Examen critico de las diversas teorias sobre la posesion:

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Title:
Examen critico de las diversas teorias sobre la posesion: Verdadero caracter de la posesion segun nuestro derecho
Physical Description:
26 p. ; 23 cm.
Language:
Spanish
Creator:
Jimenez de la Torre, Carlos
Publisher:
Imprenta de Ojeda
Place of Publication:
Habana, Cuba
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
Possession (Law) -- Cuba   ( lcsh )
Property -- Cuba   ( lcsh )
Real Property -- Cuba   ( lcsh )
Spatial Coverage:
Cuba

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Funding:
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Source Institution:
FIU: College of Law
Holding Location:
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System ID:
AA00004129:00001

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EXAMEN CRITIC
DE LAS
DIVERSAS TEORIAS
SOBRE LA POSESION
t* ^'


VERDADERO CHARACTER DE LA POSESION
SEGUN NUESTO DERECHO



Carlos Jimenez de la Torre.
t Doctor en Derecho Civil


I,.





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t HABANA
IMPRENTA DE OJEDA
O'Redll rnm r o
1917




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-












EXAMEN CRITIC
DE LAS

DIVERSAS TEORIAS
SOBRE LA POSESION


VERDADERO CHARACTER DE LA POSESION
SEGUN NUESTO DERECHO




Carlos Jimenez de la Torre
Doctor en Derecho Civil










HABANA
IMPRENTA DE OJEDA
O'Reill nim. ia
1911




i




















DE LAS DIVERSAS TEORIAS SOBRE LA POSESION


Verdadero caricter de la posesi6n seg6n nuestro derecho



Empecemos el studio profundo y dificil de esta fase del
dereeho, studio arido y admirable, tal vez el mis accidentado,
tanto, que en l6 los estudiosos de esta rama del saber, los ju-
risconsultos y los legisladores, agotando sus fuerzas intelectuales,
o han alcanzado grandes triunfos o han caido en los mis profun-
dos errors. Sin embargo, ninguna opinion ha satisfecho la ver-
dad que los hechos encierran, ninguna de sus doctrinas ha sido
capaz de expllicar todo el contenido juridico de esta institu-
ci6n singular. Los romanos la estudiaron y sobre ella legisla-
ron desde los .mis remotos tiempos de su Monarquia; el derecho
medioeval copi6 las leyes de aquellos maestros, y del derecho
medieval han entresacado los modernos los materials indis-
pensables conque hemos construido nuestras doctrinas poseso-
rias; pero los pricticos, que estudiaron en las fuentes romanas,
interpretaron err6neamente su sentido, y sus errors han sido
recogidos por los legisladores de estos tiempos.
Ihering y Savigny rifieron por la interpretaci6n de las fuen-
tes romanas y ninguno de ellos tuvo la gloria de descubrir la
verdad; fu6 un romanista italiano, RICCOBONO, el que explic6
el verdadero concept que de la posesi6n tuvieron los romanos.
Aquellos interesantisimos debates de Ihering y Savigny, en
los que esas dos cumbres del Derecho Moderno estaban en pugna
acerca de tan important cuesti6n, deben ser conocidos de todos
a quienes preocuipe el studio de esta instituci6n tan discutida
siempre.













La historic de la posesi6n en el Derecho de Roma, su evo-
luei6n al trav6s de los tiempos y el conceepto variado y nui.:-a
iguall que tuvieron los juristas de las distintas 6pocas sobre este
derecho y su esencia juridica, constituyen el studio mas inte-
resante que se puede hacer sobre esta material.
La posesi6n, en los primeros tiempos del Derecho Romano,
consistia en el poder material de tener una cosa bajo nuestro
dominio; era, pues, un poder fisico, (corpus), distinto en un
todo del poder spiritual del propietario, conocido con el
nombre de propiedad, (dominium, propietas). Posesi6n y pro-
piedad, eran, por tanto, dos cosas muy distintas, ya que la
propiedad constituia un dereeho, al paso que la posesi6n solo un
hecho (res facti). Sin embargo, estas primeras nociones acerea
del derecho de propiedad y acerca del de posesi6n, no eran ad-
mitidas por todos los pricticos que estudiaban en las Universi-
dades de la Edad Media las futnite, romanas. Lo que al.
gunos creian interpreter de la letra de los textos hallados
como la verdad hist6rica del concept romano de la pose-
si6n, no era admitido por algunos interpretes, y si los unos
aducian razones que parecian demostrar la evidencia de
sus asertos, los otros sacaban repetidos ejemplos de los mis-
mos textos romanos que demostraban de una manera clara y ter-
minante lo contrario. Pero los int6rpretes, en su inmensa
mayoria, adoptaron una opinion, opinion que fue seguida
y admitid'a como un dogma de fM por todos los C6digos de la
6poca medioeval, y por todos los C6digos de la 6poca modern.
sin que ninglin jurista protestara de la falsedad de aque:las
doctrinas err6neas y sin sentido, que pugnaban con los mis ele-
mentales principios de la raz6n.
Asi las cosas, Ihering y Savigny expusieron sus teorias
sobre la posesi6n romana y entablaron la celebre polmica q(ue
les ha dado renombre universal.
Seguin el primero, para que exista posesi6n en el Derec.ho
Romano basta que a la acci6n de coger una cosa vaya unida la
voluntad, la intenci6n, de cogerla para si. Corpus y animus eran
los dos finicos elements que integraban la posesi6n en aquel
Derecho, en el sentir de aquel gran jurista allemfn, sin que se
hiciera necesario ningun otro element en la formaci6n de este
dereeho importantisimo. Pero Savigny no era de esta opinion.
Para 6l, en el Derecho Romano la posesi6n estaba integrada por
tres elements que eran:-el animus, el corpus y el animus reiu
sibi habendi. Las dos doctrinas habian nacido, com6 vainos












viendo, dispuestas a cmbatirse, y la pol4mica se entablo sin
que sus partidarios pudieran ponerse de acuerdo acerca de la
verdadera doetrina que habia regido en Roma sobre esta im-
portantisima materia. Dos formulas sirvieron a los antago-
nistas para expresar sus ideas; y mientras Ihering decia que
la posesi6n era igual a A mAs C, Savigny se express diciendo
que era A mis C mis C'.
En cuanto a la diferencia que existi6 entire una posesi6n
juridica, legal y otra posesi6n natural, de heeho, tampoco esta-
ban de acuerdo los dos grades juristas, pues mientras Ihering
decia que la tenencia o posesi6n natural de las cosas se com-
ponia del animus y el corpus menos el element legal (A mis
C menos N), Savigny aseguraba que la tenencia s6lo constaba
de dos eilementos, el animus y el corpus (A mis C).
La discusi6n fu6 muy animada y mientras que los unos
sacaban de las fuentes romanas ejemplos indubitables que re-
futaban la doctrine contraria, los partidarios de 6sta saeaban
tamibi6n, de las mismas fuentes, otros ejemplos que rechazaban
la primera.
SNo poseia en Roma el duefio ide un dep6sito de vinos en-
clavado en la cumbre de los Alpes y al que no podia Ilegar du-
rante la estaci6n de las nieves... ? Si, poseia, ya que asi lo
atestiguaban various fragments de distintos jurisconsultos ro-
manos; no obstante, ese sujeto no tenia el corpus que las dos
formulas de Ihering y Savigny median. En este ejemplo el-
sico el duefio del dep6sito de vinos s61o tenia la intenci6n de
poseer, s6lo tenia el animus, es decir, uno solo de los elements
integrantes de las formulas propuestas, y a pesar de ello, poseia.
SNo se poseian los terrenos que en los cementerios tenian
las families romanas y sobre los cuales levantaban sus panteo-
nes familiares... Si, las families romanas poseian esos te-
rrenos, a pesar de que jams ponian un pi6 en ellos, a pesar de
que no tenian el corpus, sino tan s6lo el animus.
SNo poseia el duefio de un buque que navegaba por las
aguas del Tirreno mientras 61 estaba en Roma contemplanda
las funciones del Circo... ? Si poseia, a pesar de que no
tenia el corpus del buque, la aprehensi6n material de la cosa,
sino tan s6lo el animus de poseerla.
Todos estos ejemplos, sacados de las fuentes, demostraban
que en Roma se poseia sin necesidad de tener el corpus de las
cosas, sin que el duefio de ellas tuviera su aprehensi6n material.













Bastaba, pues, el animus, la intenci6n, para que el duefio de ina
cosa cuya aprehensi6n no tenia, la poseyera.
A pesar de lo expuesto, no estaba demostrado qlue la simple
intenci6n de poseer integraba la posesi6n en Roma, pues de las
mismas fuentes de donde proeeden los ejemplos anlteriores, fue-
ron saeados otros en que se demostraba la simple aprehensi6n
de las cosas; el simple corpus sin necesidad del animus consti-
tuia la posesi6n.
SNo poseia en Roma el'depositario de una cosa ajena... ?
El Derecho Romano no s6]o le reconocia esta posesi6n, sino que
le daba un interdicto para defenderla del ataque de los tereeros.
~No poseia tambien aquel que se eneontraba algo en las
ealles de Roma, mientras no aparecia su legitimo dueio. .?
jNo poseia el eapitin del buque en que iban merean:ias
destinadas a distintos comisionistas de Grecia y de Africa... ?
gNo tenian estos tres individuos un interdicto .para defen-
der la posesi6n de esas cosas, que no eran suyas contra los iuie
osaran ataearla... ?
Y sin embargo, itenian ellos el animus de poseerlas para si
como reclama una de las formulas propuestas... ?
En estos tres ejemplos, saeados de las fuentes romanas,
hemos visto que habia casos en los que el corpus solamente, sin
necesidad del animus, hacia la posesi6n.
Si esos eran los hedhos que ocurrian en Roma. si esa era
la prfctica juridica en aquel Deredho, si las fuentes estfn con-
testes en afirmar que existian casos en los que s6lo era necesario
el corpus, si habia ejemplos que reehazaban la doctriua de Ihe-
ring, y ejemplos que rechazaban- la doctrine de Savigny, era
precise confesar que aun no se habia descubierto la verdadera
doctrine romana de la posesi6n.
La division que estaiblecieron los int6rpretes en posesi6n
juridica y posesi6n natural, estaba desacreditada desde el mo-
mento en que habia casos que no se ajustaban a ella, y las
legislaeiones que la admitieron, aceptaron, sin sospecharlo si-
quiera, un error.
Los C6digos medioevales que se levantarou de las ruinas
del Derecho Romano, y entire ellos, principalmente, las Partidas
del Rey Alfonso el Sabio, siguieron en su error a los iutrnpre-
tes, y nuestra legislaci6n vigente, al copiar a las Partidas, le
ha reproducido.













Nadie, por tanto, habia podido resolver el problema, y sin
embargo, los C6digos modernos se envanecian con la creencia
de haber descubierto la verdadera doctrine posesoria cuan-
do aseguraban que existian dos classes de iposesi6n, la natural y
la juridica.
Un jurista italiano modern, de fama reconocida y de re-
conocida competentia en asuntos de Dereoho Romano, public~
en pasados afios un libro sobre la posesi6n, en el cual, des-
pubs de demostrar el error de Ihering y de Savigny, y la
equivocaci6n de los pricticos, exponia su doctrine, una doc-
trina nueva, una doctrine al parecer extrafia y que, sin em-
bargo, es la inica que estA de acuerdo con los ejemplos que se
conservan en las fuentes.
Riocobono, el eminente jurista italiano, ha demostrado que
ni Ihering ni Savigny, ni ninguno de los que se han ocupado
hasta ahora del magno problema, habian dado con la verdadera
soluci6n. Ninguno de ellos habia dioho la verdad toda enter,
pues si Ihering tenia raz6n al asegurar que algunas veces la
posesi6n en Roma habia sido integrada por el animus y el cor-
pus, Savigny tambi6n la tenia cuando aseguraba que a veces
el animus y el corpus s6lo formaba la tenencia o posesi6n na-
tural.
Faltaba la doctriria que entresacara de los principios ex-
puestos lo que habia en ellos de verdad, y esta doctrine fu6 el
resultado de la paciente investigaci6n y el improbo trabajo de
Riccobono.
Riccobono dice: en Roma no hubo mts que una posesi6n,
que fu6 la posesi6n legal, la posesi6n civil, la posesi6n estable-
cida por el Derecho en las Tablas Decenvirales, asi como no
hubo mAs que una propiedad, la propiedad legal, Ja quiritaria,
la que el Derecho estableci6 en las Doee Tablas como inica,
legitima propiedad.
Pero los tienwpos avanzaron, cambiaron las costumbres,
Roma se hizo dueiia de la Italia; el comercio aument6; con 61
las relaeiones mercantiles aumentaron y se extendieron... y
un buen dia se present ante el Pretor un ciudadano romano
diciendo que 61 tenia en los Alpes un gran dep6sito de vinos
y que las nieves no le permitian pasar para defender su po-
sesi6n. Y el Pretor se vi6 en la necesidad de reconocer que
aquel ciudadano poseia, aunque no tenia la aprehensi6n, el cor-
pus, que la ley romana le exigia.


~I___~~__~ __













Y a este ejemplo siguieron otros y otros, y el Pretor se
encontr6 conque la Ley romana escrita no bastaba a las ne-
cesidades del desarrollo mercantil a que se habia ilegado y
entonces, frente a Ia posesi6n legal, escrita, de las leyes de
Roma, naci6 otra posesi6n, la posesi6n pretoria, que no habia
sido ]a obra de ningin legislator, sino la obra del tiempo, la
obra de la lenta, de la necesaria evoluci6n del Dereeho.
Lo mismo oeurri6 con ]a propiedad. Las leyes que los de-
eenviros trajeron de la Grecia o fabricaron en Roma, inspirados
en las doetrinas de Licurgo. no establecieron mas que una pro-
piedad: la propiedad civil, la propiedad legal, la propiedad
ouiritaria; pero luego, los tiempos hicieron necesaria otra legis-
laci6n, y no la habia, y el Pretor se encontr6 con un caso, con
various casos, con muohos casos, en que era insuficiente la ley es-
erita, y entonces, frente a la propiedad civil, frente a la pro-
piedad de las leyes de Roma, naci6 la propiedad pretoria, que
no fu6 la obra de ning-in legislator, sino la obra de la lenta,
de la necesaria evoluci6n del Dereeho.
Esa es la historic de la posesi6n romana, esa es la historic
de la propiedad romana tambi6n, como fu6 esa la historic de
todas las institueiones del Dereeho Romano: primero un texto
escrito, unas leyes copiadas de las leyes griegas, luego, un ma-
gistrado, un Pretor, que interpretaba a su manera, y segin las
necesidades del moment el mandato de la ley.
Como hemos visto, la doctrine de Riccobono ha venido a
esclarecer una cuesti6n que hasta ahora habia permanecido en
las tinieblas, a dar resoluci6n a un problema que parecia irre-
soluble, a demostrar' de una manera indiseutible que las doctri-
nas expuestas antes que el, son falsas.
La revoluci6n que Riccobono ha provocado en el Derecho
Modern con su nueva doctrine sobre la verdadera posesi6n
roman ya empieza a dar sus frutos, pues el C6digo Japon6s.
promulgado recientemente, se inspira en las ideas del eminente
jurista italiano, y las distintas escuelas de Derecho que al pre-
sente existen en Europa han admitido como una verdad indis-
cutible que en Roma no existi6 mfas que una posesi6n, la pose-
si6n civil, y que la otra posesi6n, la posesi6n natural o tenencia,
que la llamaban Ihering y Savigny, no fu6 mAs que la obra del
tiempo, la obra continuada de una modificaci6n que las necesi-
dades sociales impusieron a la posesi6n civil.













Y es que el Derecho, como todo, varla, eambia, se transfor-
ina y evoluciona. Para aquellos que ven en el Dereoho una
ciencia petrificada, sin variantes y sin evoluciones, para aque-
llos que ven en el Dereeho un mode natural siempre eterno e
inmutable en que se vacian laI instituciones de una 6poca y
las instituciones de la otra, pareeerh un error la doctrine sin-
gular de Riocobono. Creerin que la evoluci6n sefialada por el
gran jurista en todas las instituciones del Derecho Romano no
ha podido existir, porque para ellos el Deredho no es la obra
de la Naturaleza, y como todo en la Naturaleza, sujeto a una
continue y admirable renovaci6n.
Pero la doetrina de Riccobono, sin embargo, es la doctrine
que existi6 en el Dereeho de Roma y la finica que esti de acuer-
do con los ejemplos de posesi6n que en las fuentes romanas se
conservan.
Cuando la doctrina de los int6rpretes se discuti6, y cuando
una vez aprobada por la unanimidad de los legisladores me-
dioevales pas6 a informar las legislaciones posesorias de esa
,ipoca, a ningin espiritu choc6 aquel concept material, aquel
concept grosero y primitive que se le di6 a la posesi6n y asi
se consign en los C6digos la doctrina que los pricticos habian
fabrieado artificialmente sobre unas bases falsas.
El error estaba sancionado ya, y las Partidas definian la
posesi6n diciendo que "tanto quier dezir posesio en latin como
en romance ponimiento de pies sobre la cosa..."
Vase como se definia la posesi6n por uno solo de sus ele-
mentos, por una sola de sus fases, en uno solo de sus momen-
tos: el corpus.
Y es que la posesi6n tuvo sus fases, sus moments, en el
Dereoho Romano; primero fu6 una posesi6n grosera, material,
la posesi6n que no podia existir sin el corpus, sin la aprehension
de la cosa; luego fue una posesi6n en que no se hacia indispen-
sable la aprehensi6n para que existiera; por iiltimo, fu6 una
posesi6n en que ya no existia el element material, en que el
element spiritual era todo, en que la posesi6n equivalia a la
intenei6n de poseer.
Fueron las mismas tres fases porque atravesaron todas las
instituciones romanas: al comenzar, un groserismo, una rudeza
sin limits, efectos necesarios de la rudeza y del groserismo de
los primeros tiempos; despu6s, la evoluci6n en el sentido mis
spiritual, como resultado 'de las nuevas eostumbres que los













griegos habian trasplantado; por filtimo, un concept espiri-
tual muy acentuado y la eliminaci6n complete del element
material.
Nuestra legislaci6n, por tanto, ha consagrado tambien en
el error de la legislaci6n de Partidas, el error de los pricticos,
y merece, desde este punto de vista, una escrupulosa revision.
El Derecho Moderno tiene un concept de la posesi6n muy
variable, un concept que varia segin las circunstancias y las
necesidades y los casos, concept que es el finico capaz de de-
finir lo que es y lo que debe ser la posesi6n para el Derecho.
Asi es como la definen los juristas modernos: es el derecho
de usar las cosas que nos pertenecen conforme a la manera
como ellas deben ser usadas. Se poseen, pues, los terrenos de
un cementerio como los terrenos ,de una finea de labor aunque
no tengamos el corpus, la aprehensi6n material de los mismos,
aunque no exista el ponimiento de pies sobre las cosas ,que las
Partidas creian indispensables; se poseen las cosas que nos son
dadas en dep6sito, las cosas que nos han sido dadas en como-
dato, aunque no tiigaiii:s la intenci6n de poseerlas para noso-
tros, aunque no exista el animus que Ihering y Savigny creian
necesario.
El modern concept de la posesi6n es pues, mis amplio
que el antiguo concept y en e1 quedan comprendidos todos los
casos que prActicamente pueden ocurrir. Las cosas, pues, se
poseen, cuando ellas se usan conform a la manera como deben
ser usadas: por eso es que poseen los dueiios de las mereade-
rias que se embarcan en un buque para tierras lejanas, por eso
es, pues, que poseen los duefios de las palomas que vuelan a
diario por encima de nuestras azoteas, por eso es; pues, que
poseen los duefios de los sombreros y bastones, a pesar de ha-
berlos dejado en la puerta al entrar en el baile, porque todos
estos poseedores usan sus cosas en la forma en que ellas deben
ser usadas, ya que las mercancias no tienen otro lugar mis a
prop6sito para viajar, que el buque, y las palomas no tienen
otra manera de vivir sino volando.
Si en tales casos viniera alguien y quisiera posesionarse
de esas mercancias o de ese sombrero o de esas palomas, el
Dereeho no permitiria semejante despojo, desde el moment
que esas no son cosas abandonadas, sino poseidas como ellas
deben poseerse.












Es la naturaleza de las cosas la que haee que unas se iposean
de una manera y otras se posean de manera diferente: un
anillo de oro se posee si se tiene en la gaveta .de un escaparate,
pero no si se pone junto a la verja del jardin; una colmena se
pusee aunque sus abejas hagan viajes larguisimos a travks de
los bosques; un palomar se posee tambien, aunque sus palomas
estin volando continuamente por eneima de la poblaci6n.
Asi es como entiende el Dereoho Moderno el concept de la
posesi6n y asi es como debe ser entendido de acuerdo con la
naturaleza de las cosas.
La posesi6n no es un dereeho como lo son, por ejemplo, la
propiedad, el usufructo, no; ella es un mero heeho, un heeho
natural, que el Derecho protege como medio de proteger el
dereeho que detrAs tiene oculto.
El Dereeho protege la posesi6n cuando ella es una manera
de ser de la propiedad o ha de Ilevarnos a la propiedad de al-
guna cosa; pero mientras la posesi6n no se dirija a la propie-
dad, mientras no sea su fin el conducirnos a la adquisici6n de
un dereeho, ella no sera protegida por las leyes. Por eso es que
no iposeen los ladrones las cosas que se roban, ya que ese titulo
de adquisici6n no les puede dar la propiedad, asi camo tampoco
poseen los que usurpan inmuebles ajenos mientras la prescrip-
ci6n transeurrida no los declara suyos.
Savigny fu6 quien express de manera admirable la doc-
trina de la posesi6n y su carActer de hecho protegido por el
Dereeho, cuando la comparaba con la propiedad, y decia que la
propiedad era un fuerte y la posesi6n una avanzada desde los
cuales podian defenders los propietarios.
Mientras nos atacan, decia 61, con armas de pequefio cali-
bre, hacemos uso de la trindhera, que es la posesi6n, y desde ella
nos defendemos con nuestra situaci6n de hecho. Nada tenemos
que alegar nosotros ouando se nos ataca en nuestra posesi6n,
sino que las cosas que nosotros poseemos las poseemos porque
las tenemos en nuestras manos, y mientras no haya otro titulo
mejor que 6ste, 6ste sera el mejor. Y es que lo general, lo co-
mfin, lo mas l6gico es que las cosas se posean por quien es su
duefio y que el duefio de una cosa sea quien tenga su posesi6n,
su uso. Lo contrario es precisamente lo normal, lo singular,
la excepci6n: que uno posea las cosas que no le pertenecen y
no posea las que le pertenecen en propiedad.













Por eso, cuando vemos a una persona ion au objeto en la
mano, presumimos que es suyo, porque es lo general que cada
cual tenga lo que le pertenece, y que los ladrones sean la rari-
sima excepci6n.
Una presunci6n, dirin a:gunos; si, pero una presunci6n
basada en el aeleulo de las probabilidades, una presunci6n ba-
sada en lo que ocurre diariamente en la vida, una presunci6n
que tiene como base la naturaleza misma de las cosas.
Claro estf que contra esa presunci6n cabe la prueba en
contrario; pero mientras esa prueba no sea concluyente, mien-
tras ella no sea verdadera y no deje lugar a dudas, la presun-
ci6n quedari en pie: mientras no exist un titulo mejor que
el heeho de la posesi6n, la posesi6n serA el mejor.
Es decir, que mientras no nos ataquen en el fuerte, la
pelea eontinuara en las trinolheras avanzadas, como decia Sa-
vigny, y desde ellas haremos nuestra defense hasta quemar el
filtimo cartucho; pero si somos vencidos en la trinchera, si la
posesi6n es vencida por otro titulo mejor, entonces s61o nos
queda como filtimo recurso refugiarnos en el fuerte y esperar
el ataque de los que ya se han atrindherado en la posesi6n.
Entonces entran en fuego las armas de gran alcance, las armas
largas, y aquel que se ha refugiado en la propiedad, en el
fuerte de esta batalla de deredhos, tendra que oponer a las
armas del vencedor en las trincheras armas mas poderosas que
las suyas, la posesi6n del vencedor tendra que ser veneida con
un titulo mejor, y el finico es la propiedad.
He ahi, con este simil admirable, comno explicaba Savigny
lo que es la posesi6n y lo que ella represent para el Derecho.
He ahi como un mero estado de heeho es defendido por las le-
yes para powder defender de esa manera el derecho que se
escuda tras 61.
Al defender ese estado de hecho, se protege el orden esta-
bleeido, se evitan los atentados de que puede ser objeto la pro-
piedad y se logra que no se produzean lo que Savigny ilamaba
"la guerra de la posesi6n", guerra en que A le quita su pose-
si6n a B, y a B se la quita C, y a C se la quita D redundando
todo esto en perjuicio del orden social estableeido.
Cuando alguno se crea con deredho a quitarle la. posesi6n
de una cosa a otro, no podra hacerlo por si ya que las leyes
nos prohiben que nos hagamos la justicia por nuestras manos,
sino que tendra que acudir a los Tribunales y probar ante ellos













que su derecho es mejor que el derechowdel otro, y que contra
la posesi6n de hecho que el otro tiene, 61 tiene un derecho su-
perior.
La posesi6n ha sido, pues, admitida en nuestro C6digo poe
una raz6n de necesidad social, que se experiment lo mismo
si trata de inmuebles que si se trata de muebles. Para la po-
sesi6n de los inmuebles el C6digo require tan slo que ellos sean
inscritos en el Registro de la Propiedad correspondiente, mien-
tras que, para los muebles, s6lo require el heeho de tenerlos
en nuestro poder, el estado de hecho posesorio.
Desde este punto de vista, es que tanto el Cidigo alemfi
como el nuestro, han insertado en sus articulos una disposici6n
segfn la cual, en material de muebles, la posesi6n equivale al
titulo.
La posesion, pues, en los muebles, es el titulo mismo, y en
los ininuebles es un heeho 'que conduce a este titulo durante
el transeurso -del tiempo, mediante la prescripci6n. Y aqui
viene una consecuencia de importancia extraordinaria: donde
quiera que la posesi6n no ha de llegar a ser propiedad por
medio de la prescripci6n, el Dereeho no la protege.
Asi el individuo que viene a dormir todos los dias a mi
finca y en un rinc6n de ella levanta su bohio para vivir, no
posee ese terreno aunque yo le permit ese estado de cosas du-
rante veinte afios, y el dia en que yo le invite a abandonarlo,
tendrA que marcharse sin que pueda alegarme la prescripci6n,
ya que el Derecho, como deciamos antes, s61o protege la pose-
si6n cuando ella se ha de convertir legalmente en propiedad.
Ese estado de hedho es tan respectable, su validez jridica es
tanta, que el Dereoho lo protege siempre que tras 61 ve asomarse
a la .propiedad y como su uinico interns es la defense de esta Al-
tima, para defeniderla es que defiende a aquel.
Ahora bien; no siempre la presunei6n legal brinda su pro-
tecci6n a ese estado de heeho, no siempre la posesi6n se ve am-
parada por la ley, sino tan s6lo cuando la buena fe, esa buena
fe que a veces convierte en derecho los errors, esti en su coin-
pafiia. La buena fe es la que hace, la que convierte la posesibn
de hedho en posesi6n de dereeho, es la que da vida al precepto
legal donde se consagra el principio de que la posesi6n de bue-
na fe en los muebles, equivale al titulo.
Esa buena fe, sin embargo, se presume, pues si ella tuviera
que probarse y al poseedor correspondiera esa prueba, vendria













abajo toda la doctrina.de la posesi6n, dado que los que poseen
de buena fe son los mis en la sociedad y los que poseen de
mala fM, los minos.
Nunca la ley presume la mala fe en los que poseen, como
tampoco se presume la ihlgitiiidad de los hijos, como no se
presume tampoco el estado de obligaci6n, al paso que el estado
de libertad, la legitianidad de los hijos y la buena fe de los que
poseen se presumen siempre.
Por tanto, si un tribunal me exigiera iIa; prueba de la
buena fe con que yo poseo una cosa, yo tendria el derecho de
negarme a semejante pretensi6n y el tribunal tendria que su-
poner la existencia de la buena fe en mi posesi6n mientras no
se probara lo contrario. Esta es una necesidad social que tiene
como causa la conservaci6n del orden pflblico existente.
Al que reclama, al que .dice que yo poseo de mala fe, al que
trata de renovar el estado de hecho existente, a ese es al que
corresponde probar la existencia de mi mala fe, contra el hecho
de mi posesi6n.
Si asi no fuera, si la buena fe no se presumiera en Dere-
eho, si el Dereeho no sancionara con sus preceptos la verdad
natural de que en la vida mas son los buenos que los malos,
eualquiera otra doctrine que viniera a sustituir a la doctrine
posesoria actual seria artificiosa y falsa,' porque el Dereeho es
la raz6n, y la raz6n tiene su base en la naturaleza de los heahos.
Queda, pues, demostrado, que la posesi6n es la defense mis
legitima de la propiedad, y es por eso por lo que nuestro C6digo
Civil vigente respeta y consagra la legitimidad juridica de un
heoho material.
Comenzando aibor; a coilinritar las disposiciones de la ley
sobre la posesi6n, diremos que, la defitii.i6n que de ella da nues-
tro C6digo en su articulo 430, es la misma que daban los prac-
ticos cuando estudiaban las fuentes del Derecho Romano y dis-
tinguian entire la Ilamada posesi6n civil y la posesi6n natural.
Posesi6n natural, dice el articulo 430, es la tenencia de una cosa
o el disfrute de un derecho por una persona, y posesi6n civil es
esa misma tenencia o disfrute unidos a la intenci6n dde hacer
la cosa o el dereoho suyos. De acuerdo cen esta definici6n,
rmuestro C6digo admit que la posesi6n lo mismo se puede re-
ferir a los derechos que a las cosas y lo mismo por la persona
que los tiene y los disfruta que por otra en su nombre. Ejem-
plo de ello es el caso del depositario que defiende la cosa de-













positada como si fuera su duefio, pue-, el Dereeho le da la po-
sesi6n de ella, no una posesi6n part si, sino una posesi6n en
nombre de otro.
Por tanto, la posesi6n, tanto ea los biene como en los dere-
ohos, puede tenerse en uno de d',s concepts: o en el de duefio
o en el de tenedor de la cosa o derecho poseidos, y en este fil-
timo case, mientras la posesi6i esta en manos de uno, la pro-
piedad, el dominio, esta en manos de aquel para quien el pri-
mero conserva la posesi6n.
Cuando hablamos de la posesi6n de mala fe y de la pose-
si6n de buena fe, dijimos que el C6digo siempre presumia la
buena fe en todas las aeecones de los hombres, y el urti.ulo 434
nos da la raz6n cuando 'lice que la buena fe se presume siem-
pre, y al que afirma la mala fe de un poseedor es a quien co-
rresponde la prueba de esa mala fe.
Repfitase poseedor de buena fe en Dereoho, a aquel que
ignora que en su titul o modo de adquirir existe un vicio que
lo invalid; y poseedor de mala fe al que no ignora la existencia
de ese vicio; per eso la posesi6n de buena fe deja de ser tal
desde el moment que se demuestra que el poseedor no ignora
que posee la cosa indebidamente.
La ley presume siempre que cuando la posesi6n se ha ad-
quirido por un titulo cualquiera y en concept de ese titulo,
se sigue disfrutando en este mismo concept mientras no exis-
ta una prueba en contrario.
De esta suerte, si yo adquiri la posesi6n de un dereeho en
concept de heredero, mientras una prueba en contrario no
destruya ese estado de lri.io que legitima la presunci6n, yo con-
servo la posesi6n.
En cuanto a las cosa. y dereohos que pueden ser objeto
de posesi6n, el C6digo no los enumera sino que se content con
decir: solo podrin ser objeto de posesi6n las cosas y derechos
que sean susceptible de apropiaci6n.
Lo primero que se nos ocurre al leer esta disposici6n que
el C6digo consigna en su articulo 437 es recorder su semejan-
za con la disposici6n preliminary que en el articulo 333 con-
signa. este mismo cuerpo de leyes al tratar de los bienes y de
su clasificaci6n,-cuando dice que todas las cosas que son o
pueden ser 'objeto de apropiaciones se consideran como bienes
muebles o inmuebles-.













Son cosas dignas de apropiaci6n para el Derecho, aque-
llas que tienen alguna representaci6n, algfin valor econ6mico
apreciable, aquellas cosas con las cuales no rezaba el adagio
latino: "de minimnan non curam Pretor..."
Una scrvidumbre, un usufructo, un censo, son derechos
dignos de apropiaci6n, y por ende, cosas que pueden ser ob-
jeto de la posesi6n, al igual que una finca rfitica o urbana.
Pero el aire que respiramos, una hoja caida de un Arbol,
esas cosas que en el comercio de los hombres apenas tienen un
valor apreciable, esas cosas, repito, no distraen la atenci6n del
Dereeho y no crey&ndolas susceptible de apropiaci6n no legis-
la sobre la posesi6n de las mismas.


ADQUISICION DE LA POSESION

Como quiera que ya hemos estudiado detenidamente la
naturaleza y el alcance del derecho de posesi6n, las cosas que
pueden ser objeto de 6l, y la diferencia esencialisima que exis-
te entire la po.esiii; de buena fe y la de mala fe, dedicaremos
ahora nuestra atenci6n al studio de las distintas maneras de
adquirir la posesi6n en nuestro Dereeho Civil vigente.
Entre nosotros la posesi6n puede adquirirse de tres ma-
neras diferentes: o por la ocupaci6n material de la cosa o el
dereoho, o por el heeho de quedar estos sujetos a nuestra ac-
ci6n y a nuestra voluntad, o por los actos propios y las for-
malidades legales establecidas para esta adquisici6n.
Del primer caso tenemnos un ejemplo en la moneda que
nos encontramos en la calle y que al recojerla, ocupamos; del
segundo caso tenemos un ejemplo en las mercaderias que em-
bareamos en un ferrocarril para el interior de la Isla y que
poseemos porque tal rs nuestra voluntad y del tercer caso te-
nemos un ejemplo en los inmuebles que poseemos y por el solo
hecho de haberlos inscrito en el Registro de la Propiedad con
todas las formalidades legales establecidas.
La posesi6n puede adquirirse bien por la misma persona
que va a disfrutarla, por su representante legal, por un man-
datario o por un tercero sin mandate alguno; sin embargo, en
este iltimo caso, que es el de la gesti6n de negocios, no se en-
tenderA adquirida la posesi6n hasta que la persona en cuyo
nombre se haya verificado este acto posesorio lo ratifique.













Cuando los bienes objeto de la posesi6n sean bienes here-
ditarios, la posesi6n se entendera trasmitida al heredero sin
interrupei6n alguna y desde el moment en que el causante
falleci6 en el caso de que la herencia llegne a adirse. Sin em-
bargo, el que vAlidamente repudia su derecho a una herencia
se entiende que nunca la ha poseido.
Oon esta disposici6n que el C6digo inserta en su articulo
440, el Derecho Moderno ha dado un paso de advance sobre el
Derecho Romano que no concebia en los primeros tiempos de
la Monarquia, esta trasmisi6i posesoria sin el element mate-
rial, sin la aprehensi6n de los bienes hereditarios. Nuestro
Derecho, un tanto mas spiritual que el Dereeho de Roma, ha
concebido la posibilidad de que esta trasmisi6n se efectfie sin
interrupci6n alguna, mediante la ficci6n legal de que el here-
dero tom6 posesi6n de la herencia al instant de failecer su
causahabiente.
Esta ficei6n de que el Dereeho se ha valido para lograr
sus intenciones viene a library al heredero de muohisimos peli-
gros, pe igros a que antes se veia expuesto y que en Roma
no desapareeieron sino cuando se acept6 esta fieci6n en tiem-
pos de los juriseonsultos.
El siguiente articulo 441 prdhibe que la posesi6n se ad-
quiera violentamente mientras exist un poseedor que se opon-
ga a ellk; y ordena que en ese caso el que se crea con derecho
o acci6n para privar a otro de la tenencia de una cosa, deberA
acudir a la autoridad competent, luego de haber intentado del
puseedor de la cosa o del deredho, su devoluci6n.
Era lo que decia Savigny sobre la Ilamada "guerra de
la posesi6n" y para evitar la cual pedia el respeto al estado
de heoho que representaba la posesi6n, el respeto al orden es-
tablecido, la intervenci6n de las autoridades judiciales en las
discordias suscitadas sobre este punto.
Si en lugar de entablar nuestras reelamaciones ante los
tribunales de justicia y someter a su deliberaci6n y a sus falls
nuestros pleitos sobre la posesi6n de una cosa, intentamos ha-
cernos la justicia por nuestra mano, solo lograremos provocar
un estado de inseguridad social mil veces peor que eialquier
error judicial, porque el mismo dereeho que yo alegu6 para
qtitarle la posesi6n a X, este lo alegara para quitarle la suya
a K, y entrariamos en el estado de guerra que Savigny va-
ticin6.












Para evitar eso, para salvar el orden social de esas per-
turbaciones tan temibles, es que nuestro C6digo ha establecido,
do acuerdo con la doctrine del ilustre maestro alemin, una
disposici6n tan plausible como la del articulo 441.
La posesi6n de buena fe de un causante beneficiary a sus
herederos, a 6stos se les presumirA poseedores mientras no se de-
muestre lo contrario; pero la mala fe del causante no se presumi-
rA en sus herederos, salvo que se demuestre de una manera evi-
dente su existencia. Por tanto, aquel que suceda por titulo
hereditario no sufrira las consecuencias de una posesi6n vi-
ciosa por parte de su causante, sino se demuestra que 61 cono-
eia la existencia de esos vicios; y los efectos de la posesi6n
de buena fe tan s61o le aprovechan desde el instant en que el
causante muere.
Asi como la posesi6n podia adquirirse por representaci6n, asi
los menores y los incafpacitados pueden poseer con la asisten-
cia de sus tutores respectivos de acuerdo con la disposici6n
del articulo 443.
El siguiente articulo dice que los actos meramente tole-
rados y los ejecutados clandestinamente y sin conocimiento
del poseedor de una cosa, o por medio de la violencia, ya sea
fisica, ya moral, no afeetan a la posesi6n porque el Derecho
no puede permitir que un acto ilicito se convierta en posesi6n
a espaldas de la ley.
Nosotros pusimos un ejemplo caracteristico de un acto me-
ramente tolerado en aqu6l individuo que venia todas las no-
ehes a dormir en un rinc6n de mi finca sin que yo lo quisiere
perturbar, y levant un bohio, y se estableci6 por mas de vein-
te afios en aquel punto y se cre6 una familiar y labr6 las tierras
de los alrededores: este infeliz, a pesar de todos estos requisi-
tos no ha adquirido la posesi6n de esas tierras, porque ese es
un hecho de pura tolerancia y la ley no puede permitir que
1 Ilo aproveche para perjudicarme.
Tampoco se adquiere la posesi6n de los inmuebles si ellos
no han sido inscritos en el Registro correspondiente al efecto
de adquirir esa posesi6n, ya que el C6digo prohibe la adquisi-
ei6n que 61 llama clandestine, asi como tampoco admite la po-
sesi6n adquirida violentaimente, como es la que el ladr6n ad-
quiere al robarle a su viotima.
Segfin el articulo 445, la posesi6n es generalmente perso-
nal, individual, si bien es admnitida la posesi6n de una heren-
cia por todos sus herederos proindiviso, considerindose esta













pro-indivisi6n, como una personalidad juridica; pero fuera de
esos casos de indivisi6n, la posesi6n como heoho, no puede re-
conocerse en dos personalidades distintas.
De acuerdo con este principio general, cuando surgiere una
contienda sobre el hecho de la posesi6n, serA preferido, prime-
ra, el poseedor actual al tiempo de suscitarse la contienda; si
fueren dos los poseedores, el mas antiguo de ambos; si fueren
exactamente iguales las feehas de ambas posesiones, se dara
la posesi6n al que present titulo; y si todas estas cosas fue-
ren iguales, la cosa se depositary y la posesi6n se le dara a
aquel que pruebe de alguna manera evidence que 61 es el ver-
dadero poseedor.

EFECTOS DE LA POSESION

Los antiguos juristas, y sobre todo los romanos,, conside-
raban que existian unos 70 efectos de la posesi6n en el De-
recho; efectos que el gran maestro Savigny redujo a dos, el
interdicto y la prescripci6n, y que Ihering, haciendo una ad-
mirable generalizaei6n, redujo a uno: el interdieto.
Pues bien; este gran jurista negaba que la prescripci6n
fuera uno de los efectos de la posesi6n, ya que la prescripei6on
no es mAs que un compuesto de la posesi6n y del tiempo, sus
dos elements caracteristicos y esenciales de formati6in.
El interdicto, es pues, el fnico efecto de la posesi6n en
nuestro Dereeho Moderno, y de acuerdo con la Doctrina actual
es que nuestro C6digo ha declarado en su articulo 446 que todo
poseedor tiene derecho a ser respetado en su posesi6n y que
si fuere inquietado en ella, a los tribunales de justicia corres-
ponde ampararlo o restituirlo en ella, por los medios que las le-
yes procesales establecen. He ahi el interdicto en sus dos for-
mas romanas de retinendi y de recuperandi.
Cuando un poseedor, con raz6n o sin"ella, se ve perturbado
en su posesi6n, la ley ordena que 61 sea mantenido en la misma,
mientras no se pruebe que su posesi6n es illegal, ya que el es-
tado de heeho de toda posesi6n tiene su sanii6n juridica que
no se puede desconocer.
Prohibidas como estan la violencia, la elandestinidad y
otras maneras de adquirir la posesi6n, solo queda una manera
legal de adquirir este dereeho, y 6sta, segfin el articulo 447,













consiste en adquirir la posesi6n y disfrutar de ella, en el con-
cepto de duefio. Con este inico titulo es que se puede llegar
a la adquisici6n de la posesi6n en nuestro Derecho vigente.
Este poseedor tiene a su favor la presunci6n legal de que
posee con just titulo, y no se le puede obligar a que lo exhiba,
ventaja inmensa de que no disfrutan los demAs poseedores y
que la ley concede a 6ste como una media de orden pdblico
social.
Se presume en aquel que posee una cosa raiz, como una
finca o una casa, posee los muebles y los objetos que se fallen
dentro de ella, mientras no se acredite debidamente' que deben
ser exeluidos. Asi, el que compra un estableeimiento fabril o
industrial, se entiende que lo compra con todos los accesorios
necesarios para la industrial, y contra sea presunci6n s6lo eabe
la prueba en contrario.
Cuando una cosa se posea en comin por various copropie-
-tarios, se entendera que cada uno de los participes ha Iposeido
exclusivamene la parte que al dividirse la cosa le correspon-
diere. Tambi6n se entendera que dicha posesi6n dur6 todo el
tiempo en que la cosa poseida permaneci6 indivisa, y que la
interrupci6n de la posesi6n del todo o part de una cosa po-
seida en comfin, perjudicara a todos por igual.
He aqui uno de los mis serious obsticulos que el C6digo
pone en el camino de la comunidad con la sana intenci6n de
que esta se disuelva; he aqui una de las unAs poderosas armas
de combat con que cuenta nuestra legislaci6n para obligar a
los comuneros a una separaci6n radical. Quizas nos parezca
inicuo que la ley establezca esa presunci6n tan violent por la
cual se establece la interrurpci6n de toda la rposesi6n cuando se
interrumpe la posesi6n de una sola de las parties de la cosa
comunal; pero si tenemos en cuenta la naturaleza de la comu-
nidad de bienes y las disposiciones legales que la regulan, com-
prenderemos gue esta presunci6n no es sino un obstAculo mis
que a esta instituci6n le pone el C6digo para lograr su anula-
ci6n complete.
Se ocupa ahora el texto de la ley de ciertas disposiciones
acerca de los gastos que soportan y los frutos que pereiben, tan-
to el poseedor de buena fe como el de mala fe, y a este res-
pecto estalblece como principio de que la buena fe s61o obliga
al que la tuvo a ciertos gastos de carafter necesario, al paso
que obliga al poseedor de mala fe a todos los gastos hechos
en la cosa. En cuanto a los frutos, este principio declara del












poseedor de buena fe todos aquellos frutos que hubiere perci-
bido durante el tiempo de la posesi6n, mientras que solo da al
posedor de mala fe los frutos que hubiere consumido en este
tiempo.
Confirmando nuestra anterior doctrine, dice el articulo
451 que el poseedor de buena fe hace suyos los frutos percibi-
dos mientras no sea interrumpida legalmente la posesi6n, en-
tendindose por frutos percibidos, aquellos que se alzan o se-
paran, ya sean industrials o naturales.
En cuanto a los frutos civiles, como son las rentas, los al-
quileres, &, se entenderin producidos dia por dia, y pertene-
cerfn al poseedor de buena fe en esa proporci6n. Por tanto, si
la posesi6n de buena fe dur6 eien dias, las rentas o los alqui-
leres que en esos cien dias hubiere ganado la cosa poseida, se-
rAn los que les pertenezean al poseedor, y los restantes pertene-
cerAn al propietario de la misma.
Si al moment de cesar la buena fe por parte del poseedor;
aun quedaren pendientes algunos frutos naturales o industria-
les, el poseedor tendra derecho a llevArselos o a pedir, en el
caso de que el duefio de la cosa se quisiera quedar con ellos,
el imported de los gastos hechos rpara su producci6n. Si la co-
secha aun no hubiere sido recojida, el nuevo poseedor tendri
el deber de permitir al otro que la recoja, o pagarle una indem-
nizaci6n por los gastos de cultivo si se queda con ella; pero si
el poseedor de buena fe no quisiera aceptar esta concesi6n per-
dera el dereeho a ser indemnizado de otro anodo. Un princi-
pio de derecho muy conocido inform la doctrina en este pun-
to, y ese principio es aquel ,por el cual "nadie se puede enri-
quecer vAlidamente a costa de otro", ya que lo just es que
cada cual gane lo suyo con el sudor de su frente, pues el De-
recho, que es una ciencia que adora la conmutaci6n, no gusta
much de las liberalidades en ninguna forma.
Dejando a un lado la doctrine de los frutos, trataremos
ahora de la doctrine de los gastos hechos en la cosa poseida
durante el tiempo de su posesi6n. Dice el articulo 453 que los
gastos pueden ser necesarios, fitiles y de puro lujo o recreo. Los
gastos necesarios, y este es un principio de carActer general, se
albonan siempre a todo poseedor, ya sea poseedor de buena o
de mala fe. Los gastos tiles solo se abonan al poseedor de
buena fe, no teniendo ese deredho el poseedor de mala fe, per
una express prohibici6n de la ley. Tanto en el caso de los













gastos necesarios como en el de los gastas fitiles, el poseedor
de buena fe tiene dereoho a que le sean abonados inmediata-
mente o de lo contrario, podri retener la cosa poseida, mien-
tras dichos gastos no se le abonen; pero el poseedor de mala
fe no tiene este dereoho de garantia que tiene el de buena fe,
y si 61 retiene la cosa contra la voluntad de su duefio, compete
un delito de estafa.
En cuanto a los gastos de puro lujo o recreo, la doctrine
se decide por no aborirselos ni al poseedor de buena fe ni al
de mala fe, y solo les concede, lo mismo al uno que al otro.
un derecho:. llevarse los adornos con que hubiese embellecido
la cosa principal si esta no sufriere dafios con esa separaci6n
o si el sueesor en la posesi6n no prefiere abonar los gastos he-
ehos quedindose con dichos adornos.
Pero aunque el derecho es el mismo para ambos poseedores,
aunque la doctrona ha querido equipararlos en este punto, a
poco que nos fijemos en el sentido de las disposiciones de nues-
tro C6digo sobre'esta material, disposiciones que estan conteni-
das en los articulos 454 y 455, veremos que el poseedor de mala
fe result beneficiado en ciertos cases, al paso que el poseedor
de buena fe perjudicado en otros.
En efecto; nuestro C6digo manda en una de sus disposi-
ciones que al poseedor de buena fe le permitan llevarse los
adornos de puro lujo que agreg6 a la cosa poseida y que de lo
contrario, el poseedor entrance le abone lo que esos adornos le
"thubieren costado" cuando fueron comiprados; mientras que
al poseedor de mala fe le abonarin el valor que tengan en el
moment de entrar en la posesi6n. Y las intenciones del C6-
digo se frustran en cualquiera de los dos casos, como veremos
al examiner los ejemplos siguientes:
Supongamos que un poseedor de buena fe hubiere colocado
alrededor del jardin de la casa poseida una soberibia verja de
bronce construida de prop6sito, por un artifice notable, y que
algunos afios mfs tarde el duefio de esa casa aparece, y se de-
cide a quedarse con las mejoras hechas en ella pagando lo que
ellas costaron al hacerse. Esa obra de arte realizada en la
verja del jardin ha aumentado de valor con el transeurso del
tiempo, y el poseedor de buena fe, a pesar de toda su buena
fe empleada al lposeer tender& que conformarse con dar por el
precio que cost su construcci6n una obra que hoy vale mu-
oho mas.













Pero supongamos que no es ya uu poseedor de buena fe
el que mand6 construir esa verja a un artifice notable, sino
que es un poseedor de anala fe. A este manda el C6digo que
se le abone el valor de lo que euesta la obra realizada, al tiem-
po de cesar en la posesi6n, es decir, que a 61. a pesar de su
mala fe, se le conceden los beneficios que al poseedor de buena
fe no se le quisieron coiceder.
He ahi por que nosotros deciamos que la intenci6n del
C6digo se habia frustrado, ya que nosotros no creemos que su
intenci6n haya sido amparar al poseedor de mala fe mientras
desamparaba al de buena fe.
Sin embargo, este error del C6digo que acabamos de ana-
lizar no me parece subsanable sino en la practice judicial y
siempre que el buen'criterio de los jueces quiera, porque esto
es un error de los llanados necesarios, un error que el C6digo
compete a sabiendas y no por equivocaei6n.
Para aquellos que sepau lo dificil que es legislar, y sabre
todo, legislar sabre la posesi6n, no serf causa de asombro esta
aetitud que assume el C6digo frente a una situaci6n tan deli-
cada, tan sumamnente delicada como esta. Aqui la ley tropieza
con dos males irreductibles, necesarios, dos males de los cuales
tiene que escojer uno, y de los cuales siempre escoje el menor.
Este es un caso en que una soluci6n her6ica se impone, en que
el Dereeho necesita del bisturi que corte, que segregue, que am-
pute, y en que tomando heroicamente, una soluci6n desespe-
rada, amputa.
Si es cierto, como hemos visto en los ejeamplos estudiados.
que la intenci6n del C6digo se frustra a veces, esto no ocurre
siempre, ni aun en la mayoria de los easos, ponque lo general
es que las cosas no aunmenten su valor en el transcurso del
tiempo sino que lo pierdan, y en la mayoria de los casos, en
esta inmnensa mayoria, repito, la doctrine que la ley defiende,
tiene aplicaci6n.
Otro problema parecido al que acabamos de estudiar, se
nos present en la doctrine vigente sobre los gastos fitiles y
el pago de los mismos por el propietario de la cosa al poseedor
saliente. El segundo pirrafo del 'articulo 453 nos dice que
los gastos tiles se abonarfn al poseedor de buena fe, siempre,
y que este tiene el derecho de retener la cosa poseida mientras
el pago de ellos no se haga efectivo.













PPor que el C6digo, que se precia de justiciero obliga a
ese propietario al pago de unos gastos que no eran necesarios,
que no eran imprescindibles, que solo iban encaminados a ha-
cer *mas productivea la cosa para el poseedor que la explotaba,
y cuando quizas 41 no los hubiera hecho por no permitirselo
su situaci6n economica...? l Es justo, es l6gico siquiera, que
la ley obligue a ese propietario a pagar unos gastos que l1
no pens6 hacer, que quizas no hubiera realizado.. 1
La injusticia de tal disposicibn salta a la vista; pero si es
injusto este proceder, seria just el proceder de la ley si or-
denara que esos gastos se perdieran para el poseedor de buena
fe, y que el duefio de la cosa se enriqueciera indebidamente a
su costa... ?
He ahi un conflict de derechos, al. parecer irresoluble;
he ahi una de esas situ.aciones delicadisiinas en que el C6digo
se ve en la necesidad de hacer amputaciones dolorosas, sacrifi-
cando un dereoho, al otro derecho, escojiendo de dos males ne-
cesarios, el menor.
Por eso la soluci6n que da en sus disposiciones es una so-
luci6n de las que nosotros Ilamamos her6icas, porque en el fon-
do de ellas existe siempre un sacrificio.
La responsabilidad del poseedor de buena fe solo existed
cuando ha procedido con dolo y ,por su dolo es que la cosa se
ha deteriorado o se ha perdido; pero el poseedor de mala fe
responded del dolo, de la culpa y hasta del caso fortuito, cuando
este filtimo hubiera ocurrido por haber retrasado la entrega de
la cosa maliciosamente.
Es esta la misma doctrine que existia en Roma, sobre la po-
sesi6n y las responsabilidades del poseedor, segin fuera de mala
fe o de buena fe, doctrine que ha llegado hasta los C6digos mo-
dernos sin ninguna alteraci6n.
El poseedor actual, dice el articulo 459, que demuestre su
posesi6n en tiempos anteriores, se presumira que ha poseido
tambi6n durante el tiempo intermedio, salvo prueba en contra-
rio, presunei6n que nos harA recorder aquella otra, segin ,la
cual, la buena fe siempre se presume en la posesi6n y al que
la niega es al que correspond la prueba.
Es lo que nosotros llamamos una media de orden pfibli-
co civil dictada para la conservaci6n y el respeto del orden
social existente.




-Yq


PERDIDA DE LA POSESION

Se pierde la posesi6n en nuestro Derecho Civil por cua-
tro causes prineipales, que son: el abandon de la cosa, la ce-
si6n heoha a otro por titulo oneroso o gratuito, la destrucci6n
o perdida total de la cosa o su salida del comercio de los hom-
bres y la posesi6n de otro, aun contra la voluntad de su due-
nio, por anas de un afio y dia.
La posesi6n de los bienes inmuebles y los derechos reales
no se entiende p6rdida por prescripei6n si no ha exisrtido una
inseripti6n previa en el Registro de la Propiedad por parte
del que prescribe o intent prescribir.
En cuanto a las oosas muebles, su posesi6n no se pierde
mientras dichas cosas se hallen 'bajo el powder de su duefio,
aunque este no sepa done se eneuentran accidentalmiente.
Segein el articulo 463 la posesi6n de una cosa puede per-
tenecer por separado a un individuo y perteneeer a otro la
propieda-d; pero los aetos realizadios por el primero no perju-
dicaran al segundo a menos que este los hubiere consentido ex-
presamente, o expresamente los ratifique despu&s.
El subsiguiente articulo -64, contiene uu principio gene-
ral en material de posesi6n de muebles, segin el eual, la po-
sesion de buena fe en los muebles, equivale al titulo; y ademis
un corolario a este principio, que se refiere a los dos interdic-
tos que para retener y recuperar la posesi6n concede el Derecho
al poseedor y que en tiempos de Roma se conocieron con los
nombres de ''interdieto retinendi posesionem" e "interdieto
recuperandi posesionem".
Dice la segunda part de esa disposici6n contenida en el
articulo 464, que aquel que hubiese perdido una cosa mueble
o hubiese sido privado ilegalmente de ella, podra, sin embargo
reivindicarla de quien la posea.
Pero como quiera que ese poseedor de la cosa mueble per-
dida pudo haberla adquirido por compra a otro individuo, en
ese caso la ley ordena que a la restituci6n se siga el ieembolso
del precio ,dado por ella.
Lo mismo se entenderi con aquellas cosas que hayan sido
empeiiadas en los Montes de Piedad establecidos con autoriza-
ci6n del Gobierno, de los .cuales no se podra reivindicar nin-
guna *cosa mueble sin reintegrar antes al establecimiento su
valor.













La posesi6n Ide los animals fieros dura lo que duren ellos
en poder de sus poseedores, y la de los domestkiados o aman-
sados, lo que les. ure el hibito de ir y volver a la casa del
poseedor.
Termina nuestro C6digo sus disposiciones sobre la pose-
si6n con una presuneion. que. como today las lqiie estal)leie
en esta material, es uua media de orden p6blico civil. De
aeuerdo con esa presunrci'n, aquel que reeiipera la posesion
indebidamente perdida, se entiende que la ha disfrutado sin
ninguna interrupcion, para t(Kdo aquello que le beneficie.
Y es 16gico que asi se exprese nuestro C<'digo, porque de
lo contrario, su doctrina priesoria, esa doc-trina eu que tauto
se defienden las situaciones de eehlio crea-das por la posesiun de
las cosas, no teudria aplicaii6n. Sin estas presuicionesi la po-
sesiou no podria existir, y al no existir la poesiui, la propie-
dad se veria gravemente comprometida. y con la propiedad el
onden pf6blico social. Por eso se presume la buena fe en los
que poseen, por eso es que al que posee se le presume propie-
tario de la cosa poseida, por eso es que al que reclbpera la po-
sesion perdida se le presume que jamis la ha perdido; por
que lo general es que los que poseen posean de buena fe.
porque lo general es que los que posean sean duefios de lo- co
sas ,poseidas. porlue estas son presunciones que tienen cimo
base la naturaleza misma de las cosas.
Por eso es que nuestro C6digo ha mnstrado tan singular
esmero en legislar la posesi6n, defendiendo eon toda-. sus ar-
mas y reconoeiendole validez juridia a on simple heelio na-
tural.








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