El Estado Dominicano ante el derecho público

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Title:
El Estado Dominicano ante el derecho público tesis para el doctorado
Physical Description:
1 online resource (34, 1 p.) : ;
Language:
Spanish
Creator:
Lugo, Américo, 1870-1952
Publication Date:

Subjects

Subjects / Keywords:
History -- Dominican Republic -- 1844-1930   ( lcsh )
History -- Haiti -- 1844-1915   ( lcsh )
République dominicaine -- 1844-1930   ( ram )
Haïti -- 1844-1915   ( ram )
Genre:
bibliography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )

Notes

Thesis:
Thesis (Ph. D.)--Universidad Central de Santo Domingo, 1916.
Bibliography:
Includes bibliographical references (p. 35).
System Details:
Master and use copy. Digital master created according to Benchmark for Faithful Digital Reproductions of Monographs and Serials, Version 1. Digital Library Federation, December 2002.
Statement of Responsibility:
sustentada por Américo Lugo.
General Note:
"Año académico de 1915 a 1916. Número 10."

Record Information

Source Institution:
University of Michigan Law Library
Holding Location:
University of Michigan Law Library
Rights Management:
All applicable rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier:
oclc - 670357062
Classification:
lcc - F1938.4 .L77 1916
System ID:
AA00001323:00001


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UNIVERSIDAD CENTRAL DE SANTO DOMINGO.
Facultad de I)ereclo y Ciencias Politicas.




El Estado Dominicano ante

el Derecho Publico.


Aio Acadbmico de
1915 a 1916,


TESIS


PARA EL DOCTORADO

SUSTENTADA PO1

AMERICO LUGO.




Jurado Examinador:
President, Profesor ANJEL 31. SOLER, Decano de la Facultad.
VolesJ IIORACIO V. VICIOSO, Delegaloen elSenao de la Uuivcrsidad.
S MANUEL A. MACH[ADO.






SANTO DOMINGO.
Tip ~El Progreo,.--Emiliiano Espinal
1916


Numero 10.


















EL ESTADO DOMINICANO
ANTE EL DERECHO PUBLIC.


















NOMINA


De.los Profesores de la Facultad de Derecho V Ciencias Politicas
de la Universidad Central de Santo Domingo.



Profesor Angel Maria Soler, Decano de la Facultad.
Apolinar Tejera, Miembro Honorario del Senado
de la Universidad.
S" Federico Henriquez y Carvajal, Vice-Rector de la
S. Universidad.
Natalio Redondo.
2 Horacio V. Vicioso, Delegado en el Senado de la
Universidad.
Jacinto B. Peynado, Gran Rector de la Universidad.
". Mois&s Garcia Mella, Delegado en el Senado de la
Universidad.
J ~ Manuel A. Machado.
Eduardo E. Vicioso.
c>






N. B. .(las opinions emitidas en las disertaciones
corren por cuenta de los autores y al calificar la labor,
la Facultad o Escuela no entiende que le imported aproba-
ci6n o improbaci6n al fondo de las conclusions* (C. de
Educaci6n Comnin, art. 777,)


a nFr-~"l:LT





























PADRINO DE TESIS:


PROFESSOR ANJEL M. SOLER,

Decano de la Facultad de Derecho V Ciencias Politicas de la
Universidad Central de Santo Domingo.

























A MI PADRE.






















A los ilustrados Profesores de la Facultad de.
Derecho y Ciencias Politicas de la Universi-
dad Central de Santo Domingo; Profesores:
Anjel Maria Soler, Decano de la Facultad;
Apolinar Tejera, Miembro Honorario del Se-
nado de la Universidad; Federico Henriquez
y Carvajal, Vice-Rector de la Universidad;
Jacinto B. Peynado, Gran Rector de la Uni-
versidad; Moises Garcia Mella, Delegado de
el Senado de la Universidad; Natalio Redon-
do; Horacio V. Vicioso, Delegado en el Se-
nado de la Universidad, Manuel A. Machado;
Eduardo E. Vicioso.



















EL ESTADO DOMINICANO
ANTE EL DERECHO PUBLIC.





EL PAIS.-EL PUEEQG 4 OhISTORIA.



La isla de Santo Domingo esti compartida por dos
Repfiblicas: la Dominicana, duefia de las dos terceras
parties de ella, y la de Haiti, poseedora de la otra ter-
cera parte. Haiti es hija de Francia: el fundador de la
parte Francesa fu6 Bertrand d'Ogeron, en 1664, ayu-
dado de los filibusteros y bucaneros que desde 1629,
tal vez desde 1627, se habian establecido en la isla de
la Tortuga. Reconocida por Espafa desde el tratado
de Nimega, gobernada a veces por hombres eminentes
como Ducasse, lleg6 a constituir una gran colonia cu-
yos limits fueron fijados en 1777 por el tratado de
Aranjuez. En 1795 la isla enter fud cedida a Francia;
pero arrastrados !os negros de la primitive parte de esta
pot el mal ejemplo de la Revoluci6n Francesa, conclu-
yeron por matar'a los blancos, destruir la colonia y
declararse en 1803 en Estado independiente con el









nombre de Haiti, refugiAndose las autoridades francesas
en la antigua parte espafiola. La Repdblica Dominica-
na es hija de Espaiia: el fundador de la parte espafiola
de la isla es el propio Crist6bal Col6n, el cual la des-
cubri6 y colonize. Despu6s de haber alcanzado con
Ovando y Fuenleal breve esplendor, la colonia decay6
para siempre bajo el restrictive y suspicaz sistema
politico espafiol, el cual la aisl6 del comercio del mun-
do, dej6ndola a merced de los pirates, hasta que tras
larga y gloriosa pero infecunda resistencia contra la
creciente ocupaci6n francesa, sirvi6 de refugio a los
franceses despues de la cesi6n de la isla a dstos. Per-
manecieron los franceses en la antigua parte Espaiiola
bajo el mando del General Ferrand hasta 1809, en
que Juan Sanchez Ramirez reincorpor6 dicha parte a
Espafia. El 30 de Noviembre de 1821 fu6 proclamada
por primera vez la independencia por Jos6 Nifiez de
Caceres; pero pocos meses despu6s el nuevo Estado
cay6 inerme bajo la soberania Haitiana. En 1844 Fran-
cisco del Rosario Sanchez proclam6 de nuevo la inde-
pendencia, la cual se sostuvo en pi6 de guerra contra
Haiti hasta que, cansado de la lucha, el General Pedro
Santana, imitador de Juan Sanchez Ramirez, lo incor-
por6 de nuevo a Espafia el 18 de Marzo de 1861. Mas,
convencida 6sta de que los dominicanos no deseaban
la anexi6n, se retir6 el I de Julio de 1865, dejando en
la Historia un ejemplo digno de imitaci6n. Proclamada
por tercera vez la Rep6blica Dominicana, desde el 16
de Agosto de 1863, compare hoy con Haiti, como se
ha dicho al comenzar, el sefiorio de la isla, invocando
para la delimitaci6n de las fronteras, el antiguo tratado
de Aranjuez cuyos limits dejaron de ser coloniales
para convertirse en soberanos el 30 de Noviembre de
1821, fecha de nuestra primer independencia. (QuB





15


valor tiene, desde el punto de vista del Derecho Pibli-
co modern, 6ste pequefio Estado Dominicano que
tantas veces ha declarado y afirmado con las armas su
voluntad de ser independiente?
























EL PAIS.


El Estado Dominicano ocupa un territorio insular.
Nada mas favorable que las islas para la formaci6n de
los Estados. Basta citar a Grecia. Y entire las islas del
mundo la situaci6n de la de Santo Domingo es envidia-
ble. Parece el coraz6n del Nuevo Continente, y la
reina del Archipi6lago. Su extension es de 50070
kil6metros cuadrados, mayor que la de Belgica, Ho-
landa o Dinamarca, 2 pero poca en realidad para esta
6poca tan desfavorable a los pequefios Estados, cuya
existencia es cada dia mas azarosa ante los absorbentes
intereses de los grandes Estados imperialistas. La
igualdad entire 6stos y aqu6llos es relative. A la dis-
gregaci6n de los tiempos medios ha sucedido la agre-


1 ,La nature a place notre isle piesque na mlilieu de toutes les autres qu' on diroit
n'etre qu autant de Damesd'atour qui I' accompagnent par honneur ct qui semblent lui
faire la Cour come a celle qui merit un jour de leur commander. (Persel, I'. Le Pers.,
mission, a St. Dom.-HIIistoire Civile Morale et Naturelle de 1' Isle de St. Domingue.--
Manuscrita en la Sala Mazarin de la Riblioteca Nacional de Paris.)
2 C. Armando Rodriguez, Geografia de la Isla de Santo Domingo o Haiti. p. 226.








gaci6n de pequefas fracciones en vastas unidades.
Las pequefias fracciones aisladas representan un papel
desairado, sdlo por mera cortesia son consultadas y su
vida misma pende, en las grandes conmociones, de un
cabello. Ani los Estados pequefios mejor organizados
descansan hoy sobre el acuerdo o la protecci6n tAcita
de los grandes Estados. Su papel sera siempre secun-
dario en political, aunque no sea impossible que se con-
vierta en gran factor de civilizaci6n, como lo fu6 Gre-
cia, gracias a su incomparable unidad intellectual. El
camino sefialado por la raz6n y la historic para la
Republica Dominicana es el de las alianzas: con Haiti,
su aliada natural, en primer termino; y luego, siguien-
do la geografia y el origen, gufas seguros, con la Re-
publica de Cuba. La poca extension ofrece, en cam-
bio, incontestables ventajas para la descentralizaci6n y
el ejercicio de la democracia direct.
El clima es calido y h6medo. A las lluvias suceden
las sequoias, y frecuentes huracanes y ciclones destru-
yen las cosechas. El sol tropical es potente generador
de pereza. Bajo sus terrible dardos el hombre se
acoje instintivamente a la sombra de los arboles. A
causa del clima, el estadista dominicano debe estimu-
lar el trabajo e inclinarse al proteccionismo. Condici6n
adverse, tambiin, es la fertilidad del suelo. El clima
enerva; la fertilidad hace initil el esfuerzo. Cesa la
necesidad. S61o actian las pasiones. No existe el
ahorro. La desproporci6n entire los patrimonios es ex-
cesiva. No hay barreras. El pueblo es un mont6n
informed. Jornaleros y obreros son alta clase, porque
no existe clase media. El territorio, en cambio, es mon-
tafioso: Haiti significa tierra alta. El valle de la Vega









Real es Una multitud de rios y lo vasto del litoral maritime,
son, tambien, excelentes condiciones. Pero la falta de
vias de comunicaci6n mantiene la separaci6n. El pro-
vincialismo reina en: las regions. La ignorancia se
perpetia en lo interior. El product no paga su trans-
porte. No hay mercado, ni existe la ley de la oferta
y la demand.


1 Las Casas. Hist. de las Indias.






















EL PUEBLO.


Los primitives habitantes de la Espafiola, a pesar de
sus caciques, nitainos y buitios, no parece que hayan
tenido m6s aptitud political que los demds indios. Los
descubridores, pueblo mezclado, m6nos arios que se-
mitas, aunque incomparablemente superior a la raza
conquistada, no eran los m6s perfectos representantes
del espiritu piblico en Europa. Ademds, el fervor
politico de la metr6poli se enfriaba con la travesia del
Atlantico, y bastardeaba bajo la influencia del ambien-
te americano. La fuerza de la poderosa mano central
heria casi siempre en el vacio. Los negros contribu-
yeron a la relajaci6n de las costumbres piblicas. El
establecimiento de los franceses en la parte occidental
habria podido sefialar algin progress; pero la parte
espafiola no les imit6 en el trabajo agricola y continue
el pastoreo. Al crearse el Estado Dominicano, de es-
tos elements antropol6gicos habiase formado una
variedad predominante: el mulato. Esta variedad cons-
tituye hoy el element criollo por excelencia. Los









negros ocupan el segundo y iltimo lugar. La raza
blanca pura estA representada casi exclusivamente por
extranjeros. Entre estos abundan los turcos, los coco-
los, los chinos y los haitianos. El pueblo dominicano
es tan mezclado como los pueblos que mas han figura-
do en ]a historic; pero es de dudarse que saque verda-
deros a los antrop6logos cuando afirman que < m6s mezclado es un pueblo, tanto m6s fecundo y apto-
es para la civilizaci6n>. 1
Un pensador dominicano que en el primer period de
su vida tuvo tendencies a producer obras maestras 2,
describe en un folleto admirable la vida de nuestros
campesinos, raza de ayunadores que vegetan sin higie-
ne, presa de las enfermedades mas repugnantes, que
a causa de su imprevisi6n, su violencia y su doblez
son, por lo general, incestuosos, jugadores, alcoh6li-
cos, ladrones y homicides. Explica L6pez c6mo la raza
conquistador perdi6, al arraigarse en Santo Domin-
go, la costumbre de comer lo suficiente, por la frugali-
dad de los vencidos y la resistencia fisica del negro. a
Para la epoca de la Indedendencia, las guerras, que
antes habian sido concausa de la degeneraci6n, vinie-
ron a ser su efecto permanent, destruyendo la riqueza
y habituando a la delincuencia. 4 Desde el punto de
vista politico, la violencia resuelve las cuestiones pi-
blicas en el campo de batalla, como las personales por
el revolver o el pufal. < blica y el particular suyo le exigen m6s cordura y m6s.

1 Altamira, Hist. de Esp. t. 1.
2 Jos6 Ram6n L6pez.
3 La Alimentaci6n y las Razas.
4 Id.









'comedimiento, sigue la bandera del primero que To
.embulla. Jamds da su verdadera opinion si la tie-
ne. En elecciones, en guerras, casi todos los jefes
rurales se comprometen con ambos contendientes,
reciben mercedes de ellos, les prestan por mitad su
gente; y s6lo se decide formalmente por uno cuando
ven al otro completamente perdido o inexplotable>>. I
En cuanto a la poblaci6n urbana, no existe la clase
media, granero de ciudadanos, orden politico perfect,
centro de las masas, contrapeso y equilibrio de los
unos, guia y defense de los otros. Todo es clase ele-
vada y clase inferior. Esta carece de freno, aquella de
segdridad.
Llamanse estas classes sociedad de primer y socie-
dad de segunda. De primer son los ricos, los gober-
*nantes mientras gobiernan, los hombres muy instrui-
dos, los profesionales sobresalientes. Para esta eleva-
cibn importa poco la clase de medios empleados; el
apellido apenas cuenta; los antecedentes no se consul-
tan, la solidaridad no existe, la reputacibn no es tim-
bre, la edad no se respeta y el crime mismo no es
mancha perdurable. De segunda clase son los obre-
ros, excluidos en general de la primer y que no cons-
tituyen ninguna fuerza colectiva; los jornaleros y los
proletarios. Amparada en las frecuentes conmociones
-revolucionarias, irrumpe violentamente en las mas altas
esferas de la vida social y political y por un moment las
domina y sefiorea, a la manera de la encrespada ola
:sobre el pefiasco inaccesible al mar sereno. Esta clase


1 La Alinentaci6n y las Razas.









y la de los agricultores, que nunca deberian ser classes
gobernantes sino gobernadas, ban dado altos funciona-
rios y adn jefes del Estado. Indtil es decir que estos
han sido los peores. El habitante de las ciudades, casi
tan frugal como el de los campos, es imprevisor, pere-
zoso, sensual, orgulloso y violent. La clase elevada
no carece de cultural literaria; pero su cultural cientifica
y artistic es muy deficiente.
2Qu6 aptitud para el Estado se derivan de tales con-
diciones? Oigamos al Estadista mas sabio y de mas
templanza de la Repuiblica: < menes y de sangre> que se llama sociedad dominicana,
como la defini6 un dia el Senador norteamericano, no
se depurara definitivamente sino por el buen sentido
junto al continue esfuerzo vigoroso de los buenos do-
minicanos que por desgracia no son muy numerosos.
No lo son efectivamente, porque la mayor parte de los
dominicanos son series enfermos, inficionados de vi-
cios morales o de ilusiones que falsean completamente
su esfuerzo intellectual. Planta ex6tica, la libertad,
en nuestra tierra, en donde todas las condiciones bio-
16gicas parecen serle adversas, clima, medio social,
tradiciones, leyenda, raza, confusion de elements etni-
cos, educaci6n incipiente o violada, desarrollo indivi-
dual exiguo, desenvolvimiento mental reducido; cuAn-
to esmero no reclama su cultivo para que no perezca
en el ensayo de aclimataci6n>.. .2 .Querdis que un
pueblo que ha vivido en la atm6sfera de la inmoralidad
piblica y la injusticia, que esth inficionado de vicios,


I Francisco lenriquez y Carvajal, El Liberal', 24 de Octubre 1.900.
2 Edici6n del 26 de Octubre del 1.900 *El Liberal.








de errors fundamentals, que no conoce mis pr6cticas
gubernativas que las que en estas tierras han podido
perdurar, las de la tirania; que estd revuelto siempre
por ideas subversivas contra el orden gubernativo ins-
tituido, sea este bueno o malo, poco import; quer6is
que un pueblo semejante, que carece en absolute de
tradici6n aprovechable y de educaci6n se convierta de
un dia a otro, surgiendo de la noche de los horrores
todo estropeado, harapiento, hambriento, con el rostro
palido y demacrado a la mariana deliciosa de un des-
pertar inesperado, se convierta, lo repetimos, en un
pueblo adulto, robusto y sano, Ileno de vigor moral,
con ideas justas, con nobles prop6sitos, con habitos
sociales y politicos que le permitan dar en su nuevo
genero de vida la misma notacibn de los pueblos que
como Suiza, Inglaterra y los Estados Unidos de Ameri-
ca, no solo necesitaron siglos para llegar ahi, sino que
contaban con elements 6tnicos superiores por una
preparaci6n y una adaptacibn lenta y natural al medio
geogrAfico y al medio internacionalb? 1


1 Edici6n del 26 de Octubre de 1900. ,El Liberal,





















LA HISTORIC.


La Espafiola no tenia representante en las Cortes
y su Gobierno repos6 siempre en la voluntad del mo-
narca, cuyo 6rgano inmediato era el Real Consejo de
Indias, el inds vasto tribunal que recuerda la historic,
con jurisdicci6n complete y absolute sobre la adminis-
traci6n de las Indias y al cual estaba subordinado el
ministerio mismo de Indias. Ejercfase la autoridad real
en la Colonia por medio de un Gobernador y Capitan
General y Presidente de la Real Audiencia de la isla
Espaifola, cargo que recaia por lo comin en militares,
aunque fu6 desempefado aun por obispos. Este fun-
cionario proveia s61o a lo military, ayudado por un Co-
mandante de Armas que lo reemplazaba en ocasiones;
asesorandose para el buen gobierno y policia de las
ciudades, de la Audiencia, a la cual competia la admi-
nistraci6n de justicia. La de las finanzas correspondia
a tres Oficiales Reales. No parece que los cabildos y


1 El 21 de Febrero de 1813fuWnombrado diputado a Cortes por Santo Domingo Don
Francisco Xavier Caro.









regimientos, compuestos de dos alcaldes y doce o seis
regidores, hayan teriido una vida brillante y eficaz,
aunque elevaban representaciones a S. M. en los casos
graves y a veces con valor y decision. Entre las exce-
lencias del sistema colonial espafiol merecen ser sefia-
ladas la temporalidad de los cargos y el pase de una
Audiencia a otra; la residencia o examen de la conduc-
ta de todo funcionario cesante; el favor acordado a la
prueba testimonial, el derecho de constataci6n por la
Audiencia de los servicios prestados y la democratic
costumbre de escribir el sibdito libremente al rey. Re-
giase la colonia por las famosas Leyes de Indias, per-
fumadas por el aliento de Las Casas. Si permanecian
mudas, hablaban las de Castilla. Del rey emanaban
nuevas leyes y c6dulas, esas para seguir al derecho en
su evoluci6n; 6stas para explicar leyes preexistentes.
Muy temprano fueron declarados comuneros los
terrenos de la isla, dafio que aun hoy surte sus efectos.
El habitante fue pastor cuando pudo haber sido agri-
cultor. La prohibicion del comercio con los extrange-
ros era absolute. La Casa de la Contrataci6n hizo de
Sevilla la heredera de los beneficios del Descubrimien-
to, adjudicandole el monopolio del comercio colonial
que luego pas6 a Cadiz. Las necesidades de la isla no
podian ser satisfechas. La pirateria perturb6 entire la
metr6poli.y la colonia las relaciones que la decadencia
de 6sta hacia cada vez menos frecuentes. Comenzaron
los rescates, y, para impedirlos, el gobierno espaiol
no vacil6 en destruir las poblaciones del litoral. Este
crime mat6 la isla. El establecimiento de los france-
ses en ella di6le nueva vida. El ganado tuvo un mer-
cado. Organiz6se el contrabando y la colonia espafio-








la se levant6 de nuevo ayudada por el enemigo mismo
que procuraba suplantarla. La cruzada contra el usur-
pador prosegufa sin cesar, atizada por las declaraciones
o rumors de guerra entire las metropolis, pero nunca
extinguidas por los tratados de paz. S61o hubo tregua
hasta cierto punto cuando subi6 al trono de Espafia un
principle francs. Asi se form el genio belicoso que
aun anima hoy al pueblo dominicano, cuyos arreos y
descanso fueron siempre las armas y el pelear. A ca-
da acto de usurpaci6n de terreno de parte del francs,
respondia el espanol con otro de sonsaca de esclavos
franceses, con los cuales se fundaron pueblos como el
de Los Minas. Montero, lancero y contrabandista, el
criollo espafol, bajo un gobierno semi-patriarcal que
toleraba y hasta encubria sus fechorias contra los fran-
ceses, desarroll6 las tendencies individualistas de la
raza espaiola y los torpes instintos de la raza africana.
Valiente, fino y leal en yendo de Espafia, solia mos-
trarse cruel, jactancioso y servil con sus vecinos, a
quienes no perdonaba ocasi6n de vengarse por la usur-
paci6n del territorio.
El tratado de Aranjuez puso paz al fin entire ambas
colonies; pero la Revoluci6n Francesa repercuti6 en la
de Francia con nuevos y no imaginados horrores. La
alta y sombria figure de Toussaint 1' Ouverture se alz6
y lo domin6 todo, recibiendo al cabo las Haves de la
invicta y, por decirlo asi, sagrada ciudad de Santo Do-
mingo. Con esto emigr6 la flor de las families para
siempre; que no lograron que volviese los resonantes
triunfos de la Reconquista. Reducida a escombros la
que antes era modelo de colonia, pasmo de naciones y
-delicia de su metr6poli, estableci6ronse los franceses








en la antigua parte espaiiola cuyos negros habia pre-
servado del contagio revolucionario la prudencia del
gobernador Don Joaquin Garcia y la noble templanza
del caracter espafiol. Ech6los de alli para colocar de
nuevo a Espafia, un precursor de Santana el Anexador.
Mas a qu6 repetir lo ,ya dicho en la introducci6n?
iGrande debi6 de ser la incapacidad para el Estado del
pueblo que soport6 durante un cuarto de siglo yugo
tan ominoso como el haitianol Pero aun los pueblos
degradados tienen su libertador. La vispera misma de
caer en manos de Haiti, Nfiiez de Caceres habia le-
vantado el suyo al cielo de la independencia. Francisco
del Rosario Sanchez recogi6 esta aspiraci6n de Nfilez
de CAceres y la sello con el cufio de su alma en las
piedras del Baluarte.
El Estado Dominicano no naci6 viable. Muri6 as-
fixiado en la cuna. Proscriptos salieron los padres de
la patria, condenados por el crime de haberla creado.
Un valiente hatero que parece no sabia escribir, se apo-
der6 del poder. Uno de sus amigos, hombre ilustrado,
pero adversario de la idea de independencia, se lo dis-
put6. Ambos se rodearon de facciones; ambos defen-
dieron contra Haiti el territorio; ambos buscaron ansio-
samente el protectorado o la anexi6n; ambos ensan-
grentaron el pais; ambos provocaron o consintieron
humillaciones para la Reptiblica. Los rasgos mas sa-
lientes de la 6poca son el ejercicio absolute de la fuer-
za, el abuso de la pena de muerte, la insolencia de los
c6nsules extranjeros, las misiones con prop6sito de
anexi6n, la ingratitud hacia los fundadores de la Repii-
blica, la absolute falta de conciencia national. Santa-
na creyo enterrar con la hermana del Libertador la








idea de la independencia, flor de la solitaria mente de
Nfiiez de Caceres, recogida y cultivada por Juan Pa-
blo Duarte; pero la idea.brill6 un instant en la frente
de los hombres del 7 de Julio de 1857. Santana se
apresur6 a suplantarlos, envi6 al General Felipe Alfau
ante S. M. Cat6lica, a Don Pedro Ricart y Torres a la
Habana y entreg6 la RepibIica a Espaia. Same per-
mitido detenerme en el umbral de la historic contem-
poranea, campo movedizo cruzado de senderos toda-
via sin t6rmino. Basta decir que este segundo period
de independencia es una repetici6n del primero. El
personalismo llev6 la antigua Repiblica de error en
error; al 18 de Marzo de 1861. El personalismo nos
Ilevard de nuevo, de error en error, a la p6rdida de la
nacionalidad. El 29 de Noviembre de 1869 se firm
un nuevo tratado de anexi6n que no tuvo efecto. El 9
de Agosto de 1897 se agreg6 sin causa, ni objeto ni
motivo un mill6n quinientas mil libras a la deuda. La
influencia americana apareci6 al fin con la Impro-
vemennt en 1892 y ha dado por fruto la Convenci6n
de 8 de Febrero de 1907 y el gran empr6stito de
1908. La importancia y delicadeza de nuestras actua-
les relaciones con los Estados Unidos de Am6rica no
ha menester encarecimiento. La proximidad de esta
gran naci6n, la triunfante doctrine de Monroe, su poli-
tica panamericana, su expansion imperialista, su culpa-
ble apartamiento de sus generosos fundadores, la ocu-
paci6n de Puerto Rico, su control en Cuba, la dolorosa
situaci6n present de Haiti, todo mueve a la reflexi6n
y a la cordura. Sinembargo, la Repiblica Dominicana
corre a su ruina.









De la lecci6n atenta de la historic se deduce que el
pueblo dominicano no constitute una naci6n. Es cier-
tamente una comunidad spiritual unida por la lengua,
las costumbres y otros lazos; pero su falta de cultural
no le permit el desenvolvimiento politico necesario a
todo pueblo para convertirse en naci6n. El pueblo en
que 61 se opera, aunque no constituya Estado, esta en
visperas de formarlo, va a fundarlo. Aquel en que to-
davia no se ha operado, aunque proclame el Estado y
lo establezca y organic, no logra constituirlo. La in-
fancia no puede ser adult por su propio querer. El
Estado Dominicano refleja lo que puede, la variable vo-
luntad de las masas populares; de ningin modo una
voluntad plrblica que aquf no existe. El pueblo domi-
nicano no es una naci6n porque no tiene conciencia de
la comunidad que constitute, porque su actividad poli-
tica no se ha generalizado lo bastante. No siendo una
naci6n, el Estado que pretend representarlo no es un
verdadero Estado.



















CONCLUSIONS.


Por la posesi6n de un territorio demasiado fertil ba-
jo un clima t6rrido, la deficiencia de la alimentaci6n, la
mezcla excesiva de sangre africana, el individualism
andrquico, y !a falta de cultural, el pueblo dominicano
tiene muy poca aptitud political. El hombre de Estado
debe dirigir sus esfuerzos a aumentar esta aptitud con-
trarrestando esas causes. Aun con su corta extension
y sus defects naturales, el pais podria servir de asien-
to a un Estado, siempre que una reform constitutional
que ya comienza a ser tardia, restringiese la enagena-
ci6n de la propiedad territorial en manos extranjeras.
Annque el concept del imperium sea esencialmente
distinto del dominium, en los Estados pequefios la p6r-
dida de la propiedad privada implica la p6rdida de la
soberania. Lo que con sus actuales defects de nin-
giun modo puede servir para la formaci6n de un Esta-
do, es el pueblo dominicano. Hay que transfundirle
nueva sangre. La inmigraci6n'tiene aqui la importan-
cia de los cimientos en el edificio. Las leyes deben








tener un carActer tutelar. Puesto que el pueblo es in-
capaz de gobernarse y que no quiere despues de cin-
cuenta afios de independencia, ser gobernado por un
Estado extranjero, la minoria ilustrada, que es su m6s
noble element, que forma un embri6n de Estado, de-
be constituirse en partido politico, m6nos para aspirar
a gobernar las masas que con el prop6sito de educar-
las y suplir la de otro modo inevitable intervenci6n ex-
tranjera. Ei vez de ser lo que hoy disgregada es,
puente echado a los pies del primer jornalero audaz
victorioso en las luchas fratricidas, esa minoria, suerte
de transitoria aristocracia, seria valladar indispensable
contra la clase inferior que vive sin freno asaltando el
poder a toda hora. Los partidos politicos no deben
tener aqui por objeto el gobernar, sino preparar al do-
minicano para el ejercicio por ahora impossible del go-
bierno republican, democratic y representative, a fin
de ir realizando poco a poco este 'ideal de nuestra
Constituci6n.




















BIBLIOGRAFIA.




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