mara la Mayor el 23 de septiembre de 1788 a instancia del Ayuntamiento de esta ciudad, en el cual se permite el uso de las carnes en los sbados que no sean de Cuaresma, tmporas o vigilias. Una decisin de esta naturaleza fue la que solicit para la licitud de comer carnes los sbados no la ha habido hasta ahora; pero ya la tenemos, como consta del impreso adjunto, nmero 1. Habana, y mayo 10 de 91. III Rplica al D r Pedro Spnola sobre el sermn de San Ambrosio 3 S r D. Jos Agustn Caballero. Mi dictamen en orden a su sermn consta de la aprobacin que he dado; pero como no quiero que pasen por cuenta ma en parte los des3. Realizada en 1797.

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OBRAS 326\ 326\ cuidos histricos que he notado y que atribuyo a la velocidad con que se escribieron, tenga V M. a bien los advierta para que corra la impresin enmendados. Son: La Baslica Porciana se peda para los arrianos; stos eran herejes psimos, pero no idlatras, lo que no se puede componer con la expresin de la pgina 5, lnea 23: las ovejas no vieron idlatras. Igualmente suena mal la siguiente de la pgina 6, lnea 19: Nunca permitir judaicen sus ovejas. Esto se dice por causa de Mximo: este Emperador fue tirano, pero catlico. En la pgina 1, lnea 8, se dice que San Agustn fue sectario de Manicheo. San Agustn fue sectario de Manes, jefe de los Manicheos, maniqueo l mismo. Esta expresin, sectario de Maniqueo, da a entender que Maniqueo es nombre propio: Manes, haeresiarcha, a quo Manicheorum secta, dice Suida. En la misma pgina, lnea 18, se dice: La reina de Marcomana. En toda la geografa antigua no se encuentra una provincia o reino de este nombre. Frigitilda fue reina de los Marcomenes o Marcomanes. Populi Marcomani gentes que habitaban lo que hoy decimos Bohemia y Moravia; pero su provincia se comprenda en el nombre comn de Germania. Tambin se puede notar la falta de orden. Se trata de los peligros de San Ambrosio con Mximo, despus de su ataque con Teodosio y se principia con esta clusula: Mayor peligro va a correr la vida del pastor de Miln, pgina 6, lnea 13; se da a entender que despus de su peligro con Teodosio fue el de Mximo. Debe advertirse que los dos viajes de San Ambrosio a las Galias para verse con Mximo fueron en vida de V alentino y el lance con Teodosio, muerto aquel Emperado r. Los crticos, S r D r ., no faltarn a censurar ciertas cosas por menudas que parezcan. La experiencia nos ensea que tiene un olfato delicado y saben dar cuerpo a las sombras. Dios guarde a V M. muchos aos. Su afmo. servidor y capelln, Q. S. M. B. D r Pedro Spnola. Guadalupe y abril 11 de 1799. R ESP UEST A Me parece que el autor de esta carta ha escrito con ms velocidad que la que supone en los descuidos histricos de mi sermn. 4 V emoslo: 4. La carta anterior es una crtica al sermn sobre San Ambrosio que pronunci Caballero, y que no ha sido posible encontrar.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 327 / 327 Objecin: Estos eran (los arrianos) herejes psimos, pero no idlatras. Respuesta: Los arrianos defendan que Dios Hijo era criatura, por consiguiente fueron idlatras. Cuando San Antonio Abad fue a Alejandra a disputar con los arrianos, deca en alta voz que Dios Hijo no era criatura sino de la misma sustancia de su Padre y que los que le daban aquella impa denominacin no se diferenciaban de los paganos que adoraban y servan a las criaturas ms bien que el Creado r. Objecin: Nunca permitir que judaicen sus ovejas. Esto se dice por causa de Mximo: este Emperador fue tirano, pero catlico. Respuesta: Este Emperador haba castigado a unos monjes que incendiaron una sinagoga. l quera permitir culto judaico en el Oriente. San Ambrosio no permiti se volviese a judaizar levantando de nuevo la sinagoga, como quera Mximo y hasta que ste no le dio palabra de soltar y no volver a incomodar a aquellos monjes, no se aquiet su celo pastoral. Con que pude decir: No permitir judaicen sus ovejas. Objecin: En la pgina 10 se dice que San Agustn fue sectario de los Maniqueos. San Agustn fue sectario de Manes, jefe de los Maniqueos, Maniqueo l mismo. Esta expresin sectario de Maniqueo, da a entender que Maniqueo es nombre propio. Respuesta: Siempre he credo que es nombre propio. El jefe de los Maniqueos se llam Manes o Maniqueo. De otra manera no poda mirarse como patronmico de Manes la voz Maniqueo. En las Instituciones histrico-eclesisticas de Matas Dannemai r hablando de los Maniqueos, se lee lo siguiente: Haeresibus caeteri turpior est illa Manichaeorum, qui nomen acceperunt a Manete seu Manichaeo... tomo I, pgina 124, cos. 1789. Suidas, a quien cita el auto r slo dice: Manes haeresiarcha, a quo Manichaeorum secta. De esta autoridad no se infiere que Suidas ense no era nombre propio Maniqueo. Berti, en su Compendio de historia eclesistica, escribe: Deterior caeteris videtur haeresis Manichaeorum exorta anno 277. Hujus auctor Cubricus, Perasrum lingua Manes, Graeca Manichaeus, quasi fundens manna vocatu r Es muy admirable que un Doctor que ha sido maestro de la religin Agustina no haya ledo a Lorenzo Berti. Natal Alejandro, en su Historia eclesistica, sig. 3, dice anus peconiarum omnium ac librorum compos facta, servum Persam emit Cubricum nomine, quem manumissum adoptavit in Persarum erondiendum curavit disciplinis, ac librorum atque pecuniarum conscripsi haeredem. Qui ne servituti nomen ei probosum esset, Manes appellari deinde voluit, quae vos Persis allocutionem significat, ut ait Sanctus Cyrilus. V erum cum apud Graecos male sonaret hoc nomen, ac ab insania et furore videretur derivatum, Manichaeorum quasi manna fundentem, hunc niminavere postea

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OBRAS 328\ 328\ discipuli, teste Augustino. Y o no comprendo que quiere decir esta clusula del ex reverendo. San Agustn fue sectario de Manes, jefe de los Maniqueos, Maniqueo l mismo. Aqu parece alguna redundancia o pleonasmo. Objecin: En toda la geografa antigua no se encuentra una provincia o reino de este nombre (Marcomana). Respuesta: Bien antiguo es el Lexicon Geografcum de Baudran, impreso en 1697, y en la palabra Marcomana dice as: Marcomunni populi Germaniae quorum regio Marcomunnia a Capitolino nominatu r nunc March... Y al margen cita a Ptolomeo, a Din y a Patrculo, todos bien antiguos. Es muy expuesto a error hablar tan absolutamente como habl aqu el ex reverendo Spnola, pues es menester todo lo que se ha escrito en la materia o haber ledo a quien lo haya registrado todo. Sin duda que ni el ex reverendo ni sus A. A. haban tenido noticia de Baudran. Y o le debo ese libro a mi amigo el D r. Francisco Isla, a quien debo otros. Las noticias bblicas de este sujeto le hacen acreedor a que yo diga que es una biblioteca ambulante. No cito a Valbuena porque el autor habl de geografa antigua: all est Marcomania, 5 que es la Bohemia en Alemania o Germania. Objecin: Tambin se puede notar la falta de orden. Se trata de los peligros de San Ambrosio con Mximo despus de su ataque con Teodosio, y se principia con esta clusula: Mayor peligro va a correr la vida del Pastor de Miln... Se da a entender que despus de su peligro con Teodosio, fue el de Mximo. Debe advertirse que los dos viajes de San Ambrosio a las Galias para verse con Mximo fueron en vida de V alentiniano, y el lance con Teodosio muerto aquel Emperado r Respuesta: En este pasaje hay falta de orden cronolgico, no oratorio. Segn el plan de la oracin, puede el orador entresacar los hechos y hasta hablar de la muerte de su hroe en la primera parte, y en la segunda retrotraerlo para hablar de otras acciones durante su vida. Yo iba haciendo ver los grados de la constancia de San Ambrosio en sostener su dignidad episcopal, y despus de su recto y severo manejo con Teodosio, introduje a Mximo, quien le dio ms que hacer porque era de un carcter feroz y careca de la religiosidad de Teodosio. Cualquiera que lea estos dos pasajes admira ms la inflexibilidad de Ambrosio en el segundo que en el primero, y confesar que el orador supo ir levantando el discurso por un orden de afectos que no ha merecido la crtica del ex reverendo. 5. El padre Mariana en su Historia de Espaa, libro 4, captulo 6, prrafo 1 o dice as: Hizo en persona guerra a los mancomanos, gente septentrional que hoy son los moravos. Todos saben que la Moravia es la actual Hungra y Bohemia. (Nota del auto r .)

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 329 / 329 l habr credo, y tambin su amanuense, que mi silencio o mi impoltica de no haberle contestado es una prueba de que reconoc mis yerros. Y yo he credo que los hombres, que son tan ligeros para escribir contra personas que nunca han tenido otra ocupacin que la de estudia r no merecan se entrase con ellos en contestacin. Me he contentado con hacer imprimir el sermn en los mismos trminos que l lo ley y lo aprob en el fuero externo, y desatender sus remordimientos en el fuero interno. IV Crtica al Discurso de Portalis Muy seo r mo: Cuando el D r Luz y yo lemos las dos primeras partes del Discurso de Portalis por encargo del amigo D r Miguel Arambarri, juzgamos que estaba lleno de proposiciones peligrosas y capciosas, cuyo sen tido para acomodarlo a nuestra creencia, necesitaba de forzados comentos. Este juicio, que festinadamente hicimos entonces, se ha confirmado hoy al leer la segunda parte, adornada, de ciertas notas que no vimos entonces y que dan a la verdadera religin el lugar que no le dio Portalis. Excseme V del trabajo de indicar cada una de las proposiciones notables, censurarlas y fundar mi censura. Tal obra requiere ms tiempo del que ya se puede tomar despus de estampada la primera parte. Y adems, caso que la impresin tuviera malas consecuencias, no creo que V quedara disculpado con la censura de un particular por ms honor que V quiera hacerle. Sin embargo, no permitiendo mi amistad desentenderme absolutamente de la splica de un amigo para m siempre apreciable, dir a V que hasta ahora no concuerda en muchos puntos el Discurso de Portalis con las verdades del cristianismo y se acerca a las del desmo. Dije hasta ahora porque no s si concluir en dar a la religin de J. C. la preferencia exclusiva sobre las otras instituciones religiosas o si la dejar como hasta aqu, confundida con la Divinidad de Platn, con los dioses de Minos y Zeleuro, con la Providencia de Cicern o con aquellos cultos que intentaron slo en socorro de la poltica los instituidores y libertadores de las naciones, que es a lo que parece inclina la mira del auto r A la verdad, todo este Discurso es un extracto de la obra de Necka r Importancia de las opiniones religiosas. Y, si no lo es, Portalis nada adelanta sobre aqul. Perdone V mi delicadeza y empleme en asuntos en que yo pueda acreditar a V sin resultas cuanto le he estimado siempre, etctera.

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OBRAS 330\ 330\ V Censura a una Cancin idilio S r Gobernado r etctera. La Cancin Idilio que V S. se ha servido mandar a mi censura es una obra llena de especies ridculas, impropias de los dignos y santos objetos a que se dirigen. Casi todas sus estancias estn concebidas con tal confusin e inconsecuencia, que el lector ms penetrante no alcanzar el sentido. Baste para prueba la primera de ellas. De aqu las faltas de circunspeccin y decoro hablando con unas religiosas, el abuso de ciertas frases sagradas y la impropiedad con que se las aplica; de aqu tambin una mezcla de profano y divino que excita risa como si se leyera un entrems. So y pues, de sentir que este papel est comprendido en la Ley 33, ttulo 7, libro 1 de la Recopilacin de Castilla que dice: Encargamos mucho que haya y se ponga particular cuidado y atencin en no dejar que se impriman libros no necesarios o convenientes, ni materias que deban no puedan excusarse o no importe su lectura, pues ya hay demasiada abundancia de libros, y es bien que se detenga la mano y que no salga ni ocupe lo superfluo, y de que no se espere fruto y provecho comn. Real Colegio de San Carlos y agosto 10 de 1802. VI Crtica a una exhortacin a los actos del nuevo teatro En la Exhortacin a los actos del nuevo teatro, etctera, que V S. se sirvi remitir a mi censura, he encontrado algunos defectos indisimulables que la hacen en esta parte indigna de la luz pblica. Cualquiera creer tiene en sus manos los libros de Epicuro, o de su expositor Lucrecio, cuando lea desde la tercera lnea que la verdadera felicidad consiste en el place r Esta proposicin es un semillero de mil mximas contra la espiritualidad e inmortalidad de nuestras almas, contra la vida futura que les espera y el fin para que fueron creadas, dogmas todos de que no debe prescindir el cristiano ni por un solo momento. So y pues, de dictamen se omita la segunda mitad del primer perodo. El prrafo siguiente respira tambin mucho epicuresmo, bien que est sembrado con tal delicadeza y astucia que pudiera decirse que no es reprensible. Sin embargo, el autor no debi afirmar que una moral

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 331 / 331 austera y contraria a la naturaleza del hombre pretende proscribir enteramente como daosa y ofensiva la justa alternativa de trabajos y placeres. Lo primero, porque ninguna moral ha pretendido hasta ahora proscribir el recreo inocente, que es el que se va hablando. Lo segundo, porque el condenar otra especie de recreo no es austeridad ni es contrariar a la naturaleza del hombre. Qu entiende el autor por naturaleza del hombre? Parece que slo entendi la parte corporal porque si hubiera entendido tambin la racional, no habra dicho que se la contrariaba cuando sugera a la razn abominar el recreo que no era inocente. El mismo auto r en el prrafo diez y seis, conviene con mis reflexiones asegurando a los actores que la sana moral condena los torpes meneos, la falta de pudo r el descaro imprudente en sus representaciones. Debi, pues, ser ms exacto para no indicar e incidir ni aun materialmente, o en el extremo de aprobar el recreo pecaminoso, o en el de reprobar la moral sana que permite el til e inocente. Lo siento que debe omitirse en el prrafo segundo desde la palabra en los que hasta el punto final. El resto del papel es muy oportuno al objeto y rene sin perjuicio de la religin todo lo que pudiera desearse. No hay inconveniente en que se imprima. Dios guarde a V S. muchos aos. Real y Conciliar Colegio de San Carlos, y Habana, 2 de abril de l803 aos. S r Marqus de Someruelos. VII Censura a una tonadilla La correccin de las costumbres, objeto principal de las representaciones teatrales, debe hacerse sin lastimar a persona o comunidad determinada. As lo exige la buena razn, los rudimentos del moral cristiano, las mismas leyes del teatro y las del Rey nuestro seo r. Sin embargo, el autor de la presente Tonadilla ha desatendido todos estos principios. Atribuye a la Habana, como peculiar de ella o, lo que es peo r atribuye sealadamente a las habaneras un vicio muy comn a todas las mujeres que han llegado al grado de corrupcin en que l las considera para que tenga lugar su Tonadilla. Siempre las mujercillas prostituidas se han movido ms por el vil inters que por los halagos. Ha muchos siglos que conoci Ovidio este vicio entre las de su tiempo, y

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OBRAS 332\ 332\ por eso dijo a los ricos que no hablaba con ellos en su detestable Arte de ama r. No ha debido, pues, el autor dar fe de novedad a un vicio tan antiguo y tan general, y mucho menos suponerlo gaje especial de las habaneras porque esto es hablar con determinacin, es insultar a otro y tal vez desahogar alguna pasioncilla, cosas todas muy ajenas del teatro. Opino que el autor debe generalizar sus ideas; y entonces la Tonadilla podr lcitamente salir a las tablas. Habana y julio 4 de 1804. Jos Agustn Caballero VIII Sobre el celibato S r Presidente, Gobernador y Capitn General. El Santo Concilio de Trento ha definido conforme al captulo 19 de San Mateo y al sptimo de la primera carta a los Corintios, que el estado matrimonial no es preferible al virginal o clibe, y que es mejor y ms ventajoso permanecer en la virginidad o celibato que unirse en matrimonio. Con este canon, que es el dcimo de la sesin veinte y cuatro, pugnan las doctrinas del presente papel desde el prrafo 4. Por consiguiente, son dignas de todas las censuras teolgicas. Sobresale en gran manera la primera clusula del prrafo 5 que subray el auto r y que yo transcribo para llamar la atencin de V S.: Dije que el inclinar los hombres al celibato era una mxima de moral y de poltica muy reprobada. Esta proposicin es falsa, escandalosa y errnea: es una calumnia a la santidad de nuestra moral, segn se colige del entero del canon citado, y es un abuso manifiesto de la palabra poltica, cuyo sentido y cuyas leyes son imprescindibles del moral evanglico en una repblica cristiana. Aun todava es mucho ms escandalosa la pintura que hace del varn clibe. Le atribuye funestos efectos sin advertir que pudo atribuir los mismos al casado porque unos y otros proceden, no de la naturaleza del matrimonio o de la del celibato, sino de la corrupcin de espritu del hombre, sea cual fuere su estado. Y o opino, pues, que este papel no debe circular por el pblico, ni impreso ni manuscrito, y que no debe tampoco quedar en las manos de su autor; le hace muy poco honor a su ilustracin, porque induce sospe-

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 333 / 333 cha de que l ha manoseado los libros de los libertinos, donde se leen semejantes especies, como tambin choca con un dogma definido por el Tridentino, y envilece la preferente santidad del celibato. Real y Conciliar Colegio Seminario, y septiembre, 11 de 1804 aos. IX Sobre el prospecto de El Criticn de la Habana S r Presidente, Gobernador y Capitn General. El prospecto del nuevo Papel Peridico que se trata de establecer titulado El Criticn de la Habana, ofrece materias tiles y nuevas respecto de los otros papeles que circulan hoy por este pblico. No hallo inconveniente en que el Gobierno permita su establecimiento. Pero s lo hallo en que el nmero primero se estampe como se ha presentado contrada a los expsitos. La suerte de stos no est privada de las consideraciones a que se hace acreedora la virtud; ni el apellido de Valds los degrada y envilece, ni una poltica espantosa los hace morir para la sociedad. Sin duda, que el autor al escribir tales expresiones no tuvo a la vista el Real Decreto de 5 de enero de 1794 en el que S. M. declar y mand que los expsitos de todos sus reinos fuesen tenidos y considerados en la clase de hombres buenos del estado llano general, sin diferencia alguna de los dems vasallos de esta clase. Deben, pues, testarse las clusulas que he subrayado por contrariarse a una disposicin del Soberano. La crtica que hace de la comedia El Diablo Predicador es muy justa, aunque desgraciadamente corrige una condescendencia del Gobierno. Mas srvase V S. leer lo que se previene en un edicto del Santo Tribunal de la Inquisicin prohibiendo ciertos libros, su fecha 30 de junio de este ao: El Diablo Predicador y mayor contrario amigo, porque adems de estar prohibida generalmente por Reales rdenes esta especie de representaciones, es nociva a la sana moral, inductiva a vana confianza y comprendida en la Regla once del ndice Expurgatorio. Sin embargo, el Gobierno merece la consideracin de que no se imprima la censura de una pieza que no se debi representa r Yo as lo juzgo y lo hago presente a V S. en desempeo del encargo con que se ha servido honrarme. Real y Conciliar Colegio Seminario, y octubre, 19 de 1804 aos. S r Presidente, Gobernador y Capitn General.

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OBRAS 334\ 334\ X Sobre la comedia El europeo en la Habana Si la comedia El europeo en la Habana, que se sirvi V S. mandar a mi censura por decreto 17 del corriente, se confronta con las reglas sagradas del moral cristiano, debo decir a V S. que no hay inconveniente en que se represente. La nica expresin que podra criticrsele es la que se lee en la abertura de la tercera jornada, a saber la buena educacin es uno de los preceptos del Declogo. Sin embargo, no la he censurado porque es sostenible aunque al auxilio de algunos raciocinios, bien que sera menos disonante es uno de los preceptos del moral cristiano. Pero si V S. quiere saber cul es en mi juicio el mrito de esta pieza considerada en la clase de poema dramtico, confesar a V S. que no tiene el que es peculiar de tales composiciones. Creo que si leyera omitido su ttulo, no se acertara con el personaje principal de ella, debindolo ser D. Hilario, que es el europeo en la Habana. Parece que lo son Da. Eusebia y D. Tadeo, porque las desavenencias de estos dos esposos son el asunto que se presenta desde el principio, que se sostiene en las tres jornadas y en el que intervienen todos los actores hasta el mismo europeo. ste aparece de cuando en cuando y violando una promesa que acaba de hacer a su amigo Ambrosio, critica la Habana y sus vecinos, y al fin de la ltima jornada se le trata matrimonio con una habanera, lo admite y concluye toda la representacin con las bodas. Es de advertir que el auto r queriendo pintar el carcter de un europeo, escogi uno sin juicio y sin crianza, por lo que su crtica es muy grosera, a veces injusta, a veces pueril, siempre vaca de moral; y l escucha por resultas, pesadeces insufribles entre gente de mediana crianza o indignas del teatro. Omito otras muchas reflexiones que me suministra el verso y el estilo de esta comedia porque juzgo haber cumplido ya, si no es que he excedido el decreto de V S. Real y Conciliar Colegio y enero 22 de 1805 aos. XI Sobre papeles de Y ucatn S r Presidente, Gobernador y Capitn General. Siempre que V S. se ha servido someterme la censura de alguna obra, he procurado manifestar mi sentir de tal manera que, propuesto

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 335 / 335 sumariamente su sistema, quedase V S. tan informado de la utilidad y mrito de ella como si me hubiese mandado lersela. Siguiendo, pues, esta prctica, dir que el papel nmero 1 es una sencilla relacin de las providencias tomadas por el Capitn General de la Provincia de Y ucatn a efecto de remediar la escasez de vveres de primera y absoluta necesidad que amenaz a aquella Provincia el ao pasado de 1804, y una copia de la Real Orden aprobatoria de las medidas adoptadas en la citada poca por dicho Capitn General y conservatoria de las exenciones que legitima siempre la ley imperiosa de la verdadera necesidad. Ni en las citadas providencias, ni en la contestacin entre el Cabildo secular y su dignsimo Diocesano encuentro una sola jota por donde desmerezcan la luz pblica; al contrario, todo respira el mejor servicio del Re y proporcionando la conservacin de sus pueblos y el ms exaltado reconocimiento a la Divina Providencia. Es muy justo que los pueblos conserven los monumentos de su felicidad, y el medio de conservarlos es la prensa. El nmero 2 es una poesa economstica de los dos jefes bajo cuya direccin viven los yucatecos. El crdito pblico de ambos justifican las alabanzas que contiene, al paso que en nada ofenden a las leyes de la imprenta. El nmero 3 es el sermn que se predic en accin de gracias al Altsimo por haber derramado en aquel suelo la cornucopia de la abundancia; sin embargo, de conocerse que el orador tropezaba a cada rato con los particulares merecimientos del acreditado jefe que despus de haber promovido la felicidad, promovi la religiosa funcin, y que por otra parte la santidad del lugar y de su ministerio le prohiba detenerse en elogiarle, supo observar un medio para que no se creyese diriga su oracin la lisonja ms que el honor de Dios y la salud espiritual de los fieles a quienes se recomend la virtud que inmediatamente excitaban las circunstancias del caso. No ha y pues, en mi juicio, inconveniente en que V S. permita la impresin de estos papeles, bien que echndose de menos en el sermn la licencia del Ordinario eclesistico, hago presente a V S. que sta debe precede r, segn los artculos 2 y 3 de la Real Orden de 20 de abril de 1773, ya sea remitiendo V S. a dicho Ordinario el sermn para que ponga su licencia por escrito, ya ocurriendo antes el mismo interesado para que despus vaya a V S. para cuyo decreto del... del corriente he cumplido en cuanto me ha sido posible. Real y Conciliar Colegio Seminario y junio 13 de 1805 aos. Ilmo. S r. El sermn que V S. Ilma. ha remitido a mi censura por decreto de

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OBRAS 336\ 336\ 14 del corriente, se predic en la ciudad de Mrida de Yucatn con el objeto de rendir gracias al Altsimo por haberse dignado conceder a las campias de aquella Provincia los frutos que le haba negado algn tiempo y cuya falta amenazaba el exterminio de los colonos. De esta circunstancia supo valerse el orador para llenar el objeto de la funcin, proponiendo por tema la gratitud que debemos los fieles a los beneficios del Autor Supremo. Consecuentemente esta pieza es del gnero deliberativo, que es el que le corresponde, y pasa de la cuestin tesis a la cuestin hiptesis, o convierte, segn un precepto de Cicern, la una en la otra. Exige la gratitud cristiana que reconozcamos el beneficio, que glorifiquemos a Dios por l y que lo correspondamos con la oblacin de nosotros mismos. Estos son los tres artculos de que consta el discurso. Sus pruebas aparecen tomadas de los verdaderos tpicos de la oratoria sacra con una cierta circunspeccin muy digna del ministerio evanglico y que le pone a cubierto de toda censura teolgica, bien instruya, bien proponga, bien pruebe, bien exhorte. Es verdad que el estilo se resiente un poco de la festinacin con que el mismo autor asegura en su carta dedicatoria haber trabajado la obra; mas este defecto ni es muy notable ni la hace indigna de la luz pblica. Por lo que opino humildemente no presentarse obstculo para que V S. I. imparta la licencia que se solicita. Real y Conciliar Colegio Seminario y junio 17 de 1805 aos. XII Sobre un poema S r Presidente, Gobernador y Capitn General. Lejos de contener este poema defectos que lo hagan indigno de la luz pblica, brillan en l las bellezas que celebra y l mismo viene a ser la mejor prueba de su aumento. Lo original del asunto, la excelencia de los objetos, su hermosa variedad, a sabe r poltica, milicia, costumbres, religin, artes, fbula; el tino con que se da a cada uno su competente elogio, todo, todo es apreciable en esta pieza: hasta el mecenas es muy digno. No hallo, pues, inconveniente en que V S. conceda la licencia que se solicita. As lo juzgo y lo firmo en cumplimiento al decreto anterior de V. S. en este Real y Conciliar Colegio Seminario en 29 de noviembre de 1805.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 337 / 337 XIII Sobre el poema El cementerio S r Presidente, Gobernador y Capitn General. Nunca he referido con ms gusto a los encargos de V S. que la ocasin en que me comete V S. la censura del poema El Cementerio. Este establecimiento que bendecirn siempre los amigos de la humanidad y de la religin es demasiado.... Para que sus elogios se puedan leer con indiferencia. El autor nos ha cantado con todo el entusiasmo y bellezas de la poesa sin faltar a las reglas del arte ni a las respetables soberanas disposiciones. Juzgo, pues, que no slo no hay embarazo, sino que es conveniente la impresin de este poema. Real Seminario y marzo 27 de 1806. XIV Sobre un cementerio extramuros S r Presidente, Gobernador y Capitn General. Hacer conocer al pueblo la necesidad en que se hallaba de un cementerio general extramuros, el aprecio con que debe mirar tal establecimiento, bien sea a la luz de la religin, bien a la de la polica, y los esfuerzos de los benemritos jefes por realizarlo, son asuntos muy dignos de la prensa. Todos estn reunidos en esta descripcin, todos perfectamente explanados y su explanacin en nada ofende la soberana regala ni las leyes eclesisticas. As lo suscribo en cumplimiento del anterior decreto de V S. y de comisin verbal de su Seora ilustrsima. Real y Conciliar Colegio, Habana, abril 8 de 1806. XV Informe sobre los papeles Un maestro de escuela y El Licenciado T empus S r Presidente, Gobernador y Capitn General. Confieso a V S. que si mi censura hubiera sido ms escrupulosa en la aprobacin de los papeles Un Maestro de Escuela y El Licenciado Tempus, sus autores no hubieran abusado de mi condescendencia o disimulo, zahirindose recprocamente a tan las claras y casi desentendindose del asunto principal. Pero ya est hecho el dao a pesar mo y

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OBRAS 338\ 338\ s lo queda el recurso de detenerlo. En esta virtud, juzgo que deben omitirse los tres primeros prrafos de este papel y la nota del cuarto, porque todos componen un cmulo de personalidades injuriosas que nada instruyen y que violan el respeto debido al pblico, las mximas decorosas de la poltica y las reglas de una sana moral. Quisiera que V S. tuviese a bien mandar imprimir esta censura como un recuerdo que se hiciese a los escritores de la obligacin en que se hallan por todas las leyes de ceir sus crticas y contestaciones a las materias, no a las personas. Con eso ellos se ahorrarn de tomarse un trabajo mprobo y de darlo tambin a los censores. Abril 12 de 1806. XVI Censura de un papel S r Presidente, Gobernador y Capitn General. Este Papel es de la misma especie de los del Licenciado Tempus y Un Maestro de Escuela. Por consiguiente, slo se leen en l personalidades injuriosas que nada ilustran y un reto ms personal que literario. So y pues, de dictamen se haga comprender a su autor que se equivoc cuando crey prevenir mi censura dicindome que su pretensin no era contrariar a las buenas costumbres, porque todo lo que huele a libelo famoso, bien sea hacindolo, bien permitiendo el exequatur (como dice impropiamente), es contra las buenas costumbres y no merece la luz pblica. Abril 17 de 1806. XVII Carta sobre la generacin carnal y la culpa original Amigo mo: He ledo con alguna sorpresa la Exposicin doctrinal, etc., que V se sirvi remitirme con el objeto de que le explicase mi dictamen. Dije con alguna sorpresa, porque el autor ha llamado nuevo modo al que es tan viejo como la doctrina de Santo Toms. Copiar aqu los principales lugares de ese Doctor y ver V que no discrepan de la exposicin del auto r. En la cuestin 81 de la prima secunde art. 1 ad. 2, dice que la virtud de la semilla pasa la naturaleza humana del padre al hijo, y jun

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 339 / 339 tamente con la naturaleza pasa la infeccin o contagio de la naturaleza. De aqu proviene que el hijo nazca participando de la culpa del primer padre, pues toma de l la naturaleza por medio de cierto movimiento generativo. En la cuestin 4, De malo, art. 1 ad. 9, dice: Por el pecado del primer padre qued despojada su carne de la virtud que [...] para dar una semilla por medio de la cual haba de pasar a otros su justicia original. De suerte que el defecto de esta virtud que padece hoy la semilla, es un defecto o vicio de corrupcin moral y como cierta intencin o direccin a ella, as como decimos est la intencin del colo r as tambin dice que en la semilla est la intencin del alma. Y as como hay en la dicha semilla virtud para producir en el hijo la naturaleza humana, as tambin la hay para producir igual imperfeccin. En dicho artculo 1 ad. 3 y en la Disp. 30, cuestin 1, art. 2 ad. 4, advierte que aunque la semilla, por ser corprea, no tenga en s actualmente la imperfeccin de la culpa, mas la tiene in virtute, as como de la semilla del leproso se engendra un hijo leproso, aunque en ella no est actualmente la lepra, porque hay una virtud eficiente de cuyo defecto dimana la lepra en el hijo. Del mismo modo, por el mero hecho de haber en la semilla del hombre una cierta disposicin por la cual el cuerpo humano est privado de aquella impasibilidad y ordinabilidad que tena hacia el alma en su primer estado, se produce en el acto el pecado original en la prole, que es susceptiva de tal pecado. Me parece, amigo mo, que el Anglico Doctor explic la transmisin del pecado original por el canal de la generacin carnal, y as no es nuevo este modo de explicarla. Pero sea viejo o nuevo, lo que importa saber es si es admisible y sostenible por un verdadero telogo. Es cierto que el Concilio de Trento nada defini, tratando del pecado original, acerca del modo como se transmite de padres a hijos; por consiguiente, puede defenderse cualquier sistema, siempre que por alguna parte no pugne con alguna verdad definida. De aqu ha nacido la variedad de sistemas inventados. Ellos presentan dificultades que parecen insuperables, tal [...] en el que estoy examinando la del decreto o pacto por el cual determinaba Dios la suerte as del primer padre Adn, como de toda su prosapia, porque este decreto o pacto no se concilia bien con la bondad y justicia de Dios, sobre cuya voluntad vendra por fin a recaer la causa del pecado original, blasfemia que no debe tolerarse. El que quiera, pues, mirarse como buen telogo, adopte esta mxima de San Agustn, que es muy al caso: lo nico que debemos creer de fe es que hay el pecado original transmitido de unos a otros, sin que para esta dependencia sea preciso saber cmo se hace esta transmisin certa fide tenendum est tantum,

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OBRAS 340\ 340\ contagium propagari et quomodo traducatur nunquam noverimus. Epstola 167. El tiempo no me permite escribir ms, ni el asunto lo merece, a pesar de que V merece cuanto quiera de su afectsimo. Junio 29 de 1807. XVIII Sobre la tragedia Los templarios Excmo. S r. La tragedia Los Templarios, que V E. ha pasado a mi censura, es una capciosa apologa de la inocencia de aquellos religiosos, y el representarla ofender a las autoridades supremas, que fallaron de consuno su extincin. La llamo capciosa porque, segn ciertas noticias que he adquirido, parece que esta pieza se trabaj con la torcida idea de justificar en las personas de los Templarios las de los otros religiosos, que han sufrido en nuestros das igual suerte. El respeto debido a las legtimas autoridades no permite invalidar los fundamentos en que descansa el fallo contra los Templarios. Sin embargo, en el acto I V uno de los actores (Lneville) los invalida sin merecer otra respuesta a su exculpacin que echarlo el rey de su presencia y mandarlo al cadalso. De manera que en la catstrofe de esta tragedia, el hroe es vctima de la injusticia. El mismo rey lo confiesa exclamando: Si fueron inocentes, ah qu dudas esta idea horrorosa, oh Dios me abisma! Castgame a m solo; lo merezco y benigno mi pueblo y trono libra. Y aunque todos sabemos que, tendidas las reglas dramticas, es admisible alguna vez semejante desenlace, si alguna vez porque la razn y el inters de las costumbres buenas exigen siempre se presente al pblico el castigo del vicio y el triunfo de la virtud, con todo nunca es admisible, segn el tenor y espritu de nuestras leyes. Si esta tragedia, pues, no instruye porque lo que ensea es un erro r, supuesta la sentencia pronunciada contra los Templarios; si tampoco mueve los afectos piedad y terro r que son el fin principal de tales tramas, antes bien excita indignacin contra los jueces, nada pierde el pblico en no verla representa r Por consiguiente, no hay para que informar a V E. sobre la licitud o ilicitud de aparecer en el teatro los hbitos religiosos y sobre la impropiedad de la cruz que se supone llevaban los extinguidos caballeros.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 341 / 341 Aado, en fin, que el pblico de la Habana no ver con gusto representar una pieza cuya escena y accin se figura en Pars, en el Temple, y por personajes franceses, nombres todos que se han hecho odiosos eternamente a todo buen espaol. 6 Este es mi dictamen, E. S. y aseguro a V E. que lo he extendido con alguna timidez a vista de la respetable autoridad con que se ha procurado justificar esta tragedia, y como prevenir mi juicio en prueba de mi deferencia y respeto, confieso que la ilustracin del Santo Oficio de Granada supo desvanecer dudas y dificultades que no han podido aclarar mis cortsimas luces. Dios guarde a V E. muchos aos. Real Seminario y noviembre 9 de 1810. XIX Sobre una tragedia Excmo. S r. No podr asegurar a V E. que la Tragedia a que se contrae la solicitud de Dn. Manuel Azin y Dn. Juan Jos Sotilla... sea absolutamente la misma que en noviembre ltimo se sirvi V E. mandar a mi censura. No es posible que yo conserve en la memoria todo lo que le entonces; pero s aseguro a V E. que en la sustancia es la misma: la escena, los actores, el enlace, la catstrofe, todo es igual. Por consiguiente, es igual mi dictamen a lo que comuniqu a V E. en fecha 5 de noviembre, dejando a salvo las correcciones que se le puedan hacer en conformidad con los particulares sealados. Dios guarde a V E. muchos aos. Abril 2 de 1811. XX Censura del salmo Miserere en devotas dcimas Ilmo. S r. El Salmo Miserere en devotas dcimas, cuya impresin solicita Dn. Manuel Betancourt, su auto r bajo los auspicios de V I. a cuyo fin 6. Tngase en cuenta que en 1808 se haba producido la invasin de Espaa por las tropas de Napolen Bonaparte, y Caballero escribe esta censura en 1810, cuando el territorio espaol an se hallaba ocupado.

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OBRAS 342\ 342\ se ha servido V S. I. remitirlo a mi censura, no es propiamente el Salmo Miserere, sino unas dcimas devotas; muchas de ellas no glosan el sentido verdadero de los versculos respectivos, tales son 1, 2, 5, 7, 9, 17 y 18 y algunas como la 6 contienen expresiones impropias de la seriedad y augusto respeto con que el penitente debe hablar a su Dios. La glosa y dcimas que siguen al Miserere no presentan ningn inconveniente teolgico, aunque en la dcima glosada empieza el alma a imitar la fe de Belflin, personaje desconocido para m en las Sagradas Escrituras y en las historias que he procurado examinar para cumplir exactamente el decreto de V S. I., a cuyo ilustrado juicio someto esta mi censura. Real y Conciliar Seminario, y mayo 2 de 1811. XXI Sobre el catecismo del imperio francs Ilmo. S r. El Catecismo para el uso de las iglesias del Imperio francs, impreso en Madrid el ao de 1808 y pasado a m por orden de V S. I. para su examen, no merecera ser recogido si se le considerase solamente en su parte didctica y sin encargarse de las circunstancias que lo acompaan; pero si se combinan stas, a sabe r el Prlogo, la Recomendacin del Cardenal Saprara que se llama delegado a latere del S r Po VII y los edictos de los seores Belluy y Loison, que se titulan [obis]pos de Pars y de Bayona juzgo que no debe V S. I. permitir su circulacin. Diciendo en su ttulo que el Catecismo es para el uso de las iglesias del Imperio francs, asegura en el Prlogo con una flagrante hipocresa que es nicamente dirigido a los espaoles para consolarles de lo que lloraron al ver la desolacin en el luga r suponiendo que los espaoles componen el Imperio francs y que el impo Napolen, que actualmente atormenta la Iglesia en todas direcciones siente sus desastres, y para consolar a los que los lloran, manda publicar el Catecismo. El mismo Prlogo afirma que la Providencia por fin quiso conceder a la Iglesia Galicana la tranquilidad y la bonanza, proposicin escandalosa y falssima que equivoca la suma violencia y opresin de la Iglesia Galicana con aquella apreciable tranquilidad y bonanza que slo puede resultar y consistir en el libre [...] y legtimo ejercicio de los sagrados ministerios. Dejar pasa r I. S r esta venenosa expresin, sera

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 343 / 343 aprobar y autorizar las cadenas que arrastra hoy la Iglesia en todos los pueblos que gimen bajo la vara de hierro de Napolen. Est muy claro que el objeto del Prlogo es insinuar la legitimidad del reinado del intruso Jos y su corifeo recomendando las obligaciones que debemos a nuestro catlico Monarca como propias de todos los cristianos bajo cualquier gobierno que vivan. A ver cuyo fin, abusando de autoridades sagradas y de Padres, ofrece contraerse en la explicacin del cuarto mandamiento al Monarca Catlico y sucesores conforme con el nmero de Mandamientos de la Iglesia entre los espaoles, que son cinco (porque para los franceses son seis) y agregan los dones y frutos del Espritu Santo, las Virtudes Cardinales y las Bienaventuranzas, como puntos muy comunes en los Catecismos espaoles. Y aunque estas materias estn bien tratadas y no claudican en lo teolgico, claudican mucho en lo poltico porque presuponen y expresan que los espaoles componen el Imperio francs y que ste comprende las Iglesias de Espaa. En el edicto del que se llama Obispo de Pars, se coloca el nombre de Napolen al lado del de Constantino, se le llama protector de la religin verdadera, se le alaba por haber restablecido en las ms difciles circunstancias el culto pblico de la religin de nuestros padres, expresiones que no se pueden leer sin una santa indignacin, a vista de lo que el culto pblico y la verdadera religin de nuestros padres sufren hoy por el mismo sacrlego tirano, que tan impa como desvergonzadamente es llamado su protector y restablecedo r. El ltimo edicto manda recoger todos los otros Catecismos aparentando astutamente el deseo de la unidad de la doctrina, sin duda con la mira de que en las Iglesias de Espaa, que supone incluidas ya en el Imperio francs, no circulen nuestros Catecismos y slo se aprenda el que Napolen ha hecho imprimi r Con este objeto promete atemperarse en ciertos puntos a nuestras frmulas catequsticas porque nos cuenta entre los vasallos del Emperado r y siendo un intruso pastor (sin legtima misin se cree que lo es nuestro) y que los fieles espaoles se miran ya como ovejas de aquel rebao. Estos son los inconvenientes que he encontrado en el dicho Catecismo, que devuelvo a V S. I. respetuosamente para que, o absolutamente lo recoja, o permita su circulacin cercenados el Prlogo y edictos que le preceden, salvo siempre el superior juicio de V S. I. Habana y febrero 14 de 1812. Ilmo. S r. D r Jos Agustn Caballero

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OBRAS 344\ 344\ XXII Censura de una Deprecacin Excmo. S r. La Ley 33, ttulo 7, Libro 1 de la Recopilacin de Castilla encarga mucho que haya y se ponga particular cuidado en no dejar que se impriman libros no necesarios o convenientes, ni de materias que puedan ni deban excusarse o no importe su lectura, pues ya hay demasiada abundancia de ellos, y es bien que se detenga la mano y que no salga ni ocupe lo superfluo y de que no se espera fruto y provecho comn. Me parece est comprendida en esta Ley la Deprecacin breve y fervorosa, la que V E. ha pasado a mi censura. No es necesaria porque hay otros rezos en honor de San Juan Nepomuceno; no es conveniente, porque no lo es ni a la sana moral ni a la verdadera creencia un devocionario que, debiendo presentar a la imitacin de los fieles nicamente las virtudes del Santo, las mezcla y confunde con otras dotes naturales e nfulas profanas muy ajenas al objeto de estos ejercicios. El apstrofe a Wenceslao no tiene que ver nada con la deprecacin al Santo, ni haba yo visto inscripciones imaginarias en la novena o rezos. La oracin del primer da es ms bien un compendio histrico de la vida de San Juan Nepomuceno que una invocacin pura de su patrocinio, pues recorre rpidamente todos los estudios, empleos, comisiones y pocas ms notables de su vida. Tampoco conviene, antes bien es perjudicial a las buenas costumbres, inspirar a los fieles, y mucho ms a los mismos pecadores, una confianza cierta en la proteccin de algn Santo, como la inspiran las estrofas siguientes: No vive sin esperanza el que se escuda contigo, de su mordaz enemigo siempre la victoria alcanza aun a aquellos pecadores que perderla merecieron (la honra) siempre que a ti se acogieron dispensaste mil favores. Es deci r que el Santo favorece aun aquellos pecadores que por sus vicios conocidos son justamente despreciables e indignos de la buena reputacin. Esta es muy mala moral y falsa devocin. De estos impresos y manuscritos habla la regla 8 a del Expurgatorio probibiendo su impresin.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 345 / 345 Adems, en la primera oracin invoca el patrocinio de San Juan Nepomuceno por el inminente peligro en que se halla de perder su buena reputacin, y en el estribillo de los Gozos, dice que actualmente se halla vulnerado su honor. Esta inconsecuencia prueba que la autora de la De precacin no conoce bien la atribucin que se da comnmente a este Santo de la honra. Si sta se ha perdido por el vicio, slo se repara por el ejercicio constante de las virtudes opuestas; y necesitndose para este ejercicio los auxilios de la gracia, cree y ensea la Iglesia que la mediacin de tal o cual Santo puede alcanzarla de Dios, suponiendo precisamente convertido el corazn del suplicante, esta doctrina catlica no est bien indicada en los prrafos del rezo que dejo notados. Por ltimo, desdice de la devocin con que se debe hablar a Dios la larga enumeracin de las personas a quienes la autora extiende el favor y poder del Santo, a sabe r jueces, escribanos, letrados, procuradores, predicadores, presos, fiadores, mercaderes, hombre y muje r cannigos, doctores, confesores, oradores..., retahila superflua y que distrae en vez de contraer el nimo. Por todas estas razones, Excmo. e Ilmo. S r ., juzgo que no merece la licencia para imprimir la censurada Deprecacin, salvo el superior juicio de I. E. I. Por lo que toca al Elogio fnebre de la Reina Madre, la Sra. Doa. Mara Luisa, me parece no haber inconveniente en que se imprima. Noviembre 25 de 1819. XXIII Sobre un panegrico de San Agustn Excmo. e Ilmo. S r. He ledo detenidamente el Panegrico de San Agustn que predic en su iglesia el 28 de agosto ltimo el P M. Fr. Dionisio Casado, y aunque nada contiene contra nuestros dogmas, pugna en muchos lugares con la decencia que exige el sagrado ministerio de la palabra evanglica y contra la preferencia que merece la moral cristiana sobre la Filosofa. La primera parte del Panegrico son los errores de San Agustn: Todo lo err, dice, como filsofo del siglo; y es muy notable fundar el elogio de una persona en sus errores. Adems, en la misma primera parte lo presenta tan profundamente instruido en todas las ciencias a la edad de veinte y un aos, que dej muy atrs a los Platones, Aristteles, Cicerones y Demstenes; es muy de bulto esta contradiccin.

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OBRAS 346\ 346\ En el prrafo 9 o hace una como apologa de los amores criminales de San Agustn en su estado gentil hasta el punto de decir: que aunque fue enamorado, fue hombre de bien y no pcaro. Excitando en el prrafo 17 a los fieles a que abandonen las doctrinas sediciosas y revolucionarias, como que se desentiende de los motivos espirituales para ello y les urge ms con los motivos temporales, si no por amor de Dios, as les dice: A lo menos por amor a vuestra Patria, por el sosiego pblico, etctera. El prrafo 19 comienza con un apstrofe a las mujeres algo lbrico y muy chocante a la pureza de los labios de un orador cristiano, que habla en el templo del Seo r. Desdice tambin de la santidad del templo y del objeto de la reunin de los fieles en l la cuestin que suscita el orador en el prrafo 22, a saber: si las rdenes religiosas convienen o no en el Estado o si son o no necesarias. Esta cuestin desdice tanto ms cuanto la considera con respecto a las utilidades civiles y econmicas. Reincide en el prrafo 24 en el mismo defecto que not en el 17: all se content con que los oyentes alcancen la perfeccin moral y filosfica, pues parece se desentiende de la moral cristiana, toda la vez que les presenta los modelos de Scrates y Platn, dicindoles: Es verdad que en este caso no seris cristianos, pero a lo menos seris filsofos, buenos ciudadanos, frugales, laboriosos, etc. En este mismo prrafo noto una expresin que no debe permitirse corra como suena: Nuestra alma es tan inmortal como el Dios que la cre... No la ensea as la verdadera Teologa. Se notan tambin algunas expresiones chabacanas e indecentes, tales son llamar a los que grada de pretendidos sabios del mundo, cabezas alquitranadas...; decir que el amor de Agustino no fue como el de aqullos que se glorian de ser verdaderos discpulos de Epicuro, y de revolcarse con l en su cama. ltimamente, el ttulo de este sermn (o sean los ttulos) es muy ridcu lo y anuncia mal el mrito de la obra. Los unos, trminos inaplicables al asunto que contiene; los otros, contradictorios entre s y cinco esdrjulos seguidos, todos para decir Panegrico de San Agustn. Este es, Excmo. e Ilmo. S r ., el juicio que he formado de l con relacin a la moral cristiana y al decoro, gravedad y circunspeccin que debe reinar en la oratoria sagrada, aun ms que en la profana. Lo someto al superior de V E. I. con lo que dejo obedecido el decreto de V E. I. de [...] de octubre prximo pasado. Habana y noviembre 6 de 1826. Excmo. e Ilmo. S r. D r Jos Agustn Caballero

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 347 / 347 XXIV Juicio sobre un Diario de la Nueva Jerusaln Mi estimado D. Andrs: Devuelvo a V el Diario de la Nueva Jerusaln, que he ledo, no con mucho gusto porque no lo causa la lectura de unos extravos intelectuales hijos de las pasiones, no del convencimiento. Prescindiendo de la grosera osada con que se echan por tierra misterios y doctrinas (hasta llamarlas diablicas) ms autorizadas que las que aparecen en la citada obra, casi toda ella es demasiado abstracta y por consiguiente oscura y demasiado extravagante, tanto, que me he quedado sin haber podido entender los nuevos sistemas sobre la naturaleza de Jess respecto de su cuerpo y de su alma. Una humanidad tomada al Padre y otra tomada a la Virgen, humanidad materna y humanidad divina, que es lo que se entiende por hijos de Dios, lo divino humano que tom de Mara una forma material para producir en ella una forma sustancial, por lo que no hay ms ngeles que los que han sido hombres. Son unos principios arbitrarios, contradictorios, muy ajenos de la sana Teologa y Filosofa. La formacin del principio genuino racional en Jess verificada por el bien o por lo bueno fluyeron en los [...] recipientes, y por medio de las ciencias y conocimientos, y que toma una forma segn el grado de verdad..., es sin duda una Metafsica harto sutil, desconocida hasta ahora y del todo ininteligible. V ea V cmo concluye: As, pues, la verdad divina en lo humano-divino del Seor viene a ser divina verdad en lo divino-humano. Entiende V este lenguaje, este galimatas? Dispense V la libertad que me he tomado en hacerle estas observaciones que tal vez sern efecto de mi ignorancia, pero [...] sern de la ingenuidad de un amigo de V. XXV Sobre polmicas entre El Filsofo y El Criticn de la Habana La correspondencia que han establecido el Filsofo y el Criticn de la Habana no observa las reglas que una sana crtica, la poltica y la religin prescriben en los escritos polmicos. A pesar del escrupuloso ejercicio de mi censura, bastante a haber hecho conocer a sus autores el concepto poco ventajoso que forma de semejantes producciones, cada

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OBRAS 348\ 348\ 7. Esta censura no fue incluida entre las publicadas por la Biblioteca de Autores Cubanos. da se exasperan ms sus nimos, aumentan mi trabajo y duplican el suyo porque, siendo preciso mutilarles prrafos enteros, perodos intermedios y expresiones esenciales, tienen que rehacerlos casi de nuevo y por lo regular todo el til que queda slo interesa a los dos. En esta virtud he credo deber cortar el mal en su raz, negando absolutamente mi censura a todo lo que huela a guerra literaria, ya que no se sujetan a usar de las armas permitidas. Pero mi deferencia a V S. a quien debo la honra de censurar por el Gobierno los citados papeles me ha retrado de aquella determinacin inconsulta al parecer de V S. Y o la tomar inmediatamente, si V S. tiene a bien aprobrmela. Dios guarde a V S. muchos aos. Habana, y octubre 30 de 800 [?] S r Presidente, Gobernador y Capitn General. XXVI Sobre la Corona del Prncipe San Miguel y una novena de San Onofre 7 Ilmo. Seo r. La Corona del Principe San Miguel a que se contrae el anterior Decreto de V S. Ilma, su fecha 21 del corriente, tiene su origen en una revelacin hecha por aquel Arcngel a su devota, la beata Antonia de Astnico, a la que ofreci alcanzar del Seor en favor de sus devotos las gracias de que cuando llegasen a la mesa del altar seran acompaados de nueve ngeles que supliran con sus excelentes mritos las faltas de fervo r devocin y amor: que en la hora de la muerte seran defendidos por aquellos mismos ngeles para que fuese feliz mediante su intercesin: que en el purgatorio seran visitados por los mismos, nueve veces al da para consolarles en aquellas penas, y que gozaran de todas estas gracias todos los parientes de los devotos del Arcngel. As consta en el prospecto y prlogo de la citada Corona Nada se me ofrece sobre el mtodo y las preces de esta novena: todas son piadosas y conformes a los principios de la verdadera devocin. As, pues, solo tengo que informar a V S. Illma. sobre la citada revelacin. No he podido adquirir noticia ninguna de la vida de la beata Antonia de Astonico, ni las leyendas del Arcngel San Miguel donde constan sus

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 349 / 349 apariciones, y dedicaciones de iglesias en su hono r hablan una palabra de semejante revelacin. Esta circunstancia me la hace graduar de apcrifa y digna de que V S. Ilma. mande suspender su circulacin por las manos de su gre y Porque es verdad que la Iglesia permite leer las visiones, y fantasas y relaciones de los varones religiosos y personas devotas, por el solo fin de conmover la piedad de los fieles y edificarlos; sin embargo, este permiso no tiene lugar en sentir del inmortal Benedicto XI V cuando las visiones o revelaciones pugnan con la fe y las buenas costumbres o envuelven alguna doctrina nueva peregrina y ajena del comn sentimiento de la Iglesia. De esta clase es la que se supone hecha por San Miguel a la beata Antonia, y adems de la nota de nueva y peregrina, me parece opuesta a los principios de la sana Teologa sobre el tormento de las almas del purgatorio, y que induce a la relajacin en la ilimitada ampliacin de aquel privilegio. Opino pues que V S. Illma permita correr la predicha Corona, suprimiendo todo lo que huela a revelacin. Por lo que toca a la Novena del Rey y santo anacoreta San Onofre, debo decir en honor de su autor que no presenta dificultades para su impresin. Sera sin embargo de desear que el autor la hubiera trabajado en todas sus partes con igual tino y circunspeccin, y que habi ndose ceido a los pasajes de la vida del santo en el desierto, se hubiese contentado con presentar a los fieles un modelo de penitencia, y hubiese omitido las noticias que carecen de fe, segn el juicio de los historiadores ms serios. Sabemos que las nicas noticias fidedignas de la vida de San Onofre se deba a el monje Panucio, quien las hubo del mismo Anacoreta en las conversaciones que tuvo en la soledad; pero stas, segn Richard Ebaillet, Surio y Janninf, rodaron sobre el tiempo de su mansin all, sobre su sistema de vida y sobre algunas instrucciones con que le consol; de manera que an el tiempo de su nacimiento y la duracin de su vida y la fecha de su muerte son todava una mera conjetura. Esto es todo que tengo que informar en cumplimiento del precitado Decreto y lo que sujeto a la alta comprensin de V S. Illma. Real y Conciliar Colegio Seminario de San Ambrosio y Octubre 25 de 180 (ilegible).

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DOS C DOS C AR AR T T AS AL SEOR ISRAELIT AS AL SEOR ISRAELIT A DON DA A DON DA VID VID SOBRE LA VERD SOBRE LA VERD AD DE LA RELIGIN CRISTIANA AD DE LA RELIGIN CRISTIANA 1 1 Primera 2 Estimado seor mo: Debo a vuestra merced la contestacin de dos cartas, una fechada el 3 de octubre de 94, y otra de 18 de agosto de 95. 1. El manuscrito de estas cartas se encuentra en la Biblioteca Nacional Jos Mart, Sala Cubana, Coleccin de Manuscritos. La transcripcin que presentamos es la realizada por el D r Jenaro Artiles para la Biblioteca de Autores Cubanos. Cfr. Jos Agustn Caballero:ob. cit., t. II, pp. 67-93. 2. Agosto 30 de 1796. CU AR T A P AR TE E SCRITOS T EOLGICOS

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OBRAS 352\ 352\ Confieso no hay excusa al cabo de tanto tiempo, pero s confianza en que la buena amistad que V me manifiesta dispensar esta primera falta a un amigo como yo, que no carece de atencin. Bastante he lamentado la suerte de Sarmiento; mas me consuela la conformidad con que se ha portado en medio de su desgracia: sin duda que ninguna religin si merece este nombre alguna otra que la cristiana proporciona a sus adeptos ms recursos en medio de la calamidad que la de Jesucristo. Cualquiera que se acuerda de lo que sufri su auto r de su paciencia y moderacin, con las dems dotes que predijeron los Profetas, no puede menos de conformarse, y aun complacerse en la tribulacin: superabundo gaudio in tribulatione, escriba San Pablo; y en otra parte ense que las virtudes se perfeccionaban en los trabajos y penas: Virtus in irfirmitate perficitu r Efectivamente, entonces resaltan ms; aparecen ms hermosas y arrastran ms nuestros corazones: as arrastr el de V la paciencia de Sarmiento. Agradezco mucho los pasos y diligencias que V ha hecho por encontrar el Diccionario de Pheriden y Cartas de Chesterfield, como igualmente los dos tomos que V me envi en lugar de aqullos; ambos han merecido la aprobacin del sujeto a quien los remit, y me asegura quisiera lograr entera la obra del Espin judaico; no creo que su autor es V oltaire segn me escribe; se atribuye al Marqus de Argens. Sea quien fuere el auto r lo cierto es que aunque no deja de tener alguna moralidad, como V me advierte, contiene muchas ridiculeces, obscenidades y novelas muy injuriosas a la religin de Jesucristo, y quisiera tuviera V conmigo la confianza y bondad de escribirme si me habl irnicamente cuando recomendndome el mrito de dicha obra, me dice: Dicen es M. V oltaire su auto r y es una de sus buenas obras... Recib tambin por mano de Infante las Gacetas que V se sirvi remitirme. En la segunda carta me expresa V el poco o ningn mrito de Chesterfield (yo no le he ledo y apenas le conozco) y me recomienda sobremanera las Jornadas de Ciro y la Ciropedia; esta ltima corre impresa en francs y espaol con general aprobacin. El juicio que V ha formado de que [los] antiguos tomaron su instruccin y conocimiento sobre el Ser Divino de la Sagrada Escritura, es una verdad decidida ha muchos aos por los autores de todas profesiones. Ya est calculado que Moiss floreci antes que Homero, que Tales, que Pitgoras, que Scrates, que Platn y Aristteles, primeros maestros de la sabidura griega. Calmet, escritor novsimo y muy circunspecto en sus cmputos, hace ver que Moiss floreci casi 500 [aos] antes que Homero, 800 que Tales, 900 antes que Pitgoras, y ms de 11... [antes] que Scrates, Platn y Aristteles. Hablemos de Zoroastro, tan afamado entre los persas, y a quien algunos han querido hacer ms antiguo que Abraham. No puede negarse la antige-

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 353 / 353 dad de este filsofo y su ciencia sobre el ser divino, pero hay mucho fundamento para que l quede comprendido en la sentencia de V l vivi despus del Diluvio, y fue contemporneo con Job, gentil como l. Sin embargo, Job tuvo la tradicin del Mesas y muy clara, como se demuestra en el versculo 25 del captulo 19 de su libro. Por qu, pues, Zoroastro no haba tambin de poder adquirir conocimientos tradicionales como Job? Se me olvidaba Mercurio Trimegisto, filsofo muy antiguo. Este era egipcio y vivi en los das de David y Salomn. Sera acaso extrao que un sabio de aquella nacin tuviese conocimiento de la historia de Moiss cuando desde Abraham tuvieron los hebreos comunicacin y trato [con] los egipcios. Y podr creerse que ni Abraham, que estaba en Egipto, [ni] Jacob, que vivi en aquel pas 17 aos, ni Joseph que gobern esta nacin mucho tiempo, ni Moiss que comunic con los sabios de Egipto, ni los israelitas que vivieron con ellos 215 aos y finalmente ni [Salomn], que cas, como V escribi, con la hija del rey de Egipto, ninguno de stos, digo, revel nada de su religin a los egipcios, de donde haya podido Trimegisto sacar lo que escribi? Pero no hablemos ms sobre un punto en que estamos acordes. Aadir nicamente, por no dejar sin contestacin ninguna lnea de la apreciable carta de V ., que cualquiera que lee el primer libro de las Metamrfosis de Ovidio, el desenredo del Chaos, el Prometeo, el Diluvio, etctera, confesar est all disfrazado el Gnesis. Suscribo utroque pollice a lo que V md. me escribe sobre la sabidura fantstica de algunos sujetos; este vicio es tan chocante, que por lo regular lleva el castigo en esta vida, como sucedi al Abate con Jos II. El verdadero sabio es aquel que funda su sabidura en el santo temor de Dios, sabe humillarse porque conoce mucho ms lo que ignora; y lo que sabe lo ha recibido de Dios. Esta es la diferencia entre ciencia de la carne y ciencia de los santos; la primera fantstica, orgullosa y que infla, segn escribi el Apstol; la segunda verdadera, humilde y que abate a presencia de Dios y de los hombres. Tal es, amigo mo, la que yo busco, la que debemos solicitar los cristianos, la que nos ense y recomend Jesucristo y la que yo pedir para V en mis tibias oraciones. Pedir bien? Quiere V pida para su alma lo que pido para la ma? S. La caridad me lo ordena; pero yo no s si V se halla con las disposiciones necesarias. Y o no s si nuestros dos entendimientos estn baados de una misma luz, si ellos profesan unas mismas verdades; yo quisiera ah!, y con tanta vehemencia lo deseo!, quisiera que mi amigo D o n David derramara su corazn en mis manos, me manifestase los ntimos sentimientos de su alma, y yo entonces me felicitara de nuestra hermandad, o trabajara por acercar a m al mejor amigo, a quien amo y B. L. M. Caballero.

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OBRAS 354\ 354\ Segunda Estimado amigo mo: Compadezco a la verdad la situacin en que V. se halla despus de la desgracia de venir lidiando con hombres sin crianza ni religin, que cada rato pondrn a prueba la moderacin y paciencia de V Igualmente compadezco la suerte adversa que ha sufrido su querido hijo; pero l es como su padre, sabr bendecir al Seor en medio de la desgracia. Nunca, amigo mo, podremos discordar sobre el origen de los conocimientos que tuvieron los antiguos filsofos acerca de la divinidad: la tradicin oral desde Adn y No y las Escrituras Santas han sido ciertamente las fuentes en donde todos o casi todos han bebido, por lo que no me parece lo ms conforme, ni es necesario suponer en cada uno de ellos una inspiracin divina sta destruira totalmente y cegara aquellos dos manantiales, y yo no hallo disculpa en admitir los tres. Tampoco apruebo el que V me diga: fue imposible conservarse la tradicin en medio de tanta perversidad de la idolatra. La idolatra no es siempre hija de la ignorancia, algunas veces lo es de la malignidad del corazn; y no faltan algunos que la observan porque resisten escuchar la verdadera doctrina que les enseara a proceder de otra manera: Noluit intelligere ut bene ageret. V agrega que los chinos no creen hoy en el Diluvio Universal, y que por consiguiente esta tradicin no es general. Mala lgica! Una cosa es negar haya habido tradicin; otra no creer en ella; el que los chinos no crean en el Diluvio no es carecer de la tradicin que lo ensea; al contrario, prueba que ha corrido hasta ellos y que por razones que se han propuesto, no asienten. Si yo negase hoy la tradicin de la Iglesia sobre la forma y materia de la ordenacin de sus ministros, no sera por no haber ella llegado hasta m, sino porque yo encontrara razones para destruirla, o para cohonestar mi disenso. Pero hablemos de Job. Dice V que podra afirmar que este libro era puramente moral, y que por consiguiente no ha habido tal hombre. Y si yo dijera que existi realmente casi en los tiempos de Moiss, cul de nosotros hablara con mejores fundamentos? Y o tengo a mi favor toda la antigedad, y la misma Sagrada Escritura. La paciencia de Tobas es recomendada compararla a la de Job. Ezequiel dijo que Dios estaba tan irritado contra los judos, que aunque No, Daniel y Job pidiesen por ellos, no los perdonara. Aqu, amigo, es forzoso confesa r o que nunca existieron los tres citados, o que en efecto existieron, porque se habla de los tres bajo un mismo teno r Santiago, tambin, en su Epstola, nos propone a Job por modelo de paciencia. Convengamos en que es opinin ms conforme a la misma Escritura, y ms generalmente admitida la contraria de

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 355 / 355 la que V cree podra sostene r como vanamente quiso hacerlo Rab Maimnides. La prueba de ser ms antigua y comn la creencia de que hubo Job en la realidad, es que el Chrisstomo escribe se hacan todava en un tiempo peregrinaciones a la Arabia a visitar el muladar de Job, que su nombre se lee en los antiguos Martirologios (y Misales) con el ttulo de Profeta, de Santo, y de Mrtir; que su culto est difundido por Italia, y que hay muchas iglesias y hospitales erigidos en su hono r, y que desde el siglo VII haba en Constantinopla una iglesia y un monasterio dedicados al nombre de Job. Aquellas palabras scio 9 Redemptor meus vivit, pueden aplicarse segn V escribe, a la misma conversacin que tena Job entonces sobre sus desgracias, de las que esperaba sali r. Esa aplicacin ni es la ms propia, ni la ms conforme a las expresiones que haba vertido antes en el versculo 7 del captulo 7, en el 14 del 14, y el 26 y 29 del 19. Los judos, que creen como nosotros en la resurreccin de los muertos, extienden este pasaje no slo a la restitucin de Job a su primera fortuna, sino tambin a la resurreccin de su carne, y de la de todos los justos, y en efecto se concilian muy bien ambos sentidos, porque esta renovacin mortal y momentnea del estado de Job, era un indicio de la resurreccin final, que nos ensea la fe. Y no es extraa esta inteligencia, cuando sabemos es muy familiar en los libros sagrados este gnero de figuras profticas, o como si dijramos dobles orculos, que por una parte presentan una faz de lo temporal, y por otra la de lo eterno, sublime, y sobre nuestro alcance. El mismo Job favorece esta inteligencia de la resurreccin de los muertos, pues sigue diciendo, et in novissimo die de terra surrecturus sum. Mas la palabra original, que se ha traducido en Redemptor significa propiamente el que en calidad y por va de deudo, liberta a un su deudo o hacienda, y la toma para s por el tanto, como se lee en el libro de los Nmeros, captulo 35, versculo 19, y en el Levtico, captulo 25, versculo 25. Por ltimo, qu dificultad hay en decir que Job tuvo conocimiento del Redentor y de su resurreccin, cuando V mismo afirma, y sostiene como punto racional que los filsofos antiguos tuvieron relacin o aprendieron de aquellos otros hombres que existan sobre la tierra, testigos de la grandeza de Dios? Pasemos al relato que V se sirve hacerme exponindome sus ideas y sentimientos sobre materia de religin. V me dice profesa la Ley de Moiss. Y por qu no la de Jesucristo? Los preceptos esenciales de sta no fueron los de aqulla? Aqulla, no fue un conjunto de figuras y anuncios de sta? V mismo escribe que la Ley que dio el Seor a Israel, por manos de Moiss su siervo, es firme y durable por toda la eternidad y que como tal la observa V y guarda cuanto puede. Pero V. quiere inmediatamente hacerme ver que los libros de la Ley Mosaica se perdieron cuando el incendio del templo, y que hallndose Zorobabel

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OBRAS 356\ 356\ sin otra cosa ms que con una tradicin, form un Senado y enviaron por todas las tierras a donde los israelitas haban sido esparcidos, a buscar todos los manuscritos que tenan; y despus que stos fueron examinados y revistos por el Senado, aquellos que les parecieron conformantes a la Ley Mosaica los hicieron cannicos, y los otros los hicieron apcrifos o dudosos, etc. Este relato de historia no est presentado con exactitud. Todos los ejemplares de la Ley no se quemaron en el templo y todava no se ha decidido si los caldeos efectivamente quemaron tales libros. Aun cuando hubiesen perecido todos los que corran por Jerusaln (parece increble), siempre pudieron escapar los que haba por toda la Judea. Sabemos que Daniel, despus de incendiado el Templo, lea pblicamente a Jeremas y a los otros profetas; y que el ao primero del reinado de Daro entendi el nmero de los 70 aos de que haba hablado Jeremas. Joseph, el historiado r refiere que los mismos judos manifestaron a Ciro la profeca de Isaas en el captulo 45, relativa al mismo Ciro, por lo que les mereci su benevolencia: Hoc Cyrus cognovit ex lectione libri qui Isaias Profetias continet ducentis decem annis ante ipsius aetatem conscriptas. El canon de los hebreos, segn San Jernimo, estaba dividido en tres partes: la primera contena lo que ellos llamaban la Ley, a sabe r, los cinco libros de Moiss; la segunda, la que llamaban Profetas en la que incluan los libros de Josu, los Jueces, Ruth, los cuatro de los Reyes, los tres Grandes Profetas, Isaas, Jeremas, Ezequiel y los doce pequeos. La tercera abrazaba los libros Hagigrafos, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiasts, Cntico, Daniel, los Paralipmenos, los Esdras, Nehemas y Esthe r No tuvieron, pues, duda sobre la canonicidad de estos ltimos, como os decir Junilio Africano, y la misma voz hagigrafos lo persuade as, pues es equivalente a la latina canctus. En fin, nos consta que Esdras y otros varones de la gran Sinagoga, esto es, del gran Sinedrio, recogieron los cdices de la Le y los copiaron, ordenaron y limpiaron de algunos vicios que maliciosamente se les haban introducido, los restituyeron a su integridad e hicieron ver cual era el canon de las Escrituras. Toda esta operacin fue de autoridad divina, porque en el Sinedrio se hallaron adems de Esdras, Ageo, Zacharas y Mala qu as y Daniel, segn algunos, todos los profetas del Seo r Esta es la realidad de la historia, sin que de ella pueda deducirse argumento ninguno contra la legitimidad de la Ley de Moiss constantemente transmitida hasta los tiempos en que naci Cristo, y despus hasta nosotros perfeccionada y completada. Con el motivo de la historia de Zorobabel cita V una tradicin de la libre Masonera, recomendando la autoridad de esta congregacin. Confieso haba pensado pasar por encima de este prrafo, juzgando superfluo expender el tiempo en hablar de semejante sociedad. Pero dir ni-

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 357 / 357 camente, sin que tome V de aqu... 3 a disputas, que para m no es digna de aprecio. S que esas juntas han sido rigurosamente prohibidas en Manenhein, en Viena, en Npoles, en Miln, en Mnaco, en Saboya, en Gnova, en V enecia, en Praga, en Portugal y en Espaa. No se me oculta se prohibieron tambin en Pars y en Londres, y no ignoro las razones que ocurrieron posteriormente para tolerarse en estos reinos. V enero la constitucin de Clemente II en el ao 1738 confirmada y renovada por el S r Benedicto XIV en 1751. En fin, las leyes que gobiernan ese cuerpo, que V recomienda, son ridculas y extravagantes, aunque algunas parecen piadosas e inocentes. Sigue V ., despus de su historia, hasta la muerte de Jesucristo y antes de acabarla me asegura V que los Evangelios discordan entre s sobre la respuesta que dio Cristo a Pilatos preguntndole si era hijo de Dios. Uno dice que respondi: Yo soy el hijo de Dios; otro: T lo dices. Yo no veo, amigo mo, discordancia en estos dos pasajes. Acaso el uno destruye lo que el otro establece? Se niega y se afirma de un mismo particular? Si V llama discordancia la diversidad de estilo que hay entre los Evangelistas, que uno se contraiga a ciertas menudencias que omiti el otro, y ste hable de una manera y aqul de otra, sin duda ninguna que quedaran falsificados todos los Evangelios. Dnde era, pues, la contradiccin en la respuesta de Cristo: Yo soy hijo de Dios, T mismo dices que yo soy hijo de Dios? Aun me parece llevan demasiada consecuencia porque una vez afirma su filiacin divina, otra la confirma dicindole a Pilatos: a qu me preguntas una cosa que vosotros mismos la decs como convenidos de ella? Y o llamara discordancia cuando en una respuesta hubiese afirmado y en otra hubiese negado que era hijo de Dios. Al concluir la carta me propone V cuatro dudas que juzga fundadas para no dar su creencia a la religin de Jesucristo y mantenerse sectario de la antigua Ley de Moiss. Apuntar ahora mis cortsimos talentos o, para tener la gloria inefable de aquietar el entendimiento o para desempear lo mejor que pueda una parte del ministerio en que me hallo constituido. A y amigo de David! Cuidado si una mala vergenza le hace a V. cerrar los ojos al medio da para no ver la luz! Cuidado si las primeras e inveteradas impresiones frustren el gustossimo trabajo que yo me tomo, y esa buena disposicin que V manifiesta a rendir homenaje a la verdad, si V me consulta porque efectivamente encuentra dificultad y quiere iluminarse, est bien; pero si V me propone dudas que no haya concebido como tales slo para ridiculizar y degradar el alto carcter de mi religin, entonces yo soltar la pluma y me entregar primero al llanto y a la oracin para lamentar la dura antigua cerviz del pueblo judaico que todava 3. Ilegible. Quiz motivo. (Nota de la edicin anterio r .)

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OBRAS 358\ 358\ resiste inclinarse y cargar el yugo suave del Evangelio. Y o deseo con tal vehemencia desatar las dudas que V me ha presentado, que invoco para su logro toda la virtud y la gracia del divino Espritu. P RIMER A OBJECIN Jesucristo predicaba una suma pobreza ordenando a sus discpulos que fueran a predicar el Evangelio libremente y sin pagamento por todo el mundo, dicindoles: V osotros lo habis recibido de m libre, dadlo libre a todos. Mas les encarg de no prevenir lo que haban de comer maana porque maana prevendra para ellos, y por fin una [nueva] doctrina pura y exenta de toda ambicin, pues como vemos que los discpulos y apstoles despus de la muerte de Cristo formaron un Senado en Jerusaln y una sociedad donde muchos iban a entregar todo su caudal, y porque uno no lo entreg todo, el Apstol le dijo: Porque mientes al Espritu Santo, morirs. Y el texto dice que muri. Respuesta: Los discpulos de Jesucristo nunca faltaron a la pobreza: ellos slo posean bienes comunes, posesin que no se opone a aquella virtud. Si cada uno en particular hubiera sido un propietario, entonces s tendra lugar la objecin de V Muy lejos de repugnar a la virtud de la pobreza la comunidad de los bienes; muy distante de ser pecaminosa, encierra en s una multitud de virtudes, porque sirve de mayor fomento de la caridad recproca, separa del corazn el afecto a los bienes terrenos, hace comunes los merecimientos y bienes de todos, quita todo motivo de litigio, da paz y serenidad al alma. El mismo Jesucristo tuvo su bolsillo comn, segn San Juan en el captulo 12, versculo 6. Si Ananas muri de repente a los pies del Apstol por haber llevado una sola parte del valor en que vendi su campo, no es esta prueba de avaricia en los Apstoles. Ananas, como casi todos los primitivos fieles, se haba obligado voluntariamente a poner sus bienes todos en manos de los Apstoles y recibir de ellos lo que fuese necesitando; despus falt a esta promesa sustrayendo una parte y queriendo hacer creer a los Apstoles entregaba cuanto tena. Esta mentira, este fraude, esta violacin de su voto le atrajo justsimamente el castigo que refiere la Santa Escritura, y por eso el Apstol le dijo que haba mentido al Espritu Santo: Cur tentavit Satans corum mentiri te Spiritui Sancto, et fraudere de praetio agri? Hay en todo ese pasaje algo contra el desinters y buena conducta de los Apstoles? S EGUND A OBJECIN Cristo fue circuncidado y observ la Ley Mosaica, pues como ahora vemos que despus que algunos gentiles se haban convertido a la fe cris-

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 359 / 359 tiana y que los judos cristianos decan que aqullos deban ser circuncidados conforme a la Ley Mosaica porque Cristo fue circuncidado conformndose a la misma Le y el Senado exceptu a los gentiles de ese mandamiento de Dios con el cual hizo el pacto con el patriarca Abraham, dando aquellos cuatro mandamientos que son : que no copiesen la sangre ni nada ofrecido de la idolatra ni muerto por s mismo, y que se guardaran de la fornicacin. Respuesta : Aunque se circuncid, no estuvo obligado a esa ceremonia; mas quiso sufrirla para exhibir un ejemplo de obediencia a la Le y Aquel mandamiento fue para la ley natural y mosaica, con que no hace fuerza el argumento apoyado en la circuncisin de Cristo. Y esta misma es la razn que tuvo el Senado para exceptuar de ella a los gentiles, como hemos quedado exceptuados los nacidos despus de Cristo o en la Ley Evanglica. Hubiera sido intil haber obligado a los gentiles a sufrir una ceremonia en aquellos mismos das en que se iba aboliendo la Ley que la haba ordenado y sustituyndose la nueva y de gracia. Tal ceremonia, segn su institucin, serva de marca con que se distinguan los judos de los otros pueblos y por eso dur todo el tiempo que la repblica e iglesia de los judos; pero despus, disuelta y sepultada la sinagoga y dispersos los judos sin re y sin iglesia, sin ministros, ni debi repetirse ni ser obligatoria semejante ceremonia, sino establecerse las propias y peculiares de la repblica e Iglesia fundada por el Mesas. San Pablo dio a entender muy claramente la inutilidad de esta ceremonia en sus das y lo indiferente que era a sus nuevos alumnos del Evangelio, cuando Dios dijo: e l que est circuncidado al tiempo de recibir el bautismo, no se avergence de la circuncisin ni procure ocultarla; y el que no lo est no tiene a qu circuncidarse despus de bautizado, pues para profesar el Evangelio y recibir la fe, no importa estar o no circuncidado, esto es, no importa ser judo o gentil porque la perfeccin de esta nueva Ley estriba toda en observar los mandatos que Dios ha prescrito: Circunsisus aliquis vocatus est? Nec adducat praeputium. In praeputio aliquis vocatus est? Non circunscidatu r Circunscitio nihil est et praeputium nihil est, sed observatio mandutorum Dei. En fin, el mismo San Pablo dijo a los Colosenses: V osotros estis circuncidados, no con una circuncisin material, que consiste en despojarse de una parte de la carne, s con una circuncisin espiritual en Cristo Jess, sepultndoos con l en el bautismo, in quo (Cristo) et circunscisi estis circunscisione non manafacta in expoliatione corporis carnis, sed in circunscisione Christi consepulti, et in baptismo. T ERCER A OBJECIN San Pablo edifica la Iglesia griega; San Pedro dicen edific la Romana; ambos eran Apstoles y se amaban. Pues cmo vemos los des-

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OBRAS 360\ 360\ rdenes que hubo entre las dos Iglesias llamndose herejes unos a otros con todo renco r como si no fuesen cristianos? Es ste el puro amor que Cristo les ense antes de su muerte por su observancia? Respuesta: Yo no s, amigo mo, a donde se dirige este argumento; no s qu es lo que V quiere probarme dicindome que Cristo recomend el amor de aquellos fieles y que San Pedro y San Pablo tambin lo recomendaron; pero ellos, sin embargo, no obedecieron a tan respetables insinuaciones. Lo nico que me parece puede deducirse de aqu es una verdad muy comn y demostrada con la continua experiencia, a saber: que aquellos fieles fueron tan impos, que desatendieron los consejos saludables. Y bien, qu inconveniente hay en esto? Las leyes por rigurosas y estrechas que sean, por mucho que se recomienden, dejan siempre la libertad a salvo, y cada uno hace lo que le agrada. Acaso porque San Pedro y San Pablo se amaban y exhortaban a los fieles de Grecia y Roma a que tambin se amasen entre s, debieron necesariamente haberse amado griegos y romanos? No. Elegir uno u otro extremo estuvo en manos de ellos; si lo primero, hubieran obrado bien; si lo segundo, muy mal. Dios no recomend y orden a los israelitas no adorasen dioses esculpidos ni a ninguno otro fuera de l? Pues, cmo vemos que adoraron el becerro? Dios no ha mandado predicar el Evangelio a todas las criaturas? Y efectivamente, no se ha predicado en todas partes? Pues, cmo vemos hoy a muchos que tenan la observancia de esta nueva Ley adictos todava al Judasmo? C U AR T A OBJECIN Los latinos alteraron el primer mandamiento cortndolo, y quebrantaron totalmente el tercero: Dios nos ordena, en el primero, con estas palabras traducidas del idioma hebraico y griego: Y o soy el Seor tu Dios que te saqu de la tierra de Egipto, de casa de siervos; no tengas otros dioses delante de m; no hagas a ti ninguna imagen a la semejanza de cualquier cosa, que en los cielos de arriba o sobre la tierra de abajo, o en las aguas debajo de la tierra, no te humilles a ellos porque yo soy el Seor tu Dios; soy Dios celoso, visito las iniquidades de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generacin de aquellos que me aborrecen, y hago merced a millares de aquellos que me aman y guardan mis mandamientos. Vea V cuanto los cristianos latinos han acortado de l. Las leyes hechas por los reyes deben ser observadas verbatim. Pues cmo pueden los hombres acortar una ley hecha por Dios mismo? Respuesta: Reparo que V toma indistintamente alterar y acorta r dos verbos de distinta significacin. Los latinos no han alterado el primer mandamiento; lo han acortado, esto es, lo han compendiado. Alterar una

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 361 / 361 ley o un texto es variarle el sentido: los latinos no han variado el sentido esencial del primer precepto. Qu fue lo que Dios encarg y recomend en l? Que no adorsemos, que no amsemos, que no guardsemos otros preceptos que los que l impona. Y qu es lo que encarga y recomienda este mismo mandamiento traducido por los latinos? Que s lo adoremos a Dios y que a l slo sirvamos. Hay alteracin entre el original y la traduccin? Nadie lo dira. El mismo Jesucristo vari tambin el primer mandamiento, pues cuando el jurisperito le pregunt cul era el gran mandato en la Le y respondi: El primer y mayor de todos es ste: Amars al Seor tu Dios con todo tu corazn, con toda tu alma, con toda tu mente: Ait illi enim; diliget dominum Deum tuum ex toto corde tuo, ex tota anima tua, ex tota mente tua. Hoc est maximum et primum mandatum. Nadie, amigo, se atrever a decir que Jesucristo alter aquel primero y antiguo precepto del Declogo porque la sustancia, el sentido esencial es el mismo. Concluyamos, pues, que el haber los latinos omitido aquellos particulares que se leen en el griego y hebreo, segn V me dice, no fue alterar el precepto. Y yo concibo que Dios debi hablar con toda aquella individualidad y repeticin de arriba abajo, en el cielo, en las aguas, etc., porque el pueblo a quien daba la Ley era muy grosero, muy ingrato, muy material, de muy recia cerviz, y fue bueno que hasta los intimidase dicindoles que era celoso y visitaba las iniquidades, etc. Nosotros no necesitamos tanto: es ms flexible nuestra cerviz. Q UINT A OBJECIN El tercer mandamiento dice: Membra el da del sbado para santificarlo; seis das laborars y hars toda tu obra y el da septeno, sbado, a tu Dios. No haga toda tu obra t y tu hijo y tu hija, tu siervo y sierva y tu cuadrpedo y tu peregrino, que en seis hice a los cielos y a la tierra, a la mar y a todo lo que hay en ellos, y holgu el da sptimo, y por eso bendije y santifiqulo. Ahora los romanos han apuntado el primer da de la semana en lugar del da sptimo, creo que fue en memoria de la resurreccin, y han quebrado que Dios hizo en memoria de la creacin del mundo, santificando el da sptimo (sbado). Y o no digo que los cristianos no deban apuntar el domingo en memoria de la Resurreccin; lo que condeno es que quebraran el da sptimo, el cual Dios apunt y santific y Cristo lo guard sin mcula y sin haber en l otro trabajo ms que obras pas. Respuesta: Ingenuamente confieso a V ., mi amigo Don David, que me consuela ver que las dificultades que V me propone se cien por lo comn a puntos de poca entidad y que no son esenciales a la verdad y realidad de la religin y del culto. Examinemos a fondo el espritu de la antigua Ley del sbado y los motivos de su observancia, y conoceremos

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OBRAS 362\ 362\ entonces no hay razn para que por ella un judo se abstenga de profesar el Cristianismo. Santificar las fiestas es un precepto natural y positivo; natural, en cuanto manda que destinemos algunos das al culto divino; positivo, en cuanto se elige tal tiempo ms bien que otro, tales ejercicios mejor que cuales. Se prueba es natural con hallarse en el Declogo, y se prueba es positivo porque los Apstoles en lugar del sbado sealaron el domingo. Mas la razn dicta destinar algn cierto tiempo para ninguna cosa necesaria [como lo destina]mos a nutrir el cuerpo e instruir la mente, y qu cosa [ms ne]cesaria que rendir culto a Dios, sentimiento que nos inspira [la mis]ma naturaleza? Pero como la Ley natural se determina por la po[...] sta ha pertenecido siempre elegir cuales deban ser los das [del cul]to divino y cuales los ritos con que deben celebrarse. De suerte [que] observar el precepto de la santificacin de las fiestas es pr[...] damos a uno y otro derecho, examinando que es lo que prescri[ben los artcu]los en sus preceptos afirmativos y qu es lo que prohiben [en los] negativos. Hagamos el examen. El hombre, considerado ba[jo] el [derecho] natural bien haya vivido desde Adn hasta Moiss, [y des]de Moiss hasta Cristo, bien en la Ley Evanglica, desde Cristo hasta nosotros, est obligado por un precepto afirmativo [a con]sagrar a Dios su cuerpo y su alma en los das festivos [con] ms especialidad que en otro cualquier tiempo. Considerado bajo el derecho positivo, debe guardar aquellos das y observar los ritos que le seala el mismo derecho positivo. Y as en la ley natural poda observarlos a su antojo y discrecin porque entonces la ley natural era determinada por el arbitrio de[...] conforme con la razn. En la Ley de Moiss de[...] observarlos segn la determinacin de la misma Ley Mosaica, pues estaba sujeto a ella. En la Ley Evanglica debe observar aquellos dos preceptos de fiesta y ritos segn la determinacin de la misma Ley Evanglica, que es la que gobierna. No consta cual haya sido la determinacin de la Ley acerca de la santificacin de la fiesta. Sin duda porque [...] determinacin dependi del arbitrio racional. La[...] de la ley natural? La Ley de Moiss fue el sbado, en cuanto a fiestas, las Noemenas, la Pascua, Pentecosts o das de las primicias, de la mies, el principio del mes Trifi, los das de perdn y penitencias, la fiesta de los Tabernculos. En cuanto a los ritos, emplearse en los sacrificios en el Templo de Jerusaln, en la lectura de las Escrituras y guardar abstinencia de toda obra servil. La determinacin hecha por la Ley Evanglica de lo natural es diversa de la Mosaica, y con muy sobrada razn, porque todo lo ceremonial y material de sta qued abolido y ces en la presencia de aqulla. La Ley Evanglica, pues, asign en cuanto a festividades el domingo, las de los das en que se recuerdan los misterios del autor de la

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 363 / 363 nueva Le y Jesucristo, y de su Madre Mara. El domingo qued sustituido al sbado, sustitucin racionalmente establecida porque as como all Dios descans el sptimo da de la obra de la creacin, as ac Jesucristo descans el domingo de la obra de la redencin, en domingo resucit, en domingo envi a su divino Espritu, en domingo vio San Juan su Apocalipsis, en domingo hacan los Apstoles sus colectas. Estas fueron las consideraciones tenidas a la vista a ms de la fundamental de no dar anza a los anticristianos a que creyesen judaizbamos en un punto ceremonial y nada esencial a la religin. En cuanto a los tiros, orden la Ley Evanglica que los fieles se empleasen en obras piadosas, v. g r ., or misa, or la palabra divina, asistir a los divinos oficios y abstenerse de toda obra servil, cuales son las que la Iglesia mira y llama tales. Estos son, mi amigo, los fundamentos que tuvieron los Apstoles para variar el da destinado a Dios, todo muy conforme al estado transitorio y figurativo de aquella antigua Le y. Y a al concluir la carta dice V por no apuntar las grandes divisiones que se han hecho en la religin cristiana, pues no hay[...] que contenga tantas sectas en las cuales cada una trata las de tal suerte, que parece que la caridad que debemos observar los unos con los otros se ofende. Mi amigo, yo no extrao hayan salido tantas sectas del seno de la religin catlica, no porque ella ensee ni distu[...] pues sabe V muy bien que su fundamento es la caridad, sino porque ella segn las figuras y vaticinios de la Antigua Le y se ha extendido por toda la faz del globo ms que ninguna otra, y como predica con la ciencia de la carne y prescribe la integridad de costumbres, los hombres no han querido todos seguir su moral, y [aquellos] que le presenta algn alucinado o impostor que lisonjea sus pasiones, la incredulidad, la ignorancia y la perversidad del corazn han sido siempre los autores de esa multitud de sectas o sistemas que se han querido contraponer a la religin catlica, sistemas arbitrarios, cavilosos y tan dbiles, que un corto espacio de tiempo ha bastado para desaparecerlos de la tierra. Dnde estn o quin se acuerda hoy de los Agripinos, de los Albanos, de los Agonicelitas, de los Alogos, los Atocianos y otra innumerable porcin de sectas que han aparecido en todos los siglos? Ninguna de ellas se ha conservado hasta nuestros das con la continuacin nunca interrumpida al cabo de dieciocho siglos como la religin catlica. La verdad es una e inmutable, la mentira es muy mudable y precaria. Es cierto que las sectas se han despedazado entre s y han violado las leyes de la caridad, pero este es argumento a nuestro favor y prueba que nunca los anim el buen espritu y que slo daban odos a las sugestiones de la carne. Ah! cu ntas injurias, cuntos dicterios han proferido contra la Iglesia santa! Bajo qu negros y horrorosos colores han pintado a sus ministros y han querido difamarlos! Ni stos ni aqulla han respondido

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OBRAS 364\ 364\ a sus abominaciones sino aclarndoles el dogma e indicndoles la luz para que se iluminen. Diga Spinoza, diga Bayle, diga V oltaire, diga Mirabeau cuales son las injurias que han odo de la Iglesia Catlica, digan si la Iglesia cuando prohibe sus obras por obscenas y desacatadas, por herticas y subversivas de la repblica agrega alguna otra expresin dirigida a sus personas, y digan si no es verdad que la Iglesia primero los llama, los cita, los reconviene, les arguye, les responde. Cuntas veces llam el S r Gangando a V oltaire con promesas y aun con lisonjas, a V oltaire, digo, que haba difamado y zaherido con la mayor animosidad a los sucesores de San Pedro? Qu Concilio ha condenado las doctrinas de algn heresiarca, sin haberle dado primero salvoconducto para que fuese a contestar y sin haberlo citado antes solamente? Es verdad que la Iglesia despus de ver inutilizados todos estos pasos, toma medios materiales para conservar su decoro y su autoridad y para detener las maquinaciones de los enemigos. No s yo que en esto sea la Iglesia reprensible. V concluye su carta dicindome: El que siguiere la Ley Mosaica y guardase puramente sin atender a las traducciones y fantasmas introducidos con el tiempo, se salvar, y que usase de las puras moralidades que Cristo predic sin otras introducciones, no puede perderse, Don David, quin es el que se salvar, el que ahora celebrase la Pascua comiendo en pie el cordero con lechugas amargas, ceidos sus lomos y un bculo en su mano, o el que comiese el cuerpo de Jesucristo con lgrimas de contricin de sus pecados sin hacer mayor aprecio de las cosas terrenas, mortificando sus pasiones y apoyado en una cristiana esperanza? Quin es el que entrar en el reino de los cielos, el que fuese bautizado con el bautismo de Juan confesando sus pecados, o el que fuere bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espritu Santo, segn la forma sealada por el mismo Salvador a los Apstoles, baptizantes eos in nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti? Se salvar el que hoy viviese siempre con su muje r o el que dndola libelo de repudio tomase cualquiera otra que mejor le agradase? Y o no digo que los preceptos esenciales de la Ley de Moiss inducen perdicin en nuestra alma, pero s digo que el que slo los observase sin hacer aprecio de los de la Nueva Le y no podr salvarse porque aqulla fue figura de sta, aqulla fue imperfecta, incompleta, deber muy material; sta es el complemento, la perfeccin, y la fuerza de aqulla ms sublime y noble como lo es el alma respecto del cuerpo. Si mi carta, querido Don David y mi amigo, as tuviera yo la gloria de decir mi hermano en Jesucristo, mi hermano en la profesin!; si mi carta contiene verdades claras, confesadas y utilsimas; si stas son las que deben arrastrar un entendimiento, no alucinado y libre de preocupaciones, y si V en fin, en muestras de su docilidad y de que quiere

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 365 / 365 elegir el mejor partido y el ms interesante a la salud eterna de su alma, se ha servido consultarme qu es lo que detiene a V ., si la mente est convencida? Por qu la voluntad no obra al punto? Y si no lo est, por qu no? La luz de la verdad, no brilla para todos? Cree V que no raya ni luce en mi carta? A m me parece que la veo muy refulgente, que no admite en su contorno nieblas ni espesuras y que introducidas en el alma de un amigo para quien la he encendido, disipa sus oscuridades. Y por si acaso el ardiente deseo en que ando de ver profesor del Cristianismo a Don David me hubiese engaado (que ni es as, ni Dios, testigo de mi buena intencin, puede permitirlo) yo no cesar de empear mis votos con el cielo para que derrame sobre mi amigo, no bendiciones como las de Abraham para asegurarle dilatada prole y posesin de muchas tierras, s bendiciones del Nuevo Testamento, bendiciones de bienes espirituales, don de sabidura, don de entendimiento, don de caridad cristiana, don de conversin y de perseverancia para gozar despus mil bienes, mil gozos espirituales que promete la Ley del Evangelio a sus profesores.

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CANTO CANTO 1 1 Al da de la Consagracin del Ilmo. Seor Doctor Don Luis Pealver y Crdenas, Dignsimo Obispo de la Luisiana; sacado del libro 1 de los Fastos de P Ovidio Nasn, libremente traducido por el Doctor D. Joseph Agustn Caballero. Msico numen, que en el Sacro Coro Hiciste resonar tu lira de oro; Seor del monte Pierio, y del Parnaso, Del Pindo, de Hipocrene y de Pegaso; Dueo de Elisia en fin, Divino Apolo, A ti te invoco solo, 1. Publicado en el Papel Peridico de la Havana el 22 de abril de 1795. QUINT A P AR TE T RADUCCIONES

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OBRAS 368\ 368\ No por que amores cante ni los celos Que all tuviste en Delfos, Claros, Delos; Si porque vengas a cantar la gloria De aqueste da de inmortal memoria. Toma del Pierio Havano el alto asiento, Inspira desde all, danos tu aliento, Y todos a porfa Buenas cosas dirn en tan buen da. Lejos, lejos por hoy forense ruido, Suspende un tanto, detn el estallido De tus discordias, turba fiera insana, Enmudezca tu voz esta maana, Djanos quietos V er, ama r celebrar otros objetos. No ves del ter el portento nuevo? No ves las luces que hoy reparte Febo Envueltas en precioso aroma grato, Hechizo del olfato? Qu bien el Nardo de Cilicia apura De su olor la fragancia y la hermosura! Mira esa luz con que se alumbra el templo, Qu clara, qu benigna la contemplo! El pueblo a una Parabienes se da de la fortuna Que tiene cuando la presente fiesta Mira ya, cual deseo por obra puesta. Qu gloria, qu place r qu maravilla Es esta que en el Templo Santo brilla? Si pudiera mi voz lo que aqu veo Explicar con las frases que deseo! Mas ya es preciso, pues que lo dispuse; Prpura nueva, que en el Templo luce Prpura nueva de matices finos De esmaltes y de adornos peregrinos, Primorosos y bellos: Llegad a vellos. Luce de su estirpe la nobleza, De sus buenas costumbres la Pureza, La Gravedad, la Paz y la Prudencia. A par con ellas la Beneficencia; Luce del nimo el Saber profundo, El Juicio y Sencillez: ya por el mundo Tanto ha corrido su buen nombre y fama,

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 369 / 369 Que aun sin tratarle todo el mundo le ama. Mil veces feliz, feliz mil veces Entre todos los aos y los meses Este gran da que admirarnos hizo Lo que el grande, el chico, el pobre quiso. Nosotros su memoria guardaremos, Siempre en el pecho impresa la tendremos, Le ofrecemos cantar solemnemente El cntico de amor ms reverente, De gozo y gratitud: dignos tributos, Si logramos coger mejores frutos.

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REFUT REFUT ACIN AL LIBRO DE THOMAS PA ACIN AL LIBRO DE THOMAS PA YNE YNE LA ED LA ED AD DE LA RAZN, AD DE LA RAZN, SEGUND SEGUND A P A P AR AR TE, TE, O O INVESTIGACIN DE LA VERD INVESTIGACIN DE LA VERD ADERA Y F ADERA Y F ABULOSA ABULOSA TEOLOGA TEOLOGA POR D. LEV, MILE Y NEWTOWN POR D. LEV, MILE Y NEWTOWN 1 1 C AR T A [I NTRODUCTORIA ] Seor mo: Hace algunos meses que le vuestro libro intitulado La edad de la razn, segunda parte, o Investigacin de la verdadera y fabulosa teologa. 2 No escrupulizo deciros que esta obra es uno de los ms violentos y metdicos ataques que se le han hecho a la palabra divina, no por la novedad de sus argumentos pues todos ellos son muy viejos, sino por la acrimonia e injurias que contiene, por las groseras stiras, pretendidas ridiculeces y chistes impertinentes de que est llena, circunstancias que podran quiz hacer peligrar la fe de alguno por la consideracin que merece su auto r cuya pluma ha sobresalido en el teatro del mundo poltico, y cuyos escritos ha ledo con ansia 3 casi toda la Europa. Quise al principio aplicar la triaca al veneno de una infidelidad cuanto me lo permitiera mi capacidad; mas ocupado entonces en traducir del hebreo al ingls las oraciones de mi nacin y en coordinar la copia de mis disertaciones sobre las profecas del 4 Antiguo Testamento para la impresin del segundo volumen, me vi precisado a posponer este trabajo al que haba ya comenzado; y cre que entre tanto alguno ms capaz que yo se hubiera encargado de tan laudable ocupacin y me hubiera ahorrado de ella. Pero, sin embargo, de haberse publicado algunas contestaciones por personas hbiles, me atrevo humildemente a creer que todava hay ms que deci r en especial acerca de 1. La transcripcin de este manuscrito, de fecha 30 de agosto de 1796, fue realizada por el doctor Jenaro Artiles para la Biblioteca de Autores Cubanos, y apareci en Jos Agustn Caballero: ob. cit., t. II, pp. 95-258. 2. Se refiere a The Age of Reason, The teological Works of Thomas Payne, 1737-1809, Boston, Ed. Mendum, 1859, donde el autor mantiene la necesidad de una revolucin religiosa. 3. Aadido entre lneas. 4. Viejo, tachado.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 371 / 371 los sacerdotes y predicadores cristianos, a quienes tratis con tal desprecio, que os lleva a decir que ellos slo gastan el tiempo y slo se empean en disputar de puntos doctrinales sacados de la Biblia. 5 Usando tambin del tono que habis credo importante, les decs que sus respuestas a la primera parte de vuestra Edad, son como unas telaraas que han cado por casualidad. Espero, pues que apreciaris estas cartas escritas por uno que no es ni sacerdote cristiano ni predicado r y que, por consiguiente, no tiene inters en predicaros sobre los diezmos porque l es un pobre y simple levita, que no se mantiene de la Iglesia Judaica, espero no las consideris como telaraas que han cado por casualidad, antes bien, que hallarn en vos favorable acogida, no porque tenga yo esperanza de que os rindis a la revelacin, sino nicamente por convenceros de que no conocis de lleno la materia que tratis; 6 y as no extrao que hayis seguido ciegamente a Morgan, Tindal, a Hollingbrooke, a Hume, a V oltaire, a Espinosa, y otros, de quienes 7 habis escogido, como en un foco, las varias opiniones 8 que objetaron 9 en su tiempo, y con ellas has procurado alucinar 10 a los ignorantes e incautos. Y a yo hice ver 11 la sutileza 12 de algunos de aquellos argumentos, y con el favor de Dios har ver la de los otros. Y o no s por qu habis atacado a la palabra de Dios, y no ser tan falto de caridad, que lo atribuya a malevolencia. Tampoco disputar sobre vuestra sinceridad, aunque no apruebo vuestro modo de ataca r, muy impropio del que slo busca la verdad y muy propio del que se cree libre de preocupaciones vulgares y ms sabio que los dems. Semejante especie de amor propio ha sumergido 13 a muchos 14 en la infidelidad. Pero sea cual fuere la causa o malevolencia o amor de la verdad o de fama o de ambicin, yo considerar con candor vuestros argumentos y discutir con vos la materia, sin aspereza y con libertad; y aunque no 5. Part. 2, p. 2. (Nota del autor.) 6. En el original tratairs. 7. Tachado ni. 8. Aadido entre lneas sobre otra palabra ilegible, tachada. 9. Tachado ellos. 10. En el original halucinar. 11. Vid. Lingua Sacra donde manifest la falsedad del argumento de Voltaire, Tindal y Morgan contra la ley de Dios, a sabe r que a los judos se les mand sacrificar criaturas racionales. Vid. tambin mi disertacin sobre las profecas, volumen 2, p. 314, sobre si los judos eran canbales y antropfagos. 12. Entre lneas sobre falacia, tachado. 13. Entre lneas sobre conducido, tachado. 14. Entre lneas sobre a, tachado.

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OBRAS 372\ 372\ me lisonjeo de demostraros la verdad de la revelacin, no obstante, si tengo la dicha de escapar uno solo del veneno de vuestras doctrinas, dar por bien recompensado mi trabajo. Soy vuestro ms obediente y humilde servido r. D. Lev, Mile y Newtown, agosto 30, 1796.

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CAR T A PRIMERA No es mi nimo contestar determinadamente a todos y a cada uno de los pasajes, a todas y cada una de vuestras clusulas; esto extraviara al lector del principal objeto, y es lo que vos querrais. Bastar a mi intento que yo pruebe con la posible claridad la falsedad de vuestros asertos. V ed aqu el mtodo que seguir: 1) Probar que Moiss es el autor de los libros que se le atribuyen. 2) Defender las doctrinas contenidas en ellos. ltimamente, examinar vuestros argumentos contra los Profetas y sus libros y los restantes del Viejo Testamento. T adviertes (pgina 5) lo siguiente: Mi intencin 1 es mostrar que los cinco libros de Moiss son espurios y que l no los escribi; ms, que no fueron escritos en su tiempo sino muchos centenares de aos despus, etc. Las pruebas que das son: que siempre en estos libros (pgina 6) se habla en tercera persona: el Seor dio a Moiss, Moiss dio al Seo r que es el estilo en que hablan los historiadores escribiendo las vidas de otros. Este es vuestro argumento contra la autoridad del Pentateuco; bien que conocisteis su debilidad inmediatamente, pues lo abandonasteis y concedisteis que en rigor gramatical poda uno hablar de s en tercera persona. 2 Quizs vos no hubierais jugado as con el lecto r si hubierais [te]nido el menor conocimiento de la lengua en que escribi Moiss, del genio del idioma y frasismo en que se distingue de las otras; por lo que, aun concedindole fuerza a vuestra objecin, no prueba que Moiss no fuese el autor del Pentateuco; al contrario, de algn modo prueba que lo fue. As os lo hace ver cuando considere las diferentes partes en que est dividido y las reduzca a dos, 3 a saber: parte histrica y parte preceptiva. En la puramente histrica 4 debi seguir el estilo comn de los historiadores; si no, decidme a nombre de Dios, qu otro estilo debi seguir cuando escribi la parte histrica del Pentateuco? 1. En el original intensin. 2. Nosotros lo sabamos sin que nos lo concedirais. Csar, Xenofonte y Josefo, hablando de s mismos, escriben en tercera persona. [Nota del autor.] 3. En el original los. 4. Sigue una palabra ilegible, tachada.

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OBRAS 374\ 374\ Todo el libro del Gnesis es histrico y refiere hechos anteriores al nacimiento de Moiss; fue, pues, preciso que tomase de otros las noticias, y ste slo pudo ser Dios, conque l escribi con mucha propiedad escribiendo como uno 5 a quien otro dicta. As nos dice l mismo en el captulo 33 de los Nmeros, versculo 2: Moiss escribi las mansiones que 6 haca el ejrcito segn los lugares de los campamentos que mudaban por orden del Seor. Queda probada la propiedad con que Moiss habla en tercera persona escribiendo como historiado r Esta razn, si se examina debidamente, pone patente la futileza de vuestros discursos contra las pruebas histricas y cronolgicas; ellos no valen nada en dicindoos que Moiss escribi lo que dict Dios; y como Dios lo sabe todo y para l no hay futuricin, pudo muy fcilmente instruir a Moiss de lo que haba sucedido 500 o 600 aos antes lo mismo que si hubiera sucedido el propio da que se lo comunic. Con esta respuesta queda tambin sin fuerza el otro argumento tomado de aquella expresin de Moiss (en el Gnesis, 7 captulo 14, versculo 14) que Abraham persigui el enemigo hasta Dan, porque no hubo tal lugar hasta muchos aos despus de la muerte de Moiss, y as no pudo l escribir el libro donde se refiere tal pasaje. Vuelvo a decir: l no habl por s sino inspirado por el Todopoderoso, 8 a quien nada se le oculta. Esta misma contestacin merecen los otros argumentos sobre los Reyes de Edn, que dice Moiss reinaron en Israel cuando todava no haba reyes; sobre el man que estuvieron comiendo los israelitas hasta su entrada en Canan, que fue despus de la muerte de Moiss; sobre la cama del gigante Og, etc., por lo que no me detengo en manifestar su falacia, pues cualquiera la conocer ya. V eamos no obstante lo que decs sobre la frvola pretensin, 9 segn la llamis, de estas profecas. As os explicis: 10 las dos pruebas que he dado bastarn a invalidar por s solas la autenticidad de cualquier libro que sea 400 o 500 aos ms antiguo que la materia de que trata, por lo que aquellos pasajes los persigui hasta Dan, los reyes 11 que reinaron sobre los hijos de Israel no pueden tampoco exponerse por el frvolo recurso de la profeca, pues hablan de tiempo pasado y sera una manifiesta necedad 5. que tachado. 6. Entre lneas sobre otro texto primitivo tachado. 7. En el original Gnesi. 8. En el original todopoders. 9. Sigue tachado de. 10. Pgina 16. [Nota del autor.] 11. Sigue tachado de Israel.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 375 / 375 decir que un hombre profetizase de pretrito. Este argumento da una muestra de vuestra crtica y de vuestros conocimientos en materias profticas. Ah! Querer criticar la Biblia quien no sabe que algunas veces se refieren las profecas en tiempo pasado! A la verdad, vos no sabis y ya que no lo sabis, es cortesa el enseroslo que muchas veces se acostumbra 12 hacer en pretrito la prolacin de las profecas en prueba de su realidad y como si ya hubiesen sucedido? El menos instruido en asuntos profticos sabe esto, y yo os presentara muchas pruebas, si fuera necesario. Tambin es menester considerar que Moiss no estaba entonces profetizando, sino escribiendo la historia bajo la direccin del Ser Supremo; y como dirigido por l, refera los hechos como si fuesen a verificarse en la actualidad; y ved aqu allanadas vuestras dificultades sobre la 13 historia y cronologa de los libros atribuidos a Moiss. Los sucesos comprobaron 14 que Moiss los escribi por divina inspiracin. Y lo probar tan clara y determinadamente, que impondr silencio al desta y al infiel. Comenzar por las horribles amenazas de Moiss sobre vuestra dispersin, en las que nos dice (Levtico, captulo 26, versculo 33 y Deuteronomio, 29-64) que nos dispersaremos por la faz de la tierra; y lo que ms admira es que aade: quedaremos, sin embargo, haciendo un pueblo separado, que se reunir en los ltimos das. As habla: Y con todo, aun cuando estaban en tierra enemiga, no los desech enteramente, ni los abandon de modo que fuesen consumidos y se invalidase mi pacto con ellos, porque yo soy el seor Dios de ellos. 15 Esta profeca est confirmada por otros profetas (a quienes vos habis tratado con vilipendio): Jeremas escribi: 16 Yo estoy contigo, dijo el Seo r para salvarte, aunque yo acabe con todas las 17 naciones donde os dispers, no acabar contigo, sino te corregir en regla 18 y no te consumir todo 19 Ams dice: Mira los ojos del Seo r est sobre el reino pecador; yo lo destruir, pero no acabar de una vez con l a casa de Jacob 20 por lo que yo lo mandar, y 21 12. La slaba tum, aadida entre lneas. 13. Corregido de los. Sigue tachado libros. 14. La slaba ba, aadida entre lneas. 15. Levtico, 26, 44. [Nota del autor.] 16. Corregido sobre dixo. 17. Entre lneas. 18. Corregido sobre medida. 19. 11. [Nota del auto r .] Sic : hay un error en la cita, que debe ser Jeremas 30, 11. 20. En el original Jac. 21. Hay tachada una palabra ilegible.

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OBRAS 376\ 376\ examinar l a casa de Israel entre todas las naciones como uno que cierne la harina con un cedazo, y un solo grano no se me caer en tierra. 22 Esto quiere decir que el cuerpo colectivo de la nacin no ser destruido; as lo hice ver cuando explan esta profeca en mis Disertaciones sobre el Viejo Testamento, cuyo segundo volumen acaba de publicarse. Consta de tales antecedentes que aunque Moiss y los otros profetas nos aseguren que nuestra nacin se dispersar por las otras, y ser afligida, no ser destruida del todo como lo estamos viendo con otras. Permitidme ahora os pregunte: Pudo Moiss, sin estar inspirado divinamente, prever que los horribles castigos que anunciaba a los judos se haban de verificar con tanta exactitud como lo confiesan ellos mismos? No pudieron ocurrir muchos accidentes contra su cumplimiento, que pudieron ocultarse de la previsin humana? V aya un ejemplo: la mayor parte de nuestros sufrimientos la debemos a las persecuciones que nos han hecho los cristianos por la diversidad de religin y por haber crucificado al autor de la vida y al salvador del mundo; bien, si esto no hubiera sucedido, es ms probable que nosotros no hubiramos sufrido tan duras y tan crueles persecuciones, etc., como hemos tolerado por muchos centenares de aos. M a s, cmo pudo l prever que la nacin despus de ser lanzada de su propio pas, de dispersarse y de sufrir tantas miserias no por eso 23 abandonara el judasmo, sino que se mezclara con la religin de los diversos pueblos por donde se repartira, se incorporara con ellos y se aumentara entre ellos mismos a la manera que ha acontecido con las ms grandes monarquas? Ciertamente, nada puede ser ms probable, porque lo que hace al argumento de los destas (quienes, en echndolos de una trinchera, se pasan a otra, y de sta se retiran a una tercera, 24 y se manejan como un enemigo que pelea, no por la esperanza del suceso, sino por la vanagloria de sostenerse ms all de lo que pudo) que el nico principio de estos desastres fue la ley que el mismo Moiss les dio, en la que les prohiba comer carnes y casarse con los de las otras naciones, es un argumento pueril desvanecido por s mismo, pues segn not ya, qu seguridad poda l tener de que los judos, cayendo en la idolatra y en 25 otros enormes crmenes, no haban de violar estos preceptos prohibitivos, cuya transgresin es menos grave? Precisamente se haban de mezclar 26 con las otras naciones, y esto es lo que deba esperarse, probablemente, se22. 8. [Nota del auto r .] Sic La cita correcta debera ser Ams, 9, 8-9. 23. Siguen dos palabras ilegibles, tachadas. 24. ms, tachado. 25. las, tachado. 26. re, tachado.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 377 / 377 gn el orden regular de las cosas humanas. Cuando considero lo que ellos sufrieron durante el largo y mortal cautiverio, me juzgo autorizado a decir que en el espacio de 1 800 aos ninguna nacin ha sufrido ms que la juda. Pero Moiss nos dice, contra las reglas de la previsin humana, que sin embargo de los severos y casi originales castigos que experimentaran, siempre permaneceran una nacin distinta de las otras. No hay necesidad de probar la verificacin de esta profeca; ella es harto visible y manifiesta a los menos capaces, aunque ha venido a cumplirse al cabo de ms de 3 000 aos. A vos o a algn 27 otro desta quisiera preguntarle si era posible que por medidas y conjeturas humanas Moiss u otra cualquiera persona hubiese podido prever tan estupendo suceso. Y de lo contrario cmo lo 28 explicis sin ocurrir a la presciencia divina? Si yo entrara en el detalle, 29 hallara tan exactamente verificados los castigos que les predijo Moiss, que no es de extraar el que los infieles se hayan acogido a los argumentos viejos y asalariados, por decirlo as, conviene a sabe r que los hechos fueron anteriores a las predicciones, y que las profecas se escribieron despus de los hechos. Si ni vos ni los otros incrdulos os convencis con el cumplimiento de la antedicha profeca, que puede llamarse propiamente un milagro permanente aun hasta hoy y que no tiene ejempla r cmo esperaremos convencernos con ningn argumento, por slido que sea? Mas 30 no queriendo yo omitir ninguno que sirva a ilustrar la materia y a convencer un entendimiento dudoso e indeciso, voy a hacer un examen o revista del cumplimiento de algunas de las ms notables de estas profecas. l les dijo que muchos de ellos seran destruidos: Quedaris pocos de vosotros, etc. 31 Sin hablar de otras muertes que sufrieron, verificse esta profeca en el ltimo sitio de Jerusaln por Tito, segn refiere Josefo; perecieron muchos de hambre; por su cmputo murieron en todo el sitio, al rigor de la espada y del hambre, 1 100 000 hombres, porque con el motivo de celebrar la Pascua, haban concurrido de todas partes. Basnage dice que en Jerusaln, y en otros lugares de la Judea, perecieron 1 339 690 personas, sin contar 99 200 prisioneros, clculo sacado de las noticias de Josefo. A la verdad, no hay sobre la tierra una nacin que haya sufrido ms muertes y persecuciones; y si Dios no le hubiera ofrecido su particular proteccin, toda 32 la raza hubiera perecido; y sta 27. Entre lneas. 28. Entre lneas. 29. En el original detall. 30. Sic como, tachado. 31. Deuteronomio, versculo 28, 62. 32. ella, tachado.

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OBRAS 378\ 378\ es, segn Basnage, otra circunstancia que realza el prodigio: esta abandonada y perseguida nacin apenas encuentra en el universo lugar donde descansar su cabeza o poner sus pies. Ellos han vadeado torrentes de su propia sangre y sin embargo subsisten an. Este infinito nmero de judos que veremos despus muertos a impulso de un celo cruel y brbaro debilit, pero no destruy, la nacin; y sin embargo, de haberse agregado las persecuciones de los cristianos y de los idlatras que intentaron su ruina, todava estn en ser. Tambin les dijo: Y seris lanzados de la tierra que vais a posee r. Es muy digno de advertir que aun antes que ellos hubiesen entrado en la tierra de que 33 iban a posesionarse, les asegure Moiss que, si no obedecan los mandamientos del Seo r seran lanzados de ella. Os desafo, y a otro cualquiera, a que me presentis ejemplo de un legislador que haya afianzado su reputacin de esta manera. Consta por la historia 34 el cabal cumplimiento de aquella prediccin, pues fueron echados de su propio terreno cuando el rey de Asiria se llev prisioneros las diez tribus (de cuyo rey nada sabemos de cierto hasta el da de hoy) y cuando las otras dos fueron conducidas cautivas a Babilonia; y especialmente cuando su templo y su ciudad fueron destruidos y los romanos cautivaron toda la nacin. Desde aquella hasta esta poca su pas ha sido dominado por extranjeros, y pocos judos 35 viven en l, y esos de inferior condicin. Un clebre judo del siglo XII (Benjamn de Tudela, en Espaa), que viaj mucho para visitar a sus hermanos e informarse del actual estado de sus negocios, nos refiere que ellos haban casi abandonado ya a Jerusaln; que no encontr all arriba de 200 personas, las ms de ellas tintoreros de lana, de cuyo comercio hacan un monopolio todos los aos; que todos vivan en la torre de David, y tenan muy poca representacin. En otras partes hall uno o dos en una ciudad; en otras, 20; en otras ms, y en muchas, ninguno. Un viajero ingls, hombre fiel y exacto (Sand), que ha estado en la Tierra Santa, asegura que casi toda es habitada de moros y rabes; stos viven en los valles y aqullos en las montaas; que hay pocos turcos, pero muchos griegos y cristianos de todas aquellas 36 sectas y naciones que creen es santo aquel paraje. Hay tambin algunos judos, mas no poseen ningn pedazo de tierra, sino 37 viven en su patria como extranjeros. 33. En el original, por error de repetido, en lugar de que. 34. la tachado. 35. han, tachado. 36. Entre lneas. 37. que, tachado.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 379 / 379 Nos dice tambin Moiss que los judos se dispersarn por todas las otras naciones, y seris echados de los otros reinos de la tierra; y el Seor os dispersar por todos los pueblos desde uno a otro extremo del globo. 38 Esta profeca se cumpli con la mayor exactitud despus de la gran dispersin de los judos causada por los romanos. Qu pueblo 39 se ha visto ms dispersado y errante? Cul es la nacin a donde ellos no hayan ido? Abundan en muchos lugares del Oriente; se han expandido por casi todos los pases de la Europa y del frica; son muy numerosos en las Indias Occidentales, y hay muchas familias en Amrica. Circulan, como dice un autor cristiano (el Obispo Newton) por todas partes por donde circulan el comercio y el dinero. Puede decirse que son los corredores del universo. Pero, en medio de esta disposicin, asegura Moiss que no sern del todo destruidos: Sin embargo de todo esto, cuando ellos entren 40 en la tierra de sus enemigos, etctera. 41 Sobre estas palabras nota un autor recomendable (Basnage) que es una maravilla que al cabo de tantas guerras, batallas y sitios, al cabo de tanto fra[gor], 42 tanta hambre y tantas pestilencias; despus de tantas rebeliones, persecuciones y muertes; despus de tantos aos de cautiverio, de esclavitud y de miseria, an no hayan sido aniquilados de una vez, y as dispersos subsistan como un pueblo separado. Se encuentra un hecho igual en las historias ni en las naciones que alumbra el sol? No obstante, aunque no se les haya aniquilado de una vez, sufren mucho todava y no se fijan en ninguna parte: Entre estas naciones no hallaris descanso ni para la huella de vuestros pies. 43 Se ha verificado esta prediccin, pues han estado tan distantes de hallar [asiento] que se han visto lanzados de aqu y de all. 44 45 Han sido llamados de muchos lugares 46 de donde haban sido echados. Os dar una noticia de los grandes destierros que han sufrido en estos ltimos tiempos. Al fin del siglo XIII el rey Eduardo I los desterr de Inglaterra y no se les permiti volver hasta los das de Cromwell, o mejor dicho, de Carlos II. Mariana ensea que al fin del siglo XV fueron 38. Deuteronomio, 28, versculos 26,64. 39. ha, tachado. 40. En el original entre. 41. Levtico, 26-41. [Nota del autor.] 42. Roto el lado del papel. 43. Deuteronomio 28, 65. [Nota del autor.] 44. Siguen unas palabras ilegibles tachadas. 45. Contina la tachadura de la pgina anterio r. 46. Aadido al margen con una llamada.

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OBRAS 380\ 380\ expelidos de Espaa por Fernando e Isabel, y segn el cmputo de aquel historiado r eran 70 000 familias, que es decir 800 000 personas. Algunos, como Abarbanal, cuentan 120 000 familias. En Portugal los recibi Juan II, pero les hizo pagar una gran cantidad por el asilo que les daba, y pocos aos despus los lanz su sucesor Manuel violando la fe que se les haba jurado, privndoles de la libertad de llevarse sus hijos menores de 14 aos. 47 Esta prohibicin los desesper en trminos que algunos se dieron la muerte y otros, sacrificando la naturaleza a la religin, se hicieron verdugos de sus propios hijos. Todo este procedimiento nos recuerda lo que dijo Moiss de sus hijos: Tus hijos y tus mujeres sern entregados a otro pueblo, y tus ojos lo vern y se cansarn de estarlo viendo por largo tiempo, y no tendrs arbitrio para nada. 48 Cabalmente, 49 se ha cumplido tal anuncio en varias partes, especialmente en Espaa y Portugal, donde al principio fueron muy numerosos y donde por orden del gobierno les arrancaban los hijos para educarlos en la religin papal, como dije en mis Disertaciones sobre las profecas hablando de la primera de Moiss, volumen I, pg ina 32. Basnage observa que el cuarto Concilio de Toledo mand que se les quitasen por fuerza los hijos para que no participasen de sus errores, y se les encerrase en los monasterios para instruirlos en las verdades cristianas. Aade: Y veremos despus las resultas de estas violentas rapias. Y a hicimos ver en el prrafo anterior que cuando fueron arrojados de Portugal les quitaron todos los hijos menores de 14 aos y los bautizaron. Semejante prctica no es justificable, dice Mariana. Les anunci tambin Moiss que continuamente seran oprimidos: Tu sers oprimido y despreciado para siempre, y nadie podr salvarte, etc. 50 Sabemos los frecuentes secuestros que se han hecho de sus afectos en casi todos los pases 51 para ocurrir a las necesidades del Estado o al lujo de los prncipes. Casi todos los gobiernos los han multado muchas veces y ellos otras tantas se han visto en la precisin de salvar sus vidas por medio de considerables sumas. Son innumerables las pruebas de esta verdad: slo hablar de la que trae un historiador ingls (Kannet). Dice que Henrico III saque siempre a los judos hasta aniquilarles su fortuna. Un tal Abraham, delincuente convicto, fue obligado a pagar por s 700 marcos; otro llamado Aarn protest que el rey le haba quitado en varias ocasiones 20 000 marcos de plata a ms de 200 de oro que l haba presentado a la reina. 47. p, tachada. 48. Deuteronomio, 28, 32. [Nota del autor.] 49. a, tachado. 50. Deuteronomio 28, 23. [Nota del autor.] 51. Sigue una palabra tachada.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 381 / 381 En el ao 1240, cuando el rey quiso multarlos al ltimo extremo, mand refiere un respetable autor a todos los judos de Inglaterra, hombres y mujeres, fuesen arrestados hasta que manifestasen todas sus riquezas, y design en todas partes funcionarios que las recibiesen y pusiesen en Real Hacienda. Muchos de ellos aparentaron pobreza y fingieron haberlo ya entregado 52 todo, mas como el tirano estaba empeado en quitarles hasta el ltimo cuarto, se vali de los tormentos ms crueles para extorsionarlos. Dice Stow que todos 53 ellos por lo comn tienen un ojo menos. Matheo Pars refiere de un judo en Bristol que, habindole pedido el rey 10 000 marcos de plata (suma prodigiosa en aquellos tiempos), habindola negado, mand que diariamente le sacasen una muela hasta que exhibiese toda 54 la cantidad. El pobre hombre tuvo resistencia para sufrir la operacin siete ocasiones, pero 55 sintindose ya enfermo, rescat el remanente 56 de su dentadura con la suma 57 pedida. Cuando fueron expelidos en tiempo de Eduardo I, la confiscacin de sus estados, etc., trajo inmensas cantidades a la corona. Tal es lo que ellos han sufrido casi en todas partes, y as se verific cabalmente la prediccin. En el versculo 34 escribe Moiss: Y t te quedars estpido, 58 aterrado, al ver lo que tus 59 ojos vern. Y no hemos visto nosotros el estupor y desesperacin en que han cado a fuerza de extorsiones y malos tratamientos? F uriosos y desesperados, no eran homicidas de s propios, de sus mujeres y de sus hijos? Refiere Josefo que despus de la destruccin de Jerusaln por Tito, se refugiaron algunos judos en el castillo de Nasada donde, encerrados y sitiados por los romanos, mataron primero a sus mujeres e hijos por consejo de su jefe Eleazaro; despus, por sorteo, escogieron diez hombres, los nicos que perdonaron, matando a todos los otros. De estos diez, entresacaron y mataron los nueve restantes; y en fin, el caudillo dio fuego al edificio y se quit la vida de una pualada. En este desastre perecieron 960. Iguales pasajes han ocurrido despus 60 en 61 otros lugares, pero slo 62 os hablar de los 52. En el original entrego. 53. En el orignal todo. 54. Entre lneas. 55. conos, tachado. 56. Remaniente en el original 57. Corregido sobre otra palabra comenzada anteriormente. 58. En el original stpido. 59. En el original tu. 60. Entre lneas. 61. Corregido sobre una palabra primitiva. 62. Corregido sobre despus.

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OBRAS 382\ 382\ que trae la historia de Inglaterra. Cuando en el reinado de Ricardo I se alarm el pueblo para matarlos, 50 000 de ellos se acogieron al castillo de Y ork, donde se vieron sitiados hasta el extremo de capitular y salvar sus vidas con dinero; se les neg la proposicin y uno de ellos exclam desesperado: que era mejor morir animosamente por la ley que caer en las manos de los cristianos. Al punto tom cada cual 63 su estoque y quit la vida a su mujer y a sus hijos. Los hombres despus se retiraron al palacio del re y lo incendiaron y perecieron con l y con todo el ajua r. Djoles tambin Moiss que, en medio de tan horrible cautiverio, serviran a otros dioses: Y t servirs a otros dioses de piedra y de madera; 64 y en otra parte: Servirs a otros dioses que no conociste ni t ni tus padres. 65 Esta profeca se cumpli exactamente cuando, cautivos en Espaa y en otros pases, se les oblig a abrazar el culto idlatra de la Iglesia de Roma, etc., y a inclinarse delante de los troncos y de las piedras, a trueque de no perder sus bienes o sus vidas a manos de la Inquisicin, etc., lo que hizo apostatar a muchos, etctera. En el versculo 37 les dice: T sers el asombro, el proverbio y la fbula de todas las naciones a donde el Seor te llevare. No se 66 verificaron estas palabras, o mejor dicho, no se estn verificando todos los das? No se ha convertido en proverbio la avaricia, la usura y la dureza de corazn de un judo? No se dice que por lo comn el semblante los distingue de los otros hombres? Un gran pintor en V enecia no hizo el retrato de un judo en los ms detestables caracteres? Los paganos, los cristianos y los mahometanos, sin embargo, de diferir en otros puntos, no convienen en maltrata r envilecer y perseguir a los judos? Un escritor cristiano de nuestro tiempo (Edmundo Burke) no los ha ajado de una manera inexcusable, no obstante que ellos son el pueblo ms amigo del buen orden y gobierno, o ms obedientes a las leyes? Por cualquier lado se les considere, son tratados como si fueran de otra especie. Les dice tambin: El Seor aumentar tus plagas y las de tu descendencia, plagas grandes y duraderas. 67 Pregunto: Sus calamidades no han durado largo tiempo? No han pasado de 700 aos? Sus primeros cautiverios fueron muy cortos en comparacin de stos; adems, que nadie ignor el tiempo sealado para su redencin. Durante la cautividad de Babilonia, ellos tuvieron sus profetas (Ezequiel y Daniel) que les exhortaban y confortaban, pero en esta otra cautividad larga y 63. en, tachado. 64. Deuteronomio, 28, 36 [Nota del autor.] 65. Ibidem 64 [Nota del autor.] 66. Una palabra entre lneas y tachada. 67. Ibidem 53 [Nota del autor.]

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 383 / 383 horrible 68 no tienen un solo profeta que les anuncie el fin de sus trabajos. Por eso cant David: Nosotros no vemos nuestros signos, esto es, no hay un solo profeta, no hay quien nos conozca. En sus primeros cautiverios tuvieron el consuelo de estar reunidos en un lugar; vivieron en Egipto, en la tierra de Goshen, y todos fueron conducidos a Babilonia; mas hoy estn dispersos por todo 69 el globo. Qu nacin ha sufrido otro tanto ni subsistido tan largo tiempo entre tales aflicciones? Qu nacin ha subsistido como un pueblo separado en su mismo pas o 70 se ha dispersado tanto como ellos en todas partes sin tener un sitio que puedan llamar propio? Y no es se un permanente milagro presentado a la vista y observacin de todo el mundo? ltimamente les dice que sern an co nducidos al Egipto, vendidos como esclavos, pero que nadie querr comprarlos: el Seor te reconducir en buques al Egipto por un camino que no volvers a ver; all sers vendido a tus enemigos, y no habr quien te compre. 71 V ed aqu un fuerte contraste con lo que les suceda cuando Moiss los sac del Egipto; entonces salieron triunfantes, segn refiere el xodo, captulo 14, versculo 8: Y los hijos de Israel salieron bajo la proteccin de una mano excelsa; ahora, dice el mismo Moiss, volvern all mismo como esclavos. Cumplise ya esta prediccin, pues, segn Josefo, en el reinado de los primeros Tolomeos se vendieron muchos de ellos en Egipto. Y cuando Tito tom a Jerusaln, cautiv muchos: los que pasaban de diecinueve aos fueron consignados a las 72 obras pblicas 73 de Egipto, y los que no llegaban, fueron vendidos. Mas se tena tan poco cuidado de los cautivos, que 11 000 perecieron de hambre. Eran tantos los que haba en los mercados pblicos, que Josefo dice en otro lugar se vendan 74 en muy bajo precio con sus mujeres y sus hijos. Tambin se vendieron muchos millares de ellos cuando la ltima 75 destruccin hecha por Adriano; y los que no se pudieron vende r fueron transportados al Egipto; de stos, unos naufragaron, 76 otros murieron de necesidad y 77 otros fueron muertos por los mismos vecinos. Todos estos sucesos forman una prueba del cumplimiento de tan notable 78 prediccin. 68. ellos tachado. 69. En el original todo. Sigue la tachado. 70. Entre lneas, sobre ni tachado. 71. Ibidem 68. [Nota del autor.] 72. En el original los. 73. Entre lneas. 74. Corregido de venda, con la n sobrepuesta. 75. Entre lneas, sobre segunda, tachado. 76. otros, tachado. 77. a, tachado. 78. profeca.

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OBRAS 384\ 384\ Tales son, seor mo, los testimonios de las profecas, de unas profecas escritas 3 000 aos antes y que en todos tiempos hemos visto cumplirse. Qu otra prueba podemos tener o desear de la divina misin de Moiss? Qu legislador se atrevi a asegurar su crdito haciendo tan crueles anuncios contra una nacin slo porque desobedeciesen las ceremonias religiosas? Decir con los destas que cualquier legislador sabio e inteligente puede fcilmente prever que la observancia de las leyes juiciosas que establece har florecer la nacin, y la inobservancia la arruinar, es un argumento frvolo porque semejante previsin slo podra 79 extenderse a los estableci mientos polticos; y as, la inobservancia vendra a parar en la prdida de la libertad y en la subversin del gobierno, cosas que pueden muy bien preverse. Pero no siempre 80 son stas las consecuencias, pues vemos que aunque los lacedemonios no hicieron en el mundo una gran figura, despus que 81 abandonaron las leyes de Licurgo (todas dirigidas a ensearles la guerra) y que quedaron sin poder acomete r conquistar ni dominar a sus vecinos los romanos, al contrario, levantaron su estado al ms alto punto de gloria despus que mudaron la constitucin que observaron en los das de Numa, cuyo nico inters era que Roma continuase en paz y amistad. De aqu se convence que Moiss no pudo haber previsto, por la sagacidad humana, que las calamidades que cayeron sobre los judos eran consecuencia de la infraccin de unas leyes puramente religiosas, porque es imposible, en la esfera de la naturaleza, que una nacin considerada como cuerpo y en cierta especie de gobierno, sea feliz o desgraciada slo por las instituciones religiosas cuyo objeto no es ni la guerra ni la paz; y sin embargo, vemos la exactitud con que se han cumplido las particulares predicciones. Hablando en razn, podemos an dudar de la divina misin de Moiss? No s realmente que impresin harn en vos estas pruebas, o en algunos de los otros incrdulos; mas, por lo que a m toca, conozco francamente, no slo lo que convencen, sino tambin que me asombran ms all de lo que yo pudiera deci r Sin duda que 82 ellas son lo que predijo Moiss en el captulo 28, versculos 45-66, 83 una seal para siempre: Todas estas maldiciones caern sobre vos y os abrumarn hasta que perezcis de una vez, porque no habis odo la voz del Seor vuestro Dios ni observado sus preceptos ni sus ceremonias. Estas maldiciones quedarn para siempre sobre vosotros y sobre vuestra posteridad como una seal admirable de la clera 79. comb tachado. 80. En el original siempre. 81. se, tachado. 82. los jud, tachado. 83. Deuteronomio. [Nota del autor.]

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 385 / 385 de Dios. En efecto, ellos son un signo de su rebelin contra Dios y una maravilla de su conservacin en medio de las calamidades que han sufrido por tantos aos. Pasemos ahora a examinar el carcter de Mo i ss, 84 segn que se lee en la Biblia, para ver si es como decs, el ms horroroso que puede imaginarse. Confo aparecer lo contrario. Os presentar una prueba que no podris anular porque es la misma de que os valis, a sabe r sus mismos libros. Convenimos los dos en 85 muchos puntos. V amos a la prueba. Segn la noticia que nos dan estos libros de la primera vocacin de Moiss a su embajada, no aparece que l fuese un mequetrefe vano y arrogante Al contrario, un hombre manso y humilde, muy penetrado de la importancia de su comisin, por cuya razn le dijo a Dios: Quin soy yo para ir a donde Faran y sacar de Egipto a los hijos de Israel? 86 El mantuvo siempre esta humildad de corazn, hasta que el Seor se irrit con l y le mand sali r Cuando se present a Faran, no se port como un arrogante mequetrefe, 87 sino con una decente dignidad, circunspecto en la presencia de un rey de Egipto en medio de su soberbia pompa; se manej como el mensajero de un rey ms grande, en cuya proteccin confiaba y cuya omnipotencia procuraba hacerle sensible; por esta razn 88 se anunciaba siempre el da en que deba comenzar la plaga, y tambin le concedi [...] 89 [...] 90 Los filsofos modernos como V oltaire, y otros, hacen alarde de representar a los judos ignorantes, estpidos y brbaros, comparados con las ms cultas naciones de la antigedad. Concedmosles por un momento su aserto, si de l se infiere que de un pueblo tan inculto e ignorante como ellos lo representan, no podemos esperar sentimientos y doctrinas superiores por ningn lado a los que encontramos entre las naciones instruidas. Es bien sabido que en las antiguas naciones, babilonios, asirios, tirios, etc., eran vecinos por todos lados de los judos. Ellas estaban sumergidas en la ms crasa idolatra, pues adoraban no slo 91 al sol, a la luna y a las estrellas, a quienes suponan animados y de cuyo influjo crean depender su buena o su mala suerte, sino tambin a los hombres muertos, a los 84. como es, tachado. 85. p, tachado. 86. xodo 3, 11; 4, 14. [Nota del autor.] 87. Idem. 5, 2. [Nota del autor.] 88. En el original razo. 89. Faltan dos hojas en el original. [Nota y puntos suspensivos en el original.] 90. Comienza la lnea con puntos suspensivos en el original. 91. Entre lneas.

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OBRAS 386\ 386\ h roes, a Jpite r Venus, Adonis, y otros; a los animales, a los insectos y aun a las cebollas. Es, pues, digno de examinar cmo los judos, rodeados de naciones tan estpidas, tuvieron la idea sublime de la Divinidad y las ms altas de su unidad, segn los escritos de Moiss. Dnde pudieron ellos aprender una adoracin tan racional? Una adoracin ceida a un ser invisible, omnipotente, omnicio, inmenso, creador y director de todas las cosas, a quien deban 92 su existencia el sol, la luna, las estrellas y todas las criaturas y cuyo poder dispone de ellas a su agrado? Es claro que los judos no pudieron aprender estos conocimientos de sus vecinos ni de ninguna otra nacin, pues que su culto era esencialmente diferente de todos los otros del antiguo mundo. En todos los otros, sin exceptuar ninguno, haba crueles e impuros ritos en honor de sus dioses, y sus pblicas festividades eran escenas de libertinaje. Muchas de sus ceremonias eran brbaras hasta el grado de horroriza r Sus sacerdotes se despedazaban los unos a los otros, y durante la adoracin practicaban espantosas mortificaciones. Los mismos padres sacrificaban a sus hijos entregndolos locamente a la muerte ms cruel; algunos los quemaban vivos o para apaciguar la clera de sus dioses, o para impetrar algn favo r Tenemos una prueba notable de estos horrores en la vida del famoso general de los atenienses Temstocles, escrita por Hitarco: cuando Temistocles fue 93 a sacrifica r, 94 en la galera del general, le trajeron tres hermosas cautivas soberbiamente adornadas, hijas segn se deca, de Autarco y Sandana, hermana de Xerjes. Luego que la vio el profeta Euphraatide y observ que a la sazn arda el fuego de los sacrificios, que haca una llama ms brillante de lo ordinario, y que una de ellas estornud al lado derecho, lo que anunciaba un feliz suceso, tom a Temstocles por la mano y mand que aquellas tres nias se consagrasen y se purificasen por el sacrificio y fuesen ofrecidas a Baco o al [...] para alcanzar la victoria, porque por este medio, no solo se salvaran los griegos, sino que triunfaran tambin. Tan inhumana profeca horroriz a Temstocles, mas el populacho, siguiendo su costumbre en los lances apretados y 95 creyendo apaciguar ms bien la divinidad con ceremonias absurdas y extravagantes que 96 no con las racionales y decentes, dio una voz para invoca r trajo al altar las cautivas y las compeli 97 a sacrificarse, 98 segn lo haba mandado el profeta. Practicaban tambin mil indecencias que no deben referirse. A las mujeres que guardaban castidad se les enseaba que la prostitucin 92. Corregido sobre deben con a sobrepuesta. 93. Entre lneas, sobre en, tachado. 94. Una palabra tachada. 95. confirmado ms, tachado. 96. an, tachado. 97. Sic. 98. Corregido de sacrificar con se sobrepuesto.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 387 / 387 era un 99 medio necesario para recomendarse el favor y proteccin de las divinidades. Siendo esto as, como tenemos pruebas incuestionables en la historia de los griegos y romanos, y debiendo todo efecto tener su causa, 100 os suplico a vos, o a cualquier otro de los filsofos modernos, me digis, cmo explicis el fenmeno de la pequea cuadrilla judaica, segn la llama V oltaire, 101 que posey el verdadero conocimiento de un Dios eterno, de su providencia, etc., al paso que las naciones cultas y civilizadas estaban atolladas en la ms crasa, brbara y estpida idolatra? Es forzoso decir que recibieron aquellos conocimientos por divina revelacin. Podra probaros el tenor de la historia de Moiss y en especial de los preceptos territoriales 102 que estas instituciones no pudieron tener otro origen que el divino. El vicio ms daoso de la sociedad dice uno de mis doctos hermanos, 103 la injusticia ms irreparable y el crimen ms negro es la calumnia, pues 104 con ella manchis algo a Moiss pintndole como el pcaro que primero 105 invent hacer la guerra por motivo o a pretexto de religin, etc. De esto no dais ms que una prueba, la guerra de los Madianitas. Decs que cuando el ejrcito judo volvi de las excursiones que haba hecho para robar y mata r Moiss y Eleazaro, 106 sacerdote, con todos los prncipes de la congregacin, salieron a encontrarlo fuera del campo; Moiss se incomod con los jefes del ejrcito, con los decuriones y capitanes que llegaban de la guerra y les dijo: Por qu habis dejado vivas las mujeres? No son ellas las que sedujeron a los hijos de Israel a instigacin de Balan y las que nos han hecho violar la ley del Seor pecando en Phocion, pecado que atrajo la plaga de que fue tocado el pueblo? Pues ahora id, matad entre esos nios a los varones, degollad las mujeres que hubieren conocido hombre, y reservad para vosotros las nias vrgenes. Este es el texto y vos lo comentis as. Si es positiva esta relacin, Moiss fue el mayor villano que ha habido y que ha desgraciado el noble carcter del hombre: l mand matar los muchachos, degollar a sus madres y prostituirse con las hijas. Examinemos, seor mo, este cargo horrible que hacis a Moiss con notable abuso. A este fin veamos antes la causa de esta guerra. No encontraremos que fue, segn decs, para robar y mata r sino emprendida por expresa orden de Dios para vengar a los 99. art, tachado. 100. es, tachado. 101. En el original Volter. 102. Entre lneas, sobre de la tierra, tachado. Sigue que repetido intilmente. 103. Cartas judas a Voltaire. [Nota del autor.] 104. Siguen varias palabras ilegibles, tachadas. 105. Entre lneas. 106. Nmero 31, 13. [Nota del autor.]

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OBRAS 388\ 388\ israelitas de los Madianitas por lo que les haban hecho sufri r y tambin para vengarse Dios de ellos por el crimen de idolatra a que haban inducido a los hijos de Israel. Ambas causas se mencionan en el versculo 2 y 3: V enga 107 a los hijos de Israel de los Madianitas, etc., y venga al Seor de Madian. Por el diablico sistema de los Madianitas, que prostituan a sus mujeres, fueron inducidos los israelitas a idolatra, y por este crimen 108 se les quit la vida a 24 000. A ellos, pues, se les mand hacer la guerra, y los admirables sucesos de la expedicin dieron a conocer que Dios era quien la diriga, porque no constando el ejrcito judaico de ms de 12 000 hombres, no perdieron uno 109 solo, lo que hizo tal impresin en el nimo de los capitanes enemigos (t no adviertes todos estos pasajes para conocer que, si los unos son verdaderos, lo sern los otros), que rindieron una oblacin al Seor por sus beneficios. A la vuelta de este ejrcito victorioso, Moiss y los jefes de la congregacin le salieron al encuentro: Moiss observ que los oficiales haban abusado de las mujeres, y sorprendido les pregunta: Habis dejado las mujeres? Porque los oficiales saban muy bien que, segn las reglas de la guerra, ninguna de ellas deba haber sido muerta, ms que las que hubiesen tomado las armas, y por esta razn fueron exceptuadas con los nios. Nos consta que Moiss ense esta regla cuando dijo, peleando contra las otras naciones, menos los cananeos, dijo, cuando te acerques a una ciudad a pelear [...], si no hiciere la paz contigo [...], pasars a cuchillo a todos los varones; mas las mujeres, sus chicos y las bestias [...] quedarn de botn. 110 As lo 111 ejecutaron los oficiales en Madian, pero Moiss les dijo que era caso muy diferente: stos sedujeron a los israelitas por consejo de Balan a cometer contra el Seor el pecado de Phogo r Las tales mujeres haban 112 sido cmplices principales en un 113 crimen tan abominable y atroz porque por su prostitucin sedujeron a Israel y lo indujeron a adorar el dolo de Baal, y as hubo una plaga en la consagracin. Era, pues, justo escarmentarlas y precaver de esta manera que la nacin se entregase otra vez 114 a los placeres licenciosos y a la idolatra. Mand matar a los jvenes (observa Abarbanal) para evitar en tiempo el perjuicio que resultara de dejarlos vivos porque seran unos estmulos, o para 107. Entre lneas. 108. prefie, tachado. 109. Corregido de un, con o sobrepuesta. 110. Deuteronomio. 20, 10. [Nota del autor.] 111. haca, tachado. 112. Corregido de sidos. Sigue las tachado. 113. Entre lneas. 114. otra vez entre lneas.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 389 / 389 inducirlos a idolatrar o para urdir alguna venganza de lo que se figuraban injusto. Mas las nias, que no haban hecho dao a la nacin y que estaban limpias de los crmenes de sus madres, no deban ser maltratadas, se deba dejarlas vivi r emplearse en el cuidado de sus familias o casarlas con sus criados, como sucedi despus. Esta es la realidad de los hechos. V os, sin consideracin a la verdad y al decoro, decs que del versculo 35 de este captulo aparece que Moiss consign al libertinaje 32 000 muchachas. De dnde consta tal cosa? De las palabras de Moiss ciertamente que no. Probadlo. Quede a vos toda la prueba. Si lo probar is, os aseguro que no le defender ms; conceder que fue detestable villano y horrible monstruo, como le llamis. Probadlo, y conceder que el Testamento Viejo es lo que decs, una obra llena de mentiras, de blasfemias y picardas, el peor de los libros y todo lo que quisi reis. Mas os digo, y perdonad mi libertad, o lo probis, o yo os 115 dir, no slo que sois un vil 116 calumniado r sino el ms vil de todos, pues desfiguris tan malamente los procedimientos de Dios; dir que sois ms vil calumniador que vuestro antecesor V oltaire y otros crticos infieles, que no han hecho lo que vos, pues que ellos no opusieron otra dificultad que la de 117 haberse podido encontrar tanta porcin de muchachas en la corta extensin de Madian; pero nada hablan ni 118 se atrevieron a hablar sobre la orden dada por Moiss para prostituirlas. No, seor; ellos lo entendieron mejo r conocieron que este argumento 119 los dejaba en descubierto a causa de estar bien persuadidos que Moiss estuvo muy distante de semejante crimen, prohibido por su misma legislacin: as consta en el Deuteronomio, 21, 10, 11, donde mand que ningn 120 hombre se casase nunca con una cautiva sin preceder ciertas formalidades que si, despus de casado, no le agradase, la dejase libre y no tuviese que hacer ni disponer de ella porque ya la haba humillado. 121 Esta ley demuestra la falsedad de cuanto habis escrito contra el carcter de Moiss, y debis retractaros. 115. Entre lneas. 116. un vil entre lneas, sobre el ms vil, tachado. 117. Entre lneas. 118. Entre lneas, sobre y tachado. 119. Corregido de esta dificultad. 120. En el original ninguno. 121. Esta expresin alude a la humillacin que experimentaba una cautiva viviendo en la casa de un extranjero por un mes, en cuyo tiempo ella padeca esperando ser despus su consorte. Los talmudistas de Jerusaln, Jpz ( sic ) y Filn, opinan que la ley no permita al soldado las primeras familiaridades con su cautiva, sino que haba de casarse con ella. Ved a Abarbanal en el Deuteronomio 21, 10, etc. Semejante ley es una prueba de la ternura con que Moiss miraba a las prisioneras de guerra, ternura que no tiene igual en ninguna legislacin de tan antiguas naciones. [Nota del autor.]

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CAR T A SEGUND A Examinar 1 ahora los argumentos contra los libros de Moiss, y probar que ellos mismos estn dando a conocer que son la palabra de Dios. Comencemos 2 por el Gnesis. V os decs: Qutese del Gnesis la creencia de que Moiss fue su auto r que es en lo que descans el extrao concepto de ser palabra de Dios, y no quedar en l otra cosa que un libro annimo, lleno de fbulas, de historias, de absurdos, o tradicionales, o inventados, y de manifiestas mentiras. Este es, seor mo, el poltico lenguaje de que usis hablando del Gnesis, un libro que nos ensea el origen del mundo, las genealogas de nuestros primeros padres, los establecimientos de las antiguas naciones y el nacimiento de las artes. Y o puedo asegurar sobre estos puntos que la antigedad no nos presenta momentos ms preciosos ni ms verdaderos que los que se contienen en ste y en los otros libros de Moiss. Porque, segn observan los autores, de la antigua historia universal, Moiss es el nico escritor que refiere lo que sucedi antes del diluvio y algunos aos despus. Por general consentimiento, l es tenido como el historiador ms antiguo que conocemos, pues es muy cierto que su historia se compuso antes que todas las otras y antes que las fbulas de los griegos. En stas carece de probabilidad cuanto dicen antes del diluvio; 3 y es muy fcil convencerse comparando la historia de Moiss con las fbulas de Sanchoniatho, Manetho, Beroso 4 y Dioscoro Sculo. 1. Corregido de examinaremos. 2. En el original comensemos 3. de la que, tachado. 4. Ya que habl del diluvio, dir en obsequio de los que quieren ver la historia de Moiss confirmada por testimonio de escritores profanos a que estos convienen en el diluvio universal. Hubo (dice ver en la p. 55) una destruccin universal por agua, corroborada con los testimonios de muchos de los escritores y naciones ms antiguas. Hemos ya visto lo que dice la historia de los caldeos, que es la de Beroso. Agrguese despus la tradicin de los indios y persas. Que los egipcios no ignoraron este suceso, consta no slo de las sobredichas circunstancias de Osiris y Tiphon, sino tambin de la autoridad de Platn, quien refiere que un cierto sacerdote, adems del monumento de sus sagrados libros, cont a Soln la historia del diluvio universal sucedido mucho antes que las inundaciones que conocieron los griegos. Los habitadores de Hetrpolis, en Siria, tenan en el pavimento del templo una grieta o abertura que se haba tragado, crean

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 391 / 391 5 Esta filosofa de Moiss es estril e infructfera, cuya sutileza se evapora en ftiles raciocinios, que se ocupa en descubrimientos intiles a la felicidad del hombre, si no es aquella calamitosa filosofa, que con una segur en la mano y un velo sobre los ojos, corta, arruina, destruye y nada fabrica, hace a Dios cuerpo y distingue al hombre de la bestia en slo la figura. No, seor; es la sabia filosofa de un buen hombre, cuyo deseo es producir la felicidad de sus prjimos. l comienza su historia informndonos de que hay un Dios creador de todo el universo. Este es el grande y fundamental principio para traernos al conocimiento y adoracin del que nos cre, porque es manifiesto demostrativamente que si el hombre reflexiona en el Dios que lo hizo, que le dio manos para palpa r pies para camina r etc., que le dot de potencias discursivas sobre los brutos, naturalmente amara y reverenciara ese augusto ser que lo produjo a su voluntad. El conocimiento de esta sublime verdad destruye, en efecto, todas las falsas ideas sostenidas por ciertos filsofos acerca de la eternidad de la materia y casual concurso de los tomos. Moiss pone 6 la segur a la raz y de una vez aniquila una 7 doctrina tan loca, absurda e impa, lo que convence que su filosofa era ms conducente que la de vosotros 8 a la felicidad del gnero humano. Segn la observacin de un docto cristiano (Cartas de Lowth a Warbuton), Moiss debe tambin ser admirado como historiado r a pesar de algunos defectos que se le notan en globo cuando le comparamos con las mejores producciones de los cultos historiadores de Grecia y Roma. A veces muestra mucha 9 habilidad para la historia. La de Joseph, por ejemplo, es una narracin simple, noble, elegante, pattica e interesante; tiene la precisin, exactitud y claridad propias de una composicin histrica; no hay un retazo en Herodoto, en Jenofonte, en Salustio o en Livio que se le pueda iguala r. ellos, las aguas del diluvio en su continente. Tenemos odo despus que hay las b tradicin en la China de que Pouncu con... c familiares escap del diluvio universal, etctera. Ya veis como casi to... d das las naciones tuvieron alguna idea del diluvio, aunque ninguna la tuvo con la claridad que lo refiere Moiss. [Nota del autor.] a. dires..., tachado. b. memoria, tachado. c. Roto el papel. La palabra perdida acaba en se. d. Contina al margen izquierdo. 5. Encabezando la pgina, la palabra aquella, intil. 6. Corregido de propone. 7. Entre lneas. 8. que la de vosotros, aadido al margen con una llamada al texto. 9. Corregido sobre otra palabra tachada.

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OBRAS 392\ 392\ Considermosle como orador: sus exhortaciones en el Deuteronomio llevan consigo una fuerza, un espritu y elegancia al menos igual a cuanto se ha escrito sobre la materia. Como poeta, su bella oda en el xodo supera todas las composiciones de esta especie; no tiene semejante su poema proftico en el Deuteronomio: contiene seis partes, como dije en otro luga r. 10 La primera consta de los cinco primeros versos y sirve de introduccin; la segunda, de los nueve siguientes, cuyo asunto es la dulzura y beneficencia del Seor con Israel; la tercera, de los cuatro inmediatos, en los que describe el pecado e iniquidad de la nacin; la cuarta se compone de los otros siete, y en ellos refiere las aflicciones con que Dios les castig su inobediencia; la quinta, de los otros ocho, donde pinta la destruccin final que les 11 pudo haber hecho el Seor por sus crmenes, si no 12 hubiera sido 13 una especial razn que l 14 expone inmediatamente; la sexta y ltima parte comprende los ltimos versos del poema, en los que repite los consuelos dados a Israel y la venganza que Dios tomar de sus enemigos. En prueba de la inspiracin proftica de este poema, no puedo dejar de advertir que su primera parte se ha cumplido de todo punto, a sabe r la dulzura y beneficencia del Ser Supremo respecto de los israelitas, dndoles posesin de la Tierra Santa; prosperidad bajo los reinados de David y Salomn; su 15 pecado de idolatra, etc., su cautiverio, el severo castigo que sigui y su conservacin hasta hoy como una nacin distinta, sin embargo, de todos sus sufrimientos, lo que sin duda alguna es de las cosas ms maravillosas segn demostr difusamente en mis Disertaciones sobre las profecas. De aqu me atrevo a pensar que el cumplimiento de las primeras cinco partes debe considerarse como una prenda, la ms cierta, del cumplimiento de la sexta, donde se trata de la redencin de la nacin, etc. Y es muy digno de notarse que Jeremas 16 haya convencido de la realidad de esta proposicin en las palabras de lo que haba hablado 17 como profeta, anunciando la futura restauracin de la nacin: porque el Seor dijo: As como yo he trado todo este gran mal sobre este pueblo, as tambin traer todo el bien que le he prometido. 10. Introduccin a la lengua sagrada. [Nota del autor.] 11. Entre lneas. 12. Sigue una palabra tachada. 13. Entre lneas. 14. Entre lneas. 15. En el original sus. 16. 42. [Nota del autor.] 17. Corregido sobre dicho, tachado.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 393 / 393 No puede exigirse mayor prueba en favor del espritu del profeta, pues el cumplimiento del mal predicho es una prenda segura del cumplimiento del bien prometido; y as como conceden todos que las primeras cinco partes de este poema se han cumplido en cada uno de sus particulares, es por consecuencia manifiesto que no debe ponerse ni la menor duda en el cumplimiento de la ltima, y que demostrativamente queda probada la divina misin de Moiss.

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CAR T A TERCERA Pasar ahora, seor mo, a los otros libros de Moiss: xodo, Levtico, Nmeros y Deuteronomio. En estos se comprenden ms leyes religiosas, morales, civiles, polticas y ceremoniales (bien que yo no pienso tratar de ellas con la misma distincin que les he nombrado, sino slo de aquellas con que se pueda ilustrar la materia de que tratamos); espero probar a satisfaccin de los entendimientos ingenuos y generosos que estas leyes fueron muy dignas de Dios, que quiso darlas a su pueblo de Israel por mano de su siervo Moiss. Hay un Dios, dice el Pentateuco, y no hay ms que uno solo; l merece nuestra adoracin, l es el ser supremo, origen necesario de todas las cosas; nadie es como l: es un espritu puro, inmenso e infinito; no se 1 puede representar por ninguna imagen corprea; l ha creado el universo por su poder y lo gobierna por su sabidura; l ve todas nuestras acciones, nada se oculta a su ojo perspicaz; con mano equitativa nos 2 remunera y castiga segn nuestros merecimientos. Nosotros sabemos todas estas verdades de los libros de Moiss; la fe de la existencia de Dios est probada en el primer mandamiento: Yo soy el Seor tu Dios. 3 Que l es uno consta del Deuteronomio: Oye lsrael, el Seor es nuestro Dios, el nico seo r. 4 Que slo l debe ser adorado, lo vemos en el segundo y tercer mandamiento: No tendrs otros dioses delante de m; no te fabricars dioses esculpidos; no te inclinars ante ellos ni les servirs. Que no puede representarse por imagen corprea lo leemos en el Deuteronomio: No vistis ninguna imagen o semejanza el da que el Seor os habl en Horeb. 5 Isaas inculc esta misma doctrina fuertemente cuando dijo: Con quin comparasteis a Dios, o bajo qu imagen le representasteis? 6 Y en otra parte: Con quin me asemejasteis y me igualasteis? pregunt el Seo r. 7 1. Entre lneas. 2. Entre lneas. 3. xodo, 20, 2. [Nota del autor.] 4. 6. [Nota del autor.] 5. 14. [Nota del autor.] 6. 18. [Nota del autor.] 7. 25 [Nota del autor.]

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 395 / 395 Que Dios conoce todos los pensamientos y acciones del gnero humano, y que no los mira con indiferencia como piensan los incrdulos diciendo: El Seor no nos ve, l ha abandonado la tierra, nos consta por el G nesis: Y Dios vio que la iniquidad del hombre era grande sobre la tierra. 8 Lo mismo se encuentra en el captulo 18, versculo 20 9 y en otros lugares del mismo Gnesis. Que remunera y castiga equitativamente, aparece en el xodo: Si quieres, perdnale el pecado, si no, brrame del libro de la vida, donde me has escrito; y el Seor le dijo a Moiss: Yo borrar de mi libro a cualquiera que haya pecado contra m. 10 Tambin sabemos por el Pentateuco que, aunque se mand construir un templo, se sealaron ministros para su servicio y se instituyeron sacrificios y ofrendas, nada de esto era apreciable a los ojos de Dios, sino 11 animaban los sentimientos del corazn. La adoracin que l exige sobre todos los seres 12 consiste en una total dependencia de l, en el reconocimiento a sus beneficios, en la confianza en su misericordia, en reverenciarle y amarle. V ed como dice l: T amars al Seor tu Dios con todo tu corazn, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Israel, qu es lo que el Seor quiere de ti sino que le temas, que camines por la senda de sus mandamientos, que le ames y le sirvas con todo tu corazn y tu alma, que guardes mis mandamientos, que te doy, hoy por tu bien. 13 Lase en especial el captulo 11, versculo 13; en l estn inculcadas estas verdaderas y sublimes doctrinas que distinguen al legislador judo de todos los otros, y que manifiestan que no pueden dejar de ser 14 divinas 15 unas doctrinas que recomiendan tan pura adoracin, tan digna de Dios. Examinemos ahora la moral de estos libros. Qu hermosa y qu pura! Apenas hay un vicio que no condene. No le basta prohibir las malas acciones; prohibe hasta los deseos. Dice en el Deuteronomio: T no desears y t no codiciaras. 16 As dice tambin en el xodo. Enseando Moiss esta moral, no slo pide la perfecta equidad, la firme probidad, la justicia, la fidelidad y la ms exacta honestidad, 17 sino tambin quiere seamos humanos, compasivos y caritativos; que 8. Ezequiel, 4, 12; 6, 5. [Nota del autor.] 9. de, tachado. 10. 32-33. [Nota del autor.] 11. Entre lneas, sobre o no. Sigue otra palabra tachada. 12. que, tachado. 13. Deuteronomio. 5,6. [Nota del autor.] 14. de ser entre lneas. 15. de, tachado. 16. 21. [Nota del autor.] 17. y, tachado.

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OBRAS 396\ 396\ estemos prontos a hacer a los otros lo que quisiramos hiciesen con nosotros, segn aquellas palabras del Levtico: Amars a tu prjimo como a ti mismo. 18 Este amor debe extenderse tambin a amar a los extranjeros: Si un extranjero habita en un mismo pas contigo, no le vejes, trtalo como si fuera tu paisano, malo como a ti mismo porque vosotros 19 fuisteis extranjeros en el Egipto. 20 Repite lo propio en el Deuteronomio: Ama al extranjero, porque fuisteis extranjeros en el Egipto. 21 De aqu entenderis que esta caridad y amor fraternal no se cea a slo los judos, sino a toda otra cualquier persona, pues es y fue ley fija entre nosotros admitir en nuestra religin y repblica todos los que quisiesen sujetarse a nuestras leyes y costumbres; despus de circuncidarlos y lavarlos se incorporaban a la nacin y se hacan miembros de ella. Todo esto es conforme al tenor de la ley: Todos los varones sern circuncidados (habla de los peregrinos) y entonces podrn acercarse a celebrar la P ascua; sern tenidos por naturales, porque ningn incircunciso deber comer del cordero; la misma ley hablar para los indigenas que para los forasteros 22 Y pregunto: esta le y no es mucho ms humana que la exclusiva de los extranjeros, ordenada por muchos legisladores? 23 V eamos las caritativas leyes en favor del pobre, de la viuda y del enfermo; en favor de los sirvientes y de los esclavos. Las admiraremos superiores 24 a las que gobernaron en las antiguas naciones cultas. A F A V OR DEL POBRE Si tu hermano cayere en pobreza, socrrelo aunque sea extranjero o resida de paso para que viva contigo; no le lleves usuras o logros; teme a Dios y 25 vive con tu hermano; no le des tu dinero a usura ni le prestes a logro los artculos necesarios para su vida. Y o soy el Seor tu Dios, que te saqu de Egipto para darte la tierra de Canan y [para] 26 ser tu Dios. 27 18. 19, 19 [Nota del autor.] 19. Entre lneas. 20. 33-34. [Nota del autor.] 21. 15. [Nota del autor.] 22. xodo 12, 48-49. [Nota del autor.] 23. Licurgo, entre otros, exclua de su repblica a los extranjeros. Vid su vida por Plutarco. [Nota del autor.] 24. En el original superiore. 25. tu he..., tachado. 26. Suplido, roto el papel en el original. 27. Levtico 25, 35. [Nota del autor.]

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 397 / 397 Si alguno de tus 28 hermanos estuviere pobre dentro de las puertas del pas que te ha dado el Seo r no endurezcas tu corazn ni cierres tu mano; brela por el contrario, y dale lo que necesite. 29 Si prestas dinero a algn pobre, no le lleves usura. Si tomares en prenda el vestido de tu prjimo, vulveselo antes que entre la noche porque es con lo que ha de cubrir sus carnes. Con qu se cubrir para dormir? Si sucediere que l se queje a m, yo le oir porque soy misericordioso. Cuando prestares algo a tu hermano, no te lo lleves a casa por asegurarle prenda; estate fuera y l te la traer. Y si fuere pobre, no duermas con su prenda en tu pode r Y en todo caso devulvesela antes de ponerse el sol para que l duerma con su propia ropa y te bendiga, y sers mirado como justo en presencia del Seor tu Dios. 30 A F A V OR DE LAS VIUD AS Y HURF ANOS No aflijis a las viudas ni a los hurfanos. Si los afligireis y clamaran a m, seguramente oir sus clamores; y mi ira se encender, os quitar la vida con la 31 espada, vuestras mujeres quedarn viudas y hurfanos vuestros hijos. 32 A F A V OR DE LOS 33 CRIADOS MERCENARIOS T no oprimirs un siervo alquilado que sea pobre y necesitado, bien sea tu paisano, bien sea extranjero, que viva en tu pas. Le dars su salario el da que se le cumpla sin esperar ni a que el sol se ponga, porque es un pobre y no cuenta con otra cosa, no sea 34 que l clame contra ti y se te condene. 35 A F A V OR DE LOS 36 SIR VIENTES COMPR ADOS Si comprares un esclavo hebreo, te servir seis aos, y al sptimo le dars la libertad graciosamente. Si vino solo, se volver solo; si vino 28. Entre lneas sobre vuestro, tachado. 29. Deuteronomio 15, 7-8. [Nota del autor.] 30. Deuteronomio. 24, 10-13. [Nota del autor.] 31. propia, tachado. 32. xodo 22-22-24. [Nota del autor.] 33. En el original lo. 34. el que, tachado. 35. Deuteronomio. 24, 14-15. [Nota del autor.] 36. esclavos, tachado.

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OBRAS 398\ 398\ casado se volver casado. 37 Si el amo lo hubiere casado 38 y tuviere hijos o hijas, la mujer y los hijos sern del amo y l se ir solo. Si comprares esclavo o esclava hebrea y te sirviere seis aos, dale al sptimo la libertad, y cuando lo despidieres, que no se vaya con las manos vacas; dale de tu ganado, de tu tierra, 39 de tu vino, de todo lo que el Seor te ha concedido. 40 Acurdate estuviste esclavo en el Egipto y el Seor tu Dios te rescat; pues yo te mando hagas lo mismo, etc. 41 Hay todava otros muchos pasajes iguales a los referidos. A F A V OR DE LOS ESCLA V OS Si alguno apaleare a su esclavo o a su esclava y murieren en el acto, 42 ser castigado seguramente; sin embargo, si sobreviviere 43 uno o dos das, no se le castigar porque le cost su dinero. 44 Si alguno le lastimare el ojo a su esclavo o a su esclava y lo perdiere, les dar la libertad para recompensarles el ojo; lo mismo si les lastimare algn diente. 45 No sigo adelante sin advertiros que los siervos de quienes se habla en este captulo no eran siervos hebreos (que eran los que se llamaban comprados) sino esclavos comprados a los gentiles, o prisioneros de guerra, entre los cuales se comprendan 46 tambin los extranjeros que residan en el pas. As lo da a entender aquel precepto: los esclavos y esclavas que tuvieres sean de los gentiles que estn alrededor de ti, cmpralos de ellos. 47 Mas compra los hijos de los extranjeros que viven 37. Aqu habla de uno que ha sido vendido por orden del juez por ladrn, segn refiere el xodo 22, 3: Si no tiene nada, que se le venda por ladrn De ste es con cuya mujer e hijos se quedaba el amo para a mantenerlos, porque con ella no tena otro socorro que el de su marido, la ley obligaba al amo a la manutencin. Otra prueba es esta, seor mo, de la sabidura y humanidad de las leyes de Moiss comparadas con las de las otras naciones civilizadas. [Nota del autor.] a. Aadido al margen de la nota en sustitucin del siguiente texto, que se halla tachado en el cuerpo de la misma: de quien el amo se quedaba con la mujer y sus hijos para. 38. Se habla aqu de una esclava como las que se tomaron de los Medianitas, y no se entiende de alguna esclava doncella hebrea. [Nota del autor.] 39. y, tachado. 40. xodo 21, 2. [Nota del autor.] 41. Deuteronomio. 15, 12-15. [Nota del autor.] 42. en el acto, entre lneas. 43. Corregido de viviere. 44. xodo 21, 20-21. [Nota del autor.] 45. Ibdem, 26-27. [Nota del autor.] 46. Sic 47. Levtico 25, 33, etc. [Nota del autor.]

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 399 / 399 contigo y despus de comprados continuarn en 48 la posesin de sus bienes como la tenan en su patria, para dejrselos en herencia a sus hijos. 49 De estos ltimos es de quienes habla la le y porque los primeros no lograban libertad porque se les sacase un ojo; 50 pero, si el amo los injuriaba, podan querellarse como los hebreos. Y o creo, seor mo, que si os dignaseis revisar todas las leyes de las antiguas naciones, no encontrarais ninguna que igualase a la humanidad y tierno cuidado de la de Moiss, no solo por el pobre, 51 la viuda y el hurfano, sino tambin por los esclavos. Sabemos 52 que casi todos los antiguos 53 gobiernos los 54 han abandonado sin excepcin ni distincin de sexos a la sensualidad 55 y brutalidad de sus seores. Si conocis historia, conoceris los excesos que produjo este permiso 56 aun entre las naciones que se nos proponen por modelos de civilizacin y erudicin. 48. despus de comprados continuarn en, entre lneas sobre el siguiente texto tachado: abonarn al mismo sus mismas. 49. Ibidem 46. [Nota del autor.] 50. Estos esclavos gentiles no slo lograban la libertad por la prdida de un ojo y de un diente, sino tambin por la de cualquiera de los venticuatro miembros principales. Vid Talmud. [Nota del autor.] 51. y, tachado. 52. Corregido sobre pues. 53. esclavos, tachado. 54. Entre lneas. 55. Montesquieu dice: Y o no creo que en este punto era buena la poltca de los romanos: ellos los entregaban a la incontinencia de sus amos (y lo mismo podemos decir de casi todas las naciones antiguas. a Aade en otra parte: la esclavitud tiene por objeto la utilidad, no la sensualidad; las leyes de la decencia estn fundadas en las de la naturaleza y deben ser conocidas por todas las naciones. Y si la ley que protege la modestia de los esclavos es vlida en los gobiernos b arbitrarios donde reina el poder absoluto, cunto ms en los otros? El libertinaje (le advierte a Voltaire el editor de las Cartas judas ) era el veneno que tena la moral de las antiguas naciones. Qu podra hacer un infeliz esclavo contra su amo, si este no era contenido por la ley? [Nota del autor.] a. En el original antigua. b. libres, tachado. 56.Estos excesos, dice el mismo autor, se hallan atestados por todos los antiguos escritores. Basta leer a Anacren y a Horacio para ver lo excesivo que fueron en este particular los griegos y romanos. Aun el mismo Catn llevaba un escandaloso comercio con sus hermosas criadas, a quienes prostitua. Si hablamos de excesos de crueldad, no tuvieron lmites. a Se estremecen las carnes al leer las leyes de los romanos sobre esclavos. Los comparan a las bestias de carga y les dan los tormentos ms crueles. Si suceda que un padre de familia era asesinado, todos los que vivan bajo el mismo techo o que estaban a la voz del muerto, eran condenados sin distincin. Estas leyes fueron obra de la ferocidad, y escndalo de la razn. Y podra alguno preferirlas a las de los hebreos? [Nota del autor.] a. Hay una palabra tachada.

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OBRAS 400\ 400\ En Lacedemonia los esclavos eran tratados de la manera ms cruel, sin hallar amparo en las leyes. Si alguno por su elegante figura quera salir de su condicin, se le condenaba a muerte y el amo pagaba una multa 57 para que cuidase de impedir que el esclavo ofendiese as al pblico por sus perfecciones exteriores. Los espartanos, autorizados por sus leyes, caan sobre los helotes mientras stos trabajaban en el campo, y sin misericordia mataban al ms hbil, 58 sin ms motivo que el mero ejercicio de acostumbrarse a la guerra y para que no se multiplicasen demasiado. La emboscada de que habl Aristteles era una de las instituciones de Licurgo. 59 As se explica Plutarco: los que cuidaban de la juventud despachaban al campo de cuando en cuando a algunos indistintamente con sus dagas y los vveres necesarios. stos de da se ocultaban en las oquedades de las ms gruesas peas, y de noche salan a los caminos reales a matar a todos los ilotas que encontraban; algunas veces les caan de da mientras estaban trabajando, y a sangre fra mataban a los ms hbiles y robustos. Tucdides en su historia de la Guerra del Peloponeso refiere que si algunos lacedemonios sobresalan por su valo r eran coronados por proclamacin como personas ya libertadas por sus buenos servicios e iban a los templos con las insignias de la libertad; pero que repentinamente desaparecan todos, que seran como 2 000, y ni entonces ni despus nadie daba noticias de cmo haban muerto. Aristteles dice expresamente que los phores luego que entraban en el uso de sus empleos, declaraban la guerra a los que pudiesen ser muertos por la le y. Roma, an ms brbara, vea con calma a sus principales vecinos matar a sus esclavos sin el menor motivo, slo por echarlos despus en los viveros 60 y que sirviesen de pasto a las anguilas porque crean que as mejoraban de sabo r Aun a presencia de los magistrados moran en el anfiteatro millares de esos infelices para divertir a un pueblo fiero y brbaro, y en algunos das festivos se derram en el Imperio ms sangre humana que en 61 un da de batalla. Pero las leyes de Moiss no concedieron a las armas tanto despotismo sobre los esclavos. Al contrario, ellos velaban y cuidaban su 62 vida y 57. Vid vol. 22 de las Memorias de la Academia de las Bellas Letras por Capperonien. [Nota del autor.] 58. En el original costrumbarse. 59. Aristteles, Platn y Polibio, dice M. Dacien en la Vida de Licurgo por Plutarco reprehendieron a aquel legislador porque estas leyes hacan a los hombres ms valientes que justos. [Nota del autor.] 60. En el original biberos. 61. Entre lneas. 62. Entre lneas, sobre de, tachado.

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 401 / 401 su 63 modestia, 64 como se conoce de las precitadas leyes. Y sta es la razn por que nuestros antepasados 65 no vieron ninguna de estas rebeliones de esclavos que arrastran frecuentemente a las naciones al borde de la ruina. 66 Del extracto de las leyes que dimos arriba podis tambin conocer la moderacin que se nos mandaba guardar con los deudores. 67 Quisiera suplicaros las comparaseis con la horrible Ley de las Doce Tablas, que permita a los acreedores cargar de cadenas a los deudores y despus de algunos das de ferias, hacerlos pedazos, dividir entre s sus miembros ensangrentados, o venderlos a los extranjeros. Esta humanidad, seor mo, se extenda tambin a los delincuentes; es muy claro el texto siguiente: Si el delincuente fuere digno de castigo, el juez lo har postrarse y que lo castiguen 68 a su vista, arreglando la pena al tamao del pecado, de suerte que nunca pase de cuarenta azotes para que su hermano no quede despedazado. Segn esta ley humana y sabia y tan diferente de las de las otras naciones, el castigo del culpado no se dejaba 69 al arbitrio del juez, que podra mandar ciento 63. Entre lneas, sobre los tachado. 64. se, tachado. 65. Los atenienses sobre todos trataron con dulzura a sus esclavos. [Nota del autor.] 66. No slo los espartanos, a sicilianos y romanos tuvieron que sufrir por estas rebeliones de los esclavos, sino las modernas naciones b han sufrido tambin: a vuestros ojos estn sus c terribles efectos en la presente infeliz guerra. [Nota del autor.] a. En el original espartas. b. En el original Nacin c. Entre lneas sobre los, tachado. 67. Trataremos ms difusamente de esta moderacin con los deudores cuando hablemos del ao sabatario, etctera. [Nota del autor.] 68. Podra tambin interpretarse esta palabra por instiguen. 69. Nuestro cdigo es corto y claro; pueden leerlo los reyes a y entenderlo las naciones, al paso que el de algunas de las naciones ms civilizadas slo es al cabo de muchsimos aos de trabajo, compilaciones indigestas, montones confusos de brbaras costumbres y de leyes opresivas extranjeras, son oscuros laberintos en que se pierden los consejeros ms instruidos y por los que apenas pueden conducirse los mejores causdicos, porque lo que hoy es una le y no lo es maana. Advirtase que todas las tribus de la nacin b se gobernaban por las mismas leyes, lo mismo la de Jud que la de Rubn y la de Benjamn, que la de Simen. Mas en muchas naciones y gobiernos, cada c ciudad y villa tiene las suyas; lo que es justo aqu es injusto a dos millas de distancia, y mudan las leyes como caballos de posta. Las nuestras son uniformes e invariables. Las de ellos no tienen estabilidad. Las cambian como los trajes y no tienen leyes fijas para los casos criminales. Esta es la opinin del mismo Voltaire. Ved el suplemento al Filsofo ign... d a. Entre lneas sobre leyes, tachado. b. de la nacin, repetido y tachado. c. y, tachado. d. Roto el papel.

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OBRAS 402\ 402\ 70. Levtico 22, 28. [Nota del autor.] 71. Deuteronomio. 22, 6; 24, 4. [Nota del autor.] 72. En el original estuviese posada con esta ltima palabra corregida en posadas mediante s sobrepuesta. o mil azotes. No, seor; estaba ceido el nmero a 40; y para que no excediesen de este nmero sealado por la ley o por los Doctores, slo se daban 33. Mas nuestras leyes mandan tratar con humanidad hasta a los brutos: Sea vaca o sea oveja, t no la inmolars en un mismo da con sus cras. 70 T no cogers las madres con los hijos o huevos sobre que estuvieren posadas ; 71 t no le pondrs bozal en la boca al buey que trilla el trigo. 72 Tambin ordenaba la ley que descansasen el sbado las bestias. Aparece de todos estos antecedentes que mientras ms estudies las leyes de Mo i ss, quedars ms convencido de su dulzura y humanidad, y que cualquiera que las compare con las de los antiguos legisladores les dar ciertamente la preferencia.

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CAR T A CU AR T A Ahora 1 hablar de algunos preceptos territoriales que pueden llamarse propiamente una parte de las leyes polticas de Moiss y con los que tienen conexin varias festividades que componen una porcin del ceremonial. Considerar juntas unos y otros. Para la mejor inteligencia, es menester retroceder hasta la vocacin de Abraham, y conoceris la propiedad con que aquella nacin se llam el pueblo escogido de Dios. El objeto de su vocacin ser una prueba de que fue escogido para adorar y mantener la unidad de un solo Dios creador de cielo y tierra. Este objeto se llen completamente por la infinita sabidura divina, al auxilio de los medios que se vern ahora. Sin embargo del severo castigo con que Dios castig los pecados del antiguo mundo, y de los medios de que debi valerse No para cuidar de 2 instruir al nuevo en el verdadero culto de Dios, sabemos que a poco tiempo volvi a degenerar el linaje humano y a toda prisa se fue acercando al mismo punto de iniquidad en que se hallaban antes del Diluvio, y en especial acerca del falso culto. Dios, pues, llam a Abraham, y ste en todos los pases 3 por donde peregrinaba les 4 haca ver la futileza de adorar por Dios a una criatura; y [despreciando contradicciones] 5 sostena con arrojo que era el supremo se r. 6 Por su fe y su justicia, Dios lo escogi a l y a su posteridad para que mantuviera el conocimiento de su unidad y 7 conservase incorruptos los principios de la verdadera religin en medio de las idlatras ficciones de una falsa teologa. A este fin fue electa la familia de Abraham entre todas las naciones y la marc 1. Entre lneas sobre No, tachado. 2. la, tachado. 3. Corregido de en todas partes. Los caldeos, los cananeos y los egipcios eran entonces los pueblos ms nombrados e ilustres y todos ellos eran idlatras porque seguan a los antiguos sabianos. [Nota del autor.] 4. Entre lneas. 5. Entre lneas, sin indicacin de donde entra la frase. 6. Despreciaba las contradicciones, tachado. 7. Entre lneas.

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OBRAS 404\ 404\ con su pacto 8 para ser la depositaria de sus orculos, para que los trasmitiese a la posteridad en su pureza original. Para que esto se verificase, 9 prometi Dios a Abraham la tie rra de Canan en herencia suya y de su posteridad, bien que antes de verificarse ellos deberan sufrir un cautiverio, del que los sacara el mismo Dios castigando a los opresores y hacindoles sentir que l slo era Dios y gobernaba el mundo por su particular providencia. Y como el 10 Egipto deba considerarse con razn como la sentina del falso culto 11 de la magia y divinacin, fuentes inmundas de donde nace la idolatra, 12 de todas las 13 instituciones supersticiosas y ritos obscenos, el Seor quiso explayar su omnipotencia en la destruccin de estas fingidas deidades. Aqu, pues, est la necesidad de los milagros que hizo Moiss; el nico fin de ellos fue convencer a los israelitas, 14 a los egipcios y a las dems naciones que los falsos dioses que adoraban eran nada, y para nada servan, porque slo el Seor era el verdadero Dios y gobernador del universo, y que no haba otro fuera de l. El mtodo ms racional para arrancarlos del error e inducirlos a abrazar la verdad era hacerles comprender que las cosas no eran en s como ellos las haban aprendido. Porque los egipcios crean que los brillantes cuerpos celestes, v.g. el sol, la luna y las estrellas, y tambin los elementos, eran los que distribuan los bienes y consuelos. Se fundaban en su constante y regular movimiento y en que por su medio recibamos las bendiciones de la vida. Supuesto esto, vamos a examinar de qu modo deba ser removida esta fatal equivocacin. No debera convencrseles de que estos cuerpos no tenan otras cualidades ni virtudes que las que les haba concedido el creado r de quien eran instrumentos para llevar al cabo las ideas de su providencia? Y qu mtodo mejor para semejante convencimiento que el de facultar a su mensajero para alterar o suspender las cualidades de estos cuerpos y hacerles obrar a su vez prodigios extraordinarios? As apelaba a sus propios conocimientos y les sensibilizaba a su modo que slo el Seor era el creador y gobernador del mundo y que todos los seres visibles eran otros tantos agentes subordinados que obraban por su poder y direccin, que poda a su agrado suspenderles las facultades y que, por consiguiente, slo l era digno del culto y obediencia de los hombres, como que l solo poda remunerarlos o castigarlos. 8. La circuncisin de que usan todava. [Nota del autor.] 9. le, tachado. 10. Entre lneas. 11. de las inmundas, tachado. 12. y, tachado. 13. supersticiones, tachado. 14. xodo 6, 7; 7, 5; 9, 16; 20, 2; 18, 4, 8. [Nota del autor.]

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 405 / 405 Para aclarar esta materia, es preciso revisar los progresos y serie de este plan. En primer luga r Dios, por un mensaje a su nombre, requiri al rey de Egipto para que diese libertad al pueblo 15 As dijo el Seor de Israel: Da libertad a mi pueblo para que me sacrifique en el desierto. De la respuesta del Faran se conoce que l no reconoca al dios de Israel, y por eso absolutamente le desobedeci diciendo: Quin es el seor para que yo obedezca y deje salir el pueblo? Ni yo le conozco ni dar soltura al pueblo. Y o adoro slo a mis dioses. Este era el tiempo oportuno de convencer al rey y a todos los egipcios de su locura o de castigarles su iniquidad, si perseveraban en ella. Mas Dios previendo por su omnisciencia los resultados, y no queriendo valerse de la severidad, mand a [sus si] 16 ervos volviesen a donde F aran y le reiterasen la demanda de soltar a los israelitas. En esta segunda insinuacin, pidindoles el rey 17 hiciesen algn milagro con que calificasen que no eran mgicos sino enviados de Dios segn nota Abarbanal Aarn tir su vara al suelo en presencia del Faran y de sus siervos, y la vara se convirti en serpiente. Al punto llamaron a los magos para confrontarlos. Cada uno tir su vara al suelo y se convirti tambin en serpiente. De esta manera siguieron unos y otros produciendo iguales seales; mas muy pronto prevaleci la superioridad de los enviados de Dios porque la vara de Aarn se trag las otras. Pero este milagro an no hizo impresin en el nimo del Re y y Dios entonces obr otros para mostrarle su omnipotencia en oposicin a las falsas divinidades: mand las diez plagas que se produjeron en los cuatro elementos y en los cuerpos celestes, pues, como advierte Abarbanal, algunas de ellas se verificaron en la tierra y en el agua, tales fueron la conversin de las aguas en sangre y la plaga de las ranas; las otras tres que siguieron salieron de la tierra, y las otras restantes, del aire y del fuego. Otra se produjo tambin suspendiendo la luz y emanacin de los luminares celestes: el sol, la luna y las estrellas, y cubriendo por tres das todo el territorio de Egipto de la ms densa niebla. Estos milagros eran a propsito para probarles 18 la falsedad de sus ideas acerca de 19 15. xodo 5, 1-2. [Nota del autor.] 16. Roto en el papel en el original. 17. Aunque no se dice que Faran les pidiese un milagro, sin embargo, como Dios les haba enseado el modo de conducirse, cuando Faran requiriese a alguno, y como ellos obraron conforme a estas instrucciones, es regular suponer que en la actualidad les pidiese algn milagro antes que Aarn tirase su vara. Vid Abarbanal en el xodo captulo 1, versculo 9, etctera. [Nota del autor.] 18. El les entre lneas. 19. las, tachado.

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OBRAS 406\ 406\ sus deidades y tambin 20 para castigarles sus pecados de idolatra, etc. Como ellos veneraban altamente las aguas del Nilo creyendo que 21 eran el cauce fecundo de sus felicidades, de suerte que all en sus brbaras y supersticiosas devociones a ese ro, tean sus 22 torrentes con la sangre de los sacrificios humanos, 23 arrojaban a ellas los varones de los recin nacidos de Israel; por estos antecedentes, era un castigo proporcionado a aquellos delitos [y consistan sus sangrientas ceremonias] 24 en convertir las aguas en sangre, quitarles su buen sabor para que ellos no pudiesen usar de su bebida ordinaria y matarles los peces para que no pudiesen comerlos. A este terno, todos los otros milagros se dirigan a convencerles de su omnipotente poder sobre las fingidas divinidades y de su providencia en el gobierno del mundo y en la proteccin de los que le sirven. Consta esta verdad de la distincin que hizo en 25 la 26 tierra de Goshen entre los hijos de Israel y los egipcios cuando el progreso de estas plagas. 27 Pero el ltimo de los milagros, a sabe r la muerte de los primognitos, es una prueba tan manifiesta del 28 poder y soberana de Dios 29 y del conocimiento que tiene de los sucesos humanos para 30 remunerar 31 tarde o temprano a los hombres segn sus obras, que no puede negarse. 32 Porque como l al principio amenaz matar los primognitos, si no los dejaban salir y emplearse en su servicio, el cumplimiento de esta amenaza caus tan gran impresin en F aran y su pueblo, que no slo los dejaron, sino que los obligaron a sali r. 20. y tambin entre lneas, sobre como tambin, tachado. 21. su cuen..., tachado. 22. aguas tan, tachado. 23. Los egipcios acostumbraban todos los aos, en la ceremonia de romper las cataratas de Khalij o de los grandes canales, sacrificar [al Nilo] a una muchacha o, segn otros, una muchacha y un muchacho como un tributo que pagaban a este ro en memoria y gratitud de los beneficios que reciban de l. Vid la Historia universal, vol. 1, pgina 172. [Nota del auto r .] Sigue y, tachado. a. Aadido al margen izquierdo 24. Aadido al margen izquierdo. 25. Corregido de entre. 26. Corregido de las. 27. xodo 8, 18-19; 9, 4, 6, 26; 10, 23. [Nota del autor.] 28. Corregido de de la. 29. de Dios, aadido entre lneas. 30. casti..., tachado. 31. En el original, por descuido, remuner. 32. xodo 4, 21-22. [Nota del autor.]

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JOS AGUSTN Y CABALLERO / 407 / 407 Con motivo de la muerte de los primognitos egipcios, se instituy la ceremonia de la redencin de los primognitos hebreos, 33 as como se instituy la Pascua para fijar en sus nimos la duradera recordacin 34 de las maravillas que el Seor haba obrado sobre ellos para perpetua r de generacin en generacin, la memoria de estos insignes acontecimientos, y patentizar su realidad a toda la tierra hasta nuestros tiempos. Nosotros observamos el da de hoy la ceremonia de la Pascua y las otras festividades con la redencin de los primognitos como 35 otras tantas pruebas de los milagros que se les hicieron al libertarse de Egipto. La Pascua, pues, y la redencin de los primognitos, que se instituyeron inmediatamente en memoria del rescate de Egipto, son en s una clara prueba demostrativa de este suceso, segn se refiere por la divina revelacin, 36 y ms especialmente prueba es que, 37 fundndose en aquel mismo rescate, gran parte de los otros preceptos contenidos en la Ley Mosaica 38 y acordndose siempre los judos de la sumisin y esclavitud que sufrieron en el Egipto, sera mucho absurdo creer posible que tres o cuatro millones de almas se dejasen engaar tan a las claras acerca del abatido estado en que se vieron, y hubiesen convenido en aceptar una institucin que se dice cimentada en aquella milagrosa libertad, sin haber habido semejante libertad. Ciertamente que ningn desta, libertino o escptico 39 es capaz de avanzar tal proposicin. Ahora arguyo as: esta institucin se verific al mismo tiempo que salan de Egipto, y ha continuado hasta el presente; es pues imposible negar su verdad. Sin duda que los milagros de Moiss 40 llevan en s el 33. xodo 13, 2, 16". [Nota del autor.] 34. Entre lneas, sobre memoria, tachado. 35. prueba, tachado. 36. xodo 19, 46; Levtico 11, 45; 19, 36; 22, 33; 23, 43; 25, 38, 42, 55; 26, 13, 45; Nmeros 15, 41; Deuteronomio 6, 12; 13, 11; 16, 3; 24, 19. [Nota del auto r .] Sigue y la experien..., tachado. 37. contenindose gran parte, tachado. 38. En el original moysaica. 39. En el original, sptico. 40. Los milagros de Moiss tienen cuatro marcas peculiares a de autenticidad b que evidentemente demuestran su divino origen: 1) que fueron tangibles; c 2) que fueron pblicos, a presencia de millones de hombres, testigos oculares, y algunos continuaron por muchos aos, como el man, etctera; 3) que una gran parte de las leyes ceremoniales se fundaron en ellos; 4) que estos preceptos se instituyeron simultneamente con los milagros, y han continuado hasta hoy sin variacin. [Nota del autor.] a. Entre lneas. b. peculiares, tachado. c